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                    <text>Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

�EL MUNDO.

252

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-No, me dijo mi amiga,-va para nuestro temperamento enfermizo y neurótico, no tienen encanto
las fi,orituri, los arabescos de trinos. las mallas sutile11 de gorgeos, las explosiones de fermatw;. todo ese
alegre juego de las notas, todo ese fino desgrane de
escalas y apoyaturas en que se deshace la vieja música italiana como una nube se deshace en rocío. Los
maestros modernos nos emocionan, nos 3acuden, nos
subyugan con una música dol•)rosa y fuerte en la cual
la voz humana entra como 1m elemento de la polifonía. Ya no canta sola, como antes, St!guida sumisamente por la crquesta, como una reina por los cortesanos obedientes; ya no es soberana y señora, á cuyo mandato iban los instrumentos subrayando con
timidez las melodías; vibrllban con exquisita delicadeza las cuerdas, trinaban con dulzura las maderas,
y de vez en cuando, los latones, á la sordina, intervenían en el acompañamiento con sus quejas mP.tálícas y
duras. Ya no .:s la voz humana la única todapojero
sa y expresiva en el concierto de los sonidos; ya está
descoronada, y aunque coni;erva la nobleza de su linaje, ha perdido su omnipotencia. El arte antiguo
se preocupó mucho en hacer de las gargantas nidos
de ruiseñores y de las aere...s tramas de esa música angélica y candorosa cuelgan, ~ manera de d!á_fanos ornatos y guirnaldas, las más Joviales y del1cwsas sutilezas del canto. No habría entonces pasión sino ternura, ni tristeza sino melancolía ..... ¡ohl las lágrimas no eran tan amargas, ni las quejas tan hondas,
ni el dolor tan desesperante y huraño. ¡Oh, Bellini;
rublo como las mieses, dulce como los ángeles, joven
como la aurora, melancólico como el ocaso, tú eres
u n símbolo! .... Tu música, como la de Donizetti nos
aburre un poco y nos empalaga bastante: es un vaso
colmado de miel, que cuandó álguien lo acerca á
nuestros labios, nos repugna, porque ya estamos habituados á los acres y malsanos sabores. Música sana,
pero sin nervios; sin vigor, sin estremecimientos, sin
angustias, requiere cantantes educados hasta lo imposible, voces sujetas á largos y difíciles estudios,
vocaciones decididas, órganos privilegiados que venzan á la naturaleza y hagan del grito, del suspiro y
de1 sollozo primores de notas. Para tal especie de
cantantes todo rumor debe queda1 dentro del pentagrama: es ésta una terrible gimnasia de las cuerdas
vocales, en las que se enredan y suben y hacen los
sonidos inauditos escarceos, como ágiles y pujantes
acróbatas. Pero, amigo mio, el ideal artístico ha variado de rumbo. Las óperas nuevas no necesitan de
esos 6 lorlosos esfuerzos. Pasan por el escenario de
los teatros primeros, uno, dos, tres, un redncido grupo de cantantes admirables, cuyo antiguo repertorio
es algo así como un museo de chucherías y curiosidades. Convénzase usted; dentro de algunos años no
habrá cantantes para las añejas óperas italianas. Nosotros asistimos á los funerales del bel canto.

***
Y al terminar el en~reacto, me despedí de mi amiga, corrí á mi butaca, y me puse á escuchar á Adelina Padovani.
Es posible que sea una de las últimas sacerdotizas
de la vieja y divina escuela. No estoy seguro de que,
como dice mi amiga, esté próximo á extinguirse la
raza de estc,s prodigiosos cantantes. Pern puedo afirmar que el goce que producen es aún de una infinita
intensldad.
La voz de la Padovani es una maravilla; voz de oro
y cristal, que brota, sonora y pura, como manan las
linfas de las fuentes; voz que se nos entra hasta el
alma, sin quebr.use, con la apacible suavidad con
que se filtra en las umbrías un rayo de la luna; voz
ligera y alada, cuyo timbre argentino tiene no sé
- que de mágico sortilegio para despertar ensueños y
fantasías ..... .
¡Ah, Lucía, la Ilucía de Don~etti, la esbelta y
blanca figura de nuestra ilusión de adolescentes, la
pálida y lacrimosa romántica, la intangible y vaporosa heroína hecha con nubes y lirios de la noche,
cómo te habíamos olvidado, por las mujeres modernas que a;iarecen ante nosotras ebrias de sensualismo, locas de dolor y de ira, crispadas de desesperación, impacientes de amor, empapadas de amargura
y de lágrimas!
No, nos entusiasmamos ya; pero nos conmueves todavía con tus expresiones ingenuas y dulces; tus son1isas tristec; y tus inmaculadas ternuras. Al oírte,
nenc;amos en muchas cosas amadas, que están muy
lejos, que quizá no existieron nunca, pero que llenan
la memoria de un suave perfume de flor muerta ....

Domingo 22 de Octubre de 1899

***
y la Padovani, seguía su aria erizada de t~inos
y apoya.turas que semejaba un despert~r de pá~aros
en una selva virgen. No hay frescura igual á la d_e
esa voz acariciadora afinada como una harpa angélica, que vierte en 1~ atmósfera ~ue re..piramos una
misteriosa y paradisiaca fragancia.
Es tan sutil, tan frágil el tejido de luz en que envuelve la cantante las delicadas melodías, q•ie tememos
por instantes, que la red de hilos áureos se rompa al
tia, ó que la nota audaz dete~ga el vuelo en lo alto,
y descienda rápidamente ahrrota ,como ave mal herida. Pero no; nuestro miedo es pueril y vano; las
notas, como en el verso del poeta, cantan aunque la
rama cruja.
¡Como que sa;:,en lo que son sus ala~! y llegan á la
cadencia sin fatiga, bullentes y sacudiéndose el rodó
del brillante plumaje de colores.
En verdad que la P.1dovani es una consumada maestra. Para.ella el bel canto no ha tenido secretos.-Y
cosa extraordinaria en esta artista su perlor !-lo raro
es que no sólo posee el irreprochable método de c~nto, sino que es dueña, además, de una alma apas10nada y ardiente que la inspira á cada momento y que
le permite expresar hasta las más t riviales frases melódicas con un vigor extraordinario y una verdad pasmosa.
Hemos oído sopranos ligeras que son como cajas de
música, de voz flexible y linda, de registro extensu,
de fácil y educada emisión; pero que no lograron reunir. como la Padovani á las excelentes facultades, el
espíritu rebozante de ternuras y la genial intuición
del Arte, t&gt;Se sonambulismo divino que no se aprende en Conservatorios ni Academias.
Al salir del teatro, vibrante de emoción y entusiasmo, Je pregunté á mi amiga:
- -¿No es verdad que es triste que ya no se cante
de esa manera1
-¡Ob, sí!-me respondió-pero tampoco se siente
así ya. Estos no sólo son los funerales del bel canto,
sino también los del romanticismo. Creame usted; la
Padovani ha galvanizado un cadáver. Lucia está
bien muerta.
Y añadió:
-¡,Qué noticias tiene usted de la Manon de Massenet?

***
Y á propósito de resurrecciones y romanticismos.
La superstición popular, según cuentan _los periódicos, ha inventado una espeluznante conseJa. Una perdida que hace algunos años se suicidó de un modo
escandaloso, ha vuelto al mundo en calidad de alma
en pena.
Reruerdo que el día en que. esta desdichada se quitó la existencia, logró unas cuantas horas de celebrid:i.d. Desde entonces aún han seguido su ejemplo varias pobres muchachas de su clase, las cuales ponen
no sé qué frenesí y vehemente afán en aparecer románticas y sublimes en medio del fango de la vida.
El suicidio les llama la atención por lo que tiene de
aparatoso y teat,ral. Les agrada imaginarse redimidas por un amor que las lleve á la muerte. y como
una justa venganza piensan en lo que las va á compadecer la sociedad que vivas las desprecia. Por llegará ser interesantes logran ahogar sus preocupaciones y sus miedos. Y en fuerza de sufrir c~trariedades alcanzan de veras á desdeñar la vida. Estas infelices tienen su patrona: Nuestra Señora la Dama
de las Camelras. Son fíeles á su culto.
Y he aquí que la superstición popular prolonga el
romanticismo de una existencia, más allá de los tenebrosas lindes de lo desconocido.
El pueblo no dejará nunca de ser poeta.

*

* *
Dos compaíieros míos-un bardo de altos vuelos y
un músico de expontánea inspiración acaban de dar
á la escena el esbozo da un dramita del género chic.:,.
Con este motivo ha vuelto la rancia discusión del
arte dramático en sus relaciones con la zarzuela por
tandas.
¡Oh, señores! Creo que basta de escándalos y garrulerías. El Arte, como Dios, puede estar en todas
partes.
¡l!'eliz el que sepa ver estrellas en los guijarros!

El porvenir de Cuba comienza á preocupará los cubanos; á nosotros nos preocupa tant;o como á ellos; nodeseamos más solución que esta: el cum plimiento
honrado de la palabra de los Estados U nidos: la libertad. Comprendemos que hasta hoy la nación, á quien
Cuba debe favores de madre, se haya tomado y se tome aún todo el tiempo necesario para meditar el mo.
do de salir del apuro: puede que crea que ese tiempo
debe de ser indPfinido, para que el apuro se vaya des.
leyendo en él. Cuando decimos que no deseamos otra.
solución que la libertad, no queremos decir que la.
esperamos. Mucho antes del tin de la guerra
con España temíamos lo contrario de esa solución.
Mientras tanto los americanos hacen la policía de la.
Isla, bastante bien según unos, y cobran los productos aduana.les bastante bien según otros.
Si en e~te momento se recurrwse á un plebiscito resultaría un número considerable de votantes; nada.
alborota más á los pueblos recientemente libres que
el cumplimiento del deber de votar; todos van; todos toman por lo serio el sufragio; luego vienen la&amp;
desilusiones y los retraimientos; luego se abdica~cita.mente el cumplimiento de esta pri mordial obU.
gación cívica en manos de los políticos de profesión
ó de los individuos de la policía. Pero todavía eso no,
sucedería en Cuba; habría, pues, una verdadera gran
votación que se dividiría así: anexionistas, autonomistas, h:dependlentes.
Los anexionistas creen que haciendo ingresar su
estrella en la gran constelación fedtral, fuera de que,
según ellos, este es el 11nico modo para el pueblo cu.
bano de hacer su educación en la libertad, tendría la.
inmensa ventaja económica de un zollverein, de la
unión aduana! forzosa con los otros Estados, y los.
productos de Cuba entrarían libres de derechos en la.
Unión. Esto es contar sin la hué"&gt;pede, es decir, sin
el interés de los Estados Unidos. Es verdad que los
treinta ó más millones de pesos que perdería el Tesoro federal por la libre entraña del producto cubano,
estaría en parte compensado por los prod uctos aduanales en Cuba, pero esto apenas resarciría la mitad
de la pérdida, por lo que se verían los amer!canos
obliga.dos á recargar el impuesto reportado por la in•
dustrla azucarera Cubana y entonces la azúcar subiría. de precio y las cosas quedarían en el mismo estado 11ue ant,es de la anexión desde el punto de vista
económico. Y ello haciendo á un la:o la oposición
formidable que harían á esta política absorvente los
productores americanos de azúcar; el problema ea,
pues, soberanamente difícil,, desde este punto de
vista.
Otros votarían por e, protectorado; estos son los
autonomistas; estos también se fijan en el lado puramente utilitario de lii cuestión, que va resultando,
no una suprema cuestión de honra y dignidad humana, sino un simple bussiness. Los autonomistas son los
mismos que protegió Espafia cuando ya no era tlem•
po. Estos creen, no sé por qué, que los Estaaos Unl•
dos les concederían en esta situación, ciertas ventajas aduanales, que les darían tarifas pri_vllegladaa
bastantes á permitirles luchar con la azúcar de remo•
lacha (alemana y francesa) la gran enemiga de la d&amp;
caíia, y vencerla, lo que urge porqu_e la produccióB
remolachera aumenta á la d-Oliia de diez en diez afi&lt;&amp;
Yo no sé si el gobierno americano consentiría en bacer aquí el p~pel de Dugues0lin en la riña entreT1astamara y D. Pedro, entre la remolacha y !ª ~aíia; no,
veo qué cuenta pueda tener esto á la pob1ac1ón con•
sumidora inmensamente consumidora de azúcar, dela Unión.' Además Java y, sobre todo, las l!'iliplnas,
Puerto Rico en poder de los Estados Unido~ ~an 'extremar su producción azucarera apenas lnc1p1ente,
gracias á los trusts que van á regar oro sobre aquella&amp;
tierras americanas y á decuplicar sus rendimlent-aJ.
agrícolas. A tal punto es este el porvenir cierto, qu&amp;
los yucatecos que han convertido en fibras de plata.
las de su hen~quén gracias á la situación del arc!:I•
piélago filipino, ne~esltaa con ne~esidad urgente la
adquisición y preparación de las tierras fe.taces subatraídas al cultivo por los indígenas. su~tevades,
que cinco años después de la orgamzac1ón de la&amp; Bias asiáticas, las fibras de allí traínas á los mer~
yankes habrán reducld0 el henequén á la nada
·

Pf•

***

i:J:

Los que quieren la independencia ª?soluta,_
la fe en la palabra del Congreso americano, tie d
razón. No tienen razón, no es práctico, abstenerge e,
ir á los comicios, como lo recomienda el (!ubano
no de los independientes; su actitud c~s1 hostil á. lí•nación libertadora, como por allá se dice, es
la
tica, y no lleva á nada. Yo desde mucho antes iein '
guerra y durante ella, y así se los manifesté ai ~
fo1tunado Martí y al inteligente. Y ardoroso ª%buca,..
de Quesada, y así me atreví á proclama:1° Pfatal la.
mente en una memorable ocasión, he cre1do

r':

knj°

Domingo 22 de Octubre de 1899.

=

rclón de la Isla por los Estados Unidos; pero
es donde debe mani festarse el carácter y la entereza de un pueblo, en la resistencia á esas fatalidades históricas que, en suma, son relativas, pues que
la voluntad humana es un elemento importantísimo
de transfo rmación de los fenómenos sociales.
Slel pueblo cubano q'.1e claramente mani~estó que
deseaba su independencia de España. la qmere también de los Estados Unidos (lo que es diferente) que
lo diga con claridad y po: cuantos modos pueda con
108 boletines de voto. Si se retrae, si calla .... «Quien
calla otorga&gt; dice el proverbio, y en este sentido forzosamente interpretarán los americanos el retraimiento. Por lo que el consejo de la abstención nos parece una Imprudencia suprema; es el ¡,uicidio.
No podemos ni debemos meternos en asuntos que
no nos Incumben; perc, tampoco nos es posible ni de-aentendernos, ni desinteresarnos de lo que puede tener grave t rascendencia en nuestro destino, por más
,que digan los optimistas. Pero no es solo nuestro
Interés mexicano lo que nos induce á desear, más
bien que á esperar, la independencia de Cuba. Es que
-creemos que, como algunos periódicos cubanos nos
han dicho, la anexión, desde el punto de vista económico sería un inconveniente para la federación y para
la !si~. Sería el triunfo de los Estados industriales
-contra los agrícolas, sería un triunfo en la guerra
,económica, que es una guerra civil que, menos la san,gre, es tan desastre,sa como la armada. Y esos triunfos preparan el inevitable desmembramiento futuro de
la Unión, y lo precipitan. Una isla libre, con un tratado comercial ó un zollverein temporal con los Estados Unidos, saturada de oro a;nericano que hará de
,Cuba una potencia productora de primer orden, satlafarí a á t odos. Una isla autonómica y protegida, es un contrasentido constitucional en el régimen
-americano; es una absoluta transformación del sistema; es abrir brecha á todo lo que envuelve de aleatorio una alteración repentina del modo de ser político. Una Cuba libre, enteramente libre, no sería
una Cuba anárquica, no podría serlo; la presencia
-del capital americano empleado en mover la enorme
-opulencia agrícola de la isla, rica á pesar de que apenas está explotada en una parte relativamente insignificante de su terrirorio, y la vecindad de la nación
.americana., no son auspicios favorables al crecimiento de la zlzaíia, del alboroto y del desorden, menos de
las luchas civiles. Pues un pueblo latino obligado á
la paz entra rápidamente en los carriles de la prospe?ldad y, á la larga, en el último furgón del tren llega
la libertad.
Por desgracia el partido de la independencia no se
muestra capaz de cohesión, sin la que no hay fuerza,
asilas not icias que nos llegan son ciertas. Un grupo
:se separa del que en derredor del viejo patriarca m11urgente, del Gral. Máximo Gómez, pretende llegar á
realizar su ideal de libertad por medio de un acuer-do con la nación libertadora, aun cuando sea preciso
-esperar bastante y aplazar mucho. Otro grupo, diri,gldo por uno de los más bravos guerrilleros de color
de la guerra de insurgencia, ha adoptado una actitud
hostil á los Estados Unidos, y sobre todo, rencorosa
1 vengativa contra el elemento español. No se neceatta ver muy lejos para comprender que la existencia
de esta facción va á servir de pretexto para retardar
la resolución de los Estados Unidos; á otro día de las
grandes lu::has, los partidos extremos son los peores
-enemigos que la realización normal de los ideales en~entra. Tememos que eso esté sucediendo en Cuba.

Por un lado discursos complicados y altivos, hin1:hados basta rebosar de sofismas y avidez, sorpresas
fingidas ante un documento en el .fondo equitativo y
racional, emanado de la exaspEración de una minús,
001&amp; nacionalidad de hombres libres ante quienes se
bahía levantado, primero un muro y luego una montafia de exlgencias, y á quienes con el pretexto de dejar Ala diplomacia el tiempo de maniobrar con toda
prudencia, se quería encerrar en un cerco wilitar in!ranqueable, y la calificación de ultimatum apropiada al documento en cuestión para provocar las iras
nacionales, y los mutings de indig-nación en que mul,itudes inmensas, ébrlas de valor y de orgullo, hacen
-olr lll rugido del leopardo británico atisbando los corderos de los llamados pastales del Transvaal, y
la movilización de los b!l.tallones acampados en Aldshort,y losoficiales escoceses que dejan el mess eleganltíalaslmo, las salas tapizadas con todos los recuerdos de
hazanas y los viajes del regimiento, el confortable comedor rodeado de escaparates y credencias car.gadas de porcelanas y cristales finos, de vajillas de
plata vl~ja, y los vinos deliciosos de España y Francia,
el Wb~skey natal y las mesas de juego y los prados
e ejercicios de fuerza en donde, después de las cot,loau Y suculentas comidas, se entregan á su pasión
por las luchas corporales, sin distinción da grados, Y
'1111a vez revistados por el príncipe de Gales, empren:enlaA la cab~za de sus sanguíneos y atléticos solda08 ruta del pu~rto próximo para trasladarse al
~~ después de recojer los h1J1rrahs y las flores y los
..._.delas muchedumbres urbanas; y ya en el camc_mento africano la reunión con las tropas colontaes, Vestidas de lienzo °Blanco para soportar el furioso

1

EL MUNDO.

calor del est:o austral y la marcha para el territorio
del Natal, teatro probable de la guerra, y la llegada
á Ladysmlth y las incursiones en tren blindado basta los campamentos boers con el objeto de ensayar
los cañone¡, maxim y probar el efecto de las dumdums
en los cuerpos robustos de los burghers.
Por un lado ...... por el otro, las familias ent eras ,
a~andonando el trabajo para seguir la voz de sus patnarcas, las mujeres preparando el bastimento de
los hombres y abandonando frecuentemente la cómoda granja pastoral para refugiarse en la ciudad, des.
pué.s ce haber leído al alba los grandes versículos de
los libros guerreros de la Biblia, después de haberescuchado las graves palabras del sacerdote armado ya
de su rifle, como los calvinistas que seguían á Gui.
llermo de Orange y después de haberse despedido de
todos los hombres de la familia d ~sde el viejo de cincuenta ó sesenta años, jefe y caudillo de su hogar,
hasta el muchacho de diez y seis años para quien la
campaña y la muerte son una alegre aventura de juventud.
¿De parte de quiénes está la simpatía y la piedad
del mundo? Los holandeses de Africa son de una raza heróica y fuerte: los que, por no soportar la dominación inglesa, abandonaron la punta extrema del
Africa, para erigir un hogar libre en las vastas soledades africanas de un lado y otro del Vaal y los que
quedaron como súbditos de la reina no rompieron
sus vínculos de familia; todos han continuado unidos por la sangre y por la aspiración á la libertad, y
hcy que son mucho más numerosos de lo que al principio del siglo eran, han apretado más los lazos que
los unen y con el nombre de afrikanders tienen el dominio legal del Africa del Sur; esta situación es la
que, largo tiempo hace, han querido transformar los
imperialistas; Mr. Rhodes y Mr. Chambt!rlaln quieren que el vértice meridional del continente negro
sea exclusivamente inglés; esto acabará por la victoria de la fuerza, ya sólo la fuerza trlunfa, la única
esperanza del derecho es convertirse en fuerza tambMn. Esto acabará por la victoria de Inglaterra; los
cuarenta ó sesenta mil burghers que puedan oponerse á los sólidos regimientos británicos á la larga ó
á la corta sucumbirán; la compañía explotadora de
las riquezas africanas que gobierna el Sr. D. Cecilio,
que tan desdeñosa.mente hizo no ha mucho la filosofía de nuestra historia, será la reina desde Mozambique al Cabo; las tumbas de los boers desaparecerán
bajo las casas improvisadas de las colomas mineras,
y la bandera británica y la bandera de la chartered
flotarán juntas en el rústico palacio de Pretoria.
Pero est,os árboles europeos transplantados á tierra feraz crecen extraordinariamente con la poda, cobran fuerza nueva; la familia boera serulrá multiplicándose después de la guerra y una Irlanda protestante brotará para Inglaterra en la tierra de la
Buena Esperanza. Esto dentro del imperio; fuera de
él la cuestión asumirá un gravísimo carácter; las libres repúblicas africanas encadenadas al estupendo
acorazado inglés, harán reflexionar un poco más de lo
que probablemente reflexionan todas las noches á los
franceses, á los rusos, á los alemanes, á cuantos están en vía de forjarse imperios coloniales.
No sería improbable que de la sumisión de los boers
resultase la necesidad de una triple alianza marítima
en Europa; no sería entonces extraño que el océano
asiático viera, en el primer cuarto del siglo próximo,
la lucha más terrible que la humanidad haya presenciado, y que en las ond~s del Mar Amarillo, espumeantes de sangre, be escnba algún día el epílogo de
la conquista del Transvaal.

-ILAA5to ✓ ~

LA HERMOSURA Y LA SALUD
BELLEZA CLASICA Y BELLEZA ROMANT!CA.
Dicen los poetas que la primera obligación de la
mujer es ser hermosa, y contra lo que es común, en
este punto se encuentran de acuerdo los poetas con
los hombres de ciencia. La razón de este acmerdo entre poetas é higienistas es, pura y simplemente, que
hermosura y salud, belleza y vigor son sinónimos, y
que nada suministra mayor contingente de eneantos
al hombre, como á la mujer, como el funcionamiento
normal de todos sus órganos, el desarrollo proporcionado y armonioso de toda su estructura.
Veámoslo si no. El tipo supremo de la belleza plástica femenina es, sin di&amp;cusión, la Venus de Milo y á
la vez, la diosa es el tipo acabado y completo de lasalud y del vigor. Desde luego llama la atención en ese
portento de belleia plástica, la armonla y la propor·
clón admirables de sus diversas formas: torax amplio
y levantado, que revela una "espiración profunda y
vivificadora; cadera vasta, que traza una curva majestuosa, indicio cierto de fecundidad; brazo y pierna finos, pero acojinados, duros, reveladores de tejidos firmes, sanos y bien nutridos; cabeza pequeña, es
verdad, pero ángulo facial abierto, casi recto, caja

\

153
cómoda de un cerebro voluminoso y bien conformado; labios delgados, no ingurgitados por la linfa mal
sana., sino impregnados de sangre generc:,sa; oreja pequeña, bien aplicada al cráneo, que no revela decadencia ni degeneresencia.
Son éstos atributos de un individuo sano y fuerte
descendiente de una raza vigorosa y gimnástica. Entrando en pormenores, se acentúa el contingente que
la salud da á la belleza.
Desde luego una persona sana tiene la piel tersa,
sonrosada, sin cicatrices de viruela, sin costurones de
escrófulas, sin pecas, caspas, botones que afean é insp:ran 1epugnancia; la sangre generosa circula en
abundancia y tiñe de rosa el cutis, de carmín los labios, c!e r,ácar las uñas; la cabellera, abundante y fi na,
cubre la espalda como un nµnto.
Los ojos, bien hendidos, á flor de cabeza, sombreados por pestañas largas no se!l'adas por los parásitos
ó las oftalunias, tienen espresión, brillo y profundidad; uniformemente negra, azul, verde ó garza, la
pupila mobil y bien perforada da espresión y elocuencia á la mirada. El cuello erguido se destaca
arrogante sobre los hombros, sin deformidades ni vicios de curbatura. El andar aplomado y agil envuelve en magestad ó gracia toda la persona, y el cadencioso balanceo oe la cadera revela el vigor de la complexión y la solidez de la estructura.
La debilidad constitucional, las enf0ormedades habituales, deforman, corroen, manchan y se revelan en
el tipo especial físico de quien las padece afeándolo
y haciéndolo risible ú odioso. Los labios gruesos,
colgantes, invertidos, revelan escrófula ó linfatismo;
la nariz aplastada es propia de raquíticos y tuterculosos¡ los ojos opacos y mortecinos denuncian males
ocultos y afecciones crónicas; cualquiera que sea la
conformación original de un ser, la salud lo embellece y ya es mucho conseguir el que no haya nada que
acentúe y agrave la fealdad nativa y el allegarse el
contingente de frescura que de la salud y del vigor
deriva.u.
Hay sin embargo, se me objetará, tipos de belleza enfermiza, delicada, frágil y no menos pvtente y
denominadora. Estúdiese la plástica bizantina; aquellas vírgenes son escuetas como el bejuco y pálidas
cerno el marfil; carecen casi de formas, ni el seno ni
la cadera se delinean ni dibujan bien; hundido el pecho, demacrado el rostro, sombreados los ojos, transparentes las manos, huesudas y flacas, parecen convalescientes ó tísicas, y esas vírgenes constituyeron
durante siglos un tipo ideal de belleza, á sus piés se
arrodillaron los pueblos y cayeron las naciones en éxtasis místico; todavía hoy sobra quien las encuentre
idealmente bellas y sublimt!s.
Otro ejemplo; la escuela romántica tiene por tipo
ideal de belleza á la mujer pálida, delgada, trar:slúcida ojerosa, lánguida. Sanciona el váhido, la crisis
nerviosa, la jaqueca y los vapores; qufare á la mujer
inapetente é infecunda. Las románticas, es bien sa.
bido, tomaban vinagre para anemiarse, no comían
para enflaquecer, vivían á oscuras para palidecer y
enfermar. Y este tipo de belleza patológica fué aclamado, cantado, incensado ó idealizado por toda Europa y por.muchos años. Aún hoy los poetas cursis
entonan endechas que co:::iieman: Pálida joven! ....
prefieren el junco al arbol, y fuerzan á las mujeres
á pintarse ojeras.
Hay pues belleZl, puede haberla al menos, fuera
de la salud y del vigor, y la cloroanemia, la tisis y
hasta la diarrea pueden procurar á la mujer encant os y atractivos.
Nuestra objeción fundamental á este modo de ve.!'
es que toda belleza enfermiza es transitoria, que el
tipo es efímero y no perdura en las preferencias humanas y que las desviaciones del ideal de lo bello acaban por encauzarse de uuevo en el tipo Inmortal de
la belleza griega. Con la caída del Imperio Romano y
la,generalización del cristianismo, vino una reacción
contra la vida gimnástica, puramente física, característica de las repúblicas helénicas y que Roma heredó. Al gimnasio y al baño se substituyó el templo,
al atletismo la maceración, á la actividad flsica la
meditación y la plegaria; todo el hombre se concentró en S'.l propio espíritu y en su propio corazón; se
odiaron y pros'lribiron los juegos, las danzas, las carreras y se orga.nizaron las proce&amp;iones y las tandas
de ~iercicios; los sentimientos místicos exRl::.ados basta el delirio, absorvieron todo la activid d y monopolizaron todas las preferencias y toda la atención. El
hombre había dejado de ser cuerpo para transformarse en espíritu, y la estética, siguiendo el inevitable
impulso, menospreció el cuerpo y aspiró como única
belleza á la del alma. La plástica bizantina describe
dent,ro de un mínimun de forma,material, quea tenúa
y esfuma cuanto más puede, almas exaltados en el
amor divino, corazones torturados por la angustia
mística, espiritus extáticos en la contemplación del
más allá; los cuerpos demacrados por el ayuno y macerados por el silicio, enflaquecidos por el tormento
moral y por la devoción desaparecen envueltos en flo tantes y castas vest iduras; ninguna mujer ostenta
el seno, nido de funestas tentaciones ,ni muestra la
cadera, germen de reprobados apetit: s; sólo á sus
ojos atónitos, profundos y sembreados asoma su alma
angustiada y torturada.
El mismo fen5meno se repite con el florecimiento

�Domingo 22 de Octubre de 1899.
EL MUNDO,

254
d'Eil puritanismo en Inglaterra y con
el del romanticismo en Francia; pero
estas reacciones, lo repetimos, no son
duraderas. El único ideal posible de
belleza es el que pinta al hombre completo, acabado, compuesto de sus dos
elementos fundamentales, cuerpo y alma; el que no lo mutila, ni lo deforma, ni lo tortura para representarlo y
para pintarlo. La plástica griega fué
incompleta por inexpresiva; se consagró al cuerpo y olvidó el alma. Sus
creaciones son forma y no idea, relieve y no pasión; no piensan ni sienten,
ni aman, ni sufren, ni gozan. Las bellezas bizantina y romántica,por el con trario, suprimen el cuerpo, desdeñan la
materia, lo postergan y posponen el
alma y resultan tan incompletas como la otra. Durante e.l Renacimiento
comenzó y se llevó muy adelante la
fusión en un todo armónico del cuerpo
y del alma para pintar al hombre; to•
da vía Rafael es pagano por lo insulso
de sus figuras y lo decorativo y mural
de sus composiciones; todavía Fra Angélico es bizantino por la profundidad
de su misticismo y lo vaporoso é inma
terlal de trns creaciones.
Pero Miguel Angel, Leonardo de
Vinci, Tiziano, Rubens, los flamencos,
hacen plástica perfecta y completa;
adunan á la belleza impecable de los
cuerpos la potente efervescencia delas
almas; sus diosas, sus profetas, sus
apostole8,son hombres acabados, almas
soñadoras, pensadoras, activas encerradas en estructuras armoniosas, poderosas, sanas y la plástica del porvenir se inspirará perdurablemente en
ellos.
No; todo ídeal de belleza dentro
del raquitismo corpóreo es un absurdo; belleza·es fuerza, salud, agilidad,
acción, y es pensamiento, emoción y
pasión.
La mujer que quiera ser bella, que
procure ser sana y vigorosa y á la vez
que trate de ser inteligente y buena.
Que busque primero un cuerpo y luego
aloje en él una alma.

LA INSTRUCCION PRIMARIA
EN

MEXICO.

F ray Pedro d e Gante.
I
Entre los factores del progreso humano, descuella
por su indiscutible importancia la Escuela. Y entre
las divisiones de ésta es de mayor valor la primaria,
porque si bien menos intensa, es en cambio más extensa puesto que aspira á impartir los conocimientos indispensables á todos. Esto hace que sea á la vez
que interesante, grato recordar lo relativo á ella, y
muy particularmente placentero lo que atañe á la
Escuela Primaria en.t re nosotros.
Por eso consideramos benemérito de la Ense!Ianza
en nuestra amada Patria, al F ranciscano Fray Pedro
de Gante; y con entusiasmo y fruición se!Ialamos el
afio de 1522 y la ciudad de Texcoco, como el origen
grande y fecundo de la Instrucción Primaria, propiamente dicha, en el Continente Americano; y lleva la
gloria de haber establecido la primera Escuela en
ese lugar y en esa fecha el insigne Gante.
El más sencillo, pero el más sincero aplauso, tributamos hoy al benemérito Franciscano, presentándolo en este momento á la generación que se levanta, como acabado modelo de virtud, de abnegación
y de ardiente caridad.
LUIS E. Ruiz.

LA DANZA ESPAÑOLA.
Me gusta, ,entre todas, la noble danza espaliola. En
ella se asocia el orgullo castellano á la voluptuos;dad
oriental. F átima y Zoraida la transmitieron á Do!Ia
Jimena, que le ha dado su orgullo, dejándole su languidez. E l doble genio católico y musulmán de la
Espalia, se delata en todos sus movimientos y en todos sus gestos. Allí pasa la mujer por bruscas transicionei;!, de la molicie del harem á la energía del
combate, de la esclavitud al imperio, de la tierra al

Fray Ped1·0 de Gante.
Cielo. Después su pantomima describe movimiPntos
serviles, su cuerpo suave y acariciador parece ascender hacia invisible due!Io.. . . On soplo de aire pasa,
su cabeza se levanta, su nariz se hincha, un Njo de
altivez enciende su pupila, su mantilla adquiere plieguez de manto real; la odalisca se ha t ransformado
en infanta. Otras veces la veréis tomar el aire y el
mov!miento extático con los cuales las vírgenes de
Murillo flotan sobre la media luna, en un cielo purpúreo y rosado. Orgullo, pasión, negligeIJcia, entusiasmo del amor, frenesí del placer y ensuelio de felicidad, todos esos matices del alma se mezclan y
confunden en la danza pintoresca de Andalucía. Expresa, en un instante, pensam!entos de reina y locuras de bohemia. Antes marchaba sobre las nubes á
pasos de diosa, y ahora salta sobre el tablado de los
farsantes y de los titereros.
Hay momentos en que la bailadora entabla con tiU
caballero un1. lucba apasionada, rápida y deslumbrante como esos diálogos de Calderón en que las réplicas
chisporrotean. Ella llega con la cabeza envuelta y los
codos salientes en la mantilla negra, c::,n rosas en la
sien, con la pierna extendida en sus medias color de
azafrán, haciendo silbar entre sui. dedos el abanico,
llevando como una coron~ su alta peineta de carey
calada y piafando, bajo sus arneses de fiesta, con pie
resuelto. El caballero voltea al rededor de ella, implorando una palabra, una selial, una mirada, y dirige á la mantilla las súplicas que el amante, en las serenatas, envía á la persiana cerrada, tras de la cual
se encuentra su ador11.da. La dama se hace sorda y se
oculta más en su velo; su marcha se complica y se
confunde: diríase que pretende derrotar á su adorador y extraviarlo en el embrollo de sus pasos. De
cuando en cuando, lanza de sus pupilas acechadora.'!
una mirada vi va, cruel y traidora, como una pulialada en la noche, luego se escapa, oblicua y ferozment~
por el laberinto imaginario que dibujan sus pies. Al
fin, el amor la vence, una súplica más tierna la ha
herido el c1razón, su resistencia se cansa, su 0 1gullo
se desarma, la mantilla se aparta, se entreabre, cae
al suelo y la bailadora de mil colores, fulgurante de
lentejuelas de oro y plata, brota de ella, con los brazos desrl,.ganos. Las castañu~las desgranan, bajo sus
dedos, las 01,tas petulantes.
Entonces com,eoza una danza soberbia y fantástica, llena de impulsos competidos, de agasajos lasci-YOS, de avances eludidos, donde la cara que se caía
hacia atrás, enervada de amor, se levanta ardiente
en cólera, donde el gesto desmiente la mirada, donde
el abanico se burla de la sonrisa. La joven se debilita
y se rinde al fin: algunas veces cierra los ojos y apoya sobre la espalda del bailador su cabeza inflamada.
El caballero la conduce á pasos lentos, con el dedo so-

bre los labios ... . sus ples bailan toda.
vía y su cabeza flota ya en !a sombra
de un ensueño. El efecto de este reposo después de aquellas violencias tiene algo de mágico; parece que ~ asiste á un encantamiento de amor. Ha.
ce pensar en los intervalos de suenos
y de desfallecimiento que entrecortan
de pausas tan divinas las estrofas del
cántico: «Sostenedme con manzanas
fortificadme con perfumes, porque m~
muero de amo:-. &gt;-«Os conjuro por los
pavos y los ciervos del bosque, á que
no despertéis, ni hagáis levantar á la
bien amada antes de que ella qulera.,U no de los rasgos característicos de
la danza española es su suprema galantería. No tiene diou, como la danza
francesa. El hombre se borra detrás
de la mujer: la sigue, la escolta, la
protege, la rodea de solicitudes y de
homenajes; no tiene la estúpida pret ensión de agradar á su lado ni mostrar sus gracias ante su belleza. Qu6
t riste figura harían los céfiros asmáticos y los silfos derrengados de nuestros bailecillos junto á esos caball-eros,
atrevidos y corteses, que parecen
apearse de un caballo de guerra y cuya
pantomima varonil simula un rapto
novelesco. Así sucede muchas veces
en las fiestas populares de Andalucía.
En medio del bolero comenzado, llega
arrastrándose, desde el fondo de la sierra vecina, un majo en traje de cuero,
la navaja en la cintura, la chupa bordada á la espalda. Lleva en la grup&amp;
su compaliera; el caballo está atado f.
un árbol, y los dos, al saltar del estribo, entran resueltamente en el baile.
No hay más noble ni más encantador símbolo de la servidumbre amorosa que esta figura de b Sevillana. El
hombre tiende ante la mujer la punta
de su man.to; ella-pisa desdeliosa:nente y prosigue la vuelta; el bailador la
sigue repitiendo su maniobra, el manto se mult iplica para reD11lrle homenaje y se desarrolla ante sus pasos como ancho tapiz.
A veces la bailarina, absorta en s(
misma, improvisa el ritmo y las figuras del baile. 8&gt;
ievanta muelle y perezosament e, como pantera des•
pertada que estira ampliamente sus miembros flexibles. Lo11 hombres se enfilan al rededor, la acompa!Ian con un murmullo de guitarra ó la espolean con
las castañuelas. Ya es una avispa lo que busca entre
los encajes de la saya, como en los pliegues de un&amp;
rosa de cien hojas; ya su pié que arquea, admira,
vuelve y revuelve, como una joya encontrada sobre
una mesa divirtiéndose en hacer resonar el talón sonoro. Sus brazos forman al rededor de su cabeza esbeltas guirnaldas, 6 rozan la tierra como alas.
Hace la corte á su belleza, la ostent a, la provoca,
lanza su pierna hacia _fuera con deslumbrante golpe
de basqui!Ia. ¡Bien sacada está/ murmuraría entre
dientes el viejo Goya. Ella se mirá amorosamentb
en el círculo de los ojos ardientes que la rodean.
Pronto el entusiasmo se apodera de los espectadores,
desabrochan las chupas, se desatan los cintu~ones Y
los echan en envuelto m~ntón á sus piés. La bailadora se dibilita lentamente y se apoya en ese trofeo
con aire triunfal.
Alguuos pasos han conservado casi enteramente
el carácter orient al. Allí se encuentra el est ilo de 10&amp;
bailes moriscos en que el busto se mueve so_bre pler•
nas casi inmóviles y con las cuales se asPmeJa la bai·
ladora á una mujer petrificada que se agitase en todos sentidos para salir de su envoltura. Los plés están libres, es verdad, pero caracolean en un círculo
estrecho: el movimiento se concentra en las cantor•
siones y en las ondulaciones del talle. Nada más llamativo ni más extraño. Si la danza europea tiene la&amp;
alas del pájaro, la danza oriental tiene los anillos de
la serpiente. El pájaro encanta, pero la serpiente
cina. Cuando este paso lo ejecuta una bailadora
pura raza, la ilusión es completa y creerels ver
personita árabe bailar la Zambra sobre las losas dal
Pat io de los Leones, delante del califa, sentado
fondo en una posición de ídolo. La mira con sus
fijos, rodeados de antimonio, y su mano cargada e,
sortijas, acaricia lentamente su barba t renzada.

r:,
ºO:

ojr

PAUL DE SAINT VIOTOR.

255

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899,

Y de sus losas pesadAs
Van resurgiendo ilusiones
En aladas
Procesiones .. . .

¡Muertos! .. .. y entonces los míos,
Presa de letal quebr,rnto,
Silenciosos v sombríos
Dejan resbaiar su llanto!. ...

Tri,tes ojos errabundos
Que exploran lf'j ,m os mundos!
Aunque ellos estén abiertcs,
No me parecen despiertos:
Los miro siempre abismados ..... .
Y si se cierran, cansados,
Me parece que están muertos . . ..

Si se cierran, si naufragan
Del sueilo bajo el capuz,
Mis ojos tambi én se apagan
Nostálgicos de su luz,
Y si ven, enternecidos.
De mi alma las soledades,
Bailados en claridades
Se alzan mis sueilos caídos ....

.A la luz de esAs m iradas,
Abrense las tumbas frías
Donde están mis alPgrías
Sepultadas,

¡Dulces ojos que se empeilan
E n seguir idealt&gt;s idos .... !
!Ojvs que mirAn dormidos
Y que suefian!
¡Ojos que al sentirse heridos
P,1r resplandorPs brillantes,
Tilmblorosos deEfdllecen,
C•rn.l rll dian y se estremecen
Al ver la luz, los diamantes
¡Ojos que jamás reflejan
Los enojos ....
¡Son tus ojos!
Ron tus ojos que semejan
Gra ndes gotas de rocío
Que de algun cáliz rodAron:
E5'.rellHS que á ti bAjaron
En una noche de estío!
¡ Pupilas ensoilt1doras
Q 1e ocult11s por las pesta.tias,
Huyen á e~f&lt;lras extrallas
En ·pos de extraflAs AurorAs . . . . 1
1

.llfARÍA ENRIQ,UETA.

Bf\LOONE8 f\BIERT08.
E l dedo metálico y movible del barómetro se
detuvo en los límites extremos de las bajas presiones; la columnilla capilar del termómetro, en
un d escenso brusco, seilaló nueve grados,, bajo
cero; por todos los hilos telegráficos vino de provincias y del extranjero la palabra nieve, y la
nevada empezó á caer de un cielo turbio, en copos menudos.
El silencio y la paz de la calle, por la que no
transitaba nadie, eran profundos, y hacían más
frío todavía el airecillo manso que bajaba de las
cailadas de la sierra. Todos dormían cerca de la
llama alegre de la chimenea ó dentro del tibio lecho, pensando durante el sabroso y vago limite
que separa la vigilia del sueilo, en la nieve que
cae fuera, y en el vientecillo manso que mueve
la persian a. con cadencia intermitente.
No todo duerme.
En la fachada cerrada y obscura de una casa,
hay un balcón iluminado, á ,eces abierto, como
un ojo que vigila la calle y espera algo: aquella

luz alumbra á uo muerto ó á un enfermo; el ojo
vigilante de la fachada espera al médico 6 á los
lúgubres empleados de la Funeraria. Con un poco de atención, se dif,.rencia la luz del enfermo
de la luz del muerto. La del muerto parece más
inmóvil, más triste.
Durante estos días de frío son muchos los balcones con luz y no pocos los balcones abiertos;
si el piso no es muy alto, se Vdn desde la acera
opuesta los cabos encendidos de las hachas, terminadas en llama larga, inmóvil y humosa. Aquel
hueco ilumina do hace entonces un poco tl! efecto
de las dos ventanas de la casa misteriosa que mi •
raban con terror los chicos de qu_e habla Víctor
Hago.
Como aquellas miraban ínquisiti va mente, é,tos
miran trauquilos, solemnes, fijos , como miraría
el muerto si no tuviese los ojos piadosamente cerrados, La apari:ión brusca de la muerte así, en
medio de la calle fría y sileneiosa, sin aparato,
sin aviso, recogida y anón ima, d eja una impre-

¿Seré el extraño A.rgonauta
de algúh falso Vellocino?
¿Será mi eterno destino,
-bella incauta,
andar como el peregrino
tras tu huella
y no dar jamás con ella?
¿Y esta fabula de amores
te será desconocida?
¿Pasará toda su vida
sin que llores?
Somos dos hojas que el viento
puede juntar un momento
en sus marchas inseguras ....
Ya sabes que el viento es loco
y que A.mor dura muy poco ..... .
¿Te aventuras?
Ni te he v isto, ni me has visto,
pero tu sabes que existo,
como yo lo sé de ti.
Tú me esperas, yo te espero ....

sióc. profunda y melancólica que ha~e menudear
el paso para huir de aquello que parece un 11viso;
pero la obsesión del balcón abierto sigue ya le•
jos. y se piensa como el personaje de un cuento
de Coppée, en quién será el muerto; tal vez una
mujer j oven y bonita, quien sabe si un niilo, prob 1blemente un v iejo A quien hi derribado la primera helada del invierno, y se medita sobre que
ya han pasado, en que ya no tienen que sufrir el
temido conocimiento del tránsito al más allá obs•
curo y amenazador.
Ya sabéis lo que ve de madrugada el transeunte, cuyos solitarios pasos en la c11lle oís en compaiifa de la llama ale¡rre de la chimenea ó dentro
del ti bio lecho. Y coDvandréis conmigo, en que
no tiene nada de 11gradable para contároslo á.
fdlta de cosa más alegre, pero ¡hay tan pocas cosas alegres!
FEDERICO URREOHA.

;,Vienes? .... ¿Voy? .... ¿Por qué seniero?
¡Nn lo sé! ¿Lo sabes, di?
N uestro amor es sueilo vago .... . .
Me adivinas, te adivino ... .. .
¿Sabe el lago cristalino,
si á su lado hay otro lago?
Si á los dos poner pudieras
frente á frente, en su embeleso
juntarían las riberas,
como lab ios, en un beso.
Cerca están, pero se ignoran .. , ..•
No se ven, pero se esperan,
Cuando bullen y se alteran,
Es que lloran!
Yo he de hallll.rte, estoy seguro ....
No sé cuando, más te juro
que tu boca he de besar .... l
Tú eres musa, yo poeta ..... .
¿Qué distancia, qué planeta
nos podría separar?
París.

MANUEL UGARTB:,

�Casa del Sr. Tablada,
Casa del Sr. Adolfo Jlegewisch.

/

__ ,

Quinta del Sr, Gral,. Don Manuel, Gonzdlez Oosio.
Quinta «Rosalia »

Casa del 81·. Natalio Sdnchez.

)

Casa del Sr. Don Carlos Rivas.

Casa del Sr. Dqr¡ g,,,,ardo llegetoi8ch.

Quinta «Margarita.»

�258

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

&lt;3ampií'íaó dv 8Tt&gt;éxico.--t6Lzededouó de/ &lt;3oJ/oacáv.

Domingo 22 de Octubre de 1899.

2511

EL MONDO

EL SANEAMIENTO DE LA CIUDAD DE MEXICO.

Detalles de constrnrción de las compuertas, VÍ1Jta posterior.

Reseña de las obrasd1saneamiento.
Es por demás i nterEsante conocer algunos
detalles de la magna. obra que i;é tSlá Ilevand1, á cabo en la Metrópoli. Hoy publi-

1. Calle Real de Coyuacan. - 2, a y 4. Estud-ios de paisaje ent?·e Coyoacán y San Angel.- 5. Parroqitia de Ooyvacán.-6. La cantera de basalto.

camos algunos de esos pormenores. tomando
de una reseña especial los siguientes curiosos datos.
La Ciudad de México está asentada en el
fondo de un valle sin salida, y en el que, por
ésto, se acumulan todas las agues de lluvia
que caen en una cuenca tan extensa, que
llega á Pachuca por el Norte, á los Llanos
de Aparo por el Oriente, y está limitada
por las serranías de Ajusco y de las Cruces,
al Sur y a! P oniente.
Esas aguas de lluvia, que vienen á formar
el lago de Texcoco, no tenían más salida
que la at mósfera, pues sólo bajaba su nivel,
cuando disminuía la cantidad de agua por
efecto de la evaporación. A ese mismo lago
tenían que ir los des'lgües y los desechos de
la Ciudad de México, y como el terreno en
que ésta fué construida, está tan bajo, que
muchas veces las aguas del lago invadieron
varias calles de la ciudad, resultaba, que la
expulsión de esos desechos, era muy lenta y
dificil, aun en las circunstancias más favorables, es decil, cuando el nivel del agua de
Texcoco estaba muy baju. El conjunto de
circunstancias que se acaban de indicar, hacían que la vida de la Ciudad fuera en extremo dificil y sujeta á crísis, como las que produjeron siempre las grandes inunq~ciones.
La descripción de todas las obras emprendidas, y de todas las energías que se consumieron durante cerca de cuatro siglos, ha,
ciendo esfuerzos para mejorar las condiciones del desagüe, será bastant,e para ocupar
un libro, que afortuoa.dameote la Junta Directiva ctel Desagüe.del Valle. publicará muy
pronto, y que tiene encomendado el inteligente escritor, seilor Goozález Obregón. No
han sido menos laborio:sos y ta rdíos los esfuerzos que se hicieron p.u a expulsar de la
Ciudad los deshechoi, de las hablt:i.ciones,
pues las primeras atarjeas se construyeroná
mediados del siglo pasado; pero por una par'6 las malas condiciones do México. y por
otra, la imperfección con que en todo el
mundo, se construyeron los desagües de las
poblaciones hasta mediados del presente si-

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que se ha usado par.&lt; em¡, ea

glo, hicieron que resultara en extremo imper fecto el sistema de atarjeas que hasta la
ftcha ocupa la mayor parte de la Ciudad.
Cuando en las principales eludades del
m undo se inició el movimiento q_ue hamod ificado radicalmente el sistema de desagüe,
mejorando mucho lar, condiciones higiénicas,
se trató en México también de llegar al mis•
mo resu!tado pero se tropezó siempre, con
que faltaban las obras del Desagüe del Valle,
que era la base fundamental de cualquier
proyecto para mejorar, las condiciones del
desagüe interior de la Ciudad.
Entre los esfuerzos que se hicieron para
llegar á un resultado, el más vigoroso fué el
emprendido el año de 1876: en el que, una
comisión de Ingenieros bastante numerosa,
estudió en muchos detalles, la pendiente, la
capacidad y las condiciones hidráulicas de
las antigt1.as atarjeas, para definir, de un modo científico, si era ó nó posible mejorarlas.
Los miembros de aquella comh,ión, no llegaron á ponerse d~ acuerdo, acerca de cuáles
eran las obras que deberían hacerse, y como
las condiciones políticas del País, obligaron
á suspender los trabajos de la comisión, nada se resolvió en definitiva, y quedó el asun.
to en suspenso, hasta el año de 1885, en que
se emprendió un nuevo estudio del asunto á
iniciativa del señor Ingeniero Don Man~el
Maria Contreras, que á la sazón era Regidor
de Obras Públicas; pero se tropezó con la
misma dificultad de siempre, con la de que
mientras no se concluyeran las obras del desagüe, no era posible modificar la pendiente
de las atarjeas:
Enton~s se inició de nuevo la prosecución de d1cb~s obras del Desagüe, las cuales
están ya casi termi nadas, debido al grande
cmpeflo qve en Lacerias tuvo el sei1or General Diaz y la Junta Directiva que nombró el
Gobierno, para administrarlas.
En los all?S de 1887 y 1888, sobrevino una
de aquellas 10undaciones que periódicamente afligían á la Ckdad, y entonces, el Ayuntamiento dispuso qne se establecieran las
bombas de San Lázaro, que tuvieron por obindepend_er del lago de Texcoco, el Desagüe
del intenor de laCiudad, mientras se terminaban las obras del Desagüe del Valle.
En ese mismo año de 1888, y á iniciativa
del Sr. Regidor de Obras Públ!cas, Ingenie-

�EL MUNDO.

260

ro Don José María Velázquez, se creó la comis!ón de
Saneami1mto, para que 1::studiara el proyecto definitivo de las obras que debían emprenderse para mejorar el desao-üe interior de la Ciudad, sobre las bases generalesºya aceptadas el año de 1855.
Esa Comisión trabajó tres años, tomanJo d3:tos topográficos y estudiando un sistema, que estuvier_a d_e
acuerdo con los adelantos modernos, y con los pnn~1pios sancionados ya por la experiencia adquirida, en
las poblaciones que han hecho obras semeJantes á las
que aquí se debían emprender.
Los fundamentos técnicos del proyecto, están ampliamente detallados en la memori~ que al .A.~untamiento presentó el jefe de la Comisión, el inteligente
é ilustrado joven Ingeniero Sr. Roberto Gayo!, el
año de 1891, y el Ayuntamiento qu~ entonces_ funcionaba, resolvió pasar dicha me mona al estud10 del
Sr. Ingeniero D. Luis Espinosa, quien presP.ntó su
dictamen á fines de 1893; este dictamen y el primer
informe pasaro~ d:ispués á una comisión compuesta
pcr los Sres. Ingenieros D .. Man~el Cont_reras, D.
Leandro Fernández y D. Lms E;prnosa, quienes concluyeron por aceptar en todos sus detalles el proyecto del Sr. Gayo!, después de que durante seis meses
hicieron el estudio minucioso del asunto.
E l proyecto en lo esencial es el siguieu~e:
El Canal del Desagüe del Valle que t iene su orígen en el extremo oriental de la Ciudad, establece
el punto más bajo de todos los alrededores :le la población, punto á donde ;:ior esta circunstancia deben coneurrlr todos los desagües de la Capital.
Allí comienzan los colectores que tienen su ?rigen á

t:~

Domingo 22 de Octubre de l o99

EL MUNDO.

261

~. - VI sta del frente de las compuertas en vía de construcción.

3 .- 0ubetas de los colectores del Nm·te. Cent?-al y del Sur en el punto donde se r·eitnen para entr·ai·
en las compuertas.
cosa de cinco metros abajo del nivel del terreno y con
una pendiente unif'lrme, entran en la Ciudad.
El Colector general dP-1 Norte se bifurc_a en un pu?to situado algo más de 700 metros del or1gen, Y en 1a
bifurcación se divide en dos colectores de m,ás pequeño diámetro, qne llamamos el colector num. 1 Y_ el
colector núm. 3. El colector general del Sur también
se difurca en otro punto que está á algo más_ ~e 'iOO
metros al Sur del origen, y al bifurcarse se divide en
dos colectores más pequeños, á los que llamamos colector núm. 2 y colector núm. 4.
Cada uno de los colectores, central, 1, 2, 3 y 4, ocupa la linea media longitudin_al de una área, que representa próximamente la qumta parte de la superficie total de la ciudad.
.
Cada una de estas fracciones de superficie, la lla•
mamos zona, y están separadas una de otra por las
líneas que en el plano respe~ti~o van señaladas con
untos y raya&lt;1, que á la vez mdican cuál es. el t1 arecto que deberán seguir los tubos de distribución.
Estos tubos tienen por objeto conducir el agua que
servirá para lavar las atarjeas, de la manera que :i.delante se indicará.
A partir de los tubos de distribución, comienzan
las atarjeas que )Jamamos laterales, que son de peueño diámetro y construidas con tubos de barro vl€rificado. Estas atarjeas están marcadas en el pla.no con líneas delgadas formadas de pe~uei'ias rayas.•
El trayecto que siguen estas atarJeas laterales,
siempre es sinuoso, pues pasan alternativamente de
una calle que va de Poniente á Oriente á otra que se
dirige de Norte á Sur, ó viceversa.
.
El objeto de esta disposición es ~onsegmr ,.,,&lt;i,ue
no quede sin lavai ninguna de las atarJeas de la cm•
d d pues los tubos de distribución están á cosa de
cuadras de distancia de los colectores, y si se
construyeran las atarjeas pequeñas, síg:ulendo
rectas ya fuera en dirección de Onente á o:f:te ó d~ Norte á Sur, seria muy difícil proveer

Domingo 22 de Octubre de 1899.

del agua á todas estas atarjeas, y fácil es convencerse por la simple inspección de los planos, de que la
disposición que ~e ha proyectad? p~ra ias at~rjeas laterales, es la unica que permite mt,roduc1r el agua
con que se bao de lavar todas las atarjeas sin excep,
ción.
Estas atarjeas laterales tienen su pendiente siempre desendiendo del tubo de di,;tribución al Colector,
de manera que este ~irve para recoger ó colectar la&amp;
aguas de la Zona, y por esta razón se le llama Colector.
Las aguas para lavar las atarjeas, se toman del Canal de la Viga, proyectándolas por medio del Canal
de deri vadóo, hasta el crucero de éste con la calzada de la Piedad; e1'l. este crucer0 toma el agua una
bomba poderosa que se ha establecido, y que es capaz
de forzar un metro cúbico de agua por segundo, que
entra á los tubos de distribución, con uoa presión
inicial equivalente á una columna de agua de 12 metros de altura.
En la bomba comienza un tubo de fierro de 108
centímetros de diámetro interior, que sigue por las
calles de Buca.reli y corre ha.Ata Nonoalqo y tendrá
algo más de 3 200 metros de longitud; de este túbo
parten 12 ra~ales: 6 al Oriente y 6 al Pouiente, ~ue
sirven para distribuir el agua á todas las atar¡eas
laterales y que por estas circunstancias llamamos tubos de distribupión.
·
Los ramales tienen O. 76 de diámetro interior y son
capaces de conducir dos de ellos, toda _el agua que
lleva el tubo principal; se les dió ese diámetro con
el objeto de concentrar toda el agua y toda la ener-

5.- Boquillas de los colecto1·es al desembocm· en las compuertas.
gfa de la bomba pc1,ra lavar sólo una zona; pero como
la operación será muy rápida, en un s-:lo día se podrán lavar todas las atarjeas de la ciudad.
El punto en donde conviene colocar siempre una
bomba que debe hacer el servicio de aguas de una superficie cualquiera es siempre el centro de esta superficie, pero como en la ciudad, seria difícil ó casi imposible, colocar la bomba en el centro de la ciudad,
se eligió el crucero de la Calzada de la Piedad con el
canal de deri vación por ser el que estando más cerca
de la línea media, no presentaba dificultad para colocar el !ubo general de distriliución.
En el origen de cada una de las at,ujeas en las cuales entrará un t ubo de fierro de 0.16 ó 0.20 de diámetro que se enlace con los tubos de distribución, y entre
éste y el origen de la atarjea, habrá una compuerta
de fierro y bronce que funcionará con presión hidráulica, y arreglada de tal manera, que con un tornillo
se podrá re'l'ularlzar la cantidad de agua que entra
á cada una de las atarjeas laterales, y una vez que
eae tornillo esté fijo en su lugar, pasará por la compuerta siempre la misma cantidad de agua.
Esta cantidad, la necesaria para lavar cada atarjea, varía con las condiciones de pendiente y diámetro que tenga cada lateral, y estará comprendida entre 90 y 200 lit ros por segundo.
P~r las condicione&amp; de secciór:. y pendiente de las
atarJeas laterales, la velocidad del agua del lavado
será de un meLro ó más por segundo, pero .:omo al
entrará la atarjea el agua llevará una velocidad inicial de 10 á 12 met,ros por segundo, la velocidad media en las atarjeas la pasará por regla general de 2
metros en la misma unidad de tiempo.
Las compuertas de las tomas de agua, 'le tendrán
abiertas todo el tiempo qi:e sea necesario para que
la pr11!1era que entre á la lateral llegue al colector, y
tenientlo en cuenta la longitud de la atarjea y la ve)ocldad con que el agua pasará, en muy pocas atarJeas será preciso tener abiertas las compuertas más
de5 ó 6 minutos.
Con la cantidad de agua que es capaz de elevar la
bomba ya. establecida, se podrán lavar simultáneamente de 6 á 8 atarjeas, y suponiendo que en todos
casos se conserve la corriente en cada una por diez
minutos y fijándose en que cada . una de las atarjeas
laterales ocupa 5 calles por regla general, resulta que
diez minutos se podrán lavar las atarjeas de 30
40 calles, y por lo mismo, en unas cuantas horas,
~ueden limpiar las atarjeas en toda la ciudad. La
~ tica Indicará cuál es la frecuencia con que se de~ dar los golpes de agua, pero probablemente no
se necesai:10 dar más que 1 ó 2 cada semana y co:~el maneJo de las compuertas es tan sencillo, basun personal de 12 á 15 individuos entre maqui~perarios, para conseguir este resu!tado, y
la única ciudad en el mundo que pueda
11mplaréx1co
sus atarjeas con tanta frecuencia y de una
manera tan eficaz.
Los detalles de los pozos de visita, pozos de ins~~n, las coladeras para el pluvial, el sistema de
Bid~ ~Ión Y todos los detalles de construcción, han
qne ObJe_to de un estudio minucioso y '.)rolijo, estudio
las se h~zo analizando la práctica '}Ue se observa en
d principales ciudades de Europa y los Estados Unios, Y eligiendo lo que ha dado mejores resultados,
para aprovechar la experiencia adquirida en otras

partes, y evitar así que se reproduzcan en México los
inconvenientes que se han observado en muchas de
las disposiciones que para todos los detalles se han
ensayado en Europa y los Estados Unidos.
r~
La construcción de todos los elemenLos, cuyo conjunto formarán las obras de saneamiento de la ciudad, ha exigido el estudio de numerosisimos detalles,
cuya rlescripción baremos poco á poco, y que al .fin
se han de compilar en la publicación que haga la
Junta Directiva para drscrlbir las obras.
Por ahora publicamos algunas vistas que dan Idea
de ciertos datalles: unas que representan las obras en
vías de ejecución, tales como el dibujo número 1, que
da idea de las dificultades que en ciertos Jugares se
presentaron para sostener el terreno y poder trabajar á gran profunilidad.
Los dibujos números 2 y 3 representan las compuertas que ligan las obras de la c!udad con las del
Desagüe general del Valle, en el momento en quedichas compuertas estaban en vfa de construcción.
El dibujo número 4 es una vista del aspecto que
presentan los colei::tores en la parte interior y abajo
de un pozo que hay, en el punto en donde se enlaza
el Colect or General del Sur, con el condi;cto de las
bombas de San Lazaro.

El dibujo núm. 7, da una idea de la maquinaria que
sirve para mover la bomba.
La administración y eJecución de las obras, la ha
encomendado el Gobierno á una junta en la cual el
Presidente es el :::lr. Lic. Don José l. Limantour y
los vocales, Ingeniero Don Manuel M. Contreras,
Don Luis G. Lavie. Don Gabriel Mancera, Lic. Pablo Maceao, Ingeniero Don Leandro Fernández, Ingeniero Don Santiago Méndez y Don Pedro Rincón,
quienes desde que se iniciaron los trabajos, nombraron Ingeniero en Jefe y Director, al Sr. Ingeniero
Don Robe1to Gáyol, autor del proyecto y persona entendidísima.
E&amp;te señor tiene á su cargo la Oficina técnica en la
cual hay una sección de Ingenieros que trabajan en
el campo, levantando los planos de las calles y avenidas para que dibujadas en grande escala, puedan
servir de base para ir proyectando uno por uno, todos los detalles de las obras. Los datos así recogidos,
pasan á la oficina ne dibujo en donde otro grupo de
Ingenieros, construye los planos, sobre los cuales el
Director proyecta las obras, y en seguida se calculan
todos los elementos del desarrollo, curvatura y pendiente, y demás que ~on indispensatles para la ejecución material de le,s trabajos.
El mismo Director tiene á su cargo el Dep:1.rtamento de inspección, compuesto de un Inspector General y un grnpo de inspectores auxiliares q1 e á su vez
tienen á su cargo la vigilancla de las obras, para ir
comprobando,pun to por punto, que ellas se ejecutan de
acuerdo con las estipulaciones del contrato respectivo.
Anexo al departamento de inspección, hay una oficina para experimentación de materiales, en donde,
por medio de máquinas y aparatos construidos para
el objeto, se estudian las condiciones de resistencia
y demás, que están detalladas en las especificaciones anexas al con1 rato, y que sirven para impedir
que en las obras se usen materiales de mala calidad,
reduciendo á números sus cualidades, dentro de los
límites estipulados.
En este departamento, además de los materiales
que se emplean en las obras del saneamiento, se estudian y analizan todos los materiales de construcción que llegan á la oficina y que se emplean en los
trabajos públicos y privados, estudio que es de grande importancia, porque se tienen ideas vagas respec,
to de la verdadera reslatencia de los materiales que
en México se emplean.
En esta magna obra ha tomado participación muy
directa y meritislmo empeño el Sr. Gral. D. Manuel
González Cosío, actual Ministro de Gobernación, el
cual desde que ocupó la presidencia del Ayuntamiento, hace algunos años, hizo comprender la necesidad
de llevar á cabo esta importante mejora para la
Ciudad.

,ra

:~"!l

Ji-

4. -Pozo en el punto de enlace del Colector General del Snr y dµl conrluct r· á las bO'l11bas de
San Lázaro; vista mirando hacia el Sur.

7. - Bomba de la Piedcd

F. B. E¡

�262

EL MUNDO.

Domingo 22 de Octubre de l~AII.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 29 de Octubre de x899.

BELLAl!i ARTES.

PRIMEROS RAYOS DE SOL.

Cuadro de Juan Sala.

CURIOSIDAD.
L . Passini.

Número 18

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>�240

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

Por fin llegaron las tardes de Otoño con sus brumas de rosa y sus crepúsculos de cristal, con sus paisaje!l dorados y melancólicos y su aire fresco y transparente que trae el acre perfume de las hojas secas
y de las flores moribundas.
Son divinas estas tardes de Octubre en cuyos horizontes hace el sol incoucebibles juegos de luz. Sobre
la seda azul de las montañas, pringada de gemas
chispeantes encórvase el acero luminoso de los cielos sobre el 'cual se deslíen las nubes en diáfanas y
caprichosas rantasias. Y abajo, en los llanos y en las
campiñas, tiende la claridad su red sutil y deslumbradora, clavada á la tie1ra, aquí y allá, por largos Y
frágiles dardos de sol. Es este un Otoño nuestro, matizado y lleno de savia, en el que la naturalez~ se ve
más hermosa que en primavera, como una muJer de
veinte años, embellecida por el amor y por el_ deseo,
es más hermosa que la niña de formas angéllcas que
ni sabe aún ataviarse ni conoce la alegría de vivir.
En otras partes, el Otoño es áureo y rojizo, de un
tono uniforme y seco, que no es otra cosa q?e la
transformación rápida del verde muerto. La tierra
no tiene jugo ya; está fría, y en vano los árboles la
cubren con hojas para de vol verle el calor. T• :rlo el
día cae por lus S!nderos y los surcos, una lluvia d•!
alas amarillas que el viento se entretiene en arra11car de las obscu ras ramazones.
En nuestro Otoño, el ve1de no muere; sP. enferma
nada más, palidece, toma un suave tinte flavo y lívido que es de uua infinita variedad de campo á campo,
de tronco á tronco, y de rama á rama. No es el oro
viejo, monótono y sin brillo, _el que cubre )a arena
gris de los caminos y que man posea en los aires y los
llena· es la esmeralda jugosa, bañada en luz de plata,
con dulces reflejos de sangre anémica ó matices de
púrpur,1, desteñida. La tier,a t iene savia; sólo que
está perezosa y soñolienta, y qu iere dormir un poco
porque como el sol la ba acariciado tanto, se siente
camacla ele clar jlr&gt;re.~, de la misma manera que una
amantP. que se fc1tiga de dar besos ....

•

Los diarios de información se ban entretenido durante la semana en pormenorizar dos sucesos, no originales, ni extraños siquiera; pero &amp;í inte~esantes: el
proceso de unos ladrones de cincuent~ m il pe_sos,. y
la aprehensión de otros, que, con hábiles comb10ac10nes, engañaron á un rico español para robarle algunos miles.
.
Estas n'Jticias serían de una aburridora Insignificancia, si en ellas no apareciera el tipo del heroe novelesco de folletín, hecho con un poco de Rocambule
y otro poco de Conde de Montecristo. Hablo del ladrón de levita, del misterioso personaje que se presenta en sociedad con los aparatosos modales de un
actor, de un galán joven, que vi.;te con elegancia,
come y b~be con es plendidez, sabe bailar boston, y
babia del honor como de un ideal ya conquistado y
seguro.
En las sociedades exquisitamente civilizadas se
presenta este caballero con bastante frecuencia y sus
proezas hayan en ellas campo libre y rico. La vida
de estos hombres debe de ser interesante y curiosa
por extremo; debe de estar compuesta de escenas y
episodios jocoserios, como las memorias de Casanova, con un gran fondo de filosofía callejera, pervertida y amarga, en cuyo vulgar pesimismo no palpitará otra cosa que una gran sed de placer y un sensualismo encanallado y brutal. La educación les
ofrece poderosos recursos para llevar á cabo sus fe chorías; y la moda y la urbanidad ponen á su disposición agradable.s disfraces para ocultar sus intenciones y malevolencias. Son hábiles prestigitadores, comediantes de buena escuela, y andan por esos mundos, urdiendo planes y fraguando acechanzas entre el
estruendo de una orgía inacabable, ccmo si la sociedad fuera para ellos lo que para los rom'l.nos de Petronio, fué la casa de Trimalción.
No era común entre nosotros este peligroso embaucador. Nmstro era y henchía las cárceles el tipo del
ladrón miserable que, por las noches, en las calles solitarias, burtaba, puñal en mano, y echaba á correr
con el reloj y la bolsa á su lejano escondite, á su tenebrosa Corte de los Milagros. Nuestro era el haraposo, el hambriento, el vagabundo, que, ignorante y
estúpido, arrebataba á la existencia, para poder vivir, lo que ella no le daba de buen grad~. Pero este
malhechor era fácil de conocer, y la policía lo atrapaba con facilidad entre sus mil y tres tentáculos.
Mas al ladrón refinado, al elegante, al que flanea
por el houleval'd del brazo de lo~ amigos aristócratas,
al que asiste á teatros y clubs, Juega al bacarat, va

EL MUNDO.
en carruaje al paseo, galantea á las perdidas de m~da,
y desafía á los que se atreven á poner en tela de Juicio su nobleza, á ese autor de estafas y eng&amp;i'ilfas, á
ese flamante Plcolet, no le veíamos apa~e~er sino de
cuando en cuando, en los anales del presid10.
Hoy, quizá por primera vez, nos damos cuent3: de
que nos invadió l&amp;. plaga y d~ que la propiedad tiene
un nuevo enemigo, más terrible que el pobre ratero
que va entre la multitud, avispado y audaz, buscando la punta de un pañuelo que extraer, y que el legendario salteador de caminos, que antaño, iba por escarpaduras y ve_.ricuetos, e;1-poniend? la vida, en persecución de algun convoy imaginario.

** *

El ~eatro Nacional, durante nueve ó diez meses_d~l
año, es una jaula abandonada; una jaula, muy v1eJa
y grande que acaba de abrir sus puertas á una buena
bandada de aves que vienen de los antiguos bosques
en que soñaba Mignon.
Por la página que boy publica el Semanario, se
comprenderá que la belleza es la nota dominante en
ia compaiíía de Sien!.
Primero, veamosá las artista&amp;. ¿Verdad que son
bellas? Ahora; silencio, vamos á escucharlas .. • •

La vanidad y la muerte.
Dicen que la vanid?u sobrerive al hombre, que lo
acosa y persigue wás allá d~ la vida y más allá de la
tumba; que el in&amp;tinto de la ostent,acióo, del atavío,
del lujo, que la sed de llamar la atención y d~ producir impresión no tiene por límites los mezqmnos y
estrechos de la bu mana existencia y que perdura y
sub!!iste cuando el último soplo se ha disipado.
En vida, el hombre quiere ser visto, distinguido,
a,dmirado; anhela fijar la pupila del público y atraer
la mirada de la posteridad. Pasar inadvertido es el
más cruel de los tormentos y la más dolorosa de las
desgracias; brillar, figurar, oir vibrar su nombre en
las múltiples trompas de la fama; despertar, y si posible es, acaparar la simpatía, la atención, la. admiración de l1Js demás hombres parece ser la dicha suprema, el éxtasis sublimi&gt;.
Por dejar de ser nadie ó uiw ele tantos, no hay empresa que el hombre no acometa, ni aventura que no
emprenda, ni peligro que no afronte, ni catástrofe' á
que no se exponga. Lo que los capitanes llaman gloria, los poetas f 1.1,ma, los ¿stadistas prestigio, los financieros renombre no son sino formas de la humana. vanidad.
No bay guerrero que no pretenda ofuscar á Alejan.
dro ó á Napoleón, ni a rtista que no aspire á hacer olvidar á Miguel Angel, ó á Leonardo; ni financiero
que no llnhele desbancar á Vanderbilt ó á Gould.
Desde el fondo de su buhardilla el último de los·poetas
sueña con los lauros de Homero y desde el fondo de
su tonel todos los Diógenes envidian á todos los Aristóteles.
Una pasión tan intensa no puede menos de extraviarse, cegarse y ofuscarse á menudo, y si hay quien
vincule la. vanidad en el talento, en la virtud, en el
beroismo útil, en el sacrificio necesario, en el trabajo
fructuoso y en larlquezalegítima, no faltan quienes la
finquen en fll vicio, en el crimen, en la extravagancia. Diógenes aspira á singularizarse y á brillar más
por sus andrajos y su cinismo que por la pro.undidad
de su filosofía; Byron estima en más sus escándalos
que sus poemas y aspira antes á ser D. Juan que á escribir su epopeya. Erostrato, no teniendo de que
echar mano, se bace incendiario para pasar á la posteridad y lo consigue.
Otros, de un género más inofeDRivo, se arruinan
por gastar lujo ó se dejan crecer uua barba monument.al, como único título á la admiración, y los bay que
comen en cuclillas ó d::ermen en su ataúd como se dice de Sarab Bernardt. E l medio es lo de menos, el fin
principal es no pasar inadvertido.
Entre los vanidosos del género inofensivo figuran
los que están poseídos de la vanidad del sepulcro. La
magestuosa columnata y la cúpula arrogante bajo la
cual Uonba su viudez Art,emisa; las mostruosas pirámirles que guardan los restos de los reyes egipcios;
los templos interminables en que duermen su último
suti'io los príncipes indous, son monumentos desmesurados de la desn::esurada vanidad humana. Felipe
II se construye como tumba t0do un escorial; los reyes de Francia no quieren menos que la basílica de
S:i.int Denis para abrigar sus restos; la abadía de
Westminster parece pequeña á los monarcas y grandes hombres ingleses; Napoleón I miraba el Panteón
con la restricción mental de que le sirviera de sepulcro y tuvo que contentarse con los Inválidos.
En menor escala los modernos sabemos construir
suntuosos mausoleos para abrigar nulidades; eu el

Domingo 15 de Octubre de 1899.

Domingo 15 de Octubre de 1699.
Pére Lacbaise, en París, hay un monumento llamad&lt;&gt;
el pilón ele azúcar, rl val de la torre d ' Eiffel y que ca.
si ni se sabe de quién es; en el famcso cementerio deGénova bay un sepulcro, con estátua en p ié admirablemente cil;1celada y pedestal armonivso y elegante,
todo de mármol de Garrara y suscrito por grandes.
maestros. Es de una recaudera que vtvió en la más
sórdida miseria, que se privó de todo, que no disfrutó de nada, que sisó en el peso y la medida de sus.
legumbres y economizó sueldo á sueldo los ciento y
tantos mil francos que destinó en vida para levantarsu propio monumeuto. Este sacrificio de la vida para construir la casa de la muerte es un colmo en su
género y no conocemos nada más extravagante. Las
cenizas de la recaudera deben de estremecerse de
alegría en su sepulcro cada vez que el viajero-en los
cementerios parece no haber otra cosa-al leer la
inscripción que narra la proeza, la califica de pura y
simplemente imbécil.
.
Ver esto los americanos y picarse aljuego fué todo
uno ¡cómo! la libre América que ba levant ado el Capitolio, que construye á diario portaviandas de veinte y treinta pisos para alojará sus compañías de seguros, que ha fabricado los mataderos y graneros d&amp;
Cbicago con elevadores Atlas capaces de levantar al
mundo entero á un quinto piso, batía de dejar á la
vieja y decad!)nte Europa, á la India vé_dica, á la España medioeval, al Egipto de las setecientas mil dinastías la gloria de poseer los monumentos sepulcrales más vastos, más pesados, más feos y más costosos
ne la tierra! Peosar esto y caer sobre el pobre de
Wasllington fué todo uno. En el acto ~e le construyó á guisa de tumba uu enorme cirio pascual de cant!-\ría qne puede ver:,e desde todos los con fines ile la
Uni611 y cuyo úoico mérito es la inscripción: E l p rimero en la gue:rro, el primero en la paz, el primero en ei
c ,raz61t de su.-; conciuduclww.•; igual fortuna epigráfica
ya que no monumental, tocó á Fr,mkliu con el lema:
Eii·puit celwn Júlmine

Cetmnque tirnnis
que en buen romance d!ce:
Arrebató el rayo al cielo y el cetro á los t iranos.
Ante tan saludable y patriót;co ejemplo los reyes.
del oro, del cobre y del plomo, los del jabón pr!tto
y del azúcar moscabado, del jamón gordo y del petróleo
bruto se apresuraron á construirse sns t umbas en relación con sus pingües recursos. El p recursor fué
Jay Gould que gastó sesenta mil dollars en su SP.pulcro el cuJ.l velal,an noche y día unos guardianes con
librea negra franjeada de blanco de uu gusto irreprochable.
Comenzó entonces la puja, pero Jay Gould, muerto, no pudo ya pujar, y por la primera vez d_e su vida, ó mejor, de su muerte, perdió e n Di'~oc10 y lo
pP.rdió por varios cuerpos ele luz. Hutch1son le sucedió con una tumba de ochenta mil dollan;, construida con un mármol especial, único, cuyas cantera.~
adquirió al efecto de que nadie tuvi~ra t umbas del
mismo mármol. E,a previsión lo honra; pero no le
ha asegurado el record del sepulcro.
El cámpeonato recayó por un momento en R obert
Grelett, cuyo cadáver tuvo la satisfacción de ce!lir
por breves días el codiciado cintur~n. Su sepulcro
cuesta ciento veinte mi l dollars corridos. E~ uno de
los más gigantescos de los Estados U nidos; consta de
sesenta departamentos con sala de recibir, des pacho,
y 1:,upongo que también buzón y telHon?; es de estilo jónico y como si esto no bastara, imita la disposición interior de los sepulcros hebreos, muy anterlo•
res á las tumbras griegas y romanas conocidas, con lo
cual el difunto, que aun vive según creo, revela mucha cronología y mucha con!!ruencia a,tfstlca, Y no
incluye-el sepulcro-sino materiales neta~ ente norteamericanos, con lo que prueba-el dll unt o, que
aun vive-su incondicional adhesión al arancel Mac
Rlnley.
Pues bien, esta maravilla arqueológica, arquitectónica y proteccionista, tiene ya una rival: la última
morada de W. A. Clark, el rey del cobre, que por lo
visto no quiere dejarlo ver. El monumento costari
doscientos mil pesos oro, y hay que ~&amp;per_ar que el estilo sea chinesco y la disposición rnt,er!or sea ,l a d~
las tumbas posteriores á todas las conocidas. :Si asi
fuere, Robert Grelett no se levantará del golpe, bieu
que, en obsequio de la verdad, Sir Rober_t haya_construido su sepulcro precisamente con la rntenc1ón de
no levantarse más.
Si así seguimos, acabará por no bastarnos la vida
para ganar lo necesario para abrigar nuestra muerte,
y tendremos que imit'l.r la ava_ricia de la v~rduQler:
genovesa. A cada paso nos mterpelaremos. - ¿ ,U
haces de tu dinero que andas tan desarrapado.Estoy juntando pan mi sepulcro.
_
Y qué menospreciables hemos de ver con el t lem
po á la virgen que duerme bajo el ros~!, Y ª!af~j~
:
que descansa bajo el sauce!.. . . . . Casi tan n e
como á los que andan en calancl?ia.

EL MUNDO.

241

&lt;Eoóaó ant~qua:J de 8T6ext'co.
LA C A TEDRAL.

II

D.t.:T.1.LLES CURIOSOS.

se Indicó en el precedente artículo
-que hoy daríamos á conocer algunos
datos curiosos de nuestro Templo Metropolitano, y á fé que habrá necesi-dad de dejarnos mucho en el tintero
para dar cabida á lo más culminante,
por faltarnos espacio para toao.
Especialment e nos detendremos en
-detalles del interior de la basHica,
Ya se dijo que en las naves cerradas
-estaban distri buidas trece capillas, cada una de las cuales merecería un estudio especial. Enumero simplemente
lo1ue más lla me la atención.
¿Cómo no fijar desde luego nuestras
miradas en la CAPILLA DE SAN JosE,
donde el patriotismo mexicano se agl:ganta y sepulta entre flores ,uariamente la urna consagrada que guarda las
-cenizas de los héroes inmortales, que
tornaron en libre y soberana á nuestra
hermosa Patria 0
Los restos yacían, primero, en la pe-queña cripta del Altar de los Reyes;
-algunos de dichos restos fueron solemnemen~e transportados á la Catedral la mañana del 17 de Septiembre
-de 1823, permaneciendo en esa cripta
hasta el 30 de Julio de 1895, en que
-con no menor solemnidad se colocaron
-en la capl\Ja citada, desde la cual, es
de esperarse que cuanto antes se lleven al sitio que el Supremo Gobierno
en nombre de la Nación les Je~tina.
La CAPILLA DE SAN FELIPE DE JE.
:sus guarda otro monumento patriótico: el se:,ulcro de D. Agustín de Iturblde. Pomposamente se hizo la translación de los restos desde Padilla hast a México, por decreto del Congreso de
6 de Agost o de 1838; celebrándose la
solemnidad en 27 de Octubre de ese
-3110.

Monumento don:1e yacen los restos de los Héroes de la Independencia

Sobre la urna de madera que encie•
rra otra donde se hallan los huesos, se destaca esta
-11.igante inscripción:
AGUSTIN DE lTURVIDE (SIC.)
AUTOR DE LA INDEPENDENCIA MEXICANA
CoMPATRIOTA LLORALO,
p ASAJERO, ADMmA:.o
.EsTJ: MONUMENTO GUARDA LAS CENIZAS DE UN HER0E
Su ALMA DESCANSA EN EL SENO DE DIOS,
Fuera de la reja de esta capilla, se observa una
tuente baut ismal , la que, á su vez, está circundada
-oon otra reja de madera dorada. Dícese que en esa
pila recibió las aguas bautismales el Santo mexicano
.Felipe de Jesús. Es dudosa la especie; porque ni 'lun
.ta ;&gt;artlda de bautismo ba podido encontrarse.
La CAPILLA DEL SANTO CRISTO conserva los bue-

Reja del Coro

sobre las alas de la santidad, dejó profunda huella sobre la tierra!&gt;
Algunas capillas contienen famosos
altares churriguerescos, pero ninguno
como los llamaios del PERD0N y de
LOS REYES.
El primero forma el trascoro del
templo. Al decir de Seflano se dedicó en 19 de Junio de 1737. &lt;Se cuenta que un preso pintó la imágen en la
puerta de su prisión y esto le mereció
su libertad. Torquemada babia de él
y dice que es así llamado por las innumerables indulgencias que se han
concedido en favor de las almas del
purgatorio.&gt;
Efectivamente, la denominación con
toda evidencia no le viene por la
principal imágen que en el altar se venera; pues desde antes de que el retablo existiera, la puerta principal del
Templo frente á la que el altar se encuentra, ya se llamaba del Perdón.
Arriba de la imágen de la virgen
está un San Sebastián cuya pintura,
en opinión de alguna respetable autoridad, tiene el sabor de la escuela de
Baltazar de Ecbave el viejo. Cabrera
en RU E.•cudo de Armas de México hace
referencia ~ este cuadro, &lt;como &lt;imágen excelente pintada por una mujer;•
quizá alguna de las dos esposas que lo
fueron del mismo Echa.ve; aun cuando
se ha dicho por error que la artífice
fué una señora apellidada Sumaya, confundiendo est:&gt; nombre con el del lugar donde Ech11 ve nació en España.
El Altar de los Reyes es también
muestra famosa de ese esttlo original
inventado por el español Churriguera,
que no por ser extravagante nota de
un arte decadente y singular, deja deser rico y de maravilloso efecto. Est;\
colocado, como en nuestro primer artículo indicamos, en el ábside del
Templo ocupando todo este lugar con
sus tallados ornato~, su colección de
santos y de reyes bíblicos esculpidos y
pinturas originales de celebridades
mexicanas y españolas. Citaremos especialmente el
gran cuadro de la .A.sunción de la Virgen, titular de
la Catedral, obra del pincel de Juan Rodríguez Juárez, hermano de Nicolás apellidado el Apeles Mexicano; así como el lienzo que representa la Adoración
de los Reyes.

sos del lamoso eremita Gregario López y la del canónigo Juan González, su compañero. Gregario López
aparece siempre en las viejas crónicas como un ser
mi&amp;terioss y ,;lnl!'ular; las consejas le suponen ser el
mismísimo príncipe D. Carlos, el bullente hijo de Felipe II, al cual retirado en su ermita de Santa Fe, en
el Valle de México, le sorprendió la muerte al cabo
Bajo la bóveda de la nave mayor se yergue el alde los aíios después de una vida austera y ejemplar.
Las ruinas de su solitario retiro todavía se conservan. tar principal de la basflica, el Ciprés, ante el que se
En la CAPILLA DE SAN PEDRO descansan las ceni- celebran las más solemnes funciones :le! Templo Mezas del humilde Arzobispo de M6xico D. Fray Juan tropolitano, y en el mismo sitio donde se alzó el Cide Zumárraga, tras de una lápida de tecalí, que pue- prés antiguo que tué reemplazado por el actual, que
de verse fácilmente en el muro de la izquierda del es de escayola, en 15 de Agesto de 1850, edificándoobservador.
lo el arquitecto Don Lorenzo de la Hidalga.
En la de la PURISIMA yacen el Arzobispo Don LáUn detalle histórico curioso: cuando en 2 de Fezaro de la Garza y el benemérito franciscano Fr. brero de 1656 se verificó la primera dedicación del
Margil de Jesús, modelo de virtud y caridad cristia- Templo, después de la procesión se descubrió al
nas, fundador de los tres colegios de Querétaro, Za- Santfsimo é bízose la señal pata empezar la misa socatecas y Guatemala y de quien El Nigromante dijo lemne; pero tan luEgo como se hubo acabado el In
como el más acabado elogio que &lt;caminando al cielo tróito fueron, respectivameste, ocupando los cuatro

Sede Arzobispal y dllerla del Coro

�Domingo 15 de Octubre de _1899.

EL MUNDO.

242

Domingo 15 de Octubre de 1899.

EL MUNDO

243

cuales enumeraremos en el próximo y
último artículo relativo á nuestra intuesante basflica.

altares del Ciprés, cuatM prestes con
sus ministros, ciriales, incensarios,
maestros de ceremonias y acólitos,
correspondiendo á cada grupo otros
tantos coros de cantores; cantánse ádo
su tiempo cuatro misas, que fueron:
la del deán de la Catedral, por la dedicación dela Iglesia; la del arcediano,
dedicada al Santí11imo; la del provisor,
por la Purificación; y la del tesorero,
por ia Asunción. Las ceremonias todas se veían simultánea1&gt; y completas
y á &lt;la novedad-dice el cronista Guijo-de cantarse cuatro misasá untiempo, juzgando por acto de mofa, concurrió á la Catedral todo el reino y religiones, que quedaron confusos y admirados de ver el acto más grave y má'l
grande que la iglesia de Dios ha usado, y lo que más admiró fué ver obrar
á cada uno lo que competía, como si
fuera solo, guardando sus ceremonias
con toda autoridad y limpieza, sin
confundirse ni ellos ni sus miuistros,
acólitos y músicos.&gt;
Réstanos hablar de algunos otros
detalles, muy es¡&gt;ecialmente de las ri•
cas alhajas que poseía la catedral, las

JESUS GALINDO Y V ILLA,

Con el presentenúmero repartimos á.
nuestros subscriptores la Prima del gran
,vals .de

FEDO RA.

~~Altar del Perdón

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Artil.'er/a del ·Transvaal.
ti tulo invocado contra los B ieros es muy dudeso que
se aplique en derecho y en equidad á esos heroicos
campesinos.
L" Holanda se había adherido á la coalisión contra
Francia, y era muy difícil que se desposase brutalmente al colono del Cabo en el momento en que se

el preci'l rle la sección del Cabo y no habiendo hec:ho
nada la Inglaterra para vo, verla. á posición de él ¿ no
ha..:.ía la Holanda de apoderarse de nuevo de su antigua colonia? Lo., Boeros lo han comprendido a.sí, de
r.uerte que desde 11ue Pretorius hubo ei,tablecido la
República Na.tal, envió secretamente una carta

La traición de los príncipes destruiría acaso el derecho de los pueblos, sobre todo cuando se trata de
un pacto tantas veces desgarrado?
Damos coa este artículo un grabado que muestra
la a1tillería del '.rransvaal muy bien organitada, y
que uo deja nada q ue desear.

LA CUESTION DEL TRANSVAAL.
EL MAN IFIESTO DE LOS BOEROS.

El manifiesto de los Boeros, al cual nos referimos
al comentar la caricatura qae en la siguiente plana
verán nuestros lectores, establece cifras muy elocuentes: que la monta de los impuestos percibidos sobre
las minas del Transvaal es inferior al 10 por ciento
del producto, y que éste se abate á medida que la cifra total del rendimiento va en aumento. En todo
caso, particularidad cómica, es menor que el que el
gobierno inglés deja que rija en el Klondike por el
gobierno canadense. Por otra parte, las medidas de
policía tomadas en el Transvaal contra los robos co-

La ilusión sería tanto más difícil de mantener,
cuanto que M. Chamberlain se encarga de disiparla. En efecto, él pretende que los Roeros no han podido desembarazan1e jamás de esa cualidld de súbditos ingleses, de'la cual los bienaventurados utlanders pueden desvesuirse tan fácilmente.
La cualidad de súblito británico se pega á la piel
de los Roeros como una lepra,· de la cual no ban po•
dido curarse desde hace más de sesenta años, aun
cuando hayan tomado más de un baño higiénico.
En 1836 los Boeros renunciaron á ella solemnemente por un elocuente manifiesto firmado por Pedro Retief, descendiente de uno de los trescientos

cia sobre todo la política tortuosa del gobierno colonial. Lo que prueba superabundantemente que l&amp;.
cuestión de la esclavitud era secundaria, es que Pretorios, el Washington del Africa Aubtral, se apresuró á abolir la esclavitud, apenas fundó un Estado republicano y á condenarla como un acto imcompartt.
ble con todo gobierno libre. Por otra parte Retlet
mostró un poco más tarde cuales eran los verdaderos
enemigos ante los cuales bufan los Boeros. E l artículo primero de la Contstitución de la República que él
estableció, prohibía &lt;á los misioneros de la Sociedad
Bíblica de Londres poner ahí los piés &gt;
Sobre todo trataba de evitar á los colegas del

Tropa de boe1·os en marcha.
hacía pes ir sobre él una corona. Como Inglaterra ba•
hía siempre anhelado la posición del Uabo, se mostraba muy rígida. S ~ dieron en compensación las provincias belgas al príncipe; pero en 1850 los holandeses
lle revelaron á un mercado eu el cual se les babía trat ailo como á carneros.
Surgió entonces una cuestión á con~ecuencia de est,a luf,rn1e trági-come Ha; ha.bieudo la Holanda. perdido

al Rey de Ilolanda para pedirle su protectorado.
Este monarca prudente no bólo renunció, sino que
envió él mismo h carta al i:;-obierno inglés que se
a¡¡resuró á owanizar contra Natal dos expediciones.
La. cabeza de Pretori us que babia. firmado la misiva
fué puesta á precio y el beróico boero fué obligado á
poner los montes del Dragón entre los ingleses y él
para escapar al fierro de los asesinos.

Una de nuestras fotografías representa, adem~s, l!,
los voluntarios con su uniforme cómodo y élegante,
otra á un grupo de Bueros, y la última á una gran
tropc1. de los mismos en rnari.:ha. Los Hueros son una
pob1ación eminentemente guerrera y eminent~mente
robusta.
Quiera Dios que el éxito esté de parte de la justich1.

LA CARI:,ATURA EN EL EXTRANJER,.

Boe1·os en armas,
metidos por el personal minero, son menos severas
que las que se han adoptado en Kiembrley, en el
distrito que el gob!erno Inglés administra soberanamente desde que se apoderó de él, con desprecio ce!
derecho de gentes.
· La solicitud que el Colonial Office experimenta para
ayudar á los uitlanders á despojarse de su rlerecllo de
súbdito británico, como se despoja uno de su sobretodo al entrará un salón, sería inexplicable si M.
Cllamberlain no preparase un raid electoral, destinado
á reparar el mehec del raid militaire de M. Rbodes.
;,Se puede creer que las autoridades del Transvaal
sean demasiado igenuas para dejar entrar en su República á un caballo de Troya tan grosero?

La espiritual caricatura que reprodGcimos está tomada de un periódico de Londres, que la ha publica.do para acompaüar uu m'l.nifiesto, j ustiticando la IU•
transigencia cte lus Hueros sobre la cuestión de trlbutariado. Este documento ha producido un efecto tan
considerable, que se ba constituido riel otro lado del
estrecbo uo comité de defensa de los Boeros. El Presidente no es otro qne Mr. Frederick Harrison, eminente publicista, cuya rnfluencia es granr:lísima sobre
la. v.erdadera Inglatera, que más de una vez ha detenirlo las 1.1a11guinarias excentricidades del gobierno de
los Jingoes. Caricatura más expresiva y más grálica
uu, p_uede darse, y ha sido muy aplaudida por los pt!nod1ros europeos.

Los volirnta1·ios.
hugonotes franceses que los Estados Generales enviaron al Cabo en 1838. Los franceses adoptaron la&lt;;
costumbres y la lengua de los bravos colonos que los
recibían como hermanos. Pero comunicaron el ardo:de los Teodoro de Beza, de los Celigny y de los Agri ppa de Aubigen, á esas gentes de las cuales hicieron
un pueblo decidido á vivir ó á morir republicanamente.
El manifiesto de Pedro Retief es una pieza que
un Priestey, un Lafayete ó un Franklin habrfan firmado con sus dos manos. No se limita como se ha
dicho falsamente á protestas contra la emancipación de los esclavos, acto admirable que hará el eterno honor del parlamento británico, sino que denun-

farmacéutico abarrotero Pritchard, y prefería exponerse á la zagaya de los zoulous mejor que á los golpes de aguja emponzoñada de esos tráficantes de de•
vocióny virtud al más a.to precio. Como los hebreos
que se iban al desierto para conservar su lengua, su
manera de orar á Dios, su libertad de acción, así
los boeros querían no una policía impotente para protejerlos, querían defender ellos mismos sus mujeres,
sus hijos, sus ganados y todos sus bienes, no querían
exponerse á ser ahorcados por los verdugos de au
~raciosa Magestad como algunos·de ellos lo habían
sido.
En cuanto á los odiosos tratados de 1815, el sólo-

Pronuncia bien: «Soberanía,» p ero el pájaro no sabe decir más que «Convención.•

�1

Domingo 15 ~e Octubre de 1899

EL MUNDO.

244

Domingo lv de 0..,~ ... ,.,re de 1899.

EL MUNDO.

EL GRAN INeE/~D IO UE e HieAGO
RELATO DE U N

TE~TIGO P RESENCIAL

- G R A BADOS D lt LA

COMO F UE.
Con motivo de las sunt'Josas fiestas que se afectúan en la actu11Jidad en Chicago y que celebran justamente la reedificación de la gran ciudad, surgida esplendorosamente de las cenizas á que la redujo el incendio de 1871; hemos creído de sumo interés publicar la. narración que· sigue, escrita por un testigo
presencial é Ilustrada con dos magníficos grabados de revistas de aquella época, conservados á través de mil vicisitudes por la persona· que nos los ha proporcionado y que nos comunica á su vez lo!! datos que aprovechamos. .Juzgamos que nuestros lectores verán con el interés que merece asunto tan curioso
y de tanta oportunidad.
Daba principio la noche del 9 de Octubre de 1871 cuando emptzó á cundir
la alarma del fuego. Sabido es que los Estados Unidos son el país clásico de
los incendios; desde aquella época ba.tian rewrds en este sentido; y no es ni ha
sido raro jamás que en una noche se cuenten dos.
De aquí que los habitantes, flemáticos de suyo y avesados á las sorpresas no
se preocupen mucho de los siniestros, a menos que les toquen muy de cerca.&gt;
Aquella noche que debía ser célebre en ws anales de las grandes catástrofes, los vecinos del barrio en que se incendiaba-la casa en que se inició la conflagracióu, creyeron q11e se trataba de un incenJio común y corriente y se recogieron con toda tranquilidad sin sospechar la magnitud de la di sgracia.
El que esto escribe se despertó á eso de las dos de la mañana, merced á un
ruido in11sitado y ano1mal en el Hotel en que sn alojaba, situarlo en la Rue.h
Street, cer..m del primer ¡:uente y denominado Lake J-Iouse.
Descendió rápidamente á la calle y el primer espectáculo que se ofreció á
su vista fué el de un rojo piélago de chispas qrte lleuaban el aire: ¡la atmósfera
era nn mar de fuego! y estas chispas impulsadas por el viento llev':1.ban rápidamente la desolación á todas partes.
Una multitud· lnmensa se movía en la calle: La confusión de vehículos y
gente era indescriptible. Oíanse gritos por todas .partes. Algunas personas,
enloquecidas en medio del espanto, clamaron: «Todo el centro de la ciudad
está ardiendo. La casa deCorreos y el Ayuntami'?nto están envueltos en llamas.&gt;
Otras, más serenas sugerían á la multitud que se refugiase en la parte oeste
de la ciudad, atravesando los puentes.
'
Por mi parte me apresuré á ligar tres baúles, que me vi obligado á abandonará poco, en la calle, donde había otros muchos y el movimiento era ya dificilísimo. La gente tenia que ocuparse más que en salvaF sus intereses, ,m evitar que las cbispas que á millares llovían sol)re todos, incendiasen las ropas. La
sensación de quemadura que producía sobre la carne aquella infinidad de puntos rojos era intolerable.
Me dirigí hacia el lado oeste de la ciuda1, pasando entre dos muros de llamas. El pavimento, de madera y alquitrán ardía también. A lo lejos, á favor
de los siniestros fulgores escarlata, se distinguían los esqueletos de los grandes edificios que ardían, así comu las torres de las Iglesias, y de cuando en cuando una de aquellas moles gigantescas se desplomaba con estruendo.
Desde hacía tres días soplaba sobre la ciudad un viento del Este; b sequedad era excesiva, y esta circunstancia fué favorabilísima para. el elemento,
acelerando sus progresos.
Por telégrafo se llamó á los bomberos de las ciudades vecinas. La hornaza
era tan inmensa, que según s~ supo despué3, las llamas se distingu!a.n hasta á

1871.

EPOC.A -

r.
..

""tt'

RUINAS DE LA DIVISION NQRTE MIRANDO AL SUR HACIA LA CALLE NORTH WELLS.
cuarenta mtllas de distancia, de suerte que mucha poblaciones relativamente
dist&gt;tntes se dieron cuenta del espantoso siniei.tru.
D!spués de que gracias al telég,aro se supo en tofa S)l extensión la catástrofe, de todos los rumbos d~ Estados U nidos llegaren trenes llenos de provisiones, ropa, etc., para los que quedaban sin hogar y sin pan, y que en sumayor parte se alojaban en los templos, durmiendo sobre las bancas.
Aquella multitud de infelices tingia un ejército de emigrantes, con los restos
da sus ajuares que habían podid:, escapar: colchones, baúles, j,;,ula.s de pájaros. etc.
Yo me refugié en la igles.a situada en la esquina de las 16 th y Wabash

Avenue, hasta que logré descubrirá algunos amiO'0S, loO'rando
pocos días des0
pués salir de la ciudad.
º
... **
E 1 espectáculo de la flr,reciente metrópoli
envuelta en llamas, considerado
desde la parte OdSte de la misma era indescriptible Ante los ojos se extendía
como un gran t elón, de fuego que cubría el horizonte en una extensión de ocho
millas Y que encrestado de llamas gigant.,scas se elevaba hasta los ciP-los y parecfa querer lamerlos. Q11ien vió esto no podrá olvidarlo jamás. Yo creo que el
lncen~lo eu su apogeo duró tres d,ias, mas ocbo días rlespués no se podía transitar au n por parte alguna de las que sufrieron el horrible be!&gt;o de las llamas,

pu~ se encontraba uno_ ácada paso el humo sofocante que surgía de las ruinas
baJo las cuales había aun materiale;; en Ignición.
~P prete'ldí llegar hasta mi bote!, pero me ví precisadu á detenerme á ocho
ó diez cuadras.
Ji'ué preciso proclamar la ley marcial. Las autoridades de la ciudad se encontraron desde luego sin oficinas. Todas las familias, todos los negociantes, vagaban de aquí para abí buscanrlo la. manera de instalarse, y no era extraflrr ver
bancos y empresas financieras instalados en casucas de madera (cottagel'). El
correo fué estable?ido provi_sionalmente en una casa part icular, y no pudiendo
dar abasto al servicio, trabaJábase sin desr.anso frente á una inmensa cauda de
gente ávida de comunicar noticias á sus parientes y amigos lejanos.
Los que huyeron amagados por las llamas. sia baber sido advertidos de que
debfan refugiarse en la parte Oeste de la ciudad, tuvieron que ir hasta Lincoln
P~r-k. Abí enco_ntraron un gran cementerio y se gi:arecieron en las tnmbas, comiendo Y durmiendo al lado de los muertos, inofensivos 1ay! en su silencio ante
las Jlamas devoradoras que todo lo reducían á cenizas.
Jamás pudo saberse el número de víctima¡¡ sepultadas bajo las ruinas enormes._ La ciudad animadfsima antes de la catástrofe, animadísl~a después, fué
surgiendo más ~ermo~a que antes de los escombros. La curiosidad y el espíritu
de empresa atra1eron rnnumerable gente. Palidecieron los terroríficos r""Uerdos
•

'7

Pase general para ~allr de Chlc8R'o, otomado por el Gobenador
á las victimas del Incendio.

- ~. . &lt;!

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-

-

do.

*~'

L-Club Standaro..
2.-Salón del Congreso.
3.---De¡:óslto M. S. Y R. I. . 4.·· Primera Capilla pre•blterfana.
5.-·•falle del congrem.
6.--Prlmera Iglesia presblt.erlana.
7....calle del ~sóUCO.
13.-casa de Correos.
14..-Oficina de La TrlbUD&amp; Y l!.ven.lllg Post.
fo,•·•Prlmer Buco._ 16,--Gian Llb1e1!a.
17.---Iglula Me1cdl 61a J!plEtOJ&amp;J de la Trinidad.
18.- -Palaclo del Obispo
•
•
~s.---Lego Mlchlian.
24.•··Te1raza11.lchlgan,
25,-•J, I. scamxnon.
-

RUINAS DE LA DIVISION SUIL-VISTA DESDE EL TECHO DEL SALON DEL CONGRESO EN LA CALLE DEL CONGRESO•

-.

9 -AVPD!da W
de cbJeaiá:
20.-JJeJ&gt;&lt;!ib ash.

DE LA.

i.--Hot.el Btgelow.
lL--Manzana Honore.
!2.--San Pablo.
21.-- Elevador B,
22.--Avenida M!chlgan.

to Centra) d,i lllinois.

. A.VENIDA W.AB.A.SIT, MIRANDO AL NORTE.

~i

y boy Chicago cele_bra el aniversario. de su destrucción con fiestas que harán
época, y cuya alegna ne turbará la leJana memoria del tremendo siniestro del
cual no existe la menor huella.
'
Ilustrando estas líneas verán los lectores del MUNDO dos magníficos grabados
de recorte de una de las principales revistas de aquélla época, y que á pesar del
maltrato de los años, mu'!_Stran detalladam,mte la magmtud de la ya histórica
catástrofe.

.

AR.MANDO
MAURI:Ee.
.

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246

EL MUNDO.

Domingo 15 de Octubre de 1899.

DnminQ'n U ñP Octnhre de 1899.

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EL MUNDO.

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Psiquis, mujer al ca.bo, era imprudente y curiosa. ltlíl desventuras le costó su primera curiosidad, cuando quiso ver el rostro del amante dormido y una gota ñe aceite escapada de la funesta
!Ampara ahuyentó al hijo de Venus. Desde entonces, y por muc'lo tiempo, la vida fué para Psiquis una serie de malandanzas. Errante de país
en país y de templo en templo, saboreó todas las
amarguras; padeció dolores y martirios extraterrenos; de sus ojos, convertidos en manantiales
profnndos, continuamente desbordados, corrían,
cruzando sus mejillas, dos ríos de lágrimas; y caminó tanto, tanto, y por tales veredas, que la sangre varias veces tiiió de púrpura los cAndidos
jazmines de sus pies, y los jazmines lucían como
rosas.
La miseria de Psiquis turbó al fin la impasibilidad augusta de los dioses; y la misma cólera de
Venus pa,ió como los íncendios del crepúsculo.
Fidelidad y consta ncia dieron el triunfo á Psiquis, y Psiquis dicposa y en paz reinó sobre la
tierra. Su trono, el más alto; su corte la mAs ilustre: en ésta no había sino grandes artistas. poetas
de corazones puros, filósofos de labios disertos.
~os aduladores de la reina tenían por incensarios
hraa, y como único incienso el Verbo, hecho música en las cuerdas, flor de luz en lvs labios. Pero Atronco tan ex celso y cortesanos tan ilustres
d_ebían, según dijeron much0s, corresponder en
r1_queza y esplendor el cetro, la corona y los atavios reales. Y no mAs dijerun así, cuando artistas
de gusto exigente partieron A buscar, por todas
las comarcas del reino, las preciosidades mAs raras, dignas de resplandecer en la frente, el cuello
Y las manos de Psiquis; revolvieron tesoros ahondaron minas, rasgaron las ent..aiias de la tierra y
d_el mar; Y_ la tie1 ra dió su oro y sus gemas: topacios, amatistas, esmeraldas rubíes de sangre milagrosa, ~afiros de tinta ide~l, diamantes de aguas
puras, m1e~tras el mar profundo y rico, si bien
pobre de piedras preciosas, dió, en corales y perlas, lo meJor que tenfa. de besos muy rojus y ensuetlos muy cAstos.
De vuelta á la corte, los grandes artífices echaron . sobre los hombros de la reina el mar.to de
armitto Y púrpura; luego se dieron A trabajar el
día Y 'loche, puliéndolo, repuliéndolo, cinceb ~ olo, para despué3 embutir en el oro bien traaJado muchas piedras fúlgidas y acabar la corona Y el cetro; por último engarzaron perlas y
corales • Y un rio
· de corales
' y perlas corrió por
1
ª ~frganta de Psiquis.
d 1 cetro Y la corona, fulgurantes como soles,
~s udmbron A la multitud puesta de hinojos á los
P188 e la reina.

fIºd

;~a

, TARDE DE OTOÑO.
Ouadro de José Wencker·.

Y
ar_on d~fas, afios, generaciones de hombres,
liras 4uis,. _ichosa Y en paz, oyendo música de
el min~~siea de labios disertos, reinaba sobre

247

cas, el zafiro marimosa azul, en tanto que de las
piedras policromas volaron policromas libélulas.
Psiquis, como todos los creadores. halló buena
su obra, y se regocijó mucho sl ver su tesoro
convertido en bandada de insectos. Libélulas y
mariposas, antes de huir, se posaron en la frente,
el seno, Ja espalda ·y sobre todo en el cabello
destrenzado de Psiquis, y en el cabello des~renzado mari '&gt;Osas y libélulas fingieron un torrente
de pedrería; lnégo, revolotearon, llenando la estancia real de música de alas y palpitaciones de
élitros, para escaparse al fin al través de la ventana entreabierta y perderse Alo lejos, como Psiquis las vió perderse, entre las flores, entre los
árboles, eu el cielo azul, amAndose al aire y al
sol, muy libre y sanamente.
La reina, con refinada lentitud, saboreó su acto
Pero una maiiana, en el silencio de su alcoba
real, sola con RUS riquezas, que brillaban en la piadoso y, satisfecha de haberse conducido sepenumbra con fulgores mortecinos, se sorpren- gún el amor y la verdad, no adivinó las consedió reflexionando en lo inútil de la corona y del cuencias fatales de au obra . .Ah! no hay como la
cetro, en la mezquindad fastuosa de su manto, en piedad para cometer grandes errores, y el acto
la vana luz de sus joyas, y se arrepintió de ha- piadoso de P11iquis fué el último y el mayor de
ber aceptado como tributo el presente de las ge- sus errores. Cuando se apareció de nuevo ante
mas. En sus reflexiones llegó A sentir u::o como los hombres, cuando su befüza, en lo alto del
vago impulso de piedad, acomp11fiado de un mo- trono, surgió blanca y desnuda como un lirio, los
vimiento de rebeldía, Se despojó de la corona y hombres la desco.coderon: miopes estultos, de no
el manto, depuso el :!etro, y se tió de pies á ca- ver sio o el esplendor de las joyas, habían olvidabeza, blanca. y desnuda, como en remotob días do la b.,lleza incomparable de Psiquis. Y no sopasados. Nostalgica de su ser antiguo, se aver- lamente la desconocieron: entre la multitud hubo
gonzó de vivir di3frazada como una mujerzuela imbéciles que gritaron al ver la: inmoralidad! invanidosa. En sus atavíos regios vió una injuria famia! usurpación!
A su belleza incomparable, porque la belleza de
'A tales gritos, la muchedumbre puesta en pié,
sus formas era superior A la belleza de las pie- desconcertada y loca, semejante á una ebria de
dras preciosas mAs raras, su cabello más rico y mil cabezas empezó á girar, á remolinar, A tituluminoso que todas las coronas, su desnudez más bear, sin saber hacia dónde dirigirse, falta de
casta que el armif1o.
amo, sin saber ante qué ídolo postrar sus rodillas
No contenta con despojarse del manto, el cetro de sierva habituada á la genuflexión, y así estuy la corona, Pdiqui;¡ resolvió destruir s us rique- vo, desesperandv y vacilando, hasta caer á los
zas, á fin de no r ecaer en pecado de vanidad. piés de un grotesco mamarracho de oro, que tePero sus manos, deliciosamente blandas, no sa- nía forma de asno, con _aire grave de pensador
bían destruir como destruye la mano brutal de taciturno, sobre lomos y anca un trapo carmesí y
los hombres. Ella no era capaz de reducir á. pol- por ojos dos inmensns crisolitas.
vo inerte su fortuna, y de aventar luego el polvo:
Aún en lo alto del trono, Psiquis experimentó
su piedad, infinita, abarcaba los seres y las co- la sensación desesperante que han matado dessas, y su piedad era infinita por ser grande su pués á muchos hombres, la sensacjón angustiosa
ciencia, Estaba iniciada en todos los misterios de de una soledad infinita en medio de la muchela vida, y ninguco tan prodigioso como el miste- dumbre. Viéndose perdida para siempre, bajó del
rio de su propia sangre. Nunca se derramó en trono y, como en su anti~ua romería expilltoria,
vano la sangr e de sns venas: en •ionde ésta caía se fué por el mundo, de templo en templo, de
despertaba el germen de un ser de belleza pura, país en país, caminando, caminando. porque sus
graciosa y con alas, como la belleza de Paiquis; alas entorpecidas por la inacción no recordaban
y A favor de tan inefable virtud, la soberana el ímpetu glorioso del vuelo. Recorrió todas las
pensó desembarazarse de sus gemas, convirtién- comarcas, de las cuales había sido reina y sefiodolas en frágiles seres primorosos.
ra, y en ninguna parte la reconocieron los súbditos; despojada como iba de
suotuos9.s insignias reales
Por fin, después de muchos
desengaiios, decidió alejarse
de los hombres y vivir, mientras las alas débiles cobraban
nuevos bríos, en cumbres deshabitNdas, Y así, alejándose de
los hombres, vengóse de éstos
pues A medida que ella se ale~
jaba, los hombres padecían más
y más de una extrafia ceguera que les obligaba á ver las
cosas como al través de un
velo Aureo.
Pero los dioses reservaban
á Psiquis, como la suprema alegría dt- 1 vuelo, la alegría de
hallar en una delas cumbres á
las CUAies trepó, en la cumbre
má s alta, al único de sus vasallos que supo reconocerla
porque Ja nube color de oro no
empaliaba sus pupilas. Era un
pobre diablo moribundo en la
Sin echar si:¡uiera una ojeada sobre la foneata flor de los atlos, mitad mendigo, mitad trovero.
lámpara que debía de recordarle su imprudencia Bohemio le llamaban desdenosamente los hom,
de antailo se dispuso A realizar su pensamiento bres y lo creían estúpido porque despreció la
en la fBji de luz que desde una ventana entre- riqueza, el poder y los abrazos infames. No trnfa
abierta llegaba á morir á sus pies. Con un largo sino nn manto agujereado por las lluvias del cielo
estilo, Aureo y teuue como rayo de sol, hincaba y las piedras del camino, pero él no se hul:&gt;iera
sus dedos, y despué 3 con el estilo húmedo de san- tr.:cado por el mas rico poseedor de tesoros. Dugre tocaba las piedras pr_eciosas ha_sta no dejar rante su vida vagabunda recogió claros de luna
ni una sin el extratlo bautismo sangriento.
puestas de sol, gorjeos de pájaros, fragancias y mú'·
Al contacto de la sangre hubo en todas las pie- sicas del bosque, y con todo tiso construyó suedras un estremecimiento de vida, y !as gemas ilos, muchos suefios, hasta haber en su alma tandejaron de ser piedras para convertirse en lar- tos suenos como hay celdas en el panal y flores
vas. Muy pronto desperezos de alas estallaron en por primavera, en las acacias.
'
las orugas de color; y corales y rubíes fueron maY como Psiquis no sabía de ingratitudes, no
riposas de alas rojas, las esmeraldas mariposiu desamparó esa alma de poeta; antes bien la llevó
verdes, l0s diamantes y las perlas mariposas blan- consigo, al irse en busca de un mundo nuevo, no

�EL MUNDO.

248

-¡Búscamelo, por Dios! ¡yo no puedo vivir así,
no quiero vivir así!
Me volvió la espalda y salió hosco y silen-

cioso.

No volví á verá f.ibéluh en dos días. Había
huido del café porque decía que un hombre sin
corazón como él, no gustaba el placer de la conversación, y aunque para curarle la había yo
asegurado que todos le t.Chábamos de menos, no
pude conseguir que volviera. Le vimos dos noches acerc~rse al puesto del fosforeru y comprar un periódico
que leía rápidamente bajo el
faro de la esquina de la calle
del Arenal, sólo la cuarta plana,
porque me aseguró muy serio
que era materialmente imposible
que nadie hubiese encontrado la
víscera oreciosa que había perdido, en cuyo caso, y si era persona de conciencia, debía anunmanchado de hu manidad: y siempre en compatiía
de esa alma voló, basta posar los ct\ndidos jazmines de sus piés en la Vía Láctea luminosa y
desaparecer por la gran ruta del cielo, blanca y
azut, empedrada de zafiros y diamantes.
MANUEL

DíAZ RODRIGUEZ,

CUENTO FANTASTICO.
El corazón de Libélula.
-Serénate, Libélula -dije al pobre muchacho
poniéndole la mano en la espalda. Lo que acabas de decir es un disparate ...... Sí, un disparate sin precedente, afl.adí con mayor energía al
ver que Libélula movía negativamente la cabeza.-Bueno, pues pon aquí la mano -me contestó muy serio, llevl\ndo mi diestra al lado izquierdo de su pecho. ¿Sientes algo?-No, le contesté;
nada siento, pero eso no prueba nada. La circulación es en ti lenta y silenciosa, y el centro de
la vida trabaja hondo en tu pecho. Libélula volvió A mover la cabeza de derecha á izquierda.
Evidentemente .no- había manera de convencerle.
-Oye,-me dijo fijando en mí sus ojos enérgicamente expresivos: -tan cierto como que yo darla por ti la vida si me la pidieras, es que desde
hace ocho días ando por ahí sin corazón. ¿Qué
sabes tú de esto si no te ha sucedido j ~más? Te digo
que lo be perdido hace ocho días, en mitad de la calle, no sé de cqal, Cdrea, cerea de la casa de ella.
Por allí ha debido caérseme, por allí debe estar.

Cojió mis manos entre las suyas que ardían con
la fiebre, y antes de irse me dijo mirándome con
ex presión de súplica tan honda que me dió frío:

ciarlo un día ú otro. GPara que podía querer nadie ~l corazón de Libélula teniendo ya uno? No
ví jamás idea fija más enérgica incrustada en cerebro alguno. Cuando por vez primera nos refirió el hecho, me aterró el aplomo con que lo contó.-Iba yo á su casa, de noche, nos dijo, cuando
ella no puede distinguirme en la ealle, porque
ya sabéis que no quiere verme, y de p.onto, al
abrocharme, porque sentía frío, eché de menos
el corazón. Palpé por todas partes m~tfa los dedos con ira por las eostillits ... . Nada, ya no estaba allí. Volví atrás, registré todo el camino ....
Tampoco. Llamé á un guardia, le conté lo que
me pasaba, y el imbécil me contestó que no podía ser. ¿Conque no podía ser, y yo, que era el
interesado, había. dejado de sentirle en el pecho?
Busqué yo solo .... y nada. Me fui á casa y en
el camino vi el cuerpo de un asesinado, en el arroyo, guardado por los serenos y con tremenda expresión de agonía en el rostro. ¡Y le miré y pasé
sin sentir nada, como quien ya no tenía corazón.
Y pensando en ello á solas, en mi cuarto, maldije
de mí mil veceR y no me pe¡?né un tiro porque no
sentía .... ¡L1t falta del corazón, os digo!

Domingo 15 de Octubre de 1899.

***
Me puse el frac y fui á verla; á ver si aquella.
mujer quería h \Cer la caridad de curar á Libélula de su terrible manía, aunque fuese engallAndole. Yo tenia duda de que por ella andaba mi
pobre amigo tim des~quilibrad? de facultades, y
si ella no halía perdido también el corazón, se
apiadaría. Iba aquella noche de baile y la encon,
tré en el jardín. Parecía con el abrigo de pieles
una emperatriz bajando á dar A su pueblo la limosna de la vista '1e su persona. Tomó mi brazo
y seguimos un rato á pie, Se lo conté todo, y al
oír la rareza de la manía del pobre Libélula, ae
rió.con la risa fresca y juvenil que á mi me pareció una pufialada, por tratarse de cosa tan serla
pero no la dije nada, ni retiré el brazo. Llegué Á
3entir miedo. Llegamos silenciosos hasta la cr.lle
y como dij'.l que tenía frios los pies, quiso aegui;
andando un rato. En la esquina de una calle, solitaria como todas las de aquel barrio aristocrA,
tico me detuvo de pronto apretándome el brazo.
Me paré en seco y ella se inclinó hacia el suelo,
donde distinguí algo que me pareció una piedra.
Se irguió en seguida y dijo:-¡Tom/l., pues era
verdad! Es el corazón de Libélula. Lo apartó con
el pie, regiamente calzado, llamó al coche, subió,
se despidió de mí y me quedé en el medio de la
calle, clavado por el espanto.
Volví temblando A la acera y recogí el corazón
de Libélula, que con el pequen.o puntapié de ella
había rodado hasta el arroyo. Noté que según
iba andand0, el corazón, que llevaba cuidadosamente envuelto en un pafiuelo, se esponjaba agradecido al seutir el calor de alguien que le trataba
compasivamente y ¡hechos extra:lios que se producen cuando pasan por nuestra vida real y pro•
saica girones de fantasía! hasta me pareció que
la humedad que el corazón destilaba en el palluelo, eran lágrimas del infelicísimo Libéhtla.
Entré en el café y llamé aparte á Ar tiera, el
médico de todos nosotros, y juntos nos fuimos a)
cuarto piso de Libélula. H,1cfa ya dos horu que
estaba dorm;do y no quiso Artiera despertarle;
con ayuda del cloroformo, insensibilizó al hombre sin corazón, y luego, delante de mi, que temblaba de espanto, con maravillosa destreza le
abrió el pecho y colocó en su sitio el corazón, como quien coloca ur:a piez'l de relojer ía, dAndole
luego movimiento con un golpe del dedo fn,
dice . . ..
Pero la locura de Libélula era irremediable.
Tuvo su corazón, pero no le dejó el punzante recuerdo de ella.-Esto no tiene remedio, nos dijo
en el café, días antes de que le lleváramos almanicomio. Le siento aquí, pero enfermo; alguien

J)omtngo 15 de Octubre de 1899,

249

.EL .MUNDO.

le hirió antes de que me lo encontrárais y me lo
devolviérais.
y todavía cuando vamos á verle á la casa de
salud los días de hermoso sol que templa á oleadas tibias el jardín del manicomio, suele decirnos con melancólica sonrisa y resignado acento:
- ¿Oís? Tic-tac tic-tac... . lo mismo que antes, pero más despacio, como si le doliese
herida. Y se queda como en doloroso éxtasis, mirando al cielo con sus ojos dulces y serenos, y la
mano derecha junto al corazón .... ¡Pobre Libé -

!ª

lula!
, FEDERICO U RRECHA,

SERENATA.
Princesita, princesita .
Tan bonitll.,
Sal á hablarme á tu balcón,
T,·aigo versos, traigo flores,
Traigo amores
Y un rayito de ilusión.
Ya la lona misteriosa,
Vaporosa,
En las nubes se escondió;
Y la estrella blanca y bella,
Nuestra estrella,
La que amamos, ya surgió.
Ya del bosque en la enramad9.
Perfumada,

Canta alegre el ruise:lior:
¿Qué no escuchas lo que canta,
Que le encanta
Seas la reina de mi amor.
Ya la fresra enredadera
Hechicera
Al oírme despertó
-.. -·--y sus hojas -eii guirnalda
De esmeralda
Para ornarte preparó.
Princesita, princesita
Tan bonita;
Sal á hablarme á tu balcón,
Trai~o versos, traigo flores
Traigo amores
Y un rayito de ilusión,
DAVID.

·♦

♦

•••

♦

...,.

~

Luego despertarás, sin un reproche,
Bendiciendo tu dicha y mi fortuna,
Sola y dormida estabas, es de ncche,
Y entré .... como entra un rayo de la luna.
Si de tus ojos grandes te envaneces,
Si te recreas en tus labios rojos,
Si amas tus luminosas morbideces,
Es porque son festín para mis ojos.
¿A qué, pues, recatarme tus primores
Que exaltan mi ardorosa fant/\sía?
Mentir enojos ó finjir pudores,
Indigna farsa para tí sería.
Ni teme¡, encender celos ó agravios
Con una confidencia que me asombre:
¡,Hablas dormidli~ Pu~s dirán tus labios
Inefables ternez as y mi nombre.
Soy tuyo y eres mía .... Eternamente
Surgen con simultáneas vibraciones,
Un mismo pensamiento en nuestra roen te
Y en~nuestro cuerpo iguales sensaciones.
Duerme, Nellyl Tu lámpara süave
Envidiosa tal vez, nos acompaila,
Y afuera se alza misteriosa y grave
El nocturno rumor de la monta:lia.
¡Q11é bella estás durmiendo! Ríe leda
La inocencia en tu faz blanca y tranquila,
Y a! través de tus párpados de seda
Centellea tu mágica pupila.

Así te quise ver. , . . Cuando dormida,
Plena y augusta paz tu pecho siente;
Cuando las tempestades de mi vida
No amontonan sus nubes en tu frente.

¡Qué opulenta del lecho entre el armiilo
Emerge tu belleza soberana
Mientras duermes con hálit~ de ni:lio
Y desnudeces de deidad pal:?'anal .

No vine aquí traidor ó temerario
Esclavo torpe de pasión impura:
Soy creyente, penetro en el santuario,
Y es fé mi amor y culto mi ternura.

Lámpara de cristal color de rosa
Ilumina tu alcoba de princesa
Desliza por tu lecho luz medr~sa
Y con sus rayos tímidos te besa.

Junto á tu lecho caigo de rodillas
Y absorviendo el deleite en que me ba:lias,
Ni aún me atrevo á besar en tus mejillas
La sombra que proyectan t~s pesta:lias.

¿Por qué tiemblas? ¿Por qué ya no sonríes
Con la ingénua sonri&lt;1a de la cuna?
Duerme Nellyl Soy yo, no desconfies,
Entré .... como entra un rayo de la luna.
¿ Qué pesadilla trágica te asalta
Y el espanto en tu frente deJa impreso?
¿Lloras N elly? . . .. Ya sé lo que te falta: ·
Acércame tus labios, toma un beso!
Me abres los brazos . . .. ¡ah! bedito sea
Tu amor . ... No temas dolo ni perfidia!
La lámpara vacila, parpadea
Y muere .. .. ¡pobre! se muríó de envidia.
JAVIER SANTA MARiA,

�Domingo U de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

25()

nueva

temporada de Bpera.

L~S ARTISTAS,
A.ño VI -Tomo ll

3

México, Domingo

22

de Octubre de i:899.

BE LLAt!i ART .ES.

5-SEÑO'RA LEONILDA GABBI,
Prima D0nna Soprano Dramática..
(

6-SEÑORITA ~ERF.NA VAREl'&lt;A DEI RONC0NI,
Prima Donna M~zzo Soprano.
7,-SEÑORITA E'mIA. CRIPPA.
Soprano llfera.
4-SEÑORA ADELA GINI PIZZORNI,
Prima_ Donna Soprano Dramática absoluta,

r

T
t
I

COMPROMETIDA.

Número i:7

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

�Domtn¡¡c 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

228

DirBctor: LIC. RAFAEL REYESSP!WDOLA.--------------------------------

Mientras, dejando el libro Yel sueño, ba:o ~~~~l/¡
ada escapatoria á los teatros1 mientras a ra
~i udad adormecida y fangosa bajo el capelo
mala lluvia al rededor de mi p~rag~as, d~~! de es•a
do en la realidad de mi sttuaci o. d osacunadas p~r
semana nu son otra cosa que mone as
n·
la mano del fastidio. ¿Qué bacerdenl est;e~~:, pa:~
mio? No es posible hablar ya e as

q::t:~~=

da~¡ placer por lo general, no deja buenas de s~
00
0 • ó 8 ¡ l~s deja, son tan débiles que, como
~ mPa de jabón, se deshacen en el viento. Es trág 11l

el :ecuerdo de Ja dicha gm.ada. La memor~~~;a~,
arca santa de las cosas tristes; de las que pe t os
de las que eternamente viven en casa con n7sc, r .
¿No os acordáis de las E11Zwul.a, del
¡Pobrecito! ;No os acordáis qué decla1

~•IIJU•

Suelen dejarme cuando sonriendo
Mis pobres esperanzas
Como enfermitas ya convalesclentes
Salen alegres
A la ventana.
Corridas buyen, pero vuelven luego,
y por la puerta !&amp;Isa
Entran trayendo ~omo nuevo huésped
Alguna triste
Livlda hermana.

nosamente. ¡Qué imbécil! No ha logrado arraoc9,rle
una sola molécula de fastidio.

*••

á~:t;~~~a

Para entretener las últimas velad~s del
hermosa seflortta, de exquisito y ar1r~i°crimprovlsad~
me pregunta, st en cualquier teatr o
d de
podrá ella co~ algunos compafieros ded¡uv~~J~~ en
alegría poner en escena vteJas come as
re
lugar d'e petlplezas Y esbozos dra~átlcos, con su ~pecti va música ligera del géneJ'O chioo. .
. so es
Pur supuesto que sf, encantadora criaturad e
loablt• ·Comedia final y no puedo menos e aco~darm~ d~ aquel Trianon, de aquel rinconcito _de teli cidad un poco tardía y rápida, do0:de una reJDa ~:
traje de batibta blanco, flch(~ de gasa y so~blero le•
paja, corría por los jardines, 1ba de la granJa áa tocherla llevaba á los Invitados á beber leche Y
mar h~evos frescos, obligaba al rey á dejar el br)Squ.e
en que leía, y á merendar sentado en )a bler~a, mi raba ordeí1ar las vacas, pescaba en edl llagboo, ~ b~~n ~
tada sobre el césped, descansaba e
r a
Y
malla, hilando en una rueca de aldeana..
.
Esa reina quiso hacer lo que usted, hada !nterroadora: divertir sus ocios con finas comedlas, y el
~ia 19 de Agosto de 1785 Marla Antonleta h izo de
Rosína el Conde de Artols, de Fígaro, M. de Vandreuil de Alma viva, el Duque de Guicbt, de Bartola,
y Mr. de Crensol, de Basilio.
.
r
El autor era un t11.l Beaumarcbats, un poeta bu lesco que adrede mojó las saetas de su sátira en e1
perf~mado veneno de una filosofía pesimista.
¡Oh, claro que será delicioso volverá ~ir en un ~atro de campo, una de esas viejas y clásicas ~medias
que rechazó el mal gusto y empolva el olvido.

sef

*••
Mientras la ópera llega nos quedamos con nuestra
fiel amante la zarz.uela. Es una mujer tentadon. E:i
nuestra más constante novJa. Nunca uos i:leja, por
más que, algunas veces-muy pocas por cle1 to-finjamos desdenarla.
¡
Napoleón Sien1 Sf' anuncia ya. Que no sea la próx ma temporada el Waterloo de este Napoleón.

Abrese á recibirlos la Infinita
Tiniebla de ml alma,

y van prendiendo en ella mis recuedas
Cual tristes cirios
.De cera pálida.
. Las fiestas de ayer? Bah! ;Quién piensa en el~t

F rieron unas coquE. tas que se nos acercaronbnos

e.

•••

!1

i

se

C'etalt de la chalr vive a veo dn granlt brut,
Une lomoblltté hute d'lnqulétude
Un é 1tt1ce ayaot un bruJt de multude,
'Oe&lt;i truus no1rs étollés par des faroucbes yeux,
D~s evolutlonsde lt'.roupes mn11J1trueux,
Devastes bas-rellefs, des f1':sques coloeeales... .._.,

Pero este enorme muro vivo, no tenia el aspecto t,Ji..
uico de ta visión de Hugo, era un muro q_ue 88 tapa.
ba. de la 110\'izna y del sol r.on dosclentob mil paraguu
sombrlilas y que á la menuda sombra de estosklCllimos de seda, llno ó encaje .que cernían la luz ó d•
untaban las to visibles agu¡as de hielo de lasr4111111
boreales, engullia concienzudamente seis mtllonee de
sandtoichs por hora y tragaba otros tantos millo.
es de bocks de cerveza que trablormada por los ftltnll
~enales debe haber formadv inn um erable&amp; t~ibu1ilrlos del H udson.
Todo eso que vivía turlosamente, con toda la gana
y la facultad de vivir de que es ca paz el hombre,•
concentró, se unimismó en un sólo gr tto, en un 16lo
hurra}¡, cuando pasó el viejo almirante descubierto ea
la opa del Ollmpla. ¡Qué espantosa mol.. ttal iQult!n
butlera sido éll Su dogo de las F ilipinas dormla6
sus pies ó fingía dormir; de cuando en cuando abda
un ojo húmedo y abur, ido. Los perro3 quieren mucho
á los hombres, pero desprecian secretamente, la ha.
manldad. ¡Ingratos! ¿No ha dicho un gran ttlóeofo
chino qae lo mejor que tiene el hombre es el perrot

•••

ron un beso, nos htcteron un juramento, y uyeron,
después; riendo y prometiéndonos volv~rÓ·
Ha cosas sertas y tristes que contar, pero 1a cr
otea ¡o debe ser una prédica nt Jas cláusulas de una
revista etfmera deben sonar á marcha fúnebre ó á
elegia.

En semanas así es cuando me he preguntado qué
es un cronista. y Jo be dtchu ya: una. con~ t a es un Triboulet. .En la vida mundana como
i n la corte del rey gala11tuonw, ba de llegar sonando
u corcoba cascabeleada, batlando su l?antomima
~laudicante Y grotesca, moviendo en un nctU-$ eterno
su cabeza de histrión ...... Lara, lara ..... ¿Qu~os
parece el bufón del rey, magnf!cos caballeros, neos
hombres cortesanas hermosas.
Viene á, sacudi r vuestro hastío, á. poner mo~~'i ~
improvisar chanzonetas, á rimar burlas. Cerf e.
está stem re de buen humor, porque para eso epaan. arl ue reparta la alegria, la inagot~ble ale:rta.'
mioantial tnexbausto de sus gracias. Tr:e
na 'inmensa provisión de canelones de pecheros, e.
;rcverblos plebeyo•, de chistes populares. La calle
es un arsenal.
De todo hablará, soplándose los dedos, Y acompad todo de su música exagerada y ridfcula.
na; 0º1e pidáis una buena ide9:, un cuento bello, una
fábula Ingeniosa. ¡Qulál No sirve para eso. No abre
. f,ol·o
nunca un u1
i , no sabe descifrar un manuscrito
sanscrlto.
D t d su
Ali! está el tlsico árabe que lo sabe. en ro e
birrete negro anida la Sabidurla.
Oh si el cronista tuera el poeta de la Corte'. .
~er¿ él no está obligado á. conocer la gaya c&amp;ena.a,
ni á entfar en lucha con los troveros.
D . dl l'ues que divierta con sus monstruosas
~!.i!'as co~ sus truhanerías regocijadas, porpan cuando~ enseria, u0 tantico siquiera, cuando
iu~ su jubón listado de rojo y amarillo, se ve batir
1:~~tral:la entusiasmada, cuando se le escapa po~ entre las junturas de la risa, algo de lo que tiene ~no cuando pasa junto á una mujer y se le oye etrr-' ué linda!; cuando levanta al cielo los ojos Y se
e 0· 1 ritar: ¡qué azul!¡ cuando se acuerda de un
le ~ Jnoro y rotundo y exclama: ¡qué soberbio! en::~ces el rey frunce el ceno, y la corte entera que
eceslta sacudir su hastío,
siente Irritada.
n _ Eb, Trtboulet, qué es eso? Baila Y ríe.•• •
y !Trtboulet pasa sonando sus cascabeles y bailando su danza claudicante.
La corte del rey galantwmw lo mira pasar desde•

cuares en torno de los kioskos, de las casucas, por el
lado d~ New-Jer~ey, el verde r,riunfa aún, en lu 11.
rombras de alto liso de la grama, peinada y cuidada
como un tapiz de casa de Vanderblldt ó de Astor. Al
pie del ribazo, como los dientes de un pei ne de glgan.
te, los docks; y los vapQres que por ellos ent ran y 11,.
Jen emborronadoi; de humo, que un poco más al1' 11
concreta en penacho ondulante y deja plntane ea
el crlstsl de la babia los gráciles perfiles del barco que
busca los canales del océano. Coronando la margea
del rlo, por el Jado de New York, la amplia calada
del RI verslde. acotada por un muro kilométrico de
palacios de quince pisos.
y ya me ttguro lo que serian los pal acios en cuyOI
tejados cornisas y aberturas rntlnltas borbollonaba
la gen~ y flameaba.u al fresco viento otoiial millonlli
de flámulas y gallardetes y banderas de todos IOI colores que de cuaudo en cuando, el sol salpicaba del111
con un g¿lpe de su brochó~ de oro. Y ya, me figuro lo
e serian los ribazos cua¡ados de multitud desde 111
~~laustradas de la avenida. hasta los mue1les. Eecll
muros humanos son como los que el poeta vió en
suenos:

u. s.

EL TRIUNFO DE DEWEY. Los
SE FESTEJA.NA SJ MISMOS.
2. EL nadie hace lo qm !JO hago EN LA NACION Y EN LOS
INDIVIDUOS; LOS RICOS EXCENTRlCOS.
3. APACIGUAMIENTO EN Fn.ANCIA. LA TRIPOLITANA,
AL ÜOURRIER DU ME:X.IQUE.
4. EL TRANSVAAL.

l. COSAS DE LOS

U. S.

1. Cuando hace un poco menos de_ veintidós siglos
el consul Dullius batió á los cartagrneses en Mylae,
sus compatriotas, llenos de entusiasta ~ratltud al
autor de una. victoria que convertía. á Roma en potencia marftima, le decretaron una columna rostral
en el foro con una inscri pelón votiva, y el prt vlleglo
de ser conducido á su casa por las noches, por flautistas y porta-antorchas. Por puro amor á su patria ~ebe de habe1 aceptado este tormento Dullius, pero JU•
ro que si al almirante Dewe,v quisiesen honrarlo del
mismo modo seria capaz de huir de su patria... y yo
también. Pase por Jo de la columna rost ral, que.de
seguro se alzará pronto en proporciones gigantascas
en el Central-Park ó en el arsenal de Brooktyn, pero
las ftautasl Oh\ no, eso nunca.
y, sin embargo, no pocas han de haber resonado
en el triunto del vencedor de Mantla. Los Esta.dos
Unidos, Nueva York, sobre todo, se pagan lujos in.
verosímiles por lo enormes, Ct1mo esta fiesta, muy
merecida por más que digan, en honor del viejo almirante; no sé en qué otra parte pueda lograrse pasar revista á una formidable escuadra en el corazón
de una ciudad, gracias al Hudson que, amplio y profundo, borda la isla en que ha crecido como Inmensa.
selva de fier ro, mármol y granJto la ciudad- Imperio.
Veo la decoración, los ribazos pardos del rfo, sembrados en Octubre de árboles de todos los colores y ma.
tices con que el verde huye hach las palideces enfermas del amarillo, del rosa¡ hacia la pó.rpura terrugi..
nosa como las manchas de sangre vieja, y el pardo quemado que dejan en las cortezas y las hojas
los besos de las primeras heladas; verde, ¿el verde ha
muertu? No; en derredor de los jardln~tes, en los es-

Inútil es decir que en este homenaje los neoyorklnos en particular, y la Unión en genera\ han querido disputar el campeonato de las fiestas trlunl&amp;IOI,
El imperialismo vencedor, que ayer era apenu u
desideratum y boy es una realidad tormtdable, ae ha
CP.lebrado á s[ mismo en la cabeza venerable de •
viejo Jobo de mar nacido de la mis ma cepa que lcll
Drapper (el capt•Jrador de Manila e~ 1762), losBodney, los Nelson y los .F'a.rragut, maguer el origen •
talán de éste.
ue4e11
El arán de hacer gala de poder lo que no p
otros es propio de la nación como h&gt; es de los 11111tuosi;lmos advenedizos que están hoy al trente de la
riqueza del mund•&gt; y que, ellos ó ~us padr~,
todavía hombres de pena y trabaJO material, pero
conquista de la fortuna es para nuestro'l prlm~ o
sport, la lucha por Ja vida tiene entre ellos,
ttvo de una carre ta d~ caballos ó de un com
púgiles al box.
d d
ente
Los ricos americanos, es decir, los ver a era~mt,.
ricos, no los que, como yo, solo tienen cuato óse•n•
lloneH de pesos,-ese como yo, pueden mis lecto res
pretarlo á su guisa-los arcblm lllonarl os, en • ~
cifran su ventura en bacer lo que ot ros
tener lo q,ue 00 tienen otros. Una de ast'ª1r •
Vanderblldt, por ejemplo, se ha hecho
plena .New York, un palacio en~ramen e ~ rohll
.Malmaison de la emperatriz Josefi na, á qule ,!'.,.
1111
devoción piadosa; otra. señora ha intentadoci ";CIII
quedarse atrás, reproducir en el lnterlor
(situada !rente ai Museo Metropolitano &lt; ó Park) el del palac\o de los duxes; todf
etano ó prehistórico, dice el autor de es 1 ~
pesco estas Intimidades; ali! hay aldabones
de la primera edad del fierro, pavi men~
musaica, que dice Berna! Dfaz, Y ent r~ º !sm iOI •
vieja encina ricamente tal1ada, a mpltos f ~
.,.
109
coradosde,papel rojo rameado de o~ol :1~ºb~ 'no brilllD
jones del artesonado brillan, ó me¡or
d° V ~
vetustísimas pinturas delosantecesor~to ~ojo et•
y Tlzlano y sobre la chimenea d';,,Vªºla el allO pi,
trato de un Dux .... pintado en - ra nc
sado.
nas m!IIC)llllllil,
Bien está; comprendo que los ape rctonant ll
se rodeen de cierta pacotllla, para propo to OOII ij
dulce Ilusión del lujo de arte, por su ~uesro
_.
4
que•tenga algún sello de buen gusto,,irtist!CIIOIII
nes pueden pagar verdaderas obras
si es lllO'
80
pren pacotilla, con tal que sea car:; ~lnero deClllt
1 en 11
mtnable. Uno de est,os señorones vefa
delante delcl814&gt;de Melssonler, que

~rana,:
"t:.'::

ºf 11aoe::.,_
r~s :~ ,1a

iCensn1
~r
\u ':';,,qaiea

)a ,_

ª .-.-

que

Domingo 8 de Octubre de 1899.

-coteea de un o de sus émulos: yo tengo un cuadro

•gual, enteramente igual á éste, pero de otro autor;
me costó se.qenta pesos en un remate, mientras que

EL MUNDO.

Y. la admirable cantatriz sufría un ataque de parállris que aun la tiene inmóvil y muda; también se congreg_aron inútilmente en casa de la dica los mejores
médicos de Europa: y como su pasión por la músi.
ca tomó proporciones extraordinarias1 su mMJdo
se dispuso á satisfacerla: era el único modo de a.liv!ar sus dolores. Un violinista de primer orden se
comprometió á tuerza de oro á no separarse de la casa y un dia que la paralítica puio hacer comprender
su deseo de escuchar Escla1-nHmde, la ópera de Massenet que había sido su principal triuuto, los mejo,
res artistas de la Academia :Nacional de música de
París, organizaron y representaron, en la sala de la
casa, t eniendo por público á la enferma y á su esposo1
la deseada ópera. Mr. TNry no se separó un instante de su triste y excéntrico hogar hasta que murió hace poco en plena juventud; Slbyl Sanderson ha quedado herida de muerte y viuda.

229
y que, muy á mi pesar, no quebrantaré, ni hoy siquiera.

-' Astor Je cuesta el suyo cien mil! Y leyendo esta
•
anecdotllla recordaba yo á aquel cónsul romaoo que,
••
-después de la destrucc:ón de Corinto, remltia á RoLos Ingleses han obtenido en su litigio con Venema algunos cuadros y estat~as de los maestros helezuela m~s de lo que pedian; el fallo de los árbitros
nos, previniendo á los soldados porteadores que, si
les ha sido, en suma, favorable, cegando para la repú,
dejaban perder 6 averiar aquellos ejemplare.~, harían
blica nuestra hermana una. !uentd de peUgrosísimos
-otros Iguales. Algunos ha.y entre estos cresos adveconflictos; todos bao ganado, pues. Ya. no queda más
nedizos, incapaces de distinguir sin guias la superioque marcar materialmente los límites. Pues si tan
ridad de un a pintura sobre una oleogratfa; son de Ja
buen viento sopla á .los brltanos en materia de arbimilma familia 1 diremos del mismo ganado, que altrajes ¿por qué no aceptan la proposición de Krliger,
.gano de nuestros.pudientes que paga, en sólo un maraunque sea haciendo Ja expresa res~rva de la cuesoo de una acuarela de ilustración, exactamente el
tión de soberanía? De veras que se los agradecerla el
precio de uno de esos delJciosos cuadritos de Ramos
mundo entero que va tomando en este asunto poco
.l[arth:iez, el maestro indiscutido de la acuarela en
más 6 menos la misma actitud que en el de Drey)lé1tco.
rus; aquí se trataba de un hombre, allí se trata de
Volviend o á las excentricidades de los reyes del
un pueblo: pero de un pueblo débil y pequeño y trabamlllóo en tierra yankee, NorvJns cuenta que la mlsmíjador que tiene sobre su cabeza por espada de Da.••
.stma duena del palacio veneciano, la Sra. Stuyvesant,
mocles á todo el imperio británico pendiente de un
•
i ~iah, en una fiesta nocturn1 de su casa balnearia de
Sólo be podido permitirme esta digresión porque cabello1 es decir, de una p,labra del Sr. Ministro
New-Port, bacía conducir los juguetes del cotillón el material Dreyf1l8, como lo había previsto, escasea Chamberlaín.
-que valían bastantes mlllares de pesos, por un e.s~ ·y~; la combinación del veredicto y del indulto han
Lo que los boers cllsputan es el derecho de mandar
no berrado de oro puro y guarnecido de piedras pre- apaciguado, el uno al a~to ejército y el otro á la pie- en su casa, lo que disputa Inglaterra. es el derecho de
·cJosas. Pero de estas tantasfas áureas, ninguna co- da.d pública; vale mfs así. El proceso de la viuda mandar en la agena¡ ya he cuestión de las tranq'limo Jade la esposa de W. K. Vanderblldt, á la cual su Henry contra Reinacb, la instancia dal proceso Zola cias electorales de los uitlanders (sobre ella. be con ver•
marido regaló un ani!Jo de boda oon un solitario galvanizarán, pero no darán vida á un muerto; asun- sado en otras revistas con mis lectores) parece pues.
-que valía cerca de cien mil pesos; estasenora1á quien to concluido. Lo interesante es examinar la prensa ta ~ un lado y de hecho_ el Raad, el congreso de Pre.sos amigos llaman por carh1o Birdie (Virginia Fair) de Francia los días siguientes del veredicto; los anti- toria, ha concedido todo Jo que el agente Milner exi,ee hizo construir, iba yo á decir edificar, un lecho
semitas que bao hec ho del energumenismo un eotllo jía. de Krüger en la conferencia de Bloemtonteln;
nupcial de oro macizo, decorado de sedas y blondas normal como Rocbetort y Drummoud, estallan en ahora se trata de que el Transvaal reconozca expre.auperlatl vamente caras; con el precio de los encajes selvas de aleluyas; si se pudieran comerá Dreytus, á samente su dependencia de la corona Imperial; hoy
-que llevaba en su enagua interior el día de la boda, pesar del régi::ien dietético á que ha estado por tan- esto, mafia.na la aceptación de un gobierno inglés eo
bab:la habido. dice un estadista neoyorklno, para ali- to tiempo sometido. lo harían, de seguro : es un caso Oraoge y otro eu el Transvaal y entonces todo el
mentar y vestir durante un ano á los niílos de todo bien caracterizado de canibalismo espontáneo. Los Sud-africano queda en manos de la chartered, de la
un block de casas. Esto es encantador; pero ¡all! mis
dreyfusistas rabian y muestran los p11íios á la Temis companfa organizada por Mr. Cecil Rbodes que, selectoras, poneos neuróticas de envidia al leer esta militar decorada con las dos colas encrespadas de ga- gún parece, no hace buenos 11egocios todavía.! No los
-otra estadistiqu11la; se trata del calzado de Miss to blanco constitutivas de los mostachos del coronel haría malos en la republlqullla holandesa en donde
13rooks-hoy casada: doce pares de zapatos de paseo, Jouaust. Entre estos dos grupos de fratricidas, está. no escasean ni los diamantes ni el oro ¡y este es el
-4 la moda inglesa, suela doble y puntas (?) cuadra- la Francia ilustrada y du efia de sí misma que se ba tondo del pastel! Por desgracia va á ser este un uoldas, oCbo de botines franceses, seis para el golf ó el inclinado sin reserva~ ante el fallo y ha proclamado au..11e11t de carne humana.
El llamamiento de los holandeses de Ilolaoja á los
-tenms,.cuatro para patinar, ocbo pares de zapatillas la necesidad humanitaria del Indulto; y es de ver co.
finas de soiré.e, de seda, bordada:; de perlas con hebi- mo estos periódicos, p. e. e· Journal des Débats y la sentimientos cristianos Je los gobernantes imperiales
llas de piedras del Rbin 1 acero y plata; ocho pares Revue des Dtux Mon.&lt;W;, que bao mostrado tanta se- t:s patético: &lt;Nosotros, dice, neerlandeses1 vinculados
de cabritilla para las recepciones, conciertos y five renidad é Independencia en sus juiclos insinúa.o la á vosotros por un origen común, por las tradiciones y
•o'd.otks y doce de eatin color de rosa, verde Ni1o, oro generosidad y la j usticla de la gracia,1 que la teroz la analogía del desenvolvimiento histórico, por la seviejo, turquesa enterma, bordadas de crisantemos prensa antl-semi{;a a.tribuyó al dominio qut: ejercen mejanza de costumbres é instituciones, orgullosos con
este parentesco, somos osados á deciros: no cometáis
'iS acianos y salpicadas de ametistas, esmeraldas y los dreyfusistas sobre el Presidente Loubet.
robles; pero lo que nadie poseia, y esto es lo intereYa puesto á un lado, por fortuna, el atormentado una espantosa injusticia con la república sud-a!rJllllte, era un par de botines de cabritilla del Cabo de la Isla del Diablo y d.e vuelto á sus hijos y á la es- cana, vástago de nuestra cepa-germánica, con ese
-que su bían hasta las rod!Ua, en donde los cerraba una posa admirable en quien se han encarnado las cuali- pueblo débil por su número y fuerte por sus ,·trbebllla de diamantes.
dad es más nobles de la Francia !emenina, el asunto tudes.&gt; Y acaba así esta deprecación. &lt;03 pedimos
En estos dlas tiene locos á los riquísimos y, so- puede entrar en un período puramente especulativo esto, no sólo porque de otro modo sólo puede resultar
bre todo, á sus mujeres, la conquista del record y científico; ya no hay que ilustrar á los jueces, pa- la violencia, la efusión de sangre, el rratricldio, sidelos sepulcros, ¿quién tendrá el mejor mausoleo? só la hora de los alegatos. Ahora hay que apelar á no también porque el derecho seria profanado y man.
Hasta principios de este aílo se llevaba la palma el la posteridad mejor Informada, pero hay que infor- ciJJado el renombre britá.nico .... &gt; Cien mil firmas
·aenador Ciark de Montana, el rey del cobre; sólo el marla; sobre el veredicto del consejo. de guerra nada al pié de este documento.
¡Hum! No sé por qué se me figura que esta clase
frontón del templo es una pieza de grani.to que pesa hay en el orden judicial; en el orden moral queda el
-cerca de tr~inta y cinco toneladas; costará. más de Jaudo SU'Jremo de la historia. Ya no se trata de la de argumentos tan IJellos desde el punto de vista modoscientos mil pesos este caplcho digno de la reina justJcia, ·se trata de Ja verdad, y después de leer la ral, han encontrado muy poco eco en los oídos ingleArtemisa. Y la pasión de los sepulcros no está ecli p- requisitoria de Carrlere y la plaidoirie admirable de ses; el interés, el business, endurece endiabladamen.'81da, por la de los sombreros y los zapatos, sólo quiserenidad y de juicio de Demange, se comprende que te el tfmpano1 y es causa de sordera nacional¡ Mr.
zás la de los perros le hacen parangón. Extasiadas es- la última palabra de la razón no está dicha. todavía; Cbamberlaln anda enfermo de eso desde hace tiempo.
taban las lindas mises de la Unión, cuando les conta• la paz está hecha, la luz no. Para mí sí, pero no SP. ¡Y lo duras que son estas enfermedades de los ofdos!
ron los periódicos que una de las millonarias más trata de mi, se trata de los que sinceramente han Ciertos doctores las creen Incurables.
Entretanto, el viejo patriarca del Transvaal, diri,ma,t de Baltimore, la Sri ta. Horwitz, en la ceremCJ- creído crlruinal á un desgraciado. Tengo fe profunda
nta nupcial se acercó al altar llevando apretado conen que ese momento no tardará en llegar; cuando ba- giéndose á sus bravos pastores bíblicos, en vez de
tra su corpiílo de seda á su fox-t.e:rrier Jock coronado ya caldo el poi voy se haya desvanecido el humo del hondas armados de m.ausers, clama á ,Jflhveb, y lo llama en su auxillo y en él contía: Domine in aditUoriuni
de crisantemos blancos.
comba.te.
meum intende .... Francamente conmueve esto; pero
Una senora mexicana me decía en New-York: no
ay! también invocaban á Dios los pobres dervJses de
-quisiera para mis hijos mujeres americanas, porque
•••
Ondurnam, &lt;¡ue se erguían con tos brazos abiertos badeliran por el lujo y gastan mucho; en cambio, sí deCon el título de grove rumo1· públicó el Courl'íer du J/e,
,_, maridos americanos para mis hijas1 no 1os hay xique un telegrama rererenteá la próxima ocupación de jo sus alquiceles blancos, y caían por mmares y mimejores. Cierto¡pero hasta en eso pretenden, los que la 'l'rJpolitana por las tropas trancesas. Con razón llares perforados y desbaratados por las dum-dum,,!
El estado de ánimo de estos europeos africanos que
pueden, hacer singularidades; hasta en la. mantfesta- llamó grave á la noticia; no podía serlo más como que
han
vhido retraldos en sus 111.nadas pasta.les desde
1
-eión del afecto. Vayan dos casos: entérmase la sefio- sería la guerra. Jamás la generosa é lmprudentt:
hace tanto tlem!)o, reproduce exactamente el de los
'11 Wblt ney, una de las más bellas mujeres de New1
Francia habría cometido imprudencia de mayor ta.
York, de América por lo tanto; su marido abandona mano. La invasión de la Tripolitana equivaldría si- campesinos del s glo XVI que se reunían en derredor
de Munzer y morían sin quedar uno, cantando los
'1118 negocios, se instala á su cabecera, reune en demultáneamente á la protesta armada de Turquía,
rredor de la. paciente á los mejores médicos de los que e~ la. nación soberana en las comarcas líbir.as, y versicuios de la Biblia, ó el de los hugonotes de DuEstados Unldos 1 y uno de ellos es contratado para esa protesta sería resueltamente apoyada por Ingla~ plessis- Mornay, que penetraban en las batallas ento•
dedicarse exclusiva mente á la en terma, abandonando terra y por ItaUa, de modo que Ja conversión de la nando el salmo de Lutero. ¡Ob! grande alma del gran
viejo Gladstone, ¿por qué no eres hoy el alma de tu
'IU cltentela. Otro médico se consagró á vigilar los
triple-allt:i,nza en una alianza qufntuple por la adhe- patria1
alimentos que un chef traído de Parls á precio de oro sión de los ingleses y los turcos, tal sería f'l afecto
debla prepa rar; el mejor jardinero de la ciudad lué instantáneo de semejante insensatez. Si ha costado
-empleado en escojer y disponer ias flores que, de mi- tanto sacrificio de 1encor y amor propio á los Italia.
·llares enviadas de todas partes, debfan otrecerse to• nos vol ver á su concordia tradicional con Francia,
dulas maf'.i anas á la ente, ma¡ un literato de nota se después de la toma de posesión de Túnez, ¿qué In-encargó de la correspondencia de la joven senora y mensa explosión de coraje acompallaría á la ocupade leerle diariamente algo de sus autores favoritos ción de Trípoli, tan tenazmente codiciada por Itai\cntles serían ?). En este oficio tuvo por colaborador lia? No creemos, pues, en la noticia; no es posible.
propio Mr. Wbloney, que tomó para ello lecciones
Y aquí me permitirán mis amables lectores una
-de dicción y declamación de un actor de gran crédi- simple
nota á propósito del Courn·e1·: nuest ro entendiEl descarrilamiento ocurrido hace poco en Ja línea
to. Mdslcos y cantantes de ambos sexos, como dicen do y cortés amigo el Sefior director de este aiarlo
loe &amp;nuncios de conciertos escolares, regiamente pa- trancés atacó muy vehementemente un fragmento de del c~ntral. cerca de Apaseo, ba sido entre los tris-lldoe, esperaban las órdenes de la doliente, tarde y mi última revista sobre el asunto Drey!us, reprodu, ter. acontecimientos de estos últimos días, uno de
DOChe, para sattsracer sus caprichos .filarmónicos. cldo por el lmparcial; bien se conocía en el a.taque los qne más comenta el pó.1,llco. Por tal razón nos Ji.
,¡Qué tal? no es este el marido m111onario Ideal? No que su autor no había leído todo mi artículo. No por mi tamos á publicar las tres lotogral!as que tomó un
-M yo que ent re mis palsanos haya uno de estos ejem- tal ta de. deseo, ni de deferencia, sino porque no soy artista de la Photo Supply Co. que venia como pasaplares.
jero en el tren descarrilado. Como quiera que los gramás que periodista ocasional en sólo este periódico y
Pues hay otro caso y este si por extremo slmpátl- y en este sitio, mientras torna á ocuparlo el aprecia- badoq que publicó &lt;El Imparcial&gt; pudieran parecer
por más que tengan bien mar-:'; sabido es que la hermosisl ma y lamosa Slbyl San- ble escritor encargado de él, me es imposible, con- apuntts fantásticos,
1
en«Jn Re casó hace poco con Actonlo T erry , joven vertir esta revista en sección de pnlémtrR, y i:idemA~, cado el sello del or ginal rotográHco, las ilustracion, a
'C&amp;pltalt•ta !ormtd,bie. No acabab• la luna de miel quebrantaría así u11 propósito que we he lwpuestu, qne ha~• damos establecen la autenticidad de la. in·
tormacióu dt! uue~tros diari os.

. . . J ~ J ~.

Un descarrilamirnto en 1~ línea del F. c. Central.

�Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

230

Domingo 8 de Octubre de 1899.

FEDORA.
Los músicos de la viPja escuela
y de la antigua chapa, los partidarios del gargarismo lítico y dd
clownismo vocal, se han queda&lt;!o boquiabiertos, estuptfactos á
la audición de la «Fedora;» con
un poco más de instruccióv clásica, hubieran exclamado: Delen•
da est Cartago! Q,uosque tandem
ab1..ite1·e . ... ! Quam 1·empublicam
habemus! Uno de ellos meneaba
la cabeza con desaliento profundo y sorrla desesperación.
«Dan ganas, decía, de preguntar, parodiando al payo del cuento, ¿dónde está la música? Esto
no es ópera, sgregaba, es un rompecabezas: he ahí un ruido monótono á veces, ensordecedor
otras, ¿dónde están las arias, loe
concertantes, los grandes finales?
¿en qué momento cantan los
personajes? Yo no veo ni oigo
cantos, modulaciones, trinos, sino actores dramáticos que rugen, ahullan, declaman acompaftados de u na orquesta de energúmenos ó de hipnotizados, se•
gún el caso. Ese Homer o dormita á menudo, pero suele roncar
desagradablemente. Ve usted salir un montón de personajes y espera usted un coro ar monioso,
mesurado, original como el del
Silencio de Norma, ó bien sonor o
y retumbante como el de los gitanos del «Trovador,» y nada ...
aquellos personajes no cantan ni
hacen conjunto. A poco, el tenor
se queda á solas con la soprano;
se prepara usted á oír e1 dúo de
amor, la pieza de resistencia del
banquete, con su andante, su alle•
gro y su coda, como Dios manda, y tampoco. . . . Los dos personajes hablan, se arr ebatan la
palabra, gritan; en la orquesta
atrapa usted fragmentos incompletos de melodías truncas, salta usted del compasillo al seis p01·
ocho, del adagio al p1·esto, del pianissimo al fo1·ti simo, y aquel par de badulaques no se arrullan
ni tortolean, ni replica al dolcissimo de él, el dol·
cissimo de ella, y luego dan un grito y caen en
los brazos el uno del otro. Eso no tiene sentido
común; y que con ese fárrago llore el público,
y que esa monserga arranque aplausos y promueva entusiasmos y ovucionesl Los dioses se
van, y primero que nadie, Euterpe; yo hago

UN CAMPESINO RECIBE LA ORDEN DE ALISTARSE
PARA LA GUERRA,

lo mismo y no me vuelven ni á ver el polvo!»
Para quie'l siente la música sólo con el timpa•
no, para quien se sirve de ella como de un rasca
oídos, para quien la reputa golosina y no ambrosía, cosquilleo y no pasión, nada más natural que
opinar y que juzgar así: iba en busca de pastillas, y le sirven acíbar, y se exalta y protesta de
que le hayan amargado la fiesta.
Pero felizmente para la música hay, y cada
día abundan más. a-entes que la siente:: con el
alma y que la analiz11n y jnzgan con el espíritu;

tortura porqu~ sus personajes sufren, atruena
porqu_e las pasiones estallan;· hace gritar, llorar
Y rugir porque sólo con lágrimas, gritos y alaridos pueden e~presarse tan intensas pasiones.
En suma, G1ordano no es un músico para baile~; esos hay que buscarlos en el género chico·
G1ordano es un dramatista lírico y su «Fedora~
es una creación admirable del nuevo género por
lo verdadera, por lo apasionada, por lo complexa y por lo adecuada.
Y cuando quiere, y las circunstancias lo exigen, sabe ser_ e~oiritual y ligero como en las coplas de du S ITl€Ux, elegante y fácil como en el
vals del ~cto segundo, pintoresco é idílico como
e_n las primeras escenas del tercero, melódico y
tl~rno como e~ )a romanza de Loris. En suma,
G10rdano I?amfiesta suficiente flexibilidad para
haber escrito «Lucía de Lamermoor:» el arte le
agradecerá siempre que baya preferido escribir
la «Fedura. »
DR. M. FLORES.

P.ABLO KRUGER.
Presidente de la Reptl blica del Transvaal.

SIR ALFREDO MILNER,
Gobernador de la Colonia del Cabo.

as~sino Y su ven1ranza viene á recaer sobre Valer1ano, Y_sobre la madre de su amado Loris; éste la maldice y ella lo sathface dándose la muerte.
_¿Cabe en este torbellino otra música que Ja de
G~ordano; es posible oue «Fedora » gorgée, qne
acabe :y redondee rns frases, que viertan miel
sus labios? ¿No; en Suiza misma el idilio amororn
es ~mar_go para los dos amantes, la -:!na asaltada
de mqu~etude1 y de remordimientos, fugitivo y
perse~mdo el otro y 11cosado de temores y de d¿lor? S1 todo es complexo, atropellado, tumultuoso, deforme, en las almas y en los sucesos todo
debe serlo en la música que los pinta y que Íos in•
terpreta.
Por _eso ~l público que no lleva ideas preconc?~1das sient_e y llora y aplaude; percibe que
el mus1co se b~ impregnado del medie&gt;, d el alma
de los personaJes. de las peripecias del drama·

'

j

ENVIO DE CABALLOS Y MULAS PARA SERVICIO DE TRANSPORTE

EL REGIMIENTO DEL REY SE J:MBAROA EN EL CABO
P ARA EL NATAL,

231

F edora ~s una muje~ ~oderna y en calidad de
tal, complicada y cas1 mcomprensible· de alt
m1;1ndo y de _alta ilustración ; por ser ;slava e~
oriental, a_pas1?na~a y ardient e; por ser aristócrata es histérica, imperiosa, turbulenta; por viu•
da conoce to?a la vida y toda la pasión. Su alma es movediza
y brillante cómo el Océano, pro
.
f und a y pel 1grosa como él. Loris es también unl\
Fedor a del sexo fuerte, el diplomático es un
.
h
·
es
e épt1~0, . a visto tanto, vivido tanto, gozado tanto é .·rn.tngadol tanto! No hay almas simple S, DI·
sent1m1entos .e ementales,
ni amores pastorile8 1 DI·
l
escenas patriarca es con person11jes de esa índo- ·
le. Y luego el drama tremendo en que va1...
vueltos
: Vladimiro
.
'd . asesinado·, Fedora, su en
ar
d1ente promet1 a Jura consBgrar su fortun» '
d
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á
ª•
bU
v1 a en era vePgarlo y las consagra en efecto·
de pronto se rasgc1. el velo, Vladimiro, víctim~
apar ente, resulta
. d. d ser traidor é infame•, Lori·s ver
d ugo_d esp1a a o, es un noble vengador de FU
propia ho~ra. Fedora ante tales revelaciones
am/l. á Lons, pero ya lo ha denunciado e orno ,

LA CRISIS DEL TRANSVA.AL.
que no le piden sensaciones, sino
emociones; que no la quierf'!n artificiosa, sino real, y á quienes
en circunstancias dadas, agrad~
más una enarmonía qu e un acor•
de perfecto, é impresiona mAa
hondamente un recitativo que
una melodía. Y esta preferencia
no es estragamiento del g usto
ni decadentismo lírico, ni degene~
1·escencia, es un f.:nó meno natural, lógico, inevitable y evolutivo del arte, y especialmente del
drama lírico. Ya hemos ex plicado por qué, y ahora vamos á
aplicar á casos concretos la ley
estética que informa el drama lírico.
Tomemos como punto de partida «La Soná mbula .» Esa nilia
es cándida, sencilla, tierna, no
ha oído al rededor suyo sino
cantos de aves y mormullos de
bosques; su.a pasiones son patriarcales y pastoriles, sabe llorar y sabe sonreír; pero en la
dulce tranquilidad de los campos y en el curso tranquilo de su
vida, no ha aprendido á gritar,
ni á rugir, ni á declamar; su
amante es como ella, y como ella
ha vivido; patriarcales, benévolos y dulces el seftor del lugar,
los campesinos confidentes y amigos. ¿Qué género de músicl\ conviene á la descripción de ese
medio, á la pintura de esos personajes, á la expresión de sus
sentimientos y emociones? Puea
esa música debe ser simple, CO•
mo son simples aquellas almas;
esencialmente melódica, como
lo es toda una música padtoril,
profundamente tierna como loa
sentimientos en acción. Lo mismo en «Linda de Chamounix •
er.. «Dinorah.» y la intuición de
los autores se ha acomodado á
esas fundamentales condiciones,
y por haberse adaptado á ellas~
se han podido escribir esas deliciosa s comedia.
líricas.
Pero ccando se trata del drama, cuando ae van
á pintar pasiones de otro orden, pe..,.sonajes de
otra categoría, espíritus complexos, agitados por
p%iones contrapuestas, en lucha consigo ~ismoa
y con el medio que los rodea, la música simple,
puramente melódica, resulta disparatada, á tanto
equivale como poner versos de Lamartine en boci de Otello ó églogas de Fray Luis en labios de
Lady Macbetb.

.EL MUNDO.

..

EN EL NATAL•
OFióIALE5 Y MILITARES DE LA REPUBLIC.A. DEL TR.A.NSV.A.A.L.

MARTIN TH. STE IN,
Presidente lle! Estado Libre de Orange.

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La Casa Colo1·ada, p1·,x'1!iedad d ,, Don Ftrnando de mLlresa.

Casa del Sr. Ollys.

Casa de la Sra Segum.

Casa del Sr. Payró.

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�234

EL MUNDO.

CAMPINAS

Domingo 8 de Octubre de 1899.

Domingo 8 de Octubre de 1891!

DE lYIE X:ICO

235

EL MUNDO.

---

DESCARRILAMIENTO DEL F.

u. CENTRAL-EL TREN DESPUES DE LA. CATASTROFE.
(Véase la pág. 229).

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p ,-LA LOCO:lfOTORA QUE REMOLCABA AL TREN VOLCADO.

revela claramente la luminosa doctrina de Comte y
la alta competencia del exposit:ir que la aplica á casos concretos, La gran capacidad del Dr. Coogreve
para tratar los intrincados problemas de la política
internacional, no ha sido debidamente apreciada por
el público en general á causa del punto da vista en ,
que siempre se colocó y que no es con el que se ba1aga ni á los políticos ni á las multitudes: la subordinaci6n &lt;le la política á la moral.

De los opúsculos políticos del Dr. Cong;eve, el primero publicado en 1856, se refiere á examinar el problema de la posesión de Gibraltar por los ingleses.
Notable es desde todos los puntos de vista el folleto,
en él reclama su au~or como sabia medida poiitica la
devolución del Peñón á España. Con este trabajo
inauguró el Dr. Congreve su larga y gloriosa carrera
de publicista; inspirado por Augusto Comte, dicbo
trabajo mereció su deseada y preciada aprobaciún.
Cuando tuvimos en Londres la satisfacción de conocer y de tratar al Dr. Congreve, nos ex;&gt;resó su ardiente deseo de que fuese conoc~do por el público español su folleto s@bre Gibraltar. De regreso en nuestra patria un inteligente joven ingeniero nos ofreció
su concurso y efectuó la tradución en la que colaboró
el Dr. Congreve con la interpretación de un pasaje
en griego. Causas agenas á nuestros propósitos y á.
nues~ra voluntad han retardado la publicación castellana de Gibr'.Lltar.
,
E l nombre del Dr. Congreve será uno de los má.:1
notables en la historia del movimiento posit!vista de
Inglaterra; su recuerdo vivirá 1,iempre en los discípulos de Augus1'-&gt; Comte. Pertenece el Dr. Congreve

El Dr. Ricardo Congreve.

~;:m;lo

1-Puente~de San'Antonio.
2-R ·
la Casa Qolorada en San .Angel.

ri~~;nade caS~~e Je rj/l.an Ange3l•-Presa
de la huerta '1o,l Convento del Carmen.
4-Pabellórl,_ _de
7-El Panteón.
8-Presa de la Haciend(I. de la Concepcwn.

d lC
t dl C
JJvi:r°me~.

11

El 5 de Julio último pasó á la existencia del recuerdo en Hampstead (Inglaterra), el Dr. Congreve,
uno de los primeros y de los más distinguidos discípulos de Augusto Comte. Nació en Leamington
Hastings, condado d~ Warwick, el 4 de Septiembre
de 1818, y de los ochenta años diez meses que vivió,
más de la mitad fueron por él consagrados con incomparable constancia á la difusión de la Religión de
la Humanidad. Después de haberse edut.:ado en Rugby bajo la dirección del célebre Dr. Arnold, ingresó á
Oxford, Wadham College; en Oxford se distinguió
como estudiante, y en 1840 figuraba entre los primeros de sus camaradas. Su antiguo colegio de Rugby
reconcciéndole méritos, lo nombró uno de sus colaboradores y acudió al nombramiento como maestro ayuJante. Volvió otra vez á Oxford, hacia el año de 1850,
Yhallándo1,e en la vieja y justamente célebre Umversidad, tuvo conocimiento de la existencia de la
doctrina positiva; en un viaje que efectuó por el Continente compró en París las obras de Comte, y tuvo
la dicha de conocerle personalmente y de tratarle allá
por el año de 1852. En Oxtord conoció el Dr. Congreve, hacia mediados del siglo, á los distinguidos estud~antes E. Spencer Beesly, J. H. Bridges y Freden c Harrison; la buena amistad que unió entonces
á los cuatro, fué altamente benéfica ~ara las ideas de
Augusto Comte; los jóvenes escolares abrazaron las
ideas positivas, y boy son los tres escritores, ingleses
distinguidísimoi;, y entusiastas é inteligentes paladines del positivismo en su patria. Pasado algún
tiempo d~ su iniciación en la nueva síntesis, el Dr.
CongrevE&gt;, á fin de consagrarse á su propagación,
abandonó á Oxford y comenzó sus estudios médicos
para completar su educación é instrucción, en King's
College Hospital, alcanzando el grado de miembro
del Real Colegio de Médicos.
Una vez pru1 bto de los medios necesarios para su

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EL CARRO DE EQUIPAJES Y CORREOS VOLCADO EN UNA ZA.NJA.
difícil apostolado, se dedicó á propagar la Religión de á la legión de los que forman «la edad de oro de la'! rela Humanidad, ya por medio de notables dii,cursos, ligiones&gt; según la bella frase de Renan, pues adoptó
ya valiéndose de instructivos y sugestivos opúsculos la idea positiva en la obscura época en que ignorado
ó ya, en fin, en la conversación familiar en la q11e do- el Posit ivismo, era realmente meritorio abrazarlo, y
minaba su estilo persuasivo. Dos voluminosos tomos sacrificando los éxitos inmediatos y los c,ropeles de
cou algunas de las obras del Dr. Congreve se han pu- la vida, con perseverancia y abnegación consagró toblicado, otro tomo también· vol umi noso p0drá. for- dos sus esfuerzos á vivir para los demás.
marse con las no reunidas. De los t rabajos del Dr.
AGUSTIN ARAGON.
Congreve, aquellos que llaman más la atención son
los que se contraen á. cuestiones políticas. En ellos se

�Domingo 8 de Octubre de l o99.

EL MUNDO.

236

BERE,NIOE DE, JUDEf\.
I
Nos cuenta el buen Suetonio que Tito, apellidado más tarde las delicias del Género humano,
fué al principio un personaje bastante malvado.
Prometía ser un profesional imperial á la manera
de los Tiberios, los Nerones y los Vitelios. Era
cruel, vvluptuoso y glotón. Hacía venir curiosidades de boca de las extremidades del mundo ba•
bitable, de los abismoi;: de todos los mares del
Asia, de la Libia y del Océano de los atlantes.
Se rodeaba de hermosos eun11eos 1 de esclavas voluptuosas, de ef,ibos de formas armoniosas y de
bailarinas hábiles en representar lt1.s delicias variadas del himeneo y en despertar los sentidos
adormecidos por el licor de Dionysos. Le gustaba hacer morir á sus enemigos ó á los que creía
tales, ó sencillamente á los que le eran desagrada bles.
Parecía destinado á resucitar aquellas fiestas esquisitas en que los hombres vestidos con pieles de leopardo y
de jabalí eran arrojados á los perros
de Tesalia, al resplandor de los con: {,:
denados untados de betún y de nafta
y transformados en vibrantes antorti
chas.
Esta concepción bastó al principio á
Tito, principalmente cuando no era
más que el lugarteniente de su padre.
Pero la historia nos dice vagamente
que entrevió al fin que no sería muy
dichoso oyendo los lamentos de sus
víctimas y temiendo eternamente el
cuchillo de los asesinos. Prefirió satisfacciones más tranquils.s.

que se cerraba sobre su cuerpo, sembrado de esmeraldas y de ónices. Permanecía inmóvil, exasperada de encontrarse entre hombres ébrios y de
sentir su belleza inútil.
Dijo en voz alta en la lengua de su país:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenice, como se cuenta que murieron
por Cleopatra de Egipto?
A estas palabras, Lucio Flavio, personaje con•
sular, levantó la cabeza. Todo su cuerpo se estremeció sacudido por un gran frío. Era el único
que tenía el espíritu y el estómago libres en el
festín y se deleitaba viendo á Berenice. Pero como estaba oculto tras las tapicerías, nv lo había
apercibido la Reina Berenice.

~II

Era de noche.
Berenice hacía caer sus vestidos y su cabelle-

IV

II
Una noche, Tito y sus compafteros
estaban embrutecidos por la orgía. Habían comido de todo lo que producen
[
loo archipiélagos, las llanuras líbicas
,.
y los bosques célticos. Flores ardientes y perfumes raros disimulaban el
/
olor humano de la fiesta. Las esclavas
no podían animar ya á los convidados cansados
de vino y de caricias. Pero se continuaba comiendo hígados de mustelas y escaros, rubios muertos en el garum, lenguas de ruiseftores, salmue•
ras mezcladas con nieve y todos los frutos encantados de Sicilia, de Iberia y de Cartago.
Berenice de Judea estaba canstda, Yacía recostada sobre plumas de cisne y de avestruz, y
desde hacía largo tiempo n0 tocaba ni los vinos
ni los platos puestos sobre la mesa de citr a, con
embutidos de concha de tortuga, lámiaas de
plata y marfil de Mauritania.
Se sabe que Berenice era la fav:orita de Tito.
Ejercía esta princesa profundo dominio sobre el
joven .á.ugusto y se esperaba que la hiciera su
esposa. Poseía el secreto de las voluptuosidades
orientales, un cuerpo milagroso construido para
las hermosas actitudes y los bailes, ojos grandes
y suaves que podían expresar todos los sentimientos y la boca admirable con que había esclavizado César á Cleopatra.
Escuchaba distraídamente á tres esclavas que
imitabau la voz de los ruiseftores por medio de
callas húmedas.
Aquellas voces la transportaban á los jardines
de su país á las colinas de olivos, de vides y de
terebintos: cerca de los bosques aromáticos y de
las fuentes brotadas de las rocas, Veía sus cielos
implacables, sus crepúsculos rápidos y sus sec11.s
montaftas perfiladas sobre el horizonte resplandecientr..
Sabía que la vida es triste, árida y solitaria,
En el fondo de su memoria reaparecían esas breves horas eu las que se ha tenido la ilusión de las
cosas. Casi todas pertenecen á la ü:fa.ncia y su
recuerdo es obscuro como el goce mismo que han
dado,
Oía Berenice el aleteo de un en~uefto queno debía realizarse nunca y que había leido en tres
versículos del Cántico de Schelomo.
Sus pupilas profundas moraban ante ella; una
sonrisa confusa vagaba en su rostro pintado de
rosa, y brillaban su~ Is.bias . crueles y voluptuosos, La cubría un rico vestido de tela de plata

Los ojos de la reina no se apartaban de loa de
Lucio, Le gustaba aquella flama devoradora,
aquel amor acre como los perfllmes de su país.
-Lucio,-le dijo,-aun es tiempo de arrepen.
tirte de tus palabras. N adíe te ha visto entrar A
esta alcoba. Si no quieres morir, retírate.
Al pronunciar estas palabras, palpitaban aua
senos; tanto era el miedo de que el Romano le
arrebatase su suefto.
Pero él, altivo, respondió:
-No me arrepiento de mis palabras; eambio
mi vida por un solo beso tuyo, reina Bereniee.
Ella le contestó tiernamente:
-Porque en verdad, Lucio, no podrías vivir,
No conviene que un hombre guarde semejante
secreto.
Lucio alzó las espaldas ligeramente.
Ella sintió una voluntad profunda como el abia,
mo y el amor de cien siglos resumido■
en un solo hombre; miraba á Flavio
con · una especie de veneración y casi
de humildad, pero no olvidaba su pro•
mesa.
Fué suavemente á cerrar la puert11 y volvió sonriente á apoyar sua
roanos en los hombros del Consular,
Le dijo en voz baja:
-Tendrás más que el beso de la
reina Berenice, tu alma ha penetrado
en mí, estoy enferma del mal de tu
amor.
Y lo arrastró como la leona arrastra al león.

ra á la luz de pequeñas !Amparas de Siria, cuya
llama era clara y suave. Miraba su imagen en un
espejo de plata con la tristeza de su belleza inútil. Tito d,;rmía y la hija. de los reyes de Judá
tenía un corazón orgulloso. Desdeilaba las caricias ancilares y no quería comprometerse con los
hombres que la rodeaban.
Se hizo quitar por sus esclavas el polvo de su
rostro y de sus párpados, se lavó en agua perfu.
mada de jazmín. y quedó aún más bella que cuando estaba adornada, con su cuerpo fresco envuelto en una túnica de lino y en la noche fluente de
su cabellera. Despidió á sus esclavas.
Entonces, tendida sobre un vellocino negro,
pasó sus manos por su cuerpo y se dijo á sí
misma:
-¿Quién es aquel que moriría por un beso de
la reina Berenicei&gt;
Se levantaron las tapicerías y apareció un rostro moreno y lleno de energía:
-Lucio Flavio quiere morir por un beso de la
reina Berenice.
La reina quedó rígida de pavor. Pero se serenó oroato. Min, b 1 con arrobo al hombre que la
hacía semejante á Cleopatra.
- ¿Es posible, dijo, que quenis dar vuestra
juventud que es tan b&lt;illa y vuestras esperanzas
que soo tan g.andes po~ un baso de mi boca?
Lucio respondió:
-0, pongo por encima de la juventud y la esperanza. He sentidó mil veces el soplo de la
muerte en las bat1:11las y sé que siempre está próxima, ¿No es preforible que escoji mi hora? No
encontraría otra más bella.
Sus ojos contemplaban á Berenice. La suave
luz de las lámpar11s siriis mostraba todas las armonías de la joven oriental, su rostro, donde se
mezclaban en ritmo Pxtrafto la ternura ingenua,
la curiosidad insaciable y el instinto duro de las
hiJas del sol.
Lucio había nacido para adorar aquella bellez \, má; antigua y má;, profonda que la belleza
latina ó griega. Conocía todo su encanto por haber vivido eu la B.1bilonia y en la B.1ctriana.

Aunque fuese ya de día, no habfa
en la alcoba obscura otra claridad que
la de las lámparas. La reina de Judea
contemplaba cariilosamente el rostro
de Lucio Flavio dormido. Apenas ha•
bían pasado algunas horas y ya aquella cabeza le era más cara que toda
persona viva. Parecíale duro conaa•
grarla á la muerte, pero su alma orien•
tal nutrida de principios seculares ne imaginaba
que Lucio plldiese vivir. Tenía ademAs en el
fondo el ejemplo de Cleopatra, como un soldado
heroico la historia de los Mucios Scévol11, de loa
Dejanvias y de los Leónidas,
Lo despertó suavemente.
Lucio se volvió hacia ella con una sonrisa de
gratitud y de gozo.
-¡Ah! murmuró: ¿es verdad que se ha cumpll•
do mi deseo? Bendita seas, reina de Judea.
-Te amo, Lucio, y te lloraré eternamente,
respondió ella.
Después siguió un gran silencio. Afuera se levantaba la maftana, y los dos comprendieron que
había sonado la hora.
Lucio dijo con indiferencia:
-Estoy dispuesto.
Entonces Berenice abrió lentamente la puerta
y llamó á sus esclavas:
- ¡Socorro! Daovel, Abij!\, Mical.
.
Acudieron las mujeres y los eunucos. La onen•
tal dijo con voz clara:
-Este hombre ha penetrado en mi alcoba Y no
conviene que vuelva á ver la luz del día.
Los esclavos se apoderaron de Flavio y le ata•
ron los braz )S. Desoué, lo arrastraron hacia loa
departamentos de Tito.
El príncipe, que había dormido bien, estaba dt
buen humor. Hizo comparecerá Berenice Y oyó
los detalles de la. 11ventura, Supo que la reina ha•
bfa encontrado á Flavio oculto en su alcoba,
Flavio declaró. Dijo sencillamente que se había ocultado en el atrium y que al amanecer,
confiado en el sueño de los esclavos, hábla pene•
trado en la cám11r11 de la reina.
Esta historia que no podía excitar 11us celos,
interesó á Tito. Rel!ordaba que Lucio l!"'Javlo ha•
bía seguido fielmen~e á Vespaciano y que él Du
podía menos que a 111 bar sus servicios. Tuvo una
de esas crisis de clemencia que debían hacerlo
célebre después.
-Lucio, le dijo, tu crimen es grande y merece
la muerte, pero quizá has sido víctima deun diOI
cruel. Quiero proporcionarte la ocasión de rep•

Domingo 8 de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

rar la injuria que has hecho á la reina Berenice
y A tu emperador. Partirás para el país de los
Cattas que se han revelado y tomarás el manio
de las legiones y permanecerás alli hasta el día.
que crea que puedas volver á Roma.
Esta sentencia llenó el corazón del Consular de
gratitud nacia el Augusto y se pro ..ternó ante él
pero al levc1.ntarse se encontró con la mirada de
li&amp; reina.
Aquella mirada estaba triste, llena de desdén
y de desilusión,

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V

Berenice estaba hundida en un suefto melaneólico. Con los cabellos esparcidos permanecía
sentada sobre las pieles de animales y las telas
de seda, y veía por intervalos la belleza de su
cuerpo y el encanto de su rostro en el gran espe
jo de Neapolis.
Las tenues lámparas sirias alumbraban el lecho adornado de plata, de nácares, de púrpuras
y esmaltes. Había pocas figuras y ningún simuJaero de dioses, porque Berenice era fiel, si no á
las creencias, al menos á las repulsiones de su
raza. U na poca de mirra ardía en una cazoleta,
Pensaba la reina de Judea en la última noche,
Su cuerpo se estremecía, su alma se turbaba, Pero el disgusto amargo de la esperanza perdida
hacia odioso aquel recuerdo y execrab~e aquella
- turbación. Ber,mice se sentía humillada en su potencia y ee decía con de;iesperación:
-¿Qué filtro poseía, pues, la reina Cleopatra?
¿Por qué los hombres morían por ella? GSeria
acaso más bella que yo?
Después continuaba:
-Pero Lucio quería morir y hubiera muerto
aiu quejarse. ¿No hubieran aceptado el perdón
los amantes de Cleopatra? Perecieron ¡)orque la
necesidad los obligó á ello. Puedo creer que alguien ha marchado al suplicio por un beso de
mi boea.
Pero tales razones no podían satisfacerla. La
aventura parecía. un cuento y no podía siquiera
creer en la voluntad de Lucio.
Apartó de despecho su túnica. Se habría dicho
que todos los divinos escultores habían coopera•
do para modelarla. Unía la elegancia de la Ana•
diomena á las formas firmes y finas de las diosa&amp;
del agua y de las selvas. Su cadera era amplia
y robusta y Bin embargo ondulaba ligeramente;
sus piés pequeflos parecían poder conducirla tan
velozmente como los de un efebo hábil en la carrera.
La pequeflez de su boca era tentadora y no
era ni muy suave ni muy tierna la curva de sus
mejillas.
Se contempló largamente, y sus ojos se llenaron de asombro.
Sin duda Cleopatra era más hermosa, dijo, y
se puso á pensar en Lucio.
Vió su rostro moreno acercarse á ella con los
ojos llenos de amor y d" muerte, y no pudiendo
rechazar la duda murmuró con voz languidecida.
-¿Querrías verdaderamente morir, Lucio Flavio?
Como la víspera las tapicerías de púrpura se
levantaron; apareció el Consular con su barba
corta y sus ojos resueltos y dijo lleno de dulzura:
- Lucio Flavio quiere verdaderamente morir,
Reina Berenice, y no ha aceptado la gracia del
Emperador,
Sintió la reina que una vida abundante y orgullosa llenaba sus venas. Sus ojos resplandecie•
ron. :No podía cansarse de mirará Lucio. Se concebía igual y tal vez superior á Cleopatra porque
é;ite volvía á la muerte después de haber sido
salvado.
Repetía las palabras del Cántico:
...He buscado durante la noche al que ama mi
corazón,»
Y agregaba muy bajo:
-Lo he buscad 1 y lo he encontrado.
Y volvió el alba como el día anterior, pero
Flavio y Berenice nu se habían dormido.
Lucio habló.
~Ha llegado la hora, reina Berenice. Ni tú
puedes llamar á tus esclavas ni yo comparecer
ante el Emperador. Sería una irrisión, También
es peligroso huír. Sólo la muerte parece natural;
vuelve la cabeza si no quieres ver mi r.gonía.
1.A Ella se arrojó sobre él pero luego retrocedió
OM1Sta el muro ocultáddoee los ojos.

237

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- l - --/--.

~

·, .

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Lucio tomó un estilo de acero azul que llevaba escondido en su pretexta, hirió sin vacilación
porquo est11ba ejercitado y se dejó expirar dulcemente sobre los toisones y las púrpuras.
Berenice al principio temió volver la ·cabeza.
Había oído una caída sorda, un gran suspiro,
después el silencio, y se apoyabá enelmurotem•
blorosa.
Al fin haciendo un esfuerzo se volvió. Vió á
Lucio Flavio tendido sobre el suelo con el rostro
ya inmóvil, La belleza de la muerte comenzaba
á derramarse en él.
Entonces sed ,avaneció todo temor en el corazón de la reina, se arrodilló junto al cuerpo bien
amado y unió largamente sus labios á los labios
aun tibios del Consular.
Jamás ninguna ternura, ningún goce, ningún
dolor habían llenado hasta aque. punto su ser.
Repetía con arrobo mezclado de espanto:
-Al fíu soy semejante á Cleopatra, reina de
César y de Marco Antonio.
La hora avanzaba, Berenice con los ojos lle,
nos de lágrimas dió un último beso A Lucio é hizo venir á sus esclavas.
J, SOLDANELLE,

LA BARBERA.
-Francamente,mnchacha, tienes una mano maravillosa. En mi vida me habían afeitado con
tanta ligereza.
-Pues el afeitar á su eminencia no es tan fácil
como parece. En mi vida he encontudo una barba tan difícil.
-Sí, es muy áspera y recia, y, sin embargo no
me has cortado ni una sola vez.
-Porque soy una barbera única en su clase,
-Te daré un di,:&gt;loma con mi sello cardenalicio.
-Mif gracias, seftor.
Acto continuo, la barbera volvió á enjabonar
el rostro del cardenal.
-¿Te has vuelto loca?-dijo éste-¿Qué vas á
haceri&gt;
·
-Hay que repasar la barba de su eminencia
para hacerle los honores que le corresponden,
-Cuidado, muchacha. Creo que me adula~, y
has de saber que no me gusta cierto género de
lisonjas.
-Si fuese yo aduladora no habría dicho á su
eminencia que su barba no es fácil de afeitar.
-Tienes razón. Haz, pue&amp;, á mi barba los honores que quieras, y veremos qué es lo que aún
tiene que afoitar tu admirable navaja.
-Mucho más de lo que su eminencia puede suponer.
y la b1:1rbera volvió á pasear su navaja por el
rostro del cardenal.
-Eres única en el género.
-Y hoy más que nunc'I., puesto que se realiza
el suefto dorado de mi existencia.
- ¿Qué quieres decir con eso?
-¿No se a:merda su eminencia de haber hecho quemar vivos á unos hechiceros de Santa Ma·
ría de los Angeles, en la provincia de Alicante?
-He mandado á la hoguera á tantos hechiceros, que no me es posible recordar lo qa.e me dices.
-Mo refiero á unos gitanos ....
-También han sucumbido muchos en la hoguera.

-Aludo á una familia cempuesta de once personas.
-¿Qué significa eso ante el número infinito de
herejes cuyas almas ha purificado el fuego? ¿Y
qué relación hay entre su muerte y el sueno dorado de tu existencia?
-El día que su eminencia hizo quemar vivas
á las once personas &lt;:le qu.. hablo, tenía yo cinco
aftos. Hoy tengo dieciocho. Pues biE,n, durante
los trece aftos que noa separan de aquel terrible
día he a!imentario mi corazón con 111, esperanza
de que habría d_e llegar el momento en que pudiera hacer la bar ha á su eminencia.
- ¡Con qué suavidad me afeitas mientras vas
hablando!
-Su eminencia no comprende la alegría inmensa que, como buena católica. experimento al
ser la barbera titular del gran inquisidor que ha
hecho perecer en la hoguera á tantos herejes y
hechic~ros
-¿Y estás segura de que serás al fin mi barbera titular?
--Su eminencia es demasiado justo para negarme semejante privilegio,· después de la brillante
prueba que estoy haciendo. Pásese su eminencia
la mano por el rostro y dígame si no está tan liso
como la cara de una doncell8. ¿Quién podría hacer A su eminencia la barba de una manera tan
primorosa cvmo yo?
-¡Nadie, nadie!. . . . Tienes razón, y desde
luego quedas combrada, como deseas, mi barbera titular.
-¡Dios sea loado! ..... .
El cardenal, al pasarse la mano por la barba,
encontró un pelo áspero y solitario 4ue le había
dejado la barbera.
-¿Qné es esto? ¿Por qué me has dej ,do este
pelo?
-Temía hacer dafto á su eminencia al afeitárselo. Es un pelo cuya raíz es muy profunda; tan
profunda, que llega hai;ta el corazón,
-Decididamente estás local
- Nada de eso; por más que su eminencia opine lo contrario.
-Te advierto que si tu razón no está firme, te
retiro el título de barbera que acabo de conferirte.
-Crea su eminencia que no lo seré por mut'lho
tiempo. ¡Lo juro por Santa María de los Angeles!
-¿Por qué lo dices? ¿Porque estoy viejo y no
est&gt;1 lejana mi mu~rte?
-Eotá más cerca de lo que su eminencia puede sospechar.
-¿Qué quieres decir con eso? Habla, dL .. ,
La barbera blandió su navaja, cuyo filo había
aguzado con la palma de la mano y dijo al cardenal:
-¿Tiene empeflo su eminencia en que le efci•
te ese pelo cuya raíz es tan profunda, tan profunda -íUe llega basta el corazón?
-Sí, tengo empefto en ello, pues quiero que mi
piel quede tan limpia como la tuya.
-Y como mi conciencia también,
La barbera besó la hoja de su navaja, y luego
con voz grave y gutural exclam5:
- Hace trece ailos que en Santa María de los
Angeles, en la provincia de Alicante, fueron quemados vivos por orden de su eminencia once gitanos considerados como hechiceros, Eran mi
padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas y
mi primo José, que más tarde debía ser mi esposo.
Y mientras el gran inquisidor la contemplaba
lleno de terror, inmóvil ante las mágicas miradas con que le tenía petrificado, la barbera le
degolló de un solo tajo, amplio, profundo y lento, murmurando once veces:
-¡Aménl
JUAN RICHEPIN,

PARA ENTONCES.

Humilde, aislada, triste y escondida,
así quiero mi tumba, oíd mi canto;
que sea como mi vida:
humilde, aislada, triste y eecondida
y como ella, mojada por el llanto,
MIGUEL E, PEREYRA.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899

EL MUNDO.

220

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

los vivos suenos, haces resplandecer los tdeales que el
destino de pueril veleidad Cescuelga entre rosas, la
última noche del invierno, cuando arde sobre la ca•
beza la simbólica fiesta de los Reyes que llevaron á
los creyentes camlnant,es á Betlem y A nosotros á la
tumba! ....

•••
Est,e semanario consagra hoy unas páginas al recuerdo de la ópera que dura.ate la corta tt:!mporada de
Orrin, impresionó más completa y justamente al público melómano. Fedora tué la última mujer á quien
acariciamos en nuestro ensueño.
Nos pareció muy bella y elegante, y nos hizo olvidar por algunas nocbes á. la melancólica. Mimí. Le
hemos dado con tristeza, el abrazo de despedida.
Donizzeti, Cbalia y 8igaldi, bao sido los héroes .
Sigaldi interpreta de muy brava manera el Loris de
Federa. Tiene arranques de pasión y ternura que
conmueven basta las lágrimas. Ha sido aplaudido
con todo entusiasmo.
Después d~ tan inquieta temporada., se van los ar•
ttstas de Orrin. Quizá no vol vamos á ver á muchos
de ellos.
¡Pobres! ...... 1 P&lt;Jgliacci!

El fria ha. comenzado sus nocturnas correrias por
]a ciudad . Las primer~s tm;~s del invierno se o~en á
lo lejos como un coro de vleJOS cascados, á semeJanza
de los de la Kermei$se del Fausto.
¡Oh, las nocheti de invierno! En los cielos la mística florescencia de los astros, las grandes lunas blancas, y en la. ciudad dm mida, en las calles solas, barridas por el cierzo, el gendarme acurrucado frente á
la linterna anémica, el can que trota en busca de un
abrigo, de on umbral, de un vagabundo quizá á
quien acercarse pa,a sentir menos dure el dard o del
frío. El eco devuelve las pi~adas de un rezagado de
la callejuela, se muere á la distancia el rodar del CO·
cbe, el vendedor á tiempo dobló la esquina con su CO·
mercio á cuest.as. y los i,ospechosos, los ebrios, los
desO"raciados, ,las pecadora~, ó el oficial á caballo, tur•
baoº esa calma de Ja atmósfera congelada. Pero qué
calor se adivina t.ras de los visillos de los balcones,
allf en las rendijas de una puerta, y en la estrel,la de
un respiradero.
Las meditacloneo de un abarrotero que recuenta la
venta; en la cantina et último diálogo incoherente
de dos obstinados; más lejos el triángulo de un velador de porcelana y en. torno cabezas bajas que leen la
novela ó cuentan los hilos de la femenina labor; en
un ventanillo pobre la flama inquieta de un velón de
estudiante; tras de la malla, salpicada de pájaros y
flores, el abat jour carmesí que salpica de rubíes
el dorado de los espejos, enciende la seda de los
cortinajes ,y finge como una penumbra de horca•
za. Suena el plano; casi se adivina el aroma del té,
más lejos aún el candil de los saraos, y en la placa
negra de las tachada.'-, bay un sólo balcón abierto de
par en par, uno solo que deja penetrar el soplo
glacial, uno que arroja intensas y luminosas boca•
nadas. El que pasa y lo mira siente miedo y tristeza;
es un muerto; cuatro flamas largas y tranquilas de
cirio, lo denuncian. Puedes entrar, invierno, es tuyo,
cedió como las bojas de los árboles, las amarUlas ho•
jas que aletean un punto, no para vo1a.r sino para
caer!
y desde abara pienso en la muerte je} ano, en la
anemia agónica, símbolo del eterno reposo del no ser,
pienso en les meses invernales, los meses de los re-cuerdos lejanos, de las evocaciones tristes, de las resurreciones queridas, los meses en que se avista después
del vario viaje, una playa, la última quizá, la de la
vida desierta de los caldos, ó la florida ¡ay! que no es
sino un oasis marino y fugaz en el desierto de las
aguas amargas, las que mecen 6 fustigan, cantan ó
clamorean la amenaza ó la sentencia. El nauta recuerda entonces los paisajes lejanos, la salida del sol,
la nube, el pija.ro, la siesta, las espumas, la estrena
vespertina, las tormentas que. pasaron, las quietudes
gratas ó el implacable ruego de las tardes de fiebre.

••*
Por lo demás, la semana teatral, monótona y sin
accidentes como un pedazo rle Sabara. ba t.enido su
oasis: el beneHcio de Rosa Fucrt.es. Ha adquirido la
hermosa artista grandes shnpat.ías entre nosotro.:i, y
sobre ella. flota uoa admiración en continuo aumento, porque Rosa está en estos instantes plena 1e vi•
gor y de tuerza.

Ida la Cbalía, nos quedamos con el género chico, y
la esperanza de que llegue cuanto antes SienL
Mientras eso sucede, di vertámonos con aplaudir
las maripoeas de las lnstantáneas.
No queda. otra cosa.

EL MUNDO.

slones y sentimientos que expresa la letra, que la interpreten fielmente, la acentúen y la subrayea, y que,
sean su imagen acabada y perfecta. Supongamos que
la let,ra. bable de amor; pues bien, ese amor ba de ser
de por fuerza, 6 tierno 6 impetuoso, ó melancólico ó
regocijado, y el músico, eligiendo los matices é inflexiones características, puede cantarlo tal y como el
poeta lo describe, sin incongruencia, sin disparate;
recíprocamente apoyadas, mutuameot,e sostenidas y
acentuadas, la poesia ganará con asociarse á la música
y la música ganará con inspirarse en la poesía, resultando de ese noble y fecundo consorcio una ot ra de,
arte superior, más estimable que la sola ,poesía y la
simple música.

SI este principio se aplica á las complicadas pasiones del drama, si se armoniza su juego, st se sig ue su
evolución, si se cbs~rvan las transiciones, resultará el
dtama lirlco1 concepción estupenda. del genio mo•
dern o.
Pasando de las pasia11es á las situaciones se observa.
un becbo análogo. La música puede pintar las situaciones de una de dos maneras, susceptibles de co mbinación: describiendo los sitios, los panoramas, los
ruidos y sonidos naturales: rumores y cantos de aves
en las selvas, fragores y truenos en la te mpestad,
clarines, vocerío y estamp!dos de caíión en la batalla, sacudimientos, ruidos subterráneos en el terremoto. Con elemento&amp; musicales pueden describirse el
valle florido, el arroyo susurrante, el mar agitado, loa
múltiples rumores de una ciudad, el silencio, la quietud de una alcoba, la confusión y el desorden de un
momento de páalco.
Además, se puede pintar una situación con reminiscencias de pasiones anteriores, con recuerdos de he•
chos pasados ya descritos, con ideas y emociones y&amp;
experimentadas por el personaje y de antemano expresadas lfricamente. En el momento del desengai'io puede evocar la música las ilusiones del pasado;
en el instante de la muerte, los episodios capitales d&amp;
la vida.
Para esto la voz humana no ba.c;ta ya y entra á figurar, con sus Inagotables y poderosos elementos, la orquesta. En tanto el personaje canta sus penas y sus
alegrías, sus desencantos ó sus esperanzas, la orquesta hace desfilar ante el espectador una sucesión de
cuadros vivos, de recuerdos extinguidos, de sensaciones muertas¡ mezcla su voz á la del personaje, pinta.
su situación, describe los e~tados del alma siempre
complexos y completa y acata no cuadro maravilloso
de verdad y de belleza, análogv,c-..mgruente,consletente, vasto como un panorama y complexo como un mo•
numento.

EL DRAMA LIRICO.

!

PANTEON DE DOLORES.
MONUlIENT(l DEL SR DR. JOSE MARIA. MATA.

••*
Con estos elementos y dentro de esos princi pios,
Wagner podrá describirnos la stlva en que sueña..
Stg!redo y en que le bablac. las ~ves; nos h ará penetrar en las purísimas linfas del Rbin y asisti r al jugueteo de sus Ninfas y al cabrilleo de tiUS ondas; ha·
rá flamear y chisporrotear en la orquesta la hoguera
de Brunllda como la !ragua de Mimo y nos bará asistir á la destrucción de los mundos y de las di vlnida,
des en el crepúsculo de los dioses. Verdl nos hará
sentir el desplanamlento de toda el alma y de ~
las energías de Otelo en la escena de las revel aciones
de Yago, y nos hará vivirla vida del héroe, sus t rlun•
!os, sus glorias, sus amores y su crimen en la escena.
final de su admirable drama.
Puccinl, en la Bohemia, nos transportará en alas de
su genio de la buharda miserable y lrla á la t urbulenta y alegre verbena, á la solitaria barrera y al le.
cho de Mimí moribunda cuya alma inocente, cuyo
corazón tierno, cuyo amor abnegado, nos habrá becbo absorber en cantos y armonías, y Giordano en
las impreciClones de Fedoru ante el esposo muerto,
en el formidable y admirable raconto de Loris, 00&amp;
impregnará de las pasiones, de las ansias, de los
odios, de las penas de sus personajes y uos hará vivir
su propia vida, llorar sus mismas lágrimas y expiar
sus crímenes como si fueran nG.estros.
La música, que era ya un arte con los si n!ontstas,
acabará. por ser el arte por excelencia., la manltest&amp;-ción suprema y la síntesis de todas las artes, porque
con el drama lirlco ha llegado, sin dejar de ser md·
sica, á ser poesía, pintura, naturaleza y vida.

221

I

*••

El drama Urico no es tan sólo, como muchos lo
creen y como por largo tiempo fué comprendido, un
drama cantado y acompafiado de música. Sl esto fue•
ra asi, merecerian y llevarían tal nombre 1a cLucfa,&gt;
de Donlzzeti, como la «Sonámbula,&gt; de Bellini; el
cOtello,&gt; de Rossini, como «Los Lombardos,&gt; de
Verdi; babría drama lírico donde quiera que sobre e\
monólogo de Hamlet se escribieran unas peteneras
ó sobre la locura de Ofelia una arla de concierto.
• *
No; el drama lírico, propiamente dicho, parte de
En invierno el alma hace su balance; diríase que otro principio, y aspira á. la realización de otro ideal,
pronta á partir receje su tienda, quema sus tesoros, tiene otras raíces) otra flo:ación, y entre el dra.ma
desconfía del maílana, se sieute arrastrada á la me- cantado y el drarua Ur:co media el abismo que separa
ditación de t:Se elomente aviso que le dan los pájaros lo convencional de lo real, lo artificial de lo natural,
1dos, los árboles desnudos, los surcos quejumbrosos lo verdadero de lo falso.
de hojas secas, el cielo tachonado de estrellas, como
página obscura. de áureos y amenazantes leyendas ca*·*•
balísticas, y, mojados los ojos en ternuras inmensas,
evoca lo más puro y lo más lejano.
El drama lírico tiene por objeto la interpretación
Como un vlej1J, piensa en los ninos, porque ¡ayl en musjcal
de las pasiones humanas y la descripción de
torno de esas caberas pensativas, abrumadas de dolo• las situaciontS de la vida. Su punto de partida es el
re8 y de canas, chispean los ojos azules, y la misma hecho incontestable de que las pasiones ano expresa•
1
flama del hogar juega en la nieve de los que se van, das con meras palabras, incluyen y entrafian
un ele•
y en los rizos de oro de los que llPgan.
mento musical !unC.amental, y de que )as diversas
En tnvierno1 las creencias visten las vestes blancas, situaciones
de la existencia no dejan de ir &amp;.compa•
los órganos severo&amp; entonan el canto pastoril de las nadas de sonidos y ruidos que, musicaUzados, pu~den
misas de Aguinaldo, Dios se bace niño y ríe, y en describirlas y caracterizarlas. Comencemos por las
torno suyo suenan ]as risas de la infancia, los cara• pasiones: es evidente y de cotidiana observación que
millos, la flauta de los églogas. . . . cuando los cam- cada género de pasiones se expresa por gritos, gemi•
pos, yertos de frfo, amarillean, y las almas se vuel- dos, rugidos, murmullos peculiares y propios, y si se
ven como la regia caravana, á la estrella de un Be- expresa de palabra, por entonaciones é inflexiones de
tlem remoto.
voz, que bastan á hacerlas conocer. Por sólo la tona•
Tú eres de invierno, ¡oh, Arbol de Navidad, oh Hdad
aguda ó grave de la vez, por su intensidad, por
árbol de !rondas muertas, de balsámico olor, ob pino la
ó lentitud de su emisión, por las inflexiode las soledades montaiiesasl Cómo te visten de es• nesrapidez
del grave al agudo y del agudo al grave, por los
carcba, cómo enredan á tus vacilantes hojas los hilos intervalos
tonales que median entre las silabas y las
de plat.a, cómo las luces de colores arrancan chispas
palabras, se puede saber si una pernona está triste ó
á, la maravillosa flequería, cómo el heno cubre los
alegre, enamorada ó entusias_mada, si cree ó si duda,
frutos relucientes, el juguete codiciado, el rosetón de si
teme ó espera, si siente ó finge. Las inflexiones y
oro¡ cómo se mecen üual maravillosos frutos, el ángel
tonalidades
de la ironía no pueden contundirse con
de cera, la bolsa de dulces, la joya, el arabesco de
cristal; cómo tu vejez infecunda se adorna y se dis• la.s de la desconfianza, ni las de la interrogación con
de la admiración.
traza con riquezas de altar y fiestas de luz, para que lasSiendo
esto así, es perfectamente posible, estu•
las manos de los ntnos, una por una, te despojen de
dlando á. rondo las inflexiones de la voz bu mana y
la efímera opulencia! . ...
¡Ob espíritu, cómo en el iov!erno que te entumece acentuando y baciendo se destaque su elemento mu•
y te doblega, te vistes las mejores ilusiones, prendes sical, escribir cantos que se cman de cerca á las pa-

•

Domingo ! º_de Octubre de 1899.

MONUNENTO DE DON MELCHOR Ü CA:lrPO.

En el P anteón de Dolores .

La Ur lols d e l T ransvaal.

Los dos monu:J.entos que figuran en esta página son
1ie los últimos que se han concluido en el Panteón de
Dolores y la parte escultórica de uao de ellos el del
:~- Ocampo, fui; objeto de observaciones, ati~1.das ó
pero sinceras, que estampamo:i en estas columnas
&lt;&gt;uóando se exhibió en los salones de la última Exposi1'1 ? Nacio nal de Bellas Artes.
d
de ello lo que fuere, este monumento como el
ttfi ~~ Dr. ~Iata ba sido dedic•do por la piedad
') a hombres em1nen~es de nuestra hJstorJa aate
08 cua1es nos incliaamos con respeto.
'
c':,as huellas del Sr. Ocampo son de gloria para Mé•
11
tim'
Ydon.de quiera que su nombre esté escrito sen•
patrtótlco orgullo, porque ese nombre es de Jo·
JUed onran á una nación, graude ó pequeiia obscur~
v po erosa.
'
Sr Utdo al Sr. Oc,mpo por vlculos de parentesco el
&lt;¡u·e ht~ª lué tambléa tldelfslmo á los principios
lié c eron grande Y augusto entre los héroes de
xI00 al mártir mtchoacano.

El mapa que publicamos dará á nuestros lectores
una idP.a del Ferrocarril estratégico de la Bahía dti
Delagoa á Pretoria, asf como el.el campo de manio•
bras de la frontera entre el Transvaal y la "'OSesión
portuguesa.
rSI de.sgr~cladamente c1mo lo hacen presumir todos los lnd1clos, se desencaddna la gu~rra ang lo-sud.
africana, los lectores de e El Muado Ilustrad.o&gt; podrán ver en esta carta má.s de un Jugar que ilustra•
ran glvrlo~os y trágicos acontecimientos militar~
Como siempre que surge un conHlcto entre dos
pueblos todo el mundo se da. á. bacer suposiciones so•
..,re los recursos y las tuerzas respectivas de !os ad•
versarios, divfdense en sendos bandos l;1s opiniones
se pronun_clao fallos proféticos favorables á aquiÍ
tras de quien se van todas las simpatías.
. En el caso presente, hablar dP. los medios de ac•
c1ón de Inglaterra es laútil : la primera potencia na•
val y. uaa de las más formidables en empresas de
conquista, no admite comparación con la diminuta
republlqu1lla de pastores que preside Krüger, pastor .... protestante.

r

ºb

Sin emba_rgo, la desigualdad misma de las dos naciones, la d1 versidad de tipo social Y de medios de
combate con que cada una el.e ellas cuenta nacen in•
teresante y curioso el comentarin.
'
Por eso los periódicos hablan, ya de los procedi•
mtent.?5 de guerra de las naciones civilizadas, ricas Y
coaqmstadoras, de los procedimientos de la guerr¡¡
n:ioderna en una palabra, ya de las cualidades de re•
s1stenc~a de ]os pueblos poco adelantados, hostiles al
extranJero, independientes, virtuosos, f-obrlos, bábiJes para todos los ejercicios viriles Y dominados or
alguo fatalismo rellgloso ,S político. En preseactlde
este conHlcto, la duela de la mayoría sobre el resulta•
do fln~I de la- coatienda no es muy grande, or ue no
es posible creer ea la inagotabilidad de 1of re~ursos
del débil en Jucba con un fuerte que es persevsrante·
pero en camhlo son pocos los que no teman que ei
patriarca de Prett,ria presidirá al suicidio glorioso d
un pueblo.
e
MIPntras_el cable no nos traiga la noticia fatal de
un rompimiento, esperaremos que el conflcto se allane con medios pacf Jicos y lo esperaremos ansiosos.

M.\PA DEL TRANS 1tAAL CON EL FERROCARRIL ESTRATEGICO
DE DELA GOA QUE PASA POR PRETORIA.
'

�.l!lL .MUNDO.

22.2

... .

Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

Domingo 1 ~ de Octubre de ~899.

EL MUNDO

223

EL SUCESO ARTISTICO DE LA TEMPORADA.

....

LA FEDORA.

odiarlo, tiene el propósito de vengar á Vladlmiro,
Lo ama y lo denun•
cla como autor del asesinato. Loris le ha confe¡¡ado
RU deW,o y ella escribe una carta delatora. Pero el
delincuente le revela des¡&gt;ué,; toda una historia dolorosa de pasión infeliz, de traición y venganza. Vlay sin saberlo ama al matador.

Pocas veces noshi dominado con tanta fuerza el pofler suge~t1 vo de 1a. mú ...i,.;a como en el primer acto de
FWJJra. Tórnase en palpitante realidad un mundo
remoto, que hemos habitado en espíritu como una
patria literaria amada tiernamente, y lleno de recuerdos: en ese sillón está la enigmática barina, junto al samovar, arrullado pur sus rumores, sueña largas horas el conde Katilint:; s.e oye el ruido de los
trlnP.os que surcan silenciosam~nte la nieve endurecí-

SR. ALFREDO D01'11ZZE'l'TT 1
Director de On,u~sta de 1,. Com~•ñla de Ope,a de O:rin.

SL. M. SIGALDI,
Tenor de la Compañia de Opera de Orrln.

da. Olvidamos el drama de Sardou para recordar escenas más reales que los personajes del teatro francés, y la imaginación, que es ligera; y la música, que
es omnipotente, nos traen ev0caciones voluptuosas de
la Rusia de Turquenef.
Junto al salón está la alcoba en donde expira el
conde Vladimiro, víctima de un atentado misterioso.
La policía interroga á los criados, todo _lo invest iga
escrupulosamente para castigar el dd1to¡ Feil.ora,
prometida del Conde, está anisosa por saber el nombre del malhechor, para vengar á su novio. Hay presunciones que acusan á Loris, dueño del palacio frontero: corren allá loi- agentes, excitados por los gritos
angustiosos de Fedora.... . . Ent retanto Vlad1mlro
muere.
Pasa el tiempo. Fedor11, da una recepcl5n en su
casa de París. Loris la corteja y el.la, que cree

dimiro era amante de Wanda, esposa de Lori~; éste,
se desposó en secreto cou ella y ~u~ engañada vilmente: cuando Lorls det.cubre la tra1c1ón, mata á Vladimiro en lucha franca. Fedora vt las pruebas, cartas.
de Vladimlro á la infiel esposa de Loris; ya no puede
amar el recuerdo de un au,or pérfido, i.ma á quien,
como ella, fué víctima de Vladlmlro, y ese amur no.
tiene obstáculos, pues Wanda. ha mutrto.
Los amantes vi ven en un c·halet de Suiza. Son fe.
llces allí: olvidan las antiguas penas y el germen de
trágicas desdichas que arrojó entre los dos la delación

Io vi prego come si prega Iddio.

de Fedora. Un día llegan cartas de Rusia, cartas fatales que anuncian nuevas de muerte. Valeriano,
hermano de Loris, preso por la carta delatora, estaba
confinado en una fortaleza á orillas del Volga. Una.
creciente del río inundó la prisión y Valeriano pereció ahogado; su muerte mató de dolor á la madre
Infortunada.
La situación es horriblemente cruel y más cruel
aún por el contraste entre el abismo de negro;i odios
que separa á los amantes y los recuerdos de su '.iivino
idilio, blanco y puro como las nieves alpinas que c!errall el hc.rizonte de su nido. Cuando estalla Ja amenaza mortal en los labios de Loris, Fedora bu~ca en
el suicidio un perjón que la vida baria impusible y
muere entre los brazos del amado.

Fot . Lange.

-~.-.

Fot. Lange.

¡Parla!
~ectos humanos, la lucha con el destino inexorable, con las leyes de la
11aturaleza, en una palabra, cou la voluntad de Dios· mientras la comedia
-estudia al hombre en sus relaciones con otros homb;es.
Pero siga~os el hilo de la acción del drama. La situ11ción de impor1anela que s1gue es aquella en que Loris le pregunta: «¿Qué sabes tú?»
Ella responde: _«Nulla io s?,» dando á entender con esto que el amor que
eie&amp;te por Lor1s ha l!recido, aunque ella misma no sospeche siquiera
que exiote.
Este ª!Dº r que siente su alma y que su conciencia ignora, no impide
,que e1~r1b~ la carta fatal (ótra manifest lCión de sus ímpetds salvajes] que
1&gt;reclp1ta violentamente el desenlace en el tercer acto.

Di. vendicarte io giuro.

Fot. Lange.

El ~mor vence. Las sospech 1.s de Fedora desaparecen y con ellas el
propósito de venganza qn.e tantas veces juró.
Suena la hora fatal. Han llegado las cartas de Ru.sia con sus funestas
noticias para Loris.
Inútil la congoja y desesperación de Fedora. Exclama: o:Che feci? Son~
io che li uccisi!»
En ~l mo~ento sup~emo, cuando Loris la acusa, la maldice y la atne•
na.za. 1mpehda. por la impetuosidad que la caracteriza apura el veneno
diciendo: «Non uccidP.rme. Gu11rdal E la mortel. . • . '
Y la música de la Fedora de Giordano? Ne tengo palabras para expre.
sar lo mucho Que me encanta. Tuve la fortuna de interpretar el papel de

--- - -

MI IMPRESION DE "FEDORA"
El conde Vladimiro Andrejevich yace moribundo en la alcoba contigua al salón. Los implacables 11gentes de la policía interrogan á los a f igidos criados del conde, que no aciertan á aclarar las circunstancias del
misterioso atentadu. La Princesa Fedora Romaozoff. prometida del moribundo, rindiéndose al dolor, da suelta á un torrente de lágrimas amargas· mas de pronto se yergue, exasperada por la torpeza con que dt&gt;c_laran' los criados. Cirilo, el cochero del conde, acaso lo sabe tocio y la princesa le grita: «¡Parla!»
. .
Acaricia felioamente á Dm1tn, el peque:lio g?·oom, par11. alentarlo, y cuando comprende que nada s1tbe, lo arroja de su lado con desprecio, y con
acento de rabia le dice «1Sciocco!»
Los gemidos dolorosos de Vladímiro la despiertan de sus sueiios de
venganza, y vuelve á aparecer en ella la mujer tierna, atribulada_por bon da
pena. Se dirige hacia la puerta de la al,coba y ~uega qu_e la dt&gt;~en. entrar.
&lt;Prego come si pre~a Iddio,-salva_~e lamo~ mio,» le dice nl ciruJan().
En este rápido vaivén de contranas emociones, colma su alma de desesperación la apatía rutinaria de la justicia, y ~or la cruz que lleva al
cuello jura. sacrificar en aras de la venganza, su Juventud y su corazón.
Cuando ve la'I sombras de los agentes de la policía que di3curren c11utelosamente de una á otra estancia en el palacio del presunto acesino, Fedoi·a, fuera de sí, grita: «Prendetelo,» y luego exclama con feroz alegrfa:
o:L'ha.n presso."
La idea de la venganza domina en su alma los sentimientos de piP.dii.d
y de amor hasta qae el cirujan? anuncia _la muerte de Vladi~iro y transforma de nuevo la fiera vengativa en muJer desconsolada y tierna.
He aquí la clave del Mrácte~ de. Fedol'a tal ~omo la pint,a S.ird)u, se•
guido al pie de la letra por el libretista Col_lantt1.
.
Creo que según los prec~~tos de los críticos más acreditados toda obra
drtimática tiene una expos1s1ón, un nurlo y un dest'&gt;nlace.
El dramaturgo francés, siguiendo las tradiciones de rn patria, se ajusta al canon del filósofo griego, y en el primer acto, pinta los rasgos característicos dominantes de eus persona.Jea.

·Napoleón dijo que todo ruso ocultaba uno alma de cosaco, con lo queen mi concepto quiso decir, que la educación y la aparente suavidad demoda les no impiden que los rusos se dejen dominar por sus instintos de
ese salvajismo. cuya nota dominante es, 6egúo la idea convencional que
de él tenemos, el espíritu de venganza un!do á una impetuosidad incon•
tras table.
No es aventurado suponer que este convencion11lismo y el famoso epig-rama de Bonaparte, sirvieran de punto de partida en la creación de la
Fedm·a de Sardou.
Nos presenta con gran habilidad 11n tipo de mujer dominada por sentimientos y pasiones de extraordinaria potencia: el amor, la superstición,
el odio y la venganza, el desprecio á los cov vencionalismos de la vida
, civílizada, todo revela en Fedo1·a un ser pasional en g rado sumo.
Verdad es que tuvo que elegir entre una violación de propósitos sagra•
dos para ella ó cumplir su venganza y ver morir á un hombre inocente á
quien ya amaba.
En la acción moral dPl drama predominan dos tendencias que deter-•
min11n el carácter de Fedo1·a, la venganzll tradinfonal v la impetuosidad
salvaje.
•
Estas dos tendencias explican el fatal juramento del primer acto. En
el segundo,-la parte media ó el nudo del drama los dos afectos unidosproducen el enredo que culmina. en la confe;ión de Loris obtenida
por los artificios de Fed01·a, en la carta acusadora, y por últi~o en la fe•
roz alegría con que dirige á su víctima la terrible acusación: «¡Assas·
sino!»
Asesino! Así increpa al ~ombre á quien ama sin saberlo, y esto pocos.
momentos después de sentir el alma iluminada por la esperanza de com·
probar la inocencia de Loris.
En_ esta _escena agota el autor todos lo~ recurFos d"l arte : no puede ha·
ber situació~ tea.tr~l más conmovedora. No creo que alcance laa altura~
de la tragedia, y digo esto porque en mi opinión la tragedia sólo ve lo~

Fot. Lange .

Prendetelo.

Nu!laio so.

l'ot. Lange.

�Domingo 1 ° de Octubre ele 1899

EL MUNDO.

224

Domingo l::, ~e Octubre_~e 189G.

EL MUNDO.

225

EL ESPIONAJE INTERNACIONAL.

Recuerdos del Primer Imperio.
Sería curiosa é interesante una historia del espionaje militar; sería más dramática que la historia de
}as revoluciones.

Con sus episodios se formaría una

gran novela de diplomáticos astutos, de polizont es

Eri tua Assassina!

Fot. Linge.

Magdalena en las primeras representaciones que se dieron en América de
y ahora por nna carnalidad feliz me veo interpretando su
li'edora.
Muchas veces me pregunto ctmc, podremos honrar Jo bastante á un hombre que c:-eó obras que tanto deieitan, inspiran y ennoblecen al ~énero
humano.
[
.And1·és Cheniéi·

Ghefeci'f Sono io che li uecisi.

Fot. Lange,

Escribe la carta.

Su Andrés Chenier teca las lindes de la perfección. Si de su Fedora no,
se puede acaso decir lo mismo, es tal vez por las limitaciones del drama.
de Sardou que obstruyen de vez en cuando la caudalosa corriente(deinapiración del gran maestro contemporáneo.
México, 21

de Septiembre de 1899,

Ro!'ALí A CHALíA,

Fot. Lange.

Fot. Lange.

Non uccidenne, Guarda! E la morte.

vendidos, de barbas postizas, de ant~ojos azules, de
suicidios y resurrecciones que dejaría muy atrás los
folletines montepinescos.
Como prueba de ello referiremos dos anécdotas,
una cómica, y trágica la otra.
Cuando penetraba Napoleón en los dominios del
Czar el afio de 1812, el gran cunquistadur se preocup.1ba como es de suponerse por conocer la topografía
del Imperio moscovita.
Sabia que el estado mayor ruso acababa r'le imprimir una inmensa carta, cuyos ejem piares, numerados,
se repartieron entre los principales jefes del ejército
de Alejandro.
¿Qué hacer ? La habilidad del General Lauriston
resolvió el problema. Sin saberse cómo ni cuándo, logró el jere francés sustraer no un ejemplar del mapa
sino todas la.~ plancha.~ de cobre que sirvie1·un para hace1: la
impresión. Ba.jo las narices de los oficiales del estado
mayor ruw, sa.có el General Lauriston la masa enorme de planchas depositadas en el Arsenal de Peter,sburgo.
Se hizo una edición de la carta en París y tr es meses después, t0dos los 'jefes del ejército invasor tenían
un ejemplar del precioso documeot o geográfico que
no se hubiera podido consegu!r en Petersburgo á
precio de oro ... ..
La otra anécdota es menos conor&gt;.ida tal vez, aunque tuvo un desenlace dramático. Como la anterior,
data del prlmer imperio.
La escena pasó en la capital austriaca el afio de
1809. El futuro suegro de :Napoleón se preparaba pa.
ra una nueva guerra contra Francia y esperaba sólo
para abrir las hostilidades que se retirara de Viena
el Embajador francés que era á la sazón el Gen~ral
Andreossi.
El Emperador de Austria comprendía que la lucha
decidiría para siempre de la t.uerte de su imperio y
es probable que como lo temía el soberano, el Austria hubiera sido borrada del mapa después de la batalla del Wagran que terminó la campafia, si la. ambición con la máscara del amor no hubiese traído un
desenlace de comedia burguesa a aquella tra1?edla polltlca, -el matrimonio del nuevo Carlomagno con la
bija del César vencido. Pero esa peripecia no podía
dreverse en 1809 y el Emperador de Austria, resuel-

PAL~CIO MUNlCIPAL DE C. PORFIRIO DIAZ. (COAHUILA.)

to á so,teuer una lucha á muerte, confió la dirección
de la campaña al Archiduque Carlos que era el único
militar capaz de medirse con Napoleón.
El Archiduque preparaba pues tranquilamente, en
Viena, su plan de campai'ia cuando recib)ó ~~ anónimo: iba á arrojarlo al montón de papeles rnut1les, pero la curiosidad detuvo su primer movimient,1, pues
vló varias veces repetido el nombre del Embajador
de Franela.
Leyó.
La carta anónima explicaba que el Gene1al Andreossi había recibido ya desde bacía algunos días
sus cartas de retiro y que si no abandonaba Viena
era porque estaba en relaciones con el Feld-Mariscal K ...
quien le vendía los estados de
organización del ejército austriaco y los planes de marcha
de los diferentes cuerpos.
El Feld-Mariscal K era uno
de ICJS jefes más instruidos del
Imperio y el Archiduque que
lo teníaen grande es\iima, hizo de él su. ayudante y jefe de
su Estano mayor. Tenia puesta en él su confianza y no podía abriga r sospecha. alguna.
Rompió, pues, la carta y no
pensó más en el asunto.
Al día siguiente, nueva misiva. El corresponsal anónimo
afirmaba haber descubierto
que todas las noches el FeldMariscal tenía citas en una
casa solitaria del vasto barrio
de Leopoldstadt cuyo número
t1eí1alaba la carta.
El Príncipe . Carlos tenía
t.a.nta. seguridad en la fidelidad
de su ayudante, que creyó cal umniu:sa la acubación y no tomó nrnguna medida para descubrir la verdad.
Entretanto, el Embajador
de Franela había hecho sus
preparativos de viaje y anunció su partida para dentro de
. cuarenta y ocho h oras, cuando
el Archiduque recibió una
tercera nota, en la que se le
decía. que el Feld- Mariscal,
. después de haber trc1,bajado á
solas en su gabinete, en donde tenía los estados del ejército, celebraría esa noche una
conferencia con el General
Andrecssi.
El Ar&lt;;biduque, lejos de
creer esas revelaciones, exasperad0 por no poder castigar
al misterioso calumniador, y
Rt&gt;t•nt&gt;rdoM d e b,M fléliltnl!I.
á fin de disipar toda sombra
OAXACA,-KERMESSEDEL 1 6 DEL ACTUAL. - PUESTO ·DE TE 1" CAFE.
de sospecha que temía conserFot. R. A. c as,•fiecla,

Fot. M. Rodrtguez Pérez.

var, á pesar suyo, contra un jefe que le era tan que
rido, resolvió comprobar su inocencia.
Esa misma noche hizo llamar á uno de sus ayudantes y le dijo:
-Tomad un traje sencillo que os sirva de disfraz,
y venid á las doce de la noche á reuniros conmigo en
la Graben. 8ilenclo y discre.:ión absoluta . . .. que
nadie sepa que os be dado esta cita. No es necesario
que llevéis armas, pero que no os fal te una linterna.
El oficial llegó puntualmente al lugar Indicado:
iba vestido Je obrero, y cuando encontró al Príncipe
pudo apenas reconocerlo, disfrazado como estaba de
burgués.
-:Seguidme sin decir un, palabrP, ordenó el Archiduque.
Y uno en pos de otro, siguieron las calles tortuosas que conduci'in á la de Leopoldstadt. La casa que
se le babia señalado estaba situada en una callejuela
estrecha y sombría. No había luz ninguna, todo estaba cerrado, parecía un edificio abandonado.
El Príncipe y su acompafiante se apostaron en el
quicio de una puerta y e&amp;peraron en silencio. Al cabo
de algunos instantes se oyeron pasos y una svmbra
se deslizó por la callejuela ...... Era un hombre cu.
bierto con una ancha capa, -como los personajes de
novelas en boga ya desde entonces--y con el indispensable soro brero de anchas alas que caían sobre la cara.
.Acer,·óse á la c1sa y llamó suavemente á la puerta,
que se abrió cerrándose luego que le dió paso.
El ayudante del Archiduque no pudo reprimir un
movimientu de sorpresa: el Príncipe con un ademán,
le impuso silencio. Cuando la callejuela quedó otra
vez desierta, se inclinó Lacia el oficial y en voz baja
le interrogó:
- ¡, Y bien:' ¿Os habéis fijado en ese hombre?
-Le ví, Alteza, aunque sin poder distinguir sus
facciones.
-Pero ¿ese modo de andar? . . ..
E l oficial vaciló.
-Mis suposiciones son t an inverosímiles . . .. es t an
poco probable que el que he creído reconocer venga á
estos sit ios apart ados y á esta hora ... . . .
-Bueno, decid quién creéis que sea ... .
-Me ha parecido. . ... en fin .... podría decirse que
ese desconocido es el Embajador de Francia.
-Basta; callad.
En ese momento otro personaj'e ent ró álacallejuela; no se recataba como el anterior. Llegó á la casa,
llamó y desapareció en el int erior. Cuando la puert a.
se hubo cerrado el oficial del Príncipe Carlos quiso
lanzarse á la casa, pero el Archiduque le puso h. mano sobre el hombro. Los dos temblaban de emoción :
habían reconocido al Feld- Mariscal K .. ..
La entrev:sta duró algunas horas, durante lai,cuales el Archiduque, indignado, pues ya no dudaba de
la traición del jefe de su estado mayor, permaneció
pacientemente en acecho ante la casa.
E ra todavía de noche cuando la puerta se abrió y
dió paso al General Andreossi y al Feld-Mariscal.
El Príncipe Carloi; se había situado á un lado dela
puerta y el oficial al ot ro lado : t enía en la mano la
linterna sorda y dirigió la luz hacia el rostro del Embajador.

�Domingo 1 ° de Octubre de 1899.

EL MUNDO.

226

PALACIO ?iroNICIPAL

Becoerdol!I de las fiestas.

DE

Dml~ngo _1 o de Octubre de 1899.
SAN LUIS POTOSI. - BAZAR DE CARIDAD.

Esta poblacion f ronteriza que tanto ha progresado
en los últimos tiempos, tiene algunos edificios notables como son las Oficinas Federales, las del Ferro.
carril Internacional y esta que hoy publicamos 7
cuya construcción se debe al inteligente y labori~
Pre&amp;idente Municipal de aquella ciudad, Coronel D.
Fructuoso García.
Es satisfactorio, no sólo para los vecinos de C. Porfirio Díaz, sino para la Nación entera, que las auto.
toridades federales y Jo'}ales se empei'ien en hacer de
una población coruo esta, colocada en la línea divisoria
ddMéxico y los Estados Unidos, una.ciudad que nonos
avergüence, sino que, al contrario, nos honre con sus
edificios ptíblfoos, en nada inferiores á los de pobladones de igual categoría, situadas del otro lado del
Bravo.

SAN LUI S POTOSI.-BAZAR DE CARIDAD.

El Bazar d e Carldad de San Lui8 Potosi

El conocido y hábil fotógrafo D. Emilio Lobato nos
Pnvía, de la capital potosioa, los retratos de las oiíias que tomaron parte en el Bazar de Caridad últi mamente organizado en aquella ciudad, y cuyos productos se destinaron al fondo de gastos del Hospital
Ir. fantil.
De las fotografías enviadas por el Sr. Lobato, publicamos los dos grupos de esta página, lamentando
nn dar una nota gráfica completa de la simpática
fiesta.
'

Una. Xermesse en el Jardín Juarez de Oa.xaca.

DESFILE DE LOS CARROS ALEGORICOS FRENTE AL PALACIO NACIONAL EL 15 DEL AC.TUAL.

El Congreso de Apatzlngan.
Con gusto verán nuest ros lectores este grabado que
representa el ·estado actual de la casa en que se reunió el prlmiwCoogreso Mexicano, asociado en la historia tte la, Guerra de la Independencia á la heroica
figura del gran Morelos.
De pai;,o haremos constar el interés que 11e despierta en los mexicanos por conocer y reproducir fotográficamente los edificios y lugares h istóricos, que
hasta hace pocos años no merecían alguna atención
sino de parte de los especialistas.
Nosotros p..:blicamos siempre con gusto esta clase
de grabados y es de esperarse que loi, lectores del semanario, sigan como basta aquí, proporcionándonos
Jas pruebas fot1 ,gráticas que-posean para dará cono•
ct:r al público el mayor número posibl,:: de nuestros
monument·,s histór1cos.

·~CIUDAD PORFIRIO DIAZ

Sentimos no publicar sino un grabado relativo á
esa fiesta de la que tu vieron oportuna noticia los lectores de nuestros diarios. Desgraciadamente no todas las pruebas fotográficas que recibimos pudieron
aprovecharse en el taller de grabados de El .ilfundo.
En el que aparece en la página anterior figuran las
distioguid1s sei'ioritas Rebeca Pérez Reguera, Terry,
Elvira Pérez Reguera, JosefaOlivdra é lgnacia Canseco y las niñas María y E. Sodi.

227

EL MUNDO.

N!RAS

MARIA H.ELGUElU

Y LF.ON"R

NIRAS Doum.Es GEDOVI'(Tf'

UNNA.

V

RARA PALAZUELOS.

Fot. Emilio G. Lobato.

.l'ot. J;;m1lio G. Lou1u,,.

Fot, Manu?l Romero.-•-CJNlobanes 2.

Cuando éste recibió la luz en plena faz, retrocedió
sorprendido.
-Buenas noches, señor Embajador de Francia, dijo el Príncipe tranquilamnnte.
~ ,y sin dignarse hacerle un solo reproche al FeldMarlscal que estaba inmóvil con la frente abatida,
pálid~ de terror, se contentó con iluminar el r0i,tro
del traidor; pero el ayudante, menos circunspecto, lo
abofeteó diciendo:
- Este es el infame K . . .... á qaterr se ctegradará
, mai'iana.
.A.ndreossl aprovechó ese incidente pa.ra escurrirse
en silencio. El mismo día salió para París y la guerra entre Francia y Austria quedó virtualmente declarada.
-;_ El asunto permmecló en secreto. El Mariscal Lan•
nes supo el caso por Napoleón, y lo refirió después á
Marbot, el cual dice algo acerca de él en sus Memorias. Los archivos ddl Ministerio de Relaciones de
Francia serían más explísitos si se les consultase.
Para terminar, dire mos que el Feld-Marlscal K ...
cogtdo,en flagrante delito, y conociendo de antemano
la suerte que se le esperaba, entró á su casa y se
voló la tapa de los sesos.
' Corrió el ru~or de que había muerto de un ataque
de apoplegía fulmlnant,e, pero en las esferas oficiales
se supo que había recibido del Emperador de Francia, como precio de su t'rafción, la suma de dos millones.
GUANAJUATO.-UN CARRO ALKGORICO.

LAS FIESTAS PATRIAS
EN

CUANA.JUATO.

APATZINGAN.-CABA EN QUE SE REUNIO EL PRIMER CONGRESO MEXICANO.
Fot. M. Gutlérrez.----Aguascallentes.

El carro representa en alegoría la I ndependencia Nacional. Sobre un fondo de
nubes, orlado de plata y matizado con los
colores del iris se destaca la figura de Hi•
dalgo, enarbolando el estandarte con la
imagen de la Virg-en de Guadalupe, que
le sirvió de enseña para iniciar nuest ra
emancipación.
A su dereeha y sobre un fondo acoilnado de raso blanco se ve la figura de Morelos, con su tradicional pai'iuelo blanco
ciñendo su cabeza. A la izquierda Allen·
de, con el uniforme que llevaban en
aquella época los generales españoles.
Más adelante aparece la figura de otro
jefe insurgente 0obijandocon el pabellón
tricolor la figura de nuestra patria.
Y por último, delante se ve la diosa
de la Libertad, coronada por el simbóllr
ramaje de oliva, que significa la paz e
que gozamos y teniendo á sus plantas los
emblemas de la ciencia, el comercio Y la
agricultura y las bellas letras.
ToA Hidalgo lo representó el n li'lo
más Orte~a; á Allende, Gustavo LabOr•
de; á Morelos, Salvador Monroy; al Ins~rgente, Manuel Bustamante; á la Patr ':
la seflorlta Cat!l.llna Ramírez, y á la Ll
bertad, Naborina G0nzález.

LA CATEDRAL DE JIIEXICO

;;ºª

I
BREVE IDE.TORTA Y DESCRIPCION.

edificios religiosos despiertan siempre el
nderé'l Y. la curiosidad del viajero, del pensador
Y e1 artista.
coD: sde los sencillos y admirables templos helénid~a;ª~
la suntuosa basílica crist.iana, el arte s e
A O la Y muestra en todo su esplendor.
remun cuando entre nosotro¡; sólo se tenga idea
ota- entre quienes no hayan palpado las be·

llezas de los monumentos r eligiosos del Viejo
Mundo-de cuanto encierran los órdenes y estilos arquitC' c'óoicos que han servido de norma
para elev11r hasta el Cielo las plegarias petriricadas del crevente. SE'g-ún expresión de un insigne
arquitecto francél (Viollet le-Duc). no dejiná de
comprenderse, para nuestra historia artíst ica, la
importancia de los edificios cristianos que Espafta nos le~ó; alziidos muchos de ellos en los momentos mismos en que la Península sentía también la m11ravillosa agitación del grandioso p eríodo del Renacimiento.
Abre hoy EL MUNDO ILUSTRADO una nueva sección, y en ella habremos de ocuparnos á grandes

pi celadas, en describir algunos d e nuestros más
afamados tem plos.
La pluma que llenará la página que se le des•
tina en este culto seman11 r io, es reconocidamente
indocta; pero rebosa de buena voluntad.
Dilremos hoy comiP-nzo con nuestro Templo
Metrvpolitano, que se asienta erguido limitando al
Norte la gran Plaza de Armas de esta Nobilísima
Ciudad.
En el propio lugar donde lil gentilidad azteca
inmolaba las víctimas á sus númenes feroces, allí
se fabric6 la primera basílica de México, que
hubo de construirse como provisional y de ser
miserable y raquítica para el objeto á que esta-

�228

ba destinada. Así lo comprendieron los monar•
cas espatioles, y en cédula de 26 de Marzo de
1551, se ordenaba que "las dos tercias partes que
ha montado este arzobispado, en el tiempo en que
ha estado vaco, se gaste en el edificio de la Iglesill catedral de México, y lo otro se guarde para
e! prelado, 11 di~posición que no pudo llevarse á.
cabo; sin embargo de lo que, insistióse en ello, y
un atio después de expedida la cédula anterior
(20 de Agosto de 1552) Felipe II, que A la sazón
gobernaba en nombre de su f:adre el Emperador
Carlos V, dictó nuevas disposiciones en real mandato de aquella fecha. No pudieron tampoco
cumplimentarse las órdenes inmediatamente por
falta de fondos; hasta que en 1573 se colocó la
primera piedra «en el sitio más eminente y opot·.
tuno de la Ciudad, inmediato á la antigua Igle•
sía con el Animo de que, demolida ésta, que&lt;la ie el sitio que ocupaba, por atrio ó cementerio, en la parte anterior del nuevo Templo »
Comer zaron la obra los maestros Claudio de
Arciniega y Juan de Cuenca; continuAndola
Alonso Pé1·ez de Castatieda, arquitecto de Felipe III.
Les trabajos se prosiguieron con perseverancia y tt:Són, y al caho de media centuria hallábase concluida la difícil labor de los cimibntos; alzados los muros del perímetro á más de la mitad
de B- altura; las paredes transversales de las capillas; los piés derechos de los arcos, algunos hasta los capiteles de las columnas y otros hasta lns
últimos tercios, y diversos espacios cubiertos con
bóvedas.
U na vez concluida l'l S rnristfa mayor, se transladó A ella el Santísimo, que se encc,ntraba en la
Catedral antigua; y ce&gt;mo é ita era ya inú•,il, se
demolió quedando el sitio donde se encontraba,
de atrio del nuevo templo ( 11ll.o 1626). Desde ésta
época hasta 1641 l'e celebraron en dicha c¡acristia los divinos oficios; y se concluyeron las capillas de San I~idro Labrador (hoy entrada al Sagr11rio Metropolitano) y del Sagrario (hoy capilla
de Nuestra Seil.ora de las Angustias de Granada),
en cuyas bóvtidas se varió la disposición haciéndolas más ligeras por lo malo del subsuelo.
Agobiada la ciudad bajo el peso de la inundación de 1G29, la obra quedó suspensa durante
cer ca de seis ailos hasta que en 1635 volvieron
activamente á emprenderse los trabajos, al grado de que ya en 1664 sólo faltaban tres bóvedas
de lit nave mayor y cuatro de las menores, estando ya ejecutada. par te de la cúpula, de la qae
se habían concluido las pechinas y cerrado el
anillo,

EL MUNDO.

J)OJJJ.l.ngO 1 o

Domingo 1° de Octubre de lAAO,

229

EL MUNDO.

de Octubre de 1899.

AMOR

DE G A T O .

se había puesto en camioo, se decían adiós . ... al fondo se volvía subterráneo, asomaron unos
ojos de mirada inquisitiva é inquisidora.
un adiós de enamorados.
Y el noble pardo, el odioso tirano del castillo
La pobre enferma de absurdo amor, recorr!a
eternamente
obscuro, vió al felino que aún se reentonces con cauttlla, silenciosamente, la amplia
lamía
las
fauces,
y volviéndose atrAs se alejó á
galería, para irá. su alcoba--celda de prisionera
paso lento royendo unas palabras:
real-A soil.ar con él.
«Amor de gato.»
El centinela dormía.
FRANcrsco ZARATE Rurz.
Con sus paaos mudos, se alejaba el felino gczando con la idea del descanso y del suetio.
Después, ¡durante todo un día! encerrada. al
lado del odioso tirano del castillo eternamente
obscuro, de su dueilo, de aquel noble pardo de
mira da inquisitin é inquisidora., á. quien su familia la había vendido.
¡Qué negros eran los días! cuánto tardaban en
llegar las noches, esas noches que sí tenían luz,
la luz fosforecente de unos ojos oblongos.
Só'o gozaba cuando no tenia encima el peso de
aquellas miradas negras de su tirano, y podía
pensar en las amorosas palabras que él le decía
en su lengu11je de emes.
El no bahía nacido para sentir el frío y el hambre de las azoteas. Era de estirpe real; una de
las má.s puras noblezas de la raza de los felinos,
era la nobleza suya.
Nadie se atrevía á arrojarla tl.el cómodo sillón
que había adoptado como lecho, y en donde run1·uneando pasaba las horas del día sumido en su
incurable somnolencia, la somnolencia de los en•
La seh'a estremecida, en abanicos
fermos.
Abre sobre los vientos sus ramajes,
Muchas manos iban á prodigarle la voluptuo3a
Ondulantes encajes
caricia. Se incorporaba, esperezábase y erguía
En gotas de rocío y savia ricos.
la cola negra, delgada, esbelta, que levantad.a
*
Peina la fronda el sol con peine de oro,
parecía culebra que q uisiera s• lir de su triste siY á través de las hojaF, sobre el suelo
tuación de reptil.
Por supuesto, no pocas veces, cuando se hallaDe verde terciopelo
ba malhumorado, contestó á las caricias eon un
Que de aroma y frescura es un tesoro,
Al filtrar su fulgor que reverbera,
manotazo que acardenaló la mano humana.
Con lunares de luz mancha la sombra,
De cuando en cuandv, pensaba en la dama ne•
gra de ojos br111antes y redondos, en ll\ cautiva
Y del bosque en la alfombra
Finge la regia piel de una pantera.
que era su único amor.
*
¡No podía tener otro!
El silencio solemne de la umbría
Algunos días bajaba, y se ponía á saltar, y coTurba y llena de pronto un clamoreo
rrer por toda la casa, silenciosamente, sin que su
Con rítmico, vibrante martilleo:
cuerpo de terciopelo negro y blanco hiciera soEs el bravo latir de la jauría,
nar un mueble, ó derribarse un objeto.
Y allá va, jadeante en la maleza
Subía á las mesas cuaJadas de bibelots y se
Chafando el césped y saltando troncos,
complacía en andar por entre ellos, coloc~nd?
Y á sus ladric.os r oncos
Envuelto en un saco las manos y las patitas en los lugares más difíc1Más tiembla y huye la espantada pieza.
de recio lienzo, lo lleva- les; ejercitaba su habilidad y bajaba triunfante.
ron allí cuando era muy
*
De tarde en tarde, hacía sus visitas A la desSalta al claro del bosque, alta la frente
pequetio todavía.
pensa, pero el ama reía de la travesur~, y reDe arborecentes cuernos coronada
Temeroso de los hom· prendía al que había dejado la puerta abierta.
El
ciervo, y la mirada
bres y de las cosas descoSólo una vez lo golpearon, pero no se fué porCo11 angustia en redor vuelve doliente.
nocidos que allí miraba, fué á ocultarlos temblo· que allí estaba muy bien tratado. ¿Iba á vulgariCruza. el aire la flecha silbadora,
res de su miedo bajo amplia cama de p11.lo santo, zarse A las azoteas ó al patio; á vivir en la misey en pie, junto á la res que está tendida,
Ella salió á su acosturo brado paseo nocturno, ria para encanallarse y ser un ladrón, t¡n salteaY sangra p0r la herida,
seguida de una dama, y bruscamente, inespera- dor? ..... .
Se alza gentil la Diana Cazadora!
damente, sorprendentemente se halló cerca de
Una vez el tirano de su amada sospechó de la
M. LARRA~AGA P ORTUGAL,
él; se aterr orizó por el olor que revelaba la preexistencia
de aquellos amores dcblemente crimisenela de un enemigo temible.
El pobrecillo inexperto se echó á temblar Y á nales. ¡Qué vergüenza! ¡Tender la mano á la
odiada raza, á aquella con la cual tenían guerra
maullar pidiendo auxilio.
FUGACES.
Ella que conocía muy bien el idioma, cambió declarada desde hacia tanto tiempo, desde que
sus
antepasados
riileron
en
una
Arca!
1111 temores por confianza y lástima para el inEl noble pardo compró 111 mano de un asesino
fante.
Cuando gozas y ríes y se encienden
Se le acercó, y le prodigó palabras de con• que fué á llevarle un tósigo en un apetitoso pedacual amapolas tus megillas blancas,
zo de carne. Pero el asesino nunca volvió, Aqueauelo.
me figuro que veo entre celajes
El se lo agradeció inmensamente. Podía haber- lla noche, después de las caricias del saludo, ella.
una hermosa maliana;
.
le hecho mucho dalio, porque era grande, era ex- le dijo Jo que ocurría.
y cuando sufres y en tus ojos tristes,
Malas noticias. El, su dueilo, sabia la historia
perimentada.
próximas A caer, t iemblan las lágrimas,
de
los amores criminales.
Desde aquella noche siguieron viéndose todos
me parece que miro agonizante
Una sonrisa deVoltaire asomó á la boca del fefos d[as y siempre á la misma hora, cuando el siuna tarde callada.
lencio iba cubriendo toda la casa, cuando todas lino. De pronto se oyó ruido. Ella pegó A la puerCuando me hablas de amor y en armonía!&gt;
ta su fina oreja. Eran pasos. y eran los suyos, no
las voces morían y ningún paso resonaba.
se desborda tu acento que arrebata,
Ella no volvió ml\s cuando él creció; tenía la había duda, los conocía muy bien.
me figuro que suena en mis oídos
y sus redondos ojos negros y brillantes, se lleobligación de buscarla.
una música extraila;
Y a_ll[, envueltos en sombra, él recost11do, y ella naron de angustia.
y cuando sin hablar y pei:sativll
- «El » dijo implorando ayuda de su amante.
en pie algunas veces. otras dejando perder su
juegas con los encajes de tu foMa,
El felino, sin contestar, sin moverse, hincó los
negro cuerpo entr e los pliegues del blanco y neme parece que escucha en el silencio
gro del am11do, y siempre acaricil\ndose con bo- agudos dientes en el femenino cuerpo negro, en
una música el alma.
cas Y manos, pasaban las horas, viendo con ter- donde la. sangre pintó un listón ~hillante, La ro~RANULFO PENAGOS.
nura inmensa los ojos negros y brillantes, 1\ los dora dió un grito ríspido, metAhco, y todo volvió
al silencio.
ojos verdes y lumíneos.
A !a puerta de ·1a amplia galería del sombroso
Hasta que un gallo amigo suyo les avisaba con
c~stillo
que agujereaba los muros de la casa, Y
l1l canto cortado por aletazos, que ya la. aurora

lió de su somnolencia, dentro ~e la cual run•
Sa do había pensado muchv tiempo con pe,u~nla Ílegada de esa hora. Irguió en el blan111'sillón
en su delicado cue~po, con e I que .r·rngi'ó e l
::CO de un acueducto antiguo, y con fehna suavidad descendió á la alfombra.
Con la boca llena de bostezos reveladores de
tidio emprendió la marcha.
.
fa~ djos llameaban como foquillos de luz en
de J&amp; sombra. Sacudió la cabeza para esID tar el bochor no perezoso, y avanzó resueltapan
ce moviendo la
cola, como si yOr su finura,
189D
•
el viento la impe1iese. .
Se agitaba ccmo serpiente gozosa, la cola nea delgada, esbelta.
gr avanza entr e la silenciosa negrura de la alcoba, Ya lo buscaban en la obscuridad, dos
jlllos negros, dos brillazones de carbunclo.
0
A la puerta de una amplia galería del sombroso castillo que agujereaba los muros de la casa,
y al fondo se volvía subterráneo, estaba ya la
amante esperándole.
.
Llega, y la apasionada con sus ma_nec1tas roaadaa, acar icia la ~legan!e cabeza felina.
El coloquio Pmpieza.
De la delicada boca de la roedora, ruedan pro1881811 de un etPrDO amor, brotan dulces afirmaciones de una poderosa é inmortal pasión.
El la acaricia, procurando ocultar del todo las
corvas y afiladas uiias.
La historia de esa pasión empezó hace ya mucho tiempo, mucho, haee 60 n oches.

:O
y

CATEDRAL DE M:EXICO.-ALTAR MAYOR.

El afio de lí!Jl el arquitecto Damián Ortiz concluyó ca!li las torres, cu vo cuerpo lo ha hían fabricado Juan Lozano y Juan Serrano; siendo la
altura dP. ellits, según su autor, de 72 varas dos
tercios (60.m90) «desde la cruz ha.sta el pavimento. »
La construcción total duró cerca de dos siglos,
sin incluir las int'er'"upcfones; el material empleado fué la cAntería, la chiluca y el tezontle. Sin
temor de exagerar puede calcularse el costo de
la. obra en más de dos millones y medio de pesos.
*
* *
Nos falta espacio para UDI\ descripción que pudierit dar á. los lMtores siquiera una idea vaga
del Templo Metropolitano.
La erguida mole se levanta en elegante forma piramidal sobre planta en cruz latina. orientándose de Norte á Sur (á. este rumbo la fachada.
principal.)
Quisiera hablar con ciert0 detenimiento del exterior de la. basílica, que s~ muestra severo é interesante á pesar de los defdctos arquitectónicos
de detalle que saltan á la vista.
La iglesia. tiene cuatro fachadas que miran sen•
siblemente á los tantos y principales vientos car•
dinales, Compónese la. del Sur de tres puert11s
arcadas y exornadas con columr.as dóricas y jó•
nicas superpuestas respectivamente. En los ángulos de la fachada se levantan !os campanarios
ó torres, de base rectangular, sobre un vasto paralelipípido, y rematando en una cúpula de figura de campana, const.rucción fe!icísima que caracteriza á. aquellos campanariosi..
Los relieves y muchas de las numerosas está •
tuas de gran talla que se muestran al exterior
son muy notables.

En seg-ando término se destac11. la airoea cúp11.,
la ó c imborrio, coronada por una esbelta linternilla.
Complementan todo el exterior series escalonadas de balaustradas con pedebta.l fs y j11~on•
de cantería, y que corresponden, aquellas, A 1111
límites de las bóvedas.
Si el exterior merecería un estudio detenido J
curioso, no meno9 interesante se nos presenta el
interior, que dQ lugar á numerosas consideraciones y á. prolongadas vigilias.
La perspectiva interior es hermosa, elconjonto
severo y quizá. grandioso; aun cuando, como n
otra ocasión el que esto escribe lo ha dicho, apa,
rece desconsoladoramente desmantelado y con
unl\ decoración abandonada y pobre.
Tiene ci1.1co extemas naves: dos cerradas, dOI
orocesionales y la nave central. E n las ¡,rlmeraa
se encuentran distribuidas las ca pillas, en número
de trece: eiete al Poniente, quellevanlos nombrea
de San Miguel Arcángel ( cubo de la torre); dt1 loa
Santos Cosme y Damián, de San José, de la Vi,gen de la Soledad y del Serto1· del Buen De,paCM,
nast'l el crucero; de la T'h-gen de los Dolare, y de
San Felipe de Jesús; seis al Oriente, y se llamar.
de la Virgen de las Angustias de Granada (cubo
de la torre); de la Purisima, de la T'irgen de Gua·
dalupe, y &lt;le la T'frgen de la Antigua hasta el cl'llcero; de San Pedro y del 8 ...nto C,-isto. Algullll
conservan sus hermosas rejas de tllpincerAn,
La nave mayor se halla cubier ta por espléndl
da bóveda de catión, y las colaterales por plallllos principalmente, sobre pechinas. Termina la
iglesia, al Norte, por un ábside exagonal, doudl
está colocRdo el famoso altar de los Reyes, de e,•
tilo churrigueresco.
En la intersección del crucero se alza la cúpula, en la cual hay un fresco pintado por Jim• ;
bajo ella se levanta el ciprés, obra mod1:rna qd
citaremos en nuestro segundo artfoulo.
La C11tedral posee numerosos retablos, a l ~
muy dignos de nota, entre los cuales hay que el,,
tar á los churriguerescos, y diversos detallel 81nosos que reservamos para el próximo escrito,
por haberse Rlargado ya el presente mu delt
que suponíamos.
JEsts GALINDO v VrLLA,

-------•------ Lápida conmeinoratl-va
EN EL TEMPLO OE LA SANTA VERACRUZ.

Hoy debe de colocarse en la fachada de este
plo, una inscripción que recuerde á la po&amp;terldad
en el ant iguo cementtirlo adyacente á la iglesia, f
ron inhuwados los resLos del caudillo de la Iode
cia, Ltc. D. Ignacio L. Rayón.
En uno de nuestros números anteriores publ
mos el retrato auténtico del héroe mlcbOacaoo, 1
con ocasión de la ceremonia á que hacemos
eta, aparece en nuest,ro semanario el grabado
acom pana á estas lineas.

re,

TEMPLO DE LA SANTA VELUCRUZ EN CUYA FACHADA SE COLOCARA HOY UNA LAPIDA CONME:llURATIYA.

Del libro "PURPURA:"

�230

Domingo 1 ° de Octubre de 1899_

EL MUNDO.

EL SACRIFICIO.
Entonces la tierra temblaba ante el rey de 1
yes, Asurnazirpal. La gloria del mar y dt! la 08"6,
ña estaba sobre él, los espíritus del abismo
mando. Cuando los reyes del Occidente se le,'!-_ JI¡
ron contra él, los doblegó como los sauces sob~ •
pantanos. Los reyes del Oriente vinieron co ...,_
sol y los enganchó entre sus caballos.
n
Después aconteció que un jefe de Caldear
hombres contra el Estandarte del mundo y
sorpresa, la ciudad de ladrillos y betún de her~
murallas defendidas por put!rtas de bronce
-Los reyes de Siria y los nómades de los ~renal•
unieron al ruido de sus trompetas. Y marchaba •
diez ejércitos cuyos pasos hacían retemblar
nas y retroceder el firmamento.
•
Pero el rey de los reyes llamó á su&lt;, hombNS de
guerra. Llegaron por los ríos como numerosos calla,
verales y salier~n de las sel vas como leones. Estaban
preñados de od10 y rugían de coraje y marcharon 11
son de la trompeta á la ruina y la venganza. Loa
hombres de Caldea, los reyes de Siria y los oómadel
de los arenales se desplomaron como cisternas enrutn~; llen~ron la Mesopotania con su pavor. Murieron
veinte mil, cuyas manos fut!ron depositadas ante el
rey de los reyes con las armas de bronce los vasos
?ro y las piedras deslumbrantes. Desc~artlzaron
Jefe ?e los Caldeos y á los reyes de Siria les sacaroiil'
los OJOS y los engancbar:m á los carros de Nfolve.
El rey pensaba en su corazón: mi felicidad se
va en su plenitud; he puesto un límite á la montana
y un obstácu_lo al mar. Los hombres se rebelan pero
su fuerza, es impotente contra mi fuerza· he disipa?º á las naciones como rebaños; sus cóler~s 800 11emeJantes á la cólera del insecto contra la hornaza.
Se creía inaccesible al mal.
~ o volvió el Rey á Níoi ve sino después de dOI
primaveras. Cuando penetró en su g1ueceo vló ,
una doncella ta.o hermosa que solamente las d1om
podían serle comparadas. Estaba vestida C&lt;Jn tela&amp;
de oro y bisos venidos de T&lt;!bas. A su vista A11uroazirpa.l olvidó sus velorios y permaneció confundido de
gozo.
-¿Quién es esta que los dioses hicieron crecer para mi aeseo?
. --Es tu hija, rey semejante á los dioses, respon•
dieron sus servidores. Ld. dejaste pequeña y ha lllecido como una acacia..
Entonces se desesperó el rey porque era piadO&amp;O y
observaba los preceptos. Y en aquel tiempo los diuses de Asur consideraban como el mayor de 1011 cr[,
mene~ el comercio de un padre con su hija.
El rey hizo recitar oracion':!s en todos ws temploa
á fin de curarse de su mal, pero no cesaba de penl&amp;l'
en la belleza de su hija. Su corazón estaba lleno de
veneno, recorría Ja~ tinieblas con sm,piros de voluptuosidad y veía el mundo adornado cun la tela deoro
y los bisos. Sus qjos se hundieron en su rostro ftaco
como estrellas en un pozo, estaba. vestido de lnquie,
tud y atado de tristeza. Pensaba:
- Los pueblos me celebraban; era semejante á una
torre entre las cabaflas; mi w1rada era Ja fdeund&amp;ci_ón del país de Asur, mi palabra semejante á la llu•
v1a de la primavera., y todas las nacioot!t1se ri:1or:fao
de pavor al ruido de mis tropas de guerra. Y beaquf
que i.oy más miserable que la langosta cogida por el
gorrión, y estoy más triste que el leoparao mart.irl•
zado por las flechas, y des-:::lado como los campos don,
de esMn agotadat1 Jai; fuentes.
No obstante, su pena. se hacía insoportable; sintió
q~e no podía impedirse el tram,gredir los wanda·
wientos de Asur, si su hija permanecía viva sobre la
tierra. Entonces reunió á los sacerdtites y á lot1 jefell
guerreros y les dijo:
- Estoy enrermo de un mal extraño que los dioses
condenan. Mi corazón está lleno de uu deseo sl.1111·
mi tes; estoy necnizado por la belleza de mi hija, YDO
cen viene que vuestro señor haga lo que está pwh1bldo
en todos sus reinos. No tendré re¡&gt;oii0 bino 1111Cr1dc&amp;D•
do á mi hija, como se riega una planta de peratclóD,
Ordeno que se la conduzca el verdugo y que se Je cur•
te la cabt!za ante la asamblea.
La hija del rey llegó entre los sacerdotes Y los Jefes guerreros. ::;u belleza había aumentado co.no el
sol cuando sale de Jas nubes. Brillaba 1Jumo el broa•
ce fundido en el horno y ruodiáo p•Jr tos arteS11n08
del fuego. Estaba rodeada de su cabellera á tra\'éil
de la cual resplandecía su rostro· avanzaba mail! r,ran•
quila que los corderos al borde cte los ei.Laoquei1.
Asurnazirpal fué nacia ella y la estrt!cbó cunt,rl,
SN corazón. Sci sintió morir j unt,o á aquellos cab6!1Ull
s
de llama y aquellos oj1,s claros como ¡as rueoLeS 118
d
las , rocas. Péro la volYió á poner eu maoo:f ael 4
tema el puñd.l de la justicia y mando cortar 1allur
humana.
Mientras la cabeza ro iab1 á sus pies el rey de 1ol
reyes teofa el I ostro bailado de lágrimas Y 1us Jetel
de guerras decían á los sacerdotes:
¡1
.-En verdad Nuestro Señor ei, más grande por
piedad y la justicia, que por la ftterza de 1,u bf11ZO•

::.illli,.

La reina Maritornes era el terror de las nii1oe,
golosos y ladrones; reinaba en el granero donde
se maduraban, er.filadas, las manzanas y las peras, y en las vasijas donde se guarda el vino era
también el castigo de los borrachos y surgía inesperadamente de las barricas agujereadas fraudulentamente por el sirviente indelicado. Nadie la
había visto nunca pero se sabía que estaba pre·
sente y velaba en todas partes: estaba en las con•
serveras acariciadas por los ojos de los nifios hi•
pócritas y en la penumbra de los armarios de la
repostería; la cómoda ventruda donde las abuelas escondían sus cajas de mazapanes y sus bomboneras repletas de dulces, también estaba defendid~ por tlla, y quien i;e hubiera arriesgado á
abrir el mueble de las golosinas, habría encontrado á la Reina Maritornes teudida á lo largo en
un cajón.
Castigaba á los nii1os glotones que se enfermaban en la mesa y llevaba en los pliegues de su
vestido terrificas indigestiones; distribuía fiebres
y cólicos á todos los culpables, y todos los estómagos rebeldes eran suyos. Residía también en
las cocinas, emboscada á veces detrás de L:s
confiteros y las enormes caserolas de cobre donde en Otoi'io se cuece:: lentamente los guisos de
liebre, frecuentaba así mismo los sótanos obscuros, los fruteros embalsamados, olieutes á ni~pe•
ros, y la sombra de los montones de legumbres.
Tal como vivía, indistinta y vaga eil la imaginación de todos, su silueta obesa y ventruda pe•
saba como un malestar sobre la conciencia y el
estómago de los criados y los nii1os bribones.
Fué inmenso el terror del pequéflo Wilhem,
cuando, llevado de la mesa por haberse hartado
como un gastrónomo de tortas de ciruelas y crema de colt!s, se vió acostado en su camita, en su
recamara obscur,1 y soliraria, con un pril'cipio
de indigestión, solo, en 111 enorme recámara donde dormía con su niflera, completamente solo en
el tercer piso de aquella gran casa, mientras todo el mundo estllba abajo cenando.
Por bajar A donde estaban los otros criados,
su niiiera lo h~ b'a dejado sin luz y por ltA alta
ventana cuyas cortinas se habi11 descuidado correr, entraba 111 luna extendiendo en el suelo una
inmensa tela blanca y congelando en extraflas
actitu~e~ los contornos indeeisos de les objetos.
Y subitamente, en fl cuarto solitario gesticular~n perfiles desconocidos, primeramente, bajo el
v1dno del cuadro el pastel destell.ido de su padre. Allí con su co"bata de muselina, con la levita vientre de cierva abit'rta sobre la camisa
abullonada, mostraba, recto como una cu3todia
un austero y pálido rostro de antiguo magistrado. Repentinamente r,us cPjas se fruncieron y un
rel~mpago de legítima indi5 nac1ón encendió sus
pupilas.
El cólico torció entonces más implacablemenle al infortunado Wilhem que aterrorizado desvió vivamente los ojJs. C,iyeron después en un
sillón donde había un montón de vestidos equívocos; lentamente las piernas flC1jas de los pantalones se animaron, dos pies imprevistos salieron de
ellos, y mientras el busto se enderezaba en un
súbito imflamtnto de la chupa, dos brazos nerviosos se apretaban sobre un pecho escuAlido y
una siniestra cabezR. de viPj'.&gt; &amp;e rió en el silencio. ¡Qué rictus! Todas las teclas blancas del
clavicordio aparecieron E&gt;n la cara de rompenueces del estrambótico vejete.
Pero no filé más que una aparición. La recámara volvió A la sombra, y cuando Wilhem que
había escondido la cabeza bajo las sAbanas aventuró una mirada temerosa faera de su escondite,

no vió nada de anormal; todo había recobrado su
lugar acostumbrado, los objetos manchados de
claro ob,curo, se habían como borrado en la no•
elle y sólo le quedaba una ligera inquietud por
su jarra de agua puesta sobre el lavabo y extra:iiamente colocada enmedio de la jofaina como un
enorme sapo blanco.
··y el pequeflo Wilhem comenzó á respirar pero
su quietud no fué larga. Un ruido iuusitado lo
hizo estremecer. Subían la escalera, y oía pasos,
pasos como el ruido de un ejército en marcha.
Una multitud se amontonaba en las gradas; la
oía atropellarse en el descanso del segundo piso
y luego subir por la escalera del tercero. Seguramente venían á su cuarto.
~ en una gran ola de luz su puerta se abrió
brutalmente. No pu!]o ni lanzar un grito. Toda
la batería de cocina entraba tropezándose en el
umbral; había deslumbrantes caserolas de cobre
llenas hasta los bordes de arroz y de empanadas,
inmensos confiteros contoneándose pesadamente
sobre tres pies imprevistos; moldes de bizcochos
de Saboy11 y escalfadores de caras maléficas,
evidentemente mal iutencionadas, y teteras de
reflejas metálicos, y cafdteras con largos picos
insidiosos, de aire hostil. Tudo aquello hormigueaba, hervía y penetrabi en silencio á la recámara, arrastrándc,se como f rntasma en la tarima;
rodeaban su lecho y como una m ,rea muda su
bfan lentamente ct1yendo y subiendo después á
lo largo de sus ropas.
Baftado de sudor, l·Oo los ojos agundados por
el pavor, el nifio permanecía. mudo ante aqut!lla.
invasión aterradora. El cuarto estaba lleuo de
t?dos aquellos cobres y aquellos t!Rtaflos f intástICos que seguí rn entrando por la puerta, y vió
entonces, mezclados á los escalf.1dores avinagrados y A las cafeteras amenazadoras, salchichones
c~n patas, jamones con figuras de gnomos y gallmas extravagantes revoloteando por e! cuarto,
ya embroquetados y fritos.
Las cabezas de l11s liebres guisadas levantaban
los cuvérc~Jos de las caserolae; los picos de las
alondras puban; los purés, habas y guisantes
estall~ban y reventaban en burbujas en los platos brillantes; un ganso untado de grasa bailaba
co_n la rab_adilla arremangada, presto para la parrill11., y pichones escapados de las estufas fJrm:lban un cortejo de carne hervida á un con ..j, en
gibelota_, T~do eso era horroroso, y en aquel aparato culinario y f1rntástfoo Wilhem reconoció estupefacto, á la R~ina ?ifttritoroes.
'
Era ella: alta, impasible. acoraz·\ da de cobre
rojo, svanzando penosamente en su pesada faJJa
de campana, con la ci 1tura 11.prhionada en una
sopera. Era una criatura horrible, calva y p \!ida, que mostraba sobre su cráneo el desplit•gue
de una cola de pavo-real, adornado y preparado
para la mesa. Lo que se veía de su piel ei:taba dorado y tot1tado como el estóma.,.o dt! un
pavo, ! tenía por mano~ dos enorm:s patas
de galhna. Un collar de salchichas jugaba. so•
bre 1~ porcelima de su pt-cho, y dos monstruosas
morcillas pendían de su cintur11, á manera de
arracadas. En una mano tenía un ramillete de
puerros: de cebollas y zahanorias, y como verda•
dera rema de 111s marmitas bl,mdía con la otra
una enorme cucoara, que intr0ducía sin descanso en los puréi, en las salsas y las empanadas,
aumentando el terror del nifto. Pero lo que no
pudo soport~r, fué la mirada de la espect, a l mufleca, una mirada automática, esmaltada y sin vida, que se clavaba en él despiadadamente. L rnzó un gran grito y despertó á la luz de una lámp~ra Y una bujía; su madre, s11s hermanos y su
mfiera lo rodeaban; estaba confu50 y desconcertado; el pequei1o Wilhem había sido olvidadv en
su lecho.
JEAN LORRArn,

tom:-W

Año VI

Tomo IC

--- - - México, Oomin go 8 d e Octubre
- de

1

s99 _

Número 15

las::

A. DABVlLL&amp;

MANON
A. LYNCH.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO.

204

A esta hora faé 00.ando roñó en pedazos
La piedra que sellaba aquel sepulcro
Donde estuviste como Cristo, muerta
Para resucitar al tercer dfa;
A esa hora faé cuando se abrió la puerta
De su hogar, que en rn seno te veía
Con un supremo miedo en su alegría
De que tu aparición no faera cierta;
Y desde ese momento, y desde esa hora,
Tranquila y sin temores en tu pecho,
Tu sue:llo Fe cobija bajo un techo
Donde el placer es lo único que llora ....
T us hijos ya no gimen
Como antes al recuerdo de tu ausencia
Ni cadenas hay ya que los lastimen ..... .
En sus feraces campos ya no corre
La sangre de la lucha y la matanza.
Y de la paz entre los goces suaves
Bajo un cielo sin sombras ni vapores,
Ni se avergüenzar. de nacer tus flores,
Ni se avergüenzan de cantar tus aves.

Grande eres y á tu paso
Tienes abierto un porvenir de gloria
Con la dulce promesa de la hi11toria
De que para tu sol nunca habrá acaso ....
Por él camina y sigue
De tu lección de ayer con la experiencia;
Trabaja y lucha hasta acabar e ➔a obra
Que empezaste al volver á la existencia,
Que aun hay algo en tus cárceles que sobra,
Y aun hay algo de Eipafia en tu conciencia.
Yo te vengo á decir que es necesario
Matar ya á ese recuerdo de los reyes
Que escondido tras de un confesonario,
Quiere darte otras leye.; que tus leyes ....
Que Dios no vive ahí donde tus hijos
Reniegan de tu amor y de tus besos,
Que no es el que perdona en el cadalso,
Que no e@ el del idtar y el de los rezos,
Que Dios es el que vive en tus cabafl.as,
Que Dios es el que vive en tus talleres
Y el que se alza presente y encarnado

Domingo 17 de Septiembre de 1899
Allí donde Bin odio á los deberes
Se come por la noche un pan honrado.
Yo te vengo á decir que no es preciso
Que muera á hierro el que con hierro mate,
Que no es con sangre como el siglo quiere
Que el pueblo aprenda las lecciones tuyas·
Que el siglo quiere que en lugar de templ¿s
Le des escuel&gt;ls y le des f'jemplos,
Le des un techo y bajo dél lo instruyas.
Así es como en tu frente
Podrás al fin cefl.irte la corona
Que el p.Jrvenir te tiene destinad/\;
El, que conoce tu alma, que adivina
En tí, i\ la santa madre del progrei;o,
Y que hoy ante el recuerdo de aquella hora
En que uno de sus besos fué la aurora
Que surgió de tu noche entre lo espeso,
Mientras el pueblo se entusiasma y llora,
Te viene á acarici1tr con otro beso,

A.ño VI-Tomo ll

México, Domingo 24 de ~ept1embre
.
de 1s99 .

Efieótaó ceLelnadaó en !1onoz JeL c:!!Jz.
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Cí-&gt;
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CD
/1
«:&gt;Zeótuente

MANUEL ÁCUÑA.

DIEZ Y 8 El.8 D E S EP TIEMBRE,.
«Cual al romper las Pléyades lluviosas
El seno de las nubes encendidas,
Del mar las olas antes adormidas
Súbito el austro altera tempestuosas,
De la cater,a osada
Así 'los restos nuestra voz espanta,
Que resuena indi~nada,
Y recuerda, si alti 1a SI': levanta,
El respeto profundo
Que inspiró de Vespucio al rico mundo.
«Ay, del que hoy más los sediciosos labios,
De libertad al nombre lisonjero
Abriese pretextando novelero,
Mentidos males, fútiles agravios,
Del cadalso oprobioso
Veloz descenderá i\ la tumba fría
Y ejemplar provechoso
Al rebel1e será, que en su porfía
Desconociese el yugo
Que al invicto espafl.ol echarrn plugo.,.
Renueva, ¡oh Mu~a! el victorioso aliento
Con que fiel de la Patria al amor santo,
El fin glorioso de su acerbo llanto
Audaz predije en inspirado acento:
Cuando más orgulloso
Y con mentidos triunfos más ufano
E I ibero sanoso
Tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano
Que al Anáhuac vencido.
Cantó por siempre á su coyunda unido.

Así los hijos de Vand l\lia ruda,
Fieros clamaron cuando el héroe augusto
Cedió de la fortuna al golpe injusto,
Y el brazo fuerte que la empres11 escuda
J!'altando á sus campeones,
Del temor y la muerte precedidos
Feroces escuadrones,
Tales impunes campos florecidos
Y al de&amp;ierto sombrío
Consagran de la paz el nombre pío.

«Al misera ble esclavo (cruel dP.cía)
Que independ,mcia ciego apellidando
De rebelión el palellón nefando
Alzó una vez en algazara impía,
De nuevo en las cadenas
Con más ri~or á su cerviz atadas
Aumentemos las penas
Que ! su última progenie prolongadas
En digno cautiverio
'
Por siglos aseguren nuestro imperio.

No será, empero que el benigno cielo
Cómplice fácil de opresión sangrienta,
Niegue i\ la Patria en tan cruel tormenta
Una tierna mirada de consuelo
Ante el trono clemente.
Sin ce;ar sub" el encendido ruego,
El quejido doliente
De aq,uel prelado que inflamado en fuego
De caridad divina
La América indefensa patrocina.

«¿Qué sirvió en los dolores vil cortejo
Que el aleve pastor el grito diera
De Libertad que dócil repitiera
La insana chusma, con afán prolijo?
Su valor inexperto
De sacrílega audacia estimulado
A nuestra vista yerto
En el campo quedó y escarmentado
Su criminal caudillo
Rindió ya el cuello al vengador cuchillo.

Padre amoroso, dice, que á tu hechura
Como el don más sublime concedi,te,
La noble libertad con que quisiste
De tu gloria ensalzarlo hasta la altura.
¿No ves que á un orbe enteco
Genio privado de excelencia tanta
Bajo !ll dominio fiero
Del excecrable pueolo que decanta
A3esinando al hombre
D.1r honor á tu excelso y dulce nombre?

Cuánto, ¡ay! en su maldad ya se gozara
Cuando por permisión inexcrutable
De tu justo decreto y adorable
De sangre en la conquista se bafl.ara?
Sacr ílego arbolando
La ense:lla de tu.cruz en burla impía
Cuando mi\s prof mando
Su religión con negra hipocresía
Para gloria del cielo
Cubrió de excesos el indiano suelo.
De entonces su poder ¡cómo ha pesado
Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores
Creciendo siempre en crímenes mayores
El primero á tu vista han aumentado!
La astucia seductora
E l auxilio han unido á. su violencia,
Moral corrompedora
Predican con su bárbara insolencia
Y por divinas leyes
Proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espante
Cual traición castigado el patriotismo,
En delito erigido el heroísmo
Que al hombre eleva y engrandece tanto,
,!Qué más? En duda horrenda
Se cvnsulta el oráculo sagrado
Por saber si lll prenda
De la razón al indio se ha otorgado
Y mientras R'.lma calla,
Entre las bestias confundido se halla.
;,Y qué, cuando llegado se creía
De redención el suspirado instante
Permites, justo Dios, que ufana cante
Nuevos triunfos de odiosa tiranfa?
El adalid primero,
El generoso Hidalgo ha perecido:
El término po~trero
Ver no le fué de la obra, concedido;
Mas otros campeones
Su.Jcita que redimen las naciones!
Dijo, y Morelos siente enardecido
El noble pecho en belicoso aliento;
La victori&gt;l en su ense:lla toma asiento
Y su f'jemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida
De los héroes su númen recrece
Como tal vez herida
De la segur, la encina reverdece,
Y más vigor recibe,
Y con más pompa y más verdor revive,
ANDRÉS QUINTANA

Róo.

PL.1Z.A. DE LA CO:.'i'STITUCIO:N Y A VENID..i. DE PLATEROS.

Número 13

�EL MUNDO.

208

Es el aire del campo; aquella brisa de Becquer que
la sangre orea.

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-----------------------------------------

~

LA SEMANA
En esta semana musical anotamos la aparición de
la Fedora de Giordano y la repetición de «Cavallería&gt;
y «Payasos.&gt; Estas tres óperas un~das á la «Bohemia&gt; de Pucini forman los cuatro· clavos de oro de
una Orión recientemente aparecida en el cielo del
Arte. El realismo ba entrado bravamente en la zona.
lírica. La inspiración nueva deja el rumbo ide~l de
la leyenda, y no se rinde ya, como esclava sumisa, á
los impalpables dominios de la fan~asía.
.
Wagner es un soñador teuton. 8u~ personaJes, están hecbos de niebla y misterio. Vienen de las profundidades de las bosques sagrados, tum~n cuerpo en
una ráfaga de luna y se desbacen en el aire com~ nubes. Nunca llegan hasta nosotros. Se qued~n srnmpre en la línea azul del horizonte. No camrnan, se
deslizan. Se diría que vuelan. ¿Aman? ¿Sufren?
¿Lloran? ¿Se desesperan?
.
.
Sí, pero de un modo singular, con una existencia
~xtraña y fantástica que nos seduce.
.
Cuando estéis uo poco tristes, sentaos á la orilla
de un río, en una tarde serena. Contemplad el agua
que pasa clara, ond~lante y rumorosa .. Absorbeos.
Allí, bajo la placa de cristal que os salpica el rostro
d.: rocío, se agita otro mundo, esta otra naturaleza;
un cielo que centelleá más luminoso, una!; frondas
que se mueven más lejanas, un ambiente más puro
por donde cruzan los pájaros con las alas rnmóviles y
tendidas. Hay mucho que se esfuma, que
se desvanece, que no se alcanza. Aquel es
el mismo cielo que tenemos sobre nosotros, aquellos son los mismos juncos que
crecen en la ribera; el sauce meditabundo que se inclina para llorar sobre la corriente, las aves que atraviesan el aire
que respiramos; pero todo está purificado, vago, remoto. No es la naturaleza vivida, es :a soñada. Y entretanto que el
agua corre por aquel cauce de zafiro, pensad en vuestras tristezas, en vuestros
amores, en vuestros desengaños, arrullados por el eterno canto, por el misterioso
monólogo de la linfa, cuyos sonidos tra.
ducís con la maravillosa intuición del
sentimiento.
Esta impresión es semejante á la que
experimento con una obra de Wagner.
El cisne de Lohengrin es 1m fragmento
de bruma; el báculo de Tanhausser es
una grieta de sombra; la cabellera de Eisa es poi vo y sol; la capa del Holandés
errante es una nube de tormenta.
Pero así como Wagner viene del sue•
ño, estos flamantes músicos italianos vie•
nen de la 1ealldad. Wagner es la leyenda,
ellos la vida; Wagner trasciende á incien
so, ellos huelen á carne; Wagner es divino, ellos son humanos.
Las primeras obras de estos grandes
múaicos en gestación nos indican sus ideales. «Cavallería&gt; es una escena de amor
caldeada por el sol de Sicilia. «Pagliacci&gt;
una gusanera de pasiones brut,ales, cuyo
nido es una barraca de saltimbancos.
«Bobemia,&gt; es una risa de París empapa
da en lágrimas y ternuras, y hoy «Fedora&gt; es un gemido de rabia y de pasión
termin&lt;1-do en un sollozo de muerte.
El arte ha puesto la decoración, ha trazado loscontornos, pero el movimiento, el
impulso, el combate,son obra de la vida.
Allí hay nervios, músculos, sangre, calor
de besos, miradas de odio, súplicas, llantos y sonrisas. Allí hay hombres, hay t ragedia humana.
Las figuras de más relieve en estas
obras son las mujeres. No son símbolos
sino hembras.
Poner música á cuadros vivos, encerrar
en la pauta caracteres, dar á cada grito
su nota, á cada frase su entonación, pin•
tar líricamente tipos que vibran v se convulsionan tan cerca de nosotros, ha sido
la aspiración de los jóvenes composit0res
italianos. Las tentativas resultaron soberbias.
Durante la semana nos hemo!! conmovido con aquella música juvenil que canta
alegrías nerviosas, que se levanta basta
el himno uncioso, basta la oración extátlca, que 1101 a y se enternece, y se desespera que es voz de angustia, imprecación
de rabia, adiós adolorido, grito de espan•
to, mugidor torrente de odio.
Y al terminar el drama, al caer rápidamente el telón, después del alarido de
Oavalle,-ía ó el sarcasmo de Pa!Jasos, ó del
suspiro de Fedma queda en nuestros oí•
dos, por muc,b.o tiempo, un rumor lejano.

***
La mita.d del triunfo de esta ópera, pertenece á la
Chalfa. Es indiscutible ya el talento de esta cantante adorable. No olvidaremos jamás la cabeza expre•
siva y rica en gestos de esta mujer que no es bella,
pero que se embellece siempre que lo desea. Ro_stro
franco expresivo, enérgico, ojos de una ob&amp;cundad
de nocie, con toques de luz abrillantada por las lágrimas, boca contraída por los sollozos, moid1~ndo
las maldiciones, reteniendo el suspiro delat,r, humeda por los ósculos, testa, ya erguida, ya inclinada,
ya implorando al cielo con el fervor de la plegaria,
ya inclinándose en la tierra, abrumada b~jo el yeso
de los recuerdos, pero siempre con el rad10so mmbc,
de la tristeza, ó el halo de nácar del amor, ó el fuego
de hornaza de la ira .... todo en la Chalfa forma un
conjunto estético del que se desprenden, precis_as y
conmovedora~, las ardientes figuras de las herornas.
La Chalía, de voz firme y clara, con algunas notas
de oro recorre el registro de las pasiones: empapa
en lla~to las notas, hs hace temblar de angustia, las
arroja como un insulto al : ostro del amante, las sua.
viza como una caricia en un rapto de ternura, las
eleva como una oración. Es inspirada. Siente y ex•
presa con valentía y ardor. ¡Feliz ella 1

***
«El Mundo Ilustrado&gt; dedica hoy su parte gráfica
á conservar el recuerdo de los arcos de triunfo y los

ARCO DEL ESTADO DE TABASCO. (VISTA LA.TERAL,)

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

Domingc 24 de Septiembre de 1899.
carros alegóricos que fueron el atractivo de las p3.11a.
das fiestai:.
México se vistió de gala. Hubo p'.étora d.i multitudes alegres. Solamente las nubes se empeñaron en
impedi r al sol que se asom:1se á su balcón de oro del
cielo. Y la lluvia, malhumorada y rabiosa, deshilachó sus efímeros y transparentes estandartes sobre
la ciudad emperifollada como aldeana en dom mgo.
La alegría, sin embargo, lanzó á los cuatro vientos
el retintín de sus car::ajadas y los gritos de aire de
sus cantare.e;.
1Oh, qué buena es la alegría de vivir 1

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y

Literarias.

l. COSAS DE FRANCIA: l'affaire finie; LA PSICOLOGIA.
DEL CASO; FRANCIA EN DECADENCIA: lNE X ACTI•
TUDESj LA SITUACION DEL 1ITTNISTERIO: ESPB•
RANZAS.
2. DEWEYj M.A!~KI NLEY. LAS PLATAFORMAS ELEC·
TORALES DE LOS NUEVOS PARTIDOS IMPERIALISTA.
Y DEMOCR,\TICO.
3. LA GUERRA EN EL TRANSV.AAL.

Que diablura para los cronist as de mi
calaña que concluya i•ottai?'e La frase sa. cramental faffaire fi;nie resuena lúgubremente en nuestros oídos; era un mate.
rial abundant,e, interesante é incesante
de que se podría dispouer en cualquier
instante. Ahora no, dentro de pocos dias. ,
todo habrá pasado á la historia, no sin
dejar lecciones y enseñanzas que pueblos
y gobernantes se apresurarán ... . .. á no
aprender. Así somos todos.
Si, había una diliculiad que surge, gra,e y á primera vista insuperable; este
asunt:o está empedrado de dificultades
insuperables, que han sido mal que bien
superadas; qué diablo, el mundo marchat
como decfa un viejo maestro de lo~ muchachos de hace treinta años, y á quien
creíamos infalible oráculo ¡inocentes! Se
llamaba Eugenio Pelletan. Veo la diflcul•
tad: para que el asunto concluya precia&amp;
un indulto, pero el indu1to no puede concederse sino á petición de parte. Dreyfus lo pedirá? 8i lo pide se confiesa culpable, loquees imposible. Si no lo pide cómo
indultarlo? La brava carta de Zola, á
quien es preciso absolver de sus magnos.
errores estéticos, en vista de la incomparable grandeza desu actitud moral, anun•
cia el propósito de llevar hasta el último
extremo su lucha por la justicia y el derecho. Palmas; pero ¿y la patria? ¿y la
prolongación de esta guerra civil en poten·
cia, que con cualquier motivo deflagrarA.
en un ambiente saturado de pasión y de
odio? ¿Qué, no vale la.pena de t omar esto
en cuenta? ¿Por qué el Capitán Dreytllll,
uno de los grandes atormentaJos del siglo,
de quien ridículamente se quiere bar.et
un Cristo de kepf, no prescinde de todo&amp;
sus derechos, no hace este supremo sacri•
ficio á la paz de su país? ¿Tiene ó no el
corazón alto y bien puesto? Ent onces podrá el gobierno mot·u proprio hacerle gracia.
de la pena y ponerlo en libertad.
Esto pensaba cuando el cable informó
que el perdón está concedido. E l gobierno ha hecho bien y ha obrado cuerdamente; y como ninguna persona seria, á noser que esté movida por inconfesables sen·
timientos de odio religit.so ó de raza, ó
de idolatría á todo trance por la instltU•
ción militar, lo cual es en el fondo la m~
ma pasión que servía de resorte á los W&gt;pishqui de Hultzilipochtli, atenuada por
el miedo al código penal; co:::io ninguna
persona en la plenitud de sus facultade&amp;
morales, después de la lectura de las crónicas detalladas de las audiencias, Y después del veredicto, puede creer indudnblt
la culpabilidad de Dreyfus, ha ! es~Itado
que el apagamiento de la excitación e&amp;
rápido y que c'est une affaire jinie. ~~10sea Dios. Este resultado pone de r_.•
to la inteligente conducta del Presiden·
te Loubet y de su minis.terio.
Los enemi "'vS de Francia habían aprovechado la injusticia fundamental del ta·
llo del consejo de guerra, para procn·
rar destruir con delirante desr.emplan•

209

EL MUNDO

za su prestigio de nación culta y para minar su
ettuaclón internacional sugiriendo la idea de un inex.
plable ultraje hecho al emperador de Alem,mia; Jo;¡
ingleses eran naturalmente !03 autOrf S de esta mtri•
ga; pero jugaban á cartas vistai. y nadie cayó en esr,a ratonera Claro es que cuando, no un oficial, ni
un agen te diplomático, sino el ministro cte relaciones
del Imperio y no al gobierno fr"ncés, sino al parla.
Diento Imperial, declaró en nombre del soberano que
110 habían existido relaciones de ningún género entre
Ja embajada alemana y el capitán Dreyrus, nadie pudo vacilar; esa declaración era la verdad. 'l'an cierto
l'B esto que in mediatamente se inventó la conseja de
que la traición habfa sido hecha en tarnr de Rm,ia
(un ..:uento capaz de hacer á uno dormir parado.) Si
-el consejo de guerra condenó, esto no era asunto qu.i
pudielle enojar olicialmente al gobierno alemán; un
-consejo de g-uerra no representa á la nación en sus
rdai:iones exteriores, la representa el poder ejecuti,·o de la repú blica; el poder ejecutivo ha indultado;
á un traidor no se le indulta. El presidente de la repúhllca francesa sólo ha podido indu1t~r cr::iyendo in-culpable á Dreytus; tienen razón• los energ1ímenos
-en dlrlgir las más terribles lnsinua/\iOnes contra los
Seftnces Loubet y \'f. Rousseau, tienen razón de fS ·
tar frenéticos contra el.os; el indulto motu proprio ·
no tiene otra significación posible que la que los pia-dosos antlsemiLas le dan: el gobierno creti en la iuo-c11ncla de Drey fus; cree en la palabra del emperador
.alemán. Y nosotros encontrawos I sto perfectamen te honrado, enteramente justo y cuerdamente po.f.

uco.

***
Viendo en conjunto la cuestión, abora que sus
.grandes peripecias pueden incluirse una en la otra,
1JOmo quien cierra un anteojo que va á guardar des.
pués de haberse servido de él para observar el estado
moral de un pueblo, todo resulta Iógko y claro.
Nosotros, en este plural comprendo no sólo á h,s latlnus, sino á la gran mayoría de los hombres ilustra·doa de ambos mundos, exij íamos de un grupo militar
un acto que tormar'.I ecua~ión perfecta con cierta mi.
:¡¡Ión de justicia absoluta que atribuíamos á una F.ran.
-cla Ideal y sed uct0ra que se fuuda más en la literatu.ra que en la blstorh. Teníamos miedo de que esta
-quimera no resultase cierta y nos h·\ dado coraje palpar la realidad : uo, esa nación no es el ángel de, la
. .Justicia; no, el promedio del alma francesa resulta
una alma burguesa, calculadora, escéptica, positiva,
-enalldades excelente:; para llegar á un buen suceso
ftnal, pero exceslvamenLe orgullosa y aticlonada con
invencible instinto á la gloria militar, que es la tuen·te de su org ullo, exacerbado por la humillación y la
-derrota basta el paroxis.no. Y como e,e orgullo se ex-t.erioriza en explosiones ruidosas dd más flexible

Aneo DEL ESTADO DE SONORA.

ARCO DEL E;TADO DE TABASCO. (VISTO DE FRENTE,)

ARCO DEL ESTADO DE MOUELOS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

210

Domingo 2! de 8eptiembre de 1899.

tiarlo, ban hecho san~ameote; no sé~ qué medws
habrán recumdo, pero de1:laro que el objeto no ba
podido ser ni más grande
ul más moral é Insisto en
preferir á los de 10s sel1ores Esterbazy y Paty de
-Clam, la vida del señor Zadoe - Kahugranrabl as de
Francia) sin miedo al otro
anunciado del ejército, el
parlamento puso la mano
én el boaibro rlel ministerio y la revisión fué decrPtada. Es ó no esto honroso,
cuando se piensa, que si alguna cosa ba resultado
clara del p1oceso de Rennes, es la espantosa deti·clencla del primer proceso
1 Ja presión ejercida sobre
el Consejo que absolvió á
»,terbazy, era un acto de
grao j usticla de la. repre-sentación nacional? Y el fa
Uo de la Corte de Casación
¿no es una reparación hecha, e~ nombre de la cien-eta y de la conciencia, pür
bowbres de distintas convicciones políticas y filosó ficas, pero incomparables
perito&amp;en el arte de juzgar,
de las flagrantes violaciones del derecho que hibfa n
escandalizado al mund o~
Y cuando nay esta justicia
civil en un país, puede decirse que es caduco y que
muestra el fin de la. virlli,
dad de una raza? ¡Oh! no
-dertamente¡ pero el veredlctode Rennes? Pue~bien¡
no os admira que á pPsar
11e lo infinitamente cobibi-

y plástico de los idiomas hablados, resulta que la maravillosa sensatez de este puetlo y su real y religioso

patriotismo, toman el aspecto de la ,·anidad, rtlsuena.n como una g ritería y todos nos llamamos á decepción, cuando de este conjunto de cualidades y defectos, resulta un acto nat,ural cuando esperábamos algo sobrenatural y milagrm,o, cuando esperábamos de
ellos lo que ne "!Speraríamos de nosotros mismos, alemanes, Ingleses, ameri&lt;.:anos ó japoneses, en un caso
idéntico.
Aseguro que bien visto, lo que La pasado, no re.
sulta sublime, pero resulta lógico. tY qué pedíamos
en suma? Que un inocente no sufriera más y fuPse
solemnemente rehabilitado¡ lo primero se ba logrado
de hecho y de derecho por el veredicto seguido de su
consecuencia forzosa, el Indulto; lo segundo se ha logrado de hecho; ese hombre está rehabilitado ante la.
conciencia humana. ¡. Qué más?
Separándoncs del punto de vista absoluto que, en
resumidas cuentas, no es un punto de vista humano,
rlebemos pensar en la situación psicológica de los jueces; apenas con lo que los periódico1&gt; nos han dicho,
podemos formarnos idea de la presión ei,tupenda que
sobre este grupo de soldados que yo persisto en creer
honrados y llanos ejercían la. educación, la disciplina,
h religión gerárquica, el respeto á los jefes, la costumbre de considerarlos casi como infalibles, lapasión de las dos terceras partes del pueblo francés que
sistemáticamente exaltado en su militarismo patriótico, que es en él como la hemoglobina en la sangre,
en sus pasiones religiosas más vivas hoy que antes de
la revolución, y escandecldo basta el paroxismo por
los insul tos brutales y omlno~os al ejército, que, hoy
más que nunra, es la patria armada, vociferaba al
oído de los jueces: no condenéis al ejér ;ito, no lo pongáis en ridículo, no entreguéis á vuestros generales
al ludibrio, no .... Y Cassagnac y Paul Déroulede lo
habían dicho: O Dreyrus es culpable, ó los jefes del
Estado Mayor del ejército francés son los hombres
más inicuos y más d1gnoR de castigo que se han presentado ante la narra de un tribunal ele justicia ....
Los jueces, al declarar culpable á Dreyfus, absolvieron á los generales. Y como la simple condena los
ponía á cubier to de la persecución, inmediatamente
absolvieron de hecho al culpable con la mayoría en
los vot'.&gt;S, con las circunstancias atenuantes, con la
d isminución de la pena, con la solicitud de la nodegradacióo ¡ lo trataron como á un oficial incorrecto,
no como á un t raidor á la Patria. Y, sin embargo,
ante la jus!.icia absoluta no había medio: ó traidor y
la pena suprema, ó no traidor y la libertad. La libertad ba venido. E l veredicto no fué, puPS, un fallo,
fué una transacción; no fué un acto de justicia, :fué
un acto de política.
¿ Y por qué persistí en creer ó en decir, basta el
último momento en el fallo absolutorio? Pues, por
lo iocorregiblemente francés que soy, porque quería
una cosa sublime. no un acto vulgar. Y cuento con
que los defectos de nuestra educación son tan arraigados, que Jo que. queríamos en Francia no nos hubiésemos atrevido á quererlo en otra parte: creo firmemente que los ingleses ó los alemanes hubieran
fusilado á. Drey:fus después del primer consejo.

211

A.ltCu DEL ESTADO DE OAXACA.

dos, (hablo moralmente) de
la imposible Independencia de aquellos hombres sometidos á iaflujo omnipotente de lo que se llama
la solidaridad corporativa,
l'e..~rit ~ co1·ps que los franceses dicen, baya habido
suficiente valor en los jueces para neutralizar su falta encontrando al más abominable de los delitos en
el orden político y mili1 ar .... circunstancias a,~
nuantes? Y qué decir de
esos dos heroes del deber,
de esos dos oficiales que te·
nieodo sobre sus cabezas
la pirámide de J{heops que
se II ama el prettigio del
ejército, habilísimamente
explotado por los oficiales
que complicaron la causa
sa.ota del ejército con la suya 11011 sancta? Cómo, después de esto, insultar á
Francia, desesperar de
}&lt;'rancia, anatematlzarla v
renegar de ella~ No, nunca. Los impíos, los matos
franceses que han querido
hacer creer al mune10, porque siempre se han dirigiClo al mundo y Juego protestan contra el mundo que
fija su atención en elios,
It,s que han sostenido, que
era uecesarlo para salvar la
patria sacrificar á un ino,·ente, no cuent an, son espectros y resurrecciones.
Nobles? son de los tiempos
feudales. Clérigos? son de
los tiempos de la inqui1,i' lón. Plebeyos? son de los
que inventaron el terror·

***
¡Oh! no, lo que sucede, exclaman algunos pesimistas amigos míos, es más hondo y más t ranscendente;
estos hombres no han sabido hacer justicia por ineptitud para el bien, porque Francia es u:i pats que
moralmente agoniza, porque la raza. latina es una
raza qi.e declina, que se va.-.A. 1o que contesto invariablemente: no es cierto, no lo creo; la única enfermedad de la raza latina es el intelectualismo, es un parásito éste capaz de producir ó el s-urmenage ó la neurastenia social. Entiend:i por intelectualismo, e.u el
sentido pa~ológico de la palabra, la tendencia á dará
la vida por objeto el goce Intelectual, lo que se aviene muy bien con el goce físico que los intelectuales
consideran como generador de sensaciones que se analizan, como se paladea el vino, y se convierten en cert!braclones. Así como el siglo pasado estuvo enfermo
de sentimentalismo que acabó en punta, en la punta
del cuchillo de Robespierre, así el tntelectuallsmo, la
religión del talento, el de&amp;preclo del goce m,iral,
puesto que el ideal humano en esta ó la otra vida no
es más que un goce selecto, engendra el egoísmo, la
desconfianza de todo, y acabará en su antítesis, en la
barbarie de los nuevos iconoclastas saqueadores de
iglesias é incendta'lores de museos. La enfermedad
esta es general¡ pero en los latinos está mal compensada: es la enfermedad en que naufragó el hombre típico del intelectualismo actual, Federico Nietzcbe.
Por Jo demás, metiéndose un poco en los antros de
la historia, como se dice en cliché, se ve que los latinos ban pasado por crisis más agudas que la actual,
y que al fin se han sobrepuesto objetiva ó subjetivawente. Y si no, veamos los motivos de la excomunión de Francia en este asunto que vamos á enterrar.
Un consejo de guerra, Inducido á. sabiendas á cometer un crimen judicial por la comunicación clandestlua. de piezas desconocidas por el acusado, sentencia á
la. más dura de las penas imaginable!! á un Inocente.
Algunos años después, un grupo de hombres capaces

ARCO DEL EsT.u: o DE DURANOO.

de honrar los fastos morales de la burnanldad el ofici~I P~;quart, el senador t:;cbeurer-Kestner
el escritor Zola descubren la fuente del error judicial
y uno se encara al gob!erno, miedoso, y el otro se en~
~ra. á las multltud~s frenéticas, y el tercero al ejército, sañudo, y le dicen: e Dreyfus es in()&lt;.ente.&gt; ¿Son
ó no franceses e,1tos hombres honrados?
El terror de l,;,s complicaciones Internacionales ha-

y

ce va ~ilar al gobierno, pero los Incidentes y las ren12clo ,es se suceden y una ,,la de piedad y de duda •
a·za de las eotrafias mismas del pueblo francés 1 •
t1elta su espuma en la tribuna dbl parlamento.
-,
Sin miedo á las insinuaciones de venalidad, de formación de un sindicato judío para comprar adbellO•
nes [si los judíos ~e han aseclado para gastar una
rart~ de su fortuna en sacar inocente á un correllglo-

ARCO D.EL E STADO DE GUJfüLU:rnu.

ARCO DEL ESTADO DE CHIHUAHUA.

�EL MUNDO.

212

Domingo 24 de Septiembre de 1899,

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

:e

d la escuadra española y de sus arsenales; ya sabía
había negligencia, pero no tanta, no se había
4rovisto la bahía de los medios usuales de defensa
pi si uiera en su entrada y los barcos y sus ,cañones
tal punto históricos ó arqueológicos, dada la
apidez del avance de la ciencia de la destrucción,
r ue a se vió: en Ca vite no hubo batalla, hubo eje~uci3n de una escuadra inerme por otra colocada fuera del alcance del tiro español. ¿1::ie tuvo la culpa
Mcntojo de todo es~o? ¿I_ba á improvisar buque-; _de
fierro y proyectiles rncend1antes y cañones de tuo
rápido?
.
Esto no disminuye la ¡;lor1a del vencedor, y se
comprende que el imperialismo americano se dé á sí
mismo una gran fiesta en las canas del formidable
lucbadfJr del mar coronadas de honor. Y el imperialismo refor:1.ado así con estas ren0vaciones periódicas
de sus repentinas y formidables glorias, podrá ir al
combate electoral con bríos redoblados; ya se ve su
Jan de campai'la: reelección de McKinley; dejarlo
krminar su obra; á él se debe la posición de primera
importancia que ocupa la federación en el mundo;
Inglaterra, la reina _del mar, busca. el asentimi_en~o
de su antigua coloma para moverse; nada más significativo, nada que remueva tanto hasta en la médula
el orgullo de Sam. Tanto más halagador as esto para Ja vanidad americana, cuanto que ellos, los Estados Unidos, suelen usar aun de sus modales un tanto
rudo,i con su robusta y coqueta mamá: y ya se niegan á reconocer los derechos del ~anadá en las costas
del Klondike y ya se pagan el lu¡o de quemar en pfi.
gie en una plaza de New York en medio de frenéticos aplausos la efigie de Mr. .A.&amp;ht('r, el archimillonarlo que se ha convertido en súbdito de bu Graciosa Magestad la Emperatriz Reina. _
Los reeleccionistas agregan: á Mr. McKinley debemos la creación de un vastísimo campo de desahogo para nuestros productos (Cuba_y las Filipi~as) y
para seguir p!anteando el monro1smo econó1mco de
Blaine-los mercados de América, para los productos
amerlcanos; y, á pesar de la enormidad de los gastos
de guerra, la prosperidad de la Unión ha t omado un
vuelo tan admirable, que de la guerra acá la brecha
en la fortuna pública se ha cerrado diez vecei, con oro.
¿A qué se debe esto? A la política semi-prohibitiva
iniciada antaño por el diputado McKinley y acrecentada bajo los auspicios del Presidente McKinley.
A él, pues, nuestros votos, dicen los que antes sellamaron republicanos, y en lo sucesivo, imperialistas.
Los demócratas se conciertan para la lucha: lo primero ha sido la reconquista del Estado de New-York,
perdido por el capítulfJ de libre acuñación de plata,
que fué el principal de la plataforma deBryan . .A.hora se notan síntomas de reconciliación. Mr. Croker,
el jefe de los demócratas neoyorquinos y acerbo enemigo del tipo-plata, ha declarado su adm:ración por
Bryan que, á su vez, en uno de sus quinientos mil
discursos ha manifestado su deseo de poner en segundo término su tesis favorita: la plataforma democrática se b&amp;.sará, según parece, sobre estas cláusulas:
anti-imperialismo (si la próxima campaña en Filipinas no tiene éxito, esta parte del programa será de
supremo interés), anti-trustismo y anti-tarifismo.
Estos dos puntos se corresponden íntimamente; los
trusts ó sindicatos, son el resultado de una verdadera

Prefiramos en esta tremenda discordia en que, según parece, llevan la vanguardia los franc-~a~on~s
y los jes,•itas prefiramos los que no somos m Jesmtas ni franc-~asones, al supremo magistrado de_la
Repút,lica frdncesa diciendo perd611. y al supremo Jerarca de la iglesia católica diciendo paz.

!ran\

** *
y el gobierno, dicen los burgueses ¿Por qu~ ~o nos
deja en paz? ¿Por qué al día_si~~ien~e ~e i•affairen~;;
proporciona est&amp;.recaída del1u1c10po1ít1co de la Alta
Corte es decir del Senado transformado en tribu nal
como 'en 88? Yo creo que lo mismo debe decirse el
gobierno ¿por qué no me dejan en paz á mí'? A~ora
bien, toda paz se com pone del miedo de los guerristas,
de los levantiscos y de la confianza de los hombres de
orden, y, generalmente, lo segundo está en razón directa de lo primero; bien lo sabemos por acá. Pues
bien buscando este saludable efecto, en momentos
en que la anarquía si no es aparente. es latente en
Francia, el gobierno que regentea M. Waldech Rousseau ha quetido poner de resalto ante su país y ant,e
el mundo que, precisamente del mismo modo ~ue él
juzgó necesario unir todas las energías republicanas
en un plan de defensa de la república sin atender, á la
incompatibilidad de los programas de grupo, as1 l_os
enemigos de las instituciones han bu~cado un terreno
-de transacción entre ellas en su sentimiento de od10
y que la adición de estos sumand?s plebi:-ci~ari?s, antisemit,as, orleanistas, bonapartistas, cler1cahstas y
nacionalistas, ha sido posible por el elemento que les
es común y suman: abajo la República: Y como en ~l
estado neurótico de Fiancia es excesivamente fáml
pasar del com plot al atentado (aunque, en cambio, excesivamente pasar del atentado al triunfo) resulta que

ARCO DEL ESTADO DE GUANAJUATO.

hipertrofia industrial, producida per la obstrucción
de las tarifas á la concurrencia pel producto extranjero; y los sindicatos, digamos monopolios, han establecido una tiranía económica inmensa y han dado á

CARR0 DE LA CO:UPAN!A. DE SEGUROS
e LA MEXWANA,&gt;

Muy merecidas las espléndidas fiestas navalfs queprepara la Unión norte-americana al almirante Dewey
y New-York espera un alud de medio mi!lón_ de per•
sonas, por lo bajo, para presenciarlas; casi c?mcldirá
el triunfo del viejo marino con la condenamón de su
infortunado adversario de Cavite; háganme ustedesfavor de índuitar á este; es inútil buscar chives e~píatorios. Pregunten los severos jueces del conse¡o
de guerra, pregunten su opinión á Dewey; la bah 8
de Manila estaba desprevenida como todo en EspaDa,
cuando el almírant,e yankee realizó con est~pen12a..
audacia la maLiobra que terminó con la fulmrnacióB

la cuestión social un negrísimo aspecto pa~a el porvenir de la paz en el próximo siglo.

***
Día á día los cables nos anuncian la guerra próxima á estallar entre el Transvaal é Inglaterra; Mr.
Chamberlain, que ha hecbo cuanto ha estado de su
parte para t,acerla necesaria, parece un hombre que
manda y recibe proposiciones con el solo objeto de
dar tiempo á las tropas inglesas de recibir refuerzos.
Los vencedores de Majuha se batirán admiratlemente, la famosa infantería montada de Joubert hará
movimientos prodigiosos, al fin cederá y el Transvaal
se doblará ensangrentado ante la ley del ,encedor:
el uitlande1·, el forastero ele la región minera, llegará
á la mayoría de votos en el raad y á la mayoría de
votos en la urna piesidencial, y por este camino Inglaterra habrá hecho suya el Africá del Sur. Esto
era fatal; está escrito. Los boers y los burghers del
Orange, que desean unírseles, pueden tener el derecho de su parte, ese viejo derecho que viene de la
necesidad de mandar uno en su casa, pero Inglaterra
tiene á Mr. Cecil Rhodes y unas preciosas balitas,
que al encontrar la ligera resistencia del cuerpo se
abren en una flor metálica rotativa, que produce en
los tejidos y los huesos el efecto de cien balas: se lJaman durn-dum; los conferencistas de la Haya quisieron prohibirlas; de donde dedujeron los ingleses que
la Conferencia era un complot contra ellos. ¿Pensarían en los boers?

el gobierno tenía que defender la Constitución y el'
mismo: veremos sí acierta.
Creo que sí; creo que el ministerio W. Rou8seau
puede presentarse dentro de poco tiempo á las Cámaras con este haber: el socialismo revolucionario
desarmado (veanse las anodinas circulares de dos co•rifeos del colectivismo, los seliores Baudio y Mille•
rand); el negocio Dreyfus terminado; el com plot contra la república revelado y castigado; el tratado de·
alianza con Rusia apretado; el au.en vecinismo (¡oh ! Pe-liite)-con Alemania consolidado y el éxito de la E~posición asegurado. Las cámaras dirán, entre la g~1te•
ría de los extremos que van á ser ineliiportables, s1 es-·
peraba algo más que esto. Y para despojar má_s 1~ si•
tuación, tienen ustedes para bien saber y meJor en-tender, que M. d'Artagnan, dijo queM. Gutirin seha.
rendido; empezó diciendo primero la muerte. cYabo•
ra la muerte ha pasado al seguudo término; lo f~lici•
tamos por ello y felicitamos al gobierno por ~u mte•
ligente paciencia; siempre debe temerse el r1dfculo,
alguna vez hay que desafiarlo, cuando está uno segu•
ro de vencerlo.

ÁRCO DEL EST.~DO DE HID.ILGO,

213

-l~J~

ARCO DEL ESTADO DE PUEBLA.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

214

J)omlngo 24 de Septiembre de 1899.

215

EL MUNDO.

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UAU!lO DE LA AGRICULTOR,\,

ÜARRO DE LA lNFANTElUA,

El plagio en música.
En carta publicada ya por EL MUNDO diario, el
maestro Cha pi, el aplaudidoautor de cCurroVarga~,&gt;
se defiende del cargo que se le hizo cte haber plagia-

nJ una frase de Puccini. A este propósito creemos debido invest.igar en qué puede consistir el plagio en
música, en dónde resiae y en qué principalmente
consiste y quién incurre ó no en él.
Chapí se defiende del cargo, afirmando que mal pudo haber copiado á quien no conocía, que sólo ha venido á bojear la partitura de Puccini recientemente,
y con motivo de un cargo análogo que se formuló en
Barcelona. Este alegato absuel ve plenamente á Chapí del cargo de plagio en el orlen jurídico, hace, _ante
un tribunal, prueba plena en su favor y moti vana un
fallo judicial absolutt.rio. Pero ante el público y ante el arte nadi e logra redimirse del pecado de haber
pens.;do y escrito lo mismo q1,eotro, aun sin concienr•ia de ello ni posibilidad de imitación. Alfonso Daudet acusado de haber plagiado á Dickens juró y proclamó no haberlo conocido sino con posterioridad á la acusación y no obstante eso no pudo
evitar ni atenuar siquiera la mala imprE&gt;sión de
ese vlogio illc0rtscie11te, de esa In voluntaria y for-

.7

-

tuita coincidencia entre dos pensamientos. Nunca
es tan cier to como en este caso que el que da vrimero da
dos veces, y quien ha tenido la desgracia de escribir lo
mismo que otro y después de él, sufrirá las consecuencias, aunque sin justicia.
La conciencia del maestro Cbapí puede y debe estar
tranquila; pero n i el público dejará de resentir la
mala impresión ni la crítica omitirá consignarla.
y es que u na cualidac dominante del artista, lo
que todos le exigen con imperio, y en música con
mayor apremio, es la originalidad, la personalidad;
todos queremos, y sólo los genios lo logran , que el
modo de sentir y de pensar del compositor les sean ·
propios, peculiares, novísimos; admiramos á Beetho•
ven y no admiramos á sus imitadores aun inconscientes y de buena fé.

*

**

El punto importante en el caso en cuestión, e11 discutir y aclarar qué se entiende por plagio en música,
y trataremos de inquirirlo discutiendo las doctrinas
del maestro Chapí. A su juicio no debe j uzgarse de
si hay plagio ó no por el sonsonete de unas cuantas_notas sino por el conjunto de la composición y cons1de•
rando todos sus elementos. De no proceder así, dice,
no habría autor original en el mundo, p~esto que es
siempre posible, ae-regamos nosotros, para r eforzar
el ara-u mento en.:ontrar unas cuantas notas iguales en
las c~mposici~nes más disímbolas. ~in duda alguna;
á cada paso en frases musicales sin semejanza, encontramos tres ó cuatro notas iguales, q ue se suceden de la misma manera, y serla simplemente estú·
pido pretender que eso no sucediera, siendo tan lne•
vi table como irremedia1-&gt;lf'.
Pero si la simple coincidencia de iwas cuant((S ntJtaB
conduce á afirmar que no hay música orig inal, la exl·
gencla de Chapí de que la semejanza ba de ser tQtal
é incluir todos los elementos musicales lleva recta•
mente á inferir que no hay plagio musical posible, lo
que es igualmente absurdo. En efecto, siendo la música un arte complexo en el que figuran f undamentalmente: melodía, armonía, ~ontra_punto ~ lnst~~
mentación, es de todo punto 1mpos1ble segun el
culo de probabilidades que dos composiciones masl·
cales ó fragmentos de ellas. escritas independientemente, puedan á la vez contener la misma melodía,
la misma armonización, el mismo tejido contrapuntístico y la misma instrumentación. E l plagio In·
consciente, en ese supuesto, .:is de todo punto imposible. Y si el Inconsciente es imposible el consclent.e
sería imbécil; n'.: hay plagiario que calque y
duzca foto&lt;Tráficamente una composición agena 5 •
quiera un fragmento import ante, porriue sería lapida
do sin miserirordia.
r
Si pues los dos extremos son inadmisibles por se
igualmente absurdos ¿en qué consiste el plagio Y
cuál es el criterio para definirlo?
.
,
Un poco de análisis nos permit irá aproxima.in~
una solución. La música, decíamos, consta de melod~
armonía, contrapunto é instrumentación; de es
cuatro elemento!&gt; pueden faltar algunos; ~ued~
cerse música con simple me'.odía sin armomzación •
acompailamiento alguno; los ejemplos de frases
les ó instrumentales sin armonización ni acompaecel
miento, abundan y constituyen música Y á v

excelente. La posibilidad de hacer música simplemente melódica y la simplicidad que la caracteriza y
la hace Lan accesible á tofos los oídos, explican la
preponderancia de este elemento, su pdpel capital y
la predilección de las wasas por él Puedt haber música puramente a rmónica, y de alto vuelo y exquisita.
lnsplraclóo; pero no puede haber música ni pura nenteoontrapuntíst ica, ni pur.surente instrumental, co- mo nn sea 11\ música rítmica p rlmlti ra ejecutada en
el t.amboril, el tam-tam, el
ttpo1111xtle ele., q ue casi no
werece tal nomore.
En un trozo m usical que
conste, como es hibitual,
de el!OS cuaLro elemen Los,
¿eui\l sirve de criterio · y
de ple1ra de toque para
juzgar del plag io? Eviden1remente la meloiía; desde
luego porque ts la parte
ma\s ac.:esib'.e a l público,
y A la que, en noventa
ocasiones sobre c ien se subordln.1n todas las otras.

Y cuenta que el públicn no es de despreciarse en esta
cuestión; la crítica es impotente para modificar su
opinión y el fallo subsiste y la fama del autor se empaña. Y no puede ser de otro modo; tomemos la meJodfa del andante de la quinta sinfonía de Beetboven;
no hay duda en que es facultativo armonizarla y,aeompailarla en otras muchas formas que la que el autor
eligió. Así arm()nizada y acompaiiada en
otra forma, peor sin duda, pero diferente·
de la que ideó Beethoven ¿constituye
plagio? Según Chapí, no: según todo el
mundo, i,í.
Si se le ocurre á cualquiera armonizar
y acompailár el aria Di,quella pira, como
unas peteneras, habrá plagio quiera ó
no Chapí.
Nos~ necesita plagiar toda la mE&gt;lodía;
compuesta de frases sucesivas que son como las cláusulas aisladas de que consta
un periodo, puede el plagio versar sobre
alguna de ellas y no sobre las otras y
sE&gt;r real y ~ ft et! vo. De otro modo, cobiendo frases sueltas de melodías distlr,•
tas, podrán escribirse cantos y aspirar
á una originalidad de mala ley que nadie
reconocería lE&gt;gítima.

··· 1

Si del canto pasamos al acompañamiento, salta á

la vista que, como materia de plagio, tiene una importancia secundaria. En la ro ús10a anticuada, estilo
Donizze:-.ti, los acompañamientos tienen ritmos con
frecuencia Idénticos y armonización semejante, y nadie for muló por ese concepto acusación de plagió; lo
mismo pasa en la música de baile.
Ec. la alta música y en la novísima, el acompailamiento es á la vez armónico y contrapuntístico,acordes variados y nuevos cantos se mezclan y combinan
con la melodía fundamental. El cargo de plagio, por
concepto del simple acompañamiento, es ya más fácil de for mular y de probar si las melodías secundarías son plagiadas. 8i el acompaflamiento e:i puramente ar món ico como suele suceder, se necesita una.
· identidad casi completa en la sucesión y resolucl6n
de los acordes para acusar de plagio. Con la armonía pasa lo que con la instrumentación, hay creadores de armonías, de res0luciones de acordeF, de conjuntos simultáneos de wnidos, como los hay de combinaciones instrumentales; pero á poco esas creaciones
acaban por ser del dominio público y por pasar al
acervo cvmún, y fundan mal y difícilmente acusa-

•

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- -

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MONU:llENTO DEL E STADO DE ÜAll1PEORI!:.

Üll:lfAMENT AClON DEL Ei:,T.ADO DE VER.ACRU Z EN EL COSTADO SUR DE LA ALAMEDA.

Aneo

DEL ESTADO DE CHIAPAS.

�Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

216

Domingo 24 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

ciones de plagio. Acompañar con el cuartero es la regla, pasar del tono mayor al menor ó al contrario; es
el pan de cada día y no se hacen cargos de ¡&gt;!agio por
este concepto.
Desmenuzada la cuestión en s•.1s elementoll, resulta
que la acusa(lióo de plagio tiene por principal fundamento la imitación de la frase melódica ya fundamental, ya accesoria; que imitada la melodía fundamental hay plagio, aun cuando varíen el acompañamiento, y la instrumentación. T&lt;1.l es el caso de
Cb.api, probado por la asernración del mismo hecho
en B:1.rcelona.
Jurídicamente queda absue!t(), puesto que la imitación fué casual; lo cual no quita que el público encuentre des1gradable esa segunda edición de un tema
que ya le era familiar.
En cuanto á que el maestro, en caso de imitar, hubiera preft!rido modelo más grande y más alto, le
haremos observar que eso no es facultativo y que se
imita lo que se puede y no lo que se quiere. Jamás
Dehlle bobiera podido imitar á Shakespeare, nl
Scarron á Moliere.
DR. M. FLORES.

·LASFIESTASDESEPTIEMBRE.
NUSTRAS ILUSTRA..CIONES,

Dedicado especialmente el número de hoy á la revista gráfica, que presentamos á nuestros lectores,
creemos inútil repro:iucir pormenorizadamente la
crónica de las fiestas que publicó la preni-a di.aria.
Sólo consignaremos aquellos datos que sirvan para explicar ni.:estros grabados.
El arco de Tabasco oc.ipó la entrada de la avenida
de Plateros. Era de elegante senci.l!ez y llamó mucho
la atención, mereciendo unánimes felicitaciones sus
antures los señores Ingenieros I&gt;!nacio y Luis de la
Barra y el señor Alfredo Hijar y Raro.
El de Sonora se colocó en la l .e . Calle de Plateros.
,Dirigió su construcción el se!ior Fdlpe H11ro.
El de Morelos fué formado de plantas y flores y tenía en la parte superior del lado oriental un ,retrato
del héroe Morelos. Estaba situado en la esquina del
templo de la Profesa. Lo dirigió el Ingeniero Antonio F. Torres.
El arco de Durango, obra del sel'ior Ingeniero Adolfo Obregón, se erigió al terminar la tercera calle de
San Francisco.
El de Guerrero, situado frente á la Fama Italiana
en la segunda calle de San Erancisco, fu~ dirigido
por el Ingeniero J. M. Alva.-El de Chihuahua se alzaba en la esquina del Jockey
Club. El perito que lo construJ ó fué el seflor arquitecto Alcérreca y Comonfort.-EI
de Hidalgo e.taba al comenzor la .Avenida Juárez. Fueron las autores los señores
.Herrera Gutiérrez y Enrlq.oo Gómez, y autorizó la obra el señor Alcérreca y Comonfort.-El de Chiapas se alzó frente al callejón de Coajomulco y fué proyectado y dirigido por el señor .rosé M. V!ll!tsana.-La parte decorativa que costeó el Gobierno
de Veracrm,, ocupaba todo el costado Sur de la Alameda y fué dirigida por el seiíor
Guil;ermo Valleto.-El de Guanajuato se vela en la desembocadura de la Calle Nueva. Lo dirigió el Ingeniero Gonzalo Garita.-El de Puebla, construido por el Ingeniero A. Ollivier, estaba en la calle de San Dieg-o frente al Hosp!cio. -El de Yucatán ocupaba la desembozadura de las calles de Humboldt y el de Campecbe el frente
de la calle de Balderas. El autor de ellos fué el seiior Ingeniero Leopoldo Batre,.EI de Oaxaca eitaba á la entrada de la Calzada de la Reforma. Lo p1 oyectó el señor
Lic. Alfredo Cbavero.

ARCO DEL ESTADO DE YUCATAN,

CARRO :)E LA AR'IILLERIA.

CARltO DE LA CAB.\LLl!:RIA.

CA.KRO Dll: L.A MINERIA,

217

�Domtngo·2.i de ~eptiembre

EL MUNDO.

1.. 1i11111.

Año VI

Tomo I

1

México, Domingo

1°

de Octubre de r899.

CARRO DE LAS FABP.lCAS DE HILADOS Y TEJIDOS,

LAS NOVIAS DE HUMO

I
Cuando nadie me rodea es cmando estov más
acompaiiado. Repan1igado en un sillón de ·mi alcoba y fumando un cigarrillo mientras se afanan
por llegar basta mí los ruidos de la vida comercial, me encue.,tro en una sociedad exquisita,
evocada por mis ensueflos siempre en parranda.
Entre las nebulo3idades del humo. vr.porosas
y Sútiles vieuen á mi. en largísimo cortej ,, las vi
siones que han vivido alguna vez en mi fantasía
efervescente.
Recibo. Pálida y con los ojos secos viene Otelia, la rubia, arroj,rndo en su camino lo¡¡ pétalos
de las rosas que su mano alba arrancó en el jardín. Sí, la veo vagando loca entre las combas on•
dulaciones del humo de mi cigarro. Delira y me
ofrece sonriendo una campAnula. Acércase en su
amable demencia á ponerla en un ojal de mi vestido. Oh! cómo brillan sus ojos! La inccente niiia
está muy pálida, pero sus labios son rojos y su
complaciente sonrisa despierta en mi organismo
á los enanillos de la sensualidad que bailan furia•
sos por toda mi espina dorsal y pinchan mis nervios. Luego se arremolinan en torno de mi cere•
bro y atizan la maldita llama con sus murmura•
ciones iosolante3 y maliciosas. Mis ojos brillan
también. La hermosa delicada y nerviosa del
cuerpo de Ofelia la presiento bajo su túnica. Extiendo los brazos para estrechar á la virgen loca
y saciar en sus labios purpurinos la sed de amor
que me mortifica, pero el beso queda tembloroso
en mis labios ...... Ofelia huye. La canastilla de
flores se vuelca y, entre las espirales del humo,
veo las rosas cayendo en el espacio como ma~i
posas muertas... . La ceniza de mi cigarro se ha
caído.
II
Vienen, lejos aún. Vagamente escucho el balali
de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el
Conde Lascaro que va á la cacería del oso Atta•
Troll. Al fin se acercan. En rápidos corceles que
briosamente galopan, vienen las damas y los caballeros, ataviados con ricos vestidos. Las javalinas y los cuchillos de caza despiden brillores
de plata. bruiiida.
Pt1san junto á mi y resuelv,' tomar parte en la
eaccria. Monto en un caballo ricamente enjaezado, que un paje tiraba de la mano. La hij11 del
conde, desdeiiosa y altiva, va á mi lado en obediente hacanea .. . . El humo de mi cigarro se me
espesa y forma espesos bosques y montaiias rocallosas, en donde nuestras cabalgaduras caminan con dificultad. Eglantina, la hija morena del
conde, apoya imperiosamente su mano sobre mi
hombro con la insultante familiaridad que se tiene con la servidumbre. Sorda cólera me hace palidecer, A la vez que el intenso deseo de humillar
la altivez de la dama y de ser amado por ella.
Nos apeamos porque el terreno se hace difícil. ..
Allá lejos vemos al Conde Lasr.aro, blandiendo
la javalina. El oso Atta-Troll cae herido y ruge
espantosament1:1 ....
Eglantiua se apoya en mi hombro de nuevo y

vo más atrevido, la cojo p0r la cintura y estampo1 un rápido beso en sus labios. Un fustazo crú
zame el rostro. La dama ha castigado mi osadía.
-O~ amo.
-Lacayo insolente y cobarde!
-03 amo: No soy lacayo, ¿por qué me humi•
llAis?
-Mal caballero!
Eglantina levanta nuevamente la fusta :-Te
iimué si me vences-me dice furiosa, arreme•
tiendo contra mi.- ¿Qué hacer? ¿No es ridículo
Juchar con una damai' ¿Herirla? ¿Verter su sangre?-Cobarde!-aiiade con los ojos brillantes de
ira: ¡Qué hermosa está! Par¿ce una walkiria. Un
nuevo fustazo me hiere y veo á Eglantina prepa•
rándose á herirme con la javalina. No reflexiono
ya. Luego. Repetimos el combate de Gunther y
Brunequild11, de que habla la leyenda de los ni·
belungos. Varias veces estoy á punto de ser atravesado por la javalina de Eglantina, quien la
manej&gt;\ con la destreza de un montero; pero mi
destreza me salva, y al fin hiero levemente en el
l'aello á mi adorable enemigo. Suelta el arma y
e1e en mis brazos llorando como una niiia. Sus
r-&gt;pas de seda se han desceiiido en la lucha .. . .
l'lle has vencido, te amo-me dice pegando sus
labios ardientes A los míos. La apretada arboleda
invita á los idilios. Los enanillos q:;.e hay cabalgados en todos mis nervios, despiertan más irritados que nunca. El cutis suavísimo de Eglanti·
na, su seno virginal entrevisto en las agitaciones
de la lucha, sus ojos negros de gitana enamorada, me enloquecen . .. Tomo en mis brazos á
Eglan1ina .... pero el Conde Lascara regresa
inunfante. El oso Atta-Troll cuelga sao~riento
de las ancas de su caballo ..... .De pronto empieza todo a disfumarse, A desaparecer: el bosque, la cabalgata, el Conde Lascara, Atta-Troll,
Eglantina ... . Quiero atraerl11 para darla un beso
h1rgo, muy largo . ..
Mi cigarro ~e ha apagado, el humo se ha des•
vanecido y chupo, chupo en vano la colilla. Vuel•
vo á encenderla.

-¿Porqué me sigues, joven? ¿No sabes quién
soy?
-Sé que eres una reina, la reina de la hermo,
sura y de la gracia. Sé '}Ue te temen ó respetan
todos, viejos y mozos, mujeres y niiios. Quiero
s11ber quién eres, niña gentil. Te veo con los ojos
de mi pasión. Quiero sabet· quién eres, por que
te amo. Ignoro si eres mala.
-No, no lo soy. Soy buena y amable con loa
poetas. Soy la querida de todos los hombres, pe•
ro á unos los trato mal y á o~ros bien. Eso es to•·
do ..... .
-Pero ¿quién eres? Dímelo, adorada rnitia.
¡Querida de todos los hombres! Mientes, eres pu•
ra y virgen como un ángel.
-Iluso, me encuentras joven y bella ... Tú
debes ser poeta. Lo eres?

-Sí.

- Entonces, sígueme. Sígueme, te amo.
La noche av&gt;\nza y llegamos á un palacio blan•
co que hay en las afueras de la ciudad. Es todo
de mármol; parece estar deshabitado, pues no
se oye el meoor ruido.-L1. luna tille con una
luz pálida la silenciosa mansión. La joven toca
en la puerta y ésta se abre inmediatamente. En•
tro. Es un vasto salón. lujosamente ornado. Es,
tán llenos los sofás, las sillas, las v 'ntanas, de
per11nnas con los más variados vestidos. H11y bai•
le. Un melodium toca los acordes primeros de
una cuadrilla triunfal. En cuanto eutramos todos
se ponen de pie para salud11r á la ilustre joven.
Mozart es quien toca; Goethe y Reine saludan fa•
miliarmente á mi guiadora; varios trovadores
provenzales se inclinan ante ella y ella les son•
ríe y con la punta de los dedos envía un beso i
un joven poeta que está de pie en un rincón, pre•
l!"Unto como se llama y me dicen que JuliAn del
Casal. La dama sigue de largo y yo ebrio ~e
amor y curiosidad la sigo. Penetra en su alcooa
f'n donde hay un amplio le,1bo de extral!.a f.irma.
Estamos solos. E la se desciiie la cabellera Yuna
muda cascada de ébano cae sobre sus hombros.
Delirante la estrecho entre ruis brazos; ella, con
III
fuerzas de varón f Jrzudo, me arrastra á su le•
Tvdos al verla pasar dicen con terror: «E3 la cho. Nuevamente me extrafla la formdo de éste-Rdina» - ¿Quién es esta reina á la que todos te• Dime, oh reina amada, ¿qué lecho es aqueli'-EB
men t seflalan? me pregunto, y la curiosidad me el ataúd, mi lecho de dei:1pos11da. Ven. te amo,-:arrastra á 1ieguirla. Voy detrás de ella. Su cin- Un estremecimiento de frío me sacude y estroJa
tura es esbelta. Su vestido es riquísimo, blanco y los nervios al paso que una dolorosa voluptU?·
ceiiido. Su andar rápido, pero majtistuoso. To - sidad me incita á entrar en esa enorme eaJa
dos, al verla, palidecen. Los seiiore:! y la gente negra. ·
-Quién eres, novia mía?-la preguntó con ao•
del pueblo al encontrarse con la «Reina» se es•
tremecen, se descubren con miedu y se alejan siedt1d. . ...
procurando no tocarla. ¿Pero quién es esta rei-Soy la muerte, la rdna muerte ... .
Nos unimos en un estrecho abrazo y murmn•
na?-me digo. Pasa un poeta morfinómano y la
saluda con carifloso respeto. Al fiu nota la joven rllntes, convulsivos de amor, caemos en el siniea•
misteriosa que yo la sigo. Oh! Dios santo, no he tro lecho.
-Dame dame un beso-la digo euplicante,
visto mujer más extraiiamente seductora. Es una
nifla casi, de cabellera y cejas negras como la Entonces ¿lla junta sus labios á los míos y siento
noche; pero sus ojos son verdes, en sus labios hay un dol0r de muerte agudo y terrible que me ha·
como plllpitaciones de besos que pugnan por sa- ce gritar. .
.
Equivocadamente me había llevado el c1g11rro
lir. Pálida, pálida como una viuda joven y adolorida, tiene sin embargo en sus ojos chispeo...de á los labios . . .... por el lado del fuego.
sensualidad y alegría. Su rostro me ha conmovido
C LEA"E ,TE P .\LMA,
hondamente. Se detiene ai oír mis pasos tras ella.

•

RETRATO de MUJER por Franz von lenb~ch.

Número 14

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 10 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.
190

ALA MEMORIA DEL POETA JOSE MARIA BUSTILLOS.

gracia sin fin, en su resignación dolorosa, en esa
resignación, especie de embrutecimiento. con que
se entregan las almas á las grano.es de~dichas sin
remedio. Y todo ello, quizás, después de una risueña y crédula esperanza.
Gonzalo se sentía anonadado. Dernlvió al ciego
el papel sin decirle una palabra: las mil fórmulas
ele consuelo que en aquel momento acudieron á sus
labios no solamente le parecieron mezquinas, sino
irrisorias. Qui~o darle una limosna, pero un miedo absurdo de ofenderle, de echar ú perder con la
grosería del acto la nobleza del intento, le produjo
una de esas turbaeiones que tan bien conocen los
temperamentos delicados.
El viejo juzgando, ;;in eluda, aquel silencio como
una despedida, saludó amablemente y echó á andar
hacia :fuera. 'l're$ lágrimas brotaron de i,us ojos :
una bajó por el carrillo derecho, untáudo~e eu él,
hasta verderFe en la harba; otra corrió por el izquierdo, pero á la mitad del camino la detuvo el
obstáculo de una arruga, y la tercera. di;;puesta á
engrosar e,;ta última, temblaba, redonda y brillante, en el borde del párpado.
Gonzalo )ledina estaba desengañado de sí mismo. Pesaba en su conciencia. como un delito, la
facilidad con que había oh·idado Hl primera entrevista con el ciego. Juzgúbase n:o de un :fraude co-

INVERNAL;
Ya se ve de los montes sobre las cumbres
La nieve semejando blancos pena;hos,
Hay hielo de las chozas en las techumbres,
Escarcha de las peñas en los picachos.
Las flores se march itan, cierran sus broches
Al sentir el contacto del cieno aleve;
Y pálida y hermosa brilla en las noches
La luna como Inmenso globo de nieve.
Las aves entumidas piando tiritan,
Se congelan las aguas del arroyuelo, .
Los árboles sus frondas con fueria agitan,
El ambi;;ote está helado, diáfano el cielo.
¡Oh! flores predilectas de los poetas
¡,Por qué abrls hechiceras ~l cál_iz tierno?
Ya descubrí el secreto; bellas v10letas,
Sois las celosas novias del crudo invierno.
Nacéis cuando están mustias las flores todas
Para no sentir celos de sus encantos,
Y os preparáis festivas para las bodas
Ataviadas con ricos y azules mantos.
Por eso me entusias!Jlo cuando la cima
Del montecillo enhiesto de blanco viste.
•.romad, puras violetas, mi humilde rima;
¡I nvierno, á tus nupciales mi musa asiste!
MARIA

C. DE KA':'TENGELL,

GOLONDRINAS

metido ante aquellas personas, por cierto no escasas, en cuyo concepto era él hombre de corazón
compasivo. Y entre estos cosquilleos de su conciencia, sentía rn su amor propio, como punzante
alfilerazo, el conyencimiento de que, hasta allí, se
había engañado á sí miRmo, creyéndose mejor de
lo que era en realidad. No se hacía ilusiones de su
conducta futura: había comenzado por dejar partir
al ciego sin una triste peseta, y acabaría por olvidarle como la Yez anterior.
l\fas corrieron los días y el recuerdo del ciego no
se apartaba de su memoria: en ella vivía, e,·ocando con vortentoso vigor la imagen del viejo con su
roto calzado, sus miserables ropas, sus trémulas
manos, sus móviles párpados cubiertos de lágrimas ...... Lágrimas que no se sabía si eran fenómeno peculiar de la enfermedad de sus ojos ó desahogo del dolor que debía de cauf:ar en el corazón de
aquel pobre el convencimiento de su eterna ceguera.

J. G.\RCIA RODRIGUEZ.

En el azul de los cielos
y en forma sencilla y gráfica,
de la línea telegr!Hica
los alambres paralelos
un pentágrama formaban,
y sobre ellos, peregrinas,
dos amantes golondrinas
gravemente reposaban.
La una fingiendo un bemol,
y la otra un sí sostenido,
habíanse detenido,
cuando se ocultaba el sol.
A un eléctrico fanal
voló de pronto una de ellas
y, al quemar sus alas bellas,
en la bomba de cristal,
la infeliz cayó aturdida.
Su compaflera amorosa
se fué en pos de ella, afanosa,
y con queja. tan sentida
piaba y piaba sin cesar;
y 'una nifia que esto vió,
-¡Dios mío!, al punto exclamó:
¡si la pudiera ~alvar!
Un muchacho que jugando
estaba allí. se encarifia
con h piedad de la nilia,
y el poste enhiesto escalando,
y1J. llegaba placentero
al vivísimo fanal,
cuando un grave policial,
con ademán rudo y fiero,
al chicuelo hizo bajar.
Presa de intensa emoción ·
y sintiendo con razón
lai;i lágrimas asomar
A sus pupilas divinas,
se fué la oift.a hechicera
para que nadie la viera
llorar por las golondrinas.
Mas el llanto en vano, en vano,
pudo ocultar, pues lloraba,
y los ojos se enjugaba
cou el dorso d e la mano.
Esa noche no durmió,
¡Qué iba á d ormir! .... ¡Pobrecillal
Recordando la avecilla
toda la noche pasó.
Con el alba, diligente
corrió la nl:ft.a al fanal,
y al fijar en su cri~tal
los ojos, clamó doliente:
- ¡No es una sola, gran Dios!

.... ................ .... ... .

Con las alitllB abiertas
y una junto A otra, ya muertas,
estaban allí las dos.
EmLIO PACHECO,

-------•--------

Joven, llevando en el cerebro ardiente
Pensamientos risueños,
Sintiendo aletear sobre la frente
Bu!llcloso, impaciente,
El misterioso enjambre de los suenos.
Arrancando de su alma apasionada
La trova del amor dulce y secreta
Para ofrecerla á la mujer amada
Que su lira dorada
«Ado1Daba con ramos de violeta.&gt;
Así en la tumba reclluóse el bardo.
-Sol que temprano se ocultó en ocaso..:
La pálida beldad dijo: «Te aguardo,&gt;
El murmuró: «No tardo&gt;
Y ... . se murió feliz en su regazo.
Foy en su fosa lloran los amores,
Y hará ese llanto g-ermlnar las flores
Pc.rque rué de las flores el poeta,
Y su laúd, paleta
Que vistió la ilusión de mil colores.
Los genios tutulares del carií!o
Se postrarán de hinojos,
Y con sus alas de crespón y armiño
Cubrirán los despojos
Del soñador de corazón de niño.
Feliz él que vogó sobre los mares
Del mundo, en el esquife del ensueilo
Entonando cantares.
Era un proscrito quP- volvió á sus lares,
Lo llamaba ,m patria con empeño.
Brotaba el verso de su lira de oro
Impreg nado de notas celestiales
Remedando de alondras dulce coro.
Poeta, duerme mientras vierten lloro
En tu ataúd tus bellas «Inmortales.&gt;
Y en tanto que la fama lisongera
Entusiasta pregona
Tu nombre por doquiera,
Con rosas de la hermosa primavera
Te formará la Gloria una corona.
1\1ARIA C. DE KATTENGBLL.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 17 de ~Pptiembre de :r899.

••

TAPIZ DUCAL .
Ampliando las alas en un arco sonoro,
la hermosa cola abierta. cual panoplia oriental
cruzada de mil sab!PS con límpidos puños de oro,
bajo d negro eukaliptus está un pavo real.
La inmensa emoción pálida de una tarde de rosa
tiembla sobre las nubes solemnes de esplendor,
y soberbiamente ebria de lascivia orgullosa,
como un 8ultán el pájaro glorifica su amor.
Hay una joven blanca, que es una joven bel:a;
sueña en los moribundos éxtasis de la luz.
Tal vez sea tan blanca el alma de una estrella,
tal vez sea tao bella una perla de Ormuz.
Suena un amor de príncipe; intenso aroma exblla
cual brasa de incensarl'J, su boca de carmín.
El pájaro se a.cerca y roza con su ala
la ¡?ala de la falda de crugiente satín.
Y el amoroso pico en la boca entreabierta
se g-uarece, buscando deleites de embriaguez ... .
Ved cómo la doncella contempla el ave muerta
de amor, las alas regias tendidas á sus pies.
LEOPOLDO LuOONBS.

A UNA ACTRIZ
Es preciso que te bable con la franqueza
con que dos aves hab an dentro del nicto,
hablemos, pues, del Arte: de la Belleza
en la estatua, en el lienzo y en el sonido.

Los dos somos bohemios, los dos hermanos;
y, al conquistar serenos triunfos y palmas,
aparentamos siempre rostros ufanos
escondiendo la herida de nuestras almas.
C".láotas veces acaso traidora pena
tu razón deje obscura y enajenada,
y sintiéociote triste sobre la escena
se escape de tus labios la carcajada.
Todo artista, Se!Iora, sufre en secreto .. •• · ·
qué importan los aplausos? .. . . . . la ¡;!orla es , _
yo me rlo y sollozo con Rlgoletto
en esta miserable tragedia humana.
Adios, maga hechicera, .. . ... yo te bendigo
en estos versos-hijos de mi ternuramaüana en otro suelo piensa en tu amigo,
esclavo de tus gracias y tu hermosura.
Adios, guarda mis flores ...... y oye Y
algunas á tus plantas de diosa esparce,
y otras agrega al peso de la corona
que te ha dado la tierra de Nú!ier. de Arce.
Que te conceda el Genio que tanto adoras.
al cruzar por las sendas donde te canten,
no manos que te aplaudan atronadoras
sino manos benignas que te levanten.
JUAN B. DELGADO•

perclolf

J. OlJSA.OHS.-RetraCo del Sr. General Porfirio Dlaz.

(Wase la página 193. ¡

Número 1z

�EL MUNDO.

Domingo 17 de Septiembre de 1899. ~

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

194

teosible de las relaciones humanas, sin relación alprestó á la excelsa causa; alguien atl~ma_ que es_ uaa guna con el medi0 y ~n las circuastanci_as, y á veembustera, que no llamó á la misa de .a L1 bertad, que ces con sacriliclo, no digamos ya de la hbertad sino.
se quedó muda é iadifereata, contemplando el suceso hasta de la dignidad personal.
---------------------------------------------- en ¡0 alto de Ja to~re; que no sirvió como clarín de Para est,is aaa.rqulstas de la cort~ia, de?ir á una
guerra, que ao llamó al primer combate. .
dama: cA. los piés de ustied,&gt; es humillarse maecesay yo me digo: bien estaba en el campanario de una riamente; el «Sabe usted que puede mandar lo que
~residente de la República. iglesia
de villorrio, domlaando las campiñas bafia1as guste,&gt; es mentir con descaro; permane~er de_ pie ande sol, Jos último:; peñachos de la arboleda, el oro ~n- te una persona respetable, es fatigars~ sm obJeto; es.
dulaate de los maizales, las ~ules y hermosas leJa•
con atención una conversación msulsa, es a.bu.
Tenemos la. honra de ofrecer al Sr. Gral. nías. Allí nadie dudaba de ella_; era dichosa porque cuchar
rrirse sin necesidad; y bien qu_i~ieran aplicar la dinaDiaz el testimonio de nuestra respetl_i~sa soñaba en un pueblo sano y vigoros0, Y porque po- mita á Jos cimientos de ese ed1ticlo estorboso y ridídía, á sus anchas, recordar lo que había vist~ una
adhesi6u, en el aniversario de su natahc10. ma!i'ina en que el alba despertó, á par de los páJaros, culo y condenar al fuego ese código tan insulso como.
ansias aladas en los corazones oprimidos. Ahora est_á absurdo.
Un examen más atento del asunto prueba que la
15 de Septiembre de 1899.
allí, junto al viejo reloj del palacio, mal puesta, cohi- Inmensa mayoría de los preceptos de la urbanidad
bida, fuera de su sitio, como una intrusa en la asi- son ó regla de blgiene ó preceptos de moral dMrau.
métrica fachada. ObJeto de curiosidad, queda allí dos y que su observancia es saludable, filantrópica y
avergonzada, nostálgica, en espera de la noc~e del
_
año en que vuelva á cantar con su voz fiaay tr1s~e, Y benéfica.
Pongamos como ejemplos los preceptos más fundaoyendo á sus crgullosas hermanas de la Catedra, al• mentales y nos cercioraremos de ello. Uno de los preborotar y aturdir á la ciudad á cada momento con ceptos más fundamentales de la urbanidad es el aseo.
Cuando á Dreyfus, después de la sentencia, le ~re: sus len'{uas charlatanas y escan:lalosas.....
Nadie debe presentarse en público, ni recibir visitas,
guntaron qu6 deseaba, él tuvo esta respuesta tru;te.
ni asist,ir á reuni,,nes si no va lavado, peinado, cepillado. Ea las ropas no debe haber polvo ni manchas,
---Uaa novela.
f t ·
quiere
*
**
El obre hombre cargado de in or umos,
ni Jodo en el calzado; la camisa albeando debe res. de los desengallos de la vida, trepando por la
Las grandes fiestas celebradas en honor del Prime1 plandecer de blancura y de pulimento: el sombrero
sa1ir
,,
fi
·Oh
Ja
realidad
es
una
Magistrado de la Nación, han tenido un eco de estu- cepillado y planchado debe ofrecer los ocho clásicos.
escala de Jacob de1 vDSUe o., '
d bTt·
carga abrumadora para las almas heridas Y e l l a- siasm0 y de admiración en toda la República.
reflejos· la cara, las manos, la.s ullas especlalmeate
En Ja capital rué especialmente inusitada la bri- deben dstentar frescura y Jimpiezg,. Este precepto
d l
'
as
í a lo he dicho otra vez Y no me cansaré llantez y Ja magalficencla. Arcos triunfales, carros de urbanidad es pura y simplemente una regla eled/:::e:riJ. sofiar es el consuelo más grande de los alegóricos, procesiones de obreros, desfile_ de escola- mental de higiene considerada en el individuo queres; por todas partes alegría y salud púbhca.
1
la observa y de alta moralidad en relación con los dees~t!!!u~~f!isttene con nosotros las crueldad~s
más uombres.
de la realidad. Nos da siempre más de lo que pdedlLa limpieza es por todo extremo saludable, ella.
**
os
mima·
hace
Jo
que
las
roa
res
*
precave de multitud de males, erupciones cutaneas.
mos· nos contenta, n
'
os
con ios niños; para tenernos en casa, par~ que non
¿Quién vencerá en esta batalla de tiples de zarzue- úlceras, granos, etc. En el polvo, el lodo y las impude él para evitarnos el tropiezo de una la? Hay para todoslosgustos. En Arbeu, Rosa Fuer- rezas de todo género, van contenidos los gérmenes.
~~da¡~~sperve~sión de un desengaño,. nos entretie- tes artista discretísima., que tiene la maestría de la de multitud de enfermedades. El desaseo y sobre tone con cuentos de hadas, nos rodea de l uguetes maral. esc~na porque no se violenta, ni languidece tampoco, do en sociedad, es tifo, viruela, esca"latina; el cólera
ue tenemos una estrella en a y que da á los personajes que interpreta todo el colom~1 bo y la peste bubónica diezman á las desaseadas.
villosos, nos asegura q
d m'Jver el caleidoscopio
rido y el realce que necesita.a, sin preocuparse de poblaciones orientales; la religión musulmana presfrente, y no se cansa nunca e
arrancar un aplauso intempestivo, con esos agr~ga- cribe las abl::ciones.
deJitse~!~'::i:~ngaíia ni es traidor mientras le so- dos y salidas de tono, que suelen tener los cóm_icos
La generalización del aseo en las personas, en laa
mos fieles Y lo preferimos á las malévolas ficciones cuando no son inteligentes y están ávidos de trmn- h1.bitaciones, en las calles, ha extirpado ó atenuado,
d la realidad. La mentira que seduce, que acaricia fos. De modo que con cler~ guliio malicl~so y pleno
eale ra no es mentira; mentira es la verdad que en- de gracia, y una voz bien timbrada y propia así para las grandes plagas que antes aislaban á la humanidad. La urbanidad, al prescribirlo, ba prestado sn
ytristece,
. g ' que desengaña. y que golpea;
mentira
¡
t es el los lánguidos cantos flamencos, como para las hir- sanción á la higiene y su colaboración al bien huma.
mal mentira la ingratitud, mentira a muer e.
vientes coplas francesas, como para las apasionadas
~te deliquio inocente recordaba yo 1;11ientras leía y sensuales romanza.., ltaliaaas, ya t,enemos una real no.
Otro ejemplo: La urbanidad prescribe la moderalos telegramas del asunto Dreyfus. El mfeliz conde- hembra, primeia tiple, que deleita y subyuga! y hace,
ción en el hablar, la sobriedad en el ademán, la conado quiere olvidarse de la vida.
cada noche crecer el número de sus partidarios.
·Qué libro pondrán en sus manos para esof ¿Acaso
La Soler: la adorable Pata, que es la gracia, la ju- rrección en la actiud. Estas exigencias tienen directa.
10;'estudios modernos tan tristes, tan dolorosos, tan ventud y la primavera de la escena, lucha por hacer atingen;la con la moral. La E&gt;ociedad se hizo para
nuevas conquistas y logra, una cosa heroica: que todo gozar y no para sufrir en ella; se acude á una visita
desconsoladores?
ó á un baile no á ser importanado, incomodado, atro.
No Dreyfus necesita de uoa novela de e11as que co- el público sea su admirador.
mo dice un crítico, se compl_azca en presentar un
Ahora, en el Principal, si se quiere una miniatura pellado, sino á gozar del trato de los demás, á re.
sentimiento como divino, inclrnar ante él_ todas las que trine como un pájaro y se mueva como una ma- crearse con la conversación, con el movimiento y con
instituciones, pasearle á través de una_serie d~ a~l_o- rip•Jsa ahí está la Rodríguez; si se quiere una tiple la vida de otros hombres. Las palabro~as, los gritos,
nes enerosas cantar con una especie de mspua- esbelt~ blaaca, con poca voz, pero con dos ojos co- los ademanes brutales, los movimient;is bruscos ofencióngberoica l~s combates que empeña Y los asaltos quetos ''lue anden traveseando por el tea~ro, ahí está den, molestan, mal t rata.a, lastiman y. por bien de to•
stlene enriquecerle con todas las fuerzas de la Ja Obregón; si se quiere .... ¿pero á dónde voy á pa- dos hay que imponer á todos la moderación.
~;:,~~~ncia ~oronarle con todas las flores de la poesía; rar? El ejército de tiples es muy numeroso y no me
Quien en nombre de la verdad, de la sinceridad 6una novel~ que pinte la vida que produce co1:110 más alcanzarían las galanterías.
de la libertad disputa en vez de discutir, ofende en
bella Y más alta que las demás; muy por encima de
Jugar de. refutar, substituye,al ademán el wanoteo, la
¿Quién vencerá en esta batalla?
tod~ las pasiones Y de todos los deberes, en una recarrera ála marcha, e1 brinco, el descoyuntamiento
ión sublime, sobre un trono donde brilla como una.
al bailEya hiere una susceptibilidad, y1.1. ofende una
uz, como un consuelo, como una esperanza y atiae
dignidad, ya maltrata ó lastima de obra, pisa, da em•
***
hacia sí todos los corazones.. • • •
pellones, rompe muebles y trastos y causa daño i\ los,
La
Compañía
de
Orrin
prepara
una
novedad,
que
y la sombra de Papá Dumas sonríe en el fondo de
con todo ahinco esperan los dilettanti: la ópera de que con él se reunea. DéJese la polémica vehementepara el parlamento ó para el club polít ico, la discumi pensamiento.
Giordano, Fedora.
sión
despiadada y testaruda para la academia clent(Esta obra, según los j ulcios europeos, es de un mofica, el ademán furibundo para la riña y el combate,.
*
dernismo
y
uaa
originalidad
notables.
Se
trata
de
**
una música bordada sobre la famosa comedia de Sar- las carreras y empellones yara el "sálvese quien pue,
Hemos vuelto á oir, después d~ un año de silencio dou. La lírica teatral comieaia á ennoblecer la época da.'' En sociedad no se va á salvar á la patria ai á hala campana dP. la Indepeadenc1a. La que vtno en presente. El frac adquiere majestad y elevación. Ve- cer apostolados, sino á esparcir el ánimo, á gozar yi
prodigar momentos de placer y la moral y h urbl•
roceslón cívica, hace buen ti_empo, engulr~aldada remos . ... . .
nidad están de acuerdo en las reglas que para lo-~e rosas y seguida de un corteJO de magaateo, la ~ue
grarlo han de observar!se.
cruzó Ja ciudad al compás de una marcha her01c~,
compuesta expresamente para ella, la que ascendió
Un anfitrión que vertiera acíbar en la copa, distrl•
ante Ja muchedumbre basta colocarse sob~e el balcón
buyera moscas en el ragout, adornara la mesa con cacentral de Palacio y fué saludarla con dianas y dl1:1laveras y canillas é instalara pebeteros con asufre,.
cursos, y circuida por la noche, de ~n ~splendoro~o
sería tac:ado de envenenador y de malvado. Eo la
círculo de fuego, y cop!ada en los periódicos con _luJO
musa la higiene, la moral y la etiqueta se adunan
de pormenores, cantada por Juan Mateos, corte3ada
para prescribir el modo y forma de comer en sooleor los principales hombres de Estado, acaba d: todad sin despertar náuseas excitando el apetito Y Ja.
~ar la hora que nos entusiasma, las 0~1;e del 1? de
digestión de los comensales y procurando no les
Septiembre, y la catarata humana vol vio á he!vir lomal el banquete. En esos principios está construida
camente por abajo de su bronce sagrado, curiosa de
toda la etiqueta de la mesa.
Y L~ MORAL.
verla y de oírla y con el vago anbelo ?e que al volcar
Debe comerse espacio, porque a..&lt;;í se gusta, se mas•
sobre Ja multltad su voz broaca y vibrante, despertica y se digiere mejor; se debe comer y sobre todc&gt;
tara Jas energía., dormidas. Sus campa~adas son coLos espíritus superficiales y poco d¡i.dos al estudio reber con moderación por ser eso vano y por evitar
mo una épica narración de nues~ras glorias: sus repi- y al
análisis de los hechos familiares y comunes, es- las consecuencias morales de la ero briaguez; no debeques suenan como himnos de tnun~o; cada nota que tán muy
inclinados á creer que las reglas de la urba- mancharse el mantel ni dejar el rocío de las sai.
se expande en el aire es como el JatidQ de un corazón nidad revisten
un carácter arbitrario y caprichoso, ea los labios ó el bigote para no inspirar asco; el 1IIO
de héroe.
que
impera
en
ellas un convencionalismo extrava- del cubierto quita al acto de comer mucho de lo qae
1
y para ver y oír esa simbólica c~mpana, aiio por gante y que su única
de ser y el fundamento tiene de animal y de repugnante. Llevar el cucbll e&gt;
aiio, el pueblo curioso llega _á hench_ir la plaza, y sin- en que descansan es elra;.ón
á la bo~a es peligroso v sucio, lo es Igualmente mecapricho
de
un
momento
getiéndose estrecho en el ampho cuadrilátero, se desbor- neralizado por la imitación y perpetuado por la cos- terse el dedo en la nariz, sonar la boca al mastlCll't
da or Jas calles cercanas, como el agua que se sale
escupir, etc.
-•
del~auce, ó bien se encarama á cuanto ofrece un apo- tumbre.
En este caso se ve cómo basta en sus más inslr;-•
Creer esto y rebelarse contra las reglas de la corteo, un saliente, un sitio vacío: las tazas de las fuensía es todo uno. Los espiritu.s f u.ertes, los crit.erios inde- ficantes pormenores la moral y la higiene apoylll 1
ies, las copas de las árboles, las cornisas de las casas, pendientes
se sublevan á la sola lrlea de que se les im- sancionan la urbanidad.
el pa~io de la. catedral ....
Los rebeldes preguntan. ;Por qué ao me be de~
pongan
actitu1es,
movlmieatos, frases con el carácSin embargo, á pesar de esta espontánea ~enerade gratuitas y obligatorias, sin razón de ser, sin car si me pica? ¿Por qué no be de tomarme el ple "t
ción no falta quien, asaltado por la duda, diga que ter
me place? ¿Por qué no he de comerme las ulllll
no ~nemos certidumbre del servicio que la campana utilidad práctica, sin '}()nexión aparente con el fin os-

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SE:MANA

f

ta Urbanidad, la Higiene

ca•

••

EL MUNDO

me agrada? ¿A quién perjudico con ello y qué mal
U' en todo eso1 Hay uao Y muy grave: el hombre
-4 medida que se civillza se hace más delicado y más
sensible; un hecho cualquiera susci~a en él por aso~laelón Ideas accesorias que suelen ser malsanas 6
Inmorales ó por lo menos despertar otras de carácter
repugnante; un hombre que se rasca aate un ,¡alvaje
00 despierta Ideas asociadas ni produce repugnancia;

195

lo que es más: después de aceptado el sacrificio el do, porque agrava su crimen y confirma la monsdolor que nos produce tiene algo consolador ......' Y truosidad.
cua~do ya la tempestad es pasada, el recuerdo de lo
Y es tal la fatalidad con que todas las fuerzas husurrido se ostenta como cicatriz gloriosa y se siente manas trabajan en el sentido de hacer del género
orgulloso al decir: cr.on mis brazos be logrado soste- humano uaa vasta unión de pueblos, que basta la
ner á estos seres :iueridos; me deben la vida, no uaa guerra misma, queriendo contrariar ese resultado le
vez Y por el azar de la naturaleza, sino cien veces, sirve á su pesar, acercando entre sí á los mismos puemll 1•~ces, por mi esfuerzo, por mis desvelos, por mis blos que tratan de destruirse. Este hecho de la hisante hombres civilizados se suscita la idea de un in- coog-oJas y angustias.&gt;
toria ha dado lugar á la doctrina que ba visto en la
-,cro repugnante, de uaa erupc:ón asquerosa, de un
1'.Uás vale--dice ei personaje de Tolstoi,-más vaestado de des'.lseo y hay que evitar causar esas impre- !e pas'l.r hambre y sed, ser espulsado de la casa por guerra un elemento de civtlizaclóo, como podría poseerlo también la peste, el Incendio, el tormento, que
,a1ooes.
rnsolvente; val~_ más encontrarse en J,¡ calle, privado
La mitad de la urbanidad está contenida en este de todo, que vivir en una certidumbre dolorosa ro son causa ocasional de reconstrucciones nuevas, más
.aolo precepto: Xo Inspirar repugnancia;---precep- una soledad ~onti~ua, en un disgusto, que turb~ la bellas y perfectas que las obras desaparecidas.
En ese sentido negativo, la tiranía misma, la intoto higiénico, si los hay, por cuaato á que la sangre, pervierte 1c.s sentidos y acaba por empujarle
ler,mcia, las preocupaciones del fanatismo, han con,impresión de repugnancia interrumpe ó trastorna á uno al abismo.&gt;
tribuido al cruzamiento y enlace de las naciones, por
la digestión, ocasiona náuseas y vértigos y otros camlas emigraciones y proscripciones á que han dado Jubios orgánicos perniciosos-y precepto moral, porque
gar. La tiranía de Carlos I de Inglaterra, tiene gran
la repugaaacia es un sufrimiento de los más desagraparte ea la población y el vilización de la América del
&lt;lables, y nadie debe 1afligirlo á aadie.
Norte. Las persecuciones de los hugonotes han dado
Los rebeldes á la urbanidad prueban UP sentido
un impulso á la industria inglesa.
moral deplorable y un sentido higiénico extraviado;
Ya bemos dicho que .Alberico Gentlle y Hugo Gro(A PROPOSITO DE LA CONFERENCIA DE LA IlAYA).
la urbanidad nace y se impoa., con la ilustración del
cio ao s&lt;.rfan los autores del derecho de gentes mohombre, con su mejor inteligencia de la vida y de sus
derno, sin el destierro que los sacó de Italia y Holanverdaderos intereses; lejos de ser una farsa insulsa y
¡Abolir la guei·ra! Utopía. Es como abolir el Cl'i- da para habitar lares extranjeros. La moderna polí.in simple paso de baile, es una garantía de salud, de
t ica de unión eatre Inglaterra y Franela no
dignidad, de bienestar y de virtud, y sólo con su es- men, como abolir la vma.
La guerra como crimen, Yivirá como el hombre; la sería tal vez un hecho, hoy día, si largos años de emitricta observancia es posible y es grata la vida social.
guerra como pena de ese crimen, no será meaos du- gración ea Ingiaterra ao hubieran hecho de Naporadera que el hombre.
león III el más iaglesado de todos los franceses.
¿Qué hacer á su respecto? En calidad de pena suaTizarla según el nuevo derecbo peaal común: ea caliIY
dad de crimen, prevenirlo como á lo común de los
crimeoes, por la educación del géaero humaao.
Pero ¿qué causa pondrá principalmente fia á la reEsta educación se hace por sí misma. La operan petición de la guerra eatre nación y a ación? La misl~s cosas, la ayudan los libros y las doctrinas, la con- ma que ha disminuido las rlllas y peleas entre los
firman las necesidades del hombre ci vlllzado.
particulares de un mismo Estado; el establecimiento
No será de resultas de la idea más ó meaos justa de tribunales substituidos á las partes para lá decique se baga de la guerra, que ella se hará menos fre- sión de sus diferencias.
'IJN RETRATO DEL GENERAL DIAZ cuente.
El criminal ordinario no delinque pc,r un
¿ Qué circunstancias bao preparado y facilitado el
error de su espíritu en el modo de evitar el hecho establecimiento de los tribunales interiores de cada
POR J. CUSACHS.
criminal: las más veces sabe que es criminal; el la- Est,ad;i1 La coosolldacióo del país en un cuerpo de
En la casa Pellandlni se encuentra en pública drón sabe siempre que el robo es crimen, y jamás ro- nación, bajo un gobierno común y central para to-ei:blblción un magnífico retrato del señor General ba porque piense que el robar es honesto. El crimen do él.
Este mismo será el camiao que conduzca á la asoDíaz, queal propio tiempo que es una obra de arte se impone á su conducta por uaa situación violenta
_pletórico, como composición y como ejecución, tiene y triste, por un vicio, por un odio. Bastaría una si - ciación de las naciones que forman el pueblo mundo
tuación opuesta para que el crimen dejase de ocurrir. á la adquisición de los tribunales que han de subs:
un notable parecido con nuestro Primer MagisEl crimen de la guerra no difiere de los otros en su tltuir á las naciones beligerantes en la decisión de
trado.
Hay que advertir que el pintor español Cusacbs, manera de producirse. Los soberanos se abstendrán sus contiendas.
.Así, todo lo que conduzca á suprimir las distancias
naturalmente, no contó para ejecutar el cuadro á de cometerlo á medida que otra situación más feliz
,que nos referimos más que con fotografías del ilustre de las naciones Je de lo que su ambición pedía á las y barreras que estorban á los pueblos acercarse y forcaudillo que está al frente de los destinos de nuestra guerras; á medida que la economía polftica les de lo mar un cuerpo de asociación general, tendrá por repatria, lo que á todas luces hace más meritorio el per- que antes les daba la conquista, es dech, el robo in- sultado disminuir la repetición de las guerras interternacional; á medida que el miedo al desprecio del nacionales basta extinguirlas ó disminuirlas á lo metecto parecido.
Nuestros dlarics han descrito ya ampllameate el mundo les haga abstenerse de hacer lo que es despre- nos.
Cread el pueblo internacional, ó mejor dicho, de-cuadro en cuestión, y hoy ofrecemos á nuestros lec- ciable y ominoso.
jadle nacer y crecer por sí mismo, en virtud de Jaley
tores una exacta reproducción de él.
II
que os hace crecerá vos mismo, y el derecho interDebemos agregar que el tratamiento del cuadro
nacional ~mo ley vi va, estará formada por sí mismo,
'88 distingue por una sencillez que sólo es dable doLa guerra no será abolida del todo; pero llegará á
minará los verdaderos maestros, como lo es á no du- ser menos frecuente, menos durable, menos general, y con solo eso. Cuando vacfais un líquido en una
fuente, no tenéis necesidad de ocuparos de su nivel·
darlo el eminente Cusachs, de uai versal nombradía menos cruel y desastrosa.
él mismo se cu-ida de eso, y se nivela mejor que 1~
-en su especialidad de pintor de asuntos militares.
Ya lo es hoy mismo en comparación de tiempos pa- haría el primer geómetra. La humanidad es como ese
sados, y no hay por qué dudar de quP. las causas que líq'.liJo. Donde quiera que derraméis grandes porciola han modllicado basta aquí, sigan obrando en lo nes de ella, la ~e•éls nivelarse por sí misma, según
venidero en el mismo sentido de mejorar; como se esa ley de gravitación moral que se llama el derecho.
EL PRELUDIO DE CHOPIN.
ha.o cambiado las penas, como los crlmenes se han Antes de darse cuenta del derecho, ya el derecho la
Con este título ba publicado recientemente uaa hecho menos frecuentes con los progresos de la ci vi- gobierna, como se pára y camina el hombre en dos
novela el hijo del céleb:e escritor ruso León Tolstoi. lización.
pies antes de tener idea de la dinámica.
Ese cambio estaría lejos de realizarse si su ejecu.El Preludio de Ohopin es un elocuente alegato en faAs~, dejad que trabajen en el sentido de una orgavor del matrimonio, así como la novela ae su padre ción estuviese encomendada á los guerreros, es decir, nización iateroacioaal del género humano los siguienLa 8&lt;&gt;nata de Kreutze¡-, es un violento ataque al ma- á los soberanos. Ellos al contrario, están ocupados tes elementos conducentes á esa organización esponen fomentar las invenciones de máquinas y procede- tánea.
trimonio.
Al hablar de este nuevo libro, dice el célebre críti- res de guerra más y más destructores.
Primero. El cristianismo y su propagación, si no
No son la política ni la diplomacia las que han de como dogma. al menos como doctrina moral. El de-co espal!ol Zeda:
Cuando el hombre ba llegado á su madurez y tiene sacar á los pueblos; de su aislamiento para rormar esa recho no e~cli.:ye á los mabometaaos, ni á los hijos
ya trazado el rumbo de su vida, el matrimonio, lejos sociedad de pueblos que se llama el género humano. de Confuc10; son ellos, al contrario, los que excluyen,
-de ser una traba, es un estímulo poderoso á sus am- Serán los intereses y las necesiJades de la civiliza- pues es un hecho que son los pueblos cristianos los
biciones y á sus legítimos deseos de prosperidad. El ción de los pueblos mismos, como ha sucedido hasta que han dado á conocer basta hoy el derecho internacional moderno.
•
-que más y el que menos de los humanos es algo pere• aquí.
Desde luego el comercio, industria esencialmente
ZOSO¡ el trabajo es una maldición ...... «Con el suLa moral cristiana no necesita más que una cosa
-dor de tu frente ganarás el pan,&gt; dijo el Creador, y iateraacional que hace de más en más solidarios los para completar la conquista del mundo, en el sentido
para cumplir con relativa conformidad este casti- intereses, el ble11estar y la seguridad de las naciones. de su amalgama; -que la desarméis de todo instruEl -:omercio es el pacificador del mundo.
,go, son menester mucbas y poderosas causas.
mento de ,·lolencla y la dejéis sus armas naturales
Luego, las vías de .::omunicación y las comunica- que son la libertad, la persuaelón, la belleza.---Un sa:
El ~ombre casado no lucha por él solo, lucha por
clones que el comercio crea y necesita para su labor cerdote de Jesucristo, armado de callones rayados y
•'BQ muJer y sus hijos. Cuaado desfallece, mira en torno suyo, y sus brazos ó su inteligencia cobran nuevo de asimilación.
fu,iles de Cbassep?t para imponer uaa ley que se imLuego, la libertad, es decir, la intervención de ca- pone por rn propio encant::,, es cuando menos un
'Vigor. ¡Cuántas bumillaclones no se sufre y cuántos
-quebrantos no se soportan pensando, no en nosotr1-s da estado en la gestión de sus negocios y gobierno error que aleja al mundo de la c:mstltución de su
'81no en los seres '}Ue de nosotros depeadenl ... . .. Y de sus destinos, que basta por sí sola para que les unidad. Para coa vencer al mundo de la belleza de la
luego que solamente son grandes y nobles las obras pueblos no decreten la efusión de su propia saagre y Yenus del Capitolio, no bao sido necesarias las pe-qne Re nacen para el porvenir. . . . Estas son las úni- de sus prop!os cauda!es.
nas del iatlerno y de la inquisición, ni Maquiavelo
Pero, sobre todo el agente más poderoso de la p!lz, ha tenido que sujerlr el menor lnventv á la tiranía
cas duraderas . . . . como que las hacemos pensando
es la neutralidad, fenómeno moderno que no conocie- para Imponer á los ojos la belleza de la Venus de Mé-en nuestros hijos.
el matrhnoaio es estimulo de la v!da, no sólo del ron los antiguos; cuando Roma era el mundo, no ha- dlcls.
Dad á leer el Evangelio á un hombre de sentido
h1duo, sino de la sociedad, es también el único bía neutrales si Roma estaba en guerra.
&lt;'Omúa; y si no corren de sus ojos esas dulces lágri:uerto tranquilo de la (,Xisteacla. A la puerta de un
III
mas que hace verter la más sublime unción, la más
ogar formado por el amor y mantenido por el tra•
alta y noble poesía, decid que ese hombre no tiene
!-Jo, parece que los cuidados y las Inquietudes se deSe babia con cierto pavor por el ponenlr del muu- alma ó carece de un sentido, pues ni Rafael, ni el Tiienen, como las furias que perseguían á Orestes, se
-e:itenían en el vestíbulo del templo. Y cuando las do de los inventos de máquinas de destrucción, que ciano, ni Miguel Angel, han dado á Jesús la belleza
d amina.des descargan sobre esos bogares, cuando la ba~e cada día el arte de la guerra; pero se olvida que que tiene su doctrina por sí misma. Conquistando á
~~ha Y la mala suerte se desencadenan sobre ellos, la paz es menos fértil en conquistas é Invenciones los conquistadores del mundo, el cristianismo ha pro,.
a entonces el esposo y la esposa, rodeados de que hacen de la guerra una eventualidad más y más bado ser la moral de los hombres Ubres, pues los gerhijos, encuentran fuerzas para luchar y bríos tmpo8ible.
manos han encontrado en él la expres!ón y la !órmu.
Con sus inventos la guerra Be suicida en cierto mo- la de r,us instintos de libertad nativa.
Bacrificarse f alientos para no desfallecer . ... Y

ABOLICION DE LA GUERRA.

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----------------

tni

:a

�D_o~l!3go _17 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.

ble acepción del vocablo. Picquart tenía tod1Js los
motivos para no obrar por cuenta propia, pues pertenece á un país en que el hom.:;re se entrega á una pa:stón general, á un partido,. á una clase, sin reservas
personales, y por su profesión. por su situación espe·clal-en el Estado Mayor, estaba ,Jamado á hacer esa
fatal y fructuosa re~uncia de las propias convicciones en beneficio de intereses superiores indiscutible'!
,segdn la teoría del Estado que priva en ciertos pa{

196

ses.

Pero Plcquart es antes qu~ fra~cés y antes que sol-

-dado, hombre moral, de cooCieocia serena exio-ente·
-cuando crey_ó en la culpabilida_d de Dr¡,yfus, ~plau:
dló el veredicto conJenatorlo. s10 piedad para el reo·
,cuando creyó en su inocencia, hizo la revisión, po:
ntendo en esa obra toda la impasible energía que los
hombres de voluntad emplean en sus actos cuando la

1117

EL MUNDO.

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

t

oc:1 nt~guo jefe de la oficina de informes secretos
to P 1a ar,:a de _los tPstigos el jueves 1 ¡ de Agos:
tó/ s \te1timomo fué una exposición precisa y me. icab e os hechos en que se basaba su opinión
f avora le á Dreyfus.
noDteíl? de sí mismo, el teniente Coronel Picquart
ó em ª &lt;1ue sus palabras se perdiesen en la atm sfera fü~l salón. Como todos los hombres que son
una autoridad, las dejaba caer una á una sin bus
fªr efectos; el auditorio la:, escucbaba con' atención·
as avaloraba, se sentía arrastrado por ellas en ei
curso de la ai:gumentación que la inspiración del alma de aquel ¡usto hacía elocuente.

~nvlcclón los imp.:.lsa.

Sucedió al anterior el arzobispo de Nlcnsia, quien
con el nombre ele Esteban Pedro X ocupó la sedebasta hace mes y medio que murió.
El nuevo Patriarca será recibido en audiencia por
el s_ultán tan luego como se promulgue el decreto impenal.

LOS DESORDENES DE PARIS.
El Sr. Guerin sigue en su fortaleza de la calle de
Cbabrol, observando á l&gt;\ po1icía que lo vio-ila á su
vez_. ... sin impedí, que los amigos y partid;rlos del
f~r~oso rebe!?e le enví~n. de las casas fronteras, poco
v_1~1ladas, nveres sulic1entes para resistir el larg0s1t10.
Ultimamente ha sobrevenido una cnmp'icacióo que
pnede ent orpeüer los propó_,itus 1.:ómicu-1Jero1cos del

Los OBISPOS C'ATOLICOS ARJIIENIOS REUNIDOS EN SINODO PARA EL NOl1BRAMIE;s-TO DEL NUEVO P.1.TRIARC ,\ ,

La figura de este hombre es la misma en todas las
1lirounstancias. En su oticma del Estado Mayor 1 en
lacát.edra en que enseñaba topografía, en Africa, peraeguldo Y ccnctenado á . muerte por sus jefes, en la
prisión de Cherche ~id1; insultado por Esterbazy, en
su duelo con Henry, siempre es el mismo: un impasible
·que no tiembla, q Je no se exalta, que no se abate.....
Y cuando el partido de la revisión derroca un mi:lsterlo, forma otro, obtiene la sentencia de la Corte
: Casación y Picquart sale de su celda, el bravo teente C?ronel no pierde la cabeza: comparece ante
1conce¡o de Reunes como ante los jueces que vieron
~u propia causa, como iría ante el pelotón si Jo con...~~ran á muerte, imperturbal)le; ni abatido ni
-.......ello.so.
'

!

PICQUAR'.l' RINDE eu DECLARACION ANTE EL CoNSEJO DE RENNES.
r:::. Segundo. Después del cristianismo que ha ense-

ñado á los pueblos modernos á considerarse como una
familia de hermanos, nacidos de un padre común,
ningún elemento ha trabajado más activa y eficazmente en la unión del género humano como el comercio, que une á los pueblos en el interés común de
alimentarse, de vestirse, de mejorarse, de defenderse
del mal físico, de gozar, de vivir vida confortable y
civilizada_ El comercio ha hecho sentir á los pueblos, antes que se d~n cuenta de elle, que la unión
&lt;le todos ellos multiplica el poder y la importancia
de cada uno por el número de sus contactos internacionales.
El comercio es el principal creador. del derecho internacional, como construc~or incomparable de la
unidad y mancomunidad del género humano.
El 'ha creado á AJbérico Gentlle y á Grocio, inspirados por Inglaterra y Holanda, los dus pueblos
más internacionales de la tierra por su rol de mensajeros y ::onductort!S de las nac:ones.

El derecho de gentes moderno, como hecho vivo y
como ciencia, ha nacido en el siglo XVI, siglo de las
empresas gigantescas del comercio, de los grandes
descubrimientos geográficos, de los grandes viajes,
de las grandes y colosales empresas de emigración y
de colonización de los pueblos civilizados de la Europa en los mundo~ desconocidus hasta ento;ices.
Esas conquistas del genio del hombre en el sentido
de la concentración del género humano, han sido
preparadas y servidas por otras tantas que han hecho en el dominio de las ciencias los CopérniC•)S, Galileo, Newton, Colón, Vasco de Gama, etc.
Poniendo al mundo en el camtno de su consolidación por la acción de sus instituciones sociales y necesidades recíprocas, estas ciencias han preparado la
materia vi va, el hecbo palpitante del derecho internacional, que es la organización del género hu ruano
en una vast'3. asociación de todos los pueblos que lo
forman.
El comercio, que La realizado hast,a. hoy las aspira-

ciones del cristianismo y de la ciencia, será el que
trabaje en lo futuro eri el complemento ó coronamiento de la civilización moderna, que no será más que
una semi-civilizaciqn, milmtras no exista un meillO
por el cual pueda _la soberanía del género humano
ejercer su intervención en el desenlace y arreglo de
los conflictos parciales, dejados hoy á la pasión Y i la
arbitrariedad de cada parte interesada en desconocer
y violar el ctn,recho de su contraparte.

EL TENIENTE CORONEL PICQUART·
Est-? notable tes ti o-o, factor principal de la rerlsió:;
es no sólo una figur~ en el proceso, es una figura ,
la época. De él se ha dicho como supremo doglO·
«éste es un bombre.&gt;
Y Jo es en la más amplia y también en la más llOl

Juuo GuERIN, JEFE DE LOS .ANTISEMITAS
FORTIFICADOS EN LA CALLE CHABROL.

El nuevo Patriarca de ..i_rwenia.

Sr. Guerin y dar al traste con su empresa· la fiebre
se h~ enseñoreado del cuartel de los aritise'mitas ....
Mientras el farsante Guerlh hacía guardia en el
tejad? del d'uerte Chabrol,&gt; el Sr. Sebastián Faure
am_otrnaba á las turbas. Ya el cable nos dijo qué Jina¡e de horrores cometieron esos energúmenos en su
asalto á la iglei,ia de San josé, asolada por los revoltosos,. co~o se ~e en nuestro ¡!rabado.
Ep1sod10 cur1oso: á 1íltimas fechas intentaron un
nuevo asalto á la misma iglesia, pero ó los asaltantes
er~n pocos ó el clero no estaba en disposición de sufnr ot~o atentado, y para impedirlo armó de un fusil
al sac~1stán de la iglesia, el cual dispersó la fuerza
enemiga poméodola en vertigino'la fuga.

La muerte del P~trlarca Este_ban P¿dro X dejó vacante_ el trono patriarcal armemo-católico. Los quince obispos que rep_resentan las diócesis del imperh
Otomano, ¡¡e reumeron en sínodo para elegir al nuevo titular, lo que hicieron pocos días ha.
El prelado que reunió la mayoría de vutos es MonSE'ñor Emanueliano, quien bajo el nombre de Pedro
XI fué solemnemente proclamado Patriarca de los
armenios católicos. Recibida la noticia del nombra.
miento en el Vaticano, S. 8. León XII1 lo ratificó.
La comunidad a.rmenlo-católlca fué fl::ndada en
Turquía hace más de ciento cincuenta años, pero hasta 1827 se constituyó oficialmente, separándose de
la comunidad armenio-grei?orlana. • El primer jefe
fué Monseñor Nouridjian,
quien llevó el título de Arzobispo de los armenios -católicos.
En 1831 se promulgó un
firmán imperial que creó
la dignidad de patriarca.
Junto á esta dignidad existía la de jefe e11piritual de
la iglt'lia armenia, el cual
era un arzobispo titulado
Cathólicos de Cilicia que
reconocía la supremacía papal. El Catbólicos residía
en el Libauo y su cargo era
vitalicio.
El año de 1866 el Patriarca Hassoun unió á su dignidad la de Cattólicos; pero el al'lo siguiente la bula
Re•1ersa1"US originó una escición en la comunidad y el
Patr larca se retiró á Roma,
en donde murió después de
CASA DE LA CALLE CHABROL EN p ARIS, DONDE SE HA l!'ORTIFICADO
haber sido hecho cardenal.
GUERIN.

�Domingo 17 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

198

EL MU NDO.

199

~

La columna á la Independencia, erigida en 1822 y
bra del célebre Tres Guerras es po&lt;.0 conocida, por
fo que creemos de interés publicar el grabado que la
e rtlSenta. Narla diremos del mérito de ese monu~!nto ni de su hermosa significación en la época en
ue fué levantado, palpitantes aun los recuerdos de
guerra libertadora en uno de los lugares en que se
s~ntleron los primeros estremecimientos de vida independiente.
En el S,mtuario de Atotonilco el Grande tomó Hidalgo el pendón que sirvió de signo de alianza y 11berr.ad á los primeros com bat,ientes de la Patria. Hoy
se conserva ese estandarte en el Museo de Art illeria que atesora tantas reliquias históricas en E.us salones.
La cas&lt;L del sub--delegado y del h éroe Abasolo en el
pueblo r!e Dolores son históricas. Allí se derramó,
como es.sabido, la primera sangre al iniciarse la revolución de 1810. Mas no sólo guardan ese recuerdo;
son un test imonio de la miseria del pueblo y de la
cruel explotación de sus trabajos en la época virreinal. Cuentan las viejas crónicas que esas casas se hicieron por miserables operarios que sólo recibían en
pago de su rudo t rabajo, una pieza de pan negro y
un pui'lado de maíz .. . .. .

¡

El Puente ae Salvatierrav la Roca del Venadito.
En Septiembre de 1811 salió Castillo y Bustamante de Valladolid en persecución del f}abecilla insurgente Muñiz.
Librada una sangrienta batalla,los independientes
fueron derrotados, coosuwando esa derrota Iturbide,
al frente de su caballería.
En el mismo lugar de la batalla que se ve en nuestro grabado fuerun inhumanamente f usilados tresclentGs prislooer,,s.
Se recordará que Mina, el intrépido caudillo espai'lo! y t:l mexicano D. Pedro Moreno, llegaron en ia
mailana del 26 de Octubre de 1817 á la Hacienda de

ALHONDIGA DE GRANADITAS. ANGULO EN QUE SE CLA VU LA CABEZA DE f-II::&gt;ALGO.

la Tlachiquera. Acompaiíábanlos D. Pascual Moreno,
hermano de D. Pedro, y algunos oticlales que ei,caparon de las matanzas del Sombrero.
Muchos dlas de fatigas llevaban ya los jefes insurgentes; el cansancio los dominó y se retiraron á dormir esa noche en las trojes del rancho del Venadito,
situado en terrenos de la Tlacbiquera.
Orrantia venia siguiendo los pasos de Mina, y en

Mina contestó con entereza y entonces el iracundo
español le dló dos ciotarazo11, que iw,piraron á Mina
estas nobles palabrai;:
«Siento haber caído prisionero; pero este infortunio es mucho más amargo para mi, por estar en manos de un hombre que no respeta el nuwbre español,
ni el carácter de soldado.&gt; Habe querido negar la autenticidad de la frase de Mina, pero quieu conozca.

LA IGLESIA DE S AN JOSE (PARIS) SAQUEADA POR LOS ANARQUISTAS.

Recuerdos de la

l

CASA CURALj B.ABI'l.ACION DEL SR. HIDALGO
EN DuLOliE•.

Ü.ASAS DEL SUB-DELEGADO Y DEL HEROE ABASOLC.
EN DOLORES.

Independencia.

llm,tramos esta edición
de nuestro semanario con
algunos g rabados de la epo•
de la Independencia.
Es el primero de ellos el
que representa el estudio
del Padre de la independencia en la casa cural de
Dolores; tiene de p,nticula.r y g rato para los mexicanos el que están allí reu nidos los objetos de uso
diario del Sr. Hidalga. Toda una época se revela en
esa habitación bumide,austera, de cura de almas; se
comprende al verla que un
hombre superior, tenido
en mucho por el clero alto y en más por la socia.
dad, preocupado pür altas
ideas de regeneración en
prPsencia de la mezquina
condición de la colonia,
viviese torturado en aquella celda, hecha para al•
bergar el embrutecimiento
y el eplcureismo de un cura vulgar, bien cebado y
bien provisto de rentas. Si
es grande Hidalgo en la lucha, es más grande en la silenciosa labor de gestación
de su obra: el que lo admire, lo admirara mucho más
en sus fecundas vigilias
consagradas á la meditación que en los moment(IS
apocalípticos de la matanza.
Presentamos también á
nuestro,; lectores un'\ vlst a
del conocido edificio de la
Albóndiga de Granaditas,
visto por el lado en donde
fué clavada la cabeza de
Hidalgo, condenado como
se sabe por la brutalidaci
virreinal escarnio póstumo en ese lugar que es boy
objeto de la veneración de
todos los mexicanos.

ROCA DEL VENADITO EN LA QUE FUE MUERTO EL JEFE INSURGENTE
D. !'EDRO MORENO.

S.ANT'C'ARJO DE ATOTONILCO EL GRANDE, EN DONDE EL SR. HIDALGO
TOM ú LA IMAGEN QUE SlltvlO DE PJ!.NDON A L OS I NSURGENTES.

la madrugada del 27 llegó al lugar en que estaba el
héroe, mandando que ciento veinte dragones avanzasen al golpe para impedir la fuga de los jefes independientes.
D. Pedro Moreno percibió el rumor de los caballos
enemigos, levantóse violentamente y t omando su espada huyó á una cañada que está cerca de las trojes; el criado que lo acompañ'aba volvió para traer los
caballos, pero habiéndolo aprehendido los enemigos,
á fuerza de amenazas les dijo el Jugar en que estaba
su amo. Dirlgiéronse á él al gunos oficiales y soldados
de Orrantia, trabándose un combate sangriento: Moreno, sin otra arma que su espada, se defendió con
valor be1 oico. Los realistas querían llevárselo vivo,
pero al ver su resistencia dispararon contra él.
Recibió un balazo en la cabeza y cayó cubierto de
sangre. Los soldados le cortaron la cabeza lleváodo .
sela á Oran tia, el cual la envió como trofeo al Brigadier Negrete.
Asi murió Don Pedro More&gt;::Jo en el lugar que se ve
en nuestro grabado.
Entretanto Mina había huido también, sin casaca
y sin armas. Quiso r·e unir á los suyos, pero fueron
vanos srs esfuerzos. Todos habían escapado. Fué
aprehendido por uno de los dragones alli apostados
por Orrantia y atado con fuerte!. ligaduras. se le llevó
á la presencia de er,te jefe,quien •·olvidandolos fueros
de la desgracia,'' como dice un historiador, insultó cobardemente al prision8ro llamándole mal español y
traidor á su rey.
P UENTE DE SALVATIERRA,
ESl'UDIO DEL

SR.

HIDALGO EN SU CASA DE DOLORES,

¡
·
..

MONUMENTO A LA INDEPENDENCIA, OBRA DE TRES
GUEltRAS Y ERIGIDA EN ÜELAYA EN 1822.

�Domingo 17 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

2J O

l)omtngc 17 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

RETRATOS AUTENTICOS.

DE UN DISCURSO
Pr~nunc'ado el 1R de Sepuemt,re de 1805, en el
campamento de "[A s,,.
b•na," junto l\ Acapulro,
J or encargo de la Junta
patriótica de la ml•ma
ciudad, que con la pob•a•
rión se babia translada~ei~.expnsado campa-

RA.YON.

ALLENDE.

ALDAMA..
Ic,s antecedentes del noble joven, reconocerá el gran
corazón que alentó en él toj a su vida.
Don Jo&amp;é María Liceaga, Don Pascual Moreno y
otros compañeros de Mina huyeron, los demás fueron
muertos en aquel sitio trágico. Pudo salvar la vida
el duP.i1o de la hacienda, ::i1. Herrera, quien conducido á Irapuato, se fingió !eco durante varios ai1os para
no i;er ejecutado.
Mina fué llevado á Silao y de ese lugar á Irapuato. Pusiéronle grillos en los piés; al verlos exclamó
Mina: &lt;¡Biirbara costumbre española! Ninguna otra
nación usa ya este género de prisiones; más horror
me da verlas que cargarlas.&gt;
En el campamento de Liílán, frente á los' Remedios, se le quitaron las prision~s, y recibió luego el
tratamiento debido á su gran carácter y á su altacateg,1ría. No fué este cambio una gracia inspirada en
la bondad; los espai1oles querían sacar partido de su
vícti.na y llevarlo de grado á la confesión de los secretos relacionados con la. expedición orga.nizada en
Londres y en la que tomó parte el célebre Padre
Mier, preso á la sazón en México.
Mina no desmintió sus altas virtudes, y es fama

que todos admiraron la entereza c0n que se resistió á
hacer unaconfesión que perjudicara á otros, y que esta
conduc¡,a le granjeó las simpatías del ejército.
La barbarie espai'iola celebró con repiques y TeD l':Um la aprt&gt;hensión del temido Mina. Los jefes y
soldados que se apoderaron de él fueron premiados, y
!\l Virrey Apodaca recibió el ridículo título de Conde
del Venadito.

Mina era un hombrP. muy simpático, y más lo fué
en su infortunio; así es que hubo de apresurarse su
ejecución para impedir que se hiciesen represeutaciones para obtener su indulto.
Pocas ejecuciones ha habido tan solemnes y aparatosas como la de Mina; llevósele al cerro del Bellaco, y ante los defensores de los Remedio~, se le fusi&gt;
16 por la espalda el 11 de Noviembre por la tarde.
Murió Mina con valor, como murió Moreno, en el
Venadito como mueren tocos los que tienen la conciencia d~ un alto deber noblemente cumplido. Y
Mina, que no apagaba aun los primeros entusiasmos,
(tenía apenas veintiocho años) era quien mejor y más
bizarramente podía afront.u uua mutlrte de néroe
sin desfallecimientos.

MUSA

Aquí. celebramos el irran día de la Patria en-

Suplemento de novelas.
•
Comenzamos hoy á repa rtir en rnplemento las novelas ilustradas que hemos ofrecido
á nuestros lectores. lJa.m·•s prP.ferencia á
Nuestra Sen.ora, de Víctor Rugo, mientras acabamos de preparar la gran edición
del Quffote, que requiere muchísimo trabajo previo.
lJe todos modos, hemos de procurar siempre que nuestros abona&lt;los queden satiefechos, como de seguro quedar~n hoy con la
afamadísima obra de Víctor Rugo, cuya pu·
blicación durará poco tiempo.

HEROICA

Hay versos de oro y hay notas de plata;
Mas, busco, sei1ora, la estrofa escarlat'.I.

MANUEL GUTlERREZ NAJERA.

1895.

IGNACIO

M. ALTAMIRANO,

No se traduce nuestro pittriotismo en vanas

frasea, ni es besando una cadena como nosotros
1

itlorificamos el hecho glorioso de haberlas quebrantado; no es adulando á un extranjaro vás\ago de tiranos, como nosotros proclamam'os la
aobe~~nfa de nuestro pueblo, no: quédese esa ignomm1a pa- a aquella mu ltitud envilecida del
een_tro, raza sin vigor y sin dignidad, sin virtud
Y a1n eeperanza, raza que como el pueblo de li•
rae! adc,ra hoy al becerro de oro desconfi,rnd0
del Dios v erdadero pero que esta~á prontll después á ha~er pedazos su ídolo, cuando baje del
Sinaí, radian te y terrible el Decálogo que lll condena y espanta.
No: nosotros somos los hombres que cotfiamr s
:iernpr? _Y los que ~reemos que la independencia
glor1f1ca combatiendo por ella, muriendo por
a, ~oso~ros somos el Sur, ese pueblo que com:ren~1ó Hidalgo desde los primtros días de su
ero1co levant amiento, y 111 que con tanta razó a
como confianza, envió á Morelos sin armas v sin
tt:0Paa, á la sazón que él mismo se dirigía ;\ Mé·
11co
., ·
. .
tr con un eJerc1to,
como d1c1endo:
- « Al cen°n~e ne~esita vencerlo; al Sur, basta iluminarlo.»
d loa hizo leer á Hidlllgo, como hace lt&gt;er á to·
0 • loa genios en e l libro del porvenir y desde
~ntonces e_l Sur ha realizado el vatici¿io del pll·
re de la m depencia.
~ -r~Jos, g e~io tam?ién y conf.iado por _eso en
80
•uelt lSión: sah ó de M1choacán, y tranqm io re seguO Y 8lll d etenerse, penetró en nuestro rumb0,
cf ro de encontrar á sus hombres. El no co~onombres, pero pronto reconoció sus almas
resacó de las 111as1ls á sus escogidos, E,os
e ayer eran pobres la brit&gt;g'Js ó ganaderos per •

Ji

El chorro del agua con ímpetu rudo,
En alto su acero, brillante y desnudo,
Brufiido su casco, rizado el airón,
Y el iris por banda, buscándote salta
Cual joven aman te que brinca á la alta
Velada cornisa de abierto balcón.
Venid á la fronda quc:l os brinda hospedaje,
¡Ob. pájaros raudos de rico plumaje;
Los nidos aguardan; venid y cantad!
Cantad á la alondra que dijo al guerrero
El alba anunciando: ¡Desnuda tu acero,
Despierta á los tuyos. . . Es hora . ... Marchad 1

blante sus frescas emanaciones.
Aquí, no se ostentan columnas de mármol, ni
estucadas paredes, ni ricos artesones, ni bordadas colgaduras, encerrando la imagen del divino
anciano de Dolores, pero en cambio, enmedio de
eataa montaftas altivas, bajo el hermoso cielo del
tr~pico, junto á este muro de bayonetas, junto á
eate muro de cor azones y fren te al enemi&lt;TO de
la Patria, es donde se levanta, se yergue
flamea el pabellón de la República.
¿Qué más hermoso templo, oh Libertad s11gra da, qué más armonioso himno, oh Patria querida, qué_más ardiente recuerdo, oh sublime padre
de México, qu e este templo, que esta armoní&gt;t
guerrera y que esta efusión sublime de las almas

heroicas?

¡Oh noble sei1ora! La tierra te canta
El salmo de vida, y á tí se levanta
El germen despierto y el núbil botón;
El lirio gallardo de cáliz erecto;
Y fúlgido, leve, vibrando, el insecto
Que rasga impaciente su blanda prisión!
La casta azucena, cual tímida monja,
Incensa tus aras; la dalia se esponja
Como ave impaciente que quiere volar;
Y astuta, pr,mdiendo su encaje á la piedra,
En corvos frstones circunda la yedra,
Celosa y constante, señora, tu altar!

Al viejo primate, las nubes de incienso;
Al héroe, los himnos; á Dios, el inmenso
De bos4.ues y mares solemne rumor;
Al púgil que vence, la copa murrina;
Al mártir, las palmas; y á tf---la heroína-•Las hojas de acanto y el trébol en flor.

el tronco de las palmeras, de los mangles y de
laa caobas. Aquí no es el ju!!'o exprimido en el
Jaborarorio lo que Pmbalsama el templo de la
Libertad, aino esas flores silvestres, de cuya corola se desprende en alas de los céfiros un torrente de aromas, y que matizan esta pradera y
que marcan coa cien colores las arrugas de 'la
montana, y que limitan el cauce de blanca arena
de eae río cuya" linfas de cristal se arrastran
frente Anosotr os y que envía hasta nuestro sem-

y

Que sea toda sangre, la estrofa oriental:
Y húmedas, vivas, calientes y rojas,
A mí se me titmden las trémulas hojas
Que en gráciles redes columpia el rosal.
¡Brotad, nuevas flores! ¡Surgid á la vida!
¡Despliega tus alas, gardenia entumida.!
¡Botones, abríos! ¡Oh mirtos, arded !
¡Lucid, amapolas, los ricos briales!
i Exúberas rosas, los pérsicos chales
De sedas joyantes al aire tended!
¿Oís un murmullo que, débil, remeda
El frote friolento de cauda de seJa
Eo mármoles tersos ó limpio marfil?
;.Oís? ...... ¡E~ la savia fecunda que asciende,
Que hincha los tallos y rompe y enciende
Los rojos capullos del príncipe Abril!

A LA CORREGIDORA

medio de "sta salvaje floresta 11mericana y con
el corazón sincer o Y resuelto. Virgen está nuestra alma de ideas bastardas, como están vírgenes
estos bosqu es, como está virgen esta admira ble
Yatnraleza que por todas partes nos rodea y no'I
proteje. Aquí los colores nacionales se mezclan
Aloa irallardos festones que forman las lianas en

didos en las tinieblas de la nulidad, serán al día
siguiente Hermenegildo Galeana, Vicente Guerrero, los Bravos, Montes de Oca, Pedro A~encio
Pinzón y .Alvarez.
'
El primero será el br11zo derecho del inmortal
caudillo; el segundo será la inquebrantable columna de la i11depencia, aquellos formarán una
pléyade que la Grecia ó Roma desearían tener
en su cielo, éstos será n los bravos montañeses que
salvaron la bandera de la insurrección, el ú ltimo
qu edará en el mundo como el representante de
la generación pasada para ver si es digna de ella
la gen eración presente,
En efecto, nuestro venerable caudillo que presenció las grandes luchas de la primer época de
independencia, ha alcanzado por un priv,legio de
la suerte, las luchas de esta segunda; y ha podido
conocer que su país siempre tiene vigor para
combatir contra los monarcas.
Y es, conciudadanos, que aquul Galeana, que
aquel G uerrero, aue aquellos Bravos, que todos
nuestros héroes no eran seres producidos por el
capricho del Destino; eran la encarnación del espíritu soriano, eran destellos del alma de nuestro
pueblo. Aquellos destellos falgurar0n y se apagaron después en la noche de los tiempos. pero
el pueblo está en pie y aquí el odio á los tiranos
es tradicional. Las generacior_es se suceden á las
generaciones, pero el amor á la Libertad se mama por los niilos surianos en los pechos de las
madres, se aprende por los mancebos en el t&gt;jemplo de los padres y la antigua Epopeya siempre
está pronta á recomenzarse, ora sea Fernando
VII el déspota contra quien se comb11tl\. ora sea
Napoleón III, ora Maximiliano de .Austri~; va sea
que la lucha dure once ailos, como la otra vez,
ya sea que dure un siglr.
El soriano odia á los reyes, y esto basta.
Así: el soldado que tiene un fusil ó un cuchillo
de_labranza, encuentra en él un auxiliar de su
srntimiento.- El rlébil anciano se aleja sombrío á
los bosques en los que pueda esconder sm libres
canas, la débil mujer nit&gt;ga su sonrisa y sus amo res al soldado aborrecible de los déspotas y el
niilo aprende en este divino alfabeto del patriotismo, las lecciones del porvenir.

ESTATUA. DE LA CORREGIDORA
que se colocará en un monumento en el Jard!n Josefl\ OrU• -;
de Dom!nguez de esta c!uda1 : La poesla de Gutlérrez ~ti.jera fué
111tima que compuso el poeta.

v!::a

q,

DEL DI S CUR S O
pronunciado por D. Ignacio Ram1rez, en la Ala meda de M6xico el
16 de ::iepti,mbr.: de 1S61.

Hacer de la fraternidad el grito de guerra para
una nación oprimida y la cuna de sus instituciones
no fué la iospiracUn de Moisés, que sobre todas las
clases levantó al levita, ni fué el programa de Mahomet que con la saogre de los in lides alimentaba su
espad"", ni ese acento de redeución se escapó de los
labios de Washington q ue antes bien á ejemplo del
primer Bruto, retiró el manto de la Repú bl ica de
las espaldas del esciavo: sólo el grande libertador de
México, ha tenido valor para llama.r las primeras bajo su glorioso estandarte á las turbas envilecidas. Hidalgo en la aurora del 16 de Septiembre de 1810 arrojó el guante no solamente á los es¡)añoles sino á la
nobleza, al clero, á todas las autoridades, á todas las
clases, á todas las razas, á todos los individuos que
pudieran tener la pretensión de colocar~e más arriba
que la soberanía popular; nosotros, los que como título de nobleza legaremos á nuestros h ijos la heren-

201

cia de nuestros padres, un lugar en lo que el orgullo
y la ambición llamaran la vil muchedumbre, en este
glorioso aniversario recordamos las b.azañas de aquel
caudillo que puso bajo nuestros pies todas las coronas que no podía ceíiir á nuestra frente, todos los.cetros que no podía colocar en nuestras manos y que
supo improvisamos un trono del suelo nacional y un
dosel del estrellado firmamento.
Descubra la cieocia en mi patria las momias de
cien épocas encerradas por cien diluvios bajo las bases del Popocatepetl y el Ixtacihuatl; niegue si qu:e
re la historia que el cielo estrechó entre sus brazos
un día á la V irgen América. y la dejó fecundada
ocultan-lo sus amnres para a lejarlos del harem dunde
prodigaba sus caricias al Asia, al A frica y á la Europa; y declárense razas expósitas, todas las que pub 1aron en los primeros tiempos el Nuevo Muodu; yo sólo
sé que los reyt&gt;s desde entonCP.S se aclimataban muy
mal en el suelo mexicaoo: yo sé que las instituciones
se levantaron h asta la R'lpública, la A.rq uitectura
basta los palacios y los templos, !a poesía basta la
epopeya y Ja cieneia nasta encerrar los días del año
y las estaciones en un círculo de pórfido, desde cuyo
centro el sacerdote revelaba la expedición misteriosa
del sol por el Zodiaco; y yo sé que entre esas naciones se present6 la azteca, guiada por un geolo sobrehumano, que en el canto ae una. avecilia Je clamaba
sin cesar: adelante! adelante! desde tan antiguo apareció en ouestra patria el oráculo de la Reforma! Pero esa nación c1yó luchando con Cortés y tardó tres
siglos para curarse de la herida.
También en el sistema co'onial nuestra atmósfera fué funesta para los conqulstad,ires como antes
lo había sido para los monarcas; lo, guerreros de Granarta, de San Quintín y de Lepanto aquí se trans tormaron en bandido~; los sabios que en las cátedras y
eo los concilios europe0s resucitaban la historia, aquí
incendiaron sus tesoros; sólo q ue el clero allá quemaba á los herejes, á los judíos y á los moros, y aquí
fabricaba milagos; podía el espai1ol en su patria aliment,arse con algunas ambiciones generosas, podía
distiogui~se como héroe ó como sabio; pero al llegar
á Veracru1, encontraba sobre la plaza escrito: lasciate
ogni speranza oh 'VOi chi entrate. La clase dominadora,
la raza privilegiada, dei-pojándose de su inteligencia,
como de una arma prohibida, se entregaba á movimientos automáticos, dirigidos por el reloj de la Parroquia más cercana; el primer repique del campanario, prebcritía las prolongadas oraciones de la maí'íana; el segundo, llamaba á misa, y después de hora
en hora, hast::. entre los placeres dd lecho continuaban los ejercicios piadoso~,· y la siesta y las repetidas
comidas y el j uego, no dejaban á las ocupaciones del
hombre laboriaso, sino cuatro horas del día.
Así vi vía la nobleza; pero la turba, sin cont;:i.r con
otro capital que con su trabajo, no sabía dónde colocarlo; tras de las horas consagradas á la devoción y
tras de las falanges de días festivos encontraba cerrados los puertos por el sistema prohibitivo, incendiada la viña, el tabaco y la morera por el mooopolio, ocupados los primeros puestos por los extrañ•Js y
la inteligeocia recogidas sus alas y palpitando azorada eotre las manos de la inquisición. Por eso es que
en hombres y mujeres el modelo de la vida era el
conwnto; el fraile y la monja se repruducían en el
mundo con sus trajef:, sus vicios, sus costumbres y
sus preocupaciones. ;,Cómo es que dónde antes se rezaba abora se piensa~ ;.Cómo es qut: el espectro de
la conquista que guardaba nuestros puertos ha per.
mitido la entrarla á las banderas rle torlas las naciones y saluda respetuoso á la nuestra? ;,Cómo es que
la ciencia. el co11Jercio, la industria, la libertad y la
reforma, como el oro inagotable de una Nueva Cali·
fornía, se encuentran regados por el suelo, á merced
de todas las razas desheredadas? ¿Cuándo, cómo se
verificó este prodigio? Al desembarcar en Veracruz
el Virrey Don Francisco Javier Venegas, siutió bajo
sus pies que la parte rle la Nueva Espaí'ía, encomendada á su gobierno, se e~t remecía, anunciando una
vasta axplosióa 1evolucion;iria; Hernan Cortés ~e hubiera regocijado ante esa promesa de luchas y de rapiiías, pero hacfa tiempo que los representantes rle la
monarq uia española no veoían á buscar los agüeros
del combate, sino á esquilmará los pueblos t-i11 encontrar resistencia; y Venegas, fugitivo cid los cam,
po~ de ~atalla donde sospecllaba uoa lucha, tré11Julo,.
se I magmaba ver la sombra de sus derrotas.
Sin embargo, á proporción que se acerc1Jba. á la capit.i.l del Virreinar,o, el horizonte político le sonreía
cambiando sus densr,s nubarrones en un iris de paz
de r_iqueza. LI\ c?nspiracióo n istía, pero estaba descubierta; los traidores, como los reptiles 1·ener.osos,
s~ agita_n cuando la tompestarl se acerca y la. rlenuncian; Dios l?s coloca en el i;t-ndero de h,s h éroes, y
ellos, repudiando una noble alianza, ¡,e anticipan á los
aco_otecin:ii~ntos y se complacen en la popularidad de
su 1gno011n1a y en la grandeza rle su cri meo; en pos
de los denunciantes se extendió por t0da la Nueva
~spaña la P?licía civil, alumbrada por la policía rel1g1osa; y srn saberlo, ya aprisionados dentro de un
edificio de cristal, trabajaban los conjurados.

y

�EL MUNDO.

202

¡Si supiera evocaros! Hoy que henchido
~--:::::::::::::::::::,• de amor el corazón del ¡,ueblo late,
por ren~var la fé que enciende auroras
tras la impura tiniebla. del combate;
1tquí mostrara el colosal espectro
,le Hernán Cortés 1 á quien la historia adula
hundido el pié en la sangre de Cholula,
y rellajando en la mirada fiera
~e Cuauhtemoc la inexpiable hoguera;
reencendería la cruel memoria
,te los días primeros, en que esclav9:
fué la ti•rra de Anáhnae, en que altivo
sentó el coiiquistador aqui sus tiendas
v á un pueblo inerme, exa.nime y cautivo
crucificó en sus regias encomiendas.
Y la divin&lt;t acción del misionero
mostraría, trocándose mundano
banquete de riquezas en que el clero,
cual de una presa 1 arrebató á girones
los fragmentoq del suelo americano;
mientras mudados para el mundo azteca
la patria' en odio, en hórridos vestiglos
1
los dioses bajó el indio lentamente
un peldai!o en la escala de la mente
. y fué el triste menor de los tres siglos!

INDEPEN D ENCIA *
CANTO

t-llSTORICO .

¡Noche en que el sol brilló! Tiniebla densa
de súbito alumbrada por el di•;
sombras de muerte cuya espira inmensa
se rompe y evapora derrepente;
irradiación del místico estandarte
de: cura redentor que sin orieme,
ni esperanza, fué heroica1n:ente ~l~ad_o
sobre un infierno de opresión é rn1ur1as,
y del tiempo y espacio en un momento
borró como relámpago sangriento
el profundo negror de tres centuriac;!
¡Explosión sorprendente del destino
que del no se1· un sol de vida arranca
y brilla en nuestro cielo matutino
con claridad misterlosa y blaoca;
aureola de Uidalgo nnestro padre,
hecha de amor, de anciar.idad radiante,
de inspiración, de audacia de gigante¡
en su foco concentran sus fulgores
tanta piedad, tanto valor unidos,
.
.
que aun brilla intacta y pura en nuestra h1stor1a;
como el sol muerto, extintos ya sus rastros
irradia en plena noche, de los astros
reverberando en la inmutable gloria!
1Santa tres veces seas,
antorcha por un ángel encendida
en el limbo auroral de las ideas!
¡Paréntesis de vida
grabado como cifra indeficiente
en la cuna de un mundo!
¡Omnipotente
Dios que Hidalgo invocó, Iú del Pasado
la sombra vi,te, el Porvenir miraste
que Je la sangre fecundaba el riego,
y entre esas dos noches colocaste
n n eslabón de fnego!
¡Si pudiera evocarte! Era sombría,
ya que aún tu mortaji en nuestro suelo
arrast ras por menguar la luz del día¡
recuerdo de una triste historia rota,
así como se rompe una cadena
de opresión férrea y de callado duelo;
período genésico que aún flota
en los vestigios del obscuro cielo
en que surgiera nuestra libre cuna¡
y eres como el doliente y no extinguido,
globo de ópalo rojo de la luna
que se pone en los mares del olvido!
• composición leida en el Teatro Nacional, ante el Sr. JuArez, en

la noche del 1-':i d e tklptlem bre oe ISGS; al dl11. slgulent.ese luo.uguró el

Fcrrocarrll enntl M.é.z.lco y Puebla.

Cúmulos de ignorancia, espesa bruma,
cubrió á aquel pueblo de su vida reo,
sin redención, sin luz , sin horizontes¡
enclavado en las roc11s de sos montes
higubre y sil~ncioso Prometeo,
en quien de Espatla la gigante maza
tritll.rabA. el cerebro de una raza ....
¿Y comprendéis ahora, cómo al cabo
de tanto padecer, de tanta mengua,
faé un poderoso grito de venganza
el primordial sonido de la leng11a
cu~cdo fué libre? ¿Oomprendéis ahora,
cómo tamalla humillación y ultraje,
tanto sollozo ahogado entre dolores,
trocó en un grito de rencor salvaje
el Fiat-lux de Dolores?
¡Mas no! Por qué la procesión de sombras
evocar melancólico, en los días
en que México, libre de agonías
vuelca de flores y oro en las alfombras
la urna de sus santas alegrías?
Vosotros si venid, Manes aug11stos,
Mártires de la Patria,
que con la sangre audaz de vuestras venas,
engendrásteis sl pueblo mejicano,
educado en el juego soberano
de romper tronos y quebrar cadenas¡
apóstoles de un credo de justicia,
de un ignorado símbolo: el derecho;
paladines A quienes en su ,rnna
acometiera Espafia
con zarpa de l•ón y ronco grito,
por arrancaros d6l oaliente pecho
el corazón de bronce y de granito!
¡Oh! joven libertad de la montat!a,
á cuyo pie p.,lpitan los torrentes
y las águilas cantan en la hora
en que besa las tumbas insurgentes
con su sonrisa de mujer la auroral
¡Oh! si venid; el pueblo que os reclama
un día, al def~nder vuestra memoria,
al cielo como un Dios, arrancó el rayo
y el cuadrante esmaltó de nuestra historia
con la divina luz del Sol de Mayo.
¡Patria, artístico y regio perfumero
coronado de estrellas encendidas,
y puesto ea ara inmensa, euyas gradas,
por todo el oro de la luz hrui!idas
y por todos los climas enfloradas,
guarden dos océanos, dos titanes¡
cáliz de Indico bálsamo cerrado
por el níveo cristal de los volcanes;
fo.ente rica en aromas,
en donde encudntran manantial profun do,

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

Domingo 17 de Septiembre de 1899.

203

EL MUNDO.
De Chihuahua inmnrtsl. y con terneza
Pintarle de los tuyos ~l deseo.
En su seno renueva to pujanza,
Y renueva tus vetos en tu día,
Para que oiga de tí la patria mÍAj
P11eblos del Anahmrn, F E Y ESPERANZA.

las ideas, enjambre de palomas,
qne vaga por el mundo. .
.
Oh mi Patria, tu altar des1e~to has visto,
el pálido quernb de !a agon1a,
te veló con sus alas, su sombría
faz reflejando en tu mirar de Cristo ....
Mas siempre que á perder vas la esper anza,
brilla un astro en tu noche, patria mía,
foco imperecedero de ilusiones,
ojo de Dios, abierto en lontan~nza,
sobre el Getsemaní de las nactones!

G mLLEinlO PRrETO.

Chihuahua, Marzo 21 de 1865.

Por eso aunque la man&lt;, despiadada
del infortunio, amargue tus manjares,
annque rompa el dolor de tus polluelos
los blandos cuerpos y l• ciega muerte
se siente desolada en tus hogares,
marcha y trabaja, que con aJma fuerte,
tus hijos su vigor en eso empleen,
que la fortuna es de los que saben
arrebatarla, porque en ella creen.

y hoy que Dios, presente en tus recuerdos,
eucarístiea forma de la gloria,
marca de nuevo en tu radiante horario
esta suprema noche de tu historia,
ante él arrodillate y le ruega,
por todos tus hermanos de ca_lvario:
por nuestra Cuba, por la reg~a Antilla,
caliente nido tropical que brilla,
de nuestra aguila regia con las plumas,
Y hoy en el albor de sus espumas,
á sus nítidas perlas ha juntado

los rubíes de fuego ens•ngrentadol
Por Esp•i!a también, por la gran madre,
que en sos entrsf'ias seculares siente
estremecerse incógnito Medas,
que ha de engastar en no remotos días,
al sol de la República en su frente!
Ruega, rur ga por todos los que sufren,
como ayer tú, por todos los qne lloran;
por Francia, de un sombrío aventurero
espléndida cautiva;
por Italia, que mira en torno suyo,
girones rojos de su carne viva;
por la martir Polonia, en su impotencia,
del alma heroica de los pueblos buenos,
mostrando la inmortal supervivencia.
Por los fieros y rígi'élos helenos
del Paraguay, de cuya sangre se harta
de dos ríos gigantes la corriente
y que ensefl.an al nuevo c1ntinente
la silenciosa abnegación de Esparta.
Y juego álzate y anda; que á tus puertas
A nueva luz, y A nuevo amor abiertas,
llegará. á ti, cuando despunt'3 aurora,
ígnea y negra, la audaz locomotora;
monta en ese corcel, monta triunft1.nte,
es del Apocalipsis del,Progreso,
la férrea bestia alada y palpitante;
silba eomo las Aguilas,
que anidan en tus cumbres, con tremendo
ímpetu, por la ciencia sofrenado;
sus dos alas de acero estremeciendo
te invita á hacer el viaje á lo ignorado.
Del mundo en lo futuro sepultado
el velo, para tí, rompe el poeta.:
allí de un sol de gloria á los destellos,
el Iris de la paz brillara siempre
prendido cual diadema á tus cabellos;
y más allá la libertad, sagrado
ideal del espirito latino!
óleo que unge de esplendor divino
á todo oueblo fuerte,
que como tú, ni próximo á. la muerte,
perdió la fé viril en su destino.
15 de Septiembre de 1868.

La patria estA con su hechicero encanto
Es un rayo de sol que ann si resbala
En la nube sombría,
Allí ae mira sonrefr el día
Formando el iris del pendón de Ign,la!
A tí, no inciensos 1 no¡ no la riqueza:
A ti, la prueba, el torcedor martirio:
A tí, huracanes y fragor de rayo;
Pero á ti, de los héroes la grandeza
Y en tu cielo de gloria el sol de MAYO!
Si, qne se doble al estallar del trueno
PATRIA.
Lo débil cai!a demandando abrigo
A la ruin yerba y al bollado cieno;
'Pero el cedro opulento
Luche esforzado: al trueno desafie,
Brota incendiando, anúnciate tonante
Y si lo incendia destructora llama,
Sublime inspiración, y tu ala ardiente
Quede en pie, mutilado y sin follaje,
Se ■acuda, y qne lluevan cual centellas
Tostado y despareiendo sus cenizas
Los vividos concentos de mi mente,
En el bosque salvaje, ·
Como un raudal de estrellas
Hasta verse terrible monumento
En un océano de éter transparente! . .... .
De su pujanza y del furor del viento!. .....
Alzate de mis canas, como se alza
¡Gloria á los fuertes! ¡gloria á los que llevan
Inmensa llama de la eterna nieve
En alto tu pendón, ¡oh patria mía!
De Irritado volcán, que al agitarse
Para ellos las caricias de la gloria:
Y la ígnea lava despetlar tremendo,
En sus copas contentos y ambrosía:
Ilumina la plácida campii!a,
A su paso, los lauros de los pueblos:
Loe eampos y los rústicos hogares,
Para sus pechos el amor de hermanos¡
Con1e11tando á su estruendo
Sustento y agua, y luz para sns huellas:
En eintieos magníficos tos mares!
Bendigan su camino los ancianos:
¡Oh patria! ¡Oh patria! nombre sacrosanto,
Inúndenlo de flores nuestras bellas.
Sangre del ttlma, esencia de mi vida,
Cuerda de arpa celeste estremecida
¡Ah! y ellos vencerán: al enemigo,
A loe húmedos besos de mi llanto.
El brazo del poder y la fortuna,
¡Patria! foco de sol. ¡Núcleo di vino,
La riqueza y las naves de los mares,
De cuanto ardiente el corazón adora!
Y la traición y su infernal milicia;
Nueatro dosel de púrpura en la aurora,
Pero á la causa de tu patria, ¡oh J nárezl
Ltmpara en tu lucero vespertino:
La pnjanza del Dios de la justicia!
¡Ven, que yo soy el bardo de tus glorias!
¡Ah! y ellos vencerán . .. . .. De Dins la mano
¡Ven, qne soy el cantor de tus dolores!
Llena de indignación se abrirá un día,
¿CuAndo mi musa le negó sns flores,
Y grande y libre el pneblo mexicano,
Jamás, ni á tu atieeión ni á tns victorias?
DirA á la tierra: LA VENGANZA ES MÍA,
¿Y á qué v enir aquí? ¿puede orgullosa,
Sus verdugos caerán, el hondo abismo
La pobre mano del poder y el oro,
A recibirlos tenderá sus brazos,
Alladir una cuerda melodiosa
Parodiando el ltossana
De esta mi lira al tímpano sonoro? ... . . .
Que hoy elevan malditos al Eterno,
¡Puede surgir en medio al estampido
Entre astillas del trono hecho pedazos!
Del ronco bronce que victoria alcanza,
Tú, ¡oh Chihuahua! la fuente de mil huertos,
De la alabanza la flot~nte llama
Que bolles en inmensas soledades;
En medio del espacio estremecido¡
La gacela dormida en los desiertos,
Y alzar, bardo servil, como oriflama
Liza de bravos, ramo de beldades!
Su tributo á un tirano aborrecido!
Blanca garza que animas la llanura
¡Puede al que dieta con su espada leyes,
Junto á las aguas del alegre río,
Infame foragido de corona.
A tí, la gratitud y la ternura
Coplero vil dobl•rle la rodill~I
En estas horas de dolor impío!
¡Puede ha ber un Almonte que traiciona,
Dormido está á tus plantas el desierto
Y ■u lira á sus pie• tender Zorrillal
Como manso león, linda matroua,
¡Eso no supe yo!. ..... Dulce es su nombre
A ti, se llega, cual se llega al puerto:
Cuando ardiente y tan casto como beso
Alegra de tos montes la corona.
De amor de ni n.o nuestro ser despierta:
Ven, le dijiste á Juárez: ven y lneha:
Ese nombre es la madre, es la sonrisa,
Veo, y tu nombre, ¡oh JuArezt eterniza:
Que noa abrió del existir la puerta,
Ven, guardaré tu gloria, que yo guardo
Y 81 dulce nombre en la extensión del cielo,
De Hidalgo y de los suyos la cenizal
Alba formand o y produciendo día,
Y cuando su orna el ancho firmamento
Un nombre que en las alas del consuelo
Posa sobre las torres elevada,
Lleva vertiendo en la alma la alegria.
De la excelsa ciudad, finjo un momento,
Pero un hombre á la música del alma
Matrona al templo que ora al Ser divino,
Hoy transmite sns ricas melodías:
Hincada y con las me.nos levantadas
E■ el verdor de la gallarda palma;
:Mirando de sus huestes el camino!
E, la eeperanza en los acerbos días
81 • nombre, es tu nombre . ... .. ¡feliz Juárezl
Tú, J uárez, sólo á ti digno te creo,
0 . .u, se hace la P•tria ... . .. donde flota,
De abrigar á tu pecho la grandeza,

l

15 de Septiembre.
Después de aquella página sombría
En que trazó la historia los detalles
De aquel horrible día,
Cuando la triste Méxitli vela
Sembradas de cadAveres sus calles;
Después de aquella página de duelo
Por Cnanhtemoc escrita ante la historia,
Cuando sintió lo inútil de su anhelo;
Después de aquella página, la gloria
Borrando nuestro cielo en su memoria
No volvió á aparecer en nuestro cielo.
La santa1 la querida
Madre de aquellos muertos, vencedores
En su misma caída,
Fué hallada entre ellos, trémula y herida
Por el mayor dolor de los dolores ..... .
En sn semblante pálido aur. brillaba
De su llanto tristísimo una gota ..... .
A su lado se alzaba
Junto A un laurel una macana rota ..... .
Y abandonad~ y sola como estaba,
Vencido ya hasta el último patriota,
Al ver sus ojos sin mirada y fijos,
Los espatloles la creyeron muertR.,
Y del incendio entre la llama incierta
La echaron en la tumba con sus hijos . .... .
Y pasaron cien a:flos y trescientos
Sin que á ningún oído
Llegaran los tristísimos acentos
De su apagado y lúgubre gemido;
Cuando nna noche un hombre que velaba
Soi!ando en no sé qué grande y augusto
Como la misma fe que le inspiraba,
Oyó un inmenso grito que le hablaba
Desde su alma de justo ..... .
-Yo soy-le repetía,
Descendiente de aqu éllos que ,in la lucha
Sellaron su derrota con Ja muerte . .... .
¡Yo soy la queja que ninguno escucha.
Yo soy el llanto que ninguno advierte!. .....
Mi fe me ha dicho que tu fuerza es mucha,
Que es grande tu virtud y vengo A verte;
Que en el eterno y rndo su(rimiento
Con que bace siglos sin cesar batallo,
Yo sé que lú has de darme 1o que no hallo:
Mi madre que está aqní porque la siento.Dijo la voz y al santo regocijo
Qne el anciano sintió en su omnipotencia,
-Si el indio llora por su madre-dijo,
Yo encontraré una madre para eoe hijo,
Y encontró aquena madre en su conciencia.
A esta hora, y en un día
Como éste, en que incensamos su memoria,
Fué cuando aquel anciano lo decfa,
Y desde ese momento, patria mía,
Tú 89hes bien que el astro de tu gloría
Clavado sobre el llbro de tn historia,
No se ha puesto en tus cielos toda vfa.

�EL MUNDO.

204

A esta hora faé 00.ando roñó en pedazos
La piedra que sellaba aquel sepulcro
Donde estuviste como Cristo, muerta
Para resucitar al tercer dfa;
A esa hora faé cuando se abrió la puerta
De su hogar, que en rn seno te veía
Con un supremo miedo en su alegría
De que tu aparición no faera cierta;
Y desde ese momento, y desde esa hora,
Tranquila y sin temores en tu pecho,
Tu sue:llo Fe cobija bajo un techo
Donde el placer es lo único que llora ....
T us hijos ya no gimen
Como antes al recuerdo de tu ausencia
Ni cadenas hay ya que los lastimen ..... .
En sus feraces campos ya no corre
La sangre de la lucha y la matanza.
Y de la paz entre los goces suaves
Bajo un cielo sin sombras ni vapores,
Ni se avergüenzar. de nacer tus flores,
Ni se avergüenzan de cantar tus aves.

Grande eres y á tu paso
Tienes abierto un porvenir de gloria
Con la dulce promesa de la hi11toria
De que para tu sol nunca habrá acaso ....
Por él camina y sigue
De tu lección de ayer con la experiencia;
Trabaja y lucha hasta acabar e ➔a obra
Que empezaste al volver á la existencia,
Que aun hay algo en tus cárceles que sobra,
Y aun hay algo de Eipafia en tu conciencia.
Yo te vengo á decir que es necesario
Matar ya á ese recuerdo de los reyes
Que escondido tras de un confesonario,
Quiere darte otras leye.; que tus leyes ....
Que Dios no vive ahí donde tus hijos
Reniegan de tu amor y de tus besos,
Que no es el que perdona en el cadalso,
Que no e@ el del idtar y el de los rezos,
Que Dios es el que vive en tus cabafl.as,
Que Dios es el que vive en tus talleres
Y el que se alza presente y encarnado

Domingo 17 de Septiembre de 1899
Allí donde Bin odio á los deberes
Se come por la noche un pan honrado.
Yo te vengo á decir que no es preciso
Que muera á hierro el que con hierro mate,
Que no es con sangre como el siglo quiere
Que el pueblo aprenda las lecciones tuyas·
Que el siglo quiere que en lugar de templ¿s
Le des escuel&gt;ls y le des f'jemplos,
Le des un techo y bajo dél lo instruyas.
Así es como en tu frente
Podrás al fin cefl.irte la corona
Que el p.Jrvenir te tiene destinad/\;
El, que conoce tu alma, que adivina
En tí, i\ la santa madre del progrei;o,
Y que hoy ante el recuerdo de aquella hora
En que uno de sus besos fué la aurora
Que surgió de tu noche entre lo espeso,
Mientras el pueblo se entusiasma y llora,
Te viene á acarici1tr con otro beso,

A.ño VI-Tomo ll

México, Domingo 24 de ~ept1embre
.
de 1s99 .

Efieótaó ceLelnadaó en !1onoz JeL c:!!Jz.
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«:&gt;Zeótuente

MANUEL ÁCUÑA.

DIEZ Y 8 El.8 D E S EP TIEMBRE,.
«Cual al romper las Pléyades lluviosas
El seno de las nubes encendidas,
Del mar las olas antes adormidas
Súbito el austro altera tempestuosas,
De la cater,a osada
Así 'los restos nuestra voz espanta,
Que resuena indi~nada,
Y recuerda, si alti 1a SI': levanta,
El respeto profundo
Que inspiró de Vespucio al rico mundo.
«Ay, del que hoy más los sediciosos labios,
De libertad al nombre lisonjero
Abriese pretextando novelero,
Mentidos males, fútiles agravios,
Del cadalso oprobioso
Veloz descenderá i\ la tumba fría
Y ejemplar provechoso
Al rebel1e será, que en su porfía
Desconociese el yugo
Que al invicto espafl.ol echarrn plugo.,.
Renueva, ¡oh Mu~a! el victorioso aliento
Con que fiel de la Patria al amor santo,
El fin glorioso de su acerbo llanto
Audaz predije en inspirado acento:
Cuando más orgulloso
Y con mentidos triunfos más ufano
E I ibero sanoso
Tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano
Que al Anáhuac vencido.
Cantó por siempre á su coyunda unido.

Así los hijos de Vand l\lia ruda,
Fieros clamaron cuando el héroe augusto
Cedió de la fortuna al golpe injusto,
Y el brazo fuerte que la empres11 escuda
J!'altando á sus campeones,
Del temor y la muerte precedidos
Feroces escuadrones,
Tales impunes campos florecidos
Y al de&amp;ierto sombrío
Consagran de la paz el nombre pío.

«Al misera ble esclavo (cruel dP.cía)
Que independ,mcia ciego apellidando
De rebelión el palellón nefando
Alzó una vez en algazara impía,
De nuevo en las cadenas
Con más ri~or á su cerviz atadas
Aumentemos las penas
Que ! su última progenie prolongadas
En digno cautiverio
'
Por siglos aseguren nuestro imperio.

No será, empero que el benigno cielo
Cómplice fácil de opresión sangrienta,
Niegue i\ la Patria en tan cruel tormenta
Una tierna mirada de consuelo
Ante el trono clemente.
Sin ce;ar sub" el encendido ruego,
El quejido doliente
De aq,uel prelado que inflamado en fuego
De caridad divina
La América indefensa patrocina.

«¿Qué sirvió en los dolores vil cortejo
Que el aleve pastor el grito diera
De Libertad que dócil repitiera
La insana chusma, con afán prolijo?
Su valor inexperto
De sacrílega audacia estimulado
A nuestra vista yerto
En el campo quedó y escarmentado
Su criminal caudillo
Rindió ya el cuello al vengador cuchillo.

Padre amoroso, dice, que á tu hechura
Como el don más sublime concedi,te,
La noble libertad con que quisiste
De tu gloria ensalzarlo hasta la altura.
¿No ves que á un orbe enteco
Genio privado de excelencia tanta
Bajo !ll dominio fiero
Del excecrable pueolo que decanta
A3esinando al hombre
D.1r honor á tu excelso y dulce nombre?

Cuánto, ¡ay! en su maldad ya se gozara
Cuando por permisión inexcrutable
De tu justo decreto y adorable
De sangre en la conquista se bafl.ara?
Sacr ílego arbolando
La ense:lla de tu.cruz en burla impía
Cuando mi\s prof mando
Su religión con negra hipocresía
Para gloria del cielo
Cubrió de excesos el indiano suelo.
De entonces su poder ¡cómo ha pesado
Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores
Creciendo siempre en crímenes mayores
El primero á tu vista han aumentado!
La astucia seductora
E l auxilio han unido á. su violencia,
Moral corrompedora
Predican con su bárbara insolencia
Y por divinas leyes
Proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espante
Cual traición castigado el patriotismo,
En delito erigido el heroísmo
Que al hombre eleva y engrandece tanto,
,!Qué más? En duda horrenda
Se cvnsulta el oráculo sagrado
Por saber si lll prenda
De la razón al indio se ha otorgado
Y mientras R'.lma calla,
Entre las bestias confundido se halla.
;,Y qué, cuando llegado se creía
De redención el suspirado instante
Permites, justo Dios, que ufana cante
Nuevos triunfos de odiosa tiranfa?
El adalid primero,
El generoso Hidalgo ha perecido:
El término po~trero
Ver no le fué de la obra, concedido;
Mas otros campeones
Su.Jcita que redimen las naciones!
Dijo, y Morelos siente enardecido
El noble pecho en belicoso aliento;
La victori&gt;l en su ense:lla toma asiento
Y su f'jemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida
De los héroes su númen recrece
Como tal vez herida
De la segur, la encina reverdece,
Y más vigor recibe,
Y con más pompa y más verdor revive,
ANDRÉS QUINTANA

Róo.

PL.1Z.A. DE LA CO:.'i'STITUCIO:N Y A VENID..i. DE PLATEROS.

Número 13

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

168

-Siete clavos, como.garfios, se bao hundido en mis entra!'ías,
Oh Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces! . ..

La Fosa:
_ Yo soy la tela insi~ible que tejen negras ara!'ías ... .
y con lágrimas y sangre se alimentan los cipreses! ... .
Primel' sepulturero:
-Uno! Dos! Tres!. . . Un esfuerzo! Empujad bacia la fosa!
E l muerto: (Sin desplegar los labios amoratados, ycon
sonrisa resignada)
-Oh! Martirio! También tienes tus profundas embriagueces!
Tel'cer sepulturero:
•
-Se alza la Luna siniestra con una mueca espantosa!
El muerto: (con voz opaca)
-Oh! Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces!
Primer sepulturero:
-Cae una lluvia de sangre de una nube pavorosa! ....

El Arrecife mudo, bajo la bruma helada,
Es una Esfiinge ciega que el horizonte mira ..... .
El mar gime y solloza cual una inmensa lira,
Y cae la noche fúnebre como ala ensangrentada
De un negro cisne trágico, que en el silencio expira.
El mar gime y solloza cual una inmensa lira
Y Cllnta el Viento astuto su pérfida balada.
El Arrecife mudo se iergue en el Misterio.
Pasa una Sombra, y dice:
-«Ohl mi siniestra huella
Donde la ortiga brota! Oh mi fatal imperio
Donde brilla una sola y agonizante estrella!:1&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-«Yo vivo en lo más hondo
De la Desesperanza y del Remordimiento:
No hay abismo más negro que mi abismo sin fondo;
NQ hay filo lascinante como mi Pensamiento?&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-«Yo soy como el gusano
Que se arrastra en las tumbas y en el horror camina:
Espanto, eres mi guía! Dolor, eres mi hermano!
Cómo acaricias, látigo! Qué blanda eres, espina!&gt;
Pasa otra Sombra, y dice:
-«Yo soy cual una inmensa,
Cual una taciturna floresta desbojada;
Mis hojas van rodando por la planicie extensa
Al soplo de los Vientos febriles de la Nada!&gt;
Todas las Sombras cantan:
-«La muerte nos conduce
Por sobre adelfas mustias y amargos asfodelos:
EJ Miedo es nuestra lámpara funesta que reluce
Debajo de la enorme tristeza de los cielos!&gt; ..... .
Cuatro sepultureros fornidos, en sus homoros
Conducen un gran féretro con una marcha extrafia;
Cuatro sepultureros conducen entre escombros
Un atahud más grande que un trozo de montafia.
Llegan al borde obscuro de una profunda fosa
Y clavan siete clavos sobre la tapa negra;
Retumban siete golpes en la extensión brumosa
Y el gran martillo lívido parece que se alegra.
Luego, los cuatro empujan la cija lentamente,
Pero la caja, inmóvil, clavada sobre el suelo
Parece el negro monstruo.de suefio febriciente,
Una Quimera horrible, que ba replegado el Vuelo . ..
Sobre el cielo sombrío, donde no luce un astro,
Detrás de nubes grises, como alas de vampiros,
La Luna, inmensa y roja, deja un sangriento rastro
y como una intangible diadema de Suspiros ..... .
Se inclinan los adustos cipreses macilentos
Cambiándose un saludo con aire sigiloso,
O cabecean tristes, con vagos movimientos,
Como siguiendo el ritmo de un baile silencioso.
Y las nubes parecen empapadas en llanto,
En el llanto diabólico de invisibles Satanes:
Y el silencio se rompe, á veces, con el canto
De infinitos Dolores y estériles afanes.

La Fosa:
-Y con Ugrimas y sangre se alimentan los cipreses!
(Se hunde la Luna roja en el mar, y todo
queda en silencio.)
Como pulpo en acecho, proyecta el Arrecife
Entre la bruma pálida su amenazante orilla,y van las Siete Sombras, en un extraffo esquife,
Sobre la Noche fosc.t cual una pesadilla .. . .
Y van las Siete Sombras .... Y el Mar gime un lamento,
.El Mar gime y solloza, cual una inmensa lira,Y, como negro cisne quP. en la ribera expira,
Sus elt:gías hondas canta al Azur el Viento!

por la lluvia, se ven puntos
de tan di versos matices,
-vivos, opacos, obscurosque en la rica policromía
de ton'JS suaves y crudob,
la pared arlequinesca
que, á trechos, ornan los musgos,
parece heno manchado
traviesamente con grumos
de color. U na parásita
en los ladrillos desnudos,
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo,
y entre la marafia verde
un juguetón rayo súbito
en cada gota de lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hc1,ce del muro
mo:.aicos de pedrería
y deslumbrantes y estucos,
h,s dos muchachos semejan
en medio de tanto lujo,
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
1Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del ca.-.ello de la nifla!
qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que ostenta el pecho
del rapaz! ... y qué conjunto
de áureas telas y tisués
sobre los harapos sucios!

Ai'io VI-Tomo ll

México, Domingo

10

de ~.-ptiembre de 1899.

Andrajosa reinecita
que vistió la. luz y cuyo
corpiño de re:lplandores,
cubre el talle y cifle el busto!
Duquecito del arroyo,
Buckingbam que el cielo tuvo
á bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú 6 qué cuentas? Tú ¿qué oyes?'
Tú la grave, tú el adusto? ...
Yo me acerco poco á poco
y sonrío y lus escucho.

LEOPOLDO DIAZ.

Ginebra.-1899.

Primer sepulturero:
-CuánM pesas! Cómo abrumas! Cuánto pesas, negra caja!
Segundo sepulturero:
- Se diria que es un mundo de tristezas y dolores.
'l.'ercer sepulturero:
-O que el mue1to es un gigante, y es de ptomo la mortaja . ..
Ouarto sepultt¿rero:
-O el cadáver de tres siglos de venganzas y terrores ....
El muerte: (mentalmente, y dejando correr de sus ojos
hinchados gruesas lágrimas)

Bien, muchacho! Fuiste al bosque
corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
la traes .... ¡Lindo tributo!
Tn gorra de saltimbancohecha una criba--es refugio
de caléndulas doradas
y de rosae, donde ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuerpecitos convulso¡¡
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puños,
y narrando tus proezas
sacas con pueril orgullo
tu presente de perfumes
y de alas ...... y el tributo
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
á la falda de la niña
que oye con asombro mudo
la historia de la aventura,
mientras fijos en un punto
miran cosas invisibles
sus ojus meditabundos.
y

VERSOS INOCENTES.
PUESTA D.E SOL.

Por la calle solitaria
cuyo t érmino confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y á lo lejos, de las fábricas,
salen alegres, los últimos
obreros, que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo ..... .
Mas.de pronto me detengo,
mis quimeras interrumpo,
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo
par¡¡, ver curiosamente
á dos chicuelos-un grupo
adorable-que cabría
en una canción de I-Iugo.
El la. llama y ella acude,
se hablan bajo, y así, juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, al pie del muro,
y en una seriedad cómica,
ella grave, y él adusto,
principia la conferencia
más inefable del mundo.
¡Ohl viejo pintor de niiios
que andas en busca de asuntos,
mira: la luz pone toques
divinos á este conjunto!
En el fondo de sillares
con lepra, rojos y húmedos,
frescos y recién la vados,

Cuando mi presencia notan
ella inquieta y él ceñudo,
parecen decirme: Vamos,
no nos turbes; vete, intruso.
Y yo me alejo sin pena
pJrque dejar soio es justo
á Buckingham de siete años
con Ana de A ustrla de un lustro.
Y pienso: yo también tuve
aventuras, y dí muchos
relalos de alas y flores,
y fuí amado y tuve orgullo.
Dí esperanzas, ilusiones,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los l;lbios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fué mi amor ....
Y taciturno,
solitario y pensativo
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
Luu; ~-

UnBINA.

Composición artística y cliché fotográfico de Don Octaviano de la Mora.

Número n:

�EL MUNDO.

l'l6

Director: LIC. RAFAEL BEYES SPINDOLA.

-----------------------------------------

LA SEMANA
He visto en los periódicos de estos días una noticia que quizá baya pasado inadvertida para muchas
pobres gentes que no busmean, como otras las huellas del escándalo. La tal noticia está semivelada,
castamente encubierta, y aunque no por vulgar, deja
de ser triste, pasa entre las demás, sin despertar la
curiosidad ni dar pábulo á la murmuración. Es un
cuento vulgar en el que los personajes se llaman él_ y
ella.~ Et, es el seductor; ella, la víctima. Un pobre JOven enamorad,,, que llfga más tarde, al conocer el secreto, retira su palabra de casamlento y hace pública
la deshonra de su prometida.
Los periódicos no dicen los nombres; 1Jero los nom•
bres importan poco. El problema es eterno: una muj.er caída en el infame lazo de un amor mentido, manchada en la blancura dé su cast:dad ;.puede elevarse
luego basta el- matrimonio? ¿puede, sin mepgua, caminar por la vida de la mano de un hombre hon-

rado?

¡Ab, sf! Cuando la mujer, después de la falta , rug-e
-como leona ante los fragmentos de su honra mancillada, cuando vfctfma de un perjurio amoroso llora
basta borrar la huella de la caricia lasciva, y después,
cuando sufriendo mucho, y ocultando mucho su vergüenza, siente que entra, por fin, en la convulsa sombra de su espíritu el hálito perfumado de un amor
nuevo que le dice: Yo beso los ojos que se humedecen con lágrimas, y las frentes que gúardan los pensamientos puros: yo vierto bálsamo de consuelo sobre
las alas heridas ;iara que sanen y tornen á 'l'olar: yo
despierto esperanzas en las almas cansadas y pongo,
en silencio, sonrisas castas en los semblantes tristes:
yo perdono, yo 01 vid o .... entonces, elevada, dignificada, asciende del fango de 13: culpa la muj~r caída,
y pU&lt; de abrir los brazos al esposo, la conciencia al
deber y las puertas del bogar honrado.
¿No es ·verdad, pensativo Dumas, que opinas lo
mismo, tú el glorificador y el defensor de la perpetuamente débil, de la.eternamente herida? ¿No es
verdad, buen Micbelet, gran compasivo, viejecito de
nieve cuya casta sonrísa de .abuelo feliz nó ha plegado nunca labios más paros, ni servido de expresión á
alma más noble y santa?

da tentativa para humanizar la guerra es un avancebacia la paz, es poner de resalto la inhumanidad fundamental de la guerra y eso es lo que sin sensibler~
ni declamaciones hao hecho los delegaaos en la capital de Holanda. Ya sé todo lo que aquí puede salir.
me al encuentro, desde las flamantes teorías del profesor Gurnplovicz atribuyendo toda la evolución nu.
mana, y dentro de ella á su accidente (con perdón decierta escuela) el progreso, á la ~uerra, hasta las paradógica!i afirmaciones de Brunet1ere que recomendan.
de&gt; á la juventud francesa en una reciente conferencia, elocuente, espiritual y laboriosa, como todo 10 ·
i,;uy J, Ja vuelta al catolicismo y á la devoción al ejér.
cito. sostiene que la. guerra, y su condición necesaria
el ejército, es causa prlncipalísima de la prosperidad
actual. El publicista francés no ha hecho más que am.
pliticar las famosas frases dei feld-mariscal Von .Molt ke &lt; La. guerra es parte del orden di vino: en ella se
desenvuelven el valor, el desprendimiento, el sacrift.
c:o al precio mismo de la vida. Sin la guerra el mun.
do se abism:i.ría en el materialismo.&gt; ¡.l&lt;'ormidablesofismat Resultaría el triunfo de la fuerza (puestoqueel arte de la guerra consiste en aglomerar sobre el
punto menos ruert~ el m~s. fuer~e peso) •idéntico a}
del espíritu. No, s1 el espmtuahsmo nace de la guerra es por reacción. Y qué? nu bay un millón de obje-.
tos v dé fines, fuera de la guerra, en esta tierra de
dolor, de miseria y de resistencia, en donde el sar.rift-'
cio y el desinterés pueden emplearse á costa de la vida? ¿Quien es más admirable, el conductor del .Me.
rrimac iendo al naufragio y á las balas en el canal de
Sintiago de Cuba, por deber, ó el padre Damian ten.
do á la Isla de la Lepra por amor? ¿Quién levanta
más el corazón hacia lo ideal, ese triunfo ó esta
muerte; ese héroe ó este martir? El teniente amerl•
cano recibió los besos de diez mil muchachas (y ¡ay!
algunas viejas) anglo sajonas; si el alma de la humanidad pudiera concentrarse en un beso sería S')brelos.
labios agonizantes del pobre sacerdote católico incen.
diado por la lepia é iluminado por la fé.
Por supuesto, no soy tan poco profesor de historia.
que niegue la nobleza suprema de la guerra, en cier** *
En los anaqueles de las librerías se ve un diminuto tos momentos, ni sus inmensos servicios para realirecién llegado; es un humilde tomito de versos, en zar la selección, la civilización; no. Pero sé que, res•.
cuya portada puede leerse este titulo cal!rlchoso: G¡i.- to y denuncia del origen animal de la borda bumaua,
lería genérica de Miguel Ulloa. ¡Ah! Miguel Ulloa, pasó de ser una necesidad, á ser un estado permanen.
un bohemio incorregible! Sí; sólo que en él la bohe- te y luego un estado intermitente y después un temor general. Sé que todo avance humano ha sido una.
mia y la poesía son dos hermanas inseparables.
Parece increíble que en esa vida loca, se haya con- lucha; pero sé que desde la lucha por comerse 1Q8.
servado tan sutil y tan exquisito el ensueño. La va- unos á los otros basta la lucha por conser var la par.
sija ha ido de mano en mano; á veces en alto como interior en las naciones, la guerra si no se ha transforllevada por alas invisibles, á veces por el suelo, dan- mado en paz normal, sí se ha transformado en par.
do tumbos por ~scarpaduras y matorraleR; pero el v_i- armada y la paz armada es por razones económicas
no generoso que contiene n·o ha perdido su fragancia el preámbulo de la paz entre pueblos civilizados.. ...
¡Oh! si, pasará much') tiempo antes de que los tiburoni su fuerza.
El nuevo libro de Ulloa es una colección de cien nes pierdan la tentación de comPrse á la~ mojarras,
décimas- En estos mil versos hay algunas preciosi- pero e,;e tiempo pasará ... Y la conferencia de Le.
dades; algunas rimas flojas; algunos descuidos ..... . Haya habrá marcado una etapa en esa marcba vaciy un gran aliento de poesía, cargado de aromas, co- lante hacia el estandarte blanco; el trabajo dela civilización humana, para expeler de si la guerra,.
mo un sm,piro de cármenes lejanos.
comenzó á ser consciente el día mibmo en que un caLUIS G. URBINA.
rro de ambulancia atravesó un campo de batalla llevando entre un torbellino de combatientes, de gri•
tos, de sollozos y de estampidos la sagrada banderita
de la cruz roja ..... .
Es curioso seguir en la prensa europea los diferen•
tes aspectos del efecto causado por la publicación deRevistas Políticas y Literarias, las resoluciones de la Conferencia. Los alemanes,
uno de los delegados entre ellos, protesta en tono
uraño y hostil contra ciertas medidas referentes lila
l. LA CONFERENCIA DE LA PAZ, CONFERENCIA- DE
beligerancia reconocida en los cuerpos irregulares,
L._ GUERRAj L0S IRREGULARES; LA CORTE DE Ai-permítaseme expresarme así, y otras relativas á la
BITRAMENTO.
mediación y arbitramento. ¿Quiere esto decir que
~- ,:Los boers TIENEN RAZON? LA OPINION y LA Alemania no firmará? Los ingleses, á quienes moles•
GUERRA SUD-AFRICANA.
ta todo lo que no hacen ellos, y hoy los amer!canos,
3. Los CIRIOS y EL INCIENSO. .
emiten la sospe~ha de que la Conferencia se reunl64. LA CRlSIS MINISTERIAL EN PRUSIA.
para perjudicarlos. ..:Querrá decir esto que tampoe&amp;
5. EL KAISSER Y EL ASUNTO DREYJms.
los ingleses firmaráni No importa, nosotros(ysomos,
¿Han tenido mis lectores, los cuatro lectores de si no recuerdo mal, los únicos latino americanos quemarras, la paciencia de leer las numerosas conclusio- estamos en ese caso), '.:losotros lo hemos firmado todones, publicadas ya, de la conferencia de La Hayal con los E4ado:; U a idos, Francia, España, Rusia,
A fe que son muy interesantes; corre uno el riesgo etc. Y repito, que bemos hecbo muy bien; á primera.
de dormirse (y yo que soy :..en insomne quisiera co- vista pudo parecer que nuestra adhesión iba á serrrer ese riesgo con r:-ecuencia) dos ó tres veces du- puramente platónica en sus transcendencias, Y que.
rante la lectura; mas entre sueño y sueño, bien vale sólo respondía á la idea constante que el Presidentela pena de saber lo que bao trabajado esos gordos di- ha tenido, de que no haya un solo grande ac~o lnter•
plomáticos en pro de la paz. E~to de gordo:i, lo di~o nacional de carácter artístico, científico, soe1al ó popara mi. propia satisfacción, no es una afirmación sin lítico en que México no figure; idea excelente cuy,.
base; la tiene muy sólida, naturalmente: ved los re- importancia moral se palpa; la República, coa la pletratos; casi todos los delegados son del tipo de los na conciencia de su obra, toma asiento entre los puenuestros, gordo reconocido el uno y el señor Zeail, en blos civilizados; muy bien pensado, muy bien becbO.
vía de engordar. Y á propósito de nuestros delegaPero en este caso otro, y más práctico y más gra,e,
dos, preciso es con venir en que el gobierno mejicano ea nuestro interés; nosotros no vemos ni entrever::
obró con muy buen consejo haciéndose represeptar en una guerra en nuestro horizonte; con nuestros ' •
ese concilio, que se empeñó en no ser un congreso de nos y primos estamos cada vez más íntimamente ll•
utopistas, uno de tantos congreso~ de la paz de esos gados en el orden económico y social por consecuenque celebran un puñado de poetas, filósofos y ¡,ocia. cia, y no ouede presumirst siquiera en qué n.ir.mr.
:istas cada cierto tiempo y en donde suelen decirse podría venir un conflicto, fuera de un súbito é lnel'
verdades de á folio; pe:-o sin resultado inmediato. perado y quizás imposible estado anárquico en noel'
Estos congresos los preside en espíritu León Tolstoi:; tro país ó en el país vecino. Sea lo que fuere, n«-el de La Haya lo presidió el autócrata de las Rusias otros no queremos ni debemos atacar á nadlt; ~~
en espíritu también; pero ese espíritu se ha vuelto podemos y debemos y queremos que se sepa Y se .iun tratado ...... ¿de paz? Pues si, de paz.
pe que estaremos siempre apercibidos para la deYo no niego que también puede llamarse: confe. fensa,
. . h
rencia de la guerra, pero he aquí en qué sentido: toPues ble.11, si algo eminentemente positivo ba e-

alabar á los nuestros; pero al salir á la calle.: .. •:
¡qui!\! si alguien 00:1 babia de.ellos en to?o admiratl•
vo, sonreímos, damos las graCJas y una rnm~nsa alegría nos invade porque cada palabra de elogw es como un beso que le dan á uuestro cariñe;.
y el público de México considera ya á la Cbalía como de casa ... ·. La aplaude á rabiar; p~ro _es como si
Jc1, acariciara. No niego -1 ue baya ad m1 ración, pero sí
estaría por asegurar que hay también ternura en
esos aplausos.
.
La Chalia no ba triunfado tanto por la voz; sus indiscutibles méritos de cantante no han bastado por
sí mismos á conquistarnos.
Hay en esta mujer de g~a? cor~zón una_ co'H superior: su intni;ión, su clanv1denc1a para interpretar
las creaciones artísticas de un modo nuevo y conmo,·edor. Entra en los tipos y los vive; les marca su pr:sonaliqad, los ajusta á su temperamento y se comh1na, por decirlo así, mara,v iliosamente con ellos. Su
N edda y su Swntuzza-las dosheroinas que nos bao causado verdadero entusiasmo en la semana-no _está~
aprendidas-á leguas se les ve-en conservatorios m
academias. Son originales.
.
y mientras esto estoy escribiendo, me digo: .
La Ch~lia no ha necesitado de la belleza para imponerse. El famoso mármol d~ Canova no la simboll·za; no es la hermosura domrnand•&gt; á la F.uerza. La
fiera indómita, cuyos ojos relampaguean de róí'e-!:1!,,
levanta la airada garra y dispone los recics ~ú~culos
para saltar sobre la presa; pei:o no _puede resistir á la
primera caricia de la Venusv1ctonosaydesnuda ~ue
en ella cabalaa. Tiende bumiUemente el lomo Jaspeado é incli~a el cuello melenudo; se siente satisfecba de llevar la blanca y pura carga de una belleza
triunfante.
y sin embargo, mejor y más ~ronto que la_ Hermosura dominas á la Fuerza; una alma ap~s1oaada Y
fuerte vibrando en el fondo de unas pupilas luminosas ....

*

**

· Ha sido esta semana para los dilettanti á manera de
inesperada fontaea, de alma y brillante linfa, abierta de improviso, á pleno sol, en la arena tostada del
desierto. Iban los caminantes fatiga~os y sedientos,
y el milagrc bajó en un ravodeluzque hirió como un
venablo de oro la ·tierra, para. que de la herida brotase aquella songre transparente. ·
Los melómanos están de plácemes. Rl aire se ba
llenado de sonidos. Una estimulante ráfaga de entusiasmo ha sacudido el alma de nuestros músicos jóvenes, de tal suerte que no parece sino que, los inquiews sólo esperaban, para ponerse á cantar, lo que
los páj~ros al amanecer: un perfil de luz inviolada en
la remota serranía. Para marcharse, rumbo al Arte,
han encontrado, no la vía imperial, abiertQ entre arcos y columnatas, por donde va la opulenta _procesión de los escogidos, sino la senda estrecha, fangosa
y t,riste, por donde caminan más plebellos y pecheros que hijosdalgmj y capitanes.
Mas para ir á la gloria no existe hoy en México,
¡oh los jóvenes maestres! más que esta senda, y, bah,
bala, alla van los peregrinos que creen en las hadas
buenas y se enr,omiendan de todo corazón á Nuestra
Sefiora la Suerte.
Ya que la ópera no les abre sus cien puertas de
oro, que entren por la húmeda. poterna de la zarzuela, que de todas maneras han de aduefiarse y de
purificar poco á poco nuestro gusto en las aguas
lustrales de su ingenio.
Los compositores mexicanos pasan en estos momentos por un benéfico período de producción, . que
se 10e antoja algo así como el alba de un día feliz.
La pren.;a ha dado cuenta de algunas audiciones
de obras nuevas, y las empre.sas teatrales no cesan
de anunciar estrenos de zarzuelas mexicanas.
Y be aquí como sucedió i'o que en el cuento de Perrault; que la calumniaqa, la despreciada, la que
siempre estaba junto al fuego, manejando marmitas,
la pobre Cendrillon, es la escogida por el princi pe enamorado.
La moraleja del zapatito de cristal suele tener sus
aplicaciones oportunas en la vida ordinaria.

La Challa es nuestra ya; nos pertenece. La hemos
mimado mucho. Eso tenemos los mexicanos cuando
nos encarllíamos con una artista como la Chalía; que
después de admirarla la queremos, y que Juego el
cariño crece b1sta el punto de confundir y dejar corrida á la arlmiración.
Porque vamos á ver; ¿á los de casa se les admira?
Bien está que en lo íntimo nos bagamos 1enguas para

EL EXTERIOR

Domingo 10 de Septiembre de 1899.

Oomlnl!"o 10 de Septiembre de 18111&gt;.

ebo la Conferencia, es reglame11tar la guerra, lo que
equivale á reducirla, á limitarla, á hacer, en suma,
obra de paz; no sólo revivió todo lo que hace más de
veinte años se acordó en Bruselas, y le dió fuerza obligatoria para los signatarios, sino que se ocupó en dar
~utías á los g-rupos irregulares de defensa efecti,a (leemos gue:rriUas) que basta boy ban sido implacablemente tratados por las tropas regulares; para
ellos uo había leyes de la guerra, contra ellos reterna
IJ1ldl)ritas esw, decía el derecho internacional. De boy

en adelante no será así; los pueblos no preparados
especialmente para la guerra, podrán hacerla por
medio de todos rns hombres válidos, estén ó no
comprendidos en las fuerzas regulares. Para · ello
sólo tendrán que someterse á cuatro cond:ciones que
me parecen absolutamente equitativas: tener un jefe• un distintivo; armas visibles y respetar las leyes
d;la guerra. Es verdad que, y esta limitación explir.a el retraimiento de algunos países pequeños como
Suiza, estas t ropas irregulares sóto pueden aspirar
al tratamiento de re&lt;JUlares cuando se organicen en
paf&amp; todo.vía no ocupado por el enemigo; por consecuencia, la sublevación contra la ocupación extranjera
queda fuera de convenio. Mucho se ha ganado, sin
embargo, y, entre otras cosas, la idea que debe irse
aclimatando entre nosotros, de que el servicio obligatorio, que tiende á preparar á los pueblos á convertirse en ejércitos regulares en caso de invasión, es
· ta suprema necesidad en el período que va á abrirse
para el mundo, y que esperamos que !.erá el que
preceda inmediatamente á la era de paz, que todos
deseamos y con la que soilamos todos.

* **
Todo el capítulo de la mediacién y arbitramento
es Interesantísimo hasta en sus últimos pormenores;
como tenemos la seguridad, lo repito, de que no bemos de provocará nadie, tenemos la certe;.ade poner
11lempre la razón de nuestro lado y la decisión de un
árbitro y la mediación benévola de una nación amiga
nos dan derecho á esperar que ya no encontraremos
un estorbo por el estilo de la intervención francesa en
nuestro progreso económico. Verdad es que nadie está obligado á recurrir á la Corte arbitral; pero los
Blgoatarios de las resoluciones, como, por ejemplo,
nosotros y los Estados Unidos, estamos moralmente
obligados. Y tendremos nuestro representante en
la Corte permanente y hemos de influir en nuest,r,is hermanos sud-americanos, para que pongan
su firma al ladv de la nuestra y debemos de haber dejado entender á nuestros cofrades los conferencistas de La Haya por la boca ó por la pluma de
nuestros comisionados la importancia que damos á la
resolución y nuestra decisión de trabajar sin desfallecer porlareuuión de la «Conferencia del arbitramento obllgirorio.&gt; Nuestros primos norte-americanos
~enen idéntico propósito. AU right.

Claro, mientras llega esta nueva edad de Astrea,
los tiburones tendrán una tendencia irreprimible á
4 comerse á las majorras. Detrás de la figura tribunicia del ministro Chamberl'lin tenemos la pícara
manía de ver como si fuese su sombra proyectada
sobre ua¡¡ mampara blanca, la silueta (con perdón
de la A".3demia) del Napoleón del Cabo, del insigne
Mr. Cec1J Rhodes, el mii,mísimo personaje que nos .
sentenció al papel de mojarras hace u nos cuantos
meses. ¿ Lo recordáis, lectores?
En ~~o este ir y venir de proposiciones y contra&amp;ropos1e1ones entre Inglaterra y el heroico estadillo
íblico del Transvaal, lo que ha puesto las cosas de
de guerra, lo que ba hecho áspera y punzante
discusión es el tono de los discursos Je! leader unionista._ El_mini~tro es de un temperamento muy cálido ba¡o su arrogante flema de inglés rico. Y dice Jo
~ue se le ocurre, aunque su jefe Milord Salysburi se
o medio tome á mal. Y los rumores de guerra hacen temblar todos los cables eléctricos del Globo y
Dboá.1111be uno á qué atenerse ¿quién tiene razón? ¿Har por fin guerra?
ti ¿Quién tiene razón? El débil, señores, el débil
ene razón. Yo no creo que la república burgher
haya hecho todo Jo que bubiera podido para conjuel mal. El monopolio de artículos indispensaes para la minería [dinamita p. e. ] que se ha re:~~o el Transvaal para tener siempre la canasta
los mineros de Johanesburg; el veto que
1es Impedía la entrada aun al ejercicio de los cargos
:fnlcipales en una región en donde esos mismos
rua~eros! los uitlanders como les llaman los boers, !orlos a m~ensa mayoría de la población, lo duro de
·nImpuestos, lo parcial de la justicia revelan el emo de los pastores transvaalenses de bacer la vida
:pislble á los susodichos extranjeros. Mala polítiaupeuando un ~ueblo se bc1olla en contacto coa otro
deber1or en n~mero, en riqueza y en actividad no
endós querer . 1mpe~ir por medios artificiales la
con¡ DlOSls, smo deJarse penetrar y asimilarse las
las• enrh extral!as, apropiárselas y transformarch~
emos hecho nosotros, y eso que hemos belograg 1~ han querido los boers; han querido, ;:iero no
0 acer otra cosa. Resultado, que ha acampa-

tuuto

:r

r

:S

EL MUNDO
do dentro de la Repúbica un grupo enemigo, pero
que no se irá del suelo que explota y Jo enriquece,
basta que lo baya agotado completamente, lo que
tiene que suceder tarde ó temprano: mejor dicho,
lo que antes de medio siglo habrá sucedido.
Pero poniendo á un lado esta pésima política, convengamos en que la enormidad de las concesiones
que el gobierno inglés pide casi en tono de amo explican bien la irritación de estos hijos de !os holandeses del_ Cabo que bu.} eron al Orange y al Transvaal precisamente para no estar en contacto con los
dete¡,tados angJo.c;ajones. El monopolio de la dinamita queda derogado: las franquicias otorgadas ¿Qué
fraoquicias1 las electorales: que todo uitlander que
baya cumplido, ó cada vez que cumpla cinco años de
permanencia en el Transvaal tenga 10s derechos electorales del ciudadano en el orden municipal y general, _aun cuando no se haya naturalizado, propone el
gobierno de la emperatriz-reina. No, contesta Krüger, si se naturaliza, enhorabuena; pero si no, serán
~ecesarios siete años.-No admitimos, replican los
mgles'3Sj pero que resuelva una comib-ión mixta que se
reuna en el Cabo. -Una comisión ;.nixtaslgnifica, reponen los boers, que concedemos derecho á Inglaterra para intervenir en nuestros asuntos Interiores; y
eso nunca. Pero someteremos la cuestión á arbitraje.
-N•,, exclama el Sr. Cbamberlaia, eso nunca; porque equilvaldría á que confesara Inglaterra que no
tiene un derecho eminente de soberanía sobre el
Transvaal: y lo tiene. -No Jo tiene, dice el parlamento de Pretoria, según e: último tratado; pero admitimos la comisión mixta, con la condición de que
se reconozca la independencia absoluta del Transvaal.
Y afü\dinse á este diálogo las precauciones militares
de los boers para impedir á los uitlanders que ayuden
á Inglaterra en caso de lucLa, y la llegada de los regimientos ingleses al Cabo, y el ir y venir de comunicaciones ent,re los bravos holandeses y el gobiernito de Orange y el jefe del ministerio en el Cabo, que
simpatiza abiertamente con los boers y. os formaréis
idea del embrollo ~ud-africano.
Si la guerra estalla será dura; el viejoJoubert (un
descendiente de hugonotes) comandante militar de
los boers ,.,0noce y practica á maravilla el aforismo de
Mauricio de Sajonia «todo el secreto de la guerra está en las piernas.&gt; Y s11.be moverá sus soldados pa&lt;itores, que son por el estilo de los cow boys de Tejas,
con una rapidez y oportunidad singulares. Los ingleses saben eso; hace 18 años lo experimentaron, y magullados y ensangrentados tuvieron que desisti r de
su empresa de cast igará aquella brava republiquilla,
que tiene como córligo fundamental la Biblia. El caso es que ostensiblemente se hacen de ambos lados
preparativos para el futuro conflicto y que en vista
de la nueva actitud del parlamento de Pretoria que
ha retirado las concesiones becbas, si los telegramas
no mienten, el gobierno inglés ha enviado ya su ulttmatum.
No será, bien acogido por la opinióu en Europa; las
iglesias de Holanda escuchan á cada instante las
prédicas ardientes de los pastores, sosteniendo la
causa de aquellos hijos lejanos, pero no olvidados de
la vi~ja madre patria; la reina Wilbelmina. ha interpuesto toda la simpatía que le profesa la gran abuela
Victoria en favor de los h olandeses de Africa, y el
más ~ulto y mejor filósofo entre los bombres de estado ingleses, John Morley, haciéndose eco de la
mayoría del partido liberal, ha calificado de antemano esta guerra como un acto de piratería. Pero, por
desgracia, el sentimiento imperialist a de que es porta-estandarte Mr. Cilamberlain prevalece ....

***
Mientras unos liberales, (hablo de los antiguos sol·
dadoE de Gladstone,) se ocupan en estos asuntos internacionales, otros, ce,mo Harcourt, emplean su actividad contra los cirios y el rncienso. Sabido es que
la Iglesia anglicana fué, a.l nacer, una simple iglesia
católica nacional y que la revolución consistió en
substituir al Papa con el rey y el Parlamento, á lo
que ya estaba la susodicha iglesia preparada. Ritos
y ceremonias, obispos y cabildos, todo se conservó;
pero el Rey y el Parlamento comenzaron á modificar
pronto todo esto y la opinión puritana que llegó
hasta la supresión de la vieja máquina oficial, dejó
en ella su huella de rigorismo y de odio al ceremonial católico. Mas todo ello tiende de nuevo á modificarse y una gran parte de la comunidad anglicana
ha maaift.stado en este siglo su inclinación á resucitar los hábitos primitivos de esplendor litúrgico. Los
católicos, cada vez más numerosos en Inglaterra, ven
el caso con muy amables ojos; el Papa.debedesonreir
benévolo y las procesiones se suceden entre el bumo
del incienso y el resplandor de los cirios en los templos anglicanos. Abominación, exclama lord .ETarcourl; el Parlamento se conmueve y los arzobispos de
Canterbury y de York, después de serias reflexiones,
deciden prohibir el uso del incienso y de los ci rios.
La religión, coIDo se ve, está salvada; no hay cuidado, no se deslizará entre el humo perfumado el espíritu de los ritos viejos y de la vieja autoridad pontifical; no; nunca, no popery for ere1·. Pero los arzobispos, cuentan sin la huéspeda; su decisión no tiene

177
sanción. Las iglesias que usan el incienso, pueden
seguirlo usando y nosotros lo desearíamos; UJl- templo sin incienso, sin luces y sin flores y sin órganos...
;.1ué es? ¡Ah! incorregiblemente sensual latino que
haces de la religión un placer artístico. me diría un
excelente amigo inglés que tengo, sorbiendo á copas
unos tragos de whÚJkey de Escocia ..... .

También S. M. el emperador Guillermo, suele fu. n,.
gir [como decimos en México los abogados que hemos
lanzado nuestro grito de Dolores contra el idioma de
Cervantes] de pastor luterano y celebrar los oficios
á bordo del Hoheuzollern, anclado en los fiordos noruegos y basta predicar largos sermones; uno que
otro marinero se duerme; pero el Kaiser conserva
sus t.iesos bigotes de paladín y su actitud hierática....
Sea lo que fuere, estamos seguros de que en esa actitud, gusta más á los conservadores, que cuando
reempla,.a sus sermones con los terribles discursos
en que compromete á conciencia la actitud del Gobierno prusiano ó imperial en algún asunto en que
no ba habido acuerdo previo de sus ministros y que
cuenta con la hostilidad de la mayoría parlamenta~ia que, sin embargo, le es devota. Así es y S&lt;lrá; es
mm?d_i!icable; su inteligencia es de una pasmosa
flex1b1hdad, pero cuando su voluntad entra en juego
procedeá golpes en un yunque ó en ul\a campana ... '.
Es un cortador de nudoti gordianos ..... .
Ved, si no, el asunto del Canal del Centro, del fa.
moso canal que ha de unir las riquísimas regiones mineras del Rbin con el Elba y Berlín. A este proyecto
se oponen los señores feudales, digo, los conservadores que ven así amenazado el monopolio de que disfrutan en la capit~l para la venta de los productos
del Este, casi todos suyos, y por este interés egoísta
l,bstruían, viene bien la palabra, obstruían resueltamente el proyectado canal. Además de esto, los conservadores tienen una regla inflexible: cuanto favo.
rezca á la industria, favorece al socialismo, es así que
el Canal del Centró favorecerá eno1memente el desarrollo industrial, luego ..... .
«Luego, dijo en s~ discurso el emperador, luego el
Gobierno jura hacer el canal; el canal se hará ... &gt;
Así antes del Canal del Centro quedó partido en
canal el partido conservador. Y como algunos ministros estaban tratand-0 de asegurarse, por medio
de concesiones, á los viejos conservadores, para que
cesaran su política de obst1 ucción, y como en medio de este servicio amistoso, Guillermo rompió los
platos, allí tienen ustedei; la crisis. ·
¡Ba.h! esto nada significa; cambiar de cuando en
cuando ministros es h igiénico en los gobiernos monárquicos; siendo el sol inmutable, preciso es renovar los planetas y exceptuando al canciller del imperio y al babilísimo ministro de hacienda Herr Mi-que!, los demás están ya substituidos .. .. E l canal se
hará.

*

**
Otra preocupación le ha caído al Emperador encima, que debe ser muy más grave. La venia que el
Consejo de Guerra de Rennes ha dado á los defensores de Dreyfus para solicitar permiso de los respectivos sobe1anos con objeto de que se presenten á declarar los ex-agregadoi militares de Alemania é Italia. ¿Lo permitirán? Lo dudo; una manifestación
imprudente, un interrogatorio mal dirijido pueden
hacer surgir una situación eJicesivamente delicada.
Además, si las declaraciones son consideradas como
falsas por el Consejo, puesto que tienen que reducirse á esto: «no hemos tenido relaciones con Dreyrus,&gt;
será una grave humillación para los gobiernos alemán é italiano. Por otra parte, si el terrible embrollo que ha resultado en el proceso y que no ha de desatar la demasiado lista declaración del general Billot: Estcrhazy y Dreyfus son cómplices-si estas tinieblas pueden recibir el rayo de luz suprt&gt;cna con
las palabras de los agregados, el bombre rígidamente justiciero que bay dentro del abotonado uniforme
del emperador debe estar á· punto rte preponderar
y .... veremos, lectores; · la próxima vez con vers'.l.remos sobre este tema; ya habrá material.

*

* *
Ya escrito lo anterior hemos sabido que el gobierno alemán ba hablado oficialmente. Pues bien, sin
meternos en los asuntos de los l'n,oceses, porque nadie les niega el derecho de hacer con el reo lo que les
dé la gana, pero expresando libremente nuestra opinión sobre un becho que pertenece á la historia y
cae bajo el pleno dominio de la conciencia humana,
sostenemos que no h ay un solo bombre á quien no
ciegue la pasión capiz rle vacilar un instante entr,:
la palabra de M. du Pd.ty de Clc1,m y la del emperador de Alemania.

_J ~ J

~-

�Domingo 1@ de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

178

EL MIEDO AL RIDICULO.
Es una cosa generalmente admitida y establecida
sobre sólidas bases que somos valientes hasta el heroismo y basta la temeridad. A diario recoje la policía de nuestros barrios un número no despreciable
de heridos y muertos, víctimas del impulso que los
lleva á la riña sangrienta y al combate singular con
pret extos más ó menos frívolos y á veces p~ra y exclusivamente porque son muy hombres, por simple ost ent ación de valor y de audacia.
En los campos de batalla, durante nuestras-guerras civ:le¡; y extranjeras, nuestros soldados han prod io-ado su beroismo y su vida, sin regatea1la ni esca':notearla. y nuestra historia está atestada de proeza-i casi legendarias, de altos hechos casi épicos, de
sacrificios sin cuento, consumados como dice la canción del guerrillero:

r-·--- --------------------;;:~---

1

Con la sonrisa en los labios
y la altivez en la frente.
Pues bien, hay una cosa que intimida á este pueblo arrojado, hay algo que lo hace temblar como una
muJer y llo-:-ar como un niño, hay un hecho y un peligro ante los cuales huye, de lo!.' que se esqui va y esconde, que le infunden pavor y espant,,, que lo arredran y amedrentan más que el enemigo airado que empuña la daga., que el ejército contrario que asesta
cañones y dispara fusiles, que el huracán que siega,
que la tempe:,tad que arrasa, que el terremoto que
derrumba, que la mar desencadenada que hunde y
aboga. Ese algo que hace erizar en nuestra frente el
cabello, que biela la sangre en nuestras venas y empapa en helado sudor nuestra piel es pura y simplemente: El ridículo.
Vemos con impavidez consumarse la ruina de nuestras esperanzas, disiparse nuestras ilusicnes, hundirse en el abismo de la bancarrota nuestro patrimonio;
con irónica sonrisa recibimos á la enfermedad que
ha de paralizar y aniquilar nuestra actividad y nuestra vida; como Ouauhtemoc, somos estoicos ante el
tormento físico y ante la tortura moral; mas no bien
el ridículo asoma su silueta. raquítica y deforme y
muestra su siniestro é irónico rictus, huimos como
los llamas andinos al anuncio del terremoto, como los
potros salvajes ante el incendio de la pampa, y ocultamos el rostro y vol vemos la espalda y emprendemos la fuga como niños asustados por el coco.
Por buír del ridículo, por esquivarlo y evitarlo,
no hay sacrificios que no estemos dispuestos á consumar, ni peligro ni daño que no nos sintamos resuelto!'. á afrontar ó sufrir. Nos arruinamos por no
caer en el ridículo de parecer pobres; nos exponemos
á la enfermedad y á la muerte por evitar el ridículo
J e pa1ecer prudentes y cautos; y hay amante y hay
marido que matan ó mueren por hufr de.l ridículo de
la situación de desdeiiados ó burlados.
E$te miedo cerv;J.l al ridículo paraliza muchas de
nuestras energías, sofoca nuestra iniciativa y nos
condena á la vida rutinaria é imitativa de carneros
de Pa.nurgo.
No hay ridículo posible dentro de b usual, de lo
habiLual, de lo aceptado; quien viste, come, piensa
y procede como todo ei mundo no se pone jamás en
ridículo. Se exponen á él y an él pueden incurrir
j m,tamente el inovador, el iniciador, el que, tascando el freno de la rutina y hastiado del sendero trillado rompe con lo usual, toma por el atajo en busca
de nuevas rutas y de nuevos horizontes; quien se-

EL ATENTADO CONTRA. M. LA.130RI, DEFENSOR DE DREYFUS.-Ml!:E. Ll130Et[ AUXILIA AL HERIDO,
dien~o de novedad, inventa, sug iere, predica y promueve nuevos usos, nuevas ideas, nuevas costumbres.
Galileo, Oopérnico, Darwin, la mayoría de los pensadores y filósofos, de los revolucionarios é inventores, han comenzado por ser ridículos antes de llegar á
ser sublimes. El Capitolio se codea con la Corte de

DREYFUI! PROTESTA CONTRA LAS INCULPACIONBS QUB LE DIRIG&amp; EL GENERAL °MBRCIBR.

l 1&gt;s Milagros. Heráclito, el llorón, y Demócrito, el rl•
sueño, fueron juzgados locos y befados en calidad dó
tales; Juan J. Rousseau, que había de remover .,¡
mundo, era superlativamente ridfr.ulo ante la aristu·
cracia francesa. Los muchachos berlineses silban en
las calles á Joe~er, el Inventor del t raje higiénico,
como los granujas parisienses silbaban á Mirmao,
que había adoptado la religión musulmana y el pin•
toresco y cómodo traje anexo.
Lus grandes ridículos de la humanidad se cosechan
entre los regeneradores filósofos, políticos, morales Y
sociales, y tan ridículo nos parece el inventor de la
máquina de volar, c:,mo pareció Cristo á los magna·
tes y al pueblo romano. Jesús, coronado de espinas
y con su cetro de caiia, es el símbvlo del ridículo,
torturando á la grandeza.
.
Tener miedo al ridbulo es tener miedo á la 1000
vación, á la reforma, á la invención y al descubrimiento; es decir, es tener horror al progreso; como
ser satírico y sangriento es tener honor á la l!ber•
tad. El miedo a1 ridículo paraliza y enerva y son
siempre más progresivos y más libres los bo~ bres Y
los pueblos que no lo tienen y que no practican la
sátira.
Los pueblos que, como los del Norte, no temen el
ridículo y casi no saben en qué consiste, se expone~
á ver pulular los seres P.xcéntricos y extrav~g~nf~
pero en cambio ganan en libertad y progres1v1da · 0
Los pueblos meridionales que huyen del ridfcu1
como de la peste, se expon~n á cada paso á enfrenar
el progreso y á encadenar la libertad.

Domingo 10 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

179

LA CORTE MARCIAL DE RENNES

~bor~ el soldado, venido de las capas
mfenores del grupo social, recibía su
pré y recogía su rancho que iba á devorar en el suelo entre sus camaradas.
En el Batallón de Zapadores tiene ya
bancas donde sentarse y mesas con
manteles blancos donde comer.
La mejora inaugurada en Zapadores
con honradez, orden y economía, tiene
u_n a;to fin educativo que encontrará
sm duda imitadores en los cuerpos del
ejército nacional.

Dos días antes de aquel en que fué
.herido el defensor de Dreyfus comparecieron como testigos el ex-presidente Casimir Perier y el General Mer,eler. El pr imero vestía 1arga levita y
nevaba en el ojal la cinta de la Le.glón de bonor; al oir su nombre avanzó
gravemente y negándose á tomar
.asiento, empezó su declaración. Dijo
que su objeto principal era protestar
-contra las versiones relativas á su conducta como jefe del Estado en el asunto Dreyfus. Habló en voz alta, con el
tono autoritario del que ba acupado
puesLos elevados y su declaración fué
un discurso político, una defensa de su
intervención oficial en el asunto, una
conferencia sobre las trabas constitu~loles que entorpecen la acción del
.Presidente de la República Francesa
en ,los negocios más difíciles del Es-

EL INCENDIO DE LA CASA TIPOGRAFICA
"LA. EUROPEA.. "

Uno de los acontecimientos más tristes de la semana ha sido este siniestro en el que sufrió graves pérdidas
el propietario de «La Europea&gt; y un
golpe rudo la industria de la capital.
«La Europea&gt; era, en efecto, uno
tado.
de los establecimientos más sólidos y
El General Mercier, avanzó después
de porvenir más abierto. Pasan de
lentamente y cuando acabó de protescuatro las empresas de este género que
.t,ar, pidió permiso para sent"l.rse y hahan fracasado en México y si «La Eubló largas horas. Al terminar se diriropea&gt; se sobrepuso á todas las dificulgió al Capitán Dreyfus y declaró que
Los GENERALES MERCIER
y füLLOl' EN EL CONSEJO DE RENNES.
tades que obstruían su cam!no, fué
1
al se bubiese engallado no vacilaría en
gracias al espíritu animoso y amplio
reconocer su errer y repararlo. Entonces Dreyfus se
Co medor para la t ropa e n e l Bat allón
de su propietario el Sr. Aguilar y Vera, el cual babia
levantó de un salto, y tembloroso, con voz enronqued e Za padores.
conseguido montar un modelo de taller tipográfico.
~Ida, gritó:
El fuego lo consumió en breves horas, no obstante
e¡ Eso es lo que deberíais decir! . . . &gt; e¡Es vuestro
. ~l ~um_in~o p~sa~o el seiior Presidente de la I\epú- los oportunos y solícit')S auxilios de las autoridades
-deber! .. .... &gt; El Presidente hizo un signo con lama- buca se s1rv1ó as1stu á la inauguración del comedor del cuerpo de bOmberos y del vecindario.
'
no y el oficial de gendarmes
~ue estaba junto á Drey:fus lo cont uvo, recobrando
el acusado su actitud serena. Un minuto duró esta
@Cena patética, un minuto .nada más; pero caus6
tanta impresión que el Pre.aldente levantó la sesión
del Consejo.
Ya hemos referido en otro
lugar el atentado contra
Laboti; nos falta sólo decir
~mo se reci bió la noticia
~n el Consejo. E l lunes 14
de Agosto, abrió la sesión
~l Presidente dirigiendo
una advertencia á los concu•
rrentes que en la sesión
-del sábado Increparon duramente á Mercter. Iba á
abrir los debates cuando M.
Tauney, vice- presidentede
la Sociedad de la prensa
judicial, lanzó este grito
en la puert a del Sil.Ión: «Labor! está herido.&gt; El públiC!l se llenó de estupor al
~irlo.
Otro de los incidentes
más notable" fué el careo
entre Casimir Perier y Merder en el cual este jefe del
~Jerclto, este «débil de espíritu&gt; como lo llama Zola
quiso apasionar el debate
relacionando con los hechos
,que se discutían u!la complicación diplomálica entre
Francia y Alemania.
lNAUGURACION DEL COMEDOR PARA LA. TROPA EN EL ÜUAfi.TEL DE ZAPADORES.
Durante algunos momentos salieron á plaza secretos de Est ado, intimidades de esa situación anormal
para tropa que ha estableciclo en el batallón de
Nuestras ilustraciones tomadas de fotoo-rafías
fmo la llamó Perier, en virtud de la cual el jefe d~ mando el señor Coronel Manuel M. Plata.
que hizo un apreciable aficionado, la noche del sábaa Nación francesa puede ser y es en ciertas ocasioProcurando en lo posible la dignificación del sol- do_ 2 _á la hora del siniestro, mue:.tran el estado del
nesgobierna
un func1·onario
· nomma
· 1, un nwnarca que nina y dado, dándole instrucción, moralidad y disciplina, ect1fic10 en su parte interior. Ni aun las vio-as de ace-no
faltaba elevarlo un poco en su nivel social. Hasta ro pudieron resist ir y se _Jas ve en uno de los graba•

su

ASPECTO GENERAL DEL CO:.IIEDOR DE LATROPA EN EL CUARTEL DE ZAPADORES.

�Domingo 10 d~ Septiembre de 1899,

EL MUNDO,

Dcmtngc 10 de Septiembre de 1899
==

/3L incendio dv ltt&gt; caó~

ESCOlrBKOS DEL IJEPAR'l'A)IENTO DE PRENSA8.
ASPECTO EXTERIOR AL DIA SIGUIENTE DEL INCENDIO,

dos caer como cintas de tela sobre los escombros encendidos.

DE

"E!.. MUNDO."
Por los grabados que publicamos hoy, verán n~estros lectores que acabamos ya de montar la maqu_rna- .
ria, y hemos comenzado á trabajar :n ella: los prime•
ros trabajos que se ban emprendido, son los de las
novP-las que daremos en una forma nueva y mucho
más cómoda, siempre espléndidamente ilustradas.

ll&amp;'CON EL PROXIMO NUMERO
COMENZARA EL REPARTO. ~
Al principio de este año, por circunstancias agenas
á nuestra voluntad, dejamos de repartir tres novelas

de prima con ofrecimiento de repo;:ierlas: en el mes
:ie Julio estaban repuestas, y esto nos abona para la
seguridad que deben tener n~es_tros abonados del
cumplimiento de nuestros ofrecimientos.
Con creces serán satisfechos los lectl.res de EL
MUNDO,

Matilde L. Brugulere.

Los

BOMBEROS SOFOCANDO EL FUEGO EN EL INTERIOR,

Sr. Emilio Lange.

Esta soprano de voz deliciosa, formada. en la mejor escuela, tiene en México admiradores que con justicia 111, aplaudieron poco ha en la sa:a Wagner.
:Matilde Brugulere volverá prontoá :M~xlco, y hará
muy bien, porque todos los dillettanti la esperan de•
seosos de tributar nuevos homenajes á una de sus artistas predilectas.

También el Sr. Lange merece grandes y vivos elo•
gios por la excelencia de los trabajos de su fotografla.
Ilace poco publicamos un retrato de la Sra. Challa,
que nos fué proporcionado por el Sr. Lange.
Hoy nos da otra prueba del acierto con que maneja su arte: el retrato de la Sra. Plummer, en el que
verán nuestros lectores una belleza arrogante y un&amp;
fotografía de gran valor artístico.

Sr. Octaviano de la Mora.

EL SR. C. C. i:0S10.

Reproducimos hoy en nuestra primera plana un
grupo de fotografía
hecha en el reputado taller de este caballero, uno de lo~
que impulsan con
más talento y ahinco el arte fotográfico
en nuestro país.
Creemos que ese
grupo, artístico en
su composición y de
notable exactitud,
ser,á del gusto de
nuestros lectores, los
cuales pueden apreciar en él, no sólo la
perfección del grabado, sino el mérito
del fotógrafo.

Es el autor
de los grupos
y de los dos retratos de nii'las
que figuran en
la página 184.
[]Ilacemos es•
ta mención del
aventajado artista, en agrademmiento á
la bondad con
que nos hizo
tan preciado
envío.

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8RITA, J.!ATILDl!:

L.

BRUGUIERE,

Soprano de Concierws.

SR,

ÜCTA VIANO DE LA MORA.

EL MU~DO.

181

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ENTRAD.A. DEL COLEGIO MILIT.A.R Y ES'l.ATU.AS EN_BRONCE DE LOS HEROES MUERTOS EN EL ASALTO AL Ü ASTILLO1 DURANTE L.A INYASION .A.MERIC.ANA

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�.Domingo 10 de Septiembre de 1899.

Domingo 10 de Septiembre de 1899

EL MUNDO.

185

EL MUNDO.

f\VENTURcf\ DB HEOTOR.
Los Fossemagne ocupaban tace diez al1os el lu.¡ar envidiable de matrimonio excepcional en los
,écUlo., dela altasoeiedad parisiense, y sunomb,e
aervfa'á los optimistas ( dos ó tres que hay toda•
'ria) para decir que no todo sucede de la peor manera en el má.s malo de los mundos imaginables.
Si alguien decía que ya el amor no existe, que
lo• jóvenes buscan sólo dotes y no corazo_es, al
punto se objetaba:
-Sin embar go, Héctor de Fossemagne que
«a muy rico, se casó con Susana de Craponne
f()f los lindos ojos de la novia.
Contra los lamentos variados de los pesimistas,
toa Foaaemagne, 6 uno de ellos, servían de argu-

mento:

-Todavía hay jóvenes de la altasociedad que

no ae arruinan, y sinó ahí estAn los Fossemagne.
-Por lo menos hay en P 11rís un matrimonio

feliz: los F ossemagne.
11.

12.

n

:14

16.

~_!:·_J~~~~:'.'.:.__~-~~~~~:~~~:°..

1
n Eroestloa cossa. 11 Laura Temo. 13 C{,,rmen Travancc. H Ana Yar!a Co,;sa. _

--------------------------

---

c¿bna velada a:tÍótica en el Cf5eatio &lt;3auz de [/alapa.
d licioso parque. Es proverbial llamarle la tierra de las flores, que, como en el
Jalapa es un e
•
hermosas
apólogo del poeta, son hermants de la: ~u¡eres aquella Óudad una fiesta noble en el Teatro
La noche del 2-l ~e Ago.st
tim\ uu1 p:~a celebrar las obras de misericordia; para conso.
Ca.uz. Flores y mu¡eres, se eron ci ª ª
tlval de caridad que hizo 6¡¡oca.
la1 á los tristes Y socorrer ádlobsl po~re~. Fué ~~~~cuenta una miniatura, un encanto, un friso
Entre las notas más agra
es e reum
enel'csos que las flores y las muJe•
de inocentes cabecitas. Los niños no qulisleron s~~:~~º~a~taron el coro de Doctores del Rey
res Se vistieron de fantasía, Y entre r sas y ap
1 .
'6 i uiente·
Rabi6. ¡Picaruelost Un cron~sta jalapeildo ºsºesl~:~~rpl~:c~c~:p;:~~ ~l s ~te Y p·ara lo bello,
Los niilos de hoy son precoces, pero cuan o
hay que aplaudir Y no entristecehr~e:
stas crlaturitas! Un grupo de dieciocho cabecitas
¡Qué coro de los Doctores nos e1eron e
I miis monas! y que bien lo ht.
infantiles, lo más frescas, lo m1s bonitas, lo mis plc:1.res~,1,s, i~ de todo lo qJe hay de delicacieron esos diablillos! Parecía que tenían comp~.:taácenc encuso música Cnapí - Era de ver
d d r
d picante y de ingenioso en la sátira
que P
·
6
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a~~ei8gd~~;~ d~ facu~:~~=os, iyº~~ép~:~1s:ae\~nÍ~~~rf;c!~;~:1~~ :1o~~!t:!to
t~=~: y
pauan o, con una m
m
'
. vedad que únicamente se puede adqulexperiencia clásica del agua! Y todo ésto, co_n la gra t ía y Fisiología y todas las demáa
rir después de estudiar muchos anos Pc1.tolog1a Y Ana om

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~:~~~~~h~~~=í~~~~:ad~ ~~
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~!il~!~/u~~nt:e ~~r~fd~t~! ;::cei~oi°~es~~u~~::1f~~::~l1~:i~
remediar aquello en pleua escena? Era un pro?le~a átmpr~i~/h!~:;;, Jlla opt~ por llevar•
1
1
~~c~1i J~~:~ou;l :a;2;!\;
;1ªtu~ie~~~
~;:0 r;g~:e~=

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¿\~u:i~~~s~~~~~l

:~l~rn~us~ªf:~t1~::ii~º~ne:! r:::~~~i~~t!fn~ ~~e!:S\a~ :e!es que en consulta se juntan de dos
representantes de la Facultad para arriba!
d
f m
El Mundo Ilmtrado rinde hoy un homenaje á la Ciudad de Jalapa, publican ~ e1 ª 080
grupo de Doctores y dos de los más graves y graciosos, como un eco de la simpática Y encan•
tadora fiesta.

i:co. 3 Guadalupe Jlménez. 4 Marta Parlange. 5 Rosario Cuesta. 6 Ana Fresse. 7 Laura Sandoval, 8 Doloree Teráo. O Emllla :úutlérrez.
Amlnta HernAndez Pé1ez. 2 DlºDISIQ Trava
17 Emllla Gutiérrez. 18 Marta Parlaoge.

-Hay una mujer que no tiene aventuras, y no
f()rque aea fea, la marquesa de Fossemagne.
-Hay un marido fiel: Rector de Fosf!em¡¡gne.
Y aaf auMsivamtnte.
Conocí á. Héctor en el colegio, estaba él entre
toa chicos y yo en las clases superiores, pero la
múaica nos aproximó, él era soprano en los coros
ele la capilla y yo un bajo que hacía temblar las
Tidrieras cuando cantaba. Nos volvimos á vn alpos allos má s tarde: Héctor ya no era soprano,
felizmente para él, pero toda vía le gustaba la mú
alca. A no ser por la mala idea que tuvo su pa•
-dre de dejarle una gran fortuna, sería hoy uno
-cle tantos imitadores de W agner y no de los menos aplaudidos. Tenía á lo menos una cualidad
-de las má.s raras, la de no creerse un genio.
lllly tímido para no ser ostentoso, ocultaba sus
eompoaieiones en el fondo de un cajón y no hablaba de ellas sino á sus amigos íntimos, negán-cloae siempre á. dar audiciones.
-Cómo ha de ser, decía ; guardo para mí las
flores del arte ein dejarles A los otros las espi•

us.
Una fr11sca maff.ana olvidó sus oratorios y sus
sonatas: estaba enamorado, magnífica, poéticamente enamorado de la deliciosa Susana d11
Draponne. Para que la conociera y para saber
mi opinión, me llevó á un baile al que ella conarrfa. Mi opinión, si he de se~· franco, fué que
-ila bella S11sana le faltaba algo para que me
.gastara: lo que le faltaba era sencillamente tener
eorazón. Por lo demAs, teEía todas las cualid11dea, muchas por cierto, que puede dar IR. ed11ca•
-cion A una al ma sin ternura. Reconozco también
i¡Ue la educación de nuestra época eon el d"S·
arrolloexagerado de lai facultades del espíritu, lk
.ga fatalmente á. eliminar la ternura; las especies
de florea crea das en los últimos tiempos por el
-eul.stvo científico, eareeen de perfllme, lo que no
obata para formar eon ella deliciosos ramilletes;
pero estos ramilletes no tienen ese algo indefini
ble, cuya ausencia me inquietó cuando conocí á.
8uana. Nada preciso tenía que decir contra ella
Ynada dije sino que era superiormente bella,
verdad indiscutible.
Me abstuve de calmar los terrores de mi
~migo que en sucAndida modestia veh probabili·
cladea imaginarias de una negativa por parte de
ella que A mí me parecía imposible. Héctor erl\
j'&gt;ven, de buen porte, inteligente, honorable y
artiata hasta donde pu~de strlo un hombre de
sociedad, que no Quiere salir de su circulo . .A.delDia era r ico y la familia de S11sall&gt;l esuba en la
llliaeria y la muchacha ya teni11. más de veinte
atlos. Héctor t1&gt;nía todas las condiciones necesa•
riaa para triunfar, pero era de esos jugadores
-' quienes sólo les interesa una partida difícil. Le
dejé, pues, la emoción de la empresa, las atn!iedadea de la duda y el estremecimiento de su eo•
razón, joven y generoso. Fué el mAs encanta&lt;ior
Y el mb tfm\(10 de los enamorados y su ídolo
PU.do imaginar a l ver el f"rvor de aauella adora.
rión que el pretendiente combatía á veinte rivaea, lo qne en mi concepto estaba muy lejos de
aer la verdad absoluta. Despuéi; de un asedio
demasiado largo pero delicioso, el barnmetro
•entimeual mareaba pasión por parte de Héetor:
-el fdolo eay ó en los brazos del adorador, y el
illlundo loa perdió de vista un allo entero.

Reaparecieron 111 fin más felices que nunca, manifi,stando con un buen gusto muy raro, cierto
malestar por una ventura que los singularizaba
entre la multitud, como si anduviesen vestidos á
la usanza de otro hethisferio. El apogeo de la felicidad humana llegó para Héctor el día en que
tuvieron una hija, A la qut· le pusieron el nombre
de Susanilla. ¡.A.y! el astro de la vida de 11.quel
hombre habfa llegado al extremo de la órbita de
su fortuna, y volvía A acercarse A la tierra. Re•
cuerdo la vaga opri,sión qne me causaron ]Aspalabras de Héctor cuando me hizo esta confesión:
-Tú que analiz11s los corazones, explícame Jo
que me sucede. Desde que nació mi bija mi di
cha es mayor, cosa que yo creía imposible. ¿Por
qué me creo ent0nces menos tranquilo? .A.penas
se a bren los ojos de esa nin.a, y ya me siento perturbado cuando me mira; suspiro como cuando
no tenía la seguridad de ser amado; hay en mi
una especie de malestar absurdo é indefinible.
¿Cómo va a. acabar estor
Por primera vez desde que Sil casó, brotaba
de los labios de Héctor esta horrible palabra: análisi~. En el jardín de mi ponre amigo la orimera
flor otofl.al anunciaba las mallanas grises y las
breves tardes. Sin decir todo lo que sentía, le
contesté:
-Probablemente estés celoso, y si no lo estAs
todavía, un vago instinto te dice que pronto lo
estarás. Si, estarás celoso de tu hija: en ciertos
momentos la madre se interpondrá entre tu corazón y la amada; habrA tres en donde antes se
cantaba el dúo sublime. Es la ley fatal; pero la
naturaleza que nos hiere en cada nueva etapa de
nuestra vida, venda nuestras heridas con admira ble bondad. Nada importa que el río de tu fdlicidad se divida en dos brazos, pues no por eso
deja de correr una sola gota en él.
Héctor meditaba la contestación que yo le dí.
-¿Sabes una cosa? me dijo al cabo de un inPtante; creo haberle dado un nombre al malestar
que siento. Es algo así como el remordimiento
anticipado de UII crimen que voy A cometer. Sí,
siento que voy á amar á mi hija mAs que á ....
nadie.
-¿Y llamas á eso un crimen? le dije riendo.
-E I todo caso es una horrible injusticia. Mi
mujer ha sido durante dos an.os, el único objeto
de mis pensamientos; todos mis actos, todos mis
deseos, todas mis esper.rnzes se han encaminado
A hacerla feliz. Hoy tiene una rival y ¿por qué?
¿1\CaFo ella ha dejado de amarme? ¿la reina ha olvid1,do á su fiel &amp;úbdito? No; meses y meses ha
sufrido las torturas más insoportablee; ha arriesgado su vida tanto como nosotros la arriesgamos

la vida recobra de nuevo su lugar de mujer, los
vagidos de la bija le dicen que debe compartirlo
eon ella. Confiesa que nunca hlls pensado en
esto.
-Sí, he pensado, y, como, gracias A Dios, mi
alma es menos complicada que la tuya, mi conclusión y menos perturbadora. El remordimiento de que hablas es una t'Xager11ción ele refinado;
yo no voy tan lejos como tú y me !illlito á decir
que debemos perdonarles muchas cosas á las mujeres, en primt r lugar porqueaman más que nos
otros y luego porque los sufrimientos físicos y
morales á que estAn expuestas y los peli~ros materiales que corren ha~en que el papel c:myugal
d e ellas sea mAs importante y su situación más
delicada y respetable. La paternidad es en ti
matrimonio, lo que las grandes m1:1niobras para
el ejército y la maternidad es la verdadera guerra eon las balas que silban y los sables que tajrn. Los hombres olvidan esto fácilmimte.
- ¡Ah! exclamó Rector; yo no lo olvidaré. Mucho miedo he tenido en esa guerra de que hablas.
Es problable que Fossemagne llegara A adormecer esos escrúpulos que manifestaban en él un
espíritu nada vulgar. Adoraba A su hija con una
exaltación inquietante, y todos sus amigos creían
que no le sobreviviría Susaoi.la r.i é3ta llegara á
morir. Cuanto á Susana, embellecida por la maternidad, no manifestaba celos; para leer los secretos ocultos bajo ese exterior soberbio, necesitarfanse los rayos de luz negra recientemente
descubiertos. Una cosa sí era indudable: nunca
fué mAs feliz aquella pareja, ni se la vió jamás tan
unida, tan intacta en medio de los peligros que
dominaba como domina el impasible sol la peligrosa agitación de las olas. Héctor despreciaba
á la sociedad, muchas veces me lo dijo, pero tenia demasiada prudencia para manife,tar su sentir íntimo. El y su mujer hacían y recibían visitas, aunque sólo las muy necesarias para no pasar por misántropos ó avaros; muchas jóvenes en
la situación de la marquesa habrían encontrado
demasiado severo ese género de vida, y así se lo
dije un día, elogiándola por su filosofía. Ella me
contestó:
-La filosofía para mí es muy fácil. Estaba
destinada á no saber lo que es un traje eleg.m'te,
un coche ó una joya: tener esas cosas es lo esen.
cial; ostentarlas, lo accesorio. Sólo hay dos seres
en el mundo a quienes me interesa ·tener contentos, mi marido y yo.
.
Era un gran elogio que la marquesa haci1:1 de su
propia virtud; pero creo que no había en París un
solo hombre que lo creyese exagerado. Tal vez
habría hecho mejor en decir «yo y mi marido,&gt;
pero aún así la afirmación no era menos desalen.
tadora para los terceros. Lo que hay de cierto es
que pocas veces he visto una plaza menos sitiada. ¿Cómo podrían perseguirla cuando su marido la acompal1aba á todas partes? Galantear A
la sel1ora cuando el SP.11or e11tá á. dos pasos, y os
mira sin celos y con sonrisa benévola, es un pasatiempo ridículo, y sabido es que en nnestra her•
mosa Francia el dia que sea 1·idiculo come-r, toda
la nación se mo1'irá de hambre.

II

en una batalla. L11. diferencia es que nosotros tenemos tambores que redobla n, banderas desplegadas una mención honrosa en la orden del día,
los galones nuevos, la cruz, todos esos estímulos
que exasperan el valor. ¡Pobre Susana! ella nada de esto ha tenido, y e1111ndo salvada, vuelta A

Si 111. sociedad parisiense tuviera tiempo para
a nalizar por sí misma y no se atuviera a, leer los
análisis que hacen los estritores, se habría preguntado por qué un día Héctor se puso á componer música. Confieso que yo me pregunté la causa de ese cambio en su vida. Creí que mi amigo
volvía A tr11 bajar después de muchos afios de
ociosidad, porque su mujer le reprochitba su inercia, y cuando una mujer comienza á advertir que
su marido está ocioso, la conclusión lógica es que
se fastidia de él. Susana, cuya habilid1:1d me Cl.lU·
só admiración esa vez, comprendió indudablemente la necesidad de impulsar los trabajos de!
compositor, dándole el goceineomparable de ha
eer aplaudir su música. Para un aficionado que
tiene buena casa, este placer es de fácil realización. El marqué3 de Fossemagne no tenía más
que invitar á sus amigos A una audición de sus
obras, y así lo hizo.
Hay en ambas márgenes del Sena 50.000 per-

�EL MUNDO.

186

Domingo 10 de Septiembre de 1899.
la Marcha de Chopin acompaliaba las exequiaa
de la dicha conyugal de mi amigo. Aventuré
pues, esta pregunta filosófica.
'
-¿Es cierto entonces, como dijo Balzac, y mAs.
recientemente un predicador de ejercicios, quela mujer no debe enorgullecerse de su virtud antes de los treinta aflos?
-¿Quién habla de mujer? La pobre marquesa
siempre ha sido irreprochable; el marido fué.
quien hizo el escándalo.
Aquí para inter nos, debió
de fatigar al cielo eon su.
música, y salió de las corcheas para caer entre las.
garras de una damiselaquelo tiene bien preso.
- ¡Héctor!... . . . ¡Héctor
infiel!. . . . ¡Héctor en laa
garras de una intrigante! .. ,
No lo creo.
- Si no lo crees, dílea.
por ahí que te enselien en
la calle de Antibes la villa
de una actriz de cuarto orden llamada Lucila Regnier. Pregunta el nombredel seflor que le ha deparado ese asilo, muy lindo por
cierto, y que se encierra.
allí diariamente. Si es par•
tocar sus composiciones,
compadezco á la infeliz.
-;.Y la marquesa nada
sabe?
- Difieren las opiniones.
Si nada sabe, tiene uns graa
dosis de buena voluntad su ignorancia. Vive fuera de la sociedad, entregada á la educación d&amp;
su hija, di:iliciosa criatura de nueve aftos. No en•
tra un solo hombre á la casa de Susana, ia cual
como lo verás, está más linda que nunca con Stl
belleza triste. No hay que contar con la fellcidad
terrestre: una mujer no debe casarse.
-Sin embargo, querida tía, A todas horas s&amp;
lanzan !lnatemas contra los hombres porque no
quieren casarse. ¿Cómo nos las compondríamos.
entonces? .... Por lo demás, yo no ereeré en la.
aventura de Héctor hasta que tenga pruebas.
Las tuve dos días despuéR. El mundo entero
conocía á Lucila Regnier. El primer transeunt&amp;
á quien le pregunté, me mostró la casa, verdadero nido de enamorados, oculto entre palmeraa.
y baliado por el mar. Para colmo de certidumbre, ví salir de esa casa á mi amigo, el cual teni&amp;
más trazas de amante desdeliado que de Don
Juan triunfador. Al verme se Je iluminó el ro3tr0
con una. alegría que no me gustó mucho.

sonas para quienes constituye el peor de los ma•
les el fastidio de quedarse en casa después de
comer, sentadas en muelles sillones junto á una
chimenea crepitante, en compaliía de un buen li•
bro ó de la mujer legítima, según el caso; companlda con esta que juzgan calamii:lad, los infortunios
secundario"! de la vida les parecen no sólo soportables sino insignificantes. De ahí viene que no
)laya pieza teatral, por mala que sea, sin espectadores, ni sofrée monótona sin una fila de coches
frente á la puerta de la casa. Ddcir que las au·
diciones de Héc~or eran agradables parecería
adulación; vale más decir que desde luego se pusieron de moda. Dió tres un invierno. Aquel alio
su mujer cumplió treinta alios.
La casa cambió de aspecto desde que el arte
se enselioreó en ella; aparte de las veladas mu•
sicales, se veía allí otras veces á varios instrumentistas, algur.os de los cuales eran amigos
íntimos de los Fossemagne. Cit11remos al violi·
nista Kopriva, que entusiasmó á Paríi! un día y
cuya desaparición inexplicable para todos lo será
menos para los que lean estas líneas. Ese joven
húngaro de fisonomía tranquila y sonrosada de
clérigo inglés, no tenía técnica al decir de los intt:ligentes; pero á pesar de e~o puedo decir que
jamás he oído á ningún violinista que lleve á un
grado igual la fuga de la impresión.
Una noche, jamás lo olvidaré, se nos invitó á
comer en la casa de los Fossemagne. A la hora
de los postres, discutíamos Koprive y yo lo po·
tencial de los diversos instrumentos; yo á pe1:1ar
de mi incompetencia me atreví á sostenor que el
órgano es el primero de todos ellos. Esto indignó
al joven artista como si fuera un ataque personal.
Más de una vez había observado que la marque- amplitud magnífica de la obra maestra ejecutada
sa "-ontrariaba lasideas del artista y admirélali- por Kopriva en el boudoir perfumado cubierto de
bertad con que éste sostenía sus opiniones como
tapices ....
si no discutiese con una de las mujeres más be- sordos
L1 tempestad se había calmado. Una melodia
llas de París. Yo mismo no me habría atrevido á len ta, serena, interpretaba la resignación de los
tanto por más que sólo viese una amiga en la mu• que quedan, la eterna pa.: de la tumba despué,
jer de Héctor. Esa noche Susana nos dijo:
-A:ver fuí á San Sulpicio invitada á un entie• de las fatigas de la vida y la esperanza de una
mejor. Al comenzar la segunda repe•
rro. Widor tocó la Ma1•cha fúnebre de Chopio y existencia
tición
del
canto,
el húngaro se paró frente á Su•
todavía me estremesco de horror al recordar a que· sana y entonces la
misma melodía, transformada,
lla música sublime. ¿Qué podría hacer un violín se convirtió en un canto de amor tiernísimo, tan
para igualar la poderosa expresión del órgano? claro, tan audaz, tan manifiesto que vol vi los 0jos
Aun veo la irritación dolorosa que contrajo el
hacia el acompañante, espantado de la escena
rostro de Kopriva é iluminó sus ojos negros.
-¡Vamos! exclamó. ;.El señor Widor leha da- que iba á seguir. Comprendí sin embargo que
do á usted una impresión de horror con ,ms te- Héetor no era en aquellos momentos un marido
clas, sus pedales y sus tubos que parecen chime- sino un mú~ico; parecía no ver los ojos de su muneas de fl\brica? Yo haré que la M.,,rcha fúneb1·e . jer baliados de lágrimas, su pecho jadeante, su
la haga llorar, temblar y pedir gracia .... Ya ve- rostro en el que babia muerto el desdén. Subyu•
gado, abstraído por su tarea de acompaliante, el
rá usted lo que puede un violinista.
Se levantó de la mesa como un loco, y por una infeliz sólo pensaba en dar relieve á la ejecución
especie de extrali11, fascinación lo seguimos sin de Kopriva. ¿Ignoraba la obra maldita, infernal,
pronunciar una sola palabra, Creí de pronto que á la que se Je asociaba? .. . ... Despué, de los úlhabía entre él y Widor alguna rencilla profesio- timos compases, cuya quPja atenuada expiró en
nal, desconocida para el público. Llegó al bou· un agotamiento mortal, Kopriva, con la frente
dofr de la marquesa, iluminado con la luz roja de baliada de sudor, partió sin despedirse, dejándo·
una lámpara velada; en la chimenea se extin- nos abrumados. Casi inmediatamente le seguí.
guían los tizones que habían templado la atmós- El marqués, pálido como un muerto, no me acomfera. Un perfume fuerte, del que abusaba Susa- palió á la puerta y no recuerdo cómo me despedí
de aquella. casa.
Jl a desde hacia algún tiempo, ponía nuestros ner•
El resultado manifiesto de la velada, fué entivios en tensión. Ya el húngaro tenía su violin, y
biar
mis relaciones con lo, Fossemagne. Cuando
con el arco selialó al marqués el banquillo del
ví
á Héctor ya no existía entre Dosotros la fran•
piano. Héctor tocó los acordos, sucesivamente
mayores y menores del preludio, y con eso em- queza casi fraternal con que nos hablábamos
ant s. Me sorprendió encontrarlo súbitamente en•
pezó una escena que jamás olvidaré.
La seftora de Fossemagne se sentó cerca de la vejecido; ya no tenia el mismo placer en vt-rle y
lámpara. La expresión desdeftosa de su rostro sentía que mi presencia le era desagradable.
admirable, le daba el aspecto de una guerrera Nuestra amistad de veinte años, pasó rápidamendispu6sta á combatir, y no el de una dama del te de la espontánea franqueza á la frialdad, y esto
gran mundo que se dispone á escuchar dos pági· aliadido á la separ1tción anual de los parisienses,
nas de música. El genio vibró en las cuerdas después de la estación, hizo que perdiera de visoprimidas por la mano del artista; olvidó el arco, ta á los Fossemagne, los cuales pasaron el siguieuel instrumento delicado y el auditorio que Je es• te invierno en Caones. Era la primera vez que
cuchaba; una fuerza irresistible lo arrastró furio- . visitaban esa eotación de invierno, cuya. vida fastidiosa ponderaban antes como insoportable. A
samente,
Se desarrollaba el drama de los funerale3; nos- mi vuelta de Itaiia me detuve también en Cannes
otros oía::nos los gritos del dolor que brotaban y como pensaba no permanecer mucho tiempo,
de los labios, seguidos de e&amp;os sollozos en los que creí inútil presentarme en la easa de los Fossese _a divina la tem;estad interior de lágrimas con- magne. Sin embargo, tomé infvrmes de ellos y
t'enidas; seguimos con el ritmo lento de los pasos una tia, en cuya casa me alojé, me los dió com·
del cortejo, la lúgubre y pesada carroz11; la mul- pletos.
-¡Ah! sobrino, sobrino, me dijo. Hay todR. una
titud parecía crecer y la orouesta parecía aumentar su fuerza. No era, no podía ser un violín el historia, un escándalo ...... ¿No sabes nada? ¿de
-¡Hola! me gritó sin acelerar·ni acortar el pi-'
único foco de esa. tempestad armónica, de ese dónde vienes que lo igno: asjl Aquí no se habla
so.
¿Qué diablos haces aquí?
de
otra
cosa,
porque
has
de
saber
que
en
C,mnes
vapor µisgoético cuya tensión crecía. de minuto
-¿Y tú? .... le pregunté á mi vez, estrecbP'"
en minuto, al grado de creer que iban á de• somos virtuosos. Si á lo menos ocurriese esto en
rrumbarse las paredes de la pieza, demasiado pe• Niza en donde están habituados A esta clase de dole la mano con poco entusiasmo.
-Vengo de una visita. Pero .... ¡qué fr(o dquenas para contener tamafio desbordamiento de aventuras ..... .
tás
conmigo! ni pareces amigo antiguo.
Tenia
aún
vivo
el
recuerdo
de
cierta
velada
notas. JamAs 11leanzarAn los órganos más pode- Seria más exacto que dijeras que tengo frú&gt;t
rosos, ni la cohorte 1Jumeroea ue ejecutantes, la en la que sentí, por extralio presentimiento, que
0

Domingo 10 de Septiembre de 1899.
le contesté. ¿No te ha pasado lo mismo al ver una
1
casa amiga hecha ruinas?
-¿Y qué e3 lo que cae en ruinas? ¿Mi virtud?
-Para llorar la virtud perdida seria preciso
ser virtuoso y yo no lo soy; _¡:ara la.mentar la dicha que se va, basta ser hombre. Lo que me hace
suspirar es tu dicha destruida,
--Frases, amigo mío, frases nada más. Du'"ante diez atlos he sido feliz y virtuoso; oero esto es
sólo cosa mía. He dado ampliamente mi parte de
moralidad y de f~licidad á la especie humana
¿Acaso no ha cambiado mi cuerpo en estos die~
aflos? ¿por qué entonces mi alma no tendría también el derecho de cambiar?
-Pero no hablo sólo de tu dicha, hablo de tu
mujer ...... de tu hija ..... .
-EstAn bien, gracias. ¿Las has visto?
-No, yo no tengo valor para verlas. ¿De qué
hablaríamos?
-De mí. Las compadecerías; Je dirías á mi
mujer que merecía otro hombre mejor, porque lo
crees así, naturalmente Todos lo dice.o. ¡Se ha
resignado con tanta nobleza!
Una carcajada diabólica, cruel, acompalió sus
palabras, todas ellas tau extraliamente cínicas
tan nuevas en los labios de Héctor que me · llcna~
ban de estupor Y sentía como si hablase cou un
desconocido. ¿Había sido un hipócrita ese mal
marido? ¿Me engalió durante veinte afios? Hice
un supremo e&amp;fuerzo y le contesté:
-Mi pobre amigo, si tú mismo me decías cuando tu bij~ vino al mundo: «Siento que voy á amar14 demasiado y temo que mi mujer se encelt!»
¿Qué, ya no amas á tu pequen.a Susanilla?
Cual si lo hubiera herido e'l ei corazón, llt,vó
Ju manos á su pecho, mu~murando:
-¡Mi hija, mi hija!. . . . No sabes .... Vames,
déjame, que me asesinas!
No me atreví á detenerle. Todo aquello era
tan misterioso, que mi papel de amigo se hacía
intolerable. Partí al día siguiente muy 'descon-eertado y r egresé á París, en donde proi:to oí hablar de la «aventura » de Héctor.
En los primeros días de.Mayo, la habitación de
~os Fossemagne aún estaba cerrada. Después y
J~stameote cuande París iba á quedar desierto,
supose que aeitbaba de pronunciarse uoa sentencia de separación en favor de la marquesa, naturalmente.
El invierno siguiente hallóla instalada en un
modesto entresuelo, con una vieja pariente. Veía
Amuy poca gente y se decía que sólo se consa¡raba á su bija, cuya educación vigilaba minuciosal!1~ºte. .Mi antigua amistad con su m!lrido,que viaJaba fuera de Francia-me impedía ir á
verla.
Aquella pareja que ocupara en mi vida un lu,gar tan comiderable, no constituía ya para mi
más que un recuerdo, pero un recuerdo infinitamente doloroso.

EL MUNDO.

187

cual nr,tarios en funciones. Me aseguró que me
teo~a en concepto de hombre honrado, lo cual
a~r1ó la puerta A sus confidencias, que, debo decirlo'. fueron algo complicadas. No obstante para mi gra~ sorpresa, me declaró que conside~aba
el amor platónico superior al «otro.»
-~Quiere usted decirme qué cosa es el amor
platómc0?-:-la preg1mté con Ja pícara intención
de desmentirla.
-El amor platóoico,-respondióme -es cuan•
do se ama uno sin hacer tonterías.
-¿C?noce usted algunos ejemplos?
-Ciertamente. El hombre á quien más he
a~ado, no me besó jamás ni en la frente. Ni en
mng~na_otro parte!-(11greg6 al ver brotar una
sonrisa 10crédula por b11jo de mis bigotes.] y 1 sin
embargo, le recibía todos los días durante seis
semanas, Me había arreglado una c11sita en Can•
n_es, en. la avenida de Anti bes. Cuando partió el primer día Pin haber hecho más que estrecharme la mano, f..tmar cigarros en mi terraza

'

III
. Apenas me a corda b~ del nombre de Lucila RégDier,. cuando, tres aftos más tarde, una circunstancia fo:tuita nos pg.so en presencia uno de otro.
lJno~ amigos representaban en su salón una comedia pequeliita cuyo autor era yo. Entre los intérpretes recojídos en diversos teatrillos que estaban á mi disposición, se encontraba la. antigua
«aventuro de Héctor y es de comprenderse que
me i~teresa~a más por esta circunstancia que por
mi pieza misma. Como no le faltaba. aliento y
h'\sta tenia una relativa distinción, pront o fuimos
camaradas y en la noche de la representación, bi.zo lo_que pudo para dar valor A la obrilla, que
por cierto no conocerá la posteridad
. Al retirarme, cargado de esos «bravos&gt; que
;iempre se obtienen en un salón, alcancé á Luci•
ª que esperaba un coche:
-¿No cena ~sted? la pregunté.
e· Me contestó que la desagradaban esas colaion~s en que se sirve á los artistas aparte, como si faeran apestados
s·
.
Si - . lD embargo, -agregó-me muero de sed.
1
m ~ autor fuera un ángel, subiría á mi cupé y
e ~ria tomar algo muy fresco antes de irme á
dormir.
guContesté que deseaba ser un ángel y tras de aldo~~s {º.dadas llegamos á un restaurant, en
y e ª Joven actriz tomó una docena de ostras
deu~. ala de pollo frío, rociadas con tres copas
hallt?uot. Era tarde; la sala común en que nos
Lucil amos se encontraba casi desierta y como
ª tenia la champafta triste, estAbamos serios

examinand~ las olas y martirizar mi piano, creí
que era tímido y me burlé de él con mi doncella
de servicio. ¿Creerá usted que después de dos
semanas de tal régimen, e. ruido de sus pasos en
la avenida. me producía sobresaltos y palpitacio.
nes? Yo, que solo comprendo los valses, me pasaba horas enteras escuchando su música, una música capaz de atraer al diablo mismo sobre la.
tierra. Y si hay algú,¡ hombre que pueda vanagloriarse de la fidelidad de una mujer, es él. . ..
Cuando se iba, yo tomaba la pluma .... .. Es
probable que usted haya recibido cartas de
amor, pero como las que yo escribía, jamás!
Cuando concluyó el ensuelio, creí que iba á morir!
E'l vano pedi el nombre de ese ser extraordi •
nario, no pude arrar..earlo á los labios de Lucila.
Por lo demás, no lo necesitaba: Héctor de Fossemagne hl¼bía sido, con toda evidencia, el héroe
de esa extralia novela. Pregunté A mi compalie•
ra, sin dejarla comprender que había adivinado
ese nombre:
- ¿Fué usted feliz durante mucho tiempo?
-Durante seis semanas. El era casado y sin
duda &amp;u mujer sorprendió mis cartas. Hubo es•
cAndalo y separación, ¡y todo por a:gunos cigarrillos, por mucha música lamentable y por charlas poco alegres! ¡Figúrese usted!
Yo no me figuraba nada, pero tampoco mote- .
jé á mi amiguita por su raro amor platónico. Te-

nía enfrente otro misterio que agregar á los muchos que he sorprendido en el curso de mi vida.
y que se desecan poco á poco en mi memoria. Y
de esta suerte, el de la «aventura» de Héctor estaba casi olvidado, cuando recibí una. carta del
marqués, á quien no había vuelto á ver desde
Cannes. Me escribía simplemente, como si nos
hubiésemos separado la víspera:
«S~bras por la prensa lo de la boda de Susa•
nilla. Dame el gusto, ó, mejor dicho hazme el
servicio de asistir á ella. Las cerem¿nias de ese
género nunca son agradables para un padre se·
parado y desearía abandonar la iglesia del brazo de un amigo, pues mid fuerz'ls físicas y morales no son ya las de hace diez alios . Cuento contigo, ¿verdad, quérido mío? ¿Irás?»
No bólo se casaba Susanill i, sino que se casaba bien: «un gran matrimonio » un' matrimonio
de á ~incuenta lineas, como di~en los repórters
especiales. Me encontré el templo de S'ln Agus. tín henchido de concurrentes, y I qué concu.rrentesl¡Qaé flores, qué música, qué .traj ~s, qué nombres!
No ob3tante, sobre aquel millar de personas, empezando
por mí, se cernía una vaga'molesti_a. Creo que muy p~cas
hubieran querido encontrarse
en el lugar de Héctor, oblicuamente arrodillado so'.:-re su reclinatorio, de manera de no
verá su mujer, que también
había cambiado mucho. El
discurso del celebrante fué
~uriosc. Aquel sacerdote, vie•
JO y vener'\ble, no era la primera vez que se hallaba ante
una: situación delicada, evidentemente. La sefiora de Fossemagne obtuvo cumplimiento por sus virtudes, que sin
duda pesaron mucho sobre su
modestia, pues los escuchó con
la. cabeza entre las manos y
sollozando. Hay que suponer
que el orador no había recibido, como yo, las confidencias de Lucila; su dii!curso no
mencionó las virtudes de mi
P?b~e. Héctor, pero se desquitó
g,orif1cando A sus ascendientes, lo que prueba que la nobleza le sirve hasta aun predicador en aprietos.
En la sacristía, el suplicio
f~é v:erdaderamente cruel. De
pie, Junto á su esposa, pudo el
marqué3 estudiar toda la gama de los desdenes, los rápidos apretones de mano las
sonrisas fingidas y obligadas
las fe:icitaciones en voz con:
fusa; de tiempo en tiempo
. .
también la omisión de algun~
vieJ!l, aferrada á las buenas costumbres.
Era c~mo un invitado neces1trio, como un invitado obhgado, cuya presencia helaba á todo el
mundo. Se contuvo, no obstante sus sufrimientos
Cuando se sen_tía dominado por el c ,nsancio d;
su papel, su mirada, en la. que brillaba un rayo de
amor,.s~ tornaba h~cia su hija, A su hija radiante
de fehcidad, de lUJO y de belleza.
Por fin formóse el cortejo para la salida y y
esperé_ al desventurado en el pórtico. Apen'as pu~
do reti~arse, tomó mi brazo y nos perdi mos entre
la ~ultitud. ~os ll~vó un fiacre, con las cortinas
?ªJas, como s1 hubiese llevado, á la salida de un
Jurado, á dos acusados puestos en libertad· despuéi de UDll absolución dudosa.
. Cu~ndo finalmente nos encontramos en la ba_bitación de Héctor, éste se dejó caer sobre un silló~, agotado; yo noté que en ese momento casi
tema el aspecto de un anciano.
. - ¡Pobre amigo! - suspiré -¡Cuánto has cambiado! ¿ Estás enfermo?
. -¡Enfermo!. . .. exclamó, riendo con una sonrisa dolorosa.-Usado por el vicio, agotado por
los desórdenes:
he ahí lo que he leído en los OJOS
·
. . d
Y a d ivma o en los cuchicheos de todos esos idiotas que aca~amos de dejar . ..... ¿Cómo quitarles la creencia de que esta habitación, en doude jamás ha entrado una. mujer, sea el lugar de cita
d; toda s_las. pe~adoras de la capital? ¿No lo has
oido decir tu mismo? ¿No lo has creído tú mismo?

��Domingo 10 de Septiembre de 1899.
EL MUNDO.
190

ALA MEMORIA DEL POETA JOSE MARIA BUSTILLOS.

gracia sin fin, en su resignación dolorosa, en esa
resignación, especie de embrutecimiento. con que
se entregan las almas á las grano.es de~dichas sin
remedio. Y todo ello, quizás, después de una risueña y crédula esperanza.
Gonzalo se sentía anonadado. Dernlvió al ciego
el papel sin decirle una palabra: las mil fórmulas
ele consuelo que en aquel momento acudieron á sus
labios no solamente le parecieron mezquinas, sino
irrisorias. Qui~o darle una limosna, pero un miedo absurdo de ofenderle, de echar ú perder con la
grosería del acto la nobleza del intento, le produjo
una de esas turbaeiones que tan bien conocen los
temperamentos delicados.
El viejo juzgando, ;;in eluda, aquel silencio como
una despedida, saludó amablemente y echó á andar
hacia :fuera. 'l're$ lágrimas brotaron de i,us ojos :
una bajó por el carrillo derecho, untáudo~e eu él,
hasta verderFe en la harba; otra corrió por el izquierdo, pero á la mitad del camino la detuvo el
obstáculo de una arruga, y la tercera. di;;puesta á
engrosar e,;ta última, temblaba, redonda y brillante, en el borde del párpado.
Gonzalo )ledina estaba desengañado de sí mismo. Pesaba en su conciencia. como un delito, la
facilidad con que había oh·idado Hl primera entrevista con el ciego. Juzgúbase n:o de un :fraude co-

INVERNAL;
Ya se ve de los montes sobre las cumbres
La nieve semejando blancos pena;hos,
Hay hielo de las chozas en las techumbres,
Escarcha de las peñas en los picachos.
Las flores se march itan, cierran sus broches
Al sentir el contacto del cieno aleve;
Y pálida y hermosa brilla en las noches
La luna como Inmenso globo de nieve.
Las aves entumidas piando tiritan,
Se congelan las aguas del arroyuelo, .
Los árboles sus frondas con fueria agitan,
El ambi;;ote está helado, diáfano el cielo.
¡Oh! flores predilectas de los poetas
¡,Por qué abrls hechiceras ~l cál_iz tierno?
Ya descubrí el secreto; bellas v10letas,
Sois las celosas novias del crudo invierno.
Nacéis cuando están mustias las flores todas
Para no sentir celos de sus encantos,
Y os preparáis festivas para las bodas
Ataviadas con ricos y azules mantos.
Por eso me entusias!Jlo cuando la cima
Del montecillo enhiesto de blanco viste.
•.romad, puras violetas, mi humilde rima;
¡I nvierno, á tus nupciales mi musa asiste!
MARIA

C. DE KA':'TENGELL,

GOLONDRINAS

metido ante aquellas personas, por cierto no escasas, en cuyo concepto era él hombre de corazón
compasivo. Y entre estos cosquilleos de su conciencia, sentía rn su amor propio, como punzante
alfilerazo, el conyencimiento de que, hasta allí, se
había engañado á sí miRmo, creyéndose mejor de
lo que era en realidad. No se hacía ilusiones de su
conducta futura: había comenzado por dejar partir
al ciego sin una triste peseta, y acabaría por olvidarle como la Yez anterior.
l\fas corrieron los días y el recuerdo del ciego no
se apartaba de su memoria: en ella vivía, e,·ocando con vortentoso vigor la imagen del viejo con su
roto calzado, sus miserables ropas, sus trémulas
manos, sus móviles párpados cubiertos de lágrimas ...... Lágrimas que no se sabía si eran fenómeno peculiar de la enfermedad de sus ojos ó desahogo del dolor que debía de cauf:ar en el corazón de
aquel pobre el convencimiento de su eterna ceguera.

J. G.\RCIA RODRIGUEZ.

En el azul de los cielos
y en forma sencilla y gráfica,
de la línea telegr!Hica
los alambres paralelos
un pentágrama formaban,
y sobre ellos, peregrinas,
dos amantes golondrinas
gravemente reposaban.
La una fingiendo un bemol,
y la otra un sí sostenido,
habíanse detenido,
cuando se ocultaba el sol.
A un eléctrico fanal
voló de pronto una de ellas
y, al quemar sus alas bellas,
en la bomba de cristal,
la infeliz cayó aturdida.
Su compaflera amorosa
se fué en pos de ella, afanosa,
y con queja. tan sentida
piaba y piaba sin cesar;
y 'una nifia que esto vió,
-¡Dios mío!, al punto exclamó:
¡si la pudiera ~alvar!
Un muchacho que jugando
estaba allí. se encarifia
con h piedad de la nilia,
y el poste enhiesto escalando,
y1J. llegaba placentero
al vivísimo fanal,
cuando un grave policial,
con ademán rudo y fiero,
al chicuelo hizo bajar.
Presa de intensa emoción ·
y sintiendo con razón
lai;i lágrimas asomar
A sus pupilas divinas,
se fué la oift.a hechicera
para que nadie la viera
llorar por las golondrinas.
Mas el llanto en vano, en vano,
pudo ocultar, pues lloraba,
y los ojos se enjugaba
cou el dorso d e la mano.
Esa noche no durmió,
¡Qué iba á d ormir! .... ¡Pobrecillal
Recordando la avecilla
toda la noche pasó.
Con el alba, diligente
corrió la nl:ft.a al fanal,
y al fijar en su cri~tal
los ojos, clamó doliente:
- ¡No es una sola, gran Dios!

.... ................ .... ... .

Con las alitllB abiertas
y una junto A otra, ya muertas,
estaban allí las dos.
EmLIO PACHECO,

-------•--------

Joven, llevando en el cerebro ardiente
Pensamientos risueños,
Sintiendo aletear sobre la frente
Bu!llcloso, impaciente,
El misterioso enjambre de los suenos.
Arrancando de su alma apasionada
La trova del amor dulce y secreta
Para ofrecerla á la mujer amada
Que su lira dorada
«Ado1Daba con ramos de violeta.&gt;
Así en la tumba reclluóse el bardo.
-Sol que temprano se ocultó en ocaso..:
La pálida beldad dijo: «Te aguardo,&gt;
El murmuró: «No tardo&gt;
Y ... . se murió feliz en su regazo.
Foy en su fosa lloran los amores,
Y hará ese llanto g-ermlnar las flores
Pc.rque rué de las flores el poeta,
Y su laúd, paleta
Que vistió la ilusión de mil colores.
Los genios tutulares del carií!o
Se postrarán de hinojos,
Y con sus alas de crespón y armiño
Cubrirán los despojos
Del soñador de corazón de niño.
Feliz él que vogó sobre los mares
Del mundo, en el esquife del ensueilo
Entonando cantares.
Era un proscrito quP- volvió á sus lares,
Lo llamaba ,m patria con empeño.
Brotaba el verso de su lira de oro
Impreg nado de notas celestiales
Remedando de alondras dulce coro.
Poeta, duerme mientras vierten lloro
En tu ataúd tus bellas «Inmortales.&gt;
Y en tanto que la fama lisongera
Entusiasta pregona
Tu nombre por doquiera,
Con rosas de la hermosa primavera
Te formará la Gloria una corona.
1\1ARIA C. DE KATTENGBLL.

Año VI-Tomo 11

México, Domingo 17 de ~Pptiembre de :r899.

••

TAPIZ DUCAL .
Ampliando las alas en un arco sonoro,
la hermosa cola abierta. cual panoplia oriental
cruzada de mil sab!PS con límpidos puños de oro,
bajo d negro eukaliptus está un pavo real.
La inmensa emoción pálida de una tarde de rosa
tiembla sobre las nubes solemnes de esplendor,
y soberbiamente ebria de lascivia orgullosa,
como un 8ultán el pájaro glorifica su amor.
Hay una joven blanca, que es una joven bel:a;
sueña en los moribundos éxtasis de la luz.
Tal vez sea tan blanca el alma de una estrella,
tal vez sea tao bella una perla de Ormuz.
Suena un amor de príncipe; intenso aroma exblla
cual brasa de incensarl'J, su boca de carmín.
El pájaro se a.cerca y roza con su ala
la ¡?ala de la falda de crugiente satín.
Y el amoroso pico en la boca entreabierta
se g-uarece, buscando deleites de embriaguez ... .
Ved cómo la doncella contempla el ave muerta
de amor, las alas regias tendidas á sus pies.
LEOPOLDO LuOONBS.

A UNA ACTRIZ
Es preciso que te bable con la franqueza
con que dos aves hab an dentro del nicto,
hablemos, pues, del Arte: de la Belleza
en la estatua, en el lienzo y en el sonido.

Los dos somos bohemios, los dos hermanos;
y, al conquistar serenos triunfos y palmas,
aparentamos siempre rostros ufanos
escondiendo la herida de nuestras almas.
C".láotas veces acaso traidora pena
tu razón deje obscura y enajenada,
y sintiéociote triste sobre la escena
se escape de tus labios la carcajada.
Todo artista, Se!Iora, sufre en secreto .. •• · ·
qué importan los aplausos? .. . . . . la ¡;!orla es , _
yo me rlo y sollozo con Rlgoletto
en esta miserable tragedia humana.
Adios, maga hechicera, .. . ... yo te bendigo
en estos versos-hijos de mi ternuramaüana en otro suelo piensa en tu amigo,
esclavo de tus gracias y tu hermosura.
Adios, guarda mis flores ...... y oye Y
algunas á tus plantas de diosa esparce,
y otras agrega al peso de la corona
que te ha dado la tierra de Nú!ier. de Arce.
Que te conceda el Genio que tanto adoras.
al cruzar por las sendas donde te canten,
no manos que te aplaudan atronadoras
sino manos benignas que te levanten.
JUAN B. DELGADO•

perclolf

J. OlJSA.OHS.-RetraCo del Sr. General Porfirio Dlaz.

(Wase la página 193. ¡

Número 1z

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Batallón de Zapadores</name>
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        <name>Casa tipográfica La Europea</name>
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        <name>Corte Marcial Rennes</name>
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                    <text>150

EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

l)O!lllngo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

155

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------

LA ~EMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. :Ks mes de fiesr,as y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mafianas
un ...ol limpio, primaveral y fast,uoso, y p0r las noches
una luna fría con su balo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor'.a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrii.tecidas por una luz opaca Y
soñulienta qne parece cansada de haber alumbrado
tan to por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurc:1.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocupa por eso: celebra
sus festivales en los campos melancólicos del Otoño,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas _secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong1. es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suen,i, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montalia española que tanto
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Trueb¡¡,, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos -::antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
1,e buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. U n soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!? sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se
escapará un suspiro; la indomable energía de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el vuelo, tacitumas horas

***
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en at9,víos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la divina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchacho;; heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. 1Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos .... . .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de ego!smo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esplritu con mayor .:xaltación, como vigorizada: por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nueRt~¡i, vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento imperceptible, débil, inctefin!do que imprime en un pueblo la
fecunda savia de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terrulio para
beber la luz.
Del postrer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: 1Quéverdad tan profunda encierra la fábula de Graco!

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas lM deficiencias salvaba todt,s los obstáculos y hacia vibrar
honda, profund~, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las libras d_e la pasión._ .
. .
No tenia como Adelrna el prest1g10 ad1c10nal de la
belleza y de la suprema e_legancia, de los modales aristocráticos, de la pducacrón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; r¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruisei'ior, y que derrochó ,·oz,
alma, vida y fortuna por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italian&amp; por el desbordamiento de
la pasióti, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siucer\.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, eu Ruma.' como lo son todos los grandes, sintetizando en
su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
vida humana.
Detrás de la artista había todavía una mujer; tier.
na duh.:e compasiva, generosa; y coronada de W·
da~ estoi; ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la plé_yade de sus admiradüres, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada más me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hurizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ,.:Lees mi crónica, para di~t• a~r tu tista no ba podido legar más que el recuerdo de Rll
fastiidio,? Pues haz de cuenta que leü;te la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía pürlo que no ha sucedido . .... .
que fué buei;ia y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para no perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
vuele la maripos'I.
. d l Re
Al reflejo de las JlamaradaR ele incendie P- a . ·
volución Francesa que alumbró nuestras obscun da•
deR nos vimos fuertes y nos ser,tim0s apt,os.
Üna ~áfoua épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y no:lanzamos seguros y resueltos á la conquista del ideal.
vencíNo caímos en el abismo. desesperanzados Y
.
dos como los caballeros ele! Apocalipsis .. _A_nte!. b~en,
á través de las penalidades y de los sacr1fk10s ai,.,anzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
·· ··
el cronista
de lo que va á suceder ? ;.•11e b·ª n nomú
brado acaso para declamar una arenga en la plaza P •
b~a?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por cierto,-:lo que
nos prepara el día de la patria. La noche del qiimce va
á ser, se&lt;&gt;ún dicen los '1eri6dicos, una maravilla.
Tocar~, como en otros aiios, la campana del curato
de Dolores.
.
,
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dlas para la fiesta.
H·1blaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser ,oás elocuentes que las esperanzas.

ANGELA PERALTA.
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más grandes de que se ufana la humanidad. Sus dotes. naturales, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y planaba magestuosa como el águila.
Escalaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, siernpre pura,
siempre igual, sin adultera~iones de timbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el canto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr ma;estuosa, imponente, inmensamente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su a¡;ilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y rela, gemía y &lt;Jamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida todo
en1;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevad~
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
1~ acci?n. Cantaba _en las tinieblas, y no pod!a servirse sino de la actitud y del adem.ln para completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

----EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUADALAJARA,
Honramos la portada de nue&amp;tro semanario con el
retrato de este disting•1ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est1J.do de Jalisco, circunst ancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
nueva sede para la que ha sido electo.

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 dealtura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el ex~remo opuesto un busto de la República. En
tres días se hicieron todos los muebles necesar!Jll,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente con
su respaldo monumental. Detrás de los asientos de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 189-l á la fecha, escenaJ
tan poco cristianas. .
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
Miuisterlo público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los testigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando Ja espalda á SUb defensores.
La sala e~tá dividida en tres departamentos por
medio de barandales: el primero es el de los testlgUS.
con sillones de terciopelo rojo para ios generalaut
ministros y demás personajes de alto fuste Y 8 a&amp;

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último dep~rtarnento que es el más pequefio, está de~tinado al
Lb~ico, Yel del centro ocupado por k,s representan-·
ctn e la prensa del mundo eotero, tiene por un lado
co filas de mesas paralelas al gran eje dP- la sala, y
~~::_1 otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

ba~ primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

reA º¡. 00 fué lo que han 1:1idu las aurliencias posteriola detd~el dfa en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rt la d en que se cometió el atentado contra Labolt¡clde et careo eotre Perier y Mercier, tan lleno de
A. D PS drarnáticos.
dad v1~ seis Y. media de la maüana, la pacífica ciu1 de ª el desfile de los testigos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

f

1

jero á presenciar _l~s audiencias d~l proceso. Ne. hay,
sin embargo, ind1c10s de esa febnl ag11,ac1ón del proceso Znla; los espectadores y testigus que se dirigen al Liceo, van Lan tra~quilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s _m1emb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug::.res que tienen designados; bay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instaladüs el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir P erier, Mercier. de Boisdeffre, Zurliadeu, Cbanoine, Picquarr,, Lebrun-Renault,, la viuda de fTenry ....
Suenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armab; el bilencio se h'ace prot'undo y
lus jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salóo y ocupan sus asientüS.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla rlel Diablo se presenta, su
pabO es lirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene an te sus jueces, se para con los talones juntos. militarmente, saluda, ,;e descubre y se sienta. Todos dicen
que ba cambiado poco; está más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�Domingo 3 de _?ept.iembre de 1111111.

154

J)ODliogo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

saba 1o lo, interpretaba todo, suplía todas las defiEs preciso romper la tutela para no perecer, como ciencias salvaba todt,s tos obstáculos y hacía vibrar
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que honda, profund3:, vi va mente todas las cuerdas de la
---------------------------------------------· vuele la maripos&lt;1.
lira y todas las libras ~e la pasión: _
__
d" d ¡ Re
Al reflejo de las llamaradas &lt;'le incen IC e ª . ·
No tenia como Adeltna el prest1g10 ad1c10naldela
volución Francesa que alumbró nuestras obscur1da· belleza y de la suprema elegancia, de los modales arisdes nos vimos fuertes y nos ser, tim'ls apt,os.
tocráticos, de la educación cortesana; era una an isÜna ráfaga. épica sopló en las tinieblas de nuPstras ta un poco bohemi;i., pero que amaba y conocía su arMe desdigo: no es Septiembre mes de verbenas almas y nos lanzamos seguros Y resueltos á la. con- te; que se.prodigaba y se osten~aba; que no regateanada más. Es mes de tiestas y de pompas, este Sep- quista del ideal.
d
venci- ba ni poma á subasta sus notas, c¡ue cantaba porque
tiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
No caímos en el abismo. desesperanza os Y .
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
un ...01 limpio, primaveral y fastuoso, y por las noches do~ como los caballeros &lt;'lel Apocalipsis.. _A_nte1,_ b~en, sus pasiones, como en el ruise!ior, Y que derrocbó \'OZ,
una luna rríacon su balo joyante y húmedo, y sus rosas á través de las penalidades y de los sacr1fü:10s ai...an- alma, vida y fortuua por puro y desinteresado amor
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os zamos la Tierra Santa.
al arte.
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10.... Pero no adelantemos los sucesos. . ¿~caso s:z_
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
sas y grises, están entri ...tecidas por una luz opaca Y el croni!;ta de lo que va á suceder? ¿)le ban no ,
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la C/J•
soñulienta que parece cansada de haber alumbrado brado acaso para declamar una arenga en la plaza pu- rrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
tanto por el día.
l ue Ja pasiór.,, francesa por su gusto exquisito, alemana
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre, bica?
Ya veremos-no vamos á esperar, por cierto,-: 0 q
por la nobleza de su ideal, ~e~icaaa por_ la sincericomo las mujeres que al terminar el baile, á la luz nos prepara el día de la patria. La noche clel qu,mce va dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e11 suindiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba, á ser, según dicen los ...eriódicos, una maravilla.
ma.' como lo son to::los los grandes, sintetizando en
y o.:.servan las primeras canas entre las flor_es de su
Tocará, como en otros aiios, la campana del curato su alma t,odas las almas y en sus creaciones toda la
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su de Dolores.
.
,
vida humana.
rost.ro.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos dias paDetrás de la artista había todavía una mujer ; tler.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescur" ra la fiesta.
na duh;e compasiva, generosa; y coronada de ~ode la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha buído
H:iblaremos de ella cuando µase.
da; estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuanLos recuerdos suelen ser 1aás elocuentes 'lue las es- su carroza por la pié.vade de sus admiradures, ungida
do entreabre su boca la ingenua y dulce sonrisa que peranzas.
reina cada noche é incensada como una divinidad,
era el encanto de los primeros adoradores.
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenMas el gozo bu mano no se preocupa por eso: cele~ra
ta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
sus festivales en los campos melancólicos del Otono,
una burguesa.
como
y
nada
más
me
queda
que
decir,
muchacha
curiobajo los árboles que empiezan á cubrirse de_bojas_sePesa sobre el artista cantante una fatalidad de la
cas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóviles sa v burlona.
qu~ recientes descubrimientos hab1án de redimi rlo:
Én esta semana han pasado los días en blanco.
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantástino puede aún, como el poeta, legar _á la más remot&amp;
al
verso
del
Lied:_
Se
parecen
cos y caprichosos mausoleos.
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un hur1zonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mardvillosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;,Lees mi crónica, paradi~t,a~rtu tista no ba podido legar más que el recuerdo de su
***
fastidio,? Pues haz de (menta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía p11rLa fiesta de Covadongi. es en la América latina, lo que no ha sucedido . . . .. .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
una de las más afamadas y brillantes. Suen&amp; á castaporque fué caritativa y generosa.
iiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebci, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos Y
tiernos, ó nos ,:iantaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la ma.dre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
Angela Peralta ha sido la artista lírica más admientre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
EL ILMO. SR. DON JACINTO L0PEZ,
risas se quebrará por instante~ sin motivo aparente. rable que ha producido México y una de las más granARZOBISPO ELECTO DE GUADALAJARA,
En la profundidad de la mirada, es posible que aso_me des de que se ufana la humanidad. Sus dotes. natura.
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo DI se les su educación musical, su inspiración y su amor
escapará un suspiro; la indomable energía de una ra- ex~lusivo al art,e hicieron de ella un admirable conHonramos la portada de nue&amp;tro semanario con et
za vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los cora~o- junto que rara vez la naturaleza y el medio logran
retrato de este disting1iido y virtuoso prelado que
nes á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admira- sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
en el ruido la tristeza.
ble que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de Loza.
·
El contento dirá como el poeta:
ángel y de ruiseñor; voz de sirena. Era la voz de AnEl Sr. López rigió por muchos afios la diócesis de
gela un resumen de toda la naturaleza; en ella había Linares. elevada más tarde á hl. categoría de arquiParad el vuelo, taciturnas horas
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel diócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal eo
va, gorgeos como en los nidos; ecos sonoros como en los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana- diocesanos.
ba magestuosa como el águila.
Es originario del Est&lt;1do de Jalisco, circunstancia.
Escalaba las más altas cimas de la gama y deseen. que unida. á las cualidades de espíritu y carácter que
La fiesta de Covadonga abre la puerta á las nuestras. En primer Jugar viene una, callada y envuelta día á sus más hondas profundidades, sierupre pura, tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocu par la
en atg,vfos de luto: año po,· afio se acerca á nosotros siempre igual, sin adultera:iiones de ~imbre ni desfa- nueva sede para la que ha sido electo.
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos llecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
nilios. El viejo avaro ha bebidv g,varamente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de es- de perlas, tal era su gorgeo; para ella la vocalización
tos muchacho;. heroicos, sacude alegremente las no tenía secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de en la más inestricable maraña de notas, cada una de
la moderna epopeya, la audacia infantil de estos chi- las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
La sala de a~tos del Liceo de Rennes, local elegido
cos que entraron en la inmortalidad por una sublime é indi vidualmeme perceptible, y además, matizada,
para
el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
acentuada,
intencionada.
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
En el canto amplio, lento, modulado, recorría ór- rectangular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de al•
del titán y el niíio, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de bitas inmensas; el balance de su canto era majestuo- tura; las paredes están pintadas de ocre y las later~so, como giración de astro, y su voz, que podía reto- les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
los ahuehuetes pensativos .... . .
zar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo, de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
sabía también correr majestuosa, imponente, inmen- bretones ilustres.
samente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
En el fondo hay un foro de un metro de a)tura, Y
Por su timbre y su modulación, por su ag"ilidad y en el extremo opuesto un busto de la Repúblwa. _Ea
En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba tres días se hicieron todos los muebles necesariJII,
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolon- la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba mesa&amp;, bancas y barandillas. El tribunal se instale&gt;
gación de egoísmo que llamamos ~atria, palpi~a e_n y r~fa, gemía. y damaba, sollozaba y atronaba. Amor en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
nuestro espíritu con mayor ;:xaltac1ón, como v1gon- y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillozada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudi- enc.;ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio su nes de telas desteñidas y la silla del presidente con
da por las primeras dianas de las músicas militares. expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa ~óli- su respaldo monumental. Detrás de los asiento&amp; de
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo ca y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni los jueces hay otros destinados á las aut oridades, Y
y recorremos con la violencia de la imaginación des- Adelina Patti, la semidiosa; ni la Mlolhan Carvalho, en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
encaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de lq emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
ni la Van-Zaut, las marquesas del arte lírico, pose- da á presenciar, del año de 189-! á la fecha, escenll&amp;
nuest~¡i, vida social.
yeron esa garganta divina ni esa voz celeste de An- tan poco cristianas. .
Es qello el espect~culo.
. _
.
.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti- gela Peralta.
El toro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
ble, débil, imlefinido que imprime en un pueblo la
lugar en el de la derecha del presidente al banco del
fecunda savia. de la liliertad, y que es como la pugna apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~ Ministerio público y á la izquierda al de la deren:.
misteriosa de la planta que rompe el terrufio para cerno toda alma de artista. Angela era artista· no En el centro están los testigos y á la derecha de
una. artista escénica; su ceguera casi completa vedaba tos el acusado, dando la espalda á sm, defensores.
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el á su jw;go, la amplitud, la rapidez y la oportunidad de
La sala ei;tá dividida en tres departamentos por
campo de b 1talla ó ejecutado dentro de un cuadro de la acción. Cantaba en las tinieblas, y no podía ser- medi? de barandales: el primero es el de los testlgoB,
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan pro- virse sLno de la actitud y del adem,in para completar con sillones de terciopelo rojo para los generalall:
la expresión del sentimiento; pero la voz sola e:xpre- ministros y demás personajes de alto fuste Y 8
funda encierra la fábula de Gracol

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
LA SEMANA

A'NGELA PERALTA.

I

Z

Q

U

I

E

e

R D o

EDAD MEDIA

R

O

S

E

L

SIGLOS XV

-----

LA . IND'l.ISTRIA TEXTIL EN LA EDAD MEDIA •

Aquí tenemos un grupo de
hilanderas que nos da idea de
lo que la industria de los te,.,
jidos es en la época medie,.,
val. Están trab~jandó, con el
huso y la rueca, en la prepa,.,
ración de las lanas que más
tarde han de ser tejidas. Se
trata de un ¿¿gran" taller y, no
obstante, su labor nos pro,.,
duce una triste impresión de
lentitud,. sobre todo si recor,.,
damos los métodos mecáni,.,
cos y rapidísimos que en el si,.,

-------~--------

La primera audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.

glo XX se empleaban. Las. te...
las preparadas en talleresÍe~
j
pecialmente dedicados a Uo
e·s casean tanto que,. en r
dad,. son un verdadero artfcu..
lo de lujo,siendo muy frectren.. ·
te heredar trajes que usaron
los padres y hasta los abuelos. En los campos las famf,.,
l\as tejen unas telas bastas~
la. lana. de sus propias oveja(
o el ¿¿lino'' de sus tierras, !el•
que dedican a. la. confección
de los toscos vestidos.

6'1
( Muestra de una página del libro LECTURAS HISTÓRICAS)

comunes
p, rtame
público
tes '
el de la n:osa ae1 mundo entero, tiene por un lado
filas de _mesas paralelai; al gran eje de la sala, y
rinea.l otro, diez y nueve mesas perpendlculares á esa

!~

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

fe.i º¡. ~ fué lo que han sidu las aurliencias posteriola detdlel día en qut&gt; el público hostilizó á Mercier,
rl la d f ea que se Cúmetió el atenta.do contra Labocareo entre Perier y Mercier, tan lleno de
tu'ctd
en.,..s dramáticos.
~ ~~ seis y. media de la mailana, la pacífica ciu1
ª el d_estile de los testigos, de loi; periodistas
os curiosos que venían de París y del extran~A

de!

erier, Mercier. de Boisdeffre, ZurPicquart, Lebrun-Renault, la viugen al ·Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como l~s_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dirigen á maugurar sus tareas.
E: público y los _periodistas se instalan en los l?g::.res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa cdama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
Ya están instalados el Comandante Corriére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtre mos del banco con sus
secretarios Collenot y H1ld entre ellos. Llegan los

Suenan las siete: se anuncia al Consejo, la guardia
present,a i,;us armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura ae Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juutos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está 'más delgado, más nervioso, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión .. . .

�Domingo 3 de _Septiembre de 1~1111.

Doinlngo 3 de Septiembre de 1899.

155

EL MUNDO.

EL MUNDO.

154

DirBctor: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA SEMANA
Me desdigo: no es Septiembre mes de verbenas
nada más. Es mes de fiestas y de pompas, este SeptiembrP. voluble y falso que muestra por las mañanas
un ...ol limpio, primaveral y fastuoso, y p0r las noches
una luna fría con su halo joyante y húmedo, y sus rosas
y oriente de perla que traen á la memor;a los ciel_os
de Enero y los paisajes invernales. Las tardes. lluv10sas y grises, están entrh,tecidas por una luz opaca y
soñolienta que parece cansada de haber alumbrado
tanto por el día.
La Naturaleza se pone romántica en Septiembre,
como las mujeres que al terminar el baile, á la luz
indiscreta del alba, se ven en el espejo de su alcoba,
y o.:.servan las primeras canas entre las f\or_es de su
tocado y las primeras arrugas tras de los afeites de su
rost.ro.
Todavía son hermosas; pero ya no con la frescurd.
de la juventud: la alegría irreflexiva y loca ha huído
de ellas para siempre, y apenas si de cuando en cuando entreabre sn boca la ingenua y dulce sonrisa que
era el encanto de los primeros adoradores.
Mas el gozo humano no se preocup~ por eso: cele~ra
oUS festivales en los campos melancóhcos del Otouo,
bajo los árboles que empiezan á cubrirse de_ hojas_secas y frente á los horizon1 es, cuyas nubes mmóv1les
y brumosas, fingen en las obscuras lejanías fantásticos y caprichosos mausoleos.

***
La fiesta de Covadong, es en la América latina,
una de las más afamadas y brillantes. Suena, á castaíiuelas y bandurrias, sabe á manzana, huele á cidra.
Recuerda aquella agria montaña española que tan~o
hemos subido y bajado de la mano de Dvn Antomo
de Truebli, mientras el buen viejo para entretenernos, nos narraba uno de sus cuentecitos sencillos y
tiernos, ó nos -;antaba coplas populares, quejumbrosas y suaves.
En este año el proverbial entusiasmo asturiano estará quizá como en los anteriores, mezclado con un
poco de tristeza. Todavía duele la herida. Las almas
se buscarán entre el ruido para hablarse de la madre
desconsolada. Un soplo de pena pasará á veces, por
entre el cordaje de las guitarras, y el cristal de las
risas se quebrará por instante!! sin motivo aparente.
En la profundidad de la mirada, es posible que asome
una lágrima. De seguro no sonará un sollozo ni se

escapará un suspiro; la indomable energia de una raza vigorosa encarcelará á t,iempo en todos los corazones á esos hijos imprudentes del dolor. Se aturdirá
en el ruido la tristeza.
El contento dirá como el poeta:
Parad el viielo, tacitumas horas

La :fiesta de Covadonga abre la puerta á las nues•
tras. En primer lugar viene una, callada y envuelta
en atavíos de luto: año po, año se acerca á nosotros
para recordarnos la di".ina muerte de unos cuantos
niños. El viejo avaro ha bebidu ":tvaramente sangre
virgen y mártir. El verso que canta la gloria de estos muchachos heroicos, sacude alegremente las
alas bajo las blancas cabelleras de los ahuehuetes
pensativos. ¡Canta, canta, estrofa de hierro y oro de
la moderna epopeya, la. audacia infantil de estos chicos que entraron en la inmortalidad por una sublime
travesura! Canta la eterna lucha de Goliat y David,
del titán y el niño, de la Fuerza torpe y la Gracia heroica, canta, abre las alas bajo la blanca melena de
los ahuehuetes pensativos ..... .

En pos del 8 de Septiembre, entra el diez y seis, el
estrepitoso, el venerado. En él esta hermosa prolongación de egoismo que llamamos Patria, palpita en
nuestro esp!ritu con mayor c:xaltación, como vigorizada por la luz de esa aurora, y bruscamente sacudida por las primeras dianas de las músicas militares.
Nos sentimos poseídos de un triunfal entusiasmo
y recorremos con la violencia de la imaginación desencaneda, los episodios de lo pasado, las guerras de
nuest:/l vida social.
Es qello el espectáculo.
Vemos, al principio, ese movimiento impercepti•
ble, débil, im1efinido que imprime en un pueblo la
fecunda savia. de la lil,ertad, y que es como la pugna
misteriosa de la planta que rompe el terruño para
beber la luz.
Del post,rer aliento del último héroe muerto en el
campo de bitalla ó ejecutado dentro de un cuadro de
fusiles, brotaba un héroe nuevo: ¡Qué verdad tan profunda encierra la f1bula de Gracol

saba to lo, interpretaba todo, suplía todas las deficiencias sal vaha todt,s los obstáculos y hacía. vibrar
honda profunda, vivamente todas las cuerdas de la
lira y todas las tibras ~e la pasión._ .
.
No tenia como Adeltna el prest1g10 adicional de la
belleza y de lasuprema e_legancia, de los modales aristocrár,icos, de la Pducac1ón cortesana; era una artista un poco bohemia, pero que amaba Y conocía su arte; que se prodigaba y se ostentaba; que no regateaba ni ponía á subasta sus notas; &lt;¡ue cantaba porque
el canto era en ella la natural y genuina expresión de
sus pasiones, como en el ruiseñor, Y que derrochó \'OZ,
alma, vida y fortuoa por puro y desmteresado amor
al arte.
y Juego· académ:ca, correcta, impecable, modelo
de escuela~ y de métodos clásicos, griega por la corrección del estilo, italiana por el desbordamiento de
la pasión, francesa por su gusto exquisito, alemana
por la nobleza de su ideal, mexicana por la siacert.
dad la franqueza y la prodigalidad. Artista, e1t RU•
ma.' como lo son to:l.os los grandes, sintetizando ensu álma t,odas las almas y en sus creaciones toda la.
vida humana.
Detrás de la ;utista había todavía una mujer; tier.
na dulce compasiva, generosa; y coronada de wda~ estos ~imbus y aclamada, lisonjeada, arrastrada
su carroza por la pléyade de sus admiradores, ungida
reina cada noche é incensada como una divinidad,
todavía tenía tiempo de ser modesta, humilde, exenta de vanidad y orgullo, hospitalaria y complaciente
y nada miis me queda que decir, muchacha curio- como una burguesa.
Pesa sobre el artista rantante una fatalidad de la
sa v burlona.
qud recientes descubrimientos hab1án de redimirlo:
En esta semana han pasado los días en blanco.
no puede aún, como el poeta, legar ,á la más remota
Se parecen al verso del Lied:
posteridad sus estrofas, como el escultor, sus estaUn cielo gris, un horizonte eterno.
tuas, como el pintor, sus cuadros. La mar.ivlilosa arY andar ...... andar ..... .
¿Qué quieres? ;_Lees mi crónica, yara di~t1 a~r tu tista no ha podido legar más que el recuerdo de su
fastidio,? Pues haz de cuenta que leiste la historia de gloria y el culto que sus admiradores profesan aún
á su memoria; pero sus amigos la aman todavía. pi,rlo que no ha sucedido ..... .
que fué buena y muchos desgraciados la bendicen
porque fué caritativa y generosa.

Es preciso romper la tutela para nQ perecer, como
es fuerza que la crisálida rompa el capullo para que
. d I B
vuele la m¡i,ripos1.
Al reflejo de las llamaradas de incendie P. a . "evolución Francesa que alumbró nuestras obscurida•
des nos vimos fuertes y nos ser,tim&lt;is apt,os.
Una ráfoga épica sopló en las tinieblas de nuPstras
almas y nos lanzamos seguros y resueltos á la con._
quista del ideal.
No caímos en el abismo. desesperanzados Y ve~ci
dos como los caballeros clel Apocalipsis.. _A_nte!._ bien,
á través de las penalidades y de los sacnfü:ius alcanzamos la Tierra Santa.
Pero no adelantemos los sucesos. ¿Acaso soy
el ~~¿~ista de Jo que ,a á suceder? ¿)le han no~brado acaso para declamar una arenga en la plaza puhlra?
.
Ya veremos-no vamosá esperar, por c1erto,--:lo que
nos prepara el día de la p~tr!ª· La noche del r¡timce va
á ser, sea(m dicen los "'er16d1cos, una maravilla.
Tocará, como en otros anos, la campana del curato
de Dolores.
.
No seamos impacientes. Faltan muy pocos días para la fiesta.
Hablaremos de ella cuando pase.
Los recuerdos suelen ser 111ás elocuentes IJUe las es•
peranzas.

&lt;

HISTORICAS

FCTURAS
D. JOAQUIN

IZQUIERDO

CROSELLES

lbooo

PARA LA FORMACIÓN EN EL NIÑO DE
ÚN CONCEPTO CLARO DEL TIEMPO HISTÓRICO

El ensayo qne presentamos a los señores profesores quizá pudiera parecer a algunos un atrevimiento pedagógico, pues invierte el orden de la
cronología, conduciendo al lector desde la época actual hasta los tiempos
p~ados, en lugar de partir de la antigüedad para llegar a nuestros días.
Nos parece que este método presenta ciertas novedades ventajosas para
la ,enseñanza y, por otra parte, su aceptación entusiasta en ciertos países
~xtranjeros y la adhesión sin reservas de algunos ilustres profesores es-·
pa,ñoles nos ha decidido a publicarlo, esperando sea recibido con agrado
por los amantes de la renovación de la enseñanza.
Se pretende con este método pedagógico, ya adoptado, como decimos,
por algunos señores profesores, y al que damos un aspeeto elemental, que
el niño adquiera desde sus primeros estudios el sentido de la Historia, es
dtoir, una noción intuitiva de que han existjdo, antes de la vida actual,
otras vidas y otros tiempos diferentes.
No sólo es desarrollable en los niños este sentido de la cuarta dimens' , del TIEMPO, sino que lo adquieren rápidamente, como cualquier
f~sor qui emplee este sistema podrá observar desde los primlros días.
Nadie dudará de lo importantísimo que es, en los albores del conocimiento, adquirir unas nociones dar~ de la existencia de un pasado, así
como la evidencia de la duración de ese pasado y de los cambios fundamentales que en él han tenido lugar ; de este modo el niño se sitúa en 'una
posición más segura de su vida, logra comprender el significado de la
hora presente y, por contrapartida, adquiere uná lúcida visión del porvenir, calculando las consecuencias de sus actos.
Si el alma del niño se ensancha en el espacio tridimensional de la
Geografía y los viajes, mucho más se enriquece su.espíritu cuando consigue una noción indeleble del Tiempo, verdadero hilo de la Vida y sustento _.de todo pensamiento racional.

ANGELA PERALTA.

L

Angela Peralta ha sido la artista lírica más admirable que ha producido México y una de las más gran•
des de que se ufana la humanidad. Sus dotes natura,
les, su educación musical, su inspiración y su amor
exclusivo al arte hicieron de ella un admirable conjunto que rara vez la naturaleza y el medio logran
combinar.
Desde luego, estaba dotada de la voz más admirable que pueda jamás soñarse, voz á la vez de hada, de
ángel y de ruiseñor; voz de sireaa. Era la voz de Angela un resumen de toda la naturaleza; en ella había
susurros como en la brisa; murmullos como en la sel
va, gorgeos como en los oídos; ecos soaoros como en
las cavernas. Revoloteaha como la mariposa y plana.ba magestuosa como el águila.
Esralaba las más altas cimas de la gama y descendía á sus más hondas profundidades, sierupre pura,
siempre igual, sin adultera\)iones de ~imbre ni desfallecimientos de sonoridad.
La agilidad de su garganta era prodigiosa; cascada
de perlas, tal era su gorgeo; ¡&gt;ara ella la vocalización
no tenia secretos, ni misterios ni escabrosidades; en la
escala más vertiginosa, en el grupeto más complicado,
en la más inestricable maraña de notas, cada una de
las suyas se destacaba pura. independiente, distinta
é individualmenr,e perceptible, y además, matizada,
acentuada, intencionada.
En el ranto amplio, lento, modulado, recorría órbitas inmensas; el balance de su canto era majestuoso, como giración de astro, y su voz, que podía retozar, juguetear, rizarse y ondular como un arroyo,
sabía también correr majestuosa, imponente, inmensa1Dente serena, como un Nilo ó como un Ganges.
Por su timbre y su modulación, por su agilidad y
su amplitud, en aquella voz maravillosa se encerraba
la expresión de todas las pasiones humanas; lloraba
y refa, gemfa y tlamaba, sollozaba y atronaba. Amor
y odio, ternura y entusiasmo, caricia ó herida, todo
en~ontraba 'su nota adecuada, su timbre propio, su
expresión estética. Aquella voz era á la vez arpa eólica y lira sagrada, flauta de Pan y trompa épica, y ni
Adelina Patti, la semidiosa; ni la Miolhan Carvalho,
h emperatriz; ni menos aún la Melfa ni la Nevada
ni la Van- Zaut, las marquesas del arte lírico, poseyeron esa garganta divina ni esa voz celeste de Angela Peralta.
Detrás de aquella voz había un alma de fuego
apasionada, sedienta de ideal, torturada y dolient~
como toda alma de artista. Angela era artista· no
una artista escénica; su ceguera casi completa vedaba
á su juego, la a.mplitud, la rapidez y la oportunidad de
la acción. Cantaba en las tinieblas, y no ¡&gt;odia servirse slno de la actitud y del adem,1n para. completar
la expresión del sentimiento; pero la voz sola expre-

EL ILMO. SR. DON JACINTO LOPEZ,
ARZOBISPO ELECTO OE GUAOALAJARA,
Honramos la portada de nue1,tro semanario con et
retrato de este disting11ido y virtuoso prelado que
sucederá en la sede de Guadalajara al difunto Sr.
Loza.
·
El Sr. López rigió por muchos años la diócesis de
Linares. elevada más tarde á la categoría de arquidiócesis, y su tacto le grangeó aprecio universal en
los Estados del Norte y la veneración de sus fieles
diocesanos.
Es originario del Est'l.do de Jalisco, ci rcunstancl&amp;
que unida á las cualidades de espíritu y carácter que
tiene el Sr. López, lo hacen idóneo para ocupar la
nueva sede para la que ha sido electo.

PRECIO :

-------·-------

La urinrnra audiencia del Consejo de Guerra de Rennes.
La sala de a~tos del Liceo de Reunes, local elegido
para el Consejo de Guerra de Dreyfus, es una nave
recungular, espaciosa, de 22 por 15 metros y 8 de altura; las paredes están pintadas de ocre y las later~les tienen seis ventanas; en el friso que corre aba¡o
de los tragaluces, hay inscritos varios nombres de
bretones ilustres.
En el fondo hay un foro de un metro de altura, Y
en el extremo opuesto un busto de la República, Ea
tres días se hicieron todos los muebles necesarlJR,
mesas, bancas y barandillas. El tribunal se instaló
en el foro, y á él se llevaron los muebles ordinarios
del Consejo: la mesa cubierta de paño azul, los sillones de telas desteñidas y la silla del presidente coa
su respaldo monumental. Detrás de los aslentoS de
los jueces hay otros destinados á las autoridades, Y
en la pared del fondo, sobre la silla presidencial, el
indispensable crncifijo, la imagen del Cristo, obliga•
da á presenciar, del año de 1894 á la fecha, escenll8,
tan poco cristianas. .
El foro fué ensanchado á uno y otro lado para dar
lugar en el de la derecha del presidente al b¡¡.nco del
MiDisterio público y á la izquierda al de la defeO:
En el centro están los t estigos y á la derecha de •
tos el acusado, dando la espalda á sui, defensores.
La sala e1&gt;tá dividida en tres departamentos par
medio de barandales: el primero es el de los testlguSt
con sillones de terciopelo rojo para los generaJazOA,
ministros y demás personajes de alto fuste Y silla&amp;

Para pedidos:
. Manuel

4

PES ETAS

EDITORIAL.

Paso,

2.

URANIA

GRANADA

DIST.RAIDA
comunes ele paja par i la gente menuda; el último de~~t~ento que es el más pequeño, está destinado al
tea d00, Y el del centro ocupa.do por ic,s representan-·
cin e la prensa. del mundo entero, tiene por un ladíJ
co lilas de mesas paralelas al gran eje dP. la sala, y
ri~~l otro, diez y nueve mesas perpendiculares á esa

badLa primera audiencia, que reproduce nuestro gra-

~º¡~rué lo que hao sidu las auiiiencias posterioladefdtl d!a en que el público hostilizó á :Mercier,
rl la d t en que se cometió el atentado contra Labol;clde et careo entre Perier y Mercier, tan lleno de
n PS dramáticos.
~ seis y. media. de la mai1ana, la pacífica ciu1 de ~ía el destile de los testi gos, de los periodistas
os curiosos que venían de París y del extran-

;as

jero á presenciar las audiencias del proceso. N&lt;, bay,
sin embargo, indicios de esa febril agit,ación del proceso Zola; los espectadores y testigos que se dirigen al Liceo, van Lan tranquilos en apariencia, dice
un periódico, como los_miemb_ros de un Congreso de
economistas-que se dmgen á rnaugurar sus tareas.
E: público y los periodistas se instalan en los lug:1res que tienen designados; hay pocas damas, casi todas ellas de la prensa: en el foro, detrás del tribunal,
una vestida de blanco, la misteriosa «dama blanca&gt;
de quien tanto ha hablado la prensa.
.
Ya están instalados el Comandante Comére, Comisario del Gobierno, su adjunto el Comandante Mayence y el Secretario Coupois; á la derecha, Demange y Labori, ocupan los ~xtremos del banco con sus
secretarios Collenot y Hild entre ellos. Llegan los

testigos: Casimir Perier, Mercier. de Boisdeffre, Zurlindeu, CIJanoine, Picquart, Lebrun-Renault, la viuda de flenry ....
l:;uenan las siete: se anuncia al ConsPjo, la guardia
present,a sus armas; el :,ilencio se hace profundo y
los jueces vestidos de riguroso uniforme, penetran al
salón y ocupan sus asientos.
Todo el interés se concentra en la figura de Dreyfus: el aparecido de la isla del Diablo se presenta, su
pa:,o es tirme, su busto erguido, lleva guantes blancos; sube las gradas de la plataforma, se detiene ante sus jueces, se para con los talones juntos, militarmente, saluda, se descubre y se sienta. Todos dicen
que ha cambiado poco; está ·más delgado, más nervioi¡o, su pelo ha encanecido, pero el rostro es enérgico y no acusa depresión ....

�EL MUNDO.

Domingo

a de Septiembre

0om1ngo 3 de ?epti!l!D_!&gt;re de 1899.

de 1R99.

15

EL MUNOO.

sara.h B;rnardt en el papel de lbmlet.
Se ha discu tido y aun_ ocasiunó un duelo entre, dns
¡t,eratos,
interpretación del Harulet, hecha ult111Dameote la
por l::iarab al represent,ars !. una nueva t.ra•ducelóo francesa del drama dP Shakespeare. .
MorenPt- 8ully .... qué gran precedente! Sm embargo, dh:en por ahí que laSarah es admirable en bU
pel de prln-:ipe dinamarqués.
paNue~tro g rabado, que es adrni rabie J:Or la preri:&amp;ión, da á nuestr~s lec tOrPS un E'.lemento suficient~ rle
juicio para que digan ellos. 1&gt;Pgun i-usgu1,1osy su ir11presión propia, si es ó no. Saral.J, fiel mtérprtte del
;gran poeta.

PERFILES FEMENINOS.
La italiana es la mujer quP. prPsenta casi toda la beileza de la edad moderna. Plfoida y de curvas exagerad11-~ y senimales en Lombardfa, con su color rubio
,á to T1claoo en Venecia, de formas escult,urales en
Boloola, marmórea en Roma y de belleza clásica grie,ga en Nápoles..
. .
.
Artista apas10nada por rnstmto, ;gnorante en general, modesta, menos fiel que mucnas otras muje·res, se ca.o;a siempre sin amor y por tener á mano el
•recunio del di 1•orci o.
Gato y serpiente, palma y violeta es la francesa;
frágil 1:11 apariencia é impávida en las luchas del
amor, llena de gracia aunque no hermosa; es tres ve-ces mujer y tres veces adorable.
En su parte moral es amable; cequeta incorregible,
no allla casi nunca por temperamento, siempre es infiel razonadamente.
Ejercita nn_a influencia sobre el hombre mayor que
las dem.\s mujeres, por su cultura y sobre todo por
:su esp,-it y por su travesura.
En su mismo tipo está el temperamento de la fran-

cesa.

Rubia, con ese rubio pálido; fría, tranquila; lo!!
-ojfJII azulPS, la nariz aristocrática, los dientes correctislmamente formados, y joven siempre, pnsee el
temperamellto frío y razonador.
Su belleza física es demasiado correcta para ser art~1ca, pues le falta el sentimiento. La explicación
de su carácter es asimismo demasiado entero y ené r¡ico, demasiado frío y demasiado serio para recordaroOB á la mujer.
Reservada, casi hipócrit-a, exag-eradamente casta,
-esclava de los respetos bu manos, ama fríamente y por
convencimiento, sin estar nunca dominada por los
tJDpulsos ~el corazón.

M.

Y

M.ME.

LABOlU SE .:)lttlGE:.

AL

CONSEJO DE

GUERRA.

de tantos desean por sobre todas las
cosas, un empleo que les asegure vida
tranquila, y no sueí'ían sino con gangas sin responsabilidl\des, no se repetirá demasiado que nadie tiene derecho para abstraerse lejos del mundo,
que el hombre crece lanzándose á la
lucha, no despr,·ciando nada de lo que
es honesto, y que se eleva por la acción.
l::iin embargo, cuidémonos de no dejarnos engallar por una nueva ilusión.
Para ser legitima y aun necesaria, no
bast,a la predicación, y además, el carácter esencial de la acción verdadera,
f'S que sea determinada y precisa.
Ahora bien: pululan por abí jóvenes
que anuncian con énfasis su intenc!ón
de «obrar.&gt; de «luchar.&gt; No lPs pre•
guntéis cómo; no lo saben todavía;
tal vez no lo sepan nunca; pero tened
por cierto que estarán convencidos de
:ser bom bret; de acción. Y estad per_suadidos también de que entre todos
los lite~atos que quieren seguir el ejemplo dado por sus maestros, se observa
el mi~mo fenómeno. Predicando la
acción, creen obrar.
Es ni más ni menos como lo que
sucede en los coros de ópera, que cantan: «Marchemos! Marchemos!&gt; dando
en el entablado. Tratemos de no caer
en semejante ridículo. Bastante campo se presenta á nuestros esfuerzos;

cura.mente en el derrumbamiento de lo viejo, reclama obreros. Hermanos, solo la acción es bendita:
hermanos, es necesario obrllr.&gt;
Y, ciertamente, el espectáculo es bello, el celo de
los apóstoles admirable, y su doctrina excelente en
todo sentido. Para poder pensar es necesario vivir, y
1i vida práctica tiene derecho á todos los miramientos de los pensadores. La metafísica ó la poesia no
son, seguramente, ocupaciones despreciables ó va'las;
pero tampoco son, necesariamente, superiores á la
construcción de caminos ó á la fabricación de conservas. La grandezlJ. de una depende en gran parte
del modo con que se la ejecuta! Tal comerciante posée más elevada inteligencia que muchos escritores,
y por lo mismo que se ocupa 'con celo en los progre.
sos materiales, trabaja quizás e ticazmente en la me•
jor moral del muudo. Eu uu país como Francia, don-

La alemana es poco graciosa en los mov..imlentos y
en las líneas, pero sólidamente construida, resistt:nt.e á todas las injurias del tiempo y del amor.
Rubia, cerúlea y blanca, parece formada para efectos dJraderos, y es en su modo de ser mejor esposa
,que apasionad~ amante.
No 11e deja dominar nunca por los entusia&amp;mos del
'COrazón y solo ama de un modo espiritualista, con in.genuldad Idealista y fantástica.
EL TENIEN'.lE CORONEL PICQUART,

La espa!'iola soberbiamente hermosa por los espre'llvus rasgos de su cua, los pies y lds manoi peq Ué ñÍ·
Rilllos, dos grandes ojazos como ventanas abienas en
~o palacio de mármol las curvas de su cuerpo p:1.lpitantes de vida y voluptuosidad y el cabello sublimemente negro y lustroso.
Ama como no aman las demás mujeres, con amnr
salvaje, dominada por la sangre caliente que recorre
'8U8 venas y se entrega en un momento de delirio, sin
'Cálculos, sin amor á los respetos humanos, febril de
pasión.

, bastantes obras reclaman nuestra buena voluntañ.
Nosotros, pues, que creemos en la necesidad de la
acción práctica, y que nv tenemos una ardiente
palabra que arrastre las turbas, escojamos en silen-. cio una empresa que nos convenga, y sea cual fuere,
'. démosla concienzudamente nuestro tiempo y nur!i,, t ros esfuerzos. El mundo no sabrá nada, y por tan1o, no nos colocará entre los hombre de acción, pe1 o nosotros merecemos quizás ese titulo.

PEoao PvLON3K[.

CHKI~TIAN SCHEFER.

Las mejoras ofrecidas.

NUEVOS IO~ALES.
PENSAMIENTO Y AOCION.

La acción esta de moda. Por mucho tlempc, el do•
~lnio del pensamiento puro y el de la realidad prác11lll permauecierou voluntariamente separados. Con
:88;:e~clones, los tilósofos ó literatos que se con- ,,
p g~
a, primero, creían deber ignorar y aún des- ✓&gt;, ..,
ttree ar el segundo, ju1.gando que la grandeza de las _:"
... peeulaclones ó de los sueíios provenía sobre todo &gt; uesQ
' ,,
1 ad. Pero las luchas del 'mundo, cada;,
dla IIIt t·tld
De
ásperas, van desvaneciendo los espejismos en •'
ibo aquellos ut opistas se complacían: y estos sienten -'-·
pro:confusamente que todo cambia, y los tenibles ·
11len~mas de la existencia se les t_m~onen brutal meo- tts:,.
'IIDo á · Turbados así en su q u1et1smo, los ;,oetas,
ffk." . ..

t,"l

f.~tC::g~ ;~ ~~~=:tºa1t::,use~ ~~!!s~ep~:i~~\[a;ª;
0

'iteen,
un nuevo evangelio: «Han llegado los tlemen que la grande obra que se elabora os-

-c=:;.\ti:&gt;&lt;-,···

ll08,

SARAH Be:KN.~RDT EN EL PAPKL DE IlA.MLET.

Como toda maquinaria nueva, la nuestra,
al armarla, edtá f;!;astándonos mucho tiempo
y trabajo, más del tiempo que habíamos supuesto; por eso no hemos podido comenzar
las mejoras ofrecidas de que ya tienen cabal
concepto nuestros abonados.
En esta semana quedará listo el departamento especial que estamos instalando, y ase. guramos que el retraso involuntario que se
· ha sufrido, quedará ampliamente comFensa.do.

�Domt?go 3 de Sei:tiembre de 181111

Domlngc 3 de Septiembre de 1899

EL MU~DO.

EL MUNDO
158

ramaje exuberante y lujurioso que, como una cabe•
llera de Furia, se desparrama en su carga de higos
maduros y verdes por el balcón del pibO alto; por úl·
timo, en el otro ángulo del fondo una pequen.a p_uer•
ta da acceso á la extrafl.a bab:taclón, que á un vempo es cocina, sala, centro de tertulia y comedor de
los poco favorecidos por la suerte, pues que nos~tros los dos únicos huéFpedes que merecen cum,1•
der~ción en el albergo, hemos de l'Omer siempre en
íntimo aparte, arriba, en el balcón, asombrado P!'r
la higuera. En el centro de la habitación á tao u,ultiplti, uf.OS destinada, l,ay una larga mef\a er,tre
dos bancos de igual longitud; á un lado, una gr~ll·
de y tl ..nada chimenea, en cuyo hueco se ma11t1e•
ne sobre un montón de etniza, y sujeto de una cuer•
da ahumada y gorda, el caldero donde se cuece y
ablauda la amarillosa polenta; cerca de la chimenea
arranca una escalera que suoe como la del patio al
pisu alto, y en el miswo punto comienza la verd~de•
ra cocina, es decir, el Jugar com,agrado á los hornillos
humeantes y á la espetera limpia como un sol y llena
de cacerolas y sartenes en ad111irable ordenco!ocados.
E11 la atmósfera de humo y olores de cocina true•
na la seilora, dueña y cocinera de la casa, vieja re•
gordeta y rechoncha, pero que guarda en las lineas
lle la cara, arrugada como una pasa, seilales evideo•
tes de haber sido codiciada y bonita en sus ya leja•
nas mocedades. Cuando llegamos, nos viene al en•
cuentro con una sutén en la mano Izquierda y uno
como hurgón en la derecha, nos regala ~u más ama•
ble sonrisa, y para darnos la bienvenida nos espeta

un discurso, del que apenas comprendemos dos ó tres.
palabras, cosa que achacamos á nuestros pobres alcances en el habla divina de Petra.rea; pero, al cabo.
de algunos días y para consuelo nuestro, sabemos-porexperiencia propia y por lo que lenguas maldicientes murmuran, que la seora Rosa, coLDO la llaman.
en el pueblo, ou ba podido nunca fo rmar siqµiera.
una frase de puro tosca.no, y por más esfuerzos que
hace cuando na.blacoo personas de calidad, no logr&amp;.
sino hablar, y eso no correctamente, el áspero y mal•
sonante dialtcto de Lombardía.
No es necesario ser caballero andante, movido de
generosa locura: cualquiera que llegue desprevenido
al hotel de las dos espadas deslucidas por la herrumbre, puede, en los pri1oeros días, padecer i lusiones.
quijotescas. No son para menos ciertos ruidos noctu,nos insólitos, unos atribuiblesá jugarretas de hechicerof, otros á pesadas bromas de malandrines y
follones; sin contar con que la hija y úntca heredera
de la seora Rosa bien se miraría, sin hacerse violencia á si propio, como princesa convertida á media&amp;
en fregona por arte de los oiablos. He dicho fregona
á medias, porque se ocupa á veces en las más recias.
labores, y no porque ande jamás desaseada y pringosa, que antes por por el contrario brilla de pulcra y.
va, por donde pasa, derramando frescura y perfumecomo una flor serrana. Más alta que la madre, Clotilde cuenta dieciocho años y es morena, lo que quiere decir que la sangre no se le está quleLa en el cuer~
p0. sino que hierve, rebulle y comienza á decirlti y
coutarle, en la" sienes, cerca del uído, cosas tentado-

ALDEA LOfdBARDA
En la tarde calurosa de Julio, todo pare•

ce hundido en profundo letargo. El lago se
extiende, hasta perderse de vista, hacia el
norte, entre colinas y aldeas, quieto, brillan•
te, y copiando como una lámina de acero
bruilido los últimos arreboles del crepúscub
E&gt;n tanto que hacia el sur se estrecha, se
a ielgaza basta cambiarse en río, después de
rormar un remanso y de rodear, no lejos de
la orilla, una pequeila isla, bosque de rosa•
les y manida de patos silvestres.
A la derecha de un promontorio eoronado
por un castillo feudal, detrás de una ala me•
da de castailoR, alineados en cuatro hile•
rab á la orilla del lago, se dPscubre la al•
dt·a silenciosa. á donde venimos buscando
rt&gt;poso para nuestros cuerpos, serenidad para. nuestras almas, un soplo de aire puro que
harra de nuestros pulmones el Infecto polvo
de la gran capital, un puco de sol que nos
recuercle el sol de la patria; soplo de brisa
y rayo de sol que, trayéndonos la salud coro•
pleta, vigoricen nuestros nervios reseoti•
,tus y desvanezcan en nuestros cerebros los
fantasmas de la neurosis.
El absoluto recogimiento de este rinconc!llo de Italia satisface cumplidamente nues•
tr•,s deseos dP. calma, pero nos vuelve mudos y tristes. Sin proferir una palabra, desembarcamos, después que el bote, guiado
por un viejo remero, penetra en un espa•
cio circuido de muros, especie de puerto in•
vadido por altas yerbas que Sd asoman á la
superficie del agua, y ceden, doblegándose y
gimiendo, al paso de la pequeña embarcación. El mismo barquero se encarga de
nuestras balijas y noi, endereza hacia el
ho~el.
Digo hotel como diría ventorrio, figón,
posada ó fonda, pues de to'.lo esto hay, aunque, en realidad, la casa en donde hemos de
posar es más que hotel. ventadecaminoc0n
aires grotescamente seiloriles, que nos despejan el ceño, haciéndonos pensar en a ven tu•
ras quij0tescas. Nada t,an á propósito, en
efecto, para dar al traste con el meollo poco
firme de algún andante caballero, cvmo este
caserón, que bien podría ser tomado por castillo ó vivienda solariega, con su holgada
puerta cochera, sobre la. que se cierne, destacándose de la pared, una.corona, probable•
me~te de hojalata, injuriada por la iotem•
pene, tomada de orín y sostenida por dos espadas en cruz, del mismo metal que la co•
rona, y limpias de todc, crimen si no de herrumbre y moho.
El patio, á donde el portal nos conduce
no deja duda sobre el género de casa en qu~
noshallamos. En un ángulo del patio, una
chica extrae por medio de gruesos cordones
de las profundidades de una cisterna, u~
cántaro rebosante de agua fresca; á la de•
recha de la entrada, se está quedo, con sus
timones en el aire, un coche polvoriento que
espera, quizá, las órdenes de los huéspedes;
en el fondo, en el án¡1;ulo izquierdo, se le•
vanta una escalera de piedr~, tan angosta,
que no puede una persona bajar mientras
que otra sube, y, al pie de la escalera, crece
una higuera centenaria de tronco espeso y

ras, de esas que hac.:n :-uborizar á las ni•
nas. sus cabellos son ébano luciente; sus
c,jos, vivos carbunclos, sus mejillas, dos
rusas que el sol no se cansa de besar; su
alma es toda fuego cuando se asoma á
Jos ojos, y toda sal y donaire cuando vie•
ne á los labios, hendidura de una granada entreabierta, á decir palabras bellas
de un italiano algo embastecido por el
acento rudo de los campesinos lombardos;
su cuerpo robusto, ágil, no acostumbrado á estrecheces y apreturas, es, cuando
i;e mueve, gracia y zandunga; y sobre todo esto, dos puños más fuertes, capaces
de poner á raya á los más atrevidos mocetones de la aldea, clientes revoltosos de
la media noche.
Al principio fatigados por el viaje, y
luego molidos por largas excursiones en
los alrededores, dormímos en los primeros
días con el sueilo de los justos, plácido y
sereno. Al fin, una noche nos levantamos
sobresaltado~, oyendo voces violentas, ai.
radas, que gritan un número y se acompanan de terribles puñetazos, recibidos
aparentemente por una mesa. Creemos
en una rifla trabada en la cocina. Las voces callan un momento, pno á poco rei;uenan de nuern, repitiendo los mismos
ndmeros. y continúa el alboroto de gri•
t.0sy puiietazos. Son unos jugadores de
morra. No hay una venta de vino, ni
hostería de villorrio lombardo, donde no
estalle por la noche el E&gt;strflpito de la morra. Es el juego del país. Dos jugadores,
de ple, se muestran el puño cerrado: simultáneamente extienden uno ó más de•
dos, y simultáneamente gritan un míme•
ro, que debe ser el que resulta de la suma.
de los dedos extendidos por ambos contentlores. El que acierta, gana. Un chiquillo de mi tierra desdeilarfa tal vez jugar, por demasiado pueril, este juego por
el que en Italia se desviven hombres her•
cdleos de barba hirsuta.
Los que j!1egan á la morra en el alber•
go de la seora Rosa s9n los pndidos, le s
libertinos.. del pueblo, los que se van de
taberna en taberna, gastando en fran.
cachelas y vino el dinero y la vergüenza
de sus honradas familias. Llegan casi
siempre á la ce cioa cuando ya ha ter .
minado la tertulia de las personas de pro;
traen el sombrero ecbado hacia atrás ó
llObre una orej:i, y miran á tod~s partes
con aire de valentones y perdonavidas.
Dos de ellos nos llaman especialmente la
atención: uno. cariancho, de mandíbula
saltente y poderosa; otro, delgaducho,

México Moderno

sobrino del alcalde, la boca inmensa, y los
dientes tirados en desorden hacia adelante, como si se atropellaran por salir,
lo más rápidamente posible, de aquel
abismo de inmundicia. Beben, Juegan á
la morra, y gritan basta desgailitarse,sin
que se les importe un bledo el sueño de
lús vecinos. Mientras la mesa inocente
sufre el mal t.rato de los puilcs callosos
y la vajilla tiembla en el viejo arma1i~
de madera, Clotilde, con los ojos medio
soilolientos, observa á l0s j ugad0res y es•
pei:a una oportunidad para empujarlos,
quieran que no, basta la puerta de la calle. Y entonces, pasan bajo nuestras
venta_nas, y se van cantando á veces, lc¡s
~uy irrespet~osos, con la voz enronqueoda por el vrno, alguna rle esas canelo•
nes que vuelan por el cielo de Italia
tortas ternezas y amor, endechas de rul:
seílores caídas una á una como lágrimas
en el silencio de la noche, desde la cop~
de un ciprés ....
Más agradablemente que la desapaci•
ble serenata de los jugadores de morra
nos sorprende un murmullo misterioso
que oímos algunas noches desde el balcón.
Es un cuchicheo, sostenido abajo, en la
sombra del patio, al ple de la higuera v
entrecortado po.:- algo así como cbasq:1i.
dos, que no son otra cosa que besuqueos
d~ enamorados. Srn pecar mucho de in•
discretos, reconocemos por fin en los causantes del misterioso murmullo al mejor
mozo del p~eblo, pastelero de profesión,
y á una pnma de Cleotilde, recién llegada del Piamonte, y que, según parece, no se duerme en las pajas, cuando
lleva ya prendido á aquel pobre diablo de
muchacho en su red de seductoras artimailas. Nuevas parejas vemos1 en el cur•
so del tiempo, sucederse en el mismo si•
tlo, c~mo si todas buscasen de propósito
á la b1guera centenaria para muda confidente y protectora de sus enredos amorosos. Es lo cierto que siempre las hi•
gueras han andado mezcladas en . tales
bistoria~, ! no sé de dónde les venga el
ser prop1crns á corazones amantes, si no
es de algún viejo resabio contraído en
el Paraí~o, donde, segtín la bíblica. leyenda, cubrieron con sus hojas la desnudez
pecadora de nuestros primeros padres.
[:Cel libro «Sensaciones de Viaje&gt;
de Díaz Rodríguez. J

CASA DEL SR. LIC. JESUS

F. URIR:'E. -CALLE DE TARASQUILLO,

•1

rJ

,I

N.,.

r,~
- -..::...·

LAS VIRGENES D"i!: LAS Jt;)CAS,

.

CASA DEL SR. GENERAL LAURO CARRILLO.-GLORl ETA. DE CCLON, P.A&lt;"EO DE LA REFORMA.

�l60

NOVEDADES CIENTIFJCASLA. FE y LAS MATEMAT,CAS,-LAS CASAS AN~~~•.
-ARTE E IND!JSTRIA.-LA MECANICA VENC
RA,-TESTWUS AUTOJIUTICOS.--LA VERDAD y LAS
MAQUINAS,
La fe t, aosporta las mootailas,&gt; decían se~tencio~eote nuet1Lros abuelos, aludiendo á la rnme~s!I'
~~erza que desarrolla toda creencia hondamente arraI •
gada en el espíritu.
• , ·
d la
y por si álguien duilara del p,,der dinamico Y 1iaplicación exacta Y material de la fuerza desar¡~
da por la fe al transporte de mon_tañas,. ª.hí _es\ 'ión
vas Y erectas las pirámides de Egipto para con us
de excéptkos.

!:

-. - .

'

¡ . ....
1
1

. C Ión sin haberlo he- color Y la forma, han sido invadidos y conquistados
el movimiento propueSlo, u~ p~día darle la vuelorla Industria, basta el punto de que h~y. pesimi....
p poco reflexivos que concluyen pred1c1endo que
cho, sabia de antemano \ verdad matemática; del tas
ta al Mundo, Lndado en un .
ó miaió un as- el ane está c,JOdenado á muerte.
mismo mo::io Leverrier descf!rI~j6sesclfri videt!tes del
Pero importa tijar las ideas sobre lo que.es el Arte
Y sobre lo que la Industria le roba, supomendo qu.,
T rigooometría..
.
rfg!~ªrav,e[!ºG:~~ei~:
rtan las montañas, meJor algu pudiera robarle.
Por eso ahora se traospo
· ·1t 1·¡ pero sí las
A te todo hav que tener en cuenta que en toda
ñas
porque
es
1 número!
dicho 110 las UlOn t ª 1 '
ohraºde arte hay dos partes bien distiutati y que su.
' .
antaño con la fe·· · · en e
d s géoeros diferentes de aptitud en el aruitar una casa y ponerla
casas, como
• .
On iuo-ciniero necesita q
.
,·dad de unas P.º_tt~ la~oocepcióo y ]a ejecución. La P.rimera co.011 º
í
Ja pesa s10 oeces1
más allá 6 más ac ;_ pues
d sde su gabinete, y con ~:~uªv·:i las personalidades artfi,ti~as, rac11ca esencial.
1a 1·otelio-eocia y es siempre un don de la
balanzas inverm,ím1tes, s!r:iºdce a el Y un l~piz, y no mente
en
°
I d
·ó • 1 se
uo simple rne~ro, una h~!!°0
ués de pesada, lo naturaleza, nunca uo pro?ucto de a e ául~acf1 n, ª16 .
e
unda
or
el
e0otrar10,
es
ageoa
a
ormac
n
se equivoca 01 en un.:r~de.termigar
la excursión que
demas es Juego de 01 os.
le sus nuevos cimien- ~eguna glbria del arte, 6 cootribu~e muy poco á ella,
ba de hac~r la wole, preparar meterle debajo una es del todo mecánica y procede directamente de la
tos. ~epararla de losdant1góuopi,,la{arorma rodante, Y la educación.
.
arma ura
Poned
cualquiera
de
los
mar~vm.osos
rnveotos
.con
casa cambia de sitio.
.
ue la Industria, trabajando rnsp1rada por la CienPur supuesto que sin la fe en laCienomc&gt; en esta operación no caben ~. h dotado al hombre para resolver ias d1ficulta~~pe~imeotos, nadie arrost~~r~a el pe- ~1a, !cánicas de la producción dt&gt; una obra de arte;
es mdl
dio-o en las manos de un imbécil, y sólo
ligro de perecer bajo el ed1tic10 ªttes pone
os, .mamarracho.s;
o ,
y crea•
oducirá
dadias á un ar t·st
J "ª• .
desplomado que movido; ~ero n~ ay
porque
la
creación.
artfatica
es
prerrogat1
va satt&gt;•·,or alguno, porq•1e media la e,
1 . ieneo ustedes un arco de tnuo o grada de la inteligencia huma~a.
J• v
aque
En consecuencia, ia Iudustna no am,eoaza_ io~adlr
actualmente ao d a de. paseo escoh
giendo su nueva residencia en Roe e- los saarados dominios del Arte, ni eo e. sentido ideolóo-icoº ni en el cJnvencion~l.de la palab.ra; antes bien
fort, Francia.
Lo notable de este caso, es que no l ~ u'da Je sirve fiel y sol1c1ta, removiendo los obsse trata de una de estas colmenas ~O· t~:%l JS y'quitando las espinas del gl~rioso camino del
t·1 t e O el concurso de la mecamca vencedo~a de
dernas, todas de una pieza y re~a;t~ vameo Le ligeras, lo que bace fac1hs1mo
1: ~u~tades puramente mate~iales. Por la misma
su desplazamiento: no, este arco es razón ni la obra de arte ni el ~rt1sta pueden co~si~e~na estimada obra del .arte a~ti~uo, con rarse anulados ó si•.¡11iera rebaJados porque en la eir
tres siglos de existencia encima, y que, cución de una obu de arte inter~engan los proce •
sin desmoronarse, anda echando 1:1ºª mientos industriales modernos, siendo así que, s!n la
.. a al aire por esas calles de Dios, personal1.da d del artitftia , la obra de arte nu existe,
can
gradas si~mpre á 1a fe·· · · Todavía
les falta á h,s pirámides, =======~
que ya han de creers.e las
muy vanidosas á cub1~rt.o
de tuda sorpresa, recibir
la estupenda de.que, como
su paisano y qmen sabe s1
amigo, el obelisco de Luksor, el capricho de un monarca europeo les ordena
cambiar de clima Y fija.r su
residencia en cualqmera
plaza de Vmdres.
.
y entonces sí que se reirán las pobres viejas de los nombres_, P;ro no de
los modernos á quienes od1anan ~n tal
caso por haberlas expatrhdo, srno de
los antinuos que las hicieron tan grandes precisamente para im,iedirles m?•
verse .... sin presentir el poderdel nu.
mero!

ti~

in, ·

bef

f:s 1

·

Por mi parte cr.:o firmemente q.ue, si esa~dtrdágáicals
. tau enérgica tenac1 a
a
an~iaoas se ar~;!ºe~º~nico objeto de atestiguaroos
ex1steoc1a,
es 1
ida de ultra.tumba y en el poder
6 0 la fe en a v
bo divino de los faraones, pudo hacer que
e m
por/':[e~s montañas de rocas fueRen arrancadas del
ueleto de la madre Tierra, transportaver ~ er
~~s°~1:~~~~:ssqd istaocias y con vertidas en figuras geoét · amente dispuestas.
.
m yr~c esto último debemos felicita:nos, porque sm
e
ular de las pirámides, ev1dentemeote gela fo~map~;~I saber humano, los hijos del siglo de la
nera a
m larlas después, de las cuarenta ceo.
dud_a, al conte p e uivocadameote les atribuyó ne
t11~1as q~e
Jeroqy áltimo de los Napoleones, reex1steoc1a e p ,
ndríamos formadas por una de
sueltam.~~~eul:fo~~~~eológicas y las confu~dirfamos
tan~as e
con la más vulgar y pat1mondad.a
last1m~sªfaen;:scooocieodo así la demostracióu eVJ:o~ta~:tio'me~so poder dinámico de la fe, digno aneo e del invento ce los Papio, los Fulton Y los
tecesor

Pt~f

Sterhe~s:á.s cuanto que la fe andaba de capa caída
d 'I:nque el ~acionalismo contemporáneo. le arran:ó
es e
simbólica venda. Hay -iuten se atr ~·
~~u¡~:Cf~~:~ªnada le dió á cambio de la venda rota;
na calumnia insostenible.
esto. est0u es ue el racionalismo desvendó á la re, la
Cier 1 r~er momento debe de haberse sentido un
que en e ps d slumbrada por la falta de custumbre de
si es no 1ida
e "en luengos siglos
.
de cegued a d vo¡ unta.
ve~, per• lueao advirtió-que su libertador ha blale puesria~~e~~s m~no,;; preciosos juguetes de gran novedad,
~~ales son el telescopio, el microscoplo Y sobre JºdJ,
y de to o a
uno que todo l o ve, todo lo comprende
,
b lé impecable noción: el numero.
de este modo la fe ciega se transformó en la fe
e observa analiza y sabe.
quDicen los 'metafísicos que esta ouev~ fuerzan~ es
la fe sino una falsificación, más todavia., una ant1tesis d~ la idea origmal de la. fe.
Puede ser no discuto porque me asustan las controver8iast ~etaffsicas que en lo general se áme anto. hermosos torneos de palabras y nada m ~.
lªto cierto es que la fe, con el sentido metafísico de
1 alabra en la infalibilidad del número, ha llegado
áaiealizar 'prodigios muy superior~s en c~nt1dad Y
alidad á los realizados por la fe ciega é ignora~te
~el número; la imaginación creadora (no es para~o~a)
de las matemáticas, ha engendrado cuantos prod1g10s
constituyen el glorioso monumento del progr~o co~tempo1áneo, si~ verlos materi~lmente, pero sm equ1unca en sus alirCD6c10nes.
vocarse necáoico no necesita construir una máquina
p!º s~er con evidencia absoluta que obtendrá

EL MUNDO.

161

Lf\ HBRENOlf\ DEL TI0 FL0ROT.

0

l rI,

Arco triuof11Í trdnsport.do en Roohefort, Fr4acla.

Domtngc 3 de Septiembre de 1899

Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

*

**

El Arte Y la Industria: «ésto matará á aquello!&gt; No sé si álguien añadió
ya esta parodia á las much~s que, como todo lo grande, ha sufndo la enorme frase del Maestro.
.
La Industria bate en rncansable
1 . ta registro.
ataque al Arte hasta ea sus últimas Reloj registrador de entradas Y salidas de los trabaJadore~ H muestr~ acin .
defensas; armada de todas armas p~r
la augusta Palas, cada día nos anuncia . d á ida puesto que la mecánica es capaz de ejecutar' pero
haber akaozado un nuevo triun.fo, hacie.n ~ Pt. . nunca de concebir.
oda
fácilmente h, que el Arte por rntermedlo e ar is
Actualmente la escultura recibe .u na gran:: ria bacía en luengos años de paciencia y .estudl~. .
de la fotoo-rafía mediante un procedimiento q f
Ora es el piano automático que substituye~
mite hace~ alto~ relieves .hermosí~imos, aprobvi~:o!~:
nista; ora la fotograrfa que primero d~i;~aoc a l· do las propiedades químicas dP. la gelatina
cada
bujaote más tarde al colorista, y por ultimo, al es- tada. El procedimiento se llama FuTOSTERIA., .~ d11
cultor
aldominios
escultor también.
':rod'os~¡1'os
del Arte, el sonido, la línea, el día se extiende más. Nuestro grabado da una I ea
sus magoíiicos efectos.

f

t~~-

** *

C!J.;

Alto reueve en b:o:ice oblentdo por m}dto de la foto :r1fla.

Parece que los hombres van convenciéndose de que
ld. Verdad
,.
" .........Es flor del cielo que se marchita en la tierra.
Permítaseme la paráfrasis.
uestra
En efecto, el aparato ingeniosísimo .que 'fn error
nuestro tercer grabado, sirve para intctr, : sus la•
posible, la Lora de llegada de los emp ea º \ave nu•
bores: el emp,eado, al llegar, introduce ~ut de papel
mer11da en el aparato, y marca en una c O .ª acióo al
su número de urden y la hora con aproxim ·
minuto.
d
len nr. de•
Esto quiere decir que los emplea os ~ue
da el
cir con verdad la hora de llegart.a;. ta~bi!~ ~~abajacaso de que los eocar!;"ados de v1g1lar á 1 t stlgo au•
dores los calumnien; entre ambos eSt e e
tomático, insobornable é incapaz de cUal~:nlr~ ton6Por la misma razón, en Estados 01 06
grafos sirven de tei,tigos Y hacen prue~a. las máqui·
¡Pobre Verdad! Solo en la buena fe e
nas puedes confiar:
M. R. I.

L dicha no necesita grandes espacios, á veces

:~.t

: caber en el compartimiento acolchonado
expresa. Si no queréis llamarle dicha, conId en que es algo que se le parece, el placer
"den
de veinte
e ce ntemplar á una bella desconocida
á
.
.
aloa, seria, rubia, dulce y a1tiva un tiempo,
aeompaftada por una mamá bonachona y res~eiable-. El corazón se alegra, y, no h~y remedio,
108 sentimos tentados de trabar amistad con la
Jfiida joven.
Tal era el caso en que se veía Mauricio Girard
81 el trayecto de París al delicioso lugarejo de
las Ardeoas, término de su viaje, contra el cual
habfa prote,tado en su interior, porque i~ter~~mpfa BU farniente de solter~ y porque no JUst1!1caban tanta molestia co~o .1 ba á tomarJe, los. mt J·
reses aleatorios que sol1c1tabm su presencia en
aquel pneblo. Iba tlll vez á recibir una herencia
Ó, •.. . A volverse como fué. . . ,
.
-,Para qué diablos me escrib1na ese notario?
Yo n~da tengo que esperar de la sucesión del tío
FJorot ... ,. •
La carta de 1.0aese Boubert, notario de Sancy,
era evasiva como lo exigía la decencia y tan po•
oo p·ecisa como tentadora. Decía así:
cSeftor: T engo el honor de comunicar á usted,
que habiendo f,dlecido su pariente el sefl.or l!'lo•
rot. el martes 15 del corriente, se romperán los
1eilos puestos en los muebles.
cComo pariente del difunto, se invita á usted
para que asista á dicha diligencia. que se efec•
'1lará en presencia del juez de paz y de los otro1:1
parientes y en interés de los derechos personales
de U8ted y bajo la reserva dtl testamento que podrfa encontrarse entre los papeles del difunto
hasta hoy intestado.

Mauricio una admiración íntima, callada. Y la mirada azul, luminosa y altiva de la joven, que sorprendió furtivamente el observador, lo pPI'turbó
de tal modo,que ya no pudo reconocerse. V1toid030 y sPguro de sí mismo hasta aquel momento, se
sin tió de pronto humilde como un nifl.o, de eseu•
cia grosera é inferior, avergonzado, tímido a1.te la belleza de expresión y de alma que adi•
vinaba.
Los poetas orit&gt;ntales comparan los ojos de la
amada con el sol, y nosotros sooreímo:1 lll leer
esa hipérbole. Pero Mauricio se pregunt11 ba si no
había realmente una verdad en la metáfora declamatoria. La pura luz de vida y de pensamiento que alborea en nuestra alma, bajo unos párpa-

cSoy de usted, etc.»
El tío Florot era un sclitario, un misántropo,
eaprichoso y desconfiado, que vivía en su propie•

dad de Sancy, apartado de la sociedad y de los
pocos parientes que le quedaban. Tan completo
era BU aislamiento. que se le había olvida.o o y
llin la carta del notario no habría tenido Mauricio
noticia de su muerte.
-El pobre viejo ro habrá querido que asistiera yo A sus funerales y con mayor razón debo
creer que no pensó en mí al hacn su testamento.
Sólo en caso de intestido puedo esperar algo, la
mitad de la herencia, pues la otra mitad les toca
t DO se qu é parientes de otra rama, á los cuales
les ha de haber dejado todo si es que testó.
Estas preocupaciones de her~dero no er an tan
~andes que le robasen su tranquilidad á Mauricio, demasiado rico para pensar más de lo debí
do en una herencia que nunca había esperado.
Hás bien por deber de conciencia y para llenar
una fórmula iba á la cita del notario. Deseaba
ante todo conocer aquella región montuosa en la
que se había aislado el tío Florot, y encontrar
las huellas de la existencia del buen hombre, sin
dejar por esto de renegar contra las molestias del
viaje.
Su mal humor se disipó bien pronto por la sorpresa agradable que sintió al penetrar en el compartimiento. Al princi pio sólo fué agradable su sorpresa, pero al cabo de tres horM que duró el vi11je
Ydespués de ruúltiples observaciones, se convirtió en un verdadero descubrimiento, un descubrimieuo psicológico de otro mundo más seduc~~ q~e el conocido y antiguo; un descubrimiento
lllltórico en los anales juveniles de la existencia
de Mauricio y que prometía hacer época; un descubrimiento r evolucionario, pero que no se reve
laba como tal al principio y que no era sino
~-'!11~ª.de pequeiios descubrimientos sucesivos,
11111go1f1cantP.s en apariencia.
Al entrar en el vagón, dijo:
-¡Qué linda joven!
Primera observación, completada luego por
e•ta otra más analítica:
-Cuánta seriedad y cuánta resolución en esa
cabeza rubia!
Pero «seriedad» y · «re3olución» le parecieA Mauricio términos insignificantes, infs:i,.~rea en realidad á las cualicfa.dcs evidentes de

:n

.. ,oven.

En efecto, había en aquella mujer no sé qué
nobleza, un hermoso heroísmo que inspiraron á

dos aterciopelados, tiene á veces el poder de ilumin11r súbitamente la obscuridad de un corazón,
y tifl.e con un color maravilloso de aurora la existencia crepuscular y gris; se ve el mundo más
grande, más claro y mas alegre. como si en efecto el sol hubiese aumentado su fulgor.
Asi avanzaban las ideas de Mauricio, con velocidad de tren expreso, cuando la voz de la joven
que habló un minuto á su madre en una parada,
acabó de conmover deliciosa~ente al viajero.
-¡Eolia! exclamó el joven An su lirismo. Esa
es la palabra y no ha.y otra. 1Eolfa ! Cada sílaba
es una música, una cuerda vibrante de harpa; llega al oído, palabra á palabra, como una piedra
preciosa.
Pero se rehizo, y mientras partía de nuevo el
tren murmuró:
-¡Vamos! ¿Dónde tengo la c&gt;1leza? ¿E,t11ré
11caso en vías de enamorarme? V!lya una estupi •
dez ..... .
Pero ¿qué estupidez era aquella?
- Dios mío, se respondió maquinalmente Mauricio; vivir como yo vivo. ¿Es vivir vegerar 11sí, solo.
ó en compaitía de amigos que se ríen de uno, irá
derecha é izquierda sin objeto; llevar esta vida
de soltero, vida de oso, de inútil, de guardacantón. de araiia y de rata, como el monomaniaco
tío Florot, pudiendo ser feliz completamente?
El hecho es que sin buscar el por qué, desde
que vió la aurora que asomaba en los ojos azules,
Ja vida que había 1:evado le pareció la ocupación
m!is trivial y menos interesante.
Un espejismo que Jo atraía, apartaba su vista
de todo lo demás. Nunca había sentido nada
igual ó comparable á la impresión que conmovió
todo su ser cuando puso los pies en el coche.
Inconsciente del tiempo q ae transcurría, se
dijo:
-Iría ·hasta el fin del mundo ..... .
El tren se detuvo y un empleado gritó:
- Sirncy.
M,rnricio sintió como si despertara á la realidad.
,
- iCómol ·¿ra IJegamos?
Era necesario bajar, dejar para siempre á aquella mujer, su ensuefl.o de un instante, el espPjismo
efímero que se desvanecía . . ... .

-¡~o! se -dijo: que rompan los sellos. Yo continúo el camino.
.Pero ias sefl.or11.s hajaron del tren.
-1Cómol ¿también ellasi'
Entonces notó quP. estaban de luto como él. Ya
ha bfa salido del cuch ,, y recordando de pronto,
avanzó hacia ellas.
-Perdóneme usted, sefl.0ra, dijo, saludando á
la madre; si me permito dirigirle la palabra, es
pcrQue nuestra llt'gt1da bimultánea á este lugar
me h ~ce auponer que 110s rt une la misma circunst11ncia ...... ¿Tengo el honor de hablar con Ma'.i.
Delize?
-Madame Delize. siiior, pqra servir á usted.
-P,.,rmic11mP u,ted qutl A mi vez me presente:
l\Iauricio Girard.
- Sobrino nieto del seflor Florot, de
quien soy prima hermana. Casi somos
parientes, sefl.or, dijo amablemente la
1:1nciana.
En eso se acercó un mozo:
-El notario ·b izo prep11rar aloji•
miento en la casa del sefl.or FJorot.
Aquí está U!l coche.
Madame Ddize subió a él con su
h ij {.
-r.No viene usted á la cas11, sellor?
-Dispénseme ueted, dijo Mauricio,
prefiero ir á la fonda. Hasta maiiana se
practicará la diligencia; pero recibiré
·uo gran honor si me permiten ustedes
que vaya es1a noche á presentarles
mis res petos.
-Con gusto, sefl.or.
El co. he caminaba ya y Mauricio ~e
quedó en la carretera, con la maleta
en la m11no, sin volver en Eí de su asombro todavía.
-¡V1:1mob! se dijo; acaso la Providercia anda en el asunto.
Ya comenzaba á interesarle la herencia del tío Florct, y viendo en derredor el
c11mpo y los bosoues iluminados por la luz cruda
del med10 día, le pareció aquel lugar el más bello del mundo.
*
* *
Si para Mauricio fué el viaje de Sancy una obligació n penosa 1t! principio, y luego una de las
más deliciosas expediciones de descubrimiento
en los mágicos países del ensuefl.o, aunque de
importancia muy secundaria desda el punto de
vista de la perspectiva aleatoria ele la herencia
no era lo mismo para sus dos compafl.eras de cu:
che.
Mildame Delize y su bija tenían, por el contrario, u11 ioteré3 muy- vivo en la sucesión y esperaban con ansia, valerosamen te disimulada la
diligencia de ruptura de los sellos qúe iba á decidir de su suerte.
Viuda de un antiguo oficial de marina, la madre de la j oven ac-t baba de perder su fortuna en
una serie de operaciones desgraciadas. Las dos
mu¡eMs, Y. sobre todo. la madre, tenían graves
prciocupac1ones. Perdida en el desastre financiero la dote de Georgina, Mad. Delize veía á su hija nifl.a encantadora, de carácter noble y con todlls las t-legancb.s d3 una educación distinguida
expuesta á las mil penalidades de nn porveni~
mediocre y sin recunos. T ,d era la situación de
ltts dos mujeres que G ~orgina con la energía de
su alma valerosa, había resuelto expatriarse y
estab.t ya en arreglos para contratarse como instill~triz .de .una rica f , 1:llilia. americana. Más que
la 10fer,onp.ad de su s1tuac1ón precaria las atormentaba la amargura de la separación. Estaban
don.inadas por esa angustia de las resoluciot1es
desesperadas, cuando recibieron la carta del notario con la noticia de la muerte del tío FJorot y
la esperanza de una herencia que vendría á rehacer su eituación en el momento supremo.
Como Florot siempre había mantenido re1aciones amisto3as con ellas y aun llegó á manifestar
seotim;en~os patern~les h~cia Georgina, hasta
qu.e la vrJ•z 1? volvió definitivamente hipocondr.aco y retra1do, las dos sefl.oras creían tener
ciertos derechos á la herencia. Si el tío no ¡:ensó
en mejorará Georgina, por lo menos era de supo •
nerse que no hizo testamento Dd ese modo h e-

�162

redaba" la mitad de Joq bienes. lo que las i:alvaría, según la frase de Mad. Delize, sin perjuicio
para nadie.
Desheredadas, volvería á presentarse la cruel
necesidad de la separación de Georgin11 .... De
ahí la emoción que las angustiaba, no obstante
la resignación que se h 1bían impuesto de antemano para el caso de un desengailo.
Al día sigui ~nte se reunieron con Mauricio y el notario en presencia del juez de paz pllraabrir los ca·
jones de los mnebles del tío Florot, de los que iba
á salir para ellas como de un ánfora de lote1 ía,
la felicidad ó la dese-racia, escrita en un pedazo
de papel por la mano caprichosa de un anciano.
A pesar do sus preocupacic,nes, no pudieron
contener una sonrisa cuando se acercó á ellas
Mauricio cada vez más contento de ver á la joven
y con una vivacidad templada por el respeto
que Jo hacía tímido en preseucia de ella.
La víspera habló algunos minutos con la ma•
dril y la hija en el jardín del tío Florot, ante el
magníftco horizonte de colinas boscosas que ro•
dean la propiedad y en las que el sol ponient,
tendía largas sombras maje~tuosa!'; en la intimi•
dad breve y deliciosa de su presencia, de su voz
y (le su mirada, el entusiasmo jo"en y viril de
Mauricio iba en aumento hRsta el punto de t0mar
el partido deliberado de reconocerse defü;itivaIDf'nte enamorado.
Cuando se encontró de nuevo jnnto á Georgi·
na su vemura era. tan grande que ya no sabía á
lo qne iba ni qué era lo que htcia el notario, chiquitín, gordinflón y jovial, ni el juez de paz, alto,
seco, taciturno y solemnemente envuelto en una
levita negra. Bien poco significaba la herencia
del tío Florot para Mauricio, nada mejor dicho,
pues todos loe bienes de la tierra eran polvo dP.s•
preciable, comparados con los tesoros de belleza
y juventud de Georgina.
En nada ni en nadie paró mientes y se absorbió ei:. la contemplación asidus. de la joven sen•
tada con su madre cerca de una mesa en la que
se iban amontonando los papeles A medida que
el juez y el notario los sacaban de los muebles.
Ya se había prolongado mucho aquella operación, seguida con el ansia que es de suponerse
y que ocultaban bajo apariencias de tranquili !ad
las dos mujeres. Todos los papeles habían sido
examinados y en ninguno de ellos se encontró el
testamento.
-Ya lo suponía, dijo maese Boubert. En mi
concepto no hay testamento.
-Bueno, agregó Mauricio, sin saber lo que
decía.

Madame Delize y su hi:ja se sentían más tranquilas ya, cuando al vaciar un cajón cayó un
pliego muy grueso sobre la mesa.

EL MUNDO.

-¡Vl\yal ¡Vaya! dijo Maes~
BoubPrt. calándose las gafas; s1
habré hablado antes de tiempv .. ,.
Con grave lentitud abrió el sobre. Era, en efecto, un testamento muy corto, p1:ro decisivo.
Sancy, .... de Junio de 18~...
.. sano de cuerpu y de e~píntu
escribo aquí mi testllmPnto.
«Instituyo al senor M mricio
Girard, sobrino nieto mio, legatario universal de todos mi&amp; bie1aes .... &gt;
Maese Boubert se volvió áMauricio:
-Usted es el heredero, seflor.
-¿Cómo? exclamó Mauricio
que apenas había oído; supongo
que yo no soy el único hereder?·
-No, señor; usted es legatario
universal.
-¿No hay otros legados, algunas cláusulas?
-Nada.
-Es imposible.
Avergonzado des~ vent~j~ involuntaria, aunque s10 ad1vmar
toda la crueldad del golpe secreto que recibían las dos desgraciadas mujeres, dirigió una
mirada de excusa á Mad. DeJiz.,
y á su hija.Aquella estaba pálida,
próxima á desfallecer, pero al
pronto se repuso. Georgina no
hizo un so!J movimi1mto que alterara el tinte purísimo de su
cara,
-Ei incomprensible, re¡,itió Mauricio, verdader11mente contrariado. Mi tío me conocía. muy
poco y ya me había olvidado. Acaso ustedes se
engafl.an; debe haber otra cosa.
-Puede haber otro testamento, pero no hay
naiia escrito sobre este.
Bus1.:aron, pero los otr os papele'! eran insignificantes.
-Es claro, concluyó el juez de paz. Todo lo
hemos examinado, y hasta h'lV no se ha depositado otro testamento en la oficina de ningún no,
tario; usted e~ el único heredero.

Ya ee habían levantado Madame Delize y su
hij-1,
-¿Se van utitedes? preguntó Mauricio desolado.
Madame Delize pudo l!Onreír.
-Tenemos prisa y volveremos por el primer
tren. T,o dejamos A usted en su casa.
-¡En mi casa! exclamó Mauricio. Pero si yo
no quiero esta herencia, renuncio al testamento,
n0 11cepto sino mi parte legítima.
M11dame De!ize se volvió:
- E~ usted muy bueno. seilor; pero no podemos aceptar en esas condiciones. Los bienes pasarán al Eitado.
Mauricio estaba cada vez más abatido; se representaba A sí mismo ·como un monstruo de
egoísmo, como un acitparador. Si el notario
no lo hubiese impedido, habría roto el maldito
testamento.
- Vaya una tontería del tío Florot, dijo, una
vez que las dos damas hubieron salido. Darme todo8 sus bienes, cuando tenía una sobrinita tan
linda, tan adorable, tan ..... .
Al v~r el entusiasmo del joven, m'lese Boubert
se sonrió malieiosamente.
-Vamos, dijo con su vocecilla clara; todo puede arreglarse todavía. ¿Quién sabe? Y vale la pena porque mucho me temo que esta decepción
sea un verdadero desastre para esas sen.oras.
-¿Cómo es eso? preguntó con inquietud Mauricio.
Dadas las buenas disposiciones de Mauricio,
maese Boubert no creyó conveniente ocultar la
verdad y en dos palabras Jo puso al corriente de
todo.
Mauricio ya no pudo contenerse mh y dejan•
do al notario y a.l juez con el testamento se lanZ? en busca de Madame Delize. ¡No, no aceptana! Cnando creyó que sólo era una vejación de
heredeu se apenó; pero era algo mh, ¡era la ruina de aquella pobre anciana y de su hijlll y se
juzgaba á sí mismo como un ladrón, como un bandido digno de execración s1 aceptaba una herencia que para él, rico y enamorado no era nada
y para Georgina era la fortuna, el'porvenir, una

oomlJlgO 3 de Septiembre de 1899,

Domingo 3 de Septiembre de 1891
vida feliz, al lado de su madre. No conaenttrfa
en esa monstruosidad Y obligaría A Madame DeJize A aceptar su parte legítima.
Ya iban A subir al coche cuando llegó Manrloto
como un loco.
-¡Sefl.oral ¡señora! gritó.
.Madr.me Detze lo miraba sorprendida,
-¿Qué desea usted, sefl.or?
G,mrgina bacfa los mismos preparativos, aUq.
ciosa y tranquila.
-¿Qué desea usted, seilor, repitió Mad, Dellae
ya molesta.
Mauricio se cortó, avergonzado de sí mismo de
su impulso, de su actitud; se creyó indiscr~to
importuno, y no sabía qué hacer ni qné decir:
Comprendió todo lo que había de humillante 8ll
su insistencia. No teuia el derecho de tocar Ja
desgracia oculta de Mad. Delize por dolieada.
mente que lo hiciese. Ante la 1&lt;ltivez sombrfa 1
cerrada de las dos mujeres se sintió lleno de 1'6mordimientos. Se sonrojó y se inclinó.
-Seil.ora, perdóneme usted: sólo deseaba 11•
ludar á ustedes por última vez y presentarles 11111
respetos antes de su partida.
.
- Es usted muy am!lble y le agradecemos q
atención.
Georgina inclinó ligeramente la cabeza y Ha•
ricio saludó con una profunda inclinación,
Cuando el coche se alejó, perdido entre una
nube de polvo, Mauricio se quedó, triste primero; pero animado por una idea corrió en buoa
de maese Boubert. ¡A.diós! sí, pero no para eiempre. Maese Boubert sabía las seil.as de la cua
de Mad. Dclize y Mauricio concibió un plan que
no sólo le sirvió de consuelo sino qne exaltó•
espíritu á un grado de entusiasmo que ditfoll•
mente pedía contener. Como dijo maese Boubel1
todo podía arreglarse. Había en efecto un medio
deque heredaran al mismo tiempoGeorgina y 61.
¿Cómo no pensó en eso desde antesi' Porque Maa•
ricio lo que pretendía era no heredar sólo, como
avaro, como egoísta y soltero.

EL MUNDO

'llll fórmula de cortesía; la sdiorita De-

lile DO me quiere, es evidente
_Serfa muy tonta, objetó Mad, Carlier No tiene dote.
·
_:No todo lo hace el dinero, dijo Mau-

ri~~
.
En efecto, en la segunda entrevista,
)(ad, Delize manifestó categóricamente
,que no se aceptaban las proposiciones
-de J(auricio. La fortuna que é,te poseía
DO era uno de los menores obstáculos
que ae oponían A la unión deseada, En su
orgullo de sensitiva la seilorita Delize
nbmaba un matrimonio desproporciona1lo y al que daban las circunstancias cier.
to aepecto de compensación que estaba
muy lejos de la intención real de Mauri-cio pero que no por eso dejllba de ser
ad, La seliorita Delize tenía su plan determinado, ir A América.
Cuando volvió la tía de Mauricio y le
dló cuenta de su misión, llegó un tele•
,grama del notario. Decfa así:
«Segundo testamento depositado en estudio de notario en París• .A.nula el anterior éinstituye legataria seilorita Delize. »
Era en efecto un teStlimento hecho por
-volubilidad de anciano en la primera no1aria que encontró al paso durante un
viaje AParís.
Poco le importaba á Mauricio el cómo
y el por qué de aquello. Lleno de conlfianza en su suerte, ni aun permitió A su
1fa que tomase aliento.

163

-Tienes puesto el sombrero. Vete en una
Mrrera, y sí sólo tenían un escrúpulo de
dignidad, diles que ya todo cambió; dirA.
quP si ... .
Mad. Carli~r partió de nuevo para volver á la media hora.
¿Q11é sucedió? preguntó con ansia
Mauricio.
-Mad. Delize recibió un telegrama
igual.
-Ya lo supongo; pero ... .
- Va A e0nsultar de nuevo con su hija.
-1,Y no podía hacerlo desde luego?
-Qué prisa, hijo mío. Esas cosas no
se hacen á la carrera.
-1,Nada podré saber entonces?
-Nada preciso, pero la afab ilidad de
Mad. D~Iiz:i y su benevolencia dan á entender que no está mal dispuesta.
Mauricio se arrojó A los brazos de su
tía,
••••

1

••••

•

••••••••••••••

•

••

•

••••••••

Algunos días de3pUé3 Mauricio fué autorizado A presentarse como novio oficial
en la casa de Georgína,-una Georgiaa
nueva, cuya belleza se dulcificaba y se
hacía mt\s seductora, A medida que la felicidad de su situación pre~ente dejaban
libre curso á la ternura de su alma virginal.
HENRY FEVRE,

LA BOHEMIA DE MURGER.

***
En su impaciencia y temeroso de que Mad.
Delize y Georgina tomlisen resoluciones extra•
mas, á los pocos días de su regreso á Paría, eovt6
A su tia Mad. Carlier para que pidiese en su DOlll•
bre la mano de Geo:-gina.
-Hazle comprender á Mad. Delize que amo A
su hija, que estoy loco por ella desde que la 'ff,
cuán grande sería mi orgnllo si ella consintic,ra 1
mi pena si. ..... Porque ¿quién sabe si no me
quiere? Mauricio se quedó lleno de inquietud, liR
poder comprender cómo la bella, la noble, la a;
quisita Georgina podía aceptar A un bárbaro ele
su especie ....
· l\fad. Carlier trajo una respuesta evasiva¡ Jhd.
Delize había e&amp;tado muy fría, pero nada dijo 1
ofreció comunicar el asunto A su bija.
- Se acabó, dijo Mauricio desesperado. Eso•

Tendrfa yo diez y ocho aftos cuando conocí A ustedes IQ noche juntos; está en la prevención y
ptraonaje bastante singular, que shora, á dis- reclama á usted como fiador,
tancia, se me aparece cumo la viviente encarna- El sefl.or Des roches .... ¡ah, sí! ... . perfecta'Clón de un mundv aparte, de lenguaje especial, mente. Bueno, pnes si me reclama como fiador ...
-de costumbres extrailas, mundo que hoy ha des- ¡que lo suelten!
- Usted perdone, pero hay que
p11gar un franco y cincuenta céntimos.
-¿Por qué?
-Es la costumbre.
Di el dinero El del frac ne. • gro se marchó y yo me quf'dé
sentado en la cama, medio dormido
y me daba bien cuenta de las aventuras extrailas A consecuencia de
las cuales me encontraba yo obligado - nuevo hermano de la Merced
- á rescatar, mediante un franco
cincuenta céntimos, á un redact0r del P lgaro, no de las garrns de
los turcos, sino de la~ de la policía,
-aparecido Y casi está. o! vida l\1is reflexiones no dutaron mudo, pero que tuvo grande imcho. Cinco minutos después, Desportancia durante algún ti"mroches, libertado de sus cadenas, se
'PO en .el París del Imperio.
presPntaba, sonriendo, en mi cuarto:
lle refiero á esa partida g:ta.
- Mil perdones, querido colegP,
na, soldados irregulares del
de todo ello tienen la culpa Las
sublevados de la filosouvas ·moscateles . . . . . . sí, Las uvas
fa Yde las letras, fantaseado..
moscateles. mi primer artículo pur~ie todas las fantasías, que acampa b,q, trente blicado ayer por el Fígaro.
~ ouvre Y al Instituto, y á la cual partida En• ¡Malditas uvas moscateles!
IUqueMurger, embelleciendo y poetizando=un poco Ya comprenderá usted que
reeiuerdo, ha celebrado con el nombre 1de «Bo- al cobrar. . . . como era el
bem
a.»
•
primer dinero que cobraD Designaremos al personaje con el nombre de ba .. .. se me subió A la ca- ,
~oches.. Le había yo conocido en un biile del beza . ... .. Cuando nos se• ;
. 'ter O Latino, con unos amigos, cierta noche de paramos de u ,ted corretea
la
¡olví muy tarde A casa,-mi cuutlto de mos todo el b,q,rrio ... . al
1lía 1 8 e Tornon-y dormía como un lirón al fin. . . . se turb.rn mis re
, 1~ g~ente P~r la maliana, cuando se presentó cuerdod . . .. pero teago la
1raee!t;s te mi camaun caballero,defrac negro, sensación vagn de un pun- \
procur ec O Y de ese negro raro que sólo solían tapié recibido en cierta par
-V:rse los pofü:ontes y los enterradores.
te ... . Luego me eucontré {
_ E¡"go de Parte·del seilor Desroches.
sin saber cómo .. .. en J .
•dije O fsefl.or Desroclres? ¿Qué seft.or Desroches? prevención. . . . unli noclrc: \
dos
rotándome los ojos, porque mis recuer- deliciosa: Primero me me'IIIUeh&amp;quella mafiana se obstinaban en despertar tieron en un sótano... . . un
~'8 tarde que mi persona.
aguj&lt;.' ro n.-gro que huele
1
ebr Desroches, del Ftgaro¡ han pasado rulil ... . ; pero hice reirá L.&gt;
'11D

.;ne,

:..~r
t

_¡

seilores agentes .... y tuvieron la bondad de llevarme con ellos al cuerpo de guardia ..... charla•
mos ..... jugamos A las cartas..... me hicieron
que les leyera Las uvas m oscateles . . . .... ¡qué
éxito! .. .. ¡Qué buen gusto tienen los guardias

municipales!. . ..

¡Juzgad de mi asombro y del efecto producido
en mi cándida y provinciana juventud por la revelación de esas extravagantes costumbres lite•
rariasl Y el colega que de tal suerte me contaba
sus aventuras, era un hombrecillo rechoncho. cepillado, afeitado, que demcstraba modales muy
corteses y cuyos botines blancos y levita de corte burgués hacían el más perfecto contraste con
los endiablados gestos y las muecas de su cara
de borrachín, Me asombraba y me asustaba· y
como evidentemente lo conocía él, se complacía en exagerar. en obsequio mío, el cinismo de
sus paradojas.
-Me es usted simpático, me dijo al despP.dirse;
vaya usted A verme el domingo que viene por la
tarde .. .. Vivo en un rinconcillo delicioso, cerca
del castillo de las niebli.s, en los terreros, por la
parte que mira á Saint-Ouen .... ya sabrá usted
la viila de G11rardo de Nerval.. .. Lo presentaré A
usted á mi mujer, que vQle la pena .. .. Precisamente acabo de recibir un barril de vino bueno¡
beberemos en tazas, como hacen los comerciantPs ricos en Bf'r&lt;•y, y dormirPmos en la cueva....

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.
164

Además, un amigo mío, un dominico exclaustra•
do irA á leerme un drama en cioco actos. Lo oirá
usted· asunto magnifico; al1i se viola A todo el
mundo. Está convenido. La vifta de Gerardo de
Ntirval· no olvide usted las senas.
Tod¿ lo que me había prometido Desroches se
cumplió. Bebimos vino de lo lindo y por la no~h~
el supuesto dominico nos leyó el drama. Don,101•
co 6 no l era un bretón alto, buen mozo, sober·

b:o, de 1rnchos hombros, cortados p1Ha vestir PI
hábito, con algo de predicador en la redondfZ
de la voz en el ademán y en el gesto. Luego ha
sabido h¡cerse un nombre en la literatura.
Su drama no me asombró. Pero hay que ?rl
vertir que después de pasar una tarde en la v1fh
de Gerardo de Nerval, en lo que Desroches lla ·
mab&lt;1. su casa, no es fácil asombr~rse por nad&gt;&lt;.
Antes de subirá 1 0s terreros ..¡mse yo vclver
á leer Jao: p:lginas exquisitas que Gerardo, el aman·
te de Silvia. consagra. en sus Paseos y recuer~os
á la descripción de aquella pendiente septentno ·
nal de Montmartre, pedazo de campo e1 cerrarlo
en París, y por lo mismo más precioso y querido.
«Quédannos unos cnantos ribazos cerra.dos po_r
espesos vallados verdes, decorado_s por los esp1 ·
nos, con sus florecillas color de v10let11 .. .. _Hay
en ellos molinos, ventorrillos y tabernas, ehseos
campestres y calJPjuelas silenciosas .... . . Hay
hasta una vifta., la última del céli-bre puro Montmartre, que competía en tiempo de los romanos

Domingo 3 de Septiembre de 1899. _

EL MUNDO.

rra con rayas encarna~as
echada á la oreja, y el lát1~0
metido en la correa de la ern•
tura.
-El sefior A1 fonso Dau•
det .. . . . . La seftora Ddsroche• ... .
Porque aquel monstruo ~r~
realmente su mujer, su legi· 1 ·
maesposa, siempre vestida con
aqueltraje quele agradaba
y que en verdad sentaba á las mil mar11villas á su cara Y á
su voz. Fum&lt;i ba, escupía, jura•
ba tenía todos los vicios del
ho:nbre, dirigía su casa á latigazos, empezando por su I,Da·
rido que estabacompletamente domado. y siguiendo por
dos chiMs f[&gt;1cuchas .... ¡sus
hijas! de 11specto extrafto. Y
hvmbruno, cuyos trece y qu~nce anos, maduros prematuramente, y ya en sazón, prometían que se parecnían ~ su
seflora madre cuando tuviesen
los cuarenta. que ésta contaba.
Verdaderamente valía la pena de cc:,nocer aquella

enrojecidoci, la barba rala, indicios de la medillna san"'re p11.risiense.
Viví; en Marlotte, P.erca del bosque de Fontaf.
nebleau; siempre con la escopeta al hom?re, haciendo como que iba de caza. pero en rigor corriendo en busca de la salud, más que en buaea
de perdicPs y conejos.
.
Su residencia en el pueblo hab1a llevado allí
toda una colonia parisiense, hombres y mujeres,
flores de betún y c!e café que produc_ían un efecto singular deb11jo de las vetmtasencmas de Fontainebleau. Marlotte se resiente todavía de aque111111 visitas.
Diez años después de la muerte de Murger,que murió como es sabido, en el hospital Duboat
'
-estuve allí con
'
unos amigos en casa de la tía Anto•
ny, una taberna célebre. U n hombre
del campo, viejo,
bebía allí á nuestr&amp;
lado; ur. campesino
J como los de Balzac,
negro y curtido.
Una vieja harapienta. fué á buscarlo,
con la cabeza cubierta con un pa•
ftuelo encarnado. Le llamó tragón, borracho; él
quiso hacer que se la llevaran presa.
-Su mujer de usted no tiene el genio suave,
dijo uno cuatdo la vieja se hubo marchado.
. -No es mi mujer es mi querida, contestó el
campeBino.
¡Pero había que oír el tono con que lo dijot

c11i;e·s·r~~b~F, era, sin embargo. hijo de un _rico
comerciante de París. fabricante de joyas si _no
me equivoco. Su oadre Je había echad? varias
veces su maldición y le pasaba un reducido suel•
do. No escasean tn Frimcia ejemp~os de esos lo
cos de atar especie de azotes de Dios que se presentan de pronto en las familias para turbar la
tranquilidad del hogar y para hacer circular más
que de prisa las monedas de oro ahorradas ~~­
rante mucho tiempo; en una palabra, para castigar á la burguesía en su propio egoísmo.
He conocido más de un pato de esos, encubado por gallinas, que apenas h,¡, podido comer
solo se ha marchado á la laguna. La laguna, el
pan{ano mejor dicho, es la literatura, son l~s l~tras, la profesión abierta á todo el mundo srn tl·
tul0a y diplomlls.
,
.
.
.
Desroches, al salir del colegio, se ~ab1a metido
en el arte en todas las artes. Hab1a empezado
por la pin{ura, y el paso por los estudios de aquel
cínico muchacho, frío, regular, abrochado, que
conservaba aún, en medio de las m!\s dese_afre•
nadas francachelas y calaveradas, el sell? mdeleble Ja marca de fábrica del burgués, fue desde
anto~ces ]pgendario. La pintur_a lo rech~zó Y
entt nces Desroches la emprendió con la literatura. Acab&gt;1ba de escribir Las ·uvas moscatelestal vPZ inspirado por su vifla-¡un artícu.o de
cien líneas! En vano procuró después hacer otro;
jamás volvió á estar de veua, y llegó á los c~arenta aflos, y sus obras completas se compusieron de Las itvas moscateles.
.
con el vino de Argenteuil y de Suresnes. Tod"s
La conversación, las salidas de tono del amigo
los anos ese humilde ribazo pierde una línea de Desroches rue diver'.ían; pero su casa no me ~us•
sus cepas. que van á parar á Jo hondo de una taba. No volveré nunca á Montmartre, pero si pacantera. Hace diez :-iños lo hubiera podido ad- saba el rio algunas noches para irá verlo al café
quirir al precio de diez mil frnncos . . .. . •Y hu• de la calle de los Mártires.
biera hecho en la vifta un edificio muy llgero;
El cafetín de los Mártires, tan tranquilo ahora,
un bonito hotelito imitando los Pdificios de Pom• en el cual juegan á las damas los tendero_s de l~
peya, con una cisterna y una cella ... . . •"
calli&gt; representaba entonces una potencia en 11En el Jugar de aquel ensueftogriego de un p~e- tera(ura. El CRfetín daba diplomas; se era céleta era donde vivía mi amigo Desroches. Alhbre por el cafetín y en medio del gran _silencio
¡oh espantosa antítesis!-á la luz de la luna, b11jo del Imperio, París volvía la cabeza al ruido que
un cenador cubierto de saucos en flor, en donde metían todas las noches ochenta ó cien mucha•
se oía el ruido producido por el vuelo de las abe· chos, mientras fumaban sus pipas Y tebí_,m
jas, me presentó á un monstruo andrógino en trai sus jarros de cerveza. Se les llamaba Bohemios
je de carretero: blusa azul, calzones de pana, go· v no se enfadablll. El Fígaro, el de entonces, pe·
riódico no político que se publicaba una_vez po_r
semana, era casi siempre el 'lUe les servia de tribuna.
.
Había que ver el cafetín-y decimos el caf~tm
á secas como los romanos decían la ciudad cuando habÍaban de Rom11; - había qae ver el cafetín
á eso de las once de la noche, ensordecido por la
bat11hola de todas aquellas voces y envuelto enel
humo de todas aquellas pipas.
¡Murger peroraba en la mesa del cent~o! Murger, el Hómero d ... aquel mundo des_cub1erto por
él, y que ha sido sonrosado y poetizado por la
fantasía.
Condecorado y Y"' célebre, cuando publicaba
sus novelas en la Revista de Ambos Mundos, no
dejaba de asistir al cafetín para refrescarse como
é l decí.J. y para recibir los homen11jes de aquellos
buenos muchachos que él había des,:rito. Me lo
ensei:laron:: una cabeza aplastada y triste, los ojos

Evidentemente aquel viejo conocía

á

marcial que envidiaría un capitán, estaba A su
lado, imitandv su voz, copiando sus gestos, Fernando Desnoyers, un original que escribió B1·azo
Negro, pafüomima en verso. Al otro lado de la
mesa discutía uno con Dnpont; era Reyer, nervioso, rabioso, que tomaba nota de los aires improvisados por el poeta; Reyer, el futuro autor de
La Estatita, de Sigit1·d y de otras obras bellísimas,
¡Cuántos recuerdos evoca en mí el nombre sólo del catetínl ¡Cuántas fisonomías ví allí por primera vez envueltas por el humo y al reflejo de
Jos vasos de cerveza!
Citemos algunos al azar, entre los mnctísimos
que han desaparecido y entre los pocos que sobreviven. Ahí tenéis á Monselet, prosista delicado, buen poeta; sor.riente, gordinflón, co:.:. pelo risado, el seiior de Cupidon parece un galanteador
abate del antiguo régimen; sin querer se busca
sobre sus hombros la esclavinilla corta, flotando
al aire como un par de alas.
Champfleury, por entonces jefe de escuela, pa•
dre del realismo, el cual confundía en el mismo
farioso amor la música de W agner, las porcelanas antiguas y la pantomima.
Al tin las porcelanas pudieron más: Champ•
fleury ha visto colmados sus dPseos, porque es
hoy consE1rvador del Museo cerámico de Sevres.
Alli estaba Castagnary, con chaleco de grandes solapas, á Jo Robespierre, cortado del terciopelo de un sillón viejo. Primer pasante en casa
de un procurador, se había escapado del bufete
para venir á recitar los Castigos, de Víctor Rugo,
con todo el sabor de fruta prohibida. Lo rodean,
Jo aclaman, pero se va en busca de Courbet; necesita A Courbet; necesita hablllr con Conrbet so•
bre su Filosofia del ai·te en el salón de 1867. Sin re•
nunciar al arte y sin dej11.r de escribir cou elegante estilo páginas notables sobre nuestros sa·lonea anuales, aquel muchacho simpático, siem•
pre con su burlona sonrisa en los labios, medio
ocultos por sus bigotes caídos, se ha ido metien•

Murger y i

sus amigos, y hacía la vida de bohemio á sumanera.
Pero volvamos al cafdtín. A medida que ü
ojos iban acostumbrándose al picorcillo dtl humo, veía yo ir saliendo por la derecha y por la
izquierda, en la densa niebla que nos rodeaba,
una porción de cabezas famosas.
·
Cada hombre tenía su mesa, que venía á sere)
núcleo, el centro de toda una legión de admira,
dores.
Pedro Dupont, vit·jo de cuarenta y cinco all.011
grueso y encorvado, con sus hermosos ojos d&amp;
buey de labor, apenas visibles bajo sus pesadoa
párpados, trataba, con los codos apoyados en l&amp;
mesa, de cantar alguna de aqu ellas canciones políticas ó rústicas de hermoso ritmo y palpitan•
tes de los bellísimos ensueftos del 48, en l11s cu•
les resonaban los mil ruidos de los oficios de la
Cruz Roja, embalsamados por los mil perfam•
de los valle&amp; lioneses. Ya no tenía voz, destruida
por el alcohol, parecía un ronquido.
- ¡Necesitas el campo, pobre Pedro! le decfa
Gustavo Mathieu, el autor de L os Buenos Vil&amp;Oli
de El Gallv Gafo y de Las Golond1·inas.
De buena cepa de burgués auverné3, éstehabfa
navegado en su juventud y conservaba de BU
viaj es una gran afición á los aires puros y A }08,
vastos horizontes. Los encontrnba al rededor de
su casita de Bois-Je Roi, y no asistía al café Jml
que para pasar por él, encorvado, sonriente, coa
aspecto de Enrique IV, y en todo tiempo con D
ramito de flores del campo en el ojal.
Dupont ha muerto en Lyon, en aquella negra
ciudad industrial, pobremente.
Sano y seco como un sarmiento, le ha sobre,
vivido mucho tiempo Mathieu. Hace muy P~
aftos que, después de una corta enfermedad, •
amigos le condujeron al cementerio de BoiJ.leRoi, cementerio separado por una simple barU
de los campos, verdadero cementerio de poe&amp;lt
donde se descansa sobre las rosas y A la sombnii
de las encinas.
El primer dfa que vi á. Gustavo
muchachote alto, colorado, flaco,

EL MUNDO.

biando licores ingleses en compaiiía de Constantino Guys, el dibujante, ó del editor Malassis.
Aquel era un editor como no los hav hombre
de talento y literato, gastaba á Jo prí~cipe una
bonita fortuna, editando obrac; de gentes que Je
agradaban. También ha muerto; murió sonriendo, casi sin dinero, pero sin quejarse. Y me &amp;iento emocionado siempre que me acuerdo de aquella cabeza trapa'cera y pálida, alargada por las
dos puntas &lt;le una barba roja que le daba aspecto de M:tfistófeles del tiempo de los Valois.
Alfonso Duchesne y Delvau se me aparecen
también en un rincón del cafotín. ¡Otros dos!
¡Destrno extraiio en esa generación agostada en
flor, en la cual nadie pasa de los cuarenta aftos!
Delvau, parisiense, enamorado de París, lo admiraba por sus flores, amaba hasta sua defectos
sus libritos, muy cuidados y llenos de hechos
pequeños y de observaciones pintorescas, han
llegado á. ser el regalo de las gentes de buen gusto y la alegría de los bibliófilos. Alfonso Duchesne, famoso entonces por su gran disputa con
Francisco Sarcey, el cual, enarbolando el pabe•
llón de los arreglados enfrente de la bandera de
los Bohemios, acababa de hacer sus primeras armas en literatura, publicando un artículo de ba•
t_a lla: L os melancólicos de café.
En el cafetín era donde Alfonso Duchesne y
Delvau escribían sus Oa1·tas de Jitnius, las cua-

les eran ll~vadas Ala redacción del Figa1•0 toau

.v '

do poco á. poco en la política. Concejal, luego direc!or del Siecle, hoy consejero. de Estado, ya no
recita versos ni lleva chalecos de terciopelo
grana.
Allí estaba Carlos Baudelaire, un gran poeta
~tormentado en el arte por la necesidad de lo
Inexp~orado, y en filosofía por el terror de lo des•
conocido. Víctor Rugo ha dicho de él que ha in~entado un estremecimiento nuevo. Y, en ef~cto,
d~ hecho habl11r como él al alma de las cosas; nar le ha traí~o de más lejos esas flores del mal.
esplandec1entes y extrafias como flores tropica1es_que CNcen hinchadas de veneno en las mís:1osa11 pr?fundidades del alma humana. Pacien•
f do Y delicado artista, muy preocupado de la
Y del vocablo, Baudelaire, porunacruelirosuª· e la suerte, 111 muerto afásico, oonservando
t ttelig~ncia, como lo espresaban dolorosamen•
t; as queJas de sus negros ojos, pero sin enconlD~ Ya para traducir sus pensamientos, sino el
18 0
Juramento confuso, repetido mecánica•
01811~
c e. Correcto y frío, de ingenio que cortaba
e1rac~o inglés, de una cortesía paradógica.,
ca etrn asombraba á sus compafteros be•

n~ª•:

e:~r

las semanas por un emisario misterioso, y que
traían vuelto fl juicio á todo París. Villemessant
ya no jnraba más que por aquel Junius misterioso. Evidentemen!e era un personaje. Todo lo indicaba así: el corte de las cartas, el tono burlón
y caballeresco, cierto perfume de nobleza y de
barrio aristocrático. Así es que hubo verdadero
furor cuando cayó la m!\scara y cuando se supo
que aquellas páginas aristocráticas estaban escritas á vuela p'.uma por dos bohemios llenos de
necesidad en la mesa de una taberna. 1Pobre
Delvau! 1Pobre Duchesnei Villemessant no les
perdonó nunca.
Prescindo de muchos, porque se necesitaría todo un lihro para ir describiendo et cafetín mesa
por mesa.
·
Allí había también la mesa de los pensadores:
esos no dicen nada, no escriben; piens•n. Se les
admira, se dice de ellos que son profundos como
pozos, y el hecho es que bien podía creerse que
lo eran, al verlos tragar jarro tras jarro de cer•
veza.
Cráneos desnudos, bar•
bas en cascada, olor á
tabaco fuerte, á sopa de
coles y á filosofía.
Más al!á blusas, boinas,
gritos de animales, cargas, palabras de doble
sentido: son artistas, escultores, pintores. En medio de ellos una cabeza
fina y suave, Alejandro
Leclerc, algunos de cuyos admirables frescos,
que cubrían las paredes
del ventorrillo del Moli·
no de Piedra, en Chati•
llon, destruyeron los pru•
sianos.
A ese se le encontró un
día ahorcado, se había

165

ahorcado él mismo en medio de las
tumbas, en el patio alto del cementerio del Pére-Lachaise, en el sitio mismo desde el cual Balzac ensena á Rastignac la inmensidad de París. En mis
recuerdos del cafetín de los Bohemios,
Alejandro LeclPrc aparece siPmpre
risueiio y cantando canciones de Picardía; y aquellos aires de su país natal,
aquellas coplas rú~ticas esparcían en
torno de la mesa donde él se sentaba,
en aquella atmósfera saturada de tll•
baco, no sé qué penetrante pcesía de
los trigos de los llanos.
Se me olvidaba hablar de las mujeres, porque también había allí muj ires; antiguas modelos de pintor, ht:rmosas hembras, un poco ajadas.
Cabezas singulares y nombres extraftos, 'apodos que huelen á malos sitios, partículas presuntuosas. Titina de
Barancy y Luisa Nabajazo. Tipos irregulares, extraiiamente afinados, que habían pasado de mano en mano, y que de cada uno de sus
amantes habían conservado cierto tinte de erudicion artístic,1 ,
Ellas tenían opinioLes sobre todas las cosas,
y se declaraban según el amante del día, realhs .
tas ó románticas, católicas ó ateas. Aquello era
conmovedor y ridículo 111 mismo tiempo.
Muy pocas nuevas, jovencillas á quienes h11bía
admitido en su seno el terrible areópagc; ]ll mayor parte de ellas envejecidas en aquella vida,
habían conquistado por rigurosa antigüedad cierta autoridad indiscutible. Luego había las viudas,
las antiguas queridas de autores 6 de artistas conocidos, dispuestas á educará cu.alquier prin'.!í•
piante recién llegado de su pueblo. Un conjunto
revuelto donde se fumaban cigarrillos que arrojaban pequeftas espirales azuladas de humo en
medio de la densa niebla producida por las pipas y por los alientos.
Los jarros de cerveza ruedan, los mozos corren, las discusiones se agrían; hay gritos, bra•
zos que se levantan, melenas que se sacuden, y
en el centro, gritando nor dos, gesticulando por
cuatro, de pie encima de una mesa, moviéndose
como si nadara en un mar de cabezas, Desro•
ches, que guía y domina, con su voz de Paltimbanqui, la batahola de aquella feria. Estaba muy
bien de aquel modo, con aspecto inspirado, con
la camisa abierta, la corbata. suelta, flotante, hecho un verdadero bastardo del sobrino de Rameau.
Todas las noches iba á aturdirse, A emborracharse de palabras y de cerveza, á buscar colaboradores, á h11 blar de proyectos sobre libros, á
engaftarse á sí mismo y á olvidar que su casa le
era odiosa, que era imposible trabajar sentado. y
que ya no sería capaz de volver á escribir Las
itvas moscateles. Cierto que había alJí, en aquel
cafetín, espíritus no bles y serias preocupaciones.
Y á veces, un hermoso verso, una paradoja elocuente refrescaba la atmósfera como coniente de
aire puro que disipase el humo de las pipas. Pero
si había algunos hombres u.e talento, en cambio,
¡cnántos Desroches! Si había algunos instantes de
viveza, en cambie;, ¡cuántas horas tristes y perdidas!
L1..1ego, ¡qué tristeza al día siguiente; qué despertar más amargo en el descorazonamiento de
la náusea; qué dis~usto de aquella vida que, sin
embargo, no tenía uno faerza para dejar! ¡Ahí
tenéis á Desroches; ya no ríe, queda en suspenso

�EL MUNDO,

Domingo

a de Septiembre

de 1899.

Domingo 3 de Septieo:ibre c'e 189!i.

166

desde por la mal'iana estuvo tomando en la ta•
berna.
la mueca qua estaba haciendo, acaba de _pensa:
Pe"O alguien camina por el corredor: es el heen sus hijos que van creciendo, en su muJer qu
rrero
que vuelve.
1
envejece, y que cada vez se encanalla m_ás; en e
- Cristián, ahí está ya tu padre, pronto, escónlAtigo t-D la gorra, en la blusa, en el _traJe de cadete mientras tengo tiempo de hablarle, de ex,
rreter'o, que parecía original en otro u~mpo-una
plicarle . . . .
.
noche de baile de mbcaras fué 111. primera que
y Jo empuja tras del gran hormllo; después
se lo puso,-pero que le p~rece nauseabundo
quédase de pie, con las manos tembloroeas. Por
ahora!
·d
D ~s
desdicha el fez del zuavo se ha quedado sobre la
Cuando Je acometían esas negras l eas,
mes!\, y es lo primero que Lory. ve al entrar. La
roches desapRrecia, se iba á un pueblo y se llevapalidez de la madre, su confusión ...... lo comba A. su extraiia familia.
prende todo.
.
Vendedor de relojes, cómico en Odessa, algua-Cristian está aquí!. ... grita con una voz tecil en Bruselas, compadre de un esc~moteador,
rrible, y, descolgando_ su sabl~,.. con loca preci·cuántos cxtral'ios of:c1os no ha tenido? ~uPgo
pitación, se lanza hacia el bornul -~ donde el zuatolvía cansado, disgustado basta _de es? mismo.
vo está. escondido, lleno de ve, guenza, apoyAn,
Un día, en e l bosque de Boloma, q~1so Rhordose en el muro para no caer.
carse pero lo de icolgaron unos guardias. En el
La madre se arroja entre ellos.
cafetí'n le dieron broma, Y él mismo bab!ib~ de
-Lory, Lory, no le mates ... . . -~ºY !º quien
su aventur a con una sonrisilla f,ilsa. Alg~n. nemle ha hecho venir, diciéndole que tu temas necepo después, deciJido á concluir, se pr_ee1p1tó ~~
sidad
de su ayu ia en la fragua . • .. •..
una de esas espantosas canterai!, ab111mos f! y
se
arroja á los brazos de su mando, henchises y calcáreos que hay en las cercatias de las
da
de
sollozos.
fortiticaciones de París. Alli pasó ll\ noche, reEn la sombra de su recAmara los nillos lloran
ventado V con los br11zos y las pi~rnas rotos.
al
escuchar esas voces llenas de cólera y de li•
Aún vivía cuando lo sacaron de la cantPra.
grimas, tan cambiadas que apenas las recono«Vaya, ahora van A decir que soy el hm,bre
cen ..... .
que marra siempre.»
El berrero se detiene, y mirando á su mujer:
Esas fueron sus últimas palabras. Tuvo s~sen-¡Ahl
¿eres tú c¡uien le ha hecho venir? . .. . en•
ta días de agouia, y luego murió. No le olvidaré
tonces . ... está. bien, qua vaya á acostarse. Majamás.
nana veremos lo que hay que hacer.
A la siguiente manana, al despertar Cristian
de un pesado sueno lleno de pesadillas y terro•
res, se encontró en su recámara de nil'io. Al través de los vidrios encuadrad~s en plomo y don•
de se extienden grandes ramos en colores, se ve
el s , 1 bien alto ya en el cielo. Abajo los mart.iEl grueso her~ero Lory, de Saint-)iaric-1uxllos golpean sobre el yunque .... La madre estA
Mines no e3tab&lt;1. contento aquella tarde,1
allí, á su cabecera; no le ha abandonado en toda •
Un~ vez apagada la fragua y luego que el_ sol
la noche temiendo la cólera del padre. El viejo
acababa de o:!ultarse, tenía por costumbre ir A
sentarse en un banco, delant~ de la puerta, para m s al ver este honr11do rostro de alsaciano, en- tampoco' ha dormido. Toda la noche ha recorri11
do la casa, llorando. suspirando, abriendo y cesaborear esa laxitud que dPJa el mucho traba- negrecido
y quemado por el sol, con esas bla~JO después de un caluroso día; y antes de despe- curas y esas sombras que toml\n los colores vi- rrando armarios. Y de pronto, entra en la recAdir á los aprendices, bebía, con ellos, algn:nas co- vos en plena luz, el viejo), súbitamente se calmó, mara de su hijo, severamente vestido como para
un viaje, con altas botas, el gran sombrero y el
pas de cervezR fresca, mientras los trabajadores
prorrumpieLdo en risas.
bastón de montana, sólido y de punta ferrada.
abandonaban la fAbrica.
-De nada se me calienta la cabeza, como si Avanza, recto, hacia el lecho.
Pero aquella tarde el buen hombre se qu~nó
-¡Vamos! pronto, levAntate.
en la berreria basta que llegó el momento de 1r ~ nuestro Cristián f.1era capaz de eso .... •.
y reanimado, volvióle su belio humor, y el
El muchacho, un tanto confuso, va A tomar 111
111. mesa, y aun allí, todavía estaba como ensibuen hombre acabó de comer alegremente, y sa- uniforme de zuavo.
mismad().
-No, no, ese no .... dice el padre gravemente.
La viPja Lory peLsaba mirando á su hom~r~: lió de la casa df!spués de haberse tomado un par
Y la madre. apenada, responde:
-¿Qué será lo qne tiene? ... . ¿H?~rá r~cibi- de copas d11 « Yille de Strasbourg.»
La vieja Lory quedó sola. U ua vez que _aco~tó
- Pero, amigo mío, si no tiene otro traj?·
do del regimiento alguna mala noticia qt.e no
- Dale los mios .... yo ya no los necesito.
quiere darme? . ..... ¿Estará enfermo nuestro á sus tres pequenuelos cuy a pausada respiración
se oía en el cu11rto de al lado, chiquilín como un
Mientras que el muchacho se viste, Lory dobla
hijo? .. · · · ·
d
l
Pero no osaba preguntar nada, ocup'l a st a- nido, tomó su costura y se puso á zurci_r junto á cuidadosamente el uniforme, el chaquetón, los
mente en hacer callar á tret1 pequPl'iuelos ru. ios la puerta que daba al jardincillo. De tiempo en grandes calzones viejos, y hecho ~l paquete, 18
color de espiga, que reían en derredor de la me• tiempo sus¡iiraba pensando ....
cuelga del cuello el estuche de ho¡a de lata don•
-Sí, lo sé bien .. . . Son cobardes, son rene- de guarda su pasa~orte. .
.
sa, ml·entras saboreaban una buena ensalada de
gados .... Pero 1es Jo mismo! Sus madres estarAn
-Ahora bajemos de pnsa, dice.
.
.
rabanillos con crema.
Al fin el herrero, poseído de cólera, empujó su tan contentas de volver á verlos ..... .
y los tres caminaron hacia la fragua sm ha•
Y, con el pensamiento, se remont~ al tiempo blar. . . . El fuelle lanza resoplidos; todos estio
asiento.
-¡Ah! holgazanes, canallas!
en que su hijo, que entonces estaba adí, ~eoia que en el trabajo. Al vol ver á ver la gran galera
--¿A quié'.l te rdieres, Lory?
partir para el ejército. Mira el pozo arteaiano don• abierta, en la que tanto pensab~ cuando e~taba
de acababa de llenar sus regaderas, en blusa, los lejos, el zuavo recordó su infancia, cuando ~uga•
y él por fin estalló.
.
.
-Me refiero, dijo, A cinco ó seis perillanes que cabellos largos, sus hermo~os cabellos que le ba en aquel calor, mirando entre lae bnllan•
desde esta manana he visto andar vagando por fueron cortados para ingresar á los zuavos.
tes chispas de la fragua subir y bAjar el polvo
la ciudad, vestidos con uniforme desoldado franSúbitamente la vieja se estremece. La puerte negro. Vínole un gran acceso de ternura, un de:
cés del brazo de los Mvaros ...... Son de esos cilla del fondo que da al campo, se abre. Los pe- seo inmenso de obtener de su padre el perdón,
qu~ ... , ¿cómo se dice? .... han o~tado por la rros no han ladrado .... El que acaba de entrar mRs al levantar sus ojos encontrAronse con una
nacionalidad de Prusia...... ¡Y decir que _todos camina á lo largo del muro como . un ladró~, se mirada inexorable.
.
los días vemos volver á esos falsos alsac1&lt;1nos. desliza entre !as colmenas . ...
Al fin el herrero decidióse A hablar.
¿Qué es lo que han bebido? ..... .
-Muchacbo, dijo, aquí está el yunqu~, los úd·
-Mamá, mamá!. .....
La vieja trató de defenderlos.
Su Cristián está allí, con el uniforme desabro• les .... todo esto es tuyo . ... Y eso tam b1én, all.a·
-¡Qué quieres, hombre! después de todo no es
cbado, ruboroso, casi tero blando, la boca seca .. dió mostrAndole el jardiocillo que se miraba en
tan grave la folta de esos muchachos. . . . está
El
ir.feliz ha llegado al lugar con los otros, y ha- el fondo lleno de sol y de abejas, por entre el
tan lejos ese Argel de Africa A donde loa mance
una hora que ronda al derredor de la casa en marco recortado de la puerta ..... .
dan
Allí sienten el mal del país, y la tenta•
-Las colmenas, el viftedo, la casa, todo leper·
espera de la salida de su padre para entrar. Ella
ció~ d~·volver es tan grande, la obligación de
querría refl.irle pero no tiene el valor de hacerlo. tenece ...... Puesto que has sacrificado tu hoser .. oldados. • • •
nor á estas cosas, bien está que las guardes••··
1Hace tanto tiempo que no lo ve, que no lo abraza!
Lory dió un pul'ietazo en la mesa.
.
E res tú aquí el amo ya ... y() .... yo. parto.···
y
Juego
da
él
tan
buenas
razones
...
.
..
Se
fasti·
-¡Cállate, cállate! .... ustedes las mu¡~res lo
diaba del país, de vivir siempre lejos de los su- Debes cinco anos A la Francia, voy á pagarlOI
ignoran todo. A fuerza d_e vivir con los mii?s y yos; además, la disciplina babia llegadv á ser por tí.
sólo para ellos, todo lo discurren como 1~ discu-Lory, Lory, ¿á dónde vaa? gritó la pobre
muy dura y aquella manía de los companeros de
rriría un chiquillo . . .... ¡Vam0sl te digo que
llamarle
con
el
sobrenombre
de
'll
prusiano
A vieja.
esos hombres son unos holgazanes, unos renega•
- ¡Padre mio!. ..... suplicó el mu&lt;!bacho,
caul!a de su acent•&gt; de Ahacia ...... Ella le credos, unos cobardes, y si, por una negra _desgr~Pero el herrero babia partido ya, y se alejaba
yó
todo;
no
tenia
sino
mirarlo
para
creerlo.
.
cia nuestro CristiAn fuera capaz de una mfamia
Siempre conversando, llegaron á la sala ba¡a. á grandes pasos, sin volver el rostro .. • • • ·
semejante, tan cierto COJ?O que me llamo Jorge
E n Sidi-del -Abbes en el cuartel del tercero
Lory y que he servido siete _anos en l?s cazado- Los pequenos, despertados por el ruido, vinieron de zuavos, hay un e~ganchado voluntario de ein·
con los pies desnudos y en camisillas de dormir
res de Francia, le atravesana con mi sable de
para besar al hermano mayor. Ofreciéronle algo cnent11 y cinco anos .. . . .
parte á parte.
A LFONSO DAUDET,
y terrible, erguido, mostraba su gran lanza de de comer, pero no tenía hambre, sólo sentía sed,
colgada al muro, debajo del retrato de mucha sed, y bebía grandes tragos de agua pa•
dor
&lt;1aZ11
h
Af . . ra refrescarse un poco del vinCI y la cerveza que
su hijo, un retrato de zuavo, hec o en
nea,

creadora, el punto de unión con los abuelos, era
l..&gt; que no tendrían ya. Quedaban solitarios, aislados, no podían ya mirar detrás de ellos.
La religiosa dijo á su hermano: ¿Recuerdas
que mamá leía siempre sus c11rtas? todas están
allí, en su escritorio. Si las leyéramos, si vivié•
ramos esta noche toda su vida junto á ella. Sería
nuestro camino de la cruz, y conoceríamos á
nuestros abuelos, A todos nuestros antepasados
desconocidos cuyas cartas están allí, y de quienes ella nos habl11ba tan á menudo ¿te acuerdas?

- --,

V

EL MAL ZUAVO

167

EL MUNDO.

-

Había ronerto sin agonía, tranquilamente, como una mujer cuya vida fué irreprochablP; repo.
taba en su lecho, sobre la e1,1pald11., con los ojos
eerrados, las facciones serenas, con sus largos
cabellos blancos, cuidadosamente peinados como
1i ae hubiese hecho el tocado diez minutos antes
de morir, con su fisonomía pálida de difunta tan
.apacible, t11n reposada, tan resignada, que luego
110 adivinaba qué alma dulce habí1 habitado aquel
-cuerpo, qué existencia incontaminada había llevado aquella anciana tranquila, qué muerte sin
acudidas y sin remordimientos había tenido
.aquella sauta.
De rodillas junto al lecho, su hijo, un magis•
&amp;rado de principios inflexibles, y su hija Margarica, en religión Sor Eulalia, lloraban sin consue
lo. De..de su infancia los había armado de una
moral inquebrantable, ensefl.ándoles la religión
aio debilidades y el deber sin gazmonerías. El
bombre era magistrado. y blandiendo la ley heria sio piedad á- los débiles y á los desfallecido,,
la hija, penetrada de la virtud que la había ba1lado en aquella familia austera, se había despo•
udo con Dios, por di~gusio de los hombres.
No habían conocido á su padre; sólo sabían
-que babia hecho desgraciada á eu madre, sin co•
noeer mas detalles.
La religiosa besaba locamente una mano de la
muerta, mano de marfil semejante al gran Cristo
yacente sobre el lecho. Al lado opuesto del cuerpo ieodido la otra mano pareda estrujar aún las
aibaoas con ese ademán errante que se llami;, plie•
,gue de los agonizantes, y el lino lo había conser•
vado como un oleaje de la tela, eomo un recuer-do de los ú ltimos momentos que precede~ A la
eterna inmovilidad.
Unoit golpes ligeros dados en la puerta hicie•
ron levantar las dos cabozas sollozantes, y el sacerdote que acababa de comer, entró. Estaba rojo, sofocado por el trabajo de la digestión, y había mezclado su café con fuertes dosis de conac
para lnchar con la fatiga de las últimas noches
pasadas y de la noche de velada que comenzaba.
Estaba triste, con esa falsa tristeza de eclesiás•
tico para quien la muerte es un oficio Hizo
la aell11l de la cruz y dijo acercándose consu ges•
&amp;o profe~ional: vengo á ayudaros A pasar estas
\rii;iea horas, hijos míos; pero Sor Eulalia conteslólevantándose: gracias, padre mío; deseamos mi
hllrmano y yo permanecer solos con ella, son los
1\l&amp;imos momentos que tenemos para verla y queremoaeatar solos, como antes, cuando.... cuando éramos pequelios y nuestra. . . . . . nuestra pobre
madre .. .. No pudo terminar, tan ..bundantes
eran sus lágrimas y tanto la ahogaba el dolor.
Tranquilizado el sacerdote, se inclinó pensan-d? en su lecllo: Como queráis hijos míos. Se arroililló, se santiguó, oró, se levantó y salió suave•
mente murmurando: era una sa!.ta.
Se quedaron solos la muerta y sus hijos. Un
péndulo oculto lanzaba en la sombra su ruido
regular, Y por la ventana abierta penetrabll el
:~~. olor de los pastos y de los bosques con la
--swdeacente claridad de la luna. Ningún sonido en el campo, sino las notas rfrpidas de las ranae Y A veces un zumbido de insecto nocturno
1}Ue entraba como una loba rozando los muros.
0

Una paz infinita, una divina melancolía, una si·
lenciosll serenidad rodeaban á la muerta; parecían emanar de ella, exhalarse al exterior y spa•
ciguar á la na!;uraleza misma.
Entonces el magistrado, siempre de rodillas,
con la cabeza hundida en el lecho, con una voz
lej,rna, desgarradora, lanz11da &lt;.!entro de las sá.banas y l11s ropas, gritó: Madrer madre, madre,
y la hermana, abatiéndose sobre la tarima. pe
gando en la madera con su frente de fanática,
convulsa, torcida, vibrante. como en una crisis
de epilepsia, gimió: Jesús, Jesús, madre míll.
Y sacudidos los dos por un huracán de dolor,
jadeaban. aullaban.
Después la crisis lentamente se calmó y lloraron de una manera más suave, como l, s calmas
momentaneas siguen A las borrascas en el mar
agitado.
Después, mucho t!empo después, se levantaron
y se pusieron A contemplar el cadáver. Y los recuerdos, esos recuerdos lejanos, ayer tan gratos,
hoy tan torturantes caían en su espíritu con to•
dos los detalles olvidados, esos detalles íntimos
y familiares que resucitan al ser desaparecido.
Recordaban circunstancias, palabras, sonrisas,

entonaciones de voz de aquella que no les hablaria más. La veían feliz y tranquila. encontraban frases que ella les decía, y un ligero movi•
miento de su mano derecha, cuando pronunciaba
un di:1curso importante.
La amaban como no habían amado nunca. Y
notaban, midiendo su desesperación, cuánto la
habían querido, y -tué abandonados iban á quedar...... .
Su sostén, su guía, su juventud toda, toda la
parte alegre de su existencia era lo que desa,:&gt;a•
recia; su lazo con la vida, su madre, la carna

***
Tomaron del escritorio varios paquetes de papeles amarillentos, atado~ cuidadosamente y colocados uno contra otro. Pusieron sobre el lecho
aquellas reliquias y escogiendo una de el111s en
la que estaba escrita la palabra «Padre&gt; la ab:ieron y leyeron.
Eran de esas cartas viPjas que se encuentran
en los secret.-:.fres de familia, cartas que huelen al
siglo pasado. Lll primera decía: mi adorada;
otra: mi hermosa hija; Juego otras: querida bija
rnfo; otras aún: hija idolatrada; y luego la religicsa leyó en voz alta, leyó á la mu11rta su historia
y todos sus tiernos recuerdos. El magistrado,
con un codo sobre el lecho, escuchaba, con los
ojos sobre la muerta. El cadáver inmóvil parec1a feliz.
Interrumpiéndose Sor Eulalia, dijo: las pondremo~ en su tumba, le haremos un sudario con
todo esto y lo sepulraremos con ella, y tomó otro
paque~e en el cual no estaba escrito ningún nombre revelador. Y comenzó en voz alta: «Mi adorada, te amo locamente. Desde ayer sufro como
un condenado, quemado por tu recuerdo. Siento
tus labios sobre los míos, tus ojos sobre mis ojos,
tu carne sobre mi carne. Te amo. Te amo. Me
has t:nloquecido. Mis brazos se abren; me estremezco sacudido por un deseo inmenso de abrazarte aún. Todo mi cuerpo te llama, te quiere.
Guardo en mi boca el sabor de los besos,&gt;
La religiosa se interrumpió. el magistrado le
arrancó la cartli y ouscó la forma. Solo habfa
estas palabra~: E l que
te adora, y este nombre:
Enrique. Su padre se llamaba René. No era pues,
él. Entonces el hijo, con
mano rápida, buscó en
el paquete de cartaR y
tomando otra leyó: «No
puedo vivir sin tus e , ri •
cias." Y de pie, severo co.
mo en B:! tribunal, miró
á la .muerta impasible.
La religiosa, rígida como
una estatua, con las lágrimas en los ojos, vie::do á su hermano, esperaba. Entonces él atravesó
el cuarto con pasos lentos, llegó hasta 111. venta•
na y con la mirada perdida en la noche, pensó.
Cuando volvió lacabeza, Sor Eulalia, con los
ojos secos, estaba aún
en pie, cerca del lecho,
con la cabeza inclinad1.
Se acercó, juntó apresuradamente las cartas
que arrojaba desordrnadamente en el cajón, y luego cerró las cortinas
del lecho.
Y cuando el día hizo palidecer las bujías que
ardían sobre la mesa, el hijo abandonó lentamt!nte su sillon, y sin ver una vez más á la madre
que había condenado, dijo: Ahora, vámonos,her~
mana mía.
Guv DE MAUPASSANT.

�Domingo 3 de Septiembre de 1899.

EL MUNDO.

168

-Siete clavos, como.garfios, se bao hundido en mis entra!'ías,
Oh Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces! ...

La Fosa:
_ Yo soy la tela insi~ible que tejen negras araíias ... .
y con lágrimas y sangre se alimentan los cipreses! ... .
Primer sepulturero:
-Uno! Dos! Tres! ... Un esfuerzo! Empujad bacía la fosal
El muerto: (Sin desplegar los labios amoratados, ycon
sonrisa resignada)
-Oh! Martirio! También tienes tus profundas embriagueces!
Tere,e1· sepulturero:
•
-Se alza la Luna siniestra con una mueca espantosa!
El muerto: (con voz opaca)
-Oh! Injusticia, cómo triunfas! Oh Tiniebla, cómo creces!
P1imer sepulturero:
-Cae una lluvia de sangre de una nube pavorosa! ....

El Arrecife mudo, bajo la bruma helada,
Es una Esfiinge ciega que el horizonte mira ..... .
El mar gime y solloza cual una inmensa lira,
Y cae la noche fúnebre ::omo ala ensangrentada
De un negro cisne trágico, que en el silencio expira.
El mar gime y solloza cual una inmensa lira
Y c11nta el Viento astuto su pérfida balada.
E l Arrecife mudo se iergue en el MiE.terio.
Pasa una Sombra, y dice:
-«Oh! mi siniestra huella
Donde la ortiga brota! Oh mi fatal imperio
Donde brilla una sola y agonizante estrellal:1&gt;
Pasa otra 8omlira y dice:
-«Yo vivo en lo más hondo
De la Desesperanza y del Remordimiento:
No hay abismo más negro que mi abismo sin fondo;
NQ hay filo lascinante como mi Pensamiento?&gt;
Pasa otra Sombra y dice:
-« Yo soy como el gusano
Que se arrastra en las tumbas y en el horror camina:
Espanto, eres mi guía! Dolor, eres mi hermano!
Cómo acaricias, látigo! Qué blanda eres, espina!&gt;
Pasa otra Sombra, y dice:
-«Yo soy cual una inmensa,
Cual una taciturna floresta deshojada;
Mis hojas van rodando por la planicie extensa
Al soplo de los Vientos febriles de la Nada!&gt;
Todas las Sombras cantan:
-«La muerte nos conduce
Por sobre adelfas mustias y amargos asfodelos:
El Miedo es nuestra lámpara funesta que reluce
Debajo de la enorme tristeza de los cielos!&gt; ..... .
Cuatro sepultureros fornidos, en sus hom!"Jros
Conducen un gran féretro con una marcha extra!'ía;
Cuatro sepultureros conducen entre escombros
U n atahud más grande que un trozo de monta!'ía.
Llegan al borde obscuro de una profunda fosa
Y clavan siete clavos sobre la tapa negra;
Retumban siete golpes en la extensión brumosa
Y el gran martillo lívido parece que se alegra.
Luego, los cuatro empujan la c'\ja lentamente,
Pero la caja, inmóvil, clavada sobre el suelo
Parece el negro monstruo.de sueño febriciente,
Una Quimera horrible, que ha replegado el Vuelo ...
Sobre el cielo sombrío, donde no luce un astro,
Detrás de nubes grises, como alas de vampiros,
La Luna, inmensa y roja, deja un sangriento rastro
y como una intangible diadema de Suspiros ..... .
Se inclinan los adustos cipreses macilentos
Cambiándose un saludo con aire sigiloso,
O cabecean tristes, con vagos movimientos,
Como siguiendo el ritmo de un baile silencioso.
Y las nubes parecen empapadas en llanto,
En el llanto diabólico de invisibles Satanes:
y el silencio se rompe, á veces, con el canto
De infinitos Dolores y estériles afanes.

La Fosa:
-Y con Hgrimas y sangre se alimentan los cipreses!
(Se hunde la Luna roja en el mar, y todo
queda en silencio.)
Como pulpo en acecho, proyecta el Arrecife
Entre la bruma pálida su amenazante orilla,y van las Siete Sombras, en un extral'io esquife,
Sobre la Noche fosc.i cual una pesadilla ....
Y van las Siete Sombras .... Y el Mar gime un lamento,
.El Mar gime y solloza, cual una inmensa llra,Y, como negro cisne quP. en la ribera expira,
8us elt,gías hondas canta al Azur el Viento!
LEOPOLDO

Ginebra.-1899.

Primer sepulturero:
-CuánM pesas! Cómo abrumas! Cuánto pesas, negra caja!
Segundo sepultul'ero:
-Se diría que es un mundo de tristezas y dolores.
1'ercer sepultiirero:
-O que el mue1to es un gigante, y es de ptomo la mortaja ...
Cuarto sepulturero:
-O el cadáver de tres siglos de venganzas y t errores ....
El muerte: (mentalmente, y dejando correr de sus ojos
hinchados gruesas lágrimas)

por la lluvia, se ven puntos
de tan di versos matices,
-vivos, opacos, obscurosque en la rica policromía
de ton'JS suaves y crudob,
la pared arlequinesca
que, á trechos, ornan los musgos,
parece beno manchado
traviesamente con grumos
de color. Una parásita
en los ladrillos desnudos,
hinca su ramaje como
los tentáculos de un pulpo,
y entre la mara!'ía verde
un juguetón rayo súbito
en cada gota de lluvia
prende un rubí diminuto.
Y en la fantasmagoría
de la luz, que hc1.ce del muro
moi,aicos de pedrería
y deslumbrantes y estucos,
h,s dos muchachos semejan
en medio de tanto lujo,
dos príncipes del oriente
en espera de sus súbditos.
¡Qué tocado de diamantes
en el ceniciento rubio
del ca.:.ello de la niña!
qué reluciente y qué fúlgido
el toisón que ostenta el p€Cbo
del rapaz! ... y qué conjunto
de áureas telas y tisués
sobre los harapos sucios!

Ai'io VI-Tomo ll

México, Uomingo

10

de ~.-ptiembre de 1899.

Andrajosa reinecita
que vistió la. 1uz y cuyo
corpiño de re..plandores,
cubre el talle y eme el busto!
Duquecito del arroyo,
Buckingham que el cielo tuvo
á bien ataviar con sedas
y brocados del crepúsculo!
Tú ~qué cuentas? Tú ¿qué oyes?
Tú la grave, tú el adusto? ...
Yo me acerco poco á poco
y sonrío y lus escucho.

Duz.
Bien, muchacho! Fuiste al bosque
corriste mucho, mucho,
y flores y mariposas
la traes .... ¡Lindo tributo!
'.ru gorra de saltimbancohecha una criba--es refugio
de caléndulas doradas
y de rosae, donde ocultos,
se agitan entre los pétalos
los cuerpecitos convulsos
de las pobres mariposas
heridas. Hundes los puíios,
y narrando tus proezas
sacas con pueril orgullo
tu presente de perfumes
y de alas ... ... y el tributo
va cayendo, va cayendo,
del aire sereno y puro
á la falda de la niíia
que oye con asombro mudo
la historia de la aventura,
mientras fijos en un punto
miran cosas invisibles
sus ojllS meditabundos.
y

VERSOS INOCENTES.
PUESTA DE SOL.

Por la calle ~olitaria
cuyo t érmino confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo,
silencioso y pi,nsati vo
como siempre, voy sin rumbo
enhebrando fantasías
en el aire azul y puro.
Tranquila está la barriada,
los talleres están mudos,
no se ven las chimeneas
empenachadas de humo,
y á lo lejos, de las fábricas,
salen alegres, los últimos
obreros, que se atropellan
en caprichoso tumulto,
y cuyas blusas azules
borda el sol de hilos purpúreos.
Yo callado y pensativo
como siempre, voy sin rumbo ..... .
Mas de ;:ironto me detengo,
mis quimeras interrumpo,
y las vanas fantasías
del pensamiento sacudo
par¡¡. ver curiosamente
á dos chicuelos- im grupo
adorable-que cabría
en una canción de Hugo.
El la. llama y ella acude,
se hablan bajo, y así, juntos,
siéntanse en los escalones
del portón, ~l pie del muro,
y en una senedad cómica,
ella grave, y él adusto,
principia la conferencia
más inefable del mundo.
¡Oh! viejo pintor de ni!'íos
que andas en busca de asuntos,
mira: la luz pone toques
divinos á este conjunto!
En el fondo de sillares
con lepra, rojos y húmedos,
frescos y recién la vados,

Cuando mi presencia notan
ella inquieta y él ceñudo,
parecen decirme: Vamos,
no nos turbes; vete, intruso.
Y yo me alejo sin pena
p:irque dejar soio es justo
á Buckingham de siete años
con An:i. de .Austria de un lustro.
Y pienso: yo también tuve
aventuras, y di muchos
re¡.,;alos de alas y flores,
y fui amado y tuve orgullo.
Dí esperanzas, ilusiones,
fe, ternuras, con el único
placer de posar los l,abios
en unos cabellos rubios.
Un coloquio de chiquillos
fué mi amor .. ..
Y taciturno,
solitario y pensati ,o
como siempre, voy sin rumbo
por la calle silenciosa
cuyo término confuso
vagamente se deslíe
en el oro del crepúsculo.
LUIS e-. UUBINA,

Composición artística y cliché fotográfico de Don Octaviano de la Mora,

Número u

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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México, Domingo 27 de Agosto de 1899.

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LA

INSPIRADA.
CUADRO DE ÜONRADO KI..ESilL

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

132

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

---------------------------------------------·

LA ~EM.A.N.A.

Mes de verbenas populares es Agosto y sirve como
de amplio vestfbulo á las demás fiestas callejeras
ue de a uf en adelante abren semana á semana un
iaréntet1Ís de dicha entre los grises Y monótonos dhts
de trabajo. La verbena de lo.:, AogeleR ! la de Santa
María son de lo más famoso del afio. V1euen en seguida todas lai, otra~, menos pompo_sas y cele~rada!l:,
basta ue }a más grande, la más rica, la me~ lean a,
por exielencla, la de Guadalupe, cierra con nomenguado esplendor la temporada de las verbPnas.
A esta clase de regocijos solemos ir por mera curiosidad Jos que gustamos de hacer obsuvactones Y
stcolo ias al aire libre. Desde luego nos sentimos
¡traído~ por el movimiento ruidoso de lasmucbedumbres. Hay una emoción nir\'anesca, momentánea , pero
profunda 1 en dejarse }levar de Ja ola humana, en diluirse en Ja masa com1\n, en embeber el yo, como una
partícula, en la m·.:!ltitud lmperwnal, en ru_ndir las
impresiones propias en el vago anhelo colectivo, que
termina por apodei-arse al fin de todas nuestras ~ensaciones y por hacer suyas todas nuest!as energ_as,
con el fluido mágico de una invencible b1pnotizac1ón.
La fábula medioe\'al de ja sierpe a1ada, luchando
con el armado caballero y venciéndole ~on sólo el venenoso vaho se veriflc'i en cada uno de nosotros cuan•
do pretende~os conservnr nuestra. T01untad_ en el J.e·
no inquieto y caótico de las multitudes 1mpre,ionadac,;.
t
Son enormes almas locas que penetran en nues 10
organismo y se sirven de él para manifestarse en la.
vida exterior. Alll está nuestra boca pronta á lan7.ar el a1arldo; allí están nuestras manes dispuestas; á
sacudirse en las frenéticas palmadas; allf nuestros
músculos para agitarse en las convulsiones bi.-Jtértcas;
allí nuestro rostro para cambiar el gesto á cada ráfaga del aire Entrá. nuestro espíritu en una abrumadora incon~clencia. Y no obstante, gozamos con 1 m
placer extraílo al sentirnos brutalmente poseídos.
Complácenos vernos vencidos á las primeras Invencibles zarpadas del monstruo excitado.
y be aquí que la curiosidad va tomando en medio
del tumulto una forma de entusiasmo morboso que
concluye por embriagar.
Asistir á una verbena es sentirse i11vadido de la
alegría del pueblo, disuelta en átomos por los cuatro
vlentos·.entrar en un templo con las oleadas de creventes, 1recorre!' las calles entre los grupos abigarrados de la plebe; detenerse en las barracas de la plaza
hormigueante, escuchar cantares obf)cenos, risas beoJas y refranes picarescos.
,tEn qué se piensa, es decir, en qué piensan los demás los granos de aréna dé ese compacto bloque popul¡r? Se piensa en vivir, sacudido por impresiones
mundanag, por ardientes deseos de beber hasta saciar una sed Intempestiva y devoradora; de abrazará
mujeres Lermosas y de apostar ]a vida en un naipe.
No son nuestros estos anhelos; andan vagando en
la atmósfera como a1mas en pena. T~dos lo~ sienten.
Es una contagiosa epidemia de apetitos desenfrenado~ales 1:1íntomas indican, de seguro, un grave mal.
Repugna sin embargo, punzar con el escalpelo la
eptdermi; social. Tiene manchas purulentas que indican un repugnante linfatismo.
.
Esta es la primera pregunta que cualqmer observador se hace cuando asiste á una verbena popular:
¿Nuestro pueblo es creyente?
Ah! no seilor; posee, como todo pueblo Inculto, una
superstición. versátil y tornadiza, que sale de la cueva demoniaca de Ja adivinadora de cartas para poner
una ofrenda en el retablo de la Vfrgen; ere~, á la napolitana en los estupendos milagros de Ja patrona
que ayuda en su tenebrosa labor al bandido y protege bajo su manto nimbado, al homicida. Se encomi'enda á ella en sus inmorales tribulaciones, y sólo
la recuerda bajo el toldo de una camllla ó en el fondo
bl
de un calabozo.
Pero á pesar de todo, su veneración es adora e
porque es sfntoma de un patriotb,mo rudimentario
que toma la sugestiva terma del misticismo para
compenetrarse más en la conciencia de 110 pueblo _débil, que, como el nuestro, suele hundirse en éxtasis Y
sufrir alacinaciones.
En este caso, la Religión es un delicado pretexto
para amar el terruíio.

***

Música &lt;U cámara.-Andante.-.Minuetto .... cuando
se leen estas palabras, resurge en el espíritu una de
aquellas galantes miniaturas de finos lineamientos,
de aristocráticos matices, donde un poeta del clavecin rodeado de damas de amplios trajes1 rocal1a de
sed~ en la que la luz Re quiebra en aristas, damas
ensativll8 de ojos dulces, galanes de actitud pala~iega. escuchan embebidos la melodía ingenua y amo•
rosa ciue recita el violín para que le responda, trémulo y sollozante, el ruego de los etilos ó la breve exclamación de la viola.

de Cámma: una velada de invierno; una lla. t
tes dormidos en el
maradagenerosa de chimenea, ID¡ :n
isa blasonada
nte
_regazo de la madre, un perro ti.e e cam
husmeando los tizones en actitud de esfiage,du~~s so·
thr germano, mur;ho bienes~ar, y la musa .e ocen~
natas, en su Infancia, iniciando una !rase rn
como las frases de los nin os.
. .
lá tea.
Habla á los corazones ampHos esa mm,1ca e s d~
nada hay PD ella pequei'io; parece ser como el ;;o sui
la. naturaleza que la ba inspirado al cerebro os boshljos; en e11a se encuentra el rumor grave de 1 . téti·
ques, ¡:&gt;rima veras solemnes, noches augustas, pa.
cos dolores, elrgías á grandes héroes.
á1
idos
y se llama Br.ethoven, Beethovensord? fs ru es
de la vida común, para no escucbar smo ~s voc
CHóticas, fmpremas, tempestuosas ~e lo infimt_o~c!r-0
ella bay silencios que parecen de vieJa e3:tedra1, 1 ciedes que suenan al espfritu como llamamiento e
•o· lentitudes graves y acompasadas que evocan pro~e~iones de levitas y venerables patriarcas; dulzuf¡as
que ~on blancas plegarlas de seráficas voces, Y se
man· Sehastián Bacb, ese dialogador de los éx:r
i.u remos ese místico colosal que tiene la nota m ci/de las '"írgenes Y la cólera rte los espíritus airados
que cortejan con espada de llamas; y ese Mozart
·ba\leTesco ese Mozart delicado, ese Mozart de os
mim.iettos ~artesanos y los andantes poéticos. y M~mrle]hsonn encerrando tristezas en sus rimas brevesd Y
Hn.ydn remontándose¡\ las alturas de la tempesta y
Weber bordando con sedll8 pálidas sus personajes de
leyenda ... • • •
esta
Música de cámara . .. . y me entristece que en
época en que la humanidad llora por carencia de suenos no hava sino unos cuantos devotos que acuden
á J~ sala Wagoer para tener un punto de recogimiento y mirar sugestionados por esas melodías de otros
tleJT1pos, las divinas visiones que acuden, como al má•
leo erecto de un coujuro, llamados por la. voz caotante
~e los violines y la gravesúpllca de los v10loncellos.. ••
Duraote Jasemana, se han verificado dos hermo~as
audiciones que hicieron Ja deltcia de nuestros dile·
ta•tti. Luisa Rltter, la amada y aplaudida pianista Y
Matilde Bruglére, alta soprano dramática, cuya ta •
ma había llegado ya á nosotros antes que su hermosura rtejaron un,. luminoso recuerdo, como una blanca e~tela, en la corriente fangosa y negra del género chico.
u• .

.tU.USlca

f·
i"

't·

***

y á propósito. Se ba discutido en estos dfas el
mérlt,o de una joven y bella ~!ple recién llegada al
palco escénico, la cual, después de haber sido estrepitosamente aplaudida en la célebre obradeMascagnf, ha intentado interpretar La Reuolwsa. P•ra
mí, aht está el error y la. in~xpenencia dela seí1orlta Dimarias.
Sus facultades vigorosas y nuevas 1 no se prestan
para el género chioo. La flamante artista tiene talen to y no deberá encanallar!o. Que no cambie los relucientes luises de oro que pródigamente derrocha
en la zarzuela, en menudas y gastadas monedas de
cobre.
· o E
¿Habrá algún buen amigo que 1a aconse¡e. s
una lástima ver que aptitudes como 1a suya se
pierdan en la efímera y tonta Jabor de la tanda diaria!

EL EXTERIOR.
Revistas Políticas y Literarias,
COSAS DE FRANCIA.-!. DE COMO PUEDE UN
NEOTHAL CONVERTIRSE EN DREYFUSJSTA.
2.-¿EL PRIMER El&gt;JSODJO DE UNA OUERRA :&gt;E RELJOION?

3.-LA REPULICA PLEBISCITARIA MARBETE DE LA
DICTADURA. MILITAR.

Tengo un excelente amigo,,francés pur más senas y
escritc,r elegantísimo por añadidura, que, natural
mente está veinticinco veces más al tanto que yo de
los as~ntos de su patria, y que suPle, entre brom~ y
veras, formularme estas preguntas: ¿por qué no siendo usted francés es usted calurosamente dreyfuslsta?
¿Por qué cree usted á los periódicos americanos de
la prensa asociada, comprados por el Sindicato ju.
dio y no á los periódicos franceses que, e~osdel sentl•
miento público, sostienen, como siete ú ocho de los
primeros nombres del ejército y de lu; civiles que mejor conocen al ejército, Cavaignac, Freyclnet, que el
prisionero de la Isla del Diablo es culpable?
He aquf lo que contesté á mi amigo:
-No tengo la culpa, no tenemos la culpa Jos extran•
jerosde interesarnos casi apasionadamente ea losasun-

tos de Francia; dep_ende eso de] genio comunicativo ..
i O simpático de que los franceses se vanae~gr~~~'v d!pende de nuestra educación, depende de·
g ue todos Jos latinos tenemos dos patrias y la segu nq
siempre Francia, depende de que dan los trance.
~:s ~ sus asuntos particulares tan extraordinaria
resonancia y tenéis tal arte en vuestra lengua y vues.
tro talento para transformarlos en asuntos humanos,
ue obllg~is á todos á volver la cabeza hacia ellos, 4
!trarlos atentamente, i\ estudtarl.os y á. tomar un
puesto en pro ó t'n contra como s1 tueran nuestros.
asuntos propios. y esto es Irremediable.
Ahora bien, voy á dar una idea de la evolución que
muchos como yo, hemos sufrido en el asunto
b°;e;!us. Lo creí culpable, con prorunda ~mpaslón
1 conocer los detalles de la e1ecuclón inmediata del&amp;
!entencia y su ejecución normal en 1a Guayana. Su
es osa, sns hijos .. . . .. ¡Horror! ¡lnfellz.!-Cuando un
hlmbre comot'.,cbeurer-Kaestuer, super10: á toda sospecbade-venalidad, manifestó las prolundll8 dudas que
le turbaban, he aquí lo que todos peni:;amos : ¿sería.
posible que baya cometido el tribunal militar tamaílo errorf Entonces este hombre ha sufrido uno de
los martirios morales más tremendos que puedan
registrarse en los anales de la justicia humana. Cuando publicó Zola su tremenda requls'.torla, lohallamos enteramente exajerado¡ su hábito de ~ove..
lador de dar un relieve abultadís~mo á cuanto flJa su
atención lo mismo un beso de amor que la boca de
una cloa~, su teudencla genial á lo épico, al grado
de que allí donde los oCl"os gastan un rasgo de pluma
un poco cargada de tinta, el emplea un frasco decolor con un pincel que parece agitado por Jas tumé nides, teda esto nos hizo sospechar que ,aquel hombre se babfd forjado un cuento trágico y se habfa empellado en hacer en él un papel de prota gonista. Maa
cuando se le llamó á gritos traid,or, vendid,o á !os ju.
dios ultrojador de la reltgi.6n, cuando se desconoció so
mér'tto de escritor, su sinceridad de hombre, su valo ry su probidad, hoy proclamada por cuantos no _tengan
en los OJOS la cata1·ata (inoperable por desgracia, por•
que la tienen muchos bomlJres de talento) del anti semitismo· cuando pasó todo esto, cuando las multl•
tudes tren°éticas se pusieron á gritar ante él basta
hacerlo salir de Francia, nos sentimos de su lado;
aquello nos pareció innoble, horriblemente despr&lt;!cla•
ble, DOS hizo el erecto de uno de esos actos imbéciles
y crueles de 1118 muchedumbres que causan algo.as[
como basca en la conciencia
Entonces todos dudamos, todos creímos que h abía un misterio en el asunto Dreyfu!,, que la explicación d•da á la circunstancia estupenda de la absoluta similitud entre la letra de Esterbazy y la del
documento condenatorio le bordereau, era lmposi.
ble y los antecedentes del oficial aventurero que
entraba en escena tan desvergonzada, tan cinicamente, y la valiente rectitud de su acusado r
Plcquart, llevaron hondo recelo á todos los ilolmos ...... Pero un hombre honrado entra en la t:&gt;ecretarfa de la Guerra en un cambio ministerial y ese
hombre, be nombrado á M. Cavaignac, dice enrátlcamente ante la Cámara de Diputados: he aquf la prneba concluyente de la culpabilidad de Dreyfus y lee
un documento en que se mencionaba á Dreyfus y ....
todo el mundo quedó sorprendido, estupefacto. Muchos, yo entre ellos, se sintieron satisfechos, como si
una montaña se les hubiera quitado de encima; si 111.
justicia humana habfa tenido razón, babia herido al
verdadero culpable; las violaciones ;ie la ley, las irre•
guiarldades flagrantes del proceso, todo quedaba cu•
blerto con seis pa1abras: peligro de guerra, secreto
de estado .... Pocos meses. después un rayo cafa so•
bre toda esta seguridad, ·el documento de Cavalgnae
babia sido falsificado, el falsario estaba convicto y
confeso, era el principal manipulador del proceso de
Dreytus, era un jefe importante en el Estado Md.yor,
era Henry .... Al día siguiente Henry se suicidaba.
¿Estábamos todos, en todas partes, aquí en México, cc,n la misma fact1ltad con que los escritores fran.
ceses suelen juzgar a Santa Anna, a. Maxlmillano, á.
Juárez ó al General Dlaz, estábamos ó no estábamos
en nuestro derecho de decir: el honor de Francia y la
justicia y la civlllzaclón exl¡¡en que ese proceso sea
revisado? Asi lo pensó la Francia política y legal,
y por P.ncima de la violenta oposición con que algunos, absurda ó malévolamente, pretendían en vol \'er
en este asunto el honor del ejército francés y hacerlo
solidario de un tremendo error probable, de un espantoso crimen posible, el caso fué sometido al primero,
al más alto tribunal de Francia, á uno de los primeros del mundo por su ciencia y por su intachable ho norabilidad. Todo se procuró, bll8ta por medio de
una ley acl hoc, todo se allegó para facilitar y dar fundamento incontrovertible al tallo de la Corte Suprema; un magistrado, el tipo precisamente del politicien
judicial ingenuamente presuntuoso, de esos que Jla.
mJ.n los espalloles: un tonto ron campanillas, de quien
decía Julio Lemaitre: «tiene un ojo que de·scomponP,
pero que no resume1&gt; el poquisimamente leído M.
Glouvet ósea M. Quesnay de Beaurepaire, fué el au tor de la idea de encargará la C01te entera del asu o•
to de revisión, porque los magistrados de la Sala crl·
minal eran parciales en favor de Dreyfus. Y no era
esto verdad; la verdad era que los principales magls•
trados de la Sala civil bab!ao manifestado á su cole•

Domingo 21 de ~gos_to de 189S.
111 opinión contraria á la revisión. En fin, la Cor-

«' entera 6e reunió, los amigos de M. de Beaurepaire

EL MUNDO.

rna

brazos detener el pueblo francés y empujarlo hacia
atrás, á los tiempos cuaternarios ... . . .
Y he aquí como sin necesidad de la intervención
de los judíos puede uo quidcim como ( l que esto escrl•
be, pero que no está casarto ni con los delirios de M,
Jaurés, ni con Jos odios de M. Drumont, haber _;asa·
do de neutral á dreJfusista ....

Y sucedió; el populacho solicitado en sus más bajas
pasiones por energúmenos de encrucljada1 se mostró
' \odiaron el asunto y decidieron por unanimidad
es 18 re visase el fallo y alH están los cooslderandos
sin camisa .. .. (la camisa es, por reglc1. general, Ja
4
distancia que separa á un civilizado de un salvaje.)
18 in Here de ello•? Esto: es seguro que el docuIbamos á decir sans culouis. Y la escena de caníba~\oto capital no es obra de Dreytus, es probable que
les que esperábamos ver en la rue Chabrol se verificó
sea de Esterbazy. Y fuera de ese documento nada
en la Iglesia de Ot. Joseph, saqu~ada, medio destrut~ podido serv ir de !uodamento al hllo del primer
Y medio incendiada .. ..
consejo· Ja conresión del reo (al Capitán L. Renaud)
Todc. reap8rece en Ja hlstorla¡ Ja historia es una
supu~ta: el dossier secretes un cúmulo de talsifica*
**
noveJa que tiene ediciones en número in::Jeflnido:una
: ooes, capaz, en algún caso, de infundir sospechas,
Todo
es
obra
del
sindicato
judío.
Los
judíos
tiepor geueracióu ¡ sólo las Hustraclones varían: el graincapaz de ::,inistrar pruebas.
nen en Eure,pa el diocro, ]a m;tglstratura, la prensa; bado antano, la litografía después, el fotograbado
y si yo tuera militar diria á mi amigo en lenguaje ¿quieren invadir el ejército, No lo hemos de permi- hoy; estas escenas salvajes se vieron en la Edad Med• cuartel ;y po r qué diablos quiere usted, quieren tir. -El sindicato judío es un cabello en la sopa del dia, en la bohemia de los hussitas, en la Alemania de
1111,edes, los coDl'encidosdela culpabilidad de Dreyfus pueblo francés, sujeto á graves alucinaciones cróoila guerra de los campesinos en la NeerJandia de los
en virtud de una gracia especial del Espfrltu Santo; cas, seglln parece.-¿Qué cosa es un judio?-Sabéis, Gueux, en las guerras de k•s1 hugonotes, en la Revolur qué diablos queréis que prefiramos el dicbo de senores diputados, dccfa M. Thlers á quien reprocha- ción .... ¿qué sé yo? En la comuna; ayer en París,
o0ciales superiores y ministros de la guerra, ba la izquierda de Ja Asamblea nacional sus prefe- maflana en Barcelona, y pasado, en New York.
- de un par de falsarios: Henry y Paty du Claro, rencias por los empleados conservadores á quienes
¿No se deberá esto á la debilidad que su composique por boca de ellos han babladoduranteclnco a!los, llamaban carlistM; sabéis qué cosa es un carlista? Es ción profundamente heterogénea produce en el minisrqué los bemos de prererlr á la convicción de los un hombre cuyo empleo se desea.-Uo jndfo es un terio trancés? VeremOS; DO sería la primera vez que
riocuenta pri meros magistrados de Franela, cien ve- hombr~ qne ha hecho uoa fortuna cun liUUChas O'Jzas un revolucionario result:.l.ra un puilo férreo para rer.ea m'8 Imparciales en el caso, cien veces más peri. y sin ningún escrúpulo y cuya subida repentina en- primir una vez convertirio en gobierno; no sería ex.
1ilBi mú profesionales, dlrfamos, en el arte de analividian todos, Jos ri cuR viejos y los pobres de todas traflo que los socialistas de Gabinete ayudar~n con
ur pru~bas?
edades; en suma, eljtullo E'S un hombre de negocios brío al presidente del consejo en su tarea de guardar
LJegamDB al Consejo de Rennes¡ y declaramos: que turbios y lucros clarüs. ¡Con razón se los encueutnn el orden; si no, no queda otro recurso que echarlos á,
no creemos en la mitad de las interpretaciones de la en la sopa los franceses!
la calle y ... . frente á !rente estarfan mejor los dos
Es innegable, el mundo está lleno de judfos.-¿Pe- grupos, en honor de la verdad; hasta con una barripreosa americana, vendida al si7ldicatojudlo, según dicen los antisemitas presididos por los senores Dru- ro el sindicato? ¡Atl! si ya cooocecnos eso; eso er. la t•da de por medio.
mont y Roche!ort que lo saben muy l&gt;i&lt;TI; que nos im- época de] sitio de Parí..; Re Jlamaba el espia. prusiano;
port,ao un bledo sus apreciaciones; que nos dejan el afio de 48 se llamaba los jesuiUts y en tiempo óe
• **
!rfoo las ovaciones que tributan sin cesará los amigos Robesplerre se nombró Piit y Coburgo; es Ja necesideJ reo y aun á é-ite; ¡oh! ,ion, nous ne croyons pas á dad que tienen ]as masas cte atrlbulr los males sociaEl
gran
culpable
de
esta
situación es el régimen
wutu cea bourdes-lá. Bien; retenemLs las declaracio• Jes á una conspiración que envenE&gt;na las fuentes pú - parJamentarJo, es el parlamentarismo; est,o se dice
blicas en tiempo de Cólera-morbo y compra á los diDM d8'ta,orables; y encontramos: 1 ° que los testien casi toda la prensa francesa y se aplaude ea casi
gos ó acusadores, todo es uno, de Dreyfus han repe• putados y á lo~ jueces en estos momentos. «Sí, bur. toda Ja prensa europea. E;¡ cierto, dice el gobierno
laos,
exclama
mi
interlocutor,
es
que
desde
aquf
no
licio las decla raciones que dieron ante la Corte de
italiano, recordando los últimos dü,gusto.s que le
Casación y que en ese '.rribunal causar,,n la impre• podéis verJos ni sentirlos.&gt;
causara
el obstruccionismo: es cierto, dice el rey de
Está bien; pero entonces no neguéis á los clientes
llón contraria á Jaque deseaban causar sus acusadolos belgas, recordando Jas recientes y temiendo las
de
los
judíos,
á
los
periodistas,
clubistas,
socialistas
res. ¡\ EA ó no clertoi" 2 ° Que en el dossier todo se
próximas batallas de Bruxelas; es evidente, allade el
encamlnaá este fln1 según ]as interpretaciones singu- y anarquistas pagados ó subordinados poco más ó emperador alemán, de eso aquí no se babia: el parlamenos
inconscientemente
al
sindicato,
no
les
neguéis
lares de lOR acusadores: Dreyfus era curioso, debió comeotarJsmo es un artefacto inglés, una cotonada de
nocer tal ó cual punto, Ueva ba ta] ó cual vida, en fin, el derecho de explicar también lo extremadamente Manchester que no puede usarse en el con"jinente,
complexo,
por
Jo
extremadamente
simple,
y,,e.trlbutr
pudo ser el autor de la tralcióri. Pero prueba, pero
no viste bien . . . .
una prueba, pero una décima parte de prueba, pero todo lo que les desagrada á una conjura negrísima
E1 parlamentarismo no ha hecho, sin duda, m::1rat.na de esas luces repentinas en las tinieblas, que re- del ejército y del clero contra la república y as! en- villas en Francia, ni en ninguna parte; ningún régi•
tre
estos
dos
elementos
primordiales
de
los
flamanteS
velan el cáncer de una conciencia y que hacen excla•
men político hace maravillas; pero vamos á ver ¿,con
mar, un Juez: he aqui, ¿dónde está? ¿cuál es? 3 ° Que fenómenos históricos d conflicto es seguro y confir- qué va á ser reemplazado? Con la república plebisci&amp;t:terhazy reitera su confesión de ser el autor del ma Jo que os decía, Ject-Jres, en uno de mis primeros taria. Esta es una invención bonapartista que desde
bonlmau, la repite á gritos por 1118 plazas y encrucl- boletines: en el rondo de todo eso hay un conflicto los tiemp::..s de Boulanger, diez anos ba, auda trasjadu¡ mas los generales no lo creen,-¡ohl Jamás rel1gioso; se trata de una lucha implacable entre tornando los cerebros de los descontentos, de los fnIL creertn ;.Por qué nó?-¡Oh! porque este gar- quienes creen poder realizar por la violencia y para clastficados de todos los partidos, que forman la imellos su ideal de felloidad en la tierra y los que lo
S'OR ntraordinnaire, como dice benévolamente el
para verlo realizado en el cielo; es eJ comba- pedimenta de la república en marcha, ó más bien,
general Roget , el general de Paul Dérouléde, es apbt.zan
son los gépidos, como se djjo en tiempos de las invate
entre
la esperanza y el apetito.
. , de cualquier co:,3 1 pero no es un traidor.-¡Oh!
siones
bárbaras en el imperio, los rezagados. ¿ Pero
Lucha feroz: apunta siniestramente. En la superporque no podía conocer los documentos de que haqué quieren? Todos quisiéramos saberlo; los bonaficie
del
océano
social
(en
esto
comprendo
á
Europa
bla el bordereau. ;.Pero no dice él que oo,,fe,.cirmó (con
partistas desean que se consulte al pueblo por medio
perdón de PenJta) que rorjó el documento con ayuda y los Esiactos Unidos) que se biocba y enoegreee y de un plebiscito, si es su voluntad que continúe la
de un o0cial del Estado Mayor, como Henry rorjó el espumajea, como en los momentos precursores de la~ República ó prefiere el Imperio; suponen que Jos fran1u10? ¡ Pero su letra no es ldént,ca á la del oorde,,aur grandes tormentas, se notan síotomas de descompo- ceses olvidarán que la ramosa fórmula &lt;el Imperio es
- 61, Bf1 pero no, no es Esterhaz y, dice con teatral siciones y convulstone:'.I desesperadas. No salgamos h paz, quedó definlti vamente reemplazada por esta
adem6n Roget- . . .... ¿Y á esto se l1ama prubar? de b'rancla, ya que todo el mundo está en Francia otra «el imperio es Sedán.&gt; Pero los neo- plebiscitadY 4 los que alzan los bombros ante todo esto se les en estos dfas, de cerca ó de lejos.
rios protestan contra todo est,o, y juran y cantan su
El atentado contra Labor! ¡esto es de la edad del amor por la república, la república no puede f.JOnerse
llama •endldos á los judfos? No bay up solo gendarme en ldéjico, de esos que dirimen los pleitos de los chimpancé, precursor fnmediato de los jueces con á discusión, según ellos. es intan.gibile, como dijo de
lranaeuntes apoyados. en un poste del telégraro, que que sueOa Deroulédel El asesino no ba sido bailado: Roma ita\lana el rey Humberto. ¿Cómo entra, pues,
aea capaz de tener una cosa de estas como una prue- un mal punto al sellar ministro del interior, á quien el plebiscito en un régimen normal de gobierno? La
ba: vagas presunciones, indicios contradictorios, sos- venero mucho; pero no tiene remedio, un mal pun- demCtCracia representativa se ha imaginado precisapechas obscuras, eso es todo, nada, absolutamente to .... . . La casa y el caso de M. Guerin.-E,te es un mente porque el pueblo no puede gobernarse directaDada se ha presentado capaz de determinar una con- episodio heroico-cómico de los preliminares del commente á sf mismo. En una democracia de veinte ó
cleoeia despierta de hombre libre. Hasta la terrible bate-¿Con que había una conspiración orleanista, treinta mil electores, como Atenas, se comprende;
coincidencia contraria á Dreyrus ba desaparecido: el bonapartista. y antisemttlsta? 81 es cierto, sellar pero en donde se trata de millones ¿cómo puede ma&amp;eneral de Bolsdeffre declara: que c11ando Dreyfus ministro, no se ande usarced con pailas caUentes: ter!almente llegarse á ningún resultado:' ¿Cc;n qué
~ ba en el Estado Mayor, babfa desapariciones duro en ella ...... Y efectivamente: cateos, secues- mecanismo?
v...,) de documentos.-¿ Y después? prei,-unta un tro de papeles, de armas. prisiones, de todo ba habiParece, según las afirmaciones del cm iteo de los
do; ademá.1t la policía de ParJs ha pue:,to sitio á una plebiscitarios, que de lo que se trata, en realidad, es
COo&amp;eJero: han seguido, responde el general!!
Hu ta dónde bao penetrado 1118 nociones de justi- casa en dónde un substraído al orden normal, el mos- de hacer nombrar al Presidente de la República por
da crist iana, no diremos absoluta, en el alma d'! los tachudo y exaspP.rado Sr. Guerín, se ha declarado el voto de la nación entera, y esto es un pleblscil:,(I,
~•POI educados en el culto del deber que componen con veinte amigos en una Francia suya, apa.rte, au- según elloE;'y se trata de elegirlo así para que no se
~d: relto de un pueblo Inteligente y de grandes tonómica¡ por dessz-racla para el jefe antisemita, sin deje dominar por la representación nacional; se trata,
víveres. En esa Jerusatem van á llegará devorar Ja pues. nv de un sistema de equlllbrio, sino de com ba•
el al concluJ, el siglo XIX, es lo que vamos á
zuela
de sus zapatos y tal vez á sí mismos, como vul- te. Ya los francese~ conocen el régimen ese; es el
dentro de unos dfas. ¿Podrán sobreponerse los
es del Consejo de Rennes al espfritu de cuer- gares canacos; es el radeau. de Ja Méduse en eJ mar de del príncipe-presidente que luego fué Napoleón III.
po, una grave tiranía, al temor de la ira de sus jetes, París! QuMo sabe si e: terrible Ministro del jnterior Lo que con ello se quiere, es un lwmbre; es una dicta: 1\~•:f• taroblén, á la inmensa sugestión de las espera ese acontecimiento, para triunfar ...... Está dura militar.
Pues bien, á pesar de lo descabellado, de lo incohe,. di • es que se dicen patriotas y de la prensa que expuesto el mundo á ver en París quizás lo que últibab1 de vota incondicional del ejército? Si lo hacen, mamente sólo Se ha visto en •&lt;L'Js Sobrinos del Capi- rente, de lo balbucean te de esta doctrina de tlranla,
tán
Grant&gt;
una
escena
de
canibalismo
obligatorio,
y
no nos hagamos ilusiones, está llamada á triunrar en
n merecido el respeto de los que hoy mismo
~~: en CObl bi rlos y forzarlos moralmente y ba- de M. Guerln podrá decir alguna vez quizás un Dan- Francia, si se mantiene más tiempo fuera de la vía
creo vado á }'rancia de una guerra civil . ..... Yo te del porvenlr:!u, oocca sollevódaljieropasto ... ."Ha- normal. Los seis meses siguientes al desenlace del
bal'II que lo bartin, que la mayorfa de esos jueces lo blando en serio, comprendo perfectamente la actitud proceso Dreyfus, nos dirán qué hay que esperar ó
de M. Waldeck Rousseau, es un tanto ridícula, pero qué temer. En estos momentos la situación puede
llar 1~~-é,; · Es verdad que aquí hemos visto !unciosensata; ba tenido un miedo profundoá hacer már- definirse :Mf: una anarquía atenuada por Jos geoda.ry
rtea Marciales ...... es verdad que, ... . . es
tires. Tiene mucha razón; los mosquetP.r·os del antitn!o~eo que 1~ harán; yo creo que podrán ver llbre- semitfsmó parecen resueltos á fusflar á la policía, la mes. E:,e estado de tte .... re no puede continuar; no
ottctal ? ue se Intenta colocará ese judío, que es un policfa está en el Indeclinable deber de fusilarlos á puede seguir; ,1 siguiera la dictadura serfa lnrallqoe en raneés, Y que es un hombre, en una posición ellos ...... Y esto, la verdad, esto es muy trabajoso, ble ....
Sentimos haber dicho algunas palabns un poco se•
que lle ~ueive el contra-sentido Ju rídico más brutal esto DO se hace .. ... .
veras tratando de lus oosas de Francia; pero no hemos
( Proba •ya •i•to jamás: el de obligar á un acusado
Pero se corrfa un riesgo no pequeno: que la espan- hablado nosotros, sino los hechos, á el1os hemos de1Q cul~b~~~noceneia, cuando toca. á los otros probar
tosa excitación de los grupos adversos, con motivo de
noeat,An
ad .·•••. Creo que opmarán con cuantos esta aventura de cadets de GU8CO[Jne, acarrease una co- jado la palabra . .. . Además, no fué, ¡ohi mi caro
anrmó(d:egos, que el dfa que Don Pablo Dérouléde lisión en la callo, y un tumulto considerable y la ne- Balbino, no fué Tácito quien dijo pesimum inimico-ra ,., aba ~:' de Mende) que Drey!us necesitaba pa- cesidad de reprimirlo derramando más sangre que la rum genus laudantes? En romance: no bay peor eneJDOCencla ue • probar, no una, sino mil veces, su que hubiese costado el asa! to de la casa de M. Gue- migo que el que alaba siempre.
• ese dfa preteodió c&lt;1n sus largos y flacos rln ... .

ª!é

!:te

oo:

¡"

JUSTOSJJ!:RBA.

�Domingo 27 de Agosto de 1899
Domingo 27 de Agosto de 1899.

134

EL MUNDO.

EL VICIOYELESCANDALO.
PUDOR E HIPOCRESIA.

.a

135

do entero y se apoderan de la clientela que antes

tigado, ser amable con sere1:1 antipáticos y respetuoso con personas desprect11 •
bles.
Sin esta esclavitud, roto
el treno de las coovenien.
cias socialts, el bombre se.
ría uoa fiera salida de 1,
jaula y un solo hombre sin
educación hace en la 11,,ciedad el papel riel lol.,o en
u1ed10 del ret&gt;ai'iu.
La verdad y la ficci6n 1
por cons1guiente la fran.
queza y PI disimulo. titmen
su lugar bien definido eo la
vida humana. Por urbant.
dad un cajero no debe hacer
a parecer favorables los 11al.
dos adversos; en una aca.
demia científica no se de.
be acatar el error ageno
por i;lmple cortesía; h•
partidos en una c.lmara
no deben votar por slm?le
deferencia con sus adver.
i;arios; con el médico se está exento de las prescrlp.
ciones del pudor.
Pero tratándose de v1.
cios, ya que no pueden ex•
tirparse, que haya siqute.
ra el pudor de ocultarloa.
Autorizar, disculpar siquiera su ostentación w
pretexto de franqueza, de
sinceridad y de horror t la
hipocresía, es favoreLer su
propagación con el ejem.
plo y decretar el desenfreno.
La desnudez antigua produjo la estatuaria griega;
pero infiltró y generallz6
los másrepugnantes vicloe.
La desnudez moral proa
ti tui ría más aún á los hom
bres, y no es seguro que
llegara á. producir, en compensación, una ei.tétlaa
noble y duradera.

Los latinos tenemos una
marcada propensión á ostentar nuestros v I c i os,
nuestros crímenes y nuestróls defectos morales. Con
el nombre de franqueza y
de sinceridad tributamos
culto á una forma del cinisma que consiste, no en disinmlar, atenuar, ocultar
todo lo que rie repugnante,
ocjjoso 6 incorrecto tienen nuestros sentimientos
ó nuestra conducta, sino
precisamente en hacerlo
público y noto,io, en ostentarlo, basta en vanagloriarDO!I y hacer ga.la de ello.
Y vamos más allá; no nos
conformamos con aprobar
y aplaudir la ostentación
del mal sino que vituperamos y denigramos á quien
teniendo un vicio lo oculta, á quien se disimula y
disfraza para proceder mal,
á quien se afana y esfuerza
por mantener misterioso é
ignorado ese rinconcito negro del alma y ese vericueto sombrío de la conducta
que casi ninguna alma ni
ninguna conducta dejan de
tener.
Lo ,p1imero que se nos
ocurre cuando estamos beodos es echarnos á la calle á
lucir la mona; tener una
aventura amorosa y callarla es para nosotros tormento indecible; nada nos preocupa tanto como qne se,
¡,epa que jugamos ó trasnochamos y rara vez dejamos
de babi tar la casa de vidrio
DR. MANUEL FLORB8.
á través de cuyos muros
todo puede verse y juzgarse
desde la calle.
Como natural consecuencia de este modo de pensar
Pocas veces se ha juzgay de ser odiamos y denigrado
en Méxi~o con tanta
mos á los discretos, á. los
justicia y con menos apareservados, á los solitarios
sionamiento á una. cantandel vicio que se encierritn
te de ópera; hemos olvidapara beber, que corren cordo
todo snobisnw al apreciar
tinas y celosías para jugar
SRA. ROSA.LIA CHALIA, SorRA.NO DRHlA.TICA ABSOLUTA.
los grandes méritos de la
ó se envuelven para amar
Señora Chalia.
.en las nubes de Júpiter.
La Empresa y lo, a1miradores ae la artista la preDe hipócritas no les bajadad. La mujer cubre sus formas animales, las envuelmos un punto y cuando establecemos parangón entre ve eri gasas que qui!,iera fueran nubes, y cuaja sus sentaron como una estrella dei,prennida de las conasus vicios y los nuestros invocamos en nuestro favor vestidos de listones que aspiran á SP,r flores y :ie joyas telaciones del .llfetropotitan Opera Hou~e de Nueva
lo atenuante de la franqueza, de la lealtad, de la pu- q ...e aspiran á ser astros. El vestido vela, oculta, York, y con eso creyeron decirlo todo. El público,
blicidad de nuestro proceder; nosotros no engai'iamos desfigura, hace olvidar la forma material y animal; sin embargo, antes de aplaudir quiso juzgar por al
á nadie, no damos gato por liebre; todo el mundo sabe
es una muestra que disfraza una verdad y en el ve!.ti. mismo.
á qué atenerse tocante á nuestra conducta y si somos do hay pudor y no hipocresía; los partidartos de la
La Señora Challa no llevaba peligro ninguno Y 8111
perversos en cambio á nadie tendemos el cebo de franqueza y de la sinceridad no se desnudarían como reserva de los que hoy son sus admiradores la ~
nuestra fingida vi~tud.
Sócrates ante sus discípulos, ni harían desnudará más al to en el concepto de los aficionados, porque el
Esta polémica se ha entablado seriamente y en tér- sus
mujeres como Friné ante el areópago. Ocultarse talento y sólo el taiento de la artista ha determinado
minos precisos entre franceses é ingleses. Aqu~l~os como
Sus·ina para tomar un bafio, es pudor y no hi- su triunfo.
dicen siempre á éstos: nosotros parecemos más v1c10La Sei'iora Cbalia dejará en México un gran repocresía.
sos porque somos más sinceros; vosotros parecéis
cuerdo con el que lucharán to:las las que bagan el
Los animales ejercen á la luz del día, sin remordi- papel de la protagonista en «Cavallerfa Rustican&amp;.&gt;
más virtuosos porque sois más hipócritas; París vale tanto como Londres, hay en la una como en la miento y sin vergüenza, todas sus funciones y satisfaotra capital igual prostitución é iguales desórde- cen en público todas sus necesidades, si el hombre
nes, nada mas que Pa.rls se exhibe y Londres se procediera así por espíritu de s:nceridad y de franencierra y que Pc1.rís se desnud,:i. mientras Londres se queza, 1a sociedad sería nna cloaca y la vida soL\ ENSEÑANZA COMERCIAL EN EUROP!
cial se haría insoportable. Lo que pasa con la vida
vela.
¿ Qué pensar de este criterio y de este modo de con- flslr,a pasa igualmente con la vida. moral; los vicios
siderar las cuestiones elevadas de la moral privada y son expansiones y explosio.nes de la vida animal; la
La cifra de exportacione:1 anuales de una_grao
pública? ¿Qué preferir entre la ostentación cinica y ira, la intemperancia, la lujuria, no pueden osten- clón es la imagen más fiel de sus fuerzas v~vas Y
la hipocresía. repug-nante? ¿Quién tiene mayor valor tarse sin hacer repugnante y odioso á quien los ex- mejor signo aparente de pro,peridad, v sus uat08 8(18
hibe y sin contaminar por el ejemplo y la imltaciJn preferibles á los que presentan el poder militar Y:
moral, D. Juan ó Tartufo?
A nuestro juicio la solución estriba en la diteren- á quienes nos contemplan. Moderar un arrebato de extensión de los dominios coloniales para conocer
cia radical que media entre la bipocresíay el pudor Y ira, refrenar ante el público las expansiones á que adelanto.
en el avalúo de las ventajas y de los inconvenientes el amor incita; dejar rumplimiento en el plato para
Hay eu Europa dos naciones, Francia é Ioglaterrlt
disimular la gula; tocar apenas con los labios la copa que á mediados del siglo figuraban en primer tér~
que resultan de ocultar y de ostentar un v:cio.
La civilización propende á engendrar y acrecentar que se quisiera apurar hasta las heces, son deberes 110 como exportadoras; pero de treinta años á ta ff&gt;
en el hombre el sentimiento del pudor; el hombre as- sociales, convensionalí~mos sal vado res del pudor públi- cha, las condiciones de lo.3 mercados internaclJ
pira sin lograrlo á. dejar de ser un animal, una sim- co, prescripciones ineludible1,; tte ese código del disi- se han modificado en perjuicio de los intereses de 11'
ple variedad zoológica. El desenvolvimiento de su in- mulo, del freno, del vafladar pasional que se llama la dos naciones. Algunos de sus grandes comprado
teligencia, de su poder sobre la naturaleza, el pre~o- urbanidad y que coopera á mantener al hombre en como los Estados Unidos, producen ya los objet08~
minio de su espíritu sobre su cuerp•&gt;, sus ae1pirac10- relaciones grl!.tas, útiles y nobles con los demás hom- consumen y exportan lo que les sobra, compltle u,
nes á lo noble, á lo puro, á lo ideal, hacen que lleve bres.
audazmente con el comercio europeo en algunos 1
como un fardo la inexorable fatalidad de .sus necesino basta reprimir y disimular lo que se siente y gares del mundo.
dades animales, de su organización fisi.m, de sus ins- lo Y
Por t&gt;tra parte, algunos pueblos agricultores
que se desea, sino que es fuerza también fingir y
tintos y propensiones bestiales. El hombre civllizado y mimar lo que no :Se experimenta, aparecer jovial desarrollado su industria de una manera prodlgl
es materia que quiere ser espíritu, un cuerpo que estando triste, mostrarse benévolo cuando se desea- Alemania, Austria-Hungr1a, Rusta, Bélgica YS
quiere ser una alma, un-bruto que quiere ser un Dios. ría causar mal, comer sin apetito, ballar estando b- luchan contra los franceses y los ingleses en el 11
El pudor no es más que la vergüenza de la anima.U-

\

EL MUNDO.

LA SEÑORA CHALIA

n:¡

En Francia hay dos
tenían.
Sin entrar en pormenores minuciosos sobre las
establecimientos de
transformaciones á que nos referimos, baste decir
alta ensefianza coque de 1872 á la fecha! los Est~dos Unidos han aumercial: la escuela
mentado sus exportacwnes casi en la misma suma
de estudios comerque represent~baen aquel afio la exportación francesa.
ciales de París y la
En Alemama ba aumentado en una tercia parte
escuela. superior de
el número de los obre_ros empleados en la industria:
comercio; las dos tieel a.lío :le 1882, los dt versos establecimíentos indusnen un total de cuatriales ocupaban cerca de seis millones de hombres y
trocientm, á quinienmás de uu millón y medio de mujeres; en 1885 había
tos alumnos. La enocho millones de hombres y dos millones y medio de
señan za comerci&lt;1l
mujeres ocupados en los mismos establecimientt s.
t:ene nueve estableEl problema tiene su solgción, según los que mejor
cimientos y menos
lo ban estudiado, en la inferioridad de la enseñanza
de mil doscientos
comercial francesa, ó si se quiere en la generalinción
alumnos. Si se agrede la enseñanza técnica y comerclal de las naciones
ga esta et fra á otra
rivales de Francia. A lo menos esa es una de tantas
igual dei.lumnos que
concurren á los estacausas y de las ~ás serias, p~es claro esta que también bao concurndo á producir el fenómeno diversos
blecimientos de en·
se ñ a n za eomercial
factores s~1ficiente~ente estu'.llados ya.
.M. Yan¡oul, sab10 ruso que ha publicado un estuprimaria, comprendio notable sobre los TOedios empleados por ¡08 Estaderemos por qué el
dos ~uropeos para desarrollar su comercio exterior
pueblo francés no ha
decía: se ha repetido que el maestro de escuela a.lepodido luchar ventajosamente con sus
mán ha desarrollado 1a fuerza brutal de Alemania·
le ha hecho á su patria un servicio mejor, el de favo~
adversarios en el coELNUEVO -lNSTITUTO ,DE COMERCIO DE LEIPZIG (ALEMANIA.)
recer con to~as sus fuerzas el _aumento de su capacim e r c i o internacional.
dad productiva en el orden rndustrial y comercial.
Meditad este pasaje del informe de un cónsul ameri- nómico del mundo, que lo estudie en todos sus porq_ue
sobre
todo
caracteriza
las escuelas eomer.
Lo
cano dirigido últimamente al gobierno de Wasbino-- men~r~s para que pueda saber á donde ba de lle- males fra_ncesas, es la falta de interés
de
ton: «Los progresos realizados en Alemania de veinte var u_tllmente sus esfuerzos y para que medite los los e:,tu_dws, lo poco que se les inculca á utilitario
los
alumnos
años á la fecha-período brevís1m&lt;) si se tiene en traba¡os y la marcha de bUS competidores extran- el esp;n~u de iniciativa y la escasa comprensión de
Jeros.
los !11ult1ples problemas que tiene que resolver el ne_Es lo que bao hecho en Europa alemanes y aus- gomd.nte, cuando emprende operaciones lejanas d
tria_cos, belgas .y suizos; millares de jóvenes de esas compra ó vent&lt;l_Y más que todo la energía de lavo~
naciones, bao adquirido uoa excelente educación Juntad. No recibe ei,os estímulos que Ja hacen tan
comerc_ial. Habl_a~ y escriben muchas lenguas vi- sorprendentemente creadores de maravillas en los
vas, tienen opmwnes preeisas sobre los negocios
países del Norte.
en ~rna palabra, están mejor armados para la lucb~
sabia del negocio moderno. Natural es que proEL OCULTISMO EN FRANCIA
gresen.
En 1850 los Estados que después han formado el
~on mot! vo de haber causado eu Francia grande enl mperio Alemán, tenían apenas diecisiete escuelas
tusiasmo
y,sensación el horóscopo hecho acerca del Code comercio que daban una ensei'ianza prima ria superior, ó secundaria. Actualmente, bay en Alema- manda~te Marcband por una charlatana adivinadora
nia setenta y tres e~cuelas de ensei'ianza comercial que reside en París, llamada Mme. Thébes y que gos~gundarfa y dieciseis escuelas su pniores de comer- za ~e ~!to crédito entre la gente supersticiosa, lo.;
c10, cuyos alumnos tienen el privilegio cuando pa- periódicos de Parí~ emprendieron una campaña for.
san los exámenes, de no mal para desautorizar Ja predicción. Para conseguiríi
hacer sino un afio el ser- lo, recuerdan que en los momentos en que llegó á su
vicio militar. Las dleci- apogeo el general Boulanger de célebre recordación
seis escuelas superiores e1;1 Francia por las engañosas esperanz,;s políticas que
d!ó Y. que fraca~aron ridículamente; pues bien, en
Se reparten en todo el e~as
c1rcunstanmas no faltaron adivinadores que biterritorio del Imperio;
me~o~
para el dichoso general un brillante horóscopo
á saber: seis en Prusia,
cuatro en Baviera, tres pol1t1co á )ª medida del deseo de sus partidarios, el
en Sajonia, una en Wur- cual contnbuyó no poco á producir los trastornos que
ocurrieron. Del tal horóscopo nada se reaHtem berg, una enHessey entonces
una en el principado de zó, como era natural.
Ahora los periódicos nacionalistas y antisemitas
Reuss. Hay ademásocho
establecimientos, gim- le han hecho gran ?&lt;Jmbo al de Marchand, propagánnasios, escuelas reales dolo como cosa s~na hasta los periódicos católicos
credo proscnbe las isupersticiones. 1•Misterios d'
superiores y escuelas cuyo
las pasiones políticas!
e
técnicas, que con los
Po'.
eso
es
laudable
la
tarea
de
poner
en
caricatura
mismos programas for- semeJantes farsas, y es en verdad hábil Ja táct·
man industriales y comerciantes. El número de los que toman como ejemplo el chasco ocurrI~~
de alumnos de todas las con el horóscopo de Boulanger puesto que de M
escuelas de esta clase, chand predice !ª adivinadora que será un héroe c~rdn
llega á doce mil tres- todas las :mahdades reunidas de Napoleón I
·Pyo
e
Boulanger,
pero
sin
ninguno
de
sus
defectos
cientos. En algunas ciu- cosa!
· 1 ca
dades la escuela comercial recibe subvención
LA ESCUELA SUPERIOB DE COMERCIO DE PARIS.
del municipio.
fuenta la antigüedad de la cultura alemana-sus ade. En Austria Hungría hay un total de cincuenta y
tntos e~ todo orden son verdaderamente increíbles. siete escuelas, con ocho mil seiscientos alumnos y
a activ1da~ de sus_Export Vei·eine, la energía de sus doscientas cuarenta y seis escuelas de perfeccio~a~entes, la ms~rucc1ón que se adquiere en sus escue- mlento á que concurren generalmente más de treinta
as, la puntuahdad ~n la ejeución de las 5rdenes co- y ocho mil empleados, agentes y meritorios de co;rerclales, la habilidad con la cual se anticipan á los mercio.
eseos de las otras naciones en materia comercial taEn Suiza el nivel de la enseñanza primaria es muy
1es son los factores de sus rápidos y seguros progreelevado, y en la segunda parte, destinada á los niños
sos ...... &gt;
De estas _cualidades, sólo una falta á los industria- de nueve á diecisiete aflos, además de las lecciones de
1es Y !1egoc1antes franceees, la instrucción técnica co- cálculo rápido y ,de teneduría ne libros, se les enseel francés, el alemán ó el italiano, es decir, una
~Cial. En Francia y en Inglaterra se ha desarro- fla
de 1as lenguas no habladas en el cantón en que está
O
clal menos que en Alemania la enseí'ianza comer- la escuela, y frecuentemente el inglés.
o ac~sá.ndose en igual proporción el descenso de sus
En Bélgica la ensei'iania comercial secundaria se
pe~amon~s come~c!ales con el extranjero.
Ju~ ;ntiguo. m1mstro de comercio de Francia, M. recibe en los a¡,eneos en el Institu Lo de San Ignacio de
los
o~he, dice: &lt;Ya no estamos en el tiempo en que Amber~s, que es una escuela de e?señanza especial
per~:gociant~s Y los industriales franceses podían es- comercial, y la enseñanza comercial superior en el
en s ~ranqmla Yseguramente en su cl\Sa que viniese Instituto de Comercio de Amberes.
En los Estados Unidos bay doscientos setenta y
mu!~! usca la fortuna. Tenían el monopolio de una
de}.,' tu~ de objetos y el mundo entero era tributario cinco E&gt;stableclmientos de ensei'ianza comercial algues u~tnc ª· Todo seha transformado·: la competencia nos de ellos de primer orden, á los que concurr~n más
es n ver9'."l Y se m~nifiesta hasta dentro del país; de cincuenta mil j,~venes, de los cuales el quince por
lo alecesano p~rsegu1r al comprador y jugar á quién ciento cuando menos reciben enseí'ianza comercial
dicioC:nzará primero y más lejos en las mejorescon- ve.?"daderamente su_perior. La ensei'ianza es práctica
apuca:S de enta que sea posible. Necesario es pues, hasta donde es posible, y los alumnos dirigen oficih,, dla en e º:den comercial, el método científico, nas, dau órdenes de compras y de ventas ejecutadas
co!erci de umv_ersal aplicación; necesario es 'J.Ue el por otras oficinas, hacen contratos, negocios de banante francés conozca á fondo el tablero eco- ca, etc.
ÜFICINA S'UPERIOR DE COMERCIO EXTERIOR, p ARIS.

1

�Domtniro 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

EL MUNDO.

136

La parte española, que es la central
y oriental, formó la República Domt·
nicana, y afortunadamente no ha conocido los horrores de la guerra de
razas entre el elemento europeo y el
africano, importado en tiempo de la
dominación española. La población
blanca ó mestiza se ha unido con el
elemento negro muy numeroso en las
costas, y domina todavía en los valles
del centro y en la parte alta del país.
Esta es la República Dominicana, cuya
capital es la ciuñad de Santo Domingo.
El General Ulises Ileureaux cuya
muerte nos transmitió el cable, fué
asesinado por un ciudadano de la República llamado Ramón Cáceres. Heureaux ocupó el puesto de Presidente
de la República Domiuicana diecisels
aílos y estaba reelectv para el período
que debía terminar en 1901, pero se
creía en una nueva reelección.
Era extraordinariamente activo,
enérgico y de una firmeza tiránica á
veces. Pertenecía á la raza negra, y
descendía de un antiguo esclavo de la
parte francesa de la Isla.

EL GENERlL DE NEGRIER,

Una de las medidas más enérgica¡., y
dolorosas que ba tomado el actual Mi·
nisterio francés para conserYar la disciplina en el ejército, rué la remoción
del general de Negrier, prestigiado
militar de aquella nación y miembro
del Supremo Consejo de guerra. .
Muy discutida fue la determinación
del General Marqués de Gallifet, Ministro de la guerra al separar á uno de
los Jefes más estimados y más populares; pero para quienes sin pasión
pueden juzgar los acontecimientos, es
evidente que nada se impone tanto en
las actuales circunstancias como la
consevación del orcen y el acatamiento incondicional por parte del Ejército, de los acuerdos que dicte el Ministerio llamado á restablecer el equilibrio moral en la nación francesa.
El General Negrier, hoy una de las
figuras centrales y de las más simpáticas para los que erróneamente quieren sostener los priYilegios del Ejército contra las exigencias de la justicia

GUZ:MAN BLANCO,

EL GENERAL F. 0. DE NEGRIER.

UL1$ES HEUREAUX,

México

Moderno

CASA DEL SR. ToR;:;Es ÁDALID. -AVENIDA Ju~REZ.

Presidente do San_to Domingo asesinado ú.lt.lm11mente.

E.x-Presldente de Venezuela. ten Paris.

y los intereses-dei pueblo, es antiguo alumno deSaintCyr, establecimiento al que ingresó cuando apenas
contaba diecisiete años, por lo' que hubo de solicitar
dispensa de edad.
Pasó por los grados de Sub-Teniente, Teniente y
Capitán de Cazadores de Infantería, y el afio de 1870
su conducta excepcional y heroica en Saint-Pri vat,
en donde fué gravemente herido, lo hizo acreedor á
una mención y á la cruz.
Restablecido de su herida, siguió la campaiia á las
órdenes de Faidber vc con el grado de Comandante
del 24 batallón.
En 1879 recibió el grado de Coronel y se distinguió por sus brillantes campaii&amp;s en Africa y en el
Tonkin.
En 1882 fué ascendido á General de Brigada, y en
1885 llegó á divisionario poniéndose bajo su mando
poco después el 7 ° Cuerpo de Ejército.
Sus méritus le han valido ser gran cruz de la Legión de Honor, y fütimamcnte ocupaba un puesto
en el Consejo Supremo·de Guerra del que fué removido por sus violentas críticas contra el Ministerio
Waldek Rousseau-Gallifet, en perjuicio deladisciplina y del principio de autoridad.

ella dominan los negros y los mulatos desde la terrible
insurrección de hace un siglo durante la cual destruyeron, expulsaron y absorbieron la población blanca.
Al hacerse independiente le dieron al país el nombre
de Haití, con el que designaban los indios toda la isla antes de su descubrimiento por Cristóbal Colón.

L!.

Era hombre instruido, pues además de estudiar
muclio, tenía el don de la asimilación y una gran
fuerza en el trabajo. Bajo su gobierno la República
Dominicana vivía en paz, aumentaba su población 7
progresaba en todos sentidos.

CARICATURA EN EL EXTRANJERO.

EL GENER.1.L G1JZ1'1A.N BLA.NCO.

Este antigo Presidente de la República de ·, enezuela, expatriado desde hace varios años, murió últimamente en París en el palacio de su propiedad de
la calle de la Perouse.
'.renía setenta años, y desde el año de l 888 se retiró definitivamente de la vida pública fijando su 1esidencia en París, en donde contrajo vínculos de parentesco con la nobleza de !'rancia, pues una de sus
hijas se casó con el duque de Morny y otra con el
Marqués de Noé.
Como~soldado tomó parte en las agitaciones políticas de"\ eneznela, y en 1870 se apoderó de la primera
Magistratúra de aquella República.
Su nombae es uno de los má&amp; conocidos en la América Latina, y deja en ella el recuerdo de una larga
carrera de soldado y político que ilustrará la his•
toria de las revoluciones latino-americanas·

El Presidente lJlises H .e ureaux.
La gran Isla de Santo Domingo es en parte espai'iola y en parte francesa. La parte francesa que está
al Oeste y es la más pequeiia, pues ocupa próximamente un tercio del territorio, es la más poblada y en

¿De qué lado se inclinará la balanza?

ÜASA DE LOS SRES. EsCANDON -MIRADOR DE LA ALAll.EDA.
(New York Jierali.. )

137

�Domingo 27 de Agosto de 1899
EL MUNDO.
138

NOVEDADES CIENTIFICAS.
,._

Viajes lnterplanetarios.-La geografía y la vida del planeta )!arte.
-El progreso ideahzado.-Tr1unt~s de la Pe..t11gogla: uu perro
que sabe matemática~.

El ilustre astrónomo M . Camilo Flammarion hizo
su viaje de bodas en globo para obsequiar los imperiosos deseos de la desposada, quien impuso este fantástico paseo como condición esencial para dar t:! clásico sí. El primer beso de ·amor fué cambiado entre
estos novios ultra-idealistas, teniendo por alcoba
nupcia.l el infinito espacio azul , magníficamente engalanada con cortinajes de nubes prendidos con estrellas é iluminada por la «misteriosa lámpara de plata,&gt; por la infeliz luna tan habituada á tomar parte
de grado ó por fuerza en e¡;tas escenas, merced á la
arbitraria voluntad de los poeta!:..
Las más desenfrenadas fantasías de los románticos
quedaron muy por debajo de la espléndida y original
realidad de este viaje nupcial; imposilile parecía imaginar una fiesta de amor celebrada con tan absoluto
desprendimiento de la Tierra y sus miserias, puesto
que los de1,posados estaban á varios millares de metrot. lejos de ellas.
Pues bien, á pesar de la extraordinaria novedad de
esa excursión, el progreso científico pronto va á darnos algo mucho más interesante y grandioso. Cualquier novio del siglo futuro, es decir, de maflana,
estará en posibilidad de preguntarle á la novia, la
víspera de la boda, si prefiere ir á pasar la luna de
miel á París ó á Marte, á Niza ó á Venus. Así, como
suena.
Y este viaje podrá hacerse sin peligro alguno, sin
la menor molestia, sin t,emor á que un naufragio ó
un descarrilamiento corten en flor el idilio apenas comenzado.
Esto que parece inútil charla, es, por el contrario,
hermosa verdad cientilica.
Uno de los más curiosos fenómenos que ofrece á
los espíritus observadores el progreso de la ciencia,
consiste en su marcada tendencia á usar de la materia y de todo lo creado sin consumirlo, sin cambiarlo
de forma ni de lugar, de una. manera virtual, ideológica por decirlo asi. Por una parte, de día en día la
ciencia se bace más positivista y se funda exclusivamente en be.:bos materiales, pero al mismo tiempo
sus conquistas se inmaterializan á fuerza de perfec•
ciunamient:os, y esto que parece una paradoja, es sencillamente una consecuencia lógica del predominio
que la inteligencia humana va adquiriendo soore la
materia.
La luz artificial es un concluyente ejemplo de este
hecho.
El primer hombre que consiguió encender luz frotando uno contra otro dos trozos de madera resinosa,
consumió, además de la madera, gran cantidad de
fuerza animal, todo oara obtener una llamarada de
, coita duración, rojiza y fuliginosa. Pues bien, después de luengos siglos em pleados en variadíslmos ensayos á cual más deficientes para obtener una luz
artificial perfecta, abon casi ha llegado el bombre á
conseguirla puesto que con una caída de aglrn, unos

,

.

..... -

Ar Al'

Domingo 27 de Agosto de 1899.

animal pasó ya y terminó con el enfrla.
miento del planeta. Mart,e sólo recib,
cuatro novenos del calor solar que la
Tierra recibe, y añadiendo este dato al
aspecto de desolación y á la ausencia de
agua que se observan en su superficie
puede pensarse que nuestro vecino es u~
gran agonizante, próximo á convertirse
en un trágico cadáver condenado á flotaren el espacio basta que un fenómeno de
la evolución sideral lo convierta de nue.
vo en nebulosa, luego en cometa, má&amp;
tarde en wl ó en parte de otro sol, después comience otro período de enfrla.
roientr, lo embellezca la vida ani mal 1
vuelva al fin á conve1tirse en cadáver y
esto infinitamente y en períodos dette:U.
po ante cuyo cálculo retrocede la intell.
gencia humana, espantada más que porla grandeza de ellos, por la miseria de la
vida del hombre comparada con la de loa
astros.
Con que ya vemos que se puede viajar
por los espacios ideológicamente, como
pronto se viajará por laTierra, cuando el
telégrafo sin hilos, el fonógrafo y el cine.
matógrafo, formen un sólo aparato, máa
notable que las i,iete maravillas del mun.
do antiguo reunidas. Y esto no es una
esperanza, ni una probabilidad siquiera:
es un hecbo. Existe la telegrafla sin
hilos; la fonofr¡,ffa ya fué aplicada al telégrafo; también es un hecho la transmisión de las imágenes luminosas por medio del telégrafo, sieodü indiferente transmitir una sola fotogra•
fía ó muchas romo en el cinematógrafo.
Falta únicamente reunir en uno todos esos prodigios y entonc~s, para viajar, las cosas y las personas
vendrán por esenci", presencia y potencia bacia nosotros, y ya no será preciso que nosotros vayamos hacia
ellas.

carta hablada. Vino después la carta escrita en la.arillos, en tablillas de madera, primero desnudas y
luego recubiertas de cera, más tarde aparecieron sucesivamente el papir0, el pergamino y el papel, basta
que la electric!dad dióles el golpe mortal á tan groi,eros medios de transportar las ideas. El único veliículo digno de la palaora, verbo encarnado de la
idea, es la electricidad omnipotente y rápida cumo
***
ella.
Vaya otro hecho maravilloso
para confundirá los
Y dominada la luz con las conquistas de la ópt:ca detractores de los sistemas modernos de educación.
y de la química; domiaada la electricidad con los
DejanJo á un lado por inútil la discusión de si loe
avances de la física, é invadido el espacio y vencida animales tienen alma, discusión ingrata entre otraa
la materia basta en sus más tenaces resistencias, coi,as, porque ni sobre la naturaleza del alma humapor la marcha triunfal é incesante de las aplicacione,¡ na, ni sobre su existencia bay dos metafísicos en comde la fuerza eléctrica, dentro de poco desaparecerá la pleto acuerdo-, pasemos á los becbos.
necesidad de exponerse á los peligros de un viaje lo
En París anda el mundo científico alborotado por
mismo para conocer nuestro mísero planeta, quepa- un caso al parecer vulgar, y que por el contrario, eg
ra hacer una excursión par Marte, Venus y, más
gran trascendencia.
tarde, por los demás sistemas planetarios y basta deSe
trata de un perro que sabe aritmética. Por IU•
por las remotas consLelaciones ahora más bien adi- puesto que no es uno de aquellos perros sabios que
vinadas que vistas.
Cuando bace algunos años se habló de conocer la pasan por tales á semejanza de mucbos hombre.a,
composición química de los demás planetas y bas- sólo porque señalan casualmente un número con la.
No.
ta de las estrellas, hubo .:na sonrisa de incredulidad pata.
Es un perro que por la educación racional y metódespreciativa para semejante idea, entonces calificada de absurd). Ahora, mediante el análisis espectral dica de los sentidos, hecha mediante los más estrlose sabe, átomo por átomo, la naturaleza de los cue1- tos procedimientos de la pedagogía moderna, llegó f.
pos de qne se componen los milenarios babit,antes adquirir la noción del número y, lo que es verdad&amp;
del espacio, su anatomía y su fisiología, digámoslo ramente admirable, la de sus combinaciones.
El sabio animal suma, multiplica y divide, expre•
asf, nos son famlliares, y sabemos de ellos tanto cosando con ladridos los números que combina. Par&amp;
mo de nuestro propio planeta ó muy poco menos.
Un soñador, mejor dicho, el profeta de la Ciencia, comprobar la educación de sus sentidos, se le vendan
imaginó un maravilloso cuanto inverosímil relato de los ojos, se le dicen los números y él responde acertaun viaje á la luna. Entonces los sabios rieron de la damente; con los ojos vendados y sin decirle nada.
idea y basta hubo quien la discutió demostrando su
imposibilidad. Pero ahora nos dice la Ciencia: ciertamente, es imposible que el mísero animal humano,
todo debilidades, se salga de su medio y viaje por el
espacio; pero ¿es nec.;esario que su cuerpo viaje1 no
puede bacer que su inteligencia sea la que se lance al
espacio y viaje so:a, puesto que para ella no existe la
pesantez, ili necesita del aire oxigenado para vivir y
ningún peligro sabría alcanza1la ni hacerle daño
alguno?
Y 0omo decir y hacer casi es lo mismo para la Ciencia, be aquí las pruebas.
Para hacer e1 mapa de nuestro planeta fué preciso
que muchas generc:1,ciones de hombres de excepcional
energía, emplearan siglos en viajar, arrostrando dific1,ltades sin cuento y desafiando la muerte cien veces
cada día, y aun asi, no conocemos del todo bien la
geografía terrestre; todavía hay regiones inexplora- '
das y rincones misteriosos por estudiar.
En cambio, unos cuantos astrónomos, cómodamente
~endidos en l~ cha~se longue de sus telescopios, con
alambres, una ampolleta de vidrio y una chispa de pae1encia
pero sm nesgo, pudieron ya levantar el
su genio, produce una luz bellísima, la incandescen- mapa fidelísimo de todo un llemisferio de nuestro ve- •
te, y que no consume un solo átomo de materia aun- ci~o Marte, á pesar de los catorce millones de leguas
que brille durante siglos. Y todavía los hombres de que nos separan de él. Y nos enseñan con la certeza
ciencia estiman que esta luz es defectuosa, puesto de ~u becbo científico, que!º qu~ antes pareció vegeque produce calor, y lo estiman con tanta más razón, tación y agua en Marte, &lt;DI es cielo, ni es ami &gt; ni
cuanta que Nicolás Tesla, el glorioso sucesor de es
vegetación, ni es agua, sino ilusiones ópticas, puesEdison, anunció haber resuelto ya el problema de tas en claro por el espectroscopio. Agua la hay en
producir la luz fría, es deci:-, la última palabra que
pero en escasfsima proporción y según parece cuenta con una pata las bolas de un ábaco y baCt el
al parecer puede pronunciarse en la cuestién del alum- Marte,
toda en estado de vapor en su atmósfera.. Los llama- cálculo, siempre sin equivocarse.
brad0, desde que el primer hombre lo produjo casual dos
mares son grandes cuencas vacías por ahora. ¿ EsEl hecho es concluyente: la Pedagogía puede hacer::
6 deliberadamente frotando do,; trozos de madera.
Pues lo mismo que aconteció con la luz, tiende á tu vieron llenas, lo estarán más tarde? La vida ani- de 1,n bruto un sabio.
existe en Marte?
hacer la ciencia moderna con los demás problemas mal
Casi puede afirmarse que no y basta basándose en
M. Ro:llERO lBAfl.!l,
sometidos á su omnipotente fuerza.
las observaciones hechas, se hace la hipótesis de que
El primer hombre que quiso comunicarse con otro el estado ~ctual de Marte en punto á vitalidad, es
á distancia, tuvo que transladarse á donde estaba su muy semeJante al de la Luna, es decir, que la vida
semejante ó que enviarle un mensajero, esto es, la

EL MUNDO

139

1,

QJ

:if~. francos que en las pomposas fiestas del cas«En_esto, aparece una carroza dorada tirada
por seis caballos en 1
.
sus hijas tiernos, d r a ~ua 1 ib.t la castellana con
pollos· u~a ro ' e rna os y encantadores pimto. L_a· madre ::d~~~eª~~c~~l~e~auny pcá~~~~r{:c~

~;;~~~:º! ª~::~':

1
ia~r:cíta un soberbio _tulipán:
0
1egre reunión mte•
rrumpió sus ·
·
sus seflores; ~~tf~~• %a:~!clinóóco1;1 respeto ante
co~ la más ligera inclina ció:~: c11s~:z:.aludar ni
Al ver á las tres graciosas niftas
té: ¿¡Quiénes zlerán los jóvenes destin!:orr:g~~-

~~; ~;:r~~ ;~ri::;:sf'Serán

ª

poderosos caballe:

«¡Ilu u hud! ¡Escapo! ¡Vuelo!
«Los campesinos hicieron lo
molinaron danzand
que yo, se arreo er: torno de la hoguera· y
en tanto el carruaje escapó al g I
'
«A media n h
¡
ª ope.
nud
.
oc e, a levantarme dispuesto A reapar:~::u crrera, la altiva castellana se acostó
pentina
~evantarse. Una enfermedad reyo emplear pud:r:.on tanta presteza como la que

~º1:~r/

Da:!net:t~~~ ~~;::rsª~fa:º;~;:iiempo, V:aldemar

II
«A orillas del Gr

:e~

.
d~cf ~ viento, se leroa de asperón y
oria , e gruesos mupiedras, des&lt;le . u o c?n~zco una á una sus rojas
eutillo de Mar-~
s1r;1eron para construir el
lido, Y las tran:
ig, asta que éste fué demoeon ellas el cast8i';~ar;n más lejos para fabricar
y que aún se mantie!e orre?y, á que me refiero,
«Yo h
en pie.
á t d 1
barones ey conocido
á tudas
o os os altos y poderosos
han habitado· ero ~s. bellas castellanas que lo
hablar más q~~ de V e~imoslas. Hoy no quiero
QUd un tiem o lo
a emar Daae y de sus hijas
en 1111 cróni:as. poseyeron. ¿Cuándo? Buses.di~
vanta un viejo cast~~o

B I

Jr

«;Qué altiva era 1 f
«re real corría en a rente del seftor Daael Sanhacer algo más q sus v~nas, y era hombre para
ciervo. Tenía en ~e ~aciar la copa ó dar caza al
y cuando halla bas1 ;::,1smo una absoluta confianza,
•¡~odo se andará!» 3tá_culos ~ sus e_mpresas,q111lamente Y .
solla decir sonriendo tran•~u espo sm ~dar nunca del éxito.
pareeía una sa _vestia trajes recamados de oro Y
arroianeia por
r e1na ' cuando pasa ba con solemne
~ruatado de m de1 gran_salón, cavo pavimento in.
a er as fmas b ·¡¡ b
peJo.
Magníficos t .
ri a a como un estea y los mueble ap1ce~ colgaban por todas parde ébano y marf~I argst1camente cincelados eran
grandes iique 1. uando se casó traj0 en dote
lujoso era el c:: :i~n doro y plata labrada. ¡Qué
ta~a llena de los º. e Bo:rebyl Su bodega esrehnchaban f
meJores vmos y en las cuadras
PU.as y estim~~osos caballos de las castas más
«Tr
as.
ea graciosas nifias jugaban en el _parque,

d

das de su !aud y cantar, y no los antiguos cantos
da~eses,_ smo endecba_s y baladas extranjeras.
La vida y el movimiento eran incesantes en
el castillo; de cerca y de lejos iban á él l0s huéspedes.renovándose de continuo. Los festines se
suced1an, Y e~a tan ruidoso el choque de las copas, que se o1a desde afuera aun en los días en
que yo bramab~ con todas mis fuerzas.
«Albo~ozo, luJo y soberbia, de todo había ali'1
menos virtudes.
,
«Una vez, érase la noche del primero de l\IaY?• Y fº llegaba del Oeste. A mi paso me había
divertido a_rrojando los buques contra las costas
dde Jutland1a,
JI
1 en donde
.
. se estrellaban , hu n dºé
1 nos? e os Y as tripulaciones: luego desfilé por
encima de las vastas llanuras cubiertas de mato•
rrales, atravesé como un r ayo la isla de Fionia,
y llegué al Gra~ Belt, fatigado, jadeante, tosiendo. Estaba sediento de descanso y me acurruqué
en las playas ne Sel1rnda,cerca deBorreby áf vor del_s_ombrío encinar que había entondes e:
aquel Sltlv.
. «Los mozos del país andaban atareados recogiendo haces de leña seca, y los transladaban á
la pl~za de la aldea, lo, amontonaban y los encend1an; y ellos Y las muchachas cantaban y bailaban en torno de la hoguera.
«Yo soplé suavente sobre el haz que había traído el más ~puest_-- joven, sobresalió de la boguera una gav1ll~ de llamas, fulgurando como u
rayo; ¡Qué gritos de alegría dieron las mucha~
chas. El mancebo ganó el premio Y fué durant
todo el afio el gallito del pueblo, pudiendo esco:
ger entre todas l RS mozas la que más le pi
que no era por cierto la que lo esperaba. I ,asug~,
risas y e l a l borozo fueron entonces mayores y

;~:~ ~~b~~:::frobusto lleg~ áefobfeº;::~;º~Ff~~
raron las much:f;~/~ee~:e~~za _en seguida. Llollos y escudero
.
a ea, pero los vasaIágrimas. ¡Rabí:~~;:~~e;~:;or qué.llenjugar sus
hitd! y yo huí con .:)l]a.
a su se oral ¡Hu u« Volvía volv' á
á. descans~r cer:: d mJnudo á las costas del Belt
bosque de enci
~ orreby á favor del espeso
zas reales
nas. n este encinar anidaban garEra la pri~palom~s torcaces, cuervos Y cigüeiias.
ban s s
avera, algunas de esas aves incubala pol1fa.d!u6;~8; á las otras ya les había nacido
trepitosa· tüda i6pente se _oyó una baraunda es1 1
·desatinada, exh!ia!~! ªg~i~~s ~ol~ti
I se dispersó
ra Resonab I h
e O1or Y de cóleel ·bosque ibªa ~ a!cha sobre los robustos troncoe:
saparecer. Valdemar Daae
h bí
ta a propuesto construir un soberbio navío ;e
e~e:e;use:~~s~~ma~~v~o: : guerra, seg~ro de qu!
decretó la des!parición d!l buen precio. P0r eso
espeso bosque que

�EL MUNDO.

140

era á. la vez abrigo de las aves, seftal preciosa reunirse grandes handadas de cuervos y grajos á
para los navegantes que andaban por aquellas cual ml\s negros, que se refugiaron en el na~o
abandonado sobre la playa: la muerte pareci_a
costas sembradas de escollos y peligros.
reinar
en. él. Empezaron á lanzar roncos gra~t"l•
«Los buhos huyeron los primeros; sus nidos
fueron destruidos. Luego las garzas, los cuervos dos: hablaban del hermoso bosque destruido
y el resto de aves y pájaros se decidieron A aban- inútilmente, de todas las aves que ~o alegraba~
donar un sitio en el cual centenares de genera- y que se habían dispersado, de los nidos destruiciones de PU raza por espacio de siglos enteros dos y del gran número de pequef!.~elos que ha•
habían tenido un domicilio inv~olable. Antes de bían muerto en tan terrible catachsmo, todo por
partir revolotearon á. bandadas, formando gran- una masa inerte, por el famoso navío que no ha.
des círculos y exhalando agudos gritos de furor. bía navegado nunca.
"Yo arremoliné la nieve que se extendió como
Yo les entendía perfectamente. Las cornejas gri•
taban: «Crah, c1•ah! . ..... nuestra casa cruje. un vasto sudario en torno del navío, Y se pos_ó
sobre los mástiles. LuE&gt;go soplé con todas mis
C1·ah, ci·ahf.,.
«Entre los •roncos derribados, Valdemar Daae fuerzas, y si bien nunca se balanceó en las olas,
y sus tres hijas contemplaban la obrad~ destru~- bien p"onto supo lo que son las tempestades.
ción, riendo á carcajadas de los salvaJes queJl· ¡ Ifü-it hud! ¡ [Th uh ith!
«y pasó el invierno y luego el verano; los
dos de tantos animales. Sólo Ana Dorotea, la más
pasaban volando, como vuelo yo,_ c~mo vuedías
joven, tuvo un rasgo de piedad, al ver que f ban
A cortar un árbol medio seco, en el cual tema su la la nieve, y f-.n seguida las flores y ult~mamen•
nido una negra cigüefi!l, Vió la niila A los peque. te las hojas de los árboles. Todo desfila, todo
fl.uelos asomando sus cabezas amedrentadas, Y vuela, todo pasa, ¡ Uhuh! y desfilan y vuelan Y
.
con los ojos humedecidos suolicó por ellos, y pasan los hijos de los hombres.
«Pero las hijas de Valdemar Daae aun no esel árbol salió ileso. Por lo dem!l.s, era muy poco
tab1rn prontas á. tomar el vuelo.
lo que valía.
«Ida resplandecia, joven y lozana, cual una
rosa recién abierta; así el pobre constructor d?l
navío la imaginó un día, así la adoraba. Yo sol~a
sorprenderla absorta y pensativa sentada baJo
los manzanos del huerto. Á mi aliento ondulaba
su obscura cabellera; se la cubría con las hojas
blancas y sonrosadas de los Arboles; y no se cu•
raba de ello, permaneciendo inm6vil Y_ contc.m---.¡
plando al través del follaje el sol pomente Y el
horizonte encendido como una fragua.
_}
'&gt;"" 1
«Su hermana Juana era alta y esbelta cual una
v· /,?
anémona y radiante de belleza; pero por su tie/J
sura recordaba á. su madre. Gustábale pasearse
"7-,
por la gran sala de honor, cuyas paredes cubrían
los retratos de sus nobles antepasados. Llevaban
las damas ricos trajes de terciopelo y seda Y un
sombrerito cuajado de perias sobre sus extraiios
tocados y resplandecía en ellas la más arrogante
«Arrasado el bosque, sucediéronse algunos me- belleza. Los caballeros llevaban cor11zas de aceses de incesante trabajo; era menester aserrarta• ro con embutidos, ó soberbias capas de pieles,
blones, pulirlos, ajustarlos y clavarlos para cons• una espléndida condecoración pendiente del cuetruir el navío de tres puentes. El arquitecto era un llo y la e•pada al muslo v no á la cintura, según
pechero; pero no estaba de ello menos orgulloso,
moda antigua.
y con razón, pues en su frente y en sus ojos bri- la «1,Qué
sitio oeuparía con el tiempo el retrato
llaba la inteligencia. Valdemar Dnae le escucha• de Juana, y qué traje llevaría el noble caballero
ba siempre con agrado, y su hija Ida, la mayor destinado á ser su esposo? Esto pensaba, y yo la
(tenia quince a:llos), sonreía al oírle.
oí hablar consigo misma, un día que encontrando
y en tanto que fabricaba el navío, el joven ar- una ventana abierta, me colé en la sala de los re•
quitecto hacía castillos en el aire, deseoso de entrar en ellos en compafiía de Ida. Fácil le hubie- tratos.
ra sido, teniendo esos castillos robustos muros
de piedra, grandiosas salas bien decoradas, extensos dominios A su alrededor, granjas y bosques.
«Pero no estaba en este caso, y á pesar d.e su
gallardía y de su inteligencia, el joven arquitecto no encontró mejor acogida entre la noble familia, que un gorrión que pretendiera alternar
con pavos reales. llu u-hud! El se fué y yo también.
«Acabado su empeiio, al salir de Borreby, la
hermosa Ida le lloró por espacio de 1ma semana;
mas luego se resignó con los golpes de la suerte.

'í

=

III
Relinchaban en la cuadra los a1rogantes corceles de pelo negro y reluciente. Eran unos soberbios animales. Cuando yo no tomaba mi andar
mAs rApido, luchaban conmigo en celeridad. Des•
de lejos venían las gentes A admirarlos. El almirante enviado ¡.'Or e-1 rey con objeto de examinar
el navío y adquirirlo si lo encontraba conforme,
hizo de ellos los más cumplidos elogios. Yo lo oía
todo: él y Daae se paseaban por la playa hablando del navío, y yo amontonaba en torno del sefl.or de Borreby las dispersas pajaJ de color de
oro, pero no es oro todo lo que reluce, y el oro
verdadero que él codiciaba, le escapó. El almirante deieaba poseer los arrogantes corceles, por
eso los encomiaba tanto; pero no fué comprendido y el navúo quedó por comprar, y como sólo
era propio para el rey, permaneció en la arena,
rual cubierto de tablas, cual nueva arca de Noé,
sin que jamás flotara 11obre las ondas.
«¡Hu-n-hud! ¡Escapo!¡ Vuelo! lfü•it por el frondoso bosque, arrasado inútilmente!
«Llegó el invierno, aiiadió el viento, y cuando
los campos se cubrieron de nieve y el mar de
témpanos y yo rugía A lo largo de ~a costa, ví

«Ana Dorotea, el pálido jacinto, era una nif!.a
de catorce aiios escasos y permanecía siempre silenciosa. Sus grandes OJOS azules y profundos
como el mar lanzaban miradas p,.msativas, y en
sus hermosos labios brillaba la dulce sonriaa de
la primera juventud. Por nada del mundo hubiera querido yo marchitarla.
«Sin cesar la en contra~a en el jardín, en el parque y hasta en los campos, cogiendo flores y yer•
bas de las que su padre hacía gran uso para des•

Domingo 27 de Agosto de 189_9.

Domingo 27 de Agosto de 1899.
tilar remedios y breb~jes. Si estaba Val demar·
Daae saturado de orgullo, no estaba menos lleno
de ciencia, conociendo los secretos de l~s plantas
y las piedras y de toda la naturaleza, circunstan.
cil. harto rara en aquellos tiempos, por ~o que se
contaban misteriosamente cosas muy s10gulare1
de su vasto saber.
«Ni en los días
mAs insoportables.
de verano se apagaban las hornillas
de su laboratorio,
en el cual permanecía encerrado día y
noche, de bruces
sobre sus retortas
y crisoles. No hablaba nunca A na•
die del objeto de
sus investigaciones,
pues ha.,.to sabia
que para hacerse
duell.o de las fuer,
zas de la naturale•
za, es preciso guardar el silencio mb
absoluto. Sin embargo aspiraba á poseer el arte
supremo, y creia tocar á su ~érmino, que no era.
otro que ooder hacer oro roJo.
.
«Por eso 111. r.himenea humeaba de contmuo.
¡Qué fuego! ¡Qué llamaradas! Yo solia mezclarme
en el asunto, y soplando por el tubo de aquella,
cantaba: «¡Escapa, huye! Todo se irá. en humo y
cenizas. Que te abrasas, que te abrasas .... . .
Hu u hud! ¡Escapa, vuela!&gt; Pero Valdemar se
sostenía con tesón y no quería soltar su presa.
«Y los ricos corceles ¿qué se han he:!ho? ¿Yqu6
las copas de oro y las vajillas de plata sobredo•
rada, y los ganados, y las granjas 7f las alqu~rias?
Todo se ha derretido, todo se ha 1do vendiendo
para alimentar el insaciable crisol, empeiiado
en no restituir una sola partícula del oro que de•
vora.
.
cGranjas, bodegas, graneros y armarios v~n
Jimplándose sucesivamente, desaparecen los criados, y aeuden los ratonet1 en su lugar. Se rompe
t.n cristal salta otro, y yo ando á mis anchas
por la antigua morada; ya sin necesidad de espe•
rar que abran una puerta, ni de deslizarme por
la chimenea, entro y salgo á mi gusto. Sop_lo al
través de la puerta de honor, re..onando m1 vo&amp;
como la bocina del guardián, pero y a no hay guardián: hago volte..ir la veleta de la torre, con_un
rumor estridente y bronco, como los ronqwdo•
del vigía, pero ha tiempo que ést~ ~artió, y loa.
buhos y las comadrejas son los umcos moradores de la altiva torre. Se desgoznan las puertas~
se hienden, se resquebrajan, se destrozan. Y aaí
entraba y salía, aiiadió el viento, y por eso pude
enter/lrme de todo.
«Sin separarse de t:ntre el humo y las ceniza•,
la espectacióL, la fiebre y las vigilias corroían el
cuerpo y el alma de Valdemar Daae: su cabeza y
su barba se le llenaban de canas, pero al igual
que en la hornilla de su laboratorio, no se apaga·
ba nunca la llama de aus ojos, brillando con loa
salvajes destellos de la codicia y de la insaciable
sed de oro.
«Y en el crisol nada, siempre nada: ya nada
quedaba por vender, las deudas se acumulaban;
y yo cantaba alegremente al través de los crista•
les rotos y de h1s grietas de las murallas y me re•
volvía por los cofres de las seiioritas en donde
yacían revueltos y ajados los ricos vestidos de
otros tiempos, los únicos que tenían y que ya ne&gt;
podían reemplazar con otros.
«No habían oído cantar nunca esas orgullosas.
niiias la antigua balada- «Vivieron en Jauja Y
murieron de hambre,» --y no obstante esto es loque les sucedía.
« Y yo andaba cada vez más suelto por el CU-tillo, soplando melodiosamente por los largos CO·
rrer!ores. ¡Qué extranos sonidos! Pero harto •
nían que hacer para escucharme. El invierno era.
glacial y yo arremolinaba la nieve en torno del
castillo, pues según dicen esto resguarda del frío;.
todo inútil: las tres seftoritas, sin lef!.a con qué ha·
cer fuego desde que desapareció el bosque, pasa·
ban todo el día en la cama.
«Valdemar Daae también tiritabl:I; pero ni el
hambre ni el frío bastaban á dominar su orgullo.
«En vano yo le decía» ¡lfa-u-hitd! Escapa! Huye!,,,.
él permanecía impávido.
-«Tras el Invierno viene la primavera, exela«maba; después de las penas las alegrías. ¡PacieD·

«cfal ¡Paciencia siempre! El ca11tillo y sus domi.
«nio• eatAn empef!.ados á los usureros, se agotan
clo• recursos ... ¿qué importa? La hora del triun«fo , e acerca: el oro va á aparecer en el crisol,
,me consta, serA por la próxima Pascua, así lo he
«leido en las estrellas del firmamento,.,.
, Viendo un día á una aralia hilando su tela, le
dijo:
. f a t·1gabl e t eJe
. d orll l T u· me ense- «Tenaz é m
«llal 11 tener firmeza. Si la telaraiia se desgarra,
, en seguida la recompones; la arrancan y vuel«ves A empezarla y la terminas. Yo haré lo mismo,
•Y no ha de faltarme la recompensa. »

EL MUNDO.

141

en el castillo durante su vida• pero rehusó esta nueva humillación. Y ento~ces ví al señor
Da~~• un día tan opulento y después sin abrigo,
cruJir su cabeza como nunca altiva y abandonar
con firme paso la morada de sus :nayores. ¡So-

l. if)~1'.

"~~

IV

«Erase 11' mafiana de Pascua, y la11 campanas de
la vecina iglesia sonaban alegremente echadas á
vuelo; hacía un sol espléndido, y todo respiraba
~
fiesta, Sólo Valdemar Daar. se consumía en la
fiebre y la congoja. Había pasado la noche en
vela, fundiendo y dejando enfriar, mezclando y
de1tllando, y mezclando nuevamente. Yo oía sus
suspiros de desesperación, intercalados de blasfemias y oraciones; luego permanecía inmóvil y
retenía el aliento, contemplando la fusión que se
operaba en las retortas.
«Se apagó l&lt;t lámpara,
y no lo notó siquiera.
Se sopl11 ba el fuego de
---.;_
\ " -~' .,,
la hornilla, y un rojo res f
r(:_;- , ... . ,..
plandor iluminaba su rostro
como la cera.
- fl , -,~ - Susblanco
ojos hundidos esta- berbio espectáculo que me impresionó tanto que
ban fijos; pero de súbito me hice atrá.s para franquearle paso, hasta 'des): 'e,~&gt;f
se abrieron, se dilataron gajar una robusta rama de uno de los viejos tilos
A .
{::
/
y parecía qne iban á es- del patio!
A
tallar.
«Terrible era aquel instante y se necesitaba un
7
- «¡Hé aquí por fin g~an !emplc de alma para sobrellevarlo con digel vidrio alquímico! ex- mdad, pero Valdemar Daae tenía el corazón de
clamó. ¡Cómo brilla en roca.
la retorta! ¡Qué puro es
«Ni él ni sus hijas poseían más que los vestí•
y qué macizo!» Y con sus dos que llevaban. Pero no, poseílln aún una nue/
trémulas manos levan• va retorta comprada á fuerza de privaciones, en
tó el recipiente, vaciló la cual conservaban los últimos restos del prevencido por la emoción, y ciosc producto alquímico, ,lUt: hr.bían logrado
balbuceó: «¡Oro... ,. oro!.,. recoger del suelo.
«Estaba tan poseído del vértigo, dijo el viento,
«Valdemar Daae la estrechó contra su seno con
que yu habría podido derribarle al mAs leve so- el mayor cuidado, y el seilor un tiempo tan rico
plo. Cuando hubo vuelto en sí, seguí sus pasos. y tan temido, salió del castillo de Borreby con
Se dirigió A la sala en que se hallaban sus hijas sus tres hijas. Sus mejillas ardían de cólera reeatrechl!mente agrupadas para resguardarse del primida; pero yo se las refrescaba con mi suave
frío. V11ldemar llevaba los vestidos cubiertos de aliento, jugueteaba con su luenga cabellera cana
ceniza y en desorden su cabellera y su luenga y le consolaba cantando~ IIu u hud! Escapv, Vitebarba. Se irguió con aire triunfante y levantó en lo! Pero quizás con ello no hice más que recorlo alto la retorta, y con ella el tesoro que tantos darle su opulencia que había volado también, coafanes y sufrimientos le costara.
mo arrastrada por una ráfaga lluh-u-hud! IIu-ih!
- «¡Albricias! gritó. ¡Es oro!. .... . Vedlo! Es
«Ida marchaba al lado de su anciano padre,
oro!» Y sostenía sobre su cabeza la retorta que Dorotea en pos de él y Juana detrás de todos.
herida por la luz del sol brillaba como un as- Esta al pasar los dir.teles de la puerta, se volvió
tro. Pero, ¡ay! ésta se desprendió de sus trémulas para lanzar una última mirada al lugar en que
~•nos, Y se quebró en mil fragmentos. Su pre- había vivido en el lujo y la opulencia, y aunque
cioso contenf~o se derramó por el suelo, y filtró sus ojos no se humedecieron, este rasgo de altipor las rend1Jas del pavimento. El júbilo de Val- vez no ablandó á la suerte.
demar Daae du;ó lo que una pompa de jabón, se
«Recorrieron el camioo que tantas veces ha•
evaporó en un mstante.
bían seguido ·en carruaje; mas á la sazón se les
•Hu-ii-hucl! Escwpu! Vuelo!
· hubiera tomado por una familia de mendigos.
•Y salí volando de Borreby.
Atravesando campos y breiias, llegaron A una
choza de fango, que habían alquilado por un escudo y medio anuales, y allí se instalaron, ein
V
muebles, sin ml\s que las paredes desnudas, co•A fines de Otoiio volví por aquellos parajes, y
como estaba de buen humor arremoliné las nube,, despejé el cielo y desgajé y arrastré las ra~8 Becas de los árboles, tarea poco ditícil es
fierto, pero que constituye mi trabajo de todos
os allos. Y debía cumplirlo.
•También la desventura había cumplido el su~n Borreby. Owe Ramel, el sell.or de Basnaes,
P &amp;cable Y m~rtal enemigo de ValdemarDaae
~cab~ba de presentarse provisto del título hipo~
0 , por el cual se le transfería la propiedad
e •~fiorío, del castillo y de todo cuanto este ena. Yo -~e deslicé por entre los cristale3 rorrtlrnbce crnJir _las viejas puertas de goznes hedij /~osos Y silbé al través delas grietas y rendía~ u ht hl! Qué baraundal Trataba con mis
del duraa de ~acer desistir al noble Owe Ramel
llo f eéseo d? mstalarse en Borreby. Inútil empea el mio.
yA D
lo •Ida
Jua
na- orotealloraban amargamente. Só- mo las del castillo que acababan de abandonar.
Paeata ª!ron_ta_ba con altivez esta desgracia, Cuervos y grajos revoloteaban á bandadas, grazel PUlg n pie, h vida de de&lt;Jpecho y mordiéndose nando con voz agria: C1·ah, c1·ah, crah, c1·ah, co•O ar hasta hacerle brotar sangre.
mo cuando arraaaron el frondoso bosque.
we Ramel ofreció A Valdemar dejarle vivir
«El sell.or Daae y sus hijas oían esas voces bur-

-.,B'~C-:5,
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lonas, ¿mas qué les importaba después de lo que
habían sufrido?
«Allí les dejé, en esa choza miserable, para
conLinuar mi tarea, arrebatar las hojas secas de
los árboles, barrer las nubes, amontonarlas, derretirlas en lluvia, agitar las olas del mar y sumergir los buques.
«Jlu -u-hup E.scapo! Vuelo!»
VI
Qué fué de Valdemar Da11e y de sus hijas?
. ~Medio siglo había trascurrido cuando vf por
ultima vez á Ana Dorotea, el pálido jaeinto de
otros tiempos, envejecida y encorvada. Había
sobrevivido A sus hermanas y se acordaba de
todo.
«Asomada al balcón del hermoso castillo del
preboste de Viborg, se hallaba la noble dama de
la casa en compailía de sus hijas, contemplando
la vasta y árida campifla. Sus miradas se fijaron
en un árbol aislado en .medio del yermo, del ~ual
pendía an nido de cigüeilas y que tenía adosada
al tronco una cabafia destartalada cubierta de ramaje y mmgo y peor conservada que el nido.
«Cuando pasaba por allí, reprimfa el aliento
para no disp&lt;1rsar los restos del miserable albergue. Era el único obJeto que se destacaba en el
pai_saje! y á n~ ser por e_l n~do, pues el ave de Egipto 1_nsp1raba cierta curios1dad, habrían desaparecido el árbol y la cabaiia. Gracias al nido de
la cigiieila, la pobre viej~ tenía un abrigo. ¿Era
esto en recompensa del mterés que siendo niila
había demostrado por el nido de la cigüeila? Así
lo creia ella, pues se acordaba de todo
«¡Ay de mí! oí que suspiraba. No tañeron llls
«campanas por tu entierro, infortunado Valde«mar Daae, ni acudieron los niiios de la aldea á
centonar los salmos cuando fué enterrado el úl«timo vástago de los nobles y poderosos señores
«de Borreby.
. «¡Ya ~abía él que nohabían de honrar su cadá«ver! _No obstante víó la muerte con alegría. To«do tie:°e fin, ha_sta la miseria. Nada logró abatir
«su altivo espíritu, hasta que mi hermana Ida
«v_encida por los sufrimientos y privaciones, con:
«smti_ó en casarse con un labriego. Esto fué de«masiad~ para V~ldemar Daae. ¡Su hija, mujer
«de un siervo, SUJeto al impuesto y adscrito al
«terruño, á quien podía su sefior clavar en la pi«cota, á la menor falta! ¡Cómo no había de esta«llar el !loble corazón de Valdemarl Ida, se libró
«del hambre, pero murió de pesar y de ver1?uen«za. tOh, en_vidiable suerte la tuya! ¡Yo sola no
«puedo morir! ¡Seiior, Seiior misericordioso, li«bradme de esta larga tortura!»
«La otra hermana, ailadió el viento, la altiva
Juan8., dotada de un ánimo varonil y un corazón. ente~o. se vistió de hombre. Como las penas
h~b1an aJado su belleza, con este traje nadie podia tomarla por una hembra. Se alistó en un buqu~ en calidad ~e mari~ero. Siempre sombría y
taciturna, trabaJaba de firme y no mereció nunca reprensión alguna. Se limitaba á recibir el salario Y á multiplicarse en la maniobra. Una no,
che de tempestad, la barrí de á bordo. Yo creo
que obré bien y que le presté un favor.
VII

«En una maiiana de Pascua, tan risuefl.a como
aqu~lla en que Valdemar Daae creía haber descubierto el secreto de hacer oro, oí un canto en
la cabaf!.a que había al pié del nido de la ciguüeña. ¡Dulce y conmovedora era la voz que lo entonaba, como el rumor de las cafias cuando yo
las acaricio. 1Era el último canto de Ana Dorotea, que estaba mirando la campiña por la única
abertura Je su albergue; el sol brillaba como
una esfera de oro, y á este espectácuto se amontonaron_ en su alma todos sus recuerdos. Exhaló
un su_spiro: fué el último; su corazón se partió,
sus OJOS se cerraron para siempre.
«Yo solo canté en su entierro, aiiadió el viento. Yo solo conozco donde está su sepultura y h
de su padre. Nadie mAB lo sabe.
«En el día pasa una línea férrea por el sitio en
q~e descansan: ~n largo tren de wagones se aprox_ima con estrépito, pasa, y se alej~. Aún se percibe el rumor: ¡IIit-ii-hucl ¡Escapo, vuelo!
«Y yo hago lo propio.
«Se acabó la historia.»
.ANDERSEN.

�Domingo 27 de Agosto de 181111

EL MUNDO.

142

[J1] fj_J
-era el nombre de la muertecita, y de la vie,ja casa de provincia que
babitAbamos entonces, ella en el tercer piso y yo en el segundo, y el
jardín de la casa y el circo de montaft&gt;ts volcánicas
que se ve en el horizonte de todas las calles. Recuerdo el color casi negro de la lava de que está
hecha la ciudad, las cailejuelas sobre cuyo empedrado suena el sordo repiqueteo de los suecos de
los campesinos que vienen al mercado, la Catedral que dominaba la ciudad sombría, y otros detalles: en el piso bajo de nuestra casa un pana•
dero que cocía tortas de pan en forma de trébol,
un herrador en cuyo esta ble cimiento los brazos
·d esnudos de los operarios descargaban martillazos sobre el hierro enrojecido entre un torbellino
de chispas; delante de las ventanab la eotatua de
un general de la primera república atacando sa-

Aunque apenas he llegado á esa edad de que
habla melancólieamenre el poeta:
Nel mezzo del cammin di nost1·a vita . ...
teugoigual númerode amigossobre la tierrayba•
jo de tierra, y en ciertas épocas del afio, cuando
irnuncian fiestas las calles y loa calendarios, los
hogares y los ojos de los nil'us, me acuerdo con
singlar ternura-y á veces también con tristeza,
de aquellos para quienes no habrá ya días de
fiesta. ¿Cómo pensar en los muertos, sin sentir
el remordimiento de no haberlos amado suficientE&gt;mente cuando vivían? ¡Cuántos rostros fami·
liares evoco en esos momentos! Unos, fatigados,
envejecidos. hollados por el tiem,-10; otros, jóvenes, con la frescura de la gracia adolescente: iªYl
son iguales la juventud y la vejez en la sombra
eterna que los envuelve.
Despué,, como el que visita un museo, acaba
por detenerse á contemplar una tela de tantas
. ,,
que ha recorrido, yo elijo entre esas sombras una
r '.: ,
fisonomía ó un recuerdo. La fisonomía se ha•
,%'...ce palpable y el recuerdo se precisa basta acele
+ l,
rar las palpitaciones de mi corazón. La púrpura de la sangre tiil.e de nuevo las megillas
para siempre descompuestas; se llenan de luz
y miran las pupilas apagadas, los labios tiemblan
y tal parece que ya van á sonreir, A hablar ....
He aquí las manos, f&gt;l cuello, una silueta, una respiracióu, un alma. Es una semi alucinación tan
poderosa: que les tengo miedo á esas crisis de la
memoria, á causa de las inevitables visiones que
pueblan el sueño de la noche siguiente. ¿P!lro
quién no ha sentido después de un entierro, esas
pesadillas obscuras, tan extraftamente mezcladas
de delicias y de terror, en las que se ve á los
muertos con la doble sensación de su presencia ble en mano al enemigo, y mi amiga Alina vestireal y-de q'ué esUn muertos? Hablamos con da de luto-su madt'e acababa de morir cuando
ellos, los abrazamos, vivimos con ello~ la exis- su padre viuo á habitar la casa-y en derredor
tencia cuotidiana y recordimos al propio tiempo de elli,, el jardín que filé el asilo de nuestros más
el fúnebre cortejo que seguimos ó que presidí• hermosos juegos.
mos · acaso, sin comprender como están con nosotros sabiendo que están allá.
El jardín pertenecía á la propietaria, anciana
Ignoro si todos
son víctimas has- muy piadosa y enferma que nunca bajaba á pata ese grado del searse por él. Veíamos su perfil ennoblecido por
doloroso reflujo dos largas inglesas blancas y tocada con un bonedel pasado sobre te de cintas claras. Se asomaba á la ventana del
el presente. Es primer piso, uno de ct.yos crütales era de color
de creerse que glauco, diferencia de matiz que daba un aspecto
no, puesto que
tantos ancianos
sobreviven alegremente A sus
compañeros. Mi
destino quiso que
siendo nifto viese
partir á algunos
seres queridos,
y aun entonc,s
seguía amán•
dolos. Y desde
aquella época, en
la que cada día parece una nueva existencia, tuve
en mi memoria numerosos aniversarios, Para no
hablar sino de uno entre tantos, diré que desde
que tenía diez y seis anos, el día de Navidad,
tan lleno de alegría para los otros niftos, me trae
el recuerdo má.s mehneólico, el de una nifta de
mi edad que murió dos días antes de la fiesta, y
que habfa sido mi primera amiga. Aun hoy, que
han transcurrido más de veinticinco alios, y que
tengo otras cruces para las cuales llevo c:&gt;ronas de vejez á su rostro siempre inclinado sobre un
al cementerio de los afectos muertos, cuando lle- libro de oraciones ó sobre una labor de gancho
ga esa época del afio, evoco el recuerdo de Alina, destinada á los pobres. Más allá del jardín, que
'

0

.,

m
~

lindaba con otros, las montaftas levantaban sus
conos truncados y sus cimas esféricas, y se vPian
á lo lejos, en las cumbres, las siluetas de caati•
llos fortificados. Podría yo dibujar el jardín con
sus hileras de boj, sus groselleros cubiertos de paja
en el otofto y sus perales abiertos como manos A
lo largo de las tapias. Sólo con pensar en ello
siento el aroma del arbolillo del fondo , A cuy~
sombra se sentó Alina una de las últimas tardes
en que pudo salir, tosiendo fehrilmente y pAlida
como las flores del arbusto. Recuerdo también
las filas de rosales sostenidos sobre delgadiaimQS
troncos, y cuajados en la estación prcpicia de
magníficas rosas de corazón purpúreo y otras en
botón, cuyos pétalos abría yo con mano curiosa.
«Ah, Claudio, eres muy malo! me decía Alina, la&amp;
mataste!» Creo que no he visto después mariposas como las que revoloteaban en derredor de
aquellas flores, aunq.u e no eran de las más raras.
Las perseguía con er.carnizamiento de cazador,
aunque Alina no me permitía clavarlas con alfl.
leres como yo quería, y cuando le llevaba alguno
de esos insectillos, cogíalo para admirar la dell•
cadeza de los matices y luego abría la mano y lo
veía escaparse con au vuelo desigual y giratorio,
Estos eran los placeres del estío; pero nos encantaba tambíé..:. bajar al jardín en invierno, cuando
la nieve borraba las formas de las avenidas, cuando la escarcha nocturna hacía puñales de hitlo
en las ramas y cm los muros, cuando ponfam('B
en obra nuestro proyecto, siempre irrealizable,
do construir con nieve una verdadera casa en
que pudiéramos abrigarnos Alina, yo y, ¿lo diré?
•una grim mufteca que ~enía, y á la que llamaba
alternativamente «María&gt; y «nuestra hija,» una
maravillosa mnfteea de ojos azules con pestatlaa.
verdaderas, de megillas sonrosadas, de c1tbellos
de seda blonda, de piernas y brazos articulados,
en fin, un precioso juguete que me habría cubierto
de eterna vergüenza si mis compañeros de liceo
hubiesen podido sospechar su existencia. Pero
cuando estaba con Alina ¿qué cosas no hubiera
techo yo por complacer á aquella hermana que
el azar de la vecindad me deparaba?
El encanto de Alina se cifraba en una especie
de dulzura seria que hacía de ella una niiia muy
diferente de todas las que he conocido desde entonces. E ra pequeftuela delic·1 da, frágil y lo
he dicho ya, muy plllida, con una palidez que
oprimía el corazón 111 pensar que su m11dre habfa
muerto de una enf-rmedad del pecho. Desde
aquella época tenía la gravedad precoz d" las
criaturas destinadas á morir prematuramente, y
ese aspecto de e-olución cumplida que las dis·.
tingue. La mesara que aquella pequeftuela de
nueve aftos ponía en sus acciones mas inslgnifi•
cantes, la modestia de su ademAn, el orden meticuloso conque colocaba los objetos en su derredor, una antipatía involuntaria para los juegos ruidosos, la prudencia irreprochable de su
conducta, la sensibilidad visible de su ser íntimo;
eran cUe lidades que á primera vista la des tic: aban i
hacer la odiosa para un muchacho como yo, to•
goso y desbaratado, desobediente y brutal. Sin
embargo, el efecto fué contrario y desde el dfa
en que comencé á ser su amigo, tuvo sobre mf
una influencia tanto más irresistible cuan to que ee•
día á ella instintivamente. Hoy que quiero recons•
truir mi alma denino al tr"-vés de los aftos. reeo•
no~co qu~ aquella nifia inocente cuyos pies ligerOI
~aJaban srn ruido la escalera de piedra de la antigua casa, fué la primera que despertó en mf el
culto del dulce espíritu femenino que no desa·
rraigan nunca por completo del corazón las m
u
crueles experiencias. No había travesura de la
que no fuese capaz con mis camaradas y hube
de ser castigado severamente por haber burlado
en diversas ocasiones la vigilancia de mi cria,da

Domlngc 27 de Agosto de 1899

con el fin de llevar A cabo ciertas empresas re.ervadas A los peores v~gabuodos de la ciudad:
S11birme al brocal de la fuente que decora la plaza de Ja Poterne y beber en la boca misma del
león de cobre; sentarme á horcajadas en la rampa de hierro de la escalera que une el boulevard
del Ho5pital con una callE&gt;juela construida en pendiente, y deslizarme hasta a bajo. Naturalmente,
caí en la fuente y me golpeé en la escalera; quedé mojado, de~garrado, despellejado y después,
eastigado BÍJ~tunadam~nte . . . . . . Sin embargo,
apenas me veia con Alma la¡, tardes de los jueves
y los domingos en que se nos permitía jugar jnotos, se desper taba una nueva alma en el muchticbo semi-salvaje, dejaba de gritar, de s&gt;1ltar, de
gesticular por temor de cau~ar disgustos á esa
hada en miniatura cuyos dedos delicados no tenían ni una mancha y cuyos vestidos no tenían
una sola desgarradura. llfe la. presentaban como.
modelo y yo no objetaba ni me exaspernba: la
obedecfa IJaturBlmen te y con la misma facilidad
conque desobedecía á los demás. Aceptaba. sus
j11egos en vez de proponerle los mfns, y tn&lt;io lo
q·1e vrnía de ella lo a !miraba, d E&gt;s&lt;le la sua, id d de
aas cal:lellos r ubio::i y la dulzura de ::iu voz, n,,sta los indicios mAs insignificantes de su razón:
por ejemplo, el cuidado conque guarda b et sin tocarlo el Arbol de boj cuajado de p steles que nos
daban el domingo de Ramos. El mío estaba despedazado la misma noche y el suyo dur1tba hasta 111ny entrado el otofto. Es cierto que habiendo
querido un día jugar á la comida con uno de
esos pastelillos que ella conservaba, tuvimos que
romperlo con una piedra, tan duro así SL había
puesto, Nunca los lllÍOd me dieron esa satisfaceión.

EL MUNDO.

guito. Las cortinas descorrida;; atenuaban la luz
Y el fuego ~r~ía en la chimenea crepitando débilmen te. El umco reloj que h1toía en ese c~arto
eran los _rayos del sol que penetr'abao por la ventana ha~1endo bailar un pc,lvo de !\tomos y que
se movian con el transcurso del día. En la chi•
~enea una_ casita barométrica hacía entrar y sa~tr alterna~1va_mente á un capuchino y á una monJ~, Y ha bna sido yo perf.ictamen te feliz si no hubiera _sorprendido lágrimas f&gt;n los ojos del padre
de ~hna cuan~o por caaualidad venía á vernos
los Jueves y mi compaiiera lanzaba su tos desgarrador_a que me bahía inquietado ya vagamente
por primera vez bajo el arbolillo.
Al mostrarme el museo
de su~ antiguos juguetes, Alina tenía una especie de gracia piadosa
dando vuelta á las hoj·•s
de los libros con las deli.·
cadezas de un soplo, poLiendo el papel de seda
sc1bre los grabados sin
dejarle un pliegue, y más
que nunca hada, comparada conmigo que era un
patán brusco y que lo
era m 4s cuando veía cada uno de sus ademanesdelicados.
Pero no habríamos sido nilins si no sehubie~emez.
ciado fa p~erelidad ála poesía denuestros jueg-os y
esa puenl1dad estaba representada p or la mufteca
de que hablé. Tenía un lugar tan preferente en
los e_nsueftos de Alina, que yo mismo aes bé por
considerar á «María» como , na persona de carre
Y hueso, prestándome de buena fé á la comedia
que ~odos l~s nil'los de todos los tiempos han improvisado, improvisan é improvisarán para gusto de su fantasía. Cuando Alina comenz11ba A
Cuando no jugAbamos en el jardín-y el últi- hablarme de «Marfa » diciéndome: «Ma1fa » ha hemo alio ya no pudimos baj lr juntos por que mi cho esto ...... diaria » hará aquello .... á «María»
amiguita estaba muy débil-nuestro lugar predi- le gusta este vestido y no quiere ese otro ..... ,.
lecto era su cuarto, una pieza estrecha con una estas frases me parecían naturales y yo me avenía
sola ventana que daba á la plaza y de la quepo- á ayudarla para dar de comer á la mnl'leca mila:
díamos ver distintamente la pluma del sombrero grosa; preparaba !a mern en un rincón cerca de
del general de bronce p,i.rado en su zócalo de la chimenea, lugar que habíamos elegido ,·orno
cationes y metrallas. ¿He dicho ya que Alina vi- c~arto para la m_ufieca. Ese cuarto imaginario tevía sola con su padre y con una criada paisana ma muebles microscópicos desproporcionados
de la mía y que se llamaba Miette? El pa dre de para el tamaño de la mufieca. Eran los muebles
Alioa desempel'laba uu emplee, modesto e'l la pre- que le habían dado en otro tiempo á lt1. madre de
fectura, pero la familia tuvo sus días de f irtuna Alina con una mufteca
Y la habitación estaba llena de muebles antiguos pequefia sin duda, y la
q~e de~o_taban elegancias antiguas también y ta- nuestra parec-i a entre
pices VleJOS que 8hogaba~ el ruido de los pasos. ellos un gigante. «MaPara que fuese más completa la impresión de épo- ría » tenía sólo un sillón
á su medida, el cual ha4188 remotas, sucedía que Alina y yo colocábamos sobre ese tapiz de bía comprado yo para
matices antiguos los ju- ella y en la que la seota•
guetes que habían sido ba Alina como de visita,
de su madre. Sin duda, sinquenos extraftase que
aquella mujer desgracia- el sillón por sí sólo ocuda. había sido una nifia nara un lugar dos veces
tan cuidadosa como su mayor que el de la cahija, pues se conservaban ma. La estupidez de una
los juguetes que exami• sonrisa eterna estaba fija en la boca de porcelana
nábamos, casi todos te- de la mufteca y permanecía siempre inmóvil en
- oían una fisonomía de su sillón con las manos en el manguillo y una toca
de terciopelc en los cabellos. Alina me decía
cosasan1igoa~,un 1tspecto
siempre:
del:cioso que les venía de
-¿No es verdad que está bonita? Se creería
-,.::;-¡ ~
su fragilidad y de sus tinque
va á habl11r ...
;-'))
tes desvanecidos. Nos
Otras
veces sus labios pronunciaban frases de
. . '-"·
gustaba principalmente
esas
que
no se admite que digan los niftos, s:n
una colección de personajes de cartón de coloduda ¡,orque es demasiado fuerte el contraste en~88, que se sostenían de pie merced á un pedazo
e madera sobre el que se apoyaban y que re tre la necedad habitual de sus diversiones y la
:resentaban en un medio adecuado los habitantes tristeza de una nflexión. Así, á propósito de un
.e nn pueblo, pero un pueblo en q~e los campe- ave perdida, recuerdo que un día en el mismo
aioos llevaban trajes de pastores del antiguo ré&lt;&gt;'i- cuarto, y entre los mismvs objetos, hablamo8 de
tnen. Los c11mparábamos con un interés nun~a la IDUl'rte, y ella me preguntó:
-¡,Tú no tienes miedo de morir?
:gotado A los vendedores de patatas y de pollos,
-No sé, le contesté.
tae P
; ras Y uvas, según la estación. Nos gustab"n
-Ah, dijo ella, es tan fastidiosa la vida ....
m 1én los libros, almanaques de aiios remotos
::pastados Y puestos en bolsas de seda descoio• Siempre lo mismo, levantarse, vestirse, comer,
te 11 • Y otros libros de estampas en las que con- jugar, acostarse y luego vuelta á lo mismo. Pero
cuando se ha muerto uno ....
8 : piábamos extasiados niftos con sombreros de
-Cuando se muere uno se hace esqueleto, dije
ee· a ~ casacas de cuello morumental, v niñas de
1
yo
acabando la frase que la ponía pensativa.
n.~ con pe!nados á la Prud'hon. Había tam•
-No, dijo ella, va uno á verá su mamá y á
el ti ª J1llas ~ntiguas de porcelana destefüda por
&lt;lis/Dlpo Y linternas mágicas en cuyos vidrios los ángeles.
l"Dl ingufamos los uniformes de los soldados del
perador,
*
**
unLa difunta madre de mi amiguita aparecía en
Entrego estas palabras con el candor y la laxiba cuadro colgado al muro y que la representaea en una escena de familia á la moda de la épo- tud prematura que entrafta á los filósofos de la psi' pequetia Y acariciando la cabeza de un borre- cología de la infancia. El único mérito que tienen

b~:º;

143

es ser auténticas, y en cuanto a mí he renunciado, hace mucho tiempo, á comprender ese misterio entre los misterios, el alborear de una inteli•
gencia y de un corazón, ;,En qué momento comienza en nosotros el sufrimiento de pensar, y
en qué segundo el mal de am~r? El alma de la
mujer y la del hombre ¿no aparecen ya en la inf&gt;Xplicable sorpresa que produce la separación de
la madre muerta en la pequefta huérfana, y no se
ve en la ternura apasionada que inspira á un niilo de ciiez 8lios la delicadeza enfermiza de su
compafiera de juegos? Delicada y enformiza lo
era mi pobre Alinu, y lo era más de lo que adi~inaba mi sir:np,,tía obscura de amigo, y llegó un
tiempo, el principio del invierno de mis diez años,
en que y11. no se me permitió j ugar con ella para
no fatig11rla- una semana er.. que no dejó el lecho -y un día, la víspera de Nttvidad, oue entré
llorando á ese c11arto tan dulce para mí, y en el
que ví á Alina por última vez. Estaba muerta,
tendida en su lecho al amparo
de un Cristo, tan
inmóvil como la
mufieca SPotada
jun~o á ella por
un postrer capricho de enferma,
y que la miraba
desde su sillón
puesto al pie de
la cama. Mas los
ojos aznlPS de
«Marfa,» ojos de
cristal tan ale
gres entre sus negras pestañas, segufa n 11biertos
y brillaban, mientr11e qu:i los ojos
azules de azul
amoroso, estaban cerrados para siempre; las megillas de porcelana, teftidas con el más claro bermellón, su boca de rosa conservaba el brillo juvenil, mientras que la palidez de cera de las megillas hendidas de Alina y la lividez violeta de Sil
boca, causaban una impresión do1orosa. ¿Cómo
conservé ese contraste en aquel momento en que
derr11mé lAgrimas sinceras? Parece que los niftos
tienen una actividad tan viva en los sentidos, que
éstos funcionan casi solos, ann cuando el alma
esté ocupada por el pesar más hond0. Sí, recuerdo haber visto esto al mismo tiempo: mi amiga
muerta, la mufteca junto á ella y mAs ~ejos, hundido en un sillon, el padre de Alina oprimiéndose la mano izquierda con la dert cha, en cuyo
puño se veía la línea obscura de una malla. Flotata en el cuarto un olor dulce de lilas blancas:
la anciana del piso bajo, cuyo perfil nos fascinaba A Alina y A mí, envió esas f lores tan raras en
nuestra ciudad. y que jamás había aspirado yo.
Des pué I de algunos minutos de inmovilidad, de
estupebcción, ante ese espect!lculo, Miette, que
me había introducido, me tomó por la mano y
medW:
-Ve á decirle adios.
Avancé hasta el pequefto lecho y me aleé sobre
las puntas de los piés, y entre el perfume de las
lilas sentí á la vez en mis labios el frío de la megillas de la muertecita y en mi megilla la caricia
suave, viva, de los bucles de sus cabellos, que toqué al inclinarme, y en mi corazón una inexplicable tristeza.

***
Pasaron los meses y mis padres seguían viviendo en la vieja C!lsa de la antigua ciudad. A mí
me pusieron de in terno en el Liceo, sin duda,
porque desde la desaparición de Alina y de su
dulce influencia me había convertido en un animal indomable. Salía cada mes siempre que no
había sido muy indisc1plinado; pero dos veces
porsemana, jueves y domingo, íbamos de paseo
y dos A dos atravezábamos la ciuda1 sin hablar,
tales eran los reglamentos de los colegios de entonces, Sucedíame á veces cuando desfilábamos
por el boulevard donde estaba la prefectura, que
encontraba al padre de Alina que iba ó volvía de
su oficina. Vestía de negro y caminaba algo encorvado aunque no tenía aun cuarenta !liios, apoyándose en un baat.5n, un junco con pufto demar•
fil que conocía yo muy bien. Jamás dejaba de
buscarme en la fila de colegiales de túnica sombría y me saludaba con una sonrisa muy tristey

�144

l)OJJllDgO 27 de Agosto de ;s9S.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

de colegial, el salto súbito del_salvaje que se lanza sobre su enemigo ó del ammal que arremete
muy dulea. Yo, por mi parte, todos los días de
contra su presa. Cometí este robo tao sú bitamensalida subía A su casa. Miette salía A abrirme y
te concebido, con la sencillez de astucia de loa
me hacía entrar después de dirigirme cumplisalvajes y de los animales, Apr oyeché un segunmientos. Entraba A una especie de sala despacho
do en que mi camarada me volvia la espalda y
en la que estaba el viudo y que comunicaba con
daba con las phmta s de los pies en un árbol, Afin.
el cuarto de mi amiguita. Un día que la puerta
de hacer caer la nieve amontonada entre el tacón y
estaba abierta no pude contenerme y dirigí A la
la zuela de madera. Tomé á «Mar ía» en el lugar
pieza vecina una mirada furtiva; el padre que me
en que estaba, y corriendo para llegar hasta lo
observaba me dijo simplemente:
alto de la pendiente donde nos deslizábamos, I&amp;
-¿Quiéres ver su cuarto?
Entramos, Era un día de estío. El padre abrió
arrojé á un cober tizo abier to que había allí, con
las ventanas y el sol inundó con su luz el cuarto
peligro de que se r ompiese su hermoso rostro d&amp;
. /1
de la muerta, la luz alegre cub1ió el tapiz gastaporeelaca al chocar con la lefia amontonada, y la.
do, en el que habíamos jugado tantas veces y el
ví rodar basta caer junto A un carretón que estalecho cubierto de sarga verde en el que la vi tan
ba cerea de la lef!.a. Al lanzarla dí un grito tan
')
pá lida, tan tristemente inmóvil, y la caja de los
penetrante, que abogó el ruido del objeto de tal
'~
juguetes en que dormían los campesinos y «Mamodo, que mi camarada no a divinó la acción
ría,» la mufi.eea, ~entada en su sillón sobre la eó•
culpable que a cababa de cometer. Hénos aquí de
moda con los ojos azules siempre abiertos, la bo• nifl.a y se le oprime el cor azón ; su mirada se cru- nuevo persiguiéndonos, deslizAndonos y jugueea sonriente y el traje de visita.
za con la mirada de la mujer que busca en su ros- t eando a más no poder, cuando la criada de Emi-¿Te acuerdas có;no quería Alina A esta mu- tro la huella de su emoción ccn el celo que las lia apareció bajo la bóveda de la puerta. Mira i
ñeca? me dijo el padre tomándola en la mano pa- s~g uodas .esposae tienen siempre de las primer11s derecb" y A izquierda; se sorprende y mira á b.ra mostrármela.
y él no se atreve A decir una palabra. Una vez quierda, á derecha, arriba y a l jardín.
¿Creerás que me pidió que la pusiese en sus mh los muertos nada pueden contra los vivos.
-¿No han vi~to ustedes la mulieca de la seftoribrazos después de muerta para llevarla al cielo Pero y o que no había olvidado á mi amiga muer- ta Emilia? preguntó.
y ensefiársela A su mamá? Miettequería enterrar- ta, sentí desde aquel momento el odio más instinPor fortuna mía se dirigió A mi camarada, e)
le con ella . ... pero y o no pude separarme de tivo contra Emilitt..
cual le contestó con esa buena fé de inocencia.
uno solo de los objetos que ella quería.
Habíamos tenido un gato muy ura:f!.o que vi- que simulan tan difícilmente ciertos niftos.
- ¿Una mu:f!.ecajl No.
vía casi siempre en los tejados y en el jardín f
-Me dijo que la dejó a quí cuando quiso ir i
lo ví un día al entrar á la ca sa A la hora de la
*
**
comida frente A frente de un perro que le traje- jugar, objetó la cria da.
- No es posible, contestó el otro: nosotros no
Pasaron muchos meses después. Era la tercera ron A mi padre el mismo día. El gato se detuvo
en
el
alféfaar
de
la
ventana
mirando
al
huésped
nos
hemos sepa rado de aquí. ¿no es cierto? insisNavidad que venía en seguida de aquella en que
murió Alina, y habían ocurrido muchos cambios. desconocido y ~in atreverse á afrontar la proxi- tió dirigiéndose á mí.
-Ni un minuto, r epliqué acercándome. Yo debí•
Yo era un muchacho de trece af!.os y había fuma- midad de esa bola de pelos negros ruidosa y turdo mi primer cigarro un jueves de salida en bulenta. Durante cuatro días pudimos verlo así de estar muy colorado; pero el aire era tan fuer•
aquel jardín tan amado en otro tiempo por Ali- inmóvil y con un estupor anoioso en las pupi- te y habíamos P.Orrido tanto .. . . .
- Es muy extraordinar io, insistió la criada.
na, y no lejos de la fila de rosales en donde ea- las. Después desapareció para no volver mas.
za ba aquellos hermosos insectos verdes con re- Rencor igual y tan animal como el del gato sen- ¿Dónde puede haberla dejado? . ... Ah, le van A.
flejos negros y los coleópteros dorados que dormían tía y o, y sólo ese sentimiento podría justificar la da r una tunda . . . .
entre los pétalos de las rosas. La anciana de mala jugada que le hice A la muchacha gord11,
Yo no era malo, sin embargo, pero la idea de,
largas crenchas blancas estaba todavía detrás de tan torpe, pesada y rústica cuanto era graci()sa que Emilia, además del disgusto de haber perdido
la ventana del primer piso; pero habiendo roto ·y bonita Alina. Pero no, més que la malicia, me su mufteca iría á sufrir una buena reprimenda, lela caída de una escala la vidriera de la v entana, impulsó áobrar de ese modo una piedad casi r i- jos de causarme el menor r emordimiento me llenóel cristal más verde que los otros había desapa- dícula en su forma , que me conmueve cuando del placer más delicioso. Mi placer hubiera sido
recido. Miette también había desaparecido. Una pienso en ella y que no puedo deplorar.
Ha cía pues tres aiios que Alioa había muerto, eompletosialvolverá la casa no me hubiera visto
tarde A la hora del recreo, llegó al vestíbulo del
aunque era el aniversario de su muerte, no lo obligado á preguntarme lo que haría para impe•
y
colegio, hizo que me llamaran al locutorio, y la
dir que encontrasen á «María.» Mi preocu~ación.
buena mujer de tinte plomizo -del color de las recordaba aquella tarde. Un manto de nieve cu- duró todil. la noche. Ni el plato con castai'las, planueces secas que sacó de su delantal azul-me bría el jardin y uno de mis camaradas había ve- tillo tradicional, que se ser vía aquella noche, niél
trajo una noticia para mí monstruosa. E l padre nido á visitarme para organizar en la avenida árbol de Navidad prepar ado en la casa de•
de Alina se volvía A casar con una viuda que te- . principal un juego depatines.Eranuestra distrac- camarada que vino á jugar conmigo aquella tarnía una nifta de ocho af!.os y esta nifta ocuparía ción favorita y la rude za de los inviernos en ese de, ni el regalo que recibí, ni la vuelta tardía porel cuarto de Alina. Miette me contó cómo se des- país le era tan propicio, que habíamos aventaja- las calles de la ciuda d, blancas á fa luz dela luna,.
pidió del amo cuando el matrimonio fué asunto do mucho en este juego_. Henos a quí pues bajo de una mágica blancura de nieve, ni el proyecto
un cielo purísimo lanzándonos el ui::o tras el otro ya
arreglado:
arregla do para ir al dfo. siguiente á jugar A un
-El Seftor es .el amo, le dije; per o quise mu- rígidos y con los pies juntos, ya en cuclillas y so- es tanque congelado en el que esperábamos pati•
bre
un
solo
pie,
con
una
pierna
horizontal
y
ca
cho á la sefi.ora y á la senorita para ver A otros
nar , nada en una palabra pudo distraerme de esteen su lugar. Yo ~reo que causarles disgustos A yendo y rodando, gritando y riendo. Sucedió pensamiento fijo.
de
nuestro
juego
v
olvió
Emilia
que
á
lo
mejor
los muertos trae desgracias.
«Con t al que la mul'leca no haya sidoeneontra•
Y Miette me narró la historia de un viudo que del paseo. Nuestros gritos la atrajeron y la vimos
da
esta noche y que no lo sea mafiana» • .. . Acosun
minuto
bajo
la
b
óveda
que
daba
al
detenerse
la víspera de casarse en segundas nupcias, despertó la noche anterior á la ceremonia y sintió jar~ío, aeompa:f!.ada de su cria da. Llevaba en bra- tado en mi cama, 1:1se cuidado se hizo punzante
zos la mufleca causa de mi profund11. cólera con- b llsta el dolor. Las violentas sensaeione::1 de rela mano oprimida por una mano fría.
-Era la de la difunta , af!.adió Miette, y se mu- tra ella. No habría sido yo el r apc1.z insoportable pugnancia que me había dado el segundo matri•
que era entonces, si no hubitise renovado los gri- monio del pa dre de Alina, renacieron mezcladas
rió ese a:f!.o.
Miette se fué para su pueblo y el matrimonio tos, las risas y las locura s que, hacía entregán- con los sentimientos tiernos que tenía por ella.
se hizo. Yo púr mi par te no necesité que mi que- dome á sus ojos á u nos juegos que no podía com- El cuarto profanado por la presencia de la intru•
rida Alina volviese en la noche y me apretase la p artir. Sin embargo, sus deseos se avivaron y ea surgió a nte mis ojos tal como lo había conoci•
ma no piua cobrarle horror A la que la reem- sin que su cria da pudiera impedírselo, dejó la do, y la especie de alucinación de que hablaba
plazaba de e9e modo en nuestra casa y en el co- mu:f!.eca en una de las hojas de la puerta y se al principio de eeta nar ración se r eproducía con
ra zón de su padre. Natural era que el desventu- lanzó. Resbaló en la nieve y cayó. La criada vi- fuerza ex traordinaria .... Rea pareció mi amigui•
rado quisiese rehacer su vida; pero era natural no por ella y E milia, a vergonzada de su caída y ta con sus sonrisas, su palidez, sus ademanes de
también que un muchacho de trece afios no lo con el manguillo mojado se puso á sollozar. I.a cria- delicada y con todos los viejos objetos de los que
comprendiese. Interrumpí, pues, casi absoluta- da la reprendió y tomándola por la mano se la era la vigilante y dulce depositar ia.
En el mismo relámpago de impresión vi A l&amp;
mente mis visitas a l piso superior y al llegar la llevó ;ara cambiarle ves tidos. Desaparecen deN avidad que debía de ser el tercer aniversario jando olvidada A la mufteca que sigue sonrien- otra apoderándose del lecho eu que Alina habít.
de la muerte de Alina, creo que no le habría ha - do con su boca r oja y sus ojos azules en la puer- entregado su alma, la ví cogiendo con sus deblado diez veces á Emilia-así se llamaba la re- ta cochera como cua ndo Alina la llevaba par a dos feos y descuidados las pastas de seda desva•
cién llegada. - L a pobre, inocente del odio que yo hacerla tomar aire y como aquel día en que la ví necida, la ví ensuciando con sus zapatos de ta•
eones gastados-babfa nvtado también esto en
le tenía, era una muchacha regordeta y simple al pie del lecho de la pobre muerta.
ella, el tapiz en el q ....e disponíamos los antojos d&amp;
que hubiera querido jugar conmigo en el jardín.
nuestras comidillas; - la ví r o bando á Alina, por·
Pero esta sola idea hacía nacer en mí una es*
**
que para mi corazon d e nif!.o era un r obo esa po•
pecie de cólera contra ella, cólera que aumentó
¿Por qué me a!!altó sú bitamente la idea de ro- sesión que toma ba de los juguetes de mi mueriecuando á los dos meses de su llega da á la casa
vi en sus brazos la misma mui'leea de mi antigua b ar esa muiieea que Alina había amado tanto, cita. ¡Muerta! Me repetía esta palabra maquinal·
amiga , la «María» que fué su hija-nuestra hija. por qué pensé en eso yo, cuando cinco minutos mente y veía la tumb a que visité el primero de
-Recuerdo aún el a cceso de rabia que me domi- más tarde no tenía en la cabeza sino la locura de Noviembre, en otro tiempo adornada de fresca&amp;
nó cuando ví ese espectá culo sacrílego, un jue- mis juegos de pat ines? H e aquí una cuestión más flores y ahora a penas cuidada y con su Angel
ves de paseo en que encontré al padre, á la nue- que entrego A los psicólogos de la infancia. Lo de alabastro ya sin manos y siempre Heno de
v a esposa y A la nifia. Ahora me doy cuenta de cierto es que entre el momento en que se me ocu- polvo. Era demasiado creyente en a quella ép~·
la escena que debió de haber habido en la ca- rrió la idea y el de la e jecución , no transcurrie- ca para no estar cierto de que la des-aparecida Vl·
sa .. . .. . La mamá encuentra la mulieca y la po• ron más de cinco minutos. F aé una de esas ten- vía en el cielo como ella lo había dieho, con 811
ne por algunos minutos en las manos de su hija, taciones, á la vez rápidas é irresistibles eomJ ma dre y otros á ngeles, ángeles verdaderos eon
vuelve el padre, vé el jaguete en poder dela otra ,)tras que recuer d o haber te.nido durante ~i vida lirios entre sus dedos hechos de pura luz Y quit

~r

odian romperse. Sin embargo, mi imagina0
~ói
figuraba al po bre cuer pecillo tendido en
la i1erra y tal como le dije adios en el cuarto per-

'

145

EL MUNDO.

montón para que la remoción fuese menos v1s1ble.
Miraba á veces al cielo amenazador buscan88
do en él la promesa de una nueva nevada que
faJDado de lilas blancas. Una horrible impresión borrase mejor todas las huellas. Cerca del muele soledad me punzaba el alma. Recordé el de- chacho una forma de niiio más pequeiio estaba
eo que babia formulado la ni:f!.a de llevarse á tendida; per o á primera vista se hubiera comhija A la tumba. ¡A?! eómo ha br!a qu erido ir al prendido que esa forma er a la de una m uiieea
eementerio con la muueca que ha b1a recuperado, cubier ta con una toca y con las manos metidas
dar dinero al sepulturer o y que «María» desean- en un manguillo microscópico pendiente del cuello. La mul'leca parecía hllber sido elegante en
use cerea de Alina- y para ,;iempre.
una época y muy descuidada después, al ver las
desgarraduras de su traje, la desiiudez de uno
*
de sus pies sin z11pato, y su rostro de porcelana
**
descascarado, Flotaba sin embargo una sonrisa
Al día siguiente en la ma:f!.a na, á eso de las inmóvil en su boca roja aún y en sus ojos de crisdiel si alguien hubiese venido al j ndín desierto tal. Y he aquí que lenta, 1mavemente, comenzaJ' al rineón más apar tado, habría visto al pie del r on á caer d1:1 la bóveda fúnebre del cielo, esarbolillo delfondo, seco y desnudo ya, á un mo- trellas de nieve.
ulvete vestido de colegial que abría la tierra
El muchacho miró de nuevo el cielo con singuapresuradamente con una azada. Caía sobre la lar placer; ya el hüyo era demasiado grande y caoludad una bóveda baja de neblina, una neblina si ta11 profundo como su brazo. Tomó la mu:f!.eca
negra entre la cual vaeiiaba el sol r ojo como una y con a demán infantil imprimió un beso en la
bola de fuego roída por las tinieblas. L11 nieve fría megilla de porcelana y otro en la seda blon011brfa A lo lejos les tejados. En la casa todos se da y suave•de los cabellos. De11pués acostó cuiocupaban sin duda en los preparativos de la co- dadosamente el cuer po en l&lt;t tier ra como si fuese
mida y algunos habían ido á la misa mayor . Con el despojo de un ser que hu biese tenido un a lma.
pie torpe el cbicuelo apoyaba todo el peso del Llenó la fosa con la prisa de un culpable; una
011erpo sobre el hierro de la piqueta y luego co • ventana del segando piso se babia abierto en la
locaba cuidadosamente la tierra negra en un casa; allá en el fondo del jardín. Una voz gritó el

:U

1

nombre de Claudio y aftadió: «Entra.» «Ya voy.D
gritó el joven colocando la piqueta junto al muro y con el vestido blanco de nieve corrió alegremente al lugar de donde salía la voz que le llamaba.
- ¿Qué has hecho? Le dijo la misma voz desde
lo alto de la ventana.
-He preparado un precioso deslizader o para
maf!.aoa, contestó, y era una mentira después de
un robo.
Y sin embargo, cuando se confesó algunos días
despué:!' con los esc1úpulos de u n fervor precoz,
el joven no pudo arrepentirse nunca, nunca, de haber robado para enterrarla así, aquella ma:f!.aoa
de Navidad, bajo la nieve, á la nifta de ojos azules, de mejillas sonrosadas y cabellos 'r ubios, ju·
guete de su primera amiga.
POUL BOURGET.

LA INUT1L VIRTUD.
En la casa de mi abuela, aquella donde pasaba mis
tae11Ciones, casa de altos techos, estilo Luis XIII, de
lumbreras siempre cerrada&amp;, se extendía en toda la
loogitud de la morada, un inmenso granero; todas
Ju antiguallas de los siglos pasados estaban allí
amontonadas bajo el pulvo; allí dormía, bañado de
claro-obscuro, apenas rosada por la. luz que se esca•
rrla por entre las tejas, una pila de cosas extraordinarias y que nos hacían soñar; á mí sobre todo, muchacho ya curioso é inquieto, con la imaginacion
Blempre viva y despierta y de una nerviosidad preOOli toda oportunidad era buena para escaparme del

coarto donde Norina eosfa, vigilando nuestros juegos; subía los escalones de cuatro en cuatro, y 00n el
corazón oprimido por una emoción deliciosa, me detenía falto de aliento, á la puerta. de aquel ccdiciado
grapero, temiendo encontrarlo cerrado y no temiendo menos encooLrarlo abier~o; vacilaba siempre para
entrar á él; era para mí un lugar de misterio, una especie de retiro exLrafiamente poblado. Había grandee armarios llenos de libros, y en estos libros, estampas; había también un viejo escritorio con cajones y
IIDI tablilla para escribir forrada de marrcquín verde, manchado de tinta; un gran péndulo con figuras
que debían aparecer. pero el péndulo no andaba; haliía además un mapa-mundi pint a do de cont inentes
uulea, una vieja caja de colores y otras cosas del
llllamo género que contemplaba largo t iempo en éxtaais, osando apenas tocarlas, y me deleitaba en per~ ecer allí horas y horas, porque allí me sentía lejos
uv todo, en und at mósfera sobrenatural y extrafia,
en 1º no sé qué lu1. aparte, t ransparente y verde, co•
en el fondo del mar. Sí, en aquel silencio, en mete de todas aquellas viejas cosas abandonadas, paladas de moda, olvidadas, se respiraba l.t atmósfera
:ulante y turbia de los abism"Js del agua; además,
la táotos libros, la mayor parte en alemán y que
no comprendía pero cuyas estampas miraba, y ¡qué
cantidad de estampas! E ntre todos, un volumen me
atrafa: un viejo libro de cuentos. El título lG be oll'ldado; en la primera página tenia una lámina horri:e que representaba la muerte con un arenario y una
ll neeUa, y después, otras con iglesias, palacios, .cal ea 1 grandes buques deslizándose sobre el mar; y
: ~as las historias de aquel libro pero no meacuerbl e ninguna; las recordaría si alguno me las bull era contado, porque es de cera el cerebro de los nifl8 Yno recibe más que el sello de las seo.iaciones
~~as. Pero cuando pienso en este granero, tengo
'POm tata.mente como una visión glauca, atravesada
aa: aIgas movedizas, reflejos .de muaré y muchas col desplomadas, velas, mástiles, naves q.e catedraespectros de despojos de otros tiempos, fantasno de antiguos naufragios, y de toda esta confusión
to
Yerdaderamente más que un cuento, un cuenton go de un simbolismo fugitivo y triste que en•
rn4acea no comprendía. ¿He leído así e'!te cuento ó es
den ten mezcl~ de varios, recordados al azar, s:n oreomo mal digeridos por mi joven imaginación? Tal
lbaneea, vago, tembloroso y difuso, me agrada aún á la
ra de un reflejo sepult ado en un espejo verdioso:

lo intitularé pues, CUENTO DE MI GRANERO, porque
tal es su verdadero nombre, y no ~sta paráfrasis de
su texto simbólico: LA INUTIL VIRTUD,
Hacía tres largos días que cabalgaba á lo largo de
las dunas florecidas de cardones pálidos; ninguna vela emblanquecía el horizonte; del alba á la noche reinaba la monótona inmensidad de uu mar quieto, de
un mar sin arrugas, color de pizarra, bajo el implacable brillo de un cielo blanco; á veces su caballo se
detenía bruscamente, .:;on las pezuñas hacia adelante y relinchaba hacia el mar; y en un sedoso azoramiento de alas, las gaviotas, saliendo de algún agujero del despeñadero, volaban muy alto en el a:re, se
desvanecían luego y la arena roja se cubría con su
sombra.

:o

i:a
:00

El joven no volvía siquiera la cabeza; con la fren.
te grave bajo el vuelo desplegado de su casco, cami~
naba pensat ivo al pie del despladero: una alta muralla que caminaba hacia muchas leguas á lo largo del
mar t riste; algunas malvas secas pendían como cabelleras al flanco de la roca, y solamente algunos pájaros de mar habitaban aquellas muert as cabelleras.
Por la tarde, los despeñaderos se teñían de rosa;
las dunas mismas se inflamaban en el incendio del
poniente, y el joven, echando pie á tierra, dejaba á
su caballo pasear por los cordones azules de los arenales, engañando su propia sed y su hambre y mordiendo la carne salada de algunos caracoles. Y luego, bajo la luna que ascendía, continuaba su camino.
En el claust ro donde había sido _educado por orden
de la reina su madre, había hecho el juramento de
encontrar muerto ó vivo al caballero de pelo claro á

quien debía la vida: Bertrán era fruto de una falta.
Adulterio de la reina de Aquitania había sido nutrí•
do y madurado como la idea de la venganza misma
por la princesa adúltera: había jurado hacer encontrar por el hijo de su lujuria al infiel errante que la
había abandonado. Un convento de Barnalitas había
visto crecer al joven príncipe: la reina había presidí·
do á su educación, invisible, oculta, desconocida de
aquel hijo que destinaba á un trágico desenlace. Los
monjes habían educado pacientemente al niño en el
odio del amor de la mujer y de t odo lo que ríe y florece bajo el cielo; el ayuno y la oración habían forjado
un alma ru~a á este hijo de reina que llevaba un cilicio bajo su armadura damasquinada y una triple
cuerda de cái'iamo apretada en torno de su cintura
Y luego, en una hermosa mañana, embriagado por
un flltro, frotadas con sangre de loba la palma de las
manos y la planta de los pies se había dejado partir
al joven vengador á t ravéi. de los campos. «Reconocerás al hombre que hizt tu existencia obscura y
dolorosa por la triple esmeralda que brilla engarzada
en la cimera de su casco. Que su pelo sea de nieve ó
de oro, hiere y mata, y habrás vengado tu vida humillada, á tu madre, á tu raza y á tu Dios.&gt;
Estas fatídieas palabras las pronunció una voz de
sueño en la misma capilla del convento donde había
pronunciado &amp;u velada de armas; una forma disimulada en la sombra dictó el mandato, y. al otro día, al
bajar el altar Bertrán se aventuró en el campo, enguantado, acorazado, cubierto de plata melada desde
la cimera de su casco hasta la est rella de sus espuelas, con el doble relámpago de oro mate de un águila
enorme l:Jat iendo alas, sobre su morrión.
Desde lo alto del campanario del convento una
mujer lo siguió iargamente con los ojos, á los rayos
del sol naciente; cuando la silueta del joven aventurero desapareció á lo lejos, en la niebla, la reina f ué
á prosternarse ante el altar mavor donde la sorprendió lc1. noche, ameoazandJ y orañdo.
Y cabalgando bajo el claro de luna que argentaba
el mar tranquilo, oprimía al joven guerrero al recuerdo de extraños encuentros.
Primero fué, al tercer día de su partida del claus1!ro, la aparición de tres doncellas en el lindero de un
bosque, las tres bijas del vieJo selior, como habían
dicho llamarse saludándole familiarmente por su
nombre. Sentadas á la entrada de la selva, se habían
levantado á su vista y habían querido engalanar con
flores la brida de su palafrén; eran obsequiosas; tenían caperuzas de anémonas en sus cabezas de trenzas flotantes y parecían desnudas bajo sus ricas túni•
cas de seda floreada. De pie sobre el césped humede.
cido, lo habían rodeado con su grupo como una ronda ligera, y con su actitud, la caricia de sus miradas, con su voz y sus brazos flexibles y frescos habían
querido retenerlo; pero él pasó dando de espuelas á
su caballo, con riesgo de atropellarlas; las hadas de
las praderas tienen la costumbre de aparecerse a.sí
por la noche á los viajeros, y él pasó, feroz, voluntariamente sordo á su llamamiento.
Cabalgó dos noches y dos días en el bosque de en-

�Domingo 27'de Agosto de 1899.
Domingo 27 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

146

cinas, y después vastas llanuras sucedieron á lo~ alto~ árboles, y tristc:s valles, atravesados por c~rtrnas
de álamos, á las llanuras; los estanques espeJeaban
allí entre las grandes yerbas, y día y nocbe flotaba.o
vapores, tejiendo en torno de equ1 vocos troncos de
sauces, apariencias de sudarios; Juego entró en un
país de hornaguaas y pálidos pantanos, donde el ~ue-

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vieja que huía al galope sobre un ~sno. «Otra ~mboscada del Maldito,&gt; pensó y pros1gu1ó su cammo
un poco triste, un poco cansado ya.
Llegó al fin á una especie de albergue, una rama
de beno sombreaba la ,JUerta y tres hermosas_ muchachas estaban en el umbral. Con los senos hbres ~n
el tosco jubón, con la cabtza descubierta y los p1és
descalzos reían robustas en el cálido crepúsculo; la
una hilaba en ~u rueca; la otra inclinada sobre una
artesa de piedra embalsaba '.láñamo, y la tercera, á
la vista del caballero, entró precipitadamente ~n el
albergue para S'llir con una vasija de vino; ofreció de
beber á Bertrán y las otras dos le rogaban que se
apeara.
Olían á sudor, á pan y á alhucema, pero Be~trán
las recbazó se retiraron ente,nces riendo á carcaJadas,
cerraron 1a' puerta del albergue y el joven permaneció sólo en el camino.
8u cabalgadura se acercó á la artesa para beber, Y
al abrevarse en ella el palafrén, Bertrá!.l que se había inclinado hacia delante lanzó un grito.
.
El real aventurero acababa de aparecerse á si mismo; el fondo de la artesa había suvirlo de espejo Y
en él un rostro de viejo le sonreía; el rostro de un
viejo guerrero de larga barba blanca, de mirada cansada y triste, de compasiva sonrisa; un semblante li-

vido rematado por un casco de oro donde relue!a11
tres esmeraldai-, y Bertran recono~ió al Lombre que
debía berir. Se iba á matar á si mismo hinendo á su
imagen, en el corazón lleno de tristez~ _intinlta,
Bertrán comprendió que se había vuelto vieJo; aque-

Jlos cabellos blancos eran los suyo; aquellos ojos opacos ob! eran sus ojos, y comprendió muy ·sarde que
había corrido en pos de una imposible aven~ura.
Es menester vi v!r su vida sin desdeñar el a mor, la
voluptuosidad, el placer y aun la ocasión que pasa, y
él se había dejado seducir por una ilusión engañadora como el polvo del silencioso navío. Y no babia
q~e pensar en volver atrás, porque el tiempo huye,
irreparable.
JEAN LORRAIN.

.-

EL 5JEMPLO
¡0 negrusco se hundía bajo sus paso~; y u-na n_ocbe sin
luna tn que costeaba una de estasc1éne!:{aslngubres,
su palafrén se encabritó &amp;úbitamente baJO él y levantando los ojos, Bertrán '!percibió :le ~i~ sobre el agua
Lomiza, una belleza. sobrenatural y llv1da.
.
.
p Era un -:uerpo dP. muJer, de palidez .:_xtraord1rian~,
ero un extraño éxtasis abogaba sus OJOS y su sonnfa: babia surgido como un fuego fátuo _sobre una espesura de nenúfares y sonreía embriagada. como
torcida por un espasmo, los senos erectos, la boca
abiP.rta y un pequeño espej? de pl~ta en _la mano.
Una lunairuprevista surgió al mismo tiempo ~etrás
de Jos mimbrerales, y 1,oda nacarada de refleJOS, la
muerte dichosa obstruía el paso al caball&lt;!ro, tendiéndole á la vez su boc'l azulada. y 13: l)lata del
espe'o· un viejo sauce sin ramas babia. sub1tamellte
reflejado en el estanque la silueta de un fauno, y bablendo el joven guerrero rechazado con horror el cadáver impúdico, una enorme rana saltó brusc~mente
de entre las yerbas, y se hundió en el agua páhda con
un ruido seco.
y Bertrán marchando á lo largo de los arenales,
pensaba en tÓdos aquellos sor~ile~ios, en todo&amp; aquellos lazos y en todas aquellas 1lus10nes. ¿Qué l~ querían aquellas máscaras de la sombra, aquellas tiguras
· errantes en la noche y cuál era el símbolo de todas
aquellas tentaciones?
y observó que una galera silenciosa que no babi~
apercibido ni por el estremecimiento de las vela~, 01
por el ruido de los remos, b?rdeaba._ la p_laya al mismo
tiempo que él; los altos mást1les. las¡~r?1as y los cabos
se destacaban transparentes en las tm1cblas, y s~ hubiera creido un navío de sueño, porque se deslizaba
sobre el agua sin hender las olas, y tod~ parecía_ dormir en profundo sueño á su rededor, m un marmero
sobre el puente. ¿Seria un barco abandona~o ó_ un
buque fantasma? La onda no i;e encrespaba s1q~1era
en torno de s ..s flancos, 1:enicienta, avanzaba misteriosamente á un lado, y se bubiera creído Be~tr~n
juo-uete de alguna otra visión si no hubiera d1stmgu1do de codos sobre la proa á un viejo inmóvil! el
¡,Hoto sin duda, cuyos dedos at'.lrmentaban una lira,
pero una lira encantada porque las cuerdas heridas
no producían ningún sonido.
cuando apareció el día, Bertram se encontró eu
un país de pequeños valles y collados sembrados de
setos vivos y cercados de manzanos; el buque-fantasma la playa de rosada arena y el a.lto despeñadero
se habían desvanecido, y el joven aventurero que comenzaba á no asombrarse de nada, espoleó á su caballa y caminó por los pastos ~ los setos de oyaca?to de
aquel campo de jardines. Remaba la soledad mas profunda el mar tenía el tinte del cielo barrido por las
nubes' y de los manzanos torcidos por el viento, f cabalgaba bacía ya ci neo largas horas .,n una especie de
camino hueco, cuando se le apareció una hermrn,a ~ama. Tenía un vestido de brocado sembrado de boJaS
de álamo, y esbelta y recta como _un lirio, montaba
un unicornio, bello y fabuloso ammal de sueño, ~e
pelo lustroso como el metal. La dama del umcormo
llevaba sobre sus cabellos negros, un casco de oro rematado por una pequeña corona, y como los caballeros tenia en ristre su lanza.
Interceptó el paso al joven señor, y mientras lo
amenazaba con su lanza, desmentía su mala intención
con una sonrisa y con el dedo designaba á Bertr án
una enorme rosa ensangrentada P.n i;u cintura; pero
él no tenia en su mente otra idea que la del asesinato; separó con el lomo de su espada la lanza de fino
acero de la bermo,;a guerrera y pasó.
La hermosa dama al pasar le azotó el rostro con la
rosa de su gola, una rosa seca que s_e deshojó,_ y como
volviera el rostro el joven sorprendido, solo nó á una

La boda quedó fijada para el 1? de E?ero de_1893.
En tal fecha Ernestina V illalar, pnmogémta de
los condes de Medina, pasaría á ser la espos~ de Don
Eduardo Santurce, joven, huérfano, muy neo, Y de
profesión .... sportman, una de las más atareadas Y
difíciles de nuestra vida moderna.
Cuando se decidió la fecha del enlace babia comenzado el mes dP. Diciembre de 1893, y faltaba, por consiguiente, un mes escaso.
Ernestina y Eduardo eran tal para cual. Una pa1ejita deliciosa, como decían los amigos; buena pre-

conseguirlo necesitaba escribir con buena letra, ó
bacer con exactitud una suma; pero pensaba con
singular lilosofia, que para algo se han becbo lo, secretarios y los administradores. Ella, se habría muerto de hambre, si para aplacarla tuviera que acercarse al fogón, ó concluir correct~mente !JO dobladillr;
pero á semejanza de su prometido, deCiase q ue para
eso están las cocineras y las costureras.
Se vieron una noche en bríllantisima soirée; se gustaron más que nada por sus res peeti vas irrepro~nables maneras de vestir; al día. siguiente le pareció á
ella maravillosa la yegua inglesa sobre la que cabalgaba él por el Retiro, y á él le resultó un colmo de
elegancia y riq uaza el tren en que ella paseaba acompañada de unas amigas: se trataron á la l_igera, superficialmente, unas cuantas semanas, siem pre de
prisa, entre las vueltas precipitadas del vals ó al trote largo de los paseos, y. . . . cosa resuelta. El supo
por su administrador que Ernest,ina vendría á reunir
unos 40,000 duros de renta; 1i1la averiguó, pur medio
rle su instit utriz, que la de Eduardo no bajaría de
20 1000, y hecho «el balance,&gt;en el aire, casi al unísono y sin consultar ni tener en cuenta ninguna consideración ni sentimiento, Eduardo fué prosentado en
la casa, donde reinaba la más desconsoladora independencia, consecuencia de la exageración del modernismo irreflexivo; habló al padre de Erne11tina, y éste,
viudo de una sefiora á la moda también, que sólo fué
madre de Ernestina en los itlstantes de darle vida,
porque en seguida la nodriza asturiana, la bonne francesa y la institutriz inglesa-casi una «triple allanza&gt;-ocuparon su puesto, dió el consentimiento para
la boda que le dejarla en absoluta libertad, y sin cuidados-aunque pocos se Lomaba-y como queda dicho,
la ceremonia se señaló para el día 1 º deEoero de 1893.
-Va á ser verdad aquello de «Año nuevo vida nueva,&gt; pensó F.rnestina, y acto continuo, dió órdenes
urgentes para. los trabajos de su trousiseau. ·

*

sencia los dos; los dos millonarios; quizás más afeminado él que ella (coruo suele ocurrir con reiterada
frecuencia en estos tiempos), pero iguales en educación, en gustos, aficiones, «indiferencias&gt; y frivolidade1:,. Dos jóvenes, en fin, «á la violeta&gt; como se decía Antaño, dos «impresionistas~ como se dice hoy;
dos seres perfecta y absolutamente inútiles para todo
lo que no fuera gozar y divertirse, ajenos á toda amargura, de cumplido ante todo dolor; dos primorosas
«figuritas de cotillón,&gt; dos maniquíes de modista y
sastre respectivamente, que en el gran cosmorama de
la vida habían tomado turno fijo, para no asomarse
más que á lo:, cristales de color de rosa.
A primera vista resultaba él más simpático que
ella. Estudiándolos un poco parecía ella más buena
que él. El, no bubiera podido ganarse la vida, si para

* * niüa mimada y volun8obraba tiempo, pero ella,
tariosa, no lo creía así, y en pocos días &lt;volvió loca~&gt;
con sus impaciencias, á cuatro ó seis modistas de Ma•
drid.
Con una rle ellas, sobre todo, y ya avanzado el mes
de Diciembre, los apuros fueron tales, que exigió le
dijesen el domicilio de la oficiala ocupada en la confección del vestido de boda, (que por concesión especial no trabajaba en el obrador) para ir personalwen•
te á averiguar la causa del retraso, y á. darla prisa.
Madam.e•** no pudo excusarse de satisfacer ese capricbo formulado de manera impetuosa y casi destemplada, y en una tarjeta que entregó á Ernesttna,
escribió:
DOLORES GUTIERREZ
Pasi6n, 57, piso 4°
Al siguiente día, sin más espera, se fué allá la con·
desita en ciernes, acompañada de la Miss, y con un
«coraje&gt;-como decía ella-que daba miedo escuchar
lo que iba á decirle á aquella estúpida y perezOSll
obrera.
·
La calle de la Pasión, ¡qué lejos! La subida basta
el cuarto piso .... ¡qué Cal vario le resultó á Ern&amp;1·
tina!
La ascensión e:-a penosa. ¡Qué olores en aquella
escalera pendiente como vereda de los Alpes y ubscU•
ra como interior de túnel! Las paredes enyesadas eiitaban tan próximas á :a barand1lla, es decir, res•.tlta·
batan angosta la escalera, que el abrigo y la !ald&amp;
de Esnertina se mancharon de blanco varias vecest

tantas á lo menos como se teñirían de rojo en lo interior 4 causa de la anhelo.sa y sofocante respiración,

EL MUNDO.

Jol pulmones cde estufa&gt; de la elegante joven, en abpoto lnacostumbrados á semejantes subidas.
For fin, llegaron.
Mientras la Jlliss, hecha un puro remilgo de precauciones para t ocar lo menos posible el agarrador
negruzco de la campanilla, que colgaba medio roto
en marco de metal, la bacía sonar con estrépito. Erneetlna, agitado el pecho y de LO!or púrpura las mejillas, exclamaba con extraño tono:
- Se necesita gusto para vivir en estas alturas y
en semejante casucha. ¡Qué atrocidad! ¡Ni un mal
llaneo en que sentarse!
Abrieron. Apareció en la puerta un hombre joven,
pobremente vestid0, de porte fino, y con aspecto
ae Insomnio ó de enfermo.
-La oficiala de Madame***, la Dolores, ¿vive
-¡qof?
-Aquí vive.
-Necesito hablar con ella, en 'leguida.
-Tenga usted la bondad de pasar, señorita.
Ernestina entró en la habitación con profunda repu,rnancla, recogiéndose la falda, mirando al techo
como temerosa de t ropezar en él con la cabeza, pa. Al bajar por la pendiente escalera, Ernestina, sin
1111do y repasando el pañuelo perfumado por la n!lriz,
fiJarse ya en los olores ni etJ la obscuridad, iba penporque le olia aquello á cocina y á hospital.
La hicieron entrar en una sala bastante espaciosa, sando:
-Yo_no conocía este sabor amargo de la vida. ¡Qué
amueblada con decencia, pero muy humilde.
Era el cuarto que servía de taller á Dolores. Rei- compas1óo me da est a gente! Y qué hermosas son
naba en la habit ación algún desórden. Ropas t ira - esas niñas!
dla; sobre una silla recetas y frascos; en una mesa un
ffllllrlo, un pulverizador y más botellas con etiquetas
** *
de botica. Junto al balcón, dos niñas de t res á cinco
-Ernestina
encontró
su
casa llena de gente. Estaallos, á lo sumo, jugaban sin hacer ruido con una muban
allí
su
tía
Amalia,
su
prima
Car mela, varias amileca desnuda, despeinada, manca, ciega. . . . becba
pedazos. En una banca destacaba de aquel conjunto gas íntimas y Eduardo Santurce, á quien rodeaban
gris de opacidades, una falda de raso blanco, bil va. aquellas.
-Señ01es-dijo Ernestina siguiendo la costumbre
nada, y junto á ella azabaches y sedas, blancas taminverosímil y novísima en cie1tas elegantes de diribWo, para bordar. E ra el vestido de Ernestina.
-MI mujer saldrá er. seguida; voy á. llamarla. Te- girse á una reunión, aunque, como la indicada, se
nemos muy malito al niño, y me permito por esacau- forme casi en absoluto de mujeres;-¿qué sucede?
• rogará ustedes que haplen óajo-=-dijo el joven á ¿he tardado mucho, verdad?
-Nada de eso, querida; estamos extasiadas viendo
ltoestioa y á la Miss.
-Bien; y despache usted pronto, que tengo prisa la «primera remesa&gt; de los regalos que te decica
Eduardo, y ehgiando su buen gusto. AcérJate y pre,
-contestó Ernestina.
párate, porque te vas á deslumbrar.
Afladiendo apenas el hombre hubo salido:
Ernestina se acercó á su prometido, y realmente
-¡Qué Impertinente!
Dejó vagar breves momentos la mirada por la ha- quedó deslumbrada por el resplandor de los magnífibitación, pero la excursión de indagatorio era tan cos brillantes, que formaban una hermosa diadema.
Había además, otros dos estuches: el primero, con
corta y tan árida, que en el acto la volvió al balcón,
1 al hacerlo encontró clavados en ella cuatro ojazos una pulsera literalmente cubierta de chispas de brinegros, hermosísimos, con lindos toldos de pestañas: llantes que le daban originalisimo aspecto; 61 segunbde las hermanitas que la miraban con asombro y do con dos solitarios de incalculable valor. E rnelltlna
la escudrifiaban con curiosidad. Ernestina, no obs- elogió y agradeció mucho los regalos; pero dijérase
illlte la violenta situación y la extremada excitación que no experimenta.ta á s.µ vista la alegría que fuera
nervlOBa en que se encontraba, se fijó en la belleza de suponer.
-Fíjate en la pulsera-la dijo su prima-parece
llognlar de aquellas niñas, y dijo á la Miss:
una
lluvia de lágrimas.
-Son monísimas, ¿verdad?
- ·¿De lágrimas? No me resulta la comparaclon,
-Yes:-le contestó la inglesa, sin mirarla, apenas,
con .la frialdad, la impasibilidad y la «cronometría&gt; Carmeb. No br!llan así las lágrimas, nl son frias; sólo pueden seme¡arse en una cosa, en ...... 10 «que
que caracterizan á la raza.
En este momento entró Dolores. Venia secándose cuestan&gt; contestó Erne,.tina.
Y volvió á callarse. su pensamiento no estaba '\llf,
1- ojos, turbios de llorar, y arreglándose el traje.
Ira una joven y linda mucbacba, de aspecto suma- estaba en casa de Dolores, tiJO en las niñas de la ofimente simpático. Se enteró de quién era la señora ciala, insistente én la enfermedad del niño de la poque tenía delante, _le explicó la causa del retraso su- bre obrera. Y no ciertamente esto último porque tefrido en la confección del vestido y no perdió el tiem- miese no recibirá tiempo el vestido, sino porque alpo-dicho sea en honor de Ernesti na-con sus expli- go extrai'io muy nuevo y muy dulce palpi~aba con
Clciones. Doce noches de no acostarse; catorce días fuerza allá. dentro, muy en lo profundo de su ser.
Y asi, cerrando pronto los estuches, sin que nade Intranquilidad y sobresalto incompatibles con toda
die,
y menos que nadie Eduardo, se fijasen en su emoclaae de trabajos; allí a l lado, con separación de un
llgero tabique, su hijo casi muerto. . . . las razones sión, cogió á los niños de su prima -Carmela, abrazó
~ tan atendibles, que Ernestina las tomó en con- á. la pequeñita de una de las señoras allf presentes, y
los colmó de besos con apasionamiento.
-v~lón, y concretando, dijo:
Uno de los niños de Carmela se puso entonces á ju-COmprendo cuanto me dice y la compadezco, pero, en fin . .. . usted comprenderá á su vez .... ; para gar con Eduardo, y quiso montará caballo en sus rode que la enfermedad se prolong11e voy á. de- dillas. El atildado joven lo rechazó en el acto, &lt;m.si
lo dáé Madame*** que le recoja á usted el vestido y se con brusquedad.
Ernestina no perdió un detalle del gesto y actitud
á otra oficiala.
-8eliorita, eso no. Yo haré un esfuerzo, se lo pro- de su prometid'J en ese momento.
Al poco rato la comida y el teatro reclama.ron á
meto á usted; pero dejar este trabajo que es de los
que nos pagan mejor, ahora que mi marido no va al los contertulios, y Re quedaron solos, esperando al pa.
porque no se atreve á separar&amp;e del niño, ni ten- dre de Ernestina, ésta, Eduardo y la tía Amalia.
-Eduardo, dijo la anciana al joven, parece que no
_,::erzas para ::ioverse con el tiempo que lleva.sin
sar; ahora que casi todos los ahorros se los ha te gustan los niños, ¿verdad?
-¿Por qué?
tragado la botica, equi valdría á quedarnos nosotros
-Porque hace un instante be visto la poquísima,
~tas dos pobrecitas sin pan, y el niño sin medició mejor dicho, ninguna paciencia que bas tenido con
. · •• no baga usted eso.
Luislto.
-Sf, pero yo ... .
--En realidad ignoro si me gustan ó no; jamas me
-Créame usted lo que le digo; baré un esfuerzo, y be ocupado de ellos, y en definitiva estoy por decirle
ho, ganar tiempo ...... vuelva usted. Hoy estamos á. usted que más me aburren que otra cosa. ¡Son tan
O,st mi Juanito se alivia, así lo espero de la Vir- pesados, tan tontos! De gustarme, son únicamente
5:8cl&amp;otisim&lt;1, sobrará tiempo; vuelva usted dentro los que son muy guapos, pero entonces como ..... .
neo dfas; dfgale usted á .ihadam,e*** la verdad de
111181tuaclón; dígale usted lo que ofrezco y verá cómo objetos de arte; parecen propiamente, algunos mui'Iecos de los mejor hechos y más caros.
llO laengai'io.
Ernestina arreglaba durante esta conversación
-~ranqullfcese, Dolores, volveré, y aquí probare- unos papeles de música.
.
un v Vestido. Después de oir á usted, no quiero que
--Y creame usted; con los niños, lo que se bace
6l~~~ de novia, tenga que bacersP. poniendo en ahora: á distancia, á distancia. ¡Obl Si en nuestro
te
"'fi• 1mas que puntadas. Mientras tanto, acep•
matrimc.nio los tenemos-y le aseguro que lo sentiré,
te~ este recuerde (y dejó en el velador un bille- -ya verá usted cómo los alejo cuanto yo pueda de
el ntnoº en pesetas,) para que atienda mejor á. lo que nosotros. De lo contrario es imposible es imposible la
necesite.
vida.
~¡Dtoa la bendiga á uste~, sei'Iorital
Ernestlna envol vió, al escuchar esto, á Eduardo--

:rcaso

:f:

147
que estaba de espaldas á ella -en una fulgurante mirada, mezcla de dolorosa sorpresa y de repentino desprecio.

***

Al cumplirse el quinto día de los seííalados por
Dolores, Ernestina, que ya haLla enterado á la modista Mudame*** de la i,ituación en que se encontraba la oficiala y de la determinación tomada de hacer
la primera prueba en la casa de ésta, se apresuró á
encaminarse á la calle de la Pasión.
Fué la misma Dolorei:; quien salió á abrirle la puer~a. El ligero desorden que el primer día notó Emestina en la habitación, babia cesado: todo en su sitio,
todo limpio, bien oliente y alegre, daba á la casa aspecto de fiesta.
- Mejor--exclamó Dolores al ver á Ernestina;Juanito está mucho mejor: casi curado. El dia que
us_ted estuvo aquí, hizo crisis la enfermedad. Aquella
misma nocbe pudo ya descansar algún rato mi warido. Hace dos días que ha vuelto al taller. Yo también me he repuesto, y e: vestido de usted, mírelo·
si no está en disposición de que lo probemos hoy, e;
porque, casi segura de no equivocarme y de aceptar
~l gusto de la señorita, lo he adelantado y mañana
iré yo á su casa, y allf baremos en vez de la pr:ruera,
la segnnda prueba. tMe dispensa usted?
Ernes_tina no necesitó decir que sí, por'lue su cara
y sus OJOS se hablan anticipado á hacerlo.
-Ya que estoy aquí, la veré á usted coser un rato,-dijo.
Y quitándose el abrigo, afiadió:
-1, Y las niñas? ¿ Dónde las tiene usted?
-Están jugando en el cuarto de su hermanito
Ahora vendrán.
·
'
- ¡Pilar! .... ¡Emilia! .... gritó Dolores.
Y las dos hermanas entraron en la sala con sus delanta_les blancos, contorneando el cuerpo, y sus grandes rizos sombreando el rostro.
-¡Qué hermosas sonl-dij,, Ernestina besándolas.
Pero us~ed debe sufrir _mucho con las estrecheces que
por lo visto pasa y temendo que cuidar en absoluto
de tres criaturas.
-¿Sufrir? No, sei'Iora; no lo crea usted. Todo se
lleva con paciencia cuando, como á nosotros nos sucede, n,l marido y la mujer se quieren de veras. Las
alegrías de un instante compensan las amarguras de
~ucbos meses. La carga de las penas se reparte po~
igual; la m1tad la lleva la mujer, la otra mitad el
marido. Mi Antonio ne mi alma es t an bueno tan
carlño,o ... . .. y dispense usted que le bable co~ esta
franqueza. No crea usted tan poco que lo pasamo~
de todo mal. El t rabajo de ambos nos da para tener
relativa holgura. Estos días últimoc; si hubo apuros·
la enfermedad de mi bijo lo agotó todo· mi marid¿
ha en~anecido á los pies de una cuna ; abrazado á.
su muJer, y la verdad, seiiofita, casi llegó á faltar el
dinero. En cambio, cuando bay salud, todo es júbilQ
en esta casa· Con nuestra libreta de la caja de Ahorros, lo que ganamos y lo que ecor10mizamos, basta
tenemos á veces lujo, que lujo es para nosotros ir á
merendar con los pequei'Ios al campo, algún domingo
de sol.
,
--De todos modos, Dolores, el matrimonio con esa
esclavitud rlel trabajo y de los h ijos.. . . . .
1
-Eso no es esclavitud, s:ii'Iorita; eso es gloria
¿Qué _mayor alegría que trab1.jar para ellos, y, al
~rabaJar, acostumbrarse á la virtud? ...... ¿Qué meJOr recompensa ni satisfacción más grande que poderlos crear como yo hago. y tenerlos siempre al lado, siempre al alcaµce d!l .la1;1 manos que los proteje;
y de los labios que no se cansan de besarles?
-Tiene_~sted razón; desgraciadamente en la esfera que yo vivo, hay muchas exigencias ....
-Eso la que quiere someterse á ellas que i:;¡ no
¿dónde bay nada más libre que la voludtad? Mire
usted yo de soltera estuve de doncella en casa de la
duquesa de Córdoba, quizá la conLzca usted.
-De nombre, pero no la t rato.
-Pues bien, esa señora llena de millones y de bellez~, _n? se dej í n~nca arrebatar por el mundo en
perJUJCJO ~e sus ~IJOs. Y como á su marido (que estuvo por cierto cmco años en relaciones con ella) Je
g_ustaban l?s niños cou delirio, dieron á la vida soCial lo estrictamente indispensable para cumplir cun
ella, reservados para la íntima, para adentro de t!U
c~sa, para sus choras de dichosa soledad&gt; (como dec!a la duques_a _aludiendo á las mfinitas en que no recibían) la fehc1dad más envidiable: la de estar siempre contentos, siempre con sus hijos y sin testigos
importunos.
- Pero tendrían, como es lógico, ayas, inst:tutrices......
·
--No, señ:,ra. La duquesa á las nii'Ias y el duque
á los niños, eran los únicos que les ense!Iaban á todo
Ni ayas, ni misses, ni nada, y repito que me perdon~
usted este lenguaje_. E llos solitos, repartiendo bien
las horas del día y JUnt&lt;1ndo con gran previsión en la
~ducación de sus hijos los Idiomas, el plano, el dibuJ0 y la costura, con la cocina, el plumero, la aguja y
la escoba.
-Pues yo insisto, Dolores. Para resignarse, para
~ufrir penas, para no preocuparse más que de los hlJOS, y sobre todo. para luchar con apuros de dinero·
debe baberalguna razón que....
'

�Domingo 27 de Agosto de 1899.

Domingo 27 de Agosto de 1899

149

EL MUNDO

EL MUNDO.

VIII

148

Acusando á la misma Providencia
De ser tibia en su celo

-Si, seiíora; ya be dicho á usted una: la resignación. Pero hay otras dos: la fé en Dios y el carillo
del marido. Faltando cualquiera de ellas, la segunda
sobre todo en ciertos casos, seria terrible. Poseyéndolas, todo se sufre, en todo se encuentra encanto 6
consuelo, para todos ~e tienen y aún sobran fuerzas.
Lo que importa es no cai;arse sin tener la S€guridad completa de que está uno enamorada de un buen
marid,i. Y .... no dirá nsted que no ha avanzado el
trabajo, á pesar de la conversación, ni que hoy, con
alegría de ver bueno á J uanito, contento á mi esposo y á usted en esta casa, no estoy hasta casi literata .... Pero lo que aprendí de la marquesa, y ahora
con las seiíoras á quienes visito por .il[adanie***, oigo
tantas cosas, que siempre se pega algo.
-Tiene ust,ed ideas muy sanas, Dolores. Me voy
antes de que sea más tarde. Como tengo á la institutriz en cama, y he venido sola, no quiero que se
me baga de noche en la calle. La espero maflana.
-Sin falta iré.
Ernestina besó otra vez á las niñas, dió la mano á
Dolores, y al salir, entró un momento de puntillas
en el cuarto del enfermito, que se nutría á la sazón
con un sueño tranquilo.

,,~"'-~

. · ii~~~·s· ú~g~d~·~i ár~ ·1· i&gt;. a~· :iD'n·e·r~· a~ ºislii.' .... . .
La boda de Ernestina se ha deshecho. ¿Por qué?
nadie sabe la verdad, y menos que nadie el novio, á
quien la joven dicen que no retirió la entrevista de
aquella tarde con la oficiala de Madarne.***
.
Ello es que cartas y joyas se ban devuelto; que los
vestidos, á los que todavía alcaD1,aba la orden cte suspensión, no se empezaron; que todr, está como se encontraba antes de que Ernestina y Eduardo se conocieran.
Es decir, todo no ha quedado lo mismo.
Ernestina, al acostarse esa noche el 1 º de El'l.ero,
pensó:
-A.hora si que es verdad. ¡Año nuevo, vida nueva! ¿Habré hecho bien 6 mal? Bien, seguramente;
yo no conocía la vida, Eduardo no me quería como se
necesita ser querida, Sí, ¡vida nueva! El día que me
case tendré las condiciones q~e hoy me faltan, iré al
matrimonio preparada para todo, para la adversidad
más que para la fortuna, y cuando me decida será
porque habré encontrado, rir.o &amp; pobre, el hombre á
quien ame y roe quiera lo suficiente para confiar en
que habrá de servirme de amparo, de báculo y de
consuelo en las vicisitudes de la existencia. Rico ó
pobre, es igual. La felicidad que he adivinado en el
ejemplo de ese hogar, debe de ser tan hermosa con
1
,marco dorado&gt; como con &lt;marco de madera.&gt;
¡Vida nueva! Si me hubiera casado, hoy hubiera
continuado siendo la mfa la misma del año pasado, la
misma de Sidmpre. A.hora va á ser «nueva del todo:&gt;
sigo soltera; pienso de manera muy distinta á como
pensaba hace un mes; y sobre todo, he llegado á saber
clarísimaroente . . .. en qué lado tenemos el corazón.
ENRIQUE SEPULVEDA.

.

,./ ,

. . ,_&lt;
.

IX
\._
i)
l.

*

* trote largo del hermoso
Dentro de su berlina, *y al
pur-sa11g que la arrastraba, Ernestina cerró los ojos
y meditó.
El dulce sentimiento de la maternidad, despertado
en ella de manera tan brusca como inesperada, la
absorbía por entero, entrelazándose con el de la modestia y la humildad. Después de tantos aiíos de vida insustancial, de fiestas y alegrías sin cuento complacíase ahora en purificarse, pensando que la vida
no es sólo dicha y goces; de las que juzgaba faltas localmente cometidas.
Las palabras de Dolores le sonaban sin ces!l.r en los
&lt;&gt;idos.
'
Era un caos aquella cabecita rubia de Ernestina.
¿ Quería ella lo suficiente á Eduardoi ¡,~e conformaría éste con el género de vida que Ernestina le iba
á proporcionar totalmente distinto del que los reglamentos de la vida moderna imponen? ¿No sabia ya y
de manera tan cruda como ingenua, que á Eduardo
le fastidiaban los niños, y que si Dios se los concedía
en su matrimonio, los tendría muy separados. ¿Ella
misma, si por cualquier azar de la fortuna tan fáciles y tan repetidos, tuviera que vivir madestamente,
estaba en condiciones morales y físicas de poderlo y
saberlo hacer? ¿Pcdría llegará ser, sino la verdadera
madre del Evangelio, la compañera cariñosa y económica que supiera realizar, llegado el caso, el milagro
de los peces y los panes? ¿Sería Eduardo capaz de
pasar una &lt;noche en vela&gt; en cosa, para compartir la
carga de las penas,&gt; á pesar de su hábito de pasarlas
así á, diario, fuera de ella, divirtiéndose?
Las oleadas luminosas de los faroles del alumbrado
público que comenzaban á encender, se precipitll.ban
can resplandor y rapidez de relámpagos, en el interior de la berlina, iluminando el rostro pálido de Ernestina, que conservaba los ojos cerrados.
En la tempestad de aquella alma, después de lQS
relámpagos de los faroles, reson.S una especie de trueno largo y opaco.
Lo produjo el piafar del caballo, y el rodar del carruaje sobre las baldosas del portal del Hotel Palacio
de Ernestina. Saltó presurosa á tierra, subió con rapidez las escaleras, y se encerró en su cuarto
Pocos instantes después, un criado salía de la ca~a
llevando en la mano una carta cou sobre pequeflito de
ancho timbre, dirigido á DON EDUARDO SANTURCE,

'

.

Por no esperar F idel en su impaciencia
Que ninguno al ~orir piense en el cielu,
Al ver á una muJer quo acabó en santa
y á muchas que olvidaron sus deberes,'
Fué su cólera tanta,
Que Je. dijo al Señor:-«A esas mujeres
No es posible absolverlas,»Mas Dios Omnipotente,
Con frases, que caían dulcemente
Como en un vaso de cristal las perlas,
Resnonde con palabras amorosas:
- «Fidel, ten más clemencia
Con todo el que ha probado en la existenc:a
La amargura del dejo de las cosas·
Y perdona á la pobre Magdalena '
Q11e, sino es pura, es más que pura: es buena.»

~
----&lt; ._'

-

~,,,...- ,

V,

\

'

~

\

.

-

IV
Así quedó con providente celo
La mano de Fidel del rayo armada,
Cuando Dios sacó el mundo de la nada,
Y lo metió bajo el fanal del cielo.
V

CANTO

PRIMERO.

EL ANGEL FIDEL.

I

La bondad de los cielos es tan clara,
que, con verdad os digo,
Que Dios, cun su clemencia, es quien separa
Los actos de la culpa, del castigo.

II
Hay una cierta hhtoria
Que, uniendo lo divino con io humano,
Va viviendo del mundo en )1\ memoria,
Como flota en el aire lo lejano;
Historia apocalíptica que empieza
En el día infeliz en que nacieron
Y en que á Dios le pidieron
Talento el hombre y la mujer Belleza.

III
El rey de la justicia soberana,
Es de tollos los padres el más tierno,
.
Aunque hay necios que piensan que el Eterno
Es un Dios bebedor de sangre humana.
Por eso, aminorando los horrores
De cuanto hay de más negro en el destino
El Dios de las estrellas y las flores,
'
Con su labio divino
Dijo al ángel Fidel: - «Que tu pericia
Castigue con razón á los humanos» Y con sus santas manos,
El rayo le entregó de la justicia
Así fué al brazo de Fi1el atada '
La justicia divina,
Lo mismo que la cólera camina
Enroscada en el puño de la espada.
Nombrado ya Fidel, Cid de la altura
Ministro de la muerte y de la guerra',
Por ser tan ambicioso, que en !a tierra
Llt1garía hasta Abad si fuese cura
Al verse tan honrado
'
Con armas defensivas y ofensivaa .
Se quedó contagiado
'
Del mal de las virtudes excesivas;
Y como ya tenía
Un genio con tendencias á lo horrible
Y además no sabía

.

'\

•,. - .... \
'..
'"'--_;éJ ✓-~~~~~

Que todo sér cruel siempre es peque:lio,
Haciéndose el terrible,
Volvió frunciendo y desfrunciendo el ce:liJ¡
Y aunque no de bondad, de or~ullo rico,
l\Us que justo inclemente,
Pensó pasar Vi. vida alegremente
Como el gran Federico
Que jamás se aburrió matando gente.

(ULTIMO POEMA OE CAMPOAMOR.)

"
"

Aquel rayo forjado el primer día,
Con que nunca extermina, aunque amenaza,
Lo ostentaba Fidel con gallardía.
Paseando su importante medianía
Con la altivez de un espa:f!.ol de raza;
Y, para honrar la celestial milicia,
Pensando en p.oner cara de asesino,
Nunca observó su militat· pericia
Que la bondad, más bien que la justicia,
~s lo humano, que toca en lo divino.
VI
Y pasó un siglo y dos sin pasar nada,
Mas juzgando á la tierra consternada
Con la muerte de Abel, en el instante
Fidel de rabia ciego,
Sintiendo no tener en el semblante
Para que al cielo y á la tierra espante
Alguna cicatriz de arma de fuego,
Pregunta á. Dios: «¿Mato á ese vil hermanoh
Mas Dios, amigo del dolor humano
Con celestial ternura
•
Le responde á Fidel:-«Espera, espera;
Hay horas en la vida de locura,
Mas la hora de Dios es la postrera,&gt;
Y asi el Seflor, mAs justo que terrible1
Dejó á Caín de turbaciones lleno,
Condenando al malvado á la insufrible
Inquietud natural del que no es bueno.
VII
Y así fueron pasando
Los siglos como sue:lios de una hora
Fidel amenazando,
'
Y el Señor perdonando
A todo sér que vive, gime y llora.
Y queriendo ejercer constantemente
El rígido deber que se hace odioso,
E l ángel, cada vez más inclemente
Creyendo,. cual si fuese un juez cei'oso,
Que no existe en el munG.o un inocente
Viendo su alma foroz aunque crütian¡1
En cierto siglo una m'oral mal sana,
Le ~reguntó á Dios: Seil.or, ¿Qué hacemoaP
Y Dios con su clemencia sobrehumana
Miró A la tierra y dijo:- «Ya veremos&gt;-

\

\

Ya odiando la '6ondad de un Dios augusto
Q11e, solo perdonando, cree que es justo,
Murmuraba F1del frecuentemen!e:
- «El mundo está perdido»
Por no tener presente
Que, más que á un inocente
Dios prefiere á un culpable ~rrepentido·
Y el gran Rey d e la altura
'
Con voz que es una fuente de ternura
Le dice de esta suerte:
'
- «Deja siempre el castigo para luego
Que el_ hombre, á veces ciego,
Ve meJor A la hora de la muerte. »-

X
Sigue Fidel por sa excesivo celo
Estudiando dulzura en las pantera's
Como un inquisidor que cree de veras
Qaaa~ndo gaDa..- almas. para...el cielo:
Y cual siempre, olvidado
De que Dios odia al mal y no al malvado
Exclama A fuerza de rigor ia:pío:
'
-¡Cuánto crimen, Dios mío!
c~No e~ ho~a ya! Seftor, de que matemos?»
D10s m1sencord1oso
sepu.tando
'
lo justo 'en lo ¡.,iidoso·
Vue_lve ~ decirle ,eomo un rey- «Veremos"
Y Fidel iracundo
'
Queriendo exterminar á medio mundo
Haciendo también guerra
'
.
~ los que cree ~icbosos en la tierra,
o~tra todo feliz, á cualquier hora
Qwer~ lanzar el rayo, porque ignora
~lle s1 el homb:e ~s dichoso algún memento,
yUJ días de aflicción !JO tienen cuento,
L q~e del globo en el helado infierne
a dicha es la excepción de un mal et~rnol

CAXTO SEGUNDO
ATALIA

I
Y despué , de pasados
Algunos siglos máE, un hombre un día
Acusaba á Atalía
Del :11ayor y menor de los pecados.
Atalia es variable de tal modo
Q_ue del amor sólo ama los placeres,
Siendo de esas mujeres
que c~entan con el diablo para todo.
Uon OJOS del matiz de la avellana .
y el bronceado color de una gita¿a
Más que uno á ~no, en aquel rostro 'bello
Pueden contarse á pares,
Como besos del diablo, los lunares
Qu~ esmaltan sus mejillas Y su cuello.
MuJer de gran talento
Que, como todas ellas
Cree que son clavos d'e oro las estrellas
Con que D10s asegura el firmamento.

II
Invocando á los cielos ·
Con la cólera amarga de los celos
El a:nante exclamó: - «Dios sober~no
Castiga por traidora
'
A esta falsa mujer que sólo adora
La f~ci~ musa del amor pRgano.
Por mfiel, por ingrata y descreid!l..
Mata á este ser maldito
Cuyo nombre está escrito
En ~ª. cr_ónica negra de mi vida.
Esta mf1el por quien peno,
Tan mala como bella
Con el aliento de ella'
Se pue~e envenenar hasta el veno.
Que la ira de Dios se una á la mía
'
Y sL a l cielo algún día
Se atreviese á llamar, cerrad la puerta·
Porque sé que Atalía
'
Ha de ser mala hasta después de muerta...

III
Al ~scuchar Fidel tan gran lamento,
C_on aire de un,actor de melodrama,
Sm dudar un momento
Ni encomendarse á Dios «Eipera&gt; exclama
Y con su diestra mano
'
Y su instinto de llena..
Lo m_ismo que un valiente cirujano
A quien nunca espantó la sangre ajena
Vengando tal falsía
'
Se inclina, el rayo toml\
Y mirando á la pérfida A.talía
Como mira el halcón á la palomR.
A un sol que de la tarde á la caíd/\
Ya alumbraba á la Europa de soslayo
Apunt~, lo despide, y parte el rayo '
Cual s1 fuese una espadA. retorcida·
Y como ésta .?l brillar, alumbra y ~irga,

Miéntras al fin de su destino llega,
La atmósfera parece un calabozo
El cielo un tragaluz, la tierra un pozo,
Y perturbado el suelo,
Qutdó todo lo mismo
Que si se hunde sobre el mundo el cielo,
Y el mundo se cayese en un abismo.

IV
En tan breves momentos
El Dios que ve nacer los pensamientos
Echó desde su espléndid•a morada,
Por delante del rayo una mirada
Y como de este modo
'
Llenó de efluvios de piedad del todo
Por Dios purificado el rayo luego, '
Em_pezó á verter luz, en vez de fuego.
Y siendo un mensajero de venganza
Se convirtió en un rayo de esperan~a.
V

Cuando el rayo de muerte
Brilló con nitidez fascinadora
Como, al tocar las aguas se convierte
La luz del sol en claridad de aurora
Deslumbrada al fulgor de brillo tant~
Con el ro3tro de un niño que despier(a
Atalfa de espanto
'
Pidiendo á Dios perdón se quedó muerta:
Y mostrando una cara
Más lí~ida que un mármol de Carrara
Cual s1 fuese Ulla lápida mortuoria
Su espíritu que ve al fin para ella'
El rayo en una estrella
Que le ensefta el camino de la gloria··
Y de este modo la mujer amada
'
A quien llamó su amante un sér' maldito
Por el r ayo del fuego iluminada
Fué á tomar posesión de lo infinito,

VI
Y cuenta el cronicón de una abadía
Que por su mucho celo
'
En juzgar á Atalia
Perdió ~l áng~l Fidel desde aquel día
Su propia ~st1m11eión y la del cielo·
Y que más adelante
'
Angel á veces, y demonio á rato"
Se hizo hipócrita, frío é intoleranfe,
y acabó en fracmasón de los beatos.
VII

Y cuando ya A Atalia
Un borbotón de llamas la rodea
Y la vida futura la atraía
'
Como atrae el abismo que marea
El pobre amante de tristeza llen~
Apren_dió á perdonar en el Dios b~eno;
Y subiendo á los cielos Ata1ia.
«¡Qué bueno es Dios! que bueno es Dios!" decf
Y fué A gozar las dichas del Eterno
a
En vez de ir, por infiel, como debí~
A enseñar nuevos vicios al iQfierno.'

�150

EL MUNDO.

Domingo 27 de Agosto de 1899.

==

.A.í'io VI-Tomo Il

rflLLmo. @r. 2),-.

México, Domingo 3 de ~eptiembre de 1899.

:IJ. !Jacinto

Número

10

Jl,/yJe5, 84izobi.Jpo electo Je {juadalaja-cCkJ.
FOT. DE MORA.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

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1

Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

110

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
--···················································· ··········•····································

LA SEMANA.

***
Con motivo de la reciente discusi ón sobre~~ te~~o
se ha traído y llevado el nombre de Dumas, h1JO, i '
siempre Francia para nosotros!
á .
Dumas hi jo es para mí el primer dram tico 1rancés De ~us cdmedias, como del amor,-esa otra comedia ese otro drama!-lo que prefiero s_on los próloo-os '·Cuánta oportunidad y cuánta gracia! Lha p~uma d~ Dumas es una pluma de Toledo. He _ec
además esta otra obse7vación que me pahre: J~st
cuando'Dumas habla mejor, es cuando a a e
mismo! En ews prólogos suele contarnos sus má~_secret,as intimidades. Gracias á ellos sabemos la ~ta
que vestía cuando escribió «Diana de Lis,~ y ~s
ant,uflas que calzaba cuando comp~so «La. Prrncesa
~e Ba&lt;Tdad.&gt; En ellos también amplia Y sostiene la t~sis, más ó menos discutida, de sus dramas. Dog':°atiza; se defiende; saca afuera sus puas, como el enzo, y
.
raso-a la epidermis de sus contnncantes.
Yo, sin embargo lo perdono todo, Y leo con deleite
esas obras de .gracia intencionarla. Me entu-lasman
los tiradores que hieren y los litera~os que flageiim.
Una gota de sangre sobre una págrna blanca, es un
rubí.
*

º:
~¡

Tieí los telegramas con una avidez febril, y al dejar
el periódico sobre la mesa, como se deja .un. ª?ónimo
Ueuo de groserías é insultos, pensé en m:s vie;as lleturas y recordé muchas cosas tristes de mi amada
Francia.
• á
Llovía llovía y en el silencio de la noche, vmo
mí el su;ño con' un cortejo de pesadillas extravagantes.
y soñé que una figurit gigantesca, inclinada. en el
borde de mi lecho, como en la barra de una tnbuna,
repetía el iracundo y terrible discurso:
•Oh les abandono mi vida sin pesar! ¡poseo la ex'
'
. ¿ Q ué an11.
periencia
de lo pasado y veo lo porvemr:
go de la Patna puede sobrevi vir al momen~o en q~e
ya no es permitido servirla ni defender la 10ocenc1a
oprimida;&gt; · para qué seguir permaneciendo en un orden de cosa~ en que la intriga triunfa eterna_mente
de la verdad, en que la justicia es una mentira, e_n
15 de Agosto.-Felicit¡clón de las Marías.
. .
que las pasiones más viles, en que los temores más ri_ Decididamente yo amo, como di~e en su del1cio•
dículos ocupan en los corazones el lugar de los mte- sa galiparla, la más divina de las muJeres que conozresrs sagrados de la humanidad. ¿Cómo ~aportar el co yo amo esas reuniones íntimas en que no hay mesuplicio de ver la horribl~ sucesión de tra_1doreF, _más sa; de ecarté ni cuerpos rígidos; yo amo esas alegres
6 menos hábiles en ocultar su alma terrnble b:tJO el fiestas de familia, tan llenas de rrescma y de perfu.
velo de la virtud, pero que todos legarán á la poste- me como el jardín á la hora que amanece.
ridad la dificultad de decidir cuál delos enemigos del
Allí los hombres dejan el paraguas y la gravedad
pafo fué más cobarde? Viendo la multitud de vicios en man·,s del lacayo que les aguarda en la antesesaque el torrente de la Rev?luci.Sn ha ª:rastrado, mez- la; allí la corbata blanca no congestiona ni. agarrota
clado con las virtudes cívicas, he ter:':udo alguna ve~, el cuello· allí se habla y se conversa en el rmcón del
lo confieso, verme manchado. á l•s OJOS de la po~te~1- canapé, 1bajo las hoJaS de uua planta exótica, detrás
dad por el impuro contacto de los perversos. ITe vis- del abanico de plumas y de oro. El salón con sus granto en la historia á todos los defensores de la libertad des racimos de bugías, es el rojo interior de una amaatacados .por la calumnia. Pero sus opresores han pola; el gabinete capitonado, tibio, azul, e~ el cor~muerto también. Log buenos y los malos desapare- zón de una viole:a. Los que tenemos ya la vista faticen de la tierra, ¡pero en qué Jistintas condi?ionesl gada, preferimos las claridades de la veladora. .
F rancP.ses, no consintáis que vuestros enemigos se
Por eso huyo de esas reuniones en que la luz irraatrevan á humillar vuestras almas y enervar vuestras dia, reflejada por los espejss de yenecia, y busco la
virtudes con sus desoladoras doctrinas! ....
apaclble claridad de esas tertunas que nuestros pa¿Por qué los que antes os decían: os declaro que ca- dres conocieron tanto y que nosotros ¡ay! apenas comino:nws sobre volcanes, creen marchar hoy sobre ro- nocemos.
.
.
sas? Los que os dicen que la fundación de la _RepúDejo las grandes salas donde las pareJas tiraban
blica es una empresa fácil, os engañan ó más bien no competencias de pugilato y busco la penumbra elepueden engañar á nadie .... ¡Pueblo! acuérdate de gante de esas fiestas íntimas sin cuadrillas de honor
que si en la República no reina la jus~ici_a con ª?solu- ni brindis oficiales .. ..
to imperio, y que si esta palabra no s1gmfica la igualdad y el amor pat rio, la libutad n,i es más que un
nombre vano! P ueblo! tú á quien se teme, á quien
i;e adula y á quien se desprecia; tú, soberano reconocido á quien se sigue tratando siempre como á esclavo acuérdate que donde no reina la justicia, domina~ las facciones de los magistrados, y que el pueblo, en tal caso, ha cambiado de cadenas, pero no de
destino! ..... .

** *
La otra noche, escuchando «Aida,~ cantada admirablemente por la señorita Chalia, en el Circo Or~in,
me formulabá á mí mismo un problema drolát1co:
, Podré :imar alguna vez á una Venus Negra?
G Un habi tante de Mozambique habría dicho precisamente lo contrario: ¿amaré alguna vez á una Venus
Blanca?
.
El hecho es que el criterio con que se aprecia la
Belleza cambia según los climas y regiones. Lo que
es verdad aqui no es verdad en el centro del Africa.
Lo que es bello en Cb_ina es horrible en Europa. Los
.
negros dicen que el d!ab~o es blanco.
i::,i un conquistador africano entrara trmnfante en
la ciudad de Roma, mandaría que untasen de betún
las grandes estatuas. Los ojos de ese hombre no
son, pues, iguales á los míos: su cereb~o está_ conformado de una mauera distinta: no es m1 semeJante.
Pero el criterio se modifica y transforma. Hay flores que trans¡:,lantadas cambian de color. Hay cerebros que no piensan lo mismo en el Ecuador que en
el EstrechodeBehriog. On negro, arrebatado de Hokanga y puesto en el Boulevard d~ los Ita_liano~, reforma su' criterio con el tiempo. S1 lo ponéis en Londres,•acaba por enamorarse de una rubia, ~uy rubia,
ó de una albina. No he visto sapos que m1_ren el sol;
pero sí he visto negros enamorados de muJeres blanca~.
Ahora bien: ¿ocurriría lo mismo_con nosc.tros si nos
aprisionaran en el centro del Africa? ¿Llega~íamos
á apreciar la hermosura sombría como aprecian los
neo-ros la hermosura rubia? Verdad es que nosotros
oc~pamos un lugar más. alto en la escala ascendente
de la humanidad, Europa es la florescencia de la tierra. Tenemos datos para presum:r que n~estro criterio vale más que el de los negros. Pero bien miradas
las cosas, ellos dirán lo mismo que nos?tros. . . .
Aurelien Scholl decía, con sobrad1sima Just1cra,
que el más insignifican~e diputado no trocaría.su importancia por la de un Jefe de tribu, como el ¡efe de
tribG, á su vez, se negaría á cambiar su posición por
la de un diputado.

JOSE ANTONIO CALCAÑO.
Fresca está aún la memoria de tu muerte, gentil
trovador. Frescas las rosas que deshojamos en tu féretro. Frescas la!. lágrimas que lloramos en tu sepulcro!
Todavía no se ha borrado en nuestras almas el recuerdo lastimero de aquella tarde húmeda, de aquella tarde triste en que te dijimos adiós, por la vez
última en la ciudad doliente coronada de túmulos,
ea la cludad llena de mármoles y de jardines, ciudad
que es al propio tiempo recinto de la paz y albergue
del dolor.
Todavía no hemos olvidado aquella tarde meiancólica de tu entierro; vibraban en el ambiente ráfagas
de hielo y de tumba; el cielo, en parte azul, á trechos
pálido, de un blanco de nácar, se deshacía en lluvia
como llorando tu desaparición, poeta. Y por entre el
.tango del arroyo, bajo la llovizna azotante y sutil,
ibas Lú, sobre nuestros hombros, en hombros de poetas, como alguien dijo, blanco de rosas, blanco de
jazmines, camino del templo, á los ojos de tu capital
querida.
Y ya en la iglesia se desplegó, en honor tuyo, la
gran pompa religiosa: las preces, los psalmos, las hopas purpúreas, los roquetes de.;lumbrantes de blancor, la mitra constelada de pedrería; la luz verde pálida de los hachones, el negro fúnebre de los paramentos, lo violeta arzobispal del Prelado; las cruces
de plata, los cristos de marfil y de oro, los hisopos
abrillantados de níquel.
Después, sobre tu sepultura recién cegada) vimos
nacer, entre las flores frescas, una flor de poesía; vibró en el aire, sobre los cantos de los cipreses funeralei,, el canto de un poeta, el adiós de un j&lt;1.rdinero
del arte que sólo cultiva en su verjel flores de antología.
José A.nt:mio Calcaño es, en América, uno de los
mejores y más eminentes representiantes del romanticismo.

En España ni en América, acaso por exi~üidad de
savia artística, acaso por otras ~ás recónditas razo.
es no apareció nunca el Gaut1er, el Benvenuto del
;e;so; ni el alma, sublimemente desolada, ~e Leopardi; ni el desbordamiento lírico de Hugo; m ~a poesía, toda cumbres, de Byron. :1'ero el romantnlsmo
dió á la Península y á la América trovador~s excelentes, algunos de ellos príncipes en la herá_ld1ca d~ la&amp;
letras, émulus en cierto modo, de los magn(l)S artistas.
del verbo castellano.
En E~paña el más calificado entre est?s poetas PSel cantor de /'.J.ranada; en Venezuela qu_ien supo rimar El paso doble y Los arabescos de Ed~ino.
Bien pudie:a decin,e que José Antomo Calcailo er.
nuestro Zorrilla; pero entre ambos _existen diferencias. zorrilla supera á José ~nt~mo Calcaño "n la.
pompa lírica, en el esmalte or1?01al, en ~l deslumbramiento prismático, excelencias que . a, aloran los
versos del poeta español._ José Anto~10 Calcaño lo
aventaja en elegante sobriedad de estilo, en corrección. Además, el poeta venezolano n_o ~s sombríamente religioso, ni estrechamentie patr1_ót1co. _
zorrilla canta pueblos e~pañoles, monJa&amp; es_panolaa.
militares españoles, reyes españoles, conse¡as españolas. Los Cantos del trovador, pongo por caso, es obra
escrita solamente para España, para la España conservadora y clerical. En los Poemas Y leyendas deJ086
Antonio Cah:año no sucede lo prupio : el poeta ama 1\.
todas las musas, bebe en toda¡; las fuentes, llora to•
das las desgracias, conoce todos los pt.eblos, canta.
todos los cantos. Es más cosmopolita, más moderno.
La relio-iosidad militante de Zorrilla degenera en
fanatismo'? la fé de José Antonio Calcaflo perfuma el
arte con u~ li &lt;Tero perfume místico, lleno de encanto;
perfume que flot,a bObre algu!1as rimas del poeta como el alma fragante de sus versos.
. .
Obediente al prr¡pio temperamento, y. sohc1tado
por las grandes influencias literarias del s1gl~ ~n que
le tocó tlorecer, José Antonio Calcaño s~ adb1_r1ó á la.
escuela romántica, no sin que pagase líneo tnbuto al
viejo ideal clásico, muriente.

Los poetas romántico~ supe!ªº el arte clásico eo
el revoloteo amable del rngemo; en el arrebato, e~
la frondosidad, en la frescura de rosas del poema; en
la música variante y seductora de los metros Y las.
rimas; en el desorden armónico de la inspiI ación.
La inspiración ro01ántica ora vuela hasta perderse
entre las nubes, como un águila; orii se posa en un
grana:lo florecido y canta, á la luz de la luna, comoun ruiseñor; vibra tiernamente como un laúd; espuma
como el mar· aroma como el jazmín; es blanca y pura.
como una vi;gen escandinava, rosada y lasciva como
una bacante, guerrera y legendaria como Juana de,
Arco; es pálica como hilo de lun~, negr~ como punta.
de tinta, azul como franja de e1elo, roJa como chl1:rpa de rubí.
La inspiración romántica llena el alma de ensuei'ios, de mariposas los jardínes, los campos de verdor;
se alza como banco de coral por entre las ondas ~zules; y canta como la estatua de MemoóIJ. á los fulgl•
dos besos de la aurora.
El clasicismo es correcto, pero monótono. El clá-sico diluye el sentimimiento, como una d:og3:, en la.
copa dorada del estilo; pone á abrasarse la 10sp1raclón,.
como un incienso, en el t uríbulo de plata del len•
guaje.
No es que se decadente la rudeza del estilo poético,
La inspiración ha de vestir traje de reina. El vem
ha de brillar como el oro; tener consistencia de di&amp;•
mante; arrastrar púrpura como uri Emperador. Peroque pueda también volar libre como una palom~qu&amp;
en el ritmo no se ahoguen las ideas; que la mef.rica.
no sea jaula de la inspiración; que el verso ande fran•
coy resuelto come un caballero abroquelado en ar•
madura resplandeciente, y no tembloroso ~orno un,
perlático, ni en silla rodante como un hemiplégico..

***
Si José Antonio Calcaño floreciera ahora, no á pr~
medio del siglo, ante!'&gt; que un gran poeta rou:iánUCOsería un poeta original, con marcada tendemaa propia.
Hoy las escuelas, como los dioses, se van. Ningúlll
poeta. se resigna á desaparecer sumado en una escuela. Cada quien aspira á vivir, á perdunr, por derecho propio. La desesperación de los poetas es la orl-ginalldad. Lo bello es lo raro, expresan algunos, 1
cultivan primorosas plantas exóticas. Para ot~osdla.
suprema expresión del arte consiste en una rig~
marmórea. Se ha puesto en boca de la belleza
canto:
Je hais le nw1.t1:ement qui déplace les lígnes;
Et jamais je ne pleure et jamals je ne ris
Hay quien suspira por hacerse pálida lumb:e que,
al través de la obra de arte, esparza rósea claridad
velador, suave luz de poesía. Muchos no conciben
verso sino vibrante de intenso subjetivismo. El verso.
como la nube, debe centellear. La poesía debe
médula de alma.

Domingo 20 de AgoRto de 1899.
Lo cierto es que ya no se habla, ó se ha'::la poco, de
escuelas literarias. Las personalidades llenan toda la
crítica, Sin embargo, las teorías_ han legado_ mucho de buPno á las nuevas generaciones de artistas:
la idea de una forma elegante: l_a i~dependencia revolucionaria; la verdad, la conciencra de cómo es puro elemento de arte lo propio que una. estrella de oro
una estrella de fango, lo mismo que las vírgenes las
cortesanas, igualmente cándidos ensueños de la fantasía y repugnantes lepras de una carne en putrefacción.
.
José Antonio Calcaño, asiduo lelltor de los poetas
italianos franceses é ingleses, se empapó un poco, en
los últim~s años de su vida, del espíritu moderno; pero
éste sólo se manifestaba en nuestro cantor por lamolicie de una factura rosa primorosa.

*

*'*mueren cuando los espíLas tendencias artísticas
ritus se con vierten hacia la aurora de otro ideal. Pugnar por redivivirlas equivale á querer resucitar una
momia. El clasicismo murió. También elromanticismo ha muert o. Su cadáver, en descomposición, produjo miles de gusanos. Bien pronto los gusanos sel.Jicleron mariposa~; las marlposas echaron á volar,
atraída:. por la púrpura de los claveles, por las azucenas eucarísticas, las violetas episcopales, las magnolias, los jazmines y los lirios en flor. Ellas venían de
lo negro, de la muerte, y volaban en busca del color
y el aroma, volaban haci~ la ju_ventud perfumada de
los jardines, volaban bac1a la vida.
Esas mariposas nacidas del romanticismo son las
nuevas estéticas. Y las nuevas estéticas, la juventud
en las venas, el sol en loi ojos, el lauro en la frente,
cab&amp;.lgando á su turno en el Pegaso, sin herir al noble corcel alado con el espolín de oro, lo conducen
por verdes y luminosas cumbres, mientras miran, como los Conquistadores del poeta, cuál surgen nuevos
astros en cielos desconocidos, en cielos de un azul
deslumbrante.
Muchas de estas novísimas flores de estética son
cultivadas por un solo poeta. Todas ellas de distinto color y fragancia forman juntas el gran jardín del arte
moderno. P ero en una cosa, en la cual era descollante
José Antonio Calcaño, están acordes todos los poetas; en cincelar el lenguaje á manera de florentina
joya; en labrar como urna primorosa el estilo; en pulir las rimas como ánforas; en teJer con donosura la
delicada urdimbre de los versos.
***

Tu muerte no ha simado en el dolor, dulce poeta
ido. Rodó tu cuerpo exánime junto al arpa trémula
todavía con la música del postrer cántico: y los poetas, en voces delirantes de amor, queremos, para tu
memoria, rosas; para tu sepulcro, el laurel; para tí,
el mármol.
RUFINO BLANCO FOMBONA,

LA CATEDRAL DE BURGOS.
Al caer la tarde de un domingo de Abril, cpntemplo la ciudad de .Burgos rodeada del esplendo: de una
primaver¡i. meridional destacándose en el fondo áureo y rosado del poniente.
La suave atmósfera está tranquila, una irradig,clón de noche serena y sin júbilo se difunde á medida que va acelerándose la fuga del día, sobre esta ciudad ant igua, aislada, envejecida, moribunda á la orilla de un riachuelo, sin comnnicación con la Inmensidad del mar que alegra y vivifica. Autójaseme que
la opresión de este nombre soberbio: Burgos, de este
nombre evocador de magnificencias antiguas, pesa
al declinar el día sobre las calles festejosas por las
que circula, vestida á la moderna, la España actual,
tan pequeña si se la compara con 1a España de antailo.
La célebre catedral se ve desde lejos: sobre las casas se destacan en la atmósfera dorada, flechas, puntas, inlmag!nables recortes, de una labor delicadísima.
P&amp;recen encajes de papel que d viento va á llevarse,
Y allí están desde hace muchos siglos, inmutables y
ligeros á un tiempo. Baflados por la roja luz del ocaso, dentro de unos instantes, cuando eJ sol desaparez_ca, sólo ellos re~ibirán sus rayos, mientras las calleJuelas sombrías irán quedando solitarias á medida
que la multitud penetre en las casas obscuras.
En medio de la ciudad se alza la catedral á la que
&amp;eme conduce por entre un laberinto de casas centenarlas,-muy de prisa porque me propongo partir al
cerrar la noche. Llego por fin. Allí están los altos muros con venLands góticas, las escalinatas, los pórticos
suntuosos en los que se alit!ean y se superponen las
estatuas de piedra rojiza. Franqueo las verjas majestuosas y me siento envuelto en la penumbra crepuscular; baja basta mí un frío de sepulcro mezclado con
suave olor de incienso en aquella humedad subterrán,ea: penetro en un mundo de increíbles magaificenc.as, en una soledad de encantos sombríos.
Las lejanías huyen, obscuras é iluminadas á intervalos por )a luz de algún vitral; las baldosas tienen
una sonoridad de caverna en aquel silencie que turba
e1 ruido de nuestros pasos ....
Esta es la catedral, la catedral legendaria, mara-

111

EL MUNDO.
villa de los tiempos que fueron, más sorprendente
que las de Milán, Estrasburgo ó Toledo. Está desierta y casi da miedo verla en esta hora crepnscular jel
domingo, cuando ya han callado los grandes órganos
y se han extinguidc, los incensarios.
La primera impresión lo hace á uno creer que está
en medio de no bosque petrificado, bajo el follaje ,d e
árboles gigantescos. Las columnas, troncos monstruosos, se lam.an hacia arriba, cubiertos de guirnaldas que parecen plantas trepadoras, y que son en
realidad esculturas delicadas y maravillosas. Y arriba, en don~e las pilastras dispersan como ramas
sus arcos, los fol!~jes se entretejen, las frondosidades
de piedra forman algo como la bóveda de un bosque,
dando testimonio del trabajo paciente de toda una generación. Todo esto lavrado en la piedra viva, todo
indefinidamente duradero y á pesar de su rara delicadeza, trai¡mitido hasta nosotros de muy atrás por
les siglos pasados.
Crugías inmensas, de treinta pies de altura, prodigiosamente e~culpid&lt;ts, corren en todas direcciones
entre los pilares altísimos, separando de la gran nave
una multitud de capillas secundarias de magnificencia más in verosímil aún, follajes infinitamente delicados que suben hasta las bóvedas también y que no
son de piedra sino de oro deslumbrador.
El guardián de tantas riquezas abre una tras otra
con llaves cinceladas y del tamaño de una daga, las
pesadas puertas de hierro ó de bronce, y el ruido que
hacen al cerrarse de nuevo, resuena largamente bajo
las altas bóvedas.
-Es yd muy tarde para verlo todo; la ncche se nos
viene encima. Y me lleva á toda prisa.
Al principio estábamos solos en este lugar eRplendido; pero á poco entran cuatro ó cinco montañeses,
vestidos á la antigua, y de aspecto hosco, tímido y
miserable. Piden permiso para seguirnos y se nos
reunen, formando entre ellos un grupo compacto,
mirando de cerca en la penumbra aquellas cosas suntuosas, tocanifo con el dedo los oros, empañando con
la respiración los mármoles.
Visitam1-s el coro, tesoro de riquezas inestimables,
encerrado en una especie de jaula de bronce calada,
oculta bajo cortinajes de brocado que caen desde la
parte más alta de la nave. Frente al altar mayor resplandecient e de oro se alinean los candelabros de plata repujada, de cinco ó seis pies de altura. Después
recorremos las capillas secundarias cuyas verjas, al
abrirse despiertan sonori'.iades cada vez más pesadas
y más largas en la creciente obscuridad; vistas de
cerca, sus frondas de oro que imitan acentos y ligeras flores se pueblan de centenares de personajes y
animales.
Cada vez más de prisa, nos muestran las tumbas
de los santos «fundadores;&gt; el guia levanta bruscamente los sudarios de terciopelo rojo y {le oro que
cubren las imágenes de alabastro ó de mármol, las
blancas estatiuas yacentes.
Después cruzamos un dédalo de claustros, lleno de
recuerdos y de reliquias, con puertas cuyas cerradu.
ras son ti.guras humanas gesticulantes en cuya boca
entra la llave. Y por último volvemos á la inmensa
nave, casi negra ya, á la cual penetramos por una
puertecilla medio oculta.
No es la impresión de la paz religiosa la que se recibe; al contrario, el sentimiento de una magnificencia orgullosa, imp:acable, que aplasta. Ni aun se sien:
te la calma, á pesar de las penumbras y del silencio,
ó esa unidad que serena el ánimo, como por ejemplo
en ciertos santuarios japoneses de la Montaña Santa
que son, como éste, los más espléndidos entro los templos de los dioses respeLados aún por el tiempo. En
esta extravagante acumulación de riqnezas se siente
no sé qné ag-itación, algo pesadamente humano, casi
sensual. Se evoca un pasado prodi!{ioso: toda la España de los grandes siglos rebosantes de oro y de poderío; pero la -paz, la dulce paz de tantas otras iglesias cristianas, está ausente.
He experiment,ado ya que esto de ver por la primera vez las cosas, furtivamontie, al atardecer, con la
iebre de las breves paradas, es la manera de recibir
de ellas una impresión completa, definitiva y justa.
Cuando ví por la primera vez el Acrópolis de Atena,,,
de noche y por breves minutos, á costa de mil dificulcades y con la inquietud deque se fuera mi buque,
recuerdo haber entrevisto la magnificencia antigua
de una manera violenta y nueva que no he encontrado después en los mismos lugares. No quisiera, p'.les,
volver á Burgos y detenerme en esta ciudad más
tiempo; por '.llgunos detalles incomparables que descubriría sin duda, se debilitaría y se em pequeffecería mi impresión del conjunto.
Ibamos á salir ya ....
Pero, vemos brillar dos llamas, en las lejanías de la
inmensa nave y cerca de ellas una forma negra, de
rodillas. Veamos qué es. Y nos acercamos sigilosamente para que el ruido de nuestros pasos sobre las
losas no despierte al fantasma que ora.
Los cirios-muy modestos-arden ante un cuadro
de la Virgen que se oculta en un rincón i_gnorado,
en un nicho, detrá&lt;; de uno de los pilares monstruosos.
Sin embargo, es demasiado suntuosa esa imagen por
su cuadro de oro viejo.·

Una mujer vestida de negro y con la mantilla de
luto está allí postrada de hinojos. Tiene en los brazos un niño de algunos meses de edad con el rostro
marcado ya por el dedo de la muerte. Ruega fervo.
rosamente por él, mientras se consumen los cirios.
¡Pobre enlutada que busca la imagen más humilde
para ofrecerle sus cirioR de á dos céntimos!
Ora y tiene los ojos llenos de lágrimas.
Es violento y cruel el contraste entre las riquezas
prodigiosas del santuario y los ve~tidos de la devota;
entre la duración persistente de los mlllares de santos vestidos de oro y la fragilidad de ese pequeíiuelo
sin maíiana, cubierto de harapos, á quien han traído
á su presencia, presentándosele tímidamente para
que se apiadan de é l, y que pronto volverá á la tierra.
Ya es decrépita la desventurada cuya actitud revela un dolor sin límites: es acaso una abuela que
disputa á la muerte el netezuelo huérfano, ó alguna
madre que dió á luz en edad avanzada un hijo no
viable.
Sostiene y cubre con infinita ternura al peque1io
remPdo humano que debe á algún azar su miserable
é incompleta existencia; cubre con un velo negro
su inquietante rostro que expresa ya una clarividente angustia; rodea con una mantilla su frágil cuerpPcito de muñeca, para librarlo de la humedad de sepulcro que baja hasta él desde las bóvedas de piedra.
Y entre tanto, continúa de rodillas, moviendo los labios para repetir los rezos obstinados y vanos.
Alza los ojos y me dirige una mirada desolada, adivinando sin duda la piedad que yo siento por su infortanio. Parece que me pregunta: ¿No es verdad
que tiene cara de enfermito mi pobre niño? Desvío
la vista para eludir la pregunta muda que me oprime
el corazón y aparenw fijarme en :itra cosa.
Pero viendo que no me voy, alza de nue1·0 los ojos,
y despu~s de contemplar un momento los esplendores
de la catedral, nuestras miradas se cruzan otra vez.
No está muy convencida, se comprende, y con mayor
angustia, sus ojos preguntan; c:¿Me escucharán las
divinidades magníficas?&gt;
Dios mío, no sé si la escucharán.
En su lugar, sin embargo, yo habría preferido llevar á mi chico á una de esas capillas rurales. en las
que se complace la Virgen de los humildes y de los
sencillos.
Las madonas y los santc,s que habitan este lugar
son ante todo, al menos así lo creo, seres fastuosos y
altivos, endurecidos por la pompa secuiar.
No, yo no puedo Imaginármelos preocupados por
una vieja infortunada que llora, y por el pequeñuelo
qua va á morir.
PIERRE LOTI.

GnillBrmo II en la Exposición de 1900.
La cuestión de saber si el Emperador de Alemania
irá á visitar la Exposición de 1900 en París, ha encendido recientemente viva:. polémicas en la prensa tanto de F-rancia como de Alemania.
En la primera, la opinión esta dividida, como es
natural suponer, pues deEgraciadamente parece imposible que haya un asunto sobre el que diez francese,; tengan una opinión acorde. Los nacionalistas, ardientes partidarios de la revanchg, soñada, no transigen: mientras Alsacia y Lorena sigan sustraídas á
la soberanía francesa, las relaciones entre Francia y
Alemania sólo deben y pueden ser cordiales en el papel de los tratados y en las melosas cuanto banales
fórmulas diplomáticas; pero recibir al monarca teutón, imposible, porque para la cortesía legendaria del
pueblo francés, esto significaría la obligación de festejarlo y prodigarle atenciones galantes, cosa que es
incompatible con los resentimien~os políticos del pueblo, especialmente ahora que hay interés en avivarlos.
Otro grupo sensato de la prensa francesa cree que
es absurda é indigna de un gran pueblo esta política
de falsa amistad.
O la paz ó la guerra, pero franca y leal. La revancha por ahora es una utopía, y muy ridículo y
pequeño resulta el carácter francés, desahogando sus
justos odios políticos con manifestaciones propias
tan sólo de un chiquillo mal educado.
Con ellas sólo conseguiremos hacer reír, dicen los
de este bando; p:,r el contrario, que venga en buena
hora el Emperador; que nos vea de cerca; que palpe
y aprecie la vn,alidad de este pueblo y así le temerá;
que reciba sus obsequios y cortesías, y así aprenderá
á respetarle y estimará la superioridad moral é intelectual de la raza latina, de la gloriosa. moribunda de
la historia.
Por lo pronto, una intelígencia franca y honrada
con Alei:oo.nia, iuteresa grandemente á los negocios
coloniales de ambas potencias, y buena prueba de
ello es la actitud destem piada y agresiva con que la
prensa inglesa acogió la noticia de la visita de Guillermo II á c:L'lPHIGENIE.&gt;
La prensa alemana y lüs altos círculos políticos
berlineses, opinan esto mismo, y se aventuran á a.firmar que la escena de B-?rgen fué el prólogo de las
que se desarrollarán ea París cuando el soberano vaya á acercar á los dos pueblos r,ivales.

�112

EL MUNDO.

Oom!ng-o 20 de Ag-osto de 1899.

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

113

EL MUNDO

LA GUERRA

EL ATENT!DO CONTRA M. LABORI.

EN LAS FILIPINAS.
El lunes 14 de este mes. á las 6 de la maií~na, se
dirigía M. Labori al local del Consejo de Guerra del
procesado lJreyfus, cuando al_ lleg-ar al puente q_ue
cruza el Vilaine en lo~ suburb10s de Rebnes, dos rndividuos desconocidos se acercaron á él y uno de ellos
le agredió á traición disparando un tiro de revólver
que hirio al abogado porla espalda cerca de la sexta
vértebra dorsal.
Al sentirse berido Labori abrió los brazos y cayó.
Algunos labradores que estaban en _aquel Jugar y el
Coronel Picquart y su cullado corneron en persecución del asesino pero no pudieron alcanzarlo. A poco
se presentó la policía, y 1\f~d_. Labor!, a~vertida de
la desgracia, acudió en auxilio de su rnfellz esposo. .
La escena que si!!'uió á la llegada de Mad. Labon
fué tierna: la pobre señ11ra recostó ea i;u regaz0 la cab•'za de M. Labori y le daha aire con un abamco, procurando á duras pPnas dominar la emoción que la
embargaba. El heroico defensor sonrió y dijo: c:Yo
moriJé acaso, pero Drt:yfus está salvado.&gt;
Afortunada.oente para M. Labori y para la causa
de la justicia, bizarramente defendida por el abo)!arlo
rle Dreyt'us, la bala no interesó la columna vertebral,
y darla su constitución hercúlea y la serenidad df': su
espíritu, es de esperars~ que p·ooto estará en aptitud
cte reanudar sus tareas en el Consejo de Guerra que
juzga á su cliente. ~~ muy si_gnificativa la fr~s~ que
en tono de ch&gt;tnza diJo Labon cuando fué á v1s1tarlo
Mateo Dreyrus, aludiendo á su resistencia: c:Con un
revólver nada me pueden hacer; m.cesitan un cañón
para matarme.&gt; l!:ste buiin humor, esta ecuanimidad
en el cumplimiento del deber, cuando el deber es
sacrificio, dolor y heroísmo, caracterizan al hombre
recto, de conciencia pura como un cristal y de carácter inrlomable. Nunca se ha revelado mejor lo que es
ese sacerdoc:o de la abogacía cuando no se complica
con Ja chicana, cuando no se turba ante las amenazas
ni vacila en el peligro.
Decía atinada mente un escritor mexicano: «El disparo contra. el defensor es como prueba plena en favor del acusado; no se suprime al defensor sino cuan- ·
do no bay ma11era de rebatirlo y deconfundirló; quien
pretende tener la irrecusable demostrac!ón del_ d~lito
no necesita atentar contra la defensa, 01 supnmirla,
ni inutilizarla, y sacriflcar al defensor prueba lo que
todo el mundo sabe hoy: que la prueba no existe, que
por el contrario, vista la inocencia, no puede sostenerse y triunfar la acusación.»
En este proceso que no es el proceso de un bom bre,
pues el mundo entero ve en la causa instruida contra
J)reyfus, en los sufrimientos que ha apurado la víctima y en los esfuerzos que ha costado su rehabilitación, el pavoroso duelo entre la virtud de una humanidad emancipada y generosa y el l'anibalismo cruel
que se oculta en los odios de Roget, en las frías imposturas de Merc1er, en las falsedades de E-;terhazy
y en el criminal encarnizamienta de sus cómplices;
en e$te pro:ieso ha querido el azar, admirablemente

Las publicaciones francesas, semanarias y diarias,
ban abierto una averiguación desapasionada sobre la
uerra de Filipinas, enviando corresponsales que esfudlan escrupulosam&lt;Jnte las condiciones y los resultadas de la campana.
C&lt;imo prueba de imparcialidad publicamos algunas
Impresiones de esos corresponsales, sin comentarios
favorables ó adversos para ninguno de los partidarios
contendientes. Un articulista de El Fígaro, condensa en un artículo lleno de apreciaciones justas los
acontecimientos de la campai'la iniciada el 4 de Febrero y hace atinadísimas ob,ervaciones sobre el fin probable de las hostilidades. Extractamos algunas de
esas observaciones.
Por un esfuerzo de dinero relativamente insignificante, de algunos buques y de unas cuantas armas,
ganar un archipiélago tan vasto, tan rico y capaz de
expedir á los grandes fabricantes de la metrópoli
tabacos y a1,úcares nacionales gracias á la conquista,
es decir, que no paguen derecbrns aduanalt!s, hubiera
sido una operación maravillosa aún para los Estados
Unidos habituados como están á hacer en grande su
negeclo. Pero se había contado sin el Tagalo: desde
queA¡rulnaldo y sus partidarios comprendieron la realidad de la conquista, el aliado de la víspera se convirtió en enemigo irreductible al oro americano. No

MAPA DEL TERRENO DE OPERACIONES.

M. FERNANDO LABORI, ABOGADO DE DREYFUS.

SOLDADOS AMERICANOS DEFENDIENDO EL CAMINO DE CALOCCAN,

auxiliado por las pasiones exacerba- ·
das, que todo sea sombras del lado
de los verdugos y todo claridades
del lado de la víctima.
Con aquéllos han estado Mercier,
un perro de presa; Roget un calumniador despiadado; Henry un falsificador; Esterbazy «un hermoso tipo
de criminal;&gt; Lebon, un Torquemada en frío; Guerin, un singular y
falso depositario de los secretos de
la justicia, etc. etc. etc.
Con Dreyfus y para defevder su
honra y fueros del hombre saltaron á las arenas candentes· 1:icbeurer-Koestner que abdicó las prerrogativas de su alta posición política;
Pi.:iquart, un justo, un desinteresado, un valeroso, el más joven de los
coroneles franceses, que rom¡Jió su
espada y su carrera brillantísima
para hacer bonra á su conciencia;
Zola, un apóstol; Mad. Dreyfus, mártir y heroína, y por último, Labori,
herido en plena lucha por mano
alevosa, y que reproduciendo la leyenda de Anteo, cayó para levantarse más grande y más fuerte.

es sólo dinero lo que se necesita, sino sangre y mucha
sangre de electores americanos para llevará cabo una
conquista en la que todos los elementos conspiran
contra el invasor.
Lá situación del General Otis es dificilísima; para satisfacer á la opinión americana excitada en algunos Estados, y para no dejar un arma electoral peligrosa en manos del partido demócrata, es necesario
el fin de la guerra el General Otis debe pues, ó hacer la paz ó sojuzgar á los filipinos. Ambas cosas tienen grandes dificultades: el amor propio americano
que no reconoce nada igual en el mundo, no puede
admitir una composición con gentes de raza inferior:
Washington no aceptará la paz á menos que los filipinos entreguen sus armas y se rindan á discreción.
La destrucción de los filipinos no es asunto de poca monta y desde hace seis meses los acontecimientos prueban que los americanos no los conocen ni
pueden conocerlos, porque los ciega el orgullo de raza; no pueden creer que el tagalo sea un hombre capaz de medirse con el cow-boy de Nebraska ó con
las tropas regulares de Young. Una escuadra que
bloquea las costas, una flotilla que penetra por todos
los rios y cuarenta mil soldados con armamento superior, con veinte baterías de campana y otras tantas ametralladoras y con todos los medios q u~ procura el dinero, con la libertad del mar y una base de
operaciones como Manila; con todos estos medios
empleados contra rebeldes de raza inferior que disponen de quince mil fusiles y que se ven obligados
ellos mismos á fabricar una pólvora de calidad inferior, no han ganado positivamente sino las siguientes ventajas: al Norte de Manila la vía del Ferrocarru, 60 kilometros, y el curso del Río Grande, 40 kilómetros.
EL ATENTADO CONTRA

M. LABORI.-LA POLICIA ACUDE EN AUXILIO DEL IIERIDO.

Al Este de Manila 20 kilómetros hasta las tomas
de agua de la ciudad en un río navegable.
Al Sur de Manila, 4 kilómetros basta Pasay en donde el corresponsal vió á las vanguardias americanas
á 800 metros de las vanguardias filipinas.
La Península de Cavite está ocupada, pero cuatro
meses de combates y bombardeo,; de Paranaque no
han podido establecer la comunicación ni un solo día
entre Manila y Cavite.
Los Puertos de Ilo-Ilo, Negros, Cebú,y Yolo.
Como se ve, esto es muy poco y examinando un
mapa general de las Filipinas comprende uno que eso
no es nada.
Sin ser profeta se puede asegurar que á menos que
sobrevenga un acontecimiento extraordinario y poco
probable como una t raición de los jefes filipinos ó algo por el estilo, necesitarán los americanos para avanzar mucho tiempo, más dinero y un ejército considerable. A medida que avancen, las dificultades serán
mayores en un país cada vez más inextr'. c3.ble en don•
de en vez de ejército enemigo encontrarán cada no7
che gavillas fugitivas ocultas en las malezas.
Una sola vez han podido los americanos dirigir sus
esfuerzos contra todo el grueso del enemigo: fué al
principio de las hostilidades y no pudieron aniquilarlo; después, no se les ha vuelto á presentar la ocasión.
En el Oeste y en el Sur se confiaron las operaciones al General Wbeaton, y ya hemos visto que ha
g-anado sólo algunos cuantos kilómetros. Conviene
lldvertir, sin embargo, que el esfuerzo más importante se ha dirigido hacia el Norte, por el General Mac
Arthur, y que todo lo que se ha conquistado en esa
dirección lo fué en los meses de Febrero á Junio. En
esta región se han librado los combates más númerosos y más sangrientos; para que se sepa qué clase de
·t erreno es ese, imagínense tres bandas paralelas y
distintas: la primera á la orilla del mar, formada de

UN TREN DE REFUERZOS LLEGANDO A MALOLOS.

�..
EL MUNDO.

114

Domingo 20 de Agost,0 de lRIIII

Oo'llln~c 20 de A~o&lt;¡to de 1899

EL MUNDO.

Gt'1A A LA -'4LTA ESCÚELA.

Entre nosotros el sport de la rueda cuenta con un
UNA PUENTE PROVISIONAL DE BAMBU.

arenales bajos y con una anchura de 2 á. 5 kilómetros; la segunda, rie llanuras de 5 á. 10 kilómetros
cortadas por ríos, arroyos y canales, y llena de po•
blaclones entre bosques y matorrales, cruzados por el
ferrocarril de Manila á Dagupán, y por último, la
tercera, más montuosa y con un buen camino.
~n la co~ta del Sur y en los ríos navegables, las
operaciones han estado encomendadas á los cailoneros, contra los cuales nada tenían que oponer los filipinos; algunos de ellos tienen seis callones y cuatro
ametralladoras, y son más formidables que diez regimlentos.
En la llanura cruzada por el Ferrocarril con la
vfacomo base, como centro y como medio de avance y
de aprovisionamiento, en una palabra, como órgano
esencial, las brigadas del General McArthur avanzaron
lenta y ::ietódicamente hostilizadas las fuerzas
mejores de los filipinos. llubo cuatro jornadas principales marc'ldas con batallas muy rudas: 31 5 de Febrera los americanos tomaron Caloocán á 5 kilómetros
de Manila; el 25 de Marzo tomaron Malinta y Polo á.
15 kilómetros; el 31 de Marzo, Malolos á. 40 kilómetros; el 20 de Mayo Calumpit á 45 kilómetros, y el 24
de Mayo Santo Tomás y 8an Fernando á 70 kilómetros.·
DP.spués de la derrota del b de Febrero, Aguinaldo
instaló su cuartel general en Malolos detrás de las posiciones sucesivas de Mallnta, Polo, Bocá,Blgaa, Guigulnto y Santa Isabel defendidas por trincheras y
obras de tierra con bambús eutretejidos. Por mal de
)os filipinos-había entre ellos un ingeniero educado en
Bélgica, y recordando el trabajo que les costó tomar
las trincheras y los blockhaus defendidos porlos espatloles de Manila, supusieron que esas obras los pro..eger!an contia los americanos. Le dieron pues carta
blanca á su ingeniero, el cual puso en práctica todo
Jo que ensefian los tratados más completo,; de fortificación de campana. Esto les perdió y es fácil comprenderlo.
En una anchura de quinientos á dos mil metros á
tra,•és del ferrocarril cerraban la llanura con sus
obras de fortificación. Los americanos ponían delante de sus locomotoras wagones blindados armados de

CENTINELAS GUARD&gt;.NOO UNA PUENTE,

odmtro locrelble de adeptos, que pertenecen á todas

las clases sociales, y que muy frecuentemente llegan
, sentirse cansados y abandonan al «caballo de acer,,, &gt;
aólo por que ya han recorrido repetidas veces el
«ciclo&gt; de excursiones que están á su alcance y ya no
encuentran atractl vo en seguirlas.
Si varios de éstos se reunen en una pradera que sea
suficientemente plana para la bicicleta, con muy ln:slgnlflcantes accesorios pueden di vertlrse con amplitud, aprovecbando las hermosas tardes otollales que
ya se aproximan.
Pueden ejecutarse con la bicicleta casi todos los
juegos acostumbrados en los manéges de equitación.
As! por ejemplo la Gula á la a/tu escuelo, que es tan
~noclday que recrea, no obstante que tiene poca diferencia con un juego de nillos.
También el sport de ensartar los anillos peo-dientes de un cordel y puesto.e, en movimiento, pi;ede
ejecutarse en bicicleta.
Más divertido y eligiendo mayor destreza y seguridad en el manejo del cwheel&gt; se presenta el «sube y
wja&gt; que, como puede verse en nuestro grabado, consiste en trasponer una tabla, puesta, en 1:1u centro, sobre un apoyo de muelle!&gt;.
El juego de pelota en bicicleta es tam blén muy atractivo. Se observan en él las mismas ó análogas reglas
,que para el polo, que todos conocemos, pero es preciso
advertir que aquel es mucho más dificil, puesto que
una bicicleta en determinados casos, no obedece con la
misma docilidad que un caballo.

for último tenPmos la caza al zorro que cont1lste en

cafiones y protegidos con ellos:
los obreros reparaban la vfa hasta que estaba á. tiro el tren bateria. Entonces se cubría de obuses el terreno de las trincheras
en las que sucumbían como moscas los soldados de A~ulnaldo, y
cuando se creía limpio de enemigos el lugar, la Infantería atacaba por el frente y por los flancos.
Naturalmente cuando llegaba á
la posición enemiga ya no encontraba sino cadáveres. Lo único
que sorprende en esta campana

-alcanzar a un Individuo á quien se ha dado determinada ventaja en la partida y que lleva como distintivo una cola de zorro.
,
Estamos seguros de que muy en breve podremos ver
-ea~ juegos ejecutados por nuestro:. ciclistas.

***
cSUBE Y BAJA.&gt;

es la fuerzii. de resistencia de los filipinos ante 111
enemlgo y ante un procedimiento de ataque tan formldables.
8erfa. erróneo concluir de estos hechos en la ideriorldad militar de los americanos y lo único qt1e
puede sacarse en claro es que son muy lentos en aua
maniobras. Así cuando hubo que hacer el gran el•
fuerzo de fines de Marzo que concluyó con la tomadt
Malolos, el plan de campa!Ia exigía que la brigad_a
McArthur atacase de frente por el ferrocarril.
mientras que la brigada Otbon debía seguir el caml•
no de San José á Bustos para flanqueará. Aguinaldo.
El camino era de cincuenta kilómetros y los voluntarios americanos emplearon veinte días en recorrerlo y
cuando llegó á. Malolos la brigada ya la plaza estaba
ll)mada de11de bacía ocho dlas y los filipinos se reorg-anlzaban en Calumplt.

En los últimos tiempos el sport al aire libre que
pone en sana agitación todos los músculos, se está
'
;aclimatando entre nosotros.
En los po1 reros que encuadran la talzada de la he1orma, puede verse día á día ,zrupos de jóvenes que
'8e entregan é esos juegos de fuerza importados del
Norte.
Antallo, los ejerclcl•;s corporales de n11estra juven1.cd se reducfan á. la gimnasia de salón que se efec.
toaba en los colegios primarios y luego, con la natu-

JUEGOS PARA CICLISTAS.

JUEGO DE PELOTA,

Entre los numerosos adepws de la blcllcleta, ha,
algunos que no tienen la obsesión del «kilómetro&gt; 1
que más aprecian en su sport favorito la calidad que
la cantidad.
Para éstos, que no abrigan las pretensiones debatir crecords,&gt; '&gt;&lt;&gt;n los juegos que en grabados presentamos á nuestros lectores, juegos que están muy ea
boga en Alemania y que quisiéramos ver aclimatarll
entre nosotros, porque á. su gran recreación reunenll
circunstancia de ser higiénicos, pues contltuyen 1111
buen ejercicio sin fatigar sobremanera.

ENS.Ht'!',\N:CO CARTAS,

115

leznables é inconsistentes ante el severo y frío trabajo del aná.llsls ra.
clona!.
Desde luego M. Flammarlon resulto ser un excelentemedium y para
no desaprovechar sus facultades medlan!mlcas, púsose á hacer Invocaciones y, ¡cosa naturalfslma! el esp!rLu que primero acudió á. ellas
fué el de Galileo Galllei.
Esto pareció por entonces muy lógico: claro es que el espíritu de un
genio exclusivamente consagrado en vida á la más noble de las ciencias
y q1:e tan grsndes conquistas supo hacer en ésta, no habría de querer
ponerse en comunl&lt;'ación con un quidarn que le hiciese preguntas
necias é Indiscretas á él que ante el patíbulo supo decir la inmortal
frase: c¡E pur si miwvel&gt;
'
Galileo, es decir, su espíritu, sólo podía consentir en comunicarse
con un bcmbre capaz de e&lt;,mprendPT toda la grandeza del genio Inmortalizado por la humanidad sin necesidad del espiritismo. Y ¿quién más
capa1. de comprender á Galileo que Flammarion, Nadie ha sabido
como el ilustre francés dominar la aridez de la cosmografía mat~mática p:9-ra rem?ntarse basta las altísimas cimas desde donde, sin prescindir de !amencia, alcanza el hombre á. vislumbrar la grandiosa é Infinita poesía de la Creación.
Y co~~ era preciso, Gallleo y Flammarion entablaron sublime plática espmtual sobre el mecanismo del universo, y juntos sorprendieron
asombros~s secretos que la ceguedad física y la estrechez de concepción de la humanidad, habían basta entonces velado á. la ciencia; Juntos oyeron quizá. aquella misteriosa música de las esferas, aspiración
suprema delos místlevs medloevales.

ral pereza física de nuestra raza,
entregábase la juventud á una vida
sedentaria, atrofiándose y matando su energfa física, que, es uno
de los má.spoderosos elementos pa1 a el bienestar de las naciones y de
1os Individuos.
El ejercicio de la equitación, ya
proverbial entre nosotros, está pasando á la historia. Apenas si en las
fincas rústica!&gt; se ejercita todavía de
una manera completa y sólo por ga=-==i~ ~
llanes bravíos.
Pero en las ciudades, en donde-el
ejercicio físico se hace todavía más
indispensable para aliviar los nervios de las tenciones del asfalto, es
preciso fermentar enérgicamente
toda clase de sport sanos y nuestro
Semanario se propone, de tiempo en
tiempo, dar cuenta de los juegos y
ejercicios más usados en el extranjero, con la esperanza deque hallen
aficionados y cultivadores en México.

----

Flammarion traidor.
El mundo de los espíritus anda
alborotadíslmo y la cosa no es para
menos: un traidor vivía entre ellos
y de tal modo ha comprometido la
causa no muy boyante del espiritismo, que si no dió al traste con ella
muy cerca anduvo.
'
El traidor es M. Camilo Flammarlon, el Ilustre sabio, el poeta de la astronomía, el vulgarizador más
inteligente de la ciencia menos vulgarlzable.
Este simpático hombre de colosal talento y dotado
con una Imaginación volcánica, 1:1e prendó del espldtlsmo al primer golpe de vista como sucede á casi todos los hombres de Imaginación siempre que leen por
vez primera esas prodigiosas concepciones espiritas, tan seduct,oras para e1 sentimiento, como de-

Los

ANILLOS.

Del transcendental diálogo del espíritu de un genio difunto, indiscutiblemente inmortal, con un talento vivo y en plena actividad material, de esta especie de unión metafísica y misteriosa, nació un libro
cuya paternidad atribuyó Frammar! on á Galfleo, haciendo el sabio trancé¡¡ de su alma con esta declaración, una nueva rosa místi.:a fecundada por el Verbo
eterno de la Idea.
Después escribió Flamm:irlon otros libros plet6rlcos

�116

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

samente dentro del círde fé en la teoría de dogculo de su capacidao
mas espiritas. Llegó á
moral é intelectual, dehacer coll su potente
sus aspiraJiones y, en
imaginación, maravillouna palabra, de su vid&amp;
sas evocaciones de la vipsíquica.
da de los espíritus en
No se da el caso de
otros planetas, más leque un médico, por ilusjos aún, en astros y sotre que sea, Pasteur por
les cuya lejanía de este
ejemplo, recibiera la vimísero átomo en quemosita espiritual de Galiramos, parecería ciealeo para hacerle centlción imaginativa si las
dencias sobre Id pluramate(l'láticas no la imlidad de los mundos
pu,;ieran como verdad
habitados como lo reciabsoluta.
bió Flammarión. Esto
Y uniendo en prodilo dice el mismo astrógioso consorc:o la ciennomo invirtiendo el cacia y la novela, la verso. En cambio, si Fas,.
dad impuesta por la rateur hubiese sido espiri.
zón á la c,el!eza .::reada
tista y hubiese hecho
~
por b fantasía, produjo
una evocación, difícil ea.
verdaderas obra¡¡ de arpensar qué espíritu hute en las que es imposibiera acudido á su llable admirar más al sa.-,---;
mamien
to, puest o que
bio que al artista.
siendo la Bacteriología.
Obras que abundan en
unacienciadel t odo nuebellezas literarias creava, no habría habido esdas para engarzar como
píritu legalmente autovaliosísimas gemas, las
rizado para venir á haverdades científicas que
~
.
..:..,
cer revelaciones sobr&amp;
podrían creerse re a!ella.
mente debidas á la reCierto es que el espt•
velación si solo se atenritismo atribuye la con.
diera á su novedad y á
miciencia á los espíritus
que aún noestándel tolibres de la materia, de
do confirmadas por la
tal modo que el mismo,
observación directa aunGalileo puede, según ese
que sí lo estén por el.adogma, acudir á una evociocinio estrictamente
cación y hablar con el
cientfflco.
mismo acierto é igual•
Pues bien, he aquí que
dominio del asunto, tandespués de haber dedito de astronomía, como
cado la mejor y mayor
de bacteriología, de meparte de su vida á la
cánica celeste ó de los
propaganda y á la creenrayvs X, del ferrocarrn
cia del sistema espiritisó del teltígrafo sin hilos;
ta, M. Flammarión con
todo le es igualmente
la serenidad del verdaconocido á un esplrit1&gt;
dero creyente en la Ciendesligado de las debllicia, exento de las tenadades é insuficiencias de
cid9.des del fanatismo
y dotado de esa grandela materia: pasado, preza de espíritu capaz de
sente y porvenir.
comprender que la conY sin embargo, cosa.
fesión de un error, surara y que deja abierta
pone un triunfo sobre
y amplfsima brecha eola mentira y no una dela coraza lógica del sis•
bilidad; pues bien el
tema espiritista: no S&amp;
gran astrónomo acaba
ha dado el caso de que
de declarar que debido
un espíritu venga á coná una serie de estudios
versar con los vivos SO•
psico-ffsicos, ayudados
bre asuntos que descode pacientes observacionozca. Muy al contra,
nes, ha llegado á aaquirio, el mismo Allan Karrir la convicción de que
dec para escribir los u.
no existe ni puede exisbros fundamentales deCASA DEL SR. OCTAVIO FERNANDEZ,- CALLE DE ROSALES,
tir la pretendida comusu sistema filosófioo,
nicación entre los espíritus de los vivos y-los supuestos cede en todas las sesiones caseras de espiritismo: á cual nuevo Moisés que acude á J ehovah· para escribir
espírítus libres ó errantes de los muertos; que las re- preguntas necias .. . . respuestas choca.rreras.
su Decálogo, así él acudió á los Santos y á los filósovelaciones de hechos al pare0er sorprendentes y solo
Este hecho, universal y constantemente observa- fos místicos para darle cuerpo de doctrina á sus in•
conocidos de quienes las reciben, son simples casos do en las comunicaciones medianímicas, es el más po- mensas creaciones imaginativas.
de auto-sugestión, soliloquios, confesiones íntimas, deroso para desmentirlas. Todo el que con más ó meYa vemos por este ligero estudio, muestra pequeexternaciones cuando más del propio espiritu, de la nos buena fe ha evocado, bien á un espíritu determi- iHsima de los hechos por Fll\mmarion y de los quepropia fuerza psíquica.
nado, bien á cualquiera que tenga á bien obsequiar pueden hacerse sobre la interesante cuestión del mási
Por eso es que á él le visitó de preferencia el espíritu la evocación, se ha encontrado con que ese espíritu allá del espíritu, del «ser 6 no ser&gt; del príncipe dina•
de Galileo, como un militar habría sido visitado por le habla en su lenguaje habitual, de sus propias preo- marqués, que el autor de Urania no modificó so&amp;
el de Napoleón Bonaparte, un ladrón por el de Di- cupacionos, de sus secretos íntimos y, en general, de creencias tan ligeramente como parece.
mas y un necio por el de otro necio que es lo que :,U• hechos que le son conocidos y que se encierran forzoM. ROMERO !BAREZ,

o omtngc 20 de Agosto de 1899

MEXICO MODERNO.

t-r-.

q::

donable seguir ilustrando nosotros las si- y Dos aventuramos á decir que será una de
guientes obras, cuando ni en Europa, en don- las mejores ediciones hechas hasta hoy. Conde hay consumados artistas en este género de tendrá las mejores ilustraciones de Balacar~
trabajo, se han alentado parn hacerlo.
y de Gustavo Doré.
Ahora
bien,
como
el
tomo
que
da
nuestra
Los Tres Mosqueteros.
Las obras de Riva Palacio.
edición de Los TRES MosQUETERcs es basA varios de nuestros lectores les ha causa- tante delgado para encuadernar UD volumen
Con extraordinario cuidado y con grao
do extrañeza que al concbir la publicación regular,·publicaremos la otra obra de Dumas, acopio de (Jatos relativos á la época en que
de L os TRES MosQUETERos, no se publi- EL CABALLE:ao DE LA. C.AsA RoJA.
se desarrollan los acontecimientos se están
Esta obra y Los T.&amp;is MosQUET-ERos, for- ilustrando las obras de uno de nuestros más
cara la siguiente obra de Dumas, ceV EINTE AÑOS m.SPU.ES.)&gt; La siguiente explicación marán un volumen á todo lujo que dejará sa- aplaud:dos escritores.
convencerá á todos: nuestro objeto al hacer tisfechos á nuestros más exigentes abonaLa publicaremos también en edición de·
.l a edición l ujosa de Los TRES MosQUETEROS dos.
lujo, y de la mejor manera que esté á nues·
En el folletín de EL MuNDO DIARIO, se tro alcance.
no fué dar á conocer la obra, que apenas hapublicarán
después las obras de Dumas.
brá persona que no la haya leído; nos preoComenzaremos á cumplir estos ofrecimien•
cupamos por publicar las notabilísimas ilustos desde el mes entrante, para lo cual, en
traciones de Leloir que tanto han llamado
I.a gran edición del Quijote. estos momentoH se esta armando la nueva.
la atención en el mundo artístico. Pero Lemaquinaria que se pjdió á los Estados Uniloir no ilustr,ó otra obra de Dumas más que
Preparamos la publicación de esta obra t.os, y que nos es precisa para las edicione&amp;
la pnblica&lt;la, y sería una profanación imper- con más lujo que Les TRES MosQUETEI:.os, de lujo.

Nuestras obras ilustrada~.

117

EL MUNDO.

B AJO E L SAUCE.
I
A CAMPIÑA que rodE.a la pt'quefta ciudad de Kjoegé, en
Seeland, es muy pobre;situadaá orillas
del mar, aunque este elemento ofrece
siempre singulares
en,,.antos,las playas
de Kjoegé, á decir
verdad, podrían ser
más bellas. Al rededor de la población se extiende
una llanura monótona, sin el menor
:,
accidente, com,. ,
puesta de campos
sin árboles y con
un camino que en';_\(
'/..J.: ~v.
fila en línea recta
' ~~_¡ J.1,.,.,/
';Ji
"'
•
el bosque más cercano.
No obstante, basta haber nacido en un país
para tenerle apego: por oobre que sea, no es di1fcil descubrir algo en él que ofrezca un encanto
-particular, y que más tarde, en los días de ausen-eia, se echa de menos y se desea ver nuevamente:
algo que no puede hacer olvidar la presr.ncia de
·comarcas más deliciosas.
Ahora digamos en honor de Kjoegé, que al extremo de la población, junto al arroyo que desemboca en el mar, se encuentran algunos pequeftos
.jardites, en los que, en verano sobre todo, siempre
que medie un poco de buena voluntad, puede uno
creerse en un paraído.
Así por lo menos lo consideraban un niilo y una
nin.a, hijos de dos familias vecinas, los cuales so•
lían ir á jugar á aquel sitio, deslizándose por en·tre la cerca de groselleros que separaba los jardines de sus casas respectivas. En uno de esos
.jardines había un sauco y en el otro uo sauce:
este últim,&gt; era el árbol favorito de la infantil pareja, per mitiéndoles sus padres jugar á la sombra
·del mismo, aunque por su proximidad al arroyo
hubieran podido caer en el agua; pero afortunadamente la Providencia vela por los p equelluelos, sin lo cual más de una vez éstos serían dignos de lástima.
Por su parte los dos niilos ponían mucho cui·dado en evitar una desgracia; el muchacho tenfa
tanto miedo al agua, que en la estación veraníe•ga no había medio de decid irle á darse un remojón en el mar; sin embargo de que t odos los nillos de su edad se recreaban zambulléndose en
las olas. En vano picaban su amor propio y le
·dirigían pullas y chanzor.etas; todo flra inútil
para hacerle vencer sli horrur al agua; sufría
las bromas y se callaba.
Pero J uana, su compafterita, soiio una vez que
·dentro de una barca andaba bogando por el mar,
Y que él (él se llama Knoud) corda hacia ella;
que el agua le cubría el cuello, que Juego le cubría la cabeza y que últimamente acababa por
desaparecer envuelto en las ondas. Desde que
Knoud tuvo noticia del sueflo de su amiga, ya no
aguantó por más tiempo las bromas de los demás
-ehiquillos. El había estado en el agua: Juanita lo
había visto en suellos; pero no por .esto se aventuró nunca á zambullirse, contentándose con ponerse muy orgulloso con el sueño de su amiguita!
Los padres de ambos ninos eran buenos
amigos. Knoud y J uanita iban siempre juntos, jugando ora en los jardines, ora en la carretera, en cuyos bordes había. una hilera de sauces;
pero tan desmedrados y con sus cimas tan des·coronadas, oue bien se veía no los habían plantad~ por la sombra que pudieran dar, sino por la
U~l.1d~d que reportaban. En cambio, el sauce del
VIeJo Jardín ya era otra cosa: nada más hermoso
-que este árbol con sus prolongadas y espesas racnas formando una especie de glorieta., en donde
1

los dos muchachos gustab!ln de pasar la mayor
parte del dfa,
Había ,:m la población una gran plaza, y en ella
se celebraban ferias y mercados. En días de feria llem\base de largas calles formadas de mesas,
tiendas y barracones que se cubrían de cintas,
juguetes, calzado y de todos los objetos imaginables. Por esas calles discurría sin cesar una espesa mucbedumbre. Entre las mesas se contaba
una l'.ena de piezas de mazapán, y el mercader
que la tenía á su cargo durante los días de feria,
se hospedaba en casa de los padres del pequen.o
Knoud, lo que bacía que éste de vez en cuando
se viese obsequiado con un pedazo de esta sabrosa golosina, que, como es natural, compartía con
su Juanita.
Pero lo que para los muchachos valía indudablemente más que estos regalos, era. que el mercader sabía un sin fin de cuentos sobre toda suerte de cosas imaginables, inclusos los mazapanes.
Una noche contó una historia á propósito de esto,
que produjo. en los dos nillos una impresión tan
profunda, que ya nunca, jamás, en toda la vida,
debían olvidarla. Creo que será bueno reprod11cirla íntegramente, pues tiene la ventaja de no
ser muy larga.
«Tenía en el aparador de mi tienda, dijo, dos
figuritas de mazapán: la una era un hombre y
llevaba sombrero, la otra una seftorita y no lo
llevaba. N0 tenían forma humana más que deun
lado; del otro no había que m:rarles. Por lo demás, todos los h0mbres son lo mismo, y nb hay
que examinarles por su enves. El monigote llevaba pegada á su costado izquierdo una almendra amarga, era su corazón; -en cuanto á la sellorita, era toda ella una masa de miel. Yo les había
puesto de muestra en el aparador y estuvieron
juntos durante tanto tiempo, que acabaron por
amarse; pero sin que ni el uno ni el otro se atr~viera á declarárselo. No obstante, era necesano
que se hablasen i,i querían ver correspondida su
ternura y llegar á algún resultado.»
- «A. él, como hombre, le toca comenzar,» pensaba ella, y no ambicionaba otra cosa que saber
si era correspondida en su secreta afección.
«Respecto á las ideas del joven, eran mucho
más vastas, como suelen serlo siempre, tratándose del sexo fuerte, Imaginábase que era un muchacho callejero, uco de esos que él veía pasar
todos los días por delante de la tienda, y se hacía
la ilusión de que tenía cuatro cuartos, con los
cuales podía compra.r á la sefl.orita para comérsela.
«Así, ensimismados en estas ideas, pasaron
días y semanas en el aparador, hasta que con el
tiempo se secaron. Las ideas de la joven eran ca•
da vez más tiernas, afectuosas y dignas de una
señorita bien educada.
- «Ya puedo darme por dichosa, . se drnía
suspirando, de haber podido permanecer tanto
tiempo á su lado»
Y ¡crac! de repen~e se agrieta, se parte en dos
y muere.
- «Si hubiese comprendido mi amor, exclamó
el joveu, ¡oh! de fijo que habría sQportado la existencia.»
«A.quí acaban la historia y sus dos héroes. Tened presente que no son ellos los únicos que por
su culpa se encuentran en el mismo caso._ A otros
que no son de m11.zapá.: les sucede lo mismo: el
amor mudo á nada conduce. Tomad, os las regalo,»
y entregó á Juanita la figura. del joven que aún
estaba entera, y K noud recibió los dos pedazos
en que se había dividido la de la seftorita. Pero
á los dos muchachos les había impresionado tanto
esta. conmovedora historia, que no tuvieron ganas de hincar el diente en los dos enamoradoe.
A.l día siguiente llevaron las figuras al cementerio. Sentaronse en el césped junto al muro de
la iglesia, tapizado, tanto en invierno como en
verano, con ricas guirlnaldas de yedra. Colocaron
las dos figuras en una hornacina rodeada de verdura é inundada por la luz del sol, y contaron á
un enjambre de muchachos la historia del amor
mudo que no conduce á nada.

El cuento gustó extraordinariamente; pero cuando se disponían á mirar de nuevo á la infortnnada pareja, encontráronse con la novedad de que
la seftorita había desaparecido; un muchacho algo
crecido, aprovechando la di~tracción de los de·
m!ls, sela babia zampado disimuladamente. Knoud
y Juanita rompieron á llorar con
nmargura; pero por
último, probablemente para no dejar al joven solo en
el mundo, se lo comieron también, sin
que por esto echaran la historia en
olvido,
En lo sucesivo
continuaron jugan. do bajo el sauce y
el sauco. La nifta
solía entonar 1as
más hermosas can. ciones con una voz vibrante y pura como los
sonidos de una campana argentina; en cuanto
á Knoud, el pobre no tenía voz para acompaiiarla en el canto; pero sabía la letra de memoria,
y con esto se contentaba. L as gentes de Kjoegé,
incluc1a la esposa del fabricante de juguetes, que
había. residido largo tiempo en la capital, se
paraban con frecuencia á oír los cantos de Juinita.
- «Esta muchacha, decía la indicada seftora.,
tiene una voz deliciosa.
Días de ventura eran aquellos, que no habían
de durar mucho. Las dos familias se separaron.
Murió la madre de Juanita, y su padre trató de
casart1e nuevamente, pero en h capital, en donde
le dijeron que se ganaría lf vida mejor que en su
pueblv, entrando de recadero en una buena casa,
cuyo lucrativo empleo le tenían reservado.
Al separarse las dos familias, virtiéronse algunas lágrimas: en cuanto á los nillos lloraran y
sollozaron, prometiendo escribirse por lo menos
una vez al año.

II
Knoud eqtró de aprendiz en casa de un Z!lpa.tero, pues ya era demasiado talludito para que
sus padres le dejaran correr por los campos perdiendo el tiempo. Por fin hi.:o las pruebas del
aprendizaje; ¡y qué no hubiera dado en un día
de fiesta tan sellalado, por hallarse "n Copenhci·
gue, en presencia de suinolvidableJuanital Pero
¡ay I aún debía permanecer en Kjoegé durante algún tiempo.
No había estado nunca en la capital, á pesar
de que ésta se bailaba situada sólo á cinco millas
de.su residencia. En los días serenos, Knoud divisaba más allA del golfo las altas torres de Copenhague, y el día d,e su confirmacion vió distintamente los reflejos del sol sobre la cruz dorada.
que corona la cúpula de la iglesia de Nuestra Seftora. ¡Cómo volaron sus pensamientos hácia su
antigua compafteral
Y elb ,.pensaría en él aún? Sí. Por Navidad recibieron carta de su padre, notificándoles
que todo les iba á pedir d e b oca en Copenhague;
y que respecto á J uanita, á cama de su hermosísima voz, la auguraba todo el mundo un porvenir brillante. Aiiadía que la nilla tenía colocación en la comedia, es decir en la comedia en
que se canta, ganando algún dinero, y que era
ella la que le encargaba enviase un escudo á sus
queridos amigos de Kjoegé, para que pasaran
una divertida noche de navidad. «Bebed un sor •
bo á mi salud," afiadía de su pullo y letra en la
post-data, y además las siguientes palr:tbras: «Mis
mejores recuerdos· A Knoud,»
La lectura de esta carta hizo verter lágrimas á
toda la familia; pero como las notic:as eran tan
satisfactorias, esas lágrimas fueron de alegría.
El recuerdo de J uana había venido embargando
sin cesar el pensamientu de Knoud, quien no cabía en sí de gozo, al observar que ella tampoco

�EL MUNDO.

Y el buen hombre llamó á la puerta discr~tamente como si en vez de ser el padre de la mfia,
fuese ~n forastero y entró seguido del joven.
¡Qué lindo era tod~ en aquel cuartito! Ni la re~na
"tiene una casa mejor, pensaba Knoud; no, es imposible. Allí había alfombras, cortinajes qu?caían
hasta el suelo, un sillón forrado de terci_opelo,
flores y cuadros á profusión, y un magi::ífico ~spejo al que uno no se atrevía á acercar3e de miedo de romperlo con los pies, pues era grande como una puerta.
Knoud abarcó de una sola mirada todas aquellas maravillas sin embargo de que no tenía ojos
bastantes para'contemplar á Juana, de pie delante de él. Encontróla hecha una seftorita, muy distinta de lo que había imaginado; pero infinita•
mente más hermosa. De fijo que enKjoegé no había otra que pudiese comparársele, pues -por _su
aspecto distinguido, casi era imponente. Juamta
pareció asombrarse de ver á Knoud; pero sólo un
momento, pues luego se precipitó hacia él; como
si hubiese querido besarle, y aunque no lo hizo,
poco le hitó.
Sí indudablemente tuvo una inmensa alegría
de v~Iver á ver á su compaftero de infancia. Pues
qué, ¿no se le llenaron los ojos de lágrimas? ¡Y
qué de preguntas no le dirigió! Quiso enterarse
de todo, y de todos pidió noticias: de los padres
de su amigo, de la comad'!'eSaucv y del compadre
Sauce, así designaban á los dos árboles en los
venturosos tiempos de su infancia, atribuyéndoles cualidades personales.
- «Después de todo, por qué no habían de tenerlas, preguntaba Juana, en unos tiempos en
que las adquirían hBsta las figuritas de mazapán,
según reza un cuento que en estos instantes me
viene á la memoria?
Juana se refería á los monigotes del mercader
de la feria, recordando perfectamente su amor
mudo durante el largo tiempo que permanecieron uno al lado del otro en la parada, hasta que
por fin uno de ellos se dividió en dos pedazos.
La joven sonri6 al recuerdo de esta historia; en
cambio á Knoud le subió la sangre á las mejilias
y redoblaron los latidos de su cnrazón.-«Loado
sea Dios, dijo para sus adentros:
después de todc no se ha vuelto or/
~'
gullosa.»
-Ella fué ademáE-y esto lo tuvo el
joven muy en cuenta -quien hizo
que sus padres le invitaran á pasar
con ellos el resto del día. Después
tomó un libro, y dió una lectura en
voz alta, y á Knoud se le antojó creer
que lo que leía se relacionaba con
su amor, de tal suerte los pensamientos del autor estaban identificados con los de su alma. Luego .
cantó una canción muy sencilla y
Knoud se figuró que los pocos versos que encerraba eran todo un
poema rebosando del corazón de la
doncella. De suerte que ella le amaba, no cabía duda. A este pensamiento no pudo contener dos lágrimRs que brillaron en sus ojos, pero
en cambio no acertaba á proferir
una palabra, y creyó haberse vuelto tonto, á pesar de que ella le estrechó la mano diciéndole:
- «Tú tienes buen corazón, querido Knoud: procura conservarlo
siempre.»
Aquella fué una velada sin igual,
Dió con la casa que andaba buscando, y tuvo y no había que pensar en dormir en toda la noque subir tantos escalones, que hasta temió tener che: en efecto, el enamorado mozo no pudo cevértigo, sobre todo al considerar, no sin horror, rrar los ojos, máxime recordando que al despela manera de vivir que tienen las gentes en aque- dirse el padre de Juanita le babia dicho:
-«Ahora ya sabes dónde está tu casa; suponlla horrible capital, hacinadas las unas sobre las
go que no nos olvidarás y qu~ no dejarás pasar
otras.
Todo en la habitación respiraba comodidad y todo el invierno sin volver á hacernos alguna vibienestar. El padre de Juana le recibió de buen sita.»
Estas palabras, á su modo de ver, le autoriza.
talante, y en cuanto á la nueva espoaa de éste,
aunque no conocía per;;on~lmente á Knoud, le ban para volver á casa de Juana el próximo dotendió la mano y le sirvió una buena taza de mingo, y aun cuando resolvió hacerlo así, todas
las noches después del trabajo (y esto que en el
café.
-¡Qué contenta se pondrá Juana de volver- taller se velaba) salía á dar un paseo, recorriente á ver! dijo el padre. Noto que te has hecho un do cada día la calle de Juanita. Así tenía ocasión
soberbio mocetón. A ella ya la verás. ¡Oh! Es una de contemplar las ventanas de su cuarto, casi
chica que ha venido al mundo para darme mu- siempre iluminadas. U n día ¡qué día aquel! divichas alegrías: muchas me ha dado ya; pero espe- só la sombra de la joven proyectada en la cortiro que con la ayuda de Dios aún me dará más. na. En vano á su patrona le sental-an muy mal
Aquí, junto al nuestro, tiene un cuarto para ella esas contínuas salidas, meneando la cabeza en
sola. Mira, Knoud, ella misma se paga el al- seftal de disgusto: el amo sonreía diciendo:
-«Considera que es joven y que hay que dar
quiler.

le olvidaba. Cuanto más se aproximaba el término de su aprendizaje, más persuadido estaba de
que se casaría con Juana. A esta ,idea dibujábase
una sonrisa en sus labios, y este pensamiento le
venia 11 las mientes en su trabajo, por lo que tiraba del hilo con doble rapidez, y aún le sucedió
alguna vez que, apoyándose con todas sus fuerzas en el tirapié, se clavó la lesna en un dedo,
sin hacer de ello caso alguno. De lo que Knoud
estaba bien seguro, era de que cuando llegara el
caso, no había de perderse por callar su amor, á
imitación de los dos ena:rnorados de mazapán;
cuya historia debía servirle de ejemplo y enseftanza.
Por fin pasó á oficial. Con el morral .1. la espalda, vedle ya en camino de Copenbague, en
cuya ciudad no ha estado nunca, y á. la cual va
colocado de antemano en casa de un maestro zapatero. ¡Qué alegre se pondrá. Juana al saberlo! ¡Qué sorpresa experimentará c..:ando le vea!
Juanita tenía diez y siete aftos y Knoud diez y
nueve.
El joven trataba de comprarle una sortiJa en
Kjoegé; pero después dereflexionarlomejor, tuvo
nor seguro que había de encontrarlas más hermosas en la capital. Despidióse de BUS padres y en
un Jluvioso día de otofio dejó su ciudad natal, haciendo el viaje á. pié. Caían las hojas de los árbOle~; y llegó á Copenbague bastante calado, dirigiéndose en seguida á casa de su patrono. Al
inmediato domingo dispúsose á visitar
al padre de
/
Juana, poniéndose su traje
nuevo y un
sombrero comprado en el
pueblo, que le
.
sentaba mu y
/ ./ /
bien. Hasta en,. / //
tonces Knoud
,
sólo había llevado
gorra!
,,;
/
/

Domingo 20 de Agosto de 1899.
á. la juventud lo que de la juventud es pro..
pío.»
- «El domingo --;-olveré!'í verla, pensabaKnoud
y le diré que reina en mi alma, Y que ha de se; .
mi esposa. Es cierto que yo no soy más que un,
mísero oficial zapatero; pero me pasaré á maestro, trabajaré, me sacrificaré, en una palabra,.
haré cuanto de mí dependa para llegará ser al-go. Fuera vacilaciones: el domingo me declaro, .
le hablo con entera franqueza. El amor mudo no
conduce á nada: desde ni:l!.o conozco la historia
de las figuritas de maza pan.
Llegó el domingo y Knoud cumplió su propósito, presentándose en casa de Juana; pero ¡oh,
desgracia! la encontró disponiéndose á salir,.
pues estaba invitada á una tertulia; y como Knoud
no se marchase, fué menester advertírselo. No .
obstante Juanita le dió un apretón de manos diciéndole:
-«¿No has ído todavía al teatro? Pues quiero .
que vayas una vez. El próximo miércoles yo
canto, y si estás desocupado te enviaré un billete. Mi padre ya sabe donde vive tu amo.»
¡Cu!'ínta amabilidad! pensó Knoud. El próximo,
miércoles al mediodía recibió en efecto un pliego cerrado, que contenía el billete que le había .
ofrecido Juana, sin ninguna carta acompaftatoria. Por la noche fué al te~tro por primera vez,
y vió á su amada en la p.sce11a. ¡Qué oella esta-- ·
bal ¡Qué graciosa! Bien es verdad que la casaban con un extranjero; así lo disponía el autcr ·
de la comedia; sin embargo ya comprendía
Knoud que aquello era una ficción, pues de otro,
modo Juana no habría tenido la crueldad de enviarle un billete para hacerle presenciar una
monstruosidad semejante. Todo el mundo aplaudía y aclamaba á la joven artista, y el mismo
Knoud se unía al general entusia3mo, gritando::
«Bravo! bravo! »
¡Aht Hasta el rey sonreía á Juana, demostrando el placer que experimentaba al oírla. ¡Qué pequel'l.o, qué insignificante se sintió Kcoud en
aquellos momentos!
·
-«Y sin embargo, se decía, yo la amo y ella .
me ama también: el amor lo iguala todo. En estos casos al hombre le toca decir la primera palabra; esto pensaba la se:l!.orita maza-pán, y su,
historia encierra más de una enseftanza.»
Al inmediato domingo hizo una nt¡eva visita A
sus paisanos, hall!'índose tan en extremo conmo•
vido, como en el día de la confirmación. Eacon-tró sola á Juana y le recibió: todo, pues, marchaba viento en popa.
- «Me alegro de tu visita, le dijo Juana: pensaba enviarte recado por mi padre; pero porotr&amp;•
parte tuve el presentimiento de que est1t tarde ibas á venir, y no lo hice. DeseabR participarte
que el próximo viernes salgo para Francia: de•
bo emprender este viaje si quiero hacer algo de·
provecho.»
Al pobre Knoud le pareció que el mundo sel•
venía encima; todos los objetos del cuarto empe•
zaron á bailar ante sus ojos: . sintióse el cor azón
próximo á estallar en mil pedazos, y ni una IAgrima acudió á sus ojos. No obstante la pesadum•
bre más intensa se reflejaba en su semblante.
-«Qué bueno eres!» dijo Juana. .
A esta cariliosa exclamación, Knoud desató sa
lengua y le dijo que la amaba y quería hacerla
su esposa.
Apenas acabó de pronunciar estas palabras,
observó que Juana se demudaba y palidecía,
dejaba caer sus brazos y respondía con voz gra·
ve y afügídB:
- «No te hagas desgraciado, Knoud, ni me ha-gas desgraciada á mi. Yo seI é siempre respecto
de tí como una buena hermana, en quien puedes
tener plena confianza; pero nitda más que una
hermana.»
Y paeando con dulzura su linda mano por la
ardorosa frente del mancebo, aftadió:
-- «Dios nos conserve la fuerza necesaria para
llevar á cabo las cosas más difíciles, siempre que
nosotros tengamos valor y voluntad.»
En estos momentos la madrastra de Juana en··
tró en el cuarto.
,
-«Knoud, dijo la joven, está fuera de sí á cau•
sa de mi viaje. Ea, amigo mío, sé hombre.&gt;
Y hablando así, le pasó cari:l!.osamente·1a ma·
no por la espalda para dar á entender que se ,ra•
taba del viaje y no de otra cosa.
-«Vaya, no seas nifto, continuó diciendo; ahora y siempre quiero verte bueno y razonable, como en los felices tiempos de nuestra infancls,.
cuar.do jugábamgs bajo el •sauce,»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

A Knoud le parecía que el mundo se desquiciaba; sus agitados pensamientos podían compararse á un hilo suelto flotando en el aire al soplo del viento. Permanecía clavado en aquel sitio, sin saber que partido tomar, ni si le habían
dicho que se quedara; pero tanto Juana como su
madrastra er an amables y compasivas, y aquella le sirvió una taza de té y cantó. Su voz no
vibraba como otras veces, pero era incomparablemente arrobadora, y al escucharla, se iba dilatando el corazón del pobre mancebo.
Después se separaron y como Knoud se marchase sin tender la mano á Juana, ésta le dijo:
- «¿Y te irás sin dar la mano á tu hermana,
mi antiguo compaftero de infancia? ... »
Al decir estas palabras sonreía á través de las
I•grimas que se agolpaban á sus ojos y resbalaban por sus mejillas.
Todavía repitió alguna otra vez la palabra
hermano, ¡Bonito consuelo para Knoud!
Aaf se despidieron.

III
Desde que Juana se embarcó· para Francia,
Knoud iba vagando todos los días por las calles
de Copenhague; y sus compafteros de trabajo,
después de preguntarle inútilmente por la causa
de esos paseos sombríos que le sumían en las
mAs prof11ndas preocupaciones, le invitaron á tomar par te en sus placeres.
-c¡EH! le dijeron los jóvenes, á divertirse !&gt;
Un día les acompafló á la sala de baile, que estaba llena de hermosas mujeres. Ninguna, no
obstante, le pareció tan bella como Juana; y le
auc;dió precisamente que habiendo ido allí para
olvidarla, tuvo con más tenacidad que nunca fija su imágen en el pensamiento.
- cDioe nos da fuerza, había dicho ella, siempre que nosotros tengamos valor y voluntad. .,,
Al recordar esta frase tuvo lástima de Juana.
Sonó la orquesta y aquellas jóvenes bailaron
con alegría haciéndole estremecer de espanto.
Parecíale encontrarse en un sitio al cual no habría podido acompafiar á Juana, y no obstante
ella estaba allí, puesto que la llevaba en el corazón.
Salió del local y recorrió varias calles, pasando por delante de la casa en que ella había vivido: la noche era obscura y por todas partes reinaban la soledad y el silencio. El mundo seguía
•u ~ mino y Knoud el suyo.
Vmo el invierno, se helaron las aguas y la naturaleza trocó sus galas por los fúnebres arreos;
tero al renacer la primavera, cuando el primer
tiuque_ de vapor se hizo á la mar, Kooud se sinó estimulado por el deseo irresistible de hacer
un
F
vi~je largo, muy largo, hasta más allá de
rancia.
Preparó su saco y se marchó lejos, muy lejos;
~: av~sando toda la Alemania, de pueblo en pueU : sin hacer alto ni detenerse en punto alguno.
d: Jc~mente al entrar en la antigua y curiosa cjudu e Nuremberg, le pareció que volvía á ser
Nilo de sus pies, decidiévdose á quedarse allí.
lle e~remberg es una pobl;;ción singular que tieUn .ª~Pecto de una estampa desprendida de
? eJa crónica ilustrada. Sus calles serpetean
las~ chosamente: sus casas se separan de las fieadellando la línea recta: multitud de está•

ea;

EL MUNDO.

tuas sobresalen de las paredes sobrecargadas de
~aras y extrav:agantes esculturas; y desde los te•
Jados, á _cual más caprichosos, se prolongan en
el espacio hasta mitad de la calle gárgolas de todas formas, semejando perros, liebres, dragones
y monstruos.
Knoud con el saco á la espalda, hizo alto en la
plaza d?l Mercado, permaneciendo de pié junto á
una antigua fuente adornada de soberbias estátuas de brunce, figurando personajes bíblicos, por
entre los cuales surgen los chorros de agua. Una
linda criada de servicio llenaba el cántaro, y como Knoud, cansado del camino, sintiese una sed
abrasa~or~, ella le ofreció de beber, regalándo!e
al prop10 tiempo una rosa que extrajo de un ramo que llevaba. Esto le pareció á Knoud de
buen augurio.
Los vigorosos sonidos de un órgano proced.:ntes de una iglesia vecina recordáronle su país,
pues se parecían mucho á los que resonaban en
el templo de Kjoegé Penetró en el vasto santuario: los rayos del sol filtraban á través de las
pintadas vidrieras de los ventanales iluminando
caprichosamente las hileras de altas y esbeltas
columnas: la piedad embargó todos los pensamientos de Knoud, y la paz y el reposo penetraron en su eapíritu.
Buscó y encontró en Nurembergun buen maestro: se hospedó en su casa y así aprendía el idio•
ma aleman.
Los antiguos fosoc1 que circundan las fortificaciones
están divididos, trocados en huertas , pero
.
aun permanecen en pié las altas murallas flan•
queadas de macizos torreones, así comv los caminos cubiertos que actualmente utiliza el soguero
para la elaboración de sogas y cordeles. Espe·
sos grupos de sancos arraigados á las grietas de
los viejos muros, cobijan con su ramaje~las casitas adosadas á las fortificaciones, Pues bien, en
1ma de estas casitas vivía el maestro de K noud.
Precisamente el joven oficial trabajaba junto á.
una ventana sombreada por el ramaje de uno de
aquellos daucoe.
Knoud permaneció en .ia misma casa todo el
verano y hasta el invierno; pero volvió la primavera, floreció el sanco, embalsamand&lt;1 todo el
ambiente, y Knoud empezó á entristecerse y preocuparse pensando en otro sauco y sintiéndose
transportado al jardinito de Kjoegé, por cuyo
motivo despidióse del maestro y buscó nueva colocación en el interior de la ciudad, donde no
hubiera sancos que despertaran en su ánimo dor•
midos pensamientos.
El nuevo taller se hal~aba situado en las inmediaciones de un viejo puente, por debajo del cual
corrían con rapidez las aguas deun arroyo, que hacían dar vueltas con estrépito ála rueda de unmoli•
no. Las aguas pasaban tlncajonadas entre dos casas, que parecía que iban á sacudir sobre el arroyo sus destartalados frontispicios. Bien es verdad que por allí no había ningún sauco; pero precisamente delante del taller crecía un robusto y
viejo sauce cuyas raíces se agarraban á la casa
para vencer el ímpetu de la corriente, y cuya3
ramas se reflejaban en el agua de un modo parecido al sauce del jardín de Kjoegé.
En realidad el pobre Knoud había ido del compadre Sauco á la comadre Sauce; y las noches
en que brillaba la luna tenía este último un aspecto indefinible, que le lleg-aba al corazón llenándoselo de ternura y abatimiento. Ya no podía Knoud permanecer por más tiempo en Nuremberg, y si queréis saber por qué, preguntád•
selo al sauce, preguntádselo el sa.ico en flor.
Despidióse de su maestro y abandonó la ciudad,
sin que jamás hubiese hablado á nadie de Juanita, sepultando sus pesares en el fondo de su alma.
Varias veces le asaltaba el recuerdo de la historia de las dos figuritas de mazapán, y entonces
se daba cuenta de que el hombre tuviese una almendra por corazón: también e! suyo era todo amargura. En cambio J uanita tan dulce, tan
amable, tan afectuosa, ¿no estaba acaso formada
de azúcar y miel como la señorita de aquella historia tan sencilla y tao ingénua?
Su imaginación no podía desprenderse de esos
recuerdos que le oprimían y apenas le dejaban
respirar. Creyendo que esto dependía de las correas del saco que llevaba á la espalda, se las
aflojó, pero sin resultado. Para Knoud había dos
distintos muncos, el exterior que le rodeaba y el
que llevaba en el fondo de su espíritu, mundo de
recuerdos y de sentimientos en el cual vivía con
preferencia al otro, que le era poco menos que
indiferente. Tan solo al divisar las altas ,mont,a-

119

ftss pudo su espíritu desechar las sombrías ideas
y fijarse en los objetos exteriores. Ante tan imponente espe~táculo, los ojos se le llenaron de lágrimas.
Aparecféronsele los Alpes como las alas plegadas de la tierra. «¿Qué sucedería, decíase, si d'erepente desplegase y extendiese esas alas inmensas con sus bosquee sombríos, con sus torrentes
y masas de nieve? Sin duda la tierra el día del
supremo juicio se elevará al ir., finitc, y como una
pompa de jabón á la luz del sol, estallará dispersando los millones de Atemos que la componen,
al resplandor de los rayos de la Divinidad. ¡Oh!
¿Por qué no han de sonar en estos momen tos l •s
trompetas del juicio final?» exclamaba K noud
exhala!'ldo un profundo suspiro.
Y atravesó aquél país, que iba tomando á
aus &lt;'jos el aspecto de un verdadero paraíso: las
muchachas que batían el cá:l!.amo, le saludaban
con un airoso movimiento de cabeza desde los
balcones de las queseras, y á este halagüe:l!.o saludo respondía Knoud cortésmente, sin aftadir una
sola palabra alegre, como suelen hacer en tales
casos todos los jóvenes de su edad.
Cuando á través del follaje descubrió los vastos lagüs de verdosas Bguas, víoole ála imaginación el recuerdo del mar que bafta la s playas en
que había nacido y la profunda bahía de Kjoegé.
Pero esta vez y a no sentía dolor alguno, sino
profunda melancolía que le embargaba el alma.
Vió al Rhin precipitarse todo entero desde lo
alto de una roca, raegándose en millones de gotas que forman una masa blanca y vaporosa á
través de la c~al se descompone y toma todos los
colores del iris. Este imponente espectáculo le
trajo á la memoria la espumeante y rumorosa
. cascada del arroyo de Kjoegé, al precipitare sobre la rueda del molino. Por todas partes le acosaba el recuerdo del lug.llr de su nacimiento y de
su venturosa infancia.
De buen grado se hubiera establecido en una
de las tranquilas ciudades que se levantan á orillas del Rhín, pero el país estaba cubierto de sancos y sauces. Continuó marchando, atravesó las
~Itas montaftas siguiendo los senderos que se deshzan por entre rocas cortadas á pico, divisó las
nubes flotando á sus piés y escuchó el estrépito
de los torrentes que corren por el fondo de los
valles, á una profundidad prodigiosa, sin experimentar pavor ni asombro.
Desde las nevad11s cumbres en que florece la
rosa de los Al pes se dirigfa al país del sol: dió ua
adios á las camarcas del Norte y llegó por fin á
los bosques de casta:l!.os, á los viñedos á los maizales. Una cordillera de escarpadas montaftas le
separaba ya del lugar en que había ·dejado ya
tan tristes recuerdos.
- «¡Por fin! se dijo; ya era hora de que así su•
ce&lt;.liera.»

IV
Había llegado á la vista de una populosa y
magnífica ciudad; las gentes del país le daban el
nombre de Miliin. Encontró en ella un maestro
alemán y que le proporcionó trabajo. Era un viejo y guapo sujeto y su cónyuge una mujer buena
y muy piadosa. Ambos se prendaron en seguida
del oficial ext:anjero que hablaba poco, trabajaba mucho y vivía honesta y cristianamente,
Parecíale á Knoud que Dios por fin se había
digna~o librarle del ~n~rme peso que Je oprimía.
Su meJor placer cons1stia en subir á los terrados
de la Catedral, cuyos mármoles eran blancos como la nieva de su país, y correr á través ~ las
agudas torrecillas, de las agujas y de los arcos·
pero en cada recodo, en cada ojiva descubrí~
blancas estatuas mirándole y sonriéndole. Extendíase sobre su cabeza la azulada bóveda Jel
cielo, á sus piés la ciudad, en torno de ésta la inme~s~ llanura ~e la verde Lombardía y al fondo,
en ultimo térmmo, altas y soberbias monta:1!.as.
Pe_1;1saba á veces ~n la iglesia de Kjoegé, en sus
roJizo~ muros tap1z~dos. de yedra; pero ¡qué diferencia entre esta iglesia y la Catedral milanesa!
Knoud no deseaba ciertamente volverla á ver
antes bien se hizo el propósito de dejar los bue'.
sos s.llí, detrá.s de las monta:l!.as.
Llevaba. ya un afio de residencia en Milán y
hacía tres que había abandonado su país. Un
su maestro 1
distraerle, le llevó no al Circo
á ver los eJermcios ecuestres, sino al gran teatro
de la Scala, es decir, á la ópera. La sala valía la
pena de ser visitada. Sus siete galerías de palcos
adornados con ricos cortinajes de seda, desde la

Pª:~

día

�Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.
primera á la última, y en toda su extensión estaban atestadas de elegantes damas, compuestas y
prendidas como para ir á un baile, y ostentando
hermosos r amos de flores. Los caballeros vestían
asimismo su traje de etiqueta, y algunos llevaban uniformes recamados de oro y plata. El vasto recinto estaba iluminado como en pleno día, y
llenaban el espacio los brillantes acordes de una
nutrida orquesta. Aunque este templo del arte
era infinitamente más bello que el teatro de Copenhague, ta mbien allí debía renacer poderosamente en el ánimo del pobre Knoud el recuerdo
de Juanita.
Como por arte de encantamiento, apenas se levantó el telón, apareció Juana cubierta de joyas, de bl 0ndas y seda y ceflida su frente con
una diadema de oro. Cantó como sólo los ángeles del ciP,l o pueden hacerlo, y adelantándose hacia el proscenio, Knoud vió brillar en su., labios
una encantadora sonrisa, como sólo podía brillar
en los labios de Juana. Sus miradas se dirigían
al joven, y el pobre mozo cogieudo las manos de
su amo, exclamó en voz alta: «¡Juana!»
Sólo el anciano pudo oírle, pues los acordes de
la orquesta ahogaron su acento. Y el 11mo de
Knoud, haciendo con la cabeza un movi miento
afirmativo, dijo. «En efec o, sí, se llama Juana. »
Y al mismo tiempo sacando del bolsillo un programa impreso, le ensefió este nombre puesto en
letras muy grandes que cogía por .;u ancho el
papel de parte á. parte.
No, aquello no era un suefio: el oúblic0 transportado de entusiasmo, inundaba el palco escé nico de flores y coronas, y cada vez que Juana
dejaba la escena, era llamada, dos. tres y cuatro
veces, recibiendo los fren éticos aplausos del auditorio.
Termi nada la función un grupo numeroso rodeó el carruaje de la diva; la multitud desenganchó los caballos y so dispuso á. arrastrllrla llevándola en triunfo. Knoud estaba en primera fila, ébrio de contento y más entusiasmado, 8i cabe, que el resto de la muchedumbre congregada
á las puertas del teatro. El carruaje se paró enfrente de una casa espléndidamente iluminada,
en la cual Juana se hospedaba. Cuando ésta bajó del coche, Knoud estaba pegado en la portezuela. La luz caía de lleno sobre el agraciado
rostro de la joven, quien sonreía dando las gracias á todos con una amabilidad sólo comparable á la profunda emoción que experimentaba.
Knoud la miró en los ojos, y ella le míró también
pero sin reconocerle. Un caballero que llevaba
en el pecho una deslumbradora condecoración
cuajada de diamantes, le ofreció el brazc .
- «Es su novio .... se vaá casar con ella, » decía la muchedumbre.
Knoud volvió á su casa y preparó en seguida
su s11co de viaje: le era forzoso regresar á su
país, irá ver los lugares de su infancia, contemplar de nuevo el sanco y el sauce. ¡Ah! Bajo el
sauce basta una hora para que un hombre pueda
hacer concienz udo exámen de su vida entera.
En vano las buenas gentes que le habían acogido en su casa, le rogaron que se quedara; en
vano le hicieron notar que iba á. v enir el invierno, que las montafl.as se cubrirían de nieve, que
los caminos estarían intransitables.
- «Es necesario, respondió Knoud, que los carruaje¡¡ se abran paso de un modo ú otro, y yo
no haré más que seguir el surco que dejen en el
camino.»

Domingo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

121

V

Tomó el saco y el bastón y se marchó, camino d~ los montes: subió y bajó, y sus fuerzas iban decayendo, sm ver casa
ni poblado. Se encaminaba al Norte; llls trémulas estrellas
brillaban á. su alrededor, sus piernas vacilaban, su cabeza se
desvanecía. En el fondo del vall~ veía parpadear nuevlls estrellas, como si se encontrase suspendido en la inmensidad, con
un cielo arriba y otro cielo abajo.
Sentíase enfermo: las es~rellas de abajo iban en aumento, creciendo en numero y en intensidad y moviéndose de un
lado á otro: eran las luces de una aldea; y en cuanto se hizo cargo de ello,
reunió todas sus fuerzas y llegó á una
vemana pobre y desmantelada.
Pasó en ella toda la noche y el día siguiente, pues sentía necesidad de reposo
y de cuidados. En tanto vino el deshielo y llovía á mares. A la mañana siguiente llegó á la venta un mendigo en
compafl.ía de una anciana, y tocó un can·
to que se parecía tanto á. una melodía
danesa, que á Knoud ya no le fué posible
permanecer un momento más en su hosped11je. Púsose en marcha nuevamente,
siempre hácia el Norte, anduvo días enteros, sin descansar, lleno de excitación
y con p11so precipitado, como si temiese
que al llegará su país debiese encontrarse con que todos hubieran muerto.
A nadie contaba el motivo desu viaje,
aunque era fácil leerlo en sn semblante
que reflejaba el pesar más vivo que puede sufrir un hombre. Estos dolores no
suelen interesará na die, ni á los amigos, y Knoud debemos el haber alcanzado nuestro pr opósito J
por otra parten.: los tenía, pobre extranjero que estar á punto de cas1Jrnos. »
Esto decían y atravesaban las calles de Kjoe,
atravesaba países d esconocidos, siempre en digé, cogidus de lila manos, present'lndo un aspeo,
rección al Norte.
Al caer de una tarde, andaba por la carretera, to decente á. lo sumo, y sin que por su reveno
el viento era glacial, el terreno llano y cubierto diesen nada que decir. Dirigíanse á. la iglesia, 1
de campos y prados. A orillas del camino se le- Knoud y Juana les seguían cogidos así mismo
vantaba un robusto sauce. Todo le recordaba á de la mano. La iglesia tenía el aspecto de siemKnoud su país natal. Sentóse bajo el á.rbol, ren- pre con sus paredes tapizadas de verde yedra.
dido de fatiga, dobló la frer.te y el suel'i.o entor- Abríanse de par en p ar las dos hojas de la puerta; resonaban los sonidos del órgano y los cuanó sus párpados
Esto no obstante, vió al á.rbol extender y bajar tro penetraban en la espaciosa nave,
sus ramas, formar un pabellón, convertirse en
- «Los amos delante,» decían los novios de
una especie de vigoroso anciano, tomar la forma mazapán, abriendo plaza á. Knoud y J uana que
del compad1·e Sanee de Kjoegé, levantarle entre se arrodillaban al pié del altar. Juana inclinaba
sus brazos y translad11rle, viendo su~ fuerzas ago- la cabeza apoyándola en el rostro de K noud, 6
tadas, A su querida patrh', á las monótonas y uni- i nundándol11, con sus frías lágrimas. Era q ue el
formes playas de su pueblo. Sí, era el mismísimo hielo de su corazón íba derritiéndose al calor del
compadre Sauce que había recorrido el mundo amor ardiente de su novio.
en busc!l de su querido Knoud, y que al enconEn esto despertó y se encontró sentado bajo el
trarle le transladaba carifl.osamente al jardín de enorme sauce, solo, en un país extranjér o, en m•
su casa, junto al arroyo, en donde Juana le es- dio de una rigurosa noche de invierno. Caiagraperaba. con todo su explendor, cefiida la frente nizo y le azot~ ba el rostro.
con una diadema de oro, tal como la había visto
- «Estos, dijo, h~n sido los mejores momentol
la última vez, la cual corría á su encuentro y de mi existencia. ¡Dios mío, dejadme sofl.ar ata
desde lejos le gritaba:
un poquito más!»
- «Bien venido seas.»
Y volvió á. cerrar los párpados, se durmió 1
Veh además delante de él dos figuras, á. quie- volvió á. soflar.
nes conocía desde su infancia; pero tenían entonA la madrugada empezó á nevar, el vienw
ces una forma más humana que antes; habían arremolinaba los fríos copos alrededor de Knoud
cambia do mucho, ganando en el cambio. Eran que seguía durmiendo.
los monigotes de mazapán, el hombre y la mujer
Más tarde pasaron por ahí las gentP,B delaa oaque le miraban con regocijo.
baiias circunvecinas yendo á la iglesia, y vieroa
- «Gracias, mil gracias, le decían, nos has he- e1 cuerpo de un hombre tendido al borde de Ja
cho un favor inmenso: has desatado nuestras len- e arretera. Era un joven oficial zapatero.
guas, enseiiándonos á no callar los sentimientos
Knoud había muerto de frío bajo el sauce.
del alma, pues el silencio no conduce á. nada; te
ANDERSEN,

/

J,,.;,,.,,,,,=-=----- ---------------------r-...,._t

como si el dios pretendiera satisfacer en la débil Si-,
ringa de caña, todos los deseos inspirados por la Siringa de carne, hecha de lirios y claveles. Bajo sus
labios, y seg1\n et deseo del momento, la flauta cantaba, sollozaba, ó reía, pero siempre dulce ó melodiosa. Y_la natural~za entera e~cuchaba sin comprender,
extasiándose ó riendo: dejatían de past,ar los rebaños;
las fuentes paraban su curso, tratando. luego de remedar, en su murmullo f. esco y delicioso, la canción
de la flauta; y en los viliedos, ent.re lus pámpanos,
los racimos repicaban alegres como resonantel&gt; '.'.:ampanillas de oro.
. Pero nosotros, los sátiros, penetrábamos el mister~o doloro~o y cruel de la música nueva; con todaclar1dad leíamos en el porvenir el destino de la flauta y
sabíatno!i todo lo que encerraba de desventura y dolor para mu..:hos hombres Abandonada de Pan, la
~a.uta habí~ de recobrar, con el Liempo, su primitiva
figura de vi rgen montañesa; y este milagro se realizó cuando la gran catástrofe anunciadora del advenimiento de Jesús, el dios nuero, cuya ley domina el
mundo.
Entonces, precisamente, fué cuando los semidioses, fa~nos y _sátiros, nos dispersamo.; por la tierra,
Y el mis_mo d10s capr~pede hu yó despl!,vorido, olvidando, al pié de una encina, la •flauta prodioiosa. Si algunos sátiros, proscritos de los perfuma"'dos bosques
helenos, ban sucumbido á la nostalgia, la mayor parte perduran, más ó menos conformes coa sus actuales condiciones de vida. Por ahí existen muchos disfrazados de poetas, dh,. raza.dos de labradores, disfrazados de políticos, y no l 1lta uno que otro sátiro académ ico. Pero nadie sab.:: hoy de Pan: tal vez en el
rondo de una gruta espera que se acabe el imperio
d_e la fealdad y la tristeza, ) vuelva á reinar, sobre
tierras y mares, en ciudades v vlllorrios la vieja y
'
sana alegría del paganismo. ·
Ea el momentu de }a gran catástrofe, Pan dormía
á la sombra, descuidado y fel!z, soiiando en fugas de
radiantes desnudeces de ~infas al través del follaje
traspasado de saetas lummosas. Un clamor inmenso
l? despertó, y sus ojos, dilatados de terror, presenciaron un espectáculo fatídico: en medio de un estrépito colosal se desgajaban los bosques; las montañas,
vac!lando s?bre sus cimientos, parecían bailar como
etm~s; la tierra era toda convutsiones, como un epiléptico; una gran tiniebla en volvía las cosas y en el
seno de la gran tiniebla caían :odando los s¿les CJmo
lágrimas de diamante.
Pan, sobrecogido de pavura, huyó dejando olvidadas las coronas de jacintos, la bermeja piel de lince
y la flauta de sones mágicos.
Más t~rde, y_a en reposo la tierra, apagado el estrépito, mmóv1les las montail.as, desvanecida la sombra, se realizó el mi.agro previsto. Siringa, la virgen
agreste, libre d.: los dedos y labios de Pan volvió de
su lar_go sue~o harmonioso, bella como antes. Poseía
los mismos OJOS verdes y turbadores, las mismas rosas de las mejillas, los mismos labios dulces y purpúrt!OS, la misma garganta como un torrente fresco. y
los mismos senos como botones de magnolia, firmes
Y bi~ncos. Pero su alma no era la misma, y en eso
consistía la venganza de Pan. Este había transformado aquella alma, recia como troncu de encina
fuerte como el bronce, inexpugnabie como una for:
taleza1 en alma de caiia endeble ó de rosales huecos, dispuesta á vibrar á cada Instante. Lleno de ira

Pues bi~n, en esa época feliz, cuyas memnrias guar·
do como s1 fuesen oro acendrado, era Pan el Dios omnipotente de la camp1ña. Todos los seres y las cosas
le re~df'\n homenaje: los pastores le sacrificaban los
ca!m~os más tiernos; para él criaba el campo azafrán
Y Jacrntos; para él danzaban las ninfas en los claros
del bosque¡ los manantiales le decían en su Jeno-ua
pura y cristalina, los secretos de la ti~rra; y los á;boles mismos, á fin de proteger el sueño clel· Dios, á la
hora del bochorno, entrelazaban sus ramajes, baciendo mayores la sombra y la frescura. De Pan, soberanamente dichoso, fluía, derramándose por la tierra,
el contento del vivir. El vino era alegre, y el amor
no turbaba los corazones, como eso que llamau amor
los h~mbres actuales. Pero un día se i nterrumpió la
plac1ae~ augusta de Pan, y germinaron las tristezas.
U:□a h1Ja del hombre se atrevió contra el poder del
d10s cap•fpede. Se llamaba Siringa y era virgen montaraz y g uardadora de cabras. De virtud áspera y
fuerte co~o t ronco de encina, su virginidad se conservaba sm mengua como la vi rginidad del mármol
no acariciado ni por loi. besos de la luz en las entrañas del monte. Los ocios del pastoreo Siringa los llenaba_ cantando con_ vo~ blanda y melodiosa, ingenuas
canc10nes. Y fué s1gmendo el sonido de su voz como
Yo meditaba, apoyado en el tronco de un árbol. Pan llegó á ver, sin ser visto, oculto enlasombradel
boscaje, el esplendor de su belleza. Entre zaoalas y
)!! amigo, acostado en la hierba, de codos en el suelo, la cara entre 1as manos, me veía de cuando en boyeros nadie recordaba hermosura comparabie á su
cuando con ojos cada vez más escrutadores. A pesar hermosura: eran sus ojos como agua de la mar, turmfo, sus OJOS me penetraban como puñales. Y cada badores y verdes; sus mejillas como rüsas de Jonia·
vez, después de observarme por alj!'ún t iempo, y como sus lab!os rojos y dulces, como vino de Chipre y can'.
si quisiera libertarse de una obsesión, tendía su mira- to de cigarra::,; su garganta, como un torrente frese'&gt;
da, ya por el lago azul, dormido al pie de la Roca Bo- y harmonioso; y cada seno, entreabierta magnolia
rromea, ya por las viñas cercanas, entre cuyos pám- henchida de rocío.
Pan amó á Siringa, pero ésta desdeiió sn amor dipanos, aún verdes, los racimos, próximos á la madu •
rez perrecta, empezaban á reír al sol con risas de oro vino y rechazó con repugnancia el abrazo de sus miembros velludos. ~es d~sdenes incendiaron el pecho del
y púrpura.
lJe pronto mi amigo empezó á hablar, y parecía Dios, y con rabia, tristezas y dolores corrompieron la
fuente de lo antigua alegría,
como s1 sus palabras vinieran de muy lej0s:
El furor de Pan, desdef!ado por la primera vez, no
-Sé en lo que estás pensando. Piensas en lo mismo que hace días te trae meditabundo y caviloso; tuvo límites, Juró no dd.rse punto de reposo hasta
piensas en la Marzuchelli, esa italiana, reciente ami- ver prisionera de sus brazos á la pastora temeraria·1 y
ga nuestra, cuyo cuerpo es flnr de gracia y perfume la persiguió por valles y oteros, como autes á las ni nlo~f~bles. Pero no es la belleza de su cuerpo sino la fas por la espesura de las frondas. Lleno de furia y
entregado por completo á perseguir á la humilde
mus1ca de su voz lo que ha turbado tus sentidos.
Es inútil negarlo: á mi experiencia no se oculta un g~ardadora de cabras, Pan ol vldó los placeres de la
solo repliegue de t u alma. Y, si no deseas caer vícti- vida: en vano los campos le ofrec'eron jllcintos y azama de un maleficio, escucha mis consejos. En tus frán, en vano los pastores le sacrificaron los cabritos
oídos canta continuamente esa voz dulce y tentado- más tiernos y lo invocaron las ninfas, tristes é inra. Parte, huye, ó el encanto de esa voz pasará á tus consolables, á orillas de las fuentes. Pan no echaba
venas y emponzoílará tu sangre como un tósigo. ¡Ahl menos la belleza al el amor de las ninfas; antes reba_stante conozco esa voz de seducción y perfidia. Yo cordaba con náusea y hastío sus formas blancas, terasistí á sus primeros balbuceos tímidos en la caiia so- sas, lustradas en la onda de los arroyos Impolutos.
nora de un instrumento rústico. Los labios de un dios Sus deseos iban todos, como tropel ce leones hamlB despertaron y esparcieron por bosques y praderas, brientos y bravíos, detrás de los pies de Siringa, meY rué, al nacer, paz y alegria de pasLores y rebaños. nudos y ligeros como pétalos con alas. Pero por más
Inofensiva y pura, al resonar en las praderas y en los dei,enfrenados que corrieran, los deseos del Dios no
bosques, pasa_ba como una bendición por sobre los se- llegaron ni aun á rozar la piel de la hermosa fugitiva.
res Y las cosas; y nadie la hubiera creído destinada á Detrás de los árboles, detrás de las rocas, Pan espió
..
ser la ejecutora implacable de una venganza tremen- los movimientos de la virgen zagala, esperando la
da. Hoy, al resonar, suspende su hechizo como una ocasión oportuna para caer sobre ella; y cuántas ve~"' ..... '
espada de fuego sobre la cabeza de los hombres. Y ces intentó sorprenderá Siringa, otras tantas, ágil
l'~ 1.I
como yo sé el secre~o de su origen y el misterio de su y despierta, Siringa se le escapó de entre las manos,
.
conversión, por eso temblé por tf al reconocerla días como una sombra.
,.,,.;J
atrás en la voz de Teresa Marzuchelll. 1. No recuerdas
l:iin duda la virtud, como una coraza inquebrantacómo se estremeció todo mi cuerpo al oírla cantar, en ble, defendía á la pastora esqui va y zaharef!a. Y el
"r ◄
el ambiente perfumado del jardín, impetuosa y vi- buen dios Pan, fatigado de una persecución larga y
brante como alondra sedienta de luz? En mi memo- difícil, desbordante de cólera ante aquella virtud In¡' _,.~I
ria~ alzaron-inacabable teoría de figuras resplan- capaz de ceder á r uegos, llsonjas ni vio!encias, implod~c1entes-los recuerdos de una edad maravillosa y ró el auxilio de Júpiter, á !In de vengarse de Sirinle¡aaa. Entonces era yo uno de aquellos sátiros, di- ga y de la raza de Siringa.
vinos habitadores de la selva, más tarde fugitivos
Aún perseguida de Pan, Siringa se convirtió, por
por ciudades y montes, cuando el advenimiento del mandato de los dioses, en bosquPcillo de caf!as flexidios nuevo, an te cuyos altares te arrodillas. 1. No lo bles y verdes. Sonriendo con sarcástica sonrisa, Pan
crees? Bajo mis apariencias de juventud paplta un se llegó á las callas, las cortó, y con desiguales cañualma_casi tan vieja como el mundo, y dentro de mi tos, puestos en orden, uno á otro ligado, construyó
feo disfraz de hombre del siglo, se aburre un pobre su flauta famosa.
llátlro medio muerto de pesadumbres y nostalgia.
Pero si muchos conocen la historia de esa flauta,
¡,Rfes? ¿Acaso no has visto cómo enarco las cejas sólo unos cuantos conocemos el mal de ella prove- contra aquella virtud orgullosa que siempre recbazó
abr_azo de sus miembros nervudos y el hPso ne sus
cu_ando una emoción brusca rompe la monotonía de niente. Cuando los labios del dios le arrancaron un labios
sensuales, Pan convirtió esa virturl, pri~ioneIllJS hcras, ni te has burlado muchas veces de mi pie
torrente de música, la naturaleza toda vibró alborode su flauta, en música, sonido, rumor viLno.
Izquierdo, contrahet:ho y deforme?
zada ante el prodigio, y no vió en la venganza de Pan ra Poco
después de tomar su primitiva fionra Rlrfn.En la manera como enarco las cejas, conservo el sino algo así como una venganza de artista, bella y ga estaba
condenada á ser totfn de un so~fad¿ de RorecuerJo más fiel de mi antigua máscara sardónica, y generosa. Pan llevó por todas partes el hechizo e:x:~¡ r:r deforme es el residuo viviente de mis prlmitl- trahumano de la música nueva, y tan furiosamente ma. Luego, de brazo en brazo v de caricia Pn caricia
habh de ir, voluntariosa y fácil, caprichuda y Ji via:
~ ,1fias de cabra.
apretaba la flaut&amp; con labios y dedos, que parecía na,
sembrando por donde quiera, una simiecte mal-

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�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO,

122

dita. Y de la simiente, sembrada con profusión, viene toda esa casta de mujeres de voz blanda como el
terciopelo, suave como plumón de cisne, dulce y melodiosa como són de flauta, y de virtud quebradiza
como el cristal muy tenue. 800 criaturas bechas de
fragilidad y harmonía, ce gracia y de pecado. y, semejantes á las cañas frágiles y á los rosales hueros,
al menor soplo ceden, cantan y se rompen Guardan
un eco para todas las voces, contestan á todo reclamo
y, ejecutoras de una venganza cruel é injuRta, esparcen c:m la música de su voz un filtro ponzoiiobo. 1Ay 1
de aquel á q ulen balague y turbe eRa ,·oz hecnicera!
víctima dócil del encanto, verá un ola 1,u destino encadenado para siempre al debtino voluble y perverso
de una hija de Siringa; envuelta en una red inextricable de maldad, irá tropezando de trakión en traición, de asecbanza en asecbanza, hasta dar en el crimen ó la muerte. Y ninguna de las voces de mujer
que he oído hasta hoy recuerda tan bien las suavida-

des de seda, las frescuras de arroyo, las finezas de
cristal y fas dulcedumbres de miel de l.i. voz de Siringa, como la voz de Teresa Marzuchelll. Por eso este
viejo sátiro, amigo tuyo, te aconseja que partas; de
lo ce,ntiarlo, el maleficio de esa voz penetrará en tuii
venas y quemará tu sang re, como un tósigo.
Unas veces mudo de admiración, sospechando otras
veces una falaz jugarreta del sabroso vino italiano,
oía yo sin decir palabra la historia narrada por mi
amigo.
- No dudo-me atreví por últ,imo á responder-no
dudo de la verdad de tu blstoria, delicada y sutil C0·
mo rayo de luz, ni de tu origen y alcurnia celestes;
pero he conocido y conozco mujeres de voz áspera Y
ruin, como la voz de las campanas rotas, y de virtud
vana y deleznable como el vidrio. Abí está ....
- ¡.Ah! sí-me interrumpió mi amigo el sáti?o, considerándome á la vez con cierto aire amblgi;o, entre
enojado y menospreciador-esas de voz cascada y de

virtud efímera deben de provenir de algún calluto
roto de la flauta de Pan, caída en el lecho de piedras
ó guijarros mientras el Dios trepaba, como solí.¡, alguna cuesta penosa.
De improviso, muy cerca de nosotros, resonó tur.
bando el silencio y la calma del mediodía, la voz de
Teresa Marzuchelll. Como de un solo resorte movl.
&lt;los, el sátiro y yo nos pusimos en ple y nos apresura.
mos á ir al encuentro de la italiana encantadora. En
el mismo instante la brisa, hasta entonces quieta, 80•
pió como obedeciendo á un conjuro; agitó, al ple de
la Roca Borromea, la superficie dellago, como un sueño de amor agita el seno de una virgen dormida; aca.
rieló nuestras frentes mojadas de sudor; besó nuestros labios húmedos de vino, y penetró en la ,iña cercana, murmurando no sé qué discursos burlones. y
entre los pámpanos verdes, los racimos danzaban y
reían al sol con risas de oro y púrpura.
RUFINO BLANCO FOMRONA,

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

EL MUNDO

1.23

sar las tijeras por la hendidura, después de las
tijeras mtrodujo un guijarro como el puilo y luego
una piedra. Así, poco á poco, fué abriendo el árbol
basta que pudo pasar su hijo. El niño se había dormido diciéndole mil monerías á la luna.
Lannefranque se descubrió piadosamente, tomó á
80 bljo en brazos, y pronunciando una oración, ¡0 introdujo en la h~ndldura de la encina. Como apenas cabía, despertó el m'.1cbacho con el frotamiento, pero
00 1:oró; miró á su padre con cierta sorpresa y reanudó su conversación con la luna.
Lannefranq ue estaba emocionado.
-¡Anda, chiqulllo! dijo cuando el cuerpo de Mauricio pasó por la hendidura; ya verás como sanas.
y lo acostó de nuevo, á fin de cuidar sin tardanza
la herida del árbol. Con lodo del pantano vecino cubrió las fibras desgarradas, y ató el tronco. Tembláensaya?cs, cantan el himno de victoria de la natubanl~ las manos al ha~r esta dellcad" operación; en
raleza mmortal.
108 o;os tenía la expresión de la plegaria muda .q ue
Meses ban transcurrido y el caballPro no ha dejaJlrlgía á la tierra en demanda de jugos fecundos para
J'EAN RAMEAU.
do un solo día l_a caballa encantada. Un viejo monje
las rafees del árbol mutilado, y al cielo cuya luz dede luenga y mvea barba, el mismo que casó á Mabla alimentar las hojas, á fin de que la muerte no hitllde con Maleck Adel, el mismo que casó á Julleta.
riese .ni á la encina desgajada ni al ni ño raquítico.
con Ro!Deo, el mismo que no tiene más oficio que
-Sanarás, decía. Y estas palabras se dirigían al
bendecir los amores de romance, bendijo la unión de
4rbol y al chicuelo.
es, os dos ámantes venturososAl acabar, Lannefranque sintió un ruido extrallo
Menguando va ya la dulce luna, á modo de torta
que salía del prado.
-Me bao visto, tal vez. Alguie'l anda por ahí
Fuerza es que en los cuentos los reyes y prfncipes servida á nliios g?losos. La rústica nii'la no es tan
Exploró las tinieblas, pero nada vió. Entonce~ co- cazadores se extravfen en el bosque, y tuerza es que lerda que no advierta el fastidio atroz que de su hergió en brazos á su hijo que dormía y se alejó rápid,- llegada la noche una lucecita que á lo lejos pestafiea moso cazador se apodera. Varias vt:ces ha sorprendido e~ su antes ardiente boca el bostezo vil de hartura
mente, temeroso bas1 a del ruido que hacían sus pa- les gufe á la pobre cabañ:i, en donde una doncella matnmonial.
sos en los matorrales.
hermosa Y cuanto hermosa ingem1a, aguarda el lan.
. -¿Qué tiene mi amado, qué anhela mi sei'lor? le
El nlllo ~ejoraba y la enci na no languideció. To- ce para Irse á la grupn. del caballero á ser soberana dice
con acento de terníslma queja.
dos los dommgos el padre de Mauricio visitaba la en- de un gran pueblo ó sellora de un opulento ducado.
-Y
él, sin devorar á besos su cuello di vino; sin micina y cubría de estiércol sus clcatriceb amontonaba
rar siquiera aquel:os sus ojos adoratierra vegetal junto al tronco y matab~ las hormigas
bl~s, que parecían dos cielos que suque Pubfan por la corteza para que prosperase, para
plJCan, pensativo y suspirando le resque viviese mucho tiempo el árbol querido cuya
ponde:
'
suerte estaba unida á la de! nifio.
En Ago,to Mauricio se indispuso. Lannefranque
_-;, Ves aquel monte azul que á lo
Inquieto, fué á ver á la iincina y encontn~ T()Zadura~
leJos se empina? Quiero ir allá. El veren el tronco. El corazón del padre se sintió oprimido.
de perpetuo de esta mon Laíia me bas¿Quién ha hecho esto y con qué fin, se preguntó
tí~. . A'} uélla P.S azul; ¡qué bien se debe
Lannefranq ue.
v1 v1r en un monte azull
Tuvo presentimientos dolorosos. ¡Si moría la enciy ella, con melanc6Jica dulzura
nal.. Pasaron dos días, Mauric10 no mejoraba y
desflorando con las palabras los labio~
Lai:nerranque t'ué otra vez al bosque. Encontró una
del ingrato, le decía:
nueva Incisión en el tronco del arbol: se puRo pálido
- Verde t!S la esperanza, nliio inconY recordó el ruido que había oído la noche de la opeforme. La ilusión es azul, como hija
ración.
de es~ bella impostura que llama.
-Alguien me ha visto seguramente, pensó; alguien
mos cielo. Aq'.lí eres dichoso aqní está
que me odia y que quiere la muerte de mi hijo. ¡Mila dulce realidad. ¿Por qué 'perseguir
serable!. ..... Volvió á su casa, se echó al hombro
la pérfida mentira?
su fusil y se ocultó detrás de 1m bordo, á diez pasos
Pero nada, á la mai'iana siguiente el
de la encina. Permaneció toda la noche en aquel sicaballero se encaminó hacia el monte
tio, cuyo silencio solo turbaba el canto monótono de
azul, que estaba !ejes, muy lejos de la
las ranas.
montaña verde en que dejaba á su
~o ob,¡tante la nocbe siguiente, volvió á su espío•
amor llorando su desvío.
:aJe. A poco de estar allí en acecho, con el fusil so.
C~minando, caminando, al fin llegó
re las piernas, oyó un mido entre la maleza. Puso
al pie de la montafia color de cielo.
~tenclón; era un ruido ligero, regular, eran los pasos
1'.ero ¡oh sorpresa! ¡oh decepción! Las
de un hombre. Lannelranque tembló, abrió los ojos
tmtas azules habían desaparecido y
, esmesuradamente y dejo de rellpirar. Sí, alguien
todo era verde, como el monte en donbenia, ya se veía la ne~~a silueta. Era un hombre, un
de dejaba_ á su ~mor con la tristeza de
dombre ~lto, que se dmgló hacia la encina deso-ajasu ausencia. M1ró hacia atrás, suspi.
?ietuvose delan te del arbol y se llevó la ma~o al
rando,
y la sorpresa le arrancó un gr!.
81 0
En
este
cuento
quien
se
extravía
en
el
bosque
no
es
u
como para sa_car nn arma cortante: dos se~ ndos después las hoJas de la encina se movieron · el un poderoso emperador ni un espléndido señor de [º d~ despecho. El monte azul se babia mudado Allá
~ ve1a, allá mismo en donde quedaba su amant~ mut e&amp;conocldo cortaba sin duda la corteza ... Lan;e. much~s ti.erras, ~in~ un hermoso cazador, que á p!e nendo
de dolor.
y pers1guie~do liebres se ha ido c.n pos de una que
rauque se puso en pié,
Y dirigió el caballero su pasos fatigosos hacia aque.
parece hecJ11~ada, porque la ha marrado diez veces 1
-¡A11eslnol gritó.
á saltos y piruetas le lleva á donde Dios sabrá pero lla cumbre, á su vez en vuelta en la gasa celeste de las
que él no se cura de a1•eriguarlo, basta que nodé bue- br~mas, v~stlda de ilusión. Al llegar á la caballa no
na cuenta de aquel dtablillo burlón antíe el cual está salló á abnrle la puerta la ni!Ia amante. Llamóla por
pasando, ~ace dos horas largas, como indigno de terciarse su rica escopeta damasquina.
La noche llega, la lucecita pestañea allá en lo alr.o
de una montaña, y á ésta se dirigen Ja liebre con sus
saltos y el cazador con sus iialvas.
-Alabado sea Dios, dice éste tocando á la puert a
de la caballa.
-Por siempre, le responde de adentro una voz angélica, propiedad adorable de un ángel sin alas que
acude á franquearle la entrada de aquel palacio encantado.
La niña es linda, el joven ardiente; la cena es generosa ! el lecho grato. Sueila el cazador con lns
azul~s OJOS de serrana preciosa, y sue!Ia ésta con su no';Dbre, llamóla por los cien nombres tiernos ue
q
el canno inventa, y ella 00 respondió.
los OJOS negrísimos del gairido huésped.
de~~
!~b¿:_
matado
su
caballero
ingrato
con
el
hastío
La mai'lana es fresca, pero los labios hierven. Tienen sed de besos; y al fin, como cerci de allí se resE l palacito enca11tado estaba en ruinas d 1
tregan en ios picos sus deseos dos amantes palomas
cunde el ejemplo de amor, y restalla el rayo en ¡0 ~ la solitaria puerta brincaba la liebre a u!i1ae ante de
saltos y burlonas volteretas al caballer~ le d~cia~ntre
labios.
-;-Inconstante cazador, sígueme, y te llev~ré ~
La caballa se ilumina con luces de oro las flores
silvestres acuden en esencia á embalsam~r aquel al- qmen sabe engai'iar como tú: ¡al monte azul!
tar de amor, y las avec!llas del bosque, en coros no

EL MONTE AZUL.

Lf\ ENOINf\ DESOf\Jf\Df\.
Cuando enterraron á Melita Lannetranque en el
antiguo cementeric. de Cazordite, cuya tierra tiene
estrías amarillas color de carne, el viudo, Bertrán
Lannefranque, cubierto con el pesado manto de pas•
tor hecho de pai'io obscuro, llamado capa de luto, se
puso á la cabeza del fúnebre cortejo y con él se dirigió á la granja.
Caminaba á su lado el primo Lataste, campesino
taciturno cuya boca no se abría sino para masticar,
beber y rezar. La ceremoniahabíasidolarga;yaeran
las doce y toJos los concurrentes bostezaban de hambre. Al llegar á la casa mortuoria, parientes y veci•

-No sé por qué lloras, Lannefranque; se te ha
muerto tu mujer y es de senti,·se, pero ¡basta yal no
era muy útil en la Granja. Ya hacía mucho tiempo
que su salud se había quebrantado y no podías emplearla sino en el cuidado &lt;le las ovejas y en la preparación de la comida. Una mucbacba de quince ·
años que gane cuarenta sueldos al mes, puede hacer
eso. Lo esencial para tí es que cuides del niño y que
se te logre, porque ese muchacho vale cien mil francos como uno.
-¡Ciento cincuenta mil! rectificó el viudo que no
dejaba de sollozar.
-Es posible. En fin
por él has de ser rico
puesto que es el único
h eredero de su abuelo
materno, del famoso
Caiaubon que ha hecho una fortuna. en el
comercio de caballos.
Está delicadillo el
muchacho; cuídalo. Si
llegara á faltarte todo lo petderfas y tu
primo Lataste se llevaría la herencia en
su calidad de colateral.
-Lo sé, respondió
Lannefranque enjugándose las última:s
gotas de lágrimas con
el dorso de la mano.
Mi Mauricio no tiene
buena salud, en esto
se parece á su madre,
pero para eso hay far'llacéut,icos en Dax, y
1por vida míal Latas•
te no heredará los
ciento cincaenta mil
francos.
Y Lannefranque estre-:hóla manodelque
a~i sabía consolarlo
y se dirigió á la cuna
en que dormía el benos se sentaron en derredor de una gran· mesa, y el reduo de Cazaub6n, y le besó con sus labios torpes de
viudo Lannefr11nque comió pan y queso en medio de campesino.
los suyos. Sirvió muchas veces vino blanco antes de
Bertrán Lannefranque era un labrador de veintiorecitar el De profwnrlis, y los invita fos decl&amp;.raron que cho años, flacucho, pero con unas mandíbulas ferojamás se habían tributado honores ig-u'l.les á una ces de bull:dog. Muchas vecei,, cuando no tenía ni
muerta en todo el territo1 io del municipio.
pan de ma1z para satisfacer el bambre babfa pensaTodos hablaban en voz baja de las viñas lozanas, d? en esa _herencia pingüe. Y sudando' para labrar la
de la siembra de maíz perdida por la falta de lluvias, tierra arc1l_Josa de Cazurdite, esa tierra ingrata en la
y del trigo cuya cosecba iba á ser escasa. Luego se que no podian penetrar las raíces de los árboles pendespidieron del viudo y le dieron el pésame de cos- saba en la vejez tranquila que le esperaba. Pro~etíatumbre.
se comprar los bueyes más robustos de la región el
- Vamos, amigo mío, no te aflijas. Ya sabes que carro más ~ólld? y el arado más ligero; tendría' un
no somos de este mundo ....
coche de seis asientos para ir al mercado y mandaría
-Adios, Lannefranque, y no cargues el juicio. constrl: una casa en cierta colina, con una terraza en
Con eso nada se remedia.
la que ¡ugaría los domingoQ con sus camaradas, con-Valor, Bertrán; se fué tu mujer, pero te queda templando las lejanas márgenes del Adour, las monel niíio.
taíias y el mar.
-No llores, homúre. Melita rogará por tí en el
_Pero par~ ~eallzar esos suenos era necesario que vicielo.
viese _Maunc10, el débil vástago de trece meses, que
Después de oír algunas docenas de fra$es por el es• dorm1a en s_u cuna, mientras se dispersaban por los
tilo, Lannefranque se puso á llorar como un chiqui- campos los mvltados al entierro.
llo. Uno de los de( cort~jo se compadeció de él y paAlgun 1s días después Mauricio SP enfermó del pe1a consolarlo le dlJ0 canfíosamente:
cho. Sanó. pero le dió sarampión, y cuando pasó esta

enfermedad turo otra, y otra, y luego fiebres Intermitentes. Lannefranque iba de botica en botica y dE&gt;
consultorio en consultorio; pero los farmacéuticos
eran tan Impotentes como los doctorei;, y el chicuelo
empeoraba de un modo alarmante. Su rostro se enflaqueció hasta convertirse en un objeto Indeterminado, semejante á un grano de trigo y los oj0s ya no
se le veían.
El alma ruda de Lannefranque se sintió herida,
porque había llegado á quP.rer á su hijo por sí mismo,
y no por la fortuna que representaba. Tuvo remordimientos por su codicia.
-Dios me castiga, peusó.
Y fué á comulgar para obtener de Dios la curación
de Mauricio. Al acabar sus oraciones, le dirigió á la
Virgen esta plegarla: &lt;Santa María, si salvas á mi
hijc te prometo emplear en obras piadosas las rentas de la herencia. Sí, todo lo daré y nada guardaré
para mí. Renuncio á los bueyes y á la casa. V irgen
pura, salva á Mauricio.&gt; Las lág rimas surcaron las
mejillas de Lannefranque cuando pronunció estas
palabras.
Mauri.:io no se aliviaba. Entonces Bertrán fué á

ver al alcalde Dumora, excelente sujeto que conocía
muchos remedios p1ra cunir á los hombres y á lG&amp;
animales.
El alcalde examinó á Mauricio, lo palpó con sus
gruesas y nudosas manos, y dijo:
-Amigo mío. ¿conoces el remedio de la encina?
- -No, seiior Dumora.
-Me extraiía, porque es un remedio muy viejo y
muy usado en t oda la región. Estoy en la creencia de
que lo conoce tu primo Lataste. Se aplica á los niúos
r~quítlcos como el tuyo y casi siempre mejoran. Consiste en esto:_ se va uno con PI enfermo, llega al bos•
9.ue, se desgaJaen el sentido de la longitud uoa encina
¡oven, se separan las dos part,es del tronco hendido y
s~ hace j)asar en~re ellas al niño, dirigiendo al mismo
tiempo una oración á Dios. Hecho esto se juntan las
dos mitades del trono, se las frota con zumo de limón, se atan con un mimbre y desde ese momento el
nii'lo y la encina tienen la misma suerte: si el árbol
vive, el niño vive también; si se c;eca, el niño muere.
Lannefranque escuchaba con la mavor atención.
:-~_racias, señor Duinora, dijo. V,iy á aplicarle á
m1 bJJO el remedio de la encina desgajada. Que Dios
me ayude.

***
Al día siguiente, cuando cerró la noche, Lanne•
franque envolvió á su hijo en una manta de lana, to~ó ~na podadera, unas tijeras y dos mimbres y se
d1rl~1ó al ~osque de Or.the. Las encinas jóvenes abuo•
daban á º:1llas de un riacbuelo que regaba los pra•
dos del primo Lataste. Era el mes de Junio, la atmósfera estaba tibia y las ranas cantaban en la som•
bra. A veces asomaba la luna entre las nubes su ancha
car~sonriente. En los brazos de su padre el nii'io bal·
but1a cosas ;ndtstintas, medlas palabras mal artl·
culadas, frase!; sin sentido, pero conmovedoras como trinos de ave que aprende á cantar.
'
Buscó Lannefranq ue una encina propicia en el bosque de Orthe y eligió una muy nueva, lltna de vitall·
dad, que erecía á.la orilla de un pantano.
Aco~tó _e) chiqulllo sobre la yerba y come07ó á ha•
c~r la mc1s1ón en la f:ncina. La operación rué larga y
difícil, hubo que afilar dos veces m podadera y cuan•
do hendió la encina hasta la altura de un hombrr,
quiso separar los dos gajos. Gran trabajo le costó pa•

t!i

!ª

NICANOR BOLET P.ERAZA,

Y después d
110a qutja prole apuntar sobre él hizo fuego. Se oyó
huyó por entreº1!gada¡ el hombre estaba herido, pero
8
tos de dolor.
árboles del bosque, lanzando gri--iAseslnoJ repitió L
Begu11111ento.
annefranque, y se lanzó en su

�Domingo 20 de ~gosto de_ 1891l,
124

EL MUNDO.

Domini o 20 de Agosto de 1899.

.EL MUNDO.

a

125

LOB O, lBSTf\8 f\LLI?
Es la hora _de la mesa. Susanilla y Pum, al lado el uno del otro-aunque han prometido guar•dar circunspección-se agitan como dos culebras,
Los papás de Susanilla hacen los honores á los
padres de Pum. El hermoso mantel ruso, los va808 grabados; hay flores y fresas, grandes fresas
,que brillan bajo la azúcar cristaliz11da. Pum rie.ga algunas gotas de salsa que inmedi-ttamente
oculta con un migajón de pa:-, pero Susanilla ve
Ja mancha y la seca mostrand0 un aire discreto
de ama de l!asa. Pum, humillado y rojo, toma un
:aorbo de Borgofl.a.
El pobre Pum está inquieto. Un diabólico maleficio pesa sobre su eo11ciencia y su madre le ha

LA GATA FAVORlTA.

creer nada de lo que dice. Pum no osaría afirmar
que miente, pero es casi seguro que ella borda,
arregla las cosas á su antoJo, ¡Y con qué aplomo!
-Sí, dice, en el invierno qu~ viene voy á
comprarme un vestido azul, con volantes, un hermoso vestido de raso azul, como el que se puso
mamá cuando se casó.
-¡Cómo! dice Pum irónicamente; yo creía que
las mujeres se casaban con traje blanco!
-Mamá, responde Susanilla bastante picada,
llevaba un vestido azul el día de su matrimonio;
lo sé perfectamente porque lo ví.
Pum, en tono de burla:
-;,Tú la viste? ¿Ya habías nacido entonces?
- Por supuesto, declara Susanilla, tenía yo
cuatro a:f.\os.
¡Esto es un absurdo, es inverosímil! es menstruoso! Ella no duda de que su madre apoyará
todo lo que está diciendo; y solamente lo ha dicho porque acaba de pasarle por la cabeza, y lo
sostendrA m01·dicus desde el momento en que
Pum levanta los hombros exclamando:
-Apuesto á que no es ciert&lt;,!
-¿Apuestas?
-Sí.
-Pues bien, dice Susanilla, voy A preguntárselo á mamá.
Pum está perplejo; Susanilla parece tan segura de lo que dice! ...... Despué., de todo, no se
l'Sbe; hay cosas tan raras, el mundo está lleno de
misterios . ..... Susanilla ve su vacilación y con
una astucia de apache, se aprovecha para decir:
jurado r?fel'irlo tcdo, eo voz alta, al llegar los
-¿Me crees ahora?
•
postres. Va á ser deshonrado públicamente, cla- .... No, responde Pum, resueltamente. Y te
vado en la picota de la infamia. ¿Por qué artifi- desafío á que se lo preguntes á tu mamá.
cio, todas las grajeas verdes, rosas, lilas, de la
-1,Me desafías?
hermosa c11ja que regalaron á su madre, Re con-Sí, sí, sí.-Y golpea con el tacón tres veces.
virtieron de pronto en bl1:1.ncas? Es que Pum las
Susanilla sa exaspera de que no se le crea bachupó una á una. con gran habilidad, eso sí, pa- jo su palabra, tanto mAs cuanto que ella misma
ra no robarles mAs que el color, y para que todo no estA convencida del todo, ¡oh, no! pero el amor
aquel que no estuviese en antecedentes, juzgase propio ..... .
de buena fe que tan blancas como eran, habían
-Pues bien, sefl.or, venga usted acá.
sido. Pero su madre no cayó en el lazo. Estupe-¡8ef1or! ¡qué injuria, qué reproche hay en esfacta, quiso esclarecer el misterio; y Pum tuvo ta palabra! Pero Pum está vengado.
Apenas Susanilla se arroja á los brazos d~ su
que confesar.
Por eso ahora la vergüenza lo tiene descon- madre para decirle en voz baja la causa de su
certado. Va á saber lo que son los estallidos de querella, la madre roja y casi indignada, se leb risa que abofetea; las indignadas miradas de vanta diciendo:
los abuelitos le abrumarAn; y siente un fuego ro•
-¡Anda, tonta! véte á jugar y déjate de necejo que le sube por el cuello, por el rostr.:&gt;, por to- dades.
do el cuer po; sus ojos se llenan de lAgrimas, poY la pobre Susanilla, toda confusa, se aleja
seído de una inmensa. desesperación. No osa mi- rApidamente, sintiendo las lAgrimas que suben á
rar á su madre por temor de que ésta comience sus ojo...
A contar su pieudía; pero, mentalmente, con un
-Ya lo sabía yo, piensa en silencio Pum: se
.gran fervor, implora; «¡Que no lo cuente, Dios casan con vestido blanco, y los nifl.os no van
mío! ¡Que no lo cuente, Dios mío!»
porque duermen todavía debajo de las c0les .....
Y. . .... no lo dijo, ¡santos ángeles! n~ lo dirá de las coles ó de las rosas .... si no es que vieya ahora, porque acaban de levantarse de Iame- nen en un barquito desde la China ....
Pero, generoso, trata de hacerla olvidar su .
aa . . . . ¡Bendito sea Dios!
Susanilla y Pum, libres ya de la consigna de humillación, y, dulcemente, con alegría, le pro.guardar circunspección, gesticulan, brincan, se pone:
-Susanilla, ¿quiéres jugar al lobo?
van corriendo al jardín, tan aprisa como si tuvieran alas en los pies. Despue~ se encaminan al
Pero Susanilla se eofurrufta, y Pum gasta tobosquecillo. Susaoilla reflexiona que es una sefio- do un cuarto de ho~a en ruegos y persuasiones
ra y que por tal motivo no debe permitir que su que no la convencen.
-En fín, dice Pum, no juguemos.
traje se arrugue, comprendiendo igualmente que
-Sí, sí, dice entonces Susanilla, juguemos.
l e tOCll hacer los honores de la casa.
-¡Ah, por fío! Así sucede siempre. Cuando
- Platiquemos, dice:
Y con uo incomparable aire de dignidad, se uno quiere, ella no quiere: cuando uno no quie"'lienta, como si estuviese en visit1t, á la orilla del re, ella quiere. ¡Esperad un :,oco! Y dice insidio~aneo de madera. Hace uu día bochornoso, lllS samente:
-Tú serás el lobo.
moscas estAn insoport11 bles, un sofocante olor de
-No, dice SusaniUa, tú.
rosas sube en la atmósfera; las hojas del emparrado que se transparentan á la luz de un cielo
-Bueno, yo seré el lobo.
¡Crac! Cayó la inocente en el lazo. Es muy sensombrío y bajo, toman un tinte claro y fresco.
Un caracol se arrastra á lo largo del banco; las cillo esto. No hay sino decir lo contrario. Y Pum
hormigas se pasea11 por todas .,artes, Susanilla y que quiere hacer el lobo, queda contento con su
Pum observan en silencio. Al fin Pum sefastidia, astucia. Susanilla ha caído en el lazo, y dice.
-A lo menos, ¿serás capaz de~ in.spirarme
le gustaría más jugar; y, muy en lo íntimo, juzga
·
que á Susanilla no le sienta bien esa afectada se- miedo?
Pum se engrifa, arruga los ojos, castaftetea los
riedad; pero con todo, esa misma seriedad lo tie•
ne dominado, y es esclavo de ella. Por otra par- dientes, ruje: - ¡aul ¡au!
Susanilla se tapa lo~ ojos con las manos, hoia, Susanilla decídese A hablar. Y cuando babia,
Pum finge poca atención y mucha ir.diferencia; rrorizada de antemano, y exige aún:
-Bueno, pue11 has de tardar mucho en vespero los dientes blancos de Suaanilla, su pequetia boca de frambues&amp;., sus rubios cabellos tren- tirte.
Pum, ordinariamente se viste pronto, y se
.zados, ejercen en él una gran fascinación. Mases
necesario que él no pase por un simple. ¡Susani- arroja sobre su presa de una manera tan violenUa tiene tan maravillosa inventiva! no se puede ta, que un verdadero lobo, decentemente, no t_en-

dría aún el tiempo que se necesita para ponerPe
los pantalones. Pero promete, lo promete todo.
Y se va, se esconde en lo más profundo del jardín, mientras que Susanilla, con el corazón palpitante, escuch'l el ¡au'. ¡aul estridente y prolongado que anuncia que «allí estA.»
Una deliciosa angustia le muerde el corazón,
y con una iosegl.lra voz tararea, teniendo bien
abiertos los ujos y cou el oído atento:
Pasearemos por el bosque
Mientras el lobo no está.
Porque si viene aqui el lobo
Al punto nos come1·á.
Y con todas sus fuerzas dice:
-Lobo ¿estás allí?
Desde muy lejos, tranquilameme-¡oh loo hay
que fiarse demasiado -la voz de Pum rosponde:
-Me estoy poniendo los anteojos.
Pasearemos por el bosque, etc.
-Lobo ¿estás allí?
-Me estoy poniendo los calcetines.
¡Ah! se edtá poniendo los calcetines; todavía
hay tiempo. Y Su&lt;Janilla, atraída, magnetizada,
con terror y embrillguez, se acerca á los negros
matorrales donde Pum finge la escena y tose cavernosamente.
Pasearemos por el bosque, etc.
¡Qué verde, lindo y fresco está todo! El sol ha
reaparecido; hace calor. ¡Qué alegría la de vivir,
y mAs con h idea profunda del peligro, del lobo
que está allí, escondido, invisible, frotando su
r uda piel contra la corteza de los Arboles, afilando sus ufl.as en el suelo y fij&gt;indo en ella sus pupilas de brasa! El lobo, el lobo de los bosques,
de las nieves, que se come á los hombres y devora á los caballos ....
-Lobo ¿estás alli?
La voz de Susanilla tiembla; con acento amenazador, responde el lobu:
-Me estoy abotonando los pantalones.
Salvarse ya sin esperar má.s tiempo, huir á toda prisa: este es el deseo loco que acaba de venirle á Susanilla; pero no, esto no sería del juego; y sobre todo, una gran voluptuosidad la tienta: es preciso beber el terror á pequeilos sorbos.
Pasearemos . . . . en el bosque ....
-Lobo ¿estAs allí?
El lobo be pone el chaleco, toma su sombrero,
se tercia al hombro la carabina, busca la llave....
y . . .. abre la puerta!
Un último y ahogado grito.
- Lobo ¿estás allí?
¡¡Sí!! ruge una voz formidable, y las ramas se
apartan en un estremecimiento brutal; el lobo
salta; Susanilla echa á correr tan de prisa que
sus pies casi se juntan con su cabeza. ¡Qué persecución! ¡Aúl ¡aúl Ella no puiere ver nada, el corazón le palpita horriblemente. Siente ya en su
nuca el resoplido de la fiera .... dos veces ha
sentido el zarpazo de su garra. Esta vez, Susani
lla lanza agudos gritos de terror que ponen en
movimiento á toda la casa; y Pum, espantoso, con
los cabellos erizados, embargado por el miedo
que inspira, perseguido por el peligro invisible

que representa. se pone á gritar mAs fuerte que
ella, con aullidos de fiera sedienta de sangre.
Tumulto de los padres; Susanilla, bail.ada en
lágrimas, solloza angustiada, envolviéqdose con
la falda de su madre.
-¿Qué les pasa? ¿pero qué les pasa? ....
¡Oh! el lobo! y sobre todo el miedo, el exquisito, el horrible, el espantoso miedo!
PAUL Y VICTOR MARGUERITTE,

�Domingo 20 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

126

LA PRINCESA
La princesa Mandosiana tenía seiscientos afios;
bacía seis siglos vivía bordada sobre el terciopelo
eon su cara y sus manos de seda pintada; estaba
toda revestida de perlas con una gola tan recargada de adornos que ee aboyaba, y los arabescos
de su túnica tramada de argirosa, eran del oro
mAs puro.
Un manto azul, flordelisado de anémonas esta•
ba abrochado á su pecho por regias pedrerías y
orlaba la fumbría de su traje cabujones de zafir.
Había figurado mucho tiempo en las procesio•
nes y en las fiestas reales. Se la sacaba entonces
izada en el asta de una bandera, y el brillo de
sus joyas alegraba al pueblo y A las grandes damas. Eran los tiempos felices en que bajo el ex •
tremecimiento de los oriflamas dPslumbraotes,
en las calles empavesadas se aclamaba A la pri•
mera Mandosiana. Después se la guardaba ceremoniosamente en el tesoro de la catedral y se la
IDostraba A los extranjeros en cambio de mucho oro.
Era una maravilla esta pri11cesa milagl'Osa. Había nacido del suefio y del trabajo obstinado de
veinte religiosas que durante cincuenta anos habían penado haciendo con las madejas de seda y
plat11 la deliciosa hierá.tica figura.
Sus cabellos eran de seda amarilla; se había
incrustado en el sitio de sus pupilas dos turnali·
n as del más bello azul y tenia una gavilla de Ji.
rios do1l má.s b11!lo terciopelo blanco apoyado sobre su corazón.
Luego pasó la era de las procesiones, se abolieron los tronos, desaparecieron los reyes, avanzaba In civilización y la princesa de perlas y de
seda pintada permaneció confinada en la sombra
y el silencio de la catedral.
Alli pasaba su vida en el claro-obscuro de una
cripta entre un montón de objetos extrafios que
gesticulaban en los ángulos; había viejas esta•
tuas, copones junto con custodias, viejos ornamentos de iglesia, capas aún rígidas y como tejidas de sol y que se extinguían lentamente en la
noche con cálices en los cuales no se oficiaba ya.
Había también un viejo Cristo arrimado en un
rincón y velado de telas de arafia, y nunca se
abría la puerta de la capilla súbitamente; todas
estas viejas cosas dormían allí enterradas, olvidadas, y un'I- gran desesperación hirió en el pe•
cho A la princesa Mandasiana.
Y prestó atención á los consejos del ratón ro•
jo, un insidioso ratoncillo vivo como el relámpa•
go y tenaz é impertinente que hacíaafios la obse•
&lt;liaba. Y ¿por qué obstinarte en permanecer cautiva, acorazada por todas estas perlas y estas
bordaduras que te aprisionan? La tuya no es vida, tú no has vivido nunca ni en el tiempo en que
resplandecías bajo el cielo azul de las fiestas sunt uosas, aclamada por la embriaguez de las multitudes, y ahora, ya ves, te han olvidado, estás
muerta. Si quisieras, con mis dientes agudos desharía uno A uno los punto0 de seda y de cordoncillo de oro que te tienen presa desde hace seiscientos afios, inmóvil en el terciopelo espejeante
que entre nosotros no tiene ya brillo. Esto quizá
te haga da:ilo, sobre todo cuando descosa cerca
de tu corazón, pero com~nzaré por los anchos
contornos, los de las manos y los del rostros
y podrás ya esperezarte y moverte, y verás qué

Dommgo 20 de Agosto de 1899.

CARACOL

MANDOSiANA.

hermoso es vivir y respirar. Bella como eres, con
tu rostro de princesa de cuento y rica con los fa•
bulosos tesoros que adornan tu vestido te harás
vestir por las grandes modistas, se te tomará por
la hija de un banquero y te casarás perlo menos
con un príncipe francés.

Hay vagos murmurios
que gimen y cantan
en tu seno de iris,
caracol de nacar,
Que traen á mi oído
mil cosas extrafl.as
en ritmos y notas
de célicas arpas.
Me cuentan misterios
de mligicas playas;
doradas leyendas
de tierras lejanas;
Secretos de amores
en tiernas baladas·
é historias de Otel~s
y Faustos de escama.
A veces imitan
del viento las arias
que al dios del tridente
glorioso proclaman·
A silfos, sirenas '
y on_dinas que cantan;
suspiros y besos,
el son de las gaitas;
Rumor de sollozos
Y de ayes que exhalan
nereidas que mueren
entre plantas ágamas.
De tu seno de iris,
caracol de nacar
brotan los murm~rios
que gimen y cantan.

granos de trigo y el viejo terciopelo espejeant&amp;
de la bandera se desgarró de arriba abajo.
Así murió la princesa Mandosiana por haber
escuchado los insidiosos consejos de un ratoncillo rojo,
J EAN LoRRAIN,
(,,

El amante incendiario.

Tienen sobre tí caudales de pedrerías. Ven, dé·
jame libertarte y revolucionará el mundo.
¡Si su pieras qué hermoso es ser libre, respirar
voluntariamente el v iento y seguir su sólo capricho! Está.s albardada por esos ópalos y esos zafiros como un caballero en su armadura y jamás
has combatido, Conozco el camino que conduce
á la felicidad. Sal fuera de tu estuche de bordaduras, daremos juntos la vuelta al mundo y te pro•
meto un trono y el amor de un héroe. Y la prin•
cesa Mandosiana consintió; el ratoncillo rojo continuó inmediatamente su obra 11 sesina; sus dientes aserraban, cortaban, limaban en el terciopelo
roído por los mitos: resonaban las perlas al caer
una á una, y en las noches claras como en los be•
llos días, en la cripta alumbrada por un respiradoro el ratoncillo rojo cortaba, roía, trabajaba
siempre.
Cuando atacó la famosa gola de nácares y perlas la princes11 Mandosiana tuvo la impresión
de un frío agudo en el corazón.
Hacía varios días se sentía como temblorosa y
más ligera y singularmente ágil en medio de todos aquellos puntos deshechos, ondulaba en la tela como animada de un soplo, y esperaba, arrobada, que el ratón conduyera su obra.
Al introducirse el diente del roedor en su pecho, la pohre princesa de seda y lentejuelas, desfallecía; la caída blanda de las coposas sedas, de
los galones y de las luminosas tiritaftas, cayó como
una corriente de ceniza sobre las losas de la obs cura capilla; algunos cabujones rodaron como

Tudo el mundo conoce los horrorosos desastre,
ocurridos en el :!astillo de Ruremonde, ocasionados por el má.s espantoso incendio.
Es imposible olvidarlos, porque los periódicos
relataron con mil detalles la horrible catástrofe;
infinidad de personas se vieron sorprendidas por
las llamas al final de un baile campestre; grito1
de dolor, miembros magnllados, y, finalmente,
los techos de las habitaciones que se desploman
sobre las infelices víctimas.
Pero lo que todos ignoran, son las causas que
produjeron este accidente; unos á otros se preguntan cómo pudo el fuego penetrar con tant&amp;
furia en el castillo é invadirlo en un momentv.
Yo he podirio descubrir el secreto, y voy á. referirlo para gloria del amor.
En el fondo de un saloncito muy distante del
gran salón de baile, dos nii1os, doa prometidos,
él de veinte afl.os y ella de diez y seis, felices y
content0s, se hablaban muy bRjito, prodigándose
apasionadas é inocentes caricias, porque se amaban con infinita ternura.
De repente la ni:ila, mientras que su amigo murmuraba á. su oído frases deliciosas, se des prende
del tocado una margarita que había arrancado
pocos momentos antes del fresco tallo, y la pregunta si la quiere su novio.
Tranquilo, satisfecho, seguro de su amor y lleno de fe en la sinceridad de la flor, el joven
amante, veía los peque:ilos y sonrosados dedoa
de su amiga, arrancar una por una la11 blancu
hojas,
Pero ¡ah! que un sudo: frío inunda su frente,
palidece, tiembla y se siente próximo á desfalle•
cer; él acaba de contar con una r á pida mirada
las que todavía quedan, y ve con terror que la
respuesta será negativa,
¿Concebirá la graciosa joven, por una cruel
mentira de la margarita, sospechas sobre la flr•
meza é intensidad del amor que la profesa?
Sin vacilar un solo momento, coge el candelabro que está sobre la chimenea, y mientru
la nifl.a suelta llena de terror aquel resto perfu•
mado que aun 110 ha concluido de deshojar , apll•
ca la llama á las colgaduras de gasa que arden
con rapidez suma, y bien pronto se comunica el
fuego á todo el castillo.
· Desde entonces, cuando sa habla delante del
enamorailo doncel d e las victimas y desastree
que ocasionó el incendio, siente pesar y tristeza,
porque es noble y compasiva su alma, pero ni
la más ligera sombra de remordimientos.
Fué muy lamentable que perecieran tanta
personas, pero hubiera sido verdaderamente cri·
minal dejar que una duda penetrase en el cora•
zón de su amada, haciéndola sufrir todas las tor•
turas de la desconfianza.
C.ATULO MENDES.

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EL MUNDO

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MI GUITARRICO.

FERNANDO MARTCN E SPINOS.A.

Es a1 gu!tarlco duce 6 plaiildero,
asigll.11 yo qu.ero;

tiene cinco cuerdas bien a1Teatiradas
que se rtn 6 lloran con m!: rasguliad as.
CANTO POPULAR .

J UAN B . D ELGADO.

EN PLENA DICHA.
(INEDITA)

Reclinas en mi pecho tu cabeza,
Abandonas tu mano entre las mías
Y siento cómo acallan mi tristeza '
Tus ingénuas y puras alegrías.
Y así permanecemos, comprimidos
En abrazo de castas emoci, nes
Sin oir nada más que los latido~
De nuestros amorosos corazones.
Y suspiro de dicha enajenado
Y las horas transcurren presuro;as,
Y luego, al separarme de tu lado
iM:e quedan_por decirte tantas co;asl
Y en vano, en vano el númen se fatiga
Para ensalzar tu amor y mi embeleso,
No hay canto, no ha y poema en que se diga
T odo lo que se dice con un beso.
De~de que en mi alma tu poder impera,
La vida encantos nuevos atesora•
¡Es un valle de eterna primavera'
Iluminado por eterna aurora!
Si tu supieras .. . . 1 Pero bien lo sabes
Porque amas., .. En un pecho enardecido
Como en arbol frondoso lleno de aves '
Vibra insinuante la canción del nido,
Vivir quiero y morir bajo el encanto
De la leca pasión que me seduce·
Juntos tú y yo, muy j11ntos, perd tanto,
Que nunca entre los dos ni el aire cruce

(De "Canciones Sorianas.")

A guisa de lira de oro
yo tengo mi guitarrico,
con el cual siempre acompafto
cantos del Sur á los indios.
Su caja comba es la fuerte
co~aza de un armadillo,
y tiene cinco clavijas
porque sus cuerdas son cinco.
Su cuello es delgado y corto,
negra su boca de abismo . . . .
boca qua canta ó suspira
con un dolor infinito.
Cuando las copiosas lluvias
anuncian aftos profícuos,
y más tarde los graneros
se ven de _mieses henchidos;
En medio á. la gente agrícola
que festeja á San I sidro,
se eleva el rústico canto
de mi pobre guitarrico.
En las bodas pastoriles
de Galatea y Mirtilo,
lanza sus epitalllmios
y ríe de regocijo.;
Y en los entierros solemnes
de los viejos y los nifl.os,
tras el trueno del petardo
él desgrana su llorído.
Y llega la Noche Buena
con sus brumas y sus fríos,
Y entonces lanza á los aires
sus alegres villancicos.
¡Oh vihu~lita serrana,
q:u,e u.evo siempre conmigo;
h1stér1ca cuyos nervios
pongo en tensión al herirlos!
Pues eres la musa joven
que inspira los cantos míos
arrúllenme tus r asg ueos, '
aduérmanme tus sonidos!
Y que A tu rítmico acorde,
como á un conjuro divino
surjan, abiertas las alas
la¡; canciones de este lib;o!
Agosto, 8 de 1899,

127

Musa blanca del r ostro sedefio
De ojos tristes y dulce mirar1 '
Ven conmigo al país del ensuefl.o
Donde flo ta el ardiente bele:ilo '
Que tristeza inspiró A Chateaubriand.
Ven conmigo, nostálgica hermosa
A ese triste y brumoso país,
Donde esparse su luz misteriosa
La neurótica y púdica diosa
Del ensuefl.o dorado y sutil.

Vivir quiero y morir, así, de prisa,
De un vértigo de amor en el acceso
Viendo como se va en una sonrisa '
Mi alma que hiciste t uya con un beso.
Luego una cruz, dos nombres olvidados
La yedra allí tendiendo su guirnarlda
'
Y abajo nuestros cuerpos abrazados .. '.,
¡Igual que Quasimodo y Esmeralda!
. Confiado vine á tí; me entrego inerme.
Si en tu seno de diáfana blancura
La bestia h umana cautelosa duerme,
No tengas compasión de mi ventura.

En las ondas del lago sonoro,
De azulada y fugaz ilusión,
E n ~n canto que vengas te imploro
A m1 nave de armii1o y de oro
A mi nave de luz y de amor.

Hiéreme Nelly! De mi vida triste
No te importunaré con los lamentos·
Que bien valen las dichas que me diste
Toda una eternidad de sufrimientos.

En el vago horizonte se alcanza
Una estrella tan solo A mirar;
Y mi barca á las ondas se lanza
Tras la estrella de luz y esperanza
'
Mariposa de brillo fugaz.

T arde, muy tarde t e ~ncontré á. mi paso,
Mas no el te1;Dor á la veJez me oprime;
Porque lo mires tu, será mi Ocaso
Como el del sol, espléndido y sublime!
Mérida, 1894.
J AVIER SANT.A MARÍA,

Mientras canto mis tiernas baladas
Coje el remo de blanco marfil·
Boga, boga al pi.is de las had~s
Y sorprende á las dulces amadas
Del poeta oriental haqueín.
Quiero ver los palacios dorados
De ese loco neurótico dios
Que á los genios por él iospirados
Les ensefl.a los cantos sagrados
Y secretos place,·cs de amor.
Q1liero ver sonreír á los tristes
A l?s tristes en :qtedio al placer; '
Quiero ver si de luto me vistes
Y el halago del genio resistes
¡Corazón, corazón de mujer!
Musa blanca del rostro sede:ilo
De ojos tristes y talle g entil,
'
Boga, boga al país del ensuefto
Donde esperan con rostro risue:ilo
Las hermosas que amó Lamartine.
F E RNANDO M ARTIN E SPINOS.A.

PASTEL
Asomada á tu balcón
florecido de macetas
turbas, nifia, el cora;ón
de pintores y poetas.
Y tus labios de coral
y tus bellos ojos pardo~,
cantan dulce madrigal
en el pecho de los bardos.
Ec;, de tu mirada al rayo,
ese balcón un pensil:
crecen lus lirios de mayo
junto á las rosas de abril·
Y cuando acudes á él '
con tu blanco peinador,
¡::ara regar tu verjel
ó para ver á tn amor;
A pesar de tanta rosa
Y tanto lirio en botón
es entonces, nifl.a herr:iosa,
cuando florece el balcón.
RUFINO B LANCO FOMBONA.

�Domingo 20 de Agosto de 189G,
EL MUNDO.

128

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Bajo el sauce</name>
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                    <text>EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

�Domingo 13 de .Agosto _d_e 18!1\,.

EL MUNDO.

88

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

-------------------------------------------

LA SEMANA

Mes de Agosto... Un gran hálito de vida estremece y resquebraja la tierra. Bajo la corjeza afelpada de los campos, se oyen bullir y cantar los misteriosos manantiales de la savia. Poi las maffanas,
las frondas desperezan sus ramajes y los estienden en
el vacío luminoso y azul, como brazos que buscan en
el aire algo invisible de que asirse. Llegan los céli:os
cargados de polen y-manirrotos cétirosl-por todas
partes Jo avientan y derraman. La ~aturaleza que
se siente hermosa, sonríe con una placidez de matrona fecunda. Todo está ,alegre y satisfecho, el amor
labo!'a, labora en su infatigable y divina tarea. Los
pájaro!. dicen ternezas, Si:: buscan los insectos y se
persiguen las mariposas.
Hasta la ciudad llega este soplo vivificante queparece un gran suspiro de cariño.
-Mira cómo soy ';iuena- nos dice la sublime. madre-mira t.ómo hay toda vía en el Oni verso, fuerzas
para crear las cosas bellas.
¿Qué empeño tienes, espíritu adolorido y escéptico,
en entristecerte y en renegar de mi qu~ no te desconozco y que te amo? Me ves triste como tú y como
tú fatigada y doliente, porque me ves á través de tus
lágrimas. Seca tus ojos para contemplarme; soy la
misma. Búsc'lme en cualquier pd,rte y me bailarás, y
llenaré tu pensamiento de ideas nobles. Flores abajo
y arriba estrellas, claridades y perfume;;, despertarán
en tí esperanzas dormidas y harán germinar nuevos
ensueños. Eres torpe y serás infeliz si cruzas por la
vida sin amarme. ¿Qué harían tus anhelos sin mis horizontes? ¿Qué harían tus placeres· sin mis rosas?
¿Qué harían tus ideales sin mis ast10s? Eres el autor
de tu desdicha.
Si como antes lloraras en mi seno, encontrarías la
misericordia infinita de mi seienidad, y hallarías
la firmeza y el aliento que has perdido por querer
existir fuera de mi. Inútiles son tus complicaciones,
vanas y estériles tus ansias. Sólo mi sencillez es eterna y es fuerte y es todopoderosa. Arrepiéntete y ven,
que aún tengo bálsamo para curar tus heridas, soplo
para orear tu llanto, alas q~e prender á tus ideas y
ternuras con que arrullar tus sentimientos.
y mientras tanto, al caer la tarde sobre la vulgar
melancolía de la ciudad fangosa, los hálitos de las
ce!'canas campiñas, murmuran misteriosamen:.e esas
palabras consoladoras, el alma, como una enferma
que ya no espera alivio, piensa en que, mejor que todo eso, es descansar en el fondo de la sombra sin fin
y sm estremecimientos.

***
Un viejo rey, risueño y santo, coronado con la diadema de hierro y oro de la Sabiduría, que sólo testas
como la suya soportan sin cansancios n i abatimientos, cubierto por la púrpura imperial del Arte, y empuñando el cetro de la elocuencia en la diestra robusta, acaba de ver desfilar ante él, la entusiasta procesión de la juventud admirada y agradecida.
Este último triunfo no ha sido como los otros est repitoso y público; ba pasado en la tranquilidad de
su bogar, en silencio, sin rumor de multitudes, ni
ecos de vítores, ni músicas de bossanas. Pero, á pesar de todo, ninguno quizá más bello que éste, por
lo que tiene de alto y noble ver premiada una existencia que por entero se consagró al Bien y á la
Virtud.
Justo Sierra. celebró sus bodas de plat.a, es decir,
veinticinco años de amor sagrado y puro, cinco lustros de apacible y cándido deliquio con la enamura.
da del corazón.
¡Ob, gran poeta, poeta amable y bueno, bajo cuyos
laureles sombreo mis esperanzas, tú que hiciste de la
poesía una religión, de la f:1milia un culto, de la vida
un elevado ejemplo, permite que boy acalle mis alabanzas y enfrene mis rebeldes eutl\siasrnosl
Quiero respetar el delicado pudor con que me hablas de tus ingenuas y sencillas intimidades. El velo que cubre tus sagrados afectos, es para mf, como
un manto de Tanit. No lo tocaré; no he de cometer
esa tentadora profanación. Ya eé lo que oculta; á
través de su fina malla, se ven brillar r.arii'ios inmaculados, modestas y silenciosas virtudes, luceros avergonzados de esplender, flores ruborizadas de perru.
mar, escenas y episodios de gineceo llenos de amorosa ternura, y aquí y allá gotas de lágrimas sobre las
serenas sonrisas, como rocío sobre las flores.
Pero mi mano no es sacrílega, no levantaré el velo
de tus intimidades.
De lejos, entre la juvenil muchedumbre, confunaido entre las admiraciones, me contentaré con ver
cuál se inunda tu cabeza apostólica en una ráfaga de
gratitud y de amor ... .. .

** *

No hace muchos díasret.oriqueabayo en torno de ias
óperas viejas. En estos instantes te juro-¡oh mi lectora imaginaria y lindal-que no recuerdo cómo di-

vagué de la mano de mi fantasía, á través de los
camp~s dtl ensueño. Co,nservo, sin embargo, unaóva:
ga reminiscencia. ¿.Dec1a que no me gu~tan la;; pe
ras viejasl Si? Pues cuenta que es mentira, me desdigo. Claro que no me agrada ya salir dec~sa,_ buscar
un coche de punto ó ir bajo el capelo de v1dn? opa•
coy sutil que forma la lluvia al rededor de m1 paraguas basta el lejano Circo Orrin, sentarme en la butaca 'incómoda que abre sus brazos desenfadadamen·
te, como mujer cansada y soñolienta, y d~sde allí escuchar y ver esas antig-uallas, hundido en una
penumbra que invita al primer sueño. iOb, eso es
fastidioso!
Gústame quedar, como suelo, en mi cuarto
tra·
bajo·, rodeado de mis amigos, y! á cbarla desb1lvanada y saltante, recordar, entre risa y risa, _burla burlando, mitad á ironía y mitad á adm1rac1ón, ~rase~,
moti vos y melodías de Donizzetti y d~ Verd1, _mu•
sie.1 que cantó en nuestro ~orazón_ los himnos pnmavera.les de las ilusiones recién nacidas.
Bellini está más remoto. Es como un vano de ne•
blina que dulce y vagamente se tiende _en las mo~t~ñas semiborradas del pasado. ¡Oh, arias de Belhn1,
nítidas y suaves, temas exquisitos, desar_rollados, con
el sublime candor del genio, como una mnta de sed~,
aires pastoriles empapados de fragancia~, como ra~~lletes acabados de atar· oh, inocentes arias de Belhm,
habéis sido las precurs~ras de nuestra veneración por
los modernos, por los polifónicos, por los c?mpllcados y. casi pudiera decir, decadentes compositores de
esta época!
_
.
Ahora no vamos á un teatro á sonar con las arcaicas inspiraciones de los maestros pagan?s; pero, n_o
obstante nuestros aplausos y nuestra dec1d1da adm1•
ración, á los flamantes maestros italianos, no podemos menos de vol ver, de ve~. en cuando, como se vuelve á un parque abandonado que años atrás conocíamos florecido, á vuestra expresión y encantadora
sencillez. Al oíros, se recuerda aquel candoroso pasaje del Wertber: «Qué contento estoy de tener un corazón capaz de gozar de la inocente y sensible al~gría
del bombre que sirve á su mesa la col que él mismo
ha cultivado, y que no solamente goza del place~ de
comer su col sino también de acordarse en aquel rnstante de los hermosos días que ha pasado en culUvarla, de la bella mañanita en que la plantó, de las
suaves tardes en que la regó, y en que tuvo la sar,isfacción de observar cómo medraba, haciéndose cada
vez mayor ...... &gt;

?e

~

Y mi amigo me contestó:
-Es verdad; Rosa Fuertts es una artista. Fíjate.
No sólo por su voz y po:- su declamación y por su
tlxperiencia y seguridad en la escena, sino también
por algo de su vida de muJer, inquieta y febril, que
va y viene, como el ftJxp1ess de Campoamor, con uu
trajín de fiera encadenada.
Rosa está enferma de la divina neurosis. Como los
gigantes de los cuentos, duerme y sueña c~n los ojos
abiertos. Hoy vuelve á presentarse al público porque
no puede ya vivir sin las arti liciales, pero dPliciosas
agitaciones del teatro. Dentro de esa exi!.tencia fin gida desbórdaose los dolores reales y cantan las alegrías verdaderas. Rosa está hecha para apurar, sorbo
á sorbt&gt;, la copa de deleite de la ficción dentro de la
cual cabe una alma. Fíjate bien; es una artista ...
Y mi amigo tenia razón.

*

**
Dejo de pensar en los teatros y para elevar mi espíritu recorro las páginas de dos libros últimos, que
sobre mi mesa están esperand:, un fallo mío. Uno viene de lejos, de Nueva York, y es de -Cesar Zumeta,
el brioso polemista, y otro es la obra de un maravilloso poeta: José Juan 'fablada,
-Pierde cuidado, lectora imaginaria, te prometo
que muy pronto voy á contarte mis impresiones.
LUIS G. URBINA,

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
] -EL TRASTRUEQ,U il: DE LAS ALIANZAS,
2-ALSACIA-LGNENA,

3-LAS FILIPINAS; COBA.
Nosotros los diplomáticos de la prensa, (cualquiera
es diplomático en la prensa, eso dep~nde de los periódicos de que se dispone, de un barnicil!o de historia contemporánea, de medio barniclllo de historia
romana ó más bien de algunas citas (hay diccic-,narios
ad lwc) y de algunas frases medioevales tomadas de
Castelar si es espaf'iol, de :Michelet si es francés y de
Green ó :Macaulay si es inglés,-ó mejorque todo eso
de una Enciclopedia brit,ánica que es excelente, ó de
un Larrousse que es malo por regla general, y si á
esto se agrega . . .... ),Con que decía yo que los di plo-

máticos de la prensa nos est\\mos dando el gran rega.
lo con la descomposición del mapa. internacional, no.
ya de Europa, sino del mundo.
Del tratado de Francfort esc~ito . con la humUJa.
ción, la mutilac~ón y la desorgamzac1ón de 1!'ranc1a,
fluyó una situamón que aseguraba la hegemoma contt.
nental de .Alemania. Un momento se vió sola la ven.
cedora pero con las frentes dobladas de las nacion~
europe~s en derredor suyo. Francia la doblaba, con
la muerte en el alma, Rusia la doblaba con la sonrisa
en los labios, Austria con la mano en el puño de la.
espada rota, saludo militar, Italia con efushín, nohay favor comparable con el que nos libra de la pesa.
da carga de la gratitud ¿E Inglaterra? ¡oh! Ioglate.
rra no doblaba nada; se descubría galantemente ante,
la Francia vencida como lo hace uno con una seíiora
anciana y marchita y pobre, con quien se han tenido
relaciones íntimas en el período de hermosura y de
riqueza, y al joven imperio alemán le dedicaba todOlsus shake hanás y los grandes y sonoros besos en laa
mejillas, con que las damas i\e por allá suelen salu.
dar á los consuegros y á los yernos; vamos, era el
amigo de casa, algo así como el novio oficial. Huboun momento en que el supremo viejo verde que se
llama el pueblo inglés, frunció el ceíio, y no fué cuan.
do Bismark insultó p;ácidamente desde la tribuna
del Reichstag á Gladstone en particular y al gablnételiberal en general, sino cuando se adivinó primero y se
supo luego que hab!a una alianz3: entre los t res imperios: Rusia, Austr1a y Alemama; ¡ob! con Rusia,.
¡que horror! ¿cw el elefante? Tembló de ira la ~
llena.
Alianza de razón, impuesta al Austria maniatada,.
por el afecto del Tsar hacia su tío el gran viejo Guillermo. Cuando las cosas empezaron á enfriarse porla i nterposición de Rusia entre el tremendo sable ale,.
mán y la cabeza todavía magullada y desnuda y febril
de Francia que había vuelto á ponerse en pie y trataba de recoger el fusil tirado en Metz y Sedan á lQI.
piés del vencedor, el Canciller de fierro frunció á 81)
vez el ceño; con el ceño fruncido asistió á la guerra
ruso-turca y con el ceño fruncido arrancó á losrusoa.
la presa de San Estéfano en el Congreso de Berlín y
rompió con el viejo Gortscbakoff una amistad anti•
gua y firme como una complicidad; la primera
Dreµbund imperial no fué renovada. Bu~có;;e entonces á un amigo pequel'ío, pero capaz de distraer y estorbar á la Francia del desquite, y que por pequello,
fuese forzosamente fiel, y naturalmente se encontró á Italia: la nueva Tríplice fué concertada en
83, si no recuerdo mal, y fueron los notarios Bismarck,
Crispí y Andrassy ó Taafe.
Alemania triunfaba indefinidamentP., su prosperidad económica comenzaba á ascender, á ascender, y
el mundo recibía los productos de su industria y de
su fecuodidiid; se inundaba de alemanes y artefactos.
alemanes. La Alemania económica es una inmens,.
figura de bronce que se destaca en el crepúsculo vespertino de nuestro siglo; con ella, prendido á sus bom•
bros, ba subido su manto negro: el socialismo. Francia entretanto se volvía sabiamente una potencia colonial asiática y africana y Alemania aplaudía y la vieja Inglaterra se le adelantaba en todas partes y la.
idea de la revancha entraba resueltamente en el período puramente verbal y por fin (no haré la historia de
esta transformación conocidisima) frente á la Dre?1•
bund smgió la alianza franco-rusa. 1Cosa singular! De
entonces data el decrecimiento completo del sentl•
miento del desquite en Francia: «de eso, decía Gam•
bettl\, no debemos hablar jamás: en eso debemos pen•
sar siempre.&gt; Al día siguiente de la visita de M,
Faure á Petersburgo parecía que el desquite ~ había logrado ya; un sentimiento de seguridad 1_nvadió los ánimos, hubo su enardecimiento, los nacwnalistas de Derouléde mostraron el puño á la cara de
fierro de la Germanía imperial y no hubo más, ni
podía haber más: Rusia decía: si Alemania ataca Y"'
te defiendo, si tú atacas yo no te acompaño. Alemania se encogía de hombros y ante el pul'ío cerrado de
Derouléde decía bajo las dos puntas del bigote alzada&amp;
en áno-ulo
recto sobre el labio imperial: yo no ataco,
0
¿para qué be de atacar? «Efectivamente, pensaba el
burgués de Francia, que es todavía el que ma_ndaallf
(para eso hizo la bevolución)efectivamente, srnoatacamos nosotros, ellos no nos han de atacar; y como
no hemos de atacar sin los rusos, contentémonos COD
llevar coronas á la estatua de Estrasburgo, plaza de
la Concordia, y veamos si estas empresa&lt;; coloniales
en que nos metió ese maldito Julio Ferry resultan
buenos negocios. Y por lo demás hay que seguir dejando á los estudiantes, á los papeleros y á esos m~
chachos de cincuenta años que se apellidan los n~cwnalistos que se desgañiten y libren batallas ép1C81
contra los agentes de policía, nosotros vamos al negocio, á l' americain.e dónc. &gt;
M. Paul Leroy Beau1ieu, un pontífice de la Economía política para el uso de las personas sensatas, 9ue
ha demostrado que toda la civilización ba converJldO
en un solo fin: el mejora.miento de la clase obrera.
sin pensar que ha soliviantado al mismo tiempo sus in•
quietudes, sus aspiraciones y sus apetitos un mi~ll
de veces más allá de los medios que ha encontr 0
para satisfacer sus necesid11,des, M. Leroy Beaullell
ha sido el apóstol de la política colonial, y el primero.
el supremo éxito ha sido Tunez-el gran economlstai:

Domingo 13 de Agosto de 1899.

loba probado por A+B. Y como tiene razón, resulta que se ha despertado una especie de remordimiento en los corazones (hablo de la masa capaz de refle:rtonar) bacía el gran ultrajado, y ante la oph:ión el
inicuo fallo moral pronunciado contra Ferry ba sido
revl113do y nulificado, y el acusado resulta lo qne todos cuantos ne-, estábamos cegados por pasiones absurdas veíamos dentro y fuera de Francia: un insig-oe
servidor de su patria. Esto se ba comprendido bien
al día siguiente de Fasboda, después que Francia,
ante el veto altanero de Inglaterra, sintió que la reina del oceáno podía obstruirle de golpe todos los itinerarios coloniales. Entonces ya pudo hablarse sin
ser lapidado de una entente posible con Alemania y
aun de una posible acción común contra Inglaterra. Eso era precisamente lo que á Ferry se había
reprochado, por ello se le había declarado un traidor
hoy se le considera un clarividente.
1'

***

Una revista francesa de primer orden publicó ha-

ce poco un articulo que plaote¡¡,.:,a el problema de 1.s
aliam.as. En suma, dice, Francia debe mantener su
alianza con Rusia, pero la unión cada vez más estrecha entre Inglaterra y los Estados Unidos obligan á
buscar un tercer auxiliar; hay que escoger uno de
dos, ó Inglaterra ó Alemania. Francia está en tal
posición hoy que ambas admitirían una propuesta de
alianza.
En mi parecer de diplomático de la prensa y con
la vaga esperanza de que M. Delcassé lea estas crónicas de EL MUNDO ILUSTRADO que le han de interesar por todo extremo, la alianza con Inglaterra equivaldría al abandono de Rusia y á la guerra con Alemania; antes de un año de hecho el 1,rato, Francia
se batiría en la brecha de los Vosgos y las riberas
del Vfstula y del Niemen permanecerían silenciosa~.
Pero la alianza con Alemania es imposible ..... ¡Alsacla- Lorena! He aquí lo que va á simplificar la
cuestión. Los franceses más exajeradamente patriotas, más chautin.•, convienen en que hay que dejará los
habitantes del Reichland dueños de su suerte; que
ellos decidan si quieren volver á ser franceses ó i,Jemanes; son en su mayoría alemanes de raza, pero de
espíritu son franceses y un plebiscito devolvería á
Franela las poblaciones perdidas; esto es lo que dicen y afirman.
Pues bien, es.to que era cierto hace diez al'!os, apenas lo es hoy y dentro de veinte no lo será en absoluto. La semejanza de lengua y de costumbres ha acercado forzosamente á conquistados y conquistadores,
la dificultad de vivir bien en Francia para los alsacianos emigrados ha crecido eu proporción que
han Ido mejorando las condiciones de la vida en Al,
sacia, por consiguiente el sacrificio que el emigrante
hace, ba subido de punto todos los días y sin compensación, porque en Francia comienza á ser visto de
reojo abara que han dado los nacionalistas en la flor de
11embrar el odio contra los judíos y los protestantes
¡absurda é inverosímil rpaccióol .Ahora bien, los alsacianos en su mayoría son ó protestantes ó judíos.
De_más de esto la prosperidad de las provincias conquistadas, del país de imperio que los alemanes di&lt;ien, es inmensa: la anexión las h:i. enriquecido. Estrasburgo, Mulbouse, son ya poblaciones industriales
de primer orden en Europa y van bada arriba ince&amp;.1ntemente. Este es el becl ,o brutd,J; en suma, el interés de los alsacianos es evidente ya, permanecer
unidos á Alemania; se comprende que el deseo de volverá la antigua patria es ya casi platónico. Y como
coincide con el amortiguamiento del espíritu de revancha en la antigua patria, resulta que en veinte
allos el problema alsaciano se habrá resuelto solo.

***

Las tentativas del Emperador Guillermo para
acercarse á Francia ban puesto á Inglaterra con la
barba sobre el hombro y de unno disimulado mal humor á los rusos; porqu¿ efectivamente en .I!'rancia no
han sido mal acogidas y si muy cortésmente comentadas. Y como el día que se familiarice el pueblo
francés, menos el grupo Déroulede y de los caballeros

del clavel blanco, -:on la necesidad de acoplará Francia con Alemania, lc1. alianza,rusa, hecha sólo para dar
garrote al wagóa aleman el día que quiera pasar la
frontera del Oeste, casi no tendría objeto. ....
De aquí ha venido la necesidad del viaJe de M. Delcassé á Petersburgo; era preciso dar un poco de miel
al oso blanco. Concertar una acción contra Inglaterra, haciendo á un lado al imperio Austro-búng-aro
que está a punto de descomponerse ; obligando á Italia, á pesar de sus simpatías hacia Inglaterra; con:dando á Turquía, tutoreada hoy de A1emanla y gornada por un hombre si11 sangre y de sangre, pero
rrecedor de los ingleses, sería un plan grandioso;
1glca estaría baJo la mano de Francia, Holanda bai1ª de Alemania, Dinamarca bajo las del Kaiser y
e Tsar, y Suecia y Noruega serían movidas por esteba. Inglaterra segura de sus costas entablaría la luc en las colonias y el principio del siglo XX vería
renovarse el bloqueo continental que fué el gigantes~1~sueno de Napoleón, el que Jo subió al trono de
lo ente Y lo precipitó á la roca que le ató al ple
g1aterra en medio del Oceano.

~1:&gt;
1º

89

EL MUNDO.
Mientras esta situación llega, (que difícilmente llegará_, mas que en las conjeturas de nosotros los diplo~át1cos de la prensa que arrimamos y traemos las naClones y las retiram 'JS al margen del mapa con la
punta de la pluma.) !oque es claro es que ha llegado
una descomposición de las alianzas, c•e~t le ren.versemen.t des. Allia'llces como dijeron los di;,lomáticos del
pasado siglo en vísperas de la guerra de Siete años que
t~nto influjo tuvo sobre la suerte de Europa y América, como que de ella vino la independencia de los Estados Unidos, la final desorganización del régimen absolutista en Francia, de donde la Revolución y todo
lo que á estos dos grandes bechos siguió.
Bueno es esto, dirán mis pacíficos lectores, este
cronista afirma que el Siglo XX se abrirá con una
guerra magna que abrasará el Mar del Norte y .el
Mar Amarillo á la vez! No, yo ne creo en la guerra;
resulta anti-económica, por más que M. Brunetiére
afirma que es moral; supongo además que ebe será el
caso e1;1 que la C01tede Arbitramento creada por la conferencia de la Haya, podrá y deberá funcionar. ¿Cuándo si nó?

BELLAS Y FEAS.
lQuiénes son más virtuosas y felices?

Si el Destino se encarara con la mujer y le pregun.
tara como Mefistófeles á Fausto ¿qué apetecesl' ¿quieres los privilegios, los derechos y prerrogativas políticas del hombre? ;,quieres su potencia iotelec..ual y
su energía moral? ¿el poder que lo hace árbitro de
pueblos y conductor de razas? ¿sus millones de financiero? ¿su genio y su gloria de artista ó de capitán?
la mujer como el escéptico doctor alemán, despreciaría el oro, el poder, el genio, la gloria y pediría,
ni siquiera la juventud, sino tan sólo la belleza.
La belleza, diría al Destino, es cetro y es,aureola,
es poderío y es gloria, e,, riqueza y ventura. Quien es
bella, es reina; quien es bella, es rica; quien es bella
subyuga como lo~ poderosos, conquista como los capitanei;, embelesa y deleita como los artistas y son
tales su poder y su grandeza, que la hermosura eleva á la mujer sobre la humanidad y la transforma casi en diosa.
***
Error y error prufundo. La belleza es gloria, pero
Y entonces se repartirán los europeos el Asia, el
A frica y la Oceanía .... al mundo convertido en un efímera; es poderío, pero transit,orio; es grandeza,
pastel por Alláb, como los escogidos del Paraíso de pero aparente; y bien aquilatada, pesada y medida,
M_a~~ma. Pero los americanos tendrán su parte: la&amp; más hace á la mujer desgraciada que feliz, débil que
F1hp1m1s y las 8andwich. Las Filipinas¿ quién sabel' fuerte, olvidada que adorada.
La misión suprema de la mujer s0bre la tierra, es
dicen los pesimistas en los Estados Unidos. Para probar que no somos egoístas, á pesar de que la guerra la familia Ser 1nadre, ser esposa, es su destino. Haen F ilipinas e:stá enriqueciendo á Yucatán porque cer brotar de su ser, como el rosal, tieruos y sonrosaha suprimido en los mercados la única fibra capaz de dos botones que después serán flores opulentas y más
competir con el henequén, á pesar de eso, desearía- tarde granos ftlcundos, tal es su misión, y sin que
mos que concluyese. Sti re¡Jrocha á Mr. McKinley una ella Jo bien ta ni lo confiese, 1,i quiere ser bella, es que
gran falta de previsión y de información suficiente quiere darse la segurirtad de llegar á ser esposa y
al decidir que los Estados Nnidos se quedarían con madre.
Y bien, en este caso, como en tantos otros, el meel Archipiélago; no veo qué otra cosa podía bacer
después de la turna de Manila. Pero dPjemos esto á dio á que la mujer aspira para realizar mejor su desun lado. Lo h ecbo, becllo está. Y es inútil disi mular tino, suele rfSUltarle contraproducente, y hay mujeque la situación actual fué inesperada para los impe- res que en fuerza de belleza, no llegan á ser ni marialista,;· americanos y que habrían meditado mucho dres ni esposas.
Consignemos desde luego los hechos y i;entemos
embarcarse en· ella, á baber podido conocerla. El corto distrito conquistaqo babta ahora, charco á char- que el oúmew de las feas que se casan, excede incomco y pantano á pantano, se les ba metido dentro á los parablemente, en proporción, al núme10 de las hermosoldados de Lawton y McArtbur en forma de mias- 1,as que logr?.n encontrar marido. Claro es que no hamas, de fiebres y de desesperación. Todos creíamos blamos en cifras a.bsolutas; es evidente que siendo
que á fuerza de dinero y aprovechando los odios con- considerablemente mayor que el número de mujeres
tra los tagalos de un buen grupo de los habitantes desprovistas de belleza, el número de ellas que llega
mismos de Luzon, se armarían milicias indígenas al tálamo tiene que ser superior al de las hermosas.
para combatirá los de Aguinaldo; uada se ha hecho; No; hablamo:s de_proporción, de tanto por ciento, y
sr,stenemos que si de cada cien feas se casan ochenta
no ba sido posible, sin duda.
Lo malo es que el honor está comprometido y que de cada cien hermosas apenas se casan veinte. Nos~
una retirada acabaría con el prestigio militar ad- necesita un cómputo estadístico á este respecto. Toquirido en la guerra con Espal'!a. Si el partido demó- dos hemos becno la misma observación y á todos nos
crata subiese al poder con una plataforma anti-im- consta, si bien no en números definldos, que la,¡ reas
perialista, tampoco podría abandonar la soberanía en son más casables que las bellas.
Filipinas, Lo que se haría entonces ¿ por qué no lo
Un refrán y una poética exclamaci5n Jo corrobointentan los republicanos ahora? sería esto: el go- ran. El vulgo dice:
bierno civil y administrativo á los tagalos, el dola fortuna de la fea
minio militar á los yankees. ¿Por que no hacen de
la bonita la desea,
Filipinas un Canadá insular los que aconsejaban oonminatoriamente esa misma política á 11:spaña? Por- y un poeta bien conocido hizo exclamar á una bella:
que no es lo mismo torear r¡ue ver los toros dtisde la
¡ay, infeliz de la que nace hermosa!
barrera, dice un proloquio hispano-mejicano. En fin,
si para hacer eso se aguarda la paciticación comple~Por qué esta anomalía? ¿Cómo es que la belleza
ta, veremos, esperaremos el invierno; lo mismo de- triunfante siempre en el mundo, diríc1lmente asalt~
cíamos de España en las Antillas hace dos ó tres y conquista un hogar1 ¿Cómo es que las Juno, las
af'ios.
Diana, las Venus, á cuyos pies arrastramos nuestros
Lo malo, según nuestro modo de ver las cosas, en homenajes, en cuyos ojos aspiramosá mirarnos. cuyo
esta inminente bancarrota militar de los Kstados aliento anhelamos beber, no ent,an de nue1,t ro brazo,
Unidos en .B'ilipinas, es que allí está, á nuestro en- uoronadas de azahares y envueltas en el blanco velo
tender, la clave de la futura situación de Cuba. Y basta la cámara nupcial?
esto sí nos preocupa hondamente y nos atail.e inneNada hay de anómalo ni de extravagante en este
gablemente. Fracaso en Filipinas, anexión segura hecbo. La belleza embriaga á la mujer, la impregna
de Cuba; tuen éxito definitivo allá, independencia de altivez y de orgullo, la transforma de sumisa en
posible acá. Y este si es nuestro desideratum ar- dominadora, de humilde en altiva, de ebclava en emdiente y reflexivo; que siga siendo solitaria la estrelia. peratriz. La mujer hermosa se -:ree con derel ho á
¡Ay! lo dudamos; tememos, lo hemcs dicho mucho exigir todé&gt;s los homenajes, á imponer todas las huantes de la guerra con España, haciéoc!onos eco de la millaciones, á reclamar todas las abdi r·acionPs. El
opinión de muchos, tememos que no sea. Sería una marido de ia mujer hermosa sabe que no podrá Rer
barra negra fija en nuestro canal de salida al mundo amo en casa, jefe en su hogar, guía y conduc tor de
europeo, con el cual necesitamos y deseamos estar en su familia. Que la paz doméstica b:.1bráde ccstarle el
fnt,imo contacto, una Cuba negro·-sajona. Esperamos sacrific:o de todos i;us derechos y la enagenación de
con desaliento que á la av:dez norte- americana se todas sus prerrogativas.
sobreponga cierto apego religioso á la justicia, que
La mujer hermosa es cara y exigente. Casarse ccn
es propio de la raza entroncada con los "padres pere- una belfa es un acto de lujo; só:o pueden pagárselo
grinos." No nos atrevemos á hablar del interés .... los millonarios. No es posible, decía Victor Hugu, neporque nuestro&amp; argumentos serían débiles. ¿Pero no gar el atavío á quien nos da Ja belleza. La mujer herhay más que el interés? Mejor dicbo, ¿no bay más mosa p:de sedas, joyas, flores, tapices, mobiliaiio y
intereses que los que pueden reducirse á finanzai' En- decorado en que encuadrar su belleza. Difícilmente
tonces ¿por qué al otro día de haber derogado el go- se resigna al modesto percal familiar y á la florecilla
bierno inglés los impuestos contra que se habían coa- entreabierta prendida de los cabellos. Quiere en su
ligado las colonias, y con la conciencia de su debili- calidad de reina, diademas, trono, cortei;anos.
dad-comparada con el. formidable poder militar de
De aquí un seguudo inconveniente. La mujer herInglaterra, se insurgieron los Estiados Unidos? Los mosa nu sólo es cara sino que es también peligiosa.
Franklin, los Washington, los Jefferson, los Richard Nos casamos ;,ara tener una mujer cuyo único penH. Lee, tuvieron delante de los ojos al declarar la samiento seamos nosotros, que nos ame exclusivaindependencia un dallar ó un ideal de libertad y de mente, que sólo de nosotros re(liba agasajos, á cuyo
derecho?
oído sólo hablen nuestros labios, y Ja mujer hermosa
vivti rodeada de la admiración de todos, envuelta en
el deseo de muchos, mareada por el amor de algunos.
De ahí para el marido una perpetua desazón, un estado de vaga inquietud y de indefinida angustia, que
no por no ser siempre justificado, deja de ser dolora-

�Domingo 13 de Agosto de 1899
EL MUNDO.

Domingo 13 de Agosto de 1899.

90

EL TSARVITCR JOUGE1 MUERTO RECIENTEMENTE.
EL NUEVO TSARVJTCR MIGUEL ALEXANDROWITCR.

so. De ahí que, admiradas, galanteadas y lisonjeadas,
las mujeres hermosas ac.Jaben por casa1se sólo con su
propia belleza.
.
No asilas feas. Lejos de exigir culto y veneración
prodigan dulzura y afabilidad.. Sienten que les es necesarla una dosis inmensa de virtud, de mansedumbre de docilidad y de benevolencia, para hacerse
am~r y preferir, y en general, derraman por donde
quiera bondad y ternura.
Sabedoras de que no les basta llegai- y ver para
vencer se proveen de todos los atr'lcti vos morales Y
se prócuran todas las seducciones intelectuales para
suplir la falta de encantos físicos. La hP,rmosa s~ cree
con derecho á ser ignorante y tonta, ~a fea se siente
obligada á ser inteligente é instruida; la hermosa
acepta nuestros homenajes como un deb~r nuestro,
la fea los recibe como un favor. Aquella, siempre dengosa y altanera, acaba por hacérsenos insoportabl_e;
ésta siempre afable y benévola, acaba por conqmstars~ toda nuestra simpatía.
y luego, la fea se conforma fácilmente co_n la posición mode2ta, con el aislamiento d~l munao, Cl'n la
reclusión en el hogar. No vienen á distraerla de sus
altos deberes de esposa y de madre, ni el inci~nso de
la adulación ni el aplauso de los extrai'los, y v1 ve contenta, resignada y feliz, al lado del esposo y cerca
de la cuna ce sus hijos.
.
La naturaleza, que parece inexorable _Y ~esp1~dada con las feas, ha sido en el fondo muencord1osa
con ellas no les ha dado el talle esbelto, el contorno
delicioso: la carne marmórea, la pupila de fuego, el
perfil griego, ni los labios de púrpura; pero en cam·
bio, les ha otorgado, á falta de 1~ del ?uerpo, la belleza del alma, la virtud, la intellgenc1a, la ternura
y la consagración irrevocable á su esposo y á sus
hijos.
DR. MANUEL FLORES.

EL EXPLORADOR

Snrn:s EN

El G:an t uque Jorge y el nuevo heredero
de la. o~rona. de Rusia..
La muerte del Gran Duque Jorge, acaecida en
Abas-Touman el 10 de Julio último, hace ascender
á la categoría de príncipe her~dero al _Gran Duque
Miguel Alexandrovitch, herman~ de Nicolás II_y el
cuarto de los cinco hijos de A.leJandro lIL Miguel
Alexandrovitch fué proclamado mayor de edad en
Mayo último y promovido al grado de ayudante de
campo del Tsar.
El nuevo tsarvitch terminó el afio pasado sus estudios en la Escuela de Artillería de Peter~burgo, Y CO·
mo Re diQe de ~odos los príncipes, dió pruebas de su
aptitud científica. ·
Al salir de la escuela se le nombró comandante de
la 2 ~ Brigada de Artillería é inspector de los trabajos de fortificación en las provincias del Noroeste.
Es de carácter raflexivo y de espíritu observado~;
ha viajado mucho por Rusia, aplicándose al estud10
de las condiciones económicas y de las costumbres del
vasto imperio, cuya corona está destinado á llevar.
ElMensaje:ro Oficial de San Petersburgo publi_có el
ukase imperial, proclamando al Gran D~_que M1gu~l
heredero del soberano, si no nace un hJJO del matrimonio del Emperador Nicolás II.

En Ja parte anterior y superior hay un ligero cafl6n
Maxim, dispuesto de tal manera que puede disparar.
se en cualquiera dirección y sea cual fuere la velool•
dad con que camine el vehículo, sobre el cual caben
mil proyectiles.
Mr. t:,imms ha inventado también otro motor con
dos caiiones montados en sendas torres giratorias 7
con una poderosa lámpara eléctrica de proyección.
El 1:explorador&gt; exhibido en Richmond dió adml.
rables resultados en las diversas pruebas á que se le
sometió, operando el mismo inventor en terrenos lla.
nos y quebrados.
Según los periódicos ingleses, se cree que el inven•
to de Mr. Simms será muy especialmente aplicable ,
la exploración en las campañas e,oloniales.

LA DANZA DEL OSO.

La más re:ióndita entre las raíces de mi corazón ea
una profunda raíz de simpatfa. por Maese Bru-no, el
buen catador de colmenas.
Siempre sentí vivir en mi esta raicilla, en la parte
inferior del corazón, más bien a la izquierda que á la
derecha., mucho antes de comprender cómo de ella
arrancaban ::.:iis sentimienentos poéticos y mis ideal
evolucionistas.
EL EXPLORA.DOR SlMMS.
::;e comprende que habiéndome dejado llevar tan•
tos años de esta inclinación, me sea imposible olr t,o.
.En la exposición de Rich~oad, luglate~ra, se pre- davla que danza un oso por la ciudad sin correr al
sentó recientemente un veh1culo automóvil ametra. punto á mezclarme en medio de la calle con los ma•
chos lilósofosy poetas que no estiman tal espectáculo
llador inventad..) por Mr. Frederick Simms.
Este vehículo, llamado carro-el! p_lorador, tiene una indio-no de abandonar por él casa, familia .... en aa•
fuerza motriz de un caballo y medio, con la que pue- ma, Jas aten .:iones todas de la vida.
Esto es natural; no lo es tanto que mi destino, pade moverse en caso necesario á razón de diez y ocho
ra alimentar mi simpatía y llevarme-por ella á una
millas por hora.
iluminación interior de que hablaré en seguida, haya
puesto en mis manos de cuando en cuando alguna
libros de poetas en los que la bondadoso y potent,
figura del gran plantígrado se mostraba á mis oJ«a
con su mag;:iética y triste mirada.
l\iostróseme primero en la amplitud épica y serena
de Goethe, el oso verdadero, el simplicísimoBlaunbarlado cruelmente por Reineke el Zorro, cuando destrozadas las orejas, el hocico y las uñas de sus garras 81
la henctid•tra de un tronco de árbol, acosado por vl•
llanos con pa1os, ciego por el dolor, corre alocado,
arroja al río y todos se arrojan á pescarle.
Más tarde, enrra!\cado coa delicia en la selva m6gic1 de los cantos de Reine, hallé entre los abetol
Atta Troll, el oso romántico, y á F,·ariz Mulme, su
nerable esposa. Atta Troll me fascinó y me pertur
juntamente. En nada se parece á Blaun; es una
tia sobrenatural, una idea de poeta hecha oso; b
en él algo de humano. Atta 1'roll habla en verso,
que prueba que no es del todo un ser racional, ao
que pudiera llegar á serlo; en suma, este animal
ti ~o inspiróme una vaga sospecha de relación post
entre el hombre y el oso.
En los días mejores de mi juventud hice ~mi
con uno de los más exquisitos y delicados art1staS
Francia, con Meri mée, y él me presentó el oso mis
co (Lochis), el oso de pasiones supraosunas, que a
blciona confundirse con la especie humana.
sorprende en la espe11ura de su sel va á una cond
cazadora, á escape la arrebata, y, menos bestia 4
Atta Troll, se guarda de hablarla en verso; la herm
señora torna después á su castillo: no lleva un
aral'i.azo, pero ha per,óido la razón, y da á lul
ser ambiguo, hermoso é inteligente, de lnstlD

.EL MOMENTO DE LANZAR UN PROYECTIL.

,sanguinarios, pero de la sangre
más juvenil, más pura, más dulce. Se casa, y la noche de bodas, en un ac~so de furor, destroza á mordiscos la carne de su
fresca esposa.
La emperatriz Eugenia y sus
damas no entendieron este relato enigmátir.o cuando l\ierimée
se lo leía; por mi parte me pareció siempre injusto con los osos;
pero la idea de afinidad entre las
dos especie!'. labraba ocultamente en mi ánimo. Pocos años hace
que me dí á estudiar los orígenes
-0e las especies animales inferiores, y me convencí de que todas
proceden poco á poco de un común origen y q uc el hombre mismo, el último en aparecer, es carne de su carne; persuadfme de
nuestro parentesco con todas
~!las, y ballé en el corazón humano vestigio:s de toda la bestialidad existente en la tierra,
~n las aguas y en el aire. A un
no babia pensado en estudiar las
afinidades morales del oso con el
l1ombre, cuando conocí las obras
i!e Ibsen. l bsen, en sus originales dramas, es autor que me
agrada, aunque no lo admiro;
pero la obra suya preferida por
mi es una novela en que revela
~l arte pedagógico de los domadores de osos, el métodasorprendente de enseñar la danza á Mae.
..se B,-uno. Se coge (dice Ibsen en
-su inspirada poesía) una caldera
grande, se coloca boca abajo cubriendo un granfuego; en seguido se bacf- subir al oso sobre ella
y se Je encadena tan corto que
de ningún modo pueda bajar: al
mlEmo tiempo se toca en •P.l or.ganillo una pieza cualquiera;
-cuando la pieza se concluye se
repi te una y oLra vez, mientras
la caldera se calienta; el c,so, in-quieto, levanta una pata, la baj a, levanta otra, después la ter-

91

EL MUNDO.

MEXICO

MODERNO.

ÜAS.-\ DEL Stt. IGNACIO ÜAPETILLO.-ÜALLE DE ROSALES.

f

ÜAÚ DEL

Sn.

GENEJL\L DON PEDRO R1:--co:- ÜALLAHDO. - CALLE DE LA P.ENITENCIAR~.A.

cera y al fin la cuarta; la caldera quema, el oso brin•
ca y baila, y el organillo sigue tocando; cuando se
hace bajar al oso de la caldera, su educación ha terminado y el organillo calla; durante toda su vida no
oirá tocar una sola vez aquella pieza sin ponerse á
bailar inmediatamente; seria inútil explicarle que
tiene las patas sobre las piedras de la calleó sobre la
hierba, ó acaso sobre la nieve; mientras oiga aquella
música el oso bailará siempre.
Esta poesía iluminó mi alma con maravillosa luz·
vi la prueba inefable de una afinidad oculta entre ei
oso y el hombre, y descubrí el secreto de la conducta
de otro modo incomprensible, de muchas personas(
sucede, en efecto, á mucha gente y de la más distinguida, que se turba y se agita al so11ido de ciertas
palabras indiferentes, sin que pueda comprender la
razón. Si admitimos que existe en la humanidad una
m·ezcla de oso, nos explicaremos que el recuerdo de
algún disgusto, de ;::.lgún odio, de algún dolor relacionado C8D esa palabra, el recuerdo, en fin, de alguna cald~ra candente, !PS obliga á bailar.
En una ocasión daba yo una conferencia en NápoJes sobre el origen del hombre, y sólo al oír nombrar
á Darwin y al mono, algunos osos á quienes seguramente había atemorizado el nombre del darwinismo
materiotlista, comenzaron á bailar en la sala. Repetí
en Milán la misma conferencia, y sólo al oírme hablar de la Biblia y la Iglesia, otros osos, que tenían
la memoria llena de tiranías antig-uas. de autos de
fe y excomuniones, bailaron también furiosamente.
Los o~os que bailan al nombre de la ciencia como los
osos que bailan al nombre de la religión, son los más
comunes y se hallan á cada paso; es locura pretender
aq aietarlos y peo irles que escuchen y razonen: se
acuerdan de su caldera, y bailan.
Exh;te otra gran cantidad de osos que no pueden
oír ciertos nombres sin ponerse á bailar, por el recuerdo de alguna antigua quemadura; conocí á un
literato que habiéndose asustado en su juventud de
no sé cual metáfora estrambótica de Victor IIugo
no quiso volverá leer ni una línea más del gran poe~
ta, y si oía su nol1'.lbre, bailaba. Otros muchos padecieron en los bancos del colegio con Horacio y Ovidio, y basta hablarles de estudios clásicos para que empieCPD á bailar. Pa:a terminar: á cuantos observen
el espíritu humano les aconsejo que enciendan su luz
en este fueg-o ofrecido por Ibsen, y con ella recorran
el mundo. No va:iilo en afirmar que la mayor parte
de las opiniones y de los sentimientos humanos tienen más fundamento en la caldera que en la razón·
injusto será el que culpe al hombre: la culpa es de J~
bestia.
ÁNTONIO FOGAZZARO.

��94

Domingo 1 :l de. Agosto de 1899.·

EL MUNDO.

Dommgo 13 de Agosto de 1899.

NOVEDADES CIENTIFICAS.
Los cuerpos opacos! He aquí una gran mentira de
la ciencia. Aunque bien mirado, el culpable de la
mentira 'lO es la. ciencia augusta, sino el hombre su
sacerdote, el cual, como todos los sacer iotes de todos
los dioses, atribuye·á éstos sus propios errores y sus
incurables debilidades.
En efecW, la ciencia. es la obra colectiva del hombre á través de los tiempos y de las generaciones. (Jn
principio científü.:o es el resumen de muchas observaciones y de repetidos experimentos.
El oriaen de mucb.os de los artículos de fé de la
ciencia, fué una observación absolutamente casual y
por ende empirica; la observación se 1epitió por otros
muchos hombres, se hicieron experimentos, se provocó el fenómeno para cumpronar bien las causas. y por
fin, como fruto de todo ese trabajo, se dedujo y estableció una ley que pasa á la posteridad con el cará'.:ter de verdad absoluta é indiscutible.
Pér0 en el origen de la. mayor parte de los teoremas aceptado,¡ como axiomas cientíticos, hay un vicio innato que los hombres debia.mos tener siempre
prei-ente; algo que viene á ser como el famoso peca.do nriginal de las leyes del saber.
VeaU1os por qué. Si los medios de percepción de
que dispone el hombre fuesen perrectos. es claro que
las observaciones y juicios becb.os con aquéllos serían

DisJ)Osltlvo para ver sin lotoirrafiar!os, objetos al través de cuerpos
opacos mediante la luz ,iegra. La placa eu que se proyecta la llave,
es de sulfuro de zinc.

indiscutibles. 8i el hombre pudiese ver, oír y tocar,
todo lo que es visible, sonoro y palpable y tal como
es en sí, sus apreciaciones serian verdaderas; pero
nuestros órganos de -percepción tienen lamentables
debilidades: la mengua.da fuerza de que están rlotados, apenas les permite darse cuenta de una serie de
hechos muy reducida en la inconmensurable escala
de los fenómenos naturales.
Por eso una de las más hermosas conquistas del
saber humano, es la parodia en acción de la enorme
frase del filósofo heleno: «Sólo sé que no sé nada.&gt;
Ahora ya sabe el hombre que no sabia nada y que
sus :1entidos aplicados á la observación de la Natura. leza tan sólo le servian para engañarlo miserable•
me~te. Y porque sabe esta verdad tan interesante,
refuerza su ojo con el telescopio, y con el microscopio,
y con el espectrof-copio para suplir sus deficiencias
ópt,icas; con la ~otografía y _la electrh:id~d para remediar las incapacidades químicas de la retma.
Esto por lo que toca únicamente al capítulo de la
vista la cual siempre se nos había impuesto como el
órgano que más complet,a noción nos daba de las cosas. De los demás órganos perceptivos, ya nadie tiene fe en ellos; hace tiempo están convictos de mendacidad Incorregible.
y de aquí las innumerables sorpresas de la nueva
ciencia, permítaseme la frase, porque, en efec~o, nueva es la ciencia desde sus fundamentos á medida que
van siendo rectificados los errores de percepción que
hasta ba,~,poco tiempo la informaban, sucediéndoles
los descubrimientc.s más cercanos á la verdad que los
nuevos elementos de observación realizan.
Por ejemplo, apenas hay muchacho de escuela que
ignore la clásica di visión de los cuerpos en opacos,
translúcidos y transparentes; cualquier catedrático
de física puede hacer una brillante demostración
de este canon científico basta ayer inviolado. Pues
bien, ese catediático ensella un error y demuestra
una mentira, sencillamente porque no bay cuerpos opacos ni translúcidos; todos son transparentes,
así, cnmosuena.
El Profesor Roetgen dió el grito de alarma y despertó las sospechas del mundo científico desde que
evidenció la transparencia de varios cuerpos tenid,JR
por modelos de op:1cidad y que sin embargo se dejan
atravesar buena y fácilmente por los rayos X.
y el fenómeno fué muy humano: cualquiera cree
en la honorabilidad de una persona, y le prodiga
consideraciones y le presta su fe; pero brota ~-a sospecha y adiós honorabilidad.

95

EL MUNDO

ORBALEJA.
-NOVEL.A.-

I

ntspositivo empleado para hacer fotograUas con la luo negra al través de cuerpos opacos. La lámpara de petroleo estl't_ encerrada en
una caja je cartón negro; el objeto que se va li foto:raf•ar, estl't contenido.dentro de una caj_a de mad_era, piedra 6 ebomta; la Mmara
fotográfica es como todas, teniendo únicamente una placa de sulfuro de zmc en vez de vidrio despuhdo. Para fiJar la Imagen obien!da
se pone esta placa en contacto con otra común de bromuro de plata, la que se trata por 103 procedimientos usua les.
- -""

Por eso es malo vivir de prestado, y esto le pasó al
principio susodicho de la opacidad de los cuerpos; vivía eng-añáudonos y usurpando un n speto que no se
merecía, basta que hu·bo quien le alzara la careta.
Ahora, según pueden ver nuestros lectores en los
grabados adjuntos, una humilde lámpara de petróleo
es capaz de atravesar cuerpos tan aparentementL opacos como una 1lave de acero.
El Dr. Le Bon. sabio físico francés, púsose á estudiar Ju que de pronto llamó la luz rtegra, pero que en
realidad no es sino el mismo y único fenómeno conocido con el nombre de luz; mucb.osexperimentos posteriores lo han demostrado así.
Mediante la fotografía y oper~nc'lo con placas de
especial sensibilidad, el Dr. Le Bon ba po'iido comprobar 110!1 hechos, á saber: que Jo~ cuerpos ti~nen la
propiedad de absorber y conservar una cantidad de
la luz que reflejaron, á la que llamó luz residual. De
aquí parece deducirse otra interesante conclm,ión y
es, que la luz constiLUye un cuerpo distinto y determinado, y no es solamente un fenómeno t,ransitorio
que se produce en los cuerpos, ó un estado de ésto-,
como se ha creído. Esto no es1 á demostrado tofavía.
El segundo hecho es que todos los cuerp(!S _son
transnarentes y se dejan atravesar por cualquiera
fuent~ luminosa, necesltándrn;e tan sólo de la reunión
de ciertas circunstancias ó de la sensibilidad superior
de la placa fotográfica para ad vertido.

*

*
Decididamente el sabiv* &lt;:vunomista
Mal1 hus vló Vi•
siones cuando lanzó su terronfica predicción anunciando que iban á sobrar hombres sobre la tierra.
Nada de eso sucede basta ahora, por el contrario,
faltan bomhrrs, y si no, que Jo digan esos sutiles é
ingeniosos inventores de apara.tus como los que representan nuestros grabarlos.
El principio funda.mental de esos aparatos, es la
substitución del mecanismo animado que se llama
hombre, por un mecanismo merte que desempefle
ciertas funciones del borobr~.
Teniendo en cuenta que los anglo-sajones, primeros inventore" de estos mecanismo~, nada hacen por
simple diversión, sino que todos sus a,·tos tienen pvr

primer causa el utilitarismo, lo (miro que se puede
creer es que para suplir la falta de hombres han discurrido los mecanismos que con más honradez que un
hombre, se encargan de vender desde cigarros y periód icos basta alimentos y timbres postales.
Existen cocinero,;, cantineros, papeleros, limpiabotas, floristas y músicos, tocios automátiros, pero no
ambulantes por desgracia.. ()uando alguien quiere
comprar un periódico, ad ornarse el ojal con una flor,
belwrse un bock de cerveza. oír un desdichado trozo
de música ó enviar un recado por el correo urbano,
s&lt;&gt; va adonde está uno de estos sup~-e-hombres y le
echa por la boca, ó su equivalente, una moneda, y
queda servido.
Pero ¿es siempre moneda lo qué recibe el hombre
automático? He aquí el busilis. Según dicen los Industriosos europeos dueños de estos aparatos, aun los
de la rígida y exacta Inglaterra, al hacer la colecta ó
sea al t omarles las cuentas á estos vendedores de metal y madera, resulta que se dejaron engaliar como
unos chinos por los compradores poco escrupulosos.
Como el pobre aparato no tiene nociones sobre las
monedas de curso lega.l vigente, ni sobre las falsilica•
cinnes, resulta que ~ólo se atiene al peso de lo que recibe para entregar la mercancía.
Y por una moneda de buen peso y calidad, acepta
nueve botones, discos de plomo, troz·&gt;s de metal y
basta municiones pequeñas, y mil basuras pesadas
que constituyen una pesada broma para el negociante.
Cierto que para el comprador serio, honrado y que
va de prisa, es una gran ventaja tratar con un dependiente que no habla, ni se demora en servir; pero por
un parroquiano de estos, ¡cuántos ha.y que se acerca n
al a.narato con la deliberada iotención de pegarle uo
timol
1&lt;..n México por ejemplo, figurémonos un aparato
automático expendedor de .... café, puesto á lamadrugada en cualquiera esquina y abandonado á ~u
propia vigilancia. Es seg-uro que cuando el dUt•iio
fuera á recoger el produ,;to de la venta, no solo no lo
bailaría, sino que encontraría el aparato destruido.
R~sueltamente, faltan hombres.

Nota Importante.

Era una llanura gris y escueta, sin árboles, sin
!inf11s, barrida siempre por vientos furiosos pero
que en el estío se cubría con un manto de oro,
,cuándo el sol de Junio maduraba los trigales.
Unas cuantas casas, pobres caballas, se alza.
ban en aquel desierto. Este humilde caserío se
llamaba Orbaleja, y eran llanura y casas propie•
dad del seilor Vulfrán, un caballero muy rico á
,quien allí nadie conocía, y que sólo se acordaba
del pobre sembrado una vez al ailo, después de
la siega, cuan.lo Pascual el viejo mayordomo,
-rendía cuentas de la cosecha en extensa carta y
pedía órdenes para la venta del gra.no.
Dominando los rú ,ticos techos y algo aoartado
de la plebeya chusma como un gran seilor, er•
.gnfase un antiguo caserón de dos pisüs; era la casa principal. Sobre su fachada se veía labrado un
escudo de armas y en su cú,pide, como una ensena, una cruz de piedra abría sus brazos al cie•
lo y al desierto; los muros ennegrecidos, las puertas herrumbrosas y los patios cubiertos de yerba,
.atestiguaban un largo abandon0.
Una fría tarde de invierno un coche pequefio
tirado p.:r un caballo se detuvo frente A la soli·taria casa, y los maravillados vecinos de Orbaleja vieron descender del vehículo A un caballero
y A una joven.

Te!éfono automfltlco. Funciona dutame cl•rto ti•mpo Introduciendo una
m , 11Lda en la llberturacorrespondlell!e.

en esclavo del niiio voluntarioso y mimado. A
fuerza de ver á su padre erigido en soil.ar absoluto de cuanto le rodeaba, llegó á persul\dirse de
que llanura.,casas y labriegos le pertenecían; y
como para él la tierra no se extendía más allá de
la lejana cadena de montanas que cerraba el va•
lle, ni reconocía bajo el cielo otra autoridad que
la complaciente y suavísima de su padre, convir•
tióse en tirano de aquel pequello feudo. Habíase
criado en la holganza; de nilio echado á la sombra del úoico arbol que crecía frente á la casa
paterna, de joven requebrando á las moz11s, dil?'•
Dándose de vez en cuando empuilar el arado tras
la perezosa yunta que abría el surco ó bien regresando de la siega en las tibias noches de Ju·
lío á la luz de las primeras estrellas, tendido so-

bre el carro rebosante de espigas que se balance.aba al compá~ de los tristes cantos de los se•
gadores. Jamlis Pascual le exigió el menor trabajo; aprendió á leer y algo á éscribir por flU propio impulso, y pasábase A veces los días como un
fakir sentado sobre el suelo, absorto y mudo.
Cuando Julilin vió llegará aquel joven de barba negra, alto, esbelto, alegre, vestido como un
príncipe y Aaquella dama de 0jos azules, blanca,
gallarda, triunral, sintió un aplanamiento, unl\
conmoción inexplicables. ¿C,mque él no era el
amo? ¿El seilor, el duefl.o, era aque! caballero á
quien su padre, Pascual, llamaba respetuosamente don Jorge? ;,Conque la llanura, los trigales,
todo era del intruso, del usurpador que no contento aún, poseía aquella hermosa mujer blanca
como la leche, rubia como las espigas maduras,

de ojos azules y profllndos como el cielo y labios

Pascual, sombrero en mano, recibió á los via- pa, más despejada y mfls limpia de Orbaleja pa•
jeros y, sonriendo amablemente, abrió de golpe ra compai'\ía de esta sefl.ora.
la puerta de entrada.
II
La pareja penetró á la casa enlazada del brazo, ri~ndo con esa risa argentina y ruid.o sa de
Pascual era un viejo de sesenta ailos, de bigote
los vemte ailos, y precedidos de Pascual subieron cano y espeso, recortado militarmente, alto, fuerla espaciosa escalera ,·omo colegiales escapados. te y seco. Hacía treinta anos que vivía en aquel
-No me n egarás, decía el caballero dirigién- retiro encargado por el seilor Vulfrán de l,1 ad•
dose A su compailera y seilalando la silenciosa ministración de la finca que producía poco en
m?rada y el campo mustio y escueto que se do- verdad, pero lo bastante para que el mayordomo
minaba desde el alto corredor, que esto es un ver• viera de afio en ailo alzarse y crecer una relu•
~ader? retiro, un nido de invierno, Fin bosques, ciente montafia de duros, allá en el fondo místeBJD páJaros, sin fuentes, pero á miles de millares
rioso de un arcón antiguo. Habü sido soldado y
de leguas, del mundo habitado. Estamos en Mar- ostentaba una honrosa cicatriz en el carrillo iz•
te, en el supuesto de~e Marte sea un pobre pá· quierdo, -acuerdo del sable de un dragón fran"l'amo.
cés. Era viudo y tenía un hijo, un mozo de veinLa joven alborozada recorría la casa en pos de tiseis anos, raquítico y pálido.
Pascual. ~esistianse y gemían puertas y venta·
Julián se llamaba el mozo; pobre muchacho ennas a~ abrirse, y el solinundaba los aposentos des- fermo á quien Pa.cual adoraba. Era Julián alto,
coloridos y húmedos y los antiguos muebles des- moreno, delgado como una cafl.a, ojos negros, la•
lustrados Y cubiertos de polvo.
bios gruesos sin asomo de barba, el cabello cresLa casa era extensa, severa y fría como un po y abundante y 1a nariz 11bultada y sensual.
·convento, sucedíanse las habitaciones en seriein- Había nacido en aquel desierto que era su impe•
te rmmable;
·
decoraban sus paredes retratos de an- rio; allí mandaba despóticamente, y hasta la vu•
talio Y lienzos borrosos representando escenas luntad de hierro d~l seilor Pascual, cejaba y
·campestres y martirios de santos, las alfombras doblábase ante la suya, convirtiéndose el vie;o
0

Concluida la edidón de
Los TRES itosQUETERos, preparamos la publicación d~
varias obras, superiores, s1
cabe, á la publicada.
En el próximo número dareinos á conocer 'todas las
reforrnas que desde luego
Yamos á introducir en este
~emanario.

estaban destruidas, y sólo resistían en aquel combate con el tiempo y el abandono los enormes
armarios de roble_y los sitiales de brazos tallados.
-No esper aba, decía el viejo Pascual, ld. veni•
da del seiior. y como el amo hace mil anos aue
no nos visita, no es extrano que la casa esté
abandonada.
. -Mi padre, contestó el caballero, h11ciendo un
signo _de inteligencia á su compsilera que sonrió
r?bo~izándose, ignora mi venida, y es ir.útil que
tu, m1 buen Pd.scual. le des 11 viso. Venimos de incógnito á vivir con ustedes, á labrar la tierra, á
cazar, A pescar; Martll, esta dama, ordefl.ará. las
vacas y cultivará el huerto, yo ..... .
-Me permito decir, interrumpió Pascual. que
aquí no tenemos caza, ni ríos, ni huer~o, ni vacas ....
- ¡No importa! exclamó el caballero riendo, nos
pasaremos los días contemplando la llanura que
también tiene sus encantos; veremos ponerse el
sol allatras de aquellas lejanisimas cumbres, y por
las noches nos dará música el viento. En suma,
seremos poco exigentes. Por ahora sólo nece~ita•
mos aquí mucha luz y mucho aire para que estas viejas paredes pierdan ese color de tumbl.
Haré venir un buen cocinero, tenemos por fortuna una estación de ferrocarril pr óxima, y tú Pascual, te encorgarás de traernos la moza más gua•

rojos eomola sangre de las vifl.as? ¿Por qué aquella h~mbra no era suya? ¿Por qué él ¡miserable!
no podía hundir sus labios en aquellas carnes albean tes? Y Julián i;,intió impulsos de rebelarse,
de insu:tar al poseedor feliz de aquel tesoro. Vió•
se humillado como el caballo salvaje que siente
por vez primera el látigo del domador.
Con la frente inclinada y el ceilo contraído
escuchó A su padre que refería, no muy satisfe:
cho, A los mozos de labranza, que aquel joven
era el amo, el verdadero amo, el hijo del seil.or
Vulfrán; que el tal joven habfa llegado como llovido del cielo, aeompallado de la hermosa dama
que parecía ser su .. •. amiga; que le había prohi•
bido dar aviso de su lleg11da al padre, y que él,
Pascual, barruntab'.l en todo aquello cierto em•
brollo de fuga, de misterios ydt&gt; enredo an¡oroso.
J .iliAn bien sabía esto; había viste, un brazo
desnudo, blanco y pulido correr discretamente
las cortinas de la alcoba .... y había sorprendido
miradas y besos furtivos, como sólo se mira, como sólo se besa el fruto prohibido!

III
La primera noche que Jorge y Marta paJaron
en el viejo caserón de Orbaleja, sintieron una alegría loca, casi infantil. Por fin estaban solos libres como marido y mujer! Allí vivirían siem~re
juntos y felices olvidados de todos .... ¡Qué hermosa era la vida! ¡qué pintoresco el valle! ¡qué
alegre la casa, y qué buenos el mayordomo y su
hijo!
Y Jorge oprimía sobre su pecho A Marta y la
cubría de besos. No era su esposa pero ¡qué importaba! la conoció inocente, la amó y la unió á &amp;U
desti.oo. El era rico, brillante, instruido; había tenido amores, aventuras y duelos; ella era una pobre
muchacha hermosa y casta, conoció á Jorge y se
entregó sin vacilaciones, le amó desde el primer
mom~nto, sintióse faecin,ada, vencida por aquella mirada noble, amorosa y leal; no le pidió que
1~ hiciera su esposa, sino que la amase mucho y
siempre.
Sólo hacía cua·ro meses que se conocían. Al

�Domingo 13 de Agosto de 1899

EL MUNDO.

tl6

principio viéronle sólo de noche, después Jorge
olvidó un poco los nPgocios de su casa, el club,
los caballos y los amig-cs, y pasábase _1 as horas
al l11do de s'.! amada. Por fin fuéronle rnsopo.. t,.bles los momentos sin verla; entonees se acordó de
que el st:llor Vulfrán po11eía allá, en apartadísima
comarca unas; fanegas de tierra de labor, Y en
ellas un¡ casa vetusta herencia de su abuelo. Allí
se irían como una pareja de
palomas en busca de la soledad; estarían siempre j~ntos,
-pasearían del brazo b~Jo los
r.tyos del sol y no temerían miradas extra:llas.
Marta 11c.:gió el proyecto /
con entu.siasmo; le parecía una
rehabilitación. Ella, que en 1
medio de su dicha no podía )
olvidar que aquel hombre no
era su marido, que la vi,-itaba
furtivame..:.te, que en público
aparentaba no conocerla, vivir
á su lado, merecer el respeto
delas sencillasg-entesdel campo .... ¡qué felicidad!
Jorge improvisó un viaje.
El se:llor Vulfrán • sonrió con
indulgencia, y sólo dijo á su
hijo al despedirle frente á la gran mesa de su
despacho: Lleva, hijo mío, fondos sobr1tdos. dame no1ici1ts tuyas, diviértete mucho y fastídiate
pronto; tienes ya treinta a:llos, aprovecha el
tiempo.
Y así Iué como Jorge y Marta llegaron de improviso, causando el asombro de los orbalejanos.

Desde el b11.lcón Marta le siguió con los ojos empanados por laa
.
h t perderse el eoche entre el blanco polvo de la carre.
ll'IKnmS~s, .óas ªtonces que los sollozos la ahogaban; parecióle que
t ern mtl en
d
.
. . "bl
e ent:m1gos mv1si ea;
¡¡J.¡• ·quf' d a b a sola , abandonaba • á merced
quiso gritar, llamarle y exclamó:
-¡Jorge!
,d
-SP:llmita Marta, pronunció una voz A su espa. a.
_ Marta se vol,ió sorprendida.
.
Julián, de pie, inclinado con la humildad de un can, estaba allL

VI

\

IV
La antigua casa de Orbaleja habíase remozado
al cabo de ocho días. Jaulas con canarios y tiestos con flores a legraban los rostros marchitos de
damas, caballeros y mártires allí colgados en
marcos enn6gr ecidos; los muebles relucientes y
limpios ostentaban al sol sus mustios tapices; la
cama monumental albeaba bajo sus vaporosas
colgaduras, y en los corrales, desembarazados de
yerba, mugía una hermosa vaca y alborotaba una
tropa de gallinas precedida triunfalmente por un
soberbio gallo de encendida cresta,

Jl,
;
•
,,

L. .,-

7:r-:,,,.,..,.,.

__,. . -

----

- ~ - · -~

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'.h.

¡Y el autor de tales maravillas era, én partf', el
hura:llo Julil\n! Lo&lt;J deseos de Marta eran adivinados por él, y eabalgando en el caballf'jo de su
padre, sacudiendo su pereza ingénita, sacó, no
sabíase de dónde, jaulas y t:estos floridos. Había
llegado á ser el inseparable de Jorge y Marta.
Adusto y frío para el primero, soportaba en cam·
bio las exigencias y caprichos de la joven.
Sólo que Marta recibía siempre con frialdad
los servicios y atenciones de J ulián; inspirábale
aversión su figura desmafl.ada y torpe, parecíale
necio y cobarde; ridiculizaba su gesto doloroso
de enfermo y burlábase de su completa ignorancia.
Jorge intentó suavizar aquellas asperezas, compadecido del pobre mozo por quien sentía esa
simpatía bondadosa de las almas felices; pero
Julián, que aceptaba las impertinencias agre~iv11.s de la hembra, rechazaba en silencio, herido
vivamente, la piedad del hombre.

V
Habían transcurrido dos meses desde la llegada de Jorge y el joven comenzaba á notar con
inquietud, que Marta, m 'Dos alegre que los primeros días, tenía momentos de pasajero mal humor. Una noche resolvióse á interrogarla.
-Vamos, querida, confiesa que comienza á
fastidi11.rte un poco nuestra Orbalfja.
:uarta sob~esaltóse.
-Te enga:llas, replicó con viveza, mi único temor es que tú no soportes este género de vida,
que nuestra felicidad tenga fin ....
-No, tontica, contigo viviría yo en el último

rincón del mundo. No te ocultRré que algo m~
inquieta el natur al cuidado de mi padre por m1
ausencia; pero, si tú lo apruebas, todo se puede
conciliar. Te pido sólo ocho días y volv ... ré para
no separarme de tí. Mira, tengo grandes proyectos sob•e Orbaleja, que neceüto consul_tar co~ el
senor Vnlfrán. Deseo convertir esta finca miserable,improductiva casi, en una gran explotación
agrícola. He estudiado el caso. Entonc~s ya t~ndrá un ohjeto aceptable mi permanencia aqu1 A
tu lado. Traeré ingenieros, un administrador inteligente en lugar de ese solapado de Pascual,
haré construir una hermosa casa moderna, un
verdadero chalet, y la vida, el movimiento, la lucha sucederán á esta inaeción estúpida. Verás
có~o al contacto de una varilla mágica, tramformo este desierto árido y triste, rdugio de las divinidades campesin1ts, en cultivada campifi.a cubierta de árboles frutales, cruzada por rieles.
Verás cómo empano ese azul sereno del cielo con
el h•1mo de las fábricas y cómo despierto el eco
dormido lle estas soled~des con el silbido de las
locomoto:-as, No; ¡no te rías! fl gran m11go que
efectuará este milagro, ayudado se eotiende por
el dinero del se:llor Vulfrán, será un río que corre no lejos de aquí, á unos cincuenta kilómetros,
y que yo haré venir, obediente como un esclavo,
á desposarse con las tierras vírgenes de Orbalej11.
Marta escuchó con interé1 los nroyectos de
Jorge.
-El único punto negro para mí, replicó, es esa
ausencia de ocho días. ¿Qué quieres que haJra
yo aquí" sola cor_, ese estúpido de Julián? Por lo
demás, ~omprendo que es necesaria tu partida
para ese. proyecto. Me resigno, pues; pero, ¡por
Dios! sólo ocho días te concedo.
Al día siguiente Jorge hacía enganchar el p(quP:ilo coche, y después de besar ardientemente
á Marta, que se abraz1.1ba llorondo á su cuello,
partió rumbo á la estación próxima del ferrocarril.

Sólo Pascual detestaba á Marta; llamAbala con malicia la seflo1·a. Y ernqueásuper&amp;picacia de palurdo no se ocnltabll. que J11lián, su hijo, eft:1ba enamorado de la joveo,
y que ésta sólo ter.fa pl\ra ~l p~br~ mozl),
desprecio y burlas. Al prmc1p10 mtentó,
contrariar á Julián cuitndo é,te recorrfa i
caballo los lugares veci11011 en busca de un.
pájaro y de un raw.o de f:ores. per o bieit
prÚnto comprE-ndió que su empe:llo era lr,(l.
til· el nilio mimado se rev, Jaba con toda
la 'energía de su voluntad jamás contraria•
da. Pc.cü le importaba que su i.:010 le pagafil en desdenes, bastábale que aceptase la
üfrenda, que ac1niciase con sus dedos puli•
dos como tl mar fil la cabecita de oro del
canario ó acercase á sus labios el man0jo de ela•
veles llevados por él amorosamente sobre su CO·
razón.
Julián se levant1tba en la~ noches calenturiento, y llegaba recatándose, sintiendo que el corazón Je goloea ba el pecbo frente al b1.Jcón de l&amp;
alcoba de Marta. Allí. con los 0jos fijos, con lat
manos cruzad11s como ante un altar, indiferente
á todo, abstrllído, pasa ha las horas nocturnas en
éxtasis, inmóvil, sonando con aquel cielo lejano,
con aqufllla aparición que surgill en las tinieblat
de su vida de enfermo como una aurora . .Recor,
daba entonces aquellos suefios sobre el carro hl'D•
chido de espigas en los tibios creoúsculvs de J u•
lio, y pare"-íale que desde entonces conocía á aquella mujPr; la ha_l&gt;ía vi!,to flotar blanca, indecisA,
vRporosa, coronada de estrellas, desnuda y t.ú•
l:.il .... le sonreía y tendíale los brazos. . . . Sentíase transformado. Ya Iio era el pobre JuliAn
desma:llado y torpe, sino el príncipe azul rubio y
hermoso, lleno de ingenio, valiente y amado . ..•
y la diosa bajaba de la nube y besaba sus la bios,
mientrlls él, á la luz de las constelaciones, entreclaridades arcRnas, le dirigía los m~drigales méatiernos como plegarias blancas. Otras veces sen•
tíase invadido por un miedo loco, inaudito, como
si r1,fllgas dP. hielo cruzaran su espalda, se im11•
ginaba que Jorge, el amo, sospethuía su amor,
su deseo, que iba A sorprenderle allí midiendocon los ojos la altura de las rejas como un ladrón. Y no, él no se sentía capaz de arrostrar la
mirada :racunda de Jorge, h11bí1 011cido sierro
y caería inerme bajo el gol pe implacable del ca•
ballero. Era cobarde; sentí11 las punzadas ardieo•
tes del deseo, de un deseo salvaje, imperioso,
mortal, pero á la vez tem'-.llaban sus carnes bajola mano ruda y fuerte alzada para el castigo.
Raquítico y débil, tímido como una mujer re•
chazaba en su mente con indignación los mimo,
de su padre; casi inspirábale odio el viejo sol~a•
do de manos encallecidas y testa plebeya. Decia•
be que él, Pascual, tenía la culpa de su pequeft_ez,
de su fealdad y de su cobardía; había nac1~0oruga, sólo que antes de la llegada de Jorge, slll
pumo de comparación, vivió enganado piadosa•
mente por las lisonjas paternas.
.
Y aquel temperamento sensusl y enfermizo,
vibraba conmovido al choque formidable de loaanhelos incipientes y voraces, martillando en sa.
debilidad v en su miseria.
Cuando ·Julián regresaba á su cuarto en la obS·
curidad, procurando no despertar á su padre, Y
se echaba sobre el lecho, febril y extenuado, sen•
tía la sensacion voluptuosa de quien esc11 pll d&amp;
un gran riesgo, le parecía qull había acudido ~
uoa peligrosa cita de amor y que Marta qued11b&amp;llorando en poder de su tirato, llorando pGr él,
Y esperaba con ansia tl nuev,) día para verla,
para oír su voz, para sufrir sus burlas, no tan
amargas, no tan dolorosas para el iufeliz mCJZ?,
como el gesto compasivo de Jorge, el soberbIOmacho atlético y hermoso.

VII
Una tarde Marta hallábase sola , sentada A la.
vera del camino, esperando descubrir el coch•
de J orge. La alta cerca q ue bordeaba la carre-

Domt_ngo 13 de Agosto de 1899.
tera la ocultaba de un grupo de trabajadores, en
cuyo centro el c11pataz, Pascual, refería algo que,
al parecer, divertía grandemente á sus oyentes,
v Mllrta escuchó . .Alusiones picantes y ag-udezas
torpes sal picaban su nombre entre risas brutales
de palurdos.
De improviso apareció Julián . Estaba trémulo,
tPmblábanle los labios y.le fulgur11 ban los negros
ojos.
-¡Padre! gritó, cállese por su vida, que si no
fuera usted quien es .. . .
Y aquel raquítico erguíase colérico, casi hermoso, chispean.te la miradá y crispados los pu11.os.

P11scual se alarmó, crey6 por un momento que
A lanzársele,
- ¡Bien ! será como tú dices. Pero serénate; puede hacer te mal esto. En verdad, la sefl.ora . ...
digo, Mar ta, es muy buena. Era una broma
tot.lo .. .
Marta se levantó y alejóse, temiendo ser descubierta. Sentía impulsos de llorar, de marcharse
muy lejos. Debpué, de todo, aq11ella gente tenía
r11zón . . . . ¡Quién era ellal ¡la querida del amo!
¡una mujer sin nombre, una .. . se:llora de esas ...
'=omo decía Pascual! ¿Por qué había abandonado
su humilde lecho de virgen. blanco y burdo? ¡Ya
no volverían las alegres mailanas en que se lanzaba por la angosta escalera d ~1 tercer piso entre
las aclamaciones de los habitantes de aquella casa de vecindad que la adoraban, pRra lleg11r sl
taller ruidoso siempre! ¡Con qué afán era esperado el d oming), la fiesta, con su sol radioso! ¡Pobres vestidos de percal, ahora desdenados por la
sed-t crujiente! Nadie la llamRba entonces la seflora; era Marta, la virgen, la hermosa, la mimad11 ....
Y la infeliz estalló en sollozos amargos .... D3
pronto se acgrdó de Julián y sintióse invadida
por gratitud pro!und_a , tierna casi . . ..
Y después de todo, ¿no habría sido mrjor. más
honrado, más noble, ser la esposa de aquel muchacho pobre y humíld~ que la idolatraba, y no
la querida de un libertino rico y apuesto? J ulián,
aquel resignado que e'.la flajelaba sin misericordia con sus burlas, la adoraría, la respetaría, sentiríase orgulloso de llevarla sobre sus hombros
como un esclavo y ella no bajaría la frente enrojecida.

rn hijo i ba

VIII
Al d ía siguiente regresó Jorge.
Cuando Marta corría á su encuentro, dispuesta
A estrecharle en su3 brazos, Jorge, que bajaba
del CLche, la detuvo con una mirada.
No venía solo, acompañábale un joven rubio,
simpático, de pequena t1statura, de ojos claros y
vivos y fino bigote retorcido. Vestía polainas
de cuero inglé3, sombrero de paJa de anchas alas,
pantalón obscuro ce:llido á la piurna y camis11 floja de seda.

r•

- T-i_presento, dijo Jorge dirigiéndose á M1trt11, ;\ m1 11n1iguo amigo y condiscípulo el ingeniero León Ricoy.
M1.1 rta se inclinó turbada sin acertar á. responder casi. Sintió la mirada de Ricoy clavarse en

EL MUNDO.

97

ella con impertinente fijeza, examinarla, abarcar- veas el prodigio. Un dique en el río y un caníll
la, medí.la, adivinarla con ese golpe de vista rá- que provea de riego estos campos es todo lo que
pido y seguro de los inteligentes. Creyó por un necesito.
momento, que la iba á. palpar como se acaricia el
-Hablando en serio-dijo el ingeniero - te dicuello fino y nervioso de un CAballo de r1tza, y ré que apruebo tus proyectos, pero desde distinto
una oleada de sangre le invadió el rostro. Sintió- punto de vista. Construye diques en buena hora,
se enrojecer, temblar; buscó en su auxilio los emprende en cultivos nuevos y emplea útiles
OJOS de Jorge . . .. y vió á éste sonriendo, satis- modernos, maa no pienses por tu vida en redifecho, aprobando, orgulloso de la admiración mir cautivos, sino sólo en tu provech0; en repletorpe que provocaba su querida .... Pero detrás, tar tu c11j-t sin cuidarte de la regeneración del laapartado del grupo, otro hombre, pálido de furor briego. ¡El labriPgo! ¡valiente animal! Para tal
impotente, azotaba co, la mirada al impertinente; empresa se necesitarían santos y conquist11dores;
temblábanle los descoloridos labios y oprimíase un milagro ó el exterminio. ¿I..o dudas? Pues melas manos prontas á alzarse. Era JuliAn.
parece que el muy honorable mayordomo y su
¡Oh! d él estuviera en lu~ar de Jorge, ¡cómo sa- hijo. siendo dos ejemplitres preciosos. Pascu11l,
bría c1tstigar 11y_uel ultraje! Ahora comprendía un viejo rapaz, que ha hecho su agosto abusan con toda cla, idad su: odioso puesto de amiga del do de la confianza del selior Vulfrán y que sería
se:llor. Era la cosa que mostraba su duelio á la feliz, te lo juro, si ma:llana pudiera asistir á tu
curiosidad pública. que se examina y analiza en- entierro. ¡Te digo que me inspiran más descontre picantes comentarios al aire libre, entre risas fianza los ojillos grises de ese hombre, agazapay equívocos.
dos b11jo el matorral hirsuto de las Ct'j'ls, que un
Marta huyó casi, Eintiendo que algo se desplo- f.isil asei:t&gt;1 do en una encrucijada... . .. . . 1 ¿Y
maba en ruinas allá en el fondo de su pecho .... su hijo? ¡V11ya una alhaja! perezoso, hirócrita y
¡Y lll imagen de Julián embellecida volvió á cobarde, no tiene siquiera las cualidades de su
surgir noble y triunfante!. ...
raza: el v11lor, I,1 fuerza y la sobriedad. He ob-¡Hol11! -exclamó el ingeniero cuando Marta servado que cuando tú le dirijes la pidabra, se
desapareció.-¿En qué mares se pescan estas encrje y amilana como un p~rro á quien se amaperlas?
ga con un látigc; mAs que un ed.:rm.:&gt; es un loco
algo extra:llo, un despecbado, ¡qué sé yo! áquien
receta, ía ducbas de agua fria y siete horas diaIX
rias de trabajo rudo b11jo el sol. En es11 cabeza
Pasaron varios días, Jorge seguía entusfasma- mal codormaña no pueden 11lbergarse pensado con su idea de empresa agrícola. Había en- ruientoa sanos. Estoy s ...guro.
- Eres implacable-co11testó Jorge.-En un
contrado en Ricoy un auxiliar inteligente y acti•
vo; antiguo camarada de co!Pgio, aprovechado pobre vie.io que se ha batido en sus mccedades
ingeniero y buen amigo, no vaciló en aceptar las valientemente por su patria, y que por su ignoproposiciones de Jorge.
rancia y falta de morid abusa después un poco
de su empleo, y en un pobre muchacho et f&lt;lrm::-,
León Ricoy era un espíritu cultivado, observa
dor y profundo; pero demasiado vehemente. Ha- te empeñas en descubrir un par de monstruos
bíanle bast1:1d0 tres eemanas de permauencia en abominables. ¡Querido León; eres el de siemprt!
Orbaleja, para medir y aquilatar con su rudeza Recuerdo tus odios de escuela. Pero basta: hablemos de trazos y niveles.
in¡z énita, á sus principales moradores.
Jorge era el de siempre, leal, confiado, g-eneroso, un pocJ pagado de sí mismo á fuerza de
X
oír el coro de lisonjas en su torno alzado (su paLa verdad, era que Jorge que al principio sólo
dre era millonario y él hijo único). Marta, una
hermosísima much cha, algo avergorzada de su buscó un pretexto en su idea para vivir al lado
posición, con rafagas de arr epentimiento, impre- de Marta, había acabado por apasionarse de tosiona ble y dul ..1e. En cuanto á Pascual y su. hijo, das veras de la empresa, á lo que contribu) ó no
eran para Ricoy dos seres completamente antipá- poco el se:llor Vulfrán, qúe dP. esta manera contrarrestaba, abriendo un nuevo ~ampo á la actiticos.
Un día, durante ll\ comida, Jorge habló de su vidad de su hijo, aquella pasión que comenzaba
á inquietArle. Le daba en Orbaleja ur,a riv11l á
empresa con bastante calor.
-Es un crimen, decía, permitir que las men- Marta, rivlil que vencería. Además, el seilor Vulguadlls corrientes de nuestros ríos se pierdan, frán conocía bien á Jorge; sabía que en medio de
mientras la tierra improductiva abrásese .,.or fal- su frivoliaad era inteligente, calculador y tenaz
y que el dinero en sus manos no correría it.f1 uc'.
ta de riego. ¡Y así nos lamentamos del atraso, de tuosamente.
la pobreza y de la debilidad füica de nuestro
En quhn encontró el proyecto un enemigo depueblo rural, que se conforma con espiar desde
cidido,
ciego y tenaz fué en Pascual. Comprenla puerta de ca:ilRs de su 11lbergue f1 paso de
dió
el
viPjo
mayordomo que los tiempos felices
lit nube que refresca el mustio sembr1tdol Pues
en
que
la
veuta
del trigo pagaba al arcón de robien: y o traeré el agua
ble com,iderable tributo, habían pasado, y agopor canales, eea agua
que hoy se desperdicia taba todo su ingenio en probar que los arados de
y que es un tesoro que acero montados sobre ruedas, los mot ores de vanadie aprovecha. Des- por, las balas de algodón y otras patrailas que
pués haré venir má- traía en la cabeza el seilor Jorge, no valían Jo que
quinas y herramientas un s1:1co de trigo sembrado por un par de buPyes.
Svbre el ing.,t.iero muy especialmer. t e fu lminamodernas de agrlcul ban
10s rayos de su cólt,ra, 11quel ca bailen te que
tura y nuestros labriela pretensión de resol ver todo por númc1 os
gos sentados cómoda- tenía
y signos.
mente bajo quitasoles,
Un suceso vino á dar al traste con h escaea
guiando la pareja de
cordura
de Pliscu1:1l y á acrecentar sus odios.
caballos, no volverán
Cierta
m1.1nana en que el vifjo capataz prediá hollar la tierra calcaba
en
grupo
de trab, jadores contra las teorías
cin11da empuliando la
maLcera del tomo ara- descabelladas del amo, que acab11rian por 11rruido primitivo. Enton- nar á todos, presentós.e de improviso el i11!{euieces tendremos c11mpe- ro y dirigiéndu~e á P¿¡scual:
-Usted obrama1,senor mío, dijo, provocando
sinos fuertes, bien nuel
descontento y la desconfianza entre esta g ente.
tridos, inteligentes y
Yo
bien Eé que usted trabaja por su propia cuenlimpios, y el periódico
ta,
pue~to
que le será más d,ficil tr11g11r sacos de
y el cepillo de dientes
harán su aparición mi- algodón que de trigo; pero, amigo mío, h11 y que
lagrosa en la caba:lla! tener paciencia, al fin se agota la ub1 e. 01 eo que
ahora mf'jor ha1 fa usted explicando en 6U cAtedra
- ¡Bravo!-exclamó q?-e el nuevo prayecto significa prJsp ridad y
Ricoy-Ya me figuro bienestar para todos: trabajo moderado y bien
tu campo modelo sur- retribuido, casas higiénicas, venti11.1das y 11legres
cado por discos de ace- en vez de esos cubiles de paja que más parecen
ro y veo tus colonos, refugio de fieras que moradas de hombres civilipulcros y pe1 fumados, con las manos blancas y zadoe; escuelas para los bijos, y médico y botica
tersas, d iscutiendo en cultas y bi'3n parladas ra- Y hasta un capellán para que en la hora rnpr ema
zones sobre malvaceas y gramíneas.
suban libres de c ..dpa las almas de Orbaleja. En-Búrlate si quieres, repuso Jorge jovial, mas sene usted que la fuerza ciega, inconsciente, anino descodio áe CO'ltemplar tu pa~mo cuando mal, no alcanza nur.ca lo que logra el esfuerzo
0

)

�EL MUNDO.

98
racional y metódico; que no basta escarbar el seno de la madre tierra como los topos, y que esas
máquinas, ruedas y palancas hijas de esos números y signos de que usted abomina, ahorran fati gas y sudores sin cuenta y multiplican la producción del suelo.
El in¡reniero alej.5se dej,rndo APascual humillado v colérico. En su cerebro rudo de antiguo
soldado, bullían confui;as i deas de venganza. El
mayordomo, acostumbrado A ser oído allí como
un oráculo, sentíase herido en su amor propio, y
veía descubierta su rapacidad. Todo lo perdía,
fortuna y respetabilidad.
XI
Jorge dedicaba menos tiP.mpo á Marta, absorto en cálculos y trazos. Salía con frecuencia á
caballo acompafiando á Ri,:o y, y hasta hizo nuevos viajes A la ciuctad para conferenciar con su
padre.
Sin embargo Marta no parecía contrariada por
aquel desvío. Escuchaba con indiferencia las discusiones subre malvaceas, arenas y arcillas y
aceptabaellugar secundario á que había descendido.
Ya no tenía para Ju\iAn palabras duras ni burlas sangritntas; tratAbale, al parecer, con cierta
deferencia amistosa que no pasó inadvertida
para Jorge.
-Veo, le dijo éste un día, que el pobre JnliAn
h11. alcanzado misericordia. ¡Eree muy buena!
También Joliánhabía sufrido una metamorfosis.
Su pasión por Marta parecía extinguida; veíala A
todas horas, mas los arre batos, las tristezas, los
duelos de los primerod días había"l desaparE&gt;cido.
El mozo enfermo y neurótico entraba en una
nueva faz de existencia: la alegría .irradiaba en
sus ojos; sentíase ágil y fuerte, sediento de vida:
estaba curado. Ya no sufría aquelios arrebatos
contra Jorge, aceptaba :.u papel de servidor y
abdicaba su soberanía en manos del sefior legf.
timo. Sólo que ahora parecü esquivar la presencia de J orge, y cuando é.ste pronunciaba su nombre palid~cía y temblaba.
Pascual no acertaba A explicarse aquel cambio
inesperado, mas su pasmo subiódepunto, cuando
un día, al regresar del campo con su hijo, vió no
lejos, á Marta y áRicoy que del brazo se paseabau
solos engúlfados al parecer en sabrosisíma plática, á juzgar por la animación de los dos y las risas
alegres de la joven.
El viejo mostró á su hijo con un ademán la pareja, mas JuliAn ¡caso inaudito! conrormóse con
murmurar entre dientes:
-¡Bah!
Esto fué un rayo para Pascual; todo lo adivinaba: Jul:An despechado, herido al fin por las
burlas y desdenes de la joven, cedía el campo,
y el ingeniero, mAs hábil que su hijo, saltaba el
ageno cercado y á furto del duefio hincaba el
diente en aquella dulce y sabrosa poma. Estoera
bien claro. ¡Ah! ¡no podían fallar sus previsiones!
Mas ahora ya tenía su vengan za: su hijo humillado y vencido por aquella sefiora y veucido por
un mufl.eco de manos blancas y bigote rubio, tendría su desquite. Sobre los culpables velarían dos
0jos fijos y tenaces, y A su tiempo, en el instante
critico, é,, el mayordomo, el criado, el último, se
encargaría de alzar el telón para el drama.
XII
Los nuevos trabajos proseguían con acti vi•
dad, abríanse brechas y se limpiaba el terreno.
Jorge multiplicaba sus viajes, ya en busca de
obreros y herramientas, ya para informar á su
padre de los progresos de la empresa.
Durante estas ausencias Marta no parecía impaciente ni contrariada. Pascual ohservaba A la
j.:iven con una perseveranciq de gato; pesaba sus
sonrisas, acechaba sus pasos y espiaba sus miradas. Iba á la casa, en donde Ric0y residía también, con el objeto aparente de recibir órdenes
del ingeniero, mas en verdad A caza de algún indicio que confirmara sus sospechas.
Una tarde, vecina ya la noche, Pascual fué,
como siempre, en busca de Ricoy, mas halló cerrado el despacho del ingeniero. Jorge estaba
ausente y al mayordomo asaltóle la idea de pre•
sentarse de súbito en las ha hitaciones de Marta.
H allábanse en tinieblas; y a. próximo á la puerta
que daba entrada A la alcoba oyó risas y voc~s
contenidas; iba Pascual A penetrar en la estancia
resueltamente, cuando Marta, que sin du da ha•
bía oído sus pasos, sali0 presurosa á su encuen-

tro. El mayordomo, á pesar de la obscuridad que
reinaba, notó la turbación d e Marta.
- Sen.ora, dijo sin deseen cartarse, he venido
en busca del seilor Ricoy, mas no esté. en su des•
pacho y. . . . se me ocurrió .. . .
-.Aun no habré. regresado, repusu Marta, casi
trémula.
-En ese caso me retiro.
Y Pascual se marchó.
¡Ah! por fín tenía la certidumbre de aquella
intrigal Aun sin haber sorprendido aquel cuchicheo en la obscuridad del dormitorio, bastt ba el
azoramiento de la joven para delatarla. Tenía la
plena seguridad de que Ricoy se hallaba allí,
oculto tal vez tras las colgaduras del lecho, cuando él llegó ..... ¡Olll si el seflor Jorge apareciera de improviso una noche, sin que Badie se advirtiera de su llegada cr(yéndole en la ciudad,
es seguro que se verían cosas muy buenas!
Y el viejo reia á solas figurándose la sorpresa
de su amo y el espanto de los culpahles, mientras se dirigía á su casa satisfecho de ~u descubrimiento.
Entre tanto R icoy, ageno á las sospechas de
Pascual, regresaba tranquilamente del campo,
en donde aquel día un reconocimiento de nivel
habi8le detenido mAs tiempo del ordinario.
Marchaba á pie, solo, con la cabeza descubierta,
asp:ran do el perfume con que los campos saludan la noche, viendo surgir las estrellas como
chispas de oro, sobre el azul profundo y oyendo
el canto pausado de los grillos que callaban al
sentir el ruido de sus pasos.
XIII
Pasaron varios días.
Una mafiana en que Jorge, ya. de regreso, se
encontraba sentado en su deepacbo revisando
plan0s y apuntes, vió aparecer al mayordomo
que con cierto aire confuso le dijo:
-Seflor, deseo hablará solas con usted, ahora . .. ... si es posible, de un asunto tan reserva•
do, que he dudado mucho antes de resolverme á
este paso.
Jorge con mAs curiosidad que alarma, miró á
Pascual que permanecía de pie, indeciso y como
pesaroso.
-¿Qué pasa, pues? dijo. Suelta ese grave fardo
que te abroma .
- Es el caflo que estoy cierto de incurrir en el
enojo de mi am0 .... ,. Pero sien~c que mi seflor, el hijo de VultrAn, siga siendo el juguete de
sus amigos .. . .. .
-Habla claro, interrumpió Jorge con rudeza,
que entrevió de súbito la revelación que iba á
oír.
-¡Pues biPnl dijo Pascual, la seflorita Marta y
el cabdlero Ricoy se entienden .. . .
Jorge se puso densam:&gt;nte pAlido, mas, contra
lo que esperaba Pascual, mantúvose sereno.
-Es conveniente que sepas, dijo, que tus pa•
labras pueden traer serias consecuencias. Marta
no es mi esposa pero vive A mi lado, bajo mi techo, la amo, y por ella me he resignado á sepultar•
me en este destierro. En cuanto á León le conozco desde niño: pertenece á familia honorable, es
un completo caballero incapaz de faltar A la hospitalidad, al honor; incapaz, repito, de traicionarme. Recuerdo varios rasgos suyos que env:dio. Es un carácter. Si has juzgado de ligero,
guiado por apariencias ó por ex ceso de celo, reconoce tu error y te absolveré, mas si persistes ... . .. y te engallas, sabré castigarte.
-¡Tengo pruebas! ex clamó Pascual, y el seilor puede convencerse también fácilmente de
que sus . . . ... amigos saben aprovechar sus ausencias.
-Eso, en buen romance, quiere decir que
mientras yo me encuentro en la ciudad con mi
padre, Marta recibe á León .... ¿Eso dices?
-Casi estoy seguro, reapondió Pascual.
Jorge vaciló un momento, sintió que una ola
de fuego le cegaba, mas en breve se repuso y
prosiguió tranquilo casi.
-Pues no basta esa semiseguridad. Voy á
anunciar mi partida para esta tarde, y, por más
que me repugne el medio, vol veré A media noche y penetraré de improviso en esta casa. Quiero darte esta satisfacción .. .. .. á tí, que yo no
la necesito.
Pascual se inmutó.
,
- Deseo equivocarme, dijo, aun cuando sufra
el castigo.
- Tú me a compailarás. Recomiéndote el se•
creto.

Domingo 13 de Agost_o d~ 1899.
El mayordomo salió.
Entonces Jorge levantóse, echó llave A la puerta y se dejó caer sobre el sillón. JamAs ha bia
sospechado d~ Marta; la creía fiel y amant~. .Mas
ahora venían á su memoria multitud de peque•
tlos detalles á los que antes no dió importancia.
En ef¿cto. Marta no se apenaba ya por sus ausencias, le besaba friameote, con el pensamiento
muy distante, con la mirada vaga, vuelta hacia
adentr o, desligada de la suya .... . . ¡Ah! ¡no le
amaba ya!
Jorge que mieotras estuvo seguro de la posesión absoluta, exclusiva de su amada, llegó c11si
á olvidarla, ahora que se 1'~ iba, que sospechaba
de ella, sentía que su amor resucitaba, triunfan.
te, avasallador, incontrastable. ¡Sí, la amaba, la
adoraba, era suya, sólo suya, la disputaría con
su sangre! Recordaba sus noches ardientes de pasión, febriles, embriagadoras. La imagen de Marta aparecfasele núbil, desnuda, los labios sensuales y amorosos, los cabellos "áureos triunfill meote llevados sobre la gallarda cabeza, las carnes
blancas, tibias ..... .
¡Y otro hombre había bebido en a1uella á••fo.
ral otros ojos habían contemplado aquellas alburas! ¡otros labios habían desflorado aquellas gr11nael. . . .
¡No! ¡mentira! Si eso era imposible, mon truoso .. . . .. ¡Calumnia! ¡Calumnia!
Y Jorge arrojando al suelo, colérico, planos y
trazos de la futura Orbaleja, acariciados dur,.nte
tantos días, salió del aposento procurando reco•
brar la calma y se dirigió en busca de Mqrta.
La joven sentada en una chaisse-long~, contemplaba desde su balcón un punto fij" ,
Jorge cojióle la cabeza y la besó como en )os
primeros di1ts de su amor.
-Sabe, la dijo, que esta tarde me marcho; voy
á ver A mi padre.
Si en aquel momento Marta hubiera hecho el
menor esfuerzo para detenerle, Jorge habría renunciado A aquel.l a emboscada que repugnaba
á sucarActer leal; pero Marta se limitó á preguntar:
-¡.Volverás pronto?
Y Jorge creyó sorprender en la joven un estremecimiento de deseo, mientras sus ojos volvíanse á clavar en el árbol que sombreaba la
puert9, de Pascual.
Jorge siguió la línea de squel1a mirada. Bajo
el árbol, de pie, estaba un hombre.
Era Julián.
XIV
Cuando Pascual salió del despacho de J )rg•,
sintióse contrariado. Tal vez acabab'\ de cometer una torpe.:a; tenía mil indicios para sospechar de Marta y Ricoy, más ninguna prueba cla•
ra y precisa. Conjeturaba que viviendo los dos
amantes bajo el mismo techo, era natural que
aprovecharan las ausencias de Jorge para verse.
¿Mas si esto no sucedh aquella noche? ¿Si su
odio, su obsesión le habían hecho ver lo que en
realidad no existía? ¿Si todo al fío no pasaba
de un coqueteo inocente?
Pascual acabó por arrepentirse de veras de su
imprudente paso. No tenia más remedio que ape•
lar A la generosidad de Jorge que vería acaso en
su denuncia, como él mismo lo había dicbv, un
exceso de celo bien disculpable en un antig110 servidor.
Er ganchó el coéhe á la hora indicada y aguar•
dó A su amo.
Pocos momento11 después bajó Jorge acompa•
!lado de Leon.
- Con que te marchas, le dijo éste.
-Es preciso, pero regresaré muy pronto.
Jorge subió al coche y ordenó:
-¡Vamos!
.Al partir alzó los ojos al balcón. Esperaba aún
encontrar aquella cabeza ru"bia de otros días, in•
clinada, buscando su adiós.
Marta no estaba.
Entonces J orge, con el corazón o~·rimido re•
cordó la tarde en que por vez primera hablan
llegado A Orbaleja. ¡Con qué infantil alborozo
descubrieron en la llanura gris y escueta el blanco caserío!
¡Allí iban A vivir solos y felices ! ¡Qué frllail
es la dicha! Gozaba imaginando, mientras el co·
che rodab a por la polvosa carretera, que 1\farta
había muer to. Veíala muy blanca, muy pálida l.
la triste luz de los cirios e-e tarde brumosa, so·
bre alto l.:cho, con los ojos blandamente cerra·

uomtngo 13 de Agosto de 1899.

,dos, Ju manos en cruz y esparcidos los oros de
1 aa rubios cabellos ..... .
El sol iba ocultándose. En la llanura desierta
.apareció una manch11. con fosa de árboles queparecían suspendidos_ en Pl aire A 111. luz del crepús-eulo. Era la estación del ferrocarril; una simple parada de trenes.
Cuando los viajero11 lleg11.ron era de noche.
Las luces de sefia'les proyectaban sus rayos de
colores sobre las cintas de acero de la vía
-que ae prolongaban internándose en las tinieblas. El edificio de la estación alzaba su o bscura mole iluminada á trechos por la luz que se es-capaba por sus ventanas abiertas.
En las negruraP. del horizonte apareció un ojo
de fnego que crecia con asombrosa rapidez: era
un tren que se a cercaba.. Prolongado silbido que
devolvió el eco, turbó el silencio, y el monstruo
Jadeante surgió con su denso penacho de humo
como revueltas crines de dragón, salpicando de
brillante lluvfa de chispas el negro manto de la
noche,
Jorge descendió del vehículo. En aquel mo•
mento el tren llegaba, moderando su marcha. E!
Joven sintió impulsos de arrojarse bajo sus ruedas.
Jor~e penetró en la sala de espera y sentóse.
Había calculado que necesitaba. dejar trascurri:una hora antes de emprender el regreso A OrbaleJa.
¡Que larga ib'l á ser aquella espera! En pocas
horas; qué profnndu trastorno en su vida! Sufría
ia sensación de una caída inesperada, de un cho-que próximo y formidable, como si desprendido
de!ª barquilla de un globo y lanzado al vacío,
-divuara allá, en lo hondo de profunda cima la
roca erizada de aristas en que iría f .italmen~e A
-estrellarse.
Jor~e intentó sobreponerse A su dolor.
¡Cómo! él, educado en una grao capital, cono1'e~or de la inconstancia femenina, él que había
recibo y prodigado desengafl.os amorosos con esa
lige~eza fácil y de buen tono, amable y frívola, de
ilos Jóvenes calaveras y ricos, desesperábase como
un estudiante por la traición prevista de una muchacha vulgar! ¡Esto era ridículo! De tales aventuras, bien lo sabía él, era la infidelidad el desenJace obligado siempre. Se ha,bía dejado engafiar
por el candor de paloma de Marta. Era como todas: el recién llegado sería siempre el juguete
nu~v.o, p~eferido, de cascabeles de oro y colores
-de ma; mientras el antiguo, deslustrado sin brillo
tin misterios, como un Pierrot caduco,' se echa'.
ba al desván de los suetios, al olvido gastado y
~M~
,
Quíso entonces persuadirse á que lo que así le
atormentaba era el despecho por el ultraje recibido, no de la mujer, sino del camarada, del ami•

.go ..... .

Pero si esto era imposible! Cono~ía á León desde nifio; su r_ectitud, su honradez, su hidalguía
eran proverbiales; para un Ricoy la hospitalidad
era sagrado, como entre los antiguos patriarcas,
Y la amistad un culto ..... .
¡Pero entonces las afirmaciones terminantes de
Pucual, el desvío manifiesto de Marta su des-amor, ¿qué significaban?
'

EL MUNDO.

99

¿Qué tenebrosa verdad se revolvía en aquel
fondo negro, que en vano sondeaban sus ojos?

taciones del piso alto, Pascual se detuvo. Para
él sería mejor esperar el resultado á distancia, y
fué á sentarse en un ángulo del extenso patio so. .Éi -t~~~
bre un banco ele piedra.
cobrar su calma_. La noche tornábase pavorosa;
Jorge á medida que subía la escal~ra. recobranubes_ enor~es iban cubriendo el cielo y el relám- ba su aplomo; sereoóse casi. Después de todo se
pago 10term1tente incendiab11. el espacio.
había alarmado sin motivo. 11rras1rado por los re. Jorge trémulo, como si la tormenta próxima celos de un viejo idiota. ¡Qué locura!
vibrara en sus nervios, no esperó más. Volvió al
Cuando llegó al corredor; calJado y tranquilr,
coche y dijo á Pascual:
le pareció que ~odo babia sido un sue:llo. Estaba.
-¡Regresemos!
en su casa: Marta dormiría y su amigo, según su
XV
costumbre de velar largas horas, corregiría sus
cálculos sobre el plano de Orbaleja.
Habían llegado, La obscu-idAd era completa.
La noche ~eguía negra y tormentosa.
Jorge notó que su acom¡,11tian te, al abandoEl
olor de la tierra. humedecida prr las primena~ el coche, se echaba sobre el hombro su antiguo
ras gotas de lluvia llegaba en emanaciones penefn~ll de soldado que bttbfa traído oculto bajo el
trantes en 1tts ráfagas del viento. A la luz de los
asiento del pescante.
relAmp11gos surgian en la sombra los perfiles re-Será inutil, dijo.
motos de las montalias, mientras el trueno sordo
- ¡Quién lo sabe) repuso Pascual.
y constante retumbaba á lo lejos.
Cuaudo estuvieron frente á la. puerta principal
De súoito, por una de esas reaccio!les inexplide la casa, el mayordomo detuvo con u 11 i-.demAn
cables,
Jorge sintióse de nuevo acometido por
A Jorge que iba á llllmar.
la duda, y corriendo casi llegó á las habit11ciones de Marta.
.Ahora tenía la seguridad de su infortunio. Empujó una ouerta con violencia, cruzó la pieza,
Que servia de tocador Ala joven y penetró en el
dormitorio ..... .
Un grito de espanto resonó en la estancia.
-¡Es Jorge!
Jorge quedó inmóvil: era tras el vértigo de la
caída el anonadamiento del choque.
. Tuvo 1&gt;1. visión coofusr. y rl\pida en la obscurid11d de la alcoba, de un hombre que se lanzaba
d~l lecho, que se erguía, vacilaba y por fin derribAndole C!l.qi a l apartarle, ganaba la salid11..
Lll sorpresa del desastre paralizó por un mom&lt; nto sus energías.
Después precipitóse al alcance de aquel hombre; llegó al corredor, mas era tarde, el fugitivo
hab[&gt;1. desaparecido.
En aquel momento fulminó una detonación de
arma de fuego.
Jorge bajó la escalera á saltos y alcanzó en el
patio á Pascual que empufiaba aún su fusil.
-¡En dónde está! gritó.
-¡No lo sél exclamó Pascual agitado. Entreví
apenas al hombre que corría tratando de alcanzar la salida del postigo y disparé al bulto en la
obscuridad ... . .. ¡Creo que no acerté!
--¡Qué pasal-exclamó una voz, mientras la
luz de una lámpara suspendida en alto alcmbraba de improviso el negro fondo del patio.
Los dos hombres alzaron la cabeza sor- rendi~~
'
En lo alto de la escalera el ingeniero León Ricoy, de pie, con el asombro pintado en la fttz,
-Se alarmarían con nuestra llegada, dijo.-Las acabAba de aparecer.
Pascual como herido por una revelación súbitapias del corral son baj11s, puedo salvarlas y
ta, espantosa, abrió los ojos desmesurados, se
abrir el postigo pequefio que cierra por dentro.
Doblaron entonces el Angulo del edificio y avan- llevó las manos A la cabeza y tambaleándose como un loco, lanzóse en la dirección que había.
zaron un largo trecho palpando el maro.
De pr onto se detuvieron soq.. rendidos. El pos- llevado el fugitivo.
. Despué_s un grito formidable, sollozo, rugido,
tigo estaba abierto.
-Ha sido un descuido, dijo Pascual, una casua- imprecación, que salía de las sombras resonó en
la noche trágica.
'
lidad que nos ayuda.
-¡He matado á mi hijo!
-Entremos, repaso Jorge impaciente.
Al pié de la escalera que conducía á las babiURELA.

-h~bí¡ p~¿~d~; ·.;. ¡~ ·¡s~~~ió~ ~~¡;ió A-r~:
0

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

100

Dom1ngc 13 Agosto de 1899

portal de la casa Hermelingue, dela11te de una man-

LOS DIAi DE .ADVERSIDAD.

Todas las mal'ianas del afio, á las ocho en punto, en
una casa nueva y casi deshabitada de cierto barrio
de Paris, se ofan gritos, llamadas y estrepitosas risas
en el hueco de la escalera.
-Papá, no olvides la música que te he encargado.
-Papá, el estambre para bordar.....
-Papá, traenos rosquillas ....
Y la voz del padre llamando desde abajo:
- Zazá, bájame la cartera ..... .

- V aya, bueno; siempre
la estás olvidando...... .
Y era de ver el estrépito
con que subían y bajaban,
con las sel'iales del suel'io
en la cara y los cabellos en
desorden, unas cuantas nii'ias cuya algazara no cesaba hasta el momento en
que, inclinadassobre la barandilla, despedían ruidosamente á un anciano, limpio y bitm cuidado, cuya
silueta veían dE"saparecer
al final de la escalera.
E l Sr. Joyeusesemarchaba á su oficina. Entonces
todas aquellasml'ias subían
rápidamente basta el cuarto piso, y después de cerrar de golpe la puerta de
la habitación, se asomaban á 'Jna ventana para mirar
otra vez á su padre. El buen hombre se volvía de
cuando en cuando para verlas de nuevo, les enviaba
besos con la mano y las nlflas hacían lo mismo, hasta
que por fin la ventanasecerraba, y todo en aquella vivienda recuperaba su estado normal, con excepción de
los carteles y anuncios de las tiendas vecinas, á los
que el viento hacía dan~ar de un lado para otro, co~o
si ellos quisieran también tomar parte en la alegria
y la algazara de aquella casa.
Un momento después el Sr. Maianne, fotógrafo,
que ocupaba el quinto piso, bajaba para colocar en el
portal su muestrario, compuesto, como siempre, d~l
retrato del vecino del cuarto piso, rodeado de sus hijas, forD1ando diversos grupos; y después de estas escenas que se repiten diariamente, la calma se restablecí~ de repente hasta la noche, pareciendo que todo
aquel movimiento y aquella vida habían quedado encerrados bajo los cristales del muestrario, que contenía, sonrientes é im:~óviles, los retratos del padre
y de las hijas.
Desde la calle de San Fernando, hasta la casa de
banca He1•11.elinque é hijo, en donde estaba empleado,
el Sr. Joyeuse tenía por lo menos que andar durante
tres cuartos de h'.lra. Marchaba con la cabeza muy
erguida, como si temiera arrugar el hermoso lazo de
la corbata, hecho por sus hijas; y como la mayor de
ellas, siempre previsora y prudente, le_ levantab~ en
el momento de salir el cuello de la levita para evitar
que se constipara, aun con una temperatura de estufa, el Sr. Joyeuse no lo bajaba hasta llegar á su oficina.
Viudo hacía unos cuantos ai'ios, este buen hombre
no vivía más que para sus hijas, que eran su único
pensamiento, y se sentía feliz vién_dose r~deado por
aquellas cabecitas rubias que se agitaban s10 cesar en
su derredor como los ángeles en un cuadro de la
Asunción. Todos sus deseos; todos sus proyectos, se
relacionaban siempre con las hermosas nil'ias.
Como sucede siempre en las familias que han gozado de cierto bienestar pecuniario, Aliua, que era la
mayor, había sido educada en uno de los colegios de
París. Elisa estuvo también dos al'ios con su hermana, pero las dos má!I pequelias, nacidas demasiado
tarde y cuando los apuros entraron en la.casa, fueron
enviadas á uno de los colegios del barrio, en el
que poco aprendieron, teniendo, por lo tanto, que
completar á domicilio su educación. Y no era
cosa fácil en verdad, pues la más joven se reía de to-

do, rebosando salud y alegría; parPcía una alondra,
siempre en moviuiiento y huyendo á todas h?ias del
pupitre y de los libros, mientras que 1~ se:ñonta Enriqueta imbuida no se sabe cómo en ideas de grandeza, n~ gustaba mucho de estudiar. Est~ nili_a
de quince aflos, dotada de grandes facultades imaginativas, arreglaba su vida de antemano y declaraba
formalmente que se casaría con un joven aristócrat.a,
y que tendría tres hijos, un varon para conservar el
título, y dos amas pata vestir siempre ig~ales ... • • •
Si 1 eso es, decía la mamila, las vestirás iguales; pero mientras tanto, veamos si sabes lo que son participios:
La mamita era Aa11a.
-La !Jamábamos as1 cuando era pequeñita, decía
el Sr.Joyeuse, porque con su gorrita enca:ñonada y su
autoridad de hermana mayor, era tan razonable Y se
parecía tanto á su abuela, que se quedó con aquel
nomtre.
El buen viejo daba esta explicación con un tono
tal, que parecía la cosa más natural del ~undo que
ese nombre se diese á tan encantadora Juventud.
Y todos en la casa discurrían de igual modo que el
Sr. Joyeuse, pues hast.a la anciana criada llamaba
mamita á la joven, sin que ésta jamás se sintiese
molestada por ello, toda vez que la influencia de nombre tan venerable, añ-¡día á la ternura que la prodigaban, una deferencia alhagadora, dar:do al mismo
tiempo á su autoridad ideal cierto seductor realce.
Y de seguro que no se aburría. Su vida era una
continua ocup&lt;tción, que com~nzaba con el alba y
concluía hasta la noche; tenia qne alentar y sostener
á su padre, instruirá sus hermanas, ocuparse en todos los cuidados materiales de aquella casa, en la
que faltaba la madre, siendo infatigable siempre,
pero sin aparentar cansancio, cosa muy en armonía,
por cierto, con el egoísmo humano, que de este modo
se libra de todo reconocimiento y que, come contrario á todo sacrificio, apenas se deja vencer por la abnegación y el heroísmo.
.
No era la hija valerosa que trabaja para ahmentar
á sus padres, y que, corriendo desde por la mañana
hasta la noche dando lecciones, olvida en la a~itación
de su vida todos los sinsabores del hogar doméstico,
no; Alina comprendió que debía obrar de diferente
modo; cual abeja sedentaria, se aplicó á cuidar únicamente de su colmena, sin ocuparse para nada del
aire y de las flores. Llenaba mil funciones á un tiempo; modista, costurera, maestra de música, ~stltutriz y tenedora de libros, pues el sefior J oyeuse, rncapaz
de dirigir su casa, la dejaba la libre disposición de
los recursos.

'

Entre sus discípulas, la que más ocLipación le daba
era su hermana Elisa, que habiendo sido reprobada
tres veces en los exámenes de historia, se preparaba
de nuevo, •Y llena de desconfianza y de miedo, no
abandonaba el libro ni aun para comer. Pero no siendo ya una pequeñuela, sino antes bien, una joven muy
linda en verdad, no poseía la memoria mecánica de
la niñez, en la que las fechas y los acontecimientos se
graban para toda la vida. Entre mil preocupaciones,
la lección aprendida se olvidaba en un minuto, á pesar de la aparente aplicación de la alumna, que con

do ~einte veces por delante de una puerta sin entrar.
~ _s1 entraba era aguijoneado por el recuerdo de sus
-Siempre me sucede lo mismo, se dijo sonriendo h1¡as. Eeto sólo era suficiente para darle ánimo, hapasándose la mano por la frente, cubierta de su- ciéndole correr de un extremo á otro de Paris y lle1
der.
gar hasta Aubervilliers, á una gran fábrica donde le
Sentíase de buen humor por tan gratísimos pensa- hicieron ir tres días seguidos para no conseguir
mientos y por el suave ca~or que se advertía en las nada.
diversas piezas de las oficmas entarimadas, enreja¡Oh! Las largas carreras con las lluvias y las heladas y en las que se podían contar las monedas de das, las puertas que se cierran, el principal que ha
oro'sin que molestasen la vista, gracias á la escasa salido ó que está ocupado, las esperanzas perdidas, el
luz que babia en ellas por estar en piso bajo. El se- fastidio que se sufre aguardando en una antesala,
flor Joyeuse saludó alegremente á los demás emplea- les humillaciones reservadas para todo aquel que busdos se puso su saco de trabajo y su gorro de ter- ca tra.:,ajo, como si fuera una vergüenza carecer de
ciopelo negro. De repente SP. dejó oír un silbido, y el él, son cosas, en verdad, desesperantes, y el Sr. Jocajero, aplicando su oí?~ al tubo ~cústico oyó la voz yeuse experimentó todos estos sufrimientos, así cogruesa y pastosa del v1eJo Hermehngue, del mismísi- · mo el fenómeno de ver como las buenas voluntades
mo, del verdadero Hermelingue (el hijo estaba siem- se cansan y descorazonan ante la persistencia de la
pre ausente), que preguntaba por el sel'ior Joyeuse. mala suerte. Y estas an~ustias del hombre que bus¡Cómo! ¿Continuaba so:ñando? El buen h0mbre, en ca ocupación, se duplicaron para aquel pobre padre,
extremo conmovido, subió la escalerilla interior que cuya imaginación no tenía un instante de reposo.
comunicaba con el despacho del banquero, pieza esDurante todo un mes se pareció á una de esas figutrecha, muy alta de techo y amueblada cun enormes ras de movimiento que causan la alegría de los niños;
amones de cuero proporcionados á la espantosa gor- hablaba solo y gesticulaba andando por las calles,
dura &lt;!el jefe de la casa.
tropeziindo con -los transeuntes sin verlos siquiera;
Estaba allí, sentado delante de su pupitre, al que algunos se reían, pero otrGs se sentían llenos de piesu enorme vientre le impedía aproximarse; obeso, dad hacia aquel pobre anciano, poseído, sin duda, de
respirando con trabajo y tan amarillo que su faz re- una idea fija que le cegaba hasta el punto de no sadonda, con narlr. de ave de rapiña, parecía la de un ber- por dónde se andaba. Lo peor del caso era, que
buho gordo y enfermo á un tiempo, ó la de un mer- después de esas largas y crueles horas de fatiga,
cader moro, enmohecido por la humedad del patio en cuando el desdichado h ombre volvía á su casa, era
que tiene su hedionda mercancía. Debajo de sus pár- preciso que representara el papel de un empleado que
pados, que levantó con trabajo, su mirada brilló un regresa de su trabajo, que contara los acontecimienInstante cuando el cajero entró: le hizo señas para tos del día, las cosas que había oído á sus compañeque se acercase, y lenta y fríamente, con palabras ros de oficina; en fin, esas mil nimiedades que entreentrecortadas por la falta de aliento, en vez de «Sr. tenían la velada.
Joyeuse, ¿cuántas hijas tenéis?&gt; dijo:
En todas las casas y familias sencillas hay siem-Joyeuse, os habéis permitido censurar nuestras pre un nombre que se pronucia más á menudo que
1Utlmas operaciones en Túnez. Es !nútil que os los demás, que se invoca en los momentos aciagos,
disculpéis. Vuestras palabras han sido repetidas tex- que se me2.cla con todos los deseos, que alimenta totualmente, y como no me place ser censurado por mis das las esperanzas y hasta va unido á los juegos de
empleados, os advie1 to que desde fines de este mes los niños, quienes también se penetran de su impordejáis de formar parte de mi casa.
tancia; un nombre que representa el papel de segunUna oleada de sangre subió á la cara del desgra- da providencia, ó más bien dP. un Dios las que diridado cajero, que se fué, volvió y revolvió sin saber lo ge todo en la casa. Ese nombre es el del principal,
que hacía, pues su cerebro se llenaba de tumultuo- del director de una fábrica, del propietario, del mi808 pensamientos.
nistro, del hombre cualquiera que sea que úiene en
¡Sus hijas!
su mano poderosa la existencia y la felicidad del
¿Qué iba á ser de ellas?
hogar.
En la familia Joyeuse era Hermelingue, siempre
¡Las colocaciones son ta11 raras en esta época del
Hermelingue, el nombre que se pronunciaba veinte
afio!
La miseria se le representó en seguida, y se veces al día en la conversación de las nii'ias, quienes
veía ya desgraciado, cayendo á los piés de Her- le asociaban el! todos sus proyectos y hasta á los más
mellngue, suplicándole, amenazándole y hasta co- minuciosos detalles de sui, femeninas ambiciones. 1:Si
giéndole por la garganta en un acceso de dese1,pe- Hermelingue quisiera ...... Todo depende de Herración y de ira. Todas estas impresiones ;.asaron por melingue. &gt;
Nada era más encantador que la familiaridad que
su cara como el viento que riza las aguas de un lago,
dejando en él muchos abismos movibles, pero el po- usaban nuestras muchachas hablando de aquel ricabre viejo se quedó mudo, de pie en el mismo sitio, y chón á quien jamás habían vi1&gt;to.
PregunLaban por él ...... Si su padre l~ había hacuando oyó que su principal le decía que podía retiblado, si tenía buén humor. . . . . . ¡Y pensar que torarse, bajó tambaleándose á trabajar en su caja.
Por la noche, al volverá su casa, el sefior Joyeuse dos, por humildes y agobiados que nos veamos por
nada dijo á sus hijas. No se atrevió. La idea de el destino, tenemos en inferior esfP.ra á otros pobres
entristecer la radiante alegría que reinaba en su ho- seres más humildes y más agobiados aún, para los
gar, ver llenarse de lágrimas los lindos ojos de sus cuales somos grandes, somos dioses, y para quienes
queridas niñas le p:i.reció insufrible, y además su ca- aparecemos indiferentes, desdefio~os y crueles! ..... .
Pueden figurarse nuestros lectores el suplicio que
rácter tímido y débil le empujaba ádecirse: «Esperemos hasta maliana.&gt; Esperó, pues, para hablar, pri- sufría el buen señor Joyeuse, obligado á inventar
mero á que acabase el mes de Noviembre, halagán- episodios y anécdotas sob,e el miserable que le había
dose con la vana esperanza de que Hermelingue mu- despedido con tanta ferocidad después de diez afias
daría de parecer, como si no con0ciera la voluntad de leales servicios; sin embargo, representaba su
firme y tenaz de aquel ser, especie de molusco; y lue- pequeña comedia con tanta naturalidad, que engago, cuando cobró su sueldo y vió que otro cajero se ñaba á todos. Sus hijas no notaron más que una cosa,
sentó delante del alto pupitre que babfa ocupado tan- y es que, cuando vol vía á S'G casa por la noche, coto tiempo, palpó la realidad y se resignó, esperando mía siempre con gran apetito. ¡Era natural; desde
encontrar pronto otro empleo que le permitiera no que perdió su colocación el pobre hombre no almorzaba por la mañana!
tener que confesar su desgracia.
Los dfas pasaban, y el selior Joyeuse no encontraTodas laJ! mafianas fingía irse á la oficina, se dejaba arreglar como siemp1e, partía. llevando su gran ba nada, como no fuera una colocación en la Ca-ia Tecartera de piel debaj(l del brazo, conteniendo lo:, nu- rritorial, que rehusó porque, estando muy al corrienmerosos encargos ,que le hac:ían sus hijas, pero que . te de las operaciones de banca en general, y en partiolvidaba á propósito en su mayor parte, no porque cular de la mencionada Caja, prefería morirse de
le fal~se tiempo, pues pasábase todas las horas de hambre á entrar en una casa falaz, de la que tal vez
traba¡o recorriendo Paris, sino á causa del problemá- tuviera que examinar como perito los libros ante los
tico fin_ de mes. No dejaba de andar en busca de una Tribunales.
colocac1ón, y si bien le daban excelentes recomendaContinuó, pues, corr!endo; pero lleno de desalienciones, ese terrible mes de Diciembre tan frío, de to, no buscaba ya nada. Como para que sus hijas no
días tan cortos, lleno de preo1.mpaciones y de gastos, se enterasen de su desgracia t enía precisión de pai.ar
es el peor para colocarse, porque los empleados, y el día fuera de su casa, se paraba delante de los escatambién los jefes de oficinas, procuran concluir el parates ó se apoyaba en el pre~il de los puentes miano con t~anquilidad, dejando para Enero los cam- rando correr e l agua ó descargar las barcas en los
~08 Y meJoras que piensan introducir. Por todas par- muelles. Estaba ya clasificado en el número de desoe~ donde el señor Joyeuse se presentaba, adver- cupados que se encuentran en primera fila cuando sutfa cierta f rialdad desde el momento en que roanífes- cede algún percance en la calle, que se resguardan
taba el objeto de su visita.
.
de los chubascos debajo de los portales, que se acer-¡Hombrel ¿No estáis ya en casa de Hermelingue? can para calentarse á cualquier lumbre que ven huCó
¿ mo es eso?
mear en la vía pública ó se dejan caer en uno de los
El pobre anciano expl:caba la cosa lo mejor que boulevares al sentirse fatigados. 1Qué pesada se le
podía. Un capricho de su principal, de ese feroz ban- iba haciendo ya la vida! ....
ludelrto á quien todo París conocía; pero notaba mucha
Algunos días, no muchos, cuando el Sr. Joyeuse
n erencla y hasta cierta desconfianza en esta res- estaba por demás cansado ó el tiempo era demasiado
Puesta uniforme:
malo, esperaba en la es:¡uina á que sus niñas cerra..,T -Volved por aquí después de las fiestas de Afio sen la ventana, y volviendo á su casa arrimado á la
.1.,uevo.
pared, subía la escalera muy aprisa, pasaba, deteu!totímido por carácter, hubiera llegado hasta el niendo el aliento, por delante de la puerta de su
P
de no presentarse ya en ninguna parte, pasan- cuarto y se refugiaba en casa del fotógrafo Andrés

para, en la que se leía «Caja&gt; en letrus doradas.

Lf\ Ff\MILlf\ JOYBUSB.
los ojos fijos en el texto, Jc,s. rubios ri~os rozando laa.
páginas y su linda boca moviéndose srn cesar, repetía: «Luis, llamado el Testarudo, 1314- 1316.-Fellpe v, el Largo, 1316- 1:!21 .... 1322.. . . ¡Ah! mamita, estoy perdida. J~más lo sabré.&gt;
,
Entonces la mamita se acercaba, la ayudaba á fiJarsu espíritu y á conservar en su memoria algunas de
estas fechas de la Edad Media, dándole al mismo.
tiempo alientos y valor.
, .
.
y en los intervalos de aquellos mult1ples trabaJos.
y de una vigilancia general y constante, hallabasiempre tiempo para ejecutar muy lindas labores, sacando
de alguna canastilla un bonito encaje de crochet, ó
aJc-ún bordado en cafiamazo, pues aunque estuviese
hablando, nun;a se veían ociosas sus infatigables manos.
Mientras tanto, el padre de nuestras niilas iba i .
su oficina constantemente; pero influido por el cariño de sus preciosas hijitas, más que en las ocup~lo•
nes de caja, pensaba en ellas y formaba de contmuo.
miles de proyectos, relacionados todos con la futura.
prosperidad de sus adorados ángeles.
Su imaginación, siempre activa, le hacía divagar muchas veces, ddndo á su fisonomía una expresión calenturienta que hacía contraste con su correcta apariencia de empleado.
¡Y cómo caminaba su fantasía y crecían sus ilusiones!
Una mafiana, Labiendo dejado su casa á la hora y
en las circunstancias de costumbre, empezó, después.
de volver la esquina de la calle de San Fernando, á.
forjar una de sus frecuentes novelas íntimas. Seacercaba el fin del afio, y tal vez la vista de algún
puesto de esos que se improvisan en la vía pública,
le hizo pensar en el afio nuevo y en los aguinaldOll..
En seguida la palabra gratificaci6n se presentó á sa
espíritu, dando pá?ulo á sus quiméricas ilusiones.
En el mes de Diciembre, los empleados del ban•
quera Hermelingue recibían doble sueldo, y es cosa
sabida que en casa de los empleados, esto sirve debase para mil pre'lcupaciones másó menos ag,adables,
tales como regalos que hay que hacer, muebles qu&amp;
renovar, ó bien guardar alguna cantidad en el fondo.
del cajón para casos imprevistos. ,
El sefior Joyeuse, habiendo perdido una pequelia.
fortuna, no estaba sobrado de dinero, y aun cuando.
la mamita llevaba el timón de la casa con mucha cordura, no habían podido hacer ninguna economía. El
buen nombre se figuró que en el afio presente la gratificación había de ser mayo,·, á causa del aumentode trabajo que ocasionaba un empréstito tunecino,
que constituía un magnífico negocio para sus principales, y tan bueno, que nuestro cajero habíase permitido decir en la oficina que la casa Hermelingue 6híjo, habío. trasquilado demasiado á los turcos .. ..
- Sí; seguramente la gratificación será doble, pensaba el pobre hombre prosiguiendo su c.i.mino.
Y se figuraba ya estar, no obstante faltar todavía
un mes, subiendo con sus compalieros para la visita..
de año nuevo, la escalerilla que conducía al despacho
del banquerq; que éste les anunciaba la buena nueva,
y que luego le detenía á él para hablarle en particular, y no obstante ser habitualmente tan frío, se volvía a!ectuoso, paternal, hasta comunicativo, y l&amp;
preguntaba cuántas hijas tenía.
-Tengo tres .... no, me equivoco; cuatro, sefior
barón. Siempre me confundo. La mayor es tan razonable ....
-Querría también saber su edad.
-Alina tiene veinte años, señor barón. Es la ma•
yor . ... luego viene Elisa, que se prepara para s1J
examen, de dieciocho afias. . . Enriqv.eta cuenta ya
catorce, y Zazá doce.
Ese nombre de Zazá divertía mucho al señor barón, que quería conocer todos los recursos de aquella
interesante familia.
-No tenemos más que mi sueldo, sei'ior barón; no
contamos con otra cos:1.. Tenía algún dinero ahorra•
do; pero la enfermedad de mi muJer y los estudiosd&amp;
las nli'ias . ...
-Lo que ganáis no basta, mi buen Joyeuse ...
Aumento vuestro sueldo en mil pesetas mensuales.
-¡Oh, sefior barón! es demasiado.
Nuestro buen hombre, dijo estas últimas palabras.
en alta voz casi al oído de un guardia, que miró con
desconfianza á aquel hombrecillo que gesticulaba Y
hablaba solo; pero el pobre sofiador ne volvió á la
realidad, sino que continuó edificando sus casiiillo:1 eD
el aire, considerando cómo llegaba á su casa y anun•
ciaba á sus hijitas la feliz nueva, llevándolas después.
al teatro para festejar aquel dichoso día. ¡DloiJ mío,
y qué hermosas eran las selioritas Joyeuse, qué ra·
millete tan lozano formaban en la delantera de su,
pal0ol Luego, al día siguiente, le pedían las dos ma•
yores para casarse con.. . . Imposible le fué averl·
guar con quién, pues en aquel instante se halló en

e•

EL MUNDO.

101

•

Maranne que, estando al corriente de su infortunio,
le acogía con la compasión que todo desdichado siente para sus iguales El l::ir. Joyeuse permanecía muchas horas en el taller de su vecino, hablando en voz
baja, leyendo, ó mirando caer la lluvia encima de los
tejad:,s. Debajo de él oía á veces la risa de sus nifias,
la lección de música que daba la mamita, el tic-tac
del metrónomo, en una palabra, todos aquellos ruidos que le alegraban el corazón.
El cándido Maranne le distraía hablando de sus
esperanzas, pues trabajaba para el teatro y nadie en
la casa nueva dudaba del futuro éxito. La fotografía
prometía escasos beneficios, pues los clientes eran
muy pocos, y los que pasaban por la calle no iban
dispuestos á retratarse; pero el joven Audrés con los
inagotables recursos de su imaginación, explicaba sin
amargura la indiferencia del público, unas veces diciendo que la estación no era favorable, otras que todo el mundo se quejaba del mal estado de los negocios, y concluía siempre con estas consoladoras palabras:
- ¡Ah! Cuando consiga que pongan en escena mi
Revuelta!
Re1JUelta era. el título de una comedia suya, en 'l_Ue
trabajaba hacía seis meses de día y de noche, y que
le había hecho sufrir con paciencia los fríos del invierno, bien rudos por cierto. Allí, en su estrecho
taller, 1,e le aparecían tudas los personajes de su obra
y se creía transportado á la sala de un teatro lleno
de luz y con todo el lujo de las decoraciones; oía el
tum_ulto glorioso de su p_rimera representación, y la
lluvia que azotaba los cnstales, el viento que silbaba, las maderas de las ventanas pegando contra la
pared, se le figuraban los aplausos de los espectadores. Y no era sólo gloria y dinero lo que esperaba de
esa bienaventurada comedia, sino otra cosa rrlás preciosa aún, una coisa de la que no se atrevía á hablar
toda.vía al padre de familia, pero que mamita sabía
y la seliorita Elisa no Ignoraba.
'
Cierto día, durante la ausencia de Andrés, el sefior Joyeuse, estando solo en el taller, O.)'Ó dos golpecit?s dados en el techo del piso cuarto, dos golpes con
un mterval~ muy i!istl_ntos. La intimidad del fotógrafo
con ous vecrnos autorizaba aquellas comunicaciones·
ma~ ¿qué significaba? ¿Cómo responderá aquella es:
pec1e de llamada? Pero el cesante ~epitió los go,pes
al azar, y todo quedó después en silencio.
C_uando el fotógrafo volvió á su casa explicó á su
vec100 aquel hecho de la manera más 1,encilla, diciéndole que algunas v~ces, durante el día, las nii'ias, que
no veían nunca al Joven hasta la noche, se informaban de si tenía trabajo, y aquellos golpes querían decir: «:¿Cómo andan los negocios hoy?&gt; A lo que el
señor Joyeuse había contestado sin saberlo: «No del
todo mal.&gt;
Aun cuando Maranne se puso muy encarnado al
dar semejante explicación, el buen anciano lo -:.reyó
sin la menor duda; pero la idea de esas comunicaciones frecuentes entre las dos casas le diü miedo
en cuanto al secreto de Ru situación, y desde enton.
ces se abstuvo de lo que él llamaba «sus días artísticos.&gt;
De día en día sus angustias crecían pareciendo
ahogarle, porque el momento crítico se acercaba en
que no podría disimular más, pues el fin de mes llegaba juntamente con el fin de año.
Paris iba tomando ya su fisonomía característica
de las últimas semanas de Diciembre única fiesta
nacional que ha conservado hasta aho~a el respeto á
la conmemoración del Año N uevo.
Desde los primeros días de este mes una infinidad
de nii'ios se desbanda por toda la ciudad viéndose por
doquier carros llenos de tambores dor~dos, caballos
de madera y Juguetes de todas clases. En los barrios
industriosos, en todos los pisos de las casas de aquellos antiguos palacios del Marais, tan altos de techo

�_ Domingo l 3_Agosto de 1899

EL MUNDO.

DomlnJ¡'O 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.
102
y con magestuosas puertas de dos hojas, es mucha. la
gente que se pasa las noches manejando gasas, flores
y lentejuelas; poniendo rótulos sobre bojas de papel

satinado y e@.COgiendo, marcando, embalando aquella
variedad de juguetes á los que París da el sello de su
eleJlancia.

Luego los ef;caparates se adornan; detrl\s de los
grandes cristales se admiran los doraCos adornos de
los libros de aguinaldos amontonados y brillando á
1a. luz del gas, las telas de colores variados y tentadores arregladas con arte por la!-'i llndi-1S jóvenes dependientes de los almacenes, mientras que otras, artísticamente peinadas y coquetamente ataviadas,
llenan saquitos con bombones, que caen dentro como
una lluvia de perlas.
Pero, enfrente de ese comercio burgués, resguardado detrrui de aquellos ricod e8caparates, se instala
la industria im¡,rovisada de esas barracas de tablas,
cuya doble fila da al boulevard el &amp;€pecto de un vasto campo de feria, y allí es donde se desarrolla el
verdadero Interés y la poesía de los ag-ulnaldos.
Por lo regular, el seilor Joyeuse formaba parte de
ese tropel de gente que circula por entre dichos puestos con dinero en los bolstllos y paquetes en las manos. Corría de un lado á otro en companfa de la mamita, buscando los regalos para las demás, y se detenta
delante de aquellos comerciantes de ocasión que se
conmueven en presencia de un comprador y que, no
teniendo costumbre de vender, creP.n realiz~r en unos
cuantos días ganancias extraordinarias. ¡ Y sun de
oír los coloquios y reflexio;.3es que se entablan entre
unos y otros!
Aquelailo ¡ay! nadasucederfa. El pobres~f'lor vagaba melancólicamente por la ciudad llena de regc.cijo,
más triste y descorazonado viendo la actividad que
le rodeaba, tropezando como todos los que impiden
la circulación de las gentes activas, y cun el corazón
lleno de una continua angustil.1., pues bacía algunos
días que en la mesa, mamita bacía alusionP:s significativas á propósito de los aguinaldos. Así es que el
anciano huía cuanto podía de encontrarse á solas con
ella, y la prohibió terminantemente que fuera á buscarle á la oficina. Pero, á pesar de todos sus esfuerzos se acercaba la hora fatal en que el mister~o se
haría Imposible y en que su pesado secreto stría descubierto.
Una noche la familia Joyeuse se hallaba reunida
en la salita, en que babia dos magníficos sillones, muchas labores de crochet, un plano, dos lámparas cár•
cel con sus pantallas verdes y un estante de figuritas
y caprichos de porcelana.
La verdadera famllla se balla entre los humildes.
Por economía no se encendía más que un ruego en
toda la casa y una sola luz, alrededor de la cual todos se agrupaban detrás de su antigua pantalla, que
representaba escenas nocturnas sembradas de puntos
luminosos que fueron otros anos la admiración y la
alegría de todas aquellas muchacbas en su niíiez.
Destacándose dulcemente entre las sombras de la
habitación cuatro cabezas jóvenes, rubias unas y morenas otras, que se tnc11naban sonrientes ó aplicadas
á su labor debajo de la luz, que parecía alimentar
la llama de sus miradas y acrecentar la brillantez
de su juventud debajo de sus tersas trentes; abrigándolas, preservándolas del frío que bacía fuera de
aquel santuario, de los fantasmas, de los engai.los,
de las miserias y de los terrores, de todo lo que hay
de siniestro, en fin, en una noche de invierno part.
siense en el fondo ,de un barrio desierto, ó poco menos.
Así reunida en una plececita en los altos de la casa deshabitada, en una atmósfera templada, én un
interior bien cuidado y confortable, la familia Jo-

...

algo cortado. El recién llegado explicó, sin embargo,
con mucho.claridad, el motivo de su visita. Iba recomendado por el anciano Passajon, amigo del senur
J oye use, para que éste le pusiera al corriente de hl
contabilidad, pues un conocido suyo estaba compro.
metido en un negocio en comandita, que no acertaba
á examinar. El jovenqueril\ servir ásu amigo enterl\11..
dose del empleo de los capitales y de la rectitud d•
las operaciones; pero era abogado, y por lo tanto se
hallaba poco al corriente de las operaciones financie..
ras, y, en consecuenc1a, deseaba preguntar al sellar
Joyem,e ¡;;f no podría, durante algunos meses, dirl~
tres ó cuatro lecciones á la i,emana
-Si, senor, si ...... murmmaba el infeliz, atur..
dido por tan inesperada suerte. Me encargo de pone.
ros perr.ectamente apto en pocos meses para quepodáis llevar dichas cuentas. ¡Adónde tengo que Ir ,
dar la lecclón1
-Aquí, si lo tenéis á bien, respondió el joven,
pues me conviene que nadie se entere de que meoou..
po en este trabajo. Solamente seotirfa mucbo que
cada vez que venga sucediera lo que esta noche, ea
decir, que todo el mundo huya cuando llegue yo.
En efecto, á las primeras frases pronunciadas por
el joven, las cuatrc mucbacbas habfan desaparecido,
charlando en voz baja, dejando vacía y triste la salita,
tan alegre antes.
Siempre muy desconfist.do cuando se trataba de 808
bijas, el buen padre contestó que sus nli'ias ten(an
por costumbre recogerse temprano, y esto rué dicho
con un tono tal, q ne signi flcaba claramente: cOs ruego que hablemos de nuestras lecciones.&gt; Y se trató
entonces de los días y de las horas útiles de la DO•
yeusE. parecía vivir en un nido en la cima de un árbol cbe.
En cuantoá.lascondiciones, el anciano las dejaba,
muy elevado. Se cosfa, se lt'fa y se conversaba. Los la decisión del alumno.
únicos ruidos que se oian eran el chisporroteo de la
El joven fijó una cantidad.
Jei'ia en la chimenea, ó alguna exclamación del paEl senor Juyeuse se puso muy encarnado; aquella
dre, algo retirado del círculo y como perdido en la suma era lo que ganaba en casa del senor Hermesombra ocultando su ansiedad. Se figuraba que, hallándose ya ea la nec~idad absoluta de confesará sus llngue.
-¡Oh! no, exclamó; es demasiado.
bijas su apurada situación, aqueJla noche, ó á más
Pero el joven no le oía ya; buscaba un medio, abría
tardar al día siguiente, la Provldenc!a le enviaría un la boca para hablar y se detenía como si tu viera que
socorro inesperado. Es fácil, se decia, que Herme- decir algo muy ditfcil de pronunciar, y, por fin, de
língue, a.rrepeotido, me mande, como á todos los que pronto, alargándole la mano:
han trabajado en el empréstito tunecino, su gratifi-He aquí, dijo, el primer mes de vuestros hono•
cación de Diciembre. 8erá un elegante lacayo quien
rarios.
la traiga y diga: e De parte del señor barón.&gt; Como
-Pero, caballero ..... .
el Infeliz soflador dijo estas palabras en alta voz, las
Mas el discípulo insistió diciendo que no tenl a el
lindas caras de sus otila,, se volvieron riendo hacia honor de ser conocido, y que, por consiguiente, er,
él, y el desgraciado vol vló de pronto á la realidad.
justo que pagase adelantado. El señor Joyeuse co w1Ohl 1Cu1n pesaroso estaba de no baberlo conlesado prendtó que Passajon había enterado al joven de
antes, pues tenía ahora que destruir de repente la su precaria situación, y dijo á media voz y muy contranquilidad que reinaba á su alredepor, encontrán..
dose sin fuerzas para conservar y para defender la fe- movido:
-¡Gracias, oh, mil gracias!
licidad de su lamillal Y delante del lindo grupo tan
Ya tenía para vi vlr algunos meses, y con tiempo
alegre y seductor, se veía acosado por remordimien- para buscar un nuevo empleo, sus hijitas no carecetos tan punzantes para su alma débil, que su secreto rían de nada y podría comprarles los tandeseadosagul·
. iba á escapársele, cuando un campaniJlazo, nada qui¡Ob Providencial
mérico, hizo estremecer á todos y detuvo el secreto, caldos.
-Pues bien; hasta el miércoles, sei'ior Joyeuse.
pronto á ser divulgado.
-l rasta el miércoles, señor ... •. . .
¿Quién podía llegará tales horas? Vivían tan ais-De Géry. Pablo de Géry.
lados desde la muerte de la madre, que no visitaban
Y ambos se separaron, encantados, deslumbrados,
á nadie. Cuando Andrés Marenne venía á pasar un
uno por la Inesperada aparición de aquel sal'\"f:Ldor,
rato en su compafiia, llamaba familiarmente con la el
el
e~ro
el admira.ble cuadro, que apenas había tnmano, como aquellos para quienes la pu~rtaestái;;iem- t~ensto,porformado
por toda aquella juventud te mepre abierta. On profundo silencio reinó en la salita moa agrupa.da alrededor
mesa cubierta de llmientras que en la puerta del cuarW se oia una ani- bros1 cuadernos, madejas,dey la
que tenía tal aire de pu•
mada convesaclón, y por fin la anch,na criarla hizo
entrar á un joven completamente desconocido, que reza y de honradez 1 que bacfa. desear \'ivlr en aqutl
se detuvo admirado en la puerta, delante del lindo tranquilo hogar.
ALFONSO DA UDET.
cuadro que formaban las uiñas alredE':dor de la mesa,
lo que fué causa de que se presentara con timidez y

;~,"
- -=-.....:...

-.-

-.-·::::~½::'

--·

EN EL PARQUE.

�Domingo 13 de Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

104

Domingo 13 de Agosto de 1899.

Las ejecuciones recientes me traen á. la memo•
ria !a siguiente hii.toria:
.
Aquella noche, 5 de Junio de 1864. á las siete,
el Doctor Edmond Desiré Couty de La Pomm?·
rais, recientement~ trasladado de l_a C.:.nsergen~
á la Roquette, estaba sentado, meudo en la cam1•
sa de fuerza en la celda de los condenados á
muerte.
.
..
ªl
Taciturno, con los OJOS fiJos, se acodaba e~l ~
reFpaldo de su ~illa; una bujía sobre la mesa i U·
ml·oaba la pali'dez de su rostro frío. A dos pasos

.

un guardián, de pie, pegado al muro, lo observa•
ba con los brazos cruzados.
.
Ordinariamente los prisionerose_on obhgados á
un trabajo cotidiano, de cuvo salar10_descuent~ el
administrador desde luego, el precio del ataud,
que no le _sumini~tra: Sólo l?s condenados á.
muerte no tienen mrgun trab··JO.
.
El prisionero esta b ~ i~pasible, no se leia en
su mirada ni esperenza m temvr,
.
Treinta y cuatro ailos, moren~, de med_iana
estatura, las sienes canosas, la mirada ne~v1osa,
semivelada, frente de razonador, 1~ voz f~rme Y
breve, las manos sa.turnianas, la f1sonomia nor1 d e las gentes estrechamente correctas, las
ma
maneras de una distinción estud'iad a¡ asi. era co•
mv aparecía.
(Se recuerda que en las sesiones e.el Sena, no
habiendo podido borrar el d~fensor.-~. _Lacbaud-de la concienci:l de los Jurados, e, ~nple
t fecto producido por los del:&gt;at~s! la~ conclusiones
del Doctor Mardieu y la reqms~toria de ~ - Osallée M. de La Pommerais, co11venc1do de
car de •V
'
f.
'd
haber administrado, con un m _to_rci. o Y con
premeditación, dosis mortales dedlgitalma á u~a
seilora amiga suya-la seilora d~ P~mo, babia
oído pronunciar contra él, en aplicación de los
arts. 301 y 302 dt,l Código Penal, la pena de
muerte).
. •
b
·
Aquella noche, como de Jum_o, ign~ra a aun
la negación del recurso de casación,. as1 c~~o la
repulsa de toda audiencia ~e gracia solicitada
or sus parientes. Apenas si su dtfensor, má.s fe·
iiz había sido escuchado distraídamente por el
E~perador. El venerable abate Cr~ze~, que an•
tes de cada ejecución, agotaba sus suplicas en las
Tullerías había vuelto sin respuesta. Conmutar
la pena de muerte en semejantes casos, ¿n_o era
aomo abolirla? ¿El easo era eje~plar? Habien_d?
sido rechazado e! recurso y debiendo se~ not1fi.
cadodeun momento á otro, el Sr, Hendre1ch acabRba de ser requerido para q11e entregara al condenado el 9 á. las cinco de la mailana.
.
Súbitamente un ruido de culatas de fusil sonó
sobre las baldosas del corredor; la ~erra.dura re•
chinó pesadamente, la puerta se abnó, las bayo-

~-ªº ,

*
**
Velpeau aquel año entraba en
los sesenta. En el apogeo de su renombre, heredero del sillón de Larrey en el Instituto, primer Profe•
sor de clínica de París, y por ous
obras todas de un rigor de de•
ducción tan preciso, una de ~as
lumbreras de la ciencia patológica
alltual, el ameritado práctico s~ im•
ponía ya como una de las emmen•
cias del siglo.
Dspués de un frio. momento de
silencie-.
- Sefl.or, dijo, entre médicos. se
debe evitar inútiles condolencias.
Por otra parte, una afección de la
próstata (dela qu e seguramente debo morir dentro de dos ailos ó dos
y medio) me coloca también con a_l.
gunos meses de plazo entre el DU·
mero de los condenados á muerte.
A los hechos pues, y sin preámbul~s..
. .
-Entonces, según vos, doctor, m1 situaciónJU·
dicial es .... desesperante?
-Eso se cree, respondió sencillamente Velpeau.
-¿Se ha fijado mi hora?
-Lo ignoro, pero como na_da se ha convenido
Púo á vuestro respecto, podéis seguramente contar con algunos días.
La Pommerais pasó sobre su frente fría la
manga de su camisa de fuerza.
_ Sea estaré dispuesto. Lo estaba ya, y lo
' será lo meJor.
.
má.s pronto
-NO habiendo sido rechazado vuestro recura~,
por ahora al menos, repuso Velpeau, la pro~o.sición que os voy á hacer no es má.s q~e co~d1c10 ·
nal. Si tenéis buena suerte, tanto meJor. Si no ....
El gran cirujano se detuvo.
-¿Si no? pregu ntó la Pommerais.
Velpeau, sin responc.er,
sacó de su bolsa un pequefto estuche, lo abrió, sacó
la lanceta, y rasgando la
camisola en el puilo izquierdo apoyó el corte en
el pulso del condenado,
-Seftor de La Pomme•
rais &lt;lijo, vuestro pulso me
rev;la una sangre fría , una
firmeza rara. La diligencia
que cumplo cerca de vos (y
que debe man~enerse secre•
ta ) tiene por º?j~to una especie de ofrecimiento qu~,
aunque dirigido á. un médico de vuestra energía, á un
espíritu templado en las
convicciones positivas de
nuestra ciencia, y desprovisto de todo temor fantá.stico de
muerte, p~dría parecer de una extravagancia y una _decisión criminales. P&amp;o creo que sabemos quiénes
somos y espero que lo toméis e? consi~eración
por extrall.o que os parezca á. primera vista.

!ª

hoque como la simple lesión de las vértebras
c 8 pr~du~e la insensibilidad atéxicq¡ y luego,
separ11ción misma de la cabeza, la cisión de
espina dorsal, la interrupción de las relaciones
orgénicas entre el corazón Y_ el_ eerebro, no bastaría A paraJizqr en lo más mtlmo del ser huml\no toda sensación, aun vaga, ~e dolor? Impoi¡ible, inadmisible, y vos lo sabéis tanto como yo.
-Lo espero al menos más que vos, seftor, respondió La Pommerl\i~. ~ero, n_o es en realidad un
gr11nde y rápido sufrimiento fJSico (apen.1s concebible en el desarrollo sensorial y velozmente
abogado por la invt1sora ascendencia de la muer•
te) no es eso, digo, lo que temo, sino otra cosa.
-Tratad de formularlo, dijo Velpeau.
-Escuchad, murmuró La Pommerais, después
de un silencio; en di-finitiva los óreanos de la
memoria y de la voluntad (si están circunseritos
en el hombre en los mismcs lóbulos que hemos
comprobado en ...... el perro, por ejemplo,) esto!' órganos, digo, son respetados por el paso del
cuebillo.
Hemos rechazado ya demasiado equívocos
precedentes, tan inquietantes como incompren&amp;ibles para que me deje persuadir tan fácilmente
de Ja inconsciencia de un decapitado. Según las
leyendas, ¿cuántas cabezas, in terpelad11s, han
vnello su mirada hacia quien las interpelaba?
¡,memoria de los nervios? ¿movimientos reflejbs?
Vanas pnla bras.
¿Ot acordáis de la c11 beza de aquel marinero
qu6 en la clítica de Brest, nna hora y cuarto
de,pués de la degollación, cortaba en dos. con
un movimiento de mandíbulas-tal vez voluntario-un lápiz colocado entre ellas? Para no escoger més que este ejemplo, entre mil, la cuestión
&amp;Prfa aquí saber si es ó no el yo de este hombre
el que después de la cesl\ción dfl la hematosis
impresionó los músculos de su c11bflz11. exangüe.
-El yo está en el conjunto, dijo Velpeau.
-La médula espinal es la prolongación del cerebelo, respondió La Pommer11is, y siendo 11sí,
¿dónde está el conjunto sensitivo? ¿Quién podrá
revelarlo? Antes de ocho días, ciertamente yo lo
h•bré aprendido . . . . y olvidado.
-De vos d epende tal vez que la humanidad
sepa la verliad sobre el caso, respondió lenta•
mente Velpeau. los ojos sobre los ojos de su in•
terlocutor .... Y hablemos francamente, á. esto
,18 1\ lo qu11 he venido.
• He sido enviado ante vos, por una comisión de
nuestros més eminentes colegas de la Facultad de
P11rís, y mirad mi pase del Emperador. Contiene
podtrts suficientementó extens-:&gt;s para prorrogar
en caso ni:cesario la orden misma de vuestra ejee11eión.
-Explicaos, porque no os comprendo, respondió La Pommerais turbado.
-Sellor de Li Pommerais, en nombre de la
Cieneill 4ue nos es tan cara y que no cuenta ya
entr11 nosotros con mértires magnénimos, vengo,
(en l!i hipó:esis, p1ir1t mí más que dudosa, de que
f11er!l praetic¡¡ ble alguna experiencia convenida
entre nosotroP) á recl,1m11r de todo vuestro ser
la mayor suma de energía y de intrepidez que
Be pneda esperar de la especie humana. Si vuest~o recurso de gracia es rechazado, encontr1uéis,
siendo médico, un asunto interesante en esta su•
prema operación. Vuestro concurso, sería pues
1neatimable en una tentativa de comunicación,
aquí. Ciertamente, por grande que sea nuestra
buena vol.untad, todo parece afirmar de antemano el resultado negativo; pero en f in, con vos,
(siempre en la hipótesis de que esta experiencia
Do sea absurda en principio) ofrece und probabilidad sobre diez mil de derramar una luz milagrosa, por decirlo así, en la Fisiología moderna, La ocasión, pues, debe aprovech, rse desde
l11ego,_ y en el caso de un signo de inteligencia
Victoriosamente cambiado des pué¡ de la ejecución, dejaríais un nombre cuya gloria científica
borraría para siempre el recuerdo de vuestra fal-

q:fa

E,L, SEORETO DEL Of\Df\L,80.
net11s brillaban en la penumbra y el Dire~ter de
la Roquette, el sefl.or Beauques~e_, apareció sobre
el umbral acompailado de un visitante
El sellor de La Pommerais, levantando la ca?~·
za, reconoció á. la primer ojeada, en aquel visi·
tante al cirujano Armand Velpeau. .
.
A una seilal desapareció el guardiá.n Y retirado
á su vez el seil,r Beauquesne. después de una
da resent11ción, los dos colegas queda.ro~ de
mu t p los de pie en frente uno de otro y vién·
pron
nose f1Jamente.
.
·1
.
eña·
La Pommerais, en s1 encio, s
·
ló al Doctor su propia silla Y en se•
guida fué á sentarse en ese cam~s\
tro donde los que llegan á. dormir•
se sondespertados á la vida en ID?·
dio de un sobresalto. Como se._v?1 ª
apenas se aproximo el gran cll_mco
al enfermo para observarlo meJory
poder piaticar en voz baja.

EL MUNDO.

73

- Contad con toda mi atención, seilor, respondió La Pommerais. .
.
l
,
.
. de Jgnorar, repui.o Ve peau, que
-Estéis 1eJOS
•
d la r
de las más interesantes cuesu_ones ~
I•
u_na .
d rna es saber si persiste algun dess10logia mo e .
de r eflexión de sensibilidad
tello de ml emorbirao, del hombre después de la sec,
real en e cere
ción de la cabeza.
d
A esta salida inesperada el condena o se estremeció, pero luego, repor1ándose:
.
-Cuando entrasteis, doctor, respondió, estaba.
·ustamente muy preocupado
este problema,
~oblemente interesante para mi por _otra Pª:te~
-¿Está.is al corriente de los trabaJos escr~tos
sobre estB cuestión, desde los de Soenumermg,
Sire, Sedillot y Bechat, hasta loll modernos?
-Y hasta he asistido á una de vues~ras_ ~átedras de disección de los restos dfl ur: ~Justlc~ado.
-Ah! A los hechos entonce~. ¿Te~é~s ~ociones
exactas, desde el punto de vista qmrurg1co, sobre la guillotina?
La Porumerais, viendo fijamente á Velpet u►
respondió fria.mente:
-No, seftor.
-Yo he estudiado hoy escrupulosamentP. el
aparato, continuó sin inmutarse el ~octor VelpeAu y doy testimcnio de que es un mstrumento
perfecto.
Obrando á la vez el puilal-cuchillo como r.u.fta,
como hoz y como masa, corta en bisel el c uP-11~
del paciente en un tercio de segundo. E l decapi•
tado bajo el choque de este ¡?olpe fulgurante no
puede pues sentir ningún dolor, como no lo ex•
perimenta el soldado cuando en el campo de batalla le arranca un l'razo .la bala de caftón. La
sensación por falta de tiempo es nula y obscura.
Quizá baya dolor: quedan dos llagas v iva~.
¿No es Julia• Fontenelle la que. dando sus moll•
vos, pregunta si esta misma velocida_d n~ tiene
consecuenciBs más dolorosas que la eJecución con
sable ó con hacha?
- Berard bastó para desprestigiar esta ilusión,
respondió Velpeau.
Para mí ten go la convicción basada en cien
experiencias y en mis observaciones particula,
res que la seceión instantán_ea . d~ la cabeza pro•
duce inmediatamente en el mdividuo el desvane•
cimiento anestésico más absoluto.
El solo síncope provocado por la pérdida d&amp;
los cuatro ó ciuco litros de sangre que salen de
los vasos (Y frecuentemente con una proyección
circular de un metro de diámetro) bastaría para.
serenará l os más tímidos á. este respecto.
En cuanto á los sobresaltos inconscientes
de la máquina carnal, súbitamente detenid a en
su procesus no constituyen un indicio de sufri•
miento, como la agitación de una pierna cortada, por ejemplo, cuyos músculos y nervios Eecontraen pero por la que no se sufre. Digo que
aquí la fiebre nervio,;a de la incertidumbre, la
solemnidad de los preparativos fatales y el sobresalto del despertar matinal son lo más efecti•

Pº:

"---- ...

)

vo del pretendido sufrimiento. No pudiendo serla amputación m!ls que imperceptible, el dolorreal no puede ser má.s que imaginario. ¡Bah! un
golpe así sobre la cabeza no solamente no se sier•
te sino que no deja ninguna conciencia de 1 u.

,.

105

cuchillo yo estaré allí, yo, de pie, frente á vos,
contra la máquina. Tan velozmente como sea
posible vuestra cabeza pasará de manos del verdugo A las mías. Y entonces, no pudiendo ser seria y concluyente la experiencia sino en razón de
su misma sencillez, úS gritaré muy distintamen•
te al oído: Seilor Conty de La Pommerais, en recuerdo de nuestro pacto durante la vida, podéis
en este momento bajar tres veces consecutivas el
párpado de vuestro ojo derecho, manteniendo
abierto el izquierdo. Si en este momento, cualesquiera que sean las demás contracciones fdcia- ·
les, podéis por estos tres parpadeos indi~arme que
me habéis oído y con;prendido y probérmelo im_p resionando así por un acto de memoria y de voluntad permanente vuestro músculo parpebral,
vuestro nervio gomático y ,uestra conjuntiva,
domina.ando así todo el horror, todo el impulso
de las otras impresiones de vuestro ser, este he cho será. bastante á iluminará la ciencia y revolucionar nuestras convicciones. Y yo sabré, no lo
dudéis, notificulo de tal modo, que en el por•
venir vuestra memoria no sea la de un criminal
sino la de un héroe.
A estas insólitas palabras, el seftor de La Pommerais pareció presa de una. emoción tan profunda, que, con las pupilas dilatadas y fijas dobre el
cirujano, permaneció durante un minuto silencioso y como petrificado. Despué3, sin decir pala•
bra, se levantó, dió algunos pasos, pensativo, y
luego sacudiendo tristemente la cabeza:
-La horrible violencia del golpe ·me quitará.
teda conciencia. Realizar esto, me parece un hecho fuera de todo querer, de todo esfuerzo humano. dijo. Se sabe, por otra parte, que las pro•
babilidade11 de vitalidad:no son iguales para to•los
los guillotinados. Sin embargo, volved, !'efior,
la mafl.lrna de la ejecución. Os responderé si me
presto ó no á. esta tentativa, á la vez espantosa,
· rebelde é ilusoria, si no cuento con vuestra discreción, no es cierto que dejaréis sangrar mi cabeza tranquilamente en la. bandija da estailo que
la recibirá?
-Hastl\ la vista, pues, seilor de La Pommerais, dijo Velpeaulevantándose también. Rdlexiont1d,
Los dos se saludaron.
Un instante despué.,, el doctor Velpeau abandonaba la celda¡ el guardián entraba y el condenado se tendía, resignado, en su lecho de campo
para dormir ó sollar.

Cuatro días des¡més, á las cinc,., y media de la
mafl.aoa, el seilor Beauquerne, el abate Crozes, el
seilor Claudio y el seilor Potier, escribano de la
corte imperial, entraban en la celda. Despertado
el seftor de La Pommerais con la nuevB de la hora
fatal, se levantó muy pálido, y se vistió rii pida.mente. Despuéil conversó diez minutos con el
ab11te Crozes, cuyas visitas habfa acogido muy
bien (se sabe que el santo sacerdotti estaba dotado de esa unción de vidente que hace dulce la
última hora) y mego, viendo llegar al doctor Vel-

Allá, detrásdelos árboles, se oían los vagos rumores de la multitud, enervada por la vlg11ia Sobre los techos de las tabernas y en las ventana¡¡
se asomaban en compaflía de tristes vestidos negros, algunas cortesanas lívidas, ajadas, cubiertas por sedería&amp; vistosas, teriendo aún en la mano
una botella de champ11gne. En el aire matinb l V.J·
laban las golondrinas.
Sola, llenando el espacio y limitando el cielo,
la guíllotina parecía prolorgar sobre el horizonte la sombra de sus dos brazos levantados, en tre
los que allá, muy !ejes, en el 1;1znl del a!ba, se veía
cintilar la última estrella.
A este aspecto funerario el condenadc se ex•
tremeció, pero luego avaPzó resueltamente. Subió los escalones. Ya el cuchillo triangular brillaba sobre el negro bastidor, velando la estrellB.
Ante la plancha fatal. después dt l crucifijo be-ó
un bucle de sus propios cabellos levantado durante la toilette por el abat~ Crozes que le tocó
con él los labios: Por ella, dijo.
Las siluetas de los cinco personajes se des ta ban
sobre el cadalso: el silencio. en este instante se
hizo tan profundo que el ruido de una rama quebrada á. lo l&lt;jos bajo el peso de un curioso, llt'gó
con el grito y algunas vagas y pérfidas ris!ls, hasta el grupo trá.g-ico. Entonces como sona rn la
hora cuyo úl1imo toque no debía cír el seflor de
La Pommerais vió frente á. él á un extr11ilo experimentadcr que con una mano sobre la p lata·
forma lo veía. Se recogió un segundo y cerró los
ojos.
Bruscamente foneionó la. báscula, se abatió la
argolla, cedió el botón y pa, ó el relámpago del
cuchillo. Un cheque terrible sacudió la pli,t8fJrma; los cabellcs se enea britaron al olur m ·~ gnético de la sangre y el eco del ruido vibraba 11ún
cuando la cabeza ensangrentada de la v ictima
palpitaba ya en las manos impabibles dt1l cirujano
de París, enroj~ciendole los dedos, las mangas
y los vestidos.
Era una cabeza sombría, horriblemente b!aoca,
de ojos abiertos y como distraídos, de cejas torcidas y rictus cri ipad0¡ los dientes castailetea bao ¡
la barba había üdo iuteresada en la extrem i dad
del maxilar inferior.
·
Velpeau se inclinó rápidamente sobre aquella
cabeza, y artieuló en la oreja izquierda la pregunta convenida. Por sereno que fuera este hombre el resultado le hizo temblar con una especie
de terror frío: el pá1-pado del ojo clerecho se ce1·ró;
el ojo izquiei·do abierto, lo miraba.
-En nombre de Dios mismo y de nuestro ¡e~,
dos veces más ese aigno, gritó algo extraviado.
Las pestaftas se separaron como por un e,fuerzo interno, pero el párpado no se levantó ya. El
· rostro de !!egundo en segundo se hacía rígido,
frío, inmóvil. Todo había terminado.

pea111

-He trabajado, dijo. Ved.
Y durante la lectura de la sentencia, mantuvo
cerrado su párpado derecho, mirando fijamente
al cirujano con el ojo izquierdo.
Velpeau se inclinó profundamente, y luego
volviéudose hacia el seftor Hendreich, q1:1e entraba con sus auxiliares, cambió violentamente con
el verdugo un signo de inteligencia.
La toilette fué rápida: se observó que el fenómeno de los eabellos que se emblanqueeen bajo
las tijeras, no se produjo. Una carta de despedida de su mujer leída en voz baja por el sacerdo.
te mt•jó sus ojos con lágrimas, que el abate
enjugó piadosamente con el pedazo levantado del
escote de la camisa. Una vez de pie, y echada la
levita scbre sus espaldas, se aflojaron las cadeta social.
nas en sus pollos. Despué3 rehusó el vaso de
-¡Ahl murmuró La Pommerais lív ifo, pe- 1Jguardiente y la escolta se puso en marcha en el
ro C&gt;n una sonrisa resuelta, 1ahl comienzo á corredor. Al llegar al portal, y encontrando á
eomprend11r. De hecho, los suplicios han revela - su colega:
-Hasta la vista, le dijo muy bajo, y adiós.
do Ya el fenómeno de la digestión, nos dice Mi;helot. Pero .... ¿de qué naturaleza sería vuesLas pesadas hojas de fierro se abrieron y ro~• experiencia? ¿sacudidas galvánicas? ¿incita- daron a nte él.
e~onea del ciliar? ¿inyecciones de sangre arte•
El viento de la maftana entró en la prisión,
riali' Tod~ poco concluyente.
ama necía; la gran plaza se extendía á lo lejos,
-Creo inútil decir que inmediatamente des- franjeada p or un doble cordón de caballería, enPlléa de la ejecución, vuestros restos irá.o á re- frente, á diez pasos, en un semicírculo de genJiosar en paz y que ninguno de nuestros escal• darmes á. caballo, cuyos sables resonaron á su
Pelos os tocará, dijo Velpeau. No. Pero al caer el aparición, surgía el cadalso.

B1 Doctor Velpeau entregó la cabeza muerta á
Hendreich, que abriendo el cesto, la colocó según
costumbre entre las piernas del tronco ya inerte.
El gran cirujano se lavó las manos en uno de
los cubos destinados al lavado, ya comenzado de
la máquina. En torno suyo pasaba la multitud
.
. reconocerlo. Se secó después en'
pensauva,
sm
silencio.
Y luego, con pasos lentos, con la frente meditabunda y grave se dirigió á su carruaje que lo esperaba en el An~ulo de la ¡:,risiór. Al subir vió
e l furgóa judici11.l que se alejaba al tro te hacia Montparnasse.
CONDE VILLIE RS DE L ' ISLE A D&gt;. M.

�momingo 13 de Agosto de 1899.
EL MUNDO.

106

A
Miedo me da el pensar lo que en mí siento,
y por eso en sus males, importuno,
sólo sabe ir á tí mi pensamiento.
Por tus renglones, que besé nno á uno,
ya sé que están en nuestra llumilde casa,
todos muy bien, aunque fJliz ninguno.
Que arrastren, como yo, su dicha escasa
con católica fe, con pecho f.ierte;
que la vida es cruel, mas pronto pasa.
Y sufriendo por Dios, tendrán 1~ suerte
de vivir esa v!da de alegría,
que no muere en el día de la muerte.
¿Quieres saber mi hi,toria, madre mía?
¡Ay! ü el saberla yo me da tormento,
el contártela á tí, ¿qué me darfa?
De un pesar que no espera es mi lamento,
por eso hoy busca tu materno lado,
maniático de tí, mi pensamiento.
Del hijo más que r.ddos desdichado,
abre tu corazón á sus gemidos,
por la vida tan triste que le has dado.

MI

::s

MADRE.

Al fijar tus pupilas en las mías,
como es la voz del alma tu mirada,
¡qué de cosas, callando, me decías!
Ya mi mente en tu e,píritu filtrada,
dejaré deslizarse mi existencia
en tu augusta belleza vinculada.

De tanto ser cc,mo encontré perjuro,
ya dejo hasta el recuerdo, que maldigo,
por tu amor siempre grande y siempre puro.

Año VI-Tomo IC

Desde este día á tu mejor amigo
ya no le importa oscuridad ó gloria,
gusto ó pesar, sufriéndolo contigo.

México, Domingo .zo de Agosto
· de 1899.

Tú sola en mi dolor me das paciencia,
pues siempre con tu imagen me acompaiias,
confidente leal de mi conciencia.
Tú de luz pura el pensamiento baiias,
la infernal lobreguez trocando en cielo,
del hijo, antes feliz, de tus entralias.
Pueda hoy contigo desahogar mi duelo,
pues sabe bien tu natural tristeza
que el placer de llorar es gran consuelo.
Turbios mis ojos, blanca mi cabeza,
perdí con la esperanza la energía,
y ya basta tengo de vivir pereza.
Fué tan larga y terrible mi agonía,
que por tu hermosa senectud te juro
que, á no vivirme tú, me momoriría.

Pensando en goces, para siempre huidos,
mi mano sofocando la agonía,
dtil corazón retiene los latidos.
¡Cuánto recuerdo ahora, m'\dre mía,
aquel dulce mirar con que afrentabas
al sol de otolio al acabar;ie el día!
¡Cuántas dichas entonces me augurabas,
mientras viendo nacer mis sentimientos,
con el alma en los ojoa me mirabas!
L

Y aunque las dichas se volvieron cuentos,
¡cómo, en recuerdo de tan bello3 días,
hoy te besan los piés mis pensamientos!
Del alma, que consagro á tu mem~ria,
presto lo3 males curará la muerte,
desenlace final de toda historia.
Y nntes la edad, más que las penas, fuerte,
me dará poco á poco ese desvío,
que la t•üteza en hábito convierte.

~

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1

Buitre de l11s pasiones, el hastío
con sordo bfán mi corazón devora,
y el pecho se me queja A pesar mío.
Mas así iré viviendo hora tras hora
basta que ponga fin á mi existencia
aquel Dios que es más Dios del ser que llora.
_Y querrá, en su hondad, la Providencia,
mientras llega ese fin, dar á mi mente
la angustia que se abisma en la paciencia.
;,Recuerdas la tersura de mi frente?
¡Oh, qué ¡ay! darías sus arrugas viendo,
de esos que dais las madres solamente!
Mas concluyo esta carta, porque entiend o
que lo mismo que á mí cuando te escribo,
te se caerán l11s lágrimas leyendo.

\

· No llores, madre mía, pues concibo
que es pagar con un ¡ay! con mucho exceso
1a ruin parte de vida que ahora vivo.

~---.~
\

¡Cuánto lloras mi mal! A cuenta de eso,
para estampar en tu anchurosa frente,
además de otros mil, te guardo un beso.

·.

~

Dame tu bendición, que ye impaciente
a darte voy cuanto tu amor desea,
que es la ansia eterna de tenerme enfrente.
Y si Dios no permite que te vea
de mi vida los últimos alientos '
besos serán que te daré en idea.
Desde que hallé insufribles mis tormentes,
cuantas horas los días han tenido,
tuve yo para tí de pensami,mtos.
Adiós, mi santo amor; tú ~iempre has sido
el ángel para mí de las mujeres·
recuer?a sin cesar que no te ol;ido,
Y escnbeme á menudo que me quieres.
R AMÓN DE CAMPOAM0R,

EL

CA:NTO..

Número 8

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

�76

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA
Desde hace algún tiempo teníamos ?lvi~ad~ el ~oblo y no obstante nuestras etnológicas rnclmac10~!s d~ pereza, parece que desdeñábamos seguir el
ideal que fué medio siglo atrás, el encanto _de nuestros oetas. Hoy vuelve, de manera repentma, evocado ppor quién sabe cuáles viejos r~cnerdos,.,la dul_ce
palabra que, como ttdo lo desvanecido y leJano, ~1~ne un encanto singular de perfume mu_erto, de _mus1ca remota, d~ ensueño resucit~do. Qm~ro decir que
torna á hablarse de la bohemia .. . • ¡~10!._ mfol Pretender en nuestros tiempos reproducir, s1qmera sea
en cuaresma, el milagro d_e Lázaro! No, no ha de resucitar Ja amada muertec1ta.
.
Colocad si queréis, jóvenes poetas, un ramo de lilas, las primeras_ de la reciente Pr!m~vera, en el sepulcn, imaginar10 de la buena amiga, pero no la llaméis . .Acordaos del compañero ausente:
,Qué madre puede revivir al niíJo
que duerme bajo el musgo de la tierra?
Henry Mi.irger escribió una del~ciosa narr_ación i_~re nada de suave poesía: «La vida bohemia.&gt; Mur:erg cuenta en estilo c:mmovedor las aventuras_ Je
tres muchachos que se lanzaron á la buena de _Dios,
en la agitada vida de París, en busca de glona, de
posición y de dinero.
.
El tipo de e'&lt;tos bohemios, en la época en que el
libro fué escrito, era muy común.
Todos los que en nuestras mocedades hemos _devorado las obras que produjo el ardor romántico en
]'rancia, conservamos estereotipad_a entre los rec.uerdos más frescos, la imagen de un Joven de rostro pálido ojos de prc,funda ternura, alborot~da y abundante melena y largo y ajustado levitón: en una
mano sostiene de la falda un sombrero de copa de
forma extravagante y en la otra lleva u.,n rollo de papeles á manera de cetro. No hay más que evocar memorias de cosas idas, para que aparezca en_ nuestros
sueños ese tipo del bohemio. Es el novehsta, es el
dramaturgo, es el poeta que nos ha le~ado 1~ revolucionaria generación de 1830. Es el mismo Joven de
las confidencias de Lamartine, es el desesperado de
eLa Confesión de un hijo del siglo,&gt; de Musset, es el
Marius de Víctor Hugo.
.
y no cabe duda en que este romántico personaJe quellora en la sublime noche d,e Diciembre y rie en «La.
Vida Bohemia&gt; nos encanta aún y subyug_a nuestra
imagfoación, porque dentro de su fantástica envoltura~ hay mucho de verdadero y humano.
Pero lo cierto es, que en el estado actual de nuestra sociedad, en medio de esta constante mare~ de
progreso y orden, dentro de este circulo en_ real!d~d
que se ensancha cada vez con mayor empuJe, el 10,11.ántico de 1830 es un ente ridículo. Y sin embargo
la manía de la palidez demacrada, de la melena, del
largo levitón, parece que quiere volver aquí, y que
empieza á enamorar á algunos incau~os. Cuántanme
que existen-no he logrado verlos-1óvenes que toman ajenjos tan sólo por imitar al autor de «Rolla,&gt;
que se intoxican con malos alcoholes á falta de buen
hachis y que evocan la sombra de su musa, puestos
en la hierática actitud de los bro.hamanes.
Sin embargo, lo perjudicial, lo nocivo, no está ~n
esas manifestaciones románticas, sino en la creenma
que aún tienen algunos de nuestros jóvtines p~etas,
de que el arte es algo divino que i~funde el cielo á
los seres privilegiados, los cuales brnu pued~n esperará que flote sobre sus cabezas esa llama! ~10 nece~
sidad de estudiar nada, ni de conocer el 1d1oma, m
tan siquiera de haber leído obras que desarrollen sus
facultades.
Urge que nu~tra juventud se convenza dP. que el
artista no es un profeta analfabético, que obedece á
una revelación; es necesario asimismo que se pers•1ada de que tampoco debe ser ui_i holgazán, que entre holgorios y disipaciones, escr1be obras maestras
6 pinta cuadros inmortales. La época actual no se
presta ya á estas comedias vividas.
Emilio Zola, que en uno de su_s iracundos ~r~ebaws acaba de di\orciarse de la Juventud parisiense,
de ~sa juventud simpática, irrev~rente y den:iole~ora, pero ilena de estudi-l y pletór1ca de en_e~g1as m.
telectuales, combate enérgicamente ese. v1c10 de la
bohemiada, que todavía tiene 1:,us adeptos entre nuestros flamantes literatos.
·
El inmortal autor de «La Comedia Ilumana,&gt; escribía acerca del artista, en 18:31:
.
«Obra bajo el imperio de ciertas circunstancias, cuya reunión es un mi&lt;;terio. No se pertenece. Es un
juguete de una fuerza eminentemen_te caprichosa.
Tal día, sin que él Jo sepa, sopla un_vrnnto y todo ~e
relaja. Ni por millones _t~caria 5U pmcel, modelana
un trozo de cen, 6 escnb1ríauna línea ...... Onanoche en medio rie la calle, una mañana al levantarse,
6 e¿ el seno ile una alegre orgía, acierta un carbón
encendido á tocar ese cráneo, esas manos, esa lengua;
de pronto una palabra despierta la11 ideas, que nacen,
crecen fer metan .... tal es el ~rtista; humilde instrumento' de una voluntad despótica, obedece á su amo.

EL MUNDO.
Cuando se le cree libre es esclavo; cuando ~e le ve
agitarse abandonarse á los a~rebatos de !.US ocuras
ó de sus 'placeres carece de voluntad, está muerto.
Perpetua antítesis que se encuentra, así en_lamajestad de su poder, como en la nada de su vida, es
siempre un dios ó siempre un cadáver.&gt;
y Zola responde á esta lucubración brillante con
estos acentos de verdad y de ironía:
«Hoy nos hacen sonreír esas cosa~. Tod~ una época está ahí: la alegre orgía, el carbón encen4ido, la an.
títesis del dios 6 del cadáver, delatan claramente _la
fecha de ese trozo. Se creía entonces que los artistas pintores poetas, novelistas, abrían la ventana á
la \nspiración, la esperaban co_mo una a~ante que
viene ó no viene, según su capricho d~ muJer: El g,:nio no se concebía sin el desorden. ~e trabaJaba al
fragor del trueno, en medio de las ;1amas de ~engala
de un apoteosis, con el ca!Jello erizad? P?r .a. ~ensión cerebral cediendo á un furor de p1ton1sa v1s1tada por un di~s. Estas actitudes líricas no están Y&lt;\ _de
moda, y boy apenas creemos más que en el tr_abaJo;
el porvenir de las personas laboriosas que_ S3 sientan
todas Jas mañanas delante de su mesa, sm otra cosa
que Ja fe en el estudio y su voluntad ~otad ~ue nada había más desastroso para los escntores Jóvenes
que esta teoría de la inspiración que ha?ía_ de un _autor un tabernáculo inconsciente, donde:e. d10s ba_b1taba por accidente de tarde en tarde, y_sm regularid~d.
Entonces ¿á qué el trabajo, la energrn, la contrariedad del esfuerzo1 ¡Cuánto mejor vivi• en la a_legre orgía., e~perando la abrasadora_ del carb~n divmo l Yo
he conocido jovenes del corteJo ~ománt1co llenos de
menosprecio por nuestro trabaJO regular, por ese
arrastre de la inteligencia, por esta faena en que se
doblegan el cuerpo y el pensamiento, y que ll~T?ªn
desdeñosamente faena de albañiles. S_omos epiciers,
es verdad, pero eso precisamente constituye nuestra
fuerza y nuestra gloria.&gt;
Estas últimas p:Llabras del gran nove~ista francés,
son consoladoras, e,timulantes, y const1~uyen el credo de los que en la presente época trabaJan y estudian par11. conseauir lo que en los tiempos de Henr.v
Miirguer se bm~caba en las orgías alegres y con las
ventanas abierras.
·
y ..... . creo, amigos míos, jóvenes bohemios, que
basta y sobra para tardío sermón de temporada.

Domingo 6 de de .Agos~o 18!19. ==

·

El autor de la música. inspiránd_ose también en
compuso una.
f rase de Puccinl en la Bohemia,
una
·
partitura
rica de .instrumentam"6 n Y :¡ue t·iene 108•
piradlsimos pasaJeS.
El buen gusto está de plácemes.

EL SECRETO DEL RATERO.

Paseaba un día en compañía de un amigo; de pronto un movimiento brusco, un empellón, y el alfiler
d¡ su corbata ea manos de un ratero. ~o a~rapamos y
lo \levábamos al gendarme, cuando m1 ~migo se detuto y le dijo: -Te dejo libre si me expllcas _como te
las arreglas para sacar pañuelos, extraer reloJes, birlar
ortamonedas, alfileres y carteras.--¿Palabra de ho~or?-Palabra de honor. _El muchac_h? comenzó en,
torrees uua larga e:xplicac16n q~e qms1~ra reproducir
textualmente, con sus locumone~ prn_toresc~s, sus.
metáforas leperunas, su caló enérgico ~ rnt~nc10nado,
ue me limito á parafrasear para ed1ficac1ón y enY
q
· Ject ores•
señanza
de mis
.
«~o crea usted, señor, que para ratear se neces1tagra~ habilidad, destreza 6 agilidad. Por ahí dicen.
que aprendemos con un muñeco colgado de un mecate y lleno de campanitas y que le ~emos de sacar el
reloj 6 el pañnelo sin menearlo y s10 que suenen las.
campa:ias y qu€. si uó nos dan de palos los maestros.
N O e,; verdad, señor, nosotros no aprendemos con muñec:,s ni con campanas, sino en la calle y con la gente misma.
«Lo importante, lo que es indispensable e~ saber casm· su partidito. Va usted por la calle y empieza á verá los que van pasando y á poco rato ya sabe uno COll
r uien puede rifarse y darse gusto. Unos son mal encaiados, con muchos bigotes y ojos turbios; no s~ meta usted con ellos, porque lo parten . Otros no deJande
manosea,· la cadena del reloj, de tentalear el prendedor, de sacar de cuando en cuando de la bolsa ~e ~*
cho la punta de la mascada, de verse en los vidrios
* *
de los aparadores y acomodarse al disimulo la corbaNos ha llegado el espectáculo noble.
Tal parece que despertamos de un sueño largo Y ta. A estos hay que dejarlos porque _están, muy penalegre, durante el cual hubiésemos estail? escuchan- diente.; de todos sus dijes ...... y ni modo.
«Las señoras arande&amp; se acalambran apretando el
do ruido de ca¡¡cabeles, serenata de mandolinas y pasaportamoneda y ios paquetes que sacan del come~clo;.
calles de bandurrias.
.
La zarzuela del género chico, como se estila ahora se prenden fuerte los :fistoles y esconden el reloJ en
decir, ha dominado el teatro, loba invadido, y se ha el seno. No se puede con ellas. Las ?e~tas no llevan.
más que el libro ce misa y un rosarJG. 10serv1ble; los
adueñado, como una conquistadora, del gusto_. .
Sin embargo, de cuando en cuando nos v1s1ta la cobradores cargan mucho, pero lo cmdan como á_ las.
ópera y reenciende nuestros entusiasmos por el dra- niñas de sus ojos y sólo cuando están contando dmema de alto coLurno y la música de vuelos gigantes- ro se les puede tantear. Pero hay otros, señor, que
deveras dan gusto. Van bobeando, atontados, no se
cos.
b
La compañía que acaba de visitarnos y que a re lijan más que en las niñas que pasan, espían para tola temporada es de las que llaman populares y que, dos los balcones, se paran y se eterniza? en los apa•
desde el punto de vista del arte, prestau un gran ser- radores y se quedan lelos en las fotogra~1as. Ta! pare•
vicio á la cultura hum&lt;\na, en cuanto que democrati- ce que tienen el cuerpo dormido, no srnntei_i tuunes,
zan l&lt;ts obras exquisitas y arrojan en las masas el ni empellones, ni pisotones. Para probar s1 están de
germen fecundísimo del amor á la Belleza.
punto pasa usted Junto á ellos y les Jala los faldones,
Entre los artistas de la nueva ópera, se ha hecho ó los testerea; si se quedan como si tal cos~, entonces esnotable la seííorita Chalia, una soprano dramática pera usted que pase una muchacha bonita, 6 que tra,
que posee, agregadas á sus,raras facJ?-lta~es natura- ben conversación con un amigo, y cuando l_os ve usles, mucho estudio y una gran ,experiencia del palco ted lelos se les atraviesa y les quita usted s10 que loescénico.
sientan, basta la muela del juicio.
La Cllalía se ba presentado, du:ante la seman~,
«Por ahí por San Francisco, con ojos de huevo ti·
tres veces en .dida y la última vez cssecbó más nutn- bio, hay un catrín que está todo el _día haciendo el
dos y espontáneos aplausos.
oso, y á quien le he quitado el reloJ, dos mascadas,
Dentro de muy poco tiempo será entre nosotros un prendedor, un limpia dientes, y un d_ía que le ha•
la preferida en tratáudose del noble espectáculo de blaban por señas, por nadita le seico el amllo del dedo.
la ópera ..... .
Los coyotes dan muy buen resultado; á la hora e~ que
se están tantiando unos á otros con lo de las acciones,
*
* *
ni ven, ni oyen, ni entienden, y los limpiamos que da.
Porque en tratándose de Zarzuela, Esperanza Di- gusto.
marías se llevó, como dice el Padre Isla, de calle
«Los que van por la calle hablando solos, son mulos estrados. Conquistó con el lema de César: llegó y cho muy buenos y los puede su merced desollar vlvo&amp;venció. Su juventud y su talento triunfan desde_ el sin que chisten palabra.
primer instante. No se había dado caso en México
«Cuando vea discutir á dos y gritarse y manotearse,
de un debut más violento y de una victoria más ines- láncese á la desg1·acia, que al .tia no le ban de hacer
perada. La señorita Dimarí_as ha pisado ~a escena caso. Si quiere hacer chuza, improvise con dos ami·
por prime1a vez con la segundad de una art11,ta enve- gos pleito en la calle, y mientras todos están peo•
jecida entre bastido,.es. No riñó batalla con el púb_li- dientes de las trompadas, puede usted hacer s~ ag0&amp;to:
co para arrancarle un aplauso, sino que entró, lo v16,
«A las mujeres hay que trastearlas en el caJón, cuan
le habló, le cantó y el público se rindió, obedien~e y do les están enseñando géneros y listones; s~ les va.
mansamente sin necesidad de hacer esfuerzos m de el santo al cielo, dejan caída la sombrilla, olv1da1!f
recurrir á subterfugios. La Di marías, como la prin- portamoneda en el mostrador, y mientras, se pu 8
cesa de los Cuentes de Hadas, está llena de dones. usted habilitar. También es bueno cuando pasa otrt.
Hay en ella una gran alma de artista.
mujer, y más si es bonita y está bien vestida; por esIrá muy lejos.
tarla barriendo con los ojos y recoJ"tándola, no sabeD
ni con la que pierdP,n y puede usted armclrse. P~
**
*
Los periódicos han hablado lar¡;amente, desha- las beatas lo mejor es la iglesia á la hora de alzar,
.
ciéndose en alabanzas, de la obra de Paso, Dicen- también uno se alza con lo que puede.
«Las tl'ompetos no tienen precio y por eso dicen luete y úbapí, estrenada noche¡¡ ha en el Teatro Argo: «Es como quien desnuda á una torracba. &gt;Las gatf;
beu.
El Curro Varyas, es, en etecto, una zarzuelita de tas son buenas porque siempre están pensando en
tecolote y los payos, como se engentan y se les cae la ~
merito y de carácter netamente español.
Los autores de la letra se inspiraron en una nove- con cualquier cosa, también tienen rnuchct cuenta. P~el
la de Alarcón sobre cuyo argumento bordaron finos por lo que es á un fraiie, á un gachupín, á uno
depósito ó á uno que_preste con logro, no los tcmtell
arabe~os poéticos.

Dommgo 6 de Agosto de 1899
ni con padres descalzos ni los limpia ni con jab&lt;Jn de
Cast illa.&gt;
Mi amigo y yo escuchábamos absortos, sin pestañear, aquellas ingenuas revelaciones.
Sí, á no dudarlo, el secreto del ratero estriba en
conocerá fondo el corazón y el -:arácter humanos; en
diagrwsticar por la fisonomía, por el porte, por el andar, al ser concentrado, abstraído, di vagado, extraño
á cuanto Je rodea; en aprovechar aquellas ocasiones
en que nos olvidamos de nosotros mismos, para hacer
tabla rasa de nue~tros fondos. .Aquel muchacho tenía razón; hay rateros porque hay distraído&lt;; y absor•
tos· porque no falta quien caig-a al pozo por cuntempla~ el astro; porque la atención no puede ser múltiple y porque no tS posible á la vez ocuparse de la mujer que pasa .Y de la cartera., de la conversaciún que
se escucha y del portam,medas.
En cumplimiento del pacto le dimos suelta. c ..ando
el muchacho desap.1reció, babia desaparecido también
mi relox. Quod erat demostrandum.

EL INGENlOSO HIDALGO

. DON QUIJOTE DE LA IIANCHA
POR

Miirrel de Cervantes saavedra.
Ed•ción Seix, ilustraja ricamente con oleogralias
de J. Moreno Carbonero y L. Barran y con un prólogo ,1el Excmo.
Sr. JJ. José ll~ Asensio. Dos tomos. Barce1ona, 1899. (lJ

Una nueva edición del Quijote es siempre un acont ecimiento en el wundo de las letras, por más que
sean ya innumerables las ediciones que van publicadas de la inmortal ol,ra de Cervantes. Con mayor razón lo es, cuando se publica con las excelentes condiciones que enriquecen la que tenemos á la vista y
motiva estas líneas, pues dudamos que jamás la obra
española por excelencia haya sido presentada con maJOr gusto y distinción, á la parque con tal sobriedad
y riqueza, acompañándola tan valiosos documentos
referentes á la obra y á la vida del autor, como los
que la acompañan esta vt:Z.
Semejantes cualidades exigen que no se pase en silencio la aparición de tan hermosa publicacióll, pues
hay q¡ucho que admirar en ella v no poco que apren.
der. Jamás, por mucho que se diga del Quijote, se
habrá dicho lo bastante en consideración á lo que se
merece ese libro sin par, joya de la literatura castellana y admiración de todas las demás literaturas que
se han bourado prestando la vestidura gráfica de su
leng uaje á las descomunales aventuras del ingenioso
hidalgo manchego.
P ero, con el Quijote abierto ante nuestros admirados ojos, ¿de qué hablar que no se haya desmenuzado ya por eminentes críticos y peregrinos ingenios
cer vantistas que han descubierto en él hasta la quinta esencia de un profundo significado? El filólogo
t iene en cada una de sus páginas ancho campo donde
extender sus investigaciones, pues no existe otra obra
que igualarse pueda á ésta en punto á la riqueza y
variectad del lenguaje, constituyendo por sólo este
mérito un verdadero tesoro de la lengua castellana,
un gran monumento de esa lengua que hoy por hoy
babia la mayor parte del continente americano. El
historiador encuentra en ella datos inapreciables para el estudio de la raza entonces dominadora y predominante en Europa y América; el moralista baila
en ella también un verdadero caudal de máximas y
sentencias que no por revestir un carácter sencillo y
popular, dejan de interesarle por lo sensatas y lo profundas. En fin, dad á leer el Quijote á infinidad de
personas ilustradas, 6 sencillamente curiosas, sean de
la condición que fueren, y todas sacarán un determinado provecho de su le.-.:tura, todas encontrarán en
sus páginas un manantial de su ciencia, de su arte 6
de sus aficiones. ¿Qué más necesita una obra literaria
para labrarse la inmortalidad y una fama universalmente pregonada? Tal es lo que consigue el Quijote.
Dejemos aparte este sinnúmero de bellezas, y fijémonos solamente en una, tal vez la que constituye
el alma de la obra, la que inconscientemente tal vez,
impulsó á su autor á escribirla, y á su vez la que
creemos menos estudiada basta ahora, pues siempre
se había tenido en poco el valor sociológico de la obra
de Cer vantes. Nos referimos como ya habrá comprendido el lector, al genio de raza encarnado en el
carácter simbólicamente humano del Caballero de la
triste figura.
Es lo cierto, que por más que por algunos espíritus
(1) Esta edición es elZl!vir!ar,a pura. con inic lale• y frisos policromados al estilo d.e los au,lguos codlces, y la acompañ~n un gran
nt\merode do~umentoslnédito, y de autógrafos MJ propio Cervantes.

EL MUNDO

ligeros se baya negado tal significación al béroe manchego, Don Quijote es la más vi va encarnación del
pueblo castellano; no español como pretf&gt;nden algunos; porque dent,ro de la península, hay pueblos antitéticos al de Castilla, como es el catalán, frío, trabajador y comercial, y el gallego económico, pacífico
y humilde como el que más. Don Quijote e:. esencialmente castellano, quizá tal vez con mezcla de andaluz; en qu,ien puede que haya algo de los demás pi;eblos peninsulares es en Sancho Panza, especialmen·.e
delos del Ebropara arriba;perocomo eso no entra en
nuestro propósito, vamos directamente á Don Quijote
y dej::&gt;mos para otra ocasión al panzudo escudero, antítesis de su amo y señor.
¿Quién no le ha segu·do por las yermas y despobladas llanuras de la Mancha, por las escabrosidades
de Sierra Morena y por las agrestes regiones de Aragón y Cataluña, buscando tuertos que enderezar, viudas
que consolar, justicia que furer y huérfanos que amparar
debajo su jamás desmentida y leal caballerosidad?
Pero !oque él quería realizar, cosa muy digna al fin, lo
quería también conseguir como él, al pueblo castellano, por medio de la fuena, confiándolo todo á un
brazo armado, exponiendo mil veces en designal 'Contienda su noble existencia, dejando abandonados sus
bogares, su hacienda é intereses, pues que nada le importaba que se perdiera lo suyo con ta1 de que se salvara lo ageno, siempre que fuera por obra y gracia
de sus admirables leyes, usos y costumbres que á la
fuerza imponía al mundo. Para él, la sociedad vivía.
sumida en la peor de las esclavitudes, gemía víctima
del error de los que no conocían al Cristo ni á su iglesia, 6 les desconocían habiéndolos conocido, y se figuraba que á su brazo estaba encomendada la tarea de
volverá las gentes al estado de justicia, de esa justicia que el delo había infundido en su cerebro, erigiéndose por propio impulso en batallador apóstol de
su fé. ¿ Quién no ba visto en el Qu;jote al soldado aventurero que alentado por un mal entendido espíritu de
conquista y de religión, muchas veces creyéndose impulsado por el mismo Dios, se anexiona una parte de
Europa, atraviesa el Oceano cuando aún nadie había
osado, se apodera de las regiones de América y Oceanía, las explota más tarde á cambio de lo que él llama beneficios de su civilización, sin que al hacer todo esto le alentara otro espíritu que el que guiara al
famoso hidalgo manchego al proponerse llevar á cabo
sus estupendas aventuras? En Flandes para imponer
la Fé exterminaba á las gentes; en Italia atropellaba
pueblos, y á América y Oceanía las civilizaba. Dominando, explotando, fanatizando 6 destruyendo á sus
raza.~, pacíficas las más de ellas por no decir todas.
J)las como aquellos conquistadores partían de principios equivocados, obraban sin conocimiento de causa y asentaban el edificio de sus obras sobre falsos
cimientos, tantas y tan maravillosas proezas no pudieron menos que re~ultar transitorias, ligeros caetillos de naipes que el aire de la fantasía levanta y
derrumba. Su ideal miraba hacia atrás y no hacia
adelante; y sólo dura lo que progresa.
No es propio de personas de sano criterio creerse
autorizadas para imponer sus particulares leyes á los
demás; máxime cuando se trata de razas diferentes
y con diversos estados de cultura. Hay que partir de
un principio evolutivo, clásico, humano y saber distinguir claramente entre las necesidades de unos y
otros. ¿Qué logró Don Quijote al proponerse arreglar
el mundo tratando de meter á todos en un mismo
molde, acuñándolo todo con un mismo troquel, midiendo todas las tallas con un mismo rasero? Desarreglarlo todo, producir mil disturbios, y estrellarse
en cuantas empresas acometiera.
¿Qué hizo España al tratar de nivelar v colocar
bajo un mismo cetro á tantos Estados europeos como Ueaó á dominar y á los de allende los mares? Encender°en ellos la guerra y provocar la discordia por
todas partes, verter ríos de sangre y de lágrimas y
desangrarse á sí misma, para concluir perdiéndolos ·
con la misma facilidad con que los había adquirido.
Exaaerandc&gt; el cuadro, Cervantes hizo patente el
por qué no se realiza la justicia sobre la tierra á pesar de las buenas intenciones. Si el Quijote no la producía, no era por falta de voluntad, sino por falta de
conocimiento. Su voluntad era grande, grande como
sus empresas y grande como los disturbios que producía por doquiera que se proponía intervenir. Pero su ignorancia era mayor. La buena voluntad de
Castilla fue grande, grande como sus conquistas,
grande como los estragos de que fue causa por donde
quiera que llegaba á ejercer dominio. Mas su falta
de saber la superaba: si como el beroe manchego no
ha realizado la salvación de cuanto se propuso, no
fué por escasez de voluntad sino por ausencia de conocimiento. ¿Quién duda jamás de la sinceridad de
sus buenas intenciones? Escuchad á todos los polítir.os desde las tribunas, absolutamente á todos, desde
~ más rojo al más moderado, y no oiréis más que el
eco de intenciones inmejorables; pero á todos por
igual les falta lo que le faltaba al héroe manchego,
y que fue la causa de su!&gt; inmensos fracasos. Hoy
por boy un sólo pedazo de patria les queda, próxima á desmoronarse el mejor día y aun aspiran á re.generarla y á robustecerla con la misma .:.uena voluntad, de la misma manera que aspirando á reg&amp;wirarlo todo, todo lo perdieron. Nápoles, Sicilia, Cer-

77
deña, el Milanesado, el Rosellón, los Pafses Bajos, el
Perú, Chile, México, el Paraguay, el Plata, !as Antillas, las Fll1pinas, etc., etc, en otro tiempo fueron
suyos; mas hoy nada les queda ya ni en los conti nentes, ni en los mares, lo ban perdido todo lucbando
como el paladio manchego por una justicia imaginaria y por una fe ignorante, al grito sacrosanto de
¡Patria!
¡Cómo se parecen ]os últimos momentos de E!&gt;pai!a y los de Don Quijott! .Ambos tuvieron su dfa de
gloria, su apogeo glorioso en sus empresas, España
viéndose sentada en el trono del imperio del mundo,
y Don Quijote glorificado en los salones ducales,
cuando
princesas cuiclaban dél,
doncellas de su rocino.
Pero toda medalla tiene un reverso. Hay en la Yida de cada hombre,-dice Alfonso D,rndet en su Naiab,-una ci.na luminosa, en la cual espera y recibe
todo cuanto le e&amp; dable esperar en punto á prosperidades, á goces, á triunfos. La cima es más 6 ru¡-,nos
elevada, más 6 menos accesible; pero existe de igual
manera para todos, así para los grandes como µara
los pequefio~. No hay sino que á maneradeaquel día
más !argo del aíio, en que el sol parece agotar tcdos
sus resplandores, y cuyo día siguiente parece ya un
primer paso hacia el invierno, ese summum de las
existencias humanas no dur&lt;1. más que un momento,
después del cual no cabe más que descender. Bien
podemos aplicar á la vida de los estados lo que el
gran novelista francés aplica á los hombres. Para tí,
¡ob España castellana! la del universal Imperio, ese
momento de oro fué el siglo XVI, el siglo que pre·cediera al en que vivió el inmortal autor del Qu~j,,te;
señora del mundo cómo te vistes, apenas hoy tu dominio se circunscribe á tí misma. Si dominas, es falsificando caracteres, disolviendo conciencias, proclamando estados de sitio. ¡Sí! ·Te encuentras en la
agonía; mas acuérdate que el héroe aquél, la personificación de tu genio, en sus últimos instantes supo
conocer que había vivido y obrado como un Joco todo
el tiempo en que quiso imponerse por la fllerza;
acuérdate que su vida es tu vida y su historia tu
historia, y que si al mor1r vuelto en su cabal juicio
confesó su er~or, otro tanto te queda que hacer á tí,
si es que no quieres d~smentir la sublime intuición
que guiaba al príncipe de los ingenios al escribir su
inmortal sátira.
POMPEYO GENElt.
París, 1899.

Un ideal místico en el teatro.
Si de Grecia hemos heredado el germen de una cu ltura amplísima, sus0eptible de alcanzar mayor desenvolvimiento, en cuanto se haga aprecio de Ja harmonía que supieron dar los hijos de Palas á lo real y á lo
ideal, el fondo y la forma; del Norte llegan al Mediodía de Europa las manifesliaciones, un poco sombrías,
del espíritu moderno, que as;:iira á reconstruir la metafísica creando la filosofía científica. Esta filosofía
desea fundar un concierto inmutable entre lo eterno
y lo perecedero, concierto que los materialistas han
roto al confundir sus análisis químicos con la grandeza de lo infinito. Creyeron que del fondo de las retortas salen las fuentes de la vida, y la vida es una
guerra misteriosa que se niega á dejarse conocer de
los hombres ..... .
El Renacimiento del siglo XVI, que fué doble, helénico y hebreo, ha tenido una inOuencia decisiva en
Europa, la cual ha de afirmarse más toJavfa según
pasemos del positivismo crítico á las aseveraciones
metafísicas.
El ingenio de Grecia y el de Judea, cuando tom"n
caracteres abstractos, llegan al más allá, que es la
verdadera meta de toda poesía y de todo arte, como
dice Mateo Arnold. El alma helénica con su belleza
plástica, y el espíritu hebreo con su pensamiento subjetivo, se compenetran fumando un ideal único en
el mundc, ideal que aún no ha dado sus frutos.
Reine, griego por el encanto de sus versos, y hebr¿o por la profundidad y «el anhelo, que no puede
expresarse,&gt; de su pensamiento, simboliza en el poema Fehucláben Jfakwy el deseo que existe de unir el
clasicismo y el cristianismo con el 1azo del arte, la
ciencia y la fé.
.Antes de que el tierno trovador cayera en t ierra
herido de muerte, cantó las excelencias de su amor
di vino y al cerrar la naturaleza, clemente, sus OJOS,
su último suspiro moribundo fué el nombre de Jerusalén, pobre querida agostada por eloinfortunio, triste 0uadro de desolación.&gt; Si Grecia es el arte y la libertad, Jerusalén es el resplandor que al.luncia un
nuevo día.
La venida de ese día podrá retardarse, perc, llegará
sin filisteismos y si con el lttcido cortejo de la verdad y
la compasión, que prefiere los vencidos á los vencedores. El amor, en su acepción más desinteresada, se
apodera ya de muchos corazones, y la ley del amor
acabará con el _egoísmo y la hipocresía; las murallas

�Domingo 6 de Agosto de 1899.

EL MUNDO.

7R

mosmulti,1licadotanto los puntos de vista, ~efin~co con t.al_ habilidad
las interpretaciones, investigado con tal pacie~c1a _el Génesis, y, por
consiguiente, la legitimidad de todaslas doctrmas, q?e he1;lJOS llegado
á creer que un espfritu de verdad se esconde en las b1pót_es1s más contradictorias acerca de la naturaleza del hombre y del umverso. Y corno
por otra parte no Lay ninguna hipótesis suprema qu? concierte todas
las demás v se imponga íntegra al entendJm1cnto, rema una anarqufa
de un carácter excepcional enLre los que r~flexi_onan. D~ abí se deriva un escepticismo sin otro análogo en la historia de las ideas, escepticismo del cual es Renan el más extraordinario representante.&gt;
Educados en la aridez del escepticismo y en la tolerancia que nos ha
traído la civilización moderna, nos maravilla el espectáculo de un
creyente que, á pesar de combatir su fe el indiferentis~o reinante,
i;igue admitiendo la acción de lo sobronatural en los negocios d~l mundo, y que á cada audacia de la crítica responde con una afirmac1ó~ ~eológica, las cuales aún tienen el don de fortalecer al caído y de m1t1gar
el dolor del triste.
La oposición que encuentra su entusiasmo religios? le fuerza á 1ecurrir á los procedimientos reaccionarios, y, como es cons1guie;11te, los acentúa con la experiencia que ad'luiere de que es problemático el triunfo
de su ideología. Si le dejaran al creyente sinceso imponer su dogmatismo lo haría como Torquemada, no como Lammenais. Prefiere el hierro á la persuasión; la- fuerza al derecho, y es que la intoleranc~a manda i.in admitir niugún mandato. Colocado frente á esa esfinJe que á
nadie cuenta el secreto de lo porvenir, él lo define en leyes de amor y
castigo, y si con ello no satisface al sabio, puede, en cambio, mostrar
á los afligidos, á los desheredados, á lo~ oprimido~ que constitu) en
las legiones del pauperismo moral, el cammo de la dicha, el P,uacleto
de Abelardo ....
Ya que contra su voluntad ba venido Bjmrnsren al mundo en este siglo, que con la sal de su crítica evita que se corrompan las ideas madres, se translada in mente al pasado, complaciéndose en evocar una sociedad muerta, la cual sólo podemos verla á través de la poes(a melancólica que alienta en cuanto fué y ya no será.
La tradición es su musa, y el culto que la profesa le hizo exclama r
en 1880: e Nunca saldré de Noruega; aquf quiero llorar, cantar y morir.
No me seducen los portentos de la civilización, esos adornos con que
engalanan las cortesanas del saber su miserable esqueleto, y prefiero
meditar en las iglesias á tener que asombrarme viendo los adelantos
contenidos en una Exposición universal.&gt;
Examinada atentamente la fisonomía interior de Bjmrnsmn, y leídas
que son sus obras, se comprende quE' le aten lazos de verdadero afecto
á Noruega. Domina allí á los campesinos con su talento, y una parte
considerable de la clase media piensa como él por haberse adaptado á
s~ medio y estar en comunicación intelectual con ese pueblo tan demó ;rata y tan moralista.
La influencia del medio es innegable en la colectividad y en el individuo, reflejándose además en la obra estética de modo concluyente.
Los fenómenos de simpatía y contagio mentales se manifiestan de
hecho, dando origen al parentesco espiritual que media entre la li teratura y los movimientos sociales, y aparecen desbordados en el teatro, ó bien al agotarse rápidamente las ediciones numerosas de un 11-

DAMAS lllEXICANAS.
'

'

_...

Domingc 6 Agosto de 18.99

EL MUNDO.

bro. La obra artística nunca es a~ena á lds costumbres y los sentimientos del país d:inde se establece.
Habiéndolo reconocido así la crítica, pasa, del estudio psicológko del autor que pone á contribución,
al de toda su raza, porque de no hacerlo de e.:.ta
suerte, fragmentarios y sin método, serían sus trabajos.
La historia de un pueblo, da, en parte, la medida
de los cambios porqu? ba pasado. Su literatura pone
de manifiesto las pas10nes y las ideas que en él tienen
representación, sus _cualidades, sus sentimientos, el
complicado engranaJe de su naturaleza. Y es que, el
escritor, aun desdeñando la realidad, el mundo que
le rodea, acaba copiándola por imponérsele á la voluntad. Su alma siente .:on las almas de sus contemporáneos,. y cuando imap;ina, es ig?al en el fondo á lo
que imaginó la generación de su tiempo. El sabe recoger las ideas 110 contenidas en un Sihtema filosófico
que están dispersas en la colectividad, las viste con
el ropaje brilla.ate del arte, y con su intuición, y su
experiencia penetra E'n los adentros de cuanto con él
vinieron. Hay una solidaridad en las razas, como
hay condiciones climatvlógicas opuestas en las distintas partes de la tierra, y la me1ancolía, la duda y
las sensaciones experimentadas por el hombre culto,
siguiendo una corriente psíquica desconocida, reper.
cuten en millones de ánimos que conservan la identidad de origen. El escritor que sigue la marcha de su
sociedail, lega al historiador, con sus obras, uu cua.
dro vi1&gt;iente que le permite recomponerla sin falsearla.
El rey y el vasallo de una época, el prócer yel lacayo,
la dama y la obrera, son ramas de un mismo tronco
que florecen y enferman en periodos invariables.
AHnidades ó disposiciones ó venidas de lo alto, podrán ser est:is aspiraciones sintético-sociales; pero la
crítica, poco amiga de admitir las causas desconocidas, en algunos de nuestros actos, procura conocerh s, y para. ello se auxilia de la ciencia que acabará
estableciendo las leyes denominadas del medio ambiente.
E. ALONSO Y ORERA,

EL MINISTRO DE COLOMBIA
EN .MEXICO.

ExMo.

Sa.

D. LORENZO MARitOQurn,

ll!ln!stro Plenipotenciario de Colombia en México.

El jueves 12 fué recibido solemnemente por el Sr.
President e de la República, el enviado extraordiuarlo y Ministro Plenipotenciario de Colombia, Exmo.
Sr. D. Lorenz&lt;• Marroquín. Selecta y numeroi,o fué
la concurrencia que presenció la ceremonia, distinguiéndose en ella muchas damas de la alta sociedad
de México.
Desdequeel Sr. Marroquín penetró en el S Ión de Embajadores, despertó espontán('a ,;im patía a laque eran

parte su fisonomía interesante, su bizar:a postura y
la. naturalidad de quien sabe a.traer sin turbarse la
atención pública. El discurso que pronunció c1.l poner
en manos del Sr. Presidente las cartas que lo acreditan como representante de C,1lombia, es fiel testimonio de la culjura y alta inteligencia del Sr. Ministro, así e omo de la simpatía que tiene por nuestro
país, en cuyos triunfos ve «un ej~mplo vivo que no

ha de ser estéril y un esplendor de gloria para la gran
patria americana.&gt;
Al terminar los primeros periodos de la alocusión,
el numeroso auditorio mostró su entusiasmo tributándole al Sr. Marroquln aplusos que se repitieron
más nutrí dos al terminar el discurso.
El Sr. Marroquín tlent una vuz amplia y sonora,
por lo que todos los concurrentes al Salón de Embajadores, oyeron sus frases sin perder una sola palabra. Su entonación y la galanura de sus frases, revelan al urador experto y al tribuno elocuente que es,
cuando la. peroración requiere amplitud y .vuelo.
Fué muy notable en e::I diiscuri.o del l:ir. Prei,idente,
RU marcadlsima. simpatía por la República del ::iur,
hoy con tar,to brillo representada ante nosotros·y con
1a cual siempre ba mantenido Méxieo relaciones cordialfsimas y que se estrecharán más, así lo esperamos,
con la acertada elección que ha becbo el gobierno de
Colombm, env1ánrlonos un Plenipotenciario tan hábil y bien dispuc sto á llenar ampliamente los empeííos de su co11Jetido.
El l:ir. Marroquín pertenece á una de las familias
más il•1stres de Colombia, que desde antes de la independencia figura brillantemente en la sociedad y
en la dirección de los negocios públicos de aquella nación. Uno de sus antepasados es el ramoso fiscal D.
Francisco Antonio Moreno y .Escandón, el culombiaño más ilustre de su época, que murió de Regen~e
de Chile; Don Andrés Marroquín, Diputado al Primer Congreso. y quien el libertador llamó admirable;
Nariííc, el primer apostó! y mártir de la Independencia americana; B,icaurte, el héroe de ::ian Mateo;
Alejandro usorio, Presidente del Congreso de Cúcuta
y Secretario de E~r,r.do de Bolívar y de otros presijentes.
Don L,,ren10 Marroquín es hijo de D. José Manuel
Marroquín, uno de los colombianos á quienes más debe el adelanto intelectual de su patria.. Es director
de la Academia Colombiana de. la. lengua, puesto que
ocupa desde hace mucbos affos; como litólogo y hablista, es uno de los primeros en la América Latín~
y sus obras didácticas han prestado grandes servicios y son harto conocidas en toda ella. Es poeta y
escritor humorístico, que ba deleitado á cuantos conocen sus escritos; d:itado de una fecundidad admi•
rable ha enriq11ecido las letras americana¡, en los últimos años con varias novelas, obras maestras corno
estudios de costumbres y caracteres, y por su rico y
atildado estilo. Hombre profundamente moaesto,
ageno á la ambición, vi vía lejos de: la polftica, pero
su inmensa popularidad, su ri::ctitud, su talento y sus
virtudes, lo arrebataron de la. apartada labor literaria y científica, par'J. llevarlo á la Vicepresidencia de
la Repúbli~a, que aceptó bien á pesar suyo y que desempeffó, ejerciendo el poder ejecutivo durante tres
meses con aplauso y reconocimiento de todos los CO;
lombianos sin distinción de partido. La edad muy

1

SRITA. ESPERANZA DIMARIAS,
Soprano dram1\1Jca del Teatro Principal.

/

Vease "La Semana."

que contienen el advenimiento de los modernos ideales. Quizás estén en 10 cierto los
que anuncian que la fiera de la Edad Media se ba convertido, en nuestros días, en un
hombre sensible y razonable, hasta cierto punto.
Dos direcciones, al parecer antitéticas, toman en el Norte las especulaciones señaladas, desarrollándose ambas con calor en la literatura dramática.
Mientras Ibsen cifra su anhelo subjetivo en investigar las cosas por el pensamiento,
en la libertad individual, en el cumplimiento del deber colectivo y en conseguir la
desaparición del mandato ciego y brutal de las mayorías; Bjrernsceen ama al modo de
los mis~icos con su poco de lujuria hábilmente disimulada, y supone que dentro del
cristianismo habrán de resol verse cuantos problemas preocupan al sociólogo, entristecen al moralista, é irritaná las muchedumbres, condenadas á la pobreza física y á la
atrotia .intelectual basta que la riqueza y el saber estén menos centralizados.
La afirmación de Spencer, según la cual vivimos de ideas muertas, conviene en
l!l.n todo con el modo de ser del dramaturgo noruego.
De nacPf Bjrernsren en el siglo XVII, hubiera llevado su baz de leña á la hoguera
donde se quemaban las carnes de los herejes que, al convertirse en cenizas, abonaron
con ellas los inquisidores el árbol del progreso, el único que se riega con lágrimas y
sangre, dando la paz á los hombres en un porvenir lejano, muy lejano.
Estos casos de atavismo moral abundan más de lo conveniente, y es que á miles
de años de distancia resucitan los caracteres y el medio, haciéndonos creer que existen los avatares de la India. A modo de fuerzas puestas contra la corriente de la nega-::íón sistemática las coloca la naturaleza, y debido á la resistencia que ofrecen encarna el pasado, su contenido es siempre joven en la filosofía moderna, que muchas veces
es ciega y sorda para las cosas del alma. La religión, ba dicho Hegel, puede más bien
existir sin la filosofía que ésta sin la religión.
Vivimos en una época de disolución religiosa. Y lo prueba así el becbo de que todas las doctrinas han sido escarnecidas. Carecemos de un credo que sujete las creencias; y como la inteligencia del hombre no se dirige á ese centro de atracción, nos
perdemos en la incertidumbre y el de¡,aliento, sin crear nada duradero. Demolemos,
poseídos delfurm· de analizar los problemas éticos y teológicoi. que se nos ba entrado
desde el afio 50, y en punto á la edificación abstracta que persei{uimo¡¡, teóricamente
suponemos que habrá de fundarse en la psicología y la cosmología, y pare usted de
contar. ¿Calmará semrjante conjunción el desequilibrio que existe entre la religión y
la ciencia? La pregunta no ha tenido aún contestación y cuenta que l-0s pensadores de
todos los siglos, al igual del loco del Intermezzo, la han demandado inútilmente del
cielo y de la tierra.
Bourget ha sintetizado con verdadero acierto nuestro malestar moral, al decir: e He-

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,/

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I

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!
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SRITAS. ANOELA G t'TlEl'.REZ CORTINA y RAFAELA OBREOOX P RIETO.
(De Tamplco.)
Fot. Méndez.-San Luis !'o&amp;os1.

EL EM'rERA.DOR GUILLERMO VISITA EL CRUCERO-ESCUELA FRANCES clFIGENL\ 1&gt; EN EL PUERTO DE BEBGEN,

�EL MTTNDO.

80

...

avanzada del Sr. Presidente que en la actualidad ejerce dignamente el Poder Ejecutivo, hará que dentro
de plazo más ó menos largo vuelva el Sr. Marroquín
á la Primera Magistratura de esa República.
El Sr. :Ministro de C0lombia se colocó desde muy
joven en primera línea entre los literatos colombianos, obteniendo el premio en el concurso abierto por
la Academia Colombiana para celebrar el centenario
de Don Andrés Bello, obteniendo por este y otros muchos méritos, el sillón de miembro correspondiente
de la Real Academia Española. Ha cultivado la poesía, y son de citarse sus composiciones, &lt;el T iple,&gt; &lt;el
Lenguaje&gt; y da Cosecha&gt; y un poema religioso, &lt;En
la gruta de Lourdes,&gt; obra de alto aliento aplaudida en los países espaiíoles.
Ha escrito en prosa sobre viajes, crítica literaria
y artística, y multitud de artículos políticos que
contribuyeron en gran parte á fijar el rumbo de l,,s

destinos de su país. Su estilo, del que tenemos una
gallarda muestra en su discurso, es abundante, delicado y atildadísimo.
Ultimamente ha sido Director de la &lt;Revista :Nacional,&gt; periódico q·1e ha tenido gran aceptación en
Colombia y en el extranjero.
Llevado por sus convicciones polfticas y en defenRa de ellas, empuñó la Pspada, ganando el grado de
Coronel del Ejército de Coloro bia.
El afio pasado fué elegido Senador por el Departamento d.; Cundinilmarca, y ocupó el pues~o de Presi&lt;lente del Senado en la Legis:atura del período actual.
En la car1 era di plcmática ha desempPñado los cargos de Cónsul en Soutbamtpon, primer Secretario de
la Legación de Colombia ante la Santa Sede, puesto

EL

sin embargo todas las características de aquellas hermosas montañas, con su exbuberante vegetación de
pinos, con sus enormes despeiíaderos, sus cascadas
y picos nevados.
Una gtan parte de est,a región, era intransit,able
hasta hace t odav1a pocos aílos, debido á las escabroi-idades y ondulaciones del terreno que no permitían
llegará los más atracl i ,·os puntos de vista si no es á
alpinistas muy expe1imentados. Pero no han falta-

EMPERADOR

DE

AL EMAN IA

ABORDODEL CRUCERO ESCUELA FRANGES "IFIGENIA"

En los momentos en que los periódicos europeos escribían grandes editoriales sobre los trabajus de la
Conferencia de la Haya, vino un hecho inesperado á
abrir nuevos horizontes en el dominio de la diplomacia.
El 8 de Julio, Guillermo II
tuvo á bien visitar el cruceroescuela francés lfigenia, en el
puerto de Bergen. La recep-ción que le hicieron los oficiales de ese buque determinó un cambio de telegramas
entre Guillermo II y M. Loubet, acusándose en ellos una
'Cordialidad afable y amlstoi-a.
Un órgano respetable de
la prensa de Paríli dice: «La
aproximación de los gabinetes de París y de Berlín es deseable en el terreno colonial,
y todo lo que pueda favorecerla debe ser acogido de buena voluntad por lob franceses.
Los telegramas de ayer son
una nueva prueba de las intenciones de Guillermo II.
«En todo caso, no habíamos
uído desde hace treinta anos
·que un emperador alemán se
dirigiese á un grupo de marineros franceses, diciendo de
F rancia: &lt;Yuestra noble Pa•
tria.&gt; Y estas palabras no se
han dicho en secreto: el telégrafo las recibió para hacerlas públicas. No se perderá
una sílaba de ellas en Londres.
Y por su parte no ha faltado en Alemania la expresión
de sentimientos pacíficos. El
Berliner Tageblatt dijo&lt;¿ Quién
habría creído posible esa escena hace algunos años? ¡El
Emperador de Alemania en
un buque francés! ¡Aspirantes de la marina francesa maniobrando ante el rey de Prusia!
«Desde hace veinticinco
aiios no ha babi do un día más
notable, m;ís feliz ni más propicio á la recom,iliación de alemanes y franceses.&gt;

en el que fué parte para la conclusión de un concordato, y encargado de negocios en Berlín.
El Sr. Marroquín ha viajado mucho y ha estudiado
con profunda atención los países que ha recorrido
visitó todas l11s naciones de Europa y estuvo en Asi~
Menor y en Egipto. La narración de sus viajes, y
principalmente del que hizo áGrecia, fueron publicados en el &lt;Repertorio Colombiano,&gt; revista mensual
que tiene desde hace muchos anos justa fama en el
mundo de las letras.
Este es el hombre llamado á representar ante nues.
t ro Gobierllo y en nuestra sociedad, á la República
de Colomba, bPrmana de la mexicana por ei habla, pur
la raza y por las aspiraciones, y protectora en la época de las luchas de la Independencia, d&gt;i uno de
nuestros grandes patriotas, del sabio Dr. Mie!, quien
dedicó en Londres su obra sobre la revolución de
Nueva España, al Congreso de Colombia.

do empresas que, ávidas de obtener beneficios de
ls enorme tropa de paseantes, que se arroja aílo por
aiío sobre aquella r&lt;'gión privilegiada en busca de bellezas naturales, hayan ideado hacer accesibles loa
caminos por medio de instalaciones ani.liciales.
Una de estas es la que muestra nuestro grabado
y consiste en una escalera que se prende en las ro~
vertical~s del Valle de Kaprun y que permite
el ascenso de los viajeros de una manera cómoda y
segura. Además, la misma
empresa hizo allí una rica
· ·~
instalación eléctricaquesubs.'
tituye el claro de la luna en
las noches obscuras.
·
Desde que esasobrasse inauguraron, el número de vlsi•
tautes del Valle de Kaprun
ha aumentado considerablemente y es de aplaudirse que
la iniciativa y el ingenio de
los hombres, puedan arrancar
al celo de la naturaleza la contemplación de bellezas antes
augustamente defendidas.
L. a.. C RITI CA.
[Fragmentos de una carta.)

Rinc,nes pintorescos.
Aun cuando Europa estií.
muy lejos de poseer las bellezas naturales del Continente
Americano, tiene en cambio
lo ventaja de que las que po•
see son constantemente visitadás y admiradas debido á
las numerosas vías de comu•
nicación con que cuenta.
Hoy presentamos á los lectores de este semanario una
vista del Valle Raprun, en los
Alpes austriacos, que es u11
r incón encantador y muy preferido por los touristas para
sus excursiones estivales.
Los Alpes aus1riacos, aunque menos gradiosos que los
suizos y los italianos, poseen

Domingo 6 de Agosto de 1899

EL VALLE ,DE KAPRUN.-ALPES AUS'{RIACOS.

No se deje usted inficionar
de la peste que informa y ca.
racteriza á eso que se llama
c,itica madrileiía: esa costum.
bre de mirar de alta á abajo
los libros criticados, sean &lt;le
quienes fueren, olvidándose
lus seííores críticos imberbes
de que las obras de arte no
se hacen á compás y t iralf•
neas, y sobre todo, de que la
autoridad para fallar ex cothedra y sentar jurisprudencia,
hay que ganarla con los anos
y á fuerza de merecimientos
bien acreditados.
· Dar por bueno ó por malo
un pasaje ó un libro ent ero
perque guste ó no guste á un
crítico de esos, es el colmo de
la petulancia y del absurdo.
O probar lo que se afirma, ó
no aJirmarlo,
Además, á una obra de arte
fresca, y de estilo, no debe
juzgársela con la química del
análises frío y matemático:
por este tamiz de los tiquis
miquis, de los puntos y CO·
mas y de las genealidades del
autor, el Quijote mismo deja•
ría las tres cuartas partes entre las mallas.
No hay que confundir la
sana críLica con la ped~gogía
antipática y pedantesca, que
es la dominante en la «j u veo•
tud ilustrada&gt; que hoy nos
dispensa el honor, á los viejos que escribimos libros, de
111encionarlos desdeñosa.mente y r·on cierto airecillo de superioridad protectora.
De esto¡,¡ pel !gros quisiera
verle á usted alejado, y por
eso me permito señalárselos.
Hay en usted madera de crí•
tico; y sería una compasión
que la peste le invadiera á 108
comienzos del oticto; con lo
cual le declaro que no le ten•
go á la presrnte por apestado,
aunque le vea un tantico arrimado á la pendiente.
JosE M. DE PEr.EDA.

u omtngo 6 de Agosto de 1899.

EL .MUNDO.

81

INVENTOS EXTRAV!GANTES.

1.
1

.Aplicaci6n de la e.'caEl coche baño dt
la á 'USOS múltiples.
duc'ia de la figura
Un invento'. decepcionado pone al frente del opúsMúltiples efectiva7 es otro ejem.
1:ulo que pu?hc,a para dar á conocer un aparato v _
piar curioso. Las
mente, pues el inventilado1, el s1gu1ente epígrafe:
en
i;acudidas qne retor se si rve de la esEn los slglns de lgnorarcla la g~nte solla rtecl
cibe el aparato
cala como mango de
ventore•, y tras de sacarles los ojos 6 marcarlos ~~~• ~•u¿;s á lo• lo-dente, se les encerraba en un calabozo.
ll
erro can,
pala, culata de fusil,
provocan la agitaHoy, cual!do i\ cost.. de grandes trabajos logra el p b 1
ción del agua y su
remos de canoa, apanua eutrev1,ta del banquero, é!ttl aprovech 1
°
re . nventor
rato de durh1, euc..
ascencióa por los
médico ,J11ra decirle al oldn: "Doctor, vea us~l /~e~nhcia
de su
8
"Jllllaelo; creo que esta loco."
= umbre y
Cree
uno
soiíar
cuant11bos.
Como se ve,
SI Ir s tiempos progres,m, el inventor será maniatad 0 1 ñ
Flg.'4.-llañera de báscula.
traute.
e a o endo lee los pormenoel coche está dires de este invento,
vidido en varios
compartimientos.
Lo que este inventor dice melancólicamente en de- expues1'.&lt;&gt;s con toda SPTied id y que parecen una burla.
El mismo Doctor Bois es el autor del Si.~tema amEt inventor se refensa del grem10, puede afirmarse en general
Flr. 9,-Baño de esponja.
se1 va hacerlo roironía de los mil y mil chiflados que se present~ sin bulan~e Y dialitico, aplicado á la hidroterapia, á la aero.
dar en terrenos
las oficinas de ,registro de
n en terapia, al lavado, etr,.
desmveladosal capricho, y además las ruedas del co.
privilegios de invención en
Aunque el mécbe de baños dialíticos y arnbuluntes pueden ser ovatodos los países de la tierra.
todo se aplica inl~dos ó de una forma que di liera de la circular; por
¡Cuánto papel inútil en
distintamente á
eJemplo, una de ellas será más grande que la otra ó
esos expedientes! pero tamlos cuerpos vege.
tendrá ángulos salientes y toda clase de irregularidabién, cuántos elllmentos
des II bien estudiadas! 1
tales y animales
para estudiar las aberravivos ó muertos'.
La figura 8 representa el interior de una pista de
ciones mentales de los Bounos limitaremos á
Flg. 5.-Banerasglratorlas
ducha.• Cada uno de lo~. que se bañen moverá un sisvard y Pecucb'3t chiflados
la aplicación que
'
tema ue pedales y el moviento se utilizará (Dios sapor las quimeras de una
be cómo) para elevar el agua por
se h~ce de él á los seres vi vos.
ciencia mal digerida!
una columna central de dond~
Dice el Doctor Bois que el gran inconveniente de
Un periódico francés hacaerá 11obre los ciclistas.
los baiíos ordinarios consiste en Ja inbla de alg unos in vel.ltos ex.
sensibilidad á que está sujeta la persoPara terminar daremos los di•
travagantes entre los cuana que se baña. Según su sistema la
,
bujos de di versos sistemas de dules no podemos omitir la
C?ndición esencial de un bailo higié?ba amparados con patentes de
hélice sal va- -vidas para
mco es la agitación del agua que pror
lllvenc1ón en l!'rancia.
náufragos cuyo diseiío se
du~e un duch~zo continuo, y esta agive en el grabado número l.
Flg. 10.- SombreroLa figura 9 muestra á una
tamón se gradua en los aparatos que
E l in veutor anuncia que
ducha. .
persona que se baña con cuatro
vamos
á
describir.
ya no habría abogados en
g randes esp'JnJas lleuas de agua y esprimidas simulUna manera muy sencilla de recibir táneamente por mediu de un n~:,orte.
los siniestros marítimos,
una
corriente
continua
de
agua,
sería
siempre que los ;:asajeros
colocarse en un buque con cuartos de
y tripulantes lleven su apabaño. A la hora que se quiera puede
rato y no lo olviden á la hopenetrar el agua por las veritanillas. El
ra del peligro. Pueden sosmovimiento de translación del buque
tenerse en la superficie del
su hélice, etc., producirán eu el cuar~
agua varios días y varias
to de baiío ol:is y remolínoches si se proveen de los
nos.
;;paratas neeesarios para
La figura núm. 2 mues·
Flg. 12 -Ducha &amp;fplrante•
una navegación, como brúFig. 11. - Sombreros-ducha.
impelente,
tra la manera de evitar pe·
jula, cartas marinas, linterligros, atando á la persona
nas, trc,mpeta de alarma,
que se baiía áunglobocan .
velas y .... un kilo de choEn el sombrero, ducha, (figura 10) el agua se almacetivo.
colate y dos ó tres litros
na., en una esponJa oculta dentro del sombrero; al cuEsta
seguridad
es
útil
de agua y cognac. Según el
bnrse con _ést~ la cabeza el líquido la inunda. La fisobre todo en el establee!,
prospecto el aparato puegura
11 md1ca las formas que pueden tener los
miento de bañOl'l imaofoa.
de tener una h élice de fonso.1mbreros duchas, según los gusws de cada indi vid
do
por
el
Doctor.
Lo
co
nstiY la moda del día.
uo
do para descender ó subir
tuye un inmenso buque
voluntariamente á la suNo podemos omiti~ un modo de dar •auchas t
de vapor sumergido á me- Fig. 6. -Ducha de resorte
perficie del agua. Por últipoco ~legan te, ideado pur nuestro dor.tor: el i~di
dias, de manera de que pe·
mo basta los obesos pueden Flg, L-Héllce salva-vidas.
du.o ttene en la. boca dos tubos de hule (figura 12 . el
netre
el
agua
libremente
y
que
lvs
baños
estén
en
lueprovech ar el aparato, ocu .
pnme10 comumca con un recipiente lleno de a),
p~ando un. cogín especial ideado por el inventor para gar cerrado como en los establecimientos de baños la cual se. aspira por él y se laaza luego por el
1~ comodidad de esos seres demasiado exigentes. El de río, CCln la diferencia de que se mueve dentro del á una espiral hueca con muchos orificios que la d
enáufrago se sostiene á horcajadas en el flotador y agua. La Golondrina, tiene ajemás todas las comodi- rraman sobre la cabeza.
hace mo~er una hélice de eje horizontal que dirige
Como se ve, una de las características
-el movimiento de progresión. La hélice inferior sira.e estos l?cos es una preocupación por la
~e para sumergir el aparato ...... si tiece tan feliz
c1enc1a oficial y por Ja pedaatería cientíueseo el náufrago.
fica, absorbente de tal modo, que sustraOtro inventor pidió privilegio &lt;para la aplicación
y_éndolos á las sugestiones del buen sende la fuerza de los
tid? les d!L de la realidad una visión se.
peces de agua dulce
mPJa~te_ á la que rn obtiene con unananteoJo rnvertido. Así, por ejemph, para
y salada y delos otros
animales acuáticos
hec.er .un cañón en vez de adoptar ~¡ procomo fuerza motriz
cedimiento empírico á que se refiere la
f6rmula: &lt;Se toma un agujero y se le rode las barcas destidadas al salvamento de
d~a de b~once;&gt; ellos quisieran hacer una
Fig. 7 -Coche-baño "dialítico y ambulante."
pteza sólida perforándola después.
los náufragos, así como de las canoas y a.ades y distracciones de una estación balnt:aria en
.
.
En vez de buscar los medios llanos
fáciles, rnven~an dificultades, acumulan coro lica~iJ.
esquifes útiles ó de tierra fir~e, restaurante, salón de conciertos, etc.
nes, crean obstáculos para darse h satisfacció¿d
Ff
recreo.&gt; Ese pri vileEn la f1gur~ 4 el baílo es de báscula y el Ue se bag.•9 ,-Globo de rngurldad.
gio otorgado por la
iía la hace osc~lar tirando de una cadena qde está en darse á 1.a mitad del camino, aventurando reso1:i~
nes teón?as pa.ra un problema innecesario.
ec
oficina francesa res- la parte supenor.
pd tlva, es de Junio de 1869. Hay otro más rnclente
.Demasiad~ ilustrativos y típicos son los casos aduEl dibujo de la figura 5
Cldos para que insistamos en ridiculizar~!~ de Marzo de 1894) y que tiene este título: Apli• muestra
dos
baños
instalade la fuerza de las aves al tmnspm te de personas
los. P!'ueban ?ºn evidencia que fuera de
de
dos
en
ambos
extremos
Y mei·cancías.
la i:eahdad el rngenio se extravía y lejos
una báscula giratoria.
na~ntre los i~ventos extravagantes, son de menciode ilustrar el PRpíritu los datos ciPntífiEl
que
busque
una
agitase los de cierto Dr. Bois. Uno de ellos es el de la
cos, por insuficiencia de compraba 'ión lo
ción menos vioofuscan.
. lenta que la
La verda~era, la única fuerza creadora
• del modelo ande grandes rnventos, es el genio aguijoterior, preferin_eado por 1,a necesidad de resolver dificulrá el de la figut.ades pr~n_w,sas y graves. Ejemplo de ello
ra 6 asentada
la prod1g1osa fecundidad inventiva del
sobre dos resorpueble americano, puesta á prueba por la
tes que muefalta de ~razos Y el jornal á alto precio
ven el agua con
que lo obliga á suplir la fuerza humana
sólo el balane m el maquinismo.
ceo del cuerpo.
E:; ~n bec~o comprobado que el inventor
El aparato tiepo.r diletta11ti~r1&lt;0 acaba, si no lo es ya por
ne además una
chiflar,e Y et mejor dia, hay que supli~arle
ducha formada
al Doctor que le tome el pulso y lerecete
Fi¡r. 8.-Pibta para duchas.
por dos tubos
duchas frías (y no en aparatos de su inlaterales en.
venclón) ó nos resignamos á sufrir sus
cor!ados y que terminan Pn la parte su- impertinencias, pues en punto á obst'nación no le ce
penor por una regadera. El movimiento de el lugar á nadie cuando se trata de imponer las ex.
del agua la hace subir (?) por los tubos celenclas de sus inventos.
Fl. 3.-Buqne balnear:o.
•
cayendo después en lluvia finísima.
0

:¡~
~~:¿

'

V

'

�82

EL MUNDO.

Domingo 6 de .Agosto de 1899.

Oomlngo 6 de .Agosto de 1899.

=

EL MUNDO.

sa

llas palabras dichas en latín con sonsonete y lentitud
desesperantes?
Le hicieron ocupar su puesto en la carroza para que
fuesf. delante de nosotros, como correspondía.
Y subimos al coche encortinado.

¡Cuán larga es una noche pasada en compa!Iía de
un cadáver!
Las horas se arrastraron muy lentamente, rodeadas del negro silencio.
.
Sólo cortaba el silencio del luto uno que otro sus-Pues bien, oye; sacia tu tenaz r.uriosidad aún piro periódico de dolor, de simple desahogu, ó .... de
•cuando sea á costa de mi reputación de hombre rastidio, y el cuchicheo de los que fumando charla•cuetdo. )
ban de política, de ruedicina, de comercio.. . para
L Veremos si sabes guardar el secreto.
no rodar al abismo del suefio.
De cuando en cuando, alguien se acercaba al infeliz Juan, y nuevo rucio desinfectante que hacía salCuando Juan murió, no esta vez, la otra, recibí la tar, en la sábana blanca, manchas obscuras, y nueva
•noticia inesperadamente, bruscamente. Me hallaba despabilaJura á los gruesos· cirios que crepitaban
·en una cantina, y me produjo el espasmo que me hu- acompasadamente, como si murmurasen una oración.
Andaban Jautelosamente, sin producir ruido.
biera causado una agresión violenta, á mano armada.
Lo de siempre: rM parecía rMntira. Me entró la trisEra el temor de que se fuera á despertar de su esLas conversaciones eran obligadas á tema triste.
peso sueño.
teza de la muerte.
El aire del campo, ese aire puro, me hizo mucho
Debe ser espantosísimo el que un muerto resucite.
Cie1tamente, era de muerto aquella inmovilidad.
Estaba rígido, sobre las verdes tablas de su pobre ca- Hasta los que habían tomado parte más activa, en el mal.
Me pareció que aspiraba una cantidad enorme de
•ma desnudada. Tenía cruzados los brazos sobre el coro de lamentaciones, de llanto y de sollozos, con
pecho, y un tanto inclinada hacia adelante la cabeza; que acompañaron el estertor de su agonía, hubieran gas ácido carbónico.
¡Cómo me repugnaron aquellos árboles que corrían
-así, con los brazos cruzados y la cabeza inclin~da so- emprendido la fuga aterrorizados, si lo hubieran visto
en sentido contrario, como si vinieran huyendo del
bre el pecho, durante los crepúsculo se paseaba me- moverse.
·dltando por los sombrosos correJores de la escuela.
Al fin llegó la luz del día, levantando ruidos por panteón, y al pasar rápidamente, nos hacían las más
¡Oh, qué hermoso cuadro, si se hubiera incorpora- todas partei;: abrir y cerrar de puertas; toses de ma- estrafalarias genuflexiones; contorsionaban sus trondrugadores, mugidos de ganado;, gritos de vendedo- cos, como lo hacen con sus cuerpos, los cirqueros.
do, para recorrer meditando las ;:,iezas de su casal
¡Qué extrafio!
Con una solución desinfectante le baíiaron el ros- res, rodar de carruajes, llantos de chiquillos.
Sentía la angustiosa sofocación que debe sentir la
·tro,-rostro de pergamino viejo-y el cuerpo esquele¡Cuánta cabellera en desorden, cuántos semblantes
·tudo, que tenía por mortaja, como él 1o pidió, una empalidecidos y manchados por las huellas de un río nube cargada de electricidad, antes de unirse á otra
blanquísima sábana. Ni un signo de protesta; nin- seco ya, de lágrimas amargas, porque amargo es el para que estalle la chispa. Mi cuerpo se convulsionaba,-inleriormente,-con los estremecimientos que he
sabor de toda secreción.
.gún mú&amp;culo de la cara se le contrajo.
El anciano, eterno acompañante de los que por la visto en los hipnotlzac!os.
¡Debía de estar bien muerto!
Los latidos de mi corazón, que parecía a!&gt;ustado,
Siguió espiando por sus párpados entrecerrados y última noche están visibles para los de este mundo,
·dejó, indiferente, que le rodaran las gotas venenosas aquél que hizo rezar tantas oraciones, tenía enrojeci- repercutían dentro di: µii cabeza, como si fuera mi
cráneo la l;&gt;óveda de una gigante catedral en dond6
por los ojos, por las mejillas, por la boca entrMbin- da hasta el escarlata, la esclerótica.
Comenzaron á vaciar la recámara; precisaba•la des- una multitud de herreros golpease fuertemente y li
ta. Era una lluvia de lágrimas que rodaba hasta el
infección, y urgía que la familia no encontrase el compás sobre un yunque descomunal.
·cuello.
Experimentti la impresión de que mi pobre cabeza.
Sus cabellos y su bigote desordenados, parecían mismo aspecto para que nosurrier-1. con los recuerdos.
·entonces más negros que nunca, sobre el amarillo ma- ¡Qué grande empeiío tienen los vi vos en ul vidar pron- era una bomba pletórica de dinamita, á la que len~mente se iba acercando el fuego de una mecha encente del cutis de tísico. Todos Je tenían miedo, asco, y to á los muertos!
¡Ah, si él pudiera haber asistido á las escenas que dida para hacerla estallar. Me faltaba oxígeno para
por precaucióu lo velaban desde la pieza inmediata,
la res¡&gt;i ración.
'
enfrente de su cadáver¡ y todos llevaban esenelas eu se desarrollaban ante su cadáver!
Salí
á la plataforma.
.
Siempre
lo
había
dicho:
«sería
curioso
presenciar
•sus pa!Iuelos.
Me causé lástima, y me inspiré temores por mi &amp;atodo lo que hacen los deudos y conocidos cuando uno
¡Es tan horrible la tisis!
lud. Intenté tranquilizarme ..... .
acaba de morir.&gt;
De pronto subió al cochP. un hombre.
Llegaron los enlutados enterradores, y procedieron
""· ,.....
Vestía
de negro y cubría s~1 cara una gran bucomo muy amaestrados á su tarea de recojedores de
¡\
fanda.
cuerpos
inútiles,
perjudicialc::s,
en
vísperas
de
putre,, ... '.
.A.penas se le veían los ojos, unos ojos negros, muy
facción.
negros, de extraíio y poderoso brillo.
Los deudos se entregaron á los más desesperados y
Me tendió la mano y estrechó la mía, de maner&amp;
ruidosos desbordamientos de óolor.
significativa.
Hubo
gritos
agudísimo&amp;,
llantos
escandalosos
y
1
¡Su voz! No podía dudarlo; la conocía bastante.
frases impresionantes.
-¡Qué curiosas son estas escenas! me diJo.
Ona joven enamorada. de Juan, se abrazó al cadáNo había duda; era Juan.
ver y pretendía no separarse de él, besándole por toLlamé todas mis 1inergias, y creo que estuve sedos lados el rostro duro y frío.
reno.
¡Qué repugnante!
-He presenciado todo lo ocurrido anoche, y deseoso
~
,, ;
Algunas
frases
me
parecieron
demasiado
dolorosas.
de ver las últimas pantomimas de esta gente, con un
'
~
.
¡Por qué te vas, y no me llevas contigo?
esfuerzo supremo de voluntad, be logrado venir has¡Hermosas escenas para un drama espeluznante!
ta aquí. Y con voz de ultratumba, me refirió tod~s
Una sonrisa de Incredulidades y de despre&lt;'io, se las conversaciones que tuvieron frente~ su cadáver.
asomó por los entreabiertos labios del muerto.
S11 voz resonaba como si saliera del fondo del
Muchos lloraban, aun sin ser parientes del que se ataúd.
llevaban los enterradores.
-¡Lástima que no pueda yo pres¿nciar la escena
,¡
Por egoismo unos; por contagio otros.
final de mis funerales. Tendré que regresará tiempo
Al pensar en el padre, en el hermano muertos, ó para que me sepulten.
valetudinarios, enfermos desahuciados.
Y rió, rió con risa macabra.
Por contagio, como se ríe con lus que ríen, y se
¡Oh desdicha! La bufanda se le cayó por el movibosteza, y se come con apetito, con los que bostezan, miento de las mandíbulas
ó comen con apetito frente· á nosotros.
Y-¡est~mos en el origen de la desgracial- un joRecordé á los que alquilaban !,orones para sus muer- ven anémico le vló y lanzó un grito horrible: &lt;¡el
to:;.
muerto!&gt;
Sacaron el ataúd.
Y cayó desmayado.
El pobre Juan se estropeaba el cuerpo contra las
Todos lo atendieron compadeciéndolo por haber siparedes de .,;u última casa tan fría, tan obscura. tan do víctima de una alucinac.ión. ·
lóbrega coi'no ninguna de fas frías, obscuras y lóbreJuan aprovechó la confusión, y descendió violengas que antes había habitado.
tamente.
Después, la misa de requiem.
Le ví, le oí, con gran terror, alejarse de prisa, en
La voz artificiosamente triste, lúgunre del sacerdo- sentido coot1ario del que llevábamos.
Se perdió entre los árboles de la calzada. Pero ¿á
te, resonó en la iglesia espaciosa. fatídicamente.
L¿Le bastarían para la salvación de su alma aque- dónde iba? ¿á quién íbamos á sepultar entonces?

r-

•

PRIMA.VER.AL.

�Domingo 6 de Agosto de 189~

EL MUNDO.

84

¡Qué angustia!
Llegamos; alguien quedó al cuidado
del infeliz joven que tenía fiebre.
¿Ilusión? Eramos entonces dos los ilusi&lt;,nados.
Yo llevé en hombres el féretro.
¡¡Estaba vacfo!I
Un sepulturero confirmó mi sospecha.
Al bajar á la fosa nueva la caja m1..rt1:oria, lo dijo: ¡Qué poco pesa este muertol
La tierra resonaba sobre la tapa del
ntaúd como cuando se golpea una caja
hueca.
Colocaron una cruz rnbre la tumba y
partió el severo c1.rtej J.
E) pobre Juan estaba candenado á
quedar insepulto.
Esperaba hallarlo muerto, tendido en
el ramino.
¡Oh! y si Jo encontraban ¡cuántos iban
á morirse de miedo; horrible muerte!
Nada; Juan no pareció.
Los dolientes se habían salvado de una
impresión superior á las energías de sus
vulgares espíritus, pero Juan ¡el infortunado Juanl ¿qué sería de su cadáver amlmlante?
Cuando ya entrada la noche, la luna
fingió fantasmas por todas partes cou los árboles de
la calzada, resol vi volverá mi casa. Traté de convencerme de que era yo juguete de una pesadilla..
Y seguí muchos días con la duda siniestra, clavada en mi cerebro como un claro monstruoso.
Y varias veces he visto pasará ese hombre rápidalDf&gt;nte, velozmente, junto á mí, en la calle.
El mismc traje neg,o ya deteriorado, la misma
enorme buf'lnda cubriéndole el rostro.
Una noche, lo entreví en el fondo de una cantina
de barrio.
¡Naturalmente no tomaba alcohol!
Tenía 'la vista perdida en el espacio. Ya no brillaban extrafia y poderosamente sus negros ojos. ¡Mirada
idiota! Cuando llegaba á mi casa, ha pasado no muy
Jejos de mí, como siempre, corriendo, como si le urgiese llegará tiempo á alguna parte.

Estoy seguro de haber sentido olor de cuerpo putrefacto.
Y Riempre el temor al ridículo me impidió hablar
á ese hombre, llamar á ese cadáver.
. Agotadas sus energías, seguía caminando p0r
ine'rc;a, como un autómata, sin saber á dónde iba,
ni qué podía hacer? Si hubiera resucitado, si estuviera vi rn, lo más fácil le hubiera sido vol ver á una
vida de trabajo; pero ¡estaba ruuertol ¿ Y qué necesita un mue1to?
Lo único que le hacía falta era una fosa. Pero
acaso él mismo ya no lo sabía, porque ya no pensaba.
¡Y si era un trasunto de éll
Si mi imaginación ccbarde, a,mstadiza, le había
hallado parecido con aquel hombre que era acaso un
limosnero vergonzante!¿ Y por qué corría?

Los mendigos no corren; siempre van,
despacio, abrumados bajo el peso de.su
miseria.
En todo caso yo no podía presentarmeá dennnciarlo ante una auMridad, ni detenerlo para darle sepultura.
Pero ayer, ayer han cesado todas mis.
dudas.
Ese hombre que has visto en la plancha del anfiteatro, que fué destrozado
por un tren, ese cuerpo putrefacto, cuya1:, vísceras no hemos podido ya examinar, cuyos mtestinos estaban vacíos dealimentos, ese ¡e.ra Juan!
Ustedes han creído que es un infeliz
que murió de hambre, y á quien ya muerto, trituró la locomotora. Bien, esa hipótesis robustece mi creencia ó bien, ya
falto en lo absoluto de energías, de facultades mentales, lo ha eorprendido el tren,
ó acaso con el último resto de inteligencia, comprendió su desesperante sltua-.
ción, y se arrojó á la vía, para que lo re.
cogiera muerto y le diesen sepultura.
Debe de haberle repugnado mucho Irá
compartir su lecho con toda clase de gente: á la fosa común.
¿Comprendes ahora mi empeño por hacer la autopsia de e~ nauseabundo c;adáver?
¿Comprendes mi obstinación por que se me entregara?
y yo solo lo he velado, y yo solo he asistido á
sus funerales, pero ahora sí no me cabe duda; está~pul ta do. Esta vez no se escapó.
Ya ese cadáver no se paseará más por las calles.
Ya estoy tranquilo.
¡Y la ridícul~. romántica enamorada de Juan, si al·
gún día quiere hacer ostentación de su dulor de oropel, depositará flores sobre una tumba si11 muerto, sobre una t"osa vacía!
FRANCISCO

ZARATE RUIZ,

Dommgo 6 de Agosto de 1899

EL MUNDO

-~

(La quinta de los Cyclamens, cerca de Ouchy, en
el Leman. Frente á la terraza florida que desciende
hacia las aguas azules del lago, se extiende el delicioso panorama de los Al pes, cuyas al tas cimas están
11ún incrustadas de placas de nteve. Junto á un macizo de verdura, en un punto desde donde se domina
todo el paisaje, se levant.. un pabellón cubierto ~asi
por los rosales. Concluida. la. comida. todos los convidados de la quinta se han reunido allí para tomar el
café. Después van, poco á poco, dispersándose todos,
y sólo quedan en el pabellón Roberto Favrette y Gabriela d 'Azel.)
Favrette, despué.s de un largo silencio.-¡ Qué hermoso es estol
Gabriela.-¿ "El paisaje?
Favrette.-Sí, este paisaje delicioso que caia vez
que vuelvo de mis largas ausencias, encuentro más
twllo y más hermoso.
G&lt;lbritla.-¿Sí? Con esta van quince veces que viene usted. Sé contar mu.v bien.
Favrette.-Ciertamente, ¡quince ar'íosl Y la primera vez, cuando tus padres we invitaron á venir a:¡uí,
eras así, pequefiita ....
Gabriela.-Ya lo creo, como que basta nodriza
J;'avrette.-Y no era yo, por cierto, un Matusalem,
puesto que acaba~a de salir del colegio; pero para tí
era ya lo que nunca querré dejar de ser,-el hermano mayor, casi un papá ...... un segundo papá. Te he
visto ir creciendo poco á poco, be asistido á todas
tus etapas, y te he traido tudas las muffecas que tienes! ...... A propósito ¿i;abes lo que traigo en mi ma-

letaf

Jorge lllanr.ique
Nave de mi fantasía,
tu casco por cristalino
mar resbala,
y al soplo de la poesía,
despliegas tu blanco lino,
como un ala.
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al verjel
de la Historia:
á la mágica ribera
donde florece el laurel
de la gloria!
Allí, de torres feudales
al pie de los ~incelados
miradores,
cintan hazafias triunfales
•y el amor los afamados
trovadores.

Entre todos, allí brilla
el vate Jorge Manrique,
gran guerrero,
luz y espada de Castilla,
que venciera al cuarto Enrique,
con su acero.

que villas y corazones
conquistó,

Manrique, mozo gallardo,
arrogaot,e defensor
de Isabel (1);
paladín como Bayardo,
á su reina y á su honor
siempre fiel,

y Jc;rge, al ver apagado
sol tan hermoso y luciente
de virtud,
besa á su muerto adorado,
v baila con lloro ardiente
·
su ataúd.

espejo es de la bravura,
del asalto en los furores
y en torneos,
y consagra á una hermosura
sus endechas, sus amores
y trofeos.

Y ante el palacio deshecho
de su iusión, su alegría
y esperanza,
el bardo siente en su pecho
la afilada punta tría
de una lanza.

El lauro de Jorge ufana
la ancianidad de su noble
padre amado,
como la yedra engalana
el tronco de un viejo roble
deshojado.

Después, RU estro volador
de tinieblas y congojas
al través,
gime como un ruisefior
que se queja entre las Lojas
de un ciprés.

11) La Reina de castilla.

Muere el héroe don Rodrigo (2),
el que á insignes campeones
humilló;
aquel de buenos abrigo,

Y canta en bella elegía
la inconstancia y los rigores
de la suerte;
¡profunda, excelsa poesía
que ornan las pálidas tro:res
de la muerte!

... . .. ............ . . .............
¡Nave azul, boga ligera
y condúceme al ..-erje:
de la Historia:
á la mágica ribera
donde fulgura el laural
de la gloria!
Allí, en la noche estival,
de la luna al argentado
resplandor,
vibra en arpa de cristal
el canto más inspirado
del dolor.
MANUEL REINA.

Enero 9~.

(2) El padre de Jorge M&amp;nrlque.

.

Sí, de conversar como toda una persona grande, según lo parece ya.
Gabriela.-Y á la que no tomará u., te I en serio,
¿eh?
Fravrette, con incredulidad.-bí, sf; ya me acostumbré. ¿ En qué pasa usterl ahora su tiempo?
Gabriela.-En París trabajaba; ya ~abe usted, las
seíioritas trabajan mucbo en Pa.rf~. No sé si será tanto como en las escuelas de provincia ..... .
Favrette.-Y aquí, ;,qué bace usted?
Gabriela.- ¿Aquí~ 01:11 leo mucho ...... Precisamente en ese pabellón, frente á este paisaje que no
me canso de admirar ...... por más que usted me acusa de no comprender su hermosura ...... Dibujo, lntento copiar los colores de la luz ...... y ...... pienso
en la vida.
}i'avrette.-¡, Piensa mted en la vida? ¡Dios mío!
Pero si nada más los desdichados piensan en esto.
Gn.briela.-0 los que reflexionan. Reflexionando se
comprende que las sat,isfacciones d~l dinero, del orgullo, del placer, de toda esa multitud de cosas que
me rodean, no son la verdadera existencia ... _Yo soy
así .... pero ¡á qué viene esto! pienso en tantas cosas
que no pueden interesará usted., ..
Favrette.-Por el contrario; todo eso me interesa
en gran manera ...... ¿Qué cosas son1 (Insinuante.)
Gabriela. -Suenos.
Favrette.-r.ImposiblPs?
Gabriela.-No lo sé. (De.• pué~ de una pausa.) Me
permite ·usted que á mi vez Je haga una pregunta?...
¡,Cómo entiende nsted el amor?
Favrete, asombrado.-¿El amor? ...... 1Vaya un .

tema!

Gabriela.-¿Qué· puede ser!
.
Gabriela.-Es el tema del matrimonio; un buen
Favrette.-Pues..... ¡la muñeca de este afíu! Ayer, _ tema. . . . . . ¡ Y y o deseo tanto saber lo que usted
tarde no tuve tiempv de sacarla. Pero hoy mismo ,piesal
Favrette.-¿ Yo?
te la daré...... Es encantadora, ¡y muy inteligente!
(Mirando que ella permanece silenciosa). ¿Qué tiem,s,
Gabriela. - ¡Hola! A los treinta y cinco anos se deGabi, no estás contenta?
be ya comprender bien ese problema. ¿Cree usted
Gabriela, fríamente. - 8í, Rf; muchas gracias.
que debe ser eso una asociación, un negocio, ó la
Favrette, levantándose.-Oh! mira, mira, ese rayo unión de dos caracteres. de dos corazones? ..... .
de sol cómo dora la montailal Qué luz tari bella coloFa.vrette.-¡ Diablo! E➔ que ....
ra el horizonte..... Pero, ¡ vamos! qué puede imporGabriela- Se dice que es usted un feroz fSCéptico.
tarte á tí todo esto 1
Escil;.tico, ¿no es esto lo quf quiere decir ser un poGabriela.--¿Por qué le -:ree usted así?
co ligero, divertirse mucb.o y no creer eJJ nada?
Favrette.-¡Oh! porque yo supongo que los t rajes
Favrette. -No creer en algunas cosas. Además, yo
de las famosas mnr\ecas deben de absorbe1te por com- no soy Pscéptico, y despaé11, esta palabra quiere depleto.
cir: hombre que se burla de las quimeras sentimenGabriela, mirá'lldole--Vamos. creo que papá tiene talPs.
razón cuando á todas horas le dice á mamá que es usGabriela.-¿Qué es eso?
ted un muchacho encantador que no conoce la psicoFa.vrette.-Los juguetes de las mujeres y los lalogía.
zos para los hombres! .... Pero á usted la creo uua
Favrette, riendo. ¿Psicología?... ¡Esto es divino! ..... filósofa! ..... .
Me divierte oírte empleando esas palabras....... Pero
Gabríela. - Cree usted que yo no...... Pero en fin,
¿sabes acaso lo que es la Psicología?
vov á Cvntarle una historia.
G:ibriela.-Naturalmente, puesto que la he est,u.
Fa.brette.-;, Una historia verdadera?
diado en la clase de literatura.
Gabrlela.-Tan cierta como que ha. sucedido á una
Favrette, admfrado. Pero ..... .
de mis amigas...... íntimas.
Gabrieia,-Ahl sf; es que á pesar de haberme visEsta amiga se llama Syb1l, y tiene casi mi edad.
to crecer, no sabe usted mi edad ...... ¡ Diez y seis Es moren¡¡ como yo, y muy bonita...... en esto si que
anos, eeflor 1
no nos parecemos.
.ll'avrette. -¿ Es que ha hP,cho usted también un
Favrete.-¡Señorl ¡Oh! conque me tratas con ceremonia! ..... .
curso de coquetería?
Gabriela.-Sí, desde el momento en que mis vestiGabrirla, sin responder.-Sybll, desde que era muy
dos se han alargado, la pequeila Gabi no tiene el de- niña, vió siempre en las vacac1ooes, venir á su carecho de llaa,ar á usted Roberto.
sa á un joven á quien llamaré yo el j&lt;&gt;ren, rubio y
Favrette-cambiando de tono, y muy sorprendido. que á ella le gustaba mucho. Cdda año ju~aba
-Pero, veamos, veamos ...... es c!erto, el vei,tido grandemente con el amigo, hasta que un día se
larvol ...... ¿ Queréis acercaros un poco, Gab ..... . encontró, de pronto, con que ya no podía jugar
má~ con el joven rubio porque...... lo amaba.
Beilorita ...... para qne os vea mejor: ..... .
Gabriela.-¿Pues qué no me había usted visto anFavrette, estupPjacto.-¿Ella lo amaba?
teR? ..... .
Gabriela. -:8f.
Favrette.-;, Y entonces? ......
Favrette.-A fé mía no; crpfa que estaba usted corno _otras veces. ¿Querrá usted hacerme el honor, no
Gabriela.-Entonces ella 1,e puso muy triste pende Jugar, sino de conversar conmigo un poco? ..... . sando que nadie la tomaría. en Strio y mutho menos

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f\UR0RA DE AMOR.

tenía.

DEL "JARDlNDELOSPOE'l'AS."

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el joven rubio que era diez y seis años mayor que ella,
y que todo esto era una. locura que no osaría confe-

sar. No hace mucho tiempo que ella me cont,ó su......
estado de ánimo... esta es la palabra, , no? Decíameque
esto hibía durado más de dos ruese~, y que se sentía
ya sin fuerzas. La frase de usted es la. que me ha hecho recordar la historia de Sybil.
Y asf es como la pobrecita está condenada á no
confesar jamás su amor porque se le diría que es una
quimera sentimeutal.. .... Vamos sefior, lo tomo á
usted por juez.
Favrette, alterado,-Peto, franr.amente, me pone
usted tales cuestiones. . . . . La oigo hablar de cosas
tan extraordinarias..... Es cierto que á la edad de
su.... amiga no se ven las cosas claras.... Pero ¿en
qué conoce que eso es amor?
Gabriela. -Puei;.... porque al llegar una hermosa
maíiana no jugó ya, oioo que se puso á reflexinar,
pensafido siempre en la misma persona, sonando con
no sé qué conquista.... en tin, que ella sentía una
transformacióu, una metamorfosis, como una luz que
penetraba en su alma. Yo... . no soy bastante grande para saber lo que es eso.... (rnaticiosamente) pero
Sybil me lo ha repetido tantas veces que, ya lo ve
usted, á mi vez puedo decirlo con todas sus expresiones.
.li'avrette. -Lo sabe usted de memoria. Pero su
amiga, que me parece una razonadora de primera
fuerza, ¿no ha dicho á usted cómo arreglaría aquello
de la gran diferencia de edades?.... Porque, en fin,
el señor cen esoR diez y siete ai'íos que le lleva.
. Gabriela.- ¡Oh! Dios míol Eso lo arregla ella perfectamente. Al prmcipio no es difícil. ...
Favrette.-¡Ahl
Gabrlela.-Sf, al principw del matrimonio.....
porque ya he dicho a usted que los dos son igualmente gentiles.
Favrette.-Pero ¿después? ...
Gabriela.-Después.... ella cree que este después
vendrá tan tarde.... y, además, depende de la habilidad de la mujer el saber manejar su dicha. Sobre
todo, cree que cuando el amor se atenúa para transf?r~arse en afección, la diferenciad~ edade_s nada
s1gmfica, pues que el del:.ter de la mlljtr es vigilar por
su marido y cuidar de los niños.
Favrette.-¡ Diablul Arregla usted las cosas como
en las novelas que acitban bien.
Gabriela.-¿Encuentra usted que no debe ser como
lo digo!
Favrette.-Lo que encuentro es que habla usted
como una verdadera mujer, y que ;me sorprende extraordinariamente!
Gabriela.-Es cierto; me mira usted con unos
ojos....
FavrettP.-Sí, como el jardinero que habiendo dejado una flor eri botón, la encuentra de pronto completamente abierta ....
Gabriela.-Sí, que le sorprende · á usted; pero que
no le complace....
Favrette, visiblemente impresionado. -Sí. ... sí me
complace.... ¡muchí-Jimol....
Gabriela. -A ~usa de su florescencia espontánea?....
Favrette.-¿A causa de la histo:ia de Sybll?.. ,.
Gabriela, un poco_pálida.-¡Bab!.... ¡una quimeJal .... ¡un juguete:.... (At,já11.dose algunos pasos.)
Vamos á ver el mio.... ¡la muñeca lnt,eligente que
ha traído usted!.... ¿t::labe esa pequeñuela decir
mamá?
F¡ivrette.-No! ... No es ese el juguete que he
traidr.... Es un joi:en ruliio, de cabeza un pooo dura, que comienza á decir.... Gabrielal
MICHJ!:L

PROVINS.

�Domingo 6 de Agosto de 1891.
EL MUNDO.

86

Domrngo O de Agosto de 1899

EL MUNDO

I

LOS ADELANTOS DE NUESTRO PAIS.

DEZIRES, LAYES YCANCIONES.

BALADA CASTELLANA.
Cefilda al cinto la espada,

DEZIR
(á la manera de Joban de Duenyas.)

Ponte el traje azul que má•
conviene á tu rubio encanto.
Luego, :Mía, te pondrás
otro, color de amaranto,

y el que rima con tus ojos
y aquel de reflelos rolo•
que á tu blancor sienta tanto.
En el obscuro cabello
pon las perlas que conquistas¡
en el c:&gt;lumbinu cuello
pon el collar de amatistas,

y ajorcas en los toblllos
de wpacios amarillos
y esmeraldas nunca vistas.
Un camarín te decoro

La capa al vien to , e ¡ sombrero

Con la ancha ala desplegada,
Va por la verde hondonada,

Galopando el caballero.
.
Ya al corcel allento falta,
Ya cruza un ribazo ó salta

En tantástico galope
Por los l!scarpes de un tope,
Que la negra noche es~al ta.
Por el rudo casco herida
La pieC.ra relampaguea;

Suelta el ginete la brida
y se hunde y pierde en seguida
En la extensión, que negrea.

-¡Ah del ginetel ¿quién va?
grita de pronto una voz.

-Quién es?

donde sabrás la lección
que dló á Angélica, Medoro
y á Belklss dló Salomón;
arderá mi sangre loca,
y en el vaso de tu boca
re sorbe1 é el corazón.
Luz de sueno, flor de mito,
tu admirable cuerpo canta.

la gracia de Hermafrodito

BOCETO.

con lo aéreo de Atalanta;

y de tu beldad ambigua
Allí estaba la E'Statua blanca Y pura,
Inmaculada flor de mármol, vi va,

Que radiosa brotó de la locura
De yo no ee qué artista, y que cautiva.
Admirable portento de escultura,
Prodigio del cincel, la diosa altiva
Simboliza la clásica hermosura,
Una Juno de !rente pensativa.
Me puse á contemplar en mi embeloso
Aquella creación que enloquecía,

Aquella boca en que dormí, el beso,
Aquellos ojos de mirada !ría:
Recogido el cabello en grupo espeso,
·Qué pureza de lfneas! ¡qué armonía
be contornos! ¡qué porte! ¡qué aire impreso
De majestad en aquel rostro había!

la evocada musa antigua
su himno de carne levanta.

Del án!ora en que está el viejo
vino anaCfeóntico, bebe;

Febe arruga el entrecejo
y Juno ar~ugarlo debe,
mas la joven Venus ríe

y Eros su filtro desl!e,
en los cálices de Hebe,

LAY
{li. la manera de Joban de Torres.]

¿ Qué pude yo hacer
para merecer
la ofrenda de ardor
de aquella mujer
á quten, como á Ester

maceró el Amo~
Intenso licor,
perfume y colc.r
me hiciera sentir
su boca de flor;
dile el alma ::-or

La carteta del mármol esplendente

Que en mis dedos el hielo di!undía.
A mí llegaba el soplo tibio y blando,
El aliento de amor de las violetas;
y de aquel ~itlo me aparté, pensando,
A merced de encontradas y de inquietas
Impresiones, poder que reconozco
Que en mí se ejerce, ideal que me consume,
¡Ay! en muchas .estatuas que conozco,
Bellas flores de carne sin perfume.

-El mismo, Don Menda, soy.

Por la palabra que un dla.
Empelló vuestra hidalguía,
Cual cum,le á un noble vengo hoy.
y ecbando ple á tierra, alzadas
Sierpes de acero enroscadas

A los bravos combatientes.

CANCION

Sobre la diosa Inmóvil; senti !ría

-¡lra de Dios! 1Don García!

y eran al chocar hirientes

(li. ta manera de Valtterra.)

Ya es un mandoble, ya un quite,
Ya una estocada, ya un sesgo,

Que el ardor loco repite;
y entre estocada y desquite,

Amor tu ventana enflora
y tu amante esta mañana
preludia por tl una diana
en la lira de la Aurora.
Desnuda sale la bella,

La rabia crece, y el rlebgo.
La aurora vió al otro dla
.Al despuntar por la slerrd
Junto á un cadáver en tierra,

y del cabello el te•oro

Rota una espada de guerra.
Mientras sus trinrn; lanzaban

pone una nube de oro
en la desnudez de estrella;
y en la matutina hora
de la clara fuente mana
la salutación pagana

de las náyades á Flora.
En el bailo al beso incita
sobre el cristal de la oada
la sonrisa de Gioconda
en el rostro de Afrodita;
y el cuerpo que la luz dora,
adolescente, se hermana
con las formas de Diana
la celesce cazadora.
y mientras la hermosa juega.
con el sonoro diamante,
más encendido que amante,

el fogoso amante llega
á su divina sefl.ora.
FFIN

Pan, de su flauta desgrana
un canto que, en la manana;

perla á perla, rle y llora.
RlTBEN DARIO,

V. Acosu.

•

UNf\ ORf\N IN D U S T R lf\ .

Don Mendo, uno de lofi dos.

Relucieron las espadas,

tan dulce ellxlr.

Era la hora serena y per!umada
En que el sol tras la sierra apenas arde
y en que flotante, ideal y enamorada,
Náufraga en mar de luzi muere la ~arde.
Aquel rostro Jn..mdó un r~yo muriente,
De claridades trémulas; di ria
Que el mármol se animaba derrepente,
Que lba á hablarme y los brazos me tendía.
Mi mano fue á posarse irreverente

-Pues buena la habr4,
Que en el campo quedará,

Símbolo de la bldalgufa,
Los pájaros en la lronda,
Las H.ores se despertaban,
Rodaba cantando la onda
Y las hojas murmuraban.

La industria nacional, como hija .predilecta de
la paz, toma poderosos vuelos en nuestro país

augurando una época de crecidas riquezas para
loa luchadoras en la contienda hermosa del trabajo.
Todo linaje de publicaciones en México, actualmen te, experimenta ]a necesidad de comunicar
au~ impresiones gratas, de moltiplicarJae en el
cerebro de sus lectores, de afirmarlas en la vo•
Jun ta~ colectiva para determinar la consecuencia
de este movimiento de energías, despertado en el
país, que maravilla, reclutando hombres, redimi,cdo brazos, cosechando productos, levantan•
do f&lt;\bricae y entonando por lin, con voz sonora,
dei,poés de va rios siglos de mutismo, el himno

Estado de Na evo León, refiriéndonos A su cnlta
y progresista capital, para exhibirlo con las ven-

tajas logradas por el trabajo. No sería posible encerrar en el brevísimo espacio rte estas lineas los

adelantos todos de aquella región, y de aqul el
haber elegido una A nna las importantes instalaciones fabriles que posée. Vamos A deecribir, siquiera sea A grandes rasgos, uno de los más nota-

bles de aquellos e,tablecimientos lronterizod: LA
CERVECERÍA CDADHTEKOO.

incomparable de la redención por el trabajo.
El país en general, siente los estrem"'cimientos

de l• lecundación benéfica y activa. Pero por sell, l•da manera, el enérgico impulso se manifiesta
vigoroeo y feliz en algunos Estados de nueetras
costas y aJgunos !rooter}zos. Veracruz con su

V. AcosT.lo

es el estímulo. mnltiplicador de los fecundos esfuerzos iadividuales.
Volvemo11 á ocuparnos en estas columnas del

magnífico valle de Orizaba. constituye nna lisonjera prome•a de preciados frutos para la industria
del porvenir, y Nuevo León con portentosos adelantos, es el heraldo de nuestro progreso, A las
puertas mismas de la República.
En la tarea de resellar Jas instalaciones, como
la mejor razón que &amp;3iste A. nuestro entusiasmo
Por loe avances conquistados, hemos de fijarnos

en •~uellas qne por sn capital, revelador de la
conf1anza que inspira la tranquilidad del país; por
au éxito que acusa Ja inteligencia directora, po-

■eedora de la previsión y duella delos resultados,

por sus productos envidiables que denuncian un
aumento de cousumo emulador de la explotación,

constituyen un hecho que es el progreso realizacon la riqueza creada, y una esperanza que

do

La Cervecería faé fundada el allo de 1892, con
capital netamente nacional enbscripto por las lftlsmas personas que forman hoy la Compallía, y
que son casi todas miembros de una misma familia é hijos de aquella población.

La Mesa Directiva estA formada por loe Sellores Isaac Garza, Presidente; José A lluguerza,

Secretario, y Francisco G. Sada, Gerente Gene,
ral.
El objeto de los Directoree de la Compallía faé
desde UTJ principio competir en calidad con las
cervezt1s extranjeras, y el éxito obtenido ha sido
admirable¡ no solamente reciben á diario testimo-

nio de todos loe inteligentes consumidores de la
República, que reconocen en los productos elaborados por la Cervecería Cuauhtemnc, una calidad mny superior á todas las marcas importadas
de Alemania y Estados Unjdoe, sino que amparados por la bondad de sus productos, que se recomiendan por el solos, han logrado extender el

campo de exportación de una minera prodigiosa,
Un gran número de Agentes Viajeros recorren
toda la República y la mRyor parte de las principales poblaciones de América; recibiéndose cons-

tantemente pedidos importantes de las República, Centro Americanas y aún de Canadá y Estados Unido,.
El crédito de ms productos, impulsado hábilmente por una administración inteligente y em-

prendedora, ha hecho en eortos altos dela «Cuauh,
témoc • uno de los primeros establecimientos de

su género en el Pals. Allo por allo se ha ensanchado la planta y perfeccionado los aparatos y
sistemas de fabricación; pero principalmente de
tres allos A esta parte, ee cuando ha tenido la
Cervecería un desarrollo asombroso.

•••
Tres ferrocarriles han tendido sus rieles dentro

del edilicio mismo de la IAbrica, el del Golfo que
carga los abundantes productos de las regiones
exhúberas de la costa, el Nacional que atraviesa
las grandes extonsiones centrale• del pals, llevando productos de toda snerte y el Internacional que une á Monterrey con la gran arteria del
Ferrocarril Central y lleva directamente los productos de aqnella ciudad privilegiada hasta Guay
mas, desde donde se hace la distribución para
todos nuestros puertos del Pacifico.
El edilicio de la fabrica es suntuoso. El electo
para la vista ee bello, acabado y corresponde
ciertamente á la riqueza que la previsión inteli¡¡ente ha acumulado en el interior para las labores. Un jardín, estilo parque lo¡¡lés, le presta el
bonito aspecto de su cuidada vegetación y agran-

�EL MUNDO.

II

la evaporación del amoniaco, al que ha~en circular los comprensores ó máquinas d? hielo á _tra•
vés de un sistema especial de tuber1a, que tiene
varios kilómetros de extensión.
Después de convertirse por los ~ás modernos
procedimientos de la industria el lup_ulo Y la malta en un líquido aromático y ambarmo, se efec•
túa lo que se llama el cocimiento de la cerveza,
en grandes calderas de me~al _pulimentado que
deslumbran por su brillo y hmp1eza .. De allí pasa
la cerveza, hirviente todavía. al Enfr1adorB~ndeCuenta la fábrica con tres inmeTisos patios, uti- lot, cuyas espir ales de tubería recorre, ?aJando
lizados todos en Ju labor diaria. En el primero, rápidamente su temperatura. E_n segmda, po r
A la entrada, se puede apreciar el _cap~tal nada medio de bombas finísimas especiales se e1e~a el
despreciable invertido en la fabr1cae1ón d_e la Jiquido basta el tercer pbo en que se erectu~ la
cerveza. En ét se bailan colocadas tres máqurnas fermentación. Del depar tamento de fermentación
refrigeradoras de pot?ncia nota ble, ~estinadas á cae la Cerveza al segundo piso, llamado de rela fabricación del h,elo y producción de frío, puso. donde permanece ta~b!én ~argo tiempo,
indispensable, como se s~be, para la e~aboración para volver finalmente al pnmer piso, en que_ se
de Ja cerveza: las máqumas son americanas, de ef•ctúa l• cl,rificación. Esta mar~b_a del liqmdo
construcción inmejorable, griln precio y resisten• tiene un sin fin de detalles y reqms1tos, pues no
eia comprobada y con capacidad en junto de 225 hay cosa más delicada y dificil que la preparatoneladas, aunque no tod~s trabajilu _sie~prr, pues ción de una cerveza perfecta. La fabric,ción de
en invierno sea provecha el extraord10ar10 descen- la cer veza requiere de Sf'is á ocho meses de laso de la temperatura ugional,. sí lo h .-ceo la !Dayur bor diaria, constante, A todas horas del _día Y de
parte del afto, produciendo rnmensas cantidades la noche, y basta el descuido de un mrnuto, de
un segundo, para echar á. perder enormes depó•
de hielo.
No todas se utilizan necesariamente en la ela- sitos, cuyo costo podría hacer la fortuna de vaboración. El lujo de !a lábrica del hielo es un rios hombres.
Antes del envase, pasa la cerveza, ya hech.11.,
derivado de la grandeza de los industriules. ~•
producción de hielo pasa de 40 toneladas al d1a, por filt: os finísimos y que completan las dos opeJlenando en invierno y en verano el consumo de raciones precedentes: el reposo y la clu1f1caMonterrey y el importantísimo de una gran co- ción. Algunos de estos filtros h•n ~ostado $8.000,
marca tributari1'. A las poblaciones peque.ft.as ó su calidad no sólo tiene el crédito de 1" casa
cerc mas se hacen Jos envíos por Express, y A cunstructora, sino la confirmación de los meJo mercados lejanos lo~ embarques se tfectúan en res resultados en la fábrica de Cuauhtémoc, que
carros refrigeradores especiales, constr_o~dos ex - ]os utiliza. sin descanso y sin Que algo.na vez baclusivamente para ] H. Cervecería .. Sd uul•za tam• ilan presentado deficienci•s. Como todas los útibién el hielo en el empaque y conservación de la les y máquinas de la instalación, los filtros resul cerveza en cuft.etes 1 que debe tenerse siempre he- taron de gran cvsto por su excelencia, pero tamlada, y de la cual se hacen grandes remesas A to- bién por ella altamente remuneradores del desem•
das las poblaciones de Nuevo León, y á los Es - bolso de adquisición; puesto que u na de las con
tados de Coahuila, T.11maulipas, D. rango, Zaca - diciones que ha logrado la aceptación inmensa en
el mer cado de la cerveza Cuauhtémoc, es su clatecas Chihuahua 1 San Luis Potosi, etc.
Pe;o la t~rea más importante de laP máquinas rificación irreprochable, quizá s uperior á la de
de hielo es la refriger•ción de la Cerve.. pro- lllB cervezas extranjeras.
Los filtros realizan la clarificación del llqnido
pia ment~ dicha Está ésta constituida por un gran
editicio de tres pisos, cuyas bodegas se guardan con la rapidez posible en este trabajo, lento de
Eiiempre á una temperatura glacial, obtenida por suyo, para acumular en barriles enormes el llquida á través de sus arbustos y sobre el musgo verde
de su suelo lAB proporciones de la construcción
magnífica. Con mucha justicia, los regiomontanos se hallan orgullosos de esta instnlación modelo y jamás permiten al tourista abandone aquellos
Jugares, sin haber coseehado los aplausos de admiración calurosos y repetidos que rec!ama la
contemplación de tantos e,luerzos hábilmente
acumulados.

•••

1'
1

1

1

Domingo 6 de Agosto de 1899.
do depurado de toda impureza que pudiera ba,.
cerle dall.oso á la economía ó desagradable Ala
vista.
E n esta ala del edilicio se encuentra también 1111&amp;
maquinaria. import,ante: los poderosos dioamoe
que inundan los departamentos todos de la UbJ1.
bric11. de lucecitas ineandecentes, ora fij as, o.._
movibles y distribuidas con discreción notorl¡
en los a ngulos, en los patios, prc!odidas al Dllll'O
ó pendientes del techo. El alumbrado es una de
las mejores obras del establecimiento y en las qae
por manera especial se revela el arte y la rique.
za que han presidido á las labores tod&amp;s de la
construcción.

• •*
Merece cuidado especial de los fabrica ntes, el
lúpulo que e, la substancia fermentesci ble y q111
da á la cerveza el sabor amargo tan agradable
como estimulante. Se mantiene en aquella fábrica
en bodegas perfectamente acondicionadas, en lu
que se le preserva, por procedimientos ad hoc, de
las extremosas condiciones climatéricas del lagar. El lúpulo se, limpia, se seca, se aparta en gna.
pos; es, en fLn, obj1to de cuidadosos detall es por
parte de los grandes cerveceros, que pudiéramoa
llamar los cerveceros artistas, ya que perslguea
con afán el ideal de un proyeoto que alcance !odas las posibles perfecciones.
Ni el molino donde se macbac, la Malta ea oor riente y comúu , ni éste dej~ de distinguirse dt
los ordi~ariamente empleados¡ pues p&gt;1.rece que
en esta instalación todo se concibió y r i.:alizó coa
el prurito de notoriedaa que fuera satistactoria i
los ideales de los fabricantes y provechosa á la
calid•d del producto. De mejor material, de mavor potencia, de capacidad notable, cuenta lalll•
biéa la particularidad de llevar, á poca distancia
de la m0lienda y en la esfera de acció n de 1111
dientes, unos electru imanfs peque:fios, pero edr•
gicos, que s nbstraen inllex bl ,mente, ellragmeoto
de clavo, la partícula de fierro, y en general la
i mpureza metálica que tienda á pasar junto COD
el grano y que baria poco llmpido el liquido 6
pertur barla su fermentación regular.
Dicho se está que la materia prima qu e ha da
alimentar á organismo tan a ~abado y v igoroso,
debe la previsió~ haberla a 1m1cenado e a canll-

,

Domingo 6 de Agosto de 1899.
- dad es proporcionadas al enorme gasto de es-1e INbor atorio gigantPsco de la iPdustria. Y sorpren de á la par que la cantidad de grano alm acenada, la limpieza sin mácula de llis bodegas en donde •e orea, dejando lucir limpia y brillante su cl1scara dorada sin oue la aféen mater ias extratl11.s ó cuerpos sucios que harían en seg uid a dificil las operaciones que han de practicarse con el mosto.

•••
Preciso es seflalar rugo saliente de las prodigalidades de la fortuna ó de los aciertos de 111
inquisieión diligente, que en f l terreno elegido
para elevar la fAbrica modelo se encontró como
bRllazgo riquísimo el venero más abundoso de
la localidad, del que se extraen má, de 600 000
galones de agua di1uiamente. Es éste un II bunJ oso río subterráneo, cuyo H.:¡uido se considera
el tesoro mAs preciHdo dP. la Negociación, poes
al mandar se pra.ebao de él para analizarse en los
mb reputados lab JrRtonos de Alemania y Eita
dos Unid os, fué declarado superior pttra la hbricación de cerveza Alos mAsaf lmados veneros
del mundo.
No se necesita tenrr el conocimiento técnico en
la fil bricaeión de cerveza, para darse cuenta del
util íii mo y casi por~entoso contingente que trae á
la ei&lt;boración esta clase y cantidad de agua tan
fi\cilmente accesible A las riecesidades de la confección. Se sabe que la cerveza es el mosto del
grano fermentado en agua con syuda de lúpulo,
y por lo tanto se comprE'lnde sin esfuerzo que el
aga.d, elemento principal de todas las industrias, es
capitll l indispensablemente precioso para la industria ce'"vecera. En la actualidad sólo existen cua•
tro bombas que extraen el agua en la proporción
que antes seftalamos; pero ésta, no obstante ser
notoriamente grande, no basta. á las necesidRdee
de aquella industria próspera. y pronto se instalará n otr as dos bomb•• que ayuden con las primer as á obtener la ltbulosa cantidad de agua
que ofrece el abundante venero.
Los méritos de la construcc•ón, el hallszgo del
manantid, la introducción benéfica de tres de los
pri ucipalrs ft&gt;rrocarriles frcnterizos; se debe á la
feliz conjunción de los elementos primarios de
111 industria: capital respetable, concepción vasta, ingenio de detalle y sostenido esfuerzo. El
Capit•l lo aportó la Sociedad con admirable fé y
es¡;íri tu de empresa, cuando se tenía todavía poca confiiinza en nuestras industrias y muy pocos
aug uraban fdiz éxito al colosal negocio; y la
ejeoución de los planos y pro y ectus la tuvo á su
ctt. rgo el ar quitecto especialista de San Louis Misoo ri, O. J. Wilhelmi, que llamado por los accio nistas fu ndadores á Monterrey, logró con una
o bra mas extender su f 1ma á riuestro país como
constructor de flbricas de cervez!l, dotando á
la frontera con un establecimiento acabado y
digno de su renombre y de nuestro adelanto.

•••
U no de los departamentos que más ostensiblemente muestran el colosal movimiento de la inst.lación, es el de empaque y embotellado. U,anfie par a la demanda del mercado dos clases de
env•se: el de barril y el de botella, y ambos se
verifican con extraordinaria precisión y rapi•
-dez. T uberías de no escaso volúmen comunican
&lt;&gt;on las bodegas que hemos descripto y en las que
la cerveza repoaada, clarificada y filtrada, sólo
11guarda el instante de ser lanzada al Comercio.
L as tuberías se hayan perforadas lateralmente
-en doce sitios equidistantes y A diversos tramos,
en cada uno de los cuales se coloca una boteila,
Y que se bailan provistos de un gobernador auto m ático, por tal manera que colocado el cuello de
la botella en alguno de los pequenos tubos que
penden de las perforaciones, se llena pcr sí sola
•in necesidad de llave, y retirado el casco basta
• Ole hecho para que el gobernador automático
inierior , cierre rApidaruente las válbulas sin que

EL SEfWR GERENTE GENERAL DE LA ÜEHVECERIA, U.ODEADO DR SUS PRJNCIPALES EMPLEADOS.

EL MUNDO.
se escape una sola gota más del líquido que ha
llenado 111. botella. En un orden enteramente semejante pasa lo mismo con el envase de l JS barriles, y es una operación aunque más sencilla
también más vistosa de las que pueden presenci,rse en 11 f~brica y que sorprende agradablemente A los visitantes.
El envase consume diariamente más de ochenta
mil botellas queabsorveel mercado tan luego como
le llegan, destinAndose algo de este producto res petable á la exportación c11da día creciente. Hasta hoy se ha consc.mido de preferencii y en ciertas ocasiones, exclusivamente botella alemana de
la m,·jur acondicionada para el objeto; pero el
impulso de los f•bricantes entregado ya á la expeculación progreEi va, ha proyectado establecer
como anexa á la ntgociación principal, una fábrica de botellas que le proporéione ú liles econó •
micos, A la vez que pueda Mislir con la rapidez
deseada á las exigtneias del consumo. Y oo obstante, como hemos dicho, el embotellado actual
hace un gasto de ochenta mil cascos por día.
Tiene labores preparatorias eata operttción del
embotellado; con tanta rapidez como cuando se
llenan, se someten préviamente á la acción dA
cuatro mAqoiaas lavadoras que af1ctan la forma
apropiada y se cargan con muoiC'iones de díterentes tamafl.os en order:. descendente, pasando
en seguida A recibir el frotamiento de los cepillos que a rman otras cuatro maquinas; y por úl·
timo, á la acción del agua que á torreo tes penetra
y SRle de )os cascos para entregarlos extraordi•
nar iamente .'impíos. La operación se completa.
por el tapado, erc,sqoillado y pestall.a de e1iquetas que también se vt:rifica automáticamente por
medio de aparatos tao sencilJ03 como ingenh,sos
y que con rapidez que asombra, reciben la bote•
lla llena de liquido fermentado, y la entregan á
los almacenes vestida con la etiqueta, adornada
con el casquillo metálico, sujete pcr el alambrado, es decir, con todas las condicionp,s de seguridad para el tráfico y de buen gusto para el mercado.

•••

El articulo destinado á la exportación sufre
antes de la salida de la IAbrica y de ser envaoado, una última operación, úaiea en su objeto.
Consiste en someter el líquido A la temperatura
deun bailo de agua birvi~nte. Por este tratamiento cuidadosamente verificado se logra la muerte
de los mi.Jroorganiimos que pudieran ser perja.diciales á la fermentación y con esto noscivos á la
••lud. Se ve que no hay un de,alle que escape á
la penetración de los intP.ligentes industria 1es, y
que por el contrario los inquieren, 101 l igran, los
adh·ioan y los resuelven por manera que favorecen á su honradez de comerci1nte y al beneficio
del consumidor.
En el departamento opuesto de la fábrica que
recibe los productos abundantes cuy a elaboración hemos pálidamente descripto, esper•n los carros la llamada de los almacenes oara entregarse
al vértiA"o de a'-!uel movimiento febril. Las Cttjas
de empaque llegan del Norte, y no porque nuestros industriales no pudieran lograr artefactos de
sencillez semejante, síoo porque nuestras maderas
no rebi iten, se deshacen, no sirven. Y aq ni una
oportuna rec'&gt;rdación á nuestros agricultores, la
de mejorar las condiciones de sus maderas por
medios tan conocidos como aconqeja los, y prevenir así la competencia victoriosa de las maderas
extranjeras. El número de cajas empleadas para
las seguridades de las exportRciones, no es despreciable, puesto que han de contener capacidad
bastante para que puedan sumar anualmente buen
número de millones de botellas.
Instalación tan vasta como ésta, cuenta con talleres accesorios, pequeft..os necesariamente, si se
miden por las grandes dimensiones de la lábric,
principal; pero eiempre dignos de atención y
aplauso, porque también en ellos el esplrilu previsor ha acumulado los elementos precisos á la
labor fácil y rápida, y allí también, como en las
ricas maquinarias o en las inmensas cubas de fer-

III
mentación, se advierten el orden sin tropiezos, el
aseo que e•plende, la diligencia que admira.
Los principales de estos talleres son los de talabartería, carpintería, herrería, carrocería y pintura, que cuentan un número nada escaso de
obreros habiles, y se ocupan constantemente en
reparaciones de útiles, refacción de piezas, construcción de otras nui.,vas 1 factura de carros y c11jas de empaque y decorado, siempre atendido, de
todos los departamento• del edificio.

T•I es la fábrica de que con justicia se enorgullece la capital regiomontana. Como en épocas
anteriores se ensef\ab~ al toarista el bosque salvaje ó la iglesia e:-- ruinas, hoy se le muestran ltls
fundiciones 1 lo~ telares, las fAbrieas; pero ningu•
na hl\ alcaoz¡¡do el renombre de la Cervecería
Cuauhtémoc. que parece simbolizar, para orgullo
del fronterizo, el triunfo del e,fuerzo hábil y dilig~mte.
Cierto es que los directores de esta próspera
compafl.ía, no se ban dado un minuto de tregua.
Ni el éxito ha sido porte á obligarles al reposo.
Afto por all.o, de,de el de su fundación, &lt;\ sea hace
ocho, se ha ensanchado la planta del edificio para
inaugurar nuevos departnmentos ó ampliar lo-.
anteriores, para insta lar talleres y activar el despacho, para per f,mcionar los aparHtos y sistemas
de fabricación. Hoy tiene uno de los edificios
mAs v.1stos 1 de los mejor apropiados de los
más preciosos en su género; la prod ucción más
abundante, y por ende el consumo ma~ vigo•
.:vso, constituyendo, tal vez eJ primer establecimiento de la República. Pero de tres all.os a.
esta parte es cuando principalmente la Cer vecería ha logrado un desarrollo prodigioso. Para
formarse una idea de la importancia q 1e ha alcanzado, daremos un dato seguro, uno s ulo, pero
elocueante. El nuevo departamento de embotellc1r,
que se inaugurará dentro de un mes, serA el más
grande del Continente Americano; y en todo el
mundo, sólo habrá otro, en Inglaterra, que podra.
igualársele en el número de botellas que lance
diariameote al mercado.
Con respecto a. li f•ma y crédito de sus productos, diremos qua es la q ne exporta mAs cer•
veza embotellada en Amé rica, y que muchas fá bricas de los Estados Unidos han tratado de f•lsificar sus marcas p1:1ra. acr editar sus productos,
tanto allí mismo como en este país, y los de Centro y Sud Amédca.
'

*••
Para la vida Rana de estos organismos se necesita una legislación higiéoica que destierre las
enfermedades viciosas de los obreros y est!mule
sus virtudes, aquellll...!_por las penas y é3tas por
el premio. Y la Cervecería tiene sus leyes. Se imponen multa.a A los obreros faltistas, perezosos ó
descuidades, y con ellas se f ,rma un fond ,, que
sirve para premiar á los atentos, activos y exttctos. En el ano último, y sobre un promedio de
400 obreros de todas clitses, recibieron los premiados una gratilic•ción de $52 por individuo.
Si no se logra extirpar el mal por completo, por
lo menos se miLora, y se estimula al virtuoso
para que luche y venza, redimiéndose al obrero
de un nombre anónimo y de una. calificación colectiva.
Perdónensenos las apreeiacíones entusiastas, si
fueren inmoderadas, y las frase3 cttlurosas, si
trauslueieran apasionamiento; pero el cronista no
puede dispensarse al resellar adelantos tan positivos como los que representa laFábricaCuauh1émocque h~mos descrito, de pag11r su tributo de
entusiasmo en voces clamorosKs, frente al cuadro
del trabajo que hoy presenta el país, cuadro h•r•
moso y admirable en el que ostenta las esperanzas en flor como anuncio de los fruto 3 de oro de
la prosperidad de la Pe.tria.
ALFREDO N. AcosTA.

�EL MUNDO.

Domlngc 6 .Agosto de 1899

IV

•

CP/ .

~agtnaJ
A.ño VI

Tomo I l

México, Domingo 13 de Agosto de 1899.

Número 7

UN HERMOSO CRUPO DE TOILETTES.

LOS CABALLEROS FUMADORES.
Dice una Revist,a para Damas:
«En el número de Febrero del Good Health replicamos á las razones de un caballero que juzgaba no teníamos razón en expresar nuestra duda de si un fumador podía ser considerado como un caballero. No
hemos abriltado dudas sobre este particular, hace
muchos anos, y nos alegramos de ver que otros mil
se están libertando tanto de la esclavitud de la costumbre, que no vacilan en romper su silencio acerca
de esta cuestión.
«Todo hombre tiene derecho de fumar, si así lo
quiere; mas nadie tiene derecho de hacer que los
otros pa.rtlcipen de esta sucia práctica, quieran ó no
quieran. No pocas veces cae al que esto escribe la
suerte de verse obligado á ocupar un ~oche de alquiler que tres ó cuatro fum~dores han ocupido antes, y
que ban logrado saturar tan completamente de nicotina, condensada en las portezuelas, vidrieras, cojines y en todo el interior del vehículo, que era imposible permanecer en él, aun con las ventanas abiertas,
sin ser atacado de náuseas.
«En los carros urbanos, cuando van llenos de gente,
no es raro encontrarse uno encajado entre dos devotos del tabaco, cuyo aliento, cuerpo y vestido exhalan el olor no de violetas y rosas, sino de un articulo
de vegetación de índole enteramente diversa. En tales circunstancias no puede uno hacer otra cosa que
contener su aliento, respirar poco, desviando la cara,
á la inspiración, tan lejos como es posible de la fuente de infección, reprimir su enojo lo mejor que uno
pueda y escaparse en busca del aire libre tan pronto
como las circunstancias lo permitan.
«Ningún fumador puede ser tan ignorante que olvide que no puede viajar en un vehículo público sin
correr el riesgo de sujetar á alguno á la triste ordalla

de respirar su hálito impuro y venenoso, y de recibir
la atmósfera de tabaco que proviene de sus vestidos

saturados del humo de aquella droga.
«Pero el mundo se mueve un poco. Hombres y mujeres están levantando su voz en todas partes para
protestar contra la dañosa costumbre; y nuestros !ec•
tores pueden estar seguros de que el Good Health,
después de estar empei'iado en la campai'ia contra el
tabaco, el alcohol y todos los otros venenos que tienen esclavizada á la humanidad, por más de un tercio de siglo, continuará haciéndose oír en defensa del
derecho inali~nable de los hombres, las mujeres y los
niños, de respirar el aire puro del cido, no viciado
por el aliento de los devotos del sucio yerbajo.GooD GEALTH.&gt;

NUESTRO GRABADO.
UN HERMOSO GRUPO DE TOILETTE$.

El figurfn que aparece á la derecha del grabado, es
de calle. Está hecho de sarga de seda, con gnndes
aplicaciones de guipure en el cuerpo y en la falda.
La seda es mal va. El cuerpo muy ceñido, con la blusa abierta triangularmente sobre un peto.
El figurín del centro es de pongé muy fino, formando una túnica cerrada graciosamente á la derecha,
por un;:. banda de blonda antigua. El cuerpo, muy
caprichoso y elegante lleva plissés amplios, cortados
por una banda diagon.i.l. Gran aplicación bordada en
el peto, que está hecho en fajas circulares concéntricas.
La tercera figura muestra un elegantísimo sombrero, estilo Directurio, de paja de Francia y aplicación
de rosas. Un gran penacho blanco lo corona, cayendo
graciosamente sobre la falda levantada.

Un pago de 140,000 pesos d.e "LA MUTUA-"
El distinguido y bh::n conocido banquero de estaCapital Sr. D. Martín de Castillo y Cos (de 1a razón
social l. R. Cardei'ia y Compaiiía) estaba aseguradoen LA MUTUA, Compai'iía de Seguros sobre 1a VIda (The Mutual Life Insurance Compacy of New·
York) bajo las siguientes pólizas:
2 pólizas de 25,000 pesos oro ameri•
cano, equivalentesá ............... $100,000
2 pólizas de 20, ooo pesos plata mexicana ............................... 40, 000Total, $140,000según, los certificados de los Sefiores Notarios Fran•
cisco Merino Ortiz, Francisco Diez de Bonilla y .Agustín Pérez de Lara.
LA MUTUA pagó los días 15 y 22 de Junio á loabeneficiarios, á la sei'iora Soledad de Castillo de Lerdo de Tejada, Sei'iores Samuel Hermanos, el Bancode «Londres y México&gt; las sumas arriba expresadas.
EL SR. D. EUGENIO A.BBA.DIE.
«E.itoy sumamente sati~fecho con la «Dentadura
.Automática,&gt; que ustedes me .hicieron, pues ademáttde ser excelente la materia de que está form3da, es
muy hermcsa y se adapta perfectamente, hasta el
punto de que puedo usarla luego, sin molestia deningún géntlro.
Yo creo que si alguno aspira dominar el noble arteque ustedes ejercen, sólo podrá llegar á la altura deustedes, pero elevarse más será imposible. Para ali·
vio de la humanidad doliente, Dios suscita de vez eo
cuando algunos génios. De estos "!eres extraordin&amp;•
ríos son us~des, algunos de los más distinguidos eo
su ramo. - Eugenio A.bbadie.- Porta.I Guerrero núm4,
- Guadalajara.
.A. los Sres. Dres. Spyer. Calle de la Palma núm 3,
lléxico. Inventores de ~a «Dentadura .Automática.&gt;

CRISANTEMAS.
CUADRO DE CúNR\DO KIESEL.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�EL MUNDO.

58

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
. ---------------------------------------------·
LA SEMANA
Un día la curim,idad abre un arcón mucho tiempo
cerrado. Y dentro de él se encuentran chucherías curiosas, telas amarillentas, objetos raros, flores secas,
paquetes de cartas, monedas antiguas. Esta exhibición despierta entre nosotros no sé qué extiañ&lt;,s sentimientos de apacible melancolía. Se reconstruye el
pasado, se dibuja en la fant,asía un cuadro vivo, se
hace la novela de toda una vida, y dP, sueño en sueil:u, se llega á resucitar una época. Es una sensación
deliciosa, tenue y vaga, semejante á la que experimentamos cuando en la noche, !ll abrir la ventana de
un jardín, vemos á lo lejos brillar un traje de mujer
en un claro ce luna.
Oyendo música antigua nos asalta igual emoción,
es una arca que guarda las melodías pasadas de moda, temas arcaicos y aires envejecidos. Esa música
tiene algo del perfume de lo viejo, un perfume exquisito de rosas muertas. Escuchándola, reví vimos
una época.
Y sin P,1Dbargo, nos fatiga, y más que nos fatiga,
nos aburre la monotonía de estas partituras escritas
para nervios más sano!\. Son pastoriles. Nos parecen
una égloga de Virgilio acom¡:,añada con zampoñas.
No nos conmueven ni nos interesan ya. La sencillez
toca en muchas partes con la tri vialidad y origina el
fastidio. Y el fastidio es padre del bostezo
En general, los argumentos de estas óperas están
hechos para campe!.inos de la Arcadia. Tienen el clasicismo meloso y falso de las tragedias del sig-lo décimo octavo. Vemos aparecer griegos y romanos de pantomima.
La música suele tener bellezas, delicadas melodías,
pasajes inspirados, graciosas combinaciones, pero todo viejo y desteñido como un girón de seda antigua.
En una sala, entre amigos, frente á una taza de té
y una nube de humo, nos deleitarían esas obras, á
fragmentos . Eo un teatro nos desesperan. Hay mucha fiari,ture y mucha filigrana en esa mú,üca, pero lo
que no hay es emoción, arranque, pasión, polifonía,
todo lo que necesita nuestro complicado espfritu moderno.
Esto pensaba yo, escuchando con una atención
complicada de hastío, varias escenas de las de Soffo
de Pacini, represent adas mucho ba en el escenario
del Nacional
A fuer de sincero debo declarar que ya apenas me
seducen esas excursiones artísticas, en las cuales, por
u na sugestión inexplicable, tal parece que el alma
rejuvenecida y alada, toma de nuevo el brío de las
alas nuevas y recién emplumadas. ¡Qué cosas tan raras, tan sutileR, nos van diciendo esas arias iotermi•
nables, esos dúos melifluos, esos conc.:rtantes de sencilla y pueril harmonía! Nos dicen: ¿te acuerdas?
Eramos el aire gárrulo de tu espíritu en primavera. Nosotros fuimos los que despertamos tus pasiones dormidas, nosotros, ks que echamos vaho azul
en los paisajes de tus sueños, los que arrullamos Lus
primeras esperanzas, lo~ q uetej irnos unahamacadedGlces melodías y la clavamos en las estrellas para que se
columpiaran tus amores en la diafanidad de J ,s cie1(,s. Ahora nos desdeilas, nos desconoces, nos recibes
con una sonrisa de burla y i;n gesto rle desprecio; pe•
10 pcr más que bagas partL olvidarnos, ahí están como púas lucientes, en la penumbra rte tu memoria,
los recuerdos de tu vida inquieta y f.iliz, los recuerdos que avivamos á nuestro paso, como sopla el aire
y aviva la llama en el mal apagado rescoldo. Mientras nos oyes con tu apariencia indiferente y aburrida, tu pensamiento teje y desteje la tela de Penélope
de aquella estrofa empolvada:
Esa es mi juventud que dfsfallece,
es mi ilusión que canta;
mi primer desengPilo que aparece
y mi primer amor que se levanta.
¡Operas viejas, fastidiosas melodía~, aires senci.
llos, temas sentimentales, idos en paz; no l,S amau,os
ya; sois nnestra desesperación y nuebtru remordimiento, y nos obligáis á pensar en cosas lejanas y
tristts de las que ya no queremos acordarnos!

***

Ha cesado, por algunas horas, la mon6tona decoración del horizonte, durante los crepúsculos lluviosos.
Las ~oches de Julio han sido grisPs, de esas Pn que,
como dice un poeta, la luna corre detrás ele las cortinas cenicientas, que s~ rasgan de ':,recbo en trecb,)
para filtrar !ª luz de los astros; noches con pocas estrellas, sem1ahog'ldas en la cerrazón húmeda ne los
campos, silenciosas como las quimeras de los soñadores,. noches de las almas buenas en las que el cielo semeJa el dombo de un templo gigantesco elonde los
luceros arden como ~i fueran blandones qu~ alumbraran las criptas azules de los ángeles muertos.
Pero las tardes han sido monótonas y frías, metidas en. agua, con su fJ.ngo obscuro y su llovizna per1,lst,P.nte.
Unas cuantas horas, sin embngo, el m!ércoles al
acabar el día, sobre la placa de plomo del Orie~te,

enr.endiéronse dos arco-iris triunfales, tan radiosos
y vivo~, que la fangosa ciudad pa~eció, de p~onto, como vista á través de un gran prisma de cristal. El
sol, entonces, elesde el ocaso, hizo estupendas mara•
villas de su oro: lo arrojó en placas y florones sobre
los muros, sobre los cristalPs, sobre los charcos, lo
deshiló en redes sutiles y deslumbradoras sobre todos
los objetos, hizo grandes mariposas de los murciélagos, de los paraguas, y pavonadas salamandras de los
carruajeR.
.
.
MElxico fué, por hreves instantes, una feé~JCa c_m:
dael de Cuentos ele Hada~, romo las que se 1magrno
Luis de Ea.viera en sus nebulosos ensueños.

** *

He visto en los periódicos la inaca.bable rliscusión,
refrescada por asuntos teatrales del género chico: para
la época mederna vale ser p,&gt;eta en el alto sentido de
la palabra?
y me he puesto á leer una y cien veces la irónica
página de un libro inmortal:
«Un día, M. Jourdain, ya todo un mamamuchí, y
habiendo aprendiJo la ortografía, llamó á su casa á
los escritores más ilustrados del siglo. Se acomodó
en un sillón, les señalaló con el dedo sillas de tijera,
y les di jo:
- 8eñores: He leído vuestros chascarrillos, me han
divertido y quiero daros trabajo. Se lo he dado últimamente á vuestro colega, á Lullí. A petición mía
h1 introduddo en los conciertos la trompa marina,
instrumE&gt;nto harmon:oso en que nadie se hil,brá fijado
aún y que es de gran efecto. Deseo que sigáis mis
ideas como las ha seguido él, y os encargo un poema
en orosa.
Ya sabéis que todo lo que no es prosa es verso y
que todo lo qne no es verso f'S prosa. Cuando yo digo:
« Nicole, t ra( dme las za patillas v dadme el gorro de
dorn ir.&gt; bago prosa. Tomad es! a fras,; por modelo.
Ese e~tilo es mucuo más agradable que la jerigonza
de renglones sin acabar que llamáis versos. En cuanto al asuntv, seré yo mismo. Pintaréis la bat,a rameada que acabo de ponerme para recibiros y el traJecillo de pana verde que llevo debajo para mis ejercicios durante la mañana. .A.puntaréis que la indiana
cuesta á un luis la vara. Esa descripción bien perjeñada se presta á toques de muy buen viso, y enseñará al público el precio de las cosas. Quiero que habléis también de mis espejos, de mis alfombras y colgaduras. Mis proveedores os darán la nota; no dejéis
de insertarla en vuestra obra. Me gustará volver á
ver allí al natural, con todos ses pelos y señales, el establecimiento de un padre que vendió pafio á los ami gos por servirles, la cocina de mi criada Misle, las habilidades de Bronsq•1iet, el perrillo de mi vecino M.
Dimanche. También podréis explicar mis asuntos
domésticos; uada más interesant~ para el público que
saber cómo se gana un millón. Por eso os pagaré generosamente á medio l uis la vara. dé escrito. Volved
dentro de un mes y enseiladme lo que hayáis sacado
de mis ideas.&gt; 10b, M . Jourdain, eres eterno!

***

La Sociedad Chibuahuense celebró una de sus simpáticas fiei,tas.
Estos famosos bailes ti&lt;&gt;nen el atractivo de prender las alas del tiempo con los cla,,os áureos de la
alegría. Tal vez ningún círculo en México posea como éste en tan alto grado la facultad de inspirar el
contento sano y el placer tranquilo. Hé aquí por qué
todas las mujeres hnmosas y jóven!'s se dan cita allí.
La fiesLa ele la t-;uciedad Chihuabuense no tiene
más que un defecto: que no f'S interminahle, y que la
Aurora se encarga de decir á los in rifados:
-Señores, es hora ya de descansar, dormid un
por.o.

EL EXTERIOR.
Revistas Politicas y Literarias.
1.-LA CONFERENCIAD.E LA PAZ: SU PROXIJIU CLAU·
SURA; SUS ACll.EltDUS DEFCNlTIVOS. LOS 1!:XPLOSI·
VOS, EL DESARME PARCLAL, LA COltTE DE A.KBI·
TRAMENTO.- l N T.ERES DE LAS POTENCIAS MILI•
'.l.'ARMENTE INFERIORES EN ESOS ACUERDOS.
2 -LA. SITUACICN GUBERNAMO:NTAL EN FitANCIA:
VIDA NECESARIAllIENTE PRECARIA DEL JIUNISTERlO; LOS OBSTACULOS CASI INSUPERABLES; LOS SO·
CIALlSTAS Y EL EJERCITOj LOS SOC[ALISTAS Y LA
LIBEKTAD Ail::lOLUTA DE LA PRENSAj REFORMAS
INDISPENSABLES
3 - L 'A}'lfAIRE,

Está á punto de di sol verse la confuencia de la Haya; á pesar del secreto oficial de sus deliberaciones,
casi todo se ba traslucido, y el público sabe ya á qué
ate~er~e en lo que toca á 0oncluslones generales. Los
penódicos del mundo entero han publicado memorias

Domingo 30 d~ Julio d~ 1899.
de los delegados, extractos de sus discursos, etc. Mu,cbo quedará pendiente después de firmada el act,a general y será necesaria otra conferencia que podrái.
partir de ana base mucho más sólida que l~ que h?Y
ba servido para las labores de la conferenc1~: la mrcular del ministro del Tsar, conde Murav1ew querinterpretando la augusta idea ?e su soberano_, form ula ;mros desiderata. En la próxima conferencia las re-sol ur.iones de hoy podrán ser completadas; ojalá que
no corra entre ella y la que va á clausurarse el lapso
de tiempo que entre ia de Bruxelas y la actual.
Sea lo que fuere, el concilio inter?aci~nal de la Hava abrirá una época nueva en la h1stor1a del derecho,
de gentes y resulta, ciertamente, un homenaj~ á la
gran memoria de Rugo de Groot, el haber esco;ido su
tierra natal para reunirlo. Pueden considerarse, á más.
de la sanción de muchas de las minuciosas y eminentemente humanitarias reglas de Ginebra y BruxeJas1 sobre protección á los heridos y reconocimiento,.
de derechos á los que defiC'Dden el te1ritorio sin ser
soldados, como obtenidos en principio estos puntos.
de magno Interés: no se hará uso en la guerra de proyectiles quf:l causando el mismo efecto que los ordinarios (poner á un hombre fuera de combate) hagan
crueles y dolorosas las heridas; co1110 entre estos proyectiles estaban comprendidos las balas de envoltura.
metálica, como las dum--dum, ingleses y americanos.
reservaron su voto: ya sabrán á qué atenerse los negros africanos y los tagalos de Luzón. Resultado incompleto pues. Otro punto: la reducción 6, mejordicbo, el statu qiw de los efectivos de guerra.
Como era este el punto principal de la iniciativa.
de Nicolás II que, eu realidad, no habló de desarme,
sino de suspensión de armamentos, y como grandes y
pequeños, lo mismo ingleses que suizos, estaban dispuestos á enterrar el magno pensamiento, hubo necesidad de bac.irle solemnes funerales. El rlelegado,
ruso Giliniski invitó, no á votar, sino á deliberar isob1e el asunto, el delegado holandés Den Beer Portugael, hizo ciertas reflexiones favorables al designioimperial y le salió al encuentro, era de esperarse, el
coronel Schwarzhuff delegado técnico alemán. «Mi
patria, dijo en resumen al general Beer Portugael,.
no necesita suspender sus armamentos para prosperar y es un hecho indubitable, aunque parezca asombroso, que á compás del aumento de los ejércitos alemanes y de su incesante perfeccionamiento la prosperidad general, el comercio, la industria, el trabaju remunerado, en suma, han ascendido constantemente. ►
Entre paréntesis, este argumento del delegado alemán, muy jugado y manoseado por todos los partidarios de la guerra, es un sofisma ,:hay relación posible
de causa á efecto entl'e el fenómeno militar y el fenómeno económico en Alemania? No sin duda; son
sim¡:,les fenómenc s concomitantes; valía la pena, entonces de investigar si, sin el crecimiento de la producción militar, la producción industrial, dabida á la
ciencia, es decir, á la transformación de los medios
productores, no sería cinco veces mayor de lo que esY no habría permitido á Alemania fundar algunasAlemanias coloniales; único medio que t iene la civilización europea de contrarrestar el avance mercantil de los asiáticos, el peligro amaril!o que, al mediar
el próximo siglo, habrá becbo ictérico al mundo. Y
cuando el orador dice que en su país el bi.,nestar común aumenta y el tipo de vida (standa?·d of life) se eleva día á día, todrs nos figuramos lo que cincuenta
oradores socialibtas compatriotas suyos tendrían que
responderle.
Después de probar que era nulo el argumento tomado del cansancio y de la anemia nacional, el impugnador del pensamiento del Tsar se encaró, muy
cortés, pero muy resueLamente, con el ruso Gilinski.
La cuestión de los armamentos, dijo, no es una cuestión aislada, es 1uuy complexa y está tan íntimamente ligada con otras, como el grado de instrucción, la.
duración de1 servicio, el número de los cuadros, losefectivo~ de las unidades de tropa, la colocación de
los cuerpos, de las plaz~s fuertes, etc., que es imposible detener el mecanismo de esta maquinaria sin exponerla á serlas avería1,; á más de esto las necesidadesde los ejércitos coloniale1,, etc., demuestran que nopodría oponerse á una obra eminentemente nacional
una convención internacional.
Esto dijo, en extracto, Alemania; Francia, por el
órgano de León Burgeois que, intelectualmente, ha.
hecho, en compañía del profesor Martens, el primer
papel quizás en la conferencia, ]!,rancia contestó•:.
«También yo soporto sin mal humor (allegrément) las
r.argas formidables de mi situación militar y el añoentrante mostraremos al mundo que no ha desmayado nuestra actividad, ni ha mermado nuestra situación económica. Pero es indudable, y debe de creerloasí el delegado alemán, que si los recursos con&amp;iderables destinaJos á sostener nuestros servicios militares estuviesen al servicio de la prosperidad de cada.
nación, ésta adquiriría mucha mayor rapidez. Es necesario, agregó M. Bourgeois, que el mundo sepa quesi mi país estuviese llamado á votar sobre este puntovotaría por la alirmativa. Y si es una dolorosa necesidad vernos obligados á renunciar hoy por hoy á un
acuerdo positivo é inmediato sobre esta proposición,.
debemos intentar probará la opinión pública que hemos examinado sinceramente el problema formulado,
ante nosotros. Y no habremos trabajado en vano, si.

Domingo 30 de Julio 1899
al precisar sus términos generales, indicamos el fin
baeia donde deseamos unánimente, así Jo espero ver
dirigirse á todos los pueblos civilizadoe.&gt;
'
De las elocuentes palabras del delegado francés
surgl? la proposic_1ón, por él redactada, que expres~
el de-~deralum, el 1d~al de futuro desarme, diremos
así, de la conferen~1~ de la Haya y que el último
martes nos transm1t1ó el cable.

* **

En realidad, la constitución de un tribunal de arbitramento permanente, aunque sólo condicionalmente obligato_rio, es el resultado más trascendental
de la conferencia; de ello no babi aba la circular del
ministro del Tsar y, sin embargo, puede decirse que
es Jo que La concentrado los esfuerzos de los deleo-ados y la atención~ un poco sorprendirla, del mu;do
clvillzaclo. Ese tribunal se llamará «Oour permanente
d'arbitrage,&gt; porque la palabra corte, indic"' según Ja
opinión de Mr. Pauncefote adm:tida por los delegados, una categoría superior á todo otro cuerpo judicial y, sin duda, podría acaecer que la corte de arbitramento tuviese que decidir entre las opiniones de
!os más altos rep~esentantes del p!)der judicial de dos
naciones eu confl:cto. Esta Corte se someterá á un
código de proce?imientos que ha redactado ya la sección corre~pond1ente de la conferencia, ;;obre un proyecto ruso que contenía veintisds artículos y que
acaso al publicarse estas líneas nos será ya conocido.
Los pueblos de segunda importancia desde el punto
de vista internacional, como nosotr'os, tenemos un
interés magno, supremo, en estos capítulos de la convención de la Haya; los débiles militar, 00 patrióticamente considerados, y entre ellos estamos nosotros,
tenemos que ganarlo todo, en cuanta tentativa de
poner al derecho un reparo contra la fuerza, encuentra la eficaz garantía del mundo civilizado. Nada tendremos que ~e_mer ?ntonces y podremos consagrarnos no sin v1g1lanc1a, pero sí sin perenne recelo á Ja
obra de nuestra reconstitución ~conómica, porque si
nuest~o derecho ha de ser siempre respetado, seremos siempre respetados, porquP. jamás, jamás saldremos del derecho; es nuestro terreno en él hemos
vivido siempre.
'
Y e&amp; una fortund. que quienes hayan tomado parte pr!ncl palísima en cuanto á esta cuestión atañe
sean los delegados americanos, á quienes los mejica:
nos tenían instrucción, no de subalternarse como
malignamente se ha dicho, sino de incorporarse en
cuanto no creyeran incompatible con nuestro interés
nacional. Es una fortuna porque indica que entre
ellos y nosotros la pala.:.ra definitiva tocará siempre
á la j ustlcia.
Así sea; la obra es buena, y los deleo-ados en la
Conferencia pueden tomarse unos días d~ vacaciones
mient ras su comité de redacción prepara el acto. general que todos deben firmar, y revestir, las naciones
representadas en la Haya, de su sello soberano antes
de terminar el año.

,

EL MUNDO.
Y ya sabemos l? 9ue sucedió; el ejército de hoy está
e~fei:mo de poht1ca y de vaga a ..piración al pronunciamiento; es pr~ciso desinfectarlo enérgicamente.
Per~ no destruirlo, y los socialistas á esto tienden,
Y Gal!1fet no lo habrá de consentir, y llegado el caso
fe retirará; W. Rousseau le seguirá, si los exaltados
le_gasen á arrastrar en pos suya á la mayoría desonentada de la Cámara, ó Waldecx-Rousseau pasará p~r las exigencias socialistas y será su prisionero,
Y el Jefe del gabinete será, en realidad Mille,and y
C?mem,ará la más tremenda aventura don que en su
;.ida ~zarosa h:lya tropezado la República: la coos,it~ción_de un gobierno enemigo de las bases legales
é históricas de la actual sociedad francesa.
Afortunadamente no es posible creer en una mayoría capaz de apoyar un ministerio socialista· al
r.abo de?º siglo, éste sería el verdadero aborto de la
Rev?luc1ón francesa, que trató de fundar una democr'.1c1a Y una libertad, no una tiranía, no la más ternble Y_ abominable de las tiranías. Si &amp;obre este
punt~ viene la crisis, ya podrá encontrarse quiénes
substituyan á los ministros actuales dentro de los
elementos de gobierno del partirto republicano liberal; ab?ra no sería lo mismo; ahora, como ha dicho
muy bien M. René Goblet, una crisis ministerial 110
tendría salida y se converti:ía en crisis presidencial
gravísimo peligro para. la Repúblic".
'

***

. Algo hay_, por desgracia, que va á hacer más difícil Y complicada la liquidación !le l'aO'aire después
del fallo de R1innes: el martirio de Dreyfus en Guayana. Los telegramas hablan de un artículo, sensacional por extremo, publicado por L' Aurore, el órgano del ardiente veterano de la palabra de la intrio-a
Y de la ~udacia que es el Dr. Clemeng~u, y que pu~de co~s1derarse como el portavoz en la prensa de la
fam1ha Drey~us. Sería espantoso, ciertamente, lo
que el periódico refiere de las tentativas hechas para
obt.ener la fu~a. de Dreyfus y darle muerte, ó plira
obligarlo á smcJdarse, después de infligirle la insólita tortura moral de sug,erirle la creencia en la infidelidad de su esposa. E~peramos que la versión de
L'.A.urore result~ parcialí&lt;,ima y exagerada, y, si los
h~chos fues_en_c1ertos, _deseamos creer que sólo la simestra oficws1dad de Jefes subalternos en el ejército
hayan podido urdir una trama á tal grado infame·
este, sf que hiere en el centro del corazón el honor d~
un ejéccitJ y de un pueblo; es preciso, pues, depurar
Y depurar: y en eso está la necesidad fatal y la dificultad suprema.

*

* forzosamente habrá que
Mas ha:V: oti:-o ~sunto á *que
llegar el dia s1gmente de la reunión de la.~ cámaras
y en dotlde uos parece que todo el talento de Waldeck-Rousseau, que va á dar ahora su verdadera medida&gt; corre riesgo de fracasar: oos referimos á la cuestión de la Prensa.
Ya lo hemos dicho, es pasmoso el tono á que en la
prens'.1- fra~cesa ha llegado el insulto procaz y la ca***
Cuando el asunto Dreyfus entM de lleno en el lumma aviesa; apenas la prensa norte-americana en
período defervescente, que ha comenzado ya; cuan- época electoral se le acerca. No hay institución no
do, después de la sentencia del consejo de gue- hay personalidad que no quede así desacreditada á
rra de Rennes, el ministerio conservador- llberal- los ojos de la multitud que es el voto: de donde esta
soclalista creado por la necesidad, Je que fué enér- idea, más vale la dominación de un tirano que la de
gico Intérprete M. Waldeck-Rousseau, haya hecho esta oligarquía de civiles, de burgueses, profundafrente á las consecuencias inmediatas del fallo y so- mente corrompida, en donde ni hay una sola virtud
metido á un juicio á los militares que por creerse en ni una sola pasión noble.-Esa burguesía sin embar:
el deb~r de fraguar la prueba, que no existía, de la go ha dado á Francill, más de veinticinco aíl:os de Reculpa?1lidad de Dreyfus, de que tenían convicción pública, de libertad y de progreso ascendente-Y esfortísima, de esas que inspira la antipatía, han rea- ta otra idea: hay que acabar con todo lo existente
lizado u~a de las mayores inlq uidades de que los ana- porque es incurable; el liberalismo es la máscara d¿
les judiciales hacen mención; cuando reunidas en No- los intereses de los propietarios; suprimámoslo todo
viembre las cámaras reanuden sus tareas normales, y veremos des;més C&lt;imo constituimos un -oder perya desg-arradas Jas negruras del horizonte por el faro manente: viva la Social.
rde la Torre ~yffel _que indica el puerto de la ExposiEn suma: i,i toda libertad deja de ser un derecho
ción en el ag1tadís1mo océano de la política republi- desde el momento que se transforma en opresora, la
cana; cuando-y basta de cuandos-cuando todo esto opresión ejercida sobre las clases superiores por el teYotras c_osas su~edan, el gobierno se disolverá y un rror y sobre las clases inferiores por el ene-afio es de
~lni¡,ten o M~lrne-Poncaré-Gallifet ó Poincaré-Ga- tal manera clara y palpable, que no hay gobierno, á
~et-Bourgeo1s, ó algo así, podrá surgir y acaso po- no ser que se sienta con vocación al suicidio, que no
d, .. durar.
luche contra este microbio implacable que ha hecho
Los puntos determinantes de la diso-regación es- del alfabetismo obligatorio, el vehículo de propagandel _Gabinete son tantos, que par~ el obser- da de una espantable epidemia moral. Y, sin embara r que 9wera preverlos no existe más que la di.ffi- go, la prensa \lomo difundidora de luz científica, coculté du clwix. De los mismos actos del gobierno, res- mo sugerido:a de actos morales, como denunciadora de
17cL_o de los generales, vendrá ld. escisión y la discu- abusos granries y pequeños, no tiene comparación, es
una fuerza solo comparable á las grandes fuerzas na8 ón, claro es que el actual jere supremo del ejército
no ha ~e querer desarmarlo privándolo de algunas de turales, á la electricidad, á la luz, al calor; de todas
~118 m~J~res cabezas; tendrá la tendencia de reducir á ellas participa, digámoslo así, en el orden espiritual.
~ minirnum las responsabilidades. M. de Gallifet He aquí lo hondo del problema; mermar esta fuerza,
n ta hoy ha_ cumplido al pie dela letra su programa: en el sentido de neutralizar sus energías para el bien,
e~;°leraré ~1 q_ue_ el _ejército sea in&amp;ultado, ni que el es un crimen; dejarla viva en su obra de mal, es imJ Cit9 _sea md1st;1plmado; y ya hemos visto qué ma- posible.
La solución de todas estas antinomias sociales
: tan firme ha asentado i;obre las eminencias miliem peñadas en infring ir Ja regla; la casi desti- está en la justicia. Que todo derecho encuentre en
r~ n del general de Negrier, sobre todo, ha hecho ella amparo, lo mismo el del individuo que el de la
~ / efecto: este oficial superior era, por sus méritos, sociedad, y el problema se resolverá caso por caso y
de¿~ bravura, por su feliz audacia en las catnpañas el mal será menor, siempre menor. Urg-e, pues, podado a, por su carácter mismo, un ídolo de los sol- ner al derecho en condiciones de realizarse, porque
a! g Y crey~ndose intangible, se-permitió censurar · hoy por hoy, en Francia, en los asuntos de prensa,
perd~d1e_rno; s1 éste se hubiese mostrado débil estaba no lo está. De esta convicción ha nacido el proyecto
satos 0, mas no ha sido así, y todos los hombres sen- de ley que en las próximas sesiones será yotado por
~ a aplaudt n. El ejército francés, en tiempo de el Senado. Ese proyecto tiene por fundamento la repoleón III, est:i.ba enfermo de abusos y corruptela, forma que nosotros hicimos aquí, con excelente acuer-

rdotánea

t/:

t

59

do, en el artícu;o 7 ° de la Constitución. Consiste en
descartar al Jurado del conocimiento de los delitos
de prensa y encargarlos á la justi&lt;¡ia correccional.
Ese efect,i vamentt es el único remedio posible.
La experiencia, único medio de alcanzar una verdad sociológica, ha demostrado que el jurado es de
tal manera impotente para ser imparcial ó neutral
tratándose de asuntos de prensa; está tan inevitablement~ sometido á las sugestiones de la prensa misma; tiene tan necesariamente en cuenta sus temores
si burgués, y sus pasiones, si obrero, que no puede co:
loca~se moralmente en condiciones de ser juez, de ca?ª c!e~ veces, en noventa y cinco. Y sin juez no hay
Just1c1a.
~a absolución si.;temática de cuanto acusado por
deht?S d~ pr~nsa es conducido al jurado, indica que
esta 1_n"lt1tuc1ón se declara incompetente á sí müma
para ¡uzgar de estas infracciones dela ley penal aun
cuando manifiestamente sean obra de malhechores
públicos que asesinan en las columnas de un periódico, porque no pueden hacerlo en el camino en que se
as~ltab:1. antañ0 á los viajeros, porque ahora están
cuidados por la policía.
_Urge, pues, dei.cargar de esta jurisdicción, por él
mismo rechazada, al tribunal p0pular. ¿ y cuál será la garantía de la prensa en el juzgado correccional? No basta que el juez tenga que motivar sus fallos, lo que no puede hacer el jurado, se necesitan su~remas seguridades .para la libertad de opinar, de
censurar y de denunciar el abuso· sin esto no hay
pueblos libres.
'
Esto es perfectamente cierto; y quiere decír que
los franceses, antes de aprolJar su ley, deben hacer un
examen de conciencia y preguntarse: ¿nuestr'.ls jueces son independientes? ¿Lo son~ Su inamovilidad
está realmente garantida? ¿Sus responsabilidades
pueden realmente ser exijidasi' Sí? Pues adelante, y
no haya miedo á la reforma; pásese la prensa delincuente al fuero común. En caso contrario ...... en
caso ~on~rario asegúrese previamente esa independencia; s1 no lo hace la República otros lo harán.

*

* pren1,a va á dividir al
_P~fs ?Sta cuestión de* la
mm1steno francés. Los r.adicales y socialistas en general y todos los per1od1stas en particular chillan
~ás que los gansos del Capitolio cuando se toca á la
l~_bertad sacrosan.ta ~e la difamación y del ult:aje.
81, todos los per10d1stas: vease si no. El presidente
de la Asociación parisiense de la prensa, M. J ean
Dupuy_ ac~ba de ser nombrado ministro; al felicitarlo
la asociación por este honor, sin admitir su renuncia
más que tem_p?ralmen~e, le maniliesta que «espera
que no perm1t1rá restncción ninguna á la libertad de
la Prensa.&gt; Y lo punzante del caso es que el presidente de la asociación que tales votos formula es su
vice-pre~idente M. Paul de Cassagnac. Pues n~ hace
mucho tiempo que este divertido forfanton que ha
llevado á la tribuna y á la preusa. sus modales de li~uero del duque de Guisa. y su f'XUberancia de QuiJote grueso, no hace mucho tiempo que decía: &lt;la libertad ilimitada de la prensa me parece una estupidez; pero la República no tiene derecho á tocarla; está obligada á soportar todas las consecuencias de
eso y que con eso reviente- et qu'elle en créve.&gt; y és
verdad lo que dice este gascón; pero yo me moriría
de pena por largo tiempo, si la ::"lepública hubiese
de reventar en manos de M. Waldeck Rousseau.

*

**
Y ahora que ya va á revisarse
en toda forma y en
toda regla el asunto Dreyfus y mientras todo el mundo ríe de las _afirmaci?nes solemnes de M. Quesney
de Beaurepaue, graCJosamente místificado-no sé si
así suele decirse en español n_i si preferiréis, lectores,
que yo u~e de esta otra locución hecho gU,Oje-he aquí
que, segun el cable, el periódico mas serio de Francia, aflr~a que Rusia denunció la traición del capitán semita. ¿Afirma? Yo os aseguro que no afirma
na.da. Y apuesto ..... .
¡ Uffl ¿Cuándo terminará este fatigante asunto?
Cuándo? Cuándo recobrará todosu buen humor Dios
mío, el pueblo del Champagne? Dicen que este' vino
que parece esprit líquido, cuando se toma desde la so:
pa vuelve tristes los postres; en las postrimerías del
siglo ¿estará decidido el pueblo francés á volverse
triste? ¿ Ya no nos hará el inmenso se1 vicio de extraernos de nosotros mismos y de mostrarnos el aspecto dulcemente cóm~co de la humanidad, separándonos del suplimo constantemente renovado del pensamiento interior, de P,Se suplicio que hace de cualquier hombre un niño soil:ador como ese que Anatole
France retrata divinamente en su flamante Pierre
Nozié:rel Le dejo la palabra, lectores míos, para el bro?M de or_o: «J?e noche veía yo extrail:as figuras, y de
1mprov1s0 m1 alcoba, tan bien cerrada, tibia en que
morían los pos tre:os vislumbres del hogar, ~e abría
anc~amente á la rnvasión del mundo sobrenatural....Leg1ones de diablos cornudos danzaban allí sus rondas; y luego, lentamente, una mujer de mármol neg_ro PftB!-~ª ll?r~ndo .... _. . Y ~ó)o_ con el ti~m_po SUP,8
que_ los d1abl!llo_s danzaban en mi cerebro y que la
muJ~r lenta, tnste y negra ...... era mi propio pensam1ento.&gt;
JUSTO SIERRA,

�Dommgo :JO de Julio ele 1899
60

letargo y se revela de nuevo, cada vez que la emoción ponla, ni que pueda llegar á convertil á esa tribu minos embarga ó cada vez que la pasión uos ofusca.
serable en un pueblo civil izado y poderoso. Hoy se
Ea plena civilización, en plena época actual de sabe que la cau~a principal del atraso de las tribus
escepticisn,o y de alta cultura intelectual, no hay uno centro africanas, es principalmente, el rigor de
denusotros, por ilustrado q ueselesupoagay por escép- su clima tropical, contra el cual se estrellan los
tico que se le crea, que, al tropezar, no vuelvaairado poderosos esfuerzos del mundo europeo por llevar
la vibta contra el obstáculo y no formuie contra él un á aquellas regiones la tUOderna el vilización.
reproche ó una injuria. Arrojamos indignados y venEl Nilo y sus inundaciones explican todo el antigativos, apoi-tro_ráodola, la pluma que no quiere es- guo Egipto y la prosperidad norte-americana tiene
-eribir. No sé, d1ceu á menudo las mujeres, qué tiene como factor fundamental la estructura plana de su
mi wáquina que no quiere coser. A este reloj, oímos territorio y su abundante irrigación. No obstante
decir eo otras ocasiones, no se le da la gana de andar. todo esto, continuamos atribuyendo á los hombres y
Hacei mucho q1.1e no quiere llover. Todas estas formas espec1alment,e á Jo¡, eminentes, la grandeza de alguna
del lenguaje, je las que no nos es posible prescindir, ci viiización, como á otro~, perversos ó imbéciles, la
revelan }a.existencia actual, aunque momentánea, de ruina de antiguos poderíos.
~sa tendencia primitiva que denunciábamos, ó por lo
l:ii el pensador y el tilósofn, á sangre fría y ayudamenos, nuestro modo orlginal de concebir el mecanis- dos de todasu razón, se ofuscan á wenudoy atribuyen
mo y modo de acción de todas las cosas.
á un hombre intiut'Dcias de que ningún hombre es
Si tratándose de los fenómenos del mundo mate- capaz y resultados á los que principalmente concurren
rial, es tan irresistible la tendencia á explicarlos por el medio físico, la índole de la raza y las peripecias
Ja acción de voluntad interna en las cosas ó de volun- á veces inesperadas é imprevistas de su blstoria, cótad extraña que las gobierna, natural es que ella se mo no comprender que las multitudes, y las multiturevele más irresistible y m&gt;is imperiosa tratándose des ofuscadas por la pasión ó extraviadas por la emo-0e aquellos fenómenos en que manifie&amp;tamente lavo- ción, caigan en el mbmo error. En el momento de
luntad del boto bre interviene y es capaz de gobernar. la derrota y bajo la intiuencia del pánico, el soldado,
Así pues, si ba habido una época eu que todos los fe- c·omo todos los hombres, vuelve a l pri:nitivo periodo
nómenos naturales se explicaban porla voluntad de las fetiquista, y la desbanda.da, explicable acaso, y mejor,
cosas mismas ó voluntades divinas, no debe sorpren- por h echos impersonales, por laaccidenLación del teder que todavla en la act,ualidad, los historiadores y r:eoo, por la calidad de las armas y &lt;le las pólvoras,
los tilósofos de la historia,!pretendan explicar la gran- por la lluvia Intempestiva ó por cualquier otro acci~eza y 1"' decadencia de los pueblos, las peripecias dent,e, el ejército en derrota la atribuye á un homde la vida social, el poderío cumo la deCildenvia de bre, á un traidor, y cuando no acusa de Impericia. á
las naciones, por la influencia preponderante ó ex- 1,us Jefes, los acusa de traición.
El pueblo francés de 89 sufría hambre, miseria,
•clusil'a de la inteligencia. ó de la voluntad de determinados hombres.
desoude1., y lejos de explicárselas por sus verdaderas
La filosofía moderna demuestra que la acción vo- &lt;.:ausas y je referirlas á sus positivos orígenes, enconluntaria y deliberada del hombre es, apenas, par- tró mas llano y más sencillo at,rlbuirlas á la nefasta
ite, y acaso no la principal, en la evolución hist,órie&lt;1. de
acción del tfrano.
Naturalmente, este regreso á las épocas del fetlun pueblo ó de una raza; que no hay h ombre de genio que pueda neutralizar la influencia funesta de la quismo y á las explicaciones antropomórticas, tiene
.ari~ez del suelo ó de la inclemencia del clima en La- que ser más acentuado y más frecuente en los pue-

MEXICO MODERNO.
En espiritual artículo publicado en el «Fígaro ~e
París&gt; Gastón Deschamps denuncia la tendencia
irresi~tible v dominadora. del espíritu francés de
atribuir todos sus fracasos, todos sus contratiempos
y todas sus desgraci_as, á la influencia y á la acción
tenebrosa de un traidor.
Para el francés la batalla que se pierde la ba hecho
perder un traidor. _Son traldor~s, los qu_e ha~en fracasar sus maquinaciones financieras, traidores los que
derrccan sus combinaciones dipl•Jmá~lcas, y en. sn
vida militar, c-)mO en su vida económica_ y _política,
la traición y el traidc,r desempeñan el prmc1pal papel
y son los protagonibtas ocultos de todos sus dra-

ma

61

EL MUNDO

EL MUNDO.

.

Ponson du Terrail y Javier de M:ontepm, en sus ~ovelas sensacionales de.homicidios, robos, asaltos é u1:cendios, hacen tigurar siempre c0mo Deus ex ma~ch1naá un traidor más ó menoi; invi,,ible, y la popularidad
de sus escritos y el fanatismo que su literat_ura ba
despertadosiempreen las masas, corroboran la 1cea de
que la explicación decisiva de todo cuanto pasa, ante
el criterio francés, es la acción del traidor. Ya E~ilio Zola había denunciado el mismo hecho; _per~ DI él
ni Deschamps bosquejan siquiera una explicación de
fenómeno tan singular. Si analizamos otros _pueblos
y otras razas, podremos ~erciorarnos de que 01 en Al~mania ni en Ilolanda, DI en Inglaterra, ni en los E:s·
tados Unidos existe esa misma propensión. En dond_c
se grita traición á cada día y á cada paso, ea cada siniestro como en cada catástrofe, es de toda prefer~ncia en Francia, después en España, después en Ital!ª•
y en Có~ceg:i, no sólo s_e .&amp;rita, sino que se practica
sistemát1c&lt;1.meate la tra1c1Jn.
IIojeando la historia militar de Francia, no se comprueba una sola derrota. del ejército francés, eo la que
la desbandada no vaya acompañada del grito. es~ridente de traición! traición! En Waterloo, el eJérmto
de Napoleón el Grande, se desbandó al.grito de traición! Ya antes, en todo el dcloroso ca~ino d~ la retirada de Rusia, oo dejó de resonar el mismo funehre
alarido. Durante la guerra fnnco-prusiaoa, en Wisembourg, como en Sedán, se clamaba traición. La
revolución francesa no fué otra co1;a, en concepto de
los revolucionarios, más que una perpetua y no interrumpida traición del tirano contra el pu~bl~, de
la nobleza emigrada contra Francia y de 1Dd1gnos
acaparadores contra el hambriento estómago francés.
Ultimamente, en Espafia, durante su desastrosa
guerra con los Estados Upidos, jamás dejó de atribuirse á traiciones toda la dolorosa é instantánea
tragedia.
Esta propensión á mirar traidores en todas partes,
explica la frecuencia con que, por todas partes, se cree
encontrar espías.
.
•Cómo explicar y en función de qué datos de la ID·
teÍígencla y del•carácter francés y la~ioc, esta ol,sesi_ón
perpetua y esta té ciega en la traición? Vamos á mtentarlo basadnR Po bechos familiares y en leyes gene!ales del espíritu bu111ano.

blos oaturalmeate impresionables, apasionados, imagioati vos, como los pueblos la Linos. Ya hemos dicho,
en efecto, cómo son precisamente las emociones y
las paswnes, las que arrojando un velo sobre la razón
y entenebreciendo momentáneamente la reflexión,
nos retroLraen á la primera tilosofía fetiquista. 13 L·
jo la influencia de la necesidad que apremia, de la
ira que ciega, del amor que enloquece, del pánico que
paraliza y hace enmudecer, retrocedemos siglos eo la.
historia, remontamos el curso del tiempo y vol v...
mos á ser aprensi VO!', tímidos, irreffoxivos, volubles
é insensatos como nuestros primeros antecesores, y
las multitudes son más susceptibles aún de ese retroceso, y más sensibles á la 1Dfluencia pasional. Las
ideas, como las emociones y los actos de los hombres
en grupo, son, y así Jo han demostrado pensadores
modernos, las ideas, las emociones y la conducta del
uiño, de la histérica ó del salvaje.
Uuaodo vemos, pues, al pueblo francés, al español,
al iLaliano, al latino-americano, adorar con tanto ranatismn á sus héroes, odiar con tan profundo rencor
~- sus verdugos, levantar al sollo á sus favoritos y
arrojarlos luego y á veces con negra ingratitud al
poi vo; cuando los vemos elevar hoy, á la ligera, monumentos que, á la ligera tambléo, derribarán mana.
na, forjar reputaciones que la calumnia manchará
á poco, no nos sorprendemos ni nos indlgc.amos. Es
fenómeno fatal é irremediable de nuestra sensibilidad exqui;ita, de nuestra imaginación volcánica, de
nuestra. pasión ardiente, á las que debemos nue,-tros
errore~, nuestras desgracias, nuestra secular impotencia, pero á las que hemos debido también nues•-ra
glorias de poetas y artistas y el goce de las más ardientes é iuteosas emociones.
Pueblos de nuestra índole Infantil y femenina. de
nuestra sensibilidad exquisita y de nuestra ima!!lm,
ción volcánica, no están ciertamente llamados á ser
los más fuertes de la tierra; pero sí han podido y pueden ser aún, de entre todos, los más felices.

\

ÜASA. DE

M.

EMILE BER'IHIER.-COLONIA. DE SA.N RAFAEL.

Todos los espíritus inferiores, los hombres primitivos, las gentes incultas, la~ mujeres, l&lt;&gt;S niüos, no
tienen á mano más explicaciones de todo cuanto ~os
rodea, que asimilar las cosas á seres bumanos é ID·
terpretar los fenómenos como erectos de la voluntad
de esos seres.
Si llueve, es que la nube ha querido transformarse
en lluvia, el río magestuoso fecunda los campos,. porque es bondadoso y ha querido sembrar la prosperidad
en la campi!'ía. La coLOpaslva palmera tiende sus
umbrosas frondas porque quiere protejernos contra
lus rayos ardientes del sol canicular. El arco-iris
que lrradla en el espacio, es un arco de paz y de es_peranza tendido en el cielo por la voluntad de un D10s.
El rayo atronador y mortlfero que desgarra la nu

CA~A DE

be, es un estallido de ira de alguna potencia celeste.
Una voluntad Idéntica en todoá la volun1 ad humana,
agita el oleaje de los mares y calma la tempesta\l.
Todas las mitologías y todas las religionesyrimltl•
vas explican asl el curso de los astros, movidos por
ángeles; la sucei;ión de las estaciones, determinadas,
ya por Proserpina que sale de los ~rotundos ~ntrosde
la tierra, ya por el viejo Noel ?ub1erto de D1eve que
trae consigo las brumas, los Cierzos y las cortantes
brisa;; del invierno.
Hay, pues, en el espíritu hu~ano, una tendencia
natural é irresistible á personlticar las cosas, á atribuirles inteligencia, pasiones y voluntad como la del
hombre. Y esa tendencia que sólo la cultura reprime y sólo la ci vi!izacióo neutraliza, despierta de su

VENECIA.

M. E. CAB.\SSUT,-ÜOLONIA DE SAN RAFAEL.
)

..

VE:S-ECIA,-PLAZA DE SAN MARCOS.

fT abía salido solo de Milán y llegaba á Venecia con
un camarada. Era un ruso, llamado Staal, estudiante de derecho de San Petersburgo. Por uno de tantos mínimos accidentes de viaje, nos bablamos. Cuando le dije que era americano del sur, tuvo como una
sombra de duda en el fondo celeste de sus ojos de
septentrional, y, respondiéndome que no babía. visto
ninguno hasta aquel momento, me fijaba la mirada
asomb1ado y receloso, como si esperase descubrir u~
carcaj debajo del cuello de mi paletó ó plumas de
papagayo debajo del ala de mi sombrero.
A la vuelta de dos ó tres horas nos conocía:mos
ideas, proyectos y esperanzas. Ambos íbamos á V~necla por la primera vez, y ambos llegábamos con el
dulce desasosiego conque el enamora :lo, largo tiempo
ausente, se aproxima á la hermosa adorada. Venecia
es para muchos hombres una deaquellasamadas ideales, musas de la adolescencia, que junto con los sueiios de la gloria y los amores románticos y el fúlo-ido
enjambre de las ilusiones, vinieron á tentarnos e~ las
horas del estudio, pero dejándonos siempre miel en
el corazón y luz en la mente. De ahí ese grito que
nosotros lanzamos y que se ha escapado á tantos viajeros, chicos y grandes, ilustros y oscuros, al divisar,
después que el treo abandona la tierra firme, los campanarios de Yeoecia, la ciudad de las cien islas,
en la brumosa lontananza del Ardiático: c¡Vececial
1Venecia!&gt;
Cada uua de las ciudades italianas se distingue de
las otras por cierto sello característico, pero Venecia
no sólo difiere de aquéllas, sino que difiere de todc1.s
las del mundo.
Se llega á la ciudad por un puente batido en sus
costados por el mar. Al salir de la estación, no nos
espera ómnibus ni cocbe. Nns espera una fúnebre
góndola, pintada de negro, con su grande espolón de
proa. Al bullicio del andén tumultuoso, y al formado por los !!"ritos q::e lanzan los gondoleros para atraerse algún cliente, sucede, despuE18 que nos separamos
del embarcadero, un silencio casi absoluto. La isóndola se desliza sin rumor por el agua verdosa y rn uerta, que baña l:ts graderías de mármol &lt;le los palacios.
Estos se levantan á cada orilla del Gran Canal, narrando en su lenguaje mudo, al viajero qi.:e pasa, episodios alegres y lúgubres, histerias de la Repúhllca.
Son, en su mayor parte, de los siglos XIII, XI v y
XVI, y en casi todos vive el arte traído de Orlen't e
en las galeras vencedoras. Algunos, medio inchnados,
parece que fueran á derrumbarse ó que doblasen la
frente augusta, reflexionando en grandezas pasadas,
mientras que en las paredes, color de ladrillo vetm¡.
to; y en las ventanas ojivales, flotan los sueños del
tedulno, expatriado en DUt!SHos pa~ses, Y. perse~ui-

�62

Domingo 30 de Julio de 1899.

Domingo 30 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

63

.EL MUNDO.

de los balcones, nidos de espectros, no resplandecen
las eedas, los candelabros de plata bruñida, las grandes luces, el torbellino del baile; ni el loco amórfo de
livianas hermobas escancia el vino de la inspíraclón
en el vaso de oro de los poetas orgiásticos. La góndola va entre las dos hileras de palacios como una lá.gri maque rueda lenta y solitaria entre dos cantos de
una elegía de piedra. El gondolero comienza á hablar, y parece que fuera á romper en sollozos; el remo, llora; y 1Jna onda parte, meciéndcse suavemente,
á gemir en las gradas marmóreas de la orilla sus secretos cristalinos. De otra góndola que se acerca á la
nuestra, coronadada de globos luminosos, vuela á los
aires con los gemidos de un violín y de U'la voz joven
y lánguida, una romanza de Tostí muy conocida.
¡Qüién sabe cuántos la habrán oído de unos labius
fríos, pálidos y crueles! ¡Quién sabe para cuántos no
habrá sido en aquella hora y aquel mismo sitio la
canción de la propia nostalgia, canción de tarde otoi'ial, de nidos vacíos, de amores muertos!
M. DIAZ R0DRIGUEZ.

LA VUELTA DE DREYFUS.

RENNES.-ENTRADA DE DREYFUS A. LA PRISION MILITAR.

LA. VUELTA. DE DREYFUS.-UNA. CHALUPA LL"EVA. A. DREYFUS
do por la visión de largos crepúsculos sangrientos-y noches tibias, llenas de perfumes y . amor, en laderas sembradas de
áloes.
Por un espacio de dos kilómetros,
aproximadamente, fuimos entre dos hileras de alcázares seculares. Se diría una
inmensa flota de navíos de marmol encallada en las lagunas.
El gondolero, queriendo mostrarse complaciente con nosotros, nos señala un palacio, y con el dejo cantarín y quejoso del
dialeJto veneciano, pronuncia el nombre
de una de las familias ilustres que lo habitaron, y refiere una anécdota.
Cerca del puente del Rialto, nuestra
góndola penetra por un pequeño Mnal,
para llegar más presto á la Riva degli
Schiavoni, en la que está situado el hotel
á donde nos dirigimos. Pasamos al píe de
los muros amarillentos de un teatro, á la
sombra de dos iglesias góticas antiqufsimas, y debajo de varios puentes miuúsculos, sencillos arcos de piedra con los
que amenaza estrellarse el espolón de
nuestro esquife, al mismo tiempo que el
gondolero, para advertir al que viene en
sentido opuesto y evitar un choque, pro•
rrumpe en uno de aquellos gritos singulares, que aun cuando son arrancados por
la ira, tienen una resonancia melancólica.
En casa Kirsch desembarcamos, para
después de reposar un poco, salir de nuevo en marcha basta la Plaza de San Marcos.
Lejos, á nuestra izquierda, rematando
el edificio de la Aduana, brilla. un globo
dorado, sobre el que apoya un pie mientras en una mano levanta su veleta, una
pequei'ia estatua de la mudable Fortuna.
En la misma riva, pasamos por una estación de góndolas, donde los propietarios
de éstas nos instan con voces y ademanes
á ir de paseo. En seguida nos detenemos
en el puente de la Paglia, para desde alli
contero plar el de los Suspiros, tendido entre el Palacio Ducal y las prisiones. Ligero, esbelto y grac10so como una joya, es una sonrisa de filigrana en la cara de esfinge del misterio. Allí
sufrieron el martirio de entrevn el día en un momento fugaz los .condenados por un tribunal terrible, á vivir sepultados en un calabozo. Debajo de ese
nuente las aguas cunearon una barca que, muchas vee is entre las luces y los ecos de una fiesta, partía, llevando en su vientre maldito, cuerpos convertidos por
la tortura en una sola llaga y cuya vida no era más
que una queja destinada á extinguirse en el turbio
seno de un canal remoto.
. Continuando nuestro camino, seg'limos entre el
Palacio Ducal y la Laguna, y luego, por la Piazzetta
entre el mismo Palacio Ducal y la librería Vecchia,
hastallegar,al medio de la plaza por cuyo inme11s0 pe-

J.

Una ramiil.itera de cabellos teñidos con el blondo del
Ticiano nos ofrece violetas, las postreras de la estación; los dos Vulca.nos de la Torre dell' Orologio suenan
una hora, golpeando en una campana con sus enormes marLillos l'iclópeos; y, despidiéndose hasta el día
siguiente, pian y revolotean, llenando los ámbitos de
la plaza, centenares de palomas que desde tiempo inmemorial habitan los históricos monumentos de Venecia, como guardando en el pico de marfil y en las
alas azules y l&gt;lancas la inspiración artística anegada
en esa melancolía vaga é inefable que constituye la
mejor atmósfera del arte veneciano.

LA BARCA DEL cSFA.X.&gt;

DREYFUS A.L LLEGAR A BORDO DEL cSFAX.&gt;
rímetro se extienden las Procurazzie sus escuadrones
ge columniis. En este corto tuyecto recorrido se admiran todos los géneros arquitectónicos en una proximidad rayana de la confusión y en su admirable desorden que es afrenta de la simetría vulgar. De la
metopa dórica que humilla dos triglifos oprimidos, de
la arcada ojival que la sombra recama con encajes de
suei'íos, del capitel que amaga desgajarse bajo una
carga de cabezas y follajes, perteneciente á una fauna
y una flora monstruosa; de la cúp.:la bizantina, de
cada piedra, de cada ángulo se desprenden armonías
serenas que forman, enlazándose, como un himno al
arte entonado por el más sublime de los poetas líticos.
En nuestro primer instante de asombro no sabía-

mo&lt;i si dirigir la vista á la Basílica, á las
Procurazzie ó al Palacio Ducal. De nuestra perplejidad vine á sacarnos un cicerone que en francés bastante correcto nos
ofreció sus servicios para visitar el Paiacio en cuyo interior, yendo solos, dtlcía
él, corríamos el riesgo de extraviarnos,
sin hallar salida, en un dédalo imposible.
Como le respondiéramos en italiano, diciéndole que por de pronto nada queríamos visitar, y que en aquel día ni en los.
siguientes necesitábamos de cicenme, nos.
confesó que hacía algún tiempo no ganaba para sostener á su familia y nos exigió humildemente le suministráramos.
medio franco. Casi al mismo tiempo se
lanzó hacia mí una pobre mujer desgreñada, con una luz extrai'ia en los ojos
profundos, la ropahechaañicos, y que con
acento desesperado me gritó: t.engo hambre, señorito, tengo hambre, mient,ras en unode sus brazos descarnados me hacía ver,
bajo los hárapos, un pequei'iuelo, blanco,
pálido, sucio, racimo de filipéndulas caído en el pantano.
Esta escena produjo en mí una impresión imborrable, aunque en condiciones
análogas, la vi repetirse después m otras
ciudades de Italia, ensei'iándome siemproá ver más y mejor en los hondos abismos
de nuestra sociedad moderna. A dos pasos de la infeliz que implora un pedazode pan, yacen en San Marcos incalculables riquezas, ofrendadas á un Dios dejusticia y misericordia.
En el altar mayor de la basílica fulgura la pala d'oro, cuajada de pedrerías, en
tanto que á la puerta llama en vano la.
miseria con el rostro anémico de la fiebre
y del hambre, y próxima á dar sus flores.
siniestras de locura y de crimen.
En la galería que circuye l:l. plaza bay
tiendas y ca.tés, donde se reunen por la
tarde r..asi todos los viajeros que se encuentran en Venecia, á esperar, primero
la hora de la comida y luego la hora de
la música, sentados al rededor de una mesilla ó pa•
rándose á husmear delante de cada tienda, llena de
objetos de la industria veneciana, caprichos de vidrio, grabados que representan edificios ó cuadros
célebres. Como brillante sei'iuelo á la ingenua alon-dra, atrae á muchos, más que la concurrencia y la
música, la fachada de San Marcoil, ·que es la más hermosa facb¡i.da de templo. En aquella hora tiene algo
de fascinante. La última reverberación de la luz en·
vuelve en aúreola de triunfo la gallard"' cuadriga de
bronce&lt;Jue corona la tachada; debajo de la cuadriga, 108mosalcos de oro que eternizan la vida de Marcos despiden un relámpago místico; y, á cada lado de la puer•
ta, haces de luz y sombra, de todos los colores, libr&amp;lll
una batallad~ fantasmas en una selva de columnas

*

*
En las iglesias, bajo las* bóved'\S
góticas, florece un
a.rte misterioso. Una aspiración divina y una palpitación bumi.na se abrazan y confunden en los reta.
bluS cincelados, en las esculturas y en los lienzos.
Cerca de unos santos sumidos en éxtasis de fakir sin
animación y sin alma de Pablo el Varonés, grita el
colorido victorioso en las figuras del Tintoreto, y las
sant as de Sebastián del Piombo, queriendo, llenas de
vida, salirse de lQS cuadros, inspiran, más que rezos
y oraciones, culto sensual á la forma triunfante. Una
Virgen del Ticiano, difundiendo de su&amp; facciones
beatíficas amor y confianza, sube entre una g[{)ria de
esfumados rubios; y en una capilla olorosa á incienso
Y á _humo de cirios, en la claridad trémula y desvanecida de una lámpara moribunda, se alarga la &amp;ilueta de un ángel negro, de autor desconocido, símbolo
del silencio, de la desesperación, de las tinieblas.

s~n, cantan y ensartan perlas. El sol, el viejo lujurioso, colocándose en el modesto retiro, va de puerta
en puerta, besando sabrosas nucas morenas y humildes pies descalzos. Otra vez nos ballam0s en el
puente de un pequeño canal; á la derecha, en un recodo que el canal forma, se alza un palacio berroqueño, s~vero, como de e&amp;tilo fllorentino; á la puerta del
palacio está una góndola amarrada, inmóvil; dPl otro
!~do, los árboles de una huerta, tienden por l:is tapias Y sobre el ·ag-ua un ancho festón de esmeralda;
enrrente, en un balcón vecino qe las nubes, se asoman, e~tre dos macetas, unos ojos y un par de labios
encendidos que nos sonríen picarescamente. . . Para
C?mpletar un _pastel que fuese imagen viva de Venecia, no _falta smo un celaje de rosa en el cielo, y entre el cielo y la tierra v.na bandada de palomas.

*

* *
U~os buye_n _el hálito ponzofloso
de las lagunas y la
música martmzante de los mosquitos. Otros huyen
la tristeza. Palomas blancas, góndolas negras, canales verdes, todo, en la ciudad de los Dux es triste
tristr. con esa tristeza que embriaga, del 'amor y del
vino, tristeza de voluptuosidades peligrosas para lus

Hoy que podemos examinar en todos sus detalles la
inteligente fisonomía del deportado, estigmatizada
con las huellas de un dolor moral inenarrable, nos es
fácil imaginar lo que debe ser el temple de ese hombre, que al volver en sí de una pesadilla horrible. al
verse de nuevo en su patria, pr~o, pero entre los·s uyos, al amparo de la piedad y de la justicia, no enlo~uece ni se .apoca. Apenas si una ligera y brevísima
fiebre acusa en el férreo organismo del capitán la
reacción que pudo haber hecho peligrar su exl:;tencia
y con ella la fe en la integridad de la couciencia mo:
ral de un gran pueblo.
Muerto Dreyfus antes de que la justicia prormncie
su veredicto definitivo, se ahondarán en vez de colmarse lJs abismos que separan á dos fraccione'I de la
socie_d"d francesa; quedaría en pie un p1'oblema que
arroJaría la sombra se su incógnita sobre el campo
de los disturbios contemporáneos.
Afortunadamente para Francia y para la humanidad, ese hombre, mudo y elocuente acusador de los
crímenes que se cometen en nombre del régimen mi.
litar, vive para hacer posible una conclusión cualquiera que sea. De esa conclusión esperan todos los
pueblos, no sólo el francés, la orientación para las
luchas futuras.
.Al llegará bordo del Sfax el Capitán Dreyfus recogió la justicia una ruina viviente, una existe~cia
agotada acaso ya en la tormEmta de las pasiones púplicas: L~ obra de reparación se hará; pero ,¡qué indemnización será ba6tante á reparar el aniquila mien-

to de una juventud vigorosa, de la. dicha de un ho(Tar
del equilibrio mor.;.l de un pueblo?

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~_.;::::;.,~:;::;:;;:;;;;..:.:.;;,=-.;..,;:;~~~~

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0

*** una racha de invierno,
Cuando corta aún los aires
Y comienzan las yemas en las ramas escuetas á ofrecer al bosque aterido, junto con una explosión de
bojas nuevas, rumorea y perfumes suaves como terciopelo, una turba alegre salida de todas las regiones
d_e Europa y compuesta de pareja.o; enamoradas, de
ricos desocupados y artistas perezosos invade, buscando calor y vida, la tierra italiana. La turba alegre llena por algún tiempo con zumbido de abejas
10s museos y templos de Venecia, para continuar luego hacia el sur, siempre bulliciosa y frívola, á mariposear alrededor de otras estatuas y de otros lienzos,
bajo el risueño azul de Florencia ó en la sagrada Roma. Muchos de estos viajeros, movidos sólo por ese
anhelo, que en nuestros días conde por todas partes,
de conocerlo todo, se van sin sospechar siquiera que
al lado de la Venecia legPndaria, bay otra Venecia
casi ignorada, encantadora y pintoresca. Para llegar
á é_sta, es necesaaio vagar á pie por la ciudad, siguiendo las vueltas y revueltas de callejas semejantes á escondrijos, que por Jo estrechai; y cortas, más
parecen pertenecer á una ciudad de tfteres. Pa.ra
DUPstra excursión partimos casi siempre óe la Torre
de!l'Orologio, y llegamos pur la Mercería al puente del
R1alto.
Aquí nos mezclamos con la multitud bullanguera
Mme. Hadamard.
Mme. Dreyrus.
M. Haramard (hermano de .Mme. Dreylt s)
de los mercados, y caminamos un momento entre
M.i11.E D.REYFUS LLEGA. A R:KNN.KS.
montones de legumbres, ne uvas, de albérchigos rojizos y velludos, como mejlllas de frescas montañesas;
Afortunadamente bay en el hombre superior fuenY luego emprendemos el raro paseo en que á cada pa- que han sentido en el cerebro los dolores de la pasión
tes de idealidad que no se agotan, y los sufrimientos
so debemos retroceder delante de un paredón que nos herida, del ideal crucificado.
Casi diariamente, antes ne que acabe el movi- nada son para el que ve en ellos espinosos peidaños
obstruye el camino, ó de un canal que no puede pa•
Barse, por estar en aquel punto desprov\,,to de puente. miento febril en la plaza de San Marcos, empezamos, por los que asciende la humanidad á las alturas del
Después de inverLir algún tiempo en este avanzar y acostados en el fnndo de una góndola, nuestra currt&gt;- pt!rfecci::mamiento moral.
retro..:eder alternativo, sin encontrará nadie como en ría nocLuroa por el Canalazzo desierto. Las venLanas
un yermo, penetramos en u,a calle diminuta. A las de las antiguas casas señoriales miran en las noche:;
puertas de las casas, muchachas del pueblo conver- como órbitas vacías de calayeras gigantescas. Detrá11

�fl4

EL MUNDO.

Domingo 30 de Julio de 1899

...

Dommgo 30 de Julio de 1899

..,

EL MUNDO

65

"

'-

,---EL CANTOR DE KIME.
·caminaba por el sendero que sigue la ribera á lo
largo de las colinas. Su frente amplia y cubierta de

arrugas profundas, estaba ceñida por una venda de
lana roja. Sobre las sienes flotaban sus blancos bu-eles de cabellos, agitados por el viento de la mar, y
su barba parecía hecha de copos de nieve. Su túnica
_y sus pies desnudos, habían tomado el color de los caminos por donde iba errante largo tiempo hacía_ Y
·de su cintura colgaba una tosca lira. Se le llamaba el
..Anciano, ó por otro nombre el Cantor. Los niños á
quienes instruía en la poesía y la mústca, le llama.-0an de otro modo, y los demás conocíanle por el Cie•
.go á ca.usa de que sobre sus pupilas, empañadas por
los aíios, caían los hinchados párpados, enrojecidos
_por el humo de las chimeneas, junto á las que
.acostumbraba sentar.se para entonar sus cantos.
Mas él no vivía en eterna noche, todos aseguraban
•que veía mil cosai, que los demás seres humaqos jamás verían. Tres generaciones bacía que iba sin ce.sar por las ciudades. Y a.hora, después de cantar todo el día en el palacio de un rey de Egea, tornaba. á
-su hogar del que ya veía el techo humeando á lo lejos. Después de haber caminado toda la noche, sin
detenerse, temeroso de ser sorprendido por los ardores del día, acababa de descubrir en la claridad de la
-aurora, á la blanca Kimé, su patria. Siempre seguido de su perro y apoya.do en el nudoso bastón, ava.n-Zaba. con paso lento, recto el cuerpo, alta la cabeza
por un resto de vigor, y esforzándose por contrarrestar la pendiente del ca.mino que descendía á un estrecho valle. El sol lavantándose tras las montañas
del Asia, teñía con una rosada luz las nubecillas li,gera.s y las costas de las islas hundidas en el mar. La
playa reverberaba. Pero las colinas, coronadas de
lentiscos y terebintos que se extendían por el Oriente, retenían aún, entre su sombra, la dulce frescura
-de la noche.
El anciano midió sobre la pendien~e del suelo el ta.mano que darían doce lanzas colocadas una tras otra,
:Y encontró, en seguida, entre dos rocas gemelas, la
entra.da estrecha d0 un bosque sagrado. Allí, á la
-Orilla de una fuente, se levantaba un altar formado
de piedras no talladas. Un laurel la cubría con sus
ramas brillantes. Ante el altar blanqueaban los hue,8()S de la~ víctimas..... En torno de él las ofrendas
estaban suspendidas de los ramos de los olivos, y más
adelante, en la sombra horrible del desfiladero, dos viejos robles se elevaban teniendo adheridas á su tronco un par de cabezas descarnadas de toro. Sabiendo
que este altar estaba consagrado á Pbaebos, el anciano penetró al bosque y, desprendiendo de su cinturón donde estaba suspendida por el asa, una pequeíia.
copa de arcilla., se inclinó sobre la corriente que, tendida. en un lecho de apio y berro, y después de mil
rodeos, iba á regar la pradera. Con aquella. agua fres-

ca, llenó su copa, y como era piadoso, regó algunas de una cabeza de hombre. Y el viejo se lo mostró á
gotas al pie del altar antes de lleva.ria. á sus labios. Melantho:
Adoraba á los Dioses inmortales que no conocían ni
-Mira, mujer,-le dijo-que este gijarro tiene.seel sufrimiento ni la muerte, en tanto que sobre la mejanza con Pakoros, el herrero; á no ser mediante
tierra iban pasando las generaciones miserables de el permiso de los Dioses, sería imposible que una pielos hombres. Entonces se sintió poseído de inmenso dra se le pareciese tanto.
espanto, tuvo miedo á las flechas de los hijos de LeY después que ¡¡,. vieja Melantho vertió a.gua sobre
to. Agobiado por las enfermedades y cargado de sus pies y manos para quitar el polvo que los manaños, ii.waba la luz del día y temía morir. Víoole, chaba, él tomó entre sus brazos la pierna de buey,
pues, un buen pensamiento. Inclinó el tronco flexi- llevóla cerca del bogar y comenzó á partirla. Sabio
ble de un olmo, y acercándoselo, colgó la copa de ar- como era y prudente, no dejaba ni á las mujeres ni
cilla en las más altas ramas del árbol que al erguir- á los niños, la tarea de preparar la comida y á ejemplo
se de nuevo, levantó hacia el cielo la ofrenda del an- de los reyes, cocía él mismo la carne de los animaciano.
les.
La blanca Kimé, ceíiida por sus muros, se levantaSin embargo, era Melantho quien reanimaba el fueba sobre la ribera del mar. Una calzada. montuosa, /:!º del hogar. Soplaba sobre las briznas de leíia haspavimentada de piedras planas, conducíaá la puerta ta que un Dios las envolvía. en llamas. Y por más que
de la ciudad. Esta puerta había sid@ construida. en esta tarea fuese santa, el viejo sufría de que la desépocas remotas, perdidas ya en la memoria, asegu- empeñara. una mujer, agobiada como él, por la fatirándose que era obra de Zeus. En su dintel estaban ga y la ancianidad. Cuando brilló la llama, el anciano
grabados varios signos que nadie sabía explicar, pero arrojó sobre ella las descuartizadas carnes, á las que
que se veían como signos dichosos. No lejos de esta daba vueltas con una fuerza de bronce. De pie respipuert'l, se extendia la plaza pública, donde relucían raba el humo acre que llenaba.la sala, haciéndo'. e debajo los árboles, los bancos de los 11.ncianos. Después rramar lágrimas; pero su espíritu no se irritaba conde atravesar esta plaza, hacia el Jado opuesto del tra éste, estaba acostumbrado y además ese humo
mar, el viejo se detuvo. Allí estaba su casa. Estre- era signo de abundancia. A medida que la dureza de
cha y baja, en nada se pllrecía á la bella mansión ve. las C&lt;\rnes se ablandaba con la fuerza invencible del
cina. en donde un adivino ilustre vivía con sus hijos. fuago, llevaba. á su bo~ pequeños trozos que saboLa entrada casi desaparecía bajo un estercolero que
un puerco esca.rvaba con la: trompa. Era el estercolero mucho más pequeño que los que se veían ante la
morada de los hombres ricos. Pero tras de la casa se
-~
extendía el vergel y los establos que el anciano había
¡t
construido con sus propias manos, hechos de piedras
desiguales. El sol subía por las alturas del blanque......__,,,.~G ~!1
cino cielo; la brisa del mar no se movía. Un fuego
I·
sutil flotaba en el aire, abrasando el pecho de los
•.
.....
bombies y de los animales. El viejo se detuvo un momento para enjugar el sudor de su frente con el dorso de la mano. El perro, con la vista atenta y la lengua colgante, jadeaba.
La vieja Melantho que venía del fondo de la casa,
paróse con la cara al sol, pronunciando palabras de
,,
buen agüero. Se había hecho esperar porque un dios
había puesto en isus pobres piernas un mal espíritu
que las bacía más pesadas que dos odres llenas devi.,'~
~\·.
no. Era una esclava de Ca1.'ie, que un "!'ey había da.do al Cantor cuando ella era joven y él estaba lleno de
fuerza. Y Melantbo habíale dado un gran número de
hijos; pero de elloR no quedaba uno solo en la casa:
los unos se habían muerto, los otros habíanse ido le- reaba. lentamente y en silencio. •y á su lado la vieja
jos para hacer en las ciudades de Acaya el oficio Melantho escanciábale el vino negro en una copd de
de cantor ó de carretero, pues todos estaban dotados arcilla, semejante en todo á la que al Dios ofrede un espíritu ingenioso. Y Melan':iho moraba sola ciera..
en la casa, con Areté, su nuera, y los dos hijos de
Cuando a.pagó el hambre y la sed, preguntó si esAreté.
taba toJo bien en la casa y en el establo. Se informó
Condujo al amo á la gran sala de vigas ahumadas, de la lana tegida en su ausencia, de los quesos que se
en medio de la que se extendía., cubierta de brasas habían hecho, dll las olivas listas para la prensa. Y
rojas y cenizas ardientes, la piedra del hogar. Al de- pensando en los pocos bienes que poseía, dijo: &lt;Los
rredor de la sala se abrían, en dos alas, los estrechos héroes alimentan en sus prados grandes rebaíl.os de
aposentos, y una escalera. de madera conducía. á las bueyes y terneras. Tienen esclavos bellos y robustos,
habitacione.:1 altas de las mujeres. Sobre los pilares las puertas de sus moradas son de mar.fil y bronce, y
que sostenían el techo, estaban las armas de bronce sus mesas están cargadas de cráteras de oro. La fuerque el viejo llevó en su juventud, cuando acompaíiaba za de su corazón asegura. sus riquezas de las que casi
á los reyes á las ciudades á donde fueran pan resca- siempre gozan hasta que su edad declina. Ciertamentar á las bijas de Kymé que los héroes habían te que en mi juventud les igualé yo en valor; pero no
arreba.tado. Una pierna de buey pendía de una. de tenía ni caballos, ni carros, ni servidores, ni siquiera
las vigas. Los ancianos de la ciudad la habían envia- una armadura fuerte para igualarles en los combates
do la víspera al Cantor y él se regocijaba. al verla.
y para ganar con ellos Lrípodes de oro y hermosas muAl fin lanzando un hondo suspiro, sacó de entre su jeres. El que á pié combate y no tiene sino débiles
túnica, con algunos dientes de ajo-restos de su co- armas, jamás podrá matar muchos enemigos, pues
mida rústica-el presente que babia recibido del rey que él mismo teme la muerte. Así combatiendo bajo
de Egea.: una piedra caída del cielo, tanto más pre- los muros de las ciudades, entre el confuso tropel
ciOSd cuanto que era de fierro, pero demasiado peque- de los servidores, no llegué nunca á traer rico boíia para poder formar una punta de lanza. Sacó des- tín.&gt;
pués un guijarro que había encontrado en el camino,
La vieja Mela.ntho respondió:
y que visto de cierto modo presentaba la imagen
-Así como la guerra da á los hombres riquezas,
I

"

r \v-- --&lt;,,;__: -

~.

�66

EL MUNDO.

Despnésapartó patambién se las quita. MI padre Klpbos poseía en
Miliata un palacio é innumerables rebafios. Pero los ra su cena los más
hombres armados se lo llevaron todo. Yo misma caí exquis:tos trozos de
en sus garras como esclava por más que no me mal- la pierna de buey. Y
tratasen, lo que sólo fué debido á mi juventud. Los hac,iéndolos saboreajefes me recibieron en su casa, y nunca me faltó el do junto al bogar,
sustento. Tú has sido mi último amo, y también el rompió con un hacha de bronce los huemenos rico.
sos á fin de extraer
Y esto lo decía sin alegría y sin tristeza.
el tuétano que, en la
El anciano le respondió:
-Melantbo, no puedes quejarte de mí pues que casa, sólo el Cantor
siempre te traté con dulzura. No me reprocho por no era digno de probar.
haber podido ganar grandes riquezas. Hay armeros y Y del resto de las
herreros que son rices. Los que construyen carros, viandas, dividió la
sacan provecho de su trabaJo. Los adivinos reciben parte que corresponvaliosos presentes .... Pero la vida de los cantores es día á las mujeres y
á los nliíos para dos
muy dura.
días.
La vieja Melantbo dijo:
Entonr.es, mirando
-Dura es ta.mbién la vida de muchos hombres.
Y con paso vacilante, salió de la casa en compai'iía que dentro de poco,
de su nuera para ir á buscar leila á la despensa. Era nada quedaría del alila hora en que los ardores del sol agobian á los bom• mento, pensó: Zeus,
bres y á los animales, haciende. callar hasta la voz de ama sólo á los ricos;
á los pobres, no. Inlos pájaros entre el follaje inmóvil.
El se tendió sobre una estera, y contemplando el dudablemente, sin
saberlo yo, he ofenp'I.isaje, quedóse dormido.
Acudieron á su suei'io mil imágenes no más raras dido á algún Dios
y bellas que las que siempre venían á visitarlo. Sus que vi ve oculto en las
suei'ios representaban imágenes de hombres y anima- florestas ó en las monles. Y como en ellos reconocía seres humanos que ha- tañas, ó más bien al
bían vivido sobre la tierra florida, y quE' cuando no hijo de algún inmor.
vieron ya la luz del día se los llevaron á dormir bajo tal; y por eso expío
un fúnebre montón de t ierra, se persuadía de que las mi crimen, viviendo
almas de los muertos flotan en el aire, pero ya sin vi- en la indigencia. Mii
gor, como sombras vanas. Sabía que los muertos veces, sin intención,
errantes en el Hades forman ellos mi&amp;mossu imagen, se cometen acciones
no pudiendo ningún ser mortal concebirla en sus sue- punibles, porque los
ños á menos de ser la imageu de uno de esus Dioses dioses no han revelaque se complacen en engaflar la débil inteligencia hu- do de una manera
mana. Pero no siendo adivino, él µo podía distinguir prellisa lo que es per.
los suei'ios engañosos de los verdaderos. Y cansado
&lt;Je buscar semejanz:1s en las imágenes confusas de la
noche, las miraba pasar con indiferencia bajo sus cerrados párpados.
Al despertar vió, arrodillados ante él en actitud
respetuosa, á los nii'ios de Kimé, á quieues enseiiaba
la poesía y la música con el cariño de un padre. Eatre
ellos estaban los dos hijos de su nuera. Varios eran
ciegos, pue,¡ los que carecían de vista eran destinados al canto por estar imposibilitados para trabajar
en los campos, ó seguir á los héroes en las guerras.
Tenían en la mano las ofrendas con que pagaban
al cantor: frutos, quesos, panales de miel, pieles de
cordero, y esperaban que el maestro aprobase estas
ofrendas para colocarlas en el altar doméstico.
Ha.;iéndose levantado el anciano, tomó su lira que
estaba colgada en un pilar de la sala y dijo con
bondad:
- Hijos, muy justo es que los ricos ofrezcan un
hermoso presente, y que los pobres den uno menos
valioso. Zeus, nuestro padre, ha repartido desigual- mitido y lo que no lo es, y su voluntad está obscura.
Por largo tiempo pensó en esto, y, temiendo la
mente los bienes entre los hombres. Pero él recomvuelta
del hambre, resolvióse á no pasar una noche
peneará al nliío que rinde el debido tributo al Cande ocio en su morada, sino encaminarse esta vez hacia
tor divino.
La vieja MelantLo llevó al altar las ofrendas, las comarcas donde el Hermos corre elltre las rocas,
y el cantor, después de templar su lira, comenzó á y donde se ve á Orneia, Smyrna y la bella Hissia reenseñar un canto á los niños, &amp;entados en tierra á su costadas en la montaña que, como el espolón de un
navío fenicio, se hunde en el mar. Por eso á la hora
derredor.
- -Escuchad, les dijo, el combate dP. Patroclo y de en que las primeras estrellas tiemblan en el pálido
cielo, cii'ióse la correa de su lira y fuese á lo largo de
Sarpedon. Muy bello es este canto.
la ribera hacia la morada de los hombres ricos que se
Y, cant,ando, modulaba los sonidos con fuerza, complacían en escuchar, durante sus largos festines,
aplicando el mismo ritmo y la misma cadencia á to- las proezas de los héroes y la genealogía de los Diodos los versos, y para que su voz no se debilitase, la ses.
.
sostenía, por intervalos regulares, acompai'iando esHabietido caminado toda la noche, según su costos calderones con un largo acorde. Y después de to- tumbre, descubrió, á la claridad rosada de la mañamar el reposo necesario, lanzaba un grito agudo que na, una ciudad que se extendía sobre un alto proge unía á la vibración estridente de las cuerdas.
montorio, y al puato reconoció á la opulenta Hissia,
Después de repetir un número de versos igual á amada de los dioses que, desde lo alto de una rodoce veces el número de los dedos de sus manos, ha- ca, mira brillar las blancas islas desparramadas en el
cía que los nliíos los repitieran cantándolos todos á mar resplandeciente. No lejos de la ciudad, sentóse
la vez, con penetrante voz, tocando, á ejemplo del al borde de una fuente, para reposar y apaciguar el
maestro, sus pequei'ias Jiras, talladas por ellos mis- hambre con cebollas que llevaba en un pliegue de su
mos en el bosque y que no exhalaban sonido alguno. túnica. Apenas acabada su frugal merienda, una joPacientemente el viejo repetía los mismos versos, ven que traía un canasto sobre la cabeza, vino á la
hasta que los pastorcillos podían repetirlos con fide- fuente para lavar su ropa. Miróle la joven con deslidad. Alababa á los niiios atentos, mas á los faltos confianza, pero, reparando en su lira y en s u desgade memoria y pobres de espíritu, los tocaba ligera- rrada túnica, y mirando además que era viejo y
mente con su lira, y ellos íbanse á llorar junto á un estaba agobiado de fatiga, acercóse á él sin miedo,
pilar de la sala.
y llena de ~iedad y veneración~ juntó en sus manos
Dábales hermosos consejos y les decía:
una poca de agua y la vertió después sobre los secos
- - Honrad á los reyes y á los héroes, quE' están muy labios del Cantor.
por encima de los demás hombres. Nombrad á los bé·
El la llamó, entonces, bija de rey, pronosticándole
roes por su nombre y por el de su padre, á fin de que una larga vida y diciéndola:
ese nombre no se pierda nunca. Cuando toméis asien-Hermosa joven, á tu derredor están flotando los
to en las asambleas, colocad vuestra túnica sobre amores, y juzgo dichosísimo al que te tome por mulos muslos, y que toda vuestra persona destile gracia jer. Yo, viejo ya, ensalzo tu belleza, como el pájaro
y pudor.
nocturno que lanza su desagradable grito sobre el te•
Decíales también :
cbo de los esposos. Sey un cantor errante. Hermosa
- No escupáis nunca en los ríos porque los ríos son joven, díme palabras de buen augurio.
sagrados. No hagáis cambio alguno, bien sea por falY la joven respondió:
ta de memoria ó por capricho, á los cantos que os en-Si como dices, y como pareces, eres un taseíio; y cuando un rey os diga: «Bellos son esos can- i'iedor de lira, no es mal destino el que á esta ciudad
tos; ¿quién os los ha ensei'iadoh Je responderéis: «Los te trajo, porque el rico Meges recibe hoy á un huésaprendí del anciano de Kymé y á éste se los enseiió ped que le es que~ido, y, en honor de él, da á. los prini.\l padre á quien Zeu~, sin duda, se los it:spiró.
cipales habitantes de la ciudad un gran festín. Sin

Domingo 30 de Julio de 1899.
duda querrá que i,u huésped escuche á un buen cantor. Ve á buscarle. Desde aquí se ve 1,m casa. No e&amp;
posible llegará ella por el lado del mar, porque está
situada sobre ese alto promontorio que se interna en
las olas, y á donde no van más que los alciones. Pero
si asciendes á la ciudad p01 la esJalera tallada en la.
roca, del otro lado, al encontrarte con grandes viíiedos, reconocerás fácilmente, entre todas, 1a casa de
Meges. Está pintada de blanco y es más espaciosa.
que las demás.
Y el viejo, sosteniéndose sobre sus vacilantes pierna~, subió la escalera, tallada en la roca por los hombres de otros tiempos, y una vez en la meseta, sobre
la que se extendía la ciudad de Hissia, reconoció, sin
trabajo, la casa del rico Meges.
Su vista le fué agradable, porque la sangre de los.
toros recientemente degollados, relucía afuera, y el
olor de los caldos se difundía por todas partes. Traspuso el umbral, penetró en la vasta sala del festín, y
después de tocar con la mano el altar, se aproximó á
Meges que daba órdenes á sus servidores trinchando
las viandas. Los convidados estaban sentados al rededor del hogar regocijados con la esper11nza de una.
comida suculenta. Había entre ellos muchos héroes
y reyes. Pero el huésped en Ci..yo honor dábase el
festín, era un rey de Kblos, quien, para adquirir riquezas, había navegarlo por largo tiempo en el mar.
Se llamaba Oineo. Todos los convidados mirabanle con admiración, porque él, como en otro tiempo el
div1no Ulyses, había escapado en innumerables naufragios, yendo á pernoctar á las islas donde las sirenas lo amaron y de donde se llevó inmensos tesoros.
El contaba sus viajes, sus fatigas, y como estaba dotado de un espíritu sutil, afladíales lo que no había.
sido.
r Reconociendo al anciano como un cantor por la.
lira que llevaba consigo, el rico ~eges le dijo:
-SEcas bien venido. ¿Qué cantos sabes?
El viejo respondió:
- -Sé la «Querella de los Reyes,&gt; que causó tantos •
males á lus Akeos; sé el &lt;Asalto del muro.&gt; Ese canto e·s muy bello. Sé también la canción de «Zeus engaflado,&gt; la «Embajada&gt; y la «Resurrección de los
muertos.&gt; Y estos cantos son hermosos también. Sé
además seis veces sesenta canciones muy bellas.
e De esta manera daba á entender que sabía muchas,
pero ,:¡ue no conocía el nombre de todas.
El rico Meges replicó en tono burlón:
- Los cantores errantes, en la esperanza de una
b'.lena comida y de un valioso presente, siempre dicen que saben muchas canciones; pero al llegar la
prueba se ve que han aprendido unos cuantos verses.
que, en fuerza de repetirlos, fatigan los oidos de lc,s
héroes y de los reyes.
El viejo, después de una larga pausa:
--Meges, dijo, tú eres ilustre por tus riquezas. t:;a-

be que el número de los cantos que conozco, iguala
al de los toros y terneras que tus boyeros apacientan
en la montaña.
Meges, admirado del ingenio del auciano, le respondió con dulzura:
--Pues no poca inteligencia se necesita para retener en la memoria canciones tantas. Pero dime: lo
que sabes de Aquiles y Ulyses ¿es verdad? Porque
se cuentan innumerables mentiras sobre estos héroes ....
Y el cantor respondió:
,
-Lo que yo sé de estos héroes, me lo enseiió mi padre, quien á su vez lo aprendió de las mismas Musas
porque habéis de saber que en ')tro tiempo las musa~
inmortales visitaban á los cantores en las grutas y en
los bosques. Yo no digo una sola mentira en mis
cantos.
Así hablaba, siempre con prudencia. Sin embargo
á los cantos que había ap~end!do desde la infancia:
tenía la costumbre de ai'iad1r versos tomados de otros
cantos ó encontrados en su espíritu. El mismo componía cantos casi enteros, mas nunca decía que fuesen obra suya, temeroso de que les encontraran defectos. Los héroes, de preferencia pedían recitados
antiguos que creían dictados por alg(m dios, y desdefiaban los cantos nuevos. Así, cuando recitaba versos.
suyos, cuidll.dosamente ocultaba su origen. Y como
era tan b~,en poeta y observaba con exactitud las reglas establecidas, sus versos no discrepaban en nada
de los de sus abuelos. Iguales eran en su forma y belleza, y dignos de gloria inmortal.
El rico Megesi á quien no faltaba la inteligencia
adivinó que el viejo era un butn cantor, y dándol~
un lugar honorable en el hogar, le dijo:
- Anciano, cuando hayamos apaciguado el hambr",
nos cantarás lo que ,abes de Aquiles y Ulyses. Esfuérzate por balagar los oídos d? Oineo, mi huésped,
porque es un héroe lleno de sabiduría.
Y Oi_neo, que anduvo errante en el mar por tao
larg-o tiempo, preguntó al cantor si sabía los viajes
de Ulyses. Mas la vuelta de los héroes qne habían
combatido en Troya, estaba aún envuelta en sombras
y nadie sabía lo que U1yses sufriera cuando erraba
por el esteril mar.
El anciano respondió:
-Sé q ue el di vino Ulyses engalió al Cíclope por
medio de un ingenioso ardid. Las mujeres refiér ense
unas á 0tras mil cuentos. Mas la vuelta de los héroes
está oculta para los cantores. Los unos dicen que en-

Domingo 30 de Julio de 1899:

EL MUNDO.

tró de nuevo en posesión de su mujer y de sus bie•
nes; los otros, que rechaz5 á Penélope por haber dado
oídos á sus pretendiem.es, y que él, castigado por los
dioses, fué errante y sin reposo de pueblo en pueblo,
con un mazo á. la espalda.
Olneo replció:
-Yo supe en mls viajes que Ulyses murió asesinado por su hijo.
E ntretanto Meges distribuía á los convidados la
carne de los bueyes, dando á cada cual el trozo que
le convenía. Oineo le elogiaba con entusiasmo.
Meges, le dijoi bien se ve que estás acostumbrado
á dar festines.
Los bueyes de Meges se nutrían de yerbas odoríferas crecidas en las f:1.ldas de las montafias. Su carne
estaba perfumada también, y los héroes no se saciaban de saborearla. Y como Meges á cada instante
llenaba una honda copa que en seguida pasaba á sus
huéspedes, la comida se prolongó basta muy tarde.
No había memoria de un festín semejante.
Próximo estaba el sol á descender hacia el mar,
cuando los boyerC1s que en la montaña guardaban
los ganados de Meges, vinieron á tomar la par te que
les correspondía de carne y vino. Meges los distinguía p:&gt;rque cuidaban sus ganados, no indolentemente como los boyero!\ de la planicie, sino armados de
lanzas de bronce y duras &lt;:orazas á.- fin de poder defen&lt;!er á los bueyes de los ataques delos pueblos de Asia.
Y s~mejábanse á. los héroes y á los reyes porque los
igualaban en valor.
ba bien, se le aprobó en todo Jo que dijo. Una vez
Do&amp; jefes los conducían, Peiros y Thaos, á. quienes restablecida
la calma, Meges dijo al anciano:
el amo había escogido por ser los más bravos é inte~Amigo,
cántanos
la cólera de Aquiles y la asamlil{entes. Y verdaderamente no podrían encontrarse blea de los reyes.
dos hombres más hermosos. Meges los acogía en su
Y el viejo, después de templar su lira, dejó que se
casa como á ilustres guardadores de sus riquezas. y extendieran
por la sala, los acentos vibrantes de su
les daba carne y vino tanto como querían.
voz.
Oineo, admirado, dijo:
aliento poderosu se exhaló de su pecho, y todos
-No lfo vioto en mis viajes hombres que tengan losUn
convidados
se acercaron para escuchar las palaunos brazos y unos muslos más vigorosos y mejor bras ritmadas que
hacían revivir las pasadas edades.
fo rmados que los de estos dos jefes de boyeros.
Y muchos pensaban: «Es admirable que un hombre
Entonces Meges pronunció un frase imprudente: tan
viejo y tan agobiado por los aflos, como una ce- Peiros es más fuerte, pero Thaos le gana en Ja pa que
ya no tiene fruto ni bojas, tenga esa potente
carrera.
voz!. .....
Al oír estas palabras, los dos boyeros miráronse uno
Porque no sabían que la fuerza del vino y la cosá otro con mirada en que se adivinaba la cólera y
tumbre de cantar, prestaban al cantor las fuerzas que
Tbaos dijo á Peiros:
'
sus nervios cansados le rehusaban.
- Preciso es que hayas dado á beber algún brevaUn murmullo de alabanzas se devaba de la asamje al amo, porque sólo un insensato podrá decir que blea
como el soplo de un violento Zéfiro en las flo1 eseres tú mejor que yo en la lucha.
tas.
Mas, de pronto, la querella de los dos boyeros,
Y Pelros, irritado, respondió á Tbaos:
un momento apaciguada, estalló con violencia. Enar-Yo me precio de vencerte en la lu.:ha; en cuan- decidos
por el vino, se desafiaban para la lucha y la
to á la carrera, no te disputo el premio que el amo
te ba otorgado, porque no es de sorprenderse que te- carrera. Sus feroces gritos cubrían la voz dal cantor
que C'n vano alzaba, sobre la asamblea, el ciamor de
niendo tú el corazón de un siervo tengas también los su
boca y de su lira. Los pastores guiados por Peiros
ples.
y Thaos, ebrios también, agitaban las manos, gruPero el sabio Oi:neus, se interpuso entre los dos ñendo corno puercos. Desde bacía largo tiempo que
bo:veros. Contó fábulas ingeniosas donde se veía el estaban
divididos en qos bandos y compc:Lrtían la enepeligro de las riíias en los banquetes. Y como habla- mistad de
sus jefes.

DE "PERLAS NEGRAS."
En las noches de Abril, mansas y bellas,
en tanto que recuerdas ó meditas,
ascienden al azul las margaritas,
Y se truecan en pálidas estrellas.
Cuando el sol en las mares infinitas
del orto desparrama sus centellas,
descienden á los campos las estrellas
Y se truecan en blancas margaritas.
Por eso, cuando llena de rubores
deshojas margaritas de alabastros,
auguran el olvido y los amores;
presienten el futuro: ¡han sido astros!
eomprenden la pasión: rhan sido flores!
AMADO NERVO.

67

-Perro! gritó Thaos.
Y dió á. Peiros una bofetada en el rostro, de donmanó la sangre En abundancia por boca y nariz. Peiros, cegado, empujó á Thaos que cayó hacia atrás
con las _c~stillas rotas. Al punto los boyeros ri vale;
se prec1p1taron unos sobre otros, cambiando injurias
y golpes.
Meges y .los reyes, en vano trataban de separar
aquellas furias. Y hasta al mismo Oineo rechazaron á estos boyeros que un dios había priv.ado de la
razón. Las 0opas de brouce vuelan por todas partes.
Los grandes huesos de los bueyes, las antorchas bu~eantes, las trípodes suben y caen sobre los combatientes .... . . Los cuerpos de los hombres ruedan sobre el hogar apagado, entre el vino de las odres reventadas.
Una obscuridad profunda envuelve la sala, donde
sólo se escuchan imprecaciones á los Dioses y lamen.
tos _de dolor. Los brazos empuíian furiosamente Jos
ard1~ntes leños y los lanzan en las tinieblas. Un tizón rntlamarlo hiere en la frente al cantor que permanece de pie, mudo é inmóvil.
::mntonces, con una voz más grande que todos los
rmd~s del combate, maldice esta casa y á sus hom.
bres 1mpíos. Después, apretando la Jira contra su
pecho, sale de la morada y se encamina hacia e! mar,
á lo largo de~ alto promontorio. A su cólera, sucede
una gran l~s1tud y un profundo disgusto de los hombres y la vida.
El deseo de unirse con l?s Dioses llenó su pecho.
Una sombra dulce, un silencio religioso y la paz de
la noche, envolvían todas las cosa&lt;;. Allá. en el Occidente, por las regiones donde se dice que flotan las
sombras de los ~uertos, la luna divina, suspendida
en E&gt;l Iímp1do cielo, sembraba de argentadas flores la
sonorosa mar. Y el viejo Homero avanzó sobre el
a)to promontorio basta que le bitó bajo los piés la
tierra que lo había sostenido tantos años.
ANATOLE FRANCE,

RONDELES.
Al esplrltu de ella,

I
Una fuga de Bach su melodía
desgranaba en las cuerdas del pfano
y una risueiia claridad nacía
de ignoto oriente en el confín lejano.
¡Y soíiabas amor! ...... tu alma sentía
el beso de los ángeles, y ufano
Bach rimaba su dulce melodía
en las sonora,.-¡ cuerdas del pi:ano.

***

Y vino el desencanto, la noche fría
cubrió con su negrura la selva, el llano;
y mientras tú llorabas, la luz morfa
y Bach doliente y torvo temblar hacia
las vibradoras cuerdas de tu pi:anol
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •• • • • • • • • • • • • • • • •• • *

II
¡Fué un delirio! Los cambiantes de la luz estremeida
se quebraban en los rizos de su hermosa y blanca frente
y la luz de su esperanza por el llanto ensombrecida '
en su espíritu ya enfermo se apagaba lentamente.
¡Fué un ensueíiol La mirab" rebosando amor y vida
en las alas de un anhelo, carliíosa sonri:ente
y los nítidos fulgores de la luz est~emecida '
corouaban de reflejos la blancu:a de su frente.
¡]' ué un re;:,uerdo l Yo la miro de alba túnica cefiida
en el fondo de mi alma, luminosa y esp;endente·
¡ Yo te adoro_l-clamo- y ella sollozando entrist~cida
baña en lágrimas de amores la blancura de su frente
que coronan los cambiantes de la luz estremecida.

. .. ..... . .. ...... .. . . ........... . .. ......... . ..
RAFAEL MA.RTINE Z RUBIO.

México, 1807 .

�Dommgo 30 de Julio de 1899

69

EL MUNDO

Domingo 23 de Julio de 1899.
EL MUNDO.

LA
I

LEJOS.

LOS ULTIMOS VERSOS

DE JOSE I[. BUSTILLOS,
¡SOLOt
{Inédita.)

La nube se extiende y baja,
La tempestad se aproxima
Y la soíiolienta cima
Con la niebla se amortaja.
El maizal lánguido oscila,
Y se disuelve en el viento
El melancólico acento
Del mil pero que vigila.
¡Todo en paz! ¡Todo cansado! ... .
•Masqué tristeza tan honda! . . . .
~Poi qué gemirá la onda
y por qué gemirá el prado?
•Quién perturba el sueiío incierto
De esta tarde soberana? .. . .
¡Del Hospital la campana
Que llora tocando á muerto!
Y amarillento y sombrío
,
El sol, se apaga entre tanto;
Y en la alcoba ¡cuánto llanto!
Y en las llanuras ¡qué frío!

Y llueve . ... llueve! Las gotas
Caen con triste chasquido,
Y mueren la flor y el nido
Entre las frondas ignotas.
Con un buril invisible,
En la pizarra del cielo,
Traza el rayo con anhelo
Alguna frase ilegible.

Lejos! .... Ya no me miras ni te miro ... ,
Tal se alejan las hojas en su giro
Llevadas por los vientos inclementes ...
Mas no se apartan los que están ausentes:
Puede la luna unir con sus reflejos
A todos los que se aman desde lej~s.
Yo te amaré por siempre con el m1,;mo
Afán; y tú también en tu lirismo,
Evocarás mi imagen desde aquellas
Regiones. Así se aman las estrellas;
y así las mariposas en su anhelo,
Sueíian subir para llegar al ciele.
¡Feliz quien lo que anhela nunca alcanza!
Ese podrá vivir con su esperanza.

..

.... No oiré tu voz desde esta lejanía
Ni tú tampoco escucharás la mía.
No todos los amores
Tienen, como la mar, dulces rumores:
Hay amores que viven ignorados,
...
Hay amores callados ...
¡Oh! ¡salve! á quien enlaza con ternura
Lo que vive en silencio ó que murmura;
Al que lleva hacia el sol las golondrinas,
Al que junta la yedra con las ruinas!
tOhl tierno amor que en nuestro pecho exi3te
Con toda la dulzura de lo triste!
El me traerá tus gratos juramentos
y llevará hacia tí mis pensamientos!

1osa.

Los que ven, dos á dos, cruzar las aves
Por los abiertos horizontes suaves,
No han visto en su abandono y sus congojas
Al ave entre los árboles sin bojas . ...
Yo estaré así, cual ave entristecida
Que va, sola, cruzando por la vida.
y allá . .. . tu corazón, viudo y sombrío,
Que llora eternamente por el mío,
Vivirá del amor en el santuario
Cual un monje escondido y solitario ....
,,

MARIA E~RIQUETA,

(

Laredo, 1897.

,,

-~\~

~·

A,

' ......

Y el Temor llega pausado
Y la Angustia lo acompaíia . . ... .
¡Allá tras de la montaiía
Quién sabe que habrán pactado!

.. ..... . ...... ..............
......... . .. . ................
.. ... . ......... . .... .........
Calma, corazón desierto,
Tu tempestad silenciosa ... . . .
¡Ay, aun sigue la llorosa
Campana tocando á muerto!
¿Dónde estoy? ...... ven y descansa
Junto á mi, Melancolía ..... .
¡En el cielo, murió el dfat
¡En la tierra, mi esperanza!

l,j,

DESA.LIENTO.

"
El camino antes fácil y espacioso
en áspera vereda se convierte;
parece que :a luz que el día vierte
es reflejo de un cielo tormentoso;
para el ánimo inquieto no hay reposo
cuando sus golpes la enemiga suerte
redobla con furor, cuando la muerte
hiere traidoramente al valeroso.
Sin horizontes, la esperanza duda
y huye ante el temor toda alegría,
pues que la vida, eu la batalla ruda,
su crepúsculo tiene y desconfía ....
y teme al fin que tras la sombra muda
venga la eterna noche.... y nunca el día!
JOSE M . MATHEU,

J'OSE M. BUSTILLOS.

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Castillo de la Serraz, 14 de Mayo de 1857
Ha quince días que las autoridades federales nos
interoan en este viejo rincón perdido. Un mundo entero de republicanos é insubordinados: franceses,
austriacos, venecianos, polacos, rusos. Están acuartelados con oosotros en las antiguas salas donde florederon los seíiores de La Serraz y sus respetables veteranos. No se podría Imaginar tiranía más encantadora Los dos guardianes y los tres inofemilvos gendarme11 se desviven por sus cautivos. Están orgullo,
60S de estas b1avas gentes, y cuando salimos, la población de los alrededores no'! saluda con muchas ceremonias. Porque salimos. .Basta nuestra palabra
para garanti1ar todas las licencias. Un día que no
llegué á la hora de la cena, encontré melancólico al
viejo gu,1,rdián Mermoz.
-Ya estará frío el guiso, sel'lor Durville, y mi mujer que se había excediJo á sí misma preparándolo ..... .
Lo consolé de su pena y me prometí no volverá entrar después de las siete,
El país es una mara.villa. Uo lago fresco, claro, Impresionable á los camblús del cielo como una criatura
viviente; hermosos pastos donde S'leoa todu el día
una esquila de bronce; y en el horizonte cien montafias, verdes, violetas, ni vosas, donde cada aurora y
eada crepúsculo ejecutan una vasta, sutil y divina
-ópera de luz. Además, un tiempo hecho á propósit.o
para hacer la vida amable y los suelios exquisitos y
una hermosa sonrisa de Primavera donde revientan
las primeras florecillas al borde del agua temlJlo-

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Cuanto á mis com paiíeros, son casi todos agradables,
Excepto dos ó tres fanáticos, de ese géoero Eombrío
-que crean ioquietudes de estómago ó de hígado, son
todos hombres alegres, á ratos pendencieros, siempre
-charlatanes, y fastidiosos solamente en sus largas dis-euslones ;,olítlcas.
Eso sí, todos decididos á «extrangular el último
tralle con las entrañas del último rey&gt; en teoría. Especialmente un gigante ruso, de cabe~a de león, melena, ojos brillantes y voz furibunda que canta caneiones terribles. Se les ahorcará, se les guillotinará,
se les empalará, á la .nanera de aquellos guerreros
australianos que durante tres días y tres noches enteros, juran romperse los brazos, roruperselas piernas,
romperse la cabeza, rompers? la espalda, etc. etc. y
acaban sencillamente haciendo las paces. Esperando
la gran carnicería, el buen Rethnikoff devora cotidianamente diez libras de carne, dos docenas de huevos,
un pan de cuatro abras, seis kilos de frutas y legumb'!'es, bebe diez litros de vino y cerveza, se harta de
té, y lleua de gozo y admiración álos dosguadianes, á
los lnofensi vos gendarmes y á las esposas de estos funcionarios, que lapida con propinas. Porque su familia posee cien leguas de bosques, tierras arable11, y
ríos que abunoan en pesca en la pequena Rusia.
27 de Mayo.
Han llegado dos nuevos prisioneros á la Serraz. El
primero, el Doctor Ojettl, un venec;~no afiliado al
earbonarlsmo, y varias veces encerrado en los calabozos de Austria, es un buen viejo al modo de su país;
vivaracho, seco, de ojos ce tinieblas, aspecto simpático,
palabra abundante perfumada de metáforas y superlativos, talento flexible, penetrante, claro, nutrido
á la vez de cienci,1,1 de arte y literaturas antiguas, entusiasta, lleno del sueí'ío de la unidad Italiana y
siempre dispuesto á sacrificar su vida ó su libertad
por sus creeocias. El otro cauti vo-cautlva:-la hija
del Doctor admitida en la Serraz por favor especial,
bajo la condición de vivir con las hijas del guardián
Mermoz.
Francesca Ojetti es por todos puntos fascinadora.
El día y la noche se escapan á la vez de sus bellos
ojos color de amatii,ta Su tinte realiza la perfección
de las más bellas pulpa~ en flor, y parece despedir luz
como las rosas frescas de los Alpes; cada uno de sus
ademanes acusa el cuidado que la naturaleza puso en
perfecionarla. Esta magnífica criatura es silenciosa.
Noseoyemás que rara vez su voz en laque se adunan
la pureza de los metales nobles y la suave eotooaclón
de las aguas corrientes. Es triste coo esa tristeza
en la que no se transparenta nioguna mordldez, sino
más bien armonía de salud y gracia divina y fuert,e.
No evita la presencia ni la conversación de las gentes
pero desanima á la almas frívolas y las deset,n&lt;1ierta
á su pesar. Acompaiía á su padre á tudas partes: á
los patios, á los jardines del castillo, á los prados y á
los bosques. Tiene seguramente por él un amor que
confina con el culto.
Naturalmer::te, toda la banda. de prisioneros permanece en éxtasis ante esta admi:able veneciana.
Retcbnikaff se olvida delante de ella de i;;us cantos
sanguinarios y de sus propósitos destructores. Los jóvenes ponen cara de Romeos y los viejos no pierden
ninguno de sus ademanes. El doctor ha llegado á ser

SILENCIOSA.

por ello el soberano absoluto de la Serraz, peM, acostumbrado á estos halagos de reflejo n1J les da ninguna Importancia. E Ignoro por qué le agrado, por qué
me he hecho su compañero de paseo y por qué son
para mí el mejor apretón de manos del padre y algunas de las muy raras sonrisas de su hija.
Salimos los tres, después de mediodía, cuando el
sol se dora, cuando las sombras de las montaflas, de
las ha.vas y de los ploos se acuestan sobre los pastos.
Ojetti habla mucho. Su alma es un vivero de anécdotas, un depósito ioagotable de recuerdos. Todo esto
hormiguea, cintila, reluce, y bace ver en un instante
mil siluetas de seres, mil acontecimientos, mil aspectos de alma. Ese hombre es el más maravilloso educador. No lanza una frase sin darle la agudeza, el
adorno, el sabor que la hacen penetrar como un arma,
agradar como una obra de arte, ó gustar como una
golosina.
Fraocesca, en sileoclo, escucha. Nunca habla sino
para responder. Nunca siente necesidad de expresar
el goce ó la melancolía, la teroura que se reflejan en
sus hermosos ojos según la anécdota oída, el gracejo
celebr'ldo ó lats armonías de la luz entre las sombras
temblorosas. Su alma me llena de sua·ve inquietud.
Quisiera conocerla, y á pesar de eso encuentro encanto en su mlste,io, y sin duda rechazaría yo á quien
me ofreciera penetrar el i,,ecreto de aquella criatura.
Es ioteligente: sus respuestas son de una exactitud
perfect,a, de una concisión elegante, de un sabor á
la vez tímido y audaz.
Yo no suefio más que con ella. MI corazón se ha hecho Insoportable. El universo es más grande. Me parece oír en mí el rumor de todos los siglos, de todas
las dolorosas y magoíficas generacioues que vivieron
y murieron porque el amor fuese más bello, porque
la historia de la esposa y del esposo fuese tan vasta,
tan bella y tan armoniosa como los abismos estrellados del espacio.
18 de Junio.
Es verdad. Este misterio me encanta de preferencia. Los profundos ojos de amatista se iluminan al
mirarme. Su sonrisa es con!iada, en su bello rostro
de luz mi llegada hace aparecer una cariíiosa bienvenida. Cuando la veo á lo lejos mi corazón se llena
de temor, pero ya cerca me sereno, como si estuviera
al borde de un precipicio sembrado de fresco!! heliotropos. Y Frances~ no hace esfuerzos para disimular su placer. Está ausente de sus ademanes todo
asomo de coquetería. Manda en su belleza como un
rey poderoso en su Imperio. Ignora ó quiere ignorar
toda seducclon buscada, cuanto más que sería Inútil.
Tiene para cooquistar y conservar las almas, su orgullo y la In vencible fuerza de su silencio.
25 de Junio.
.Al principio be saboreado, como un favor divloo,
esa alegría de bienvenida que sonreía en los labios de
l!,rancesca, pero ha ,legado la angustia. La franqueza
misma de la virgen se convierte en mi suplicio. Temo la separación que es lo peor que puede sucederá
los amantes; esa cruel famitiaridad que crea amistades, y aleja, prolongándose, toda esperanza de una
afección más violenta. Aun podría yo resignarme á
ella porque juzgo demasiado b?llo un destino donde
se mezclara el amor de la maravillosa criatura. Pero
lo siento, sé que Francesca no se casará nunca, sino
que permanecerá siendo siempre lacompaí'íera-feliz
y adicta-de su padre.
l. 0 de J ullo.
Hemos ido hoy hasta ·1a aldea de Los Llanos. La
mootaiia está revestida de su gran traje deslumbrante: los bordadores eternos la siembran de vivas flores
de frágiles pedúnculos, de pequelios re!lplandores, de
zarzas ardientes que bailan su momento de gloria en
el flan ..:o áspero de la ro~a, en los minúsculos jardines suspeodidos, hechos del poi vo de las piedras molidas átomo por átomo á través de lus siglos. Las hayas suben cumo un ejército en batalla y los pinos
tiemblan simultáneamente, con el mismo movimiento, al paso de la bris-i. de Estío.
Nos detuvimos al bnrde de un torrente ante los
rebaflos r.:gieotes de lai,; olas. Francesca pasó el puente y se puso á bacer un ligero croquis al esfumioo.
Ojetti, interrumpiéndose en medio de su jardln
de anécdotas, me dijo:
-Estáis pálido y triste, ¿no créeis poder confesaros
ccnmigo?
Lo miré. Estaba sin aliento, sentía inmóviles mis
arterias en el exceso de mi inquietud. Respondí:
- ;.No podéis adivinar?
-No debo adivinar. Vuestra pena no será más dura por haber sido confiada. ¿ No estáis seguro de mi
simpatía?
Eotooces hablé muy bajo. E l me replicó muy tiernamente.
-Estoy de vuestra parte y tengo mucbasei,peranzas. Sin embargo, no quiero hacer pesar mi autorida&lt;!

en el destino de Fraocesca, porque tengo de masiado
dominio sobre ella. ¿Queréis hat&gt;larle?
-Le hablaré.
Estaba lleno de terror. El misterio era más profuodo, los frescos heliotropos parecían haberse marchitado al borde del abismo. En el momento que
avaozaba hacia ella, sentí elevarse en mí la palabra
del Gran Maestro: Abandonad toda esperanza. Y verdaderamente era la puerta riel Infierno á donde liamaba yo cuando llegué al otro extremo riel prado.
A mi llegada, ll'rancesca dejó de dibujar, y levantó su rostro y sus ojos semlabstraídos por el trabajo. Conocí q11e no tenía idea ni presentimiento de
lo que iba á decir, y me turbé más. Notó mi turbación y una sombra inquieta se extendió sobre su.
frente.
Le hablé temblando al prloct pio, después ofreciéndole vehementemente mi vida. A medida que hablaba, palidecía Francesca, y cuando terminé, estaba ante mí con la cabeza inclinada, las manos trémulas, la di vlna boca contraída por una especie de horror. Guardaba silencio. Parecía no querer ni poder
dar ninguna respuesta.
-i,Üt! be ofendido?
Respondió con esfuerzo:
-No me habéis oreodido.
-¿Puedo concebir esperanzas?
-No puedo responderos. Lo ignoro como lgno:o
todo mi porvenir.
Contesté bumllde y d,isanimado:
-¡,Es nada más Ignorancia? ¿No es porque os desagrado?
-Por ahora no siento nada favorable ni desfavorable para vuestra persona . . ... .
-Estáis mortalmente pálida, como si os dominara el horror.
Bajando sus ojos llenos de sombra:
-us engañáis, contestó, no es horror sino temor.
III
12 de Julio.
Cada vez que me presento ante Francesca veo pasar por sus ojos la misma turbación. Sube á sus mejillas y desaparece una rápida palidez; cuando me
tiende la mano la siento fría y trémula. Después se
sereoa. Noto que vuelve su amistad y que mi compañía no le es desagradable, 11.l menos cuando estamos
los tres, cuando el doctor está con nosotros. En nuestros momentos de más intimidad, Francesca se a¡&gt;art11. y mira á lo lejos. E:-1 tan grande su malestat que
estoy impregnado de él como de una atmósfera. Sufro con su sufrimiento. Yo mismo rompo esa mala
iofluencia alejándome, y siento verdadero alivio cuando al fin se acerca Ojetti á nosotros y hace vol ver la
claridad al rostro de su hija.
Mi pena P.S mortal. Roe mis noches, me entrega al
pálido insomnio y á los largos ensueiíos siniestros de
la sombra. El opio solamente puede alejar de mí t'\n•
ta angustia; pero no siento por Francesca ni enojo ni
reocor: mi prueba tiene algo de divioa porque es un
sacrificio que acepto, estoy presto á todas las inmolaciones. Y mi amor crece con mi sufrimiento no por la
contradicción y el iostlnto de lucba que son la base
de estos sentimientos, sino porque mi sufrimiento
es algo como una forma más alta de mi adoración.
He querido también evitarle mi presencia, pero
Ojetti ha hecho esta resolución imposible. Como tiene verdadero afecto por mí, apenas me encierro ó

�Domingo 30 de Julio de 18\lll
70

me aparto me hace volverá su comparua. Una ve;;,
había ido ~olo á la montaña. Divagaba tristemente á
orillas de un bayal, cuando vi venir hacia mi á !rancesca y al Doctor. El buen carbcnaro estaba ~rist~ Y
deshizo su tristeza en expansiones. En la animación
del d"scurso llegó á decir:
-Dile, Francesca que es nuestro ú?ico consuelo
en el destierro, dile que su presencia es nuestro
goce.
Francesca, pálida como el hielo lej'ino, murmuró
con voz quf:'jumbrosa.
-Os lo suplico pur mi padre.
17 de Julio.
Ha llegado un carbonaro Míl~nés. Es vi~o y gentil
como Arlequín, con hermosos o¡os que bailan en _su
rostro á manera de diamantas negros, una sonnsa
que conquis~a todas las voluntades. graciosas anécdotas que ríen en los saraos, y el don de las lenguas
que le permite hablar el francéi- tan agradablement_e
como el italiano. Unido á todo esto, un amor frenético á la Italia. Una lealtad y un alma ent,usiasta, pero alma peligrosa de lc,s Lovelace, llena de ardor presente y de ternura fugitiva. Agrada al Doctor porque conoce á su familia, y hoy por hoy, sumos cuatro
para pasear por los prados cuando las sombras se hacen largas. Lulgine marcha al lado de Francesca;
el Doctor y yo le seguimos á algunos pasns.
En el fondo de mi ser busco ks celos: están ausentes; si nacieran, desaparecería mi amor por la Silenciosa. En el exceso de mi pena me acontece ~esear
que se levanten, y entonces observo á la pare~a encantadora· miro los ademanes elegantes del Milanés,
sus mirad~s que se vuelven con admiración bacia su
compafiera. Pero Luigini me parece tan le¡ano como
el Monte-Rosa, su galantería tan frágil como las aristas arrastradas por la tempestad, y comprendo que
nada; fuera de la ausencia y el tiempo, podrá combatir contra Francesca.
Ayer pensaba en esto, sentado en un tronco derribado cerca de una fuentecita que saltaba de la roca.
Cien'especies de plantas florecían en mi derredor. La
tierra correspondía con llamas de ~lor y con p~rf~mes el fuego del Gran-Astro. Una penumbra miste•
riosa de pureza envolvía todo; la humilde-vida lucha
tan afanosament.e, cada brizna de hier~a, cada hilo
de musgo oculta tal energía, que me siento desfallecer. Era un paria ante una muchedumbre ~legre;
sentía sobre mi la sombra de los malos presagios que
pierden los destinos, y la voz del Milanés y del Doctor, llegaban á mi como una ir?nía:
Mientras me abismaba en mi tristeza, Francesca
escalaba la roca seguida de cerca por Luigini. Se detuvo un momento en el peñasco: el sol la rodeaba de
un resplandor de gloria, se asemejaba a,,i á una -Yirgen de Leonardo que dejó en mí, cuando era mño,
un recuerdo de esos que no se borran nunca. Bajé la
cabeza: cuando ellos desaparecieron, un sollozo in vencible levantó mi pecho, y se llenaron de lágrimas
mis ojos.
Estaba así bacía un minuto, cuando un paso ligero me bizo estremecer. Ví á Francesca en el extremo sur de la correntera. Se acercaba: al ver mis lá~rimas pareció impresionarse, pero luego, con no sé
que dureza que apareció en su boca, ella que no preguntaba nunca, me preg~n.tó_:
·
-¿Estáis celoso de Lu1g1m?.
Al principio la sorpresa me hizo enmudecer, pero
luego con algo de cólera repuse: .
- 1PJuguiera al ciilo que estuviese celoso! asi quedaría curado de mi amor.
Se puso pálida, como el día de mi confesión, con
el mismo temor retratado en las pupilas, y pasó silenciosa, á reuniri;e con su padre que nos llamaba.

EL MUNDO.

Domingo 30 de Juiio_de 1899.

EL MUNDO.

71

Se apoyó sobre un árbol, y balbutió, como hablando consigo misma:
-No debo retenerlo.

V
7 de Agosto.
"NI be ensayado dormir: habría necesitado tomar
io en dosis peligrosa. Me be quedado en el balcón
d~l chalet, mirando la noche y las torres de la Serraz,
· entre las estrellas. La somb:a. el estío y la
d e pie
montaña hacen más bellas las noc h es. M'1s sen t'd
I os
·1·
dos
ban
gustado
basta
agotarla,
la
amarga
sut i IZd
. . .
t
L
t
mezcla del esplendor y el sufrimien o. a muer e se
abatía en mi pecho retumbante.
.
Las cimas confusas, las aguas palpitantes, los pra.
dos, los astros, todo parecía tomar la forma _de una
t,umba. Experimentaba como u~a. contracción del
.
Universo, como una asfixia del In~mto.
Pero nunca me rebelé. Me resignaba á sufnr uno
de esos grandes amores que h_acen al amor más noble
entre los hombres; me parecia que este dolorº? era
solitario ni el!'oísta y silenciosamente ofrecía mi sa.
.
crificio á ot ros seres.
El alba argentina escalaba los hielos; ~a brisa del
lago se elevaba con la aurora; las aves a.m1g~s ve~ían
á reclamar su alimento; un co·hero tomó m~ equ1pa·e
me dirigí á otra ciudad. Pero ante&amp; quise pasar
~~/el Calvario. Detenido cerca de los árboles donde
hablé ayer con Francesca, y próximo ~ desfallec~r,
me apoyé donde ella se había apoyado. Cerré los o¡os
largamente.
.
Un estremecimient.o de ramas me sa~ó de m1 su~f!o, y ví el milagro: Francesca había vem?º· Me miraba con dulzura. Estaba llena de turbación, pero no
de temor. Una las-itud encantadora azulaba sus párpados, y dije:
.
-¿Por qué queréis hacer mi partida más terrible?
Se sonrió; por primera vez vi a¡Jarecer en su rostro
la malicia. Me respondió:
-No pudo vivir lejos de vos.
La vida, la gloria, el poder entraron en mí como la
luz en las tinieblas.
Francesca añadió.
-No be sido culpable. Mi temor era real; más fuerte que mi alma. En vano be querido vencerlo. No
bay tal vez criatura en el mundo á quien el amor sea
más temible.
Tomé suavemente su mano, su pequeña mano que
se sometió tierna, temblorosa y confiada.
- ¿ Y por qué teméis al amor?
Volvió su ma~nífico rostro hacia la se!va:
.
-Porque sabía que me iba á confundir con lacnatura que amaría; porque me debía entregar toda entera, lo mismo que mi esposo; porque, en fin, desde

0

-No será más incurable vuestro mal si esperáis
aún algunas semanas.
-Pero yo no puedo soportar más, me quedan muy
pocas fuerzas, y vos no me dais ninguna esperanza.
Ojetti no es diplomático como la mayor parte de
sus compatriotas.
Guardó silencio, y luego, mientras lo veía tristemente:
-Habría jurado que os amaría, dijo, aún creía haber descubierto en ella una inclinación naciente, pero ..... .
-Sabéis que le inspiro una especie de terror.
-Sí, aunque no me lo explico; sería menester hablarle otra vez.
-Y ¿de qué queréis que le hable?
-Poco importa; de lo mismo. Pero sed elocuente
y obligddla á que os responda.
.
. .
Hemos atravesado el gran calvano srn1estro que
se extiende basta más allá de los llanos. Se asemeja
á un cementerio de titanes: en él, las cruces, las piedras, las enigmáticas piedras alternan con fosas profundas, y los ecos resuenan como antiguos clamores
d1; agonía. A la salida del cal vario bay una calzada
ascendente de sabinos surgidos de las viejas edades.
El Doctor se ha apartado con Luigini suplicándonos
los esperemos; Francesca y yo hemos quedado solos
en aquella catedral viviente. La inmovilidad y el silencio parecfan confundirse con la luz. oía latir mi
corazón y el suyo, y bruscamente le dij.,:
-He llegado al término de mi sufrimiento. Voy á
partir, y be resuelto hablaros por última vez. El suplicio que be sufrido por el so10 becho de vuestra
existencia, es bastante grande para que a.bora soporIV
téis que os ofrezca t,oda. mi vida segura de que no
Soy libre. Las autorid1des me ban absuelto el 26 amaré nunca á otra mujer. Hablo sin esperanza y
de Julio. Si me place, puedo otra vez conspirar con- casi por cumplir un deber-porque tenemos también
tra las potencias amigas hasta volver á caer en el la- deberes para con nosotros mismos,-tales como .b uszo, Jo que no haré porque ya se ha entibia?º mucho car una felicidad que debe hacernos mejores. Sé,
mi ardor, cuanto más que no creo que el tirano sea Francesca, que si hubiera sido más noble, má,; digno,
derrocado por los medios de que disponemos. Más para obtener el goce inmenso de ser vuestro compaimportantes acontecimientos restablecerán el equili- ñero; sé que semejante favor hubiera bastado á da.~brio entre la fuerza y el derecho. Dos ó tres cama- me resignación en las peores pruebas, y bondad para
radas franceses se han aprove;bado de la clemencia mis enemigos. Pero yo no gozaré de esa gracia sufederal, y sólo nuestrc,s amigos venecianos, polacos prema, ni tampoco os guardaré rencor por elle;, Frany milaneses siguen prisioneros. Yo rondo como un cesca. Si fuerais responsable de las ternuras que puealma en pena en torno de la prisióu. Al principio de despertar vuestra persona, sería tanto como hacehan pretendido los guardias ejecutar su consigna y ros responsable de vuestro nacimiento. Solamente os
desterrarme con todos, pero han acabado por permi- pido una mirada de piedad, y que me perdonéis si os
tirme algunas horas de visita, de manera que no me ban ofendido mis palabras.
Permaneció un moment0 siu contestar, bermosa
privo completamente del placer de oír á Retcbnipoff
que jura gui\1:&gt;tinarlos, ahorcarlos y hasta echarlos como una Afrodita del silencio, inclina.da lJ. ca"eza.
hajo sus largos cabellos de sombra; luego, llena de
en agua fuerte.
Mi ,tristeza es cada vez más terrible. Francesca turbación, respondió:
-No me toca á mí, sino á vospedonar. Estoy llecont,inúa encerrada en su misterio, pero ,:.']ué me importa este misterio si no brilla en su fondo la espe- na de remordimientoti, me acuso de vuestra pena,
daría algunos años de mi vida porque esto no hubieranza?
se sucedido. Ne dudéis que, en cualquier circunstan5 de Agosto.
cia. estoy dispuesta á un gran acto de reparación.
Nada ba cambiado. Voy á partir. No creo más
Y me tendió la mano, que yo no me atreví á llevar
que en el tiempo y en la ausencia, únicos médicos á mis labios.
-Adiós, Francesca; marrana, á la salida del sol,
para el alma. Ojetti á quien consternó mi resolución,
habré parLido.
me dijo:

este momento d~jo de ser, no existo. Mi libertad ha
muerto. Ya no soy más que vuestra esclava; desde
abora se hará vuestra voluntad y no la mía.
Y mientras descendíamos la colina, murmuraba yo
muy quedo:
•
-¡Ah!quémaravillosamente dulce es que en labre
ve aventura de nuestra vida, nuesLro mayor anhelo
no sea ni la gloria, ni la riqueza, ni el poder, 81011
una débil criatura, un rayo de luz, un rasgo, un c(lntorno, algunos ademanes, y el ritmo de unos pab•l3o

J. H. RosNY,

EL BANQUETE.
Cuando el maitre d'hotel-¡nh qué abdomen respetable, ceñido por el a.m plio cbaleco de casimir! qué
cara roja con patillas blancas! todo un par de Ingla.wrra, os lo aseguro;-cua.ndu el maitre d'hutel abrió
de par en par la puerta del s:ilón, y dijo cun voz de
bajo cantante, sonora y r.,spetuosa á la vez: «La señora
Condesa está servida,&gt; los invitados pusieron el sombrero en las consc,las, los caballeros de mayor respeto
ofrecieron el brazo á las damas y todos se dirigieron
al comedor, silenciosos, cai,,i abstraídos como en una
procesión. La mesa resplandecía.. Cuántasfiurt&gt;s, cuántas lucesl Ca.da invita.do ocupa su sitio sin diticultad;
no bien leía su nombre en la cartulina lustrosa, uu
lacayo con medias de seda llevaba hasta él una silla
muelle y con la corona condal bordada en el réspaldo.
Só!o babfa quince invitados, ni más ni menos; cinco
damas jóvenes escotadas y dit&gt;z hombres de la aristocracia de la sangre ó del mérito que llevaban esa noche tudas sus condecoraciones en nonor de un diplomático extranjero, que se sentó á la derecha d&lt;:J la
señora de la casa. Las medallas colgaban de Ja.s solapas, y dos ó t~es casacas ostentaban placas de diamantes; en la pechera de un genera!, que llevaba corbata
roja, se irisaba una gran cruz de Comendador. Po~su
parte las damas lucían todos los esplendores de sus
joyeles.
La reunión era exquisita, elegante. Respirábase
una atmósfera de completo bienestar en el comedor
alto y ornamentado en los cuatro muros con grandes
cuadros de naturalezas muertas en los que colgaban
frutos, anima.les de caza y vituallas de t odas clases.
El s~rvicio•se bacía sin ruido; los lacayos parecían
deslizarse en el suave pavimento y el escanciador
daba el nombre de los vinos al oído de los invitados,
en tono de confidencia y como si les revelase un secreto del que pudiese depender acaso ~u vida.
Servida la i.opa, un consomé suave y enérgico que
llenaba el estó:r.agu dH fuerza y juventud, comenzaro1;1 Jas conversaciont'S parcia.les. Sin duda hablaron
primero de banalidadei,; pero cuánf a urbanidad en los
ademanes sobrios, qué benernleccia en las miradas y
en lR:S, son:1sas. _Después del Cbateaux. Yquem se encend10 el mgemo: lus caballeros, viejos ó ya maduros
en su mayor parte, todos notables por el nacimiento
ó el talento, llenos de ex1eriencia y de recuerdos, no
deseaban sino entrar en conversación y la belleza
de_ las mujeres allí reunidas, les Inspiraba el deseo de
brillar excitando riralidades intelectuales. Las frases

brotaban de sus labios y se formaron grupos de dos
y de tres que bablaban entre sí con vivacidad. Un

viajero famoso, de tez bronceada, que acababa de VPlver del fondo de los desiertos, narraba sus aventuras
en la caza del elefante, sin exageraciones y con tanta
tranquilidad como si bablasede una batida de conejos.
U n puco más lejos, la figura delicada. con ca.bellos
blaccos de un ilustre sabio, se inclinaba bacia la condesa que lo escuchaba riendo, esbeh,a y rutiia con sus
ojos brillantes y atentos, y un aderezo de espléndidas
esmeraldas en el pecho de belleza profesional parecida al de la Venus de Médicis.
El suntuoso banquete prometía ser también encantador. El fastidio, huésped frecuente de las
fiestas mundanas, no tf:'nía sitio en aquella mesa. Esos sere felices iban 4 pasar una hura deliciosa y á gozar por todos los poros y por todc,s los sentidos.
Y en aquella misma mesa, en el lugar más humilde,
un hombre, joven aún, el menos disti nguido, el más
obscuro de los que allí había, un imaginativo y un
:soñador, uno de esos divagadores que tienen algo de
poeta y algo de filósofo, permanencía en silencio.
Adm itido en la alta sociedad gracias á su reputación de artista; aristócrata por naturaleza, aunque
nada vanidoso, hijo del pueblo al que no olvidaba, aspiraba con vol u ptosidad esa flor de civilización que
se llama la buena sociedad; sentía más y mejor que
cualquiera, cuán raro y selecto era este medio y todo
lo que forma su encanto: la belleza de las mujeres, el ingenio de los hombres, el lujo de la vajilla
y el vino blanco que humedecía sus labios; lo sentla
y se regocijaba de que hubiese en el mundo un conjunto de cosas tan amables y armoniosas. Parecía sumergido en un b,1ño de optimismo.
Creía bueno que hubie~e, á lo.menos algunas veces
y en ciertos Jugares de este triste mundo, seres casi
felices, con tal que fuesen accesibles á la piedad, caritativos, y torios estos arortunados lo eran probablemente, ¿á quíén podían hacerle mal? Oh bella y consoladora quimera, creer que la vida los hacía inmunes,
que conservaban siempre ó casi siempre la luz dulce
y alegre de la mirada, la sonrisa de la serenidad que
había suprimido basta donde es posible en su existencia, las necesidades deshonrosas y las miserias abyectas.
A esto había llegado el soñador en sus refl~xiones,
cuando el gallardo maitre d 'hotel trajo solemnemen-

te en un gran plato de plata un rodaballo de dimensiones fabulc,sas, uno de esos peces enormes qué sólo
vemos en lus cuadrt,s antiguos que representan la
pesca milatrusa, 6 en las vitrinas de Cheveu ante los
pilluel&lt; s azorados que se aplastan la nariz cóntra el
cristal.
Cuando el soflador vi6 en su plato un pedazo del
monstrm,su rudaballo,el ligero olor marino pro"ocó en
su Pspíritu, indinado á las correspendencias súbitas
el paisaje de costa bretona del pueblo miserable d;
pei,cadores, en donde se detuvo el otoño pasado ha'lta
el equinoccio_presenciando furiosas tempestados. Recordó la homble noche en que no pudieron las barcas
llegará la orilla, aquella nucbe que pasó en el muelle entre los grupos de las mujeres consternadas 4e
pie y recibiendo_los g'llpes de agua que ernpap~°"1
su rostro, y el viento frío y furi oso que casi le arrancaba. la capa de los h ombro~. Qué vida la de estos
pobres des~i~hadosl Cuánt,a s ,viudas babía visto, jóvenes y vrn¡as, que se cubnan para siempre con el
manto negro y que salían al despuntar la aurora á
ganar el pan-sólo el pan I trabajando roded,das de hUS
hijos en las sardinerías, envueltas en el olor nauseabundo del aceite caliente, y ve.ía en sus recuerdos la
iglesia que coronaba el pueblo en la pendiente de la
(JOSta, aquella iglesia pintada de blanco para indicar
á las barcas el paso de los arrecifes.
Re?Ordaba tambi_en las piedras sepulcrales medio escondidas entre la hierba corta del cementerio, en muchas de las cual ..s se veía esta inserí pción sinii,stra:
]JfU(fT'tO en el ma1· . .... . Muerto en el mat . ..... Muerto
en el mar ..... .
El enorme. pez tenía el sabor más Pxquisito y lo
sazonl!ba un Jugo que indicaba los prc,fundos conociniien t(,s del cocinero del Sr. Conde, alu~no sin duda
de la cocina del Café Ingltss. Hemos llegado en nue"tra civilización á ver ducLures en asados y bachiller;s
en salsas. Todos ltJS invitado~ comían dtdicadamente
y con apetito aunque sin hacer manifestaciones en fa.
vor ?el excepcio □ al pla_tillo. pur buen tono y por el
hábito de la a l1menta.crón exquisita.
El soñador casi no comía. Segufa pensando en los
bretones, en los hombres de mar que babían pescado _ese magnífico ejem piar. Recordaba el día que siguió al de la tempestad, la mañana lluvisa y gris, en
que paseándose an~e las.ondas pesa.das color de plomo,
encontró y re??DOCJÓ el cuerpo de aquel viejo marino,
padre de fam1ha, que biibía desaparecido tres dü s

�., .

~

..,

[)omtngo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

12
antes, y que estaba oculto entre el tango de la playa,
con los cabellos grises pegados al rostro y cubiertos
de arena y de conchas.
Sintió un estremecimiento en el corazón; pero ya
los lacayos se babia.o llevado los platos haciendo des•
aparecer los restos del enorme pez, y en tanto que
senían otra cnsa, los elegaotei- y trholos invitados
seguían su conversación. Ya el hambre se babia aplacado y esto lo., animaba; bablabancon másabandono, sonreían y sus rrnses eran deliciosas.
El huésped silencioso sintió una tristeza infinita
porque en su Imaginación de sonador surgía la 1epresentación viva y dolorosa de todos 10.-, trabajos y penalidades que son necesarios para crear el bienestar
de los escogidos.
Para que éstos pudiesen llevar un frac delgado en
pleno Diciembre y para que RUS mujeres Luvlesen los
brazos y el cuello dest1Udos, el col,irítero saturaba lahabitacióncon el calor de una mailanade primavera. Pero
de dónde procede el calor:' El condenado del pafs ne•
gro, el obrero subterráneo que vive en el Jnflerno de
las mtnas extrajo el combustible. Qué blanca, qué
fresca es la piel de esa joven que o:,tenta victoriosamente su cuello que emerge del corpiílo de seda.
Quién ba tegtdo esa seda? La araña humana de Lyon,
el obrero siempre inclinado aobre su eterna labor.
Luce la dama elegante dos perlas admirables de opalina transparencia, y casi esféricas. La perla que tragó Cleopatra después de hacerla disol ,er en vinagre,
y que no vaHa menos de diez mil ,;extercios, no era
más pura. ;. Y sabe ladl\ma elegante que allá en Cey•
lán, en los bancos perlíferos de Arlppo los Indios de
la Compailía penetran á doce brazas de profundidad
heroicamente, con un ple en el peAAdo estribo que
los arrastra al fondo, y un cncbillo en la mano lz•
quierda para defenderse de los tiburone:.?
¿Qué relación puede haber entre todas estas elegancias y todos estos retinam ientos y el obrero tenebro•
so que escarva á cincuenta p1és bajo tierra, y el Li?je•
do~ deformado que trabaja ante la máquina, y el sal•
va3e que se arroJa al mar y á veces lo enrojece con su
sangre? ¿Por qué pensará uno en cosas tan tristes y
tan feas? Sin embargo, el soilador está perseguido

por su idea fija. Desmenuza sobre el mantel en pe•
dazo de pan dorado, alimento de capricho, inslgnltl·
cante en una mesa tan lujosa, pero que hace pensar
en la frase candorosa de la gran dama que hablaba
de los miserables hambrientos: csi no tienen pan que
coman pasteles.&gt; Y este pan que procede como el pan
del campesino, como el zoquete del soldado, de la sementera de los campos, ~xlge la labor paciente de
muchos pob~e.'i.
El campesino ara, siemhra y cosecha. Llevó su ara•
do á las tierras bllmedas, recibiendo en la espalda las
frías agujas de la. lluvia otoilal: en la noche, cuando
amagaba la tempei,tad, despertaba temiendo por su
sementera.; temblaba al ver pasiir las pesadas nubes
violetas cargadas de granlzo,'.y salió, seco y negro, del
enorme trabajo 'J de los sudores de la siega.
Y cuando el viejo molinero, deformado por los reumatismos que le trajeron las brnmas del rfo, envió la
harina á Parfs, los ruocetones del mercado, cubiertos
con sus grandes sombreros blancos llevaban los sacos
en sus espaldas auchfsi mas, y la noche anterior los
panaderos trabajaron basta el alba.
Todos estos esfuerzos y todas estas penas se acu•
mulaban en el pedazo de pan que desmenuzan las ma•
nos blancas y paLrlcias. L:i. obsesión se apodera del
incorregible sonador. Del banquete wagnifico sólo ve
los sufrimientos humanos que ha costado, y cuando
el escanciador le i,irve un Vd"º de Chambertln, recuer•
da que ciertos ubreras de las fábricas de vidrio:i se
hacen tísicos soplando las botellas.
Vamos, esto es ridículo. A"( es el mundo. Un economista se reiría de sus escrúpulos; siempre hibr,,
ricos y pobres del mismo IDL)do que habrá siempre
hombres erguidos y jorobados. ¿A.caso va á pc1.rar en
socialista?
Los arortunajos qu~ se slent&lt;1n á la mesa, no tlenen privilegios iojus~os; no son favoritos vulgares
del becerro de oro, ad venedlzos, egoísta&lt;; y groseros.
El gran señor que preside llevc1. b ,m orílicamente uu
nombre unido á todas lai glorias de Franela; el Ge•
neral de bigote gris e.-, un oéroe que dió una ca•ga
con la Intrepidez de )iurat en Rizo o vllle; ese pintor
y ese poeta trabajan con fiielid.1d en pro del arte y

A LulsG. UrblDa.

La sombra da la fé. Su lmágen muda
A nuetitras a•was en su seou embosca,
Cuando el dolor, al engendrar la. duda,
Como una sierpe al corazón se enrosca.
Bajo el dosel de sus flotantes velos
Se evaporan las trágicas angubttas,
Y á ella van á refugiar sus duelos
Las alma~ tristes y las trentes mustias.
Desde que el hombre á la existencia asoma
Siente doquiera palpitar su huella;
La vida en ella sus potencias toma,
Radia un momento y se disipa en ella.
¡Oh, no digáis que de su vientre obscuro
Surge la. envidia y se levanta el odio;
Ni ella da al vicio su vagido impuro
Ni empuja al crimen el puilal de Ilarmodio.
Amad la sombra. l-iu exprei.ión augusta

La saila cruel del sufrimiento aleja;
Ante ella toda tempestad &lt;;e asusta,
Toda inquietud á su contacto ceja.
Ante el poder de su pupila In mema
Arden y alumbran con fulgor de aurora,
Ya la razón cuando Investiga y plensc1.,
O bien el alma cuando impreca y llora.
¡Oh amada sombra, tu sitial bendigo
Hoy que en tus na,•es con mis ansias bullo
Para que des á wl Ideal tu abrigo
Y á mi convulsa inspiración tu arrullo.
Ya que las fuerzas de mi ser cautivas,
Paso el umbral de tus gluriosas puertas
Para encender mis esperanzas vivas
Y sepultar mis ilusioueb mi;ertas.
BENITO F.ENTANES,

Julio de 1899.

rA la manera deJobau de

de la belleza; ese quf1nlco, hijo de sus obras, que em.
pezó de mozo de farmacia y que ahora es una auto.
r!dad del mundo cientltlco, todo lo debe á. su genio,
y por último, esas nobles damas son generosas y buenas y con valor discreto llegan á veces basta el fon.
do de los mayores Infortunios para aliviarlos. ¿Por,.
qué esos seres excepcionales no bao de tener gooea
excepcionales también?
El soñador se dice que ha i,ldn injusto y que lo que
ha pensado no es sine Hofii,ma. bueno á lo sumo para
un club de barrio; pero el banquete llega á su fin 7
mientras que los lacayos llenan por última vez Iaa
cupas de Cl.iampagne, reina el silencio, los convidados sienten la ratiga de lf' digestión. El soflador loa
mira todos estos ro.'&gt;tros que tienen una expresión ele
fatig-a y de hartazgo que lo inquieta. Sin embargo, wt
sentimiento puro, Inexpresable, pero lleno de amargura, protesta en el fondo de su corazón contra eaoa
saciados, y cuando dejan al lin la mesa, repite en VOi
baja obstinadamente:
-Sí, están en su derecho . ... ¡,Pero sahen acaso que
su lujo está amasado ele miserias? .... ¿Piensan algu,.
na vez en esto? .... ¿ Piensan en esto tanto como d&amp;,
ben pensar? ..... .

F.

A ño VI-Tomo 11

México, Domingc- 6 de Ago""'to
=de 1899.

CoPEE.

i

Umbría.

DK ZlR,

FRAGMENTO.
Si odiáis la sombra porque en ella duermen
Los que en la vida la impotencia abate,
Sabed que en ella se elabora el germen
De luz que en todo movimiento late.

1

Dueuyas.J

Reina Venus, soberana

capitana
de deseos y pasiones,
en la tempestad humana
por ti mana
sangre de los corazones.
Una copa me dló el sino
y en ella bebf tu vino
y me embriagué de dolor,
pues me hlw experi mentar
que en el vino del amor
hay la amargura del mar.

Di al olvldoel turbulento
sentimiento,
y bailé un sátiro ladino
que dió á mi labio sediento
n::evo aliento,
nueva copa y nuevo vino.
Y al llegar la primavera,
en mi ruJa sangre fiera
triple llama fué encendida:
yo al flamante amor entrego
la. vendimia de mi vida
bajo pámpanos de fuego.
En la fruta. misteriosa,
ámbar, rosa,
su deseo sacia el labio,
y en viva rosa se posa,
mariposa,
beso ardiente ó \Jeso sabio.
1Bien haya el sátiro griego
que me euseiló el dulce juego!
Ea el reino de mi aurora
no bay ayer, hoy ni mailana ·
uanzo las danzas de ahora '
con la mfü,ica pagana.

(De Florell de humo.)

Con su manto escarlata de emperatr!z gloriosa
se va la tarde, el cielo, toda vía desierto,
muestre. pálidas lilas en un fundo de rosa,
un vago color rosa, un triste rosa muerto.
Es la hora solemne, callacfa, misteriosa,
en que dan su perfume las flores de mi huerto,
cuando cae la sombra como ala pavorosa
melancólicamente sobre el paisaje yerto.
Porque mi alma vibra con la moda carleta
de las t&lt;,rvas tiniebla~; E.'S la hora propicia
de empollar el Ensueilo que entusiasma y alegra,
de abrir á las quimeras el mlrflico broche
para que el Verso tienda las alati en la negra
desolación augusta de la pávida noche!
RAFAEL LOPEZ,

EN UN LlBRO.
Tienes 1fellzl inspiración divina.
Ave que ama los boscajes nuevo:,·
En tu arpa de oro, i,unorosa encl~a
Colgó su nido y empolló i.us huevos'.
Marcha serena; aquel p·eilasco hirsuto
Que t'Stá circuído por duq uier de abrojus;
Aquel manzano de olorusu rroto
Y flores que huyen como insectos rojos;
El rubio sol de claridad bermeja
Que d~ las nub~s entre el bumo vago
Al baJar á su tumulo semeja
Un luminoso y transparentE lago,
Tu retorno verán; ya se derrumba

l'FlNlDA.

Bella á quien la suerte avara
ordenara
martirizarme á ternu1 as,
dló una negra perla rara
Luzbel para
tu diadema de locuras.
RUBEN DARIO,

~I altar de mis suei'ios: triste herido ....
No vayas á. buscarme hasta mi .umba

LA. PRIMERA V ANIDAD.

Tras tanto insomnio . . . . m &gt;! hal:arás dc,r.nidc.
Ay! amar ya no puectv; mi alma enferma
Que fué campl"a embalsamada, luego
Trocóse en soledad ardiente y yerma
Del sol de mis dolores por el ru..go. '
ABEL

C.

SAL.\ZAR,

Cu~DRO DE Ts. CRusT.

Número 6

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 5, Julio 30</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

�EL MUNDO.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Domingo 23 de Julto 1899

44

Director: LIC. RAf AEL REYES SPillDOLA.

-----------------------------------------LA SEMANA.
El sol está rabioso á más no poder. Desde muy
temprano enciende las fraguas del oriente y se pone
á majar el hierro encendido del día, sobre el yunque
azul de las montanas. Martillea, con s.: gran martillo
de oro las ascuas luminosas, y á cada golpe, una explosió~ de chispas inunda de brillos deslumbrantes
el horizonte. Conforme pasan las boras1 crece el in-

cendio de los aires hasta que, ya muy entrada la manana, tórnase ígnea la placa dP. es mal te de los cielos.
Los jardines, entonces, alzan en sen.al de protesta
sus árboles amodorrados y secos, y las flores entrecerradas y sonoltentas, atisban por entre la marana de
las frondas, la llegada del viento, como tristes e_namoradas 'lue salen á la ventana, á la hora de Ja cita,
iDquieta.s y desesperadas por la t~rdanza del amante.
Pero el viento suele ser un nov10informal; no acude cuando lo llaman; sabe lo que son las mujeres! y
por eso se deja rogar tanto de las flores. Desds su enhiesto varillaje, se inclinan las rosas aristocrá.tlcamente seguras de que áellas, que son las más lindas y las
más elegantes, va á. ir primero que á ningunas el galán desdenoso.Por entre la hierba1 C.flmo por entre los
barrotes de una reja, se asoman, en actit,ud humilde,
Jas violetas, porque aunque pobres y modestas, saben
bien lo mucho que valen. Las margaritas enarcan sus
estrellas de nieve, impacientes y contrariadasdeque,
quizá porque carecen de fragancia,_ no les baga caso
el Ingrato. Las azucenas están furiosas: ¿cómo; será
cierto que el viento desdefia su limpia y perfumada
blancura?
Entretanto llueve sol, un sol rabioso que parece
mal humorado, y que gusta. de quemar ~étalos, resquebrajar ramas, secar el jugo de las hoJas y beber
en la copa de las campánulas las hects del rocío.
Las siestas de Julio son fatigosas, enervantes, pesadaF. Todo dormita con una pereza voluptuosa, mezclada de cansancio y fastidio.
No no saldréis de vuestro febril sopor, pcbrecillas
mártires del sol y desdetlarl3.b de los céfiros, basta que
las nubes, que también tienen mucha sed, acaben de
llenar su tonel en los lagos del Valle, para apagar la
Ir.gua de los cielos antes de que llegue la noche.
Al me~io día, el viento está muy ~ntretemdo con
las amapolas 1 esas rollizas aldeanas que se ríen de puro coquetas, entre los trigales, y no volverá á los jardines de la ciudad sino después de haber corrido mucho por sembrados y campiilas.
Es verdad que este sol es cruel como un inquii;;,idor;
y que con gran aparato y áurea pompa, recorre el in!inito ordenando autos de te, y martirios terribles
para castigar á las flores. Los pájaros y las mariposas están salvade,s. Ellos tienen alas y pueden volar
en busr.a rle sombra y de frescura.
Vosotras, no¡ que estáis prendidas ~ la rama, y la
rama está afianzada á la tierra, y la tierra no suelta
nunca por voluntad eino por tuerza.
Pero .... ¿no veis cómo se realiza el milagro? Se
oyen risas y cucnicheos. Baja por la escalinata, sal•
tanda y a.tropelláodose, una banda alegre de muchachas bonitas.
Vienen en busca de vosotras, para llevaros primero á. sus labios, luego á sus búcaros, en seguida á su
seno v más tarde á la mano trémula de algún sonador {lúe os guardará, ya secas, como una reliquia, en
la caja de palosanto, entre listones, guantes y .:.ocles
de cabello per!umado.
El amor os libertará del sol y de la lluvia; de caer
tostadas con la arena humeante, 6 de nautragar en
la charca fangosa.
El amor es divino para realizar estos milagros.
Suele hacer con el corazón lo que con vosotras.
¿ Qué, no estáis contentas?

***
Estov seguro de que muy pocos se han fijado en la
noticia~. La curiosidad no tiene ya nada que extraer
de ese suP.lto de gacetilla que pasó inadvertido entre
el relato de un escandalo vulgar y la lista de las parejas que se han presentado ante el juez Brlse~o, para convertir, según la opinión de Byron, su vino en
vinagre.
y sin embargo, si ia curiosidad no fijó en la noticia sus mil ojos inquietos, la piedad de uoOS cuantos
sí despertó en la memoria un melancólico y compasivo recue::-do.
Sonsa, Treftel y Caballero, aca'o'-1.n de solicitar de
los tribunales su libertad preparatoria. Nueve allos
han vivido en el Castillo de San Juan de Ulua, fortaleza azotada atuera. por el mar y adentJO por el dolor
y la desesperación.
Tuvo el crimen cometido por estos hombres rasgos
y perfiles de melodrama, sombras y misterios de cuadro efectista, enredos y tramas de novelas de fo•
lletfn.
¿No lo recuerda usted, cuidadoso memorista, que
ha becho una c:;peclalidad de los anales del Mal, y que

se sabe de coro llS nombres de los presidiarios más
terribles y la.i fechas 11e los crímenes mas espeluznantes? Este Sousa, este Caballero, este Tret:re!, fueron
los héroes, los protagenistas de una vulgar, pero es•
pantosa tragedia. Asaltaron con audacia estupenda
una. joyerfa, asesinaron al anciano joyero, se repar•
tieron los diamantes en la casa de una perdida y se
echaron á vivir por esos mundos1 fastuosamente, con
el producto de su sangrienta fecborla.
El roho se llevó á cabo en la calle más céntrica,
á la hora más concurrida, cuando los ri.x&gt;s vuelven en
carruaje del paseo, y los pobres salen del trabajo á
divertir un poco sus tristeza.-,. La sociedad tembló, la
justicia. investigó, la policfa. espió, y, como á la conclusión de un drama sentimental, fueron negando los
cult&gt;ables á las puertas de la prisión para extinguir
eD ella, después de un Jurado lleno de IDteresantes
incideDte:l, una larga y dolorosa condena. Se les con•
denó al castigo supremo de vivir. El más joven y esforzado, el inteligente, el director de esta cuadrilla.
de bandidos, no pudo resistir la pena tremenda de
existir á solas con sus remordimientos, y forzó la
pUerta de su propia vida para escaparse de la cárcel
de 8i mismo.
El suicidio de Nevraumont resucitó por algunos
dfas á la curiosidad. La leyenda se apoderó del crimen y lo contó, 1.\ su ruanera, al estilo de las aventuras de Rocambóle. Martínez que era un nato, un perverso Instintivo, tras estúpida tentativa de e\•aslón
y ensayos de salvajes venganzas, no se arrancó la
existencia, porque las fieras jamás hincan en su carne la garra enfurecido, sino r¡ue recibió la muerte
de las sagradas manos de la ley.
Quedaron estos tres miserables que ahora, ansiosos
de libertad, piden vol VPr al grupo social de donde sa.
lieron, en demanda de perdón y de olvido. Quizá la
justicia los amprare y los arroje de las sombras de
sus calabozos. Quién sabe si ellos habrán podido arrojar de igual manera del pensamiento la memoria
sombría de su delito. Quién sabe si aun respirando
á grandes sorbos el aira de las plaza y de las calles,
sean, de esos hombr~s que, como dijo el poeta, llevan un monstruo secreto, un mal que alimentan, un
dragón qu€ les roe, una desesperación que vive en su
noche.

*••
La gran manifestación hecha en ia presente serna•
naant.e el sepulcro de BeDito Juá.rez, es significativa
y trascendental, por lo que ba tdo educando á las
masas en la idea liberal é infiltrando en ellas, el supremo culto de los héroes.
En el dieciochodeJulioesyauna necesidad popular,
irá depositar ofrendas y á ..:antar himnos ante la rfgtda y marmórea figura del gran ciudadano, cuya
cabeza sostenida por la Patria, parece abstrafda
aún en la profunda meditación de una idea excelsa:
la de hacer feliz y próspero á un pueblo joven.

***

La llegada de dos nuevas ti ples ha animado la seman!!. teatral. Los cronistas especiales aseguran que
si las recién venidas no son artistas de subido méri•
to, son, en cambio, mujeres muy be11as. En lo cual
todo el público está enteramente conforme. Y á fé
que tiene razón porque, como dice La Bruyére, un~
linda cara es el más bello de los espectáculos.

to, el fiel consejero de nues~ra. conducta, el espejo in•
comparable en que se 1efle¡a y se hace perceptible y
acce8ible el mundo.
De la vista vivimos, con la vista actuamos, por la.
vista gozamos y sufrimos más aún que con toda nuestra sensibilidad; ella es crlter•.o de verdad y garantía
de acierto y por su intermedio Jlegan al eRpíritu como una caricia todas las grandezas y todos los esplendores de la Naturaleza.

***

Pues bien; ese gufa Infalible es pérfido y ese mentor seguro e~ falaz. Creemos en él ciegamente mientras él astutamente nos engaña; la mentira e-ssu ley,
la ilusión su principio y en luerza de !ugaces espejismos y de enganosas apariencias, nos forja un mundo
que ne, existe, una vida real que no palpita, un desfile de seres Que al anális's se desvaDecen como el humo y se disipan como la nube,
He abf el lago: el bruñido espejo de sus •~uas se
tiende en el JlaDo encuadrado en un marco de verdura salpicado d.e flores; el oleaje que la brisa agita
lo surca de saetas de plata; en sus linfas se miran
complacientes las montañas de ametista, las arboledas de esmeralda, las nubes de ar.niilo, y el sol de
luego. En dulce y extátlca contemplación podria encanecerse mirándolo y admirándolo. Y bien, no hay
tal Jago, ni tales aguas, ni tal oleaje riz~do. Lo único
que precisamente no se ve es el agua y Justamente lo
que la vista no permite distinguir es el lago. La retina nos ha jugado una mala partida, nos ha hecho
ver lo invisible y ha dotado de sorprendente belleza
á. un mito y á una ilusión. Mientras más transparente y más tranqmlo, menos visible es¡ creemos ver el
agua y no la vemos en realidad, el lago es fruto de
nuestra razón y de nuestra imaginación y no resultado de una sensación. Un lago es un girón de cielo en
una hoquedad de la Uerra 1 es un árbol cabeza abajo,
una mancuerna de islotes soldados por su basP, es
una estela de soles convertidos en serpientes de ruego, es placas de sombra, es decir, de nada, irregulares y flotantes, es un grupo de caballas por partida
doble. Y el agua? y las l!nlas purísimas? y el oleaje
cadencioso? somOra, quimera, ilusión, nada.
Qué es un espejo? un !ragmento de salón ó de alcoba; un medio sofá y dos medias sillas, un busto de
mujer con peinador y á medio peinar. De la pompa
de jabón, aér~a, flotante, finísimo cristal de ba.carau
trisado, no se ve nada: unos desfigurados mofletes de
nil.io, un ven~ana.1 encorvado y convexo convertido en
vitral por las irisaciones de la pompa, muros hemisféricos, techos como cúpulas, curvos girones de luz;
pero la pompa misma queda Invisible y latente.
La cara.ta de agua cristalina que alarga su cuello
de cisne, coronada de diamc1.nte como una reina, de
contornos elegantes y suavei:, no existe para la vista
que la cont.em9la, sólo logra verse el ramilll te cercano, la vajilla de porcelana que las curvas de la carafa deforman y adulteran , destellos que son tan sólo
la luz de las bugfas coloridas de rosa ó de violeta. Está llena? está vacia? dificil es decirlo y sólo se puede
opinar cuando comparando las imágenes que refleja,
se &lt;..,bservan unas más deformes y extravagao:es que
otras.
Una diadema de diamantes es un amontonamiento
de chispas¡ una espada flamjgera, un abanico de relámpagos. A cada paso y por donde quiera creemos ver
y no vemos, y á cada momento nos extasiamos en la.
contemplación de lo invisible.

***

LAS ILUSIONES DE LA VISTA.
Ver; abarcar en una sola sensación todo un complicado panorama, cielo, lago, bosques, serranías; escudrlilar horizontes y lontananzas; absorber luz y color; sentir impresos en la retina todos los contornos,
todos los relieves; volver los ojos y cambiar de mundo, alzarlos y extasiarse en )a contemplación de los
astros, bajarlos y sondear abismos, cerrarlos y ver
aún esfumados y atenuados el hormiguero humano
el jardín florido, el mar agitado, el aienal rojizo, n~
puede darse facultad más preciosa ni fuente más
abundante de goces, ni manantial má.s fecundo de
ciencia y de acción.
La vista es el sentido por excelencia, el que inspira mayor fé, el que garantiza mayor certidumbre.
Mientras sólo tocamos ó palpamos, mientras sólo
o~mos ó gus~amos, ni el placer nos parece completo,
m el coooc1mlento preciso, ni la acción adecuada.
Una vaga aprensión nos sobrecoge en medio de la
obscur1dad, nuestro paso es incierto y torpe nos causa. miedo el movimiento, el menor rumor s~ hace siniestro, el menor contacto sorprende é import,una.
Entre las sombras nos sentimos como desamparados,
como que falta el guia de nuestros pasos, el mentor
de nuestros actos, el excitante de nuestro peosamien-

Es más aúD¡ 1.mando llegamos á ver realmente, jamás vemos las cosas tales y como realmente son. Si
en presencia de un dado preguntamos á cualq ulera.
qué es lo que está mirando, dirá con absoluta seguri·
dad y un poco de pedantería: Veo un sólido reg11lar,
constituido por seis caras cuadradas y perpendiculares. Y justamente ni ve un sólido, ni lo ve regular,
ni percibe sus seis caras, ni las percibe cuadradas, ni las ve ;¡erpendiculare:s. Lo que ve realmente
es una superficie, con sombras y penumbras, limita•
da por líneas divergentes qu e forman ángulos agudos ú obtusos que limitan caras romboidales, irregularmente inclinadas unas sobre otras. Mentira,
para la vista, el paralelismo de los árboles en una.
calzada; mentira el círculo regular y s)métrico de la
glorieta que la interrumpe; mentira la forma humana. que duerme bajo su blanco sudario en la cumbre
del Ixtacihuatl; mentira la inmensidad infinita del
horizonte de mar, y mentira, como-lo ha dicboel poeta, la bóveda azul de los &amp;ielos. Las formas armon iosas de la estatna griega son tan sólo sombras y penumbras; las figuras inmortales de Vioci y de Rembrandt, manchas; los astros, chispas; los soles, destellos.
Tremenda contradicción! CuaDto los ojos miran,
cuanto la retina graba, cuanto la vista vislumbra, es.
falso, engaiioso, talaz;y no hay sentido, sin embargo,
que más abarque, que más ldnseñe, que penetre más.
á. fondo los misterios de la Naturaleza.
La conci1iación existe y se impone. Las sensaciones consideradas aisladas unas de otr9.s, stn conexiones reciprocas y sin lazo de unión, no son nadan~
sirven para nad~. Un coDtacto, una presión, un so-

.

45

EL MUNDO.

nido no hablan al alma s\Do como iDdlctos y sella.les rra, ó iban fascinadas y locas, saltaDdo de uniforme
ciertas de otros atributos y propiedades de Jas cosas e? uniforme y de color en color, como una danza má•
que los producen. Se oye un gemido y la madre ex- gica. De tiempo eD tiempo se posaban en la negrura
clam~: Es mi hijo que sufre¡ desgrana sus perlas una de un ~ostro de U!l soldado, negrura de ébano, intecarcaJada y decimos: E~ mi amada que rie; 'orilla rrumpida solamente en la boca y en los ojos: en la
UD&amp; luz, es el sol que nace¡ una 80mbra nubla nues- boca por la sangre de los labios¡ y en los ojos por las
tra vista: es la iDvaslón de la nocbe. Cada sensación blancas escleróticas, á. cuyo borde asomiibase á veces
simple encierra un mundo y despierta un universo un alma. salvaje, en la que ardían todas }83 pasiones
de recuerdos; cada mirada dirigida á un objeto ctps. y aullaban todos los fanatismos.
corre un velo tras del cual se deseDvuelve un vasto
Puco anteb de ll~gar el ~mlti\n, vinieron tres ó cuae;;cenario. ~a~ ~ensaciooes son materia primii., tos- tro carr?zas cargadas de princesas y otras mujeres
ca. burda., rnut1I, estorbosa; es el capullo q~e la de la ari8tocracla turca á est,aclonarse á la sombra
rd:lexieln, la memoria, la imaginación, la ibteligen- de unos árboles, ~asi frODteras á. nosotros. Muchos
cia, en fin, deshila y teje, y que la pasión colora pa. eunucos, negros y blanco~, escoltaban esas carrozas.
Al fin, el que todos esperábamos apareció, no á la
ra fonnar rica y vi8tosa tela. Es el metal negruzco
sin brillo y sin pulimento, que el espíritu traDsfor- usanza antigua, sobre no caballo árabe Pnjaezado rima, moldea y cincela en espléndido joyel. Las seDsa- ~mente y conducido por dos palafreneros de trajes
cioDes son la paleta y con sus colores difuso~ y con fu- ,:nntorescos y fastuosos, sino á la usanza nueva que
nada tiene de noble, en un coche tan vulgar co~o los
Sl'S el alma hace el cuadro.
Tan es así, que ,.ma misma sensación se modifica que ruelian por las calles de cualquier metrópoli moal tntinito bajo la influencia de la Imaginación y de derna. Un ademán fríamente rutiDarlo fué su única
la reflexióD. En un girón de nube pueJe ver&amp;e á vo- respuesta al triple ¡burra! estentóreo con que le re•
luntad yt1. un sudario flotante, ya un ánuel volan- cogió el ejércit&lt;,.
J.,'ué una ¡burra! formidable, un viva que r~sonó codo, ya una ninfa perseguida. Una masa d: sombra
puede ser un fantasma, un monstruo, la boca de un ·mo alarido gigantesco, poderoso á conmover montaabismo, Ja entrada de una Jave rna. Asistidas de la nas de granito, aunque no á despertar la emoción
reflexión y del aDállsls las sensaciones son eminentes más ligera, bajo la máscara pálida é impasible del
pedagogos¡ sin el concurso de la inteligencia no son tiranuelo acostumbrado á todos los homenajes.
En tanto que el Soberano decía su plegarla, y un
sino charlatanes de feria.
Los pueblos incultos, los niílos, los igDorantes dan almuédano, presa de arrebato místico agitaba en nn
á _s~s s~nsa~iones proporciones extravagantes y sig- b~lcón de minarete sus vestiduras cá.ddidas y esparn1ttcac1ón rnaceptable. De ahí las mitologias: las c~1. con voz clara y vibrante la palabra de Alá en el
fuentes que son ninfas, las montañas que son dioses, aire seren o, mis ojos iban de los coches llenos de mulos árboles que son tetlques, los ríos que son divini- jeres á la mezquita, óe la mezquita al ejército, y sedades. Para estos et-píritus la noche con su destile de guían saltando de uniforme en uniforme y de color
sombras, está poblada de monstruos, deseresmuer- en color, como en una danza mágica.
Pero llegó un instante en que se fijaron en una de
tos que vagan eq el bosque, de di vinldades siniestras
en acecho. Y los poetas son los soberanos artífices las carrozas cargadas de mujere,s, para no apartarse
que con la materia prima de las sensaciones y la fra- más de ahi. Hablan di visado algo muy bello, la únigua de la imaginación crean mundos, cielos, pa- ca belleza que enaguas y velos no encubrían celo&amp;&amp;·
mente: una maDo desnuda, muy blanca, posada en el
raísos.
Quien sólo ve sin reflexionar en lo que ve, es un regazo de una princesa.
Desde entonces no contemplaron otra coi,a que la
ciego de una especie nueva. Las sensaciones no entrenadas ni disciplinadas por la intellgeDcia y la re- blancura y los movimientos de la mano. Todo lo deflexión son un caos. En ese caos solo la razón y el aná- más desvanecióse para ellos, como se desvanecen á
los ojos del creyente, la multitud arrodillada, el ~ro
lisis pueden pronunciar el fiat.
del altar y las ofrendas motivas, cuando de entre las
manos del sacerdote surge la nieve inmaculada de
la hostia. Mis ojos y mi pensamiento se clavaron con
la dulce ?bstinación de un beso muy largo, en aq~ella
mano pnmorosa, blancura vi va, ja:tmfo de carne y
seda.
Aún después de terminada la ceremouia, cu;ndo
ya el Sultán babia partido y se alejaban los coches
llenos de mujeres y se retiraba el ejército, la imagen
de la mano seguía tenazmente impresa en mis ret1nas
ofuscadas. No logró borrarla ni el fantástico relampagueo de hermosas tintas en medio al cual se movieron los Zuaoos dt la Meca. Mis ojos, alucinados, la
ORIENTAL.
vefan flotar en el polvo que, alzado por el ejército en
marcha, ondulaba en los aires como velo de gasa muy
fina
y transparente .
. \que1la maíiaoa supieron mis ojos que Ja lm y los
Pero la blancura de la mano me babfa hecho pencolor~s embriagan como el vino y los besos porque
sio d_uda, fué embriaguez de luz y de color~s lo qu~ sar en otras blancuras veladas, escondidas en el tonde los serrallos, en el secreto misterioso y tibio
:.ieh1zoaodar, todo un día, sonando con los ojos abler- do
del harem, de suerte que, al cabo de algún tiempo
tú~, p~r lascalles de Constantinopla. Hasta entonces
la visión que llenaba mis ojos no era la de una sol~
mis OJOS conocfan el vértigo fugaz, el éxtasis efímero
blancura, sino la de mil blancuras iguales, no era Ja
la turbación pasajera, no la embriaguez wuday honra'. de
un solo jazmín1 sino la. de todo un vergel plantada, y eso queyahabíancontempladobasta la saciedad do de
jazruines. Vi á lo lejos brillar les palacios que
l~s telas de los grandes coloristas italiaDos, aquellos se alzan
orillRS del Bóstoro y en el Bósforo, corrienhenzos en que el pincel de Bonilaclo escribió la epo. do entre álos
palacios, ví un extrai'io río azul, á cuyas
peya del fuego y de la púrpura.
crecen, como el Joto á orillas del Nilo, nares
Era un viernes, día de parada, díaenqueelSultán orillas
maravillosas. ¡Pobres flores que languidecen implaabaDdona los e~plendores de su palacio, deja su ta- cablemente recluidas en invernaderos grandes y trisbemáculo de mezquino dios de la tierra, y va á pos- tes! ...... Mucbas de ellas pade~n un mal divino y
trarse, humilde como el último, á pedir al ~eilor de terrible: se agitan desesperadas en los temblores del
los señ"ores, al omnipotente Alá por el bien de sus deseo, y se desmayan de amor, suspirando en sus desvasallos y la prosperidad de su imperis.
mayos por alguien que las arranque del jardín en que
Unos cuantos extranjeros curiosos, instaladós por vegetan,
inútiles, perdidas para la voluptuosidad. y
un maestro de ceremonias en un sitio desde el cual tal vez en el seno de su blancura, como en cárcel de
podía verse todo muy cómodamente, esperábamos alabastro, arde la llama azul de una alma buena. Pecon impaciencia la llegada del soberano.
ro el seiior, el amo, harto de placer, ni siquiera se
Et sol_ 'oo.ñaba el paisaje con su oro más puro, y no digna verlas. El espectáculo de sus gracias no exishabía lll UD solo rayo de luz que no cantase la gloria te sino para les ojos del eunuco, ojos que miran en
d_e un color intenso ó acariciara el desmayo de un ma- el vacío, ó infaman lo que miran.
tiz exquisito. A nuestra derecha, en una esplanada
La onda del Bósforo viene, juega, ríe y pasa, re.
veclnc1., la caballería desplegaba su Jujo de uniformes tozando siempre, al aire el vientre desnudo, azul y
vls_t..osos, caballos de bríos y glnetes bizarros; á la iz- diáfaDo, en el que se clavan multitud de flechas de
qmerdade palacio se extendían los infantes, sellara- oro. Mientras tanto, á la orilla, en la monotonía de
dos en dos alas, hasta la puerta misma del palacio los encierros prolongados, en la tristezct. de su8 granpor donde habla de salir el sefior de los turcos; en- des invernaderos suntuosos, esas pobres flores, las
freDte, resplandec1a la mezquita en donde el monar- desdei1adas, las que ignoran las alegrías del amor y
ca iba á decir su plegarla.
no saben sino de congojas y torturas, se con8umen
Muy chica y muy blanca, aislada en el medio de en el ardor de una fiebre inei:tiDgulble, y en el ardor
~n vasto espacio libre, resplandecía la mezquita, seme- de la fiebre se tornan mustias, sin que jamás las re!~Dte ~ un copo de nieve que se riera delsol ó á un ve- fresque el rocío de los besos, sin que jamás las bafie
n ca1do de -una de esas ovejas que trizcao por Ioscam• lluvia de caricias, sintiendo huir, para nunca más
pos azules del cielo en los claros días estivales. En su volver, la propia fragancia, viendo pasar, para nunpequenez y blancura, C'JD sus finos labrados arquitec- ca más voh·er, la propia belleza., como la onda azul y
tónicos, á. pesar de sus cúpulas y minaretes, la mez- profunda que se desliza cantando bajo las rejas de
9uita parecla más que templo, un juuuete delicioso
sus blancas prisiones.
~oya rara, preciosidad martileila salida de las mano;
M. DIAZ RODRIGU.EZ.
e ~envenuto impregnado de arte isla.mita.
Nuestras miradas segufan la hilera inalterable de
1OS fez, altos y rojos, como himnos de orgullo y gue-

LA MU.l:i:RTE
DEL

Benemérito

c. Benito Juárez.

El Sr. Juárez esperimentó los primeros síntomas
d¿su enfermedad-una neurosis crónica de) gran slm•
pático-á las siete de la mafiana del 17; como de costumbre, el 8:-. Balandr~no, Redactor en Jefe del
e Diario Oficial&gt; le leía lo más notable que conteDfan
los periódicos dt, esa maf\ana, y el Sr. Juárez escucbaUa atentamente, haciendo de vez en cuando alguna
observación, cuando repentinamente se le,·antó de su
asiento y dió algunos pasos sin quejari:e, pero lleYándose la maDo al cerebro; Ba.landrano suspendió su lect':lra y le preguntó si se sentia. indispuesto. cEotoy
bien, contestó, puede usted c'Jntinuar.&gt;
Pocos momentos babia.o pasado, sin embargo cuando volvió á levantarse, rogó á Balandrano qu~ espe•
rase, y esta vez extendió su paseo hasta el salón de
Iturbide. Reg, esó de nuevo y pidió ..¡ue le sirviesen
el desayuDo, que tomó muy tranquilamente. No obstantee~calmay esa,trauquiJidad se sentía enfermo, y
~sf lo di¡o después. afladiendo que comerla de dieta.
Efecti~amente, á la una de la tarde, mandó que se
le sirviese una sopa hecha en su propia casa y que
apenas probó.
Algo había en su semblante que denotaba tm sufrimiento, pues el Sr. Latrau-ua lo ohsenó y así se lo
dijo. ~ególo el Sr. Juárez c;n una sonrisa, y coDtinuó la conversación, en que tomaban parte todas lA.s
personas que lo acompañaban á la mesa. Habló allí
de los pensamie1itos que más le preocupaban: la reforma de la Constitución y la cvncluslón del Ferrocarril de Veracruz.
En la tarde, termiDarlos los acuerdos qae fué po~\ble despachar, concurrió al paseo con algunas personas de &amp;u famtlia1 según acostumbraba.
A las ocho de la noche el Sr. Santacilla llevó á su
sellara y á sus hermanas políticas al teatro.
El Presidente se quedó en su casa: estaba de muy
buen humor, y conversó alegremente con los señores
Dubián y Maza. A las diez y cuarto se recogió pero
no pudo dormir; á las once sintió náuseas y encendió
la luz. Pasó todo el resto de la noche bastante mal
pero no permitió que Benito, su hijo, que dormía e~
la misma pieza, despertase á pers')oa alguna.
Al día siguiente por la mafiana experimentó alg(m
malestar y no fué á palacio: sus hijos, sus cul111.dos-,
sus yernos y sus amigos, le preguntaban cómo se sentia, y les contestaba que estaba un poco cansado
porq?e no babfa dormido bien en la noche: les reccmenaaba que no hablaran de su indisposición, y que
sólo dijeran que padecía de un reuma en la pierna.
Estuvo todo el día con intermitencias de dolores
agudes en la región cordial y de ali vio pasajero. Por
la tarde, sentado en su recámara, recibió al Sr. Lafragua y al General Alatorre, con quienei; estuvo hablando un gran rato,-coo el primero de asuntos generales, y con el segundo de la situación del E:,tad.J
de Puebla, pero de vez en cuando se quejaba de cierta opresión de pecho que le impedia respirar con¡¡.
bertad.
A Jas seis de la tarde, el Sr. Santicilia participó al
seilor Presidente que el administrador de la Aduana
de Veracruz babia enviarlo UD telegrama, anunciando
que el paquete americano no saldrfa esedia, como es taba determinado, sino ayer J 9.
-Vaya, me alegro, contestó el Sr. Juárez¡ así llevará al extranjero la noticia de la toma de Monterrey.
.A. las siete de la noche el mal venció su tuerza. de
voluntad y hubo que ponerse en cama.
Desde aquel momento fué empeorando progresivamente.
No obstante, después de un sfncope vió á su lado
de pié cerca de su cama, al 8eilor Ministro de la Gue~
rra, que le contemplaba con solícito cariño.
-¿Cómo estás? ¡Has recibido algún parte telegráfico?
-No, contestó el Sr. Mejfa, no hay novedad. •Cómo te sientes?
c.
-Mejor, gracias. Será cualquier cosa. Anda vete
á tu despacho.
El ministro saltó de alli inquieto y volvió á las
nueve.
Ya el Dr. Al varado, médico de cabecera, había
manifestado á la familia sus terribles temores.
. Está muy grave el Presidente, dijo al Sr. Santa•¡.
ha: desespero de la curación, y creo que no le quedarán tres boras de vida.
Por indicación suya se babfa llamado á los Doctores Lucio y Barreda.
Desde aquel momento fueron aumentando de tDtensidad sus dolores, pero no babfa posibilidad de
calmarlos por medio de pociones internas porque el
Sr. Juárez tenia continuamente vlolenta's náuseas.
Tuvieron, pues, los médicos que recurrirá inyecciones locales de una solución de morfina dirigidas sobre la parte adolorida, esto es, sobre el lado izquierdo del pecho.
A las diez y media, siendo Inminente el peltgro
se mandó llamar á los Señores Ministros Latragua'
Mejia (D. Francisco) y Balcárcel.
'
El Sr. D. Francisco Mejía acudió en el acto; el Sr.

�46

Balcárcel nada supo, porque el portero de su casa no
quiso abrir, ni darle aviso, por temor ó desconfianza;
el Sr. Lafragua llegó un poco más tarde.
Todas las personas allí presentes estaban consternadas.
Poco antes de las once el Presidente llamó á un
criado á quien quería bastante, llamado Camilo,
oriundo de la clierra de Ixtlán, y le dijo que le comprimiera con la mano el Jugar donde s~ntía un iutenso dolor. Obedeció el buen hombre, pero no podía
contener las lágrimas.
Padecía atrozmente el 8r. Juárez, pero no tenía,
al parecer, conciencia de su fin próximo.
Momentos antes de morir, estaba. sentado tranquilamente en su cama: á las once y veinticinco minutos se recostó sobre el lado Izquierdo, descansó su cabeza sobre su mano, no vo lvió á hacer mov:miento
alguno. y á las once y media eu punto, sin agor.ía,
sin padecimiento &lt;i¡H,ento exhaló el último suspiro...
E l Dr. Al varado dijo esta sola palabra.
-Acabó!
S.i.ntacilia no quería creer en semejante des!!'racla,
y esperaba que aquello no fuera más que un síncope.
- Doctor, CrP.e usted que ha muerto?
El Dr. Barreda encendió un fósforo·y lo · acercó á
lo,; ojos del Presidente, para ver si la intensidad de
la luz imprimía. movimiento á las pupilas, pero nada! .... no quedaba ya ninguna esperanza .... Juárez
había muerto.
Poco antes de las doce de la noche. el Sr. Ministro
de la Guerra, D. ,Ignacio Mejía, se dirigió á la casa de
D. Sebastian Lerdo de Tejada; y no queriendo desde
luego darle la fatal noticia para evitar una Impresión
demasiado violenta, le dijo que el Sr. Juárez estaba

Domingo 23 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

!Jomlngo 23 de Julio de 1899.

47

EL MUNDO.

á los Secret arlos de Rela-

EL SR. GENERAL DIAZ

&lt;"i ones y Hacienda. El Sr.
Lerdo de Tejada, President e interino de la RepúbliLA TUMBA DEL BENEMERITO.
ca, ven ia al fin de este inmenso cortejo, acompailado
de los Sres. Mazay Dublán,
Este ailo como los ant ed olientes que representariores se ba celebrado d1g,
1an á la familia del tinado
na y patriótica.mente t1
ciudada noPresidente. Desmemorable 18 de J olio,
pués del encargado del Poconcurriendo el l::ir. · Presid er Ejecutivo, marchaba
dente de la R epública á la
]a columna de tropas en
manifestación de duelo que
e ' orrlen si~uiente: Colehacen ante la tumba del
gio Militar, una batel'ía
Sr. Juárez todas las agru&lt;le campana de la primera
pacione.-. poi! t ica~, ci I iles
brigada de artillería, el priy militares del país.
rner batallón permanente,
La escena denueist ro ¡nael pri mero del Distrito y
bado representa al Sr. Gedos cuerpos de caballería.
n('ra 1Díaz, acom pailado del
().:rraba la marcbauna proSr. Jt.:árt:z, bijo, y seguido
iongada. hilera de carruade los señoreis Ministros,
j
es que ocupaban la longien el momento en que va á
tud de cuat ro calles.
depositar la corona que lleEste extenso cortejo ocuvada por el P, irner Magispaba todo el trayecto comtrado, simboliza la ofreuda
pr&lt;&gt;ndido entr e el Pande Nación agradecida.
t ••ón de San Fernando y la
E-cogimos de preferenPlaza &lt;le la Constitución.
cia esta escena de la maLlegaban los batidores al
nifestación, ,mstituyendo
primer punto, cuando la
otras que pudimos haber
ti la de carruajes sa movía
presentado por algunos gralentamente por las calles
bados de grdn interés hisde Plateros y San Fr1rnclstórico.
ro, habiendo tardadocerca
MANIFESTAt;ION DEL 18 DE JULIO DE 1899.-EL SR. GRAL. DI.AZ A1'TE LA TUJ\IB.\. D!!:L BEN'E:MERrro.
de dos horas en desfilar la
procesión fúnebre. En el
ángulo que forman la igledes funciones oficiales. \ ' enían lueg-o los miembros sia y la fachada del Panteón cte San Fernando, se elede la Uiputación permanente y t orios lus dewás di
v,1ba un elegante catafalco, en el que descansó el férepotados al C-Ongrei,o de la Unión residentes en Méxi- t,ro antes &lt;le ser conducirlo al sepulcro de ia familia
Ayer según lo dispuesto por la nueva administra- co, una comisión de la 8uprema Corte de Justicia, J11árez. Al lado del catafako secolocó la tribuna, que
ción, han tenido lugar los funerales del Sr. J uárez. otra del Tribunal Superi or, y otra, muy numerosa, rué ocupada primeramente p0r el Sr. Lic. D. JoséM.
Inmensa multitud circulaba desde muy t emprano en en representación del Culegio de abngados. Seguían l!.('lesias, orador oficial nombrado por el gobierno.
toda la carrera que debía seguir el fúnebre cortejo. desp·~és, los Secretarlos &lt;lel l&gt;espacbo y oficiales de Acto continuo. subió á ella el Sr. Diputado Silva, en
Las ~lles de Plateros, San Francisco, Sta. Isabel y los ministerios acompailadus de los miembros del uombre de la Diputación permanente.
Después, y por el orden que en seguida señalamos,
Avewda de los Ilombres Ilustres, presentaba.u un Cuerpo Diplomático. El Ministro de F omento iba al
imponente golpe de vista. Todas las casas de las ca- lado del representante del Imperio alemán, Conde hicieron uso de la palabra los Sres. Alrredo Chavero,
lles del tránsito ostentaban cortinas con lazos de cres- Eulemberg, que llevaba el unit'orme de coronel de en representación del Ayuntamiento; D. Francl!,co
J&lt;'. Gordillo, á nombre de los mai.ones mexicanos: D.
pón negro y coronas de siemprevivas. Las banquPtas,
J 11sé María Vigil, por la Prensa Asociada; D. José
los balcones y las azoteas de tono ese largo trayecto
María B,1.randa, por la Sociedad Filarmónica; D. Roestaban o-:upadas por millares de eispectadores. A las
que
Jacinto Morón, pnr la Sociedad Médica " Pedro
nueve y media de la mailana comenzó á organizarse
Escobedo;" D. Victoriano Mireles, pGr el Gran Cirel acompallamiento en el Palacio Nacional y á las
culo de Oúreros; D. José Rosas Moreno, que dijo una
&lt;Hez y cuarto la cabeza de la prr,cesión fúnebre llegama~nífica composición poética; D. Gumersindo Menba á la esquina de la calte de Sta. Isabel. Conforme
clo..a, en representasión de la Sociedad de Geograffa
á lo dispuesto por el bando del Gobierno del Distrito
~· Estadística y los niños Antonio Alvarez y 8alvador
~bría l_a marcha una e:scuadra de batidores; seguian
1\fartínez Zurita, alumnos del Tecpan de Santiago.
rnmed1atamente los niilos de las ei;cuelas munit:ipaConcluidos
los discursos, se verificó h inhumación
les, los de las Lancasterianas y los alumnos de las est-n el sepulcro de la familia del Sr. Juárez presidiencuelas nacionales; precedidos de una gran banrlera
no el acto el Sr. Presidente interino. Al depositar el
blanca en que se leían las siguientes palabras: cGran
cadáver,
se inclinó sobre él la bandera nacional y
drculo de obreros,&gt; marchaban cerca de trescientos
1,e dispararoa veintiun cailonazos. como i;olemne y
1•iudadancs, representantes de los artesanos de la capostrera despedida. El acto concluyó á las dos meno&amp;
pital. Seguían después los alumnos y profei;ores de las
cuarto de la tarde.-«El Siglo XIX&gt;, Miércoles 24 de
-escuelas primarias y superiores, los jueces, los empleaJulio d:i 1872.
dos y jefes de oficina, mezclados con tos innumerables
inv!_tados, en los que notamos muchos extranjeros,
los Jefes del ejército, los generale¡; residentes en la capital y personal del Gobierno del Distrito y los miembros del Ayuntamiento. Inmediatamente después de
EL LUGAR DONDE NACIO EL SR. JUAREZ EN SAN PABLO GUELATAO.
la corporación municipal, venía el carro fúnebre tirado por seis hermosos caballos conducidos por cnatro
lacayos á pie y descubiertos. Lle vaban los cuatro corDamos en estas p~glnas dos vistas dPl Jugaren que
LA SRA. D ORA MARGARITA MAZA
dones del féretro el tesorer,J general de la nación. Sr.
est,aba la. caballa doude nació el gran patriota mexiD O: JUAREZ Y SUS HIJAS. (18 6 5 )
Izaguirre, el director de la ei,cuela de jurisprudencia,
\
.
cano.
St. Velázquez, el Gral. de división. Don Alejandro caballería bávara; el Secretario de la guerra marcha8e11alliba ese sitio h 'stórico, como se ve en el priGarcía, y el Sr. Cbavero, miembro del Ayunta,nlento ba acompailado del Plenipotenciario de Espafla, Sr. mer grabaao, un sencillo monumento de canteria,
de México.
Herreros de Tejada, que vest ía rig-uroso unltorme, ro&lt;leado por una empalizada que á poco se cubrió de
A los lados del cuadro marchaba la guardia de ho- así como los demás miemhros de su Legación; el Sr. enredaderas.
nor del finado ciudadano Pre¡;ideut,e, llevando la ban- Nelson, Ministro de los Estados Unidos de América
La gratitud &lt;leí pueblo oaxaque!Io manifestóse desdera recogida con lazos de crespón. Detrás, seguían y decano del cuerpo diplomático, llevaba á los !arios pués noblemente. t •a~ladan&lt;lo á e~e lugar el pedestal
el Gobernador de Palacio, General Zé rega, rodeado
y la estatua ne Ju \r,·z que formaban el anti~uo mode los ayudantes del Presidente. Después del carro
numeuto erigido al Benemérito en la caplLal de Oafúnebre marchaba el cocbe enlutarlo de la Presi&lt;lenxaca.
&lt;lia y que era el usado por el Sr. Juárez en las granANTE

EL COCHE DE LA PuESIDE:-:CIA t'SJIDO HABITUALMENTE POR EL SR. J U AREZ, SEGUIA AL CARRO
FUNEBltE EN EL CONVOY DEL ENTIERRO,

LOS FUNERALES DE JUAREZ-

PIEZA DEL PALACW NACIONAL, DEL LADO DE LA CALLE DE LA MONEDA,
EN DONDE :uumo EL S R. JUAREZ.

Los

ULTB!OS MOMENTOS DEL SR. JUAREZ,

gravement,e enfermo, y
A las cuatro &amp;e dispuso
que su médico de cabecera,
trasladar el cuerpo á Pal&amp;•
Dr. D. Ignacio Alvarado,
cio: fué llevado por la ser•
había perdido toda espevldumtre, tendido en un
ranza de sal vario.
catre ligero y acompatiado
de los ayudantes del PreEl Sr. Lerdo se afectó
sidente y de varios de 108
profundamente; quiso ir
ami gos que se hallaban
en el acto á ver al Sr. Juárez, y mientras se disponía
presentJs.
para salir, le dijo el Sr.
Después de levantarse el
Mejía:
acta de defunción, prooe•
-No crea usted encondieron los .Cres. Alrnrado,
trarle con vida, le he dejaBarreda y Lucio al emb&amp;l•
do casi agoni7.and'o.
samamiento que quedó
--Será una crisis, cont erminado á las siete de
testó el Sr. Lerdo con aflila noche.
gido acento.
A las diez cumpllm08
--No, seilor, repuso el
con el triste deber de Ir'
general; forzoso me es dedespejirnos por última ves
círselo: ha fallecido ya.
del que todavía antier era
Presidente de la P.epd·
Y ambos se dirigieron
blica.
tristes y silenciosos á la
casa mortuoria, donde paLe contemplamos con
saron el resto de la noche
una emoción que no tratatratando, aunque en vano,
remos de describir, en Sil
de consolar á la atribulada
recámara, encima de su ca•
familia.
ma de bronce, vestido de
A las dos de la mafiana
negro, pálido, pero con la
llegaron el Sr. General D.
fisonomía tranquila, sin
Alejandro García, en unión
contracción alguna y pareLA CAPILLA ARDIENTE EN EL SALON DE EM13AJ ADORES.
de los Sres. Alatorre, Baciendo más bien dormir
(De un grabado que publlcó el perlóJlco Múico y sus ooslunibrta ,1 25 de Julio de 18i 2.]
randa y Nicoli, y dictó descon el plácido y pas 1jero
de luego dis~osiciones resueí'iu de la yida que con
latí vai. á la guarnición de la capital. Poco después se Montiel, D. Manuel Saavedra y algunas otras per- el eterno y profundo de la mur
presentaron los Sres. D. Juan José Ba,z, D. Euge- sonas que acababan de tener noticia del infausto
DE &lt;EL FEDERAL
, '
nio Barreiro, D. Eduardo Arteaga, el Gobernador acontecimiento.
del 20 de Julio de 18i2,

\

\

Il11:::s-n o J u,1m.z, lllJo. (1 8U:i.)

A~TON[O JU.l.llEZ y }l.\z.\ , Ml:J::HTO EN

N.e:w YuRK.

.; O~E JUAREZ y

)1 \ZA , MU EIITO EN NEW YORK.

�EL MUNDO.

48

nomtngo 23 de Julio de 1899

Dommgo 23 de Julio de 1899

EL MUNDO

49

_j
CABAi'!A DON::&gt;E NACI.) EL SR. JUAREZ, EN SaN PABLO GUELATAO.-EL ANTIGUO Y EL NUEVO MONUME);TO.

EL SR. CORONEL MONTENEGRO.
Este digno patriota vivió con Juárez en Nueva OrJeans en la época de las persecuciones &lt;le ;a administración santani1,ta. Los proscrito'! ganab1n el pan
con el producto de un trabajo material ímprobo: Juárez era operario en una fábrica y Montenegro pescaba en el Mississippí. Habiendo enfermado el Sr. Juáraz, su compañero Jo atendió cariñosamente, redoblando sus faenas para ganar el sustento del ilustre
enfermo.

el gobierno en la lejana población fronteriza. No habiendo obtenido todos los retratos, aparecen sólo los
que nos fué dable proporcionarnos.
Publicamos los retratc.s de los Sres. Idueta y HerPresidente de la Renández, cochero y camarista respectivamente del
pública: Lic. D. Benito
eminente Juárez.
J uárez. Ayudantes: TeIdueta estaba. empleado en el palaciJ de Montenientes Coroneles Franrrey cuando llegó el Sr. Juárez á esa. ciudad el año
dsco Noroa y Francisde 1864 y desde entonces estuvoá su servicio como coco Díaz.
chero hastd. la muerte del Presidente. Fué abnegarlo
Secretario de Relacic•
y leal, pudiendo gloriarse de haberle prestado grannes Exteriores y Goberdes servicios cuando peligraba la vida de su amo. Hoy
nación: Lic. Sebastián
el Sr. Idueta es conserje de la Escuela Normal de
Lerdo de Tejada.
Prnresores.
Secretario de JustiCamilo Hernández es muy conocido por figurar su
cia, Fomento y Haciennombre en algunos episodios de la vida del 8r. Juáda: Lic. José María Iglerez. Es indígena oriundo de Ixtla en Oaxaca, y cosi:&gt;s.
mo camarista y hombre de confianza del Sr. PresiSecretario de Guerra.
dente Juárez vivió muchos años en su casa.. En la
y Marina: General Ignarración de la muerte del Benemérito que !!.parece
nacio Mejía.
en este número de nuestro semanario lo vemos auxiJefede la Sección de
liando á su amo y llorando por su muerte.
Justicia y Fomento: Sr.
Es conserje de la Secretaría de Hacienda, uno d'3
Manuel M. Molina; Ofiruyos empleados lo retrató por sorpresa, pues Ilercial,
Sr. Ramón Alcalnández se ha negado mil veces á permitir que tomede. Jefe de la Sección
mos su fotografía. Esto explica la poca precisión
de Hacienda: Sr. Luis.
del retrato que de él damos.
García Ramírez; Oicial,
Sr. Eleazar Loaeza.
Oficial Mayor de la
8R. CAMILO HERNANDEZ. Secretaría de Guerra:
SlfüVJDOI{ DE CONFIANZA DEL Tte. Coronel .Anastasio
SR. JUAREZ.
Aracda; Coronel Maria( De una !ustantAnea.) no Díaz; Coman date
Para explicar los retratos que publicamos en las
siguientes páginas, damos á continuación una nota de
Ramón Cuéllar; Capi•
los funcionarios, empleados y amigos que acompa- tán José García y García; Comandante Mariano Beceban al Sr. Juárez durante su permanencia en Paso rra. Médico cirujano.
Pagaduría del Supremo Gobierno: Pagador Geaedel Norte. Naturalmente no figuran aquí los nombres de todas las personas que allí estuvieron en di- ral, Sr. Adrián Busto; Ayudante, Sr. Francisco Busto.
Artillería y Maestranza: General Fernando Pou·
versas ocasiones, pues seria imposible, y así se redi..ce nuestra lista á los de todos aquellos que e'l- cel; Comandante D. Humeau; Oomandante José Matuvieron de una manera continua mientras residió ría Iturralde; Teniente Francisco Chavfra: Pagador,
Erniliano Bubto.
Escolta: Primer cuerpo permanente
de carabineros á caballo. Guardia de
los Supremos Poderes: Comandante
Carlos Noriega; Capitán, Antonio Herrera; Tenientes Epigmenio Esco'l-iar y
Sabás Rodríg"uez; Alt'érez, Antonio Espinosa; dos Sai'gentos primeros; seis
Sargentos s~gundos; diez cabos; dos
trompetas y veintisiete soldados.
Diversos puestos: Magistrado de la
Suprema Corte, Lic. PedroOrdaz; General Francisco Ortiz de Zárate; Coronel, Anrlrés Bravo; Diputados: Ingenieros, Bias Balcárcel; Lic. Juan de
Dios Burgos: Lic. Manuel Sánchez
Posada, y Sr. PedroContreras Elizalde.
Particulares: Sr. Manuel E. Goytia
y Sr. Manuel M. Mayol.
Servidumbre: Salomé Olivares, camarista del señor Presidente; Valentfn Morales, cochero; Juan Idueta, CO•
SR. JUAN IDUETA, COCill':RO DEL chero, y Juan Morales, Adrián MoraSR. JuAREZ.
les, N. Colunda y Vicente Pérez, mozos.
Aparece ta~bién el r~trato del Sr. Coronel Armendáriz, pu~s aunque no
figura en la lista anterior, prest? ~xcelente~ servicios, y además ilustra,
por ser de cuerpo entero, el conocimient,o del uniforme de su grado en aquella época.

LIC. DON J OSE MARIA IGLESIAS,

Lrc. DON SEBASTIAN LERDO DE TEJA.DA.

GRAL. DON :!:GNAClO :\fEJIA,

Dos servidores del Sr. Juá1:ez.

SR. LUIS GARCIA RAMIREZ.

COMANDANTE Je SE MARIA !TURltALDE.

INGENIERO BLAS BALCARCEL,

El Gobierno de la Rev1blica en Paw del Norta.

EL SR. CORONEL JOSE GUADALUPE MONTENEGRO,

SR. ELEAZo\R LOAEZA.

COMANDANTE RAMON CUELLAR.

SR. MANUEL M. MOLIN ,\.

CAPITAN JOSE GARCIA Y GARCIA

ASPECTO DE LA TUMBA. DEL SR. JtTAREZ EL DI.A 23 DE JULIO DE 1872.
COMANDANTE CARLOS! N'ORIEGA,

TENJJ!NTE CORONEL FRANCISCO
Duz.
1

CORONEL ENRIQUE ARMENDARIZ

�Domingo 23 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

50

CURIOSIDADES

CIENTIFICAS.

Los felices sibaritas de este maravilloso fin del siglo de los milagros cieatílicos, disrrutao alegre~ente
del bienestar que es el objeto y la com,ecuenma del

1 -PRIS)IA PARA Vluh.IER \,
2-VIDRIERA PRISMA'!'ICA.

L.A MISllA CON VIDRIERA PRISM.ATICA

flABITACION BAJA CON VIDRIERA COMUN,

HABITACJON SUBTERRANEA CON TECHOS
DE VIDRIOS COMUNES,

LA

ro res0 sin preocupa1se poco ni. mucbo por averip ua~ có~o ni por qué caminos ha logrado la human_i~a hacer la vida tan dulce Y cómoda en un me~IO
ta~ hostil como ingrato para. la delicada complexión
del hombre.
ífi t
Hay sabios que se han abrogado la pac ca area
de referirnos ese cómo Y es i pJr qué, Y por ellos _sabemos que \a principal de las comodid~des de la vida
moderna, la casa, aun cuando fuese la de los poten_tados, est::vo en otros tiempos rr.ur Je¡os de tener 1~
menor de las ventajas que ahor~ tiene la buhardilla
de cualquier bohemio en el sentido figurado de esta
tan de moda.
d . b
Palabreja
Por e·emplo, el c:i.pítulo de las ,·Jdrieras, _eJ_a a
b Jpero mucbo que desear ea aquellas d1vrnas
:~~:,i.¿nes habitadas por los dioses h«_l~nico~, como
únicos huéspedes dignos de tales magmfic1mc1as, admirables todavía abura. que están en ruinas._ La fortuna era que P.! clima del legendario arcb1piélago,
atria del art.e arquitectón:co, e~a Y es muy _du)ce
tero en los cl:mas rigorosos,, ·mientras los ~•dnos
!anos no fueron inventados, a los hombres, rncluso
ios re es y los poderosos, no les quedaba má~ r~curso
a ~etenderse de las inclemencias del rnv1erno,
p~~ el de encerrarse á obscuras en sus sombrías y peiadas mansiones feudales, reemplazando la luz del
día con la rojiza y humeante de los haobones de cera
de los tizones de las chimeneas.
y Por fin, alguien, no digo quién porque aún está

MISMA

CON TECHO DE VIDRIOS PRISlfATICOS.

sesión sólo estaba reservada á los muy poderosos y
aun éstos cuando abandonaban temporalmente sus
múradas 'como el Rey .Felipe August,o de F rancia
para irá. )a Santa Cruzada, mandaban quitar y ¡;uardar cuidadosamente sus vidrieras para no perder tan
preciado tesoro.
La imposibilidi.d de fabricar vidrios planos de gran
tamaño, hizo que con ,·idrius colore~dos pequel'lo;¡,
unidos por alveolos de piorno! se fabncaran esas waravillosas vidrieras de mosarno que son actualmente
preciadas obras de arte que procuran imitar á gran
costo los artífices contemporáneos.
Poco á poco los vidrios planos fueron al_canzando
mayor super ficie, hasta que ahora, cualquier almacén de ropa posee por docenas vidrios que en la .Edad
Media bubieran valido un reino entero con todo y
babitan tes.
Pero aun dejan qué desear esos grandes vicrios pa•
ra llenar su ::&gt;bjetc, de iluminar perfectamente la mo•
derna habitación humana. En erecto, una habitación de piso bajo ó suuterránea en las ~Itas ciudadtlll
de estos tiempos, siempre queda med10 á obscuras
aun '!on toda una pared de vidrio.
Por eso un industrial francés. M. Luxfer, Ideó
una forma de vidrieras prismáticas que toman en
sus facetas toda la luz ambiente y luego la dirigen
hacia adentro de una babitación, dispersá ndol,1
y repartiéndola en todos sentidos de maner a que
de una cueva lóbrega, hacen un camarín del bada de
la luz.
Nues•ros g rabados dan cabal idea de la forrra de
estos prismas aislados y formando una vidriera, as(
como del efecto producido en las habitaciones obscuras ó · mal iluminadas. Tienen además la cualidad
inapreciable de no •permitir paso al fuego á pesar del
incendio más violento. Las piezas dotadas con estas
vidrieras en una casa incendiada en Chicago, permanecieron intactas pues el fuego no penetró á ellas.

LA CARICATURA EN E L E X TRANJB:RO.
. . ---

-··

EL MUNDO.

la fiesta de los techos? ¿No sabéis que el Dios niño va
á venir para hacer su distribución á los ni!los?
Los GORRIONEs.-El Rey niño ..... .
LA CHIMENEA.-Sí .... Ob I si pudierais ver abajo,
en las casas, tudo~ esos za patitos alineados junto á la
tibia ceniza .... Los hay de todas formas, de todos
tamaños, desde los diminutos zapatitos que calzan
los piececillos vacilantes aún, hasta las botas que resuenan fuertemente corr.~teando por teda la casa;
desde los chapines bordados con guzanillo, basta
los zuecos de las largas correrías, hasta esos z9,patos
tau grandes que·, al azar, se calzan los piés desnudos,
como si el pobre no tu viera edad ni derecho á ser
niño ..... .
. Los GORRIONES.- Y ¿á qué hora ha de venir ese
pequeñuelo? ... , ..
LA CHiMENEA.-A media nocbechist! ..... escuchad!
EL RELOJ (con voz grave). -Dan.. . dan .... dan ...
LA CHIMENEA.-Mirad hacia allá cómo se ilumina
el fondo del cielo ....

Obl cómo resplandecían los techos aquella noche!
Q ue síleucio, qué calma, que claridad subrenaturall
Abajo, las calles negras de lodo, el río pesado de
nieve, y las tristes luces del gas que se ahogaban en
~!-deshielo de los arroyos.
Arriba, en los palacios, las torres, las
terrazas y · las cúpulas·que se perdfan de
vista, sobre la aguja
de la Santa Uapilla,
y en esa multitud de
, tecbos pequeños ó
grandes, inclinados
los unos sobre los
' otros, la nieve cintilaba con mágica blancura y reflejos azulados, lo que hacía de
todo esto una segunda ciudad, un París
aéreo suspendido entre la vida del hombre y la 1"antástica luz
de la luna ..... .
A pesar de que aun no era muy tarde, los fuegos
~st aban ya casi apagados, al menos el humo no se extendía sobre los tecbos. Pero las cbimioeas de las
easas fellces donde cada día la leña arde y crepita, se
reconocían por el círculo negro que tenían al rede&lt;lor, y su soplo tibio subía á la fría. atmósfera, como
€1 alien to de la casa dormida. L:ts otras, rígidas,
surgiendo de entre la nieve espesa, guardaban aún
nidos de la última primavera, vacíos como ellas
-de calor y de vida .... Y en esta ciudad alta y, pudiera decirse, paralizada bajo el níveo manto que las
&lt;:a.Bes de París dividían en todos sentidos como inmensas grietas, las sombras de las chimeneas, desiguales, recortadas y negras como los árboles de invierno, entretejfanse en esas avenidas desiertas, por
-donde jamás ba marchado nadie, excepto los gorriones
parisienses, cuyos pasitos nerviosos dejan hondas sefiales en la nieve cristallzada. Precisaruente en estos
momentos se agita una 1Jandaila de est,as bohemias
avecillas, revoloteando al borde de una gotera y sus
g ritos turban el silencio religioso, el,solemne sileneio de la ciudad de los tecLos, cubitrta completamente por un tapiz de regia blancura, como preparada
para el paso de un rey niño.
Los GORRIONES DE PARIS.-Dlablo! qué frío hace!
No bay modo de dormir. De nada sirve erizar las plumas; la escarcha os despierta y no queda más que
temblar ....
UN GORRION, (desde lejos).-Oé, Oé, veuid aquí
vosotr os. He encontrado una vieja chimenea con cobert izo de hierro, donde se ha hecho fuego muy tarde.
Nos calentaremos muy bien abrigándonos contra ella.
T ODA LA BANDADA,-(vola'lldo hacia la chimenea)
H&lt;1lal es verdad.. . . qué bien se siente aquí, qué
ealorcito. ¡Viva la alegría! Piú, piú, cuí, cuí, cuí.. ..
LA CHIMENEA.-¿Queréis callaros, galopines? Solo
vosotros gritáis ep tal momento, cuando todo se recoge
en el silencio. Ved! el mismo
viento ahoga su soplo. Ni las
veletas se muernn.
Los GORRIONES (más bujo),
-¿Qué es lo
Los GORRIONES (con el ingenu() entusiasmo de los piquebay,pues, lluelos parisienses al mira·r los fuegos artificiales Oh!
vieja?
chic .... . .
LA CHIMELA. HC•ltA (continuando).-Dan, .... . Dan .. . ... Las
NE\. -·Cómo! doce de la nocbe! ..... .
¿no sabéis que
t:Sta uocne e.s

II

LA DiOSA DE LA PAZ EN LA fu YA
( De Life, "S"ew York )

LA DlVISION DEL TRAB \ TO.
arrancaré la cola, si tu te encargas de COI"'

.Francia ,t .Rusia.-Yo le

tarle la cabeza.

51

Lf\ FIESTf\ DE, LOS TEOHOS.
I

en litigio el punto entre los historiado7es, discurrió
bac('r vidrios planos pmne, o y, después, imaginó colocarlos en las ventantis de las casas.
Pero un vidno plano de aquellos tiempos_ apenas
alcanzaba unas cuantas pulgadas y. ~n carnb10 valía
tanto dinero y era tao difícil a.dqumrlu, que su po-

LAS VIDRIERAS PRISMATICAS.

Domingo 23 de Julio de 1899.

Apenas acab i de sonar la última campanada cuando, por todas partes. óyese el retintín de mil campanas que suenan á la vez. B~jo los campanarios encapuchona,dos de nieve, repiquetean á la altura de los
tecbos y como para ellos solo, alternan sus vqces, las
confunden, ruezclan sus repiques con los acentos de
las esquilas, se alejan, se acercan, con esas amplitudes
y desfallecimientos del sonido que el viento trae y
que bacen la ilm,ión de un campanario que voltejea
como un faro.
LA.s CAMPANAs.-Bum, bnm .... Helo allí; es él,
es el pequeño rey niño.
EL vrnNTO. -H ú .... hú .... Sonad recio, mis buenas campanas, á. todo vuelo, más fuerte todavía.
El niíio Dios esta aquí, viene conmigo. ¿No sentís
este buen olor de heno verde, de incienso, de cera
pP.rfumada que traig-o en las alas? ..... .
Los REPIQUES.-Din, din, don ... . Din, din, don...
Navidad! Naridadl

r

EL VIENTO.-Vamos! chimeneas! ¿Qué hacéis ahí
con las bocas abiert:i,s? ...... Celebrad al Díos niño
conmigo .... Cantad, tecbo'l, cantad, veletas!
LAS CHIMENEAS.-Ui . . . Ui .... Navidad! Navidad!
LAs VELETAs.-Cra .... era .... Navidad! Navidad!
UNA TEJA (con entusiasmo).-No .... (En su alegria da wnsaltoy cae á la calle).-Patatrás .... Bisgl
Los GORRIONES.-¡Qué tonta!
LA CHIMENEA. - y bfenl
gorrioncillos, vosotros no
decís nada? .... Este es el
momento de cantar.
Los GORRIONEs.-Pfo,
pío, pío. Cuí, cuí, cuí ....
Navidac! :Navidad!
L.4 CHIMENEA.- Subid
á mi espalda, allí veréis
mejor.

�EL MUNDO.

52

D Jmrngo 2:i de Julio de 1899

EL MUNDO

53

IV

Los GORRIONES (sobre,la chimenea).-Gracias, vieja.
Oh! qué bonito, qué bonito! Todas esas luces color
de rosa., verdes, azules, que danzan sobre los techos.. ..
LA CHDrEMEA.. - Y esa procesión de canastos llenas
de ju~uetes, de cintas, de flores, de bombones, todo
el invierno de París que pasa envuelto en dorados y
colores vivos.
Los GORRIONES,-¿ Quiénes son esos hombrecillos
que llevan las canastas~ Son reyes nlfios también?
LA ca1111ENEA.-No, no; son los kobolds.
Los oORRJONES.-¿Qué dices? e.los .. . . qué?
LA cnrnENEA.-Los kobolds, es decir, los espíritus
familiares de cada casa que conducen al niño á. todas
las chimeneas donde nay zapatitos que llenar.
Los GORRIONES.-Y el Dios niffo ¿dónde está,
pues?
LA cmMENEA.-Es el último de todos, ese pequefio rubillo de ojos dulces, de: cabellos que caen con"ertidos en rayos de oro á su derredor, semejantes á.
hriznas de paja, y de mejillas sonrosadas por el ahe
rrío. Mirad I allí viene: sus piés van desflorando la
uieve biD dejar huella ninguna.
Los GORRIONES.-iQué hermoso es! Parece una
in,agen ....
LA CHIMENEA.-Chist! escuchad ..... .

Entonces las lucecitas se repartieron por todos lados como si se hubiera sacudido sobre la r.ieve de los
techos todas las ramas iluminadas de uu árbol de
Navidad. Niogun11, chimenea se olvidó, desde los palacios rodeados de terrazas y árboles blancos, hasta.
esos pobres techos de
miseria que parecen
sostenerse los unos á.
los otros para impedir
que vengan al suelo.
Bien pronto sobre todas las casas de París
se escucha el repiqueteo de los cascabeles, todos esos ruidos
fantásticos y diversos
que se oyen en los bazares de juguetes, los
balidos de los borregos, la.; quejas gangosas de las muñecas, el frú-frú da las seda~ bordadas,
las trompetas, los tambores, las rodajas de los caballos de posta, los fuetazos de los postillones, la r ueda volteadora de los molinos de viento. '.rodo esto se
agi~aba, desaparecía, retozando á lo lare-o de las chimeneas. DondP. no había niños, el reyecito, guiado
por sus kcbolds seguía de largo; pero algunas veces al
acercarse con las manos llenas, la chimenea cuchichaba con su boca negra: "Se ha muerto, es inútil ....
ya no hay zapatitos en la casa .... guarda tus juguetes, reyecito, porque la madre llorarfa si los viera... &gt;

1

.a

III
En este momento una voz grave y joven, perlada
corr.o la risa de un uifio, resuena en esta atmósfera de cristal que en las
alturas funden el frío y
la luz de la luna. El Rey
ni!'io se dt•tiene sobre en
techo, y allí, de pie, rodeado de todos sus canastos, habla así:
EL DIOS Nn-!O.-Buenos días, techos. Buenos
días mis viejos campa\
narius. Está la noche
tan clara que os veo muy
bien á mi derredor, en
este gran París que
amo .... Sí, sí,
París mío, te
amo porque tú
que ríes de todo, no has osado reírte del p~q uefio Rey, porque en él crees,
tú que no crees
en nada .... Por
eso, ya lo ves,
vengo todos los

Domi.ngc 23 de Julio 1899

A

se alza de Dante, nítida, Rin velo,
entre la hirviente humanidad y el cielo,
la figura talar de mármol blanco.
Ni límite, ni espacio, ni horizonte:

la curva de su vuelo
queda á trechos, ó rota 6 invisible
en enormes fragmento:. por el cielo.
Su sino es irá iluminar; no tiene
el li rmameoto mismo
de ¡¡us alas la rígida medida;
para crear la vi cta
Dios le entregó las llaves del abiHmo.

UN GORRION DE PARIS.-Bravol Voy á. engullirme
á. ese pequeiiuelol.. . .
·
TuDOS LOS GORRIONES -Pío, pío ... Cui, cui. ...
¡Viva el nifiol
u N.A. BANDADA DE CIGÜER A.S [pasando por el cielo en
un la1·go triángulo.-Ua . . .. ua .... ¡Viva Navidad!
EL v1ENTO, arrenwlinando la nieve.-Canta tú también á. al Dios niño . ...
LA NIEVE, muy bojo,-Yo no puedo, p:iro incienso. Ved los torbellinos de fino po1villo blanco que
arrojo á sus canastos, y que pongo en los blondos cabellos del reyecito ...... Es que él y yo nos conocemos mucho tiempo hace .... Pensad que lo he visto
nacer, allá, en el pesebre ..... .
EL VIENTO, LAS CAMPANAS, LAS CHIMENEA~, cantando á la vez con todas sus fuerzas. -i Navidad 1 ¡Navidad l

a!los. Jamás he

EL mos NI1\l'o.-No tan fuerte, amigos míos1 no tan

fal!ado. lle venido hasta durante el sitio ¿lo recuerdas? Bien triste estaba todo. Ni fuego, ni luz, las
chimeneas frías .... los obuses que disparaban sobre
mi, destruyendo loe techos, echando abajo las chimeneas . . .... Y, sobre todo, tantos nlfios que faltaban! . . . . Pero este afio traigo muchos juguetes: mis
canastos vieoen llenos ...... Felizmente no descansaré esta noche. Sé que hay muchos zapatlllos que
llenar. Y traigo juguetes maravillosos, todos franceses ... ,

fuerte. Es preciso que no se despierte nuestro pequeliv
mondo de abajo. Es tan dulce la alegría que llega
cuando no se la. ei,pera .... Entre tanto, sefiores kobolds, venid conmigo sobre la pendiente de los lechos;
es tiempo de comenzar á. hacer la distribución. Solo
que este afio he resueito pont:r en práctica un nuevo
pensamiento. Todo lo más hermoso que traemos, como los polichenelas dorados, los saquitos de seda repletos de bomboues, las grandes muñecas llenas de
encajes .... todo esto deseo que cai~a en los más pobres zapatitos, en las chimeneas sin fuego. en las
bohardillas fríaF, y que, por el contrario, á. las casas
dichosas arrojemos sobre el terciopelo de los tapices,
sobre las pieles pesadas, todos esos juguetillos de á.
centavo que huelen á resina y á made1a blanca.
Los GORRI0NES DE PARTS.-Muy bien, muy bienl
He aquí una hermosa idea.
Los KOBOLDs.-Perdón, pequeño soberano. Con este
nuevo sistema, los pobres serán fel1ces; pero los ricos
llorarán. Y vamos! un niño que llora no es ni rico
ni pobre: es un niño que llora; ¡y es tan t•lste ésto!
EL mos NIRO.-Adelante, adelante; yo conozco eso
mejor que vosotros.... Los pobres se maravillarán de
tocar esos juguetes complicados que les parecen tan
tentadores tras del cristal de las vidrieras y cuyo lujo dorado no aumenta nada á. su valor de juguete, á.
su gracia de entretenimiento. Y ya me parece ver á
los niños ricos, contentísimos de tener, siquiera por
una vez, títeres de 6irtón pendientes de ao hilillo,
muliecas de resorte, todas esas tentaciones de á. trece centavos que se venden en los bazares á. donde jamás hao entrado. Adelante! Hay tantas chimeneas
en París, y la noche es tan corta! ....

Es su destino iluminar: emite
luz como el noctíiuco su llama
en el instante efímero en que ama:
su espíritu er{abundo que gravita
bacía un centro abhcóndito y arcano
&amp;ólo por el dolor parece humano.
Ru

Mas el dolor su espíritu caldea
y la perenne irradiación aviva
del nimbo que en su frente centellea
anhelante cte lauws y de palmais,
se lanza trasponiendo cimas y almas,
sobre el corcel domado de la muerte.
Y como arena que el Simún levanta
en el Desierto, elévase en sus huellas

poi vo sutil de ideas y de estr~llas
que esfuman, en la uoche de la historia,
la pálida vía-láctea de la gloria.
¿ Es un Dios por ventura? De sus labios

Largo tiempo, muy largo tiempo anduvieron erran•
do las lucecitas ...... De pronto, un gallo ronco se
oyó cantar en el fondo de la obscuridad, un hilillo de
luz apuntó el ,:.lanco,día en el cielo, y en un instante la
magia de Navidad se desvaneció. La fiesta había c-:)0•
cluido. La de las casas comenzaba. Y un rmdo armonioso y dulce salló por las chimeneas junto con 'el
humo de los fuegos encendidos. Eran los gritos de
alegrí~, las risas locas de los niños que gritaban:
"Navidad! Navidad! ¡viva la Navidad! ...... " mientras que sobre los techos desiertos el sol que se
levantaba, un bello sol de !nvierno, artiticial y rosado, dejaba caer sus primeros rayos que, al reflejarse
en 13: nieve, hacían elefecto de lentejuela y nácar, de
frao¡as de oro caídas de los canastos del reyecito ... .
ALFONSO DAUDET.

brota el Verbo que deja eternamente
impreso augusto signo
en la tenaz quimera de su mente.
En torno de s·.1 frente,
sol de invisibles mundos,
circula, constelando el tirmamento,
el Zodiaco idea.! del pensamieuto.
Nada calma, ni colma, ni sujeta
su aspiración, ni el tiempo ni el espacio
ocultan ,para El lindero ó meta.
¿Quiéµ' es? ¿Decid su nombre?
¡.Su nombre? Es un poeta ....
Un dios caído condenado á hombre?

*
«Nido de árticos cisnes me parece,
en un azul estanque mi Inglaterra,&gt; ·
dijo el cantor que con los siglos crece.
De la roca en que el nido audaz se aferra
junto al frío y :.iniestro umbral del Polo,
írguese basta el zenit el regio bronce
de Shakspeare el Poeta, el Grande, el Solo.
Su asce11sión llega al punto en que es corona
de su iomóvll cabeza el Sol del Arte;
quizá el cielo natal, Je luz escaso,
esrumó su contorno en triste bruma,
no así su frente de astro sin ocaso.
Tiempo y mar, á sus piés, tóroans~ ei;puma.
Shakspeare ¿quién es? El mundo del ensueflo,
de la pasión y de la risa trágica,
en un hombre sumados, lo pequeño
Y lo gigante, en una copa mág ica
forjada en verbo humano, confundidos.
Ese es el Poeta, y es el Alma
su materia, y en ella está esculpida
su obra en que se amasan llanto y sangre,
Y amor y sumbra y luz y muerte y victa..

*

Frente al bronce británico, en el suelo
de Italia, amor del alemán y el franco,

Así en estatua retornó á Florencia
que en él proscribió un día.
ti..do lo que hay de poesía
.
en la imgustia inmortal de la Conciencia.
Pedestal de la estatua del Proscrito
es la ef.pira siniestra del In tierno;
Beatriz, una estrella en su infinito,
y Ru lira -de fierro y de g ranito,
del porvenir de Italia el nido eterno.

*
Del sentimiento eternizado en arte,
sois dos eimas de luz;~ vuestra altura
en cla)'idad los siglos se amontonan,
así como en espléndida blancura
las nieves que las cúspides coronan.
Más allá. de los soplos de la tierra,
que vuestra obra de pasión embruman,
descolláis á. la par; sois dos Iguales,
y en un solo ideal de amor se suman
vuestros dos dolorosos ideales.

*
Shakspeare á tí la admiración y el canto.
Vedlo en el campo-santo,
triste como el crepúsculo y la duda;
en su mano una vieja. calavera
se torna esfinge, y es tu esfinge muda
¡oh! destino. Y el alma desmedida
de aquel hombre pretende sorprenderte,
arrancando el secreto de la vida,
al diálogo de Hamlet con la muerte.
Sbakspeare á. tí la admiración y el canto.
A t1 que con las sienes palpitantes
de emoción, inclinado, grave y triste,
sobre el cráter de todas las pasiones,
con tu frialdad heroica descubriste,
de la noche del mal en el abis•oo,
los JineamiPntos lívidos del odio,
el miedo, blanco y de sudor cubierto,
los 0jos sin mirada del que ha muerto;
el gemido fatídico que inspira
pavor y la siniestra
risada de agonía de los antros;
el relámpago azul de los aceros,
los ayes last1 meros
del que convulso de doler espira ..... .
Y trémulo te alzabas, jadeante
de enclm&amp; del volcán que el mal encierra,
y contabas . ... Aun oye palpitante
tu eterno cuento de áolor la. tierra.
A tí la admiración. Cual tú, sublime
cantor de los amores,
ni las aves cantaron en los bosques,
ni en perfume su ser dieron las flores.
Si tu clara pupila por ternura
sobre humana, inefable, iluminada
veía al cielo, ensueño del Poeta,
del azul de ese cielo y su mirada
se formaban Desdémona y Julieta.
A tí la admiración.
Colón un dfa,
abandonó las playas espaiíolas,
á lo ignorado er:!derezó el navío,
y aparecióse América en las olas.

J eeúa

Co ntr-e r-a a.

Y tú así, britano,
c:m la infalible brújula del genio
surcaste el mar profundo
del corazón humano
y descubriste un mundo.-

C A NT,-. NUEVO .
Los viejos ideales están muertos! ....
Lloremos pur los viejos ideales,
que cayeron radiantes y triunfales
como el sol, en los pálidos desiertos
'
salpicando dt:. luz los arenales.
Los vlPjos ideales redentores
rle seres idos, y pasadas cosas
cayP.ron, mas también cual los maymes
en s.:s tumbas de nieve, hay muchas rosas
y hay lágrimas que caen sobre esas flores. '
Y del mármol, becbo arte, por sus venas
la sangre de sus venas aún circula
y esa sangre á la nueva se encadena:
d~ Venus en el peplo que se llena
y en la flotante curva cuando ondula.
Mas si es verdad que para siempre han muerto
las imágenes son de las palmeras,
'
cuando el ~ol t oca el borde del desierto:
las siluetas se alargan, colosales;
y al augusto país de las quimeras,
aún r:lan sombras los viejos ideales.
MIGtTEL E. PEREYRA.

En el álbum de la ~eñorita Julia Zárate.
¡Sin duda es e! amor tu enamoradcl
Del ensueño de Psiquis escapado,
Cerca de tí revolotea, busca
Tus ojos garzos, en su luz se ofusca
Y, de tos labios en la flor, semeja,
Al punto en que se posa,
Una fúlgida abeja
Sobre el purpúreo cáliz de una rosa!
F.ERNANGRANA.

EL SONETO.
Para Rodolfo Reyes.

Será su forma des_lumbrante y pura,
Al lento golpe del cmcel forjada;
Y como bella y reluciente e11pada
Tendrá la rima fuerza y ht rmosura.
La estrofa es gema luminosa y dura
Difícil de tallar y ser labrada
'
Mas la idea en su mold,: apri11ionada
Como el d_iamante y el metal perdura.
Han deJado en el bronce del soneto
Lope, Ileredia y Petrarca su secreto·
'
Y su fama de egregios pulidores
Atraviesa en los versos soberanos,
Como en les medallones sicilianos
El desfile triunfal de Emperadores.
EFREN REBOLLEDO,

�Domingo 2~ de J ullo de 1899

EL MUNDO.

54

LOS HOTEL68 MODERNOS DE MEXIO0.
Año VI

Tomo 11

México, Uoming0 30 de Julio de 1899.

Número 5

GRAND HOTEL DE FRANCE.-ORIZABA.-VISTA INTERIOR.

UN HOTEL MODELO.
Orizaba cuenta ya con un establecimiento para los
turistas, digno de las bellezas pintorescas y del clima delicioso de esa ciudad llamada á ser el punto de
reunión de los que buscan en los viajes desLanso, salud y recreo.
Como se ve en el grabado superior, el hotel fundado por M. Luis Leroy, es un edificio perfectamente
adecuado á su objeto. Amplio patio, corredores es-

paclosos, llenos de plantas exquisitas, distribución
cómoda de las habitaciones, con sus puertas independientes adornadas de vidrios de colores, todo contribuye á dar al bote! el aspecto más simpático.
Las piezas son amplias, los muebles flamantes y de
estilo moderno: tienen alfombras y alumbrado eléctrico y todo lo que puede desear en su alojamiento
una familia habituada al comfort.
Hay además departamento de baños, servido
con las atenciones más exquisitas. El comedor, es de
estilo moderno y bien decorado, y la cocina está bajo

gas-!
l

la dirección inmediata del dueilo del hotel, hábil
trónomo, ventajosamente conocido en su especialidad.
A mayor abundamiento las bodegas y despensa poseen
existencias que permiten al establecimiento satisfacer todas las exigencias de su clientela.
El «Grand Hotel de France&gt; está situado en lugar
céntrico, al paso de las tranvías, tiene luz eléctrica y
una dirección habilísima, pues el i::lr. Leroy y su esposa atienden personalmente á los huéspedes proporcionándoles cuantas comodidades pueden desear.

G-RAZIELLA.
CUADRO DE E t'GENIO BLAAS.

,

GRAND HOTEL DE FRA.NCE.-ORIZAB} .-RECA)IARA DEL PJ{lMER l'IiO,

•

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 4, Julio 23</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�EL MUNDO.

Domingo 16 de Julio de 189.9.

Domingo 16 de Julio de 1899

31

EL MUNDO.

30
tUSa como ellos la llaman, hábilmente dirigidos, e~tilde esta literatura dominguera, bajo las_ burdas g
'
medio del sufragio obtener preponderancia.
por
.
· l gasas y las flores de trapo de_ mi revü,ta, q~1~ro que Peneran
los parlamentos y cambiar el régimen soCJa p0 •
se deslice una nota de dolor, como en la bu1\Jc10saco- los procedimientos legales. Esta ~ra. l~ consecuen----------------------------rrient,e de uri río de aguas claras y espumantes, boga cia forzosa de la adopc~ón de los pr_mc1pios democrádeshojado y marchito un asfodelo.
ticos que es la irresistible tendencia de los pueblos.
Lo digo con timidez, ansíoso de que algun~s almas plenamente civilizados.
. . d
buenas lo escuchen, y de que en algunos o¡os brote
Quedan pues frente á frente, los part1danos e 1a .
El mes de Julio, metido en agua, con su sol rabio- una láarima ·deque algunos labios se abran para d:r
ro iedad' más ómenos resueltos á sacrificarla en su_
aso ála or;ción y al suspiro. Sal, vergonzante no • ~ajor parte en provecho de los obre:os, para salvar
so de medio día, su lluvia pertinaz y monótona de la
madrugada, su tormenta ruidosa al caer la tarde, Y ~ia fúnebre, despliega un instante t,u crespón de l_uto la otra arte y hacerse perdonar la nq~eza, Y l_os s~sus noches húmedas y sombrías, es, á pesar de todo sobre la blancura de esta página y huye en seguida, cialistaf ¿y el partido liberal? El vie¡o partido. lieso el mes de·los regocijos callejeros y de las fiestas al rincón de la memoria dondP. aguardan los_ recuer- beral doctrinario el de los Frére-Orban, los Rogier,
al ~ire libre· el mes en que 1as viejas fachadas se ata- dos tristes la lleg-ada ce su redentor, el olv1d_o: Ha los Dupont, ha p~sado á la bis~ori3:; represent~nte _de·
vían con ba~deras y cortinajes tricolores, y se ponen muerto Rodulfo Figueroa, otro soiiador, otro ¡oven, la burguesía ilustrada y const1tucion:i,l d_el tipo msu profuso tocado de diamantes eléctricos; el mes en otro poeta.
lés ue gobernó brillantemente en Bélgica durante·
d
Ab 1 muerte querida insaciable, qué enamora a ~ei~tfcinco al'!os, la trasformación ~ocial lo ha p?uesque la ciudad, que á diario presenta su aspe~to conventual, modificado aquí y allá por los. caprichos_Y estás de los gallardos paladines de la Belleza! En ta~ to en poco tiempo en minoría mJmma. ¿Por qué.
elegancias de la moda, toma, de improviso, un_ aire poco tiempo, en unos cuantos días, has levantado .
Precisa tener en cuenta que una part~, aunque l~de satisfacción, de goce, de salud, de atr~ct1 vo Y dos comensales del festín del ideal. ¡Ob, compañeros, menor, de las poblaciones urbanas y )a mme~sa ma
fresco entusiasmo, como si cansada de su vida mo- ya bay muchos sitios vacios!
..
yoría de las poblaciones rurales, so°: ca~óhcas, en,
Rodul!o Figueroa era un ;¡oeta dehc1osamentesen- Bél ica, por causas eminentemente históricas Y. pornástica, se despojara de los hábitosgrises y, para_entregarse á los placeres mundanos, probara á vestuse cillo y tierno, adorador y cantor perpetuo de_ la na- extfemo difíciles de destruir. Los_ liberales pudl~ron,
turaleza, y que rimaba del modo má? suave_, sm afec- mantener su dominación, (encammada á consolidar
de fantasía.
Dos colonias extranjeras en México, hacen es~e tación, casi sin artificio, todas sus impreswnesd ~n la rosperidad material del ~eino! y lo lograron, y á .
milagro tan admirable como cualquiera de los bíbll- poeta provinciano, cuyos versos empapados e. a co!batir la influencia de la iglesia en )ª ensei'!~nza,
frescura dé sus campos, del matiz glor1_oso de su c:·
co&amp;: la Colonia americana y la fr~ncesa.
no tuvieron tiempo de lograrlo) gracias al ré~1men,
El grupo americano que habita en el corazón de la lo hacían entre los atildados y pul!dos versos. e !1ectoral censitario (sólo el que paga~~ determ1_nada.
Capital y que allí ba impuesto sus _costumbres, ce- lo~ poetas de la ciudad, el efecto de .una rol~1za
t"dad podía ser elector). Los catohcos pudieron
lebra el día glorioso, el cuatro de Jubo, con derroche campesina en compañía de pálidas y ans~ocráti~as ~~n8¡, á pe:,,ar de esta restricción, formar mayoría.
de trofeos y de adornos y con burras, vítores Y ex• mujeres. En Figueroa todo era espontaneidad, sm- con los radicales y derrocará Frére-Orban; mas para.
pansiones de marcado gusto .sajón. El yanke~ que es ceridad, naturalidad. Sus asunto~ eran, po~ lo gene- consolidar su triunfo ensancharon ~l ~uerpo electouna máquina de negocios, un tenaz perseguidor ?el ral, regionales; cosas vistas, emoc10nes sentidas.. Sus
al por medio del sufragio sin restncc10nes'. el sufradollar una constante fuerza acaparadora, un mamá- estrofas cantaban aires de la tierruca. La Mari~ba, r io universal. Asf su triunfo era indefi~1do; sería.
tico f~rmidable de la acción, del movimiento, de la la Sandunga, son composiciones llen~s de un ex~tismo ~reciso para ech arlos por tietra descaGohzar á Béllucha, un cruzado de la riqueza, un ferviente sacer- delicado y fragante. El tm·o salva1e es una pmtura
dote del oro, tiene sus goces rudos, grandes, escanda- decorativa, de grandes proporciones, traza~a. con ad- gi;i enemi&lt;TO estaba en su propia vict:iria: una escilosos, un tanto primitivos, frec~en~emen~e faltos de mirable maestría, y en la cual se ve la pr~ms1ón Y se- sión se prod~jo entre los vencedores; sef?rmó _un_gruproporción y de estét,ica., y que mdlcan bien la ten- guridad del dibujo y la exactitud y el vigor del co0 católico disidente, el de la democraCJa cristiana,
dencia y 1:,l carácter de un pueblo que ~bstr~ído en la lorido.
~n guerra con el católico conservador que, con tanta
.
f
labor de hacer útil y cómoda la ex1stenc1a, se ba
Llamaba, desde luego la atención su _manera ra~- inteligencia y vehemencia, dirije M. Charles ~oes~
preocupado poco de aristocratizar y pulir y ennoble- ca su estilo suelto, su verba rica y fácil y la sonor~- y el grupo socialista hijo también del sufra_g10 umd;d serena de su rima. Claro que dentro de esa senci- versal. Por horror al socialis~o en quien. miran una
cer sus alegrías.
El yankee se divierte con el mismo ímpetu con llez conmovedora, hay un trabajo de art,ífice; pero no doctrina esencialmente enemiga de la hbertad, noque trabaja; gasta sus energías enel placer, _segur? de se nota nada de aparatoso, de forzado, de falso. Pa- sin razón, unos liberales pasaron á los conseryadono agotarlas, y va rumbo al placer con la v10lenc~a Y rece que la estrofa mana de la inspiración como la res· otros bao reclamado, para poder poner en ¡ueg&lt;&gt;
la firmeza que emplea en sus asuntos mercantiles. linfa de las fuentes.
.
.
sus' diseminados, pero considerables eleme~tos, la rePara él llegar más pronto €S el problema; pasar el
Rodulfo F igÚeroa dejó su obra d1semmada ~n pe- presentación proporcional, la representac1?n de las..
día de fiesta en el frenesí del contento, derrochando riódicos y revistas. No ba de faltar mano P!adosa minorías, consecuencia forzosa de t~d~ sistema ~e
á manos llenas, cuanto guardaba de "eprimidos de- que ate en un haz esas flores de la poesía q,mencan~, verdadero sufragio universal. Los soe1ahstas se umeseos y de mal contenidas tentaciones. Beber, cantar, rebosante de aroma, acre y silvestre.: .. Rodulfo F1- ron á lrn, poco~ liberales que bao luchado _por la resa,mdir el al ma y el cuerpo con el estremecimiento
ueroa será entonces estimado y admirado como me- presentación proporcional ó, como también se dice,
de un regocijo amplificado hasta la loc.:.ra; eso es lo ~ece. Te lo llevaste-¡ob querida iosaciablel-cuando contra el vot") uninominal (porque para obtener la,
que constituye su ideal y su aspiración. El ya'Tlkee no aful tenía que hablarnos mucho de sus sueños .. • •
representación de la minoría prec1sa que se reunan
sabe sonreír sino reír; no atina á bromear con los alvarias circunscripciones electoral~s y el "?oletín del
fileres del epigrama, sino quegolpeacvnla ru~a m~za
voto no contiene un solo nombre si_no vanos.) Y, en
* **
del sarcasmo, no afina. sus gritos de gozo, anues bien
La competenciq, del género chico, en A.rbeu y en el hooor de la verdad, el jefe del gobierno conser_vador
los amplia, los sostiene por iargo tiempo, atruena con Principal, hace boy por hoy la delicia. de nuestros Beernaerts, eminente estadista, apoyó con sineeroellos el aire y tal parece que su anhelo es que lle- buenos burgueses. El reinado de la zarzuel~ se_ pro- esfuerzo la tentativa, al grado que cuando fracasó su
guen á la cima de las montañas y desbaraten las nu- longa. La tanda ba tomado carta de naturalización en
intento, abandonó el poder.
bes,del borizon;,e.
van der Peerebon que lo sustituy 5 ha extremado•
costumbres.
.
Esta viril y poderosa alegría, en cuyo fondo se nuestras
y a~í pasamos la vida, y, sin pedir más, nos senti- la política couservadora; ha tratado,. sobre_ todo, ?e·
agita la tierna y sencilla candidez d~ la raza, tr~nsinferir mortales heridas á la instrucCJón laJCa. Y sm
forma el cuatro de Julio en una avemda neoymkma, mos felices.
aparecer como enemigo resuelto de la represen~aclón
las calles de Plateros,
de las minorías, sino aceptándola en determmadasDesde la esquina de la Profesa
circunstanci~s, ba presentado un proyecto de ley
que iba á ser indudablemente votado, en __que resultahasta la puerta del Jockey Club.
ba que sólo los colegios electorales católicos se aprovechaban de ella.
.
.
** *
De aquí ha dimanado 1?- ~renética exaltac1ó~ de:
Diez días aespués, el catorce de Julio, los francelos grupos radicales y soe1allstas y de la población
ses se divierten. ¡Ob, leroi s'amuse! Porque el pueblo
que les es adict'.l. en .Bruxelas y los gra°:des centros.
francés es el rey de la alegria. Nadie como él pa_ra
industriales. El rev, empei'!ado en el éxito. d~l prolos sortilegios de la dicha. Taumaturgo de as trisyecto de Van der Peerebon, saldrá desprestigiado de
tezas, hace con ellos los más hábiles juegos de presla contienda. Ya el ministro retiró su ~roy~cto Y
tidigitación, las más inauditas magias, los _encantamientos más deliciosos. Para el francés la vida es un Revistas Politicas y Literarias. puede entreverse el día en :¡ue el par~ido hberal
transformado reocupará el poder, para h?~ar al sodesierto árido de trabajo fatigoso con su oasis de
cialismo su ali11do de hoy, la batalla defimtiva.
sprit y de buen humor. Para los buenos, las penas de
Su pr~grama no puede ser más justo, más sensa!°'
este mundo tienen por premio el cielo; para los traEn mi última revista preguntaba yo ¿en dónde se
bajadores la monótona agitación de la semana, tiene batP.n? Dos días después me respondía el telégrafo: y más moderno: libertad de conciencia¡ i~d~penden?1a
también su recompensa: el descanso d~l domingo, y en los parlamentos belga é italiaro; en la~ calles de y neutralidad confesional del poder c1v1l;_ 1~struc_c1ón
el catorce de Julio en medio del año, es algo así como Bruxelas, en Barcelona. Se trata pues de guerras ín- laica y obligatoria; igual_dad en el serv!c!o militar;:
un terceto del Paraíso, incrustado en el Purgatorio de timas, domésticas, fratricidas, como se decía en representación de las mmorías; repartición de los.
la Divina Comedia. No es otra cosa la. existencia pa- tiempo de Comonfort; en dos palabras, de guerras at cargos públicos en armonía con la fortuna de los conra un francés: comedia di vertida, fácil, chispeante,
tribuyentes; revisióu de las ley~~ que regulan el concon escenas serias, incrustadas de sutiles y picares- lwme.
y para ir aprisa, vamos por partes, á ver si logra- trato de trabajo y la responsabilidad de los patrones
cas ironías y lances m::ilancólicos que muy á tiempo mos no embrollarnos.
en caso de accidentes; reconocimiento legal de_ ~os.
cortan los equívocos, las alusiones y las salidas inessindicatos profesionales, exte;:¡sión de l?s comicios.
a&lt;"rícolas; medidas encaminadas á, destrmr el ~lcoboperadas!
** *
El francés posee en un alto grado de perfección,
li~mo; desarrollo de las instituciones de crédito poEn Bélgica, como en t,odos los países representati- pular de ahorro y de seguros.- -A ser belgas, mucbosel sentido de la jlracia. l'or eso sus alegrías son tan
elegantes, tan artísticas, tan plenas de encanto, tan vos en plena actividad, los viejos partidc,s fundamen- amigbs míos y yo lo suscribiríamos con entusiasmo.
subyugadoras. Todo lo sabe preparar un francés; pe- tales conservador y liberal, tienden á desaparecer ó
han desaparecido ya: este hecho, como tod~s los ~ero nada como una fiesta.
Está hecho para gozar, y goza sin esfuerzo y con la nómenos políticos, tiene una cau~a ec~móm1ca; _la rn***
propia naturalidad con que iluminan las estrellas y dustria, y en Bélgica es extraord~nar1amente mtenEn
España
los
planes
financi~ros
del gobierno properfuman las flores. El francés tiene muchos siglos de siva, ha creado un grupo en formidable y forz~so cre- vocan resistencias armadas en di versos centros, sobre
cimiento: la población obrera. Como las doctrmas coconocer á fondo los secretos de la alegría.
todo en la separatista y proteccionista Ca~alu!ia. E n
Todo él la respira y la va derramando como un vaso lectivistas ó an?.rquistas (aunque en el fondo perfec- los países en que el régimen parlamentar1_0. está faltamente
antitéticas),
puesto
que
una
otorga
todo
el
colmado de miel. El mundo entero para gozar tomEL
seado por la formación de may_orías artificiales y en
el patrón francés y le pide á París á cada momento poder de distribuir la riqueza a~ E~t~do y 1~ otra su- que la nación no se siente genu_mamente ~epresentaprime al Estado), tienen por prmc1pio co1:1mn la s~una copia de su animación y de su entusiasmo.
presión de la propiedad particular y el odio al régi- da, babrá siempre la tendenma á pro~es.ar á mano
*
men existente, los obreros afiliados en uno ó en otro armada, máxime en un pueblo que trn_ne l_a sangre
* *
caliente, el arma en la TlJano, el pronunc!am1ento en
As!, como escondida entre estas rápidas y alegres bando, reciben el nombre común de socialistas Y en la herencia y cuya fracción industrial está completalugar
de
atacar
á
mano
armada
la
organización
bur•
divagaciones, semioculta en .la pompa efímera é inú-

mente ganada por los socialistas, que prometen realizar un sueño de felicidad lierrestre en el acto que
los obreros se cuenten, comprendan que es suya la
fuerza y bagan uso de ella; lo cual es en puridad una
locura absoluta, por lo que tiene mayor influencia sobre el alma actual de las clases obreras, descontenta,
inquieta, febril de anhelos de goce material y cc,lmada hasta d-.isbordarse de rencor y de odio.
Sin embargo lo que hace el ministro de hacienda,
es lo que todo gobierno español se vería obli&lt;Tado
á
0
hacer en vista de la deuda formidable creada por la
guerra: el presupuesto era poco más ó menos de trescientos millones de pesos (en nuestra moneda, se entiende). Pues bien, el aiío entrante el déficit, á pesar
de la supresión de las amortizaciones y de la reducción de las deudas coloniales, el déficit se acercará á
noventa y cuatro millones. Hay que buscarlos y be
ahí el quid. Verdad es q~e los recursos de España resultan superiores á lo que sus mismos estadistas imaginaban; pero á pesar de eso la suma es demasiado
fuerte. El ministro para consolidar la deuda flotante, operación indispensable en toda reorganización, y
esa deuda sube á más de trescieut")s millones de pesos, anuncia un empréstito interior al 5 p g garantido por las rentas aduanales y del tabaco; y para su
déficit proyecta impuestos sobre la renta de los valores mobiliarios, sobre la exportación de minerales,
sobre el tabaco, el azúcar y los alcoholes. Al mismo
tiempo anuncia la iniciación de convenios con los
acreedores extranjeros para obtener reducciones im portantes. Y con un espíritu realmente de progreso
y orden ha puesto en vigor las disposiciones referen•
tes al catastro, para conocer el valor de la propiedad
y du.1 base segura al impuesto.
Es muy probable que las medidas propuestas por el
minis1 ro ú otras semejantes, pero que todas se sumen
en esta frase: aumento de los in,puestos, sean las únicas
posibles en la actual crisis española; si se disminuyen
á compás de ellas los gastos, y si el manejo es honrado
y si el cumplimiento de los compromisos es religioso,
todo eso lo sabemos por experiencia propia, la restauración de España es segura.
Como era de esperarse, los centros industriales,
porque los pro1ectos del ministro no tocan á la agricultura, gravados por los nuevos tributos y amenazados de una baja de salarios, protestan y se remueven;
la situaci.ín es muy dificil para la pobre Espaila en
bancarrota efectiva, herida, humillada, despojada y
mutilada; ¿tendrá serenidad suficinte para entrar sin
vacilaciones en· el período doloroso y silencioso del recogimiento y del trabajo? Está salvada er:tonces,
nosotros lo creemos y lo deseamos. Y sentiríamos
que el partido liberal provocase crisis nuevas; el partido liberal necesita trasformarse, necesita hacerse
bastante amplio para dar cabida á las legítimas aspiraciones de las multitudes socialistas en su prog1ama y á los republicanos de gobierno en sus filas. Dejt! entretanto al distinguido señor Sil vela proseguir
patrióticamente la premiosa liquidación de la catástrofe y espere la mayoría del rey.

Director: LIC. RAl'AEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA.

***

También se 1-Jaten á pescozada limpia y silletazo
franco en el parlamento italiano y decididamente, como decimos en español los franceses ... . .. de pega,
el parlamentarismo no se aclimata entre lo&amp; latinos,
dicen los pesimistas. Como si en las asambleas americanas é inglesas, y en estos últimos aíios, no hubieran lucido sus bíceps y puños de boxeadores los señores diputado¡¡, Babi El parlamentarismo no es cuestión de raza, sino de educación y de práctica. Ni hay
otra forma constitucie,nal posible en la Europa repubiicana ó monárquica, que esa; allí el presidencialismo, que es el sistema de la constitución americana y
el de la nuestra, se convertiría en cesarismo puro y
el cesarismo es un fenómeno de transición, no de vida normal, porque entonces mata.
El general Pelloux, presidente basta hoy del gabinete italiano, es un hombre honrado un poco aburrido. La discusión de sus proyectos de ley sobre seguridad pública, los proovedimenti como en Roma se dice, ha provocado una oposición frenética de la minoría radical y socialista que forma la extrema izquierda del parlamento italiano. Seguros de que la
mayoría acaudillada por Sonnino apoyaría al gobierno y sus proyectos liberLicidas, como se dice en cliché,
los opositores resolvieron hacer obstrucción; y la han
hecho endiabladamente. El diputado Del Balzo, apurando una sesión entera en una disertación sobre las
constituciones de Esparta y Atenas y las opiniones
de San Agustín y Sto. Tomás trae á la memorla de los
hombres de mi tiempo aquellas sesiones del congreso
que vió morirá Juárez ¿hace un siglo? en que ]os
oradores de la coalición Lerdo-Porfirista, como el
dor.Lor Buenrostro, hablaban seis horas sin interrumpirse para impedir el voto de :as facultades extraor-

EL EXTERIOR.

l
'

L ,

dinarias.

.

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•

Así hacen los diputados italianos; discursos interminables, votaciones nominales á cada momento; lo
mismo. A esto la mayoría y el gobierno responden,
naturalmente exasperados, comü en el parlamento
Inglés, ni más ni menos, cuando la obstrucción parnelist a, con modificaciones al reglamento de debates.
Y como urgía al gobierno refrendar sus leyes de seguridad que son temporales y cuya vigencia termina

en estos días, todo ba sido precipitado, porque todo
era urgente. De aquí la furia; las euménides corrían de curul en curul soplando coraje en el ánimo
de los diputados y al pie de la tribuna se libró el ho~
mérico combate; golpes mortales, cabezas rotas, in•
sultos delirantes, narices aplastadas, representantes
del pueblo más ó menos privados de sentido .... La
verdad es que todos estaban en este estado. Si el general Pelloux se hubiese en aquellos instantes llevado
la mano á la hirsuta cabeza, de seguro &lt;¡ ue los energú menos de la izquierda habrfan gritado: c:m uerte,
muerte, quiere hacerse rey.&gt; Y la sombra de Tiberio Gracco se habría levantado por allí cerca, clamando: es mucho ruido este, dejadme dormir.
Italia tiene bastante vida para sobreponerse á estas calenturas de la atmósfera estival de Roma; es el
impaludismo socialista, no es la malaria.

siast.as de las multitudes que se aglomeraban en
Longcbamps.
Un buen día para la República, en ¡,uma. Y ua.
buen rato el que deben de hat&gt;u pa,ndo los ,respetables comisarios que conferencian en La Haya, al leer
bace pocos días el telegrama del Emperador Guillermo 1I á M. Loubet, después de su visita al buqueescuela francés. Eso, y la correcta acogida., que la expresiva maoit'estación del joven soberano laa ba.llado
en la prensa francesa, ba hecl:lo ver cu:ín profunda- '
mente van cambiando las cosas; h-1.ce diez afios, un
presidente francés que hubiese dado al ffim perador de
Alemania las gracia,; en los términos que M. Loubet
lo b:i. becno, habría tenido que dimitir al día siguiente. Hoy no; y la causa de la paz ba avauzado
más con esto que con los niemmandums eruditos de
los nuncios reunido-; á la graciosa sombra de la Reina
de Holanda.

***
Como era de preverse, á pesar del dcticoncierto rabioso de la extrema derecha de la cámara de diputa.
dos en Francia, un verdadero extremo, un cabo, una
punta monarquista que con gritos é insolencias, algunas veces del mismo tono y jaez que las proferidas
en Auteuil contra el presidente Loubet por el grupo
de degenerados holgazanes compañeros de Cbristiani;
á pesar del enojo moderado del grupo de los ex-monarquistas recién convertido~, los catecúmenos de la
República; á pesar de la oposición resuelt,a del grupo
de liberales que regentea M. Meline, el ministerio
Waldeck-R,.mseau se ba impuesto. Es híbrido, inconexo y basta inexplicable como gobierno de periodos
normales; muy difícil sería y será poner de acuerdo
á Gallifet y á Millerand sobre un programa de reconstitución parcial del ejército y á W. Rousseau y
á Pierre Baudio sobre un programa de inte1 vención del Estado en los conflictos entre sbreros y patrones; no difícil, imposible; por consiguiente este
gabinete de defensa republicana es de circunstancias,
no tiene, no puede, no debe tener día siguiente. Ese
día siguiente comenzará uno ó dos meses después de
la sentencia del Consejo de Guerra de Rennes que dará fin oficial al asunto Dreyfus. Pero es, en toda. la
eJJtensión de la palabra, el gobierno necesario de boy;
el único que por su composición podía agrupar una
mayoría, heterogénea en el fondo, es claro, pero dominada por un sentimiento común del peligro que
corre la República entre la hostilidad más ó menos
latente de la alta oficialidad del ejército y la desconfianza de las masas electoras.
Esta situación es, con torla evidencia, y á pesar de
las denegac1ones de los republicanos moderados, un
preámbulo de guerra civil; seguramente no hay complot y los caballerl,s de l'oeillet blanc que manifestaron contra el presidente parapetados tras de las deliciosas toilett~ primaverales de las señoronas y señorinas en Auteuil, no bao de ser los feroces pretoiianos
que saquen de los pliegues de una tapicería flamenca
á Monsellor el duque de Orleans, para hacerlo rey de
los franceses. Pero el complot existe en la exasperación y la fatiga de los ánimos; un accidente de esos
que son inesperados, que surgen repentinamente,
puede traer una nueva crisis ministerial, esta vez insoluble, la retirada de Loubet y la entronización de
una dictadura militar. Esto sí es una posibilidad,
sobre cuya probabilidad repentina, nadie se hace ilusiones.
Waldeck-Rousseau, que es un hombre no sólo de
superior inteligencia, sino de frío y resuelto carácter,
· un hombre capaz de llevar un mensaie á García, como
dicen ahora los americanos, el día que, durante este
supremo momento en que todos se alarman y vacilan,
sintiera que sobre un asunto que juzgare de primera
importancia, la mayoría de la Asamblea popular le
escapara, no tendría empacho en disolverla, en uso
de sus atribuciones legales y de acuerdo con el Senad0, y apelaría al país elector. Lo acabamos de 1•er:
con motivo de una furiosa interpelación al ministro
socialista, encaminada á hacerlo saltar de su puesto
en el gobierno, el presidente del consejo intervino,
habló, asumió con su gran palabra la responsabilidad
de los actos de sus colegas, definió sin una sola línea
esfumada ó vaga la solidaridad de los individuos del
gobierno, pidió un vot,o de confianza, obtuvo una mayoría imponente y en el acto clausuró las sesiones de
la Asamblea. Esperamos que no la convoque hasta
que la sentencia del Consejo de Guerra baya sido
pr-0nunciada.
Entretanto, el general De Gallifet, á quien todos
aconsejaban que suspendiese hs fiestas militares del
14 de Julio, y á quien el Consejo Municipal de París
babia pretendido facilitar este camino con un voto
en favor del descanso de los soldados en ese día, se ha
negado cránement, así es él, á este acto de debilidad
y la guarnición de París,~on su nuevo jefe á la cabeza, el flamante gobernador militar Brugere ba ido á
hacer los saludos marciales de costumbre al Presidente de la República, y al ministro que sostuvo con
su ma~nífica prestancia, su reputación de primer ginete de Francia y el prestigio del oficial herido mortalmente en Puebla, del general que substituyó á
Margueritte en las horas supremas de Sedan y del terrible debelador de la Comuna anarquista deParís, lo
que no ha sido parte á privarlo de los aplausos entu-

KL 14 DE JULIO.
Quie11 quiera formarse idea exacta de la riqueza y
magnificencia de París, quien se proponga medir la
amplitud de las vibraciones y de los transport€S del entusiasmo, quien quiera darse el incomparable espectáculo de una inmensa masa humana, a.ni mada de un
sentimient&lt;&gt; noble y grandioso, debe ir á París y asis,
tir á la gran fiesta nacional francesa.
El 14 de Julio es un símbolo, el dela emancipación
y de la redención humanas. A la luz de la filosofía de
la historia la toma de la Bastilla es· un hecho relativamente insigni!icante. Propiamente Lablando, la
Bastill.i. habh. sido tomada mucho antes. Buenos
aiios hacía que el tirano se desentendía de su papel.
Los calabozos estab,m vacíos y las LETTRES DE CACilET
eran ya puramente un mito. .M:arat mismo se ba encargado de demc,strarnos con documentos incontestables que no hubo tal asalto y que la fortaleza fué entregada por sus guardias y no toruada á viva fuerza
por el pueblo. Pt:ro en todo caso, al apoderarse de la
Bastilla, por bien 6 por mal, el pueblo parisiense derribó un símbolo material y viviente, si bien ya inofensivo, de la pasada tiranía. Su triunfo, antes que
material, fué moral; el golpe, precisaruente por -ser
teatral, impresionó el espíritu francés y ese solo episodio creó más revoluciones que toda la lilosofía de
Rousseau y todas las arengas incendiarias de Danton
y de Camilo Desmoulins.
La Francia republicana, hija legítima de la idea
revolucionaria de 89 y de 93, dió pruebas de singular
acierto al elegir entre todas esa fecha para conmemorar el advenimiento de la libertad.
Para celebrar tan fausto suceso, la Fnncia toda y
especialmente París se visten de gala. El pabellón
nacioual ondea en los palacios como en lc,s tugurios.
El gas y la electricidad deslumbran la vista en las fa.
chadas de todos los edificios públicos y privados. Córtanse á porfía todas las flores de las campiñas, despuéblanse los invernaderos de sus maravillosos y ex,
traños ejemplares, codeanse las orquídeas más extrangantes con las más humildes violetas y la riqueza
y el gusto se disputan los honores de aquella decoración sobrehumana. La Plaza de la Concordia ciñe su
gargantilla de luminosas perlas, el Arco· de Triunfo y
el Troca.dero perfilan con la luz en el espacio los lineamientos de su arquitectura, el terrado de las Tullerías se corona con las luces multricoloras de los fuegos artificiales como diadema de zafiros y rubíes,
atruena el estampido del callón los aires, LA voz DE
DJOs se eleva imponente y magestuosa en medio de
aquel oceano de luz, surcan el 8ena multitud de barcas empavesadas y vibran las azules ondas del río con
el eco de las orquestas y de los cantos como en una
fiesta veneciana; resucitan todos los esplendores de
las satrapias orieotal~s y de todas las fantasías de
los principados italianos medievales; sola la estatua
de Strasburgo, velada, enlutada, cubierta de fi'me
bres coronas permanece muda, taciturna y triste es
perando el día de la anhelada emancipación.
Entretanto, allá en medio del campo, en el centro de un panorama incomparable, al aire libre y bajo un sol esplendente, desfilan todas las fuerzas vivas y todas las esperanzas tle la Francia. El ejército
francés regenerado va á ostentar su disciplina, su
porte marcial, sus brillantes atavíos y su formidable
armamento ante el gobierno y ante el pueblo. Los
regimientos más selectos de todas las armas, infantes, dragones, artilleros, de gran gala, rígidos y alti vos bajo el uniforme que los honra, van á demostrar al país que aún vive la Francia y que aún es capaz de hechos heroicos.
La multitud amontonada en las tribunas ó diseminada por valles y collados espera ansiosa aquella
imponente manifestación. A lo lejos, en los linderos
del bosque, á lo largo de las calzadas, en los puentes
que atraviesan el río, todo es brillo de sables, de cascos, de corazas, y flamear de estandartes; las negras
baterías de Bange y de Canet, insectos colosales y

�32

F.T, MUNnO.

Dom_~ go 16 de Julio de 1899.

Domfn¡l'ú 16 de Julio 1899

33

EL MUNDO.

UNA LECTURA MEMORABLE.

,

En mis primeras mocedades, cuando contando más
de doce otullos no completaba diez y seis, tenía una
afición extraordinaria á la lectura de entretenimiento; las novelas eran mi pasión dominante en esos mis
tiernos y felices años. Andaba siempre á caza de
-ellas: su amena lectura me curaba del tediosfsimo Nebri ja y del incomprensible Bouvier. Excuso
o eclros que mi atición á e.-.os libros nada. tenía de estudiosa; su lectura era para mi de mc:ro pasatiempo,
nada sabía en esa época de principios literarios ni en
mi wollera babia uo sólo grano de eso que puede llamarse criterio estético; nunca pasó por mis mientes
la idea de juzgar el libro que t'Staba leyendo, ni siquiera me lijaba en el nombre del autor que con los
partos de su ingenio llenaba el vacío de m1 ocios, y
qoizá mi simplicidad llegaba á tanto que: mi inteligencia en agraz no hubiera podido forruarse una idea
-exact a de lo que es un autor de novelas.
Entretenimiento y más entretenimiento era lo único que yo buscaba. eu mis asiduas lecturas: me bo;.
gaban las narraciones estupendas; me suspendía el
r c:lato de odiosas y bien mauejactas intrigas; me parecían de perlas aquellas relaciones de crímenes aoominables con tanta sangre f1fa concebidos, con tanta
resolución ejecutados, y descubiertos después con
tanta pe rspicacia. Cumu nada me percataba yo entunees de sucesión de siglos, de distinción de épocas
sociales, y del continuo cambio de ideas y de constumbres cuyo coojunto constituye la evolución bumaoa,
-creía candorosamente que aquellos sucesos acaecían
-en realidad, sólo que se representaban en esceoario
más previlegia.do, más rico, y mucho ·mejor decoraque el tranquilo recinto de ml humilde ciudad
Del.tal.
No era posible que por las, pacíflcas calles de la corta ciudad en que 1,rans,;urría mi intaocia, trans11,a,.
.ran misteriosos embozados, las casas de los moradores de aquella villa tranquila nada tenían de muraoas fortalezas, no encontraba por más que lus buscaba ni los rosos, ni los puentes levadizo:s, ni siquiera
la alta y enrejada. ventana por donde e11 las altas huzas de una noche de luoa., asomase, eclipsándola, la
blanquísima. raz de una dama semejante á las heroínas de las novelas que yo lefa; pero estaba persuadi&lt;lo de que pasando la8 wontallas que limital.ian el hori%onte de mi ciudad natal y ca.minando muchas, muco1:simas le~uas, se pudría llegar al país de los prodigios, á la. región de las hermosas quimeras, á la
t,ierra fé rtil ~n estupendas aveot,uras, á una comarca,
en lin, donde pasa.sen como cusa corriente suce8os
aemejanws á aquellos cuya narración me deleitaba
taoto.
.l!:n mí peq.iella ciudad no abundan los libros; habla
agotado cuauto de novelas contt:nla la limitada bi-,
blloteca de mi abuelo, y cuanto del mismo género
tenían wis conoddos y awigos; me había echado á

MEXICO MODERNO.

ºº

,---------------

-

CASA DEL

SR.

IlARTM.1.M.-CALLE DR LAS FUENTES BnoTANTES.

-~----

CASA DE LA VDA. DE D. JosE MARIA DEL Rro.-C.~LLE DE L.\S FOENTJ:S BROTANTES.

�EL MUNDO.
cuestas casi todas Jas de aquel novelador feouo~o, las
de a uel narrador mágico que se llamó AleJandro
Dum4.s babia del padre, que el hijo no salía aúo de
las ma~tlllas literarias, ya ha?ía recorrido de cal10 ~
rabo sus generacio~e'S intermrnables de suce~os aºº
velescos uLos tres mosqueteros' ' "Veinte anos ~spués " ,;El Viscondede Bragelonne, ,, "Las memonru:
de ~n médico" "El collar de la reina, " IIAnge
Pltou " ºLa c'ondesa de Cbarnyt'· 11 El caballero ~e
Casa É.oja/· ó como si dijéramos, había co~ocldo . a
novela bisabuela, la abuela, la. madre, la b1Ja y aun
la nieta, y ya casi no me quedaba ~ue leer.
Ansioso como ca.mi nante extraviado que busca e1
sendero corría en pos de nuevas novelas más escasas
cada ve~ cuando uno de tantos días tropiezo con una
lectura. ~xtraiia, estrambótica, extravagante; en nada
se parecía á lo que yo había leído, y sin embar~o, me
causó hon:lislma impresión: co1;a. extraordinarrn.; en
mis lecturas anteriores sólo encontraba el f_útll placer
de seguir el hilo de la narración, y en el hbro á que
me refiero no sólo hallé sabroslsimo gusto, aunque
de una fndole extraña, sino que me hizo pensar,. me
hizo sentir el Contacto de la realidad, y por la pnmera vez de mi vida adquirí en sus admirables páginas
una idea aproximada de lo que es la vida real.
Todo en ese libro me pareció desudado, tuera de lo
común: su tamaño, su pasta, su papel, sus caracteres
tipográficos sus ilustraciones y lo que representaban,
y sobre tod~ su contenido tan diverso de c_uanto yo
conocia basta entonces y que me causó :ma 1mpresi.ón
ue no pude detinir. Los libros que yo había leído
iran voluminosos, estaban empastados á la holaod~sa;
su papel era blaoquislmo 1 terso y lustroso, Y lo impreso estaba dividido en pequellos párraros; las ilustraciones de esos libros consistían en imperfectos
grabados comparados á los "clichés" de ~uestros pe•
riódicos y lo que esas ilustraciones dibUJaban, eran
duelos ;ntre denodados espadachines, era un bandido,
ó un asesino que como cruenta ave de raplila caía
sobre la degcuidada victima, ó una dama privada de
sentido que era llevada en brazos de un caballero ~e
larga espada colgada,.¡ cinto y de sombrero empl~mado encasquetado á la cabeza.
Nada de esto habla en el llbrtto raro que me encontré : era un pequello volumen, su pasta estaba to•
rrada en fina piel, sus hojas eran de un papel tieso
que t iraba á pergamino, el texto, impreso en dJminutos y correctísimos caracteres, se dividía en largos
períodos, no en cortísimos párrafos.
y las Ilustraciones muy notables, tanto por la llmpteza del dibujo como por lo extraño de las compostciones· en todas sus lámtnas había un escuálldo personaje' caballero en un rocín flaquísimo y un grue6o
rústi~ siempre acompai'Iado de un maosísimo borrl.
co, los personajes. secundarios eran venteros, arrieros,
ú otra gente menuda y las escenas representadas te•
uían más de comedla ó de satneLe que de !ragedta,

hacJendC' reir mejor que temblar. Ya eran granizadas de piedras que llovían sobre el pobre bldalgo, ya
era el labrador n\sttco que desnudo de medio cuerpo
arriba azotaba sin piedad: los árboles de un bosque,
mientras que allí cerca. el armado escuálido estaba. en
cnclillas pasando por las manos las cuentas de su rosario: en otra el avelJona.do hidalgo y su barrigudo
acompanante se destacaban en primera línea en la
situación más extraf'ía, pues con los ojos vendadGE,
montaban un tosqufslmo caballo de palo, mientras
en su derredor 5e veían gentes queconhachas encendida~ ó con fuelles se burlaban Jindamente de aquel
par de simples.
¡
Respecto al contenido de aquel libro m~rav11 oso~
•qué podré decir, sino que á pesar de mis tiernos
~ños y de mi falta de gusto literario, me parecM bellísima y me impresionó proruodame1_1te? ¿! cómo
nó, si aquel libro que un teliz azar tr~J~ á mis manos
era el clogenloso btdalgo Don Qui¡o¡e de la Matcba. &gt; Pasó el tiempo, avancé en mis estudios, ~ude
explicarme la rara impresión de que he hablado. supe que ese libio era considerado como una de las más
esclarecidas producciones del ingenio humano; supe
que las naciones civHlzadas llevan más de dos siglos
y medio de leerle, de aplaudirle, de ad~irarle, de
anotarle de comentarle; supe que había sido traducido á to'das ]as lenguas cultas y que se habían hecho
de él incontables ediciones. Por lo que supe Y por lo
que me ptt.só cuando sin instrucción le leí, colegi que
su priocipal mérito es: regocijar al _i~noraote y al~a•
bio, al adolescente, al adulto y al vie¡o, en hacer d!scurrir al iliterato y en inspirar profundas medttaclO•
nes al erudito y al pensador. Como seduce ~1 sol con
su brillo, tanto al rudo campesino para qmen no es
más que un disco de ruego, l:omo al sabio astrooómo
que ha medido, que ha pesado, que ha_ analizado ese
grandioso centro de nuestro sistema, e1 glorioso 1ibro
de Cervantes lo mismo admira á los que nada saben
ue á los hombres del más profundo i,aber.
q He leído libros calificados unánima_mente de obras
maestras: como la e Divina Comedia,, el e Paraíso
perdido,&gt; cLa Mesic1.da, el cFausto,&gt; Jas tra_gedJasde
Shakespeare y otras obras monumentales, pero al
leerlas mi espíritu tba dispuesto á admira r, pesaba
sobre él la opinión de los hombres, ~o se encontraba
ya virgen de doctrinas !iterarlas y hbre de toda_ au torizada opinión como cuando leí cEI Qul¡ote,&gt; DI sabía ni me importaba saber que era un gran Jtbro.
lte~nocer el mérito extraordinario de aquellas obras
maestras de la llLeratura fué en mi !'ruto tardío d_el
estudio, mtentras que el del Quijote saltó á mis o¡os sm
que lo tmpldlera mt Ignorancia.

PAL,\CTO DEL GOBIERNO EN PRETORIA.

PORFIRIO PARRA.

Domtngo 16 de Julio de 1899

Dommgo 16 de Julio de 1899

EL

~r u:--nn

35

=
=--_
:,:

=EL PRESIDENTE KRUGER YEL GOBIERNO DEL TRANSVAL.
Ya tienen conocimiento nuestros lectores del con.
fltcto existente entre el Gobterno británico y el de la.
República del Transval sobre las lranqutclas que demandan los Ingleses residentes en la 1 eglón mtnera.
de ese pafs. La cuestión en substancia se reduce á
que los Ultlanders pretenden ciertas franqulctas polltlcas con las cuales se harán dueil08 del
país, pues su número, la riqueza con qut:,
cuentan y el carácter emprendedor y ambi•
cioso los hacen con mucho superiores á los
genu inos ciudadanos d,el Traasval.
No obstante lo inrructoso de lasconferencla.R celebradas entre Mr. Krüger, presidente del Transval, y Mr. M.ilne~, representante
del gobierno tnglés, el gobierno de Pretoria hace lo posible por contentar las aspiraclones de las Ultlanders y de una ú otra
manera es seguro que éstos acabarán por
absorberá los Boers tragándose el país cuyo
oro tienen y cuya domtnaclón adquirirán por
buenas ó por malas, apoyados como ..:Stán por
un gobler110 ante el cual toda rei,tstencla,
por .heroica que sea, de foe transvaleses, no
producirá otro resultado que acelerar la
agregación de esa República al vasto Imperio Brttánlco.
Ultlmamenteha surgtdo un tncldente nueve en esta cuestión. Los americanos que por
sangre y simpatías están dispuestos á aliarse coa los togleses [nos re!ertmos á los americanos que residen en la República Sud.
Africana, J recibieron la orden de alistarse
y tomar las armas en defensa del país para
la emergencia de una guerra contra Inglaterra. Naturalmente la altiveza americana
no ha becbo esperar mucho tiempo la res puesta al Gobierno de Mr. Krüger el cual no
podrfa esperar nada favorable de los norteamericanos que tomen las armas si á ello se
les obllgua, pues las volverfan contra el
mismo q tre las pusiera en su mano.
En nuestras ilustraciones se ve la figura
bíblica (de biblia protestante) de Mr. Krliger vestido á la usanza, que no es muy pari•
siense, de los valles sud africanos, habitados por virtuosos pastores tudescos, tradicionalistas y pacíficos sin dejar de ser muy valientes cuando llega la ocaslón,-basta el día
en que 1.10 prospectar britano descubrió prodigiosos bolsones de oro, atrajo la inmigra•
cJón inglesa y norte americana y encendió la
codicia del gran tmperlali&amp;ta Mr. Rhode,,
quien ya quis~era Yer desbaratado hasta el
~om bre do la R epública.

- .

EL CoHANDA.NTE MARCDAND ACLAMADO POR EL PUEBLO EN

La mella de M
archand á su ciudadnatal.
La prensa tnglesa ha hablado también, aunque en
tono de crítica, menudeando observaciones irónicas
sobre la vuelta de Marchand. El Lmdmt News, entre
otros pertódlcos que hablan del asunto, dice
que en los festejos con que Re ha recibido
al explorador, hay más deseos de sacar á plaza las pretensiones !ranceaas á los terrlto•
rlos domtna dos por Fasboda, que admtraclón por el ilustre vtajero. Hay un engallo
en e8ta opinión: muy bien puede ser que el
pt\bllco francés aproveche las demostraciones al héroe del día para lanzar uno que otro
venablo envenenado contra la victoriosa y
odiada Inglaterra; pero tambtén es cierto
que el pueblo de la capital y del mediodía
de Francia ven en Marchand un ídolo, un
glortoso vindicador del maltrecbo ejé1cito
y un nombre que oponer á los que después
del sesgo que ha tomado el asunto Dreyfus
enarbolan en sus pendones de combate los
partidarios del elemento civil y los que no
se resignan á que caiga el país en mano.s de
un césar militar.
No puede negarse que á pesar de sss lmpetuosld ades, el público francés no aprovechó los festejos de la recepción de Marchand
para entregarse á desabogos
¡,ellgroso,, tanto desde el punto de vJsta. de un conflicto Internacional como en lo rela•
tl vo á lasdiffclles y angustiosas luchas interiores.
El Mayor Marcband desembarcó en Tolón el l º de Junio,
y al llegar á París se le recibió oficialmente en el Ministerio de Marina, acompa•
Dándolo el Ministro de ese
departamento y el de las Colonias al Ellseo, en donde M.
Loubet le dtó el parabién por
sus atrevidas cuanto- poco
fructuosas exploraciones. Se
le han colgado al pecbo cuantas medallas puede llevar, y
es seguro que pronto se Je da•
rá algún puesto colonial ó adrninistrativo de importancia.
Las sociedades geográficas no
sólo de Parls, sino de Londres
7 de las otras ciudades europeas Importantes, &amp;e disputarán el honor de recibirlo corno conferencista de moda.
EL COMANDANTE MARCJIAND. {:&gt;E UN R.li,'TRATO PUBLICA.DO EN

-

TIIOJSSEY,

Entretanto, el Mayor Marcband ba quertdo hacer
una visita á Ja ciudad de Tholssey, en la que era,
cuando emprendió su vtaje á las Colontas, bumtldo
amanueose de notarlo. Entró tri un talmente áThots..
sey en coche descubierto, acompaflado por su padre
y por el Alcalde de la ciudad, saludado por la reglamentaria Marsellesa, que t&gt;jecutó la fanfarria
de la que en Otro tiempo formó parte1 y acJa ..
mado por sus patsanos. En el Palacio del Ayuntamiento se le puso otra condecoración, la del
Valor .Militar, en nombre del pueblo y una
medalla que le ofreció laUoión Patrióttca del
Ródan('I.
Al dlrt¡,:trse al lugar en que se ledló un banqueLe de 1,400 cubtertos los estudtantes lyoneReS, pretendieron desprender el tiro de caballos
del landau, llevándolo ellos mtsmoa en peso.
Nada raltó en la fiesta, y como es de rigor, ya
corren por ahí las anécdotas más ó ruenos conmovedoras como el saludo que dlrtgtó el examanuense á su antiguo patrón el uotario,
quien presenciaba con s11 familia la gloriosa
ovación que se le bacía al que anos atrás rectbló má• de una reprimenda por sus descutdos
caligráficos, cuya causa hoy se conoce, pneR el
joven aprendiz de notario se distraía de sus
obligaciones sallando con viajes y aventuras
coloniales.
Tamblén se cuenta otra anécdota, en la que
la generosidad jeJ Mayor Mar.
chand se dlscuttrfa si todos
tuviesen presente que el des-interés no es sincero sino
cuando, como dice el Evangelio, la mano izquierda igner
rala dádiva qt1e bace la mano derecha. Pero sea como
fuere, el hecho es que los
15,008 francos que Je otorgó
como premto la Soctedad de
Ctenctas Morales y Pollticas,
• pasaron por donativo del Ma~
yorMarcband álas cajas dela
Liga Marítima Francesa.
De vuelta á París, el Mayor Marcband ha visto aumen•
tar en vez de disminuir el en•
tusiasmo con que lo aclama•
ban las multitudes. En las
fiestas del 14 se presentó en la
Revl&amp;ta de Longchamp, montando soberbto caballo y seguido de una escolta sudanesa.
Como era de es;,erarse, lasa ludaron con frenéticos aplausos que no cesaban sino hasta
INGLATERRA.)
que se perdla á lo lejos.

�EL MUNDO.

36

771

==

Domingo 16 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

DUQUE

DE LOS A IHlUZZOS

retumba el eco, la montaüa gime
con med_rosa inquietud la re1&gt; sal;aje
escapa sin cesar de risco en risco
se oculta la avecllla entre el ram~je
en su ?ueva el reptil, basta en su aprisco
la oveJa se acobarda, y solamente
el águlla caudal, cuya pupila
sonda la inmensidad, vuela tranquila
sobre las turbias aguas del torrente.

lV

TEITTEETE QUARINI.

ÜAPITAN HUMBERTO ÜAGNI.

DOCTOR ÜAVALLI, DE LA MARINA RE,\L DE ITALIA,

------------------------------------------------------------------------------------------ ·--------------------------------------------La ciencia debe á los cometas el servicio inmenso de la
tentativas que la e.'lpecie humana ha hecho pa- invención del pararrayos, hecha mediante un cometa de
Los cometas de vauel y la meteorología.
ra enseñorearse del espacio, han tenido el mis• papel por el gr,rn Franklin; ahora va á deberles la retorm,r
~- Camilo Flammr.rióo, el poetadelaAstronomía,
dijo alguna vez, hablando de los prooóstlcos sobre fenómenos meteorológicos, que todos los que se blcle•
ran tenían que resultar forzosamente fallido,, ó si se
cumpliesen, sería. debido á la casualidad y en ningún
modo á la ciencia. ¡, Por qué~ Por la sencilla razón de
que ha sido Imposible estudiar los fenómenos atmosféricos de una maner·:1. extenS'4, g~neral y profunda
para descubrir y codi6car las leyes que rigen su
producción y que indudablemente deben existir,
puesto que en la Naturaleza nada sucede caprlcbosamente.
El Rey de la Creación, á pesar de su majestad, está arraigado á la costra terrestre por la doble tiran la
de la pesantez y de la debilidad de sus pulmones. De
manera que el hombre no conoce de las capas atmosféricas sino una porción íntima y precisamente la
más alterada y modificada por su contacto con el
mundo animal á cuya existencia subviene.
De tiempo en t·empo suele lanzarse valiente y os'ldamente el hombre á la conquista del aire y de sus
secretos; pero la má'l gráfica y lastlmo.i,a de las caídas
le recuerda que desde !caro basta la fecha, todas las

I~s~t:':¼t:.S'!'Oe REG!eTR.U&gt;ORES DE LOS C;)METAS.

37

ta en la que Ee d!Rtinguló por su valor y sangre frfa,
y por último, el Dr. CavaJll, médico de primera clase de la Marina Real de Italia.
El Duque dirilr!ó personalmente y CúD sumo cuidado los preparativos.
Tripulan su buque, la «Estrella Polar,&gt; dos marinos italianos de larga experiencia, cuatro guías de
montail.a, diez marineros noruegos que conocen los
mares del Norte, y un esquimal que sabe dirigir los
perros de los trineos. Lleva además veinte perros de
Arkangel.
En cuanto al equipaje se compone de 1:iOO cajas de
encino que contienen vest!dos, víveres é Instrumentos científicos, y dos globos con sus aparatos de gas
, construidos en Parfs.
La «Estrella Polar&gt; levó anclas en Cristlanía. el lunes 12 de Junio. Despu~s de abordar á la tierrc:1. de
Francisco José, el Duque de los Ab:uzzos procederá
por etapas, marcando su ruta con pc,stes que le servirán de indicación para la retirada en caso de fuerza mayor. Calcula que su expedición durará tres
aíios.

UN PRINCIPE REAL EN EL POLO NOR1'E.

s. A. R. el Prfncipl' Lnls di- Saboya, Duque de los
Abruzzos, sobrino del Rey de Italia, é bi;o de Amadt'o ex-Rey de F.spaña, emprende una conquista pacífica, la élt'l Polo Norte.
Tiene 2(i ail.ns el nuevo explorador, e!l CaplMn de
Fragata y ha dado dos veces la ,,uPlta al mundo.
Su aspecto no indica la tuerza física requerida pa•
ra estas aventuras. Aunque si nos atenemos á las
pruebas de resi~tenr.ia y de valor q,1e ha dado, á nadie causará extrañeza q ueqnien intentó y llevó á cabo
la ascensión al Monte de San Elías de Alaska. sea
ca,&gt;!lZ de Invernar entre los hielos polares, y de inscribir su nombre y clavar la bandera italiana en el
punto m:ts avanzado de las reglones árticas.
El nombre dt• suscom pañeros cuyos retratos 11amos
también porque van :í i;er famosos y muy comentndos
dentro de PoCO. i;on &lt;'I ayuilant&lt;' del Príncipe, Capitán
de Corbet,a Humberto Oagni, oticial valiente ~ instruido; el Teniente de navío, Conde Quarlni, cuyos
conocimi&lt;'ntos filológicos de poco le servirán en el
Polo Noru· como no le sirvieron en la guerra de Ore-

Domingo 16 de Julio de 1899.

mo tin y remate: perder las alas cuaudo menos. ele la meteorologla. Bienvenidos sean los cometas-obserY ~'lammarión sabe mucho de ésto, como que
es uno de los aereonautas máR osados que por vatorios.
arrancarle á la atmósrera sus m lsterlosas leyes,
ha expuesto innumerables veces la existencia
en peligrosa.'&gt; ascenclones, sin lograr otra cosa
que el convencimiento de su impotencia lealmente con resada.
En efecto, para llegar á un resultado práctl
cosería preciso que en un mi1,1mo momento ascendieran incontables aereonautas en toda la
superficie del globo, para realizar observaclo•
nes simultáneas del estado de la atmósfera,
muchas veces en medio de las más rudas
tempestades, y ésto, particularmente la ascención en momentos tempestuosos, es perfecta.mente imposible para su majestad el hombre.
Sin embargo, no es tan irónica la majestad
humana, puesto que tan maravillosamente sabe suplirá la debilidad de su carne con la incontrabtable fuerza de su espíritu. No puede
reorganizar en per&amp;ona la hazaña de recorrer
y escudrll'!ar el espacio, pero Inventa aparatos
lnsensibleR á la Inclemencia de las ~Itas reglones atmosféricas, victoriosos de la pesantez y
que con toda fidelidad vienen á contarle lo que
sucede en un mismo momento, y en mil lugares
á la vez, y á millares de metros sobre la superficie de la tierra, y aun cuando reine la más
furlcRa tempestad.
Actualmente la meteorología ha roto las cadenas del em plrlsmo para entrar de lleno en la
experimentación directa, substituyendo las hipótesis con hechos.
Para las observaciones de 3 á 18,000 metros se
mandan los globos SIN AERE0NAUTA, pero provistos de toda clase de instrumentos registrad1Jres automáticos, de maneraqueásu regreso traen
las temperaturas, las presiones, la dirección y
fuerza de los vientos, muestras de aire y vistas
fotográficas de lo que viel"on metro á metro del
espacio recorrido por ellos. el que también viene registrado en una brújula. adecuada.
Para las alturas menores de 3,000 metros, se
mandan cometas ó papalotes, provistos de iguales mP.dlos de observación, cuyos model.:is damos, y á los cuc:1.les se deberá que en tiempo no
lejano ya no se bagan los calendarios con pronósticos del tiempo como los usuales: «tal dla
CoMETAS OBSERV.A.TORIOS.
lloverá .... ó no lloverá.&gt;

I
En soPtaria y eminente roca
de los montes cantábricos, altiva
ras~a el espacio y en las nubes toca
v!eJa torre feudal. La peña viva
de donde arranca el resistente muro
con tan diffcil corte el paso ::ierra,
que no existe castillo más seguro
coronando los riscos &lt;ie la sierra.

II
El pefión que le sufre, en dos partido
por un extremo está, cual si de un tajo
en formidable lid le hubiera hendido
el hacha de un titán, de arriba abajo.
Silvestre helecho y trepadora. hiedra
los bordes cubren de la herida piedra
por cuya enorme cavidad sombría '
SUrge e_spantable y prolonga'.lo grito,
como s1 aquella mole de granito
.se doliese del golpe todavía.
III

Es la voz del torrente fragoro~o
que se despefla de escarpada altura
Y al pasar por la estrecha cortadur~
del cast!llo reudal, muralla y foso, '
se arremolina, se ret.wrse, choca
Y salta, enfurecido y espu.:noso
como el mar por las quiebras de la roca.
&lt;Juando acrecienta su raudal la nieve
que derretida de las cumbres baja
Y los cimientos sólidos conmueve '
del cerro, Y piedras y árboles descuaja
ante aquel es_¡)ectáculo subl!me
'

El castillo, elevándose imponente
como un fantasma en el picacho esc~eto
Y sobre el negro tajo por do corre
revuelto río, el levadizo puente
con cadenas fortísimas sujeto
como un esclavo á la almenad'a torre
todo infunde en los ánimos respeto ,.
Resalta el ancho Y ostentoso escud~
- S?bre la puerta gótica, en la parda
pied ra_ por toscas manos esculpido,
y_de pié en el umbral siniestro y mudo,
vigila el puente y sus contornos guarda
un soldado con aire de bandido.
Aumentan el misterio y Ja pavura
de aquel lugar inexpugnable y rudo
la monótoma voz del centinela
'
que las traiciones de la noche bbscura
siempre temiendo, sin descanso vela·
Y en bandadas los cuervos agoreros '
que, al volver d~ los próximos pina:es,
buscan las hendiduras y agujeros
de aquellos murallones seculares.
V

Era una tarde de Noviembre, helada
como la mano de la muerte; espesa
niebla cumbres y valles envolvía
Y estaba el m1,nte sumergido en ~sa
confusa claridad, tenue y velada
como el vago crepúsculo del día
Ton débil era y apagado el brlll~
de la pálida luz, que compartía
su lm~erlo con la sombra; á suR reflejos
amort11:{uados, en el fondo oscuro
de la sala espaciosa del castillo
se destacaban sin color los vlej~s
y anchos sitiales de tallado roble
que adornaban la estancia, y en el muro
relucían los bélicos arneses
el férreo casco, el colosal m'andoble
?ruílldo escudo y rígida coraza,
'
Junto á la armada testa de las reses
que t:l personal valor cobró en el noble
y arriesgado ejercicio de la caza.
De propincuo lugar. como el ornato
principal del salón, cuelga un tablero
donde inhábil pincel trazó el retrato
del m1gnffico y alto caballero
glorioso tronco de la ilustre c~
y enfrente de él en su sillón de c~ero
con los piés arrlm,ados á la brasa
'
que dejó en el hogar ardido tuero
manchado por ia crápula y el robo'
el Sdiior del castillo, IIernán el Lobo
,como le llama el general espanto, '
:ahogando estaba su conciencia en vino
Y no muy lejos su afligida esposa
·
:hilaba sin hablar, deshecha en llanto
el rublo copo de encamado lino.
'

VI
Mil amargos recuerdos en profuso
tropel cansaban su memoria, en tanto
que entre sus dedos resl)alaba el buso
¡Con qué dolor! pero también ¡con cuánto
enamorado arán clav:i.bc:1. ansloRa
sus húmedas pupilas de bito en bito
en la faz descompuesta y borrascosa'
de aq~el malsín que embruteció el delito!
Y él, rnsenslble á todo, el cuerpo laso,
balbuciendo palabras desacordes
Y una vez Y otras cien vaciando ~l vaso
lleno de aflejo vino hasta los bordes
evn el rostr? encendido, la mirada '
atónita Y vidriosa, el sentimiento
anonadado y la razón turbada,
me1.cla11do &amp;in cesar un juramento
á su insensata y bronca carcajada
ni áun reparaba en la !nfellz aqu~lla
que á su maldad encadenó el destino
p~ra amarle Y llorar, sola en el mundo;
y1c~lma desdichada que atropella.
rnd1terente y fiero en su cammo
como la flor de las alturas bue!!~
el oso montaraz. ¡Con qué iracundo
y bárbaro de.i,dén Hernán la abruma!
Mas ¡ay! hundida en su mortal congoja
sufre en s!lenclo y cual la flor, perfuma'
el pié que torpemente la deshoja.

VII
¡Oh! ¡si supiera odiar! .... Pero no sabe
No sabe, no, su espíritu sereno
·
lo que es rencor, ni en su apacible seno
la ruin pasión de la venganza cabe
En medio del horror que la rodea ·
tan sólo el bien su corazón desea '
y cual la ~ieve que en la excelsa 'cima
conserva 1nmaculada Ja blancura,
cuanto más su conciencia se sublima
más se destaca inalterable y pura. '
1Cuán suave y dellcada es su hermosura!
Como el murmullo de los bosque11, grata
suena su dulce voz: la misma queja
en sus labios de rosa es un halago.
Toda el alma en sus ojos se retrata
que su pupila transparente deja '
escudriñar _el fondo, y como un lago
la luz del cielo en su cristal refleja.
llaz de rayos de sol es su cabello
que al deshacerse en ondas, ilum'ina
los nobles hombros y el desnudo cuello.
¡ay! ¿por qué misterio que no alcanza
a mente á descubrir, tan peregrina
beldad, pone su gloria Y su esperanza
en una bestia indómita y jañina?
Busca el cootras~e el corazón humano
con insaciable sed: Ja tierna Aurora
cede á esta locl!nac!ón que la domina.
En sus noches de !nsomnlo intenta en vano
torcer su voluntad, y gime y llora;
bien conoce que es pérfido, Y tirano,
Y codicioso Ueroán; pero le adora.
Le ado~a, Y sigue con amargo duelo,
cual hoJa seca que arrebata el río
por do la lleva su pasión bastard~.
Mas ¿cómo no, si basta en el mismo cielo
tiene el sér de la tierra más impló
un ángel que, ante Dios, le escuda Y guarda?

flas

�Domingo 16 de Julio de 1899.
Domingo 16 de Julio 1899

'"'

EL MUNDO.
38

Vlll

llora de los recuerdos, que en las trías
nocbes en que el pesar nos enageoa,
con las gratas memorias de otros días
no endulzas, sino agravas nuestras pena¡
tú cuya voz como to visible espada
n~ lle_si:a al corazón, ¿qué la decías?

¿No de~pertaste en su abatida mente
las muertas dicbas de la edad pasada
como uo1:} angustia más de la presente?

•Av si! Que alguna.vez, la infortunada,
~"0~6, sollo1.ando, en la inHnita_
a~solación del alma que la aqueJa,
los bre,·es goces de la ansiada cita
en que geoti.1, apasionado y tierno _
Herná.o, al pié de la imponuna re;a,
rendido le juraba amor eterno.
•Cómo negar el merecido pago
su ruego ardoroso? ¿Cómo, esquivo,
vol Yer el rostro al hisinuante bala.ge,
y cómo resistirá su embeleso,
si eran en él cada mirada un vivo
rayo de luz y cadll. frase un beso'!
Todas las tardes, cuaado ea la alta. sierra
desmayaba del sol la roja lumbre,
solo y á escape ea su corcel de guerra,
al tra"és de la lólrega eRpesura
Hernán ganaba la. riscosa cumbre.
Hin que estorbaran su certero tino,
ni el bitio agreste 1 ni Ja sombra obscura,
seguro rle si propio y del caballo,
~1olaba, cuma raudo torbellino,
sal va.ndo abismos y cruzando bren.as,
entre las cbii.pas que arrancaba el callo
del ágll bruto á las cortantes penas,
pard tanzar:;e, al !in de su camino,
con el trupulso desatado y ciego
con que desborda la corriente brava,
allí donde ella, en contenido fuego,
t!wida y palpitante le esperaba.
¡Qué sceilosl ¡Qué coloquios! ¡Qué arrebatos!
¡Qué éxtasis de pasión! ¡Qué horas aquellas
tan venturosas ¡ay! como fugaces!
¡Wn qué re renovaban, insensatos, .
á la indecisa luz de las estrellas,
sus tiernas riñas y su~ dulces paces!
¡Cuántas veces la luz de la m-1.ñana,
ni aguardad4 por ellos ni sentida,
inundando de pronto la ventana,
puso fin á su lorga despedida!
¿Cómo no compatar la pobre Aurora,
en la nocbe terrible de su vida
y en el tedio mortal que la devora,
el bien sollado á su desdicha cierta?•
Y ¿cómo no llorar, si su espera.nza.,
como paloma á quien el hierro alcanza,
desde el cielo al ablsmCI cayó muerta?

1

IX
Aquel Hernán que despertó en su seno
amor ton infeliz y tan profundo,
estaba allí, como el reptil inmuudo
que se ravuelca en pestilrnte cieno,
abrum·-\d0 de crímenes, be0do,
sin luz en la razón, sin re en el alma,
y tranquilo quizás .... ¡Nol que entre el lodo
jamá.s conserva el corazón su calma.
¿Quién tiene de los réprobos la clave?
¿Engendran las blasremias en su boca
la impiedad ó el esp•nto? ¡Dios lo sabe!
¡N•d• hay estéril en el mundo! Crece
el musgo humilde en la desnuda roca,
entre hielos el liquen aparece;
arraicra el pino en la rasgada grieta
que a°bre la lluvia en el peñón tajado,
sobre las tumbas el ciprés vegeta,
y el miedo en la concieLJcla del malvado.
X
¡Cuán banda, cuá.n fatídica tristeza

inspira aquel salór:! Encenegado
el licencioso Hernán en su torpeza,
y ella entregada á vanos desvaríos,
Juntos están en soledad medrosa,
como dos muertos que en la misma rosa
yacen mudos, inmóviles y fríos.

XI
De pronto, con estrépito la puerta
abri óse, y un pastor recio y m~mbrudo,
de torrn rostro y de expresión incierta,
pentitró en el salón. Rústico sayo
de pieles sin curtir, con tosco nudo
ceiildo i\ la cintura, era su traje.
Paróse en el umbral, miró al soslayo
con la. Inquietud curiosa del salvaje,
y luego, destocando su cabeza,
enmaraílada como bosque e.~peso,
avanzó Dacia Fernán. La triste Aurora.
disitnular no pudo bajo el peso,
de su terror, la femenil flaqueza,

y aturdida quedó, cual queda. el ave
al sentir la mirada abrumadora
del ra¡&gt;az ga,,iJán, en ella tija.
Heroán 1 con gesto reposado y grave,
quiso ponerse en ple¡ pero en mal bora.
Volcó su torpe esruerzo la vasija
de blanco estaiio, que el licor ardiente
encerraba, y C')n cómica sorpresa.
esparcirse le vló como un torrente
de rutilante sangre por la mesa.
-¡Cuerpo de Dios!- refunfuñó impaciente
-el diablo en mi camino se atraviesa.y descargando su toroide pui'io
sobre el t,ablón nudoso:-;Habla, por Cristal
balbuciendo exclamó:-¿Qué pasa, Nuilo!

xn
-¡Escuchadme v sabréis! Por la ca.nada
del puerto de las V!boras he visto
buen golpe descender de gente armada.dijo el zatio, clavando l~ mi rada
.
oblicua. en su señor.-Son mercaderes,
muy precavid&lt;JS van I pero no creo
que den pruebas de aliento ea un _apuro.
Marchan revueltos hombres y mu1eres,
y juzgo, si no miente mi deseo,
la lucba fácil y el botin seguro.
Diez mulas llevan de poder .v brío,
rendidas bajo el peso de los lardos
que en vuestras cuevas bacinar ansío,
y exploran ol te .. reno dos gallardos,
ágiles y rob,ustos montañeses...
-Quisiera-exclamó flernáo-que me dtJeses
cm\nLos los hambres son.-Gente no taltarespoodV&gt;le el past.or.-Mas cuando asalta
el lobo algun redil, ¿cuenta las reses? -Nuno, tienes razón: fuer&amp; cobarde
reparar en el número-repuso
el fiero Hernán con desdeñoso alarde.
Da vil codicia disipó el cooruso
vapor, que sus potencia~ envolvía,
como súbito viento de la tarde
barre las brumas, aclarando el día,
y alzóse con indómita energía,
parecido al león, que se espereza
sacudiendo su crin deF-ordenada,
cuando siente, al t1avés de la maleza!
el resoplido de la presa ansiada.

XIII
Arrasados en lágrimas lrns ojos,
trémula incierta y sin color Aurora
á. los piés de Ferná.o cayó de hinojos,
y con la voz de la mujer que implora
y acaricia á la par, voz que se~eJa,
vibrando de c1.nsiedad y de canño,
del bien amado la sentida queja
y la inocente súplica del niñ o:
-¿Qué Vas á hacer?-le preguntó-¡Insensato!
y él, mirándola. airado y cejijunto,
prorrumpió con estúpido arrebato:
-Hilad, senara, en paz que no es asunto
propio de flacas bembras el que trato.Exhaló la infeliz sordo gemido,
y de sus manos se escapó la rueca
como asustado pájaro del nido.
Volvió otra vez á interponer su ruego;
pero con rrase dominante y seca,
t.an seca como el ái.pero chasquido
del azote que al siervo despe.daza: . .
-¡Bastal-gritóle Hernáo, de rabia ciego,
ó juro á Dios que os pongo un¡i. mordaza.-

XIV
Bajo el torpe rigor de la amenaza,
ella temblando obedeció. Profundo
y lúcrubre silencio, tan sombrío
com~ el que cerca al triste moribundo,
en la estada feudal reinó un instante,
que allí también desamparado y fr!o
espiraba dd angustia un pecho amante.
-Casi es seguro-con feroz sosiego
el rústico siguió-q UI:! aprovechando
la ocasion, despoj emos á maasal va ..
Hernán mlróle con fijeza, y luego
le preguntó i-in respunderle: -¿Cuándo
pasar los vi~te?-¡Al despuntar el alba!Nufio le contestó. Como la fiera
ola del mar, que con murmullo blando
suavemente acaricia la ribera,
hasta que oi;;ada ráfaga de viento
su furia excita y su quietud altera,
Hernán alborotóse de improviso,
y yendo Dacia. el pastor, que sin aliento
le contemplaba atónito y sumiso,
cólerico exclamó:-¿Cómn, menguado,
acudes en tal hora á darme aviso?
Si rtices la verdad, ;,dónde,bas estado?-Tened pierlad de la flaqueza míadijo Nui'io turbado como un reo
delante de su juez, y las palabras
temblaban en los labios del espíe:

-He llegado hasta aquí, dando un rodeo,
por donde acaso las monteses cabras
no estamparon su huella todavía,
y la razón de mt tarda □ za es esa.-¿ Y por qué uo vea ir por el atajo?prt'guntó Heroán.-De mi valor respondoel pastor replicó bajo, muy bajo:
-Mas ¿quién se dttermina á tal empresa1
¡Pasar junto al abismo en cu~o rondo
vos! ... . ¡Im¡&gt;0siblel-Y i.e erizó la e.~pe~
tiel\'a de sus cabellos.-;.Qulén se arrimat
c..:uantos se adelantaron a,1,re,·ido~
d~cen que &amp;aleo de la horrenda sima
maldiciones, sollozos y alaridos. Nuño calló, sus e.r..pantados ojos
giraban en sus órbitas obscuras,.
como acosados tigres entre abroJOS,
cuando audaz cazador los acomete
en su propio cubll.-¡Mucho q,veoturas!
-gritóle Hernán.-De mi p·eseucia véte, 1
v pide á Satanás que los alcance.
Que ~¡ por tí se nos malogra el lance,
bi tu incuria mis brazos encadena
y vuelvo sin botln de la jo_rnada,
óyelo bien, te cuelgo, á mt llegada,
para pasto de buitres, de una almena.-

tnliUlmente auxilio, y sólo escucha
¡8 voz de la borrasca bramadora,
aunque distante de la amiga playa,
lucha. sin esperanza, pero lucba,
y mient ras tiene vida no desmaya,
tal la Inocente y desolada Aurora
pretendió resistir de aquella fiebre
nunca saciada el sanguinario intento.
--¡Ayl-con amar¡;to y penetrante acento,
gi mió, abrazada á su verdugo:-¡Esperal¿No ves, si alguna compasión te inRpira
mi amor , que me asesinan tus desvfos?y el monstruo, rechazándola con ira,
- ¡Cansada está!s!--la contestó-¡Moriosl-

XIX
Soltóse con tal impet,u y coraje,
que Aurora vino á tierra trastornada,
y más que el golpe la dolló el ultraje,
aunque bien ad vlrtl l la desgraciada
que por su rostro pálido corría
la Rang re con las lágrimas mezclada.
De pronto, el sol atravesando el velo
de la niebla sutil que le cubría,
vertió, desde el ocaso, sobre el suelo,
su luz, más bella cuanto más t.ardfa.
Un rayo melancólico y furtivo,
pasai:do por los vidrios de colores,
bailó la faz de Aurora, do su vivo
y t rágico terror estaba impreso,
como st conociendo sus dolores,
aquel rayo bajara pensativo

XV
Despavorido el rústico y absorto
ante el horrible gesto·y la mirada
de aquel malvado, del tntierno aborto,
fuése alejando, basta ganar la puerta,
con vacilante paso y faz miedosa :
y al encontrarla en su camino abierta,
i·á.pido se escurrió, como el impuro
y cobarde reptil por la mui.gosa.
y húmeda grieta de vutusto muro.

EL MUNDO.

por mandato de Dios á darle un beso.
Inmóvil y tendida sobre el duro
pavimento de piedra, cual yacente
estatua de un sepulcro, confundida,
cada vez más siniestro y más oscuro
entrevió el porvenir, y no en la frente,
dentro del corazón sintió la berida.
Abatidos sus músculos y flojos.
postrada la conciencia, entumecida
la voluntad, y en su mortal quebranto,
la. ciara Juz de sus hermosos ojJS
nublada por 1a sangre y por el llanto,
trató de incorporarse, mas no pudo,
y el amor, y la pena y el despecbo
con invisible y apretado nudo
abogaron los sollozos en su pecho.
Desesperada, loca, ea su tnfiolto
y rebelde pesar, una y tres veces
el seno hirióse y cou vibrante grito,
-¡Ay!-dljo ciega de furor:-¡Maldito
corazón, que ni olvidas ni aborrecesl-Iba á seguir; pero el rumor confuso
que levantó en el patio la mesnada.,
término y fin á su~ lamenoos puso.
Heló sus venas de la muerte el frío,
y fijando en el cielo su mirada,
-¡Tea-murmuró, quedando aletargada.compasión de ellos y de mi, Dios mío!

ya con su luz dudosa y fugitiva
doraba el sol los picos de la sierra,
y lentamente por la mustia alfombra
de los oteros y cana.das, iba
subiendo y espesándose la sombra.
-Era ese instante de suprema calma
e.n que se exting-uc de la tarde el ruido
y en sus tristezas se recoge el alma.
Cuando el grave y patético tafildo
de la campana los espacios llena,
y con lengua metálica y sonora
dice al mortal:-suspende tu faena:
Dios te ofrece el descanso hasta la aurora. Cuando !arma y color se desvanecen,
t
bajo el silencio, las tinieblas crecen,
y el campesino á quien el cielo avis•
que interrumpa su rústico trabajo,
á la luz del crepúsculo, indecisa,
guía y conduce por estrecho atajo
su man1,a yunta á. la cercana aldea,
do amtt.nte madre 6 diligente esposa,
solícita prepara y cariilosa
sano alimento en el bogar que humena.
Cuando en pos del reposo apetecido
busca el redil en el seguro prado
la dór,tl res, el labrador cansado
su pobrt casa, el pájaro su nido,
y las pérfidas sombras el mal vado.

XX
GASPAR NUNEZ DE ARCE.

Cuando la bulliciosa comitiva
atravesaba. el puente en són de guerra,

XVI
-Yo amansaré tu conrHción vlllaoaIlernán refunfuñó.-¡Mal tinte auguro!
Y abriendo de repente una ventana,
-¡Ilola!-gritó con estentóreo acento
á la chusma del patio:-Que la trompa
con su bélico sóo los aire:; rompa,
que mi rojo estandarte ondule al vleuto.
No quede mesnadero, ni ,·asa.no
que á mi tormal mandato se. resista,
ó1 ¡vive Dios! que sentirá m1 fallo,
Ya la caza en el término se avista.
¡Son miserables corzos! ¡A caballo!'
¡Todos en marcha! ¡Todos tras la pistalDijo, y oyóse el sordo clamoreo
y el alegre bullicio de las gentes
que se aprestaban al infame ojeo,
y á, poco rE-"tumbaron estridentes,
por valles y montañas, los sonidos
de la trompa marcial. Ya en su escarceo,
los potros al combate apercibidos,
relinchaban fogosos, golpeando
con sus herradus cai:cos la ancha losa,,
y Heruán, que estaba á la ventana, cuando
vió soltar del rastrlllo la cadena,
se dispuso á partir.

Pero su esposa,
sobrecogida de zozobra y pena,
abrazóse rreoética á su ~Gello
como si el miedo la aumentara. el brío,
y casi e,tinto el último destello
de su débil razón:-¿ Dónde, bien mio,
dónde vas?-prorrumpió. -¿ Por qué me dejas
sumida en esta angustia que me acaba'!y reía Ja mísera y lloraba,
y á la vez palpitaban en su boca.
ayes, suspiros, ósculos y quejas.
-¡ No te mancbes en saogrel ¡Te lo pido
por tí, por mí!-clamaba como loca,
y era triste su voz como el gem!do
de un arpa que se rompe. -¡Ay, vida mía!
no te condenes á suplicio eterno,
que á donde tú no estás, está. mi infierno,
y á la gloria sin ti renunciaría. -Escucbábala TI.ernáo como un idiota,
extraño á todo sentlmienoo, mudo
pero sombrío, y reprimiendo el llanto,
ella con frase apresurada y rota
por su amor, por su duelo y por su espanto:
--¡Necia de m!!-afladla--,_por qué dud o
tte tu cariño?-Y con tebríl empeño
más y más estrechaba el dulce nudo
con que opr!mía á su inseaslble duefio.

XVIII
Hernán, repuesto ya de la sorpresa,
y obedeciendo á. sus instintos vtles,
desabrido exclamó :- ¡Callad, señora!
que no bao de bacerme abandonar la empresa
súplicas ni lamentos mujeriles.Como animoso náufrago que implora

UNf\ Ff\REJf\ DE 5Nf\MORf\DOS.

1

Un trompo y una pelota se encontrg,ban reunidos
dentro de una caja de juguetes.
--¿Por qué no bemoF. de casarnos, dijo el trompo
coa languidez, ya que de todos modos da la casualidad que hemos de vivir juntos?
Pero la pelota era orgullosa, esta.ha forrada de riqufst mo tafilete y se tenia. por seiiorita de alto vuelo,
por lo que ni siquiera se tomó la molestia de contestarle.
Al día siguiente al muchacbo, dueno de los juguetes, se le oourrló poner al trompo que era rojo y amarillo una punta. nueva de cobre, de suerte q11e cuando
bailaba era una maravilla ver los destellos que producían sus magoíticos colores.
-Mírame, mírame, le decía á la pelota; ¿ qué te
parezco? Vaya, ¿nos casamos? Creo que hemos nacido el uno para el otro; tú saltas y yo bailo, ¿puede da.rse una pareja más feliz que nosotros?
--¿DP. veras? contestó la pelota con ironía. ¿Ignoras que mis padres futron unas soberbias zapatillas
de tafilete? ¿No sabes que tengo el cuerpo lormado
de corcho de Es pana?
-Está bien, repuso el trompo; pero ten en cuenta que yo soy de caoba y que el autor de mis dias es
el burgom':lestre en persona, quien en sus ratos de
ocio se dedica á labrar toda clase de objetos al torno,
s;. iendo yo, modestia aparte, una de sus obras maestras.
-Es cierto lo que dices? preguntó la pelota ua
tanto menos esquiva.
-Que nunt,;8, más pueda bailar, si falto á la v~rdad? exclamó el trompo.
-Veo que sabes expoaer tus méritos, pero así y
todo tu proyecto es imposible; yo estoy algo comprometida coti una golondrina. Cada vez que me elevo
al aire, asoma su cabecita fuera del nido y me dirige ·
una declaración muy tierna. Hace ya mucho tiempo
que be concebido el secreto propósltv de entregarme
á ella, y en este concepto me considero ligada por un
trrevehlable compromiso. Así pues, ya vez que no
puedo accederá tus pretensiones; estiwo mucbo tus
sentimientos, y aún te prometo que no be de olvidarlos en toda mi vlda.
--Algo es esto, sin dnda. repuso el trompo lleno
de tri~Leza; pero no basta á consolarme.

Tales fueron las últimas palabras q ... e cambiaron
el trompo y la pelota.
Al d!a siguiente, el muchacbo poseedor de los juguetes tomó la pelota y la arrojó al aire. L• pelota
volaba rauda como un pájaro, y se ·remontó tanto,
que el trompo llegó á perderla de vista; pero al poco
rato caía al suelo para ser despedida nuevamente. Al
caer daba un sorprendente bote, ya fu1::!se porque intentara saltar basta el nido de la golondrina, ó efecto sencillamente de la elasticidad y porosidad del corcbo de E•paila.
A las nueve veces de elevarse se quedó por el camino y desapareció. En vano el mucbacbo buscó y
escudriñó por todas partes; no pudo descubriI la menor huella de su pelotst y no tuvo más remedio que
darla ¡,or perdida.
-Bien sé yo por donde anda la picara, suspiraba
el trc.mpo; estará en el nido con la golondrina y ya.se
habrán casc1.do.
Y cuando más pensaba en esto, má,s pesaroso se
ponía. Es que nunca babia sentido por la pelota una
pasión tao grande, como desde que ao podía verla.
Lo que la atormentaba sobre todo, sin darlP. un instante de tregua, era la idea deque i:;e hubiese casado
con otro.
Sto embargo, el trompo cont.tnuó dando vueltas y
hacieodoron- ron, si bien que bailando ó sin bailar, tenia íljJ en su mente el recuerdo de la pelota, que en
su imaginación i:,e presentaba cada vez más bella y
seductora. E:ite estado vino á ser en él lo que ha
dado en llamarse una pasión inveterada.
El trompo babia perdido la juventud y un día le
doraron las rayas y costuras, cambiando de dueño.
Jamás babia sido tao hermoso: daba gusto verle dar
vueltas y trazar espirales, brillante como un astro.
¡Con qué alegria zumbaba! ¡Ah, si la pelota tubiese
padido verle en su nuevo estado!
En tan sabrosas reflexiones, trope~ó con una piedra y fué despedido lejos, desvaneclénrlose y eclipsandose. En vano lo buscaron por todos lados, incluso
por la bodega en la cual hubiera podido deslizarse
p1.,r un tragaluz; no supieron dar con él.
1,Sabéis dónde estaba? En el cajón -de la basura,
cubierto de polvo, mondaduras, desperdicios de col y
otras lamuajlcias repugnantes.

-¡Ay de mí! exclamaba. ¿Qué será de mi her•
maso dorado, en medio de la morralla de la escoria
que me rodea? ,Tendió la mirada á su alrededor y
vió entre unas bojas de ensalada., una bola, que
habría podido tomarse por una manzana podrida, y
era una pelota medio consumida y saturada de Lumedad, por haber pasado algunos afias colgada en un
canalón.
-Loado sea Dios, dijo al ver aquel tronco doudo: por fin encuentro á. un ser de mi misma especie con qui en será posiblP conversar un rato. Talcomo ;.ne ves, amigo trompo, yo tengo el cuerpo de corcbo de España y estoy forrada de tafilete, por cierto
que me cosieron las delicadas manos de una bella senor!ta. Esto es tan cierto que nadie podrá ponerlo
en duda, por poco que se tome fa, molestia de examinarme. Has de saber además que estaba en vísperas
de casarme coa una golondrina, cuando por una rataHdad de la suerte, me arroja.roo á. un canalón, en donde be permanecido colgada durante cinco anos. ¡Mira, ay de mí, cómo me ha puesto la lluvia! ¡Mira qué
hincbada y fea me be vuelto! ¡Figúrate qué suplicio
tan cruel no había de pasar durante ese tiempo y en
tales condiciones una senorita bija de buena familia
como yo! ....
El trompo no respondió una palabra; estaba meditabundo, pensando en su antiguo amor y adivinando
muy bien que aquella pelota era el objeto que babia
Inflamado un tiempo sus deseos juveniles.
En esto se presentó la criada para irá vaciar el cajón de la basura.
·
•-¡Toma! dijo, aquí está el trompo de los oii1os.
Y corrió á traérselo, recobrando el sufrido juguete
su antigua gloria. En cuanto á la pelota rué arrojada á l• calle.
Inútll es decir que el trompo ya no volvió á bablar
nunca má.r; de su antigua pasión. Su repugnancia rué
tan grande, que cuando vió á la pelota inyectada de
agu¿ y lodo, pestllente, destripada y llena de arrugas, aparentó no haberla visto en Eiu vida.
ÜR1S1'1AN ANDERSEN.

�Domingo 16 de Julio de 18911

EL MUNDO.

40

Año VI-Tomo II

México, Domingc- 23 de Julio de 1899.

Número 4

.,..,

MEXICANAS.
G-UA.DA.LUPE
[Para el Doctor Manuel Floree, quien me pidió unos versos nacionales\

Con su escolta de rancheros,
diez fornidos gu_errilleros, y en su cuaco retos611
que la rienda mal aplaca,
Guadalupe la cfiinaca va á buscar á Pantaleón.

su rebozo de bolita
y una saya nuevecita y unos bajos de charol;
Con su faz encantadora más hermosa que la aurora
que colora la extensión,
con sus labios de carmines
que parecen colO?ines y su cutis de piñón;

Pantaleón es su marido,
el gaiíán más atrevido con las bestias y en la lid:
faz trigueña, ojos de moro
y unos músculos de toro y unos íirpetus de Cid.

Se dirije al campamento donde reina el movimiento
y hay mit-Ote y hay licor;
porque ayer fué bueno el día,
pues cayó en la serranía un convoy del invasor.

Cuando mozo fué vaquero
y en el monte y el potrero la fatiga le templó
para todos los reveses,
y odia mucho á los francese;; y cien veces lo probó.

Qué maliana tan hermosa! cuánto verde, cuánto rosa
y qué lind!t, en la extensión
rosa y verde, se destaca

Con su silla plateada,
su chaqneta alhamarada, su vistoso cachirul
y su lanza de cañutos,
cabalgando vencos brutos, ¡qué gentil se ve el gandul!

con su escolta, la chinaca que va á verá Pantaleón!
AMADO JifERYO.

1899.

Guadalupe está orgullosa
. .
de su prieto, ser su esposa le parece una 1lus1on,
y al mirar q;:e en la pelea .
.
Pantaleón nu se pandea, grita: ¡viva Pantaleón!
Ella cura á los heridos
con remedios aprendidos en el rancho en que nació,
y los venda en los combates
.
con los rojos paliaeates que la pólvora impregnó.

***
En aquella madrugada todo halaga su mirada,
finge pórfido el nopal
y los órganos parecen candelabros que se mecen
con la brisa matinal.
En los planes y en las pellas, el ganado entre las breñas
rumia y trisca mugidor
azotándose los flancos, y en los h1ímedos barrancos
busca tunas el pastor.
A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto
que desgarra su capuz,
.
van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas
irisadas por la luz.

Y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas
de calor, pringan el plan
Amapolas, maravillas, zempoalxochitls amarillas
y azucenas de San Juan.

***
Guadalupe va de prisa, de retorno de la misa,
que en las fiestas de guardar
nunca faltan las rancheras
con sus flores y sus ceras á la iglesia del lugar.
Con su gorra galoneada, su camisa pespunteada
su gran paúo para el sol,
'

LOS FUNERALES DEL BENEMERITO C. BENITO JUAREZ,
la mailana del dfa 23 de Julio de 1872,
(DE UNA FOTOGRAFIA DE LA EPOCA)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Comandante Marchand</name>
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EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

�16

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.

LA SEMANA

'i.

SobrP mi mesa de trabajo un libro de versos está
abierto, desflorado, con algunas bojas dobladas en
las puntas y algunas pá6 inas con señales en el margen.
Lo he leído con avidez. Acaba de llegar, no hace
aún dos h oras que el cartero lo puso en mis manos, y
ya lo conozco, y ya me sé de memoria la mitad de un
romance, y ya, aunque precipitadamente, me dí_ cuenta de su valor. Para mí vale mucbo, vale una ¡uventud, mi juventud, mis buenos años de versista mcorreuible y de soñador impenitente y terco.
..'.:'...Gracias, amigo cartero; tú que sueles traerme
cartas tristes, tarjetas de luto, papeles lLmos de perfidia anónimos insultantes, me dejas ahora, corr.o una
inesperada recompensa, este libro de forro azul pálido como cielo de mafiana sin sol,-por el que va en
d~orden una bandada de pájaros aliabiertos. MucLas
gracias.
•
•De dónd¡i llegaste, delicado vol u.nen de versos, pequ~ña jaula de golondrinas azules?
Dices que de Madrid; pero es mentira. Vienes de
los tiempos felices en que unos mt1cbalJbos pensaban
que ser poeta valía la pena de vivir y se iban por
los rumbos del ideal c~n lor ojos y el corazón puest.os
eñ alto. Vienes del amor y de la esperanza, y tratc-s
muchos recuerdos, muchas alegrías, muchas aspiraciones, muchos sueños.
;,Cómo te llamas?
Con tus raros caracteres de carmín desleído, me
lo dices: Lejanías. Y no, embustero; viajas de incógnito como los príncipes calaveras. Bah! Te reconozco;
te llamas: Efímeras.
Sí eres el mismo que guardo-hace .... . ¿cuánto
tie~po? ...... ;:n siglo de desengaños y tristezas-en
el estante de los libros amado;;, de las estampas memorables, de los papeles íntimos.
.{Ioy cantas otras ca11ciones, babia!. de otras cosas,
buscas formas nuevas; tus frases tienen quizá mayor
limpieza y esplendor; tus rim~s han adquirido i:iás
elegancia, pero .... . . eres el mismo, no me enga?es,
sonríes con la misma sonrisa escéptica y co:n pasiva;
amas con la misma voluntuosidad pagana, á la siglo
diez y ocho, con un amaneramient_o de buen tono_; te
quejas con el n:.\smo sollozo contemdo, ahogado, ligero, de esos que se estrangulan en la g3:rganta por temor de que nuestra pena estalle en gritos; lloras con
las mismas lágrimas, un poco vergonzantes, de las
que no se atreven á salir de los ojos, á resbalar por
las mejillas, á caer, por miedo de provocar burlascurio::,as,
Eres el mismo, poeta mío, delicado, sutil, lleno de
:fineias, hombre moderno, cortesano exquisito, artista de salón, pulido y correcto, que no ,;ermite á su
Musa la más leve falta, y que sabe expresar sus más
grandes dolores en un idioma i,onoro y dulce que, si
deja adivinar heridas hondas, ne t raspasa _nunca los
limites de una confidencia dicha en voz ba¡a, en un
téte á téte de baile con una amiga discreta.
Las Lejanías-estrofas cinceladas, poesías jugosas
de ideas nuevas--son como las Efímeras, impresiones
rApidas, pasajeras, fugitivas; nube, viento, ola, perfume.
Y caza, como dominador de la forma, está visiblemente adelantado, pero el último libro suyo, psicológicamente hablando, es la prolongación lógica del
primero.
.
.
Su libro tiene unidad. Se percibe en ella el vigor
de un espíritu hecho de una pieza que se ha desarrollado sin perder su carácter, de la misma manera que
un {J.rbol convierte en frutos sus flores, llegada la estación, sin cambiar la forma del ramaje.
Este libro como el otro, es la confesión sincera y
franca de ud hombre que ha sufrido, que ha amado,
que sintió alegrías y penas, dudas y creencias, ilusiones y desengaños, en el torbellino de la vida, en
el que todo se confunde, se mezcla, se entrelaza, metamorfosis del espíritu que pugna por alcanzar un
ideal nuevo tras el ideal desvanecido. Ayer tristeza,
hoy goce, mañana indiferencia; antes sueños, ahora
dtsilusión, después olvido. Y las emociones se suceden y los días pasan, y se unen los recuerdos como
los eslabones de una cadena.
Sí; todo esto es efímero, todo esto es lejanía; la
primera impresión de adolescente, la angélica de los
primeros amores, la epifanía blanca, dibujada con
líneas de luz en la diafanidad del alma; la noche azul
de la cita, el ósculo f urtivo, el juramento santificado,
el adiós bebido en lágrimas sobre las pálidas mejillas
de la virgen; y luego, la pasión juvenil, la. de los besos que arden y las carnes que palpitan, la de las caricias frenéticas, la de los sueños locos encontrados
en el fondo de los vasos; esa que canta y ríe dentro
de la alcoba herméticamente cerrada para ocultarse
á los ojos curiosos y á la icdiscreta claridad de los astros, y, en seguida, el hastío, y m2.s tarde la tristeza,
la bl:isfemia de la desesperación, el desencanto, y el
nuevo amor, la pureza red! vi va, el deseo despierto, la

EL MUNDO.
fé resucitada, la vuelta de Beatriz ó el regreso de
Venus.
De todo ello quedan memorias, huellas de las catást rofes, ruinas de los palacios, ninos de las av~s., .
He aquí por qué el poeta llama Efíme,·as y ÚJama~
á sus estrofas. Las imp1esiones volaron; los recuer·
dos se han ido ó están remotos; pasó la tar.:le brumosa· se fué la melancolía, se partió el amor, se desvane~ió la esperanza, huyó; furtivamente h dicha.
Pasa la niña blonda con su pui'iaclo de rosas en el balda; cruza la querida in tiel y tentadora, blanca como
un lirio y altiva como una reina; allá va la enamnrada, la sensible, la que se arrodillaba llorando para
pedir un poto de cariño; allá van Jo,; desdeñosos y los
ingratos; allá van los ataudes de las ilusiones muertas.
Quedan los versos; se fueron las pasiones. Aquí están las lámparas, aún contienen aceite perfumd.tiO,
pero ya i:e apagó la llama. .
!caza aprisionó sus impres10nes. Ató las alas á sus
recuerdos y escrihió.
Los cantos de Lejanías son lápidas negras y blancas que señalan el camino de una existencia; bay en
ellas fu~rtes emociones del mundo re;i.l y gr~ndes
alientos de alma conmovida. Aquí todo lo produJeron
las cosas vistas y las pasiones sentidas. Bajo la ~pariencia de licción y de aristocrática falsedad _se siente el latido de u11 corazón sincero. Las emociones de
lcl'lza están admirablemente depuradas por el arte.
He abierto be desflorado, he marcado este libro, Y
cada página 'me ha h ecbo una C01Jfiden~ia. Me he
vuelto á encontrar frente á frente con m1 pasado, Y
con mi juventud.
¡Oh poeta del esceptisismo sano y galante, poeta
que estrechas la mano del dolor, con la tuya engu_antada y fina, poeta de la vida moderna, que conviertes en sonrisas, irónicas y punzantf&gt;:S, tus gestos de
angustia, y que jamás dejas salir el llanto de la cárcel de los ojos; yo admiro tus estrofas, pero las a~o
más que las admiro; cantan en voz ba¡a, besan sin
ruido, lloran sin aspavientos . . . . .
,
y sin e mbargo, fueron compañeras de las mias, de
las que aullaron mis penas, anduvieron por esos
mundos, gritando mis regocijos, hicieron con los besos himnos ruidosos, y á todo el que encontraron al
paso, le dijeron: estamos t ristes; ven, llora con nosotras .... .

***
Estaba Emilio Zola in:ilinado sobre su mesa de trabajo; forjaba con un tezóo inaudit~ la _última parte
de su magna trilogía - resumen y smtes_1s_de l~s problemas sociales moderaos-cuando percibió ruido de
espadas y rumor de multitudes que entrab~n por los
balcones de su gabinete. Alzó la cabeza, pusose á escuchar atentamente, se levantó atraíóo por una curiosidad de artista á contemplar el espectáculo, y tras
observar estudi¡¡r y meditar en el acontecimiento
qne lo distrajo, experimentó la sacudida de la indignación, y ante la muchedumbre at.Snita, fulmi~ó el
relámpago de su ira contra un grupo de escogidos,
éuyos uniformes y entorlJbados de~lumbran é hipnotizan á las masas.
El pensador tuvo un arranq~e de a_Póstol. Y?ºº el
ímpetu mismo con que defendió sus ideas estéticas _Y
con que dió cuna á sus Rougon Macquart, emprendió
una cruzada formidable en favor de lo que en el Arte
constituyó siempre su anhelo: la Veidad.
Fustigados por él, dentro de los lí~ites ~e la Poesía, la mentira bipócrit,éi, y el convencionalismo solapado, salían del teatro y de la novela, dejaban á los
comediantes y á los escritores, se desprendían de las
másca.ras y de las plumas, y penetraban !urt~vamente en la realidad, envenenaban la conc;encia de un
pueblo, se enredaban á la_ vida misma _de Zola, en_salzaban y vitoreaban á los mícu'.ls y traidores, ca~tigaban v martirizaban á los inocentes y á los débiles, y
á soplos desesperados hacían oscilar la llama de· la
antorcha, á cuya luz busca su felicidad el género humano: la Justicia.
Entonces, Emilio Zola, enardecido contra sus eternos enemigos, dió su gritó de alarma.

***

Para el eminente novelador el caso Dreyfus fué un
estudio del documento humano. Su pensamiento, habituado á los hondos y stttiles anAlisis, halló las causas generadoras de este suceso en no sé q_ué negra
traición colectiva, que despertó en el escritor una
profunda compasión por la víctima y un odio infinito
por los delincuentes.
La muchedumbre estaba con ellos, porque las muchedumbres son fácilmente . sugestionables, y se enloquecen con iapidez cuando sobre ellas se arrojan
esas palabras esplen1orosas: Patria, Gloria, Libertad,
dentro de las cuales suelen esconderse, como dentro
de una bomba explosiva, tiintos elementos de ruina y
destrucción.
Zolá vió todo eso. 1.Se equivocó? En Versalles, un
grupo de hombres di jo que sí. ¡Qué perfidia! Y_ fué
condenado este Quijote de la Verdad que blandió su
espada herrumbrosa, rompió su lanza hecba con una
rama de laurel y abolló su loriga de cartón por perseguir á fingidos ejércitos y vengar imaginarias ofensa¡¡,

Domingo 9 de Julio de 1899
Los molinos de viento seguían rasgando el aire con
sus aspas enc,rmes; no, no eran los brazos de ese
Briareo que Zolá creyó ver estrangulando el más noble de los ideales bumauos.
Así decía París. cuando, como dice Daudet en su
Nabab, cometió una de las más grandes injusticias
desde que es París.

***

Hoy Zolá, vencedor noble, vuel ve á su bogar silenciosamente después de haber llevado á cabo una obra.
8 ublime de 'caridad y misericord:a. Está satisfecho
de su victoria· no desea más recompensa que las bendiciones de u~a esposa y de unos hijos, el car~í'io de
una familia y la gratitud de un_ bo~?re en qu 1~n ~tá simbolizado el triunfo de la ¡ust1c1a y la solidandad de la especie humana
Como el bravo compañero de Claudio Lantier, después de haber sufrido y llorado mucbo, se limpia los
ojos, sacude con orgullo la cabeza, y exclama:
-Ahora, vamos á trabaJar.
¡Oh excelso espíritu!

LA MUJER FRANCESA
ADrDDÓSito dB Mad. Dreyfns.
Nada más falso que la idea que tenemos en México y en general en el extranjero, de la mujer francesa. Puede en rigor, afirmarse que no la conocemos,
ni en lo idtelectual, ni en lo moral, ni casi en lo físico.
Para nosotros una francesa es una mujer delgaducha desmedrada, nariz remangada, boca fina y burlon~, ojos vivob, expresivos, que~anzanrelámp~gos y
destP.llos, pierna delgada y nerv10sa, seno rudimentario cadera apenas dibujada, andar elegantey garboso' frente alta y retadora, elegancia exquisita, gusto s~premo en el vestir, coquetería en el atavb.
Dentro de este cuerpecito elegante, movible y sutil,suponemos una inteligencia ~hispeante, I:&gt;ero _frívola e."])rít más que talento, ingemo más que ciencia, cole~ión de ret,ruécanos picantes, de anécdotas de doble erecto verba endiablada, rapidez en el ataque,
oportunid~d y vigor en la respuesta, ironía habitual.
Como instrucción: la crónica de la morla, la del sport
y la del mundo; el catálogo de los reyes de Francia
y la lista de los participios. Como biblioteca, todo Zola toJo Daudet, todo Goncourt; la geografía de Juli¿ Verne, la historia de Dumas padre, la psicología
d~ Stendbal 1 la moral de G. Ohnet. En punto, á sentimientos y pasiones le atribuimos fogosidad para.
amar y rapidez para olvidar; tibieza mater';la y ent~siasmo mundano; fidelidad dudosa y frágil; alegria
infantil entrecortada por crisis de lágrimas y nervios; patriotismo decorativo c_apaz de herois~o; gustos refinados y aficiones exquisitas. Tal es la imagen
encantadora y frívola, seductora y frágil, que invo.
luntariameute surge en el espíritu cuando pensamos
en la mujer francesa.
y es que, para nosotros, la francesa es la parisiense
y la parisiense de las novelas, de los dram~s y basta
de los vaudevilles. Conocemos por referencias á FrouF rou á Odette, á Clara de Beaulieu y hemos tratado
perso'nalmente á estrellas de opereta, á histéricas ~el
género grande ó á personaJid9,des de cuerpo de baile
y de cuerpo de coros. Hemos podido conocer y estimar á numerosas francesas que hacen modas y confecciones, que expenden aulce~ ó artícu~os de París
y que dan mejor y más cabal idea del tipo honrado,
laborioso, fuerte, serio y abnegado q~e es general en
Francia y que caracteriza á esa a~mua?le burguesía
caricaturada en M. Jourdan ó v1llpendiada en Mad.
Cardinal; pero que es la verdadera fuerza y la ve:dadera gloria de Francia. Esta francesa que hubiera.
pojido rectificar nuestro falso concP.pto, es en general exclusiva no se mezcla mucho con nosotros, busca relaciones' y esposo entre sus compat,riotas, y ap~nas si se deja entrever, recatada, honesta, correctísima en las soireés del Círculo F rancés y en las Kermesses del 14 de Julio. El resto de su vida lo pasa en
su houar al lado de sus hijos, trabajando y ayudando al ~a~ido, y la más escandalosa ~e las cróni~as no
halla manera de hincar en ella su diente de v1bora.
Los turistas del géner•&gt; chico, los gomosos nuestros que han dado una vuelta por ~l Boulevard de los
Italianos han cont,ribuido á consolidar el error. Como
no tratan sino con mujeresligeras,como en general no
frecuentan sino los bastidores de los teatros, como
sólo cosechan sus observaciones en los bailes públicos
y en las cervecerías á la moda y como todo el que
vuelve de allá no trae otro bagaje que un carnet de
aventuras callejeras, verdaderas ó falsas, y como que-

Domingo 9 de Julio de 1899.

EL .MUNDO.

17

daría deshonrado quien regresera sin media doce- h mártir y de la santa, y si tiene derecho á ser escépmujeres que á la negligé lo reciben, cómo lo perfuman
na de lances donjuanescos, sus supuestas observa- tica de los hombres, está obligada árendir homenaje
ciones y sus descripciones color verde manzana ó ro- á la virtud y á la grandeza de alma de la mujer fran- y cuánta confianza les inspira haciéndolo cómplice
inconsciente de las combinaciones galantes! Las banjo subido acaban por iacr,1star en nuestro espíritu lJ. cesa.
durr!as
y wandolinas son la música del porvenir, pormás falsa y equivocada idea respecto {J. la virtud, al
que vamos de mal en peor.
mforito y al valor positivo social y moral de la mujer
¿ Y ellos? ¿Qué opinan ustedes del varón moreno,
francesa.
corbata lila, chaleco ante, pantalón cuadritos,
rizado,
No; la mujer francei,a no es frívola, ni débil, ni cochoclo
cbarol
para lucir calcetín «serpentina,&gt; pluqueta, ni infiel, ni dilapidadora de fortunas; no es
meando «siempre en sueños&gt; (paso doble), con anillo
madre tibia, ni esposa indiferente, ni bija &lt;lesamorade solitarin brillador adquirido en el Portal de Merda; por el contrario. Para conocerla y estimarla hay
caderes?
Termina él tré molo y exclama Edelmira poque estudiarla, no en las novelas sino en la vida; no
niendo los ojos en el zenit:
en las operetas sino ea la historia; no entre bastido-Pero con qué sentimiento ejecuta este hombre!
res sino en el hogar. Así mirada no puedP inspirar
basta se enchina el cuerpo.
sino respete. y amor, y así estudiada resalta ser supe¡ Y á mí se me traban las quijadas!
rior y con mucbo á su reputación..
¡De patearlos!
Desde luego, tratándose de la mujer del pueblo y
NUESTROS GRABADOS.
de la clase media inferior, lo primero que resalta es
TICK TAClL
la laboriosidad infatigable y lo.s instintos de orden y
economía de la mujer francesa. En este punto la literatura misma está unánime. Pululan en ella los tipos de campesinas, de obreras, de modistillai; y floEL CONSEJO DE GUERRA DE RENNES.
ristas que trabajan doce y catorce h oras por día, que
Entre b guitarra, para mí la reina de los instrusubvienen á las necesidades de la familia y hasta á
los vicios del marido, del padre ó del hermano; que mentos de cuerda, y las bandurrias y mandolinas, hay
En acatamiento á la decisión de la Suprema Corte
lucban y penan, que trabajan y bregan y suelen co- la mi&lt;;ma di ferencia que entre la obertura de Semira- Francesa,elUapitán Dreyfus fué traasportadodc,laisla
mo Desirée Deloúelle encallar ea el suicidio ya por mis y el Duo de los Patos; aquélla es del l{énero mascu- rlel Diablo á bordo del Sfax haciendo tierra en la costa
amor despreciado, ya por miseria inexorable. Casada, lino, digo, del género grande, y ésta del género del Quiberón. de donde se le llevó en tren rápido á la
la francesa reputa que su primer deber es trabajar al chico.
Las mandolinas y bandurrias como son empeñables ciudad de Reunes cuyo Consejo de Guerro que es el
igual del esposo, dividir su tiempo entre la asistendel 10° cuerpo del Ejército Francés juzgará al célebre
cia de la familia y las labores del obrador. Ea el co- se encuentran al alcance de todos los remates, y por acusado.
mercio, ocupa el mostrador ó la caja de su propia eso cuelgan en racimos junto á las barbadas, candiles,
Las medidas del gabinete han tendido á evitar detienda; en el campo, cosecha y vendimia al lado del sill.;s de montar y otros artículos manufacturados que mostraciones favorables ú hostiles, y ya hemos visto •
ma rido; en la ciudad practica un oficio ó profesión extinguen su condena en las galeras de las casas de cómo ·Jas mul titudes que esperaban la llegada de
suplementaria de la del esposo. Es ella laque lleva la préstamos.
Dreyfus, apenas tuvieron t iempo para advertir su
note y no el marido y lejos de ser ella quien despilfaSe pueden dar de cuelga sin rubor alguno, y me- paso por las calles de la ciudad ordmariamente traurra el haber común, es ó suele ser el marido quien lo diante un desembolso relativamente modesto, á no quilas, y que no obstante lo anómalo de las circunsdisipa en la taberna.
ser que el donador quiera preferir el producto extran- tancias actuales, apenas si ha presenciado insignifiAsí ocu¡iada, atareada, siempre previsora del pm- jero, y se declare proteccionista de los instrumentos cantes trastornos.
venir, ni piensa en devaneos ni se ocupa de galante- italianos, alemanes, españoles ó americanos, pues anEl Capitán Drey~us permanece en su prisión, libre
ría; ideati ficada con las uerte del esposo y de los hijos, cha es Castilla para la multiplicación del objeto que completam~nte de 1m por_tunos y aislado de todos, pues
nos
ocupa,
y
entonces
le
cuesta
caro.
es liel y abnegada, vi ve por ellos y para ellos.
apenas hab,a con los miembros de su familia y con
Como las mandolinas y bandurrias son de maderas los ab0~ados Labori y Demange encargados de su deRecójanse al acaso en la prensa cien dramas de adulterio ó de celos; no pertenecerán los protagonistas en finas, admiten monogramas, incrustaciones, pintu- fensa.
diez á e·s a clase obrera, laboriosa y honrada y menos ras al óleo y moiías; llenan todos los geneFales de uu
No obstante, ha llegado basta nosotros más de una
artículo de tocador y hasta decorativo.
aún á esa burguesía abnegada y virtuosa
frase del prisionero y por ellas lJodemos juzgar del
Puede faltar. en una casa (30 pesos adel~ntados, estado de su espíritu que no es el que podría supoEs absurdo suponer que la mujer francesa pudiera
ser frívola, derrochadora, ligera, coqueta, infiel y lo- contrato, por seis meses, fü1dor del comerc10, etc.) nerse; al coatrd.rio, Dreyfus manifiesta una entereza
ca para con su esposo, indiferente con sus hijos y que nna máquina de coser, un irrigador, un mosquitero, pasmosa y la mayor ecuanimidad para juzgar á los
la burguesía fra ncesa y Francia misma fueran como una tina pedilubios, un lugar pata que duerma la co- que fueron factores principalísimos de sus desuracias.
han sido y como son aún tan vigorosas y tan grandes. cinera, pero el instrumento ¡nunea! primero el arte No_ acusa á nadie, explica sus desgracias por ~l odio
al Judío y su condenación por el engafio en que estaCuando la mujer vive ocios!! é ignorante, cuando no que los platos soperos.
logra constituir familia, cuando, como en el Harem,
Junto al Santo Niiío que enseña sus deditos echan- ban sus jueces y la presión que sobre ellos se ejerció.
solo se ocupa de perfumes y joyas, cuando es onerosa do bendiciones bajo el capelo; contra la pared, y el P or otra parte, hace los mayores elouios del Coronel
é improductiva, las ci vizaciones decaen, los pueblos vientre hacia arriba, se morirá el «Pensamiento,&gt; Picquart, quien como es sabido, contribuyó brillantese enervan y descienden como el pueblo musulmán á «La Esperanza,&gt; «La Gemidora,&gt; «El Cefirillo,&gt; «Sus- menLe al esclarecimiento de los hechos y al triunfo
la m~s oprobiosa degradación.
piro&gt;, etc., pues es moda bautizar á la caja acústica de la justicia, poniendo su valor civil frente á las
como
á cualquier cristiano; tienen rosetas trico- preocupaciones y á las intrigas oficiales.
Las mujeres francesas de la clase media acomodada
Dreyfus vive tranquilo, y éSpera con más tranqu ió ilustrada son un modelo de virtudes. A menos que el lores cuando el padre de familia es militar retirado;
comerciante en grande, el rico industrial, el banque- otras, anchos m1,ños ccn flequeríos dorados, pompo- lidad ~ún su nuevo juicio, compartiendo su tiempo
ro afortunado no vayan á buscar mujer á los centros nes, borlas, manojos de retamas artificiales, tul com- metódicamente entre las expansiones de la familia y
brillantes de la galantería ó á los bastidores de los binado con moaré y otros fantásticos adornos que las largas y frecuentes conferencias que celebra con
teatros, y son de preferencia extranjeros y no fran- pintan el carácter de la dueña, quien se pasa gran par- sus abogados. Hace ejercicio en el jardín de la priceses quienes así proceden, resultan sus enlaces afor- te del día con la pierna cruzada plumeando la músi- sión, y aunque lo vigilan de cerca dos soldados, es de
suponerse que esta vigilancia no le cause grandes motunados, sus familias felices, sus existencias envidia- ca idónea: «Adios, Cuca&gt; (danza;) &lt;¿ Diré que sí?»
bles. Y llegados los malos días, las épocas aciagas, (guajira), «Déjame verte&gt; (scbotiscb), «Sollozo ar- lestias, habituado como está, al más completo aislamiento desde que fué deportado á la Isla del Diablo.
la bancarrota y la ruina, la enfermedad ó la deshonra, mónico&gt; (mazurca), «Nadando en leche&gt; (wals) «-En
Mucho han hecho los periodistas para ace~case al
agonía&gt;,
(nocturno.
)
la mujer francesa Se engrandece por la abnegación y
reo, logrando apenas verlo desde la casa frontera, en
el sacrificio; la esposa, aun la del criminal, lucha, suConcluido el estudio de las segundas q~c en un ra- el momento en que salía de su celda para hacer el
fre, batalla para rehabilitar al marido, para recons- to de hambre tararea la cotorra y en todo tiempo ejercicio cuotidiaao.
tituir su fortuna, para conjurar el destino.
silban los chicos "'º el patio, la artista la besa, la volLll, formación del"nuevo Consejo de Guerra es obEn estos momentos Mad. Dreyfus da al mundo tea, y si el revés es plano, sobre el revé&amp; escribe con j~to d~ comentarios y aun de escándalos como el que
y
por
la
boca
introduce
las
lapiz
el
billete
amoroso
ese noble espectáculo. Jamás ba dudado de la inod1 ó el Jefe del 10 ° cuerpo, comentando ciertos actos
cencia de su esposo, sus oídos se han cerrado á las flort:s secas que él le dió: no hay mejor escondite que del Ministerio de la Guerra de quien hay q ue especalumniosas insinuaciones que lo hacían aparecer co- una caja de bandurria.
rar la mayor energía para que se observen esta vez
mo encenegado en el v;cio, arruinado por mujeres de
Porque las mandolinas y bandurrias son un pretex- todas las le1es de la d~scipliua y las que imponen
mala vida. Si ha creído, ba tenido el Leroismo de per- to para reunir gentes que la suerte parece separar: el más e_stncto acata~iento á la corrección judicial.
donar; ha dejado Raagrar sus heridas y preocupádose tocar una ú otra, es tener entrada á las estudiantiLas vistas que publ!c:tmos son de gran interés y
tan sólo de salvar la honra de su esposo. Ha peregri- nas: institucción moderna, netamente socialista, en- completarán el conocimiento que ya tienen nuestros
nado por gabinetes de ministros, oficinas de tribuna- caminada á echar por tierra el antiguo régimen sue- le_ctor~s de los sitios y personajes que figuran en este
les, salones de diplomáticos implorando rehabilita- gril.
histó:1co proceso. En nuestros números subsiguientes
ción y justicia; ha sufrido desaires, menosprecios, aca-¡,Qué hiciera para hablarle? Ni creas que papá ampliaremos nuestra información, publicando en la
so escarnios; promovido una campaña formidable lo deje visitar la casa .... Nadie quiere presentarlo. parte gráfica, los retratos de t odos aquellos llamados
para una mujer débil y al principio sola y aban- Urge que nos tratemos.
á figurar en el nuevo juicio, y las escen!!.s culminan.
donada; ba tenido el heroísmo de ponerse frente á
-En poca agua te abogas, dile, responde la amiga tes que en él se desarrollen.
frente de una opinión no sólo ofuscada si no irritada; consejera, que ponga «Te volví á ven ó «ese soy yo,&gt;
Es singular y digno de anotarse la obstinación de
ha sabido no temblar ante el tumulto callejero, ante y hacemos que lo meta Bastedillo que es tan servi- los que fueron anti- revisionistas y siguen siendo en
el encarnizamiento popular, ante la fuerza y la ce- cial!
el nuevo estado del asunto enemigos de la justicia y
guedad gubernamentales, y al recorrer el tremendo
Ensayo dos veces por semana;sillas juntas: un solo aunque parezca mentira, de los obcecados sólo uno' el
Calvario que ha ele conducirla al Tabor, ha conserva- papel para dos ejecutantes; enseñanza objetiva de có- n:iás_ peligr?s?, Deroulede, ha dado señales de arrep~ndo intacto su recato, inconmovible su virtud, im- mo debe piearse la cuerda; afinación de un la empeña- timicnto diciendo que no habría castigo bastante duperturbables su sereniddd y su modestia.
do en dar el sí; cambio de moiías; epístolas entre los r? para los que desvirtua~on los hechos, ni reparaEjemplo noble y grande: una mujer inerme papeles de música; disgustos caseros; matrimonio ción bastante para la víctima si se declara que el acucontra un pueblo ofuscado y contra un gobierno festinado; tres hijos en menos de cuatro años; desti- sado es inocente. Ojalá que estas palabras del auitapoderoso haciendo triunfar á fuerza de amor ·y de tución de empleo; conato de suicidio; muerte súbit a; dor á ser cierto que las dijo, cambien la orienttción
deber á la Justicia. Es este el verdadero 1iipo de viuda en la miseria, niños al hospicio, calderón, he de las opiniones extraviadas y marquen el principio
la mujer francP.sa; así fueron, en más vasto escena- ahí lo que producen las barmonías. Desde que la del r~s~ablecimiento del equilibrio moral á que aludía
rio, Juana de Arco y Carlota Corday, mártires de cuerda ha entrado á la moda, los profeso~es de piano el Mm1stro Waldeck Rousseau en su discurso ante la
elevados deberes. Cualquiera que sea la suerte que se han dedicado á callistas porque no prospera su ar- Cámara de representantes.
espera á Drey fus, la figura nobilísima de su esposa se te, y sobre todo, en el bello sexo tiene mayor influendestacará ante el mundo, noble, pura y venerada. Y si cia el otro profesor.
la justicia corrobora su terrible fallo, si Dreyfus reQue se llama Don Paco, Don Lolo, Don Meruo, y
sulta definitivamente condenado, F rancia, si puede en momentos de entusiasmo, Paquito, Lolito y Meavergonzarse del traidor, tendrá -que gloriarse de mito; cé.mo lo rodean, qué bendito anda entre las

BANDURRIAS Y MANDOLINAS

�noming-o 9 de JÚlio de 1899.
Domingo 9 de Julio de 1899

EL MUNDO.

18

EL MUNDO,

1!)

EL ASUNTO DREYFUS EN RENNES.

EN LAS CA,ROLIN.AS: ALDEA DE NOLL.JKEN JAP.

tas nuevas adunisiciones alemanas
EN EL MAR DEL S~R.

LAS ISLAS CAROLlNAS.

SALA DEL CONSEJO DE GUERRA EN QUE SERA JUZGADO DREYFUS.

LA PUERTA DE LA PRIS:::ON MII ITAR,

,.

El año proximo pasado trajo
-consigo el definitivo desmembra,miento de la se!Ioria colonial española en ambos continentes y posterio,mente, aunque por modo pa·'Cffi~o, también ha sido arreado el
pabellón de Castilla en sus antiguas
pesesiones del Mar del Sur. El dis-curso de la Corona anunció á las
·Cortes el 2 de Junio último que se
había firmado un convenio con el
Emperador Alemán, por el cual Espai'ia cedía á la vieja Germanía las
.Islas Carolinas, Palau y el resto de
las l\1arianas.
El interés de Alemania sobre ta.
les islas no es nada nuevo, y aún re·cordarán nuestros lectNes la extraordinaria €.Stupefacción que cau·SÓ el hecho de que el 24 de Agosto
·de 1885 el cañonero alemán &lt;litis&gt;
tomara posesión de la isla de Yap,
pertenecientP. á las Carolinas. Por
\lllucho tiempo creyóse en una guerra inminente entre Espa!Ia y Alemania, pero la diplomacia disipó
esas bélicas nubes, c.bteniendo de
,ambas potencias que el caso se so~Etiera á un arbitraje que se depo.s1tó en manos del Papa, quien en 22
de Octubre del mismo afio falló
-en pro de la soberanía de España sobre el Archi.piélago carolino, laudo arbitral que fué aceptade por
-ambas potencias disidentes el 17 de Diciembre si~uiente.
Desde entonc~s intentó Alemania hacerse del ararchipiélago por modo pacífico y financiero, pero el
,amor propio español, entonces muy excitado, desechó
todas las proposiciones de Guillermo I. Su nieto,
&lt;Guillermo JI ha sido más afortunado, y aprorecb.ando las especiales cir~un~tancias porque actualmente
•atraviesa la orgullosa Iberia, ha logrado que le sean
cedidas las islas que mencionamos y que juntamente
con las islas Gilbert (10glesas), la isla Guam (ameri•cana) y las otras que ya antes poseía Alemania, forlD~n la parte de Oceanía conocida con el nombre de
M1cronecia.
Con las nuevas adquisiciones, Alemania posee en
-e~ Mar del Sur una extensión superficial de 253,469
-kilómetros cuadrados, habitadas por 440,000 al-

mas.

Con pocas excepciones, casi todas esas islas se formiron sobre rocas coralinas. aunque hay algunas de
·origen volcánico, tales como Yap, Ruk, Ponape y
Rusaye. Casi todas están cubiertas de exb.uberante
vegetación y ofrecen un aspecto lujurioso con sus
-enormes cocoteros, bananeros y con el clásico árbol
·del pan.
La fauna, en cambio, ,·s bastante escasa, pues no
,hay más que murciélagos, ratas, y una especie parti·&lt;mlar de perros, además de los insectos.
Los pobladores aborígenes de las Carolinas son ro-

FACHADA DEL EDIFICIO DEL CONSEJO DE GUERRA.

LA

PRISION :MILITAR EN DONDE ESTA DREYFWS.

EN LAS CAROLINAS. EDIFIOIO DE JUNTAS Y PIEDRAS-MONEDA EN LA. ISLA. D.E JAP •

bustos y de facciones agradables, su color es amarillo
obscuro. La alimentación vegetal es la dominante,
y el carácter de las gent es es du:ce y sumiso. Viven
dentro de un curioso régimen estre patriarcal y común
y reconocen categorías y jefes.
Presentamos á nuestros lectores dos vistas de las
Carolinas, que dan una idea clara de esas islas :i.ue
acaban dP. entrar bajo el dominio de Alemania.

el dibujo, la brutalidad del toque, la colección extrafla y premosít;ima de tipos que han desaparecido, hacen de Goya el pintor histórico por excelencia, el
evocador genial y magnífico de un siglo y de una
época.
Nos ha dejado en el retrato que reproducimos á la
cabeza de este artículo, con sus rasgos fisonómicos y
la extravagante indumentaria de que lo revistió, uno
de los representantes de la Corte de Carlos rv,-el
artis ~a, el mundano que frecuenta los medios más
elevados y que se jacta de cultivar amistades demaLA TRANSLACION DE LOS RESTOS DE GOYA. siado íntimas con las majas y los toreros.
Goya nació en Aragón á mediados del siglo pasado:
su ti ;¡o moral, su talento y su vida fueron prodigios
Un agente del Ministerio de Fomento de Espai'ia de la época; vivió en Espai'ia. Italia y Francia, conollegó hace poco á Burdeos con el fin de exhumar los ció y entusiasmó con sus obras á Carlos III, á Carlos
restos del gran pintor y transladarlos á la patria.
IV, á María Luisa y á los más altos personajes.
No bien apareció la noticia en los periódicos fra nceSus procedimientos artísticos no tenían por defecses, todos elJos y principalmente las Revistas Ilus- to la banalidad; usaba más de la esponja que del pintradas, dedicaron numerosos articules al grande hom- cel para pintar. Cuando los franceses entraron á Mabre que dormía en el suelo francés y cuya originali- drid, el pueblo silenci0so presenciaba el desfile del
dad artística lo ha hecho acreedor á uno de los re- vencedor. Goya estaba allí y junto á él había una panombres más gloriosos.
red escalada. Saca el pa!Iuelo de la bolsa, forma una
No obstante, desde el alio de 1828 se ignoraba en bola con él, la empapa en e:i fango del arroyo y pinta
Francia y aún en Burdeos que el cementerio de esta un fresco vigoroso en el que los franceses fusilaban á
ciudad conservase tan preciosas reliquias; mas al res- los espalioles.
tituirlas á la patria le dicen adiós conmovidos sus
El fresco fué uno de sus grandes éxitos é inventó
admiradores, es decir, todos los franceses.
procedimientos con los cuales logró efectos ma1aviLa observación profunda, el sentido que supo fijar llosos que se admiran aún en las iglesias de Setodos los rasgos del populacho español, la audacia en villa, Toledo, Zaragoza y Valencia. Los con-

�•
EL MUNDO.

20

'

'

denados, los cadáveres, los monjes son de:un realismo
sorprendente. Hay una inspiración terrible en el San
Antonio que interroga á un cadáver, en su Judas, en
sus Santas Justa y Rutina. Los retratos son siempre
originales, de una originalidad vibrante. Las aguas
fuertes son admirablES, Teófilo Gautier las definía
así: « Una noche profunda con pálidas siluetas y fantasmas extraños iluminados por un brusco rayo de
luz.&gt; Era un artista sin ley, un vagabundo de la calle, amigo del aguador y del tendero, camorrista de
encrucijadas, majo y aficionado á los toros. Su vida
fué una serie de ril'ias y aYenturas de la peor especie;
una noche se _le dejó por muerto en el barrio de Lavapiés.
·
Frecuentaba los palacios y los chirivitiles y pintaba toQO lo que tenía. á la vista, alguaciles, monjes,
contrabandistas, manolas y grandes damas de la Uorte: todo el siglo XVIII español. Fué un humorista
macabro; bay que recurer sus Caprichos y sur,Proverbios, des.file loco de tipos gesticulantes, manolas
enfurecidas, espectros, danzas macabras, escenas de
corridas de toros en las que era pintor y actor, pues
estudió de cerca las cogidas y las estocadas, las suertes de capa y los ágiles movimientos de los banderilleros.
La última palabra de su genio fué la serie de los
desastres de la guerra, ochenta estampas al agua
fuerte conocidas en el mundo entero y que fueron
inspiradas por la invasión francesa. Las escenas son
borribles: incendios, mujeres destripadas, fusilatas,
asesinatos y raptos; todo un museo del terror.
Talento áspero, violento, cruel, brutal y tortuoso
que pasa la vida inclinado ante el. sufrimiento para
AUTORETRATO DE GOYA,
eternizar los dolores y las ansiedades de los oprimidos. En el Garrote, última de la serie que se llama los
Prisioneros se ve un ajusticiado que reza á un lado
del instrumento de ejecución. El mal, la amargura altar antiguo con pilai,tras rematadas por cabezas de
de los desheredados, las contorsiones, las deformida- amores.
Más notable es aún la aventura que llevó á Goya á
des, todo lo horrible lo atrae poniendo en su obra el
morir en país extranjero. En 1814 tenía sesenta y
sello extravagante de su genio.
Hizo muchos ret,ratos de reyes y grandes seííores y ocho años y vivía en Madrid cuando se le solicitó paapenas hay en España familia un poco antigua que ra que hiciese el retrato del General Wellington. Desno tenga en su galería algún retrato de Gaya, El pués de la primera sesión el gran General quiso ver
Museo de Madrid conserva el de Carlos IV,. el de Ma- el esbozo y se quedó anonadado casi ante el revoltijo
pastoso de manchones que tenía la tela. Cogióse la
ría Luisa vestida de Coronel de Guardias y el de h
barba con las manos, miró las manchas, miró al arDuquesa de Alba con traje de maja.
La tumba de Goya en la Cartuja de Burdeos fué tista y se quedó perplejo pensando si aquello era una
poco visitada y las guías de la ciudad no mencionan burla. Tenía_á Gaya por un gran pintor y esperaba
á ese muerto ilustre. "Esa tumba es sin embargo no- efectos maravillosos desde el primer día, sin tener ¡!n
table aunque no sea más que por su aspeeto de cuenta la verba libre y desordenada del artista.

1

Domingc 9 de Julio 189 9
Aventuró una observación: ¿qué contenía aquel revoltijo?
No acababa todavía de formular su pregunta, y ya..
Goya estaba frenético; insultó al general y le dijo:
Zapatero, á tus zapatos. ¿Quién era él para. criticará.
un maestro? Gaya hubiera querido meterle á puiletazossusobservaciones; Wellington la toma con la altivez británica; Gaya gesticula, truena, maltrata al
cliente, y por último, coge una pistola, haciendo huír
al geueral. Sin esto, la bala de Goya hubiera suprimido á Waterloo.
Be le hizo comprender al pintor que, el asunto era..
delicado, y tomó el partido prudente de salir de España, estableciéndose en Burdeos. Ya era viejo y sordo, pero no abandonó el trabajo, y todavía se puede
admirar en Burdeos gran número de sus piedras litotrálicas.
Murió en esta ciudad, en la que hizo amistad muy
int:ma con un español, Martín Goicochea, quien le
dió alojamiento póstumo en su sepulcro. Cuando se
pretendió exhumar los restos del artü,ta, ya el ataúd
estaba hecho poi voy se habían confundido los huesos.
de los dos amigos.
Para saber cuáles eran los de Gaya, fué preciso entregarse á investigaciones muy minuciosas &amp;obre la..
estatura del pintor y de Goicocbea. Goya era un
hércules, un coloso, y se apartaron los huesos de mayores dimensiones, pero faltaba la cabeza. Como Gaya no murió decapitado, la falta de la cabeza no seexplica sino por alguna substracción clandestina, dela que es autor algún frenologista dema8iado entusiasta, que quiso conocer los secretos de aquel genio,
ó algún amigo que quiso conservar tan preciosa..
reliquia. Ello es que al cabo de tan largo destierro,
Goya vuelve, sin cabeza, á la patria en la que
duermen su mujer y sus hijos. Goya fué casado, y
aunque sn mujer no ha de haber vivido muy feliz con
el aventurero que desaparecía semanas enteras, tuvouna compensación, pues le dió su marido no sólo lonecesario para vivir, sino una compaflía numerosa. y
selecta, le dió 20 hijos. No fué padre ni pintor á me...
dias.
lL:-~C, t::::11
Falta ahora saber el monumento tunerario que le
erigirán en España. En Fraucia hay una fiebre de·
glorificaciones póstumab; todos los vivos algo ;nfluyentes quieren llevar á los muertos célebres al Panteón Esperemos que en Espafla sean menos imitativos y honren á su magno artista con originalida&lt;l
y gracia.

Dommg~ ll de Julio de 1s99

EL MUNDO

EL VARADERO NACIONAL EN GUAYMAS,

EL MOTOR,

VISTA EN CONJUNTO DE LA CUNA, TALLER, CASA DEL
MOTOR Y TERRAPLEN NUEVO,

EL VARADERO NACIONAL

Como se sabe, este establecimiento está dedicado á
carena de buques, y al obtenerlo nuest ro Gobierno
realizó _una econowía para
el Erario, pues antes nuestros buques tenían quepagar el precio de su carena, gasto excesivo que
ahora se economiza. .Además, los buques extranjeros que entran en carana
dejan buenas utilidades. '
Durante el tiempo que
lleva nuestro Gobierno de
estar en posesión del varadero, ha introducido o-randes mejoras en él, au"'mentando los talleres y el personal.
_Las vistas que hoy publicamos fueron remi tidas
al Sr. General Berri07ábal
~uien ha ordenado que s;
¡nserten en la Memoria de
la Secretaría de s'u cargo.

.EN GUA.Y.MAS.

Por acuerdo del sellar
Presidente de la República,
se celebró contrato entre el
Sr. General Felipe B. Berriozábal, Secretario de
Guerra y Marina, y D. Joaquín Redo, para que el
Varadero establecido en
G_uaymas pasara á ser propiedad de la Nación.
El contrato fué aprobado y firmado el 23 de Febrero del año de1898.
El Varadero fuévendido
con bu taller auxiliar sus
dependencias y todo; sus
accesorios existentes en el
Puerto de Guaymas.
La compra se hizo en
$106,000, sirviendo de base
para la entraga del v d.radero el inventario formado
por el Sr. Ingeniero Bartola Vergara.
VlST.A

¡i

21

J:?E PAJ'ARO DEL TALLER, MUELLES, CABRIA, NUEVO y TERRAP~EN.

1

l

.,

VISTA SUPERIOR DEL MUELLE DE LA CABRIA

1,

EN EL P A.RQ,UE.
ÜUADRO DE MLLE. MADELEINE ÜARPENTIEB,

VISTA DEL SITIO ~ONDE SE CON'STRUffiA EL DEPOSITO ::&gt;E CARBO:t:,.
.

�Domingo 9 de Julio de 1899.

EL MUNDO.

3:1

-OUltIOSIDADES CIENTIFICAS.

exacta con las Unid.des métricas y con la división
del tiempo.
t
nomallas y llevar ácomPara subsanar todas es as a ntación del sistema mépleto Y feliz término/ª 1:t~e 1897 se reunió en Patrico decimal, ~n D}c :Cm r clonal para la decimalizarís la Convención .n rna írculo meridiano.
clón del dla Y rerorm! del c Ión se dividió el círculo
Como reaultado de ~ re¡fos ¡{¡últiplos y submúltlen 400 grados, apli~n o denominaciones adoptadas
plos del grado las m:~mdas métricas. Igualmente se
para las demás un a les construcción de un nuevo
abrió un concurso para a
modelo de reloj 6 cr~nó;:'t1{º l!~~;ª~eParís, obtuvo
La reputada cf:od~lo ·de ·contad~r del tiempo deel premio para e
b e de ToP,)ME1.'RO presentó.
cimal1 que con el n?mdj:nto grabado que rep1esenta
el ~i~~:~t:ed~rT~o~ómet;o, ~~~~~~loe~~~:::i~~
en 40 decágrados, en corre P0
•dtano Estos 40
división decimal 1el cí~cul~o~:r~inut~s, subtituidecágrados, que va en ca ª u. • d
·unto á las
rán á lab horas actuales1 equ.1 valb1en ~aena¡ctual solo
í
l
La aguJa oran
,
24 del d a so ar.
d día Los sucesores de los
dará, pues1 una vue1ta ca a
·
u ·a. actual de los
minutos, serán los decígrado•}~ªfe
decígrados
minutos dará una vuelta : 3~Pm~nutos. Por fin, el sepor cada decágra?o ó sea r el milígrado Y la instangundo será substituido po d á
milfgrados por
t 6 aguja de segundos, an ar 100
;;~a decfgrado, 100,000 por decágrado y 400,000 por

Domingo 9 de Julio de 1899.

su sonoridad¡ en cambio siendo
pierde la campana d rebajársele mucho de la talbastante grues~, pue e
asta un tono puede ba~eadura sin per¡ uddl'¡'~~~ Jmpana y solo puede suJarse la nota que

E México donde tan difícil es la poplarlzación 1e
tod nretorma' radical que, aun cuando solo .sea en a
ª
6 moleste á los. comerciantes en
apariencia, afecte
introducir el sistema decimal;
peq·1efio, se logró !:endléndolo á medias y usándolo
Y mu~~~~s !~~o~ uo 10 hayan rechazado aquellos,
del m 1 fln llegará. á arraigarse con firmeza,. cuando
pues a
ue regunten muy sériamente
yaánot ha{!l.=;:!ªba1 d¿México á Veracruz por _lecu n os :i vy,
m rar el azúcar por hlórrocarri~!~
deplorable frecuencia.
metros, 00 debe asombrarnos cuando es un hecho que
ni !!t;rancla, cuna,del ingeulosfstmo invento, se ba
llegado á implantarlo por completo.

AMOR SUPREMO.

do.na!actu~lmente está afinandc:nd~~ea~:s:ra:1ü:
ra repartirlas en los di versos fe fas curiosidades de
rrlo suizo que debe figurar en r
.
la próxima expo~icióa~ampanas se formará un conEntre estas oce
dos do dos mí be·
d' . bemol
cierto de Hiete notas: un la bemo1'
l
dos
la
bemol
octavas
del
primero,
os m
'
O
md 'a.o
ta •as del primero y un fa.
•
os ' o_c , 11
utaclón de los campanarios de
sirven para ejecutar
Es um ,ersa a rep 1
Nuestra Seflora de P~r11 "as 'l~~atas místicas de melanhermosas aunque senc1
cólico encanto.

f~~~:nsdu:a~ºco!

TORNO PARA AFINAR LAS CAlfPANAS.

En erecto, los

YJ:s~:;: t~~!~ ~Ji;\~~

franceses
0
bitantes de Europr, ~s~~i~mpo de dónde resulta, es•
ciedtíH.cos, un&amp; anomalía
decimales,
'A
pecialmentemenols
en os ~-&lt;leculos

que in!~dei~a~~~~f ;~r~f!!p0 , cuya unidades la hora~:dolece fe gra1!~t~dé~~~:~, ~~;;et1~~go~º:~
parada con as un
tódica entre la unidad Y sus
bay ni~gun~ ~~larÍl~~:~na el mes, el ailo, el lustro,
múlétip is: eel
y sus s~b-múltipl1Js; el minutü,
la d ca a Y
'
Estos últimos al menos van
el segundo y el terrro. te 60 veces respecto del indisminuyendo .re~u arm:: la progresión de los múltimediato supenor I pero
en caos· el día es 24 veces
plos el desorden ~s rayano ana ·168 veces y sólo 7
mayor que l~
s:mer~ial es 720 veces mamayor que e . a, e m ar ue el día y 4,2Smayor
yor que la un1da:~s~~ ca~ est¿s ejemplos para demosque
trar lalasemanba.
rnco eren cla de las dlvlsionea usualea del

sff!10·

drl.ªªf ~:s

tiempo. ás 1 círculo meridiano está dividido .en
Ademd
360
gra os,' del vtslón que también carece de relaCión

,.

dí';,odo esto que parece muy difícil Y complicado por
falta de costumbre, es senclllísi-mo y todos ~o
derán cuando los relojeb ahora en uso ay

°°a_~P~f~~

us:~~

rei'.~ti:~~~:i';j:~~~~e~:"f~ Marina Franceaa,
quienes por disposición de~t~~!:~~~' ~~s : : :0

•

?is
~~t:tn~~~:t;a~e!~calcul9:dores clentíHcosi P~~
ahorran mucho tiempo trabaJ0 en suq, opera.e on .
1

Y

Ya verán las lectoras cuan satlstecbas quedará.nial
e comienza un baile y se es
pr_egun¿a~
1~os
decágrados, 48 decfgra~ei,pon ,~· Las once d~ la noche comunes y corrientes,
s~I~~ .ligerísimo error de 8 6 9 segundos. No puede
ser más claro ¿ verdad lectores?

,1,~:ii:1::

CORTE VERTICAL DE UNA CAMPANA.

37

•
••
ecomeudamos á Jos aficionados á la Horlcultura
R eta , el modelo de tiesto querepresentanueatro
enmac

con:

•••
Cuando los periódicos j~cobiaos de
MéxiJo, arden en santa indignación
por las demasias de celo de algún sacrlstá.n que repica las campanas de su
iglesia inmoderadament e, les concedemos plena razón, no tanto por la polftlca sino por la estética del asunto.
En' efecto, de los campanarios de
México desaparecieron ya luengos a~os
hace, las campanassonoras y armon.10samente acordadas entre sí, para deJar
lugar á molestos y ordinarios cencerros.
En Europa, lo mismo en los países
católicos y ,monárquicos, que en los
protestantes y republicanos, aun se
conservan en los campanarios las antiguas campanas, pero la razón es plausible: cada campana es un Instrumento musical perrectameµte afinado y
sada campanario una pequeña orquesta habiendo ciudadea en las que están
ac~rdada.s las campanas de varias iglesias para formar entre todas una orquesta.
.
Es completamente imposible conseguir que una campana dé una nota
precisa y determinada de antemanü,
pues al fundirla cambia de túno, Y
mientras mayor es, la dificultad es
más grande.
En las fundiciones europeas bay eapecialistas que entonan las campanas
en el torno con rara habilidad' Y para esto tienen sus
to
reglas perlectamente científicas.
Para entonar la campana se recorta en e1 rn 0 '
como se ve en el grabado adjunto; pero el lugar donde se debe adelgazar es problemático. El corte en
sección vertical de una campana, muei,tra
pr3r~
en ue di vi den las paredes los afinadores.
on '.l
lo 1Íaman cerebro; la parte comprendida entre e~ ce_1-e•
bro y la mitad de la altura, la llaman vaso superior;/ª
línea media, la ilamacfalseadura; de la lfnea me ta
al arranque de la curva que forma el borde, garganta:
y al reborde extremo, pata.
Cuando se quiere bajar el tono de una camp~na fe
resenta al buril la parte media 6 falseadu:a e a
~m ana. Esta gime perceptiblemente ba¡and~ de
ton!mientras se le va cortando metal. El oído eJercítado del afinador e, el que conoce cuándo debe sus·d be
pender la operaci ln.
Para subir el tono, la pata ó reborde es el que e
'recortarse y la manera de conocer la nota que da es
la misma.
_
Es más fácil bajar el tono de las campanas que su
birlo porque cuando se recorta demasiado la pata,

23

birse med~o cro:~·ue damos son de la Instalación que
M L; f:u: afinador esp,,clalista. tiene en Parla,

\oo

CUADRANTE DEL TROPOMETRO.

EL MUNDO.

gr~~~-te Ja ventí1ación y drenaje de la tierra,
na reserva de agua en e] rondo para ~as conttn
serv~~ de sequedad · tiene una base para fiJar firmen0
6
p~!~!~~~r;,s p~~rtitf~t~~~ cub1:~:~
1
q~~ :n estorbar la ventilación, sirve para becbar poi•
d
ue impidan el paso á las orm 1gas,
~oº!gr\~~~: c~~icoles y demás gente facinerosa que
destruye los afanes de los floricultores.

!=~~• ;:::~~:nf:.

•

1:_

TIESTO MODELO.

Esta maceta modelo tiene otra ventaja muy lm,
por .. ante Por la forma reentrante de la protuberancia ~llfndrica que hay en el londo de ella, la tierra
no está en contacto inmediato con el su~lo, plato,
banco 6 lo que sirva de soporte á la w•ce~j 16 de
Esto es de gran interés, porque la vent ac n
las raíces es perfecta lo mismo que el escurrimlen:
del exceso de agua, pero no de toda, pues una par
queda en reserva detenida en el fondo de la maceta.
Además las lombric,s ó gu~os de tierra se Introducen e~ las macetas comunes por el fondo Y en
éstas no pueden hacerlo gracias á su !orma especial.

-

La humanidad, que á través de las edades ha suen los ojos de aquellos elegidos de la Inconstante nli"ia «nacida con el mal del cielo&gt; según la expresión
frido el encanto del misterjoso Amor, palpita á su so- Fortuna.
lo nornbre sagrado.
de su paf s. El voto de «permanecer seílorita .. que se
En los salones contiguos dasfilaban grupos diplo- sabría.
Siempre divinizó su inmutable esencia, transpaera su secreto, se leía en sus ojos que brillaban
rentada bajo el velo de ]a vida; porque las esperan- máticos, condecorados algunos con un camafeo de con los resplandores de las l'ioletas después de una
zas engailadas 6 no satlsrecbas que dejan en el cora. púrpura. Las extranjeras marcbaban atentas, con el tempestad. Como nlí'ia buena que e:a, se complacía
zón humano las fugitivas ilusioues del amor terres- abanico ea. los labios, del brazo de los cancilleres; al contrario en el aJt.,la.miento dunde se marchit,aba
tre, le hacen preseutfr siempre que nadie puede po- todas las miradas tenían el frío de la piedra. Pa- su radiosa primavera¡ cNca de un \'lejo, cuyas últiseer su real-iaeal sino en la luz creadora de donde recía de buen tono un dejo de fastidio en todas las mas melancolf;is mitigaba. Y rnlu11tarJa1oente se
frente8. En resumee, la Hesta me parecla un baile de acostumbró á vivir así, educando á su I.Jermana meemana.
Por esto muchos amantes-de los predestinados- fantasmas, y me imaginaba que de un momento á nor, consagrándose bnmilde rnente al ca-.Lillo,á los fnhan sabido aquí abajo, desoyendo sus sentidos mor- otra, el invisible manipulador de estas sombras má- geuteR, y á las religie,Sai de 8US cercan fas, desdeñosa de
tales, sacrHlcar los besos, renunciará los abrazos, y, gicas, iba á gritar fantásticamente en los bastidores, otro porvenir.
los ojos perdidos en un lejano éxtasis nt.:pclal, pro. el sacramental: desapareced.
Di.spensadora ya en aquella existencia de obras
Con la indolencia de hastío que fmpnnelaPtiqueta, benditas,
vectar, juntos, la dualidad misrua de su ser en las
hacia. además llt11usnas, trabajos y cánLicos
infsttcas flamas del cielo. A estos corazones elegidos, atravesé aquelJa pieza, y llegué á un salonr:lto casi
desierto,
cuy".&gt;s
concurrentes
veía
apenas.
El
hueco
empapados de té, la Muerte no inspira más que latidos de eHperaoza¡ en ellos una especie de Amor-fénix de un gran balcón abierto invitaba á mi deseo de soha consumido el polvo de sus alas para no renacer ledad: tuí á acodarme en él. Y allí, dejé vagar afuera
más que inmortal: no han aceptado de Ja tierra si- miz:, miradas, sobre todo aquel pedazo del Parfs nocturno, que &amp;el Arco de la Estrella á Nuestra Seno.
no el esfuerzo necesari,, para desprenderse de ella. rase
extendía á mi vista.
Si pues es cierto que semejante amor no puede ser
expreBado más que por Ja prueba, y puesto que su confesión, su análisis ó su ejemplo no podrían ser más
que auxiliares saludables, ¿no debe el que escribe
estas líneas por estar dotado de ese sentimiento su .
¡Ah! la deslumbrante noche. Por todas partes miperlor, no debe una fraternal confidencia á todos los
radas de luces fijas ó movedizas poblaban el espacio.
que llevan en el alma un destierro~
Más allá de los muelles y de los puentes surcados de
Y nG pudiendo, en verdad, apartarla de mi conciencia, he aquí, en toda su sencillez, por qué eslabo- resplandorea, los pesados to!lajea de las Tullerías, en.
nes de clrcunHtancias y fútiles azares mnndanos, tu- frente de la ventana, se estremecían brillando con
verdes claridades, al soplo del viento del Sur. En el
ve esta a ventura sublime.
Gracia.a á la perfecta cortesía del señor Duque de cielo ardían mil fuel(os en el negro azul de la extenMarmler me encontré, aquella hermosanocbe de pri- sión. A bajo tero blaban los astrales reflejos en el agua
mavera del af\o de 1868, en la fiesta dada en el pala- sombrlc:1., y el Sena SP. deslizaba bajo sus arcos con lentitudes de lagum•. Las mariposas de gas, á través
cio de Relaciones Exteriores.
El duque estaba llgado á la casa del Marqués de de las claras hojas de los arbustos parecían flores de
Moustiers, entonces diplomático. Pues bien, la ante- oro. Ea la inmensidad, crecía ó se atenuaba como un
víspera, estando á la mesa de unos de nuestros ami- rumor, la respiración de la. extraila capital, y aquel
gos, había mdnifestado deseos de admirar, una oleaje se mezclaba á aquella iluminación.
Y compases de vals y nutas de vio!Jnes volaban en
vez, la sociedad Imperial, y el Duque deMarmjer· había llevado su urbanidad basta el punto de pasar á la noche.
Al brusco recuerdo del rey en el destierro, vJniemi casa, Calle Real, y conducirme áaque!Jafiesta donron á mi memoria pensamientos de duelo, la triste-de entramos á las diez y media.
Después de las presentacionea de estilo, abandoné za de vivir, y el sentimiento de f'Star, yo también,
como desterrado en esta fiesta. Y cuando ya mi esá mi amable introductor y me orienté.
El aspecto del baile era deslumbrante: los cristales píritu se perdía en este ensueilo, un súbito y deliciode las pesadd8 aranas radiaban sobre las fr~ntes y las so efluvio de 111~ blancas que percibí muy cerca de
sonrisas oficiales¡ los tocados fastu08osdespedían perfu- mí, me hicieron volver hacia la femenina presencia
mes; palpitaba nieve-viva al borde de los corsés, espe- que sin duda ocultaban.
jeaba el satfn de las espaldas, mojado con resplandoA mi derecba, en el alféizar, apoyaba una mures de diamantes.
jer su codo enguantado en las colgaduras de terciodonde la virginidad de su ser, á través del puro InEn el salón principal, donde se bailaban cuadrillas, pelo granate plel(ado sobre la balaustrada.
casacas negras, rematadas por cabezas célebres, dejaEn verdad, su solo aspecto, la impresión que ema- cienso de sus pensamientos, ardía. como un1. lámpara
ban ver, bajo un adorno1 el brilll) de una placa de ra- naba de toda su persona. me turbaron hasta el pun- de oro arde en un santuario .
Pues bien, no habiéndonos vuelto á ver desde las
yos de oro nuevo. Senorltas vestidas de muselina, to de hacerme olvidar todas laR deslumbrantes vlsioceñidas de hermosos cinturones, esperaban sentadas, nea del derredor. ¿Dónde habla yo visto aquel ros- horas de aquellos vagos encuentros en aquel castillo
bretón, he aquí que la encontraba súbitamente en
con la etiqueta en la extremidad de los guantes, el tro? .....
momento de una contradanza. Aquí pasaban agrega¡Ob! ;.cómo podía ser que una fisonomía de encan- París, frente á mí, en aquel balcón nocturno, y que
dc.s de Embajada con el pecbo sembrado de condecora- to tan superior, que respiraba una dignidad decora- me extrafió su aparicJón en aquel sitio.
Sí, era ella, y entonces como antes la dulzura de
clones1 deslumbrantes de pedrerías; allá oficiales ge. zón tan casta, cómo era posible que aquella Beatrjz
de miradas impregnadas solamente de mística espe- los seres que van á hacer ángeles, caracterizaba s·1
ranza-la esperanza era legible en eJla-se encom,ra- pensativa belleza. Dellfa tener de veintitresá veinticuatro ano~. Una palidez extraordinaria, que inunse contundida en aquella mundana fiesta?
En lo más profundo de mi sorpresa, me pareció sú- daba el óvalo exquisito del rostro, se unía, iluminada
bitamentf' reconocerla; sí, en torno de ella, flotaban por dos radiantes ojos azules, á sus negros bandeaux
recuerdos antiguos ya, semejantes á un adiós. Y con- lustroso adornados de lilas blancos que exhalaban su
fusamente, á lo lejos, volvía á ver las noches de un perfume antes de morir.
8u ~vestido, de una distinción misteriosa1 y que por
Otono, pasadas juntas, en otro tiempo, en un viejo
castillo de Bretafia, donde la hermosa viuda de Loe- este mismo motivo le sentaba perfectamente, era de
maria reunía en ciertos aniversarios á algunos ami- seda laminada, de color negro apagado, salpicado de
gos ta.miliares.
finas semtlias de azabache que una clara gasa violeta
Poco á poco volvieron á mis labios las sílabas pali- velaba con su sinuosa banda.
Una frágil guirnalda de lilas blancas, ondulaba sodecidas por la bruma de los afias de un now bre olvidado.
bre su esbelto corpiilo, desde laclnturahasta los hombros y el aliento de su ser avivaba los delica~os per-La seilorita de Aube11eyne, me ai;e.
En el tiempo que recuerdo, Lyslane de Aubelley- fumes de este adorno. Su mano, pendlentesobre su
ne era todavía nilla: yo era apenas un taciturno ado- vestido tenía un abanico blanc0 cerrado, y deuo dellescente, y bajo las seculares calzadas de Locmaria, gado hilo de oro que bacfa de collar, colgaba una
de Yuelta de los paseos, nuestra común burafiez nos pequena cruz de p~rlas.
Y, como antes, sentía que la transparencia de su
había arreglado varias veces: encuentros casuales á
la hora en que se levantaban las estrellas. Y (lo recor. alma era lo único que me seducía en aquella mujer,
daba) la gravedad de nuestras conversaciones tan y que todo pensamhmto pasional, á su vista, me serara en aquella edad, la espiritualidad de sus asuntos ría mil veces menos atrayentes que i.a sencilla y frapreferidos, nos habían revelado á ambos mil afinida- ternal comunión de su tristeza y de su fe.
La contemplé algunos instanteR con una admirades de alma¡ tantas, que hubo rrecuent.Pmente entre
ción ingenua, como asJmbrado de su presencia. en
nosotros largos silencios, extramortales tal vez.
En aquella épuca Lacía ya dos afios que había muer- aquel medio que no era el suyo. Ella pareció comto su madre. El lJarón de Aubelleyne, pasado este prenderlo, y también reconocerme, por una sonrisa
gran duelo babia enviado su dimisión de comandan- nena de clemencia y de candor. En erecto, los seres
te de navío r~tirándose t ristemente con sus dos bi- que se sienten dlgnos de Inspirar la nobleza. de semejas
á su dominio patrimonial, y sólo en muy conta- jante sentimiento, lo aceptan con una delicadeza Innerales, con cor\Jatas de moaré rojo y cruces en aspa
das ocasiones se presentaba en 1a8 tertulias de los finita. Su augusta humildad lo acoge como un simde comendador, cumplimentaban en voz baja á las alrededores.
ple tributo, muy natural, cuyo honor pertenece 4
aristocráticas bellezas de la corte. Se leía el t1iunto
Semejante reclusión no debió afligir en nada á una Dios.

�24
Di un aso para acercarme á e1la.

ble, donde no somos más que apariencias, y del que

- · No )ia, ohidado la st-.florita de Au~lleyne, des-

m~vo!sta:e;~r=~:ae:, :-rr~ ~e:t~~mP.añe1a de aislatento con una especie de lnqu~eta tiJeza.
tró en el castillo de Locmarla?
m -Ciertamente, respondí, al escucharos, reconozco
-En efecto, 00 lo be olvidado, seilor.
_
d 1 ·na de otro tlemp'J. Pero lo que me
Entonces erais una niíla, más sofiadora que tris
te ~ás triste que alegre, cuya sonrisa .ªº 1 era más
~e un relámpauo; y sin embargo, baJO a&amp; pur~s
q
clas a: vuestras miradas de nifto, ¿osana
que bal&gt;fa yo casi arlivlnado á la mujer fu- f:a vi:,~e::, os dan derecho á todos los placeres del
.
ytura, toda llena de melancolía que se me aparece mundo!
·Oh! respondió, con una voz que me pareció ~l
abora1
-~r de una ruente solitaria escondida en una se •
-Aunque enve~eclda, me complace que no me
rum t\l es t:.l goce en el mundo que no se agota,
ncontréis cambiada.
a or sí mismo en su propia saciedad~
e T bién viendoos mezclada en esta fiesta, tengo va, ¿cu
1- :e!tirnl~oto de que estáis ausen~ede ella, Yque que uo se ::~o~r los beneficios de la vida no &lt;¡uee pre ara vos más extranjero que s1 nunca me hu- ;.acasoo:~r sus disgustos? ;.qué son esos placeres que
rer pr
izan sinv mezclados de un esencial rem~ryo
solys p.
bleF.e
vis to. Verdaderamente •·se podría decir que
s~e~:\ y ·qué TOayor felicidad que vivir su ex1s.
ara
• habéis sufr;do la vida?
:cia ~n u~a alma fuerte, pura, invulnerable, y
Y Dejó de parecer dls1 raida, me miró, como P
darse cuenta del alcance que quería dar A mis pa1a- :aberse substraído á. las influencias de. tod: mortal
concupiscencia para no renunciará su ideal.
b"'aS v me respondió:
,
d
1
. -No seño r, al menos como se podna enten ero.
- Es fácil creerbe fuerte rehuyendo la prueba del
'una. desenaanada, y si no be reclamado, si no combate.
f~e~yningó.n go~e de la. vida, comprendo q~e ot;os
-No soy más que una criatura hecha de carne y
~eden encontrarla bella. Estl\ noche, por eJemp o, de d¡bilidades que no hace otra cosa que pecar, ¿pap
dmlrable noche' y aq.:.f ¡cuán suaves ra qué que rer otras luchas que aquellas de las que
~Jsf~,na~ace un moment0, en el salón de baile,. ':í estamos seguros de salir vlctorio..i;:,os?
á dos no.vios : se tenían de la mano, páltJos de rrhc1-

puésGdc tantos ano..;, al pasajero pensat1 vo que encon-

t:~:~~{:s°

Domingo 9 de J ullo de 1899

EL MUNDO.

:~:t~\~trl:;:ri:i1•~lt~dn~::1;1:; r;~~~1~

~!tr:~

Resplandecía como un lirilo ~;~ªfe~~~~!~~
Hadas, que parechto el md~fc~
la de los elegidos,
,
persona, y con uoa voz
me respou~ió: í ? No No podrían tener derecho
-¿DUenr, d~c s . d·el cielo aquellas que pudiemás que una im;o1~~austos de' modo que no arrecie-

~f

"cow~

1

~:~ r~i~t~~\ue las hdec~~ dr: h~~:e~p~d~ l~nC:n!i

de su alma. El po~er e creedwe sólo en el esruer•
esplendor de su para so, y, a des re'oderse de los la•
za soberano que s~ hac~ pa; culJd sobrehumana de
zos rotos, se adqute~ a. ;or qué entonces "acilart
aspirará la Eterna uz:g'ue tan cerca al de haber siEl momento de no ser s1
no se afirma más que en
do, que la vida, en vergad, Cómo llamar así sacrificio
la concepción de su na a. ¿
buen emal abandodno terrteslfitcare/ep~iu:ll!o~~r:u:~r~a inmortapleo pue e san

Domln¡,o 9 de .Juiio rle l ~PP .

EL MUNDO.

Cuando la señorita de Aubelleyne desapareció del
salón, emocionado aún por aquel encuentro y aquella
conversación, quise disipar mi impresión mezclándome á la brillante fluctuación de aquella multitud.
Pero inmediatamente sentí que babia ca(do una
sombra sobre todas las luceh, y que no quedaba en
aquel momento de aquella fiesta más que salas desiertas, donde se deslizab~n como sombras, criados lí•
vidos bajo arañas extinguidas.

2a

lldr~:í la Inspirada sombra ~e _volvió b:~lato~:lóe1
del baile que se entreveía. ªº~·b:: 1:ªbalaustrada Y
purpúreo te rciopelo plegado
lldad sobre la corona.

~~! i::Josfr:re:l~~~~fº~;:6~:uñido,

realzado, que

brill~~!'g' :;;;~~uó· ciertamente son bellas y sed_?C·
, •
e iran bJjo esas arauas
1'
tora~1~!~º;~:sjg!e i!s\~as ~rentes y frescos esos laSin e~bargo, que pase el soplo de una circuns-

~~i:.

A la mafia.na de} día siguiente, salí J;'D'Ucbo antes
de Ja hora :ndlcada. La mañana s11lpicada de oro, era
fría, con ese frío primaveral que hace temblará los
rll88les rejuvenecidos; Abril reía en los aires invitan.
do á vivir aún, y, en los boulevares1 los •árboles, Jos
escaparates es poi vareados de escarcha. como de un
musgo de diamantes, cintilaban en un vapor irisado.
Con el espíritu lleno de una iudefinible esperanza,
torué el primer carruaje que ví.
T res cuar tos de hora despué1:, me encontrnba. en el
at rio de un viejo priorato Nuestra Sen.ora de los
Campos, subi por la gradería de la capilla y entré.
El órgano acompañaba con vuces tan puras que
su ii acentos no parecían ser de la. tierra. Un hemiciclo, de enrejado impenetrable, formaba las paredes
anteriorfs del s~ntuatrlo. Allí cantaban, invisibles,
las conti nuadoras de Teresa de Avila. Cantaban el
oficio de difuntos; un sacerdote reve&amp;tldo de Ja estola negra, decía la misa de muertos. En frt&gt;nte del alta r, se elevaba en medio de ~as espiralefi del incjenso,
una capilla ardiente.
Sin duda se celebraba el servicio de una religiosa
de la comunidad, porque cabria un pafio blanco la
urna colocada sobre las baldosas, y cafa basta el suelo fo rmando pUegues, donde se estrellaba é través de
los vitrales color de ópalo, la luz del sol.

Los mil resplandores de los cirios, de Ha.mas que
parecían lágrima~, iluminaban las otras Jágrimas de
oro del pafio funerario y aquellos fuegos parecían decir muy tristemente á la claridad del día: tú también te extinguirás.
En la nave, la concurrencia de Ja niejor sociedad,
oraba, recogida; el lujo y el aspecto de los vestidos,
el perfume de las pieles y el brillo de los terciopelos
azules y negros daban á estos funerales una especie
de Impresión nupcial.
Busqué con la mirada, entre la multitud á la seííorita de Aubelleyne. No viéndola, a.vaneé, preocupa•
do, por entre la doble fila de sillas hasta el pilar lateral á la Izquierda del ábside.
Acababa de sonar el ofertorio. La reja claustral se
había entreabierto; la abadesa, apoyada sobre una
cruz blanca, se mantenía de pié, en el umbral, con
una deslumbrante cruz de plata sobre el pt·cbo. L38
hermanas de la Observación ordinaria, vestidas de
blanco, rnn velos negros y descalzas, avanzaron y descubrieron la urna, cuyas cuatrü tablas aparecieron vaclas y desnudas.
Antes que me diera cuenta de lo que significaba
aquello, el toque de agonía-esa negación de la
Hora-comenzó á sonar, y el viejo oficiante, volviéndose hacia los fieles, pronunció la pregunta sagrada,
¿no bay una. víctima que se quiera unir al Dios cuyo
sacrlticlo iba á ofrecer?
A estas ".lalabras, se escuchó un extremecimiento
en la concu·rrencla. y todas las miradas se fijaron en
una penitente vestida de blanco y cubierta con un
velo. La ví dejar su lugar y avanzar en medio de un
rumor de tristeza, de lágrimas y de adioses. Sin levantar los ojos se aproximó al earejado, lo .empujó
suavemente, entró en el coro, se despojó de su velo,
se arrodilló tranquilamente en medio de los cirios
que formaban en torno dP. su augusto rostro un círculo rle estrellas, y poniendo su mano virginal sobre
el ataúd, respondió: aquí estoy yo.

Ent1Jnces comprendí. Aquella era la cita sombría
que me había dado esa virgen. Recordé, enmediu
ce un relámpago, el terrible ceremonial de la. toma
de velo en Jas CarmeUtas de la Observancia ese.re•
cha. Los símbolos de aquel ritual se: sucedían seme•
jimtes á llamamientos precipitados de la piedra nepulcral.
Y he aquí que en medio del má.s protundosile'nclo oí
súbitamente levantarse su dulce voz cantando la. fórmula de los ,·otos de su consagración.
¡Ah! no puedo definir aquí el misterioso secreto
que entonces hlzt.. desfallecerá mi alma.
Luego, habiéndola revestido una de sus nueva.i;:,
compaileras, lentamente, del sudario y del velo, y
después descalzada para siempre, recibió de la abadesa las siniestas tijeras bajo las cuales iba á caer la
cabellera de la pálida bienaventurada.
En a.quel momento, M.si-1.na de Aubelleyne se vc1lvió hacia la concurrencia. Y sus ojos, al encontruse
con los mios, se detuvieron mucho tiempo, tanqullos,
fijos, con una solemnidad tan grM·e, que mi alma
acogió la conmoción de su •mira.da como una cita
eterna. prometida por aquella alma de luz.
Cerré los párpados, reteniendo 1.,;na légrima que hu biera sido sacrllega.
Cuando recobré la conciencia de las cosas, la lgle.
sia est.aba deslerLa, declinaba el día, el cortinaje
claustral estaba pasado tras las rejas_. La vlsióu había. desaparecido.
Pero el adiós sublime de aquella sepultada, babía
consumido para siempre et org-ullo carnal de mis pensamientos. Y desde entonceq, idealizada por el recuerdo de aquella Bea.triz, siento •siempre en el fon.
do de mi&amp; pupilas su mística mirada, semejante
sin duda á la que empapada del destierro de aquí
abajo, llenó para siempre del amor nostálgicodel cielo, los ojos de Dant,e Allghieri.
CONDE VILLIBRS DE L'lSLE ADAM.

OJOS TRISTES .

dad· se casarán ¡Ah! ¡Qué goce el de ser madre! y
vi vt'r amada, a~rulla.ndo un tierno niño de sonrisa
como la luz ... •
.
Exhaló un suspiro y la ví cerrar los OJOS.
.
-¡Oh! me hace mal el perfu.ne de estas lilas, dl¡o.
y calló, emocionada.
.
A punto estaba de preguntarle qué vaga tristeza
ocultaba aquella emoción, cuando, como un informe
á. · 3 ro hecho de viento, de ecos sonoros ,Y ~e tlnieb1is el toque de media noche, elevándose sub1tamente
de 'Nuestra-Seilora, cayó pesadamente á través ~el
espacio, y, de iglesia en Iglesia., tocando las ~ieJas
torres con sus alas ciegas, se hundió en el abismo,
vibró, y desapareció después.

11

Aunque la hora ya no sonaba, Ja seflorita d_e Aubelleyne, acodada y atenta, parecía escuchar aun no
sé qué sonidos perdidos en lontananza, y que, pa~a
ella, continuaban sin du~a ague~ toque de _media
noche: porque parecía segmr con ligeros movimientos de cabeza un eco que ya no oía.
-Se diría. que vuestros pensamientos acompaf'ian
hasta lo más lejano de la sombra, esa hora que se va.
-¡Abl murmuró, mezclando los rulgc,res _de sus
ojos al res¡fland•)r de las estrellas, hoy es mi ultimo
tlía. d~ prueba, y est.a hora que huye no es para mí
más que un ruido de cadenas que se rompen, llevando lejos de aquí á mi alma libertada! no solam?~te lejos de esta fiesta, sino tuera de este mundo ,·1s1 -

-Entonces, le pregunté con cari'ñ~so asombro,
. r ué tabéis venido aquí estia noche.
"~n'! inefablesomtsa, hecha de desdén terrestre Y
de éxtasis sagrado, Iluminó la palidez de su semblante.
.
t .
-Debí sufrir en mi docilidad, la antigua cos uro
bre del Carmelo que prescribe á la humilde prometida de la. Crut}arrootar las tentaciones del mundo antes de pronunciar sus vot,os. Estoy aquí por obediencia.

En aquel momento llegaron á nosotros más distintas Jr.s harmoniosas me1odíPs del ba1le¡ se acababa de levantar una tapicería dejando. entre.ver una.
gloria de mujeres sonrientes en el baile, baJo la ~uz.
Viendo á. aquella cuyo austero pensamiento domrnaba así á aquellas visiones le respondí con voz temblorosa por la emoción:
-En verdad, señorita, me siento muy entrlstecl_do
por el rigor de vuestra renuncia. ¿Por qué esta pnsa
de sacrificio? Aunque la vida careciera de goces, no
la hacen grata los que se pueden dispensar? Es_ bello
00 temer los sufrimientos, engañar las ilus1ones,
aceptar las tareas que otros sufr~n por nosotros,
amar, palpitar, sufrir y saber: enve1ecer en fin. Eo:
tonces, nü teniendo ya ningún de~er _:¡ue cumplir, s1
vuestra alma, cansada de los sufr1m1entos bu~anos
aspira al reposo, comprendería vuestra renuncia del
mundo, que me parece ahora, lo confieso, una especie de deserción.

tanela funesta sobre estas antorchas y broscamente
las extinguirá. Todas estas irradiaclone&amp; que se desvanecen en la sombra cesarán, en un momeo~, deencantar nuestros ojos. Ahora, si_no mailana m/smor
un día cercano sin remisión, el "Viento de 1a Noche,
que ya noi:, be~a, perpetuará este desvane~imiento.
Entonces •qu6 impo1tan esas formas pasa.Jeras queno tienen ~ás de real que su ilusión? ¿Para ~,)ue vivir bajo una claridad que se ha de extinguir. Para.
mf vivir asi es lo que seria desertar. Mi primer debe; es seguir }a voz que me llama. Y no quiero en
lo de adelante bañar mis ojos más que en esta h~z in•
terior, con que el humilde Dios sacrificado se digne,
por su gracia, besar mi alma. A él e~ á quien meapresuro á. darme en toda. la Hor de m1 beHeza perecedera. y mi única tristeza es no tener más que sacrificarle.
Penetrando, á pesar mfo, por el fervor de su éxtasis, permanecí silencioso, no queriendo turba~ con
una palabra el secreto infinito de su recoglmtentoF
Poco á poco, sin embargo, su rostro recobró ~u tranquilidad; se volvió casi sonriente hacia el vieJtt almi·
rante de L. M. que se ace rcaba: le tendió la mano Y
se inclinó como para irse.
-;.Partís ya? murmuré ¿no os volveré á ver?
- No, señor, dijo dulcemente.
-¿Ni una última vez?
Pareció reflexionar un segundo y respondió.
-Ona última. vez .... Sea.
-,Cuándo?
- -,Mañana, á mediodía, si vais á la capilla del Carmelo.

La conocí por casualidad una tarde de Otcllo.
De antesala en casa de un notable jurisconsulto,
distraía mi fastidio contemplando las pinturas de au tores ramosos, objeto el que más llamó mi atención,
de los muchos y elegantes que Uena.ban la pieza.
E n el piano de una casa vecina, resonaron las me.
lancóllcas notas de la marcha t,\nebre de Gounod; mil
recuer1os sombríos invadieron mi mente y para disiparlos, escapáronse mis miradas por un balcón abier.
to. A lo lejos se dlstioguía otro, donde trataba de
ocultar la d~nudez de sus toscos hierros 1 una llnda
enredadera de vincapervinca. Preso en humilde jaula de carrizo, un gorrión cantaba alegremente, irguiencfo su cabecita para distinguir mejor por las reo.
dljas de su cautiverio, á las flores azules, que le ha.
blan de cielo y de libertad.
Dentro, adivlnábase una soberbia cabetera obscura, contrastando con la blanca muselina de un traje
de mujer. La insisteLcia de mi vista, la hizo levantar la cabeza del bastidor en que trabajaba y pude
entonces apreciar una de esas fisonomías que, sin ser
precisamente bellas, poseen una simpa tia irresistible
que las graba Indeleblemente en el alma. Despojó
aus sienes de los bucles que las cubrían; cortó una
flor azul y al llevarla con pasión hasta sus labios, sorprendí en sus ojos una mirada de tristeza.
El gorrUo cedó de cantar y yo, con pena, tuve que
pasar al salón.
Transcur rieron algunos meses y felizmente se repitió nü t urno de antesala, en casa del ilustrado legista.

Esa vez no me deti;ve á examinar los interesantes
paisajes ni el poético rostro de Elena, la pobre tísica
que pasa las horas frente á una mata donde un lirio
coa quien ha comparado su existencia, empieza ya
á. marchitarse. Precioso lienzo de la niña pálida, que
mue re, cuando la flor cae, exánime y seca, desprendida de su tallo.
Esa tarde me coloqué muy cerca del balcón abierto, para ver R.quel cuadro animado, en que figuraban
la enredadera verde, el gorrión preso y la joven de
ní veo t raje y cabellera obscura.
Todo est:1.ba como antes. Sólo ella, en vez de coser, contemplaba el cielo con mirada triste.
La hora del crepúsculo, esa hora hecba de lluslo•'
nes y recuerdos, vistió el balcón de luz y claridad.
Una exhalación cruzó el firmamento, ella la siguió
con los ojos hasta verJa desaparecer y creí escuchar
que decia: cEs su alma que viene á la cita de amor.&gt;
Durante mi entrevista con el abogado, tuve lasa•
t lstacctón de 8.:l-ludar á su esposa, y no pudiendo dominar mi cariosidad, pregunté, del modo más correcto que me tué posible, por la bella desconocida.

-Ab ! Clara! ... me dijo, es una muchacha trabajadora y bueaa que vive, resignada y &amp;ola, en espera dP.su
futuro, un oficial de Marina, que vendrá ácasarsecon
ella cuando concluya un largo viaje de exploración, á
que lo ha enviado el gobierno.
Eatonces comprendí todo y pensé mucbo en el balcón lejano. Las flores, azules, como la Inmensidad,
como el mar que él cruzaba¡ el gorrión de plumas
amari11as en eJ pecho, amarillas, como los galones
del uniforme; la vaporosa muselina del vestido, siempre del mismo color, cumpliendo acaso una súplica del
ausel"Jte y ld contemplación extátlca de una estrella,
en donde buscaría miradas de amor, miradas de muy
lejos, tomaron posesión de mi alma, y cuando dirigí
por última vez los ojos á donde Clara continuaba aún

viendo el cielo, recordando su h istoria y la luz r:ñ~Ian
cólica de sus pupilas, recité una y muchas veces, a.que
llos v~rsos de Orbina:
&lt;Oh! tu mirada de pasión quién sabe
Qué misterios oculta! ardiente y viva
Un tinte de dolor pone en tu grave
Cabeza de Minerva pensativa!
Oh! tu mirada de pasión! tu triste
Mirada de mujer que ama. y espera
Y que el Otoílo de la té resiste
Como la última Hor de Primavera .... &gt;
ESCONDIDA.

LEJANIAS.
[ C el

ú l tlm o

l l br-o

d e

Fr-a n clee o

LAS RFJAS.

A .

lcaza.J

PSIQUIS Y AMOR.

Es un poeta el viento, tiene en las rejas
La más extensa gama de las canciones;
La serle indefinida de vibraciones
Que va desde las risas basta las quejas.
Si azota la ventana del alto fuerte,
Como sangrienta mano firme se agarra,
Y cual bordón de bronce trnena la. barra
Con épicas estrofas de gloria y muerte;
Si mece las guirnaldas de enredadera
Que en la rústica reja buscan auxilio
Para escalar el muro, canta un idilio
Impregnado de arom1s de primavera.
Al rozar los dibujos de ferrería
De gótica ventana gala y afiance,
Renueva las historias de algún romance
De las gestas de antigua caballerfa;
La mata de claveles tnquiet,o sopla
Eo la reja aadaluza, la flor bermeja
Con sus labios de grana, toca la reja
Y del beso rurti vo nace la copla.
Llega de las p:-isiones basta el eacierro,
En la veatana estrecha. donde respira
Y toma luz la celda, forma una Jira
y Je p·me por cuerdas barras de hierro.
Yo conozco esas notas, sé que en las rejas
Tiene el vJento la gama de las caacioncs
y recorre la serie de vibraciones
Que va desde las risas hasta las quejas.

Arriba, el sol en lla.maradas rojas
Envuelve el bosque; mas sus vivas llatrlas
Al pasar por los claros de las hojas
Toman el tono de las verdes ramas.
Todo reposa en el paraje umbrío,
Todo respira bienhechor descanso:
La luz, el aire, hasta el revuelto rfo
Se adormece en la curva del remanse-.
Y allá en el tondo, se levanta el grupo
De Psiquis y de Amor, siempre impasible
'
Viviendo con la vida indefinible
Que un arte excelso transmittrle supo.
Y Loy y mafia.na pasarán las horas,
Y sobre el pedestal donde la yedra
E~laza sus guirnaldas trepaduras
Con las hojas de acanto de la piedra,
En un abrazo interminable unidos
Y medio ocultos por ramaje espeso, '
Psiquis y .\.mor en mármol esculo1dos
Eternamente se darán un beso. ·

•

�Domingo 9 de Julio 189~
26

EL MUNDO.

Año VI-Tomo ll

Número 3

México, Uoming&lt;' 16 de Julio de 1899.

,I

(lnédita.)

UNA FLORISTA DE GRANADA.
ÜUADRO DE ISIDORO

°hlA m~.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Año 6, Tomo 2, No 2, Julio 9</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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• •

,,.

..

Año VI-Tomo ll

México, Doming0

2

•

Número

de Julio de 1899.

BELLAS ARTES.

t31BUOTECA UNlVERSt¡AntA
'' ALFONSO REYES
FONDO Rto.r::&gt;O COVARRUOIAS

ESPERANDO.
D ELANCE.

1

�1

EL MUNDO.

2

Director: LIC. RAFAEL REYES SPINDOLA.
:::;::;=======~============-----------------------·

LA SEMANA

l

Cuando ha llovido por la tarde y sobre los cielos
limpios y brillantes, como mármol recién lavado, co•
mienzan á aparecer las estrellas, es una delicia gozar, en cualquier parte-en uoa calle desierta, en un
balcón abierto ante el horizonte, en el Paseo de la
Reforma, en una plazuela de barrio,-de estas blancasnoches de primavera, perfumadas y transparentes
que adormecen el alma, columpiándose en la hat:?aca
que prendieron de los astros,-¡ayl hace tanto tiempo-uuestras ¡::rimeras ilusiones.
Yo no sé por qué en estas hermosas noc~es, más
sofiadas que vividas, me viene á la memona un encantador y sencillo y tierno cuento de Erckmann
Chatrian que posee una misteriosa evocación, como
si las pal~bras que lo componen fuesen cabalísticas y
estuvieran pronunciadas por :ilgún Merlín todopoderoso? No recordáis aquel idilio, de fuerte sabor alsaciano que se llama «Gretchen,? Sí lo recordáis, porque es de esos que una vez leídos no se olvidan ja
más.
Comienza así: «Eran 1as diez de la noche cuando los
bebedores salían de la Cervecería del Cisne. Teodoro
bizo como los otros y 1:1e alejó silencioso. Las ven1:ianas se cerraban á lo lejos y se oía á las buenas comadres gritar en la noche, cerrando sus postigos: ¡Buenas noches, Orchel! ¡Buenas noches, Giedel! ¡Dormid
bien! Después todo quedó en silencio y Teodoro permaneció en la calle s,,mbría. Las estr.,llas brillaban
sobre su cabeza; los árboles se extremecían á su lado
y él permanecía en la calle, contemplando, escuchando y soñando., .. ¡Cuántas cosas fugitivas nos revela la noche!. . . . Escuchad ese vago murmurio, ese
gato que huye, ese pájaro que gorgea débilmente,
tan débilmente que la garduña, siemp1e en acecho,
apenas lo oye.
«A Teodoro le gm,tabi;. la nocbe;,andaba un poco, se
detenía vol via prestando el uido .... Cuando miraba
hacia ei cielo, venían á su memoria las palabras de
Conrado el tejedor:-¡Conserva tu almal ¡Conserva
tu alma J Pero al mirar hacia la tierra, al respirar
los dulces perfumes de la primavera, de los festones
de heno de los árboles de espeso follaje, entonces
pensab~ en Gretchen, en la linda Gretchen, tan fresca con sus labios húmedos y rosado!,, con sus grandes
oj~s azules, tan sonrientes, tan limpios, con su carcajada tan franca. ¡Cuán bella le parecía entonces y
cómo le palpitaba el corazón .... ! Le parecía verla
correr detrás de una mesa y otra, y~verter la cerveza
en los grandes tarros relucientes, levantando el blanco brazo de marfl.1, el talle bien arqueado, las dos
trenzas de blondos cabellos, flot,ando hasta el extremo de su falda color de amapola, y con sus dientes
deslumbradores de un esmalte fino. Gretchen reía
con todo el mundo, excepto cou Teodoro! Apenas le
veía entrar se ponía seria; pero al mismo tiempo i,us
grandes ojos azules tomaban tal expresión de tern1;1·ra que el corazón del pobre muchacho se consumia
de amor. . . . Perdía la respiración y balbutía pa.labras ininteligibles. Teodoro sofiaba en estas cosas.
«Volvía también á ver al viejo Reebstock, el padre
de Gretchen, con su gran peluca gris, con su mi rada
cándida llenade fina beuevolencia... y la tabernibúmeda de bajo techo .... el reloj de ·piedra azulada.... la
lá~para suspendida iluminando los rojos semblantes
delos bebedores, campesinosdesombrerohastalosojos,
con su pequeiio cubilete de est~i'io en las anchas ma1;1os
ásperas y rajadas por el ~raba.jo y el _frío:--cLa vida
está sobre la tierra-se decía-esta vida fresca, esta
vida de amor, de sentimiento, de bienestar ...... el
vino, los bellos frutos, los perfumes .. , . y Gretchen,
to;io eso es la vida terrestre.,-Temblaba d~spués,
pensando en la joven: se la repre~entaba tan. bien,
que hubiera podidp contar cada bilo de su traJe, cada cuenta de su collar, cada inflexión de su sonris1
en los hoyuelos sonrosados. Ningún rasgo se le escapaba. Miraba á las estrellas y veía á Gretchen. Escuchaba el rumor del aire y oía lll voz de Gretchen. Sof!.11.ba en el mundo y Gretcben estaba allí, siempre allí,
respondiendo, á su pensam~ento. 10b amor! amorl
¿quién eres tu? ¿de dónde vieD'es?
«Y Teodoro andaba así, á través de la noche luminosa detrás de la aldea, costeando los breí'!ales, recorriendo las angostas avenidas, abiertas entre palizadas, escapándose hacia e~ valle recientemente segado, contemplando las casas con s~ construcciones
extrafias é irregulares, sus escaleras exteriores, sus
balaustradas mohosas, sus patios bajos, sus grandes
techos sobresalientes, todo circundado de misteriosas penumbras~ ..... .
Engarzo esta bella página, turquesa de luces claras,
en la desbrui'Hda placa de mi ~stilo porque, en estas
nocbas de Junio, mi estado de ánimo, corresponde
por algún obscuro simbolismo, á la escena del cuento
alsaciano.
Yo-y cuántos lo mismo que yo!-como el enamorado campesino, voy y vengo por la ciudad ale-

targada y dormida en la noche, sofiando en que una
vida fresca, una vida de amor. ha caído sobre la tierra.
Sólu que mi Gretchen, la que amo, no q~edó en la
taberna bromeando con todos y llenand') los picheles
de cerveza, risueña y cándida como la moza de
Erckmann y Cha.trian; mi Gretchen acompafia á mis
amigos ]es artistas y los rimadores, ríe con ellos, los
mira amorosa y lánguidamente, y charla, olvidada
de los que por fuerza nos vimos obligados á salir del
Cisne á las doce de la noche, cuando las ventanas se
cerraban á lo lejos y se ola gritar á las comadres en
el silencio de la calle som brfa.
Porque una vez fuera del Ci.~ne, sigo, como·Teodoro,
pen1:1ando en Gretchen, y como á él, á mí me parece
que está en todas partes, y que responde á mi pensamiento en todos los fulgores, en todos los aromas, en
todos los ruidos.
Todavía, aunque me lo crean, estoy perdidamente
enamorado de la Belleza, y en un seno que aletea, blanco y espumoso como un pichón en espasmo, en un faro que brilla como una banderola de luz, en el mármol de una estatua, en,el colorido de un lienzo, y sobre
todo, en las horas de misterio y quietud de estas noches maravillosas, veo á Gretchen, á la divina Gretcheo, de la que la realidad-¡oh, amante cruel!-me
obligó á separarme, y digo como el inocenr,e muchacho:
-La vica está sobre la tierra!

***

Para mí la locura de Cantoya, el romántico enamorado del aire, es una locura noble, tramada de idealidad y de grandeza. Esa original megalomanía de
subir, de volar, de contemplar el mundo á vista de
pájaro, da origen á cómicas y admirables aventuras,
dignas de un poema épico-burlesco, como el inmor1,al del Ariosto. Lleg,ar á lo alto, tocar con los nudillos en el azul del cielo, como en la puerta de lo infinito, esperar á que abra el Gran Misterio, siempre
en vela, y no consiguiéndolo, bajar con sobrrbla luzbélica, á encender la admiración de los hombres, á
narrarles el peligroso viaje por los espacios, los encuentros con las estrellas, los combates con los vientos, las luchas con las caudas de los cometas; es el
suefio, largo tiempo nutrido de esperanza, de este
aereonauta decidido que á falta de ciencia, posee la
ciega seguridad del creyente. Cantoya sube en su
globo primitivo, convencido de que los elementos son
amigos suyos, de que el aire es su fiel camarada, de.
que el horizonte es su palacio, de que son hermanas
suyas las águilas, de que las nubes construirán á su
paso arcos de triunfo.
Es verdaderamente espiritual esta, insania que desprecia la tierra y que cada vez que puede, asciende
porque le gusta abrir las .alas.á sus delirios en plena
inmensidad.
Lo cierto es, que á pesar de las burlas que provoca,
este hombre es simpático; y hasta, si nos ponemos á
pensar un poco, se nos antoja que todos tenemos, muy
escondido, algo de Cantoya, que no nos atrevemos á
sacará luz por temor á los envenenados venablos de
la ironía.
El anhelo de Cantoya es nuestro anhelo, es el eterno anhelo del género humano. Subir, huir de este
planeta, volar en busca de lo desconocido, perderse
en el laberinto de los astros ....
¡Oh lrrealisable sueño de Cantoya, eres nuestra obsesión y nuestra desesperación ! ..... .

*

* * la Dolores de Feliú y
Reaparece en nuestra escena
Codina hecha ópera espafiola. El doliente drama
sirve de libreto á una música que, aunque alta, parece que no se halla á la altura de la letra.
Sin embargo, la acción es tan intensa en la Dolores, los caracteres están tan "líen forjados, la pasión
es tan caudalosa y desbordante, que á pesar de que
en el pentagrama pierden un poco su brío los gritos
de la mujer ofendida, las amenazas del amante cruel
y perverso, y las ternuras del cándido enamorado, el
público se estremece bajo la zarpa de león de un poeta que encuadró en el marce del Arte, un conmovedor fragmento de vida impura y apasionada.
***

Un escritor característicamente americano, nos envía desde Cuba el último de sus libros: Ent1·e brumas.
Es Andrés Clemente,Vázquez uno de los narradores
que más interés despiertan con sus rel.tos, impregnados siempre de una admirable sencillez poética.
Hablan de cosas pasadas, de viejos episodios, de
lejanas memorias, con un acento de abutlo lleno de
melancolía y de dulzura. ¡Alma dichosa que el crepúsculo de la vida, ve florecer como si fuera pleno día, la imaginación juvenil y feclUld&amp;! . .... .

Domingo 2 de Julio de 1899

,-

Revistas =rpliticas .y Literarias..
No en el úl~~o escrito literario de nuestro Castelar, p.orque es~ ~¡tuda es el _breve y expresivo que
escribió para ¡¡114: m que han preparado las Señoras.
de Ja Jdnta Dlmt:! va del Asilo Galán, pero si en uno
de los últimos¡(el $producido por el l mparcial poco&amp;.
días ha, algunqs d4 nuestros lectores habrán advertido este conce! s~gular (no tengo á la mano el periódico para e r ton precisión) el Austria alemana
se está tornan ¡testante.
Esto quizás. pa zca una enormidad á muchos de
quienes conozca.o fidelidad al C':1.tolicismo de la inmensa mayorí~ de os súbditos de los Habsburgosque
abrazaron la R~(\:) a en Austria, en Hungría y, sobre todo y desde n:tucho antes de Lutero, en Bohemia
pero que, sometidos por las armas, fueron luego afor.tiori, aunque ~iínltiva~ente, conver~idos _al c~tolicismo, gracias1i.t celo ngoroso y á la mtehgenc1a de
los jesuitas. Qµlw atribuyan el mencionado concepto al brío antiolerklal que resucitó siempre en el gran
orador cada ve:i que creyó en peligro la supremacía
del Estado lai()o, actitud política que jamás mermó
en nada, por cierto, su profundo sentimiento cristiano.
Como sucede en todo escrito político, destinado á
causar determinada impresión, las ideas y los hechos
toman un resalto exajerado; un orador y un político
haráa siempre de }a historia una materia tr!l.nsformable á ríes"º de alterarla, ó un depósito de donde
pueden extrairs~ maravillosos efectos de color ó la
arcilla propia pata elaborar estatuas y bajo-relieves.
Nadie como Em;io Castelar para servirse de ese material: conocía 1 hlstoria de un modo pasmoso, pero
sólo le interesab como colorido y como drama; para
trazar con ella
dioramas que han asombrado al
mundo la convir~óliteralU1ente en una paleta ..... .
Este buen seño¡· está á punto de di vagarse, dirán
mis cinco lectore (juro que los tengo, porque los he
contado). Siemge estoy á punto de eso. Vamos al
grano. '
l.
¿ Por qué los cit,ólicos de Austria se tornan prútestantest La cabe¡a de Francisco José es (dicho sea
con respeto) la pMra angular de un edilicio heterogéneo compuesto!rincipalmente de tres materiales
disímbolos: el ro érial eslavo distribuido en dos zonas paralelas al . y S. del Valle del Danubio ocupado en toda su egión media por diez millones de
alemanes y seis ••magyares (húngaros) que componen los otros dos ateriales. Estos son quienes mandan y dominan, e os constituyen el duali,-mo; la doble
corona de emper or de Austria y rey de Hungría
que lleva sobres canas Francisco Jm,6, quiere decir: sumisión de os eslavos del N. á los alemanes,
sumisión de los d 8. á los húngaros.
•
En todas part los eslavos protestar. y por todas
partes se registjin anuncios de cambios futuros,
próximos quizás. ~n Hungría el odio al eslavo forma
parte de la. religi cívica, y preciso es recordar, que
los húngaros y lo turcos son hermanos de raza y que
entre esta raza tu nica á que se gloría de perteuecei:,
en verso, Juan Rtepin y los eslavos, el duelo étnico
se inició al •man r de la historia y se agravó hasta
el paroxismo cu do croatas y rusos, ¿sla.vos todos,
aplastaron en 48 I 49 á los l~berales alema°:es y á los
patriotas húngar9S. Pero liberales y patnotas han
alzado la frente ~1e el día siguiente de Sadowa; _la
Hune-ría asesina1 hace cincuenta años por Pask1ewitch ha resucilo triunfant,e y es duefia de sus destinos. Para los e lavos no puede baber autonomía
dentro del dualis o ¡así han pagado los Habsburgo
los servicio1:1 de ~iados de nuestro si¡;lo!
. Con todo los dmbios vienen; un fuerte grupo de
nacionalist~s hú aros á cuya cabeza figura el hijo
mismo del liber dor Kossuth, habla de una cosa
que habría hace oco parecido imposible, de la reconciliación de búng os y eslavos. Esto tras~ormaría la
faz del imperio. a Austria, al contrano, la lucha
entre alemanes eslavos se exacerba más día á día;
en Bohemia, com es sabido, toma las proporciones de
una lucha nacion 1 renace en los grupos universitarios el culto por u'an Huss, el santo. mártir de lapatria tcheque ree plazado por el culto de Juan de
Nepomuc, cuand el emperador !erna~do II y lo_s ~esuitas ahogaran a independencia nap10nél.l y relig10sa de los bohemi en el siglo XVII; y los alemanes.
acostumbrados á obernar en un país en que siempre
han estarlo en ro oría, protestan contra las tem1encias autonómica de los jóvenes tcheq~, ausentándose
de las asambleas de las universidades.
Lo mismo en ustria; allí los alemanes están en
mayoría mas L bién el elemento eslavo tiende á
á compa~ttr con ellos el poder, á. pesar d~ la vivísi•
roa resistencia e se le opone. Los conflictos de este género en el f,alismo austro-húngaro ~ornan forzosamente unca !!ter confesional, se ,uelve~ lucbas.
religiosas. El el ;ro católico, bastante mal dispuesto
para los eslaTos li Bohemia, es aliado natural de los.
eslavos del S. coatra los liberales alemanes. Basta recordar que entf esos eslavos del S. descuella como
un caudillo·y co o un apó11tol el gran obispo Stross~ayer, cuya voz, o qesta á la in.falibilidad del p.ontifi-

*

3

Domingo 2 de Julio de 1899.
ce, abogaron en las sesiones del Concilio Vaticano
los obispos zelotas de Pío IX, entre quienes uno ó algupos mexicanos se distinguieron. Hoy Strossmayer
es uno de los misioneros favoritos de Leon XIIl; le
ha dado la misión de trazar el programa de la reunión futura de los eslavos cismáticos y ()3.tólicos.
Resentidos profundamente los alemanes católicos
por la parcialidad de sus cleros en favor de sus enemigos hereditarios, hin puesto en el cielo sus quejas,
y los exaltadoR, obedeciendo á la direcc!ón de dos furiosos agitadores, Wolf y Scbenerer, La.o anunciado
su conversión al protestantismo. Los corifeos y un
grupo de personas que·no llega á un ll\,illar, han realizado su amenaza ell el N. de Bohemia, sobre todo,
donde algunas pequeñas poblaciones alemanas se han
declarado protestantes en masa. El clero austriaco
hizo al principio po.:o caso de esto; pero boy, profundamente alarmado, multiplica las deprecaciones, los
sermones vehementes, las conminaciones y las cartas
pastorales; Monsefior Gruscha, el cardenal Obispo de
Viena, ha resuelto dirigir la campaña y ha hecho un
llamamiento á la fuerza pública para que impida h
propagación del mal: al brazo secular como se decía
en los tiempos inquisitoriales.
A este extraí'!o movimiento hace alusión el escrito
de Castelar, exagerándolo un poco, porque la verdad
es que lo que se anunciaba como una conversión en
masa, ha resultado poca cosa. á la postre. No es eso
lo grave para el dualismo austro-húngaro, sino que
los eslavos en cuanto la mano de hierro del magyar
se hace sen~ir demasiado, vuelven los ojos al Tsar,
especie de jefe honorario de todos los eslii.vos del
mundo, y los austro-alemanes, cuando temen que su
preponderancia decline, ,suspiran por el Kaiser de
Berlín, centro vivo del pangermanismo.

* **
¿En dónde se baten? En donde ya no se batirán
es en S&lt;tmoa; los ri va!_es Malietoa y Matai,fa han depuesto las armas y la alta comisión arbitradora ha
decidido suprimir la monarquía é instalar en Appia
una suerte de gobierno republicano; esto pa_rece que
será un sedativo para los arde-res belicosos de los samoanos; lo seguro es que las tres potencias, Ing1aterra, .Alemania y los Estados Unidos, meditan cada
una sola cómo birlarár: su parte á las otras dos: Alemania pag-ara el plato.
;
En donde parece que se batirán pronto es en el
Transvaal; los burghers del presidente Krüger se arman hasta los dientes y la mayoría de los uitlanders
se preparan á conquistar sus franquicias con el auxilio de Inglaterra, cuyos callones manda limpiar y
preparar el gobernador del Cabo. En Bloe1nfontaine
no pudieron entenderse, como dijimos en nuestra última revista, el bíblico señor Krüger y el exigente
sefior Miliner: deje usted á los uitlan.ders tomar parte en el gobierno, decía Mr. Miliner, deles usted el
voto á todos, y desde luego, con sólo ciertos ilusorios requisitos de vecindad; es decir, déjelos usted gobernar.-No, respondió el bíblico Mr. Krüger, no;
les daré franquicias pero poco á poco, mediante natu~alizaciones que no produzcan su erecto iumediatamente, sino al cabo de cinco años; además obliguen
ustedes á la Charte:red (la compañía organizada por
Cecil Rbodes) á pag-arme una fuerte indemni7.ación
-por la invasión de Mr. Jamesson, un doctorci!!o en
obstetricia, y además comprométanse ustedes á someter al arbitraje de una potencia cualquier nuevo caso de conflicto entre boers é ingleses.- Imposiblr, no consentimos, replicó M11iner, y concluyó la
r- conferencia.
Ilay en todo esto 1ma cosa risueña (¿Puede decirse así en vez de risible? Creo que no y por eso lo di. go.) El fogoso imperialista Mr. Chamberlain, secretario de las Colonias en el gobierno del Marqués de
Salisbury, en cada uno de sus discursoi,, eompromete
la acción del gobierno inglés; es decir que el Ministerio acuerda poner el pié en una linea y el enfant terrible del unionismo en un discurso del día siguiente
del acuerdo, pone el pié en la raya y, por la propensión natural de todo orador de ir hacia el público,
da un paso más. Por eso han convenido los miuistros
de S. M. B. en no dejarle e1 primer monólogo del acto; sino que Mr. Balfour hombre de un talento infinito y filósofo en sus ratos perdidos, se adelanta á
declarar la verdadera inteución del gobierno; y así
el paso de Mr. Chamberlain es por su cuer:ta y riesgo. Curiosas costumbres parlamentarias.
Lo que sí nos ha conmovido profundamente basta
las lágrimas contenidas, que son el preludio de las
que corren, pero que no pueden correr en esta crónica decentemente, es el discurso pronunciado el lunes
pasado por el propio Mr. Cbamberlain. &lt;¡Los peligros
que corre Inglaterra en esta cuestión de los boers
son para partir el al mal ¡ Los boers se arman; los
boers tienen dinero y soldados; los boers van á creer
que nuestra paciencia es debilidad, y abusarán; verán ustedes cómo abusan de esa debilidad! ¡Oh! no,
es preciso ser fuertes, no; ao queremos la guerra, pero si nuestra dignidad lo exije, nos sacrificaremos y
mostraremos que somos capaces de defender11os ....
Mostraremos los dientes-&lt;¿ Y para qué son esos dientes, abuelita?-Para comerte mejor, hija mía.•
En donde sí se baten á más y mejor es en la isla

SR. JOSl!: M. 8 USTILLOS1
Poeta Mexicano
ten Toluca el 2 0 de .Junio de 1aee.

Ultimo retrato.

Fot. Torres.

de Luzón, tagalos y americano,;. E l goberna&lt;'lor Otis
se ha visto obligado después de una trabajosísima
campal'!a en el centro y sur de la isla, á darla por terminada hasta que pase la mala est,ición, contentándose con limitar la ocupación á una zon1. que al N.
de Manila llega hasta San Fernando y al S. se limita
al distrito de Ca.vite. Algunos puertos dominaoos
por la flota pueden considerarse también en poder
de los americanos. Y es muy poca cosa. Si entretanto los filipinos no se desorganh,an, si continúan ayudando al calor y á la humedad, siendo la pesadilla de
las avanzadas de Lawton y Me Arthur, la nueva campaña, que es, como si dijéramos, una campaña prei,idencial, porque &lt;'le sn buen suceso depende quizás
la reelección de Me Kinley, recomenzará bajo malos
auspicios. Será, en suma, un mal negocio; si llegan
á demestrar esto los filipi nos, habrán ganado la partida.

** *
Los 'últimos periódicos franceses, en cuanto se refiere al asunto Dreyfus, son verdaderamente dignos de
estudio. Todos los enemigos de la revisión clamaron
porque·las salas de la Corte de Casación (civil, criminal y de requetes) conociesen reunidas y resol viesen el
caso. El gobierno de M. Dupuy, sin motivo legal
suficiente, como se ha visto hoy que se han publicado
1011 pormenores de la investigación, sin nada que lo
obligase á despojar de su jurisdicción á lc1, sala del
crimen, pero con una mira polítka que ha resultado
justa, Mnfirió, por medio de una ley que resulta ad
hoc, la rei,ponsabilidad de la decisión al Supremo Tribunal ent,ero. J)ió así plena sati.,facción á las exigencias de la prensa reaccionaria y antisemítica. El solemnísimo farsante que se llama M. Quesnay ,de Baurepaire, que quiso explotar la excitación de las masas
en favor del ejército, para ver lo que pescaba, se declaró satisfecho: sus colegas de lasa.la civil, el mismo
magi!,trado ponente, Ballot-Beaupré cuyo informe es
sin duda la pieza capital de los autos, le habían manifestado su hostilidad á la revisión.
Mas ¡oh! dolor ! M. Ballot-Beaupré ydespuésdeéllos
cincuenta primeros-magistrados de Francia, se declaran unánimemente en favor de la revisión, casan el fallo del eunsejo de guerra de 94 y determinan en una
sentencia concisa y precisa á la vez, que "el acusado
Alfredo Dreyfus comparecerá ante el Consejo de Guerra de Rennes, designado á este fin por deliberación
especial habida en sala del Tribunal, para ser juzgado sobre el punto ·siguiente: ¿ Dreyfus es culpable
de haber, en 189!, provocado maquinaciones ó mantenido relaciones con una potencia extranjera ó con
uno de sus agentes, para comprometerla á cometer
actos de hostilidad contra Francia ó emprender contra ella la guerra ó para procurarle los medios á este
fin encaminados entregándole las notas y documentos
contenidos en el bO'l'dereau1"
Esta declaración era clara para todos los hombres
sensatos; habría sido necesario desesperar de la justicia humana si un tribunal de la competencia y del
prestigio de la Suprema Corte Francesa, hubiese cedido á la influencia de un grupo de obcecados y energúmenos que soliviantan á las multitudiB francesas.

Sin embargo, el fallo causó emoción profunda; la reflejan bien los periódicos. Todos habían ofrecido inclinarse ¿se ban inclinado todos? Los que habían
guar Jado una reserva neutral y respetuosa como el
Jou1"?ial des Debuts, modelo impecable del periodismo
ilustrado, espirit ual y cortés, órgano de la burguesía
irremisiblemente demor:rática, pero relig!osaw~nte
liberal, se bao inclinado siu ret,icencias ante el fallo
de la Corte; de esta parte sana de la población francesa que guarda GOD una gracia de tan buen tono y
con tan exquisita inteligencia de fas necesidades sociales, la gran tradición de las épo,cas parlamentarias,
es una expresión admirable en su limpia sencillez el
manifiesto de la. asociación política, lu Unión liberal.
«Tenemos que combatir dos clases de enemigos, dicen al terminar los autore1:, del manifiesto. Por un
lado el partido radical y socialista que no ha cesado
de ganar terreno desde lr,s comienzos de la legislatura y pür el otro un partido formado con todos los deshechos del pasado y que sueüa con golpes de Estado,
con plebiscitus, con servidumbre, en una palabra, y que
busca por t odas partos á uno á quien conferir la peligrosa misión de imponérnosla. Nosotros, republicanos liberales, no desmentiremos nuestro pasado; vemos con toda claridad y acostumbramos denunciar
sin piedad las faltas del Parlau1ento; no por eso se ha
mermado nuei;tra adhesión á las iru.tituciones republicanas. Si aún están demasiado vi vas las pasiones
para que sea pusible hacer aceptar los consejos de la
moderación y la prudencia, esforcémonos al menos
por evitar males irreparables; y colocados entre dos
partidos que luchan igualmente por ahogar la li':ertad, continuemos defendiéndola con la convic.::ión
profunda de que sólo ella puede abrigar la tolerancia
religiosa, asegurar la plenitud de su independenciaá
Ja justicia, inspirará todos el respeto á los derechos
de cada uno, fortificar las costumbres públicas contra una cobardía que prnpara. el camino de la corrupción, y por la Cúntianza que inspira, hacer volver á
los espíritus y á los corazooes la paz social de que tentmos necesidad tan urgente.,
Eotre los perUdicos antirevisionistas, algunos, los
menos, se someten corno el periódico rle Paul de Cassagnac; otros como la. frenética Libre Parole del frenético Drumont dicen: cS1 todos esos oliciales á quienes
defendiamos, hubiesen tenido el temperamento de los
hombres de antaño, habríamos ganado la batalla,
porque Francia estaba con nosotros. Nada hemos encontrado, nada, nada, nada más que felicitaciones y
apretones de mano.&gt; El autor quería un pronunciamiento, la mayor parte finge n esperar que el Cunsejo
de guerra r econdenará 4 Dreyfus, á pe¡,ar de la confesión misma del condottiere l!:sterhazy.
Lo que ennoblece á la especie humana y consuela
de lo que indudablemente ha sido una obra deespanto.sa inquidad, es la actitud de la sociedad en que si
tamaño crimen pudo cometerse, tamaña reparación
puede esperarse, en que ha bdbido h'.)mbres que todo
lo sacrificaron para obtener justicia, y mujeres c,,mo
Mme. Dreyfus con cuyo corazón acabarán por latir
al unísono los de todas las mujeres buenas de Francia.
¡Oh! cuán bien dijo Rugo:
«Quand tou.t se f uit petit, fermnes, vous restcz grandes.&gt;
Saben los lectores rle mi últi ma revista cuán natural me parecía que Waldeck-Rousseau y el I11arqués
de Gallifet se encargasen de dar solución á la crisis
ministerial; nosotros considerábamos necesaria una
concentración de las fuerzas repnblicanas, mas nunca supusimos que el radio de concentración pasase de
los radicales y alcanzase á los socia.listas, menos que
un liberal de la altura de Wa!deck-Rousseau se aliase á el!os; mas si nos sorprende que lo baya hecho,
nonos plfrece que por ello debe condenársele, y el grupo moderado que encabeza M. Meline hace mal quizá
en negarle su apoyo. Lo que ba hecho el insigne repúblico, con sacrificio de arraigadísimas convicciones,
es una revelación del peligro que corren en Francia
las instituciones republicanas; como cuando se trata
de las defensas supremas, no ba sido posible rechazar ninguna alianza y desde el republicano conservador GalJifet, que guarda incólume un inmenso prestigio en la masa del ejército, basta el socia.ista Millerand que 7ocos días antes de ser ministro proclamaba. en su p.eriódico (La Lanterne) que la justicia no
conocía ni represalias ni venganzas, y que es, como
si dijéraD10s, un socialista de gobierno, todo cuanto
elemento de orde!l podía encontrarse en los grupos
que combaten entre sí, perc á la sombra de la bandera republicana, tienen una representación en el nuevo gabinete que no es una conciliación, sino una
tregua.
El Presidente del Consejo lo dijo muy bien en su
conciso programa, que fué un breve comentario de
la orden del día que produjo la caída del ministerio
Dupuy. Lasdificultadessongravíslmab, parecen Insuperables, eso es lo que demostrará si Waldeck-Rousseau es, como hemos afirmado, ó no, el primer hombre de estado con que la república cuenta.
El programa es muy concreto y esto facilitará al
gabinete mantenerse muy compacto; la decisión
del consejo de guerra que juzgará de nuevo á Drey!us no puede hacerse esperar. La declaración de inculpabilidad es inevitable, tratándose de un grupo de oficiales de honor, sobre los que no pesan las

�EL MUNDO.

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Domingo 2 de Julio 1899
Domingo 2 de Julio de 1899.

sugestiones que puso en obra el ministro de la gue- M. Loubet, y esto podría ser la seilal del conflicto cirra Mercier cuando deliberó el primer consejo. El vil; creemos que Waldeck-Rousseau, queGallifet, qll:e
ejército habrá así pronunciado la última palabra y el Presidente, pueden ponerse á la altura de esta siesta palabra será justicia y caerán como por ensalmo tuación.
todas las prevencione¡, que contra él tiene una parte
Pero si nuestra primera hipótesis se realiza, como
del país republicano, prevenciones hábilmente explo- lo creemos firmemente, el ministerio, tal como está
tadas por los grupos que proclaman la revolución compuesto, perdería su razón de ser y á las tentativas
social.
de convertir al Estado en un organismo absorbente
Si contra la convicción que ba penetrado ya en la de todo capital, que es el programa colectivista, pueconciencia de todos, aun de los que tingen creer en den los liberales desplegar toda i,u resistencia, segula culpabilidad quand mime de Dreyfus, como el gt&gt;- ros del triunfo, asf como esa misma resistencia sería
nual Mercier, si contra el análisis irrefragable becbo hoy dar el triunfo á los enemigos de la República.
Veremos; precisam:mte acaba de presentarse un capor el magistrado lntormante de la Corte de Casación é lmplícita•nente admitido por ésta, si contra la. i;o en que la euergfa del ministro de la gue:ra tiene
terminante confesión de Esterhazy, el Consejo, que ocasión de revelarse en toda su fuerza; un oficial del
sólo puede examinar, como prueba, la única quo sir- ejército se ba permitido Insultar en un periódico al
vió de base legal á la condenación de Dreyfus, el bor- jete del Estado; si él y todos los que como él piensan,
treTeau, declarase culpable al capitán acusado, lacues- parece que son varios, no reciben un castigo rápido,
tlón tomaría repentinamente un carácter de espan- seguro y decisivo, de esos que muestren la mano del
tosa gravedad. Vendría al dfa siguieute el Indulto de jefe de la carga histórica dtJ Sedan, calzada por un

EL MUNDO.

guante de acero, no sabríamos qué :'.)ensar ni á qué
atenernos.
Nadie duda que Francia necesite un gobierno, todas las democracias latinas y, sobre todo, las democracias militares, (lo que parece un contrasentido y
ese es el contrasentido que causa la dificultad fundamental é Insoluble en la existencia de la República),
todos necesitan gobiernos fuertes; es hábito y necesidad de conformación. Pero no necesitan dictadores
perpetuos, porque esos tras de ser la opresión, sou
la guerra, son Waterloo y Sedan. No, por más que
asf lo piense el estentóreo Dérouléde que gritaba ante el tímido jurado que lo absolvió: d'rancia necesi
ta un hombre&gt; dando así á su patria la obscena actitud de una mujer atacada de una de esas vesanias
que Cbarcot trataba en la Salpetrlére. Implo, loco.

__J ~ J

~

-

EL ESCANDA.LO DE AUTEUIL.-LA P0LICIA APltE11ENDE AL CONDE CmtISTI.I.NI.

EL MIEDO A LA MUERTE.

EL ESCANDALO DE AUTEUIL.
EL CONDE CHRISTIA.NI AMENAZA. CON SU EAST0N AL PRESIDEl&lt;T.E DE FRANCIA.

¡

Oportunamente nos transmitió el cable y leímos
con más desagrado que sorpresa la noticia de este lamentable escándalo provocado por uo grupo selecto
de gentile$-homlnes en las fiestas del Steeple-Chase de
Auteuil.

Dice un cronis!a parisiense: &lt;No exajeremos la importancia de esa tonta barrabasada de petimetres que
se lanzaron gloriosamente al asalto de una tribu;1a
ocupada por el invitado de una Sociedad, para ir después á dormir en la vil D.:tenclón. Esto oo ba sido

más que el ensayo de un nuevo sport, cuyos resultados son poco alentadores en razón de su taita
de elegancia. No es fácil comprender lo que ¡&gt;;Jeden ganar esos sefiores entregándose á tales ejercicios, pues lo único que bao becbo es perder, con
algunos bastones y no pocos sombreros, los últimos girones de una fama de buena educación y
de exquisitas maneras que ya muy pocos lee reconocíc1,n.
M. Fernand de Cbrlstlani, el máis audaz y más
torpe, si no el jete de ese grupo de elegantes, tiene treinta y ocbo aITos de edad y es nieto de un general del primer imperio.
Al llegar M. Loubet al bipodromo de Autt:uil el
dfa de los escándalos que tué el 4 de Junio, se le
recibió con aclamaciones de entusiasmo; pero á
, poco se oyeron gritos Insultantes para el Jefe del
Estado.
Uno de los insultadores, el ridículo y universalmente célebre en estos dfas, cuyo retrato figura
en un ángulo superior de nuestro grabado,. el conde Christian!, escaló la tribuna presidencial con el
ímpetu, aunque con menos berofsmo que su abuelo las trincheras enemigas, y se lanzó bastón en
mano sobre el Presidente Loubet.
Afortunadamente el General Brugere previno el
· bastonazo y M. Loubet recibió sólo un débil golpe
t&gt;n la copa del sombrero. La escena produjo un tumulto espantoso.
El agresor fué detenido inmediatamente, y con
más cardenales que él quisiera, fué á. parar en
manos de la policía y llevado bajo severa custodia
á la Detención.
Entretanto, los turiferarios del héroe (Jl:;1 liitlani, libraban una verdadera batalla con la
policía bajo el mando de M. Touny, auxiliado
por el oficial Grlllleres, el cual rué herido gravemente en la cal,eza.
Reducidos á la Impotencia los revoltosos, bien
pronto rueron á bacer compa!Iía al benemérito
Cbrlstianl y á felicitarlo por su brillante proeza.
No es Inútil recorda: á nuestros lectores que la víspera de los hechos que rererimos, es decir, el sábado
3 de Junio, la Corte de Casación pronunció el magui.tico fallo de rerlsión del proceso Dreyfus.

El Instinto más poderoso y dominador
en el hombre y en los aniwa.les en geoe!!'al, es el de conservación. Vivir. á todo
trance, á toda costa, sea corno fuere, en
-cualquier condición; per&lt;&gt; ,·ivir, be abi la
gran aspiración bumana, P4ra ~a lnmen-sa mavorfa de los hombres, la vida no vale p1&gt;r lo-; goces que promete,,por las satisfacciones que procura, por los apetitos que
sacia, por las concupiscencias que harta,
por las ambiciones que colma, sino por
-ella. rulsma, independientemente de sus
,goc&lt;!s, con entera. abstracción de sus dolores.
Aman la vida, la quieren perdurable é
inextinguible, César en el solio y Job en
-el estercolero; desde el peilón desierto de
!:;anta. Elena, entre las ruinas de un poderío casi extravagante y los laureles marchitos de una gloria casi di vlna, y después
de haber vivido él solo mil vidas, Napoleón que nada espera., des':.'a aún vivir, y
frun'ce lnrli!tnado el ~i'io á las acometirlas
-del mal que lo consume y,ha de ,miqufürlv.
Ricos ó pobres, gloriosos ó igncrados,
reyes ó mendig~s, genios ó imbéciles, para
los hombres la vida no es un medio sino
un Un, estima.ble en sf mismo y por sí
mismo, y la imaginación y la fé la prolongan más a1lá de la. muerte, lmpoten.
tell para conservarla real y efectiva. más
de lo quedura.n un soplo ó un suspiro.
La sola Idea de la muerte, biela la sangre en las venas y yergue el ca.bello en la
-cabe:1.a. Soledad, trio y ~ilenclo ... extin-ción del cambiante panorama exterior,
dlsl paclón de los fantasmas del mundo
interno; el músoulo, rígido; el nervio,
Inerte; mudo el labio, 1 ncunmovible el corazón, inactivo el cerebro; sólo de pensarlo
se siente horror y miedo. Y luego, más
allá, un misterio impenetrahle ¿la. nada?
.¿el éxtasis místico? ¿el viaje interminable á través de otros mundos y en la envoltura de otros cuerpos? ;,el fuego eterno? La fé intenta en vano alumbrar ese caos, subsisten siempre dudas, inquietudes, angustias que
llacen, aunque dolorosa, preferible esta vida á otras
vidas, y los dolort'S ciertos á los goces dudosos.
El amor á la vida en si se complica. con el terror
que inspira lo descono.:ido, y la vida se hace doble0

EL POETA RUSO ALEJANDR.:&gt; PUSC11KIN.
mente amable, por lo que ella vale y por lo que puede signilicar lst muerte. Este cúmulo de rertexiunes
acude, sobre todo, al pensamiento en presencia de un
cadáver, severa y muda Interrogación que los cirios
alumbran y no esclarecen, y que la.s flores perfuman
sin mitigar el horror que inspira.

SI tanto asf amamos la vida y tan tr meado problema. encierra su extinción,
qué terribles y dolorosas deben ser la inminencia y la proximidad de la muerte.
Sentir que la sangre se biela poco á poco
en las venas, que la fuerza se extingue,
que la vista se anubla, que la palabra se
estanca en los labios; entrever al rededor
de sí llorosos y doloridos á los seres que se
ama.; pensar en su viudez y su orfandad;
prever para ellos el abandono, lc1, miseria,
el extra vio por falta de consejo, el vicio ó
el crimen por falta de dirección y ejemplo; considerar de antemano el hogar triste y trio, las asechanzas contra ,a inexperiencia, las confabulaciones contra la
debilldarl, el desplome por falta de sostén
y el dolor á dQmlclllo por taita de apoyo
y de defensa; todo esto oprime como una
pesadilla, llena de dolor y de angustia, y
creemos que en el dintel de la muerte nos
atenacearán todas las furias ó nos chuparán todos los vampiros.
De abf ese afán por perder la razón antes
que la vida, por morir hundido en el coma
estúpido, ó caer fulminado por el rayo
sin que la reflexión, el cálculo y la previsión
tengan tiempo de atormentar nuestra
agonía. El agonizante pareet: no tener
m¡is que una de dos actitudes: estallar en
protestas ó prorrumpir en gemidos; renegar como un condenado ó llorar com'.&gt;
una plañidt&gt;ra.
Contra esta previsión hablan los hechos;
la muerte, la inexorable, la implacable, la
f riu segadora, tiene com pasión de sus víctimas y antes de levantar sobre ellas su
atiiada guadaí\a, les inspira resignación,
serenidad y calma: tiene piedad de ell.lll
y las arma de valor ó las Insensibiliza y
embrutece. Nada, en efecto, más rudo
q·1e el contraste entre lo que debía ser y
lo que es en realidad la proximidad de la
muerte. En plen'l vida la temíamos y la
esqulvábam~s, la juzgábamos horrible y
atormentadora; cuando la vemo:1 venir, ó
la llamamos con anbelo ó la acogemos con
calma ó la miramos con indlrerencla.
oi la muerte sobreviene entre sufrimientos agudos y crisis do,orosas, ansiamos su llegada, la llamamos como á una redentora y preterim08
mil veces morir á sufrir. Si se acerca silenciosa y
compasiva, si la vida se extingue sin dolor y sin angustia, la recibimos como una amiga esperada y no
temida. En estas condiciones el agonizante llama á

�EL MUNDO

6

Domml!'o 2 de Julio de 1899

Domtnl!'O 2 de Julfo dP. l~!l!l.

7

EL MUNDO.

LA NUEVA SINAGOGA EN CHEMNITZ.

¡PER

E:XPOSICION DJ!L,CASJNO NACIONAL,

los suyos, les sonríe, imprime en sus frentes el último beso, desliza en sus oído!&gt; el último consejo, les
sugiere resignación y valor, apenas si un vago tmte
de melancolía cubre su semblante; habla de sí mismo como de un indiferente, encuentra natural y lógico morir. prodiga aliento en vez de solicitar consuelo, juzga llenada su misión, alcanzada la meta; la
vida que le pareció siempre tan estimable y valiosa
le es indiferente, en su último balance le parece fallida; acaba por reconocer que no vale gran cosa y sin
tristeza como sin amargura, sin prot,estas como sin
blasfemias, expira resignado y tranqullo y hasta feliz á veces.
El he'cho, sorprendente en sí mismo, lo es más aún
en los éasos en que la muerte sobreviene cuando una
• enfermedad prolongada y aniquiladora .no ha t,enido
tiempo de extinguir las fuerzas, de embotar las facultades, de provocar esa indifeiencia apática y pro•
--funda características del agotamiento supremo; cuando se impone, como en la pena capital, á un hombre
sano, robusto, á veces en plena jnventud y en pleno
vigor.
El ajusticiado que protesta, se agita, reclama la
viJa como un derecho, se defiende y resiste, á quien
hay que llevar al patíbulo maniatado y á empellones
como al loco furioso á la ducha; el t ondenado á muerte que gime, llora, suplica, reza y clama al cielo son
la excepción y no la regla; tanto son la excepción que
entre nosotros casi no se registran casosde ese género.
Los casos ordinarios son de tres clases: E: fanfarrón que llega. á la muerte con la frente alta, la.mirada
altiva, verboso y decidor, prodigando bravatas y hasta chascarrillos, que rehm,a la venda, que pide man' dar la ejecución. Hemos visto morir así á O'Horan y
á un sargento del antiguo Cuerpo de Tiradores; este
último leyó unas décimas al cuadro de ejecucióp, ven-

Los .M.\ RMOLES

SACO!

Los israelitas de la ciudad de Chemnitz, que
apenas pasan de mil, careciendo rte un sitio
apropiado para sus servicios religiosos, resolviéronse en el aiio de 1897 á construir una sinagoga, para lo cual empezaron por adquirir un amplio terreno en la plaza de San Esteban
No obstante el corto número de adeptos que
forman el grupo judio de Cbemnitz, no hubo
dificultades para reunir los fondos nesarios al
efPcto que se habían propuesto y una vez adquirido el terreno procedieron á abrir un coucnr¡;o
artístico entre todos los arquitectos del Jugar
para que presentaran proyectos apropiados tanto en la parte de comodidades y exigencias pa
ra el servicio, cuanto en el carácter arquitectónico que debería concordar con la índole de la
estética Lebrea.
Presentáronse setenta y ocho artistas y obtuvieron respectivamente, el primer premio el Ingeniero W. Buerger y el segundo los Ingenieros Hoeniger y Sedelmayn. Naturalmente fué
el proyecto del pri::.iero el que se llevó á la práetica. y á su autor Buerger se confió su realización.
La construcción duró sólo quince meses, al
cabo de los cuales fué entregada al servicio tal
cual pueden verla nuestros lectores en el grabado que les ofrecemos.
Forma un hermoso adorno de la ciudad y produce una impresión maJestussa.
Usóse como principal material piedra artificial roja que con el contraste del tejado verde
claro, es de gran efecto, según dicen los periódicos técnicos alemanes.
El nuevo templo judio t!Pne cabida para unas
setecientas veinte personas é importó su construcción 120,000 pP.sos aproximadamente.
Ofrecemos á nuestros lectores este-grabado
por el interés que actualmente despierta todo
lo que ataíie á los judíos, tan traírtos y tan llevados en estos últimos tiemposá causa del asunto Dreyfus.

CUADRO DE R ULL,

éló á sus dos compañeros de patíbulo, rehusó vendarEL CENTENARIO DE ALEJANDRO P'O'SOHXIN
se y mandó la ejecución. El segundo tipo es el inerte, el indiferente, el inconsciente casi; va á la muerte automáticamentr, habla poco ó nada, no hace reEl siete de Junio último (26 de Ma:vo según el ca,.
comendaciones ni encargos, todo le es igual y no ma- lendario ruso) se celebró en Rusia el 100° aniversario
nifiesta ni valor ni cólera, ni miedo ni aolor.
del nacimiento de un poeta que tiene derecho á un
El tercer tipo corresponde. en general al mártir de
lugar preferente en el Parnaso de su patria, pues fué
alguna grande idea ó á la v!cti ma de alguna gran
el iniciador de la nueva poesía rusa que había consercausa. Sereno y tranquilo, sin fanfarronada como sin
vado un carácter exclusivamente doctoral y educaautomatismo, Heno de fé en su ideal y de estoicismo
tivo, siendo Puschkin quien le dió un sello verdadeante su infortunio, se prepara á la muerte sin apararamente artístico.
to ni ostentación, va al p'ltíbulo sin desfallecimil'nto
Nacido en el seno de la más alta sociedad de su
y se le sorprenden en la mirada relámpagos des11pretierra, su educación primera fué más brillante que
ma satisfacción y de legítimo orgullo de morir por lo sólida; pero sus grandes disposiciones poéticas y su
que cree ó es en realfdad la justicia ó el derecho, la afición al estudio, hicieron d.; él una de las primeras
virtud ó el bien· humano. .A.sí murieron Hidalgo, Mo- . figuras intelectµales de Rusia.
relos, Ocampo, .A.rteaga, Salazar. En el Cerro de las
Compuso muchas piezas de alto vuelo; impregnadas
Campanas se vió á Miramón y á Maximiliano morir de un espíritu netamente nacional y zahiriendo sin
con valor sereno y á Mejía conindiferente y apática piedad á todo lo viturable de su tiempo y de sus confrialdad.
tempóráneos. Esto ocasionóle repetidos conflictos, y
Esta comprobación es consoladora; imaginada, la al fin murió en duelo el 10 de Febrero de 1837, cuanmuerte es terrible y parece aterradora; pero vista de do aún se esperaba mucho de su fuerza creadora.
terca y frente á frente no inspira en general, ni
miedo ni horror y se la puede afrontar con indiferencia, cm resignación y hasta con audacia. La vida tiene siquiera eso de bueno, que siendo tan ansiada y
deseada, no es su pérdida tan cruel y dolorosa como el
hombre se imagina. Esta consideración puede contribuir á hacer menos terrible el supremo trance.

MEXICANOS EN

El taller fotoITTáfico de los hermanos Torres.
Presentamos este interior de taller con la
nota de novedad que le presta la presencia de
la mujer desempeñando las tareas del arte fotográfico.
Los señores Torres han sido los primeros que
en nuestro país implantaron tan feliz innovación, con la que ganan no sólo las favorecidas
con esos empleos, sino el público y principalmente las damas.
En efecto, si hay ocupación propia para la
mujer, es la fotografía: tienen aptitudes y habilidad manual extraordinarias, y sobre todo,
pueden servir mejor que un hombre{~ la&amp; damas que se retratan, arreglando ellas mismas
su tocado, dándol?s la posición propia con una
confianza y minuciosidad imposibles en personas de distinto sexo.

LA

NUEVA SINAGOGA 1l.N CHEMNITZ,

Los mármoles mexicanos en París.

p ~nis.

El Sr. D. Cárlos Sellesier, Jefe del grupo XI de la
Comisión Mexicana para la Exposición lfoi versal de
París, ba tomado positivo empeño en ba0er lucir los
objetos de ónix extraídos de las canteras deJ.país.
Secunda con éxito los esfuerzos del Sr. Lellesier. el
8r. A. Donnamette, agente honorario del citado
grupo y autor del proyecto que representa nuestro
grabado. Dicho proyecto fué aprobado hace dos días
por la Secretaría de Fomento. Ampara una colocación artística de numeroso~ objetos y bloques de
ónix de variadoscolores, la cual, á nodudarlo, llamará
poderosamente la atención de los concurrentes al
gran Certamen.
Varios son los expositores mexicanos que presentarán artículos, bloques y placas dE. ónix; pero entre los
principales debemos citar á los seííores D. Enrique
Fenocbio, que remitirá á París dos colosales bloques
de ónix verdoso extraído de las ricas canteras que
posee en el Estado de Oaxaca; á Doña Luz Arenas viuda de Miró, que enviará también riquísimas muestras de sus canteras de Etla, Carmen y Sorpresa, Oax11ca; á D. ,Manuel Oliman, que preparó
cincuenta láminas trasparentes y cincuenta bloques
de los vistosísimos mármoles de Puebla; á D. Amador Cárdenas, propietario de las canterasde Jimulco,
las más ricas y abundantes de mármoles en t odo el
país y sin disputa, las mejor explorades y administradas, y tantos y tantos otros individuos que se dedican á la explotación de las ricas piezas.
Los pedimentos de admisión del Grupo XI fueron
de los primeros que se enviaron á la Delegación de
México en París, habiéndose dedicado en seguida á
la formación del proyecto adjunto con los datos en
aquellos expresados, el agente honorario Donnamette, como se dedicó el agente viajero A. Leduc á la
consecución de los materiales.

'

EL TALLER DE FOTOGRAFL..: DE TORRES HNOS. , CALLE DE LA PROFESA N !JM, 2.

�\
8

EL MUNDO.

Dominl!O 2 de Julio de 1899

Domingo 2 de Julio de 1899.

9

EL MUNDO.

(TRA.DICION MEXICANA,)
A mis amigos Luis González Obregón y , acobo M. Barquera.

-cSeííor, oh gran señor, oh señor mío!
soy tuyo ¿qué me mandas?-&gt;
dijo el bardo, y el rey Motecuhzoma,
le contestó con despotismo:-cCanta!&gt; ... ,
.Ah! decid ¿qué se hicieron las canciones
de aquel bardo de .Anáhuac?¿Las tiene acaso alguno de los lagos
en sus palacios de cristal guardadas? .. , •
¡Lagos azules, lagos espumosos,
lagos de ondas de plata,
arrojad esas muertas armooías
y en mi lira hallarán vibrantes alas! ....
......ya he hallado á dónde habemos de Ir, y
todos vosotro• conmigo que es en Oincalco....
y si alll entramns. JamAs moriremos..... .
TEZOZO)!OC.-Orónica Mexicana.

Cap. CIII.

I
Cayó del astro el resplandor purpúreo
sobre las crestas blancas
de los volcanes, resbaló en el hielo,
y fué á besar los nidos y las ramas.
Entreabrió los botones de las rosas
con sus dardos de grana;
y, rod':lndo después sobre los lagos,
ensangrentó las soñolienuas aguas.
Y el viejo Tonatiuh de los mexicas,
el sol de tez dorada,
subió al zenit. 8us rayos chispearon
en los teocalis y ruidosas plazas:
c;Ob diosa de las flores! Coatlantona!

-la multitud cantabaHoy es tu fiesta, diosa de las llores;
la pri,navera de las cumbres baja!
«Venid, corred, llegad, ra~illeteros,
que la diosa os aguarda;
y el teocali de Yopic necesita
que lo adornéis con trémulas guirnaldas.
«Arrancad al arbusto de la chía
sus flores azuladas;
á la amapola de coral sus pétalos,
y al chícharo sus cálices de nácar.
«Venid, corred 1cantadl ramilleteros;
el teocali os aguarda ....
Hoy es tu fiesta, diosa de las flores;
la primavera de las cumbres baja!&gt;
Y mientras tanto el rey Motecuhzoma ....
allá. en su rica estancia,
permaneció en silencio, rodeado
de nobles, de bufones y de esclavas.

El rey estaba triste, el bardo inmóvil,
en silencio la estancia ....
se deslizó un instante, y el poeta,
acer.:;á.ndose al rey, cantó en voz baja:
-«Cerca de Coyoacán, en Atlixucan,
en la tierra sagrada,
está. la alegre gruta de C!calco:
¡La misteriosa: ~ruta del fantasma!
«Cerca de Coyoacán .... Nadie la ha visto;"
pero dicen que el alma .
halla en ella una vida sin anhelos;
una vida feliz que no se acaba!
«Cerca de Coyoacá.n .... ¡Todos lo cuentan! .... ,
De Huemac es morada.
De Huemac, el autor de los placeres,
el que llena de luz todas las al.nas.
,El toldo de la gruta está. tejido
con rosas encarnadas;
y á su entrada se agítan y aletean
papagayos, y mirlos y calandrias.
«Hay en :.u fondo chozas de diamantes
con techo;; de esmeraldas;
·
y hay ídolos de mármol y de uro,
y templos de coral y concha nácar.
«Cerca de Coyoacán .... ¡todos lo cuentan! ....
·
¡Es la gruta encantada! . ...
¡Allí viven cantando, los placeres!
¡Alli está la existencia que no acaba!&gt;Calló el bardo, y el gran Motecuhzoma
·
bajó las regias gradas;
y, sin su corte, triste, pensativo,.
éon lento paso atravesó la estancia ....

............................. ·•• ....
Murió la luz. La noche silenciosa
·
rodó por las montafias:
La sofiolienta Mextli-la áurea lunamojó en el lago su cendal de plata;

y todavía en las alegres calles,

la multitud cantaba:
cHoy es tu fiesta, diosa de las flores!
¡La primavera de las cumbres baja!&gt;
II

TRISTE

CUADRO DE MLLE. ECKERMI\NS,

t

I

AMANECER.

1¡

Hizo un!l. seña el rey: todos salieron
con la faz inclinada;
Y un poeta acercóse al áureo trono,
con traje humilde y descubierta planta:

El r.ey sintió temor.... ,¡temor! .... Oh lira!
no tiemblen tus estrofas,
que no se mancha el nombre de aquel pueblo
de ese cobarde al invocar la sombra!
Y fué cobarde, es cierto, porque un día,

al despertar la aurora,
llamó á. dos de los nl-bles impaciente
y les dijo con voz pausada y ronca:
-«Arrancadles la piel á. diez cautivos
¡que la sangre no 1 mportal
id á buscar la gruta de Cicalco,
y á Huemac noticiad que el rey lo invoca.
«Otrecedle las pieles, y decidle
que el gran Motecuhzoma
quiere habitar con él, quiere entregarse
á la vida feliz que no se agota.&gt;Pasó el tiempo, pasaron muchas .noches
arrastrando sus sombras;
y tornaron por fin los mensajeros
al venir una noche tempestuosa:
-«Cerca de Coyoacá.n está la gruta;
Huemac en ella mora,
y nos dijo, Sefior, ob seííor nuestro,
que tu amistad acepta y ambiciona.
«Que te entregues á. larga penitencia
que pases muchas horas
nutriéndote con yerbas; sin mujeres,
• sin ceílir á tu sien piedras preciosas.

Una tarde acercóse un sacerdote
al rey Motecuhzoma:
y le dljo:-cSeñor, oh señor mío!
han llegado unos hombres á. la costa

«Que busques en la límpida laguna
una isleta, una roca,
y que en ella con ramas de zapote
una tienda y un trono le dispongas.

«Son !::lancos como el cuello de una garza;
su cabellera es blonda;
y parecen espejos sus ropajes,
y parecen palacios sus canoas.&gt;-

«Que él, en Cbapultepec, sobre la selva
de ahuehuetes canosa,
á. tí &amp;e mostrará, para indicarte
que vayas á. esperarlo en tu canoa.&gt;-

Se alejó el sacerdote lentamente.
,
La palidez traidora
cayó en la faz del rey. Vino la noche;
y el suefio huyó de la r eal alcoba ....

Subió entretanto, como un ave inmensa,
la nube tempestuosa;
y un relámpago azul mostró á. los nobles
la alegre faz del rey Motecuhzoma.

�EL MUNDO.

10

Domingo 2 de Julio de 1899

¡Trc.,nó la tempestad! ... Cruzando el llano,
saltando por las lomas,
huyó el coyotl, el de la piel dorada,
el de aguzado hocico y luenga cola.

&lt;La gruta de Cicalco, no es un nido
de placeres eternos.
Allí vive el dolor. Allí está el ho•nbre
que da á la noche sus fantasmas de ébano.

La víbora enredó su cuerpo frío
bajo las negras rocas;
el armadillo se ocultó di&amp;creto
con rapidez en su armadura córnea;

&lt;No hay allí más que flores amarillas;
no hay mirlos, no hay gilgueros.
Hay víboras de dientes venenosos
y tecolotes de plumaje negro.&gt;

las gallinas del agua y las garc?tas
de!&gt;pertaron medrosas;
y las grullas dejaron los maizales,
y silbó el tecolote entre las frondas.

&lt;¿A dónde vas, Sel'ior?&gt;-El sacerdote
guardó largo silencio;
y arrancó de la frente del monarca
las corvas plumas de color sangriento.

¡Qué inmensa tempestad! .... Cada relámpago
parecía en la honda
inmensidad, una sangrienta flecha
que iba á clavarse en la apli1ada sombra!
La lluvia restallaba al estrellarse
sobre ias yerbas rotas,
y con sus tenues dardos daba muerte
á las negras y errantes mariposas! ..... .
¡Qué inmensa tempestad!-Aquella noche
el rey Motecuhzoma
dló á los nobles, en premio, ricos mantos
cubiertos de diamantes y de conchas;
y se alejó después ...... Quitó á sus sienes
la brillante corona;
desdeíió los manjares de su mesa,
y, solitario, se encerró en su alcoba.

III
Ochenta veces desató la aurora
sus cabellos de fuego;
y ochenr.a veces desprendió la tarde,
melancólica y lánguida su velo.

Y entretanto el diamante luminoso
recogió sus reflejos.
Motecuhzoma suspiró vencido,
saltó á la barca, y empul'ió lonemos ..... .

Y aquella luz acarició las ramas
del ahuehuetl inmenso;
extendió su haz brillante sobre el lago,
y penetró del rey al aposento ..... .
-&lt;Allí está Huemac-exclamó el monarcame aguarda, lo comprendo&gt;LJamó á los corcovados y les dijo:
-&lt;Me dispongo á partir; tomad los remos.&gt;Motacuhzoma con la piel de un hombre
vistió su oscuro cuerpo;
clavó á su labio una esmeralda inmensa;
se suspendió las arracadas de ébauo;
largo plumaje, rojo cual la sangre,
enredó á sus cabellos;
tomó el collar de gruesas amatistas
y las pulseras de encarnado cuero.

Y el rey, al terminar su penitencia,
con semblante rlsuel'io
se presentó á los nobles, y afanoso
arregló los asuntos del gobieruo.

-&lt;Allí está Huemac-repitió anhelanteCorcovados, marchémos&gt;y partió la canoa ...... ¡Sollozaron
del triste lago los ocultos genios! ..... .

Alzó, en seguida, la soberbia frente
interrogando al cielo,
y vió que ya la noche desplegaba
sobre el espacio azul su ala de cuervo.

Partió .... llegó .... y allá, bajo la tienda
que los D()b]s tejieron
con húmedo ramaje, un sacerdote
presentóse ante el rey con torvo ceiio.

Clavó después la indagadora vista
eu el confín inmenso ....
Miró á Chapultepec, al mustio bosque
que entrega al aire sus guirnarlas de heno.

--c¿A dónde vas?-le dijo conmovido-

¿A dónde vas? ¿Qué es esto?
¿Acaso el gran monarca del Anáhuac
huye, cobarde, abandonando al pueblo?

Y en ese instante apareció en la sel va
una luz, un lucero,
a.lgo como un diamante luminoso
que fué creciendo, sin cesar creciendo .. .

&lt;¿Qué se dirá de tu ciudad bendita,
de la opulenta México;
de Méx1co, la garza de los lagos,
la que es el corazón del universo?

Comenzó á amanecer. Alegre el alba,
al inundar los cielos,
hizo palidecer con sus fulgores
de los teocalis el eterno fuego.
La aurora desryertó, y al derramarse
sus amorosos besos,
ruborosas abrléronse las flores;
se apagaron, temblando, los luceros.
Los patos, los faisanes y las garzas
levantaron el vuelo,
los mirlos, esponjando sus plumajes,
platicaron de amor sobre los fresnos.
Vino el sol, y al mirarlo, el gran monarca
se ocultó en su aposento ..... .
¡Allí esperó la noche del futuro,
lívido el rostro y contraído el sel'iol

............................ ...... ... .
.................................... ..
¡Ah! jecidme: ¿Bajó del áureo trono?
¿Rompió su fuerte cetro? ..... .
¿Al poner en mi cítara su nombre
se mancharán las alas de mis versos?

•

No ... . Ved! La Tradición viene á mi lado
y me dlce:-Cantemos;
cantemos, que. el cobarde desparece,
bajo los lauros de su heroico pueblolJ OSE M. B!!STILLOS.

6N Lf\ Sf\LPETRIERE.
El gabinete de Charcot, en la Salpetriere, una mañana de consulta, hace diez ó doce años. En las paredes, fotografías de sencillas pinturas italianas y espal'iolas representando santos en oración, mujeresextáticas, convulsionarios, demoniacos, la gran neurosis
religiosa, como se dice en la casa. El profesor, sentado
delante de una mesa, cabellos largos y lacios, frente
abultada, 1.1.blos delgados y altivos, y mirada aguda

brillando en la palidez de su ancha cara. Ir y venir
del interno de blanco delantal y gorra de terciopelo,
ojos pequel'ios, invadidos p◊r la barba cerrada. Al derredor de la sala algunos invitados, la mayor parte

Domingo 2 de Julio de 1899.

médicos, rusos, alemanes, italianos, suecos. Y comienza el desfile de los enfermos.
Una mujer del Vartrae á la consulta á su hija, fea,
gruesa y baja de cuerpo, con las mejillas llenas de rojas cicatrices, En su traje meridional de domingo,
verde y amarillo, el talle se infla y se desborda. La
muchacha parece un jarrón Informe, caído al fuego,
falto de cocimiento, ¿cómo es que eso ha podido llegar á ser madre? &lt;En un acceso de epilepsia .... &gt; dice Charcot. La mujer del Var, débil y llorosa, nos habla de la indisposición de la muchacha, mientras se
dirigen á la otra pieza. El profesor se vuelve al interno.
-¿Hay fuego allí? Examinadla y ved si tiene
manchas en la piel.
El acento, esa deformidad ...... estoy conmovido,
y más aún al ver al nuevo paciente,- una niña de
quince aíl.os, muy aseada, con una toca minúscula,
traje de pafio color castaiio, de rostro candoroso el vivo retrato de su padre, fabrican fe de la calle' de
Oberkamlf, que la acompal'ia.
En_ medio _de ~a sala, tí~idos, con los ojos bajos,
se amman d1rig1éndose muadas fultivas. Se les interroga sobre la enfermedad. ¡Qué desconsuelo! y hay
que responder en voz alta, delante de tantos seiiores, dónde está el mal, cómo es y cómo vino. &lt;A la
muerte de su abuela, sel'ior doctor&gt; dice el padre.
--¿La vió morir?
-No, sel'ior, no la vió.
La voz de Charcot se dulcifica al hablar con la nil'ia: &lt;/Querías mucho á tu abuelita?&gt; Ella responde
que s con un movimientv de la toca, .sin hablar, el
cuello hinchado por los sollozos. El médico alemán
se acerca. Es un especialista que estudir. las enfermedades del tímpano, propias de los histéricos; y aco-

m.odándose sus lentes de oro, y colocando un diapa·
són sobre la frente de la chiquilla, ordena con autoridad: &lt;Dí como yo ... . el dumingo ... . &gt; Nada responde. El sabio triunfa; la enferma no oye .... Yo
creo más bien que no comprende lo que dice el alemán. Larga disertación de éste; el italiano echa también su cuarto á espadas y el ruso murmura una frase. Las dos víctimas esperan, olvidadas é Inquieta!&gt;; y cuando el interno, á quien comunico mis dudas, dice en voz baja á la pequel'ia parisiense: &lt;Repite
después de mí .... domingo . ..... &gt; ella abre sus grandes ojos y repite sin esfuerzo: e Domingo&gt; en tanto
que la .discusión sobre los desórdenes en los órganos
auditivos de los histéricos, continúa.
De pronto el Dr. Charcot se vuelve hacia el pa
dre:
-¿No querría usted dejar aquí á la niña? La cuidaremos mucho ....
Oh! el n-0 que dice ella, aterrorizada, mirando á su
padre, y la ~ierna sonrisa de éste al mirarla: "No temas nada, querida mía. " Parece que adivina lo que
sería su vida en esta casa, sirviendo para las observaciones y experienchs, y tan bien cuidados como lo
están los per:os en casa de Sanfourche, como esta pobre Daret y todos los demás á quienes se va á hacer trabajar delante de nosotros una vez que la consulta haya terminado.
Daret, una muchacha alta, de treinta afíos, cabeza
peque!Ia, cabellos ondulados, pálida, delgada, con los
ojos húmedos como si acabara de llorar. Daret está
en la Salpetriere, como en su casa; lleva una camisola ligera y un pal'iu:ilito al cuello.
-Dormidla .... ordena el profesor.
El interno, de pié detrás de la alta y débil criatura
pone las manos un instante sobre los ojos . . .. Un sus:

piro .... ya está hecho .... duerme al fin, rígida y
recta. Ese triste cuerpo toma todas las posiciones
que se le dan; el brazo que se alarga permanece estirado; al tocarle los músculos mueve uno tras otro todos los dedos de la mano que tiene abierta é inmóvil. Es el manequí del taller, el más dócil y más flexible. &lt;NO cabe engal'io, afirma Charcot, sería preciso
que conociera la anatomía tan bien como nosotros.&gt;
Siniestra, la autómata está de pié, en medio del
.círculo que le formanos con nuestras sillas, dócil á
todo wandato, dando á su rostro la expresión correspondiente al gesto que se le ordenaba. Si son los dedos juntos, sobre la boca, simulando un bese, los labios sonríen, y el rostro se ilumina; si cierra el puño
eon una crispación de amenaza, la frente se pliega, la
nariz se hincha con una cólera frenética .... "Aun
podemos hacer esto" .... y el profesor le alza el puño
para que golpee dando al mismo tiempo una actitud
de caricia á la mano derecha. El rostro entonces
gesticula con una doble significación, furiosa y tierna, es una máscara infantil que rie y llora.
y el alemán sigue con su diapasón, con su specuium auricular, sondeando el oído con una larga aguja.
-No hay que fatigarla, dice el Maestro, id á traer
á Balmann.
Pero el interno vuelve solo y contrariado. Balmann
no quiere venir, furiosa porque se llamó á Daret antes que i ella. Entre estas dos catalépti.ms,-sujetos
predilectosdeexpP.rimentaciónen laSalpetriere,-hay
esa rivalidad profesional que sienten las celebridades-disputas, palabrotas, insultos con tétminos técnicos, una batahola que pone en movimiento el dormitorio.
A falta de Balmann traen á Fifina, cubierta con un
largo manto; cutis rosado, boca gruesa, narlcilla chata y dedos de costurera picoteados por la aguja, Entra resistiéndose, porque es del partido de Balmann
y no quiere trabajar. En vano procura dormlrla el
interno; llora y resiste toda tentativa. cQue no se la
eontraríe,&gt; dice Charcot volviéndose hacia Daret
qué ha descansado ya y está orgullosa porque vuelve á empezar con ella la sesión. Misterio del suel'io
-cataléptico que forma en derredor de la enferma una
.atmósfera de ilusión de suel'io vivido( Se le muestra
una ave imaginaria en las cortinas de la ventana, lo
ven sus ojos cerr~dos con su aspecto propio y ~us m~vimientos ligerísimos; la vaga sonrisa de la hipnot1?;ada murmura: &lt;Qué bonito&gt; ...... Y creyendo que
lo tiene en la mano, lo acaricia cuidadosamente.
Pero el interno con voz terrible dice: &lt;Daret, mira
.ahí en el suelo cerca de tí una ·rata. . . . . . una serpiente ...... &gt;
Al través de sus pesados párpados caídos ve todo
lo que le dicen y comienza entonces á hacer ademanes de horror que jamás han igualado ni Riiehel ni
la Ristori ni Sarah; el clásico sello del miedo humano, siempre idéntico á sí mismo, cruza sus brazos,

11

EL MUNDO.
conmueve su ser entero en un movimiento de espanto
que petrifica la faz pálida, muerta, pues sólo vive en
ella la boca que lanza un largo suspiro.
Por favor, despertadla! Pero no hacen sino desviar
su visión, mostrándole supuestas flores sobre el tapiz
y pidiéndole que baga un ramillete; se arrodilla y
siempre dentro de su atmósfera de cristal que basta á
romper la ord,m del interno ó del profesor, ata delicadamente sus dedos con un hilo imaginario que
rompe entre los dientes. Estamos presenciando esta
pantomima inconsciente ci;ando olmos un estertor y
una tos ronca en el vestíbulo. &lt;Es Fiflna que tiene
un ataque,&gt; y corremos.
La pobre muchacha, tendida sobre el fríoembaldosado, echa espuma por la boca, se tuerce, truza los
brazos y enarca el cuerpo poniéndolo casi en el aire.
&lt;Las enfermeras! que se la lleven y la acuesten... &gt;
Llegan cuatro mozas robustas y sanas, con sus grandes delantales blancos y una de ellas dice con ingenuidad de campesina: cSé 1,ujetar, sel'ior doctor... &gt;
Y 1a sujetan, la comprimen, llevan por lo&lt;i. patios ese haz de nervios enloquecidos, que gime yse revuelve con la cabeza echada hacia atrás: diríase que
es una !nñemonlada en el momento del exorcismo,
como la del viejo cuadro religioso que miro cuando
vuelvo al gabinete de Charcot.
Ya habíamos olvidado á Daret que, dormida todavía, seguía cogiendo flores y formando y atando ramilletes ..... .

le dice mil tonterías al interno, mientras que por una
puerta asoma el rostro largo y terroso_ de una mujer
que nos llama con sonrisa amable, diciéndonos: &lt;Sel'iores, yo pinto, ¿quieren ustedes ver mis obras? ~ro aguarden á que me ponga antes mi sombrero tirolés, porque no pinto sin mi sombrero tirolés.&gt; Des-

•••

aparece un instante y vuelve á poco con un sombre·
ro verde cuya pluma le daba el aspecio de uno de mis
sombreros de Munich. Los internos se sorprenden como yo ante aquella extraíla coincidenci~, y la desdichada que nos muestra dos ó tres horribles garabatos, se enorgullece de nuestra Súrpresa que toma
por admiración. Al partir observo en el muro del patio multitud de sombreros pintados al carbón por la
loca.
La puerta de entrada está abierta de par en par~
el triste rebal'io delirante que nos sigue, grita Y parece animarse con nuestra partida. Una ve1. fuera,
vuelvo el rostro y veo, en el limite del patio que nadie cierra ni vigila, un ancLo rayo de sol, una barra
luminosa que hipnotiza á las locas, alineadas, que
gritan y gesticulan. Una de ellas, la vieja h~rmana
del rey, con un brazo en alto y el otro en_la cmtura,
en ademán de vivandera, clama en voz baJa:
&lt;¡Viva el Emperador!&gt;
Luego patios y más patios, con arbolillos, bancas Y
locas que bullen al aire helado, se agitan, dand~ grandes pasos, lúgubres visiones del desequilibrio humano.
-Ya ven ustedes, yo me voy, nos dice una bu~~a
mujer, apoyada contra la pared, con un saco d~ VJaJ&lt;"
en una mano, y en la otra una servilleta prendida en
un bulto; tiene un aspecto bondadoso de parienta de
provincia, sonríe á todos los que están en torno de
ella diciéndoles adi6s. Y eso todo el día desde hace
diez affos, y quién sabe por cuántos más aún ... •

Como con los internos en la caliente sala de guardia, y mientras saboream,,s el platillo tradicional y
nos sirve el vino una vieja epiléptica, hablamos de
magnetismo, sugestión, locura, y yo les cuento á ~os
jóvenes materialistas un episodio extral'io de mi vida,
la historia de tires sombreros verdes que compr6 en
Munich durante la c-uerra de 1866. Eran unos sombrerillos de fieltro d~ro, color de musgo, con un pájaro en la copa, un pajar!llo de alas abiertas y ojos de
esmalte; se los dí, pues, al volverá París, á tres compal'ieros mío~, buenos chicos á quienes quería mucho:
Charles Bataille, Jean Duboys y Andre Gill. Los tres
han muerto locos, y á los tres he vlsto en épocas distintas delirar C'Jn manías que tenian por objeto mis
sombreros tiroleses.

Escucharon mi anécdota cortésmente, pero dando
á entender con sus sonrisas que la tomaban como una
invención de novelista. Después de tomar el café y
de fumar 1 el jefe de clínica de Charcot me propuso dar
un paseo por el departamento de las locas. En el inmenso patio de atmósfera invernal, clara y fría, se
calientan al sol las pobres loca&lt;; cubiertas con sus abrigos y acurrucadas en los qui?ios de las puertas; tod~s
ellas estaban aisladas, silenc1osas, privadas de la vida de relación: todas clausuradas dentro de su idea
fija, prisión invisible que golpean con sus cabezas á
cada choque exterior. Fuera de esto no ha.y en ellas
signos visibles de malestar en i,u fisonomía tranquila y eu sus movimient,os racionales. Por la ventana
entreabierta de una sala baja, veo una muchacha bonita, con los brazos desnudos y la falda recogida por
delante, que friega vigorosci.mente el suelo: es una
loca.
En el patio siguiente, á donde entramos 11espués, había mayor tumulto. Sobre la banqueta bitumiaosa
que corre á lo largo de las celdillas, están sentadas
dos muchachas, de saya azul, con_ los cabellos alborotados· ambas son bonitas y moy Jóvenes. La una se
ríe á ~arcajadas, se echa hácia atrás y besa en las
mejillas á la idiota triste que está á su lado. Vimos
otra muy alta, de movimie~tos vivos, que caminab_a
con pasos furiosos, y aproximándose .á nosotros le dijo al interno: &lt;¿Qué hago aquí, sel'ior? Usted tal vez
lo sabe, yo no lo sé.&gt; Y nos volvió la espalda, continuando su violenta carrera . ...
Luego ms rodea una multitud curiosa y habl~dora;
una mujer joven, con el vestido corto de pens10nista, y blanquísima cofia de lino, nos cuenta una historia incomprensible, acompal'iada de ademanes mesurados· hay en toda ella un aspecto de felicidad que
da envidia. La hermana de Luis XVI (ella es quien
lo afirma) vieja de nariz y barba en forma '.le ga.ncho,

TRISTE.
Mano experta en las caricias,
labios, urna de delicias,
senos albos, cabezal
para todos los sofíares,
ojos glaucos, verdes mares,
verdes mares de cristal:
Ya sois idas, ya estáis yertas,
manos pálidas y expertas,
largas manos de marfil;
ya estáis yertos, ya sois idos,
ojos glaucos y dormidos,
de narcótico sutil.
Cabecita aurirrizada,
hay un hueco en la almohada
de mi talamo de amor;
cabecita de oro intenso:
que vacío ~:1.n inmenso,
¡tan inmenso! en rededor .. ..
AMADO NER.VO.

�12

EL

MUNDO.

nomlngc 2 de Julio 1899

HOJAS.

BALADA EN PRCSA DE HENRY IURGER.

A lllI MADRE.

Sopló el viento ... y cayeron en _el río!
Miradlas! van en pos de otras orillas;
Esas bojas oscurl\S son barquillas
Cargadas de rocío.
Los pétalos nevados de las rosas
Fueron alas de blancas mariposas;
Y en las noches de luna, todavía
Por el espacio slecten nostalgía,
Y se esparcen Yolando misteriosas

El primer pecado de llargarita.

Las que escalan el muro carcomido;
Las bojas de ciprés y cinerarias
Son bojas funerarias;
Las ho;as del saúz son el olvido

I

Empuja el Boreas con extrai'io ruid?
Las hojas que se arrastran y se aleJan:
Esas bojas dolientes, van llorando . . ..
Esas hojas se quejan.

Pasa, leda, la brisa

Las tersas y lustrosas
Que despiden reflejos
En las noches amantes y estrel)adas,
Son brullidos espejos
Donde se miran con amor las badas.

Entre los negros tules,
O en las bojas de viejos abedules
Ya jugando indecisa:
Esas hojas alegres tienen risa.

De las bojas nevadas
Hacen albums los genios de las flores;
Escriben sus amores,
Sus dulces esperanzas y sus cultas,
En bojas de gardenias
Y en hojas de platead'.ls margaritas.

Simbolizan los pétalos azules
L':l ilusión-astro que jamás se alcanzaLos rosados, se antojan los ensueiios,
Y los verdes, semejan la esperanza.

Sobre la turbia linfa del pantano,
Grandes bojas se mecen, medio abogadas
Suspiran por la vega, por el llano ....
¡Pobres hojas! ¡bohemias desterradas!
En la verde pradera
Hay mil hojas que duermen blando suelio,
Llenas de opio, cargadas de beleiio:
Las hojas de la suave adormidera.
Cada. hoja lleva en su &lt;0 1 or, bU historia:
Las hojas de laurel encierran gloria;
Hojas abandonadas siempre han sido

..,

tvlexico, Domingc- 9 de Julio de 1899.

II

Una tarde de estfo :Margarita estaba sentada á la.
puerta de su casa hilando el lino doméstico.
Era la hora en que se encienden los astros en el
cielo y sirven de seiial á los amantes, que corren á la.
cita con pierca11 ágiles de veinte arrus y llegan antes de la hora; porque el ~razón adelanta siempre el
reloj.
'
Margarita cantaba su canción haciéndo girar la.
rueca.
Cuando pasó ante ella una de sus vecinas que se
dirigía á la p·róxlma tiesta. Llevaba traje nuevo, y
corría, llamada: por los tamboriles cuyo sonido traía.
el viento.
Pero se detuvo delante de Margarita, para que
viese su nuevo vestido, y su colldr y sus pendientes.
Y le dió la mano para que pudiese ver un anillo
que brillaba en su dedo.
Despu~s se alejó ríendo.
Y Margarita la siguió con la mirada, lo que inquietó á-su ángel bueno.
Y el lino se deslizaba menos rápidamente entre los
dedos de Margarita y la rueca no dejaba escapar su
ruido monótono y el huso cayó de sus manos.

Esas hojas qu:i viven dulcemente
A orillas de la fuente,
Llenas de vida, jugueteando ansios48,
Mirando eternamente
Cuál pasa la corriente
Cantando mil canciones rumorob88 . . ..
· .,,. Esas bojas tan frescas, son dichosas!

Y esas pobres hojillas
Tostadas y amarillas
Que van rodando por sabanas yermas,
Son ¡ay! esas bojillas
Las tristes... las enfetmas... 1
.

Año VI-Tomo ll

Margarita era su nombre y en el Paraíso se la esperaba, porque Dios había dicho: Es uua excelente alma, y como allá abajo, fácil sería que la hiriera-una.
debgracia, la habré de llamar uno de estos días según
lo he pensado.
Era en verdad una moza humilde y dulce y se la.
llamaba comunmente el angel del lugar.
:Matinal como el alba y fresca como ella, todos los
días al despertar, rezaba la oración que su madre le
bahía ensei'iado y en seguida se vestía en su alcoba,
entregándose á las ocupaciones de la vida doméstica.
Pero al fin la necesidad obligóla y 1&gt;ara vivir honestamente, eótró á un obrador.
Y cigarra y abeja, trabajaba al por que cantaba.
Era una vieja canción de glc,ria y de amor que se
bahía mecido sobre muchas cunas y cuyos versos podían acariciar un alma inocente sin turbar su limpidez. _

MARIA. ENRIQUETA.

III

:EL VINO DE LOS AMANTES.
(BAUDELAIRE.)

El espacio está espléndido y sereno!
Sin espuelas, sin látigo, sin treno,
Partamos á caballo sobre el vino
Para un cielo de luz, puro y di vino.
Cual dos ángeles blancos que tortura
Una ardiente, Implacable calentura,
l!Jnt,re el cristal azul de la 1na1Iana
Raudos sigamos la visión lejana!

Y como el ruido que había p:oducido al caer hizo
salir á la jo~en de su ensimismamiento, al levantarlos ojos vió á un joven con el fieltro en la mano. Eo
el chambergo flotaba una pluma temblante como una.
llama. El jo ,en era un caballero magníficamente vestido que le dirigió un respetuoso saludo y con voz.
dulce y galante le preguntó:
¡, El camino de la ciudad?
Margarita se lo enseñó y extendió la mano para
mejoJ" indicarle el rumbo que bahía de seguir.
El extranjero entonces se inclinó y en recompensa
del servicio que acababa de hacerle, quitó de su dedoun anillo de oro en el que estaba t:n~astado un diamante que resplandecía como una estrella y lo colocó en el dedo de Margarita, la cual encontró el diamante más bello que el de su compal'iera.
Y el semblante del Cllballero se iluminó por una.
sonrisa extrai'ia.

MIGNONE
Bohemia ¿qué vendes en tus correrías,
Bajo el rojo fuego de los medios días?
¿Son los dos carbunclos de tus negros ojos,
O las coralinas de tus labios rojos?
¿Son las finas ágatas de tus dedos plenos,
O las gemas rosas de tus breves s;:nos?
¿No vendes tu cuello, brul'iida espinela,
Ni tu gracia impúber de inquieta gacela?

Mecidos sobre el ala, muellemente,
Del veloz torbellino Inteligente,
En un delirio Igual, delirio hermoso,

¿No vendes los besos, no vendes la loca
Cabellera bruna que alberga tu to:ia?

Flotando juntos, de la dicha dueños,
Ilulremos, alma mía, sin reposo
Al azul Paraíso de mis suei'iosl

¿Qué vendes, bohemia, eo tus correrías,
Bajo el rojo cálido de los medios días?

CARLOS ÜRTIZ.

IY
Pero sucedió entonces que un mendigo vestido de
andrajos se detuvo tamblen delante de :Margarita ycon voz lastimera exclamó:
-Una caridad, hermosa sef!orita.
:Margarita quitó el anillo de su dedo y lo díó al
pobre.
El extranjero exhaló un grito de rabia y tendió la.
mano hacia la hermosa nlila.
Pero el pobre--que no era otro que el ángel guardián de Margarita metamor!oseado,-la cubrió con
sus alas.
Y Satanás que iba á tentarla retrocedió ante el espíritu celeste.
Y esa misma tarde, el ángel guardian fué á contar Jo sucedido al buen Dios.
--Se!Ior, bueno sería llamarla.
Y Dios respondió:
- En efecto lo pensaré.
Pero al día siguiente no lo pensó más.

MIGUEL ESCALAD.A.

V

.

f

' ~1·:,·

... . , ................

Y un afio después, :Margarita, al salir dP la iglesia.
encontró un Joven que le ofreció agua bendita.
Y t enía un corazfo de niño y un espíritu secular.
Y se llamaba Fausto.

[Veue la P'g{na 1;.J

LA. LECCION DE MANDOLINA.
POR VILLASANA.

:

1

•

Número

2

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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EL MUNDO

Domingo 25 de Diciembre de 1~.
FiO. 11.-TRAJE DB OASA PARA DAMA

F II J,lade gros negro con sobre blda do sarga de Bts·
da rls tleruo, forwaodo cuerpo tawblén, acuchilladoten el cuerpo y en la fald•. con bordado de seda.

FI0.12.-UN BO~'lTO TRAJE DE TERTULIA

Todo de crespón de se•ta bordado, con u ,, a mnc~ta.
ile sallo bordada también. una v~ .. 1,11. de blond~ da
BruoeJaij en el pecho y uua grau cintura de raiso Itno.

Tomol

Otro pago de $12,000
DE ' LA MUTUA.''
1

0xpooición

México, Domingo

_,.
9(JacionaL

i: 0

de Enero de 1899.

CD LLao UJileó
/C1
de oue
en La

•

Num. I

tbca,oemia de &amp;an &lt;8azLoo.

EN ZA.CATECAS.

Sr. D- Dona.to de Chaupeau::ouge,
Director General de "La l'tfiífua."
.MRXlCO ,

Muy Señor mio:

1-'igs O, 10 .,- 11.-Trl"S sombreros (tlUwa novedad.
de 1011 P"queñó-1: los otros se alPj 10 de l11s niiieraa y
pasean por la11 eaar.. n ◄ d1111 c1-1lt.-jui,l11s que dividen loe
pradoe, contemplaud() l1-1s mstiz11.das l1ures que gozo•
eas die.,n lll eol t!n el vaivén de sut1 U1ovlmit,uto~, &lt;ta
amo• ,te am(l,• y no llld tocan, úo1camente lao cootemplan con su,i g1•J1ni!.et1 ojo-1 y qut1dan pt!n1111tlYoe,
y allá el por casuaudad d,.scubreu uua vlolet,, miran do para todoa lado,, 111. toma.u deli1.~dJm1eute con sus
manecltas, Y t'&amp;plrau .:on ansia su arom11, cual si quislt:rllII con.servar par .nui.c.ho.tlempo e.n sus pulmoocilloa el delicado pt!rCulllt1 de sus lindas ht!rman11s .
D R SU!.TALTA, •

H eceta s útiles.
Buii11elos ]Jara el chocolate.-Se toma un kilo de harina de flor. y eu i,J ct,11tco ne le hace uu hoJo y se h1

~ d e un va111to
echa un huevo ent6r0 Deepué~ se le ana
rina
de agw1 llger11mente tibia y s ,1, y ee amasa 1~ hª toFin Ct1oar con u11a cuchara de mader1-1; se le anaded r
da el agua tibia que nece!lite la pafta para qu 6 8
muy e,peea y no muy dura: deepué11 de trabajar h&amp;H·
ta endurecerla algo máe que pua loe ~esos huecos,
ee pone un gran caeo con muchl11!mo aceite; con las
m11nos se c, je la mua y se forma una rosquilllta; se
echa t-n el aceite cuando eslá muv caliente, sacándo·
la con la espumadera 11si que eEté b:en dorada
Se aume11tan ó disminuyen las cantidades en proporción con loe buñuelos que quieran hacerse.

•••

Para quita1·se las pecas: hay que lavarse por las no •

Con esta focha me ha sido pagado Pn .el B,nco de
Z1tcatecas por ol Sr . D. A1,to11lo ChAvez Ra.mlrez,
Agente EspP-rlal ~" f'B!I- Compañi11.. Y."º pree,-ucii. del
Sr. Notarin Plibhcn L1.:. D. Tr&gt;1nqu1lino AJ!'Uilar, litcantidad ( ~12,000) doce 11111 pesos, lmportP de
las póllza11 ,¡¡11mno11 dll Otil y f&gt;l~1tsJt l1&amp; una de S10 000
y la otra de 2000 en que e. tuvo asegurado el i,eñor
mi padre

D. JACINTO R. SALA ZAR
Antes de concluir quiero hacer constar que el 1tPñor
ml p~dre recibió e11 vid&amp; dividendos por valor de ...

$ 79.86 ce.: que el cos,o de la.~ dos póltzu e~ 11 años
una y Ja otr11 Pn 611ñoa de vigencia, respect1v,tmente. fué de $6 JUJ 2t c,c1 .. y que á. lo~ 23 dia~ de haber
hecbo la re.:taw"c1ón d., pago se puso á m1e órdenes
el valor de la1&lt; repetid11e pólizas.
Soy de Ubted con 1;1ste moiiv., su atta y S. S.

{)arolloa. Sala.zar.

ches cou 68ta compoo1ctón:
Agua de rona . ......... .lCO gr11mn1.1.
Sulfato de zlnc., ......... ,O
,,
E~te tratamiento local ee cowplcmenta con una fricción por la mañana, compueet.. de
Manteca de cacao.......... 40 gramos
Agua oxigenada. . . ........ JO
Vloruro dt1 calcio .......... 5
,
En seguida se ponen polvos de alwldón.

Nuestros Grabados.
FIG 1.-TRAJ!!: SAST.BE PARA Cll'l'AD,

l!!s do h eviotte grl,- acero y está compuesto de una
falda plena, con adorno de br11ndtburgos y un dor•
mán con el mismo adorno, ligeramente abierto sobre
1m cb11leco de seda. Sombrero turi~tll adornado con
d.ie ala" de palomo.

Si}'ILl.-TR1,JBl Dl!I OASA.

E.e de escocé11 obscuro de lana, con blusa holgada,
oruada de un gran vohmte y abierto sobre un plastrón de cadenllla. En la fa.Ida dol! volarites de ligaros
farolillts
FIG. 3--TRAJlil DE CASA PARA S. ÑORITA.

Ea de eecoc~s .1tria claro, falda v blusa. La falda
tiene un delantero figurado y la blusa varios table, os

y una c11pelloa muy elegantt',
Cullar de eeda A rayas negras.

FlG, 4.-TRA,TE PARA NIÑA DR 9 A. 11 AÑOo.
Es de chevlotte azul obscuro, estilo marinero, con

laida tableada, blusa holgada, con gran cuello orniLdo de cintas de seda
Corbatin de raso muy elegante.
l.

no .5.-AllRlGO lilLXG.A,TE.

Es una Jacquette de cbeviotte muy fino, con untran
cuello de pielformando solapa. :"lhngas de globo. Falda lisa.
FIG, 6-PRAC PARA SE~ORITA,

De cbeviotte también, azul obscuro, con rlbetPs de
piel v grandes adornos de g11Ión de cordoncillo de seda. Fafdón redondo. Falda de amplitud media.
FIG.

DOS AMIGAS.

7.-nos PALRlTOTS ELEGANTES.

FOT. DE LUIS(', 8 ,HfDO\"AL.

A CUAREL A DE POYEUA.

1-'oTOGltAR\DO DE LOS TALLERES DE

El primero de paño ob\curo grie perla, con gran collar y guarda mangas de piel y C:e brandeburgo; el
segundo cbeviotte azul negro, con capelina ornada
de piel.
FJG8. 1 9 y JO.-Dos SO)IBREROS FlELTROS y UNA TOCA.
DE B.A.80 DB' 1.08 MÁS ENCA.NTADORBS BSTfLOS.

FJg. u. Traje de casa t)ara, dama.

Los fieltros Pon ambos redondos con adornos de raso negro, el primero en doe penachos y el segundo de
eeda crema, alternantlo con una pluma rb.ada.

FJg. 12. -lJn bonito trato de tertuUa.

-

EL

)f {J'N DO,

�EL )[C~DO.

2

LA SEM'AN.A.
Entro en la er6nka como un &lt;·onvidado entra en
una ¡•a:,;\ conoci&lt;ht donde e pera encontrar bue1ws amig-os. mujere;, hermosas y paliques rociados de gracejo
y rhampaiia. Porquelacr6nica, para mí. noe;,másque
un pretexto para dhagar. snelta y locamentt&gt; por los
campos del humorismo, de, !izarse por los pasillos bf'cretos ~· las potl.'rnas ei.condirlas ele! suceso. contiar 111
públlr'o. no la existencia común, i,;ino algo de la propia existencia, no zurcir ~acetillas literarias y revistas
de tandas, sino eantar una romanza á lapriman~ra, &lt;J
entonar un hlmrn, al libro nuevo, t\ decir una galanter1o al oírlo de la bella que pasa, &lt;Í JIH11uu sin rumbo
por !al, aYenidas &lt;ll'l ensueño.
L&lt;,s homhrt&gt;s polit.icos tienen i;u programa. Losnonistas,-que ntlen más que los polfticos, porque entretienen más v son inofensivo. ¿no es yerdad, aru1ga
mía?-dl'ben tamhiPn lanzar {L los cuatro Yientm; un
programa lleno de alhago · y pt·omesas. .._\bí rn el mío.
;,Qut1 ofrezeo:' Bus&lt;.'ar la fralil' bordada. ton oro y lentejuelas, la palabra brillaot.e &lt;.'orno una cuenta dE' ,·idrlo, l'l pl'..todn de dalmi\t!l'.a de pi'1rpura. Fingir c.1.
halgatas histc',ricas, torneos de rmnes. jlll'gm, (, llurninaciones de metáforas. en que los vocablos á. cual
m1h. Yistnso" r inquietos se clispoten el triunfo: (,:te.
1·hiquitín como un paje. aqlll11. gran: y rko como un
heraldo: esotro. risueiio y zatiament.c empingorotado
como 1111 aldeano: t.&gt;l de más allá, desdei'ioso como un
príncipe .... tmha ligera rle fantasías, mundos ruti. !antes .I' débiles que suben un momento por el aire
tranquilo, globos il'izados y transparentes, pompas de
Jalxín, en fin, que me entretend.rtl en lanzar soplando
en una rniia arrancada al caramillo de Pan, para divertir ÍI esas niiias traviesas y locas, á esas imaginaciones tornudiza1:, y &lt;'aprichosas que de nada quieren
saber sino d&lt;• las 111il y ,rnn 1wd1c.~ de la Yida, de losencantos r hel'hiC'erías del Cnirerso, de las proeias y
aventuras de la ilushín. La mentira que cuenta mist erlos v t·,íbala:,, es una divina 8cheresada. Ah! Chronos, rey Schariar, ,·tejo sultán de las lndfas, q ltet-speras e01:{ impaciencia el rlesE'nlace de la bistoriadr l~eclreddín, deja ele pasarte la mano constelada de i;ortlJaS
por el neg-ro torbellino de la barhll, aparta de tu pálida boca la nervloi'.\a serpiente de la pipa que ha envuelto tus icleas en una nube de opio, encierra en sn
estuche de earne morena las pupllas febrile ... . Clarea el alha, y 1a luz.--Odalisca curlosa,-se asoma por
la persiana vercle. entra con timidez de enamorada ~·
arrojando su cba.l de seda blanca tramada ?e azules
t·stambres. murmura lentamente: Buenos d1as .....
se levanta del dh•fo de los sueños la dhim~ meut irosa; es hora de rolrer :\ la realidad; no es malo reposar de las fatiga¡¡ del vuelo; mientras los pájaros
despiertan. vosotras ¡oh Insomnes fantasías! dormid un porn . .

***

.\ilo nuevo'. Busco mi asiento, el lugar que me to-

ca en el te:tln v lo hallo entr!) mis compaiiel'Oscle juventud y de esperanza.
Pru;ó el primer brindis. El ,·!no burbujea en el fondo de las copas y lo.-, comensales comienzan á se11t.irse
alegres y comunlcat ivrn,. )Iuy lejos ele ,mi. por &lt;'nt~E'
los manjares y las llore:., tras de los bumros l1encb1dos r lm, ruentc;, maraYillosas de los dukes, entreveo
los ;omblante.· satisfechos ele los altos personajes ele
la relicitlad. de los hanqueros de l;l dicha. de los comendadores ele la rort una, de los condecorados ¡•1,n
&lt;·I toisón de oro del placer. Hablan ellos aca.loradamente. Pero la, teorías de esos sabios de ano nuern,
están ya trasegadas por las multitudes, y. como HL'&gt;
moneda de uso diario, han quedado sin relieves. Xo
&lt;.·onwn&lt;·en á nadie: 110 tienen valor y se guardan en
la memoria como un denario ó un zequi en una cokcl'i1í11 de numismática.
CrPo que nosotros no lanzaremos la queja clásica:
.,.,,. ,1utw f11y111·1~ Pli.~t,11110 •.•.. • al abrir esta caja de
hrnclora que rontiene trE'sclentos .1• tantos dfas. Ya
sabemos de antemano que la se11orita Esperam.a no
acostumbra cumplir sus promesas}' que el caballero
nesengailoes nn amigo entrometido que con su expcricnda de bomhre ele mundo aboga en la cun;L uuesil'os anhelos v Jei,; corta las alas,! mll';,tros sueflos. ;. Y
eM1 qué imp&lt;Írta? El tx,raz1\n sigue. :;in cesar. su labor misteriosa. 'fmbaja, ¡l Yeecs, c•11mo un obrero eansadu: se le conc&gt;&lt;'e la fatiga;~ le echa de ver rl rlbcrusto; pero 11111 cst{1. en el taller ohsc.'uro de mwstro
pcebo, rnnstruyenclo latido {L latlclo. el tálamo dr
nuestra prometida ventura, el jo~·ero de nuestros
imposibles delirios 6 el ata&lt;id de 11ue1:,tras muertas
ilusiones.
~o ern -verdad lo que sinti&lt;\ Ba11clclaire. en el alto
período de su locura nl'gra; el t·orazc~n no puecll' dormir ese sueno ele bruto. ¡.[n 1·ecuerrl11, sin pesaelillas,
sin visiones. Hrine. gal'itado por el amor y por el ha;,tlu e11 plena jnyentud, le dech1 en un bo11doarranq11e
de amargura: ¡acaba pronto, CHrpinlero!
\'nmos, pues, á \iVir, á caminar á marchas for,~1clas, seguros dn encontrarnos á rad:t paso un punto
rle Yista. no conocido, un panorama nuevo. El tiempo
no hnye--qué ra {t huir!- al contr:trio: tienen las lloras una marcha uniforme, 1·nrn11 la &lt;l,• 1111a eolumn,L

m!litar en una parada. Cuando estilmos entretenidos
por el goce, cuando volvemos el m-.tro para darle un
beso á la. mujer amada, cuando nos llama la gloria,
ruando nos atolondra el bullicio de laorgfa, emonces
-es claro!-no sentimos pasar el tiempo. La c·ulpa
no es surn. Mas si estamos en la alcoba, de noche,
rumiando nuestras penas. 6 frente al niilo enr~rmo,
esperando la hora en que ha d(' prepararse la lls.ma,
t• junto al cacl;iver del amigo inseparable, con el pensamiento en vela, triste, luminoso y trémulo &lt;·omo la
llama clt• los blandones. ;quil buenas compaueru son
esas horas :;llenriosas, que pasan sin :welt&gt;ramiento y
da puntlllns para no dl:;tranuos'. .\hora una: ¡cmínto
tarda la otra! dpcimos. Y no: llega acompasadamente, toc.1 la puerta y se sienta en la orilla del lecho á
ei;cuchar nuestra;, conrtclencins v á contar ]ns minutos q ne debe acompañarnos. L&gt;eÑpuh,; .... . . no se detiene; se va callada, como vino.
De e.sas iguales. pero que medidas con el listón rojo, arrancado al corsé de la novia, !iOn tan cortas, y
medidas c·&lt;m la cinta negra de un féretro pareceu tan
largas. tenemos muchas pn el ailo. :--omos ricos. J&gt;errcwhcmos este caudal que nos ofrecen. Ya vendr{m
el olvido 6 la muerte 1í empobrecernos. (fastemos ,á
raudales antes que estos ladronei; nos sorprendan.
~o temi\is que las horas huyan; temed que nos las
arrebalen: eso sí. Las dolorosas no son codiciadas,
pero ¡ah! las alegres, las salpkada con gotas de miel
divina, las de lo::, díai; ímreos v las noches azules. llenan de emidla á. esos band1do de la sombra. Precisa
gastarloi,.
Amigos míos. entremos en el festín del ano. Pas6
el primer brindis. No me obliguéis á darle l¡iblen venida al re&lt;"lén llegado.
C.'barlemos un poco, si os parece, de esta existencia aturdida que, en Enero, cree tropew.r con las doradah puertas de Jauja.

***

A I mh,mo tiempo que en J&gt;arís, con motivo ele la
apertura del nuevo teatro de la ópera cómica, la Ccir1,ui11 de Bizet, ba sido en :Méx1&lt;;0 el comentarlo artístico de la i;emana.
Lol&gt; parJslcn es. enloquecidos de orgullo y de content&lt;&gt;. aplauden. como nowtros, la mÍlsica más apaiona.&lt;fa y sugest irn de las que ha producido el genio
lírico francés.
Aquí nn S&lt;\lo aplaudimos la partitura sino también
la belle1..a de la más linda intérprete que baya pisa.do
el escenario del Sacicmal: Esteranfa Collamarini. Todo el mundo es1 á de acuerdo en que la hermo;;ura meridional de esta artista lm hecho en su C"arrera, por
lo meno.-;, la mitad de los triunfo. . i-e presenta y fascina: he aquí el prodigio. LaPlástica, por esta vez, ,·encc á laEurlthmla. Todal'ía no se t;abc si la Collamarine es e$ 110 buena rantante. Lo que sí aseguran cuantos la reo. es que no recuerdan de otra Clir11101 más
gallarda J rniu; seductora. La Unea perJudica el sonido; la gral'ia vence Íl la YOZ. Por ver nos olvidamos de

oír.
.\ malii~ 8ostegni, una hada rubia, duh'e &lt;'omo una
ca.ricia dr niiio, posee no la bellc1.a. precisamente.
(•orno la Collama.rini. sino un encanto supel'ior: la simpatía. Y su voz. Impregnada de unt'ión. virgen y pura como linfa de la montaiía, ranta con una delkade1.a, pa1 rlruonio exclush·o de los esplritus altos. J11s
. uaws pasajes de la Jfic11tfo .•\malia 8ostegni. en la escena, recuerda la rrase del viejo romántico: tiene la
!ragiliclad aparente de lasco a1:, aladas.
Estas dos lllttjerei;, cuyos retratos publica .b'l .lltrntlf/ en este número, hicieron concebir esper.mzas de
una ex&lt;·t&gt;lcntc temporada. l'ero esas esperanzas c-0mleozan :i fr111:,trarse. La Ailln ha sido nn insulto {t
Verdi. '\unque, ,\ decir Yertlad, estamos ya un poco
acostumbrado:- á e:stos desacatos artísticos.
Lo cuales, á p&lt;·sar de tnclo. son prcferihlr · ,:'L la
inicua monotonía de la tan&lt;fo.

***

)Jme. Roux y '.\Ir. Grossi se presentaron en el '1\•at J'O
Arbeu, anoche á ejet·ut ar sus experimentos sobre
adivinaci&lt;ln del pensamiento.
Esta &lt;·tase ele espectáculos que producen la sensación ncr\'iosa ele lo mara,·illoso comien1K1n 1í ser entre
nosotros de ¡::-ran atractivo. Xrn; llemn de un golpe
al univeri;c, de lo sobrenatural, y nos obligan :i viajar
por el viejo país de ius fukires, et·izado de e1wamamlentos y ruilagros. ;.Todas las expt'ricndas c¡ne &lt;'stos magos ambulantes dd Cakirismo &lt;Jt:ddental. nos
presentan. son cierta.:' Quizá no. Pan'l'C que en l'l
fondo liay &lt;'hn·e. prci;tidlgitadcín .H'!-Waram111.a. ,1iu, .
con!ormt!mohos con sentir por un m11mento el h;Hito
de la realidad en el aire vklad1, del en¡raiío. l'rirq lH',
como dice la hunw,·ado:
Con tal que yo lo 1·rPa
;.qué importa que lod&lt;'rto no lo sr:t:'

..

* *

Don Matias Romero, un homhre qne l'Onsagr&lt;í toda. su vida y tocias sus energlns al ~ublimr altruismo
de la ratria, acaba de morir en Washington. La nación entera está de luLo. CulJramos, micntrus pm;;~
l'I téretro, con un cresp,ín obS&lt;·uro nut&gt;st rus sueílús. ..
Lt 1~ Cf. ¡ · 1m1X,\.

Domingo 1 = de Enero de 1~99

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

JDlitica ~ttttral.

EL MU DO.

3

Artista• de Ja Compañía de Qpere. d~l Nacional.

1898-1899En su ansia inextinguible de ak:rn1,ar la suspirada
meta del ideal, ;tm\ntas veces ·e sienta la h\11,nanic)acl
;í. &lt;·ontemplar el cielo abierto á sus miradas. u nwlrn
la vista hacia atrás. para sondear ent1·e las ~mhms
dt&gt;l pa ado lm, etnpas vencidas por su &lt;·on;,t:mt·rn y !ns
senderos re&lt;"orridos por su anhelo!
.
~fas ¡ay! que rn ~ada recodo del t•awrno, ~n las1.arzas que hordan la na, mira con dolor prE'ndldas l'omo
veJl(,n mrzquino las ilusiones que ay~r ruemn su ~ncanto, ve derribnclo;, por el suelo i;u:; 1dolosell' un cha,
v mezclados halla con &lt;'I polvo de las Pen,rpolis y las
ruinas de Las Ilahilonias, los frag-meut.os del Partencín
y las piedras del Coliseo. Iruplacahle el tiempo en su
obra destructora. nada respeta sn segur impia: polv11
es el Ollmpc1 ele llesiodo, cenl1.a deleznahl&lt;' los dios~s
de Homero. sombra \'ana las lncubradones &lt;le los ti·
lcísofos. miseria las creacione,- de los S.'lhios. y hasta,
los altares de loi- ttifotropos ., las bauderas de los revoludonarios. que in1 t&gt;ntaron la reg:enera('i1ín de las
moelérn.u; s&lt;1derlades, ~·acen sepultados &lt;•n rnenudiL
arena. al h'.lpulso de aspiraciones nuevas y al grito
siempre angustiado de nuevos dolores.
La lucha por la ex:lstencin, Iniciada en las rclaclcs
primitirns por el linaje humano. al lado del oso de
las cavernas y dt.'1 dcrvo glgant-e, ba continuado con
encarnizamiento ;,in igual.
No es va el &lt;·ombate Individual del bo111hre contra
el hombre,&lt;llsputándoscla presa palpitante .V la hembra eodic1ada: es la lucha colectivadepuehl11~ &lt;·ontr:i
pueblos y raza contra ra1.as en feroz e~mt ienda busean&lt;lo el predomio del mundo. dlsc•ut1endo la posesi6n de un palmo de terreno. ambicionando Ju prNlominandu. política j ' la preeminencia mercantil en io..¡
grandes rent ros de rnnsumo. Y en meclfo cleestos&lt;·uudros dantescos que representan uua lnctm que no acaba, entre ayes de dolor y rugidos rle rabia.. e~uimos
pre:.endando, mal &lt;JUe pese á l01&gt;sueños de 1~ p&lt;~tas,
á lm, aspiraciones de los film oros. y Alas pred1eac10m•s
de los apóst{)(es. seguimos presenciand1J 1·on dolor, la
perpetua victoria del míls fuerte.
:,_¡ el perrecciomuniento de las espedri; or¡.nínica. ~l'
efectÍla en el \'asto 1eatro del univers1 pnr nwdio df'la sel&lt;'&lt;'dón natural que hace perecerá los débiles y ,t
los enfermizos. incapa(·cs por ende del perfe&lt;Tinua~
miento Incesante, en el desarrollo de las sociedades
el progreso se alca.ou1. por una especie dt&gt; selecciún SQeial en la qut&gt; sucumben los menos aptc•s para la.~ran
obra de la b11manidacl. C'iego al parecer el destino l'n
su,; inex&lt;"rutables desi¡{nlos. no cuenta los inclh·lrluos
destrozados. ni toma raz(ln de las cabezas rer&lt;"enadas:
mira la obra titánica el('! hombre, y lo guía á tran1;,
de senderosohs&lt;·nros, pero que lo han de conrlucir á ht
posesicín de la verdadera luz.
Cuando se &lt;.'ontempla aisladamente y t-n hnrizontt:
limlt ado la tarea emprendid:t por lasagrupa&lt;•ionc" humanas. t·onstituidas á fuerza de lahor y de sangrr en
las modernas nacionalidades, viendo los cl&lt;'sfallet•imientos de nqu1. las caídas de allá. las angustias clr.
todas parles. tentado se mira uno de treer q111• hay 1111
hado Impío &lt;1ue SE' romplace en el elolor lrnrnano. y al
presidir los destinos de los lwmbres, l,jíloson al'epta;,á
sus ojos las ofrendas de lágrimas y s:rngrt'.
Pre&lt;"isr• es &lt;'Onlemplar &lt;'011 mirada mái; alta y aharl"ar en conjunto á la hun1anidad. para comprendt•r sus
destinos, explil-ar i:.us luchas, entender sus clec•nd&lt;'11cias, abarcar sus angust iasy adi\'inar y t&lt;'ner re en su
granrler.a.

• •*

Triste y sombría amaneclc.'• J;i primera aurora de
18!1&gt;-. :-il•gros nubarrones se amontonaban l'll&lt;'l Extremo OrientP. donde SP han dado cita Lo&lt;l1~~ lns aprt ito.
y las l'fllll'llpiscenclas de las potenl'lascul'IJpeas. Sulws
rlc trmpt·stad eniolrlaban en esos días el delo anwricano, 1\ donde ai;cenclían las llamas del irwPndio en la
insnrre&lt;"ci1ín 1·11bana ."i amena1~1ban romper clt• modo
violrnto las amistosas relaciones entre E,;paiia y los
Estado¡, l'niclo~. Y nube de tMmenta tambiPn s&lt;' h•,.1n1ahan de las azule1s aguas del s:_1graclu :-iilo, dnnelt\
la Gran Bretaila había eom·entrarlo formidahlt•ej1'reito, para rcnmqulstar rn ravor del ,Jeclln•, lm, f{-r11les reglones 1lel Sudan, sujetas ÍL la ohedlenda ele l&lt;1s
fan{ttit•t~,; dt'nises.
All•mauia to111ü posrsíún de la bahía de Klan-('hao
&lt;·on Mis territorios adyacentes; Husia ent r.-, orgullrn,a
á P1wrto Arturo, para dominar todo t&gt;I golfo ch• P&lt;'tcbili y rlesde sus fortalezas y los puestos arnnzadc,s ele
Vladirnst0&lt;·k, ser dneíla dl' la '.\fanchuria; lnglatena, desp11(-s fil' rlisputar ;\ Rusia y al .Japon &lt;.&gt;l predominio subn• l'nrea, entra pacírkauwntt' á \\ey Ila!
Wey para terwr en jaque {L su riral asiátka; F'Í·ancia
adelanta wbre Hainaul, se oxllende en el Tonkin r
Yigila más de 1·er&lt;·a el drama que se dei;ennielYe ei,
el fért 11 valle del Yantsé. Cada ruul de los que s1f
rlh,p11tahan un ,rir(,n de l&lt;'rritorioen t'l Cell'i;te lmpt•rio hn lograrln su ohjeto, y la misma ..ilemania que se
hallaba apartada de esa competencia, ba as1•ntarlo ya
su plalll a ,·ktoriosa y nadie poclrii h,Wt'rla rt•t roe •cl~r.
Tie11qx1 ha c¡lt(• el illlJ&gt;l!rio c!1ino éS co11si•lr,r,1·l11

\.

( J'tu.ilC e L&lt;t /Semww. &gt;)

como fácil botin pam los poderosos de la tierra. Constituido por sedimento;¡seculares, clonde aún se ,·en la.s
estratificaciones de las razas prlnuth·as, ese inmenso
b,winamiento de pueblos, esa agregal'i6n de razas,
mal ligadas por la aut-0ridad superior, está aguardando w1 soplo de ciYllización occidental que lo haga resurgir de ·us sepukros de granito. )fa· ;aJ! como todo progreso bumano, éste babrá ele conquistarse por
el dolor y la v iolencla.
Las e-Jases arist.-Ocráticas, con prerrogativas heredltllrias de origen milenario, mal se a, lcnPn ;\ ren11ndar
sus privilegios de que se veran despn ·eídas note Jo,.
avaureR de la cultura. Las mismas ¡•Jases populares
.hundidas en el borror de su igníJrancla. encenegadas
en el r,mgo ele su miseria, eternamente arrodilladas
en la&lt;; somhras &lt;le lasuperstiri6n y apegadas, romo el
molu;co á s11 concha, al antro obscuro de sus tr,tdiciones, t,ardarán mucho en despertar, y, azuzadas por
sus altivos seilorcs que las explotan y envilecen, lucharán de ·•speradas por quedar e1n la somhra. por
prrmanecer en el fango, por vivir en el ant.ro en c¡ue
siempre han vegetado.
Lii dinastla reinante, soUcitachi alternatintmente
por las ombras que vienen. de su pueblo y la luz (¡IIP
procede de las lnrluencias ext r.rnjen\;,. vacila entre el
temor su pcrstlcioso de disgustar 1í lw, . uyos. el mit!do real de que lo· de tuera le abran los ojos á caiiona1.0s. De esas ,·a.dli\cicmes se apron'Chan la potencias occidentales que quieren prerah'&lt;'&lt;'r sobre el imperio, y á virtud de la intluencla hri11ínlca qne :l las
veces triunfa y de la Influencia nu~s;covita que prernleCl' en &lt;K',u;iones. se traman tragedias en el palacio
imperial de Pekín, desposeyendo al soberano y rlejando la snprema autorldad en manos &lt;le la vieja emperatriz viuda. quien pretende con maquian11kas rntrigas eonjurar la i;uerte del imperio.

r

* **
Afüu j ,u·t,, c.,t! Con voz solemne y sin que nadi(\ se

hava lernntado á contradedrlo, Lord 8ulii;bury ha clechirado '(lle China bn ele &lt;'Ontarse entre las nacione,.,
enrrrnms y caducas, y ,í las que debe adminisl rar.,;p
la extremaunción cl!'I rcpartimlenu1. Tarde 6 temprano vendr.i la desintegración en el Cl'leste Imperio, y
las naciones europeas. que están á la Yera ele ·us despojos, entrarán de lleno en sns vastos t erriturios, lngertanclo á sangre y fuego los frutos d&lt;.&gt;I pr11grrsrJ ()('cidental en el viejo y carcomido tronco de la caduca
civill7~1ción a~!Mlca.
La hora sonar;\ ele galvani1.ar l'Se l'ad:í H'r. transrundh•ndo sm·ia nueva en s11 organismo di ')!regado. ,"6ó la competencia en la poset.uín dt• l&lt;1h dt•-..p11jos pue-

l-.RJT.\. E!-TKJ.'.\!\I.\ l'OLL.\)J.\RDif,

de prolongar la inútil 1·lcla de esa sociedad 'J ue se desmorona cuarteada por los siglos, que se hundir.í al
golpe de la piqueta demoledora del progreso.
Kada podrá detener á lw conquistadores en su tarea. Ni el despertar del imperio del Hol Xaciente entorpecerA sus paso~. IJan ,•isto la temible competcnc•i.\ que ;í la producci1~n europea ba becbo la industria del .Japón, recién ent,mclo al conciert&lt;1 de lrn, pueblos cultos: despertarán ¡tl movimiento moderno las
inm'1men1s trlbns de mongoles, tártaros y mandehúes;
procurarán en&lt;'a11zar en pro"echo propio su pockrosa
actiYidad, aunque sientan despu(os el 1, rro,· 11m11dllo,
viendo alzari;e nuevos mhtlrns de angustia en sus centros productores y nuevas formas de protestll en las
a.-;piraciones sodallsrns.
11
¼

*

Mas si los 111ie,t1J.~ 11riP1tlr&lt;l1,x se han disipado y nu
preocupan por ahora á los estadistas, es porque otro
terror ha naddo con perfile casi apocalípticos: es el
tar&lt;n· y(lnk,c-. engendrarlo á la luz d1•l inet.&gt;ndio ele las
naves espanolas en la había de Ca,itP; :11 relampa¡.,rt1&lt;.•o
de los caiiones de ~ampr;on que aniquilan en d~ Lwras la ll&lt;1ta del heroico Cerwra; A la rnz ele I&gt;l'wrr
que rt&gt;chaza las in:.lnuaciones drl almirante alemán l:'n
las aguas de l'l1anila: y ante la actitud de los &lt;·omisiunado ameri&lt;'anos en. la ('on rereneia de París. lJ 11&lt;'
tirmes en sus demandru, y casi implal'ables en sus :.oli&lt;·itudl"s, c·onYierien en pavesas el imperio eoloni11l
que le quedaba á E.5pafla, desechan toda discusic\u
¡¡ol.Jre deudas (·olonlales, redaman la posesi611 de Puerto Rico. obtienen la oher-,1nía de lt'llipina., y clavan
su pahell6n triunfante en la grnn .Antilla. mientras
puede alentar lihr1• é indep&lt;&gt;ndir•nte la Rep(1bllrn dl'
Cuba.
En un supremo t•srnet'7.0. y para desarmar la immrrecitín antillana. el gobierno español 1·oncerlicí la autonomía: maiiana hace un allo que comcnzc", :\ ruo&lt;'ionar el gabinete a,utonómico, en medio del regocijo
c,ticial de la Haba na. A parte de q11e la medirla era
tardfa y arran('ada por la fuerza, nn r1&gt;sc1IYía m¡\s q llt'
el problema politico y dejaba en plr el problema 1.-&lt;·11nómico. Por eso no pn peri\. Los lm,urrl&gt;C"tos cuhanos reeh:IYJLron la libertad á medias t¡ue. e lesotorl(a•
ba entre los horrores de la gm•rra. como recl1azarun
después el armisticio. porque temfan &lt;¡ue no los mndujera ásu anlll'losupremo: la ahsol11ta independencia.
En tanto los clamores del pueblo americano por la
intern'nctón condujeron al Congreso americano á sus
ramosas resoludones del l!t de Abril, y no aceptando
E.-;pana el abandono de C'uha. la guerra se hizo lne,·i table. Débil. empobrecida. agotada por una doble

guerra colonial en la qul' bahía galititclo t~&gt;das su,.
energías, la monarquía espaiiola tuvo qul• sucumbir
y aceptar 1lnlornsamenl.&lt;' la triste &lt;.·oudici(111 del Yencido. a1·eptando de grado (, por fuena la!&gt; dura!&gt; huposiciones dt:1 reneedor.

***
}las si la clerrota impm1e it 1t;spaii11 la mela lahor&lt;lc
reconstruir toda 1111a patria, para restaflar 1,11 sangre
y cic..1! rizar sn;, heridas, y enjUJ!ltr sus hígrimas; si ll•
corresponde t·once11trar todas sus energía-.. para entrar en una nu(•\'ll era de rPl(eneraeión. donde no
quepan ni )a!-, inil'uas amhkiones de J&gt;,m ( 'arlns. el
pretendiente desahuciado. 111 las utopías reg'ionalis1as que tiendan al separatismo. ni los suefios republkanos que ensangrentar!Hn un suelo ian trabajado;
no es menos clltkll In tarea que se ha impuesto el
vencedor. en medio de llk'i esplendores de sus fáeiles
\'lctoria;,.
Debe procurar c¡ne raiga l'll l 'uba el rocío rc'c·uncl11nte de la paz. para q11p {1 su abrigo int·ube la República Cubana. l&gt;ebe h:wer de Puerto Hko 1111 territor~e fedrr-,1! para que sus habitantes honrados, t rahajadores y pacíficos. no e!'hen de menos it su antigua
metrcípoli, y entren de lleno y sin t ropiPws á la virla
r&lt;'puhlicana. Debl.• hfü•er de Filipinas 11n territnrit,
pr,bpero y feliz.: sofocar lmpadencim,. rt&gt;frenar a.-,piracioneb, i;egnr corruptelas, cer¡•e11;1r aiil'Íª" tradkiones y hacer de lol&gt; heterogé11er,s grupos bumanos c¡n&lt;'
habitan el Archlplrlago 1111 ptll'hlo nnidc,. l'ap:t1. ele recibir mh tarcfe el agua lustral de la &lt;·ultura 111od1!rna, digna de la gran Repi'1hlll'a.
¡Qué alta iwrá entonces i,11 misión'. ;Cuál M' lernntará el partido republicano qut• hoy St' halla en PI poder.
conte t:mdo con hechos lrrefutahlcs las eontradkdones de los dem&lt;icratas qne i;e oponen á la expansi1ín
territorial! s,-.ir. así podní sinc-t·111rse ante el puel.Jlo.
ante el mundo 1· ante la hintorlael(•lrnht-roh·11Jaelo11n
punto IHS gloriosas tradklo11(',,, l)Ul' !el, leJrarcm l'Oll\O
sagrad() testamento los "ºashln¡¡-ton y los .J l'ITL•rM,11,
padres insil{nes de la patria americana.

•

Después de la g-uerra hispano-americana, 41w ha colocado á lrn, Estados Unidos en la 1·1111,goria de las gTandes potenl'ias y los lm puesto e11 l'1tndlci1ín de 1'11nd:1r
un imperio colonial con los despojo~ :del imprrio de
Felipe 11, nada preocupa tanto .í las nal'imws europeas C,(JlllO la marcba inYai,ora dl' hr Oran Uretaíla sobre el continente afri&lt;-ano. La espada veneedor:i de
Kitcbener que fulminó en l&gt;ong-(1),1, rdampaguecí en
nerber y redujo:\ ceni1,as, l'nbe las ruina · de Ondur-

�Domingo 1

EL MU'NDO.

4

° de Enero de l

9ll.

· od'1&lt;1" nure1c.,..,,,
°"•S #,tnd·t factorias :\ su paso. deJ·a guarniciones en los
cp1s
. "
•
•
.
•
.
. d·
puntos estraLflgicos y claYa el pabenón f~ctls en las riberas arnnza ,l!,
del Babr-el-Gbazal r sobre lo muros de l&lt;achoda.
. .
.
x O necesitaba más Inglaterra para provocar un ~on!hcto:. y ro~s1derá11dosc en nombre del Jedive dueiia de todo. los terr1lor10s suJeto .,_la obediencia del sultán ae ,J artím, clechiró á :l\larclland ltwasor de su prop10 territorio y reclamó su r etirada. Francia, que no estaba _prepa;ada para el _co~1flicto en
alegó derechos y prerrogaLh•as: al fin tmo que ceder á las
exige~rim, británicas. guardando para 1mt" tarde sus recl~mac1ones Y apelando, por ante el concierto de las nacitmes, de la solución del problema
egipcio.

MEXICO MODERNO.

Domingo 1 ° de, .'Enero de 1899.
,alma á todos lo_s pueblos de la Lierra. par-d despedir
cllguamente al siglo que acaba-:,· s-.ludar al siglo que
&lt;'Olpieza con todas las pompas de In moderna cultura.
:n ele Diciembre ele 1898.

"ªºº

***

y he aquí que en los momentrn,en qne elC'zar, int;pirado en ideales subllm es ele filantropfa y bumanjdad, pre?jca la paz ~ntrc !ns bo~1~rcs ele buena voluntad. v eon,oca un congreso mternaclon.11 para procuiar un g?neral desarme, ·que alivie á lo:- pueblos del g~ave peso ~on que se miran
agoviados, es precisamente cuando se despiertan, aITeJOS rencores, odlc:.s
o!Yidados y ,iejas ambiclonei;, para poner frenl,e a frente p~ebln~ cont1,L
pueblos r razas contra razas en la pt&gt;rpe tua lucha por la existencia.
En vai111 se anuncian visitas cordiales de sol&gt;ernnos para el dla en q~ie se
reuna en Lóndres el congreso de la paz: la Lempestad ruge en las tm1eblas, el cielo se entoldi~ con negros nubarrcines, y á }ª cárd~na _luz del r~lámpago que rasga el cielo. se ,e entre las sombras a los e¡érc1tos en pié
esperando el toque de rebato.

Como contestando (t ese predominio innsor de I nglater.ra. que fiigue su
marcha imperturbable. en su polltica de aislamiento egmst~, se lla?la de
alianzas. se trata de coaliciones v se pronuncia la palabra ltya cm111ue11tol
cmltra la gran pntencia marftinia. :\lfranse cuarteadu_ras l_Jge;~s en el ,sólido edificio que por más de cuatro lu~r?5 ba constltu1do la Triple
za, y como para compensar ese aparLtm~en1o_ posl~le. de~~~ potencias de
la Europa rentral, háblase_dc oua apro:c~mac11~n leal~ ~•~1tl\a ent:_e Al~mania y !&lt;'rancia que. asocmdas al gran nnpeno nio co~1ta, formanan b,1rrera infranqueable á las ambiciones de Jnglaterra.
,\ h ! Qué hermoso
ella para lu causa de la
ri ,·ilizachín occidental, aquel enqueseol1•idaran las renclllas
del pasado! Qné hermoso dfa aquel en que
Yiilramos juntos al germano y nl fraocils,
apartando la ,•ista de
la sombra de 8edan,
y trabajando de consuno en su propio en-

fi,tn-

C,\I:,.\

DEL Su. ~l' SERIO G \YO!\SO.
en la calle dl! la Me.rhtala.

grandecimiento! De1·uelta á Franela. declar-dda neutral. 6 con
r(,gimen autonómico
bajo la sal rnguardia de
las potendas. la Alsacia Lorena dejaría de
ser la man1.ana de la

mílll r los muros ele Jartím. el poder del
)Talldi y la influencit1 de los dervi!;e.~ en las

ni,tas reglones del Sudán, ha sido también
motivo y O(•asi(m de ·que se rompan las ho. tllidanes cnt re las nos grandes potencia., oecidentales de Europa, que comparten el dominio del ,\ frica septent rlonal.
Un esfonado aventurero francés. el ilustre
t·apihín )íarchand. babia t'mprendido desdl'
las costas de Senegambla un ,·taje atrevido,
á través de couuircas inexploradas. para eneonLrar un puerto ne salida en el Nllu superior. Despu¡ls de peripeelas romántic:i,; :v de

discordia entre dos
grandefi pueblos.
Llegará la ocasión y
acaso no esté muy lrjana en que veamos
juntas á Francia y á
A lemanla, de al't1erdo
primero en asnntús cvlonia les contra Tnglat el'l'a que ámenaza ÍL
Ltldoh. y después en srs
relaciones internacionales que interesan á
la pn1. de Europa.

*

* Noe~'isDía llegan\.
tc ya el Canciller de
1lit•rro, que rund6 sobre sangrientos despojos los t' imientos de In
uuev:i í'rermania; no
existe ya el inflexible
Blsmarck. que quiso
U.\~.\ DEL Su. JUAN.\ .•\UZU)tENDI,
modelar el imperio en
eo la calle di! Sadl C:o.rn,,t.
formas medioeniles, y
- - - - - -- - - - - - - - - - - - resttciLar en nuestros
días la ttgnra se&lt;·ular de Rurha Roja. El jove1J lTohenzollero liene
ah!erto su espíritu á todas las corrientes ele 1c~~ modernos ideales. y
acas?qnep~ en su temperamento de rmm,ntico y sol1adur una aproxímac1/,n hacia los que fueron enemigos de su!&gt; padres. H! Austria ol1·idó 8adowa, y Hnsia olvld6 Sebastopol ¿no poclrfa alguna Yez Fmncia olvidiu· Hedán1
·

C.\S,\ DEL SR. ANGEL SA V ,\LZ.\ , EN KL P .\ SEO DE

L.\ R1',"FURMA.

Para conjurar la tormeuta amenazadora no caben m:í.s que las
nueyas alianzas á las que de seguro contribuirá Nicohís 11. apó11t-0l
ele la paz. La Gran Bret.aiia no puede ,~arlar en su politica y por eso
ac~chala ocasión de vencerá !.&lt;"'rancia su rival. na ,•istodesaparecer
baJo la majesLuosas bófedas de Westminster al insigne Gladstone,
al c-great old man&gt; que le hablaba de concililwi6n con palabras de
apóstol, e n nombre de la libertad, y le anunciaba h\ concordia ,. la
paz con acentos de profeta, en nombre del derecho.
•
En A.frica, en el _remoto Oriente, en la Europa monárqutca yen la
mh,mil tierra amencana, solo Inglaterm aislada&lt;~ apoyada en la pret~ndida alia111,a c_on los Estados Unidos y ,Jap&lt;Ín, puede turbar el concierto de las naciones. ~speremo qtte nuevas y fuertes alianzas log r~u manten~ la paz, y a.'lí podrá el mundo que piensa y que trabaja, cuncurr1r al Jlamamlento á. que lo con \'oca Francia enel gran
cerLaml'n de París, Franela, que, olvidando i;us dolencias iut.eJ'lore.s,

.

DOS AMIGAS.
ACUARELA DE POV.E.Os\ ,

I&gt;osdellclnsas mundanas van al baile. v ntl&lt;•nt ras llega l:~ llora de lncruslRrse en el capitomido t·upr, charlan Junto á la chhnenea y se cuentan ...sas mil r·osas
fútiles y e1wantad111·as que torman la habit mLl cunye_rsaci&lt;ín remenina.
Tal eii el asunto escogido por Pm·eda paru crear
una a1·11arela de grandes dimeuslones, que entendernos es el único trabajo cle ese procecllmien1o artístico qtte nos ha llegado en el contingente E&gt;spaiíol para
nuestra XXllJ Expos1ci1ín Nacional dí' Bellas .\.rteb.
.\ntes de cxprebar nuestra opinión i-,ohre t'Ste cml•dro. l'UJa reprotlucchin bastante liel ofnwemos hov á
nurstros lecü&gt;res, creemos oportuno darles :, co110&lt;.·er
los urfgenes de ltt ACl' A llls'LA y sus peeullaridndei,. pam que se f&lt;n'men una idea exacta de lo lJIII' 1&gt;s ese g1&gt;ncro de pintura, adYirLiendo que los asntos que ha1·emos, fundados en práct.il'a y estudio pen,ona les, t&gt;stfü1 1·1msi1-,ri1ados en to1los los escri tos rlP todos l(is
. ;tutores que sobre la ;wuarela han babiado, de los
cuales 'Plle1ípl1ile Gautler es. á nnestrn j11lti11. t'l qm•
1m•jor In eomprendi6 y el que mejor 111 supo j111,g:ar.

Ci

EL MUNDO.

abstracto con motivo de las el),,.~ muiga&gt;1&gt; ne Poveda, dón, levantándose de una manera Imponente sobre el
rué porque, oomo ya dijimos, es uno de los pocos tra- Hena.
bajos de este género, si no el úuico, que lla venido
Las principales constl'Ucriones del lugar destinado
de Espai'ia, lo que nos extraña sobremanera, pues en al Antiyiw Pnríx i;erán: la Puerta de Rái11t )Ilchel,
ese país se ha cult i ,·ado se cul LJ va mucho la acua- las tabernas de los 1&gt;i,colares, diversas casas reslclenrela. habiendo sido Fortuy uno de los más notables cias agrupadas en derredor de una de las alt,1.s t.orres
acuru·elistas que conocemos.
del Lonvre. la Igl&lt;.'sia de ~alnt .Julien de:s )Tenet riers,
Concretá11rlonos á las «Dos mniy1J..,&gt; de Poyeda. di- el Gran Cllatelet,, la Cámara de cuentns del siglo X VI.
remos que es un buen trabajo, dil(no de tlgurar en el Palacio, et&lt;-. etc.
una galería selecta.
El ..J.ntiyu" Puri" restaura una dr las m,\s cul'iosns
.\ dem,ls del buen dibujo, Uene correcLa pen;pecti- lgleslai:; de los tiempos que fueron: 8fli11f Ju/ir-11 dn
va, justo escalonamiento de los planos y la idea, i .,lfwrlriers, construida el siglo XI 11 en la calle dt•
no trascendental, es bastante oportuna y graciosa.
San Martín por los c-tro,adores, cómicos y maestros
Sólo en,•ontramos pobreza de color, la cual, á n(Jt'.'s- en el arte de trovar. dependiente de la l'iencla y arte
tro juicio, no es atribuible al procedimiento, puc;t,la -de. música. que á la saz/In vMan en esta ciudad de
acuarela puede dar tonos mucho má.c; vigulosos m~ Pat(s.&gt;
llenos de jugo.
En el p&lt;írti!lll de la lglesla estabirn las estal uas de
~an Heneste, cómico romano y mártir, patrón de los
sa1Limba.nquis y de San .J 111ián Hospitalario, paLr6n
de la lglesü\ de 8an ,J 111lán del otro lado del Sena.
Hasta la época d&lt;' la Revolución, la Iglesia de :--an
,J ulián fué propienad y centro de los c6mlcos y cantante!&gt;, clespués de los músicos, dlsput¡indosela por
último dos secciones de la corporaci611: la comunidad
de los músicos y la Academia ele ball&lt;'.
En el pórtico se reunían cómkos. trovadores, danzantes, m1ísicos, etc. y los ,u·listas qué tocaban \10Jín, mandolina, nauta r ot ros instrumentos, venían
;i este lugar pam ofrecer sus ser\'lcios en banquetes,
bodas y tiestas de toda clase.
Para dar á la a11t1gua lglcsh\ su aspecto pintoresco,
sin duda se poblará. su pórtico de ¡{entes vestidas como las que pululaban en los siglos pasados, y será ese
lug:u el predilec•to de los atlcionados :~ Pmndones intensas. exquh,itas y extrañas.

y

r

{J

El c:iñón "Mondragón'' en Francia .

.,.

*

**
Ln :u·uarela propiamente
diclrn. /11
1í11ira. ye,wi;m y limpio es la pintura snhrl' p apel tí t'arl&lt;ín precli-ament&lt;l lllan•co. en la rual se c111p.le,1 colorestm111&lt;Jt"•
r1·11fM di111id11s en agua pum.
F.xt raíiará. sin duda el qne fijemos
qur se ha de pintar sobre 1'011do prerisa111t•ntc 1Jlau1·0, ¡w ro ello si.' cxpli1·i1
por dos razones c·apitales que á nuesrro
morlc, de ,·1.•r conslltu'ten los distint iYos fundamcntall!s dt;I pr1x·edi111lento:
1 ": Los color.&gt;s clc· la ncuarela son
siempre t ram;parentes, nunea p;istosos.
por 11hs1·11 ros e¡ tll' si'an. y sólo pueden
, rlcsprC'ndentlcn-;e 1'11 exat:ta tonalidarl
,, bien diáfanos, l'Uando sc- dan sobre
,rn fondo blaucu: :? ~ En la acuarel;1
• dáska no s? emplra j1m1á.• el blanco,
pues el hlam·o que lll'Cesita lo da el
•del papel mismo en &lt;¡ue estiin t&gt;jecuta-

.,,,,.
,'

':

tfas.
rna (lrurll'I /u ('?) en qnc s z p1me hlanc!i no es ext rictamen te más que una
un 11r¡11m1J, )' este prOtl;'Clillli('nt o si permite usar rondo de cualquier
(•olor y admitl' así llllSlllll la SUpt:l'p0sidón pastosa de rnrias rapas de color.
Hay quien denomina c1ru11rel11,, á ciertos trahajos de 11y1wz1i. lo que es 1111 i1h~urdo. y h:ty quien así denomine á ·ler10 gtinero de uh ras hfbridas. mu 1· dt•
'moda en los Tul ndns Unidos. hel'has
•con ,1yuda de lápk,•s de p11:,1el y del
l'Sfumino :.\' rnn el inrwhle&gt; t'OllC1lrS11
del sopletep11lverizador(l,rod1rrd1 oi,·e).
lo que. ií más d e- 1111 absurdo es llel iher;idamente eng-ai111so.
Bástenos eitar. !'11 apoyo rJc, loanterior. la opini&lt;ín rle )L D~lfrlnze. el
. rminm1e pintor y crít i(·o franrrs: c-~I
. alg-t'm pintor tenwmrio osase agreg-111·
{t (Cls t;illlplcs colores de la anmrela
EL A::'111'101'0
. alguna substandn •í instr11111e11to ex- --------traITos. siquieru si•11 demasiada gom;1
para ngnrir.ar las tonal idades - debl' vitrsele &lt;·on el
mismo clespre,·in &lt;·on que se ,·e al hombre qul' hace
trampas en el juego.
E.l nuclmienl n ele la acuarela se dehl' {t los minint urlstas de l:1 edad nwclia quienrs apliearon &lt;.&gt;I prot'e• dimil·ntn. !:!in sombrear, soht·&lt;' dibujos l1eehns iÍ la
pluma. l'aulattnamem e Yino el perf&lt;'&lt;·cionamlemo y
rs muy difkll recontwrr {t los primeros aenarclistas
cretminos. p11eh alguno~ trabajos qur lwn111s rii-.t 11 1•11
~111se&lt;1s europeos, 110 pueden a tri huirse c11n 1•11 t (•ni
1·ert ew !'lino á artistas c1el 1,iglo X \'JI l. 1ale:-- e111no
)torea u, J,mior. l•'rnwmard )' Tauna,v.En I u~la1err~1.
, {t principios dt&gt; esl e siglo. empez1í realmerHP {t t·ultirnrse la n•rdadera ac·nart•ln. cuantlo i;t• fund1í la famosa Sr,¡;jr!!I ,!f' pni11r1 n, in 1ro'1 r Ml1,11r~. pero ha; c¡m•
adYertir que en11·e lassupm·stas acuarelas &lt;il' l'Sa 1ipo-&lt;'il llny mnehns nynuzr,.,.
'!/0111(('/¡P,

***

SI nos hemos detenido en I ral ar ele la ;1&lt;'m1rela en

l'.\tu~ 1,;N LA EXP()SlCION DE 1000. -L.\ TOl,ESlA DI': SAN JrLIAN.

ATRACTIVOS DE LA EXPOSICION DE 1900.
EL ANTIGUO PAB.IS.
En la orilla derecha del Sena, cerca del Puente de
.\ lma. se lenu11ará sobre una inmensa plarnfomia el
. l 11fiytrti 1'11 ,·l.s. 1·011 sui; torres, sn:s casas I curirn;os
,•dífit'irn, rel:ttaurados de una manera exactá para dar.
lrrnte á lrn; Palados de 11-ucrra y :Harina, PI espel'táeulri di• 1111 pasado plntoreseo y l'a rn ¡\ los ton1 empla•
1 ÍY&lt;t1,.

Ln plataf11r111a que sc-rvlr-~ ele pavimento al . l ,1ti'./1111 l'11d,·. ti&lt;•nt&gt; una supertlcie de ti,000 metro:, t'Ua1lrnd11s. l-iu ni1·cl la pundr;\ :í cubierto de lns l'l'etien-

11•s rlt&gt;l rín y esta precauci6n no i;6h1 es útil sino que
ú la ,·ez con1 ribuiril ií la hellei..a de tan interesante
lug:u·. El .l11li!l1111 /'orí.• tendrá ,•istas manl\'111(,sus
háci;t 111 E.x¡w:-kilín, las 1·rilinas de BlilleYue y ) Ieu-

El gmhado di' la pagma nucYe reprPs(•nt a cl can,ín sistema «~I ondragú11&gt;
cuv&lt;1 e!ern hl1 n•nldo estudiándo.~e de$che· hace oeho aíius. teniendo adjunta la
l'aja ele los proyt•ct ile;;de camis.~ de acero ele q111• se hace ui;o en esta clase de
artillería: así ct11n11 el rscoblllún v- rar;1s que siTl'en para sntranspone i:uanrl11 sp hace lfl tracción enu las a.~émilas
1¡ue sirwn t:uubiliu parn cargarle, y
transportarlo á traYés de las montailas
de nuestro país, en cuyo &lt;'aso se de:;.
compone la pieza y s us montajes en
tres t'argas que se repart.en en ut ras
tantas asémilas.
'roda la cnnstruc&lt;'i(ín del caMn, está
he&lt;'ha del mejor a~ro de las forjas tle
:--ail1CI ('harnond, fábrica donde se cunst ruy{1. De la misma manera su montaje. teniendo ~ste como especia.J!dad,
tambitln tle la invencil'tn del ::-;r. )Iondrag&lt;ín. el freno que se ve en la contera, qu¡• llene por ohjeto volver {L hacer entrar en h:ttalla la pie1.u. desput\s
de llaberst' disparado.
El alcance de esla pieza, que es de
mo11ta11a y adrcm1rla á nuc:. tn• J ais
mouU'l.Oba, es de t'incü mil metro.&lt;;, v el
pe:;o del eaüón no pasa ele 110,:en1a klh'&gt;gramos, In que le hace f:kilment e transportable porlo t·aminosy aspereza:; de la sierra.
La carga del cailtín es ele ciento trelnt a y dos gramos de pólrnra sin humo
r el 1~1l&gt;Co efi met{~lico. El ("aliorc riel
cai\11n e· de setenta r cuatro n1ilímetros y la velocidad inicial del proyectil
es de drn;dentos s etenta v cinco melros
por segundo, t lro rápido:
E) Teniente Coronel Sr. Mundragón,
sallo de rsta capital para Europa en
.J unio 12 del8!li. Los cañones que llevan su nombre y son de su lnvencl6n,
fu eron experlinentados en el polígono
de Saint Chamond, (Francia), rlando
un brillante resultado.

''EL DUELO INTERRUMPIDO''
'V.\t&gt;RO DE ,loSE GARNKLO , \ LDA.

, I&lt;Jn ntagníflt'n ¡2'rnb:tdo t.iradoaparte. ofrecemos hoy
a mwstros abonado::; u1111 repruduccl6n del célebre
l'uadro_ de Jns(&gt; Oarnelo .\ Ida. que rnnstltuye- 111111 de
las nieJores notas de nuestra Es_posición Nacional de
lwllai; .\. rtes.
Es una _t'scena 111La11w11tc clram.1.tlca.1t1spirwla por
nuestra ,nda moderna. En un halle estalló la 11!t-m1a.
y _estallo urn Sl~ngrle111amente quo el cm·ut·nt ro qu(ido pnctadc, ul-1m;1 ante, de modo que cu1intlo lrn, _primeros fulgorns &lt;!el sol naciente besaban cou 1111. pálida las marchitas pompas de los salones en donde

�Oomin;;o 1 ° ch Enerl:'l de 1899.

EL MU:NDO.

6

Viaje del Señor Presidente ole la República á Monterrey.

J¡'OTOGlUFL\8 D.0

D• L A.GRAJSC.a:.
.

Domingo 1 ° de Enero de 1899.

EL MUNDO.

El riaie del Sr. Presidente dB la RBDública

I'enetn\ en los tal1eres el Heiíor Presidente v clei&gt;pués de rcc-0rn•r lcs diferentes clepartawent&lt;;s que
c11nstituyen l:l negoci:Ldcín. relieitó á los_!;ei'iun•s (lp.
rente y JJireet or por lc,s iJuenc,s productos elaborados
en u Fábrka, obteniendo U&lt;' Jo más iutcre,,wtt:,
muestras que llevcí t'onsigo.

A ) IOXTERRRY.
VJSlTA. A. LA. l!'ABH..lCA IHC T,A FAMA
y JIOtrnos DE ,lEl,n"i-i )I.\IU \.

'En los )folinos de .J¡,sús "liaría el ilw,lrc vi. it;111tc
v sus acc,m¡;aDanteh, fueron rec1birlm, -¡,ur el ~r. Ingeniero )J;rnnel G. Bhero. wieruhro dela C'asa Y. Hivero :-,ncl'sores, quíN1 ltizo l11s lwnnres de la casn,
mC1Slra11clo 1n u.aquinaria, Lrahajn.. ensPrrs, matt•rias primas, y todo lo 4uc' crnist i t nyr y u,;a la nego&lt;"lación, así c·omo lcis proclut·tos rtah&lt;¡rarlos c¡ue son,
no cabe duela rlo. ele lo wejor 4m· i.e pn,clut'c en 1ml I t-rla de hariuas. puei, rivallz.an Yentn.jo~amente ton
las (•xtranjeras y es i:sta una ele las más pcqueiias induf.trias que 1 iPne establec-idai. la cmprendeclur:1 c·as,t
Ri,ero f:-,ucesores.

La mru1ana del miércoles ~I del pasaclo salicí d ~r.
Pres1dent.e aromp,lfütdo de numerosa 1·oruit i\a,:í ,·isitar la Fábrica de «La }'ama&gt; y los .\Iulinus de .J CbtÍI-,
María.
En la Jo}fütcii'&gt;n del XaC'io11al Mcxkano tuiuarou un
tren espedal, y ,·elnte minutos de:-;p11tls ll&lt;'g:tron al
lugar de parada frente{¡ la fitb1ic-.a.
El traye&lt;·Lo, torno de quinientos metros, halhíhase
cubierto por niilos de ambos sexob, de 1•sc11el:1s o-fkiales, que for1!1ahan Yalla, sostenieuclo ellai- preciosa.,
bandera,-. trl('olores ypresentanclo ellos armas, el conjunto l'ra lwllo y tierno i&gt;speetitc•ulo. La llegacla &lt;le la tr1mltJva, m:ompaiíatla dclossciiore1, I:ng-eniero )humd
Rivero y Twmís )Icndirkhaga, cu represi&gt;ntaclón ele
las lwnomliles rnsas \'. ltivero Sm•s. y Sm':-;.. rlr llermíndez lwrm:mos1 principales actionist as de esta lll'·
gociacic\n, ful1 recibida por los Hres. .Jrn,P Olivirr y
Comonfmt, Hrrente de la fábriea. y Pablo ::&lt;eg-ana.
Director.
En el primer patlo ele\áhase nn artfst ko nreo formado de p;was ele a]g11d1ín. algodií11 s111•l1 o, hui;11 y demás utensilios.

.\l p,1sar al enmNlor. llam,í,poder&lt;isamt&gt;nte hl atrnción de la i:omitiv11 un 1\g11iJa virn. sujel a á un cstuclo &lt;p11• corn1111ta la puNta de l'ntrnca. La reirm de!
las ,n LS Sl' halla ha l'.!itl las alas ableJ tas, y lns piés li¡rados. ¡.u , h,ta tué m(lt i, o de mm·bas agudczns: mas
:1í111 euando se s11pu la coinridnwia. de que mc,weltto¡; antes rlr po~arse en la quinta, la f:ílJricn no ti•nía
un r11Jje to aprnpiadu que poner sobre el e-seudo.

1,

( '.\RIU) AWW&lt;IIIH'O 1&gt;1~ LA FA.BRIC..t DI~ T1,~1100.;

C.\ llllO .\w,;GQRICO

DE &lt;LA REINERA.&gt;

(',\RIIO ALBGOlUCO DE L.\.cFAURll'.\ DR Jor.H1
O \Sl-:OS.\S.&gt;

El M. Preslde111e propusu,que se.pu. iera al ave· un
anillo de oro, en el pil;, con la fedm irahada, dándole

&lt;L.\ l''.Dr.~.&gt; .(Tmr.AD.A nu:..~ rE .\ L 1':lll~'lc-J;¡ DE L.\. ;ilISM.\..)

AltC'O 1,EVAN1'.\.DO I'Oll LO'- O P&amp;fü\RIOS DE cLA F,DL\,&gt;

momentCls antes Sl' t!ft•c·tualia el sarao, .va los contendientes estaban sobre t•I menguado cm11JJ1&gt; 1ld honor.
espada en mano y listos para /mm· ,m nomlm,.
Mas he ahf que en el momenl(I en que los padrinos
habían dado la roz de Zi.-&lt;lo.~! un carruaje, lanzado á el:icape, aparece entre los daros del follaje y l}ega al sitio en que 1:,e dci:;arrollaba e1 drama. Los_ nvales sorprendidos b:ijan las espadas yel cl~elo sr mt~rrumpe.
IJel e.arruaje descienden doi:; muJeres, atavnulai. aún
con los trajes de la tiesta, y una de ellas, la e.5posa
sin eluda, abraza ;i uno de los contendientes el cual calla mirando hoscamente el suelo, mientras su ad\'C;sarlo, respetando el nobilísimo lmp~1lso de a)llor
que es causa de la interrupción, espera dignamente la
decisión de les padrinos.
Es una obra perfe&lt;•tamenLe sentida y ejecutada.
con m:wstría Lant.o en el conjunto como ea los detalles. El dibujo es minucioso sin amaneramiento, el
colorido real y sobrio, la pen;pectiva y el modelado
bnenos.
Tiene nn prqueiío defecto de composición: el extraordlnarlo parecido físioo de ambos contendientes,
el cual hizo que alguien l)auti1,ara. este cuadro con el
ircínico título de c.lJtiela enlre gemelos,&gt;
Hay que advertir que el cuadro que se encuenLra.
en hL .Academia de , an Carlos es el boceto que trazó
t&gt;l autor para. l:L ejecución del miadro detiniti,o que
se halla en Europa. Posteriormente y antes de enviarlo á Méxlco, el mismo Garnelo de Alda, concluyó el boceto, copiándolo del cuadro deflI.lltivo á que
acabamos de referirnos, el cual fué premiado en Madrid con medalla de segunda clase.

C'A1rno ,\LEGOlllCO m,: LA cC1-:uvi,:n,:R1A ('f'ArnTEMQC.&gt;

-- -..-,,_.. ......•
1

-..

AGt'ILA APRl,!JON.!DA EN LO:.
MOLI.NOS D~:
J i,:sus 1\1Ali1A l,;L DI.\ DE - LA
·'VISlTA DEL
~B. PltESIDENTE.

C.A.11RO ALRGORICO DE LA CASA. cSoRl'RKSA Y PRBUVERA.&gt; 1

F.ABR.ICA DE A..BTEFACTOS DE HIER-tO LAllINADO,

Ü.ARRO DE LA C::rnPA511A )! IN".!J.H &lt;ZARA GOZA.&gt;

�;.

Domingo 1

EL MUXDO.

después libertad; opinión que fu~ accgida eon acla10at'.iones.
rna wz terminada la rápl&lt;la YlsH.a á la fü1ca. la
('(ltnitirn presidencial ocupó de nuno sn carro, en
uni6a del ~r. ni 1·ero, pasando por un ingenioso puen1e formado por sacos de harina qne se Ie,·antó cert'a
cll· la , la férrea.
CARROS ALEGORJCOS.

lmpo11e11te y grandiosa fué la procesl&lt;Ín Industrial
que rel'l1rri1~ 11s calles de )Tonterrey la noche del jnt-ves :!:! del pas ido Díclcmbrc. para manifestar al :--r.
Presidente el respeto, la admiradi'tn y el agradcrimiento de las cliversas empresal&gt; de aquella ciudacl.
Formaban In pro&lt;'eslón velntldos carros aleg,~rito~.
tle los ,·uales nparect&gt;n los que pudieron wmarse fotognítil•11mente.
Or¡rmtizúse la procei,;ión, empezando el ,kstile en la
calle del llospllal hacia el ~ur. hasta la l'laz11 de Ilrg-olladn, pasando frente á la casa del Hur.lt'rnador.

aloj:1111ientn del ~r. Presidente, pura seguir despn(,s

por lm, t'alll's ele Hidalgo, Zarago1.a. Hoctor )ficr .v
Hoble, ~- disolverse en la l'laza del Colegio C'ivil.
Totlos los balcones de hL~ c,\llcs del l ráru;i to fueron
ocupadris por infi11idad de espectad&lt;Tes, y alguno.'&gt;
dí' t•stos tu\'ierfln que pagar prel'ios Pleradfsímos por
las toralidarl\'S.
Atlemás del ahnnhrado dt• g:asc Jina y gas acetileno
que l11•1aban los earros. una multitud de indlvidnns
marcharon C{)n antorchas y luces de Beng"ala danrlo Íl
la 1•scena un aspecto fantást lt'o.

°

de Enero de 1899

Domingo 1 e de :Enero de 18911.

EL GR,\X H.lILE EY ET, CA.SI.NO.
Ln facbadlt del i;nnt uoso edificio brlll.ahn con su extraordinaria lluminacMn. Ei,;turn formada éle mult 1l ud de lúmpnra~ inrandecE&gt;ntr., que en artfsli&lt;'a comhlnadc\n rcprrsPntaha capri&lt;-hcsas figura¡; ele! mejor
gusto.
.\ lo largu del w1-;tílmlo, dos hileras de csbrltas cnlumnm, de mím110! negro sobre las que, en rlt•gantes
t i,stm, rle porcr•lana. lncían con rnriado mat.izplantas
y llorc11 exMicas. Complet.aba este armonioso conjunto, 11n:1 ))1h"ed,\ de raso colur de roba, artíst lcamcnte
plegado.
Los mm•oi,; lucían, de Lrecho en t..tel'ho. Plegantesespejos hisPladus cuyo el l-erso cristal encuadraban lujrn,ns mareos.
El aspecto del patio infPrim·. era prorligimm. C':uh1
una rle Ju.-- l'lnco dh·isiones &lt;¡ue formah;111 ri;e patio M'

componía de una !Prit• de elegantes column1\s. plnuidns 111 ,\lec,. en que el color uro viejo que élominaha.
producía t&gt;I &lt;.-freto &lt;le un11 d • rsus snntuc,sos templosd,•
st•verm, naves.
El piso Pstaba n1bierlo dealfornbrasclcrolores. rojo
~- a1.11J. que fnnnahan agradable contraste con lrn,
aclornos de gm,a que unen los capileh!s ne las rolumnns.
l&lt;~I resto rlt'I a&lt;lornrl t·unsist fa en graudt•s wlll·•tcnes. esJk•Jns y lihores. distribuidos 1·n:1 g-nslo ~• ('..11!,1:ados &lt;:on art.c.
A la parte iz,¡uier&lt;la clel rorrJclrir estah,l el sal,ín del

\' RSTl.KULO D~;L Ci\lSTNU.

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S.\LON t'ONSTIU'IDO ESPECI \L11ENTF: P.\U \ EL

nur.r,:

01t.\N K\L(IN DI•: H.\JU;.

l'ltES!llE:\"("IAL,

Es uno do los &lt;:Pnt ros de sociedad m,ís simpátil'os
y aleg-res. No s6io da las flei,ta.s peri6cllcas que el i·cglamento previe,w, sino que ron pretextos mil , inge-

lahor ~- no las disipan inúLllmcnte, para ganar hirn
el temprano reposo; por la noche nadie piensa smo
en dil'ertlrse, respirar el aire libre y espaciar el es-

niosamente bus::aclo¡.¡ y apn,1·C'chados en conciencia
por los j6n•nes. menudean lmilc y reuniones. e.xi raordlnarios. Y con frecuencia improvis:rn t~r1 nfü111 que
no obstante ·er preparada;, en merlia hora, resultan
magnilkas por el número rle concurrentes y el t&gt;ntusiasmo de todos ellos.
La sociedad de ~fonterrey es de las más alegres y
dispuestas á dh·ertirse. );o la ahC'rroja ese sentimiento levítico y triste que hace de las ciudades ele prnvincia, conventos Jc\hregos desde que suena en las
1glesias el toque de oración. El tlima e.Hielo favorece
la Yida bulliciosa que sale en 1 ropel de las casas y
los talleres para ei;parcin,e en los piu·ques y ala-

píritu.
Los que se qul'dan en casa no busc.tn los rincones
obscurns: abren puertas y 1·e11ta11as, llace11 sonar los
pianos, reciben Yisit as.
Los miembros del Casino dan :\ su cent ro sncial el
carácter q11e piden ]¡11-; condiciones éle clima de la capital neolconesa r como el edll'icio est{1 situado cerca
de la Plaza Principal. Jugar á donde l:Oncurren dos
n•ces por semana las rauülias reglomontanas, han
conseguido que el Casino no sea c-omo lo son casi l,lJdos lo· cstablcclm:ientos de su clru;e, un centro para
hombres, y sólo para hombres, fuera de las noellcs de
reunión. De esta costumbre que tienen las dama~-de
concurrir al Casino, nace la extraordinaria facilidad
con que i,;e imprnvisan (ie tas y tcrtul ias r conciertos.
El elemento extl""&lt;1nje-ro ha hecho una transfusión

medai;.

Durante el día tooo es trabajo. trabajo absorbente

banquete. Lo:s muros rle 1•i;lt's ,~uhiertos di&gt;
espejos. ;1ltPrnaban ron haces rle handeras de
1o&lt;fas lai-; nal'ionei,, formanrlo 11n conjunto
agrarlahle. ('lnco ftK'rn; de rolor y den inrandescrnt.es derramaron ~u luz en estu aposento, que part'1·ía iluminado,¡ yi11,·111i.
[lal)fa nos mesas d1• honor. arreglmlas
para dit!cinuev~ l'uhiertos, formando dc,:;ín¡nilos recto.-;. unidos: lu g-eneral se extt&gt;nliía en lí11ea reeta. Otras mesltas mo1·ihlP:-. s" rol&lt;waron Pll t&gt;I patiu descrito,
no basLando el :-.alón mmerlor paraaloj:ir
al g-ran 111'111wro rle hwiladns que emwurril'ron.

La esealcra t¡llc á amhos lados s!' en('ont raha. dt&gt;jaba c·orrer cnt.re los claros del follaj1•,
cspléndilias rasi.·adi1s. Sallaha Pl agua entr(•
1·aprichosas y hlancas est ,llnct itas y en rompit-ntes &lt;le espuuut tafa en reriplentrs rodeados de fresc{1 hPno y hlanc:as rosas, rel\ejan-

d,, u na espléndida combin;w.icín de

luces.

La plantn alta m1taba rormacfa por un gran
pal in clP hermosísimo aspecto. El rnnjunt&lt;l
en su decorarlo er:\ de estilo Luii. XY. Ilav
una serie de rolm1m:L'i de orden jt\nico, &lt;l°e
llriraclas rnlutas. De ellas arranca un númrro igual rlE' regias arcos. Brmaban en lm;
1·11plteles cenlenares de lámparas Edlsson.
fnrmanclo óvalos. en tanto que los areos ostentaban magn!ficoscortinajes de rm;o amarillo paja, orlarlos de oro y bambalinas verclP nilo y rosn.
En la uni6n de los arcos, rlE'gantC'S eseu(los artJsticamente combinados t·on palmas
1•oi;¡11fas.

El techo fuP rubterto v nhoYedado ron
rresponcs de g:asa, l11elendo entre ésta, ant·hns rr1injas amarillo. azul y rosa; complctalia el sobcrl,io ronj1111¡ o la gran arana. del
t·ent ro, de &lt;!onde pe,tidfan esreras esmalt.aclas. y guirnaldas epyos rolore ltlcfan enlrP
lo» innnmemlfl s focos in~ndescentes.
La alfombra ora rqja y ai.uTStep. Es la
ESCALERA DE UOXOR DEL t'.\~I ~ &gt;.

-

que usa t:I C.'llsinu para los halles, .I' tamhlen
t·n sus s:1lones de rrcepción. Estos, en nú111ern tle trt's, ('l-itaban sr-parados del cuntro;
lns later-.llcs. por t.encilrlos arcos. Su rlel'.Oraclu era de un lujo espléndido. Lns puerlns
tenían t&gt;l('gantes cortinaJes ele lino peluche
rojo y oro Yicjo, i:omhlnudm, con verde y rosa. En el l.11terior ludan magníHcas lunas
Yrllt&gt;t·iana.~. ,;st osos tapices y stml Uli!&gt;O y
rit'o mobiliario. Resaltahan lus sillones. en
gran u(imero. 1·(m su blando acojinado de
l'fljll

EXTERIOtt DEL ( '.\&lt;;INO DE )JoNTEH111i:Y.

~mo es el de las gentes que cuentan sus horas de

muy f:n·orable ni progreso de los lláhitos de socinhili
dad. Gna sociedad cunsmopolita corno la de :'llontt~
rrey. es por naturaleza abierta y liberal con los no
aYecim1dos en la poblacl6n. y cotuo la gran masa ele
negocios de Lodo orden atra,e diarhnuente forastPros
ú aquella ciudad. PI resultado es que todos encantados con la ae&lt;igida carii1osa que rccihcn, traban estrecha relaciones con lo.~ h,1bitantes , forman un elemeuto. más bien dispuesto á darle brillo y moYitnlento á. la Yida de salón.
Las personas distinguidas de )[onterre~, Ylven diaramente en con lacto con el mundo. pues han Yiajado, w utbas ele ellas recibieron su educación en el extranjero y todas procuran pura el lugar de su residencia ese
m ov lmient.o. esa transwma.eirtrr rápi&lt;fa que caracte-

riza .t ros países aYam.ados y cultos. -Xo hacen, pues,
derivar sus costumbres del sólo impuhm de la trudicián. sino que auxiUados por los 1esidentes extranjcrns, las ponen en consonancia eou la ép&lt;lf'a,

ft&gt;lpll.

el Cl'Ol ro del salón se wla un cuadro
con rl 1·etrato del ~eñor Ge!leral Dlaz. al que
formaha warco un gTan pahellón de raso.
Lu~ otros departamentos eran tarnblen muy
1&lt;:11

elegantt•s. La i-;ala, rlestinada pnra la tollett t&gt; de las sciioras. era espl¡,lndida. El grande
y lujoso locaclor S" extendfa ocupando todo
un crn,;tado v alcanzaba al techo. Era de caoha con moldtu·as artísLicamente talladus. El
resto rle la sala cstatm dividido 1&gt;n tres compart.i111ie11t.os, por medio demagnHicrn; espejos vt&gt;11Pclanos.
El sallín- tncador estaba co1111111icado con

,,¡ que sirve de J!Uarclarropa. ~o tenia éste
más que una elegante eslanteria, ele caoba,
luciendo en los cajo11es y puerteclllas, artfalieos I alladns.
A1 ~eilor Presldentt&gt; v su ~Unlstros se les
cli&gt;stinaron dos saloncli.os amueblados con
al{rable HHPridad y exqulslto gusto.
Otro saltí11 más ampllo se desl in(S ,í. los cal1all1.:roi,. par,1 rkseanso. Se veía en éste un
gigantes1'.t) espt'jo que cubl'ía todo el ronde,,
llegmulo llasla el terllo.
1 amhi(tn,

Por (iltimo, mP1wlonaremo:,; el departamento de guardarrripa de~caballeros. Tan
bien arreglado t·nmn los otros apo¡,entos; tan
bien &lt;llspuesto como ello' r tan bien decorarlo l'tmLrihuye á sentar más la fama y repa-tación &lt;le que e011 just ici:i goza el aristocn'l.tico Casino de ~Ionterrey.

EL C.l"S°ON MOXDR.lGO:N EN FRAXCLl. ( Vea.se el texto. )

�EL

10

Domingo l

innmo.

de Enero de 1899.

O

Domingo 1° de Enero de 1899.

NOEL..

Tristezas de año nuevo
UN INESPERADO.
El bullicio urbano llegaba basta mi retiro de con-

'"º !esciente. Cohetes de colores lanzahan su puñado de

,1balorios fugitivos en fa noche; gritos y cantos y exclamaciones en la calle se de1&gt;Lacaban del sordo rum&lt;&gt;r
de los pealone .
.Allá, ,,1drieras ilumjnadas (~ yio,·,w por las bujías de
Jos candiles; allií el triángulo de lucecllla de un 1í rúol
11e J.'cLL•idad nuevamente encendido; en el aire frlo de
la no('be, como roto collar de notas, un fragmento de
rnls triste y como respondiendo al canto ele un gallo
deslumbraclo por la luna; súbito y jubiloso sonar de
pitos, panderos y coros, en un patio populoso.
Y yo enfermo J t,ristc esperando al aílo nuevo, ese
infante salido de las decrépitas manos (le Saturno, como quien espera la llegada del emis:,rio portallor de
malas nuerns.

)lis u migos en sus hogares, al calor de la familia.
mis parientes en lejano terruño. mis ,·ecinos huyendo
del domicilio Yetusto, el mendigo ausrnte de su puerta favorita, ni uno tí quien presentar la l'Opa llena de
vlno }. coronada de asroclelos para co11jurar las desdichas por temer, 1m'ís bien que para inYooar lm, fellcidadei; por venir.
Y miraba al campo de lo. cielos, inmutable y nunca
mou6tuno en la procesh\n de antorcl1a · de los astros
rn negro (·irc·o
. . á lo cielos espléndidos como
nunca, iluminarlos por una luna r&lt;'Splandeciente, bla11&lt;'.t y velada Beatriz. discurriendo por 1111 jardín de
tánclidas awcenas; ¡~ los cielos tranquilos cuya suprema indiferencia contrastabaccm la a~Hac-lóo tcrrestl"e
ele In:- q11e miden la Yicla por a_ilos bajo la mirada de
un poh·l• &lt;lt&gt; Yía !actea que cuenta su infancla por
mlllone,; de siglos.
Y pfü;eme ñ lt•er ,·lcjai: canas y ,l. c·onternplar viejos n•tratos. ~- á exJrnmarYiejas rlores, reliquia.,; todas
de riejo:, amoríos: como quien recoje las hojarast·a de un arhol ecul,tr. para le&lt;•r en cada tallo y en
rada marchita c•m·uhl un epi ·odio de fa última primavera.
Pero hl viña puede medirse por años? ,.:el río de la
vidu puede c•stinrnrse con ll•s kilt'm1etrusdel geógrafo?
;,el hil&lt;, rle la ,·ida se grachía como la cur1·da de un
,.,.¡1o1 ;,la radena de la vida es ele eslabones simHricw,?
Cmín viejo era en aquellos instantPs, en plenajuven111&lt;1 anat,ímica á semejanza del boyero dl• la l&lt;-yenda
;'1 quien los dioses computaban su exislenria m.ís que
por la duraC'ión por la intensidad dt&gt; sns ·cnsacloues,
resultando decrépito al cumplir aper1as los quince
ai1os con un solo amor griego sobre la conciencia.
Y me sentía tanto más wlo cuanto m1\s cansado. y
,olvla mi pensamiento,\ ot,ros soliuu·ios en esa noche
de efusiones, de plegarias, de vaticinios y de ternuras.
Pens-,ha en el vigía, que en lo nlto del mástil esplora la negrura de los mares , ofiando con los placeres de
la orilla: en el galeote que cuenta con Jo dedos el

año menos para reconquista,1· su libertael, ya. inepto
para clistrutarla porqu~ e.ncaneció en el presidio; en el
rraile para quien lo· tlempos son urilim bre sutil que
el soplo de la muerte rompe como tela de amiia Y hL
clep idra mundana muy pequeña para medir la pel'petua bienandanza ó la condtnaciún eter1ia; en el centinela transido de frío, .'i solas con su arma y á. solas
ccm sus remembrtt111..as; en el médico atento á la agc,nía de un incurable: en el loco iusomne que rumia el
ritornelo de su obse!ó;lcín; en el hijo pr6digo que siente vlboras en el alma v llanto en los ojos; en el
viandante que se extravía en la selva ouscura: en el
desterrado que fallece de nostalgia; en el prófugo cuy-a pena mayor es no poder reciLarcomo mel6dicoYerbo. el nomlJre de la madre, del liermano, de la amada,
y p&lt;&gt;nsaba en mí mismo. atenido á loo cuidados mercenarios de una sirviente que tenía nieto:,.
tiobre la mesa había flores, golosinas, copas y rino ...... tres hujías encendidas.. . . . humeaba el
tl1il . . . . y i;obre el phtto la eX&lt;'llbét de mis l nvit ados.
Y yo que babía pensado un brindis! Yo que iba i't
decirles que en esa noche la Fortuna era 1·ortesana t,rn
deseada y tan solicitada que no podfa complacerá todos; que Dios debía reir allá en lo alto de las brazarlas de espenu1zas rle los buenos galeotes ele la tierra;
de los cantos triunfah:s dr esta ci·gástula de dolores
lJUe se llama el mundo¡ de tanta promesas corno se
hacen l'Opa en mano cuando quiz1í, imisible, detr1ís
del orador. taclluma ,. fría, la muerte se sacude el
manto negro que ~alpic6 el champaña.
Iba á decirles que brindáramos siquiera por nna
tregua.
!&gt;e la calle ascendi6 uu lamento largo, eomo el quej ido de un redén naddo.. . . . un grito doloroso y
pat~tico como de alguien que pide auxilio 1í implora
el s&lt;x·orro de una madre .....
}Ie asomé: tiritando (le frío, mirando íi mis ventnnais como un mendigo en espera de limosn.is, un gato
maullaba Inconsolable ..... .
-Entra.amigo mío, y súbito enternecimiento me hizo abrirle, lhunarlo, como si fuese un peregrino e11 busL'a de hospedaje. Entra, no temas, ¡y cuán flaco y
enft&gt;tmo Yic:nes~ Entrn, no tengas recelo, soy un amigo de los gatos. )fe eSC'onder¡; para que pases: eres un
gato de la plebe: cómo te extrafüm las alfombras. y
el pcrfmne de las rosas desbordando de los ,·aso de arcilla; y la luz intensa; y los cortinajes discretos; y el
ambiente tlbio hecho para la amorosa intimidad. ¡ Pobre enfermo, vienes cubierto de fango, y herido, y
agresi,·u como todos los hambrientos!
Sube á la mesa )' toma lo que gustes: qui1.á prefieras la carne ordinaria, ó el gigote plebeyo y no te
¡;eduzcan los pistaches enrneltos en azúcar ürlstalizaela: ese jamcín color de mlrto: esos blondo¡¡ pasteles de
dorada costra; esa ga laotina irónicamente recamada
de arabescos de g-rasa y pompones de seda; esas frutas
briJl:mt.es como barnizada11 con la1.:a; esas g-elaUnas trémulas y diáfana:;: cnme, eres mi amigo de esta noche.
El auJma l. pl'imero. quiso huir)' no lo 1r,mt1uili?..aJ'on mh, caricias. ·e refugió olfateando en el anaquel
de una librería. saltó sobre un yeso, se paseó por el
marco de ltll retrato de familia y por fin atmído por
el /11,111-t de un pastt&gt;l de pollo, con todo el slbarit ismo
de la raza la emprendió contra un alón que &lt;'011 mil
preparativos y entrecerrando los ojos engulló lentamente.
l lesputls eligió lo que ;1 bien i.uvo sin que yo osara
ni mirarlo de frentc.-el gatu e. tan hipereste~iable
que .,irnfr una mirada-conform¡índome t·on seguir sn
cena reflejacl:t en ltll espejo.
~unca me he :;entido tan caritativo. ni he palpa&lt;lo
la roluptuo. lelad moral rlé una buena acción como en
aquellos inst,U1tes.
He ahí que su,-, hermoi;os ojostintilar, como amatistas, que sus miembros se rlesentumcce11: que su cola
contenta asume la curbatura de un cuello de cisne. de
una asa de ánfora, cte una rama de lita, de un cayado
episcopal 1í se balancea á diestra y siniestra l'omo el
dedo velludo de un monstmoso troglodita cliciendo ;no!
Em10rvó la espina comu una giba de camello, hin1·6 las uñas en el mantel, se lami6 la nulz y loco de
comento y denibando copas, se pusú á. jugar «l a~t.~i1w./o rPjiim,do con una nuez rle Castilla.
;.Por qué á la vista de aquél dichoso, jnfel!z hacfa

un cuarto de hora, ante aquel ~-aUejero qne se rne
antojaba. \'estido ele uegro pelaJe, un poeta robre;
por qué al ver so facilidad de olvido, su adnurabll'
adaptación al medio y al momento presentes. una~&gt;ca nada de clarivirlenc~ias me blzo en&lt;·outru en su Jllbllo tantas explicaciones y pareci?os? .
,
Lo llamé y l'ino pos:\nrlose en m1. rodillas, pasanrl~me como m1 pinrel, su cola por la fa1,: soné una caJa
ele música y n!!'uzó el oído: Je acerqué una rosa y huye\ disgustad; :.acudí ios prismas del cm1delabro y
engrif() las garras: le most,ré una bom boner¡¡ de t·oral en forma de cápsula y la bite rodar por el tapíz y
se lnnz!Í tras ellll con la curiosidad remenina de su
raza.
lgual .í la mujer, Idéntico á la Forruna,_deslumhrncfoporlo, brillazones y prefiriendo al plat1ll&lt;1suculento la naderill c111inial'ia.
Yalienle año nuevo ¡¡quel, v alegre, porque me sentía alegre en compañía de Ull irracional tan c6mi~o y
serio á la par que be me antojaba la metempsico,m,de
algun filósofo ó la materialización de un espíritu de
buen llurnor dolido de mi soledad ...... !
C1ímo el volupt.oso salU&gt; al CHjón abierto del bufe.te
y haraj6 las amorosas carlas, cómo retozó ron los listones y se Crot6 las narlC{'S en los bucles de cabello
blondo' y perfumado con ambar g:r_i~, de mi no"i:t;
c6mo destrozó las ílore. set·as y parec10 m teresarle, ma,:;
e¡ ue nada, un pailuelo de baile que arrugó y dejó w,lar
como un harapo.
Y cant,;arlo al fü,, arrellenóse en un cojín muelle ) lo
oí ronronear, y dormitó cerrando desconfiado un . ·o](,
ojo.
.
.
.\ 1 diablo mis mclancolias y mis aranes: aquel s1bari I a era un emblema de la Fortuna, del Aeaso. ele la
mella. ele todas esafi fugitivas que suelen Jla1m11· á la
puerta tiritando de frío y hambri_entas; ele las 14ue
buscan, ií quien espera otra compañrn: de lasqn~ ~osahen ele&amp;irentre el uniso burdo y la trufa patr1l'rn, de
las que0 se rleslumhran con la l&gt;ujerfa brillantl' y 1111ren del aroma ducal de la rosa; ele las que rompen
~artas y huellan paiiuelos de batista.
A.l diablo mis melancolías ;,no es wr1hld gato negro:' .\ lll salud .•\.1 diablo mis tristezas en u_na nol'he . la íiltimadel ,Liio en cuyns dos horaspostmnera~
he apre11dldo más que t'n los meses restante·.
ll e aprendido que la Fortllna escmnoese clur111lente, y que bien puede brindarse {i solas teniendo pot·
anfitrión tí un Irracional.
•
- .\ tu salud, amigo mío, á quien adopto y á c¡uicn
por la ('olor llami\ré «Dumas padr~&gt; y por el slmhól11·n siguiticndo « El . \ca:;11,&gt; neur6t,1co senor () lit' gohierna á los humanos.

11

EL :MU.NDO.

Cada pueblo, cada :raza y cada época tienen sus conmemoraciones especiales, sus fiestas propias, sus regocijos peculiares: Grecia, el Gimnasio y el Teatro;
Roma, el Circo y el l•'estin; la Edad .Media, el Torneo
y la Procesión; Espal1a, la corrida de toros; Francia.
el café y los salones. En el uno, las festilh•idades
son cívicas, en el otro, religiosas, en el otro, sociales;
pero hay una conmemoración, bay una fiesta universal, tradicional. que t.-O&lt;los los hombres celebran, c¡ue
todos los pueblos p:ractican: el ffo del ailo y el nacimiento de su sucesor.
l&lt;'iesta de ilusión y de esperanza . . •ral parece al hombre que con el afio que se Yá, huyen todos los dolores,
se disipan todos los desengaiios; que con él quedan sepultadas todas las miserias y todos los desencanto ; y
tal le parece que coa el año que viene renacer{m todas la. esperanzas, acudirán en tropel todas las dichas,
i;e realizarán todos los ensueños. J.'Milmente se admite que con el año de ayer queda cerrada la Caja de
Pandol".i y qne con el aiio de lloy se derraman!. sobre
nuestrns cabeí'd'ls el C'11erno de la Abundancia. En el
sudario del ailu que muere creemos dejar sepultadas
pal"J siempre todas nuei;tras amarguras, y registramos ávidamente la cuna del ai1o qne nace seguros de
encontrar en ella todo' los dones v todas las satisfacciones de la existen&lt;'ia.
·
Esta ilusión y esta esperanza celebramos con las
más ardientes expansiones, con las ternm·as 1m\ exquisitas. rodeados de todos los seres á qnienes amamu y á quienes asociamos y creemos participantes de
nuestra futura felicidad. La, ida era. ayer aím, un nudo gordiano, apretado, inestricable. en que se enmamñabno los ímluos problemas del ínte1·és, del porvenir, de la ambici6n no satisfecha. ele la ilusión no realizada; todo el año anterior, toda la ,ida fa babi11mos
pasado cnredánclolo por querer desatarlo. a·pretándolo por querer aflojarlo, mezclando~en sus ensortijadas
cocas nuevos hilos que las complican sin en&lt;'ontrar el
de , \ riadna que ha de orientarnos en el laberinto y
conducirnos á la l:l:llidit tranca, á las M&gt;luciom:s honorable,. á los desenlaces trilmfales; y el nudo, como una
madeja de interrogacicme sin respuesta, resiste, se
obstina, y no logramns desatarlú. Pero llega el ailo
nuevo y juzgamos que porqlle un instante del tiempo
1:1e ha d lsi pado. que porque un astro h,L pasado por un
punto ilusorio de una línea in1aginaría, el nudo queda
dese&lt;"ho y ovillado y que ya podremos seguros y tranquilos desenvolver el hilo de la existencia y seguirlo
hasta el cabo sin tropiezos, sin esfuerzos, sin contratiempos como quien navega en mrtr tranquila con el
faw ú la vista.
Por eso los regocijos de año nue\'O son universales
y seculares, como sou uníversales y seculares la ilusión y la esperanza y todos los pueblos los celebran y

conmemoran según su índole y RU t~mperamento, pero sin dejar ninguno de detenerse en ese Instante crítico y entonar un himno de bien venida, nna plegarla propiciatoria ú un hurra entuslastit al afio que
nace.
En los países tropicale . de cielo azul y asu·os cintilantes, de brisas tibias y perfumadas, los fes1ejos
son públicos y exteriores. Y enecia hac~ deslizar por
sus mágicos canales las teorías de sus góndolas, resonantes de m't'1slcas y cantos; en Xá.poles cireulan
por las calle grupos de poderoso cantores, bulliciosos,
alegres, festivos, ebrios de ,inos generosos y de ei.peranzru; locas; en Roma se abren de par en par la~ puertas de los templos, resuenan bnjosus b6Yedas los acordes plenos, prolongados y místicos ele los órganos;
voces di! mujeres y \'OCCS de niños, Yoces de :'ingeles,
entonan cantos escritos en el cielo; en Provenza SI! desenvuelven, en las arenas de los anLiguos circos romanos, las serpentinas ondulacionml de las tarándolas
que, al son del pífano y del tamboril, se anudan, se
desacen, serpean y giran como anillos ele ,1stosa culebra; e11 las plazas públicas se organizan bailes, bajo
los balcones se Improvisan serenatas; lo:, astros chispean como ascuas. las brisas zumban r&lt;&gt;mo insectos,
y la tuna desde el rielo soíll'lé inínica ante tani.a alegría que ba de converUrse despurs en dolor y alumbra, escéptica. tanto entusiasmo que ha de cleseulazarse mañana con gemidos y h\grlmas.
Pero son los países fríos, los pueblos del .Xortc, las
regiones inclementes, de cierzos helados y de brisas
cortantes, los que han dado carácter especial y tipo
peculiar á la conmemoración de ano nuevo. Para ellos
es una fie ta del hogar, de la familia. consagrada Ala
mujer, que es el S&lt;&gt;. t~n. y al nifio, que es el enC'anto
de la vida del hombre.
El cielo está nebuloso y obscuro: no luce t10 astro
en el Hrmamento; la ltmi,, aterlda, se t•nvuclYe como
en armiño. en densos nubarrones que ab. orben su claridad: los copol&gt; de nieve, blancas y pesaclas maripo•
sas, revolotean en el espano; un soplo helado se desprende del polo. y arrasa y f11st iga; los 1'trboles. esqueletos em'Ueltos cu sudarios. tienden !lllS ramas deshojadas como miembr1,,, momificados. .\fuera relmm la
soledttd y el silencio; nadie discurre pur calles ni plazas: todo el muudo st• encierra, busca el animo del
bogru·. el calor hienhel'hor de la familia. La fesli ,;.
dad desarrolla sus pompa:, entre cu:n ro paredes, (~
puerta cerrada. 1-,iu n11ís compaiíía que la familia y los
íntimos; mas no por eso es menos expansint. ni menos
bulliciosa, 11i menos brillante.
En el hogar arele un fuego c-hlspe8nte y amoroso;
el fuego, robado por Prometeo á los Dioses, el domador dt! la NaLuraleza. la alegría y la fuerza del hombre; ea el centro del salón, que pes:1dos cortinajes tapizan y muebles confol'tables y serio deccmm, el ,ir.
bol, como una áscua de oro, resplandeciente oon sus
mil luces. de cuyas ramas penden como frutos madu-

ros, las chucherías afiligranada , los juguetes vistot,0S, los encintados paquetes de apetitosas golosinas.
Luego, la mesa del restin, sunrnosa, con su vajilla de
porcelana antigua, su cristalería, fina como un ene.aje y retiplandecient,e como una joya¡ la hlanqUÍblma.
mantelería; el cubierto de plata cincelada; los pesados candelab1·os que eleY,lll en sus brazos eontorneados las bujías coronadas de luz.
En un momento dado se abren la puertas y la turba
bulliciosa de los ni11os. blancos. rubios. resplandecientes de limpieza, &lt;1e salud y ele Yida, se predpita. gritando y cantando al árbol. EJ jefe ele ln casa. ofkia de
pontifical: ese hombre venerable que ha vivido y sufrido, que ha luchado y triunfado, preside tí. la dh;tribuciún; con paternal ternur.i distribuye á ésta el rono Yigoroso. mofletudo, riramente ataviado en el
que bará sus primeros ensayos de madre y que le presagia 1ma ngorosa fecundidad; á alJuel el casco y h1
coraza, el sable y el caballo de guerra. símbolos ñe su
papel ele luchador en la ,•ida; á Jos pequeñuelos, bouajas y dulces, á la joYencitas chucherías de tocador. :t
la esposa, el hracelet.e ('Uajado de esmeralda· Yercles
como hi esperanza y de diamantes límpidos como la
virtud.
Luegd. en la mesa. ¡\ la hura del banr¡uete, ceremoniosa)" gra,·en1enLe, pa1-te y distribuye el pan &lt;'Orno
para que nadie ohidc qtúén lo trabaja y quién lo lle{L la casa y en el momento de Ja suprema Lransici(m. á la doce ele la noche, se lernnta y pronuncia
el brindis de bien Ye.nida al año nuern. brindis que es
á la vez mm plegarif\ y un himno, ~olemne y sentido,
en el que asncia 1í. tudos los suyo1, en un fen•lente,,•o,.
to de felicidad.
Aquello es á la vez tierno y augusLo, severo y dulce, patético y alegre. Esas gemes ('ou1prenden la virla no como una fiesta sino como una lucha; en los
momenu&gt;s de mayor y m,í.s libre expan:,iún, se 111oderan y refrenan. aleccionan y aconsejan y enrnenlran
el l1ilo de nuestra siempre enredada madeja en la línea recta del deber aceptado y cumplirlo.
Xosot,ros, latinos y tropicales, ks hemos plagiado
el ,írbol y el fest1n de famllia; pero nuesl ra Noel, net'.etiita, para parecen;e al suyo del cielo nebuloso, &lt;le
la blan&lt;"a nieve, de la brisa helada, de los hábitos de
,•ida interior y de los instintos dt&gt; hogar y ue famllht
pr&lt;&gt;pios de aquellos climas y de él(¡ll\!llas raz:is.

''ª

0

SENSf\OIONE,8 DE Vlf\JE.
CA IN.
&lt;Lienzo de Fernando CorDl.on---Museo de Luxe:rnburgo.)
A Carl o&amp; Pert&gt;pa.
Es una t"la trágica. CYocadora, ron loda lapa ,·orosa
miseria de la tribu maldita y toda la bíhlka cólera
del Dios implacable.
.Ante ella SP experimenta una sensaci&lt;\n dura .V angustiosa de real~dad y de_pesadilla. Esos c-uerpos. con
los delirantes OJOS lrnnd1ctos, lai; cabelleras
erizaclas cí ladas. hls bocas amargas y lamentables. loi; torsos quema&lt;los y heridos,
las piernas en la ten1,;ún suprema del 11 ltimo
desesperado e;.fuerzo, viYen! viven!. parece
que se escucha el ritmo jad~ante r cansado
de su fug-a en los arenales mrlcmcu1,es ...
Víven ·l\ son fantasmas que surgen en nosotros c1~· las profundidades. de los lfmites nublados. indeciso:;, perclielos, en que se mueven esos vaguísimos recuerdo~ de 11tr;1 cclacl
que apena empiezan á tourn, forma se desbaratan'.' son nue¡¡tros antepasaclt,,, que abren
silencio. os sus fosas en esas lejanlas el&lt;- la l'Ollciencia y pasan ~omo pidas ba(lll·i~aciones
por nuestro espín tu': \ lai; haluc-111a&lt;"wnes no
son ac;1so re,tlidacles': Hay alguna lth~·a e~
mi ser que r&lt;•slbtiendn el tiempo me liga a
ello.':' alguna g-ota dt' su sangre circula en
mis venas:&gt; alg-uno ele sm; dólore.s grita con mis doloresi' alg1ma ele sus esperam,;t,; canta con mis _esperanr.as:&gt; . . . Entonce no hun muerto! rntonces v¡yen porque yiyoyo -oh Jrn, infefü:es!-en~once~ siglll:'11 su p~ragrinacion secular con n~1 pe_r;grmacwn angust!osa.
con la angustiosa peregr111ac10n de todos, por ~1empre, eternamente, dejando en los zar1¿'lles. baJO _el
inexoral)le destino. f(I, amor, ideal, poesía, con el ritmo jadeantt&gt; y cansarlo rle la fuga en los arenales
lnclt'mentes ..... .

Allá ni la ca1·avana de réprobos, conducida por la
figura fatíd ica de Caío: bomhres. mujeres. niiios, bestias, andra.jos de pieles hirsutas .r gil'ones de carnes
desgarradas, picas de exterminio y hachas de vengan za, huyendo, arrastrada po s uraca nt'S dt' .r eovall

rf

omnip&lt;&gt;tenle y fulgurante! Y ei,ta ca.rarnna de réprobos es toda la civilizacMn: de esla familia infame nacerán guerreros. p&lt;&gt;etas )' 01tírtire.. -Pasa por el espíritu el pl\nico inmenso de las primeras edade de
ba.mbre y de do1Clr, el p:í.nico que soplaba muerte sobre los desierto caldeado hajo los cielos rojos, entre el ruido de las fieras flacas ,. ávidas y la blasfemia de los hombre· ,·ellndos y delincuentes. Leer una
página del formidable libro santo de Israel y contemplar el cuadro de Cormon, es la misma cosa: la

Yoz elel Eterno nwda sus anatemas en las mismas blívedas 11egras del cielo. despeelazadas por los alt'tazos
bravos y lílidos del relámpago; y en los coufines, i;ohre las mordentes pefias y sobre las puntas deltwibre
ele los arenales. galopan los grupos humanos lat igados pl&gt;r el Mstigo, regando en los siglos enloqueddos la sangre y el dolor qne han dado
:'i lu !Jistoria Trofeos de cJayas exterminacloraf;. de &lt;:anos triunfales. de estatmu;de m:írmol rntivo, de laureles de br&lt;mc.e herniC'o.
ele pi'1rpuras s;wgrlcntas como handeras -;
&lt;·nmu 1111 rajes, de cimeras flamantes ('!11110 1-'I
incendio y la gloria, de li ras ro1 as que at\11
vibran sus i:ímbkos proféticos, de lenguas
tru·taflas. que aún gritan sus chíusulas de
justkia, y de corazones arrancados que aún
laten rirtud y esperanza, denamanclo snhn•
la ('Onciencla el agua lustral de las fuentes
siempre Yirns del amor y del perdón!
Yicjo C'ain! des,,enturado padre de las infamia11 humanas! l'onciencia castigada, que
el espei1iíndose de ecL1d en eclad y de eA-piaclón
en expiacic'&gt;n l1a llegado hasta 11osot,ros para
que la arrojemos. con nuera marcadecóleras,
sobre las incertidumbres del porvenir, sin haber encontrado el Dios hueno. pütdoso, exorable. que hubiera lavado su pecarlo con sólo una h'igrimu de mujer.
con s61o un beso de amor!
Oh sangre rle .\ bel. basta cuando callará tu clmnm
de ,,engru1za ! ..... .

París, 189 .

�EL )HJN'DO.

NUESTRA ULTIMA
--------------('111110 11111s y yo bahia1110s r¡,sn&lt;&gt;llo separarnos el
d[a últim11 ele lllcicmtm.&gt; en Yírt ttcl rl·• que lllll&gt;st r11
amr,r se moría de anemia. m•~ par&lt;&gt;ei&lt;Í delil'ado ~- sig11ilicatirn rlesp,•dimos p:rn1 siempre clefiputss ele una
cena, íntima y rmtcrrml como los ríejns tígapPs crlstia11nl-.•í los post res d,• la cual. t ra:; un sorbo cle t·hampaila. enlr11riam,1s en plcnn aiío nucl'o, llrrnncln cacla
uno un t'ardu diyerso de q11inwrasq11c deshojar.
T1u1s hada ra anticipo:,; el" 1·n11descendencia á un
Teniente clt• .i1·tillerrn,. rt·n c11:111w á rnL sahore11ba
ele antemano la ,·0111pt1iosiclad de cles!'sper&lt;&gt;z.1rme &lt;le
amar. 1.1 rlklla de uua pr&lt;íximii y p;,&gt;rfccta apt ít ud para hacer &lt;le 111! capa un sayo y de 111i cora1.,í11 1111 hlot¡ne (, una Csl)nnja s.·gÍln 1·om·i11iern {t mis proyectos.
K n lll\' s~tfa fácil ohidar el I i bin y p •rtumado gahini•t i\ r, de 1111 n•st:1111•;111l dega11te; t.oclo actor11ad11 de
llores, v 1•11 l'ttro l' •11tro. tomo un rirtrai1ti ramillete
dP eristuk•·, pÍ1stns. frutas~- vinos p111icru01ns. 1,e lc-vantaba la mes11H d"st lnadu al i'1lt ímo fcst in.

Domingo..!_:; de Ene.ro de 1 IJ9

EL· OBSTACULO

CENA.

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D' A...RTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

nnei,Lro W,-1í-1/1r por el frín siherlano de I;~ calle, _donde Hím 110 la e,.,pernba el uniforme. rcsolnnws rnm~r

ú d11u los inl'\"itables 1, rw11f1-d.n,! que salc-n ,t cncam1na.rno~ hasta las fronu•nts de los \·iejos t·ariiíos.
- 'Tu era~ mnv interesante,&gt; me dijo In~s t&gt;ntre rlos
snrhns ti(' taN: .,: aumdiendo :í que el pretérito. lmperfC'ct o de que empe1.al&gt;a á hact•r uso, tenla twrto
,.¡,¡,,, ,i .,i11nrt e1mw se ilicP. a llora. lo adopt (, &lt;iesrlc luvgo. replin111do:
-Pnr 111 part t• &lt;&gt;ras adorable.
-Hecuerrlo t1ue babia pC'rpétuame11te en tu rostro
una expresi,ín de fatiga moral. cll' de-. encanto munclauo. 11 ue 1 e fa ro reda clemasiadl!.
_
-F.n t"llanto ;í ti, u1lrnl;as d ,• un modo ext r.11111 )'
c1wantnrtor. lnés. sabias enc.:nder arlmirnblcmente
toda la pirotecnia ele tus ojos. ;, l'ur t1u&lt;'.i ya no miras
así:'
&lt;.,¡ué quieres. las miradas :;e usnn er1mo ti,s Lrajt•s.
Y tÍI, por quC.: ha!&gt; Yulgarizado ese gesto:'
-Por la misma ra1.,í11 . . )[e pa,·ece rc,t•ord:u LamlMn (lllC te \"{'Stías llll'j()r IJUC abura.
-l&lt;~s posible: tú en ,·ambio tenías muy buenl('ustu
parn elegirme trlas.
Sl. por &lt;"ierto q11e te agrad,lban ltis tolores morteeinob, mitigados, ,mate .... Entonces usabas frernen!Pme111 e boleros r tomía~ &lt;·astaíias t·uhiertas, de
la 'i'fll'J'f Eiftrl.
.
J&gt;e rci'.i1s qne sí. Te a!'uerdas culintas castai1as
nos pa rti tnllil t•nn la hoca:,;
- Te diré, no it•o la utllicladrle recordarlo .... fueron muchas.
-:\Iuchas.-repíti6 ella µensaliva, arreglándose
rlis1raidanwnte 1111 riciio que caía como haeecil1o de
oro sobre el pétalo rosado de una de sus orejas,-umchas fueron: y con la incoherencia aparente de las
ideas tL~uciadas. que se l'an enhebrando dentro con
hiliUos de luz, obsen·ó convencida:
-X o.se puede negar que has tenldo siempre h11eu
gusto para las cenas.
-Ré que el Teniente es un sibarita.&gt; utlrmé para
tranq II i Ii1.arl11.
l&gt;e PÍateros y t-an Frandsco nos llegahan el núdo
-Quiéres un poco de crema después de' tu café:'&gt;
sor&lt;lu r munof6nico de algún carruaj&lt;.&gt;, el grl10 tirl- -aiíadí.
tante clel papelern. y un nnnor entrecortado como el
-Yuya. la tomaré .... Iloy hace justamente nn
nm-run de un grun g-ato negro que se duerme ....
año
de aquella excursión rnmánLica ,l Cbapult.epec, ít
El frío se asomaba aleteando á la.s Yidrieras á hacense caruo ñel íntimo calor que reinaba en la e tan- Ja luz ele la luna -.,- con mucho frío; tú cantabas algo
cin ~ fba;e luegu despechado á. gemir s11 1111-lu-lu-úu de la Bohemiu .. .. )le parece que tenias entonces una
,·oz muy bien timbrada; por qué se te ba vuelto (i gutural ÍL lus l-Orres ñe la P~&lt;,fcsa.
.
. &gt;Il primero y único brindis. á rafz de un.t galant1- pera?
-El cio-arro probablemente, bija. . . . . . Por lv
m1 rodada de cltampana y epilogada de café negro,
fu~ el sitrufonte, que Tntls aproM en todas sus parte : que ve á l~s noctm·nos con que poetizabas nuestras
«Brindo por nuestra deliberada separaci&lt;ín: por los ,·elaclita .... eran bello., Yerdad:' Sólo que se han
hesos de ayer que flleron s:ihrosos y por lo besus. el.e ,·ulgarizaclo mucho; me atrevería á afirmar que he
mafüma c¡ue ser.ín t'omo rnos quiera; por la cordi~ ofoo alguno en un t'ilindro.
-~o e· difícil, respcmdM vagament,e Inés, al padad de tmestros futuros encuenlrns qne me permito
esperar tendr{Ul el carácter de fortuitos, y por la bue- recer entretenida en contar los 11orones del tapiz.
Habes que conservo lindos versos Luyo.&lt;;:' Hace tiempo
na I ntellg-encia entre el •renicnte y tú, amiga mfa. &gt;
Como ya no nos quedaba que hacer después de un que no rnrsiticas.
-nace tiempo que no sueño.
oo){/ tan explícito y como. por otra parte. Inés tenía
-Ya es tarde,&gt; exclmn6 de pronto, después de convs m••1wn&gt;ii deseos del mundo de dejar el comfort de

V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO••

·~ ..

Maria :Magdalena, de pié enmedio del salón, di-

rigió una mirada en torno suyo, arregló con mano

sultar el relojito que llernha en la mufie&lt;'a, ornando
una pulsera.
-Es t'ierto, lwmos con\·ersado con regulares intcrYalos.
-Si nos despidiésemos . .
-Xu me part1 cc m:11 .... Quieres darme el ítllimo
beso~
-Por qué no!
Y UC'erc6 negligentemente sus labiosA los míos, juntándolos en 1111 beso sin eco, incoloro. comú el de dos
amigas íntimas que no e quieren.
Algo 1¡ue podría llamarse la sombra de un Yiejo culor y de 11n \'lejo perfume pasó entre nuestros rostros¡
algo que era como la última molécula de una esencia
amiga, que se eyapora; mas rué tan furtl,·o. tan efímeJ·o, tan leve, que apenas nos dimo· cuenta de
e11o.
-Ftlliz afio OllCYO, Inés.
-Ft'liz aiio nuevo, Carlos.
)1e acuerdo a,ín del gesto cordial de- su mano al
trasponer la puerta del restaurant parn diluirse como una. sombra en la sombra exterior.
-Feliz año nuern!
Torné al saloncito y encendí el postrer cigarro de
Diciembre, pensando entre humo y humo:
-Y con quién cenaré yo mañana?
.\~L\DO NER,o.

JUSTO SIERRA.
MARGENES DE LA. HISTORIA
.TIJANA D• ARU.
1

Huspendc la pastora , u balada ....
Oye &lt;le su Lorena en los rumores
la· voz di' sus r·eleRt,es protecton•s;
l--alYa.-&lt;licen-:'t Francia con la espada.
Ti'1rbase. llora. . . y Ya de su fe armada;
despierta al rey y manda á los seiiores . . ..
Ya combate .... n1 triunfa .... Entre lovres
unge al rey. Está' su obra terminada.
¡, Qué. entre esa ¡mmpa, la pastora piensa'.'
¿Qué e5 aquella apmeosil, tmnsitoria:'
No le importa. entrevé la rrt·ompensa:

Hiente él heso de J&lt;'randa ante la hhtoria.
Un beso dado t·on pm;itÍn inmernm
á la ifor de s11 sangre y de su gloría.

n
Entre la l urba marcha h\ heroína
romo v11 en el turhitJll la tlor inerte,
besa la cruz, estática, y u suerte
acepta ¡.;in temblar, con re diYina.
Como la rle la estrella matutina
en los rayos del sol, así es su muerte;
la llama suhe !lasta la virgen fuerte
y la consume á 110 tiempo y 1a ilumina.
El viento esparce sos cenlzas luego,
y en la • 'lllgre del pueblo, nunca en calma,

la reenciende en átomos de fuego:
comulga en esa hostia Francia entero,
y de toda las alma.&lt;;, nace una alma:
la Patria ¡oh .Juana! el Fenix de tu hoguera.

HOJA De; ALBUM.
El nliio llega á la apartada ro1·:l
ahuyenta al ave &lt;"uyo nido arra1w;i,
y estr1lla al punto su purpúrea bo&lt;:a
en adorable rh,a, limpia y franca.

:-;,\ngra en us manos puras el polluelo,
hrizna á brizna destroza el I iblo nido,
y el asesino encantador, al cielo,
\ uel l'e los ojos de contento hencl ido.Y qu(, importa una roca despejada,
un a Ye sin su nido y su carifio'!
vale más la argentfna carcajada,
que Pn resonantes perlas lanza el niño.
Llega 1m día-tal es la humana Wstoriaclt~ duelo y ele pa~i1ín. Entonce, ;.es cierto?
l...a imágen resucita en la memoria
el('] nido roto y del polluelo muerto.

experta las hojas de una hortensia, imprimió una
curvatura gallarda. A las cvpas de malvarosa qo.e
brotaban de un tibo1· chino, y después de algunos momentos ae grata meditación se volvió
hacia el espejo que estaba colocad'.&gt; entre las dos
ventanas y su sonrisa se acentuó entonces.
El espejo reflejaba la imágen de una joven extremadamente graciosa y elegante, una belleza
rubia, de tez mate, ojos brillantes, labios rojos y
dientes que relucían. De este conjunto se derra•
maba la vida exhuberante, en regocijo de existir
en alegría de ser; sus ojos parecían retlejar la
graciosa luz de un día de l!ayoy cintilaban como luciérnagas.
Sonrió pues silenciosamente al mirarse y dirigió á. su im11gen un amistoso saludo,y luego por medio de apropiados
movimientos del busco, hizo chispear las
cascad83 de perlas que guarnecían su
corpilio de seda inglesa de color pálido
con pliegues de. verdadera gracia esté·
tiea.
Estética? Msría Uagdalena lo era en
su tocado más qne ea el adorno de su
s11lón. Su gusto, refinado para la seleceión de formas y colores que podían pouer sns graciu de relieve, lo era menos
para proveerse de los mil y un objetos
que constiyen un interior harmonioso.
Algunos sil:ones antiguos cubiertos de
guardapolvos de punto bordados eran
los únicos objetos interesantei,. Dos meshaa de juego muy nuevas ostentaban en
todas sus doraduras y barnices su confección poco artística; había bronces de formas pesadas; en un Angulo un espantoso
tibor de imtación Japonesa; y en las mesas
y en las consolas y en la chimenea, montones de juguetillos, porcelanas, terracotas minúsculas, conejillos pintados, ratones y figuritas caprichosas de filigranas, todo formando un abundante conjunto de gusto vulgar.
El golpe de vista sin embargo gracias
A las flores y plantas vivas d1seminadas
por todas partes era agradable, y este
salón podía pasar por uno de los más ele•
gantes de )fontpazier, subprefectura industl'ial en donde la gente se cnidaba
poco de los refinamientos del lujo moderno.
Al oir el sonido del ll11madonléctrico,
Maria Magdaler!a alzó los ojos para consultar un reloj de viaje que estaba colo•
cado en una consola.
-Tan pronto! murmuró. Las dos apenas y ya viene una visitll.
•
Estaba todavía poco al corriente delas
costum brea de provincia; había salido de
París algunas semanas antes, inmediata•
mente despues de su Mtrimonio con
Roberto Le Clercq abogado de Montpa•
zier y en el día en que la presentamos á
nuestros lectores inauguraba su primeri. recepción.
De las visitas de boda que hizo, no conservaba
más que el recuerdo contuso de fisonom ias des•
conocidas, de muchos salones sin lujo y sobre todo
del fastidio de haber oído en todas partes las
mismas pregu:ntas á las que se tenía que dar invariablemente lus mismas respuestas. De manera
que no sin cierto espanto esperaba á.las personas
que debían ser su futura sociedad; pero almenos
tenía la vent11ja de que estudiá11dola&amp; allí en su
pr.&gt;pia casa A su satlsfaccíón, podía escojer las
personas agradables haciendo á un la do las más
nulas y las mAs antipá.ticas.
Sin hacerse anunciar entr1 la suegra de María
Miigdalena: ll.Da Eeftora de edad avanzada que andaba con lentitud, que tenia las facciones muy

acentuadas y qne vestía de pesad1t seda nrgra.
Su aspecto era severo y rígido. Se acercó A María
Magdalena, la besó y le dijo.
-Buenos días, Maria .h1agdalena ¿está. ustetl
mejor, querida mía?
' - ¡Mejor! ¿Pues qué he estacto enferma?
-No sufrió usted ttyer una neuralgia?
-Eso fué mu.v leve y ya pasó.
La senara Le Clercq notó que las dos ventanas
estabnn abiertas.
- ¡Que imprudencia! Y usted está. vestida con
ropa delgada.
-Pero si le aseguro á. usted que ya no tengo
nada, dijo María .hlagdalena con tono suplicante

al ver que la vieja implacable cerraba las ventanas A pesar del sol radioso que inll.Ddaba el jardín.
Luego sin bacer el menor caso ni fijarse siquiera en el oisgusto que ctlueaba A su nuera,
vino á sentarse a. su lado con afectado carino.
-Está usted encantadora hoy, vidamía:eltraje le sienta á usted admirablemente. ¿Roberto
está aquí~
-No. Roberto está. en palacio gestionando algun asunto de su profesión. Pero ¿qué es eso?
Con ojos brillantes de curiosidad, María Magdalena contemplaba á la sefl.ora Lé Olercq desatando las cintas de un paquete de forma prolongada•
y lanzó una excl11maci6n de júbilo al ver en una
c11ja incrustada de plata un primoroso abanioo

antiguo, pintado al \•leo sc,bre raso y montado
en varrillas de marfil artísticamente esculpidas.
-Ohl ¿Roberto lué quien pensó en hacerme
este obsequio?
-No, mi chiquitina, fui yo. Sorprendí que deseaba usted este abanico desde que lo vió en la
casa de Fancon y por eso lo mandé comprar.
-¡Querida seilora .... que ouena es usted!
Con alegria de 11ifta, María 1[agda.lena abrió el
abanico y mirándose en un espejo que estabacolocado encima de la Chimenea, tomó la aot:tucl
de una bailadora de minué, recojió su falda con
Ja mano y ejecutó una teverenciagraciosa yprofunda.
-Estoy encantada con mi abanico.
Ma:fl.ana lo estrenaré en el teatro, en la
representi.ción de ,Jlanon Lescaut. Me
gusta mucho .Jlanon.
- Pero usted no irá. al t-,atro, querida
mía, dijolase1lora Le Clercq con el acento de la mas imperiosa mansedumbre...
Imposible!
María .Magdalena clió punto A sus infantiles demostraciones de alegría y preguntó:
-Que no iré .... y por qué?
-Porque sería imprudente salir de
noche padeciendo esas neuralgias.
-Pero si ya estoy buena, si no tengo
nada.
-Sin embargo, eso puede volver. No,
no insista. usted porque me cansaría una.
verdadera. pena. Y o soy responsable de
usted, y ¿qué diría su padre si cayera
usted enrerma?
-No sucederá. eso y mi p:idre se cuJda poco de mis insignificantes crisis nerviosas. Aseguro A usted que nunca me
ha prohibido ninguna cosa. Ya conoce
asted su respeto A las libertades de los
demás r ya sabe usted que él acostumbra decir: "No impongo mi voluntad á
nadie pero en cambio deseo que naclie me
imponga la suya."
-Eso no es má.s que de d:entes para
afuera. Si viera á usted enfermita harfa
lo mismo que yo: le suplicaría que se
privara de un ligero placer para evitar el
peligro de agravarse.
-Yo habría querido asistir A ]a representación de una ópera en Montpazler.
- Ya la verá usted otra vez ....
-¿Cuando? Aquí no hay temporada
teatrttl, sino solamente compidiias que
van de paso.
-Que todo pare aqui, María Magdalena: se lo suplico á usted. Siento haberla
contrariado, pero esto, querida, mía es
nn sacrifici1 muy pequeno y si me tiene
usted algún afecto creo que lo hará. sin
más discusión.
.Maria 1\I11gdalena cerró el abanico con
aire de quien se siente tiranizado, y sin
verlo mAs lo puso sobre la mesa.
-Además, a11adió lo sen.ora Le Clercq,
tomándole la mano y hablándole con mucha dulzura. Tengo que hacer A usted una censura ligera. . . . sil he visto en casa de la sen.ora
Ligniere una cosa que me ba causado cierto asombre.
-En casa de la se:fl.ora Ligciere .... ¿y quién
es esa sefl.ora?
- Una antigua. amiga mía, viuda de un inspector de bosques.
-Ah! si. No la conozco porque no estaba en su
casa cuando fu.imos A verla Roberto y yo.
-Justamente. Y entonces le dejó usted su tarjeta.
-;,i. o es esa la costumbre?
-Pero esa t11rjeta que he visto, dice: María.
?illlgdalena Le Clercq de Boís de Sa11it Miu-cel.
)[aría ?t!ligdalena contestó:

�2
-Bois Saint Marce! es el nombre de mi padre
y me pertenece.
-Pero cuando una se casa, toma el de su ma•
rido A lo que creo.
-Lo be tomado pero nada se opone A que le
agregue yo el mio. En el mismo Montpa.iier y aún
eu dlnastias de comerciantes, tienen ustedes quie•
nes lo hacen asf.
-Sin duda; ea ciertas familias algunos berlllR.·
nos para distinguiase los unos de los otros han
afladido al suyo el nombre de su mujer, pero el
caso no es el mismo.
-No lo será; pero pienso que mis razones valen
tanto como llls suvas.
-P11ede atribo.irse á. vanidad de parte de usted.
-Sí, si por eso se entiende el que esté yo or•
gullosa de mi nomhre.
-Las pretensiones nJbiliarias pueden parecer
ridículas.
-A las gentes de Montp11zirr, interrumpió vivamente Maria 11Agdalen11. ¿Y por qué les babia
de hacer el sncrifieio de m1s ideas? ¿Orgullo no•
hiliRrioi' Pues si, confieso que lo teng-o, pero con
legitimo derecho y eso nopuedeserridiculopues•
to que esté. justificRdo.
La sefiora Le Clercq vió á su bija con algo de
severidad y !Iaría lililgdalena haciendo un esfuerzo recobró su sonrisa graciosa y cesó de de·
tender su causa.
-lle mandado baeer para U!'ted otras tarjetas
dijo con amabilidad la su('grl.l, levantilndose para
salir. Adioe, mi vida, estA asted muy linda, pero
muy linda, ¿sabe usted? Ph:nso que J&lt;'remaux haría de usted un retrato primoroeo. YH hablaremos
de t&gt;SO cuando vayamos jun~as á P ar(s.
La joven se extrtmeció de placer. Tenerunretrato euyo pi11tado por Frem11Ux, que era el ar·
tista prefer,do del mundo elegante, constituía para
ella una dicha inesperada.
Al dirigirse á. la puerta la seilcra Le Clercq
distinguió sobre una consola un joyero de marfil
ornado con una preciosa miniatura.
-¿Qué es esto? preguntó.
L" miniatura representaba un escudo nobilia•
río.
-Nuestras armas. Tres castillos y un dragón
en cuatro cuarteles, sobre campo de gules.
- )[uy bonito, muy bonito dijo la setiora Le
Ch,rcq guardllodose el joyero y dando un paso
para salir.
-:María )tagdalena tendió la mano.
-En el mismo orden de ideas que las tarjetas
de visita, afiadió dulcemente, usted no es la sefio•
rita de Bois de S1lint Marce! sino la seflora de
Roberto Le Clercq, y laa fantasías nobles de esa.
clase serian tomadas por el lado ridículo: conoz•
co mejor que usted el espíritu de ~fontpazier. Se
creería que es un blason f,mtástico. Se nece11ita
ser )1ontmorency, Roban, La Rochefoncault para
permitiese el lujo de mandRI pintar las armas de
la familia: de otro modo se burlan de uno. Adios,
mi vida, adios, primorcito.
Sola ya Maria Magdalena enclavijó dolorosa•
mente sus manos, lanzó una exclamación que ex•
presaba muy a. las claras multitud de eensaciones
desagradables, y empezó rabiosa A recorrer á
grandes pasos el salón.
Esta manera animada de calmar su exaltación
nen íos a, le impidió oír anunciar la visita de un
cabullero con quien se encontró de improviso
frente á. frente. Primero se detuvo muy confusa;
»ero reconociéndolo &lt;'n seguida le tendió la mano
y le sonrió con afa.bilidad.
-Ahl setior Darlot. FelizmentP. es usted ....
Si otro :ne hubiera sorprendido en estas danzas.
-Sí: habría sido sumamentegrave!
Luego se dirigieron juntos A un divAn que es•
taba coronado por los abanicos de dos palmeros.
El recién venido era ur, hombre alto, de tisonomia inteligente y de una real distinción.
René Darlot, que vivía 'ocioso, era un espíritu
cultivado, pose(a rara delicadeza de ideas era
curioso en materia de artes y se fastidiaba en la
vida por una especié de pereza para rehacerse y
luchar contra las tristezas intimas que de él se
habían apoderado.
V i.rlcs afios antes perdió A una hermana más
joven que él y A la cual amaba tiernamtnte, y
esta desgracia le dejó en tal abatimiento y lasitud, que no despertaba slno para asuntos de es•
tética.
Indiferente A todo le demás, hablaba poco, pero sus frases incisiv11e y axioml\ticas no eran ba•
na les: con una palabra sabía caracterizar cosas ypersonas.

Eí, OBSTÁCULO,

"EL MUNDO 1Lt'STRADO11

Pasaba en París los meses del invierno y el estío en Montpazier, en una quinta levantada á la
orilla del río, pintoresca en otro tiempo y ahora
ahogl\da por otras construccio11es que se habían
situado A sns lados.
En París fué donde conoció a. :María Magdale•
na, y algnnas veces pensó en que si no bubier~
renunciado· definitivamente á. formar una familia, sería esta joven Rlegre, graeiosa, refinada y
buena, la única á. quien habría elegido para esposa; pero como á. pesar de que sólo tenia ~u~renta allos, se habia declarado usado, enV('Jec1do y centenario, se quitó esas ideas de la ca beza.
Y en verdad que considerAndose ya viejo y
juzgando que la vida no podrí" traerle má~ Que
tristezas, ¿A qué arroj11r la sombra de tantos infortunios sobre esa manana de Mayo, sobre ese rayo de alboradit que era el alma de María MagdalenA?
Ella le recordaba. un poco í1 la hermana qne
había perdido. Nii\a ligera y móvil de car!Lcter,
tenia ri~as alegres que le revivían el recuerdo
de la otra, lo mismo que sus muec1ts burlonas y
su.; reflexiones excéntricas sobre las p11rsonas
que le eran ar.típáticas. Este parecido se la había
hecho grnta y 11\ 1rat~ba como á una chiquilla
siempre, y no se mordla la lengua para dirigirle
bromas qae la picaban vivamente, pero que ol•
vid1tha en seguida.
Darlot era, por otra parte, de cnnfümza en casa del doctor de Bois de Saint Marce!, el ml\s
am11b:e, el más p11risiense y el más mundano de
todos los médicos para seflorae.
Con una inagotable complacencia el Doctor llevaba á sn hija a. t.&gt;das partes en el gran mundo¡
estaba orgalloso de su belleza y tenía en sus buenos principios entera conrianza, y por eso le dejaba gran libertad de acción sin inquietarse por
lo que podría decir ó hacer. En c11mbio Marí&gt;l
Magdalena que tenia arrebatos de nilio terrible
decía de él.
-Poseo el padre ideal. Le tomo en mi vPstí•
dor al mismo tiempo que m1 abaníco y mi salida
de baile.
Varias veces Darlot usó de la influenci11 vPr•
dadera que tenía en el t&gt;Bpfritu de su amiguit:i.
parll cortllr por lo sano en los amorfos que le parecían peligrosos. y una frase cortante poniendo
de relieve los ddectos é imperrecciones del pre•
tendiente, bastaba para estP. objeto por lo común,
pues ella teníll mucho miedo al ridículo.
Supo coa un sentimiento de tristezii, que María
Magdalena Iba A casarse con Roberto Le Clercq,
y como tenía bastante intimidad con el Doctor,
no se lo ocultó.
- Pero qué tiene usted qué observar? dij'&gt;, la
posición :v la ed11d de Rc,berto son convenientes
para mi hija.
En efecto, la tortuoa era inesperttda pueq Le
Clercq era rlco, en tanto que los Boi:i de Saint
Marce! no tenían nada y su existencia era uno
de esos problemas parisienses que pueden plan•
tearl\e en estos términos: abund11ncia. dll lujo y
falta de dinero.
Bajo este punto de vista Roberto dab11. una
prueba de desinterés casa.ndose con una mujer
sin dote.
Acababa de termín11r sus estudios de Derecho
en París donde conoció A su novia, y era un hombre serio, de aspecto reservado, A quien no se
hubiera creído capaz de no arranque sentimental,
y Darlot quedó admirado de que la gracill ex•
pontlLnea y joven de María Magdalenll, hubiera
podido apoderarse de semej11nte naturaleza.
Darlot para hacer ver la desigualdad de esta
unión, hacía notar al Doctor la ligereza infantil
de su hija, pt&gt;ro éste contestaba:
-E3 verdad, pero se encontrará bajo lit dirección de la eefl.ora Le Olercq, madre de Roberto.
- Sí habitarán en la misma ciudad. . . . . . Ah!
una objeción todavíll. . . . . . . Qué será. de María
Magdalena lejos de París y de la vida á. que eslá.
acostumbrada?
-Ya tomará. nuevas costumbres, y adem:ís,
bien sabe usted que tiene en la pr:vincia una
instalación admirable. La seflora de Clercq posee
uu hotel construido en el siglo XVIII que es una
maravilla, sobre todo para usted A quien tanto
gusta lo bello. Tiene tapices y cortinajes pintarlos por Broucber, y cuadros de R11nsou y muebles y bronces de gran lujo.
Darlot interrumpió con impaciencia:
-Sí pero Marí:.1. Magdalena?
-Pues bien, ella vivirA con su marido en el

primer piso, pues la seJlora de Le Clercq se re•
serva el entresuelo.
-Vs. ú vivir con su suegr11.! exclamó Darlot
consternado.
-No con su suegra, sino en el piso de arriba,
lo cu!ll es muy difereute. No creo se imagine usted que yo soy el comensitl ~el ~olsista q~e !ive
aquí en los bajos de mi bab1tac1ón. Ni s1qmera
lo saludo. Y a. ve usted que se puede vivir blljo el
mismo techo sin estorbarse mutuamente.
-En provincia no sucede lo mismo.
-Por otra parte, la sefiora Le Clercq es una
mujer excelente y de reconocida bondad.
-Así lo be oído decir.
-De consjguiente ahorrarú A mi bija ]os cuidados del bogar, pues la ama mucho,la colm~ de
obsP.quios y hasta creo que va á. ser demasiado
debil con ella.
René Darlot se retorcía el bigote con aíre perplejo y poco convencido, y el Doctor, renunci4ndo A prodigar en vano su elocuencia, terminó diciendo:
-A.demAs era necesario que l\cabara por casarse. Piensa usted que sea agradable tener uno
a. su c1:1rgo el cuidado de una joven de veinte
8.Jlos, lind11 por aftadidura? Yo no soy de la madera con que se hacen los Angeles de la guarda.
lle siento Inútil para eso y me juzgo tel:z al quedar libre ya que todavía no teugo ma.s que, CU.\·
rP.nta y cill'!o ai\os. Eso no eca verdad; tema los
cincuenta largos de talle, pero se conservaba bien
con los cabellos muy negros, los dientes muy
blancos, la apostura elegante y la mirada vi~a, y
hasta podill creer11e mAs joven que muchcs eJemplllres raquíticos de la generación actual.
Darlot abandonó la discusión pero guardó en
su interior un presentimiento de desdichas para
el porvenir de :Maria Magdalena. Como era un
original, partió inmediatamente para Amberes bAjo
el pretexto de ir A estudiar Jas pln-turas de Ru•
bens, y su aus('ncia se prolongó b11sta el día en
que le presentamos á nuestros lectores, y en que
venia A ver A su amiga tan tranquilamente como
si se h11biera despedido de ella lll vfspera.
.Acostumbrada Maria Magdalena a. su modo de
ser, no p11.reció sorprendida al volver A verlo,
pues solfa desaparecer comunmente muchas semt1.nas durante las cuales apenas si se tenían noticias suyas procedentes del teatro ó de algún
museo lej,rno. En esas crisis Dllrlot evitaba el encuentro de sus amigos volviendo la cara. para no
verlos, y Juego reap11.recia sin explicación alguna volviendo á sus antiguas relaeiones y A sus intimidades en el punto mi~ruo en que las había de•
jado.
Sentado al lado de Maria Magdalena la observó con mirada escudriftadora y comprendió que
acababa de experimentar una contrariedad, pero
como snbía que era diplomAtica, rebelde A toda
inquisición y capaz de ocultar muy bien sus sen•
timientos, no le dirigió ninguna pregunta y sus
ojos erraron ni rededor de la pieza.
-EstA bonito el salón .. . . Ah! He aquí loe l-t•
mosos cortinajes de Boucher q 11e &lt;lt:cU'el Doctor.
Bah! estaSFon copiasperobnenas.¿Yestosbajo relieves eu uutder"? Tienen en ef~cto un notable
estilo. Y aquellos awores mor etndos pintlldos en
el cielo raso, no dej m ne ser hermosos. Deveras
que esto es muy Jéci1110 octavo! Los silloues con
guardapolvos bordados sou not1tbles, y usted,
querida sef\ora, resuhH notllble t , mbién, e1,tA u::1•
ted en estilo y pare~e un p ·stf'l de liotialba.
Maria .Magdaltna isontió1 pues le agradaban
mucho ]as galautni11s.
-Me hace gracia oír á. usted llama.r,dome: SeJlora.
-Naturalmente. El matrimonio le ha dado li
usfud una actitud digna y respetable que no per•
mite ya intimidades ni conflancitas. Bueuo ¿y
qué es esto.
Darlot acabiiba de descubrir la profusión de
bibelots esparcida sobre la chimenea y tomó un
mono pintarn1jeado que estab" tocando la guitarra, lo examinó seriamente y exclamó al fin:
-Horroroso. ¿Y es usted la c¡ue ba tenido es •
te gusto?
- Sl, yo, contestó ella despechada. No es de la
aprobación de usted?
Darlot }P.vantó un dedo con adem~n imponen•
te. Es necesario arrojar todo eso que es deshon•
roso para el salón de estilo rocaille donde tiene
usted el honor de figurnr ea este momenw! Los
lindos amorcillos del tecbo acabarían por dej11rse
caer desde allA a,rriba para romper tanta porque•
ría. Ob! cBas Sajonias contrahechas, esas flores

de porcelana, esas filigranas antiestéticas. Uf... !
Maria Magdalena, ruboricese usted.
-Seftor Darlot, clU'ece usted de galanteríal
-Maria Magdalena, carece usted &lt;le sentimiento artístico. Su alma de usti,d esta cerrad11. A las
bellezaa de lt1 forma. He visto ll. usted bostezar
durante lll lectUJ'll del Rey Lem·. Vaya! a.qui ha.y
-un m11goifico abanico.
-i1a lo acaba de regalar ml suegra.
-Tiene para usted exqo.i:1it11.s atenciones. Este
otro juguetillo es encantador, pero no veo por
ayui el joyero que le regalé á usted.
- Mi auegr" lo ha tomado.
-Ah! hacen ustt:des cambio de presentes?
La. sen.ora Le Clercq lo tomó porque mi escudo
de armas estllba pint11do lllli y eso le pareció ri-Oiculo.
-¿Y usted qué dijo de eso?
-Nadt1, no tenia qué decir. Solamente que no
puedo hacer 1) la eef'lora Lo: Clercq el 1mcrif1cio dtl
Jo que yo estimo en m!\s ...... 111. 1,1rueba de qua
no b0mos gente ordinaria y de que remontRndo
muchas generaciones no se encoutrurá. uingún
plt,btlyo en nuestra ascendtiucia.
Dios, mi dama y mí rey! Esto si es bermo•
so ... . usted tiene el deber de enorgullecerse de
su reza y ede es el único sentimiento un poco estético que le conozco. Hay en eJte hecho de po•
seer eacudo de 11rmas pl'opio, ornado de biz11rr11.s
liguras incomprensibles p11ra los uo inicial.los, a l•
go de embriagador A lo que creo. St1 siente uno
wuy por encima de lo vulgar y hasta con cierta
supcrioridud de espíritu, de inteligencia ó de ta,
leuto. Esto del uacimiento, obr11 tlXCln.siva del
azu· es injusto y recae comunmente sobre quie•
,nes menos lo merecen, pero es porque es, y se es•
tima por tantom1\.,envidiable cuanto quenadie lo
puede d11r al Que no Jo tiene.
Ella lo co11templ11ba con ademán de pensativa
jugando con los hilos de poclas de su corpilio. Le
agradaba la m1mera curiosa que te11í" de hablar
y de la que comunmente no se descubría A punto fijo si bromeaba ó hablaba en serio.
- Y en fin, afiadió. Esta usted decidida Ala re•
sistencia sobre ese particular?
•
- Sí, dijo María Magdalena con acento de !irmeza. Por Jo demAs, me será U}UY grato com1-Ia•
cer A la seftora Le Clercq en cualquiera 01ra coi,a
porque es amable y butna conmigo.
- Pero deveras?
- Ohl si. Me manifiesta una solicitud conmovedora. Nada de esos celos ui de esa acrimonia
de las suegras que hace a. los hijos la vida insoporta blc. l!Jsta no perturbará nuestro hogar. Co•
mo si fuera su hija, no piensa más que en complacerme; ha organizado todo aqul y me h11cet&lt;An•
tos regalos que me tiene confusa; ya vera. usted:
joyas antiguas muy curiosas; por ejemplo, esta
sortija.
-Ohl soberbia, dijo Darlot entusiasmado. Una
fotaille antigua de verdadero mérito.
Mientras él admiraba la sortija, ?1Llri.a Magdalena continuaba.
--Gritcias a. su interv mción estoy aprendiendo
.ft moutar á caballo. Ya sabe usterl cuánto he de·
aeado eso toda mi vida! Pero en París no teníamos caballos .... Ya cas1.1da, Roberto se resistía
pero la ser.ora Le Clercq lo ha convencido.
-¿P11oe qué, no bastaba la mflnencia de usted?
-No me habría atrevido A insisti1·. Me c1111é
.hace muy poco tiempo, conozco apentts á Rubel'•
to, es grave, ceiserv11do, y verd11.dtirt1.mente no me
ohabria atrevido. Darlot devolvió la sor1ija y se
puso A contemphtr A Magdalena con aire serio.
Dejó que decttyerala conversación, susojoserra.•
ron distraid11mente en torno suyo y luego se fi•
jaron con atención al descubrí..· en uno de los muros una acuarela:
-Una mnrina. .. .. .. Oh! oh! muy interesante,
admirable colorido. E~ta estA hcc!Ja por u11 artis•
ta de cepa. ¿Qué firma tiene? Lncía H111·tley.
-Una amigll mía, JaeeJ'IOl'ita LucfaHartley ,linda
~orno Jo son las inglesas cuando no estAn adorlladas por una fealdad cómica. Usted no conoce
personalmente á Lucia, pero le be hablado de ella
-con frecuencia. Es una original y ha organizado
una vidn positivamentb intelectual; viaj-t mucho
y vive sola aunque tiene un ejército de hermanos
y hermanas que por su parte se arreglan como mejor les convie11e. Be tiPne cleveras en Inglaterra
una extra.l'tll idell. de loe lazos de la familia.
-Por mi parte admiro Ala r11za inglesa, decla1·ó Darlot que h11bla descolglldo II\ acuarela y la
-examinab11 cerca de la ventiina. Eias gentes tie11en a1gunas virtudes de primer orden que les ha-

rán triunfar sobre las otras razas. Desde luego
un gran respeto á.lalibertad individual, en seguida 111 costumbre de contar consigo misma.a solamente en cualquiera circunstancia de la vida y
eso da temple A los caracteres.
-Lucía tiene tod,1s las cualidades que usted
indica. Mu} celos11. de su libertad de acción DO
invade para nsda la de otros y se basta a. sí mis•
ma puesto que vive sola. Posee una voluntad
tranquila y reflexiv.1 que nada doblrga y por eso
la admiro y me siento una chiquillacomparAndome con ella. Tengo tan poc:t fuerza de voluntad!
seguramente que nuestra amistad es tan tierna
pur el contraste que hay en nuestros caracteres.
Es muy artista: ya ve usted como pinta y yo no
entiendo nada en lo relativo a. lo bello, lo caal
usted me ha reprochado mi! veces. Ella se atreve
á. discutir un1t opinión y combate sin miedo y con
calma, en tanto que yo carezco enteramente de
valor, no sé coutradecir y cedll en todo desde
luego.
-Usted es ur.a j'lven muy bien educada por la
excelente y virtu.:&gt;sa senora Jacob. ¿Eslá todavía
en cas11 de su papá de ustedr'
-No; cuando me casé, pidió retirarse.
-La eetlora J 11co b es una persona distinguida,
cuidadosamente educad,1 y de una notable nuli•
dad dulziirrona y a¡,11cible .... Ella le inculcó A
nsted su finura exquisita, en igualdad de c11r!Íc•
ter, el gusto por b.s vulgaridades que tienen fa,.
ma de escojidas y la ciencia de vestirse y peinarse conforme á los elementos de la fisonomía. Eo
verdad le debe usteJ mucho. Y dígame u~ted ¿le
era grata Miss Harley?
-Oh, n o! La tranqueza de L11cía le parecía
brutal y no aprobaba ni un poco esa vida excén•
trica, viajera y artística lejos de la fctmilia.
-Me es simpa.tica su 1:1miga de usted.
-Es posible que la conozca U!ted. Me escribió
hace dos meses cnando estaba muy reciente mi
cuamiento. Tenía el proyecto de venir A. pasar
11lgún tiempo en Breta-Jia en uM aldea ae pescadores que conoció en ailos pasados, durante una
de sus excur, io 1es y de In que ha conservado vivos recu~rdos. Se llama Trégastel y Lucia quiere
hacer allí un cuadro grande, por lo cual vor á pe·
dir á. Roberto la autorización para invititrla A detenerse aquí algunos días ensu tránsito por Bretaft.a.
René Darlot tomo de una consola un libro que
estaba como olvidado.
-Ahl. .... Mnsset. .... Si leyéramos un poeo?
como en otros tfompos, cuando aun no era usted
la Sellora de Roberto Le CJercq sino la cbiqnilla
1iíaría :Magdalena que baj) la inspección vigilante de la sellora J lloob era iniciada en las .- Medi•
tac iones poéticas» de L11marti11e. LI\ seflora J acob no habrfo consentido una poesía de tanto fondo. Espere usted .... .Nauma. Hágame usted tllvor de oir esto que está. escrito por un joven en
ple1J11 juventud. Lo que más amo en l\111sset es su
sinceridad juvenil. Ah.ora podria.pasu por un escéptico.
María :Magdalena se reclinó graciosamente en
un sillóo, tomó el abanico que le regaló su sue•
gra á fin de hall11r otras distracciones ademh de
la poesía, y Dabolt comenzó la lectura con una
voz harmoniosa.
No hay nada más agradabte que leer versos A
una mujer hermosa.; Darlot hallaba placer en esta labor y prodigaba sus interesantes lecturas en
casa de las más seductoras amigl\B que tenia, sin
inquietarse de que comprendiesen ó no, y bastAndole ver uu ademin agradable ó una linda cara,
que dejaran oir ó entender una muestra de apro•
bacjón lanzada tal vez de casualidt1d. Aunque
comprendiera que sus auditoras leoian con atención di,itraida, sabía muy bien que nada e.compafia mAs dulcemente á u11 ensuefio que el ritmo
de los versos.
María Magdalena pensaba de pronto en sumarido, Aquien era necesaric pedir licencia para in·
vitar A Lucía llarlet.
Roberto le inspiraba un temor tan verdadero
por su aire de corrección, trío y reservado que
aún no se había preguntado Así misma si le amab,i y tampoco se babia exolicado si él á su vez
senú11. por ella. otra cosa que un vivo deseo que
pasaria sin duda, no dt&gt;jllndo las huellas de una
seria afección, Lo que desde Juego parecía era
que Roberto no la consideraba sino como una ni•
ihi consentida.
Robtrto hablaba poco pero era un hombre que
vttlía, que Leoia por sn madrn un cariflo deferente y respetuoso educado en la costumbre de obrar

3

constantemete siguiendo esta voluntad que siempre le habla dirigido.
Ya en varias circunstancias bastante fútiles,
l!atia Magdalena babia visto A su marido cedeibajo la iutluencia de la madre y había guardado
algo como un sentimiento de celos, vago todavía,
pero que Je demoi;traba que sn influencia no podía contrabalancear la de la seflora Le Clercq.
Con todas estas ideas que pasaban en tropel
por su imaginación, ella pensaba en otras cosas
mientras Darlot le leía 111. Nmnó'Una. La cadencia
de los versos arrullaba su sueJlo y en su fuero
interno r~trocedló A la vida alegre, exhuberante,
insustancial, que había llevado antes ele su matrimonio; y con una ligera pena pensó en eus amigas que ya casi la hnbfan olvidado ahora que estllba enterrada en vida en una provincia. Sus
amigas, gente espiritual que vivta en ese medio
ambiente, burlesco y alegre que da el incentivo
de lo improvisto A las ideas mAs vulgares y gastadas.
El medio ambiente de provincia es más grave y reposado y pOi' eso María Magdalena sentía
miedo de lo '{Ue pudiera reservarle el porvenir.
Contempló A Rtmé Darlotque se embebecía leyendo el po~ma de llusset r se sintió venturos/\
de verle ulli porque con eatv estaba menos sola
pues él la ayudaria A aclimatarse y vendría como en otro tiempo y como ahora á leerle verses
y A decirle eosaa agra.dable~.
La puert11. del salón se 1:1 brió y apareció Roberto L~ Clercq precedido por una dama de extremada vivacidad cuyos ojos azules y penetrantes, lanzllron una mirada de aaombro sobre los
dos am•gos inocentemente ocupados en su lectu•
ta. Roberto se mordió los labios que eran un poco delgados, porque encontraba la situación un
ta1t &gt; incorrecta, y dijo con tono seco:
-Maria Magdalena, aquí te traigo á la seftora
de Liguiére que no tuvimos el gnsto de encontrar
en su casa cuando fuimos á. verla.
Las dos mujeres se saludaron, y María Magdalena, benévola, recordando que esa seflora
era Presidenta de varias asociaciou~ de caridad
le habló de esas empresas.
Entre tanto, Roberto estrechó la mano de Darlot sin la menor erosión y la conversación empezó á. arrastrarse languidocicnte al pasar de un
orfanatorio A un asilo de ancianos desvalidos
!11.stidia.ndose Maria Magdalena tanto como poca~
veces le había sncedido.
Luego vinieron otru personas: el seJlor Maignan, Presidente de la Sociedad Histórica un seflor anciano, de cabellos blancos, enco;vado y
nudoso como un tronco de ciruelos. Desde que
lo vió, la seflora de Liguiére se despittió brusca•
mente con ademanes de disgusto, no sin decir A
María Magdalena:
-Mi querida sef'lora: queda usted inscrita con
cincuenta francos para la obra de nuestro hospital de ancianos menest1:orosos, y he contado de
antemano para eso con el excelente corazón de
usted. Vaya usted cuando guste con su seftora
suegra. á visit11r el establecimiento y le interesara.u mucho nuestros viejecitos ¡son tan simpáticos! Espero que sera. uste.l una de sus má.s entusi11stas benefactoras.
María Magdalena un poco contl'ariada de colabcrar sin consulta prévia a. una obra que no Je
interesaba maldita 111. cosa, acompafió A la Presidenta qtie se detuvo junto Auna joven que hacía
ruidosa entrada. seg11lda de su marido que estre•
chaba 111. mano de Roberto, y lo dijo con voz
agudii:
-~U senora de la Palliére! Mandé A la casa de
usted para cobrar la cuota de la Escuela de Desamparados 'f se me ha dado una contestaeión
repulsiva. ¿Hay en eso un error?
-Yo no sé, mi q uerida seftora. Explíquese us•
ted con Gerardo que es quien so entiende en
todo eso.
La senora de Ligniére corre A entenderse con
el senor de la Palliére que s~ queja del sueldo
e:dguo de los funcionarios públicos tratando de
evadir así los impuestos forzosos de la Presiden•
ta, en tanto que su locuaz y vivaracha esposa estrecha la mano de María Magdalena con arranques cariftosos y regocijados, haeléndole mlt cumplimientos y ofertas de simpatia1 de amistad, y
aún de intimidad.
Lll vieja Preshlenta terminó al cabo por despedirde honrando apenas al seftor Maign11n con un
ligero s&gt;1ludo.
- Oh! dijo Gerardo de la Pi!ilh1re. Estoy seguro de que h11.br~ encontrado ya la manera de

•

�5

EL OBSTÁCULO,
11:L JrflJNDO lLU!\TRADO"

11

=

..

inscribir A usted en una de sus listas. No puede
~er á. una alma nacida sin enviarle un sablazo
de dos ó tres lnises para los pobres de la comarca ¡qué sanguijuela!
AJ oír las palabaas sablazo y sanguijuela, Darlot fijó su atención.
- Gerardo, dijo su mujer con una mueca A la
vez risuefl.a y enojada, es usted inconveniente de
un modo implacable y ee va á escandalizar esta
hermosa seftora y el caballero grave y taciturno
que nos vé desde allf con su libro en la mano.
¿Qué es eso que lee usted así?
Darlot sonriendo contestó:
-Estoy leyendo .Namouna.
-No me gusta leer A Cicerón, repuso la setlora de la Palliére, y volviéndose 1\ María Magda•
lena le dijo ¿quién le confeccionó a. usted este
elegante traje de recibir?
Darlot analizó á la joven con atención. Tendría veinte ailos y una de esas figuras despabiladas de obrera parisiense, Aunque Baronesa
de la Palliére, parecía mAs bien venir de los ta•
Ueres de Montmartre y su acento vulgar subrayaba da un modo lamentable una ensortijada cabellera del color del heno, unos ojos verdes con
reflejos metálicos y una tP.Z naturalmente colorida que el blanco de perla hacia parecer trans•
parente.
Darlot después de fijarse en estos detalles se
acercó á Rob~rto.
-¿Le agrada A usted el impresionismo? le pre•
guntó en voz baja. Esta seflora tiene los tonos
mprtecinos de un pastel de foil!.
Roberto pidió políticamente al seflor 1\laignan
noticias respecto á un opúsculo histórico que es
taba escribiendo con relación á quién sabe qué
casucha ruinosa, trabajo que tenía. abaorvido el
importante tiempo del r&gt;residente.
-Empreslldiffcil, seftor, exclamó el buen hombre que hasta entonces había estado vagamente
adormecido, pero que pareció galvanizarse por
un súbito entusiasmo. Los documentos son foc1ertos, escasos, confusos. Se descubre que en 1649,
un tal Jacobo Audibet, nativo de la Harandiére
habitaba allí; luego que en 1604 la propiedad pa•
só á manos de un tal Guillermo Rossel de la Grange ...... pero, entre esas dos fechas, natia! He
buscado, he compulsado, he registrado cuantos
papeles ban podido venir A mi alcance, he hojeado loe archivos de la provincia en Caen, en Alen•
con, en Argentan, y nohe podido encontrar ni la
máe leve huella. Esto es desesperante.
-Pero, dijo René. ¿esas personas tienen alguna importancia histórica?

-Ninguna, replicó con candidez el buen seilor: los La Grange y Harandiére no f11eron ni
notables siquiera; su vida no ofrece interés algu•
no y Ja casa en que habitaron tampoco.
Darlot estupefacto preguntó:
-Y entonces ¿por qué trabaja usted tanto en
asunto tan fútil?
-¿Por qué, sellor? Porque con estos materiales que ll usted Je parecen tan peque-nos, es como se construye Ja historia gP-neral de Francia.
Sin nosotros, s.:ftor, sin nuestros trabajos perseverantes, los historiadores patrios, Michet 1tismo,
nada habría podido hacer. Pues bien: su obra
maestra es mucho mas fa.cil que esta tarea incesante, esta labor obscura, estas inda~aciones tenaces A que nosotros nos dedicamos. lllichelet tenía todos los documentos 1\ la mano y no tuvo
más trl:lbajo que el de cordinarlos con esa belleza de estilo que tienen todos los desocupados: ya
convendrá usted pues que es ml\s fácil escribir
historia en la que hormiguean los hechos, que
opúsculos sobre gentes clesconocidas de las cuales se encuentra apenas nua huella medio borrada.
-De veras .... ! pues ese es un punto de vista
particular. Difícil es en efecto hacer algo con
nada.
-Yo he escrito un volumen de doscientas pAginas en octllvo mayor sobre un documento extremadamente Importante, diré más bien precioso que tuve la suerte de encontrar enun calabc,zo
del castillo de Harimdiere. Es una nota, una simple nota de lavandera cuyo importe mont~ba á
una suma insignificante v que era de la lavandera de Enrique IV que pasó por e:ite país en 1590
en la época en que conquistaba bU reino. Por
esta nota, se:!ior, se puede averiguar que el rey
no tenía para cambiarse mi\s que dos camisas y
que hasta estaban rotas y aguj~re1tdas, puesto
que la lavandera aliade este detalle que en mi
concepto es caracteristico: «y por coser y remendar las camisas que están gastadas basta la trama, 3 sueldos.» Pues escl'ibí, como le digo á usted, un volumen sobreesto, y mis colegas de la
Sociedad Histórica han quedado de acuerdo sobre la importancia demi trabajo y la exactitud
de las conclusiones que de él deduzco. Oh, se:nor!
¡Qué lejos nos lleva en el camino de las hipótesis
esta nota de una lavandera! ¡Qué luzarrojasobre
todo un lado de la vida de nnP.stros padres! «Co•
ser tres camisas que estaban gastadas basta enla
trama .... 1 Y qué sabor tan especial el de esta
manera de decir. ¿No se le figura á usted estar
leyendo A Montaigne?

- Sf, pero con pensamientos Wl poco menos.
profundos.
María Magdalena ya no se fastidiaba: la sefiora de la Palliere con una risa obstinada que quería hacer aparecer rediante y que fütigaba como
una co,~tracción nerviosa, veía sin cesar con l&amp;.
misma ojeada viva A Roberto, á. Rene Darlot, al
Presidente, A los amorcillos del cielo raso y A los.
sillones de tRp1cP.rfa.
El s&amp;ilor Maigoan cayó de nuevo en su sopor y
pronto tocó retirada.
-Oh! dijo la seftora de la Palliere ¿notaron ustedes la rigidez de la sefl.ora Ligniere? La presencia del se:tlor :.\!alguan la puso en fuga y ·ese&gt;
viene de que hay competencia de caridad entre
ellos, pues la bija del sefior Maignan es presidenta de varias obras de las que la setl.ora Liguiere
filé despojada y se hacen una guerra terrible quetiene por campo de batana las bolsas de sus amigos y conocidos. Tan pronto como la una proyecta un baile Abeneficio de los huérfano~, proyecta la otra un concierto á beneficio de los
sordo-mudos y esto es una emulación espantosa.
La risa con que la se:i'1ora de Ja Palliere ensefl.aba todos sus dientes y sus muelas, estalló cristalina, sus ojos chispearnn y relampaguearon, y
fijando al fin las pupilas en el péndulo del relo.if
se puso A seguir sus movimientos.
Entraron otras personas. El seflor y la se:nora
de Lavernede. El, un comerciante grueso, pesado y rico, ella una mujercita delicada, elegante,
refinada en su traje y en sus maneras.
Habiendo querido la sel'lora de la Palliere en
su presencia hablar de modas y confecciones y
habiendo declarado que era cliente de Doucet,.
la se11ora Lavernede después de pasear una ojea•
da lenta por todo el traje de su interlocutora, insinuó que en La Bella Jardinera se hacüm muy
bonitos vestidos á. precios moderados. Llevándose en el corazon la flecha envenenada, la sen.ora.
de la Palliere se despidió y se f11é.
Todas estas peqnefl.as vanidades que se entrechocaban en presencia de María Magdalena !&amp;
consternaban, y en René Darlot producían un
efecto contrario divirtiéndolo maravillosamente,
y haciéndolo prolongar, sin pensarlo, una visita
que A sus ojos era amistosa y no oficial,
En el salón como en una linterna mágica. las.
figuras más interesantes se sucedían, y annqu1t
la mayor p11rte de aquellas gentes le era conocida, no podía gloriarse de que lo fuera sino en le&gt;
super1icial y se sentía muy á gusto es~udiando
de cerea conjunto tan curioso.
EJ desfile con~inuó durante largo tiempo y en

consecuencia todas las notabilidades de la ciudad
pRsaron por aquel examen obstinado; y Roberto,
que teni1t un juicio estrecho sobre! la corrección
y las convenienciits encontl'ó indiscreta la duración de esta visita, pero Darlot ni peus11ba en ir•
se; se sentía .como l'n su casa en la de )1aria Magdalena, á. la que nunca podría tomar en serio y
seguía con i11teré~ en su semhlante agraciado la
impresión que le cansaba cada una de las visitas.
El único personaje á. q11ien se olvidó de estu•
diar foé A Roberto, cuya irritación le pareció
simpleme ute una rigidez incorrecta.
Esa noche Roberto declaró A. ll[aria Magdalena
que Darlot Je des11gradaba, y ésta, cansada ue
haber visto tantas cttNS, de haber CAmbiado tantos cumplimientos y oido tantas banalidades,
no tuvo ni el pensamiento ni el valor de de•
fender la cansa de René, inquietándos~ muy
poco de Jo q11e su m11rido sintiera en cuestión de
simpatías, pues pensaba dej11rle libertad para estinuu' ó no A los 1:1migO"- de el11:1., con tlll de que le
fun11 consentiuo apreciarlos A ~u satisfacción.
El comedor de la seft.ora Le CJercq, construido
y decor1:1do II fines del siglo XYIII, teoill todit la
gracia amable de esa é¡ioca en que el arte decoraúvo, alejAndose de ]11.s exageraciones del estilo
arabesco, se ;nspirata en las linells rect11s dél arte griego y arect11ba u11a sobria eleganci11.
En f,Jrma de hemiciclo, ct,n el teche, muy elevado sostenido por pilastras estriadas; 1:ntrepa.1los de cristal ll.lter1111do con
tapicerias semejando «Las cacerías del Hey de Oudry¡,. cu
bierta. con mader8.II incrusta•
das y antiguas lacas del j11pó11
de la m,1r11villosa cerámica
oriental, ésta sala alegraba 1.,s
ojos prese11tantio un conj11oto
atractivo y disponía mejor A
gozar de una buena comida
que l11s salxs dd estilo Renacimiento, donde la encina antigua, los tonos verdes obscuros y las colgaduras de tercloptlo producen sombras en
pleno medio dia.
La. seilora Le Clercq, con el
deseo de ahorrar 1\ Maria M11gdalena tocio el cuidado de di
rlgir un hogar, se llevaba á
BUS hijos dittríamente A comtil'
en su casa.
Por más que no lo hubiera
-creido d Dor.tor Bois de Saint
~lárcel, la vida de su bija estabit mezclllda A la madre de
Rob"'rto de una manera absolutll, pue'I esta irrisori11 limiblción de un piso al otro no detenía A la
seflora de Le Olercq que amaba dem11.siado á su
nuera para no estarse ocupando A.cada mmneoto
de eullnto le coucarnfa, de modo q ne este afectuoso y excelente sentimiento se convertía en una
red de mil mttllae que envolvía A la joven tan
dulee como fuertemente. No salía sin que su suegra subiera t\ arreglarla. y á llevarla ella misma A
donde quisiera ir, y no recibía á nadie que no viniera la su •gr1l á recibir tllmbién, ni leía un libro
sin que se Je pregumau el tí1ulo, ni recib(a carta
alg11Da sin que se le preguntara el contenido.
María Magdlllena aunque muy apac¡tble era no
obstante eapaz de unll rebelión cuando se col•
mara ltt medida de su sufrimiento: pero educada
-con cuidlldosa rigidez. no dej11ba. nr á s11 suegra
lo enojoso que le era no estar nunca sola.
Una ternura que toma semejante c11mino se ha-ce una carga para la existencia.. María Uagdalena no reflexionaba en eato todavía, porq11e tenía
-veinte anos, estaba recientemente casada y la
-convicción de su j11ventud fortificaba su paciencia y Je inspirll ba el deseo sincero de vivir en paz
con todo el mundo, y tenía ademA.s una gran
!!exibilid11d que lu bacfo plegarse fácil1uente A
las voluntades que domimtban la suya.
Esto lt, impedía darse cuenta exacta de snf11s•
tidio babitu1:1l y pensaba que todo veofa de q11e
exrra:ll.11b1i la vida de P11ris, cu11ndo lo que ext1·a:ll.aba en re1didl'd era la libert11d que siempre le
aeja ba su pitdre.
Veitt poco A su marido.
Hob1:rto con no talento verdadero y un conocimiento profundo de 1n ciencia del derecho, -re•
-cogiendo la herencia de su padre y de su abuelo, qne antes que él, .fueron abogados en Montpazier, trab11jotbK mucho y llevaba una existencia poco runndana pues casi siempre ?Btaba

en Palacio, ó bien en su gabinete escribiendo ó
compulsando documentos, lo que le dejaba pocas oportWlidadei; para ocuparse de su bog11r.
Era una 11t1turl\lez,. grave y reservada, pero
Ma1·ía Mllgdaleua s11.bi!l muy bien que era amada
y que se la consideraba como un rayo de sol y
de alei?ría p11ra. aqut!lla exis encia sombtía. y he•
l,11Ll, Ella posefll este don feliz: ser nlfi•gre; reía
francamente, tenia una verbA malicies'\ y espiri·
tual y frases graciosas que despert&gt;1ban simpAtica afección. A cada unll de sus salid11s, la senora Le CJercq sonreía con 11ire de Indulgencia ó
la repnndía con dulzura, y Roberto no decfa nada sino q110 Vl'ía. A s11 muj'!r con ojos brillantes y
un deseo loco de arrebatarla en sus brazos. La
amaba por joven. por espiritual i;in el más leve
fondo de maldi1d y habrf11 q11ericlo co11test11rle,
darle en réplica salidas jac11rando8/\s que le venían á. lo, labios y cosas lindas que le i&lt;ujer(an
el regocij'l y el amor, pero Je cootenfo siempre
un súbito temor de aparecer desm3n11do, y rubos
que todo la presencia de su madre, pues siem¡,ro
nu tercero aboga esa cliue de expitnsiones.
Roberto guard11ba de consiguiente al l1:1do de
su madre y de su esposa juntas, la corrección á
que la sefiora Le Clcrq le tenía acostumbrddo.

Y como Maria Magdalena negara estar con
preocupación algnna, su suegra afladij:
-¿Ha recibido usted alg11na mala noticia res•
pecto A su papá ?
-Oh! no. Esta carta es de Lucia Hartley.
Eicrita desde Londres la carta, Lucía anun•
cihba á. su 11miga que estaba á. punto de embarcarse para Fraucia; que permanecería en París
algunos dí &gt;ts y se dirigiría Juego ll Tregastel
donde pensaba pasar el estío. Partt esto había alquilado una quinta donde llevaría todos sus utensilios de pintora pues iba a. trabllj11r con forma•
lid ad para la próxima exposición. No llevaría cc.nsigo rults q11.e una criada, p11es se proponía vivir
co11 la mayor modestia y senrlllés prefiriendo 1a
naturttleza salvaje de Bretaña y la soledad que
hay en las aldeas de oescadores al movimiento y
11ctividad de Trouvi!le 6 de Dinard.
Al leer la carta Muitt ?lbgda lenn, reflexionó
que le correspondía invitar A 111 inglesn para detenerse en su casa al pasar p11ra Tr&lt;-g,u1tel¡ pues ba•
cíac1tsi un aflo que no la veíl\ á cau11a e.le un viaje
que la 11.rtista hizo á llvlandn y que duró varios
meses.
Como )faría ~Iagdalena Ir tenia µ1·ofundo y
verdadero carillo y la admil·aba por su firmeza
de carácter, dest·Aba \'ivamente voh·er
a nrla, pero ,,acilalla para decírselo á
su marido. Esta timidez que se reprochaba á sí misma, proYt:nia 1,in dudu alguna
de que tn realidad no estabo en s11 casa sino en 111 de
su suegm.
~farfo M11gd11lena sentía lo
deJicado de :;u 1;ituación sin
querer analiznrlo, pero para
liacer práctica una invitación
de esta clase, no debía ser
ella quien invitara, sino la
seftora Le Clercq.
-Lucí11. lfarLley, la amiguita de Londr1.bi' ¿Qnédecia
de em,jo~oi'
-Nada de enojoso, se
11presuró A contestar Maria
:\lagdalena. con la premura
de las personas medrosas.
Por d contrario, viene A
Francia y si te parece, Bob,
me se, ía grato que pasara.
con nc:-sotros aquí algunos
días.
Se había puesto colorada
como una amapola y miraba
Asn marido con ojos irresis•
tibies: rara vez le tuteaba y
más rara aún le llamaba con ese diminutivo iuglé~, Roberto sonrió y respondió sin cuidarse de
cons11.Itar á su m11dre.
¿Quá hubiera dicho al verlo reír ó valsar con
-Sí, bien mío. Yo quiero todo lo que puede
lforf,i Magdalena como ella solíA h&gt;\cerlo para serte grato. Cootéstale sin tard11r á tu amiga, que
ddr soltura A sus nervios contrliidos? A ella s~ debe eer encantitdora. ya qae se ha hrcho amar
Je perdooab,in esas ligeras incorrecciones porque de mi Maria M11gdalena.
era. todavía muy joven .. .... R ,berto sentía esto
En uno de esos arrebatos de buen humor ~ne
y al pensar en la mirad/\ de asombro que le cli•
rigiría eu madre si lo vier" rej11ve11ecerse Je ese no acertaba á. dominar, Mitría. Magclal~na se le•
vantó1 dló una vuelta corriendo al rededor de la
modo, detenfa sus arranqu.es.
mesa. y se arrojó en brazos de R)berto para be·
Así pues, María ?tfagdalena habíll estado mAs sarle á su placer.
lt gusto con su padre que con su mat'ido . .Muy
L'l Seflora Leclercq encontró incorrecta esta
bien babia podido confiarlo A aquel sus pensa- acción. ¿No se b:1.bía faltado en tfeclo al re~peto
mientos íntimos, pues B&gt;lbio\ que era comprendi, q11e le era debido, tomando siu cousultár;seJe es•
da, y que hallaba siempre una excusa en esll be- ta res&lt;1lueión? No obstante, recurriendo á su mannevolencia exponcAnea que tie• en los egoistas sedumbre ordinaria, procuró sobreponerse A su
quienes amando 11.nte todo su libertRd, no pre- mala impresión.
ttmden atacar ni restringir In libertad 11gena.
:Maria blilgdalen11, entregada por completo á. la
Con Darlot mismo, ~forí11. ~iagdaleDI!. se sentía
alegria,
no observó nada y d 1jo con volubllidad:
mis en confianza; apreciuba en todo su valor
-¡Qué
gustazo me has dado! ¡Si vieras culinto
aquelll\ amistad verd11derl:l, y si reflia con él al•
g111Jas '9eees cnando el le dirigía bromas, esas ri- quiero A Lucfal ya verlts qué original es y cnAn•
ftas eran pasajer11.s y servido mAs bien parn es• to talento tieue. Es mucho más bonita que yo y
basta tengo miedo de que me ames meaos deB•
trecbar eu intimidad de buenos cllmarad1ts.
pnés
de que la nRyas cono.:ido. Ha leido mucho,
Una tarde, A la hora de la comidtt, un criado
trajo á. M,irfa Magdalen11 una carta que ella abrió ha viajado, y habla bien en todas las m ..teritts, no
apresuradamentt:. La leyó desde luego y la guar- 1mperf1cialmente como yo, sino con absoluta perdó inmediatamente siu decir una palabra. Ro- fección. Le diré que baga mi retra.o en los días
berto que refería A su madre las peripecias de que pase aquí.
-Imposible: le hará talta su taller, dijo Rober•
una audiencia en que hllbia sido defensor, no observó el silencio de su mujer, pero la seftora Le to, encantado de la alegria de su espesa.
Clarcq cuya ateneión estaba despierta se &amp;intió
-En Tragaste! lo tendrá. Se dari\ prisa para
muy contrariada porque su nuera g11ardaba pa- in9tArnrlo; no importa cómo, pero lo inst tlara,
ra eí el contenido de la carta. Sin embargo, de• porque los ingleses son m11y prácticos. Aquí tenmasiado buena, resolvió no dej!ll' ver Sil desc0n• go también el proyecto de que lo ponga i.i no
tento y dijo con tono atable.
u enes inconveniente. Le daremo:3 para eso, lt~
-¿Q11.e le pasa á usted, mi vid11 1 que se ha pues- cámara azul del tercer piso que tiene una magto tan seria?
nifica luz.

2

�6

La Setiora Le Clercq, dijo con una voz que ella
creyó dulce.
-Necesito la cAmara azul. lle dispuesto de
el111 p11r11 otros fines.
Este vaso de agua helada, calmó el entusiasmo
de :Maria M11gdalena y le hizo recordar que la
casa pertenetíll A alguien q11e no era. ella misma,
Volvió pues A en asiento, en tanto que Roberto;
sorprendido, pr&lt;'gunt11b&gt;1:
-Qne dispuso usted de la cllmara azul! Y para.
quéi'
-He suplicado A la Sel!.ora de Charmont, que
venica á pa&amp;ar á mí casa todo t&gt;l tiempo que le
sea necesnrlo para salir de la triste situación en
que se baila.
Aqui siguió un 1llencio. . . . Marf11. Magdalena se absorvió en la contemplación de nn salero de plat&amp;, en tanto que Roberto, muy contra•
rindo y no atreviéndose A decirlo, se puso A
comer como ei llevara ocbo d[as de no probar
boeedo.
J,a Seftora Cbarmon que pertenecfe. A la buena
sociedud de lit población, era una infeliz cuyo
marido acababa de morir después de una cort/\
enfermedad, dejando A su viuda absolutamente
sin recursos. Esta desgra.cia provocó de pronto
mucha., simpaúas en f1&amp;vor de la sen.ora Cbarmon
que por motivo de su carácter poco eomunicali•
vo, se ap11garon muy pronto.
La perspectiva de vivir con una persona cuya
situación era en verdad dignl\ de interés, pero
cuvas conversaciones, tristezas y melancolías Je ,
giilmas y justas, no podían sino traer su sombras
al hogar. di~gnsró vivamente {l. Roberto.
Lll Se.11.ora LeClercq, observó la frialdad de su
hijo y lamentó lo que acababa de decir, con tanto
muor motivo cuanto que en realidad la Seffora
Cbarmon aún no b11bia sido invit11da sino que por
el contrario le fué necefario resistfrse á las incliseretns io ■ inuaeiones de esta dama. El deseo
de recordar A sus hijos que ella estaba en su casn
y que para todo se debía. tomar en cuenta su voluntad, la babia llevado demasiado lejos, por lo
cual agregó en un timo conciliador:
-Es muy penosa la crisis porque pasa la se11.ora Cbarmon¡ todos sus mnebl~s van a ser ven·
didos para pagar )as deudas de su esposo y durante trtrnsi,to tan amargo, he creído que era bueno ofrecerle un asilo que no ocuparA por mucho
tiempo y podremos arreglar otro departamento
pllr&amp; la sen.orit&amp; Lucía Hartley.
María Magdalena contrariada por este inciden•
te y por lll actitud de su suegra contestó:
- Lucia se apenarfa muchísimo, sei\ora, si creyera que causaba A usted alguna molestia.: la alojaremos en nuestro departamento en - el cuarto
contiguo á. nuestro toc11dor. Y en cuanto al taller
seglll'amente que se pasará. sin él sin lamentarse
demasia&lt;lo.
La eefl.ora Le Clercq no insistió ml\s y la comi•
da terminó rin otro incidente.
María Magdalena se retiró para escribir A la se11.orita llarltey, Robertó entró A su despacho y la
seftora Le Clercq contrariada y berlda en sus derechos, aunque nada.hubiera dicho, y ofendida por
el silencio de su rujo, siguió A éste hasta. el gabinete de trabajo.
Ahí le dijo:
-¿Parece que desapruebas la invitación que
hice A esa infeliz viuda?
Roberto de ¡ronto no respondió eino se puso á
hoje11r papeles con mano distraída,
-Rtispóndeme, Roberto.
-Pienso, en efecto, dijo él con tono frío y respetuoso, que sería preferible no mezclará nna e:xtran11. en nuestra vida intima.
-Y sin embargo Re.abas de antorizar A María
Magdalena para que invite A su amiga ..... .
-El caso es muy diferente; la sellorita HartJey estarA aquí A lo mAs una ó dos semanas, en
tanto que respecto A la sel1ora Cbarmont, usted
e11be cuando va A entrar pero no cudndo va á.
salir,
-Te suplico que la consideres suficientemente
correcta para que no se convierta en una carga,
contestó la seftora Le Clercq con acritud¡ y a.de·
mlls, en caso dado yo sabría arreglarme de maneru que no seria necesario sulrirla mncbo tiempo.
-Entonces, y como ese caso tiene necesariamonte que presentarse, serla preferible dejar á
esft ar nora en PU C'lsa. en vez de darse la pena. de
reci billa, para darsü Juego la pena de hacerla. salir.
-;,Y por qué piensas que llegue ese extremo?
- Usted mlsmn lo ha dld.1c: la senor11Cbarmon

EL OBSTÁClTL().

"EL lCIJNDO TL'C"STRADO"

eetarA aqui basta que encuentre una colocación
honrosa .... Eso puede ser largo. La idea detra•
bajar para vivir le tiene que eer muy penosa, Y
más aún comparando esa. suerte con las dulzuras
de eu existencia equi. Juzgándola con benevolencia, puedo suponer qne ne eatA dispuesta A
abusar ..... .
-¡.TuzgAndola con benevolencia! Pero la conoces bastante para form11rte de ella una idea
exacta? Yo estoy cierta de qne le encontraré. con
las relaciones de que dispongo, una buena posi•
ción en poco tiempo.
.
-¿En Mnntpazier? Ella no consentiría en vi•
vjr de su tritbajo en la misma localidad en que ha
ocupado otrR -posición.
. .
-Así. puPe, ml hijo me rltie porr¡ue he mv~tado para venir A. mi casa 1\. una persona á qwen
compadezco y estimo!
Roberto irritado y rígido miró fijamente á su
madre y dij":
.
-Usted fué la que exi~ió que le dfora mi op1•
nión. Yo no me he permitido reftirla. Haga usted
lo que le -parPzca.
La sellora Le Olercq salió mAe contrariada que
cuando vino. pves había tr11ido al venir ideas con•
ciliadora&lt;1; pero 11\ actitud enérgicl\ su hijo la
irritaba tanto mAs, cuanto que en el fondo de su
causa era mala porque en verdad que Pra enojoso eso de echarse A cuestas la carga de la seflora.
Ch11.rmon.
Sin embargo 111 seflora Le Clercq resolvió pa.snr sobre todo v llevar á. cabo lo que había dicho.
Entró bAj0 está impresión A sus habitaciones y sufrió por la primera vez un hondo sentimiento de
amargura.
Todo lo que habfa hecho por sus hijos le vino
A la memoria.
Había obrado siempre olvidá.ndose de si misma
y no pensando sino en la dicha de ellos. Había.
dejado á Roberto elegir la mujer que fuer11 de su
agrado, hasta pobre, cuando por su posici~n te·
nÍJ\ derecho á mejores partidos que la hija de un
médico sin clientela. Luego, lejos de hacer sentir
á ~farfa. :'tfagdalena estll generosidad JI\ tratnha
como A hijá suya, 111 colmaba &lt;le obsequios. buscabn todas las ocasiones propicias para proporcionarle placnes; v aún babia exigido que los &lt;los
jovenes vinieran á vivir en su casa donde goza.
ban del lujo del hotel, de sus carrunjes y hast11 de
sus criados, porque en resumen ellos no tenian
para su servicio m1\s que una camarera pne!&lt;to
que diariamente comian en la mesa común. Si, ella
obraba bien y los recién casndos parecía que lo
4.uerian alvíd,,r. Podfa coni:1iderarse como pPcata.
mili uta, eso de que no la hubieran consultado previamente para invitar t'l. "ln. sefiorita d"á Hartlev,
pero eso era el punto de partida, de toda una séríe
de disgustos.
Además, Jn t&gt;ntristecia la inusitad11. actitud de
Roberto y de la misma lfarfa Magdalena que había incurl'ido en la temeridad de pasar sobre toda
consideración y alojar en su casa. t\ la amiguita.
Su casa ...... la senora Le Clecq sonrió y el pen•
eamlento de 111 relicidad que gozab11n sus hijos la
estremeció: ella era su providencia; sin ella estarian reducidos A unaexisteneiamode:1ta no contando mAs que con los productos del trabajo de
Roberto, todavía poco conoc!do paraquepudiera
estimarse como seria su posición. Sin ella, Maria
Magdalena descenderla al rango de una burguesita casi en la miseria., esperando los días lej1mos
en que debiera hacerse célebre su marido. Nada
de carruajes, ni de equitación, ni de eleg11ntes
«tea gwn,• ni de sombreros A la última mod:l, ni
de bibelots. ni de almuerzos exquisitamente ser•
vidos par1t invitar á las amigas. Sentirse tan necesaria, dulcificó el Animo de la senora, y la inclinó á la benevolencia y al perdón. Se puso á
pensar en las cuAlidades agri\da bles de .M aría ~fagdalenn, en su igualdad de humor, en su corree•
ción de maneras y ensu gracia aristocrática., cualidades que en suma, bastaba para que se sintiera orguJJosa de la mujerci~ de su hijo, tan linda y tan.
buena. Solamente que era preciso temar una. resolución firme: la de inculcarle bastante bien el
sentimiento de la gratitud que ambos le debian,
para que no se renovara mas esta veleidad de
rebelión.
Como ~laría Magdalena tenía un caracter dócil
y estaba muy bien educada, comprendería lacil·
mente y todo iría bien. En las primeras ocasiones,
A tiempo. eR cuando tlP nf'ce.;lta firme1:a. . En
cuanto á. Roberto siendo elltij&lt;J, tenia derecho para
considerarse en su casa.. . .... De consiguiente
ellrr solo C'rn la que había estado incorrcctn r por

cansa de ella Roberto hn bia asumido en la lucha 1n.
actirnd que nsuminó. El sabia que la sel!.ora Cb~rmon desagradaba ásu mujer y por t'SO sehabiadisguetatlo al saber que la iban á traer A vivir con
ellos.
Desde qnc In seftora Le Clercq tomó el partido·
de ser buena apesar de la ingratitud de quehabia
sido victima recobró su tra11quilidad de conciencia: la grandeza de su generosidad Je dulcificó el·
el cspirítu y se durmió satisfecha.
Marfa MRgdalena después de haber es1:rito Ala
sel!.orit.a llnrtley, rC&gt;flexionó en que hubiera preferido hallarse en una casa que deveras fuera su
casa para recibir A su amiga, porque es muy penoso invitllr á alguien para el sitio en que un.J •
mismo no es mas que tolerado.
Ocho días más t11rde, Lucia II11rcley estaba ya,
en :Montpnzler y la senora Charmon babia aceptado la hospitalidad que la madre de Roberto le
babia ofrecido, de suerte que el placer que causóá :Maria Magdalena verá su amiga, estaba en•
sombree.ido por la presencia const.ante de Ja da·
ma enlutada A quien Darlot llamaba, «la quejum•
brosa Eligia•
Era mur cierto que 111. seno1·a Charmon tenía
todos los derechos posibles para estar triste, pero
ella bacín g11la de esa.tristeza; se izaba sobre su dolor como sobre un pedestal y In exagernción de sus.
sentimientos s~ convertía en una plaga para lasperson11s obligadas A sufrirla. Era una muj~r al·
ti\ y desmadejada, de cabe'los negros, lac1os !
opl'iruidos contrn sus sienes e~trecbas y de perfil
anguloso como las madonru. de la escuela prernfaeJista. A Lucia liartley le l\gradó de pronto su.
tipo ~ajo el punto de vista artístico, pero la indolencia, la dejadez, la desidia de esta persona le
repu"'naron t.an vivnmente, que no pensó ya más
en c;mpa.rarla con los Botticelli puestos á la moda por una reciente JiterRtura.
-Es in soporta ble, declaró A)[aria lligdalena.
Sus suspu-os en dn sostenido menor, su. voz Janguidcciente, sus ojos siempre mirnndo al techo,
todo esto es detestable. No, no es un Boticelli ...
es un cromo barato!
-¿T de veras le gustan A usted mu~ho los pintores primitivos? preguntó René Darlot que sentado en un ángulo del salón dibujaba en una boja de Whatman mujeres d~snudns con alas de·
:'mgel para adornar una edición de GricéUd11~.
¿De veras le agradan A ustedBotticelli, Cario .Maratti, Signorelli, .Mantegna, y toda esa. cntcrva.
de viejos tallados en bronce que se divirtieron
pintando santos rígidos como estatuas de made•
ra., con colores chillones y dibujo disparatado?¿Le ~usta. A usted ('SO? A mi. no.
-Ni á mi, contestó francamente Lucía. Echemos abajo á. los dioses. No me a.grada ni el mismo Rafael. Vea usted el retrato de Juana de Arngón que estA en el Louvre, esta cabeza enastada.,
en un largo cuello, esa. boquita inverosímil, esos.
ojos demasiado grandes, ese óvalo de cara comohecho con compA.s, todo eso no es ni verdaderoni sincero. s~ siente que no debe parecerse al
original. Y el color amariJlcnto .... Los dibujosde Rafael si, los cuadros, no. Oiga. usted Mog~
quédese usted en esa postura en que está., voy á,
hacerle un retrato al pastel. e.Quiere usted~ Voy
A traer m¡s )Apicet:: y un cartón.
Lucía Rartley salió del salón v entre tanto )!aria Magdalena. &lt;lijo A Darlot:
·
-1,Qué opina usted de Lucía? ¿Verdad que es.
encantadora?
-Es muy inreligente. Es una magnífica muestra de esa raza de inglesas de buena compaftia
que ban recibido una sana educación y píensan,
razonan y obran de nn modo viril, Es muy notable ....
-Y muy linda ¿verdad?
En ese momento Lucía regresó trayendo sus.
lf1p1ces, un cartón y un caballete.
Pronto dejó listos para el trabajo todos esos ol&gt;jetos, y poniendo á su amiga !reute l~ la ventana,
comenzó su obra :\ grandes rasgos cvn una fu·•
meza ~·una seguridad de pulso, que entusiasmaron
á Darlot. Este habi11. dejado suneuareladeclarando que tenía días en que no se sentía suficiente•
mente idealista para pintar mujeres ornadas con
angélicos atributos.
Fué luego al piano, lo abrió, se sentó y se pusoA tocar un aire noruego de Grieg. Luego eantótma barcarola de Lnlo.
-Tiene usted una lindn voz y magnifica es cuela, dijo Lucía.
Durlot tocó algunos ~·orupnses deLohengrin.

-Ah! el duo del ultimo a oto .... ¿lo canta us-Lindísimo; pero muy bien podía usted aguarted? vo también.
dar para terminarlo, que nosotros regresaremos.
-Si quiere usted ..... .
-Oh, no! :Xo ee deja y se Vtlt'lve á tomar una
Lucfn dejó sus lt\pices en un momcmo v se obra de arte como el remiendo de una media, dijo
acercó al piano: mientras ella cantaba el duo con Lucía Hartley sonriendo con exquisita amabiliRené, Robe1·to entró 111 salón sin hacer ruido y dad. Espero, señora, que me hará usted la gracia
sonrió desde lejos A )larfa lfRgdalena.
de dejarme A Mag, la cual está hoy en su día de
El retrato apenas bosquejado iba muy bien¡ to- belleza.
dos estos utensilios de pintura, la linda jo,•en que
• -}fa.ría ltagdalena estt\ inscrita desde hnce
servill de modelo, los dos cantantes y el sol de
muy poco tiempo en la Lista de lAs benefactoras
estío inundando de oro el sl\lón, causaban una
del hospicio, replicó la sei'l.orn Le Clercq con to•
sensacióa de felicidad y de fmima al&lt;'grfit.
no im,inuante como para convencer directamente
Desde el momento que lle¡?ó, Lucí11. IIartley se
A un nitio rebelde. Fué presl'ntada por la sel!.ora
habla conquistndo las simp11.1fos de Roberto. Su de Ligniére y l1asta sería nn desaire ,\ dam!l tan
aspecto de seriedl\d 6 inteUgeneia agradóá quien distinguida, 11parecer manifestando tan poc9 npreera así mismo serio ~ inteligente y además, el cio de una obra.\ la .-¡ucella da, y con razón, gran
cariflo que le tenia á. ~larlalfagrlalena, e-arillo sin importancia.
frase.s pero sincero y hondo, le ru1\ muy satíbfac-No cstú &lt;'n edad ~fagdalena, p:lra ocuparse
torio A Roberto.
-Bien, mnybien, exclamó Mnría !llilgdalena. al de esas cosas! dijo Dal"lot que estaba oyendo to•
terminar el duo. Uientr11s estaba oyendo á uste- do, apeiar de su serenata.
La sen.ora Le Clercq le dirigió una mirada codes me vino un proyecto i\ la cabeza: que invitemos ti. algunos amigos y demos una velada musí• lérica.
cal. Lucia cantarA con Darlo!, tú tocru-As el
violln.
- Ya lo consulLaremos A mamá., dijo Roberto.
Lucía volvió A su caballete.
-Vuelva usted fl la posición en que estaba,
}lag: ya no mAs música. en esta estación que ha.
ee t11nto calor.
----.e e toca y se eanta en toda esración, cu1mdo
esto agrada, respondió María :-.IagdaJ~na que se
sentía capaz de ponerse á bailt1run vals. Pero Roberto, nof'senCA11adetumamá sino aquí dondequerill yo recibir. Yqnenoserfn una soírémundana, sino una reunión sencillita de algunas per:;onas de
tu amistod solamente.
-Como tú quieras. Pero de todos modos aqul
esu\ m11mA.
La stiiora de Le Clcreq, en efecto, llegaba. en
esos momentos.
-ll a blábamos de inYitar á algunas personas
A una velada lírica, dijo Roberto.
La seffora Le CJercq respondió vivamente aunque sonriendo:
-Oh! ni pienses en eso Roberto .. , • es imposible! Yo mibma. he quedado sorprendida, vida
mía (volviéndose o. su nuera) de que haya usted
tocado y cantado como acaba de hacerlo.
- Soy yo quien be cantado, seflora, dijo Lucía
con extremada política y aseguro A usted que
ignoraba que la música le fuera desagraaable.
-Ln eeil.ora Charmont como Silben ustedes, ha
tenido un pesar muy reciente; está de duelo y ha
debido encoutrar muy extra:llo que se le hagn
ruido.
Lucia. Hartley trabajaba tranquilamente y da.ba toques de mano maestra á su pastel. Darlot
Roberto enoJado por la insistencia de su masin duda no había comprendido ó no había acaso dre y por el disgusto de :María Magdalena, dijo:
ni escuchado, porque poniendo Ja sordina al pia•
-¿~evf:ras. cree usted, madre mía, qu~ haya
no cantó á Uledia voz la serenata del 1Jarúe1·0.
urgencia md1spensab]e de fr? .i\larfa Magdalena
- Seria, á lo que creo, inconveniente convidar se quedaria mAs contenta acompanando á la. seaún ,\ los amigos m:ls íntimos mientras eJla esté florita Hartlev.
aqui. Eso le sería muy penoso.
-Pues si ia sel'l.orita Hartley qniere acompaSiguió un silencio. Roberto frunció el entrece• fi.arnos, nos causarA verdadero placer.
Darlot cerró el piano. Lucía contestó con sejo: la. presencia de la sel!.ora Charmon empezaba
á caerle pesada; María Magdalena procur1tba en riedad:
-Oh! no, sef1ora. Esn sesi6n me seria muy pe•
vano cruzar una mirada con su amign y Darlot
seguia con sus gorjeos msulta.ndo el duelo de la nosa, y en elln me serta imposible dejar de lastidiarme, yo que necesitoactividadintelecmal ó cor.
viuda.
-Vine para preguntar i\ usted si estA dispuesta poral. Allí necesitaríll pennimecer inmóvil varias
A acompaflarme A la sesión del Comité del Ilospi• horas, y me temo que mi es¡,iritu estaría tan pocio de ancianos desvalidos, continuó la se:l'lora. co ocupado como mi cuerpo.
-No, no, quédese usted, se apresuró A decir
Le Clercq, sin apercibirae de la frialdad con que
María :\tagdalena, viendo A su suegra que había
fué acogida.
Como ella no tenlll deseo alguno de oir música, q:iedado asombrada por la franqueza de su nmi•
ni de dar . una velada para lucir ít. la señorita g~. '1: puesto que no puede usted cantar, ni tocar,
Hartley qne le era antipatica, no creyó ni por un m pmtar, tome usted libros en mi biblioteca y
momento haber estado impertinente, y encontra- lea.
-Gracins, querida, voy 11 salir v ei el setlor
ba muy natural y sencillo que se privaran los
demlls de aquello que A ella misma no Je agra- Dnrlot quiere acompailarmo quedaré sumamente
complacida.
daba.
:Maria ~Iagdalenn se nlejó, Lucia puso á un lado
l'lfnrla Magdalena acostumbrada ií. dejarse
su
caballetey guardó los 1:lpices de colores y Roimponer ocupaciones que le eran enojosas, quiso
levantarse para obedecer A su suegra; pero su berto lamentando que su madre hubiera maniresdisgusto era tan visible de dejar una compania tado su opinión con tanta rudeza, pero viendo una
agradable para ir A una sesi~n de viejas preten- censura. en h\ actitud d43 Darlot, se Irguió y dijo
en tono seco:
ciosas é hipócritas, que dirigió i\. su amiga una. rA-Tiene 11.'lted razón. Es mejor q11e;\farfa~[agpida mirada de inteligencia.
dalena v11.ya con usted.
-¿Cómo, Mag, dijo esta, va usted lt privarme
Y saliópara ir Atrabajar, contrariado,sintiendo
del modelo ahora que mús lo necesitoi1 Quedaría un disgusto creciente, y la impresión de que en
yo desolada, porque mi pastel va bien.
su casa no todo marchaba como debiera ser.
Y agrcg6 dirigiéndose A la seflora. Le Clercq:
De pronto atribuía. todo esto á la infl11encia de
-r:No le parece 1i usted que \"H bien, stñore¿ RenéDarJot, un desocupnclo, un hombre caprichoso

7

que imponía todas sus ideas fl .Maria Margdalcna,
pues evidentemente todas las razones que su madre d11ba eran excelentes, pero no dejaba de ser
r;en ible que cada vez quo ella exigía algo, la jo•
ven se viese oblig11da A prescindir, hacer elsaeriIlcio de algún plncer ó alguna afición, por tnl de
obrnr siguiendo las ordenes de la sef1ora Le
tlercq.
De todos modos A ella ern A quien Je tocnba
obedecer y lo hacia de buenn voluntad sin rcbe•
llón 11lguna, solamente con un ademf\n detri1:1tez1t
que durabll poco y que basta se esforzaba en disimular.
Hoberto est11bn muy 11gradeeido á su mujer por
esta a!Dh.ble docilid11d de cimlcter,pues comprendía que sin esia fl~xibilidad moral y :;in ~sta rlulzurn, su hogar podía com·ertirse en un centro de
disturbios.
La seflora Le Clercq era buena realmente y
amaba A María Mngdalena, pero de un modo autoritario. T,a amabit con despocismo y le nu!Hlcabn Ja personalidad dulcemente con !ormas mur

politicas pero con obstinación. y exigía que esta
criatura de veinte .dios tuviera losgustos,las ocupaciones y ll\s rctnciones que ella tenia, ain permitirle nada Cuera de tüli.
.
. Roberto se decía todo ~st~ recorriendo su gabmete á pAsos lentos. Sí, felizmente María Magdalena tenia una extremada dulzura de carácter.
Se asomó t\ la ventnnn para ver salir el coche
que llevaba á su madre y á. su mujer v frunció el
entrecejo, pues para que se ngravara su malestar
observó qne la senor11. Charmon iba también en
el carruaje imponiendo su duelo enlll.tico.
?llario. Msgdalentt no se atrevió á levantar los
ojos hacia el gabinete de su marido, pues se senti!l p~olundamentc disgustada, l' él, que la. conoc~a bten, comprendió que estubtt la pobrecilla haciendo esfuerzos sobrenaturales para conservar
un aspecto agradable.
Lucía y René Darlot solos en el salón examinaron el pastel abandonado; luego sus ojos se encontraron, se Yieron unos instantes y como si hubiernn cambiado un conjunto de ideas la seno.
rita Ilertley dijo:
'
-Si: es muy favorable, en efecto, qne M~g
tE:nga un caracter hm dócil. Yo no aguantaría un
mes.
-Cuando una mujer se casa, no se cansa tan
pronto .... . . .
-Pero creo que no se hll casado con su suegra, respondió vivl\mente Lucía. Si yo lur,ra amiga de Roberto Le Clercq, lo pondrJa en guardi.1.

�EL MUNDO ILUSTRADO"

11

8

contra un peligro que no sospecha. Conozco 4
Mag porque hace diez anos que somos amigas;
tiene una dulzura y una paciencia encantadoras
y cede, se dobl~ga., y hasLa se nulifica por tem11r
de cont1·arfar á gentes que abusan. Además, es
muy bien uducad&lt;1.. No se ría usted! Pero hay un
lado de su cará.cter que ni su marido ni su suegra conocen; unaob.stiuación extraordinaria cuando se la ha llevado al límite de su sufrimiento.
Entonces todo termina. La he vi,;ro romper con
amigas que la hubian ofendido en ueterminadas
circunstanch1s, y como la amabll.Il, hicieron todos los esfuerzos y sucrificios 1magillíl.bles para
que se reconciliara con elllls. y tvdo sin resultado. Con la política graciosa que usted le conoce
rechazó toda avencuci&lt;.1., y temo que otro t&gt;lllto
llegue á suceder aquí. Es verdud que va á. ser
complaciente basta lo absurdo, pero alguna vez
se llegará á cansar y entonces ..... .
Da.rl11t iuclinó triistemente la C!lbeza.
.En el comedor ornado de clllros tapices, resplandeciente de ceramica japonesa, los COU\'idados de la setior11, Le Clercq acababan de comer.
~sos convidados eran además de sus hijos, la seílora Charmon y ltt se1iorita llertley.
Otros dos dias li11bíllll corrido acenrullDdo el
malestar moriü que resemia Lucia, e-1a sobre
exi&amp;ación particulur que se siente al verá. alguno
que sufre y acepta µ11siv1.Lmente mil disgustos A.
cada instante reno,•ados.
Lucia pensaba que una leve dosis de firmeza
de parte de !\farfa ;\fagdalena llabria bastado para hacer comprender a la señora Le Clarcq que
abusaba dcsu autoridad, que susolicitull inquieta
nimia, atormentadora, celosa, y basta amante tal
vez, era insoportable.
Durn.nte estos dos días, las dos jóvenes no pudieron estar solas un instante: ante ellas apa1·ecia
siempre la sen.ora Le Clercq con su atecto fatigador, ó la seilora Cbarmon, p;\l.ida y enlutada que
con voz lenta les vertía frases en forma de ax.io-

.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilt.tstraciones de nuestros talleres.
VEBSION .ESPAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

_.._,.,_.

Número 2.

lllll.S.

María Magdale11a inspiraba á, su amiga compa.sión. Para un carActer independiente, esta servidumbre debla ser el maror de los suplicios ....
Lucía habría prcft:rido Li; más obscura medianía
de rango y de fortuna, en vez de esta situación
brill!llttt: sostenida por los millones de la seilora
Le Clercq.
No hubfa un minuto de soled,1d, de libertad,
de reposo; siempre en torno de ella, h1 im:o~odidad de una a[ección t0rpe, de una bond11d 111vaaora, de una generosidad imperiosa. }lari~ ~lll~dalcna no iba A una. visita sola, y le era 1mpos1ble tomar resolución alguna, sin d conocimiento
y l.:onsentilllienro de su suegrn.
Aunque Juera un asunto de lnzos y cintas, la
se!lora Le Clercq daba su opinión con tanta ma•
yor autoridad, cuanto que al mismo tiempo obsequi1:1 ba á su nuera con las cintas ó los lazos y pagaba las cuentas dP. l11s modistas á pesar de las
protestas de Marin Magdalena.
·Qné decir en contra de tan amables procederti:? La rueuor señal de rebelión tomaría. tintes
de ingratitud y Marín Mitgdalena no tenía. derecho para sentirse infortunada.
Pero lll seilorita IIarLley no hallaba en su amiga aquella exhuberancia d~ alegría juvenil que
se derramabl\ por todos sus poros cuando era una
nina sin dote y tenía que coser y cortar por si
misma sus vestidos. Ln. villa de entonces era en
verdad un poco bohemia; el Doctor debía tener
sus apuros de dlnero, pero e;;pí~tU superf!cial se
aturdía fácilmente hecho á v1v1r con la vida del
momento, mientras que su bija acostumbrada A
no pensar en el porvenir, estaba tan serena como
él arrebatada por e~e amor A ht libertad y esa
n~cesidad de obrar A su c11pricho que sabia comprender con tau to acierto Lucir. Riwtley.
~lagdalena ahora se ibn tram,formando en una
persona seri.11; sus ojos rient~s tom~ron una e~presión pensl:ltiva, y. en su ~oca, mdo du sonrisa se not11.ba cont1·11cc1ón entrn,tecedor11.
De pronto la Be'ilorita Hartley pensó en aCCJrtar su vi.sita y a1ej1trse de una C¾SII. en que ~o tellÍII. m.As que disg11sto, pero este veneacruento
egoista fracal'ó ante el deseo de ser útil Asu ami•
guita; resolvió no abandonarla en el momen~o de
nna cribis que veia venir, y se pu.;o á, estudiar á,
las gentes ue la casa.
Era inútil el intento de modificar las ideas de
h1 seftora lle Le Clercq: convenci&lt;la esta virja de
sus derrchos, obraba con la voluntad sinc~ra de
ser buena, y amHba á su nuera mal, eso s1, _pero
1 a amaba y no se daba cuenta de que semeJante

9

EL OBSTÁOULO.

afección no era en resúmeu,
mAs que un inm•mso egoismo.
Robet·to á. pesar de su aspecto un tanto rígido, reservado y serio, le era sfmpá.tico á
Lucía que pretendía h.allar eu .
él un cará.cter tirme y leal,
pero sn frialdad habitual alejaba toda tentativa de intimidad, toda intervención en sus 11suntos por más
qne fa.era discreta y limitada. No se atrevh uno
á bablar con un hombre a~í que ocultaha toda e
sus sensaciones y testirieaba su amistad soltlmente por medio de un apretón de manos un poco
acentuado ó sn.s anti!)atfos por un obstinado silencio.
Roberto era un reservado: oía, paseaba sobre
t1us interlocutr,res unn mirada 11cerada, y si hablaba era en términos precisos, exa.ctos y breves,
y siempre lo que decía tt&gt;nia impol'ta11cia y de•
mostrllb!l una hien cu.ltivsda inteligencia. ¿C&lt;,mo
que este h..imbre no se Apercibía de Jo quepasaba en torno suyo? ¿Podría haber incurrido en
el error de tomar A Mari&gt;1. .Magdalena por una
chiquilla sinfundamento? ¿Podría haber visto no
más que el anver~o dtl lit. medalla no viendo en
ella sino su graciosa dulzura y deduciendo de
allí que el pl.'.tcer lle goz¡,¡r de las generosidades
de la suegra bastaría para hacerle soportar todo
en cu11lquiera época?
Y Lucia reflexionaba sobre el verdadero escollo de la educación femenil en los países latinos
que encarcelándolas en un dédalo de exigencias
de convención, las lleva á casarse con un hom•
bre á quie11 no conocen y el cual t\ su vrz tampo·
co sabe de su novia sino que es una joven que
habla inglés, toca el piano, pinta y baila con elegancia. Cuando escoa dos f'xtranos llegan A conocersees dcmnsiado tarde para retroceder, y de
allf es de donde vienen principalmente los matrimonios desgr,1ci11dos.

"ª

La educación s11jona, permite por el contrario
á. los jóvenes estudiarse y conocerse mutuamente¡ llls mujeres de la buena socied d son generalmente mas instruidas, mAs serias, menos frivoli1s que las de otras razas; tienen una personalid11d mlts acentuada; y aunque su exterior es
menos atractivo, el fondo do BU alma v todo su
modo de ser-, tiene má.e solidez y virilidad y compensan con su franqueza Ddorable el engañoso

encanto con que otras mujeres sacen ocultar su
verdadero carácter.
Viniendo á la sellara L1&gt; Clercq, f'S cierto que
no hubiera intentado nulíticllr, por ejemplo a.
la s"1iorita BHTtley, porque la trntativa le h1tbría.
pnrecido imposiblt&gt;; y i;in embargo, ll&lt;'g,.do el
momento de la crisis, tal ve~ fllllrfa M1tgdalena
prrsentara una fuerza de resi.stenci/\ mAs dulce
pero más invencible que la rígid11. voluutad de la
inglesa.
Una agravación de estos forcejers era 111 pres1111cia de la seftora Cbarmon, cuya instrucción
babia sido mAs at~ndida que su educación: babia
~ido no ml'ls que institutriz en su época ml'jor, Y
haciendo como que lo olvidRba, afectaba el mAs
extrafio desdén por las maneras, los usos, las
cdnve•saciones y los trajes de las personas de
}.(ontpazier, ¡esas gentes burguesas que no sabían
lo que era buen gusto ni lo que era 11ristocr11cia.
M11ria )hgdalena encontrab11. á. la se!lorll Cb11rmon sencillamente ridícula y sus pretensiones ínjustificRdas le parecían nada m,ís cómicas; pero
Lucia Hartley, dotada de un espíritu más delicado sobre los principios de la justicia, había concebido verruidero odio hacia esta mujer pretPnciosa que la. 1;1brumAba con relatos de sus v-iajPs
por toda Europa, citando A tonttis y A locas los
nombres m!\s distinguidos y cayendo en inconta•
bles errores.
S ;empre estaba la SPftora Charmrn diciendo á.
voz en cuello que tenla el propósito de trabnj&gt;1r
y no abusar de la ho~pitalldaj que le babíll concPdido tan generosamente la seftora Le Clercq,
(pues A pern,r de sus muecas de superioridad deddefl.orn, fabia adular a. la, gentes que le eran necesarias,) pero ú despecho de esta resolución
pregonad,1 A todas horHI!, p11recia querer Pternizl:lrseen la c,na. l[anifesubaA la seftora LeClercq
una complucencfa y una admiración sin limites,
le servia de secretMia escribiendo fa abundante
correspondencia de cada día, la acompafl.llbii ;\

:sus Yisitas y sabia, en su oportunidad, colocar la saltado de un plan conver,ido entre las dos jóve1raee lisonjera que debería hacer resaltar á los ojos nes y caliticó de pretensión audaz la de querer
del mundo la bondad de su protectora poniéndose sacar de la casa A la se1iora Charmon porqne no
-ella comunmente como ejemplo afortunado de los era del agrado de María .Magdalera.
· efectos de esa bondad.
-Situación anormal. . .. ¿Y en qué? respondió
La senora Le Clercq que la había recibido con la vJuda resignAndose i\ 111. lucha y no creyendo
repugnancia, comenzaba ya. á felicitarse de tener que Lucía se atreviera A llegar á una explicación
á sn )lldo persona que tan bien lll complacía.
concreta.
Lucia con vista de todo esto no tornaba á Jo
Pero ésta, con la tranquilidad que la caracteri•
serio ks proyectos de trabajo de la viuda, y en su zaba.
concepto lo que se necesitaba para variar el esta-En qué? usted misma lo rlice A todas ho·
•do general de loe cosas, era una escaramuza, una ras. , ... y de mi parte no concibo nadt\ mée pecolisión por la qne Roberto se apercibiera deque o oso que la convicción íntima de ser una earga
en su casa, su madre obraba con demasiado des- para algn.ien.
potismo. Se necesimba una crisis para abrirle los
A estas palabras, la sen.ora Charmon tembló,
ojos 4 este marido, y se decidió á. precipitar la la eeilora Le Clercq se puso p,\lida y miró fijaerisis sirviéndose para provocarla de la sen.ora. mente á la inglesa que sostuvo esta mirada con
•Charmon que le devolvía en odio visible sus an- una serenidad candorosa y Roberto pensó:
tipntfos.
-¡Qué responderá, esta viejll?
El día pues á que nos refedmos, en la sobreLa seftora Le Clercq ae atravesó diciendo con
.mesa, la sefioritaHartley le dijo con suma runabi- tono seco.
Jidad:
-Acabo de manifestar A la setlora que estA
-He oído decir 1\ usted, seilora, que tiene vivos muy lejos de Bflr unll carga para nosotros y aun•deseos de encontrar una posición decorosa .... que sus escrúpulos so11 honrosos ...
-Ciertamente ....110 puedo abusar ya má.s de
-Ya lo creo! imterrumpió Lucía. En mi país
la inagotable bondad de lll sefl.ora Le Clei·cq.
hacia el cual Ja sen.ora de Charmon demuestra un 11.
- Usted no abusa nunca., repl,icó ésta.
§.dmirRción que me halaga., he visto mujeres de
-Es usted tan buena que trata de tranquili- c,levadísima cuna con sus mismas ideas, que guszarme sobre este particular pero sé muy bien que tan de bastarse A sí mismas y que aunque tenDO ea posible que la presencia de una persona ex• gan familia rica prefieren como ella dice, trabajar
rtra11a y en las doloiosas eircnnstancias en que yo con todo yque parecería menos penoso aceptar so-estoy, deje de impresionar de un modo penoso si corro de los parientes en vez de recibirlo de los
no A usted que es excelente, a lo menos á sus hi- extra1ios.
jos.
La sellora Cbarmon estaba pAlida .. ... ,)[aria
-Que no Jo son: pensó Lucía.
Magdalena y Roberto un poco cohibidos pero en•
María Magdalena hizo un movimiento casi cantados. Lucia continuó con su más dulce y graimperceptible en seftal de afirmación.
ciosa entonación:
.
·
-En ese caso, continuó Lucía, con la misma
-Sí: esos escrúpulos son muy delicadas y aumen•tranquilidad, espero que será. del" agrado de us- tan mi estimación hacia. la sefl.ora de Cnarmon y
ted la proposieión que voy A hacerle.
para testificarle mis simpatiás escribí sobre
La se1iora Cbarmon frunció el entrecejo y lan- particular á Lady Grey. La situación es bnena, y
.zó a Lucía una mirada venenosa y uoa sonrisa estará usted a.JJí en casa de una gran seflora que
rforzada.
bien nacida y bien educada, oo desprecia á na•
-Una de mis amigas, Lady Grey desea una die.
institutriz francesa para enseftar ll sus dos hi-¡Pobres burgueses del\Iontpazier tan desde.liosa.jas ....
mente descritos por la sefl.ora Charmon! Lucía los
-Obl interrumpió vivamente la sefiora Cbar- vengó con una sola palabra.
mon, no siga usted, seftorita, esa clase de ocupa-Piénselo usted, concluyó la joven inglesa.
•-eiones no me agradan. Yo no podría aceptar.
De mi parte, me siento dichosa porque le puerlo
-Pero ...... dijo Lucía con verdadero asom- ser ütil en estas circunstancias.
bro ¿no ba sido usted institutriz?
-¡Muchas gracia~! dijo lacónicamente la viu-Antes de mi matrimonio .... Creo compren• da esquivando dar una respuesta precisa.
•derá nsted muy bien cuán penoso me seria acep•
María Magdalena tuvo laimprudencia de aven•tar A mi edad un empleo sabalterno después de turar una observación.
1baber tenido tan brillante posición.
-Lady Grey! ¿Es aquella joven que pasa los
-Oh! insinuó Maria Magdalena: le es á. usted inviernos en Londres y posee en Escocia muchas
•tan poco grata la sociedad de Montpazierl
. tierra.e y castillos? Ob! La senora Charmon será.
-En fin. aftadió la viuda, me desagradaría sa- muy feliz allí en medio de la vid11 de lnjo que
tanto le agrada.
•lir de Francia.
'
-Sin embargo, usted me ha manifestado repeMientras Lucía hablaba, la senora Le Clercq
•tidas veces su admiración por Inglatern, replicó se había contenido aunque con pena, pero Ja inLucia llartlcy, y hablaba usted en términos que tervención de su nuera I&amp; exasperó confirmando
deveras me han conmovido. A~í pues deberla ser sus sospechas de una conspiración entre las dos
1muy grato pRra usted regresará. aquel país en amigas. Bajo esa impresión, contestó con acento
-que tiene, según dice, t11u buenas rel11cio11es.
muy duro, mAs duro de lo que ella creía y con
La sei'lora Charmon bajó loe ojos como quien la acritud autoritaria. que se tom~ para correjir
~allando quiere dar punto A una conversación, r\ uo chico inconveniente.
pero Lucia qué no gustaba de dej11r las co~as A
-Ruego á u~ted que dPje obrará. la se1iora
Cbarmon como mrjor le parezca: bastante se ha
medias, continuó:
-Serfa bueno, á lo que erro, extiminar mi pro- hablado ya de eete asU1Jto desagradllble, y la
posición, no sea que más tarde se vea ust~d en 1~ burleta de usted me parece in1empeetiva.
-Roberl)O replicó con tanta rudeza como la de
necesidad de aceptnr otra menos ventnJosa, s1,
,eomo me parece razonable, desta u,u!d salir de su madre.
- María no se h11 burlado de nadie.
la posición anormal en que esti\.
-Pues eSII insistencia por hacer entrar á la seMaría Mugdalena dirigió á su amiga una mira•da de gratitud, Roberto con un aire serio anali- nora Ch,1rmon en un camino que no le es grato,
zaba ]a actitud de h\ seftora Chnrmon, y en cuan- • me parece inconveniente.
-La seflorita llartley no na creído que ofen,to a la seflora ·Le Clercq, una irrit11ción sorda comenzaba A 11poderarse de e1la, encontrando que dería íl ninguno ocupándose en buscar una posición decente pttra una dama, y que ella misma
Lucia insistía demasiado ·s obre el parLicuh1r.
Con la susceptibilidad nerviosa de las gentrs aceptaríR en caso nl'cesario.
--Oh! ciertamente que si, dijo Lncia con mu,que tienen en mucho su autoridad; concibió la
,sospecha de que esta proposición podía ser el re- cha calma enmedio de! hnracAn que había provo-

el

cado: yo no consid~ro un trabajo intelectual como bochornoso, sino que por el contrario me entusiasma. Parece que no se siente usted bien
Mag. ¿Qu1ere usted venir conmigo á tomar el aire?
lfo'rfa Magdalena babia permanecido a.terrada
fl causa de la humi111tción que su.trió al sentirse
tri,tada como una chiquilla rebelde y caprichosa .
Roberto que lo notó se disgustó profundamente,
y Lucía antes de salir se despidió de la sel1ora
Le Clercq y dijo A la senora Cbarmon sonriéndo·
se graciosamente.
-Perdóneme usted! Le.mento mi torpez11 1 pero estaba en la creencia de que ustPd de veras
deseabn salir de apuros y en su lagar de usted
mf'I bubiese sido muy grato hallar esta ocasión.
Roberto 11nnque tenia h cosmmbre de quedarse acompailando A su madre después de la comida, se levantó esta vez y siguió á. las jóvenes dirigiéndose los tres 111 jardín.
El aire estaba tibio, apacible, inmóvil, y en
los Arboles mudos y en los nidos que dormían, no
se escucbaba ni un susurro; las altas siluetas de
los muros recortaban un cielo azul lentejueleado
de estrellas, y abajo, entre las yerbas, 10s grillos
melancólicos entonaban su serenata argentina.
A veces, bajo la sombra de una hoja ó en una
brizna de yerba, el cintilar de uni1 luciérnaga. parecía unaráfágade electricidad .... Robertoeomprimfa con su brazo la manecita de su esposa y
ambos marchaban sin decirse nada folices en esta
soledad, pero contrariada ella todavía por la ercena que acababa de ocurrir. Ll:l se1ioritn ll11rtley los seguía. á poca distancia cantando una
melodía rusa.
Robeno y :Mag fueron íl seo~arse en un banco
al pié de una acaci11. centenaria cuyas copas de
flores claras estrellaban Las tinieblas del follaje,
y se quedaron oyendo la voz deliciosa de Lucia.
-¡Cullnto gozaría yo, dijo María Magdalena,
oyendo ll usted desde aquí! Si :Uera usted al salón, abriera la ventana y cantara y tocara unos
momentos, me sentiría feliz.
-Roberto, que sabur&lt;'aba un ciguro, dijo:
-Oh! si, cante usted, seft.orita.
-¿Pero olvidan ustedes que no debemo satrevernos á. n ..da bullicioso que ataque el duelo
d~ la dama negra?
-No baga usted caso de esas ridiculeces y cante, se lo suplico. Yo mismo me siento con disposiciones musicales, y tan pronto como acabe de
fumar mi cigllrro, nos reuniremos con usted y to•
caremos algo de Beetboven. Mi María no me puede acompalillr, no sabe; se contenta con ser encantadora .... y hace bien.
Lucín Hartley ee a lejó, y entonces Roberto pasó su brRzo al rededor del t11.lle de lila.ría Magdalena y la estrechó tiernamente. Poco acostumbrada a las p11lllbras dulces, y A lvs arrebatos de espansíón, sintió conmoverse su espíritu; todos BUS
enojos, tod11s sus fatigas, ~odas las humillaciones y contr11riedades resen tidas en los últimos
meses le vinieron á. la memoria al mismo tiem•
po, re11gravados con laescenade la comida, yentonces ocultando su rostro en eJ pecho de Roberto se puso A sollozar con extremada violencia.
-No llores, bfon mfo; no podemos exigir A mi
madre que despida A esa mujer. 1\ft madre ea
ama en su casa.
-Ay! Y también en la nuestra, murmuró la
j0Vf'n.
Roberto tal vez no oyó esto último, y continuó
diciendo.
P1ero lo que sí podemos haceres mantenernos
un tl\nto separados mientrns permanezca aquí la
seflora Cbarmon. Ma11ana almorzaremos en nuestro deparramento. ¿Podrá. bastar para este servicio tu camarera.
-Si, dijo María lfogdalellll. vivamente, y yo la
ayudaré por más que no sé gran cosa. Pero seremos tan felices solos con La.cía.
-Convenido, No llores más porque eso me es
muy doloroso. Oye qué bien canta la seflorita
Hartley. Es delicioso oir mú.sica tan buena en

�EL llB'-TÁCULO,

10

una noche como estll, Abrúzame ~lag, abraz&gt;1 A
tu marido que se esté. exponiendo por tí A un
trance probi1.blemente enojoso, y vamos Atocar,
querida mía.
Roberto que no tenía delante las miradas lm•
ponentes de su madre, se olvidó de ser correcto,
y tomando AMaria ?ibgdalena en brazos como A
un niflo, echó A correr A través del jardín.
Sus care11j1tdas produjeron en la casa un rumor inaudito de que se Psombr11ron los ecos; la
sefl.ora Le Cler,:q quehnbía notado con impaciencii1. que aquella inglesa impolítica cantaba é. p 1•
sarde su prohición, vió desde la ventana el escandaloso espectáculo de &amp;u hijo y su nuera re•
tozando como unos colegiales, y oyó esas risas
que insultaban el duelo de la senora Charmon, y
ofendían su dignidad de ama de la casa.
Un instante después sonaron juntos el piano Y
el violin; su violenta irritación 11e acentUó más
todavía y se retiró A fU cuarto. Mucho mt.s tar
de, ya avanzada la noche, nfa aún sobre su c11beza la música, 111.s voces alPgres y la risa, y durmió poco, porque pensamientos am11rgos 111 desvelaron pareciéndole indigna la defección de Roberto, quien, al parecer, había tomado parLido
contra ella.
Como rn dignidad rst1tba t•n jaf'~o, como se
creia hlstimadll en sus jns1os dercelws u la grati·
tud de sus prc-tegidos, y como 110 Hll c&gt;1paz de
tomar vías pacificas en circunsL11ncias seruejan •
tes, se resolvió á salir al encuentro du los sur.esos antes qne vinierun A ell11. y á rt'pdrnit c n IDano enérgica al hijo que, por sgradur A bU mujer,

11

'fl:T, lmNDO 11,0~TRADO"

innato en todas las obreras parisienses, cuyo
gusto exquisito se form11 mirando de c~rca. Y todos los dfos la.a m1\s re!inadas eleganc111s. Esta
criada. cuando estaba. bien ata:~ia~a, podía p_asarporuna ecflorita y podía au.1bu1rsele el mismo
j!'énl'ro de distinción que pose1a la senara d1;1 la
Palliere.
.
Estela se babia dado cuenta dela ant1patínquelnspiraba. á la sellom Le Clercq Y se la devolvía.
con creces, culp.\ndola no sin razón, de Ja_s tristezas v diso-ustos de l\faria Magdalena. A,1 pues.,
entre ~arna"dos mujeres de coudición um desigual babia unll animosid11d secreta.quesetrn.ducill
de p~1·1e de la suegrn en una rigidez c~si insultante,
y de p11ne de la criada en 11;na políl!ca exagerada que desmentía. la expresión trav1tsa de los labios v de los ojos.
Fué pues un verdadero placer par,1 Estela ~sn,
mallRna 111 dirigirse al mercado, poner los medios.
para que en su camino la en~onl.l'ara_ la sell.ura
Le Clercq que volvía de la pr1mtra nusa en _compaflia. de IR viuda. La senara muy Borprend1d1&amp; y
no sabiendo Jo que p1,sAba, le hizo la indicación
de que se detuvlerll y Estela se aproximó.
-A donde v11 ustedi' le dijo como si se tralare,
de una criada suya.
-Al mercado, sellara.
-Al mercado! y para. qué?
- El sellor .y rn e~posa tienen la intención dealmorzar hov en su dep:irr.amento.
El tono con que la sirvienta pronunció estas
palabras era muy correcto y respetuo~?• peroera iruposibu dejRr de observar el_ rego_c1Jo. mterior que sentia diciéndoles y la m1rau11 10qws.dora que dirigió á, l11s viejas. Evidentem~me esta
muchacha comprendía mtty bien que el paso
dado por sus amos era el primer síntoma de una
rebelión y ya esperaba con ansiedad m11I sana el
grito de proLesta de la saegra cuya auturid1:1d sede~co11ocía. La senc,ra Le Clercq hizo un esraerzo supremo y se 11lejó con su amiga sm pronunciar uni1 sola -palabra.
La senora Charmon dejó pasar aljrunos minutos y luego &amp;uspiró con una vo.z doliente y re,
signada:
-No sabré como pagar á u~ted el beneficio de
su hospitalidad, pero considero que y1t ha durado mucho y qu~ seria indiscreto sc-gulrla aceptundo por mAs tit&gt;mpo.
La seftora Le Clercq la vió con ojos airados.
-;.Quién hace á usted suponer semejante cosa?-Ob! seftora: la actitud de sus hijos de usted.
Dillgusto á la nuera de usted y esto es muy natural, porque es joven, Rma la alegria y soy par~
ella un nuncio de tristeza.&lt;&gt;, lllis tocas de viuda,.
mis melwcolías, mi triste situación son notas discordantes en la !ieata de su vida.
Con mucha habilidad la viuda descart8ba A.
Roberto y hacia caer toda la carga sobre Maria,
Magdalena.
-Esta determinación de quedarse en su casll,
me parece una consecuencia de la conversación.
que tuvimos ayer y delos ofrecimientos tau amables
como tenaces y obstinados de la sel'iorita ·
c,taba. A punto tle olvidar á su madre. Sí, ella le
hablarfR claramente, y h11ría resaltar el derecho Hartlev tan calnrosa.mente apoyados por su amiga. En ·verdad que la joven inglesa debe tenerleque tenía p11ra conservar_en su ?asa A la seft~ra
Chllrmon, así como también bar1a ver que Miss mucho carillo para tomar sus asuntos con tal viHariley era una joven mal educada y que liaría vacidad.
- l'. sted cree que la. seftorita. Hartley . . .. ?
M:~gdulena b11bia sido ju :tamente reprendida.
-No me permito creer,peropresumo que llyerestaban de acuerdo para hacerme salir de aquí y
· ·L~- c;ia'cia' tl~')i~gd~Í~~¡ ·h~h~
do sirviendo desde muchos anos antes de suma- que ahora lo estAn todavla.
Era inútil excitar á lasellora Le Clercq A la cótrimonio \' la babia sc"uiclo A pesar de la natural
lera,
pues de por si estaba verdaderamente irrirepugnan.ci11 que ma11ifiest.9n contra la vida de
tada.
E,te acto de rebelión afladido ¡\ las escaraprovincia los criados pariHien&amp;es, preocupada
por todas esas geIJtt'S que sin haber salido nun- muzas que venían sucediéndose desde bacía ticm- ,
ca. de la capital, describon á los provinch1~os_con po, a.iladido á la hostilidad de María M~gd11leua,
FUjPción A una liter11tura netamente pes1m1sta, respecto de la sel\ora Charmon, manifestad¡¡. dt's•
T11lento y 8ltgria de Curtifieaciones para adentro; caratlamente en la escena de la víspera y S!&gt;bro
pero m(ts allá, nnda más que estupidez y hastío. todo la audacia de haber reído, cantado, toca.doEstP.ll\ . verdadera chica parisiense, fina, dies- y valsado toda la noche, tomaba el caré.cter d1:
tra, babi! y coqueta, había s~gLlido A su ama á una insurrección.
Pues que! ¿Esta jovenzuell\ de apariencia rienAlontpazier, lo eual era una prutoba de yerda?er11 adhesión. Su caritl\ audaz, la expresión nva te v dulce era capaz de arrastrar A Roberto A bl'·
de su mir11da, la fig11ra mé.s piqaresca que clásica meJantes declaraciones de guerra? ¿Era v, nluJ,
de su nariz su risa reveladora de dinntes muy que su hijo se retiraba ya dd poder m11lcr11oi'
limpios y sus maneras provocativas, todo este ¡,Iban los dos, ¡ingrntts! A olvidar todo lo t1uo.: li..1conjunto había sido del mayor desagrado para bfa hecho por ellosi'
La fortuna, l!l casa, los criudos, los coches, to•
Ja seflora Le Clercq qne estab11. imbuida en las
do
ese lujo de qnegozaban ¿de quién crai'
11ntiguas idE&gt;11s sobre domesticidad, y le repugnaEs muy malo tener siempre presente la idea. d,el
ban las f11mili11riclades dtt esta muchacha que sin
ser impolitica hrnz11bl\ lL veet&gt;s frnses cómicns bien que se hace, porque se convierte en uua ohque causaban la hilllridRd do l\[ada Magdalena. seción que toma proporciones unormalc:i y uwl, 1
'r11mbiéu le desagr11daba verla lll!lll' los vestidos u.nu por exajerar su propiagenerosidu.:! á tul punrlf'stchallos ¡,or ~u amn que ella sabia rerormitr to qm· pum compeus11rl11 parcctn poca» lOt.!,l a t.e11 el seutido de la última moda. con ,•se tacto negación y toda grutltud.

~{-¡r¡~

¡¡

·;~i-

1

-No: quieren ustedes sencillamente darme una
-Esta cri1tdn, uftadió la viuda con acento dulza- nencia en la casa y era nH•jor que hubiera enre,
rrón, tiene unas maneras desagradables. Estaba dos v conflictos domésticos: la viuda dominaría. lección.
-No nos permitiriRmos tal eosa. Y puesto que
mirando A usted con impertinencia, seguramente mAs.rácllmente por m1&gt;dio de la vanidad herida A
una mujer despechada y 11islada que fl. una madre usted Interpreta mal mis razones para obrar así
para penetrar los pensamientos de usted.
( be dicho mis razones, porque Maria Magdalenll
Todavia erd mll.s grave la ~ituación puesto que viviendo en la feliz intimidad de la fi1.milia.
Al cruzar por el vestíbulo IR sc:ll.orR Le Clercq es extratia A todo esto), debo dar una explicnse le ha.cía conocer tal resolución por medio de
una criRda. En vez de ponerl11 al tanto personal- distinguió A su hijo, y en vez de detenerse como ción: usted tiene derecho de abtigat' en su cas1i
mente y con política, se obraba con tanta incon- de costumbre A 1•.;cibir su snludo, abríó con vive· A li\S personas que quiera, pero si esas pet·•
veniencia que se la expo11ia A la humillación de za 111 puerta del SR)ón v desapareció cerrándola sonas me des11gradan, tengo A mi vez el dtt·
ser un objeto de burla p,1ra esta mujercilla vul- de un golpe con un ruirlo seco, desagradable co- recho, y no puede usted desconocerlo, de reti•
rarme hasta que hayan cambiftdo dA a,ilo.
gar.
mo una reprensión acerb11.
-Lo que yo pens&gt;1bal griLó la sellara LeClercq.
Bi1jo el poder de sn irritación, la sefiora Le
Roberto h bía venido con la intención de aviClercq apresuró el puso, impaci ente por llegar A sar A ~ll madre que ese dfa él y su mujer come- Una inevitable disynntivl\, . una elección que hacer: ó vosotros, ó ella! Y tienen ustedes la presu c11s11 y no sabiendo aún si deberitl encerrarse rían solos "º su dep11rt11mf'nto. Era la vez prime
en un silencio digno ó llamar A ~us hijos ni cum- ra quo lei h11bii. venido el capricho de est.e acto tención de hacerme ceder!
-Madre .... Está usted equivocada.
plimi.-mo del deber.
de libertad, du este egoísta y dulce plncer de es-Bien sabes que no. ¿Crees que no observé
- Lo mejor para mí, siguió diciendo la senara tar en su comedor, Fcrvidos por su cri11da con su
Charmon, como si no se hubiera apercibido del vajilla propin, y babí&gt;t t-n esto un ensayo de inde- ayer é. qué punto de mira íban hs serviciales
estado moral de su protectora, e:; acepLar lns pro- pendencia qu'&gt; diverlíll A los dos r los librnba. de e fertns de la scllorita Ilartley? Ilabía previo
complot entre las dos jóvenes.
po~iciones de la senonta. Ttartley.
la lam~ntahle y tétrica figura de la seftora. CharR(lbc·r•o no rec"gió esta acusación.
EsLe nombre exaltó al último grado la indignn· mon.
-No me es gratu la conducta de esa selloritn,
ción de la oeftora Le Cl,rcq que dijo en tono liRoberto s.:;rprendido de la actitud de !JU m&lt;tdre continu1 la seflora con vehemencia: ha faltado
gero.
- Lo mejor para usted es estarse como se es11\ y sin sospeeh&gt;1r la c11u~a, entrv trlls de ellll al sa- ayer ll la discreción, pues no debí11 permitirse l,L
sin acoplar ofrecimientos que según dijo ayer le lón y 111. encontró 11git11dll quitándose los guante3 libertad de tomar parte en asuntos íntimos que
son &lt;;lesngradables. 111\game usted favor de pen- con movimit&gt;ntns ai.J·&gt;1dos. Al verlo, la senora de no lll conciernen.
- Esll es precisamente otra razón que tengo y
sar eu que soy dueili\ de mi casa. ~o son 111s re- Cbarmou bil.ludó y se entró por l&lt;Ls piezas inte•
por la cual prefiero quedarme en mi casa, dijo
beldías de mi nuera lns que me harán cedn 11in- rlore,.
-1,De!&lt;'IIS hAhl111·m"? rlijo IR Ff'flnra Le Clercq Rl)herto con tono trnnquilo . A usted no le sim•
gu110 de mis derechos el más imilíl.'nnhA hfo ele l"R
patiza. la sellorit11
1
cua es c~ recibir en mi
Hartley y no quiero
ciu;u n quien me de lagaimponer A usted su
n11. Se qued1iril. ustetl á.
presencia. llllsta rue
mi lado todo el tiempo
11trevo i\ considerar
que quiern, ~· aun ni;í le
que A elli1. le seria peconfieso que mé serA penoso sentarse A la menosa su ausencia porque
sa de usted despué~
tengo hacia ust .. d la ruás
de la escena de ayer.
vint simoaria.
-Creo ¡Dios mo
La viuda quedó encanperdone! que mi hijo
tad 11: hizo un rel11.to de
quiere darme leceiolos servicio; que podíi1.
nes de cortesía.
prest111· á su amiga, sobre
-No. Le explico A
todo aumentándole la inusted le11lmente el esfluencia social, pues estado de mi é.nimo, y eso es todo. En mi casa es dontaba A punto d8 fundarse
de la seflorita lfartley recibe hospi t111idad, y me
en l1t localidad una susiento en el deber de ahorrarle, si puedo, todo
curtill I de la Asociación
incid11nte desagradable.
Internacionnl del trabajo
-Me parece, sin embargo, que he comprimido la
femenil, y ella intrigaría
contrariedad que me cansaba, y no me acuer do
A tin de que :n senara
haberle dicho nadl\.
Le Clercq fllese nombra-Usted le dijo mucho reprendiendo á ~faría
da Presidenta.
1illlgdalena de un modo más que rudo.
-Vaya! hijo mío: basta que pareció la verdaEra esta una empresll
dera razón de tu golpe de estado de hoy. Yo
gig1tntesca. Se trataba
creía que una .mujer de Ja edad de Marfil ~{8gdade fundar en todas las
lena, podía aceptar de la m&lt;idre de su marido
ciudades de import11ncia
una observación, una reprimenda si 8Eí quieres
casas de asilo para las
llamarla. Bastantes pruebas de mi afección le be
doncellas jóvenes y podado en todas 1118 formas posibles, parll tener sobres y talleres en que se
bre ella los derechos que podría tener su propia.
les proporcionara traba•
mRdre.
jo, pensamiento tilantró·
Roberto murmuró con disgusto:
pico que debla ser del
-Hablamos dem1111iado de derechos!
agrado de la seftora Le
No había visto A la sefiora Le Clercq en un esClercq. Siendo así, la se1\ora Cbarmont se ofrecía 1\ ir é. Inglaterra, don - corblndo por lo Bl\no é interrumpiendo el afec- t8do semtjante; siempre le había parecido la razón misma, equilibrada, dulce y buena. ¿De ctónde resi&lt;Jía el Comité Central pan e ,tenderse con tuoso saludo de su hijo.
- Sf: quería avisarle que no almorzaremos hoy de Je venía esta ira formidable de hoy? Segura•
la Directora gem::ral, estudiar el funcionamiento
mente de causns íntimas que no podía expl!C8r.
de la 11sociación, sus resultados y sus medios de con usted.
Roberto dijo est11 cosa enC1rme \ranqui111mente ¿Qué pre;:¡cnpación tenía en contra de Maria
acción.
Si Lucia Hartley la hubiera oído exponer elo • sin fijuse "n lo milsmínimoenlaimportaneia que Magdalena? ¿Por qué esta actitud de ofendida
ante la resololución tan natural, que los recién
cuentemente todos sus proyectos, habría com• le daba su madre.
casados habían tomado de gozar un poco de su
Esta replicó con tono agresivo:
prendido desde luego por qué esta mujer rechaza-Hoy solamente,
hcgar?
ba el empleo enojoso y cansado que se le o[recia
Roberto permaneció pensntivo unos instantes
Roberto observó que la seflora P.staoa irritada
y no la hubiera tachado mAs de indolente y nula,
viendo A su madre que iba. y venía por la sala
pues babri11 comprendido que por el contrario te - y se que~ó miréndola con asombro.
-St1pongo que eso no tiene por qué serle á con una fisonomía cerrada. y dura que no le ce.nia el espiriLu más suspicaz y se había trazado
necia. La alusión que ac8baba de hacer A su
un plan para ponerse al abrigo de lll necesidad, usted uesagr11d11 hle, ¿no es así?
-De nin¡1:ú11 modo, amij!'o mio, de ningún mo- afecto por M.arf" M1tría Mag,111.lena y A las pruegozando de todas las consideraciones mundanas.
¿Hi1.y en efPcto un medio de existencia. más fe- do; re.;ponrlló ella con la misma entonación sar- bRs que le había dado, tué ufensiva hBEta para él
cundo, menos ingrato que el oficio de dama eari- cásticn. Y si A tu mujer le 11grada continuar en mismo. Este recuerdo indiscrtto de los benefitllliv111 fun&lt;tadora y conservadora de obras pflls? sus ens,1yoa cuLn11rios, que lo haga en buena cios otorgados resultaba humillante, y despué~
de un corto 11:.lencio, dió la vuelta para salir.
La sellorll Cbarmont conocía mAs de una cele- h(lra.
La sel'wra Le Clercq, por su parte, habiendo
RobPrto tl'nia la particularidad d~ carácter de
bridad. de la. beneficencia que vivía con lujo sin
más arte que explotnr la compBsión de las bue- erguirse cuando ~e tomaba con él una actitud desahog11do el pri mrr arrebato de su indignanas almas, y prt:!~ría esta carrera A la de la ense- que le desagradab,1 1 y contestó con mare11da ción, y dPjado ver hasLa qné grndo se sentfa herida, empezó A calmar3e. S&gt;1.bÍ!l. el imperio que
frialdad.
ftanZ8.
ejercía sobre su hijo, pero sabía también que btl
-Si
A
mi
mujer
le
agrada!
¿Y
pl•r
qué
dice
Si este su primer proyecto frac8Saba, ella sabría
de todos modos hacerse indispensable A esta vie- ustt:d es(\? No es ella quien ha propuesto que nos cará.cter era de acero, de una pieza, le11l y firme.
Una vez que él quedara convencido de que ell11
ja. rica y pi1gada áe si misma, y atraerle tal acu- qued1\ramos en casa, sino yo.
extralimit8ba sus facultades; una vez qui, sosµe-Dever11s .... ! Y se puede saber por qué?
mulación de negocios, de correspondencias, de
cbarA con fundamento que se tr11ta.ba de nulit!-Oh!
dijo
él
más
8ltivo
todavía,
hay
muchos
viajes y deresponsabilldades, que le hiciera falla
car la voluntad de Maria ll!agdalena, todo habría
motivos,
y
le.
irritación
de
usted
me
demuestra
absoluta una colaboradora.
Para alcanzar este fin y hacerlo menos dificil que ya loe ha comprendido. Pero permítame us- termiDado y se retira.ría sin calcular las desv,mde lo que á. primera vista parecfll, era mej r que ted 11nticip1trl" que ni mi esposn ni yo hemos te- tttj'l ~ qu'I le podrían sobrevenir.
L I od!ora Lu Clero,¡ sintió mlrdo de que eso
Roberto y su esposa rueian l'oJl&gt;tiurs 1\ su permR• nido hi iutcucióu d1 de:111grad11rla.

�EL OB!'\T ÁCULO.

12
sucediera porque le am11 ba, y celosa de conservar su ascendiente, comprendió que tanLI\ cólera
era in11sitada y qo.e predisponía a. su bijo en
un sentido temible, porque no tenia seria j11stificación. Así, pues, con una diplomacia femenina,
casi involuntaria, tomó un acento conciliador y
dijo con dulzura:
-Amigo mio, ya comprenderAs, estoy segura,
la tristeza que he sentido al saber por conducto
de una criada impertinente la resolución tomada
por ustedes de alejqrse de mL
-Por una criadu.i' preguntó Roberto.
- Sí: Estela, esa descarada, me lo anunció hace pocos momentos en tales términos, que supuse que ustedes se lo habían mandado así para
darme un disgusto. A mi edad tiene uuo gran
trabajo para renunciar á. sus constumbrcs, y yo
tenia 1n ilusión de conservar á. ustedes siempre
conmigo. Amo á María Magdalena qne es una
ni!\a encantadora, y si no se hubierau interpuesto entre nosotros personas necias, nada de tisto
babria oeunido.
Roberto, cuyo corazón era fá~il de conmoverse y que profesaba A su madre una ternurll profunda, sintió crecer et1t!l ternura al oírla expresar;:;e de esa suerte, y no vió en su anterior arranque mlls que la explosión de dolor de una anciana que creía estar en visper11s de ser abandonada por su:s hijos, y experimentaba el terror del
aislamiento.
Entonces volvió vivamente hacia ella.
-¿Cómo ha podido usted pensar, le dijo, que
faé1•amos capaces de querer ocasionarle una pena?
¿Usted tenia la esperanza t:le conservarnos siempre A su lado? Pues esa es también nuestrl\ espe:
ranza y nuestro deseo. ¿Qué haríamos sin usted?
La amamos demasiucto para abandonarla. Y digo
que la amamos porque María Magdalena no ba
pronunciado nunca una frase que no sea de adhesión y de reconocimiento, y no ha hecbo ni 111.
menor alusión A lo que usted le dijo ayer. Xo
sé á quiénes se refiere usted como autores
de nue3tras desa ve9encias, pues la sei1orita
llartley es bastante inteligente, y por lo mismo
no ha. de pretender enredar a. nuestra familia. En
cuanto {i la se1'1ora Charmon, le aseguro A nsted
que no me agrada porque no 111 creo ni leitl ni
buena, y su aire de tristeza me parece afectado.
Pero si es del agrado de usted, está. bien, es justo que usted no se preocupe por mis antipatías.
Contenta de haber reconquistado toda la influencia que tenín sobre ~l la seilora Le Clercq,
sonrió á su hijo y con esa facilidad de concesiones que se tiene en los momentos en que e:.tá uno
enternecido, lo dijo:
-Puedo probarle el interé3 que tengo en su fa.
,·or sin conservarla en casa. Puesto que no es del
agrado de ustedes, pondré en ejecución un proyecto de que me ac11.ba de hablar: se trata de un
~.-iaje para ciertos informes, un negocio que no
tiene importancia para tí y del cual te hablaré
mas tarde.
-ConmoYido por el eacrificio expontaneo que
Je bacía su madre, Roberto la abrazó sonriendo
y le dijo:
-¿;{os invita usted esta nocbe a. comer?
-Ciertamente ¿y por qué ne á lllmorzar?
-Porque :llaria Magdnle, a se da en estos momentos la mar de trabajos para organizar su famoso almuerzo. Es una cosa divertida verla ir y
venir, dar órdenes, v.gilar las cacerolas y estli.
primor•)sa con su delantal blanco y el aspecto de
mujercita de su casa. Sería para ella una decepción que no se hicier.an los honores á su cc,cina.
-Pues yo, dijo alegremente la sen.ora Le Clercq
quedaría encantada juzgando por mi misma de
los talentos culinerios de tu mujer. Y si se me invitara ....
-Magnífico! Almuerce usted con nosotros y
esto nos pondrá muy uf,rnos. Ser:.\ nuestra primera recepción. Voy á a visnr á Maria Magdalena
que tiene una invitada. ¡Se va á pcner mas contenta!
Si en efecto se puso contenta con la noticia, lo
disimuló bastante, porque acogió con un silencio
absoluto la noticia llevada por Roberto.
Toda atareada recorría el comedor disponiendo una mesa magnifica, cristalería resplandeciente, vajilla con sus iniciales qne ese día deb[a ser
estrenada, argcntel'ia enteramente nneva, salero
JfnenLes y u poya-cubiertos lucientes quecontrastaban con el juego de tenedores, cucharas y cuchillos de forma antigua obsequiados á su hija
por el Doctor Bois de Sain· Marce! que eran de
plala oxidada y que tenia.o esa incomparab!e
belleza que sólo el tiempo sabe dar.

13

."F.L lr!TNOO ll,U!'ITRA00 11

-¿Y cómo se proporcionaron ustedes estas her-·
de
asperon, geranios, margaritas de ancha corola moeas flores que nada deben al arte?
- Yo salí cuando toda vía dormían todos en esblanca, ramJ\s de madreselva y de yerbas exquita
casa. Siempre me levanto muy temprano pue&amp;
tas que tan ricamente ornan con sus racimos y
al amanecer es cullndo mejor se goza de los ensus penachos 111 s zanjas y los vallados.
La sel!.orita Hartley pretendía que la sa_bia na- cantos de ht naturaleza. Salí y me aventuré por
turaleza da quince y raya A todas tas ciencias el primer s~ndero que encontré A mi paso.
--¿Y salió usted sola?
qne se relacionan con la floricultura y que sus
-Sin duda. Pero por el camino me encontré
geranios, mnrgaritas y madreselvas eran supe•
con Darlot que es el excéntrico más agrR.dable y
riores en belleza ú las más famosas orquídeas.
-Son, decía, mt&gt;nos pretenciosas y más gallar• había salido cOino yo A ver eJ despertar de los
das. Las flores de formas extra.nas mti 11.gradan campos. Eso es encantador: las hojas cubiertas de
poco y me despiertan l&gt;1 descoolianza; l11e veo co- rocío las flores entumecidas todavía por el suemo cosa fnlsifíc11d1.1, como cómicas encargadas de no d; la noche y los árboles y las lej!lnias envuelun p11pel superior á sui:; fuerzas, como coquetas tos aún en 1,i bruma ....
Da..Jot me condujo A un sitio encantador, un
que se pint;¡n para parecer henuosas. Vea usted,
rrtiro
bajo las bayas c.-rca de un est11.nqne de
Mag, que curvas tan exquisitas las de estas c11mpánulas y con que grncia cuelgan de su tallo agua azul decorado poi• mastuerzos y prímulas.
flexible y largo, y cómo estas p1 ímulas las enlazan Desde allí se contempla nna extensa pradera hadulcemente en tanto que l1:1s malvnrosas ostentan bitada par vacas mansas que parecen arrancasus tonos pálidos. En un ramo deflores silvestres das á un cuadro de Troyon y mAs adelante exencuentro todo un poema delicado, en tanto que tensos trigales del color del oro. Nos sentamos
esa~ camelias premiadas en las tixposiciones de en una barda y nos pusimos á contemplar ese
jardinerfo y horticultura, son prosaic11s con pro- campo que se desperfzaba preparándose para. la.
·
sa vulgar, tienen la acticud afectada de esos que lab&lt;'r del día.
De pront&lt;', las a'ondrasfueron las primeras que
de pronto enriquecen y se vuel\•eu condes 6 duques sin que tengan los ra~gos esenciiiles de la saliendo del surco, toc11ron la diana; luego las es'piges irguiéndose sacudieron las gotas de agua
nobleza.
que las a.diamantaban, y los ababoles empezaron
A desplegar sus pétalos con extremada coquetería.
- U3ted, seft.or Roberto, que se sonríe, ¿no ha
asistido ¡amAs 11! despertar de un campo de tri•
gos y de ababoles? Pues lo compadezco á. usted,
porque este placer refresca el Animo, como el rocío refresca el eútis. Todas las pequeflas miserias de la vida le parecen a uno entonces lo que
en realiddd son: futilidades indignas de ocupar
la atención! y se comprende que la mejor, mits
pura y mas grande de las dichas es tratar de
identificarse con la naturaleza, amarla, y no ser
sino unrt parte consciente de ese gran todo. Aseguro á. usted, sefior Roberto, que yo siento mncbo carillo hacia las plantas, y que me causa pena arranc11rlas ó corti1Ples sus flores. Sí, esto es
muy cierto y sin emburgo vea usted qué abundante colección traje conmigo. Pero faé el sei'lor Darlot quien las cortó, pues aunque sea sen•
sible como ~-o tiene más energía, y á. pesar de
mis prote3tas, recogió todas esas flores que eran
alií tan felices.
Ilablando con ese acento musical, y un poco
cadencioso de las inglesas, Lucia dió A sus margaritas en el vaso de asperón Rzul una figura artística y compuso su ramo con 111. atención y buen
gusto con que un pintor compone su cuadro, en
tanto que Roberto imeresado en lo que elle. decía, y divertido A la vez, seguía con los ojos el
movimiento de aquellos dedos blancos y ágiles
que doblaban cariiiosamente los tallos y colocaban con cuid11do las corolas á tin de que lucieran más.
Esta intimidad de conversación le 11grababa y
consideraba :l la senoi'ita Hartley muy inteligente y muy superior A las demAe mujP.res que fre•
cuentaban 111. casa de h\ senora Le Clercq. La seMaria Magdalena escuchRba sonriendo á. pesar guridad y la sencillez de esta encantador11. ni!\a,
de sus preocnpaeiones, y dijo:
le eran sumamente simpáticas y le inspiraban un
-Acaba usted, Lucía, de plnnte11r una tesis sentimiento de sincern amistad. Pero al mismo
que sería de todo el agrado de René Darlot que tiempo, pensaba en que si su madre hubiera oido
como usted, es un tanto cuanto original y maruA- tales conversaeiones no las coroprtnderíe. y ta•
tico.
charfo A la se:liorita Hartlev de farsanteó de loca.
-Darlot, aunque parezca extr11flo, dijo Rober-¿Y qué opinión se ha 'formado usted d~I seto, comparte las opiniones de usted res¡,ecto á. il.or Darlot? le preguntó: observo que en muchas
las camelias, y lo diré franMmente, hRsta con materias tiene opiniones muy semejantes A las
cierta rudeza poco cortés. Ya sabe usted qo.e mi de usted.
madre tiene una soberbia colección de cllmelias·
-Me es agradable, pero muy agradable, con. Dnrlot se negó en dfas pas11dos A en-'
pnes bien;
testó ella con ingenua sinceridad. Es un espíritu
trar á. verlas en el invernadero, con tC'do y que deJicado y original y aunque lo conozco muy po•
también hay hermosi,imas dalias.
co, se me fignl'a que debe ser bueno y que no
-Horribles, m~y horribles, gritó Lucia con có debe tener procupaciones vulgares. Pienso que
mica indignaciót!. La aalia no es una flor sino deja correr el tiempo sin preocuparse ~ran cosa.
una bola eriz1tda hecha con tubitos de nojlllata. de la vida material y prActica, y yo lo ,,dmiro
Es rigida sin perfume ni gr1lCla; rlor tonta como porque en estos tiempos ese desprendimiento es
la vanidad ó mrjor dicho, n:&gt; es una flor sino la verdaderamente raro.
obra matstra del mal gusto de los floricultores.
Deben ser muy interesantes loi dii!.logos que
Concedo que los colores son brill11ntes, pero no sostienen ustedes cuando están juntos. E$ta uu1tfene más que el co!or y pare usted de contar. f111n111 por ejemplo, al contemplar la salidll augusEn cuanto A las camelias por bellas que se1:1n, se ta del sol sobre los horizontes campestres, camfignra uno siempre viéndolas, quo son flores de biaria.n u-.tcdes de fUo reflexiones y entusiasmos
pap·eJ y en el acto piensrt uno en que estAn muy llevados 1\ la hipérbole.
apropósito para adornar los cromos de santos
Lucia hizo un signo de negac16n.
que engalanan el cuarto del pot·tero.
(Continuará,)
Uaría Magdalena habín ido á dar un vistazo
por la cocina, Roberto reía escuchando á. la jo•
ven, pintora y le preguntó:

La aei1orita Ilartf.ey arreglaba en un

Vil.SO

-No hemos cambiado diez palabras, dijo. Stin•
tados en la barda permanecimos silenciosos, porque todas_ las palabras tienen un sonido débil y •
falso en ciertos momentos, cuando la. impresión
es natural y no literRria. ¿Cree usted que le vendría al pensam:ento hablar cuando estuviera oyendo la pastoral de Beetoven?
·
Esta maft.ana las alondras, las abejas, las boj'ls
de los Arboles, las espig-,1s de trigo y las conientes, ejecutaren la pastoral para que nosotros la
gozára11:1os y lagozamos con beaút-c.dreligiosa, y
he considerado que el seiior Darlot tiene talento,
por que per..:ianeció absorto y silencioso. Al separarnos me dijo con naturalidad. »Esto es muy
hermoso ¿no es cierto? Pues hay un sitio verde,
aislado v pintoresco al borde de un estanque, y la
voy á. llevar á usted allí: se contemplan espléndidas puertas del sol.
Es un estanque de
aguas verdes invadido
por los iris y los nenúfares, situado á la orilla del
río junto á las ruinas de
un castillo abandonado
que ahora es nido de buhos; baga usted de cuenta: un cuadro de la escuela l'úmAntica ó una bala• ·
da de Victor Hago, y está 1\ ln altura de las notas
nrtisticas de 1830.
-Vaya, vaya. .. y usted de segu10 irá. con
aquél desiquilibrado á
buscar sensaciones raras
y un catarro.
-Vade retro! espíritu
prosaico, replicó riendo
Lucía. Iré .... yalo creo
que iré y debería, para
gozar v erda deram en te de
tan belloespectá.culo, vestirmeá la moda delas damas de aquellos tiempos:
cabellos sueltos en largos bucles, mangas aglobadas, zapatos puntiagudos y un chal de burato
A la espalda, fingniendo
para realzar el traje una
gracia mórbida y langaicleciente, en tanto qne el
sef!or Darlot llevnba cabellera larga aunque fuera postiza, levita con Ril•
cbas vueltas de terciopelo y un cuello que no
le dejara volver lá cara.
Roberto reía alegremente de estas locuras y
Lucía afladió:
·
-)fo ha observado usted cuAnto inflnye el traje sobre las ideas? Si en
un baile ele máscaras se
disfraza usted de arlequín, de Don Quijote ó de
griego de los tiempos he•
róicos, de fijo que no se
sentirá. usted con las mismas inclinaciones que si
va vestido de rey mago ó
de médico de los pobres.
-Lo que pasa es que usted toda se vuelve imaginación.
-No tanto, no tanto.
En esos momentos llegó la seiiora Le Cleroq
trayendo consigo á la se:f!.ora Charmon que no
habría sido correcto dejar sola, y desde luego lll
conversación se hizo penosa.
Maria Magdalena estuvo muy cortés y Roberto
observó esta circunstancia; conocía bien ásu mujer y notó la contrariedad conque obraba, con•
trariedad que también el sentía.
Eiite almnerzo intimo que pudo ser delicioso
entre los tres amigos jóvenes y alegres, se convertía en un trAnsito de monotonía como la de
los días anteriores. En vez de rasgos de ingenio
y placer delicado, iba á haber la eterna conversación sobre las d1versas instituciones benéficas de
fo ciudad, sobre las honorables damas del Comité deCarida.d, ó sobre el último sermón del padre
X, asuntos siempre iguales que se trataban todos
los dfRs en términos invariables.
Lucí11 eHaba mur f.1stidiadu y empezó á pen-

zar en que A pesar de todo lo mejor para ella era
seguir sin r.,érdida de tiempo su vi11je A Tregastel
á !in de comenzar los trabajos preparatorios de
su cuadro.
La señora Le Clercq recordó A Maria ?ifagdalena. que por la tarde los esperaba en sn casa como
de costumbre, y la joven dió políticamente lns
gracias A su suegra. Al hacerlo tenía el aspecto
lastimoso de un perrillo que ha roto sn cadena,
que cree haber reconquistado h1 libertad y A
quien se trae de nuevo al collar y al poste cou pll·
labras ca.rinosas y una cuerda en e l pescuezo.
Con todo y ei!tos inconve11ie11tes, bacla el fin
del almuerzo la conversación después de haber
estado peaada se animó súbitamente. La señora
Le Clecrq afectó quedarse largo tiempo examinando los cubiertos de plata oxidRda en que estaban grabadas las armas de los caballeros de

Bois de Saint Marce!, y María Magdalena preguntaba para su sayo con inquietud si su suegra iba.
á llevarse las cucharas y tenedores como se había llevado en dias anteriores el joyero blasonado, pero no sucedió asi sino qne propuso UD medio menos radical.
-Tengo, dijo, algunRs piezas de mi servicio qne
necesito repnrar con mi pl,1tero de París, y voy
al mismo tiempo á hacer que se lleYen estos cubiertos, vida mia.
-Que se lleven! ¿y para qué?
-Para que les g1·aben el monograma de usted
en lugar de esas armas ·que no son suyas. Es UD
trabajo muy f1\cil que no alterarA el mérito de la
argentería.
Roberto c11si no se fijó en esta indicación, pero
Maria Magdalena resintió una contrariedad tan
viva que cambió de colcr y dijo esforzándose
herólcamente por conservar un acento tnnquilo:
-No, eeft.ora: no se borraran esas armas de que
soy la única heredera, porque me pertenecen y
tengo la debilidad de estimarlas en mucho. Este
es por otra parle un antiguo servicio de cubiert&lt;.'s

que perteneció á mis ahuelos y que me daría gran
pena fuesen desnaturalizados.
-.Aseguró á usted, 'rida. mía, qne esa es una
vanidad ridícula.
-Tiene usteu mucha razón, seiiora y no lo, discuto, yero le ruego me deje con mi vanidad por
ridícu la. Que sea.
Maria Magdalena que estaba positivamente
exasperad:1., bacía esfuerzos supremos por conservarse en los limites de una deferente cortesía. Y
esto, unido al disgusto de no haber poditlo quedarse so!a en su cas!l con su marido y su amiga,
de no haber podido librarse ni por un solo día de
la presencia de su suegr11., em la última gota de
amargura para su corazón en el que la amargura
ya rebosaba.
.Apercibiéndose Roberto de que su esposa tomaba muy á. pechos este asunto, insignific11nte á
sus ojos, dijo:
-Moctilicar esos cnbiertos seria inconecto y
lu1sta ofor.sivo para el
Doctor que Josreg,tló así
:í MarÍ!l ~Iagdaleua. Por
otra parte este blasón es
muy bdlo y comprendo
muy bien que te agrade,
)taria i\fagdalena.
Ella dirigió á. su mari•
do una mirada de reconocimiento.
-Entonces, imterrumpió con arrebato ¿puedo
usar las joyas de mi fa.
milia blasonadas así, y
usar tarjetasdeviFita eo11
el título de mis antepasados agregado á mi nombre?
-Quién lo duda! Esas
cosas tienen tan poca importancia ....
María Magdalena sonriente af!adió volviéndose á su suegt·a:
-Ya lo ve usted, sen.ora? :E spero que me devolverá usted mi joyero.
-Está. bien, repuso
secamente la sef!ora Le
Clercq.
Roberto se Apercibió
entonces de que sin pen•
sarlo había dado un golpe á su madre y que ella
estaba contrariada, por
lo cual 6intió una impresión penosísima y se preguntó á si mismo con angustia si los mAs menudos incideoted de la vida
diaria iban ll provocar
esc11ramuzas de esta clase, y si todas las convere~ciones sencillas ~ n
apariencia, ocultaban lazos en que debería caer
para diagustnr según el
caso á su madre ó á. su
mujer.
Lucía. Ilartley que sintió acentuarse la frialdad
con este inc.idente, dijo:
-Yo comparto con María :Magdalena el gusto
por los b!Rsones. annque no 1&gt;E'a mtis que bajo el
punto de vista artístico. Y cada vez que seme ha
ofrecido pintar para mi uso porcelanas, entrepa:ilos y tapicerías, il tener escndo nobiliario como
usted, querida amiga, de t'ijo que lo hubieru preferido ó cnalquier11 otra cosa. Es un motivo muv
bello para piezas decora!ivas, y observen ustede·s
que así lo han comprendido y practicado los más
notablee oroamentistas.
-Desgraciadamente; replicó la se11ora Le Olecrq
con tono incisivo, se ha abnsado del ornamento de
tal modo que ya lo usa todo el mundo inclusive
los más plebeyos: hasta. en casR. de los más descamisados ganapanes be visto leones heri1ldicos,
escudos y todas esas paparruchas nobiliarias. No
hay fabricante de jabón ó de betún que no ponga escudo3 de arm1ts ensu marca de fábrica, y han
acabado los blllsones por ser nna. necedad de que
quiero curará. Maria Magdalena.

-E~ ca'.!.!.:~.,t:vc e.e n~c:os1 ~-:::::.p:.·~n.c.e s~:~ J.

�11 EL

los que se sirven de eso sin tener derecho, replicó L u"ia Harllev.
-¿Y se sabe ·con certeza quiénes son los que
tienen derecho? replicó la se.nora Le Clercq que
realmente se olvidó de su habitual mans~dumbre. SI se tr11ta no más de lasge11tes cuya .nobleza es muy conocida, muy pura, y de la cual pueden seguil'se las huellas en la historia, está. bien;
pero todas esas pequelleces prete11closas venidas
uo se sabe ue donde, esas familias obscuras de
hidalgü~los pelon~s que se lla.maron Del Soto
porqut, había en su hered1td UlJa cerca de vare•
jooe~. ó Del Estauque en honor de algún charco
corrupto¡ toda esta seminobleza necesitada )' iilti va que no se remonta! centenar y medio de
nfios, no es mAs que plebe locamente avergonzada de su origen! La fitruilia Lé Clercq á la cual
ptrtenezco porque me casé con un primo mío,
tiene uetrAs de ell11 siglos y siglos de honrada
burgesín. Hemos sido consej~rol&gt; en el Pllrlamento úe Normanufa, poBeemos nuestros anales y
nuestros orcb.ivos \IUe aunque no estén blason11•
dos, v11.len tanto CJmo cualesquiera otros ó acaso
mAs. No se encu1mt1·a en ellos ni un acto de deslealtad, ni una villanía, y desde hace má.s de
trescie11 tos afios somos los primeros de la provincia por nuestra honorabilidad, nuestra riqueza y
nuestrns alianzas con lus casas m,\s distingtüdas.
Usted, vida mía, 110 nos trae las primeras armas
que hubiésemos podido tomar, pues hemos tenicto una vizcondesa de Villeresne, u11a bitronesa
de Vatan, una marquesa de Lancieux y A lo qa.e
me imagino esas noblezas valen tanto como lade
usted. :Sin em bargC1, nunca hemos admitido la
adición de un nombre, porque el nuestro.babastado. Ahora, haga usted lo que Je parezca!
Esta vehemente salida po11ia de relieve el 81ma de la seftora Le Olercq. llabia cierta altiva
gl'andeza en su actitud y en su acento, reivindicando sus derechos de plebeya, declarando muy
alto su burguesi11 1 que no se había dignado blasonarse con tl escudo de los Lancieux. En lo que
cLijo h11bí11 mucho de verdad, pero lo dijo con tan
am11rga acrimd, que la consternación fué general eu corno de la mesa. Maria blagd.tlena con
los labios temblorosos y el rostro pálido, hizo un
supremo esfuerzo parll contenerse, y se levantó
diciendo con dulzura:
-Me siento un poco indispuesta, y les suplico
ma permitan retirarme unos instantes.
La selior,\ Le Clercq, apercibiendose de que se
había dejado llevar por la ex!lltación un puco lejos, dijo dulciflcando la voz:
-Caa usted, querida lfagdalena, que no he
tenido ni la más leve intención de ofi:nder A usted, pues be hablt1do en tesis general.
María :Magdalena no respondió, y Lucí" dijo
cuando iba saliendo del comedor:
-Voy á pintar para usted sus armas en dos
jarrones normandos de porcelana, que adornarAn
la mesa de un modo muy decorativo.
Eso era la mejor respuesta á la setiora Le
Clercq que sintió el dudo y lanzó á. Lucía una
mirada de desdén que fué recibida con absoluta
5erenidad. En cui1mo á. Roberto, estaba aterrado.
Esta comida preparada oon tanta alegriit. por
María Magdalena, terminó en las circunstancias
mAs de1agradables.
Roberto dejó la mesa casi inmediatameute, y
fué Lucia la que quedó h11ciendo los honores con
palabra segura y tranquila, metiendo A la se:ll.ora
&lt;Jharmon en juego y divirtiéndose en exasperar
ll. este dama al recordarle las funci.mes humildes
y de dom1c:stie1dad qu~ había ejerci&lt;lo en Inglaterra entre las daiuas de alto rango, &gt;:\migas de
111 misma Lucía.
,Se necesita una diversión.&gt; Este rué el pensamiento que concibieron A. la vez Roberto y Lucía. La situación i;e l1abía puesto tan tirimte en
los últimos dias, que estaba á punto de quedar
se1·iame11te comprometida la paz de e~te bogar,
grar.iits sobre codo ñ la presencia de la seJlora
Oharmon cura introducción en la casa había
provocado la ruptura de hostilidades. De réplica
en réplica, de iucidente enincidente, se babia llegado u un venosi:Jimo est.lldo de cosas, que ya
no ¡;e podin prolongar.
Desde la arenga de la suegrt1 colocando A. los
Le Clercq sobre un pedestal de tres siglos de virtudes y de riquezas, 1as m1meras de María Magdalenli habfan cambiado radicalmente, y tQda su
jovialidad, s-u aJegria infantil, sus encantadores
donaires habían desaparecido viniendo A susti•
tllirlos la más cumplida cortesía. Rabia adoptado la actitud correcta de una persona que está.

MUNDO ILUSTRADO.,

de visita en una caga antes no conocida; sonreía
con exquisita amabilidad, pero por amabilidad,
y hRblaba y contestaba A .su suegra con la entonación con que se dan informes sobre l11 &amp;alud de
querfdos amigos que en realidad son perfectamen•
te indifereutes.
Lacia que estaba en observación, pensaba para sí:
-Estamos en el período que precede á la cri. sis: Mag se refugia A sus principios de buena educación para poder soportar á su suegra, pero no
se pasa impunemente de las expansiones de la YÍ·
da íntima á 111 corrección soeill.l. Roberto habra.
notado este Cllmbio?
La.cía no tenfa con él la confianza suficiente
para iaterrog~rle sobre el particular, y 'l"eía peligrosa e.. ta situación al suponer cou fundamento
que el joven no conocía tanto como ella el cai-Ac
ter de María Magdalena.
Roberto ainnba !\ su mujer; c&gt;so era indiscutible,
pero no tenía casi con ella expansiones por razón
de carácter y l111llnba muy natural, juzgando por
sus propios sentimientos, la reserva de l\laría Magdalena que nunca le hablaba de sí misma, de sus
sentimientos, de sus aficiones. Conocía de ella lo
q ne podían igu,ümente conocer lus extral'los:su vida a plena luz. pero nada de lo interior de su alma
y de su corazón. Adem.As, las circunstancias de
su manera de vivir estaban muy lejos de favore•
cer el establecimiento de tal intimidad, pues la
presencia ine,;table de una tercera persona, era
un obstltculo invencible contra toda aproximación afectuosa.
Roberto, satisfecho del género de sus ternezas y
hallñndose correspondido en una forma semejante, no pensaba en ambicionar más. La creía una
niJla muy sencilla y riente, juzgtmdola por la
i-uperficie jovial de su carácter, pero no sospechaba ni una voluntad, ni una energía, ni un orgullo de mujer bajo aquella apariencia amable,
regocijada, infinitamente seductora, resultado de
una disposición natural, feliz, cultivada por la
mAs discreta educación.
Lucía sabía bien todo esto y era lo que la espantaba, pues había llegado el momento en que
sa. amiguita, lastimada profundamente en los mt\s
caros sentimientos, que ni su suegra .ni su marido
se habían dignado descubrir, se parapetaba en su
cortesía de mujer bien educada para empezar á
ponerse á cubierco de los ataques.
La situación de Roberto, entre dos arecciones
y dos deberes, iba por lo penosa A transformarse
en insostenible, pues no sospechaba que su muJercita faern uu carácter y cuando menos lo esperara, se iba á encontrar con esta sorpresa.
Lucía había descubierto que en el fondo del
corazón de Maria Magdalena había cierto despecho contra su marido, á causadequeéste no había
pensado en amar de ella m.\s que la elegante personalidad física, juzgándola á pl'iori, bajo el
punto de vista intelectual, como una criatura digna
de ser tutoreada.
Roberto que deseaba combatir con el atractivo
de una diversión el enojo de esta situación tirante, consultó á su mnjer sobre la organización
de un baile, pel'o esta proposición no !ué aceptada bajo el pretexto de que estaba muy avanzada
la estación, aunque en realids,d el motivo de la
repulsa tué que l[aria. Magdalena tuvo la previ•
sión de que para este caso, se vería en la 11marga
necesidad de soportnr las generosidades de su
suegra.
Lucía fo.é la que encontró la manera de resol•
ver el problema. Ilacía ya ocho días que estaba
en Montpazier. El tiempo en otras circunstancias
habría corrido gr11to para ella, pues amaba ft María Mngdalena r Roberto le era agradable; lapoblación le gustal)a también con sus tipos cw·iosos
de gente llana y algunos maniáticos que se destacaban del nivel comti.n. Pero como tenía horror
A las simaciones espinosas en que cualquier
movimieut-0 puede determinar una herida, empezó á hablar de su viaje y hacer los preparativos
correspondientes.
En verdad que puesta en la situación de su
amiga, Lucía no habrfa obrado como ella, sino
que provocando una explicación oportuna y franca, hubiera establecido sobre bases sólidas sus
derechos y habria rogado á su esposo la llevara
á. un hogar tan modesto como fuera necesario pero donde fuesen libres y tuvieran el deri;:cllo de
decir: «Estamos en nuestra casa,,.
Magdalena no tenía el descaro suficiente para
obr111· así ni se atreverfa nunca !\ hablar en términos semejantes, pues llegado el caso de produ-

EL OBSTÁOULO.

cirse una escisión seria sin grandes !rases de su
parte y retirándose sin ruido por horror a l11s discusiones.
Para alejar en todo lo posible ese desenla1.1e,
Lucia anunció en definitva su vi11je y ~nplicü á
Roberto y á :Uaría Magdalena, que la faeran !'l.
acompail.~r ,l lo menos por algunos dfas. .
E:.ta proposición fué aceptada con entusrnsmo
y .Maria :\Iagdalena simió la gran alegría de un
colegial en los momentos de acercarse las vaca•
ciones, y Roberto comprendiendo Ja i~e8: de la
seftoríta HartleY, se formó la conv1cc16n de
que una corta aÜsencia arreglad\ todas las dificultades. A.demAs, durante ese viaje, partiriA también la sei1ora Charmon, causa primitiva de las
desavenencias, y á su regre,o ya no la encomrarían en casa de la sen.ora Le Crecq.
La suegra los veía partir, sintíe11do una extrnlia emoción, mezcla de alivio y de despech'), motivada por la intuición de lo que estaba sucedi•ndo. Sin analizar bien sus peusamientoi, ttmia que
Lucía llnrtley aprovechara la libertad que indndablemente le iba A dnr el viaj ~ para inculcar
ideas de independencia en el ánimo de Mttrfo.
Magdalena. influyendo acaso hasta sobre el mismo Roberto.
Tllmb;én podia l1aher algo de celillos maternales ...... 1JU bijo oarth por la primera vez uespués de su casamiento, y se iba A encontrar enteramf'nte A solas cou su mujer que podía en esos
cuantos días adquirir sobre él un lmperlo absoluto. Es cierto que la seliora Le Clercq no analí•
zaba los det11.lles de cada 0110 de estos peDsa•
mienlos, y dejaba, por lo tanto, escaparse su intrincada psicología, pero sutrla, porqa.e est'\ba
convencida de que amaba tiernamente á. su nuera, y de que, en cambio, no había recibido u1As
que pruebi1s de ingratitud, ó á lo menos de rebeldía contra su autoridad.
La sef1ora Le Clercq, se sentía pues realmente
desgraciada.
En &lt;manto á loLjo.venes,. iniciaron-un vi11je encantador, deteniéndose donde les agradaba, explorando antiguos caseríos abandonados, visitando espléndidas c1ttedrales, iglesias esculpidas
en gr11.aHo como si fuera· u.n marfil japonés, ruinas de castillos y de abadías.
En ocasiones recorrieron kilómetros por sen•
deros incómodos, cortados a. pico, c:n bruscos
descensos, para ver montones de piedra sin importancia 11lguna, y en otras, en cambio, descmbricron en lugares desdel'lados por los guías, antiguas ermitas, capillas poéticns que dominaban
con su campanario la masa de casuchas grises
empenachadas de humo.
Permanecieron por cinco dfas en una posada
de aldea; una de esas antiguits posad11.s en !ns
que hay una ensena con este letrero: «Alojamiento p1tra personas y bestias.&gt; Y se quedarou allI
porque, habiendo entrado casualmente A almorzar, se sintieron seducidos por la limpieza y la.
pulcritud, rara en Bretalia, de la hostelera, y su
figura simplitica y atractiva.
Los cobertores perfo.mado3 con Lavanda, las
alfombras espesns y obscur1ts en lo!! aposentos,
papel de tapiz !nvervsimil mostrando pescadores de calla sobre paisajes j •poneses, y en la sala, se,bre un cojín de terciopelo, unll coronll antigua de desposada. Al pié de sus balcones, por
111.s man.anas temprano, ofiln mugir A las vac11s
que iban de los eDtablos á.111. cumpiD.a.
Pasaron allí algunos días en~antadores: la primavera cantab!t en su alml\. como en el cielo azul,
y Roberto y .Maria Magdalena iban á rt!eorrer
los campos tomando el primer sendero que se
ofrecía á su vista, perdiéndose algunas veces, y
no encontrado durante largas horas, alma \fiviente. Para recobrar su camino se orientaban, ya
valiéndose de los molinos de viento que levanta•
ban sus aspas en los claros del bosque, ya buscando las veletas de los Ci\mp1t11arios entre el
sombrío de los poblados ó Yll e11 f!o fij,\ndose en
la situación 4110 respecto de ellos g:iurdl\ban los
perfiles azules de la montatia vecina.
Deliciosos momentos se desliub11n, y entonces
tué cuando por la primera vez Roberto se ·sintió
joven y plenamente feliz no pensando ni en su
profesión, ni en sus compromisos, ni ea su madre, ni en la gravedad con que debe conducirse
en todos los actos de su vida un togado joriscon•
sulto. No se sentía cohibido por Ju ridfottlas exigencias de una sociedad provinciana y era sencillamente hombre, rebosando de juventud y enamorado de su encantadora mujer, A la cu1tl apre-

ciaba mej)r sin testigos y en
este medio ambiente de contento y de dicha.
Maria Uagd11lena nstida
con 1tlgú.n trajecillo ligero estaba primorosa, alargando sus
pasos para poder seguir á su
marido, haciéodoseayutlar para salear los sotos y los vallados que abundaban en aquella comarca agrícola, primo•
rosa llevando consigo enorme
cargamento de flores, yerbas
y rnm1ts para engalanar su habitación; primorosa cuando
cansada del cami110 se sentaba al lado de su esposo, con el
rostro encendido, f ltigada. ja • .
&lt;l.eante, desordenados por el
ait·e sus hermosos cabellos rubios, animada con lit. alegda
de ser amada, sentirse linda y
Jil\cérsclo decir. Y él se lo decfo con elocuencia y sin gastar muchas palabras, sellándole A veces los labios con un
beso á la mitad de una de sus
rrases ingeniosas, ó expresAndole su pasión en cuidadosa
solicitud y en verdaderos terrores cuando 111. veía A lll orilla &lt;le algú, precipicio. En
ocasiones ib.m tomad.&gt;s de la
mano, mudos durante largos
perlodoj miraT1do con enternecimiento á los pájaros que
estaban más adelantados que
ellos, y esta reflexión les producía algo de despecho.
Una ma.f!.ana s.i internaron
por interminables campos de
tri.go, y luego, cruzando una
vereda soro breada por casta.:fl.os llegaron A verse al fin en
pleno campo inculto. Los l't&gt;·
pliegues del terreno les ocultaban el campanario y los molinos qo.e eran su brüjula or-dinaria; y habiéndose cansado
'María Magdalena se sentó,
mientr11s su marido avanzaba
á practicar exploraciones pan,. r1e3cUbrir alguna quinta ó
habl11r con algún campesino
-que los s:icara del apuro.
A poco de haber partido
Roberto, sintió ella la impre~ión de una absoluta soledad.
~ ~ ,..,_ -~ •
) ~ ~ - " ,~ . ~ .• .
Nada ml\s que el rumo:r del
f. •··~ .' --~ ':6~. -&amp;.:. r,+:.:.,..:
..,.,;11viento sobre las doradas espi•
~.•:(~,) ~ F ; . ,..,.., gas ó entre las hojas de los
~~
arboles, formando melancólico concierto al zum-Tefastidiarfa.s muy pronto, le dijo, y en cuanbido de Jas abejas y al agudo chirriar de las ci- to A mf, el campo no me seduce gran cosa.
garr11s. Un súbito enternecimiento hizo subir las
EUa lo vió sorprendida.
lágrimas á sus ojos al considerar que era una mu-¿Qué, no te parece admirable?
jercita dulce y amorosa y que se contentaba con
-Sí, por algunos días y siempre que tenga A
sentir sin filosofiir sobre sus sentimientos.
mí lado A una María. Milgdalena elegante y linda¡
La. calma, la. paz inrinita de estas agrestes sole- pero a. vuelta del tiempo basta tú misma cambiadades, la penetraron de un modo grato y experi- rías convirtiéndote en una basta y amable cam•
mentó el deseo vehemente de vivi1· allí siempre, pesina, pues á lo que creo las modas no tienen
lejos de toda sociedad, sota con su marido Aquien camino lAcil y expedito por estas comarcas.
amaba cada dfa con creciente ternura.; vivir alli
-Las modas .... ¿y tú piensas en eso? pregunPu una pintoresca casita blanca rodeados de sus
tó la. joven con indignación.
hijos y sin recibir 11 ningún extral1o, excepción
-Ya lo creo! Tu eres encantadora hasta con
hecha de Lucía y de Darlot que eran verdadera- el trajo sencillo que tienes puesto, pero que está
mente buenos amigos, eso constituía su gran en• muy bien hecho. ¿Cómo serias vestida por una
suetlo de felicidad. Ya no más casa suntuosa, ni costurera de 11ldeal' ¿Y usarías zuecos? Porque
día de recepción, ni banquetes, ni suegra: la.natu- en invierno estos andurriale3 deben quedar imraleza, lecturas serias, música y Roberto, y no se posibles! ¡No! la soledad es bellll A r11tos 1 en tannecesitaba mAs para ser enteramente reliz.
to que h sociedad tiene ventajas y bellezas ¡,erDur11nte lo menos diez minutos, Jiiaría Magda.- sisten tes.
leca !oé la perfecta heroin1t de una novelll ingle:Uohina y contrariada María Magdalena se casa, teniendo por único deseo el atractivo de la lló. ¡Ou:ln lejos est.aba de elJa Robe::-t1 con todo
vida rústica y las alegrías sanas de la materni- y que tenía las manos entre las suyns y que con
-da d.
gran sorpresa para una pastorcita que pasaba por
Roberto reapareció 1rnliendo del campo de trigo allí a. la sazón, tomó A 11Iar!a Uagdalena en sus
y dlcitndo que acababa de distinguir á lo lejos brazos y se puso A besarla tiernamente.
los techos rojos y !ns chimeneas de uoa quinta.
Pocos momentos después almorzaron en la
En esos momentos vibraba apenas, y apagado quinta ó mt&gt;jor dicho devuraron conferoz apetito
por la distar.cía, el sonido de las campanas de la y riendo de placer, too radas de pan negro cubieraldea.
tas de mantequilla salada.
- ¡Qué pensativa estas Magl
La sala de este. quínta era admirable b!ljo el
Ella le relató su tierna bucólica y él la escuchó punto de vista pintoresco: de las vigas que sostesonriendo.
nían el tejado colgaban racimos de cebollas, ve-

15
lAs, yerbas secas y jamones tef1idos de negro por obra de las
moscaE; encima de la gran
chimenea de piedra había,mny
enfloudo con rosas de trapo
descolorido, un Santo Cristo
con cara de facineroso v una
dolorosa erizada de pÚilales;
un lecho en forma de nicho y
en el ca.al parecí!\ que se debfan ahogar los que allí durmieran; bancos á Jo largo de
las paredes y un montón de
basuras en un rincón donde
escarbaban y picoteaban ga•
lliñas, pollos y cer.dos. todo
esto formaba un conjunto en
que la limpieza brillaba por
su aust&gt;ncia. El patio de la.
quinta estaba tan lleno de estie1 o,l y p11jn podrida, que habna sido neceeario ponerse
zancos para cruzHrlo sin peligro.
Las gentes que estaban viviendo allí casi no comprendi,rn el .francés y se expresaban entre af en ese dfalecto
bretón que paree~ como arrastrar guijarros entre sus silabas
sonoras. .Algunos chiquillos
barrigones, sucios y desgarbados cuy-03 ca.bollos amarillos
y lacios les caían sobre loa
ojos, andaban por allí y se
quedaban con :a boca abierta.
contemplando A los extranjeros.
Toda estirpipiolera andraJOSa, con sus patitas socias
hundidas en zuecos burdos,
era curiosa y r.impática por el
aire de ingenuidad que se les
observiiba bajo la mugre.
Un poco descorazonada de
ese metlio ambiente, María
Magdalena 1tbrevió el almuerzo, y tomó todavía sintiendo
buen apetito el Cllmino de su
posada.
:Mientras que sus amigos recorrían los campos y hacían
amistades con los naturales del
país, LuciaHimley pilltaba en
su estudio. Había descubierto
un rincón de landa salvaje
donde abundaban las rosas v
los juncos que la entusiasmó
para una acuarela A cayo trabajo consagrab1t sus días, juzgando ademAs útil y discreto
dejar á. Roberlo y i\ su mujer
solos y libres para pasear cuanto quisieran, libertad que no habían gozado nunc11.. Era muy
oportuno no interrumpirlos &lt;'n su verdadero villje
de bodas, en el primer cuarto de su luna de miel,
ya que tan poco tiempo iba á durar, pues pronto
tendrían que emprender el viaje de regrns') A
Montpazier,

Ellos 1tgr1tdecfan comprendiendo sns móviles
la reserva de la joven inglesa y se reunían con
ella muy contentos ú las horns de comer. La velada la pasaban enrelerir detalladamente sus impresiones del día realzAndolas con ingeniosas
observaciones, y Lucia que amaba realmente á
Magdalena, pensaba que los dos esposos despué:1
de haber s11bore11.do los encantos de In libertad,
no consentirían que 1,e les volviera á poner bajo
tutela y tendrían vnlor suficiente para sacudir el
yugo de la viejll re~istiéndose con respeto, pero
con firmeza Asutril' autoridad de carácter tan absoluto!
Pronto tendremos noticiits de ella, se dech. la
seftorita llartley, pues lo mismo que yo, la st:i\o,
ra Le Clercq debe lijarse en quelevaácostargran
trabajo recobrar el imperio que ejercía sobre su•
hijos y de seguro que los va á, llamar. Pero ¿con
qué pretexto?
En efecto, correspondiendo á. las previsiones
de Lucía, tr~s días despué, de su instal11ción en
la aldea llegaron las noticias esperadas, y cuando la j•Jven pintora descen.:lia de su aposento cargada con su caj~ de pinturas y su sombrllla, la
hostelera le entregó una carta dirigida a Rober-

�16
to y con el sello de correos de Montpazier. Esta
carta era evidentemente de ltt suegra. -Esta carta no es para mi, dijo.
-Efectivamente, pero la eetlora y su esposo salieron antes de que viniera el cartero y no volverán tal vez á almorzar por lo que pienso que si va
usted á reunirse con ellos puede darles Ja carra.
La seflorita Hartley reflexionó un instante y
luego, guardAndose la curta en el bolsillo tomó el
camino de la landa donde se puso A pintar.
Por la tarde vió re6?resar á sus amigos abrumados de f11tig11, llfaría ~Iagdalena colgada del brazo de su marido trayendo ramos de flores, despeinada. riente y feliz, y al pensar en la carta quu
-para ellos tenía no pudo menos que suspirar. Esto lba á ser como un ch¿tparrón e11 pleno estío; ya
no más risag, abandono y amor. Llegaba el lrio
llamamiento A la realidad.
-Dejémosles siquiera comer tranquilos, se elijo
para su sayo, y no hizo alusión alguna al co•
neo.
La comida fué muy alegre. María Magdalena,
que tenía una linda voz de soprano un poco aga.da, Cllntó á. la hora de los postres como se buce
en las bodas de aldea. Luego tocó su turno á
Lucia y por último á Robeno quien con gran sorpresa para su mujer cantó unas coplas alegres.
Verlo ser joven, reir y perder so. rigidi:z y su
reserva acostumbrada, era parn la joven esposa
un motivo de e.regria sin límites y hasta ser.tía una
especie de orgullo s11.tbfecho.
Tal como era allí, su madl'e lo habría condenll•
do, pues no tenía el aspecto de ser heredero único
del nombre y los millonPs de los Le Clercq, ni 1:l
primer abogado de los Tribunales de:Montpazier,
sino simplemente Bób, el marido de Mag, A la que
amaba y se lo decía á gritos; que salía sin ga.antes, Itlmaba en una pipa ordinaria. y andaba ves•
tido de color con facha de un estudiantil:o en vacaciones.
Las gentes cuyo carl'icter se enea.entra comunmente comprimido, son más e:xlluberantes y expansivas que el resto de los bu.manos cuando se
presenta la ocasión, y esto era lo que le pasaba á
Roberto A. quien el amor de María :\lagdalena le
infandia una gran afición por los goces campestres.
-Es una fatalidad que wdo esto se vaya A terminar tan pronto! pensaba Lucía sin tener el valor necesario para darles la carta.. Ah! ¿por qué
Hoberto tuvo la enojosa idea de escribir á la viej!l y darle su dirección? ¡Qué imprudencia! Pero
después de todo la carta bien podía sufrir un retardo! es tan defectuoso el servicio de correos!
Ya se lRs daría al día siguiente y ~Iagdalena le
r~compensaría con un beso esta buena acción.
jJ dia siguiente Lucía se levantó muy tarde y
no vió a la hora del almuerzo á. sus amigos que,
como de costumbre se fueron a] campo á pRBear.
Despiertos desde que comenzaban los ruidos matutinos de la posada, se ase~ban rápidamente, se
vestían y se lanzaban al camino. Como ese día la
señorita Hartley no almorzó con ellos, se retardó un poco más la entrega de lJ. carta.
Por la tarde se celebró en la aldea una boda
de campesinos; los tres amigos conca.rrieron :Ua.
ceremonia aceptando la invitación que les hizo
la posadera, y tuvieron el ga.sto de verse entre
gentes que se divertían con todo su corazón.
Después de una comida abundante, todos los
jóvenes se pusieron á bailar y los viejos t\ jugar
al dominó y á vaciar tarros de eidra.
La llegada de extraflos causó de pronto una·
impresión de cortedad que por fortuna pasó rápidamente; y la orquesta, formada por unos cuantos músicos ramplones se puso A tocRr aires de
cuadrilla y el baile llegó á la mayor animación
y regocijo.
Había sin embargo en la reunión un joven pasante de notario, que llevaba corbata color de
rosa y zapatos de charol; el cual decia que sabia
valsar y aproximllndosc A las sefloras les conversaba con desdén de las danzas populares.
Se pidió un vals á los múo.icos; Roberto invitó
á Lucía y el joven pasante á :'![arfa .Magdalena y
dejaron atónitos á los campesinos bailando al son
de «Lae ondas azules del Danubio.»
Luego vinieron las cancior.es bretonas, cantos
de bodas con un ritmo t1m plaflidero, que Si, habrían tomado más bie11 por ca11tos de m11erte.
Los tres 11migos pasaron unas cuantas horas
allí que ]es fueron positivamente gr11tas. LuciR,
que llevaba siempre consigo un álbum de mano
tomó alguncs apu.ntes, y Roberto y 'i\1arla )lag-

dalena observaron que en su propia boda se h:'\bían divertido mucllo menos.
Volviendo á. la posada, L1..cía tomó la resolución de entregar Ja carta pues habría sido indiscreto conservala por mayor tiempo y se propuso
cumplir este penoso deber en la primera oportunidad que le pareciera propicia. En esta vmud,
al día siguiente después del almuerzo y cuando
los dos jóvenes se proponían salir para visitar
una iglesia antigua que tenía inscripciones latinas y curiosos detalles arquitectónicos, la sel!.orita Hartley les dijo:
-Antes de partir seria bueno que leyeran una.
carta que vino por el correo.
María M11.gdalena palideció y Roberto frunció
el entr11cejo: en un segundo, la cara de los dos
cambió de expresión y tomó el aspecto de a.na
profunda inquietud.
-La carta es para. usted, }lag.
l\Iaría llfagdalena rompió el sobre y Lneía, si,
gaiendo en la cara de su amiguita las sensaciones que la lectura le producía, pensó:
-Si, se les llama. ¿Pero con quépretexto? l\Iarfa Magdalena, después de un veráaiero t:sfuerzo
recobró su sonrisa, una sonrisa bastante forzada
y presentó la carta á su marido. Luego, dirigiéndose á. Lucía, dijo:
-Nos vamos á. ver obiigados1 querida amig11 1 •
A dejará usted que continue su viaje sola. La se•
ílora Le Clercq me escribe que mí padre va A
llegar á Montpazier el W, es decir, dentro de
dos días y es necesario que 1 su llegada estemos
allí. Por cierto que tal visita es súbita é inespe•
rapa.
-En efecto, contestó Lucía con intención,
cuando hace menos de un mes estuve algrmos
días en París vi a] Doctor de Bois de Saint liarcel y me dijo que tenia el propósito de ir A pasar
loe meses de Junio y Julio A Escocia con uno de
sus amigos, el setl.or Mac Cbaverhonse. ¿Le pidió usted que viniera?

17

EL OBSTÁCULO.

"EL MUI\'DO JT..tJSTRA.DO"

-No: seguramente mi suegra fué la que Jollamó.
Las dos júvenes se miraron con el mismo pensAmiento y un pliegue de disgusto se marcó en la.
frente de :María ~[agdalena.
Roberto que habí11 ltído la carta, veía maquinalmente el sobre con aire contrari11do.
-Ah! dijo, la carta llegó hace tres días!
-Sí contestó Lucía con much11 c&gt;1lma, pero
como ;oy una aturdida, me la entregaron antier
en el momento en que salía. á mis excursiones y
no me volví á acordar de ella hasta hoy.
-Es de sentirse, porque podríamos haber hecho algunos preparativos para recibir 11! Doctor.
-Oh! no tengan ustedes cuidado, interrumpió
Lucía, la t;etl.ora Le Clercq los hará. pur ustedes .
La comida acabó de un modo triste y muy diferente de como había comenzado.
Habiendo salido Roberto i\ anunciar su parti•
da A la posadera y A procurarse un carruAje qa.e
le condujera á la más próxim.i. estación, las dos
jóvenes se quedaron solas por algunos minnto3.
~faría llagdalena pal'ecfaprcocupada: recargada
en el !lntepecho de la ventana abierta, veía sin
verlo el paísAje ya familiar t\ sus ojos, las c11sas
baj1\s de la aldea dominadas por el esbelto campanario de la iglesia, los campos cultivados y el
horizonte azul tras d~ cuyos límites se presentía
la mar.
E\Jidentemente pensaba en la earta que acababa de recibir y analizaba los hechos preguntAndose por qué su padre que debía estar en Escocia se hallaba en cammo para .Montpnzier y por
qué la seftora Le Clt!rcq le había llamado justamente durante la ausencia de los dos esposos, lo
cual era un medio infulible pura abreviar su
viaje.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-llustraciones de nuestros talleres.
VJllRSION 11:SPAliOLA. DE 11.EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 3.
Pensamiento peligroso: la mano firme que los
tenia cogidos se estrecbaba convirtiéndose en
.garra, y la voluntad de María Magdalena fortificada. por los días de libertad que había gozado
comenzaba á revel~rsP.. ya DI) bajo el imperio de
esas ligeras con1rariedad.• s que suelen producir
le B contactos de la vida diaria, sino friamente en
toda la plena tra11qu1lidad de su eepfrim y su
razón.

Y sin más explicaciones, e1oprendió el ttrreglo
de los objetos de su uso en la malet I de viaje
que estab!l abierta en medio dtl aposento,
La sefloríta Hartley se retiró al suyo parl\ ha·
cer también sus prepatativos de marcba. y n f!exionnr sobre la situación.
Esta mujer á quien temíala sefl.ora LeClercq. te•
nía una romplexión enérgica~ aventure1 a, y aunqa.e adornada por el enCllnto de la rogs perfecta.

en cuyo fondo brillaba como un espejo el 11gu '\
fresca y azol. El brocal de ¡:,iedr11s grises bordado de musgo, de enredaderas y de plantas p1m\sitas, estaba coronado por un11, gruesa pole!l en
que corría la cuerd11; inclinándose sobre él. se
sentía g lacial humed&gt;1d y se aperciblR en las pro•
fundidades obscur/ls un pedazo de cielo azul quo
pareefa caído en el f,1odo de tma cuev,i.
Lt\ seftorita Harth,y se apoyó enel brocal y dijo:

- Espero, dijo Lucía con el fin de i11tnrumpir
el curso de estas reflexiones, qt16 dentro de algunas semanas podrll usted recomenzar su viaje y
venir á reunirse conmigo en Tregastel: yo me
-voy aUA directamente ahora qu'e y 11. no llevo conmigo buenos amigos que me hagan agradable el
camino mAs 111.rgo.
María. }Iagdttlena sin volverse, sacudió tristemente la cab".lza.
-No dijo, no iré á ver Austed á Tregastel porque lo :011s probable es que no me será permitido
y hasta me figuro que de lo que se trata es de se•
pararnos de usted, porque no se la ama y se teme so. infla.encia.
La set1oritn llarth,y contestó riendo de una
manera forzada:
-lltag, mi qu .. ric111 M11g, no hn~le usted con
tant.a tristeza ni tome el tono elegiaco de la Joven Cautiva de An1iré Cbenier.
Pero esta risa 110 tuvo eco alguno.
Después de un Liirg-o silencio, María Magdalena se volvió hacia t-U 11miga y poniéndole las manos en los hombros le dijo fij1rndo 61l ella una
mirada profund11: ya éstoy ca nsada de la lucha
y quen-ía qu.~ Roberto se impuslera_de todo.

edn~ación, se dej11.ba contrariar poC&gt;I. co3n Pn los
casos gr,i ves por las fórmulus y rutinas sociales.
Como buena ioglesa estaba mur 11,costumbrada a. los !recuentes cambios de residencia, y de
consiguiente en breves mina.tos terminó sus preparativos de vi11je y bajó al salón del primr•r pi•
so donde Roberto estaba con aire pensativo tu
mando un cig11rro.
Desde 111!! se oía á María ,111gdalena que iba y
venía por las habitaciones del piso superior.
Lucfo RArrley se ACtffCó 11 Roberto:
Quisiera yo, le dijo, llablar un momento con
usted, señor Le Clercq.
Admirado Roberto por la entonación grave con
que le fueron dirigidas estas palllbras, la con•
templó con cierta inquiemd.
-Sí: es necesario 4ue le b11.ble yo A u~ted; es
absolutamente necesario, he reflexi.onado mucho
sobre esto y he venido á deducir que sigaardara
silencio por m1\s tiempo, tendría que lamentarse
irr,.media blemente después.
Roberto y 111 joven inglesa se dirigieron con
p-l.S0 lento a.l j&gt;1rdin y se detuvieron en el extremo de uo11, avenida de tilos. AIU, bJjo 111 sombra
de !1ts verdes ramas, se abrla un pc,zo profando

-Lo que voy Ahacer es enteramente incorrecto
pPro ¿no opina usted que en cierta~ circunstan•
cias se deben poner en sega.ndo térmloo lt1s vulgares conveniencias, sobre todo si se trata de una
per$ona á quien se ama y que estA comprometlda'.J
Era necesario que Lucía tuviern un verdadero
valor mortl.l pnra que continuar" hablando A pesar de la tría imp11sibilid&gt;1d de Roberto Le Clercq.
Esta cara impenetrable, de labios un poco delgados, babia tomado tal expresión de i11diferencia
que ante ella hubiera retrocedido cualquiera otra
pe• sona qa.e no fuese Lucia fü!l'tley.
Pero ella tenía la serenidad de la audacia y en
este caso se sentía sostenida por la convicción
de qa.e obraba bien y de que se hacía preciso intent!U' todo esfuerzo A tin de que Maria Magdalena ee salvara. Contaba además con que la cortesía de su .interlocutor le serviría de apoyo, y
presentó su pensamiento en estos termines:
-Cpmo n~ quiero, sefl.l)r, enred-1rme en largos
preámbulos, ll'é derechamenteal asunto. Está usted
segur11 de la amistad que me inspira Maria I\Iagdalena, y este semtimiento es el que mu mueve , hacer lo qa.e bago. Yo la eonozeo mucho, y bajo ciertQS puntos de v ista, mejor aún de lo que usted la

,(Co11fi11uard.)

�18

puede conocer. Es una mujer dulce, tranquila,
11fecmosa que tiene horror al ruido, á las discu•
siones, y por tlll de evitar querelJas, sufrirá. lar~o tiempo y hasta pr1JcurarA siocerament~ sacri·
fic11r sus ~u tos en interés de la tranquilidad
domésticn. Esto es muy bel!v, y much1\s am!g11s
mias no serian capaces de e~luerzo semejante,
pero .... ha y un pero .... cuando ella llegue 1\
convencerse Je que la paciencia no le irve de
n1td11, cuando ve&amp; que su sacrificio volunt1uic, se
califica como justo y niuural, se ejercerá. en su
ánimo una reacción. ¿No ha visto usterJ nu.nca á
Mag en un momento de cólerai' Yo si. ... una sola vtz y me acuerdo muy bien del suceso; me
acuerdo que tuvo la entereza de romper con personas que vlvfan en su i11timldnd de de hacia varios afl.ol! y nada, nada pudo cambiar su determinación de no vol ver i\ verlas mas. Maria ?-Ingdalena tiene una energía y una firmeza de resoluciones que u~ted ni siquina ha sospechlldo, puesto
que apenas la conoctó antes rte su matrimonio.
Roberto, comprendiendo muy billn el sentido
de las palabras de 111 sefl01 ita IJartle:\T, y sabiendo cual era la tiranía A que estaba haciendo alusión, era presa de sensaciones complexas. El taml&gt;ién abrigaba la idea dr que su madre nnliric11b11,
demasiado á :María M'agdalena, él l!lmbién pensaba que con esti.. carta en que los babi,\ llam.1do
re11nudaba la peMda cadena :i. que los tenía sujetos, pero le habln eontrariatlo que la sel"lorita
Hnrtler tnmbióa bublera observado esto, que se
hubiera atrevido i\ hablarle, A decirle lo que estaba dentro de la propia conciencia del mismo Robe no, y ni uún se explicaba bien i\ bien
los móviles que 111 h11bfan t:mpujado a esta
extraña confidencia. Además, y esto era lo
mAs important&lt;: ¿Maria ~Jagdalena tenfa. en
efecto esn ob~Linación y esa enegía con que
l11 sefiorita llunJey parecía querer amenaz11rlo?
Trató do sonrcir con cierta ironía, y dijo
acentuando mucho sus pnlabras:
-En erecto, sefloritá, yo no sospechaba
ni remotomenle que mi mujer tuvierauncll.rileter tan desagradable, pues uo la coñócía
mí1s que colilo amable y encantadora y quiero i.:reer que usted exagera sus defectos.
Lucía ll11rtley le miró seriamente.
-Oh! dijo con mucha cnlma. lle aquí una
cosa que no es digna de usted. No esperaba
que a.rectara usted no comprender lo que le
digo. Usted puede condenar mi atrevimíen•
to de mezclarme en nt:goeios que no me
conciernen, pero me conoce usted lo bastante para saber que si obro así es porque me
creo en el deber de hacerlo.
-Estoy persuadido, sell.orita, de las excelentes intenciones de usted, pero creo que la
ban llevado un poco lejos.
Lucia se volvió y dió un paso para alejarse de Roberto.
-Ya lamentará 06ted algún día, le dijo,
esta altiYez injusti!icada ....
-G-Qué día, en qué circunstancias?
-Cuando María Magdalena, definitivamente
cansada, se separe de usted para. regresarse á la
casa de s11 padre, si su padre la quiere recibir,
día que, se lo advierto A usted, no estA muy lejl\n0.
H.oberto se puso encendido y sintió que le palpHaba violentamente el corazón A la idea de que
tal cosa pudiera llegar Asu.ceder; de &lt;10.e en efecto :Mag, su querid.~ lfag se resolviera A abando·
narlo á causa de 11lgunas querellas fl'itiles.
-En resumen, d'jo con el tono de un hombre
que A pesar suyo ace;:,ta una d!scusi~n. ¿'.\[aria
:l\lagdalena le ha indh:ado á usted algo sobre sus
intenciones?
-Nada, absolut1tmente nada, se apresuró á de•
cil' Lucía. No se imagine usted que sil esposa
puede ser capaz de desahogarse en recriminac:ones. Yo soy la que he visto, he observado y he
deducido :o que usted con todo y que es el interesado no ha podido ó no ha querido ver, observar ni deducir.
-¿Qué ha visto usted? Expliqnese.
-He visto que Maria l\Ingdalena, jovial en
otro tiempo, se ha entristecido notablemente y se
mantiene en unll reserva que no le es natural; he
Yisto, por mi mismll y á cttusa de mil peque.11a3
circunstancias duritnte los pocos días que pa§é en
?i[o11tpazier, que el'a no está en su t:asa ~ino bajo
las órdenes de otra persona, llena Jtl cualldades,
eso si, y me apresuro á reconocerlo, pero estas
euAlitlades no impiden que mi amiga, después de
hab~r sido libre en la casa de su padre, se en-.

F'L OB"'TÁCCl,O,

cuentre ahora, ya casaia, sujeta i una tutela severn y estrecha. Esto es exactamente al contrarie, de lo que les sucede á todas las demás. Siempre una joven desea ser su propia duell.a y ase•
guro A usted, setlor, que si ro me hubíera visto en
la situación en qne se halla ~larfa Magdalena, no
h11brfa tenido la faerza s11ficiente para reprimirme como ella lo ha hecho hasta aquí.
-¿Y qué es, pues, lo que habrill 11sted hecho?
preguntó Roberto, tanto más il'ritado cuanto que
en su fuero interno reconocía que la inglesa estaba diciendo la verdad.
-Habrfo suplic11do A mi marido que me proporcionara un hogar mode:ito, pobre 11i era preci·
so, y si no podía d 1rme más; pero en el ca.al yo fn~ra la ama y ta.viese derecho de dar una ordensm
exponer~e A reprimendas que no se reciben sin
protesta més que cullndo se es una chiquilla. Yo
preterida la más humide choza, hasta sin criados
pero mía, en vez del palacio suntuoso en que tu·
viera nn11 falsa posición.
-Y sí su marido de usted no hacía caso de se•
m1ij1mte reclamación~
-Me daría, A lo que c~eo las razones desune•
gativa.
-Es posible ..... .
-Y pienso asimii;moquesimi m11rldomeamaba,
me trataría no como á niñA. malcriada il. quien se
envía A la es!uela apesnr de sus grit~s,si11oc;mo
á mujer inteligente, y que tendríll á bien explicarme por qué ru.:&gt;tivo se me condenaba á soportar
beneficios pagados á tan alto precio como lo es

-la 1tbdicaeión de toda voluntad y de toda dignidad.
El tono de firmeza tranquila de Lucia, llamó
lti. atención A Roberto que arguyó todavía.
-.Mi madre ama sinceramente á Afaría Magdalena.
-Estoy conyencida de e~o.
.
-.\.sí se lo ha probado en todas ocasiones, teniendo hacia todos los deseos demi mujer la misma indnlgencia que habría tenido una madre.
-Lo sé y eso es lo que hn dado A mi amiga va•
lor para sufrir por más tiempo del que habría sufrido sin esta circunstancia.
-Pero usted exa,:era lasituaeión actual IC\ mis•
mo que :as peqllefl.as ditereneills surgidas entre
mi madre y mi esposa. La se.nora Charmon foé
111. causa de todo esto y ú estas horas ya la seftora
Charmon debe eEtar en Inglnterrra. ó en momentos de partir par11 allá, lo cual es un sacrificio
que mi madre hace A s11. nuera. ¿No convieneu.,,ted en eso.
-Sin duda. Pero puesto que usted tiene buena
voluntad pina discutfrconmigo y puesto que la discusión es muy interesante por tratarse de la dicha
de una persona Ah1 cual amamos loR dos, me creo
en el debe1· de confesar á usted que esas pequei'!.as
diferencias, comou•tedlaseitlifiea, me han pareei·
do demasiado seriits por el estado de Animo de las
· dos mujeres entre 4 uiene3 surgieron. La Sra. Cha.rmc,n nohasiuo m:\s que un pretexto que ha permitido:\ esos dos csu·acteres ver que no vinieron
al mundo p11ra entenderse. La sei'lora. Le Clere':I.
tiene el sentimiento exacto de su valia y el hfl..
bito de la dominación: quiere y con justicia, rei-

nar en su casa incluyendo en su casa A l\Iaría
.Magdalena, y pllra que estu~iera content!\ se n~cesitaria que su nuera se re;;1gnara ó plrgitrse sm
discusión A una obLdiencia muy dnlca t11l vez pero ajenR !1 loe derechos &lt;le qc.e debe g~zál' una. esposn. Xo! La. seno.rn Cbnr1;11on no es naua, y un~
vez quu hll)' a pllrudo surgirán de otra p11rt~ la,.
diticul.ade11. Fíjese ust ·d en este. ll1tmaro1ento
que se les ae&lt;.1b1l de hacer: la se1iora Le Cll!rcq
ba pensado 4.ue tra c~nveuiente invitar al Do~t~r
d 3 Bois 8,linc 1forcel JUsLawtmte durante ul viaJe
de u~tedes y en la úuica oport11nid1\d desde su
casamie11to que hun tenido para estar solos. ¿~o
es esto muy signlricativo?
Lll primera parte de este 1·azonamiento había conmovido ARoberto¡ la conelutiión lo h1stitnó protun•
damente. La diplomacia inva:sorade su madre que
ya había empczndo A sospechar en lo intim,o de lit
conciencia, rué sac11da A plena luz por e\&gt;tll rntrus11
que se atrevía A pregouar en voi alt!l su descubrimiento. Se irguió entonces, y con acc,nto de
u.na cor,és Iriiüdad dijo:
-A,..radezco 1\ usted q.1e haya hecho lo que usted supuso que podría stJrme útil y we propongo
reflexionar a.cerca de sus iudieacionei,, aunque
abrigo la convieeión de que usted ve las cosas de.
un modo exageratlo. m madre y ~laría Magdale•
na me aman lo bastante para abogar si los tienen
sus insignitieantes rencore~. Por otra parte, mi
madre ql1eriendo domir,ar estA en su derecho
porque s11 edñd la autoriza para tratar A l\Iaria
M11gd11lena como á, una nif'la y é~La pienso que
cumplirá con so deber de someterse á ries•
gode perderme, y no se pierde :1 un marido
con la mismi, t.tc11idad coa que se separa
uno tle cuahJuiera lllDiga aunque sea para
no vol ver á verl,1 wAs.
Lucitt Ilartlev saludó con mucha cor•
te ía y emró d su depMtamento. En ln misma tarde p11r1ió para Tregabtd á donde ya
)11 estaba esper11ndo su crrnda quti salio con
antic1 paciúo.
El Doctor de Bois f;aint )farcel era uno de
esos hombres seductores que no se rPsigrnm
nunca l\ abondonar ese papel y que por consiguiente desde que la ja.ventntl se ausenta
111\cen infinitos esfuerzos por ttparent:tr c1ue
aún está. con ellos y recurre~ á tinturas, cosméticos, corsé, pelo y distintos postizos.
El Doctor babh vivido mucho frecuentand.: un mundo peligroso pero muy n]egre. El
número do gentes lL quienel:i llamaba «mi
querido amigo• y cuyas .manos es.trecbaba
era increiblo. Su filosofía era indulgente, y
sucedió varias ,.,eces que entre esos &lt;queridos amigos• hallados en los lugares de diversión, teatros, carreras, casinos y !ondas,
11.l~unoshab!nn terminado mal¡ a.no, frecuen•
ta.dar de ba~tidores generoso y rico fil parecer, rué al fin alojado en la careé! por resolución judicial¡ otro. hombre político, po·
co escrupuloso, sufrió condena por prevaricato,
otros, periodistns sucumbieron en las luchas del
rlwntaye y otros en fin tomaron por salida la lugn ó el suicidio.
Para todc.,s esos desgraciados A quienes un destino severo había sefhllado como victimas entre
centenares de reos de la misma cnJpa, el Doctor
tenia sentimientos de benévola piedad, pues con:..prendfa bien todo lo que puede el nmor al lujo y
á la vida opu.lentn, y conocía. il tondo las angus•
tias y la pobreza espantosa que es necesario ocul•
tar btijo apariencia doradll. para no -rodar al desprecio y al olvido.
Esta alegre sociedad bohemia, mezcla de fi.
nanciero~, bolsistas, polüicos, vividores, genios,
artistas é imbéciles, es 1tmable y acomodaticia;
no exige ele sus miembros sino que tengan bue•
llú figuru, un nombre sonoro, y dinero que

gastar.
El Doctor de Bois Saint Mareel coniaba con
una. motlcsta fortuna qne tuvo buen cu~dado de
no dilnpidnr ni comprometer, y su noblezl\ era
auténtica por mits que no fuera de las mAs encumbradas, Jo ca.al sabia deefr con negligenci11
encantadora que realzaba mucho sus mérltos.
Te, ia una bella presenciii, y sus modales de
agradable suficiencia sol&gt;tenidn por un talento
brl1lante, le daban ese poderío mas grato A las
mujeres, que una grnn hermosura ó un mérltosu¡.&gt;Prior. El ideal d~ mucbns es un homlire espiritunl} fino, de frente despejada, lentes, &lt;lenmdurn blR.nca y bigotes atuzRdos, y ol Doctor corres•
pendil'&gt; 1\ este ideal durnnte muc!!o tiempo con
gran beneplácito suyo y de sus ámigas y conoei

dos, pero no por eso se volvió fátoo y como era
via.~o y elegame, agrR.daba más de '10 rPgolar.
D1ve~sas amantes y amigas lo recom1&gt;ndaron y
protegieron, y aunque su bagiije cieulífico tuera
tan poco voluminrn,o como su fortuna obt11.vo el
n~m_hrami_e11to d~ médico de dos grn1ndej negoc1ae1011es 10dustr1ales 1 y se formó un!\ clientela
de dnmns cu vas neurobis y jaquecn:1 comba con
tacto exquisito, grncias A todo lo cuitl pudo vh-lr
del moú.o que lo era mils gralo: di viniéndose mucho y trabajando poco.
A su bija In quería mucho, es cierto, pero con
la suma de ciu ülo que puede profesar un e"'oista
que ante todo se quiere ú sí mismo. Pero ºcomo
en re11lidad )fari!l Magdalena era cautivadorii,
elegante, linda y ei;piritual, lo 11gradaba. tener
esa bija A la cual biza educar por una senara
maclur11 y mur discreta que la llevabn A los lllU·
se~~! A l11s carreras, á 111 cab,\ de su profesor lle
mus1ca r á la ópera cómica. También la confiaba A vece3 á al~unas damas amigas suy11s cuidando de escogerlas con mucha escrupulosidad, por
que nunque todas las mujeres de rn mundo fueran igua(mente amables y 1:ncRnt11doras, no todas eran igualmente recomendables
El sei'lor de Dois Saintlfarcel, hontbre feliz pn.ra quien la vid~ había sido clemente v dulce
llegó 1\ 111 _edud m11durn cnsl sin dejar de agra~
dar y snphendo sus humos de con-quistador por
el aspecto de un amigo serio, co11fide11te nfeetuo•
so, papel del que sacaba maravilloso partido !iOB·
tenido por su espírítu ligero.
lfabfa conseguido eliminarse de lns combates
juveuilcs sin envejecer; no era uno de esos comparsa,¡ de tragedia, enojosos Theramenes incapaces de 11bonl11r uunea más nito empleo, y aunque
estaba bien conveucido de esto, se retir11ba por
propia voluntttd :\ un segunda t~rmino donde se
le n,a :\ buscl\r para hucerle pateme que toclavin
podinser amado mejor que ou·os muchos, mils jóvenei.:, pero menos inteligentes y ngrables.
.A.si puei1, su situación mundana permenccía
intnetR; tenia siempre invitncioTies de diez castillos diferentes de todos los puntos de Europa y
podía, á su capricho, ir al Norte ó al Sur, A Bretafta ó A Escocia, á las campi.11ns de It111ia ó A las
es1cpas de Ros.is, Tenia. amigos en todas partes.
Es muy común qu~ entren A esta socied~d flls•
tu.osa. y atraciiya, jóve11es pe1·teneéientes A eleYll·
das noblez11s y fortunas extrirnjeras sin sospechar ~l oropel de lo que los rodea, y de estos de
Bois Saint ;\lnreel fué siempre intimo amigo. Entre ellos pudo e~coger para casar fl. su hija con
un título sonoro aunque no tuera suficientemente
auténtico, 6 con algün derrochador de dinero y
de idens fastuoso como un comerciante america.
ro de jnmones ó de petróleo: pero prudente en
esto (como lo había sido en tantas otras cosas con
todo y su ,,pariencia insustancial y líger11) prl'fi·
rió aliarse á 11na familia de buena y rie,--a burga.esia, seria á la vez, inatacable como origen, hono•
ra bilidad y r,.Jaciones.
Las amigas de María Jifagrlalena la compade•
cieron porque iba A enterrarse viva _en una provincill, pero no consiguieron hacel' vacilar su inclinación. llabia que decidirse ó bien á la incertidumbre del porvenir entre las gences que frecuentaba su po.dre, duques contrllhechos y millonarios probleménticos, ó bien 111 porvenir as{'gu,
rado y la consideración públicll afü,nznda en uoa
ciudnd en que la esposa lle Uoberto Le Clercq
flgurarfa en primer lugar.
A esto último fué á lo que se decidió. Y era
necesario que l!Bta familia de provincianos honorables fuese muy ignorante de lo que e3 l1t vid,i
de París, para ir A buscar una alianza en la sociedad fantAstica á que pertenecía el Doctor Bo1s
de Saint Marce!.
Un parisiense no se h11bria atre\·ido á. tanto, pero
Robeno que babia cometido una imprudencia. casAndoseen semejante medio, mvo la h,esperada fortuna de e1&gt;coger A )faria )lagdalima que tenia
fondo serio y gran lcalLad de earAcLer. Segura•
mente que entre todas lns jóvenes do su socieda.d
no había una que la igualara, pues en :,U naturaleza, hecha de honradez tranquiJa y horror A las
aventuras, había mucho de atavismo según pre•
tendía el Doctor.
La Madre de Marfa )Iagdsllena habfa sido una
burguesa por la rnza, las inclinacivnes y la'3 coe-_
tumbres, y d tspués de su muerte fué cuando de
Bois Snirrt Marce! se lanzó en definitiva á una vi•
da q11e sin duda habría des11gradado á su mujer.
El Doctor se casó un poco por amor y mucho
por que su ¡,rometida era hija de un grun prof~-

sor de la ~'acultad de :\Iedicína mu.y instruido,
mny influente y qne podría impulsar !\ su yerno
A posiciones envidia bles.
Desgraciadamente el profesor murió casi inmediatamente después del matrimonio de su bija¡ r Bois de Saint ,cucel que no tenia ni valor ni
voluntad de llegar al éxito por el ea.mino del trAbajo, buscó cn los salones el apoyo que le hacia
falta; y no pudiendo llegar A grande hombre, se
conformó con ser hombre A la moda, y no pudiendo llegar ñ ser autoridad médica, se resignó
á ser un médico de t.efioras.
Cuando su hij1 se fué á provincia, casi no le
hizo !alta porque como su género de vida era po•
co domésLicn, apenas se apercibió do su ausencia. Tenía la costumbre de almorzar en el Joc•
key Club todas la:. matianas.y comer en casa de
algún amigo todas lns noche~. costumbre que con
mayor razón conservó cuando no teniendo yn
que proteger 1\ Maria Magdalena, se Yió más Ji.
bre y gozó con delieill de e ta liberud: además,
ese 11111.trimonio serio le babia eh•vado d los ojos
de ciertas gentes y le h11bfa quitlldo A él mismo
inqllietudes que apesar de. u despreocnpac.ón
natur11I le asaltaron en tiempos i,11sados.
Cuando so hubiera hecbo d1u11asi11do viejo para.
continuar esrn vhla de movimitinto, cuando no
tuviera ya ni diente,, ni cabellos, ni gracia, cuan•
do estuviera abrurn11do por e: reum1ttisrno, la gota
ó la dispepsia , tllill&gt;1ri•1 un buen 11id11 perreetamente preparado en dn11tlc tnmi11Ar su vida tomando
tisnnas ycuida,todc u11a mun,·r,1 co11fortable, ventajas tOdlls qu,•1 o t,, lrnbier,, podido proporcionar
su mediocn~ r,,r1um1 µ .. rson11L
En lugar, ¡.111e , rt • n111t l'"no~a pobreza final,
podría bttstll. l.1 mi1ttrc~ gozar dt!l lujo A que estaba h~ hllU!1do .r tp1~ i;.., ¡,. h ,bfa becho tlUl necesario como el 11.ire r-.:s¡Jir.tl.,lc.

l!I

Con estos pensamientos, hacía gR.la de profesar
á la sell.ora Le Clercq una gran estimación, In ad-

miraba y ponderabll In fonunn que su hijP. babia
logrndo de ser admitida. á vivir con una persona.
tau perfectll bajo todos los puntos de vista en que
se la quisiera considerar. Y cuando la seflora Le
Clercq lti escribió invitándolo A pasar algún tiempo en Uontpazier, l!Ceptó con apresuramiento,
l&gt;Unque esta perspectiva no tuera muy ocasionada
á divertirse y aunque sus prPparativos estuvieran
hechos ya para el viaje A Escocia. Era el Doctor
uoo de esos seres inteligentes que una vez tomado un partido eceptan las contrariedades que sobrevengan con J.l. mejor grncia del mundo, y sabia t11stidiarse cuando erii necesario y sacrificnr
.el placer inmediato A W'a ventaja duradera y positiva.
Llegó 1 Mont¡:&gt;azier dos tlias después del regreso de su hija &amp;in sospechar que su viaje había servido para bileer regresa1 ul nido los dos pajarillos que andaban ruvolando libres y dich.osos y
cuya rebelión se .temía.
La sel"lora Le Clercq acoJió i\ su n11era con la.
sonrisa amable de mejores días y le manifestó
una solicitud sumamente a r.:ctuosa diciéndole que
lament¡•ba haberse visto oullghda ,\ interrumpir
un viaje tan agradable y pro1ue1iéndole en compens11ción para la estación próxima un Yiaje .í.
Italia cuyos gastos ella erogaría y en el que ¡naturalmente! los iba 1\ acompaf111r.
La sci1ora Le Olercq h11 bfa II provechado ll\ corta ausencia de au nuera para hacer eambi11r el
mobiliario y el decor11.do del gilbinete de tocador
de la.joven que se habfa trA11storm11do en non pieza lujosa colgllda de telas de china en las que ha•
bia golondl'inas r.egras bordadas al realce, y en
la mesa. do tocado!' una g11arnición amplia. y rica
d1: plaLa con cili1is (no nobiliarias) de.MaríaMng-

�21
d11len11. OrD11ban el aposento una gran estatua de
P11iquh 1,-n mfrmol de Cari-ar11 y un diván de los
llamados d1ai;11• l011g11, forr11do de rnso y c11pito•
nendo de oro , lod pléi del cual babia una her·
mo,i:lma piel bl1Lnca de eso polar. Este tocador,
en los de1111les y en el co1•junto, p,u-ecía haber
sido comblnitdo conforme :\ lns fttntásticas des•
cripclone de 101 no,elist11~ por entreg~s y se no•
ta h11. pllr tod-is pnrte la ex111{eraclón del lujo.
Uaríll Magd11lena que tení"' tacto flnu aunque
su guno por lo bello no estuviera perfoctamente
desarrollado, se ~intió herid:t en sus principios
ralllmeDla.rlos de estética, y se acordó de que en
otro tiemo hllbia visto un tocador por el estilo de
este en casa de una Amiga dll su p11dre, una baro•
nesa rusa lle coat"umbre~ excéntricas y qne tcnfl\
todos los tainados de una d1vR de teatro de tcrct.-r
orden.
En PI acto se le vino á la im11ginación :a figura
de ,.quelh, hl\rone a ens:\yando t-ftctoa plbticos
y po~rnrns fdinas en ut,a rhai~e l1mg11e de el mis1110 coll)r y co11 botones de oro igualmente, te•
niendo entre lo brnzos mórbidos blancos y desundos u11 P"'rrillo microscópico, en la mano un
patluelo de !llo iwo enc,1je y ea el regazo c11jitas
de dulces mlentr11s que ,obre la alfombra entreabierto y ab1Lodou11do r,¡pos11ba un libro de verso~
erótico .
}:;sll\ visión le bahill quedado fijll en la memo •
ria y la hl .-a lle p11rccer,e .í u ua mujl'r Rsf le de•
,;ag-racló, pues por mu I c11ro~ que hubieran costado los objeto~ 1111( r.-unido . el toc,dor resultaba
todo lo lujoso q,ie se 4ui.1erR, pero més apropó~i10 par11 unu elt'g11nte t!Utn,tt:111da que para uuae••
pos11 dlscrett1.
)[11ri,, )[11g-dalen11 sln1ió verdadera 811tisfacción
111 vol\•er A ver d su p11dre, pues pensaha que él,
diplomAtlco t,Util, podía IIC/150 moditiClll' el t, rado
de cos11s qne 1,, rodellbll y 1ltl~t11 se 1ttrev1ó á contar co11 él p11ril e~te objeto i;111 ref1ex;onar en ,1ue
el Doctor .-r... un atu• ble egoi~tll que ~ólo se oca•
p11ha de su ¡.,ropio bien.
Lit scnor11 Le lrrc·¡ &amp;e 11¡,oderó de él con mil
¡;r11l:ioeu frases y le hizo pic;ar muchos dLis ver•
d11d.-r11me11te crueles presentil nd,,lo A h,s damas pa•
tronas ,Je las di\·ers,1 ocledades v obrc1s de beneíicenci11 que ella pre idía. Y era p,r_,. la viej1t ml1:ouaria uo po ·itivo triunfo p11sear 111 Doctor en
visitas ofici11.lcs, eseolt, da por el E~cado ll11yor
,le las m11s venl'rnbies dam11s de la p3rroqula. lt.
tr;1'1'é3 de 10 - ho piLRle;;, orf,1.1111tarlos y hilos
que esmban A su c liclado.
El lntdiz de .Bois • llint )[,\rcel tuvo que nbistir
(1 la fíe u1s dada en honor suyo: !íe~tRs iufl\ntiles en la que c,cuAlidu:1 r1e11Rcuejos recltnb11n en
eoro &lt;1on u• a des11finación llignll de ,1u,1lquier
tea1ro de funciones por t1111d1t~ y de.rn11 ban en
proce.i~n delante de él.
::,e vió c?JU0 era de rig-or en 111 neccsi.!ad de dar
conijejoa sobre la 111imentaclón de los uin.os en la
primer edad, indicar los medio mejores para la
esterilización de la leche, y sttlalar l,1higiene qne
e debla seguir en l11s epidemiR de tosfcrin11 .• e
le ensel!ab-in, roetléodo clos por los ojos, l,d,,'s
enfermos, éticos, escroC11losob que viví •n de milagro y 1\ los cu11le~ habfo 1¡ue examiuar, pNlpar
y au,culu1r on unos depar1amentos en que apesar
del empeflo que se notaba por con erv11.rlos lim·
pio I rtilnaba un olor nan eabundo lt. medicinas,
leche v .... otras cosas!
Al Doctor le co taba mucho trabajo guardar
una aeütud amable; y cuando se le plldian recetas para esos abortos de la mlscria ó el vicio, que
tenían la sangre descom¡,uesta y el aspecto 1e•
pul&amp;i vo, sentía vivos de gritar:
- 11erpo lle Cristo! arrójenlos al rio, todos, y
11 s1 se economizarAn al ruundo machas mifterias "f
muchos peligros. Esa sí que serla devera una
buena obra en lug. r de obstinarse en salvar vidas
miserables y cri .. r candidatos para el pre ldio y
la prostitución.
Durante estas vlsitu t\ 1119 que su 11egra la obligaba á asi tlr, l!Mria Magdalena seutfa la misma
repulsión qne su padre.
En muchas mujeres, el amor 1\ la infancia en el
sentido lato de la frase no existe ó es sumamente
vago. Tal mujer que adoraría lt. au hijo aún en•
fermo y sufriente, sentirá bncia los nl:11.os agenos
mal sanos ó sucios, una repuJ ión invencible. 1:~n
esta atmósfer1l apestosa, María Magdalena se lle•
vaba frecuentemente A la nariz el palluelo empa•
pado de esencia de violetas y recogía sus ropas,
estrecbAndostl cuanto podía temiendo qne se im•
pregnaran de cuanto por allf abundaba, y deses-

per11da como una gata que habiendo caldo en el
lodo no sabe por donde empezar su asco.
Al salir de una esas se iones el Docu,r, vl'rdadtramente fatigado, tomó el brazo de .u bija y
le dij&lt;&gt;:
-Chica, vamo juntos ,un rato.
L, setlora Le Clercq, ocupllda en d11r órdenes
y tomar notas en compatlla de sns colegas, seha•
bftl quPdado dlstrafd11mente en el orfiln1\torio,
Di:&amp;de que el Doctor e taba en l\Iontpaz1er, era
la primera vez que por una casu111idad los dej11ban liOlos; el Doctor ni remotamente peusó en
provoc"r una confidencia de su hija, pues como
era rica, rodPad. de las princl¡,ales gentes do la
clud11d y ocupando el primer rango entre ellas,
con~ideraba qllfl no podfa dejar dti ser plenamente feliz.
-Tu suegra es una mujer Inmejorable .••...
IarlR )l,.gd11 li:nll no respondió mi\s que con una
mueCJ\ dt! burla.
-Buena, c,,mplsciente, llena de 11tenciones pau contigo. ¿S11bes que be que:iado sorprlludido
al ver lns comodidade:1 que hay en su Cisa? ....
ea decir, en la C11s11 de usledes ..... Lojo un poco
pe ado, pero só ido, genuino, clerlo .. e ve que su
fortun11 no es de e as como he vhlo tanta,, frági•
lt&gt;s como los llougos, que al primer \ent11rrón desapnrecen 1,in d,•jtr ni la hueJIA; que vieuen pronto
y coo la mi m,1 ¡.,ris11 se vitn. Oh! chlquills¡ qué
bi1rn te casé! L:uly llrlgg me hablaba de ti el otro
dla y te compndecfa por haber venido á provincill y ('.n urnto que hacia sus aspavientos ele l,\súma ,1 4ue firmuha pagaré~, lo c:ial e,; prneb11. de
que e es1¡\ hundiendo.
M11ri,\ )lngd;denaescuchaba di,traídamente esa
verbo,ldatl r conJucla A su padre hacia la rivera
del rlo que, sucio y cenagoso &amp;traviesa el barrio
de lo obreros: calles sombrlas formada por
c.,sas 11lt11s, órdida , de v1::nt11nas sin conin11a, de
puertas repugnllntes en 111s c11!lles se amontonabJ\
lll chiquillería harapienta, retozando con gritos
penetrantes.
-&lt;Jué esp11nto~o ropnl icho . murmuró el Doctor. lle aquí el único lado de 11gr dable de esta
ciud11d; !'bte montón de gentes r ,mé,iMs y snci11s.
El palacio de ta. suegr11 está situ-tdo 11dmirablc•
mente; el judío e bellísimo y el iuverondero de
l.iB c11meltll lnmt'jorable. Oh! te c,1&amp;é muy bien ...
perfectamente bien.
Y i;e gozt1b11 en 11u obra de un modo ,an ingé•
nuo, y í!6 mo trab:i. tan contento de haber &amp;ido
11unque Cuer11 en eso, un buen padre, que )!arfa
)lngdalen~ no se atrevin A decir n11da toda.vis. El
Doctor al!adió:
- . ·o me 11rro?plento rle haber venido, é pesnr de
lo 4uti me fastidi,tn la i•1stitucíones de caridsd,
pue esto Y enc¡1nt1tdo obsen•anllo por mis propios
ojos lo Miz que ere,i tú. Ib.t a partir p111•n E co
cía oua11,lo ri-cibl la carta de 11. enora Le Clercq.
Ya iré cu11ndo termine la vblta que hago A )lont·
p11zier. Clt1verho\He ¿te acuerdui' aquel qne te
bacín la corte y que pregonab1 que eras muy lln•
d11, es quien me ha lovitAdo y in11 reaniré con él
dentro de do ,emanas. Cazaremos y pescaremos
A sati r,cclón. Debi11 yo h11b,r hecho el viaje con
Le1111dry, el barón Carlos Leandry que toca el
vlolio y cuya mujer da fíe ·t11s en que se reune el
gran munuo p11rbiense, pero ¿ abes qué pa ó?
¡,ues que lo cogieron h11cieodo trampas Pn el
bacrnrat y le 11rmar n un lío tremendo. 1Pobre
muchacho, tan agredab!e y lleno de cnalldade !
Por apuesto fué e.·pulsado del Jockey y su mujer estA desolada. Es de una bm1lla honorab!e y
todo ti dinero de su dote desapar.. cló. Hnbo se•
parllción lle bienes y de cuerpos, pues aunque un
poco t11rde, pero , e vino A debcubrir que el barón
Carlos Leaudry no era ni Leandry ni Carlos ni
barón sino un antiguo profe or de phrno que ha
rodalloun pocopon•&gt;d&amp;s partf':s1 Viena, MilAn, San
Peter~burgo, y que se l111maba 131lnvit lt. secas,
simple y senc!llamente. Eso si que deveras es espanto.o! Yo te casé mejor; ya lo creo que te casé
mejor! llírt', tú A lo que se exponen 111s jóvene
que ee casan con deaconocldos ...... Bueno, pues
A causa de es desventurada a,·entul'a m veo en
la necesidad de hacer el viaje olo. ¡Pobre de
Leandryl ¿En qué lodazal se va A hundir? Deve•
rss que me d&lt;1. pena. Ab! lle visto ya t1111las cosas . . 1 y tiene uno que acabar por voherse
desconfiado.
·Maria lsgdalena se acordaba de haber ido va•
rías vece é. las recepciones de la casa de Lean•
dry, de haber salido en carruaje A pasear con la
barone11&amp;, de haber visto en el circulo que la fre•
cuentaba1 muchos que tenlan aspecto muy seme•

jante al do Carlos y pensó que muy bien pudo
suceder que el11l hubiera resultado mujer de uno
de esos aventureros Era pues para ell,1 una dicha haber tropezado con Roberto, haberle sgra•
dado y que él la hubiera hPeho s11llr de 11quel m,idio donde siempre e.;t11ba expuesta A promi:cuidades enojosas y lll dlsg11sto de ver figurar en la
Gcu:i:ta de lo, Tribunali:a de hov, el nombre del
amigo de arer, condenado por ést1f4 ó robo y encerrado en 111. cárcel ue Poissy .... Pero ..... ¿no
b bría medios para adquirir algo de libertad,
el derecho de vivir en su casa y obrar por s[
mlemA?
El Doctor y su bijR hablan salido de IR ciudl\d
y aegalan un camino polvoroao, sembrado de Ar
boles en los dos l11dos, CBmlno que recto delante
de ellos su perdis én el horizontJ. A su derecha
ao veían las cimas redondeada , y los m11.ci os de
ua bosqu• cilio de SRbinos y de ha) a, que forma
ban un bello umbrío.
Se dirigieron )Jl•r este lado y M11rfa l\1agdalenl\
11rmá11dose de valor, dijo con la voz un poco Lré•
ruula:
-Al mennij l,l sel'1or11. Leandrv rué feliz dw·ante algunos 11ñ ,s, viviendo la vida Que era de u
agrado.
-Bahl replicó el Doctor. ·na vida engaf\osa,
llenll do placer que r,tti!{a v emp11laga. Yo mi roo,
aquí donde me ves, e,1oy has1i.,do y decidido 1\
recir11rme ..•. dentro de algunos anos y A procu•
rarme otros medio , otros amigos y otro modn de
ser. ¡Vay11! me vendré A vivir 111¡uí. LI\ ciudad no
e antipática y puede uno formarseen ella cierto nú•
mero de relaciones agradables )" seguras .• • 1'~ o
yaes algo. Si vler!IS? )le siento un poco humilllldo
cuando A algnnus de mis 11mig&lt;'b le ocnrre ona
aventura por el e tilo de la de Carlos: p~rrce que
algo me toca de su culpa, mientra que 11q11i nttd
hay que tenwr. EHor ene ntado de que te h11,·I\
form,1do una sociedad de persona roá~ sé• ias
que 111s qne conocigte en Pttri3.
Entonces ~larla 111lgdulen,, vlt-ndo que su padre no d11ba rraws de cr,mprenderla, dijo cor, t'll•
tooacióa re uelw:
-Pue yo me fastidio, me f,1&amp;tidlo extremadalll"ntc!
El doctor la contempló espantado y notó en u
c~ra una 1::xpresfón de obstinada qull ya Je conocía por habérsela vi3to annqne rua veces, en
los casos en que habla tenido 1 él, todo un hombro, que ceder A la ,·oluntad de u hij11.
-¡(;óruol Qae te f,utldlas? B·o es una nilieria.
I&lt;;n muy poco tiempo te acoijtumbr rás ¡\ 1st vida
tranquila y grata de :Montpazier. Por otra parte
no hay mucho qne lamentar la ausenci&gt;\ de l'Mi
en donde ahora no te divertirlas ya. La m11vor
p111·te de tus 11migos hAn partidc,: la Conde~ Cs -..
ka se foé A I◄'lorencia, Lady Brl¡;gs va A regre, ar
,\ Londres bu ·endn de su,i acreedore,, Lidi 1
K11.ur11nina estA en Siria Pn compaflia de la lnc11
Condes,l Adal!fieri y la pobre Bnronesa Leaodr\"
qUt! se ha YDclto fllstiálosf ima, se pasa l,1 vict~
entre Jueces y abogados. No, no; deYeras que 110
te dh•crtlrfns.
-Pero si 110 e :\[on1pazier lo que me fRsti,l"
dijo 111 Joven 11acudiendo su cl¼beclta rubi11.
'
-¿1.,lué es entonces? Supongo que no bt:rt't tu
marido .•.... L11n pronto!
-Xo:es mi UPgra.
Vi! un bastonazo el Doctor dividió por mitad
el mlls cerc~no r más erguido ababol de lo~ que
crecl~n junto A una z11.nj&gt;t.
-Cn~rpo de Cristo! Habría ro debido prever que
dos mu¡eres no pueden vivir juntas en pa2.l Con·
&amp;idera que tu suegrl\ es 111111 dama excelente.
-CA .... 1 es sencillamente insoportable.
-Te colma de obsequios.
-Y me reduce A una tutela 11troz: no estoy n
mi c~sa sino en h. s_ttya, no se me toma en cut'n
ta para ~ada, se me ?Prime y se me reg,1ftll pc,r
todo; mis gu.stos, 1111s sentimientos mis de t&gt;l'S
son criticados, analiz11dos, corregid~&amp;. L11 bond11d
de la seliora Le Clercq me abruma: no quiero Yn
mAs obsequios suyos ni más amabilidades suy·n$
¡quiero ser dnetla de mi misma!
•
.Maria Magjalena díjo todo esto con excrcm11clll
violenc.ia y el Doctor, 11terrad:&gt;, tenla la racha de
un hombre que 11cabt1 de poner el ple en un Jn1.o
r ha sido cogido do und. manera de!lagr11dablt&gt;.
Se abrfa delante de su ojos todo un crdon du
sucesos que ni slquif1ra había so:pechado y Pll'·
guntó maquinalmente:
,
-¿Y Roberto?
,
Roberto está en su gabinete ó en su tribon11•
les: oo es un marido, sino un hombre de negocios.

Yo no he tenido oportunidad de conservarlo A
tnl lado IDA• que una semana, y la sen.ora Le
-Clereq se apresuró A abreviar ese tiempo. Por
otra parte, Roberto es un hijo mny respetuoso
&lt;tUe encuentra como muy natural que yo me somet~ en todo é. su madre. . . . . . pue1 como soy
tan ¡oven)
El Doctor habla. dejado el brazo de sn hija y
peréndose en trente de ella la cuntemplaba an•
ioao.
Se habflln detenido en el bosque en medio de
un sendero tapizado de musgo.
-Veamos, veamos, dijo con tono firme. Tú es•
tlls nerviosa y lo comprendo, pues J vista de ese
~rlmatorio os _de tal naturaleza. qne puede pro•
,_ocar nna crL1 en personas delicadas como tú.
~ o mismo no me _siento mny bien. Tan pronto
como llegues A casita, te tomas diez gotas de éter
~n un vaso de agua azucarada.
-?o es que esté yo eorerma: es que soy desgra1cíRda, replicó Muria M11gdalena, y te ruego,
pM,rc mfo, que no tomes el asunto en broma. La
~eJ1oi:a I,e Clercq, te lo aso1nro, por excelente é
rnmc¡orable ..¡ue te In figures, me oprime de UD
modo nbsoluto. [e ha procurado escenas desagrada bles consecutivas de toda especie, rlnéndome como ~ nna chicuela 11110 en presencia de extran.o . )f1rtt: escribe le A Lucia Hartley q ne vino
11qu1 durante algnnos dit1s; pregúntnle su opinión
y nri\S lo que te dice.
-Lucia llllrtley es unR original, una descllbe•
.z11da.
-Oh! no siempre la has juzgado asi.
1::1 Doctor hizo un gesto de impaciencia.
-Buano! ¿y qué quieres que haga,
amiguita mía? Te bas c.u1ado con un
hombrn inteligente y rico que te ama mil·
cho, y no veo que tenga por qué quej irte. ¿Dices que la suegra te es sumamente desagradable? Es que no h , aabido congeniar con ella. Sé dulce y obe•
diente, pliégate i\ sus exlgenciu; eres
bastante fina y astutll y puedes eoeoatrar el medio de caplarte sus benevolen•
cías y vivir A tu capricho. ¡Qné diablo!
E.s necesario darse una que otra pena
también para ganar la felicidad. ¿Te imaginas acaso que la dicha completa viene
so]a, sin trab11jarla y sin hscer algo para
que llegue? No me has visto A mí, que
soy ante el mundo el modelo de los hom•
bres tolices, lleno de enojos, inquietudes
y contrariedades? Ta su.egra es buena y
te ama mucho; precisamente esta ma!u1.•
na me lo estaba diciendo. ¿Que es uo po•
co autoritar,,1? AgUAntala, ¡.,uesto que su
unic? móvil es hAcerte feliz. Tú no tienes
1nAs tarea que dejar que ruede el mundo
11in preocuparte ni elqu.iera del manejo
de lll eua que tantos disgus1os ocasiona.
-~ra gozas de un hogar lujoso en el cual
iodo marcha admirablemente: criados
mny bien educ1tdos, hermosos caballos, carruajes cr.nfortablea, trajes elegantísimos; tienes senalados dílll de recepoión, y das comidas maravillosas sin tener el tr1tbajo de meterte en or•
.ganizar nada. ¡Y te quejlls todavía! Mitría Magdalena, erea una ingratnl Ta coodncta me re•
-cuerda al gran Vizcu11de deConchalries quien me
-&lt;'&amp;taba diciendo en días pas11dos que ..... .
-Plldre mio, e preciso qne pidas A la seliora
Le Clercq qu.e nos deje vlviJ• en nae,11ra casa A
Roberto y A mí.
El Doct-0r 111. contempló petrUic1tdo.
-¡Yo ..... .! ¿que yo le ...... ? Ah1 no, no: no
-cuentes conmigo para e8"S cosas. Yo no memez•
• -clo en lo que no me concierne.
-Qómol ¿mi dicha ó mi Infortunio no te conciernen? preguntó la joven.
)!;J Doctor, • pesar de au indiferencia ordinaria, se disgustó eon eu Indignación veheml!nte
que e tall1l en los egoist11s cuando defienden au
tranquilidad.
-Tu dicha, tu deagracial lle aquí nnas pala•
bras llltisonllntes sin objeto, exclamó. No me ven•
g.-1a con trdgedlas ni con f11ramallae. Por unas
~u1111tss querel1111 femenile , flitile y sir. traacen•
dencia, te entr ...gaa al despecho y hasta te veo en
camino, si no te vue!Yo al orden, de echar por un
vol11dero el gran porvenir que te be preparado
tan laboriosamente. Pero no creits que te voy A
n~ udar ni uu poco en esa locura. Xo, querida
tnia. Dej11r de 'l'irir en cua de ta suegra? En qué
pienslls? Y con qué 1ubsistiri11n ustedes! Hoberto no e té. en condiciones delndependerae. Cuán•
to gana? Estoy seguro do que no llega A seis mil

francos. Y qué barias tú con esa suma que es in•
ferlor á la que gasta aboraen trajes y diversiones.
Pronto te cansarlas de esa honesta mediocridad
que es la peor de las posiciones sociales. Una
mujer acoatumbrada lt. satisfacer sus caprichos, A
ser s_ervida adulada. cuidada; ti vivir bajo el pié
de cmcuenta mil trancos anuales y que se verfa
reducida al papel de una burguealra nece lt11da ...
¿_Quó? ¿Irías al MerC11do, conteceion11riaa tus vestidos y remendarlas los c11lcetines de tn marido?
V,1ya! Va:val Me he encolerizado y he hecho muy
mal. Debla haberme refdo de tí qui' has Mido en
un acceso de inocenta.da. Ya te vcrfae á pesar
de tu dicha y d I tn ca a en la nece11ldad de venir
antes de dos meses A Implorar 111 gracia de tu
suegra yeso siqueserl11 humillante. Es mejor quedarte como estás que salir de In ca a para tener
lnego la vergltenza de pellir humildemente que se
te reciba tJtra vez.
Carf. ~[agdalenll, durante esta larga fillpica
habla permanec1do con la cabeza inclinada, al
ob ervarla el Doctor notó qne estaba llorando.
-lueno, díjo muy enojado: no faltaba mA, que
esto. Ya abe, que me e· impo ibie ver llorar á
una mnjer y te ruego que te reprimas y con ide,
re qun debías ahorr11rme escenas lle ese género.
Lnugo tomó lll mano de i;u hij11, se In colocó en
el brazo y se pu o á ndar en lllrección á la ciudad.
- . ·ad&amp; de lagrimitRS en la calle. ¿Estamos? Y
en cuanto A la m11rcha que querías bacermo seguir, no hay quti contRr conmigo que no soy ca•

paz de hacerte tan f111co serv:clo. Seria. la última
d las inconveniencias de parte mfa atreverme A
tratar de semejantes asuntos con tu suegra y ya
que no puedes vivir !lin su 1ocorro confórmate y
acepta_ sn p~e,encía. A ti te corresponde ver có•
mo te 10gen1&amp;s para hacer la situación mAs lleva-

dera.
!faría Magdalena, exaltad11, conducida al último extremo, dijo contenléodoae todavía y parAn•
dose frente A su padre.
-EstA bien. liaré cuanto pueda. Pero en el caso de q11e me resu,te deflnillvamente lm¡,osible
entenderme con mi BDegra ¿me recibirlt. usted en
BU CaBa?

De Hois Saint Marce) se mordió los labios
V
•
-¡ aya con esa pregunttt t11n lnconvenientel
Esta chiquilla habla de aepararae de su marido
como de la. co,a mAs natural del mundo ..•.
-l!eapóudame usted, padre mfo.
- . o debo ocuparme de semejante eventualidad.
Maria fagdalena palideció.
-Ya no me queda pues en el mundo un rincón
que pueda llamar mi caaa.. . . .
-lbgdalena, hijita, dijo el Doctor un poco con•
movido, no me repre&amp;untes el quJnto acto del dra•
ma porque aún no le llega su oportunidad. te eatlle fastidiando, chiquilla. Por Cristo! si vo te viera algún dla sin pan ni lecho, de fijo que no te
había de dejar en medio de la calle.
{aria M11gdalena abrazó y besó :, su padre.
-P~ro, agregó ésto otra vez temeroso de com•
pllca_c1ones y abogando su enternecimiento, yono
consiento en prever ni admitir aemejante even-

tualidad. Yo no q11ier&gt; meterme en nada y te
conjuro A no perder de lu propia voluntad nna
slt~aclón brillante por solo un capricho estúpido,
DeJar A tu marido) Roberto no tiene cara de di§.
bil Y seria capaz de no volver ni tl pensar en tí
¿Y quiéres decirme qué barra, en ese caso y
encuentras envidiable lll posición de una. mujereparada de aue,poso? ~•o: bast.., Yll do tonteriaa
de esta especie. Si ese pobre de ·Roberto oyera
bablKr 11af 1 sn mujer ít los tre meses de ca1&amp;.dal

ai

La senor11 Le Clercq desde la llegada del Doctor se manifestaba más dulcemenui amable que
nunca, pues presentía un apoyo en este hombre
encantador y no partld11rio seguro. Maria I fag.
dKlena vela qne su padre se le oscapaba 1 pues éste
para demos rsrle muy claro qne no se prestaba
A sostener su c-1us11 ni aceptaba sus rebeliones,
afectaba un consideración e.·agcrttda hacia la.
suegra Y le prodigaba descripciones y retratos
muy á lo vivo, bamori~ticl)S y traviesos obre la
socied.aci de que estaba rodeado en Parí 1. El asun•
to era inagcu,hle y Vt:rtlader11mente que ai el Doc•
tor hubiera estftdo picado de li1 11r111ln liter11ria,
h11brla encontrado en su, recuerdos materia para
numeros,1s novelas cómicua ó lügubrc11 pero todas
d •I ,:téncro realista.
En 881\S convPrs11cíoncs de la velnd,1 durante
111s cuales do Boi¡¡ de Saint Marce! se divi:r1(,\ e1
desplegar ante su complncietll I a11di1orlo.!odos 10 ,
recursos de una verba rAcil, cnanto tipoi; extra.
nos, curioso,¡, incrdbl es para I,'\ 11el'1ora
Le Clercq y para su hijo, de filabnn como
en una especie de linterna magical
Prlncipe val11coR, m11rqne ·es Italianos, cant11lric s euccus, barone as polacas, prince~as rus11s, bailarinaseapaJiolas
todas las n11cion11lídades, todns las varie'.
dadea del cosmopolitismo, de la intriga,
d~ la cacería en pos del placer y del
dinero, pero todn gentes divertidas, la.
ma)'.or parte de t,ilento, intercs11ntea por
s~ nda plntorescameoie bohemia¡ pu.essl
bien entre aquel concierto de nomb~s rot11mbautes ha bia algunas rel!lidades de fortuna ó do posición, la mayor parte eran
ventureros o tentadores de títulos suplantados, vividoreí! que despu~s de un
perio~o de esplendo'. desaparecían por
escotillón para hund1rse en el cieno.
Roberto que al principio hallaba placer
en estos relat.,, del Doctor, acabó por
preocuparse y oirlos con verdadera con•
trariectad. ¡Pues qué! ... ¿Este era el medio !'ocia! en que babia vi~ldo Maria Magdalena antes de su maLrimonioí' ¿Quécla•
se de amistlldes podrfa haber adquirido
en Remejante sociedad? De seguro que
todas por el ei;tilo de la Condesa Csyskla
nna especie de loca inficc.ionada de espi:
rítismo que garrapateaba rtfculos Insensatos en revistas llamadas El e.coda la t11ml&gt;a y la
lózdtm.fa alld, una es.lava quetomabaA Joaer1o
las mAs asombrosas revelaciones do los 11iediu&gt;na
charlatanes espantándose ella misma de sos ... ropios escritos.
"'
Y Lidia Konranine? Esa era una rll.8 queateotnba llevar los cabellos cortos y traje yaronll y
constitul11 un espéclmeu de esa rau nue,·a brota•
da hace poco: la de la mujer exploradora. Lidia,
que babia visto mncbo, refería con aplomo de m&amp;·
riuero y sin parp.tdear, las particularidades mAs
curiosas de los pueblos salvajes que tenla viaita•
dos en el curso de sus v1aJes¡ babia hecho esmdloede medicina, fumaba cigarrillos, escribía para
las RJvistas Cientifieas ~in retroceder anteningún
detalle de las costumbres y parcela mAI b!en un
eatudiante despreocupado que una mujer jo•
ven.
¿í la coudesa Adalgierl? Una neurótica do otro
gónero que e hallaba en situación curiosa se1
parada de uu marido 111 que nadie conoula y bns•
caba ~lstr.a&lt;::ciones á su hsstio, hoy partiendo
con Kouran1na para 111 explornclón de lll $yria
maftana enJayando uo11 composición mnslcal par~
cnntllrla en funciones de beneficencia..
¿Y Lady Briggs.il Perseguida por todas partes,
como llecía el Doctor, habiendo contrai,lo deudlUI. Y sembrado tantos acrecdorea en todaa lrui
c~p1tale · de Europa, ya no sabia adonde dlri•
g1r sus pa os y ae verill obligada antes de mucho
tiempo por cuestión de seguridad personal A lanzarse por esos paise~ del Oriente en los que Kouranlna y la condesa italiana andaban paseando sa
curiosidad.

�EL OBSTÁCULO.

"EL lfUNl)O rt,tJSTRADO"

En verdad que semejante serie de figuras no
era para tranquiliMr á nadie: 6 Maria Magdalena
no tenía una sola 11miga, lo cual era enteramente
inveroPímil, 6 se babia.ligado con aquellas mujeres
desequilibradas.
Concurrió á las sesiones de espirili&amp;mo y de
fakirismo, acompaff.ó A la condesa A 101 talleres
de arústas bobos que creian pintar almaF, oyó
las confdrencias de Kouranina y fumó con ella
ciganillos de opio.
De fijo que frecuentó é todas esas mujeres excluidas de Ja buen11 sociedad, desviadas del buen
camino, y dt-bla encon1rar muy naturales, acciones qne .\. 'Roberto y A cualquiera otra persona
educada en untt atmósfera. tranquila y familiar,
hubiesen par~cido inverof:imiles y re¡;rensibles.
El Doctor nunca pndo imagir.arae qué golpe
tan rudo habíadado A )a confiada ternura qu1:Roberto sentía por su mujer.
Era cferto que si Maria1tfagdalena atravesó por
ese lodazal no le había quedado ninguna mancha.
visible pues parecía sencilla, buena y encAntadora, pero ¿oc sería esta apariencia el resultado de
M.bitos edoc11tlos exprofeso y uu sentimiento de astucia bien desarrollado?
Por primera vez le vino á. Roberto la idea de
que su mujer no era tal vez una nifta capaz de
preocnparse solamente por las frivolidades del
momento, y se exsjeró con provinciana estrechez
de espíritu las fesldadeR del mundo descrito por
el Doctor y la ir.f1uencia que es~ medio pudo
ejerctir sobre ?t!Aría :Magdalena. No por eso sintió
disminuirse su nmor, oero entró en desccnfianza
pens¡¡ndo que babia sido una imprudencia busc;ir
mujer en un centro al cual babia sido llevado de
casualidad y que no cono oía mAs que por encima.
Desde luego admitía que la joven estaba fuera
de comparación con las desequilibradas 11. quienes babia conocido, pero se diju que era necesario guiarla con mano firme, pues habiendo tenido
una. pdmera educación de esa clase, deberfs casi
desconocer ePos principios aólidos en que se basan
la ,honorabilidad y la rectitud, y por último, que
era una gran follcldad p1:1ra ella, haber caído
bajo la experta dirección de la seff.ora Le Clercq.
Muy bitin se había apercibido Roberto de que
su mujer e.itaba cansada ya de que se ejerciera
• vigilancia sobre todos Stl.8 actos y hasta babia
pensado en que su medre abusaba un pr,co, pero
ahora se declaraba que todo era para bien y que
no tC1leraría que María Magdalena quisiera sacudir
ese yugo que era tan necesario.
En cuanto A Ja eefl.ora Le Clercq, halló en esos
cuentos verdadero plaeer no solamente por Ja
verba animada del narr11dor, sino porque á ella
también las consecuencias de esas revelaciones
se le presentaron con mucha precisión. Si: en )a
actitud de eu hijo preocupado comprendió la la•
bor que se efectuaba en su espíritu y que la influencia qne ella ejercía sobre su nuera se había
robustecido.
Magdalena no quedaba pues con esperanza algw¡a de encontrar apoyo para la defensa de BtlS
derechos, ni en su marido que ya estaba desconfiado,ni en su padre que hablaba muy rrecnentemente de los encantos de la vida de provincia y
de sus deseos de reposar algunos allos, que lainteligentevieja eco jia con entuei&lt;1smo aparen i.e co.mprendiendo bien que la esperanza de ese egoieta
era construir su nido allí donde la viJa le resultaba dulce y fAcll.
La seftora Le Clercq declaraba. que su huésped
era un hombre seductor, lo colmaba de atenciones y abrumaba con elogios de él A Maria Mag•
dalena. En estas circunstancias consideró que el
momento era favorable pa1 a un golpe de estado .
que tenia en proyecto desde dias anteriores: despedir a. Ja impertinente criada deMaria Magdalena, (l. esl$ Estela que la desafiaba con sus sonrisas y su po.litfoa burlona y que se babia gozado
en su desco-.:.cierto el dia en que por la primera.
vez sus hijos habían querido rebelarse contra
ell1t,
La vif'ja no era malvada y se formaba solamente este ideai de dichll: una vida lujosa, hijos
sumisos, un público admirador de su generosidad y ella reinando sobre todo ese pueblo como
un soberano benéfico que reparte A manos llenlts
la fortuna y loe beneficios . .Al querer apc,derarse
de María l\lagdalena no proyectaba oprimirla, sino por el contr11rio la cnlmaria de presentes y la
haría la mujer más envidiada de l&amp; ciudad; y no
Je exigía en cambio más que este peque.no sacri-

ficio muy natural: la abdicación de en voluntad.
Habiendo pedido 6 Maria Magdalena que le enviara A Estela pera el ser"lcio de la mesa, Este·
la entró en funcione11. El criado que anterJormente estaba encargado de eso, enfermó y se retiró 1\
sn caea á curarse. Estela era diestra y tenía el
desparpajo y Ji~ vivacidad de las parisienses de
sangre pu.ra.

La sellora Le Clercq, durante varios diae le estuvo dando sus órdenes de un modo altivo y seco
&amp; propósito para exasper11r A la pobre mucba~ha
acostumbrada. al trato dulce de Maria Magdalena.
Una tarde, antes de la hora de comer, la sellora Le Clercq se puso a. criticar el peinado de Estela, peinado arreglado eón los cabellos rizados,
ondulantes, atravesados por alfileres dorados, y
ac.ibó por intimarle la orden de ponerse para servir Ja mesa una eofin. blanca de algodón mAe propia de una persona. de su condición y de su clase.
-Siempre me be peinado a ..f, y mi se:llora no
me ha hecho observación 11lgana, dijo Estela acentuando las palabra, •mi sellara.~
-Cuando usted estaba en casa del Doctor de
Bois S1:1int Marcel obraría usted en el sentido que
fuera del agrado de mi nuera, pero ahora qa.e esta. usted A mi servicio tiene que obedecerme.
Despué" de haber dichoestaepalabrns con ademé.o altivo, la setl.ora Le Cler!q aalió de su casa
y subió en nn coch~ que la estaba esperando pa•
ra ir A buscar A eu nuera A la casa de la sell.ora,
de La Palliere y llevarle t\ una ceremonia solemne
cuya sola perspectiva era aterradora para María
Magda'ena. Se trataba de una sesión ñe Ji\ Sociedad de Arqueología. de la que era presidente el
honorable se.lior Magnan, quien iba á dar pública
lectura A su memoria sobre la h,vandera de Enrique IV.
En casa de la sefl.ora de La Palliere la sefl.ora
Le Clercq encontró no solamente áMag aino tam•
bién al Doctor de Bois Saint Marcel que era un
gran simpatizador de esta dama y se complacfo.
visitandola y tratAndola con discretatamiliaridad.
.- Ella y su muido son dignos de figurar en mi
i.eccióo de amigos, decía frecuentemente A su bija y de seguro que figur1mln ¡ya lo creo! IIart\n
el mi\s gentil matrimonio bohemio que puede uno
figurarse. pero con una bohemia dorada y reluciente, La seff.ora no desea más que una cosa: vivir en París; y con su ct1.riltl de modistilla embadurnadn de blanco de perlas, sus cabellos ensortijados, su amable coquetería, y sus ojos asesinos
podrá ocupar un lngar distinguido en cierta soeied11d que yo me sé. Es b11stante linda v no tiene nada de tonta, Apesar de BU fanatismo por París y sus maneras vulgarcitas. En cu11.nto á. él, su
jovislidad de hombre gordo le da cierta apariencia de figura de porcelanit para adorno de tocador, que encanta. Felizmente su mnjer es de ini•
ciativa y lo elevará, no dudes que lo elevará, y
tan pronto eomo estén en Paris ella comprendert1.
sin mucho ee•uerzo que au blanco de perlas, sus

afeites y su leo guaje convencional deben ser roodificados· se pondrA una aord1na como se bace con
lae eorn;tas y se volverá irresistible. Tiene ojos
para incendiar un .Areóp~go y _se fjercita t11n ~a- ,
llardaruente in ánima ua, volviendo loco A sumarido y al viejo l[aignen y á Darlot qud la mira
con C'jos de Jobo, que basta 1:s capaz de conquietarmu á mf: ay! ayl que ya me siento herido de
grnvedtul. Tiene unas sonrisitas y unos parpadeos que no porque son estudiados dejan de ser
penersos y llrrebatadores, unido todo esto con
una pillería y una. inexperiencia qneenc11prichan.
Maria Magdalena no vela tanto en la senora de
La Palliere y hi consideraba eolam1:nte como unl\.
provinciana menos fastidiosa que las otras, que
le hablaba mucho, le pregun•aba sin cesar multitud de cosas sobre la vida de Pari$ y hacía sabias combinaciones de telas y cintajos para eeLar
elegante A poco costo; adem¡\s, el menaje de su.
casa resaltn ba sobre Ja b11nalidad de todas las demAs que había visto en la población tan correctos
y desgarbados como monótonos.
Correcto, oh! no: no lo era el hogar de los La
P1:11liere ni monótono ni desgarbado, sino original
bajo cierto punto de vista, desde el vestíbulo en
donde G-ei-ard habfa hecho colocar linternas, pantallas, sombrillas de papel japonés y horribles
dios,is africanos tallados en madera de hierro,
hasta el salón donde se confundían en atropellado amontonami~nto sillones daros como masas
de granito, mesitas pintadas de vivos colores, pA•
jaros disecados, ratones de felpa trepando por
las cort;nae, arafl.as srtifici11les tejiendo eu tela en
el mnrco de lo! espejos, una gt·11n profusión de
flores ailvestres, manojos de cardos en las paredes, yerbas diseminadas aquí y alJll. en tarros
sencillos de terracota. pintados por Ger11rd.
Porque Gerard tenia la monomanía de lll pintura: los muros desaparecían bajo sus ensayos
de paisaje y ft1.br1caba enormes cantidades de vasijRs de adorno, pantallas, jarrones y bibeloteacon los qut. perseguía A aos amigos. Era uno de
esos seres temibles de quienes se dice que «saben un poco de cada cosa» y que seria capaz de
hacer una marmita con la zuela de eu:1 zapat-01.
I.a casa estaba llena con las pruebas de eu ingeniosidad, mutlecoe y figurillas de papel plegado ó de cartón de colores, y habi11 pvr donde
quiera tantas cintas y colgajos que aquello parecía un almacén de baratijas. En el piano cb1llón
que estaba eolocado en un Angll1o de lll sala, Gerard que ayudaba de buena voluntad A sn mnjeren las tareas de la recepción, ejecutaba. tremebundos valses, ó cantaba con ella coplas de za1·•
zuela y canciones traviesas capaces de poner eu
toga á la mayor parte de las damas que les visitaban.
Cuando llegó la seftora Le Clercq, la joven
acompaff.ada de su marido detallaba con una vocecilla penetrante y mucha malicia una serenata
de t11n sabido color, que Marfo Magdalena tenia
impulsos de marcharse. El Doetor gozaba que
era una maravilla.
-Eso es encantador, decía, tiene usted justamente la voz que se necesita para estas coeae:
aciduladll, digámoslo así. Y un talento .. . . .Abl
usted haría furor en un teatro de género .... la
canción es lindísima.
La eeilora Le Clercq frunció loa labios.
- On poco .... avanzada., dijo.
-Má.s bien un poco peligrosa, dijo Milg con
una de esas salidas que tanto hacían reír A 1u
marído.
Clara de la Palliére se ofreció para acompattn
d sus amigas ti la sesión y Gerard qu~ iba siempre en pos de su mujer, fué á buscar una cartera. de bojas blancas para tomar apuntes caricaturescos de los arqueólogos miembros de la. sociedad. Por invitación de Clara, :María Magdalena
la acompatló A su tocador donde iba A ponerse
el sombrero y entre tanto el Doctor quedó en 11'
snla con la se1iora Le Clercq y le hizo observar
los lados chuscos, despechugados y sin orden de
la _c asa en que se encontraban.
Mirando el gabinete de tocador Maria Magdalena se dijo que en semej1mte sitio no bab.-fa ella
introducido á nadie. Cortinas desaseadas, una
panoplia Je pipas enrojecidas por el uso, colocada bajo un espejo manchado como piel de tigre;
sillas fatigadas, tan fatigadas qua para sentarse
en ellas se necesit1111 mil prec11nciones á riesgc&gt;
de una caída; cajones entreabiertos en los cna les
se dietingufan en desorden los mt\s disparatados
objetos como guantes viejos, puntes &lt;le encaje,
cintas descoloridas, cajas de cerillas, paquete~

de polvo de arroz y hasta. una nariz de cartón
que Gerard se babia puesto para. el baile del fil.
timo carnaval. Armarios sin cerrar en los q_ue
los montones de telas y de trajes hechos se revolvían con sombreros de modas pasadas y zapatos nuevecitos que fraternizaban con abanicos
de marfil ó de papel y con ramos y guías de flo•
res ar tiliciales.
Clara la PaUlere enteramente a. su gusto en este desorden, charlaba, reía, C8-!ltaba haciendo
ruido como cuatro, mientras se vestía y sin notar
el asombro de Maria Magdalena. Si el Doctor hu•
hiera visto esta habitación hubiera juzgado A Clara más bohe~a aún de lo que se liabía figurado,
con es,l Af1c1ón al abandono• y esa indi!erenci1i
por el desaseo fntimo, por mas que el salón, el
vestibnlo y el comedor estuvieran resplandecieI?tes.
Se llegó al teatro dC'nde debía celebrars1 la
se&amp;ión: ya en el escenario muchos seftores viejos,
de gran levila mal cortada y botinas de pnfto
negro, estaban sentados A los lados del senor
Mnignan el cual tras de una. mesa y con un vaso
de agua al frente leía por Ja décima vez su memoria sobre la lavandera de Enrique IV.
María. MagdaleDA se alegró de haber llevRdo
consigo A Clara la Palliere que Je impediría fastidinrse, pues gozaba ~n oirla burlarse de todos
aquellos rebuscadores de papeluchos viejos y de
todAs las personas q11e se encontraban allí.
Darlot vino también al teatro y estrechando la
mano al Doctor y d Mag les anunciaba que estaba en moment.os de partir para Bretafl.a.
-Tengo, les dijo, vivos deseos de visitar Tregastel que según dijo la sell.orila Hartley es un
pueblecito encantador.
Maria Magdalena. sonrió viendo con gusto ese
deseo que su amigo Dar)ot tenía de aproximarse
&amp; su amjga Lucia.
Tan luego como se abrió 111. sesión, el sellar
M1,igna11 con voz chillona y entusiasmo cómico
leyó un opúsculo de espantosa duración: al principio reinó un respetuoso silencio, pero pronto
ante el vacfo tremendo de la interminable lectura empezaron las convereadones, primero ll. la
sordina y lnego en murmurio continuado que se
alternaba con idas y venidas de los coocurrentee, 11 brir y cerrar de puertas, sillas empujadas,
personas que ae instalaban y visi as que iban de
un logar A otro. Loe colegas del serior Maignao,
eonolientoP1 le escuchaban poco y no despertaron
11fno A su grito final después de tres cuartos de
hora. de lectura. La ceremonia continuó, pues cada uno de aquellos sellores tenla que leer algún
trabajo erudito, traba.jo sobre ilustres desconocidos de loa cuales no babia nadie que hubiera sospechado la existencia, y cada unolde estos sabios
no despertaba sino para leer eu propia obra, después de lCI cual ae dormía de nuevu 6 se esquivaba sin ruido.
En cuanto al Presidente, después de eus descubrimienios respecto A la ropa interior de Enrique 1V, se h'lbia dejado caer en un sUlon presa
de un profundo abatimiento y casi desaparecía.
bajo la carpeta verde de la mesa: se le hubiera
creído escamoteado por algún artificioso prestidigitador, si las hebillas de plata. de su.s zapatos
no hubieran estado brillando entre los flecos de
la. carpeta y si de tiempo en tiempo no se le hubiera oído decir con voz nasal y sofiolienta:
-Tiene la palabrs. nuestro honorable colega
el seftor X.
Poco á poco se fuá vaciando la sa1a, Darlot
f11é nno de los primeros que salló, pues tenía poca resistencia para el fastidio, y en cuanto á Gerard, después de ha.ber bosquejado algunos croquis caricaturescos se lné a1 casino eon e1 fin de
mostrarlos; y su mujer A poco rato expresó tales
deseos de salir, que el Doctor se vió en la necesidad de ofrecerse á acompaflarla.
Maria Magdalona quiso salir con ell~s, pero sn
suegra le dijo con tono imperioso:
- ¡Quédese usted, vida mía! Por rospeLo al se11.or h.!Jtignan ee preci30 permRnecer hasta. el fin.
-El eellor Maign11n estA dl.ll'Oliendo, observó
la joven.
-~o mucho, se apresur~ A decJr el Doctor qne
prefería ir t,. pasearse no roM con Clara; parece
que eetA duhlliendo pero es con un ojo, como los
oidores de Tribunal.
- Ademá.s, afladió la.seftora Le Clercq, hay el
inconveniente pnra que pueda usted irse, hay el
inconveniente, digo, de que me tiene usted que
acompa.ll.ar Ala visita de nuestrú orfanatario. Deseo que desde ahora .se encargue usted de la Di-

rección general de los talleres, es decir, de la
parte material de loe tr!lbajos de aguja.
-Cómo! exclamó Mllg aterrada.
-Si, vida mia, es 1111a coi;a muy fAeil que al
principio le va A ser enojosR, pero lutgo se acostumbrarA. No es mAs que cortar enaguas, camisas y trajes de uiff.os que dJstribairemos enire les
costureras auxiliares, llf'vando usted la cuenta,
ademAs, d'l todas las entradits y salidas de objetos. Esto va A ser muy interesante para usted. y
yo la ayudaré. Por otra parte, es indiapemablel
En la última sesión general he anunciado que
aceptaba nsted esas funciou&amp;e y todas las sefl.orae socias hicieron eon gusto el nombramiento de
usted. Esto es muy houroso.
Maria :Magdalena, exasperada, replieó:
--Siento, setlora, que no me baya usted consultado préviamente.
-Para qué? Supongo que no se habría usted
atrevido á rebusac, sabiendo que me daria usted
una penn.
-Es que no me siento capaz para desempeftar
un puesto semt&gt;j1mte.
-Ya la pondremos fl. usted al corriente de todo.
-No tengo tiempo suficiente
-Siustednadatiene que hacer! Y ademAs, este
sólamente serA trab,ijo de algunas horas cada semana v no alterará t-n nada. lascostrunores de usted que puede continuar en su vida mundana.
Esto no serA más que una nota seria en esa misma vida. Vamos, vida mia, no tome usted ese
aspecto de desesperación y reflexione en que
liU nombre y su pos'.ción le imponen ciertas
obligaciones. Desde hace mt\s de nn siglo, los Le
C ·cq han sido los benefactores de la poblución
pobre de Montpazier! euaodo morimos. legamos
rentad al hospital; hemos fnndado un asilo y un
orfanatorio; mi suegra, que era al mismo tiemoo
mi tia, como usted sabe, fué patrona y ptesidenta de casi todas las insútuciones de la ciudad; yo
la he sucedido y es fuerza que usted me suceda
A mf para Jo cual debe irse usted ya preparando.
María Magdalena, presa de melancólico abatimiento, escuchaba. En el escenario, un sef'tor calvo y sin barbas leía la monografía detallada de
un casucho antiguo y ruinoso del que no se conocían los propietarios primitivos y el lector se
entregaba sobre este particular A las eonjeturas
mt,.s ingeuiosas.
-Nosotros tenemos nuestras tradJcionee; y usted que esta tan ufana da su familia, debe comprender esto, alladió la seff.ora Le Clercq con voz
afectuosa. Usted es buen&amp; y se sentirA feliz haciéndose útil A los pobres. Es tan hermosa. la eari dadl
-Ouaudola hace uno por su propia inspiración

y ain sentirse obligada a. ello, replicó con amargara la joven.
La sefl.ora Le Cleecq pareció que no había. oído
esra contestación, tomó sus gemelos y conesgró
toda su atención "1 orador en tant() qu" Maria
lligdaleua en todo el tiempo que duró la sesión,
DO entendió ni vió nll.da porque tenia el corazón
colmado por la cólera. Un solo pensamiento le
ocupaba i:l cerebro: ¿hasta dóude iba A llegar 11\
tiranía de que era victima? Esto no era por decirlo asi, m1ts que el principio. Ya se leb11bíaentrediehado toda intimidad con su marido; su líbertad de casada que quiere estar en sn casa; el
derechc, de r"cibir A las amigas de au agrado, y
ahou ee le iba A enredar en las mil mayas de las
ocupaciones filimtróptcas, lote ordinario de las
per&lt;1onae cargadas de afl.oe y de eulpae, que:: sólo
piensan ya llll la salvación de su alma.
Se le iba A imponer la sociedad de una caterva de viejas excelentemente fastidiosas que sólo
hablaban de sus pobres, de su conlesor, de su ama
de Ul\ves ó de sus g11tOi y se la iba ll dar pc,r úni;
ca dMracrcióu la d" asistir A reuniones genera•
les para díscutlr la cantidad de c1Jbertores que se
debinn comprar para el invierno; y cui,ndo aún
tenia veinte anos, te11dria. que pasar loe días cor•
tando, cosiendo y distribn} eodo trajee grosero,;
a gentes suci.. s y misHables.
:Mlll'fa. :Magdalena temblaba. La vida le parecfa
muy obscura sin esperanza de días mejores. Y
Roberto ¿dejarÍII. las cosas en ese estadoi' ProbablementA si. Dtisde que regresaron de 1.1u f'Sca.patoria todo babia vueho A caer bajo el domiofo absoluto de su m .. dre; trnb11jaba mucho, reía poco y
seobservab11. en su. conducta. mucho de reserva. y
de reticencia: era una alma que cerraba sus puertas
A toda comuulcación d,cl exteriur.
La jo ven tuvo una cribis de desesperación que
procuró dibimular bajo mia aparenu~ indUt1 encin,
de suerte que lll suegra pensó que se había resignado fi\cilmente A aceptar su poderio y que er1'
necesario recompen11ar]a por su sumisión regalf1.ndole un p&lt;Yney de montar que deseaba desde
antes de casarse. Aaf se da t los niftos un pedazo
de azúcar para endulzarles el sabor de las medicinas.
La sesión termiuó, y con la misma lasitud aparente Maria Magdalena ee dejó condo.cir al orla-

�24

"EL Jd'UNDO ILUSTRADO"

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natorio donde se encontró con las amigas de su
suegra que ;a felicitaron por las funciones que
iba á llenar; tuvo el honor de inspeccionar las
clases de costura; ee la presentó con la hermana
Directora; se le entregó un gran llavero con lae
llaves de los armarios que guardaban las telas
por preparar; se la introdujo en un gabinete, el
gabinete de ella donde tendría el derecho de sentarse junto A una mesa enorme y recibir á las
gentes que vinieran á pP.dirle socorros y de distribuir el trabajo A los chicos del orfanatorio. Era
una pieza fría como lo son todos los locutorios de
convento, piso pintado y muy resbaladizo; sillas
de paja colocadas en fila junto álaa paredes blanqueadas con cal; 11na Santa Virgen de bulto sobre la chimenea, entre dos ramos de flores artificiales de pésima confección, y cc.rtin11s de tela
blanca de algodón en las puertas de los paaadizos.
Maria Magdalena se dejó conducir con aire indiferente, sonriendo de un modo cortés pero maquinal al ofr cuanto se Je decía y no teniendo mAs
que un deseo pero vi\•o y tenaz: regresar Asu ca•
sa., quedarse sola y ponerse A pensar en lo que
le estaba pasando.
~ Escribir é. Lucía .... 1 Sf, esta idea se le había
aparecido como un rayo de esperanza. . . Y sin
embargo ¿qué podrA b.acer la eellorita Hartley?
Nada en verdad. Sin que Maria Magdalena lo hubiera sospechado, ya la joven ingle11a había. tocado el único recurso pcsible habhmdo á Roberto: pero si era impotente para modificar ese estado
de cosas, podríii al menos enviaron buen consejo
ó siquiera algunas frases alentador11s y de afecto,
De esto er11 de Jo que sobre todo tenía necesidad
la pobre M11g que se sentiil muy ~ola sin tener A
quien confiarle sus luchas y sus tristezas, pues
desconfiaba de Roberto sin saber por qué y el
Doctor era demasiado egoísta para intervrnir.
La se.t\ora Le Clercq y su nuera rf'gresaron en
coche sin que Maria Magdalena pronunciara una
sola palabra; veía vagt1meole enfrente de eUa la
librea azul subido del cochero, y los caoallos que
iban al trote cadencioso irguiendo la cabeza y
levantando mucho los brazos.

25

EL OBSTÁCULO,

Las primaras veces que María Magdalena entró en este coche, muy bien guarnecido y de un
gusto correcto, esperiwentó uo satisfacciones
de amor propio y de vanidad, pues le eran desconocidas estas pequefleces, sino esa plenitud de
bienestar que las naturalezas delicadas saborean
al gozar de loa encantos del lujo. Ahora todo le
era profundamente indiferente; lo mismo el palado ~untuoso qu~ el jnrdin inmenso cuidado y cultivado c,.Huo el parque de un príncipe, rodeado
de altas rejas con sus verduras sombrías recortando el brillo de lae vitrinas de loa invernaderos colocados en el fondo, invt'rnadero de CRmelias, invernadero de foogeres, inverdaderos de
raisios y de pJátanl•B enaros.
Dirjgió sobre e:to una mirad'l de cansancio, y
en tanto que an suegra apenas descendida del
coche corrió precl'dida por el jardinero en jefe,
á ex"mini.1• una cotección de llores recibida en
su ausencia, ella con pas\.&amp; vacil1ntes y iánguidoe, muy diferentes de sn andar ágil y gracioso
de otros dias, entró al ves1ibulo engalanado con
tapicerías flllmencu, subió la esealer11 de gradas
de mármol, v E&lt;in conced~r una mirada A lit serie
de departamentos suntuos11s que iba atravt sando,
entró en sus aposentos del primer piso.
Vaciló unos instantes ante la puerta del gabi
nete de trab11jo de Roberto y sintió el deseo vehemente de acrgerse á él, buscar 6U protección, y
ante esa sola idéa le acarició algo como un ba11.o
de consuelo; pero inmediatamente después la
imagen de ese hombre grave y eevero que t:&amp;taria atrincherac!o det.rás de un montón de volúmenes y de expedientes el cual la contemplaría

con aire interrogativo, la heló quitándole toda
esperanza de apoyo.
Roberto por su profesión y su carácter, tenía.
un espíritu doctrinado y discipilnado, incapaz de
apreciar en su verdadera valfa lo que le estaba
pasando á su mujer. Habría necesitado esta elltrar en detalles menudos que son difíciles de
precisar, porque A la verdad, hechos concretos no
había para presentarlos en un cuerpo de acusa.
ción. Esa persecución incesante de que se la hacía objeto, esa invasión gradual é inexorable,
se componía de minucias apenas perceptibles;
era una intervención sobre todos sus actos, sobre su libertad moral y hasta sobre sus moTimientos.
Pero quiahl organizado todo esto en forma de
requisitoria, la protesta con que terminara contra tan ominosa tiranía, se 11poyaría en nimiedades y nonadas indignas de tomarse á. lo serio,
en tanto que desde Juego, y en hecho'! muy visi•
bles y realzados, se le podía echar en cara la
multiLud de beneficios recibidos, todo ese lujo
pagado A tan altos precios, y los mil obsequios
y mil concesiones amables y graciosas; hasta sacri(lciosl ¿No se había separado de la eeftora
Charmon nada má.s que por complacerle?
Convencida pues de la inutilidad de una tentativa, sealeJó de la puerta sobre cuyo picaporte
babia puesto ya la mano y gnnó rápidamente su
habitaci11n. .Arrojó el ;;ombrero sobre el mueble
mAs cercano y se dejó caer 11brum11dn en un si•
llón. ¡Cuán dista11tes, ay! estaban los tiempos en
que para calm11r sos excitaciones nerviosas lf'I
bastaba con dar unas vueltas por el salón! Cerró los ojos para intentar dormir y escapar así á.
los pensamientos que Ja desolaban.
Había proyectlldo escribir á Lncfo, pero no!
Le babia venido cierta especie de pudor doloroso ante la id ea de descorrer el velo de eus angustias íntimas aunque tuera delante de una amiga.
Habría sido necesario rererirle numerosos detalles, confesarle su impotencia creciente sobre
el espfritu d~ Roberto, recriminar, quejarse, y
l\faria Magdalena era orgullosa y comprendía
que la actitud de una muJer que se queja de eu
marido y aún lo vitupera, no era digna de ella.
Muy bien sabía que refiriendo sus disglll!tos los
hacia más extensos.
Después de un largo espacio pasado en una
somnolencil\ abrumadora oyó la campana que llamaba para comer, y haciendo un esfuerzo supremo acudió A verse en el espejo por un postrer
vestigiJ de su coquetería femenil y bajó al comedor, pues ya sin lugar 9. discusión se comía
diariamente en ca11a de la sefl.ora Le Clercq.
En e1 salón estaban conversando el Doctor de
Bois de Saint Marce), Darlot, Roberto y la séllora Le Clercq, y comentaban con risas y burleta&amp;
la sesión enojosa del día. El Doctor bacía picantes referencias á la seflora de la Palliere eo11 la
cnal babíil pasado horas realmente divertidas.
Darlot invitado t comer vino á saludar A Maria Magdalena y le dijo después de haberla observado con mirada escrutadora:
- EstA usted enferma, Mag?
Roberto y la sefl.01 a Le Clercq ee vol vieron A
verla por un movimiento expont!neo y verdaderamente afectuoso.
-No, contestó la joven esquivando mirarlos
de frente, estoy no má.s algo tatigada.
-¿De la sesión tal vez¡&gt; preguntó Roberto.
-Alás bien puede eer de la visita al orfanatorio, replicó la sefl.ora Le Olercq. Si me hubiera
explicado usted, vida mta, que esta ha usted indispuesta, nos habríamos venido sin tardar.
-Oh! no se ocupen ustedes mé.s de mí¡ se los
suplico, dijo María Magdalena tratando de son•
reir y con un acento que guiso hAcer dulce y grato. Esta visita era necesaria y vale más que de
una vez la.háyamos hecho.
Reoé Darlot contemplaba A su amiguita con
profunda tristeza, pues teniendo como tenia verdadera afección hacia ella, observaba cuán deprimido estaba su ánimo y el cambio de expre•
sión que presentaba au fisonomía. Aquellos ojos,
en otros días resplandecientes, estaban ahora
melancólicos, aquella boca riente estaba contrai•
da por el dolor, y toda esa joven encantadora por
su vivacidad, sos arranques y su petulancia., parecía como encerrad!i en una actitud de restirva
y de mutismo que la colocara no mti.s que á. la
defensiYa,
(Continuará.)

EL OBSTACULO
'
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VJ!lRSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

Número 4.
Magdalena vió que Darlot la examinaba y Je
sonrió. Darlot le dió el brazo para llevarla al
comedor, y le dijo en voz b11ja y con acento confidencial.
-No pierda usted, querida Mag, su encantadora alegría porque parecería como que cambiaba
usted de personalidad. Quisiera que tuviéramos
alguna ri11.a fuerte entre los dos como sucedía en
otro tiempo, para tener el gueto de contentar A
usted y verla reír y regocijarae.
Mngdalena 11acndió con tristeza su cAbecita ru
bia y trató de seguir sonriendo: esta simpatía
fraternal Je era muy dulce, pero á. la vez !1t entristecía. proruadamente con la consideración de
que no era Dllrlot sino otro quien debía observar que estaba sufriendo y compadecerla y consolarla.
-Cuando está. usted así, dijo René suspirando,
me recuerda mucho A mi hermana.
Y era verdad. De improviso la lasitud indirerente de Mag le habfa, traido A la memoria una
expresión semejante que babia observado en su
hermana cuaudo sintiendo que se moría lentamente, de una enfermedad incurable, no había ya
nada que le deYolviera las esperanzas. Oh! E~a
era la mirada de desaEento llena ae reproches
de un ser joven que tiene derecho A la dicha y
siente que todo ha terminado, que ya no Je queda nada, y que sus ilusiones le mintieron.
Igual á su sufrimiento de ahora era el que sintió Darlot cuando al morir aquella nUia a quien
tanto había amado, le sonreía con una sonrisa
como la de Maria Magdalena. Esta sonrisa era
la que le había dejlldo mAs profunda huella después de la desgr11ci&amp; lnolvuiable que le hundió
en el dolor.
María Magdalena le inspiraba uua piedad sincera y angustiosa y dirlgió al Doctor una mirada
melancólica que contrastaba con la gran alegría
de este egoísta que estaba junto á su hija 11in pensar en ella; y contempló A Roberto siempre correcto y altivo y á la sefl.ora Le Olercq muy ala.
nosa. en hacer con toda amabilidad los honores
de la casa. Y viendo cuanto le redeaba, el Doctor
se decía interiormente:
-¿Ko se apercibirAn todas esas gentes que estAn poniendo loa medios mb adecuados para destruir la bella harmonía de esta naturaleza de mujer tan delicadamente exquisita?
La comida empezó en medio de un silencio relativo, y solamente el Doctor de Bois Saint Marce!
lanzaba de vez en cunndo alguna puya sobre las
personas 4 quienes había conocido en la función de
la sociedad de sabios. .Estela servia la mesa con
la agilidad de costumbre, cuando la seflora Le
Clercq haciendo como que de súbito se había fijado
en ella, la dijo con un tono que dejó en suspenso
todos los Animos:
·
-Me parece haber ordenado á usted que se
peinara de otro modo.
Maria Magdalena vió á su criada con admiración. Esta aguardando tal vez de ella un apoyo,
contestó:
-Confío en que se servirá usted p~rdonarme,
pues no tengo cofias de algodón.
-Se Je darAn á usted las que sean necesarias
y ee mandará por ellas á la lencería, pero veo
con disgnstola negligencia de usted, porque prueba una mala. voluntad que no estoy di11puesta á
tolerar.
Muy mortificada y conmovida por haber sido
reprehendida en presencia do testigos, Estela dejó caer una cuchara de plata que produjo un so•
nido prolongado al chocar sobre el mos1ico demár•
mol del pavimento, y como A la sellora Le Clercq
le hacia m11y mala impresión que se maltratara.
su argentería, exclamó con suma acritud:
-Es usted una torpe, un;1, descuidada y una
grosera; hasta aquí se la ha dej_ado ob~ar á su an•
tojo, pero le pre&lt;,e~go que aqu1, en mi Cllsa, no
sufro rebeldías ni insolencias!

-Yo estoy al serviciodelaeefl.oraRoberto,res•
pondió Estela llevada al último extremo.
La seilora Le C!ercq enrojeció de cólera y replicó:
-Salga usted de aquí: ya hablaremos dentro
de un me-mento.
Maria. Magdulena dijo con una entonación tnuy
amable:
-Vaya usted, Estela, se lo suplico, y vuelva á
mi departamento.
ExRsperada por esta intervención de su nuera,
la vieja gritó:
-Puede usted preparar su maleta porque ma11.ana se va. Queda usted despe&lt;lida.
Estela s11Ji6. María Mag11lena se puso pálida y
con una voz cuyo timbre vibró sonoramente en
medio del silencio que se habfa hecho glacial,
dijo:

-Esa criada es mía, está en mi casa y nada
más yo u~ngo derecho de despedirla.
Esta era «1 fin la explosión irresistible de to•
dos los rtincores amontonados en tres meses de
opresión. La se.flora Le Clercq no tuvo el tacto
de comprenderlo aei; su orgullo se reveló y pro•
testó con dominadora alth-ez:
-Usted se olvida .... Usted se olvida del lugar en que está.
l\laria Magdalena arrebatada por una cólera
tan intensa que se le hacía horriblemente dolorosa, ee levantó y habló con la misma voz imponente que babia empleado su suegra. Sabía muy
bien lo que estaba diciendo, ofa eus palabr11s como si otra persona las estuviera pronunciando, y
conservaba ante todo y sobre todo su extremada cortesía de mujer bien educada.
Sin reflex.ionar en las consecuencias de este
incidente, se aproximó A su suegra y pálida,
con los labios temblorosos y la mirada fija le
dijo:
-Debería usted comprender, seilora, que ha
ido demasiado lejos. HastR. aquí me he resignado
á sutrir todo lo que ha sido del agrado de usted
imponerme, pero le ruego que haga ces11r en este
punto sus exigencias.
-¡María Magdalena! exclamó Roberto estupefacto.
El Doctor se levantó para llevarse á su hija.
-Cuando esté usted má.a tranqnilll, replicó la.
sen.ora Le Clercq, espero que retlexlonará y que
vendrá !\ presentarme las exc11su que debe por
esta inconveniencia.
-Estoy muy tranquila ya. Si acaso he empleado alguna ó algunas expresiones incorrectas, no

tengo necesidad du esperar nada para retirarlas
como lo hago desde luego pidiendo por ellas perdón; pero lo que si mantengo e1:1 solamente esto:
que Je suplico á usted cese de obrar respecto A
mí con ese sistema autoritario, al cual ya no quiero, ya no quiero ma!i someterm_,
Después de estti ya no quiero ntds pronu11ciado
con una voz firme, l'lfaría Magdalena calló dejando aterrados :l los testigos de- esta escena. Con
la mano apartó al Doctor que se le aproximaba
y luego, sal11da1..do correctamente, salió con una
calma perf¿cta que nadn tenía de fingida.
Desde ese momento, como si hubiera acabado
de encontrar el único remedio para la crisis qua
venía sufriendo desde tres meses antes, sintió
que le venia una gran tradquilidad y una paz absoluta. Hitbfa acabado de romper con todo, la
suerte estttba echada y ahora se abandonaba ella
á una lndirerencia profunda y agt.ardaba los
acontecimientos con una especie de fatalismo
oriental.
Cuando 11.-gó A su aposen·o, yn en completa
calma, no sentía más que una dolorosa palpitación ,i11usad1t por la violenta escena que acababa
de sacudirla.

L11. comida terminó precip.itttdamt!nte. Bené
Darlot no pudo dejitr de admirar lu actitud verdaderamente inteligente de Ja seftora Le Clercq
en esta difícil situación.
Después de la salida de María. l\fagdalena ni
una palab¡•a de comentario fué pronunciada, y la
vieja puso una cara tan serena como si pareciera
ignorar que acababa de ocurrir una escena viole1,ta; y viendo que el Doctor había vuelto A ocupar su a.eientu, le dijo con interés reanudando la
conversación interrumpida.
- Entonces, ¿usted se figura, sellor, que la sellora La Falliere conseguirá colocar á sn marido
en una de las oficinas públicas de París?
-Pues eso es bastante factible, aefl.ora, contestó el Doctor. 1\le suplico que tomarR empeilo
por ella y como tengo amigos en todos los cír•
culos sociales, le prometí t'ecomendar sus pretensiones.
A pesar de todo lo que lo tenía preocupado,
Dru·lot sonrió. La sen.ora La Palliere mu) a.recta
11 la intriga y deseosa de una' vida más· alegre,
ven[I\ pretendiendo Jesde tiempo atrás empujar
A Gerard á la burocracia de París, pero loi empleos eran muy solicitados, carecía de buenos
apoyos y ahora al fin había encontrado una buena pista.
Dejando á su madre que contestar11 al seftor
de Bois de Saint l\Jarcel, Roherto se había quedado profundamente pensativo y luego sin haber
recobrado su calma habitual y sin explicarse có•
mo, se encontró Jerrepente en una de las avenidas del judfn inglés pasenndo á. pasos precipitados.
Un rayo estallando en un día tr11nquiJo y sereno le hubiera causado menor impresión que ese
arrebato de rebelión brusea de María Magdalena.
La sensación mAs precisa de Boberto, la que las
dominaba todas, era una vehemente indignación
contra su mujer. Haber promovido semejtl.llte colisión por un asunto tan fú til como era despedir
una criada y sobre todo, haber tenido una salida
tan exttgerada y audaz, devertts qne no podía.
perdonarse. Y luego que se atrevió A decir con
tanta firmeza: «no quiero, ya no cedo más» .. ..
Eso sonaba en los oidos de Roberto como el toque de llamada de un clarín guerrero.
Esta chiquilla A quien había creído fútil é insustancial, esta ingrata. que A su madre y A él
debía todas las comodidades de que gozaba, se
ponía en rebelión abierta y se permitía tratar de
igual A igual á la sen.ora Le Clercq, olvidando
h.aata la considerAción que sel e debía como per-

�1

26

l

"EL MUNDO ILUSTRADO"

sona de edad, olvidando que era la madre dts Luego, despidiér,dose se aproximó á la se:il.cra Le
su marido y hasta olvidando que se encontraba Clercq y le pidió permiso parn retirarse.
en presencia de personas extraflasl
A la sell.ora Le Clercq Je era interesante este
¡Bien se comprendía que Darlot no la preocu- original y estaba ansioM por saber lo que pensapaba, sino que pc,r el contrario, contaba con él, ba del incidente, por lo cual be quedó 11ola con él
con su complacencia y su aprob11ción.
bajo pretexto de ir á acompallarlo hasta la reja.
De seguro que lo que que, ia era sacudir el Trataba de procurarse un medio ingenioso para
saludable yugo de la senor11 Le Clercq pa- hacerlo hablar cuando él mismo fué quien en un
ra regresar A la existencia libre que lhvaba arrebato súbito dtsl corazón, le salió al encaentro
antes de su matrimonio y sobre lg cual las con- diciéndole con voz co1:movid1t.
versaciones del Doctor habian arre&gt;jado una luz
-1Vamo&amp;! usted que es t,m buena, tan buena,
verdaderamrnte inquietante.
ame un poco A esa pobre :\fAg!
Pues bien, no. Lo había calcul11do mal: no se-¡Cómo! ¿Pero que se figura usted que no la
ría Roberto quien la dejara lanz11rse en esa vía. amo? replicó ellil. con ~incera admiración.
Era necesario reprimir esta rebelión insolente
-Si; es verdad que usred In ama, pe1·0 no por
de modo que l\Iaría M!igdalena no reincidiera en ella sino por ustdd. Dios mio! Ya sé que casi siecn
ella más. porque si no, era posible que se atrevie- pre es a~í como se ama, pero siendo u11ted como
ra después A todo. Debfa presentar sus disculpas es, bastante gen1-rosa. bien podria conducirse de
A la seflora Le C'lercq y se las presentaría, p11.ra on·o mod 1. Déjel"' usted que conserve su perso ,
lo cual Roberco le habl11ria como 11mo y se baria nalid11d, no la oprim·l. Ei una verd11dera 11ina y
obedecer, no quedllndole A In joven más recurso tiene necesid11d de sentirse libre. Mire u~ted: yo
que someterse; y de este Incidente en que pensó la he encontrado muy dilereme de como la couo
locamente triunfar, saldría enteramente
derrotado. Pero no qul!ritt ir A hablará
su mujer inmediatamente porque se sentía muy exaltado aún y temfo ioi;arrir en
alguna intemperancia de lenguaje que
despué3 le seria tal vez peuosa.
Darlor. se le aproximó:
-.Matlaoa parto, sefior, me voy para
Eret111\a como ya se lo había yo dicho á
usted y como no sé si hoy pueda tt:ner
el gusto de volver A ver A Morí.. digo, ti.
la serior11. de Roberto Li( Clcreq . . ..
Darlot había estado A pUDlC' de de~ir
«~Iarfa Jl[11gd11lena» y Robt!rtO que se
a percibió de este detalle quedó muy contrariado. ¿Qué especie de f&gt;'ruiliaridad
tenia ella con sus amigos que se permitían
Jlamarla por su nombre como A una criaturitn?
-~&lt;, es probable, en efecto, que salga
de su aposento, pues habrA usted obser,
vado qtte cuaba algo ederma.
--Enferma .... ;.Lo cree usted? á mi
~
me p1ueció mll.s bien diEgustada, pero
vl, . .
1
muy segara de eí misma y muy firme
-, ~
A pesar de su exl\speración.
~
.
Roberto, á cada instante más irrit11do,
,-,;,t,.
se acordó entonces con extremada preci- ~~~~¡;~=~~i
sión de las advertencias de la joven inglesn y se le figuró volver á verla. frente ~ .. ·
A frente mirándole con aquella seguridad f Cty firmeza que la hacían tan simpl\tica y
,
revelaban su lealtad. La sefl.orita llartley
f .l.CiQ!t
le babia dicho: ¡Cuidado, mucho cuidado!
Empujada al último extremo, Maria Magdalena se revelará: usted no la conoce!
Y en efecto, lfoberto no la conocía y
nunca la hubiera creído capaz de tanta
decisión y de tanta audacia. cMagdalena
cansada de luchar, volverá á la casa de
su padre si su padre la quiere recibir»
había agregado LÜcfa, pero precisamente si ~Isgdalena se atrevie3e á llevar á ese pun- ci; la he visto cambiada, triste, languideciente y
to la insurrección, el Doctor desaprobaría su con- me ha dado IAstima. ¡Ella que siempre estaba tan
ducta. En ese momento Roberto le vefll marchan - alegre, tan joven, tan admirablemente llena de
do I\I lado de la seilora Le Clercq, hablando con alegría y juventut..11 lmágioese usted un plljaro á
animación, tratando de disculpar sin duda A su quien se le amarra de la patita con un hilo, aunbij~, y prometíendo que la obligarfa á la sumi- que el hilo fuese de oro: no cant11rfa más¿ verdad?
sión.
y se moriría de tristeza.
Darlot siguió la dirección de la mirada de RoLa senora Le Clercq que al pronto pareció haberto, tuvo el mismo pens11miento y sonrió atu- berse conmovido se irguió sintiéndose lastimaoa
zAndose el bigote.
mAs allá de toda ponderación al observar hasta
- 81 la esposa de usted estuviera enferma, su qué punto se del&gt;conocian sus intenciones y sus
padre se apresuraría á ir á cuidarla, pero la co- actos.
noce y sabe que en estos momentos lo mejor es
-He aquí, dijo, comparaciones muy poéLicas
dejarla 5ola consigo misma. Yo que también la
pero
inj11stiiicadn11 en mi concepto, puesto que
conozco, pienso como el Doctor. Naturaleza exMaria
l\Iagdalena goza de toda la libertad deseaquisita y refinada, su igualdad de humor y su
ble.
No
tiene, es verdad, la misma de cuando era
calma pueden durante mucho tiempo impedir que
la
seftorita
Bois Saint M11rcel y podía frecuentar
se deocubra su finneza y casi podlia decirse su
la
sociedad
de gentes vichidas y equívocaR, pero
obstinación.
sobre ese punto me permitirA usted preferir mis
• i el aire glacial de Roberto ni la afectación antiguos hábitos que son los de todos mis antececon que contemplaba A su interlocutor fruncien- sores, pues es indispensable que se conserve la
do el entrecejo de un modo bastante eignifieati• dignidad de nuestro nombre.
vo, detuvieron á Darlot que, semejl.lllte en esto á
Darlot que babia logrado rehac1:rae, dijo con
la setioritaHartley, iba siempre recto á su fin sin su voz más ioclsi va:
dej~rse desviar por nada ni por nadie.
-¡Muy bien!, mi sefiora, muy bien! Me es muy
H.ober,o no le simpatizaba ni un plico; en este interesante tropPzar con personas qu'e tienen firmomento mismo hallaba placer diciéndole verda- meza de carácter, pues teniendo como tengo una
de:1 muy duras sobre su superficialidad, su impre- debilidad deplor1tble, me divierto en estudi11.r cua.l
visión y su manera egcis!a de amar A María Mag- de estas dos cualidades buena ó mala que se lae
daleoa y hablaba con un,, seguridad enteramente juzgue produce más detestables resultados. Pienadecuada parn exasperar al joven jurisconsulto. so, sin emburgo, quo hay casos en los que las

_;,:,-7 ~t.,

gentes inflexibles deben saber ceder un -po~o, así
como los débilt:s, de vez en cuando revestirse de
cierta energía si hay casos graves que sirv~n do
motivo. Esto es lo que acabo de hacer dec1diéndomé á. decir A usted lo que le be d:cho.
Sin esperar respuesta saludó respetuosamente
y se lué con paso rApido franque11ndo en ~reves
instantes la reja. Lu seliora Le Clercq le v1ó ulejarse con profunda estupefncción.
La intervención de Hené Darlot había. producido
en Roberto un tfecto semej~nte al que produjo
en su madre avivando más bhm que calmando la
11gitació11 contra María Magdalen,1 .
Atrnvesó, !'Ues, rltpidamente el jardín, y entró
en el aposento de su mujer. lb!\ con la resoluc;ón
de decirle senc:Jlamente: «Maria ir11gdalena, desapruebo la conducta de usted: usted ha olvidado
lo que debe A mi madre, y deseo que le presente
usted sus excusl\s y que para el porvenir evite
usted escenas de esta clase.» E3lO se1ia bastantl':
111 joYen se verii obligada á obedecer sin réplica,
y sus pujos de chiquilla sediciosa ~erían
desde luego abatidos.
Biijo estas impr'-'siones entró y vió .\)la·
ría M¡¡gdalena que estaba leyendo, sentada cerca de la ventana, y que ni aun levantó loe ojos al oir el ruido que produjo
la puerta cuando se abrió. Sin duda est11.·
ba aterrttda y esto actitud traoqu'lll no
., era. más que un supremo esfuerzo parll.
·• ocultar sus temores. Roberto avanzó hacia ella con ademán severo y como era.
un horubre metódico y un abngado, y tenia la costumbre de consen·ar en la memoria las frases qüe prévi11mente pensabll y maduraba para cada caso, comenzó
con entonación perentoria:
-~Iaría :Magdalena, desapruebo la conducta de usted ..... .
Ella colocó el libro sobre una mesa y
dijo io·errurnpiendo á. su marido.
- Lo siento mucho, muchísimo, pero
ya me lo esperab11.
Y como estas palabr11s fueron dicbas
con voz dara, trnoqnila y reposada, t1
abogado quedó estupefacto.
-¡Que se lo esperaba usted! Y sablen
do que me iba A ser desagradable, obró
usted como cbró?
-¿Q1,eriendo serle A usted desagradable? No, Roberto. No hubo premeditación:
hablé, ;-orque había lle~a.do al agotamiento de mis ftterzas de resistenci1t y eso, si
no hubiera sucedido hoy, tendría que suceder mallana. La verdad es que ya no
estaba muy segura de mi cuando se presentó este incidente y ..... .
-Habla usted con demasiada tranquili•
dad. gritó él perdiendo su flemaacuscumbrada, sorprendido por semejante acti·
md que salia de los limites de toda previsión.
Mag se levantó, se acercó A Roberto y
éste pudo contemplarla a plena. luz. Estaba en
erecto muy serena y una expresión de1·esolución
contenida daba A sus beciones un aspecto nuevo, Roberto tuvo la intuición de que no erit una
nitl.a la que estaba delante de él, sino una mujer
de vol.untad acaso tan fuerte como la suya y comprendió que la lucha iba á ser tormitlable.
M~g_gua!•dó &amp;ilencio unos instantes pues toda
recr1m1nac1ón le parecía inútil, El hecho se había.
realizado; una situación defJnida existía ya y quedó esperando que su marido le comunicara lo que
había resuelto.
Robertó agregó:
-Si: usted. está. muy tranquila después de haber obrado de manera qne me causó una viva
c?ntrar~edad. Usted olvidó e! respeto y las con~1derac1o~es que debe á mi madre, y habló con
rncooceb1ble audacia delante de un extrallo. Al
oír A usted ¿no podria cualquiera imaginarse que
usted es desgraciada aquí? Responda usted, Maria Magda!~r:a, y no se quede, como lo hace, mirándome f1Jamente y sin decir una palabra. Yo
tengo el derecho de saber por qué se ha olvidado
ur.ted de las convenien(lias hasta ese punto.
-No creo haberme olvidado, replicó ella con
mucha calma, y tengo la convicción de que usé
términos ente:-amente correctos, ademAs René
Darlot no C3 para mí un extran.o sino ua aw1go.
Roberto, mu.&gt; irritado se puso Arecorrer el salón a grandes pasos.
-Preguntarme pe,r qué habl6 , . .. .. ! Crtía yo

27

EL OB!&lt;TÁCULO.

que lo sabe usted bien amigo mío, pues es usted
demasiado inteligente
para que pudiera ¡.,.uorar
.
e
que no soy aqu1 ma.s que una chtcuela y que se
me trata coruo si fuera incapaz de pensar y obrar
por mi misma. No hago nada sin pedir licencia;
se me impone e&amp;to, se me prohibe lo otrC' y esta
tiranía aumenta momento A momento y se llega
hasta á despedir una criada que es mill, que yo
misma be traidu aquí y que me sirve desde la infancia.
- Oh! interrumpió Roberto. Esa muchacha es
de unl\ calidrtd deplorable y no me parece m&gt;tl
que sean alejtldas de usted todas las personas á.
4uie0Ps conoció Antes de su matrimonio.
-;.Por qué?
- PuPs porque ha vivido usted, qu1:rida mía, en
un medio que yo callriMrla de ... . impropio y
que el seil.or de Bois Saint Marcel nos ha descrito
de una manera tal que ....
~!arfa Magdal..ma se r.1borizó avergonzada por
est11 inculpación.
-Bien conocía u,ted ese medio. ¿Por qué me
fué á buscar allí? He aquí una rr11seque lamento
amigo mir•. ¿Algo en mi perdona le es á. usted
desagradable, tengo una conducta .... impropia
como usted dice~
Roberto se volvió l\ contemplllrla y ob~ervó
que teni'l un aire de profunda mP..1mcoli11.. E~ta.ba Jiodüima esca rebelde que rtivindicab I derechos de libertad incompatibles acaso cuo su juve11tu&lt;l. ¿Por qué diablos no se contentaba con
ser bPlla y amlida por su belleza arrebatadora?
-Pc1rsonalmente usted es eocantatlorll, djjo él
11proximll.ndose, pero Je asPgaro que l0:1 relatos
hechos por el Doctor, me 11.-1.0 despertado vivas
desconfiaoz11s sobre el carácter de las amigas que
t•!nÍtl ustetl.
- Conoce usted á una de ellas: ¿Le desqgrnda
Lucil\ 11:lrtley?
-D,·jemos en paz ú la sellorita llartley. U$•
ted trata de desviar la cuestión y me pre,enta quej11s infantiles que carecen de todo fandamentú. Aq uf no se 111 tiran iza á usted sino que se
la ama, y mi madre aprovecha cuantRs ocasiones·
se le presentan para demostrárselo á. usted.
•
l\lagdalena reprimió un ge:1to de impacienci1\
al oír hablar de hu generosidades cte fa seflora
Le Clercq, y Roberto faltando un poco al tacto,
lifladió:

-¿Las aficiones de usted A la elegancia y al
1ujo no s1:: ven siempre satisfechas grncias A su
desprendimiento? Debía usted tenerlo presente.
-No es posible que lo oivide, según la frecuencia con que se me recuerda, murmuró )fag despeehad11.
-Decía usted .... ?
-Oh! querido Robarto, dec(a .... .. digo por
fin, que es fatigosísímo y humillante estar oyendo que sin cesar le recuerden A uno la concesi.&gt;n
de obsequios que no ha solicitado.
-Esto, Maria Magdalena, es una. ingratitud.
No se le reprocha á usted nada, y usted corres•
ponde con el despecho y la impacieucia al afecto
de que se le dan pruebas.
María Magdalena se reconcentró un instante
porque el debate tomaba un camino penoso y eso
de discutir sobre delicudos asuntos de geoerosi•
dad v de reconocimiento, la contrariaba en lo
intimo del corazón. Comprendió que su esposo
11pena1 habil de9florado la cuestión, y re•
solviéndose á todo, quiso agotarla de una vez
¡mesto que ya se habfaempezado, y dijo con mueba-zalameria·y dulzura para hacer p8llar sas -p,rli.bras.
-Estoy segura, amigo mío, de que es en erecto por earifl.o por lo que me tiraniza su madre de
usted¡ no retiro e:1ta opinión y le protesto que si
no hubiera tenido en cuenta esemóvil, no habría
tenido el valor de sufrir tan l11rgo tiempo una
&lt;arga tan pesada.
Reconozco que me ha colmado, diré mas, me
ha abrumado á fuerza de regalos, de amabilidades y de atenciones ...... sólo que de mi parte
preferiría que me amara de otro modo, haciéndome menos obsequios y dej!n.iome obrar un poco
según mis gustos. Vamos, Roberto, asted sab_e
mejor que yo que no estamos en nuestra casa SI·
no en la suya; que es por su cuenta lo que comemos y bebemos; que ens criados nos sirven y s~s
carruajes nos pasean. Para usted que es el hlJo
ésta es sin duda una situación natural, pero yo
estoy bajo la impresión de encontrarme_ en _visita,
si torno en el jardin una flor, temu ser 10d1screta.
y no me atrevo A dnr orden alguna A esa servidumbre vestida de ceremoui11. que me ve con un

.

~

¡¡

,rf..
-':'!

"'
&gt;;,

respetuos.; desdén muy comprcnsi"ble para mí.
E,ta, amigo mio, es una sftunción tirantP. D1u·,
es un plncerextremado, en tanto qu~ reeibir, a.pesar de uno mismo, se viene á convertir, A 1~ IRrga,
en un verdadero suplicio. ¡En norubre del cielo:
que la sefl.ora Le Olercq me recoj11. cuitnto me ha
regalado,que no me vuel\"a. á d11r nuncn más, pPro
que me deje siquiera respirará mi gusto. Porque
en fín, Roberto, de lo que ella pretende haberme
dndo lo que vale m:\s y yo_ quiero mAs en el mundo, me lo estAn quitando otra \"CZ poco A poco y
ese ...... eres tú!
.María Magdalena con un movimiento delie11do
deslizó su brazo al rededor del cuello de Roberto y apoyó en el pecho de éste su cabecita linda.
de modo que él al verla. y al sentir tan cerca aquellos ojos grandes y claros, aquella boca fresca y
oliente A fresas y aquella tez reluciente, sintió
que sus resoluciones se debilitaban de una manera deplorable y no tuvo fuerzas para arr11ncarse
de ese dulcis1mo abrazo de su mujer.
-Tú y yo, Roberto, no hemos estado solos
desde nuestn casamiento ni hemos podido amar•
nos más que durante aquella nuestra ese:ipatoria
de ocho días. Ella está siempre entre nos.-,tros y
naturalmente debemos conservarnos cuidadosamente conectos. En la mefa se habla de obras
pías; figúrate que acaba de dRrme un empleo en
el orfanatorio y que f}stoy condenada á coser camisas bastas que me destrozarAo los dedos y me
pondrá:n"'lllunos de 1regatnz.
María Ma~dalena extendió su mano tina y la
pus~ tan cerca de los labios de su marido que
éate no pudo prescindir de besársela. Ella sabía
muy bien la clase de ascendiente que tenía sobre aquel hombre de D'\turaleza enérgica y por
la primera vez empleó las armas de la belleza.,
irresistibles, contra 1, u suegra. Hasta aquí hA bía
sufrido sin quejarse porque tenía horror a las discusiones y á la diplom11cíll femenl11a: ahora se
quejaba, y emprendíll á tod1' costa un comb!lte.
-Y cuando por el\Bualid11.d llegttPmos á estar
solos como ahora unos cuantos instantes, los apro•
vecharé para contnte cómo estuvo la dlecasión
el! el Comité de Senoras Piadosas y á cómo vale
la tela de algodón con que se hacen los colchones
del orf11natorio. ¡Ay. Roberto! qué felices seriamos en el campo, solitos los dos ..... No seriamos ni un poco correctos y nos besaríamos en la
casa y A cielo abierto, bajo los árboles y en todas partes y A cualquiera hora.
Roberto dimdo al olvido loa para él fundados
motivos de su ju,,ta cólera, besó ll Maria lbgda•

,.,.

Jena tal como si \-a estuvieran en su casa del campe, ó A cielo abí~rto bajo los árboles del ctlmi110.
-Aquí, ¡qué diferenci11! af1adió. Tú en·s gr1tvo
y yo soy lúgubre: por nada de este mundo te 11treve1 i11s A reir y yo menos aún. Vamo3 á vclvernos muy formales: tú no pensando 5ino en las_ dP•
mandas y vo sin ocuparme mf\s que de los cincos
del orran11iorio y aeí ya verils qué perl\Oll&gt;ljes somos tan respetables y momificados! Ap~o11~ tienes treinta af\os y yo voy {L cumplir mia veinte
y . . . . ¿te atreverías á creerlo? pues ya somos
octogenarios.
.
Dime, Bob, ¿encuentras que vaya por su camtmo eso de hacernos viejos á nuestr11. ed11d? ¿~o
te dan tentaciones de eer joven, ..l mí si. Ali! no
tener nada, ni lujo, ni fortuna, nttrla mús lo qne
tú g,rnas, y vivir felices juntos! Mira que nos tlebemo3 el uno al otro y en virtud de eso yo te
quiero para mí y sólo para mí. Me parece que e:;;to es muy natural, en tanto qne A los ojos de cualquiera parecerA abominable eso de qua no_ pui.-da
yo tener marido sino á hurtatiillas como &amp;1 ful:lra
un delito. Casi no te conozco y no se 110s drjll.
ninguna intimidad de pensamientos para que podamos conocernos. Unicamente en nqud Yentu•
roso viaje que hicimos juntos be podido entreverte y eso ee todo: después, no he visto m,\s
que un sefiorón \"eslido de negro, muy estirado y
siempre con una eeflora muy severa y muy respeta.ble colocada enLre él y yo. Y tú? ¿mo conoces ocaso, Roberto?
Sus miradas se cruzaron, y esta pregunt~ no
obtuvo respuesta: todo el profundo enigma &lt;le las
almas desconocidas se levantó ante aquellos ojos
tan llenos de resplandores que se abtfan enfrente de él.
-No, tú no has querido, terminó Magdalena
con acento de reproche, no te hin dignado querer conocerme, y sin emba;go, creelo, valgo la
pena de que te tomes ese trabajo.
Roberto la estrechó contra su pecho. Todas estas cosas dichas por la =iujer amada, por esa deliciosa :Mag que tenía sobre él influencia tao grnnde. le conmovieron y como eran justas tuvieron
eco en su conciencia y en su corazón. Su madre
era amorosa f buena eon una terrible bondad invasora y absorvante; y encerrados los dos en esta
estrecha vfa ceremoniosa y grave, no tardnrían

�==

"EL )IU"S'DO rt..USTIUDO"

!l8

en atrofiarseá pesar de suja.,•entud y del amor que
so proresnban.
Pero la siluación no erll túcil de resolverse.
-¿Y qué hacer, M11g? Ya estamos aquí, y mal
ó bien nui:stra vida estA organizada.
-¡Oh, no Boh, no! Cuando aceptamos la exis•
tencitt en común no sabh1mos que
es una cosa
obsolutamtmte imposible.
- ;,Y qué quisie1·a tú qué hiciernmos?
- Diantrt'l E;cnr en nuestra c,sa, tener una
can 11ueatrll com1.1 todo el mundo.
Roberro sacudió la cabeza.
-Suet\os, querida mía, suenos. Sería cruel Rbandonar á mi maure fl su edad, después de todos los
sACrificio. que ha hecbo por nosotros.
-CunodocasaunoA susbijoe, 11migo mío sereeigna A una sepA1·11ción: mi padre me ha dej11.do
salir de París y tu madre oodía muv blendejt1rte
salir de 1,u Msa. Ya sabe qu11 la am1tmos y que
siempre serf11. para nosotros una dicha recibirla
en ca-a.
-EsR frase Jeparecerítt abominable á mi pobre
mamA.
-Pero en fin! cu11ndo ella se cas(1 sufrió la tutel que ahora me impone A mii' habría en el
mismo cnso aceptado la misma sitll8ción?
Siguió un silencio ba10t:mte prolongado. Roberto, sufriendo rou..:bo reflexionttba oprimido entre
la ll!t!cción que tenia por su madre y el amor do
Marí1t Mngd11lena, reconoch..ndo en el fondo del
corllzón que ésta tenill rnzón al querer estar en
su casa, pero retrocediendo con espanto ante la.
perspectiva del d isg .1sto y de la indignación du
la sen.ora Le Clercq,y atemoriudo también como
buen provinciano por los comentarios que h11rían
todos sus amigos y conocidos ...... lllagd1tl,ma
aftadló:
-Esto es penoso para tí, Roberto mío, lo comprendo, pero es inevitable, pues no puede soste•
nerse una situación como la que guarda111os. Por
otrl\ parte, despu¡;s del incidente que acababl\ de
ocurrir &amp;1 imposible volver A nuestra vida babi•
tu11l.
Roberto se pnso sombrío, pero ella valerosamente agregó:
-Si: yo misma to recuerd" este incidente que
lamento en la forma por mAs que me haya yo
mantenido cortés, pero que es fdiz en el fondo
porque resueke la cuestión y nos coloca en una
i;ituación tal que se hace necesario t0miu· un par•
tido en esta uiya.ntlva: ó permanecer aquí, pero
entonces en una posición obsolutamente subal•
terna, ó bien, lo que es mas lógico crearnos un
hogar independiente. Oh!, tan modt!sto como tu
quieras, como tu puedas buenamente. Yo no amo
el lujo ni el bienestar á tal punto que me sienta
capaz de sacri!icarle todo lo demlls y tengo la
convicción de que despué3 de la primera explosión de los sentimientos vl'hementes, tu madre
comprenderá que dcbiamos tomar esta resolución.
Roberto suspiró con angustia. Es verdad que
Maria :.\fagdalena defendla su causa con calor y
encontrab,~ razones excelentes, pero indudablemente fJUE'! á la senora Le Clercq, no le iban A.
faltar argumentos para probar que &amp;taria Magdadalena era una ingrata y l!l un ma! hijo, un hom•
bre débil cuya justa lndingación se había rendido á unos cuantos besos y A. unas cuantius palabritas de miel salidas de una linda beca.
-Pero en que di!icult!\des me has metido,
l\fagl
Puesto que sufrfas debiste decírmelo, en vez
de estallar en r.na escen!l irreparable como lo hiciste. Mi Intervención habría podido allanarlo
todo en tanto que ahora tengo que entablar una
lucha con mi mHdreyaca$O h11&amp;tareliir. Esta.idea
me es horriblemente penosa.
-Reflir! ¿Y cómo puedes imaginarte que tu
mamá.sea tnn poco razonable que se niegue !\admitir una co,a cuya justicia es indiscutible? Cada
uno en su cas:1. y Dios en l1t dp todos: he aquí el
precepto universal y al que se sujetan todas las
personas A quienes conocemos, siendo nosotros
loi, únicos que sostenemos una situación anormal.
- E3a es en efecto la opinión común, pero no
la de mi m:\dre y hny qne lijarse mucbo en un
lado de la cuestión sobre el cual te deslizas lijeramente ·in fijarte en su importancia. Yo no tengo fortuna personal porque mi padre, A conse•
cnencia de especulaciones infortunadas, perdió
todo lo que poseía. y mi mudre no está obllgada
A nada respecto de mi, siendo muy justo que cooEer.e todo lo que le pertenece. De mi parte no

"ªº

quisiera pedirle ni la m -1s mínima renta ó capital caso, al otorgarJi, un generoso perdón, Je dirigiría
un discurso que fijara muy bien su situaclóo y
por nada del mundo.
-Ohl lo comprendo mny bien, interrumpió Ma• que la dejara sin ganaa de intentar nunca mAs
renovar semejante audacia.
rfll 'Magdnlena con viveza.
Un rumor de vocee cot1fusas le hizo levantar
-Bueno .. peroentoncee ¿de qué vamosávivir?
llace ruuy poco tiempo que empecé A trabajar los ojos y distinguió en un balcón del departa•
y mi clientela es demasiado reducida, de modo mento de María lllagdalena á. los dos jóvenes mny
que ¿n realidad no me produce mAs de cuatro 6 ja.ntitos y en una buena inteligencia ájuzgar por
cinco mil francos al l\ft0 1 Jo cual es muy poco para su actitud y la¡¡ miradas que se dirigían. El asom•
nosotros que estamos habituados A una vidll de bro la. par1dizó durante algunos minutos. ¡Cómo!
comodidacil!S y h11br[a que prescindir de coches, ¿Roberto estaba contento con su mujer? ¿llabiendo ido A corregirla y reprender!!\ cambiaba de
servidumbre y lujosos departamentos.
M1tri.i M11g11atena se habfa tomado del brazo de propósitos se volvía de su lado y po.recillaprobar
su marido y así paseaban los dos por el aposento. su inconv~niencia? Una ola. de amargura le in-Ya te he dicho, Bob, que el lujv me preocupa vadió el corazón.
Roberto distinguió á su madre en el momento
poco pues no deseo mh que tu amor y mi tranquilidad. No soy dadtt A fiestas, lo sabes muy bien en que e .traba.
-Mira, Mag, desearía yo que le dieras tus exy seremos muy felices en una modtssta catiita de
ladrillos con un jitrdincillo de rosas y violetas cusas por haber sido dura con elb, ¿no te paque serAn mías, un s,dón en el que recibiré a rece?
Magdalena inclinó la cabeza.
quien mu agrttde y un aposento en que puudo dar
- ¿Pues qué do veras flllté A las conveniencias?
boepitlllidad Alas per:.onas du nuestro cariflo como
-Tus pa,abrns fueron correctas, pero tn actiLucia Hartley por ejemplo. Túnosabes hasta qué
punto me sería satisfactorio tener en casa por tud no. Ya h11s ,·tslo las consecuencias.
Ella comprendió que en este punto debía ceunos clias A Lucía! QJ.erido Il.&gt;b, vamos á ser al
der y lo hizo de buena voluntad y sinceramente
como hacía siempre todo.
-Bueno, Bob, no tendré inconveniente en declarará tu mamá que la amo y la respeto y que
estoy desolada por haberla ofendido.

fin e :po$03 tú y yo y á obr1'r por nuestra propia
cuenta. Llevaré nn libro de gastos con mucha
perfección y nuestra casa, aunque pobre, eerAalegre y de buen gusto. Ya verás ..•. oh! tstar en
nuestra casa ¡qué felicidad!
Se asomaron al balcón qa.e &lt;'Staba abierto y
pensativos contemplaron cómo la noche iba descendiendo sobre el jardín. Roberto reflexionaba
acerca de los lados agradables de una vida inde•
p,indiente, pero sentía al mismo tiempo la pena de
deeagrad1lr á. su madre y le preocupaban loe cuid.1doe y responsabilidades que iba A. tomar sobre
sí. porque desde el día en que se separara del pll·
lacio Le Clercq, sería cuando, casado verdaderamente, sabría lo que es la cuga de una familia.
Esto no dejaba de ser inquietante.

La seftora Le Clercq vió á. su hijo correr al aposento de .María M&lt;1gd11lena, y adivinando su frritación, comprendió qne iba á dirigir á la joven
reproches que estimaba como muy merecidos,
pues aunque en el rondo era muy buena y 11maba A su nuera, le c msaba viva satisfacción que
se la reprendiera por una 111.lr.a de respeto que la
habia dejado profundamente disgustnda.
El Doctor muy contrariado, lleno de mortificación, deseando esquivar su presencia durante la
penosa crli,is, salió cou el objeto de escribirse A
si mismo una carta que le llamara A P..ris por el
trl!n inmediato.
La seiiora Le Clercq regreso.odo por la Rvenida
que conducía al vestíbulo, se decía que Magdalena merecía una buena lección, y que seguramente obligada por Roberto, vendría al día siguiente
A darle una satisfacción cumplida, y que en ese

Roberto durmió poco: el pensamientc de los
debates que se iban a. entablar, lo tuvo sumamente preocupado durante la noche. En ,manto A. b
seliora Le Clercq, la convicción de la ingratitud
de sus hijos la tuvo en un estado de exasperación
febril.
Se acordaba con extremada lucidez de memoria, de todas las bondades y beneficios que les
había prodigado, y esto bacía resaltu la fealdad
de la acción con que ahora l!l. recompensaban sublevllndose contra su autoridad.
Menos 1¡ne nunca dispuesta á la reconciliación,
se preparó en esta noche de insomnio A una acti•
tud de altivez y dignidad herida, poco apropósi,
to para resolver las dificultades existentes.
Mny temprano entró Roberto A su gabinete de
trabajo abrumado por desagradables pensamientos: se aproximaba el momento en que era nece•
sario hablar A su mad1e y tratar de hacerla comprender y admitir los proyectos de Maria Mug•
dalena, convenciéndola, además, de que era justo
dejarla soln después de los innumerables favores
que le debían.
La empresa era dificil y el joven se sentia muy
conmovido ante la idea de afrontar una indigna•
ción, una vehemencia de sentimientos arte los
cuales siempre había cedido con docilidad.
Otras preocupaciones también le torLUraban.
Todas esas visiones de existencia modesta y libre, siendo los dos enteramente duelivs de si
mismos, eran agradables en tanto que permane•
cían en la categoría de eneuelios¡ pero A la hora de llegar al terreno de la prActica, ¡qné difi•
cultaltades de ordeu material tenían que surgirl
¡Cnán angustiosa es la incertidumbre!
No tenitm rentas ni fortuna, ni siquiera la suma necesaria para procurarse los mueble~ necesa•
rios A sn nueva instalación.
Cuando se casaron estaban tan destinados á
vivir enteramente con la seftora Le Clercq, que
so habían instalado en un nido preparado por
olla, y en el cual ninguno de los objetos de que
se servían les pertenecía.
Roberto llevaba apenas un afio de estar ejerciendo au profesión, y duranre este tiempo, 111
mayor parte de lo que babia ganatlo aún no se le
pagaba, pues sicml,lre un abogado cobra á. sus
clientes los honorarios con menos actividad de la
que emplen un comerciante para cobrar sus tacta.rati.
Lo poco que había recogido en dinero lo gastó
desde luego, pues no estaba preparado para ninguna eventualidad que le hiciera pensar en economias.
Así, pues, era necesario, al avisar A la sellora
Le Clercq que se la abandonaba, pedirle dinero
para poder ejecutar esta decisión.
Roberto reco.rrltt su gabinete con sgitacióo,de•
sesperado de la situación en que se ¡¡entfa. colo' cado: y como Mag no estaba a.111 con él¡ su inrteneia muy pasajera disminuía. Roberto se re•
hacia y las ideas que tenia desde la niliez se apo.

deraban de nuevo en au conciencia. Había trabajado tanto en este gabinete bajo )a mirada fría
de los antiguos retratos de sus antepasados presidentes, consejeros y jueces, que ya eataba ~cos~brado A un supersticioso respeto hacia esos
vieJoe pelucones que se amarillabau en &amp;UB cuadros de oro.
Mu~has v~ces al le~antar los ojos fatigado de
estudiar alguo expediente Arido, había encontra•
do aliento nuevo en esas caras altivas y pensadoras que le mostraban el camino que debía recorrer; camino recto trazado por espíritus llenos
de honrAdez, y aunque medianos, penetrados de
su importancia y de la influencia social que tenían.
Eu este gabinete trabqjaron ttntes que él, su
pudre, su abu.,Jo y su bisabuelo. Aquellos libros
de pas~s descoloridas simétricamente alineados
~etrás de las vitrinlls de lll biblioteca¡ aquel anuguo péod11lo de bronce¡ Ja mes1 macist\ los si•
llones rígidos; todo ese interior guve y severo
estaba como impregnado de pensamientos serios,
de aentimi•mtos de bonor11 bilidatl y del respeto
que cada Le Clercq ei,taba en la obligación de
tener hacia su propio nombre.
Esta raza de abogados y m11gistratlos hab{a sido altiva y leal, y en ell1t todo parecía httberse
organizado con arreglo A las pre~crlpcloncs de una
tradición veneruble á fuerzt1. rle ancianid1td. Cada uno de estos togados había tenido uo wjoberedero del nombre y lafortunR; y las hijas, cuitn•
do las habfa, entrab.m al couvento, ó se las ca... a•
ba con algun primo de la rama segunda de ta
familia que también llt!vaba ~1 nombre de Le
Clercq.
La monogrnril\ de estos hombres estabi traza•
da invitrlable desue la eternidad: inf rncia tntu•
quila, juventud estudiosa., casamiento entre los
veinticinco y los trt:int1t ,iflos, UM vida grave y
digna, honores y la consideración de sus couciu
dadanos.
Cada uno de ellos se habfa cRsado con una mujer rica y babia administrado su hacienda coo prudenci11. y tino, por lo cu11 l la fortuna. de la casa era
cuantiosa. El padre de Roberto era el único que
había dilapidado su fortuna impulsado més bien
por una causa política, pues er• muy adicto á lve
Borbones. E~ta burguesíil de tres siglos tenía opiniones realistas muy pronnncladRs, porque las mu•
jer~s qa.e por m11.trirnonio habianentrado en lafa ,
milla eran todas de alcurnia elllviuiisíma digna de
semej,rntes magistrados.
Del ladv de los muidos la rij1dez de priocipio::1 y la corrección de vida habiiln sido iodiscuti ble~ y del llldo de las esposas era tra iiciooal el
ejercicio de obr11s de caridlld.
Roberto fué el primero que en ~sta raza do bie•
rro, ó más bien de mll.dera dora, introdujo una
criatura viva, avispada, alegre, qne no estaba en
relación con las ideas y gustos de sus antepasados. En el pecado llevllba J1t penitencia.
Se iba á dar el c1tso de q_ue un Le Clercq dejara la e1tsa solariega, lrabajara fu"lra de ese gabinete y viviera pobre y nec1sitado en algunl\ casucha de arrli b?&amp;l lejos de la rcconlortirnte mirada
de los retratos de famllla.
A este pensamienlo toda su sangre fría de mn•
gistratura, toda su altivez ar~ctada, el miedo de
caer en desgracia y el orgullo de su nombre hirvieron en él. Partir, dejar todo, romper con elpasa•
do, destruir el culto de las tradiciones t11miliarea,
porque la eeliora Le Clercq había despedido á
una criada de Jlaría Magdalena, 6 mAs bien porque .Maria :'\Iagdalena habituada A la vida bohemio. sin freno ni sujeciones no haoitt sabido apreciar los beneficios de una existencia honorable y
seria era un disparttte de que se tendrían el111 y
él que arrepentir. Oh! ¿por qué había cedido algunas horas antes á. una sugestión que lamenta•
ba ahora sintiendo alg. di! ira contra quien se 111
inspiró'?
Deploraba pues en debilidad y se echaba en
cara que hubiera sido capaz de desert11r de la
causa de sus antecesores dominado por losencan•
tos de una mujer. Pero como ofreció b11blar á su
madre, era necesulo cumplir su prome::1a y bajó
á sus departamentos no sabiendo aún lo que le
iba A. decir y con el estado de Animó de un hombre igualmente empujado en dos opuestos eentl·
dos. B~ verdad que en lo que Je decídlaría :\1agd 1lena babia mucllo de justo ¿pero no seria posi•
ble mejorar ltt s~tuación i;in romper con todos los
lazos que unían t Roberto con su antiguo modo
• de vivir?
La seliora Le Clercq, enferma por la noehe de
insomn:o que acababa de pasar, estaba todavía

EL OBSTÁCULO.

en el lecho, Roberto entró en el aposento y perrnaneció unos instantes silencioso y dcspuéi de
besar A su madre dirigió una ojP-Ada á. esta pie•
za donde había entradorllra vez do:sde que se hizo hombre.
Antiguamente. en su i11fllncia, había habitado
a!H y pudo ver en el aHeiz11r de la ventana una
mesita microséópica conjque Re divirtió enj 1ego.
tranquilos y silenciO!IOS, mientras su madre cosía
ó s11.caba cuentas; vió la silla de terciopelo azul
en que lo ser.taba, muy formalito para contule
cuentos, silla en que hubfo aprehendido las pri•
meras lecciones de lectura; volvió l. ver el pianino relegado A uno de los rincones de la estancia
en que estudió las primeras escalas, y contemoló
con mirad11 melancólica la Alforu bra de flores descoloridas sobre la cual había desplegado tremebundos ejército~ de soldados de plomo ,V espantosos fa.ertes erizados de caftoni:s¡ sobre la chimenea. reconoció su retrato cuid1tdosamente conser•
vado y en el otro extremo un dibujv incipiente
conque habill intentado con mano torpe aún reproducir Ja11 facciones de su padre. Todo esto Je
hablaba elocuentemente de la inf1tncia y le recordaba que la eeflora Le Clercq había sido una
madre muy tiurna, que en vez de entregarlo en
manos mercenarias y de mandarle que juaara en
el cuarto di, los ninos, su dicha mA.s gra,~de ha •
bía '!ido tenerlo eon ella siempre y ocopar.ie de
él en todo tiempo y A toda hor1'.Puededecirsesin
temor que este afecto así crecido y ro mentado era
el qne la volvía uo tanto cuanto celosa y lidncli na ba A traoizar A María Magdalena.
La &amp;P1iora Le Ctercq observó A su hijo con an•
siedad: sabía que venía A habiarle de la escena
de la visper&amp; y q_ue esta conversación iba a si:r
grave, pero no le dijo nada, pues quería mejor

=

29

explorar el estado de ánimo en que se encon•
traba.
.-Estor ~n la Fituación más penosa, dijo él rom•
p1endo él stlencio. •
La senora te contestó dulcemente.
-Es claro! Debe ~llber sido mny desagradable
para ti oir I'. tu muJer hablar en tos términos en
que habló ayer tarde
R_o b~rto no contestó desde luego: y viendo su
vactlac1ór, lt seliora quiso p1 e ;ipitar las cosas y
llegar de una vez A la verdadera discusión.
-Tiene~. que decirme algo deeagr11d~ble, Roberto, le d1Jo; lo comprendo bien. Habla, amigo
mio. María Magdalena está despechada ¿no es
a I? c;Le tiene afecto A su criada y me suplica revo~ue yo la órJen de despeclirl,t? ¿O se conserva
altiva. Y orgullosa de haber tocado los últimos lf.
mitee de ll\ Rudacia?
-¡Si no tuera_ mt\s que eso! contestó Roberto.
Lnego, resolviéndose de Improviso agregó:
-~Itre usted, ma.mA; prefino confesar A usted
!ran~ttmente y sin dlpJomacin alguna que mi muJer tiene el pro~ó.sito de tener una ctlsl: suya, un
~ogar .. que dlr1g1r, su propia cas,l en fin; y esta
idea f11a, en verdad es enteramente comprensible.
Allora está un poco tutoreada aquí. Usted est4
en su c'le&amp; y reina en ella como es justo, pero
liaría ~agdalena tiene cierca independencia de
carActer y le desagrada tener que subordinarse
A otra voluntad.
_-¿Qué edad tiene? Diez y nueve aft.oe no cnmpltdos lohl comprendo que quiera manejarse por
si sola y que se sienta capaz de ser ,una de ca&amp;s1.
Rc,berto_vió A su madre coa enojo y ella to notó en seguida.
-To_da mujer. casad11, cualquiera que sea su
edad, ue11e el lndiec11tible derecho de tener un ho-

�so
gar que sea ·uyo. Desde hace algún tiempo ob•
servo con pena que María l[agdalena se vuelve
reconcentrada, triste, y ciertamente se considera
aunque sin causa ni fundamento, como una victima. Discusiones ligeras, pero demasiado f1 e•
cuentes se bao producido, y esto la verdad es
que me produce una profunda tristeza.
No podrla explicar A usted hasta qué punto me
contrarió oirá mi mujer hablar en los términos
en que lo hizo y ya se lo he m1m'!estado así, por
lo cual vendrá. 11. pre8eotar A usted sus excusas,
pero todos estos penosos incidentes hacen muy
dificil la vida en común. No lo cree usted
así, mamá? .Aun después que haya usted acepta•
do la satisfacción que le dé Araría Magdalena, la
situación • permanecer!\ tirante y ust.ed en to~o
pensará ver ~ verá tal vez muestrll8 de rebeldut.
de su parte. Ya ve usted que se ba revestido de
valor y aún se ha atrevido A ponerse frente A
frente de usted. ¿Quiétt nos asegura que, obliga•
da A sutrir un gér.ero de vida que Je desagrada
no acabaría por olvidar todo el respeto que le de•
be A. nstrdi' Esto no lo toleraría yo jamés, ni las
graves discusiones que tenclrAn que sobrevenir.
La seflora Le Clercq escuchaba a &amp;u hijo en el
mayor i:.ilenclo y se dispuso 1\ reprimir sus pri•
meros movimientos deexaltaeión que no habrian
servido sino pera atirmar A Roberto en su idea
de separarse de ella. En estos momentos criticas,
con el corazón y el pensamiento agitados entre
dos deberes y do,. afecciones opuestas, debla ceder al impulso más leve, y una vez ,melando en
una resolución no salir de ella. Entonces la senora dijo:
-Delilllnera, que están ustedes deseQsos de vivir solos y esto está bien ¿no es asl? Tú has resuelto complacer en ese punto A Maria Magdalena ....
Roberto inclinó la cabezasin responder de pronto, con pena porque le mortificaba la necesidad
de hacer semrjaote indicación :l. su madre, A quien
amaba tiernnmente, y le dijo con entonación melancóliM y aire cohibido:
-lla sido usted tan buena con nosotros y nos
ha probado su a!ecto de tantas y tan repetidas
maneras, que le vamos A p11recer á usted ingru.tos. Yo sufro mucho por lo que pasa v sé que me
va usted A juzgar mal. ¡Responder A las bondades de usted con un proceder de este género .... !
Y esto ¡\ los tres meses solamente de vida común
sin hacer loe ensayos necesarios para dulcificar
un poco nuestras voluntades! Esto está mal hecho 'i todos nuestros amigos lo van A reprobar.
La senora Le Clercq oía á su hijo defender la
causa de ella con los argumentos má.e contunden•
tes y Je vela de un modo enigmA:ico. Mi.,orras él
hablaba, su madre que le conocía bien, traspa•
rentaba bajo su mAscara habitual de frialdad co•
rrecta, resentimiento contra [aria Magdalena que
Jo impulsaba A este extremo y la tristeza real que
experimentaba por habt'r cedido en un momento
de debilidad.
'
Así, pues, lo dejó que enume1 ara toda~ las fealdades de la acción.
-Porque, en fin, continuaba Roberto, usted
nos ha ahorrado hasta los mAs leves enojos de la
vida material y Magdalena que pretende ser ama
de au casi1. no podri\ ni aun dirigir el modesto hogar que yo podría proporcionarle. Es demasiado
joven y está tan poco acostumbrada ll ocaparse
de cosas serias! La vida que llevnba antes de
nuestro matrimonio no creo qu4' haya sido la más
11. propósito para i1,clinarla á ....
Aqul hizo u,a pausa, respiró con es!uerzo y
encogiéndose de hombros como la persona que se
resuelve A nna cosa absurda concluyó:
-Y he aquí como con tecla su aparente dulzura, nos ha rrafdo A una posición tal que ya no po•
demos permanecer aquí.
La se!iora Le Clercq dijo i;on voz alentadora:
-Vamos, Roberto, comunícame tus proyectos.
¿Donde piensas ir? ¿qué proyectan ustedes hacer?
Sorprendido al ver esa resignación, Roberto levantó Ju cebeza y contempló A su madre.
-¡Quél ¿Deveras consiente usted sin una palabra de reproche?
- ¿Para qué? dijo ella esforzándose por sonreír. Bastante desgraciado eres ya para que agre•
gue yo li tus penas la de mis reproches.
Roberto tomó la mano de su madr~ y la besó.
-¡Qué bondadosa es usted madre mfa y cut\nto bien me hacen su, palabras! Estaba yo verdaderamente desolado por el disgusto que creí cansará usted.

"EL :líU?,'DO ll.USTRADO"

-Desolado, pensó ella para sí. Aitnque no sea
cierto A lo menos me lo dice.
Y litego agregó.
-Disgusto .... sin duda; pero el ml\s grande
que pudiera yo tener serla el ver á ustedes _des:
graciados y por causa m.la. En cuanto á m~, llll
propio sufrimiento no me preocupa. Les ~rejos
encontramos muy natural que se nos considere
como hechos para aguar fiestas é interrump1ralegrlas. "o, no me veas con esa cara de reproche.
Amo A tu mujer lo mismo que ayer la amaba Y lo
probaré ayudando A ustedes en todo lo que pue•
da. V amos .... basta de enternecimientos. ¿Qué
vns A hacer? ,. Permanecerás en 1,[ontpazier?
-Sin duda 'contestó Roberto asombrado de la
'
pregunta. ¿Pues
donde quería usted que 1uera.7
Soy abog11Jo aquí ~ aunque rui clientela sea bas•
t1inte modesta tengo un nombre conocido en la
ciudad desde hace t11otos Ali.os que espero tener
aqnJ mejor resultado que en cualquif'ra otra parte.
-Pues me imaginaba yo que Montpazrer no
era del agrado de ~[aria • Iagdalena. Es una po•
bre subprefectura, las gentes estAn muy atrasadas y esta sociedad es muy fástidiosa para una
encantadora mundana acostumbrada é la vid11. de
París. A.qui carecemos de originalidad, de deiica•
deza de brillo. Somos unos sencillos provincia1
nos boorados y fastidiosos. La verdad es que
aquí solament~ los Lll Falliere tienen ta.manos pa•
ra agradar, 11sí con eie agrado quo .... \·amos,
no me sé explicar.
Ob! con qué entonación de finura exquisita Y
de ingenuidad dijo la seil.ora Le ~lercq tod_o esto
acentuado con una sonrisa de 10dulgenma maternal!
-Tu podías haberte formado el propósito de que
te nombraran jaez en alguna otra ciudad, y me
es sumamente satisfaetorio ver quo son otros tus
pensamientos. Permaneciendo en Montpazier est1m\s seguro de que tu majer no se rozarA má~
que con per~onas bonora~les, pues ocupa aq~
una posición que en cualqwera otra.parte le seria
dificil alcanzar y yo abrigar.la. muchos temores
por su inexplil'iencia que podría volverla A amis•
tade~ incouvenientes. Tú no eres de la madera
del se:ftor de Bois Saint Marce! y to disgustaría
ver en tu casa mujeres de la categoría de Lady
Briggs, ó Lady Kan.ranina ó la condesa Adalgieri.
Dejó la setlora reflexionar á su hijo sobre toda
la importancia de esta observación y después
agregó.
-Así pues, permanecerán aquf?
-Si, dijo Roberto con acento desalentado, tra•
taremos de encontrar una casa modesta por 4 ue
yo gano muy poco dinero y ni aún sé cómo voy
¡\ eomponé"melas para el principio. , • ecesitare•
moa desde muebles puesto que no tenemos nada.
-Bueno, ya sabes que para eso contarás conmigo. Pues como íbamos diciendo, tt: instalarás
en una casitll barata, probablement~ de ladrillo,
con su jardincito al frente del ta.man.o de esta sala; tendr1\n ustedes una sola criada que María
Magdalena dirigirá y vigilará y así se proporcio•
narán una modesta dicha y se resignarAn A contentarse con la Yida di-' un encargado de fábrica.
ó empleado e.le consumos con sueldo de trescientos francos mensuales. Eso es muy penoso, hijo
mío, pero acaso tú te acostnmbrarAs, ¿Crees que
á ella le ,mcederA lo mismo?
-Pues haría mal si se quejara de un estado
de cosas que ella ha sido la que lo qn.iso.
La seflora Le Clercq sacudió la cabeza .
-Ah! pobre Roberto, diJo. La lógica no ea virtud de que pueden envanecerse las mujeres. Lo~
sentimientos femeniles son muy ocasionados A
modificarse y te lo prueba que tu esposa había
aceptado con rt'gocijo nuestra existencia Actual
y ahora no tiene más deseo que cambiarla. A.l
princi¡&gt;io se sentirá encantada y estrenará. su casa, sus muebles, su ilhertad, su responsabilidad,
y por el atractivo de lanovedad,acompallarA con
orgull.:&gt; ll la criada par11 ir al mercado y arreglarA l11s cuentas de l11 lavan ·iera y ajustará las del
vendedor de leche y las del de carbón. Pero después? más tarde? Empezar!\ por fijarse en que la
casa es Incómoda, los aposentes reducidos, el
jardín raqultico, la criada torpe y brusca y sabré. lo que es and,1r A pié aún cuando llueva, y
usar trajes mal cortados, sombreros baratos y tener que remendar l11 ropa del marido. Conocerá
en tin, fas grundes y pequenas mi erías de li.s
majeres de los pobrea r eso no tiene n1tda de dlvw-tido ¿sabe,? Y no meaclmiruría Amí que al c.1•
bo de poco tiempo pidiera volvrr aquí, cosa que
yo concederla de muy buena ,·olurtad, pero que

F:L OB"-TÁCULO,

dArla A nuestros amigos y :l. la ciudad entera una
triste idea. del cará.cter de ustedes.
Roberto. muy sombrío, hizo un ademlln enérgico significando qne jamás tomu:la él nna decisión semejaute, y su madre sonrió con su acostumbrada amorosa. lngenuidttd.
..
.
-Oh! no vale la pena jurar nada, d1Jo, part1cularme11te cuando se tiene u.n a mujer tan seductora como la tuya. Vayai por Dios que obtendrA.
de tí todo lo que quiera, y eso es mny natu~al.
Pero descartando tod~s las hipótesis y admit1en•
do que tendría hasta el fin el valor de ~us opiniones, qued11 por Jo menos esto qu~ es 111contestable: vivldan ustedes en la miseria. ¿CuAmo has
ganado esto allo?
- Unos cinco mil franco,.
-Bueno: esas g,rnancias anmentan\n de seguro· pero aún cuando llegaras A dobl11r esa suma,
vi~irfAs en la miseria, en la peor de todas, en 1'!'
de la ropa tetlida y camisas de cuello postizo. ¿1
si tuvieran ustedes hijos como espero y deseo
con toda mi alma, dónde hallarAs los recursos
neceaarioij par11 educarlos y para que María )[agdahma no ae entregue A trabajos demasiado du•
ros de mujer del pueblo que serian desastrosos
para una naturaleza tan delic~d&amp;? .
.
R'lberto hizo un gesto de 1mpac1enc1a y en•
tonct-s su madre, levantando la mano con solemnidad, dijo:
-Si he hablado de todas esas cosas, hijo mío,
es porque conviene que las conozcas á fundo Y
que no te lances A ciegas en una vía en que tú Y
ella pueden sucumbir. ¡llay tantos disgustos para 111. gente pobre, tantos cuidados A cada instante nuevos, y esto en una ciudad donde nuestros
antepaiados ocuparon una posición honrosa Y
br1llaotel Si, si te digo esto, es porque no me resigno, no quiero que mi hijo, que un Le Clercq,
en fin, se vea reducido á extremo semejante; Y
puesto que es necesario que alguien se sacrifique, seré' yo.
Petrificado Roberto se levantó y contempló ll.
su madre. No había comprendido de qué sacrificio se trataba.
-Seré yo la que me lré, dijo la seflora Le
Ciercq con firmeza y dejaré A ustedes el palacio
con toda la intalación y la tortuoa necesaria para sostenerlo y que hagan netedes en el mando
el papel que les corresponde. Para una vieja como yo, basta con una casa modesta y algunos
millares de trancos. Pero ..•. ¿qué te pasa Roberto? ¿qué tienes?
El bueno, el excelente y leal Roberto, presa
de una emoción violenta, estrechaba A su madre
entre sus brazos y la besaba efnsivamente como
en otros tiempos cuando era niflo, y la rigidez de
la profesión y el deber de dar importancia A su
nombre no le habían todavía congelado.
-.MamA, querida mamd .... es nstedmity buena, pero la. verdad es que en este caso me juzga
usted mal. ¿Se atreve usted !\ creer que fuera yo
capaz de aceptar semejante sacrificio?
Esta vez la sellora Le Cler.:q seconmovió también y con sinceridad, realmente con sinceridad.
Alguna vez entr11 la sinceridad á tomar parte
en las ~alamerias femeniles y la frase de la Camila de Muset es proft1Dda y verdadera: "¿Estds
bien seguro de que todo miente en una mujer
cuttndo miente su boca?" :Nol este orrecimiento
de deslumbradora generosidad era nada má.e que
un ardid dipiom(i.tico, y e,ta mujer que quería
conservar consigo A su hijo, lo empleaba como
una arma de cayo resultado no podía dudar.
-Te serti necesario aceptar, afladió la sellorit
acariciando con sus dedos suaves la cabellera
obscura de Roberto. SerA necesario que me obedezcas cuando yo lo exija. Ya sabes curu es mi
tiranía: no quiero ver á mi Roberto en las garras
de la miseria, no quiero que Mag, acustumbrada
á cuidados y mimos y A gastar s:n limitaciones,
se encuenu·e desgr11ciada de repente. ¿Crees que
yo quedaría contenta con mis comodidades y mi
lujo sabiendo que ustcd11s carecían de todo? No!
Por otra parte este es el palacio Le Clercq que
tiene nuestras iniciales esculpidas en las claves
de las puertas y cineeladaa en los ba.andales de
los balcones.El que lleva el nombre de la familia y es su jete natural, debe habitarlo, y ese eres
tú. En esto f11ndo mi orgullo que no considero reprochable: estoy orgullosa de mi razR y quiero
conservai·Je sus tradicione hasta el tin. Un Le
Clercq no decaerA, no saldrá. de esu cas11! Que
una vit'j \, buena cu11ndo mucho pHr11 confeccio•
nirr rol''l dt' orfanatorlos y bospitale,, vaya A11.cab11r su ,·ida lujos de estas paredes, nadll igoitica;

pero mi hijo y sus hijos deben vivir en su casa
solariega.
-Comprenderá. usted, mamA, que eso no es
aceptable, y que pueden volverse contra usted
todos los argomemos que me ha presentado hace
un instante. ¿Podrla ustetl resigaarse A vivir pobremente 11 su edad? Eso mejor lo p11ede bacer
una joven.
-Pero, hijo mio, si no se trata de pobreza; te
suplico tomes en cuenta que yo trato de reservarme una. renta suficiente para que mi vida. sea
confortable y no seré motivo de IAstimas. ¡Organizaré mi existencia bajo otro pié y eso es todo.
Continuaré como siempre ocupándome de unes•
tras fundaciones piadosas, visitaré á mi:1 amigas
y sobre todo A ustedes, qaeridoa hijos mios, y espero que me recibirán con buena voluntad. 1faría .Magclalena tiene un eorazoncito bueno y 110ble y llegará A amarme mucho cuanAo no tenga
la preocupación de que me le quiero imponer.
Roberto con el corazón oprimido, saltánclole
las sie,1es y sintiendo ganas de llorar, dijo con
voz entrecortada y como tratando de abogar su
emoción.
-Mamá, pido perdón por haber pensado aun•
que sea solamente durante un minuto, por haber
pensado separ~rme de usted. Ya no hay que ha•
blar de eso: Magdalc¡¡e pensar!\ lo mismo que yo
cuando conozca la generosirlad de usted y su ternura hacia ella: y si aún conserv11re &amp;Jguna. idea
en contrario, yo me entenderé con ella para que
renuncie.
Después besó A su madre otra vez y salió precipitadamente. Las gentes de carácter enérgico
no gustan de l111cer demasiado visibles sus emociones.
La sellora Le Clercq se dejl\ caer sobre sus al•
mohadas y sudpiraodo como quien se siente aliviado de un gran peso, murmuró:
-¡Pobre Roberto! tiene una naturaleza sencilla, recta y leal .... En cuanto A Maria lagdalena, es una chiquilla A quien hay que darle una
buena lección.

Cuando el Doctor de Bois Saint Marce! en traje de viaje salió de su cuarto llevando en la ma•
no una carta de llamamiento urgente que se babia dirigido A si mi'!mO para enseflar é sus bués•
pe des se encontró con Maria Magdalena que con
marcha lenta y ademAn pensativo salia de los apo•
sentos de la suegra.. El Doctor se imagino que,
A no dudarlo, la joven acababa de dar A. la setlora Le Clercq una cumplida satisfacción y se sin•
tió muy tran')uilizado con esta idea.
Sin embargo, esto no modilicó SUB proyectos de
evasión y siguió convencido de que ya era tiem•
po de ir a. Escocia con su amigo Claverhouse que
debía estar impaciente esperándolo.
Maria Magdalena vió á su padrt; observó que
llevaba traje de viajero y comprendió todo.
-Acabo de recibir una carta, le dijo el Doctor
con apresuramiento y ruborlzil.ndose un poco ante la mirnda de su hija, y es necesario que yo
parta ...... Una cliente enferma. La eefiora de
FernAndez ¿s,1.bee? aquella espa11oia que tiene
tan lindas esmer1tldas. Pues ba sido atacada sü•
bita.mente y parece que el caso es grave ....
María )Iagdalena movió 111. cabeza de un modo
muy significativo y contestó:
-rTo me sorprende la partida de usted.
El sellor de Bois Saint ~[arce! hizo como que
no entendía la alusión y preguntó:
-¿Podré ver t\. la sel'iora Le Clercq?
-No: está en su cama aunque no ha enferma•
do. ¡Que vn (1 enfermar! tiene un vigor, una ener•
gía un empuje que bien puede usted perder la
e~p~ranza de serle nunca útil como médico.
El setlor de Bols Saint M.arcei sorprendido por
el acento de Maria Magdalena, dijo resolviéndose
A mAs no poder á tomar parte en un debate que
le des11gradaba.
.
-Vamos . ..... entremos á tu departamento y
hablaremos: tengo un cuarto de hora aún y te lo
puedo consagrar antes de rogar á tu suegra me
reciba p11ra d11rle mi despedida.
Luego escribió en una tarjeta ~nas cuantas !~neas, tocó el timbre, envió la ti.rJeta á. su destino y aeompnllú á )la.ría. 1,[agd~lcna á_ su departamento particular del primer piso. Mrentras atravesaba corredures y bajaba e caleras, el Doctor,
sdvertido por natural sutilidad de ingeuio aviva-

do p'or vivaz egoísmo, comprendió que por razo
nes que se Je escapaban, :llar(A. Magdalena tenla
una profundn. contrariedad que la exasperaba.
¿Ilabia pensado que el arrebato de la vfspera le
daría la libertad v acababa de convencerse de
que había fracasad°o? En ese caso, su proyecto
deberf11. ser renovar los esfuerzos para comprometerlo, y tal Vf'Z hasta fuera pedirlo definitiva
protección y asilo.
Con estos pensamientos se armó de resolución.
Nada de enternecimientos ui debilidades con los
que vor otra parte iría contra los verd11deros in•
tereses de la reeil\n cnsada. Era necesario volverla al buen camino y no dejar que se perdiera por
un eaprieho irreflexivo.
Al verse en su casa, sola con su padre, .Magdalena comprendió en la actitud que tenía, sus temores de verse enredado en las complicaciones
que estaban ocurriendo y para ratificar ó rectificar estas suposiciones, esperó A que él tomara la
iniciativa, lo caal hizo desde luego, preguntando:
-Veamos, dime, ¿qué es lo que ha pasado después de tu disparate de ayer? Ya sabes, l\lag, que
tengo debilidad por ti y que me ciega el cari!io
y sin embargo, he condenado con toda energía
por encontrarla inconveniente la conducta que
has observado respecto A tu suegra. Un incidente
de esa ciase, es peor que una illlta: una torpeza.
¡Así 3e habrá puesto de disgustado tu marido! Vamos, cuéntame.
María Magdalena sin entrar en los detalles de
su conversación con Roberto, refirió lo que habla
pasado entre ellos y que después de una violenta
irritación, su marido consintió en que se separa•
ran de la senora Le Clercq.
El Doctor hizo grandes ademanes de asombro.
-¡Roberto ha cooseotidol Entonces, esto es ya
un hecho. ¿Se ha llevado A cabo ya la ruptura?
-No: ella paró el golpe, dijo Magdalena fríamente. Oh! tranquillcese usted, pues quedo bajo
so dependencia.
-¿Que me ,ranquilice yo? Pues de ese modo es
seguro. ¿Que queda::i bajo su dependencia? Pues
es lo mejor que te podí11 eucedt!r. ¿Concibes que
una mujer de buen sentido abuse del poder que
tenga sobre el Animo de su marido par1i hacerle
incurrir en semeJantes necedades? En verdad
que yo consideraba A Roberto con mayor discresión y energía. ¿Qué babrla sido de ustedes? ¿Cómo pensaban salir del apuro en que iban A me.
terse? 1Qué locura, setior, qué locur11l tú careces
de espíritu prdctico, hija mf.s, y la ünica fortuna
de ustedes y hasta mfa, es el buen sentido y la inteligencia de que da maestras la seflora Le Clercq.
Vamos al hecho. ¿Cómo se ha p?rtado?
-Con mucha destreza. Sometiéndose y abandonaDdo todo, sacrificá.ndose ,\ nuestra dicha y

exigiendo que nos quedAramos con el pAlacio y la
fortuna, en t,mto que ella, pobre y resignada se
retiraba á cualquier habitación modeFta. ¡Es necesario ser tan simple como ...... él, para no ha•
ber sospechado en tamo desprendimiento de pa•
labra, una verdadera comedia.
-Permíteme, permíteme. dijo el Doctor, yo encuentro que lo que ha hecho es magnifico, sobre
todo por el resultado que no podía ser mejor Y
ftor la aud11cia., entereza y vnlor de que ha dado
pruebas. Habría podido ser cogida por la pala•
bra y estoy persuadido de que en ese caso hubiera cumplido Jo que -prometió.
•-Conoce muy bien A Roberto, replicó Magdalena y sabia muy bien que no corría rie8go alguno. Este. diplomacia me repugna y encuentro
despreciables esos recursos y Al11 persona que los
emplea. Al principio me era cargante: ahora, ya
ni Aún la estlmo.
Todo esto lo dijo )fagdslena con la misma tranquilidad; y el Doctor si se hubiera fijado, habrfa
bailado en su hija un singular estado de Animo,
ml\s peligroso todavía que la mayor exaltación.
-Babi bah! bah! exclamó el Doctor de Bois
Saint l\Iarcel, levantdndose. Reflexiona, hija mia,
reflexiona un poco en que la vida no es una comedia en que el autor hace marchar los personajes A su antojo. Es preciso tow11r en cuenta lavoluntad de 10s demás, respetarla y evitar colislo•
nes desagradables.
-Eso es precisamente lo que pretendo que se
baga respecto A mi, interrumpió Maria Magdalena.
-Tu no eres más que una chiquilla necia,gritó
el Doctor con cólera. Donde hace falta la dulzura afectas altivez y eso es torpe, muy torpe. En
lugar de cultivar los buenos sentimientos de tn
suegra hacia tf, te procuras en ella una enemiga.
Tu escena de ayer h11. agravado la situación, pues
111 seftora Le Clercq si te llega A perdonar lo h;1n\ con tr .. bajo y Roberto te con.servará rencor
por haberlo empujado contra su maare.
- Uo consejo, dijo María Magdalena.
-Doblegarte, hacerte dulce y encantadora como lo eres cuando quíeres. ¡Qué diantres! En :P •

(

�32
rís todo el mundo te ador.ibll. ¿Cómo te las com¡,ones para ser aborrecid1.1. en tu casa?
-¿Y si no puedo doblegarme?
-Se puede cuando es in~vit!lb!e.
-loevitablei'
-Si, contestó él con una firmeza brutal, pues
no veo maner11 de obrar en otro aentido y en caso de un rompimiento deflnittvo no debes contar
con apoyo alguno de mi parte. Te aseguro que
es muy peligrosa lll empresa y seria yo culpable
si te aconsej11ra algo que no faera absoluta sumisión y si te hicier1.1. concebir la más leve e~peranza de ayuda.
Maria Magd-1lena no dió sefl.ales de sorprenderse. Esperllba esta contestación pues sabia hasta dónde el temor de las complicaciones y de los
disgu.os podill conducil' A su padre: hasta e3a
dureza que le negaba, no solo un apoyo materi11l
que le preocup.ibll poco en esos momentes, eino
aun una afectuosa simpatía, un dulce consuelo y
cunsejos menos amargos que esa brusca orden de
doblegarse.
¡Ooulegurse .. ... ! ¿qué otra cosa había 1iecbo
d~sde que se casó? ¿Y á dónde la habfa conducido esto. A una compleLa nulirlcación.
Mllrfa M11gdaltm11 vió el reloj.
·- - -·
-Si quiere usted \'er á la seliora Le Clercq
antes de partir, dijo, ya es tiempo de ir A su
casa.
-Sí. Ya voy. Adios, Mag.
El Ductor abrazó á su llij11. y ella le dejó hacer
inmóvil é indift:rente. EDLonces él la contempló
fij&gt;tmente y le dijo:
-lle aqn1 que porque no quiero ceder A tus
caprichos te me enoj ,., y me dejas partir hasta
sin decirme adios.
La joven observó que su padre estaba ver&lt;la•
deramente herido por esa altivez y entonces lo
besó también.
-Vamos, tontuela, estas son nubes de verano
que pronto pllsarlin dej,mdo paso il tu tranquili&lt;Jad y .\tu dicha. Ya Silbes, Mag, cuánto te quiero
¿Yt:rdad? respóndeme.
-Si, murmuró Mag.
- Pues entonces no te deben parecer sospechosu mis indicaciones y tienes que pensar en que
yo juzgo mejor que tú. por lo cual le conviene
oírme, puesto aparte el respeto filial, yo bien sé,
A fe mía, que la vieja tiene sus ratos de insoportable, pero se hace uno la disimulada, se la deji hablar y se piensa en otra cosa. De repente te
escapas y haces UD viajecito il París, con Roberto, por supuesto que con Roberto, pues alH encontrarás mi puerta abierta para la esposa del sefior
Le Clercq, pero cerrada para una chiquilla fea y
tonta que hacedespropós1tos. Cun que .... adios,
my da1fü1g, como dice Lucia Ifartley y que pase
pronto esta tempestad en un vaso de agua.
Dejó á su hija con la sonrisa en los labios; se
hizo la resoluc:ón de figurarse que el silencio de la joven era una muestra de asentimiento
y supuso que 11us ternezas de padre indulgente
habíim contrabalanceado PI rigor A que estaba
sujet11. De Bois Saint Marce! era deaqutllos egois•
tas exquisito3 que poniendo su pro¡,io Interés ante todo y sobre todo, no pueden soportar que se
les guarde rencor ni por el motivo más ligero.
Quería que todo el mundo le amara y le encontrara encantador.
Cuando se quedó sola María Magdalena, pensó
en la situación inesperada en que se encontraba.
Al ir A suplica1· 11. su suegra que la pcrdon11ra. por
su exaltación pasada, supo que, Roberto habill
carnbi11do lle propósitos; y fué tan profunda su
estupefacción y tan intenso su desengaflo al ver
que su vida debía continuar como siempre, que
no babia tenido tiempo ni de poner en orden su
imaginación..M11quiualmeme rué como quiso refngh1rse al carillo de su padre y no sacó de este
refugio ventuja alguna. ¿Qué debfa hacer? Lo
primero, ir A ver A Roberto y oír lo que le dijera.
Habría querido correr A su gabinete de traba•
jo, pero un sentimiento brwco la detuvo; un sen•
limiento de desprecio hacia el hombre que de es11.
manera faltaba A su palabra y un vivo rencor le
llenó el corazón en tanto que por evolución rápida de la memoria recordaba todo Jo que le prometió algunas horas antes, sus frases de ternura
y la confesión de que ella tenia el preferente Jugar en su corazón. Esto acababa de oírlo en ese
nismo aposento y luego al primer choque se da'\ por vencido sin tener en cuenta para nada
to iae sus promesas.
os 111 bios de Marftt Mngdalena so plegaron

violentamente con expresión de disgusto. Ahl ¿Esta era.la cláse de afeeto que su marido le profe•
saba? Un t~rranque enérgico pero pasajero durante el cual le ofreció todo; pero luego A caer otra
vez en los hábitos correctos de la existencia obU·
gada y artificial ú que se había conformado; el
olvido de todo cuanto había ocurrido entre su mujer y él y despué3 de haberla ex1tltado y divinizado1 á. tratarla o\ra vez como un ser inferior no
creyendo necesario ni aú.n explicarle la.s ruanes
de esle cambio.
¿Convendría irá pedirle esas razones? No: ya
vendría él il darlas si asf lo quería. Más valía dejd.rle toda la vergüenza de venir A explicar lo
iuexpicable.
Entró pues á su tocador Uaría Magdalena, á es•
ta pieza repugnante por el lujo de IDál gusto que
babia amontonado la suegra; y para arreglarse la
cabeza, des1nó sobre sus espaldas su oputenta cabellera. Acaso fuera este un Artificio de coquetería por4ue &amp;imuháneamente se dejaron oír los pasos de Roberto qu I l1egaba. Ella lo dejó entrar sin
separar Jos ojos del eSJJl'jú en el cual vló la cau
11.fligida, casi conf11u de su marido,
- S11lud, Afag ..... .
- -Salud.
-Qué seria e5tAsl ¿Has hablado con mi madre?
dijo lioberto, aborda11do desde luego la di1tcuslón.
-Si.
Magdalena daba estas contestacioneslaeónícas
sin volver lit cara. Roberto afladiú:
-1,Y te refirió lo que ella y yo hablamos?
-No¡ el resultado sólameute. Parece que á pesar de todo nos quedamos en su casa.
-¿Podía yo aceptar de ella el sacriticio de que
se Cuerai" Tú. m11,ma no lo hubit!rits consentid.o: no,
:Mag, te hubiera parecido imposible como A mi
que dejara sn propia casa.
-Nunca le propusimos semejante cosll, respondió la joven, colocAndose artístiCllmente los cabellos y prendiéndolos con itlfileres de oro.
-Naturalmente. Pero ella no se pudo resignar
á que sufriéramos pobrezas y privacloneti. Su
ofrecimiento tan t:x¡&gt;ontt1neo me ha conmovido y
te c)nmJverá. de la misma manera, estoy seguro.
Ante tal generosidad, las pequen.as reocilllls desaparecen y sóto queda la g1·1tlitu.d.
Magdalena guardó silencio por algunos instantes, como no dándose por couvencida de semejante afirmación. Acabó de arregJar¡¡e los cabellos,
rt orgarnzó los peiues y cepillos qui, le habían es•
tado 11irviendo y dijo trian1ente:
-¿Af,í, pues, estA convencido que permaneceremo11 aquí y en la!! mismas condiciones que anteriormente?
llJberto ligeramente confuso, pero afectando
ser~nidad y firmeza, dijo:
-Sí, y por medio de múma.s concesiones podremos ser felices.
-Hasta aquf las concesiones no han sidt&gt; mutuas, sino que yo las lle hecho todas pero no recrimino á nadie por eso y es inútil en consecuencia que frunza usted el entrecejo y se prep11re á
la discusión. ¿No tiene usted u11.dá más que decirme?
-No.
-Entonces sería usted muy am1tble si me permitiefll quedarme sol1t para terminar mi tocado.
-Eso bignifica que me vaya y no me tieoes
a.costumbmdo a tanto rigor, replicó Hoberto, como queriendo tomar t1 broma lll.S cosas y seapróximó A Maria Magdalena para besarla.
Ella entonces lo dejó hacer con indiferencia tan
glacial que retrocedió contrariado y tan confuso,
que queriendo salir del t•·•cador, se dirigió á la
puerta d~ la alcoba.
-Por ltt puerta de la antecámara si me hace
usted favor, dijo Magdalena.
-¿Por qué'i'
-l:'orqne .... mi alcoba no es pasc1.dizo que todo el muDdo pueda estar ci:u.zando A toda hora.
Roberto dirigió Ai;u mujer una mirada amenazadora.
-¿t;ree usted, María Magdalena, que estoy en
condiciones de prestarme A una escena de novela
seatiment1tl? Bien sabe usted que es absurdo lo
que dice y Jo que supone.
-Puede ser. Sin embargo, me figuro que no
harl1 usted intervenir A su madre en el debate. Ya
he visto cómo me ama usted y no necesito más.
Roberto, trastornado por la cólera, quiso contestar, decir 11lguna frase brutal acaso, pero ella
tenia una actiLUd tan resuelta, que se contentó con
hacer un adem{m de desprecio y salió. DetrAs de

33

E L OBSTÁCULO.

"Et, HUNTIO fl,CSTRADO"

él :Maria Magdalena corrió ruidosamente el cerrojo de la puerta.
Al oir este ruido Roberto apretó los ptlftos con
furor v rompiendo con su calma ordinaria empujó la puerta del corredor con un golpe tan violento que se lastimó la mano y entró en su gabinete de tu bajo lleno de ira y de rencor, estupe!11cto al recordar el carácter que babia descubierto
en su mujer y decidido A obrar con toda energía.
para dominArselo. Pronto se iba A ver quién se
cansaba primero de s"mejante situación.
En la estación del ferrocarril el Doctor se encontró con René Darlot que estaba de viaje pa•
ra Bretafla y siguieron juntos algunos minutos
hasta una estación proxima en que cambiaron de
tren.
El Doctor de Bois Saint Marce1 tenfa deseos de
desahogar sus penas en el corazón dealgún amigo. Darlot babf1t asistido la víspera á la escaramuza del palacio Le Clercq y era natural que se
hubiera tratado de informar del desenlace de
los sucesos que er.taba ansioso de conocer.
El Doctor le refirió que Maria Magdalena había
dado á su suegra una scitisfacción y esta por medio de un gracioso ofrecimiento, de despojarse de
su fortuna en favor de la rebelde, consiguió que
mllrido y mujer continuara,; en la casa.
-.Magnifico! all.11dió el Doctor, ya ve usted,
querido amigo, que todo se desenlazó fl pedir de
boca, y esta aventura harA comprenderá l\1ag
que no tiene mAs recurso que eometeree :\ su suegra. Esto es lo mejor que podía suceder.
-No lo considero así, declaró francnmente
Darlot, pnes Mag qued,i redncid11 A una situac:ón
insostenible, y pienso que sa marido se portó muy
m11l no cumpliéndole la promesa que le había hecho de sacarla de allí. Esto va A empequeliecerlo
en la estimación de su esposa, lo cual debla suponer él con su buen criterio¡ y aunque su hija de
usted es muy buenit, estoy convencido de que
cuando deje de estimarle le dejarA de amar; y
cuando ya no lo ame le serAn · insoportables las
inmerecidas penecuciones de la suegra y yo no
encuentro en esa probabilidad justos motivos de
verdadera inquietud.
-Vaya, vaya .... :.1 Es absurdo lo que dice
usted, replicó el Doctor. Parece que encuentra
usted agrado en disgustarme con semejantes predicciones. Después de mis sermones á M11g y de
las exhortaciones que Je hice! Pero y también yo
por qué me ocupo de la opinión de un hombre co•
mo usted que tiene la cualidad de ver todasdas
cosas de un :nodo diferente de como las ven los
demás? Usted pretende conocer á. María Magdalena mejor que yo que soy su padre y la regala
usted con un carll.cter de tremebunda altivez. Est" es archifdlso: yo que vi A todos los personajes
de nuestro asunto digo a usted que ya estarAn en
la.mejor harmonía, que mi hija en ddinitiva se resignará al verse la menos .fuerte, y también le
asegu-o Austed que es lo mejor que puede hacer.
Por Cristo que sus hermosos sentimientos son patéticos, pero una vida holgada,feliz y rica, vale
la pena de que algo se le saerifique. A. est11s horas estoy seguro de que Roberto habrá logrado
someterla por bien ó por mal1 y siempre resulta
venturosa una lllujer que hace todo lo que quiera
su marido ..... ,
Tregastel es un pueblecillo pobre formado de
cabaftas de ladrillos sin cocer que apenas se distinguen del suelo, semejantes A pequeflos montones de tierra, verdaderos agujenis de topo que
se ocultan entre la, yerbas incultas. Aquf y aUA
aparecen entre el cé~ped manchas relucientes tle
UD granito duro y los senderos así p:1vimentados
parecen antiguas vías romanas¡las placas de piedra se muestran desnudas y en alguno~ puntos
surgen sobre los macizos de verdura rocas gigantescas, monstruo-as, enormes, sostenidas en
equilibrio y ostentando en sus numero3as grietas
juncos de flores rojas ó amarillas. Cuando en esas
rocas hay
. algún
. espacio cubierto de tierrl.l, los
Mmpesmos Blembr,rn allí trigo y cebada.
Estas manchas rubias de espigas maduras producen un efecto muy pintoresco por su contraste
con el rojizo de las roca'!. Poco más lejo~, pefiasc?s ~olosales se_h1m desplomado por Algú11 sacudlm1ento plutómco; el suelo hundiéndose en rApido declive y en etie suelo piedras de fvrmas ext.ravngantes apiladas, monstruosas, altas como to
rres y tan prodigiosamente pesadas que se necesitaría uu terremoto para eambhtrlas de sitio y
que .'.&gt;Scilan sin embargo cuando lile toca un ni.lio.
(ContinuardJ.

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
VElUSION Et;PAÑOLA. DE 11.EL MUNDO ILUSTRADO"

Número 5.

Rosas encendidas y amarillas retamas se defienden tras de esas rocas de los vientos rudos
de 1ll mar y del asalto furioso de las olas.
Los hab(tantes de ese lugarejo son muy pobres;
viven los hombres de la pesca y las mujeres y los
nifl.os van vestidos de andr11jos sórdidos A los
1UTecifes cercanos A eojer cangrejos y langostas.
Una chiquillería súcia y descalza salta entre los
guijarros dela playa y cuando percibe la llegada
de algún extrailo, lo rodea gritt1ndolela únicapa•
labra que conocen del idioma nacional: Buenos
días! y que es su fórmula de mendicidad, Manos
como garras se exlienden ante el viajero, y la
banda obstinada le sigue hasta arrancarle algunas monedas de cobre.
Al dia siguiente de su llegada, Darlot, rodeado
y perseguido así, perdiéndose entre los senderos
escabrosos, bordados de cabailas que sirven de
habitllción común á hombres y á auimales1 trataba en vano de hacerse indicar el lugar en que es•
tuviera la casa de 111. sefl.orlta Hartley.
Darlot se había perdido en un dédalo de cami•
nos y vericuetos, de campos rodeados por cercas
de piedras sin argamasa y marchaba sobre un piso lleno de guijarros agudos. De vez en cuando
Algún establo se atravesaba en su camino ó ha•
llaba el horizonte recortado por alguna mole de
granito que sustentaba el faro ó por la caM blanca del semAloro con su mflstil erguido y cruzado
de cordajes delgados como hilos de alambre que
apenas se distinguían sobre el fondo azul del cielo. Más allA, la mar.
Darlot después de haberse desembarazado de
los mendigos marchó costeando A través de un
campo sembrado de juncos cuyas esplnas le punzaban las piernas, y así mttrcbó la1·go tiempo bajo un sol de fuego por lugares tan vastos y tan
poco accidentados, que el milstil del semAfvro hacia
el cual ae dirigía, parecía conservarse s:empre á.
la misma distancia.
Fatigado ya trepó á una pequefl.a altura que
azotaba la brisa del mar, acre y JJena de perfumes, y jadeante JI\ se sentó A la sombra de una
roca y hasta se olvidó por algunos instantes de
contemplar el grandioso espectá.culu que se presentaba ante sus ojos: todo un pais baftado de sol
y de aire azul. El día estaba tan claro que se
descubría la costa hasta una distancia inmensa
erizada de picos superpuestos, desquiciados bi•
zarros y amenazadores.
Una linea de espuma tra.njeaba las 0111s que
chocaban contra 103 arrecifes que asomaban á

�35

F.L OB"TÁCO!,O.
"EL MUNDO TLllsTRAOO"
¿

corta distancia de la tierra, y A Jo lejos el mnr y
el cielo se coofnndflUl en nna brama vaga y t.ransparente.
Un río se dividía en una red de canales que se
nbrían penoso camino á travé,i de Las rocas hacia
la playa o.mnrilJema. Ros11rios de islas, pedregosas tamblen, se vdan desgunados por el mar, y
lae gtt"'iOtas pasaban en bandt1das lauzando gritos entristecedores.
Del lado de la tierra, entre las choz11s de pescadore·s, se alzaba A lo lejos la. flecha delicada y gallarda de un cam¡,anario de piedra que d11tab&amp;
del siglo XVl. Este ettmpanario y esta capilla
irr11diaudo en la .uz ee nimbaban de oro y vlbrabao como en una aureola.
Pero J¡ejo esta regocijadora y ardiente luz, la
tierra aJllrecia Ar1da y .il hombre dabil lástima
abrigado bajo aquellos techos dt1 paja, entre esos
mures de Jodo, en esas csbaftas mt\s tristes y desaliiladas por el contr1:1ste con el limpio azul de la
mar y la diiJfana claridad del cielo.
Darlot conmovido se estremeció. El que se levantaha antes qne el sol para admir1tr el deapertarde loa campGsde trigo en la rica [·orma11dia.
quería aqui ver deepert1:1rtambién estl\ssole&lt;h,tles
pedregosas dond1:1. los hombres padecen miseria y
b11mbre.
Se puso en pié, olvidAndose de Lucia Ha.rtley¡
v pensando en las doras priVllcione · de la gente
dt1 tan devastada comarca, emprendió de nnevo
su m•rcha hacia la playa e1;tre las rccas que de
vez en cuando extnnlnabli con atención. Una de
ellas que tenia la forma de una embarcación a11ti gua le recordó que en las cueYas del mt1Beo -·h irio hab[a visto otra s~mPjante, groscr«mente esculpida y que como és1.a tenfa 111. proa elevada,
Jo-i cos1ado:s anchos y estaba así miamo bien ta•
llada. Subió A la parte mAa elevada, y alli como
en un nllvlo de gr:mito que estuviera nnegando
tn mar de matorrales, contempló otra vez el eapirnio azul del lado de la mar, gris del lado de la
tierra. y rojizo en el litoral donde abundaban las
rocas.
Derrepente un punto blanco le llamó la aten•
cióD, Bra el quitasol de un pintor instalado A 11Igunos cen~eoares de paso~ ~e su;&gt;nnto d~ observ 11ción. FiJAndo,e más, disungo1ó al arllsta que
ern unu. mujer: seguramente la sellorita Hartley.
De un s11lto se precipitó A la tierra y tomó la
dirección en que ha bid distinguido A su amiga
que lo recibió sin disimular la sorpresa. y la alegrfa que et.perimentaba. Despué¡¡ do los saludos
y frases de bienvenida ella le dijo:
-De dónde viene nstell? ¿Dónde está aloja.do?
-Estoy alojado bastante lejos de aquf, en un
hotel que tiene toda la facha de una posada de
aldea.
-Son encantadoras esas posadas.
did
-Sl, pero la mía estlt inva a por los ingleses
y ya. sabe usted lo lnsoportables que ~on.
-Cuidado! Reflexione usted en qne está. hablando conmigo.
- Usted 00 es inglesa, ti. lo menos en ese sen-

~

tido.
-Riendo de esu, ocurrencia Lucia volvió i\
pintar continuando un estudio, muy avanzado ya..
de un c11bo de la costa erizado de pella.seos. Darlot observó atentamente el boceto.
EstA muy bien, dijo.
-¿Le parece A nsted?
-Muy bien. Por otra parte, este pais ea de una
beUeza entristecedora. Ilace dos horas que ando
errante en el litoral, penetrAndome del aspecto
melancólico de esas rocas, de eso11 matorrales, de
esa tierra gris. No debfa usted pintar esto bajo la
luz de'nn sol ardientP, sino en los momentos de
un11. horrenda tempestad.
Nubes pesadas, cielo sombrfo,gaviotaa espantadas y el viento rompiendo los matorrales y azotando las rocas, eFpléndida decoración p11ra una
escena de Jlacbethl
Darlot se sentó cerca de Lucfa que le escuchaba piuaodo.
Traje conmigo las poesías de Musset para leerle A usted mientras lrabsje, pero no debe ser Mussct el que se le11. aqul sino Shakespeare.
-No me agrada més que en inglés.
-Pues bueno. En ese caso, usled será la lecto·
ra. Yo entiendo al idioma perfectamente y me
parece muy bello pronunciado por una linda boea de mujer. Es un canto, un arrullo, un murmnrio que tiene harmonio ·ísim11s modulaciones. Eso
es, usted me leerá, todo~ los versos de Sbakes•
peare.

-~lagnftlcol ¿Y m.ientr11a leo, uated pintarA los
bocetos para mi cuadro?
--Pues Je !eré Austed los poetas bretones desde Brizeux basta Juan Nibor. Leer en alta voz en un 111.gar tan pi11tore11co como e1&gt;te hermosos versos 1
una mujer A. quien se admira, eeo es la reallzaeión de! mAs bello ideal! Yo me juzgo mAs compltto desde que estoy aqui bintiéndGme pene:re.•
po de esto ro~dio ambieute y puece que median
L11glos e11tre mi vida de eiuuad y el momentc.• presen te. Perm11necerfa yo por 1rna cteruidad contentu y feliz j11nto lt e&amp;tas penas Y al latlo de usLed. [e siento bretón como bi bublera vivido siempre bajo ebte sol y respirauuo A plenos ruhuones
el vl1:1nto de la mar.
Awbcs guardaron silencio.
Solo se etcuch11.ba el ru.:i.or acompasado de las
olas y Jes p.-reci11. que estaban Jt,jos, muy lejos de
todo lugar habitado. ~iogunll ,e1i1 en el m11r,niu•
guua cuota eu las ccrcauia¡;¡ haiita la torre del
lllro estaba oculta por un repliegue del terreno.
BI encanto inef11ble tJe la soledad les peuetrü el
corazón, y Lucía mAs ddlcitda 1&gt;int1ó que se le
bumedecii,11 los ojos.
Dt1rlot lo ob:iervó.
-Sentir juntos! ~o hay nada m:\s verdadero,
exclamó.
• Lucia volvió á. tomar sus pinceles.
-¿Por qué será? dijo ella como hablando consigo mismtt, por qué s1:rA que al placer .. bsolulo,
fit,ico é ioteltctuttl que me pr&lt;.doce la contemplxción de lo bello se mezcla siempre un sulrimien•
to, un sentimiento doloro1;0? ¿SerA ocasio1,ado
acaso por la eertlduUJ bre de que e!iO va A durar
poco y de que pronto vendrin A sustituirlo las
cosas vulgares y le .s de la vid11?
.
Darlot. siguiendo e. cur..o de sus propios pensamie11tos dijo sin res1,ouder t eata pregu11t11:
-¿lla leido u·tc:d lo que 1:scribió Rt:nan rcspecto A las campanas de la ciuda.d de Isi' Las
compara A los rt cut!rdt.ie que subeu del fundo dtl
corazón y que se oyen, oyéndose uno ptins~r.
Aquí, aquí es donde vibrtul esas campan11s le~a.nas esas campaua11 tristes y lentas. Par" mi t1ener{ una voz tenue muy apacible Y dulce, la voz
de mi hermana, que murió rebelltndobe contrtt la
muerte. Si hubiera conocido yo este p11is, la habria tr,iído A él. Aqui todo fin debe ser dulee
porque se siente uuo en intimidad con la natura•
Jeza y hasta parece tAcil y simpAtico volver A su
senn.
Lucía dejó caer sus pinceles. L1t habían con•
movido esas palabras por la extrema sensibilidad,
rara en un hombre de que daban l" prueba, Y
ademas utaban en harmonía con sus propios
pensamientos. También ella crcia escuch11r las
campa.nas del pNB&amp;do tr1tyendo rememb~·anzas
de seres desparecidos y amados en otro uemoo.
-Pues bien. dijo con acento enérgico: mAs vale haber sofrido porque as( se aprende A com •
d 1
prender lo bello. EL arte es triste co~o to o o
verdaderamente grande, y es necei11r10 no perder la firmeza cuando se oyen las campanas de
la ciudad de los muertos. A mi me devuelvi:n
mis energías. Adelante! ¿Dónde? No lo sabemos,
pero ¿qué impGrta? Marchemos co? ~ paEo se~uro y 111 frente levantada. Estos p111saJes granC:10808 me Tiemplan el alma y 1:I corazón, porque en
ellos, cerno dice usted muy bien, no se teme mo•
rir¡ y aquí es donde debería escribirse el gran
poema de la Piedad y de la lluerte.
-La educación inglesa ensena desde la infancía A aue las personas cuenten sólo consigo mi:smas, y eso las bace ruertes, poderosas.
-Cuestión de volunt,1d, dijo ella, volviendo al
acento de la conversación ordiu11rla. , • . ¿f Megdalena? hdbleme usted de ella.
Darlot suspiró mt:l,incólicamente.
-lla. tenido usted un m111 pensamiento ni traer
A mi memoria, pronunciando ese nombre, el re•
cuerdo de lo qne me ha a1orme11tado durante todo mi viaje: Uagd11lena esU\,,mal, muy mal.
-Me c~pantll usted, dijo Lucia, ¿qué ci1 lo que
le pasa?
Darlot refirió los ir.cidentes de los últimos días¡
la reb~lión de MNría Mngtlalena, su breve victo•
ría seguida de la defección de Roberto, Y el t1 ionlo de la suegra.
-No encuentro palabras para expresar hasta.
qué punto es absurdo ese marido, dijo la joven
inglesa, con a.na indignación real. ¿!{ay cordura.
en jugar así á cara ó cruz eon stt dicha Y la de
su mujer? Esta mafl.ana, sf: uua hora más tsrtte,
no ¿y 6e imagina. que elle. lo estimará y lo amarA
largo tiempo, con semejantes procedimientos? ¿y

111 vieja hipócrita? Pero esas gontea son cie~asl
Toman A lhgdalena por une. munec~, y DI ■e
Jmsgiuan de lo qne es capaz. Su mando_ la en·
cuemrn lindll· con eso le ba1-ta Y no se inquieta.
por conocerl:t: ¿Y ese vltjo fA1.uo y egotst11 de
Boi:i Snint Mareeli'
.
.
- Ya puede usted figurárselo. Al pruner gr1t?
de alarma at: pu_so eu toga y lo encontré en canll•
no pttrll Ps.ris.
-¿Qué va á ser de Msgdaleua? murmuró Lucía. E:s necesario que salga de e~ casa durante
algunas semanas, y le voy A e~cr1blr propouiéndu11elo, lo mismo que Asu marido .. Lna ~e,rta ausencia servirA de tregus, pues es 11npoi.1ble per•
ma11 ecer en presencia anos de otros en e~ estado
de eri.. is aguda á que han llegado. ¿Se figura usted de 4.ué manera !Se h11blimlni' que veng" aquí
Mcia bldgda.lena y podrA nflextonar_ ~ su gus•
to y obrar en 1,egulda con toda tranquilidad.
Lucía trató toúttvia de pint~r, pero 110 pudo,
pues aquellas maltts uotiei,111 le obscurecían e1
hvrizonte.
-Vamos, ya no puedo hacer _más! porque me
lla tr11.btornado usted con sus b1St~ritts desag,-~diible9. ¡Pobre Mllgtl11lenlll ¡Una mu¡e:r t~n exqmi,ila! Esas esc11r8.JD11Zas van A c0Lsom1r su 1tle•
g 1fa ~~ su bell.-za. El marido sin lx 1nadre, no &lt;:s
del wdo 1111tlo; yo le hab,üt creído basta lnteh1,?~nte r parece amar A su mujer, según pude ob•
1:1ervll~ · en el corco viaje que bleimos juntos. No
qui.o e11cucbar mis obserVllCiones y rue trató con
1111.iva bUpuriorid11d. ¿Qué pensará aho~11? lÜO·
meozarA a couveoeeho de que su muJer no es
capaz de sowettflle siempre, y ei~gam~nte A_to•
d..,jl Necio! Yo quisiera poder d1:c1rle m.i opinión
completa, sobre el pat·ticular.
.
Lucia colocó sus útiles de pintura en la C8JB,
plegó su caballete, y quiso ct1rg11r eon todo para.
ponerse en camino.
-Deme usted eso, dijo René Darlot, voy A llevarlo.
-¿Se illl8gina usted que yo no tengo fuerzas?
Pues sepa Ubted que todlls las maftanas vengo sola á este mismo 1,itio desde mi easa.
-¿ Está muy ltj,:,s?
..,. ÍJna legua por lo menos. Pronto la va usted
:\ ver: no es bonita pero está edificada en un cir•
co de rocas semej ~ut-i,s A estas.
DMlot, á pesar de la protestas de la se11orita
Ilartley cargó con el caballete y la caja de pinturas y Lucía echó A andar precediéndole por
t:ntr1:1 lofi guijarros de que estaba sembrada 111.
playa. Piect.recillas redondas, grandes y duru
como balas de ca11ón rodaban bajo sus piés; unM
roijadas y lus1rosas parecían de mArmol, y orru
eran azu e;¡ veteadas de blanco; en las pen.!ientes de la colina copas de lavanda de perfume
balsúmie:, snrgú.n entre las piedras; il veces en
la cima de los altosaoosapareclan carneros amari•
lientos y el trémulo qoeJumbroso de sus b1didos
vlbrabtt arrebatado por In brisa de la mar¡ arroyuelos de agua ex.tremfldamente limpida atraveaal;)au !&amp; plara envolviéndola como en una red
de mallas de cristal, y era necesario atravesar
esas con-len.es haciendo maravillas de eqnlllbrio
aobre piedras movibles. El camino era fatigoso
como la a.sceosión de una montana.
Darlot jadeN ba sinti.:ndo los plés despedazados
y los ojos abrasadus pcr el sol. En cuanto a Lu•
cía, esbelta y ligera, con su lraje grls y cubierta la cabeza por un sombrero de paja de Italia
en torno del cual se enrollaba un velo blanco,
iba. tan lista como por la:. avenid11s de césped
de un jardín inglés sin que pareciera que la fa!i•
gllba la longitud del cawiuo.
Llegaron por fin A una quinta ó granja A los la.dos de la cu11l babfa editicadas alg11naa otras habitacione11 dan,lo frente A un camino amplio lle·
nn de polvo, que servían para VÍlljeros durante
la estación balnei.rla, y que contrastaban por los
caprichos fantl\r,ticos dd su arquitectura con el
aspecto miserable de la11 ebozas de los campesinos.
-Hénos aquí, dijo la aellorita Hartley.
-Gracias á Dios! 1&gt;bscrvó Durlot.
-E11rA usted rendido de fatiga, y por bien po•
ca cosa. Entre usted¡ tomaremos el t~, r lnego
le prepararé por mi propia. m11no algunas golosinas deliciosas.
Empujó Ja puerta. de la reja de mfldeta que limitaba un peqnefto jardín, frente il la casa cons•
truida como todas las que alli se levllntan en1rP
las rocns de granito, de suerte que pan·cí11n h11bi
taciones trogloditas pues en algunos lagares, lo,
llaneo&amp; de la eolira pétrea les scrviandc pan d.

Una inmensa roca de forma de p!rAmide se alzaba A espaldas de la quinta, y
Darlot tembló al ver esta mole amen1\zadora que hubiera en sn calda apla.litado
la casa, como una encina cayendo de1,pedazaria una colmena,
-A.qui esu\. mi hogar, dijo Lucía, haciendo entrar il. René, y luego lo conduj &gt;
:\ un gran snlón 11mueblado modesblmeute y que recibía muchll luz por las anchas ventanas abíertas frente A la ma.r.
Aqui serA usted bienvenido íempre qt1e
qalera favorecerme con su visit11.
Las paredes estaban 11dornadas ya con
estudios bocetos, dibujos, croquis y apuntts en arthtlco y pintoresco de,order.
Búcaros de porcelan11. inglesa uontcnfnn
tlorPS ~ilvo11tres, 11dmi:-ables cardos de
verde pálido m«tiz11dos de rojo, de boj&gt;\s
lanceol11das y flores de un color indetini•
blP. Cerca de una. do Vis venta.n&amp;s se vefa.
uro. me 11 para té provifta de los uteni,iJios necesario , tetera de plata, tazas de
china, cuchflrillu de met11l blanco y pt1•
quelloa muntequilleros; en un Angulo, un
¡,inno; en medio del s1dón una gran mesa
cubierta de libros y periódicos, y pen•
diente del techo, una gran hlmplll'a que
terda como velador una sombrilla j apo,
nesa. En todo se notaba un &amp;abor de elegnncia encantadora, pues Lucia habfa lo•
grado en e&amp;t,l banal hostelerfn de vb,je•
ro:i, en poco tiempo y con poco esfuerzo
poner todo de tal manera qui! se notara
un sello de inteligen.e ,,rigin111id11d.
-Yu lo creo, conte&amp;tó D11rlot enc1mta•
do por 111. tranca invitAción de su amig11.
Ye11dré con fr~cuencia. Es usted muv
buena 11cogiéndome con tliDta corJiali·
d11d, Home • ·11·ett home! Hogar, dulce hoj?Arl Es ntcesario ser ingles!\ para traerte en la maleta de Yiaje y colocarte en
la mAs vulgar de las casas de cualquiera
pl11ya desierta! Roblosón era Inglés: de
sPgu:-o que en su i la, tomaba el té A las
cinco en puMo de la tarde! Debe haber
ensenado A Viernes el arte de hacer tostn•las con maotequill1', pero no tan deli·
ciosas ¡imposiblt-! como las que prepara
usted. No habría hombre més feliz que
) o en la más leja.na y desconocida de 11's
ialas, con usted por compaaera y todo es10 que tan d1vinameote se sube usted
proporcionar.
Lucia Hartlel rió haciendo gala de su
t,l1rnca y m11gnifica dentadura y se insta•
tu en companla de su huésped, dando vlsiblesmuestras de ese delicioso bienestar
que todo buen inglé-1 prueba oyendo el
Cllntar de la marmita y resplraodo el per•
lome del té.

t':

• • J.

..

~~~, ~
~

~
~

·
·- ~

En .Montpuier la situación segnfa mal, mucho dijo A :.\Iilgdalena, que estaha tan tranquila como
-Recuerde oste&lt;l que no acepté esas fonciones
mAs mal de lo que se imaginaba Lucía HarUey. si no hubiera cometido falt.1 alguna:
sino que me fueron Impuestas: pero por otr11 parMuria Magdalena babia adoptado u.na actitud tan
-1.Por qué no concurrió usted A la sesión?
te me es indiferente presentar ó no mi dirui.·ión
ineepera.da,que su suegra, deapnés de haber ensa•
-Tenía que hacer algunu visica11.
pues solo una cosa me interesa: abstenerme de asisva.do vanamente todos los recursos de la dulzura,
-Podía asced haberlas dejado para otro día: tir A las sesiones; y A ese respeclo, mi rcrnlución
comenzaba A dejarse llevar de su instinto vulgar su ausencia fué notada. y no dude usted que ha es lnvsriaolP.
nativo y su irritación estallaba en escenas de lama- d,uio lugar á comentarlos.
¿Era en efecto )[aria MagdaleM quién hablaba
Con un 1t1temAn de Indiferencia M11ria l\(agda- asi? La indignación y la aorpres!l. d1•jaron atrrrnyor violencia.
La joven tomó el partido de oponer A todas las lenl\ contestó tranquilamente:
da á la seftora Le Clercq; en cuanto A Robnto
exigencias conque se la abramab11, una invencible
-;\le tienen sin cuidado loa comentarios que escuchaba con el entrec,.jo con·raílo ,e u:, modo
fuerza. de inercia¡ y ahora cuando la senorn Le se h11gsm; y cowo ll\" sesiones no son de mi agra- amen11zador.
Clercq le indicaba por ejemplo que se presente.rn do he resuelto no concurrir mAs á ••llaa.
Pero la joven no demo~tró qne se daba c11enta
en el obrador de que era Directora, no d1:cfa nada
P1\lidd de ira, la s1•1lora Le Clercq dirigió ARo• de la malll impreslón que produc.ia, y afirmabasu
en contra pero se abstenia de obedecer.
berto lit miradil y vió que con cara aduRta comíl\ indepenclencla con acento de exquisita corteEin y
Cierto d{a en que hubo se5ión solemne con mo- sin que pt1reciera que ofa lo que se estaba di- sonriendo graciosamente¡ p~ro en todo esto había
tivo de una asamblea general t\ que concurrieron ciendo.
algo tan ocasionado A exa pHarque lasellor.. Le
muchas dalllJIB piadosas y el Cura de In Pa.rro4nia,
-Conque .... .. ¿hll resuelto usted eh? Pues yo Clercq, perdif'ndo la pacienci11 1 grit(:
le correspondía A )luía :.\iagdaleua ~eer un Infor- me figuro que esa. . . . resolución, no Puede ser
-Lo que yo veo muy claro es que ustect prome sobre el e1m1do que gnardaba la institución. sino un capricho mo¡nentl\oeo, porque no querrt\ cura serme persoPnlmenté des11gradabl~.
La sefl.ora Le Clercq que ccarrtó desde tempra- usted conservar una nctilud que es ofensiva para
~!aria llagdalena abrió los ojl.ls con aire dead•
no el:imvp esperando Yanamente á su nuera, pues todc.s los miembros del Comité.
mi ración.
ésta, sin previo avi~o y sin enviar siquiera sus exNo tengo Intenciones de ofender A mldie y de-Ni lo piense usted, teiiora. Mi ünico desi-o es
cullas no asistió y fuó necesario que la prt'sideuta seo no m:.\s que ahorrarme un intolerabletasúdio. librarme de cargas tnojosas y cuando lo reflexiomisma, temblando de cóh:r-t leyera el doenmento Esa!'! sef1or11s se pt18tlrAn muy bien sin mf.
ne ust,d en e11lma, convendrá conmigo en que ese
-Es que tiene usted un cargo e~ el Comité.
en su lagar.
ea rui derecho. Esas instituciones que A U3tcd le
Tan pronto como volvió i su casa se dirigió ú
- Presenlo mi dimisión.
agradan tanto, A mi no y siento mucho que ofilfls habitaciones de Maria Magdalena, y la criada
-No la presentarA usted ni aún cuando la pre- ciosamente me haya asted hecho nombrar p11ra
E•nela, que estaba allí toda.faapesar dchBber ser- sentnra la transmitiría yoal Const-jo, porque sería el desempet\o de !unciones que no puedo cumplir.
vido de pretexto al primer motlvo de ruptura, le una in pertinencia: no se aceptan fanclonea impor- No crea nsted que si,a di/ícil encontrar entre lu
tantes en colaboración con las damas mAs hono- am.igai de usted 11lguna que tenga aptitutles y mu
dijo que su ama ba'bía rnlido.
A. b hora de la comida, hora qu~ hada. muchos rables df'I la ciudad, para desembarazarse de ellas remolace.
días era melancólica y penosa, lasefloraLe Clercq en seguidn cou cm, j,inte rresCUl'/1.
E : f¡¡rccida la senora L o Clcrcq por esta aafüla

�EL OBS'.I'ÁOULO.

3h

37

EL MUNDO IT,USTRAOO"

11

do eon un desparpajo que dejaba muy atrás a. la se•
que estimaba como una burla sangrienta, iba A vistosas pertenecientes A las familias de ?fíciaiiora
de La PaUiere.
contestarle con violencia cuando Roberto la inte• lillos ó de emph,ados, aves de paso en la Ciudad,
Una violenta cólera se apoderó de Roberto,
un poco excéntricas en materia de buen tono Y
rrumpió diciéndole.
pues le pareció que lo que ella quería era poner-RuErgo A us~d. mamA, que suspendamos esta que condenaban todas sus ideas de austera diglo en ridículo. ¡Introducir á.. su casa gent?s ~e
enojosa conversación, pues en el estatfo de Ani- nidad.
Se abstuvo, pues, de presentarse en loa depar- esa categoría, que siendo arrugas ~e ella 01 aun
mo en que estamos se podía producir un incidense dignaban lijarse en él! Se equivocaba redontamentos
de María Magdalena ese día, y ésta no
te desagradable.
damente Marta Magdalena si creía que iba A traLa comida terminó rApidamente, y siempre con dió muestras de haberse fijado en esa omisión. tarlo como á, un tonto que paga todos los gas~os
Todas
estas
minucias
envenenaban
la
situllla misma corrección ceremoniosa Maria Magdale•
y se convierte en una !ig~ra alta y automá~1ca
na se reliró después de baber:1e d,:ispedido de su ción. La guerra, una. guerra femenil, pérfida Y
que
se distingue en el vac10 de una puerta Jruenmala se babia declarado rranca y decididamente.
suegra.
tras
su mujer se divierte y goza.
María l\Iagdalena tenía preconcebido todo un
Ilijo y madre quedaron solos: Roberto irritado
Que
su padre la hubiera dejado aventurarse en
por la firmeza de su mujer, y por su actitud para plan de combates, pues profundamente irritada
un munao así era deplorable; pero como había
con él, pues ya no lo ruanifesta.ba ni la menor in- por haber sido vencida, obraba en todo precipitimidad. Casi no la veía á sola.~, pues ella se en- tándolo A un rompimiento final; pero conservan- cambiado de amo, era necesario poner punto A
cerraba en eu habitación y h,s úuicas veces que do ella siempre las formas más. corteses y exq ai- esas reuniones y cortar esas amistades que pronto le comunicarían sus Mbítos y maneras, y le
lograba l1bl11rle t:ra en el salón en presencia ~e sitas. Su educación mundana muy superior A la
visitas ó en las comidas que se habitm con vert1• de lll se:tlora Le Clercq, le permitía conservar harían perder el gusto por la vida e~rena y digdurante cada escaramuza la mas sonriente sere· na que él le quería imponer. Y ª?la 1_mpondría...
do en un verdadero suplicio.
Cada uno de loe que asisúan A la mesa sentía nidad, en tanto que la vieja perdía dia1-iament9 vaya si se la impondrial y la obl1garia A que ~een efecto el malestar general, estaba en constan- algo de su estudinda mansedumbre. En cuanto A j11ra de resistírsele abiertamente y A que prescm•
te tensión nerviosa, y el mi\s leve incidente pro- Roberto, muy tiísgu 1tado, se cn!Jaba gfocial y su diera del capricho de vivir como una extraila
rigidez daba claras muestras de altiva desapro- con su marido.
vocaba unll erisis.
Esta situación era demasiado anormal y no po
N'inguno había procurado ni previsto este re- bación.

sultlldo. Roberto, conmovido d1, buena fé por las
Vino como de costumbre al salón, el día en que
generosidades de su madre, encontraba abomina- María Magdalena r ecibía, y vió estll alegre reuble la rebelión definitiva de su mujer. La se1lora nión presidida por la se!iora La Palliere. Varias
Le Clecrq estaba más eontrarü,da 'lún porque su damas vivlls y contentas reían alegremente. Se
nuera, despreciándola hasta oiertc. pnnto, se ba- c1tntaba. Ger1trd ejecutaba al piano un acompa•
bia puesto frente A frente de ella aco.sándola de ftamiento ruidoso, y su mujer cantaba coplas de
hipocresía y protestando contra la derrota sufri- aquellas que detallaba con aquel brío admirado
da, en estos términos: «Sea! Usted quiere conser- por el Doetor de Boie Saint Marcel. Otras canciovarnos consigo apesar nuestro, pues permaneceré nes sucedieron A ésta, y Roberto, grave y severo
bajo este tecb.o, ya que no puedo salir, pero obraré como un agente de la. autoridad, vela y oía sin
como si estuviera sola sin preocuparme de deseos que nadie se ocupara de él. Magdalena parecía.
ó de órdenes cualesquiera que sean y con mucha animada y alegre como no ~ la babia visto jamenos deferencia que si se hubiera cedido á mi má.s.
volunlad.»
En los ángulos, al lado de las m'\cetas de palIncidentes penosos como el que queda referimeras, alegres parejas couveraaban tomando te
do, se renovaron varias veces: después de haberse negadu á concurrir á las sesiones del Comité, y pastelillos.
Roberto apenas conocía á. esas gentes que tan
rehusó acompa.ftar á su suegra A casa delas seftoronas viej11,S cuya conversación le era enojosa, y pronto se habían hecho de confianza en su casa.
ademlls estr9chó un poco su amistad con los L~ Por lo menos nunea había visto allí una reunión
Pa.lliere, concurrió sin su marido Auna gira cam- tan numercsA. y alborotadora. Esto le recordaba
pestre que terminó con un baile, en compa11ía de las narraciones del Doctor, y sintió la impresión
gentes alborotadoras, sociedad qu~ vino A verla de que tenía ante los ojos un salón de la clase de
los que frecuentaba María Magdalena antes de su
también á su casa.
El día de l'ecepción de la joven, su suegra matrimonio. Sin duda por eso se sentía tan aleencontró en el vestíbulo del hotel, mujeres muy gre y feliz, riendo, hablando, cantando, charlan-

día eternizarse. María Magdalena se apresuraba
mucho en el camino de sus anducias, y evidente•
mente que pu-a ello se sentía impulsada por un i
ira rar-ic,sa. Pero esas sobreexcitaciones pronto
decaen, y ceden la victori11, 4 las gentes reposadas que silben esperar el fin de una crbis.
Ya volverA sobre sus pasos, seguía pensando
Roberto, sin necesidad de decirle una palahra de
reconcifü.ción, pero mientras llega ese momento
conviene impedir que se comprometa por sus
arranques de insensato despecho.
Con estos pensamientos resolvió intervenir é
intervino cou toda oportunidad, en loe momentos
sn que Gerard de La Falliere proponía una excursión A las ru~as de cierto castillo de los alrededores.
-Almorzaremos al aire libre, sobre la grama,
decía Gerard, y nos dirigiremos al lug11r en amplios carruajes que pueda contener cada uno mlls
de doce personas.
La proposición fué aceptada con entusiasmo.
-¿Concurrirá usted? pre.guntó A María Magdalena la seiiora de L" Pallit,re.
-Ya se ve que sil
Roberto, A quien no se había invitado, levantó
la voz:

- Eso no es posible. Ya le diré á usted por
-qué, Maria Magdalena.
Esta le vió: observó su frente obscurecida por
•una sombra y comprendió que estaba sordamente irritado: pero en el estado á que habían Jlegado las cosas, no creyó conveniente retroceder.
-Explíquese usted desde luego .... ¿No?Pnes
entonces es un capricho de déspota. ¿Deberé someterme?
-Vs ningún modol se apresuró á. decir la se11ora de La Palliere. ¡Cómo! ¿Quiere usted acaso
convertirse en un tirano? ¡B,.hl no impida usted
.á Mllria Magdalena que se divierta. Vaya usted
coa sus p11pelotes y sus expedientes y déjenos en
paz.
Roberto dirigió A su mujPr tan imperiosa mi•
ruda, que éste guardó silencio, no queriendo prolongar delante de extrail.os Ja discu,iión.
C11ando ya todos se habían ido, Roberto dijo
·de un modo que no daba lugar A réplicas:
-Ya sabe usted que no ir:l.
-1.Y por qté?
-Porque me desagrada. No quiero que se lance usted en esa sociedad inconveniente, v le ruego que diJminuya toda suerte de intimi.dadeo con
los La Falliere y sus amigos que me son muy anpAtieos.
Maria Magdalena no contestó; permaneció en
1'\ié junto A una mesita china que servía de sostén
á un búcaro de crisantem11s, y se entretuvo en
destrozar como al descuido con sus dedos blan·
cos y tinos los pétalos de las flores. Así las miradas de Rob~rto fueron atraídas por sus manos
tersa!! y suaves que tantas veces había besado y
cuyo perfume aún conservaba en los labios. Quin•
ce días hacia que no Ja veía á. solas, nunca le había parecí~o tun bella como en este momento, y
en un arrebato de pasión le dijo con voz temblo•
rosa:
-:Magdalena . . . . l
Ella se puso en~endida como una amapola, le
lanzó una rápida mirad11 1 comprendió lo quepa-sa ba én él, y rápidamente t11mbién le vino la idea
-de que no debía ceder A este enternecim.iento
.p asajero. Avanzó, pues, silenciosa y muda hacia
el piano, se sentó y tocó al descuido lo&amp; primeros
compasef de un vals.
Roberto desolado y lleno de ira, salió cerrando
detrá.s de él la pueria con estrépito. Y mientras
iba con dirección á sus h!ibitaciones, no dejaba
de oír el ritmo obstinado de aquella música enojosa. Entonces pensó con amargnu en que Ma•
ria Magdalena ya no le i:i.maba, pues si lo amara
~ún, no se habría portado de esa m1:1.nera.
Magdalena cesó de tocar. El recuerdo de la
mirada suplicante de su esposo le vino á la memoria y sintió que su pecho se oprimía con una
-dolorosa comoción.
-Pobre .Bobl exclamó, y luego una maliciosa
sonrisa se dibujó en sus labios.
Luego alzó sus ojos para fijarlos en el espejo
que estaba junto al piuno y vió allí reflejada s11
belleza, Tenía los ojos encendidos y unas gotitas transparentes le temblaban en las pestalias.
-Tonta! murmuró con despecho: ya no me
ama; si me amara me preferiría á. en madre.
Por la tarde, en la mesa, la señora Le Clercq
dió la noticia de que baoía recibido, procedente
•de Inglaterra, una carta de la seitora Charmon, y
afi.adió que le acompafiaba varios decumentos
que estaban escritos en inglés lo mismo que una
eartll de la sen.ora. Egerton, Directora de la Obra
-del Trabajo para mujeres. La etñora Le Clercq
habló de esta institución A su hijo largamente, y
éste, A quien de seguro interesaba muy poco el
asunto, apenas le contestaba con monosílabos,
por lo que la conversación casi no fué má.s que
un monólogo lleno de monotonía. Despué, la seflora Le Olercq dijo A su nuera de u11 modo ceremonioso:
-¿Podría yo esperar de usted que me hiciera
-un favor?
-Sin duda, seilora. ¿Y cuá.1?
-Traducirme esos papeles, porque ni Roberto
ni yo sabemos el inglés.
-Con m11cho gusto. Ah! se me olvidaba decir
á ustedes quo yo también recibí una carta. Es de
Lut:ia Ilartley que me invita A pasar unos días
en Tregastel. Le contesté aceptando y pienso
p1mir mafiana.
Roberto no veía en esto nada. inconveniente,
pero la sen.ora Le Clercq pensaba. de distinta manera..
- ¿ Y tomó usted tal resolución . sin _consultar A
nadi1::il E~o es faltar á. las conven1enc1as.

-Nv pensé que fuera necesal'io convocar un
consejo de familia para que se me permitiera ir
A pasar afganos días con ana amiga.
Magdalena y su suegra. no c!lmbi11ban ya más
que !rases de ese género. Quince días llevaban
ya en esta guerra de guerrillas A cada instante
ma.s acerb11 1 porque como sucede inevitablemente, las antipatías se exasperaran por la acumulación de incidentes nacidos de nada y que ninguna.
de las dos combRtientes trataba de evitar. Sin embargo, aún no h lb!an tenido explicación alguna sobre las caus11s de su ant11gonismo.
Cuando Maria Magdalena supo por boca de su
misma suegra que Roberto había cambiado de
ideas y resuelto continuar la vida en común, la
joven no dijo nada , ni una palabra que revelara
el fondo de sn pensamiento, y sulió del aposento
de ll\ seflora Le Clercq, sin contestar, después de
un frío sal11do, Luego, ni la más 1.. ve alusión sobre el asunto y nada ml1s qu~ un cambio ra.dical
en su método de vida: en vez de sumisión y amor,
una independencia absoluta en sus accione:1.
Después de lll comida, l&gt;l setlora Le Clercq re·
cojiólos documentos que quería le tradujera Maria
Magdalena y resolvió aJ tmcomrar6e con este pre•
texto á solas con ella, hablarle y provocar bien
una. explo~ión de cólera ó bit!n un arrt! bato de enternecimiento.
No era posible que la vida continuara asf, por•
que ya semeJante sit1111ción era. pencsa par11. todo:1
y si Marft.t. Magdalena calculó que no pu.diendo
partir en buenll h1:1rmoni 1 ibit á conseguir que la
hicieran irse, estaba en lo real. La antigua tranquilid!ld dtl la existeneia de familia hahía cambiado de tal manera., que cada reunión acababa siempre por convertu·se eu un torneo de réplicas de•
sagradables en el que cada cual se esforzaba por
herir sin pit!dad á, su 11d\•ersllrio.
María Magdalena estaba en su hllbitación revolviendo cajones y preparando mdetas para su
proyectado viaje á Tregastel, cuando entró la sedora Le Olercq.
•Esta nueva. út-mostración de independencia se
hizo muy sensible para JK vieja que venia con intenciones conciliadoras, quería h11blar dulcemente y ver si podía aplacar con buena:i pal1:1bra.s la
rebelión de su nuera. Profunda amugura. surgió
en remplazo de aquellos iseutimiento:i y dijo á
María Magdalena con altivez y r11deza:
-Quisiera estar á, solita con usted.
Oou una seilal, l\Iaría Magdalena bizo salir á
Estela que Ja ayudaba en sus prep11rativos, ade·
lantó un sillón que ofreció á su visila, se sentó
ella también y dijo:
-¿fila para la traducción, no es l\ei? Deme usted:
le leeré desde luego esos documemo:i y despué:1 si
le parece escribiré la. traducción.
.tf.ubía una carca de lasei'loraEgerton, carta muy
amable que enterneció á la se.llora Le Clercq, porque le h1:1blaba con vivo encomio de sus bondades
y le tocaba la cuerda má.s sensible: el orgullo. Evidentemente la seiiora Charmon había pintado A su
amiga con los colores mAs fdvorllbles, pues solo se
trataba en todo el escrito de la generosiditd de la
seflor11 Le Clercq, pre,.identa y benefactora de tantas obr11s de c11r1t1ad.
Con una elocuencia un poco enfática, entremezclada de sentencias bíblicas, la eeiiora Egerton ?elicita ba á su colega por todos los beneficios '-lue
babia hecho y eeguia hacier,do y tr11taba de inte•
resarla eu favor de la A~ociacióo inter,,11cional
para prnporcionar trab11jo A l¡,.s mujeres. B.ijo sus
auspicios esta Asociación ya poderosa y que tenía
en Holand11 1 H.nsia y Alema.nia. 111..mero-1as sucursales, no podría dejitr de prodll'Cir en Francia brillantes rt!Sllltados.
Se tenfa ante todo necesidad de- dmero y lluxiJioe de toda especie, por que á la asistencia para
el tr1tbajo debía reunirse una obra de bendicen•
cia pura, fundando castts de eulud para asílur á 111&lt;1
desgraciadas debilitadas por enfermedades ~ pri
vaciones para que se recobraran antes de emprender de nuevo la lucha por la vida.
El clima de Inglaterra era húmedo y frío y en
Francia era donde convenían esos a&amp;ilos. ¿Estaría
la se11.ora Le Clercq, preguntaba la carta, eu dispo•
sición de aceptar Ja presidencia del Comité Central Francé:1 que formaría ella misma y empezaría
por ocuparse de la propaganda? Tan pronto como
se abriera el primer hospicio se le daría su Direc•
ción, superior y bajo su autoridad se pondrían todas las sucnrsales que se llegaran a. establecer en
las demAs ciudades de lfrancia. Había una
presidenta para Inglaterra, una para Ruaia,
una. para Alemania y Holanda que formaban eJ

Consejo Supremo de la institución, al cual era una
distinción muy seflalada el que se llamara á. otra
persona para integrarlo.
El orgullo de la se11ora Le Clercq quedó suma·
mente halagado con la lectura de esta carta. Toda
esa gerarquia adminütrativa llamándola A una cima desde donde se la ponla á llota.r sobre las miserias del mundo como un ser benéfico que reparte los socorros y tiene el poder de aliviar las penas, exaltó su imaginación.
¿Qué eran esas minúsculas cofradíascaritativl\S
de l\lontpazier, junto á empresa semejante qu~ con•
taba entre su., miembros activos ó protectores A
las más altas personalidades E11r('pea y como
presidenta. honoraria, t. la reina de Ingqaterra?
La senora Le Clercq permaneció penlsativa. por
unos momentos, no por v~cilación para aleptar el
puesto que se la proponía, sino ideando la ma•
nern de dar mayor realce y las funciones respectivas. Una postdata ailadida á loe Estatutos, de
pullo y letra de la senora Egerto11, decía que Su
Magestad, lll Reinll, habla concédido á. las Presieidentas generales extranjeras el derecho det ser
prese,.tndas á la Corte de S11.int James cuando fueran á Londres.
Terminadll la lectura, Magdalena calló y se pusv
a. anali:Gttr la fisonomía de su suegra transfigurada por un desl.1mbr11miento de vttnidad. La sefiora Le Clercq se re11izo muy pronto y vió á Magdalenit, y le dirigió uua sourisa, pues la satisf11cción
reábida apaciguaba un tanto sus iras y rencores
dando paso á la 11costumbrada mansedunmbre.
-Y bien, amiga mía, ¿vá usted comprediendo
al fin el interé; 4ue lleg110 A presentar laR institucionet1 du cariaad? ¿lldemAs de la cicba de hacer el bien, no ve usted que aún viendo !\ los benefactores bajo el punto de vista muudano, puramente mundano, quedan colocados muy por
encima de las personillas descabezadas que son
dd agrado de ustedi'
María M11gdlllen1t no contestó.
-Vamos, ai'ladió la seflora Le Clercq, usted es
inteligeme pura no reconocer un error pasajero.
Si encuentra. usted algo enojosas las ocupaciones
que quiero que acepte, ya ve usted que en cambio lianen sus halagos. Pagllda de m nobleza como lo está usted, apreciará, estoy segura, la honra que producen las distinciones de una reina.
Si quiere usted ser mi coloboradora actualmente, le ofrezco quemesucederAluego en todos mis
puestos y dignidlldes.
Pues bit-n; esta tentadora perspectiva no logró
seducir A Maria Magdalena que tenia otras ideas
sobre la fdicidad.
- Agradezco A usted mucho todo eso, se!iora,
le dijo, pero no me siento con vocación p1tra el
caso. Ha.cer el bien, sí, cuando se me presente
la ocasión, pero no consagrandome á él de un
modo oficial, profesi('nal y cotidiano. ~o: no
ambiciono suceder á. usted en sus cargos y dignidade~.
La seilora Le Clercq, decepcionada, dió se!iales de impaciencia.
-Qjg1tme usted, María Magdalena. Por prime•
ra vez desde hace quince días nos encontramos
solas y podemos hablarnos con franqueza. ¿Qué
significa la actitud que ha tomado ustedi' ¿Adonde piensa. u,ted Uegar con esta afectacíón de
arrog11.ncia tan penosa para todos nosotros?
¿Nuestro modo de vivir no es del agrado de usted? Esto es enojoso pero confesará. usted que
hemos hecho todo lo posible por hacérse'o dulce.
Corno un ni.ilo, se revela usted contra lo inevitable ...... ,in ret1exion1tr en que esto no la condo.cirA má;; qua á. cansar t. su marido. No hablo
de mi, y eso que sin embargo tengo dtJrecho !\
cierta dderencis.
María Magdalena replico de la manera mfls
cortés:
-Puesto que soUcita usted una explicación, se
la daré. Mi contrariedad viene de que se me obliga A permanecer, á pesar mio, en easa ele la madre de mi warido, pues me creo con dt-recbo de
poseer un hogar mio en el que yo sea la única
ama, y juzgo A Roberto digno de reproche, porque no tia tenido valor par11 hacer lo quP, es r,ecesario y justo.
La seilora Le Clercq quiso eontestar, pero Maria Magdalena con un ademlin la detuvo, y continuó:
-En cuanto :l lo que usted llama una afectación de arrogancia es sencillamente una actitud de
protesta. Yo estoy aquí constreJHda y forzadll.
Sea! Usted tendri mi persona, pero nada mAs: ni
sumisión ni nuliticación.

�EL OBSTÁCüLO,

as

"EL MUNDO lLURTRADO

.~Jy.!.~ ~

39

11

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...

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Al oír tan atrevida manifestación, la sellora nuera sobre este particular y al descubrirlos dijo subiendo de tono.
.
Le Clercq se levantó:
-Bien. Usted tiene una manera muy elástica
-Usted olvida muy á menudo con quién hade agradecer la agena estimación! Pero ¿quiere
bl11.l le dijo.
-No Jo creo, SP,fl.ora: mis palabras son eorree- usted decirme cuAles son sus propósitos al adophs. Usted me pidió que dijera la verdad, y se tar un plan de conducta que produce la guerra
emre nosotras dos? 'No se imagine usted que Rola dije:
-Usted tiene una gratitud muy olvidadiza, y berto pueda ceder, pues tiene una firmeza de ca·
en consecuencia todo cuanto puede hacerse para rácter que usted ni siquier11. sospecha y por un
mnnifestarle afecto, no consigue conquistar el de capricho pueril no faltara. a. sus deberes y A su
dignidad. Por otra parte, ¡piénselo usted bien!
usted.
María Magdalena enrojeció de cólera; pero re- Aún cuando cediera ¿no comprende usted que
habría motivos poder~sos para que lo lamentara
plicó con el mismo tono de amable cortesía:
-Seiiora: yo siento hacia usted mucho afecto en seguida y que la ha.ria A ~sted responsable ~e
y mucha. gratitud, pero la amistad de usted es sus tristezas y de sus necesidades? La victoria
demasiado dura para que pueda sufrirse y todRs de usted seria desastrosa. "'o hay que fatigarse
las graciosas concesiones que me ha. hecho usted en luchar. Está usted como en un presidio, y sus
insubordinacioues no sirven más que para pro•
h\S he pagado caras, pero muy caras. Hay mAs:
desde hace algún tiempv se me reprochan con ducir disgusto general.
-Lo siento profunda.mente, seiiora. PerC', ¿me
tan reiterada frecuencia, que ya no puedo más que
permitida usted preguntarle por qué causa se
bmentarme de haberlas recibido.
Esto era ya más de Jo humanamente soporta- obstina en guardarnos en esta casa?
-Pues porque me es grato tenel'ios conmigo;
ble, y la setlora. Le Clercq perdió la paciencia.
porque
los amo á los dos y eso lo sabe usted muy
Nunca había examinado los sentimientos de su

l

bien. Luego, que yo quería proporcionarles todos.
los medios de una vida c~moda y feliz que sin mí
no podrían tener, y ¿si viera ust:id? hasta me figuraba que usted se rt.signaria buenamente á tolerar las .... manías de una pobre vieja que acaso es comunmeote enojosa, pero que ha probadvá ustedes de mil maneras su ternura.
-Es verdad. Pero usted me hará la justicia de
reconocer que he hecho todo lo posible para rP,•
signarme, no á sufrir ma.,,ías que usted no las tie•
ne, sino su voluntad de hierro. Solamente me empecé á rebelar cuando me convencí de que la
bondad de usted para conmigo se cambiaba en
una. dominación que me reduciría A la nada. Bequerido tener algo, aunque fuera poca cosa, de autonomía, recibit á mis amigas, poseerá mi marí•
do yo y sola yo, y usted me ha dado mate en todo, se ha opuesto á todas mis deseos é ínclinacio•
nes y no solo ha hecho eso sino que hasta ha querido imponerme los suyos y sus Mbítos y ocupaciones.
Al mismo tiempo que me separaba usted de la
para. mi grata comparua de Lucia Ilartley, me sentenciaba U6ted á. la de media docena de ancianas
histéricas y enojosas y condenaba ustedlas horas
de mi juventud a consumirse en un cargo del orfa.nat0rio. La cadena era ya muy pesada y me
cansó. Comprendí que era necesario rehacermeporque si no en poco tiempo se me baria lleg!U' á
la categoria de una subalterna sin voluntad ni
iniciativa, ni inteligencia, á quien se colmaría depresentes pero se la obligaría en cambio á obedecer de una manera pasiva y mecllniM. ¿Qué
estoy en un presidio dice usted? No. Yono espe•
ro hacer ceder ñ Roberto p1.rque no es de él de
quien deper.de nue:;tra dicba futura, sino á usted.
He pensado que usted comprenderá. al fin que no
se guarda A las personas á pesur suyo .... y dígamelo u ~ted con franqueza ¿halla usted placer en ha•
berse convencido de que las dos vivimos en perpetuo pié de guerra? Roberto sufre, yo también
y este espectáculo le debe ser á usted penoso.
La sef!.ora Le Clercq repuso secamente:
-No veo en que podría yo intervenir. Cuando
mi hijo me babló de separación, inmediatamente
consentí en todo y má.s aún, ofrecí que sería yo
la que me separara. lireo que no podía llevar
mAs adelante mi abnegación.
-¡Oh! diplom11cia, y no más que diplomacia
dijo Magdalena en tono incisivo.
'
La vieja enrojeció de cólera. y perdiendo todo
dominio sobre sí misma dijo:
- Usted me falta, sen.oral usted no tiene der~cbo de sospechar de mi sinceridad. Cuando ofrecí
este sacrificio estaba resuelta á, cumplirlo; y tan to es así, que se lo renuevo á usted ahorn.
-Decidida. á. cumplir, sí, pero en la seguridad
de que Roberto no aceptará..
1\laría. Magdalenfl dijo esto con su misma voz.
dulce y tranquila, y sin embargo lamentó la crneldad de la frase porque heria precisamente en el
repliegue más oculto de la conciencia de su suegra; vió que la había lastimado muy dolorosa•
meIJte y se sintió apenada y contusa. Lut&gt;go
af!.adió:
-Roberto no aceptará .... ni yo tnmpoco, pues

ilncontraria. soberanamente injusto gozar da un
lujo y de una fortuna que son de usted. Yo no he
pretendido nunca otra cosa que un hogar mcdes•
to, pero mio, donde mi marido y mi persona. me
pertenezcan en absoluto. Esto es tan sencillo! .A.1rededot· de nosotros est11mos viendo que así se
acostumbra y nadie se admirará. de que una joven tenga Ideas de inóependencía .... tlin mode•
radas. Vamos, sellora, rerlexíónelo usted bien,
sea buena, .... como lo es usted siempre, pero
no sólo á su propio gusto sino también al nuestro. Yo daría. todo el luj &gt; del mundo por algo,
aunque fuera muy poco de libertad. Y dígame usted por último ¿después de explicaciortes de esta
clase podríamos permanecer bien usted y yo en
la intimidad diaria que se impone cuando se vive
bajo un mismo techo?
La sellora Le Clercq oyó estas pttlabras con el
corazón cerrado: nada podía conmov~rla después
de la profunda y dolorosa. herida que había recibido: y lijando en María Magdal1.41 una mirada
glacial, le dijo.
-Señora: sostengo lo que acabo de ofrecer.
Tengo el orgullo de mi 11ombre como usteJ tiene
el del suyo y no quiero que en esta ciudl\d sea.
visto un Le Clercq necesitado y decaído de su
rango. Es formal mi prop11 sición de retirarme
del lado de ustedes. A usted le toca consE&gt;gnir de
su marido que ucepte mi proposición.
-No tema usLed n11da, scliora, ni siquiera lo
intentar~.
Con un ademAn de ira la seflora Le Ciercq empujó un sillón que se hallaba á. su pas1 y olvidando toda conveniencia, dijo A media voz y con re•
concentrado furor.
-¡Una muj-,r que mi hijo tomó pobre y miserable y que en vez de considerarse feliz mete la
ziza:lla entre nosotros!
María }fagdalena se acordó á tiempo de que
era de Boie Saint Marce! y de que corría sangre
noble por sus venas. Irguiéndose pues, apareció
imponente á pesar de su cuerpecito gracioso y
delicado y dijo:
-Nuestra conversación ha tomRdo un giro lamentable hasta tal punto, que no queriendo suplicar á usted salga de aqui, soy yo la que me
retiro.
Y la pequefta Ma.g, convertida de repente en
gran setlora, abrumando i\la otra desde la altu•
ra de su nacimiento y de 11u educación, hizo una
ceremoniosa reverencia de corte y salió de su
propio departamento, dejando allí A su suegra. en
un esta.do de irritación y de confusión imposible
ue describirse.
Hacía Y" dos semanas que Maria Magdalena se
hallaba. en Tregastel. Lucia la había acogido con
una buena voluntad tan amistosa, que se encontraba como en su propia casa en aquella casa de
111.driJlos edifiC!lda como nido de golondrinas en
el agujero de una roca. Los primeros días fueron
para ella. de verdadero reposo: un alto delicioso
en el camino de tristezas y disgustos que venía
atra veeaodo desde meses anteriores. :N"ada de
desdenes, ui de entrecE"jos fruncitlos, ni de caras
hosc11s: sólo afectos y simpalias.
Lucía tenill. en el mAs alto grado la serenidad
alegre de las gentes sanas de cuerpo y &lt;le espíritu, y estaba en la. convicción de que por medio de
halagos era necesario devolver la calma A esta
alma transtornada por ucR crisis violenta cuyo
desenlr1ce no i;e vislumbri:1.ba todavía. Magdalena
le refirió los incidentes ocurridos en los últimos
dias desde que se separaron las dos amigas basta que se volvieron á ver, y su partida muy triste cuando la reru.izó.
Roberto no la acompailó A la estación. Un frío
apretón de mano, un adios breve y seco en el
dintel de la puerca de su gabinete de trabajo, y
eso filé todo. Ni un recuerdo par1:daseliorita Hartley, ni una inoicacióu arectuosa para que le es·
cribiera, ni una promesa de ir mlls tarde A reunírsele. Evidentemente la madre le había dado
noticias de la ultima rey~rta y esto había agriado
su resentimiento contra la joven. 5u actitud había sido pues, glacial. ¿Que Magdalena babia
querido aislarse~ Bien, quedaría aislada y mucho
mAs tal vez de Jo que ella había sospechado.
La. verdad es que María Magdalena. sintió una
profunda trioteza. viéndose en la estación bin que
su marido se hubiera dignado acompatla1·la 1 y
tuvo un11 1a11 dolorosa sensación de abandono y
de solt&gt;&lt;.iad, que le fué necesario hacer un e~ra.erzn su1,reroo para oo derramar abundante, lá~• iwa11.

Para que se acentuara más su malestar tuvo el
disgusto, en el momento de instalarse en el tren,
de ver A los esposos L'l Falliere que se dirigían á su proyectada excursión campestre en
unión de numerosos 11migos; todos la rodearon
y le preguntaron por Roberto, dónde estaba y
por qué causa , o había venido á despedir á su
en.:antadora mujercita. Todo esto, aunque pre•
guncado con volubilidad, era una prneba clara de
que su ausencia caus11ba sorpresa y provocaba
comentarios, lo cual hirió duramente A Maria
Magdalena en su orgullo y en su amor.
Cuando ya en marcha el tren se encontró sola
en el wagón lloró como un nill.o, con el corazón
henchido de una tristeza espantosa y sintiendo un
doloroso dt-sgarramiento al alejarse de esta ciudad donde quedaban sus disgustos y en la que
habfa i.ufrido tanto. Maria Magdalena no babia
hecho á s •1 amiga la contideoc;a de todas estas
intimidades, manteniéndose en reserva sobre
aquello que mlls profundamente la lastimó.
Si: ella que algunos rlias antes había querido y
provocado una ruptura absoluta, estsba consternada al ver que Roberto aceptaba de plano la situación. Cre) ó que á la hora de la parlida el
amor sublevá11dose en el corazón de este hombre de hierro le producida un enternecimiento,
pero nada. Se tram,tormó en una estatua y aceptó el papel que se le imponía, sin que esto fuera
cuusa d1-1 que se contrajera un solo músculo de
su cara impasible.
LPjos de su m11ri&lt;lo, la nece,idad de escribirle
atorwentab~ A M11.ría Magdalena porque presentía que aquella. aJ'ección i:ie le escapaba, y como
sucoue siempre, ante 111. idea de perderla se le hacía más nmable y más preciosa.
.A medida que pasaban los días crecía su angustia y aumentaba en BU mente la desesperación de
no saber qué hacía, si pensaba en ell11, si le hacía
f&lt;1lta ó si le b11staba para ser foliz la comparua de
su madre. Lejos estaba la si:f!.orita Hartley de
sospechar la verdadera causa. de las tri3tezas de
su aruiga que suponía ocasionadas solamente por
la situación nnómula en que se hallabi y por el
disgusto que debía causarle el pens11miento de tener que regresará Montpazier. De todos modos,
para hablarle de eso esperaba á. que pasaran los
primeros efectos del desaliento para ayudarle con
su ternura y su~ consejos.
Pasados quince días, Lucía dijo á su amiga:
-Mag, acabo de escribil' A su -,,aposo snplicándo! P- ven~a á rasar algunos dias con nosotros.
Maria M!\gdalena se ruborizó sintiendo que
una ola de dicha le inundaba el alma, Luego,
pensó de improviso en que Roberto no vendría
y en que si se daba el ca.so de que viniera se en·
contraría ella en la necesidad de confiar á la sefl.orita llartley E&gt;l estado de ruptura completa A
que babia. lleglldo, ó de r ..conciliarse parll evitar
sospechas sin haber obtenido resnlt11do alguno
fllvorable á. sus propósioos de independencia. Estas ideas la pusieron melancólica.
-Le escribió usted, pues, sin consultármelo ....!
- Si: hasta aquí, usted me había conffa.do
solamente todos sus ,~ombates con la seliNa Le
C!ercq, combates en efecto serios y transcendent1dts que me pusieron muy al corriente del
papel que ha representado la vieja. y de la actitud asumida por usted, pero hay en el drama un
personaje del cual usted habla muy poco y que
sin embargo es el que importa. mAs: su marido de
usted. ¿Qué dice, qué piensa, qué hace? Su voluntad es la que debe dar uoa solución A la crisis;
es él quien debe amará. usted lo suficiente para
sac11rla avante de estas dificultades y A quien
debe usted amar lo bastante para soportar muchas cosas.
- ¡'llás de las que yíJ. he soportado!
- Y 11. sé, ya sé .... pero me imagino que entre
usted y él debe haber cierta frialdad a causa de
que ni uno ni otro han sabido tomar una actitud
que salvara. las dificultades. El, á mi entender, se
eocontr j entre la espada y la pared no acertando A pronuucinrse en favor de su madre ó de
su esposa, y usted tsl vez no Je conservó la ternura necesaria para hacer subsistir por más tiempo la dulzur,i. de carácter que es el principal encanto de usted.
María :Magdalena, toda confll8a y mortificada,
murmuró:
-¡Qué ideas tao e.· trañns tiene usted! ¿En qné
se apoyan sus pre~uucione..?
-En la actitud de los do,. Usted no me hn di•
cho nada sobre el particular, es verdad, pero su
sileuciJ es más elocutnte que las mAs amplias

confidencias. He visto además que desde que es•
tá. usted aqui no ha enviado una sola carta. á.Montpazier y que tampoco ha recibido us'led cartas de
allá. A propósito de esto, pienso, q=-,::~.!-" amig111
que lulrfa usted bien en escribir A $1l -.rldo apoy1mdo mi invitación que porsí 10Ja &amp;a&amp;JO no p.roduzcit el apetecido r1isnltado, y yo quiero vedo
de todos modos, hablarle, saber lo que ;-iensi.
La situ11c'.ón es muy gr.. ve, Mag, y mientra,s mák
se vaya prolo11ga11du se ira .haciendo mAs dificil.
Cfou veces lforía Magd,llena había tenido este
deseo, pero cierta especie de vergüeuz11, hija del
orguUo Ja había. detenido¡ y ahora, aunque tenia
vivísimos deseo11 de verá .Roberto se dió el lujo
de fingirle la frialdad mAsgrande; en consecueu•
cia le escribió solamente algunas lineas en que le
exp1·esaba de uu modo muy cortés la tonveniencia de que viniera A Tregastel y no desairara. la
in vitac1ón de la sef!.orita Hartley.
Algunos días corr'.eron todavía sin que llegara.
la rebpuesta.

Hacía como una semana que Darlot no se presentaba por la quinta. Uno de aquellos accesos de
mel1mculi11. á. que estaba sujeto, Je había obligado
á buir áe toda sociedad. Partió para excursivnar,
había dicho, pero en realidad su viaj-, no tenia
mas objeto que el de librarse de encontrará las
dos amigas. La dulzura del hogar de la seflorita
llartley 11" babia apoderado de todo suBer dti tal
manera, que en un instante de lucidez el terror lo
habÍII invadido y se creyó en la nrcesidad de ponerse en ruga. ¿Por qué, en efecto, adquirircostumbres de vida futima con una mujer de espiri•
tu elevado y de taleoto encantador para hallar
luego, cuando ella partiera, más amarga y tl'lste
la soledadl
Cuando D11rlot observó que se encontraba muy
A gusto y como en su propia casa en aquel saloncito, junto á aque1la mesa de té, bajo esalámparJ\
que los .babia. iluminado durante dulcísim..s con•
versaciones, se dijo para su conciencia con secreio espanto, que le h1:1.bía caldo la gran desgracia
de enamorar11e de Lucia Harlley, En verdad esta
sell.urita aunque fuera como era efectivamente,
seductora y linda, no sólo por eso era digna de
ser amada eino por Au inteligencia bien cultivada
y su bondad iut.,Jigente, 111 origín&amp;Jidad de sus
ideas, lo imprevisto de suconversacióny ese sello
pers,malí.iwo de voluntad tranquila que la hacía
dilerente de todos los demás.
Lucía presentaba respecto de María Magdalena
un verdadero contraste; ést11.1 graciosa y dulce,
con una alegría infantil como cualidad esencial
del carActer, y necesitando siempre de protección
y de ternnr1.1. previsora que le alejaran toda. suer•
te de contrariedades; en tanto que Lucía, espíritu vigoroso se bastaba. siempre á sí misma, y las
tristezas que abrumaban á Mag, á ella la b11brian
encontrado armada de una. firmeza tranquil11 capaz de Lriunfar de todo.
Reué, casi tan sensible como María Magdalena,
sentía por la joven ingle3a una admiración profenda y uua e3timación real. Tenia miedo de amarla y se repetía por la millonhim11. vez que estaba
gastado, tristo y enfermo del espíritu, y que aún
cuando ella consintiera, su deber de hombre honrado era no casarse, no llevarle un corazón infortunado, una alma desalentada y sin ensueilo~. Pen•
saba además que Lucía era muy feHz en su ac•
tual modo de vivir y que no le con venfa. ligarse
con los lazos de la lamil!a.
Pretextó, pues, una excursión, pero en el camino encontraba sin cesar y por todas partes el recuerdo de la mujer de quien huía . La contemplaba durante todos los minutos de estll ausencia, ya
eu las arenosas playas &amp;embritdas de guijarros,
ya en lus campoa imponentes y melanco.tfoos y sd
la figura bit atenta a. su trabajo, bella y atr11.cti va
bajo el abrigo de la sombrilla, en la diilfana y ardiente claridad de la playa.
La reco:d!lba siempre y con cu11lqu~er motivo,
A la hora del té, la veía con los ojo, del alma en
aquel saloncíto donde la había amlido tanto, trente á la amplín, 'ventana desde donde se contemplaba el mar, y volvía á admirar sus movimieutos
graciosos, aunque enérgicos y se pensu ba 14 ue estaría. junto á la mesita esforzándose por eo,.solar
á María Magdalena., ó bi1m en el jardín, á la som•
bra de alguna pefl.a leyendo á su amiga o bra.3 exquisitas 4ue é;ca escuchaba con atención hundida en sus tristezas profundas y monótonas.
En todas las encrncijadiu del camino, junto á.

�40

todae fas quintas coronad11s por agudas toneci·
!las que se levantaban á los lados del río, D11rlot
creía vislumbrar aquellas dos ligeras sombras femeninas, una inclinada, agobiada, como destroza•
da por el dolor, y la otu erguidll y fuerte protegiP-ndo 111 frágil dulzura de su amiga. Y la obsebión se hizo tan coniinuada y fué tl\l su deseo de
volver al 11gres1e p11Íi apenas di,jqdo, que volvió
súbit!llllente sobre sus pasos y rt'gresó A Tre11;11s•
tel con apresuramiento, lrnsth1do de l1ts banales
mesas redondas de hotel donde sus oidos h11bi,m
eido martiriz11dos por un inglés insoport» ble, pa rodiil de la música delicioM que salía de los labio9 de Lucía Hartley.
C1111ndo René se instaló de nuevo en la po&lt;:ada
dourle se alejaba antes de su p11rtida. A unos cuanf
1
tos k ló~tros de la playa dti Tregast"l, su r~sol11c1on estab11 tomada: intentar una declaración
de 11mor y uunque sin duda ella le repulsaría, insistirá. riPFgo de perdt&gt;r hasta su buena amistad.
Esta pmibilidact le hizo vacilur un poco, pero luego comprendió que semejante temor era injusto
tratándose de una pt-r.;ona inteligente y buena
como lo er11 Lucí&gt;l y que no sería ea paz de alej11.r
de sn lado á un 11migo púrque la amara m:\s de lo
que ella deseaba.
René pensaba en esta'! cosas caminando por la
(Tilla de la mari~ma que sirve de rad&gt;1. á la aldea.
La mar estaba en descenso¡ algunas embarcnciones menores, c11ida.i para un lacto, parecí"n muertas; en Ja punta de un estrecho muelle que se
pl'olongaba á. lo lejos avanzando hasta el mar,
slgunos ctliquillos se entretenfon pescando con
anzuelo.
Darlot, pres a de una impaciE&gt;nci.a febril por llegar al fin lo más pronto que fuera posible, y
vor recibir desde luego la negativa que lo iba _á
,-umir en la desolación, so detuvo de cara hacia
1a brisa que llegabll fresca y húmeda. Se detuvo
A reflt,xionar en l!t manera cómo debería defender su causa y maquinalmente volvió los ojos ha
cia el lejano azul que recortaban, r,ircnndadas
de brumas, las enormes masas color de rosl\, pesadas rocas bajo cuya sombra Lucia acustumbra
ba ponerse A pintar y donde tantas veces había
pas11do con ella horas inolvidables, y en un sú.bitJ 11rr1l0que de valor se volvió hacia el camino
blanqueado por el sol y por el polvo, que conducía á ttquellos sitios.
Era la hora del medio día: un calor so.focante
subítl del sui:1o y vibraba en una asmósfera lumi•
nosa y abrumadora. Por el luuiente azul de los
cielos algunas nubes, semejantes á cintas de gaaa,
permanecían inmóviles como suspendidas de l.l
bóveda cristalina.
A pesar de sus preocupaciones, Darlot obser- picarescas y c'le color m1s que subido en todas
vó que el sendero esclibroso y ardiPnte que atra- las feri1ts de Frl\neia.
vesaba y que JJor lo común se conservabasolitttrio,
René se apoyó en una barda, detrás de la cual
estaba ahora llena de paseadores. Gentes de la se tendí11n los campos llRnos erizad:s de er11s de
comarca, mujeres de cofia blanca, de chales en trigo negro recién cortado. Algunas chozas obsqu, brillaban los colores más chiJ:ames, y de tra- curas apenas levant\das dei suelo se agrupaban
j~s vistosos, aparecian como manchas relucientes en torno del campanario de la iglesill, r á lo:i piés
sobre el fondo blanco y azul del cielo y del mar, de la multitud se revolvía un polvo fino y caliencon las tonalidades de unfreEco dePuvisdeCha- te que subía come una nube. No había ni lit mas
vannes. Hombres de sombreros de anchas alas y peqnei'l.a sombra. El sol fulgurante inundaba tosacos cortos, turistas i11gleses de calzón corto y do, y esta muchedumbre, reunida en grupo commedil\S d 1 lan11 ingle: as db 1rajes azules ó rosa- pacto, jadeaba de calor exhalando olores penedos, de talle anguloso y de piés largos y ágiles, trantes, extraJia mezcll\ de perfumes, polvos de
tod11 ilna multitud abigtiruda que caminu ba tn la arroz y pomadas, y de las acres emanaeinnes de
umma dirrección. ¿Qué seria aqueJloi'
loe establos vecinos de donde se veía.u salir arroDKrlot siguió su camino y apenas había andlldo yuelos- sucios y espesos.
r&gt;or unos cua.ntcs minutos, al llegar A la cima
Darlot fué á sentl\rse en una alta roca que dode un pel'tón entre rocas cuya ascensión le abru- minaba el lugar en que hormigeaba la gente.
mó de fatiga, pudo ver la fiesta que atraía á ese pues acababa de presentir '}Ue no encontrarfa tal
Jugar tantus gentes. Era una romería.
vez A Lucía en so casa. Sin duda habría. preferiLa pequeft.a c!lpilla de la Cll\l'idad escu.lpida en do venir A ver este espectAculo pintoresco: una
gnuoito como una urna egipcia, tomaba bajo el romería en Breta:na, y debía estar allí tomando
cielo ardiente tor:os aureos y rosados, y un imper- acaso apuntes para Slls cuadros. Paseó en to1·no
eeplible polvo de oro la bailaba toda y le daba suyo una mirada atenta y nada descubrió entre
,m la luz esplendores inesperados. Jumo 1\. la ca- la agrupación compacta de romeroil. Entonces se
pilla una multitud hormigueaba confasamente.
absorvió en un ensue1!o vago y dulce hipnotizánLas cofias de 11mplias alas blancas, los chales dose con la. decoración inmensa del p11i-11je lurutilantes, rojos y verdes, los toc11dos de laa tu- minoso. El zumbido incesunte de. 'a multitud s1,ristas contrastando con sus vestidos que también g11ía vibrando en torno suyo, y el chillar de la
result11ban pintorescos, y por encima de la mu- cantadora de jaculatorills, languideciendo ya, se
chedumbre un rumor, un zumbido confuso d~ vo- resolvía en notas agudas y quejnmbrot1as que le
Ct!s que se interpelaban en bretón, en francés, en
adormecían S1111vemente.
inglés; risas, gritos, y en !in, dominando el tuAlguien le empujó, y entonces alzando los ojos
multo, la voz aguda de una mojer que eant'lba con sobresalto, reconocjO á Roberto Le Clercq
jt1culatorias y vendía rosarios benditos. En el te- que estaba de pié en trente de él. Este no quedó
cho de una barraca de cantores ambulantes, un menos sorprendido al ver á Darlot, y al pronto
harmonium gangoso lanzaba acordes lentos q_ue pareció contrariado, pues no roa.a que por pura.
acompaf!aba el canto de t:sta vendedora de cosas casualidad se había aproximado A él y lo babia.
santas, enronquecida de tanto cantar canciones tocado sin conocerlo. Después de un in.stante de

41

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNDO rt. Uf!TRADO."

1

EL OBSTACULO
NOVELA ORIGINAL POR Mm.e. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.

\

VEBSION ESPAÑOLA. DE ".EL HUNDO ILUSTRADO"

Número 6.

,,

Roberto se sentó junto á Ren~ sobre la roca ardiente. De las puertas abiertas de la iglesia salia
un rumor de los salmos coreados por las voces
penetrantes de las mujer,is; los fieles se aproximaban más y mAs al portico y un suizo muy
galoneado de oro y con sombrero empenllchado
de plumas blimcas, apal'eció en el dintel. Un remolino se hizo en la multitud.
René ref1exionab11. A pesar de la reserva voluntaria de Roberto, leía en .sus facciones contraídas, en sus movimientos apresurados, en la
expresión melaneólica de sus labios, Inquietud
nerviosa., ve1·dadsra angustia íntima. Evidentemente todo se iba a. resolver por la impresión
del primer momento. ¿Cuál serfa esll impre&amp;ión?
Predispuesto cada nao pur -resentimientos fundados, ella y él iban á abordll.l'se tal vez con
ánimos de combate, y la esperauza de vencer á
su adversario. ¿Los reuniría con má.s ruertes vineuJo::1, ó se prt!parabl ~ apartal'los más y mAs esta próxima entrevista?
t-.D11.rlot examinó con mucha atención á su co~paiiero, y la agitación que observo en él le d1ó
esperanzas, porque aparecía demasiado viva y
prof11nda para ser debida 110 mAs al orgullo herido.
-Muy contenta va A poner3e Maria Magdalena cuando vea á. usted aquf, dijo René.
Robertó le fijó una. profunda m!rada de investigación.

-Oh! no piense usted que ella me haya referido nada, y ademAs, lo mii,mo que usted, en este
momento estoy volviendo de vi11je, pues acabo de
hacer una excursión que duró varios días. Por
cierto que cuando me pu.se en camino, Lucía estaba may triste viéndola enferma en lo físico y
en lo moral.
-¡Enlerma ...... 1 ¿Qut&lt;, está enrerma. MagP
-Sí: una tristeza íntima. Ya casi no la conoz.
co, pues habla poco, no ríe nunca, se queda pPn•
aat.iva. horas enteras, apoyada la cabeza en los
cojines de su sillón,
mirando sin ver, como uoa alucinada.
'fiene tristeza, mu•
cha tristeza esa pobre criatura!
Rooerto se había
conmovido. T ambién tenía tristeza y
tristezn por ella, y
la noticia" de que había estado sufriendo,
Je hirió de la manerÁ
m!s violenta.
¿Pero por qué sufría? ¿por estar ausente de él, ó por la
difícil situación eu
que se hallaba?

.'.

vacilaeiór: se decidió A estrechar la mano de.
H.ené.
-Usted aquí! exclamó éJte manifestando verdadero placer pues conocedor como Lucia, de
la. ruptura habida entre los dos e3poscs, pensó
que alguna reconcili11eión se había verificado.
- Si. .. . .. acabo de llegar.
René se informó con mncba cortesía de la salud de la ef'ftora Le Clercq_, y continuó:
-María l\[llgdalena y 11.1. 11e1iorlta HartlE,y, es•
tá:n en eu casa seguramente?
- Ko lo sé.
El asombro de Darlc,t (ué muv visible. Roberto agregó:
-Como dije A usted, llego en este momento, y como no encontré, á causa de esta tiesta carroaje que me condujr&gt;ra A TrE&gt;g11stel, resolví venirme á pié y me he detenido nlgunos instantes
para ver esto. AdemAs. como Uotted podrá suponp1•lo, es posible que ambas estén entre esta multitud.
- Lits humaremos.
- No: prefiero permanec"r todnfa unos mo•
mentos solo con usted. Esperemos la procesión.
l\o quisiera encontrarme en público con María.
llfagd11lena.
(Continuard.)

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~.

. ;! '-:2:.::~:=-

Las campanas de la Iglesia se desataron en un
ruidoso repique que volaba por encima de los
campos espigados y las landas rocallosas, hasta
las islas grises sembradas sobre las olas en Jos
limites del borizoute.
La multitud se dividió en dos alas deja.ndo en
el centro un ancho espacio para que pasara la
procesión, y las puert11s de la iglesia. abiertas de
par en p-'lr, dieron salida á una IDI\Sa comp~cta
de sacerdotes con sobrepellices blancos, acólltos
vestidos de rojo, nif!.as llevando banderas y es-

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�42

EL OBSTÁCULO,

"EL llUNDO ILUSTRADO"

tandartes, una lluvia de coiores encendidos que
se destacaba del conjunto gris de la multitud.
Darlot y roberto se pusieron en pié para ver
mejor este pintoresco des.file. Jovencitas coronadas de cofias de encaje grandes que se plegaban para caer en alas sobre sus hombros, llevaban en unas andas adornadas de flores, una iin!\gen de bulto de la Virgen, cuyos ca1Tillos lustrosos por el barniz, estaban pintados de un oarmin
subidísimo; d1&gt;trás, una cohorte de viudas acompa11aba A la Mater Dolorosa que tenia pe.ndientes
de las pesta1ias y rodando por las mejill.As, gran•
des lágrimas de cr:stal, y en el pecho un racimo
de enormes puflales: á lo lPjos, la mar azul que
las dejó viudas y las condenó A llevar tocas de
duelo, se irisaba bajo el rayo del sol y tomaba
los tonos lucientes del manto de seda que envolvía A la i.mAgen.
LnPgo vanían ancianos de caras brom~eadas
por la intemperie, de cuerpos velludos y manos
encallecidas, vestidos de marineros llevando un
pequel1o navío artísticamente construido¡ uuo de
esos e:cvotos que se ven comnnmente en las iglesias de las costds bretonas. ¿Cuántas torment11s
habían presenciado en plena mar esos vbjos que
ahora camiuaban débiles y encorvados, que en
otros días fueron vigorosos y valientes y ahora
casi vueltos a la infancia, susten(an penosamente
con manos temblorosas aquel barco en
miniatura, y cantaban cou voz cascada
un cántico á. la Virgen!
La procesión se desarrolló lentamente
y Darlot, abrazando con la mlI'ada toda
esta escena y el vasto horizonte de la
landa y del oceAno, se sentla movido de
piedad profunda por todos aquellos que
iban pasando y que llegaban ya al fin de
la vida después de haber 11purado todos
sus dolores ó entraban apenas A ella para comenzar á. sufrir.
-Vea usted qué bello es esto y qué
artístico, dijo Roberto con entusiasmo.
Roberto también estaba conmovido.
La multitud S6 había quedado en silencio respetuoso¡ la cantadora ambulante puso fin A sus jaculalorias¡ millares
de gentes contemplaban aquellas imAgenes santas, y aquellos barcos conducidos solemnemente entre flores y banderas por equellos viejos lobos de mar
que trataban de erguirse en gallarda
apostura, y no podían sino inclinarse
hacia la tierra que parecía llamarlos invitándoles al descanso eterno.
-Allí están, dijo Roberto con voz
breve.
Enfrente de ~i:os, al otro lado del camino que seguía la procesión, Darlot distinguió A Lucia y A Maria Magdalena
abrigadas bajo un ancho quitasol. Mag
tenía un aspecto sumalllente triste, y contemplaba con melancólica indiferencia el
espectáculo que se desarrollaba en torno suyo.
Roberto la examin~ con atención apasionada. La
encontró p!\lida; observó su abatimiento, y una
gran alegria Je hizo latir presuroso el corazón,
sin embargo de que aun conservaba sus dudas
sobre la causa de esta tristeza.
Casi al mismo tiempo alzó los ojos María Magdalena y descubrió A su marido: entonces cambió de color; sus pArpados se agitaron nervioso.mente y oprimió con mano crispada el brazo de
Lucia. Volviese la joven inglesa, siguió la dirección de la mirada de su amiga y distinguió á Roberto y Darlot.
8i este primer encuentro hubiera tenido lugar
en otras circunstancias, las cosas se habrían desenlazado de otro modo, pero Marfa Magdalena
tuvo tiempo para rehacerse, dominar Ja emoción
que le quitaba la facultad de razonar y que en
arrebato invencible l!i habria arrojado á los brazos de Roberto.
Mientras duraba el paso de la procesión que
los separaba, ella pensó:
-Ya está aquí. Esto prueba que me ama todavía lo suficiente. Pero ¿qué va A suceder? ¿Qué
solución traer¡\. proyectada? Una sola era aceptable: la que la jov.,n venía solicitando en vano
desde hacía varios mes88.
La procesión acabó de pasar dando tiempo á.
Roberto y A María Magdalena para dominar sus
sentimientos, de suerte que se acercaron uno al
otro con una tranquilidad ficticia que no dió lug,1 r il Lucía p1mi formarse un juicio sobre el estado d.: tHlS llmwus.

/

-Viene usted por algunos días? preguntó Lucia A Roberto estrechAndole la mano. ¿Dió usted
orden de que llevaran é. mi casa su equipaje?
Roberto ~ontestó dirigiendo A su mujer una
mirada tímida:
-No sé todavía si podré ó no retardarme aquí.
Por de pronto dejé mi maleta en una posada. No
pude encontrar un carruaje en que venir.
-Pero más tarde lo encontraré. usted, replicó
vivameute Lncitl . .Me figuro que no intentará usted alojarse en la posada.
Roberto dirigió A eu mujer una mirada. penetrante, y elli. se ruborizó comprendiendo que se
acercaba sin lugar á retardo alguno, el momento
de una explicación definitiva. Y sintió miedo,
miedo profundo de las consecuencias, al ver que
BU marido se mantenía estrictamente á. la defensiva. A e!la la poní~ en el caso de decidir si quería que Roberto se alojara en la quinta ó si quería resolver una definitiva separación. La iMertidumbre en este caso, se babia becho intolerable
para los dos, y Lucia comprendiéndolo con su

•

/

I

clara inteligencia y exquisito tacto, resolvió des
enmarai!ar tan penosa situación lo más pronto
posible, y dijo:
-La fiesta, el ruido, el movimiento de la multitud, todo esto me fatiga y se mi, hace ya insoportable. V!\monos inmediatamente. ¿Quiéreusted
eell.or Le Clercq? Acepte usted á lo menos mj invitación para comer con nosotros.
-Acompal1e usted A Mag que le enseliará por el
camino los lugares más pintorescos de la localidad, y así tendrAn ustedes tierno') de decirse esas
mil cosas que los casados tienen después de una
ausencia. AdemAs pueden ustedes recobrar sus
llá.bitos de campesinos adquiridos en nuestro v:aje 11.nterior. ¿Se acuerda usted? Yo monopolizo al
sefior Dllrlot pllra qne_me describa sus impresiones y los paisajes pintorescos que haya visto en
su excursión.
En camino pues, l'l!ag . . ... pero está ested muy
pálida. No la lleve usted muy de prisa selior:
cuídela usted, está enfermita desde hace· algunos
días.
La encantadora joven se alejó no sin dirigir á
su amiguita una sonrisa de cari1io y una mirada
alentadora. Mag cuyo corazón palpitaba aceleradamente, quedó sola con sn marido, enteramente sola apesar de la. multitud que los rodeaba.
Roberto observando la intensidad de su emoción, se conmovió también y le dijo:
- ¿Quieres que nos vayamos de aquí donde hace tanto calor?
Mag le sonrió con dulzura. Le había quedado

agradecida porque no le habló de usted como á
una adversaria.
Trataron de abrirse paso entre la apretada muchednmb..e, pero el desfile de la procesión que
volvía sobre sna pasos los detuvo y se vieron en
la necesidad de esperar A que se hubiera alejado.
En seguida tomaron el camino que desciende
hacia la aldea de Tregastel y se encontraron pronto cruzando por senderos rocallosos de arena y
guijarros sueltos, tostados por el sol, entre los que
crecían yerbas raquíticas y jnneos marinos de
flores amarillas. Grupos de gentes del país, mujeres con chales dti matices bArbaros, hombres con
sombreros anchos y adornados de cintas, se les
atravesaban dirigiéndose á la romería. Un alegre
repique de campanc.s llenaba el aire en una gran
extensión.
De pronto, marido y mujer sintieron una profunda turbación al encontrarse solos; pero el paso
frecuentemente de los campesinos los tranquilizó, aplazando aunque fuera por cortos instantes,
la llegada dela crisis final que ambos temían igualmente en la vaga intuición de que de nuevo iblln
á cbocru' sus voluntades.
Maria Magdalena rompió el silencio 111 fin preguntando:
-¿EstA bien tu mamá?
-1::ií: muy bien. En eijtos momentos anda muy
ataread8, porque la seflora Cbarmonacaba de regresar de Inglaterra y mi madre
va A fundar un nuevo hospicio, una casa
de salud en una propiedad que posee á.
la orilla del mar no lejos de Montpazier.
Está muy interesada en esta obra pía.
y va á pasar en aquel punto una temporada largnitahaeta realizar la instalación.
Después ¡,arece que irá alli con much11.
frecuencia. Ya sabes cuanto la apasionan
las instituciones de caridad.
-Es en e[ecio muy generosa, contestó María .Magdalena.
Luego se quedó pensativa y silenciosa
por algunos instantes, comprendiendo lo
qu.: esto quería decir. Era una concesión
que se le bacía, haciéndole entrever que
su suegra estaría ausente con frecuencia
de J.Iontpazier, pero ella era suficientemente avisada para dejar de valorizar desde luego la inutilidad de semejantes promesas. El hecho qn.e quedaba en pié era.
que Ja vieja los tendría bajo su dominio
como antes. Fundaba una institución su;:-lementaria. Eso iniludablemente la tendría ocupada, pero la libertad que en tal
situación dejaría á. su nuera seria irr.isori,1.
Sería necesario estar esperando su.a
ausencias como los escolares esperan lae
Yacaciones; en presencia en la casa haría
imposible toda intimidad entre· los esposos y dur,mtelos viajes yasabria imponer
á Mag la subdirección de todos los orfanatorios, hospitales, hospicios y obras A las cuales estaba aplicada. ¡Y esto era lo que Roberto le
veuía á ofrecer!
1\Iagdalena tuvo nn violento acceso de tristeza
y despecho. Roberto se había imaginado sin dutla.
que todo iba á quedar arrPglado pacHicamente,
que su madre hacia un supremo sacrificio alejándose de hecho de la vida de sus hijos y no reservAndose más que la cláusula orgullosa de que la
casa quedara bajo el nombre y la dirección de
ella.
La seftora Lé Clercq había sabido, explotando
hábilmente suimperio sob::-e el espíritu desu hijo
baeerle ver y admirar no más el lado de abnega:
cienes y bondad que presentaba esta nueva com•
binación, sin dP jarle sospechar que todo el caca·
reado cambio resultaría ilusorio.
:Magdalena bajó los ojos. Lágrimas de dolor y
de vergüenza le arrancaba la idea de encontrarse
presa en una argolla de bie. ro.
,,
-Esa propiedad es muy linda, afiadió Roberto
muy lejos de sospechar el disgusto de en mujer:
ya la verás, es de gran extensión y tiene enormes departamentos que han servido en otros tiempos parit diversos usos y que ahora van á ser transformados en dormitorios y salas de trabajo. Tiene además nn pabelloncito de estilo Luis XIII en
el que va A poner mi madre sn departamento
particular, y todo el edilicio está circundado de
un hermosisimo parque, CUJ as amplias avenidas
van A terminar en la playa. 81:tn Hil11rio es un sitio eocantado1· que está muy próximo á. una pin-

43

- Yo, en el vagón, lloré mucho, mucho.
Entonces g.iardaron silencio, pensando los dos
en lo que mútn11mente se habían hecho sufrir y
-SC, dijo MaríaMagdalena. con el corazón oprisaboreando con dulce melancolí~, esa tregua da
mido al pensar en la indignación que sentiría Rouna hora que el cielo les concedít1,
berto si su mujer rehn.sara lo que él consideraba
Allí estaban lejos de la vida, sin que en , )los
como una inmensa concesión.
ni fuera de ellos existiera nada más que su amor:
Llegaron A un camino ancho sombreado por altodos los obstáculos sociales habían quedado
gunos Arboles entre los cuales se veía aún la
tras de ellos,¡pero cene-cían su existeucia, senlilln
landa rocallosa y A lo lejos el mar . Un cnel yugo de su opresión, comprend.Jim que no po·
rioso Calvario en forma de laberinto y adornado
dfan permanecer por más tiempo suf1 iéndol11; y
de estatuas y de sentencias en dialecto bretón, se
en esta soledad tranquila en que eran du.:11os de
alzaba custodiado por una casa cuadrada coronasu corazón y de su conciencia, se acordaron con
da por una cruz y nna campana: de llls inmediaternura de sus gratísimos paseos á dos en los
ciones salió una turba de chiquillos andrajosos y
campos cuando hicieron BU primer viaje. Entondescalzos pidiendo limosna.
ces los dos eran confiados en su venmra, pero
-¡CuAn seco y Arido es este país, dijo Roberahora las tristezas que habían pasado sobre ellos,
to. La blancura del camino reverberando con el
conmoviendo y aqnila.tando su ternura, la habían
sol, lastima los ojos! ¡Qué tristeza da todo esto!
hecho mAs profanda.
Poco después las c11sas de la alde/\ dejaron ver
De lejos. de muy lPjos les llegaban todavia casus techos obscuros alas orill1ts del camino, y desi imperceptfüles los sonidvs de las camtrás de un muro de piedra en que pros.........,,panas de la romi:ria, y este rnmor poético
peraba el musgo y florecían alhelíes sil"" ' l1\
arrullaba sus eosue1ios ....
vestres se ostentaba una antigua iglesia,
melancólica por esos tonos grises q ne
En trente de la iglesia y limitando el
dan los a11os A la cantería; con su campacementerio, un vasto y sombrío edificio
nario muy alto en que colgaba.o tres es•
gl'is horadado en Jo mAs alto de sus muquilas raquíticas, y delante de la puerta
ros por estrechas ventanas, proyectaba su
un monumento de granito corcomido por
sombra violácea sobre las tumbas y las
el tiempo, rara cúpula de piedra coronllflores.Er.a un convento de monjas.
da por un pabellón que sustentaban piSe abrió 11inruido una puertecilla, y deslastras y en cuyo piso y cornisamento se
lizándose con pasos silenciosos salió una
distinguían apenas informes bajo-relieves
religiosa vestida de bl11nco y se dirigió
representando Angeles y querubines.
hacia la igle~ia.
-¿Será. esto uu bautisterio? dijo RoEste suceso no interrumpió casi la soberto. Entremos.
ledad de los esposos que cominuaron
Penetraron 11 atrio que también servía
junto al vi&lt;'jo muro, con las manos enlade cementerio y en el que florecían la rezadas
sumidos enun éxtasis de amor. Tlll
tama y el jaram11go silvestres luciendo
vez esta forma blanca y discreta no fuesus alegres matices sobre todo aquel conra la de un ser humano .... sino el alwa
junto de gris pAJido y de verde polvode aquel cementerio, de aqueila jgle~ia
riento. Pirámides peqneifas ó cruces de
que se aparecía un inshnte á. sus ojos.
madera marcaban las tumbas; la iglesia
La vieron dPsaparecer tras el pórtico,
tenia ventanas ojivales que descendfan
y Roberto, como si pensara que era necasi hasta el suelo, y en el techo de pizacesario llegar al fin, dijo:
rras obscuras, una escalera de piedra es-Antes de mi salida de llfontpazier
trecha por la cual se a ce»dia al campatuve con mi madre una seria conversanario. No daba miedo trepar por esta esción. Como nosotros, ella piensa que es
calera sin pasamanos, porque el techo toindispensable que cambie esta situación
do parecía. bajo, como si los cimientos de
y esto es muy fácil, querida. l'liag, entre
111. iglesia se hubieran ido hundiendo Jenpersonas que se aman. Yo te confieso que
tamente al peso de loa siglos, y como si
nunca be comprendido el -por qué de iu
en esta tarea encomendada A su decresu.bita rebelión: tú tan encantadora tai.
pitud la aguardara el cementerio plll'a
dulce, te volviste intransigente ;amo
cubrirla por completo, absorviendo sus
quien esté. en disposición de provocar rivitrinas de colores, sus techos y sus camña con el motivo más insignificante. No
panas y sepultándola como á los dem:1s
volvamos A ocv.paroos en hacer mención
fieles ahora muertos y que en otro tiemde Jo que ha ocurrido. Mi madre me ofre•
po oraron bajo su sombra.
c1ó de nuevo dejarnos su casa insistienEl sitio estaba solitario y no llegaba
do vivamente, en fa ver de esta combinaallí ni un rumor de la aldea. Todos Jos
ción que be rechazado.
habitantes habían ido á la romería. Así
es como conviene visitar estos lugares
-lnac~ptnble! dljo :Maria Magdalena.
11pacibles para apreciar todo el encanto
¿Para que pensar en resoluciones extrede su tranquilidad.
mas cuando la manera de arreglarlo toRoberto y María Magdalena dieron una
do es tan sencilla?
vuella al rededor dela iglesia, y hnbo un
- ~ tus ojos, porque te preocupan tus
·0.
momento en que la joven con un extreprop:os deseos; pero debes también tomecimiento de terror se estrechó contra
mar en cuenta para esa clase de cálculos
~~.~~.
su marido.
l~s sent~mientos de los demás, sobre todo
-, I
AJ lado del pórtico de entrada, una tos1 son d1gnos de estimación y respeto. ;\fi
rrecilla baja empotrada en el muro y comadre nos ama.
;
ronada por una media naranja en cuyo
Magdalena quiso protestar, pero Ro•✓.,_,.....g~Y~
remate había una cruz, recibí.a la luz por
berto la detuvo con nn ademan y comiamplias ventanas góticas que dejaban
nuó.
ver el interior. .Allí un montón de osamenttls imaginar. No es para vivir así para lo que nos
-Constantemente nos lo prueba. Acaso nos
humanas en espantosa confusión, dejaba aso- hemos casado. lle suf1·ido de todos modos, soste- ame dt. una maoe~a que puede desagr&gt;1darte y
mar el rictus de algunas calaveras, las cuen- niendo luchas muy penosas entre mi dlgnidad y eso _es una desg:acu, pero no puede exigirse de
cas vacías y ensombrecidas de todas. Ante este mi amor hacia ti. Ohl cruel Mag: yo te he amado nadie _que cambie su naturaleza. N"os lo prneb11
especta.culo, lo~ nervios de María Magdalena vi- mlls, mientras mAs desgraciado me has hecho!
te repito, y eso no es discutible. Y Yll que com~
braron y resintió un pavor insensato y pueril.
Ella colocó su mano suave, tibia y fina sobre p_r~nde que ni tú ni yo podem011 aceptar su sacri-Oh! Bob, esto es espantoso, dijo cerrando los la de Roberto; esta caricia muda acabó de tras- ficio Y Y! q•1e de su parte no se resuelve á vertornarlo y agregó con voz trémula:
ojos.
nos deca1~os de lo qn.e _ella llama nuestro rango,
- No, no te recordaré todo lo que sufrí el día
Viendo la emoc:ón de su mujer, Roberto pen- de tu partida, cuando te separaste de mi lado sin ha descubierto nn medio de conciliarlo todo.
Mar~a Magdalena retiró su mano de la de Rosó que en tales momentos podía hablarse con la la mae pequeiia demostración de cari1io y des•
sinceridad del corazón; y en este cementerio pnés de una escena que fué tan penosa para mi berto y _le pareció que un soplo h&lt;&gt;lado pasaba
tranquilo, ante e3tas tumbas sólo visitadas por madre ... . No, y-0 no podía creer que mi Mag, por encima de ellos y que una nube densa enlas abejas, dijo A Mag cuánto había sufrido des• mi buena y querida M11g, me dejaría así, dando- sombrecía l?s horizontes radiosos de aquella made que la dejó de ver: ¿Ya. no lo amaba puesto me la mano fríamente como una desconocida. fl.ana de est10.
Roberto siguió.
que así se retiraba de él abandonándolo entera- Me quedé oyendo aflsiosamente el ruido del ca-:-Mi madre va á. consagrar la mayor parte de
mente?
rruaje que te conducía, y me quedé junto á Ja sn tiempo A 1~ Cllsa de salud que se ha propuesCon los ojos cerrados l\Iag oía la voz dulce y ventana, levantando las cortinas, figur!\ndome en to J'undar. Pr1mero sus proy ectos se reducían
tierna de su marido. Permanecían frente al osa- mi desesperada locura que teibas á regresar, que dar para_ la obra una quinta que poseemos e~
r io, 11nte la mirada negra de los craneos vacíos. no tendrías valor paµ irte así. ... Y tuvo una. !~on1paz1t!:, ad~nde habría podido c0ncurrir &lt;JiaR oberto cesó de hablar: hubo unos instantes de amarga decepción cooudo comprendí que sf, que riamente Hn deJar de habitar en el palacio Le
silencio y luego dijo:
· así te ha bias ido!
Clercq, pero luPgo ha prderido S.m .Hilario don.
toresca aldea de pescadores. Ya iremos por allá

un día si quieres.

-Bob mío, ya Bab11s que te amo, te amo y he
sido tan desgraciadll como tú! no .... no, mlla
que tú todavfa..
-Es necesario que concluya esta situación: es
absurdo derrocbar, como lo hacemos, nuestra dicha. Es tan corta la juventud, tan corta la Vlda,
tan reducidos los minutos que puede uno consagrar al amorl
Magdalena temblando de miedo 11 causa delas
ideas evocadas en tao espantoso sitio por Roberto, dijo:
-No quiero estar aquí, tengo miedo.
lt"'ueron á sentarse á. alguna distancia de aquel
osario, junto al muro que engalanaban los jaramagos, y despnreció el terror de la Joven ante
las ta.robas llenas de flores que le parecieron
alegres.
-Mag, di.adió Roberto gravemente, no quiero
relatarte todas mis tl'istezas sutridas en las últimas semanas, pues si me amas, ya te las debes

-

~

�EL OBSTÁCULO.

"EL MUNDO TI,URTRADO"

de bav una casa para habiblción, un parque Y
varios edillcioa ady11centes y allí se va A inst11h1r
durantf'I los próximos dos meses; volvtráá Mont•
pazier á p1ts11r el invierno on nuestra compaftla
y desdti qo.e empiece la primavera harA A San
llilario frecuentes viajes.
-¿Y entre tanto nosotros viviremos en Bll ca•
1111? preguntó ?,{Ar(ll Mag&lt;lalena.
.
Roberto sin contestarle se quedó viéndola.
Magd,dena 11gregó:
-A mí me pffece tan inc'&gt;nveniente esta eom•
binn.oión como lo habrá ~ido act-ptar que mi suegra se despoj11ra por nosorros de su palacio y ds
s11 fortuna. ¿Es posible que ella soporte la vl~a en
común conmigo figurAodose ~lle su presencia ~e
es repo.l:1iva y qa.e se neces11a de sus ausencias
en épocAs derermin11das c11ando me canse yo de
sguantarl1\'r' E~to es inadmisible.
Roberto replicó:
-Nosotros no hemos considerado l11scor11s bajo eie ~unto de víst11. bra.t~I. Tú _hu reproch11do
A mi madre que no te deJa suf1c1ente libertad y
ella trllta de demostr&gt;1rte qoe hace cu,\nto está. en
sos manos para que tó. sells reliz.
-El mal consiste en que hace demasiado. Yo
le pedirít m1:111oa, mucho menos, 10Jao_iente ~~~
nos dejara arrtigll\rnos :\ ne.estro antoJo y v1 v1r
solos en nuestra cua por humilde que sea. Necesitamos lujo 1ú y vo pan querernos?
Este llamaruiento 1tl corazón no fuó oisiquiera
escuchado, pués R ,bcrto e., sentí,\ con sum-t contrariedad por lit rutinera com&gt; b.abí&gt;ln sido re1.:l·
bidas sui pr(lposicionc!l.
-Eso se sale de los limites de ll\ cuestión, dijo
con el 1tc1mto de un abog11do que di~cute puntos
de derecho. Me parece qne seria j 11sto no reeha•
zar de plano todas l11s ideu de mi m'\dre no mu
rorque son BU)'as. Ella adem~s, en el M;o de una
separación teme los comentarios de la ciudad.
-Con que no nos quedemo3 en ~fontpazier to·
di, se l\ll1u1a U.cilmente.
Roberto quedó estupeflicto; esta idea le pareció ab3urda ó indigna de que se la pusiera A dii•
cusión con todo y que eri1 el único desenllice posible para la crbis.
-Serfa una locura. En Montp1tzier tenito mi
clientela, ¿qué iría. yo A hact1r en otra par~e?
- y a te procurarías chencela en poco tiempo,
ó 1,i lo prefieres, entra e_n ~a magistratura. Tn ~adre tiene r elaciones snhc1ences para coosegutrte
un nombramiento de juez.
Roberto dló eeft.ales de viva impaciencia.
-¡Cambiar totalmente el objeto de ml vida!
No. Yo tengo mis costnmbre:1, mi ft1milia, mis
amigos, mis tradicionei en Montpazier Y 1JO me
muevo de allí.
-¿Entonces? preguntó Magdalena con desalleotu.
-Entonces, de Jo que se trata-e'$" d~ qae porparte tuya demuestres algo de la generosidad en •
que tanto abunda mi madre, la cu1tl no se pau en
hacer toda suerte de concesiones. Haz pue~ también lllgunas.
-Hacer algunas es h11cerlaR todas! P11rael mal
que nos aquej-l no sirven los recur.;os A medias.
y 0 no me resisto, Robt-rto, y te ruego solo que
rerlexiones en que h situación en Que se me
quiere colocllr es insostenible. Tu madre '! yo
hemos cambiado f1•aees tale•, que nada podría ha•
cerque caveran en olvido. Xo me perdooarA que
vo me he revelado contra eu autoridad y yo re•
cord1tré siempre que ella me ha ecb,,do en cara
que me casé &amp;in dote. &lt;?uantlo s? ha llf'ga~o A a~mej~ntes extremos la vida eomun re.ulta 1mposi•
ble, &lt;.le bes confesarlo, absolutamente lmpo, lble,
aunque esa vida sea cortada pot· ausendas de algun11s semanas.
-Ah! Tu objeto entonces es separarte completamente de mi madre, dijo Roberto pAlido y a pretan io los dientes.
-~•fo, Dios m[ol no, Dljo l1aria }1ag1alena eon
¡ l voz dulce que conservaba aún en las crisis
tis violentas mi fin es nada mas ahorrarnos el
ro bllJ·o de em'prender de nuevo una experiencia
tra
penosa, cuyos m11los resultados se está.a viendo
muv claros desde ahora.
R , berto dió algnnos p:sos alejándose de s~
mnjcr como para ponerse a cubierto de la pos1hilldad de contestarle de una m'\nera brutal. Ella
le comempló con extraordinaria Jocidez y com·
prendió desde luego que entre los dos todo había
terminado: leyó en su pensamiento la convicción
de que María Magdalena era u.na ingrata¡ la idea
de que tenía h •u:1a suegra Injusta é invencible antipatia, y el desaliento y la vergüenza de que no

oídos que II\ despertó de su abatimiento con un
ligero ternblvr; quiso levantarse y le faltaron
fuerz1te. Entonces oyó el órgllno resonar el través
de lm, espesos muros de la iglesia con unaharmonfll v11ga y podero,ll, lent.tt como una plegaria y
-consoladora !l la "°ez. Se acordó de la religiosa
blanc,t que babia atravesado su camino y que
~ra segureme11te la que estaba tocl\ndo. Eotoo•
-ces le vino la visión de una vida apacit&gt;le entre
11quellas cuatro pllredes grises, detrás de 11qa.e;1a
iglesia de aldea. Nada de crisis: una paz divinn, un
'Sneno de alma y de corazón, una mu. ne esperan•
&lt;lo l,1 muerte. La paz! el repl'sol con qué ardiente pllsióo llnmnba esas dos dicbns de las cuales
tenh sed. No pensar m1\s 1 no aruJr más, 110 sufrir mAs ....
Cerró los vjos y lloró si:enciosamente.
El sonido del órg,mo .. ra una suce&amp;ión de acor&lt;le~ que derramnb11 paz y calma en esta ardie111e 1arde de htfo. La igle•i, anqulrfa voz y cantaba un any,,fu11 de re¡,oso r di: 4uietud; íb1111 á.

era trafteientemente amado puesto que la joven
no se Neolvia A ceder.
Y ella lo amaba para h \Cer esto y mucho m'i.s,
hastJ los m(l.s cruentos 11acrifiolos con tal de dar
término A la crisii, pero lo qa.e se le proponía no
f'ra mi\s que noa impía comedla que serviría al
pronto oo m1\s que de pretexto para atraerl'l, y
lnego las cosas irían empeor.llodo en progresión
segara y rorzosa y A vuelta de al11:unae semanas
despuéi de crueles luehas volverían al mismo
punto en qt.e ahora se hallaban.
Roberto volvió junto á su mujer y con acento
breve y soco expresó así su última é inapelable
resoloción.
-Es inútil segnir discutiendo por m~s tiempo;
la c11eetióo se reduce A é~to; l,qnieres venir con•
migo :1 l\fontpllzier? Reflexiona bien antes de contestar, María ?l[agdalena,y piensa bien en qne oo
tendrás por otra vez oportanidad como 1.1 pre•
sente. Ta. tienes una energía de car~cter que no
era de sospecharse en tí y yo también tengo esa.
cualldad. Creo que si me amas debes aceptar lo
q11e te pro~ongo; aceptarlo~ lo menos como un
ensay~ y s1 la vldu en comun se hace realmente
imposible, entonces llegará el caso de que nos separemos de mi madre. Xo voy á. tratar de defend er m1. causa que se reasume en es ta pregnn ta :
¿me amasó no?
-María _Magdalena en su angustia juntó las
manos Y dlJo:
-Si te amo, Roberto, pero es espantoso que
me preguntes ~so. ¿Y po; que me preguntas si te
amo? Lo pot1r1as a~dar.
-EntoncPs, consientes?
-M~ría l\~agdalena se levantó.
.
-'.!'u no tienes el derecho de presentar as1 la
cuesnón colocAndome entre mi ternura y la des•

gracia de los dos. Por otN parte ¿ '\ mí no hay
qa.n tomarme en cuei:.t'\ también? ¿No estás en el
deber de preferirmo? Yo dtibía preguntarte esto
y sin emb,trgo no lo bago, no, no. Ei abomlnl\ble
exigirme lo imposible y deducir que no te amo si
resisto.
RobPrto replicó de un modo conclll}ente.
-Déj1\te de frases y dime claro ¿es e,tll una
repul3a?
Tan dura filé esta réplica, lastimaba tanto la
deliC11deza de la j lveo, que pormanec.:ió mud11.
-Bien. Ya me lo esperab.~. Nuncl\ pensé que
to.viera n~ted por mí otra cosa que un11 afección
ligera de la que nadie puede dispensarse, á. lo menos de los primeros me:;es del matrimonio. No es•
pere usted mAs proposición que 111 que acabo de
hacer. Li situación queda en sus manos. Cuando quiera usted irá l\1ontpazier serA bien recibida. Pero st quiere volver con su padre A vivir
aquel!a vid" bohemia y desordenada con bribo•
nes y avenrurerl\s, b11ga lo que guste. Acaba u,ted de probarme que no me 11ma y que qneria.
solo abusar de mi awor. Es necesario que haya
yo sido btstante necio para d11dar de e.o no instante. Una muj~r que 11.ma A s11 marido no lo suprime de su vida t11n fá.cilmenre como usted.
Roberto se interrumpió temblando de cólerl\ y
esperando una respuesta que no vino.
Aniquilada María M,1gd11lenase retarda las m.11.nos sin pronunciar una pl:lldbra, ni atrcr~r3e á rijar los ojos en su marido.
Entonces, pres!\ de una especie de vértigo, par•
tió A grandes pasonln vol ver i\ ver A su mujer lJ ue
permanecía como pe,rifieada mirando vagam.,n re
el campanario de la igli:sia tras del cual respl \ndecía el cielo azul.
Un sonido lento, profundo y grave vino A su.

&lt;lormir las flores, las tumbas y las piedras gri
ses, en tanto que 111. religio&amp;a, alma de todo esto,
oraba con aquella voz que difundía pensamicn
tos claros como la luz.
Maria Magdalena, logrando ponerse en pié, penetró bajo In bónda sombría y profunda de la
htlefia que teni11 iuteriormeote una humedad de
cueva. Allí, junto al harmonium vió • á la monja
que tocaba. Toda la luz del sol poniente se eon1:entraba en ese punto pasando A través de uua
-venta.na oblicua.
Maria Magdalena desfallecida, presa do un
, értigo, se paró á verla y la monja, presintiendo
A alguien cerca de ellu, se volvió y sorprei.:did"
, ió el espanto y la angusti11 de la joven.
-Eitá usted enrarma, seftorita?
Bajo esta mirada de piedad el cora2ón de 111 •.
1 f \ Magdalena se dilató y sin poder hablar esta·
Jlc'i en lltgrimll.e. Luego se dPjó llevar hastn la sacrlstia donde la monja la. hizo sentarse en una
,1,1lla de paJtt.

-Excúseme usted, deefa, aún sacudida. por extremecimientos nerviosos, Un momento de en•
fermedad ...•
-Tiene usted alguna pena? preguntó la hermana con una voz dulcemente imperiosa, habituada A, inspirar confianza y f\ distribuir con•
sejos.
Esta rspcci~ &lt;le autoridad no desagradó A l\1A.ri11. M11gdalena que se sentía heridll y en un eompll!to aniquilamiento.
-Sí, &lt;.lijo, tengo una gran pena.
L11 berman1t vió su tr11je y notando que no era
de luto. conaideró que 111 d1 egracia no era tan
grave. 1&gt;1agdaleM lo comprendió y dijo:
--Si. lle perdido A alguien á. quien umo; lo he
perdido como si hubieFe muerto.
l,a religiosa se irguió, pero sn cHra tranquila,
sus ojos lAoguidos, rns anugas, bc1 bfan ganndo la
confüu12a de MAría ?tlngdalenn 4ue en breves rrai.es refirió lo qu~ le h11 bí11 p11s11do.
La mo,,ja oyó con ltt i11q.1a&amp;ibili&lt;111d de un ser

45
salido de la vida, lejano A las pasiones y fi las luchas del corazón y que no comprendía mAs
sentimientos que la resignación y la obediencia.
-Esas tristezas, dijo, se las hace usted sola.
Debe usted obedecer A au marido, humiUnree y
domir.ar su orguUo. Yo tengo sesenta anos y
obedezco A mi superiora que es mucho mAs jo•
ven qoe yo.
)hgdalenl\ quedó desconcertl\d11: la hermana
no la había comprendido, pues entre amb11s situaciones existía mucbl\ diforencii1.
Oyó sin embargo dócilmente e11a YOZ lenta y
dulce que le dab11. con ejos banales como A una
nirla indócil, y Cl•mprendió su error de h11berse
dirigido á una mujer que no sabía nadl\ de las
tormentas de la vida. ¿Cómo erll posihle que su1
dolo1·es fueran comprendirtos ni 11precindos en su
verde.dero valor.si no h\bí,rn hallado eco algu.no
en el eorazón de la monj11i'
.
Se oyó el eoni&lt;lo de una campgna. 1 La religio•
sa se levt1ntó y dijo:

�46·

-Llaman para los oficios vespertinos. Es ne- los preparativos, y llegado el iostaote de 11:1. sep·aración le acompaM solamente hasta lii.• puerta
nei;llrio qne me vaya al convento.
Maria Magdalena la siguió A través de la igle- de la casa y le be:1ó; luego mi p.adre Je dió un
llill, la vió incli11arse un mjnuto nnte el altar, y apretón de mano y 11osotras nos asotnamos A lll
Jopg,l, bajo el pórtico, se despidió y le dió llls ventana pHa verlo por mAs Largo tiempo. En
gr11cias sin convicción. La hHmana tocando ape- Francil\ todtt la fi.tmilhl habría ido al barco y hu11ss con las puntas de los dedos la mano que l~ bier11. habido una grtm escena de lágrimas, besos,
tendill Ma-rfa Magdalena y conservándose indife- y desesperación; ptro nosotros nos amamo:1 de
rente y tranquila. concluy ~ con esta frase dicha un modo menos expansivo 11unque més prorondo. A vuelta del tiempo tuvimoi noticia tle que
de un modo expresivo:
-Es neeesario que ofrezca ustbd sus penas al el pobreci llo babia tenido una peHgrosa enferme•
dad' del hígado ocasionada por t:l clima, y nos
buen Dios:
}!arfa Magdalena se alejó m:,s triste que antes; fué muy grl\to saber al mismo tiempo que pasa·
como si a.~bara de peroer, de improviso, un mo- da la crisis alarmante estaba ya en convalescentivo de esper,rnza y de consuelo. .A.hl qué vado cia.
Darlot acordándose de la ternura enfermiza
sintió al oír esRs palitbras banales dictadas por
una caridad oblig11toria que carecla de eompa- que habitt. tenido por su madre y por su berm"nii
siónl ¡Qué lejos estaba de ella eaca mujer que se y de l1t dolorosa 11gonia que sufrió perdiéndolas,
consideraba superior. No le dijo ni nna palabra se sintió b11jo la impresión de que era una e,peconmovedora y tierna, y sin erubargo, decírsela cie de mujercilla neu.r&lt;,tica, al oir la convers11ción
¡habría sido tan fácil!
de la seilorila Hartley.
-Debe usted considerarnos ii. los frnneeses
como seres dotados de una sensibilidad exajeraLucís. Ilartley y DRrlot llegaron en 'breve á la da é iofnntil.
-No enteramente. Lo que pasa es que ustedes
fonda del lado del Oceáno; y de~pués de haber
descendido por un camino empedrado de granito. colocan el asunto pua obst!rvarlo uesde 01ros
lleno de oquedades y sembrado de guijarros suel- p.nntos de vista y en eso eonsiste todo. L/\ edut-os, atravesaron las extensiones en qu~ crecfa.n c1:1cióo de ustedes los predispone á ello como ]a
juncos y matorrales y que fueron e.nacidos por nuestra nos desarrolla más el sentimiento do lit
H.ené la primera vez que vió este país. La casa propia personalidad.
-Podría esa cualidad de ustedes considerarse
hlanca del semHoro resplandecía con una claridad deslumbradora sobre el azul verdoso de la como un refinamiento del egofamo, porque, en suma, yo de otro modo 110 acierto á comprender
mar.
Darlot refirió las sensaciones que experimen- bien esta facilidad para la separación, que viene
to dnrante aquella primera excursión y la impre- á. ser como la desorganización de la familia.
-No lo crea. usted: la familia tal como la comsión inol vida blP. que dejó en t.u ánimo el espectá.prenden ustedes, existe enlnglnterra entre el maculo de esta llanura ardiente y melnncólica.
-Hay sobre todo un peil.ón en !orma de em- rido y la mujer, y entre esto:1 y sus hijos, pero
barcación antigua, dijo Darlot, en el cual estuve esto es mientras llega el día Ecn que estos por su
sentado largo rato y que me sorprendió vivamen- edad y condiciones alcanzan la apútud r.ecesaria
te. Desde allí la distiDguíA usted .... ¿quiere que para rcclamitr su libertad.
-La naturaleza nos ensef'la algo de eso. Tan
, 1 ayamos á verlo?
Acababan de hablar acerca de este peftón pronto como las a.las de los pajarillos esti.\n listas
abrupto y cur ioso, cuRndo distingaiei-on, recor- para funcionar debidamente, los pajarillos las
tando Ju claridad dP,l horizonte, su proa ele-vada aprovechan para irse del nido y no vuelvrn más.
-Y si vuelven se les acoje con regocijo, pero
y su gal1arda y poderoba figura. Avanzaron hassus
padres no sienten la necesidad de consen·arta llegar allí; Darlot clíó la mano á Lucia para
11yudarla. en la. ascención, y luego los dos senta- los á su lado para toda la vida.
-Usted tiene dos hermanas, me dijo?
dos comodamente se pusieron á respirar la hú-Si: Luisa y María. Luisa se casó y esta vimeda y fresca brisa de la mar.
viendo
en Escocia; ya tiene hijos y hace muchos
La. iglesia de la Claridad se les aparecfa muy
visible aún, y el sonido de sus campanas les lle- años que 110 la vemos. Maria. se ocupa de asungaba apellll.S debilitado por la distar,cía. La lan- tos sociales: da conferencias, escribe y bablu. con
da estabn solitaria, pero por el lejano camino mucha erudición y facilidad. Una vez la oí y me
que se divisaba desde el pcilón y que parecía una dejó complacida. Pero no v/\ya usted á imagicinta blanca tendida sobre las rocas rojizaí!, veían narse que es una oradora de m,eeting, desordenap11sar grupos de campesinos que se dirigíán á la da y populachera. No. AH hermana es una Lady
con muy distinguidas relaciones en el gran mnu11ldoa.
Después de unos instantes de silencio, Lucia do, y aunque le agradó darse á los estudios políticos y sociales, lo hace guardando su posición
dijo:
- Estoy moy preocupada y sufro pemando en y su ra11go. Entre ustedes, la mujer bien educada tiene horror á la publicidad y permanece ob;ilo que va á. resultar de todo esto,
René que no pensaba má.s que en armarse de tinadamente alejada de Jas luchas de ese género,
valor para hablarla, se quedó mirAndola con ad- pero en Inglaterra no es lo miamo aunque seamos sobre el particular muy diferentes de las
rui:ración.
-Si: pienso en ?iiaría :Magdalena, porque su americanas. Todo esto consiste sencillamente
estndo no es nada tranquílizador; su marido tie- eu ~a solidez de la educación.
ne un aspecto tan reservado, que casi no se vis-Entonces su mamá de usted conserv!l. aún 1\
• !umbra lo que sienta ó proyecta.
su lado á una de sus hijas.
-.A mí no me simpatiza, dijo Darlot.
-No: Mi madre habita en el Norte, en una pe-Yo reservaría mejor mi opinión porque casi queD-i ciudad del Condado de Dnrham, ea tanto
no le conocemos. Me pareció encantador duran- que .Maria reside en Londres comunmente. A.lli
te el corto viaje que hicimos juntos para venir tiene una enea suya lo mismo que yo que voy á
aqu(, y creo que realmente ama á Maria Magda- visitar á mi madre cada vez que vuelvo á Ingla·
lena.
terra, porque, como lo sabe ust?d, viajo con mu•
-¿Por qué entoJ'lces la deja bajo la autoridad cha frecuencia.
insoportable de la seflo:-a Le Clercq?
Todas estas confidencias desconcertaban exce-~Ie admira que un francés me dirija seme- sivamente á Darlot. Esta familia esparcida por
jante pregunta.
las cinco partes del mundo, estas gentes que en-Por qué?
contraban tan sencillo vivir las unas IPjos de Ji,s
-Por que en ll'rancia tienen ustedes una idea otras le inspiraban una especie de antipatía A él
de la familia llevada mucho ma.s lejos dP. lo que que amaba tanto {. sus amigos y sofría tan honse acostumbra entre nosotros que amamos acaso da pena al separarse de ellos.
mAs que ustedes pero conservamos mayor suma
Lucía. observó que se h11bfo quedado pens11tivo.
de independencia. Cadll cual va por su camino
-Comprendo que mis ideas no conjugan con
~ iu inquieta.ase demasiado por el que sigan su
las de usted, dijo sonriendo.
padre, madre y hermanos ó berm1m11s, Mire usRené se quedó mirándolíl por nlgunos inst11nted. En mi casa, somos ocho hijos: los cjnco va- tes poseído de pensamientos contr11dictorios que
rone,31 terminada apenas su iostrncción, empeza- ya le inclinaban á hablar, y ya A callar.se, hasta
ron á bastarse á si mismos: dos se alistaron en la que por fío tomó bruscamente su resolución y
marina, dos entraron al comercio, y uno fué ll sin la menor !rase prepara to~ia dijo.
establecerse en las colonias inglesas de ]a In-¿~Ie acepta usted por marid ,¡, La amo A usdia. Este último es el más j('ven, y me tocó es- ted y ya debe haberlo comprendido desde hace
rAr en casa Pl día de su partida. Como mamá le tiempo.
(¡u ería mucho, est&amp; ba personalmente ocupada en
L'1cfa á. m v-cz se quedó contemplándolo con

•

EL OBSTÁCULO,

"EL MUNflO 11,t;STRAD0, 11

fijeza, pero tranquila, sin que pareciera haberse
desconcer•a&lt;lo ni de lo ines¡.,t-rado de la demanda ni de Jo-, térruinos en ']Ue fué presentada.
René pcr su partt&gt;, apenas habló, se sintió como
alivilldo de un grnn peso y con la convicción de.
que había obrado bien,
.
Luego anadió bAstante conmovido, pero muy
dut:Oo úe si:
-En tfeeto, Lucía: la amo á usted sinceramen,
te y no podría. dejar de amarla auni.¡ue a~ e~ferfamara. y be pfüiera fea, pol'que amo pnnc11mlmente su iD1eligencia y sus idea!;, y s~ alma, pormas 4Utl también amo tiU talle, SU:! OJOS y BU b )·
ea. U,:llell piensa como vo en muchisimoa asuntos y A Ja verdad tiene usted mil.a tnergía que
yo, lo curtl eu estos momentos me espi,nta. ¿Meestimará usted lo bastante para 11.ceptar mis pretensioneb? Tengo miedo de ser un poco desprcciKdo ¡.,or mis nerviosidades y wi voluntad de eecaso vig-or, pero no puedo comprometerme á
ca.mbbr porque rnentirfo; ese defecto no dt-pen.
de de mi y es superior i\ tos esf111,rzos de mi r11zon. 5's po.,ible también qui:, me encuentre u~tl'd
uewa~11&lt;10 vil'j0: soy ULHl especi~ de ruina quo
aún puede tentrse trab11josamente en pié y no
trato de disimular que Lengo muy pocos au-ac•
tivos como no St'a para 111 sepultura.
L11 sr111 isa de Lucía se ilCentuaba al oír lit mil.•
nerit 01igiunlque t1mfa Darlotdedt!ei,der sucausa, hacicudo resrtlta.r con lealtad los defectos quecreí11 tener.
Darlot siguió:
-Usted es joven y fuerte por la voluntad y porla intelige11cla, y potl!Í!i ser para usted motivo de
sutrimiento dar::ie un m11rido tan desemejaute ...
No me conteste usted desde luego; retlexione llla.y
bien sobre mis proposiciones. Amo1· es lo único
que puedo ofrecer A usted, y un amor como el
m[o lit verdad que no vale gran cosa.
-Las objeciones que estA usted haciendo, no
existen, dijo Lucia. Tt1l como es el carácter deusted lo estimo y usted personalmente me es
agradable. Sólo bay una cosa en que usted no
ba pensado y que comtituye la dificultad real:
mi Jiberra.d, mi modo independiente de vivir. No
me diga u:;ted qut:1 Jo c»nservaré después de cas11da, porque eso es inadmisible. No quiero que
mi marino, fi lkgo alguna vez A tenerlo se someta A mis caprichos, porque no lo estimaría.
-Sin emba.rgo, nuestras voluntades pueden
ponerse de acoerdo para funcionar sin oprimirse.
Creo tener los mismos gustos de usted por los.
viajes y los c.11nliios, lo cual es ya una buena
condición.
Lucía movió la ca.beza.
-No es esa sollimeme, dijo, lo que me preo1.:u_pa: se trata sobre todo de las acciones diarfas,
que yo ejecuto sin cortapisa de ninguna especie
y sin tener que preocuparme de lo que sobreellas c,pine cualquiera otra persona sea quien
fuere.
-Sin embargo, esta independtrnci'l 11bsola.La
tiene ahora una explk,11.:ión 11aturaJ 1 puesto qu&amp;
proviene del td:lt11nie11to t:1n que u,ted se eucuentra. ¿A pesar &lt;le sus firmezas y energías de espíritu, no Je hace á usted falta la 6ens11ción de
una ternura en torno suyo, alguien A quien amar
y que también la ame ;'L nstt:d? porque la afee~
ción que se puede tener por hermunos y hermanas, asi como la que ellos tienen, es solo una prolong11 ción del dulcll carillo de la infancia. Pero e!.
verdadero amcr¡ el que quiero de ustea y le ofrezco, tiene por alimento fanda::..ental la dicha de sacrificar uno sus gustos y sus preferencias, ante
las prdereaci~ y los gustos del Eér amado, No
estar ya solo en el mundo¡ sentir que la vida y
la.. m°:erte propia importllll á algoien, y senta-as1 mismo qne se es necesario para 111 dicha de
otro, todo eso es lo que ~oacentrado en un sentí•
mi~nto real y recíproco hace la ventura, pues
evidentemente ninguna persona discreta como
usted. seri11, ~paz de enagenar su libertad ~n provecho de los caprichos del primP.r individuo decente y honrado que viniese á ofrecerle A usted
su mono.
Lucia permaneció pensativa.
Darlot continuó:
-La cuestión, pue;;, se reduce A saber si puede usted amarme pur.¡ue eso lo al!anarfa todo,
¡Es tan grnto y tan cómodo eso de las mutuascomplac~Dciasl Ac1tbo de deci,rle á usttJd que
t~n~o sus mismos gustos por los ~ambioa y por
v1aJe, Eso es verdad, pero son guslQs nuevecitos
nacidos ah_ora que estoy enamorado de usted►
pues anteriormenw preteria el reposo, y c1al,.

•

qniera partida me era penosa como si se me desarraigara de un punto a1~11ldo .. Tengo el_ alma
melaneólica y ne puedo deJilr mi casa, alPJarme
de un amii,to sin opresiones en el cort1zón y sin
sentir la idea de que scaso es lit última VPZ que
tengo tales sPnsaciones; pero desde el momento
en que estuviera yo al lado de usted sin separarme nnnca, es como si no me separara ele nadie,
pues siendo con usted, ya. sea tp Finlandi/\ ó en
Túnez en Egipto 6 en.el Brasil, estaría yo cerc\l.
de cuanto ama mi corazón. Amor !;Oberano que
tc,do lo borra para exbtir impe1 ioeo y úmco.
-Amor peligroso, dijo ella, realmenle coomovida, pues hace colocar todas Jas espernnzas de
la vida en un ser mortal.
-No despierte usted la posibiHdad de la Eeparación definitiva, exclamó René palideciendo de
angnsti11. Ya he sufrido desgarramientos espantosos! Sin que hay n ln,rar A dudas, lss gentes
que no aman son mucho menos d&lt;·sgraeiadas,
puesto que no se inter~san mAs que por super·
sona, pero también P~ :erdad q:ie no conoce? lo
que es vivir. Su teltc1dad es s1rmpre npgn11v11;

drsconocen las alegrías del amor, de la abnega•
eión, de ser útil A algu!en. Yo, preflero sulrír á
ser insensible como esas rocas ó como esas briz1111.s de yerba. ¡Y después de todo, tampoco está.
bien demostrado que las yerbas y las roca.s carezcan de sensibilidad! Las flores deben amar al
sol puesto que mueren durante su ausencja_ ....
LuciH! Rdlexione usted y no me conteste todavía si tiene al¡nrna vacilación. La verdad es que
, o no put&gt;dO ofrecer á usted más que amor y toda la ddensa que puedo hallar es esta: Amo.
Pero si usted pudiera llellnr A amarme también,
cré1tlo, sería mu.cho más feliz de Jo que es usted
s.boriL . .... El aislamiento no es bueno.
Despué:; de que René aC'lbó de hablar un prolongado silencio reinó entre los dos. T,a brisa del
mar, encalmada, apenas tenía fuerza para inclinar
Jos matorrales y para estremeceun sus tallos Alas
llores recien abiertas y olorosas delosjuncos. Las
c11mpanas dt! l&amp; capilla de la Claridad se habían
callado.
El eol descendía hacia la mar inundando los cielos y las aguas de una ancl11\ fra nj,i. de púrpura.

Nubecillas ligeras de color cobrizo se amontonaban en el occidente, y un rayo vivisimo de luz
danzando sobre la cresta de las olas venia desde
el horizonte y parecia una cinta de oro tendida
sobre la onda szal. Calina inmensa caía deleapacio, subía del mar tranquilo, flo taba en el ambiente y envolvía todas las cosas, y un sentimiento de
quietud y de serenidad llenaba aquellos dos corazones que aC11baban de abrirse el uno para el
otro.
Entonces Darlot y Lucía sintieron algo como
la pérdida de la pesantez y el alejamiento de la
tierra ..... .las gaviotas y las golondrinas: que
volaban muy alto, les llevaron en sus alas la soi1a&lt;1ora imaginación por el espacie, diáfano v oloroso, y la natnraleza toda, á la que tanto amaban,
les penetró serena y augusta; creyeron que ella
les amaba también,que era suconfidente,quepreseneiaba la unión divina de sus almns y que la
aprobaba . . :. Lucía tendió la mano a. su amigo y
él la aprisionó entre las suyas.

�48

11 EL

HUNDO ILUSTRADO"

49

EL OBST,\Ct;LO.

Así permanecieron largo tiempo ain decirse
nada ¡:,orque no ha} palabras con que pueda ex-

EL OBSTACULO

preBllrse lo que sentí1tn. Luego ella tembló ligeramente, porque la brisa empezaba a. refrescar
con ht pue,irn del sol.
-Vamos, dijo René. Tiene usted trio.
DrRceudieron del pt:Mn y Lncfa dijél:
Vendrá usted A visirarme mAs tarde? Leeremos el sw•,10 de una noche de estlo
-No. E:;ta noche no, porque no hay poesía e&lt;icrit11 que valga lo que ahorl\ ten,{o dentro d~ mi
alma.
Cuulquiera otra 1,oesía. es muy inferior y quiero repetinuela con deleite {L solas, porque para la
exp1rnsió11 de mi espíritu necesito unas horas de
solt!d11d Permaneceré en In playa una parcede la
noche y volveré A este mismo sitio p11r1t hablar
con Uli conciencia de la telicitl11d. Adíos!
Se dieron otra. la vez la mano, y luPgo Darlot
pasando su brazo al rededor del ta Ue de Lucia la
aproximó it el y le dió un beso. Despué3 se separaron y ~iguló cada cual por su c11miuo.
Luci&gt;l co 1 p1so lento tomó el desuMsR. No que1fa rrfle:xionar sino cuitndo m:l.'I sollar, dej1lndose
desli,rnr Auna impresión muy dulce: al recuerdo
de la horn df!lieiosa qu~ acab,iha de pasar.
Ei 11ecc3ario saborear bien es'ls rart1s horas
de fdicidad absoluta. La tris~eza y la desgracia
l'St1\n siempre en Acecho de las personas felices y
lc11 dejan poco tiempo de gozar.
Ya cerca de la aldea, en el sendero arenoso
11.biHlo sobre la roca, vió que venía hacia ella u11
hombre que andaba~ pasos precipitRdos. Lucía
lllllió de su ensueflo v reconoció á Roherto Le
CIHC 1 que caminaba muy de prisa con el aspecto
de un hombre que huye.
Roberto se le acercó reconociéndola ll su vez y
le diji) con voz alterada.
- S11Jgo de la casa de usted, pues querfa -.cr A
uted autes d~ partir.
-Antes de partir .... ¡cómo! ¿pnesqué seva usted? B,;o es imposible.
-1'.irto .... Parto desde lueg-o: y si hubiern un
medio de estar ahora mismo en Montpazier Jo .tCl'JJ·
rnria c:1alquier11 que foese, co11tcstó él cu11 u111\
e•peci~ de furor reconcentrado deMpiuudo con
la punta del bastón una copadejd.ram'lgO;bilres •

NOVELA ORIGINAL POR Mme. DANIELLE D'ARTHEZ-Ilustraciones de nuestros talleres.
V.ERSION ESPAÑOLA. DE 11.EL :MUNDO ILUSTRADO"

\

..
Número 7.

\

1

\

tr.?i:.

Luda, bruscamente an-ebatarla A su propia
dicha por el dramst que presentíil, dijo l'eco •
br1111tlo su sangre fría y su firmeza de Animo:
No sale tren por las tardes. No puedo ustrd
p1rtir si no es basta mallana. ¿Quiere usted !rncer
,.¡ r,,•·or de decirme lo que pasai'
El n11.tural reservado de Roberto era contrario
A to 11\ confidencia., pues le repugnaban lasintimidndes; de ordinario era inaccer;ible y no dej11ba
quo penetrara nadie en las profundidades de su
Hlma; pero en este momento sufría y su frritación
y su 11m!\rgura erau demasiadoviolentasparaque
i:;o pudiera contener.
Por otra parte, estiru11ba .m mucho l&gt;ls altas
pn:ndas de discreción y talento de la mujer con
4uien hablaba; asi es que no vaciló y le dijo:
-Entre ella y ye todo htt terminado. No mP.
ama, nome ha amado nunca: tengo }aprueba. !Y
p.-nsar en que he sido bastante loco para venir ,1quí
cspnando Que me II\ llevaría! Pero no podía crt!, r
cu r;emejante indiferencia...... M11ril\ M11gd.alec a
t·s i:ect\ y dura. como este pedaz(I de piedra.
Roberto golpeó violentamente con su bastón el
rxtremo de un11 roca m:\s elevada que las otras
e11 lll orillA del camino. Lucia sin tomar nota de
In 11cusación lanzada contra su amiga preguntó:
-¡,Quiero usted decirme lo que ha pasado.Vamos A mi casa.
-No porque ella no tardará en venir y no
quiero ya verla más. Lo que ha pasado, no se lo
¡,uede usted figurar. Rehusa irse conmigo AMontpazier.
Lucía fijó en su interlocutor una mirada inye,,lil{11dor11.
- ¿ Y es bien cierto que ella rehusa irse á .Montp¡¡zit&gt;r á vivir con 1isted?
Uoberto hizo un ademAn de col era.
-Ah! si. ... olvidaba que Udted es conocedora
,11• su querella: ha debido contar á usted tod11s
Jiis inclignns persecuciones que la hacia sufrir mi
11111dre ;,no os asi? Se ha aplicado el interesante
}'h pl'I de víctima .... 1
- Pur~ 110! dijo Lucía con la tranquilidad mAs
,rr.rnde. M 1g es muy reservada bajo su aparente
abandc no, ~- apenas me ha dejado emreYer que
lt ., bía nlgunos puntos de desacuerdo entre ellit y
1.t toeO.orn Le Clerc ¡ , pero yo he adivinlldO el res-

to lo cual no me era muy difícil, habiendo podido como pude observar poi mí misma el estado
de las cosas durante mi permanencia en Montpazier. Creo que hastit le b11blé A usted mismo muy
sP.riamente sobre el particular .....
-Oh! ailadió Lucía viéndolo hacer un gesto de
impaciencia¡ no me crea usted tan importuna que
vaya ahora á. hacerle reproches por no haberme
escuchado entonces, ó para vanaglori11rme de haber previsto desde entonces lo que ahora está sucediendo¡ yo estoy bastante desoloda a. causa de
este suce10 y eso es todo. Vamos, dígame usted
se lo ruego, los detalles de lo que ha ocasionado
este rompimiento.
-Ah' La cau~a de este rompimiento. Pues sencillamente porque yo tuve la poca cordura de c:i·
sarme con una nina cuya educación no era bits
taote sólida ni ba:111da en sanos principios. Ella
quiere exigir todo de los demAs, sin dllrles nada
en cambiv. La cau-a rle nuc:stro rompimient: ....
que no me ama, que no ha visto nuncJL en mí más
que un marido rico y en buena p.::sición . ... Eso
es todo.
-Está ust?d muy encolerizado dijo Lucia lIRrtley con la ex11ctitud de su buen sentido. Cálmese usted y trate de reft!rirme detalladamente todo lo que ha sucedido, pues ac11so lb podré ser
útil. ¿De qué le sirve á usted indign11rso contra
ella, sobreexitándose as! más y m!l.s? Si María
Magdalena, egoísta y desamorada no viera en
usted más que un 1u11rido rico, r si ambiciosa no
pensara más que en la posfoión soci11l 1 volverfaá
!iiontpazier y se sometería al yugc de su suegra
antes que perder aquellas ventajas. Pero no, no
quiere eso, y su rebelión pt ueba su desinterés.
¿No le parece á usted Jo mismo?
-Es Yt'fd11d, contestó él eon acento irónico, ya
estaba yo srguro de an:-emano de que usted le
daría la rc1zóo.
-No le doy la raz-0n á. nadie: ruego A usted

solllmcnte que me refiera cr,n detnllel:I lo que
acaba depas1:1r entre ustedes dos.
H.o berto la dijo, entrecortando su relato con exclamaciones de cólera y revistiendo A Maria Magdalena de los más detestables sentimientos, lo
que hablaron ambos, y la set!.orita Hartley le oyó
sin interrumpirle dando muestrMs de gran calma
y serenidad. La exaltacjón de este hombre tan
reservado de Clrdinario la conmovió, porque era
una prneb&lt;t. de que había sido herido en lo mAs
hondo de su ternura. Amando ccmo amaba á ~fa.ría ?ilagnalena, habría creído sin inconveniente
'.}Uepodfa exigirle en nombre de este amor la sumisión ansiada, y conclwa que no era amado por•
que no se le hucia ese eaeri!icio.
-E~tá. usted muy agitado esta tarde, seft.or. El
negocio es tan grave que en mi conc.:&gt;pto, no debí/\ uited decidir nafa EL la ligero. Deje usted al•
,runas horas de plazo para que reflexionen los
dos, y h.:iga usted mal11tna una nueva prueb11.
- • o! Todo ha termínado. Mi resolución es
irrevocable. Me opuso una indiferencia glllcial
que nada pudo vencer, y no hallé en mi carift.o
expresiones bastant~s para conmoverla. Si la hubiera usted visto inmóvil, sentada frente A mí y
sin mirarme casi! :No, no! Maflana me voy; y lo
único que lameeto es no poderlo hacer en este
mismo instante.
-No admito semejante pricipitacióo, dijo Lucía con firmeza: usted en estos momentos se está.
dejando arrebatar por accesos de furor indignos
de un hombre inteligente, y en vez de emplear la.
voluntad en cbligar al pens~n1iento A formarse .•
ideas tranquilizadoras, se exmta usted m!\s y
más con imprecaciones y acusaciones exageradas.
(Concluird.)

0

Yo la conozco, le tengo mucho cari1lr, y ruego
á usted se convenza de que no soy capaz de amar

á personas que se11n indignas de mi estimación.
Si ella fuera la intrigante menuda y vil que usted supone, ni usted ni yo 111. hubiésemos amado
nunca. Todo lo que ha pasado entre uatedes es,
en efecto, muv sensible, pero ciertamente tiene
todavia solución posible; en tanto que si se obstina usted en partir sin procurarse una nueva entrevista, esto acarreará una desgracia de torio
punto definitiva. Despuéi de una separ»ción. entiéndalo usted bien, seflor Le Clercq, nada absolutam1&gt;nte nada. será. bastante para inclinarla A
que de nuevo vuelva al
•lado de usted.
Que haga lo que
quieral que regrese A la
'Ünica vida á que la llaman su gusto é inclinaciones entre los amigos de
su padre! Esto, esto es
lo que le talta: socieaad
·&lt;:on gente bohemia y
aventurerR. No pueden
bastarle para su trato íntimo gentes honradas y
tranquilas.
Lucía, ligeramente contrariada al verlo tan cerrado contrs. lo que ella
pensaba ser el buen sen·tido, le llevó lejos del
eamioo donde ya. varios
ttanseuntes les ha bian
observ11do !iján iose en
la ex111tación de Roberto.
En la landa cortada por
•el camino había rocas
planas y muPgosas A pro1pósito para servir de
asiento.
-Venga usted acá y
•conversar~mos razonablemente, si en el est&lt;1do
de ánimo de usted es posible tal cosa. ¿QuiHe
-usted volver á. ver á Mit•ria l\lRgdalena?

meter A un despotismo im,oportable que yo misma que tengo tan alta dosis de c11lma, no habría
podido soportar ni un minuto, n: aún por complacer al hombre que mAs hubiese amado en el
mundo.
Siempre y por todo y para todo, l1t ha hecho
mted someterse á la voluntad de hierro de la seflora Le Clercq para Jo cunl uo tenía ur,ted dere•
cho social ni moral. La CRsad11 contrae deberes
p11rl\ con su marido, pero no más para consumarido, los cu11les no son trlln~mi~ibles porque se llegarla al absurdo metiendo terceras personai, en

-Xo.
-¿Entonces v11. usted
partir así, solo, convencido íntimamente de
-que esto concluyó ya pa•
n toda la vida y que A
usted Je importa poco lo
·que sea de ella en el por-venir?
Roberto apretó los puftos, y con una increíble
~xpresión de obstinado permaneció mudo. En'tonces Lucía perdió la paciencii1, pero su indignación fué una indignación sin arrebatos, imponente por su serenidad y por su aplomo, indig·nación de persona sensata que le hizo decir crudamente cosas duras con entonación reposada.
-Si obrara usted así, sería digno de que se le
-considerara Austed como un loco 6ocomo un hombre malvado. Déjeme usted hablar; ya despué3
me contestará.. Soy yo quien va A hablar por:i\laría Magdalena y A hablar francamente. Usted se
-cree muy generoso porque la ha tc,mado sin fortuna, y esa es una idea mezquina porque se con•
trae de un modo egoísta A pensar en usted y no
,en ella que, la verñad, nada debe it usted.
Al casarse usted, cQntrsjo la obligación impresdndible de amarla y protegP-rla, y ha faltado us•
ted á su palabra, porque si h ha am.:ldo ha sido
no mt1s que con egoísmo, tomando de ella lo que
era del agrado de usted pero sin preocuparse de
su carActer, de sus guetos, ni de sus 11"piracionee.
En lugar de protegerla la ha querido usted so•
•.1,

el comercio intimo de la soc crfad conyug11l. A
María Magdalena usted de un modo irracional,
injusto, y basta inicuo, pretende obligarla y
por 1tbdicación A que prescinda para siempre y
de un modo radical y completo, de todas sus preferencias, de toda su voluntad y de toda su dignidad.
¡Y persiste usted hast11 el río y Je trae como
panacea para todos loR mllles preeences y futuros, una irrisoria combinación imposible de ser
aceptada. ¿Pues qué, lo que se le proponía no
ua la misma vida pasada volviendo Acomenzar?
Magdalena no le pide á usted lujo, sino la libertad de vivir tranquila sin uu eterno vigilante
de sus actos mAs íntimos, que todo el día esté interviniendo en todo sin dejarln moverse, ni pensar, ui respjrar sin;: con arreglo á. un progl'ama.
que crece todos los días.
"No me agrada est~, no debe usted hAc&lt;'r lo
otro, obre asted en este ó en aquel Rentido. No
quiero que sea usted joven ni reliz ni riente, sino
que rompa con sus a11os. con el 1tmor de su esposo y con la alegl'Ía de vivir, y se venga conmigo

A una sociedad de viejas histéricas á curar enfermos y á cuidar chiquillos miserables.''
Eso es tunto como preLender que un canario
acepte los hábitos, gustos y preferencias de un
buho.
Sí: Magdalena ha hecho muy bien; ha tenido el
valor de ahogar su ternura y su amor ha.cía usted y de preferir el abandono y un porvenir incierto á la situación humillante que le vino usted
A proponer, y esto me hace estiwarla más. Pero
la fuga de u ~ted, su resolución dó s bitndonarla,
son incalificables. Después de haberla tomado
por capricho, como se
compra una lind11 muñeca no mAs que para gozar el c : mprador, y sin
tener para nada en cuenta m!lsque el propio placer, cuando se descubre
que esa mulleca tiene un
cará.c~er ,. un corazón,
se la deja: ... Que sea de
ella lo que Dios quiera,
que el mundo la acuse
de indignidad, que su
padre la rechace,que lle•
gue ~ ser en lo futuro
noa mujer caída, peco
importa! Usted se erguira en la cumbre de su
intrgridad de l1ombre
digno y no tendri\ ni aún
remordimientos.
Roberto temblaba al
oír cada una d1, estas frases incisivas y dol'lrosas
como latigazvs. Si Lucía bubit.ra sido un hombre lo h11 bría abofeteado. Hundía las unas en
las palmns de las manos
y se mordía los labios
para no responder, y sin
t!mbargo, en medio de
1:,u furor por haber sido
tratado de esa manera,
admir11ba la actitud va.
lerosa de Lucia llartlev.
Había mucho de verdad
en lo que ella le babia
dicho, pero penetrado en
la idea del desamor y la
indiferencili de su mujer,
estaba endurecido.
-Con mucha tranquilidad he soportado las palabras de usted, dijo, y
. mi contl3stacion es esta:
parto. ~lagdalena sin discusión se negó t\ seg-uirme y ella misma es la Que ha decretado nuestra
separación. Está bien. Si quiere venir á mi casa
la acojeré. No debo hacer mAs.
Lucía suspiró y después de unos instantes de
silencio agregó con su misma voz serena y !irme:
-1 No quisiera verme en !a situación de sumamá de usted!
-Mi madre ha demostrado una generosidad
por &lt;'ncima de todo elogio.
-Lo mAs elemental era. consentir en lo qne le
pedía su nuera; y sí no quería verlos á ustedes
pobres ¿había más trabajo que el de regalarles la
quinta y el millón que va A emplear en una institución de beneficencia qne no tiene el deber d~
fundar, como lo tiene de proveer a. lll existencia
de usted? Pero yo no discuto estas cosas sino
que solamE"nte digo que se va á encontrar en un
est11do de conciencia muy embarazoso. Cuando
usted le diga que entre elll\ y M11gdalena ea ella
á. quien usted ha elejido ¿r¡ué irA A responder?
;.Qued11rá conforme con que um,d arroje á su e ➔posa, para permanecer viviendo :!Omo hijo dócil y

�50
sumiso? Tengo curiosidad de saber lo que harA.
Roberto contestó secamente;
-Mi madre, en cualquiera drQunst11ncia, hará.
lo que debe hacer. Ruego á usted, seilorita, qne
no mezcle ¡;u nombre en esta discusió11.
-Su personalidad estll sin embargo tan penetr11da en el rondo y en tudos los detalles de esta
situ&amp;ción, que no se la puede descart11r.
-En ese caso, demos fín á. toda discusión, gritó Roberto e:s:aspnado, converi,ación que en último irnálifis no conduce más que A irritarnos á
Jos dos. J\Ii resolución es irrevr,eable. Si :Maria
Magd1dena quiere volver sin condiciones á mi casa, la recibiré. )[e voy, y ésta será la última tent11tiva que habré hecho cerca de una mujer á
q11ien nunca le he inspirado más que la mfls complern. indif,m•ncia.
, Lucia le vió con verdadera angustil\ alejarse.
, llitbi'l hecho todo lo posible por evitar esta resolución extrem11, pero nada pudo influil sobre
este carácter obstiDMdo en una idea fijt1. y para
el cual todas las rebeliones de Maria M11gdalena
se re11snm!1tn en este pensamiento: no me ama!
¡Pobre Mag! ¿Qué iba á ser de ella? ¿De qué
lnclo se iba á poner en estas circunst11ncias? El
:Doctor, A las p1imei-as palabras, lanzaría gritos
de dt&gt;sesprración, v se rehusaría á recibir A su
bija. L'l simadón era en verdad difícil, pero Lu&lt;lÍl\ reser vó para el siguiente dfa pensar en los lados prActicos de este negocio. Ya Mag debía haber n•gresado á su casa y es seguro que estaría
~n un doloroso decaimiento y desolación encontrándo,e allí sin su amiga.
Lucfa apresuró el paso y llegó prontoll laquinta. Lns ventanas de la sala, abiertas, dejaban
ver la mesa del té ya lista y preparada; la IAm•
para encendida, los cubiertos adornados con flores frescas y servidos sandwichs, galletas, asados, fiawbres y las tres sillas simétricamente colocad11s. ¡Qué agrl!dable veladll habría podido
pasar Lucí11, sin los acontecimientos que estaban
ocurriendo á su pobre amiga!
• Esta comida por lo común tan íntima, !ué aquella tarde triste y melancólica. Maria Magdalena
no quiso tomor mlls que una taza de té, y Lucia,
luchando vigoros:imente, pensaba en lo que sería
necesario decir á su amiga para darla un poco
rle valor. Evidentemente la pobre joven había
]legado 11I fin de sus fuerzas, Jo cual aumentAba
mucho la i ntensidad del sufrimiento: estaba como tmb1 utecid a y sus miradas eran veg11s y ató•
ttitas.
Cnando lit criada, terminado su servicio de
mesa, laa dejó solas, Lucill. le dijo con itcentb
tra1,quilo y afectuoso:
-M11g: no le he preguntado lo que pasó entre
usted y su marido, pero la ausencia del seilor Le
Clercq y la actitud de usted no me dejan lugar A
pensamientos alegres. ¿Han reflido acaso?
María Magdalena se quedó viendo a. su amig,a
con 11demá.n de súplica.
- Xo hablemos de eso esta noche, Lucía. Estoy llecba pedazos.
-AJ eontrario, darli11g es preciso que hablemos de ello desde luego. Ese es asunto demasiado grave y no puede d"jarse para mafl.ana su discu1,ión. All.:.ra. su marido de usted está aquí todavitl y sabemos donde se le puede encontrar,
pero m1:1ilana será tarde porque habrA partido.
• -¿Crre usted entonces que realmente partirá,
que me abandonará?
Era para l\Iarfa Magdalena esto una cosa tan
inverosímil, que ni ~iquiera le babia pasado por
la imaginación. A través del recuerdo candente
de la última entrevista venían otros recuerdos de
bcras de amor que la tranquilizaban, presem{mdole como imposible el hecho de que Roberto se
decidiese a vivir sin ella. Lucia no queriendo
desauimarla contándole lo que babia hablado
cou su marido, Je dijo:
-Debemos dRr por sentado que eso puede muy
bien suceder. Mientras le sea á usted posible ir
personulmente y hablarle y realizar entrevistas
inmediatas, nada es defü:itivo, pero cada hora
,¡ue p1tsa prc,fandiza el foso que ya separa á los
dos. Si su marido de usted se va sin haberla
vuelto A ver, la dePgracia se volverá irreparable.
)[aria. Magdalena se quedó mirando á su amiga
con ansiednd y le dijo:
- En efecto me ha hecho sufrir mucho ahora,
porque me trató con dureza; pero si pretendiera
acercarse otra vez .. . ..
As, no! Roberto tenía demasiado orgullo para
intentar una reconciliaci.:in. En este momento mismo estaba tan desesperado como ella, y como ella
veía terminado el objctode su existenciaqueque-

" , • EL OBS'l'.IOULO.

EL ,ll1JN-DO,U,U$TRADA 11

11

daba ya sin punto de mira y sin la menor esperanza de felicidad, pero se sostenía en suresolu•
cióu por este pensamiento martirizador: puesto
que ella no me ama, nuestra vid¡¡_ juntos seria intolerable.
Ln&lt;'i.t e¡rregó dulcemente.
-Querid11. mfa, es µreciso renuPeiar A la espe•
ranza de que Roberto vuelva. A. solicitar de usted
una nueva entrevh1rn. Tiene un orgullo especial
par,, esa cir,:unstanciil: pero si ve que usted Vil A
él, la acojerA con alPgrfa. Eu cuantoádarunpaso
para procurarlo, no lo rlará.
- Si! dijo M11g con amargura. Tien, más orgullo que amor.
-Acaeo no e~tit bien convencido del amor de
usted.
- U,tedes han ht1blad0, Lucia, han babladr.
-Iocap1tz de mP.11tir, Ludll coutestó:
Es verd11d Magdalena, lo he vi~to y estaba
muy disgustado.
-Yo también.
- Pero su pena viene de que cree que usted no
lo anrn, en tanto que u .. ted no tiene con viccióu semcj~nll'.
M1ted11ler,a i;c quedó pensativa y lue¡ro dijo:
-Todos sus actos, sin f'mhargo prueb11nque~i
me am~. me ama ruuy poc.o ¡mesto que siempre
prefiere á. su m11dre.
- No Je reprocha usted eso: la ternura filial
honra á ouien la sit:nte, interrumpió Lucia estor. za.ndose en abogllr por una cos!l. que ella misma
cooden11bi.
-Por úhimo, si('n-00 capaz deirse 11sí y consentir en una scparnción ¿debe creerse en su amor?
¿en mi caso creeri11 ustedi'
-Yo comprendería muy bienelc1tso, pueseomo
él no se cree amado, esta idea juslitica todos sus
Retos por mh enojosos que eean. Véamos, Mag,
¿usted eetA ~n la ptrbuación dequeRob~rto seca•
só por amor?
-Oh, Dios mio! se me ha echado en cara tantas veces esto que ya 110 lo puedo dudar, exclamó
la joven suspirando.
-Aunque se Jo l1ayan echado á usted en cara,
el llecbo es cie1 to y le de be usted por eso gratitud. Lo que pasa es que acaso usted le demostró
fri11ld1:1d y eso explicll su actitnd prPsente.
llagdalena se ruborizó y contestó con viveza.
-Aseguro A usted, querida Lucí~, que Roberto
y yo habriamos sitlo muy felict&gt;s bin mi suPgra
pues ella ha sido la única causa de todos nuestros
disgustos. Su bondMd, demasi11do ... .i11rperiosa
nos ha oprimido de tal suerte, ha pesado tanto sobre nuestras acciones y basta sobre nuestras palabras, que teníamos siempre la apostura corree·
ta de personas bien educadas que llevan veinte
a:llos de matrimonio y que ya se cansaron unn de
otra, y no el 11specto de uno, recien casados alegres y expansivos. Una opresión semejante es un
verdlldero suplicio.
-Y mAs necesario, amiguira mía, es que no recuerde usted antiguos agravios sino que trate por
el contra, io de d1ulos al olvido Piense ustel y con
mucho detenimiento y ~iacreción en que estA usted en un momento muy grave y detenida en t:l
punto en que se cruzan varios caminos que deci•
dirán de la felicidad ó la desgracia de toda la
vida según el camino que se tome. Pocas borasle
quedan A usted pll.l'a tomar un psrtlao y después
ya será tarde. U:i·ed ama A Roberto,esimposible,
inadmisible que se resigne usted á perderlo, y por
consiguiente la cuestión de amor propio debe colocarse en un término muy secundario. Vea usted
pues, examine bien si puede armarse del valor
que se necesita para someterse A las condiciones
que le propuso su. marido.
-No son de ningun modoaceptables,gritól[aría ~!agdalena levantándose con agitación. Medi•
dijo (t. In cardo ra y A la conciencia de usted. ¿Cree
que pueda yo recomenzar la vida que he llevado
desde que me c11sé, agravada ahora por la circunstancia úe est11r en gnerra ttbierta mi suegra.
y yo? Digeme usted con toda frauqueza: si estuviera usttd en mi caso ¿aceptaríii?
-Pero .. dijo ella vacilando. Yo no te11goelcariLcter de ust-,d lleno de dulzora afable y graciosa, sino que soy brusell y autoritada.
- Repito mi pregunta: ¿aceptaría usted?
-Tal vez .... si amara.
-,No: Csted sabe muy bien que rehusari11; que
nunctt. habria sufrido, ni por un día siquiera el
despotismo hij'.lócrita y meloso de Ja senor11 Le
Chercq, en tanto que yo lo he hecho hasta donde
alcanzan los límites de la posibilidad: y usted sabe asimismo que Roberto exige una cosa. insensata pretendiendo volver ll lleva::-me á casa c.eesa

mujer deFpués de una ruptura tan violentacomo
la qu~ hubo l!ntre nosotros. Con vi~ta de todo_ es•
to, ni acepto ni puedoac pt11rpropos1clón semeJante y me mantengo Po mi negativa.
.
-Piense 11strd }lag, que esta es unasentenc111
de separnción para !t1empre .... !
La hermosa joven hizo un e1,fuerzo sobrehumano
para no romp~r en soJlozos y con~uvo cuanto pudo las lágrimas que, rebeldes al fm, comenz_aron
A correr 3ilencios11111ente, pero no protestó m con
una palabra.
.
-No obre usted b11jo el imperio de un desalientomoment.áneo: piense usted, querida mía, qué triste le va á. ser verse defiuitivamente sepan1da de
un marido Aquien ama, y encontrllrsesola despné~
de haber tenjdo una familia. Piense usted en todo
lo que puede scbreveuir.
y como Mag permanecía muda, la se:liorita Ilarlley 11111:1dió con el calor que le inspirabt1 tan embal'azo:111 situ11eión,
-¿U»ted me preguntA si ceded~?- 'ues blen ¿la
verdiid? fil Usted pasa poi· una crms extrema y
con su ace}Jtación se produciría una tregua. EsLoy st'gura de que su marido, satisfecho cou e:!1\
muestrt1 de docilídaCI y sabiendo ya además que
tie11e nsted un c1:1.rActer, no tolerar!\ mAs qoe su
madre la oprima A usted. Nlla. misma, µienso
que en adel1:111te respetar~ mas los derec~os dcsu
uuera y en Irn, mi co11seJo es que e:,ta m1swa 110che bable ustt:&lt;l. con Roberto. ¿Verdad que berA
lo m1.-jorl' Voy a. ponerme mi abrigo pa~a1rnompa•
:llar á usted. Es absurdo jugar con la d1eh11 C\JtuO
lo hacten ustedes dos: hay que sacriticur el amor
proµio al deber.
Alilría Magdalena contestó con firmeza:
-Gra.ci11s, Lucia! E~ usted muy buena y se
eetA haciendo violencia para.pr~&lt;liearrue un s;stema de conducta. que usted misma no seguida. No
creo que d1:1ba ceder, y no lo haré. Lo wejor es
que no hablemos más de eso.
-¿Y qué vu usted A h11cer?
-Lo pensaré .... Escribiré A mi padre.
Hubo uoa pan;a. Las dos sabfan muy bien que
este recurso tra ilusorio.
-¿Y si no consigue u:1ted nada del Doc•orP
-Haré lo que otras que v"len tanto como yo:
lo que baria u:,ted misma: trabajt1.ré.
-Lucía estuvo á puDLo de preguntarle: ¿y en
qué\l pero no quiso abatir más á su amiga . El valor real de que estabn dando pruebas le era 11gradable y respondía A sus propias íntimas con.,icciones. Y le sorprendió tlinto más cuanto que Magdalena, pequeftitn, mimada. y educada entre dnlzuras, no estaba como ella armadl\ para la lucha
y por consiguiente su csfutrzo morid era mucho
más grande.
Tu10ó entonces tas manecita&lt;J de la joven y
apl'etAudoselas vigorosamente le dijo:
-Bien l\I11g! Amo las namralezas enérgicas.
Despuéj de tudo, es posible que Roberto, admirllndo lo que m1ted vale, acabe por comprender
lo que se la debe. Con r1:1solución, todo irá bien.
No sé lo que contestará el Doctor, pero sé que
soy su amigR de usted y que la ami~taden mí no
es paui.b.ra. vana. Ayuduré A usted e~ to~o, no
llore, &lt;la'l'li11g, voy A prepararle una. 10fuE1ón detila para qu1:1 la tome y se acueste.

La infusión no produjo los efectos calmantes
que dese1:1ba. la sefiorita ffa.rtley, pues Magdalena no pudo coocili!lr el sueflo, sino que por el
cvntrnrio, la conversación que acab11ba de tener
la !labia sacado del embrutecimiento en que permaneció algunas horas, y vió cl!l.ramente su situación. Tomó una boja de papel para escribir A su
padre y JP. refirió cómo después de una última
sumisión había estallado la crisis inevitable y lo
que luego bahía sucedido.
Pero cuando llegó el momento de pedir un amparo, le faltaron palabras y permaneció pensati•
Vil con la. cabeza apoyada en las manos. Entonces se imaginó la ira del Doctor ante esta carta
que iba á interrumpirle en una agradtlble excursión. ¡Con qué indigat1.ción sabrfa lo ocurrid.o!
¡En qué términos Ja maJdeciria! ¡En que tél'minos Je iría ú conte~tarl Ocurriría á toda suerte de
solil:itudes humillantes cerea. de la Sra Le Clercq,
ttntes de resolverse á recojer li. su hija.
l!nría ~tagdalena avergonzacta al sentir quo
era una 1:arga pesada que todos querían arrojar,
se alejó del eecritorio; y abogAndose en esta casa.
silenciosa en que todo dormia. porque ya era tarde, tomó un abrigo J salió al ca.mpo.
El aire era vivo; un fresco perfume salino lle-•

.gaba de la mar; las estrellas irradiaban como
diamantes prendidos en tere.iopelo negro; la noehe no era muy obscura. Maria Magd11lena salió
del jardín y se encaminó a) acaso hacia la landa.
Sus pensamientoR tomaban otro giro: ahora pensaba. en Roberto, en su pasajt-ro enternecimiento
en aquel cementerio solitario y luego en la esce•
na brutal que había seguido.
. Y c•Jn una lucidez de memoria singular Je volv1ó A ver con l;is expresiones de fisonomía que
babia tenido. La imp1·esión fué tan viva, que revivió l1t hora. dolorosa en que todo se había roto
entre los dos. ¡Con qué dur za la rechazó! Con
qué altivez le preseutó el 11ltimat11111 inaceptable)
No, no! ya no la amaba. No que1i11. de 1&gt;1lt1 más
que su graeios11 y liud;t persona y este género de
afección era sumamente pasajero. Ya se acostumbraría pronto á. su. ausencia ....
Una amargura angustiosa hinchó el corazón de
la joven al sospPcbar que no podü inspirar A su
marido sentimient&lt;.s más elevados.
Mi.ría Magd!l.lena trepó sob r·e una roca y allí
se detuvo. En torno suyo todo se hundía e11 uoa
semi obscuridad transparente. Las PStrellas irradiaban incesantes y se veía, cerca de las rocas, el
coufuso amonL011amiento de piedras v matorrales. LII prorundo silencio c&lt;.rtado A trechos por
el mugiJo del viento y de las olas, envolvía el
vasto litoral. Ni un ser humano parecía. vivir por
allí.
Tembló. El horror de la soledad vino á penetrarlll y avanzó del lado por donde murmuraban
las olas. Sus pensamientos se hacían mlls am&gt;1r
gos, y las brutaliclRdes materiales de la vida, la
empezaban á torturar presenti\udo.se A su imaginación.
Su padre la rechazaría, era indudable. Pero si
abrumado p0r sus quej11s la recogía ¿qué existencia iba á ser la suytt? Sabía bien los proyectos del Doctor para el porvenir y éste la tacharía
de una necia que no solamente malograba su
propia vida sino también la de 10s demas. No to
maria pues parte alguna en su i11tortunio, sino
que la consideraría como ingrata, torpe y egoista.
No: valía más trabaja... Pero ¿en qué? Ella había sido hasta entonces inútil, put-s su educación no la tenín preparad11 para la. lucha por la
vida. Le pasaron por la imaginaci~n los recu~rdos de las mujeres que se consumen en una buhllrdilla abrumadas por la costura, y esta última
idea. agregada á sus pesares la volvió á la atonía
en que eSt'lba desde que la dejó Roberto.
Llegó de pronto al borde de la mar. A sus piés,
A algunos metros debajo, Maria Magdalena distinguía por ser la hora de la baja ma.·, las olas que
se al j11b1J.n lamiendo enormes peftascos despedazados, masas de granito qne parecían rnina:1 de
alguna ciudad ei~lópea. Más lt•jos, sobre las olas,
brillaban algunus puntos luminosos: eran las linternas de los pPscadorcs de langostas y c1rngr.,.
jos. Muy en el fondo, limitando el vasto horizonte, la mas11 inquieta del agua, las ol11s le, tas
y regulares que llenaban con un rumor continuo
la inmensa playa. Sobre todo esto resplandecía
la luz vivisima é imermitente del faro.
María Magdalena sulría. Su 1:ertbro, cansado
de dar vueltas A la misma idea, Je dolía ya y hapría querido no pensar más. Vió los puntos luminosos que se iban alejando y oyó la voz distante de los pescadores y permaneció inmóvil contemplando !anoche.
Poco á poco el sufrimiento exaspi&gt;rado por la
soledad la fué enervando basta p:-oducir una crisis f(sica, y ~intió la amargura inmensa de no tener A nadie al lado suyo, ninguna afección protectora. El mismo aislamiento babia en su vida y
en la playa . ...
Y este dolor se hizo tan punzante, tRn atroz,
que de súbito, pre3a de un delirio sin arrebatos Y
resuelta A acabar con todo de un11 vez, María
Magdalena que estaba al borde del precipicio dió
unos pasos más hacia el v1u:io, y cayó rodando
de roca en roca hasta un11 pena enorme donde se
estrelló, dejando al !in de sufrir ....
Roberto no conocía el país, y como había contado con llevarse á Maria Magdalena, dej0 sumaleta en una antigua posada de turistas que se en·
galanabl\ con el pomposo nombre de bote], _á
unos cuantos kilómetros de la casa de la se:norit11, Ilartley. Desde su ventana se distinguía la inmensa rada llena de sargasos y en la que á la
hora de la baja mar, los barquichuelos caídos de
costado semejaban peces muertos.

51
Su cólera, menos violenta, erll sin embargo
mAs profonda. y razonador. Todo lo que había bec.:ho para halllgar A t-U mujer le venia á la memoria; y la iodutgent.. bond1:1d delasefl.oraLe Clercq
bacín resalr11r la ingratitud de María Uagdalena,
prob:rndo que esta 110 tenía m1\s que un indoma.
ble orgullo y que no lo amaba ni un poco puesto
que en vez de venir con él se babia.decidido á la
ete1 na separación.
Con el corazón henchido de amargura, Roberto
pa1-0 largos horas martiri2á11dose al llrraigar más
y más esta abominable convicción: su mujer no
lo habi1:1 aceptado mAs que porque era rico y le
proporcionaba unll buena posición, y- quería abo1 a abusar de la ii1fluencü, que ejercía sobre él par/1 alejarlo de eu madre á fin &lt;le poder ser absoJutameute librP. En caso c!e que _él rehusara, renu11ciaría. A todo y re~resaría con sns amistades
de otro tiempo A seguir una vida alegre y descuiditda. Muy Lien debía eompre11der que Roberto
no Ja d('jaría sin recursos, y si11 duda quería. ir ti.
gozar de la.&lt;1 rentas y Jit libertad que le daba su
breve matrimonio. Algunos meses d1:1 contr11riedad
Je habi1\n 11segnrado los elen.eutos materiales que
ncces'taba oara 11Eegurar su vida bohemia.
Robtrto estiiba preocupado con esas reflexiones, cuando por namral contrapeso le vino esta
sencillísima y c lara: ¿y ei no era así? En lo intimo de su alma comprendía que su madre había
incurrido t-n algunos errores y que en estos momentos mismos debió c.brar de 01ra m11oera retirá r dose d1, su vida y &lt;lejAndolos ser frlices.
Recordaba las abrumadas palabras de Lucí~
Ilartley, pero las ahoga ha á poco pen,ando en la
indiferencia, en Ja hostilidad de su mujn durante
las últimas semanas, y su obstinación y el silencio con qne respondió A sus postrerns ~úplicas en
aquel cementerio en qne se habían sep¿¡rado. Pero
¿babia tal desBmor? ¿No fué con ungnin colorido
ae sentimiento y de verdad como le dijo: "Yo en
el w¡¡gón 1101 é mucho?••
Y creía sentir aún sobre su mano rl dulce calor de la mano de l\fag, haciéndole 11quella caricia
que nmovió en todo su sér el fuego caudentedel
amor.
El pobre de Roberto con los ojos enrrjecidos y
sfotiPndo un nudo en la gargan,a se levantó y se
~ s, mó á la ventan a par!\ respirar á plenos rulmo1,1.-s I l aire lrfo de la noche, y ver 6i así se dulcifi&lt;'a b11 la impresión que sentía de tener las sienes ,,¡.,riruidai, en un circulo de 11:erro. Después

Despues de un11 m1tla comida l'n un Palón muy
bajo de techo y lle110 de ingleses bulliciosos. Ro•
berta entró Asu cuarto y vino ! sentarse junto A
la ventana abierla. LA mar dfscendia, Jas ]anchas peECadoras babfan partido y Roberto fumaba inmóvil innumerablt&gt;s ci~arrilios y eontemplaba con aire absorto el cielo y la mar.
Durante las primeras horus fBtuvo oyendo el
ruido que hacían sus alegres vecinos, el reir, el
chocar de copas y botella!&gt; y el rodar de las bolas en el boliche del jurdín, hasta que todo esto
se fué extinguiendo poco á poco, entraron los pasajeros á sus cuartos, cerraron puertas y ventanas, y la aldea tamhién se entregó al buef!o sin
que quedara ei; toda ella más luz que la del
raro.
Como sabia bien que aunque quisiera no podria dormir, decidió pnsar así la noche dn.ndo
vueltas A sus sombríos peni,amientoa. Después
del primer desaliento se rt'bflcía y juzgaba con
su espíritu habitualmente sneno y rctlexivo. Se
babia necesitado un paroxhmo de pasión para
arrebatarlo al estado violento en que lo vió la
senorita Rartley: h vergUPnza que sintió viéndose rechazado por Maria M11gda.en11, el rencor
que le tenía y además la influencia de su m11du,
habían traído esta cr;sis de la cuitl apenas empezaba á volver.

de todo, era ridículo desesperarse tanto por una
mujer que no lo amaba y que a esas horas de seguro que estaria tranquilamente dormida y arrullada por los ensueflos de su próxima. vida, en
tanto que él agonizaba de dolor!
Ilacia ya mucho tiempo que nadie pii.saba 1&gt;or
el camino pues ya la noche estaba muy avanzada
y algunas constelaciones se hundían en el horizonte. La pleamar empezaba, el mugido de las
olas se hacia mús fuP.rte, y en la radll jas lanchas
caídas, movidas por las ol1:1s, parecían estremecerse.
En medio del silencio distinguió el ruido de pasos precipitados, y luego, saliendo de un recodo
del camino apercibió una forma negra que avanzab11 rápidamente en la sombra. ¿t~uién sería
aquel transeunte retardado? ¿dónde iba? qué &lt;'ausa precipitaba su carrera?
L'oa frase de S11kespeare le vino á la memoria:
«Desgracia ágil, tú cuyos piés son t11n ligeros ¿es
A mi quien traes tu mensaje?» Y esta frnse tomó
una intensidad de vida tan extraordinaria en su
ánimo, que pronunció en voz alta aquellas pala.br11s. El hombre que venía parecía correr como
respondiendo A este llamamiento, y Roberto le
veía ~on ansiedad aproximarse. ¿P11saria de lar •.
go? , egur11mente que sí, pues no tenia porque
detenerse trente Aesta posada silenciosa. Pero en-

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11 F.I,

1wxno ILUSTRAD0.11

,25

-Deme usted detalles .... dijo Robtrto JenntAndose trabajosamente. Csted la. vió?
- Si. Paseaba por la costa y distingu[ á algunos metros bajo mis
piés una forma blanca, Drscendí. .. . Dios mfol no olvidaré jamás el
horror que senti Las enormes dificultades con que trepé desde el
abismo con aquella niñ I en los brazos, mi c11rrera.al través de lastandas pedregosas, mi U.,gada y el espanto de Lucía.

• •

I

r

tonces ¿por qué ser.tía Roberto angustiosos é indefinidos presentimientos?
El hombre se detuve frente A la ventana iluminada.
-¿Es usted, seflor Le Clercq?
Roberto reconoció la voz de Darlol:I
-Si; soy yo ....
-Baji, usted. Neceeito bablarle Pronto. Des•
pierte usted al posadero, y que prepare un carruaje ligero en el seto.
-¿Qué hay? preguntó Roberto sintiendo una.
violenta palpitación, porque ahora ya no tenia do.da de que algo grave había rnce&lt;lido. Pero ....
¿qu.é?
-Una desgracia, una gran desgracia, pero baje usted. No se lo puedo decir desde aquí:
Roberto descendió enloquPcido. De fijo que se
trataba de Mag. ¿Qué había hecho? ¿Habría huido? Este fné su primer pensamiento. Corrió el pi·
caporte de la puerta y se reunió A Darlot en el
camino,
-¿Despertó usted al posadero?
fi -No. Quiero antes Sllber qué ha sucedido.
Su voz revelaba tal emoción, queDarlot vaciló
por algunos segundos; pero el tiempo urgía, era
necesario correr A La1.ion a traer un médico, y
René tenía aún en el corazón el horrible dolor de
haber visto á.' su 11miguita ensangrentada, inerte,
como muerta.
-Tuvo usted hoy un di.egusto con Mag ¿no es
cierto? Roberto tembló.
-Pues bien. Mag se arrojó desde las rocas mll.s
altas A la mar y tie ha estrellado en el precipicio.
'Roberto sintió un desvanecimiento y se encon•
tró sin saber como tirado en la escalera de lapo·
sada, Darlot le decía.
-Vamos .... 1 trate usted de recobrar el valor.
Vaya usted fL la casa de la sef1orita.Ilartley mientras yo corro ii Lanion á. traer el médico. Lucia
1a ha hecho la primera curación lo mejor que pudo pero está. enloquecida por el pesar. Tiene mo,
tivo. ¡Cuando pien110 que si la casualidad no me
hubiera llevado por allf, Mag estaría muerta ya!

j

·j
D11rlot temblaba; sus p1l111bras sin orden expre•
saban mejor que un largo discurso la angustia
que babia sentido.
Roberto dijo:
-Pero ¿no ha. muerto? ¿no ba muerto? ¿esté.
herida solamente?
-No Jo si': Tiene los ojos cerrados, la cabeza
con una gran herida, una mano destrozada y un
brazo roto.
Roberto, sin una palabra m4s, le volvió la es·
palda y partió corriendo, ein sombrero, como un
insensato en la direceiún de Tregllstel. El camino
ascendfa cortado A pico; y ahogándose con los la.•
tidos de su. corazón, el infeliz tuvo quP. disminuir
la ,,e!ocidad de su c11rnr11.
Comprendía muy hiPn lo que signlticaba el to•
no dul'O de René. El h1.bia sido Musa de todo: la
trató tnn brutalmemP, que la impulsó i\ este dolo·
roso extremo. Luego ella lo 11maba! Luego ante
el tE'mor de una separ11cf(,n, había preferido IDO·
rir! L' n remordimiento atroz le atenaceab11 el co•
razón. Oh! tontas y mezquinas querellas! ¿Qué
significaban esas pequt'i'!cces de va,ddad, de lote•
rés, de dominio, cuando se trataba de la felicidad
y de la vida de la única mujer 4 quien había amado en el mundo.
Su imltginaciú.n le representaba á ayuella ni:fl.a
encantadora desfigurada por la espantosa caída,
veía la sangre coagulada sobre los cabellos ru•
bios, y desgarrada por las aristas de las rocas
aquella manecita que tan dulcemente se babia pos11.do sobre la saya. Y luPgo se acordaba de ella
cómo la r.onoeió, radiante de juventud y de belle•
za. Se moriría? Se habrfa transformado en una
masa in!orme, destrozada, sangrienta, espanto31!.
l':&gt;u angustia se hizo tan Lremenda que como lli
hubiera podido ser oído se puso a. gritor.
-~Illgdalena .... Magdalena!
Sus gritos resonando en el silencio de la noche
corrieron por hi playa y tornaron devueltos por
t-1 eco. Pareefa. que la landa llamaba también y
decía con lúgubre son:
- ~tagdalena, Magdalena!

En este momento un verso terrible de la Orestlada vino i\ su mente: "Tn camino hablarA bajo tu8
pasos!» Se detuvo espantado de su propia exaltación v sintiéndose al borde de la locura exclamó:
- Y si muere ¿qué haré?
Contempló la mar gris que subía hacia la tierra dorando en anchas olas argentadas por las
vagas clilrid11.des del alba.
-Iré allfl dijo y siguió su camino echando á CO·
rrer otra vez.
Después de una m11rcha penodsima llegó al fin
frenttl A. la casa; quería en un ultimo arrebato vohir, apresu.rarse á ver si est11ba muert~, porque
su más horroroso temor era que se hubiera muerto sin verlo a. su lado y sin oirlo decir que laamaba. -Pero c\l poner 11\ mano en la puerta del jardir. sintíó un desft1llecimicnto, un horror cob11,rde
de verla snfrir, de h11 llar destiguradu aquella Ca.•
rita deliciosa, y perm11neció inmóvil unos instantes, presa de la mayor ,rngu¡;tla.
Brillaba luz en una de llls ventanas y no se oía
ruido alguno. Entonces cansado de ver esta luz
y preg-untllndose si sería de una veladora ó de un
cirio fúnebre, entró.
Subió Ja escalera, empujó una puerta y vió en
el lecho rodeado do coninajes azules una maaa.
envueltl\ en lieazos ... era cuanto quedaba de
Afag .. .. ! Se quedó viendo eso fijamente y marchó de ese lado con posos de autómata sin salu•
dar siquiera á Lucía llartlcy. SE\ inclinó y contempló una cara lividll, loa ojos cerrados, la nariz atilada, los labios descoloridos descubriendo
unos dientes muy blancos, la frente vendada y
otras vendas euvol\"iéndole el hombro, el brazo
y una mano. Lnciú se aproximó. El la dijo:
-Esto ya se acabó .... Esté muerta. ¿Ko ea
c~erto?
--Todavil\ no. E; un sincope. Hace una bora
que está así.
llfá.s de una vez Lucía. había querido i:naldecir á
Robe1'to, causa de estA de:3gracia 1 pero al verlo no
sintió por él mlls que compasión. . El rostro descompuesto, los ca bellos en desorden, jn.deante por
la carrera, lleno de polvo, con las m&gt;lnos ensangrent11.das por las espinas delos matorrRles, tflnfa
el aspecto de un vagabundo. Ya no lutbia aUí un
Roberto Le Clercq doctor en derecho, altivo, serio, pagado de su nombre y su personalidad sino
un h.ombre que sufría y sufría mucho.
Lucia Je estrechó lit mano.
-No hay que desesperar.
Los dos vieron á )lag; pero tenia t11 n pocas apariencias de vida, que esa frase parecía irrisoria.
Entonces volvieron l11 cara, sus ojos se eocontraron, cambiaron en unn mirnda uu mismo pensamiento y Roberto ob ervando que Lucia lloraba
no pudo contenerse )'/\ y lloró también.
La joven se rehizo c11sl al momento.
-~o nos dE-je'D.OS abatir, dijo con su acostumbrada ener~ia. s~ trara de s11lvarh1. Ya llornre•
mos si fracasamos, pero no desde antl's. Ac/\bO
de mandar al Convento á pedir algo para. h .. cer
cesare! desmayo y oigo il mi criada que regresa.
Una religiosa acompt11laba A la criad11. Robi♦rto
la oyó dirigir preguntas con voz lenta y monótO•
na. Luego la mouJa sac.5 unos frascrltos de su
bolsa y- se esp11rció por la pit"Zll un foerte olor de
éter. Lucía humedeció illS sienes de la enfor m11.
La religiosa se inclinó sobro el lecho.
-Y a vuelve en si dijo.
Entonces Rvberto se aproximó apartando A la
religiosa y v1ó que le tern bl11 ban :\ l\fag los lab:os;
Juego la re~pirnción se hizo ml'ls distinta, y cou un
doloroso gemido la joven abrió los 1&gt;jo31 pero1,jos
ioconscienres que pasaron una mirada vaga por
las caras de Roberto y de Lucia.
-Xo nos reconoce, dijo é ,te, y sufre según lo
indica la contracción de sa.s labios.
-Esperemos al médico.
-¿Tardarll. ma.choi'
-(na hora todavía, Jo menos.
La hermana arreglaba y ponla en orden cu11nto
encor.traba ,\ su paso, con movimil'ntos discretos
y silenciosoi.. Lucía se sentó junto !\ la mes11, tomó un libro é intentó leer.
Roberto permaneció cerea ele! lecho conservando en su m11no la mAoo calenturient11. de su niu•
jer que ni le reconocía ni dejaba de quejarse con
qurj s dolorosas. La religiosa sentada del otro
lado del lecho desgranl\ba eon sus dedos pAlidoa
las cuer.tas de un intermin11ble rosario ....
El péndulo con su tic-tac Acompasa.do, medía
los minutos de la hora. ml\s cruel que Roberto hl\•
bia vivido en toda su vida.

-Bueno ¿y qué piensas hacer?
L11 sellara Le Olercq de pié frente A. su hijo le
-dirigía esa. pregunta con vivo interé¡,
llabia venirlo A Treg11&amp;tel sin pérdida de minu•
tos. El sacrificio de Jiforia. ?t[agd11lena In había
trastornado y sen tia u.n horror profando hacia la
taita de principios que permitió A est11 joven atentar contra su propia vida; la comp11si6n verdade•
.raque sintió viéndolil herida, casi moribunda, estaba mezclada de una gran suma de desprecio
y de no poco rencor. La seflora Le Clercq era
{lemasiado inteligente y no podía dejar de comprender que su papel tomabt1. un aspecto odioso
con este golpe de tragedia.
Durante los últimos tres días en que Marfa Mag•
dalena estuvo delirando, e,1 gran peligro, y ~in
conocer A nadie, la vieja. suMa de diversos modos. Era espantoso el bSpectAculo de esta nida
que se moría así; la desesperación silenciosa de
au hijo le partía el corazón y 11 estoa aenlin1ien tos
enterueeedores se unía otro muy amar~o: la re•
probación muda de Lucía llartley a~ravada por
la necesidad que tenía la eeftoraLe Clercq de vi•
vír b1Ljo el mismo techo que esta enPmiga suya.
Nunca se babia arraigado mAs la antipt1.tia entre
estas dos naturalezas semejantes por la energía.
pero separadas por un abismo de sentimientos.
Desde ese día ?tfaria :Magda erra babia recobrado ht conciencia de sí misma y de su situación.
A la fiebre violenta babia sucedido un estado de
debilitlud y de abatimiento excesivoy cualquiera
emoción podía en consecuencia. serle de funestos
resultados. Tuvo un sincope casi mortal cuando
agobi11do por la Inquietud y IIorando como un
-ebiquillo se acercó RoberLo á besarla.
La vista de la sefiora Le CJercq le ero. penosa
y como esta lo comprendió y era demasiado altiva para hacerse aceptar por medio de la ter•
nura b , bló, sutriendo mucho intél'lormente, de
que ya babia resuelto reiresu· A Montpazier. Lu.efa no pronunció una palabra para retenerla; y
aunque desde tiempo atrás babia. deseado la oca.sión de hablar con esta orgullosa y enérgica mu-

jer juzgó inútil cualquiera recriminación y mAs
aún sabiendo como sabia que al cabo Roberto
había tomado una definitiva resolución. Esa U1a•
:ft.ana ella fué quien favoreció una entrevista entre el bija y la madre permaneciendo mientras
estl\ tenia lugar jufltO 1t l.'tfagdalenit que dormía.
Durante los tres días que acababan de correr
a penas habían tenido ocasión de hablarse la seil.ora Le Cler.!q y Roberto. Esta era La primera
vez que se encontraban solos y que el Estado de
)laría .Pr!11gd11 lena les dejaba el A.mmo suficiente•
mente libre para poder hablar de cosas serias.
-¿Qué piensas baceri' repití'5 la sel'lora Le
Clcrcq.
-Lo que me arrepiento de no haber hecho des•
de el momento mismo en que me casé.
-Dejarme!
Este grico de angustia que en otra ocasión habría. penetrado al fondo de las emranas de Ro·
berto, le dejó trío: ya h11bía sufrido bastante acusAndose de est~ culpa durante los últimos días.
Ella, aterrada por la indiferencia de su hijo dijo.
-¿Supongo que no intentarás hacermerespon•
sable de lo que ha sucedido?
-SL ... usted y yo.
-Ohl exclamó Ja seftora con un movimiento de
indignación: tú sabías muy bien que yo la amaba.
-Pero la amab!\ usted m'll. Por u~ted y nada
má.8 que por usted. No consultnba usted mAs que
sus propias inclinaciones r nunca las de ella....
mas no recrimimo porque soy el más culpable.
Yo debí ahorr11rle luchas inútiles y dolorosas siendo como. es mi oblig11ción amarla ante todo.
La senora Le lllereq quedó muda, sintiendo
que dolor intenso Je desgarraba. el corazón. La
actitud fi"ia de Roberto le demostraba que su hijo estaba perdido para ella y qu.e su alejamiento
era má.s del que sobreviene de una simple separación.
-¿Podfo. yo sospecharme que esta criatura tu.viera la cabeza tan exalta.da que se atreviera á
representar un drama como éste?
-Nuestro error fué querer tratarla como á una

mufleca cuando es una mujer y tarde Jo reonocimoa.
Ilubo nn silencio después de estas cuantas fra•
ses que como hojas cortar,tea re&gt;mpian los bilos
con qu.e estabun ligados es~os dos seres.
Roberto, de pié, se quedó mirando el mar que
venía A morir en las rocas de la playa y se acordó de qne allí esmvo A punto de perecer su mujercita. Entonces dijo siu volverse.
-Voy A dejar el ejercicio de la profesión y :l
entrar en la Magistratura.
-¿'Para quér .
-Pll.ra ser enviado lejos de ~fontpazier.
La pobre vieja mordió su pai'iuelo para no gri•
, tar; tanto ssi :a lutbía herido esta respuesta brutal.
- Es inútil hacer eso, dijo, cuando ya pudo hit•
blar. Yo me retiraré complet11mente á 81111 Ilila•
' riú y si así lo quieren me comprometeréáno vol•
ver nanea A,Montpazier. ¿Bastará con eso á tu
esposai'
Roberto no tomó nota de estas p11labras llenas
de amargura y ai'ladió:
-;Usted obrnrá como Je pitrezca, m11ma., pero
de mi p11rte he tom11.do ya mi resolución. He di•
rigido al .c:.lnisierlo mi petición. No quiero arrojar á usted de su Msa y le asPguro que ser!\ us•
ted siempre bien recibida en la mía. He dicho,
en la mla.
-Pues. para que no sufras una vida precaria le
tijAré una renta conveniente.
-Xo hablemos de dinero!
-Oh, Robi&gt;rto ..
Un poco avergonzt1do de su do.reza se la re pro•
cbó en cenciencia. y vió A su madre tan sincera•
mente apesarada, con un dolor tan real y prolllndo que el afecto de otros tiempos Je stJ,bió al cor11zón. Se acordó que e1 a su hijo, que no tenia de•
rec.ho de acusarla y dijo:
~
Perdón, mitmá . .Aceptaremos de u;,ted :O que
usted quiera.
E3te arrll.nqne estuvo á punto de hacer llorar a.
la seftora, pero se contuvo, y ambos quedaron
mudos, mirándose con Ja mirada triste de un su•
premo adios, con la desolación de quien rompe
con un afecto fundamental de su vid11,. Esta hora
decisiva les separaba y ya no volve1·ian nuncl\
més fl hablar de estas cosas, s ... lvo acaso cuando
llegara 111 hora de otra más definiciv!l eeparación.
Como se ve ansiosamente la última mirada de
un ser amado q11e va á morir se vieron los dos; y
Roberto sin una palabra más, tomó la wuno de
su madre se la besó y salió.
En el enarto encon1ró A Lucía cerca del lecho
y A Magdalena despierta. Esta sonrió á. su m,rido que se aproximó cuidadoso.
-Cedo A usted ese lugar que es el suyo, dijo
la inglesa levaotflndose. Puede usted hablarle ll
Mag, decirle que Ja ama, pero no se Jo diga usted
con mucha vehemenci11. pl.lrque esti\ aún muy de•
Jicadita y cualquier coaii. nos 111. podría mat!ll'.
Lucia fué al salón .
-1\lire usted á. donde conduce la bondad, se•
florita Jla.rtley, dijo la sei'iora Le Clercq. Asegu
ro A ustP.d que siempre me guiaron las mejores
intenciones.
0111 ain duda. Pero contentA.odose con ser bue•
na se hubiera usted ahorrado y á los demás mu•
chas tristezas.
-?líe quedo sola!
-'I'iene usted sus pobres.
-!fo basta eso parn el cor:tZÓD..
Lucía compadecida le dijo.
-No crea usted en tal soled .. d. Esta es una crísis violenta que por su miemll fuerza tiene que
pasar pronto. A la vuelta de unos cuantC1s meses,
días tal vez, todas las coSáS V'OlvP-rAn t\ su antiguo curso y cada hora iré. borrando el recuerdo
de lo que acaba ahorll de sucllder. Y tornará. 1lS·
ted A su vida normal; Stl hijo á ser el hombre res•
petuoso que usted educó y María Magdalena, la
encantadora y bella joven, alegria de la casa.
Luego, serA usted una inmejor11 ble a bueUta y la
dicha reinará de nuevo en el Pd!acio Le Clercq.
Después de la escena tragica, todos estos dram11e
domésticos se desenlazan del modo más tranquilo. ¿Nunca se ha ¡,reguntado nated en el teatro lo
que sucederA después del 5.'' acto? El autor nos
deja stempre en la ultima pedpecia conmovedora, porque Slibe que luego sus personajes volvera.n A la prosaica corriente de la vida. Lo excesivo no puede ser durable. Vea usted ee:llora Le
Clercq, el titulo que mejoi: conviene fl mu.chas
dram11s de la vida fotima es este, de Shakespeare: &lt;Mucho ntido para nada."
DAN1ELLE DARTHEZ.

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111!:L

ROSARIO.

Mm.DO ILUSTRADO"

ROSARIO.

1

realidad esto no es un cuent~. El hecho
ue vamos A narrar ocurrió en Madrid;
uchos de sus detalles son rigurosamente
ciertos y los personajes exístierdn para la epoca
del suc'eRo, 1887. A la prensa madrilelia no llegó
otra noticia qut1 la que consta en la gacetilla ~ón
que concluye esta narración.
·

AJ. pobre mendigo Je dijeron que su hija iba todos los domingos á. oír la, misa· de once de la iglesia de San José, calle de Alcall1.
Hacia cerca de medio afl.o que habia llegado A
Uadrid, procedente de Sevilla, sin que
en ese tiempo hubiera tenido otrn noticia
de su hija, que la ya dicha. El informante era uno de los revendedores del Teatro de Apolo, cercano á aquella iglesia;
sevillano él, como la chiquilla fag1lda y
como el pobre viejo.
He aquí cómo supo éste la feliz noticia.
J/an11,l, el revendedor de billetes de
teatro, bahía ido aquel día al del Príncipe
Alfonso en solieitud de billetes p1m1 el
estreno de una zarzuela de Chueca, y
al pasar por Recoletos vió al mendigo im·
plorando la caridad pública en la puerta
de San Pucual.
-Don José¡ ¿Qué le pasa A usted?
-Oh, Manuelico, eres tú?
-Por Dios, viejo, qué 1\ menos ha
venido ustedj
-Culpa es de Rosario.
-No lo creo, ella es rica ....
Pues por eso!
-No comprendo ..... .
-VerAsl Yo no tenía en mi desvalimiento otro apo)'o que Rosario. La chiquilla. trabajaba en la tAbrica de cigarros,
y mal q_ue bien la íbam&lt;,s pasando; pero
de la noche á la ma:ll.ana desaparece de
Sevilla, y por la herida que me dió en
el alma, se metió A mi cuerpo la paráli•
sis. Estuve á la muerte1 escapé de elldD0
sé cómo; hoy sólo puedo asegurar que
me queda poca vida dentro del cuerpo,
casi ningun1.1. luz en los ojos, y menos
esperanzas en el alma. Pido dos limosnas: pan para el tuUido cuerpo, y una noticiA de mi Rosario ....... .
-Vive en Madrid, bella y rica, se
apresuró :\ decir Manuel.
Y aquel viejo que acababa de decir
que pedía una noticia acerca de su hija,
quedóse inmóvil, mudo, como tocado pur
un rayo ante la aseveración de Manuel.
Parecía como que no se daba cuenta de
tan grata nueva.
.A poco, con voz ro1,ca y entrecortada,
como llena de desconfianza preguntó al
revendedor:
-lle joras que ese es verdad?
-Por la Virgen de la Paloma!
-Cómo lo sabes?
-La veo bajar de su coche todos los
domingos A las once A la Puerta cie San
José; ella entra á. la iglesia, y y o, después de mirarla y rt:.mirarla tnn reguapa,-porque no he
perdido la costumbre de morirme por su pedazos,
-me entro también ..... .
-La sigues dentro de la iglesia?
-No me entro con Paco y el Tuerto A la taberna y nos tomamos unas cafl.as á su snlú.
-.Manuel, díjole el viejo al revendedor, Dios
te pague la caridad. Vete, ~éjrune pensar y medi-

El viejo se sentó en un banco alli cercano, recostó las muletas á la pared y se dispu'io A aguardar.
-No serA larga la confesión, se dijo, estas seiioras del gran mundo no fo,nen más que un pecado, y como no les da vergüenza confesarlo, se
despachan pronto. El cura al verlas, podría echarles el «ego te absm·1 10.»
Dicho como beche,, en ese momento apareció
los ojos del mendigo el P1tdre Miguel, sonAndose
las narices repletas de rapé con un descomunal
pai\uelo de yerbAs.
-Es ...... el Padre 1liguel?

í

tar.
Jla11111:, como le Uaman sus paisanos, le dió
unas palmaditRS en la espale.la, y le d:jo:
-Adiós, viejo, que haiga :mlú, y un recadito A
la Rosario.

Esa misma tarde llamaba A la puerta de ea•
cristía de San José el mendigo de San Pascual.
-Está. aquí el Padre Miguel?
-No; confiesa en este momento A una gran se:fora, pero sn vendrá, puede usted esperarlo, contestó el monaguillo.

-Si, hijo mio, quieres confesar?
-No, Padre, vengo a. que el seiior Cura me dé
un permiso.
Para qué?
-P11ra pedir limosna A la puerta de la iglesia.
-Libre eres de hacerlo.
-No seiicr Cura, no sabe el safi.or Cura que
los otros 1:Jobres no me dejarían colocarme alli
porque soy uno mAs A pedir? Cada iglesia tiene
sus pobres; y aun con permiso y orden del sef!or
Cur&lt;1., cuesta Dio3 y su avuda que los propietarios permit&gt;ln a] recíénvenido ejercer.
-Y tú no no tienes iglesia donde implorar la
caridad?
-Sí, seftor. y me produce pAra vivir; pero hoy
he sabido que á esta de San José viene todos los
domingos á. oír misa d!3 once, una hija mía que
me abandonó hace muchos meses.
-Basta, dijo el Cura, vt:n pasado ma:liana do•
mintro á e~o de las diez y media 6. la sacristía, y
yo te instalaré.

-Dios se lo pague, seftor, Dios se lo pague!
Con gran espanto de los mendigos que detiempo ha tenían como propiedad suya los pues·
tos que ocupaban en las puertas de Snn José, sepresentó ante ellos el Padre Snn Miguel acompa:ll.udo del pobre paralítico.
-Se11ores, les dijo A modo de arenga, háganleun campo A esre hombre.
Un sordo grlliUdo se escapó de las gargantas
de aquellos pordioseros.
-No hay que alarmarse, dijo con voz severa
el Padre Miguel, este hombre sólo estarA al ladc&gt;
de ustedes uoa hora. y no pedirá limosna sino á.
una sola persona.
-Y si las otras le dan? se aventuró A
preguntar unfl. vieja vendedora de rosarios y estampitas.
-Pues no habrA que rechazar esas.
dádivas, contestó el Padre Miguel, pero
buen cuidado tendrAn ustedes de disputArselas.
- Mucho! gritó la vieja que había inte•
rrumpido antes.
•
-A.deu A:1, continuó el Padr..i Miguel, este hombre viene A cumplir no encargc&gt;
mío. Vamos, dijole al paralítico, colóquese usted aquí á la salida; así verá usted
mejor lo que desea; y situó al paralitico
entre un viejo, propietario de una pierna de palo, tendida casi hasta la mitad
del pasadizo que forman hls dos puertas,
y la vieja vendedora de estampitas y rosarios.
La curiosidnd pudo al tin más en el ánimo de aquellcs pordioseros, que la ojeriza con que veían naturalmente á. todo
recienvenido que iba A aumentar el número de los pedigüenos.
-Es historia? díjole al nuevo mendigo
la referida vieja.
El paraliLico guardó silencio. Acaba•
ban de dar las once, ya tenia allí die~
minutos, y no había llej?ado Rosario. Es•
peró, y esperó mucho. Como que la misa
\,
terllhnó y la igleS1a quedó libre de tielest
-lfanuel me ha engaiiado, se dijo el
pobre viejo, pero me la habrA de pagar.
Y encajAndose en sus muletas se dirigió á la cercana taberna, donde su pais1rno le había dicllo tomaba todos los domingos unas ca:ll.as A la salud de su hija.
Llegó, echó la vista en todas direccio•
nes, escudriftó el último rincón
de la taberna, yno v:.endo en el1a
á Manuel, exclamó:
-¡Mald!ciónl Y se dejó caer
en una de aquellas sillas bajas,
cuadradas, sin respaldo, usadas
en todas las tabernas.
A este tiempo salía el Padre
Míguel á la puerta de 81/. iglesia,
en son de curiosear lo que hubiese descubierto el mendigo.
-Valiente protegido tiene ·el
sefl.or Cura! le disparó A manera
de reconvención la vieja de los.
rosarios y estawpitas; apenas terminó la misa se
faé á. taberna vecina. Si el se:ll.or Cara pudiera
ir á esos logares: negaría á. tiempo de verle bo1-racho debajo de una mesa.
-~o seas maldiciente, repuso el Padre l\Iiguel,
¿qué sabes tú á lo que baya ido ~se hombre it la
taberna?
-Allí no se va sino á beber, contestó en tono
de triunfo la vieja.
-Y A comprarle billetes de teatro á los revendedores que dentro de el111 burlan la vigilancia de
los guardas, se atrevió A. decir el hombre de la
pierna de palo.
Una carcajada general acogió lo dicho por el
infeliz defensor del viejo paralítico.
El Padre Miguel aprovechó ese momento de
hilaridad para .entrar de nuevo en el templo.
Durante la siguiente semana tué objeto de toda
cll\se de comentarios entre los pobres de San José, que el viejo protegido del Padre Miguel deja -

ra de presentarse del lunes al sAbado; pero la
chismograffo. cesó al verle llegar, como un reloj,
á las aiez y media de la mailana del domiogo.
Como si eJ sitio que le fellaló el Cura fllese suyo
desde tiempo inmemorial, se hizo c11mpo él mismo entre el hombre de la piernii de p1tlo y la vieja gruilona.
-B1..en día, hermano, dijo al primero, A tiempo que lanzó una mfrada de rabia y de desprecio
ú la de las estampit11s y rosarios.
Media hora más tarde, al sonar el reloj de la
Puerta del Sol las ouce, se detuvo un coche á la
puerta de S1tn José, y uoa dama. elegantemente
vestida descendió de éJ y entró apresuradamente
al templo.
.Al pobre viejo paralitico apenas Je quedó tiempo para reconocer en 11quell11. dama á su Rosario.
Sil{los le parecieron los veinticinco minutos
que duro la misa. Al fin se abrieron las dos puertas laterales de la cancela. de la puerta interior,
y los fieles comeoz11ron A salir por entre la doble fila de pobres, que en nombre decada unode
sus santos favoritos, en medio de deseos de felicidad para los concurrentes A aquel templo, y
con palabras capaces de ablandar el corazón más
duro, imploraban.una limosma. , ólo una mano no
se extendía en demanda de socorro: la del viejo
paralitico.
Una de las últimas en aquel desfile fué su bija;
cuando pasó por delante del paralitico apenas
sallan á. la vez que ella tres mujeres, dos de las
cuales se dt:ltuvieron A comprar unos escapularios y el número del dia de La Semana Católica
A otra pobre situadn frente aJ puesto que ocupapa el padre de Rosario; de modo que ésta casi
quedó sGla en el trecho Q'lte hay entre la puerta
exterior y la de la cancela.
. -Por la Virgen del Rosario, una Jímosna· dijo
el viejo extendiendo la gorra al pasar por d;laute
de él su bija.
E:;ta oyó sólo las tres últimas palabras: «Rosario, una limosna.•
Volvió~e derrepente hacia el que le imploraba
t:na caridad llamándola por su nombre. Al ver
y reconocer, todo á un tiempo, al pobre viejo, dejó escapar un débil grito; LO medio de su azoramiento tiró el portamonedat1 en la gorra que le
extendía su padre, y en dos saltos salvó los escalones de piedra que dan acceso al templo, ganando en otro la portezuela de su cupé, que la
esperaba f.L la orillll de la acera.
-Al Hipódromo, á escape! ordenó Rosario ú su
cochtiro; y el carruaje partió veloz caUe de ~\Jcala. nbajo hasta llegar A la Cibeles, dende torció
hacia la izquierdtt, ganando el paseo de Rec0Jeto11 y conrundiéudose con los otros ce.ches que rodaban Cllmíno de la Castellana y el Hipódromo.

Todos los pobres vieron la especie de limosna
que aquella dama dió al paralitico; todos oyeron
aquel débil grito lanzado bor ella al tiempo de
d8r la limo.na; todos se fijaron en la turbación de
aquella mujer y en su prisa para huir; pero ninguno de ellos pudo descubrir la mAs pequefl.a alteración en el rostro del menJigo.
Como es de suponer, le abrumaron A preguntas,
y con iróníci1s felicitaciones. El, ni respondió á
aq .1ellas, ni agradeció las enhorabuenas. Guardó se el portamonedas, dirigiéndose seguidamente, como el domingo antel'ior, A la tabern1.1.,
en solicitud de Manuel.
-La tajada de ht'y 6i que sera buena, exclamó
]a viejtl m11.ldiciente, dando á entende1· que la borrachera. del viejo en ese día seria grimde.
-Siempre grufl.endol contestó el Padre ,;\liguel
que había llegado á. tiempo de presenciar la escena desc1·ita,
En l!l taberna encontró el viejo, por su suerte,
al revendedor. •
-Te convido, Manuelico1 le dijo el viejo al
verle.
-Y á Paco y al 7'uerto? contestó el invitado.
-También, pero A condición de que nos dejen
luego solos.
Otra ronda fué servida en las largas calias,pues ya se había brind11do, como de costumbre,
A la Slllud de Rosario. Una vez echado el trago
atr:\s., y besado el fondo exterior de las ca:ll.as, se
despidieron el Tun·to y Paco.
-Oye tú, dijo el primero A .Manuel, si algún
aeflorlto viete d ¡;01· billetes para ma:ll.ana en el

55

«Español,~ acuérdatfl de que es día de moda y
~fonde A servir una copa más, viejo, y despué¡¡
de:que echan un drama de Don José; apriétala la ) o lo convido á otra cos1t mejor.
mano y .po les des las butacas de las primeras fi-~fozol aquí dos copas! gritó el paralítico.
las menos de treintidos reales, ú cuarenta, si
Servidas que fueron, preguntó el viejo á liapuedes; npAliate como puedas.
nuel:
El viejo mendigo y ,.lfmwé el revendedor que-1\Ie convidas? Y t\ qué?
daron solos. FuéronsC1 á. una mesa de rincón, to-Al Español mllftana en la noche.
maron asiento -y pidieron un p1ir de copu.
-Bon:tos tengo yo el cuerpo y el alma para ir ,
-lla visto usted a su hija, viejo? dijo el re- de teatros.
vendedor dando así princibio A la conversación.
-Por el cuerpo no se apure, repuso Manuel,
-Sí, hoy aJ entrar y s11lir de la misa de once; yo Je 1tyudaré 1\ subir y á instalarse en primera
el domingo pasado no corrí con esa suerte. Tam- fila de Para,[¡;o; en cuanto al alma, eso es lo que
poco pude verte A ti.
usted necesit11, distraerse, echarse las pen1ts atrás.
-Yo estaba, contestó Manuel. ultimando una Qué va usted á hacer con ese fardo de fatigas á
corrida de toretes en el puente de Vallecas.
cuel!tas? Le va é estorbar para correr detrá.s de
- Pues, prosiguió el viejo, al entrar mi Rosa- Rosario.
rio apenas tuve tiempo de reconocerla; A la sali-Y cuánto te cuesta ese obsequio?
da, y por llamarle la antención de 11Igún modo,
-A mí? nada! yo soy el jefe de la ..Zar¡11c cnel
le pedí una limosna invocando á la Virgen de su E."11a,iol, y tengo A mi disposición las enrradas
nombre para que é3t11 lo sonara en los oídos y le necesnrias parll mi ejército. Usted será mufluna
chocara y se fij,,ra en. mí. Así tué: volvió la ca- uno de mis sc.ldados, 11u11que no hace flllrn; porbeza, me reconoció, dió un pequell.o grito, me que yn se sabe, que cuando hay estreno de su toarroJó en la gorra su portamonedas. y salió esca- cayo .E:chegaray, maldito Jo que tiene que hacer
pada fJ. cojer un coche. Yo me quedé como quien mi gente. El público se lo trae todo, ,,plausos,
Vf' visiones, no pude ni moverme; el coche partió
ovacione~, y la mar .... Los mismos 1,wrenos, los
volando, y cuando me dí cuenta de todo lo ocu- que revientan las piezas de otros si no est&amp;n co•
rrido. resolví venir á verte.
mo Dios manda, resultarán llllí de sobra.
- Y el portamonedas?
-Bueno, dijo el mendigv, ¿dónde y á. qué hora
-Aquí estA, dijo el viejo sacandolo de la faja nos encontraremos ma:ll.anai'
-A las siete en punto de la 11oche meesperará
y poniéndolo sobre la mesa.
usted
en una de las put!rtas de La I', rlct, que dan
Manuel no se atrevió A tocarlo siquiera.
-Abrale usted, Don José, vé.1mos que pode- A la Plaza de Cervantes, donde está el teatro. ¿Sabe usted dónde es?
mos sacar de él.
-Si, y alJi estaré de fijo.
El viejo abrió el oliente portamonedas de piel
de Rusia con cifras y conteras de oro. Dentro de '
él había unos billetes del Banco de Espall.n, dos
' A las siete menos cuarto de la noche del simonedas de cinco duros, algunas de plata, un re- guiente día, Janes, el vil"jo mend1go de San Pasiratito de Rosnrio he&lt;;ho por Debas, el talón de cual,-porque él no había abandonatlo s«. iglesia
un abono A butaca en !a Comedia, y una docena sino dos horas en dof domingos,-llegó al conode tarjetas de visita con este nombre: Blanca efe cido restaurant La Perla, situado al lado del EsPeñama,·.
pm1ol, y recostándose de la pared, pero siempre
-No es este nombre el suyo, dijo el viejo, ¿có- apoyado en sus muletas, esperó enterarse qué
mo habrA ido A parar A manos de Rosario este puerta le serviría de abl'igo, pues la noche era fría ·
portamonedas? ¿lo habrA encontrado en la calle? en extremo.
-:80 sea más panolis, viejo, repuso Manuel; si
Al princio se figuró que no podría servirse de
fuera como usted piensa y dice, qué papel estaría ninguna de aquellas puertas, pnes todas sea.brian
haciendo ahí el retrato de Rosario? Desengáfte- y se cerraban á cada instante para dar paso á los
se, ese portamonedas es de la, chiquilla, y las tar- par~?quianos del famoso ,·e.~faurant; pero Juego
jetas son de ella; Blanca de Pe,1a11w1· es su ,wm- s_e t1Jó en que la más cercana al teatro 110 era pracbre de gw·rra.
ticable, y á ella se dirigió y en ella se instaló.
A poco, el olor de los guisos comenzó A metér-¿ciué negocio es ese de nombre de yueri·a?
-Se llama asf el nombre que toman las muje- sele por 11.lS narices y A hacerle olvidar Jo que lo
res al dedicarse á la carrera. ¿No se cambian h~~ia llevado_ A aquol sitio; porque lo que al printambién el nombre cuando entran monjas? aun- c1p10 fué un ligero desvanecimiento, se convirtió
luego en apetito feroz, y más después en debilidad
que sea fea comparación.
y en dolor de estómago. Y no podía ser de otra
-Y qué ca1re1·a es esa?
-Pues la ....•..... la que toma una mujer manera; aquel vaho de cocina,-y de la cocina
de La Perla! era para volver Joco al más inapeque deja de ser honrada. ·.
El viejo no se enfadó por aqnel insulto hecho t\ tente.
Ya el viejo se declaraba vencido, ya sentía fJasu hija, porque comprendió en un momento que
queRr
más de lo corriente sus piernas, ya notaba
1111\nuel tenia razón en calificar de ese modo a.
Rosario. GNo se había fugado ella de su cas11 de- cómo sus muletas no Je servían del todo para sosjando al pobre V1ejo enfermo y en la miseria? tener su desmadejado cuerpo, cuando se pre¡¡entó
De dónde proveoían aquel coche, aqueUos bri- Manuel.
-Puntual ea el_ viejo, dijo el revendedor, y eso
llantes, aquel portamonedas lleno de oro y de billetes de Banco, ;aquel terciopelo de su abrigo y merece una convidada.
-Pero ue lo sólido, se apresuró A decir el menaquella seda de su traje?
El viejo sólo tuvo un par de gruesas lAgrusas digo.
-Todo es convidar, repuso Manuel.
para Ja deshonra dfl su hij1\ que er11. su propia
Y echaron á andar en dirección á un Oolmado
deshonra.
-Y qué piensa usted hacer? le preguntó l\1a. próximo.
.Al viejo se le quedaban el olfato y el estómago
nnel.
en la cocina de La Pu-la; sabia que ~lanuel no le
-Irá su cnsn .....
-Dónde, si la tarjeta no tiene dirección? Y es convidaría á comerá lo si:1iol'itu, y se conform&lt;\
esta otra prutba d~ que Ros11rio es la querida de desde luego con lo que le brindara el revededor.
.Además, ya no tenia apetito, sino «necesidad&gt;.
algún se:ll.oritón.
Llegaron al r'olmado y Juan pidió dos tintas
-Pues esperaré al próximo domingo, y en lugnr de pedirle una limosna le echaré la mano en- un !JaneciUo y un chorizo; se vació de un trago
contenido de su cupa, y alargando la otra y losúcima y ya no se me escapará.
lido al pordiosero, le dijo:
-Ypiensa usted, don José, que Rosario vuelva
-Enjuáguese la boca con la mitad, viejo, y deje
á la miM de once después de lu tragedi1.1. de hoy? el resto para asentar.
-¡Es verdud! ...... pero qué h11go?
El padre de Rosario no lo hizo Rsf; tenía prisa
-Confíe en mi, yo bUEcaré la pista de su hija,
por llegar; se echó al coleto su tinta, y dando un
levantaré la cacería y usted hará lo demás.
bocado al pan y otro al chorizo, dijo A Manuel:
-En Lí confío Manuel.
-Andando! De aquí al teatro tengo con esta
-Trato hecho, pero dígame, viejo, qué piensa
mascada, una vez instalado acabaré con el 80 •
usted hacer con ese portnmonedns?
brante.
-Onardarle; de él no me pertenece sino el reY echaron A 1ondar hacia el teatro. Manuel, como
trato de Rosario.
«persona de la casa» no encontro ningún tropieManuel al formnlar su última pregunta fué con zo en todo el trnyecto, desde la puerta de entrala esperanza o.e que el viejo dividiE1r1t con él el da hasta la primera fila de la galería. A cada porcontenido del portamonedas. Visto que ese golpe tero y á cada empleado saludaba con frase distinle había salido falso, se contentó por el momento ta, pero todas muy expresivas, de confianza y de
con menos y esclnmó:
· carillo.

el

�fil;

-Ya estamos, dijo Manuel al llegaralsitiodonde tenia dispuesto 11comodar al mendlgo;siéntese
aquí, mi viejo, coloque sus muletas debajo delos
asientos, y á esperar! vuelvo en seguida.
-¿ Y si alguien ocupa los puestos a. mi lado?
Yo qllieru est«r en tu comp&gt;1nfajl
-Descuide usted, eso queda á. c111·go del aco•
modador.
.Al salir dijo Manue: unas cuantas palabras A
dicho empleado, de fijo en cumplimiento1Uoofrecido al viejo paralitico.
Este no pudo darse cuenta al principio del logar
donde se hallaba, pues las luces ae gas estaban
á esa hora ámenos de medio quem11dor. Notando
el mendigo que por mAs que contraía sus ya cansaaas pupilas apenas acertaba distinguir curvas
obscuras sobre un fondo claro, y arcadas á todos
1idos, se decidio á matar el tiempo comiéndose
los restos del panecillo y del chorizo, brindados
por Manuel.
Media hora después comenzó á llegar la conCUíTencia y el gas ~lumbró mejor la preciosa sala. Entonces el mendigo vióque aquelhts areadas
eran l11s tres filad de palcos; r las curvas obscuras, los bordes tlel roJo terciopelo de las bútacas
forradus en gris perla.. Poco á. poco aquel fondo
claro lué cubriéndose de manchas bnsta parecer
nn jardin animado. Los vivos colores de los trajes y sombreros femeniles dab1rn ese a~pecto al
teittro. Los palcos parecían can11stillas de !lores.
El contras1e lo formab,tn el n!'gro de los f'racs y
el bhnco irreprucba ble de las brillantes camisas.
Los abanicos en su ioce!;aute batir semejaban Jas
mariposas de aquel jardín.
Pocos minutos antes de levantarse la tela sintió
el viejo paralitico otro desvanecimiento, si no
igual al que le produjo el vaho de lacocioa de J,a
Perla, ~i de idénticos resultados. Al pobre viejo
lo asfixiaba el calor de las luces de gas, que su•
bia c.argad'1 con los penfltraotes perfllmes que se
desprendlan de palcos y butacas.
Volviendo A un la.do y otro la cabeza y echándose un poco de aire con la gorra, podía apenas
pasar; la impaciencia le bacía faltar t11rnbié11 la
respiriición; y por último, el ro.ido del cercano
cuchiclleo, las ris11s de 11.quí y de allA, el constante
entrar en los palcos, el trajín de los acomodadores y la animada conversación, acompall.ado todo
por el célebre sexteto, le iban embargando los
sentidos, junto con la pesada atmósftlra, alinfeliz
padre de Rosario. A.penas veía; de los sonidoa no
percibía con claridad ninguno; el olfato y aún el
gnsto los tenía sa.tu.rados de lilas, gardenias, violetas, roslls y claveles¡ tan solo 1~ quedaba un
sentido, el del tacto, y á. duras penas le bastaban
las manos para echarse aire con la gorra y para
aplllltalarse contra el ,·arandaje, de modo de no
ser aplastado por los que se le echaban encima
por rletrás.
De repente se hizo el silencio. En medio de aquel
bullicio se oyó sonar en el vestíbulo y en "el s,i,loncillo" el timbre que anuncia el próximo momento de levantarse el telón.
La fllita de ruido hizo tal efecto en el viejo, qu~
casi volvió en sí.
-¿Qué pasad.? se preguntab11, volviendo la
cabt:l!a á todos lados. Las luces de gas fueron un
tanto rebajadas en la sala para darmayorbrillantez á 'a escena. Al principio el mendigo se atemorizó con aquel agachamiento repentino de la

"EL MUNTlO fl,U!.TRADO"

luz, pero al con-erse la tela y distinguir el foco luminoso del escenario. aceptó la semioscuridad y
el silencio, sin dnrsc cuenta ni explicarse aquella
conformidad suya.
Comenzó el drama, y con él los signnsde11probación por parte del público, los aph1usos luego
y al final d&lt;?l primer acto la primera ovación al
autor de Lorura ó 1,a11tidad.
Apenas comenzado el segundo acto, y en medio d!'l religioso silencio eu que se oyen siempre
las terrorificas escenas que sólo Ecbegaray escri,
be, entró á la sala del t!atro una dHma elegantA•
mente vestida. A algunos molestó tan intempestiva entrada; A otros !ué indiferente, por cuanto
no les estorbaba seguir el curso de la represen•
tación, pero á todos llamó la at,,nción de una ú
otra manera. Ili\sta lo;; de las galerías I legaron á
not11r la aparición en la sala de lit retardad .. y
elegante dam11; y uno de los que más se fijó en
ella Cué el mendigo, porqu~ aquella. mujer era
Rosario.
Desde aquel momi,nto terminó p11ra el pobre
viejo la representación del drama. Todo se le iba
en meditar planes p11ra encontrarse aquella noche con su bija, sin que ésta pudiera escapársele.
de nuevo. Al lm parece que halló un medio de
lograr su objeto, por cuanto 111 concluirse el acto
segundo se levantó, diciendo á Manuel:
-Acompáll.ame, yo me voy, yo no entiendo
esto.
Manuel se vió precisado A ayudar A bajar al
paralitico. Una vez en In calle, díjole el mendigo:
-1\Ii bij-t está en eJ teatro, esta noche 'a he de
dar caz11¡ encontremos su coche, ra que lo conocemos¡ lo demás corr1, de mi cuenta.
Poco trabajo coscó ballar el cupé de Rosario.
-¿Qué piensa usted hacer, viejo?
-Pues entrarme en el coche y aguardar dentro á. que ella venga; dale tu conversación al cochero, mientras yo me entro aJ cupé.
A tuerza de mil trabajos pudo hacerlo; no porque el cochero no parecía muy dispuesto al 11oli'JU8 con el revendedor, 11ino porque la parálisis
no permitía al viejo despacharse pronto.
Terminó al cabo la represerna1.1ión, y comenzó
el desfile. El viejo, dentro del cocbe, sentía dos
ruidos, el de los a.plaa.sos en el teatro, porque la
concurrencia se despedía batiendo aún palmas al
autor, y el de su corazón, que latiafuertey apresuradamente. A poco comenzó la animación afuera: el acliós de la. gente satisfecha y alegre Uenó
la. calle junto con loe gritos de los muchachos
vendedores de periódicos y el vocear de los lacayos, y de otros que por g«narse un par de perros chicos ayutlab.m á aquellos á llamar á los
cocheros:
-¡Pepéeee!-¡El 4271-¡La Corl'espondencia!iBli!-¡Paco!-¡201!- ...... aquello era una algarabia!
Al lío sintió el viejo rodar el cupé donde se había instalado, y paso á paso, &amp;iguiendo su turno
en la cola formada, veía cómo se acercllba A la
puerta del teatro. Diez minuto:, mAs tarde se detuvo el cupé, y vió acercarse el mendigo á su hija, quien abriendo la portezuela dijo al cochero:
-¡A ea.sal
No bien había pronunciado tan corta frase,
cuando lanzó un grito de horríble angustia.
-¡Socorro! ¡al ladrón! 1que me asesinan!
Rosario no había entrado del todo en sa. coche,

FONDO
RICARDO COVARRUBJAS

pero como el viejo la bahía asido fuertemente del
traje, tampoco podía salirse del copé. En esa
angu~tiosa &amp;ituación la hallaron cuantos acudieron
á prestarle auxilio al oír sus gritos de socorro.
Rosario luchaba por desasirse de los brazos del
viejo, quien, con fuerza inusitada en él,lasujetaba.
fuertemente. Una pareja de la guardia se abrió
paso, y colocilndose aJ lado de las dos vent&gt;1nillas se dieron A inquil'ir la verdad del hecho.
-Este hombre me quiere matar, dijo Rosario.
-¡Es mi hija! gritó el paralítico.
-¡Mentira! repuso la inbmt-, libradme de él ..
Lapa reja del orden había logrado abrir la por•
tezuela que babia quedado líbrti, y sajetando uno
de los guardias al virjo y asiendo el otro A Rosario, logra:-oa también arrancarla de los brazos
del pobre padre; pero aún tuvo éste foerzas para soltarse de las nervudas y fuertes manos del
guardia, y enarbolando una de las muletas la
descargó sobre la cabeza de Rosorio ~\ tiempo
que era sacada del cupé, perdida la razón.
-¡Asesiool gritó uno de los curiosos.
El viejo fué fuertemente atado, porque no cesaba de debatirse y de descargar A todos lados
gdpes de muleta en medio de los gritos de:¡[nfamel ¡Ramera! ¡.E:sa es mi bija! ¡Maldita seal
El viej&lt;' filé llevado A Ja p,•f!t•enc'itm, donde se
Je registró escrupulosamente, encontrAndosele en
la faj,i, el portamonedas de Rosllrio, tal como ésta
se lo babia echado en la gorra 111 saJir dr misa.
-¡Asesinu y ladrón! exclamó el guardia y_ue
hizo el registro, mostrando á so superior el abierto portamoned11e lleno de dinero, y aun con el
retrato de Rosario.
-¡Es mi bija! ¡Es mi hija! ¡Esa es Rosario! repetía el viejo ya con apagada voz.
-¡J'us no dice que es su hij11, y la roba! exclamó el guardia gallego.
Alguien opioó allí que el pobre viejo era un
Joco. No pareció desc11bellada la idea y se lo
transladó A la Casa de Socorro más cercana, Allí
Iué reconocido en •principio,&gt; y como el infeliz
sólo exclamaba: ¡Es mi h(ia! ¡Es Rosario.' el médico declaró que, "por lo menos era un maniaco.
A Ja mallan/\ siguiente lué enviado á Carabanchel, al manicomio que t1n dicho pueblo, vecino
de Madrid, regentea el Dr. Esquerdo, y la prensa
madrileiia publicó la noticia así:
"L'n pobre loco, harapiento y paraHtico (hay
que fijuse en estos detalles) penetró anochtl en
el cupé de u11a entretenida, á quien se conoce en
ciertos círeu'os con el nombre de Blanca de Pe:iiam11r, y esperó allí la salid11. de ~ata que babia
ido al Espafiol al estreno del drama del insigne
autor de El 01·,m Galeoto. Aunque ~ólo puede
proba.rsele al infeliz que es un ladrón, por cuanto
se le enconn·ó en la faja el port •mr neda de la
entretenida, lleno de dinero, no p11rece que fuera
é1te sólo el móvil que lo indujera á. esperarla dentro del coche, pnesá los gritos de ella, acusándolo de asesino, el viejo le dió en mitad de la cabeza tan tremendo golpe con una de sus muletas
que le c11.usó una herida de pronóstico reservado.
El viejo, que protestaba y continua asegurando
ser el padre de su victima, ha sldo enviado A Carabanchel, do1,de el doctor ~squerdo se encargarA de hacerle variar de procedimiento en el
reconocimiento de sug hijos."

...... ' ................................... .
CARl,OS B.

FIOUEREDO.

'

'

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1899, Tomo 1, No 1, Enero 1</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Domtng;o

EL MUNDO

460

18 de

Die lembre de 1898

Por maltratos á mujeres.
Habla u·n periódico humorístico:
En Inglaterra existti una ley en donde están con•
· ·11lg'nádos los castigos que recibirá todo aquel que mal_trate á su esposa, por .-jemplo:
-Por 't irarle los platos á la cara, decirle improperios Y estrellarle un vaso en la cabeza, có.lez chelines•
-Por una bofetada en pleno rostro y un garrotazo
en las costilh1s, cquioce chelines ,
-Por magullarle un ojo, poniéndoselo como un to•
tt1atA y romperle la boca, cuna libra esterlina.,
-Por una paliza eu toda forma, cuna libra ester •
Por afianzarle los cabellos y arrastrarla como un
gato por la cola, cdos libras esterlinas.,
Por una patada, es d11cir, por una co11 que le rompe
algo, cdos libras esterlinas. ,
Por matarla á garrotazos, •diez libras esterlinas.•

,

NUESTROS GRABADOS.
FIG, 1.-TRAJl!l DE CASA,

I

De sar~a azul pálido formado de una falda plena y
Y una Jaquctte orlada de piel, en un frente de muy
buen gusto.

i~H.mrrmtu !h\ .!...:.\ =.1JI:1'J~I'.¡JJ!J;\
.;\l. rn~m;it riU:smr;1 rr DI u arru1Ju~1

FIG. 2 . -TRAJE DE CALLE.

De Sf!,rga de s~da muy fina, azul obscuro con un
entredod de terciopelo malva, ornada toda de bandas
de raso y guias.
3. -TRAJE DE

NUMERO ~6

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY

Una.,

FIG,

•

MEXICO, DTCll4 MBRE 25 Dlll 1898

TOMO II

CALLE:,

De lana yerde plata, formada de un j:tq11ecito y de
una falda Justa orlada de cintas de seda. Eu el cuer•
po un entredós de draperia con guias de terciopelo.
FiG.

4, -TRAJE DFl VISITA,

De satin amarillo plata, tallado en forma de bata
con grandes solapas ornadas de blonda y abiertas so·
brti una camisola de batista plissé.

FJg. 8-Traje de estacl6o, taotasia.
•··············································································································-

"'
*'*

¡Cuándo establecerán el divorcio absolutameoteldecia un marido.
-Entonces, -exclama lamujer,-me casaría de nue•
vo, y tú me echarla!\ de meno".
-No: quien me echarla de menos serla tu nuevo es•
poso.

FIGS. 5, 6 Y 7.
Damos con estos números dos modelos de toilettes
para niños, de última novedad y un sombrero de alta
novedad de fieltro, elegantemente caído á la izquierda y ornado á la dereclla de plumas, en coqueta combinación, encubriendo el peiuado.

FIG. 8.-TRAJJII Dlll ESTACIÓN, FANTASÍA.

Ea de paño malva, en forma de bata, formando dos
grandes volantes y fijado por dos i&gt;omnes fantasía á
la izquierda. Mangas drapeadas á grandes dibujos.
Solapas doublé de raso.
FIG 9,-TRAJJII DE PAÑO PARA CALLE.

Flg. 10. - Toilette elegante,

••*

Una joven agrasiada salti de un almacén de música
con una partitt1ra bajo el b~azo.
Se le acerca un pollJ y li, pregunta cortesmente,
-¿Canta u.sted, &amp;eñorita?
.
-Si. señor,-responde ella después ile un momento
de vacilación -¿Por qué es ¡,, pregunta?
-Porque tendrla mucho gusto en acompañarla.

1J110

.

de los a.reo11 trinnhdc·s á la entrada de la ciudad.
'

Es de paño azul turquesa, todo adornado de ban•
das paralelas de terciopelo. Cuerpo muy justo con solapas drapeadas de guipure. Plastrón de terciopelo
negro.
FIG. 10,-TOILETTE l!ILEGANTE.

Es una caorichosa combinación de paño ama, illo y
terciopelo. En el cuerpo blusa forma un corselete de
muy buen gusto y en la falda figura una sobre falda
fantasía.
/
FIG. 11,-TRAJlll DE TERTULIA. ,

Es una gran toilette alternada toda de blonda de
Br1;1selas y ~erciopelo parma á grandes bandas po!I•
terrores, de1ando un delantero muy angosto. Yockes
de blon~a, escote redondo orlado de cadeneta de 11 eda lo mismo que la falda.

.'

- - -- -- - - - - - - I' - - - - - -

OTRO PAGff.DE $8,316.50 DE ''LA MUTUA"
EN GUADALAJARA, JALISCO,
Timbres por valor de 8.3:.! cs. debidameute cancelados.
R&gt;1cibi de «The Mutual Life In1mrance Company of
New York• la suma de (88,316.liO) ocho mil tres•
cleotosdleclsels pesos, clncu,entac..nta.vos
plata mtlx1cana, ae,i: $5,000 suma asPgurada .Y :¡¡;3 a16',
50 cs., por devolución de los premios 11xi1ibidos, ea pag? total de cuauto~ derechos se derivan de la póliza
uumero 429133, baJo la cual y á mi favor estuve asegurado m1 fmado esposo

D. ALEJANDRO AGRAZ
Y. pa_ra la debida constancia en mi carácter de beneficiana, extiendo el presente recibo en la misma póliza
que se devuelve á la Compañia para su cancelación
en Guadalaj11r'l, Ji\ll~co ~.26 tlfl Noviembre de 1898.
Fm:iado.-Refuglo P. Vda. de A.graz. -Rúbrica.

FJg. 9. - Traje de paño para calle.

Un timbre de 50 cs. debidamente cancelado.
' Gi\b~rto. Gómez, ~~tario Supernumerario de esta
mumc1pahdad,. cert1f1co: que ta Sra R efugio Palomera de Agraz, firmó ante mi el ante·
rior recibo y le fué entregada la
cantidad que en él se expresa. Doy
fé. Guadalajara, Noviembre veiutiseis de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Gilberto G6mez. Rúbrica.
Flg. 11-'l'rale de tertulia.

Visita del Sr. Pr~hlente á. la Penitenciaría del Eiltado la mañana. del mart••~ 20- •lel nclnn.1
(F&lt;,to¡;rafws de D . Lagran:;e).

1

�l!;L MUNDO

4 62

LASEMANA
Cuando las generaciones que sucedan á los actuales pobladores de este nuestro pedazo de tierra libre americana, revisen el inventario de
nuestros mtdios materiales de comfort, la lista
un poco larga de aplicaciones científicas hoy en
uso, como al telégrafo, el teléfono, el alumbrado
eléctrico, y se enteren de que en los últimos
ailos del siglo XIX dominaban en las clases pensadoras de la sociedad mexicana los mismos
principios civiliz11dores y de alta moralidad que
form11n en el centro de las naciones europeas, el
crPdo filoeófico de un Spencer y de un Stuart
Mili, creerán que un insigne anacronismo de los
bistorió¡rrafos ha puesto por fecha la de Diciembre de 1898 y dió por teatro un lugar poco distanle de México, á lus salvajes acontecimientos
que el último domingo ensangrentaron la Plaza
de toros de San Bartolo Naucalpam.
Son de tal manen extrailos á las costumbres
y á las ideas de un pueblo en vías de civiliz11ción
los escandalosos 11lborotos y los crímenes perpetrados esa tarde, que con razón corre gil ían nuestros nietos la fecha, haciendo retroceder una centuria su lugar indicado en el tiempo, pues apenas
si cabe en la barbarie colonial con su aparato de
corte paralizada en el dogmatismo y la. rutina y
su pueblo ignorante, embrutecido por perenne
ayuno de ensefiauzas, sin procedimientos de trabajo ampliamente productivo ni relaciones con
los que podían ofrecerle elementos de lt:cha contra el error y el secreto para extraer los frutos de
la naturaleza.
Una multitud hambriente de goces sanguinarios sale semanariamente de nuestra capital para
olvidar la vida del bufete ó del taller y en lugar
apartado, emplea dos ó treS- horas, presenciando
con deleite de caníbal hambriento la agonía de los
animal, s más útiles y el peligro que corren esos
infelictis juglares que, excitados por los insultos
de la plebe, se burlan de la muerte cada cinco minutos.
Rugidos de fiera son los del toro que embiste
los del matador que no acierta á dar la estocada
final, y los del público, ebrio, loco de rabia y espantosamente cruel con el hombre qu~ lo divierte y con el animal que le sirve y le da alimento.
Un día la res no llena de condiciones para la
lidia: la empresa ha engailado al público y éste
protesta en la forma que da expresión á las iras
del niilo y del salvaje. El que no discierne un medio racional de reacción contra la causa de sus
desencantes, se ofllsca y destruye: el niilo rompe el juguete y el populacho, sin ponderación
moral. se amotina. Arranca furioso las tablas
nes de la plaza, hiere á los toreros, golpea á los
gendarmes que intentan imponer el orden y cuando ya ha olvidado todo respeto, se creería que
nada teme: suena una detonación, la sangre corre,
ruedan los heridos por el suelo y el pánico sucede
á los ímpetus del primer arrebato.
En los pueblos indígenas vecinos el «topil» con
su mosquete de chispa, es una supervivencia
detiempos lejanos como el arma que lleva al
hombro: no es «el centinela de la ley,» según
la frase moderna; es el. representante de la temida autoridad del cacique, cuyas órdenes no son
pri3ceptos legales sino amenazas y que se impone comouna coacción mecánica al indio que halla
la noción del deber, no en la conc:encia, sino en
el proyectil de una boca-n arta..
..
El «topil» desconoce los medios concihadores
y no sabe aplacar un tumulto sino á balazos; ante el pueblo que se i;'1subordina no es ca~a~ de
un razonamiento, m de un acto de habihdad:
disparar inconscientemente es su único procedimiento. Puesto que tiene un arma, cuando no es
obedecido mata; cree que esa es su consigna.

,.,,,

Los que en nombre de la belleza a1·tistica defienden las corridas de toros, protestan contra
el viejo tópico de la inmoralidad de ese eepectáculo.
Esos Osear Wilde repiten que el arte no es moral ni inmoral; es hermoso ó fe_o y es todo.
.
El arte? Sí, así lo llaman. Oigamos lo que dicen:
«El conjunto de espectadores, el panora1;'1a ale•
gre de trajes multicolores, el elegante ~mforme
de los toreros, el entusiasmo de la ~ultitud, los
acordes de la música, dan á las corridas e~ a~pecto determinante y principal de un esparc11mento

Domingo 25 de Dicltimbre de

1~

campo i su actividad y, 11uiadas por un sentimiento aventurero. con sus pertiles caballerescos y sus
reflejos cristianos, intentaron buscar nuevos súbditos á la Cruz evtre los habitantes del mundo qneacababa de descubrir el genio de Colón.
Y allá van, empujadas por la ambición de muchos y el e: píritu a venturero de la época, las frágiles carabelas euderez11.ndo su proa hacia las costas.
americanas. Lo3 Diego Velázquez. Hernán Cortés,
Alvarez uel Cabral, Núilez de Balboa y Pizarro
extienden los dominios de la corona espailola portodo el territorio conocido de la joven América.
Vasco de Gl:lma, predecesor del ilustre genovés~
había enconti-ado el camino de las Indias, doblando el Cabo de las Tormentas. Allá se lanzan Elcano y Magal!anes, y al mediar el siglo XVI pudo
exclamar d adusto Felipe II: «El Sol no se pone
en mis dominios!»
Portugal, Sicilia, la Italia Superior, los Países.
Bajos, el Franco Condado, las Baleares, formaban
el patrimonio de Esvaila en el continente europeo.
A pesar de la línea trazada en nombre de Dios
por Alejandro VI, sometido el Portugal á la corona de Cilst1lla, sus dominios en América se extendían desde las playas del Seno Mexicano y lascostas de la Florida, hasta las tierras fértiles de
los indomables araucanos. Las costas orientales.
de Aftica, los archipiélagos meridionales de Asia,
las numerosas isl:,s pobladas por tribus malayas,
las colonias múltiples de la India, fundadas por
lil actividact y el genio lusitanos, todo lo que había pertenecido á .Portugal, iba después cay~ndoá pedNzo~, del poder del adusto soberan:&gt;, que
dejaba como monumento de su grandeza, el mo/IW
nasterio del Escorial, en cuyos claustros somLas últimas enseilanzas del siglo son no para bríos y galerías solitarias, parece vagar todavía.
un pueblo sólo, son para una raza, para un siste- la sombra de aquel Rey que, según la expresión
ma. Tanto tenemos que apreciarlas y compren- del poeta, fué
Aguila que. vivió como un gusano,
der su honda significación, los de acá como los
:Mo11a1·ca que mi¿rió como un mendigo!
de allá: por eso á todos los que hablan lengua castellana se dirige el novel académico Fernández
Flores en su discurso inaugural.
***
Pocas veces había escuchado el mundo casteCuando se contempla este poderoso imperio
llano palabras tan sinceras y tan impregnadas en
colonial, en el pináculo de la grandeza guerrera
la realidad histórica. No es un académico según
el viejo concepto, es decir un hombre de biblio- espailola, cuesta trabajo creer cómo han bastadosólo tres siglos p11ra desmoronar ese grandíosotecas, un monomaniaco de palabras, el que ha
edificio, que parecía construido sobre fandamen•
hablado en la Espailola; es un hombre, un obsertos inamovibles de granito.
vador que vive-en su tiempo, que conoce su caEs preciso estudiar el genio castellano encar•
sa, su país, su siglo, que como periodista y á fuernado en los prohombres que han dirigido el goza de contar sucesos y estudiarlos para contarlos
bien y exactamente, no se preocupa sino de la bierno de la metropoli, es necesario analizar el
exactitud y ama por eso la verdad, con un amor espír_itu m~dioeval, refractario á todos los progrede profesional, al que no ponen trabas ni el con- ª?ª! mflexible _á todas las evoluciones que ha prevencionalismo cortesano, ni la meticulosidad del sidido los destmos de Espaila, lo mismo bajo la
dinastía de lasAustrfos, bajo el reinado delosBorhablista, ni los intereses de partido.
bones,
que bajo el imperio de las ideas modernas
Ha dicho y es preciso repetir, aprender de me•
y
aún
en
~edio de las ~.ismas revoluciones qu;
moría, meditar eso que él dice: "¡Hay que cree1·!
~an
sacudido
el suelo hispano en los tiempos úl¡Pero creer es amar y no se ama dos veces lo
timos.
mismo!
Nunca pensaron los reyes de Castilla constiLos ideales del siglc XVI r.o podrán reilir batallas y ganarlas en el siglo XX! Procuremos de- tuir en los pueblos conquistados organizaciones
sembarazarnos de los dos verdaderos obstáculos políticas_ que se ~s_imilaran á la metrvpoli; guiatradicionales que nos cierran el camino: la Igno- dos por ideas rehgiosae, alucinados por el espírancia, mujer beoda, que se despereza tendida al ritu guerrero, ebrios _de su grandeza y orgullosos
sol, y el Orgullo, magnate harap!ento, sentado de su suprema autoridad, por todas partes levanjunto á ella en caído pedestal y que se cree gran- t~ban cong_regaciones de súbditos, nunca agrupaciones de ciudadanos. Engreídos los hijos del país
de porque se mide por au sombra!"
conquistador
con las ideas caballerescas, desdeDICK.
fiaron sfompre toda actividad que no fuera la militar, despreciaron como indigno de su grandeza todo ejercicio que no fuera el de las armas, y
la Corona, el clero la nobleza las ciencia~ las
artes vivieron siempre con l~s productos d~ las
RESUMEN.-UN POCO DE HISTORIA.-CvNSTITU· colonias. Ríos de oro y plata corrían del Nuevo
CIÓN DE LA NACIONALIDAD ESPAÑOLA.-LAS CON- al Viejo Mundo, sirviendo de puente las naves esQUISTAS Y LOS DESOUBRIMIENTOS.-EL IMPERIO p~ilolas; pero como Espaila nunca quiso ser naCOLONIAL DE FELIPE Il.-«EL SOL NO SE PONE c~ón productora, nunca quiso buscar en sus coloEL MIS DOMINIOS. »-INTEGRACIÓN POR LA FUER- mas mercados á su producción,ni pretendió ligarse
ZA Y DESINTEGRACIÓN POR LA NECESIDAD. con _ot:o sistema de comercio que no fuera el exTRISTE É INUTIL EXPERIENOIA.- LA GUERRA DE clusiv1_smo en f~vor ~e la metrópoli, el centro deCUBA.-LA GUERRA HISPANO··AMERiOANA.-EL aquel rnmenso impenú colonial, sólo er.i. el conTRATADO DE PARÍS.-POltVENIR DE LOS TERRI- ducto para que aquellas riquezas se derramaran
TORIOS CEDIDOS Ó ABANDONADOS POR ESPAÑA. por Europa, y sólo qu~daran salpicaduras de oro
PUERTO Rrco, CUBA Y FILIPINAS. - EL ÁGUILA DE y pedreria en los pórticos de sus inmensas cateWASHINGTON.-CONOLUSIÓN.
drales ó en los claustros de sus innúmeros conDespués de ocho siglos de lucha en la tremenda ventos.
epopeya de la reconquista, cu11ndo las huestes de
Para m~ntener sometido el dilatado imperio,
Isabel la Católica clavaron el estandarte de la nunca pudieron los reyes de Espaila envainar la
~ruz sobre los minaretes I?uslímicos de la impe• espada ~i cecrar el templo de la guerra. Difícil
nal Granada, quedó constituida una y fuerte la era acud1~ á ~ofocar las insurrecciones que estanación espailola. Las fuerzas vivas del país que llaron áraizmismade las conquistas; vanos los ess~habíane°:1pleado en recobrar palmo á pal~o las fuerzos del Du9-ue _de Alva que Quiso ahogar en
tierras dommadas por los abencerrajes, buscaron sangre llAs aspiraciones de los Países Bajos. Se

gracioso, con esa gracia á la que Spencer llama
disimulo de la fuerza» . ...
Esparcimientos graciosos los ahullidos de la
plebe, las palabrotas de los charros, las riilas entre pelados y gachupines: ¿no es esto colmar la
medida?
Disimulo de la fuerza el golpe del craneo del
picador en las tablas de la valla, la ancha herida
dol caballo y su muerte con las entrailas destro·
zadas, las banderillas de fuego, los espasmos agónicos de la res ..... .
Es muy vieja, centenaria, la declamación contra las cor1 idas de toros; la llaman cursi los que
niegan que ese espectáculo es cruel, sangriento
y estúpido. Muy traídos y llevados han sido los
mismo¡; 11rgumentos contra el toreo; pero no es
la culpa de los que predican sobre un mismo tema desde hace siglos, sino del estado social que
hace mc~sario repetir mil veces el mismo sermón.
No eS lo chocante que aun haya quien insista
en censurar, sino qué aún baya quien aplauda;
quien llame maestros y artisti1s á esos tonsurados de coleta, producto del vicio, de la degradación, de la ignorancia, de la miseria y
de la holgazanería; que aún se diga de un toro:
«ese apenas serviría para el arado,» como si la
última aplicación de un animal fuera para un fin
útil, la más despreciable, y la primera, ese esparcimiento gracioso que más que por la sangre,
que por la brutalidad material de la lidia, es inmoral por el salvajismo que nivela á los espectadores haciendo de un pueblo una chusma desordenada y soez.

_________________
,

~tJlitita Oirnrral.

Domingo 25 de Diciembre de 1~8

EL MUNDO

desgran~ primero_ Holanda_, se seg'"ega Portugal empollar en ese caliente nido el aguilucho de la
con sus ricas colomas;trabaJosamentesemantienen República Cubana.
los dominios de Italia bajo la tutela nominal de
En Filipinas ha~ más labor. Allí hay agrupalos Borbones; piérdese toda esperanza de reco• ciones de distinto género, allí hay tradiciones sebrar el trono de Carlos V, que tenía un piésot&gt;re culares de dominios teocráticos, juntamente con
Alemania y otro sobre lite columnas de Hércu- las explosiones sangrientas de pueblos semi-bárles, y el mismo territorio espaftol mira con pena baros; allí hay ciudades organizadas en cierto
clavado el pabellón inglés sobre el peMn de Gi- modo á la europea, y '\duares levantados como
braltar.
en las épocas del hombre primitivo; allí hay manifestaciones de la moderna cultura y erupciones
*
**
bárbaras del período paleolítico; hay moros, taCUando los puritanos de P .msylvania y de Vir- galos, malayos, negros, mestizos y espailoles;
gi»ia dan el grito de independencia y pretenden hay un montón de aspiraciones informes, rugiconstitur una nul va nacionalidad, soberana y li· dos de ambiciones sin nombre, Javas candentes
bre de la tutela británica, allá acude Espaila en de pasiones no domadas, y con virtudes y
favor de los rebeldes; cierra sus oídos el Sobera- vicios en abierta pugna, con cualidades y defecno á las sabias sugestiones del Conde deAranda. tos que corresponden á las distintas entidades
Y cuando los pueblos latino-americanos quieren étnicas lJ.Ue pueblan el vasto archipiél11go, mu•
imitará los anglo-sajones del Norte, no hay quien che tendrán que hacer los americanos antes de
hable en tierra espailola de conceder la indepen• · constituir en aquellos dominíos una colonia, un tecía á las nacionalidades que se bosquejan en la rritorio, un protectorado digno de la civilización
libre tierra americana: los Calleja y los Morillo, republicana.
esgrimen su espada sangrienia, levantan patíbuProbablemente primero se dedicarán á sugetar
los en Chihuahua y en Ecatepec, entran á fuego y pacificar las islas de Luzón y Mindanao, á cony sangre en Ayacucho, y sólo cuando cae venci- venct&gt;r á los jefes y caudillos dela última revueldo el ejército castellano en Junin y Carabobo, ta, de su inhabilidad para gobernarse por sí mis•
ó domeilado en Iguala, rn resigna á perder sus mos; se derramarán por el país misioneros laicos
dilatados dominios. Se resigna, decimos, porque y seglares, como apóstoles de la Buena Nueva; y
la independencia de la América Latina fué con• si el comercio, la industria, las artes, la riqueza
quistada á fuego y sangre, nunca concedida. La y c:l bienestar no bastaran á la pacificación, ahí
desautorización de los tratados de Córdoba, que quedan los Dewey y los Ottis para convencer á
firmó el Virrey O'Donojú, la desgraciada ex- los rebeldes con el supremo argumento: lafuerpedición de Barradas para la reconquista de Mé- za de las armas.
xico, y la tardanza en reconocer los gobiernos
X. X. X.
constituidos desde Anahuac hasta el Plata, nos
Diciembre 23 de 1898.
indican de una manera evidente cuán dificil fué
esa resignación;

*

**
TaIJtos florones arrancados, tantas enseilanzas
de la historia fueron vanas: la insurrección de
Cuba.. no fué atendida., las aspiraciones á la independencia no fueron es~ucbadas. Después del grito de Yara, que ocasionó la guerra de diez ailos,
vino la proclamación de Baire, que no pudiendo
ser sofocada por Martínez Campos que firmó las
promesas del Zanjón, ni por Weyler que quiso
contestar á la guerra con la guerra, ha dado oca.eión á la pérdida completa de aquel imperio coloniwl que hizo exclamar A Felipe II: «El sol no se .
pone en mis dominios.»
Ya se ha firmado el tratado de paz en París.
Para que quede sancionado el aniqui:amiento de
ese imperio colonial, sólo falta la ratificación del
Senado americano y la aquiescencia de las Cortes
espailolas. Háblase de seria oposición, por parte
de ciertos senadores, á la expansión territorial y
á. lo que se ha dado en llamar el imperialismo militar. Débil será ante las compactas mayorías de
que dispone McKinley después de las últimas
elecciones; débil será también ante el deslumbramiento que ejerce sobre un pueblo joven el
esplendor de sus recientes conquistas.

EL PERIODISMO

SEOUN UN PER.IOD/STA AC,WEMICO.
(De un discurso pronunciado en ia Academia Espaliola.1

El periodista no e¡¡ más bueno ni mis malo que su
tiempo, ni que sus conciudadanos; por más que se
diga, él no ha hecho e1 siglo, es el siglo quien le ha he•
cho á él. Lo que hay es que la letra de imprenta grita
más que una. garganta y hace más sangre que un puñal; que el periodista mete la reticencia injuriosa, la
frase obscena, el comentario irreligioso en máquinas
de 50.000 ejemplares por hora; y la injuria, y la frase,
y el comentario procrean infiuitament-.,; y son turbión,
nube, plaga. El periodista es una figura en cien mil
espejos, un cuerpo con cien mil sombras; una persona
que se desdobla en cien mil. Sus tendenciall en lite•
ratura, en arte, respecto de los hombrea y de las co•
sas, vuelan muy altas sobre el mundo intelectual de
la Inmensa mayoría de eue lectores, aqul, dunde el saber leer ee ya una aristocracia. Y, estas tendencias,
si de algo pecan, es de ser sobrado espirituales; en·
ttondiendo por esto únicemeute ser muy modernas.
El periodista es hombre nuevo, buscador de noveda•
des, cree en la novedad; y, en cada cuartilla nos hace
una. revelación y en cada temporada descubre un genio. El autor, el libro, el cuadro, el cárnico, la primadonna del dia, eso es lo bueno para él: como ellos no
exist•eron otros, nunca jamás. Susarticu1os,eus cuentos, sus crónicas, sus criticas, no son el alimento que
corresponde al vientre de las multitudes y el que ellas
desean y piden; y puede decirse de los periódicoH
que sirven platos más delicados que el paladar! . . .. . .
Bien lo Silbéis vosotros; pues en los números de gala
***
que imprime su noble vanidad, figuráis no pocas vePero si el tratado de París, como es de presu- ces, y esparcís por toda España joyas y flora"! Las
mirse, no sufre ninguna alteración en el Senado, tendencias del redac,or literario al uso, son ª"anzadigrande y delicada es la tarea que tiene que cum- simas: ya no es burgués, sino anarquista. Tanto es
plir el gobierno de Washington. Puerto Rico no &amp;Pi, que yo soy un periodista viejo, no sólo por mis
años, sino por mis ideas ...... D.ntro de la literatura
• ofrecerá, probablemente, ningunas dificultades; periodística soy un solitario. Ni me asombra Zola, ni
se organizará en territorio como las islasHawaii, me conturba Ibeen, ni me ciegan los fulgores de otras
·
y mal que vese á las naciones comerciales, se es- últimas constelaciones.
-Ni, cuando escribo, me pierdo en consideraciones
tablecerán las tarifas proteccionistas de McKinretóricas sobre la moral en el arte ni sobre el arte por
ley, reformadas por Dingley.
si mismo; temas favoritos de los críticos modernos•..
Después de la promesa solemne del Presidente Literariamente, para mi la novedad es el pasado: mi
de los Estados Unidos en su último mensaje, hay moral es no tenerla; lo que á mi me gusta me pareque esperar h constitución de Cuba independien- ce siempre moral.-Y, respecto de los moldes nue•
....... .
te. Pero antes de que se establezca el gobierno vos¡Loe
moldes nuevos se suelen comprar en el Ra~tro,
cubano ¡cuántos obstáculos que vencer, cuántas y los asuntas fin de siglo son oro antiguo que se pladificult~des que allanar! Por atavismo y por he- tea! Dafnis y Cloe andan por ahi, en las ediciones de
rencia, por condiciones de raza y de clima, el pue- tres francos cincuenta con zapatos de ju¡?ar al tennis
el uno, y con sombrero Niniche, la otra. Ofella ha to•
blo de Cuba es inquieto y descontentadizo: ¿ha- mado ya más chocolates en el retiro que deshojó flo•
bremos de presenciar en esos campos que ha ta• res en su jardin de Dinamarca; y Hamlet reaparece
lado la guerra las escenas sangrientas de las dis• en todas las naciones civilizadas, á fines de invierno,
cordias interiores, patrimonio común de los pue- con una regularidad digna de un recaudador de contribuciones. Esto es en la alta novela; lectura de dablos latino-americanos? ¿No aparecerán la gan- mas que cortan las hojas con el impertinente y de ingrena del caudillaje, la polilla del cacica~go, las telectuales de club. que las rasgan alzando el pié y
manifestaciones morbosas de los pueblos Jóvenes metiendo la bota; pues si considero la de folletín ó pu•
pular, prefiero á la epopeya del agente de policía y al
que no saben hacer us_o de su lib~rtad? ¡Q~ién millonario
hecho Dios. aquellos otros delirios que se
sabe! Pero mientras existan esos smtomas, mien- llaman por ejemplo Los Mosqueteros, donde la gente
tras todos los que han rendido culto en la mani- se riza los bigotes con la espada y puntúa las misivas
gua á la Estrella Solitaria, no entren de lleno por á pistoletazos, pero que son libros de sinceridad; disparates vividos, como ahora se dice; y en loe cuales
el sendero de la paz y del trabajo, y apliquen to- hay-ambieBt&amp;de-ju\tellÍJld,
virilidad épica; impetu dti
das las energías de que dieron muestra durante vida. ¡Más me agrada soñar con caballeros de la Ta•
la guerra, á la gran obra de constituir una patria, bla Redonda, que roncar con golfos ó ratasl Para mi,
allí quedarán las guarnici_ones america~as, allí en literatura sólo hily que hacer dos cosas, hacer bien
quedará el águila de Washmgton, á ver si puede lo que está uial hecho y hacer mejor lo que está he-

463
cho bien. Como vela, mi espiritu no es el espíritu del
periodismo corriente. Mas aunque fuesen indiscutibles est11s afirmaciones miB.B no le debedan ser dichas
al público, que vive de ilusiones y de espe1anzas y
que necesita diariamente refrescar su cerebro y su
corazón. Habría f:!.Ue cerrar las librerías, habria que
fundar asilos para los novelistas y poetas. Los nuevos
moldes. las nuevas escuelas, cumplen, después de todo. una misión, continúan la vida material de sus in•
ventoros y prosélitos y la vía láetea del pensamiento.
-"A estas pildoras las llamo patrióticas. decía el farmacéutico, para su más fácil despacho II Y á ciertas
obras selasrotulanaturalistas, para que pueda creerlas apoteosis de la civilización el buen burgués. No
es.esto decir que nada quedará delos millones de libros
arrojados por las prensas y elogiados por los periódicos. Tal vez quede alguna ob,a. Alguna que nosotros
habremos leh.!o sin enterarnos de ella!
Algo que quede! Este es el BU'lño. el ideal, la gloria
del literato, y, por desgracia, 111 desconsuelo del periodista Los libros van á las bibliotecas, los periódicos á las tiendas de ultramarinos. Transfórmanse en
cucuruchos l~e más Ingeniosas improvisaciones del
redactor de hojas públicas, y luego van al montón de
la calle, al cesto del trapero y al cementerio de los ha•
rapos: todo apenas en veinticuatro horas Bien mirado novelistas, dramáticos, poetas. . . . . . corren igual
suerte. Nada perdura: todo pasa. Han aido agotados
mare~ de tinta en dibujer iipos, en describir costumbres, en personificar ideas, en crear perfeccionados
mundos ...... y la tinta que aún permanece húmeda
sobre el papel cabrá en un mediano tintero! De nuestro gran teatro no ha quedado, tal vez. para el espectador exigente, y no literato, más que una obra de
acentuación y espiritu modern,,s: El Alcalde de Zalaniea. Otras vemos repre11entadas, de otros hidalgos
de la Poesia; pero no lndiPcutidas, y el publico las ve
y oye con atención tan inquieta, que no resiste ni al
airH de 1011 abanicos.
El Alcalde de Zalamea fué un aleteo del genio de
Calderón, en el cual salvó de un arrane.ue tres siglos
del porvenir. Yo he visto representar este drama, hace muchos años, en función inaugural de temporada,
de tal modo, que no hay estrella de mayor fulgor en
el cielo de mte recuerdos. Yo he visto un Pedro Crespo, que se llamaba Valero; un Don Lope de Figueroa,
nombrado JuliAn Rom&lt;1a. y una Isabel dicha por excelente decir, La Teodora. Y los demá::i actores eran
de este fuste-en la r11lación gerárquica de sus papelf's-eran Mariano Fernández, gracioso noble cuando él quería, y la Rijosa y Zamora y MJrales. ¡Brillen
aqui sus nombren, por esto sólo, como cu actores
eximios! Y en la novela, ¿cuáles tenemos que hayan
impuesto á todos los siglos y á todos los gustos? 1La
del manco ilustre! Y las obras que quedan no sólo aon
escasas sino que sus autores no pudieron anticicipar•
se, para ellos mismos, el goce de la inmortalidad deseada. Acaso Calderón, en su Alcalde. pensó no más
que en protestar contra las demas!as de aquellos tercios del Rey católico de los cuales decia :Melo: «Que
eran azote de los lugar Je violentando las leyes del
agasaJo; que hasta osaban desmentir la miEma cortesía de la naturaleza y fulminaban ferozmente contra
la honra del que los sustentaba y s11rvia,; y no pudo
imaginar que alzaba un himno profético: un canto á
la dignidaa del hombre, al respeto d~ la mujer, á la
personalidad humanal Y acaso Cervantes, en las aveRturas de su heroe de lanza en astillero, enjuto de ro1tro, gran mad!ugador y amigo de la caza, quiso escribir únicamente algunas páginas de entretenimiento y agotar los caudales de la risa. ¡La voluntad,
h"lmbra ea, pero no es fecunda.si nosedesposaconese
misterioso ser que se llama el acierto! La Nat.iraleza
produce en lo obscuro. ¿Es que quiere producir, ni
sabe qué produce el Jiamante?- «La inspiración ea el
trabajo, ha dicho no sé quién, ......¡Trabajemos, pues,
todos; trabajemos siempre! ¡.Abramos surcos y arrojemos semillas l. ..... A lo mejor sobre las espigas del
centeno descuella, luminosa, extrañísima flor!
Ni concluye aqui 111, · tristeza del periodista, ni ésta
es la única despedida que debe de dar á cuanto él
crea y confecciona. Porque al fin, el poeta, el litera.•
to, el sabio, e! ignorante, al escriben ó imprimen, lo
que escriban ó impriman será suyo y representará
para ellos, no sólo reputación, &amp;ino dinero. No asi
.el trabajo del periodista: es de todos. El lo da. otros
lo utilizan, lo reproducen-y, tal vez I,, firman y lo
venden -No le amparan todavía las leyes.-En les
Congresos de la prensa 11e ha tratado de este asunto
y se ha propuesto algo. La propiedad intelectual ha
sido desconocida primero y ha parecido luego discutible. Las letras, ee dijo, son una religión y los literatos sus sacerdotes. Todavía se cree por al~uno que
no se debiera cobrar ni los poemas DI las misas. ¡Afirmación gallarda y diabólica. gran receta contra los
poeti&amp;s y los curas! No falta boh'lmio de café que se
arroje y diga, levantando su copa de coñac: «¡Noeotros somos astro(y nuestra luz debe esparcirse como
la del sol! ¡Nuestra· profesión, por ser tan gloriosa,
nos impone sacrificios; como se los imfone ar militar
la disciplina y la Iglesia al clérigo y a fraile; que no
pueden amar con amor de hombres• (Miserable escritor el q,ue va contando las perras grandeé!, ó las pesetas, ó los duros que le valdrán las lineas de su prosa!
Que no podais decir. de un poeta:-¡Es el mejor ....
pm·que es el más caro! ¡El genio preferirá siempre ser
Cervantes á ser Rostcbildl" Bien dicho está; pero me•
jor serla fundir con Rostchild y Cervantes una sola figura. Esto desea lajuPticla dela!glo:y,á la verelad,que
los versos d11 Victor Rugo no sonaban menos blen en
losoidos de loe franceses, porque cada una de sus letras reprl.'sentase un luis y cada estrofa un billete de
Banco. Dos de las pocas obras que han resistido á la
critica y revivido en las generaciones, Gil Blas v Ma•
non Lescaut, fueron escritas por encargo del librno.
Y Walier Scott y Lamartlne han encontrado inspira•
clones, no ya!en la esperanza-de una fortuna, sino ar.te
los paquetes de pagaré. de sus despilfarros. El h11mbre es aconsejadora del.trabajo y mi.dre fecunda por

�464

Domingo 25 de Diciembre de 18!18.

ff,L MtTNllO

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY
(F ,tografíos de D . L agrange.-Monterrey.)

Domtngo 25 de Diciembre de 1898

465

EL MUNDO

·!¡
1
1

•··

Monterrf&gt;y. -La Penitenciaria del Estado.

LO.;¡ ARCO~ TRIUNFA.LE!!iJ

Plaza del 5 ,le Hayo

Calle del Comercio.

()alle de lVm,hington.

En la Alameda qua lleva el nombre de nuestro Pretroe rE&gt;presentantes en MontArrPy, A•l como á h de
nuestro colaborador i.,ti,tico, podemo~ publicar en sidento, habla do11 11rco11 de f'Xq1,1,1to gueto y un mo1,umento de pleura P.D cu_vo ci,ntro un.. e.tatua de la
este número.
~l lun.es 19 á las tres de 1&amp; tarde llegó el Sr Presi- Gloria ostenta el r ..tratO dl'l Sr Gl'nl'nl Diaz.
El tra.vecto de la estacióu 11: la CR11a df'l Gooernadnr,
dente á Monterrey, deteníendose Pr -trt-1n e11peciar en
que hizo el viaje, ea la Edtación d ·1 E~rMcarril del fué una continua ovación par• el Sr. Prei!ldAntP.; &lt;le
-Golfo. Otro tren especial habla 11alido para encontrar todos los balco11PM y 11zotea~ llovían fl r reR A su paso,
al ilustre viajero, conduciendo al Sr Gobernador d" y PI put1blo lo ada,nH ba con ,,!vo l'nt.i1Pi8~mo.
Ya ttn ~u alojamit&gt;1,to. ■ alió a. los balcnneP dP la ca•
Nuevo León, á )011·sre~. Generel~s d11 uivisión Gl'rÓ·
nimo Tcevldo y Francisco Naranjo, al Sr Liceuciltdo, ea cou 111.11 di, t 1ugu idas pn1!011a8que lo acompañaban
-General Don Lázaro Garza Avala, al Gllneral Don
Pomposo del Campillo, al Sr Oi&gt;n Antonio V. HPr
nández, Gerente del Banco de Nu..vo León; al Sr.
Don Francisco ArmP.ndariz y M A. Monnom Gerente
del Ferrocarrfl del Golfo, quienes fueron á recibir al
Sr. Presidente á los limites del Ei1t-tdo.
El Secretario del Gobierno,los miembros del Poder
Judicial y de la Ll'gislatura, 10s empleadod foderalea,
la comisión de obdequio r un g1mtto inmenso, llenaban la. Estación, cuaudo se anunció lall!lgada del tren
pr11sidencial
Dado el punto de atención, la batería hizo una ell.l·
-va de veintiún cañonazo,¡, las campanas de la ciudad
se echaron á vuelo y todos los espectadores vi&amp;orl'aron al Sr. Presidente de la República. Ocupados los
coches por la comi&amp;iva, atravel!Ó édt&amp; la ciudad hasta llegar al alojami,mto deritin 1do a, Sr. General Diaz
en la casa particular del Gobernador del Estado.
La ciudad se babia engalanado de una manera vis·
-toeisima: no habia casa por humilde y ap1utada que
iuese en donde no lucieran los adorno¡¡ que indicaban
el júbilo cen que los bab'.tantes de Mont ..rrey redbieron la visita del Prim.ir ~.1.gistrado de la Nación.
En todas las callea que recorrió la comitiva había
~reos triunfales: en la Calzada de la Unión, á la entrada de la ciudad, dos de 6Ptilo azteca, el primero de
ellos con esta inscripción: «Menterrey da la bienvemda al insigne Presidente de 111 R8pública; en todos los
demás, las inscripciones glorift ,·abim los ht'chos memorables de la bi:itoria militar y polítictt. del Sr. General lJiaz.

.,,

,~

,:

nistración de Corrl'os, Palacio Municipal, Eecuela de
J urieprudl'ncia. Pal11cio dl'l GobiPr110 Pn construcción la Penitenciaria y I') HoPpital González.
uel .. dificio de la Penitenda1la damos una vista ge ·
neral :v otra en el momento en que concluyó la visita
el 8r. Prl'sidl'ntt1 v se d:ri¡zió al co• he.
ERIA Fitu,ula cPrca de la bermoslsima Alaml'da Porfirio Dlaz. En 1'1 frl'nte f'Ftán los juz¡zados de lo Civil
y d11 lo C.·imin11I y l'n el pteoPUpl'rior las ealas del Supi,ri&lt;ir Tribunal de Jmticla dl'I Estado.
Lu prisión ti11nl' 2::s6 celdillas rl'partidas l'n siete
grnpos cnnvergemes l'lltre los cuales hay patios con
local amplio para los tallne~ de carpintería, cordelería, zapatl'riR y dl'más l'D que trab11jan los presos.
Admini,tración. cunpo de guardia, bados, cocinas,
Ptc; todo l'Ptá arrP¡zl11do convenlE&gt;ntemente. La coni.•
trncrlón de este ebtablecimiento penitenciario coetó
$223 000.

***
P"r la prl'mura del tiPmpo no publicamos hoy una
vista dt&lt;l b11nqu .. te con qu11 se obsequió al Sr. General Diaz "' miFmo dia 20 en que hizo la visita a los
edificios públicoP.
Sólo nos fné posible obtent1r para este número las
fotogrsfíae que rl'pre,entan el lugar de ese banque•
te, con las mt'BR s y" diPpuestas y el arreglo difinitlvo
momentos antes de que loe invitados ocuparan las
Illl'RIIS,
Ya hPmOR descrito el Teatro Juárez en otra ocaPión dl'd1cando un núml'ro de nue,tro semanario á la
inRuguración de 1'1\f' edificio.
Por la II pariencia di, la Rala convertida t.n comedor
podrán apreciar nu,.st, os lPctores las buenas condiciones qne rl'une el local para un festín como el que
a llí S I' dió " " honn r di'! Sr. Prebidente val mismo tiempo advnti rán .-1 bncn g u- to, la sencillez y armonia
del sdurno y la di~poo1ción en que ee colocaron las
meeae.

,.

l'tlon1nnenCo t&gt;ri¡:-idn al Sr. Presidente
.... la Alanwda,

A reo de Ja Paz

("JI

la Pinza D.-gollado.

para preseuc1ar t1l liesf1le a e UU;&lt; prOCt'blÓ u inmensa
que for maron 1rna descubierta de caballeria, la banda de Estado Mayor, los alumnos del Colegio dl'l Estado, de las 13scuelae dA Juri sprud'e ncia, Muni&lt;&gt;i pales y partlcu lares, miembros de la Academia de P rofeso rt'S alumno'\ de la Escuel11. de la Asunción, ohreroe de diversas agrupaciOJlPII mutualistas. más de mil
socios del drculo polltico Unión y Progreso l'mpll'adoe federales y del Estado, agrupaciones masómcae,
comisionados &lt;le laR c0lonias t'XtranjPras. etc.
En la casa del Gobernador del Estad&lt;', adorn ad a
con sobriedad y gueto, el Sedor Gen,,ral lJlaz v algunas de la.a personas que lo ac&lt;impadaban, veian pasar
la procesión.

A reo_dd trabajo en la Plaza Degollado

----------------- ------------esto;.más sus hijos PHl'lfm sn ra1nftfcos ... El Quijote
no hubiera p••r&lt;li&lt;io niull\ a110qu~ c ..rvantes. our1 Pegún Narei•&lt;• Snr11 'TIOcen,ba hubieeA c1mado Desde
que Alfonso Karr for ,11u,ó su célt1hre frase: «La pro•
pied~d intl'l .. ,1·1nl 0 • nna propi11rlad,• las le,rae han
qmmdo Per burguesa., y lo hRn sirio.
E'! el plagio, .... .,¡ litl'rato. d111ito vergonzoso: en el
periodi~ta. excusabll'; 11qul'l 11labora. é~te t1scrib e al
minuto. Y es dP. itctvertir que •·l plagio no da vid11,
mata; po·quA en laR 1..tr11s hay que eoldn el oro con
el oro y servir el vino adejo en copa de Venecia. ¡N
0

han visto D eedé:n.'nas con percRI, ni la m 1zJ1. de
Hércules puede serv1rl,.s de caballo á loe chiq ,1illo~
¡Ei inÚLil robar la diadem, de Sh •k.i~pet1r e si no ~~
t1en1111u frente, q11e de &amp;u frent1-1 sale el r-,spla.ndor y
no de b. ~orona! D.i todos modos, bu11no f 1 ,rae •~tigar por irreverentf'ls á los que a•alten y de~nnden
al Genio. 1r~uie,t\ robe su capuehón al D lntó q•te Jo
lleve en el Abanico!
lsID~o_FmaNA.i¡omz;FLoams
PA

EL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLlC!
EN MONTERREY.
Breve tendrá,que ser E&gt;eta revista porqu11 ya el pú
bhco .eonoce en todos PU~ prrmenorAs 1... r~•ación de
las f1e~tas con que recibió IR et.pita! neoleoneea l
su _dlstmguido huésped, y á nosotros Póto nos toca
dl'Jil.r aqul conslg-nado uu r• cnerdo de Plla11 v e:z:pll•
car los grabados que gracias á la actividad de nuea•

Esquina s. E. df&gt; la Alameda
Porfirio Diaz.

***

El martP B20 vMtó el Rr. Presidente los edificios
públicos de Monterrey: Palacio del Gobierno, Admi-

Esquina N . E. de la Alameda
Porfirio Diaz.

�466

EL MUNDO.

Domingo 25 de Dfefembre de 1898 _

EL TE&amp;TRO .JU-'.REZ &amp;NTES DEL B.lNCllJETE OFRECIDO &amp;L SR. PRESIDENTE DEL&amp; REPUBLICA

Domingo 25 de Diciembre ie 1898,

EL MUNDO.

''UN DUELO'-'

co, está muy bi&lt;&gt;n pintado y es de una
diafanidad pasmosa.
El dibujo nada deja que desear, y ei.,
fiel el colorido, porque su aparente
uniformidad en lo verde, se explica si
observamos que representa un tramo
cerrado del bosque.
La única nota disonante que en&lt;ion•
tramos en el cuadro-por inútil y por
impropia-es el leoncillo ó algo pare•
cido que avanza hacia el estanque, por
una vereda do! bosque.
No se sabe á punto fijo si quiso ser
estátua ó natural, aunque suponemos
que lo primero, porqu..: lJO se usan los
leones sueltos en los parques; pero de
~odos_ modos está mal hecho y peor
1magmado.
Hasta hoy el cuadro ha gustado bas•
tante, por lo que no será remoto que
sea uno de loP primeros que se vendan!

DAMAS DISTINGUIDAS· r

POR EOHENA,

¿Recordais aquellos delicados versos
de H.ubén Oario, de ese prlncipe mago
de esta América nuestral
El ollmpico cisne de nieve
con el ágata rosa del pico
lustra el ala eucaristica y breve,
que abre al sol como un casto abanico.

"Vista tomada desde el escenario.

El ~i&amp;ne con su inmaculada albura y
c&lt;'n su silueta donairosa y elt,gante,
ea P"ra nosotros eimbolo de pureza y
de prosapia, y antójasenos inseparable
decoración de los viejos parques rea•
les en donde los corteiunos de la Pom•
padour desgranaban al viento los te•
soros de su flordelisada galantería. Y
parécenos que el cisne, cuando con
inimitable majestad cruza las aguas
del estanque, es· un resto viviente de
squellas épocas fr11ncamente sensuale11 éinconscientemente art!sticas, que
viven en nuestro cerebro encuadra•
das en un marco maravilloso de perfu•
mes y de colores, de sedas y de borda•
dos.
Es el cisne un ave elegimtemente
armónica, de voluptuosos gestos y
atrayente ingenuidad, y ya el Padre
Jove dióle gran supremacía sobre las
de su especie cuando encarnó en ella
para gustar loe hibleos ósculos de
Leda.
Por eso llamóle Darlo un ave olimpi•
ca,y en verdad que es esa expresión
el cond.ensamiento de la albura y deta
majestad, de la lilbura inmaculada é
inmaculable y de la majestad ingénita
y sostenida.
Mal! ellas no bastan para tener á ra•
ya las pasiones, y en el cuadro de
EcheBa vemos al ave ollmpica sucumbiendo á los impulsos de la materia.
Dos cisnes -jóvenes y hermosos como
se estila en novela-se disputan el amor
de -una doncella de su raza, y emprenden, á la vista de la hermosa, una descomunal batalla á picotazos, que resolverá sin duda alguna la cuestión
pendiente La hembra les mira impasi•
ble, suavemente arrullada por el val•
vén que sobre el agua imprimen los
impetuosos movimientos de aus adoradores,
La idea, aunque sencillisima, está
bien estudiada y es propia par11 un cuadrito de género.
Ella sirvió de pretexto á Echena para demostrarnos su tratRmiento de las
aguas que es marifico, sin igualar
no obstante al de Enrique Berra.
'El trozo claro,-extremo izquierdo
bajo del cuadro,-que refleja un trozo
de cielo visto entre el follaje selváti-

•~e

''UN ENCUENTRO FELIZ"
POR R. TUSQ.UETS .

/

.

DE O

A~/:

l,

~A,
t::,.,,&lt;-J

"'

.#'

,

(Fot. Tabe1·. San Fancisco California.

Se creería que Tusquets, al elegir
las obras que envió á México, se propu•
so demostrarnos que dominaba todos
los géneros, El Mundo Ilustrado ya ha
dado á conocer á sus lectores dos cua•
dros del eminente pintor, los cuales
pertenecen á géneros muy distintos.
••Contrariada" es un cuadro de detalle cuya maravillosa ejecución hemos
elogiado ya
"Argelina" es na gran cuadro de
efecto, de sobrio pero inte::so poder
sugestivo.
El que hoy reproducimos, Unencuentro feliz, tiene algo de ambos:
Esunidilio,un idilio coEmopolfta, es
decir, humano. A orillas de una fuente,
encuéntraseunmozoconsumoza y ambos entablan un diálogo amoroso, uno
de esos diálogos que en todos los idiomas se empiezan con una sonrisa, sA
tamizan por un sí y se concluyen con
un beso. La muchacha ha ido á reco•
gerf:gft en rústicos cánta1 os que con•
·eer a l!UJ fados, y el mozo, virilmen•
je, 4-i o 'i abrevar á sus bestias. Es•
tas son, al menos, las causas ostensi~les de su aeudimient, á la :fuente;
¿pero en realidad, no serian otras las
que motivaron ese encuentro f eliz't
La expresión de las figuras nos ase•
guran que el, y que ese mozo y esa
mo-za 1m111ren el 7JTI'-Ctmro secreto de
proporcionarse á voluntad esos encuentros felices.

EXPOSICION(ENNACIONAL
DE BELLAS ARTES1
LA ACADEMIA. ;DE SAN_CARLOS)

"lJN Dt:ELO"

Vista tomada de la puerta.

cuadro de J. Eche na , en la Academia de San Cárlos,

Fot.ografia de Luls G. Sandoval.

�1!:LMUNDO

468

Cuadro de R. Tusquets, en le. Ace.demle. de San CArlos.

,. No puede ser mil.e armrmioso el cuadro que dió Tnsquets á 1i1ste sentidlslmo idilio campeRtre La barda
blanca y carcomida, ribeteada de azulejos; las inq uietas enredaderas que trepan con tenaz deear:-ollo; el
emparrado del fondo: las beitiae mlsmae. -impaRibles
y seguros confidente~, -todo converge atlnadamente
ii producir una agradable emoción estética
El tratamiento de iae bardas es ¡¡obrlo y fiel, así co•
mo el del follaje. Bes-tiae-y f+gurae- viven cen vida inten,a y el fondo que se extiende más allá del emparrado tiene bonitos efectos de claro-obscuro.
No obstante que es éste u11. buen cuadro, lo ju7.1gamoR inferior á los otros de Tuequets de que ya hemos
hablado.

"MAÑA ENCONTRADA."
POR B. GALOFRE.

E~ este un cuadro que 1l primera vista.llama la atención é invita á un estudio prolijo.
l)esde luego extraña que un cuadro al óleo tenga vidrio y extrañ, asimismo la extraordinaria minucia del
dibujo y la exactitud de los mái insignificantes detalles. Muchas opiniones hemos oldo y ninguna de ellas
concuerda con otra. Unos dicen que es un mal intento de procedimiento á la Meis¡¡onnier; otros sostienen
q te es un trabajo de miope, más digno de un artlfice
clllnesco que de un creador m1,derno; hav quien supone en el cuadro un trabajo sucio y a¡¡egura que en

"lJX EXClJENTRO FELIZ"

él se encuentran detalles muy ag-enoR /i la pintura 111
óleo y que en él Rfl echó mano de rflcursos que son
del exclusivo dominio clAl artA industrial y que jamás
dl'ben P.mplearse en el arte estético .
No•otros hflmos visto l."l cuadro con detenimlflnto é
impau.ialiclad y creemos que ee un espécimen de un
procedimiento absolutamente nuevo A nueetrv juicio, es un intento de rPforma muy lograd/!, que cier•
tawente llrralg-a en MtMl½l!Onnier, pero-41ue ti-ene- un
tratamiento mis detallado, menos heterogéneo y más
firme.
Q•1Ada por ver 11i la innov11ción AII bella y confel!&amp;•
mos que este punto es mny discutible. Existe hoy día
un inmotivado desprecio hitcia loe detallista.R, que tiene por origen el am11neramiento de la mayor parte de
ello~ Allora bien ¿llay amaneramiento en el cuadro de
Galofre? No, nosotros no lo encontrarnos y vamos más
lejos aún: este cuadro nos \rae muy vivas reminiscencias del inmortal Fortuny.
ietúdiese atentaml'nte el tratamiento y se verá que
por detallado y minucioso que eM, nada hay allf de
convencional ó de relamido. Algunas faltas de proporciones y de dibujo que encontramos, son de una
índole muy distinta.
El asunto es ptntoreRco y Astá bien tratado. Loe andaluces son gante de á caballo como los hungaro3 y
y como nosotros, y en la vida que IJevan hay mucho
color y mucho mrivim!ento.
El cuadro de Galofre representa una escena dfl una
feria de caballos. Se le ha encontrado una maña 111
corcel postulado, y en vano intentan loe vPndedores
borrar la mala impresión por cuantos medios están á
su alcance.

Domlniro 25 de Diciembre de 11:198,

Vomln¡ro 25 de Diciembre de 1898.

469

Fotografle.de Luis G. Sandoval.

Hay algunas figura.e pRrfactamente 11entidae y PB·
tudiadae, y en general, f'l cuadro prod~ce buena !~presión y gnn deleite, cuando se le mira sin preJUl·
cioe ni exclusivismos.
El hecho de que tenga vida, se Pxplica, según creemos. si se atiende á que hay hacinamentos de color
tan finos y delicados que cualquier roce podría destrnlrloe, perdiéndose asi el efecto buscado.
Es digno de e.s.tudiaree este p~ocedimiento de Galofre y sin duda alguna encontrará muchos imitadores. Desgraciadamente es muy probable que éstos se
lancen sin la meditación necesaria ó exajerando las
peculiaridades del maestro, lo que daría por resultado deformarlo y alterarlo, como ha sucedido en lite•
ratnra con todas las innovaciones y rasgos ::aracte•
ristlcos de loa maestros.

ALBUM ART.ISTICO.

NOOHB BUBNf\ EN EL Mf\R

El que prep11ra el aventajado fotógrafo Don
Luis C. Sandoval, contendrá los mejores cuadros de la Exposición Nacionai de Bellas Artes.
También venderá fotografias sueltas el Sr. Sanp.oval, en su establecimiento (5 de Mayo y Alcai•
cería nº 6.) Fotog-rafía N11cional.

VES Lameneek,
era Cápitán de
P.l Á1'CO··Íl'ÍS un
magnírico pailehot de modelo
Rmericano, tino
de la proa, bien
asentado en el
agua. lijero de
arboladura y sóJido en todas sus partes, que estaba tripulado por
-veinte vigorosos marineros bretones y caminaba
con una velocid1td de veinte millas por hora.
Hecho sn cargamento y em barc11dos sus pasajeros entre los cuales figuraba un Reverendo padre que acRbaba de pasar cinco alios en Oceanía,
-el .frco--Iris ha bfa zarpado de Valparaiso á
principios de Noviembre, es decir en medio de la
estación de verano para los pahes del Sur, hxbía
doblado el Cabo de llornosy subía al Norte pera
alcanzar Bnenos Aires que era uno de sus puertos de escala.
El. Capitán Lamenek esperabll que su vi11je
proseguiría con toda felicidad hasta Franci,11
-cuando á la altura de las Islas Felkl11nd se produjo A hordo un acontecimiento que causa siempre la más profunda emoción cuando ocurre en
plena mar, un fallecimiento.
Entre los pasajea&lt;'s de segunda emb11rcados en
Valparaiso, se contaban una joven y su hijo de
diez A doce meses que se inscribieron en la lista
con los nombres de María viuda de Nollet y su
hijo Enrique.
Ella tenía apen!\s veinticinco anos, era rubia,
&lt;le fisonotnill agradable y dulce, pero un poco
salYah y &lt;tunque sus compalieros de viaje y los
mer:neros estuvieron llenos de atenciones hacia
-ella y aunque el Capitán al hacer diariamente su

'
Cuadro ~e B. Galofre, en la Academia de San Cárlos.

ELMHNDO

Fotografia de Luis G. Sandoval.

•

•

visita de proa le decía alguna frase am11ble y le
preguntaba por el bebé, ella se confiab1 poco y
respondía con reserva á todas las prPguntas acaso por timidez ó acaso porque no tenía más que
cosas tristes para referir.
Se sabía que efa normanda y que su marido
empleado en una gran explotación ar""entí rera de
los Andes murió seis meses ante; del nacimiento del nillo, desgracia que inclino á la viuda
al deseo de volver á Francia al seno dd su famiiia. En cuanto á Enrique, era su mamón fresco y
sonrosado con enormes ojos azules como su madre y que sonreía ya á los hombres de la tripulación siempre que le acariciaban, lo cual sucedía por lo menos veinte veces en cada hora.
Una tude, la pobre mujer que aunque un poco
pálida no p1trecía estar quebrantada de la salud
fué _ataca~l l:l por_ unas horribles sofocaciones
murió de 1mprov1s0 tal vez á causa de una aojina
de pecho ó de la ruptura de una aneurisma. El
Capitán levirntó según las regla~ de na ve""ación
acta del fallecimiento, selló los equipajes ....é hizo
constar que no había hallado 11ingún d11to que lo
iluminar/\ sobre el verdadero eqtado civil de la
dirunta. En vano buscó su acta de casamiento, un
pasaporte, un documento cualquiera; no encontró más que un apunte en que se decía que el
chico fué bautizado en Valparaiso pero no se
mencionaban los nombres de la familia de lamadre; ademAs algunas cartas dirigidas de Francia
á l\lr. N'ollet, pero que no daban ningún indicio
que pudiera ayud11r al descubrimiento be los p,1.
rientes del huerfanito.
No quedaba mas que una esperanz11. Como
María Nollet había avisado su vuelt11 á Francia,
probab:emente al llegará San Nazario encontrarían en el Correo carta para ella.
Llenadas las primeras formalidades, el Capitán
ñíspuso las exequias eomo son todas 111s de abordo, iguales para pobres y ricos cuando la tierra
e,tá muy lejos.
E l carpintero hizo un ataúd, acostó en él á la
pasajera y por la tarde, al obscurecer, el CapitAn

y

dió orden de qu~ dos hombres trajeran al por,talón de estribor la caj l, á la CUlll para qne no sobrf'nadase se le h&gt;1.bía amirrado una bala de
caMn.
El sacerdote recitó en alta voz el oficio de di•
funtos y luego el Capitán dijo laeónicemente!
-Bulto á la mRrl
Todavía el mi,ionero rezó algunas oraciones y
mientras, el ataú1sehnndióen las olas con unrumor sordo. E11 ese momento los testigos de esta
escena no purlieron ahogar un grito de terror al
que respondió desde la proa el llorar de un niJio ...... El huerfanito acababa de despertar y
huscaba en vano el sonrosado pezón que sus labiecitos ya no tocarlan jamás.

***
Al día si~uiente, las cosas de abordo recobraron su curso ordinario, el tiempo mejoró y El
Ai·co-.Jris si~uió pua Buenos Aires. En cuanto
al nillo, q11edó bRjv los c1idados de una pasajera
de segunda que expontáneamente se efreció para
llenar esa tarea. No carecería de n11da: la cabra
q_ue estab&lt;1 alojada en el establo de proa, tenía
siempre l1t~ te~as llenas y además todos los marineros le hablan como 11doptado, y en cuanto llegaba la noche, le tomabRn dulcemente en sus manos ene tllecidas. le hacían sonreír, y le arrullaban con cantos bretones.
Así corrieron ocho días. Se arribó á Buenos
Aires sin permanecer anclados más que el tiempo necesario pllra recojer mercancías y puajeros, y luego saliendo del estero del Plata se dirigió 111. pr;)a al hemisferio oriental.
'
Entre los nuevl•S pasajeros venían dos franceses: el ~efi.or y la sellora de Lussay que
volv~an A Fr;rnci! d~spués de una larga permanenc111. en la Repub!Ica Argentina. El marido. Jaco~o de Lussay, ingeniero hmoso, tenía unos
t~e1?ta ~ dos alic-s,_ y era de aspecto agradable y
d1st10guido; su muJer, Raimunda, no había llegado A los veinticinco y era notablemente bella con

�l!:LMUNDO
que d.e bía hacer escala
en Buenos Aires, y anuo~
ciándose á los condes el
viaje.
En este estado las co•
sas un día atacó elcroup
al niño y se lo llevó des•
pués de breves horas de
sufrimiento.
Ya puede imaginarse
cuál sería el dolor de los
infortunados ps.dres que
aún permanecían inc, n•
solables cuando se les
anunció que El Arco-Iris
estaba en puerto.
Para qué ir ahora? No
es á nosotros sino á él
á quien se aguardaba
allá, se dijeron ambos
entre spllozos, pero Lus•
say recobró el valor y
convenciendo á su mu•
jer, realizó el embarque.

su tez meridional, sus grandes ojos obscuros co·
ronados por largas pesta:lias y su opulenta cabe•
llera de ébano.
Lo que sorprendía desdo luego y denunciaba
el modo de ser de 11mbos esposos, era su ternura.
recíproca, su comunidad de ideas y su deseo evidente d¿, no vivir á bordo sino el uno para el
otro y evitar cualesquiera relaciones que pudie· ·
ran interrumpir esta intimidad.
"!)espués de la comida, en Yt'Z de permanec_er
en el salón ó ir a.l pm,nte con los demás pasaJeros, se refugiaban en la toldilla de popa, Y allí
con las manos entrelazadas se aislaban del resto
del mundo, soliaban y permanecían mudt&gt;s eomo
si temieran comunicarse sus pensamientos.
Un día, sucumbiendo al terror que la poseía,
la joven dijo á su marido:
-Por qué volvemos allá si Dios nos 'luitó el
ángel de perdón 'lue me había dado? No creeti
que de nuevo se me arroje y se me maldiga?
-Raimunda mía, desecha esos horribles temores, pues nada de eso es posible. La desgracia
misma que nos ha herido, abrirá de par en par
para nosotros la puerta que nos había estado
prohibida. Aleja tus temores y confía en el porvenir.
Referiremos el drama de familia que motivaba
estas palabras.
Hijo de un coronel sin bienes de fortuna y . de
una mujer noble y orgullosa, Jacobo había sido
destinado por padre y madre á. dorar sus blasones por medio de un matrimonio rico al_ cual podía aspirar por su talento y sus pergaminos; pe·
ro el día en que la condesa de Lussay anunció á
su hijo que iba A casarlo con una millonaria, éste
declaró que ern prometido de la sefl.orita Raimunda Bernier, plebeya y sin fortuna pero á la
que amaba tiernamente.
El conde y la condesa trataron inútilmente de
luchar contra las inclinaciones de su hijo y en
consecuencia la ruptura fué completa y brutal.
Desvanecidas sus últimas esperanzas de esplen•
dor y de lujo, la orgullosa dama arrojó de su ca•
ea y maldijo á Jacobo y á su P,Sposa.
Repetidas gestiones hizo luego para v.:lver á
ver a sus padres, pero ellos se mantuvieron in•
flexibles y entonces lo9 recién casados resolvie•
ron partirá buscar fortuna en América. Instalados ya en Buenos Aires, intentó de nuevo Jaco b?
una reconciliación ,in que durante un afio recibiera respuesta alguna á sus cartas.
.
Un día le dirigió su padre algunas líneas en las
que aparecía algo de la anterior ternura, pero la
sefl.ora Lussay permaueció ínflexible en su ren·
cor hasta que un acontecimiento abrió las puerpuertas del perdón. Rainmnda tuvo un hijo, y ~l
advenimiento al mundo de un Lussay, no podia
. dej!lr de impresionar el -ánimo de la condesa.
El conde escribió:
«Si tu madre cuya salud me tiene inquieto, no te
~scribe ahora, pienso que es por un último combate entre su orgullo y su corazón. Me parece que
¡¡i derrepente te aparecieses con tu mujer ytuhijo, les tendería los trazos á los tres. No resistiría
A una sonrisa de su nietecito.»
No se necesitaba más para resolverá los esposos á regresar áFrancia, y cuatro meses después,
arreglados todos sus negocios, se fijó el día de la
partida tomándose pasaje á bordo de El A1·co-I1·is

,

*
* * por vien•
Jl'avorecido
to v mar bonancibles,
El· Arco-Iris remontaba
hacia el Ecuador, y el capitán aseguraba que no había hecho nunca viaje dad que llenan de harmonía.e en la noche del 24más rápido, en tanto que los pasajeros que ha· de Diciembre los hogares bretones, el Capitán
bían doblado el Cabo de Hornos se acordaban dijo:
-Ahora, á la mesa!
de sus olas tremendas y hallaban dulce y grata
la mar que atravesaban. Si el chico, adoptado
por los marineros no hubiera estado allí para
***
recordar á. la infeliz quo descansaba en el
La sefl.ora Lussay que no quiso separarse defondo del mar, ninguno haría memoria de aquel
su dulce Jesus sino hasta dejarlo dormido, ocuepisodio.
Los esposos Lussay seguian apartados pensan• pó el sitio de honor frente al Comandante y prondo en la acojida que les harían en París y sin in- to cundió por todas partes la alegría.
Solo la mujer del Ingeniero permanecía silenteresarse por nada de lo que los rodeaba, excep•
ción hecha del huérfanito al cual Raimunda aca• ciosa enmedio del bullicio genei:al, y cuando aD
ricia ba frecuentemente, y los días corrían así fin pudo retinarse al lado de su marido, le dijo
cuando r..na tarde el contramaestre se presentó al con voz entrecortada y arrojándose en sus brazos:
Capitán y le dijo:
-Ahora, cuando tenía en mis rodillas al Nifl.o
-Mi Comandante: maflana es 24 de Diciembre Dios, soflé por un instante en que nuestro hijitoy nosotros quisieramos festejar la Navidad.
nos había sido devuelto. El pobrecillo estásinpa•
-Excelente idea ¿pero cómo/
dre y nosotros.... .sin hijo. Este huerfanito po-El padre dirá la misa. Improvisará el carpin• día ser deveras nuestro Salvador.
nero un pesebre y un portal; nuestro buérfanito
-Abl Raimunda: el cielo te inspira. Adopté-será. el nillo Jesus y tal vez la seilora de Lussay
moslo.
accederá á ser la Virgen.
Estrechó á Raimunda contra su corazón y en.
- Bien pensado, Prepáralo todo, Oilic.
los labios de ambos pasó fugitiva sonrisa de feli-Luego se acercó á Raimunda:
-Mi tripulación, sefi.ora, quiere festejar roa• cidad.
Al día siguiente el se:lior Lusa.y pidió una. enfl.ana la Navidad; cuentan con todos los persona• trevista al Capitán y le comunicó su idea de adop-jes menos la Virgen y naturalmente han pensado
tar al huerfanito.
en usted. ¿Consiente? Eso la distraerá un poco.
-Mi esposa, le dijo, lamenta aún á nuestro pri-•
Raimunda interrogó á su esposo con la mi- mogénitc que acabamos de perder en Buenos .
rada.
Aires y que teniendo la misma edad de Enrique·
-¿Por qué no? dijo el Ingeniero.
se parecía mucho á él.
Al día siguiente, por la noche, El A1·co-I1·is pre•
¿Quiere usted confiarnos al huerfanito?
sentaba un pintoreco golpe de vista.
-Sería lo mejor, contestó ·e1 marino; pero coA popa del palo mayor se había instalado el mo entre los papeles de la difunta no encontré·
portal y en él, medio desnudo, Enrique dormía nada que me ponga sobre la huella de sus parlen•
teniendo á su derecha á Raimunda, admirable- tes, si por una carta que se le haya dirigido á
mente bella con su traje azul. A la derecha el car- San Nazario averiguo que tiene abuelos, ó tíos ó ,
pintero muy bien vestido, representaba á San lo que sea, me veré en la necesidad de informar•
José y algunos animales les de la muerte de lll se:liora Nollet y de la predel establo complet ,ban sencia de su hijo aquí.
el cuadro.
-Es verdad, no babia penaado en eso. ¿Y qué
Pasajeros y marinos hacer?
oyeron con devoción la
-Esperar. Cuando lleguemos á San Nazario,,
misa de Navidad y ter- tomaremos una resolución.
minada esa ceremonia el
sacerdote se dirijió al
***
portal donde se arrodilló
A
partir
de
ese
día,
Raimunda
se hizo una ma• ·
en momentos en que Endre
para
Enrique,
sin
quitárselo
sin
embargo A,
rique despertando sonreía y fijó en él sus ojos la excelente mujer que le había venido prodigan-·
do sus cuidados y El Arco-Iris proseguía su rutl..
asombrados.
Al mismo tiempo subió hasta que el 5 de Enero por la noche el vigía,
de la mar un nimbo de anunció los faros de la embarca.dura del Loire y
fuegos fatuos que se en- al dia siguiente se echaba el ancla en San Naza-•
roscaron en el extremo rio.
de todos los mástiles, y
envolvieron el portal en
***
luz azul.
Raimunda y Jacobo se instalaron en el hotel1
Los pasajeros lanzaron con el huerfanito que el Capitán les había permiun grito de sorpresa en tido llevarse provisionalmente, y durante una gran
que había algo de espan- parte del día su ansiedad fué extremada, pero
to, y los marinos aplau- por la tarde llegó á traúquilizarlos el mismo Cadieron esa iluminación. pitán.
No había en el correo carta alguna ni nadie se,
Cantadas por la tripu•
]ación las coplas deNavi- presentaba á. reclamar al nifio.

•

Se necesitaba sin embargo esperar aún algunos días antes de tomar una resolución.
El Capitán empezó por informar á las autori•
dades competentes del fallecimiento habido á bor•
do y luego el Juez de Paz de San Nazario, tutor
legal del hu~rfanito recibió información de los
deseos del sefi.or de Lussay y su esposa, quedando en comunicación con ellos para obrar ulteriormente conforme A la ley.
Convenido todo esto, Jacobo se despidió del
Capitán da El Arco·Iris, y anunció por telégrafo
á su padre, que acababa de desembarcar en San
Nazario con su mujer y su hijo y que al día siguiente tomarían el tren de la mafl.ana para ir á
París.
Algunas horas más tarde vino la respuesta:
«Tu madre está enferma, pero los espera con
no menos impaciencia que yo. Tu antiguo &lt;lepar•
tamento está listo para recibirte. Mil besos para
todos.&gt;
Llorando de alegría la joven releyó este mensaje y al dfa siguiente tomó con su marido y el
nifi.o un compartimento reoervado del tren.
Enrique no iba tan sencillamente vestido como
á bordo, pues su guardarropa había sido enriquecido con multitud de ,:-rendas de gusto y lujo
y se pasaba la gran vida en brazos de Raimunda
que le cuidaba con afán y como temerosa de que
también se le escapara de las manos.
En París, un terror loco se apoderó de ella de
nuevo cuando desembarcó en la estación de Monparnasse, ante el temor de que la Condesa deLussay descubriera la verdad.
Mil imaginaciones la conturbaban sobre laaco•
gida que le harían, altiva, piadosa ó indiferente,
pero el ingeniero la tranquilizó lo mejor que pu•
do y diez minutos después estaban á las puertas
del palacio Lussay. El Conde, que desde una ventana estaba en impaciente acecho, vino á la escalera y los recibió con los brazos abiertos.
En seguida se apoderó del &lt;!"hiquitín cuyos mag•
níficos ojos estaban muy abiertos por el asom•
bro, y lo besó con efusión, diciendo:
-¡Cuánto se te parece Jacobo, y qué bien hiciste en venir! Vamos: tu madre nos espera.
La joven tembló otra vez y tomó al niilo en
sus brazos como para que le r,irviera de escudo,
y los cuatro penetraren al apo~ento de la condesa, que estaba reclinada en un ancho sillón. Cier•
tamente que se le notaban las huellas de la edad
y las enfermedades, pero conservaba aún una

altiva expresión de nobleza y superioridad en su
fisonomía impenetrable.
-Aquí están ya los tres, dijo el Ccronel presentando á los que volvían del destierro.
-Madre! gritó Jacobo arrodillándose á sus
piés.
La condesa sin pronunciar una palabra tomó
la cabeza de Jacobo entre sus manos enflaquecí•
das y se p-y.so á examinar á Raimunda que se
aproximaba ]fmtamente, pálida, sin atreverse á.
sostener las miradas escrutadoras de esta madre
á quien tres a:lios antes le había arrebatado á su
hijo; y parándose á poca distancia se puso á temblar sin fuerzas ya para sostenerse en pié.
Entonces su marido se levantó y le dijo:
-Valor, Raimunda, mi madre te espera, ven
con nuestro hijo:
-Nuestro hijo .... oh! no, ne. Yo 1 o me atrevería jamás ....
Y cayó de rodillas murmurando:
-Perdón, perdón!
-¡Y de qué? preguntó inquieta la condesa.
Y como la joven callaba, afl.adió secamente dirigiéndose á su hijo.

NUESTRAS ARTISTAS.

ANGELA SALAZAR.
[De Guad&amp;lajara.]

Ei una ni:lia, pero cómo interpreta
ya, con qué precisión. y suma de co·
nocimientos y A la vez con qué calor
y vida á los músicos que ama, á los
Cbopin y Thomé, á los Mozart y Bee•
thoven, á los poetas y á los maestros,
á los ruiseiiores y á las águilas!
En las mazurcas, en los nocturnos,
tocando aquel delicioso preludio del
compositor polaco en el que parece que
al compás de una llovizna incesante y
menuda, se quejan todaslati amarguras
de una existencia sombría y melancólica, es su alma de virgen, capullo
de lirio, destello pálido de aureola, la
que vibra en los trémolos y gime en
las cadencias.
Sacerdotisa apasionada de lo sublime, prefiere entre todos sus grandes
amigos, y ese destello caracteriza su
índole musical, al rey augusto que no
dejó herederos: á Beethoven.
Cuando en las teclas de su piano,
que son sus aras, oficia ante él, sus
ojos obscuros reflejan las llamaradas
de aquel sol que no ha muerto.
Perla oculta. que sólo en su hogar
brilla, flor modesta que se enconde y
reserva para sus íntimos sus mejoresaromas, Angela, sencilla y buena, vive
apartada de ruindades y pequeileces;
sin saber lo que es envidia, sin conocer los celos, sola y feliz en su santua ·
rio, en que la adoran, que embellece y
perfuma.
Los que la escuchan le dicen: «Gra-

•

471

EL MUNDO.

Domingo 25 de Diciembre !le 1898.

Domingo 25 de Diciembre de 1898,

-Habla entonces tú.
Raimunda le dirigió una mirada suplicante.
-Si: tieneusted razón.No debemos mentir. Es•
te nillo no et1 nuestro.
-¡Que no es de ustedes! Y se han atr evido! ...
-No condene usted sin oír.
Y Jacobo se acercó otra vez á su madre y le
refirió con acento de profundo pesar cómo per•
dieron á su hijo inopinadamente pocos días an•
tes de embarcarse para Europa, cómo se preguntaron ambos ya en el barco si tenían derecho de
volver solos; cómo no habían podido resistir al
dei!eo de volverá la patria en donde aguardaban el perdón de su plldres; cómo en la mar conocieron al huerfanito que en la fiesta de Nnvi•
dad se les había presentado bajo la forma del
Salvador, y cómo, en fín, se habían resuelto á
hacer su adopción.
Pronfundamente conmovido, el conde había to•
mado de la mano á su nuera que llevaba á Enrique entre sus brazos y la acercaba á la sefi.ora
de Lussay q\}e los veía venir sin repulsarlos.
En ese momento se puso á sonreír y tendió
sus bracitos hacia e¡¡a sefl.ora cuyos grandes ojos
estaban fijos en él y empezó á decir con su más
dulce voz, como un pajarillo que pía en el
nido.
-Mamá, mamá!
Entonces, después de una imperceptible vaei
!ación, último suspiro de su orgullo vencido· y
como s: cesando de ser madre se trasformara de
improviso en abuela, apartó á su hiju, tendió los
brazos á la que por tanto tiempo había colmado
de maldiciones, al nifl.o aquel que como el recién
nacido de Betlem lavaba todas las faltaa del pa·
sado.
Quince días más tarde por medio de una acta
de adopción legal, el estado civil del hijo de Ma·
ría Nollet quedó fijado para siempre, y pronto la
salud de la condesa empezó á restablecerse bajo
los afectuosos cuidados de su nuera.
En cuanto al conde que se había dedicado por
entero á la adoración del bebé, tenía ya el proyec·
to de hacerlo soldado y le repetía saltándolo so·
bre sus rodillas.
-Tú vas á ser otro Coronel Conde de Lussayl
El cielo había derramado sus bendiciones sobre aquella familia, como resultado de la piado•
ea inspiración que tuvo Raimunda en la noche
de Navidad.
RENÉ DE PONT JEST,

cías,» los que hemos contemplado sus
ojos fulgurantes de inspiración, podemos dccirl~tambiéo «Gracias,» tú nos
elevas al ideal, en tus pupilas hemos
podido ver de cerca un astro: «el de
tu genio.»

ENTERRO SU COBAZON.

I

1

Murió en una triste tarde
la hija de Juan Simón,
y era el buen J u11n en el pueblo,
el único enterrador.
El mismo á su pobre hija.
al cementerio llevó;
él mismo le abrió una ZRnja
murmurando una oración.
· Y, llorando como un niño,
del cementerio salió,
con la espuerta en una mano
y en el hombro el azadón.
Al verle le preguntaban:
¡,De dónde vienes, Simón?
Y él, enjugando los ojod,
contestaba á media voz:
-Soy enterrador, y vengo
de enterrar mi corazón
JOSÉ

M.

BARTRlNA.

�472

EL MUNDO.

NAPOLEON.

LOS ENGANCHADOS.
Allá en oculta región sombría

Simoun, torrente, cráter, sobre el corcel galopa
~u corcl'll blanco! ¿á dónde, por fin le llevarál' '
Ve su imperial ejército la rebosant~ copa
del triunfo ¿eternamente su mano esculpirá? ... .

El valle 1'11 bosque, la serranía,

En. medio de la noche la fatigada tropa
tendida en!ª llanura como un rebaño está:
es un contr1sctor monstruo que á la. aterrada Europa
del uno al otro extremo 11menazando va.
Yen tanto que en las tiendas que esmaltan la llanura
ó á la merced del viento que agita la espesura,
'
durmiendo están las águilas del imperial blasón,

Et fértil @urco de la heredad,
Y como litinzo que ciñl'I al mont11
La franja iumenPa d,.l horizonte
Que hace mas vasta la soledad.
Allá en aquPllas selvas calladas,
Mientras las aves enamoradas
Cantan sus himnos á. la quit!tUd,
Vibran. los látigos homicidas
Y ruge airada ae¡rando vidas
Con sus horrores la esclavitud.
En esos campos y en ese suelo
Se 11lzan plegarias que van al cielo
&lt;Jomo una queja, como un clamor .. ,,
Son las plegarias de los proscritos
Que á Dios elevan lob hondos gritos
De sus miterias y su dolor.

la fu~rte die~tra oculta bajo el obacuro paño
del redrngote; rnmóvil, inalterable huraño
como insaciable cuervo está NapoÍeón.
'
AURELI0 G. CARRASCO,

Alll los hijo¡¡ de la indigencia
Van imprlidos por la violeHcia
Y sin quti alcancen á descubrir
~ue alimE»ntados con un meudrugo
Y ante la férula del verdugo
Tienen por fuerza que sucumbir.

,

Cuando cansados y adoloridos
Pobtran sus ,merpos desfal1ecidos
En esa lucha ciega y tPnaz,
Ante su imagen atribulada
~ Ruge colérka y de@piadada
'.:}.J: La voz de mando del capataz.
Cesa el trab~jo. Tristes y mudoR
Van con los miembros casi desnudos
A hallar alivw sobre un jerg-ón
Y_tras de angustias desespnan'tes
T10mbla en sus labios ag-onizant ;s
La ultima queja desu aflicción ......... .
. . . . . . . . ... . . . . .. . . . . . . . . ... . .. . . . . .. . .. . .
¡Seres nacidos en la indigencia
Que por los mart-s de la exietencia
Vais implorando la caridad,
Marchad tranquiloF, que et sufrimiento
Halla en las naves ael sentimiento
Las bendiciones de la piedad!
1Ne¡rroe espiritus homicidas!
¡Almas soberbias, encallecidas
Por el aliento de la ambición,
.r:n vuestras arcas resplandeciente~;
En vuestros nombres y en vuestras frentes
Llevais un nublo de maldición!
Diciembre 15 de 1898.
BENITO FENT.&amp;NES.

,_lijAYO DE LUZ.
Dicen que cnando el sol ya morihundv
Ya á ocuftarse por fin tras la montaña;
Cuando la negra noche se aprvxima
Con su triste cortejo de fantasmas
Su rayo fulgurante se desprende '
De la luz moribunda que s11 apaga '
Que baja con efluvios temblorosos'
Iluminando con aus luces pálidas
El follaje ondulante de las frondas
Y las nubes que flotan desgarradas;
Que á su contacto tibio se iluminan
Con claridades trémulas y va¡ad.
Y dicen que á su beso se estrecen
En su broche las flores perfumadas.
Y. ~uando tus pupilas soñadoras
F,Jae en mi con expresión extraña
Brota de ellas un ravo luminoso '
Que llegande hasta 'el fondo de mi alma
Hace que se despierten mis ensueñod
Mitiga mis congojas y mis ansias,
'
Y á su luz se disipan mis tristezas
¡Y palpitan de amo1 mis esperanu~I
FRANCISCO M. DE ÜLAGUIBJ;;l,.

Domlnl!'O 25 de Diciembre de 1898.

Domingo 25 de Diciembre de 1898

473

EL MUNDO

.PLEGARIA
¡.Qnieres romper conmigo? No es bastante
haberme destrozado el corazón:
preciso es del desdén con el diamante
quebrantarme el cristal de 111 ilusión!
¡.Por qué lo quiebras? es locura acaso
Poñar con tu perfume y con tu luz,
pero no me hagas apnrar el paso
~i ves que siempre llegaré á la cruz ..... .
Si ves que en medio de mi Stnda se halla
Pn acecho el Dolor con sn puñal,
¡.por qué te gozas en romper la valla
y en deja!' libre mi camino al Mal?
Ah! Ya que asilo piensas, di que es poco
mi vuelo para ti: ¡tan alta estás!. .....
dime que soy un necio, un fatuo. un loco:
si más quieres decirme, dime másl
Págame mi cariño con cariño,
ó devuélveme el alma que te di;
pero nunca me en¡:('añes como á un niño.
porque hace tiempo que el candor perdi! ....
Per.=óname si ac11so mi alma rnda
ha turbado tn sueño virginal. .....
No exi~te amor con fe: quien ama duda,
durla cual yo de conseguir su idesl.
¡Y tras tanto sufrir, sufrir en vano,
y tenerse por fuerza que reir,
asi como las olas del oceano
que parece que ríen al morir.........
Debo reir, cual reiría Otelo,
al hallar en las penas de mi amor,
no á desdicha mayor. mavor consuelo.
sino á mayor pesar, desdén mayor! .........
Si quieres tu que m~ arrodille y ltore,
ante ti la rodilla dobla:-é
vergüenza es que entre lágrimas te implore
mas si quieres que llore, lloraré!.........
'
No debes ser un pálido lucero,
Fino un ardiente y vivido arrebol:
yo quiero lumbre y flama, yo no quiero
brlllo de nieve, sino luz de sol.. .......
JOSÉ 8. CHOCAN&lt;'•
DIAHA.NTES

Murió _sin una lágrima en los ojos,
Y era J• ve_n, muy b_eila y muy ijensible,
Y cuando iba á espirar, sus ¡,. bios rejos
Murmuraron: "¡Me mata un lmpodiblel"
El llanto que faltó en esa agonia
Quedó tras sus pupilas, sin embacgo,
Y los gUFanoe de la tamba fria
No lo bebieron. ¡Era tan amrgo!
Más tarde, y al abrir la sep.ultura
Que d1&lt;l ángel guardó el pesar postrero,
Dt1l cráneo yerto entre la cuenca oecnra
U.a diamante encontró el sepultur~10.

Y desde entonces pienso entristecido
Al contemplar las jJ,vaR más preciaaas:
-1Cullntos de eoos d.amantes habrlan sido
Lágrimas congeladas!
J. RIVAS FRADE,

EY LA FIESTA DEL NA.CIMIENTO DE CRISTJ.
Hoy rompe Dios los orbes ce'.eFtiales,
) al de la tierra tan btmfgno arriba,
\Jlle des~rma la diestra v11ng~tiv1t
]'1.ra abrazar con ella á los mortales;
Y pues gime con paz en los umbrales
Un tiempo odiosos la esperanza viva
l &gt;el ofensor, ya próspero apnciba
Al Dios infame júbi,oR triunfales.
¡Oh feliz culpa! que si por inmensa
Nt en los ilt1noij cupieras del olvido,
Ni en méritos de humana recowpensa,
L" justicia y la paz. que tu h&amp;R unido
Libran hoy el remedio d" la oftlnsa '
En el amor del príncipe oftlodido.
AKGE:-i30LA,

DIVERSIONES DE DIAS DE ASUETO.
Cu.rnRo DE ·coNRAD BECR)l.\:,. :-,;.

�Domtniro 25 de Dielembrfl de 1898.

1!:L MUNDO

474

Domingo 25 de Diciembre de 18\!8

EL MUNDO

UEXICJO MODERNO.-EL CJENTRO MER(JA.NTIL.

MEXICO

MODERNO.

El interior del edificio está sub-dividido en lotee
cuya unidad de medida son 5 metroA de frente por
~ de fondo. U no de estos lotee vale $50 en el primer
piso, 40 en el segundo r, 30 en el tercero.
Naturalmente estos ultimos e~tán siendo loe más solicitados, puesto que el elevador hace indiferente la
altura y en cambio tienen más luz que los inferiores
y se disfruta en_ ell~s de un ~elli-imo panorama, del
cual dá una páhda idea la vista que publicamos.
l!;s fácil remover las divisiones entre dos lotes de
manerl:' que ei alguien necesitare dos ó más lote~ en
extensión, pero formando un solo cuarto ó bien subdividido en varias piezae, puede obtenerlo. De este
modo hem~s visto grandes departamentos compuestos de vimos lotes unidades y lotes solos divididos
por elegan~ee tabiques de m,i.dera en dos y basta en
cuatro gabmetes _pequeños, á gusto del inquilino,

LA REORGANIZ1CION DE ESPÁÑ!

•**

Fachada del edUlcJ((constrnido por el Sr. D. José de Teresa en la esquina de la Plaza de Armas y calle de Tlapaleros.
-·······················································································.... ··············•···•·······•···········•·•··································•·····•··········•····················································•······· .....

Sin embargo de faltar t Jdavia ligeros detRllee de cío del propietario, cuando se vean obligados á cam·
biar de casa.
ornameotac1ón en el interior de algunos departamen
toe, pueden considerarse como terminadas las obras
de construcción de este gran edificio.
Comfort y economla en materia de habitación por
Podemos llamarle grande y notable aunque no sea
más sino porquf'I, substituyendo á toda una calle de cualquier parte de la ciudad y con mayor ruón en el
vetustas y as'métricas casas, p&lt;'11ueñas y pesadas co- centro, eran dos ideas incompatibles para el inquilino
mo lo fueron la mayoria de las c,bras inspiradas en la y seguirán siénoolo en bastante tiempo, miemras no
que Hepan imitar al del "Cenestrechez de miras de la época colonial, y á aquellos abunden los propittarios
11
legendarios portales claudicantes, cuyas raquitlcas tro MercantH.
Mucliae veces nos hemos ocupado teóricamente en
arcadas dabau abrigo por el día á los pequeños comeuioe de la miseria y po;· la noche á tenebrosas y demostrar que en México, una de las más ingentes
non sanctas aventuras, ~ió nacimiento á una hermmia necesidades es la de conbtrulr habitaciones que, ofreavenida, amplia y alej('rada por un buei;i número d_e ciendo las comodidH des que los adelantos de la época
edificios comerciales, de pocas pretens10nes artistl· pueden proporcionar al inquilmo, sean á la vez de un
cae, pero muy bonitos dentro de la sencillez del estilo precio razonable.
E,tamos seguros de que más de un propit1tario se
propio del objeto para que fueron constr.uidas.
.
De una manera completa se transformo tin poquísi- ha sonreído desdeñosamente ante nuestra demanda,
uzgándolll utópica é impracticable.
mo tiempo y debido á la natural emulaoió•.1 de los propietarios, la fisonomía •le toda una avenida. antes sucia y desc:iidaday hoy bastante mejor q:ie 111 cacareada de Plateros, con perdón sea dicno de los señores
propietarios.
No son, sin embargo,estoe merecimientos del nuevo
edificio, los que nos mueven µriocip11lmente á descri•
birlo en -particular, sino el hecho de inaugurarse con
él un útil género de construcciones, de las cuales e~ta
es el primer modelo, pues basta qhora nos hablan sido
desconocidas, y la lección provechosieima que para
propietarios é inquilinos se desprende de este ensayo y
que nos proponemos poner en relieve, consecuentes
con el interé~ que nos inspira todo progreso positivo
que se traduzca en ventajas para el público.
Si apenas hace tres años se le hubiese dicho á un
comerciante, profesional ú otro cualquiera bombrG
de n~gocios, que podía ofrecérsele en el centro de la
ciudad y en el corazón mismo del movimiento mercantil un hermeso almacén ó despacho, ventilado, lleno
u~ luz, con alumbrado eléctrico especial pata las noches magníficamente ast&gt;glirado contra los cacos mediante inviolables puertas de acero y un ;:1ervicio propio de vigilantes. con elevador gratuito, con fuerza
motriz si la necesitare, todo esto en un edificio sólido de bella fachada y ornamentación int..rior no meno~ lujosa y elegante y á precios inferiores á los que
se pagaban y pagan actualmente por obscuros y húmedos almacenes, donde se pudren las mercancías ó
las destruyen las ratas en breve tiempo, ó por incómodos y mal acondicionados despachos, lejos del cen•
tro de loe negocios. es seguro que ese comerciante
ú hombre de profesión se habría reído y habría tenido por charlatán al que tal oferta le hiciera.
En efecto, todos los que tienen que arrendar un local para ha.hitación ó negoc,io, han admitido.como.cosa indiscutible y se han resignado á que, para vivir
en el centro, es preciso pagar caro, estar incómodos y
no exigir otros lujos que los que ellos mismos quieDetalles del patio central.
ran y puedan proporc:onarse a su costa y en benefi-

•*•

. ...

················································-

Pues bien, el Sr. D. José de Teresa, cuya iniciativa en materia de negocios es laudable, ha venido á
darnos la razón y el ejemplo de cómo, mediante la
aplicación en una de sus formas del prineipio económico de la división del trabajo, puedan proporcionarse habitaciones para negocio, cómodas, lujf"&gt;sas, céntricas y baratas!
La descripción ilustrada del "Centro Mercantil" va,
á eviden~iarlo.
·
Las vistas de conjunto y detalles que damos de la
fachada de ese gran ed:ficio, nos ahorran toda descripción de las bellezas ornamentales que hacen de él
uno de los más notables de México.
El piso bajo está destinado á grandes almacenes de
comercio, cuya ventilación,se¡uridad y buenaubicación se reconocen á la simple vista.
Tenemos entendido que la mayor parte de esos almacenes, aún no ocupada, debe servir para instalar
la negociación de ropa y confecciones de que ya nos
hemos ocup11do prolijamente en nuestras ediciones
diarias y que llevará ti nombre del edificio.
En la parte interior del pi~o bajo está instalada la
planta eléctrica propia del edificio, bajo la dirección
del mecánico y entendido electricista ingléi, Mr. Theo
Montgomery.
Esta instalación es de seria importancia. Consta d&amp;
do&amp; motores con el dinamo acoplado en el mismo eje
del volante, que es la última perfección conocida en
el género y á la cual se de be que la luz producida por
las corrientes de esos dinamos, no tenga intermitencias ni titilaciones .

Cada motor tiene su caldera especial, con una fuerza efectiva de ocbenti. caballos, yen caso de descompostura de uno de ellos, fmicionará el otro. Actualmente eólo trabaja el motor de seis á d:ezdela noche,
y como el elevador es movido con ener¡ia eléctrica y
hay quienes pudieran necesitar alumbrado en la casa durante el día, se instaló con un costo de quince
mil pesos, una excelente baterla de acumuladoros
que dan luz y fuerza durante el tiempo que no trabaja el motor de vapor. Las personas que por la naturaleza de su negocio necesiten fuerza motriz en sus
departamentos, pueden tomarla en la casa á un precio minimo.
El elevador, del cual damos dos ilustraci,.nes es
de muy suave movimiento y_~e gran precisión, pudiendo usarlo todos los inqmhnos y visitantes, grátls
y desde las 7 á. m. hasta la 11/ 1 p . m.; luego desde las
3 ~asta )as 9½ p. m. Ha.v.un empleado especial con
luJosa hbroa para manejarlo.
La eecalera rodea el eleyador en toda su altura y
está construida en las meJores condicio,•es de pendiente y altura de loe escalones, de mimera que no t-1!moleeto subirla cuando falta el elevador.

El patio central que dá acceso á todos loe departament?B e@ de verdadera belleza con su gran techo
de cristales labrados, sus pisos de mosaicos y sus tres
cuerpos de ga,eria•, régiamente decoradas con estucos y jarrones de bronce de mucho gusto, dominando
en la decor_ación dos ton os, el café y el oro de las molduras y relteves . Nuestras ilustraciones dan una idea.
Damos también ilustraciones de los Jotes ya decorados y o~upad?s po_r las-üf!cinae del propietario y por
un profes10nal mqmlino. Estos lotes tienen vistas á
la calle, as! como el gran e.p~cio, aún no subdividido. que damos también.
De los departame:::tos que no ven á la calle, puede
veree toda una ala, y se advertirá que su iluminación
no es inferior á la dti los primeros.
Entr~ otras comodidadee, Cl;'da piso tiene un grande y luJoso departamento de modores todo cubierto
de mármol, con elegantes tocadores y un mozo con
la librea del edificio, encargado del co11star.te aseo.
Damos un grabado que representa esta oficina. cuy_o cui~ado es de tan poco in~f'lrée ·para los proplt·tarios, siendo aei qu.e lá salubridad de una casa tiene
tanto que sentir de tales de$cuidos.
Una gran parte de las oficinas está ya ocupada, y es halagador ver el movimiento de hombree de
negoeios, clientes, mensajeros y mozos que sin cesár
van y vienen por las lujosas galerías del patio central, buscando á los negociantes y profesionr.les que
acudieron los primeros á aprovecharsi, de las ventajas de este palacio del trabajo, donde tan poco cuesta
tener habitación sana, hermosa, cómoda y barata.
Damos un grabado que representa la sala de jun•
tas de la futura Sociedad Anónima "El Centro Mf'lrcantil," La decoración es severa:, lujosisima. destacándose en el fondo el retrato del Señor General
Diaz, quizá como una alegoría de que á su sabia
ge~tión d1,be el pais la buena fortuna de ver realizados estos adelantos.
Nos consideraremoa largamente recompen@adoe, si
esta descripción logra emulará loe propietarios que
pueden imitar al Sr. de Teresa y pronto vemos echar
los cimientos de otros edificios construidos según la idea que presidió á la del "Centro Mercantil,"

Por creerlo de interés tomRmos lo siguiente de un
manlfiesto de la Cámara Agrícola del alto Aragón.
A causa de la latitud de nuestro territorio, desviado del paso ordi'lario de las lluvias, por su altitud y
estructura orográfica y su apartamiento del centro
del contiuente europeo, que es al propio tiempo centro de la historia moderna., ha debido España, más que
Hingún otro pais, hacer una politica preponderantemente económica; politica agraria y politice. mercantil· de aprovecnamiento de todas las aguas fluviales y
de lluvia, de factorías comerciales en todos los lugares de producción y de consumo del planeta, de aperturas de vías de comunicación numerosas y baratas,
de modestia v de circunspección -en su convivencia
con los demás países . La educación del pueblo, el
cultivo de la ciencia, la libertad politica, las relaciones exteriores, el mantenimiento de laindependtncia,
el orden interior. la expansión de la raza por 1Juevos
territorios, venían en segundo término y requerían
como necesaria condición aquella base económica.
La cabeza y el brazo depPr.den de 111 oficina del estó·
mago. Dime lo que un pueblo come, y te diré el papel
que desempeña en la historia. Spencer ha probaJ.o
que el porvenir será del pueblo que mejor
nutra.
Ahora bien: l!:spaña no produce fa cantidad de substancia alimenticia que necesita para el!tar bien 111imentada: todas las noches, más de la mitad d-, los españoles se acuPstan con hambre . Por eso ha sido tan
lento el cr"cimiento de su población: por eso su vida
media es la más corta de Eur.Jpa. Y de alli por qué el
pensamiento entero de la nación y de sus gobernantes debiera haberse concentrado t'n eso: en la despensa nacional, en PI modo de proveerla, de buscar víveres, como Inglaterra, por toda la redondez del planeta.
l&gt;e hoy en adelante ese debe ser el primer cuidado
y la principal preocupación de los hombree de gobierno; lo que se ha llamado con cierta relativa exac•
titud "politica hidráulica"
Quédanle á la agricultura española dos min11s por
explotar, que valen por algunos miles de millones:
una el agua d'I nieve y lluvia que cae en el territorio,
la cual hay que retener en él, defendiéPdola contra
el plano illcltnado por los embalses y las sangrías, y
contra la evaporación por la labor de desfonde; las sales vegetalizables del subsuelo, álas cuales el bueyy
la mula, con el numilde arado transmitido de caldeos
y egipcios no han podido alcanzar, y que es precise
sacar ahora á la superficie y convertir eh pan, mediante las laborea profundas.
Regar la tierra e11 elevarla casi á la condición de
valore:: del Estado, porque así como t&gt;stos maduran
sus cupones trimeetratmente, aquella rinde todos los
años tres cosech11e. Deffondar la que no puede ser
regada equivale á menudo á renovar su virginidad,
y en todo caso á hacerla más resistente contra la sequia, disminuyendo en una proporción considerable
el c,,eficiente de pérdida de las cosechas de granos,
ensanchando el área de los forrajes de secano, doblando la producción de vino por hectárea y dotando
asi á est11 caldo de aptitudes económica@ para la lu-

ª"

Elevador y su t-mpleado.
psra que, al menos en parte, des.tparezcan esos tugurios que la necesidad obliga á habitar con mengaa
de la salud, de loe intereses y de nuestra reputación
de progreso v civilización.
El Sr. de Teresa ha ga11tado bi.~tanre máede un millón de pesos en este edificio; y mucho dinero en recone•rmr, hermoseando, las numerosas propiedades
que tiene.
El Sr. D. José de Teresa merece bien de la ciudad
de México.
X. P.

I

Detalle del centro de la fachada en la calle
de Tla11aleros.

Entrada principal interior.

�476

Domingo 25 de Diciembre de 18\!8

Domln,ro 25 de Diclt1mbre de 1898.

EL MUNDO

417

EL MUNDO

IIEXICO .l'tlODERNO.-EL CENTRO MERCANTIL.

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Tipo de departamento exterior sin dividir c&gt;n lotes.

Tipo de despacho.

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Sala de juntas del Centro .l'tlercautll.

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Escritorio del Sr. de Tcrei;m.

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Dci;;J)acho particular del Sr. de TerNot.

CajH- del Sr. de 'Fcresa.

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SONETOS.
(Del libro_Dolor, Ideal, Esperan:a).

_J

I.
Si entre el mundo que palpa y el que sueña
Doquier la enorme discordancia toca,
Si el ambiente le asfixia y le sofoca
De su morada, lóbrega y pequt1ña;
Ah! si su voz, que Jo inefable enseña
Y mue,tas razas del sepulcro evoca,
Muere en la turba indiferente y loca
Cu~I pasajera ráfaga en la peñ i;
Fuerza es que el vate, huyendo de la plebe
Por inviolados sitios errabundo,
Del alma á. noble soledad se eleve:
Que en esa altura. en éxtasis profundo,
Brisas de Edén anticipadas bebe
Y escucha los rum'&gt;res de otro mundo!

II.
Cuaudo en mita&lt;t de su triunf,.nte vuelo
El r/\jo ~ol las cumbres ilumina.
Hac"n loR rayos que su f,.z fulmina
Los tristes ojos 11partar del cielo;
Mas, cuando tiñe de la tarde el velo.
Misteriosa la luIJ?bre vespertina,
La 1111rada, perdiéndose domina
Orbes má:1 vastos que soñó el auh..,lo
Mientr11s la dicha sus fulgoreN lar,za
La m,·nte, hundida en terrenal bajt"za '
NA da divino á. penetrar alcanza:
Crl'pÚdculo del alma es la trist&lt;'z:1.,
A cuya luz la timida esperanza
La playa ve do el infiuito empieza.
,w

:
III

Ay! para el alma en qu .. la fe no anida
Auge! guardian del p1-1nsamiento hu ua.;o
~; el d1Jlor inde~cifrable arcano.
'
Laberit,to sin lumbre y sin salida,
La ment11 por la duda ob,:cureclda
Ea hoscas noches escudrifi 1 en vano
Por qué rug" el dolor, vasto Océano
En a~ estrechis lindes de la vida. '
No asi el _c~"Y ente, que á su cruz ~e :,braza,
Y en la aíllx1ón acrlsolari;e espera
Como el metal en la rugiente hornaz~,
Pen~ando, cual el mártir en la hogu~ra
Que el dolor s.i.elda y para 11iemp~e enlliz'a
Lo que rompió la iniquida.I primera.
JOSÉ JOAQUÍN CASAS.

�,!!;L MUNDO

478

Domln,ro 25 dti Diciembre de 1898.

Do~go 25 de Diciembre de 1898

LECTURA FARA LAS DAMAS

FLORES Y BEBES

PAGINAS DE LA MODA

Una espléudida mañana de primavera en que todo
p_arecia _sonreir, y &lt;JUe la luz _dt1l _sol alegraba el espi·
ritu hac1endole olvidar las m1ser1as de la vida, encontrábanse en nn parque donde la g ente gozosa de la
magnificencia de aquel bello espectáculo, paseaba
riente bajo lasfrondaij delos árboles que se mecían al
soplo de una _nueva brisa que arrastraba el perfume
de mil florec1llas campestres. De la abstracción en
que me tenia sumida la lectura de uno de mis favoritos vino á sacarme el parloteo de una bandada de lindos bebés que en su dulce balbutir trataban de nn
asunto en verdad grave para ellos, ¡de un entierro!
Cené el libro olionte aún á imprentay púeeme á escuchar la conversación de los pequeños hombrecillol',
-Si, decia uno de ellos, de mofletuda !az y grana es
ojos azules que la brisa cubría por momentos con las
rubias guedejas de su angelical cabeza,murióanocbe
y hay que enterrarlo ahora.ahí lo tiene la niñera, pero an_tes de traerlo hay que hacer la sepultura.
¿Co_mo es la BPpultura? preguntó un pequeñln que
mordisqueaba un pastal gravemente.
-Un hoyo grande y feo donde se echa á los muertos contestó un diminuto
marino que portaba el visto~o unifoi:me de los ingleses. '
-Bueno, ¿pero ahl se queda par~ ~\empre? dijo otro pálido y enfermizo con
queda vocesilla que apenas se percib10 entre la algazara que formaban los lindos bebésl
-No,hom°!Jre, se apresuró á contes~arle el primero que hablara, si es un entierro de mentiras, v:amos. no más por Jugar; vamos á hacer el agujer1, debajo de
aqu~llas flores roJas y despué~ le traeremos con música pero yo como soy el
due110 le cargo,
'
Nadie objetó una palabra. y todos correteando se dirigieron hacia un rosal
donde un~s 1?ellas flores ostentab~n. toda.su lozanla y hermosura cual si quhsieran contr1b u1r con ella á la magmftcenc1a de la mañana Desde el asiento que
ccupaba podla verlos, afanosos, con sus pequeñas manecillaR esca1 bando en la
ª!~na que cubrla la calle que divi.'la _los prados; nadie hablaba y toda su atencion est~ba reconcen_trr.da en el trabaJo q?e emprendían; cuando vieron que la
fosa tema la profundidad qu~ desearan, ntJO el que había dirigido los trabajos.
-Ahora si. va~~e á trai,rle pero 3:ntes cort3:remos flores .V' ramas para actor•
narle Y asi lo hiCieron: las margaritas, los girasoles y las bojas de violeta'llenaron sus manog regordetas, y emprendiendo una carrera tan veloz como se
lo permitian sus débiles y gruesas piernas, pronto llegaron á donde descuidadas y parlachinas estaban las niñeras formando coro y hablando temendo por
tema principal de su insulsa conversación, los defectos de sus am~@; y á un .. de
ellas de rostro de ídolo se dir1gió el que habla anunci!ldo la muerte y promovido el entierro, le pidió _algo, y aq~ell~, de una bolea de mano sacó un objeto
envuelt? en ~n papel aJado. La ch1q~1.lleria rodeó al pequtño bebé, que lleno
de pars1moma y magestad desenvolv10 aquello y presentó á los ojos de sus ca•
maradas al travie~o maese Polic~inela; pero, en: ¡qué estado se encontraba el
buen mac.se! las roJas y largas narices caracter!Et1cas hablan desaparecido, as!
como también parte de la saliente barba, la ropilla encontrábase en estado
lamentable y los legendarios cascabeles habían dt1sapacido; triste era en verdad
el estado de\ buen maese que ~n la Navidad y la víspera de ReyeJ hace rew nar sus platillos sobre la barriga, arrullando á los bebés sus amiguitos.
La bandada de lindos enterradores organizó la procesión; á la cabeza, y lle·
vando en la rubia suya al desventurado maese, caminabaRichito, as! lo ol nom·
brar, en averiada caja de cartón y entre multitud de flores de que antPs hablan
h~cho acopio; segulanle sus compañeros formando el má,1 hermoEo acomp, ñamiento, con ramos que llevaban á la. altura de sus bellas cabecitas, los u1100;

....

.(

Fig. 1,-Traje sastre para ciudad.

Fig. 2.-Traje de casa.

LA MUJER.
La mujer, el ser más interesante de los de la cr1&gt;ación; es débil y fuerte á la vez, constante y caprichosa, valerosa y sensible, amante y adorada. Por esto
el Creador la asoció á los destinos de otra arrogante
criatura que se cree el rey del universo, y no es más
que el hombre. Por su debilidad y por todas los atributos de su esencia se diferencia extraordinariamente del que se cree su señor y está orgullosa de ser su
esclavo.
El hombre, inquieto en placer, ambicioso d_el bien
que persi,rue, !atigaiio 1&gt;n su carrera, se agita más
penoso cada dla y vive fuera de su vida.
La mujer. más constante. más afectiva, más mode•
rada de sus deseos y más amante con el corazón que
con 1011 sentidos, con@idéraee sólo destinada al hom·
bre, enorgullésese de C(lmplacerle y limita su upiraeión y su gloria A. pos~1&gt;rlo. .
.
La mujer, que ha udo obJeto de estudio de mu-

choe siglos para los hombres pensadores_, no es ni: serA verdadPramentEI conocida por los h!JOS del siglo
XIX. 1.Qué mano sE'&gt;rÁ tan temerararia que intente
decir lo que es la mujPr? '!'PI vez ninguna. Se puede
comprender lo que PR una ei,posR, una madre, una
hermi,.na y una amantP: pno jamás se comprenderá
quiza lo que es la m11j Pr. Un amigo, un amante, u_n
herm~no un espos(l, 1111 hijn y un padre, podrá decir
lo que vJle y es pi,timahll' PPte titulo respectivo a!•
canzado po:· la mujn. pno todos ePos titulos reunidos no bastan ni con,· ienen las más veces para conocer y explicar este Eér.
El amante sólo 111 ve al través dPI prisma de la imaginación y de la pR~ión df' l amor. El e_sposo, ya la amt1
ó la d1&gt;teste la ve ~1PmprP. ante PUS OJOS y en su corazón tal cual' éstos se la pintan, no como ella es. El
padre es ciego en verá su hija; el hijo ama, respeta
y venera á su madre; el amigo es indulgente con la
amiga.
Es del destino del hombre g-ozar y sufrir por la ~ujer mas no el de poder juz_i?a.rla; porque ésta es un
sér' multiforme. verdadera Proteo que cambia ~e forma á nuestros ojos según las pasiones que hacia ella
nos animan.
La mujer, sér incomprensible, se parece á la flor de

otros, largas ramas de jazmín formando verde arco
sobre el extraño féretro, y todos entonaban una triste melodía de música incomprensible, una música que
sólo ellos podrian escribir y Pjecutar, una melodía
tan llena de sentimiento como la qutl el célebre Gounod escribió á sus pt1queños allligob cuando "El entierro de un muñeco "
Con paso g,av e y sin cesar en su canto pasearon
por todas las callecitall, hafta que por fin el adorable
grupo llegó al rosal á cuyo pié hablan cavado la fosa
pan. dar sepultura al pobre mat'se. Lo que siguió fué
cómicamente grave; tli rubito bajó la caja, le rodearon en gran contusión todos los pequeños, y entonces
el pálido y enfermizo niño que antes preguntara si
maese habla de quedar asl para
siempre, dljo;
- Puo las cosas de un muerto se
bendicen .
- Si, si, exclamaron todos á una
voz, hay que beudecirle, y empezaron á señalar eobr'- el 111ontón de
flores que cubrlan el fé retro las más
grotescas bendiciones. al tiempo qu0
decian algo sin bentido, simulando
sin duda el latln de los responsos;
de~pul'B colocaron dentro del sgujero e! cuerpo del Polichinela, arroju on sob1 e él todos sus ramos, y
1:charon arena hasta cubrirlos por
completo.
1Pobre maese? ah! quedaba entre
floreR y cubierto por el ramaje de
aquel rosal que se mecía al soplo
de la brisa; los pequeños. entre alegres risa!I y cantando, bailaron sobre la sepultura, y colocaron en ella
una diminuta cruz formada con loe
tallos de una campánula que ahi
cerca se encontraba. Alejáronse
dePpués de mi vlsta: la inevitable
lucha por la existencia llevóP1e bien
¡.ronto de donde habla visto el entiP.rro de maei!P; alguna VPZ, y muy
lejos, he visto también llndos bebés
que me han traldo á la memoria á
aquellos. Y donde quiera que estoy,
gústame en los dlae primaverales,
...o;;:;:. cuando las hC'jas de ,os árboles re•
¼,· clén lavadas por la lluvia se agitan
~ al soplo de una brisa fresca y su}¼ surrante y las renuevos de las plan-~
tas brillan heridos por la magnifica
luz de uu sol esplendente, pasear
por Jo¡¡ parques, y contemplando á
los bebés, olr su charloteo que se
confunde con PI piar de los gorriones que se cuentan no sé qué picarescas historias que IPs hace rPgocijur; y he visto bebés alPgres y bebés
tristPP,los unos rt'b ozantes de salud
corretean por las avenid88 con sus
Traje para niña de 9 á 11 años.
débiles y gruesas piernecillas tras
alguna mariposa que revolotea de
aquí para allá burlándo.se__del.afán
A

Fig. 3.- Traje de casa para señorita.

~----------------------------------------------------------------- ---------- -----------------------------------Lectura:para las Damas.

479

EL MUNDO

--

los campos, al insecto del aire, al sol del firmamento
al mundo de los mundos, á quienes sólo el Creador
puede conocer de una manera perfecta en todos sus
elementos y en todas sus relaciones. Por tal razón, el
que ensaye escribir la historia de la mujer, necesita.
un sentimiento exquisito; porque si trata de describir el fuego que la anima y electriza sus sentimientos; porque si intenta describir lo que está más allá.
de los sentidos y pertenece al sentimiento y la razón;
porque si quiere, en fin, penetrar en un foco invisible de donde se irradian todos sus movimientos visibles para lo cual necesita el fisiólogo de un análisis
delicado, de un reactivo tan sutil é inmaterial como
el elemento sobre f\Ue tiene que operar-por estas razones necesita poner en eRpontáneo movimiento y
ejecución todas las emancipaciones de su alma; y el
sentimiento será la luz que ilumine en SllS investigaciones.
B. M . FLORES.

--------•--------

Fig. G.-A.brlgo elegante.

Flg. 6 . - Frac para seilorita.

FJg. 7.-Dos paletots elegantes.

�480

Domingo 25 de Diciembre de 1~8.

EL MUNDO

FÍO. 11.-TRAJlll DE O.ASA PARA DAMA

Falrlade gros negro con sobre falda d_o sarga de_ s1:1da ris tieruo, formando cuerpo tawb1én, acuch1llado/en el cuerpo y en la falda, con bordado de seda.

•

FJG. 12 .-UN BONITO TRAJE DE TERTULIA

Todo de crespón de ee•la bordado, con uua muctlta
lle eatin bordada también. una v!111lta de blond~ de
. Brudelaa en el pecho y una gran cintura de ra~o fino.

Otro pago de $12,000
DE ''LA MUTUA."

· Tomo I

P
oxpoóición

México, Domingo

0
9""bacionaL de ooe
LLaó

Iº

de Enero de 1899.

/Cf teo
LhZ

Num. I

en La Ctca_oemia de &amp;an &lt;8azLoó.

EN ZACA'l."'ECAS.

Sr- D. Donato de Chaupeau:-ouge,
Director General de "La Mútua."
MEXlCO.

Muy Señor mio:

J&lt;'i,cs 9, 10 y 11.-Trt&gt;s sombreros tUtima novedad.
de 101:1 p"queñ,H: los otros se alPjctn de las niñeras y
pasean por la8 enarl'n ,da¡¡ callPjutl!as que dividtm los
prado@, contempla u do l:ts mBtizadas ftu~es_ que gozosas die,m al sol ,m el vaivén dti SU8 u1ov1m1ento@, «te
amo,• «te amfl,• y no la8 t~can, úmcamente laa _contemplan con su:1 gran&lt;illd OJO~ y queda1;1 ptmsat1vo@,
y allá si por casualidad dt1scubreu uua v1olet~, mirando para todos lado,, l1t toman deliL'-.:.ldntneute con sus
manecitas, v espiran con ansia su aroma, cual si quisit:ran con.aervar por Ul.ll.Ch0-tiempo en sus pulmoncillos el delicado pt!rfuwe de sus liudas hermanas.
D . .R. SULTALTA.

H eceta.s útiles.
Buíi.uelos para el chocolate. - Se toma un kilo de harina de flor. y en el ceuiro 1:1e le hace un hoyo y se le

- d e un va111to
echa un huevo entero Despué~ se le ana
rina
de agua ligeramente tibia y s ,J, y @e amasa l~ hª to~in ce,ar con uua cuchara de madera; se le anaded r
da el agua tibia que necesite la puta para qui
muy e~pesa y no muy dura: deepués de trabajar ª 8 •
ta endurecerla algo más que para los ~esos buecos,
se pone un gran caso con mucblsímo aceite; c~m las
m11nos se c1 je la ma@a y se forma una_ rosqullhta; se
echa l'n el aceite cuando es1á muv ca!Jente, sacándola con la espumadera HSÍ que esté bien dorada.
Se aumentan ó disminuyen las cantidades en proporción con los buñuelos que quieran hacerse.

ª

•*•

Con esta focha me ha sido pagado Pn .e l B'lnco de
Zacatecas, por el Sr. D. A11to!1.io Cbávez Ra~lrez,
Agente Eepe&lt;'ial dtl esa Compama. y ."!1 presn1_c1.. del
Sr. Notario Público Líe. D. Tr~nqmhno ~g-mlar, lacantidad ($12,000) doce n~il pesos, 1mportt&gt; de
las póliza8 unm.-ro8 ¡¡11 Ool y oH,tsJ:l l1:1 una de$ 10 EOO
y la otra de $2000 en que e,;tuvo asegurado el bllnor
mi padre

D. JACINTO R. SALAZAR
Antes de concluir quiero hacer constar que el ~i&gt;ñor
mi p~dre recibió en vida dividendos por valor de..: . .
$879.86 cs.: que el costo de !_as do~ pólizas e~ 11 a~os
una y Ja otra f'll o años de v1genc1a, respectivamente, fué de $6.10! 2l! C8., y que á loR 23 día~ d~ haber
hecho la r11t:1awttc1ón d11 pago se puso á mis ordenes
el valor de las repetidas póliz11s.
Soy de Ubted don este motivo su atta. y S. S.

Carolina Salazar.

Para quitarse las pecas: hay que lavarse por las no ·
che8 cou esta compoe1c1ón:
Agua de rosas .......... .100 gramM.
Sulfato de zinc ........ . .. ,O
11
Eijte tratamiento local se complementa con una fricción por la mañana, compuesta de
Manteca de cacao . . ....... .40 gramos
Agua oxigenada........... lO
11
Vloruro de calcio .......... 5
,
En seguida se ponen polvos de almidón.

Nuestros Grabados.
FIG. 1,-TRAJE SASTRE PARA CIUC'AD.

l!:s do h eviotte gri~ acero y está compuesto de una
falda plena, con adorno de brandtburgos y un dormán con el mismo adorno, ligeramente abierto sobre
1m chaleco de seda. Sowbrero turil:lta adornado con
di&gt;s alas de palomo.

g-

Fio.°2.-TRAJE DE CASA.

E.s de escocéij obscuro de lana, con blusa holgada,
oruada de un gran volante y abierto sobre un plastrón de cadenilla. En la falda dos volantes de ligaros
farolille,s
FIG. 3.-TRAJE DE CASA PARA S~ÑORITA.

Es de escocés ¡?ris claro, falda y blusa . La falda
tiene un delantero figurado y la blusa varios tablei os
y una capelina muy 11legante.
Cvllar de seda á rayas negras.
FIG, 4,-TRAJE PARA NIÑA DR 9 Á 11 AÑOo.
Es de cheviotte azul obscuro, estilo marinero, con
falda tableada, blusa holgada, con gran cuello ornado de cintas de seda
Corbatín de raso muy elegante.

!. FIG.5,-ABRIOO ELRGAKTE.

Es nna jacq:uette de cheviotte muv fino, con un gran
cuello de piel formando solapa. Mangas de globo. Falda lisa.
FIO,

6 -FRAC PARA SEÑORITA.

De cheviotte también, azul obscuro, con ribetPS de
piel v grandes adornos de galón de cordoncillo de seda. Faldón redondo. Falda de amplitud media.

DOS Al\1.IGAS.
FOT. DE
.ACUARELA DE POYEUA.

FIG. 7,-DOS PALRITOTS ELEGANTES.

J&lt;'OTOGRAB,\DO UE LOS TALLERES DE

El primero de paño obicuro gris perla, con gran collar y guarda mangas de piel y de brandeburgo; el
segundo cheviotte azul negro, con capelina ornada
de piel.
FlGS. 8, 9 Y 10. - Dos SOMBRERO!\ FIELTROS v UNA TOCA
DE RASO DII' LOS MÁS ENCANTADORES ESTILOS.

FJg. 11. Traje de casa para dama.

Los fieltros ·Ron ambos redondos con adornos de raso negro, el primero en dos penachos y el segundo de
seda crema, alternanlio con una pluma rfaada.

Fig. 12. -lJn bonito traje de tertulia.

-

EL MUNDO•

LUIS C.

8ANDO\' AL.

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Oom1ngo 11 dt: Diciembre de 1898,

u, MUNDO

444

La figura 5 es de terciopelo obispo, está hecha de
una gran bata ceñida con broche fantasía á la iz•
quierda y eleva cuello y solapa y orlas de chantilla.
Es una toilette de gran lujo para la estación.

•

FIG.6 -BLUSA PARA NIÑA DE 10 Á 14 AÑOS.

De escocés de lana, muy olgada, con bonita cintura de cuero, grandes yockeye y un tablero en el
frente.
FJG, 7,-ABRJGO PAR.A NIÑA DE 6 Á 8 AÑOS.
De escocés de lana iormando un frock con capeli•
na figurada, orna?ª de un volante y de gusanillo de
seda en bandas circulares.

TOHO.Il

NUl[ERO 25

MEXICO, DICH MBRE 18 DE 1898

FIG, 8.-GRUPO DE BLUSAS DE ULTIMA NOVEDAD:

abcde.
Bajo e$tas letras estan comprendidas cinco blusas
muy elegantes y la espalda de la blusa e. Las blusas
más orlgmalee son las de.slgnalee con las letras q, Y; d.
La primera es elegantemente avolantada y lll ultima
tiene un gran peso bordado de alta novedad, coronando un plisse muy elegante. Distlngueee por su
sencillez de muy buen gusto las blusas by e.
FIGS.

9y

EXP0SICION NACIONAL DE BELLAS ARTES.
(EN LA ACADEMIA DE SAN CARLOS.l

10.-ELEGANTES SOMBREROS PARA N:úios.

Son de suma gracia y elegancia. E\ primero es un
gorrito de raso rosa con gran apllcac1ón de pluma Y
elegantes fruncidos Pn el frente, el segundo es de paja de Francia drapeado formando la draperia una se•
!ie de graciosos fruncidos.
FIG. 11.-TRAJE PAHA NIÑO DE 4 Á 5 AÑOS,

Fi,s. 9 y 10.·- :t!legantes sombreros para niños.
amor á nuestros hijos, es fuerza que n~estro carácter
se modifique, que abdiquemos de nuestros l'lrrore3 y
que gravemos en nuestro corazón esta palabra:
¡Economía!
.

De cbeviotte fino, pantaloncito ajaretado, jacquecito marinero, chalPco de seda.

AZÚCAR Á LA CANELA.

Se machacan en un mortAro 250 gumos de azúcar rallado, y 32 grar:nos de
canela pa&amp;ándolos por un tamiz de 86·
da, y se conservan en sitio seco.

AZUCARES AROMATIZADOS.
SOBRE EL TABACO,
AZÚCAR A LA. VAJNILLA,

Se cortan en trocitos dos palos de vainllla y_ se machacan en un mertero dtl mármol; se añaden después
125 gramos de azúC'lr. se machacan nuevamente has•
ta que el azúcar y la vainilla se hayan confunditlo de
tal modo que no se les pueda distinguir. Para impedir qne este azúcar pierda su perfume, se pone en un
frasco provisto de dos tapadPras, una, la primera, llena de agujeritoe, y otra, la segunda, que cierre herméticamente.
AZÚCAR AL CAFÉ

Pónganse fin infusión durante veinte minutos 200
gramos de café en dos vasos de agua hirviendo: pásese por uu lienzo: échese en la infusión cuanto azúcar rallado pueda humedecer dicho café, y luego se
hace secar en la estufa ó el horno, y se tamiza.
AZÚCAR j.L ANÍS.

Háganse secar AD la estufa ó en el fogón 20 gramos
de anís verde; májense en un mortero con 2i&gt;O gramos
de azúcar rallado, luego pásense en un tamiz muy
tupido, y guárdense en sitio seco.

Según el "Washington Star" un »indicato de b11.nquero11 in¡leee11 y americanos, ofrece á loe Estados Unidos hacerse cargo de los gastos de guerra
con España, reembolsabll'le en veinte
anualidaues, en cambio de la concesión
ole! monoµolio de los tabacos y de loe
forrocarrilee en Cuba y las Islas FHi•
pinas.
La ciudad Lemgo, situada en el principado de Lippe-Detmold, Alemania,
ha adquirido una celebridad particular. Alll se fabrican para el mundo en,
tero.. . . de fumadores, las pipas más
perfectas de "espuma de mar."
Y se admira que sea en tierra firme,
lejos del océano, donde se confeccionan esos preciosos hornos, es necesario recordar que la "espuma de mar"
nada tiene que ver con la "gran cubeFig.
ta," que ese vocablo es simplemente
un 11,rnbrenombre11 que hace alusión á la lig.,,reza á la blancura de la materia. a espuma de
mar se compone de una tierra
magnesiana blanca y 'JU6bradi•
za, que se hace hervir en leche,
para amasarla en seguida con
una mezcla de cera y aceite de
linaza.
En los alrededo.es de Lemgo
se encuentrar. admirables tierras
magneEianas, que poseen las virtudes necesarias para la confección de esas pipas maravillosas.

l

11 -Traje para niilo de 4 á :S ailos
FIGS. 12 Y 13,-TR~JlfCITO PARA NIÑA DE 15 Á 16 AÑOS

La número 12 es un tra;ecito escocés, con delantal
figurado, dejando ver un plaetronclto yunoe yockeys
de muy elegantes y con cintura de seda.
La figura 13 es de sarga de seda bordada de gslones, abierta sobre una camisola de escocós de seda
d~ mucho g jsto y ceñida por una cintura de raso.

OTRO PAGO DE $3,000
DE "LA MUTUA"

NUESTROS GRABADOS
FJG. 1. -GRAN TRAJE DE
ESTACIÓN,

Es de paño azul obscuro, bordado en grandes guias al frente
y figurand,, en la falda una gran
ala que cae sobre la izquierda.
El jac&lt;i uet es corto y muy justo;
cuello que recuerda el estilo princesa.
FIGS. 2, 3, 4 y 5.-TRAJES DE
CASA Y DE CALLE.

1 .,

FJgs, 12 y 13.-Trajes para niilas de l:S á 16 ailos.

La figura 2 es una blusa de eatln con hombreras y una gran
aplicación de bordado de cadenes de seda.
La figura 3 es traje estilo sastre, de pi el &lt;ie seda lila pálido
con gran bolero acuchiillado, camisola plfssé de seda negra y
ciuturón del mismo estilo, muy
elegante.
La figura 4 es de sarga, con
yacquet y chaleco fantasía. El
chaleco está completamente cerrado y el jacquet unido por dos
grandes botones fantasla. Camisa de batista muy elegante.

EN EL SALTILLO, COAHUILA.
Reclbi de 11 The Mutual LifA In~uranee Companv of
New York" la suma de ($3,000) Tres mil pesos
plata mexicana, en pag·o total de cu1tntos derechos se dt1r1van ae la póliza número 671,631 bajo la
cual y conjuntamente conmigo estuvo asegurado mi
finado esposo
DON IIJG1JEL ARISPE MAR rINEZ

y para la debida constancia en mi ca::ácter de beneficiarla nombrada en la póliza, extiendo el presente
recibo en la misma póliza que se devuelve á la CompNñia para su cancelación en el Saltlllo, Coahuila á
los 21 dias del mee de Noviembre de 1898.
'
Firmado,-Josefa Carrasco vda. de Arispe.-Rúbrica.

Una limosna para el Santo Templo.
(;uadrn pe r José Benlllure Y Gll

Ruperto González del Moral, Notario Público en
actual ejercicio,
Certifico: que el antPrior recibo ha sido extendido
en mi presencia por la Sra, Josefa Carrasco Vda de
Arispe á quien doy fé conocer siendo la firma d~ dicha ~en:ora la 9u~ ella usa en sus negocios. Saltillo
Noviembre vemt1uno de 1898 Doy fé.
'
Flrmado.-Ruperto González del,Moral.-Rúbric&amp;.
Notario Publico.
Unos timbres por valor de $3 50 cs. debidament&amp;
cancelados .

Fo,. de Luis C. 3andoval.

�Domln1rn 18 de Dleft,mbre dfl 1~.

~L MUNDO

446

LASEMA.NA
Un corresponsal ha hecho públicas las quejas
de algunos pintores á quienes causa extrafleza no
recibir invitación persunal para el certamen de
Bellas Artes.
Muy fuera de lugar esa extraflesa toda vez que
por su carácter mismo, estos concursos no llaman
de puerta en puerta en demanda de telas ó estatuas: la invitación es general, se hace púolica
para que todos la lean y la acepten los que quieran, sin compromiso.
Por incipiente que sea el arte en 11uestro país,
y limitado el número de sus cultivadores, no podrían hacerse oficialmente esas designaciones, en
familh1, que dado que no fueran en extremo laboriosas, parecerían ridículas.
¿Quiént:s son los artistas dignos de presentarse en cor,curso? LI\ comisión organizadora no puede pretender un conocimiento exacto y completo de sus nombres y seiias, y menos aún comprometerse á extender certificado de admisión á
priori antes de saber que el invitado va á pre•
sentar obras dignas del concurso.
Tampoco podría estar segura de no excluir en
su lista de invitación a. algún maestro, y en ese
c&gt;1.so, para que nadie quede fuera, se invit1i á todos, sin dirigirse personalmente A ninguno.
Nada más ridículo que llam11r á un artista y
lui•go rechazar sub obras, y nada más inconve
niente que aceptarlas, no por lo que valgan, sino
porque se le invitó y para que r.o quede desairado.
11/W

Estas exposiciones tienen por objeto la exhibición de obras artísticas y á veces result11 que
quienes se exhiben son . ... sus autores.
Y no se refieren estas líneas á los que, desoyendo sinceras advertencias, pouen á la comisión en aprietos y obligan su conciencia á admitir y al público á ver inconcebibles mamarracbos,
monumentales caricaturas del arte, cuyos perpetradores no tienen ni la excusa delos pocos afios.
Más qµe estos inconscientes, s~ exhibe quien,
como cierto profesor que no mencionare, hace figurar entre sus obras y las de sus discípulos un cuadro .... de medalias.
Qmen la;i ha visto no me dice si son de oro;
pero de plata ó bronce ó de lo que sean, lo cierto es que forman vistosa colección en artístico
cuadro que si honra mucho al que lo presenta,
porque en esos discos brillan sus antecedentes,
no da las mejores garantías de modestia y bUE n
sentido.
Acaso el meritísimo profesor pretende que no
se atribuyan sus obras á algún ignorado principiante; acaso, no muy 11atisfecho de ellas, desea
que todos sepan que en otras ocasiones ha hecho
algo mejor.
De todos modos, lo que ese sefior exhibe allí,
es su persona, cosa que bien mirada no ha de ser
fecunda en emociones estéticas.
Hay artistas en el concurso que hubieran podido enviar veinticinco medallas de oro á la Exposición; si no lo hacen es porque ni se estila, ni es
de buen gusto ser heraldo de lapropiafama.

,.,,,,

La Sociedid Real de Lóndres en la que han tomado asiento tantos investigadores originales,
tantos sabios perseverantes que con sus teorías
y sus descubrimientos ilustran grandes capítulos
dt: la historia ~ientífica, ha emprendido una obra
digna. del genio británico y de una utilidad extraordinaria.
A mediados de este afio celebróse en Lóndres
una Conferencia Internacional convocada por esa
asociación con el fin de formar un catalógo General de Literatura Científica. Compréndese la
importancia del objeto y la indefinida variedad de resultados que habrán de provenir de una
sistemáLica clasificación de todas las obras científicas conocidas.
México envió su represer,tante á la Conferencia
y secundando sus planes, se ha organizado una
Junta Nacional á la que se ha encomendado la
formación del catálogo mexicano de obras científicRs.
No podemos gloriarnos de ocupar sitioeminente en el cultivo de las ciencias; pero no corres•
ponde el ~ilencio formado en derredor de la actividad pensadora á la existencia de una verdatlera
eeterilidatl del intelecto mexicano.

Cuatro ó cinco vehementes ditirambos de retórica vulgar forman la reputación de los que explotan el escándalo literario ó periodístico, y una
existencia ente'ra ocupada en resolver un problema
y completar una investigación, no bastan á conmover el indifereutismo social cuyos muros de hielo
no tRladra con su reputación el hombre de pemamiento.
Por eso creemos que aquí la ciencia no progresa ni en su difusión ni en las especializaciones de
un cultivo carifioso y fructífero, al par que l,1
literntura y las artes, productos que se nos antojan mas 1.aturales y propios de este suelo y de
la raza que lo habita.
El catálogo de L1Leratura CientHica nos dirási
hay razón para juzgarnos como nos juzgamos, ó
si hay motivos ¡,ara cstentar galhtrd0s ejemplos
de útiles conquistas eu el terreno de los conocimicutos c1entíf1cos.
11/W

El vü1je del Sr. Presidente de la República á la
capital d(:j Nuevo León, viene á d11r á la nueva
posición que ocu¡::a l\Ionterrey entre las primeras
ciudades de la República, algo como una conffr.
mación de la justicia con que pretende aquel ewporio fronterizo el reconocimiento de su fama.
l\Ionterrey conquistó búbitamente y como por
sorpresa su inmensa prospHidad, pasaudo en un
día de la modesta línea en que afirmab:i su prog¡-eso á la dominación industrial de inmensa zona
tributaria.
No ha sido obra del azar esa transformación
violenta: concurrieron á ella múltiples factores, y
acaso su sirnación topografica uo es el menos ilnportantt:; pero el carácter de su put:blo, su homogeneh!au étnica, e; adelanto de la instrucción y
hts ideas de ahorro y cooptración y su constancia
eu el trabajo, Jleváronlo á la compren:iión de lus
nuevas condiciones económicas del país, adaptando sus e~fuerzos á la3 exigencias del industrialismo cvnLemporánto.
Por eso, no bien sintió el primer contacto civiliz11dor la Ciudad frontei iz,¡, sus hijos emprendieron la conquista mercantil de amplios territorios,
abriendo vías exrnnsas que la necesidad de la
competencia ha ensanchado y derramando los
productos de una labor industrial extraordinariamente activa en los mercados que supieron
dominar.
Ciert11mente, el elemento extranjero ha cooperedo en vastas proporciones á la re11lización de
esos progresos; pero allí el mexicano no vi ve del
para:,itismo ocioso ni en la condición pr1::ca1 ia
de la inmovilidad: se agita, proyecta, trabaja,
ahorra, busca la asoci«cióu y a.masa en ella las
grandes fuerzas que tal1:1dran la roca, clavan
el riel y montan las poderosos máquinas modernas.
DICK.

¡Jolittm Q&amp;.cn.crttl.
RESUMEN'. -FRANCIA É INGLATERRA. -LAS DECLARACIONES DE UN MINISTRO. -TODAVÍA LA
CUESTIÓN DE Ji' ASHODA.-LA ARRuGANCIA BRITÁ·
NICA. -ALEMANIA Y LA ALIANZA FRANCO·· RU8A.
-FIN DEL ESPLÉNDIDO AISLAMIENTO DE lNGLA·
TERRA. -CONCLUSIÓN,
Impulsado por su propia iniciativa ó inspirado
quizá por in~inuaciones de Londres, el embajador
inglés ha causado profunda sensación en todos
los círculos políticos y diplomáticos de París, con
un tremendo discurso que renueva en todas sm
partes las acusaciones de Chamberlain, las apreciaciones de Ilicks--Beach y la acritud creciente
que Lord Salisbury ha manifestado en cuanto se
refiere a. las relaciones con Francia.
No bastó que el gobierno de París, cediendo á la
prudencia y el buen sentido,renunciara en lo absoluto á las gloriosas conquistas de l\Iarchand,
que por caminos iuexplorados, por selvas espesas y caudalosos ríos iba plantando su pabellón
victorioso en nombre de la República francesa
para buscar un puerto de salida en las aguas del
río sagrado. No bastó que Francia, abogando sus
sentimientos patrióticos, haciendo á un lado sus
arrebatos meridionales, acallando los impulsos de
su pueblo, extasiado ya ante las relaciones legendarias del que llamó héroe de Fasboda, evitara
todo m&lt;'tivo de conflicto, se abstuviera de sostener sus conqubtas que consideraba en buen de-

recho, y cediera en favor· del Jedive tierras que
habían consagrad.:&gt; ld somb~a des~ bandera _Y las
azafias de sus expedicionar10s. Mientras Bnsson
y Delcassé resistían prudentemente á las insinuaciones del gabinete de Saint James( L~rd SaJisbury hacía halagadoras promesas, rnd1cando
que toJo habría de discutirse y se llegaría á satisfactorios y amistosos ac~erdos luego que se hu-biera dado la orden de retirada á Marchand.
Si el objeto prmcipal de la expedición del valieute y osado explorador había sido llegar á las
riberas del Bhar el-Gba.zal, para alcanzar un punto
de! Nilo Superior abrir una vfa de comunicacióu entre el Nig;r francés y el Sondan, y uni-r
por medio de factorías Egipto con el Senegal, el
s11cr1ficio hecbo por }&lt;'rancia al abandona-: l!'ashoda debía tener alguna recompensa. Así lo daban
á entender los diptomáticos iugleses á los representantes dt:l gobierno francés, así couvencieron
á éstos mejor que con las amenazas; así lograron
su objt'tO final mejor que con los movimientos de
sus escuadr11s, la actividad de sus arsenales y el
aparatoso apresto de sus preparativos bélicos.
Así suavizaron en lo posible las asperezlls de la.
derrotli diplomálica, halagaron las susceptibilidades del amor propio francé3 y evitaron las explosiones pati ióticas de un pueblo que no pudo
considerarse dendido.

***
Pero hay algo más, sin duda, tras de esas halagadoras ¡.,rom1::sas, algo que otra vez hemos Rpuntado, que em¡.,uja acaso de una manera inev:table en formidable choque á los dos grandes pueblos occidentales de Europa que más han trabajado por el progreso humano, y han rendido mái.
forvientes cultos en los altares de la civilización.
Sir Edmund Monson acaba de decl11rar, con la
autoridad que le presta su carácter de embajador británico cerca del gobierno de la República.
francesa, que no hay esperanzas de nuevos arreglos amistosos; que el mismo derecho que asistió á
Inglaterra para exigir la retirada de Fashoda.
servirá pi,ra sostener el dominio de Egipto sobre
todo el valle de Bahr-el-Gbázal, y para re.chazar,
por ende, toda pretensión de Francia á obtener .
un puerto en el Nilo Superior. Entra en apreciaciones sobre la política interior de Francia, censura la actitud dela prensa, ataca indirectamente la inestabilidad de los gabinetes, y al insistirsobre la grandezl\ del Reino Unido, aconseja moderación y buen seutido á los que han dado pruebas palpitantes de buen sentido y de moderación,
durante toda esta campafia, tanto más dolorosa.
cuanto qu0 ha Vfnido en un período de agitación
en el interi:.r de la República.
Que Sir Edmund Monsonhay a obrado por su propia cuenta ó aconsejado inmediatamente por el Jefe del gabinete i11glés, el efecto;sobre Francia ha.
sido el mismo. Ya se dejan oír las voces guerre•
l'llS que anuncian el combate; los heraldos de la
opinión hacen sonar las cien trompetas de la.
prensa y proclaman ante el mundo entero los manejos equívocos de la pérfida Albión.
De capital en capital, de gabinete en gabinete,
circulan rumores alarmantes, se habla de combinaciones posibles entre los puPblos, de alianzas
probables, todas tendiendo á mantener firme esta amenaza tremenda: la guerra continental.

Para contrarrestar la altivez británica, que se
cree duefla y sefl.ora de todos los mares y capaz
de desafiar con sus escuadras congregadas la.
combinación de todas las de las gr1.1.11des potencias, amigas ó enemigas, se murcnurll por lo bajo
la inteligencia posible entre Francia y Alemania.
No es que se considere fAcil el olvido de anticruos.
rencores y el perdón de viejas ofensas; no e:que
se juzge la situación capaz de llegar al extremo de conciliar completamente á los vencedores y vencidos de 1870; pero ante el peligro,
todo cabe. Hoy es Francia quien ha tenido que
s?portar_las_exigencias de esa insaciable expanc1ón territorial de Inglaterra; en las mismas condicciones se encuent ra Alemania por sus colonias
africanas. Siempr¿ han creído los poiítícos alemanes que su imperio colonial estaba á merced de
las flotas inglesas, por eso se ha vi,to el deseo
invencible del Emperador de aumentar competentecne?te marina de guerra, á fin de resguardar territorios que han costado no pocos sacrificios, y son legítima esperanza p11.ra el ensanche
creciente de la producción alemana, urgi1a de

!ª

Domtago 18 de Diciembre de 1898

nuevos mercados y centros nuevos
de consumo.
Si es verdad que la iniciativa filantrópica de Nicolás II llevaba ante todo por objeto el humanitario fin de aligerar las cargas que pesan sobrn los
pueblos, en forma de abrumadores presupuestos de guerra y marina, no se
oculta a nadie que tras de. esa nobleza bien puede ocultarse el problema
político de ir acercando lentamente á
Francia y Alemaniit, hasta llegar á la
conciliación que sería el gran desideratum, y no encontraría ningún obs•
táculo, obtenida la neutralidad de Alsacia y Lorena de que también se ha
hablado.
¿Qué sería delReino Unido ante esa
alianza formidable aunque difícil pero
de ningún modo imposiblei' ¿Cómo podría resistirá los ataques de Rusia contra sus posesiones d~ la India, mina cargada que sólo espera una chispa para
entrar er, colosal conflagración?
Arrogante siempre Ingl11terra cuando no encuentra resistencia, bombardea Alejandría, destruyeZanzíbar, degüella cipayos, acuchilla zulú es, diezma matabeles, encadena reyezuelos
11fricanos y marca con sangre y fuego
las huellas de su paso. Raras veces se
encuentra en su historia hazafias notables como las de Kitcbener en Berber y en Omdurmán. Hábil ante todo,
se escurre fácilmente, huye de las contiendas, esquiva los conflictos cuando
no está segura de la victoria. La unión
de Rusia, ~'rancia y Alemania indudablemente la haría retroceder. La
agregación de la gran Germanía á la
liga franco--rusa que ha sido desde su
celebración prendasegurade paz, afirmaría ésta en toda Europa y acaso sólo serviría para eclipsar los esplendores de ese aislamiento británico, de
que tan orgullosos están los ministros
de lareina Victoria.

X.X.X.
Diciembre 16 de 1898.

.LA NOCHE DE NAVIDAD
EN PROVENZA.·
Son interesantes sobremanera las costumbres y las
ceremonias que los provenzales practican en la celebracUn de la gran fiesta de la Navidad de Nuestro
Señor Jesucristo.
Algunos nouve ó villancicos (nouve es también la
traducción de Navidad) de Saboly son el aperitivo de
la gran comida del 25 de Diciembre que se prepara en
el hogar, en unas inmensas ollas ó sartenes á propó·
sito para los numerosos convidados que asistirán á
ella En efecto, , es la costumbre en ese dla, reunir to•
dos los miembros de la miama familia en la casa del
jefe ó abuelo, y no es raro enconti-arse hasta veinticinco y treinta personas al rededor de la gran mesa
de Navida&lt;i. El abuelo la preside y de cada lado secolocan los miembros de la familia por rango de edad.
Tres velas ordinar:as de sebo, dos grandes y una pequeña, ocupan las dos primeras las extremidades de
la m'lsa, la pe,iueña se coloca en el centro. Esta figu·
raes la de la Santa Familia José, Maria y Jesús en
medio de sus padres. La comida empieza por una ensalada muy blanca rociada con ~ceite de olivo en el
cual se han disuelto algunas sardinas con ajos tostados, después una salsa de espinaca; y en fin, el plato
tradicional de bacalao á la provenzal. Vienen en se•
guida los postres que consisten en grandes pasteles
de mantequilla llamados fougasso y en turrones de
almendras Pero antes de tomarlos se observa la gran
ceremonia de la bendición del pan y del vino. El
abuelo toma uu gran pan, lo bendice, lo rompe y lo
distribuye entre loe asistentes; después tomando un
enorme vaso de v:no puro, lo bendice también. bebe éi primero y lo pasa á cada uno d~ los miembros de la familla para que beban á su vez, hiAs·
ta. el niño recien nacido si lo hay. Esa ceremonia es la
de la institución de la. divina Eucaristía, sacramento
por medio del cual Nuestro Señor Jesucristo debla
quedarse ~nido á los fieles cristianos, alimenté.ndo!os
con su carne adorable y su sangre preciosa.
Cuando todos han probado el vino el abuelo se levanta, toma una rama de olivo, emblema de la paz, y
roela con ella y con el vino del mismo vaso unos instrumentos de hierro que retienen las c:,enizas en el hogar v que llevan el nombre de cachofiós. Ei:_tos cachofiós que tienen habitualmente una empunadura
de cobre liso ó esculpido con diversas figuras·no pueden ser sino los dioses Lares de los viejos romanos
protectores de la. casa, del hogar y de la propiedad,
de modo que esta última ceremonia es meramente

Da:rnaa di~tinguida.s.

Tiroliro. liro lou gaú canto
Nom;e! Nouvél
Terminado éste, toda la familiR se dirige
en caravan11 hacia la iglesia dt'l pueblo
pbra asiRtir á la misa de media noche,
después de la cual cada 1.no se retira a su
propia casa.
Tal es la vieja costumbre de Provenza,
en esa gran fiesta de Navidad_

",UNA LIMOSNA

Pf..R! !L ~AlfFO TE]l~t'.:O...r
POR JOSID BENLLIU~E Y GIL.

Y en ~-~a ni~idez que al hielo enoja,
agresiv", vivaz. llameante, roia,
se destaca la veste dfl mona_qó.
Amado Nervo.

La idea religiosa ha dado. en todos los
tiPmpos, abundantes asuntos á las artes
plásticas
Esculpió el paganismo en pentélh•o
mármol las Pfigies de sus dioses y más
tarde el catolicismo-no el cristianismo
-pintó á sus sautos. Hoy tod11vla, el templo inspira á menudo á las modernas manos creadoras, mas de otra 11uerte que en
los tiempos idos.
No ya la impecable forma flsica de la
mitología greco-romana, ni la recortada
expresión mistico-p~icológica del divino
qua.trocento, sino lo que la decoración
religiosa ofrect. de vistoso ó de colorido ó
de tenebroso, es lo que hoy suele animar
á los sacerdotes de !a plástica. Aq11ellopegan:smo y quattrocento es intensamente bello y lo ~erá por s1empre; mas para
cr11arlo en las postrimerías de este siglo
XIX, es preciso confesar que habr[a menester de una buena dosis de artificio.
De aqul que,-aunque pese á los torpes que proclaman el exclusivismo del
desnudo sólo porque éste es bello y no de
otra suerte como el pergar.:iino académico
combate por el exclusivismo del soneto y
de la oda-el desnudo vaya desprendién.
dose cada dia más de los grandes pinceles para ceder el campo á la contemplaSra. Laura Formento de de la Torre.
ción de la vida real y desbordante y de
la realización de bellezas positivas. que
Fot. de Valleto.
-----------------------------------·----------------------- mayor sugestión habrán de ejercer en
el moderno sentimiento pue.to que están
un resto d11J viPjo paganiRmo. lo que no debA sorpren• dentro de su comprPnsión y verificaciónintuitivas, e11
dfl:o si se considera quetodit Franela, ante&amp; Galia, fué decir, dentro de su medio.
colonia romana antes de Jpsucristo y varios siglos
Hoy, el artista toma del templo la sensación artlatidespués y que la Pro venza estaba más cercana ála me- ca ~olamente, ya no hay el 11entimiento religioso; hoy
trópoli. Los convidados acompBñan al abuelo pontifi• pinta el artist!l, ya no predica
ce durante esa CO!'emonia, se ~ientan en seguida á la
Varios cuadros de esta índole podremos contemmesa y despué~ de haber comido los turrones, se le- plar en la próxima Exposición Nacional de BPllasArvantan todos y vienen á colocarse en unos asi ..ntos, tes, y de ella eR el de Benlliure que titula: ",Una lien forma. de semicirculo ante una inmensa hoguP- mosna para el Santo Templo l. ... " y que el pública ha
oa formada con enorm 'IS trozos de leña. que arde con bautizado ya, más lacónicamente, «Limosna •
ruidosos y grandes chisporroteos en la va?ta chimeEl asumo no puede ser más sencillo: un acólito, re•
nea. El abutilo ocupa el cPntro dt:l st:micirculo y los vestido de la púrpura usual, pide limosna. E11 la figuniños se acuestan en el suelo á los pi-és d-elas person-as ra capital y única; las demás sólo le sirven de cuadro,
grandes. El jefe de la familia pone entonces lae ma- incrustadas entre las sombras del templo ..
nos en las rodillas y con tono solemne empieza á reLo primero que se experimenta al encontra1 se frenferir el Advenimiento de Cristo con todas sus diferen- te á frente de la obra de Benlliure, es una sensación
tes circunstancias. Todos loe oios se fijan sobre el de rojo y blanco, como en el soneto de Nervo cuyo
abuelo, los pechos no hiten ya para no turbar la na- último terceto sirve de eplgrafe á estas lineas
rración, y las bocas se abren como para recoger toSólo que no trató el artista de manifestar simpledaq las palabras que s11len de los labios del pontífice. mente el contraste de la albura y de la sangre, sino
Al terminar la narración el abue'o enciende ba- que quiso que blanco y rojo se destacaran, contrasbitu3lmente una pipa de tabaco y sigue refiriendo tando entre al. sobre un fondo Ióbregoysombrio. )Emcueiltecitos á los niños mientra11 que las otras perso- presa audaz, en ve.dad, que Benlliure tuvo el tino de
nas cantan villancicos. humedP.ciendo todos y de cuan. realizar maravillosamente!
do en cuando, la garganta con un buen vaso do vino • Veamos la figura capital, el concentro del cuadr.::
puro.
estudiemos su contorno general y veremos cuán airoNo se duerme en esa noche es la única en que los sa y cuán sentida resultó la representación del moniños tienen licencia de Telar esperando la solemne nago.
mi11a de media noche anunciada pronto por el canto
Es un gamin simpático y bueno, ftU6 mal se halla
de Jo., ¡!'allos que no deja de hacerse oir hacia las on- dentro de la svtana y del roquete y que está pensance y media, y en caeo de un olvido de pa·te de esos do en quién sabe qué atractivos del arroyo mientras
gallinaceos hay siempre quien se encarga de imitarlos. con unciosa voz pide la limosna para el templo. Su
Entonces se entona. al unlaono el villan~ico:
rostro fre~co :r juvenilmente ingenue, desborda vida,
y se comprende que, aunque dedicado al servicio saTwoliro, liro, lou gaú canto:
cro, es ese monaguillo un capullo de hombre que
Nouve! No·¡¿ve!
siente en toda su amplitud el gusto de vivir y que es,
tá dispu11sto á exigir de la vida c1u porción de goce,
'!'iroliro, Uro, el gallo canta: Navidad! Navidad!
esa porción cuya demanda es el sagrado y universal
Se dt1scubre en st-·guid" el altar formado habi- derecho de los hombres.
tualmente de la VfrgP.n Maria, de San José y del Niño
Hasta aqui el estudio psicológico en el cuadro. Nos
Jesús recostado en la paja de un pesebre, en una po- queda ver el tratamiento quP, como en los cuadros ó.e
bre cabaña de Belén y c11lens1&lt;do por el aliento de un Tusquets que ya hemos descrito y reproducido, cona.
buey y de un asno. Encima se ciernen unos ángeles tituye el mayor mérito en la «Limosna&gt; de Benlliure.
que tocan instrumentog de cuerda y el campeíitre pi· El fondo sombrlo de que ya hemos hablado, es un bofano. Junto á la cabaña sr eleva el arbol de Navidad nito estudio de tonalidades bajas y de modelado. Los
que consiste en una rama de olivo, á la cual se han fieles que asisten á los santos oficios, se adivinan
suspendido todas las muPstras de las frutas del pi.le, a.penas en la sombra, pero se adivinan en lit:eamiencor:eervadas para este dia. Se canta delante del pese- tos precisos Vease el viejo que está en primer térbre el villancico:
mino, á la derecha.
El icono mariano del altar lateral, asi como el cirio
Un poutoun, un poidoim
que arde ante él, tienen hermosos efectos de luz, que
Sus li f auto e li pé de l'enfantoun.
se sorprende fácilmente si se mira su ejecución muy
de cerca y, alejándose en tieguida, se contempla el
Un beso, un beso en las mejillae y en los piés del efecto obtenido.
niñito.
Asimismo hay que estudiar los encajes del roqueAl mismo tiempo el ab1111lo dando el ejemplo besa te que á nuestro juicio so11 un tour de force de pintura
las mej,llas y los piéd del Niño Dios y todos loe demás moderna y forman el clou de este cuadro. Mirados de
Jo imitan.
cerca se ve que eután hechos, al parecar, de una esSe repite el villancioo:
pesa mezcla de blanco y bermellón, amasada á espá-

�448

EL HUNDO

Domingo 113 de Diciembre de 1898.

UomlnKO 18 de Diciembre de 1898.

Cuadro de Enrique Serra.

Cuadro de J. Echena.

tula. Y de !Pps, á cuittro metros aproximadamente
se m.iran destacarst1 dt1 su fondo rojo, diáfanos, lige:
ros, 1mpalpllbles
Este cuadro PB uno de los mejores que hPmO!l visto
dela escuela _que el vulgl) llama llfectista ¡Ojalá que la
Escuela Nac1onlll de Bellas Artes lo lldqu1rina pues
es un gran modelo de e~tudio que serviria mucho pa•
ralos que humedecen pincel!

EL CAIRO.
DE J. ECHEXA..

Ac~eo los pintores español11s sean los más idóneas
para mterpretar lu escenas orientales ~
H~y en su sangrt1 muchril de Oriente y la-tendencia
general de sua bellas artes no ha podido perder aún

EL CAIUO.
su dejo moro. qufl ~e manififlet.l\ muy espP-cialmente
t1n su arquitectura y en su mú.ica.
Ello rt-salta a•f míPmo Pn la contPmph,,-iñn dl'J las
Cl)StumbrPs mori~caP, ,. bbtanos mirar •El Cairo• de
F.cht-na para compreoderlo PrP•cl11din1dn dt1 lRS
odalls_cae, dt1 sus mu11ble~ y ntPn~ilios y dP-1 f Pndo dPl
pa1eaJe y_conc"t&gt;tándonos á la tt1rn1z ... ¿no nos pare•
ce e11tar viendo una azotea andaluza?
_Ahí hay mace~as y azulPjos, como en E~paña. y adivma~os á Espanamuy cPrc11, 1,..parllda tan sólo tlpl
Cootmente n~gro por esa lengüéta de agua de Gibraltar....
El.9riente ejerc11 sobre nosotros una poder&lt;'~&amp; s11gP~t10n y muy pocos son los que no ha, ao volado á
él en alas de su im:iglnación .v de su dt&gt;st'o.
Del brazo dPI cel~ll P1errt1 Loti hPml)R e~tado en fil
Oriente varias veces, v n.. mos vivido bU vida litina de
voluptuosidades y de ·perezas.

Ftt. de Luis C. Saodoval.

,.o~ acordllis de Trtuán, la clud-\d blanca, PBa qne
dut&gt;rwt- i11doltrntemPnt11 arropada en Qu atmóoftlra diáfana. calurC11111 v v1braut11?
Nada 811 mu~·""• ui la~ hoja11 ,Je los 4rbo1Ps, ni ICIB
tlllJPs de la~ palma11. ni 111 nariz d11 los dromedarioR.
Todo d11111me 1&lt;1,foc11dn nor IR lgnea atmósfera y poi:la .,mbli11¡?"uPz de ln11 trópicos.
F,n PI cuadro de E1·b .. na encontramos mucho de PFO.
R•prPFt'nta nna tnr11za en 1118 afueras d .. l Uairo,
1ma t..-rraza de hl\rem A la hon &lt;lela 111rdP. Tre11 odali.&lt;!as rnatan el til'mpo en lnf1rnt les divPrtimiPnto~
SPgúu la conc, pcíón orit&gt;ntal de la mujer. ésta no
tit&gt;ne derPcbo A reu1111r. es una co~a animada, un j1t•
gu.. te que distrafl A loR ,a:bado11 señorones en sus
horas de hastío, en sus horas ¡!'rises.
Un h:trP~, eR_ una jaula di' ave11, pflro de avPs taciturnas .v ~1lencio11as. L11 guzla no pu~de acompañar
c1mtos heroicos ni ende&lt;:haa de amor, porque til awor

no pued11 11er consciente en las mujerP11 orientales y
los grandes himnos que levantan oleaje en el a!O::a,
BOi!, co@a muy abstracta para eus frágiles cerebros de
páJaro, enervados con toda la somnolencia que d n
las drogas del Libano. Caanao canta la guzla, canta
fábulas y baladas que se transmiten de generación
en generación y que son casi siPmpre parAbolas de
una sencillez t1ncantadora ó alabanzas en loor del
amo y tsposo.
"Ven,:-canta la odalisca,-ven, podProso señor, y
entre mis brazos, más blancos que la leche, oividarás
las penas ~e tu vida.-Soy tu sierva, sPñor, y mis cabellos enJu~arán tu frente, como enjuga la gacPla
con la blandura de su lengua la gota ae sangre que
enciende el armiño de su piel.•
Las odaliscas que pintó Echena, tienPn todos los
rasgos caracterist1coe de 111 hembra orieatal indolente y muelle, y las actitudes están tomadas don fideli·dad y estudio.
En primer término, dos de ellas jue.,.110 con un tablero, mientras la tercera dl'ja flotar s'it mirada sobre
la ciudad que duerme á lo lejos.
A nueRtro juicio el rostro de esta mujer
·es el mejor ejecutado y el más sentido,
porque su expresión es clara y precisa.
tPiensa acaso la odalisca, al mirar la
· diafanidad del cielo y la ciudad que se
extiflnde ampliamente á sus piés en su
libertad?
'
No, no piensa nada; mira y no ve, vive
inconscientemente, y está en ese sitio por
azar, porque la pereza la ha clavado allí
por algún tiempo.....
Los di,talles dól cuadro son buenos, sin
igualar la exactitud y el procedimiento
11.e Tusqnets ó de Jiménez Aranca. y~! ,:o
lorido dt-1 prime.- término tiene algunos
toques disonantes y tal vez falsos.
Lo que má'I nos agrada. es PI fondo,
lo dli\fano d11 e~a atmósfora tan cbra sa·
·cudida por 9nién sabe qué macabros vi-

La Hadona de las Lagunas Ponttnas.
Las figuras que nos presenta en el cu~drito que
deecribimos, demuestran profundo ee~udio en todos
eue detalles Se ve que antes de reunirla.e, las Pstudió
en diversas actitudes y miembro por miembro, de
suertb que, al trazarla&amp; sobre la t"la d~finitiva, no
hubo vacilaciones ni tropiezos, y cada toque del pin•
ce! fué oerfectamPnte pensadQ y analizado de ante•
mano. Aislada cada una de esas figurae, puede formar por si sola una verdanera obra de arte
El agrupamiento flS armónico y real. y de igual belleza positiva el fondo que da á su acción.
Esos patios andaluces, llenos de luz y de coloree,
constituyen un asunto muy propio para sugestionar
á los pincelistas Pero su mismo derroche plástico da
Jugar no pocas veces á imperdonables vulgaridades
y á groseros efectismos.
Nada de e~to hay en lo de Jiméoez Ar11nda y no
obstante la viveza de sus color1&gt;sy la protus1ón de sus
detalles, ¡cuarda la severa s(lbrledad que es el tono
distinguido de esta clase de pintura, imposible de adquirir para !i1e impotentes medianías.
La expresión de loe jugadores es muy sentida y re-

"ª

UNA RIÑA DE GALLOS
POR JIMÉNEZ ARANDA.

Una rtna de gallo&amp;.

Fot. de Lnls C. Bandoval,

comendamos á nuestros lectores observen ti! admirable e~tudio muscular de loe rostros.
Modelado y per~pecti va Ron p11rfect0s, y no vacilamos en clasificar de mag-nlf1ca, sin restricción alguna
esta obra de Jiménez Aranda, sin darle, no obstante,
la categoria de obra maestra.
Ht&gt;mos hecho una observación: el marco que la encuadra es muy poco apropiado ~ara hacer valer las bellezas de la obra. El ancho dorado absorbe la preci•
sión del dibujo y la escala tan variada de loe matices,
y ahoga, por decirlo así, el verdadero efecto del conjunt?. Si ese cuadro tuviera un marco menos brillante, de maderd sombría, ó mejor de terciopelo obscuro, resaltarla m\.s la labn del llrtista.
Noes cosa sencilla la elección deun marco y en filia
debieran fijarse los pintores más de lo que.suelen ha.•
cerio

LA MADONA
POR ENRIQUE SERRA.

A eett1 regp11cto debemos advt1rtlr que
eee fondo hecho de colorPs tan téuuel! y
'tan Tagos, lrreproduclble en fotografía, por Jo cual apenas ae ve en nuestro
grabado, no obstante que las fotografías
que nos ha. proporcionado el Sr. Luis C.
:sandoval. son de una irreprochable eje•
cución artistica..

Cuadro de Jim&lt;!nez .Aranda,

Fot. de Luis C. Sandoval.

DE LAS LAGUNA8 PONTINAS

·bi-amiento.~ a fuerza de su inmovilidad.

Hé a qui 11n cuadrito de género que pue •
•de reputar@11 como un protritipo de lamoderna ePCUPla seviUana, de esa escuela
que tan bien comprende el dibujo y que
ha [logrado adunar la precisión de éste
con la más opulenta magnificencia de colorido.
Jlménez Aranda e11 sobradamente co•
nocído en clrculos artlsticos, su reputa-eióu e~ internacional ya, y la "Riña de
Gallos" no es sino una creación normal
de su egregio pincel, 11s uno de tantos
cuadros que pinta anualcnPnte, y esto es
lo que vi~ne A probar el inmenso valer
del 11rtl~ta ~evillano.
Jiml\nez Aranda, como todos loe verdaderod trabajlldores del Arte, no pone au
firma 1i no está eatidfP.cho; trabaja siemiJre en compl11t11 tensión de sus fuerzas
-creadoras y acu,1a s;empre en su molde
peuonal y perfecto .

449

EL MUNDO

Don .José Villegas,
Dlstinguldo pintor espaftol.

No anduvo desatinado Enrique Serra
para escojer los asuntos ae SUR úl,imos
cul\dros, pues los alrdedoree dt1 Roma 1111
,,frecen abundantes y altamente sugesti•
vas.
Aprovechando su paso por 111 Academia
de !'inturll q·ue España tiene estableci,ta
('ID Roma, bajo la dirección de D. José ViJl('lg11e.-situada allá en las alturas de San
Pietro in llfontorio -Enrique Serra ha p1udo he, mo~1dimoa paisajes de la campiña
romana, d11 los cuales ha enviado varios
á nuestra XXIII Exposición Nacional de
Bellas Artes Ciertamente, «Lll Ma.dona
de las L11gunas Pontioas• es t,I de menor
1&lt;1iento1 mas no por ello deja de ser un
cuadro muy apreciable, que contleu-,
grandes btillezas.
Esas marismas romanas tienen un carácter muy peculiar que no !!6 encuentra
t:n nmguna otra parie. ImprPgnado su
suelo de aguas estancadas y pmridas, es
mortal su atmósfera y be fiebres que se
conocPn vulgarmente con el nombre de
malaria, cuentan por miles las vlciimas
y11e hacen anualmt1nte. Pero, en cambio,
la vt1geta.clón se desborda por todas par•
tes y predta á. aquellos moniferos campos
un a11pecto encantador.
Lod 11ldeanoe cuidadores de las escasas
&amp;iembras que por all1 existen, han elt1vado
en medio de las lagunas Ponti.aas un icono ae madona azás rú~tico, ante el cual
hac11n sus oraciones.
Salit1nte de las aguas, la madona pontina parece p, otejer aqnellos pantanos y
la lámpara que arde ante ella prueba la
d~voción que le ofrendan los campesinos.
Eea imágen sirvió de pretexto á Don
Enrique Serra para pintar un bonito p11i8aje en el que hizo gala de su compleco
uominio del refle¡o y del elRro-obscuro.
·• ~as aguas que pinta Serrase desprenden de sus paisajes en asombrosa transparencia y el menudo ramaje de eue arboled1ts1 verdeando en todas las tonalidades, constituye uno de los grandes
atr11ctivos de sus obras.
Don Enrique S11rra ha obtenido numerosas medallas de oro y de plata en laa

�450

,r.1,

MUNDO

Domtn,ro 18 de Diciembre de 11191!.

varias Expoelcionee Naeionalee é internacionales en
que se ha presentado, y con ju@ticia ee reputado como u~o de loe más brillantes pintores de la nueva generación eep11ñola .
Aun cuando nuestro grabado da una idea bastante
exacta del cuadro original, uno de sus g1andee méritos queda oculto; nos referimos al colorido que PB
"!JD&amp; de las especialldlldes de Serra y que á nuestro
Juicio es superior en él al dibujo y a la composición.
Estamos seguros de que los cuad,.oe de este autor y
entre~elloe el que hoy reproducimos serán de 1,,s más
aplaudidos en nuestra próx:ma Exposición.

miento se destinaron los
fondos so brames de la Obra
Pia de Santiago y M:onse
rrat, y para el caso de que
éstos fueran insuficientes,
los demás d• índole análoga que administra el MiniR
terio de Estado. del que la
Academia depende.
ConsignAbaee ·n el bPr•
moso preámbulo del cit11do
decrPto que es el pueblo
español, en sus artfl11 como
en literatura, un pu,.blo
profundamente inspirado y
al mismo tiempo nativa•
"lnteresantA al público.
menteorfginal;reconoclase
la expontaneidad como la
t
Todos los que deseen Poberhfas fotografias de los primera de sus cualidadPs
1
cuadros de la Exposición de Bellas Artes. las obten y, virtudes; y considerando
drán en la acrPditada fotografia Nacional (5 de Mayo que lo que más necesitaba
y Alca.icerla nº 6.)
para completarlas eu el es
'
Recordamos á las personas de buen gusto que nues- tudio y el trabajo, juzgátro colaborador artis~ico Sr. Luis C. Sa_ndoval prepara bBee lo más propio para fo .
JI¡
un al bum de gran luJo con una colección de dichae fo. mentar el genio nacional
tografiae.
ofrecer á los arfütae espllñolee un campo de estudio
y un lugRr de recogimien
to y de ensayo en la ciudad
t
que será eternamente la
metrópoli del arte, enRoma.
A la objeción vulgar rte
Publicamos hoy el rEtrato de estP pintor Ilustre, au- que en aquel emporio del
,-1'
. r
tor de dos cu11dros que se presentarán en la Exposi• arte antiguo dPgeneraban
ción N. de Bellas Art.is, y uoo de los cuales reprodu- loe artistas en amanerados
y académicos, oponlanse
cimos en nuestro número anterior.
Nació en Sevilla en 1844, v sus primeros P&amp;tudios l011 ejemplos dti Velázque;;,
hizolos bajo la direccion de Eduardo Cano y José Ro- Ribeu y Goya, que tanto
mero, demostrando bien pronto su talento art1Ptieo al estudiaron v aprendieron
pintar. muy joven aún, su cuadro Col6n en la ·Rabida en la Ciudad Eterna, sin el
que fué comprado por SS AA los Duques de Mont~ menor menotcabo, antes
por el contrario. con noto pensler.
A co.,ta de grandes sacrificios logró su pPr8everan- rio desarrollo de su perso
te voluntad el anhelo de transladarse á Roma ·Y en nal originalidad y su ge•
1867 fué á la Ciudad eterna, donde trabó estrecha nuino carácter español .
A Psto11 antiguos ejemamistad con ErnPsto Fortunv, v fué dlscipulo de
Eduardo Ro~ales. Est_e y Zamacole prote~ieron no . ploP pueden hoy añadirse,
El nuevo teatro de la Opera C6mica en Parfs.
blemente al Joven artista, y por su medi11c1ón vt'ndió por fortuna, los muy reeu prlmaa obra de importancia, El descanso de la ciente11 de:troe artista@ concuadriU11~ á Mr. Stuard.
t11mporánPos que han pasado por la Academia de
Ea 1868 figuraron en la Exposf,.ión de Madrid su~ RomR y son 1011 más excelentes tm laa artes que res- tecto Ale~anñro Herrero dló principio á loe trabaios~
fnáe d1flc1l11s que si d11 una construcción nueva se tralienzos Don Qu_ijote, El herido, Una barricada y El pectivamente cultivan,
tar11: y en Enero de 1881 se inauguró la nueva Aca.
mae.stro de capilla, que rt"veiaron el j?8nio del artista:
dem1&gt;&lt;.
y su laboriosidad en ,1 diflcil arte d1ó tal resultado á
***
Se entra en ella por el lindo patio que es la marl\vi11ue geniales aptitudes. que muy poco deepué- era coEl Edificio de la Academia, es el antiguo convento
nocida, y muy apreciada su firma en Jo~ mercados de de franciscano11 dl_l «San Pietro in _M?ntorlo,• erigido lla de las artes, el famoso templete de Bramante. TieRoma y de Parle y vendla 111 opulento Vanderbilt ~n por los Reyes Catollco• por el nactmiento dol prinCli- ne ést11 tres puertas. á l11e que se sube d ... ede el pavicuadro Un bautizo en Se1;illa, en el precio de 150 000 pe D. Juan; pero abandonado el derecho de España mento por la gradlnata que circula alrededor. Sobre,
francos.
desde la calda de la casa de Austria, habla prescrito la meseta se levantan dii,z y PPiR columnas colocadas
Larga tarea serla la de enumerar aqui li.e abras de en tantos años.de olvido, y estaba á punto de vender- en circulo v de11tacadas del edificio que corona una
V1ll~gae, qu~ desde entonces han mabtenido y au- se el w ,nasteno por el Gobierno italiano cuando el el,egante balaustrada. termin11ndo ~l templete en una.
m~nt11~0 su Justa fama, y _11ue han sido siempro la ad- difunto Cond~ de Coello entabló la recla~ación diplo- cupula con las armas Reales de España esculpidas en
1111raclon de cuantos IRR vieron en las ExpoPicionee de mática en 187.&gt;, y logró con grandisimo c11lo v perse- m~~ll!ol de Paros, leyéndoPe 11u la fimbra eetll lnsRevillA y Madrid, de 1877; de Lid boa. de 1879; de los verancia obtener un11 tranSACCión enfre nana y Es- cr1pc1óo: En !}onor del Principe de los Apóstoles tl:
Sres. Hernández y Bosch. en Madrid en 1881 y 1882· paña, por la cual, mleutras Italia renunciaba á Jo que Rey de Espana: cayéndose de antiqua la cúpula de'es.. '.' la~ de Sevilla de 188a. y ntr11e muchas El autor d~ crela derechos que le daban las leyes del reino, el r.,. te templete, ó solicitud del ilustre ~lfarqués de Villena
El triunfo de la Dogaresa Foscari y dP La muertedtl prPsentBnt11 d11 EPpaña. dePpué11 d11 aPegurar el serví- Tef!(!Vó con su hereditaria piedad la memoria de la pri:'
mitiva obra de_sus abuelos el a1io de 1605 Esta capilla
alta tiene prectoha&amp; estatuas de mármol de San Pedro
-r.~;.;;....-:,;;:;:;-:!'!'.J-;""J-;"""-:
...-. ..-....-_-...;.-_- - - - · - - - - - - Y ~e los cuatro EvangelistaR. Se baja d~spués en escahnata á la otra C!ipllla, adamada con incrustacionps
de mármoles_. en ~a que se lee sobre la verja de hierro
~or11da ePta mscr1pclón: Lo.~ Católicos Rei¡cs de Espa-- .
_.!
na, Don Fer:n,ando y Doii,a Isabel de.,pués' de erigido el
·11
templi?, pu.~ieron este altar dPdicado al martirio dtl
r
Pri~ciµe de los .Apóstoles, año de la redenci6n cristiana,
'
150~ :A,! lado derecho se ve la mPdia columna donde
se refiere que fué 11~otado el Apó~tol, y en el centro
un hoyo donde se dice que fué plantada en sentido
inverso la cruz de Han Pedro. Subiendo una nueva
e_sc~lera de márm?I, se entra en el primer piso del atto mterno dPI antiguo monasterio pero cuyas gfieriae, levantadas un metro, y restaura•he sus columnas, 1;&gt;reeentan uua bella perspectiva.
.Alh están lllseetanciaedevarloe pen11ionados ¡ 8
t~dio_s de los ar9uitectce y músicos, las precioea~
b1tacionee del di_rector y el grandioso estudio del mismo, acaso e\ mPJor de Roma y de seguro el de vistas
mA_e magnificas. De este estudio, que forma Ja arte
baJa de una de las nu_evas torree, se pasa á la gra~diosa sala de las e.x.posic1one~ anuales. cuya luz, erfectamente preparada por gigantescas vPntBnae p8
menta a1tJ.,~icamente dispuesta por las clarab~ ~ / ~
hierr~ y cnstr.1 que se elevan hasta las cumblee dd
edlticto Paralelo á ést11 hay otro estudio igual.
Las dos eec~lerae de la Academia conducen á 1~11t~rree ~e la 11;mma, que son loe otros dos estudio d
pmtor, mmed1ato~ á otra serie de habitaciones
e
bellas do loa p~ns10nados, y cuyos dos talleres de
tura e~ comumcan P,0r la azoteaterraza,de~de la c~ ..1
protegidos por altisima barBnda se disfruta de
'
la más magnifica vista de Roma'
seguro
Descendiendo las gradas qu~ desde esta t
conducen á los ja~diues, Pe va áloe estudios Je e~r::t
tura, que el arqmtPcto Herrero supo colocar
lJn :ferrocarril lllitmtiense
cascadas, árboltis y lagos.
entre•

f'f1:,t
·111~--

D. JOSE VILLEGAS.
0

"

i--¡r- - ~

:!~

!u
il.

maesfro, tiene una de esas reputaciones artl,ticas tan
u_nánimemente otorgada y tan universalmente conocida, que hace por compl.ito ociosa toda ponderación
de su talento.

··*

De un 1eepet11ble periódico español tomamos las siguientes lfneas sobre la Academia Españ ,la de Bellas Artes de Roma, que dirige actualmente el Sr. Villegas .
En 5 de Agosto de 1873, y por la noble Iniciativa del
Sr. Castelar. acrAedor á la gratitud de cuantos aman
el arte, creó el Gobierno de la República la AcRdemia Española de Bellas Artes en Roma, A 11u eoateni-

cio de lo. iglesia y la existencia permanente del mo•
naster10 en la parte que da al tPmplete del Bramante
pudiendo existir alll religiosos ó pa,:erdote,¡ con un'
rect~r _español, se comprometll\ á asegurar la idea por
él iniciada de que España estK bleciPse una Academia
de B_t1ll~s _Artes en el resto del casi arruinado edificio,
medio umco de que este convenio no encontrase impugnadores en el Parlamento itálico.
Acord_a~a P(!r el Gobierno español la construcción
del edificio, aun mediaron años de ,ucha incesante
con dificultades de órdenes distintos: en la esfera di•
plomi\tlca, en el campo religioso y en el terreno material y práctico. En Julio de 11:179, el notable arqui-

LA NUEVA OPERA COMICA
DE PARIS.

El antiguo teatro de la Opera Cómica se incend"ó l
año de 1887. Durante seis años fué ¡
.
i e
en práctica loe di v ereoe proyectos de °:,~~8 ible
po~er
8
del eaificlo que e e presentaron, puPe las d~~ 6~ucción
no estaban de acuerdo y ¡08 diput1tdo
mua s.
que rechazaban loe senadore&amp; ó á la i~ aceptaban el.
Al cabo de ese tiPmpo 86 b 'ó
versa
mee de Junio de 1893, M. Lo~/.Be~~l~~n~ureo Y en el.
, Joven, •pre•-

Domfniro 18 d11 ntc!PmbrA -1.. 1898.
nfo de Roma• y autor de algunas casas
de muy buen gusto, salió victorioso, quedando aceptado su proyecto.
A mediados de 1894 se puso mano li la
obrR, la qu_e adelantó con alguna lentit".ld
por las dificultades de admi11iPtracióo intP~i?r, pero al fin :va tieu11 Paria un nuevo
edü!cio que eegnn loe intPligentes es un
eenJunto d11 • noblez~ serena, rico en dPtalles exquisitos, graves y sonrientes á la
vez•
Nuestro grabado nos diepAnea de descrlhir el nuevo monumento. ó á lo m ..n 08
la fachada qu~ da á la Plaza de B0Yeldi11u.
De una solll OJeada 11e ve elordenam;ento
ge!1eral: t_res !l'randee puertas en 111 piso
baJo y Brr1ba tres altas v11ntanas entre colnmnae y ot::ae Reis más pequt&gt;ñ,ie con M·
rlátideR . Las cariátidt1s son de Allarrl Michel y P11yurt y las c11tatuae de la Jl.fú,ica y la Poesía colocadaA en nichos AD las
alaR laterales son de Puecb y Guilbert.
Más grandes son las fachadas laterales
y de un a11pecto mfts sobrio. Están ocupadas por filas d11 ventanas y en el primPr
pbo corre un halcón con bal11uRtras d.,
t&gt;i~dra y sostenido porméosulas. bien trabaJadae PD el perfil y el dPcorado y cinceladas de una manera impecable·
Dos puertas e:: cada una de ePtas fachadas dan acceRo li un vestlbulo llamado lateral. en el que PA aei11ntan las cuatro escalera~ que dan A todaR_ lae galerfaR y que
comumcan con PI ePpac10•0 vestíbulo cPn•
tral. la cual está adornado de mármoles
mosaic,1~. y pintura11 dPcorativas v tiPn~
un.a !!'rave estatua de Michel , el ºPensamiento. Este vestlbulo está debajo de la
sala.
En ésta todo es armonía y buen gueto:
los relieveR el oro El tono gP.n11ral PB
blanco marfil y rojo el fondo de loe palcos.
.
Loe pflareR de nueve 11rcadae eo11tienPn
la bóvPda elevada á diez v siPte metros
sobre las bancas de la orquesta .
La pintura d11 la cúpula es de Benjamín Constaut·
la Poeela. la Slnfonla, d C11!1to, aparecen en pl,.n~
luz, y vag-amente, los personaJ11s de la ópera cómica
actual y del tiempo antPrior: Manon, Carmen, Mireille, la Dama_ blanca y otras menos diEtintas y por últlno la Gloria e_nvuelta en n:v:os argentinos, ,,apor&lt;&gt;ea Y, d- fo1mae mcierta11, domma todas PPae figurlls
y mira pasar la theorla inacabable de Jae flcciont'B Jlricae_. Lo que sobre tod? Impresiona en Peta obra. al
go difusa, es su cok,rac1ón tan bien contrastada con
la monocronia de la sala.
No~ falta espacio para hablar d11l fovn, de la escalera de h~nor, etc. etc. eR donde hay tantas obras ya
fuertes, pmtorescas ó eombrlas, de pintores, ornamentlstas y escultores de talento, en loe plafones, 801,re
las puPrtas, en todas pllrtee.
El monumento erigido al arte por M Bernfer 68
una obr11 enteramente frai,cesa y moderna aunque
noblemente embellecida por los recuerdos' clásicos
que guarda su graciosa y exquisita arquitectura.

COMO SE DIVIERTEN LOS NIROS
NORT l!.-A MERICA1'1 OS,

U.~ FERROCARRIL LILIPUTIEXSE
El coche clásico tirado por cabras caerá pronto en
el olvido más completo. Lo~ niños tendrftn ~porte má11
en consonancia con los progresos de la época.
Mr. Tbomas E. Me Garigle, de Niágara, ha mandado construir un ferrocarril Jiliputlflnse con obieto de
que funcionara en la Exposición Trans-Mieeieispina,
de Omllha en una via farrea de 300 metros.
Los diez vagones de dos asiento~ nada tienen de
particular. Lo interesante de estfl juguete es la locomotiva, reproducción exacta y fiel y reducción á un
séptimo, de una locomotiva de tren de p.1eajero11 que
corre en el ferrocarril Central de Nueva York. Tiene
ocho ruedas: cuatro grandes • delante y cuatro motrices atrás, con un tendPr montado sobre dos trucke.
L.., vla es de O me .30 de anchura y PI extremo de
la chimenea de la maquina se levanto 0mts. 63 sohre
el nivel de loe rieles, la lonj?itud total de la locomotiva
con su tender es de 2ms. 20.
E l vitor se 'l'I) i uce eo una caldera ignltubular de
0ms . 25 de diámetro y la forman once tubos de Orne . i-5
de diámetro, y de 0ms. tO de longitud. La presión dt'I
vapor es de 9 kilógramos por cpntlmetro cuadrado.
La caldera tiene capacidad para 54 litros de agua y
se alimenta con dos in vectores. Loe ..:ilindros son de
un diámetro de 0me. 5 y los pistones juegan en una
extemión longitudinal de lme. 10.
La Jocomotiva pesa 279 kilógramoe. La dotación es
completa: el maquinista tiene á su alcance, caja de
arena, campana, silbato y un freno de vapor para las
ruedas motrices.
En el tender hay una provisión de 68 litros de
agua.
El pePo total del tren con sus diez vagones y eu11
veinte viajeros, tan diminutos como aquél es de 1800
kilo¡-.
Este juguete ha hecho furor en la Exposición de
Ornaba y acaso ¡,e instale también en la deParis.

451

EL MUNDO.

dlenteP v otro que dló al último Duque de
Laval Mont morency.

**•
La recepción de loA nuevos cabBll11ros
Pe hace con gran pompa ta,ito en Madrid
como en Viena, en sesión del cap1tulo de
la orden. Loe caballflroe llevan la túnica
de terciopt'lo rojo doblada de Feda blanca, t'l maDt0 de rúrpura, loe zapatos rojos
.v C&amp;JlAruzR dP miFmo color, la toca de
Luis XII, eEpPcle de turbante cuya extremidad cae sobre la e11palda. Et collar se
UPll sobre el manto, sujetándose á la espalda .
Tanto el ceremonial rellglo~o como los
trajes. se han suprimido por Esp•ña para
los prlnripee Pxtra11jPro@ y los jPfee de
Estlldo. No Ps eFta la única modificación:
se han Ruprimido también los derechos
de c11ncilleda para loe t'Xtranjeros.

***

. EL GRAN DUQUE VLADIMIRO.
Su Alteza Imperial, MoBseñor el Gran-Duque Vladimlro, generalls1mo dtil Ejército rueo, fué plldrino
d11I !'re1,1d• nte de la República Franctisa cuando este
alto pereonaj11 recibió la condecoración del Toisón
de oro.
El viaje del Gran Duqueá Parb haeido muy comentado por la pr11nsa; pero 111 verdadera significación de
tu vii;lta a M. l◄'aure y loe asuntos qui: cor. él baya
ti·.. ,ado, no p~tiuen ser conocidos, y todo ,o que sobre
el asunto pudiéramos dPcir, serian suposiciones más
ó meuos aventuradas. Oiremos algunas palabras sobre la ceremonia en que tan principalpBpel upresentó el Gra~-Duque como padrino dt:l Prebidente.
Se ha dicho que e, collar entregado á este era el de
Carlos V, y eso no ee PX11cte: el collar que recibió M.
Fauro fué usado por el Mi,,ri@cal Mac Mahon v aute11
por R10s Rosas. Es Boj?uramente de los que•se han
hecho en t:ste siglo para reewplazar los perctldos acabo e~ el que_ ret1wplazó el de ~apoltón I que ni fué
re.tituldo nt reclamado. Tambit'&gt;n ~"' hau p.-rdido uno
que el primer pretendiente transmitió it bUi deseen-

El Señor Montero Rloe, caballero deleg11do, recibió los honores militares en t1l
patio del Eliseo. por un batallón de infantnla con bandera dPPolegada. habiendo
tocado la banda. la Marcha Real de España.
De11put'&gt;e de las presentaciones en el Sil·
ló'l de Embajadores y cuando todes hubieron tomado asiento, el Marqués de Novallas, fungiendo de Secretario de la Orden, leyó el decreto de nombramiento.
fir01ado por Muia Cristina, t'n rPpresen taclón de su hijo Don Alfon110 XIII, Du
que de Borgoña y Jefe y Soberano de la
Orden insigne del Toisón.
DeRpuéa dtt haber recibido M. Faure el
TolFón, con las cerPmonias de estilo y la
proml'sa de contribuir al esplendor de la
Ordt1n, el Marqués de Novallas leyó el act11. que fué firmada por M. Fa11re. el Sr.
Montero Rloe, el Gran Duque Vladimiro,
el Sr . León .v Castillo, M. Uupuy, M. DelcaeFé, t1l Marqués de Nova.llae, el Marqués rle Villalobos y M. CroziPr.
El Presidente firmó un recibo que será
eonetirvade en la Cancilleria de la Orden
en Madrid, hasta su mu11rte. El recibo dice asl:
'
e Declaro haber reClibido dA S.M. Alfonso XIII y de
manos de su Embajador en Parle, un collar de la Orden insigne del Toi~ón de Oro, el cnal collar, según
lo prescrito por los Estatutos de la Orden, me obligo
á dejar mandado en mia disposiciones testamentarias
que se entregue por mis herederos, después de mi
munte, al Canciller de la Orden menc!onada. •
La cnemonia duró á lo más un cuarto de hora. To•
das las personas presentes deFfilRron entonces ante
M. FaurA. dirigiéndole sus felicitaciones.
El Sr Montoro .Rios, caballero de)Pgado, y los secretarios fueron conducidos á la Embajada de España co11 una escolta de dragones. Del mismo modo fué
conducido el Gran DuqueVladimiro~ pero después de
haber conv11rs11do un momento con M. Fame.
En la noche se solemuizó el acontecimiento con una
cena y una gran representación teatral.
El Presidente Faure aprovechó la ocasión para reunir en derredor de los dos tíos del Czar de Rusia á Jo
más selecto de la politlca y de la diplomacia de Parle.

INGLESES Y FRANCESES.
VIEJAS RENCILC,AS,

Dice un periódico parisiense, divagando sobre e
último debate anglo-francés:
No afirmamos de una manera absoluta que sea imposible todo afecto entre dos personas nacidas en riberas distintas de la Mancha. Esto es obra de experiencia individual.
El punto discutible es el sentimiento que abriga el
pueblo inglés por el de Francia. Durante los ciento
veinticinco años que duró nuestra lucha por la supremacia maritlmR y colonial, la hostilidad era menos
vehemente de lo que pudiera creerse á primera vist~: pelear es un medio como otros tantos, para aproximarse y conocerse.
La guerra de antaño engendraba á la larga el respeto y una especie de eimpatla. Sin embargo, la rivalidad se ha envenenado, porque loe intereses ocupan cada día mayor campo que loe sentimientos. Si
los intereses no nos impiden siempre ser justos, casi
siempre cierran la puerta á la generosidad.
La guerra de Crimea creó entre ambas naciones
un sentimiento nuevo cuvos vestigios eran aún visibles en la época del conflicto franco-prusiano. Antes
de que ellta última guerra hubiese terminado, se representaba noche á noche en los jardines de Cremorne. en medio de un entusiasmo freaético, la reconquista de Str11sburgo por los franceses. En la pantomima de Navidlld del circo de Aetley, una linda morena que personificaba á Francia y que salia al son
de la Marsellesa, recibla un diluvio de floreb y por el
contrario, á una jamona rubia que encarnaba á Alemania le gritaba furiosamente el público todos los insultos Imaginables.
Muchos oficiales del ejército Inglés estaban desee• peradoR por no hacer nada en pro de Francia: algunos hicieron 1a campaña como voluntarios, y @e asegura que Lord Kitchener, muy jovená lasazón,eirvió
Conde Francisco Thnn-Ilohenstein.
en las filas de nuestro ejército en aquella época.
Sin embargo, la opinión estaba muy lejos de ser
Presidente del Gabl •ete Austriaco. cuyo dlscunoo en et Relchsrath
pmt••tanrt~ contra la expulsión rt~ austrla&lt;'.os llevarta á cabo en Pruunánime. l!:.l viejo Carlyle escribió una carta al "Tisia. ha producido ,.,,.n se"sacfón en Rerlln. El itl•curso del es ta
mes," en la que el profeta de Chelsea declaraba en
dlota au•orfaco •e ha rcnn,1derado como uua seria a.mena,,a pa,ra
eathfacción por verá Francfa, "frivola y fanfarrona,"
la existencia de la Trlplfce.

�Domingo 18 de DiclembrA d11 1898

452

Domingo 18 de Diciembre de 1898.

EL MUNDO.

MEXICO MODERNO.

derrotad~ por Alemania, "modesta, religiosa j grave.11
LOS predicadores formaron en coro en derredor del
ftló11ofo, por diversas razones.
Como aún no se conocía la verdad por las confesiones cinlcae de Bismarck. nosotros pasábamos por ser
loe agresores; Dios castigaba nuestros pecados: su cólera cala sobre Francia como antaño sobre Sodoma ó
Babilonia. "Gesta Dei per Gerrnanos" asi predicaba
ante la Rein!l el fogoso_ Norman Ma~ Leod y algo de
estos sentimientos h0Pt1lee se deslizo en las pá!?inas
del Diario Intimo de Victoria, la cual olvidó borrar el
pasaje cuando entregó al público sus recueruos.

Lf\ LE,OOION DE LOS NIA08.
-¡,VendrAs pronto, papá?
-Sí, Magdalena.
-Cuando?
-Dentro de una hora. Adiós, vete pronto por
-que si no, Miss Nelly se impacienta.
En efecto, l:l viPja aya aparecía en el dintel del
salón, rígida, contrariada por la espera, y un pliegue como de reprimenda comprimida, contraía su
boca fría de inglesa, poblada de lim~os dientes .
Iba carg11da de rdquetas, pelotas, libros de es•
tampas; todo el bagaje en fin que la chiquilla exijía le llevaran cuando por las maftanas se la conducía al jardín próximo á correr, jugar, tomar el
aire y distraerse de li;. monotonfa de la c11.sa.
Dió un beso más á su padre, sahó, y al momento las habitaciones quedaron en silencio melancólico, el silencio de la viudez! Hacfa d os aftos
.que la muerte había pasado por allí de improvi.so arruinando el amor, la dicha, todas esas cosas

¿En dónde están ahora *""*
lot1 que se afliglan por nuestras derrotas y los que las celebraban?
Han abandonado el campo á una nueva generación
que parece perf.-ctament~ unificada en su opinión y
que _si no odia _á Francia siente por ella una male~olencia desconfiada y sarcástica.
Nuestra alianza se desh.zo como se desbaratan todas. las alianzas en l~s que u1;1a parte da todo y nada
recibe. Nues,ra polit1ca econom1ca se ha oriemado ha•
cia el proteccionismo: hemos buscado en la expansión
colonial. compen~ación y consuelo para 11uestra mala
fortuna. De aqui han surgido veinte problemas que si
no han puesto frente á frente nue~tros soldados y
!os su.vos, han dado ccasiones de lucha á los diplomáti~os de ambas naciones: tales son las cuestiones del
Niger, de M,:kong, de Terranova, de China y sobre
todo la de Egipto.
Al acercanos á. Rusia, es decir á una potencia que
será siempre sospecbosa á los ingleses hemos añadido
A la lista de las quejas que Iuglate~ra creia tener
co_ntra nosotros, lus que hace valer contra nuestra
ahadi..
Entr.i tanto los periódicos ingleses dan cuenta á sus
lecto:-es de los tristes debates que enturbian y corrompen nuestrl!- v~da pública desde hace diez añoP: los
C?meo_tan d1ar1amente de manera de presentar áFran.
ci q baJo un aspscto antipático ó ridículo. Mas la energía. y J~boriosidad del pueblo france3, la abnegación
y la virtud de nuestros hogares burgueses la actividad, creadora de nuestros sabios, todo e110 ~e calla á
los mgleses.
El nombre de Pasteur no seria conocido en la isla
sino por los ePpecialistas, á no haber descubierto el
medio de curar la rabia. DurantA más de diez años
se ha_n burlado de Taine y de su Historia de la litera~
tura rnglesa, como se burlaron de Lessep!! y de su proyecto de canal.
. Nad~ sab~n de ~e1:1an mientras que los franceses
mstru1dos cuan diariamente á Darwin y á Herbet
Spencer.
Un profesor inglés d-ecia recientemente á un , 6 .
dactor_de '';Los DebatAs:" ~arece que vais á establecer umvers1dades en Francia. Le sorprendió extraordinaria~ente _s:i.ber que se trabajaba en esto desde
hacia vemte anos y que el decreto de que babia oído
hablar vagamt1n•I', venia á sancionar legalmente d
hecho consumado.
Por todos estos procedimientos de razonamiento y
de información. por estas ignorancias y estos errores
sumados á verda&lt;ies mal comprendidas, se ha formado una falsa imagt1n de_ Francia, y e~a imagen,flja en
el espirito de la población mediiL de Inglaterra no 86
borrará fácilmente.
'

453

EL MUNDO.

frecuentemente, sino tal vez al carácter seco y
adusto de su ay a, Sa vinien pensaba en esto al verlas salir juntas, y se preguntaba si una aya joven,
bella y riente no convendría mejor p11ra predisponer á la alegria á su pensadora chicuela. Este día,
sobre todo, le había parecído al partir una palo •
mita que parada en la puerta de una iglesia, tuviera sobre sí toda la sombra de la turre.
En cambio Miss Nelly era un guardian de toda
confianza sin peligro de aventuras, citas, intrigas
ó negligencias; y como para el viudo lo principal
era la seguridad d~ su tesoro, estaba contento
así, sin que por eso dej11.ra de i;obrevigi h1rla en
los jllrdines y avenidas adonde llevaba á Magdalena todos los días. SP. les reunía, se aseguraba
de que 11:1 chica no babía caído ni se habfa resfriado, y procuraba aunque sin éxito hacerlajugar con otras criaturas, porque c onservAndose
sola suspiraba y veía de lej,,s las bandades de

Savinien espiaba toda esta gentil transformación, movimiento del instinto eterno, infantil expansión del amor, y viéndola salir engalanada,
temb lorosll, feliz, decía para sí.
- Va como á una cita.
E ntonces pensaba en sí mismo , en sus emociones semejant as cuando iba á ver en otros t.iempos
á la madre de Magdalena que tanto se le parecía, y el viudo se sentía más solo y más adolorido.
.Aún no conocía á ese Teodoro de que su bija
se ocupaba sin cesar como de un hermano. Ella le
tuteaba, le llamaba Teo ¡que nombre tan lindo! y
contaba á la vuelta de sus paseos cuanto había
con verdado con él.
Comunmente, cuando iba Savinien á reunirse
con su biji\, ya Teodoro se había marchado y por
eso no había logrado conocerlo, pero al fin tuvo
esa curiosidad y una vez acudió más temprano.

J
Casa del Sr. A.gustin Hagenbach, en la A.venidaJoá.rez.
Las profecias más extrañas son las del abate S, uffrant, cura bretón que vivió en tiempo de la vueha
de los Borbones.
Hace más de cincuenta años, anunciaba:
Et dia en que la palabra c11.mine tan aprisa &lt;'-"'IDO el
pensamiento; en que los coches caminen sin caballos;
en que las cabezas más sólidas no sepan a donde ir
ni conozcan el camino recto; el día en que los legitimistas sean tan pocos que puedan abrigarse á la sombi:a de una encina, entonces los grandes acont..cim1entos t1starán próximos y se oirán tr..s gritos: "Viva el régimen social," "Viva el Emperador," "Viva el
R~y, 11 gritos que vendrán del Norte.
Será terrible, pero inijtantáneo y todo se salvará,
cuando todo parezca perdido.
El buen cura previó el teléfono y el automóvil; en
cuanto á lo demás hMy que A•perRr.
Otras profeclas no realizadas aún:
~aliándome en Roma el 11ño de 1891 se me dij'l que
Leon XIII rdnar1a veinte añ ,,s p11ro que no 11, galia
111 vigé,iwo segundo aniver.;arlo de su rsinado.

PROF.ECI.A.~

Antaño y ogalio

El mago Papus p11blica en "La Iniciación" algunaa
profecías que.rt1producimos á titulo de curiosidad.
Y para ius¡nr»r confianza á los incrédulos damos á
continuación algunos ejemplos de profecil.s realizadas.
Un prospectus del abate Torntl-, comentador deNastradamu@, advirtió el 1tño de 1860 que la r1wolución
triunfaría en Nápoles, Palermo Venecia y Roma Y
en 18ti2 anunci11.ba que el Pode~ temporal del Pontifi.
cado duraría tanto ~omo el Imperio y que Gariba1di
(Vacua, puerco medio -hombre) y su hijo irian á Chálon y Ma ~on durante lo~ trastornos públicos.

Esta predicción me sorprendió porque el PHpa tenia entonces ochenta. y un años y parecia esta.r muy
débil.
Sin embargo, en Febrero ha cumplido veinte ai'ioa
de reinado; la primera parte de la predicción se ha
realizado.
E,peremos uno~ meses la confirmación de la otra
parte y .... . .luego que nos digan s! lo hizo la cailU&amp;·
lidad.

. . ..--~~----,

.,.

)

1
l1
Casa de la Sra. Vda de Hida1ga. Bucareli y Donato Guerra.

Casa del Sr.Lic. Alfonso Lancu.ster Jones-1" de la Industria.

frágiles y preciosas conque dos corazones se li- nin.os que parloteaban como pajarillos y corrían
por el jardín.
gan.
Ese día el viudo había prometido ir pasRda una
Savinien ahora se sentía incompleto, l'rraba
hora,
porque deseaba quedarse solo consigo mispor las habitaciones como buscándose á sí mismo y no podía comprender la vida en esa sole · mo, con sus recuerdos, pensar en el pasado y
dad mora I y material.No mas la presencia de la ni- llorar ,por su corazón que estaba frío como una
:na de quién se había convertido en padre y ma- losa bajo la cual hay un cadaver.
dre A la vez, le hacía soportar sus amarguras
de viud0.
*** un compafteropara
Magdalena
un
día
encontró
Magdalena tenía seis aftos, y estaba deliciosa
con sus cabellos de un color tal que parecían ra- sus juego:.. Era un chiquillo que como ellll iba
yos de luna, con sus ojos muy grandes y un 11s- diariamente á las mismas horas al jardín. Lo pripecto grave de persona mayor que hacía reír. Es- mero que hizo, fué no retardarse para sahr quita seriedad le venia de sentir3e huérfana? Ne: la tándole así á Miss Nelly un motivo de impacien· muerte no había dejado huellas profundas en su cia y regailos; por el contrario, en cuanto almorz1:1ba se dejaba vestir, abreviaba los adioses y samemoria. Se acordaba apenas de un día en que
hizo mucho sol y pusieron en la casa grandes cor- lía corriendo.
-¡Qué pt"isa llevas, Magdalena!
tinajes negros y abundantísimas flores, sin que
-Si,
papá, porque me espera Teodoro.
se hubiera dado cuenta del por qué de todo
Savinien ya conocía al nuevo pesonaje que haesto.
Como Savinien quería que la nilia se acordara bía entrado en la vida de Magdalena, la cual no
de su madre para que lloraran juntos por ella, le estaba tan pensativa como antes y hasta parehablaba frecuentemente de cómo era, cómo se ves- cía tener más grandes los ojos. Reía, jugaba, saltía, y 1e aseguraba que estaba de viaje, que quería taha influenciada por su amiguito á quien admimucho á su hijita y que ibaá venir un día úotro. ri,.ba hablando de él con exaltación, se iba des.Así hasta él se engafta ba un poco ...... pero en pertando en su espíritu una coqueteríu casi femenil, quería salir siempre con sus traJes dominliL chica no cansaba gran impresión.
.Así pues, si Magdtilena rra de una gravedad gueros, por lo que tenía con Miss Nelly conflicprecoz, no lo debía á esos tristes recuerdos que tos y escenas de lágrhnas, y se veía en todos los
no comprendía con todo y que se le evocaban tan espejos al pasar cerca de ellos.

Desde il'jos di-tinguió á Magdalena y á Teodoro
de pié que hojei\ban un lihro de estampas, en tanto que cerca numerosos nifl.os, corrían, gritaban
y rPtozaban cruzándose pelotas y volantes.
Ttin prorito como vió á su padr e corrió á racibirlo Magdalena llevando al chico de la mano.
Era este un delicioso muchacho morenito, de cabellera tumu.tosa pero descíplinada y de movimientos ágiles. Ojos límpidos que revelaban inteligencia, y boca muy fresc11 y muy riente. Tenía buen gusto Magdalena! Teodoro saludó con
mucha distinción, tendió la mano y se irguió ceremoniosamente.
-¿Siempre juPgan juntos ustedes? pr .&gt;guntó el
padre.
-Si seftor.
-1,Y no juegan con otros nin.os?
-No nos htin sido presentados.
Savinien permaneció reflexivo. E stas palabras
de buen tono le sorprendieron. ¿Estaba hablando
con unos nin.os? Los veía en este momento graves como una pareja de jó venes que habienrlo
vuelto á tomar el libro entr11 h11.n á la regió n de
los ensueilos despreciando el juego que es la forma infautil de la actividad. Luego. sus ojos des,
prendiéndose del libro vagaron sin fijarse en nada,
cayó el libro y ellos siguieron distraídos, silenciosos muy cerca al uno del otro.
Luego un diálogo.
-Es tu padre ese seftor?

�45i

-Si, Teo.
-Lo quieres mucho? ¿por qué?
-Porque es muy bueno, me regala juguetes y
vestidos, me cuenta historias, me despierta besándome por las mailanas y me ama mucho.
Teodoro escuchab,t
pensativo, hundiendo
sus miradas en el lejano
horizonte como para
buscar al extremo de
las largas avenidas de
árboles á alguien que
no vendría jamás.
-¿Y tú padre, Teo,
también es muy bueno?
El chico respondió
muy triste y con voz
que en vano tra~aba de
hacer firme.
-Nolo conozco.Está de viaje, pero va á
regresar

-Como mi madre, dijo Magdalena suspi·
rando.
El viudo oía este diálogo sufriendo mil tortu•
ras, suspendido de aquellos labios que así hablaban de la muerte. La misma mentira dulce les
engaliaba y esta similitud fué acaso causa de su
simpatía. Se vieron diferentes de esos ctros niflos que tienen padre y madre y están entre uno
y otro como una lámpara entre dos espejos, y
ellos entonces se ligaron con esa melancolía que
tiene aquel á quien le falta uno de los dos y que
hace una infancia infirme, una infancia que cojea.
Teodoro y Magdalena, acababan de comprender por que eran más graves y no se juntaban á
la banda de los demás niflos. Un vivo deseo de
ver á esos dos viajeros prometidos les agitaba y
volvieron á tomar el libro maquinalmente, sin fijarse en él y siguiendo cada uno en su idea.
-Yo quisiera tener padre, como tú, dijo de
pronto Teodoro.
-Y yo madre, como tú, contestó Magdalena
acordándose de la madre de Teodoro que venía
por él algunas veces, vestida de claro como las
reinas de los cuentos de hadas, bella como la luna, y amorosa .... . .
El viudo estaba conmovido hasta el fondo del alma, habta el fondo de su dolor, y los dos niiios se
pusieron muy tristes. El instinto tiene una gran
fuerza explicat~va y les hizo comprender ayudándose sin palabras pero con la lucecilla de sus
inteligencias que juntas alumbraban lo suficiente,
el negro misterio de aquella ausencia. En el mismo minuto ambos vieron claro y vieron dos caras
desconocidas de seres que les habían amado; y
conscientes de que esas caras no retornarían jamás de su viaje á la sombra, los niños se abrazaron y ~e pusieron á llorar.
Cuando Savinien, con el corazón torturado
cruelmente, se aproximó á ellos para llevarse á
Magdalena, vió en los ojos de los niiios lágrimas
grandes y silenciosas que sucediéndose sin interrupción, salían, rodaban por sus mejillas frescas y sonrosadas y caían á tierra, corona de perlas tibias quP. el viento llevaba A dos tumbas ignoradas la una de la otra.

~

MUNDO

Era la hora del regreso: Miss Nelly recogió los
juguetes. Magdalena dió un beso A Teodoro y
luego se fué con su aya en tanto que Teodoro se
alejaba con la suya. De tiempo en tio,mpo volvían
las caritas para verse aún, sintiendo como que se
querfan más, después de haber llorado juntos.
En cuanto al viudo, enter1tmente entregado á
rn dolor que la conversación de los nilios había
renovado, se internó en el bosque por las avenidas solitarias por encima de las cuales descendía
la noche vestida de gasas negras y coronada de
diamantes.
***
MagdalePa hablaba sin cesar de Teodoro y este nombre empezó á hacerse familiar_en la triste
casa del bulevar Eeauséjour donde parecía que
el chico habitaba un poco interesándose todos
por él. Magdalena refería constantemente á su
padre lo que Teodoro habfa dicho, los juegos que
prefería, las personas que frecuentabs, sus libros
y su;, costumbres, y así fué como Savinien conoció el sisttma de vida de la casa del chiquitín con
los menores detalles. Era una familia cuyo modo
de ser pasaba como por una linterna mágica por
Magdalena, reflejándola en el·espíritu de su pa•
dre. Era la reproducción
de otro hogar enlutado,
en el que la madrehabía
sobrevivido para educar
al huerfanito. La niña hablaba con frecuencia de
la madre deTeodoro que
la acariciaba, le regalaba dulces y juguetes y
se sentaba á ve ces á verlos corretear bajo los árboles, y hablaba de ello
con exaltación.
El viudo se acordaba
de lo que Magdalena dijo en su conversación
con el niño que él había
sorprendido: " Quisiera
como tú, tener una madre."
Admirando los trajes
de la viuda, Magdalena
decía que eran relucientes y lindos como los de
los cuentos de hadas, lo cual era una prueba para Savinien de que eran claros y de que en consecuencia va no era reciente su viudez. Gracias
á la interm.inable charla de la nifia, aquella desconocida había llegado como Teodoro á formar
parte de la casa y se hablaba siempre de ella, teniéndo~e conocimiento exacw del estado de BU
salud y de todo lo que le concernía.
Un día que el viudo fué má.s temprano al jar·
dín á reunirse con Magdalena, la conoció personalmente. Era muy joven aún, á pesar de que
Teodoro tenia seis años como su amiguita, y lucía tanta gl'acia que parecía más bien una hermana mayor. Estaba conversando con los dos
niilos y tenia en las rcdillas un libro de estampas
que comentaba sin duda con relatos asombrosos,

Domingo 18 de Diciembre de 18118.

Domingo 18 de Diciembre 1e 1898.

porque sus oyentes ni parpadeaban y tenían el
aspecto de estarse repartiendo el tesoro de aquellas historias. ¡Grupo colorido por el sol, cuadro
tranquilo de vida y de juventud!
El viudo se aproximó y dió á la dama las gracias por sus bondades para con Magdalena. Teodoro avanzó y le tendió la mano con ademán seguro y franco, y él lo acarició con tierna gratitud reconociendo que había venido á ser como
un rayo de luz y de alegría en la existencia melancólica de BU hija.
-¡Se quieren tanto! dijo la madre.
y los dos niflos, felices por estar juntos y felices al ver que sus padres lo estaban también, se
tomaran las manos y se besaron con sincero y
encantador regocijo.
El viudo por di5creción no prolongó la entrevista y á los pocos instantes se despidió llevándose á l\fagdalena que, un poco triste, iba al lado
de su padre. No hablaba: parecía reflexionar en
cosas muy serias y brillaba en su carita algo como el reflejo de una dicha interior nueva para.
ella. Derrepente preguntó:
-Dime .... ¿y lÚ también amas á la madre de
Teodoro?

*

**
Una gran contrariedad sobrevino.

Miss Nelly
recibió de Inglaterra una carta en que la llamaban su madre, y Saviuien se disgustó mucho por
eso, pues la nueva aya que vino no le inspiraba.
mucha confianza y tuvo que dedicarse á ejercer
una vigilancia más estrecha yendo con frecuencia á ver si la niila era conducida COillO antes á
lugar conveniente.
Con ese motivo volvió á ver reiteradas veces á
la seflora Chenée y se estableció entre ellos cierta intimidad principalmente causada por la seme•
janza de sus situaciones respectivas. Se refirieron su vida y Savinien supo que la madre de Teodoro quedó viuda á los dos aflos de un matrimonio aceptado óiD voluntad ni amor por instigación de sus padres, y que aquello fué como un
paréntesis de su vida del cual se acordaba como
de un viaje hecho en compailía de alguien que la
entristecía.
¿Y puede ser otra cosa diferente el matrimonioi' La señora Chenée se asombraba como de
una inverosímil aventura del amor que le pinta•
ba Savinieu relatando sus aflos de ventura, de
pasión mutua y su viudez inconsolable. ¡Qué consolador era para él ahora tener á quien hacerle
estas confidencias! Sin Magdalena, á quien se había dedicado exclusivamente, le decía, la vida le
habría ~ido insopcrtable. ¡Pobre nifla, pensativa
ya, pensativa y melancólica como su madre!
Pero felizmente había encontrado á Teodoro
que la había enseriado A jugar, á ser niña, á serfeliz.
Viudo y viuda hablaban constantemente de sus
hijos sin cansarse jamás; sP. referían sus caracteres, sus inclinaciones, sus frases tiernas ó graciosas, y un día Savinien citó la última ocurrencia..
de Magdalena:
- Dime, papá: ¿verdad que yo estoy casada.
con Teodoro?
Los viudos hicieron el exámen psicológico de

esta ternura que era en verdad un amor en pe ·
queila esca!a, y Savinien hizo observar que los
niiios aceptan todo plenamente, y no hay moti·
vo para dejar de creer que puedan enamorarse
de un modo f Prviente.
La seilora Chenee oía un poco pensativa, y contestó:
-Es verdad: suelen observarse esas precocidades, y hay chicuelas que son para sus muñecas
unas madres amorosísimas.
.Ambos contemplaron á s.:ts hijos enterneciéndose y siñtieron como que los ligaba un lazo de
familia, y;,, que según las palabras de Magdalena
se consideraba casada con su amiguito.

***
Un día Savinien tuvo una sorpresa imprevista
que lo alarmó: había salido una hora después de
Magdalena inquieto por el deseo de reunírsele,
pues no tenía gran confianza en la nueva aya, y
al llegar al jardín donde tenían costumbre de de·
tenerse no las encontró. Buscó de árbol en árbol
buscó tras el Kiosko de los conciertos militares,
y buscó más lejos por las avenidas del bosque
sin encontrarlas, ni tampoco á Teodoro que seguramente no había venido.
Mucho se afligió Savinien y hasta se imaginaba que la cara de la muerta se aparecía entre las
fronnas llena de reproches mudos, porque no ha•
bía sabido velar por la niiia consagrándose á ella
exclusivamente como lo había prometido en lci hora solemne de la eterna separación.
En vano la llamó con gritos desesperado3; no
le respondía eco alguno, y bien prcnto fué presa
de un terror pánico, irracional y creciente. La
incertidumbre !P. era intolerable y quería cesar
de sufrirla en seguida: pero ¿cómo? En su desesperación pensó en Teodoro_ que acaso t~vier~ indicios del paradero de la mila; y muy mqmeto,
resolvió ir á tomar informes á la casa de la sefiora de Chenée que estaba cercana.
Rápidamente se encaminó en aquella dirección
y el temor en que se hallaba Je hizo suprimir toda
otra reflexión sobre si sería ó no indiscreta semejante visita que, por otra parte, quedaba excusada con lo grave de la situación.
No bien hubo llamado á la puerta cuando ésta
se abrió, y antes de que manifestara el objeto de
su visita una inmensa alegría le inundó el corazón. La ~oz de Magdalena había llegado hasta él
como una música al tra"&lt;'és del corredor y el sa•
Ión, cuyas puertas y ventanas estaban abiertas
en este día tibio de primavera.
Un momento después 11' seilora Chenée vino á
su encuentro excusándose de haber traído á Magdalena por ser día del cumpleailos de Teodoro.
Ya habían comido juntos y ahora estaban en el
patio entre las rosail recién abiertas que tanto
se les parecían.
El padre y la madre fueron á l!entarse en el

EL MUNDO.
saloncito desde donde podían contemplarlos á su sat:sfacción, en tan•
to que los chicos jugaban descuidados entre los bosquecillos de lilas y
adormideras de aquel microscópico
jardín que parecía hecho apropósito
para ellos.
¡Qué graciosos estaban! se les hubiera creído verdaderamente enamorados, pues hablaban en voz baja
cuchicheando, como temerosos de
que sus oídos percibieran lo que decían sus labios y sus labios dijeran
lo que sentían sus corazones celosos hasta del aire.
Por momentos su ternura se hacía
como más grave; Teodoro tomaba
la mufl.eca que la niiia había vestido de seda tan brillante como las
rosas y el sol, y la colocaba entre
ellos sobre un banco de piedra, juntos daban las manos á la muileca
y con mucha gravedad se paraban
y la llevaban con mil cuidados por
la avenida como para enseilarla á
andar.
La interpelaban, la acari1faban,
la reilían simulando que era su hija
y representaban así el cuadro de la
eterna pasión dando á sus padres,
sin saberlo, una lección de amor.
Contemplándolos la seilora Chenné, se acordaba dé sus conversaciones con Savinien sobre la psicología
de la infancia, y la invadían las Jasi
tudes deliciosas del ensueño. Con los ojos veía á
,os niños, pe.ro con el espíritu contemplaba otra
imagen más cercana y más atractiva. ¿Que la turbaba así? ¿Eran los primeros efluvios de la primavera embriagadl&gt;res y perfumados, trayendo
al alma solitaria la poesía de los nidos?
. ¿Era la melancolía del crepúsculo cayendo co•
roo crespón finísimo sobre el cielo de su alma?
De pronto la viuda pareció arrancarse á sus
reflexiones, y mostrando á los niilos, dijo:
-Parecen deveras dos enamorados.
Luego rñadió:
- Y son felices, pero muy
felices, y no sólo para ellos
hizo Dios en el mundo la
felicidad ..... !
Desde hacía tiempo que
Savinien la interesaba por
su elevaciún de espíritu,
sintiéndose apr-0ximada á
él á causa de la semejanza
de sus situaciones, y aún la
había conmovido aquel do•
lor noble y sincero que ella
podría curar con su piedad,
que constituye lo esencial
del sentimiento femenino.
Todos los pensamientos
de una tarea de I estauración y con.melo acuumla
dos en su alma para Su.vinien y que habían estado
flotando comu en la vaguedad de un ensueilo, tomaron cuerpo ante la lección
de amor de los niños sinceros y vehementes, y el
deseo de amar estalló en
ella como los brotes irre•
sistibles de una primavera
interior.
El viudo quedó sorprendido al adivinar, al comprender lo que estaba pasar.do en el ánimo de su amiga,
y pensó que á él no le era
posible amar viviendo, como vivía, más allá del mundo y de las ilusiones, pero
la prueba no lo agotó: se
acordó instantáneamente de
su promesa á la moribunda de no casarse y vivir
sólo para Magdalena, y exclamó como respondiendo
á sus propias ideas:
-No, no! Ofrecí A la
muerta no casarme. Qué
diría ella?
Y hacienda un supremo

455

esfuerzo sobre sus inclinaciones del memento,
tanto más arrebatadoras cuanto más inespera•
das, se puso en pié como quien está resuelto á
huir de una irresistible tentación, y apresuró la
partida. Los niilos fueron traídos del jardín y
las despedidas se hicieron con rapidez.
Cuando Teodoro se quedó á solas con su madre, al verla pálida y óonmovida se inquietó quedando muy asombrado de que estuviera triste
cuando él era_ tan feliz, y luego se fué poniendo
triste poco á poco, al mismo tiempo que las sombras de la noche, descendiendo del cielo, se extendían comci gasas impalpables por el salón.
El juramt&gt;nto que se hace á los muertos es una
cosa sagradit. porque los muertos nos ven, nos
oyen, nos persiguen y sufren cuando se ven humillados y olvid1tdol.'.
Savinien luchó contra los encantos arrebatadores de la joven viuda que l,:i brindaban· toda
una vida de alegría y calor, y al fin resolvió suprimir los paseos al jardín para quitarse ocasiones de te11titción y de debilidad, y desde el día
siguiente M,igd11lena fué llevada á pasear por el
otro extn-mo de la ciudad.
Pronto se acostumbró la chicuela á su nuevo
itinerario y á lati avenid11s y jardines del otro la•
do de'l Sen11, h11sta que al fin acabó por no cuidarse más de ,i vivía ó no su amiguito.
¿Acaso, pr.. maturamente despierta A la razón,
había comprendido que algo iremediable desligaba los debtino:1 de ella y de Teo, cuando apenas empez11bau á unirse en dulce intimidad?
Savinien no se atrevió nunca á pretender penetrar en ese mistPrio del corazón de su hija. Tal
vez todo consistfa en que había olvidado pronto.
Y entonces pensó en esa vida en miniatura que
nos representan siempre los niños, amando, aborreciendo .ú olvidando sin motivo y en pasajerísi•
mo período &lt;le tiempo. l\fagdal&lt;"na con Teodoro
había presentado de pronto la imágen de una pasión correspoudida, y había dado, sin saberlo,
una ardiente lección de amor, que podía haber
sido contagiosa. Ahora, estaba dando una lección de olvido ...... Olvido rápid&lt;', propio del
corazón femenino, en el cual nada s~ puede escribir, según la expresión del poeta, que no se borre
como si hubiese sido escrito sobre la arena ó sobre el agua. - GEORGES RoDENBA0H

�Domingo 18 de Diciembre de 11198.

~-...
¡ur ;VPsoR&amp;ROl

..

AB ETERNO;
Traf'mos dPsde otros mundos
cual rPCUf'rdo dfl ot:·os dias,
iuefables simpatia1&gt;,
r~s..ntiroientoe profundos.
¿Los oleaies iracundos
chocan Eólo por chocar?
¿Amar es tan Polo amar?
¿Dónde el punto de partida
eHá p11ra nuestra vida:
en la playa ó en el mar?
A do1mir cual pPscadores
en 11lta mar nos echamos,
.v en la playa despertamos
de esta vida de dolores.
Y esas vidas 11nteriores
confunden cunas y fosMs,
dando a@i á las presunciosae
Ciencias de moldee estrechos,
el cómo de t~ntos hechos
y el por qué de tantas ~oP.as!. ...
L11. Natura tal v~z quiere
rehaciendo Jo que df'Ehace,
que el alma de uno 4ue nace
1&gt;ea el alma de otro que muer.i.
Nadie asl romper espere
tal deEtin.:&gt; eslabonado.
¿Quién es el que no ha mirado
singulares coincidencias,
en hendas cl11rividenclae
de futuro11 que han pallado?
Cruzando el recuerdo está
un puente 11obre el abismo.
cuando á vPces me ensimicmo,
cuando el alma ae me va.
Recuerdo el placer qui7á
hoy que las penas me a!ligen
placer de amores que rigen
el rumbo de una pasión
110 sólo Pin conclueión
sino también sin origen!. .....
Pasión que es luces. sonidos,
mieles, aromas y plbtlcas:
todas las fuerzas elásticas
de nuestroff cinco sentido@!
En los sueños desmentidos

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Pronto con mi pesar y mi amargura
Que ni consuela el tiempo ni mitiga,
De11cenderé rendido de fatiga
Al fondo d11 ignorada sepultura.
Y tú vendrás radiante de hermosura;
Y al dulce halago dEI tu voz amiga,
Harás que me fevante y que te flga,
Alma inmortal, á la culeste altura.
Y alll do eterna la verdad subsiste,
Tt: diré de mi afán para consuelo
Qn•· viva y muerta mi esperanza fufEte.
Qne te di mucho amor con Joco anhelo,
Y que no te di más, porque no existe
Más amor en la tierra ni el cielo.

~-··•

de mi corazón amantA,
truena un beso u-sonante,
se "nsan&lt; ha, SA alza h11sta Dios,
y nos arr118tra á )ns dos
cowo un círculo dP.l Dante!
¿Amo ó dese(&gt;? Otra vez
tra8 de apurar el licor,
dejaré el vaso de 11mor
vo1c1tdo sobre la hez?
O cual moribundo pez
que toruara á EU eltmento,
i,;·ozaré gozos bin cuento
tm ilusion,-s sin fin?
¿Es de Edén ó es de jardin
el olor que trae el viento?
Ttmgo yo al queda1me á solas
seutiw1entos encontrados:
amor,..&amp; contra pecados,
1~ños flnt1rndo en las olas ..... .
En mis florlls las corolas
y en mie árboles los nit1os
Í:on otros t11ntos oldos
con que P.scucho eternamente,
la pifia de, la serpiente
rnbrl'I IO@ frutos prohibido11l
Caiga ó no caiga en error,
después d11 dufarlo, creo
qu" todo amor es deseo
y todo dPseo amor
Esto que e11 en mi fulgor
y que alumbrándome va,
i-1 primero no será
ptiro el más profundo ijf
de mis deseos de aquí,
di' mis amores de a1lá .... . .
Memoria que es ambición,
recuerdo que es porvenir,
este amor me hace @11ntir
como -:ina resurección.
Si es justo que la Pasión
pidiendo limoPnas ande,
ya que el amor que se expande
i-n mi alma no cabe en ella,
denme otra vida máP bella
sobre otro mundo más grandP!. ...
JOSÉ s. CnocANO,

·------------------------------------------------------------------------------------INEXCELSIS

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TEMPESTAD

PlANO.

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EMILIO FERRARI.

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México, 1898.

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Como invapor ejércit ,, en montones
Las nubes bajan á e.nvolver la ti11rra;
Simula tll viento su clarln de gunra
Y ..1 trueno el galopar de sus bridones.
Ruge a. dictancia el mar en sus brisones,
El horizonte en lobreguez lle cierra,
Y á devastar los campo~, de la 11ierra,
ViPnen bramando 11ludes y aquilones.
El valle há poco floreciente v gayo
Mira á merced del torbellino cit&gt;go
La antigua pompa qu11 heredó de Mayo;
Y un caos es todo á nuestra vidta Jue¡¡-o,
Sobre el que Dios con PI zig-za¡!' del rayo
Trar.a, al pasar, su rubrica de fuego.

JAVIER SANTA MARÍA.

México, 1698.

DANZA

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�EL MUNDO '

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Domtn,ro 18 a, Diciembre de 1898.

Domingo 18 de Diciembre de 1898,

EL MUNDO
OTRA RECETA CONTRA LAS VJIIRRUGAS.

PAGINAS DE LA MODA

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RIPIOS SOCIALES

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LOS INTELIGENTES
Por lo regular se califica de intell;ente á
todo aquel que descuella sobre el vuigo por
~us conocimientos, por su educación, por sus
maneras ó por su facilidad de expresarse ó
de insinuarse con los demás que viene á ser
lo mismo; pero como no siempre fos juicios
d-, las agrupaciones sociales son ri~uroaamente exactos ni están del todo librea de
11qulvocaciones, tambtén eon aceptados como
inteligentes pur sang esos seres híbridos que
andan por ahi en una perpetua holganza viviendo á costa del prójimo ó de la prójima á
quienes engañan con un desplante admirable mezclándose Pn todo, dando su voto en
las cuestiones de interés público ó privado,
cuando no 11s ni oportuno ni sensato. ni se
loa pide nadie y c. usando más daños que la
floiera en los surcos abierto&amp; por la constancia, la honradez y el trabajo
Asi como no se concibe un paisaje de las
regiones polares i!in algún cachalote envarado en el hielo ó sin focas tomando el sol semestral sobre un témpano flotante, así tampoco se concibe un cuadro de la moderna civilización sin que en él figuren esos anfibios
que si no contribuyen á embellecerlo, por
lo menos ayudan á producir efecto en los corazones sencilloR ó pusilánimes, COl"lO l" Quimera, como el Pulpo, como la bestia del Jebodán ó como el caballo del Apoca'.ipsis.
Inteligwte es el mancebo audaz que se duce á una joven tan pura como inexperta y
que luego la abandona enmedio del arroyo
con el amargo fruto de sus condescendencias.
I nteligente es el que lisonjea á la viuda ignorante presuntuosa y rica, explotando en
su favor tan estupendas cualidades.
Inteligente ea PI que pide prestado un du•
ro al amigo recién llegado de provincia. mucho antes de sacudirse el polvo de la deheBH., y después y a no le devuelve ni los bueno• d!Re.
Inteligente es el que se suscribe á un pe·
riódieo y que después de recibirlo y leerlo
de gorrit., devuelve la susbcripción haciéndose de las nuevas y negando haberlo pedido.
Inteligente es la cachuquera infame que á
la vuelta de una esquina acecha á la niña indefenPa y sencilla para cambiarle &amp;u oro por
pe.~os f'alsos empujándola al lodazal.
Inteligente es el rapaz pretencioso y tonto
que antes de aprenderá leer correctamente
ó á trabajar en algún oficio, pierde lo mejor
de su tiempo haciendo versos cuando no cosas peores.
Inteligente es el abogado ramplón que cuan•
do no lt, ajusta el cacumen para mantenerse, se dedica á buscar empleos, á embaucar
tontos y á patrocinar negocio11 turbios, ya
que loa negocios claros nunca están á su al•
canee.
Inteligente eP el orador que sin lástima de
su personilla y con más acopio de pretensiones que de conocimientos, asalta la tribuna
que poco á poco, y como por via de encantamiento. se va virtiende en picota ante los
asnmbrado11 espectadores.
· Inteligente ea el médico que para que no
se agote tan Jll onto la mina del cliente rico,
le ministra substancias más propias paraalarg11r la PnfPrmedad que para curarla.
Inteligente es el yerbero ó fármaco sin conciencia que substituye unas drogas con otras
con gravP pPrjuicio de la humanidad dolien•
te. Estos i11teli_qe11tes son peor"&amp; que el vómito y causan más eHragol! que el cólera mor•
bus .
Pero .... son tantos loe inteligentes la11readoa, encomiados y haFta venerado11 por el pópulo, gracias al
111aravilloso modo que tienen de ingtmlarse, que sería tarea muy larga pa@arlea revista en una estrecha
,•.n1umna de periódico; pt'ro está demostrado por una
clulorosa experiencill, que asi como no siempre es dev, to el que se da golpea de pecho cuando rPza; ni
honrado el que administra intereses agenos; ni cumplido el albaceR, tutoró curador de menores ó huérfanos; ni hombre recto el que no bebe ni fuma; pero
t-n cambio presta dinero al tanto por ciento; ni deve•
ra~ pobre PI que pide limosna; ni deverae rico el que
ma frac, latiguillo y sombrero de copa¡ ni deveras caritativo ó magnánimo el que regala ciuamelos á la
rl,,ocellita ú ofrece sus desintert1sados servicios á la
vinda desamparada y de no malos bigotes; ni devera11 cielo, ni deveras azul, ese cielo azul que todo,
vPmos como dijoArgensola, resulta quelostales intelir¡e11tes que han dado margen con sus bellaquerlaa al
presente articulo tan verfdico como mal pergueñado,

Echeae en una cantidad cualquiera de agua destilada hirviendo, bicromato
de potasa basta saturación, ea decir hasta que no pueda disolverse mAs. ~e deja
enfriar la disolución, con lo cual se precipita parte de la sal, y el liquido que
queda ea el medicamento propuesto, que se emplea en frlo, bañando ligeramente con él las verri..gas, una vez al dia.
·
¡Ah! Este medicamento tiene la ventaja de que sirve para las ,personas y para
loa animales.
MESA RlliVUl!ILTA,

Llega una recién casada de visitar á una amiga de
colegio, casada t11mbién de poco tlempo y le dice á su
marido:
Ay, Pepe, ¡¡f vieras que matrimonio más felz! Ella manda en jefe.

..

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se ha

Una infel:z
casado con la
hija de un relnjero, pero el matimo•
nio no e.a dichoso
t:lmarido, harto de sufrir, escribeá
1 .
su suegro lasiguien/¡j
te carta:
JJ1: ·
"Le envio á usted
1-&lt;,'~rjj/
mi reloj y mi mujer
~r~ti&lt;~
para que los compon~ ;&gt;
gR. Uuo y otra ade'
lantan demasiado."

!'
/

I

Flg. 3.-Traje de calle.
Fig. 4.-Traje de Tlslta.
PLUMA.S DE G&amp;..RZA.8

ADOR'i'OS DE LAS MUJERES

Flg. 1.-Traje de casa.
no son tan diablos comú parecen y aaf nos libre Dios
de elloe.

NOTAS UTILES
Cuando un objeto cualquiera está sujeto con torni•
lloa, ocurre muchas vece11 que ésto~. con el transcurso del tiempo, se e11mohecen, imposibilitando el des•
tornillarloa.
Sin embargo, nada DJás fácil que lograr esto.
Basta aplicar á la cabeza del tornillo por algunos
momentos, loa suficientes para que se caldee bien, un
hierro enrojecido, é inmediatamente dar una vuelta
fuerte con e, destornillador El calor. al clJJatar el tornillo, ha roto la capa de orfo que en éste se habla formado.

Flg. 2.-Traje de calle.
CONTRA LAS VERRUGAS.

Todo el mundo está. Pxpue•to á tener verrugas pe•
ro no todos saben que hay un medio muy sencilld pa•
ra hacer que deeaparl.'zcan: como que no consiste
en más que en aplicar encima de ella~, dos veces al
dia, un papel de estraza untado de jabón negro, conservándolo todo el tiempo que se" posible. Luego.
rascando las verrugas, irán desápareciendo poc:i á
poco.
Dl~en, y no lo dudo, que este procedimiento sirvetambién para los callos; pero no he te11ido ocasión decompro~arlo. De todas maneras, como el remedio ea.
inofens1vo, se puede ensayar.

Los fracasos relativamente numerosos, en las tentativas de cria de avt&gt;~truces en Argelia. surgieron á
un colono francés de Túnez. la idea de compensarlos con la cría
y domesticación de las ~arzas.
Sabido es cuánto se busca para el adorno de loa sombreros
de las mujeres, la8 plumas dorsales d11 e~ta hermosa variedad d11
aves acuáticas Se venden en Paria de 300 á 600 franco~ los 600
gri.mos, aPgúo su calidad. La pluma nPgra se busca y se aprecia ml\.s por iU bellPza y por su rareza. Loa precios antes indica•
dos, ya muy elevit.dos de por si, tienden aún á. subir, á consecuencia de la diminución de la Psl,recie, perseguida conatantementt",
unto en las J!'Uaridaa de América á orlllas del Orinoco, como eu
Asia en loa pantanos del Tookin. En Hanoi algunos comerciantes hacen su principal negocio ctn pluma de garza que exportan á Paria. El cnnbumo industrial absorb11 todo lo que PII mRnda,
Loa puertoa de Venezuela enviaron en lb95 cerca de 600 kilos d°'
pluma de adorno; 'f si se admite que cada ave proauce de 3 á 5
gramos, ee ve 1, u11 la cifra de aves sacrificadas en una docena de
b ñoP, t1a fabuloPa Si nn a" provee á su conservación, la eapPcle
desaparecerá en el siglo venidero, como desapareció ya en EuFig. li.-Frock para nifta.
Flg. 6. - Traje para nlilo de 6'.ailos.
ropa.
Flg.
7.-Gran
sombrero Imperial.
Veámoa en qué condiciones se ha emprendido en Túnez la
cria de garzas y los resultados obtenidos.
La prnpiedad dedicada á e@tR cria, está cerca de Túnez. Se instaló Rllf una
PARA EXTI:--GUIR INCENDICS.
gran pdjarera, conteniendo estanque y árboles: cuya construcción no ha costado
1oenoa d" 14 OLO francos 8·1probó primero con unas treinta garz11a ~al va jea cogl•
das por los indtgPnae. La rPprnducción ha ~ido tan fácll, que Pn la artualidad
¿Quiéren ustedea proporcionarse un liquido de 1011 llamadcs matafuego
la pajarera contiene cerca de 400 garzas El criador declara que el rendimienesos que, guardados en botellas, basta arrojar uua de éstas á las llamu de u
to anual de una garza ea de cerca de 35 francos, producto de dos desplumPa,
cendio en sus comienzos. para extinguirlo?
en Julio y á principios de Octubre, cerca de 6 gramos de pluma, á f&gt; francos el
Pues la composición es la siguiente:
gramo, y los productos de 1,na incubación. La reproducción es singular; pero
debe subordinarse 'ln general, al espacio necesario, para la existencia de las
Agua ... . ........................ . . . 72 211 parteP.
aves muy pendencieras, aunque rncialea.
,,
Cloruro de calcio ................ . . lti,/!28
,,
Cloruro de ma¡¡:nesio ............. . 4,500
Cloruro de sodio ..... .... ........ . t.3()j
"
Bromuro de potasio ........... ... . 2179
Cloruro de bario .................. . 0,265

"

Una niñera de muy poca estatura busca casa.
-No me conviene usted-le dice u11a señora-es de~~ado baja.
- ¡Pues ,Pjor! Asi cuando se me caen los niñoe, se h1.,oen muy poco daño.

Total. . . . . . . . . . 99 989 partes,
La inalgnlf!cante fracción que bita para las 100 partes se compone de jndicios de
cloruro de hierro y aluminio.

�Domtng;o

EL MUNDO

460

18 de

Die lembre de 1898

Por maltratos á mujeres.
Habla u·n periódico humorístico:
En Inglaterra existti una ley en donde están con•
· ·11lg'nádos los castigos que recibirá todo aquel que mal_trate á su esposa, por .-jemplo:
-Por 't irarle los platos á la cara, decirle improperios Y estrellarle un vaso en la cabeza, có.lez chelines•
-Por una bofetada en pleno rostro y un garrotazo
en las costilh1s, cquioce chelines ,
-Por magullarle un ojo, poniéndoselo como un to•
tt1atA y romperle la boca, cuna libra esterlina.,
-Por una paliza eu toda forma, cuna libra ester •
Por afianzarle los cabellos y arrastrarla como un
gato por la cola, cdos libras esterlinas.,
Por una patada, es d11cir, por una co11 que le rompe
algo, cdos libras esterlinas. ,
Por matarla á garrotazos, •diez libras esterlinas.•

,

NUESTROS GRABADOS.
FIG, 1.-TRAJl!l DE CASA,

I

De sar~a azul pálido formado de una falda plena y
Y una Jaquctte orlada de piel, en un frente de muy
buen gusto.

i~H.mrrmtu !h\ .!...:.\ =.1JI:1'J~I'.¡JJ!J;\
.;\l. rn~m;it riU:smr;1 rr DI u arru1Ju~1

FIG. 2 . -TRAJE DE CALLE.

De Sf!,rga de s~da muy fina, azul obscuro con un
entredod de terciopelo malva, ornada toda de bandas
de raso y guias.
3. -TRAJE DE

NUMERO ~6

VIAJE DEL SR. PRESIDENTE DE LA REPUBLICA A MONTERREY

Una.,

FIG,

•

MEXICO, DTCll4 MBRE 25 Dlll 1898

TOMO II

CALLE:,

De lana yerde plata, formada de un j:tq11ecito y de
una falda Justa orlada de cintas de seda. Eu el cuer•
po un entredós de draperia con guias de terciopelo.
FiG.

4, -TRAJE DFl VISITA,

De satin amarillo plata, tallado en forma de bata
con grandes solapas ornadas de blonda y abiertas so·
brti una camisola de batista plissé.

FJg. 8-Traje de estacl6o, taotasia.
•··············································································································-

"'
*'*

¡Cuándo establecerán el divorcio absolutameoteldecia un marido.
-Entonces, -exclama lamujer,-me casaría de nue•
vo, y tú me echarla!\ de meno".
-No: quien me echarla de menos serla tu nuevo es•
poso.

FIGS. 5, 6 Y 7.
Damos con estos números dos modelos de toilettes
para niños, de última novedad y un sombrero de alta
novedad de fieltro, elegantemente caído á la izquierda y ornado á la dereclla de plumas, en coqueta combinación, encubriendo el peiuado.

FIG. 8.-TRAJJII Dlll ESTACIÓN, FANTASÍA.

Ea de paño malva, en forma de bata, formando dos
grandes volantes y fijado por dos i&gt;omnes fantasía á
la izquierda. Mangas drapeadas á grandes dibujos.
Solapas doublé de raso.
FIG 9,-TRAJJII DE PAÑO PARA CALLE.

Flg. 10. - Toilette elegante,

••*

Una joven agrasiada salti de un almacén de música
con una partitt1ra bajo el b~azo.
Se le acerca un pollJ y li, pregunta cortesmente,
-¿Canta u.sted, &amp;eñorita?
.
-Si. señor,-responde ella después ile un momento
de vacilación -¿Por qué es ¡,, pregunta?
-Porque tendrla mucho gusto en acompañarla.

1J110

.

de los a.reo11 trinnhdc·s á la entrada de la ciudad.
'

Es de paño azul turquesa, todo adornado de ban•
das paralelas de terciopelo. Cuerpo muy justo con solapas drapeadas de guipure. Plastrón de terciopelo
negro.
FIG. 10,-TOILETTE l!ILEGANTE.

Es una caorichosa combinación de paño ama, illo y
terciopelo. En el cuerpo blusa forma un corselete de
muy buen gusto y en la falda figura una sobre falda
fantasía.
/
FIG. 11,-TRAJlll DE TERTULIA. ,

Es una gran toilette alternada toda de blonda de
Br1;1selas y ~erciopelo parma á grandes bandas po!I•
terrores, de1ando un delantero muy angosto. Yockes
de blon~a, escote redondo orlado de cadeneta de 11 eda lo mismo que la falda.

.'

- - -- -- - - - - - - I' - - - - - -

OTRO PAGff.DE $8,316.50 DE ''LA MUTUA"
EN GUADALAJARA, JALISCO,
Timbres por valor de 8.3:.! cs. debidameute cancelados.
R&gt;1cibi de «The Mutual Life In1mrance Company of
New York• la suma de (88,316.liO) ocho mil tres•
cleotosdleclsels pesos, clncu,entac..nta.vos
plata mtlx1cana, ae,i: $5,000 suma asPgurada .Y :¡¡;3 a16',
50 cs., por devolución de los premios 11xi1ibidos, ea pag? total de cuauto~ derechos se derivan de la póliza
uumero 429133, baJo la cual y á mi favor estuve asegurado m1 fmado esposo

D. ALEJANDRO AGRAZ
Y. pa_ra la debida constancia en mi carácter de beneficiana, extiendo el presente recibo en la misma póliza
que se devuelve á la Compañia para su cancelación
en Guadalaj11r'l, Ji\ll~co ~.26 tlfl Noviembre de 1898.
Fm:iado.-Refuglo P. Vda. de A.graz. -Rúbrica.

FJg. 9. - Traje de paño para calle.

Un timbre de 50 cs. debidamente cancelado.
' Gi\b~rto. Gómez, ~~tario Supernumerario de esta
mumc1pahdad,. cert1f1co: que ta Sra R efugio Palomera de Agraz, firmó ante mi el ante·
rior recibo y le fué entregada la
cantidad que en él se expresa. Doy
fé. Guadalajara, Noviembre veiutiseis de mil ochocientos noventa y
ocho.
Firmado.-Gilberto G6mez. Rúbrica.
Flg. 11-'l'rale de tertulia.

Visita del Sr. Pr~hlente á. la Penitenciaría del Eiltado la mañana. del mart••~ 20- •lel nclnn.1
(F&lt;,to¡;rafws de D . Lagran:;e).

1

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Damas distinguidas</name>
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