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                    <text>' El Guento Semanal

El Cuento 6Bmanal

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16.
17.
18.
19.
20.
21.
22.
23.
24.
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Carmen de burgos (Colombme): El tesoro

26.
27,
28.
29.
30.
31.
32.
33.
34.
35.
36.
37.
38.
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Cristóbal de Castro: Luna, lunera _..
Ricardo J. Catarineu: Almas errantes.
Francisco F. V,llegas (Zeda): Lonfesión.
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42, Blanca de los Rios: Las hl}u~ de don Juan.
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44. Miguel Sawa: La Muñeca.
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46. J. Perrándiz: El ,Oies irtz• de san Huberto.
47. A. R llonnat: Un hombre serlo.
48. Alberto lnsúa: Las señorllas.
49. J M.• Salaverrla: El literato.
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cuyos autores ó editores nos remitan dos ejemplares.
; La esencia de lo_chulo, leyenda escrita por D. Antorµ{&gt;
Velasco.-0,50 pesetas.-En las primeras página. de
esta obrita está descrito con bastante exactitud y sabor
clásico aUJ1que quizá con seora de palabras rebuscadas,
el episodio que dió nombre á la hoy calle de la Arganzuela, de esta corte. La protagonista es la mujer del
pueblo en aquella época: la maja. A continuación estudia
el; autor la degeneración de este clásico tipo de mujer
que, de escalón en escalón, pasa por la manola, la gata
con t-ibetes de señorita, la nincha, la j1,rcia... El señor
Vela.seo cree que esta desgraciada fu.reía de hoy es la
tataranieta de su maja Sanchita, y dolido de ello nos
dice al final de la leyenda «Ciégo será quien no vea tal
r epugnante cuadro.
, Y se desprende, como cabo de esta leyenda, que la
r aza de Sanchita se va, se va...
,Se va el }.fadrid chulo sin demostrar franca y de UJ1a
vez para siempre, si lo que lleva dentro es un fraile ó
UJ1a fiera.&gt;)
La aprenslva.--Se ha impreso y puesto á la venta
este boceto de comedia, primera producción dr amática
del conocido publicista Dr. Corral y Mairá, que tan favorablemente fué acogida por nuestro público.
Exodo,-Hemos recibido el núm. 3 de esta revista mensual vallisoletana que publica interesantes trabajos de
Alta.mira, L apí, 'I'axonera, Cagigas, González Blanco,
García Rueda, :Morcuende, Hamlet-Gómez y otros ilus·
tres escritores. La n u eva publicación, á la que deseamos
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-No, señor.
-Pues yo le digo á usted que :,1.
- Bueno, pero como ...
No pude oír más, porque aumentando de pronto la velocidad del tren, el ruido de las ruedas y
el trajín de la marcha me impidieron percibir con
daridad las demás palabras de aquellos compañeros de viaje, que ib~ discutiendo desde la estación de partida. Interesado, no obstante, en
saber lo que no había podido oir, me incliné hada ellos. Pasábamos entonces sobre un puente
de hierro, y resultó inútil mi movimiento. Me
puse en pie, y acercándome á los interlocutores
-pronuncié algunas palabras para entablar conversación. El más joven me contestó secamente
una frase de esas que finalizan un diálogo, y yo,
más que ligeramente molesto, fui á sentarme al
utro extremo del coche.
Pasamos el puente, disminuyó la·· velocidad
'Cl.el tren, y mis camaradas cesaron de hablar.
La noche había cerrado completamente, y co-

mo el paisaje ofrecido por la única ventanilla
abierta, apenas era visible por las sombras que
lo velaban, improvisando de mi portamantas
una almohada, me tendí sobre el asiento, dispuesto á dormirme hasta la próxima estación,
por cierto muy distante.
Mis compañeros me miraron con extrañeza.
- ¿Pero va usted á dormirse?-me preguntó
el más viejo con cierta admiración.
--Si ustedes me lo permiten...
-Por nosotros no hay ningún inconveniente.
¡Oh, puede usted hacerlo! ¡Pues no faltaba más! ...
Mire usted-continuó el más joven, que era quien
me hablaba-yo soy republicano... Perdone usted
si le ofendo.
-Me es igual.
-Bueno, ya me entiende usted-replicó guiñándome un ojo-. Quiero decir, que puede usted hacer lo que quiera. Y o creo que todo el mundo es libre y dueño de obrar como le guste y convenga; sin molestar á nadie; como Dios manda.
¿No es eso?
Asentí con una inclinación de cabeza, me incor-

�poré en el asiento y quedé sentado sobre el portamantas.
-No, no; acuéstese usted-dijo el viejo-. No
vaya usted á desvelarse por nosotros.
-De ningún modo. Realmente no tengo sueño. Lo que tengo es un aburrimiento insoportable-contesté, y comprendiendo lo incgnveniente de semejante declaración, me apresuré á suavizarla continuando:-No por ustedes... ya comprenderán; pero estos viajes tan largos ... con estos trenes tan pesados ... En fin ...
--Sí, sí; la verdad es que nuestros trenes van
despacio... Por supuesto-prosiguió el joven,
ofreciéndonos su petaca- se ha progresado bastante, y ya no se tarda meses y meses en atravesar la península, como en tiempos de las célebres
galeras aceleradas. ¿Eh? ... ja... ja... ¡Tendrían
gracia los viajes aquéllos!. .. ¡No apague usted!
Le dí mi cerilla, y mientras ~1 encendía un pitillo, el viejo, que tenía aspecto de militar retirado-'-----era un hombre de sesenta años, con ojos verdes y bigote y perilla blancos-dijo:
-Había de todo, señor mío. Sepa usted, pues
este caballero debe saberlo- dijo por mí-, que el
progreso no ha sido absoluto, ni en todos los órdenes.
-¡Cómo!
-No; no hay que asustarse. Antes habia de
todo, y las deficiencias de lo material se sobrellevaban con paciencia, por la gran cantidad de moralidad que poseíamos.
Y dicho esto por el viejo, se puso con fruición
su gorra de viaje, con un ademán tan airoso y elegante, que pareció una autocoronación por las
frases que acababa de decir.
--Sí, sí- prosiguió como hablando consigo--,
eran buenos días aquéllos ...
- Había buenas mujeres- apuntó con malicia
el joven.
-¡Hombre, también! Y se echaba una cana al
aire, pero siempre guardando las formas y el respeto. No como hoy. Entonces no había juergas.
Juergas-recalcó el viejo- . Si eso es juergas.
¿Han oído ustedes jamás una palabra más fea?
¡Es horrorosa!
Ladeó cómicamente la cabeza, abrió las manos, como si tuviera en ellas un libro de verdad,
y murmuró:
-¡El progreso!
El joven, que era un comisionista en tejidos,
según dijo después, y que sólo tenía esa eultura

desdichada, mil veces peor que la absoluta ignorancia, esa cultura desdichada, digo, que se adquiere con la asidua lectura de un solo" y único
periódico de partido, presentó algunas objeciones contra las ideas del viejo; y de palabra en
palabra, caímos los tres en una de esas disputas
donde la razón escapa por el ruido de los gritos.
El viejo, que era un militar, hombre ilustrado,
verdadero creyente, desplegó el álbum de sus conocimientos, y haciendo del tema una lucha, se
parapetó tras el justo inedio, arrojando desde él
un fuego graneado de razones sentimentales y
prácticas mezcladas á ratos con proyectiles prohibidos en la táctica de guerra. Quiero decir,
que inventó algunas citas, forjó unas autoridades indiscutibles, y me arrebató, en fin , el asentí-

miento varias veces con el conocido anzuelo: Como usted sabe; como usted no ignora, etc. , etc.
Y sucedió lo que sucede siempre que se pone
en parangón el pasado y el presente, que finalmente la cuestión quedó reducida á la posibilidad de un sujeto religioso. Y el que nosotros discutimos fué ... El milagro, sí, señores. Tenía razón
el viejo. No hemos adelantado nada. Hablamos
todavía de lo mismo, porque una falta de fe hace
eternos los problemas.
No iba yo contra el militar. Sus ideas se parecían más á las mías que las del joven, y sin embargo, no puede decirse que fuéramos contra él
el militar y yo. Lo que sucedió fué que, siendo
yo, como todos los desequilibrados, un equilibrista mental, una especie de japonés de circo ó
de malabar sublime que se empeña en sostener

de punta las ideas, las mias, sostenidas así, vaci- de caballero. Había jurado defender á las instilaban, inclinándose unas veces al uno y otras al tuciones mucho antes de aquel brusco levantaotro. Yo afirmaba, no la posibilidad del milagro, miento, y no podía en modo alguno traicionar
sino su existencia; más aún, su actualidad, ase- mis principios y despojarme del propio honor por
gurando, por supuesto, que tales afirmaciones el honor de la idea. Aplacé, pues, la resolución
procedían más de mi modo de pensar que de mi del drama interior, y cumplí dentro de los míos
propia experiencia.
como bueno, cumpliendo sólo lo ,estrictamente
-¿Cómo de su experiencia?-preguntó el vie- preciso para servir por igual á mi honor y á mis
jo-¿Es que tiene usted la osadía de creerse un ideas. Creo que fuí un héroe, y sobre todo
bienaventurado para ver las maravillas, no con un hombre, en la vieja y olvidada acepción
la reflexión, sino con los ojos del cuerpo? ¡Vamos, castellana.
hombre!. ..
Cambió de postura el narrador, se aproximó
-¿Pero ha visto alguien alguno? ¿Lo ha visto más á nosotros, y añadió con simpático desenusted?-dijo el joven sin poderse contener.
fado:
-¡Sí!
-Ustedes me permitirán este elogio, digno de
Lo categórico, rotundo y enérgico de la contes- perdón, por ser hijo de incurable é irremediable
tación nos dejaron perplejos. El
vanidad. Mi vida iba para draanciano clavó en nosotros sus
ma, y si hubiera querido dar
obstinadas pupilas, y después,
gusto al público de teatro, con peencendiendo una pipa que había
garme un tiro en el tercer acto
sacado antes de un bolsillo de su
hubiera dado fin á la obra, aunabrigo, un abrigo peludo, de heque no hubiera resuelto el prochura francesa, con los bolsillos
blema-cosa menos esencial que
perpendiculares sobre el pecho,
el número de jornadas-. Pero yo
añadió:
preferí hacer mi vida más larga,
--Si no les molesta á ustedes,
añadir algo y transformarla en
les referiré una historia. No; una
novela, con un término más
historia, no. Es un suceso real,
agradable y sencillo, como el que
auténtico, histórico... Sí, eso es,
piden para todas las ficciones las
una historia... ¡Tienen tantas
almas buenas... En fin, no quiero
acepciones las palabras, que estoy
recordar aquellos días, ni remopor no referirla!- murmuró con
ver olvidados recuerdos, que para
disgusto, después de una pausa.
nada hacen falta en esta historia.
Sonreímos disimuladamente el
Los episodios de aquel año poco
joven y yo, y esperamos el relatienen que ver con este relato, y
to. Eso sí, cuando el hombre quiso empezar, sólo á la ligera sirven de prólogo al mismo...
le detuvimos nosotros, porque entonces encen- ¿Quién de ustedes me hace el favor de una cedimos los cigarros.
rilla?
El joven sacó su caja de fósforos y le ofreció
uno encendido.
II
-Gracias ... Pues bien, estando yo en Fuenterrabía, á consecuencia de un balazo que recibí en
El viejo empezó así:
este muslo-señaló su derecho-, pero ya en es---El año 73 era yo capitán del batallón caza- tado de prestar servicio, me mandaron salir una
dores de Barbastro, uno de los más heroicos de- noche para reconocer personalmente un caserío
fensores del Gobierno de Madrid, enfrente de los inmediato, donde, según confidencias, acudían
ejércitos levantados por Don Carlos en el Norte. unos sospechosos. La comisión era poco digna
En el fuero interno, debo confesarlo con franque- de mi cargo, y más que impuesta, puedo decir
za, la causa enemiga érame más simpática que la que hube de solicitarla para calmar algunas murpropia, porque ésta, más que mía, fué un tributo muraciones sobre mi larga enfermedad. No había
que pagué á mi honor de hombre y á mi palabra razón para semejantes miserias; pero, señores,

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. ...-.,; ;...._,,

---- -

-~
..
~zrr,

hay miserias en toda¡¡ partes y también las hay
en campaña. No pueden ustedes imaginarlas.
Horrorosas, terrib1es... ¿Tiene usted la bondad
de? ... --dijo dirigiéndose á mí, haciendo ademán
de encender un fósforo.
Encendió nuevamente su ·pipa; dió varias chupadas con energía, y pro~iguió más animado que
antes:
-Fuí destinado á otro batallón. Aquella tarde
había nevado copiosamente y la nieve cubría el
suelo como si fuera una alfombra de terciopelo
blanco que tuviera un palmo de espesor. A las
nueve salí abrigado con mi capote de marcha,
llevando un bastón con una contera de trapo para
no resbalar. Antes hice-ir al caserío á dos soldados y me quedé con tres números que me acompañaron hasta la puerta.
Hacía buena noche. Una luna enfermiza, rodeada de un nimbo amarillento, iluminaba el paisaje. La luz caía fina, de color violado, sobre
aquellas mortajas del invierno, sin producir casi
sombras donde no iluminaba. Una línea blanca
separaba el cielo de los montes, y éstos apenas
si podían distinguírse. El conjunto parecía el paisaje de un sueño; un paisaje ahogado, sumergido
en el mar. Sí; en muchísimos instantes me hice
la ilusión de supervivir á un naufragio y de hallar
me, por un raro privilegio, dueño de poder recorrer los abismos del Océano ...
El camino que tenía que atravesar no era del
todo agradable, pero aquel silencio abismal, si

......

ustedes me permiten la palabra, me encantaba
y hubo momentos en que, olvidado el objeto de
mi viaje, alcancé un goce supremo dándome
cuenta de mi vida. Cuando llegué al caserío despedí á los números que me acompañaban, que me
aguardaban, mejor dicho, y les hice que volvieran al puesto. Mi objeto era conocer únicamente
á los sospechosos y poder verificar así á un tiempo un copo en toda regla. El peligro, además, era
nulo. No había nada que temer. Los sospechosos
eran sencillamente algunos oficiales que querían
pasarse al enemigo, y para efectuarlo juntos
habían de decidirlo en aquel sitio, alojamiento
de uno de ellos.
El caserío era una finca pequeña, de dos pisos.
La parte superior estaba destinada á dormitorio
y á despensa ó granero. Tenia dos puertas, la que
daba al corral y la de entrada. Al llegar á ésta me
detuve, porque me pareció oir un gruñido. Distinguí unas voces, y ya me disponía á empezar
mis observaciones, cuando apareció un s0ldado
en actitud de recibirme. Aquel encuentro me desconcertó un poco. Se disculpó el hombre como pudo, y asentí á su disculpa. Por lo demás, aquello
era justo y natural, dadas las circunstancias,
pues no una vez, sino varias, el enemigo, confiándose en las sombras de la noche, se arriesgó
á penetrar, no en aquél, sino en otros caseríos
más próximos de nuestras fuerzas. Estas cosas
parecen inconcebibles, pero en las guerras civiles
nada tan fácil, porque el enemigo conoce exactamente el terreno, se alberga á nuestro lado, y es
también con frecuencia quien nos aloja.
Dí un paso y entré. La primera habitación ya
pueden ustedes imaginarse cuál sería. Casi siempre suele ser la codna, santa, sabia y hermosa
construcción tradicional. El caserío de Mariate-

guí no se apartaba en.eso de la costumbre. Sucocina era amplia, señorial, magnífica. Su pesada
campana, ennegrecida por el humo de la carrasca consumida á su amparo, era impohente. Tenía
algo de fragua, de altar y de calabozo. Esos santos hogares, más grandes, más amplios que aquellos primitivos fogones, donde los griegos y los
romanos celebraban sus cultos, han desaparecido de las ciudades y los vemos alguna vez en los
pueblos. Nada más que en los pueblos. El gran
hogar, ese hogar donde por arder un bosque no
necesita vestales, ha sido aniquilado por el
progreso. ¡Qué barbaridad! del gran culto del
pasado no nos queda sino la lamparilla de Edison y el braserillo para los pies, que algunos
conservamos todavía. Vean ustedes.
Apartó un poco las piernas, é inclinando la cabeza, nos mostró un calentador de alcohol, en
que no habíamos reparado todavía.
-Este es el culto de ayer-añadió poniendo
sus pies encima.
-Pero usted lo pisa-apuntó con enojo el ·
joven.
-¡Lo utilizo, señor! Ustedes, en cambio, perdóneme usted, amigo, han matado lo de abajo y
lo de arriba. Han perdido el pasado y no tienen
porvenir. Continúo.
Cruzó las piernas y prosiguió reposándose poco
á poco, recordando sus pensamientos, como si
recordara las palabras de algo referido muchas
veces:
-Cuando entré, seis soldados y la dueña, una
vieja consumida y seca, disputaban á gritos. Las
voces, las actitudes, las llamas del hogar y lo rojo
del pantalón del uniforme daban á aquel cuadro
un color vivo y un sonido interesantes. Un sonido, sí; el sonido es lo más grande que ha producido el Creador, y por la música nos unimos con
lo que realmente queremos estar juntos. (Tendría
que decirles á ustedes muchas cosas sobre esta
opinión.)
Mi presencia hizo cesar el tumulto. La mujer
se quejaba de algunos desafueros que los soldados habían cometido en la cocina, y ~quéllos á su
vez de no sé qué ocultaciones por parte de
ella. Resolví la cuestión á favor de los míos;
pero la vieja juró y perjuró, en vascuence y en
castellano, que no tenía nada que ofrecer fuera
del vino, pues la gallina que para ellos reclamaban, necesitábala una su hija que había dado á
uz el día antes un niño muerto.

Calmáronse los ánimos poco á poco, y empezó
á correr de mano en mano una bota de chacolí,
hasta que entró en lucha con ella una jarra desportillada llena del mismo líquido.
Confieso yo que también á mí me roía el gusanillo, como vulgarmente se dice, y así supliqué
á la casera, con el mayor encare&lt;;irniento, una
nueva requísa en su despensa, por si había cometido algún descuido, del que yo pudiera cuídarme más de un poco.
En esto del hambre y de la sed pasábamos el
tiempo, cuando abriéndose la puerta de repente,
apareció un hombre de semblante curtido, con
sombrero ancho, una capa viejísima y mugrienta
y un báculo.
-¡Ave María!-dijo pausada y solemnemente.
Esperó la respuesta paseando sos ojos por nuestras caras, y cambiando de tono preguntó:-¿Hay
algo para el romero?
Le miré yo con extrañeza, y todos nos mirábamos como diciéndonos con la vista: &lt;&lt;¿Un ~omero en la guerra? ¡Vive Dios, que es un espía!i&gt;
Alguien aventuró una frase mortificante para
el romero; no faltó quíen quísiera ir más allá del
insulto, y el hombre, más abochornado por lapatrulla que por mis propias miradas, iba á salir,
c11-ando trasponiendo el umbral entró el perro
que le acompañaba, el cual conducía atado con
un cordel. Y nadie hubiese advertido su entrada,
á no haber aparecido ladrando de un modo tan
~
extraño y particular, que parecía naturalmente
ronco, como si ladrase de lejos, en una cueva profunda ó en un arca de ropa.
-Pobre bestia-dijo uno-, ha visto al Papa.

�t

-Oye tú-apuntó
otro-, los perros que
peregrinan, ¿van al cielo
después?
La casera acarició al
animal, que se le puso
de manos, agitando la
lengua y provocándola á
juego. El perro era un
hermoso y bien cuidado
ejemplar de casta pequeña, figura· alargada
y baja, con las patas delanteras hacia fuera; lo
que siendo un defecto á primera vista, era, bien
mirado, una coquetería de la raza para mostrar
un pecho noble, viril y enérgico. Era un perro
de San Roque, ni más ni menos que esos perros
que vemos en los altares, con un pedazo de pan
cerca del bendito abogado acusador de la peste
é intercesor del apestado incurable. Dió un tirón de la cuerda el romero y el perro salió siguiéndole. Yo me quedé recordando la preciosa
figura del animal y su color perla.
Los soldados, silenciosos un momento, empezaron á cuchichear después...
En este instante se abrió la portezuela del coche, y el revisor nos pidió los billetes. El interés
que el relato despertara en el joven y en mí nos
hizo juzgar intespestiva la entrada del empleado. Con tal motivo se abrió un paréntesig, administrativo-ferroviario, del que salieron gananciosas y elogiadas todas las Compañías extranjeras, que tienen un personal más discreto, según
dijo el comisionista, y unos vagones de tercera
que valen más que los de primera nuestros... •
,7
.__J

-Pues bi'!n, quedábamos en que los soldados se hablaron al oído, y desde luego habrán
ustedes adivinado que no fué cosa olvidada en
aquellos cuchicheos el perro del peregrino.
Me dí cuenta tan exacta como ustedes de las
ideas que cruzaron entre sí todos ellos; pero
comprendiendo al fin lo justificado del caso. Esto
no pueden ustedes comprenderlo, aunque sonrían-añadió por vía de paréntesis, cambiando
un poco la voz, como si estuviese muy firme én
sus ideas ó temiese manifestarlas claramente.

__.:_ La sensación de
hambre - continuó en
tono apologético y exaltado-es algo más que
una sensación cualquiera; es un sentimiento, ó
las palabras no dicen lo
que quieren decir. Es
preciso pasar estado semejante, y hasta pasarlo de nuevo, para llegar
á comprenderlo. Es el
sentimiento que se olvida más pronto, y aquel
cuya satisfacción se agradece más que otra alguna en el momento que se satisface. Sin ser
desesperada la situación de nuestras tropas,
porque en verdad ya iba de· vencida la pelea,
puedo decir que no teníamos nada más que lo
justo para nuestro mantenimiento, y que en los
caseríos se carecía de todo.
"~y ahora, fíjense ustedes en que lo justo
s;°ele ser casi siempre el umbral del dolor. El organismo se ha prostituído tanto como el sentimiento moral, y es preciso algo más de lo debido
para dar las gracias y sentir un poco de agradecimiento. Me repugnan estas infamias, pero
no dejo de reconocerlas. En todo se quiere algo
más de lo justo; la exageración en las ideas y el
peso corrido en las cosas. ¿Qué mérito tiene lo
normal entre nosotros? ...
Se detuvo un momento y continuó en seguida:
-Es preciso que me perdonen ustedes estos
paréntesis... Debo hacerlos, porque no quiero
que se formen un mal concepto de mis muchachos. Mis soldados eran como somos todos colocados en un medio sin freno para los propios instintos. Más que en la paz, estado artificial, de
hipocresía, de falta de valor y confianza en el propio esfuerzo-es un armisticio para lucha; el
Evangelio lo dice recordando nuestra miseria:
Si vis pacem para bellum-es en la guerra donde
se revela el hombre. ¿Quién conoce á los que no
han combatido? ¡Nadie!. ..
Mis hombres, cuando pensaron apoderarse
del perro, obraron como verdaderos hombres;
como fieras hambrientas. Les bajaron las ideas
al estómago ó el estómago se les subió á la cabeza.
-¡Pero, señor!---objetó el joven-¡Estáis haciendo una defensa del robo!
El narrador lo miró con lástima, y dirigiéndose

á él como diciéndole: &lt;&lt;Lo que voy á decir es para apurando la maldad que positivamente existía
usted soloi&gt;, contestó:
en los cómícos que representaban las obras de
-Usted será todo lo moral que quiera. Yo lo Esquilo, de Shakespeare, de Calderón ... Sí; esos
soy tanto como usted; pero mientras refiera mi hombres no hacían más que estudiar, que estruhistoria, es preciso que me coloque en el mundo jar, que revelar toda la maldad de aquellos permoral de aquellos á quienes hago referencia. Mi sonajes reales que luego representaban los suyos.
objeto es referir, no evitar. ¿No es eso?-Y pidió Por eso no hay un personaje que falte ni hay un
asentimiento á su pregunta dirigiéndose á mi.
personaje que sobre. Escribían como los grandes
-Bien, pero ...
perversos: pensando en la compañía que debía
-Bueno, hombre-interrumpí yo-, deje us- ejecutar la obra; haciéndola para ellos... No, no
ted que siga.
se admiren ustedes; no me den ustedes tampoco
-Pues, en fin, el caso fué que uno de los mu- la razón, porque ustedes no han llegado á este sachachos, sin decir nada, silenciosamente, abrió ber por mis mismas experiencias. El mal teatro
la puerta y salió al campo. La vieja, que á mi presente, es precisamente bueno por eso, porque
lado_ seguía como yo aquella maquinación, diri- los pobres autores no escriben para las compañías,
giéndose á mí y en voz alta, para que todos la porque sobran así muchos personajes, porque
oyesen, denunció la acción del soldado. La mujer les falta alguno, porque, en una palabra, todo lo
adquirió en su santa indignación esa elocuencia que pasa en la escena contemporánea es una somagnífica de la cólera y el arrebato, negándose lemne mentira, una pura falsedad. ¿Ustedes
por anticipado al préstamo de los adminículos creen que todos los actores de tal teatro combinanecesarios para el festín. Vi indecisa mi autori- dos, como los ha combinado un autor, llegarían
dad, y estallar una lucha entre mis necesidades á efectuar realmente el drama que representan?
y mis ideas, y salí de la casa, fíjese ahora el joven ¡De ningún modo! El drama es bueno, por todo
-dijo mirando al comisionista-, para no dra- lo que tiene de falsedad y de mentira. He ahí una
matizar la vida.
señal de la superioridad futura y por qué odio
-Noto-le dije-que tiene usted un horror el teatro. No puedo decir más.
marcadísimo al teatro.
Prosigamos--continuó---. Salí al campo para no
-Le diré á usted. La miseria moral de las gen- decidir. Al poco rato vi llegar al que salió á vetes me ha hecho un poco egoísta. Desprecio á los rificar el robo. Me oculté, y le pude ver sin que
demás... Entendámonos-añadió suavizando la lo sospechase. El soldado andaba pesadamente,
franca brutalidad de sus frases-. No quiero ser rechinando al pisar y moviéndose como un beoun espectáculo de gozo para el mayor número. do. No distinguí bien al perro, pero sin duda lo
La multitud pide siempre sacrificios. Fíjese us- llevaba en brazos, obedeciendo á tal carga la onted en la finalidad de los juegos públicos: siem- dulación de sus pasos. Entró y una explosión de
pre hay una víctima, el toro, el vencido, el que júbilo llegó hasta mí, durando mucho tiempo el
pierde, el héroe trágico, que á pesar de su gran- eco, hasta perderse despeñado y en fragmentos
deza, muere. ¡Hasta en lo cómico!... ¡Oh, en lo en los últimos límites del paisaje. Las carcajadas
cómico se conoce la perversidad humana! A la y las voces salían al campo, esfumándose de
víctima se le quita la elegancia y la razón. Toda pronto, deshaciéndose, con la misma rapidez que
la dignidad: la del cuerpo y la cfel alma... ¿Están se deshace el humo de un tren en marcha. Así,
ustedes conformes? Es repugnante. Las bestias, igual que esas nubes--dijo señalando la venlas nobles bestias, no tienen comedias. Los sal- tanilla.
vajes, cuando llegan á pervertirse, cuando se deMiramos, y en efecto, las nubes del vapor se
gradan hacia arriba, cuando se civilizan, como despeñaban como fantasmas, tanto más de prisa,
decimos, entonces empiezan á tener comedias... cuanto con más rapidez marchábamos.
No, yo no odio el teatro. Odio el mal teatro, ese
-No sé-prosiguió-lo que ocurrió dentro,
teatro que llaman ustedes bueno y que es verda- pero imagino, como imagitlé entonces, que á viva
deramente malo; un teatro que por fortuna ya no fuerza arrancaron á la vieja una sartén. Entré
existe, porque ya no se sabe hacer ese mal. El de nuevo, y la mujer me suplicó, llorando, la limejor teatro es ese que ha desaparecido: el malo, bertad del perro. Un breve murmullo, tenue priese teatro que escribieron los mejores trágicos mero y más elevado después, se percibió en la

�que no!.. Lejos. Aquí se da una carrera de baquetas á todo los peregrinos que molestan...
El hombre se fué, y me parece que le sentí so-

l

cocina. El cabo, cuadrándose ante mí, me dijo
resueltamente:
-Mi capitán, tenemos hambre.
-¡Asesinos! ¡Herejes!- les gritó la vieja.
-Bien. ¿Dónde habéis cogido ese perro?
- Me lo he encontrado yo-replicó con resolución el atrevido.
-¡Señor, si es el del romero!-gritó enloquecida la mujer.
-¡Embustera!-&lt;lijeron dos soldados á la vez.
La escalera que daba acceso al granero y al
dormitorio de arriba crujió de pronto y apareció
en ella el comandante Fieschi, un viejo de origen
ruso, pero español de ·n acimento, que había hechoJas dos guerras anteriores en uno y otro bando para conquistar sus grados. Los soldados callaron y y.o-Je saludé. Mi presencia le sorprendió
un momento, pero dis{rimló el enojo, y haciéndose cargo a.el pleito, tomando el perro por el cuello, se lo dió á fa inujer, diciéndola con imperio:
· - ¡Aquí nadie se muere de hambre, señora!
Que lo pongan con patatas.

La mujer cogió la bestezuela y sollozando se
fué al interior del caserío, rezando la letanía de
sus odios: &lt;&lt;Pillos, granujas, judíos... ~
En la puerta sonaron dos golpes, como dados
con un palo.

IV
Se abrió la puertá y apareció el peregrino.
Lo esperábamos:
-¡Av.e Maríar..-murmuró
Nadie contestó.
Miró el hombre con inquisitorial mirada, y después de un silencio embarazoso, preguntó con
dulzura, afianzándose en el báculo: ·
_;.¿Han visto ustedes á mi perro?
Un silencio sepúlcral, obstinadísimo, fué la
.contestación. Pareció que todos obedecíamos á
una consigna. Volvió á preguntar el romero, y
Fieschi, arrojándolo de pronto al campo, le gdtó
encolerizado:
- Fuera, canalla... ¡No· lé han dicho á usted

llozar. El cabo fué al interior, donde había ido
la vieja, y los demás nos pusimos en corro alrededor del fuego. La presencia del peregrino nos
había impresionado, y sin cometer exageración
alguna, puedo decir que durante un gran rato
todos, menos el comandante, pensábamos lo
mismo y del mismo modo. Un grito ahogado,
de sorpresa y de agonía, llegó á nosotros del interior de la casa, y volvimos la cabeza hacia el
sitio de su procedencia.
-Ya ha caído-dijo uno.
-¿El qué? .. .
-El perro... -murmuró el preguntado con un sigilo religioso.
Volvió á quedar silenciosa la
gente. Yo tomé un tizón para
entretener el tiempo y Fieschi
empezó á dar grandes zancadas·
por la estancia, andando con las
manos cruzadas á la espalda
moviéndose como un marino de
teatro que jamás ha conocido un
mar en calma. Poco á poco los
mozos se fueron animando como
un pueblo comercial que se despierta. Se empezó á hablar recio
Y los gritos dominaron después el
ambiente. Se disputó sobre la

limpieza del gato y del perro, sobre sus cualidades, su talento.
-Es más sucio.
-No, -señor; el perro es más limpio, y sobre
todo más fiel.
Esta frase me exasperó.
-Debíamos haberle zurrado.
-Buena paliza tiene ya-dijo, otro.
-No; no es eso. Dicen -que las carnes castigadas son las mejores.
-Así dicen. En mi pueblo adobamos á los
gatos con vinagre; pero hay que dejarlos al sereno.
-Qué brutos sois en tu pueblo.
- Ya lo ves; vecinos tuyos.
-Sí; que lo laven con vinagre-interrumpió uno que lo había estado pensando un rato-.
Así echará todo lo malo: la ruin.
- ¡Ja, ja! ¿Pero tú sabes lo que es la ruin?
Eso es lo que tienen los cachorros en el rabo y
lo que se les corta para que crezcan, idiota.
-Pues que lo laven si tiene todo el rabo.
-¡Que lo laven!
Y salieron algunos de ellos hacia la pocilga,
seguramente con el propósito de ayudar al
cabo y á la vieja en su gran obra.
La mujer apareció en la puerta del cuarto interior. Me hizo una seña y fuí hacia ella. Hasta
entonces no había reparado en su semblante.
Tenía esa vejez extraña, intensamente marcada,
que casi caracteriza á las viejas del N_orte. Su
rostro de amarillo marfil, de ojeras cárdenas y
profundas, acusaba una gran resistencia para

�el dolor. Era una de esas viejas de las que alguien ha dicho que &lt;&lt;presenciaron la agonía del
Cristo~. En aquellos momentos no lloraba, se
mantenía serena, y hasta puedo decir que un
si es no es extraña á los sucesos. Lo que quería
decirme y por fin me dijo, fué que moderásemos nuestras voces, pues su hija estaba peor.
Volví al puesto, cogí de nuevo el olvidado tizón. y me puse á mirar estúpidamente el juego
de las llamas. Los leños crujían como si saltasen en su interior muelles de acero, dejando escapar sus gases con un suspiro infinito, semejante á la última palabra de un moribundo; se
retorcían como seres vivos que no se resignaran á la muerte y al herirlos las llamas abriendo
sus heridas, silbaban como si realmente los espíritus del fuego se retiraran amedrentados.
Con mi espíritu puesto en el fuego, rezando sobre las leñas como acaso rezaban sobre el ara
pagana los mejores sacerdotes del viejo culto,
mecía mis ideas, cuando una explosión de júbilo
me sacó de aquel éxtasis. El motivo ocasional fué
la entrada del cabo con unas tablas.
-¡Ea, ya tenemos mesa!-gritó, y colocándolas sobre dos mesas distanciadas, armó en un periquete un tablado, transformando la cocina en
comedor. A Fieschi y á mí nos señalaron los extremos de la mesa, concediéndole á él la cabecera,
que supusieron cerca del fuego.
El comandante seguía haciendo de marino de
zarzuela, paseando por la estancia; yo permanecía en mi puesto, observando con precaución sus
movimientos, fingiendo distraerme con los leños.
Aquella situación era molesta. Para los dos no
podía sostenerse mucho tiempo, porque él seguramente sospechaba mi visita.
-¿Y cómo está usted aquí?-me preguntó parándose ante mí con las piernas separadas para
sostener un equilibrio que no hacía falta.
-Me han mandado-contesté un poco turbado-para recibir un canje que ha de efectuarse
mañana...
-Ya ...
Fieschi dió media vuelta, y poniéndose las manos en los bolsillos del pantalón para ensancharlos, volvió á pasear en su actitud favorita.
Después de un rato me levanté y me dirigí al
interior de la casa. La puerta que daba paso á las
demás habitaciones era el comienzo de un corredor, en cuyo término vi al cabo que venía con una
olla. En realidad no pude ver nada, pero me dió

asco imaginar al animal desollado, y me volví
de espalda, disimulando, haciendo sitio para
que pasara el cocinero. La vieja salió entonces de
un cuarto que daba al pasillo, y yo, resueltatamente la abordé, herido por una feliz idea.
- Perros, judios...-murmuró la mujer-.
¡Pues no querían que lo asara!. ..
Tranquilicé á la anciana, y para realizar una
aproximación que me convenía la pregunté por
por la enferma. Me miró fijamente, y volviéndose de espaldas me dijo que estaba bien.
--Si usted quiere que la vea no perderá nada.
La mujer se excusó, y yo, deseando averiguar
cuanto antes lo que necesitaba, empujándola
hacia el cuarto entré en él con ella.
-Vamos á ver, tiene usted que decirme la
verdad, toda la verdad, pero sin ocultarme nada.
La mujer cayó
de rodillas y empezó á gemir.
-Vamos, levántese usted y
hablemos.
Pareció ·comprenderme entonces y se puso en
pie, empezando á
retocar dos velas
amarillas, colocadas frente á un
crucifijo que había sobre una cómoda antigua, una
de esas cómodas de Vitoria, más semejante á
un túmulo que á un mueble para la rop.a. La
cama estaba deshecha, como si hubiesen intentado echarse en ella. Es decir, así me pareció
á mí á simple vista, pero después observé que
alguien se había acostado en verdad, pues las
almohadas y el colchón ofrecían señales inequívocas de haber soportado un peso. Las cárceles
antiguas no creo que tuviesen una capilla de
aspecto más religioso y lúgubre que aquella estancia. La habitación era pequeña y una sola
ojeada me bastó para ver cuanto había.
Me miraba la vieja de un modo tan particular, que si otro la hubiese visto habría creído ver
en ella una alegría que no había desde luego, á
mi modo de ver, en sus ojos. Me pareció, sin embargo, tan extraña é inexplicable su actitud,
que perdiendo el valor que llevaba enmudecí

unos instantes creyéndome hallar frente á una
de esas locas que tantas veces he visto en las
provincias del Norte. Reponiéndome un poco,
la dije al fin resueltamente:
-Bien; ¿han estado aquí ayer otros militares como yo, así con galones en la manga?
-Ayer... hoy...
-¿Ayer ú hoy?-le interrogué con ansiedad.
-Ayer unos y hoy también los mismos arriba.
Me contrarió la noticia. Comprendí en seguida qúe sospechando algo los tránsfugas se reunieron dos veces acaso para tomar otro acuerdo en
1a segunda entrevista. El disgusto me hizo reflexionar unos instantes, y mirando casi sin ver
el lecho del cuarto, sonriendo irónicamente mi
p.esgracia me quedé delante de la vieja.
-Es la cama de rni hija-dijo la mujer animándose de un modo incomprensible.
-¿Se ha levantado?
--Señor ...
- ¡Ibáñez, la comida!-gritó desde la sala, cocina y comedor el comandante.
Sali del cuarto y la vieja cayó de rodillas delante de la cómoda, probablemente para rezar.

f

de ataque, remedando finalmente el ladrido de
un perro.
-¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!
La gracia hizo reir. Yo mismo no pude menos
de reirla; y tuvo tanta fortuna aquella broma,
que perdiendo los soldados la gravedad y el respeto disciplinarios, empezaron á corear al jefe'
imitando los ladridos de la víctima.
-¡Guauuu! ¡Guauuu! ¡Guau! ¡Guau!
De pronto, en una de las pausas de aquel conV
cierto canino, detrás de la puerta se oyó un ruido extraño. Se levantó el comandante furioso,
Había empezado el festín.
-Vamos, hombre, tome usted asiento-me resuelto á maltratar á quien llamaba, y al abrir
dijo el comandante con aquel aire de protec- apareció ... ¿Quién dirán ustedes? ...
¡El perro del peregrino!...
ción que sabía dispensar á sus inferiores.
-¡Señores!-prosiguió el viejo, transfigurán-Me sentaré, pero no tomaré nada.
dose al llegar á este punto del relato-; nos pu-Bueno.
-Puedo asegurarle á usted que no tengo simos todos en pie instantáneamente, como heridos por un rayo. El animal avanzó hasta el
ganas.
centro de la estancia, levantó un poco la cabe-Como usted quiera... Sabe á jamón.
za, echando atrás las orejas, que parecían dos
El cabo asintió cogiendo una costilla.
-¿Por qué le han quitado la cabeza?-pre- rizos, y arqueándose, despatarrándose, arrastranguntó el comandante, después de buscarla inútil- do el vientre por el suelo y agarrándose al piso,
empezó á ladrar con un ladrido ronco, velado,
mente en la cazuela.
como si no estuviese allí, sino lejos, muy lejos,
--Se ha quedado la vieja con ella.
-Cabo Rodríguez, pídale usted la cabeza á en una sima profunda ó en un arca de trapos...
El milagro lo vimos, lo vimos todos. Lo vimos
la vieja-gritó con furia el comandante.
sin comprenderlo, como se ven diariamente otros
La mayoría se rió del equívoco.
-Demonio-continuó Fieschi-, pues si lo milagros, como los ven los no bienaventurados,
sin entenderlos, ó entendiéndolos sin verlos.
mejor de los enemigos son las orejas...
Se levantó el cabo y fué al interior en busca como esas vistas cansadas por la lente de la inde la mujer, y el comandante, cogiendo una pier- vestigación obstinada.
na de la víctima, llevándosela á los labios como
El viejo empuñó cariñosamente su pipa, y un
si fuera una corneta, empezó á remedar un paso

�poco sugestionado por la redondez y elegancia
del depósito, la llevó con voluptuosidad á sus
labios. Aspiró con fuerza, entornando los ojos,
y se oyó ese ruido inconfundible de la pipa agotada; el producido por la entrada del aire en la
canilla del aparato.
-Al poco rato-&lt;::ontinuó, contrariado e;1. su
gusto--entró el peregrino, y llamando al perro
desapareció con él. La puerta quedó abierta, y
la luz violada de la luna, cayendo sobre el monte cubierto de nieve, daban al paisaje, comprendido entre el dintel y las jambas, el aspecto de
una elegante lápida de mármol azulado, con reflejos metálicos, y brillos de agua, como un friso
que estuviese sin secar.
Repuestos de la emoción, el comandante mandó llamar á la vieja. Dos soldados la trajeron
á rastras. La mujer vino pálida, desgreñada. Su

'/

~\
~~

- -....!

postura, su abandono y el desorden de sus ropas
ofreciéronla con esa indignidad ·que transforma
á los seres en pingos descolgados, dejando adivinar la punta de donde han pendido. Intercedí en favor suyo, pero la indignación del comandante era tan grande que mis frases sirvieron
sólo para dejarla que se pusiera en pie.
He dicho - continuó - que parecía un pingo, un trapo descolgado, y esto me parece exacto. Noten ustedes que eso es lo que parecen por
lo común las personas manifiestamente débiles.
Un caído, no es otra cosa. ¡Caído! ¡Qué horriblemente hermosa es esta palabra! ¡Caído!. .. Pero
ya no la usamos en esa acepción-dijo, dirigién·d ose al joven-; las ideas nuevas hacen decir

un dérrotado .. : ¡Qué barbaridad! Un derrotado en
la lucha por la existencia. ¡Qué necedad! ¡Qué
falta de poesía y de verdad en las pafabi:as! ...
La cólera que procede del engaño es terrible
en los soberbios. Sólo ellos la sufren y la pueden
soportar. La cólera se apoderó de aquellos hombres y se animaron á sí mismos para .el más horrible de los crímenes y de las infamias.. : Pero
antes debo decirles á ustedes, aun_q ue visiblemente pierda interés mi relato, que la reo de pregunta en pregunta llegó á confesar que ni tenía hija
alguna, ni enferma, ni buena, ni habíamos comido perro sino cerdo. Sucedió que habiendo sufrido varios saqueos por las tropas de uno y otro
bando, la mujer para conservar un lechoncillo
que tenía ocultábalo en la cama del cuarto bajo;
haciéndolo pasar, merced á la obscuridad y á la
naturaleza. del engaño, por una su hija, convaa
leciente de un próximo alumbramiento. No explicó la mujer la substitución del perro ni su libertad. El interrogatorio se hizo en forma, lo
mismo que si se hubiera tratado del más terrible consejo de guerra.
. Cerramos la puerta.
La cosa iba á tomar un giro cómico, cuando
alguno de los soldados lanzó una palabra que
decidió el drama. La palabra fué: envenenamiento.
Y a saben ustedes lo fáciles que son de sugestionar las multitudes. La sospecha de un
crimen es más creíble que la de una virtud. Si el
lechoncillo no estaba envenenado, ¿por qué
substituyó al perro? Un aura pánica enfrió los
semblantes, escurrió las mejillas y dilató nuestras pupilas.
Un supremo momento de silencio reinó en la
sala.
Todos nos escuchábamos la vida, y deseábamos, por absurdo que parezca, un pequeño dolor, no para saber nuestro envenenamiento, sino
para calmarnos. Lo cierto es que nos sentimos
envenenados, y entonces, atropellando los bancos y la improvisada mesa por precipitarnos...
sí, yo también fuí bastante miserable para ello,
nos precipitamos sobre la vieja y la echamos
dentro del hogar sobre las brasas...
A sus gritos horrorosos y fuertes retemblaron
las paredes del caserío...
Y en esto ábriéndose la puerta, apareció en
ella un liom'bre con un farol en la manó y un sacerdote á caballo.:.

VI

· Calló el viejo, nos miró fijamente al joven y á
mí, y bajando la ventanilla del coche murmuró:
-Creo- que no llegaremos nunca-y volvió á
callarse.

¡- Se trata de una· cosa seria-dijo el joven des-

pués de un rato, y poniéndose grave, afectando
mayor gravedad que la que realmente tenía·,
Pasaron cinco minutos, y el comisionista, mo- continuó así: --Soy comisionista en tejidos por
lestado en su asiento y no hallando acomodo, un puro · accidente del trabajo... ~e la existense puso en pie. Después de vacilar, de mirarme cia. He sido un admirable creyente, tanto como
de hito en hito, acercándose al viejo le preguntó: usted, queridó ·coronel-dijo dirigiéndose al vie- Bien, ¿y se salvó la vieja?
·· -. t ~· : jo-, pero he· enderezado mi vida á su tiem-¿No lo habéis adivinado?-contestó:"-r~I'J po. No quiero· molestar ·á ustedes en sus creen-Oiga usted-apunté yo-. ¿Y la· substitu-· cias, pero es lo cierto que yo he tenido unos princión del perro cómo? ...
cipios muy deplorables.

/ /,

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\ u;¡,rrqt~ .
.

k~

J¡.:

f//J ~ \1 .

I \

- He ahi la parte final de mi historia. La piedad de la mujer fué más grande que su avaricia...
- ¿Pero... el rnilagro?-interrumpió el joven.
-¡Hombre!-dijo el viej()-. Así no se cuentan las historias. El ~'agro soy yo, porque el
milagro es la llegada de la fe, es la llegada del
Señor. Y el Señor llegó como fe á mi espíritu...
Callamos los tres un gran rato, hasta que el
joven, poniéndose en pie, apoyando sus dos
manos en los hombros del anciano, mirándole
fijamente, después de reirse, le dijo:
- Yo también soy un milagro. Vea usted cómo
yo hice de Dios hace ya unos cuantos años-.

Hijo de una humilde familia burguesa, recluído en un colegio de sacerdotes cuando me estaba formando, creo en realidad, Dios perdone
á los buenos maestros, que me han entorpecido
la vida hasta que he sabido rectificarla. Mi padre, como-todos los padres de este mundo, como
todos los padres de la generación presente, tenía
la obsesión de las leyes, del derecho, de la abogacía. Creía firmemente que todos los revolucionarios_del mundo habían sido abogados y que por
serlo Robespierre, Saint-Just y algún ot ro que
no recuerdo, la Revolución Fsancesa fué un éxito en el mundo y trazó la norma d~ los pueblos.

�En los primeros momentos, los ejemplos que la mitad de estos datos, que remití al profesor
me ofrecía eran puramente nacionales. Todos en cuestión. El agradecimiento que me testifilos hombres del 68 habían sido abogados, los có el curioso investigador de la Universidad de
hombres de la desvinculación, los de la desamor- Colombia fué muy superior, sin embargo, á la
tización, los grandes escritores, los grandes oi:aJ conciencia de mi trabajo. Entré en relaciones
dores del 68 y del año 12 hasta el-mismo 68, en con él y á él le debo la representación de una
el que se había fijado mi padre, habían sido abo- casa de tejidos ingleses á quien he logrado un
gados. Yo tenía que recibir la muceta roja. Yo gran reclamo y un excelente nombre en España.
tenía que ser abogado. Mi porvenir estaba seguNo pasé del preparatorio de derecho, porque
ramente en el foro.
me asustaron los maestros. El primer día de claCuando dejé el malísimo colegio privado de ·se, el profesor de literatura, ponderándonos la
la calle del León, me matriculó mi padre en el importancia de semejantes conocimientos para un
preparatorio de leyes. Y comencé la carrera.
abogado, concluyó recomendándonos la mayor
Recuerdo todavía con horror el primer día atención para la asignatura, asegurándonos que
de clase. Como mi padre, aunque buen hombre, constituía grupo. El de historia crítica repitió lo
era un hombre vulgar y un hombre corriente; mismo y el de metafísica diciéndolo en el fondo
había, por de contado, en el mundo muchísimos del mismo modo, lo expresó con unas palabras
ciudadanos como él, que derrotados en su exis- definitivas que recuerdo todavía:
tencia se empeñaban como él igualmente, en
-&lt;&lt;Para esta asignatura reclamo de ustedes la
rectificar su vida en sus engendros, y en hacer preferencia en el estudio. La filosofía, como veque sus hijos realizaran el programa que ellos remos durante el curso, y han de ver ustedes
no pudieron realizar. Mis compañeros de clase en las demás asignaturas de la carrera, es la vereran seiscientos setenta y cuatro. ¡Pobrecillos! dadera base del derecho. Si no pudieran ustedes
De aquella séptuple hecatombe ofrecida por los aprobarla en Junio, ni en Septiembre, en el caso
padres á la diosa Themis, sólo cuarenta y uno más lamentable, de abandono, habrían perdido el
concluyeron la carrera. Diez y seis se suicidaron, año, porque no puede estudiarse con las asigcuarenta y ocho abandonaron el estudio, ciento naturas de facultad. Constituye curso,&gt;.
veintinueve prosiguieron la de filosofía y letras, ¡· Yo me río, señores-añadió el joven con el
treinta y dos abrazaron la carrera eclesiástica, mejor humor--como se ríen ustedes, pero la versesenta entraron en las Academias militares, dad es que he encontrado otras cosas menos resuno se hizo doctor en ciencias, veinticuatro se petables al parecer que realmente constituyen
dedicaron á la música, doscientos once fueron á curso. La verdadera juventud, por ejemplo. Soy
engrosar las industrias, ciento diez y ocho pasa- mucho más viejo de lo que parezco, pues tengo
ron al periodismo y los pocos restantes se ma- cuarenta y dos años, aunque apenas si representricularon en farmacia antes de llegar al derecho to veintinueve. He representado siempre menos
romano.
edad que la justa, de tal modo que se dice en mi
Esta información inverosímil-añadió, obser- familia muy seriamente, que cuando tenía yo dos
vando nuestra risa-es completamente exacta, años, apenas si había nacido.
porque he tenido la suerte de hallarme coloca-Buena es esa, amigo mío-apuntó el viejo
do seis años en la secretaria de la Universidad. al viajante.
Me ha servido además de gran provecho, pues
-Es la más fresca que me queda-dijo el jogracias á ella he podido contar con la protección ven-entre todo lo viejo y lo muerto que llevo
que me ha puesto á las puertas de la fortuna.
todavía.
Un profesor de Norte América dirigió en mi
Mi poca ciencia, mis escasos éonocimientos me
.,,tiempo de empleado una pregunta á la U niver- precipitaron por el peor de los caminos: la cultura.
El viejo hizo un signo de regocijo y de extrasidad sobre la constancia en los estudios de nuestros alumnos. La pregunta se juzgó natural- ñeza que no puede expresarse por medio alguno,
mente como una extravagancia de los Estados y al que renuncio describir.
-Sí, señor-prosiguió el viajante-. Cuando
Unidos y por broma se me encargó que la contestase. Yo tomé el asunto en _serio, y movien- usted estaba hablando, me han dado ganas de
do y removiendo expedientes, adquirí más de asentir con usted á sus críticas contra el progre-

so, por lo que tiene esa palabra de cultura, de
-No; no me enfado.
mentalismo, de abogadismo, de artículo bara-Pues no, señor, el más beneficiado en vuesto y de á real y medio la pieza. Estoy conforme tro caso ha sido, perdone usted que lo diga, el
con usted, pero viendo la cuestión desde este perro, nada más que el perro, que se salvó y repunto. Perdónenme ustedes si digo una barba- cobró la vida amenazada por ustedes.
ridad, pero nuestro mal y el atraso de este país
-Y mi alma, señor mío-gritó desaforadaestá en la cultura. España es el país que tiene mente el viejo-. ¿Es que la purificación, la elelos pobres más ilustrados del mundo. Al viejo vación de mi alma, la nueva noción' que adquirió,
hidalgo, que todo era poner por de fuera y por la iluminación que recibió por aquellas circunsde dentro miseria, ha substituído ese bachiller por tancias no vale absolutamente nada?
de fuera que es un inútil por de dentro.
• -Vale más la conservación de una vida-dijo
-Es verdad, mucha verdad-interrumpió el reposadamente el joven.
·
militar que seguía con interés las
-¡Qué barbaridad!-añadió el
palabras del joven.
viejo.
-Lo que hace falta aquí-prosi- Y qué egoísmo el de usted.
guió el viajante-son hombres para
-Es usted un majadero-dijo
la vida, hombres para la lucha, prácfuera de sí el militar levantándose
tice&gt;s; y el porvenir de la patria está
otra vez del asiento.
en las manos de los viajantes y de
- Calma, señores- interrumpí
los hombres de negocios. Si lo pienyo-; la cosa no es para tanto; no
san ustedes un poco, me darán ustemerece la pena...
des la razón. La antigua aristocracia
-¡Usted también!-me elijo el
ha entrado en el negocio de los vianciano clavándome una mirada funos, como el burgués incipiente en
ribunda-. Vaya, vaya, déjenme usla contrata de obras y las órdenes
tedes en paz y que le cuente á usted
religiosas en la venta de chocolates.
este señor cómo ha sido el Jesús y
Es un comienzo.
el precursor de nuestra industria.
-Bien, pero hasta ahora-dijo el
¡Qué monstruosidad!. ..
viejo-usted no aparece más que
El buen viejo tomó su manta de
como un Bautista industrial. ¿Cómo ha sido us- viaje, se tapó los pies con ella, y afectando un
ted el Cristo?
insolente desdén intentó dormirse en un rincón
-Voy á eso, señor-replicó algo enojado el del coche, apretando los ojos y cruzándose de
joven-. No tengo la menor duda de que he sido brazos.
de verdad la mismísima Providencia una vez
que lo he querido ser.
VII
-Veamos.
-No creo que sea difícil demostrarlo. Y mi
--Si usted lo estima conveniente-me dijo el
milagro, señor, ha tenido además sobre el de us- comerciante bajando un poco la voz y volviendo
ted un principio de utilidad que yo no he visto la espalda al viejo-le contaré á usted mi caso.
en el suyo.
Le hice un gesto en que quise indicarle que no
-¿Cómo?
se hiciera cargo de la intemperancia del mi-Como usted lo oye-dijo exaltándose el via- litar, y adivinándolo mientras buscaba algún
jante-. Yo no sé una palabra de religión, ni de objeto en la maleta de viaje que llevaba entre
esas cosas, pero creo que sin ninguna utilidad sus piernas, me dijo:
en la acción milagrosa, el milagro no tiene razón
-Verá usted. Todo lo que acabo de decir viede ser. ¿Quién sale beneficiado en esa historia ne á cuento de que á pesar de la bondad de mi
que usted nos ha referido?
padre, y de mis años de colegio con aquellos bue-¿Qué, quién?- replicó el viejo levantándo- nos curas de la calle del León, el hecho es que yo
se-. ¡Yo! ¡Yo! Nadie más que yo. Yo que no llegué á los veinticuatro años completamente
creía y que desde entonces creí.
convencido de que toda la enseñanza religiosa no
-No se enfade usted.
es más que una simple preparación para entre-

�tener á los jóvenes hasta que
entren en el mundo de veras.
r-- - Pero, amigo mío ... ! ,
¡:;:--Sí, sé lo que me va usted
a decir; pero déjeme usted
continuar. Yo soy después de
todo un hombre religioso. Lo
quiqno creo es en la tiranía
del Papa ni en esas cosas que nos cuentan los curas. No matando, no robando y cumpliendo
exactamente nuestros compromisos con el prójimo, somos religiosos. Todo el mundo reconoce
que hay personas decentes y hombres que son
unos santos aunque no tengan religión. esa religión á que llaman religión únicamente los fanáticos. Pí y Margall ya sabe usted, como yo, que
fué una excelente persona, Figueras, Sorní y todos los grandes hombres de nuestra revolución.
-¿Y usted cree-apunté sonriendo-que esos
hombres irán al cielo?
- Usted no cree en esas cosas como yo- me
contestó también sonriendo.
-Perdone usted, pero yo creo firmemente e:i
un acto final de justicia, en una recompensa que
ha de recibirse alguna vez.
-Usted sabe que sólo nos basta con la satisfacción de la conciencia. Lo demás son cuentos.
Pero J/0y á mi asunto.
Se' puso la maleta sobre las piernas, apoyó en
ella los brazos como si estuviese asomado á un
balcón ó delante de una mesa y continuó:
-Hace años, que se estrenó el célebre drama de Echegaray El loco dios, que usted conocerá seguramente. Es un hombre que se cree
que es la propia Divina Providencia y por eso
comete una serie de locuras, incluso la de incendiar su propia casa. Hace años, digo, cuandO&lt;Se
estrenó esa obra nos impresionó de veras á va-

rios amigos quel"como tales nos tratábamos con
frecuencia y vivíamos juntos en la misma casa.
Es tan magnífica esa obra, que ya sabe usted
que no pudieron excomulgarla ·á pesar de los
esfuerzos que se dice hicieron algunos curas
para ello.
-No conocía ese detalle.
-¡Sí, hombre! Si eso lo sabe todo el mundo.
Pues bien; entusiasmados con ese drama estuvimos cerca de un año todos los amigos llamándonos según nuestras actitudes y nuestro carácter por los nombres de los principales personajes de la obra. Un pobre estudiante de farmaci~, al que llamábamos antes el co-huésped atrevido, porque sin reparo alguno recorría todos
los c11artos para arrebatarnos los cigarros, se
llamó desde entonces don Esteban, que es el personaje bipócrita de la obra, y á cuyo actor se
asemejab1 muchísimo aquel pobre muchacho.
A otro le llamábamos Paquito, por recordarnos
la tontería del que figuraba con tal nombre en
el drama; y así nos fuimos rebautizando todos
con 103 nombres de la obra. A rní por llamarme
Medina de apellido- José Medina, comisionista
en tejidos como le he dicho á usted antes- me
llamaban el loco dios, que en el dralna se llama
don Gabriel Medina.
Este pasatiempo inocente tuvo, es natural,
algunos momentos enojosos por los que extremábamos en ocasiones la realidad del drama; pero

tuyo también un episodio que es precisamente
el que quiero referir.
- Tiene gracia.
-¡Oh, no puede usted imaginarse lo que nos
ha divertido la cosa! Esto que parece y que fué
realmente una chiquillada, una broma de casa
de huéspedes, nosotros lo hicimos así, pero si
repara usted la colección de periódicos de entonces verá usted que, dos ó tres individuos, uno
creo que era Murcia, se sintió también loco dios
por lo trágico, y loco de veras incendió su casa y
hasta quiso matar á su familia, para purificarla por el fuego.
El poder sugestivo de la obra es grandísimo y
yo que lo he sufrido comprendo con claridad
que no dos ó tres, como acabo de decir, sino todos los que han presenciado ese
drama se llegaron á confundir
con el protagonista.
La locura de nuestro círculo
no llegó á esa exaltación tan tremenda, pero en mí, excepcionalmente, confieso de verdad que me
llegó á perturbar un poco, como
va usted á ver.
Para acomodarme á mi papel,
que me agradaba muchísimo, me
dejé crecer el pelo á media melena, me abrí raya á lo nazareno,
dejé mi barba como un Cristo y
quedé transformado en un remedo
de Díaz de Mendoza representando al protagonista. Una noche que entré en Fornos, con mi
gabán largo, como el que sacaba
Mendoza, atraje todas las miradas hacia mí, cuando mis compañeros me llamaron á gritos por el apellido: &lt;&lt;¡Medina! ¡Medina!&gt;&gt; Aquel antiguo templo del buen humor y
de la bulla quedó en silencio un rato y de todas
las mesas se volvieron los asistentes para contemplarme. Después cada uno comentaba mi
figura, y alguno sostuvo seriamente que yo había inspirado á Echegaray su obra y á Mendoza
el mejor desempeño del papel. Una estupidez.
Cuando en traba por la noche en Pornos ya me
llamaban el loco dios los de las m esas inmediatas
Y no pocas desventuradas de última hora, delante de un vaso de leche ó de un café promediado
me dirigían miradas magdalénicas; vamos, suplicantes de aproximación y arrepentimiento,

·como las designaba uno de nuestro círculo.
Yo llegué á sentir una verdadera embriaguez,
una pequeña locura, tranquila, sin furia, es cierto, pero firme y sostenida. Sabía yo-es claroque no tenía nada, absolutamente nada del
protagonista cuyo nombre me arrogaba, pero
desde que formé aquella actitud µiodifiqué mi
carácter como supe después, al cabo de los años,
cuando ya concluyó la broma. En aquella época
leí los Evangelios y La vida de Jesús de Renán.
Me volví más serio, un poco, porque antes no lo
fuí ni lo más mínimo, y devoré una barbaridad
de libros que hablaban del Cristo más ó menos
remotamente.
El triunfo positivo que saqué de este estado
semiloco fué una noción, una idea tan completa del esfuerzo y de la voluntaJ, que poniendo todo mi trabajo
y todo mi deseo sobre las cosas,
realizaba sobre ellas verdaderos
prodigios. Es claro que no pretendía cosas absurdas, pero el hecho es que en esa época logré los
,!
mejores resultados en el comercio de la vida.
Una noche que habíamos prolongado nuestra estancia en el
café hasta el amanecer, intenté
realizar la prueba definitiva.
- ¡Acabe usted, hombre! Acabe usted-gritó de pronto el militar levantándose de su rincón y
viniendo hacia nosotros.
Sonreí para dulcificar su actitud, y sentándose frente á nosotros, metiéndose la maleta entre
las corvas, dijo reposadamente:
- Les he qído á ustedes todo y ya tengo interés en conocer lo que dice este señor. Perdonen
ustedes mi inconveniencia anterior.
- ¡Hombre! eso no es nada-dijo el viajante.
-Pues andando-dijo el viejo, y después de
registrarse los bolsillos nos pidió un cigarro.
- Ahí va-dije ofreciéndole mi petaca.
- Aquella noche-continuó el joven-habíamos visto en el Real Fausto. La obra del diablo
me pareció excelente, aunque el artista que cantó su parte no logró los favores del público. Yo
salí impresionado del teatro, porque no había
visto nunca la ópera y conocía del Fausto lo que
todo el mundo conoce. Conocía el asunto muy

�vagamente y creí hasta entonces que pertenecía á esa obra una tontería que cantaba mi padre en los ratos de supremo aburrimiento, cuando se paseaba por el pasillo de casa con las manos en la nuca:
Pobrecita
Margarita.
Es un puro cardenal.

-¡Ja, ja!
- Tonterías---&lt;:ontinuó el joven-. Mi madre
se llama Margarita. Y mi padre era un infeliz.
Lo digo á ustedes por eso del cardenal.
-Adelante-interrumpió el viejo impaciente.
-Pues bien; aquel Fausto también me impresionó profundamente, y uniendo esa sugestión
á la que ya sufría, se me ocurrió realizar una
gran cosa. La mañana era fresca. Desde la acera
de Fornas, en Madrid, la calle de Alcalá parece,
mirando á espaldas de la Puerta del Sol, un puerto de mar. La neblina del alba grávida y transpatente parece un finísimo cendal que fuera
hundiéndose en el suelo poco á poco, como esas
gasas de magia que desaparecen por escotillón
en el teatro. Las nubes de fuego y nácar, rosa y
ópalo, mejor dicho, aseméjanse á colosales bambalinas y todo el paisaje hubiera sido para Wagner la realización de su ambicioso ideal de crear
un arte nuevo. La nueva bella arte que trató de
legarnos.
Separándome de los amigos, me dirigí hacia
la calle del Príncipe. Ustedes recordarán la antigua iglesia de San Ignacio. Hoy creo que ha sido
reconstruída y el sabor jesuítico que se ha puesto en ella, si le ha dado esa dulzona alegría que
iguala los templos de los padres á los nosocomios extranjeros, le ha quitado aquel aspecto
de terrible y tormentosa piedad que hoy sólo,
conservan algunas iglesias de pueblo y acaso el
viejo oratorio del Olivar.
Llegué á la puerta del templo y animado de
una idea diabólica entré. Me creí Fausto y Cristo
en una pieza.
- ¡Pero hombre!. ..
-Déjeme usted-dijo el joven al vteJo que
le había interrumpido- . Entre, tomé el agua
bendita con la misma devoción que la hubiera
tomado el diablo y con la torpeza del no~creyente,
del que no sabe andar en los templos, despacito,
como si anduviese en la cámara de un enfermo,
me dirigí á una de las capillas donde estaba el
Señor crucificado. Era la capilla más pobre, la

más pequeña, la más obscura. Una verdadera
cámara de conciencia.
Por via de observación me permitirán ust~des que les llame la atención sobre un particular que parece del más alto interés.
Se acomodó nuevamente en su asiento t:
joven y prosiguió:
-¿Se han fijado ustedes en todas esas capiijas
consagradas á Dios Padre? Acreditan que ne
hay esa religiosidad de que nos vanagloriamos
todos. Al pobre crucificado se le relega á un
rincón, á la parte más obscura del templo, al
sitio menos agradable, donde no hay ninguna
cosa que solicite la atención de los fieles. En
esas capillas no parece que haya nada cristiano.
A mí me parece que es otro culto, un culto que
subsiste por misericordia, por pura consideración.
-¡Hombre! ¡Hombre!-interrumpió el viejo.
-Déjeme usted seguir. Lo que quiero decir,
es que ese culto no es cristiano de verdad. Si el
Señor ha resucitado, si ha subido definitivamente á los cielos, después de redimirá los hombres, ¿por qué hemos de presentarle sangriento, martirizado y ultrajado por los hombres?
¿No creen ustedes que el mismo Dios si hubiera
de presentarse á los hombres, si se presenta alguna vez á uno de ellos, se ha de presentar glorioso, conservando sólo la huellas de su martirio, pero no ofreciéndose atormentado? La piedad infinita que atribuyo á Dios, y que ha de
tener de fijo, le ha de hacer presentarse á los
hombres hasta sin esas señales, que testifican
á quien se aparece la parte que ha tomado en
su martirio.
,
-Pero en las apariciones á los santos, á Santa Teresa, á San Francisco...
-Sí, sí; comprendido. Ahí voy. Esta aparente impiedad que ustedes vislumbran en mí, no
es más que puramente una apariencia. Yo creo
que jamás se ha presentado Dios á ningún santo, llagado, coronado de espinas, con la túnica
del escarnio ó enclavado en su cruz.
-¡Está usted loco!
- Haga usted el favor de dejarme un instante. Todos esos accidentes de la aparición, de
que nos hablan los santos y las personas piadosas, cuando refieren sus visiones, son verdaderos y son falsos. El Señor, en su infinita piedad,
en su amor por los hombres, en el divinísimo
olvido que tiene por la redención que ha hecho,

no puede presentarse á nadie así. Se presenta
sin dolor, afable, cariñoso, tierno, como se presentó á sus discípulos, después de resucitar, y
como se apareció á la misma Magdalena.
-Eso es una barbaridad.
-Déjeme usted seguir-dijo el joven en
tono suplicante al anciano-. Todos los accidentes de esas apariciones son creaciones del
sentimiento de dolor y de arrepentimiento de
las propias personas que las refieren.
La caridad de San Francisco le hizo poner al
mismo Cristo las llagas de sus heridas, unas llagas que el Señor ya no conserva en su cuerpo,
pero que podemos colocar en él cuando pensa-

mos con verdadera piedad en la parte que nos
ha tocado en su martirio. Eso es todo; y
nada más.
-Pero el caso de Santo Tomás apóstol- objetó el militar.
- ¿Quiere usted que se lo explique?
- A ver.
- Es muy sencillo. El santo, que comprendió como ninguno la gran obra de redención
del Señor, no pudo verlo primeramente, sino
libre de toda huella, de toda llaga, gloriosow
radiante como el que ha subido al cielo. Sólo
pudo verle la herida del costado, y poner sus dedos en ella, cuando, pensando en lo pasado, tomó

parte de nue,·o en la tragedia del deicidio. ¿Están ustedes conformes?
- -De ningún modo.
-Pues yo estoy convencido de todo ello; y
creo que mi religiosidad es por eso mucho más
grande que la de todos cuantos necesitan una
imagen sangrienta y ultrajada, pára recordar
una parte en el martirio que de otro modó ni
remotamente se atribuyen.
Kos miró unos instantes deseando un asentimiento á sus palabras y reanudando su relato,
continuó:
-Pues bien; ya le he explicado á ustedes el
por qué de mi repugnancia á esas capillas ,donde
más que el culto á Dios, me parece que se rinde culto á la sangre, al horror, al crimen ... Sí,
s~, no me interrumpan ustedes. Ese recuerdo
terribl~ de la crucifixión es el que se ha puesto
siempre ante los hombres para martirizarlos,
para llevarles á las hogueras del Santo· Oficw,
para subirles al patíbulo ... ¿Por qué? ¡Ah! señores, yo tengo la seguridad de que Dios mismo protesta desde el cielo- de esa exhibición
de sus dolores.
-Pero cuando un hombre muere...
~¿Cuando muere, qué? ¿Es que la muerte
de cualquier hombre, por bárbara, por atroz
que sea, puede ser igual, puede servir de comparación á la muerte de un Dios que mueré por
redimir á los hombres? Convengamos, amigos
míos, en que estamos equivocados.
- Tiene usted una religiosidad muy extraña-apuntó el viejo.
- Es verdad.
- Y o no creí que fuera usted tan religiosoañadí dirigiéndome al joven.
-Pues ahí ve usted.
-Pero hombre, ¿y esas máquinas y esos
progresos de que nos hablaba usted antes?murmuró el militar con alguna malicia.
- Todo se concilia, señor-dijo el joven- .
Vera usted. Lo que no quieren comprender muchas personas es que los progresos de la industria y de las artes tienen muchísimas cosas espirituales, aunque no lo parezca para nadie.
Lo que pasa es, que nuestra poesía estádemasiado retrasada, es demasiado vieja, y que el
poeta presente, como ei' mismo músico, no ha
logrado entrarse en la vida y extraer de ella, de
la modernidad que contiene, ese elemento de
entusiasmo que !le,:a en sus entrañas.

�El Cuento Semanal

Voy á continuar con mi caso. Entré, como he
Yo no creo que haya una máquina que no
dicho,
en la capilla del Cristo y permanecí unos
tenga espíritu, que no tenga un alma, y me painstantes
en ella, cegado por la obscuridad y
rece que todos los progresos de la relojería suipor
la
sombra
que la envolvía. Dos lamparillas
za se deben sencillamente al rígido, mecánico
é imperativo intelecto de Calvino que, influ- de aceite, dos vasos de piedad y de pobreza
yendo de veras sobre toda la vida de Suiza, ha parpadeaban inquietas, quejándose en la lladado al pueblo entero un sentido de precisión ma. La capilla se iluminaba de · cuando en
y regularidad que se traduce perfectamente en cuando, como se abre á la luz un moribundo
lo meticuloso, en lo detallado, en lo maravillo- que parpadea, con esa lentitud que nos adso del ajuste de esas piezas pequeñísimas, per- vierte una próxima quietud y un absoluto refectas, que constituyen un reloj. ¿Han podido poso...
El Señor, con sus brazos abiertos, clavado
inventarse los relojes en el Sur de Europa?
en la cruz, inclinada la cabeza, rendido por el
Desde luego que no.
dolor no podía mirar á los hombres. Yo le velé
- Pero los antiguos...
creyéndome
solo, avergonzado un momento
-Hombre, déjese usted de antiguos. Hablo
después,
animado
y repuesto, con más luz en
de esos relojes de bolsillo, como éste-y mostró
mis
ojos
escudriñé
la capilla, y vi que había
el joven el suyo-; de estos relojes mecánicos
otra
persona.
Una
pobre
mujer, anciana, rezasencillos, portátiles, que son una verdadera
maravilla, y la mejor comparación que puede ba, brillándola los ojos tanto de piedad como
de angustia. Mi resolución adquirió toda su
utilizarse cuando se habla de moral.
Si me dejan ustedes proseguir-añadió tras fuerza, y acercándome á la mujer, parándome
ante ella un instante, le entregué el dinero
una pausa-completaré mi pensamiento diciéndoles &lt;•la bomba final». ¿Saben ustedes cuál que llevaba en el bolsillo diciéndola con graes el fin principal de la mecánica, del progreso, vedad mientras señalaba trágicamente al
de todas las construcciones é invenciones del Cristo:
-En nombre de Ese, mi Padre que está en los
genio humano? Pues, realizar de verdad, del
modo más completo, la redención de la tierra, cielos, toma. El también te ha oído...
Calló el joven, nos quedamos silenciosos todos,
De la tierra, sí; no de los hombres únicamente.
y
tomando
él la palabra, añaciió:
La redención no ha podido ser para el hombre,
-Creo
que
hice de Dios en aquel instante y
sino para todas las obras que el hombre ha realizado antes, cuando estaba bajo la acción del que realicé un milagro.
-Usted cree que obró por cuenta propiapecado. Todos los productos que el hombre hadijo el viejo al viajante con cierta ironía.
bía trabajado antes de liberarse han sido ma-No le entiendo á usted.
los, perversos, estaban teñidos de falsedad, de
-Es muy sencillo-prosiguió el militar-. A
mal, como las obras de un niño, de un hombre
veces la Providencia envía ciertas ideas, sugiere
ignorante. La era de los descubrimientos y de
ciertas acciones, y siempre, créame usted joven,
las grandes invenciones es posterior á la obra
siempre obra en la vida por medio de los homdel Cristo, y sólo por su redención ha sido posible. Cuando yo elogio la mecánica y el progre- bres.
-Vamos, usted cree-dijo el joven-que yo
so material, eso que tan malamente suena á los
que viven atormentando á Dios, crucificándole fuí víctima de un engaño.
-No es eso.
á diario, no hago sino continuar la obra de
-¿Pero usted cree que á un hombre de mis
Dios, la obra de salvación, que no ha sido libeaños, á un hombre de ciencia le puede engañar
rarnos de una marcha, sino ponernos en la menadie? ¡Ni Dios!
jor situación para vivir en la gracia...

El Padrino.

1

!l

30 eéms.

@

~@@

Novela, por f. f lQRE.S Gf\RCI/\
Ilustraciones de AGUSTIN

�</text>
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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Zamacois, Eduardo, 1873-1971, Fundador</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Imprenta de José Blass y Cía </text>
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                <text>Urbano Rafael, 1870- , Colaborador</text>
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                <text>Bonilla, Santana, Ilustraciones</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Consultorio Grafológico</name>
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                    <text>El Cuento Semanal

Voy á continuar con mi caso. Entré, como he
Yo no creo que haya una máquina que no
dicho,
en la capilla del Cristo y permanecí unos
tenga espíritu, que no tenga un alma, y me painstantes
en ella, cegado por la obscuridad y
rece que todos los progresos de la relojería suipor
la
sombra
que la envolvía. Dos lamparillas
za se deben sencillamente al rígido, mecánico
é imperativo intelecto de Calvino que, influ- de aceite, dos vasos de piedad y de pobreza
yendo de veras sobre toda la vida de Suiza, ha parpadeaban inquietas, quejándose en la lladado al pueblo entero un sentido de precisión ma. La capilla se iluminaba de · cuando en
y regularidad que se traduce perfectamente en cuando, como se abre á la luz un moribundo
lo meticuloso, en lo detallado, en lo maravillo- que parpadea, con esa lentitud que nos adso del ajuste de esas piezas pequeñísimas, per- vierte una próxima quietud y un absoluto refectas, que constituyen un reloj. ¿Han podido poso...
El Señor, con sus brazos abiertos, clavado
inventarse los relojes en el Sur de Europa?
en la cruz, inclinada la cabeza, rendido por el
Desde luego que no.
dolor no podía mirar á los hombres. Yo le velé
- Pero los antiguos...
creyéndome
solo, avergonzado un momento
-Hombre, déjese usted de antiguos. Hablo
después,
animado
y repuesto, con más luz en
de esos relojes de bolsillo, como éste-y mostró
mis
ojos
escudriñé
la capilla, y vi que había
el joven el suyo-; de estos relojes mecánicos
otra
persona.
Una
pobre
mujer, anciana, rezasencillos, portátiles, que son una verdadera
maravilla, y la mejor comparación que puede ba, brillándola los ojos tanto de piedad como
de angustia. Mi resolución adquirió toda su
utilizarse cuando se habla de moral.
Si me dejan ustedes proseguir-añadió tras fuerza, y acercándome á la mujer, parándome
ante ella un instante, le entregué el dinero
una pausa-completaré mi pensamiento diciéndoles &lt;•la bomba final». ¿Saben ustedes cuál que llevaba en el bolsillo diciéndola con graes el fin principal de la mecánica, del progreso, vedad mientras señalaba trágicamente al
de todas las construcciones é invenciones del Cristo:
-En nombre de Ese, mi Padre que está en los
genio humano? Pues, realizar de verdad, del
modo más completo, la redención de la tierra, cielos, toma. El también te ha oído...
Calló el joven, nos quedamos silenciosos todos,
De la tierra, sí; no de los hombres únicamente.
y
tomando
él la palabra, añaciió:
La redención no ha podido ser para el hombre,
-Creo
que
hice de Dios en aquel instante y
sino para todas las obras que el hombre ha realizado antes, cuando estaba bajo la acción del que realicé un milagro.
-Usted cree que obró por cuenta propiapecado. Todos los productos que el hombre hadijo el viejo al viajante con cierta ironía.
bía trabajado antes de liberarse han sido ma-No le entiendo á usted.
los, perversos, estaban teñidos de falsedad, de
-Es muy sencillo-prosiguió el militar-. A
mal, como las obras de un niño, de un hombre
veces la Providencia envía ciertas ideas, sugiere
ignorante. La era de los descubrimientos y de
ciertas acciones, y siempre, créame usted joven,
las grandes invenciones es posterior á la obra
siempre obra en la vida por medio de los homdel Cristo, y sólo por su redención ha sido posible. Cuando yo elogio la mecánica y el progre- bres.
-Vamos, usted cree-dijo el joven-que yo
so material, eso que tan malamente suena á los
que viven atormentando á Dios, crucificándole fuí víctima de un engaño.
-No es eso.
á diario, no hago sino continuar la obra de
-¿Pero usted cree que á un hombre de mis
Dios, la obra de salvación, que no ha sido libeaños, á un hombre de ciencia le puede engañar
rarnos de una marcha, sino ponernos en la menadie? ¡Ni Dios!
jor situación para vivir en la gracia...

El Padrino.

1

!l

30 eéms.

@

~@@

Novela, por f. f lQRE.S Gf\RCI/\
Ilustraciones de AGUSTIN

�.El CuBnto &amp;emallal
Se publica los viernes.
Oficinas: Fuencarral, 90. -Madrid.

~O

m. 29 Enero 1909. Núm. 109 .

fRAN C5CO F LORES GARC~

PreciosJde suscripción:
Madrid y provincias: Trimest re, 5,50 pesetas .
Semestre, 6,50 pes etas. Año, 12.
Extranjero: Semestre, 10 pesetas. Año, 18.
Anuncios á precios convencionales.

Número suelto:

Apartado de Correos núm. 40 9 .

80

céntimos.

~

Examen de manusctritos
Muy enojoso es siempre tener que destruir una
esperanza 6 que! apagar una ilusión, pero también es doloroso cauterizar una llaga... y sana.
Los jóvenes, ó viejos (que de todo hay}, autores
de novelas y cuentos, más ó menos... novelas,
más 6 m enos cuentos, que espontáneamente han
depositado en este periódico los frutos de su ingenio, son ciertamente acreedores á un examen
at ento é imparcial de sus obras y á una respuesta
decisiva á sus apremiantes anhelos de publicidad.
Contestar, una por una y privadamente, á sus
demandas sería demasiado gravoso para mis ocupaciones: darles en cambio un br eve, pero ajustado juicio de sus obras en este sitio, encubriendo
sus nombres naturalmente, y procurando ¡nada
menos! que llevar á su buen sentido el convencimiento de que EL CUENTO SE~IA..'&lt;AL rechaza su
envio con justicia, es labor que me atrae y acaso
sea de algún interés para la gentil lectora, que puede optar entre la sonrisa burlona ó el mohín comµ asivo ante estos malaventurados Icaros litera~ios y para el curioso lector q,te ~oce ¡e 5 tan humano!.. . ¡ con el espect áculo un :,o::o cmel de !
caza ae gazapos... aje;1os.
¡Pero no tembléh,. novelista..; en agraz! só,o ha
de decirse el título del manuscrito y, ni aun pol
la m ás lejana alusión, podráse percatar nadie de
quién es el autor desafortunado del cuento ó novela puesto en solfa.
Entiéndase bien que sólo se ha de tratar en este
&lt;&lt;Examen~ de obras que esp ontánea»umte se nos
hayan remitido, pues por ningún concepto se ha
de hablar aquí de las que E L CUE~TO SE~1A..."'&lt;AL
haya solicitado ó solicite directa ó indirectament e.
1, Y, por último, como pudiera ocurrir que alguno de esos colaboradores espontáneos, al leer es
tas lineas, temiese el ridículo de verse incluido en
este sección, no la comenzaremos en el presente
número á fin de que los disco1úormes ·con la idea
puedan escoger sus manuscritos durante toda las semarta que hoy empienza, quedando sentado qu;)
los que asi no lo hicie,¡en se someten de buen grado á la estrecha, pero nunca acre ni despectiva
censura, de quien, con cierto sentimiento, se ve
obligado á poner su firma al pie de esta ingrata
y antipática labor.
¿Habrá algún descontento de esta iniciativa?
No lo espero. Si, no obstante, lo hubiese, de antemano le pide perdón,

Francisco Agramonte.

Números atrasados d1l
Cuento Semanal.

º~~

~)

"~~

Resuelta las :dificultades que lo impedian, hemos puesto á ta venta ejemplares de todos los números atrasados del
El CUENTO SEMANAL dedes el t.º hasta el actual.
Participamos con este motivo ~á tos
que nos habían honrado con sus pedidos,
que los recibirán á las mayor brevedad.

PASTILLAS
CRESPO
,

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de Mentol
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~

Su preparación esmerada y exacta dosificación las acredlt
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Tónico incomparable, de eficacia Indiscutible (probada duran•
te muchos a11os) para corregir las alteraciones del sistema nervioso. Su preparación en pildorns facilita el uso y uo hay NEURASTENIA que ,e resista á su poder.
Rec ácese toda caja que no sea de Jat• y carezca del nombre
de sus depo,itarios.

Pérez Martín Velasco y Compañia.
LÉ!:A.SB BIB N E L 17Rl!&gt;S li'BeTe

ingleses, las me¡ores
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So M B REROS

lllhajas ~e buen gusto para regalos
SEVERIANO- Catle de Carretas, n. 35 - Madrid
0

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1

. Era un día d e los últimos del otoñ o del añ o 1, ,o . .. ,
que m á,5 parecía de crudo invierno , po r lo frío, áspero
y desapacible; un día gris, molesto, antipático, im propio de la esta ción -cosa esta última no ext rañ a ni
.d esusada e n esta villa y corte. donde reina, capri cho
samente, como niño m al educado, el clima más varia ble del Uni verso. viva imagen de la v ida política. que
aquí nace, crece, medra y se d esarrolla .
El viento, en polvor osos rem olinos, a rrastraba por los
paseos, plazas y anchas vías, las bojas secas y a m ar illentas caídas de los árboles,
(+Hoj as del árbol caídas,
.
j uguetes de l viento som)
cuyas ramas, d esn u das del vercl.or que foé s u gala y her mosura, semejaban b razos d escarnad os d e seres fant ásticos que imploran piedad , é infundían por su des
,nudez trist eza melanc-ólica, como si ofrecieran /¡ l a mi~
rad a compasiva del h ombre ben évolo y gen eroso, el

Al ilustre Doctor en Medicina D . Luis Ortega Morejón .
Por amistad y po r deber.-EL AUTOR.

cuadro asolador é imponente de una naturaleza muerta.
Grandes jirones de n ubes pardas y cenident as cruzaban y manch aban la atmósfera, ocultando á g r andes trechos el puro azul del firmamento, y el sol , nn sol
pálido, desencajado, t ristón y medroso, asomaba de
vez en cuan do y por espacir, b reve, s11 faz descolorida,
por ent re los r asgones de las n u bes, como avergonzado
de su impo t encia ...
Parecía como q ue se había entablado un a lucha titáuica ent re el viento qu e silbab a y las n ubes que int en
tab an cubrir el cielo y ahuyentar al sol. ..
Acaso fué en un día como ést e c uando preguntó Zorrilla·
t¿Qué quieren esas nubes qµe con fu ror avan zan
del_ancho firmamento por la región azul?•

'F
'

�Y de.seguro no-fué en un dfa.-semejante cuan.do dijo
Espronceda:
•Para y óyeme, ¡oh, sol! Yo te saludo
y estáticc ante ti me atrevo á hablarte.
Ardiente como tú mi.fantasía ....,

••

En lo único que habria acertado el autor de El Diablo
Mundo hubiera sido en llamar de tú al sol qne, en tal
día, no merecía ningún respeto.
Caía á cortos intervalos una lluvia menuda, que :'I
veces alternaba descaradamente con el sol, lo que prueba, como dejo anotado, que en ciertos días y en det er minadas circunstancias todo el mundo se atreve con el
astro-rey (rey constitucional en muchos casos), y todo
hacía presumir que al cerrar la noche el tiempo se metería, formalmente, en'.:agua ...
Serían las ct::1tro de la tarde. l~na buena paJte del
buen pueblo madrileño, que en toda oc;asión y momento prefiere las anchuras y expansiones de la calle al recogimiento del hogar, discurría por las at·e1udas y los
paseos de su predilección, despreciando el viento y la
lluvia, sin duda para dar á sus pulmones el aire que
tanto echa de menos en sus estrechas viviendas.
Confundido entre la multitud. como perdido en ella
y acaso más solo que si vagase á la ventura por el
paraje tnás solitario, extraño á cuanto le rodeaba, sin
paraguas ni impermeable y acaso sin percatarse del
rigor de la temperatura, bajaba la calle de Alcalá, por
la acera de las Calatravas, un hombre como de treinta y cinco á cuarenta años, de estatura regular, más
bien alto que bajo, delgado, esbelto, de aspecto sim
pático y actitud que pudiera llamarse cansada y que bien podría ser abatida. Vestia, decentemente, un terno de americana, á la última moda y hasta con cierta
elegancia; pero, con el natural descuido y desaliño del
que no pone el más 111Ínimo empeño en el adorno y atavío de su persona, triunfando, no obstante, de la desidia, la nativa distinción. Sus ojos eran grandes, negros,
expresivos, de mirada triste, soñadora y errabunda;
la nariz, aguileña; la boca, digna, por lo pequeña, de
pertenecerá una mujer bonita y coqueta; la barba, negrísima, terminada en punta; el resto de las facciones
de una perfecta corrección, y perfecto el óvalo de su
rostro moreno y pálido. En la barba brillaban ya algu~
nos hilos de plata, que hacían digno pendan/ con otros
que asomaban, imprudentes y prematuros, por entre el
ensortijado cabello.
Caminaba, como digo, á la• ventura, é iba tan abstraído en sus propios pensamientos, tan ensimismado,
que más de una yez hubo de tropezar con transeuntes
que iban en dirección contraria, sin darse cuenta, al
parecer, de tales tropezones; roas en una ocasión el
encontrón fué tan recio que, el tropezado, parósele deante, gritando:
-¿Va usted ciego?
-Usted dispe,n se.
-¡Luis!
-¡Ramón!
Y ambos amigos-porque amigos eran-se estrecharon las mano. La fisonol11Ía de Ramón reflejó satisfacción vivísima en aquel ll}Omento y. por el contrario, la
de Luis manifiesta contrariedad, como si tal encuentro
le molestase.

** *

Ramón era un sujeto de la misma edad próximamente que Luis, tal vez a lgo mayor, aunque parecía más
joven, y la más completa antitesis de su amigo, físicamente considerado. l'!Iás bien bajo que alto, metido en
carnes-por lo cual su estatura parecía aún más corta-, de abultadas facciones, de· encendido color-color
.sano, como se dice en los pasaportes y en las cédulas
personales~y, aunque lujosamente vestido, también

á la últ ima moda, de traza vulgar. Su aspecto, simpático y atractivo, era el de hombre satisfecho, de esos que
en el más apurado trance dicen: ,,Peor fuera no verlo•,
y parecía como que respiraba salud y alegría por todos
los poros de su cuerpo y hasta por el tejido de su ropa
nueva...
Después del apretón de manos y de cuatro frases vacías y banales acerca de la temperatura-tema socorrido cuando no se sabe qué decir-preguntó Ramón:
- ¿Adónde vas?
- No lo sé... á cualquier parte ... donde va la gente ...
á dar un paseo.
- ¿Con este tiempecito has salido por gusto, sin tener nada que hacer ,. sólo para disfrutar de las delicias
del paseo?
- Como casi toda esta gente que ves, por no decir
toda. Además, el tiempo cambja ... mejora...
- Con efecto, había cesado la lluvia, el viento, se había echado, era mucho menos fuerte, faltándole poco
para entrar en la categoría de céfiro suave, templaba
la atmósfera y el sol había de nuevo aparecido menos triste y medroso que anteriormente. ¡Caprichos del
clima de i\Iadrid! Contra todas las racionales predicciones, la tarde se componía y hasta er a posible que
terminara en bien y entrase la noche espléndidamente.
Luis, visiblemente molesto y contrariado, alargó la
mano á su anlÍgo, diciéndole:
-Vaya, adiós... celebro mucho ...
-¡Ca! ¡No te suelto! Tenernos que hablar seriamente;
y puesto que nada tienes que hacer ahora ni vas á un
"itio determinado, te propongo que interrumpas tu
«gra.dable paseo y que tomemos unas ostras y unas caas de manzanilla en casa de Morán. Allí hablaremos.
ñ -Vamos allá-contestó I ,uis, después de vacilar · un
momento y como el que se somete, resignado, á un sacrificio.
Ramón le cogió del brazo y emprendieron la marcha por la misma calle de Alcal á en sentido inverso al
que antes llevaba Luis, volviendo á hablar de la temperatura y de otras análogas t rivialidades.
** *
La casa de Morán era-y es-una taberna ilustrada,
de buen tono, aristocrática-aunque tales adjetivos
parezcan paradójicos, por lo cual, sin duda, la han
puesto el mote de restaurant que campea en su muestra. Entonces estaba situada en la calle de Peligros, esquina á la de la Aduana. Ahora está un poco más arriba, en la primera de dichas calles y cerca de la de J ardines.
La casa de )iorán tiene de antiguo excelente reputación y merecida fama por exhibir en su atractivo y sugestivo escaparate los mariscos más frescos y exquisitos
que recalan áMadrid; por tener en su bien provista bodega la más legítima manzanilla de Sanlítcar, y por servir
en sus cuartitos misteriosos, sencilla y cómodamente
amueblados, con la mayor equidad y aseo, callos á la
andaluza, arroz á la valenciana,. bacalao á la vizcaína,
pollos asados, pescados y mariscos de todas clas~-1·
otros platos castizos y regionales tan suculentos como
apetitosos.
A casa de Morán concurre asiduamente, por la sugeshón del escaparate y por tradición de la casa, lo más
distinguido y alegre de la sociedad masculina madrileña, buen número de hermosas mujeres del estado llano
y lo más florido y adinerado de la gente del bronce... en
el sentido más delicado que puede darse á esta clasificación. Quiero decir que, la gente del bronce que va á
casa de Morán, no es la usual y corriente, sino otra muy
distinta de la que por tal conoce el vulgo, y de sobra
me entiende el lector discreto y conocedor de la vida
madrileña.
Pasado el mostrador (hablo de la primitiva casa de
Morán), babia un largo pasillo y á uno y otro lado del
111Ísmo los cuartitos interiores de que dejo hecha mención, en número de siete ú ocho. Los llamo misteriosos,

sencillamente porque cada uno de esos cuartos tiene
su puerta correspondiente, y cerrando por dentro puede quedar en el misterio cuanto en ellos tratan la~ personas que los ocupan accidentalmente.

• **
Un cuarto de hora después del encuentro de los dos
amigos, hallábanse éstos en uno de aquellos cuartitos
misteriosos, el más apartado del ,mundanal ruido,,
sentados
~Junto á una mesa de pintado pino,,
sobre la cual había colocado simétricamente el simpático_ Antonio (primer camarero del establecimiento y sobnno de Morán), una docena de ostras y seis cañas de
manzanilla.

,

..

r

Una vez solos y apuradas, respectivamente, las dps
primeras cañas, Ramón habló de esta manera:
-Permíteme, querido Luis, que te llame á capítulo
y hasta que te reconvenga y te riña por tu extraña conducta para conmigo.
-¿En qué he podido molestarte ú ofenderte?
-En no abrirme tu corazón. confiándome _tus penas
¡porque las tienes! siendo, como somos, amigos de toda
la vida, y amigos verdaderos; al menos, por mi parte..
-¿Penas, yo? Te equivocas ... Esas son cavilaciones
tuyas .. te aseguro...
-¿También hipócrita? Veo que no tiene el diahlo por
dónde desecharte. ¡Pero, á mí no me la das!. .. Tú, hombre alegre, decidor, comunicativo y bullicioso, generalmente, desde hace seis meses te has vuelto sombrío, taciturno, misántropo, tienes aspecto de funeraria y, en
lugar de Luis Valladares, podías y debías llamarte A 1calá, 60. Huyes de los amigos y, cuando te encuentro,
por rara casualidad, te muestras reservado y procuras,
como hace poco, abreviar nuestra entrevista. ¡No frunzas el entrecejo, ya sabes que es verdad cuanto te digo!
Otra cañita... y desembucha pronto. ¿Qué te pasa? ¿Es
que no me crees digno de poseer tu secreto? ¿Es que no
me concedes talento y cariño suficientes para aconsejarte? ¿Para consolarte, si el mal no tiene remedio?
Después de una pausa breve, respondió I,uis:
-Pues bien, sí, algo me sucede: tienes razón en quejarte de mi conducta; pero Il1Í reserva no obedece á tibieza en mi amistad ni á desconfianza en la tuya. Soy,
en verdad, muy desgraciado; mas es tan raro lo que me
sucede y acusa tanta debilidad por Il1Í parte que, el te•
mor de parecerte ridículo, ha sido la causa única de mi
silencio.
. -De~echa ese pueril temor. Aunque paso por es&lt;"ép
tico y ligero, á causa de tratar en broma las ridiculeces
que muchos toman en serio por seguir la corriente vulgar, soy tolerante con las flaquezas del prójimo y, tratándose de mis amigos-y tú lo eres de verdad-voy
con ellos hasta el error y participo de sus extravíos, si
por acaso los padecen. ¡Animo, pues! Otra cañita... y
venga esa historia.

** *

-Se trata de una historia de amor...
_-M~ lo figuraba. Eres el de siempre. Por ti no pasan
anos 01 desengaños. Al paso que llevas, espero verte

representar el papel de Diego M arsilla con la cabeza
blanca y !os dientes postizos. ¡peor fuera no verlo!
Vaya, cu.Sntame esa historia novelesca, ábreme como
siempre, tu corazón, y lloremos juntos, si hay que llorar ~u desventura, ó busquemos el remedio, si hay remedio para tu mal.
Después de un momento de reflexivo silencio, pr osiguió Luis:
-Hace poco más de dos años andaba yo triste melancólico y retraído, á causa de haber terminado ~opinadamente mis relacionf's, después de cuatro meses de
dulce intimidad con una muchacha preciosa, encantadora, que bruscamente se había ausentado de Madrid
y de la cual estaba muy enamorado.
. -¡Como de todas las que ves! Lo repito, eres el de
siempre. En eso de los líos amorosos, cuando no estás
preso te andan buscando. Pero, aquéllo pasó. Esto debe
ser cosa nueva. Sigue.
-En tal estado de ánimo y vagando una noche al
acaso, por la misma calle donde esta tarde me has 'encontrado ...
-Se conoce que esa es la calle de tus amarguras.
- ... cerca del teatro de Apolo, juntó á la puerta de
San J ~sé, me ~ncontr~ con una antigua arniga 111Ía, doña
Manohta, mu¡er de cierta edad y de cierta hi storia anti~8: y modef;1a-:acompañada de una joven preciosa,
e~pmtual, distmguida... y en quien apenas fijé la aten ción.
-Si apenas te fija~te_en ~lla, ¿por dónde averiguaste que era prectosa, dishngmda y espiritual?
-Apenas fijé en ella mi atención ... aquella noche.
-Comprendo; después fué cuando .. .
. -:Mi amiga me presentó aquella joven, me dijo que
v1via ,con ella como señora de compañía, en la calle de
tal, numer~ tantos, que estaban solas casi siempre y
que tendrian mucho gusto en que yo las visitara. La

�joven expresó el mismo deseo. Después de una breve
conversación, reducida á los cumplidos usuales en tales
casos, me separé de ellas con el propósito de no aceptar
su invitación, creyendo, como era natural, que tal ofrecimiento no era otra cosa que una mera fórmula de
cortesía. Sobre todo, mi amiga no estaba en su casa; la
casa era de aquella joven á quien veía por primera vez,
y no me parecía muy airoso mi papel de visitante de la
señora de compañía. Cinco minutos después había olvidado aquel encuentro.
Transcurridas tmas dos semanas, U11a tarde volví á
encontrar á las dos amigas en la Costanilla de los Angeles, y ambas se mostraron quejosas de que no las hubiera vistado, como había pmmetfdo. Euto11ces me fijé
detenidamente en Enriqueta, que así se llamaba la joven, y quedé enc-antado.
-¡Ah, vamos! En la segunda presentación fué cuando advertiste ... Eres la exageración personificada; te
impresionas al primer golpe de vista.
-Más que su belleza, lo que me impresionó hondamente fué la singular expresión de su rostro angelical,
la mirada profunda y dulce de sus hermosos ojos azules, de un azul intenso y purísimo como el cielo de Andalucía, su sonrisa plácida y tranquila y un ne sé qué
de atrayente y fascinador en toda su gentil persona.
En vista de aquella, al parecer, cariñosa insistencia,
me excusé lo mejor que pude por no haber ido á verlas
cuando había dicho, y prometí formalmente vistarlas
al siguiente día á las cinco de la tarde. Enriqueta se ruborizó ligeramente, cambió lllla rápida y significativa
mirada con doña Manolita, y ésta se apresuró á decirme:
-El caso es que ... á esa hora ... ¿Le es á usted lo mismo á las nueve de la noche?
-Exactamente igual; para mí todas las horas son
buenas-contesté.
-Lo digo, porque ... las c-inco no es buena hora para
nosotras, y ...
-Repito que es igual, iré,..á las nueYe. Hasta mañana, pues.
-Hasta rilafiaña-me contestó Rnriqueta, alargándome la mano, que me apresuré á estrechar entre las
mías-·. Que uo falte usted- añadió, sonriendo graciosamente.
Y ambas mujeres se alejaron á buen paso con dhección á la plaza de Santo Domingo.
Yo me alejé lentamente de aquel sitio, en dirección
contraria, pensando: ~¿Por qué las cinco no ser,\ buena
hora para ellas, es decir, para ella?»
Ella, Enriqueta, era, indudablemente, la que no podía recibirme á esa hora. Cuanto á doña. ).Ianolita, ya
sabía yo que estaba fuera de cuenta y de horas... por
~ de que ella creía lo contrario.
· ¿Qué clase de persona era aquella joven, que tenía
co,mo única 'familia y como señora de compañía á una•
mujer como doña l\Ianolita? Entregado á estas cayiJaciones estuve hasta las altas horas de la noche; me dormí pensando en Emiqueta ... y soñé con ella.

* **

-

Al día siguie,.nte, á la hora convenida, me presenté
en casa de mi nueva amiga, que por tal tenía ya lt a9.ueJla joven, aguijoneado por viva• curiosidad y, -¿por
qué no decirlo?-puerilmente lisonjeado en mi vanidad
ante su insistencia por mi visita. Cuando tiré del cordón de la, campanilla, el corazón me palpitaha aceleradamente: Doña l\lanolita me abrió la puerta y me
condujo á una sala amueblada con severo lujo, gusto
exquisito y elegante sencillez, donde encontré á Enriqueta envuelta en riquísima bata de seda color grana,
que realzaba el color blanquísimo y sonrosado de su rostro encantador. Me recibió con la misma discreta familiaridad que hubiera podido recibirá un antiguo amigo, y empezamos á hablar de cosas nimias é insubstanciales, como ocurre siempre al comienzo de esa clase de
visitas, echando mano desde luego-¿y cómo no?- del

socorrido tema de la temperatura, que es el recurso de
los tímidos y de los que no tienen cosa mejor que decir.
La conversación se filé animando por grados, salimos-;gracias á Dios!-de la meteorología y abordamos otros temas más amenos é interesantes. En seguida eché de ver que Enriqueta, si bien no revelaba una
sólida instrucción ni una extensa cultura, tenía lo que
se llama trato de gentes, finura nativa, viveza de imaginación y talento natural. Era andaluza, jerezana, y
el acento de su país, unido á una voz dulce y pastosa,
era un nuevo encanto, quizás el principal que poseía...
poseyendo tantos y tan irresistibles.
-Ella, andaluza, tú, andaluz, ambos de la tierra de
::lfaría Santísima; ella, bonita y asequible, tú, inflamable y mujeriego ... preveo Ul1 idilio. Ya me interesa tu
relato. Prosigue, querido Luis.
-Yo hablé de arte, de literatura, de viajes ... y de no
sé cuántas cosas más; pero, hablé mucho, tanto que, si
no es por doña l\Janolita que me llamó la atención acer,

-Siempre te pasa lo mismo y puede decirse que tienes una abundante cosecha de moras verdes y maduras. Profesas la teoría de que el amor es subjetivo, y
cambias de sujeto con pasmo~a facilidad. Tu corazón
es manantial que no se agota. Dios te conserve el venero, y yo que lo vea. ¡Otra cañita!
*

* *
Luis y Ramón dieron fin á las ostras, apuraron la última caña y · encendieron nuevos cigarrillos. Luis prosiguió:
-Doña ~fanolita, mujer práctica y experimentada,
ducha en el cumplimiento de su obligación, nos dejaba
solos algunos ratos, y confieso que las primeras veces
que esto ocurrió me encontré turbado y confuso como
un principiante, sin saber qué de&lt;;ir ni qué actitud tomar...
- ¡Ja, ja, ja! ¡Eso tiene mucha gracia! ¿Turbarte
tú, en presencia de una mujer bonita?
-Eso te probará que estaba seriamente enamorado;
ya se sabe que el verdadero amor es vergonzoso y tímido en sus comienzos.
-Y hasta platónico en muchos caso~, según dicen;
aunque yo no lo creo.
-Una noche que Enriqueta, con pretexto de buscar
no sé qué cosa en su tocador, nos dejó solos á .doña Manolita y á mí, entablamos el siguiente diálogo:
-¿Qué clase de mujer es ésta?
-Clase extra. Una mujer de historia.
-¿Tan joYeu, y ya? ...
-Veinticuatro años. Historia corta; pero, historia,
al fin.
-¿N'o tieue familia?
-En Madrid tiene una prima; pero, 110 se tratan; su
madre y su hermana residen en Jerez.
-¿Es rica?
~No.
-¿Quién paga y sostiene este lujo?
-El Padrino ... No de bautismo, sino de ...
-¿Quién es Fl Padrino?
-Un señor muy viejo y muy rico, que la protege.
-¿Pero? ...
En esto entró Enriqueta; el diálogo quedó cortado
en el pllllto más interesante, y yo quedé sumido en tm
mar de confusiones.
LPues la cosa era bien clara; al menos Jo parecía.
,-Visto desde la parte de fuera.
~Es verdad. Por algo se ha dicho aquello de
&lt;,Porque ciega la pasión
y quita conocimiento.,,

ca de la hora, á las doce y media, tal vez me hubiera
sorprendido el alba en el uso de la palabra.
-En el abuso, querrás decir.
- Al despedirme, me dijo Enriqueta, en un tono que
no admitía réplica:
-Hasta mañana á la misma hora. Que no falte usted.
Al acompañarme doña l\Ianolita, para abrir la puerta de la calle, me dijo que había estado ameno y elocuente y que había producido gran efecto.
Vold al día siguiente y al otro y al otro ... y todos los
días, y al cabo de dos semanas comprendí la verdad de
aquel cantar que dice:
&lt;,Si tu amante te ha dejado,
no tengas pena maldita;
que la mancha de la mora,
con otra verde se quita.•&gt;
Estaba verdaderamente enamorado de Enriqueta, y
el recuerdo de la ingrata fugitiva, habíase borrado por
completo de mi memoria.

-Yo estaba apasionado y quería á todo trance ver
las cosas á medida de mi deseo y bajo un prisma de idealiqad_ incompatible con la realidad crnel y grosera... Ese
Pádrino (pensaba yo) debe ser algún pariente lejano,
protector desinteresado de esta joven. No seria el primér caso; y siendo tan viejo como dice doña )Ianolita
se explica fác-ilmente ...
-Lo que no se explica de ningún modo es que un
hombre de tus año~ y de tu experiencia, no procurase
aYe:1guar desde el primer momento quién era aquella
mu¡er, de dónde procedía, hacia dónde se encaminaba
Y qué podía dai; de sí.
-¿Con qué objeto? :Sada de eso me importaba al
P;incipio de conocerla, porque no me inspiraba interés
111 curiosidad.
-Por no importarte nada entonces, te importó luego demasiado.
. -!,o singular del caso fué que, con mis dudas y vaC1lac1011es, con el disgusto qué aquella noticia me había. ocasionado, aferrado á la explicación candorosa y
opt11nista que á iní propio._me daba, no iuteuté ahondar
más en tan desagradable cuestión... por miedo de encontr,ar una verdad que, por decoro, me hubiese alejado de-aqüella casa.

-Veo que estabas irremisiblemente perdido. A tal
altura, ya no te ibas de ningún modo.
-Tienes razón. Pocos días después y en ocasión de
encontrarnos otra vez solos doña Manolita y yo, dicha
señora me dijo rápidamente:
-Le gusta usted mucho, dice que le hace usted mucha gracia. Un capricho ... ¡Qué suerte tiene usted! Aproveche la ocasión; pero, nada serio, ¿eh? Una aventura
de ocho ó quince días... y eclipse total. De otra suerte
á carrera larga, esta mujer cuesta mucho dinero y d~
muchos disgustos. Cuando yo le hablo á us(ed de este
modo, comprenderá usted ...
Volvió Enriqueta, y el monólogo de doña l\fanolita
quedó interrumpido.
Lejos de agradecer, como era justo. aquella confi&lt;lencia, le cobré cierta antipatía á doña l\Ianolita y hasta
pensé que calumniaba á su amiga y protectora.
Después de nuevas, hondas y enmarañadas cavilaciones, hube de convencerme, con amargo pesar, de lo
que debí comprender desde el primer día, y hasta me
pareció razonable, juicioso y conveniente el consejo de
doña Manolita. Resolví, pues, aprovecharme de la ócasi6n, tener con Enriqueta una corta aventura y eclipsarme después. ¡Cuánto me engañaba!
Con la seguridad que me había dado aquella buena
mujer de que yo gustaba á Enriqueta y le hacía gracia
lo cual halagó atrozmente mi necia vanidad, perdí e~
un momento la timidez de los primeros días, y aquella
misma uoche me atreví á declararme y pude obtener
no sin la conveniente resistencia, una cita para la siguien'.
te noche, á hora avanzada de la misma, en su misma
casa y sin testigos importunos. Y o me llevaría la JJave
de la puerta de la calle, y ella, Enriqueta, me abriría
sigilosamente la de su cuarto en cuanto yo diera sobre
la misma unos golpecitos.
·
AquelJa noche apenas logré conciliar el sueño y en
los pocos momentos que dormí no hice otra co;a que
soñar con Enriqueta y en la dicha que me aguardaba ...
*

* *de las cuatro de la tarde
Al día siguiente y á cosa
me sorprendió, y aun me sobrecogió, en mi propia casa'
la presencia de doña l\Ianolita, que me llevaba segú~
dijo, un importante recado.
'
Lo primero que sospeché fué que Enriqueta se había
arre_\)~ntido de su condes~endencia 'Y se apresuraba á
partlciparme su arrepentimiento. Mi ansiedad fué de
corta du1ación. Doña Manolita se expresó en estos términos:
, -Enriqueta quiere. jugar limpio con usted y me env1a, para que yo le diga de su parte lo que ella 110 se
atrevió á decirle anoche, por razones fáciles de comprender; pero que usted debe saber para que no pueda
llamarse á engaño el día de mañana.
Sú~itan~ente me acordé del Padrino, de aquel prot~ctor m1stenoso, y el rubor, la ira y el despecho encendieron mis mejillas.
_-¿Qué es ello?- pregunté, procurando disimular
1111 emoCJ611.
-Pues ... que
-:-Pues que Enriqueta tiene unas relaciones que no
qmere romper, porque desea no serle á usted gravosa·
pero neasit~ al mismo tiempo que usted Jo sepa, par~
que en rungun caso pueda decir que ella le ha engañado
l\Ie quedé frío, y casi tartamudeando, pregunté:
·
- ¿De suerte que... ese... Padrino? ...
- Ya se _lo dije á usted ... ¿A santo de qué se iba á
ga_star el runeral que representa esta instalación y el
luJo que ostenta la individua? ...
-E_n ese caso, comprenderá usted que no es digno
por
parte ,aceptar una situación tan ... ¡vamos! tan ...
-¿Por que? ¿Qué va usted perdiendo en ello?
-La dignidad, el decoro, acaso la honra.
·
-Esa es una cavilosidad impropia de un hombre de
su talento ~ de su mundo. Suponga usted que se trata
d_e una mu¡er casada (y le he conocido á usted varios
t10s ~e esa clase) y que se la pega al m~rido. ¡He v.isto

=

•

�tantos maridos burlados por usted!. .. Figúrese que éste
es uno más.
-Eso es verdad; pero ...
--Con la circunstancia, favorable para usted, de que
en esta ocasión se trata de un marido honorario, por decirlo así, pues tiene más ele ochenta años, y es bombre
razonablt:, de buen sentido... y no les ha de estorbar
para nada. El pobre señor va á las cinco de la tarde,
charla con nosotras un cuarto de hora, media hora, á
Jo sumo, se va... y hasta el otro clia, y así sucesivamente.
Entonces me expliqué por qué las cinco de la tarde
no era buena hora para aquellas señoras y el aprieto en
que las puse cuando intenté visitarlas por primera vez
á dicha hora.
Doña Manolita prosiguió:
-Como ella dice-y esto no:deja de sorprendermeque de usted no quiere más que cariño, porque de Jo
demás no necesita nada; la situación de usted no puede ser más airosa ni más simpática. Las mujeres como
Enriqueta suelen tener dos amantes: uno para el gasto
y otro pata... Jo otro. Ella aspira á que usted sea su
amante del corazón; pero, vuelvo á decirle lo que ya
otra vez le dije: No se enamore, no se enfregue... una
aventura de un mes, á lo sumo, y desaparezca usted,
despidiéndose á la francesa. Esto me parece lo más raYazonable. ¡Y nada de escrúpulos!
Inútil es decir que me dejé convencer por doña Manolita. No deseaba otra cosa.
Antes de separarnos, convinimos en que yo pasaríapara la portera y los vecinos de la casa-por pariente
cercano· de doña Manolita, un pariente cariñoso que la
visitaría diariamente. Enriqueta gozaba de buena reputación en la vecindad, y de ese modo quedaba á salvo su reputación.

•

•••

Aquella noche comenzó la época más feliz de mi vida
Era tan dichoso que, por serlo tanto,
estaba asustado, sabiendo, por triste
experiencia, que aquello no poclia durar,

en la calle de la Madera Alta, mucho más alta (la
buhardilla) que la más alta madera conocida, y cuyo
alquiler pagaba su generosa amiga.
¿Por qué había conservado aquella mujer su miserable vivienda, no teniendo necesidad de ellaT Primeramente, para verse allí de vez en cuando con cierto sujeto aficionado á la arqueología-que hay gentes para
todo y gustos que merecen palos-y después, y con especialidad, por si llegaba el caso, como llegó, de imponer su capricho y valerse de sus puntadas.
Cuando más tranquilo estaba, me sorprenclia desagradablemente la desaparición de aquella maldita mujer.
-¿Y doña Manolita?-preguntaba yo, momentos
después de entrar en casa de Enriqueta y no ver allí á
mi antigua amiga y flamante payienta.
-Se ha ido á su casa, muy enfadada conmigo, porque he sostenido, con calor, según ella, que en materia
de colores prefiero el rosa grana al rosa pálido. Eso la
ha molestado y ofendido mucho, y se ha marchado,
decidida á no volver. ¿Cómo va á sufrir la pobre señora tales vejaciones?
Sabiendo, como sabía, que yo entraba en aquella casa
á título de pariente suyo y que al desaparecer ella mis
visitas no tenían posible justificación sin dar pasto abundante á la maledicencia de la vecindad, era evidente
que aquella infernal mujer trataba de molestarmeconociendo lo enamorado que estaba de Enriqueta-y
de p;irjudicar á la pobre joven que tanto la había favorecido.
La conducta de doña Manolita me indignaba, me
enardecía rabiosamente; pero, &lt;'Omo no quería, por nada
del mundo, romper aquellas relaciones y menos comprometer á Enriqueta, tragando bilis y haciendo de
tripas corazón me iba á la buhardilla de aquella señora,
le daba explicaciones y satisfacciones en nombre de su
amiga, le suplicaba, la adulaba, le hacía algún regalo en
efecti,,o y, por fin, la convencía y ella se resignaba á vol-

«que es la dicha mudable y transitoria,
y al dolor permanente•,
y esperaba de un momento á otro el
palo de ciego de la ciega fatalidad,
la presencia del dolor, mi antiguo y consecuente amigo ...
Enriqueta se mostraba más enamorada cada día; era celosa, exigente, absorbente, mejor dicho; pero, todo ello
en forma suave y cariñosa, por lo cual
no poclia ni debía incomodarme con
ella.
Doña Manolita estaba asombrada y
solía decir frecuentemente: &lt;•Esta chica
está desconocida, no parece la misma,
nunca la he visto tan encaprichada.• Y
parecía que estaba como perezosa ó
envidiosa de la dicha que la rodeaba.
Y así debía de ser, por cuanto los primeros disgustos que tuve con motivo
de aquellas relaciones, fueron los que
me dió doña Manolita.
Aquella buena señora, que antes de
aparecer yo en escena había vivido un
año en casa de Enriqueta en una paz octaviana, desde el comienzo de mis r elaciones formales con dicha joven, habíase
vuelto susceptible y quisquillosa hasta
un punto inconcebible. Por la cosa más
nimia reñía con su amiga y protectora,
y se marchaba, fulminando la amenaza
de no volver.
Es de advertir que doña Manolita, á
pesar de vivir en casa del Enriqueta,
tenía, además, su casa, una: buhardilla

r

r

ver; pero volvía protestando de todas veras de que lo
en medio de una calma perfecta y como por senda de
hacía únicamente por mi, porque me quería más que á
flores.
las niñas de sus ojos....
Visitaba á Enriqueta todos los días á las cinco en punA- los pocos días se repetía la misma función, y allá
to de la tarde-nunca por la noche-y su visita duraba
iba yo, heróicamente resignado, con una temperatura
de quince á treinta minutos. Si estaba enfermo ú ocude· cuarenta grados á la sombra (estábamos en el rigor
pado ó n o podía ó no quería ir por cualquier otro motide un verano riguroso), á subir ciento Y pico de escalovo, á las doce de la mañana enviaba un sirviente á casa
nes v á tomar un baño ruso en la bohardilla de la Made Enriqueta con el siguiente lacóníco y &lt;'ortés recado
dera Alta. Algunas veces me acompañaha Enriqueta,
QE\ señor no puede venir esta tarde y ruega á la seño
para que fuese mayor la satisfacción de nuestra dulce
rita que le dispense.,&gt; Cuando pensaba ir á distinta hora:
amiga. lintre los dos la convencíamos, repitiendo yo
lo cual acontecía muy rara vez, también lo avisaba de
siempre el regalo en efectivo, que era el argumento caantemano, _con prudente antelación, y, ádemás de ser
p,tal, y nos hacía el favor de volver.
puntualísimo en la hora de acudir á la cita, llamaba
Pero, doña 'l-.Ianolita no tenía enmienda. Cuando no
de un modo particular, dando tres campanillazos con
reñía c-on Enriqueta-porque ésta había tomado el parpequeños intervalos... No cabía la menor duda era él
tido de estar siempre de acuerdo con ella en todo lo huquien llamaba.
'
mano y lo divino-decía que estaba enferma, se iba á
¡Qué admirable buen sentido! Un hombre de más de
su casa y se metía en la cama por tiempo ilimitado. En
ochenta años, amante oficial de una hermosa joven de
tina de sus primeras enfermedades la envié un médico
veinticuatro, poclia encontrarse desagradablemente
amigo mío, y éste. dei;pués de vistarla, me dijo:
sorprendido presentándose inopinadamente en casa de
-Esa scflora está buena y sana: disfruta, á Dios grasu amada, si la naturaleza cumplía sus ·1e,-es, como era
cías, de una salud insolente.
de esperar. ¿Medio de evitar cualquier lógica desagraYiendo que era completamente imposible reducir á
dable sorpresa? Hacer lo que hacía El Padrino· dejar
tal mujer á términos razonables, acordamos pasarnos
libre á Enriqueta veintitrés horas y media de 1a'..i veinsin ella, y al efecto i:ne procuré una llave de la puerta
ticuatro del día y, por si en la media hora restante aún
de· la calle, conviniendo en que yo, en lugar de ir, como
subsistía algún inconveniente, que todo podía suceder,
de costumbre, á las :°~eve de ~a noche para marcharme
llamar de cu¡i&lt;e/la manera, para que el inconveniente
á las doce ó la una, 1na despues de la una de la madru- __ tuviera tiempo sobrado de ocultarse en las habitaciogada, procurando que _no me viese el sereno a~rir la~1;1es interiores, sin miedo de ser descubierto, puesto que
puerta, y me ~archana al rayar el alba. J-~rnruta, la
el, El Padrino no era curioso y jamás pasaba de la sala.
d_oncel~a de Ennqt~e!a, nna muchacha muy fiel y _muy
Se contentaba-según doña 'Manolita-con emplear
sunpática, me abnna la p~erta d~l cuarto, °?"ediante
aquella media hora en amable y sencilla conversación.
un mo?o de lla~1ar converudo. As1 no me ven_a nadie
Sus pretensiones no poclian ser más modestas.
y creenan la vecindad y_ la porte~a, como era_ )ógtco, que
De tarde en tarde convidaba á almorzar á Enriqueal ~esaparecer nu parienta hab1a yo tamb1en desapata al restaurant más caro y más de moda, ó á su· propia
recitlo.
casa, invitando también á algunos de sus íntimos amiEmpecé nuevamente á ser dichoso, sin que la más ligos, cuyos almuerzos no tenían otro objeto, al parecer,
gera nube empañara mi felicidad.
que el de exhibir á su querida. Otras veces, asimismo
A los cuatro ó cinco días de poner en práctica este
de tarde en tarde, paseaba con ella en coche descubiernuevo plan, doña 'l-.lanolita, asombrada, sin duda, de
to por la Castellana ó el Angel Caído, á la hora de manuestro retraimiento, debió decirse á sí propia: ,Na que
yor_concurrencia en dichos paseos, con el mismo prola montaña no viene á mí, iré yo á la montafia.,, Y espósito de exhibición, siendo piedra de escándalo y mapontáneamente, por propia iniciativa, volyió á casa de
teria de acerba crítica entre sus muchas relaciones. Los
Enriqueta, di·ciendo que estaba perfectamente curada
que _no 1~ conocían le tomaban por abuelo de aquella
de su última enfermedad, que no abrigaba el temor de
preciosa ¡oven...
una recaída y que nos quería más que á las niñas de sus
. Tales exhibiciones revelaban una vanidad pueril,
ojos. Esta era su muletilla obligada, tal vez por algún
1mprop1a de un hombre de sus años y de su posic-ión,
autiguo resentimiento con las mencionadas 1ii~as...
pues_ se trataba de un diplomático distinguido, muy
Tinriqueta la recibió benévola y cariñosamente, me
r elacionado en el mundo político y en la aristocracia.
comunicó la bue-na nueva, rogándome que fuese genePor su clara inteligencia y mediante su cuantiosa forroso con la pobre stñora., y todo volvió á su punto
tuna, había representado á España con dignidad y esde partida: á ir yo á las nueve, á-salir los tres la mayor
plendor en varias cortes extranjeras.
parte de las noches, unas veees al teatro, otras al café
Yo le profesaba-de reflejo y sin haber tenido el hoó á pasear en coche, Y, como doña Manolita no podía
nor de conocerle-sorda, tenaz é invencible antipatía.
ya molestarnos, se decidió, mujer práctica, como era,
Desde le¡os me molestaba aquel señor; buscaba con emá sacar el mejor partido posible de la situación, tomanpeño el lado ridículo de su conducta, para poder desdo el papel simpático de mujer amable, condescendienpreciarle, y he de confesar ingenuamente que no lo ente Y conciliadora...
• "· I[
contraba, á pesar de los almuerzos y de los paseos apa*
ratosos; por el contrario, creía que él' era quien tenía
* *
derecho á despreciarme, por ser mi conducta más cenEntre tanto El Padrino, aquel protector generoso,
surable y ridícula que la suya. Esta conclusión de una
a,mante honorario de mi amada-según me habían dilógi~a fatal é ineludible, me enloquecía, y má; de una
cho-seguía, para.mí, envuelto en las sombras del misvez intenté abcrdar con Enriqueta la cuestión de inteterio.1'i por incidencia me había hablado Enriqueta una
reses, manifestando mi ardiente deseo de que ella des◊la yez de dicho personaje Y, por yo no sé qué secreto
pendiese sólo de mí, sin necesidad de ningi&lt;na otta perpudor é instiutiva repugnancia, tampoco había yo insona. A la primera insinuación en tal sentido, me cortentado hasta eutonces tratar con ella cuestión tan
taba la palabra, diciendo:
eJpinosa; pero dolía l\Ianolita, que estaba de la parte de
-No hablemos de eso, es completamente imposible
afuera, moralmente hablando, me hablaba alguna que lo que deseas, por muchas razones; la primera y prinotra vez del personaje en cuestión, sin duda para refresC!J)al, por~ue en ese caso no podría demostrarte que te
car mi memoria, llevándome á la r ealidad.
qmero desmteresamamente, sin mira egoísta de ningu.A juzgar por aquellas referencias, E l Padrino era
na clase. De ti no quiero más que mucho cariño, lás flodiscreto y ayisaclo como pocos, filósofo convencido y
res que me mandas á diario, algún palco de teatro y
:unable hombre de mundo, poseyendo en grado máximo
e~os sen~illos obsequios que me prodigas y que prodigael sexto sentido, que es el de hacerse caYgo, por lo cual
nas de igual modo á una novia con quien te fueses á
su existencia se deslizaba plácida, tranquila y alegre,. casar. Repito que no hablemos de eso.

�'!'i no podíamos seguir hablando del asunto, porque
si intentaba la más sencilla réplica, la más leve objeción,
me cerraba la boca con un beso...

*

**

Poco después de habe,se humanizado doña Manolita,
en vista, como he dicho, de que ya no podía molestarnos,
mis visitas eran más frecuentes y más largas. Además de
ir, como de costumbre, á las nueve de la noche, para marcharme de madrugada, iba muchos días á las dos de
la tarde y me retiraba á las cuatro y media ó cinco menos
cuarto; otras veces iba á las once de la mañana y estaba
hasta la una. Aquello era un verdadero frenesí...
Más de una vez y á vivas instancias de Enriqueta, iba
á las siete de la tarde y comíamos juntos en su propia
casa, á condición, impuesta por mí, de pagar yo la comida, que mandaba llevar del hotel de Roma, que era el

día en punto, para tratar asuntos interesantes; de haberlo sabido con tiempo, habría enviado el recado de
costumbre; lo sentía mucho, mas no podía remediarlo,
por haber dado su palabra... etc., etc. Y se fué, con la
misma prisa que había venido.
Aquella situaC'ión inesperada y la forzada espera á que
hube de someterme me contrariaron grandemente: los
diez minutos me parecieron una hora mortal de indefinible angustia. Enriqueta reapareció, y con acento apasionado é infantil alegría me dijo:
-¿Ves cómo no te ha pasado nada ni te ha comido
nadie?
No contesté una palabra; pero tal disgusto debí manifestar en mi gesto y en mi actitud, que no volvió~ á
intentar repetir la suerte.
Aquello pasó como ligera nube de verano, y todo volvió á su ser y estado normal.
¡ Al verme de nuevo tranquilo y feliz volví á tener miedo, imaginando por dónde y en qué forma vendría ah&lt;:&gt;ra la desgracia. Y vino, como de costumbre, á cumplir
su triste misión cuando más daño podía causarme, en el
momento en que yo estaba más persuadido del amor sincero y desinteresado de aquella mujer encantadora.
A la entrada del invierno y al salir una noche á última
hora del teatro de Apolo, Enriqueta cogió un fuerte catarro; del cual no hizo caso al principio, que bien pronto
degeneró en pulmonía y más tarde en una tisis aguda,
que en tres meses la llevó al sepulcro ...

**•

que teníamos más cerca. De ese modo, comiendo yo allí,
estábamos m:\.s tiempo juntos.
En ocasiones, cuando iba á las dos, se empeñaba Enriqueta, secundada por doña Manolita, en que no me
fuese ya hasta la madrugada del siguiente día. pretensión á que yo me negaba resueltamente, sabiendo como
sabía que á las cinco había de ir El Padrino; y aunque
jamás estaba en la sala, por lo cual no tenía que esconderme, ni que moverme siquiera, me repugnaba coincidir allí, bajo el mismo techo, con aquel antipático personaje, á quien tanto aborrecía; mas ella, que no cejaba
en su empeño, un día se dió tales trazas y me entretuvo
y -me distrajo de tal suerte, que volando el tiempo, inadvertidamente para mí, se echó encima la hora de la cita
oficial, y de pronto hirieron mís oídos los tres consabidos campanillazos, en la forma que yo:de referencias conocía. Sentí honda y viva emoción, la sorpresa me fué muy
desagradable, y Enriqueta, satisfecha y sonriente, por haber conseguido su propósito, se dirigió á
la sala, seguida de doña Manolita. Yo permanecí en el gabinete
interior, donde me encontraba
presa de cruel ansiedad y de no
menos cruel incertidumbre. Tentado estuve de presentarme en
la sala y echarlo todo á rodar;
pero el temor de dar á Enriqueta
un tremendo disgusto, que tal vez
ocasionara la ruptura de nuestras relaciones, me contuvo.
¡Todo antes que concluir con ella!
Aquel hombre, que hasta inconscientemente era discreto y conciliador, aquel día sólo estuvo allí
diez minutos y dijo en alta voz,
que yo percibía claramente,
cuanto tenía que decir... Estaba
ocupadísimo, no podía detenerse,
le esperaba un amigo en la cervecería Inglesa, á las cinco y me-

Al llegar Luis á este punto de su relato, le interrumpió
Ramón en tono cariñoso:
-Eres de lo más original que he-conocido. No te atrevías á contarme esa historia por el temor de ponerte en
ridículo 1 ven todo eso no encuentro nada de particular.
Es una hi.storia sencilla, romántica, interesante y conmovedora; pero no veo por ninguna parte, ni aun en el
menor de sus detalles, ni la censurable debilidad.de_que
te acusas, ni la rareza de que me has hablado. !'l. 11:t.[i
-Lo raro, lo anómalo, lo excepcional viene ahora. La
debilidad no es de entonces, sino..,de estos~momentos.
Escúchame hasta el fin.
-Me maravillas. En las novelasv en los dramas, cuando muere la protagonista se acab~ la obra. Aquí, por lo
visto, sucede lo:contrario. Ahora:me interesa doblemente
te· pero, oye, Luis, «los duelos con pan sonfmenos, y la
vida hay que;"pasarla á tragos•; creo que.,debíamos.,tomar.otras ostras y:otras:'cañas.
, ..
_ ' .. ~~t:: ,~--:'
-Yo ahora no tomo nada; toma tn lo que qmeras. ,
Ramón llamó al camarero, pidió media docena~de os-

tras Y dos cañas de manzanilla, y se dispuso á escuchar
atentamente.
Luis encen_dió un nuevo cigarrillo y prosiguió:
-A_los vemte días de habt'r caído en cama y estando
ya he:1da de muerte, según el médico que la asistía, hubo
n~ces1dad de llamar á su madre, que residía, como ya he
dicho, en Jere~: La pobre anciana vino inmediatamente
al lado de su hiJa, desarrollándose una triste y conmovedora escena en el momento de su llegada.

d:ino Y abandonase á su hija en aquella tristísima situacrón. Su actitud era lógica después de todo
Enrique~a arrostró valientemente la situación. Sin
ambages ru rodeos ni ~ufemismos de ninguna clase, confesó toda la verdad; di¡o que mandaba en su casa y en su
persona; que su madre podía volverse al pueblo si lamo!estaban aquellas relaciones; que estaba resuelta á todo,
incluso á romper con El Padrino, antes que dejar de
verme, y que si yo desaparecía. ella se dejaría morir negá~dose á tomar todo alimento y toda medicina. Desp_u~s de una escena violentísima, la madre hubo de transigir: no tenía otro remedio.
Doña Manolita me contó la escena con todos sus deta~es; pero sin duda, para destruir su efecto, en su afán
mveterado de echar una de cal y otra de arena añadió
con la mayor naturalidad:
'
-Aseguro á usted que no acabo de entender á Enriqueta. Hoy le prefiere á usted s~bre todas las cosas, y
hasta.hace poco le ha estado enganando miserablemente
Quedé atónito; me zumbaban los oídos y al pronto n~
comprendí el sentido de aquellas palabras.
-:-¿Cómo? ... ¿Qué dice usted? ... ¿Que me ha engañado
Ennqueta? .. .
que usted oye. Le ha engañado á usted con el
vecrno que vivía aquí en el cuarto de al lado, que se mudó ~ace dos meses, para marcharse, según creo al extran3ero.
'
Quedé anonadado, mudo de asombro y de estupor y
de buena gana hubiera estrangulado á aquella muj~r
aun teniendo la prneba y la certeza de su delación...
'
-¿Le consta á usted... eso?
-Con toda evidencia.
-¿Y por qué no me lo dijo usted oportunamente a
su debido tiempo?
'
-Por evitar w1a desgracia. Estaba usted ciego loco
por esa mujer, habría usted provocado segurament~ una
cuestión con el vecino... y ¡Dios sabe Jo que hubiera pasado! ¿Debía yo Pº°;':_1" en ese tran_ce á un amigo á quien
qmero _com? á las runas de ll1lS o¡os? Y a dije á usted á
&gt; su deb11o tiempo que no se enamorase de Enriqueta y
que hic1~ra mutis después de una corta aventura. Con
estas mu¡eres no se puede hacer lo que usted ha hecho.
~oy recoge usted el fruto de su indisculpable imprudencia... y no puede llamarse á engaño.
Despué~ de esta cati~aria doña Manolita se separó
de mí_ radiante de alegria, con la satisfacción del deber
Era ~oña Antonia ~onzález, viuda de Sierra y madre
cumplido.
de Ennqueta, una mu¡er como de sesenta años bien conserv:ida, alta, enjuta de carnes, rubia comos~ hija y de
facciones corr;ctas y un. ta1;1to pronunciadas. A simple
VlSta se conocra que babia sido en sus tiempos una hermosa y arrogante mujer, y al cruzar con ella la palabra
notábase también en seguida, juntamente con un mar~
cadísimo acento andaluz, su falta de instrucción y de
cultura! echándose de ver al propio tiempo la malicia
c~mp_e sma, por una desconfianza invencible y una susp1cacra exagerada.
Examinando atentamente á la madre, comprendíase
claramente la posición equívoca de la hija.
Doña Manolita, que ya la conocía de haberla visto y
tratado en Madrid dos años antes con motivo de otra enfermeda~ de Enriqueta, me presentó á aquella señora
con el nusmo carácter que ya me conocía la vecindad
esto _es, como pariente suyo, al objeto de que yo pudier~
segu1r frecuentando la casa sin el menor inconveníente.
Fenómeno illexplicable: yo no la ahogué entre mis
Doña Antonia se tragó al parecer la píldora por el brazos.
~ronto! aunque noté desde luego que no le había sido
•*
simpático. ¡La suspicacia campesina! Bien pronto se
Después, analizando fríamente la conducta de dofia
puso al cabo de la calle. Al ver que yo ponía cuidadoso
Manolita, tenía que reconocer, á mi pesar, que me había
em_Peño en no coincidir allí jamás con El Pa,it-ino (persohecho un favor. Bécquer ha dicho:
na¡e á qwen nunca he visto) y al coger al vuelo algunas
palabras cambiadas rápidamente entre Enriqueta y yo.
&lt;,Cuando me 1o contaron sentí el frío
s?spechó la _verdad y tuvo con su hija y con doña Manode una hoja de acero en las entrañas·
li_ta_ una ~ena y fuerte explicación, concluyendo por exime apoyé contra el muro, y un inst~te
gtr_1mpenosamente la inmediata ruptura de nuestras rela conciencia perdí de dónde estaba.
lacrones. La buena mujer temía que se enterara El Pa-

--:-Lo

•

.................

-

••

4

.. . . . . . . ~

••••

..1

�Pasó la nube del dolor.. : con pena
logré b~lbucear breves palabr3:s... .
¿Quifa medió la noticia? Un fle~ atn1go.. :
¡Me _h acía un gran favor!. .. Le di las gracias.~
Parece pues que Jo indicado hubiera sido dar, por mi
· ' gracias
' á d oña .uano
u
lita; pero yo , menos· geneparte· las
roso que el ilustre poeta, ó acaso más conf?rme con
las leves de nuestra flaca naturaleza, cobre~ odio
profu~do á la tal señora. Verdad es que llov1a sobre

cierta responsabilidad moral al
acometer u.na empresa en la cual
llevaba todas las
de perder.
- Por usted

mojad_o.
..
- JHi ·
'
Aquella noche no pude conciliar el sueno.
pn.
roer pensamiento
fne, d esaparecer bruscamente
.
, pro.
curando en cuanto fuera posible olvidar tan desdichada aventura· pero esto me pareció .:ruel, so1:~e
todo en los mo~entos en que ella acababa de ren1r
una batalla con su madre por sostener nuestras rel_aciones. Después se me ocurrió la idea d~ despedirme atn1stosamente, pretextando la nece;idtd ~e u;eto,~ste;-"sa~ificio-me
viaje á mi país para urgentes asuntos
a;111~
ne 'dijo ral fin- ; es u11 ptfto
F.nriqueta estaba gravemente enferma; a ,1 eab ed~ v - tarde- pero yo haré cuanto
'
,
h O rrible y me parec1a co ar
,
'
1
no volvena á ver a era
,
pueda y cuanto sepa ... v
11 c·r
villano, ~ pesar de todo, aband?narla ;_~ :¿~:t:~ ~ ~
¿quién sabe? ... no hay que
cunstanc1as. Una fuerza snRenor :í
"-'· • • - ~
perder la esperanza... es
retenía al lado de aquella nm¡er.
ª •
re á
muv joven... tal YCz su
Yolda cien veces sobre el asunto, Y 1lcgaba sie:p d'
nat~iraleza
no sería el
la misma conclusión. Examinanrl.o un dí_a el
erco:
primer ~a•~ .. repito que
doña Manolita desde el comienzo &lt;le 1:11s re atc!Oll':Sper,
hav q-ue perder por
110
· ó s'1b1tamen e m1
·
1·¡
Enri queta, un ray? de luz nmm · t , R ciociné de
completo la esperan1.a.
samiento y abrí 1n1 corazón /i la esperan ª· ª
I· ,, ~Las medias palabras del
este modo:
ntos memédico indicaban clara-Esa mujer ha procurado siempre, po~ ~ 18 •
t y
mente el estado de la en.
a .1.mnqnerchó
ª
dios estuvieron
á su a ¡canee, molestarnos
.
ferma v lo que se pod'ta
.
á llll, á mí sobre todo. Habla de un vecino que se ~a . .
'
esperar...
al extranjero.
Imposible comprobar su aseve r a c1ón
. con
:ón
dl.cho su¡·eto y más imposible aún tener una exphcac1
*
' t ª .á las puer* *
de tal índole' con Enriqueta, hallá n d ose es
rJ.
I,a
madre
de Enriqueta
tas de la muerte ... Doña l\fanolita ha mentido. ha1~:~
me recibía fríamente, con
lum.niado cínicamente, procurándose-ante todo la
una rlispliccncia cTe no
completa impunidad.
.
,..,
r da
trataba de ocultar; hablay como lo que tnás conYenía :'t mt alma.,enamo :,t
ba conmigo lo menos poer a tomar por calumnia aquella tremenda acusac1tn.
sible, y no lrnda otra ro, a
busqué, Y eµcontré, toda clase de argumentos para "e
que soportarme, puesta en
gar á la eondusión que des~aba.
r. r
la terrible disyunth·a de
¡Doña l\[anólita ha me•,ttdo! ¡Qué feliddac1!
&lt;
abandonar á su hija enfer"'r!
lc.il
m a ó de transigir con mi
* **
enojosa presencia. TomÍ'
Sos echando yo que el médico que asistía á Enriqu~el partido de no darme
p
Hipócrates ni mucho menos y que habta
ta ~o erad u~ enfermedad incliqué la ecnveniencia de
por e11terado de aquella
eqmvoca o a
·
·t' 1 n robres
sorda hostilidad.
ue se celebrase una consulta, y hasta c1 e os o
fiYo iba siempre n las
de los doctores que debían componerla, e~tre ellos el de
ocho de la noche. 'A los poun ami o mío muy querido, en qmen tema Y.tengo una
cos minutos de haber llefe cieg!. Fué atendida mi indicación; celebrose la congado, doña Antonia y doulta
con efecto, mis sospechas no eran mf!111dadas
ña llfanolita se iban á ce·
~esgr·ariadamente; el métlico de cabecera no sab1a_lo que
nar al comedor y quedaba
traía entre manos h abía perdido un tiempo precioso, y
solo con la enferma como
acaso a no fuera tiempo de salvará la enferma, por ha~
cosa de una hora. Me senber si~o contraproducente cuanto había recetado. ::s1
taba á la cabecera del lese lo demostraron palmariamente sus sabios comp~necho y formulaba la oblios el hombre se marchó confuso y aturdido, pero hbre
rde toda
'y r esponsa1)1"lidad , con la música á otra parte ... tal
gada pregunta de todas
las nocl1es. Siempre rne
vez á seguir equivocándose.
decía que estaba mejor,
.
Es una suerte para los profesionales hechos '.1c la madesonriendo tristemente y como queriendo endulzar aquera
aquel médico que ciertos d elitos no esten c~mpreullas horas amargas.
.
didos en el Código penal, y es una ver dadera lástim~ ~ue
No, no estaba mejor; yo veía, por el contrano, los proe l C'ódigo adolezca de esas y de otras análogas dcflcrengresos de la terrible enfermedad y cómo aquella en~~ntadora mujer se iba lentamente demacrando y munencia~ vivas intancias é insistentes súplicas mías se encardose un poco cada día... Cuando me h ablaba de sus proó d la enferma el doctor que había llevado la voi canyectos para el porvenir, asociándome i todos ellos, me
fant: en la consulta y que á mi juicio era el más sab10
partía el corazón y tenia que hacer grandes esfuerzos para
de todos (siendo el más joven), sin que en ~ste convenco11tener las lágrimas...
.
cimient o que yo tenía entrase por na?a la ti~rn_a y can:
En aqu ellos momentos, oyendo á Ennqi:eta, me acorñosa amistad que le profesaba. Rabiase resistido á lll1
daba de la infame delación de doña Man,ohta, Y _me aft
deseo que era también el de Enriqueta y su madre, P?r
rraba tenaimente á la idea de que habla mentido. No
entender que habíamos acudido tarde y que contrata

t

1

(roce

ii

de

era posible que
aquella mujer angelical me hubiese engañado. :No
obstante, á mi
pesar y contra todo mi deseo, allú

tüicación por haber cuidado á E nriqueta hasta la llegada
de su madre. Doña l\fauolita me dió cuenta de aquella
generosidad,con el solo propósito de que yo correspondiese por mi parte, y correspondí, si no con la largueza
de El Padrino, porque yo no era rico, desgraciadamente,
con una no despreciable cantidad. F,n cuanto pescó los
cuartos, sabiendo que á Enriqueta le quedaban ya pocos
días de vida y que el filón estaba agotado, desapareció,
sin despedirse y sin cuidarse ya - ¿para qué?-de explicar ó justificar su ausencia.
'
~.. Si hubiera ~ecesida0. de simbolizar gráficamente la
maldad m~s refinada y la más refinada ingratitud, con
hacer un 1etrato al carbón de doña l\Ianolita, estaba conseguido el objeto.
::IIi situación.se hizo &lt;lificilísima en aquella casa. Doña
Antonia, la madre de Enriqueta, sabía la verdad; pero
la ¡;ortera y los Yecinos t enían que extrañar lógicamente mi asiduidad, habiendo desaparecido la persona objeto aparente de mis visitas; mas por nada del .lllllndo,
murmurasen ó no, hubiera dejado entonces de ir á ver
á Enriqueta.
Había que velará la enferma y yo la vel&amp;.ba todas las
noches. rnas veces me acompañaba doña Antonia, cuya
resistencia á sus años parecía increíble, y otras J uanita,
la doncella de Enriqueta, que en aquellas circunstancias se portó muy bien, demostrando Yerdadero cariño
á su señorita.
Bien porque agradeciera el interés que demostraba
yo por su hija, ó ya por la simpática atracción que inspira la comunidad de sentimientos, sobre todo si éstos
nacen de una profunrla tristeza, es lo cierto que la madre
de F.nriqueta modificó ostcnsib!ement,, su actitud para
conmigo, llegando hasta e l punto de tratarme, si no con
cariño, c-on amistosa consideración.
T'na uod1e, á poco de llega;r yo, me llamó aparte y me
dijo, procurando emplear el tono más dulce y cariñoso:
-Don I,uis... espero á El Pndríno .á las diez. ¿Quiere
usted que lo presente á ese señor como aruigo ó pariente
mío, y así no tiene usted necesidad de marcharse?
l\Ie apresuré á contestar:
-No, no, señora; muchas gracias. l\Je be propuesto
no conocer á ese señor. l\Je iré á las diez menos cuarto,
esperaré en la calte, y cuando lo vea salir volveré.
-En ese caso, mejor será que se esconda usted en el
gabinete interior cuando él venga; llama de un modo
particular. y jamás pasa de la sala y de la alcoba de la en
ferma.
Accedí desde luego; oí por segunda vez los tres
campaniltazos á las diez en punto, y me oculté en el ga·
binete interior.
¡Qué tristes consideraciones, qué amargos recuerdos
se agolpaban á mi memoria!. .. ¡Qué lejos estaba el día
en que también hube de permanecer oculto en aquella
misma habitación 1nientras El Padrino bacía su visita
oficial, y cómo habían cambiado los tiempos!. ..
Como en la otra ocasí6n, El Padrino estuvo allí escasamente un cuarto de hora, y de la propia manera habló
alto y en el mismo tono tranquilo é indiferente. Casi vino
á decir to misn'io. Después de informarse del estado de
la enferma, agregó que estaba ocnpadísimo,.que le esperaba un amigo para un asunto de interés, que sentía
marcharse tan pronto ... etc., etc.
Y se marchó.
Era un hombre perfectamente equilibrado y metódico

l!n et foudo'.dc mi pensamient o tomaba cuerpo la calum nia. surgía Ja duda y me
atormentaba el pu!17ante dolor de los celos, de unos celos &lt;'rueles que ni siquiera
podía manifestar . porque ...
¿cómo pedir á Enriqueta '.lll3
e:xpli cación en tal sentido,
hallándose en aquel estado?
Hacía frecuentes y rápidos
viajes de la confianza á la
du&lt;la de la e~peranza á la
desil~sión, sin saber por último á qué carta quedarme ni
qué partido toma r. ¡Cuán
cierto es que los hombres se
rngañan m/is veces á sí
pios que á tos demás! La ~1abótica máxima «Calnm 111 a,
que algo queda&gt;&gt;,Se cumplía en
mí con rigurosa exactitud ...
En esfa letal incertidumbre
pasé dos meses, al cabo de los
cuaks el médico, mi amigo,
me hizo concebir alguna esperanza diciéndome que acaso si no había nuevas complicaciones, podría salvar á
la enferma. J,a idea ele que
Enriqueta pudiera recobrar
la salud r eanimaba mi espÍ·
ritu. lleYando á mi pensamrento id e as consoladoras.
Cuando esté 'buena- pensaba-', proYocaré una expli•
cación delante de doña l\1anolita · si resulta que es ,·erdad 1~ que ésta me ha dicho,
me apartaré para siempre de
Enriqueta, ann cuan&lt;lo separarme de ella hubiera de
costarme la Yida; pero si,
como creo, ha im•entado una
calumnia, haré)!sentir át:esa despreciable mujer todo
el peso de mi justa indignación.
.
Desgraciadamente, la tímida profecía del médico no
*•
pasó de un buen deseo; surgieron las complicaciones que
~Ramón, que al principio había escuchado á Luis ton
se temían, y el est ado de la enferma llegó á ser por torlo
ciérta indiferencia, oíale ya con vivo interés y atención
extremo alarmante.
profunda, sin hacer caso de las dos últimas ostras y de
la postrera caña de manzanilla, hecho en verdad digno
***
de notarse.
Llegó e l día del santo de doña Manolita, y El Padrino,
fiiLuis encendió un nuevo cigarro y prosiguió:
hombre espléndido y generoso, que hacía las cosas en
ffl{- Dos ó tres días antes de la muerte de Enriqueta, ya
grande y de manera delicada, hizo á la tal señora, para
fué totalmente imposible mi presencia en aquella casa.
que ésta se comprase lo que fuera de su gusto, un buen
El Padrino y algunos parientes lejanos de la enferma
regalo en metálic-o. En realidad aquel r egalo era una grase inst_alaton allí para esperar los acontecimientos, y yo,

prn-

•

�que sólo era pariente de doña Manolita, habie~do ésta
desaparecido, nada te,na q1,e hacer en aquel íntimo cónclave ...
Ante la evidencia de la próxima muerte de mí amada,
estuve tentado de echar por la C"allc de en medio y presentarme en aquella casa, si?t
ningú,i titulo para ello, y
armar el escándalo con~iguiente, á trueque de permanecer á su lado y tener
-,~
el triste consuelo de recoger su última palabra y
~
cerrar sus ojos. . . Pero
pronto abandoné tan loca
idea, por no dar tan tremendo disgusto, en tal situación, á una mujer que
tanto había querido, que
tan penoso~ saC"rificios había realizado por mí y que
tan degamente a 111 a b a
desde que la habían calumniado á las puertas de
la muerte...
,
En tan desesperada si- ;
tuadón, ocurrióseme una
idea descabellada, q u e
quise, no obstante, poner
en práctica inmediatamente: ¡recurrir á doña ~fanolita!. .. tener con e-lla una
explic-nción amistosa y pedirle, suplicarle, si necesario
era, qut' v'.llviese á casa de Enriqueta, en c-uyo caso
podría yo continuar ,·iéndola sin extrañeza de nadie·
Estaba seguro de convencerla, empleando en último
extremo el argume11to capital del regalo en efectwQ.
Hasta estaba resuelto á conocer personalmente á Fl Padrino hecho inaudito al que siempre me había opuesto
tena;mente. Quería apurar todos las medios.
Mucho me repugnaba volver á cruzar mi palabra con
doña ~!anolita; pero no había otro remcclio ni quedaba
otro recurso, y á la calle de la Madera Alta me encaminé
sin perder momento. ¡Cuántos recuerdos desp~rtaba ~n
mi memoria aquella calle y la casa y la buhardilla haC'la
dondemedirigía!. .. Al penetraren el portal, salióm _al
7
paso la portera, una chula de rompe y ra~ga, y me dtJ&lt;_&gt;:
--Si busca 1,sté á la señá Manurla, no se canS&lt;.' en subir
la escalera. F,l pájaro, digo... la pájara, ha i-olao. Ya no
vive aquí ni ha defao las señas de su nue,·o domu,lio, que
put· que se, un hotel de la Castellana. Ahora, está rn mdales y se marchó diciendo que una señora como ella no debe
vivir en una inde&lt;'ente guardilla. ¡Adiós, título! ¡Miá q~e
indecente la guardilla!.. ¡,11iá qm.• ella señora! ... tanto _tié
la guardilla de indecente como la s~11á :Ma_nu~la de ~nora ... ¡Señora!. .. Yaya usted con Dios, senonto Luis, y
y que haiga salud.
_
.
No quedaba ninguna esperanza; dona Manohta, con
nuestro dinero había mejorado de vivienda, y no era empresa fflcil dar con ella.
Acostumbrado I¡ los profundos dolores y á los ¡,-andes
sacrificios me resigné á no voln:r á \'er II Enriqueta, recordando '10s ama~gos versos de un po&lt;.'ta, que ha dicho.

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•Yo aprendí después de verlo,
que en este mundo afanoso,
basta para ser dichoso
con resignarse á no serlo.•
1
• Dicha menguada por no decir negativa, la que pue'
,. no ser e1·1ch oso 1..
de ofrecer esa resignación'
¡Resignarse"
Para evitar la imprudencia que podía cometer la enferma preguntando por mí al notar mi ausencia, pregunta que podía formular en presencia d_e las personas
que rodeaban su lecho, mi amigo el méd1c-o se encargó
de decirla en un momento en que estuvo solo con ella.
que yo había recibid~ un ~&lt;'legrall1:a _urgentísimo ~e mi
pals' para el cual hab1a sahdo precrp1tadamentc, sw te-

'\

ner tiempo de despedirme de ella ni de nadie, y que esta
rfa de vuelta al cabo de cuatro ó cinco días.
Dos gruesas lágrimas brotaron de sus ojos al oir esta
noticia, y dijo tristemente y con voz alterada y algo borrosa:
-Cuatro ó cinc-o días... á ver si para entonces estoy
ya mejor.
.
¡;:.!&lt;'jor!. .. Antes del plazo fijado por ella entró la infe,
liz en el descanso eterno ...

•
••
Yo iba á casa del médico dos veces al día, á la una de
la tarde y á las nueve de la noche, á informarme del estado de Enriqueta, que siempre era desesperado...
Al tercer día de mi fingido viaje no encontré al médico
en su casa por la larde ni por la noche, creciendo con tal
motivo la horrible ansiedad que me consumía. Lo busqué inútilmente por cafés, teatros y otros sitios adonde solía concurrir... y nada! Pareda que se lo había tragado la tierra.
Cerca de las dos de la madrugada, cansado m{ls de espíritu que de cuerpo, vivamente inquieto y profundamente angustiado, me retiré á mi domicilio. i::obre mi
mesilla de noche encontré una carta cuya letra reconocí al momento: era del médico, y al contacto de aquel papel honda emoción embargó rni ánimo, se me heló la
sangre y estuve {¡ punto de sufrir un desvanecimiento.
Con mano trémula rompí el sobre y leí lo siguiente:
•~li querido Luis: Esta mañana se agravó Enriqueta
extraordinariamente. Nada ha bastado para contener
la marcha destructora de su enfermedad: ni el interés
que me inspiraba la muy querida amistacl de usted, ni la
angust.ioM situación de nuestra bella y simpática enfer-

ma, qüeesta tar.
de á las dos ha
entregado su alma á Dios. Tomo
grandísima parte
en el dolor que á
usted afligt' en estos momentos, y
le deseo resignación cristiana.
Su afectísimo,
Antonio.•
La muerte de
Enriqueta estaba
por nú descontada desde muchos
días antes; la esperaba, me la ha\
;;eJ bía anunciado el
médico repetidas
veces, y sin embargo, la lectura de aquella carta me
causó el efecto de un rayo:que hubieS(' caído á mis pies...
Si he de expresar lo que senti aquella noche, he de copiar nuevamente á mí poeta favorito, al delicadísimo
Bécquer, cuando dice:

1,2•

•Dejé la luz á un lado, y en el bord!'
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared.
¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme
la embriaguez horrible del dolor,
expiraba la luz, y en mis balcones
reía el sol.
No sé tampoco en tan terribles horas
en qué pensaba 6 qué pasó por mí;
sólo reuerdo que lloré y maldije.
y que en aquella noche envejed.•
Indudablemente esos versos fueron escritos para pintar una situación análoga á la mía ...

.

..•

Pensando como era lógico que aquel Padrino, con
quien no querla encontrarme, iría al entierro, y deseando
al propio tiempo ir yo también, para rendir el último
tributo de mi cariño á la
memoria del ser adorado,
entablóse·nueva y dolorosa
lucha en mi agitado espíritu.
No me sentía con fuerzas
para el nuevo sacrificio¡era ya demasiado!-y re.
solví asistir al entierro.
¿Que había de encontrarme forzosamente con El
Padrino al pie de la sepultura de Enriqueta y que tal
encuentro me sería muy
desagradable? Desde luego;
pero ¿qué remedio había?
Afrontaría la situación. l\Iás
desagradable, más penoso,
más imposible era renundar
al cumplimiento del que yo
consideraba deber sagrado
é ineludible.
¿Y si El Padrino tenía
la audacia de preguntarme
quién era yo y con qué derecho asistía á aquel acto? En
ese caso, le haría yo la mis.
ma pregunta y acaso le demostrara que me asistía me.
jor derecho que áél. Al llegar

á este punto de mis reflexiones, no pude por menos que
sonreir con triste y dolorosa ironla. ¿Qué había de preguntarme el hombre correcto y pr11de11te de los tres campanillazos? Mi temor era tan infundado como pueril.
Para reforzar mí derecho á acompañar el cadá\·er de
mí amada, en las primeras horas de aquel día envié, con
un criado de confianza, una carta á doña Antonia, incluyendo en la misma la C"antidad que juzgué necesaria para
un entierro decoroso y una sepultura á perpetuidad, rogando encarecidamente á dicha señora que; emplease
aquel dinero en tales fines y que tuviera la bondad de
enyiarme á decir á qué hora se verificarla el entierro.
Volvió el criado y me notificó que el entierro era á las
dos de la tarde. Cuanto á /o demás, la señora le habla encargado me dijese que me estaba muy agradecida y que
procuraría complarerme.
¡Que lo prornrarla! ¿Por qué no afirmaba que me complacería desde luego? ¿Qué obstáculo existia? ¿Quién podía oponerse á mi justo deseo? El Padrino sin duda, el
hombre prndente y Precavido, que haría gala una vez más
de su generosidad, haciendo, como siempre, ostentación
de su riqueza. ¡Siempre El Padrfoo!

•••
Poco antes de la hora señalada tomé un coche de punto y &lt;.'ncargué al cochero que fuera á situarse en la esquina de la calle donde estaba enclavada la casa mortuo
ria. Ya estaba allí la carroza que había de c-onduc-ir el
féretro, y en seguida eché de ver que doña Antonia no
había podido complacerme. Aquella carroza no correspondía al entierro decoroso que yo habla propuesto: era
la más lujosa, y, por consiguiente, la más C"ara que pudiera encontrarse. Aquella carroza era ,·h·a muestra de
la fastuosidad de El Padti110. ¡Me sentía humillado!
,Siempre E! Padri110/...
Por una terquedad senil, que resultaba irónica y satf.
rica, aquel hombre se había empeñado, desde tiempo
atrás, en economizar mi dinero, prodigando el suyo en
todo aquello que lógicamente era de mi obligación.
Poco después de llegar yo, llegó una rica y elegante
berlina que se paró junto á la carroza mortuoria .
-Ahí sin duda está El Padrino-pensé. Y no qnise
salir de mi modesto pesetero.

�Baja1'0n el ataúd, que era riquísimo sobre toda ponderación, y la carroza y la berlina se pusieron en marcha.
En uno de los balcones estaba Juanita, la doncella de
Enriqueta, llorando amargamente. Y? dije ~ mi cochero:
-Sigue á esa berlina á prudente distancia.
Iba pensando:
-Ahora ya no hay remedio; In voy á ver ... ¿Qué traza,
qué aspecto tendrá ese hombre' singularísimo? ¿Qué efecto me producirá? Pronto saldré de dudas.
Al atr,, , ; l • , principales calles, noté que el fúnebre
cortejo llamaba la atención de los transeuntes y excitaba
su curiosidad. El caso no era para 1nenos, al ver una carroza de todo lujo, sobre la cual descansaba un ataúd no
menos lujoso, seguida únicamente por dos c?c_hes, uno
de los cuales, el que yo ocupaba, de modestistma apariencia.
-Debe ser algím•personaje extranjero-oí murmurar
cerca de mi .coche.
-Si es difunta y se llamaba Soledad, va bien servida-agregó un pollo elegante, de esos que persiguen la
frase con ensañamiento.
-Ahí sobran caba,llos y faltan peones-concluyó un
tercero, que debía de ser aficionado al ajedrez.
Realmente no se explicaba aquella riqueza de
la carroza mortuoria con
la pobreza del acompañamiento.
Al llegar al cementerio
el corazón me lat:a c, ,n
violencia. ¡Iba á ver, :í conocer á aquel Padrino misterioso, especie de esfinge,
que tanto me había preocupado durante un año!..
Aquella idea casi borró de
mi pensamiento por un
in~tante el móvil que allí
me conducía...
Antes deque parase la
berlina hice parar mi coche, del · cual descendí r:ípidamente. Paró á ·s u vez
la berlina, y con asombro,
con estupor, vi salir de
dicho carruaje un hombre
joven, decente, pero llana:itente ve~tido, de aspecto
vulgar y completamente
afeitado. Aquel hombre
no era El Padrino. ¿Quién
era aquel hombre? t;na idea sinie~tra cruzó como
abras¡¡,dor relámpago por mi atormentado cerebro, y
una ola de sangre pasó ante mis ojos. ¿f;ería aquel hombre el vecino de quien me había habhdo doña Manolita? ~¡ era /!l . . ¡que Dios tuviera piedad de uno de los
do.,!. .. Tanta fué mi impaciencia, tan grande mi ansiedad
y tan angustiosa mi incertidumbre, que sin reflexionar
que acaso cometía una grave imprudencia y que podía
equivorarme en mi sospecha temeraria, me acerqué al
desconocido y le hablé en lo-, términos siguientes:
-Caballero... perdone usted si por acaso cometo una
indiscreci6n; pero ... desearía saber... si mi curiosidad no
le molesta... si es usted amigo A pariente de... de...
En los gruesos labios de aquél hombre se dibujó una
sonrisa bonachona y contest-'i, amablemente y sin vacilar:
-Ni pariente ni amigo. Yo soy el ayuda de cámara
del señor de M . El Padrino, como le llamaba la difunta'
y he venido al entierro por orden suya y en su repre~entación ..
Con qué satisfacción respiré ante la ingenua sencillez
de aquel honrado funcionario del orden doméstico!
-:Muchas gracias y usted perdone mi curiosidad- le.
dije apartándome de su lado.

En esto llegaron unos hombres, tomaron la caja y se
internaron con ella en el cementerio. Kosotros seguimos
silenciosamente al fúnebre cortejo.
Me asombró y--¿por qué no decirlo?-me contrarió
la ausencia de rl Padrino. Antes temía encontrarme allí
con él, y luego, al no verle y al saber que había enviado
una delegación para que. le representase en acto de tal
naturaleza, sentía cierta sorda irritación contra él...
¿Qué clase de hombre era aquel Padrino, tan discreto,
tan. tolerante, tan gen¡!roso en ,·ida de Enriqueta, que
ahora confiaba la custodia de los despojos de la mujer
que tanto había querido. á su ayuda de cámara? ...
Discurriendo de es.te modo, me acerqué nuevamente
:í. aque~ hombre y le pregunté con mal disimulada ironía:
, -¿Y cómo el señor de :11.. ese I'adrino generoso y desinteresado, que tanto debía querer á su ahijada no ha
venido al entierro?
-Le ha sido completamente imposible.
-¿Está tal vez enfermo á con~ecuencia del dolor sufrido por la muerte de esa pobre joven?-vol,·í á_preguntar ron más acentuada ironía.
-No, señor. A flios gracias, goza de e:,.~dente salud
y se conse,va muy bien. Ko ha podido venir, sintiéndolo

mucho, porque está·-ocupadísimo. Esta matiana :í. las
diez íué á la casa niortuoria á rlisponer el entierro, ~ las
once ha tenido que ir al Picadero·á presenciar la prueba
de un magnífico tronco inglés que ha de llamar !a atención, y á las dos. precisamente á la hora del entierro. lo
esperaban en el hotel di' la marquesa de la Tramontana
¡;ara ultimar los detalles del baile hen~/ico que ha de verificarse uno de estos días. ¡Qué acth·idad la suya'. No
descansa 1111 m0111ento. A no ser por tan urgentes ocupa·
ciones, seguramente hubiera yenido, porque distin ,•u ía
mucho á esa pobre muchacha, como lo prueba el lujo
desplegado en el entierro. V á propósito, ¿es usted el
pariente de doña Antonia que ha enYiado esta mañana
á dicha señora una modest1&gt; cantidad para el entierro? ..
-"L señor; yo soy ese ... pariente, y me extraña que
no se baya accedido á mi deseo ... con la 111ode~ta cantidad
queendé .
- Se ha accedido e11 p~rte.
--¿C'ómo?
- El señor, qne es muy bueno y muy conciliador y
muy transigente, buscó una fórmula. Primero se negó
en redondo, alegando que aquella cantidad era insuficiente para un entierro digno, y que donde él está no paga nadie mas que él. Después reflexionó un mome'nto y

dijo: ~Transijamos: yo pagaré la carroza, que esta encargada y es la mejor que hay en Madrid y el ataúd, y que
ese caballero pague la sepultura.• Y así se acordó. Con el
dinero de usted se ha pagado una sepultura de primera
á perpetuidad.
Causóme tan inesperada noticia profunda y viva satisfacción. La carroza desaparecía concluido el entierro
para reaparecer periódicamente al servicio de otras vanidades, y ella, Enriqueta, la mujer adorable y por mí
adorada, aquel cuerpo divino que por tan breve espacio
revistió humana forma, tendría ya para siempre
~lejos del mtmdanal ruido-,
procurado por mí ¡mío! al cual podría yo ir á visitarla
libremente, á todas horas, á la luz del día, como el que
va á su propia morada, sin el cobarde recelo de oir impensadamente los tres campanillazos! ...
Tal fué mi emoción, que estreché efusivamente lamano de aquel hombre, diciéndole:
-Tenga usted la bondad de dar en mi nombre las gracias á ese señor.
-De su parte. ¿Qué nombre le digo?
-El nombre no hace al caso: el pariente de doña Antonia.
Habíamos llegado con la fúnebre comitiva al borde
de la sepultura de Enriqueta, de_mi sepultura, gracias
al espíritu transigente de El Padrino. Pnsieron la caja
en el suelo y mandé desclavar la tapa. ¡Quería verla
por última vez!
Sencillamente amortajada con hábito del Carmen y
casi cubierta de flores, apareció la adorada muerta. Clavé ávidamente la mirada en aquellos queridos despojos
y un mtmdo de recuerdos surgió en mi memoria... Creyérase dormida por la dulce serenidad de su pálido semblante... Estaba más bella qne nunca;
da muerte fué tan piadosa,
que no quiso destruir los encantos de tan angelical criatura ... El mismo gesto de bondad, qne fué su principal
atractivo, la misma ingenua expresión de su boca, en cuyos labios parecia vagar una leve sonrisa, como dándome gracias por haberla librado á última hora de la tutela
y dependencia de El Padrino, ofreciéndola aquella tranquila estancia.
&lt;,de los últimos amores...~
Yo permanecía inmóvil y aquella gente se impacientaba.
-Basta... es demasiado ...-me dijo tímidamente mi
acompañante. Y mandó cnbrir nuevamente la caja.
Los martillazos al clavar la tapa me sacaron de mi es-

/"

tupor y resonaron en mis oídos como ecos dolorosos de
funeral campana que anunciaran el fin del Universo...
Descendió el féretro, sujeto con unas cuerdas, al fondo
de la sepultura, y al chocar sobre el mismo la primera paletada de tierra, produciendo un ruido seco y estridente
sufrieron mis nervios tal sacudida, fué tan agudo t a~
intenso el dolor que sentí, que estuve á punto de ca~r en
tierra ..
Terminada la operación de llenar aquel hueco
tLa piqueta al hombro,
el sepulturero
cantando entre dientes
se perdió á lo lejos.•
Yo permanecía quieto y como alelado ...
Mi acompañante repitió:
-Basta ... es demasiado ...
Me cogió del brazo, y casi a viva fuerza me sacó de
allí.
Yo me alejé pensando:

¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!...

** *
Luis guardó silencio y apoyó la cabeza entre las manos, como abismado en tristes y dolorosos recuerdos.
Ramón, que había escuchado con suma atención, in•
teresándole vivamente aquella historia, tomó la palabra
y dijo en tono cariñoso:
-Vuelvo á repetir, concluída esa historia-y ahora
ya la doy por rematada, porque en la muerte todo concluye-, que no veo por ninguna parte ni la rareza ni la
debilidad de que hablaste al principio.
-Y yo vuelvo á decirte que me escuches hasta el fin,
porque no terminó mi calvario, como supo:qes, con la
muerte de Enriqueta.
-¿No? ¿Hay epílogo? Pero ..• ¿qué pudo pasar más de
lo que ya ha había pasado, faltando el personaje principal? En fin ... sigue tu narración: ahora !lle interesa más
que antes y no volveré á interrumpirte.
-Ya te he dicho que la infame condncta de doña Manolita, coronada con su última escapatoria, me autorizaba á creer que había calumniado á Enriqueta al contarme aquella aventura del vecino, cuando éste había
desaparecido y yo no podía humanamente pedir explicaciones /\ la snpuesta culpable.
Analizando la conduc-ta de Enriqneta en sus relacio;nes
conmigo, me afirmaba en la idea con~oladora de que me
había sido fiel. Contra la predicción de doña Manolita,
de que aquella muier me iba á costar mucho dinero y á
causarme muchos disgustos, estaba el probado desinterés de Enriqueta y su ternura inagotable. Me costó el dinero que yo
qnise gastarme con ella en obsequios
y superfluidades, bastante poco, por
cierto, y en lo tocante á disgustos,
sólo sufrí los que me proporcionó la
propia doña Manolita, y ya quedan
referidos.
Si siempre se había negado á
aceptar dinero mío, y por consiguiente, ningún provecho material
obtenía de nuestras relaciones, tenía
derecho :í creer, sin pecar de fatuo,
que me quería por mí mismo, desinteresadamente, de verdad y sin
mira egoísta de ninguna clase. Siendo esto así. ¿con qué objeto, á qué
fin engañarme? No era lógiro, no
podía ser, no me había engañado.
Firme en esta creencia, guardaba en
mi corazón y en mi pensamientodescontadas las amarguras que me
ocasionaron su larga enfermedad y
su triste fin-un recuerdo agradable

�y profundo de aquella inforttmada mujer. A los tres
meses de su muerte, conservaba su recuerdo tan vivo
como el primer día. Tan honda me había caído, que no había medio de restarla de mi existencia.
Con la misma tenacidad recordaba la calumnia de
doña Manolita, la analizaba de mil diversos modos, y
siempre llegaba al convencimiento de que Enriqueta era
inocente y de que siéndolo, yo estaba en el deber de rehabilitar su memoria, buscar las pruebas de su inocencia v con ellas confundir y anonadar á la calumniadora.
¿Pe~o cómo realizar este generoso propósito? Nada más
fácil- pensé-. Buscar á Juanita, la doncell~ de Enriqueta, é interrogarla con maña acerca del !?articular. Yo
la había gratificado frecuentemente con eterta largueza
y estaba seguro de que me diría la verdad; mas ¿dónde
encontrará Juanita?
En el cuarto que habitó Enriqueta vivía á la sazón un
afamado modisto, y la portera no sabía nada de la ~uchacha que yo perseguía. Recorrí en poco~ días vanas
agencias de sirvientes sin resultado satishctorio, y cuanto más lejos veía la posibilidad de encontrar la persona
que buscaba, más vivo era mi deseo de lograr el fin que
me había propuesto.
No negaré que mi deseo tenía alg?, y ann mucho,. de
contradictorio y de pueril. Porque s1 estaba convenci~o
de la inocencia de Enriqueta. ¿á qul- tomarme el t~a~aJo
inútil de averiguar Jo que ya sabía? Una contradicción.
¿Para confundirá doña Manolita? Una puerilidad.
Me hacía este lógico razonamiento, y sin saber por qué
persistía tenazmente en mi propósito de interrogar á
Juanita sobre tan espinosa materia.

Y era que, á pesar de los pesares, no quería confesarme
á mí propio que no estaba tan convencido como aparentaba de la fidelidad de aquella mujer ...

•••

Como todo llega, llegó delia en que sin buscarla, por
obra de la c-asualidad de la fatalidad, diré mejor, m e encontré á Juanita de ~anos á boca en una call~ solitaria.
¡Vi el cielo abierto!. .. Rlla por su parte, también se alegró mucho ele verme, me dijo que babia sabido oportu-

namente lo de mi viaje, en el cual no había creído doñ_a
Antonia, y me habló de lo~ últimos momentcs de Ennqueta en los términos siguientes:
-¡Pobre señorita! ¡tau ¡oven, t_an g1;1apa, t'.111 buena...
y morirse tan pronto!. .. La ag?°.1ª ft'.e larga, pero
servó el conocimiento hasta el último mstante, Y la última palabra que pron_uució !ué el nom~re te usted.
-¿De veras, Juamta? ¿No me enganas.
.
-¿A santo de qué? Ya sabe usted que yo,1101111ento.
-¿Y estaba allí El Padrino? ¿La oyó?
-La debió de oir, como la oímos todos.
- ¿Y qué dijo?
.
-Nada. ¡Qué hahía de decir! Como s1 tal cos~. Ya sabe
usted lo prudente que era. La se_ñ orita _lo quena á usted
con locura· bien lo sabe usted. Bien satisfecho puede usted estar de que lo ha querido más que á ?_adie.. .
Y adujo innumerables pruebas del canno que me había profesado su señorita.
.
.
Cualquiera en mi caso-~o s1~ndo u_n m_sensato-ha
bría desistido de toda eno¡osa mvest1gac16n, dá~dose
por satisfecho y considerándose feliz en las, revelaciones
de Juanita. Yo por el contrario, encontre en aquellas
halagadoras paÍabras el argumento de?siv? para tocar
sin miedo tan delicado punto. Y digo sm m1e&lt;lo, porque
á las muchas pruebas que poseía del amor de Enn_queta,
podia agregar las muy expresivas q~e acababa de oir, que
eran sin duda por su número y calidad, las más c?ncluycntes. Una mujer que me había consagrado ~u nl_ttmo
pensatniento, como deseando penetrar en ~1 nusteno de
lo eterno con la idea de mi amor, para que este fuese perdurable, no podía haberme engañado. Siemp~e y por todos los caminos llegaba á la trusma conclusión. Gallardamente apoyado en mi idea ~~ja, hablé de este modo:
-Pues esa mujer tan carmos~, tan buena,_ tan leal,
que tanto y tan de veras me que.na ... ha sido vil _Y groseramente calumniada. Me han dicho que un vecmo, que
vivía en el cuarto de al lado ...
Aquí me atajó la palabra Juanita, diciendo con sencilla ingenuidad:
-En eso no la han calumniado.
-¿Eh? ¿Cómo?
- Lo del vecino es verdad.
Quedé petrificado. P.n aqu~I momento hubiera querido que la tierra se ~briese_~ mis pies para sepu!tarme con
mi despecho y m1 verguenza, en el más msondable
abismo.
J nanita prosiguió:
_
.
-Eso se lo habrá dicho á usted dona Uanohta. ¡Buena pájara!. .. Lo que no le ha~rá dir~o seguramente es
qne ella, comprada por el vecmo, f~e. ;1men 111czt6 á la
señorita /, cometer aquella locura, d1c1endole que usted
tenía relaciones con una cómica y que debía pagar el engaño en la misma moneda. Ella fué crédula, se arrebató
y por vengarse ... Aquello fu_é una ventolera ... Sólo dos
noches entró el vecmo despues de haberse usted marchado, y fué doña :IIanolita quien le abrió la puerta. DesJ?ués,
cru¡ y raya. La señorita era muy buena, muy s1mpntica...
pero . . ¡vamos! era asi ... en 1;1n pronto: .. Y eso no se puede remediar. A usted lo quena con dchno, más que á mngrmn, eso lo sé yo y puede usted creerlo¡ pero... ¡vamos!
era así ...
Creo que J nanita dijo algo mAs qne 1_10 recuer~o, como
no recuerdo tampoco la forma en que me desped1 de ella,
ni si la dí alguna gratificación por el favor que acababa
1
de hace rme...
S61o recuerdo que al poco rato me encontraba muy
distante del lugar de aquella escena y que repetía con
insistencia:
- ¡Era así! .. ¡Ern asU ¡Y eso uo se puede remediar!. ..

:º~-

**•
y aquí entra lo anómalo, lo raro de esta historia; lo
que yo llamo mi censurable y riclicula dehilidad.
.
- ;Gracias á Dios qne al fin llegamos al punto culm111ante' Soy todo oídos.
· · --, -

-l'ilientras creí que habían calumniado á Enriqu~' su recuertado, aunque triste, como lo es siempre el del
bien perdido, era al propio tiempo agradable y consolador. J,a muerte, contr a la cual no hay posible rebeldía,
me había arrebatac1o á la mujer amada; pero aquella
mujer, joven y hermosa, generosa y sensible, simpática
y desinteresada, había sido núa, mía exclusivamente
durante un año, no sólo en lo tocante al riquísimo y codiciado tesoro de su cuerpo, sino también-y esto era
lo más esencial-en lo que se refería á la espiritualidad
de su ser. ¡Yo, yo solo había reinado-en su corazón ...
Ahora, cuando ya la duda no es posible, ante la des~arnada y brusca realidad de su impremeditada é incomprensible traición, plenamente demostrada, en vez
de odiar su memoria, como fuera natural y lógico, procurando olvidar tan desdichada aventura, su recuerdo es
más vivo, más punzante ... ¡y más amado!..
Creo sinceramente la ingenua declaración de Juanita;
pero creo también que he cometido una indignidad y una
profanación al remover, airado, los huesos de la pobre
muerta, en busca de delitos, faltas ó pecados que habían
prescrito en lo humano-que no hay juez en la tierra que
traspase los limites del sepulcro-y que acaso la justicia
divina habría ya juzgado y perdonado ...
Sobre todo, ¿con qué derecho removía yo aquellas cenizas? ¿Era mi mujer? ¿Había ddo siquiera una de esas
queridas que arruinan á sus amantes?
El hombre que recibe de una mujer los favores que yo
recibí de aquella iiúeliz Enriqueta, debe ser más benéYOlo, más generoso, más agradecido y pagar de otro modo tales favores.
Comparo mi conducta con la de El Padrino, á quien
había intentado ridiculirar más de u:;ia Yez, y me consided~ro muy inferior en todos ronceptos á dicho personaje
y bastante más ridículo que él. El, que tenía indiscutible
derecho á fiscalizar los actos de Enriqueta, porque lapagaba espléndidamente, no sólo no la vigiló jamás, sino
que la dejó en libertad completa para que procediese á
su antojo, llevando su tolerancia hasta el extremo inconcebible de poner á aquella mujer al abrigo de toda sorpresa por parte suya, mediante los tres famosos c-ampauillazos, su falta de curiosidad por conocer las inleric•ridades de la casa, sus recados pre1·io.; y la brevedad de sus
visitas. Yo, por el contrario, sin poder alegar sus derechos y aprovechándome de su tolerancia y de su generosidad para eugaiíarle, había llevado mi irracional ¡. injustificada desconfianza hasta el punto de Yigilar, para descubrir s.us faltas y encontrar sus debilidades, á aquella
mujer, que pagaba El Padrino para mi delicia, llevando
la crueldad de investigación más allá del sepulcro, cuando ya había pagado con sn vida el derecho al eterno descanso ...
Pens:indo estas rosas me desprecio á mí mismo, el despecho atiranta mis nervios y la memoria de aquella mujer, m(ls vive ahora que antes, es mi obsesión de todos
los días, mi martirio de todos los momentos, mi remordi,niento perdurable...
Confieso con rubor que amo su memoria después de conocida su falta, con más intensidad que nunca, y pienso
con espanto que si esa mujer viviese sería capaz de perdonarla, á trueque de segtúr amándola y de que ella continuase dispensándome sus favores ...
Dime ahora, querido Ramóu, imparcialmente, con la
sinceridad que debes á mi amistad probada, si esta crisis
de mi espíritu no acusa uua censurable debilidad que
pugna con la moral corriente y que me pondría en ridículo ante cualquiera que no fuese tau indulgente
como tú.
~uis guardó silencio, como esperando la respuesta de su
amigo, y éste, después de meditar unos momentos, dijo
con la mayor naturalidad y como si ya tuviera resuelta
la cuestión:
- Los acontecimientos que acabas de referirme constituyen una interesante novela romántica, tu nm·elacada uno tiene la suya- y podías y debías escribirla

para recreo de gente soñadora y enseñanza y corrección
de espíritus exaltados é impresionables. ¿Su título? El
Pad~ino. Protagonista hn-isible para el público, pasivo
en cierto modo, pero con derecho innegable á ocupar ese
primer puesto, por más de que no tiene el relieve ni la
originalidad que tú le concedes, por ser como eres juez
y parte en causa que te llega á lo vivo. Desde la parte de
afuera, el lector Jo reduciría á sus proporciones justas y
naturales.
El tipo no es nuevo ni complicado y _pudieran citarse
hasta con nombres propios muchos de sus congéneres.
Ya hubo aquí años atrás, entre otros, un duque archimillouario, muy conocido, muy popular y también muy
anciano que paseaba con La Trini (una muchacha muy
bonita, recogida del arroyo) por la Castellana en lujosa
C'arretela, siendo la tal Trini, por sus trenes soberbios y
sus joyas riquísimas, la admiración y el asombro de la villa y corte.
El duque de La Trini era tan previsor, tan prudente
tan tolerante como El Padrino de tu Enriqueta y bas-,
tante más espléndido, y La Trini, práctica como todas
las mujeres de su clase, tenía también su amante.delcorazón, el cual amante, más avisado que tú, más vivo,
como ahora se dice, se gastaba alegremente con ella viviendo á su costa, el dinero del duque, cosa que ést; no
ignoraba, según cuentan las crónicas, sin importarle
poco ni mucho el engaño de que era víctima voluntaria.
Muchos de esos grandes señores, casi todos, singularmente si son ancianos, no ponen en sus queridas oficiales, de clase inferior, cariño, pasión ni interés, ni siquiera
apetitos carnales; éstos, por la sencilla raz6n de que ya no
los tienen, ni podrían satisfacerlos, aunque los tuvieran,
por carencia absoluta de medios adecuados. Sólo ponen
en tal empeño sus intereses y una vanidac1 pueril y ridícula, igual á la que experimentan al exhibir un magnífico
tronco de caballos que no tiene semejante en el precio,
un brillante raro por su tamaño excesivo ú otra cualquier magnificencia de esas que acusan una fortuna cuantiosa.
¿ Qué sacrificio representaba para ese Padrino de tu
historia el sostener con lujo á su querida oficial, siendo
tan rico como dices, si esa querida le daba tono y servía
á maravilla su vanidad, una vanidad senil que por viril
quería él hacer pasar? Con los almuerzos á que la invitaba en presencia de sus amigos, con los paseos en coche
descubierto por los sitios más concurridos, con tenerla
instalada en buena casa y con visitarla reglameutarianzente, se cobraba con creces los desembolsos que hacía
que, romo digo, no suponían para él el menor sacrificio.
Que F.nriqueta hubiera sido fea, y á ver si obtenía la protección desinteresada de ese ni de ningún otro Pad,·ino.
¿Cariño hacia ella? El mismo que pudiera sentir por su
yegua favorita...
.
El Padrino de tu cuento, de la carrera diplomática,
seguía siendo diplomático en la vida privada: eso es
todo.
Doña l'llanolita tampo co es la excepción. Hay muchas
criattiras, muchísimas, por desgracia, de una tan grande
perversión moral, innata, que practican sistemática é
instintivamente lo que pudiéramos llamar el arte por el
arte, es decir, el mal por el mal, sin propósito, sin objeto,
sin finalidad de ninguna clase. Se es malvado como se
puede ser rubio ó moreno, y doña Manolita es perfecta
en su clase, la suma perfección. Tales seres son los borrones involuntarios del Hacedor Supremo al trazar las
páginas de la creación, aberraciones de la Naturaleza.
Cuando se topa con uno de esos monstruos se debe decir: &lt;,Borrón y cuenta nueva•, poniéndose á respetable
distancia del borrón, que es lo qne tú debiste hacer con
doña Manolita al persuadirte de su maldad .
Y ahora voy contigo y contra ti. Al juzgarte en este
caso no estoy de acuerda con tus apreciaciones. Eres
sencillamente un hombre de corazón, impresionable,
exageradamente nervioso, de viva imaginación y tierna sensibilidad, un romántico, en suma, que llega con

�retraso considerable á una sociedad decadente Y mr,der
nista, en la cual no hay ambiente apropiado para tus
pulmones.
Sentada esa base, tu conducta, mejor dicho, tu desgracia, lejos de parecerme censurable y ridícula, me parece sublime, con la sublimidad trágica de las grandes
pasiones y de los supremos infortunios. Estabas enamorado á tu manera, apasionado, y procedías con arreglo
á tu temperamento y á las circunstancias que te rodeaban. Ofuscado por esa pasión, tá mismo has agravado
tus dolores, añadiendo un número á la ya incontable
serie de ct,riosos impertfoentes que en el mundo han sido,
y esto, en un hombre de tus años y de la experiencia que
debieras tener, es imperdonable, aunque no ridículo. En
tales casos, no ya tratándose de mujeres como Enriqueta, que al fin y al cabo era una de tantas, sino de otras
más consistentes, la duda es preferible á la realidad, y tú
estabas en las mejores condiciones para mantenerte en
la duda, no sólo por tener como tenías claras pruebas
de su amor, sino también y principalmente porque aquella mujer no podía ponerte en ridículo ni manchar tu
nombre. Entre El Padrino y tú hay un término medio,
que es el justo y el que debiste adoptar.'. Ni una tol~rancia excesiva, ni una desconfianza suspicaz. Sm la
última, innecesaria y enojosa investigación, tu do~or
Se habría ya calmado y el recuerdo de tu amada se hubiera ido perdiendo poco á poco, por gradación natu~al, en
la lejanía melancólica, clara y tranquila de un honzonta
sin nubes-ahora negro y tempestuoso. No es deb1lidao
sentir lo que sientes; más bien es desgracia. Has pecado
de irreflexion, y tu error ha consistido en abultar los hechos con arreglo al cristal de tu fantasía.
4Bienaventurados los que lloran.&gt;&gt; Aún eres joven y
puedes gozar de la vida. Ya vendrán días mejores ...
Cuanto á Enriqueta, la bella, simpática y sugestiva
heroína de tu novela, ignorando, pero suponiendo su
vida anterior y en presencia de su injustificada aventura con aquel vecino, cabe preguntar: ¿Era una Manón
Lescaut? ¿Era una Margarita Gautier? ¡Quién sabe! Por
lo menos puede asegurarse que tenía su madera y¡:que tal
vez en otro escenario y en otras circunstancias..,habría
dado el mismo juego que aquéllas. Esas grandes creaciociones de la fantasía tienen semejantes en la realidad.
Por eso son grandes; y en último término, vienen á probar, por el éxito que obtienen, los sentimientos que inspiran y la poesía que derrochan, que el romanticismo, pese á la transformación de las costumbres y al influjo de cierto género literario que quiere proscribir el
sentimiento y la poesía, es de todos los tiempos, resiste
á todas las extravagancias de las modas nuevas y vivirá
tanto como el hombre. El romanticismo no es otra cosa
que la exaltación del sentimiento hacia un puro ideal,
hacia una aspiración suprema, y no se concibe al hombre sin aspiraciones y sin ideales.
Enriqueta, aunque era así ... como decía gráficamente
J uanita con cruel ingenuidad, era también al propio
tiempo, en su clase, una buena muchacha, una excelente
joven, romántica, á su modo, el tipo de la querida ideal
para un hombre de tus condiciones, y tú debes, desde
este momento, que podemos llamar solemne, poner punto final al intrincado, complicado y caviloso monólogo de tus desdichas, más imaginarias que reales, procurando encontrar cuanto antes la indispensable mora
verde que te ha de quitar la mancha de esa última mora
malograda, arrojando por la borda, á ser posible, el lastre romántico que aún te queda. Eso es todo. Corte de
cuentas, vida nueva... y aprovechar la vida, que es corta.
** *
Ramón guardó silencio un instante, cambió la expresión de su fisonomía como para indicar que cambiaba de
asunto, miró su reloj, hiw un gesto de sorpresa y exclamó alegremente:
- ¡Caramba, las ocho; no creí que fuese tan tarde!. ..
¡Cómo pasa el tiempo cuando es interesante la conver-

-sación y grata la compañía! Oye, Luis, vamos á comér
aqtú mismo, para ahogar en vino los últimos y ya desvanecidos fantasmas de tu espíritu. ¡No me digas que
no! Las ostras me han abierto el apetito. ¡Mozo! ¡Camarero! ¡Antonio!
-.y empezó á tocar las palmas como si aplaudiera el final de un largo parlamento en quintillas.
\.ntonio se presento; Luis, abismado aún en los recuerdos que acababa de evocar, no opuso la menor resistencia al deseo de su amigo, y &lt;'Ste se encargó de que
el menu fuera selecto, abundante y apetitoso, en cuya
materia estaba mucho más fuerte que en psicología,
siendo, no obstante, como era, á juzgar por las consideraciones que le hemos oido, un psicólogo consumado.
Después de una exqui~ita y bien sazonada sopa de
hierbas, lo mejor y más fresco del bien provisto escaparate de Mor{m fué trasladado á la mesa de los dos
amigos.
Aquí fuera de rigor decir, como es uso y costumbres
al pintar los enamorados de las novelas, que Luis no
probó bocado, 6 que comió poquísimo, ocupado exclusivamente en suspirar y en atender á su dolor. A creer á
esos novelistas, los tales amantes viven del aire, como
los camaleones.
El narrador de estos sucesos faltaría á la verdad si
tal dijera. La naturaleza cumplió sus leyes imperiosas,
el estómago realizó sus necesarios fines y Luis comió lo
que generalmente comía, no mucho, porque era sobrio;
pero tal vez algo más de lo ordinario, animado por la
amena y pintoresca conversacijn de su amigo, que hacía lo posible por distraerle, y estimulado por la t,,ne~adel pollo y la frescura de los langostinos. Cuanto eá Ra
món que no era de los que comen para vivir, sino de
los ~ue viven para comer, hombre que atendía más á
1a materia que al espíritu, devoró, como acostumbraba,
con verdadera delicia y en cantidad respetable. Y hablaba tanto como comía y con la misma fruición. Aquello de 40veja que bala pierde bocado,,, no rezaba con
él. Se desquitaba ampliamente del largo silencio que
había tenido que guardar escuchando la historia de su
amigo.

A los postres intentó Luis volver á tocar, tímidamente el asunto de sus desventurados amores, acaso para
aciarar alguna duda ó agregar algán detalle; pero al
primer intento Ramón le cortó la palabra, ejec':'tando
una rápida maniobra, tan cómica como expresiva, la
cual maniobra consistió en apretarse los labios con las
puntas de los dedos índice y pulgar de la man~ derecha, agitando al propio tiempo la izquierda haCJa fue·
ra, repetidamente, como si tratara de espantar una
mosca im1ortuna. ¡Y tan importuna como era la mosca que R:a.món trataba de ahuyentar! Aquella mímica
graciosa y expresiva, quería\- decir: •Punto en boca.
A qttéllo está muerto y enterrado y no hay para qué volver sobre aquéllo.•
Luis lo comprendió, adivinó el cannoso interés de
su amigo y le estrechó la mano efusivamente. Ramón
repitió la pantomima, como para remachar el clavo, se
miraron con fijeza, y en aquella mirada convinieron,
tácitamente, en que, aquéllo estaba muerto y enterra• do y no había para qué volver sobre tu¡uéll.c ...

,

.

Tornaron á hablar de política (enfermedad endémica de los españoles), de literatura, de las intrigas de
bastidores, del último estreno, de la novela próxima á
publicarse, del crimen de ayer, del proceso sensacional.
de lo divino y de lo humano, de todo ... m0nos de aquéllo. Era cosa resuelta.
*

* *

Cerca de las diez ~alieron de casa de ~Iorán, lanzando al espacio espesas y aromáticas bocanadas de humo;
lo cual quiere decir en_ buen romance que 110 tenían la
desgracia de fum ..r tabaco del estanco, por lo cual no
,·arrían el peligro de envenenarse. Ramón llevaba siem
pre la petaca bien provista de riquísimos habanos.
Los dos amigos torcieron hacia la derecha, pasaron
por delante del café de Pornos y, doblando la esquina,
entraron en la calle de .Akalá, dirigiéndose á la Puerta
del Sol.
¡Lo que ~s este didwso clima de Madrid! En cuatro
horas, próximami-nte, había cambiado el tiempo por
completo y había totalmente variado la temperatura.
Más que la noche de uno de los últimos días del otoño,
parecía una de las más bellas y apacibles del verano.
El vera11illo de San Martín quería despedirse dignamente y, con tan ostentoso alarde lucía sus ricas galas,
que casi, casi parecia un verano hecho y derecho ...
El viento, frío, polvoroso y molesto, que reinaba por
la tarde, arrastrando las hoja~ caídas é intentando cevar á los transeuntes, habíase convertido en brisa suage y acariciadora; la atmósfera era templada y transparente; babíanse disipado las nubes y lucía-más valiente y más afortunada que el sol- la luna lfena, haciendo resaltar, con su luz clara y dulce, el brillo de innúmeras y gráciles estrellas que tachonaban el puro
azul del firmamento ...
Esos cambios bruscos, repentinos, son muy frecuentes en Madrid, en todo tiempo, especialmente en las estaciones intermedias.
Con la luz de la luna, el fulgor de las estrellas y los
grandes focos eléctricos de columnas y escaparates, la
claridad era completa; pero la mezcla de los diversos y
contrapuestos luminares que concurrían á formarla,
daban á aquella claridad 1111 tono extraño, fantástico
y eu cierta manera, poético y fascinador. Un poeta tal
vez hubiera rucho que la calle de Alcalá semejaba aquella noche una ancha cinta de plata...
Numeroso y abigarrado público invadía las ar.chas
aceras, ocupadas de trecho en trecho-dejando por la
parte de afuera el necésario espacio para la circulacióncon las mesas de los· cafés, á las cuales sentábanse apresuradamente innumerables desocupados.
Ciertos transeuntes, políticos, cómicos, literatos ó
bolsistas, impacientes por conocer alguna noticia para
ellos interesante, repasaban, sin dejar de antlar, los
periódicos de la noche.
La animación á tal hora en la calle de Alcalá es siempre extraordinaria, sobre todo cuando como en aquella
noche convida á frecuentarla lo apacible de la temperatura. Desde la esquina del Siúzo hasta la esquina de
la Puerta del Sol, es, qttizás, el sitio más animado de
Madrid .
El bulle-bulle, el rnmor de las conversaciones de paseantes y estacionari~s (los que interceptan las aceras,
molestando indebidamente al público) y las voces de
los vendedores ambulantes, que ofrecían simultáneamente el Heraldo, Lt1 Correspondencia, una vara de nardos, el premio gordo de la lotería y otra porción de cosas que fuera prolijo enumerar, daban tono y color al
cuadro, que resultaba alegre y pintoresco.

•

• *
Al dar Luis y Ramón los primeros pasos en la calle
de Alcalá, gritll.ba_n varias pequeñas flori,stas ambulantes.
-¡A dos perras· gordas 1-a v.ara de nardos! ¡A dos perras gordas/
·

Una muchachuela como de doce á trece años, bastante espigada, morenilla, de grandes y e:iq&gt;resivos ojos
negros, nariz carnosa, corta y graciosamente respingada, pobremente vestida, peinada á la moda
chulesca, una golfa, et\
fin. con todas las trazas y apariencias d~
que en un porvenir
próximo esquivaría
también las miradas
de los guardias, acercóse á Luis y le ofreció, mimosamente, con
voz acariciadora, una
vara de nardos. I,uis
aceptó el ofrecimiento
y entregó una peseta
á la chicuela, indicándola que se guardase
la vuelta.
~Salud y que Dios se lo aumente-dijo la muchacha, y se alejó, corrienq~ y brincando de alegría.
Luis aspiró con delicia el penetrante aroma de la que
era su flor predilecta, paseó su mirada por la multitud
que bullía á su alrededor, la elevó después baci3: el firmamento dibuj6se en sus labios una leve sonnsa de
dulce satisfacción, acaso la primera que sentía desde
hada mucho tiempo, y dijo, casi á media YOz y como si
hablara consigo mismo:
- ¡Hay que viYir! ¡Qué hermosa es la vida!. ..
Ramón le oyó, y agregó, presuroso:
-¡Y que lo digas y que no se te olvide! No conozco
nada mejor que el vh-ir, y aun en el caso más apurado
de la existencia, siempre diré que peor fueran~ ver_lo.
Los dos amigos cruzaron á la acera de la tzqmerda
y entraron en la Central de Teléfonos, donde Ramón,
que era corresponsal de un periódico de provincias, tenía que expedir un despacho urgente, dando cuenta de
lo que en España es el pan de cada día, de unos rumores de crisis, rumores que, según los ministeriales, carecían de fundamento ...

** *
En la misma acera de la izquierda, un poco más abajo de la Central de Teléfonos y cerca de la Puerta_ del
Sol, está el Salón de actualidqdes, la cuna, puede decirse,
del género ínfimo, sicalíptico. como ahora ~e dice, por
no &lt;lecir pornográfico- que hasta el lenguaJe se ha hecho hipócrita.
.
.
En la época á que se refiere esta 11arra,c1ón, Actu~lidades estaba en todo su apogeo. Compart1a, hasta cie~to punto, su gloria y su prestigio el Sa~ótt J r:Ponés, _situado en la misma calle, junto al cafe Suizo; Y digo
hasta cierto punto, porque Actualidades l!evaha la _mejor parte en aquella compet.encia y obtema la predüección del público, por acentuar y extremar la nota sicatíptica mucho más que El Salón Japonés.
En ambos coliseos (de algún modo hay que llamarlos) se cantabah couplets verdes, se ej~cutaban bailes escandalosamente obscenos y pantotmmas de una plasticidad vergonzosa, se representaban diálogos y monólogos picarescos y se hadan otras muchas cosas. todas
ellas edificantes, cargadas de mostaza de la más fuerte
y sazonadas con sal de la más gruesa; pero, A ct11altd~des se llevaba la palma, y las palmas,. como queda _dicho, por e-xagerar hasta un grado indecible la nota sica1-íptica.
,
A la misma hora en que Luis y Ramón salí~n de c3:sa
de Morán, un gran grupo de curiosos se hab1a estacionado á la puerta del Sal6n de Actualidades, y los revendedores gritaban desaforadamente:
- ¡Tac'as! ... ¡Tacas!- (Léase butacas, que es lo que
ellos querían decir y lo que el público entendía)-. ¡Tacas! ¡Taras, para ahora!. ..

�Y añadían, enumerando parte del programa:E
puerta de Aciualida-tes, y también pararor, la atención
-¡La bella CJ,elito, Amalia la sevillana, Pepitalla
en aquel anciano que era objeto de la curiosidadfr de
granadina, La canción de la pulga, por la señorita
los comentarios del público. Luis hizo instintivamente
Cóhen!... ¡Tacas! ¡Tacas para ahora! ¡Que se va á em)' sin darse de ello exacta cuenta; un gest'! de so1&gt;pset;a,
de sorpresa desagradable, y Ramón. que ·tuvo sen· aquel
pezar'.
La canción de la pulga, una obscenidad grosera, can·
momento una como súbita revelación misteriosa,[dijó
tada y ejecutada por una ex corista del teatro C'ómico,
á su amigo:
que sin transición hahía pasado á ser estrella del plane-Ese viejo tan pulcro y tan acicalado qu~ se;dispota A ctualidades, era el clou de aquella bt·illante y provene á entrar en Actualidades, ¿será El Padrina de~t,¡ hlstoria?
; ·
c.hosa temporada.
Muchos transeuntes, de todas clase~ y condiciones
Luis, como si le molestasen el recuerdo. la-pregunta
sociales, se aprsuraban á adquirir localidades para tan
y la posibilidad de que aquél fuese el hombre que nunca
divertido espectáculo.
había querido conoc-er, rontestó, en tono displicente:
Los curiosos estacionados cerca de io~ revendedores,
-Creo que n&lt;&gt;... no ~é.. ya te he dicho que' 'no le he
pararon la ateneión en un anciano de mediana estatura, delgado, recto, 6, más bien, erguido, de facciones
finas y correctas, de sano y encendido color, con el pelo
y el bigote completamente blancos y primorosamente
rizados á fuego que S&lt;' acercó á uno de aquellos industriales voceadores y le habló en voz baja, en demanda.
sin duda, de una buena butaca. ,·
:
F,l anciano parecía vivamente contraria&lt;lo por haücr
llegado tarde, y pedía con insistencia una butaca de
primera fila, del centro, para la sección de las diez, que
pronto iba á comenzar. El revendedor no podía complacerle, porque ya sólo le quedaban butacas de filas
posteriores; lo sentía mucho porque el señor era buen
parroquiano, pero no lo po(lía. remediar. El anciano no
se conformaba con aquella explicación, y &lt;lirigiéndose
á otros revendedores y aun á las personas que le rodea
ban, dijo en alta voz:
-¡Una butaca de primera fila. del e-entro, cueste loque cueste!. ..
Al oir aquella proposición, un hombre relativamente
joven, de cara cetrina y duras facciones, con sombrero
cordobés, americana corta y pantalón ajustado, de aspecto insolente• y traza ordinaria, entre chulo apócrifo
y andaluz degenerado, acercóse al viejecito, con un papel en ,la mano y, encarándose con él, le dijo t~ano·1ilamente:
'
-¿Cueste lo que cueste?
-Cueste lo que cueste-repitió el viejo, con la seguridad del hombre á quien nada le importa el dinero.
-Tenía yo interés en ver eso de la pulga, que dicen
que es cosa de gusto; pero baza mayor quita menor, y
puesto que el señor tiene tanto interés, aqlÚ hay un,:,_
butaca de primera fila, del centro. ¡Cómo se pide!
-¿Cuánto quiere usted por esa huta.ca?
visto nunca y que sentiría encontrarle en mi cantino.
-I.o que usted crea que vale su capricho.
- --Pues si no lo es, merecía ~erlo.
El anciano, hombre fastuoso, de esos que se perecen
Los revendedores volvieron i gritar:
por atraer sobre sí la públic-a aterrción, apareció radian-¡Tacas! ¡Tacas! jLa bella Chelito Amalia la '"'' illate y satisfecho, por el doble motivo que se le presentafia, Pepita la granadina! ¡La cauci.Sn de la !n&lt;lgn.! ...
ba de realizar su capricho y de tener auditorio que ad¡Tacas, para ahora, que se va á empezar!..·
mirase su esplendidez. Tomó la butaca y puso dos du- ¿Quieres que entremos?-preguntó Ramón ,1 s,1
ros en la mano del hombre del sombrero cordobés, pr'"amigo.
guntándole:
-;No te da asco,
-¿Está bien?
-,,o, por cierto; aní se pasa el rato, y, además, p:r
-¡Pero que divinamente! ¡Me ha costado una~pe,edíamos averiguar quién es ese señor.
ta!. .. Los caprichos se pagan. Salud y que usted ·se . di - No tengo en ello el menor interés. Vámonos.
vierta.
Y apretó el paso, como si huyera de la peste.
Y se alejó á buen paso. Cuando ya,ei, anciano np ,po •
Cuando- Luis y Ramón entraron en la Puerta del Sol,
día oírle, dijo, en alta voz, alegremente, contemplandc
vendedor ambulante gritaba con toda la fuerza de
los dos duros:
sus pulmones:
¡Qué panoli es el agüelo' ... ¡Dos duros por oir La can- ¡A perra gorda, La de~esperaci61i de Espronced,ú ...
ción de la pulga á la señorita Cóhen y ver otras cosas
¡¡A perra gorda!!. ..
por el estilo!. .. Pá mi que es nn emperador disfrazao ...
Y los revendedores repetían por centésima ,•e:,,:
ú cosa parecida ... que va de indmito. ¡Dos duros!. .. ¿Se
-¡Tacas! ¡Tacas! ¡;Que se va á ~mpezar!'. ...
rán falsos?
El caballero anciano, con la alegría del glotón arte
Sonó repetidamente las monedas sobre las piedras
un plato suculento, entró radiante y satisfecho en el
de la calle :i, persuadido de que eran buenas, las metió
S11lón de A ctualidades, á oir y ver La canción de la pulen su bolsillo y se coló en una tienda de vinos, con aire
ga, por la señorita Cóhen.
&lt;lf' triunfador.
Ramón no se había equivor.ado:-~quel anciano era,
En aquel momento pasaban Luis y Ramón por la
efectivamente, El Padrúio.

=

é19IDIJ1º&gt;~eP®RIN,
P'ó f\ ..J6Al)UIN DICtNTA

---

céntimos

lLU) fRACIONt~ Df. A~U:&gt;TIN

�</text>
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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>Y añadían, enumerando parte del programa:E
puerta de Aciualida-tes, y también pararor, la atención
-¡La bella CJ,elito, Amalia la sevillana, Pepitalla
en aquel anciano que era objeto de la curiosidadfr de
granadina, La canción de la pulga, por la señorita
los comentarios del público. Luis hizo instintivamente
Cóhen!... ¡Tacas! ¡Tacas para ahora! ¡Que se va á em)' sin darse de ello exacta cuenta; un gest'! de so1&gt;pset;a,
de sorpresa desagradable, y Ramón. que ·tuvo sen· aquel
pezar'.
La canción de la pulga, una obscenidad grosera, can·
momento una como súbita revelación misteriosa,[dijó
tada y ejecutada por una ex corista del teatro C'ómico,
á su amigo:
que sin transición hahía pasado á ser estrella del plane-Ese viejo tan pulcro y tan acicalado qu~ se;dispota A ctualidades, era el clou de aquella bt·illante y provene á entrar en Actualidades, ¿será El Padrina de~t,¡ hlstoria?
; ·
c.hosa temporada.
Muchos transeuntes, de todas clase~ y condiciones
Luis, como si le molestasen el recuerdo. la-pregunta
sociales, se aprsuraban á adquirir localidades para tan
y la posibilidad de que aquél fuese el hombre que nunca
divertido espectáculo.
había querido conoc-er, rontestó, en tono displicente:
Los curiosos estacionados cerca de io~ revendedores,
-Creo que n&lt;&gt;... no ~é.. ya te he dicho que' 'no le he
pararon la ateneión en un anciano de mediana estatura, delgado, recto, 6, más bien, erguido, de facciones
finas y correctas, de sano y encendido color, con el pelo
y el bigote completamente blancos y primorosamente
rizados á fuego que S&lt;' acercó á uno de aquellos industriales voceadores y le habló en voz baja, en demanda.
sin duda, de una buena butaca. ,·
:
F,l anciano parecía vivamente contraria&lt;lo por haücr
llegado tarde, y pedía con insistencia una butaca de
primera fila, del centro, para la sección de las diez, que
pronto iba á comenzar. El revendedor no podía complacerle, porque ya sólo le quedaban butacas de filas
posteriores; lo sentía mucho porque el señor era buen
parroquiano, pero no lo po(lía. remediar. El anciano no
se conformaba con aquella explicación, y &lt;lirigiéndose
á otros revendedores y aun á las personas que le rodea
ban, dijo en alta voz:
-¡Una butaca de primera fila. del e-entro, cueste loque cueste!. ..
Al oir aquella proposición, un hombre relativamente
joven, de cara cetrina y duras facciones, con sombrero
cordobés, americana corta y pantalón ajustado, de aspecto insolente• y traza ordinaria, entre chulo apócrifo
y andaluz degenerado, acercóse al viejecito, con un papel en ,la mano y, encarándose con él, le dijo t~ano·1ilamente:
'
-¿Cueste lo que cueste?
-Cueste lo que cueste-repitió el viejo, con la seguridad del hombre á quien nada le importa el dinero.
-Tenía yo interés en ver eso de la pulga, que dicen
que es cosa de gusto; pero baza mayor quita menor, y
puesto que el señor tiene tanto interés, aqlÚ hay un,:,_
butaca de primera fila, del centro. ¡Cómo se pide!
-¿Cuánto quiere usted por esa huta.ca?
visto nunca y que sentiría encontrarle en mi cantino.
-I.o que usted crea que vale su capricho.
- --Pues si no lo es, merecía ~erlo.
El anciano, hombre fastuoso, de esos que se perecen
Los revendedores volvieron i gritar:
por atraer sobre sí la públic-a aterrción, apareció radian-¡Tacas! ¡Tacas! jLa bella Chelito Amalia la '"'' illate y satisfecho, por el doble motivo que se le presentafia, Pepita la granadina! ¡La cauci.Sn de la !n&lt;lgn.! ...
ba de realizar su capricho y de tener auditorio que ad¡Tacas, para ahora, que se va á empezar!..·
mirase su esplendidez. Tomó la butaca y puso dos du- ¿Quieres que entremos?-preguntó Ramón ,1 s,1
ros en la mano del hombre del sombrero cordobés, pr'"amigo.
guntándole:
-;No te da asco,
-¿Está bien?
-,,o, por cierto; aní se pasa el rato, y, además, p:r
-¡Pero que divinamente! ¡Me ha costado una~pe,edíamos averiguar quién es ese señor.
ta!. .. Los caprichos se pagan. Salud y que usted ·se . di - No tengo en ello el menor interés. Vámonos.
vierta.
Y apretó el paso, como si huyera de la peste.
Y se alejó á buen paso. Cuando ya,ei, anciano np ,po •
Cuando- Luis y Ramón entraron en la Puerta del Sol,
día oírle, dijo, en alta voz, alegremente, contemplandc
vendedor ambulante gritaba con toda la fuerza de
los dos duros:
sus pulmones:
¡Qué panoli es el agüelo' ... ¡Dos duros por oir La can- ¡A perra gorda, La de~esperaci61i de Espronced,ú ...
ción de la pulga á la señorita Cóhen y ver otras cosas
¡¡A perra gorda!!. ..
por el estilo!. .. Pá mi que es nn emperador disfrazao ...
Y los revendedores repetían por centésima ,•e:,,:
ú cosa parecida ... que va de indmito. ¡Dos duros!. .. ¿Se
-¡Tacas! ¡Tacas! ¡;Que se va á ~mpezar!'. ...
rán falsos?
El caballero anciano, con la alegría del glotón arte
Sonó repetidamente las monedas sobre las piedras
un plato suculento, entró radiante y satisfecho en el
de la calle :i, persuadido de que eran buenas, las metió
S11lón de A ctualidades, á oir y ver La canción de la pulen su bolsillo y se coló en una tienda de vinos, con aire
ga, por la señorita Cóhen.
&lt;lf' triunfador.
Ramón no se había equivor.ado:-~quel anciano era,
En aquel momento pasaban Luis y Ramón por la
efectivamente, El Padrúio.

=

é19IDIJ1º&gt;~eP®RIN,
P'ó f\ ..J6Al)UIN DICtNTA

---

céntimos

lLU) fRACIONt~ Df. A~U:&gt;TIN

�El Cuento Semanal

PRECIOS DE SUSCRIPCION

22~

OFICIHJlS: Fuencarral, núm. 90.--HADRID
,.

.

l

1

.,

JOAQUfN DICENTA

--~

~ . . . , ..~ ~::--~~~~~ .....,._

~

~

LIBROS Y REVISTAS

Eugenio ~oel

Reliquias , sonetos por .\ntonio de Zay!s. ,
lle aquí un noble y Cl'lshano poeta que .,uai d~
en su ~:itro, bien cnstellaJJo y lev_antado, t~,do de
- t· .· •mo la llravura v el alhvo donan e _e
cas 1c1s , .
.
d• ,
\
odo de rel!nuestro glonoso siglo e 01 o . .' . m
, .
caJ"io consena en su retina v1s10nes p1ec11sas
ele perso11ajes V cosas que llegaron IÍ. noso .ros
sólo •í través efe los espíritus fieles del GrJco Y
de V~lúzquez, de Calderón y de Góngora. n _su
decir hay alardes ele odebre que sólo un l~x11o
de extraordinario valor cultura~ .Y un e.scr upu 0
refinado de factura. puede1~ pernuhr. Es, __en sum~_,
i\.nlonio de Zayas, el últrrno poeta quizá que a
Castilla brava quédale de su I)léyade dorada Y
«in par en las epopeyas mundiales.
.
~ Su último · libro-que, primorosamente e_dit~do
por «Paco» Beltrán y con el nombre de R ehqui~g,
acaba de ponerne á la venta-e_s una agru~aCl n
ele s-0netoK en varias partes, titul~das as1. Prólogo, catedral, Liturgia, 11antua_Carpela_na, ~arcli nes Sombras de antaiio, Geórg1cas, Soliloqmos,
~l useo, Panoplia, Plutarco, P arnaso y Arte venatoria. Todos son admi i-.allles.. Y su lectura es-~º
sólo un placer ele dioses, smo algo ed_u.catn o
v redimülor que hace pensar en 1~ unción c~n
que recibíamos en la niñez ¡ay! le¡ana, el bano
inefable y soleJ11ne de las notas que ,el órgano 90rado -de cierto plateresco coro ver~1a )os dommgos sobre nuestras cabecitas casi _virgenes de
desilusión y pletórica~ d~ fe y alegria.
.,
Reliquias ... , ,&lt;;í; reh_qu~as es su "?ombre mas
adecuado y justo. Rehqmas son ?e arte 9.ue
pirarán á los devotos de la Poe.sia éxtasis s~ 1mes y á los demás el respeto que las cosas gianclas y homadas merecen. Zayas qu~da en el troho
de Ja poesía noble, correcta y castiz~.
Alcalá de los Zegríes , novela por Ricardo Leó~.
El autor de Casta de hidalgos y Comedia senltmenlal ha lanwdo á la circulación este nuevo
fruto ele su inromparable pluma.
. Que és ,l lcalá de los Zegries? Es un cuadro
co~umbrcs locales de And~lucía que, transcrito con una fidelidad inveros1m1l y un arte de
novelar excepcional, subyuga y eonvci:ice ~e" qu:
hemos estado en Alcalá de los ~egnes cll.,und
vez y conocemos á todos sus habtlanlc.s. i:-parle
do eso-su colorido local-, la n ove~a es mler~santísima y robos.a vida, luz,. pasión S. mov1mientn. Lo;; dos ri'111jeres que sirven de e¡e á la
a&lt;Tiún so 11 ele uua belleza y un acterlo que conmuev{'n hondamente. El protagomsta está sentido y colocado ante la atención _del. lector, _d e
una manera tan real, y al propio liemp? btan
moderna y bella, que las Lres figuras por si a.starían para consagrar (, Hicardo León c.?rno une~
ct.e los primeros novelistas que hoy en d1a ~1inrd
jan la. rica lengua ele Cervai~t~s . y Lope. . a
de los Zeqríes es, á nueslro JU1~10, la me1or novela ublicada por el joven escn tor y ha_
de figurnr
las bibliotecas todas en q_ue se rmda culio
ul arte tle emocionar, reproduc1enclo bellarnen e
la vida.

Cantidades reeibidas hasla la fec ha con destino
á la suscripción abierta por EL _CU_ENTO SEMANAL,
e11 su número 166, para conlnbmr ~ los gastos
ele la edición proyectada por algunos amigos Y
admiradores de Eugenio :Noel, d,e los valientes
artículos qu_e, bajo e~ título de «~otas d_~ un voluntario», \'Jene pubnrando nuestro queudo cole-

ga Espa11a .',ueta.
,

Pf.}ctas

5
5

Sr,i. í l.ª H. S. R. .
D. F . .\ gramo11t.e . .
» .J. Lorente .... .
» .\. Herllúnclez .. . .
» E. G. Bellido... .
» \V. i\"adal. ... . .
» .\ . .\rcaya . . . . .
u C. :--:avarro . .. . .
» C. l'rimelteis. . . . . .
.
» .\níhal Díaz-\'illagaJTía ..
Ool'io ele Gt..dex .. .. .
L:110 de tantos ..... .
D. Joa_quín Dicenta . . . .. .

5
2
2
2

O25
o'.25
3

1,05
5
2
5
37,55

T OTAL . .

/ :J de _\far~o !le /MU.

~I

Sr. S. ~-

\dce, eJ oota•
a u I om ovl•
1ata 1 dice; -U■
• bio profundo de
ct.,.•cia que no d,. li-da vfa comprea•
tela por el mWldo OD
10

1f:t

.(t"neral, ~ro ~ue , .,..

,r eJl&lt;lt&gt; y predice coa
un.- .;.ertes.a cx.traordlna•

-

J,.. F .-incea.. ~..::b o oburg, de
• e j~ n ta. d ire: - Lo que me•
orcd:cbo ha salido completa•

-

ner.te ~1..)r?"or-cto ea todos 111.8 deaJlc~

c1/

,R

' '

Número sudto: 3 0 cintimos.

A partado de Corr eos 409.
~

,

Madrid y provhcias: Trimestre, 3,50 pesetas.
Semestre, 6,50 pesetas. Aiio, 12. Extra:ijero: Semestre
10 pesetas. Año, 18.
Anu:icios á precios convencionales.

SE PUBLICA LOS VIERNE~ •

~

•. ll ...

AHO íV.-JB de Hurzo tle 1910.-HUH. lSB

i~• t.Tb..1rc. ~•-&lt;••;,..e • dice: -Ua
,.abio d e ;,nme, ,~rden, M.f' Je::,6 tal
v•da , 4ánd~tn~ laa tec:Jau, 101 ea""'
descripción ~~ lá gente J de loe inr:ic"ent~:s qut me h an ocwrlc!.~: y Jo qu.@ me
n•p rcsioo;, •oM ~- ou_~ 1~0 'º qu.. m-e ~
flT~dh.: h.,, y:t -~•

::,o~••no

/tlc,j-e &amp;u..., ¡,u ¡;.ar....,. c-1, ~•nt.a,n.prft-teloe
eontra un ,s.pe¡. m:1nclemc: el hb.preao_
HR~JW con J I\ teoha, )', si e., ooalble, la bora do
~" ns1&gt;imlento; y, múo4omc eclloa de neo por v4.lor de 2 J,taa- por el Importo

--~

del ma pa, eto., que le maudar6. No oJYid=
de wa11J.ar adjunt&lt;&gt; 1111 ..ottre oon au nom

... sus ~eña."·
'

Lo daré nna ¡,1anilla d esu vld.l
tomado delma-.,a. -,ara dem--

LlBRB OB

tra,.· qUt: ::erfe&lt;;ta .,. mi otcucia,

GASTO

llprof. ZJ:!ZR.H, ~º·t8:»~?u8T·

r,

Un Proluor eac,ribe, VD.

ASOMBRA V AYUDA

EL IDILIO DE FEDRíN
Era un soñador aquel montañés. La luz, casi
siempre gris en la :\Jonlaña, las nieblas que desde el otoño á los comienzos del estío la envuelven, habían penetrado el espíritu ele Pedrín, haciéndolo vivir en plena fan1asía, en completo
desdibujó de la realidad.
:"\o solamenle lo que llamamos alma era romántica cm Peclrín; lo eran también las líneas
carnales, el dibujo total del cuerpo.
Su cabello rubio ondeaba, palideciendo hacia
las puntas, como los remates de un sol poniente;
su frente se llloldeaba en forma &lt;le torreón gótico; en sus ojos azules resplandecía el éxtasis,
acenluado por la sombra que hacían las pesla fias. La nariz era recta; la boca de finísimos
labios ; apuntada la barba; marfilefio el tono
de la piel. Tenia las manos seiioriles, el talle
juncal; el andar lánguido, apoyándose poco en
tierra, como si tratara de ser vuelo.
¿ Cómo pudieron fabricar esta criatura dos
marineros aldeanos?
Recio el padre como un trinquete, basto como
una encina, coloradote, por obra de la mucha
sangre circulante en sus venas y del mucho vino
embaulado en su estómago, no resultaba muy
capaz. para tan delicado engendro.
Cierto que la madre fué hermosa. Aun á los
cuarenta mios, con todo el mal traer de su jornalero vivir, conservaba r estos de aquella su
hermosura. Por hermosa reinó en bailes, juntas y montañesas r omerías. De muy largo llegaban á requcbrarla los galanes ; más de una
_ca'beza quedó ·rota en su obsequio; no pocas
veces oyeron suspirar por ella olas y praderías.
Pero así y lodo, no ajustaba la belleza fuerte
y opulenta de la madre á las hech uras del hijo
que parió.
Los pescadores viejos recuer dan que allá, un
año antes del nacimiento ele P cdrín, vino á la
aldea cierto sefiorito rubio y flaco, que pintaba
sobre cach os de lienzliJ las monlaüas y el ma r.
Pasába:,;' las horas muertas encima dé las rocas, sin 1ablar con nadie, puesto oído á los
r umores del Cantábrico y ojos á las variaciones
del cielo. Buen sujetó por to demás, pron to á
copear con cualquier marinero, siempre que no
charloteara mucho, y á hromcar con las mozuca.s,
siempre que ellas fuesen bonitas.
P uede que el arribo del pintor, el •donaire de
la montafiesa y el cómpu to de meses y semanas
y días, expliquen el porqué material y moral
de Pedrín.
Valga añadir que P edrJn nació á los siete meses de casados sus padr es, y q ue el pintor, antes ele aban.donar la aldea, regaló al padre de
P edrín una ba rca.

:-,.;¡ esto es murmurar, ni traer honras en lengua. Es, sencillamente, buscar motivo á las líneas físicas y espirituales de un varón.
Destacó Pcclrín, desde pequeño, entre los
mnos del lugar, como destacaría una rosa té
entre un manojo de rosas encarnadas. Y una
rosa té parecía el infante. Como flor Jo crió su
madre.
Ella, que á sus demás retofios los trataba. igual
que á los suyos las otras pescadoras, tenía para
el prunogémto delicadezas exquisitas inverosímiles ternuras. Trataba á Peclrin con ' dulce respe_to, casi cou unción religiosa; tal que si fuera
criatura celeste _regalada á ella, en noche de
amores, por un d10s.
¡ Y quién sabe, quién sabe si no sería en la
memoria de la montaüesa algo como un dios
el pmtor ele los cabellos rubios! ... ¡ Quién sabe
s1 _el paso por la :\lontafia del pintor, su requerimtento á la moza, su conjunción con ella, no
s1gn1ficarC?n para ella aventura jupileriana, de
cuya realidad era pr enda viva el chiq uillo ojos
color de cielo y pelambre color de sol!... '
Lo cierlo es que ella veneraba á su cría como
al propio :-,.;ifio-Dios los marineros en la iglesia
románka. '.\o cambiara el humano por el celeste, aunque el celesre se volviera ele carne, y
ele oro la bola que pelotea ~ntre sus dedos.
De hilo finísimo eran las mantillas del mamón·
de bayeta. suave los pafiales. El gorro con má;
cm tas. y ringorran gos fué escogido en la tienda
para el; para él la más buena capa de cris tianar. ¿ Qué más noble empico á unas onzas
15ua!-'cladas por Teresa en cierto bolsillo, cuyas
1mcrntes no eran, precisamente las del padre
oficial de Peclrín?
'
·
De limpieza no hablemos. P or nada mudaba
y remudaba á su criatura, lavándole el blanco
cucrpecillo cun jabones de olor, empolvándoselo
de alto á bajo con polvos finos, «de los que usan
para blanquearse las señoras".
Cu_anclo le ponía á su pecho, cuando Pedrín
len15ueteaba en _los carmines del pezón, era la
rnuJer toda sonrisa; toda beatitud cuando el nifio
sorbía el jugo maternal; toda silencio cuando se
dormía haciendo de la te ta almohadón. Al depositar al _111ño en la cuna quedaba en pie ju nto á
él, perdido en el a ire el mirar, en treabierta la
boca para da~· escape .á u n suspiro.
¿Dónde iba el suspiro? A trasponer el cerro
que oc111ta la estación, á viajar sob re los car riles por donde él buyó, por donde huyó el tren
que le llevaba.
Que nadie molestara á P edrín; •ni la luz en sus
suei'íos, ni el a ire del mar en sus despertares, ni
el menor disgusto en sus velas.
De pegarle no h ablemos. La ma d re nunca lo
hizo. El padre . . .

�Una vez, ya tenia Pedrín cuat:ro aiios, el padre, en justo castigo á una diablura, se fué para
el chico con las manos alzadas.
-¿Qué vas á hacer'?-dijo ella.
-Pegarle-respondió el marinero.
-¿Pegarle? ... ¿A éste?
- Como á los otros, cuando hacen cosa mala.
- A los otros ... bueno. A los otros pégales, si
quieres. ¡A Pedrín! ¡Pegar á Pedrín tú! ... Vaya,
l\lon('ho, de por fuerza que bebi,ste hoy. A éste
no le puedes pegar.
-¿Por qué'/
-l\1ejor cuenta trae pa loo dos que no diga

el porqué. Echa las manazas abajo, deja en paz
al chico y comamos, que va á enfriarse la puchera.
Mancho no pegó á Pedrín; no intentó más pegarle.
Desechen mis lectores la idea de que Teresa
era mujer excepcional, tipo de novela romántica.
No hay tal con cien leguas.
Fuera parte lo relacionado con Pedrín, igual
era á las re tantes pescadoras. Como ellas vivía,
como ellas revendía peces en los pueblos del interior, como ellas juraba, y tebín también como
ellas. Con ellas hacía corro en la plazuela los
domingos, con ellas murmuraba y con ellas limpiaba el fondo de tas cestas y la barriga de los
peces en los escalones del puerto.
Sufría resignada las palizas de Mancho cuando
el marinero estaba borracho, y aceptaba sin rernCTrnmcia sus caricias cuando estaba acariciador.
u.u al tratarse de Pedrín se transformaba,
se transfiguraba., convirtiéndose en criatura de
elecr.ión.
¿De qué suerte explicar este cambio?
A realizarse la leyenda jupiteriana, á ser cierto que un dios había pasado por Teresa para de-

leilarse con el dis[rule de su virginidad. la explic11.ción no sería difícil.
l'n beso del dios había quedado prisionero e11
aquel alma ruda. Cuando aquel alma se ponía
en contacto con la pr·encla viva que el dios la
dejara como recuerdo de su paso, el beso celeste, la divina partícula se dilataba, se extendía.,
se apoderaba de tuda la mujer hasta convertirla
en un cacho de la divinidad. Ya no era ella. Era
el mismo dios, e11carnado en ella para acariciar
y proteger la existencia de su hijo.
Y aun no siendo verdad, aun r:o habiéndose
realizado en la pescadora. la avculura jupiteria-

na, bastaba al milagro que fuera cierta la histo:rit.
del pintor.
Acaso un beso de él quedó agarrado al alma
de ella. Este beso se apoderaba de toda etia para
divinizarla cuando ponía ojos y boca ~11 el hijo
del que partió, del que no volvería nm1ca ...
II

Vivían los padres de f'eorín en una casuca
apartada de la aldea como trescientos metros.
Solitaria se alzaba entre unos peliascos donde
rompía el mar. En !o,¡; peñascos hacían nido las
gaviotas; en la rasaca revoloteaban Pedrín y los
hermanos de Pedrín. En la misma ola donde hurn~decían las gaviotas sus alas bañaban los chiquillos sus pies. Los hermanos de Pedrín tiraban
piedras á las aves cuando volaban cerca de ellos.
Pedrín las dejaba volar en paz siguiendo con
los ojos su viaje.
r.1uchas veces se alejaba hasta de sus propios
hermanos para dar vuelta á los pefi.otes y avanzar por el acantilado y tomar asiento encima de
una roca tapizada con musgos. Sobresalía esta
roca del mar durante las bajas mareas, y se hun-

�clía en él, poco á pocod, hf;t~iir~:~~:~~~i~tr~
riws de espuma, cua11 0
plt;!~u~. sitio muy peligrosodPªl'.!r~f!i~~spitt~~f:
dos. Lle aht que Tel'esu an ~v1
d . o
lunle puru cvilur tas excurstun~s de.foe ~~1drín
lle poco la valia. Al menor escm de muscro
se escurría s\lenciosamenle ptor ~s~tzde la roc°a.
l a!Ja asiento en la pun a m
f'l
to1~~a ella se purllun las olus como ~onl~! ~~r~~
de un hacha silexiun~. Rotas sefu1anl de cr~cle la piedra paru monr en una p ayue a
º

1j

jarsrot,s.. la roca pasaba largos ratos Pedrín, inu Ie
. . d en el mar con los
móvil como pi,euru, s1gu1e11 .º el es¡)a~io el de
• . 1 ·ueo·, cte las Uo'UUS, en
?¿~s;,L~t,/-,. L.~s vielltus ºrna!'iuos vulviuu sus ca!Jcllo,-; nirót1.
.
nella postura no
C11n11du ~u tnn(~re le ve1_~ en·Í1~ule á liru11uzus
lleg ti.Ju á é\ gnlu11du,. a11 u11&lt; distu11cia quedul,a.
1
&lt;l~I ,;iti,1 pel1grusu. ~u ~¿~c~ ~outra el pecho, sus
Su calJeza tata me ~11c
hu!"1edecidos por el
ujt1s se ulznlJuná S?t1udul~~~ul que su Pedrín quee,;!Jozo de dos 1 gr)mas. ,'? ' 'é
asa!Ja el pinria á la roca el pintor.. 1 am!J1 n ~
inmóvil
tor horas y hor_as encima lle la igca, TambiéJ

ftss~i~í1~~ose~/\aJ~~f~ c~~1~~~tfn ~~ ~rón su melena.1 b
J'a de su éxtasis Teresa y avanzaba.
pd; efveºrJ: {apiz. 1pa de_ pun~i~ª~•u~ºcs~ti~P[¡
nas el musgo. con os p1e\odeaba con sus braviera,
zos, y llegaba.á¡udnllo
arrurn; 11 o e áde~\l1ento' sosteniéndole en

ga. Ofrecid~ es por la bija del mar á los monstru~s guard1ines.los marineros. Por eso no lle13le11 lo sa en
. t 'á la roca· por eso no
eran con sus barcas JUn o .
' .
1
tirun desde ellab sus 6ªf~~%opsi/!f1~ªs~~ ~e el tril\Iás de una arca
á d un pescador
pulan le tor~asebá apareecnef l\yl a~ra~trado al fonfué allí cogido ruscam

e

doNdoe ,l:~1ª1ii::;;~ral quien eslr11~ l°E~~~~;ij~odee\
la marea quien trag8: al ~ez~cam~l&lt;lilo! No ha ele
mar, es su abrazo. ,AIJr ue ao'aJ'k&gt; con la vida.
ser más qu_e uno,¡ y hadya qde la "roca alfon1JJrada
Ahí tenéis la eyen
con musgos.

III
Peclrín fné ú la eRc11~lu y a pre mili? pronto y
l' ense1wr el mue:; 1o.
IJi.!11 ('l]□ nto po( 18
'
mbre de espnliolas alEra éste, rontra, co:3 1u mác;
eo 11 trn cost umclens, un bnen prof_es~lér~as 1~1.ilrables y gozaba
bre lnmb1én,. pose1a
en un lanchón de pesca.
de roRa propia y lde par~~ilían no hm:er hiucap(é
Eslos bienes e ge:
este no hacer hinca_p1é
en alrasos de sue1 01, ':/ aba á no surrir ias 1men los haberes le au ºl1tenérselas tiesos con él,
posicion_es del. crd Ylos ediles y el alcalde. De
sin eno¡o oficia b' e nos de corresponder con
algún modo abh~1 t1~r epor cobrado lo nunca resu¡elo que s a.

vilo, ponía rumbo á la c~a~~caPedrín-exclamaba
-La r·oca ~s ll')UYd n u'' huy una cueva. En
la madre-.. Deba¡u e e ~ca más mala que la
esa cueva vive uuü rnu¡~r
· namente como

1
fJ~\ri~;S P~S~ttr:

l~:

11c~a;_'iC~a1~~i~
~01~~ ell; ~~s
y sale d_e su cueva Y cogei\~c; ¡~~ r~~~~!n á salir.
lleva b1,10 el a~ua, {a:~;e~~ p~esta al alcance de
Era la _leyen a n ',
. mozo la supu entera
la inínncr_a_. Al serdI edl ri~"IO á sirrlo de generacomo ha 1uo pasan o ce o
"
'
ción en, g~1eraci~~ae~~\';1~º~nª~\~~~\odo nácaDeba,o e a r ..
, l\aclie ha podido entrar en
1
res, corales Y P~ ª";,..1 ntescos pulpos y cuatro
él. Lo isuarda!1 os o o . r 1 os pulpos chupan
hol'riJJles ara nulas. de ma . rofanar la mansión,

"¿

la sangre al que '.a11ten~~ ~arne y trituran sus
las araiiotas muer en
d él
lrnesus ;,.:do q~~~~10r~~i~a ina mujer. Es la hij~
Dentro e .P"
é no liene dos h1mala del Occ~no. ~'crqu~ e1 0 \;ndades del mur;
jas, una que smlell1zda lo:u¿:spl~~fidias. Su grandeza
otra que resume o as
la i·eparlc~ l~s d?~· la hija mala del mar. Su cuEn el paiucw ,1ve. esmerolda. De alga, resetis es blf,_nco, su PU[Hla 1 matiz de sus cabellos.
ca poi· a1l'e:; Y sol~s, es e
los ramas de coral,
Sus l•.JI.Jios so11 ro¡o~ como e con nácar de las
sus die1•tes blnncu_s, herhos
arrranta y sus
1
0 08
marinas car-ut: \ d_IJ1~ 1~18~~•n ~10 ºse v~, se enhombros. El reds o 1aua por el sombraje ~e las
trcvé. Esfuma o se
ug11as lem~lunas.
e á los marineros cuanrl?
Esta n1uJer se apa;1:e~ cuando están solos enc1ra II solos en su ba1 ca
ma ele la roca; U s llamándoles con dulce voz,
Se u parece u e o.
a En sus ojos relaropacon palabra_ reclam~do_~ . sus labios palpita el
guea el ansia de gozabr' ~natr¿ye11tes, brindando
beso Sns brnzos se a re
el di~írute lolal de\?~e~rº~astrado va al fondo del
El abruz~ es ámolr d bruzos tentadores se entreOcéano quien
os

1

f

cibido.
l'l d
pedagócricas y sus
No obstante sus a_p 1 0 e~le al pr~esor sacar
nobles deseos, érale ,mpos1
fruto de sus educandos. odían con un remo (y
En cuanlo los ch_icos P s )odres á marinear,
aun sin poder), pom~~leE;·upobre el vivir pesca.y concluyó la esbeue ·s hacen falta para. echar
dor; lodos los razo
&lt;
avante la puchera.t
toleraba sin protesta las
Filósofo el maes_ ro,
prematuras deserc10n~s. que ciencia-deda don
-Antes mantenencm
Julián.
d
mantenencia era la
Como al reclamo ~ 1
'huir su hacienda
fuga de discípulo~, rdeJáb~lol~s padres el jornal
no bastaba á sal1s acer
ía necio don Jude los chicos. No basdla_nd1r~~~ión en li:-ibunales
lián, ha~r alegatos e ms
de hambre.
t mura maternal á
Pedrín. rescatado con 1 edel remo fué para
la servidumbre del lan~hó y sin hijo;-, no su
su maestro-hombre yrndo al. acaso andando
discípulo, su cnatura mle~e u el ' maestro, sería
el tiempo, cuando _1ónu~~ la escuela de marinePedrín su prolongac1 n
rillos chur~elosos. 1 a· cípulo pagaba con esplenVale decir que e is
Era aplicado Y
O
didez los afanes del pedaR~g c'omprensión fácil
bondadoso por ~tremge aprender ganó pronto
y con voluntad rme
ron to la envidia de sus
el primer luga.rE y mfs Ro diferencian aldeus y
condiscípulos. n es ºiras al que sobresale, se
ciudades. En un¡s { 0 sere~. y hasta de las cole odia. Es ley ~ os á de~ir i Vaya usted á
sas, me atreven~ y1e las pi~ámides los guare
saber qué pensarun
dacant&lt;;&gt;nes !
p drín con sus delicadas ~paGrac1as que e
'
uñas. El vivir libre
rienc1as, era de b~en~~rl~leció sus músculos;
por rocas Y arena s día r encinares Y mael vagar á solas noch_e y . &lt; ~sible al temor.
rinas covachas, le hizo mace e softl á solo, por
De ahí que en las luchads~sª soliera. llevar la
'dia provoca n ,
razón d e env1
d le embestían en grupo,
mejor parle. Cuan o
·

ª

i

f

dábanle ayuda sus hermanos. Y éstos era11 brutos, pero fuertes lo eran lambién. Viva. imagen puros de su madre, vivió; el espectáculo que le
ofrecían á diario olas y nubes, mar y cielo, le
del Moncho que los engendró.
predispusieron á la quimera, al sonambulismo
De lectura, esrritura y cuentas estuvo al cabo en
vigilias.
pronto. A más de geografía, historia, agricultura
Pura él eran voces moduladas en garganla.'3
y su miaja de física y química, aprendió algo
de bellas arles; lodo ello en nociones. No al- de curne los rugidos del oleaje contra los peñascanzaban á más los recursos educativos del cos, los desgurros del viento en las encinas, los
suspiros de la brisa entre las hojas del maíz;
maestro.
Lo que sí aprendió cabalmente fueron el rran- seres vivos los monstruos que fingían las rucas,
cés, la 1€y de comercio y la teneduría por par- las imágenes que sobre el espacio recor1aban
las nubes ; los fantasmas que entre los árboles
tida doble.
A estas úllimas enseñanzas debió su ingreso dibujaba la noche.
Cuando tuvo veinte años y fué libre para usuen el almacén ue don Urbano.
Verdadera arca de Noé, era aquel almacén. fructuar la biblioteca del maestro, topó en ella
buen golpe de libros, favorables á su moHabía en él de todo, hasla libros y polvos de los con
nomanía.
dientes. Dos superfluidades, dos lujos, dos vaGran aficionado el maestro de romanceros y
nidad-es comerciales. No existía memoria en el
almacén de haberse despachado un libro ni una poetas, ostentaba en su librería las biblias más
purus del romanticismo literario. Habíalas en
caja de polvos.
Don Urbano, excelentísima persona, dió aco- prosa, en verso, y en las dos cosas á la. vez,
modo familiar y sueldo decoroso á Pedrín. Pron- para elección libre del neófl lo.
El neófito no escogió, leyó, devoró todos aqueto llegó éste, por méritos de su honradez y de
su entendimiento, á ser el jefe de la tienda. y á llos libros, y se hizo á vivir con la imaginación
cobrar treinta duros mensuales. Un Perú, para el mundo falso que los tales libros mostraban.
¡ .Mundo fantástico, poblado por héroes sobrelo que supone vivir de hombre solo, en aldea de
la l\lontai'ía.
na.lurales, por heroínas antihumanas ! ¡ l\Jundo
Loca estaba. Teresa con los progresos de pe,. de ficciones, donde sólo era mentira la realidad!
En ese mundo quería, necesitaba vivir siempre
drín. l\Joncho le miraba asombrado.
el mancebo.
-No paece hijo mío-exclamaba-. A mal penViviéndolo, vagaba por las cuadras del castisar, diría que no lo es.
-A cualquier cosa llama éste mal pensar- llo ruinoso, interrogando á murallas y ojivas,
trepando por las rolas escaleras de caracol á la
murmuruban socarronamente los viejos.
A lo inteligente vale a.fiadir en el mancebo sus torre del homenaje para recorrer desde ella., de
prendas físicas y la natural elegancia con que una sola ojeada, tierras, cielos y mar.
Todos los minutos de su vida diera él por ser
llevaba. la ropa, limpia y bien corlada, como
hecha en la ciudad. Los saslres aldeanos sabían un minuto siquiera duelio de aquella fortaleza
de más con sal&gt;cr de blusas y camisotes de fra- en sus· épocas de esplendor.
¡Con qué arrogancia clavaría en lo .alto de la
nela. Los panlalones se recibían hechos en el
torre el rico pendón seiioriall ¡Cómo bajar/a de
almacén de don Urbano.
Claro que, á mozo de tal mérito, le hacía re- Ja torre acompa1iado de escuderos, pajes y homclamo todo el femenino solterío. Reclamo inútil. bres de armas al recibimiento de un rey que llePedrín, como si no.
gaba á pedirle ayuda para guerra de moros!
Aquel románlico de engendtadura había acen.. ¡Qué dulcemente, allá, en la noche, terminado el
tuado con el transcurso de los años sus cuali- yantar, se recostaría colltra el sillón gótico, la
casi ella na sobre el brazo, el neblí al hombro y el·
dades privativas.
lebrel á los pies para oír los romances de algún
El aislamiento en que, por carácter y por re- viajero
trovador!...

�Marsilla fuera en los amores; en las batallas
Cid, en los torneos Quiñones, el del Paso; en los
trovares Santillana, en la privanza de monarcas
un don Alvaro sin degolladura.
Vivir tales épocas, ser uno de aquellos caballeros, y, sobre todo, poner pasión en dama más
6 menos sujeta á malicia de encantadores 6 á
hierro de tiranos, ¿qué mayor ventura para él?
El nació para vivir tales tiempos y aventuras
tamañas.
¿No era en lo físico idéntico á loo personajes
de leyenda? ¿Por qué no serlo en la realidad?
¿Por qué no contenta la suerte con equivocarle al
nacer la cuna, equivocó también la fecha de su
nacimiento?
No trato de pescadores y pescadoras quería
él, ni aun lo apeteciera de mó.s altas modernM

¿Por qué iba á ser la leyenda mentira?
¿Ha recorrido alguien el fondo de los mares
para saber Jo que en él existe? ¿No será ese
fondo otro mundo dentro d-e nuestro mundo?
¿ No habrá en este mundo seres como los que
la leyenda describe? ¿No pintan mujeres así
los poetas en sus poemas y romances?
¡ Qué saben los hombres de lo que hay en las
entrañas de la tierra, en los seno.s del mar, en
la vaporosa matriz de las nubes! ...
Y si no lo saben, ¿ por qué niegan realidad á
las criaturas legendarias? ¿ No será la pintura
que de ellas hacen los poetas algo así como el
fruto de una revelación divina? Quizás; al fin y
á la postre, los poetas cosa divina son.
Acaso los simples de espíritu, los crédulos, los
ignorantes, andan más en Jo cierto afirmando

~f:Era%~~~~e~~
!~tr/~~eoj_os. Inútil esperar. L11
gran nadado
na aparec_er.

en la aldea. Ni bu[ a.el mozi:i. Nadie lo ganaba
. sistiendo hallaba igu~tii•1i1 avanzdando, ni reCierta noche d 1
s pesca ores.
roca. Sus ojos in~er~~! eS taba en pie sobre la
paren tes, brilladoras cg~ª~nál i~~s d~gufst tr!nsel f!)ndo creyó ver una figm:a blalc! ªii llá
g~s%~• que le llamaba con los brazo~ yg~~

etit

~f~ t~1~A

~fX{i~j~~n~~sepr~~itTt~ rggi~aq~i

ag~~e~~~!~ f~~a~e~~a~on los remol_i~os que el

ªJ

pone la tradición el pJf~cµegj
s1t10 en que
1
amor con la muerte.
~
on e se paga el
Es lugar espantabl • ·
.
estrépito de las olas \i:n~~~rr;pre terrible en él el
bren peñas con forma d : espuma se descuCuando se abren las a e ocas y de garras.
aquellas rocas profundidagdueas, myestran entre
B
6 l
s asesmas
uce e nadador y entró abism b. .
.
los los ojos, puesto el ru bo h ~ a a¡o, 8:bierlesca hendedura.
m
ac1a una g1ganA. un lado y otro de ell
-6
.
verdes, amarillas ber~ yi co{tmones de algas
natu_rales, que al movi~/:,S¡ dord1ados tapices
corrrnn y descorr·
n
e as aguas se
entre ellos pasab~;i:1ta~;ié~l~e fllos pasó; por
bles, que dejaban entreve
• es iezuelas horricn forma de tijeras tentá~ ynas peludas, bocas
sudor negro y pestilente. u os que sudaban un
La rotura hace g ¡ ·
•
Lejos, muy le. os el eria _a~1erta sobre el mar.
fosforosa, brtjesca
d!Slmgmó una luz vaga,
canción llegó hasta. su
0como el eco de t1na
¿Era canción? . E
·
grietas del rocaje:¡ ra rumor de agua entre las
No lo pudo saber El · l' t
su voluntad Je hizo d ms m o, más fuerte que
peñotes pa~a. tom~r ii::;_ un talonazo contra los
m~nte á la superficie ~4s~ Y volver rápidafixiarse.
· s ª a á punto de asCuando respiró c
d
de la roca vió en ~llau!n o pudo mirar á lo allo
los cabellos y grilaba
~oad~c, que se_mesaba
-¡Pedrín!. .. ·1Hi¡·o m1·01 z ·Peeadn15us, tia:
Aqu· t
.... 1 rrn
- Q i es oy, madre- respondió
.
-¿ ué has hecho? Q é- h
·
mó la mujer cuando ·1 ¿t u
as hecho ?-excla¿ ?or qué bañarte e_? uvo entre sus brazos-.
vive la hija mala dei8h1.
mar..,¡....¿ No sabes que ahí
¡AY, madre'-repuso él
.
gañes y viva/ ·
-. i O¡alá
no te en-

de cien hombres de armas d'ó
ma, mientras huía el
' i c_ara á la morisa.rmas y Téllez muri:i,ey. L?s c1~n hombres de
mole.
on Sm ce¡ar. De ahí el
Otro Téllez inquisido t d'
herejes á Ja hoguera r, an iestro en mandar
chillar moros
• '. como sus abuelos en acudejando á sa1vl11r/:~hª~:·gre~tauró el edificio,
para lo demás el domin. d ~riosa Y decretando
bre de gusto y con bo~ e pla\eresco. Homlran_sformó la viviend
as. herélteas_ á mano,
Envidia fué ella de rey!s en Joya. arqullectónica.
es hoy ante la. cual ha y prmc1pes; .maravilla
queólogos.
cen reverencia loo arLos Téllez no cejar
t
.
se rindieron á la usui~
eb!a morisma, pero
P'.11acio al pago de unas
~ teron de ceder su
n1 el rico y antiguo mo1~i- as: NaFda se salvó ;
Téllez á vivir casa hum·ld i 1ar10. uéronse los
cautó de la solariega. 1 e, Y el usurero se in-

aªi

Con su familia la hab'tab
para alquilarla en los i a durante el invierno
!adores que no repara;e;eranos, _s1 había alquiAque1 verano t
en prec10.
jeto con trazas d~v1d~- ~nfa dalquilador. Un sumo llegó á la aldea
im_s ra or ó de mayordofirmó el contrato ':: avistó c~n. el prestamista,
«Entrégueme las' Na~ó los antteipos Y. diciendo:
Yendl'án cuando así 1 ~s, los nuevos mquilinos
taló en la fonda si~ ¡uzgluen oportunon, se insenptablar relaciones c~n~~re:3¿~~ :ignadie y sin
or la firma del c t
una.
llevaba á la fonda on rato y por _las cartas que
nos que el arrendat:~iaatro suprnron los vecidon Bruno Hernánde e mn:ueble s~ llamaba
el fondista y los criadis J~rr¡b1éd~ supieron por
:mraba á diario u
e on ista, que se raprano en el dorm1r ;
pare~ en el comer, temnes.. De ahí no pasaron ami1~ _de conversacioClerla noche o er
s no icrns.
doso de bocinas y E~nefs ald1anos ruido estruencon el camino ~ec:i
empa me de la carretera
distanciadas de dosn:A ~parecieron cuatro luces,
zaban con avance v t' _os. Aquellas luces avancinazos y acompafi!~aigmosod, precedidas por boEran dos
t
. s por etonares sordos
atravesaron ¡~u c~móvile~. Llegaron á la aldea,
casa de los TéllezU~lar.,a Y pararon frente á la
Bruno, llave.s y F~ég~l1s~ prrta aguardaba don
Del primer t
• n
mano.
señoril._ De s~ui~~~:~ ~8JJa u~a dama de porte
v~elta iba de los pies á Jo h b pudo ver. Enpllo ropón Su r tr
s om ros por un arnde encaje..
os o lo encubría un tupido velo
Tras la dama apa e .
.
Mujer vieja debía sfr ci 6. una figur!ta encorvada.
se, que también ropó~ sm qr pudiera asegurarIV
En el se11undo a t Y ye O la embozaban.
. La casa de los Télle
¡
·
dos mozas; indud~~~óv11¡ venían do~ mozos y
hrpe que tenia sus ~• so ar famoso de una es- con los mecánic
men e eran criados que
de Cantabria se a1J:aª~~esp el _los propios duques
Guiados or 1::8' co¡np?nian la servidumb-re. '
De la fábri~a . r xima al castillo.
• naron todo~ me~~ ~~eviimente encendidas, gade muralla ado!!:;_1r¡;ativa sólo restaba un lienzo rró don Br~no el
n r:uno, )a escalera. Cey con un portón
co~ tres ventanas ojivales nicos en la cocher portalón ' . metieron los mecácampeaba el blasón ói~~oT~f s puro. Sobre él nimien to único de ªci~i~;ehi1ul~s .Y ft1é enlrete8 e via¡e de las samcorona ducal En I
ez, rematado por bras que la luz r
un gavilán s~s ala~s irugaríleles del escudo abría ios balcones plafeils~~aba sobre las cortinas de
un castillo y se adel' t ª sus cuatro almenas
Pronto, ni esa dist s._6
do por el turbante
una mano sostenien- nes cerraron sus hojacct n les restó. Los baleomoro. El otro cuar
e
eza cercenada de un la lunar ni más
as Y no hubo más luz que
roto cerca del puño tek o_stentaba un mandoble por las c~rnisas en se1mblbaraós que las proyectadas
s n secular de los Téllez.
mote_: Morí; no ceii a¡o el puño se leía este
Fue este cuartel d d á
V
f~nso en memoria d~ o blun Téllez por un Alvirtud salvaron el re no l e hazaña, por cuya Laura
Que era
muy
herrn
y u
osa 1ª dama, que se llamaba
boscada de los morof Fy osásuyos de una em- los vec·iR~.e
poseía gran caudal, llegaron á saber
. ern n Téllez, al frente

°

g

1?Ji~

~!fa

ci~

personas. Damas y caballeros del XVII para
atrás debían ser sus pares.
·
A buscarlos iba tras las murallas del castillo;
evocándolas, recorría torreones y cámaras á la
hora de la muerte del sol. Puestas en cruz las
manos, pedía al astro moribundo que se las
brindara en el marco de oro formado sobre la
muralla por sus rayos postreros.
También perseguía aquellas imágenes en Ja
iglesia románica. Allí estaban aún. Sólo que eran
áe piedra.
El las revivía, ayudado por la semisombra
que proyectaban los vidrios de colores. Hablaba
á los caballeros y las dam,a s de mármol. Muchas
veces, tras de interrogarles, hada una pausa y
quedaba inmóvil, con el oído atento, aguardando
la réplica.
Pero ningún sitio más de su preferencia que
la roca alfombrada con musgos.
Desde que oyó 1a tradición y le fué descrito
el palacio habitado por la hija del mar y los
encantos de ella, su ansia consistía en que la
hlju del mar se le apareciese.
Que aquella mujer sólo era cuento, fábula de
ancianos á la luz de la lumbre, canto de nodriza
al borde de las cunas. Eso afirmaba la razón ;
pero la razón, ¿ eslá siempr-e en lo cierto?

esas tradiciones, que los sabios y los incrédulos
negándolas.
-¡ Quién sabe!... ¡ Quién sabe! - repetia el
mancebo-. Para mí, la hija del mar existe.
Esa hembra-diosa de ojos verdes y labiós coralinos-existe. Brinda su amor á los hombres,
no para matarles, para premiarles con su amor,
si son bravos, si vencen á los monstruos. Ella
es su cautiva. Quien logre libertarla, logrará
poseerla.
A la. roca iba en las noches de luna por si era,
bajo la égida poética del astro, cuando hacía la
hija del mar sus apariciones; en las obscuras
noches por si, devota del misterio, sólo en el
misterio y en la sombra s-e quería entregar.
Iba en los días de aguas serenas y de cielos
tranquilos por si en el plácido espectáculo de la
Naturaleza buscaba complicidad para sus perfidias.
Iba en los días de mar bravo y horizontes plomizos por si el disfrute de la hermosa sólo con
peligro de muerte podía conquistarse.
-¿Por qué no he de verla?-se repelía siem·
pre--. ¿ Por qué no viene á mí y me llama y me
tiende sus brazos? Yo iría á ellos, aunque ir á
ellos me costara dejar de ser...
Y esperaba, esperaba siempre que la hija del

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era grnve,. ú nn tiempo despólira '! dnlre. Su~
Del caudnl 11teslig11abnn el 111.jo de su tren,
cabellos porerían helJras ele r·aulla, suellos, pos
lo rico y vade, de sus trajes, las ¡oyn~ qni,nrr- &lt;lían ronr1111dirse con las matas de algas reseca
día en sus orejas V en s us dedos Y os d e_ es por el •viento y el sol.
•
que don Bruno cambiaba en el almacén e1s1m. Fuera parte' su nombre, su belleza y su lu¡o,
pú.tico don ürbano.
nada más pudo saberse ~e ella.
. ·rr
Su nombre, ella lo dijo. Su hermosura, con
Don I3ru no era i11acres1ble á preguntones, 'ºua1
mostrarse la pregonaba.
.
d
la vieja sefiora, parienta pobre a~aso, tal vez
Alta sin exa,1eracio11es, esbelta. sin ílacuzi, e dama de compaiiía. Esta senora iba con una
manos blanca~ y de pies SNl}Ofll~sefect~ enª~~! de las sirvientas á la compra cliaria. A s~ ~arB~
gracia y ma¡estad á la. vez. J _un 8 d anes ni andaban los pedidos y las cuentas menu a .
líneas, ni una afectación en :sus • em
l'd
graneles se ocupaba don l3runo. .
.
?
una mancha en su c11tif• de valencianas pa J e- 1as A uién diricrirse para hacer ave11guac1ones.
ces. Sus ojos eran verdes, profun~os, so~rreg~
,X lo~ criados/'También era inútil. ¿.l'~r gne los
¿ . dns de Laura conslituían en el gremio inverodos Por negras y torcidas pcsluñus • su na dz,
.
b'
modos
ramas
ecocna
,.,
•
griego ([ibu¡o; susbl1a ius, ccºmo la espuma de las simil. excepción?
á
·u
r "l ·, sus dientes, ancos {!
.á
S
oz
No Por otra causa m s senc1 a.
""
·
olas.
su piel tenia 1os refl e¡os del n e. ar. · u. v ·--

Ir:
1

,,..."

., .
' . '..

1
,.-

Los mecánicos eran alemanes y sólo hablaban
alemán; de los servidores, uno era también alemán, ingleses los reslanles.
Como en el pueblo nadie conocía estos idiomas-ni el maestro, que hablaba solamente frar1cés-, N:'Sulluba imposible todo lingüü;lico comerr-io cnl r e forasteros y aldeanos:
En íuerza de bondades y esplendideces se hizo
perdonar LauJ•a el misterio que rbdeaba á su persona.
Ya es conseguir en una aldea.
Téngnse e11 cuc11ta, á beneficio del milagro,
que Laura no regaLeó una cuenta jamás; que,
pur el servi&lt;:io más leve, duba un par de pesctu.s;
que no había chiquillo á quien no fériara golosinas, ni grande á quien se negara á proteger.
Socorría á lus pobres; era con los ricos cortés;
con todos generosa. Los mismos beatos no hincaban diente en ella. Cumplía con la Iglesia y había regalado mil pesetas al cura para que comprase un manto á la virgen. Después del regalo,
¡,qué bea ta iba ft traer á la donnnte en lenguas?
¡ 011eno se hubiese puesto el Padre! El podía no
comprar el manto; pero ¡permitir que murmurasen á la donadora! ¿Para cuándo las excomuniones?
. .
Gusl·aba Laura de pnséar junio nl Océano. Escalaba. las rocas, perseguía entre ellas los cangrejos; muchas veces se _descalzaba y remangándose IÍMlc1 mectin pierna, entraba agua adentro á
la ca pi ura de crustáceos, á la busca de percebes
y lapas.
Para sus paseos elegía los sitios solitarios.
En ,más de una o,casión pasó frente á la casuc.á 4e F.'ed(ín y_Iué á s.entarse, con un libro abierto ' enfre· llls manos, sobre la roca tapizada con
m.usgos, en el sitio dond13 la roca dibuja ancho
sfllón. de piedra.
Era este sillón el de Pedrín. Laura no ootor. baba en'tonces ·a i. mozo: el mozo fué á la ciudad

antes de venir ella. A compras y negocios del almacén le envió don Urbano. Quince días llevaba
por allá.
Otro capricho de la dama, que llamó la atenC'ión grandemente y fué mo1ivo de chismes, asombros y murmuraciones, fué su ·manera de bañarse.
No le placía ir al balneario á meterse en una
caseta y á snlir rorrienclo por In plnya pnra ser
espectáculo lascivo de hombres y chismorreo de
mujeres.
A ella le gustaba bai'iarse mar 11de'ntro, &lt;londe
el pie no halla fondo, doncle las olns son mont¡:if1as que oscilan y p11ciai1 s in romper, llla ndamente. Flolar sonre ellas, acostarse en ellas entornando los ojos, dejándose mcrer como en una
hamaca. Así es como ella quería dn r su cuerpo
á los besos del mar, no manchando la entrega
con salpicaduras fangosas.
·
Para conseguir su propó~ito había contratado
una lancha y mandado construir en su popa una
liendecita de campana.
Dentro de ella substituía el trnje usual por el
de b:ii'io. Airosa, gallarda, ceiiidu sub~ la rodilla
el corto pantalón, ajustmla la blusn, mol sujetos
sobre la nuca los cabellos, salía Laura de la
tienda, subía al borde de la ln11ehn, y, al agua,
á jugar con la espuma, .•á-"recostarse en el cojín
blando de las olas, á dejnr que una ola y otra
trajeran y llevaran su cnerro, rendido, entregado lánguidamente al abrnzo del mar.
A veces, sus manos se abrín n en el 11ire, su alto
per·ho se erguía sobre In monlai'ia verdosa, sus
cnbellos fle esparcían entre la espuma, y un grito
dulce que parecía un requerimiento de amor brotaba por los corales de su boca.
Llamaba á alguien entonces. Y si llamaba á
alguien, ¿á quién era? El nombre no se oía. Era
el grito indeterminado, coníuso.
Igual que con la voz, pasaba con el hermoso

�.._ ,,,..,

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cuerpo; también sus lineas se €1Sfumaban, se oonfundían bajo las aguas
azulosas.
Sólo se veían, distintoo, en los labios de coral, la sonrisa, el relámpago acariciador en los grandes ojos oomereida.
VI

Fué en noche de luna cuando ocurrí? la 8 Parici6n.
Pedro llegó tarde de la ciudad, Y, sin defenerse en la aldea, hizo rumbo á
su casa.
Absorto en sus imaginaciones, pasó ~r frente á la marisma.
Había llovido hasta el obscurecer. J\~n
traía Pedro sobre los hombros el
impermeable de capucha y sobre las P1 mas las altas y ajustad8'8 botas de

�cuero. Ceüido el cuerpo por una guaynber a
azul y por una boina la cabeza, caminaba
bajo los rayos de la luna que, al aparecer sobre
~l horizonte, puso eu fuga á las nubes.
Luz de poesía y de misterio la del astro, daba
mística palidez al semblante del mozo, ensoñadora vaguedad á sus ojos azules, matices áureos
á los mechones de su pelo.
Dejó la marisma y entró en el encinar como
en una selva encantada.
Cada encina era un árbol de plata, cada rama
un joyel, cada hoja un colgante perlino. Polvo
de marfü parecían, cernidos por la:s hojas, los rayos lunares; las sombras se transparentaban; por
entre ellas se veía ir y venir fantasmas: eran arbustos balanceados por la brisa. Un ruiseñor trovó á su hembra, guardadora del nido.
Y fué por el encinar
por donde pasó ligero
á la infantina á buscar
el caballero.
Quería ser el primero
en llegar.
Así murmuró Pedro, recordando una vieja
trova, leída en la biblioteca del maestro. Y así,
imaginando ser el caballero buscador de la heI'mosa infanlina, atravesó el bosque de leyendas
y desembocó frente á los peñoles donde asentaba su casuca.
;-.;o fué á ella. '.'/i la luz que cabrilleaba en los
vidrios, ni la voz de su madre, que dentro de
la casa reía, llamaron su atención. Tomó por el
acantilado y puso pies en los arranques de la
peli.a alfombrada con musgos.
Desde su altura recorrió el panorama que enlucía el faro de la noche.
A sus espaldas, dibujándose enlre los vapores
de la ría, descubrió el ruinoso castillo, erguido
bravamente en la atmósfera, retando aún por
las bocas de sus almenas á la I ierra y al mar.
Junto al caslillo la casa de los Téllez, vuelta
acero por los reflejos de la luna, mostraba fierament.e el muro donde campea el Jforl; no c&lt;'[é.
l\lás arriba, la iglesia románica agujereaba el
cielo con sus lorres; servían de fondo á la resurreoción mediocva los Picos de Europa, las montali.as en cuyas crestas, mejor que en Covadonga, aebió e'rnpezar la Reconquista.
A la derecha de Pedro, las aguas limpias de
la ria avanzaban con marcha dormilinu, con
suave y franquilo rumor hasta tropezar con la
barra y encresparse contra ella y abrirse en
abrazos de espuma para entregarse al Océano.
A la derecha subía la montaña, esmalladn con
el verdor de las praderías, con los topacios del
maíz, con el plomo de las encinas y el bronce
de los manzaneros. Frcnle á ella aparecía el
mar, solitario, silencioso, como una rámara nupcial bajo el pabellón de los cielos á la luz del
astro cadáver.
Pedro, dando vuelta al ángulo que describe la
roca, buscó el sillón de piedra.
Recostada en él estaba la visión de sus ensoñares: la hija hermosa del mar.
Ella sólo podía ser la que se ofrecía á sus ojos,
con la. cabeza calda hacia atrás, la. cabellera
color de alga rastreando en la roca, y las verdes
pupilas fijas como retánrlola á competencias de
hermosura en la Uiana de los poetas.
Tal. como describen la hija del mar en la leyenda marinera f'ra. aquella mujer.
Su vestido blanco debió tejerse con espumas
del oleaje; su piel, con nácar de las marinas

caracolas; con parlículas de igual n§car sus
dienles, asomados á una sonrisa abierta sobre
los corales de la boca. De alga reseca era el
color de sus cabellos; robado al cóncavo de las
olas en-tempestad el color de sus ojos. Y luego
su voz, la canción que la. voz entonaba suspirando las notas:
Ven á mis brazos;
ven, que te espero;
ven. marinero;
vf'n, pescador.
- ¡. Quién soy·?-preguntas.
-Soy el amor.
Así cantaba la mujer. Las palabras, acompañadas por la música de las olas, subían al espacio, y se perdían poco á poco con dulce y suave
gradación.
-Es la hija del mar, la habitadora del palacio
que defienden los monstruos-murmuró Pedro,
avanzando hacia la mujer.
Al ruido de los pasos ést.a se alzó, prorrumpiendo en un grito.
Pedro, al verla en pie, al abarcar de un solo
golpe aquella prodigiosa hermosura, cerró los
párpados, miedoso de cegar. Sin abrirlos permaneció, inmóvil, con las manos juntas, en súplica
y en oración.
Cuando quiso mirar, la imagen había desaparecido.
A Pedro no se le ocurrió volver sobre sus
pasos y perseguir á la aparecida por el camino
de la aldea, por el único que pudo seguir.
Corrió hacia el borde de la roca, registró el mar
con la vista. En el fondo iba y venía un blanco
luminoso.
Era un rayo de luna. A Pedro se le antojó un
encaje de la túnica con que la hija del mar adornaba su cuerpo.
Por entre las aguas huyó la hija del mar. ¿ Qué
otro camino podía ser el suyo? A su palacio descendió; allí eslaba, dormida, como perla que rra,
en el hueco de una concha lapizada con a1gas.
Fuera del palacio rondaban los terribles monslruos guardianes.

1

VII

Supo al otro día el romántico monlniiés lo que
no pudo saber anles por motivos de ausencia.
Durante su viaje á la ciudad arribó á la aldea
de Laura. Don l'rbano le dijo cómo había llegado y cómo vivía en el palacio de los Téllez,
sin que nadie supiera á ciencia cierla quién
fuese y qué razones la tenían como desterrada
en aquel rinrón dr la casia.
-Por cierto-al1adió don Urbano-que anoche,
según doña Luisa, la St&gt;l1ora vieja que la acompaiia, se llevó doña Laura un susto mayúsculo.
Parece ser que estaba sen tuclá en la roca de
junto al la11goslcro, cuando se le apareció un .
hombre haciendo tan extrafios vis.ajes y · di- .
ciendo cosas tan extraflas, que lomó espanto y
apretó á correr. Creyó habérselas con un loco.
Por la cuenta, el loco hns sido tú. En lo de hacer
visajes y decir cosas estupendas no hay quien
te aventaje en el mundo.
- Yo fui-contestó Pedro.
La hija del mar se defivanecía ·olr-a.-'Vei eri'lar
realidad ; pero quedaba una hermosa mujer, toda
misterios, y quedaba en Pedro la obligación de
disculparse con ella por el sobresa!lo que la proporcionó.

•

r r

Buscó ocasión de hacerlo y hubo de hallarla aldea único para s~guir discretamente un diáel día mismo, bajo los eucaliptos que embalsa- logo y guardará una sef\ora aquellas atenciones
man un monte próximo á la aldea. Laura estaba que saben llegar al rendimiento, sin locar en la
allí, y allí condujeron á Pedro sus vagares.
servidumbre, y á la galantería, sin echar el resYa no era blanco el traje que llevaba la dama; pelo abajo.
•
azul era, de un azul sombrío, plomizo, semejante
¿Qué otro amigo podía encontrar en la aldea
ul del Océano en las calmas precursoras de sino el mozo de ojos azules y de cabellos rubios?
lempestad; un sombrerillo de paja cubría su Simpático, instruido, un mucho soñador y unas
cabeza; por detrás de él trepaba ondulando la miajas poeta, era solo en aquellos lugares para
cabellera de algas. Había lomado asiento en un tratoo de mujer educada y á las veces fantaseatronco roto por la centella y sr entretenía en clo:a como él y como él dispuesta á viaja)' por
hacer rayas sobre el césped con el regalón de la paises de ensuefío.
sombrilla.
Xo rebasaba por esto loo límites de la simGorra en mano, lle[.!óse Pedro á saludarla.
patía el afecto que hacia Pedro sentía Laura.
-Perdone usted, sei'iora-dijo-. A los objetos Distraíale su conversación; agradábanle sus maele merecer otro perdón obedece este que re- neras y su porte; Je interesaban el contrasentido
clamo.
existente entre su procedencia humilde y su conEl lenguaje del mozo y su simpática figura lla- tinente sei'íoril. Acaso llegó á sus oídos la histomaron la atención de Laura, quien, poniendo en ria del pintor, y la historia se lo hizo más simél sus ojos verdes y sonriéndose afablemente, pático. Pero de ahí no pasaba.
repuso:
En él sí; en él fué el afecto recorriendo todas
-No merece perdón un saludo. Dígame por las escalas amorosas hasta com·ertirse en delirio, en pasión desapoderada y frenética.
qué otra rnzón lo solicita.
Lógico era que acaeciera así.
-Yo, sei'iora, soy el mrntecato que anoche,
Aquella mujer hermosa, elegante, distinta á
cuando estaba usted en la roca de la hija del mar,
las que trató siempre, igual á las ensoi'í11das destuve el mal gusto de asustarla.
pués de sus lectoras y románticas imaginaciones,
-¡Usted! ...
había de cautivar su espíritu.
-Yo.
Después la forma misteriosa con que llegó á
-La verdad es que surgió usted tan de re})('nte, y fué tan rara su actitud, que le creí un la aldea, el no saberse á punto fijo de dónde venía, quién era, ni qué razón la hizo á ella, gran
aparecido.
-Una aparición fué usted para mí. Por eso dama, buscar ó cárcel ó retiro en un lugarejo
monimiés, servían de espolique á las ansias del
mi actitud, mis palabras ...
-¡Já, já!-contestó ella-. ¡Aparecida yo! ... joYen.
Si no la hija del mar, la criatura habitante en
No pensé tener hechuras de espectro ni aparienpalocio de nácar y de perlas, la matadora implacias de santa.
cable de hombres, era Laura ser de misterio,
-Pero tiene usted gran srmejanza con la hija resurrerción
plástica. de las heroínas novelescas,
del mar, según la pinla la leyenda.
aparirión romtml ica surgida de noche, romo por
-¡. La hiia del mur? ¿Alguna tradición?
. conjuro ó •mcantamiento, en la morada de los
-Sí, señora.
A inslanrios de Lanra rrpitió el mozo la le- Téllez.
sabe si por cnsligo ó por venganza
yenda. Parte por la leyenda misma, pnrte por de ¡ Qnién
algún poderoso vino fonada á rel'lniri.e en
el entusiasmo con qne el mozo la refrría, ovóla 11q11ella
YiYien&lt;ln! ... ¡Qnién sabe si llorfrndo amarL&lt;1ura con grave atención, en algunos pas·ajes
paseaba los sef\oriales nposenlos!. .. ¡Quién
ron entusiasmo, como si viviera el cuenlo po- guras
sabe si en ellos aguardaba la presencia de urt
pular.
liberludor ! ...
- ¡ Hermosa, mny hermosa leyenda! - dijo
l\lil veres pensó esto y mil veces, pensando en
ruando ella lerminó-. Ya quisieran muchos poe- e,,lo, rondó á las altas horas el solar de los Tétas haber imaginado una por el estilo. Pero, en llez, puesta la mirada en e_l heráldico blasón y en
ftn-añndió-, fuera parte el sitio donde yo me el mote gallardo.
cnconlraba, uo creo tener semejanza alguna con
Ni con palabras, ni con actos, dió el mozo á la
esa hiia del mar.
joven noticia de- su enamoramiento. ¿Por qné ni
-Muchas tiene usted. Como los de ella son para qué? El hijo de unos pesradores no tenia
sus ojos, sns cabellos como los de ella son; es- derecho á hablar de amor á tma gran señora.
toy por decir que de una misma rama de corales 13astante hacía ella con otorgarle su amistad. En
se lnbraron los labios de ella v los de usted.
el alma de él quedaría para siempre el secreto.
-Gracias por la lisonja. SirÍ duda es usted foEso decía; pero el secreto- guardado por los larastero.
bios se le escapaba por los ojos. Laura lo cono-No. seiiora. Soy aldeano.
ció, y cuando los ojos azules del mozo se fija-¡Aldeano con esa figura y con ese lenguaje!, .. bn nen ella adoradores, supli&lt;'anles, había en los
-Alde1rno; hiio de una pescadora Rldeana. He ojos verdes de Laura un relámpago de piedad.
tenido desde chicuelo afición á estudiar, ansias
de ser algo que no soy, que, desgraciadamente,
VIII
no seré nnnca ... Y ahora, le repito que me perdone, y me utiro para no molestarla.
Bajo los rayos matutinos camina la barca. Ten-¡Perdonarle! ... No huy causa. El susto de rlida en uno ele los banros mirA Lnura el ir.y
ono&lt;'he me proporciona el plarer oe su trato. venir de las gaviotas. Frente á ella hojea su anFrecuente usted el mio; no abrigue temores;
ciana compRi'\era un libro. Desde la roca alfomsoy buena persona, incapaz de matar á nadie. brada con musgos sigue Pedro el viaje de la emAdiós, amigo, hasta cuando quiera.
barcRción.
¡Incapaz de matar! ... Mttl herido de amor salió
Por la abertura de la tiendecita de campaña
Pedro de la entrevista. Y más fué la herida en- se ven todos los arreos de baJio. El traje azul
conándose según que sus relaciones amistosas prusia, la graciosa cofia de goma, la sábana turcon Laura tomaron mayor intimidad.
ca, la tina de 11gua dulce, la esponja, los peines y
Gustaba ella de hablar con Pedro por ser en la loo frascos de aguat&gt; de olor.

�el abundante cabello, era como fruto en sazón
ofreciéndose á los picotazos de un pájaro goloso.
Tras la cabeza surgió el cuerpo gentil, la maravillosa estatua de carne, mostrando por los
remates del trajeci!Jo azul la codiciable desnudez de brazos y piernas, de hombros y garganta.
Todas aquellas desnudeces, levemente teñidas

de las ondas, Laura, distraída en sus ensueños,
cayó en la vaciante.
Cuando los de la lancha quisieron avisar, ya
Laura, absorbida ppr el reflujo, era arrastrada
hacia las rocas.
Allí todo el mar es violencia, todo furioso encrespamiento, todo puntas rocáceas · pronta,s á
apuñalar. Quien da allí se apro-xima á la muerte.

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-Buen •día nos hace, Gaspar-dice al manne
.
ro 1a anciana.
-:-No es ma_Io-responde éste--; mejor está
::[r1ba que abaJo; un poco de mar de fondo hailo·
d e;ipeza~ que se empiece, la vaciante "ª á tiral
ti:n/roe. don a~ora las mareas vivas y esta ría
s emomoo en la arena.
-¿Lo. dices por la hija del mar?-pregunta
L aura r1~ndo á carcajadas.
re;::~º digo
tant-0 de que cuando dice la may ~llá/ºY·, _pocos nadadores saben sesgarla
11
dur!ºfr
la onlla; pocas lanchas, cuando viene
h b a mar, pu~den, por muchos que sean los
om rets Y por bien que remen hacer á la ma
rea con ra.
'
·
-¡ Bah! Exageraciones.
-Verdades, señ.orita.
N -¿Q~ieres decir que debo suspender el bañ.o?
ad? bien Y, como miedosa, no lo soy.
· · ··
-, Tanto que no bafiarse!. .. A la cuenta yend
al rem_a1:1s0, por mucho que tire la ma~ea n -O
1:1ay cmd1ao. Tal es el remanso que, en las ~ar;
~got:r lancha que entra en él lancha -salva
s e una yez ha ootao en él la mía como e~
~na balsa, mientras tóa la mar era un hervidero
t e es~umas. En el remanso pué usté bañarse sin
emor, alueg-0 tomamos al ras suyo, y la vaciante

éf

se queda con cuatro palmos de narices Ahor
que no yale sahse del remanso y dirse pa la ro a,
ls~rhi~~i~~l ~~\fque~lo et s malo; nadador
mideros
va.cian e escape de los su-

i:

~!

camtfa~s d~ªr~!ª;:a~e e~l r!~~ns:?io ~~~o !ª;ta
laredénl11cdo, ~~ucía Soy buena muchacha. n~ vi~
l
a consigna.
'
S?llm-iente y gallarda metióse Laura en la tien
deci a, cerrándola tras ella
·
¡Mañana hermosa del Agosto!. .. Como una as
~~f-c1!1tiaJraebspalasndelcía el sol. Desde los azul~
.
u uz en escala de rayos. t
d1da ~ar~ía á los anhelares de un místioo Su:~~
era . e aire; á sus impulsos se rizaban ias on-

ti;•c~\~1~~~ i1e
i~:~o,

g~~~~f•1~º~~~t~ ~~

f~~d:e~~T
.,,man Junto á él sus bloques esmeralda El barsueltos lo~ remQ1l y caídos los br~zos sila:
a U!Ja canción; la vieja señora leía En la
~~cPetJf;_zada con musgos se dibujaba la· silueta

Laura apareció sacando la cabeza por entre la
1ona que sus manos breves descorrían
l ~ente la boca, atrevidos los ojos encendida
a ez y repretada. la gorrilla d,e g~ma contra

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~~:sl!!!ll¡ao--a;¡aa.;._

Allí se iba acercando Laura sin que el remero,
en rosa, se erizaban en granillos dorados al roce
temeroso de estrellar su barca en las peíías y
de la brisa.
.
En pie Laura sobre la borda, cimbreó gracio- de sucumbir él, se atreviera á ir en su socorro,
samente el cuerpo, se inclinó hacia el mar, an- sin que los gritos de la anciana sirviesen más
guló los brazos por encima de la cabeza, dejóse que á poner espanto en el corazón de la nadacaer y partió las aguas, desapareciendo bajo ellas dora.
En vano ésta braoeaba para ir sesgando la
para reaparecer á los diez metros sacudiendo la
cabellera de algas. Lentamente fué cortando las corriente y volver al remanso. Eran muy débiles
ondas. A poco rato se dejó caer pecho arriba en sus hermosos brazos de mujer para reñir con el
.
ellas, como en una cama nupcial. A medio abrir Océano y alcanzar la victoria.
Y llegaron el tironazo decisivo y el oofuerzo
los ojos, á medio dibujar la sonrisa, en cruz los
brazos, el pecho tremante, era la esposa aguar- postrero. La hermosa mujer fué vencida. Arrastrada por la corriente penetró en el ancho circo
dando al amado.
de rocas, en el trágico abismo, en los dominios
········································································ asesinos de la hija del Océano.
El barq_uero dormía en proa, haciendo de las
Pedro, que vió llegar á Laura envuelta por las
manos co¡ín; la dama leía con profunda atención;
olas, no dudó. Despojándose de aquellas prenpor junto al remanso gruñía la marea.
Sin que los de la lancha pudieran advertirlo, das que podían estorbar sus acciones, saltó desde
sin intervención voluntaria, por manso empuje la roca y, peleando á brazazo limpio con el mar,

�haciendo c.ara á la corriente, llegó donde Laura,
de Laura esquivando sus invitaciones, provencidu, su1 defensa posible, giruba y regiruba jarse
cura~do .no encoutrarse con ella; huyéndola en
entre remulii,os siniestros.
para seguirla ocultamente y poseerla
-¡Auimu!-griló lJedro-. ¡Aquí estoy yo!. .. apanenc1.a
con los o¡os y llamarla suya con los labios cerraQuédese quieltt y no me estorbe.•
de par en par abierta.
Agar~ó por el sobaco á Laura, y con un solo dos y elvióalma
aquel amor, ella peuetró la grandeza
brazo libre, allo el pecho, arrogantes los ojos, deElla
aquel amor; ella supo, sin que el joven hapresentó batalla á la mar.
q~e por un minuto de amor correspondido
Fué homérica la lucha. El mar defendía su pre- blara,
el ¡oven todos los minutos que le restaban
sa; el hombre peleaba por arrancársela, cuerpo ádiera
vivir.
á cuerpo, ue poder á poder.
Lo
supo, lo. sabía.
Tan pronto desaparecía con Laura bajo un
Al
repetirse
mentalmente que lo sabía, las pumonte de espuma como reaparecía por un boque- pilas esmeralda
de Laura se clavaban en el este ru~idor ó topaba con las garras pétreas de pacio
como un interrogante.
un peuón pronto á destrozarles. Aquí les golpeaba una ola, allí olra los tapaba, otra más lejos
los alzaba en el aire para oejarles caer en concavidades sin fiu.
X
Y trus la ola con su pelea franca, el remolino
con. .su tra,cwnero pelear, la espiral de la hoya
-¿No comprende usted que es locura?
cog1e11dolus de _prunlu, u11iéu&lt;.10:;.e á eUu.s !:Jara
-Lo será; pero no hay razón que me quite de
hrur el.e ellos é irlos !rugando poco á poco línea realizarla.
á linea, hasta no dejar rastro.
'
-¿Acaso le ama usted?
Fué bárbara la pelea entre el hombre y el
-¡Amarle!. .. Bien sabe usted, Lucía, que mi
Océano. El hombre triunfó.
amor sólo á uno pertenece.
- Entonces ...
Con decisivo brazazo de titán ganó Pedro un
-No olvide que soy artista y que soy mujer.
rei:i:1anso y llegó con Laura hasta la playa de
gmJarros.
A la mujer la enorgullece ser tan noblemente queEn ella quedó Laura tendida.
rida. Quien satisfaC&lt;! nuestro orgullo, cerca de poSu cab~za se apoyaba en una rodilla de Pedro. seernos anda. A la artista... Todo en él predispoEste, pálido, ~horreante d.e agua, de sangre y de ne á la simpatía de una artista. Es bello y de
sudor, s011re1a con sonrisa triunfal· su mirar alma ensofiadora ... Los ensofiadores se encuentodo amores caía como un beso de l~z sobre el tran. El me ha dicho que soy para sus sueñ.os
rostn;¡ de la desmayada mujer.
trasunto de esa hija del mar habitadora de la
roca. Acaso desde la noche en que me aparecí
á sus ojos en el asiento poético de musgo, no
trasunto, la propia hija del mar vengo siendo
IX
para él. ¿Por qué no realizar el ensuei10 de ese
pebedora á !='.edro de la vida, Laura quiso pre- hombre? Una sola noche de amor concede la hija
del mar á sus queredorcs. Luego ...
miarle, couced1é11dole más amistosa intimidad
-La muerte.
haciéndole compuüero de sus excursiones, sen~
-Acaso. Pero una noche de amor, ¿ no puede
tándole á su mesa, pagándole con afecto sincero
la deuda que contrajo con él.
valer toda una vida? Llámeme usted loca, si
Conocía al joven de sobra para tratar de pa- quiere. El necesita esa noche de amor. Yo se
garle con presentes más ó menos valiosos. Uno la daré.
-¿Para qué?
le hizo en recuerdo material de su hazafia. El lo
-Para dársela. Para pagar mi deuda.
cogió temblando; más pálido estaba al recibirlo
que cuando la salvó.
-¿ Y si la contrae más grande aún?
Era un retrato aquel recuerdo.
-¡ Bah!. .. No se muere de un gran amor per.En e~ aparecía Laura vistiendo vaporosa tú- dido. De él y para él se vive. Aiíos hace que yo
mea gnega que descendía hasta sus pies desde estoy viviendo de un amor que perdí.
el arranque de los desnudos hombros· un artísti-¡ Loca, más que loca! Una noche de amor;
co ceñidor sujetaba contra la cintura la tela. Suel- ¿y después?
-¡ Después! ...
to el pelo, coronada de flores erguíase la divina
cabeza; sobre eJla se elevaban los brazos desnudos, sosteniendo una guirnalda con ros~s en
-Pedro-dijo Laura, inclinándose al oído del
capullo tejida; rosas adornaban su pecho; de joven- , á media noche esté usted en la roca de
rosas eran los brazaletes que rodeaban sus mu- la hija del mar.
ñ.ecas.
-Laura...
En el fondo de la fotografía se abocetaba el al- No pregunte. Irá usted.
-Iré;
tar de Venus. La diosa del Amor dormía en su
concha de nácar.
Al pie del retrato puso Laura esta dedicatoria:
«A su salvador. La hija del mar.»
XI
¡La hija del mar!. .. Abrazado á ella salió Pedro
de entre las olas. La salvó de la muerte abraI\oche sin luna fué, esclarecida por los astros
zándola y muerte fué el abrazo para él, muerte temblantes en la atmósfera. En el tranquilo mar
de amor.
apenas se movían las olas; cuchicheo amoroso
Amarla era ir.revocable destino, condena per- era su romper en la playa.
petua de Pedro. Amarla, guardando ahora más
Son.aban las doce cuando el joven llegó al anque nunca el triste secreto de su amor. Decirlo cho asiento natural que construye la roca.
antes fuera atrevimiento no más; decirlo ahora
Medio tendida en él encontrábase Laura.
fuera como presentar un recibo usurario, como
Un vestido azul pálido ceñía las líneas de su
pretender cobrar con réditos el precio de la exis- cuerpo; la cabellera de algas descendía sobre
tencia que salvó.
su nuca; tres vueltas de corales contorneaban
Nada, por consiguiente, dijo; hasta procuró ale- su garganta; dos perlas negras traía por pen-

dientes por adorno de sus ca.brllos ancha peincja. de curcy; sus ojos venles ~sta~an puestos
eii ef rnar; ,;u boca sonreía al silencw.
-Lauro....

--No hay que pronunciar ese nom~re; no es
.hora esta dr rralidncles. ~ledia noche de ensueño¡¡ es. Ensoñemos juntos. Yo soy
la hija del mar. Tú el amante que,
por amor de la hija del mar, desafía á la muerte. ¿Verdad que tú
me amas así? ¿Verdad que me
darías la existencia por un abrazo
mío? Desde la noche que me viste
Jo. solicitas con los ojos. Pidiéndolo con el temblor de tus dedos sobre la piel, me salvaste la vida.
l\leclia noche es de ensueilos. Va•
mm; á so,-1ar juntos.
Y f11é allí. bnjo el delo e.o;trellado, sobre In ro&lt;'a tapizada &lt;'Oíl
mus,ros, 111 ·nhueten1 1 a por las ul:'s
y por· la !)risa, donde la leyenda
se convirlió en renlídad; donde la
hija del mar ciñó con sus brazos
al hijo de los hombres; donde la
poética entrega se hizo carne de
amor.
Parpadeantes las estrellas, temblorosas de envidia contemplaron
la nupcia; el Océano la cantó; la
brisa recogió, para transportarlo
á los pies de Venus, el aliento de
los amadores; besos y voces de
ellos subían como incienso al espacio; los crujires sordos de las
rocéis eran suspiros de placer;
hasta el lecho de musgo llegaban
Jos gor¡eos con que en el encinar
trovaba el ruiseiior á su hembra,
guardadora del nido ................... .

Dobló Pedro la esquina y desembocó frente l\l
. ,palacio plaleresco.
. .
r
Ccrrauas halló sus ventanas y puertas. No era
est il 'n c·11st 11rn l&gt;re. ¿ Qué pouía ocurrir para tan
·absurdo re"lurdo'?
La mano temblorosa de Pedro se. aferró al

..·~HM. ·a.~.i~t~. ei ·¡;r;;;{é~~·-· ·E~· ~i

gusto. La leyenda debe seguir
hasta que la aurora noo traiga la
realidad. Jura que no hará.s por
seguirme, por mirRrme partir. Es
preciso que lo jures y lo hagas.
-Te lo juro, y lo haré.
-Adiós.
-Adiós ahora. ¿Y mafiana? ...
-¡Mañana!... Cuando quieras
ve mafia.na al solar de los Téllez.

~

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~'-

.

XII
~__,,_},¡;;~~
Más temprano que de costumbre- fué Pedro á casa de los TéHez mordisqueándose los laJJIOS para saborear los aldabón de bronce, cuando otra mano le de-bes~s que Laura puso en ellos. Rep~tidos iban tuvo.
á ser, jnnto á las ojivas esbeltas, b"a¡o las cua- · Pertene&lt;:ía· ella á don Urbano.
-No llames- dijo el comerciante...:.... Es inútil.
les triunfaba la corona ducal y campeaba el mote
El pájaro voló.
fanfarrón.
-¿Qué? ...
l\euliund se hizo en la media noche la leyenda
-Fuése como vino. Sin que ninguno lo _pende •la hija del mar, sobre. el amplísimo sil~ún
lapizado con musgos; real iba á hacerse la o, rtt sara. Peor aún que vino se fué. I;,legar la -y1mos.
leyenda, la de la caslellana hermosa y el pasa- malamente. Marchar no hubo qmenes la vieran.
jero trovador, en aquellas estancias donde flo• Ni que fuesen personajes de fantasía;
-Pero ¿ qué dice usted?... ¡ Expllquese, por
taba la sombra de diez siglos.
··
Laura, su Laura, porque ya era suya, porque Dios! ...
-Pues, hijo, que esta madrugada, sobre las
·suya sería siempre, le aguardaria en el camarín
gótico medio tendida sobre los paños árabes, tres y media, oyeron, los que lo oyeron1 ó l~s
fraído~ por un Téllez de la conquista de Granada. que dicen que lo oyeron, ¡ vete á averiguar.,
Acaso no eslaría allí; acaso, impaciente por et ¡ taf ! ¡ taf ! de los automóviles. Que el maverle le esperuría en 111 antecámara, entre las yordomo, ó Jo que sea, ha dejado en la fonda
férre;s armaduras, y las armas lucientes, y los una carla con las llaves de la finca para el pr~tapices rapiilados en J3reda por otro Téllez, com- pietario; y que todos se. han hecho noche, sm
decir «pásenlo ustedes bien"· Del mal en menos
paii.ero de Spínola:
' ·

�XI\"

que no dejaron picos á pagar. De la casa, aún
les -sobre un mes: de un billete que en el almacén me entregaron para cobrarme de una
cuenta, treinta y ocho pesetM &lt;:on seis céntimos.
- Pero ¿ habla usted de veras?
- ¡Ta, ta, ta!. .. Corno te lo digo. ¡Volaverunt!...
Pa mi que no eran cosa de este mundo.
Recostado contra la pared, clavándose las ufias
en las palmas nerviosas de las manos, oía Pedro
al oornerciante.
-Sombras eran-grufió éste.
-¡ Sombras !...-repitió Pedro-. ¡Sombras!
¿ Dónde hallarlas? ...

I

,,
,

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fI

la entrante donde ondularon sus caderas. En esta
saliente del musgo apoyó su cabeza.; por esa
arista se destrenzaron sus cabellos ...
Todo fué allí, y ya nada era; nada podría
nunca ser.
Mujer de leyenda, criatura real, hija del mar
ó de los hombres, Laura desaparecía para siempre. Poco importaba que desapareciese bajo las
olas ó que se perdiera en el mundo.
Lo cierto es que ya no volvería.. Abrazo asesino
fué el suyo. Corno el de la hija del mar, traía la
muerte aparejada. Gozado una vez ó gozarlo
siempre ó morir. Ser arrastrado al fondo de las
aguas ó al abismo de la separación ; ¿ qué más

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-¡ Sí es buena comisión! ¿Dónde encontrar
seres del otro mundo? Habría que buscarlos allí.
-Cierto-murmuró el joven.
Y añadió, separándose de don Urbano:
-Si ese es su mundo, no tardaré mucho en
encontrarla.
XIII

Dejó llegar la media noche.
Noche era tambien estrellada, de mar tranquilo, de aire suave, de poética soledad.
Pedro abandonó cautelosamente su &lt;:aSuca y
echó á andar, con los pies descalzos, por la roca
lapizada con musgos.
Llegó frente al sillón de piedra y tomó asiento
en él, recorriéndolo con las manos, tanteando con
sus dedos los sitios ocupados por ella en la media noche anterior. Los dedos se crispaban dolorosamente en el reborde donde apoyó su nuca,
en el hoyo donde descansaron sus hombros, en

.

daba? Peores monstruos que los pulpos gigantes
y las formidables arafl.otas eran desengafio y
ausencia. Aquéllos sorben la sangre y pulverizan los huesos; éstos machacan la esperanza
y tragan la dicha.. Muerte J!Or muerte, es más
generosa la que brinda Ia hija del mar.
Pedro no vaciló. Tranquilo, sonriente, murmurando el nombre de Laura, llegó á la punta c1e
la roca y se dejó caer silendoso, sin un gesto, sin
una voz.
Pero si no su voz, otra voz vibró en el aire
con angustia:
-t Pedro!. .. ¿Qué haces? ... ¡Pedro!-gritaba
aquella voz.
-Era la madre. Oyó salir á su hijo, y temerosa, por presentimiento invencible, le siguió,
le observó, le vió cuando se lanzaba al Océano,
con cruzamiento suicida de brazos.
- ¡ Adiós, madre!... ¡ Adiós !-dijo Pedro.
-¡ Adiós, no! ...-respondió la mujer-. ¿ Quieres irte solo? ... ¡ No le irás! ... Soy buena nadadora, Pedro. ¡ O te salvo ó me voy contigo!. ..

Yo-dijo C'l viejo nrn,..slro dP_ la csrueln al:
cleana -podía morir; 1wro 11&lt;,• po&lt;ha de¡ar qu~ m1
buena madre muriese. Porque ella no muriera,
\'ÍVÍ.

- ,\hí tiene usted mi hi,doria afia&lt;hú-. Ese
rs mi idilio; el idilio ele aquel Pedrin, hoy ~arslro
de escuela, humilde e11,;ci11dor &lt;I•• rn:irmenllos

rrbrhle.-;. :\'ada ,¡uecln de cntonees. 1ligo mnl.
Queda rsto.
.
.
Sus nrn11os tc1nblorosas &lt;1bneron un rn¡ón del
armar:o, y pu::;if'roll fr-cnle á mis oj?:-- el _retrato
de 1111a mujPr r&lt;irornt1la &lt;11• flores. eu¡oye&lt;'ldn. eon
perlas ,. corales.
- Esia &lt;'S la hija ele! mur-murmuró n,n voz
dulce el anciano.
Aún huho e11 sIIs 1,j, s 11:1 ru~·o clr pasiún: nún
ruveron sus miradas Robre el retralo, como un
beso de luz...

�t

~~~€-t_C_u_c_n_t_o_S_¡manal
~

fl Cuento ·Semanal

30 céntimos

REVISTA ILUSTRADA

Redacción

Administración, Fuenc arral. 90.
NÚMEROS

,.• Jacinto Octavio Picón: Dumcanto.
a.• Jacinto Benavente: La sonrisa de GiocQt1dti,
3.• Cregorio '.\l artínez Sierra: Aventura,
4.• E&lt;luanlo Zamacois: La cita.
5. • Salvador Rueda: la guit,Jrra.
6. • Antonio Z.ozaya: La maldita culpa,
7.• Emilia Parrfo Bazáo: C,uia uno ...
8! Joaquin Dicen ta: Una ktra de cambi'o.
9: Velipe Trigo: Reveúulor«-4.
to, José f-"rancés: El alma via era.
1 1. E,luarclo :i.t arquina: La carm,ana.
r2. Juan Pére ~ Zt'tñiga: La Soltdad thl campo.
l J, Petlro de: k~µi&lt;le: Dtl RaJtro á Maravillas.
14., Manuel Rueno: Gu,♦lkrmo tl aja.nOn,u:lo.
15. Manut:I Linares Rivas: La esj&gt;uma tlelcltampagne.
16. Pedro :\lata: Ni amor ni arte.
t¡. Amado Nervo: Un sue,ú,,
18. Alcjancl ro Sawa: Historia tú una reü1n.
19. F. \'ilJacsµesa: El miLtgro d, las rouu.
20. S. y J. Álvarez Quintero: La 11u:dredta,
21. Sinesio Delgado: El.fin de una 4rnula.
23. E. Ramírez-Ángel: Dt corazón en corazón,
23. A. Larrubiera: La conqr,úta dtl iándtilo
24-. Mauricio López-Roberts: LaJ Trt, Rriua.s,
25. C.:010 10 bine: El tuoro del CtUtil/.o
26. F. Serrano de la Pedrosa: ;Por malas.
27. Pablo Parellada: Pom)a, d, a/nin.
28. Ramón Pérez de Ayala: Artemisa.
29. i1anuel Ugarte: La leyem/.,_, tÜlgauclt.o.
30. Mariano Vallejo: D11,dajagada.
3 1, Arturo Reyes: La Moruchita.
3:i. Ángel Guerra: Al «j'allo».
33, Rafael Leyda: Sanüficará.s lasfiestas,
34. Cristóbal de Castro: Luna, Lunera.•.
35. R icar&lt;lo J. Catarineu: Alma.1 errantes.
30. Francisco F. Villegas (Zeda): Conftswn.
37. Clandio Frollo: Cómo murió Arriag-a.
38. Antonio Palomero: Don Claud·io.
39. Pum pe yo Gener: (Jltünos momentos de Mi"gutl Servet,
40. Carlos Luis de Cuenca: Lo que ,on la, cosas.
4 1, J. López Pinillos: Frente al mar.
4:i. Blanca de los Rios: Las hijas de do11. Juan.
43. Julio Camba: El destierro.
44. ~ligue] Sawa: La 1.Wuiú&amp;a.
45. Luis Bello: El &amp;oruón de jesús.
46. J. l-'errándiz: El «Die.s irtu• de Sa11 Hubtrto.
47. A. R. Bonnat: Un ltomDre uri'o.
48. Alberto lns(1a: La.rs11UJrita.1.
49 J. M! Salaverría: El litera.to.
50. Apeles ~les tres: La es¡ada.
5r. 81:.tnro-Belmonte: La ciencia tkl dolor,
52. Rafael Salillas: Quiero str santo.
53. NúM.ERO-ALldANAQU1': Del &amp;ami1101 por Joaquín Dicenta.
Precio: so &amp;lntimo.r.
54. Manuel Linares Rivas: Un fitl amador ...
55. Antonio Zozaya: CJm&lt;,, deli11que1' loJ vit¡O.r.
56. Eduardo Marquina: «La Muutra».
57. Arturo Gómez-Lobo: La senda estiril.
58 Sinesio L&gt;clgado: Esjiritu ;uro.
59. Pedro de Répide: El solar d, la /Jokra.
60. Eduardo Zamacois: El Collar.
61. J. P'rancés: Mi11ttrM las horas duermen.
63, Gabriel )tiró: tVómada.
63, Ramóo A. Urbaof&gt;: El óaróero del u.sla.
64. Pascual Santacruz: Nabina obliga.
65. José M. • M atheu: lln 6onito negocio.
66. Leonardo Sherif: los &amp;Ntrno.r d e la luna.
67. Francisco~-. Villegas (Zeda): Lajáórita.
68. Blanca de los Ríos: Madrid goyesco.
69. l'elipo Sassone: Vimd, la .,;da.
70 y 7 1. Benito Pérez Galdós: G1rona.
72. Jacinto Octavio Picón: /Uvnles.
73. G . Martínez Sierra: To,.,-1 tú marfit.
74. A. Hcrnárirlc.z-Catá: Elj1eado original.
75. A r tim,Reyes: El Niño de los Cair,lts.
76. F . Garcia-Sancbiz: Hútoria romántica.
77 . Felipe Trigo: El gran simjáli&amp;o.
78. Ramón M. Tenreiro: Eml&gt;ru1amz't,ito.
79 Cristóbal de Castro: Las insadaólu.
So. Joaquín Diccnta: La gaMnia.
8 1, C..olombine: Snidcro.rtU vida.
82. SaJvacior Ruerla: El ;oema de lo.r ojo.t.
83. J osé Santos Chocano: La cruzy ti sol.
84, Claudio Frollo: Las cuairo m ujeru.

-.-

MADRID

PUBL [ OADOS
Ecluardo ~íarquina: Conula sinitura ...
~Jau ricio López•Roberts: En la cu,,rt,, pr,ma.
A. Zozaya: La pririu~ita de Pan;, Afie/ .
Peri ro &lt;le R pi&lt;le: ,Voclu perdida.
~lanud Ugarte: La sombrad" la ffuulr,.
P echo )lata: Cuesta aóaio.
F. Serrano cie la Perlrosa: El «.Em¡,u,wri,.
J oaquín l&gt;i..:enta: G,,ler11a.
93. J . Be na vente: Nuevo coloquio de l&lt;H perroJ.
94. A . '.\lartínez Olmedilla: Por dJnde vine /,, dicka.
95. Conclcsa &lt;le Par&lt;lo Bazán: Atlnuü la 11e-rdad.
96. J . Ortiz de Pinerlo: La didta lmmitde.
97. Erluar&lt;lo Zamacois: E . }rtralltico.
98, Felipe Trigo: L,i.s Pos,td,u del Amor.
99. J, :\l.• S;i. la verría: Ahwdo su6terrá1ttO,
100. A. llu111.:ilc1.-Blanco: U,i amor de provi,lf.·tll
101. J . Lóµez Pinillos: Lo, ettemi'gos.
10:i. Antonio Zuzaya: La baln fría.
103. Con&lt;tcs.a &lt;le Parrlo Bazán: Btklbú.
104. Juan Pérez Z1H1iga: El cocodrilo az"l .
105, )lanncl llueno: El b,!Q,, dt Aquik.r.
1o6. Enrique López Alarcón: la Cruz tul C,triiw
107, J. Téllcz y Lóµci: A-/Jitu admiral,i'tis.
108. R. Urhano: La .Vrmta Fe.
109. F. f-''lores García: El P,u/rino.
1 10. G. )1 artíncz Sjerra: Egloga.
u 1. Felipe Trigo: /..,,,n irrt;ara/Jk.
1 n. J. J. 1,orente: Futros dt la car,,e.
11 3. J. Bcoavente: A 11er que haet u.n lromhre
1 q . Cijes r\µaricio: la Veugan::a.
11 5. F. Periquct: Exlmu.st.t,;.
t ro. Lópcz &lt;le l laro: Vu g ,iridad.
t r7. Cristóbal &lt;le. Castro: IJ11 honitay laje11,..
118. Eugenio Sellés: En:meilos de muñecas.
r tQ, Luis Calµ1.:na: lj,, mil,1.gro del Arte..
120. Pcrlro :\lata: La Cel ,¿., fk Alo,lJo Quijm,o.
121. R. rlcl \'alle-lncláo: ll1ta tertulia de antllJlo.
1 23, José ;\I_. ;\l;i.thcu: E11trttloroy/asa11grt.
123. A lbcrto Insi'1a: C,imo cambia tl amor.
12,4.. Pedro G. '.\lagro: Hid,:lgJfi,, morisca.
125. R icarclo 1~eón: Amor d, carid,,d.
1 20. F. Serrano tJ~ la Perlrosa: la broma.
127. Emilio Carrére: Hl dolor dt llegar.
128. Etfuar&lt;to )larquina: Re.to dtoro.
1 2 0 . Guillermo Hcrnánrl z '.\lir: Peda::o.r dtvida.
130. José Francos Ro•lríguez: La ltora íe/iz.
131. Eugenio Noel: A 1ma de ,anta,
r 31. L uis de Tapia: rlsl en la Titrra...
t 33, Juan A . Ca \.'estany: La Ni,&amp;a de lo.r ruble.s.
134. L uis Antón rlel 0lmet: Por qui soy un óolw,do.
r35. E. '.\lenénilez y Pclavo: El 1lfolt.
l Jb, Bcrnar&lt;lo Herrero Oé:hoa: la esfingt de lrt'tW.
137. L uis l-l ui&lt;lobro: C,irucko.
138. Feilerico Urrecha: F.l sm'cidio de Regúle:i.
13q, J . Puus y Pagés: El l,nmhrt bueno.
140, Alfonso Ca reía rlcl Busto: Su:Ao de l,og-ar.
141 . Benigno \'arela: /,a frrrorista.
141, Anrlrés González~ Rlanco: El cmtigo.
143. Francisco \'illacspesa: El último Ahtkrramán.
q.4, E. Cómcz Carrillo: .Vue.,;tra Seiú,ra de los Oios Verda.
q ,;, ft. Fale;:ro ;\larquina: ,'ard Avis.
I 46 Felipe l'rigo: A JotÚJ lwttor.
147. Ramón Pérez &lt;le .-\yala: Seutinwital Club.
1-48. C'armen rle Burgos ( ('olombine): E11 la g,urrti.
149. Rafael Lóp'-'Z rle Ha.ro: /)1J raio t'1l la Ribtra.
15u. Eciuarrlo .\l arquina: Rosudesn.11cre.
r51 . l\Jartiocz Cuenca: Sema1ta de PaJ"i1í1t.
15~. Concepción Gimcno rlc Flaquer: Una Eva moderna.
153. Alber to lnsl,a: El crimen dt la calledt...
154-. Carlos Feruán&lt;lcz Shaw: El Poema dt Carat:ol.
155. Luis Cánuvas: El obsiticuL,,
156. Sofía Casanova: La pri,icesa del amor ltermo.ru.
157. ~l igue) Ramos Carrión. La reina de lo, ft1ag4J,"ru.
158. ~alvarlor Ruerla: El poema d la 1111~/tr.
1 5Q. Peitru ite Répicie: U,i aeenu, dt vie.-a s.
1óo. l&gt;oriu ite Gádex: Por el camillo tk lastollúrtas...
161. Arturo Reyes: /Je mi 11fmi1ir.
161. Vicente Almcla: La smda triste.
163. J•laquío Bel&lt;la: Utt bailtdetr,y·u.
164. &lt;"arios Miranda: Mi 11iiia.
165. Benigno V arela: Re'ám; igos de ml v ida.
166. Antonio ~I. Viérgol: La tragedi, p11líti'ca.
16 7. Felipe Sassone: En carne vi!Ja .
85.
86.
87.
88.
89.
go.
91.
93.

11.A. ~ECONQUIST.A
P OR

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ANTONIO DE HOYOS Y VIHEHT
.. Ilustraciones de SANTAWA BO.RILLA

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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaBasica&amp;bibId=1752431&amp;biblioteca=0&amp;fb=&amp;fm=&amp;isbn=</text>
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                <text>Zamacois, Eduardo, 1873-1971, Fundador</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Dicenta, Joaquín, 1862-1917, Colaborador</text>
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                <text>Agustín, Ilustraciones</text>
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                <text>Fondo Alfonso Reyes</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Asombra y ayuda</name>
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        <name>Joaquín Dicenta</name>
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        <name>Novela El Idilio de Pedrín</name>
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                    <text>t

~~~€-t_C_u_c_n_t_o_S_¡manal
~

fl Cuento ·Semanal

30 céntimos

REVISTA ILUSTRADA

Redacción

Administración, Fuenc arral. 90.
NÚMEROS

,.• Jacinto Octavio Picón: Dumcanto.
a.• Jacinto Benavente: La sonrisa de GiocQt1dti,
3.• Cregorio '.\l artínez Sierra: Aventura,
4.• E&lt;luanlo Zamacois: La cita.
5. • Salvador Rueda: la guit,Jrra.
6. • Antonio Z.ozaya: La maldita culpa,
7.• Emilia Parrfo Bazáo: C,uia uno ...
8! Joaquin Dicen ta: Una ktra de cambi'o.
9: Velipe Trigo: Reveúulor«-4.
to, José f-"rancés: El alma via era.
1 1. E,luarclo :i.t arquina: La carm,ana.
r2. Juan Pére ~ Zt'tñiga: La Soltdad thl campo.
l J, Petlro de: k~µi&lt;le: Dtl RaJtro á Maravillas.
14., Manuel Rueno: Gu,♦lkrmo tl aja.nOn,u:lo.
15. Manut:I Linares Rivas: La esj&gt;uma tlelcltampagne.
16. Pedro :\lata: Ni amor ni arte.
t¡. Amado Nervo: Un sue,ú,,
18. Alcjancl ro Sawa: Historia tú una reü1n.
19. F. \'ilJacsµesa: El miLtgro d, las rouu.
20. S. y J. Álvarez Quintero: La 11u:dredta,
21. Sinesio Delgado: El.fin de una 4rnula.
23. E. Ramírez-Ángel: Dt corazón en corazón,
23. A. Larrubiera: La conqr,úta dtl iándtilo
24-. Mauricio López-Roberts: LaJ Trt, Rriua.s,
25. C.:010 10 bine: El tuoro del CtUtil/.o
26. F. Serrano de la Pedrosa: ;Por malas.
27. Pablo Parellada: Pom)a, d, a/nin.
28. Ramón Pérez de Ayala: Artemisa.
29. i1anuel Ugarte: La leyem/.,_, tÜlgauclt.o.
30. Mariano Vallejo: D11,dajagada.
3 1, Arturo Reyes: La Moruchita.
3:i. Ángel Guerra: Al «j'allo».
33, Rafael Leyda: Sanüficará.s lasfiestas,
34. Cristóbal de Castro: Luna, Lunera.•.
35. R icar&lt;lo J. Catarineu: Alma.1 errantes.
30. Francisco F. Villegas (Zeda): Conftswn.
37. Clandio Frollo: Cómo murió Arriag-a.
38. Antonio Palomero: Don Claud·io.
39. Pum pe yo Gener: (Jltünos momentos de Mi"gutl Servet,
40. Carlos Luis de Cuenca: Lo que ,on la, cosas.
4 1, J. López Pinillos: Frente al mar.
4:i. Blanca de los Rios: Las hijas de do11. Juan.
43. Julio Camba: El destierro.
44. ~ligue] Sawa: La 1.Wuiú&amp;a.
45. Luis Bello: El &amp;oruón de jesús.
46. J. l-'errándiz: El «Die.s irtu• de Sa11 Hubtrto.
47. A. R. Bonnat: Un ltomDre uri'o.
48. Alberto lns(1a: La.rs11UJrita.1.
49 J. M! Salaverría: El litera.to.
50. Apeles ~les tres: La es¡ada.
5r. 81:.tnro-Belmonte: La ciencia tkl dolor,
52. Rafael Salillas: Quiero str santo.
53. NúM.ERO-ALldANAQU1': Del &amp;ami1101 por Joaquín Dicenta.
Precio: so &amp;lntimo.r.
54. Manuel Linares Rivas: Un fitl amador ...
55. Antonio Zozaya: CJm&lt;,, deli11que1' loJ vit¡O.r.
56. Eduardo Marquina: «La Muutra».
57. Arturo Gómez-Lobo: La senda estiril.
58 Sinesio L&gt;clgado: Esjiritu ;uro.
59. Pedro de Répide: El solar d, la /Jokra.
60. Eduardo Zamacois: El Collar.
61. J. P'rancés: Mi11ttrM las horas duermen.
63, Gabriel )tiró: tVómada.
63, Ramóo A. Urbaof&gt;: El óaróero del u.sla.
64. Pascual Santacruz: Nabina obliga.
65. José M. • M atheu: lln 6onito negocio.
66. Leonardo Sherif: los &amp;Ntrno.r d e la luna.
67. Francisco~-. Villegas (Zeda): Lajáórita.
68. Blanca de los Ríos: Madrid goyesco.
69. l'elipo Sassone: Vimd, la .,;da.
70 y 7 1. Benito Pérez Galdós: G1rona.
72. Jacinto Octavio Picón: /Uvnles.
73. G . Martínez Sierra: To,.,-1 tú marfit.
74. A. Hcrnárirlc.z-Catá: Elj1eado original.
75. A r tim,Reyes: El Niño de los Cair,lts.
76. F . Garcia-Sancbiz: Hútoria romántica.
77 . Felipe Trigo: El gran simjáli&amp;o.
78. Ramón M. Tenreiro: Eml&gt;ru1amz't,ito.
79 Cristóbal de Castro: Las insadaólu.
So. Joaquín Diccnta: La gaMnia.
8 1, C..olombine: Snidcro.rtU vida.
82. SaJvacior Ruerla: El ;oema de lo.r ojo.t.
83. J osé Santos Chocano: La cruzy ti sol.
84, Claudio Frollo: Las cuairo m ujeru.

-.-

MADRID

PUBL [ OADOS
Ecluardo ~íarquina: Conula sinitura ...
~Jau ricio López•Roberts: En la cu,,rt,, pr,ma.
A. Zozaya: La pririu~ita de Pan;, Afie/ .
Peri ro &lt;le R pi&lt;le: ,Voclu perdida.
~lanud Ugarte: La sombrad" la ffuulr,.
P echo )lata: Cuesta aóaio.
F. Serrano cie la Perlrosa: El «.Em¡,u,wri,.
J oaquín l&gt;i..:enta: G,,ler11a.
93. J . Be na vente: Nuevo coloquio de l&lt;H perroJ.
94. A . '.\lartínez Olmedilla: Por dJnde vine /,, dicka.
95. Conclcsa &lt;le Par&lt;lo Bazán: Atlnuü la 11e-rdad.
96. J . Ortiz de Pinerlo: La didta lmmitde.
97. Erluar&lt;lo Zamacois: E . }rtralltico.
98, Felipe Trigo: L,i.s Pos,td,u del Amor.
99. J, :\l.• S;i. la verría: Ahwdo su6terrá1ttO,
100. A. llu111.:ilc1.-Blanco: U,i amor de provi,lf.·tll
101. J . Lóµez Pinillos: Lo, ettemi'gos.
10:i. Antonio Zuzaya: La baln fría.
103. Con&lt;tcs.a &lt;le Parrlo Bazán: Btklbú.
104. Juan Pérez Z1H1iga: El cocodrilo az"l .
105, )lanncl llueno: El b,!Q,, dt Aquik.r.
1o6. Enrique López Alarcón: la Cruz tul C,triiw
107, J. Téllcz y Lóµci: A-/Jitu admiral,i'tis.
108. R. Urhano: La .Vrmta Fe.
109. F. f-''lores García: El P,u/rino.
1 10. G. )1 artíncz Sjerra: Egloga.
u 1. Felipe Trigo: /..,,,n irrt;ara/Jk.
1 n. J. J. 1,orente: Futros dt la car,,e.
11 3. J. Bcoavente: A 11er que haet u.n lromhre
1 q . Cijes r\µaricio: la Veugan::a.
11 5. F. Periquct: Exlmu.st.t,;.
t ro. Lópcz &lt;le l laro: Vu g ,iridad.
t r7. Cristóbal &lt;le. Castro: IJ11 honitay laje11,..
118. Eugenio Sellés: En:meilos de muñecas.
r tQ, Luis Calµ1.:na: lj,, mil,1.gro del Arte..
120. Pcrlro :\lata: La Cel ,¿., fk Alo,lJo Quijm,o.
121. R. rlcl \'alle-lncláo: ll1ta tertulia de antllJlo.
1 23, José ;\I_. ;\l;i.thcu: E11trttloroy/asa11grt.
123. A lbcrto Insi'1a: C,imo cambia tl amor.
12,4.. Pedro G. '.\lagro: Hid,:lgJfi,, morisca.
125. R icarclo 1~eón: Amor d, carid,,d.
1 20. F. Serrano tJ~ la Perlrosa: la broma.
127. Emilio Carrére: Hl dolor dt llegar.
128. Etfuar&lt;to )larquina: Re.to dtoro.
1 2 0 . Guillermo Hcrnánrl z '.\lir: Peda::o.r dtvida.
130. José Francos Ro•lríguez: La ltora íe/iz.
131. Eugenio Noel: A 1ma de ,anta,
r 31. L uis de Tapia: rlsl en la Titrra...
t 33, Juan A . Ca \.'estany: La Ni,&amp;a de lo.r ruble.s.
134. L uis Antón rlel 0lmet: Por qui soy un óolw,do.
r35. E. '.\lenénilez y Pclavo: El 1lfolt.
l Jb, Bcrnar&lt;lo Herrero Oé:hoa: la esfingt de lrt'tW.
137. L uis l-l ui&lt;lobro: C,irucko.
138. Feilerico Urrecha: F.l sm'cidio de Regúle:i.
13q, J . Puus y Pagés: El l,nmhrt bueno.
140, Alfonso Ca reía rlcl Busto: Su:Ao de l,og-ar.
141 . Benigno \'arela: /,a frrrorista.
141, Anrlrés González~ Rlanco: El cmtigo.
143. Francisco \'illacspesa: El último Ahtkrramán.
q.4, E. Cómcz Carrillo: .Vue.,;tra Seiú,ra de los Oios Verda.
q ,;, ft. Fale;:ro ;\larquina: ,'ard Avis.
I 46 Felipe l'rigo: A JotÚJ lwttor.
147. Ramón Pérez &lt;le .-\yala: Seutinwital Club.
1-48. C'armen rle Burgos ( ('olombine): E11 la g,urrti.
149. Rafael Lóp'-'Z rle Ha.ro: /)1J raio t'1l la Ribtra.
15u. Eciuarrlo .\l arquina: Rosudesn.11cre.
r51 . l\Jartiocz Cuenca: Sema1ta de PaJ"i1í1t.
15~. Concepción Gimcno rlc Flaquer: Una Eva moderna.
153. Alber to lnsl,a: El crimen dt la calledt...
154-. Carlos Feruán&lt;lcz Shaw: El Poema dt Carat:ol.
155. Luis Cánuvas: El obsiticuL,,
156. Sofía Casanova: La pri,icesa del amor ltermo.ru.
157. ~l igue) Ramos Carrión. La reina de lo, ft1ag4J,"ru.
158. ~alvarlor Ruerla: El poema d la 1111~/tr.
1 5Q. Peitru ite Répicie: U,i aeenu, dt vie.-a s.
1óo. l&gt;oriu ite Gádex: Por el camillo tk lastollúrtas...
161. Arturo Reyes: /Je mi 11fmi1ir.
161. Vicente Almcla: La smda triste.
163. J•laquío Bel&lt;la: Utt bailtdetr,y·u.
164. &lt;"arios Miranda: Mi 11iiia.
165. Benigno V arela: Re'ám; igos de ml v ida.
166. Antonio ~I. Viérgol: La tragedi, p11líti'ca.
16 7. Felipe Sassone: En carne vi!Ja .
85.
86.
87.
88.
89.
go.
91.
93.

11.A. ~ECONQUIST.A
P OR

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ANTONIO DE HOYOS Y VIHEHT
.. Ilustraciones de SANTAWA BO.RILLA

�El Cuento ·Semanal
SE PUBLICA LOS VIERNES
22~

or1c·1HAS:

Fuencarral, núm. 90.--HADRID

480 IV.-29 de Abril de 1910.-HUH. 11l
PRECIOS DE SUSCRIPCION

Madrid y provincias: Trimestre, 3,50 pesetas.
Semestre, 6,50 pesetas. Año, 12. Extranjero: Semestre
10 pesetas. Año, 18.
A.nuncios á precios convencionales.

Número sud to:

Apa rtado de Correos 409.

LIBROS Y REVISTAS

aO

céntí mos.

clil','!'lo~ el-• fülogrufíus t,omadas en distintos
¡i11111;,; d:PI ,rnr ; l'l pre{;ioso mapa á cualro tintas,
lllnpa de gmll tumaiío y que marca con trazos

su11

. España en Marruecos, crónica de la guerra del encarnados las posiciones conquistadas por nuesRif, por Augusto Riera, publicada por la Casa
1rns !ropas y la zona de influencia de España,
edilorial Maucci.-Es la obra «Espaüa en Ma- contribuyen en gran manera á dar á la obra imrruecos., una rela.oión &lt;.:ompl-cla y delallada de 1&gt;.1r.l unti t1 ~- tmie1:itlatl y ú recomendarla á cuanlas ·opcraciorn:is mililares realizadas por el cjértos la desconoc.en todavía..
r-ilo español en las inhospitalarias playas y monEl último héroe , nwravjllosa novela del portañas del Rif desde primeros de Julio á últimos
n~Ltir, esaitu pol' Hoque ele Santillana.-Es el
de '.'\oviembrn de 1909. Con.liene dalos exactos de :n·in1er lihro d,• 1111 aulor inédito, que tiene ya la
las fuerzas que entraron en ~mpaña; enumera nuiL'sl1·ía de los t•xperimentados en numerosas
y relata una por una las principales funciones ubrus, r 1rue ú ello une un gran caudal de cultura
ele guerra, detallando lodos los episodios no- 1·ienlífin1 muder-nu. Es un libro de imaginación
tables de esos coro bates encarnizados; da las y üt: peusurnicnlo; Ju Lflh' ú la primera atañe n os
,·iíras de los e;ombalienles muertos y h,"ridu.s:
tHniln cun su va r ieclad pintoresca, y lo que á
explica, con toda claridad los avances sucesivos
la sPguudu IH,s alfoclrina, por cuanto el autor
.de nuestras tropas, las posiciones ocupadas desupor!a ú m,whos problemas canden.les su obra
pués de lucha más ó menos encarnizada; analiper;c:.unnl, intensa ~- clara. No dudamos de que
za la composición y fue,rza de los contingentes
Hoque de Sanlillana conquistará desde .el primer
rifeüos que desde el principio de la carnpafla i;c
momento un pue,sto honroso en ia literatura
opusieron á l a marcha de nuestras tropas; despatria.
cribe la topografía d,e las comarcas donde operaEst" libro, primorosamente editado por la
ren los soldados ~~spaiíolcs, y evidencia la impo.rlibrería d' F. llellrán, Principe, 16, Madrid, forlancia que han tenido las operaciones realizadas.
11 Rt un volumen en 8. 0 e;on artística cubierta.
Aparccen en 11Espafia en :\Iarruecos", con todo
el relieve necesario, no solamente las figuras de
COLECCIONES ENCUADERNADAS
los general ~s, jefes y oficiales, sino también las
ele los soldados y clases que más se distinguieron en el curso de la campal1a. Así como lodos
L11-s colecciones de lo.s años 1907, 1908 y 1909,
Jior-0n su sangre con igual impetuosa generosielegantemente euc uadernadas en c uero, con indad, movidos de su amor á la patria, así también &lt;:ru:staci011es de oro y en relieve, compt.esta cada
y por igual son dignos de recordación y loa por u11u &lt;le dos Lomos, se venden al precio de
sus altos hechos. A causa de muchos de estos
25 pesetas para Madrid y provincias
36
•
para el extranjero
episodios sangrientos y heroicos, narrados con
ameno estilo, resulta la obra de ag·radabilíma
lectura. Es la única completa publicada ha.sla
ahora, pu-es no falÍa en ella uno solo de los daSe adm iten administr aciones de fincas,
1.os qu,c pueckm interesar ú. los lector.es de todas
las clases sociales, y contiene una abundancia consignaciones y t oda clase de encargos
tle dclallc.s desconocida en tal clase de obras.
á comisión. Inmejorables r eferencias.
Por lo mismo, no solamente es «Espafla rn
~farruocos» un libro de amena é inter.esanlc lcx-- Dirigirse á esta Administración
lura para toda clase de personas, sino obra de
A LOS COLECCIONISTAS
.consulta que forzosamente ha de figurar en las
b1bliol,ecas d,e los hombres instruídos, y rnuy
espccialmcnt,e en las de cuantos se dedican ú los
estudios históricos, geográficos ó políticos.
En esta Administración y en las principales librerlas
y l,ioscos de toda Espalla, se venden ejemplares de
La 'ilustración abundante, escogida y rigurosatodos los n úmeros publicados por EL CUENTO SEmente precisa, pues la mayoría de los grabudos
MANAL al precio de 30 céntimos ejemplar.

ANTONIO DE HOYOS Y VINE NT

El Cuento Semanal

PAR A MA NI LA

El Cuento Semanal

LA RECONQUISTA
A

Jacinto Benavente

Una novela es un espejo
que paseamos á lo larg o de un camino.

STENOHAL

I

-Ya an tes de casarse era una perdida.
- ¡ P ues huy que confesar que ha sido cur,seeuenlc !-subrayó irónica la voz chillona de Fernando :tl!endaro, el provincianilJo aquel, menudo
y vivaracho, con vistas á la política y a l periodismo, que od[ándoloo y riéndose de ellos en el
fondo de su buen sentido {no carecía de inteligencia), se pirraba por alternar y codearse con
los figuron.es de la elegancia. Era. listo, con, un
talento á que, mejor Ql)e genial , cuadr aría el

a&lt;ljelivo de práctico; sabía hacer su cam ino, unas
veces por los tejados, otras por los suelos, casi
nunca por ter reno rotulado, pero subiendo sietn- ·
pre ; espíritu fino, observador, sorprendía in.me-'
diatamente el lado ridículo de las cosas, '.Y la
sátira, cruel, disecadora, acudía pujante á sus
labios y batallaba con el sentido práctico, que le
aconsejaba no hacerse enemigos; de esta épica·
lucha n acían á: veces chistes feroces de antropófago-habla Lulú Acebeda-, que alzaban roflcha.s. A nte el último, el grupo entero rió. ·
Formaban la peña dos cronistas de sálóries,

�ue los de segunda ftla, postreros admiradores
del ingenio, desgail·e y donosura de la condesa
viuda de la Campanada; Ju lito Calabres, que
harto de aguantar á la embajadora del Turquestán se había sentado allí para dedicar un rato
á la disección y otro á la historia antigua, y la
dama que, gorda formidable, con no sé qué apariencia, bajo los terciopelos del traje y la magia
de las preseas (quinientas mil pesetas de perlas
y trescientas cincuenta mil de brillantes), de
ídolo indostánico, se entregaba, con la crueldad
insaciable de tales deidades, á la noble é higiénica tarea de despellejar á las gentes que pasaban al alcance de sus cansadas pupilas, en otros
tiempos los más bellos zafiroo de ·su colección.
Era una especie de dios Siva, sin rabo, y vestido de terciopelo chiftone malva, con corona
condal.
Después del comentario de Mendaro, los otros
prepararon su mejor carcajada para ovacionar el
chiste que, seguramente, se le ocurriría á la
dama; pero á la dama no se le ocurrió nada, ó,
mejor dicho, sí, se le ocurrió que había dejado
encendida, al salir, la luz del gabinete, y que de
fijo á su doncella se le olvidaría apagar, y se
estaría gastando un disparate. Y quedó inmóvil,
la cabeza menuda, una cabeza clásica de diana
cazadora, que debió ser bellísima, y que ahora,
estropeada por loo afios, tenía esa ruinosa imperfección de los mármoles hallados en Pompeya,
inclinada sobre el cuerpo, atacado de elefantiasis,
y ,en toda su persona no sé qué cansando triste
de mujer que ha vivido mucho.
Mientras los del grupo comentaban, la presunta víctima, Sofía Roldán, duquesa de la Florida, seguía su paseo triunfal del brazo de Jaime
Alcázar. Ella, rubia, alta y frondosa como una
ninfa de Rubens--una ninfa de Rubens vestida
por Worth y enjoyada por Cartier-, arrastrando con majestad d&lt;' reina la enorme cola de crespón mirto, enguirnaldada de glidnias, y luciendo la nacarada maravilla del escale estelado de
colosales esmeraldas, oompafieras de las que
fulguraban entre los cabellos rubios que aureolaban el rostro, bonito sin ser maravilla en su
borrosa expresión de pintura al pastel; e, Juime
Alcázar, marqués de Jarama y de Paracuellos,
tres veces Grande de España, Tenorio, mejor
Lovelace irresisw,,e. elegante de cartel, gallo del
corral del chic, novio soñado de todas las vírgenes en estado de merecer, amante deseado de
mundanas resbaladizas, buscado por las mujeres fáciles como un timbre de gloria, un poco
fondón ya, aunque aún apuesto, disimulando
sus cuarenta y siete años en lo fanfarrón de su
ademán y en la alliva apostura de su cuerpo,
embutido en el frac azul de dorados botones,
que hacía resallar más sobre la nítida albura
de la pechera, cerrada con gruesa perla, la banda
roja y verde d-e San Esteban. Y resultaba arrogante, igual la pareja, en una igualdad de riqu,ezas, de honores, de prestigios que eran desprf'stigios y ... de años ! ...
En la gloria luminosa que cientos de bujías
eléctricas reverberaban desde las arañas de tallado cristal de roca, destacábanse sobre los muros, tapizadoo de damasco prelado de la Embajada de Novenlandia, prodigiosos tapices, admirables pinturas, bronces y porcelanas de museo,
viviendo extraña vida de quimera entre las guírnaldas de rosas y las cortinas de jazmines, que
llenaban el aire de fragancias. Los novenlandeses h&amp;bían comenzado por decapitar á sus reyes,
y .luego se habían entregado con furor á la adoración de la majestad. Apoderáronse de. los sitios reales, de las manufacturerias de la casa
real, de los cazaderos ... Dueños del terreno, pensaron en instalar sus presidentes de República

en los regios alcázares; pero aquellos señores
\'enlrudos, prosaicos, aburguesados, desentonaban en el majestuoso ambiente, que pedía á gritos la corona y el edro, empufiado por derecho
divino; eran casi una profanación, y el buen pueblo optó por construirles un nuevo palacio, muy
moderno y muy inglés, y respetar los antiguos,
ungidos por cien generaciones de monarcas. Serían museos. Y fueron museos, más que de arte,
de la realeza, y fueron residencia temporal de
monarcas errabundos, á quienes el buen pueblo
vitoreaba y festejaba. Para Novenlandia comenzó una era de reyes; reyes que iban á divertirse
bajo la salyaguardia de la República; reyes que
iban á oonsullar especialistas, reinas que visitaban talleres modisleriles. .. Para todos hubo
aplausos y vítores; banquetes y revistas militares, en que las banderas republicanas saludaban las águilas imperiales; cacerías y pastorales en los jardines del viejo palacio de amor,
que hicieron triunfar soberanas y favoritas. Y
:\ovenlandia, no contenta aún con el egregio visiteo, quiso deslumbrar á Europa, y comenzó á
repartir por sus Embajadas las maravillas de
los irnerdnmnebleP reales. Por eso, sobre los
purpúreos muros de la mansión republicana, monarcas de amplias pelucas empolvadas y largos
mantos de terciopelo azul, eslelado de plala.,
preludiaban un ademán majestuoso, y cardenales, vistiendo talares atavíos de púrpura, sonreían con la fina mueca de su boca florentina,
mientras tejidos en las obscuras tramas de los
lapices vivían hazañas fabulosas, y diosas y
cortesanas oficiaban en el templo de Eros.
Hacía calor aquella noche, y en el aire, ca:rgado de aromas de rosas y perfumes de tocador,
vibraba el susurro de las conversaciones con
zumbido de colmena, en que fallaba aún el suspiro de los violines, silenciosos por protocole.seas
exigencias de la próxima llegada de los reyes.
En los amplios salones la mullilud se prensaba,
agitándose ansiosa en espera de la corte; sobre
las calvas de los caballeros flameaban 10$ penachos de los tocados femeniles, y el negro paño
d,e los fracs ofrecía su contraste al nacarado
terciopelo de los escotes que, irisados de joyeles,
mostraban las mujeres.
Sofía Roldán, del brazo de su amanle, seguía
el triunfal paseo al través de loo salones y la
mullitud abría calle, como si aquello fuese un
anticipo de las pompas de la realeza, con ansia
esperadas. ¡ La duquesa de la Florida y el marqués de Jarama ! ¡ La mujer más elegante de
Madrid y el hombre de más cartel! Y las gentes
se inclinaban, buscando con una frase amable
una sonrisa; las flores de lisonja y adulación
iban ce.yendo á su paso, sembrando su ca111ino
corno el de un César; pero tenían aquéllas algo
de las amarillas y rosadas del cspiuo, que alegran nueslra vista al pasar por el sendero, pero
casi siempre sus pinchos desgarran nuestras
vestiduras. Allí quedaban jirones de bonra (si
es que aún les restaba alguna); á las frases galanas, llenas de melosidad empalagosa, sucedían
comentarios sangrientos, chistes chabacanos, y
la palabra lío, seguido del burlesco adjetivo de
trasnochado, sonaba fatal.
¿ Lío? Sí; era muy antiguo aquello (diez ó dooe
afias), y aún amenazaba prolongarse indefinidamente, mientras el marido en el Senado discutía
las leyes de moral social y las niñas casaderas
envej,ecian, esperando que el buen mozo millonario cayese en sus redes. Habían empezado
cuando ella triunfaba en plenitud de belleza y
elegancia, y él era invulnerable, tormento de
beldades casquivanas, terror de maridos y maestro de conquistadores. Sus amoríos fueron un
acontecimiento en la sociedad; sus riñas lleva-

ron la consternación á los salones· sus r,enconciliaciones provocaron benéYolas ' sonrisas de
aqu~esoencia. Pasó el tiempo y la gente se fué
hacie_ndo_ á ~quello que poco á poco llegó á ser
una m.stiluc16n. ¡ Doce años ! Ya no se amaban
(tal vez ni pegaron á amarse nunca), y, sin embargo, Sofia no quería acabar. No quería, por
muchas razones; con el anhelo de un náufrago
que se: ahoga y se agarra á su úllima esperanza,
el an~ia de las cuarentonas por su último amor,
se uma la Roldán á Jaime. Amantes sabía bien
que encontr·aría muchos; pero amante como aquél.
nrnguno. Los jóve~es, los nuevos, la veían tal y
como era: ¡una v1eJa! Jaíme había envejecido junto á ella, y no podía a preciar igual aquel de..s plome
que durante doce afios había contemplado, hora
P?r hora. Pero, además, como en ,esoo matrimonios burgueses, que duran años y afias, se habían

ido acostumbrando mutuamente á sus caprichos
sus gustos, sus manías y ¡hasta á sus achaques\
Y habí1;t aún una razón más poderosa para s~
alma fnvola, despóltca y voluntariosa de mujer·
tenía una rival.
·
•i Y quién, señor, quién ! ¡ Cosa más ridícula!
V11;1da, pobre, desprestigiada... La viuda mucho
mas alegre (como le había puesto Julito Catabre'!), Carlota Fuentes, más pobre que las ratas,
11:tr1g~ntuela, entrometida, harta de sofiones ...
Y dec1an (provocaría á risa si no lo hiciese á
indignación) que aspiraba ¡á casarse con él! ,
Y, en el fond_o, muy en el fondo de su alma,
t~m1a á la n:iuier aquella, con un miedo inslinltvo que le dictaba su corazón. N"o no era tonta
Carlota. Había tenido mala suerte'· sus amores
con Alberto Rivalta habían sido Jna equivocación, pero quién sabe ...

�Desfilaban lentamente los amantes entre aro- vestidos sus muros por la magnífica colección
m as de mundano incienso y aplausos de rendido de Los argonautas. Habían cenado en la regia
vasallaje. De pronto, la Florida se detuvo, y mesa; eran ya m&amp;s de las tres, y Sofía quería
aprelando el brazo de Jaime murmuró á su oído: retirarse.
Casi siempre salían junlos, más que por afec" ¡Cuidado! n
Miró él con extrañeza, sin adivinar la causa to, por solidaridad de años, que les hacía temer
de aquella extemporánea advertencia, y entre á los dos los desairados finales de fiesta, y,
los grupos de gentes, borrosa, insignificante, vió sobre todo, la luz del amanecer, esa terrible claá Carlota Fuentes. Dije insignificante, y dije mal; ridad verdosa de la alborada, que, como algunos
insignificante no, discreta en el aniñado encanto arlislas crueles y sarcáslicos-Goya ó Tarop-,
que, pese á sus treinta y dos años, conservaba se complace en hacer resallar monstruos idades,
su persona. t-.Ienuda, pero no baja, con no sé lacerías y artificios.
Al llegar anle las arcadas que abrían sobre la
qué gracia pueril en el cuerpo, de curvas apenas
esfumadas, vestida sencillamente de raso liberly escalera, dos lacayos, de calzón corlo, casaca
rosa muy pálido, con una túnica siluel.eadora, recamada de plata y _pelo empolvado, alzaron
honestamenle escolada en cuadro y ceñida á los pesados cortinones de terciopelo, y la Flomedia pierna por un gran lazo de la misma lela, 'rida, volviéndose á su acompalianle, pregunló,
no se destacaba violentamente de la mullilud, más para cubrir las apariencias que para saber
pero no podía tampoco pasar inadvertida para aquello de que creía estar segura:
- ¿ Vienes'? Te llevo en el auto.
nadie que se preciase de conocedor de la belleza.
-Gracias. Tengo que hablar con Perico IguaSu roslro era de facciones menudas, pero correctas; un rostro cándido, á prirnei'a vi:¡;la, con lada.
Le miró con extrañeza, sorprendida de verle
no sé qué perverso encanto, sin embárgo-el
misterioso encanlo fragante de una flor oculla-, desdecirse de lo que él mismo acababa de proen el comedor. Luego lo creyó una coquer esidente tal vez en la boca de labios muy delga- poner
dos de coral pálido, labios florentinos, que son- tería de gallo mimado, una de aquellas farsas
reían siempre, moslrando una linea de nieve ó de desdén para hacerse rogar, á que lan aficiode marfil; ó tal vez en los ojos, inmensos y te- nado era, y condescendieute rogó:
-Anda, vente.
nebrosos, que, al amparo de las cejas, perfectas
-No puedo. Ya le digo que he de ver á ese.
como dos trazos de tinta, dormían bajo la frente
Creyó notar un timbre de impaciencia P.n la
abombada de virgen de Fra Filippo Lippi. Y dos
de su amante y no sé qué conato de sonrisa
bandós, no ondulosos, sino rígidos, hieráticos, voz
trazando un cuadro perfecto, completaban aque- burlona en los afeitados roslros de los mercenarios, y demasiado orgullosa para humillarse,
lla su hermosura, un poco bolicellesca.
En aquel momento hablaba con el marqués ni aun por celos, contuvo su lengua, próxima iL
de San ünofre un sesentón de conceptuosa pala- escupir el nombre de la viudita, precedido de
bra y voz premiosa, ilna verdadera persona de injurioso epíteto, y risueña le tendió una man~,
peso, y con airecito de niüa. buena parecía escu- que temblaba levemenle.
-Adiós, hasla maiiana.
charle, puestos sus cinco sentidos en sus histo-Adiós.
rias, con atención benévola y afectuosa.
Se inclinó para besar la mano que insensibleAl verá la pareja, la sonrisa, estereotipada en
sus labios, serpenteó, con esa ondulación propia mente rehuyó su caricia, sosluvo el enorme
de las llamas al ~er empujadas por el viento, abrigo de marta cibelina en que se envolvía la
como si fuese á apagarse, y luego lució impasi- ofendida beldad, y luego relroce&lt;lió.
En la galería se paró á aneglarse la corbata.
ble nuevamente, mientras Carlota parecía red-Oblar su atención á los dichos de su interlocutor. ante un espejo, y al ver reflejarse en el azogado
Intentó Jaime, sabedor de los odios, mejor cristal su rostro, joven aún, én que el fino rr,osantipatías (odio es demasiado sonoro), que alen- tacho ponia dos trazos de oró, y su figura, arrotaba el alma de Sofía hacia la viuclila, pasar de ganlísima, ennoblecida por las. cruces que estrc-largo; pero la mundana estaba demasiado can- llaban su pecho, sonrió el guapo chico, murmusada del irónico y compasivo zumbar de sus ami- rando en lre dientes : " ¡ Ahora veremos!»
La noche entera había sido una batalla silengas, y tuvo un rasgo indigno de tan alta seciosa é implacable entre Carlota y él. En un prinñora.
-i Yes !- fulminó deteniendo á su galán cerca cipio quL&lt;,o jugar á los desdeñosos y aparentó
de la rival presentida- . ¡ Por eso no quería yo _un enorme amartelamiento, no sólo con la duvenir! Estos bailes de Embajada con la muche- quesa, sino con cuantas mujeres hablaron, padtimbrc-y su voz y su ademán eran despecti- searon ó bailaron con él. Ella, ó no lo notó, ó
vos-me cargan. Luego, como son extran¡eras fingió no verlo, serena, hermética, riendo y hay no conocen bien Madrid, estas pobres diplomá- blando, graciosa, discretísima, sin aventurar un
ticas convidan una genle ...- Y remaló cruel: gesto bru.,co ni una mueca de despecho, con un
no sé gué-de recogido y púdico en su ademán,
-¡Esta noche hay hasta perdidas!
Oyó la Fuen les perfectamente el exaorupto, lleno óe gentil modestia. Los ojos, inalterables,
comprendió que iba por ella, y una desvergüenza ni le buscaban, ni le huían. Y ahí estaba justaformidable aleteó en sus labios. Dominóse, sin menle lo que á la larga exasperó al buen mozo ;
embargo, comprendiendo que ante aquellas gen- si le buscasen, sería señal de amor; si le huyetes, que sólo respetaban el dinero y la posición, sen, de miedo; pero no: las grandes pupilas,
á ella le tocaba la de perder, y apuntó aquel de angelical candor, bañadas en placidez ensoagravio con oLros agravios, en el sombrío rin- ñadora, parecían conlemplarl-0 todo con serena
ooncito de su corazón, donde guardaba lanlas alegría. de vivir, y ni siquiera reparaban en él.
Poco á poco fuése interesando en el juego de
cosas que vengar cuando le /legase su hora .
Mientras, la duquesa de la Florida seguía su aquella indiferencia y, ya perdido su desdén de
camino, alliva y desdeñosa, conlenta de su conquistador y su allivez señorial, comenzó á
hacer tonterías, entusiasmándose de modo intriunfo.
verosímil con otras mujeres, colocándose frente
á Carlota, y, por fin, acabada la cena, desfilando
ante ella del brazo de Sofía y anunciando en voz
Lentamente, del brazo siempre, erutaron la alta, para ser oído, su ·propósito de acompañarla.
galería de tapices, llamada así por hallarse re- Pero la de Fuenles, sin perder ni un momento

su empaque. de chiquilla buena, seguía comiendo
su lon¡a de ¡amó~, clavando con gestos menudos
Y g?losos sus _dientes de nieve en los rosados
trocitos, y bebiendo el champagne á pequefios
sorbos. Entonces J aime la contempló detenidamente, ~ata1_1do de p~nelrar el arcano de aquella
ex~raor~maria serenidad, y si bien los ojos segman imperturbables, parecióle un vagar la

sombra de una S(?nrisa irónica por los labios
fiorenlmos. Pensó irse, cumpliendo su amenaza
per? no pudo.. Decididamente, aquella mujer 1~
en!ª. más cogido de lo que él mismo creia, y
decidido á provocar una explicación, despidióse,
prelexta~do la pregunta á Perico Igualada, v
retrocedió en busca de la viuda.
•
SoPenetró en ~I salón de baile, desierlo ahora.
·. bre el entarimado, de peregrino mosaico yac_ian caídas flores pisoteadas, trozos de. cintas y
Jirones de arrugada gasa; las guirnaldas que

orlab&lt;!,nJas puertas pendían muslias, lastimosas •
las Sillas desordenadas, confinadas contra los
muros, denotaban la desbandada · sobre el estrado de la música\ e~ piano reía ~u irónica risa
de marfil, Y los v10lmes, silenciosoo tenían la
tnsleza añoradora de una jaula vacia'; sobre los
muebles_veianse montones de juguetes de cotillón, suc10s, destrozadoo, lamentables, e,n hórrida

o_rgía de cintajos y ca.scabeles, y en los cuatro
hbores de Sevres, que daban guardia de honor
~n los á.ngulos, morían las rosas. Bajo la crudn.
mundación de lu.z, la estancia, así, inmensa y
abandonada, lema cierta opresora tristeza que
causaba una vaga sensación de malestar. Rete~
rogéneo ol&lt;?r de flores marchitas, aromas de locador, y viandas que venían del comedor acababan de hacer la impresión más desagradable.
El elegante hallábase demasiado preocupado
para .detenerse en tales nimiedades, y así, sin

�Lratar de analizar sus sensaciones, cruzó en di- como dos enamorados ... Y si los criados dicen ...
rección al saloncito que servía de paso, y cuando ¡ que digan!
Rumió sordamente:
iba á entrar detúvose, sorprendido por la pre-Con Rivalta no andabas con tanto mesencia de Carlota Fuentes.
Avanzaba más pueril, más aérea, más dan- lindre ...
Diéronla deseos locos de plantar una bofetada
zante que nunca, envuelta en una suprema grada de juventud. Su paso, firme y ligero, hacía al imperlinenle, pero se contuvo.
-Vaya, hijo, adiós-é hizo ademán de partir.
serpentear el cuerpo andrógino, de una belleza
-Te digo que quiero hablar contigo esta noche.
casi malsana de puro infantil, con ritmo de danza
- illira, déjalo ; hoy estás nerviosillo y es tarsagrada. Las caderas, apenas delineadas en la
túnica, ontlulaban, y los senos, suavemente es- de; ya charlaremos otro día despacio-ofreció
fumados en unu curva casta, temblaban entre ella conciliadora.
- Ha de ser hoy-insistió Jaime tercamente.
las sedas como palomas prisioneras. Bajo las
:\"o le hizo caso, y &lt;lió un paso haciu. la salida.
bandas de virgen del siglo xv, la frente lucía su
La cogió brutalmente ºpor un· brazo.
albura ele magnolia, y los ojos, muy puros, muy
-¡ Te digo que llu. de ser ahora.!
grandes, abiertos en uu dulce deslumbramiento,
-Pues lo veo difícil-aseguró ella, sin perder
parecían contemplar lejano cnsueíío, mientras la
la. calma sonriente de nifla, aunque en el abismo
boc:a de enigma callaba su secreto.
Ahora .fu6 ella la que intentó zafarse del en- ti&lt;' las pupilas había no sé qué claridad malévola~
cuentro, haciéndose la distraída. El la salió al v los labios teníun un frundrniento duro, casi
imperceptible.
paso.
Pern él, irritado, perdido todo comedimiento,
- ¡ Carlota!
-¡AY! ... ¡Jesús, qué susto me has dado!- rabioso por aquella insólila resistencia, pero socl:1mó r·iendo con un gesto delicioso de chiquilla bre lodo por la serenidad risuelia de 1a nerm6lica, conlra la que iba ú estrellarse su indignaususladi7,a.
¿ Eslús enfadada ?-interrogó él, deseoso de ción, como contra. durísima roca, insistió aún:
-Bajaré contigo.
llegar ú lu explicación que anhelaba.
-Perderás el tiempo-. Había ahora en su voz
-¿ Yo? ¿Enfadada? ¿Por qué•?-Y se pintaba
una frialdad metáfüa, que parecía extraiia en
t'll su rostro pueril asombro.
•lln, loda. suave encanto, y que hacía sonar las
-Por Jo de antes - ratificó él, decidido á no depalabras cruelmente.
·jurse engaliar.
- .\Je meleré en el coche.
El asombro se acenluó aún.
-Llamaré á los críados--fué la primera ame- ¿,Lo de antes? ¿Pues que pasó?
- Porque 110 te saludé cuando iba con Sofia naza que fulminó. Y como él, perplejo, soltase
;;u brazo, tornóse mimosa, acariciadora:
Florida.
Chiquillo, no seas terco! Ahora no puede
:-:o diú ella respuesta directa, sino que con sc.r- ...¡-y
embaucadora, con mimos de niüa conhabilísimo rolleo pnsó á otra. cosa.
- ¿ Con Sofía Florida?... ¿Pero estaba aquí senlida-: ¡Hasta por coquetería! Amanecerá
Sofía.'? ¡ Cuánto sien lo no haberla visto! Hubiese en seguida, y la luz esa no favorece nada. Sé
querido saludarla--. Y luego, frívola, con la bueno, vete al comedor, y tiempo tenemos de
amable frivolidad de una conversadora munda- charlar.
Sintióse casi dominado por la ta.imada y se
na, interrogó interescida:
refugió en la brutalidad como en la última trin-¿Estaría elegantísima·? ¡ Cuenta, cuenta!
&gt;[o aceptó él, buscando siempre la explicación, i;hera.
-¡ Te digo que voy! ¡ Como que te creerás
el cambio de tema que la viudita le brindaba é
insistió, queriendo provocar una explosión de que soy el inmbécil de Alberlo Rivalta y me vas
vanidad femenil, ele despechado orgullo, y aun a cngafi.or con tus lagoterías!... i No, hija, no!
¡ Conmigo te dejas en casa esos aires de santita,
¿, quién sube-? de amor, si era necesario, por una
porque
sé que estás más corrida que una peseta
grosería.
falsa! Conque ya lo sabes, me llevas.
-Fu6 .ella la que me prohibió hablarle.
Muy pálida, los ojos fríos como dos trozos de
Tampoco pareció oir aquello la taimada, pues
hasta en aquel momento se inclinaba para reco- úgata negra, murmuró :
- ¡ Antes me llevarían muerta que contigo!
ger una rosa caída en el suelo.
El la cogió de nuevo po.r el puño.
- ¡ Pobre flor !- suspiró romántica- . ¡ Si vie- ¿Decías?
ses que pena me dan las rosas que se marchiSoltóse vivamente.
tan! ¡ Y hoy había tan las, tantas rosas! ¡ Mira
-¡ La embajadora!
c¡ue ha habido flores! La verdad es que la fiesta
\'enía la dama arrastrando la cola de su esresultó preciosa, de lo más bonito que yo he
pléndido vestido de lerciopelo amarillo, como
visto.
- ¡ X o seas falsa ni rencorosa !-apoyó él, ra- podría arrastrar un par1o de cocina, mient,ras el
bioso- . Si estás enfadada, dímelo con franque- cuerpo, indecentemente e.s-00[,ado, mostraba flacideces que hacían resallar la osamenta, y sobre
za, y perdóname.
Como si sus palabras fuesen sonidos sin ni11- las grefias, que rodeaban su rostro de pájaro
viejo, la tiara de brillantes, gentilmente incligún sentido, miró la hora.
- ¡Dios mío, qué tarde! Yo me voy. Hasta la nada.
:-/oble indignación ardía en su pecho. ¡ Ser1or,
vista- y le tendía la mano, fina y alargada, priaquellas gentes debían traer hambre atrasada de
sionera en el guante de Suecia.
s-eis meses! Habían caído sobre la cena como
-Me voy conligo.
lobos, y los suculentos jamones, las aves trufa- ¡Eso sí que no!
Declaró vehemente; luego, arrepentida de su das, los enormes pescados, desaparecían como
pronlilnd, apresuróse á reanudar el hilo de su por ensalmo entre olas de dora.do y burbujeante
champaüa. Horrorizada, hacía mentalmente los
frase.
-· Eso sí que no puede ser... ¡Pero, hijo mío, cálculos de la hecatombe. Lo que era peor era
si en el cochilranco que he venido apenas aquel jarrón de Capo di .lfonti, al que habían roto
un asa.. ¡ Un jarrón de diez mil francos! ¡ Y su
cojo yo!
marido -se había encogido de hombros desdeño-Te llevaré en mi auto.
samente cuando fué á decírselo 1 ¡ Gracias que
Lo echó á broma.
- ¡Justo! Los dos juntitos en el automóvil, era de la nación, porque lo que es si en su pisito

segu_ndo de.Novenlandia le rompen, aunque fuese
un tiesto de albahaca, le hubiesen oído!
Sonriente, como si nada sucediese, la de Fuenl~s comenzó sus zalamea.s. ¡Encantada! Había
sido una fie,sta icteal; ¡qué palacio qué cotillón
qué cena! Y con un último apretón de mano~
salió.
Tnmbi6n Jaime quiso escapar tras ella; pero la

rido. cuando era minist:rq ele _Agricultura. Al fin,
callo un mslantc, .Y él, 1mpac1ante, aprovechando
la tregua. se 111cl111ó, en saludo ele despedida.
Al verse en la galería perdió lodo comedimiento r _corrtó á la escalera; na'da. Bajó ú saltos,
y I tro sobre la. mesa la ficha de su dabán. Un
cri::ido interrogó:
º
-¿.\yi-,o el coche del señor?

dueüa de la casa se crevó en el deber de retenerle. ¡ Un marqués de Jarama, Grande de Es. p_afia !. Comenzó á contarle cosas que le teman
sm CUJdado, y de las que ni siquiera se enteraba.
i Demonio de vieja! ¡ Y la otra que se le escaI?l_lba ! Y daba cabeza.das aprobadoras mientras
t1Jaba _mir13:das ansiosas en la puerta. l\ada, aquellas historias no tenían fin. Ahora le explicaba
un canal de riego que mandó construir su ma-

:\" o, !w ; IM rny á pie. Per0 ¿. ~- ese gabán·?
Lo tr:uian, y Jaime se zambulló en él. ¡A ver,
•I bastan! '\:o parecía. Buscaron inútilmente. Cttlóse el sombrero.
- :t-fmiana mandaré por el bastón-. Y salió escapado al porlul. Ni rastro del coche de la esquin1. Corrió sm hace.r caso ele la ma de lacayo$
que ~e mir8:ban asombrados, y al llegará la calle
tendió la v1st.a en todas direcciones. Cero. Pateó

�tener una posición imposible, pasando ridículos
apuros, y hasta hambres, dispuesta, si necesario
fuese, á aconsejarla una venta ignominiosa, con
tal de seguirse codeando con la aristocracia y
no volver á caer en la mísera clase media, que
odiaba. Error craso su boda con el imbécil de
m
Ramón Sanabria (no se detenía ante el calificaA media calle de Ferraz hizo parar el tranvía. tivo), politicastro de quinto orden, más bien poEran,· próximamente, las once de la mañana, y bre que rico, pero noble, maestrante de Ronda,
el día, de invierno frío, pero bañ.ado en -sol y y persona querida en la buena sociedad.
Al caminar e\·ocaba los ocho años de vida cenalegría, invitaba á pasear. En los jardines, algu:.
nos niñ.os jugaban, vigilados por casquivanas yugal, las privaciones del quiero y no puedo,
niñ.eras, que se dejaban galantear por los sol- los esfuerzos para empujar al marido, las caídas
dados, y por severas misses inglesas, que leían vergonzosas é inútiles por un ascenso de él ó
con fruición alguna romántica historia de ~Val- por algunos miles ele pesetas para pagar cuentas
ter Sc.oll; por las aceras, cocineras, criados, ele modistas. ¡Ah! La dolorosa tristeza de aqueasistentes, dirigíanse á sus quehaceres, y entre llas dos caídas, ¡ qué rescoldo de crueldad habían
algunos coches y automóviles los tranvías cru- dejado en el fondo de su alma!
Seguía el capítulo de sus equivocaciones. El
zaban raudos el arroyo, llenos de modestas damas que volvían de misa, y de oficiales que se destino irónico hizo que muriese su marido en el
momento de llegar, cuando la Legación de Bruencaminaban á los cuarteles.
Nada de aquello distrajo, sin emba~go, la aten- selas iba á ofrecerles un refugio y una solución,
ción de Carlota Fuentes, que, tras de seguir un y sola resislió al principio en una dignidad ausrato calle arriba, colóse por la de Don Evaristo tera que le granjeaba las simpatías de todos,
San Miguel, en busca de la de Don Martín. Una hasta que Alberto Rivalla, enlonces en pleno
falda de palio azul, una chaquetilla de astrakán, esplendor, derrochando millones y asombrando
cerrada en el busto por pequeño ramo de viole- á 1ladrid con sus trenes, su elegancia y sus catas, toca de la misma piel que el gabán, y al prichos de gran selior artista, dignos de un Mélado izquierdo gran moño de las mismas flores dicis ó de un Valois, cruzóse en su camino.
que ornaban su pecho, mas espeso velo de encaje Por un momento creyó que la hora del triunfo
negro, disimulaban, sin disfrazar, su persona. había llegado y vivió victoriosa seis meses c.n
Bajo el sencillo atavío, aquella su maravillosa una perpetua apoteosis ele elegancia. Coches,
belleza infantil reverbera triunfadora, á pesar trajes, joyas, viajes, todo lo que constituye el
de la crudeza de la luz; ni una mácula en so tren ele los poderosos, lo disfrutó. Las gentes
cutis ele nieve, ni una arruga en la frente pura; aplaudían, alababan su belleza y elegancia, apaparecía, no que después de la noche de baile rentaban acatamiento á la nueva reina; pero,
hubiese pasado unas horas de insomnio, sino en realidad, entre burlonas y escandalizadas soque acabase de levantarse tras largo y prove- cavaban los cimientos endebles de su dicha, &amp;e·
choso reposo. Sólo, tal vez, en los ojos profun- gmas que aquella brillante estrella se apagaría
pronto. Y llegó la catástrofe. Alberto, arruinado,
dos había un tenue Yapor de cansancio.
Las manos en el manguito, caminaba lenta- en poder de los acreedores, se hundió, no conmente al ritmo de sus pensamientos. Los soflo- servando sino míseros jirones de su fortuna, y
nes recibidos la víspera, que eran, y su claro la de Fuentes, comprendiendo que era cuestión
talento no le permilía engaliarse, el 1in del Jin; de decoro sostenerse aún, comprometió su esla escena con Jaime Alcázar, su amor por ella, caso peculio y trató de luchar. Pero las gentes
que con tanta habilidad había atizado meses y conocían demasiado bien lo endeble de aquella
meses, y que sabia era inmensamente mayor de fortaleza para dejarla defenderse, y comenzaron
lo que el interesado creía; la escasez pecunia- los desaires, las frialdades, el vacío en derredor
ria; sus relaciones con el loco de Alberto Ri- suyo. Había llegado el fin, y solución no veía
valta, todas aquellas cosas heterogéneas y com- ninguna; mejor dicho, sí. Ella, desde hacía muplicadas, de las que podía. salir el triunfo ó la cho, al comprender el amor de Jaime, pensó en
el triunfo de aquella boda. ¡ Ser la marquesa
miseria, era preciso resolverlas.
.
Tenía que tomar una determinación. En' dos de Jarama! ¡Volver éon honores á donde salió
años se había desprestigiado por completo; con vergüenzas!
Pero un obstáculo inmenso, infranqueable, se
aquella hiperbólica posición d_e que disfrutó de
casada y aun conservó en los primeros tiempos alzaba ante ella. Alberlo, pobre, vencido, encede su viudez, se había desmoronado, arrastran- rrado siempre en aquel pisito, donde habitaba rodo de paso jirones de su escaso peculio; ya, deado de los restos de su pasado esplendor; ·solo,
como no fuese alguna diplomática, cándida como aislado, como una fiera acorralada, vivía enveneuna paloma torcaz, nadie le invitaba, y en los nándose lentamente con morfina, presa de radesaires recibidos la noche anterior en la Em- biosa pasión por ella, y amenazando con mata,r
bajada de Novenlandia estaba la medida ele su y morir al primer intento de abandono.
¡ Qué hacer! Pensó por un instante huir; esactual posición. Era preciso resolverse: ó la rea
conquista, ó huir, esconderse, vivir pobre y ol- cribirle una carla de adiós, y desaparecer. No,
no. La buscaría por el mundo entero. Era mejor
vidada. ¿La querría Jaime bastante para... ?
-En esta vida nos engañamos á nosotros mis- conv,encerle á fuerza de cariño y persuasió11.
mos. Nos hacemos creer que nos conviene lo que: ¡ No se dejaría convencer nunca! Un descorazoen realidad nos gusta, y en vez de ver las cosas namiento inmenso le invadió. Tal vez lo mejor
tal y como son en la realidad, y poner á un lado sería darse por vencida, renunciar á lodo, y
nµestro gusto y al otro la sociedad, sus leyes, dejarse ir. No. La luchadora que vivía en ella
sus prejuicios, sus caprichos, hacemos que las se alzó fuerte, pronta á la batalla. Lucharía, y
cosas sean como queremos qne sean, y nos em- sus labios murmuraron crueles :
-¡ Primero soy yo! •
peñamos en creer que los demás piensan y creen
Después, como estuviese ante la casa, penetró
como á nosotros nos conviene. Mis amores con
resuella y lanzóse escalera arriba. Al llegar al
Alberto han sido una equivocación.
Toda su vida había sido una equivocación. segundo, llamó á una puerta, que se abrió en
Equivocación, y grande, la de aquella poJ;&gt;re ge- seguida; é interrogó á la vieja, que se apartaba
nerala Fuentes, su madre, empeñándose en sos- para dejarle paso:

rabioso; luego, resignándose, sacó de la pelaca
un cigarrillo turco; encendiólo, y comenzó á caminar lentamente en la melancolía del runa,necer.

·-¿El señor?
-En el despacho.
Cruzó la antesala, y con los nudillos golpeó uua
puerta.
·
-Yo.
.
Se abrió, y _dos brazos la estrecharon, mientras unos lab10s voraces le besaban, murmurando:
-¡Nena, nena! ¡l\li vida!
Sobre el fondo, un poco á la moda del Renac~mient-0, del despacho destacábase la romántica
figura de Aurelio Rivalta. Alto, delgado, con delgadez ondulosa, de ra~a, que resaltaba más baio
el pijama de seda blanca; en el rostro nazareno
palidez de marfil translúcido que hacía moldearse
con pureza cadaYérica las sinuosidades del 1 1•1.·fil
bizantino, ennoblecía toda su persona una distinción suprema. Sus labios pálidos sonreían con
mueca casi dolorosa, y los ojos azules, mortecinos, tristes, brillaban bajo los párpados cansados, mientras la frente alta tenía una luminosidad extralia. Barba rubia, lisa, que ornaba su
rostro, y una melena entre trova romántica y
cabellera medioeval, completaban su figura.
Era la estancia no muy grande; revestía sus
muros damasco azul, sobre el que lucía, en el
testero principal, «Los pretendientes»,-firmado
Gustavo l'vloreau, enlre dos aguafuertes atribuidas á Goya-algo monstruoso: una orgía de hechiceras en torno de calderas donde se cocían restos
humanos.
Dos muebles italianos de roble tallado con herrajes de plata, algunas mesas-vitrinas conteniendo tabaqueras enriquecidas de peregrinos esmaltes y piedras preciosas, el «Mercurio" de Juan
de Bolonia surgiendo de vieja estofa recamada de
oro y una Afrodita moderna de una perversidad
sutil y alargada, completaban la decoración del
c:uarlo, uno de cuyos ángulos ocupaba un diván
inmenso revestido de pieles y almohadillado de
cojines de varias y peregrinas telas.
Sentado en el diYán, la cabeza echada hacia
atrás con ges.to romántico que hacía flotar la
trova, en los ojos entornados una luz azulada
rnmo llamita de alcohol, Aurelio le hablaba ahora teniéndola cogida de las manos.
-¡Cuánto has tardado, vida mía! ¡Si vieses
qué triste estoy cuando te te,ngo lejos! En la catústrofe de todas mis cosas, en el derrumbamiento de mi felicidad, tú eres lo único que me queda.
;'\o vivo más que de ti y para ti; mi pobre vida,
que antes era un compendio de tantas cosas bellas, ahora es una llama que alimentas tú.
l\lienlras hablaba con voz cálida, extrañamente
musical, sus manos de ícono bizantino, unas manos cadavéricas, finas, alargadas, manchadas
por el reflejo de raras gemas, accionaban lentamente.
Carlota creyó llegado el momento ele decir alero
y ~uscó. Nada. Su pensamiento vagaba lejos de
alll; su voluntad de mujer enérgica nacida para
la lucha, le llevaba á desear escapar pronto de
aquella malsana atmósfera, aun cuando fuese
pasando por cima del pobre ser miserable y triste. Fingió aún:
-Yo también he pensado en ti.
Sonrió él.
-Sí; pero tú, involuntariamente, en el barullo
del mundo, tienes que olvidarme, ¡mientras que
Y?, aquí!. .. Yo, aquí-siguió con exaltación cree1en_te-:-, solo, aislado, olvidado de todo (¡quizá
ele t~ misma!), en las largas, en las inmensas, en
\as macabables horas de dolor voy cincelando tu
imagen en mi pern:1.
~o estaba la de Fuentes de humor para tales
quintaesenciados discreteos, que aquel día despertaban en ella afán loco de decir verdades y
groserías que fuesen como una afirmación de

vida; pero dominóse, sin embargo, y se limitó á
una observación llena de buen sentido:
-¿Por qué 110 vas tú también?
Protestó vehemente:
-¿Yo? ¡Jamás! Para ver todo lo que deseo y
no tengo; para sufrir vergüenzas y humillaciones;
para que las que se arrastraban ante mis millones se den el gusto de pisotearme y digan, con
una compasió11 peor que todas las injurias: u¡Pobrecillo!»-Con ojos ele loco, exaltado, fuera de sí,
prosiguió:-¡Ja! ¡ja! ¡Qué divertido! No, no, descuida, que no se saldrán con la suya.
'
Ella iutentó calmarle:
-Hombre, no lo tomes así. Yo lo de&lt;:ía para
que te distrajeses.
-¿Distraerme? ... No, Carlota, no; sufrir, sufrir-; y con voz bafiada en llanto y una tristeza
pueril en el rootro, de Cristo agonizante:-Ni aun
me queda el consuelo de tenerte; ¡si al menos te
estuvieses lodo el tiempo conmigo!
Aquella majadería la irritó. ¡En eso pensaba
ella! ¡Para ponerse aún más en ridículo!
-¡Estaría bonito!
Casi en seguida se arrepintió de su crueldad.
Los ojos tristes, fijos en ella con extrañeza dolorida, la enternecieron.
-No seas niño, Aurelio-murmuró quedamente mientras su mano acariciaba las guedejas rubias-. Yo comprendo que para ti sea un sacrificio muy grande ir por ahí; pero me da pena
Yerte siempre encerrado.
-Siempre-gimió el desdichado--, siempre. Noche y día, meses, años ... A la puerta de esta casa
está escrito como á la puerta del infierno dante-s&lt;'o: «¡Lasciate ogni speranza!»·Ya sólo tú me
queda,s en el mundo.
Quiso ella zafarse de aquella exclusiva y animó:
-Te queda el arte.
-:\o-afirmó el cuitado-. l\li arte ~ra mi vida.
Yo no soy pintor, ni escultor, ni escritor; como
::\erón, como Heliogábalo, como Ludovico Sforza,
como Cosme de l\1édicis, yo era un cincelador
de la existe:ncia, ¡y la realidad irónica se ha
reído de mí!-Y, con safia rabiosa-: ¿Tú le irnáginas al Maynf/ico llevando las cuentas de una
casa? No, no; el arte me es indiferente'; sólo tú
me importas en la vida.
-Y, sin embargo, llegará un día-murmuró
tristemente la de Fuentes-en que tengamos que
separarnos.
-¡?\unca!-clarnó el infeliz-, ¡nunca! Sólo la
muerte no5 separará; mejor dicho, sólo mi muerte, pues sí tu murieses yo no te sobreviviría.
-¿Y la pobreza?-interrogó con melancolía.
- Tampoco. Iremos juntos al través del muudo
con nuestra miseria á cuestas; caminaremos al
sol por los campos y dormiremos al claro de luna
bajo el ci.elo estrellado.
--¿Y si yo me casase?-aventuró ella. Casi instantáneamente se arrepintió.
Aurelio, muy pálido, en las pupilas acuosas
fulgores de locura, se había alzado de un brinco,
y cogiendo de una mesilla de ébano un puñalito
florentino con el puño incrtIBtado de pedrerías,
marchó hacia ella:
-¡Te juro que el día que intentes olvidarme te
clavaré este puñal!
Ella, intensamente pálida, intentó echarlo á
broma:
-¡Justo! ¡en el corazón!-y su voz temblaba
levemente-: Vaya, no juegues con eso, que, sin
querer...-y poniéndose en pie.-: Yo me voy.
-¿Ya?-imploró con pena.
-Si; almuerzo en casa de Felisa Aldaba.
El romántico la e6trechó largamente entre sus
brazos, y sus labios bebieron su aliento en un
beso largo, largo ...
-¡Nena! ¡nena mía! ¡mi vida!

�Salió la Fuentes, y ya en la escalera se d,~l uvo un instante. Sus pupilas relampagueaban si-

niestras y en su boca había n9 sé qué rictus cr~el.
-No hay remedio. La candad y el amor b1e:n
entendidos ...
IV

.\ pesar del calor tórrido que hacía en el salón,
i\Iaría. Montaraz, acurrucada, con un no sé. qué
de mona sabia, en una butaca junto á la ch1me-

nea se tostaba á fuego lento al tiempo que se
abr~saba con una taza de te hirviendo.
.
-¡Hija ni que le hubieses hecho un voto á San
Lorenzo!_'.__murmuró tía Gertrudis (era el nombre
familiar con que su dilatada parentela y sus íntimos conodan á la marquesa de Otumba) mientras miraba sonriendo á aquella loca.
La Montaraz dió otro sorbo, chupó el cigarrillo,
y alzando con descoco un buen trozo. de f?-lda,
plantó el pie poco menos que en las m1smfs1mas
llamas, mientras explicaba:

-Es un sistema ruso para adelgazar.
La condesa viuda de la Campanada, que, cómodamente instalada ante una mesita, con su taza
de te y buen acompañamiento de cosas comestibles delante, devoraba con la noble ,serenidad de
quien de6empei1a funciones litúrgicas, fulminó
contra ella una mirada de indignadón profunda.
Todas aquellas paparruchas del adelgazamiento le irritaban. Eran cosas de tías, como el pintarse y ponense porquerías en la cara. Santo y
lrneno que una mujer tuviese un amante, ó dos,
ó media docena (¡pobrecitas, algo habían de disfrutar!); pero que se anden embadurnando la cara
y chamuscándose la barriga ... ¡uf! ¡qué asco! Ella
era espaliola de. cepa, y las cosas de extranjis
la reventaban. No comprendía las mujeres pintadas, como no la,s comprendía montando en bicicleta, ni sabias, ni librepensadoras. La mujer
debe tener mucha religión, como la tenga... Y si
no, allí eslaban sus hijais; ¡educación más libre!
Pues con que tuviesen la fe del carbonero, ¡tan ri•
camente! Y allí estaban, efectivamente, Rosaura.
languideciendo en una elegancia cocotesca, el rostro fino y pálido, devorado por el milagro de unofl
ojos inmensos que lucían sombreados por el ala
del «Rembrandt" de terciopelo negro, y Paca fumando y bebiendo con una allure muy varonil
mientras le decía chistes de granadero veterano á
.Julito Calabres, desfalleciente en ,su elegancia de
transformista de Folies Bcrgers.
Aquel salón pompeyano, en su vistosa suntuosidad, era un horror, un v-erdadero salón de
pe-&lt;iarlilla, con sus columnas de jaspes y su,s chaflanes pint-orreados; pero la tertulia era el sumun de la elegancia, algo así como lais órdenes
militares de la buena sociedad y la gente descrismada por ir. Tía Gertrudis les recibía con su me..
jor sonrisa, escandalizábase un poco de sus historias y luego dormíase beatíficamente para despertarse de vez en cuando y reanudar la conversación, no donde las damas estaban, sino donde
ella lo. dejó.
Aquella tarde, contra la costumbre establecida,
no babia ido casi nadie; además de la Campanada, sus niñas y María, no estaban allí sino Chita
Avellaneda, bullanguera y chismosuela; las de
Rosicler (tres solteronas impenitentes ~e bordeaban los abismos de las cincuenta y cinco primaveras, y siempre pudibundas, redichas y fáciles
de asnstar, no perdían fiesta ni jolgorio), y Sofía
Florida, esplendorosa en su amplia pelliza de
Chinchilla y su fieltro gris adornado de inmensas
alais blancas que le daban cierta apariencia de
Walkyria.
De un humor de todos los demonios (¡ni uno
menos!) la Florida reponía sus fuerzas con el
substanciooo tente en pie de la Otumba. Estaba
furiosa. Jaime Jarama era un sinvergüenza.
¡Ocho días sin echarle la vista encima! ¡Y si no
fuese más que eso!; pero, según parece, bebía los
vientos por aquel pendoncillo de Carlota, que (¡era
para estallar!) no le hacía maldito el caso. Y ella,
la duquesa de la Florida, se había humillado á
escribirle y ¡nada! Le había buscado y ¡tampoco!
Decididamente la huía; por no toparse con ella ni
aun en casa de su tia Gertrudis se dejaba ver.
Los demás estaban al cabo de la calle en lo de
las andanza,s amatorias de la dama, y, desde que
entrara, esperaban, entre curiosos y burlones,
la llegada de Jaime, sin perjuicio de buscar mentalmente el modo de poner á su amiga unas banderillas de fuego. Fué la Montaraz quien se encargó de tan humanitaria tarea, y para que la
cosa fuese por carambola, se encaró con la marquesa:
-¿Y Jaime, tía Gertrudis? Hace un siglo que
no le veo.
La Otumha, con aquella paradisíaca inocencia

que, según Julito, la haría parecer tonta si no lo
fuese {ella no creía en aquellos líos q_ue inventaban las malas lenguas), respondió cándidamente:
-Yo tampoco Je veo hace días-; y sonriendo
con sonrisa bonachona de abuela consentidora-:
Debe tener algún secretillo del corazón. Ya nó
es un chiquillo, y el día menos pensado se nos
casa.
ün silencio pesado gravitó sobre el salón. María murmuró para su sayo:-¡Chúpate esa!-La
de la Campanada se engulló un pastel entero y
Sofía mordióse los labios despechada.
Alzóse la cortina de terciopelo rojo que cerraba
la pu~rta y un lacayo de blasonada librea
anunció:
-El sefior marqués de Jarama.
Hablaban ahol'a de «l\lonna Vanna", la obra de
'.\Iaeterlink.
-Es una indecencia - afirmó autoritaria. la
Otumba.
-Pero, tía-se atrevió á protestar María-, si
tú te pasaste la función durmiendo.
-No importa-aseguró la vieja sin ofenderse
por lo impertinente de la observación-. En el teatro duermo con un ojo abierto. Además lo dice
Agusliuila, y ¡esa sí que no dirás que se duerme!
-Pero entiende de teatro como yo de criar ranas con biberón-protestó la incorregible.
La condesa no se &lt;lió por vencida:
-De decencia entiende todo el mundo. Una mujer que sale desnuda por todo un pueblo ... ¡Jesúis!
¡Jesús! ¡Qué horror! ¡Una cualquier cosa! ¡Una
perdidona!
-;Tía! ¡si era por patriotismo!
-¡Quita! ¡quita! ¡Qué patriotismo ni qué ocho
cuartos! Yo, aunque todoo los ejércitos del mundo estuviesen sitiando Madrid, no salía así.
La Montaraz disimuló una sonrisa pensando
que ,si la dama se ofreciese en aquel traje ante
la soldadf'sca, si no huía, á lo menos estaría curada de malos deseos para siempre.
Sofía ,se puso en pie:
-Gertrudis, yo me voy.
-¿Ya?
-Es tardísimo y corno en la Embajada rusa.
l\Iienlras se despedía, la Otumba se encaró con
su sobrino:
-Jaime, acompaña á la duquesa.
-Si me voy también, tía.
La dama le tendió su mano, siempre engúantada, que él besó respetuosamente.
-Que no seas ingrato, que vengas á contarrpe
tus cosas.
Salieron junto,s, y juntos y silendosos cruzaron
la larga fila de salonoo:----el gótico, el japonés, el•
imperio, el Lui,s XV-, atravesaron la antesala,
en que la doble fila de criados se inclinó respetuosamente, y ya en la monumental escalera de
mármol blanco, ofreció Jaime el ·brazo á su amiga. Tomólo ella y juntos bajaron algunos escalones. De improviso se detuvo la dama, y soltando el brazo, miró á su amante cara á cara:
-¿Sabes lo que te digo? ¡que eres un canalla!
Y como él, á la expectativa, pennaneciese sonriendo enigmáticamente, tornó á apostrofar:
-¡Un canalla! ¡Un miserable!
Dudó Jaime entre la ira. la indiferencia ó el
desdén. Al fin murmuró: ·
-Bueno, ¿y qué?
-¿Y qué?-clamó ella perdí1lo todo comedimiento-, ¿y qué? ¡Pues que yo no soy el monote
de ningún nh1o bonito! ¡que de mi no s,e ríe nadie!, ¿estás? ¡Y que hemos acabado!
-¡Mejor!

-¡Ah!, ¿sí? ¿de veras? ¿mejor? ¡Ya lo suponía
yo que la tía ooa andaba en danza!-, apostrofó
la ofendida beldad.

�frío, cansancio y no sé cuántas cosas rr 11s. Los
cuarenta y tantos afios que el buen humor, gallardía, acicalamiento y elegancia de su persona
disimulaban luego, mostrábanse descaradamente
en las primeras horas de la mañana. Armab¡i. un
alboroto por cualquier pequefiez; gritaba, echaba
ias cosas á rodar y metía cada zipizape que hacía
temblar la casa.
Pero si siempre, al le\'antarse, era insoporla-

- Xo insulies ~ ádYirlió él.
. -¿ IJ?SU!lar? La ye-J'clad no es insullo. ¡'Pin
y más·q~e lía! ¡truco$a!
;-entretenid?-!
.
La cogió viélenlamenle por un brazo, y hablando con ira concen- .
!rada, afirmó:
-1': o lolero que hables
asL - y asestando la
puñalada...-que hables
así de la que va á ser
mi mujer.
Alzó la dama la mano en un primer impulso
para abofetearle, y luego, arrepinti~ndose d~ su
ademán, dejóla caer, y con rab1ooa ironía, rió:
-¡Que sea enhorabuena! ¡Una marquesa de
Jarama rreé Carlota Fuentes y ex querida d,e Aurelio Rivalta! ¡Charment!
.
Y lenta, llena de majestad, comenzó á bajar
lru, escaleras. Al llegar al último descansi.llo se
detuvo, tal vez con la esperanza de que Jaime la

llamase; pero él, inmóvil, so_nriendo ~esdeños~,
no hizo ni un gesto, y la alhva, vencida, hum1llada, salió.
V

Las mañanas del buen mozo distaban mucho
ele ser triunfales. Por el contrario, despe,rlábase
de un humor infernal, con mal sabor de boca,

ble, llevaba quince días feroces en que su mal
genio se había aguzado aún.
¡Estaba enamorado! No podía engafiarse ya sobre la índole del sentimiento que Carlota Fuentes
le inspiraba. ¡La quería! Y no era, un capricho
pasajero, era una pasión honda y fuerte que absorbía todas las potencias de su alma. Su aniliado encanto, aquella gracia pueril que le plantaba en perpetuos veinte abriles, obsesionaba su
cansada naturaleza de blasse. Además ella, con
habilidad suprema, babia ido atizandg aquella
pasión para, en el momento culminante, cortar.
Con profunda sorpresa analizaba aquella mai'íana, en el calor de la cama, mientras su ayuda
de cámara le preparaba el baño, el es lado de su
espíritu.

El, que fué siempre un egoísta, él, para quien
no hubo más cu1to que el del San Yo bendito,
que jamás quiso á nadie, padres, hermanos,
amigos, novias y queri&lt;las, como no fuese á si
mismo, eslaba enamorado; y como un colegial
ó un oflcialele de tres al cuarto, andaba de zoco
en colodro, persiguiendo á la dama de sus
pensamientos. Et, que se dejó tfucret' con un
mohín desdeíioso de condescendencia por las

más excelsas bellezas del gran mundo, del arle
y de la galantería, escribía ahora cartas incen-

diarias á la viudita, aquella pobre é intr1gantuela. Y, no contenlo aún, rondaba la casa como
novio oficinesco, y aun trataba de sobornar criadas que, para mayor ridículo, resultaban insobornables.
Sen lía que la quería, que ya no podría pasarse
sin su grada andrógina y perversa y sin su
alegria reidora. ¡ La quería! Por primera vez
en su vida, una pasión seria anidaba en su alma,
y sentía que aquella era la pasión definiliva, la
verdadera, la única.
Después de la escena de la Embajada se lo
había escri lo así, tras varios intentos de verla,
en unas pobres carlas, un poco ridículas, llenas

•

�de lirismo. En ellas suplicaba, rogaba,
tonjuruba á Ju clesdeiiüc-a ú conc,cdcrle une.
entrevista; pintaba con román tico-s desplantes su amor é imploraba piedad, no
como un conquistador, sino como pobre
vencido que se entregaba á discrcción. Y
110 fueron sólo carlas : fueron flores v recados, enviados por conduelo de amigas
oomplacienles. Todo fué inútil. Desde la
memorable noche ele la Embajada, Carlota
&amp;e había cobijado en una dignidad austera,
que la redimía de pasados yerros, y así,
lo que debió ser gran contratiempo, volvía,;e en favor suyo.
Jaime comenzaba á desesperar, y aquel
obsláculo, al parecer infranqueable, le irritaba,
exasperando su pasión y mezclando en el juego
su amor propio.
Con peor talante que nunca cogió aquel día el
correo, desesperanzado de hallar ya en él la
anhelada carta. ¡ Bah, tonterías! Una cita de
Perico Igualada para una junta en el Club; carta
de Sofía, llena de reproches y ternezas, buscando
la reconciliación.
La estrujó con rabia.-¡ Imbécil! ¡Aunque no
hubiese olra mujer en el mundo !-Y siguió su
repaso anónimo, ¡ qué asco! Unos anuncios y ...

Latióle con violencia el corazón al encontrar un
sobre de papel blanco, liso, pero reoio, chic, cruzado de altas letras inglesas é impregnado de
un tenue, casi imperceptible, aroma de violeta.
De ella. Rasgó rápidamente la satinada superficie y leyó el plieguecillo que dentro venía.
«Querido Jaime: ~o quiero irme sin decirte
adiós. Salgo hoy en el rápido de las nueve de la
mafiana.. Gracias por tus ~artas. No sé cuándo
,,olveré, ni aun si volveré. Ya sabes que, esté
donde esté, tendrás siempre en mí una leal
arniga.-Carlota. »

¡Y nada más!
Salló del Jecho tornado á los veinte años por
la emoción y la impaciencia. ¿Sería verdad?
¿Se habría ido? ¿?\o la yerín más ni sentiría el
suave encanto de su belleza pueril? Todo aquel
cnsuc!'ío de vida futura, idílica y soñadora, ¿ serla una quimera? ¡Con tal que llegase á tiempo
de impedir la huí da! ¿Y cómo impedirla?
Por un instan le, vaciló; pero, rehecho pronto,
encaróse con su criado, y mientras acababa de
ataviarse con cuidados de enamorado primerizo,
ordenó :
-Que vayan en seguida por un automóvil.
Impaciente, nerviosísimo, incapaz de aguardar, descendió al portal, y apenas se detuvo el
Yehículo ante la puerta, saltó dentro.
-Cla udio Coello, diez. ¡Deprisa !
Y mientr as el artefacto corría, mejor volaba,
· con grave peligro ele los inocentes lranseuntes,
el conquistador preparaba trozos de discursos
con que rendiría el albedrío de la bella esquiva.
Olvidado por completo de su personalidad, de
su leyenda, de su habitual desdén, desconoerlado, aturdido, fuera de sí, pensaba sólo en detener á aquella mujer que sentía ahora imprescmdible para su dicha. ¡ Lo. quería! La quería

con esa ceguedad de la pasión, que borra defectos, ciega abismos y hac~ que infranqueables
montaíias semejen monlecilios de arena, fáciles
al capnch.o de un niiío; la quería con loca pasión
hecha de deseos brutales y de ternura malsana,
casi senil. El, altivo, burlón, que se reía de los
amores románticos y de las ternuras familiares,
soliaba ahora con pasear su pasión por las lagunas venecianas y los lagos suizos, y oon pasar
las largas noches del invierno al amor de la lumbre_ con aquella mujer al lado. En su exaltación
olY1dábase de su vida pasada, y es más, olvidaba que la que él soñaba, como niña llena de
candor, era una mujer de treinta años, la querida
&lt;le Aurelio Rivalta.
Paró el coch e, y Jaime, rápido, entró en el
portal.
-¿ La seuora de Fuentes?
La portera asomó complaciente su rostro de
sibila vieja por el ventanillo.
-¿La scuora de Fuentes? Pues se fué esta
ma1lana. .. pero ha perdido el tren y ya no se
marcha hasla las siete.
Respiró.
-Y ¿ eslá en casa?
-Pues creo que sí, señor.

�No escuchó más, y lanzóse escaleras arriba
con el ímpetu de un colegial que va á ver á la
novia. Ya en el piso, y conteniendo los latidos de
su corazón, tiró de la campanilla. Al cabo de dos
minutos, que para él fueron siglos, oyéronse
pasos y la puerta giró. La doncella de Carlota
mostróse á su vista.
-¿Qué deseaba?
-¿La seiiora'!
-Creo que ha salido.
-¿Está usted segura ?-interrogó anhelante.
Y como la viese vacilar, supTicó :-¡,Quiere usted verlo'!
Ella le contempló perpleja, cómo si no supiese
qué hacer con él.
-Yo esperaré aquí-ofreció bumilde.
La criada inlernóse por un pasillo, y Jaime se
apoyó en el muro, decidido á esperar.

El saloncilo, días anles alegre y coquetón, tenia ahora un aspecto desolado con sus parceles
desnudas y sus escasos muebles revueltos y
desvene.ijadas. Sobre la telilla rosa que tapizaba los muros, las pi11luras y fotografías arrancadas habían ele-jallo graneles cuadrados obscurns, y en los sofús y huluquilas, la luz, que libre
d.l obstáculos de corliuus y cslores, entraba prol'UZ, hacía resollar manchas y rozaduras. Y la
habitación entera tenia ese aire devastado que
da una quiebra ó una mudanza.
Carlola Fuentes, sentada ante la única mesauna vieja, ele tresillO-lJUC 1¡ncdaba, iba ordenando en una cajita algunas joyas (las que en
lirmpos de e::;plendor le regaló Aurelio, y que
ella, desde su bancarrota, no había vuello ú
t?sar). ).Jicnlras sus dedo:- ágiles- manejaban las
rnaravillo:::,as presem;, s11 pensamiénto, nunca
ocioso, iba tasándolas. El lulo de perlas, lo mejor que Je quedaba, yc11cli.do, podría producir á
Jo sumo cinco ó seis mil duros; los solitarios ele
las orejas otros dos rnil, pues eran ele roca unligua y ele lo mejor; el penclafü, ele zafiros y brillanles, unas tres mil pesetas; de diez á doce
mil las pulseras (pues irnnque debieron costar
el cuádruple, por algo eran de Cartier¡, y unas
quince mil, lodo lo más, las po1'lenlosas sortijas,
aquella. es11nge tallada en un ópalo y enriquecida de brillantes, y el pavo real ele la.s mismas
piedras, mús zafiros y esmeraldas. Total, unos
catorce mil duros, que puestos á interés, podíau
producirle catorce mil reales al mio, que junto
con los veintiséis mil que sus fincas en renta vitalicia Je daban, hacía un total de cuarenta mil,
con lo cual, si bien no pueden tenerse lujos, en
París 6 en· Barcelona le sería dable vivir modestamente.
Había jugado su vida á una carla, y ahora era
preciso p.revenirse por si se daba la mala. O marquesa de .J n.rama, con ochenta mil eluros de renta, ó una pobre señora desconocida; ó triunfadora, en clispo:;ición ele humillar á los que le humillaron, ú olvidada. Si la pasión de Jaime era
verdad, vencería; si no era sino un capricho,
estaba perdida.
Sintió el timbre y guanlG las joyas precipitadamente, y después esperó. La doncella, abriendo la puerta, anunció:
-Señora, ahí está el marqués de Jarama, que
quiere ver á la señora.
En un secreteo teatral (para ser oída) respondió:
-¡ l\ 1ujer ! ¿ No le dij e á usted que no recibía?
\'aya usted y dígale ...

-Inútil ya. Me colé como Pedro por su casa.
Siento darte ese disgus to...
-¿ Disgusto? ¡ Ca, hombre! ¡ Si estoy encantada !-y ofreciéndole sitio á su lado en el sofá,
mientras la criada salía cerrando la puerta, explicó :-Es que, como me voy, tengo todo patas
arriba y me da vergüenza que lo v,ean-. Y como
él callase taciturno, prosiguió con adorable ligereza :-Ya sabes lo que son los viajes, y más
cuando se levanta una casa. Parece mentira que
uua cosa que parece tan sencilla dé tanto que
h&amp;cer, 1, Yerdad?
-Yo no sé nada, nada más que una cosa, ¡ que
no quiero que te vayas!
Echólo ella á broma.
-Pur;s, i.:hico, siento darle un dis~usto, pero
á las siete me voy. No me llores, ¿eh·1
-?\o lo eches á broma-imploró el galán-;
no lo eches á broma, porque te hablo en serio,
con el corazón en la mano, con la vida enl8ru.
pendiente ele Jo que tú me vas á responder. Carlota, por lo que más quieras en el mundo, no te
vayas. Te ruego inmolando vanidades, prestigios, todo, todo, porque esloy en una hora de
mi vida en que estoy dispuesto á sacrificarlo
totlo á lu cariüo. No te rías, no bromees; Le juro
que jamás, jamás he hablado á ninguna mujer
como le estoy hablando á ti.
Y como ella aventurase un vago gesto de protesta, reanudó con voz trémula de pasión :
-Piensa, te lo suplico, por lo más sagrado,
por la memoria de tu madre, lo que me vas á
decir. l\li vida, mi feliciclad, mi alegría, lodo eslá
en lu mano.
Ella le contempló largamente como si quisiese
leer en el foudo de su pensamiento; despuéR,
romo tomando rápidamente una cletermina.ción,
se encaró con él.
-l\lira, Jaime, quiero creer que es verdad lodo
lo que dices y voy á hablarte sincera, con franqueza absoluta, sin ocultarte nada. - Hablaba
pausadamente, con un airecito doctoral de chiquilla precoz que explica á una compafiera las
maldades del novio ele su muñeca.-1\le voy por·
que no puedo seguir viviendo aquí Ya conoces
la gente de l\ladricl: unas veces nos perdonan
todo y otras la toman con nosotros, sin que sepamos por qué, y ahora la han tomarlo conmigo.
Si yo estuviese rozagante de dinero, me tendría
sin cuidado; pero yo soy pobre, más ponre ele
lo que se cree-con un creslo lleno de dignidad-,
y prefiDro irme que sufrir humillaciones y desprecios. Ya ves la verdad-añadió con melancolía-; hundida y pobre.
-¡Bah! Si quieres dinero, yo le cla.ré-ofrencló él.
- ¡Gracias! - contestó secamente. Después,
clulciflcanclo el l-Ono y con la dulzura con que podía reprender á un chico que hiciese una maldad
inconsciente, reprochó :
-¿ Ves como he hecho mal en ser leal contigo?
Yo no soy una enlrelenida, no puedo ni quiero
serlo va. No me hables a.sí. Me has hecho mucho
claiio con tus palabras, pero te perdono. Ahora,
créeme, vele; olvídame, y luego, cuando pase
mucho tiempo, vuelve á recordarme como una
amiga que murió- . Y se puso en pie.
El la cogió la mano.
- ¡ Escúchame, no me eches, no me desprecies! Estoy loco por ti, y la sola idea de perderle
me hace delirar. ¡Carlota! ¡Carlota! No me
entiendes, no me quieres entender. Yo te quiero
demasiado para ofenderle, para mí eres sagrada; pero no quiero que te alejes, que te vayas;
quiero que seas mía, mía para siempre; mía
ante Dios y los hombres. Carlota, ¿quieres que
nos casemos, que vivamos juntos, que seamos
felices?

Tuvo ella un gesto teatral de desaliento, y dejándose caer en una butaca ocultó la cara entre
las manos, y a.sí permaneció unos instantes.
Alzó, al fin, la cabeza; en sus ojos había lágrimas y por sus labios vagaba una sonrisa dolorosa. Con acento solemne comenzó á hablar :
-Yo también te quiero, J aime. Te hago esta

confesión como te la haría en la agonía. ¡Cuan
cierto es que Dios, tardeó temprano, nos castiga
siempre! Si yo no te quisiese, si mi amor por
li no estuviese por cima ele todos los deseos y
todos los anhelos, me callaría ahora y sería feliz. Mi dicha se basaría en una mentira; tendría
un remordimiento en el fondo del alma; ¡pero sería feliz!-Calló, sombría, en una pausa auguradora de tragedia-. Pero te quiero, te quiero sobre todo lo divino y humano; si en tu carifio estuviese mi condenación, me condenaría alegre,

contenta ; te quiero, y es preciso decirte la verdad : no puedo ser tu mujer porque... ¡ he sido
la querida ele Aurelio Rivalla !
Se irguió, tendidos los brazos en un bello gesto
de crucificado, y luego desplomóse, sollozante, en
su a.siento.
El caüaba, taciturno. Por un in&amp;tante, en la es-

tancia, silenciosa, sólo se oía el sollozar de la
pecadora. Al fin ella, alzándose, vino junto á él,
y serena va, aunque con tristeza infinita, habló:
-Ya 10" ves, ludo es imposible. Yo no puedo
ser una aventurera, no he nacido para eJlo, y
prefiero vegetar en la pobreza y el olvido; y tu
mujer no puedo serlo, porque no puede ser marquesa de Jarama quien fué la querida de Rivalla.
Se sintió heroico y tuvo una frase digna ele un
redentor de melodrama romántico:
- El amor te habrá redimido. Dios perdonó á

�la Magdalena porque amó mucho. Vuelvo á decirle: ¿quieres ser mi mujer?
Un chispaw de triunfo fulguró en el fondo de
Jas ·pupilas tenebrosas. Sin embargo, supo dominarse.
-¡ :'•fo puede ser, Jaime, no puede ser! ¿No
comprendes que es absurdo, imposible? Ahora,
en el momento de exaltación generosa, en un impulso de sacrificio, quieres inmolar todas tus
creencias, tus prejuicios de toda la vida en aras
de mi carifi.o; pero cuando lo pienses f1iamente,
te arrepentirás, y verás que es una locura--'-.
Y tras breve pausa imploró: -¡·Déjame, Jaime,
déjame! ¡Sigue tu camino y olvídame si puedes!
_El se dejó caer á sus pies, como en la ,oocena del sofá de una comedia pasional.
-¡Jamás! ¡Jamás! Te quiero, y serás mía.
.lúramé que no te irás, y yo te juro que antes
de ocho días, tía Gcrtrudis Olumba vendrá á pedir tu mano.
Pareció tomar una resolución:
-Bueno, ¡ sea lo que quieras! Esperaré ocho
días.
El se puso en pie.
--¿Lo juras?
-¡ Te lo juro !-y le tendió la mano.
El se inclinó y besó respetuosamente.
-Adiós.
-Adiós.
Le miró salir. Una sonrisa victoriosa florecía
en sus labios.
VII

tino cruel me ha ido r-0bnndo dinero, posición,
amigos, salud, ilusiones, ¡ no me quedas más
que tú en el vencimiento!
Ella habló enérgica, resuelta :
-En el mundo se reconquista todo. Para vencer, no ha.ce falta sino una eosa: voluntad. El
poder de los demás está, más que en su fuerza,
en nuestra cobardía. Basta querer de verdad una
cosa, quererla con todas las potencias de nuestra alma, poner en ella inteligencia y voluntad,
para que sea. No hay más que una cosa irremediable : la muerte. Lo demás tiene arreglo ; la
fortuna se rehace, la posición se reconquista;
créeme, sólo la muerle no tiene remedio.
-¡Me mataré!
-T\o te matarás-aseguró ella con firmeza-.
Y hablándole muy ce.rea, felina, mimosa :-L11cha, lurha sin lregua, piensa que los vencedores
se encuentran siempre.
Se puso en pie :
-Adiós. ¿Amigos?
El la tendió la mano, y sonriendo con werteria na tristeza, munnuró:
-¡Adiós!
-¡.Serás fuerte?
- Fuerte-contestó como un eco.
Le brindó su frente. Aurclio posó en ella los
labios con una caricia lenta, apasionada, inacabable, que hizo temblar á la luchadora y llenarSl3 de lágrimas sus ojos.
Al fin, se separaron y ella. partió. En la escalera detúvose para serenarse; secó sus ojos, y la
rlulzura entera de su roslro se fundió en un pliegue de la frente, duro, dominador :
-¡Adelante!

de aventurera rusa; la Montaraz, la Barbanzón,
Lma Monreal, Luz San Feliú y unos cuantos galan~, y entre todos ellos, destacándose con gracia msuperable, envuella en su gran pelliza de
renard archante, locada la cabeza por pequeño
fieltro y mostrnndo el pueril encanto de su ros-

1 •

¡
t
1

1

·f.
o
1.

- ¡ Nene, no seas chiquillo, no te pongas así!

Le hablaba maternal, envolviéndole en una caricia d,e dulzura in.finita. Sobre su pecho reposaba el rostro de Nazar_eno agonizante de Aurelio
Rivalta, más exangüe y livido que nunca. Los
ojos azules se alzaban hacia ella, en súplica
desesperada de piedad , y por las mejillas, dernacractas, resbalaban enormes lagrimones.
-¡ .\"o te cases, mi vida, no te cases !-tornó
á gemir el desdichado.
Carlota, oon ternura de hermana, pasó sus
m,mos en caricia consoladora por la frente de
su amante;
-¡ No te- pongas así, Aurelio ! Yo .seré una
amiga, una hermana para ti; no te olvidaré
nunca, ¡ pero es preciso que me vaya!
Y J,uego, '!reparándole un poco de ella, suavemente, trató de convencerle :
-Mira, más vale que dejemos las cosas así.
¿ Para qu.í seguir? Tarde ó temprano, habíamos
de acabar; más vale que sea ahora, guardan.do
un buen recuerdo-encontró una frase romántica-, un. recuerdo que sea como un viejo perfume que aromara nuestras vida:¡,.
-¡Ya no me quieres!-respondió trágico.
Redoblando su dulzura, murmuró ella:
- ¡ No había de quererle! ¡ Si vieses lo que sufro! Pero no hay remedi-0 ; así no podemos seguir, vamos camino de la miseria.
-¡ Contigo no me importa ser pobre!
-¡ Ay, Aurelio, qué equivocado estás!. .. Pe.ro,
si ahora mismo, que no te falta nada necesario,
.que tienes hasta lo superfluo, eres de&amp;$raciado,
¿qué harás el día que pases hambre y trío? No,
desengáñate, hay que volver al mundo, á la lucha, á vencer ó á ser vencido.
-¡ Ves! ¡ Ves como no me quieres! ~apostrofó amargamente el vencido-. Si me quisieses,
no hablarías así; yo sería para ti el fin, el único
tln ele la vida-. Y luego, tornándose pueril, gimió nuevamente :-¡No te cases! ¡No me dejes! Yo no tengo sino á ti en el mundo; el Eles-

en un hilo de enormes perlas que llevaba al cuello, explicó :
-Un regalo de Jaime. Yo no quería, pero se
empeñó en llevarme á Mellerio esta tarde ...
. Parecía feliz. Una alegría triunfal reía en sus
OJos y en sus labios y comunicaba á su persona

:

1 -

VIII

-¿Llegaremos á tiempo de despedirles?
El automóvil volaba cuesta abajo, camino de
la. estación. Reclinado en el fondo Julito Calabres, charlaba con Fernando Mendaro.
-¡ Qué casualidad haberlo averiguado! ¡Sino
llegamos á ir á casa de la de Otumba, se nos
escapan!
-La verdad es q_ue la boda se las traiei---. Y
i\Iendaro, deseoso siempre de hablar mal de sus
amigos, rió contento:
-¿ Y dónde nos dijo Gertrudis que se habían
casado? ¿En las Arrepentidas?
Pero Julilo no contestó. Iba nervioso, impaciente, consultando á cada momento el reloj de
su pulsera, temeroso d,e no llegar.
-¡ Qué suerte de mujer !-reanudó el otr-o, incapaz de ir callado-. !\lira que después del escándalo de Aurelio pescar marido, ¡ y qué marido! ¡Qué hábil! Ni una palabra para que no
se lo descompusiesen.
Julito siguió su idea:
-Y no habrá nadie en la estación.
-De seguro, que si. Hay en Madrid mucho
olfato, sobr.e todo para dos -cosas : el olor de
quema y el de la amabl,e musa alimentación.
Del primero escapan todos, al segundo acuden
como moscas á la miel-. Y añadió como moral:
- Como en casa de Carlota se ha de comer, y
bien, ya verás tú ¡ cola!
Llegaban. Rápidos cruzaron las .salas de espera y entraron en •el andén.
Junto á uno de los coches había compacto grupo
de gentes.
.
-¿No io dije?-riocordó Fernando.
Alli estaban la de la Campanada, con sus dos
niñas; Rosaura., languideciente en su silueta elegantísima, dibujada por el paño verde manzana
de su traje; Paca, varonil con su aire anarquista

tro entre las azuladas gasas de un enorme velo
Carlota Fuentes, marquesa de Jarama.
'
Co_rrieron los recién llegados al grupo.
. -, Enhorabuena, enhorabuena! ¡Traidores!
, Prófugos!
Carl&lt;7la reía gentil.
-¡ S1 no l u vimos tiempo ¡je avisar á nadie!
LuP.i;ro, como viese los ojos de sus amigos fijos

'

.

una extraña ju~enl~d. Julito sintió el prurito
de chafarla la victoria, y aprovechando un instante, en que quedaba sola, musitó en voz baja:
-¿Has v1slo qué horror?
Tuvo un gesto de sobresalto.
-¿Cuál?
-¡ El pobre Aurelio Rivalta que se ha suicidado esta tarde!--espeló á boca de jarro. Y Juego,

�remat:hando el davo: -Lo enconlruron tendido
en mí charc:o de sangre cqn un balazo en \a ·sicn.
Carlota había pulideciuo intensamente.
.
- ¡ Calla!-nrnrmuró aprelando C'l brazo de su
amigo.
Jaime ,:e acercaba á ella galante y rendido.
-Ilan llamado. ¿Subimos'?
.
-Vamos.
Dejó caer el velo sobre su rostro, en discretos
celajes, y fuése despidiendo de sus amigos.
-¡Adiós! i Adiós! ; F eliz viaje! ¡ Enhorabuena.

Subió al tr&lt;'n, ú ac¡uel lr¡rn que debía llevarle
á la gloria y el lriu11fo. Le parecía_. ,'er el cadáver

de Aurelio Hivalta•, dolonJso y· grotesco, alruYesado en su ramina. ¡Bah! Ojos que no ven, corazón que no siente..\hora Parí", r,ondrcs, \'iena, los lagos suizos, las m:be-s ilalianas, las esluciones ele moda, á vivir, á triunfar, )"· Juego el
regreso á :\lndrid, la fortuna, su palaclo, el respeto de las gentes...
·
El tren annncaba, y la de Fuentes, sinliencto ·
el brazo de su marido en torno del talle, saludó
oún una yez ú sus amigos, sonriente, vencedora.

•¡

Ei cuento semanal

AMELIA
por GUSTAVO VIVERO

=

Ilustraciones de GARCÍA GUIJO

..

30 cénumos

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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Zamacois, Eduardo, 1873-1971, Fundador</text>
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                <text>Cultura</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Imprenta de José Blass y Cía </text>
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                <text>Hoyos y Vinent, Antonio de, 1885-1940, Colaborador</text>
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                <text>Bonilla, Santana, Ilustraciones</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>remat:hando el davo: -Lo enconlruron tendido
en mí charc:o de sangre cqn un balazo en \a ·sicn.
Carlota había pulideciuo intensamente.
.
- ¡ Calla!-nrnrmuró aprelando C'l brazo de su
amigo.
Jaime ,:e acercaba á ella galante y rendido.
-Ilan llamado. ¿Subimos'?
.
-Vamos.
Dejó caer el velo sobre su rostro, en discretos
celajes, y fuése despidiendo de sus amigos.
-¡Adiós! i Adiós! ; F eliz viaje! ¡ Enhorabuena.

Subió al tr&lt;'n, ú ac¡uel lr¡rn que debía llevarle
á la gloria y el lriu11fo. Le parecía_. ,'er el cadáver

de Aurelio Hivalta•, dolonJso y· grotesco, alruYesado en su ramina. ¡Bah! Ojos que no ven, corazón que no siente..\hora Parí", r,ondrcs, \'iena, los lagos suizos, las m:be-s ilalianas, las esluciones ele moda, á vivir, á triunfar, )"· Juego el
regreso á :\lndrid, la fortuna, su palaclo, el respeto de las gentes...
·
El tren annncaba, y la de Fuentes, sinliencto ·
el brazo de su marido en torno del talle, saludó
oún una yez ú sus amigos, sonriente, vencedora.

•¡

Ei cuento semanal

AMELIA
por GUSTAVO VIVERO

=

Ilustraciones de GARCÍA GUIJO

..

30 cénumos

�El Cuento Semanal
SE PUBLICA LOS VIERNES

222

OflCIKAS: fuencarral, núm. 90.--KADRID
Apartado de Correos 409.

AftO IV.-21 de Havo de 1910.-HUK. 118
PRECIOS DE SUSCRIPCION
!ladrid y provincias: Trimestre, 3,50 pesetas.

Semestre, 6,50 pesetas. Año, 12. Extranjero: Semestre
10 pesetas. Año, 18.
Anuncios á precios convencionales.

GUSTAVO VIVERO

1

Número suelto: 8 0 céntimos.

1

que seró.n/ sin duda ni omisión de ninguna clase,
\w;; ·que han de f.elicitarles y regocijarse }JOr tan

Á NUESTROS LECTORES
Reformas importantes en «El Cuento Semanal»
,

La empresa de csle periódico 1 d'eSeosa sicmpr&lt;:.'

'

l
l.

1isonjrro 6xilo.

,

de ocupar dignamente el allo lugllt"4uc sus favorecedores y colaboradores le han d,eparaclo en !n:s
letras espafiolas, se propone· introd1W,ir·cn la publicación reformas importantísimas, que seguramente han de merecer del público aman.le de la
bella lecturai consideración y agradrciµ1ier\lo.
Aún no es dado á esla Dirección expdner pun-

Consultorio gralotógico Grochtner
QUINTIN GARCIA

r..tt.':i dornü{anles de .50 carúctcr son el orgullo,
In pretensión ele espíritu y la complacencia en sí
mi!--mO; peró esto no obsta para que usted tenga
unu. natm~aleza amable y alegre y un trato sutualmente el deLalle &lt;lo eslas mejoras, pues, han . mamente simpátiro.
Su escritura indica una ])el\':,ona muy joven, que
de ullimar.se contratOs, autorizaciones, noV_edades de confección, ele., que, ·por causas ajenas ú aún IIO ha c'tmocido las decepci-Ones de la vida,
y ¡::u,·o &lt;::.n·itdl,et' no -está aún netamente definido.
la voluntad d-e la Empresa, no están definili\1.3,:
Su ¿~pirUu.•se afuma l)aslante acaparador. Vomente fijados .
luntad débil en genera.1 1 pero bastante pacienPero valgan estas ]íncaS de aYiso á nuestros
lectores constantes del propósito firme que nos zuda. Ternperamenlo poco vigoroso; salud re.anima de {';Onverlir EL CuE~TO SEMANAL en la. pri- sisten le.
Sincero, p0ro poto expansivo. Aclivida-0 d€Smera de las publicaciones literarias por su amenidad, mérito intrínseco y arte depurado en su igual: conciencia rstrecha. l3astanl-es aptiludes
presentación y confección generales.
oclrninislralivas.
Tendré mucho gusto en mandarle el tralado de
Esl.as reformas, qu-0 s,erán cl,elalladas en rl número próximo, comenz.arán d,enlro del mes de grafología que des-ea, y al cual tiene usted deJmüo corriente y no alterarán su precio ordina- recho.
Dr. GRACHTNER
rio de 30 céntimos ejemplar.
:\'or.,.-Escribase unu carla, en papel sin rayar,
al Dr. Grachtner, y se recibirá contestación en
el número siguiente de EL CUENTO SEMAKAL.
Precio de la consulta, cinco pesetas. Todo conCon Ja complacencia que nu.e slros lectores puesultante tiene derecho á un tratado de grafología.
den suponcri hemos leído en nuestro querido c.o--lega La Mmtana, que en el concurso de carteles
COLECCIONES ENCUADERNADAS
que había convocado la Sociedad Predsores del
Porvenir han sido premiados, respectivamente,
con un accésit de 500 pesetas, el trabajo presentado con el lema uFeu por nu,estro querido amigo
Las colecciones de los al!os 1907, 1908 y lllOi,
y dibujante Agustín López, y con una mención elegantemente encuadernadas en cuero, con ift..
honorífica de 100 pesetas el Litulado ((La. cigarra crustaciones de oro y en relieve, compllesta cada
y la hormiga)), del no menos apreciado colabora• una de dos tomos, se venden al precio de
25 pesetas para Madrid y provincia ■
dor nuestro, Luis IIuidobro. De todos nuestros
31
•
para el extranjero
lectores son sobradam,ente conocidos los méritos
A LOS COLECCIONISTAS
y la laboriosidad que ert ambos concurren.
Creyendo conlrlbuir al éxito de estos dos artistas, tan merecedores de encomio por su honradez profesfona.l ·y por su 'valer verdad, recogemos
En esta Administración y en las principales librerías
la noticia de La Mm1ana, y desde es.tas columnas
kioscos de toda Espatla, se venden ejemplafe6 de
unimos nuesLro aplauso más entusiasta y sincero yt.odos
los números publicados por EL CUENTO SEMANAL al precio de 30 céntimos ejemplar.
á los de cuantos conocen á Agustín y Huidobro 1
s

A.]Y.[ELIA.

un triunfo de nuestros dibuiontes

El Cuento Semanal

El Cuento Semanal

Todas las mañanas solía detenerme un momento ante aquel escaparate de la calle de la
Mnntera. El par de zaputilos rojos, expuesto
más á la c1iriosidad del público ocioso cual
acabada muestra de confección zapateril, que
como modelo de pies menudos 1 a trajo en un
principio mi atención, luego fué causa de que
pensase en su futura poseedora, y después, últimamente, á que inventara algo á modo de
novela, un poco romántica, que 1 por s-eüas, no
carecía de una protagonista bella y adorable 1 que
se casaría conmigo á la postre, no sólo para
tranquilidad y reposo del Cuerpo de Telégrafos,
á que yo pertenecía, sino para regalarle á mi
madre, pobre sefíora ya anciana, que vegeta.
ba pacíficamente en el lugar de mi nacimiento
una prole de media docena de hermosos moni~
gotes, mofletudos y traviesos.
Yo tuve siempre una imaginación muy acomodada á estas clases de fantasías, y sólo así

tie ne explicación que roe interesase el par de zapQ.lilos, lan tentadores, tan picaros, tan voceros.
Ellos eran la base de toda mi historia. Una
h\sloria mu:y linda, muy vaporosa, donde babia una rubia capaz de darle dentera de puros
celos á todas las princesitas de fábulas y Je.
yencla~. No so crea, sin embargo 1 que en mi
fantasrn de los zapatitos rojos hubiera nada de
P.ecaminoso. Ya he advertido que pensaba senamente en regalar á mi madre con media do•
cena de saludables mequetrefes, que dorasen
con luz alegre su vejez tranquila. Mis treinta
años me daban derecho á suspirar por un hogar, con sus dedaditas de ventura, en unión
d~ una mujer hacendosa, bella y enamorada.
S1 hasta entonce·s no babia conseguido nada de
esto, con harta pena de la autora de mis días
que perdía las esperanzas de educar cristiana~
mente y acariciar á sus nietezuelos 1 no fué mía
la culpa, ó, por mejor decir, mis recelos de
caer en manos de una mujer manirrota, que
no tuviera para alfileres con las pesetas que el

�Estaclo premiaba mis servicios, fueron la única

mzón de mi prolongada soltería.
.\las á pesar de todos mis recelos, tan pronto como vi el par de zapatitos rojos, una manana lluviosa de invierno 1 me dió el corazón que
alli estaba todo lo que apetecía y que de ellos

había de salir todo lo que buscaba. Desde la ·

primera vez que los vi en el escaparate, supn,&lt;:e, no sé por qué, que mi vida, mi porvenir, se
Iigt¿.ba á ellos estrechamente,- y cada día que

'

,1

pasaba, advertía que la impaciencia clavaba en
mí sus mil dentezuelos. Todos los días los veía
dos veces, y cuando los miraba allí, tentado-

res, pícaros, voceros, ensanchábaseme el alma,
respiraba con fuerza cual si se me quitase de
encima un peso enojoso, y tenía un recuerdo

:1

!¡
,i'

1

r¡

i ....'

para mi adorable rubia desconocida. ~lis temores se funtlaban en que desaparecieran de pronto sin yo conocer á la compradora.
¡Cuántas veces quedé pensativo, con el manipulador en la mano, imaginándome haber perdido para siempre la huella de los zapatitos, sin
saber quién fuese ella, destrozada la historia
de la heroina rubia de trenzas de oro y manos
martilellas! ...
f\.Ji buen senlido á veces se imponía á las sutilezas de mi hi$t □ ria. y entonces me avergonzaba de lo puel'il de mis cavilaciones. ¿Era justo que á los treinta aii.os se hilvanasen semojallles fantasías? ¿No era una locura, una ve1·dadera locura urdir· tales patrafías romu.nticas
tuando había tanta mujer buena y bonita en
el mundo1 Y Íllé en un instante de lucidez1 lo.
lucidez de mi lJUen sentillo, cu::mdo me resolvf
á poner remute á lodos mis desvanecimientos.
Entre -dos enterados pensé y convine conmigo
mismo en que lo mejor que podía hacer era comprar el par de- zapatos rojos, pedir una licencia á
mis jefes é irme al pueblo, en donde no m,e faltaría una buena muchacha, fresca y saluduble, honrada y hace·lldosa en quien cifrar mi Yentura.
Esta decisión sú.bita 1 después de tantos rñeses
de pueril idealismo, la adopté en un arranque de
vergonzoso disguslo. En ella intervenía ¡ay! la
vergüenza. La vergüenza, si, que sentí aquella
mafiana Yiendo reflejarse en el vidrio del escaparate mi figura, alta y di.stinguida, sin grosuras prosaicas, y mi faz morena y aseriada, al•
tivecida por la noble insolencia de mis bigotes,
cuidadosu1ncnte peinados á la usanza kaiserina.
t-.Ie ruboricé, con franqueza, nnte el pulido cristal, frente á aquel seftor aistil1guido, irreprochablemente trajeado, luciendo flor olorosa en
el ojal de la americana y armada la ·diestra de
un junquillo. Aquéllo, sólo aquéllo fué lo que me
mo\'ió á poner por obra mi idea. Era necesarjo
acabar de una vez con todos los lirismos.
Hasta que no me relevaron estuve como sobre ascuas; Cuando tomé la puerta de la Central respiré con fuerza y sentí dilatarse mi alma
en una paz dulzarrona. Pero al entrar en la
calle ele la ~Iolltera 1 otra vez se apoderó de mi
la 1lojedad1 la indecisión. ~o sé por· qué causa
clavé los ojos en unu modistilla encantadora,
de rostro apicarado, que bajaba hacia la Puerta del Sol con un paquete ~n la mano. Instintivamente reparé en sus pies, que ella no ocultaba1 que dejaba ver muy al descuido en un artificioso recogido de la falda. Eran grandes, no
mucho, pero sí de sobra para calzar los z.apatitos rojos. Y proseguí adelante, deseoso de acabar la historia 1 la única que compusiera en mi
vida. Mas cuando llegué junto al escaparate,
me detuve sorprendido, quedé clavado, con la
boca abierta y mndo dt asornbro.
·
Los zapatitos rojos habían desapareciúo.

11

!\lucho más de lo que yo creía apenó mi ánimo
la misteriosa desaparición de los zapatos rojos.
Su rec;ucrdu no se borraba ni un instante de mi
11iernoriu, ~· pensé con rnús ahinco que nunca en
la bellu. pose,cdura de los menudos pies que lo~
calzuríau. Pan1 mí estulm fuera de toda duda que
tenía que ser muy hermosa, y rubia, J)C\I' contera.
Y con la base de los zapatos, coffiencé á crear á
In desconocida tunforrne á mis gustos. El rostro
era un poco pálido, muy lindo, muy simpático,
ton dos ojazos azules como dos soles 1 de mirar
man.so. Oro puro tenían que ser sus cabellos,
abundantes y un tantico rizosos. Aquel movimiento encantador de Ju mano al recogerse los
rizos que yo ponía en mi bella 1 me volvía loco,
tan loco corno las grandes peslañas que sombreaban su rostro y la arrogancia y gentileza de su
tuerpo 1 sin las exuberancias vulgares de las mujeres rollizas. Debía ser alla 1 lo era sin duda algu11a1 y adcmús gruc_ioso. 1 con una picardía inotenlc, encantadora. Cuino á pies tan chiquitilos
teniau que corresponder u11as manos de iguales
JJrüporciones, me figuré que las lindas de Santa
Teresa le senla.rian muy bien á mi hermosa, y
se las puse. ¿. Quién me impedía hacer mi ideal
ú mi gusto, á rni capricho, como yo lo soliaba
y como yo lo quería'! Hasta me pareció que debía
po1H•rle 1111 uombre agradable, como lo habían
hec:ho tudos los por!u.8 con sus ideales. ¿Locura?
Pues yo estaba gustoso de mi Iocura ufano de
t&gt;lla, y en rnis ocios mr divertía vistiéndola á mi
a11luju, poniéndole las gracius y los encantos que
veía en las demús mujeres y adornándola de
·parles y condicio11es que no notaba en ninguna.
Unos hermosos ojos, una hermosa cabellera,
un andar pícaro, lo airoso de un talle, la agradable armenia de una yoz 1 todo me hacía pensar
en mi bella, representármela con aquellos ojos 1
con aquel cabello, con aquel andar ... Para mí era
ya una obsesión recordarla ó. ladas horas, tenerla
prescrite siempre que veía á alguna mujer y darme el gustazo de poner en ella todas las perfectiones_, todo lo que más me acrradaba en las de~
más. Lo que al principio no rué más que un agradable pasaUemp,o en la ociosidad de mi soltería,
habíase trocado en una necesidad, en algo real
que ya vivía en mí, que era algo mío. Los dias
que pasaban sin que descubriese sus huellas,
eran no más que aguijones que me forzaban á
pensar mús en ella, más deseos de hallarla, 11Licw1s impaciencias.
Verdad es que á veces asallábanme crueles
pensamienlos 1 henchidos de dudas, y entonces
recordaba á la hermosa modista de faz apicarada
ele la calle de la ~dentera. Indudablemente, en
ella. estaba lada la clave del misterio. Aquel paquelilo que llevaba en las manos eran los zapatos
rujas, los pícru·os zapatos que tan lindas cosas
me sugerían .a lgunas noehes. De lo que yo estaba
s-cguro era de que sus pies no los calzaban. Eran
demasiado gran9"es 1 lo había visto bien.
¡ De cuántos errores no fueron causa es las imaginaciones mías al cursar los despachos! ¡ Y
tuántas noche!';, ya hastiado de tantas sutilezas,
de tantas fantasías, resolví no malgastar más la.."3
horas en tales devaneos! Y no obstante, cuántas otras no torné á reincidir al verme solo en
mi cuarto ho~pederil de soltero, y pensé nuevameute en mi bella rubia, en sus ojazos azules,
en su andar gracioso y en la gracia de toda su
gentil persona y me sentí enamorado de ella.
Pero mi rubia no parecía. Los zapa tos rojos no
habían dejado iras de ellos. ni un débil hilillo por
doude yo pudiese guiar mis invesl igaciones.
1

Es decir ...
Verán us!edes cómo mi burna fortuna &lt;'Sa
buena forlu.~a de los enamorados. puso c1~ mis
man&lt;?$. el hilillo q1~e apetecía é iiu'm inó un poco
las l1_nieblas- de m1 desesperanza.
Ba¡aba. l_1~a . tarde la escaJerii de hospedaje.
pensan~o u_órncament-t: en el emperezamiento
de la digestión del cocido palronil, cuando oiao
una. voz temerosa que en la obscuridad me advertia:
- -;¡Estese quieto!. .. ¡Ay!. .. ¡Có¡aio! ¡Cójalo!
Nolé. que ~lgo s,e escabullía poJ• entre mis piern~s, extend1 la mano y alcé mi diestra poderosa
mada ~e, un enorme gatazo negro, que mau~.aba que¡a:5 de desesperación y se revolvía fupose1do tal vez d~ a_Je-ves intenciones conra la mano que lo oprunia. Aproxirnóse entonces la sombra que corría tr.as el gato, y á punto estuve de no soJtarle. ¡Era mi modista que
c9n una gracia encantadora, recogía el, _e-ato'
sm ~a~se cuenl-0 al parecer, de mi extraneza:
-¡P1~roütelo! ... ¡Toma! ¡Toma! Yledaba
Jda)almad1 tas. que podían -ser cari1i.osas aun tomas en seno.
_-ituchas gracias-me dijo con gentileza-.
8 1· no es po_r usted este pícaro se escapa. y ¡sabe
1os los drns que. anda perdido! 1·GolfÚ'
h Intervine pi~ié~dole per~ón pai:a el gáto trasd umante y of~ ec1éndole mis servicio~ para aJgo
~u m~s err:ipeno que cazar á _un !\licifús. Rióse
t Y egoc1¡ada la. adorable &lt;Tia fura y vi un inshante la. blancura tenlodora de sus dientes. ¡ Era
ermosa de verdad! ... pero morena. La du-efía de
los za~al-0s -era la. que me inlercsabq 4.rní, y me

ª'

/OS-O,

1

0

dispu:'-:&gt;-C 6 udarar mis duela::; ..\ln5 una voz suan~.
Y clellco.dt_l req,.1iriú _clenlro ú 1-n hermosu trinluru:
-.\mehn .... \ni,,Jin~r·ltmu1ha la voz.
-.\! ll(·ha.9 g-r1.wia:--..\diús-..-nic rlij,J cui.i atolon&lt;_lram1-cnlu la bl'lln, ~- de:3apnrcti1·1 por una puerl
qu,, nsfeuluba ,el siguiL'llie rótulo;
u

SRA. GUTIERREZ
BORDADORA

En la r.al!e, no_ se }JtJr qul11 vino á mi mPmoria
rl recue_rdo de mi madre y 1'1 de la media cJocPw\
de_ mo_rngotes que )tJ pensaba rl'galarlr ...
1 Cuu.la_clo qu.e ent h~rmGsn, la criulura en .aquei
su~ clrsc_m.do u~s~ro ! J &gt;e Plla ó para ella 110 serfrut
1~::; zup&lt;1tilus J0J0f'i: })Pro ¡vamos! que no Je ha:iun_ falla !~mp~K:o. l.o~ pies, c.lespul•s de lodo ...
1?.e~o, .c_n.~ct,mb1D, \lOs_r1a unas manos! ... i J\lanos
dtJC .... 1 Si .)O nu i°'t' tomo tenían fue.rza para wslencr.a.l cnorrne ga!uzo! ¿Por qué no sería rubia
.\mella? ...
Y aquella _tarde, manipulador en mano me entretuve en on· los golp-ecilos de los puntos'y ra.ya.s
c~_cl nombre_ Lle Ameli~. Sonaban ó toque de gJo1_ia .... \rnelw._. ..\mella ... Era bouit-o el 11ombre.
Hasta en la mita se me antojó agradable.
llI
Ejemplo de epístola materna:
uQuel'i&lt;lo hijo rníu: Tr1.•s ~ü-Os .sin v-~rnos, bien

�'

l

Ignacia, que ya vestía de largo, diluía en ella un
tinte melancólico, muy de tono en una novela
sentimental, donde forzosamente había de hal&gt;Pr
una dama lrnrlada. Confieso con sinceridad que,
cada vez que subía ó bajaba la escalera de la
casa de hub,pedes, el corazón me latía con violencia, senlüune dcsasosegodo ante la posibilidad
de ver á A111elia ó de descubrir la clave misle1·io~a que me diese á conocer ó. la dueña de los
zapatos rojos. :\los, a pesar de toda mi solicitud,
no pude ver A la hermosa muchacha hasta una
semana después de nuestro fortuito encuentro.
Tornaba yo de la Central, alegre por saberme
libre y hnbPr hecho Ju guardia y pensando en la
gran fortuna de Olelo, que podía wr_ á su ar:na
l\ todas los horas v alcanzuba el don mmerec1do
ele sus earirias. Caía una lluvia menudita, esa
lluvia tan propicia ú la mujer madrile1io, que
parece hacerla salir de casa. para lucir el garbo,
las bolas, algo de la media y el arranque de la
puntorrilla..\1 pasar por delante del ministerio
rlc la Gobernación, oí voces que me llamaban.
Em la ;;in par Ameliu, regocijada y ~ullicíosu,
que me saludaba con el agradable trino de su
voz, armoniosa y fresca..
-¿Eh"? ¡Don Pepe! ¡Don Pepe! ... ¡Aquí!
-¡Ah! ¿Pero sabe usted mi nombre'?--la pregnnté, apn,xirnándome, extra11ado.
-•¡ Qué reparón es usted! ... ¿.:\le presto. usted
su pamguas ·! ... La mitad ... la mitad nada más.
-Y lodo, Amclio, si usted lo quiere ... Pero me
agrada. mfJ.s que sea la mitad, porque tengo que
hablarla ... ¡.Se moja usted?
- -l:sled sí quo se moja.
:-:u... Dígame usted cómo estó. Olelo.
-Bueno. l\luchas gracias.
- ¡ Ay, Amelía, que es usted una pNsonila
«La nosa tiene un becerro muy mono. L1?rro1i.r rnuv burlona!
...:...y usted.. .
está muy malilo.n
-Dígalo ... Dígalo.
- nncno. Pues ... ¡ ~luy falso! ¡ Pero múy falso!
En descargo de mis conviccione:; políticos, en--Y eso c¡ue aún ...
tre integristas y conservadoras de las más mau- ¡ Que se moja, Pepe! ¡ Que se moja!
sas, me parece oportuno advertir que el Lerroux
- - ¡ Qué me importa, si la veo á usted! Es loba
á que hacía referencia mi madre en ::;u carla,
era un manso perdiguero, con quien yo solía sa- rabiando por verla, Amelía.
Poco habrá sido. Con bajar á casa ...
lir de caza en mis cortas estadas en el pueblo.
/. Y sus padres?
Antes de Lerroux tuvimos un corredor podenco,
:-:o tenemos.
que aten01a y acudía moviendo la cola al no~\·
¡, Tenemos?
bre de Salmerón. ¡ Eran éstas venganzas pollh·
-Sí, mi herrnana Elvira y yo.
cas de mi madre contra los hombres liberales
F.11lonccs, me permite ...
del villorrio !
- Poco á poco. Con una condición.
Como puede verse por la epístola, la buena se- Aunque sean diez.
l1ora tenía decidido eml){'iiO en llevarme á su
-Que no me hable usted de amor.
lado, siempre que no me µerju&lt;licaro. en la ca-¿ Eso?
rrera. Y en cuanto á sus temores y recelos, por
. -¡ Por Ignacio, Pepe! ¡ Por Ignacia que ya
demás fundadisímos, ¿quién era el guapo mozo
que los desvanecía contándole la historia de los viste de largo y está muy mona !-Y soltando la
zapalitos rojos, la gentileza y travesura de la en- casra,lita de su risa, se lanzó escalera arriba,
cantadora Amelía y la::; andanzas del díscolo d&lt;'jándome con un palmo de boco. abierta. Todavía, untes de oirla cerrar la puerta, llegó hasta
Olelo?
¡Amelía! ¡ Otelo ! Antes estos dos nombres ya mí su úll imu broma, aguda, en-vuelta en regocijo:
-¡ Que se mejore Lerroux!
amigos, se desvanecían todos los recuerdos. La
imagen de lo preciosa criatura no se borraba de
l\'
mi imaginación y, sin pena ninguna, advertía
que me iba engo_losinando con su morene~ r olYerán
ustedes
si
tuve
razón 6 no para presuvidándome de m1 rub10. l\forena eru y codiciable
mir
que
,\melia,
á
pesar
de ser un diablillo encomo la esposa de los Cantares, y yo comenzaba
ú estar gustoso de la negrura de sus ojazos y de cantador, 110 era muy esquiva á mis requiebros
Después de las donosos burlelas resus cabellos y de la risueJ1a malicia de su cara. amorosos.
á la gentil Ignacia y al honrado Lerroux,
¡ Pobre ideal! ¡ Desventurada Ofelia · de mis no- ferentes
no me cupo duda alguna de que la carta de
ches de insomnios! Una sonrisa, la promesa aca- ya
riciadora de unos dentezuelos muy blancos y la mi madre había ido á parar á sus manos. Y Ametravesura de una modista triunfaban sobre todas Jia, que por lo que yo colegí ardía en ganas de
estrechar nuestras relaciones, se sirvió harto
los espiriluulidacles ...
de. ella para satisfacer sus deLa historia de los zapalitos no podía tener me- cumplidamente
jor comienzo, si bien la semblanza de aquella seos, para verme y hablarme á su antojo. En-

merece un permiso de tus jefes, que te permita
pasar una corta temporada al lado de tu familia.
El se1ior cura, don Ambrosio, que tanto se interesa por ti y que tanta mauo tiene en casa de
don Gubino, me dice que por mediación de éste,
!'-i fuese preciso, alranzariamos esa licencia de
tus superiores.
»El mismo don Ambrosio me asegura que de
un día á otro trasladarán al jefe de este Centro
y quiere que le pregunte si te convendrá que anduviésemos los pasos para que ye11gas tú en vez
de otro. Esperamos tu respuesta.
»En tus carlas no me dices nada de tus proyectos para lo porvenir, y como yo no puedo
pensar que quieras quedarte soltero toda la vida,
á veces creo que hay algo en l\!aclrid que le retiene y hoce oh·idadizo. Haces muy mal en no
contarnos tus cosas, Pepe, y en ocultarme tus
afectos. El se11or cura piensa lo mismo, pero
dice que tú ya .-res un hombre y puedes a11dar
sin andaderas. Yo no te censuro. Lo que quiero
es que no me ocultes nada, que me lo cuet1les
todo, ¿sabes, nene?, todo. Si tienes algún amorío, si estás enamorado, dímelo, deseo saberlo.
"¡ Por Dio.s, Pepe, sé franco y dinos lo que te
ocurre!
»Escríbenos si te conviene el traslado ó no,
pues ahora lo podemos conseguir:
»Ignacio, la hija de dv....1 Jacmla, está muy
mona. Ya la han puesto de largo. :-;os pregunta
mucho por li y es ele !ns que mús se interesan
por que vengas al pueblo. ,·e11, Pepe, ven, y no
seas tonto, que no te pesará.
»Recibe un millón de besos y abrazos de tu
madre

l011ces,. entre seriu y hu1·lo11a, pregnntábome c::i
Yl\ha_bm_ dado respu~sta á mi madre, con las iJ~p1 t »c111d1bles me111onati para Ignacia que debía
e~.!nr muy Ill?llª pisáuclnse las faldas. DecíunH',
riu1dos&lt;?, que no fue,sc 1011l0 y emprendiera la
-mnl'c-ha al pueblo, que allí me a"11ar&lt;faba la dicha.
"
l'r~isnmenle todas estos burlas de
A1_11eha me 111osti:aba11 su interés por
iu1,. no. en el ser,tHlo de su ulegre pur,ena, s1110 en el otrn. en aquel que más
grato 111c. ern: en el de c:;u afecto. Lo
que .\mella prete11dia &lt;ra ('0110&lt;'.er lllis
piunes, Sl~ber ha:-;ta qué punto mi almu·
~ermm)~CHl hbre de toda ligazón amol&lt;?SU. Srn ser un co11;;11mado psicólog,,
,u nada que lo. equivaliese, advertía rl
pl~cer de Ameha en Jrnblan 11e v oir &lt;te
1_m boca la,::; hone.stati alabanias
ue
s_us encunlos _me :mgerían. La simqput!a no.s aproximaba poco á poco, cada '
\ ez más. Y como jamás YO le decía
tQdO lo que pensaba, Jli ella fué uunca
lo bastante franca pura decirme lo que
se le ocurría, de ello debió nacer el
afán de aquellos encuentro:;, fortuitos
al parecer y muy e;;tudiados en el
fondo.
f&gt;or _e;.;o, lodos los días, al vel'!a en
Pl pasillo tenebroso, á ¡8 hura en ue
):? !·egre--.;o.b!), el corazón pm·ecín qte1én;eme salir del pecho. Enorgullecíame prnsar que aquella lincla mncha
t·ha n1e arnab_n. Bien seguro estaba el~
qne Arnehu. discurría v hallaba ¡&gt;rete ·.
los para verme
·
x
v ha)&gt;lar,'.1e, y,
en s1lenc10, ie11
lo más profundo de mi alma
se lo agradería, porque
también para mí era unu
11ece;;idad Yel'in y hublarla.
Si en mí sólo hubiese e:-slado bu,;carla, muy pO&lt;'ns
veces nos hubiéramos vis.
lo. A pesar 1le lo&lt;los mis
deseüs de admirar su::; Irave nra::; y paladear s u :;
d1_anzonetas, mi timidez, e11
1111 habitual, vencía sobre
l"ltbalas y proyectos.
l\Jas no se &lt;-rea por esto
que yo hubiese olYidudo por
ent_ero la historia de los za.
pa~1los de pies de hada. ¡.\v,
no. Tul vez más que nunca
m~ u,·ordabo de ellos y ardía e11 ganas de aclarar
mis dudas un tanto nebulosas. Celaba la oca~ión
1)e enterari:ne en toda la verdad sin herir !ns re1elos de m1 bella amiga. pues temía que .\ melio
C?noce&lt;lora de mi interés, embrollase el ·asunto·
\ llegó_ tal cual_ yo la espenibn.
·
l.,u dia, al ba¡ar, la vi en Ju. escalera. Iba muy
puesta _de bata, una _b ala d~ tela sencillísima,
que le sentaba muy bien, quizá por su holgura
''. 11• poc~ exag:e1:ada. En aquella ocasión no pudo
'tzona1 su d1s1mulo y se ruborizó cuando yo le
e 1¡e &lt;(Ue había solido por verme.
-¡'.'.:aturalmenle! Y ú preguntarle á usted ,;t
me parezco á Ignacia ... ¡Que es usted m~y rn~l
pe~~~do'. \epe, Y se van á acabar las amislocles!
ues. ) o seré mús franco, Amelia. Tenia gan~s ele verla y me alegro de este encuentro que
me la depara á usted de bala, má~ hormos~ que

1~11nca. Es d~cír, tan hermosa como la primera
¿.1\. que no se acuerda usted?
-¡c¡men no se acuenla es usted!
--\ nrnos á verlo. ílnjoba usted por la calle de
lu :\Io11tera y nos alrm:esumos en el camino. Uste~I _1bn muy de prisa. Yo la
1111rc á nsled y usted me miró
á mí. sonriéndose.
-Después me mir(&gt; usted
de.~carndamente á los pies
;,:',le acuerdo?
·· ·
- i Con10 que qnería sabér si
€ron para usted los zapatitoo
que ac11habu. de comprar!
-¿.l'crn quién le ha dicho á
u.-;led f}i-;O?--y me miró lljan 1r11t~.
- C nos zapa tilos
muy monos que usted
lle,·aba en un paquete.. • A mí me lo cuentan lodo, todo '. .. Si es
uste1l frnnea conmigo, le diré lo 1íltimo
que me han contado.
-Dé usted el ejemplo.
-Sea. :\fe han con.
todo ... ¡No se ría u1,.
lccl! Que á usted le
ngrnda verme, que le
gusta _hablar conmigo
~';-- (\o se ría! ¡:'\o se
ria! ... Y que usted me
, q~i••rc 11 11 poquito...
¿,Es verdad?
• - ¿. Y si fuese men-

'ez que_ la vi. ..

li ru '!

-E;;o no es contestar.
-RUC'llO, pues ... Lo
ltun cngaiiado ... Como
lo tle los zupalilo.s.

;Eso sí que no! Quie11 me cuenta e~as cosas
no me engai\a nunca.
~
• ·
- -¡,~i'!... Dígame quien es.
• hl corazón 1 .\melia, el corazón.
-¡,\y que bien! ¡El corazón! ·Pero ·
lo más engarioso!
'
s1 e!So es
- Para quien no le tiene, Anielia.
- ;.Justo! ¡, Y usted lo tiene·!
- -\le p~rece que sf. ¿Y usted?
- El mio se lo comió Olelo
-¡:\lenlirosu!
·
-¡Embustero!
V

.\~n cuando Amelin me dob(l. ocasión para preRun11r fundudamente qne no era esquivo. á mis
galanteos amoro;,o,;, nunca níe dijo ni me dió á

�entender que se holla.c;e dispuesta á corre~ponderme. Burla_ lJurlnmlo, sacúbame las frasetS de
amor, la derlarnción en toda regla. :\las al pretender que ella conflrmose su Cllriflo con urn1 ~ola
palabra, rehuía los respuestas cotegórica.-;, dejándome anegado en la incertidumbre de sus eu-

femismos, tal yez para que adivina-se lo que ella
1

110 quería ó no !-it! atrevía á decirme. Su ro-

,,,¡

'

queterin, su ,·olubili&lt;lad de pájaro eran por naturaleza y 110 JllH\a artifi&lt;"icisas, por cúln1lo 6 es-

11

~las, á pesar de este deleclillo, á mi me gustaba sobre todo. ponderarión la avispada criatura. Desde que cumenzamus ó. jugar con lus sen-

11

tudio.

timientos que apunt-0.ban en el fondo d-c nuestras

1

¡
1

1

ción de la portera, supe que la señorita Amelía
trabajaba aquella semana en la mansión de un.a
señora viuda cuya hija iba á matrimoniar con
un condesito 6 algo así. Y fué tanta su amobi1idnd, que llevó su galantería hasta el punto de
decirme las señas de la rosa, muy cerquita de
la Castellana 1 y la hora en que regresaba la gentil modista.
Esto quiere decir que cambié mi lugar de acecho por la Cnstellona, entre oOOo y media y nueve de la noche. Y fué ello con ton gran fortuna,
que ronseguí lo que apetecía á las primeras de
cambio. ¡Estaba de .Dios que la ventura me favoreciese en todo!
Cuando Amelio. me vió no noté en ella indicio
alguno por el cual pudiese colegir que no esperaba el encuentro.
-¡ Ya me lo figuraba !-me dijo, riéndose.
-También á mí me dicen las cosas.
-Entonces le habrán dicho á usted para qué
he Yenido á esperarla. Y sentí un leve temblor
en la.s piernas.
-Le repito á usted que lo sé todo.
~le atr-gro... Dígame usted ó. qué he venido- . Y la v1.•rdad ero.. que no sabía cómo empezar ui qué decirla.
- .\ habla1'me. Y clavó en mí -sus grandes ojazos negros.
-¡'.'\'aturalmeule! ... Y ó. \·erla, y á oirla hablar
v reir. Es usted una adivina encantadora, tan
en&lt;'m1ladoru como -ese lunar que tiene en la
barba ..
Creí que lodo daba vueltas alrededor de mf.
~le zumbaban los oídos v la vista la tenía turbia. Lo (l,~1 lunnr lo hnbül. dicho al tuntún; pPro
ú rní me crn1staba que era cierto.
-¡Déjese usted de lunares!-repuso ella tranquilarnenle-. Le he dicho que á hablarme; pero
nn de qué.
-Pero me lo dirá.
-~o. Eso es ro~a de usted. Lo que yo le digo
es que ya puede empezar.

almas, el rccu1.•nlo de .\mella no se iba dr mi
imaginación. Siempre la tenía presente, y, á vccrs, muy por lo bajo, muy pasilo, repetía sus
palubra.s, qu&lt;' para mí eran la mejor y más guslosa piucba de su cariño. Y se lo merc-cia. ~lis
bellezas, incluso mi famosa rubia de tr~uzas d1•
oro, las que por tanto ticm1&gt;0 me cornpensaron
tun liberal y largamente de la carencia d-c un
ideal de carne y hueso, rompo.rudas ton mi hl'rrnosa vt&gt;tioa, la u&lt;lorablc clueila del trashumante
Otelo, eran blN\ poquita to!:&gt;a .
.\1nelio &lt;'ra hermosa de Yerdnd. Su cuerpo, más
que nwdiano, teuía todos los encanto~ de las mujt:'re!-:i menudas y las nobles propurr101,,:"!; de las
1.luem1.c, mozas. Quiero (lt-cir que lo era. Algún
rt:1pnr6n tul vez la hubiesl' hallutlo un puco delgada; !!ero para mí, su &lt;lelgadPz era gracia y
g;•ntilcza. Su rostro, ,te una rnorene1. púlida ugrudablc, lleno de cnenntadura mulicia, mostrubu.
una frunquezu risu1•ña ..\lús que muy ht•rmoso,
('ra muy simpático. ~f'gn.•s y profuudo!-1, grande!-!
y vivos sus ojos, pare&lt;.:ían ll'ner po1lerosidaü solJracla. para impuner.se á to&lt;ln, pura profundizar
r1L las almas y !:mcnr :.enrac-irÍ1udns los sentimientos. So boca,· u11 la11li4'0 f.{rtllldt', dt· rojos labios
sm1gti:t•ntos, plegúbasl! en un mohín de ile!-3tlén.
Pero lo mú.s hcHo, lo 111ús em:untuUor de todu 8\1
¡,Prso11a, de.,..pu(•)'; de sus mau~~ peqm•11it.us, el'tt
i-;11 cabeza, l:(ntciosa, fll'I íslica. &lt;'11rouada por la neVI
grun1 de un cabt•llo ulmnda11IP. Pero- lo que ú mi
me &lt;.·aulivabu más en toda ella . . ·nl su lunar en
¡ Qné de cosas se pueden decir en media hora
lllitad tle lo. .barba y su risa franca, ingeuua, bubien aprovechada! ¡ Y qu(: modo de pegar la
llic10so, freS&lt;'a cual chorro dP agua. Entonces, ul h••bra v charlotear el mío! Todo el consumo lo
r,·il', sus C'll{'◄~ndido.s labio:-; se co11traian graciosa.. hice ~·O..\l principio, .\melia se mostró ~Jable y
mente, siniendo dt' rojo marco al núcar de sus risuefla. Aclvertia&amp;e que le agradaba. mi charla
dentezuelos, que parecían una promrsa de ten- \" tenia prevista mi declaración amorosa.. Mientación, a.somún&lt;los.c curiosos lrus la línea. san- irns que mis palabras no rebasaron_Ias fro~ter~s
g-rienta de aquel paréntegis di' púrpm·a.
del curiíio pura adentrarse en la picara. h1storm
.\1 través de :-.us encantos t\(lorables, yo &lt;·reín
de lo~ zapatos, todo fué bien, y ,estuve seguro
\"C'l' su alma purai libre de lodn mulí&lt;'ia. y --t-o1110
&lt;le qtir- lo. aclornblc criatura no me rehusaría el
ubroquelada 1•11 los m:cros inrompibles de la d&lt;·.-:.- suvo, para mí tan codiciado. ~tas desde que sagracia. Para mi, que poco á poro penetraba en qu·é de la penumbra á los dichosos zapa.titos, con
la historia de aquello. vitlu, .\rndia no t·ra sólo
mis recur-rdos para su poseedora, rubia por fuerlu muí'hadrn akgre y .enr.antandora qm• tenia unu
za, y mis deseos de matrimoniar con ella, nusonrisa para lodo, si110 algo rnús, c¡u-e llegaba blúse por entero el cielo de mi felicidad y de mis
más .al corazón y envolvía ,el alma, en tenu--cs esprronzas. ,\rnelia torció el gesto y derramó en
red1' s de simpati8. Dentro de aquel frúgíl cuer- su rm;tro unn scrirdod esquiva. Comprendí enpeC'ilo de muñeca hahia un coruzón de hombr('
tonces que había ido demasiado lejos en mi sinpru·a la. lucha, una voluntad de n&lt;'ero paru venC&lt;'r
eeri&lt;lad.
las locuras de los grandes aball1uicntm;.
¿Y quién le dice :\ usted-me interrumpió
¡ Dichosos zapalito.c, ! A ,ello..-.;, sólo ú eHus, debía
ella--que no exi~te la duefta de los zapatos que
la fortuna dC' conocer ú .-\111elia y Of' poder pensar no Jo dejan dormir tranquilo'? Todavía puede usen las allus horas dt) la noC'hP rn una dif'ha soseted casar~ con ella1 si ella cree en su cariño, Y
gada, en unión de una mujer i1wompnruble.
si usted se hace querer de ella.
Aquellos tres días qne pawron sin que lo. vieEn el tono de voz con que matizó estas palase, pareciéronme tn·s siglos que no se acababan
brus adYertíase su enojo. Yo traté de recoger
nun&lt;'a. ,\\ pronto, rreí que :;e ucullulm rehu·
yendo las charles conmigo: dt&gt;~ pués supuse que velas.
-Es usted la mujer mll.s ideosa del mundo,
tal vez lo que quería era qne baja,se á su cosa
,\melia. ¿ Quién le dice A usled que yo quiera capara eslrechar más 11uestrus hasta entonees in- ~nrme con nadi-e? He querido contárselo todo, no
fantiles reloriu11e~. Pero gl'acius á una i11disc1·e-

~ult~rle que, aun ant&lt;.'S de que usted me conoc1~~e, ya pensaba .Yº ~n usted.
v ·. ada d1~0. ,\meha. fori~ó á quedarse cavilosa,
. .)O aprovec~é. la oportunidad de su silencio paru.
enm~mdar m1 llgerer.a, rcpiti(·ndole mis cuitas.
. -(., Yb su madre, P-epe'! Se olvida uslcd de Jguucia-o servó ella.
-; Ay, Amelia! Cr('a usted que en este instante
mr- acuerdo más de Ot-0lo.
ra~tran_tet un segundo los dentezuelos de la adorar~,cri~ ura ~aron su nácar por encima del
rn e. sus labios, y una tenue sonrisa de
ªsmor Prop1ó complacido, eles floró la seriedad de
u ros 1ro.
-¿ De ve rdad ?- me preguntó incrédula.
-se lo juro ...
-¡ O~ 1 i Jurar, no !-dijo con viveza
-¿ Ni por el lunar?
·
Su senedad me contuvo.

~lire us1-ed, Pr-pc. Para ~er arnigu:; me llene
i¡ui• Pr:c&gt;n 1r.lf:r u~h•d íurnmlidad.
·i. !--=(' -cnoJa usted'?
-No.
. Los d?S quec.la1110s sil&lt;'ntiosos .•\quel cambio
ldll brus.co que había notado cu el modo de ser
dP
.\mella,
deuw
1, y solJrl'· cxtrn1\'lrme
~
'
, me cobib'1a gran11 i .
a no era la eriutura oJegre risotera
Y purk1dora de otras vccel::i la que vo' e
,
.\hora era adusta, hosca, demasiad ~
_onoc1~.
lll~ll'ha&lt;"lrn. Y lodo ello había ocur~ids:r~~1 ~~l~
mu1ul1is· .\1 vi'rnos, ella misma ron sus pal b
~p.remmnt-cs,, me pültó la d,rci'aración am:r::a_s
~ &lt;11111 ,~w:;trooe complacida. al oirme balbucir 18.
sH_rla. ~&lt;. l~1gnreR comunes cou que quise ocultar
~~~ eseasez dr doles oratorias y enmendar el ol1 o de no haber pensado lo que tenía que decirla
pura con venc.crlél de la verdad de mi cariño. 1
de repente, sm motivo alguno, sin causa que lo

�1

!

sus propósitos de trasladarme al villorrio, fué
la rotunda negativa de Amclia. Todo mi amor
propio se había sublevado y mi orgullo me aconsejaba poner tierra de por medio entre la hermosa criatura y yo. l\li resolución era firme,
adoptada después de no pocas meditaciones. Aun
cuando no amase á Amelía, me mortificaban mucho sus calabazns, sobre todo no habiéndomelas
hecho presumir, y habiéndome dado mil motivos
pnra pensar que no se mostraba esquiva á mi
cari!'io ni hacía mal rostro á mis arrumacos.
Cuando profundizaba en esto, en lo brusco y repentino de su cambio, me volvía loco, y con mil
nuevas dudas embrollaba mis pensamientos. Su
seriedad, su aire taciturno y caviloso, su negativa formal y seca, después de mostrarse tan
risueña y revoltosa momentos antes, hasta el
punto de ponerme en el disparadero para que le
espetase la declaración, eran para mí cosas incomprensibles, que tenían un misterio que yo
ignoraba.
Por más que mi afecto para ella sólo fuese
pura simpatía, me desagradó mucho su proceder y sentí gran disgusto por la burla. Nuestras amistades habían terminado. Ya no nos veríamos ni hablaríamos más. Si ella me quería,
su cariño, imponiéndose á toda otra consideraVII
ción, la forzaría á entrevistarse conmigo para
desenojarme y pedirme excusas. Su repulsa,
Otra muestra epistolar:
cruel y amarga, y mi orgullo, me mostraban el
((Querida madre mía: Xada, absolutamente camino que debía seguir en adelante : rehuir todo
nada me retiene en 1\ladrid, ni nada le oculto á encuentro con ella y alcanzar mi traslado lo más
usted. para quien nunca luye secretos. l\li ma- pronto posible. Y hasta pensé con gusto en Ig...
yor dicha sería poder estar ó. su lado y recom- nacia
Pero mis fieros propósitos duraron menos que
pensarla largamente con mi carifío de la sepala vida de una flor. Cuando oí las ocho y media,
ración forzosa en que hemos viYido.
nPara complacerla á usted he pensado con de- noté que de mi severidad para con la hermosa
tenimiento en mi traslado y no hallo en él cosa Amelía no quedaban más que muchos deseos de
alguna que se oponga á sus deseos ó que pueda verla, de oir su voz y acariciar mis ojos ert la
perjudicarme. Trabaje usted el asunto y solicite Yisla d&lt;' su pícaro lunar. Y, á pesar de todas mis
y obtenga la ayuda de don Ambrosio, nuestro prevenciones, no pude resistir á mis deseos y
excelente párroco, con quien ya tengo ganas de me lancé escalera abajo.
Esta impaciencia mía fué la que guió mi fortucharlar un ralo, á la sombra de la parra, en el
na aquella noche, porque si espero á las nueve,
patio de nuestra casa.
&gt;,Quedamos, pues, en que YO deseo, en que yo no hubiese visto á Amelia. Un poco antes de llequiero, en que yo exijo-si· es posible que inc. gar á la portería la vi que subía. La hermosa
atreviese á exigirle nada á mi madre-, se inte- criatura me sonrió graciosamente, y toda mi serese usted en mi traslado y lo obtenga. Estar a riedad desapareció como por encanto. Y fué ella
que habló primero.
su lado y wrla feliz, sería mi mejor ascenso y lo -¿Supongo
que no estará usted enojado conel más gralo íln de mi carrera.
&gt;,Dígale usted á Ignacia que no soy olvidadizo migo? ... Yo soy así, y asi hay que tomarme.
Franca, mny franca para las personas que quiey que aún recuerdo lo monísima que estaba en
traje de primera comunión y el grato sabor del ro. T.,o de anoche pasó. Ahora á ser buenos
dulce que me regaló al terminarse el solemne amigos.
-¿.\migos nada más?-Y sentí renacer mi disacto cristiano á que asistimos todos los de casa. gusto. Usted habla de su franqueza, y para
nSupongo que Lerroux, nuestro leal y honrado
J,errottx, aún me recordará, y vendrá á mi mo- rni... ¡ :\'o me diga que las de anoche fu,eron su
viendo la cola y ladrando cariñosamente cuan- última palabra!
-Ya veremos, Pepe. Las cosas hay que ganardo me vea aparecer por la puerta. Cuídelo usted
mucho, madre m1a, que bien lo merece el re- las y no pedirlas.
-i\le promete usted entonces ...
cuerdo de mí padre y su carifiosa fidelidad.
-Yo no prometo nada ... Hablemos de otra
,,y como no quiero ser ingrato ni olvidadizo
para nada de lo que pueda traernos dulces me- cosa. ¿ Ac.epta usted una prueba de confianza?
-T ,a acepto.
morias de épocas más felices, vayan allá tam-Pues, entonces, véngase conmigo.
bién mis recuerdos á la Rosa y su becel'J'ete.
.\1 ver que yo dudaba, agregó:
»De don Ambrosio no le digo nada, porque ya
-Conmigo. A mi casa. Conocerá usted á llli
sabe usted lo que quiero á ese buen viejecito, que
fué para mí segundo padre Nuestro excelente h1·rmai1a Elvlra ... Le advierto que ella ya le
párroco debe de estar muy anciano, aunque sin conoce.
¿No había para sorprenderse con esta salida
perder sus bríos de siempre.
1&gt;Consérvese usted buena y reciba un millón de la hermosa muchacha después de confirmarme nuevamente en las calabaza.s? A mí me agrade besos y abrazos de su
dó mucho complacerla en sus deseos de q.u e la
PEPE.»
acompafiase á s.u casa, porque así, al menos,
Creo innecesario advertir que la única causa aunque remota, tenía alguna esperanza donde
que me movió á escribirle á mi madre, aceptando afianzar mi amorío. Decididamente se arregla-

juslificasc, su rostro se puso serio, acaba.ron todas las sonrisas y se mostró enojada en sus respuestas. ¿Por qué•? Por más que hice no pude
sacar,nada en claro ni razonar aquel disgusto de
la hermosa criatura. Desde entonces, cuantas veces quise sacarla de su mutismo, tantas otras
no me hizo caso. Caminaba de prisa, Ull poco
abatida sobre el pecho la linda cabeza. A buen
paso, moleslo.é intrigado, yo la seguía. Sin cambiar palabra, subimos los dos la escalera, y ante
su puerta nos detuvimos. Hice un esfuerzo. Quería saber su decisión, obtener una respuesta categórica.
-;. ~o piensa usted contestarme á nada? ¿),o
me quiere decir lo qu&lt;J piensa?-le pregunté.
--Ya Jo sabe usted, Pepe-repuso ella.
-¡Yo, Amelía! ¿Pero me ha dicho usted
algo'? ... Ve usted. Ahora soy yo quien exige franqueza.
-Pues bien, Pepe; con franqueza le digo á usted que no á todo.
Y sentí cerrarse la puerta suavemente, mientras una voz, dulce y cariiiosa, le decía á Amelía:
-¡Cuánto has tardado hoy! ¿Con quién hablabas?

ba el asunto, cobrando un aspecto original lleno
de_ enc~ntadorn:, sorpresas, á lo que yo ' resum1a. Aun era hempo de ganar lo perdido p y en
ganarlo p_ondría toda mi prudencia.
'
" Pero mis cavilaciones no pudieron ser muy lar3as, no por fal~ de asunto, sino por carencia
e espaCio. Rabiamos llegado ante la puerta
Amella introdujo el llavín en la cerradura,
q_ueándome la entrada á una habitación limpísima, deco~ada ~on harta pobreza. Algunos cua~ros y vana_s sillas componían su ajuar. Amella me empu¡ó suavemente hacia una puerta por
c,uyo huec&lt;? pasaba un chorro de luz, y se adelantó á ~1. Estábamos en la sala. Junto á un
veladorc1to, que contenía menesteres de costura
sen~d~ en u~a silla. baja, con un bastidor sobr~
las 1 ?d1llas, v1 á Elvira, tan semejante á Amelia
tan igual y pareja, que quedé agradablement~
sorprendido. Amelía la saluaó con las siguientes
palabras:
-Aquí le traigo á nuestro vecino, que quería
con~certe. José... Pepe Cobos... Mi hermana
Elvira.
.-Tenía ganas ele conocerlo-me dijo ella é
hizo un ~demán de alcanzar una muleta-. Ya' ve
usted .. Tiene que dispensarme.
-¡Dispensarla! Ustedes si ...
-¡Esa ~s buena!-salló riendo Amelia-. Aho':ª cortesias, .Y á 1~ franqueza ¡que la parta un
~ ayo! Pero s1 he sido yo, Pepito, quien Je trajo
a usted á casa, para que le cuente usted á Elvira esa hermosa .historia de los zapatos.
:-Pero, Amella, ¡por Dios!-la dije confuso1
mir~ndo á la gentil cojita con el rabo del ojo.
-,Pues por eso, Pepe! ¡No ve usted que Elvira es la d~efia de los zapalitos de hada!
_Y esparció p_or el habitáculo la cascadita armornosa de su risa, regocijada y fresca.

rr~l

de encuentro conmigo, y hasta volvía más tarde
á. su casa, por la noche, sin duda para no verme
111 hablarme.
-¿ Usted la qui.ere mucho?-la pregunté sin
dari~e cuenl~, á hilo_ de mis pensamientos.
-, Querer ª. Amelm, Pepe! i Eso es poco! i· Si
us led fa conociese!
~~ supe qué decirla. Tras aquellas palabras
~dn11!1aba un ca~ifio hondo entre las dos criatu1 as, igualmente rnfelices, y descubría la história
de a.qnel~as dos vidas gemelas, frente á la existencrn, SIJ?- u_n apoyo amigo, ganándose el trozo
de pan diario en medio de los peligros de su
belleza.
Elvira, también silenciosa, continuaba en la
tarea de su ~ordaclo, inclinadísima sobre el bastidor. Y deb1a de pensar en Jo mismo que vo
porq~e la suave ondulación de su pecho era si"~
no_ bien claro de una conmoción oculta. 1•Pobfe
cn_atura! .Aquel defecto físico que la afea ba la
od10sa co¡era, era una crueldad del Destino ' y
no sé por qué recordé mi Dello ideal mi r·~bia
encantadora, dueña de los pies de hadas, que

VIII

-:ª\ª convencerme,

necesito verlos, Elvira.
-:¿Si._. .. Pues ahora le toca á usted aguardar.
P~ciencia, Pepe, paciencia. Yo también la he temdo.
-·¿Es usted rencorosa?
-A veces, sí, y mucho. Una semana justita
hace hoy que prometió usted contarme esa hist(!ria y ahora me sale usled con esas cosas ... Le
digo á usted que no me engaiía.
-Vamos-pensé yo-. Amelía le ha contado á
ésta que á Ignacia la han puesto de largo-. y
en voz alta-. Pero conste que es usted tan hermosa como yo me figuraba.
- ¡Yeso que no soy rubial-me dijo, riéndose.
-¡A pesar de eso!
-¡Ah! Vamos. Para usted es un pecado ser
murena.
-Sí Y no, Elvira. Pecado cuando no se es bastante hermosa para ·hacerle olvidar á uno el recuerdo de otra mujer que es rubia.
-- ~luchas .gracias por la lisonja. Razón tenía
:\mella en pmt~rmelo á usted como algo poeta.
i Ar.ne!1a ! La moporlunidad de aquel recuerdo
me hmo vivamente.
-A propósito de Amelia-le dije, deseoso de
aclar~r mis dudas-. Hoy tarda mucho.
-Y ayer, y anteayer. No sé lo que le pasa-observó ella.
Yo sentí como una punzadila allá en el fondo
del al~a. Era verdad. La hermosa criatura había
C&lt;;1mbiado mucho en su modo de ser en algunos
d~as. Se ocultaba ó aparentaba ocultarse de mí.
No era ya la. ~uchacha reidora y picotera de
otras veces. Di¡érase que rehusaba toda ocasión

cal,zarían los tentadores zapatitos. Ahora lo veía
all1, á dos pasos, y no era rubia, y por ser imperfecto usaba muletas. Todas sus gracias y toda.;; ~us bellezas no podían ocultar su desventura m eran gran cosa para desvanecer mis eno¡os. iQué desilusión más grande! ¿ Valía la pena
pensar en algo agradable para que la realidad
lo deformase á su gusto? ...
-¿En qué pier:sa ust~d?- me dijo, enderezan.
do el talle cual s1 estuviese incómoda.
-En que tengo ganas de verla con el cabello
suelto.
Hasta que no dije la última palabra no me di
?uenta de lo que hallía dicho. Mi atrevimiento
impensado, me azoró. Afortunadamente ella n~
lo tuvo á mal.
-;-Antes quería usted ver mis pies-y se sonreia.
-Y u_sted no, quiso que los viese-repuse yo,
due!'io ya de mi, y con el aplomo de quien sabe
rn á. obtener lo que solicita.
-¡,Para qué?
-Sea usted complaciente Elvira-la dije mimoso-. Por una vez...
'
La _vi titubear un momento.
- l;n segundo nada más-insistí.
-?ue~o... Para que vea usted... ¡Pero uno
solo .... ¿.Lo ve,ya? ... ¿Está usted contento? ...
¿Para qué quena verlo?
En su modo de hablar y hacer las preguntas
se notaba su azoramiento.

�-Pronlo le ha lomado usted el gusto á nues•
(·as.a-me dijo. Luego, •encarándose con su
hermana, añadió:
-i\o te fíes mucho de Pepe, Elvira .. Es muy
vehemente ... Toma. El hierro. ¡Ya tengo ganas
Lle perder ele vista tanta medicina!. .. Por supueslu, Pepe le habrá distraído ... ¡Uf! ... Yea usted.
Es nuestra alcoba ... ¿Cómo va eso?-Y se sentó
ul lado de Elvin.1 1 rodeándola -con el brazo la
cintura.
-Bueno. Ba.sta ya ... ¿.\ que no se queda á
cenar con nosotr-as?-me dijo con su volubilidad
de pújaro.
- Hoy, 110 1 al menos. Y me levanté.
- ¡Pero se va ya!- exclamó E\vira.
- Y á escape.
En la puerta, al cerrar, me habló Amelia.
- Es usted terrible, Pepe.
-¿.Por qué, Amelia'?
- Porque tiene usted nn corazón muy grande,
pero muy grande 1 Pepe.
t ra

IX
¡ Para hrornilas e~taba yo! Aquel alfilerazo ele
la hennosa criatura me llegó al alma. Amelía ya
no era la misma para mí. Había cambiado mu&lt;"hn ~n mu~' poro tiempo y de una manera imprrnst..1. Los e,wuentros en la escalera, acabaron. y acabaron también nuestras ,enlrevistas y
nuestros delicio~os paliques. Es más, parecía
(·omo que Amcliu tuviese el propósito de esqui\·nrmr, ele rehuir torla. oca.sión de verme y de
hnblarme. Ilm;ta por las noches, regresaba muy
larde ú su c-a~a y apenas nos veíamos. Si vo no
udver!ín tanto ~u ausencia, era por Eivira, "aquelln mnclrncha con rostro ele niflo que me intere:-;nba poro á poro y á cu?n ladu me sentía tan
Jiicn, n1irándo!a trabajar silenciosa. en Ja delicada J;-ibor· ele seclerin. El contraste entre su seriednd ~- la travesura de su he11nana, á veces modamc á recorclnr· á. la ausente, con algo de tristew, f"Oll un J)O&lt;"O del desagrado del ·amor propio herido. Y alli 1 frente á ella 1 un poco románti&lt;'O. hilHrnaba mil historias de carifio, creando
!uR más atrocos ronílirtos. Como buen impresio11able, la úllirna emoción era la base de todos
mis sentirnientos y pensamientos. Y entre burla
y burla, broma y broma 1 empezaba á tomarle
~usto á la seriedad ele Elvirfl, con el mismo fue~º que días aJH('S me dí á pensar en Amelia á
todas horas.
Y verán ustedes las cosas que me hizo pensar
el úlfimo alfilerazo de Amelia. La hermosa. muchacha me había visto con buenos ojos hasta
que supo, la pícara historia de los zapatos. Desde entonces, varió para mí del todo, sin duda
por... ¿.Qué dirán ustedes qne- se me ocurrió?
P11es 1 sí: nara dcjarlP mi C"ariño á su hermana,
á la cajita, la duefia. de loo zapatos de hada. Pnra
mí no cabía eluda de que Amelia .se desposeía de
su afecto para regalárselo á Elvira, pobre ser
enfermo y desvalido. ··_f osí, viendo que yo fre-

1
1.
1

lr

1

~i

L.·.

cuentaba su casa y Je tomaba gusto á la amis-

- ?,-le. 15areda

m e11tirn que huhie&amp;C' pie wn pe·

{[ll é!lO.

P '"':"S ya sn h e c¡11 e lo hay.- Y, al sonrcir, mos.trafr . la -pru m e~a tentadora el-e s üs clicn [cs.
· -Sí. .\h ora, sí .. Lo s de us ted ...
- ¡ c\hi es tá .\rtie!ia !- dij-o al se ntir que.se abría
la puerta.
·
,.,_ A_l -entral', rñe sonrió Amelía, .amenazándÜrn.e
carulosamente con su · mó.heCitá.
---

tad de su hermana, nos dejaba solos, hacíase la
perdidiza ... ¡ Era un rasgo bonito de la linda cbiquilla!. .. ¡O un eles-atino mío!
Lo cierto es que, al lado de Elvira, las horas
s-e me hadan cortas, muy cortas, y me olvidaba
.ele lo pasado poco á poco. Elvira, muy seria
si('mpre. muy silenciosa 1 con sus diez y ocho
arios~- aquellos ojazos suyos lan serios, lan tranquilos, era lo bastante par0;, .impresionar á un
_33eI1.orete _como yo, ya t.allucli_tb, que no había tenido amor ning'mfo. Así Corño· füas antes ffi€

agradaba mucho oir la \·nz de Amelía, su rharla
· picotera y ver la pic-ardia de -sus ojos, nhora me
sabia rriuy bien aquella tranquilidad, aquella paz
y aquella calma que sr adYertía en ElYinL Y me
daba mucha Iá::;llma sttberl.a coja, y('rla clesgrac-iada, sin usar conmigo &lt;le las coqueterías de la
rnujer, conocc-d-0rn de su def.rclo y si1í. ilusiones
de enamorarme.
t-.Ias, á pesar de esto, aún viYía el recu('rdo
de Amelia .en mi memoria \. su desvío uie lastimaba. Las noch es que lu 1:)0día ver en su casa
era tan otra, tau indiferent e, tai1 fría para mí,
que -sentía !a mortific-ac-ión ele los celos . .\o me
hablaba ya y ponín todo su ernpcfi.o -e n quP no
nos queclásem-0s so!M,. Pero una vez triun[l' sobre sus mafias y pude soa1rla d.e su ('S!udiado
mutismo .. El vira revolvía yo no sé qué cosas allá
en la cocina, y ltasta. nosotros llcgabu -el rumor
de su muleta. Amelin s-e había inclinndo sobre el
bastidor, haciéndose la muy interesada en la
obra.
-Ya era hora de que pudi ese hablar con usted, 1\melia-la elije un poco corlado.
-Ust-ecl siemp.re tien,r, que hablar algo- me
contestó, inclinando más la hermosa cabeza.
- Es que quiero que me explique ...
- :\'o siga uslefi, Pepe·... Es mu~r duro, muy terrible qúe, después de sufrir muchos mi.os, venga
á hundirnos en la cl-csrspera&lt;:ión una persona á
quien hemos querido ... Yo no quiero que usted
engañe- á Elvira.. Elln ya c-rce en su &lt;'arifio ...
-Pero 1 Amelía, ¡por'Dios! ... Elvira no puede
creer eso ...
- Sí lo cree ... ; Y quizá no se engañe!
-¡, Y usted tamhién !o c-rec?- le pregunté, sofocado.
-Sí. .. Y Unripoco me engaño.
-nemasiado sabe usted ...
-:--i i\lós bajo, Pepe! ... Ya sé lo que me va a
decir .. Que me q111ere á mí ... ¿:\'o ,es eso'? ... :\fo
se ponga así .... \migos, .':ii usted quiere·1 otra
cosa, no. Yo lampoco me pertenezco.
-~o la creo, Amelía, no In erro.
~i:itonccs me miró mu;y seria, y, con una tranqu1hdacl que me hizo &lt;laño, me dijo:
-Se lo juraré.

X
Bueno. Las cosas como salen. Quiero decir que
tan pronto como me vi en mi cuarlo de sollero
se deshizo mi rabieta en un chorro de i11terro:
gaciones, _todas _ellas encaminadas t'i pr('guntarm0 yo mismo s1 dcbia tomar muy en serio las
P?-labras ele Amrlia, co11Jinuar siendo protago111sla dr \1!10 5 a~ ores tan entonraiindos y nebulosos, ó s1 !o mtJor r,ra lomar el lren é irme tan
guapamcnte a! pueb~o, sin aun decirle acliós á
las dos muchaclrns. ,\fas estos pr-0pósitos saludables no duraron muc-ho ,en mí. Por un lado me
.heria oon violencia el recuerdo de ,\melia v sus
ú]timas palabras, y por otro la ml"'morü1 cie Elvira1 _con _su cara de ni1i.o. tan seria. siempre y
lan .s1lenc1osa, Juc.-haban en mi alma (·un })río y
me impuls~ban á aclurar aqu el embrollo. Yo nO
le habrn dicho ,nuncu á Elvüa que la amnse 1 y,
en los pocos drns que la conoría y 1rataba aúu
~? se me había ocurrido qu e la pudi ese- q~crer.
S1 verdaderamente -exislitt en mí algún afecto
para un8: de las dos llermanas, la duefía de él
era .Arn.e!ia. ¿ Había, pues, razón nlguna para. sus
palabrris para qu,e creyese que vo amaba ya a.
Elvira?
~
~
j DiGho,;os zapaUlo.s ! Lo que había comenzado
rna1 no podta ·concluir bien. -La culpa, sin em-

bnrgo, era toda mía. ¿ ,.\ quién se le ocurría parar~-e ('Omo un papanatas á mirar un par de zapalos expu,eslo en un rsc.apar.atr? ¿Que eran muy
monos·? Bueno. ¡.i\lHy peque1ii!,0s'? ri.Jejor. ¡.Que
su duc!i.a debía ser una rubia encantaelo•ra'? ¿ Y
qué'? ¿. '{ que la duelia era E1vira, una {'riatura
mn~· !inch.l 1 pero morena y coja? Pues, mejor
para ella. Lo nec,rsariD para mí era lerminar d-e
una \'CZ la historia dr- tules amoríos y enviar al
demonio los- za palos y sus recuerdos. ¡ Ya vería
,\melia ([Uién era Pcpf' !
¿ Tendría novio ,\melia? ... ¡Ca! A pesar de
su juramento, yo t&lt;'nia la seguridad de que no
&lt;. xislía la! no vio. Lo que ocurría era no más lo
que- yo me figuraba. Amelia habíase trocado
hurafia y adusla para mí de.sd-c que· le conté la
famosa historia. Desde entonces ern .su cambio.
.\nt-'.:'S había sido amable y eari!i.ósa, y hasta me
dejó entrcvrr que podía amarme. Luego, yµ fué
otra; y si Elvira, en la intimidad, le contó mis
lisonjas y mis galanterías, pintándoselas como
fin:'zas de amor1 sus palabras tenían una justificación aparente, que á mí }n{' convenía dcsvanec:er. Después d.e· to&lt;lo, para mí eran lag. Qo.s
iguales y me importabnn lü mismo. l"n pocn ·de
simpnliu que se perdiese no era nada, coinj}arad-o con la tranquilidad que disfrutaría al ver•
me libre en aquel embrollo.
i Buen berrinche se iba á llevar ElYira !
Los golpecitos que di en la puerta, secos, pausado~, debieron de sonar en PJ corazón de la
hermosa rojita. .ru.al toque ele agbllía. Tan.1biéJ1
&gt;·-o E&gt;2nli un poquito de tristeza 1;11 oir el rumor
de la mule!a. Y .se nbrió la puerta.
-¿.Qué? ¿Está usted ahora contento?-rne clljo
Elvira, sonriéndose', al -notar que reparaba en
su cabello suelto.
·
--Está usted m,uy hcrmosa--...le conteslé con
algo de sequedad, enlranclo en la snliLa.
Eh·ira lomó asiento, yo la imité, v se hizo el
silenf'io. \'crdaderamcntc, aquel ca·bello suelto
estropeaba todo mi pian y colmaba mi ira. Era
nPce.surio busrar · por otro lado otro comienzo ...
Elvira hab'ía -reanudado su lar.ea. Yo .la miraba
y scnlia pesar por lo que iba A decirla.
~orno siempre, casi debajo ele la ventana, lrn~
brqnba la encantadora cojita, s-ent3da en una
Ril~a bnja. Como siempre, la luz del quinqué-un
qumqué de gran pantalla, vencirla hacia la parle
di'. \a alcoba-daba de lleno en el ro.siro, ún pocp
pulido, de Elvira. El velador, como otros días
!'iust r- nia un _monlón de r-11caj,es 1 cintas, carrete~
~- re!aZ '. )s .. \!lá en un rincón 1 sobre una silla, el
pf' r~zo.'H1 Ote!o hacía la maniobra de siempre:
¡:-:):11use en pie, alzaba la cola, combaba,. el lomo
~- sallab-/1 al ~udo pc\n1 lnnzarsc sobr~ mis rodillas, murmuJeando su mal humor. Y1 sin embargo, aqu\lla no('he- lodo me parecía cxlraiío,
se rnc anloJabn nuevo. Allí estaba Elvi.ra muv
indinada soJH'e ln lahor con el csbello-~uellÜ
&gt;' ,\"O veía en f'Hü un no Sé qué que no- había n;
1a&lt;l? nunca: parieríame vcrli:i. por primera vez.
Como hermosa, estaba. lwrmosa la cojita. Y
µcnsé C'on p~na en mis propósitos, J)recisamente
c-twndo la. lrnda rnuelrncha sr acordaba de mi
cl r•s,:'&lt;J ... Ella era 13: única mujer ele quien yo podia
clr~·1r_ haber obt.emdo tales pruebas de amistad ...
&lt;-'&gt;-(? iba ft proceder mal? ¿No hubiera sido mejor
110 ir ft aquella casn? ... Quizá por el peso de mi
rn1racla,_ ó aca~o por la fuerza de mis•pensamien1ns , Elv1ra. alzt: la cnb,eza y fijó en mí sus grandes
v hermosos OJOS tranquilos, muy abierto$. Entone.es, me decidí.
-- ~Quier~_usted ser fra_nca y l~al conmigo, Elv;ra. ·- la d1Je en vóz baJa, smlténdome conmo·v1do. ·0

1

,1

�-Siempre lo he sido-. Y había en su voz extrañeza.
-P~ro franca de verdad ... ¿De lo que sea?
-81 ... De lo .que sea.
-¿ Le ha dicho usted á Amelía que ... yo la
quiero á usted?
-¡ Nunca, Pepe !-repuso cerno ofendida. Des-

pués, con cierta tristeza, añadió:
-;, Cr?e usted que yo puedo pensar en eso?
Para m1, usted es un amigo.
Su salida me mortificó de verdad.
-¿Nada más? ... ¿Y para complacerá un amigo se suelta usted el cabello y se pone usted

guapa?

l\li franqueza la ruborizó.

-Usted ...

-No mienta usted, Elvira ... Para mí es

us-

\cd ~orno nadie. Buena, franca, leal... No me des1lus1one usted ... ¿Amigos nada más?
-¿ Y yo que le voy á decir?
Su yoz era tembloT-osa y una lágrima velaba
sus 010s. Su azoram iento, grandísimo haJae1aba mi amor propio.
,
t:&gt;
-Que me quiere-le dije un poco conmovido
en voz: muy baja, cual si temiese que me oyeran:
-¿Yo? ... ¿Creer?
Estaba hermosa, tan inquieta, balbuceando las
palabras, sin sab-~r qué decirme.
-Sí. ~sted. Co~o es:. la más buena, la mejor.
--Y cogt su manec1ta 1 srn saber lo que me hacía,
arrastrado por el encanto de sus grandes ojos
asombrados-. ¿Sí ó no?
--¿ Y era tflnta seriedad para ·eso?
-¡Como que , no quería que pasase de esla
noche!

1

XI

,

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¡

1 ....

l

-¡Ve usted! ;Ve usted como tenía razón!-me
dijo Amelia riendo 1a primera vez que me vió-.
Ya ha engafiado fü;ted á Elvira ... ¡Pero cuidado
que es usted una pe_rsonita mala! ... Dé usted gracias á que Elvira es así, tan buenola -y todo se
lo cree.
'
Y terminó su charl~ soltando la alegre cascadita de 1::ú risa, fresca .y alborotadora .
Este fué el único comentario que le sugirió la
noticia de mis amoríos con su hermana, y así
se lleshiio aqu,ella linda historia de heroísmo que
yo le colgaba· á A.meJia rara explicarme de algún modo la brusquedad y lo repentino de su
cambio. ¡Buen chasco el mío~ Como si cupiese en
cabeza humana que una chiqurna tan loca cual
Amelia, se despojara de su cariño para cedérselo á otra mujer, quizá para verla feliz. Y vo,
gran tonto, qne había llegado á componer tOdo
un drama pasional á costa de su desvío, y que
alribuí su delgadez y lo pálido de su rostro á
oculta lucha de sentimientos en su alma! Todo
para que ella fuese la primera en felicitarme y
reirse de rni infantil azoramiento ... Francamente, me avergoncé á hurtadillas de mis despropósitos.
Y la verdad era que á mí me complacía que
i\mrlia no hubiese puesto cara fosca al conocer
mi.s recientes devaneos amorosos. Desde el día
aquel en que me propuse firmemente acabar mis
relaciones amistosas con las dos hermanas y
periclité de modo tan vergonzante, indigno de un
caballerete de mis humos, tanto Elvira como yo
habíamos variado en la manera de ser, Nunca
supe ni atiné á explicarme por .qué rara casualidad se verificó en mí aquel trastrueque de s-enlimienlos1 al verme delante de Elvira, tascando
mis fierezas. Ello debió de ser por algo más que
por lá.slima y compasión. A mi que no me digan

que por eso se enamora nadie ni se conmueve
ante una muchacha bonita, que tiene unos ojos
muy hermosos y muy grandes y lleva. el cabello
suelto ... Tal v-ez buscando en mi prolongada soltería, quizá sabiendo que yo nunca había tenido
novia ni amistad con mujeres, y acaso profundizando en la emoción que me produjo aquel cabello suelto\ deseo mío que una linda muchacha
realizaba ... Probablemente, uniéndolo todo, alando cabitos y sacando consecuencias, mi trastrueque de S-C!)limien!os se hubiera explicado con
harla claridad. ¡ Pero para profundiz.ar estaba
y~ después del tremendo ridículo de mis suposietones acerca del desvío y la indiferencia de
Arnelia ! ¡ Como si la f.elicidad estuviese en otra
eosa que en la misma felicidad!
Para mí, lo único cierto era que yo estaba contento, que Elvira merecía. que se la quisiera y
aún se Yolvía un poco coqueta, y Amelia tornaba
á ser la loca criatura de siempre, tan risueña y
parladora corno otrA.s veces. Y lo cierto tambiéi:1
era, que ó. mí me gustaba mucho pasar la velada sentado junto á Elvira, solos los dos, diciéndole tonterías al oído. Poco á poco la gentil cojila se hacía duefi.a de mis pensamientos, y para
ella sola eran las agradables locuras que se me
ocurrían. Y, cosa eslupenda, ó por mejor decir,
cooa natural: el defecto de su cojera ,casi no existía para mí y me acostumbraba á pensar en Elvira con muJetas.
Como Amelia nos dejaba en completa libertad
y solía regresar muy tarde por la noche, Elvira
y yo pasábamos veladas deliciosas, á veces sin
hablar de nada. A pesar de todos mis esfue·rzos
aún no había _podido vencer su cortedad, y lo
más que obtema de ella eran palabras sueltas y
muchas sonrisas 1 y, en ocasiones, que me dejase
cogerle !a mano durante un minuto.
La seriedad y la timidez de Elvira me agradaban mucho, y me daba gozo ver sus ojazos muy
abiertos mirarme fijamente cuando envolvía en
intención y malicia mis palabras. Era una buenaza1 sin la picardía ni la travesura de Amelia.
A veces, á los dos 6 tres días, recordando cualquiera cosa que le dijese, me preguntaba las ra•
zones de mis palabras, y un asombro pueril
agrandaba sus ojos al .advertir que yo las había
olvidado y no tenía de ellas ni la memoria miis
remota. Su misma timidez me cortaba á veces,
haciéndome callar cuando hubiera querido hablar
mucho, decirle todas las cosas bonitas que se
me ocurrían y los gr;;rndes proyectos que fraguaba para lo porvenir. Desde que éramos no-vios, de lodo .se ave!'gonzab.a; su rostro Se encei:id(a por la frase más insignificante y ocultab&amp;.
cmdadnsa el defecto de su cojera. En cambio se
ernp-erejilaba más, cuidaba mucho d-e su persÜna,
y hasta en su postura para coser ó bordar notáhas-c su empeño de agradarme, de parecerme
bien. Lo que más gracia me hacía de ella eran
las precaucion,cs que tornaba para mirarme:
si.empre esperaba á que yo volviese la. cabeza,
que no la viera, una distracción mía. Y yo que
sabía esto 1 p.rocu.raba hacerme mil veces el distraído en la velada para que me mirase á su
gusto, gozoso de aquella ingenuidad.
A las 0~1ce . m~ retiraba todas las noches, y
has la el dia siguiente, ql1e se repetía todo exac•
tament.e: mis palabras, mis demoniuras 1 el rubor de Elvira, su cortedad y el silencio de los dos,
aquellos grandes silencios en los cuales ella debia pensar mucho en mí y yo pensaba mucho en
ella. Rara era la vez que Amelia aparecía antes
.de que yo me fuese. Por la noche, muy poco la
vi en las veladas. Recuerdo que sus tardanzas
n_ie intrigaron un poquito y aun le hablé de ellas

á Elvira una noche, ya en pie para marcharme.
-¿ Tiene novio tu hermana?

-No-me dijo-. Que yo sepa, no lo ha tenido nunca. Me lo hubiera dicho ... ¿Por qué? ...
-¡Ah! ¡Bah! Por nada ... ¡Corno no la veo!
-Ahora tiene mucho trabajo.. Ya no debe
tardar.
·
Yo no supe qué contestarle, y, con los pies cruzados, apoyándome en el respaldo de la silla
quedé pensativo. Y no sé por qué consorcio d~
ideas me asaltó aquel recuerdo de su heroísmo
y recordé su alegre risa al hablarme de mis nuevos amores y la ocasión en la que quiso jurarme que no se pertenecia.
Elvira, extrai'i.ada de mi silencío, alzó la cabeza y me miró largamente. Con el rabo del ojo,
yo la veia mirarme curiosa.
-~fe voy-le dije.
-Ahí está Amelia-me advirtió, al oi.r el ruido de la llave.
Amelia entró muy seria. Estaba muy pálida.
Puso sobre el velador el lío de ropa que traía y
se sentó frente á su hermana, en la sombra. Cnizóse de brazos luego, y guardó silencio. Elvira
la miraba intranquila, con un poco de sobresalto. A mí mismo me impresionaron su seriedad 1
su palidez y su abatimiento.
_-¿Estás enferrna?-le pregunlói mimosa, El-

-En nada--respondía con alguna sequedad.
-¿Ves? ... ¡Ya estás así!. .. Di que no estás
incomodado.
Para no reírme ant,e su apuro tenía que morderme los labios. Entonces, el único señor era
yo, y, como lnl seño-r, imponla mis condiciones,
que las más de las veces consislían en que me
dcjnse sns mnnecitas en rehenes un buen ralo.
Nada de crueldades. Como había conocido su carúctcr en seguida, chb.domc cuenta exacta del
cnrifi.o que existía tras su apariencia tranquila,
y como notase que no había para olla cosa más
mortificante que verme mudo y cavil060, Procu-

Vll'a.

-No sé.. l\Ie duele la cabeza.. ~fe acostaré-·
repuso el1a con voz apagada, con cariño.
-¡,Quiere usted que busque un médico?-dije
entonces, por decir algo, aunque fuese una tontería.
-¡ESo es! ¡Exagere usted!
-No, Amelia. Pero creo ...
-Usted cree muchas cosas1 Pepe-me contes•
tó secamente, con enojo.
Y esto fué todo lo que saqué en .limpio.
XII
Ni fu$ de importancia ni yo le concedí ninguna al malestar pasajero de Amelia. Por las noches continuaba volviendo tarde, de modo que
apenas la veía y la hablaba mucho menos. Toda
mi vida concentrabáse poco á poco en Elvira y
en su recuerdo. El gran milagro de su renacimiento se hacía pasito á paso.
Desde que la hermosa criatura se sintió ama•
da, su·seriedad juiciosa comenzó á aclararse con
un rayito de amable presunción, sonriéndose ya
frecuentemente con algo de ingenuo apicaramientc. La tranquilidad y calma de sus ojazos de
nifio, trocáronse en vehemencia y fuego. Además, advertíase en tnda ella el deseo de agradar,
el soiícito cuidado que ponía en sus manecítas,
en la compostura de su persona. Hasta en el ha; blar notábase más vehemencia, más pasión. En
Eldca renacía poco á poco el carácier ele Arnelia.
Yo creo que ni para ella misma existía el defeclo de su cojera. Se volvía algo orgullosa. A
pesar de -sus condescendencias y bondades para
oonmigo 1 veía apuntar en ella el pícaro amor
propio de s.entirse querida y de saberse hermosa.
Precisamente esto mismo forzábame á quererla
más. Porque en realidad, sobraba con una frase
mia, ó un ratito de hacerme el caviloso y discon•
forme para que el orgullo de la adorable criatu. ra desapareciese, para que cesara mi vasallaje
y la sei'i.ora absoluta se convirtiese en humilde
esclava.
-¿En qué estás pensando? - me preguntaba
entonces, invariablemente, alza·ndo de la labor
la hermosa cabeza.

rnbn.. sacar todo el partido posible de mis artimafias para obtener uruebas inocentes de su
afecto.
·
Elvira, después ele toJ.-0, no se mcrccia más
que car,ño. Pero yo no podía zafarme del encunlo ele verla seria y apurada, con sus ojazos
fijos en mí, sin atreverse casi á hablarme. Sólo
por el guslo de admirarla así me hice el incomo~lado vec~s innumerables. Aquella mirada suya,
intensa, interrogadora, al v-ermc entrar, tenía
para mí tal gracia 1 que jamás pude sustraerme
ni deseo el-e imaginar mil modos de presentarme
á ella p~ra que fuesen más continuas. Después 1
s-cntudo Junto ú ella, y con el perezoso y dormilón
Ot~lo _sobr:e m~s piernas, la veía trabajar, sigu1cnclo1 sllenc10s0, con la vista, las maniobras
de sus manecitas en aquella labor de bordado
tan llena de paciencia. Entonces, en los claros
del sabroso palique, lanzábame á los descubrimientos de. nuevas bellezas en la linda muchacha. Lo pálido de su rostro, con aquella ondulación que la delgadez hacía en la mejilla; la nariz,

�})Lo que sí quiero aconsejarte es que no te deguiar por la primera impresión; que consultes tus sentimientos y pie•nses bien el paso que
vas á dar. Elvira puede ser muy buena, sin
duda lo es, y su bondad y estado tal vez le hayan impresionado y creas es cariño lo que sólo
es compasión. Por mí te lo digo. Tan vivo fuiste
en el retrato de las dos hermanas, que se me
han saltado las lágrimas. Si quieres á Elvira,
cásate con ella, hazla feliz y goza con ella el
porvenir que has sabido crearte.
,1Quisiera que me enviases el retrato de las
dos hermanas. Ya creo qu-e las qniero. La juijes

la blancura del labio superior; la barba, redonda, donde propendía á indicarse un hoyuelo; los
ricitos que naturalmente se hacían en su nuca,
blanca y redornhta; la linea de la barba á lagar~anla, ondulosa, suave ... i Cuántas cosas bomtas
me hacían pensar! ¡ Qué de veces las acaricié
wn la vista! ..

Recuerdo que un día que miraba atentamente el sonrosado globito de la oreja derecha, no
pude contenerme al descubrir un lunar, hermano gemelo de aquel otro que voceaba su picardia
en la barba de Amelía.
-¡Gracias á Dios!-dije alborozado.

,,

-¿Qué te ocurre?-me preguntó ella sorprendida.

-¡Ya he encontrado lo que buscaba!

~

La malicia de mis palabras la alarmó.
-¡,Y qué buscaba.s tú? Y había en su ·voz re-

'

~

'

,:

celo.
-¿Que qué? ... ¡)Jada, fea!. .. ¡Un lunar como
un lucero! Y miraba el puntito obscuro casi
velado por el cabello.
-¡Amia á paseo!-me dijo ella, deponiendo su alarma 1 l!lBS un tanto ruborizada por

'-:

\
--~/ "".

-Bueno.. Pero oye ... Si te trasladan ahora,
le vas á ir en seguida?
-:\'os iremos, Elviru. l'\os iremos ... En plural 1
fea ...
Aforlunadamenle.. Bueno 1 si.. Afortunadamente, el traslado no venía tan ·ae carrera como
mi madre se figurara. Digo afortunadamente,
porque, la verdad, me gustaba palad-ear mi noyiazgo y mis coloquíos con Elvira, que, ya segura de mi cnriii.o, me sorprendía. con el encanto
de sus franquezas y no me ocul1aba su rimor, ni
en palabras ui C'n miradas y condescenclencins. '
.\qudla ((soledad de •f.19"~- en cornpaii.ía)) 1 jamás
¿.

.

'

'

-'
, A,,--

el descubrimie11to.

xrn
Qube darle una alegría á -Elvira le.yénUole una carla de mi madre, respuesta ú
ol ra rnin, en la cual le notificaba ,el asunto
tJ_• 1~:i:; nrnoi-íos y le exponía. mi plan de JleY:irnie las d~·s rnuchnghas al p1Jeblo.. ~iooo
se me antoJa advertir que en· mi eprntola
enumeraba una por una todas
las bueuas condicion.es ele las
dos hermanas, sus-virtudes y sus
bellezas. Adrede oculté la historia de los zapa.tilos y, prudenLeme.nte, atenué
un poco la derse n volt ura t.l l:"
.\melia.
Citaré los pá-

rrafos más sustaneio.s os de la
carta:
,iPepe, alabo
tu franqueza y
te la agradez~o.
Por mi parbe
nada ten~o que
oponer. Te veo

muy chiquita y regordeta; los ojos vislo·s de soslayo y con los párpados entornados, ca-si juntándose las hebras de las pestañas; la boca, algo
grande, sin labios abultados, pero gros-ezuelos 1
con menudas ondulaciones en ambos extremos;
la graciosa sombra de la pelusilla que obscurecía

tan entusiasmado y gustoso de tu novia, que ya deseo conocerla, á ver si es tan buena como tú la
ponderas. La JX)breza de Elvira y su hermana
no me disgusta. Así sabrán las dos lo que es la
vida y lo que cuesta ganarse en ella un huequecito.

ciosidad de Elvira, tan elogiada por ti, me hace
ver tu carácter serio y bondadoso. En cambio 1 á
juzgar por algun&amp;S palabras de tu carta 1 creo
que Amelia debe de ser un diablillo encantador.
Creo, como tú, que de efectuarse tu casamiento con Elvira, Amelia no debe separarse de vosotros.
11Don Ambrosio está contentísimo con tus proyectos y asegura muy formal que 1 aunque viejo
y achacoso, todavía le sobran bríos para irse á
[\fadrid conmigo 1 traeros al pueblo y echaros la
bendición.
uTu traslado es cosa hecha.
iilgnacia no pudo resistir por mucho tiempo los
efectos de su vestido largo y ya tiene novio.,,
Cuando terminé la lectura, vi en los ojazos de
Elvira una lágrima que pugnaba por desasirse
de sus pestafias.
-¿ Dudas ahora ?-le pregunté.
-Yo no he dudado nunca de ti-me dijo-. No
sé por qué te he creído siempre.
-Ya ves cómo no te has engafiado ... ¿,Quieres
leerle la carta á Amelía'?

turbada, nunca interrumpida, era el adorable
egoísmo, que me hacía pensar con pesadumbre
en la hora del traslado. ~las dicho sea en honor
d e la Yerr.lacl, no siempre ncontecia esto. También
pensaba con alborozo rn el día que ;Elvira me
per!e1wciera del lodo y en nuestra futura dicha
allá en el aldeorrio ...
Jlasl_a el trashumant-e Olelo, dormido en mis
piernas, debía ele pensar en todas aquellas cosas
bonitas que ft mí se me ocurrían viendo bordar
á .Elvira. Ot-elo debía imaginarse que, entre tanta
felicidad, lo menos que alcanza.ria era estar más
gord,o ~- r{'lamido.
Y allí, junio á Elvira, silencioso unas veces,
muy picotero otras, me pasaba las horas que me
dejaban libres mis quehaceres de la Central, esperando la orden de partida para ver realizados
todos mis deseos y gustar de aquella ventura que
lodos los dia.s reformaba un poco á mi capricho.
A veces 1 allí, junto á Elvira, viéndola. trabajar
en silencio, pensaba con amargura en lo que hubiera sido de las dos muchachas si en vez de dar
conmigo 1ropiezan con un hombre sin escrúpu-

�los, que, en un inslanle, hubiese hecho desgra&lt;.:iado aquel hogar. Instintivamente acudían il
m1 memoria la5 palabras de Amelia :
-Es muy duro, es muy terrible que después
de sufrir muchos allos, venga á hundirnos en
la desesperación una persona á quien hemos
qu~rido ...
-~·le parece que tarda mi traslado-le decía
entonces á Elvira, que se asombraba de mi s&lt;.1lida y me miraba con sus grandes ojos muy
abiertos.
XIV
1 '

1

Sin embargo, justo era reconocer que si el dichoso traslado se hacia aguardar más de lo que
yo quisiera, Elvira 1 con su carillo, me compensaba largamente de la tardanza en aquellas agradables veladas ele principio de invierno. Hasta
el suave calorcillo que se gozaba en la habitación parecía conspirar contra mi reposo, despertando en mí más deseos de calma, una mayor
intimidad con la hermosa criatura que bordaba.
junto á mi y que de vez en vez a~zaba la c3:beza :para mirarme con sus grandes OJOS muy abiertos. La paz rumorosa de la estancia, y el ambiente un poco cargado por nues tra respiración
y el humo de mi cigarro, me emperezaban en
recuerdos pasados, trayéndome á la memo1ia reminiscencias de otras veladas que se ligaban á
mi niflez. Y veía á. mi padre hablando con don
Ambrosio en un rincón lleno de penumbra de
la gran sala; á mi madre cosiendo en las ropas
caseras, empalidecida por el goipe ele 1~z 1 y I!1e
veía yo, muy pequelio, sentado en una silla baJa,
reclinada la cabeza sobre el regazo cte m1 madre1
endormiscado, medroso, sobresaltado á veces
por el gemir del aire enfur,ecido 1 acechando los
rumores de la madera reseca...
Después, de un pensamlet'ho pasaba á otro, ligando por una idea de recuerdo el pasaa~ con
lo futuro. Veía la misma gran sala y á mi madre y á Elvira departiendo juntas cariñosamente, con la labor interrumpida sobre el regazo; á
Amelia, cercana á la luz, picoteando con sus manecitas en un trabajo de seda, y á don Ambrosio
y á ml en la penumbra, con sendos cigarros en
la boca, cuya lumbre resaltaba como botones de
fuego en la oscurid1:1d, habla1"_1do. tal vez. de Jo
mismo que habló m1 padre, s1gu1endo qmzá su
conversación interrumpida por la muerte ...
La voz armoniosa de Elvira, preguntándome
lo que pensaba, me volvía á la realidad.
Nos ocurría á nosotros que, según aumentaba
nuestro carillo, nos hacíamos más cortos de palabras y más gustosos de silencio. ¡ Podíamos
pensar tantas cosas agradables l
.
Amelía continuaba jugando á la &lt;lesa.parecida.
Sólo nos veíamos muy de tarde en tarde. Conmigo usaba ya una familiaridad de hermanas.
Nada de bromas ni de frases de doble filo. Nada
que recordase lo pasado. Con su presencia, de
seguro, las veladas hubiesen sido rpás alegres,
más encantadoras, matizadas de risas, bromas
y burlas; pero nuestro ·cariiio probablemente- no
se hubiera arraigado tanto. Por eso yo no sentía
cosa mayor la ausencia de la perdidiza Amelia.
Además, por aquellos días, apremiada por .mí 1
Elvira había comenzado á prepararse las ropas,
y como las labores de las sábanas y otras prendas por el estilo- se prestaban á las frases de doble filo, complacíame ver encenderse el rostro de
Elvira en un sonrosado ,encantador.
, Recu.erdo perfeclamcnle que durante. unos
días la vi muy atareada en el calado y adorno de
&lt;I

:l

rierla prenda que no supe reconocer, quizá por
no poner mucha atención en ella, acaso por mantenerla Elvira lan recogid_a, plegada tan discretamente, que era dificil de todo punto conocerlll
y clasificai'la. i Qué zipizape se armó cuando por
un descuido suyo penetré el misterio de. la tal
prcpda ! Alli fueron de Yer sus ojazos muy abiertos, casi llorosos, sus mejillas encarnadas por
('l rubor y las agitadas ondulaciones de su pecho.
¡ ~o era nat.la la cosa! i La famosísima camisa
üe novia, nada. m enos que aparec ía casi ruborosa a mis ojos, pregonando agradables malicias! Después de aquel dia no volví á ver
más la encaoladora prenda, en la que debía
poner Elvira loda su alma y todo su orgullo de
mujer.
El descubrimiento produjo en mí gran complacencia. Descle aquel punto consideré á Elviru
como algo más que novia, y pensaba en ella y
la hablaba de airo modo que días antes. Era ya
una intimidad sin malicia, ír~nca, sin palabras
rebuscadas. Pero como todo tiene fin en este
mundo, las veladas iban á tenerlo muy pronto.
Mi traslado Yenía por la posta, según me aseguraba mi madre. A mí me entristeció un poco
la noticia y á Elvira le agradó mucho. Y como
no era cosa de sofi.ar más, desde aquel momento
comenzaron seriamente los preparativos para el
gran acto. Ameliu se prestó gustosa á ayudarl e
ú. su hermana, y en verdad que su ayuda no
pudo venir más a. tiempo ni fué de las menos
necrsaria. t-.Ias lo que me dalia en el alma era
la situación de las clo,s hermanas. Las ganas de
ofrecerle dinero para que saliesen ele apuros me
traían desasosegado. ¿ Cómo se lo ofrecería sin
mortificarlas en su amor propio? Yo adivinaba
los sacrificios que hacían para no recurrir á na•
die ni mostrarme su penuria. Y era para mí muy
penoso verlas á veces muy serias 1 disgustadas,
vergonzosas ... No sé los sudores y trasudores
que me costó aceptasen lo necesario para atender á lo más importante. Tuve que enojarme.
Estoy seguro de que, si no me pongo serio y me
hago el disgustado, no logro convencerlas. Pero
vencí, y se hizo lo que propuse.
A primeros de Enero recibí la fausta noticia.
l\li traslado al villorrio era una realidad tangible
y mi cese en la Central otra realidad. Cuando á
mediodía enlré en casa de Elvira, la adorable
criatura se estaba peinando y Amelia había.
salido.
-¡ Ya está aquí!-le dije gozoso, con ganas
furiosas de abrazarla, viendo su carita asombrada al través del ca.bello que le caía sobre el
rostro.
- ·¿ Tu traslado?-preguntó ella, comprendiendo mi alegría y gozosa también.
-Sí, feá .. ¡ Y el tuyo, y el de Amelía, y el de
Otelo!-Y así por los pelos dDI bigote al gato
lrashumant.e, qu-e comenzó á maullar quejas de
desespe_ración 1 mientras que 1 por vía de desquite, clavaba sus uñas at1ladas en mi mano.
-¡ No seas loco !-clamó Elvira 1 echándose el
cabello hacia atrás partido en dos mitades.
-¿Loco? ... ¡Pues ahora verás!. .. 1\le tienes
que dar lo que nunca te he pedido ... -Y antes de
que pudiera oponerse, le cogí las manos y la
besé en la boca.-¡ Eso!
- i Pepe! - Y había rubor, consentimiento y
enfado en su voz.
- Y ahora voy á hacer otra cosa .. La más importanle ...
- ¿Qué v.as á hacer?-•murmuró alarmada.
- Escribirle á mi madre para que os venga á.
busqar-. Y salí de estampía de su casa_.
·
1

XV

Pero ¡ay! que no existe ventura completa, y
la mía fué turbada por la nubecilla de la enfermedad de mi madre, que no pudo abandonar el
lecho para acudir á mi llamada. Por fortuna,
aquella desagradable impresión, de la cual le
tocó.no,. poca .parte,á Elvira, vino á disiparla en
buena hora don Ambrosio, trayéndome noticias
r ecientes de la mejoría de la enferma y muy
fü.spuesto á poner por obra mis deseos.
¡ Qué alegrón más grande me nevé cuando vi
aparecer por la menguada puerta del cuchitril
la figura ,simpática y bondadosa del venerable
sacerdote, encorvadito, con los dos mechones de

vi-ese y la juzgase sin prejuicios. Enterado por
él de que la. dolencia de mi madre no era cosa
mayor, sino achaque muy propio de su edad y
del invierno, ya sólo pensé en verle descansado
para visitar á Elvira, cuya agradable sorpresa
me figuraba . Asi, tan pron lo como vi á mi buen
párroco en estado de bajar veinte escalones, no
quise dilatar por más tiempo la entrevista y ca.si
lo arraslré. á la fuerza á casa de Elvira.
Pintar la sorpresa de ésta al verme aparecer
C'On don Ambrosio, sería tarea ardua. La vi palidecer, ruborizarse conmoverse, temblar l).n
poquilo 1 balbucir excusas que nadie le pedía y
asomarse á sus ojos una lágrima. En la atención
y el agrado con que la miraba don Ambrosio,
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blancos cabellos alrededor de la inteligente ca- juzgué que la hermosa criatura se captaba sus
beza, apoyándose en el añoso báculo! ¡ Qué simpatías y que desde aquel instante tenía un
abrazo más fuerte le dí, con toda mi alma, cual nuevo adorador.
La conv.ersación que siguió Ju.ego no pudo ser
si abrazase lo pasado 1 mis recuerdos de niüo !
ni más forzosa ni más delicada, pues aunque los
- ¡ Déjame que te mire !-:-decía respirando af1_1noso, y apoyaba su,s débiles manos sobre m1s dos parecíamos estar de acuerdo para no herir
la. timidez de Elvira, la ruborosa criatura aperobustos hombros.
-Estás hecho un hombre de verdad ... ¡ Caray, nas se atrevía á mirarnos. Le agradeci mucho
chico, y qué manera de echar bigotes! ... ¿_Y ella? á d-on Ambrosio que no hiciese alusión alguna á
Elvira ... Tengo ganas de conocer á esa .Jº)'.ª· A su misión. Mi buen párroco habló mucho y bien
tu madre la tienes embobada con la ch1qmlla ... de doña Antonia, mi madre, y como por inciden·
No creas. l\'Ji trabajo me costó hacerla desistir cia expuso los deseos de ella de conocer á las
dos hermanas.
del viaje.
Por dicha para todos, ap8l'eció Amelía, muy
-¿Pero está mejor?-le pregunté ansioso.
blanca, muy pálida, muy delgada. Después de
- ¡ Claro, hombre! Mejor, 1nucho mejor. ¿ Iba
á estar yo aquí si no? ... Pero déjame que me su natural sorpresa, soltó el registro de su risa
siente. Estas casas endemoniadas sólo lienen es- y sus bromas, é hizo reir de muy buena gan8: á
caleras.. ¿ Y dices que la muchacha vive aquí? ... don Ambrosio, encantándolo con su charla pmSupongo que este negocio acabará pronto. Te tor.esca y su volubilidad caprichosa de pájaro.
advierto que sólo tengo tres días .. . Por supuesto ¡ El demonio de la muchacha! Y á eso no más
que me quedo aquí. Dirrie algo de la. muchacha. se redujo la primera visita.
-¿ Qué?-le pregunté á ·don Arnbrosjo ·así que
No quise contestar al chorro de preguntas del
bu-en párroco acerca de Elvira. Deseaba que la hubimos dejado la casa de las dos hermanas.

,,
1

�_. cara.v con las muchachas! Elvirn vl!-le
cualquier ·cosa, pero Amelía ... ¡ Eso es un dm-

'

1

bl~~ ! qui.se saber mús, y le est rC'ché la mano
crozoso, alborozado.
b Pur la noche, abordé francamente ú Elvira ~Amelia.
.
Por la noche, abordé francamentto
á Elvira y Amelía.
-No disponemos más que de ~º1:
día·s. Es preciso arreglarlo todo. Nu,~
llcvaremn-s lo 1wincipal..
-· No tenga tanta prisa, Pepe!me \lijo .\melia-. Para lo que hay
que hacer sobra cn11 111,a hora.
-illás vale así. Pero ya ,;abe m,tcd que de pasado maiíana ...
-'i·a lo sé ... Sin apresurarnos se
'trrT·"lará lodo-r,'p11;:o rila. ·
' y t-no se habló mús. Sin embar"º no dejó de extrM1arme mucho.
f1 'clía siguiente, que sólo se preparasen las &lt;·mas de E.v11·a Y q1~e
Amelía 110 s-e· preocupara de lo Sll)O
para nada. Se des\·ivía por c011duir
el arre,rlo riel equipo de s11 he1·mm1(t,
qne 110..,se le olvi&lt;lase lo más p11eril;
ar·uclía á los m:rnores detalles Y ponía remedio ó. tnclo; pero de ella 110
se a&lt;·nrdaha. ElYirn misma se mm,tró sorprendida, aclarúrnh,;;e enlo11&lt;·es el mi!-terio.
- Pero ¡.v tú, ,\melia?-le pregun_tó.
- ¿.Yo? . .". :-So prei)("upnros de n11 clijn ella.
,. . . . .
-i\o, e;.;o no. ,\me,1a-111s1st10 .su
hermana.
- íluenn ... PneR ... l\lira, lo he pensailo..\hora os vais vosotros y rr¡ás
arlelanle iré vo... Cuando pase u1w
t.mporuda. ·
- jERtáR lo&lt;'a!-salló Elvira-. Tú
vienes c-011 110,.;olros.
- l'sted rn1 hará eso, .\rnelia-le
dije, inlervinienrl"
- Sí lo haré. Pene. Lo he pellSfHI"

ronlesló.muv senn
va 110 r, 1e1·on ltis lloros de El-

hif&gt;n- m :
,

"tt

~.,ra entonces, las admonic iones de
ro11 \mhrMio más larde, y rn1s rn r aos ,;iemnre. Nada akanzamos. E~
1M1": narecia que la irritábamos co11
n1• ·«trn «~rmoneo, y contef-taha r a,-i
,·011 malos modo'S. Elvira, des con 17nnacla afirmó ane ella no se iba
!ílm11oc·o. Pero ú ·regaiíadic&gt;úles trrminó su equipaje. ·
- ;Esa mueha,cha e;;tá loca !- me
,]i jo clnn Ambro sio -aquella noe~•"
:'P.firi{:ndose á la rahi:.;ca ele .\rnel1fl
- --,(1 lo crea usted. Ella es as!
r:uando vea ilise á su hel'rnana se
n bla11dará.
--- ,1\Iás vale asi!- mm·muró el hnf&gt; •1
0

pál'l'OC'O.

•---•Pero sabes que es bonitísimn!. ..
:Caray con las niiía:.,!- aún le oí m11 1·!!l!1jear entre diente~.

iY llegó el día tan esperado! i\1as
contra. lo que s upuse, ..-\ mel,ia ,se
mantuvo firme en s u te1·qne dad. Toilo
fué inútil. Como el lren s alía le m-

prano, hubo necesidad d~ ~aclrugar.; Y aunque
don Ambrosio y yo lo h1c1mos mucho, las dos
h&lt;'rmanas nos rngieron la delantera. Cuando baja111os ú llamnrlus, Elvira estaba ya _muy compuesta, monísüna, rogá!1clol~ á Amel1u,. _con lá¡.;rmus e11 lo,; (ljo,; y n111uos1dndes de 111110, qu~

tl

no se separase de ella. Desde la sala oímos que
le decía á su hermana, allá en la alcoba:
- ¡ Anda, Amelía!... ¿ Vas á querer que nos
separemos?... ¡ No seas mala! .. . ¡ Ya verás cómo
le pesa!... i Pero mujer, no seas así!
Ganas de perder el tiempo. Ni súplicas, ni llantos, ni consejos ablandaron á la arisca muchacha.
-¡ He dicho que 110, y no! - respondió á
lodo.
En la calle comenzó á oirse el rodar del coche,
que ya nos aguardaba. Entonces echamos el
resto. Todo en balde. Amelia se mantuvo firme
y Elvira se arrojó á su cuello llorando.
-¡ Pero si no es nada, mujer! L"nos días. Unos
&lt;lías nada más-le dijo Amelia.
Ella misma condujo á Elvira hasta la puerta,
y allí la besó y se despidió de todos.
- ¡ Que le acuerdes de mí, El vira, y que me
escribas!
Tuve que ayuda-r á Elvira á bajar la escalera.
La infeliz casi no podía valerse de la muleta y
los sollozos la conmovían profundamente. Mas
su verdadera pesadumbre fué cuando entró en

el coche. Entonces no pudo contenerse y rompió
á llorar.
-Ancla, Pepe, convéncela... Por lo que más
quieras.
--¡ Caray !-le oí murmurar á don Ambrosio,
mientras me lanzaba escalera arriba.
La puerta de la habitación estaba abierta y
entré en la sala. A la luz mortecina del quinqué
se me antojó es lancia mortuoria. ¡ Y rara casualidad! En un rincón vi olvidado el par de zapa.tilos. Estaban viejos, incoloros.'.. En la alcoba,
tirada sobre el lecho, Amelía lloraba con desesperación. ~le aproximé á ella, tocándola suavemente en el brazo.
- .\melia... Amelía ... :'.\o sea usted así. .. Oigame usled.-E hice que se incorporase-. ¿Será
usted capaz de hacer desgraciada á Elvira? ...
¿ Por qué se niega usted? ...
- ¿Por qué? - gritó en un arranque doloroso-. ¿Por qué?- repitió con rabia-. Porque te
quiero, Pepe; porque te quiero con toda mi alma, y estoy celosa.
Y se arrojó violentamente sobre la cama, llorando desesperada, convulsa...
-

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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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1 1

Mariano Miguel de V al
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�•

11811.--1

de·-

de • .,,,.. J9IÍ

ROBERT L. STEVENSON

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111111N' llmlHIII: trbaNin, .........
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ltPIRl&amp;Aiá.18..

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J'{iimcro eudto: DO clntimoe,

.

NUESTRO NÚMERP PRÓXIM9.,PUBLICARA

LO QUE~ NO \71\LE Lf\ PENA
'
i

.

1

( CUENTO OR.IGINAL DE

¡'

.'

MANUEL LINARES RIVAS
.l

'1
11

...

El uulor 11•~ El nlmlr•11au e} 11110 1lr In:,; Jll11·os lo, de m•gi:lr d.c simu,_ de blun("O de nieve para
e-seritorc-s que uúu lrihulan kspcto al idioma y u&lt;lmiración y plae'er de~ bjo:;; y almas que 1'slim
habiluudos á apraéiur ert-i breve espacio las divitrabnj.nn :,:i!C'nlos ú h,wer obta literrufa con las
nus concepciont&gt;s del Giojlo, las nolus orienlnles
· Siiñ'pfos -priinerlt.~ :11ñ.f(',:;,t!-;7tl•l arle y el ingenio.
,Su ~f'usihilida&lt;l PxtrP111uda•:1c hncl' t·oloi·ur \ns de Snn ~lurcos y tfls fürftH.nticns rcmembra11zU!-ldel rol'l.ancólieo PI\Jfmle
los Suspiros.
~ fúbulus t,e :-;n~"" 1·rnfl'l'!llias··-y .novela:-1 en un amLo qut? )W l'&lt;LU!
¡,rl,1c1, es, p11es, un e1w11to
lrienle ubs11l11l1Út.lf'I1. t/' rPfriwt;irio ú In chahacaneríu ó á la "·0ncupis¡:,e11rin. En ~l-1! J"t'SJ)í'do es triste y clelicudo, l'J,Ue rebosa ingenio y poesía.
·;111izú el 1•s1·ri_tnr nhJdel'fió. 1
B•! aproxima mús.• \"w•slros lectores hnllnrhn, !,l'g11ra11u,11te, en sus
t•ll1re 110:-:,dn1:-- n esi! ~er ;rih~inJt&gt;rahlP que se, púginas el e!,pirilu• del aulür que tantn.s veces
_ll;:min,Jw!J.lliL._B "'11aF'nh·. cJmu &lt;·I, l)i'J"~iguP la: :mpo c'-OnmoverlPs y ap\uudicron e11 la Comedia,
rf'úlidUd ¡wfy;~)::,a di' ln:::; ,iliti1':i c~t.·ogióa.s, la de~~ en Lun1 y en esla mismh publi&lt;·aci{1n para honra
nuestra y contento dri Ins per$0HU~ cultas.
1.ila l'll los pn1krn~-:-; al&lt;llllhi(f.UPs de su talonlo y
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F'OR
·-·EL 'ccE\Tu ;,;1-:,1\,_\L prl.l~i1qr1 i11:,;t'rlarú una de
ella:;;, tilulada /.11 ,¡w• ,,o n1fr la, rw111t. En ella •
dejó su huella indeleble l'I :j11~enio de nuestro
clogiadti. -sú pec:uliarfaimo ~slilo, siempre el4'·
MARYUeS DE VILLASINDA
gnnle y lmninoso, viste el lproceso psiwl~gico
de un nmor conyugal que se tompe con el acierto
Sombras chineScas· (recuerflos áe un viaje al
máS graude y Ju 1iuelidaJ mis sugeslivu.
Celeste Im-pério) 1 dos' tomos -ert -~·º
Y al leer sus .atildados págjirrns, unu duda asalVisto y só&amp;ado (novelas cortos).
la al lcclor val critico. ¿Es; el autor dramálico
D•I anlafio quimérico (cuenl06).
t1ue novela? ~¿Es el cuentistai uclmiruble c¡ue plaalma· de Dios (nov~la).
nea. un drama hondo y subyÚgador?
El lilóS&lt;ilo y 1a· tiple (novela).
En toUos los casos Pl artCiPs 111ucho, la origiDe la muerte al amor.' (n'óvela).
nulidatl no menos, el clelcitel grandísimo y todo
C'l cuento imtt joya preciosa, i·onHJ esas delicadas
Els PRCPARAC!ON-

,! .

4c

~,lf

1

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t;

.•.

.....................~························

r

LUIS VALERA
Un

labores de Ycnecia, que la destreza dC'l orfebre
confecciona con trocitos brill4ntes de azul U.e cie-

La raíz

de

mariilrágora (novela),

EL PIAJ3LO EMJ30TELLAPO
Er&amp;Sie un hombre de la isla de Hawai, el cu.u.!
vive todavía y cuyo nombre es prOCilso guardar
secreto. Por tanto, le llarnaremos Kive, en ra•
zón de que había visto la luz no lejos de Honaunau, lugar· donde los huesos del rey Kive el
Grande yacen ocultos en una cueva.
EsLe hombre era pobre1 valiente y activo. Sabia leer y esori.bir como un maestro de escuela.
Era, además, excelente marinero; viajaba de

cuando en cuando en los vapores que recorren
las islas del Mar del Sur, y a veces servia también á bordo de un ballenero en la costa de Hamakúa.
En una ocasión entró Kirve en ganas de ve.r

más mnndo y de conocer las ciudades del exlranjero. Así, ]?UOO, se alistó en un barco qu,e iba á
San Francisco de Oalifornia..
Es San Francisco una ciudad hermosa, con su

¡
1

1

1

'

�l é innúmeros ricos pobladores. En
buen
o es_pewu
. 1,....enle
una colir:::i que está
ella espuer
de nolar
.. ,
cubierl'.1- de dpa~acl~s-,e lleno el bolsillo de dinero,
Un ella an aba "l..la'·ch' a colina y contemplando
·
b por toPaseándose so re l
gozoso las grandes casas que se a1za an
das parles._
son &lt;!Slas !-estaba pen-¡ Qué lind8;8 ca~s , ~!ices deben de ser las
san
do elque
hombre-y
cuidado
genLes
v,1ven enI qeulfa~, sin nincrún
0
ael ma~ana_ !
este nsamienlo cuando s.e

}~;;P~~~1~~1~%~~

:i

en~~-~f f~~~;}:~~ne~;~f1\ ~1
deTf!uS, pero
alones de aquella casa bl'lllaun ¡uguele.l Lolsberu~icla. las orlas y acirates ~el
ban cual P a a
'
d fl
• los cris-

f:81~:f

~iind;era:j~~~fa~~t~!i~~~na~?f
;n~f~
Kive se delf'º• e:ts~a~o~stando así parado,
de cuanto con einp
había un hombre que le
se hizo cargo du que á través de una ventana
miraba desde li-~asa, d'a verle como se ve un
t~~ ~ir~ qa!r1::i;~ 1:gda,, de un charco de la
plaE~\ombre era v,iejo; tenía la cabeza calv~
El
ar se pmlaba en su rv~
la barba negro.
pesndo amarcramenle. Y la
0
lro y estaba suspira_
b e v que el
,·cr:dad es que Kive _miraba al 11~1~ :no· de ellos
hombre miraba á K1ve y que ca
lenía envidia aJ otrob
sonrió movió la caDL'
~~~l~e~la
ht~i~:
~_que
e~lrara y fué á
be
za,
t d 1 d1fic1O
recibirle á la puer
e, e la ~ía.-dijo el hom-Es muy hermosa casa e
• :-,::
bre, y suspiró de n~evo cor amargura-. ¡, - o
gustaría usted de ve1 ! , I'ive por todo el inDicho lo ou_al,. con. u¡o ª '- cuevas hasta las
lel"ior ~el ed,ific1O11, . 00~J~s allí que no fuese
buhardillas. :\o ª ia &lt; •
edó
mado
porfocto en su géneler~J-~(¡~Tv~e-que~ herrr"io-Verdade.ramen
·
¡
e css·
viviese en una 1gua, m
sa
est~
cadsal
.
dl
yelo
d1'a
.
Cómo
es
por
tanto,
que
O
taría r1en o o
· 1,
'
' ·?
usle{I s,usprra. .
esponclió el hombre-para
-No hay razon-r
d lodo punlo jcrual
c1ue no tenga usted un_a
desea la!. .. ¿~uá ésta y aun me¡or, s1 us.
.'
pongo que trae usted algun dmer_~nos-respon-Tengo cincuenta pcsols 'a.ám~~s que eso una
dió Kive-; pero ya cos ai I
casa
como est.a.
á echar unas cuenlas menEl hombre
S€ pu5?_

.
la pelota
dicto;
pero 1a botella rebotaba dcomo
ñ
de un n.iño Y no sufrió~~~% itv~'......... Por su
-Extraña cosa ei5 bo·tella parece de cristal ...
aspe{t~i d!l c1:l;~•1-!espondióle el hom_bre, i\~s,;
pirando más musli¡=i.mente que nu?cªua..J!~ del
unfi crisla¿eiY:o ~~~ f~~~¿~~~~e e;n f~ende, trasgo
m erno.
d t 1 ente es lo que se ve
ó di~rdot lae~o~bi~~eriorª de la bo Lella .. Por lo
mov1 n ~~ , len o entendido. Ahora bien : s1
menos, ts'. JO mpfa el frasco 1 tiene desde ese
~~~~~o r:1ºdiablo p~ra
servidor,ai c~:gt~st!
1
desee, amor, fsª11A~'st~ ~1~~!¿esc~~mo la ciudad
casa, y, vamo ,
·n más que el
de San Francis_co, todo efei~Yº~ss;yó ln. botella,
trabajo de pedirlo~ ~!ii~mán ~legó á ser el rey
y, merced á tamano
, 'ctió y de ahí vmo
del mundo. Per&lt;;&gt; al fin la '~ntamb.ién un tiempo
0
su caída. El capitán ~ 0~
de ella, descubrió
due~o. de la _bolell~ Y' pél también la vendió un
l~nl1S1mascr JSla!reci~ºasesinado en Hawai._ Pord!a, y lueºo E sled que una vez vendida_ la
que ha de sa er u
' a de su protección
botella, _el vendedor no goz1e yen adelante se cony eficacia, Y, á mentos1gdae ~e sucederán terribles
tente con lo que ei •
lances.
_y á pesar de todo eso-di¡·o Kive-, ¿ habla.

~tra

1

usted de vendert la b~~¿li1~!ear y me estoy vol-Poseo cuan o pu
b
Tenga usted
viendo viejo-replicó el hom re-. tá fuera del

~,:~i~;fl;rl¡~~f:ct ~i~ t~

~~i!~ntelq~fabl~?
demás, no es ana
·ere que cabe
bolella tiene una ci~trt0 1 s~~~~mbre que la
poner unn~ef:grie ve~derla a~ tes de morirse, arpo sea, y
1 . fi rno
derá_ eternam!f1~ea enc;nt~~!; reparito !-excl~mó
:-1 y v_aya ue er con tales gajes, nad~ qmero
K1ve-. 1 Lo q. te chisme' Gracias á Dws, puesaber de seme¡an
casa. ·pero algo hay que no
do pasarme sm una
'
d
es conquisiera hacer por nada en este mun o, y
der,,::-,rme para el _otro. ted tan súbito y reflexione
-)lo se delermm_e us ombre- Piense usted
un poco-respo~di(!le e\t bolella
valerse con
en que ~~be a qu1~~r de su diablillo, después de
moderac1on del tºd.
led á otra cualquier perlo cual se la ~ená erit d~e la vendo, y concluiría
sana, como yo us e
, sto
usted su v~da. con l~~l~~~ª~!\~e goucurren dos ob·
-l3u_eno' pde:.º Kve- Es la primera que eslá
servac10nes- 1l 0 1
·.
una mucha.usted suspirando de conllnu~,a coq~e0 vende usted
lalme_nlc, Y luego di¡~~ª usloo más dinero, por- cha
enamorada,
y
la
segu~.
-Stcnto que no po ar á uste-d disgustos en lo
1
que
elloIr;puede
botella Pclº: hmuáy u~d pgtqº~é suspiro-dijo
porven
pero acarree
yo s la doy á usted en los cin- esta
-Ya le he te O
•
l
me van
el hombre-. Suspiro porque sien ~~~~ted miscuenta pesos.
ó K'
-·Me da usted la cas•a!-exclam
ive.
falta_nd&lt;? la salud Y ed vi~~;eila;ºpara cualquie;
-~o, la ca,sa, no repuso _el hombre-, p:~ mo mdicó, es ~uy e e se le lleve á uno e,
0
0
sí 1á botella. I_&gt; f~ue d~-~ ie~;z~~l~~iqfoertuna ra, eso de morrseá 1a ~~zón ele vender tan batodo lo neo Y e iz q 1 •ardín han salido de
~ebo exp~~;r Ja~st~u;~~~
~~~1:otlll~s~~e_c~ate~d~~ 1~1ás de un litro de ca- cunst~nc1a pecul1~r dfl dT!b1¿ trajo al munuo la
bida. Aquí la tiene USled.
ó de ella
El hombre abrió una alac~na y sac
. - ~~?el~:,~~~íac~;i~ in\recio !/e;~~~1~f~~~í
1
un frasco panzudo Y dfe;i;no ~;~º'ci~;~?b°¡a~:s vendida, en ~~ :füo~~~ªJ~ dollars. Ahora bien :
una porl:'B:da d 1 botella que ha de venderse
;~o~,~~!11~~ccºo~~~l l!dr~ooir~5-~ioed~rg/~nd~v{1~~! es cond1~óné
Si la vende alguien á "igual
vaaamenle algo move iz '
siem_pre
p ~ i o; 61 fué adquirida, la botella
sombría.
.
o precio en qu dp 1 endedor con la misma segu·d 1 na paloma
-Esla es la botella- di¡o el hombre. ysco,emd? torna. á manos e v
.
- d"ó. . '\o me cree u e • ridad con que reg'.esa á su _ntoªen\icrlo huya
Kive s.e riera, ana 1 -~1, '.
la botella TraPue-s pruebe us_t~d por sí mismo
.
mensajera. De ~~m qu;~L~eels~grecio de la botella
ido cay~ndo con ltt~ul1a,~ barata Yo la compré á
le ilev~ªt~~f !~t~~~s la botella y la arrojó al
suelo y la Yolvió á arrojar hasta que estuvo ren- ~niu~e ~~sr~souderosos vecino~ de este collado.

ª

f~ f~

Jª

g~

y

efe~ 1:

~~~~l~a ,~L~~!~

i~:

t~~

Jd:

Pagué por ella no más que noventa pesos. Po-¡Esto sí que va de veras!
dría, pues, venderla á usted en ochenta y nueve
A continuación, Kive oompró en una tienda un
pesos y noventa y nueve centavos de peso; pero
no en un centavo más, porque volvería á mis sacacor·chos y s,0 marchó al punto al -campo.
manos indefectiblemente. Todo eslo trae consigo Allí, en paraje solitario, intentó sacar el corcho
dos engorros, ó, si se quiere, dificultades gran- de la botella; pero, cuantas veces metió el sacaeles. Es la primera que, cuando ofrece usced una oorchos, otras tantas le sacó sin el lapón. Por lo
demás, el Lapón se quedaba Lan entero como
botella tan notable por tan poco dinero, la gente antes.
se figura que anda usted de broma. En segundo
-¡Este es un tapón de nuevo género!-exclamo
lugar ocurre que .. . pero esto no es cosa de momento, y no hay, por lanto, para qué entrar en I&lt;ive, y, de pronto, rompió á sudar y á tembleel asunto. Lo que importa es que recuerde usted quear, porque le estaba dando miedo la botella.
Al regresar hacia el puerto, vió Kive una tienque la botella sólo puede ser vendida por dinero
da cuyo dueüo ven&lt;lía conchas y maderas de las
acuñado : en moneda.
-¿Y cómo voy á saber que es verdad cuan tu islas salvajes, idolillos, monedas antiguas, pinturas de la China y del Japón y toda suerte de ¡;ousted me dice?-preguntó Kive.
-Puede usted· oomprobar en s·eguida la exadi- sas como las que suelen traer los marineros en
tud de algo de Jo que he expuest.o--=repu,50 el hom- sus arcas y baúles. Y á Kive se le ocurrió una
bre-. Deme usted los cincuenta pesos, tome la idea. Entró en la tienda y ofreció la botella al
botella y desee encontrar.se al punto con los cin- mercader por un centenar de pesos. El lendera
cuenta peso,s otra vez en el bolsillo. Doy á us- comenzó por tomar el asunto á risa y declarar
ted palabra de qu:e, si allí no los encuentra ooted, que sólo daría. cinco pesos por el frasco ; pero
luego, como el hombre se fijara en lo curíoso de
desharé el trato y le devolveré el dinero.
-¿No me está engañando usted?-pl'egunló la botella (que m&gt; parecía fabricada por manos
de hombre, Lan lindos eran lo.s colores que iriKive.
El hombre se comprometió ;ei!ltonces con unos saban su blancnra láctea, y tan extraña la sombra que se divisaba en el interior), después de
juramentos solemnes.
-Bien está--dijo Kive-. Con eso me arries- regatear un rato, según la costumbre de los mergaré á la prueba, pu,e-., de ella no puede sobreve- caderes, acabó por dar á Kive sesenta pesos,
y colocó el frn.,ro en el escaparate d'e la tienda.
n.irme perjuicio alguno.
-Ahora que he vendido la botella en szsenta
Y Kive entregó el dinero al hombre y recibió
pesos, cuando por cincuenta la compré, ahora
ele! hombre la botella.
-¡Diablo de la botella!-declaró luego Kive-. sabré la verdad acerca de otro de los puntos que
Quiero que vuelvan á mi bolsillo los cincuenta me señaló aquel hombre-dijo Kive para sus
pesos-. Y á buen seguro que, apenas hubo di- adentros-. Y á seguida se fué á su barco y en
-cho tales palabra,s, cuando tornó á sentir -en su llegando á él, abrió su baulillo. Dentro estaba la
bolsillo la misma carga que sentía antes de entre- botella, que había venido más pr.onto que Kive.
Tenía éste á bordo un compafiero llamado Logar el dinero al hombre.
-¡En verdad que es maravillosa esta botella!- paka, el cual, viendo á Kive, dijo:
-¿Qué te ocurre? ¿Por qué contemplas boquiexclamó Kive.
abierto tu baúl?
-Y ahora, amigo, ¡buenos días!-re,plicó el
Como estuviesen ambos solos sobre el castillo
hombre-, ¡y que el diablo que me deja á mí oo
de popa, Kive hizo jurar á su amigo que Je guarvaya con usted!
daría el secreto, y le puso después al tanto de
-¡Aguarde!-gritó Kive-. Basta de bromas. todo.
¡Ea, cargue ust,ed otra vez con su botella!
-Muy raro es el negocio-declaró Lopaka-,
-Ustoo la ha comprado por menos de lo que
me cootó-rep11có el hombre, restregándose las y mucho me temo que la botella te acarree almanos-. A usted, pues, pertenece ahora, y á gún disgusto serio. Ahora bien; hay algo que está
mí sólo me importa ya ver cómo s·e larga usted muy claro para mí. Del disgusto no te librarás:
pronto de aquí-. Dicho lo cual, el hombre llamó trata, por tanto, de sacar provecho á la botella.
Piensa bien qué es lo que más puedes desear y
á un chino, criado suyo, é hizo que pusiera á
ordena al frasco que te lo procure. Como tú lo
Kive de patitas en la calle.
Ahora bien, Kivc, así como s·e vió fuera, -con alcances, yo te merco la botella. Así como así
la botella debajo del brazo, se pu·so á reflexionar. ando comido de ganas de ser duefio de una go~
lela para irme en ella comerciando de isla en
-Si es verd'ad todo lo que me han dicho, he isla.
hecho un mal negocio-pensó-; pero puede que
-Yo no quiero una goleta-respondió Kive-;
el hombre haya estado burlándose de mí.
pero sí gustaría de una hermosa casa en la cosY á seguida, lo primero que hizo fué contar su
clinero, y le halló cabal. Tenia cuarenta y nueve ta de Kona, donde he nacido. Una casa con jarpe.sos en moneda americana y un peso de ChHe. dín, mucha luz y muchas flores, cristales en las
ventanas, pinturas en las paredes, alfombras
-Eslo ya me va pareciendo cosa &lt;le verasmurmuró Kive-. Hagamos ahora otra prueba µor el suelo y, en las mesas, chirimbolos lindos,
el if-erente.
de todo pun lo como en la casa donde hoy estuLa.s canes de aquella parte de la ciudad estaban ve, si bien con un piso más v una veranda iodo
limpias como la cubierta cte un barco, y, aunque alrededor, igual que en el palacio del rey. Y
era m ediodía, por ellas nq transitaba nadie. Kive habría de ser para vivir allí sm cmdados, de
colocó la botella en el arroyo y echó después á fiesta con mis amigos y parientes.
-Pues bien-dijo Lopaka-; llevémonos la boa.ndar. Dos veces volvió la cara hacia atrás, y
clo.s veces vió -etl panzudo y blanco frasco quieto tella á Hawai, y, si todo sale como tú lo indicas,
te la compraré, &lt;Xlnforme he dicho, y yo, á
en_ el m~smo lugar donde acababa de dejarle. yo
mi vez, pediré la goleta.
~.hró lueg-0 una tereera vez y dobló una esquina.
Así lo acordaron los dos amigos, quienes no
'. h~ aquí que, ap·cna.s lo había hecho, cuando
sintió algo que por detrás le golpeaba en el codo. lardaron mucho en regresará Honolulu, llevando
· 1-!.:ra el largo y saliente cuello d"el frasco, cuya consigo la botella. Apenas_ habían desembarcado,
panza aparecía embutida oe1J1 uno de los bo1sillo~ cuando toparon en la playa con un conocido suyo,
rle la· chaqueta de Kive!
el cual habló en seguida á Kive como para consolarle y tlarle pésame.
·
Y Kive dijo:
Y Kive rreguntó:

�¿Por qué me das el pésame?
-¡Pero es posible que no le hayas enteracto!respondió el amigo-. ¿.No sabes que se murió tu
fío, aquel buen viejecito, y que tu primo, tan gallardo mozo como era, se ahogó en el mar?
Kive, con esto, llenóse de aflicción y, rompien.
rlo en lloros y lamentos, se olvidó de la botella.
Pero Lopaka andaba discurriendo, y á poco, ai;í
romo se hubo mitigado un tantico In pena ele
Kive, dijo de este modo:
- He estado dando vnellas al asunto. ¿~o poseía tu tio nnas tierras en la isla de Ha wai, por
1'1 distrito de Kaú?
-En Kaú, no-rnspundió Kive-. Las tierras
están en la falda de la monlafia, un poco hacia
el Sur de Holrnna.
-Y ahora, ¿serán luyas?
-Sí que lo serán-replicó Kiw, y loruú ú lamentar la muerte de sus deudos.
-Déjate de lamentos por ahora-interpuso Lopaka-, y sigue mi pern,amienfo. ¡.Qué si 1,1 ornrrido fuese obra de la botella? Así lo creo, pnr_que ya te encuentras con terrenos donde rolo('ar la casa que deseas.
-¡ Si ello es así-exclamó KiYr-, mal me sirve la boteUa con malar á mis parientes! Pero ...
quizá sea cierto, porque yo me pintaba la casa
en tal lugar como las tierras de mi tío.
-La casa, sin embargo-añadió Lopaka-,
aún no está construida.
-No-repuso Kive-, y se me antoja que no
llegará á estarlo; pues si bien mi tío poseía unos
cafetales y unos platanares, no darán unos y
otros más que para sustentarme con relativa
holgura. El resto ele las tierras no es más que
negra Java ele los volcanes.
-Con todo-elijo Lopaka-, Yámonos á ver al
notario, porque todavía me fü,!á escarabajeando
la misma idea en el caletre.
Ahora bien, cuando llegaron los dos amigos á
casa del notario, salió á relucir que el tío de KiYe
se había vuelto monstruosamente rico en los últimos días ele su vida, y que había un buen r"Urlal á la disposición de Kive.
-¡He aqui el dinero para la casa!- exclamó
Lopaka.
-¿Está usted pensando en construir unu casn
11ueva?-pregunt9 el notario-. Pnes aquí tengo
la tarjeta ele nn arquitecto cuya pericia me han
: !abado mucho.
-¡l\-lejor que mcjor!--gritó Lopaka-. Ahora
sí que está la cosa clara. Prosigamos obooceiendo las indic&lt;.1C'iones de la botella.
Y con esto s,c fuernn Kive y J..opaka á ver aJ
n rquilecto, á (J1.ltlen hallaron delante de su mesa,
con unos dibujos de casas.
-Usted desea algo fuera ele lo corriente-dijo
el arquüecto--. Pues bien: ¿qué le parecería á
nsled ele una casa por el estilo?-y á la vez
lendía un d.ibl1jo á Kive.
Este, en echando los ojos sobre el papel, rompió en un gruto, porque alli veía su pe-nsamienlo pintado con exaclilucl pasmosa.
-Vaya por e,sla casa-pensó-. Poco gusto yo
d(IJ camino y modo por cl{mde me viene; pero,
con tocio, la tornaré, porque tonto sería de no
aceptar lo bueno con lo malo.
Así, pues, Kive exphlcó al arquitecto cuáles
eran sus deSiCos, entrando en pormenor,e_s acerca
de cómo ~e había de alhajar la casa y sobre las
pinLuras para. acJo.rno de las pa,redes y los chirimbolos y talarrcles para las mesas. Y también preguntó Kive sin ambages ni rodeos cuánto habría de costarle lodo.
El arquitecto hizo, á su vez, muchas preguntas, y lomó su pluma, echó sus cuentas y, al

fin y á la postre, pidió la misma ca,nt.idad quP
había heredado Kive. Lopaka y Kive se miraron y s,e hicieron mutuas sef1as.
-Está cla,ro-pensó Kive-. Qrniera que no
quiera, esta casa ha de ser mía. Del diablo me
viene, y mucho me temo que poco he de ganar
con semejante negot:io. De algo puedo, sin embargo, estar seguro, y es de que no volveré á
formular ningún deseo mient:11as sea mía la botella. Pero, por de pronto, como no me puedo
zafar de la oas,a, ha:ré bien on aeept.ar lo bueno
con lo ma,Jo de ella.
Kive, por tanto, oerró el !ralo con el arquitecto, firmando ambos unos papelotes. Después de
lo cual, Kive y Lo:palm tornaron á embarcars~,
yóndose á Aus1.raHa, porque habían convenido
entre sí que no intervendrían más en el asunto,
sino que dejarían al arquileot.o y al duende embotellado que allá se las compusiiesen para adornar la casa á gusto suyo.
El viaje á Aus:h,aJia fué, en verdad, muy bueno: pero Kive, durante tocio él, anduvo meLlénilosc á sí mismo el resuello para adentro, porque
había jurado no formular ningún deseo nuevo
~' no pedirle al diablo más favores.
Cuando vo.lvió K.ive á su tierra, acababa de
vencer el plazo seiíaJado para la constmcaión
ele la casa, y e&lt;l airquit.edo declaTó que ésta estaba. ya Esta para ser vivida. Kive y Lopaka
lomaron, pues, pasaje á bordo de un barco llamado el Jlall, y en él se fueron, por la costa de
Kona, á inspecdonar la casa y ver si todo se
había bocho conforme á la idea que tenía Kive
pintada en las enlrel.elas ele su mollera. Ahora
bLen, la casa se alzaba en una ladera de la. montafia y cm visible desde los buques que pasan
J}Or allí delante. Encima &lt;le ella snrgía una selva
q11e iba ú ocultarse entre las nubes. Más abajo
&lt;le ella se veía la negra lava de los acanlilndos,
donde ~,acen en sus turnb-as los royes ele ot,ros
1iempos. En dC!I"redor había primero un jMdin
ron flores de todos los matices; de un lado m,
huerto plantado ele papayas, y del olro lado
ol ro huerto plantado de bananos. Y por delante,
hacia el rnar, se JcYanlaba un rnásl-il con su bandera enarbolada. En cuanl-0 á la casa, contaba
lrcs pisos, lodos con piezas amplias y verandas
anchurosas. Las vonlanas eran de cristal, de un
1Tista1 tan claro como el agua y tan lucien le
corno el dia. Toda suerte de muebles adornaba
las habitaciones. De las pa11ecles, en marcos ele
oro, colgaba multilucl de cundros : pinturas
que representaban buques, hombres combatiendo, mujeres lindas y paisajes peregrinos. En
ninguna parle del mundo existen pinturas de
colores tan brillantt1s como las pinturas con que
1, iYe se enconliró en su rasa. Por lo que hace ll
lús chirimbolos y !ntarrclcs, no cabía que fuesen
mús lindos ni variados : relojes de sonería y cnjas de música, monigotes de los que balancean
acompa.sada.m-0nte la c&lt;:1bcza, libros llenos de ei,tampas, preciadas armas df' los más opuestos rinrones del orbe y rompecabezas ingeniosos, muy
á propósito para soJazar los ocios de un hombre
solitario. Y como á nadie le poclría gustar vivir
en tales habilacion('s sin salirse de ellas ni tener
más diviorsión que la de contemplarlas, el arquitecto se había c-uidado de haoor muy ancho:i
los balcones, de modo que en ellos cupiese A
gusto un pueblo entero. Kive no atinaba á deC'idirs.e aecrca de qué le llenaba más: si el pórtico de la fachada poslerior. rlesclc el cual se
goza ele la brisa del monte y se contemplan los
huertos floridos, ó si la. Yeranda del frente, donde
sp beben los aires del mar, se admira el acanlilndo y se ven, ora {)] Ilall pas•anclo una vez ca:da

�semana entre Hookena y los collados de Pe~é,
ora los barqll'itos qve van bordeando la cosn1
en -busca de bananas, de ava y de maderas
finas.
Cuando todo lo hubieron contemplauc bie11,
Kive y Lopaka fueron á sentarse en el pórtico.
-¿ Y qué?-preguntó Lopaka-. ¿Está todo
como tú lo imaginabas?
-No sé cómo ponderarlo-respondió Kive-.
Todo está á las mil maravillas; mejor de lo que
yo soñaba. Tengo un hartazgo de contento.
-Sólo queda, entonces, un punto por dilucidar-d'eclaró Lopaka-. Puede que todo ello sea
muy natural y haya ocurrido sin la menor in tervención del diablo embotellado. Y si yo comprara
la boteila y, no obstante, no consiguiera mi goleta, sería jugar con fuego en balde. Ya sé que
1,emgo empeliada mi palabra; pero presumo que
no repararás en que pongamos previamente á
prueba la botella.
-Y yo te digo que he jurado que no pediría
al diablo más favol'es-respondió Kive-. Con lo
hecho ya estoy bastante hundido.
-No me entiendes-repuso Lopa1rn-. No se
trata de favor ninguno. Lo que pido es no mfu~
que ve.r al propio diablillo ó duende de ese fras-co. Con ello, ¿qué vamos á ganar? No hay, pues,
por qué tener escrúpulos. Considera que, con sólo
verle, estaría al cabo de mis dudas. Anda, préstate á mi d•eseo, y déjame contemp1ar ese diablillo. Si lo ha-ces-aquí está el dinero, en mi
mano-te oompraré el frasco con Jo qu-e hay
en él.
-Sólo tengo que poner un reparo á tu ca1wicho-respondió Kive-, y es que el diablo d'e la
botella puede ser muy fe.o para visto, por donde,
si pones en él los ojos, quizá se te quiten las ganas de concluir el trato.
-Soy hombre que cumpJ.e siempre su palabra-Lopaka respondió-. Y, -en prueba de ello,
aquí pongo, entre loo dos, el dinero prometido.
-Está n1en----&lt;.:oi:J.testó Kive-. Así como a.si,
no siento yo menor curiosidad. Conque ea: s-eíior
diablo, enséñanos esa carn.
Apenas hubo hablado Kive, cuando el diablo
sacó de pronto la jeta d;eJ interior de la botella
y se volvió á colar dentro, con la presteza de un
lagarto. Kive y Lopaka se quedaron hechos unos
marmolillos; y la noche se J.e15 vino encima antes
de que ambos atina:sen á formular un pensamiento y diesen con las palabras precisas para darle
á conocer. Enton-ces fué cuando Lopaka -empujó
el dinero ha.cía Kive y tornó en cambio la botella.
-Soy hombre esclavo de mi palabra-dijo-,
y bien es mene:ster que lo sea, porque de otra
f1uerte no tocaría yo esta botella ni con la punta
del pie. Pero ya que ando metido en ,esto, veré
de conseguir la goleta y unos cuantos peoos para
mi bolsillo. He-cho lo cual, me zafaré cuanto antes de .seme¡a.nte diablo, porque en verdad que
me ha apabullado el aspecto de él.
-Lopakfu-dijo Kive-, no pienses mal de mí,
como puedas remediarlo, porque bie[l yeo que es
de noche y sé que están los caminos malos y
que bay peligro en pasar, á hora tan tardía,
cerca de la tumba c\:e los reyes; pero te confieso
que, desde que he visto esa cara de dentro del
frasco, no podría dormir, nl comer, ni rezar,
mie,ntras no esté rejos de mí. Yo te daré un farol,
y también una cesta para que metas dentro el
frasco, y t-OTna tú cu.ilquiera de las pinturas ú
otro hermoso objeto de los que más te gusten
en mi casa, oon tal de que te vaya.s e.n ,seguida
á dormir á Hookena.
-Kive-replicó Lopaka-, muchos tomarían á
mal lo que me dices, y más -cuando arabo ele hacerte favor tan grande como el de guardar mi

palabra y comprarte el frasco. Hecho est-e trato,
la noche, la obscuridad, el paso cerca de las tumbas, todo ha de ser diez veces más peligroso
para un hombre sobre cuya alma pesa pe•caúo
tan grande y que ll&amp;Va debajo del brazo tal botella. Pero estoy yo también tan espantado que
no te-ngo valor para echarte en cara tu conducta. Voyme, pues, ¡y plegue á Dios que soos dichoso en tu casa nueva y que yo alcance buena
suerte con mi goleta, y que ambos, tú y yo,
vayamos á la postre al cielo, á pesar del diablo
y la botella!
Con esto, Lopaka descendió de la momaña y
Kive se quedó en el balcón del frente, atento al
resonar de los cascos del caballo de su amigc,
y observando la luz del farol por la vereda abajo
y á lo largo del acantilado donde están las cuevas en que yacen los antiguos muertos. Y todo
el tiempo se estuvo Kive temblundo y alzando
las manás cruzadas, y rogó por su amigo, y dió
gracias á Dios por haberse librado él de tan temerosos lances.
Pero llegó el siguiente día, y era este tan luminoso y la casa nueva lan agradable para contemplada, que Kive echó sus lerrores. en olvido.
Y á un día siguió otro día, y Kive vivió en su
casa en continuo gozo. Su lugar favorito estaba
en el pórlico de atrás : allí comía, allí se pasaba
regaladamente las horas muertas, allí leía cuentos y los periódicos de Ilonolulu; pero, cuando
alguien pasaba por cerca de la casa, Kive le llevaba dentro y le enseñaba los cuartos y las pi11t uras. Y así corrió, de boca en boca, la fama de
la casa, á la que en Kona dieron en llamar KaJiale-Nui, ó sea la Casa Grande, y también, á
veces, la Casa muv lucida, porque Kive lenía un
criado chino que se pasaba los días quitando el
polvo y sacando lustre á las cosas, por donde
los dorados, y las preciadas estofas de los muebles, y las pinturas brillaban con el resplandor
de la maliana. Por lo que hace al propio Kive,
no se daba el caso de que se pasease por sus
habitaciones sin ir cantando; tanto era lo que se
le había ensanchado el corazón. Y cuando pasaban buques por el mar, Kive se apresuraba á
saludarlos, enarbolando en el mástil su bandera.
Y fué transcurriendo el tiempo, hasta que una
yez se marchó Kive de visita, no menos lejos
que Kailúa, donde residían unos amigos suyos.
Estos le trataron á cuerpo dé rey y le guardaron
con ellos hasta la mañana siguiente, en que Kive
salió de regreso, tan pronto como pudo, y cabalgó deprisa, porque estaba i~paciente d_e _gozarse de nuevo en la contemplación de su v1v1enda herniosa. Además, ocurría que la noche de
ese dia era la noche en que los muertos de otros
tiempos salen de sus tumbas para recorrer las
laderas de Kona, y como Kive había andado en
tratos con el diablo, por lo mismo le atarazaba
más el miedo de toparse con difuntos.
Y sucedió que, como estuviese un poco más
allá de Honaunau, y mirase lejos delante_ de él,
vió Kive á una mujer bañándose en la orilla del
mar. Parecióle que la mujer era una niña ya espigada; pero Kive siguió su camino sin de~~:
nerse á reparar en ella. Mas luego, á poco, v1_o
Kive cómo flameaba una camisa blanca, al 1r
á ponérsela la moza, é hirió sus ojos el. color
rojizo del hololw ó sayal de ésta. Y a\ l1emp-0
que llegó Kive donde ella estaba, la rnña, que
ya se había vestido, y venía andando y apartándose del mar, se paró en la orilla del camino.
Lucía su rojo hololw; estaba fresca y lozaneada
por el baño, y eran sus ojos tiernos y brillantes.
Y apenas la vió así Kive, cuando Kive detuvo
su caballo.
- Pensé que conocía á lodo el mundo en esta

canciones. Ya no era tan sólo Kive quien se
apartaba para llorar en los rincones, pues los
dos, marido y mujer, se alejaban mutuamente, yendo cada cual á senta.rsti en un ,ext:remo de
la veranda, con todo el ancho de la casa lucJda
ele por medio. Kive estaba t.an hundido en su
afüooión, que apenas ,si notó este cambio, y aun
hasta se alegró de t.e.ner más horas en que estar
solo y cavilar sobre su triste suerte : ya no te11ía tan á menudo que fingir una cara alegre
con el corazón rebosando de amargura.
Y una vez, así las cosas, como Kiva estuvies&lt;'
andando sin ruido por la casa, oyó una voz
cual la de un niño que se lamenta, y se encontró luego con Kokúa, tendida por el suelo de la
veranda, con la cara oculta y llorando comu
llora quien lo ha perdido todo.
.:-Bi~n haces en llorar en esta oasa, Kokúad1¡0 Jüve-. Y, sin embargo, yo daTía mi cabeza
porque siquiera tú fueses feliz.
-¡F,eliz !-exclamó ella-. Kive, cuando vivías
solo en tu mansión lucida, te enseliaban en la
isla con el dedo para muestra de hombre •afor1unado. Canciones y I'isas tenías en los labios
y era tu cara como un amanecer alegre. Dc1:;pués, te casaste con esta pobre ICokúa, y sane
Dios lo que habrá de malo en ella, pero es el
caso que desde ese dia no has vuelto á sonreírte. ¡ Ay !-gritó la pobre-, ¿. cuál es mi culpa?
Pensaba que era linda y sabia que tú me amabas. ¿ Qué hay en mí par.a qu.e mi esposo esté
como ent.re sombras?
-¡Pobre Kokúa!--dijo Kive, y fué á senlansc
al lado de _ella y tr_ató de tomarle la mano, pero
eila la retiró deprisa-. ¡ Pobre Kokúa-repil,ió
Kive-, pobrecilla mía, mi linda niña! ¡Y yo
que me estaba tan creído en que sabía disimular
y no causarte pena! Pues bien, ya que ha ocurrido lo de hoy, todo voy á revelártelo. Entonces
tendrás siquiera lástima de Kive el infeliz; entonces te harás cargo de lo mucho que te ha
amado, pues se arriesgó al infierno por gozarte,
y de lo mucho que aún te ama, ¡ oh, mísero
condenado!, pues aún sabe sonreír cuando te
mira.
Y con esto, lo refirió todo á Kokúa, desde un
principio.
-¡Has he-cho todo eso por mí!-excla.mó
ella-. ¡ Ah, entonces, qué me importa lo pasado !-y le abrezó y lloró sobre él.
-¡Ay niña !-dijo Kive-. Pero cuando me
acuerdo de las llamas del infierno, entonces no
deja de imporlmme á mí.
-¡No. me lo digas!-griló ella-. ¿Qué hombre habrá que se pierda y se oon&lt;lene sin más
culpa que la de amar á su Kokúa? Yo te digo,
Kive, que oo s,alvaré con estas manos o que me
condenaré contigo. Pues qué, ¿me amabas y
vendiste tu aJma, y piensas que yo no sabré morir para salvarte en pago de tanto amor?
-¡Ay, amada mía! Podrías morirte cien veces
y las cosas ya no mudarían, salvo en lo de dejarme solo aquí, hasta que llegara -el momento
de mi condenación.
-Sabes poco ó nada-replicó ella-. Yo he sido
e~ucada en una es-cuela de Honolulu, y no soy
ninguna moza vulgar. ¡Yo te digo que te salvaré,
oh, amado mío! Tú hablas de un centavo; pero
no con,s1deras que no todo el mundo es americano. En Inglaterra gastan cierta monedilla que
llaman tarthing y que vale la mitad de un centavo, sobre poco más ó menos. Mas, ¡ay!, que
esto no lo arregla, porque el comprador de la
botella tendría que perderse, y no be de encontrar nadie tan valiente como el Kive mío. Pero
a_hora n:ie acuerdo que existe Francia, y en Francia se s1rven de una moneda que llaman céntimo,

y con cinco de e,stos se llega al valor de un centavo escaso. ¡No podríamos -encontrar mejor salida á nuestra dificultad! ¡Vámonos, Kive, vámonos á las islas de los franceses, vámonos á Tahiti, todo lo deprisa que pueda transportarnos
el buque más ligero! Allí dispondremos de un
margen de cuatro céntimos, cie tres céntimos, de
dos y hasta de un céntimo. Cuatro cambios ó
ventas son aún posibles, y noootros somos dos
para hacer más fácil el negocio. ven, Kive, dame
un beso y sacude lus pesares. Kokúa te defiende.
-¡Oh, don del cielo!-exclaÍnó Kive-. Me resisto á creer que Dios puó.'iera castigarme por
amar y desear algo tan bueno como tú. Hagamoti
lo que dices, llévame donde quieras: pongo mi
vida y mi salvación entre tus manos.
Temprano, al día siguiente, andaba Kokúa haciendo sus preparativos. Tomó el baúl que Kive
había llevado ·en sus anci:anzas marineras. En un
rincón de él colocó cuidadosamente la botella, y,
luego, acabó de llenarle con los mejoroo trajes
suyos y de sn marido y con los más lindos chirimbolos. de la casa.-Es men~ster-pensó-que
nos con•s1deren como á gente nea, porque si no,
¿qnién creería en el poder de la botella?
Todo e-1 tiempo que el.tiraron los preparativos
anduvo Kokúa alegre como un pájaro; sólo cuando miraba á Kive se le saltaban las lágrimas á
los ojos y le era preciso interrumpir su faena
para correr á él y darle un beso.
Por lo que hace á Kive, se le había quita,do
un peso áel alma, y ahora que había compartido
su secreto y que sentía alguna esperanza de redención, le parecía ser un hombre nuevo. Sus
pisadas tornaban á ser leves, y Je ,e,ra otra vez
grato el resrfrar. Pero aún tenía el terror á sus
espaldas y, de cuando ,e'IJ cuaná'o, así como el
viento mata una candela, así moría la esperanza en él, y de nuevo veía las llamas movedizas
y el rojo fuego del infierno.
I~ive y Ko(&lt;~a dieron á entender en la isla que
se iban de vrn¡e de !'e-creo á los Estados Unidos.
La gente lo encontró extraño, pero más extraño
hubiera parecict•o la v€rclad, de haber podido adivinarla alguien.
Kive y Kokúa se mar&lt;:haron en el Hall á Honolulu, y desde allí, en el Umatilla, á San Francisco, en compañía de una multitud de haoles. En
San Francisco tomaron pasaje á bordo de un
bergantfn correo, El ave de los trópicos, que iba
á Papeete, la ciudad principal de los franceses
€n las islas del !\far d-el Sur. A Papeete llegarnn
un hermoso día, después de agradable viaje. Vieron la costa, donde rompían las olas blancas, y
Motuiti, con sus palmeras, y los barcos bailando
en la bahía, y la ciudad recostada á lo largo
de la _playa, entre la verdura de los árboles, y,
por cima, los montes y las nubes ele Tahiti, la
isla sabia.
Determinaron que lo más acer::1,10 s'1 in nlquilar una casa, y así lo hici-eron, lu111:·111d11l,, i,cnte
por frente al Consulaúo inglés, á n,, de hacer·
mucha muestra de su dinero y de lucirse con coches y caballos. Ninguna dificulta.a había ein esto
mientras estuvieran en posesión de la botella'
porque Kokúa era más osada que Kive y no s,e,
andaba ron chiquitas para evocar al duende embotellado y pedirle una veinteina ó un ,centenar
de pesos. Y, de este modo, pronto fueron notados
y ~onocidos en la ciud'ad. Loo dos extranjeros
recién vemclos de Hawai, ·sus coches y caballos,
y los hermosos holokúes de Kokúa y sus encajes
finos, t?do fué bien pronto terna para mucho comentarm y mucha conversación entre la·s gentes.
Al Cdbo ue poco tiempo, Kiv!) y Kokúa lograron componérselas con el lenguaje tahitiano, que
en verdad se asemeja por extremo al de Hawai,

�salvo en que algunas letras 'san dislinlas. Y, a:;í
como tuvieron facilidad
v dominio lmstante dl'
palabras, comenzaron iL
ofrecer su botellita. Al
llegar aquí, debe consitlerurse qul' 1111 era el 111 gocio de lo:; lJIIC !icner·
llana la enlrad·1 rn n1nleria, y que no era Uwil
q11I' Ki\·e y Kokúa wrs11arlie:-;en fl la gente 4u;:
eslahan hablando dr , ...
ras al ofrer1•1· por r11r1tro céntimos un venern
inagotable clP riquews.
Era le~, a&lt;le111ús, preciso
entrar en pnrmenor1·,
explicar las razones de
la \'Cnta y los peligros
que traía ('I frasco. Entonces, ó bien se negnban los o,·rn!Ps ú- r1•per
mm pizca· clt•I !'aso, &gt;' s.echaban á reir, ú IJil'll :,;,,
paraban mús en la parle
fea y tenebrosa del as 111110, &gt;. se ponían muy ·serios " llenos rlc gru\'cdad, y desprclían á Ki\·e
y ú Kokúa como á personas que andan en malos tratos con el diablo.
Y así, en Yez ele. ganar
terreno, eslns dos infPlires Je iban pereliend11
cada clía, y In gentr. dii',
rn ir a1rnrlán&lt;lose &lt;Ir
ellw;, y los nifios, i•11
Yi0nclolos, sn1ían grilalido y de estainpia. Eslo
úllimo era pura Kokúr
inlolerable cosa.
En cuanlo {1 los ealólicos, se persig11aban al
Yer á los cxlrunieros, ,.
ln&lt;lo el mundo, cual &lt;le•
&lt;·O1ll(in acuerdo, los dió
de lado \' l'Phu\'ó los
anrnr('s qi.1r Pllos ·1es hacían.
Y nsí se ahaliernn s11s
cspíril 11s y se llcnarn11
lll1lbos ele afli!'!'ión. Solían Sl'lllars(' j11n:os. JIOl'
In 11uehr, rn sn 1111eva
rnsn, al cubo de• cada din
(lp ~ll_f"Ca .I' 1ráfago UIIS)()~J~llTIO, , . nn cambiaba II paln bra, .,· sólo SI'
rompía ('l silrnrio cn11
a lgi'111 repen I ino sollozo
de Kokt'la .. \ wce~ r"zaban junios: ;'1 veces saca !Jan la bnl1'ili1 1· la cól&lt;H'Hbnn dcln11lp ¿le ellüs,
en el sueio, r $-~ pasaban
las horas conle1nplnndo,
fusrinados, la sonibra
que sr rebullía en el inleriur de rila. En tales
UL'H-~ioues, h•s daba lneqo
mi&lt;&gt;du de ir ú acoslnr!:'''
y ·dPs&lt;:ausar. Tardaba
111ucho el sne11O en "llP1·
snhre sus ojos, y, si se

· dormía al fin uno lle los dos cu11:;o1·lcs, era, ó
para despcrlu r:se pronlu y lwllur al olro llorando
silc11ciosumentc en lus linielJla:;, ó para encon1rarse solo y con que el otro había huido de la
tasa y de la vecindad de la botella y andaba
da1Hlo vueltas bajo los bananos del pequeüo jardín ó errante por la playa, ú In luz de la luna.
,\sí sucedió una uoche en que Kokúa desperlaru. !&lt; ive hulJíu huido La 111oza palpó la ramu.
El sitio de su esposo e:,luba frío. Ento11cPs cayó
el terror sobre Kokúa, y Kokúu se sentó en el
lecho. Entraba un poco de la luz de lu luna por
las rendijas de las conlraventanas. Eslnba rlaro
el cuarto, y Kokúa. di\'isó la botella. sobre el
suelo. Fuera, soplaba recio el aire, gemían los
grandes árboles de la calle y las hojas caídas corrían por la veranda con bullicio. En medio de
estos rumores, notó Kokúa otro sonido, un sonido del que no supo discernir SI provenía de un
hombre ó de una fiera; pero era más triste que
Ju muerte y le llegó punzante al alma. Se levantó
despacio y con cautela, abrió la puP.rta y miró

al p,tliu, il11mi1tado por la lu11u. \llí, al pie de ll!S
hu1tm1us, yada Kiw, hu11dida Ju boca en el polvo, g11uiendo cc,11 espantosa ungustia.
El primer pPn::;amicuto de Kokúa estuvo en
correr y consolar ú su lllarido; pero el segundo
la hizo purursr L'l1 tlrrne. Kive :;e había portado
siempre delante de su 111ujer c:01110 se porta uu
lwmlJrc valeroso. :-.Ju! hubiese estado en ella, en
nquel punto de flaq11l'ZH, a,;crgunzarle ron su
presencia repenliua. Hcflexionaudo en e:;to, Kokúu tornó ú eutrar en cusa.
- ¡ Ciélos ! pensó-. ¡ Qué descuidada y débil
11,r he mostrado! El es, nu yo, quien corre u11
peligl'O eterno. l!.:I es, no yo, quien tornó la maldición sobre su alma. Pur mi, por amor á una
niaturu lan ruin y que pura tan poco sirve, co11lem11lu ahora cercanas las llama:; del infierno y
olfatea el h111110, lirado ahí fuera. por la tierra,
bajo lo. luz dr ht luna. ~· el azote de los vientos.
¿. Será que tan torpe y corta soy de alcances qu,·
hasla ahora no he comprendido cuál es mi obligación'? ¿Será que, conociéndola, roe he apar-

�'i

1

tado hasta ahora &lt;le ella? Como quiera que sea,
ahora, movida de amor, empuñaré mi alma y la
haré cumplir con lo que debe; ahora me despediré
para siempre de las purrlas del cielo y de los
que allí me aguarden. Amor por amor, ¡ que al
ele Kive corresponda el mío! ¡ 1\ lma por alma,
y sea la mía quien perezca!
Kokúa era mujer diestra ae manos; pronto esluvo vestida. Tomó el cambio necesario, pues
tenían de continuo preparados los céntimos que
habían menester, ya que es moneda poco corriente y de la cual cuidaran, por lo mismo, de
proveerse en las oficinas del Gobierno. Cuando
Kokúa se encontró en la calle, el viento había
traído nubes y estaba la luna oculta. Dormía la
ciudad. La moza no sabía hacia donde volver
sus pasos, hasta que oyó á alguien tosiendo e1,tre la sombra arrojada por los árboles.
-Buen viejo-dijo Kokúa-, ¿qué hace usted
aquí, en la noche fría?
El viejo, con la tos, apenas si podía hablar;
pero ella logró averiguar que el hombre era extranjero y pobre.
-¿Quiere usted hacerme un favor?-le pregm,tó Kokúa-. Como un exlraüo ayuda á otro, como
un anciano á una moza, ¿quiere usled ayudar a.
una h1¡a de Hawai?
-¡Ah!-dijo el anciano-. ¿Con que es usted la
bruja de las ocho islas y procura usted embaucarme y robarme el alma? i✓ues sepa que yo he
oído hablar de usted, y puedo desafiar todas sus
maldades.
-Siéntese á mi lado-replicó Kokúa-, y présteme atención- . Y Kokúa refirió al viejo toda la
historia de Kive y la botella.
-Y ahora-añadió al terminar-, sepa usted
que yo soy la mujer de Kive, aquella que él compró á costa de la salvación uel alma suya. ¿Que
es, por tanto, lo que me loca hacer? Si yo luese
en persona y dijese á mi marido que quiero comprarle la botella, él se negalia á vendérmela.
Pero si usted va, él se la venderá de buena gana.
Yo aguardaré á usted en esle mismo sitio. Usted
la comprará por cuatro céntimos, y yo se la
compraré á usted por tres. ¡Dios me dé ánimo,
infeliz de mí!
- Si usted estuviera pensando en engañarmedijo el viejo--, creo qn~ J?10s heriría á usted
aquí mismo de muerte subita.
-Si que me heriría-gritó Kokúa-; sí, créalo
usted. No podría ser artera. ¡Dios no lo cansen,
tiria!
-Deme usted los cuatro céntimos y aguárdeme-dijo
hombre entonces.
Así que se hubo ido éste, y eu sintiéndose Kokúa sola, desfalleció el espíritu de ella. Mug1a
el viento entre los árboles, y la moza creyó estar
oyendo ya el rumor de las llamas infernales.
Sombras de las ramas cruzaban la luz de las farolas callejeras, y á Kokúa se le antojaron garras de los espíritus malignos. De haber temdo
fuerzas para ello, hubiese echado á correr; y, de
haber tenido alientos, hubiese prorrumpido en
gritos; pero, en verdad, no podía hacer ni lo
uno ni lo otro, y allí se estuvo queda y temblando
en el arroyo, como un medroso niüo.
Y Juego vió al anciano qne regresaba, trayendo la botella entre sus manos.
- Cumplí el encargo ue usted- dijo--. He dejado á su marido llorando romo una criaturita.
Esta noche dormirá en paz. Y tendio á Kokúa la
botella.
-Antes de estregármela - resolló Kokúa - ,
lome usted lo bueno con lo malo. Pida verse libre de la tos.
-Soy un viejecito-repuso el hombre--, y me
veo demasiado cerca de las puertas de la muer-

te para andar pidiéndole favores al demonio.
Pero, ¿qué es esto? ¿Por qué no toma la botella? ¿Ahora duda?
-¡No, no dudo!-e'xclamó Kokúa-. Es que me
apoco y que me aflijo. Aguarde nada mas que un
momentico. Mi mano se resiste, mi carne se encoge toda al contacto del maldito objeto. ¡Nada
más que un momentito, por favor!
El viejo miró á Kokúa con ternura.
-¡Pobre nifía!--dijo-. Teme usted; le falla el
ánimo. Pues bien; déjeme y me quedaré con la
botella. Viejo soy; ya no puedo ser dichoso en
este mundo, y, en cuanto al otro ...
-¡Démela!-sollozó Kokúa-. Aquí tiene el dinero. ¿Cómo ha podido usted creer que sería yo
tan cobarde y traicionera? Deme, deme el frasco.
-¡Dios la bendiga!-respondió el vieJo.
Kokúa ocultó la botella entre los pliegues de
su holoku, se despidió del anciano y echó ~ _caminar por la avenida, sin saber á dónde, m 1moortarle. Todos los caminos eran ya iguales para
ella todos conducían al infierno. A veces andaba, ~tras corría, á veces daba voces en la noche,
a veces se arrojaba al suelo y lloraba sobre el
polvo. Todo lo que ella h~bía ~ído dec_ir del Infierno volvía á su memoria: veia relucir las llamas, olfateaba el humo, sentía las carnes suyas
achicharrarse entre carbones.
Cercano el día, serenóse Kokúa un poco, Y. regresó á su casa. Alli estaba Kive :cual _el anc1a1:o
le dijera: durmiendo como una crtalunta. Kokua
s,8 estuvo un rato quedamente y mirándole la
cara.
á ·
-Ahora esposo mío-murmuró-, te toca h
dormir. C~ando te despiertes, te llegará el turno
de cantar v de reírte&lt;. En cuanto á la pobre Kokúa, ¡ay de mí, que nunca _quise ~l _mal!, para
ella no habrá ya jamás canc10nes m aeleites, así
em la tierra como en el cielo.
En diciendo lo cual se recostó en el lecho, al
lado de su esposo. Y -era tanta la congoja Y el
cansancio de su espíritu, qu,e en segmda -cayó
sobre ella un suefío profundísimo.
.
Tarde por la maflana, la desp·ertó su maflldo
y le dijo la buena nueva. Pareda atontado por la
aJ.e,&lt;1ría pues no reparó en la tristeza de Kokúa,
auiZque harto mal disimulaba ella su pes~r. Kokúo. no lograba decir ni dos palabras ¡untas,
pero importaba poco: !Uve se bastaba para la
conversación, suelta la taravilla a:e su lengua.
Ella no ,comió; pero ¿quién había allf para notarlo siendo así que Kive arrebañaba todos los
platos? Kokúa le oía y Je veía como se oven y se
ven las cosas en los sueños. Momentos había e!1
qne s•e olvidaba de lo ocurrido, y entonces reclinaba la frente entre las manos. Saberse condenada y estar oyendo la charla alegre de1l esposo,
le parecía cosa fantástica y. mon,str~ooa.
Y todo el tiempo estaba Klve comiendo y parloteando, haci{mdo proyectos para el viaje de regn:so, dando las gracias á Kokúa por haberle
,;alvad:o y nombrándola su ampara.dora y su remedio. Y se reía del viejo, que fué bastante tonto para comprarle la botella.
- Parecía en verdad un anciano r espetabledijo-- pero no se puede juzgar por las apariencias. ¿Para qué querría .ese bandido la botella?
-Esposo-murmuró Kokúa humildemente---,
puede que fuese bueno su propósito.
Kive s-e rió como un hombre que está enfadado.
-¡Música!-gritó !Uve-. Es un tuno, te lo
diao yo y además un majadero; porque ya era
11;'rto dif(cil venct·er la botella j)Or cuatro -céntimos y por tres será imposible. No hay margen
bastante para otros cambios, y ya comienza el
asunto á oler á chamusquina. ¡ Huy !-exclamó,
tiritando con el miedo-. Verdad es que yo la

compré por un centavo; cuando no sa):&gt;ía que
existen otras monede..;; de menos valor aun; pero
fui un tonto, y ya no se dará otro tonto igual.
Quien tenga ahora la botella, con la botella cargará hasta el infierno.
.
.
.
-¡Oh, marido!-gritó Kokua-._ ¿No p1~nsas
que es terrible cosa hallar la propia salvación á
costa de la condenación eterna de otro? l\le parece que yo, en tu lugar, no podría reírme en
modo alguno. M-e sentiría humilde, me sentiría
llena óe melancolía; rezaría á Dios por el poseedor de la botella.
Entonces Kive, sintiendo la verdaa de lo dicño
por Kokúa, se puso aún más enfadado.
-¡Pamplinas!-gritó Kive-. Abrúmete la melan-colía, si te place; pero I:º debería de portarse
así una esposa buena. ¡S1 pensaras en mf un
poco, te daría vergüenza lo que dices!
Y, con esto, se marchó, y se quedó sola Kokúa.
¿Qué probabilidades tenía de veno:er la botella por dos céntimos? Calcuio que ninguna habría. Y aunque la hubiera, ¿para qué ya, cuando con tanta prisa pretendía su marido irse á
Hawai, una tierra donde no hay monedas inferiores á un oentavo? Además, en la misma mañana en que ella se había sacrilicado, ya eslaba su
marido abandonándola y echándole en cara
faltas.
Y Kokúa ni siquiera intentó aprovechar eil
tiempci que aún le queá·aba de estar en la isla
de Tahiti, sino que se quedó en la casa, donde
á ratos sacaba la botella para contemplarla con
espanto, y á ratos, con espanto, la escondía apresuradamente.
Al cabo de algún tiempo pe,gresó Kive, empefíándose en sacar á su mujer de paseo en coche.
--l\larido, estoy enferma-dijo Kokúa-. Tengo mal cuerpo y poco humor. Di:spénsarn1::, pero
n-0 estoy ahora para diversiones.
Entonces sí que se enfadó de veras Kive: con
ella, porque se la imaginaba pesarosa por el viejo; consigo mismo, porque no podía menos de
pe,nsar en que no le faltaba á Kokúa la razón,
y á él le daba vergüenza su alegría prop!a.
-¡Conque esa es la fe, ese el amor que me
tienes!--gritaba Rive-. Acaba de salvaree tu
marido de la eterna condenación en que C;uyera
por lograrte, y no si-entes tú contento algune&gt;_
¡Kokúa, tu corazón es falso!
Y así prosiguió enfurecido, y se marchó y estuvo correteando por la ciudad el día entero. Topó
con unos amigos, y bebió con ,eJloo, y todos juntos alquilaron un carruaje y en él se fueron de
juerga al camr-0, y en el campo tornaron á beber.
Pero todo el tiempo anduvo Kive inquieto, asl
porque se divertía mientras estaba afligida su
mujer, como porque bien S"C le alcanzaba que la
razón -estaba de parle de Kokúa. Y el saberlo
y comprenoerlo fué causa de que Kive bebiera
más y más aquella tarde.
Ahora bien, emborrachándose oon Kive andaba un haole muy bruto y viejo, que había sido
contramaestre de un barco ballenero, y también
vagabundo, y minf!ro en una mina de oro, y luego
presidiario. Era hombre perverso y mal hablano, que gustaba de beber y de hacer que bebi•etran los demás. Y así empujaba á Kive para que
empinara má.is el codo; y, de esta suerle, pronto
se encontraron sin dinero los ó-Os y sus demás
amigos.
-Oye, ahora que recuerdo-dijo el hombre--,
siempre te- has dado pisto de ricacho. ¿No ha"blabas sin parar de una botella de raras virludes
ó de otra oosa por el estilo?
--Sí-replicó Kive-, soy rico. Iré á casa y petlil·é dinero á mi mujer, quien lo guarda para m1- ~fala costumbre es esa, amigo-contestó el

contramaestre-. No t-e fíes nunca de faldas para
guardar dinero. Las mujere,s son traio·oras como
el agua. ¡Ojo con la_ tuya!
.
Como Kive estuviese mareado por la bebida,
tales palabras causaron impresión en la mente
de él.
-¿Qué de particular tendría que Kokúa me
fuese falsa'?-pensó Kive-. ¿Por qué, si no, .eslaría ella lan triste cuando me he salvado? Pero
yo le probaré que Goy hombre que no aguanta
burlas. Ahora mismo iré á sorprenderla.
Y de acuerdo con lo dicho, en regresando á la
ciuctad, Kive indicó á su amigo que Je aguará'ase
cerca del calabozo antiguo, á la vuelta de la esquina, y se fué solo por la avenida hasta la puerta de su casa. Había caído olra vez la noche., y
se veía dentro luz; pero no se oía rumor alguno.
Kive, entonees, dió media vue_tla, dobló la esquina callandito, abrió con suavidad la puerta trasera y miró en el interior.
Allí estaba Kokúa, de rodillas sobre el suelo,
una lámpara á su laoo, y delante de ella un fras-.
co blanco cual la leche, de redonda panza y cuello 1ar&lt;10. ~Iientras le contemplaba, Kokúa retorcía ~us manos en silencio.
Largo ralo se estuvo Kive quieto y mirando
por la entornada puerta. Al principio se había
quedado hecho un tarugo; luego le entró mieoo
cte que hubiese habido algún error fatal en lo de
la venta de la botella y de que la botella hubiese
vuelto á él como volviera en San Francisco. Al
ocurrírsele esto último, flaquearon sus rodillas
y los vapores del vino s,a disip~n en su me_nte
como se disipa con el alba la mebla o·e los nos.
Más, después, se Je ofreció otra idea, ~!1ª idea.
extraña, que hizo subir fuego á sus me¡lllas.
-Tengo que poner este asunto en clar?-pensó Kive, y cerró la puerta, y dobló, d~spac10, (!tra
vez la esquina, y luego entró haciendo ruido,
por la puerta delante,ra, tal corno si acabase de
llegar. Apenas había abierto la puerla, y ya
no se veía bolella alguna. Ko1,.,úa estaba sentada
en una silla y danuo un l'elSpingo como quien
acaba de despertarse de repente.
-He estado bebie-ndo y divirtiéndome todo el
día~ijo Kive-. He andado de fiesta con unos
buenos amigos míos, y ahora sólo he vuelto -e~
busca de dinero, para irme á beber más y á divertirme tociavía.
--Eres muy duetio--respondió Kokúa- , y haces bien eu gastar Jo tuyo.
Su voz sonaba temblorosa.
-Todo lo que yo hago está. bie,n hecho- :respondió Iüve, y se fué derec~uto _al armario y
tomó dinero. Y, al tomarle, mlfó s1 estaba la botella allí, donde solfa estar guardada· pero allí
no había botella alguna.
Al percatarse de tal ausencia,. pareciól_e ~ Kive
que &amp;a le venia el armario encima, y smtió que
la casa se bamboleaba toda como si hubiese un
taremoto, porque comprendi~ lo ocurri?º• y
que ya estaba perdido para siempre y sm remedio.
-Ha pasao·o lo que me temía. Ella compró el
frasco-dijo para sí.
A poco, logró Kive repone_J1Se, y se alzó del
suelo, por donde rodara un mmu(&lt;? antes; pero, el
sudor corría por su cara más copioso que la huvia y más frío que el agua-ni·eve.
- Kokúa-dijo-, hoy te hablé y le tralé como
no debía hacerlo. Ahora voy á volve.r á la fiesta
con mis alegres compafieros, y me sabría mejor
el vino si llevara conmigo lu perdón.- Y, al decir
esto, Kive se reía con risa extrañ_a y q,uiela.
Kokúa abrazó al punto las rodillas de K1ve y
luego se las besó, con lágrimas abundantes.

�- ¡ Oh !-exclamaba la pohr&lt;' . ¡ Sólo pedía de
ti una palabra de ternura!
-Kokúa-replicó Kive-, nunca volvamos á
pensar mal el uno del otro.- Y, á seguida, se
marchó de la casa.
\hora bien; Kive no habla lomado más dinero
que unos cénl imos ele los que se proveyera á su
llegada á la isla de Tahili. No estaba él para bebidas, ni era es" zu propósito. Su mujer había
vendido su alma por salvarle; ahora le tocaba
á él vender la. suyo. para rescatar la de su esposa.
:\:o le cabía otro penso.m1enlo en lu cabeza.
En la rsquina, cerca del calabozo anlig110, estul&gt;a aguardándole et mari11cro viejo.
~fi mujer ti&lt;&gt;11e la bolella--dijo Ki\'e- , y, á
rnenos q ue me ayudes lú á re,;obrarlu, ya no podremos trnrr dinero ni bebicl,,s Psln noche.
¿~o me vas á dedr que hablas de Ju botella
e11 serio?-griló el rr,áriuo.
-Aquí estoy bajo la lm de una farola-respondió Kivc-. :\lírame cle~pacio y dime si tengo
caru de estar de broma.
-En wnlad que no-rrpuso el ronframnestre-. Tienes una jeta rnúc; lrist,! que un fantasma.
-Purc; bien, aquí lie11e;; dos céntimos. \'&lt;'le á
casa, acércate á mi mn;er y ofrécec;elos á trueque
de la botella. Seguro estoy, ó murho me engar1o,
de que le In dará r n seg11ida. Trá1•lela aquí, y yo
volveré á comprarla, cfándotr por ella un céntimo, porque has de saber que es condición de la
botella que siempre se la compre por menos dinero que antes. ¡ Ah, y hazle cargo de que, é:ualquiera cosa que se te ocurra y digas, no debes
!::&gt;ollar prenda acerca de rslos trutDs que contigo
rstoy haciendo!
-Amigo-gritó el marinero-, ¿qué monsergas
me cuentas? ¿Pretendes tomarme el pelo? ·
-);i lo pretendo ni hay por qué tomártelorespondió Kive-. ¿A qué conduciría?
- A nada, en verdad-dijo el marinero.
- P ues, entonces, no dudes de mi y haz u_na
prueba. En cuanto salgas de la casa, sólo tienes
que desear encontrurte con el bolsillo lleno de dinero, ó con una botella de ron entre las manos,
y ya conocerás lo. fuerzo. mágica de mi frasco.
-Bien, bien, Kanaka-repuso el marinero-.
Haré la prueba; pero s[ 1·esulla que te has burlado de mi, ya sabré quitarte del cuerpo el buen
humor á puñaladas.
Y el ballenero se fué por la avenida arriba, y
Kive se sentó para aguardarle. Estaba cerca del
lugar donde aguardara Kokúa al viejo la noche
antes; pero Kirn ai1daba con más resolución

que su mujer: no titubeó &lt;&gt;n su propósllo, aunque tenia el alma sumida en desconsuelo amargo.
Anlojósele que era mucho el tiempo que había
tenido que nguardar, hasta oir una YOZ que se
acercaba ca,~tando en las sombras de la calll•.
Rccunoci6 Kive la \'OZ del marinero, mas parceióle de pronto la la! voz mucho más vinosa y
rcmca que antes.
Luego, de pronto, el hombre apareció, dando
tumbos y traspiés, á la luz de las farolas.
Traía la botella del diablo metida entre su pecho y la cho.quetu bien abrochada. En la mano,
otrn botella, que alzó en llegando para echarse
al coleto un trago largo.
-¡Tienes la bolella!-dijo Kive . Ya la veo.
-i Eh, manos quietas! - gritóle el hombre,
dando un l&gt;rinco hacia atrás-. Si le arrimas á
mí de un solo paso, te machucaré el morro á
golpes. ¿. Pensabas y piensas que ibas á eng&lt;,1flarmc y ú servirte de mí para tus fines-? Pues
le equivocas de medio á medio.
- Pero ¡.qué dices?-clamó Kivc.
-¿Qué digo?--rcspondió el rnarin&lt;&gt;i:o-. ¡ Digo
que esta es una botella estupenda; digo que no
sé cómo me la hnn dado por dos céntimos, y digo
que lo que es tú, no la tendrás por uno!
-¿. PretPndes no wndérrnela '?-resolló Iüve.
-¡Quiú, hombre, quiá! - gritó el marinero-.
Pero, si gustas, le ciaré un traguilo.
-~lira dijo Kive-, mira que, el hombre que
posee esa botella, en el inflPrno ha de parar.
- ¡ Psch ! Allí he de parar de lodos modos-rrspondió el marinero-, y &lt;•sin botella es la cosa
mejor con que he toparlo nunca pura llevarmr
allí. -¡ ~o, hombre, no !-gritó otra vez-. I.a
botella. rs mía ahora, y ya puede-; ir en busPa
de otra.
-¿Pod.rá ser verdad lo que esto~• oyendo?exclamó Kive-. ;Te lo ruego, por tu propia salvación ; véndemela !
-Ea, basta de charla-repuso el marinero- .
Te figuruste que yo era un lila y un primo. Ahora
caerás &lt;&gt;n la cuenta de que no lo soy, y punto
concluido. i-:,i no quieres un trago de ron, le
tomr&gt;ré yo ú tu salud. \'aya por ti, y buenas
noches.
Dicho lo cual, el marinero clió la vuelta y se
marchó por la avenida abajo.
Y así de::;aparecr de la presente historia la
botella con su diablo embotellado.
Pero Kive corrió ú juntarse con Kokúa, ligero
como el \·iento. Grande fué la alegría esa nochl'
en la cac;a de ambos, y grande, desde entonres,
ha sido la paz de sus díoc; en la mansión Incida.

ROBERT L. STEVENSON

Traducción directa del inglés por Luis V alera y MarUn, .\Jarqués de Villasinda

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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Zamacois, Eduardo, 1873-1971, Fundador</text>
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                <text>Cultura</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Imprenta de José Blass y Cía </text>
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                <text>Stevenson, Robert L. (Robert Louis), 1883-, Colaborador</text>
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                <text>Romero Calvel, R., Ilustraciones</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Luis Varela</name>
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        <name>Manuel Linares rivas</name>
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        <name>Novela El diablo enbotellado</name>
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        <name>Robert L Stevenson</name>
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                    <text>- ¡ Oh !-exclamaba la pohr&lt;' . ¡ Sólo pedía de
ti una palabra de ternura!
-Kokúa-replicó Kive-, nunca volvamos á
pensar mal el uno del otro.- Y, á seguida, se
marchó de la casa.
\hora bien; Kive no habla lomado más dinero
que unos cénl imos ele los que se proveyera á su
llegada á la isla de Tahili. No estaba él para bebidas, ni era es" zu propósito. Su mujer había
vendido su alma por salvarle; ahora le tocaba
á él vender la. suyo. para rescatar la de su esposa.
:\:o le cabía otro penso.m1enlo en lu cabeza.
En la rsquina, cerca del calabozo anlig110, estul&gt;a aguardándole et mari11cro viejo.
~fi mujer ti&lt;&gt;11e la bolella--dijo Ki\'e- , y, á
rnenos q ue me ayudes lú á re,;obrarlu, ya no podremos trnrr dinero ni bebicl,,s Psln noche.
¿~o me vas á dedr que hablas de Ju botella
e11 serio?-griló el rr,áriuo.
-Aquí estoy bajo la lm de una farola-respondió Kivc-. :\lírame cle~pacio y dime si tengo
caru de estar de broma.
-En wnlad que no-rrpuso el ronframnestre-. Tienes una jeta rnúc; lrist,! que un fantasma.
-Purc; bien, aquí lie11e;; dos céntimos. \'&lt;'le á
casa, acércate á mi mn;er y ofrécec;elos á trueque
de la botella. Seguro estoy, ó murho me engar1o,
de que le In dará r n seg11ida. Trá1•lela aquí, y yo
volveré á comprarla, cfándotr por ella un céntimo, porque has de saber que es condición de la
botella que siempre se la compre por menos dinero que antes. ¡ Ah, y hazle cargo de que, é:ualquiera cosa que se te ocurra y digas, no debes
!::&gt;ollar prenda acerca de rslos trutDs que contigo
rstoy haciendo!
-Amigo-gritó el marinero-, ¿qué monsergas
me cuentas? ¿Pretendes tomarme el pelo? ·
-);i lo pretendo ni hay por qué tomártelorespondió Kive-. ¿A qué conduciría?
- A nada, en verdad-dijo el marinero.
- P ues, entonces, no dudes de mi y haz u_na
prueba. En cuanto salgas de la casa, sólo tienes
que desear encontrurte con el bolsillo lleno de dinero, ó con una botella de ron entre las manos,
y ya conocerás lo. fuerzo. mágica de mi frasco.
-Bien, bien, Kanaka-repuso el marinero-.
Haré la prueba; pero s[ 1·esulla que te has burlado de mi, ya sabré quitarte del cuerpo el buen
humor á puñaladas.
Y el ballenero se fué por la avenida arriba, y
Kive se sentó para aguardarle. Estaba cerca del
lugar donde aguardara Kokúa al viejo la noche
antes; pero Kirn ai1daba con más resolución

que su mujer: no titubeó &lt;&gt;n su propósllo, aunque tenia el alma sumida en desconsuelo amargo.
Anlojósele que era mucho el tiempo que había
tenido que nguardar, hasta oir una YOZ que se
acercaba ca,~tando en las sombras de la calll•.
Rccunoci6 Kive la \'OZ del marinero, mas parceióle de pronto la la! voz mucho más vinosa y
rcmca que antes.
Luego, de pronto, el hombre apareció, dando
tumbos y traspiés, á la luz de las farolas.
Traía la botella del diablo metida entre su pecho y la cho.quetu bien abrochada. En la mano,
otrn botella, que alzó en llegando para echarse
al coleto un trago largo.
-¡Tienes la bolella!-dijo Kive . Ya la veo.
-i Eh, manos quietas! - gritóle el hombre,
dando un l&gt;rinco hacia atrás-. Si le arrimas á
mí de un solo paso, te machucaré el morro á
golpes. ¿. Pensabas y piensas que ibas á eng&lt;,1flarmc y ú servirte de mí para tus fines-? Pues
le equivocas de medio á medio.
- Pero ¡.qué dices?-clamó Kivc.
-¿Qué digo?--rcspondió el rnarin&lt;&gt;i:o-. ¡ Digo
que esta es una botella estupenda; digo que no
sé cómo me la hnn dado por dos céntimos, y digo
que lo que es tú, no la tendrás por uno!
-¿. PretPndes no wndérrnela '?-resolló Iüve.
-¡Quiú, hombre, quiá! - gritó el marinero-.
Pero, si gustas, le ciaré un traguilo.
-~lira dijo Kive-, mira que, el hombre que
posee esa botella, en el inflPrno ha de parar.
- ¡ Psch ! Allí he de parar de lodos modos-rrspondió el marinero-, y &lt;•sin botella es la cosa
mejor con que he toparlo nunca pura llevarmr
allí. -¡ ~o, hombre, no !-gritó otra vez-. I.a
botella. rs mía ahora, y ya puede-; ir en busPa
de otra.
-¿Pod.rá ser verdad lo que esto~• oyendo?exclamó Kive-. ;Te lo ruego, por tu propia salvación ; véndemela !
-Ea, basta de charla-repuso el marinero- .
Te figuruste que yo era un lila y un primo. Ahora
caerás &lt;&gt;n la cuenta de que no lo soy, y punto
concluido. i-:,i no quieres un trago de ron, le
tomr&gt;ré yo ú tu salud. \'aya por ti, y buenas
noches.
Dicho lo cual, el marinero clió la vuelta y se
marchó por la avenida abajo.
Y así de::;aparecr de la presente historia la
botella con su diablo embotellado.
Pero Kive corrió ú juntarse con Kokúa, ligero
como el \·iento. Grande fué la alegría esa nochl'
en la cac;a de ambos, y grande, desde entonres,
ha sido la paz de sus díoc; en la mansión Incida.

ROBERT L. STEVENSON

Traducción directa del inglés por Luis V alera y MarUn, .\Jarqués de Villasinda

�FEDERICO JAQUES

NUESTRO NÚMERO PRÓXIMO

PUBLICARA

TÍA FAZ

..

POR

ALEJ-AND·RO LARRUBIERA
y

TEODORO SE HA EMBORRACHADO
POR

GEORGES COURTELINE

0B~AS DE f,EOE~IC0 JR2UES
/

'

La muerte de Ba~b.a azdul,

6f/1~~~~nc(tne~o~~~~~
·

y dos cuadros; mus1ca. e
e
ción con O. Luis de Santa Ana.)
Las multas de Timoteo, _jugete

.
acto
ctm1t°
.
end;:11Sá.nta
v en prosa. (En cola.t?oraoi.ón con . UIS
\na y o

Mariano Pma.)

. mú

j}; ~!ºlfil\~11~i;º~~ ~l~or~~~J :n"61:°Mana=

,,

no• Pina.)
.
t 6 ·co en un neto
El hijo de Carranque, ll.i:fe e e ~ Luis de Sany en prosa. (En colaborac1 n con •

t,

ta L:i~!respondencia de Espada, s~teducti50 ~gº!t
to
d cuadros en verso· música e .
~e b __ y (F~ colaboración con d. Luis de Santa Ana.)
~ºNo~hebuena, _soine te encó u~ ~~ Yurin
en
Fruto amargo, 1ugue 1e
m1c

0

u~fo5°y

Los desgraciados, comedía en tres actos y en ,·erso.

La bala del riDe, zarzuela en tres actos, en prosa

y en verso; música de D. Ru~o cp~pl.

La barca nueva, juguete có~co-hnco en un acto
y en verso; música de D. GU11lermo Cereceda. (En
colaboración con D. José Jnckson Vcyán.)
Fraternidad viaje alegórico en 1:1n acto Y cuatro
cuadros, en v'erso; música de p. M1_guel Marqués.
El moro Ilusa, juguete có11uoo-lir1co. en un acto Y
en prosa~ música de D. Ruperto Chap1.
El sen.Gr barón, znrzueln cómico-l!r~ca en un acto
v dos cuadros, en prosa y verso; rnus1c.a de D. Cleto
Zavala.
.
t y en
Las literatas, juguete cómico en un o.e o
pr~f)ríncipe ruso, 1.a.rzueln cómica en un_ acto Y dos
cuadros en prosa· música de Jakobouski.
.
La raf)aza znrzdelo. cómicd. en un acto Y en pro,;
sa· música de D. Vicente Zurrón.

verso
·
en un a.do
Et iambor mayor, juguete- CÓ!fl1co-¡·n,co

E1 ángel caído, saine-te lirlco en up acto Y cuatro
cuadros, en verso; música de D. Apohnar Brull ..
La piel del diablo, opereta en un acto, música de

6t:°A~ng:inR~?/ (~~ e~:=
:!1n~~~:i~!~•si~~ti~
bor~óf\ con b. Conrado Solsona.)
d

ADVERTENCIA

, música de D Julián Romea.

Cuba libre, zanuela. en dos actos Y nueveC~~! ll~ •
. música de o Manuel Femé.naez o..ua.
•
enEre~i~lde de Stra~~t Z8\'ZUela en dos actos Y
en proso.; música do M~~:eia en dos actos y siete
c;;ut,~~ :eª~1r~~lisica. de o. Angel Rilbio Y don

J~?~ú~:~l~

JuD!n~ ; ~l con4!~tadoren,
eti úij. aclo .1 d'l' c u - ~
,
~º:O=~~~u~~Wmico-lhico ~ un acto Y en
verso, música de D. Angel Rubio.

D. Ruperto Cho.pí.

Insistimos en recordar á · nuestros f3.vorecedo-

res espontáneos, que esta empteaa ba acorda:
por ahora, no publicar mAs originales que
que ella «dlrectamen&amp;e 1011cfte,. de sus autores.
También se tia vlalo en la precls16n de acordar
qu&amp; los manuscritos que en adelante le oeaa aviados ,mo serán devueltosn.

LA ÚLTIMA JUGADA
Don Lino entró en el comedor con el gesto
adusto, Jrnlo 61 andar, crispadas las manos 1 temblorosos los labios y todos los signos, en fin, que
preceden al desbordamiento de la cólera largamrnte contenida.
Era don Lino un viejo militar, cadete allá por
el alio 60 del pasado siglo, que en la guerra de
Africa 1 por su bizarro comportamiento y una
herida grave que allí recibió 1 Iué ascendido1 por
el genrral O'Donnell, al empleo de alférez. Lentamente y sin gran fortuna, !ué siguiendo su carrero. hasta el empleo de coronel, en el cual cumplió la edad reglamentaria y tLivo que pasará la
situarión de retirado.
Sin a[erción alguna ele amistad, de lo que le
apartaba su carádcr retraído y enérg-ico 1 y sin
más familia que rm hijo de una hermana viuda,
fallC'dda d0s años antes del día en que comienza
esta, en su mayor parte, histórica narraCión 1 vivía el coronel retü·ado sin otra aspifación que el
logro del cariño y la educación de su sobrino Ricardo, á quien no conseguía apartar de la inconcrbiblc apatía que le dominaba, alejándole del estudio y de toda aspiración á labrarse un porvenir
honrado 1 ni del fatal vicio dd juego, en que le
veía enfangarse más cada día.
Tal era don Lino Gonzálvez, tíÓ y tutor del
huérfano Ricardo, qnien, amedrentado· y tembloroso, en un rincón dél comedor se hallaba cuando
de tan mal talante apareció en la habitación su
señor tío.
-Es la última vez que esto sucede. Ni yo estoy dispuesto á tolerar que faltes de casa á las
horas que tienes marcadas, ni pu6do consentir
&lt;JllC sigas haciendo ,la vida de disipación, holganza y vicio que hasta aquí has hecho.
Seis ar1os hace que comenzaste la carrera de
Derecho y todavía no has aprobado el segundo
curso; cuanto dinero da en tus manos va á caer
en eJ acto sobre el tapete verde 1 y á pesar de mis
amonestaciones 1 consejos y castigos, ni la autoridad que como hermano de tu difunta madre
debía,s reconocerme es por ti respelada1 ni siquiera has intentado una sola vez corregir tu
vergoniosa mariera de vivir.
SPis meses-te faltan para ser mayor de edad

y ... óyelo bien 1 si para entonces no ·tienes aprobado el curso y no has cambiado de vida al entregarte la herencia de tus padres me olvidaré
en absoluto de tu nombre y de que tal sobrino
me dejó en este mundo mi pobre hermana.
Siéntate á comer y ten presente que esta resoluciún es, como todas 1las mías, irnwocable.
-Si usted quisiera escucharme un momento ... - replicó tartamudeando Ricardo, quien,
realmente, uinguna razón seria tenía que· oponer
á la enérgica reprensión que su airado tío acababa de dirigirle.
-Ni W1a sola palabra te oiré ni una palabra
rnús he tle dirigirte; dos meses faltan para los
exámenes; el resullado que en ellos obtenga.s determinará la resolución definitiva que h e de tornar contigo.
1

•••

Los gritos y silbidos de los estudiantes amotinad.os á la puerta de la Universidad 6Tan la
causa de que un día, á las once de la mafiana,
obstruyeran la ~alle de San Bernardo, desde la
del Pez hasta la del Noviciado; los transeuntes
que allí se detenían, no con tanta curiosidad por
averiguar el motivo del escándalo como deseo
de presenciar las felices ocurrencias, los agudos
fhistes y los rasgos de ingenio que derrochaban
los escolares al protestar en aquella ruidosa forma contra una disposición del ministro de Instrucción Pública, que el estudio aumentaba, los
partidos de carambolas en las mesas de billar
disminuía y las dificultades para la prueba final
del curso duplicaba.
El claustro de profesores hallábase munido
en el decanato esperando al rector, á quien había
dado cuenta del suceso.
Los bedeles recorrían las galerías del edificio, cerrando las puertas de las aulas y procurando inútilmente apaciguar ilos excitados ánimos de los escolares.
Un grupo de éstos, en el que •figuraban cincuenta 6 sGsenta de los que con más ardor se
oponían al nuevo plan de estudios, dirigióse violentamente al decanato con decidido propósito de
arrojar de la Universidad á los profesores, entre
los que se hallaba un eminente. hombre púl?li~o.

�,,

Enérgicas detrrminacioncs quisieron tomar los
cnlcdrúticos con Jos autores de tan irreverente
atentado; pero su compaííero se opuso á ellas,
ofrrric1ndolcs cruc la violrnta (• irresprtuosa actit wl dP los rstndirintes crsaría ú la terminación
df'l discurso que les iba á pronunciar.
Jletuviérnnse, cfPctivamentc, los belicosos jóvenrs. al oir la voz del calerlrático crue, entusiasinaclo con el decto producido por, su peroración,
extendióse en filosóficas consideraciones; des-

InúlileR fueron las protestas del injustamente
neusaclo füC'nrdo; las malas notas que había obtrnido en casi todos los exámenes y su mala conrl11da co1110 rf'tudiante, lmstaron para que el ConRrjo dr disl'.iplina le aplicase la más dura pena:
p(•rditln dr rurso y prohibición de estudiar en Jas
l'nivc1·sirlarles del reino.
Esta SflttPnria drl tribunal universitario deter111inó el porvenir de Ricardo; al conocerla su tío
no le hizo reconvención alguna ni volvió á. diri-

no sufriera los rigorrs ron que de continuo los
amc·nazaba la falla de rernrsos En a(fuel triste y
deSalllpararlo canlinar ele la vida. La r_n~rgir·a rnl11nla&lt;I ele sn tío &lt;Ion Lino hizo
;lu_e n1cm·c~u, COlllO Dios quiso y con mediano
ex1lo, ternunara los estudios de la prime1:a v segunda (•nsrfianza. Concluída ésta, cuando el mu~
chacho habít~ rumplido ya diez y ocho afios oper~se, repenh'.1ª é inesperadamente, afort~na&lt;la.
h ansformac:wn en su casa.
La mue1·l_e ele un hermano de su madre que
solter~ y 1,'1ro, residía en Buenos Aires, y qu~
to.da ~u ~01 luna_ la de¡ó al morir, hizo que la pob1e vrnda se viera, euando menos lo esperaba
m desahogada posición.
'
y esta generosidad inesperada de la su6rte fué
&lt;·m,1~a d~
completa prr&lt;lkión de Ricardo.
n·1 pum
.
. Sin
. afwwn ui ap!itudPs 11m·a el estud1·0
•
lllnguna clasr clr trabajo, excesivamente con:cnhdo y mimado por su mad1·e, que Pn él tenía
I eri111c1•11trado todo su amor y por él tan s, 1
cu1Hpre1ul_ía la existenc-ia, bien pronto encontróº e~
fnlnl cnrnmo que Hl sufrimiento, al deshonor Y ú
la muerte le había &lt;le conducir
'
Guiaclo p~r un amigo, llegó á. una rnsn donde
aquel ti~n1po Jw1donaba una ruleta que era
&lt;'Hl&lt;n1r·es &lt;'1 JIIPgo de moda en ;\!adricl
Jugó aqud priu1fr día cuanto dine~'o consi&lt;ro
llevaba, y ú 1wsar ile haberlo ¡wrdido, sedúj~e
1lP tal -&lt;m•i·te ·1n11cll
·
•
'
... : ; 'l
a e1noc·JOJiante
é lllCOlll)li·c11sil~lc se~sa&lt;"1oi1 del azar, hasta rnt-onces por é,l des( rnu,_,·Hln, &lt;pie tm su ah na profun,Imncnte hizo
mn~igui· el vi&lt;"io del juego pnrn de él no nr-~e
ya,l1bre Pll _lo ({UC &lt;lt' vicia le quedase.
Cuauto drn1•ro eaía en sus manos pasaba i!lte"ro
desde lus cuwl 1.o.s,. 1as ¡·ill&lt;'as , los plenu ~
"
ni fondo común de la rnleta.
·
·'
Hirarclo no ganaba 11 unca.
Ja~nús ac!'rló una jnga,la, y, si11 embargo, Je
&lt;lonunaha de lal modo rl Yido qüe, para alimenlarlf', VPJH!ía &lt;·11antos ohjctos clr valor ú su maclrP podía sustraer.
. }li,'.n co~?da y lurnr.ntn ha la pobre viu,Ja la ho111bk pas1011 de su hijo; cuantos CRf11e1·zos hizo
J&gt;,~m destruirla fueron inútiles.
También Ricardo sabia que en el fopele verde
eslaha el fondo del abismo.
;\l1H"has ~eces, horrorizado, intentó de él scpa~'ars(•. ¡In_útJI propósito! Sucedíale entonces lu q1:e
,t la rnanposa
ante la luz,, lo que u.
.,1 ¡·1·¡ &lt;, uero en
.
P~'1'Rf'nc•¡¡1 de la fascinadora mirada
la set'JlU'11tr, lo que al habitante ele! llano cuando ,,¡
b1,nlc del precipicio se encuentra: irresistible 'v
fatal poder embargábalc la \"oluntacl y la rar.6;1
Y e,1_1
f?ndo _del abismo Je arrojaai:·
. . \1v1r sm el Juego cosa era que él-~nsideraba
un posible.
Su_s nnliguos amigns y cornpaiíero! \1e la. t:nivers1dad habían terminado la carrera, comenzalJau la clifídl lucha por la Yida y no volvió á salwr de ellos.
Su 111adre, virja y achacosa, 86l0 cuidar sabía
In. salll(l &lt;lPI cuerpo de su· hijo; que no se alterase Pl'a la constante prnornpaeión de aquella bue-

na se~ora, y era la idolatl'ía que al hijo de sus
eutnums prnfrsaba lo que sus fuerzas sostenía
para. continuar aquella exislenria únicamente de_rhcada ya ú satisfacer los 111rr1ores ca¡wichos de
su H1eardo y verle contento y feliz.
ERte .su afún uo conseguía Yerlo realizado; la
nw]¡¡ snerle (Jlle in\'Hl'iablemente ucompafiaba al
i11n_d1af'lio en eJ juego, le tenía siempre mohíno,
l111·1l11rno ./ mHlhumorado.
'
Y él, idlJlatm de su madre, comprendía el mal
&lt;rue la cai~aba 'este su raráeter agrio y adusto
lJlle no pó1ía mQdil1car y que los nobles impul~
sos ele s11 corazón ocullaba.
Pron lo cn111eI1zarc!u lambit'.!n ú manifestarse los

.

'

.''.i

por

arrollaclas en brillan t Pr- períodos ll enos ele inspimda y arrebatadora f'Jocnencia.
El fi11al dPI rliscnrso fu(• rlr un efcrto prrnligioso.
Entusia;;rnndos los f·ompttftPros del orador,
rompi eron en aplausos, y loi-; eslrnlinnles ... en silbidos y denuPsto;; c-on1ra rl dausti·o dr profesorPs, á qnirrn s muy poi:;o faltó para ir á terminar
en la c·nll'! la o\·1tción r1ne hac·í11n HI c-ompn11ero,
lanza.do,-; ·poi' Jo,; escolu res de;;dt' rl hnlrrin dPI
Jura! _(Jn.e. 1k1~1l .in.
" ·, El lfinlín !Í¡UÍ1Vllrgarlo
ú su npogco. El rer-lor
.
1/ J'lidiú r1xilio nl.Gohierno, y 11iw sección tle guai·dif'\ rl ·Sq.(111:iunil aparN·i(l en la calle de San
,J\n, ...,, &gt;, clh,rrn,an&lt;lo ú los c·ndosos y hariendo
~ &lt;"1''1
n·.,t•1wia q1;P los rsl11&lt;lia11tes h1rsen, poro
• º.'úpc:;,·, 1han&lt;luna•1·r10 la l 'nivcl'sidad.
·. !~t~slubkdosr, por fin, la ,·alma y dispuso rl
rrr-lor· la insl nl&lt;'&lt;"iún rlrl ror·1·rspondir.nle proceso
rlisc-;¡llinal'io.
Coi tan mala s11e1"1c llt&gt;g6 rn rste mommto ú
la (11h·t&gt;rsiüatÍ, sin 8,tb1.r lo que allí hahía ocuJ'l'i&lt;lu, !'I alumno clr lJerpd10 Ricardo Santos, que
-al aparecN C'll la galería clrl pi8o principal fué
cll'lenido por un lle&lt;lr&gt;l y p1·rsrn1ado á los profesores corno 11110 ¡Jp los pl'in&lt;"ipalrs causantes de,!
motín.

a-irle la palabra hasta el día rn que cumplió Ja
mayor edad y le entregó cuanto por herencia de
:.-ms padres Je corrc,spondía., dt&gt;spidiéndose de él
? onlenán&lt;lole que abandonase la casa y no volvi&lt;'I'a á a,·orrlnr;:;e rn su vi&lt;la rlPI que fné su tío
y tutor.
Era rlon Lino hombre incapaz ele fallar á s11
palabra, y esla Vf'Z cumplió exadamrntP lo fJlJe
ú sn sobrino hahia promrtido.
La inala snerte fué entonces, como en el reslo
d1• su dtla, la clrtcmlinante de arruélla y de todas
lus ,lemús &lt;le;:;,Uchas crur. rn rl infortunado joven
hicieron Jll'rsn, porcrue no era Hicardo un mu&lt;·haehn pPrni·so, ele condición avi6sa y malos
srnt iu1if'ntos, n o, al contrario; de carácter tímido y npocn&lt;ln, ra11M1l&gt;ale honda prna el mal del
prójimo y siernpre acdones caritativas le dictaba
s11 huPu c·on1zón, bue110 r•n se.ntido moral, por&lt;111e fisLnlógicnrnente, hacía bastante tiempo que
padrcía ar1nPI órgano pL'ofuntla y grave lesión.
Hijo dr. 1111 allo fnncinnm·io dt&gt; Hacienda, qur
había rnnrrtn df.jando á sn viuda úniramenle la
¡1rnRión qur Pn aqu0l concepto le correspondía,
no pudo, al pnder á su paclr,', por ser entonces
rlcmasiaclo nir1n, darse curnta del doloroso calvario qur, JleyúnrlolP &lt;1&lt;' la mano, recorrió su pobre
rnadrr, para ,lograr qne PI hijo de sus entrañas

&lt;l;

:1

pi·imerns síntomas de Jn afección cardíaca que
f'll no lejano plazo hnbía ele concluir 8.5
'de Ricardo.
\:,
Y esto fué lo (!IH! ya no })lldier
nt&lt;•ugnaclas furrzas de la p~r-e,
t,~11cPs _sostr11!das por el á..{~1
•
1:
dioso a su lu¡o a&lt;lora&lt;l6.
,:
~t
En pocos día:-;, sin nial, a
~,\. ·:
JlHl'a la ('iencin, pa;.;6 nl tlesc1
·, ·
rnnclt·e infeliz &lt;lll&lt;', con su am
i~
p1rclo hac-cr la fpl'ri&lt;lnd ele su
é¡:¡¡
huyó, inconscientemente, ú labrar,.~·
,tQ'.!
.• ~
aq11rl pobre ser á quien la avasallm,,i ·
· ·,Jñ ·
dl'! juego, el organismo y la razón liJ~af'f]rs~ .
trnído.
·•
Entonces se hizo cargo de 61 su lío don L1ni) 1{ 9
quien pronto conoció el Yicio fatal que le dorni: ~
naba; i11ás rumo, á pesar de su enérgico cárác- ·'
ter, no logró col'!'cgi!'lo, á su laclo le tuvo hasla
(fllt', c·11mpliflc1 In nrn~·or e&lt;lml, cles11i&lt;lióle de sn
casa, sPg1·1u IH•11111s 1i;;to.

·¡~•

f.t~ • \

�Alrededor y detrás de los diez y seis socios
Sin conocimiento alguno del mundo ni de las
necesidades de la vida, sin parientes ni amigos que por turno riguroso ocupaban, de hora en
r¡ue en aquel apurnclo trnnce le aconsejasen, al hora, los diez y seis puestos que la mesa lenía
separarse ele su tío, fué Ricardo á parar á una seüalaüos, ocho en cada tablero, á derecha é
izquierda tlel banquero, que se hallaba en el cencasa de huéspedes allá por las irnnediaciones de
tro, agru1,ábanse como un centenar de devotos
la Uni\·ersidad.
ele
aquel cullo, unos haciendo sDs puesLas por
El abigarrado y rna.ltrecho mohiliario del cuarto que le dEslinaron en el interior de la casa; encima de las cabezas de los socios que ocupala escasez y pésima cnlidad de los alimentos; ban asiento, ;;or los lluecos que enlre si dejaban
ar¡nrllos insolentes mocitos compañeros suyos de éstos ó como Dios les daba ú entender; olros,
hospedaje; el tenaz asedio que comenzó á sufrir eomplelamente ajenos al vicio de aquel recreo,
desde los primeros días por una sobrina de la como allí era llamado, presenciaban absortos la
patrona, \·indita andaluza y rubia, de provocati- di\'crsidad de sensaciones que de tan clislinlas
vas exuberancias y atreYi&lt;lm, manifestaciones si- mnnerus expresaban los jugadores.
Y no es solamente el resultado de las jugadas
ca.lipticas. bien prmilo le hic-ieron rnojoso y hasla
lo
que ofrecía interés al curioso observador, no;
insoportal.Jlc aquel alojamiento.
producíanse
allí, como consecuencia del juego,
~i él rstaba al"ost 1rn1brado ú tanto desorden
y r!Psaseo &lt;:omo en aquella e-asa imperáim, ni el es duro, olros raros incitlenles que difícil expliamor, nunqnc In \'Í\Hlitn con tan sugestivas rnani- cación lendríun pum quien no haya adquirido lu
frsln&lt;"io111•s sr lo of1·rc·iese, halJín lln111ndo ni lla- costumbre de presenciarlos.
La solicitud exlrematla de aquellos vividores
mada nunca ú sus srnticlos.
({lle
tucl1.t clase de servicios se brindnn á prestar
IÜc-ardo 110 cornprrn&lt;lía que la Yi&lt;Ll tn'viera otro
ú los que han ganuclo fuertes cantidades, para
ol;Jjeto quP PI ,lf' r-xpe1·i rnrnlar i11cPSf\1t!-emente
liis profunrlns v nr&lt;liPntr,- irnpr('simws del juego. lograr de ellos diuriamenle los lres ó cualrn duSnlió cl11 la c-asn &lt;l&lt;• l111éspedes ¡mrn i11staJarse rus, único recurso con que, lal Yez, euenlai1 para
('O!lfurl ublf•111rnl e &lt;-ll uno de los nwjores hoteles sostener su casa.
La v11Jgar y descanillu pue&amp;ta del galápago,
d,n 1111P ;\lurll'irl n1euta en las r·ercanías de la
r¡ue olrns, con gran lrunquiJ1dacl y desvergüen1&gt;1wl"f~ d!'I Sol.
za, eJec-ulun á cada instante.
1 ( :taro t'S q11r ni Hirnrclo apreriaha las rondicio¡Ualápago! -Asi llaman los j 11gudores á !ns
w•s &lt;lel alojamiento ni &lt;'1 precio de ésle estqbn f11
relacióll 1·011 Sll fm·luna; prr-o él S{' c•ucnntrabá. alH ¡rnesllls que colocan sobre el [apele los que van
!'1Ltusíns11incln ¡,orqnr ú un c·a,]Ja!lt'l"O que á su lado ulli por dinero á lotlo trance.
Consiste uc11iel nrtlill en ver rápidamente las
se sentaba en Pl c·o111Nlor, oyólG hablar con gran
elogio ele! juego del lwccarat, que numerosas :-,.· (·arlas (!lle entrega el /Ja1H¡ueru al jugador que
distinguirlas 1wrsonalitlacles había llevado, en ca- licua la manu, y cuanüu aquéllas suman un pun.li,lad clP socio:-, ú uno de los círculos más clistin- to que tenga todus las probabilidades de éxito,
guiclus de 1laclei&lt;l, donde aquel recreo ha!Iubase como el de ocho ó nueve, con gran disimulo
un'astran la ficha hnsla dejarla colocada en el
l'S1 ahlrciclo.
.\ las poc-as ~c:'sicmf•S tenidas eon aquel compla- sitio correspondiente de la mesu.
Este ingenio del galdpaao fué durnnte una
cic•ntr compañero r!P fonrla, sin haberse enterado
por completo de tocio lo que al lwcrarat concer- temporada lan clescaradamenle explolaclo por un
nía, se t'JÜU$iasmú ele la! suerte con este juego, buen seüor octogenario, que llegó ú ser la diverpara él ci!'sconociclo, que no cesó de rogar al buen sión de los jugadores y hasla de los demás sosPnur qne Pll tnn i11co1nparaLle y codiciado deJei- eios, que acudían con frecuencia á la sala ele
jnego para presenciar aquella célebre trampa
tc lr había iriirlado, le presentase como socio de
aquella espN:ie de paraíso doHclc e::! ansiado boc- del buen anciano, que, sin duela, inconscientemente, lo practicaba ya.
eara/ podía disfrutarse.
Con este motivo, un día que eslaba reunida la
Pocos elias {Í('spu(•s formaba parte Ricardo de
J unla directiva de la socie(lacl, y en la sala. de
a&lt;¡w,Jla antign,1 y prestigiosa gocieclad de recreo.
Esparioso salón, el más grande ele la casa, con- recreo se hallaba el señor de los galclpagos, fué
llamado éste por el presidente, quien le amonesfm·t11bleinenle amueblado, con potentes lámparas
ele luz eléctrica que con esplendidez lo ilumi- tó por aquella incorrección, que á diario, con
tanto descaro y sin enmienda come lía; ú lo que,
nun ele día y de noche, ern el sitio destinado ú
con gran naLuralidad, contestó el galapag·uisla,
rrndir fen·oruso culto al f'neanta&lt;lor juego que,
-Tiene usted razón, seií.or presidente; es verr·ual otro ,lm1j,1 milagroso, la fol"luna ofrece Ct
dad
que meto algunos galápagos; pero Je aseguloclo rl que r,c;n fe á él :oe dedica, á aquel idolatrnclo barcarat con que, de allende los Pirineos, ro á nsLed que, así y todo, pierdo dinero todos
nns ob5rquiaron nuestros generosos vecinos, en- los días. i Cómo serú el jucgnecito, eh !
Y tenía razón el l.Juen sef\or. Tal es, al menos
yi:'inrlonosle para har·&lt;'r nnrstra dicha y colmaren mi concepto, la índole de este mundial juego
nos de riquezas.
En el rc:nlro de la s11la dc:;tacábase sensacional del /Jaccarat, que yo creo, y en el mismo concepy prnlongatla mesa, sobre cuyo tapete verde de- to he oído expresarse á muchos jugadores de
positaban los fieles i11cesantes of1·endas á aquel toda la vida, que con él no puede ganar más que
la casa donde se halla establecido, aunr¡ne muy
idolalr:ido ídoio.

rnoc~eracla se_a la _cuota que cobre por c:atla la/la.
Tanto los mfel!&lt;:es puntos, manantial inagota~le y co!1stanle alimento de aquel i·ío de la úunca c¡ue ,Jn la cag11011c desemboca, corno el han&lt;¡ucro, ü'.Orlunarlo mortal, así considerado por
los q~1~ con la barnJu le ven quedarse después
aJcru·n
d"·1c1, pero,
,de1 flrelllda sul.Jasta, podrán Ocraw1r
&lt;
o
,1. m y ul cabo, concluyen todos por dejar sobre
el verde lapele cuanto dinero llega ú sus manos.
. Tan ~enerul es en,lrn ellos esta creencia, y abs111 do par~ce :111e as1 pcnsunclo no puedan librarse de la l1rnmn ele! vicio que de modo tan abs .
l11lo
·
&lt;,
. 1es• (l omma,
que alli,· en la mis1füt sula cled11..:a~la al_ buccaml, lle oído yu mil veces esta cupla n los Jugadores nias ca;;! igados por la suerle:

u_no:; segundos de sileucio, cerró la subasta el
su·\'lente en esta forma:
-Cualrncientos duros, el seüor Sautos.
Ya estalla Riumlo ocupando aquel puesio que
tanto había codidado.
Sacó de su l.Jicn provista e-artera dos billrll's
de Bunt:o de á mil pese las cuela lino y lc,s enl regó al crou1~ier, que en el acto pidió á \m sirviente el ca111b10 por fichas.
,
Barajadas las cm-tas, hízose la pregunlu reglmncntaria ele si algún seüor soc:io deseaba rortar, y c-01110 nadie lo solicitase, hizo el croupier

Lo~ puntos .v los lmne¡uems
ganen, nacla irn 11ortn':
lnrlos hnn de verse en euel"Os
ú la larga ó á la curla.

il unqne

\' es grnciosu c-onsidern r &lt;·&lt;'11110 lo::; niús 11 rruinn1los por el juego son los mús envidados en rl
Y los c¡ue mús repilen la c-opla, pcrfedamenle
&lt;'. .,m·en,:iclus, 111 ¡,ar&lt;:J&lt;:el', de In Yenlacl que encierni.
Por Ju tle111ú:-;, ¡qué especlú&lt;·ulo tun \'Hl"iado v
l"Ull1pleju ofreee uq11clln mes¡¡ del bacrnl"a/!
·
¡ Qué desbordamicnlo ele nlcg1·ín )" qué !"liarla
luu iJ1cesm1le y regodjmlll aquella de lus favore&lt;"iclns p111· la fol"! 111w ! ¡ (.!lit' tle ahugmlus s11:-;pirns
Y de n1u11os &lt;Tispmlus c;Jmumlu en In piel del
pecho la:-; 1!iii1s ele s11s dedos purn buscar, en el
dolor físico, lenilivo u! atroz sufrimiento ctcl
alma, los de ac¡ucllos ú quienes la suerte mallrala hasta dejm·l es, tul \"CZ, si11 el J'Hll ele sn~
hijos!
Pero siempre y en lucios los casos, ~-u sea fa.
vorable 6 adver;:;o el resulludo del juegu, la eclucuc.:ión de los socios hat:e que éstos permanezcan constanlcmen[e dentro de la más exquisita
corrección.
. E_n su casa, después, anle sus inocentes y perJ11d1caclos deudos, serú, sin duda, donde estalle
ln contenida lempeslacl.
*
**

.En el rnomento ele entrar Ricardo en el salón,
abandonaba el puesto el banquero y decía el
ct·m1pier al sirYiente encargado ele pregonar 111
subasta de la banca:

- .-lses.
-Talla para el baccaral grita cnlunces el sirvic•nle.
-Doscientos duros-contesta un soc1o.
-Doscientos duros. ¿Ilay al"gún seüor que talle
mús?
-Trescientos-exclama una voz.
-Trescientos duros. ¿Hay algún sefior que
talle más?
-Cuatrocientos- replica Ricardo.
-Cuatrocientos duros. ¿Hay algún seüor que
talle más? ¿Hay algún sefior que talle más?
Y como nadie mejorase la oferta, después de

esta pperación, colocando después la baraja so.
brc un apoyo de porcelana que para el efecto
hay sobre la mesa delante del puesto del banq 11cro.
--¡Danco!-dijo una voz.

Esto significaba que un socio hacía por sí solo
la jugada importe total de la banca.
nióle Ricardo los dos grupos de á dos carlas
cacla uno, pertenecientes á aml.Jos tableros de la
mesa, y después ele haber visto los naipes que ú.
él le corespondian, como entre los dos no sumasen ninguno de los puntos de ocho 6 nueve con
que clefinitivamcnle se gana si el contrario no
ha reunido ninguna de aquellas dos cifras (abatir llaman á esto los jugadores), exclamó Rica.rclo:
- Doy carta.
-:'\ueve- conlestó el que· hacía el banco vienclo el primer grupo de sus ca1·tas.
'
Y nueve también-repitió el mismo al ver los
otros dos naipes.
El croupier le entregó el importe tola! ele la
banca, excepción hecha de la cantidad corres-

�pundie11le ú la l'U:-w, (!lle con u1llclac-iún lwbia
sido retirada.
IUcurdo repuso al'lo seguido las dos mil pesetas.
-Eslú repuesta la uanrn-anunció el croupicr.
-Hagan juego-dijo Hical'do.
-¿. Está hecho? .:--o , a más.
Volvió á dar carlas y volvió á pet·tlcr en los
dos tableros.
Y una y otra vez, y toda la tarde y la noche
lo(la estuvo perdiendo canlidacles considernblcs,
i-etirúndose á su casa muy entrada la maiiana,

con lo. mitad menos de la herencia de sus padres, que le había entregado su tío don Lino.
El resto de su modesta fortuna no había de
tardar muchos días en Ycrlo desapar&lt;'cer.
Y curimlo eslo sueedió, ya no pudo continuur
en la fondá Uomle se hallnba hospedado, porque
al presentarle ul cobro la cuenta de una semana
-no tenia crédito pum más ele siete días-y no
e&gt;fccluar el pago, fué despedido e&gt;n forma tal, que
·aqne&gt;lla misma noche hubo ele refugiarse en umi
miserable casa de dormir.
·
De&gt;scle entonces fué su Yida un yercladero calvat·io.
En la. sociednd ú que todavía. continuaba perteneciendo, le huían los socios corno á un apestado; pero él, adosado hallábase continuamente
ú arnwlla mesa donde , ió clesaparecer su fortuita
allí ¡1e&gt;rdido Ya. el decoro, hacía toda clase ele irrcgulariclo1lcs para obtener alguna cantidad que le penniliera srguir alimentauclo su
clrsatcnlado y funesto vicio.
Esta sil uación, es claro que no podía dmar
11111cho tiempo y terminó bien pronto con la bo('homosa expulsión de la sociedad que hubo de
~ltfl'ir el desdichado.
,

v
&lt;

'

'

***
Sin carrera ni olido, sin afecciones ni aplilucl
para otra cosa que no fuese el juego, fruncido

sit&gt;111pn: t•I c1it1·ecPjo, lona In mirada, sin hrillo
las pupila1,,, co11lraí&lt;los los labios, flácidas las 111eji llns, el color arcilloso de la arrugada piel de
,;11 frl'nlc, aquel caminar lento é inseguro deteniéndose á cada. instante para opritnir con ambas nwnos su angosto pecho y hacet· de esln
modo mús fúdl la anhelosa inspiración que ú
sus pulrno11es había ele llevar el aire, aunque
sú•mpre en menos cantidad ele la que aquellos
órganos reclmnaban, demacrado el cuerpo y torllll'atlo el c:-píritu, daban á Ricardo aspecto senwjantc al ele un anciano decrépito á quien breves días fallasen para terminar su mi&lt;,;era exislencin.
Así aqnel desdichado se hallaba á !os veinliséis años sumido en espanlosa. miseria, ú
que le había conducido el Yicio
del juego, que no podía abandonar, y ({lle hasta el fin ele su
vida había de ,H.:ompañarle.
Ricardo no conocía ni fn.:' cuentnba en r-.Jadrid olrns silíos que las casas de juego. En
ellas vivía pidiendo dinero á
los jugadores aforlunudos ó
upodel'úndose de él euan&lt;lo algún deswido podía apro,·echar, y entonces, al senlir la
moneclu en su mano, inesislible fuerza le obligaba á cleposilarla sobre el la.pele para
ser en el acto recogida por el
banquero, porque Ricardo no
había logrado ganar una vez siqniera.
Quizá por esto sus compaíieros de vicio le compadecían y respetaban, aclmirando .la imperturbable tranquilidad y la amarga sonrisa con que
ú la contraria suerte, una y otra vez y siempre
1·ecibia.
Ya Ja,, casas donde el cuitado podía entrar
erun, úninunentc, las perseguidas por la ¡;olirín, u&lt;p1ellus tptc en i\ladricl llama la gente
e/tiria/as.

E11 u11u de éstas, que instalada se hallaba en
d fcrndo del llH'7.(luino y sncio palio ele una ruino;;n rasn, allú por aqurllas estrechas calles q\1e
en la de :\lesún de Purctlcs comienzan y por Jas
inme&gt;tliationes de las plazas de. la Cebada y ele
La\'npiés lerminnn, nllí, en u11a miserable hubitadútt de bajo y rPncgl'ido techo, ele pringosas
¡¡¡11•e¡lcs, rn las qne apenas se divisaban restos de
un amarillcnlo papel, mísera estancia, ú la que
por obscurn y largo pnsillo se llegaba y en la
&lt;[ilP Jan sólo. por angosta ventana al palio abierta, l'11l1,1ba. escasa lnz del día y menos aire del
HCl't•sni·io para la respiración de los veinte ó treintn 1ahmcs que ú todas horas la frecuentaban,
c-011telit•n&lt;lo en ella cuantas fullerías y desmanes pt1&lt;'fle cliclar la falta absoluta ele pudor y de
wrgücnza: allí, en aquella repugnante mansión,
lrnllúhase el clesvenluraclo Ricardo una noche en
la que el juego se liaba contrario á la banca.
En aqnella hora, cuando los puntos, con !a

hrwa cntrcalJiPl'la, la rt&gt;spirnción co11le11itla, tTis¡mdus las mauos sobl'e el bonle ele la lllcsa que
lus ~Has dei;lrozaban, dilatada la pupila y fija
la um·atlu ell los 11ai1&gt;es, true el uaw¡ucro, con
gr1111 sole11111iclatl, iba cnscüauclo, en aquel 11wlllenlo de inclesu·iptible ausieclacl turbó el sile1:do sepulcral de la estancia una , uí\ 1111e desde la
pucrla dedu:
-¡En 110111bre de Ju ley!
Como si las omlas sonoras 11ue estas ::;ds sílabas pruclujeroll lwbicnm furrnado i11111Pluoso
hurneún, así fUt•ru11 In,; efectos eausado:; 11or la
,·oz dl'l rnpre,;e11lm1le de la autoridad.
Se apagaru!l las luces, rodaron por el s11f'l11
1,1,.sus .v ;;illais, y, alropclladainen!l', lnnzúroIJsp
lus jugudnres ú la puerta JJuséando una salida
qut&gt; Hu le,; dejaron franc:a los agenfrs de policíu,
1111" habían sm·p1·p111liclo eu aquella llliscrahle
('hirlaia u11 delitu, &lt;1uc dPja dt• serlo ,·ua1tdo &lt;'ll
&lt;'Scenurio lllás lujoso y por adores con n,ás dcrnrwm i11du1nc11laria alaviadus P.e rjecuta.
Enln• los rleteIJidos hallúbase, es elarn, Hieardu San tus, y, c01110 sus corn pulit'ros, fué ll&lt;'varlu
al Juzgado dt' guardia.
Cnu pur utw fuero11 inl&lt;'rrogados los jugadodures JJUI' el juez, y cua11clo el !unto le tucó ú
Hicarelo, hallósc é!&lt;le en presencia de su antiguo
rumpafiero lle carrera, ele su querido amicro Et·uesto Sigücnza, que solamente al oü· el u6n1brc
r apellido de aquel dPsclichaclo pudo conocerle.
En el acto comprendió Ernesto la t1orrible siluarióu de su a1nigo, y olYidanclo la causa: de
ac1uel encuenfru, le estrechó cnl'ifiusa1nenle e11
sus brnzos.
-:'\o 111e cxtraiíu vet·lc así, Hicarclo... Acuértlale 11uc 111uehas veces te IH'011ostiqué este por\'('IlÍr.

-¡_Pul'... n·nir? Llegó !mee 111ucho liell!po.
¡l.)ué vida hus arrastrado!
-Lu del ho1ulJre malo. Juego y pierdo.
-¿ Y l!rorneas y sonríes en el C'Stado en (!lle le
lwllus?
-¿Qué he ele haced ... A mala suede buena
cara.
-Dien en la luya se refleja el suflfo1i&lt;'JJl0 ele
tu .ilmn.
-El del cuerpo me molesta 1nás.
Hace cuatro a,10s el corazón no rige bien; á
rnc,,s deja salir la sangre ú torrentcs, quc me
ahoga y el sentido me hace perder, y en otras
ul'asiones, estancada, la siento en el pecho, que
cu vano 111c esfuerzo en dilatar para darla salida.
Al mismo tiempo que estas palabras pl'onunciaúa, con la mano derechn, por debajo del raído
chaqué, el costado izquierdo se oprimía la respiración lornábase.le anhelosa, sus púr;a.&lt;los 1.e
. contraían, los ojos se rongeslionuban, doblúronsele las piernas, y, pertlido el conoci1niento, antes &lt;rue Ernesto pudiera socorrerle, cayó eles-.
plomado en el sucio.

***
En una alegrísima eslanda, en la que cluranle
toda 1n. maíianu entraba á LorrenLes el sol por

lljllllS il[I UZlllll HSU!-llld;;,1 11J V Uj.lJ!l[l! Ul).)IHC[ llll
Búi-btu·u, en a,¡uella lujosa habitación ele pare• des cu1Jierlas, no ,-:e podín distinguir al pronto si
de setlu ú paprl rulo!' ,·ertle pálido, donde, ade111ú,; de hermosu laYnlw adontndo ton mátrnol
1Jrnnce y amplio espejo de luna biselada, lucían'.
sP elegunle ch11i~c-/01111ue funarlu con le!'ciopelu
, e,·de y una primo1·usu lúmpara tle crisl,tl pendiente del lecho, en la ()lle 'descomponíanse los
rnyus solures, fornwndu como faulúslica ranas1illa tle piedras Jlrei·io;;n,;; allí, sobre í"n11lliclo led10, hallábase lan asc,mhrndo H.icnnlo cuando
1·e1·obrú el conoci111ienlo, &lt;¡ue no acertaba á dar
1-rétlilo á lo rrue s11s sc&gt;ntidos presenciaban, ere·' étulose llláS bien Yíl'i ima (]~ alucinaciones propias (le la tena?. y p1·oí1mclu doleticia que le mm·li:-izaba.
.
Crmw l,1 úllintn i111presiún &lt;1ue en s11 te1"elJr(1
rpiedú gndmcln fu(• lu del Juzgado de guardia, ú
d1.&gt;n&lt;lc le habían ru111J11,·iclu 1m1· el delito del juego, os dnru 1¡ué 110 poclia imaginarse que eu
ill(l1el lugm· y de aqnella fonna pudiese estttr sufrienrlu ln pena á que, segururnentc, :;egi'ln su
aee·ndn, hnbía siclo senlenciaclo. ·
' Ln vuz tle su b11en amigo Ernesto, que entrnlia en la habil1wiú11, le hizo darse cuenta de que
realidad ern lodo aquello que, como en múgico
sueflll, estaba preseneiando.
-.\:ab~t de decirme el doctor que el alw¡ue ul
roruzon que te ha tenido 1,,in conocimiento, postrado en ese lecho, hn terminado por ·coni]Jleto;
111e aseguró tmnhién &lt;¡lle, deulro de seis ú ocl10
díns, esl,mís lol11lnienle rei;!ablecido; pero que
si no cumbias de vida, en nwlquier 111omenlo
1&gt;llCcle repetirse el colupsu cardíaco V arnhar rúJ&gt;itlmnc11le ton tu cxistern;iu.
·
.\t{llí, en 11li casu, puedei; pernwuecer lodo el
tie1t1po 1¡11e sea uecesal'io para reponerte, no
sólo del intenso ataq11e (;Otl que ahora se hu nianifestado la grave eufennedatl (fue vienes. padeciendu, sino de in debilidad física v de la consundóu tnurul que le aniquila; ent/etanlu, proc111·aré yo enconlrnl'le alguna ocupación, en !u
1¡ue homadurnenle ganes el dinero uecesario
pum atender á lus necesidades y puedas aclqui1fr, al Prn11lu licrnpu, la cnhua y Ju reflexión que
tunlu fallu te hacen para lograr la curación de
esa llaga moral &lt;1ue el corazóu y el alma te dest.ruzan.
-Te reconozco, Ernesto: eres el amigo i11eontlicional y curiüoso Je siempre.
Queclóse Hicarclo un nwmenlo c:onfuso y nbs1raído; miró luego lt·istemeulc ú Ernesto y, lanzando profw1do suspil'o, rniadió :
- (!uién sube si el car-ilativo y frate!'11al cornpurlmnienlo tl LW con este desgradado has len ido, s ervirá mús bien pura sostener esa· llega de
que me halJlas, que para alcanzar la regeneración mía con &lt;¡,te tú suefias ! ~i el c_a sligo que
merecí me huLierus impuesto, Ju falla ele libertad me tendría, por fuerza, separado de lo que
ya hoy consliluye el único objetivo de mi exist.encin. La fuerza, sí, la fuerza que pueda privanne etc! libro ulbedrio, es solamenLe Jo q uc,

�mientras éste me falte, puede conseguir que no
entre mi cuerpo en las casas de juego, sólo mi
cuerpo, porque mi es1Jiritu, en tanto que se halle
Lmido á In matei-ia 1 estará siempre en el tapete
verde, sin que lus buenos ofici~s puedan evitarlo, como impedirlo no consiguieron nunca la~
súplicas y lf.!grimas de mi santa madre.
-Pero, ¿~s posible, querido Ricardo, que de
tal modo haya ese torpe vicio destruído tu cJ.ara inteHgencia? Tú
siempre fuiste uri muchacho de gene.rosas y honradas aspiraciones, y
no acierto á comprender cómo esa
repugnante pasión ha podido anular
ar¡ue\ talento que tus cornpafitros te
envidiábamos y arrojarle en esa hon-ible existencia que con tanto padecer y tan miserablemente vas o.rrastrando.
-jQue no cofnprendes mi existencia! ¡Ay, querido Ernesto! En ella,
e;omo en la de todos los seres de la
humanidad, hay algo, llámese destino, ~uerte ó como llamarlo quieras,
que nos ooncluce al término de la
vida por ramino distinto, tal vez, ·d~
aquel por nosotros elegido.
-rero cuando de •eso se tiene conciencia, como á ti te- sucede\ no creo
que s6a imposible cambiar de ruta
si á ello la •razón obliga á la vol un~
tad, es claro que á fuerza de trabajo
y teniendo valor para sllfrir .los arafiazos de los abrojos que han de encontrarse á cada paso en la nueva
senda.
-Todo es inútil. Cuantas reflexiones rné hagas, cuantos irrefutables
argumentos puedas emplear para
convencerme, me 1\os he-hecho yo á
mí mismo mil ve.ces, me los hago
constantemente, sin que con ellos
pueda dominar este vértigo que, contra mi razón y ni.i voluntad, de mí se
apodera y en el vicio me arroja.
-No importa; todavía no estás tn· ~
disposición de sal ir á la calle, y en
los días que forzosamerile has de
permanecer en mi casa, confío en poder modificar, quién sabe si curar del
lodo, esa funesta pas~ón que física
y moralmente concluye contigo. Mafiana dejarás el lecho y en seguida comenzaré
á poner en práctica el tratamiento que planeado
lengo, y con el cual, Dios mediante, he de lograr
lo que tú juzgas hoy un imposible.
Ten esperan1.a y pon de tu, parte cuanto puedas para reponer pronto tu salud. A la tarde ~olveré á verte.
Y despidiéndose cari i'\osamente' de su amigo,
salió Ernesto de la habitación 1 dejándole como
avergonzado y tristemente pensativo.
No dejaron de producir, por el momento, profunda y dolorosa impresión en el ánimo de Ri-

cardo aquellas cnril'íosas frases, aquel fraternal interés que con tanln solicitud le manifestaba su antiguo compañero de Universidad, que
muchos aiíos· antes había perdido de vista y á
quien encontraba ahora, no como juez que debía
casligarle por la falta ó delito cometido, sino
siendo su bienhechor, su ángfl bueno que, á todo
trance, de su cuerpo y de su espíritu pretendíe.

te1 sólo había de oir frases cam'íos1s1mas, sí,
pero mortificanles pura él, que bien compreÍl.día
la imposibilidad en que se haHaba de abandonar
como sn amigo queria, la deshonrosa y misera~
ble condición que tan fatalmente y tan en absoluto le dominaba.
Y así, luchando su espíritu con el carifíoso y
entrañable agradecimiento que por su generoso

♦

extirpar aquellos males que sóJo con la muerte
podrían ya tener fin.
El agradecimiento que por Ernesto sentía era
enloncrs muy grande y muy sincero, tanto como
debía serlo en aquel sensible corazón de Ricardo¡ donde no podía germinar otro pensam_ien to
que aquel de la más profunda y noble gratitud;
mas pronto vino á mezclarse con él otra sensación, que no. es extraüo experimentase : la vergüenza comenzó á apoderarse de aquel desgraciado y á hacerle imposible, desde entonces, la
permanencia en aquella casa, donde en adelan

amigo sentía y con el desasosiego y malestar que,
á los dos días después de restablecida su salud,
comenzó á producir.le la vida apacible y monótona que en aquella hospitalaria casa llevaba,
vióse impelido, fatalmente, por el frresistible afán
del juego1 á cometer una villanía que en 61 estado
&lt;le excitación en que se hallaba, ni la podía apreciar ni, mucho menos1 rechazarla, una vez concebida.

*

* * á la entrada de la
En el pasillo recibimifnto,
casa de Ernesto, había dos puertas que condu-

cían, una de ellas al despacho y la otra al cuarto
que ocupaba H.icardo, desde el día en que, acometido por repentino accid&amp;n~e cardíaco, cayó
desp.Iomado al suelo, sin conocimiento, en el despacho del juez de guardia.
Allí, en aquella confortable y lujosa habitación,
hallábase el contumaz jugador pe:qsando on la
manera de abandonar lo q}le ·él, ~ás que providencia,] asilo, consideraba ya intolerable prisión que del tapete verde
le separaba.
Espantosa era la Jucha sostenida
por los generosos impulsos del corazón de aquel dE!sdichhdo que permanecer le ordenaban en los fraternalc_s y-- abiertos brazos de Ernesto y 1a
fatal pasión, inv6ncible y dominadora, ~bligándole á rechazar aqueJ
amoroso abrazo -donde únicamente
podría ya encon trar: remedio para su
desventura.
Algunas veces, obligado por Ernesto, habío, entrado Ricardo en el
· despacho de su amigo y allí se estaba mientras éste concluia algún
trabajo urgente ó al descanso de las
cotidianas fatigas de su cargo se enlr:egaba.
U.n día en que.se hallaba de guardia Ernesto 1 tuvo éste precisión absolulu de abandonar, sólo por unos
instantes 1 el Jocal del juzgado para
ventilar en su casa, que tan ferca
se hallaba ·de la plaza d.e las Salesas,.
un asunto importantísimo de intereses.
No había transcur rido media hora
desde que entró en su despacho
cuando, por teléfono, recibió urgente
aviso para que, sin pérdida de momento, acudiese á extraviada calle
de los barrios bajos, donde se había
cometido sangriento crimen.
No podía ser, para un juez de guardia, más imperativa la llamada· así
es que no tuvo Ernesto tiempo Para
otra cosa que arrojar precipitadamente en el cajón de su escritorio
una buena cantidad de dinero que
acababa de recibir; en el acto tomó
el sombrero. y salió precipitadamente de su casa, sin cuidarse de un billete del Banco de España . de mil pesetas 1 que
dejó olvidado sobre la me.sn. •
Entretanto, Ricardo hacía extraordinarios é
inútiles esfuerzos para vencer las tortur as horrible~ que le producía su dominadora pasión por
el Juego! exigiéndole, con angustiosa necesidad,
que pusiera fin á la para él ya insoportable ausencia de aquellas miserables chirlatas donde
creía el desdichado que solamente podía hallarse su felicidad.
Ya era bien entrada la noche cuando Ricardo,
no pudiendo dominar por más tiempo la impa-

'
1

�1
►

1

; Hab1·í• l&lt;'YHHluclo st&gt;is, ocho, lrci nla IHIIICllS,
ciencia que sentía pul' di&gt;jat· arruella casa, sin
tal
vez!
ruusi!lcrur la falla de recursos y ele fnerzas en
iSt'ré rico! iI1111tcrn-m111eule rico!
q11e se hallabu, resolvió marcharse, ú lodo trnn¡Y no Yolveré á jugar nunca!
ce y para siemprr, de aquella morada donde,
¡( :orrn, r-on-o en busca de ln suerte, p11es q11c
ron tan cariñosa solirilud, la dolencia de su
cuerpo había sido atendida y el 1rnil de su espí- la suntc me llama!
Voy ú hacer la última jugada.
ritu trataban de curar.
¡ Ln úllinw jugada, porqne en ésta serú mía la
Coll aquel irrevocable propósito de la huírln
fortuna!
salió sigilosamente de su hahilarión, atravesó , 1
De un sallo llegó ú la puerta que al exterior
pasillo y, al descorrrr rl c-~rrojo ele la purria
concludn;
c&lt;m numo febril y de un solo golpe
f[U&lt;' al cxlrrior de la rasa cornl11cía, le sorprentlt&gt;sronió cerrojos y pestillos dejando libre la sadió la luz que á. torrentrs salía tl&lt;'l despacho por
la puerta que, &lt;'n su lll'N·ipitada 111archa, clcjó lida, y eo111t•11zó ú bajar las esealer-as ron vertiginosa rapidez.
abierta Ernesto.
En brcvrs inslu11t&lt;'s se c•ncuntró rn la calle lilnmefliatamente n•sol\·iú entrar allí, &lt;lonrl&lt;'
h1·c
rk toda tutela y &lt;'ll disposición de acudir :t
rnnsirleraba que estaría frabajando sn amigo,
satisfac-l'I', nntc el inpete yerclc, ar¡uel ansia clr
para exponerle con tocln franr¡ueza at1uelln su
e11HwiollPS que no gozalia desde que recluído se
inr1ue1Jnrntable rrsulutión, despidiéndose de él y
Yió en aquella e-asa qnt' allnnclonaha, y donde
&lt;lispursto, es claro, á no hacer caso de cuantas
PI i11(·11111¡ini·nblr amigo qur para siempre at"a1•pflexiones en contra tlr ella le hiciese.
hn1Jc1 ch' prnlt&gt;l' h• había C"olmaclo, es verdad, dr
,\sí pcnsaurlo r•nlró rn el despacho y se qurdó
L·uidndos y c·arifio, pero {t 1111 precio inaceptable
profunclamenlc • sorprendido al verse solo en
para Hit-arelo, que por nadie ni por na.da f'll c•I
aquella estancia donde las lurrs parecía que dernundll, era capar. tle abandonar aquella funesbían indicar la prcscnria de Ernesto.
Drsconcerlado por esta circunstancia no acer- ta pasión rlolllina(lma ele su alma, mientras ésta
t&gt;sl11virse unida al destrozado y caclueo cuerpo
taba ú darse cuenta de la contrariedad r1ue empezaba ú eausarle la falla ele su amigo, sin corn- tkl i11Ieliz j11ga&lt;loi-.
prender que esta coincicle1wia tanto p0&lt;lía favo*
**
rPcer su plan de fuga.
Y rs que Ricardo, sin darse cuenta de ello,
Con lodn la rnpidez q11e sus escasas ft11irws le
allá en el fondo de su alma, repugnaba la deler- pern1ilían, dirigióse Ricardo ú la casa rle juego
111inación que fatalmente se veía obligado á readonrle últimamente él estuvo y en la que fué delizar.
tenido por la policía.
l\1uy pensativo y nen·ioso se apoyó contra la
Grande fué su contrariedad y desnlien\o cuanmesa escritorio y allí, inconscientemente, comen- do allí, delante de aquel caserón sucio y viejo,
zó á remover con su trémula mano derechn
supo qne la autoridad había. renaclo para siemcuantos objetos y papeles había á su alcance.
pre aqt1ellu despreciable cltil'lata.
De esta manera llegó á tener ante sus asomi Y en qué momento encontraba cen-aclo aquel
brados ojos el billete de mil pesetas que Ernes- local, donde el iluso creía que, impaciente, estato dejó allí olvidado.
ba esperúndole la fortuna!
Las sensaciones que en aquel instante expePensativo y mohíno, caminaba al azar, sin
rimentó el alma del desdichado jugador fueron
darse cuenta del calvario que seguía, hasta qne
tantas y tan diversas, que imposible sería des- allá, en solitaria calle, inslintiYamente hallósi::
cribirlas.
parado frente al mugriento escaparate de una
La honradez de sus mayores heredada, y que taberna, en el que de ma nifieslo se hallaban
él no desconocía, obligábale ú dejar en su sitio
unos platos de comida tal, que con su repugnanaquel dinero perteneciente al hombre de quien te aspecto capaz era de acabar con el apetito
tantos favores acababa de recibir. La fatal paapremiante.
sión del juego, con fuerza insuperable, procura- más
Pero el pobre Ricardo se hallaba eslenuado;
ba, al propio tiempo, conducirle por distinto
desde quince horas antes no había tomado c1licamino.
menlo ulg'uno, y sus mermadas fuerzas no poY nOJ; éslp se deió llevnr, consciente Lal vez
dínn ya responder á la enérgica voluntad de
de la· ilfarnia que c~metía, pero falto ele valor y
nc¡uel desdichado que en llegar ú una casa ele
fuerza ele voluntad para rechazarla, aquel ser jnego cifraba la inclisculilile felicidad cte su vicia.
clrgenerado por el fango del maldito vicio al que
Pero allí, delnule de la Luberna, en presencin
en cuerpo y alma se hallaba entregado.
ele aquella despreciable bazofia, l1ízole compren-¡ Es la suerte, sí, la suerte que· por vez
der su estómago la imperiosa necesidad en qtie
primera á mí se acerca !-decía conlernplnndo
ya se hallaba de continuar su interrumpida funel billete con extraviados ojos- . Yo no despoción fisiológica.
jaré á. Ernesto de esta cantidad. :No.' ¡ Yo no
:No hay nada tan imperativo corno el ham"bre;
robo!
por esto, Ricardo, á pesar de las condiciones nada
Antes de que él se aperciba de la: falta de este apetitosas ele aquel ínfimo establecimiento, decidinero ya estaré yo aquí de vuelta.
. dióse á. entrar en él.
¡Habré hecho la jugada!

Se nce1-eú á lu puel'[u l·t ·1h1 ..
.. HtJuel
y nauseul.Jundu' ' .' . 'JO
. .V '•¡\ 1)]Sar
de lres clesvenciJ·achs·· in esp,1c(·w donde, ademús
'
esas no s
d.
d e 1o 'Jue eran tal . .,
· e po 1a saber
, ' 'ez ue made .. )
e l lai; acom¡)afio,1.1
' ra, cada una de
uu, 1JOr cuatro
.·
ble clasifltación .ó
asientos de im1Josi,.
.
, v1 enfrente el 1.
es¡Jec1e ele mos!ntdur tn
e ,t entrada una
fregoteando unos des1'Jo ·1'·1s1 del cuul se hallabu
· ¡no
· que puede fabric· 1 . 1 arios vasos del peor
v1c
robusto v colorado
ur se, un hombretón allo
•
, con la fre l
.
'
unos mechones rojo.
.
_n e cubierta por
sucias guedeJ·as des que Jlttrec:ian alborotadas y
una especie el
.
que le cubría to(!a l
e 1Hel de oso
.
' a cabeza.
Ld enrarecida y ,estll
,
curdo respiró al ·1b/ir l· ente utmosfern. que Rihizu retroceder ~ l . a Jlllel'!a de la taberna le
Jl'lgnunte del lo~a; ts11ect~ _desagradable y '1-eidea, que hnstn enloncee/ug1nó ní!iídamen!e la
lo difícil illeJ·o1· c1·1 1 .. no le hubm ocurido ele
. .
'
c 10, 1mpos·1 ¡
. '
ser Je Ciimbiasen en a(¡ 1 1 J Je que habia de
'
l
ue
U"ar
el
•··11
l
pese as ' único d"11l ero que l º ·,
u1 e e de mil
gusto q11e allí hiciese.
em,t para pagar el
. .o
U¡&gt;~
»cu1

que, efusivumente , .
· , es ¡rechó u! 'tS. ·' 1 cuH grnn c·u·i
' 11u, u ¡ paretuba á explicui-:e u'.11 Ji-al&lt;llo Hicanlo, que no acer. · de afecto.
aque u ex1)re si· va muni festacwn
1
-G
• racius ' t D"IUs ,¡ue vuel
·
anugo más quei-ido . !'{
vo a encuntr«r Hl
!uro, A1-Lur-ito el B. -~ o le acuerdas de mi'? Arusca comu le 1 . .
g,os en aquella inolvidalJle
, e ecw1s los ami1 sabrás que desde h
de
Ramón.
1_1rendiernn y nos ne . , '
Je en que nos sor.
.
va1011 al Juz"udo
el
0
se cerro uquello p· ..
e gumdiu
-Sí lo ac·1bo du1
volverse ú abril-.
'
'
'
e
saue1·
h
-\'aya vay"
ace un momento
·
- ?\o ,, , " con ··· J&gt;epe, ¿vu·dad?
. , ' ~ o me llnrno Ricardo
.
--.Es cicrlu, hombre es : .
la. mía! i~liru que codfundi~1~rto. ¡Qué cabeza
te encucutro rnás del tl u n,ombre! Pero,
la ullu1ta n z c1ue t
.
ga o. "\ erdad es que
., . , 1 ,
e v1, allá en el 1·
,.luc1 e as? Cuando te c1·.
uzgacto, ¿le
Harte ante el jne&gt;z no¡~ ~que! perendeque al haBai ud que huy p' . n abas mucho mejor de
t·
. . ucs nada Rica d"t
ieues, c:01110 cuando nos ' ,
r I o, a.qui me
cueHcia, sin UIJa peseta v&lt;,1amos con más freco1_1stantemen tc para. bu~~ eslruJando la sesera
gu1r el duro 6 ,los dos duros°r el modo de consePero ··1v h"
,
nuestros de cada d"
I'.' c ico! que mal a d
JU.
Ga11z·tr tJ1 . ¡·
n a hoy &lt;,sto de a1
'
u unento· con el c·
llie quedé sin los ~ni.idos ierre de aquella casa
tumbrados á n11·s
~ . ' que ya estaban acosser\'lc10s y á ya sabes, porque también
m1~--- bueno, tú
la competenci-1 có
t~ he visto hacerme
- ' , 1110 se las mgeni
viviendo; y eso &lt;Jue t.
a uno para ir
u recuerdo que
que, duro que pescabas d ,
er~ tan lila
acto. Pero ahora
, ' u_r o que perdías en el
, por lo nsto .
le111&lt;10 una buena rach 1
' parece que has
n
a, o contrario qu
- ueno, bueno, AJ"Lur·t
.
e yo...
mino, ya sabes q
I l o, no sigas por ese caue o conocemo ·
s igualmmte
l us dos. t-Jira si 11 11
'
11::
evas á un
donde haya mucha b
a casa decente
lar fuerte no pertl ~áncaly _donde se pueda apun'.
,..
'
er s e t1 6 mpo
-.1.a lo creo que te 11
.
ahora mismo. Sé yo dee~ muy_ cerca de aquí y
banqueros que tallan al a so~1edad donde hay
ele duros. ¿Vamos?
bacca, at muchos miles
eei-

u

ni:i"ª Juan

et'.~º

d11:º•-

Es!u con:;iderución le IIiz . .
por completo ele e 1[ .
,o J e11 uceder Y desistir
blecimiento done!¡ 11 ar en aquel miserable esta'
e a pro1l0 · ·,
de cambiar un biUet d
s1c1~n hecha por él
rn ocasionar dac~o eel t ~- tlal cantidad bien pudie'
"
1 IS e us1 e t
presentaba, nulural recelo , , e o_que Ricardo
nente taber-nern
al lierculeo é impo' que ya con cur· ·d
ucza en él fijaba la vista
ios1 ad y extraEncaminóse
·
.
' pues, calle arribn
•
c1 1ac10nes se dirigió
L
', Y, sm más vadían pe~ilirle sus , con oda la rapidez que pomenauarlas 1 ·
Puer-!a ele! Sol, donde L;clo lo )lemas, hacia la
mento necesitaba J)Od'
que en aquel mo"'f '
JU encontrar
" ecttvameilte en
1 .
.
mienlos, que en' aqu:iut quiera de los es!ablecibía de ser difícil l'
, ugar abundan, no le ha~
10cm por mon el
lJa y manuable aquellas mil
e a más pequepor otra parte, las men
p~setas, ele las que,
car á otro ob1·eto q
os posible pensaba dedi.
ue no fuera 1
l1ble pasión le im onia.
. e que su irresisconcurrido centro pde
al_li también, en aquel
donde aplacar su . lifiJ adnd, encontraría cafés
Jus cado ap n
mente no sería extr ~
e J o, y probablecon algún compafle1:no }ue l~eg~ra á avistarse
-Dentro de un instante·
. ' ant¡;s he de tomar, en
de juego donde
d"
q_ e le md1case una casa ¡;ualquier café ato-.
bilidad.
' "un alimento; me caigo de depu iera 1r en 1 l
'
la fortuna, que le estaba
e ac o en llusca de
i·o, espernnclo desde
' como él tenía por segu-Allí, en el Universal
donde
.
' Y estaremos á dos parosamen!e en cusa deq~~ se le an?Tició tan gene- sus ele
'_
voy a llevarte.
- \ amos pronto.
precioso billete del B· mesto~ brmdúndole aquel
Rendido de
ª1:co de España.
l\o cou la rapidez ue R.
cansanc10 llecr· á
Sol, y como en ella l '
la Puerta del ú aquella hora los c~ches icardo de~eaba, porque
en rase por ¡
1
y la aglomeración de
' automóviles, tranvías
las, pronto se encontró e .
a ca le de Carr-3difít:il
atrm
esa1·
la
JJ
gente
hacían en extrei110
cambio. En ella hi·
nf1 ente de una casa de
.
.
uerla del Sol 11
zo en seau "d I
m,
H1Cardo
y
su
d
h
·
, egaron, poi·
f
de mil pesetas, sin otra
,"'- i a ~ de su billete
esa ogaclo com ~
panero y amiconsiguiente descue11to Pªi.1 ~1eulanclad que la del go a 1 popular café
- . financiera.
su r1do en a que1la opera- dieron hallar ali, en €.l que, á duras penas puc10n
'
u en el fondo del l ¡
(le:-;ocupada donde - L
oca , una mesa
Cuando de allí salía con el .
.
ins alarse
.\
la
primera
llmnacla
·
_
.
nos, separando los billetes el d1~ero en las mnacud10 un camarero que
plata-, para en distinto b . e l~s monedas de ú petición de \i-t r
los
platos
que'
á
:qo,
~ulregó
á és!c la lista el¿
todo, hallóse con un ; . tol~rlJos u'lo guardando
8
0
uc
hora se servían en el
do Y de aspecto simpáti~~ ¡oven, no mal vesli- café.
se encaminó con los b ' que, ~l verle, l:\acia él
-¿Quieres que eJi - . ?
razos ab1erios, entre los su inesperado amigj_ª yo.-preguntó á Ricardo

~r'

ºº .

ª

�-Como quieras, pero que sea pronto.
-En seg·lida.
Pasó rápiclamenle la vista por la carla 1111e le
tlió el camarero y dijo á éstG:
- Pues sírvenos ... pero ú la canera, ¿estás?
-Sí, seüor, al Jllornenlo.
-Bueno; langostinos con mayonesa y chuletas
de foruera con patatas fritas y ...
-Ya es bastante-interrumpió Hicardo.
-Como quitTas.
-¿Desean más los seflores?-inlenogó el camarero.
- :"10-contestó; .-tul'o·--. Postres no hacen fal-

•'

ta; te ti-aes luego café con leche, con tostada,
¿sabes? ¡Ah! y vino, una botella de Rioja.
-En seguida estarán servidos los señores.
.\1 relirarse el camarero le detuvo Arturo, cliciéndo.le:
--Dos raciones ele cada cosa, ¿ch'?
-Sí, señor, sí.
-Porque supongo-dijo á Hicardo, después que
se hubo marchado el camarero--qne no pretenclerías hacerme el desaire de no convidarme.
-Pues claro, hombre, qué duda tiene.
-Ya sé yo, ya sé que tú, cuando tienes, no
desprecias á los amigos necesilados. T\o, tú no
eres como hoy son, desgraciadamente, la mayor
parte de los que uno trata y á los que uno sirve
y hasta adula uno, con la esperanza de que á uno
le den un duro cuando ellos han tenido la suerte
de ganar muchos y ...
-Uno ó dos ó más que lo necesitan y piden

suelen qucdnrse con las ganas ele que les den,
pol'quc hoy ya se·va haeiendo la gente muy dura
de pe.lar, querido .\rturo.
¡Y luego se quejan de que uno meta im galdpayo ó cobn un descuido, si ó. mano viene!
-¡Qué ha de venir!
- La vcnlad rs que lodo está muy malo y ...
lo que yo digo, si uno no se dedica ú esto, ¿á qué
se va ó. dedicar?
El tamarero, colocando en la mesa servilletas, cubiertos y platos inlcrrnuipió el diálogo.
St\guiüamenlc si1·\"Íó las tlos raciones de langostiuos, dcscorehú la IJoleHa de yino, llenó de éslc
lus copas y se retiró en espera del m01nwto en
,1uc por los co111cnsales fuese llamado.
A111bos se dedicarnn entonces, con gran fruición á saborear y éieg.lutir langostinos que, &amp;n
mu; pocos minnt¿s. quedaron reducidos al cascarón que los envolvía.
Llegaron después las chuletas y, acompañadas
ele buena canliclacl ele patatas fritas, ele vino y
de pan, desnparccicrnn del mismo modo que los
langostinos.
.
nicardo se clió por vencido, avisado siu duda
por su rstónwgn, &lt;!lte ya no podía recibir más
alimento; pt'l'o .\rturo despachó &lt;'n . un instante
un vaso tle café rnu lec!Íe, el otro que á su amigo c·o1Tc:,;p01Hlía y las tostadas de aml&gt;os.
Tan i111pttcienlc se ltallalm ya Hical'(lO, l!ltC
antes de &lt;111e su l'OIIIJ&gt;Ul1ero Cüllí'lll,Vese de Hj)UJ'HJ'
el vino &lt;1tH' en Ju botella quedal&gt;a y los restos
de café ): l(islada que delante de si tenía, llamó
al camarero, le pidió la cuenta del gasto hecho
y, cuando en el attó le fué entregada, se levantó de la silla v ,1 l sacar del IJolsillo el diuero pal'a
¡¡agai·, sufri0 un tles\·anednücnto (no causado
por la cantidad qne la cuenta representaba, que
bien pudiera serlu, :;i110 producido por la enfermedad que sufría) y cayó sobre· la silla sin perder por completo el conocimiento.
Anles de que en auxilio suyo acudieran ,\rturo y el camarero, que· bien se apercibieron de
su estado, creyóse restablecido. Se levantó, pn,.;ó
la cnenta y, seguido ele su amigo, se dirigió ú
la calle.
Con vacilante paso, pálido y descompuesto el
rostro, temblorosas las manos y anhelante la
respiración, así caminaba el infeliz Ricardo, haciendo extraordinarios csfuerzós para aligerar
la marcha y llegar cuanto antes á aquel deseado
lugnr donde, según él creía, había de salir ú recibirle la fortuna que seguramente le estaba esperando.
A1'turo, que sol'prendiclo quedó en el café al
presenciar el accidente sufrido por su compañero, le seguía intranquilo por la calle al ver f 1
cada momento más alarmante estado en que se
hallaba.
-:\1ira, Ricardo-le elijo-; yo creo que no te
encuentras del todo bien; puede ser que la comida al caer en el estómago tanto tiempo vacío,
según me dijiste, haya siclo la causa ele esa
indisposición que ahora sufres. Yo creo '!11e, ele:
bíamos tomar un coche y yo te acompanana a

tu casa. l\lañana ya estarás bien; te iré á buscar
y sólo serán unas porns horas-lo que lardes en
conocer la casa á donde yo creo que no estás
ahora en disposición de ir.
-No,_no; ele ningún modo. Yo quiero ir ahora
mismo. Cada minuto que tardo es una eterniclad que de la fortuna me separa. No, ,\rturo, no;
es preciso que llegue en segnida á esa casa.
-l\lejor estarías en la tuya; créeme á mí.
-¡En la mía! ¿Tengo yo casa, por ventura?
¡Ay, Arturo! Si conocieras la honible situación

Diez ó doce pelclalios había subido cuando, exhalando profundo suspiro, cayeron inertes sus
brazos, dobló la cabeza sobre el pecho y, á no
ser porque Arturo le sostuvo, hubiera dado en
el suelo con su menguado cuerpo, perdiclo por
completo el sentido.
La gente que en la escalera se hallaba y presenció el triste accidente, ayudó á Arturo á
transportar el cuerpo de su amigo á un coche
de punto, en el que fué llevado á la más próxima
Casa de Socorro.
Allí, tendido sobre una cama, le asistió inmediatamente el médico de guardia, que en vano
1&gt;rocurnba hacerle recobrar el conocimiento.
En vista de la gravedad en que se hallaba y
ele que Arturo manifestó que aquel desdichado
no tenía domicilio, dispuso el médico que fuese
preparada una camilla, y cuando estuvo dispuesta, en ella fué conducido Ricardo al Hospital.
*

**

en que me hallo, verías la razón que me asiste
para querer llegar al momento á ese sitio donde
me conduces.
Como si para pronunciar estas palabras hubiera hecho esfuerzo superior á sus fuerzas, se
vió obligado á detenerse y apoyarse en la pared.
-:\lucho temo, quel'irlo Ricardo, que no baste la voluntad para realizar tu deseo.
-¡Por Dios!, te suplico que me ayudes á llegar.
-Eso no es difícil, porque ya estamos á la
puerta; pero si consigues entrar en la sala, ¿qué
harás allí en la triste situación en que tu salud
se encuentra?
-¡Oh, si me veo en la sala! ¡Si me veo en la
sala donde el juego se halla establecidq, habré
conseguido mi felicidad!
l\Iás bien que por su pie, arrastrado por Arturo llegó aquel infeliz á un anchuroso portal, y
con trabajo ímprobo comenzó á subir los peldaños de amplia escalern, por la que multitud de
personas subían y bajaban.

Pronto sería la hora de la· visita de la maliana
en el Hospital Provinci&lt;ü ;· las Hermanas. de la
Caridad presenciltban con mucha alención la
limpieza que hacían los sirvientes en las -salas;
los practicantes preparaban las. curas para Jo::i
enfermos de cirugía que las necesilaban, ·:i para
todos ellos las libretas donde habían de anotar el
plan curnlivo y el ulinrnnto qne el i:nédieo pe~scribiese á cada enfermo.
En una de las salas de .\ledicina, en la q~ie ni
una s~la cama habfa desocupada, estaba Ricardo
ocupmúlo la seiíalada con el número 13 desde la
noche anterior, que, como hemos v'is-to, le· habían conducido allí desde la Casa de Socorro.
Xo llacíu mucho tiempo que la luz áe·l "i-tueyo
din iluminab·a la estantía cuanáo, de~Úmés de
profundo y prolongado suspiro, recobró el conocimiento aquel desventurado.
'
Cna I Icrniana de la Ca l'itlacl,. q-ue- ciirc·a. se hallaba de la cama, se dió cuenta al insta~te del
suceso, y solícita acudió ú la cabecera del lecho.
-¿ Cúmo se ·encuentra? Ya, gracias é. Dios,
pusú el desvanecimiento con que anoche le trajeron, y en su cara veo que no ha de ser de mucha
importancia la enfel'me&lt;lad que usted sufre. Ya
es la llora de la visita, y muy pronto vendrá el
seiíor doctor que, con la ayuda de Dios, le ha de
poner á usLed bueno en pocos días.
-¡Ay, Hermana! Mucho temo que mi enfermedad no tenga cura. Ya sé yo que los males del
corazón, como el que hace mucho tiempo vengo
padeciendo, podrán aliviarse algo y prolongar
· más ó menos la vida del que los sufre, pero curarse ... ¡ Ay, Hermana! Lo que es curarse...
-¿Por qué no se ha de curar? Usted es joven,
y en su semblante no se reflejan señales de una
enfermedad tan grave como usted piensa. Tenga,
tenga confianza en Dios, y ya verá usted cómo
sale de aquí sin mal alguno.
El sonido de una campana que allá fuera comenzó tí. repicar, hizo que la Hermana de la Caridad se alejase del lecho diciendo :

�-Ya está ahí el señor doctor. En seguida comenzará la visita.
Al quedarse solo Ricardo, contempló tristemente aquel asilo en que se hallaba, y donde la miseria entrega el dolor á la caridad.
Al ver allí, en la cabecera de su lecho, el número con que en aquellos establecimientos benéficos se sustituye el nombre del enfermo, exclamó con amarga sonrisa :
-Número trece. Estoy en el lugar que me corresponde. Aciaga me fné siempre la suerte; es
natural que, bajo este aciago número, acabe la
vida.
Con esta triste impresión se encontraba cuando entró en el local, seguido de varios esludianles de Medicina que con él praclicaban, el médi·
co encargado de la sala, y en el acto comenzó á
pasar la visita.
·
Poco tiempo le ocuparon los doce números anteriores á Ricardo; á unos les fué dada el alta
por hallarse completamente curados de las enfermedades con que habían entrado en el Hosp1tal, y otros, ó continuaban en igual ~stad?. en
que el médico los encontró en la anterwr v1S1ta,
ó estaban próximos á la curación de sus dolencias.
Llegó al núm. i3, y el practicant_e que es.tuvo
de guardia duranle la noche antenor y alll entonces le esperaba, le dijo :
- Entrado. Anoche, á las diez, vino, sin conocimiento y conuucido en una camilla, desde la
Cnsa de Socorro del distrito del Centro.
-¿ True antecedentes 6 cliagnóslico?-preguntó el doctor.
-Colapso cardíaco, nada mús, dice el pase-contestó el practicante.
Acercóse el médico á la cama y comenzó á
examinar detenidamente al enfermo, mirándole
los ojos, pulsándole en ambos brazos, auscullándole el pecho é interrogándole después en esta
forma:
-¿Respira usted bien?
_
-En este momento con ulguna dificultad, pero
con frec.uencia me cuesta mucho trabajo, Y á veces creo que voy á ahogarme.
-¿Siente usted algún dolor?
-Aquí, al lado izquierdo, siento, mús que _dolor, una opresión gran&lt;lísima y fuertes palpitaciones.
~
-¿ Hace mucho tiempo que padece usted eso.
- Si, seilor; muchos aüos. .
?
- ¿Se ha puesto usted en cura alguna vez.
- llAsla hace poco, que al sufrir un día uno de
estos ataqnes que suelen darme, y en_ los. que
pierdo el senLido, me trasladó un amigo a su
casa, donde me estnvo curando el seüo~ cloc:
n, no me había visto ningún facultativo _m
l or "1'.
había hecho remedio alguno. Ayer, por 1a mauana, saH de aquella casa y .. •
.
-Sin darle á usted de alla el médico, por supuesto.
.
.
.
- Eslaba impar1ente all1, molestando á m1

más dócil, y cumplir el tratamiento que á usted
se le ponga.
-Sí, seiior, lo ha.ré así, aunque bien sé yo que
no he de curarme nunca.
-No crea usted eso. Se curará, se curará usted pronto. No sea usted pesimista.
Y volviéndose á sus discípulos, á los que, ocultándose de Ricardo, hizo un gesto que descontento y l risleza envolvía, les elijo :
-Una lesión orgánica del corazón. Tal vez insuficiencia valvular.
Dictó al practicante el plan curativo, á la Hermana de la Caridad el alimento que debía. tle Inmar el enfermo y, después de recomendar 11
éste que tuviese confianza en su curaci?n Y obedeciese escrupulosamente el plan curativo á que
debía de ser sometido, pasó al número 14-.
Dos meses hacía que estaba Ricardo en el hospital y la impaciencia que sentía por dejar aquel
asilo hacíasE.le mayor cada día.
Cuaudo libre. se hc1llaba de los accesos, que
con frecuern;ia le acometían, era todo su afá~
clf'mostrar que gozaba de excelente salud Y_ lll
1111 momento dejaba de pedir el alta al médico,
quien al yer aquel estado de extrem~ demacr~dón y los rápidos es tragos que hacia la enfe1 medud en la menguada constitución del e~fE.Tmo,
no accedía á sus pretensiones, prometiéndole,
sin intención de cumplirlo, es claro, complacerle
en corlo plazo puesto que, según le aseguraba,
110 había de tardar mucho tiempo en restab.lecerse.
-?--;o quiero morirme aquí-murmuraba ª}
quedarse solo--. ¿Quién sabe si la suerte E.slara
ahora conmigo y por esta forzosa clausura no
puedo aprovecharla ... ?
.
.
.\tormentado con esta idea se hizo s~per10r á
sns fuerzas la permanencia en el hospital, Y E.ll
vista cte que no conseguía del médico el ~ll?- que
rn todas formas y constantemente sol'.cllaba,
adoptó extrema resolución m la ~ue .arriesgaba
la vida á cambio de recobrar Ja llb~rtad.
Ncgóse en absoluto ú tomar medicamento alauno levanté.base de la cama descalzo Y desnudo, i:echnzaba lodos los alimentos y . se_ rebeló,
en fin, contra órdenes, consejos Y_ suplicas del
médico, de las hermanas de la Cand~d y ele torlos cuantos intentaban reducirle á de¡ar aquella
conducta suicida que había adoptado. .
En vista ele tan grave situación y terr:iendo el
facultativo que aqur,l desdichado se muriese fu?ra de la sala, pues con frecuencia, cua~do podia
bmlar la vigilancia rle los enfermeros, mtent8:ba
escaparse y desnudo salía tL las galerías, patios
y hasta donde le dejaban llegar, l_e otorgó el alta
tan codkiada y que tan fatal habrn. de serle muy
pronto.
J.e fué entregarla Ja ropa que puest~ llevaba
c·1umdo le condujE.Ton al hospital y el din~ro que
rn sus bolsillos tenía, casi íntegras las rml pesetas que sustrajo á Ernesto, pues que solam:n::
le fallaban unos diez ó doce duros que le h b
costa.do el cambio del billete y el gasto hecho en
amigo...
1 a ele ser
PI café poi' él y Arturo.
- Pues aquí; si ustetl quiere curarse, 1

Al torar con sus crisparlas manos aqúel dinero, con el que contaba para conseguir la fortuna. de la que, como jamús le ocunió, ahora
no ilurlaba, á sn mente acudía el recuerdo de la
infamia que c-on su cariiiosísimo amigo había
&lt;.:ometitlo.
Y r,sfo era lo que, principalmente, motivaba su
impaciencia por llegar á la casa de juego, pues
seguro como estaba de tener la suerte propicia,
a11hrlaba ha('erla efectiva para corre!' á casa de
Ernc,sto y reintegrarle de aquella cantidad.
Después de terminada la visita de la manana,
qur es Ja hora en &lt;!UC los en ferinos dados de alta
salPn del establecimiento, ayudado por un enfer-

me.To, se vistió nicarcln y, rasi nrrastrúnclosr,
lngrú bajat· lns escaleras y verse libre ele! hospil al.
Difícilmente pudo atravesar el nrnplio espacio
&lt;[ue 11wclia entre el a.ntiguo casf'rón ele Limnpos
di' Carlos III y la ac&lt;'ra ele ,la calle de Atocha.
Al llPgai· allí, cuando ante aquella empinacln.
í'.llesfa se \'i(,, r·om rncióse &lt;le la imposibiliclarl en
f[IIP si' hnllaba de subirla ron ~n propio esfuerzo.
El l1·anYüt llegó ron 111ncha oport11nidacl para
r.-solvrr rl rnnnir-to en &lt;rnr el infrliz enfer1no se
rnc·01t11·aba.
Se m·P1•,·ó éstr, sal)(' Dios con cuúnlo trabajo,
i11tr11tú subir al ror hr, prro carecía de fueru1.
para 1·palizar s11 r!rs eo; gra cias á un pasajero
cr11r i !Ju rn la pla I a forma y al robraclor del tranvía q11r, al observar PI inútil r¡:;fncrzo &lt;le aqnrl
&lt;l&lt;'stlid1allo, ¡=;r compad&lt;'c:icron ele él y le prestaron :,;11 nyucln, ronsiguió verse instalaclo rn rl co&lt;·hp y Jlrgur así ú la Puerta del Sol.
Il&lt;'srk allí hasla la rnsa ele juPgo donde le llcYó
Arlnm y clpsr]p donde f11é l1·asJadaclo sin cono('i111iento á la C:a~a de ~ncorro, no había rnucha
distancia.

lfo1p1·e1Hlió, pues, aq11ella corta pero penosisicarninata r:on la ruano en el pecho, que in11l1lmente dilatar pre!Endía, presa de indescl'iptiüle angustia, con la respiración anhelosa y arrasl1_'U11clo los piPs r:01110 anciano decrépito y apenas
1'11l vida.

'."ª

?\Ierced á titánico y supremo esfuerzo, llegó al
lan des,,arlo lugar, objeto de lodos sus afanes y
c-au;:a ele todas sns desdichas.

*
**
l:n puesto había vacante en la mesa del baccarctt y, exlmíia coincidencia, era .el número 13,
el mismo (!ue hasta aquel día había estado ocupando Hicardo en el hospital.
Allí se sentó el incorregible jugador. Con crisparla mano sacó del bolsillo un pufiado de billetes y, sin enterarse de la ranlidad que represen-

tallan, los depositó sobre el tapete un segundo
nutes de que dijera el croupier:
-?-;o va más.
Apoyó los codos sobre la mesa, la cabeza entre an1ha~ rnanos y esperó el resultado de la ju-

gada.

- ::\ueve-dijo, ensefinndo Jus cartr1s el JlWl/o
que lle1,a ha la mano.
'
Ei·a la vez )ll'imem &lt;JU/' en su silio quedaba, d11pl,cut!u, la J/llf'S/a del hasla e11lonces desdichado
jugador.
0!1·0 J&gt;11se fir,í f']
éste.

/11111q111'1·u,

y oln1 ver. ]Jenliú

Hícarrlo no &lt;'Hlllhiaba &lt;le aditud, y dejaba en
el mismo sit io tocio el importe de su ya cuadrnplicada puesta.
•
Y olm 1111se y nlro y cliez m{1s perdió el úw,r¡uero, r·on Jo c·1m l la ~uerte colocó una. enorme
can! iclaü de clinem subl'e aquellos billetes del jugador mús desafo1ü11 wclo que hnstn. aquel momento se hnhía conoddo.
El dinel'o de la vanea se conduvó al terminar
el c1·011picr &lt;le pugm· las vuestas.
banquero se
leYantó de la silla, liró la baraja sobre la mesa
y abandonó el puesto.
- Talln para el úaccarat- -dijo tres veces el siJ-vicnle. Y como nadie c:ontestase á esta oferta
~•efüó,;e el croupier, quedando interrumpido el
¡nego hasta que nuevo banquero se presentase.
- Ya no hay quien talle dijo uno. ·

El

�-Ese afortunado mortal hizo saltar la banca-afiadió otro.
-¡ Eh, amigo! Recoja usted esa fortuna-ordenó á Ricardo el jugador que á su lado se sentaba.
Pero Ricardo no contestó.

Entonces, aquel oficioso compaf'1ero le s~cudió
los hombros con fuerza, suponiéndole d~rr_n1do.
El cuerpo de Ricardo se desplomó, ngtdo, sobre el pavimento.
i La muerte había llegado al mismo liempo q11P.
la fortuna!

r

,

,

EL PAPA SIMON
f'OR GUY DE /1'\AUFASSANT

..

IIabtan sonado las &lt;lote.
Se abrió la puerta de la .es,·11eln y los chicos
se p1·edpitarot1 fuera, alrnpellúndose, emp.ujándose unos á otros para salir ·anles.
Pero en vez de se1)urarse rúpidamente é irse
á come!' como los demás días, se detuvieron á
poca distancia de la escuela formando grupos
y cuchicheando.
Era que uquellu maiwna había ido por pl'iniem vez á clnse Simón, el hijo de lu 13lancholte.
Todos hablan oído habkH' en sus casas de la
rnanc:holte. y , aunque no la acogiesen del lodo
·mal én 1'&gt;úblico, ·Juego1 las madres de los chicos,
bablüban de ella con cierto compasirn desprecio,
que lfabíit eoncluído por ganar lnmbién á los
. chico,,, sin sab~1· por qué.
.
En ·c1rnnto ·á- Simón, ni siq11iem lo conocw.n,
po1·que no salía nunca' de su tasa, n i c;on·eteaba
con ellos por las calles del 1rnebio y por las orillas del río.
.
Por eso habían acogido con cierto jubiloso
asombro la presencia del nue,·o c;ompal1ero, y
unos ú olros se repilieron eslas palabras, dichas
por un mucha1·ho de .c:alors.;e á quince uiios, que
parecía muy ducho en picardías.
- ¿ :'\o sabéis? Simón ... Ese Simón que ... Pues
bueno; no tiene papá.
,\! fin, apareció en la puerta .e l hijo de lá
Dlanchotte.
Tenía siete ú ocho aüo:;. Paliducho, de as1)eclo
tímido y torpe, iba muy limpio.~· bien vestido.
Echó á andar .camino de su casa y delrás de él
los grupos ele. sus camaradas, siempre cuchiui1eando y mirándole con esas miradas crueles
: de los niíios cuando msd-ilan algo malo,
De pronlo, le cercuron entre tocios. Simón
quedó en medio de ellos sorprendido, azorado,
sin comprender lo que iban á hacerle.
Enlonc·es el chico que dió la noticia á. los demás, orgulloso del triunfo obtenido, le interpeló.
-¿, Cómo te llamas tú?
-Simón.
-¿Simón qué?
El nifio, cada vez ml\s confuso y azorado, repilió :
-Simón.

-¡Bah! ... Así se puede llamar cualquier cosn ...
Simón no es un apellido...
·
El h.ijo ele la 13lancholle, ya con lágrimas en los
ojos, 1·epilió por lercera vez :
-Pues yo me llamo Simón.
Los chicos se echaron á reir. El otro levantó
lú \'07. ¡;ada vez más 01·gulloso de su triunfo :
-Ya Jo ,·éis cómo no tiene papá.
1
,Hubo un gran silencio.
Los niüos estaban eslupefactos ante aquel hecho extraol'(linario, imposible, monstruoso de w1
chko que 110 tiene padre. Le miraban como á
un fenómeno y senlfan nacer en ellos aquel desprecio- hasta entonces inexplicable-de sus madres por la Blanthotte.
§lmón hnbín leniclo que apo~•arse en un árbol
pura no eue1· al suelo. ,\llí permanecía como atenado poi· 1111- desastre irreparable. Quería explical'Se, ,i11sliUc:arne, defenderse; pero no se le
ocurría nnda, no encontrnba palabras para desmentir aquell_o tan afrentoso de no tener padre.
.\1 íln, lívido, in('onscienle, gritó:
-Sí ; tengo uno.
-¿ tJónde está ?-pregunlaron los chicos.
Simón calló. Xo lo sabía.
Los m11chachos reían cada vez más con insolente regocijo. Hijos del campo, acoslumbrado.s á la convivencia animal, sentían ese impulso
c1·uel de las aves de corral á rematar entre todas
á la que está herida.
!)e pronto, Simón .vió á un vecinilo suyo, hijo
ele llnu viud&lt;1, y á quien había conocido siempre
como él, solo con su madre:
--Tú tampoco tienes, papá-Je dijo.
- Si; tengo uno.
- ¿. Y dónde eslá?
El otro nilio irguió altivamente la cabeza.
-Ha muerto. Estú en el cementerio mi papá.
t..:n munnullo de aprobación recorrió las filas,
como si el hecho de tener el padre en el cementerio le engrandeciese, para aplastar más aún :'l.
Simún, LJLie ni siquiera lo tenía enterrado.
Y aquellos granujas, cuyos padres eran casi
tocios ladrones, borrachos y crueles con sus mujeres, se unía.n, se apretaban unos contra otros,
como si quisieran ahogar con el peso •de su legitimidad al que estaba fuera de la ley.
Uno ele ellos le sacó burlonamente Ja lengua:

�Hacía calor. El sol ardía en la hierba. El agua
-¡Xo tienes papá! ¡Xo tienes papá! ...
tenía
tersuras de espejo.
Simón le cogió súbitamente por los cabellos
Simón se Rentía invadir por esa languidez, por
eon las dos rnfmos y le empezó á dar furiosos
puntapiés en las piernas mientras le mordía la esa dulce beatitud que sucede á la lágrimas, y
le acometían deseos de dormirse alli mismo. socara.
Hubo un momenlo de confusión. Luego los se- bre la hierba, bajo el sol bondadoso.
Cna rana pequeñita salló bajo sus pies. Quipararon, y Simón cayó al suelo, bu.jo los puñeso
cogerla y se le escapó por lres veces. Al fiR
tazos, las paladas, los puntapiés de unos cuantos
logró asirla por las palas &lt;le alrás y se echó á
mientras los demás aplaudían entusiasmados.
Cuando pudo levantarse y empezó á limpiarse reir Yiendo los esfuerzos que hacía el animalito
maquinalmente el delanlal sucio de pol\"O, le gri- por escaparse.
Tan pronto curvaba como estiraba rígidas las
tó uno:
palas
tle atrás, agitando al mismo tiempo las
- Ancla, Ye ú decírselo ú lu papá.
delanteras
como unas manos.
Entonces sintió una profunda amargura. Eran
Simón
recordó
cierto juguete suyo hecho con
más fuertes que él ; le liabían golpeado, le habían colmado de insultos, y él no podía defen- tablilas clavadas unas sobre otras en ziszá.s, Y
derse, no podía mentir, porque, efectivamente, que, merced á un movimiento semejante al de
la rana, llevaban y traían unos soldados de
carecía de padre.
El orgullo contuvo lweves inslanles las lágri-- lalón.
La evocación del juguete le hizo pensar en su
mas que le ahogaban ; pero no pudo detenerlas
casa,
luego en su madre, y la tristeza de momás tiempo, y empezó ú llorar sordamente granmentos antes volvió á arrancarle lágrimas Y
des sollozos que le estremecían todo el cuerpo.
Una alegría feroz conmovió á sus enemigos, é sollozos.
Quiso arrodillarse, quiso rezar, como todas
inslinlivarnente, como los salvajes en sus terrilas
noches, al acostarse. Pero no pudo. Eran tan
bles regocijos, se cogieron de la mano y empezahondos,
tan grandes los sollozos, tan i1un~nsa
ron á dar v11ellas en torno suyo, cantando.
y
profunda
su pena, que no podía coo~d1~~r
-¡Xo tienes papá! ¡~o tienes pupá!
ideas ni veía nada en Lorno suyo, nada, m v1v1a
Pero de pronto Simón reRó ele llorar. La rabia
le secó las lágrimas. Tenía piedras á sus pies, en ac~uel momento más que para las lágrimas.
Súbitamente sintió una mano pesada y fuerte
,y,. cogiéndolas, las lanzó con todas sus fuerzas
sobre
el hombro, y una voz varonil y desconocida
contra sus verdugos. Dos ó lres las recibieron á
le
preguntó
:
pleno rostro y huyeron qu ejándose.
- ¿Qué es eso, hombre? ¿Qué te pasa? ¿Por
Era tal el aspecto de Simón, que cundió el pánico entre todos. Cobardes al fin-como lo es qué tienes esa pena tan grande?
Simón Jevanló la cabeza. Delante de él había
siempre la multitud frenle á un hombre desesun obrero allo, fuerte, con la barba y los cabellos
perado-, se desbandaron en poco liempo.
negros rizados, y un gran aspecto de bondad en
Ya solo, el niño sin padre echó á correrá campo traviesa, acometido de rina violenta resolu- todo él.
- :\le... me... han... pe ... pegado porque ... n•
ción. Quería ahogarse en el río.
ten .. . ten ... tengo papá... ¡ ?,;o te~1go papá! .. .
Recordaba que ocho días 11ntes se había suiciEl obrero sonrió.
dado de aquel modo nn mendigo. Simón estaba
-Pero si eso no es posible. Todo el mundo l•
presente cuando lo sacaron del agua.; y aquel
individuo de aspecto lamentable, tan feo, tan re- tiene.
Simón sintió aumentar su angustia.
pulsivo antes, tenía entonces un aspecto plácido,
-Xo... no ... Yo ... no lo ten ... go ...
con los ojos muy abiertos y muy tranquilos, las
Entonces el obrero se puso serio. Había recomejillas muy pálidas. En torno de Simón, los
nocido al hijo de la Blanchotte, y, aunque hacía
campesinos decían: «Está muerto, está muerto"· poco tiempo que estaba en el pueblo, sabía vaY alguien aüadió : «Ahora si que es feliz".
la historia.
Por eso quería matarse también Simón. Por- "cramente
- Vamos, hombre; tranquilízate, Ven conmigo
que no tenía padre, como aquel miserable no te- á casa de tu madre ... Yerás cómo tienes u11.
nia dinero.
papá.
Llegó junto al río y se detuvo.
Echaron á andar juntos, cogidos de la mano.
El agua se deslizaba mansa y clara. Algunos El obrero volvía á sonreír, contento en el fondt,
peces ponían de cuando en cuando la brillante por aquella ocasión de ver á la Blanchoite que,
movilidad de su cuerpo y saltaban á la superfi- según decían, era una gran mujer. Después de
cie para coger insectos y mosquitos.
todo, la que había faltado una vez, podía faltar
Simón dejó de llorar interesado por aquello.
otra
más .. .
Sin embargo, de igual modo que después de una
Llegaron á una casa muy blanca y muy limpia
tormenta pasan de vez en cuando grandes ráfagas -de viento que encorvan -los árboles y se pier- de aspecto.
-Aquí es- dijo el niño.
den en el horizonte, la idea fija volvía á dolerle
Y levantando la voz, gritó :
en el cerebro y en el corazón: «Me voy á matar
- ¡Mamá! ¡Mamá!
porque no tengo papá"-

Apareció una mujer en el umbrul, é instantá1tearnente dejó de soll!'eil' el obrero. Había comprendido que aquella mujer, pálida y altiva, que
pennanecía en la puerta de su casa como impitlienclo la enlruda á los hombres, después de la
tr~ici?n ue 11110 &lt;le ellos, no era lo que pensó al
prmc1p10.
Se quilú la gorra un poco azol'ado.
.- L_e lrnigo ú usted ú su hijo que se había perdido J Lmlo al río.
Pero Simón saltó al cuello ele su madre echán
dose ú llorar de nuevo...
'
. -:\'o, mamá; no me había perdido ... Es que
quería matarme, ahogarme, porque los otros
chicos me han pegado porque dicen que yo no
tengo papá...
La joven enrojeció, y, herida eu lo más profundo de su carne y de su alma, rompió á llorar
lari1bién, besando ú su hijo con besos anchos
violentos como mordiscos.
'
El obrero permanecía de pie frente á. ambos
sinceramente emocionado, sin saber cómo des~
pedirse.
Después de un ralo, Simón, desprendiéndose
de los brazos de su madre, corrió hacia él.
-¿ Quiere usted ser mi papá?
l lubo una pausa cruel, molesta.
La manchotle, muda., llena de vergüenza, permanecía en el umbral, oprimiéndose el pecho
con las dos manos, la vis ta fija en el suelo.
.Al iin, el niño, viendo que no le contestaban,
aüadió:
- Pues si no quiere usted serlo, me vuelvo al
río, á matarme.
El obrero se echó á r·eir, lomando la situnción
á broma.
- No, hombre, no. Yo seré tu papá.
- Entonces, dime cómo te Üamas })_ara que se
lo diga yo á los chicos cuando me lo pregunten.
- Felipe- contestó el ohrero.
Simón hizo una pausa como para entrar muy
dentro de sí el nombre y luego tendió los brazos
diciendo:
-Pues lú ere:; ya mi papá, Felipe ...
El obrero lo besó bruscamente, y, sin despedin;e de la madre, echó á andar á grandes zancadas.
II
Cuando al día siguiente enlró Simón en la escuela, Je acogieron sonrisas maliciosas. Pero á
la salida, antes de que el grandullón volviera á
sus bromas de la tarde anterior, Simón le arrojó
á la cara, como una piedra, estas palabras :
-Mi papá se llama Felipe.
Grandes carcajadas y gritos le respondieron :
-¡ ¡Uy, Felipe!! ¿Felipe qué? ... ¿Felipe de
qué"? ... ¿Qué es eso de Felipe? ¿De dónde has
sacado á ese Felipe?
Simón no contestó. Inquebrantable su fe, estaba dispuesto á dejarse martirizar antes que
huir. El maestro le libró de los golpes y lo llevó
á casa de su madre.

Durnnle lres meses, Felipe pasó todos los dias
por delante de la casa de la Blanchotte, y algunas
veces se atrevió á hablarla cuando la veía cosiendo deh-ás de la ventana.
Ella le contestaba cortésmente, siempre grave
y correela, sin reir nunca, ni dejándole entrar
denlrn. Sin embargo, Felipe, fatuo como todos
los hombres, se imaginó cr11e ella se ruborizaba
en cuanto le veía.
Empezaba ú mur-murm·se en el p,ueblo acerca
de aquellas inocentes enlreYistas. Cuando una
mujer ha perdi&lt;lo In reputación, lodo el mundo se
cree con derrcho á intervenir y discutir su Yida.
En tuunto á Simón, quería mucho á HSU papú»,
.v todas las lardes daba grandes paseos con él.
,\sistía puntualmente á la escuela y ni siquiera
se moleslaba en contestar á las bromas y pullas
de sus compal1eros.
Pern un día, el g¡-andullón de otras veces, le
dijo :
- Tú mienles. Xos has dicho que lenías un
papá que se Jla111aba Felipe y no es verdad.
Simón palideció.
~¿Por qué no·!
El grandullón se íroló lus manos, sonriendo:
- Porque si tuyieses un papú, sería el marido
de tu mamú.
.
Simón no pudo menos de reconocer la ¡usteza
de esle razonamiento. :\o obstante, replicó:
-Pues es mi papá.
- j 13ah ! Eso 1:uesta poco trabajo ...- aiiadió
el ulro, encogiéndose ele hombros v volviéndole
la espalda.
·
El hijo de la Rlnnchotle se dirigió entonces á
la fragua del tío Loizon. donde trnbajaba Fe•
lipe.
La fragua eslnba corno sepultatla entre árboles. Gna gnm obscuticlad la envolvía \' á la roja
luz del !lugar se veía cinco herrero~: desnudos
de medio cuerpo, golpeando con sus martillos
sobre los yunques.
Simón entró sin ser vislo y fué silenciosamente á lirn1· del delantal de cuero ú su amigo. Felipe se ,·olvió. Tocios los demú.s interrumpieron
el trabujo y, apoyados en los martillos, miraron
llenos de cw·iosidad.
í en medio de aquel silencio inesperado, tan
opuesto al fragor hordsono de momentos antes
sonó la débil vocecita del niño.
'
-¿:\o sabes, Felipe? El chi1:o de la l\lichnnde
me u.caba de decir que tú no eres mi papá.
-¿ Y por qué?- preguntó el herrero.
El niflo, lranquilamente, ingenuamente, respondió:
-Porque no eres el ma1·ido ele mamá.
Xadie se rió.
Felipe permanecía de pie, inmóvil. Había indinado la cabeza, descansando la frente sobre
el dorso de sus manos, apoyadas en el martillo.
Sus cuatro compm1eros le miraban fijamente, y
Simón, más pequefio y más débil que nunca en
medio de aquellos gigantes, esperaba lleno de
ansiedad.

�'

De pronto, uno de los herreros se dirigió á
felipe.
-La verdaq es que, á pesar de todo, la Blan-

¡1

chotte es un8. .buena rnuchacha y muy uecente
y muv formal. Yo creo que seria una esposa
&lt;lignu y honrada.
Los otros n&amp;inlieron.

:r
1

i
1 ,,

:

f

1

-Tienes razón.
1

-.\demás - cpntinuó el qu_e habia habl8..do
prirnero-1 ¿tiene la culpa de haber sido débil'? La habían dicho que se casarian ~on ella,
y 111ús de una y de dos conozco yo á qllienes
se las respeta mucho y que; han hecho otro
tanto.
Los olros 1:1.sintiei·on.
-Tienes razón.
-Sólo Dios sabe lo que ha sufrido esa pobre
mujer para criar y educar este nilio sin amparo de nadie; lo que ha llorado sin salir nunca
mus que para ir á la iglesia.
Los otros asintieron.
___,,.Tiénes razón.
Hubo upa pausa. Solo se oia el resoplido de la
fragua:
·Felipe salió bruscurnentc de su ensimisrnai mienlo.
-\' e; y dile ú tu madre que iré esta noche a
hablar con, ella.
Luego empujó al niüo fuera de la fragua.
Volvió á su tarea y á una volvieron á caer los
•cinco martillos sobre los yunques. Hasta 1a no&amp;e golpearon el hierro, fuertes, poderosos, alegres, en una alegría casi humana. Pero así como
el bordón de una catedral domina en los. días de
:ies~a el sonido de las demás campaoas 1 así ei

martillo de Felipe caía y s.e levantaba más fuerte que el de los otros causando un estrépito ensordecedor.
Pal pitaban las estrellas en el cielo cuando fué
ú llamar á la puerta de la Blanchotte. Vestía
su blusa de los domingos, llevaba la camisa limpia y la barba recién cortada.
La joven abrió la puerta y le &lt;lijó dulcemente,
casi apenada:
-Hace usted mal en venir de noche, Felipe.
~l q\tiso contestar; pero le faltó !a voz.
~ Ya comprende usted que debo evitar el que
se murmure de mí.
Entonces, él, ele_ pronto, con lodu su. alma,
repuso:
-¿Qué intporla eso, si ~sted quie_rc ser mi
mujer?
No le contestaron; pero en la sombra de la
habitación se oyó ~nei&gt; un cuerpo.
Enh'ó inmedíatanlc~lte y Simón, desde su
cama, oyó un beso y la voz de su rnadre pronunciando palabras ~ntrecortadas.
Luego se sintió leYantaclo por los braz~s de
su amigo que le decía:
---:J\lafiana les 4ices á tus co111paüeros que tu
papá se llama Felipe nenny y que dat'á uñ. tirón de orejas .al que te moleste.
·•
_ ,\l. día siguiente, cuancl_o escuela eslqba llena
é. iba· á empeznr la _c lase, Simón _se levunló muy
púliÚo, c.;on la poca ten1bl_qrosa1 y dijo:
-Mi papá se llama Felipe R,e.m1y y ha clicho
que dará un tirón de orejas al que me mo}est~,
Esta vez no ·se rió nadie, porque_ conocian. á
Felipe Rern1y1 y sabían que erU un papá del _cual
se podía estar orgulloso.

El Cuento Semanal

'ª

Trnducción de Silvia Lago .

.. ,

¡•

MAR

ADENTRO
POR

MAURICIO LOPEZ-ROBERTS
Dulraclones de Sutua BonWa

�</text>
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                <text>Jaques, Florence Page, 1890-1972, Colaborador</text>
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                <text>Blanco Coris, J., Ilustraciones</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>'

De pronto, uno de los herreros se dirigió á
felipe.
-La verdaq es que, á pesar de todo, la Blan-

¡1

chotte es un8. .buena rnuchacha y muy uecente
y muv formal. Yo creo que seria una esposa
&lt;lignu y honrada.
Los otros n&amp;inlieron.

:r
1

i
1 ,,

:

f

1

-Tienes razón.
1

-.\demás - cpntinuó el qu_e habia habl8..do
prirnero-1 ¿tiene la culpa de haber sido débil'? La habían dicho que se casarian ~on ella,
y 111ús de una y de dos conozco yo á qllienes
se las respeta mucho y que; han hecho otro
tanto.
Los olros 1:1.sintiei·on.
-Tienes razón.
-Sólo Dios sabe lo que ha sufrido esa pobre
mujer para criar y educar este nilio sin amparo de nadie; lo que ha llorado sin salir nunca
mus que para ir á la iglesia.
Los otros asintieron.
___,,.Tiénes razón.
Hubo upa pausa. Solo se oia el resoplido de la
fragua:
·Felipe salió bruscurnentc de su ensimisrnai mienlo.
-\' e; y dile ú tu madre que iré esta noche a
hablar con, ella.
Luego empujó al niüo fuera de la fragua.
Volvió á su tarea y á una volvieron á caer los
•cinco martillos sobre los yunques. Hasta 1a no&amp;e golpearon el hierro, fuertes, poderosos, alegres, en una alegría casi humana. Pero así como
el bordón de una catedral domina en los. días de
:ies~a el sonido de las demás campaoas 1 así ei

martillo de Felipe caía y s.e levantaba más fuerte que el de los otros causando un estrépito ensordecedor.
Pal pitaban las estrellas en el cielo cuando fué
ú llamar á la puerta de la Blanchotte. Vestía
su blusa de los domingos, llevaba la camisa limpia y la barba recién cortada.
La joven abrió la puerta y le &lt;lijó dulcemente,
casi apenada:
-Hace usted mal en venir de noche, Felipe.
~l q\tiso contestar; pero le faltó !a voz.
~ Ya comprende usted que debo evitar el que
se murmure de mí.
Entonces, él, ele_ pronto, con lodu su. alma,
repuso:
-¿Qué intporla eso, si ~sted quie_rc ser mi
mujer?
No le contestaron; pero en la sombra de la
habitación se oyó ~nei&gt; un cuerpo.
Enh'ó inmedíatanlc~lte y Simón, desde su
cama, oyó un beso y la voz de su rnadre pronunciando palabras ~ntrecortadas.
Luego se sintió leYantaclo por los braz~s de
su amigo que le decía:
---:J\lafiana les 4ices á tus co111paüeros que tu
papá se llama Felipe nenny y que dat'á uñ. tirón de orejas .al que te moleste.
·•
_ ,\l. día siguiente, cuancl_o escuela eslqba llena
é. iba· á empeznr la _c lase, Simón _se levunló muy
púliÚo, c.;on la poca ten1bl_qrosa1 y dijo:
-Mi papá se llama Felipe R,e.m1y y ha clicho
que dará un tirón de orejas al que me mo}est~,
Esta vez no ·se rió nadie, porque_ conocian. á
Felipe Rern1y1 y sabían que erU un papá del _cual
se podía estar orgulloso.

El Cuento Semanal

'ª

Trnducción de Silvia Lago .

.. ,

¡•

MAR

ADENTRO
POR

MAURICIO LOPEZ-ROBERTS
Dulraclones de Sutua BonWa

�AftO IV.-9 Diciembre de 1910.-~. 206.

El Cuento Semonol
2i!

~

OFICINAS: Fuencorrol, núm. 90.-HADRID

Númuo suelt~: i10 Gintimos.

Apartado de Correos 409.

NUESTRO NÚMERO PRÓXIMO

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' '
10 pesetas. Año, .le: ,,.
lllunclos á precios c~clo-1es.

SB PUBLICA LOS VIERNES
~

/"\AURICIO LÓPEZ-ROBERTS

PRECIOS DB SUSCRIPCION

ADENTRO

-------------i

Pl:JBLICARÁ , •.

LA RISA o ·EL FAUNO

I

POR

LUIS 1\.NTÓN DEI.J OL~IET
ADVER.'FENCiA
Insistimos en recordar á nuestros favorece1lores espontáneos, que esta e_mpre_s~ ha acordarl,,:
por abara, no publicar J:?~S ongmales que lus
que ella udirectamente solicite" d~ _sus autores.
También se ha visto en la prec1s10n de aconl.ir
que los manuscritos que en adelante le sean t'Oviados uno serán devueltos».

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tliaríu cí Libro de .\lemurias para 1911, que ha
J•'ll",to ,. la ,, •n':1 l:t Ca-'a E,Jitorial DaillyI?aillier0.
CnnÍiE'lll' adn11ú,.; el Jlr1or1rdndum snntnral por
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i

Había poca luz ya para seguir cosiendo. Brígida dejó caer sobte sus rodillas el delantal que
repasaba, y, abandonando Jas manos, miró hacia adelante, reposó su vista, cansada de fijarse
en la tr ama menudn del zmcido. La amplitud
serena del mar recibió la mirada de Brígida,
halagándola con su suave tinta gris.
El mar dormía en aquel anochecer de primavera . .'\i una sola onda rizaba la inmensa exlensiún y hasta perderse á lo lejos, el matiz gris
continuaba, sedoso, trnnquilo, e,·ocador de mundos quiméricos donde la calrna fuese eterna, büjo
la cúpula &lt;le un cielo nuboso como üc¡uel que
cub1·ía entonces el dormido Océano. Cna impresión &lt;le paz, de reposo imnenso, en\'olvió ú Brígilla; la hizo suspirnr honda, felizmente. Sonrió sin saber por qué, y mientras entornábnnse
sus ojos &lt;1 w, como el mur, erun grises y estaban serenos, las nwnos resbalaron de las 10dillas hasta tocar la,; 1111:11.:etas que en el amplio
balcón saledizo rodeaban la silla de la muchacha.
Los tallos nuevos de Jas plantu,;, cargados tle
hojas, de botones hinchndos y enhiestos, acaricinron las manos de llrígicla, y entre el fresco
follaje, el dedal ele pla ta brilló como un cupullo
mura \'illoso.
.\1 contacto lle las plantas, Brígilla abl'ió los
ojos; miró otra yez al mur, qne poco á poco se
cubría de sombras. En la cúspide del monte,
la luz de un furo empezó á ¡iar¡,aclear. {¡ inter\'atos regulares, enl'Ujei:iendu momentúnenmentt!
el e!:'pa&lt;::io pum des¡mé~ ocultur,-e y tornar luego
á ludr con fulgorc:- bre,·es, ril!11irus, tJue valpitubun en el aire como ,·bibJes latidos ele un co1·azóu luminoso.
..-\&lt;¡uellns luces inte1rnile11tes parecieron traer
al cerebrn &lt;le Orígidu una itleti, una idea alegre,
•¡ue la hizo lernntarse de In silla baja, atusándose lus pelos con mano l'ó.pida : des¡més nlrnecó
la falda, pegándoln unos snuws guJpec itos; e,-liró In blusa pum t¡uilarla nnuga,-, y cuando
juzgó en punto sn tocado, se indinó sobre el
barandal del balcón y miró bacín fuera. El mnlecón estaba desierto. Junto á la escalerilla, algunos bote,; cubeeeabm1, mecido&lt;; por la tranquila rc&lt;;pin1cióll del mar. L as casas negrenhan

en irregu]nr alineación, y aqu í y allá los huecos
da las ventanas se esclarecían con el reflejo
amarillo de alguna luz. Del mar, oculto ya en la
noclle, llegaba un hálito fresco, inransc1ble, que
soplaba blandamente, trayendo aromas vigorosos ele las lejanas llanuras líquidas. E ntre la
sombra del alto cielo pasaron im·isibles aves,
croando ú compás, con salmodia triste y salvaje.
13rígida escudriüó ansiosa el malecón, y, por fin,
descubrió lo que quería. Es decir, lo entrevió,
pues las sombras disimulaban el contorno de
quien llegaba. Su voz, sin embargo, disipó toda
eluda; subió, fuerte y alegre, ni través de la
noche, y llegó hasta el balcón.
-Destle lejos le Yi-clijo el recién llegado--; la
bluncnrn t!e tu traje parece ti ue espanta la obst:uridud.
-·Pues yo, Santiago-repuso 13rigida, sonriendo el rostro, entre\'isto en Ja penuuibra-, no te
he Yislo hastn que llegaste aquí debajo. Y eso
que 1ne desojé, mirando por el malecón, Lacia
la ea,-,a de ,\lienza, para cleseubril'te en cunnto
rnlie:ses tlel escritorio. Hoy habéis concluído tarde, ¿ Yerclacl?
Sn11tiugo explicó entonces á ,;u uo,·ü1 que uquel
día eru el del correo &lt;le _\mérica y que en tal
fedIU el trubujo crecía mucho. Por eso fué el
rt!trnsu. Culllo :Santiago era el más antiguo del
e;;critorio, lwbíu tle ordenarlo todo, distribuir el
lrnlmju, ejerct)1· funciones de rigilante, ya que
.\lienza cunliabn en él.
IJuba todus estas explicaciones con gran reJJO::;u, como per::;ona que sabe le han de t.:reer,
y Brigitla Je oíu confiada, contemplando sonriente el rostro sirnpá tico del muchacho, donde
la bal'ba jo\'en ::;e r izuba, negreando junto á la
piel cmtida. Los ojos de Santiago cambiaban
francas rnirndas con Bl'igidn, y cuando concluyó
su ex¡,Iicnción, quedaron un 111omento mudos,
ab,-01·tus en su mutua Yista, mientras del lejano
mar lJegalla un soplo más fuerte ele viento, rizun&lt;lo por un instante el agua inmóvil.
-¿ Y tu madl'e'?- preguntó S&lt;llltiago.
- Igual. Hoy parece que los dolores la han
dejado un poco de re~piro ... Ya Yeremos si sigue
mejor... L a pobre ...
Y Brígida sus1Jiró, contristada ante la imagen
rle clc,fia Conrhn, infeliz mujer sujeta perenne-

�mente á su sillón por un reúma tenaz y enconado.
Deseoso de alejar aquella tristeza, Santiago
contó entonces á Brígida un encuentro que había tenido al ir al escritorio. Iba muy tranquilo 1
cuando de pronto se lopó en una esquina con
i\iliguel, con J\liguelillo Zárate, aquel Miguel que
de pequeño había corrido con ellos 1 por montes
y por valles, que después se fué á América, al
Perú, y que había vuelto para pasar una temporadila en la patria y marcharse luego otra vez.
Erigida le recordaba muy bien. Todas las remembranw.s de los novios eran comunes; se mezclaban desde la lejana niñez, creando en torno
de sus espíritus una red poderosa. Siempre habían vivido juntos. De chicos jugaban, de muchachos se quisieron y sus vidas no aparecían
aisladas en ningún instante, enlret~jiéndose
como los hilos de una trama. Erigida -se acordaba perfect_amenle d~ JVÜgllel. y su n?mbre la
hizo exhumar- mil memorias del_ tiemp~ pas_ado1
de los días felices y vacíos de_la, niñez.· Santiago
también tenía bllena memoria, 1Y · 10s _dos charlaron, rieron ~_nte aC1uellas fE:s.urrecciÜnes de· los
mios muertos, ·~hundidos entr.e ,la sombra de lo
que fué. Sus risas,sona}?an al.ta~, yig~rosas, rasgando alegr.e&amp; , el_ silencio de la expect~te noche, y sólo _de ,vez en ve~ µ.µ _s_ordo rumor llegaba de la mar, algo como tµia_ r~mota voz agorera que gruñía ¡3.llti, lejos·, _en. a_lgún lugar distante, donde J.I:).: tormenta ~cqrría veloz sobre el
mar, hendiendo .Jas _agllas. ~El vieP,to s_e hacia
más fuerte; ·no _:soplaba y8. Con intermi_tencias,
sino constante,. deci4ido. Los cabellos de Brígida
revolaban inqutetamente, las plantas del balcón
estremecían _SU$ hojas, y e_n_ la calle, Santiago
hubo de retener su •sombrero, qu~ el aire empujaba. Un soplo. más ;· enérgifO tr.ajo contra el
muelle el lomo ondulante y enhiesto. de la primera ola, y con ruido de cristal el _agua $e derrumbó junto á las piedras.
-Va. á haber _tempestad-dijo Brigida-. Y
señalando con _un dedo·•al horizonte donde, entre
lo negro, surgían las masas más obscura,s de
un nubarrón, afiadió: -Mira, por allá viene;
del mar adentro.
-Verdad-observó Santiago-; del mar adentro llega.
-Anda, vete; vete deprisa, antes de que llueva. Luego volverás y charlaremos más tranquilos en el comedor.
-BieQ, me marcho, ya que me echas-rió Santiago.
- ¡ Jesús! ¡Qué hombre más tonto!
-~I uchas gracias. ¡ Qué muchacha tan fina!
~l\Iira, lárgate. No vale la pena, de que una
se preocupe de tu salud para que luego te rías ...
-Si no me río, preciosa. Al contrario, si se
me cae la bab4- dijo el hombre, sin moverse
de bajo el balcón.
-i\IIJ,y amable, muy engañoso - repuso ella1
también sin ganas de suspender la plática.
-Bien sabes que jamás te engañaré-habló
Santiago, apasionadamente---; te quiero dema-

siudo para eso. Eres para mí lo único que hay
en el mundo. Ya lo sabes. ¿Y tú me quieres así?
-Tont.o, tontísiino-rió Brígida, inundada de
alegría-; yo te quiero más, mucho mas ... Santiago, Santiago-gritó de pronto, viendo que su
novio vacilaba, empujado por el embate tremendo de una bocanada de aire que venia del
mar ·con el ímpetu de un torrente. Al brutal empellón, las plantas de los tiestos se inclinaron
como si fueran á desgajarse ; el traje de Brigida
crujió, ferozmente sacudido, y la muchacha,
mienlras se agarraba el barandal para no caer,
cerró los ojos un instante, cegada por la ráfaga.
Cuando los abrió, Santiago gritaba, entre los
silbidos del huracán : HAdiós, adiós ; me voy ..
Hasta luego.. ¡ Maldita tempestad! u Y desapareció, mientras del mar llegaba con ruido terrible el clamor del ejército tumultuoso de las
ol~s, que mostraban entre la obscuridad la claridad lívida de sus altas cabezas, espumeantes
y _amenazadoras. Erigida estuvo un instante
má,s en el balcón viendo marchar á Santiago.
Después empe_zó á llover; el viento arremolinó
la lluvia, y la muchacha, cerrando el balcón,
entróse adentro.
Al cerrar la vidriera1 todo el tumulto exterior
se alejó; perdióse en un sordo ruido, que parecía
no poder ti:-Q.spasar la débil barrera del cristal.
La.. sala 1 donde el.1.tró Erigida, estaba en sombra;
sólQ. w1 escaso reflejo que venía del comedor por
la puerta entornada 1 esclarecía algo la estancia.
En lo ohscurp 1 la muchacha detuvo un momento
su marcha,_ junto á una consola de madera negra, que soportaba en su tablero de mármol un
reloj pélrado, dos jarrones de porcelana blanca,
Henos de flores artificiales, y tres caracolas del
,\lar de la India, que sonrosaban sus volutas,
entre cuyos repliegues el mar dejó dormido el
eco de sus furias pasadas.
Apoyando la diestra sobre uno de aquellos
mudos testigos de las tormentas de antaño, Brígida aguzó el oido para tratar de recoger Jos murmullos que venían del comedor, donde una voz
sonaba incansable, tan procelosa como la del
vienlo que silbaba en el muelle. La joven parecía
demorar su entrada en el comedor por uno de
esos sentimientos instintivos que nos delienen
antes de ejecutar un acto desagradable. Al fin
se resolvió; anduvo un poco~ abandonó los rosados caracoles, la calma tenebrosa de la salita,
donde tan bien se podía soñar 1 al compás de la
tormenla, y entró en el comedor.
Doña Concha monologueaba bajo la tranquila
luz que descendía de la lámpara. La inmovilidad
a que la obligaba el reúma, no había alcanzado
á su lengua, y cual si quisiese resarcirse de su
quietud forzada, la buena sefíora no paraba de
hablar, y sólo durante el sueño aquella incansable lengua reposaba algo, si bien no mucho,
pues á menudo la dama soñaba alto y la charla
incoherente de sus pesadillas movía ágil su lengua, ahuyentando el plácido silencio nocturno y
apurando á la infeliz Brígida, quien 1 por compartir con su madre la alcoba, se encontraba obli-

g'ada á escuchar los parlantes ensueños de ln reu mática. Y lo más triste, lo que apenaba indeciblemente á Brígida, era que esla interminable
cha rlatanería de su madre no era una conversación plácida, ni siquiera tenía las alternativas
de agrado y displicencia que se observan en la
generalidad de las pláticas. La charla de doña
Concha tampoco era insípida, ni menos maldi~ie?te, ni tampoco curiosa é invesligadora. Era
umcamenle gnu1ona, agria como el acíbar y
tan. desapa_cibJe, que sólo un santo de los ~ás
pacienzudos podría tolerarla arriba de un cuarto
de hora. Cual si el universo mundo y sus habit~ntes fuesen la causa de que el reúma considerase á doña Concha como á uno de sus domin ios preferidos, la pobre señora pasábase

el día exhalando iarnargas queja.s, encontrándolo todo mal y mezclando los ayes que el
dolor la arrancaba con perennes recriminaciones, gruñidos y otras encantadoras señales de
su pésimo humor. Lo único que podia. encontrarse tolerable en tan amenos discursos era la
entonac~ón, que no era iracunda 1 ni se subía de
t~no, sino que se recomendaba por su suave
di~pasón, gracias al cual el furor perpetuo ele
dona Concha fluía tranquilo, sereno, y tan dulce
ni oído como el rnurmuHo arrullador de una
plática de enamorados .
-_¡ _Tanto balcón, lanla charla, y una aquí,
rnuncnclose de dolor, tan so.la en este cuarto
como lo estaré en la sepultura á donde Dios
quiera. llevarme pronto!-gimió clofia Concha 1
al ver entrar á su hija y sin diricrirse á ella
.
Pues .1~s º'.ª~iones
de la reumática "presentaban'
la origmahdad de que no parecían dedicadas á

níngún ser vívíente, y cna1 fas de Snn J uan eñ
~l Desierto,. sólo tenían por auditores á obJetos
mcapaces de respuesta. A pesar de tan descon-

certt~rlora impersonalidad, Erigida tomó aquellas
palauras como dirigidas á ella, y respondió suavemente:

-Vamos, mamá; no digas esas cosas ni pienses así... ¿ Te duele más la rodilla? ~ Quieres
que te dé una friega?
S~ ª.cercó al sillón diciendo esto;· sus manos
c~ntattvas mostraron sus patmas 1 prontas á aliviar~ el U.°lor. Dofía Concha gritó, cual si su hija
h ublf'sc intentado asesinarla.
- ¡ ::--Jo, no; de ningún modo, de ninguna maner.a; no me toques! ... Tus friegas no me sirven
de nada, ni te pido que me las des .. . Además,

traerás lus manos como el hielo ... -~siguió, buscnndo ya el puente pura pasar de la negativa
absolut~ á la aceptación-y me pondrán peor ...
i Ay, D10s mío, \'irgen de la Espina! ¿ Qué hice
para pasar tanto? ¿ En qué os ofendí? No puedo
moverme, no puedo servirme ni de mis manos
1ü de mis pies.. Estoy muerta en vida, enterrada en este sillón; soy una cosa inútil, un
estorbo, . un mueble viejo ... No, si no te digo
nada. á l1. .. Anda y diviértete; diviértete mucho,
pásalo bien-siguió, mientras Brícrida
impávida
0
iba hacia un armarillo y sacaba un¡ botella d~
aceite alcanforado y un trozo de franela para
empezar las friegas . Después se arrodilló junto
á su madre y empezó á frotar suavemente la
pobre rodilla hinchada, en tanto que sobre su
cabeza el turbión de las amargas reconvenciones pasaba con furia igual é interminable.
- ¡Ay, ay, ay!-dijo doii.a Concha, cuando su

�mercaderes ricos de ;11a dn·d • dejando á las poí
bres gentes de la costa lo peor de cuanto Ira ~n
las lanchas. Antes, en los afíos de su ya re~o a
juventud, nunca vt. ó la cocinera nada
. par~c1do.
t d
·l ,
los lencruados las J11b111as, o os
La me1 uza,
"'
.'
1 ueblo
los peces exquisiloR, quedabansc en e p
. ,
.
e :1 ;1l•Hlrid fuesen unas cuantas
y grncms qu &lt; • '
,
e otro
ium1s de atún y de bacnlao, y alg~n qu
' ele sarclmas
.
barril
su1ne1as. E•i1':'erra. cm
. auguraba
ª.
randes catástrofes y creía prux1mo alºun_ te~rible suceso, tal vez el n~ del mundo, anunciado
ior a uel ictiológico apetito ele la corle.
. cr
l. l"n ~ ª" ! de &lt;lofia Concha, prolongado y lucubre co~~ una salmodia r,merana, ~ortó los pr_o·
p1eui'&gt;stieos ele Engrncia, la l11zo
ac l1vnr
• los•falda
... 1· ·os ele h cena aguijoneada por Bi º ' '
1&gt;&lt;uc1 t, ·
'
'
.
,. y porque verti(J rúpicla la sopa en la sope~a,
.
tenndo el pa nz11do re&lt;"eptáculo en
lró en el comedor, donde la reumáth:n, ya flespiertn, había reanudado
su gemir.
.
Doiía Concha acogió la com1_da
con protestas ele sn desgana ~ mapelencia. Ya no se le antoJnba
nndH, ningún plato del mundo podría aul'irle el apetito, pues en el
vastísimo dominio del arte cnlmnrio no existe manjar alguno que
haga hacer comer á un muerto.
Ella estaba semidifunta; así es que
súlo pasaría dos ó lres cucharadas
ele caldo, y eso, únicamente: por
no afligir á su hija, en gracrn de
quien se callaba la mayor ¡,ar~c
de sus penas, dejando sólo salir
al exterior aquellas que, de tener.
cruarcladas
la ahogarían antes de :iempo.
]
alcanfor, fugitivo, fresco, picante, llenaba el
asA opesar de tan
' lucluosos va t·icm1os,
· ·
dona Concuarto.
1
a
trasecró
á
su
estómago
loda
la
sopa
que la
La sensación de alivio procurada ror los fro~
;~sieron
~n
el
plato,
~
para
acompa~arla
e~
les hizo entornar algo los ojos á dona Concha,
aquel
viaje
la
envió
¡unta
con
medio
pan;
detuvo, por breve ralo, su fac_undia inlole~able.
·uo maslicado lenta y gemebunclamente. No
l\lienlras su madre dormía, nng1da fué pornendo
~~sl~nle
sus quejas, la re~.1mática conserv:!:
In mesa. 8igilosnmenle, sacó los platos_ del c~1un
apetito
muy regular, y siendo los de _l~ m
nel'O donde reposaban la vajilla y la cnstaleria,
urcle~adus en correcta formación, interr_ump1da los únicos goces que su salud la perml11a, trapor naranjas y membrillos, que amanllea~an taba de satisfacerlos, si bien sazona_dos con la
sobre fruteros de porcelana. Las manos _ágiles sal v el condimento ele su eterno plaii1r. Después
la sopa, la dama se tomó dos hu:vos, una
de la joven tendieron el mantel, lo estiraron
hasta dejarlo lerso, sin una arruga, ostentando chuleta un gran plato ele lechuga, bien ade_relos toscos n11nos que intentaban ª'.lamascar la zadita, 'y puso fin al banf1u~te con regular ración
urdimbre. Luego, andancio de punllllas, la mu- ele almendras y una naranJa.
l\Iientras su madre iba tragando tod~ esto,
chacha colocó los platos, las copas, la botella
Brígida
la contó cuanto refirió su novio : . la
del agua, uno ele los fruteros del aparado~, una
Jleaada
de
llliguel Zárale, su probable vemda
bundejilla con almendras y pasas, acerco_ un~
aq~ella
noche
á la tertulia casera del -~omedor:
. silla al sitio que había de ocupar, desp1:1-b1ló la
También
vendrían
doiia Teresa y su h1¡a Lu~e'
mecha del quinqué y, después de cerc10rars?,
así
es
que
doña
Concha
podría jugar su partida
con rápida mirada, que doña Concha dorm_ia
de
brisca.
El
amor
ú
los
naipes era un? ele lot
siempre se escurrió, ligera como un s1l_fo, hacia
azos
que
unían
con
el
mundo
al condolido_ esp l
la coci1i'a, donde la Engracía, única cnacl~ que
e •
• "d
ritu
ele
Ja
seiíora.
Oyendo
á
Rrig1
a, 1os .OJOS
. de
poseían las dos mujeres, se afanaba e~t1 e. pu0
doiía
Concha
se
animaron,
y
por
un
mov1~1ent
cheros y cawelas. Allí cuchichearon algun t ie11:1instintivo
la
reumática
agitó
sus
dedos,
mtenpo señorila y sirviente sobre la compra del d1a
próximo, sobre la carestía de todo, !~asta clel lando saber si aquellas falan_ges encorvadas y
nudosas podrían manejar fácilmente las cartas.
pescado, que se llevaban, á fuerza de dmero, los

&gt;n1pezó á frotarla-. Qué manos tan duras
t b t~
tienes, qué ásperas, qué. frias... l;las a, as ~
Déjame mujer, si Lu no sabes cuidar e1:
ni et~tiendes más que de estarte de palt1¡ue c:01~ el tontaina ele Santiago lns horas y l~s
.. . '"
1 crue no tendréis poca gana de que y o
l.,inª"···
,
•
t ·bo al
me muera, porque yo os esto1bo, yo es ot
mundo entero. i Oh! :\"o tengas cuiclaclo, ya me
it-é pronto; me iré, y tocios contentos ... i Ay, ay,
por Cristo cruc:ilicaclo ! ... no me frotes más, que
me anancas el pellejo ... ya, ya basta ... no más,
·av!-Y un último quejido salt0 de su pecho,
i'-r~P!anflo el monwnlúnro rrposo que la pro~·uraban las friegas. Brígida Yolvió ú entr_ap~Jar
In rodilla rntre las bayl'las flUe la cnvolnan, se
alzó di'! suelo y guardó la hotPlln. el trapo. Sus
manos brillaban uceitosns, )' un leve aroma de

i ...

Jllji1 t:

r:~~os

c1:

Después de hacer esto, levunló los ojos de sus
pobres manos enfermas, y viendo que Brígída
sonreía involuntariamente, volvió á gemir, extinguió la alegre luz momentánea ele sus ojos,
recriminando á su hija dos ó tres olvidos imaginarios.
i\Jienlras sonaban lo;; procelosos acentos ele
la cólera maternal, Brígida quitó la mesa, había
guardado vajilla y copas y recog.ido el mantel.
Luego que lodo estuvo en orden, cubrió el tablero con un tapete verde, donde la luz del qum&lt;rué se extendió dulcemente, y colocando en el
ce11tru 11110s naipes y una salvilla para las puestas, empezó muy lrunquila á hacer labor de gancho, mientras en el jardín, á donde daba el balcón, sobre las plantas, ya verdes, á las que el
p1·óximo sql prirnavernl llennrín. ele flores, oíase
,·aer la llnvia con un rnido constante y triste.

lI
Aquel ruido arrullador de la lluvia, lo 11abia
01do Brígida lanlas y tantas veces, que, al escucharlo una más, evocaba todos los recuerdos
tle su vida tranquila, igual y monótona. Cuando
se murió su padre, el buen don Francisco, llovía
á mares, con esa desesperante continuidad con
que cae el agua en los pueblos costel1os del Xorte
de Espaiia. Aquella lluvia inverniza, bajo la cual
se alejó el pobre muerto, entristeció los días, ya
lejanos, de la infancia. Bajo el perdurable chaparrón, B!igida se veía asistiendo á la escuela,
abrigada con una especie de hopalanda lanuda
que la cubría de arriba á abajo, y donde el agua
se cuajaba en golas, entre los largos pelos enmaraüados. De los canalones, ele los aleros, se
desprendían chorros transparentes que chascaban conlm las losas del empedrado, para correr
luego en regalos turbulentos y sucios. La silueta
de los montes vecinos se esfumaba al extremo
de las calles entre nieblas bajas, blanquísimas,
que corlaban el violeta de las sierras (;On iargas
bandas vaporosas. Y así, durante dias y días,
el agua bajaba incansable, acompafiaba la existencia de Brígicla, mezclándose con las palabras
amorosas de Santiago, con el perpetuo gruñir
de la reumática, prestando á lodos los actos de
la vida un aspecto gris, melancólico, que parecía
encalmar las pasiones, desleír igualmente en su
perpeluo caer la amargura de los sacrificios y
el dulce dejo del amor.
La serenidad triste de la vida en aquel pueblo tranquilo, hacía grata la existencia ele Brígida. Su alma reposada no aspiraba á más.
Estaba hecha al Lranquilo huir de los días que
se iban al pasado sin sucesos imprevistos, y así
no apreciaba, ni sospechaba siquiera, la perpetua caridad de sus actos, encaminados todos á
aliviar los males de clotia Concha. La absorción
de su vida por el perpetuo cuidado de la reumática, dejaba en segundo término las otras afeceiones ele su corazón, y sin imaginarlo, Brígicla
ponía antes que el afecto á sí misma, que el
amor á Santiago, la perenne abnegación inspi-

rada por dalia Concha, que sujetaba su alma,
buena y obediente, bajo el martillear_ constanle
del mal genio de la set1ora. Como casi lodos los
espíritus vcrduclerumenle altruistas, la joven
desconocía la grnnde:r.a de su conduela, la consideraba natural y justa, sin pensar por un momento que el egoísmo absorbente ele dor1a Concha pudiese la\ \'ez protlncir su tlesgi-acia, pues
la monotonía de su vidn, la repeticiqn de actos
idénticos los despojaba de significación, los hacía
tan sencillos y nnlurnles como esos moYimientos
rítmicos del cuervo, que sólrJ api•eciamos cuando
nos fallan. Pnl"a Brígida, sucrif1carse por clofü1
Concha, era como respirar. La mediocre hacienda que el clif11nto don Fmncisr:o heredó de sus
mayores y gumc\6 cuidadoso y legó á su gente,
~aslub[L para aseg1irn r los gastos modestos de
lus dos mujeres, lns daba la indepentlencio necesaria para no teuel' que ayudarse con su lrn;Jajo y poder ronlinuar la vida medio oeiosa, medio aclivn rle las semihidulgas de los pueblos.
:'\i dotia Concha ni Drígida necesitaban coser

para otras, ni asislir en las casas cuantl0, algún
suceso, monjío, boda, nacimiento, solicitaba el
auxilio ele manos mercenarias. Brígida se hacía
ella misma sus vestidos, repasaba la rop9. de la
casa. Algunas marianas, muy puesta de delanlal, limpiaba los muebles de la salita, los chirimbolos de la consola, y tlurnnte el día iba un
par de veces por la cocina para enterarse de la
marcha ele los guisos y de los 1Jrecios de las
vituallas. Pero el resto de las horas pasábalo
en el comedor, junto á su madre, cosiendo muy
tranquila, salvo aquel rato, siempre bre,·e, en
que al anochecer se ponía al balcón para charlar con Santiago. Salía muy poco. A misa, alguna vez á casa de su amiga LuJle, y durante
el Yerano, en vez de charlar desde el balcón
con su novio, hablaba con él, sentados los
dos, en el parapeto del muelle, bajo la vigilante miraJa de doiia Concha, quien desde su
butaca, instalada en el balcón, saboreaba la placidez del crepúsculo y grm1ía algo menos, alidados sns dolores por la tibieza del ambiente
eslirnl. Una vez al afio, el día de la Virgen de
Gnaclalupe, iba Brígida de jira con su amiga y
algunas otras muchachas á un huerto que la
mamá ele Lnpe poseía allá, en lo alto de la montaña. En tal fecha, se divertían mucho las chicas, jugaban como locas, brincnban vor los pe-

�Ílascales y lraínn á sus casas inocentes recuer- mucho tiempo 1 sin mnrearse, 1n. inexdnguib1e
dos con que reir Unrnnle tres meses. Esta vida charla de su amiga¡ pero esto no era verdad,
sin lances era la de Lotlas las muchaclw.s del sino que, al conlrario, la reumática gozaba
oyendo nquel hoblar si.n freno, y su perpetua
pueblo. Brígida no ansiaba olra1 y aun se creta
acritud perdía fuerza, se dulcificaba al conlaclo
muy feliz 1 pues tenía un novio bueno, gunpo y
trabajador; fénix por el que muchas de sus co- de la oratoria amable, fútil y entretenida de
doña Teresa.
nocidas suspiraban inútilmente.
La gorda la emprendió desde su entrada con
Anunciado por un fogoso repiqueteo de la campanillo, el fénix llegó aquella noche antes que los el tiempo, con la lluvia y con el próximo verano,
que traería á la ciudad su habitual contingente
otros tertulianos. \'enia chorreando ngua, pues
de baf'¡jslas y viajeros. Esla cuesti.ón del veraneo
la LormentJ, después de haber rugido un poco,
conlentóse con verter sobre la villa todas las ca- constiluía la piedrá angular de las plálicas de
ambas amigas. Doüa Concha, confmacla en su
taratas del delo, y dichosamente se guardó para
casa, no comprendía cómo las gentes se iban
otra ocasión los estragos del huracán y de la
centella. Así es. que no había. suceso alguno que de Ceca en i\Ieca por esos mundos de Dios, y
lamentar; las harcas entraron sin tropiezo, y á d011a. Teresa, que no paraba en todo el santo día,
veía en los viajes el sumo placer. de la vida,
lo. mañana siguiente el mar estaría tranquilo.
· Todas estas interesantes noticias las comunicó y. como su escasa .fortuna la impedía andar
Santiago á dofia Conchn, quien le interrogaba &lt;leambulnnclo por la tierra, se resarcía de esta
con seyer•o acento. La reumática parecía en tafos privaciú11¡ alabando extremadamente á cuantos
inslanles personificar el prototipo de la súegra., viajalmn y juran&lt;lo que ella, á la primera ocatal y como la. pinta la musa festiva, y Santiago sión, lurguríase del pueblo y rompería á andar
se atortolaba por completo anle ella, sin poder con el empuje irresistible de un nuevo judio
·
recobrar su presencia de espírilu. Dichosamente, eLTillllC, parJnnc·hín y obeso.
,\sí se Jo_ Ll.ijo &lt;H1uella noche á la re_umática,
&lt;lofin Teresa y LUpe entraron á pot:o. Doi1a
Teresa era unH seii.ora muy campedrnna, muy y sus pulabras tuvieron nún más rnlor que o\ras
gorda; muy rozagante y fresca. Eslos super- yeces, por11ue. Um'i.u Teresa Gslaba encnlnbrintula
lativos .· la hncían extrernadarnente simpática, con el regl'eso de i\liguel Zúnüe, quien, según
la hubít1 dicho doi'ia ~lareelina 1 la confllera 1 traia
pues nadie, á -no esl11r del todo ogriudo, podía Contemplar~ ~in regocijo el ¡¡ncho rostro, grandes recuerdos d~ sus viajes por América y
Europa y_ c~ntnba_ ponne~1ores inauditos y curiosonrosado y 11eno de do!1a Teresa, ni oir con
.sísirno.s
de 1a vill&lt;-\ transallántica.
disgusto su c·harl-a amenísirna, alegre, llena de
-Dire ~lnrcelinn-habló dofía Teresa con fluivida y de c:hiSt~sos- disparalones, hijos 1egíli;de;i: ciceruninna-(!lle i\liguelito empieza y no
m-o-s de su ignorancia y de su 1ocua.ddad. -Lune
•concluye.
lla visto sin fi~1 de pueblos, de gentes
habia heredcÚlo algurn1~ tle estas cualidades tle
raros, husta indi~s con plumos y taparrabos.
su 1m1u1á, y también era muy c1nimada 1 muy
-En unu villa C!ue llaman la :-./ueva York subió
ílecidifüt )· muy lozana, si bien nO hnlJln.ba tan
sin ti-no, -y ht ,juventud limilaba en .eJla la exube- ú un tren que .;in.da 1)or los. lejudos y vi~ _casas
.que se mueven de un lado a olro 1 montadas en
1-ancia algo excesinl notada eu su sefiori1...maruedas, Qomo si fuer-an coches. Luego en París,
dre1 · quiell, pura no nienlir, esluba un .poco más
obesa de lo que ordenan los cúnones e_slé~icos. ¿,snbe .. ust_ed?,. en Francia, pues allí se encaraPero: á pesar de esto, dolla Teresa, aun "c.on grq.- mó. en esa torre tan altísima que 1\aman no sé
cóm.o, y desde mT·iba dice q_uc no :5e distingue á
sas y todo, resultaba muy agradable de ver y
la genle .de á pie. ¿Qué le parece? ¡Cuánta cumás aún. de oir.
,riosidatl
y .cosa buena ha visto ese muchacho!
Besuqueó la gorda estruendosamente á. Brigicln
Y una 3:quí ra1)iando de mirar siempre lo misy á clofia Concha. Lupe también se entregó a
ruidosos transportes de cai-i1'i.o, y durante unos mo : el tejado do enfrente, la casa de enfrente,
minutos clrnscaron en el comedor sonoros óscu- la tienda cie enfrente. ¡ Ay, Dios de mi alma!
Eso es porque nací mujer ... Si nazco hombre,
los. Después, dalla Teresa se sentó, respit'ó con
me hago ma.J'inero y me voy mar adelante, como
estrépilo y empezó ú hablar ..
Oirla hablai\ dc1ba en seguida idea de lo que Colón cuando 11uso el huevo de punta.
Doña Concha se horrorizó grandemente oyenes el tumulto de un torrente alpino, la agitado
tales palabras. La otra señora defendió su
ción infmila de las aguas del n1ar, la fuerza
idea y la exlremó con grandes aspavientos,
eruptiva de un vÜlcán, todas las manifestamientras las dos muchachas y Sanliago reían,
ciones tumultuosas de las fuerzas naturales,
oyenQo la discusión. La llegada de i\liguel Zárate
pues la facundia de la gruesa seüora se ::;alía
de los estrechos lí1nites humanos y entraba en puso fln á aquel incidente.
Hada seis afios que ~Iiguel dejó el pueblo. Bríel dominio de los pocleres físicos 6 geológicos
gida y su madre le encontraron muy cambiado,
que ignoran toda traba. Dofi.a Teresa hablaba
dislinlo casi en absoluto de lo que era cuando
con el mismo ímpetu con que caen las cataratas
del Kiágara. Resistirá su empuje era tmposible; se fué.
Doüa Concha y su hija lo saludaron con granel atrevido que lo intentase, se vería derrotado
des extremos. Pasada la primera efusión, la teren absoluto.
Dalla Conclrn asegurubn que no podía. resistir tulia divicliúse en dos porciones. A un lado, algo

dislonles de la luz , San!iaao
y 8 r1g1
. •a a pegaron
l·
o

hobrn. La_s dos viejas, Lupe y i\figuel, junto
a la m~sa, JUgnron á las curtas, entreverando
la.':i partidas con fútiles charlas, en las que ¡Herrnt~an los preguntas de i\liguel con las de las
m~1Jeres. Las risas, las exclamaciones los tér
mmos del juego sonaban en la calma d~l cuarto-1
sobre ~l sqsurro continuo de los novios y fuer
cu_al s1 acompasa~e con su caer monól~no y rí~~
nuco aquellas ex1stencias tranquilas, la. lluvia
sonaiJa pcrpetuam~nle, igual, serena, ahogando
c~n _su menudo rmdo la queja del mar, de las
h1n·1cnlcs olas que venían desde una lejanía
d

,~isteriosa. para llevarse mar adentro cuanto pucliernn nrrancor de ln costu.
~o_mo comenln.rio práctico, Sanlifigo refería ú
Il1·1g1cla algunas ele las cosas que le contó 1,1iauel.
!a h_nblaba de los negocios gigantescos de :11ra~
ma_1, de ~as empresns que más allá del agua espe.1aban d l?s hornb1·es de empuje Y de corazón.
:~\guel hab,a referido ú Santiago y á su padre
1 Ramón tnles cosHs, que parecürn fábula y
n?
ern.1~, pues de aquellos enl'iquecirnien\os
subitos1 1\lwuel
o
110c.Ji·c1 d ar, fe y aun presentarse
c~m~ un ejemplo de ellos, ya que en .los seis
anos _de su permanencia en el Perú se había
~~~'.1ciaclo un _capital muy redondito. Con él volt. ta en otono otra vez á aquellas próvidas
;e:r~s remotas, Y Dlos sabe hasta dónde podría
1~bm ._ Don Ramón estaba entusiasmado.
-}.11 padre-decía Santiago á su novia- lóco

!º

'

'

chica, loco de veras. Dice que si él fuese joven
cruzaba el charro y se iba. Ya ves; cuenta. :,.,¡¡_
guel que, .sólo con el rnníz, se hacen allá fortu1~a_s m.agn1flcas, Y lo mismo con el ganado, con
lc1s fmmas,
con los Barcos ' con todo ... Cuano
d
·'
me u1 de casa, dejé al pad1·e dando paseos por
l~t. galería y co~iéndose un cigarro apagado.
Estaba como quien tiene cnlenLura. Ya sabes
1_0 que él se en.tusiasma con cualquier cosa ...
"Te_ acuerdas como se puso ·cuando' lo de los
molinos elóctricos?
~rígida asin~i? con frases vagas, síntiendo nace, en su esp1r1tu el indeciso temor que surgía

siempre al evocar Sanli~go la imagen de cion
Ra1:1ón, eterno sorlaclor unpeni!ente

cuyos

~oc10s ,d:scabe!lados llev{u·onse de c'ulle los 11~:
~~~o~~u:1~o~is ~:el tto~)ista y _de su mujer, inf:iiz
, ,
ei ª_ lfü'Ja ya tiempo. Santiago he1 edo de su madre la clocihdacl respetuos
que ar11tclla mnier se vió a1-i-uinm· .· 1 ~ con
labra y , - · .
, sin e ecn- pa' ~ ern mu1puz de oponerse á una orden
de don Hamón
e
·
·b
.
.
. ' 1u1cn I a viviendo merced al
sucldo1 no muy crecido de S t'
soslén de l
..
•
an mgo, que era. el
u ca::ia . ,\mbos !adores la
1
caso. l' los 1 b
,
ren n es. , .._.
. e e eres f1liales tenían la cul a de
1Jng1cla y Snntiílgo no se h u b"iesen casado
pe
que
a.ún
esperand~ ~acientes un aumento de sueldo, a]g~
que les ~1~cic~e posible lc.1. vida matrimonial.
~e~¡)Ucs de recordar el asunto de los molinos
d~sd1eh_ada especulación en que el arbitrista per~
d1ó el importe de tres prados y de un caser10,
.

�chicos, no os arrulléis tanto; venid aquí un poco
últimos restos del haber conyugal, Brígida preá charlar con nosotros, á darme la bienvenida.
g,ml6 á su novio :
-¿ Te ha hablado don ::--:il'.asio del aumento de Ya aprovecharéis otro día el tiempo.
Los novios abandonaron su rincón, fueron hasuelclo?-Don Xicasio eru el jefe ele la casa ele
cia la mesa. La cirnrla. se hizo entonces más anicomercio donde Santiago trabajaba, y Jos dos
mada v los naines oueclaron sobre el lapele, sin
jóvenes lo considerab::in como una especie ele
lfue n;clie Yolvi-era ~ ocuparse de ellos, seducida
ser todopoderoso, en cuyas manos yacía su porla rtención por la facw1dia ele Zúrate, que, hosvenir.
tigado por doña Teresa, no concluía ele narrar
-Le hablé hoy otra vez-explicó Santiago, memara villas, sucesos extraordinarios, historias
lancólicamente-y· me dijo que, por ahora, no
cu.·iosas y estrafalarias.
podía tratarse de eso, que ha habido muchos
Oyéndole, doña Teresa sentía calentura, y todo
gastos extraordinarios últimamente, que lo ;;ensu figurón, macizo y colosal, temblaba de entutía ... en fin, que no-. Calló un momento y dessiasmo; parecía querer huir ele aquel cuarto y
pués expresóse con más viveza.
volar
por la tiefra, sobre los mares iracundos
2Es terrible, "tenil,le ele verás; esta e.e no
poder salir adelante. Te aseguro que á veces me y los ardientes desiertos. Doña Concha gozaba
enti·an ganas ele echarlo todo á rodar y casurno_s ti~ un momento ele respiro en sus dolores y podí..L
en seg,üda ... Pero después, pienso en el poco cll- interesarse con tales relatos, y Lupe, absorta,
nerp y me asusto de la pobreza, no por mí, ~ino había fijado sus ojos en el rostro varonil y repo( ti, por ti, á quien quiero más que á nadie- suello ele i\Iiguel, y allí los detenía, cual si las
palabras del mu chacho adquiriesen más valor
Y cbncluyó á media voz-y por lo que pudiese
si se las ve!.1 0rotar de los frescos labios carven-ir.
n ·i sos del narruclor, que tmnllién la miraba de
J.3)-ígitla rió dulcemente oyendo á su novio.
continuo.
Luego, con el tono sencillo de quien trata nn
Apenas se sentaron los novios, cliéronse cuenta
a:-unlo ya concertado, elijo: -- ¡Tonto! Preocui;arse por lo que ha ele venir, cnanclo ah[ te- ele annellas ojeadas, y después de sonreír ante
nemos ya nuestra preocupación-y su índice se- e I descubrimiento, trata rnn -de ubsorlJer la atención de las mamás, pura que su vigilancia no
Iiuló cli~creto la mesa donde doíia Concha apoestol'll_:1 rn la ocular correspondencia de los otros.
, abJ sus entrapajadas manos y luego al muro,
i1-;1s el ,ual, en un paraje impreciso, vagaba don De ello se aprovecharon i\liguel y Lupe pum
Hnibún, runtiundo las nolieias 11orlentosas c:ue mimrse cunnlo quisieron, y sólo la campana del
Ja!'go reloj ele caja, que se clisimulalla rígido en
trnjeru :-.1ig11el.
un rincón, logró corlar la plá1ica, sonando las
Hemos tle lPner connanzu en nosotros, Sandiez,
hora consagntcla por la costumbre rara
lingo sig11iú la muchacha- ; no nos hemo_s de
terminar aquellas reuniones ..\1 oir el cunlo del
apti rn r. Ya yes; ¿ de qllé nos iba á servu· el
impncienlnmos·? Lu felicidad la tenemos. con reloj, doña Teresa vegó nn respingo. Sus nervios, soliviantados con el palique, lograron el
nosotros; está ahora sentada en estas dos sillas,
milagro de levantar la mole del cuerpo con ligeesperúmlonos mañana á Ju tarde, en el balcón,
reza inverosímil, y la seüoru se alzó, tambapurn yolver otra vez por la noche aquí, á este
leándose algo: -¡Jesús, parece que estoy corno
rinconcito.
-Eres mús IJuena, mús lJucna -dijo Santiago bonacha !-exclamó-. Las cosas que dice este
demonio &lt;le chico se la suben á Lma á la cabeza.
quedamente.
Se ha Jlasado la noche en 1111 ubl'ir y cerrar ele
El puelllo todo lo !te llenaclu de recuerdos
de este cariiio tan grande que le tengo. .1\o hay ojos. ¡, \'erclad, cluña Concha? ¿\'erclad, Lupe?
-\'enln.cl-af1rmó lu muchacbu, mientras sus
calle ni casa que yo no mire con agrado, porque
ojos
se posaban otra vez en los ele l\1ignel, Y enpieiíso que en todas las piedras, hasta en las
mús chicas y ocultas, se han fijado tus ojos como contrándolos 11jos en ella, turbábanse, se corrían
se hnn Hjado los míos ... Ya ves; viviendo siem- á sus manos, á la pañoleta que se cruzaba blanch
sobre su pecho, evitando la mirada del joven.
pre aquí, no hay nada que no conozcamos. ¡Oh!
-siguió Brígidu como ensimismada- , me _en- Luego, de pronto, umbos vol\"ieron á encararse
{rislcc-e pensar en a11scncias ele nquí, en camb10s. ~- enrojc&lt;.:icron ú la vez, oyendo una tosecilla ele
:\ecesilo ele lodo esto, pueblo, mur, muelle, mon- Santiago que los contemplaba sonriente.
Tornaron .:1. sonar los besos estrepitosos. Doña
tniius, flores del lJakón, pnru l!lle mi c:nrilio hacia
Teresa
puso en marcha la voluminosa máquina
1i sea como C!';, tan hondo y tan fuel"le ... A&lt;1uí es
de
su
cuerpo.
Lupe quedó citada. con Brígida
lloncle he subido que eres bueno, qne ·eres mío,
para
la
tarde
siguiente,
en la que su amiga iría
&lt;l ,1e nte quieres con toda tu alma ... Y por eso á
!ns piedras y á las plantas qne te ven pasar lo- á enscíiarla un complicado punto de encaje; se
dos los días las adoro... Sí, sei\or, las adoro, despidió :\Jiguel, dijo adiós Santiago, se fueron
aunque te rías-concluyó, sonriendo á la risa todos, haciendo sonar en el silencio ele la noche
feliz ele Santiago, que escuchaba á su novia sus- los ecos sonoros de la escalera, donde se alrne'penso. Cuando calló Brígida, los dos jóvenes se caba el sordo mielo de los pasos. Por un instante se les oyó andar en la calle ; luego el ruido
miraron profunda, intensamente.
De aquel éxtasis los sacó la voz de Miguel, del agua, que caía siempre, volvió á cantar sólo
~ue desde ~a mesa los in~errogaba riendo : -Pero su melancólica suspirona serenata.

ílajo 81 clólor &lt;1ue volvín, dolía Concha suspi l'ó hondamente. Tras el suspiro, llegaron las
quejas. Ya no podía aguantar más, no; no
podía sufrir en silencio ... Sólo por consideración ú los lerlulianles no gritó su sufrimiento
t:nando estaban allí, para que su hija no dijera
lu privaba de una distracción. Brígida, que otras
veces la oía sin chistar, aquella noche tuvo la
imprudencia de decir: -Pues creí que habías
estado bien. Como te vi tan animada.
¡ Tan anim¡¡da' ¡ Santo Dios, Santo Fuerte,
Sunlo Inmortal, \'irgen ele la Espina, Potencias
todas del cielo que tal injusticia oísteis!
D011a Concha las tomó por tesligo ele tan grande insullo hecho ú su paciencia.
-:-.Ji por un momento, ¿lo oyes?-clijo con
, acritud suma-, he dejado de rabiar con la punzada ele la rodilla y con otra nueva que se me
ha fijado en este hombro. Estoy como si me
mordiesen perros, como debió estar el bienaventurado San Bartolomé cuando le iban arrancando el pellejo á liras. Pero, claro: eslo no lo voy
á gritar por los tejados, ni ''ºY á echar un pregón para que la gen le me compadezca. ¡Oh!
Xo, no; nada de lástimas. Yo me guardaré solita
mis dolores, me los pasaré sin contárselos á
nadie ... ¿Para qué'? Cada uno tiene sus cosas,
• sus entretenimientos, sus ocupaciones ... ~n nn,
gracias á que me moriré Jlronto; entonces descnnsal'é-. Y cubriéndose con una mano los ojos,
pareció como que lloraba.
O rígida hubo ele clesagra \'iai·In ; la acostó, la
abrigó bien, y luego la clió ft-iegas largo rato.
La alcoba de la reumálirn estaba á media luz.
Del cuarto próximo venía, al través ele unos
cristales, la pálida claridad temblorosa ele una
lampal'illa. En el silenc-io, sólo sonaban los leves
SUSJ)il'OS de doJia Concha, el roce casi impercepl1ble ele las manos ele Brigitla que se movían incansables, y ú lo lejos, un reloj desgranaba ele
wz en ycz el collar de las lentas horas, que iban
pasundo purn Brígicla monótonas, iguales, llenas
, tle un rngo temor, ele una angustia imprecisa,
' mudo hernldo Lle nlgún mal tal vez vecino, y
tan rn11eclre11lmlo1· y sinicslrn cumo Ull fantasma
nocturno.

III
Du1iu Teresa ¡,useía en :;u n1sa un at'leíuclo
&lt;¡ttc ent nsumbro del pueblo y vuniducl de su
feliz propietaria. ,\un&lt;¡uc el tul mueble re::;ult111Ja a11lic11aclo y fuera de moda v ú pesar de
(file inventos recientes lo relegaban al olvido
de desvanes y buhardillas, todos los puisanos
de dotia Teresa. lo consideraban como un porlento ele Ju más refinada civilización, seguían
pasmándose ante él y creyendo que jamás, ni
en los palacios del César, ni en parle alguna,
,llbergóse prodigio tomo aquél, muestra tan cab:tl del humano ingenio. De vez en Yez, en fechas
:-,:mudas,
. cuando era preciso deslumbrará alaún
o
ex lnm¡ero ó solemnizar ele modo extraordinario
cualquier gran feslela, una comisión ele vecinos
iba ú casa ele la gol'cla para alcanzar ele su mu-

niílce-nda, .v como inefable favor, que prestase
por algún tiempo el maravilloso al"lilugio. La
senara, halagada. por esta demanda, accedía á
l,t súplica, si bien encareciendo mucho la merced que hacía y rodeando de mil precauciones,
cuidados y ceremonias la traslación del aparato
aquel, delicadísimo fruto del arle. Los comisionados, henchidos ele 1111 profundo gozo y rebosando respelo hacia la magna obra maestra,
cai·gaban con ella casi lan clevotamerrle como los
israelitas poi-tearon el An:a ele la .\lianza, y si
bien ante esle cortejo no DgurÜba ningún rey pul-1
snndo el arria al co111!1ás ele 1m litúrgico bnile,
no fultaba algún Yecino que, ejerciendo ele maes•
1ro de ccr~monins ó de heraldo proclammlor,
fuese á la cabeza ele la comitiva annnciundo ú
lodos los lranseunles que, ror tal ó cual solemne
motivo, clolia Teresa había prestado su famosa,
extraordinaria y jamás bien alabada caja ele
música.
Esta cnja ele músit:n la aclquil"ió en Francia
un abuelo de la se,iora, allá por el mio 1830. Finas maderas la revestían ron talJleros bl'illnntes,
don.de embutidas en arabescas labores fulgían
hebrns de cobre, mientras sobre la tapa, un cuadrúngulo de mela!, rezaba el nombre del fabl"icunte y !ns eorles á quienes surtía de cnjas como
1H111í•lla. Dentro ... ¡oh!, dentro se encerraban maraYillosos cantos, sublimes trinos, y al impulso
de un resorte, unos rollos, tan erizados de púas
cuma nn puerco espín. rodaban lentanienle, encomenclanclo ú una especie ele veine metúlirn la
lnrea de herir sus pinchitos cortos v desiguales, que hacían sonar angélicame;te las
púas t!el peine. Y entonces, con una lentitud majes[ uosu, casi melnncólica, la caja ele música
clesgranabn los u ires anticuados, las ronHmznic;
ele Semíramis, del ).latrimonio secreto, de la
llul innn en .\rgel, algún vals dulce y machacón,
dos J)okas sallarinaR, que parecían sonar inf'until111enle, semejanles á una múf\iea compuesta
para r¡ue la bailasen muCTecos.
~las aquellas eantilenas se les antojaban á sus
auditores las.mejores del mundo, y nadie pensaba al oírlas en lodo cuanto signincabtm, en la
tristeza ton que la vieja caja ele música Jus iba
dejando escaJ)ar, sin esperanza ele que sus sones
hiriesen alegremente ya los oídos de los bailarines de anlafio. Apal'te ele prestarla ú sus amigos, doüa Teresa también disfrutaba de su caja
Y la hada sonar en los días que estaba gozosa,
Y así, desde el descansillo de la esutlera, sabía
el visitante si la seüorn se ltallnlJa de buen humor ó no.
Cuunclo aquella tarde llegó Brígida ú. casa 1le
Lupe, y oyó el cánliL·o ele la cajn, pensó : -Hoy
está la pajarera abiel"la. J\lús vale así. Se le aiegm á una el alma.
i\ada rnús regocijador que la 1no1·ada de duna
Teresa en aquel día. La seiíora abrió en tal fecha_· todos los balcones para permitir que el sol,
rad!ante en el ciclo la vado por la tormenta de la
víspera, se colase alegremente dentro de la casa
Y saltara ele mueble en mueble, apoyando sus

�dedos de luz en las superficies pulida~ de las
1nadel'as , de las camas de broncó, ¡lucientes· sY
.
aman·11as , en las láminas tersas de os espeJo
d b n
Varios tiestos de plantas fr?ndosas ver ea a .
Sobre las cómodas, en las rinconeras, en unos
· b,ie, y eran
sustentáculos muy cucos de m1m
. cual
heraldos del verdor perenne que adornaba l~s
balcones de dofta Teresa, donde, como en bob1lónico pensil, se mostraban las mas variadas es-

traba en el cuarto, como se largaba de nuevo,
alejada de allí por su humor vagabundo.
La labor aquella era una de esas obras _complicadas inútiles y puerjles, que entretienen
los larg~s ocios de las muchachas. A fuerza de
pasar y repasar hilos, habían de formarse con
eJlos unas flores, semejantes, por lo aplastadas,
ú unos huevos fritos, y en las que sólo una
lcntul'lcnto. imaginación podía ver algo parec1co

. de aue se ufana la botánica casera. A1U
pec1es
•
n ·s infini
1 .ª I .,
había ruda, romero, salvia, mena,
tos hierbajos de uso medicinal ó culinario y, e~
medio de tan útiles plantas, que son algo a~1
como servidores vegetales, lucía..¡~ pom~a _d.ele1table de las flores tempranas: linos pu1 p~eos1
pensamientos, alelíes multicolores y, semeJante
á una reina destronada, en lo más alto de OTI
tallo se erguia una rosa blanca _Y fraga?~e.
Lupe, tarareando, salió á,. abrir á Br1gida. La
pajal'era estaba en día glorioso.
.
Las dos amigas fueron juntas á la estancia
donde dofía Teresa y Lupe estaban sie~pre. ~n
el cuarto de junto, por la puerta á med10 abrir,
se oía á la caja seguir cantando una ende_cha
apasionada, que la gracilidad de los sonidos
transformaba en chin-chín insulso. Las much_achas se pusieron á trabajar en tanto que dona
Teresa iba y venía por la coso., y tan pronto en·

~r

á. una rosa1 nornbre con que la inventora de

labor bautizó su creación.
Lnpe era bastante torpe. Sus dedos .se e.ngarabitaban. Brigida, con incansable paciencia, hab' de ir desenredando Jos terribles barullos que
laia inexperta joven armaba ca d a do s por tres ·
Estas interrupciones dejaban libres las _1enguas1
Y poco á poco, de la lnbor de gancho, i~a escu;
rriéndose la conversación á otros tópicos ta
vez más interesantes y candentes.
-Mira, ¿ves ?--dijo Brígida-,. ahora pasas f' 1
hilo por acá haces un nudo, estiras la hebra un
poco la:-vu~lves á anudar, retuerces cuatro veces ~mno si hicieras cordón y asi concluyes la
vuelta 1has comprendido?
-Si:___;cplicaba la· otra, tal vez imprudente·
mente-. Recojo el hilo, lo trenzo, lo anudo ...
·A ffos!
·Qué fastidio! No puedo entender este
1
1 Y,
• i
r wne otra
diantre de cosu ... Jesús .. , A ver, exp ,e

1

vez ... Ya me dijo Miguel anoche que yo no servía para labores de gancho ... De modo que cojo
la hebra ... -y alargaba hacia Brígida s_us manos ignorantes y torpes de donde pendían los
hilos del encaje;
-Así, así-dijo Brígida moviendo los dedos-,
¿te enteras? ... De modo que Miguel te decía anoche... ¡ Qué gracioso! ¿ Qué sabe él lo que tú
puedes hacer?
-Ya ves-rió Lupe algo Iorzadamente- ; los
hombres son ... Dueno, ahora paso el hilo y ..
Está guapo, ¿ verdad?
-¿Quién, criatura?
-Miguel... ¿quién quieres que. sea? Adiós, ya
me equivoqué otra vez.
-Y ciento, porque hablando de Miguel pie_r.
des el tino.
-Yo ... ¡Ave I\'laria: qué dis1rnrale!-proles_tú
la torpe encajera, enmarañando en su turbación
los hilos de manera terrible-; ¿cómo puedi:;s
creer?.. ¡Vamos!
-Pero, hija - repuso Erigida con calma.- 1
¿crees que soy tonta, que no vi anoclie las miradilas? De fijo que -cuando volvisteis á tu casa
ibas tú delante con i\Jigu.el, y detrás Sanliago
con tu madre. ¿ Es ó no verdad?
Lupe .se arreboló intensamente. Sus mapas
abandonaron definitivamente la lnbór y la dejaron caer sobre las rodillas, mienlras la lurbada
doncella miraba con susto ú una pnrl_e'y á otra
cual si temiese lu llegada ele un importuno.
Tranquilizóse al ver que por ningún lado surgía persona viviente, y entonces, Ucerc:únclose ú
su amiga, la confló á media voz un tremendo
arcano.
-.Como no se lo dirás á nadie, le lo voy ú
contar todo.
-¿Pero, mujer, ya 11i.ly lodo?-exdmnó 1Tn1y
o.sombrada Brígida.
-Sí, todo. Anoche se me declaró :\-ligue!, me
dijo que me quería mnl.:ho, que se iba á casar
conmjgo en cuanto yo le dijese que sL
-¡Qué atrocidad! ¡Qué entusiasmo! Y de ese
modo1 á las veinticuatro horas de haber vuelto
á Espafia.
-Dice que se fué enamorado de mi, que todo
el tiempo pensaba en rrú, que no ha visto mujer
como yo-concluyó Lupe, tratando de enrojecer
modestamente y no consiguiéndolo.
-Se fué enamorado de ti...-repitió Brígida,
sin volver de su asombro ante aquel amor.
-Ya ves ... Y Yo sin sospechar nada1 sin pensar que aquel chiquillo pudiese querer á nadie ...
¿ Te acuerclas de l\Hguel cuando se fué? Siempre
con los calzones rotos, lleno de araflazos, laván•
&lt;lose poco-porque se lavaba poco, eso no se puede negar-1 rill.endo con los otros pillos de la playa.,. ¿Quién se iba á fijar en él? A mt lo digo
por primera vez de mi vida, me resultab~ siempre simpático; estas cosas son mutuas. Cuando
á una la quieren, una se apercibe, y ... Doña Teresa entró de pronto. Lupe suspendió la máxi_ma filosófica que improvisabn, y a!anóse sobre
!a infeliz labor de gancho, donde los hilos se en,

redaban cual la inextricable vegetación de una
selva tropical.
-No he podido dormir, chica-clamó la gorda
dama, deteniéndose en medio de la estancia y
agitando como una bandera el trapo que tenía
en la. mano-, con todas las historias de Miguel.
Oyendo esas cosas se la ensancha á una el cora.
zón, parece que los pies tienen alas, y que con
un poco de arranque se va á andar el mundo entero en dos brincos. Aún me dura lá alegría, ya
lo ves-y su mano agitó el trapo hacía donde
llegaban las armonias de la caja. Después de
aquella declaración, la sei1oru sacudió el ·pol\·o ú dos ó tres muebles, y salió olra vez del
cuarlo con el andar resuelto ele un Hernán
Col'tés.
Las mu chachas In vieron p:.1rlir risneflas. Luego que el rumor de sus pasos se alejó por
19s retnolos pasillos, L11pe reanudó sus c:onfidencias.
Pues sí, J\Iiguel Se la habin declarado; la habiu
dicho tales. cOsas de amor, que tampoco la ·c"i-1irn
pudo pegur los ojos _en lada la Sfmla noche.
Y Como Con e1 ·amor llega ·casi siempre el miedo
de pCI'dcI"lo, Lup~· andaha .muy E1purncla pen-s·ando que tal
dofm ,Terc_$a. se o.nusiese ó.- ·aquc~
l!as .reJucione"s, _ó que. !\ligue! sólb la galanteara
por entretenerse, por . pasnr más. distraído la
terfl.1l□ rada que iba á permanecer en el pueblo'.
¿Qué pensaba Rrig{da ele est~s CO$U.s? ¿,Com~
pal"tia los temores de. Lupe, los creía con fu'.t}cla•
mento?
'",.,...
Brígida. hizo un ademán de duda. Ella no:subia ciertmnenle si :.\ligue] pensaba en Se)"'.io• c~nnlo ~lijo á Lu1rn.
·
·
- Ya ves, eso es Lan dificil, hay tanto de·.. casualiúad en todas ·esas · cOsns ·del. c.:1riñn, q'ue:no
se puede decir. llada.. ¿ Q-u_i{'n 10· sctb.e? :'.\l"i''tú 1nis•
ma... ¿Le has dicho que sí'?
NO. Lupe aún no· habü1 eonle.s!aclo, pues aunque el sí se ic salía· de· 1{1. boca, tuvo, sin embnrgo, bnstcmle· fúerza cie voluntad ]1élra. Callár·
selo, para decide ú :\ligtle1 que t'\'!_n•ia que pensar
en aquéllo; pei1sarlo mucho ...
-¿ Cuánto?-preguntó Brígida, interrumpiendo sonriente á Lupe 1 que hablaba con una locuacidad digna de su madre.
-~lujei\ pues ocho dias 1 una semana ... Yo primero quise un mes 1 y se puso tan pesado, tan
machacón, que tuve que ir quitando tiempo, has•
ta que reduje el plazo lo más posible. Y, ya ves,
aún le parecía demasiado. No, si yo creo que
me quiere, qtle me quiere de veras- concluyó,
volviendo á ucaricü,1.r la ·i dea de que Miguel la
adoraba sin restricción ninguna.
- También yo me inclino á creerlo-:--repuso
Brígida.
-El caso es que á :mamá la p.nrezca bien.
-¡Hija!, pues claro. ¿Qué inconveniente va
á tener?
-¡ Qué sé yo ... ! Como nos tendríamos que
marchar de aquí, irnos á América ... pues ...
Brígida se echó á reir. Ese temor no existía
con dofia Teresa. ])e fijo que_ de_ no teper ~u fu-

,;ez-

1

1

�t11ro yerno otra cmdidad que la de viajero. lo
acepta cnn los ojos cerrados.
-Pregúntaselo ... usí eumo quien no &lt;ruie1·e la
cosa.
¡ .\y, no! L11pe 110 se att·evcda jamás á tanto.
Pero si Erigida queda lanzarse ú tan arriesgada
cm1JI·m;a, su amiga se lo agradecería mucho,
pues así se la quitaría un peso de encima. Brígida prometió hacer-lo, ú la primera ocasión.
Despu&amp;s siguieron hablando, mientras la labor
de;;ransuba inerte sobre las rodillas de Lupe.
Calrnlaron cuándo caeda la fecha en que Lupe
había de dar á su novio la ansiada respuesla, y
tlesn1brieron, por más grnnde dicha, que sería
en domingo, lo cual facilitaba mucho la tramitación de aquel negocio, dado que al salir de misn
podrían reunirse las dos amigas y acercárseles
.\ligue! sin llamar la atención. Luego de resuello
tan delicado asunto, Brígicla habló algo de sus
amores, ele la pena suerte que los entorpecía
t:on obstáculos nimios, constantes ...
-Te aseguro-dijo con acento desengañado-,
que ú veces pienso que Santiago y yo no nos
casaremos jamás.
-¡ Qué tontería !-exclamó la olro.
-Xo, no lo creas, no es lonte:-ín, es como un
presentimiento, como esa especie de desasosiego
que se siente antes tle tener una enfermedad. ,\
nosotros no se nos arregla nucta. Es inútil que
Sunliago trabaje y trabnje ... Xunca vemqs luz ...
-Te apnrns sin 1·uzún-urguy(r Lupe, que queI'Ía \'er todo por el lado bueno-. Un día vendrá
en que podréis casaros, en que seréis felices.
- ¡.\y! ¿Cuúndo ser¡'1, Dio,; mío?-suspil'ó
Brígidu tristemente-, ¿euándo? Si vieses qué
falla me hace un poc-0 de confianza en el ror\'enir. Contigo me expansioTio nlgo, h~1blo sin miedo ... , pern éste e:,¡ un respiro ele nada. Tú y Santiago dais alegda ú mi vida ... Tú le n1t11'clwrú,;
pronto, y él..., él no ;;é ... , tal vez lo piel'rla tambi(•n- . !-:&gt;us ojos se bujal'On, r p11ra evilar que
Lnpc Ju.-; viese l1úmedos, ;;e detu,·iernn tenazmente en ln 1·c,·uella unlimbre del encaje, ,:ne le parecía ú llrígitla la inwgen vi~ible tle su vida. Lupe
no sabía qué decir. .\(¡iteltas \'agus ang11slias
vcnc[an las fuerzrn; de su ntletre, q11e no encontraba las palabrns ¡,recisas para disipar las
tristezas de su an1iga. Intentó consolarla, pro111111ció las frases de ritual C!lle nacen solas de
los labios cuando es preciso demostrar simpatía
por un dolor &lt;¡ue nu se colll!irencle ele modo
clnro.
.\lns ú poco, L11pc, impulsada por un sentimiento irrrsistible, había vuelto á hablm de .\liguel.
.\quella charla sin tino terniinó bruscamente al
entrar dofta Terc::m eu el cmn·Lo. Yiendo á su
mamá, la entusirn;madu joven enrojeció y se
puso tl estudiar la labor tle encaje con interés
profundísimo. Ddgitln, entonces, a¡iroYechó la
ocasión é inlenogó á doi1a Teresa sobre el vunlo
que tanto interesaba á Lupe. Principió por hablar de los viajes en general. ,\Lraída por una
conversación tan ele su gusto, la gorda se acomodó en una silla junto á las dos muchachas.

A las dos ú tres frases pl'onunt·i,Hlas ¡,or Brígicla, doña Teresa exdumó : -Tú eres de las
mías, tú com;1rendes lo bueno c:11e resulla andar
1101' ahí viendo tierras y mn1·c,::. Contigo se puede
Íwbla1· de estas cos,v•, y no con lu madre, :·ue
ni oirllle se ,,ueda corno si viese al ,\n\erristo. .
Bdgida pr~lestó de tau rotunda afirmación.
Había que perdonar á la reumática ... sus males,
sus trislezas ... La gorda interrumpió.
- Sí, sí, mujer, si lo com!wendo perfednmente.
Tu madre tiene pretextos de sobra para creerme chiflada... Pero estoy muy en mi juicio..
Ahoru, que me gosta eso de irme por el mundo,
y claro, rabio al ver que he de quedarme aquí,
hecha una sosa, sin saber nada ele nada, Y pasnnne así la vida hasta que un d[a reviente, Y
entonces ya no conoceré más tierra (!Ue la de
mi sPpullura.
Las dos muchachas gritaron, llenas de susto,
ante tan terrible suposición. Lupe se entristeció
algo, hizo un par ele pucheros, en tanto que doña
Tet·esa r¡:uedábase cejijunta, pensando en el reposo finnl é inlerminable donde yac~ría su cuerpo. Entonces Hrígicla, para conclmr con aquel
incidente, dijo: -Pero, señora, ¡,por qué ha de
pensar en eso? Usted está fuerte y sana, le quedan años por delante. Lupe se casará tal vez co_n
nlgún' fot astero y entonces tendrá uslecl que 1r
v Yetür...
· --¡ Jesús, qué tontería !-exclamó dofin Teresa.
Erigida explicó entonces sus palabras. No era
nin,n:;n disparate ... Todo es posible.
Al fin, Brígida inlenogó diredamenle á la
gonlu : -\'amos, doña Teresa; ¿ dejaría usted
c:usur á Lupe con alguien que se la llevase ele
u,¡u!?
Doiia Teresa miró fijmnenle á su interlocutora,
'tlcspués á Lupe, afanada sobre la labor. Era lo
1.mstanlc perspicaz pnru que se Ju hubiese escapado ln conduela de .\ligue[ y la lu1·bación visible de Lupe. Estuvo un momento sin hablar, Y
luego se levantó diciendo :-Si era por su bien,
¿ú qué vendría el oponerme?
..
-¿ Aunque se fuese muy lejos? ... ¿A .\n~er1ea
por caso ?- siguió Brigida, para aclarar btcn el
asunto.
--:\°o importaría el l11gnr. Yo me iría con Lupe
y con stt marido, ¡iues tnm!lOt:U sería justo que
;ne quedase aquí sola- . Se paseó un instante
por la eslnncia. Las dos muchachas guardaban
silencio y en el cuarto el sol se iba poco á poco,
permilie;ldo á las sornbrm; nacer en _los l'incones. De la caja seguían brotando cantilenas melancólicas.
La gorda detuvo su anclar junto á Lupe, apoyó
In mano en su llomb1·0 y la contempló callada,
mientras la chica intentaba trabar los hilos del
encaje. Lu!:lgo, con voz profunda, algo tremanle,
repitió:• :'\o es cosa de quedarse sola, á 1111s
aiios, con recuerdos tristes .. ¿ Verdad, Lupe?
¿ Verrlad que tú y .Miguel me llevaríais con \'OSotros?
Al oir esto Lupe salló de su asiento, rodó la
labor por tierra y la madre y la hija se abraza-

ron estrechamenle. La muchacha había apoyado
su cabeza en el ancho hombro de dofia Teresa,
y allí, sobre aquella interminable planicie, lloraba ¡rueda mente, murmurando : - ¡ Qué vergürmn, crué vergüenza!
I.1 gorda !&gt;asú !JOr su;; ojos una mano morcillucla y des!rnés hizo levantar el rostro á Lupe.
- ¡ Qué vergüenza ni qué niño muerto !-dijo
campechanamente-. Ningún hombre ni ninguna
mujer hnn de avergonzarse por quererse como
Dios manda. A ti te gusta ~ligue], él te hace
cocos ... pues casaos y que os vaya bien. ¿ Te
has ele !)Oner colorada :1or eso? ¿ Por hacer Jo
que yo hice? ¿ Lo (!Ue han hecho todos? Xo, hija
mía, no; te casará::; con él y nos iremos los tres
al Perú, y allí \'eré por fin indios, aunque, á la
verdad, os lo diré en confianza: creo que, cuando me encuentre con un salvnje cara á cara,
tendré. miedo y echaré á correr lodo cuanto me
lo permitan las carnes.
IV
.\quello misma tarde, Santiago se lo elijo á Brígida. Fu6 ú poco ele volver de casa de Lupe cuando la muchacha supo que don Ramón
se empeñaba en enviar á su hijo á
Arné1foa. Las historias de Miguel,
aquellos fantásticos ,sucedidos, seme¡antes ú ensuefios realizados, habían
revuelto el flaco ·calGlre ele don Ramón ~' lo anaslrabap con empuje de
hurnt:án. De no senl.i rse yiejo para
Lrnbajar, él, y no su hijo, hubiera
tentado· la aventura. Pero ya que él
súlo no podía, Santiago era el indicado para marcharse y don Ramón
le n&lt;.:ompaiinría gustoso, pues si sus
achaques le impedían locla labor, no
Cl'un lo baslante fuertes para privarle del gustazo de \'er ,\mérica, de pasear sus ulo¡,ías v
sus ilusiones por wruellu liel'!'a prnpicia [t lo~
;,oiíadores.
Después, cmmdo en pocos nño;; la fo1·t111w llegura rápida y estable, volverían ricos al p11eblo
para ,·ivir dichosos y tranquilos. Don Hamón
hu hía liablndo eon l\ligucl. Este duba graneles
scg1u·irlurles de t1xilo, allanarín lns pri111;ras dillrnllwles que lanto descorazonan, y pensaba
que, yendo mediunan1cntc las cosns, en unos
diez niios podría F;untiago traerse 111 p11cblo su
millón ele re,iles. Es cleeir, la llolgnra y el eles:
canso para toda la vida. Don Ramón esperaba
gozar de aquella tardía l'iqueza lo más posible,
Y lnl ye;r, s11 secreto egoísmo fuese la verdadera
razón que le movía ú acompmiar ú Santiago,
pnes así, en el primer clnro que se g,1stasc, él
tornaría su parle.
Desconfiando algo ele Jo clil'lw poi' tlon llamón,
s•1 hijo se había avistado con ~ligue] y, a1)arte
,le alguna exageracioucilla del utopista, todo
cuanto dijo, lo confirmó Zárale. En diez ó quince
arios, tal vez antes, podría labrarse Santiago
una fortunila, sin graneles apuros, ni matándose

á trabajar. .\demás, .\ligue! le confió su propósito ele casarse con Lupe; así es que ni siquiera
falla ría á Brígida el consuelo de tener con ella
ú su omiga predilecta.
Desde el muelle desierto, encarado eon el balcón, donde Hrígida eslaba entre sus plantas, envuelta en el chal, Santiago había dicho todo
esto.
Al concluir esperó la contestación de su novia
que fijamente sería entusiasta.
'
Brígida siguió silenciosa un momento. Continuaba acodada en el barandal, fija la vista en
Santiago. Detrás ele él hunclíase el sol, como
una hostia de fuego, en el inmenso cáliz del
mar. Al lucir sangriento del astro, el agua se
incendiaba, adamascándose á trechos en \'etas
de escarlata, que corlaban con ráfagas violentas
de llama, otras sábanas líquidas, donde el rielar
ele la luz se dormía en cambiantes grises y plateados de una dulzura inefable. Junto al arder
del mar la costa parecía negra. Las barcas, las
rocas manchaban ele obscuro el agua y, esfumándose en la lontananza misteriosa del Oceano, una voluta ele humo serpenteaba, lenta, maciza, al ras del agua. Sobre el resplandor del

crepúsculo, Santiago se recortaba como una silueta tenebrosa y callada, en espera de la contestación que no venia.
Brígida suspiró hondomente, se alzó algo de
la barandilla, volvió á tecoslan;e otra vez y luego, enrolviéndose en los pliegues del 111untó11
como si sintiese el frío de un viento sólo sensible para ella, preguntó á su novio, con acenlfJ
lrurnJuilo : ¿ Cuú ndo Le irás?
-Xos iretnos ú principios ele Octubre- repuso
ól, usando el pl urnl, sin fijarse en lo dicho poi·
!frígida- ; pum entonces dice r.Jiguel que es
bnanu época.
- ¡Ah!, es buena época...
repitió Brígiclu,
apretando más el c:hal contra su cuerpo. De;;pués volvió ú quedar callada. En el horizonte, el
sol moría, iban npngándose las ardientes ascuas
del crepúscnlo, El agua perdía sus reflejos, y
sobre el manto glorioso del atardecer flotaba u11
cendal ligerísimo de sombra, nuncio de la noche.
Brígida sintió que sus ojos se mojaban ele litgrimas.
-Es buena época, buena-repitió dos ó tres
veces, doblándose más sobre la barandilla-. Al
inclinarse, su rostro sintió la caricia de una ra-

�Santiago creyó oir arriba el rumor angusma de los tiestos, y corno si el roce la desperlase de un sueño, la joven se irguió, sus ojos lu- tioso de w1 gemido y preguntó cariñoso á su
cieron y las manos apresaron fuertes el áspero novia.:
-Pero .. hija ... ¿estás llorando?
hierro de.la barandilla. Santiago, que la contem-¿ Yo? No. ¡ Qué tonLerla !-replicó ella con
plaba desde la c-a1le 1 creyó verla crecer, tan
arrogante, tan ·derecha se colocó en el centro del viveza-. ~acla de eso ... no lloro ... Anda, vete ...
balcón. Así estuvo un momenlo1 y después, con Parece qu2 va á. llover .. .
Inslintivamenle, Santiago miró al cielo obsculo. voz lranquila de quien habla de algo indiferente! de algo lejano en absoluto a su vida ha- ro. Una gota ancha, fuerte, cayó en sus labios.
bilual, Brígido. dijo: -Si te vas en Octubre, Estalla a.rnarga y tibia, y cuando iba á interrogar
l\egnrús allí. .. -se del11vo un instante-llegarás ele nuevo á sn novia, oyó en lo alto un rumor de
fnltlus crujientes, y lnego, con golpe seco, se cerró
á .\mérica hacia fin &lt;le uito ...
-L1egriremos--inlerrumpiú él, e:xtrai1ado de el bnlcón. Brigicla había penetrado en la habitaoirá su novia expreirnrse en ~ingular-, &lt;1i 1 lle- r·ión. Snnlingo, pemmlivo1 echó á andar hacia
garernos. Parece como si pensases permanecer s11 casa.
11rígidu intentó ir hncia. el comedor; pero sns
aquí; dejarme ir solo ... ¿Ilc1s decidido eso?siguir), · alarmándose ni ver que Rrígidn no pro- pies negáronse á llevarla y cayó en un siUón1
teslnbá. ni parechl oir- . ¿ Te nsusta el viaje? j1111to ú la ron8ola, donde reposnbnn los ~rande,s r-,nw:oles lle color ele rosa. J ,e pesaba tanto
¿Se té lrnée tnn dificil marc-lrnr conmigo? ·
La 1Tlurbadrn calló. Sus manos apretaban el L1. cabeza, que hubo ele apoyarla en un l)razri
barandal, y sin mover lós ojos, sin a1entar 1 es- que arodú ~,'.}brc el mármol del mueble. La olr&lt;.1
cuchaba. ú Snnliago como si oyese la sentencia mano se desplomó inerte en las rodillas y la
de muerte. Abfljo 1 'entre la somlJl'a de la próxima joven quedóse inmóvil, petrificada, mien! ras el
noche, el novio se impade11laba 1 y en su nmor, }cnto llunto iba naciendo de sus ojos y goteaba
buscando disculf)ns nl silencio de Ürigida, clecía: con leve ruido mnte sobre la lana del vestido.
Llorosa, Brigida pensó en lo que pasaría si se
-Comprendo que te cxlrai'íe mi resolución y que
estés sorprendidi:1. .. pero.. dime que vendrás ib;t nm Sanl k1go. Su alma buena se encogió ante
conmigo, que n.o me dejarás ... Ya ves; nuestro la itlea. de aquel viaje 1 que suponía. el abandono
mismo amor nos imrione mard1nr ... Aqul nunca de doüa Conrha, incapaz de emprenderlo 1 ni de
encontraríamos oc.;asión de una. forluna rá1Jida ... inlenlarlo siquiero. Claro es que 13rigicla podía
Sornns jú\·cnes, hemos ele prerrnrar nuestra vida dejar á su madre, encomendarla á otros cuida•
ful Hn1 1 asegurae ~l porvenir, los afias próxi- dos 1 lomar una sirviente ele confianza que la
mos que nos verán junios, ([Ueriéndonos, que- sust.iluyese ... En el pueblo no fallaban sollel'oriendo á los hijos que Dios nos envie ... ¿~o com- nas nec.;esi1adas y hábiles, viudas piadosas y con
prendes que tengo razón'? ¿ Xo le alegras nl pen- poco peculio, que se trasladarían, medianle un
sar que el día de mafianu nuestros hijos podrti.n estipendio, á casa de la reumática y la darían
querer á quien se les anloje sin temor U esta lns friegas y la acompmlnrian y la nguantarian
el rnul humor y las quejas. En un rápido recuenescasez nuestra que nos ala de pies y manos'?
-Sí. si-munnurú Brígidn, volviendo á indi- to menlal, I3rigida pensó quién reuniría las conrntr el cuerpo, mientras sus ojos tornaban á diciones predsas ... Doüa. Tecla ... Purita Ramionenturbiarse con lágrimas cercnnas-; tienes ra- do .. 1:1 de Ilcrnándcz ... Ja viuda del carabinero ...
y, al recordarlas, las dcsechat-a. con premura,
zón, hnblas bien ..
sin encontrar en ningnnn aquel ser, probable- Entonces 1 ¿estás conforme?
Ln. mucha.cha calló. Desde el muelle1 Santiago mente único, compuesto de dulzura, paciencia y
volvió á interrogarla. La. voz del joven sub¡a ya bondad, que se necesitaba para soporlar á la
entre lo obscuro. Apenas si en la lejanía del mar pobre doña Concha.
Y luego 1 aun cuando aquel dechado pareciese
oscilaba aún una tenue luz grisácea. Toda la
pompa del sol 1 ele las aguas sunluosas, se hobía y consintiera cuidar á la reumática 1 ¿ sería basocultado con la noche. Una calma profunda, el tante? ¿ Le consagraría el cuidado de cada moreposo sin !1.n de los mundos muertos, parecia mento, preciso á la señora? ¿No tendría alguna
llegar del Océ.:mo, sumergir la muda tierra con la vez un involuntario gesto de desagrado, un mocallado. inundación de su s·ilencio. La voz de San- hín de disgusto que amargaría de fijo durante
semanas y semanas el ánimo susceptible y quistiago sonaba exl rafíamente en el aire inmóvil.
quilloso de doíí.a Concha? Pensó que aquello no
-¿Estás de acuerdo conmigo? ¿~le acampa
podía decidirse tan de súbito, pues trutábase de
ñarás?
-Te acompañaró ...~dijo al ftn Erigida eritre- cosas enredadas y difíciles. Algún medio llabría
corladamenle-. Sil iré contigo ... -aunque me que diese la solución1 y pensan:1.0 1 pensando1 ya
cuesta mucho... ¡Oh! Tú no sabes ni sabrás se daría cpn él.
l\Iás se.rena con aquella dila.ción 1 que caJ.maba
nunca lo que me costará irme de aquí.. dejar ...
algo
su alma a.tormentada, Brígida secó sus ojos.
Su voz se cortó un momento. Después siguió
con 1nás valentía: -Adiós, Santiago; vet'e ya ... Volvió á pensar en el viaje de Santiago. El buen
sentido la deda que su novio estaba lleno de
Es muy tarde ... Esta noche no vengas ... quiero
razón. En el pueblo no era posible hacer fortuestar sola con 1namá.. la he de decir ... yn ves :
na; á lo sumo podía conseguirse lo preciso para
la pobre, la pobre ...

. ' .
vivir, y gracias. El vinje era preciso, imponlase
cm~o base de todo plun ele porvenir.
Esta paJubra asustaba á Brígicla. i Porvenir!
Pensar on lo futuro equi\'alia á encararse con
un punorama sombrío y lrisle donde vagos aspect~s1 l'11 vez favorables, tal vez amenuzu.clores
rnovwnse entre ti_nieblas. La joven cerró los ojo~
J~~ra p~der dommar mejor su pensamiento, y
\ ió ~ue el cuadro ob_scu~o se ennegrecía más y
que Junto á las apariencias, ya hnbituales de la
e~c~sez, de lo.s sacrificios, de la enfermedacl, el
vrnJe d_e _Santiago hacía nacer olrns de nspeclo
mela~cólico, ~lesconsolado, que la miraban con
los OJOS lagrnneantes de las novias olvidadas,
de las amanles que se ajaron en la soledad, inconsolables l)or el silencio de los
que se fueron, prometiendo
volver. Aquellas figuras desoladas parecían e;onsiderur
""===j
á Ui·ígida con afecto fraternal. Y la joven exhumó cn1onces de su memoria el
'.·ecuerdo de una infeliz vieJa,_ cnc0f!Llimia, risible, ó.
~1111e11 conoció siendo pequena, Y que sólo guardaba,
C"Omo recuerdo de una juven! wl lejana, el nomb,·e,
grncioso c.rntes, ridículo después1 de doria Francisciui•
la, la del lunar.
i Pobre dofia Francisquita,. la del lunar! ¡Lo que
i:;e reian de ella los chicos
._".'"_______

por la distancia, después por la costumbre tal
v~z luego por un nuevo amor. ¡Oh, no; eso n~ podia suceder, era in1posible que pasara! Para evita.i: tal cat~s~rofe, Brigida sentíase capaz de cualqwer hero1c1dad.
{!n hondo suspiro que venía del comedor
arrancó
l
hh de su ensimismamiento á Br/01'd
ca,ya
muccr ac. a fuése con su madre, que en la butaca_ cerrna sordamente. Por azar extraño c .·
milagroso, doi'ía Concha no estaba aquella ~oc~1~
de tan mal humor como siempre.
. Al natural impulso de su alma, que la empuJab~ aquella noche hacia la-enferma con mayor
fue1 za que otras veces, Brígida se llegó á la gru-

il __.,_]
!

rl

..:;(.J.Lj;.J..il,_..J.J.jJ..J.L._______.J

lo _({Lle se bul'lnbnn los g~andcsi :\'i uno solo

1\onc.1,
.
.
, ¡ ln orarii.:ió
. 1 la mimó , u"'l'recrJó
::,
m1nuc·1osun r los nltnohadonl's del sillón !·
!
p1 ei:,untm a la mfel1z vieja poi· su novio J'Or J; 1s rudilln. J, .· ..
.
, a man a ne
.
. s. ,et \ ieJd se deJaba ¡¡uereJ· C"tlhda
aquel gal~ardo Amacleo que se fué ú ,\m'(,rien
:'i/11
fi
..
,inv1r
el
telln
tanto
como
oh~as
lH~::h:s cp ';.
sesenta anos '•mies • 1•
. \ Y·11 cona
,
.
1 ,. Frilnc1squilu.
Ja dns o tres ve ·e.
· u
i
a· , . .
~· s un canuto de sonrisa pareciú
del lunai.\ no sa_~ía nada de Amacleo, pues· el
¡ le~&lt;11 sus Jctbios, .Y cum1do Bl·ígicla conclu\•ó su
ausente Jamás d10 seüales de vfrlü. Anle
1
perdurable silencio cualquier hembra. se hu~f~:e tnl'~~'.' -~ª_,rem_1:1úlicn la dijo con Cono cllsi of;ble:
G, &lt;~can::;;, IUJU, ll1U&lt;·ha.s grac:ias. La \'er&lt;lad es
l~artad~, pe1·? dofia Francisquila, la del lunar, i1uc l1enes unus mnnos lnn ligeras ...
se paso la. VHla aguardando al nmable Amadeo.
Aquel ~~rada ele su ntadre fué pura el es )íriLas chanzas de sus convecinos no parecían nltetu de Ilr1g1da como un bálsamo, alivió parle! del
mr sn dulce conílérnza y sólo aJaunn e
c¡jaún
o
t
V Z 1 en
p_eso que abrumaba á la joven. Como sucede
0
. momento de desahogo, revelando un poco
siempre después de una gran tcns1·ó11 de
...
1
· '"
esprna r1steza de su corazón, decía, mientras balan- t B · ·d
ui ng1 a necesitaba encontrar algo que sir.viecenl;&gt;a su cabeza blanca : -Algún día será el d
su regreso. Ya vend.rá1 ya vendrá ·Y
t
e se de f~ndamen to pura un poco de alegria
no le
·¡.
···
en onces aqu~Ba mesperada amabilidad de dofia Con~h~
permi iré irse otra vez
. Ah
1
Enton es 1
··· 1 , no, no ....
la h1z~ ercer en un posible alivio del reúma. en
.
e
e cogeré del brazo Y le diré : No te
u~~ m1Iagrosa curación de su madre que la )ern~urchas, AmD¡deo. Te quedas aquí; pues a
1~1tiesc
aleja.rse. del pueblo1 poder marchar lean
estoy escarmentada y ninguna nilla debe dej:r
e _la y con Santiago. La sola suposición de tal
que su cortejo se vavu . Tu' !1a
ll
'
á t
• · i
s vue o pero d1cha .b~stó para hacer revivir las esperanzas
cu n os quectáronse para siempre al otr~ 1 d
'
del amargo mar¡
a o de Dr1g1da.
En alas de su alegría puso la mesa en dos lrnnLa infeliz dofia Francisquita se mu .. 6 .
al olvidad· A el
ri sm ver
cos,_ preparó los postres, avivó las tareas c~litoria
_1~0
ma eo; y recordando la triste his- narias de Engrac,·
·
,
a, qmen,
á veces, ante los pudad , Bng1da pen~ó con espanto en la posibiliche10s1_
cabeceaba
dormilona.
Durante la comide que su nov10 la olvidase también se fuedn, dona Concha siguió sin grufiir en demasía.
se mar adelante, lejos1 lejos, y se qued~se aUJ
en aquellos países remotos, retenido primer¿ S~l h~blar, fu~ auslero, pero reposado, y á Br1g a e pm ec1ó tan dulce como una música, á la
HJ)Hldc'.ibase de ella y la a 1..
, cr
• ,
.
.
o an 1)roffin · c1lll8is! ía en

i

lll(

�e ue sus oídos no estaban hecho~ . des~e hacia
!r1os y afios, y la velada transcurr10 as1, en una
placidez inusitada.
. ,
C ndo Brígida entró en su cuarto no sabia ,o
.ua, ·. -aba Je pareció que el ruunclo estaba
que e pas '· ,
·11
t ce
,··t111tJ·1aclo cine algún cataclismo tern) e si. "deri11 ú ht' portentosa llltHlanza, pnes· no e1"1
. ' pe•
sible que tales _trastornos se veri_ficas.en s1~ c~n:
secuencias exteriores. Aquella impensada a ~
biliclacl de su madre revolucionaba el alm~ ~-e
Brí«icla mucho más que la presun_ci~n del via¡e,
"'.. aún que el posible rompmnenlo de su
Y
mas . con Sanllago.
,. .
\'ºiendo. á doi1a Con1nall'imomo
.·
·ha enlrecrada á su cm mo, si-·n acibarárselo
.. con
L
"'
hbras ' Bng1cla
se
reeonvenc:iones
Y ma1as pa'
.
so1a,·i
I n·irla
senlía incapaz de a b amo
'
' ele
. dc¡ar
., 1a ..
al cuidado de manos mercenarias. Ial ,-ez s
aq11ella noche doña Concha hubiera es_tado ?muo
Drícr1da
v1e1oncle costnmbre, hecha una ílern
l
'
"' ª - "' ·nzaría su flaqueza apoyándose en _los re.,,a11~\ in. t s en las rabotadas sin motivo para e e
~~~:, ºs:1 amor y no dejarlo marchar. Per? asf,
viendo á su madre como un cordero, dócil, ca._. - "'ª resicrnada sin más amparo que el s~yo,
11110.. ,
"'
'
1 sus manos·' as1 .no
sin otras caricias que las le
·o
en posible abandonarla. Todo menos eso. De ~~
' , 1· ba un milagro y doña Concha curan se 1 ea iza
¡· · ·, se aJrro y
les por lo menos a ivwr1c1
º
se de sus ma ' h . con Santiao-o y con ella ...
e 1ltonces se marc aria
º
.
.
Dios mío! Si no, Brígicla tencln_a.
s1 no ... 1AY,
.
so se h rompen u
mucha pena, un do~or 1_1;menl :orazó~. pero no
el alma y se la har1a tnzas e e
'
se iba, no se iba.
\'
\I · . o obstante aquella última resolu~ión téll1
fü'-m~~ ~rígida dejó pasar un día y otro sm
verse á decir á Santiago que no contase. co~ e '
.
- . l· .. c1..mérica. Tales dllac10nes
para acompanar "
retextos
intenlaba justificarlas la muchach~ contpba para
.
u amor mven a
'
1
~:;\ :~.;1}:. ~~e~-;1~:~t~t: ~e su penosa explicació1u1~
, corno los consue1os 8
Ernn aquellas clemoias
¡)remos que se le dan á UI1 condenado á muerte,
t b ¡\
a •
• Brírrida
resuella ú sacn·t·icnrse ' no
. acera
.
0
)
'
l
,
·
sacnfic10
liallar momento adecua&lt; o a su
d'el
J&gt;e este modo fueron pasando los ias, y
t·e1111lo tru¡·o entre ,,ns horas las que formaban
1
conla
fecha memorable eleg1•c1a por, Lupe para
l mingo
t , : i\liguel. Era un dommgo, un e?
les ai a - .
1 ' ol radiante. La misa maalegre, ll~ c1el0 azu ) ~ ella fueron doíla Teres,\
yor ci·a a las nueve .. '
. "
. I ... lfrí,,icJa '.\J!"uel y Santiaoo.
..
y i;u UJ&lt;I,
"' '
.º , .
!ática proces1on,
Frn una misa irtu) ot con p
'
h a y
,
. !mente duraba su áb
or
música
emito. Gene1a
'
. .. 1. salida form anse
tres cuarlos. Despues, a a
.b', de paseo
•
,; y •ilgnnos se I un
grupos lle amigo.' · ' ,
mar hasta el
l ." ·ll·imeda qne bo1 rleaba el
JlOl'
"
'
'
b
r, ro otros clescernHan á la playa, useaban con.
ªh S' J·ugaban re¡an, hasta la&lt; hora de almorzar.
~
cEstas
a ' costumbres
'
,
de rigor en verano.
ernn
d En
de
. .
o se sustiiuian por paseos alrede or
mviern
·
·
d b n
la plaza, bajo los arcos que la circun a a .

ati;t~

ª-

·
Brirrida
estaba re-Cuando concluyo. la misa,
"'
ll " hablar á Santiago durante el paseo. Ba
~ll~·n
a aá la p\aya v allí, ante el mar, que los
¡a11a
' ·
· · l
e er'i'
separaría pronto, la muchacha dma o qu
preciso que dijese.
.
.
Salieron de la igle,;i.1, c¡ue quedó vac1_a, _8L 1e_n. .. lle11a del varro l1umo nzulaclo del mt1ensn.
rtoSd, · '
"'·
J 1e y
,., el 11órlico i;e detuvieron las muJeres. ,u1 .
.lSll
.
am11an t e e.0 l 1 &lt;a]rr•mas
1JrícricJa c·harlnron un ms
o·
, "'
tanto que doüa Teresa se oreaba con ~ugds, en ,
. . d
abo.meo
. , la far. sudorosa, e::;gnn1ten o un_
~~lonne, que pmecín, por lo g1·ande y &lt;llapreaclo,
h col11 de nn flllVO real.
.
·a 1
' P
.. poco ron socarronería inocente, ~11,,ue
oco d
,
¡
ele
las
\' Santiago rneum n&lt;·er&lt;'úndosr a grup 0
.
;nuchachas.
... ·eiies fuéronse las
. d acercarse 1os Ju,
'
.
.
A poco ~ ·. 1 clcspeclirse ron l'if-1tas malla1mgas, despt:s; e llenas de subentendidos. J,as
uosns Y con i ns s
.
l·:i. )risa hacia la alnpiearnelas marcl_rnba~ ~ l~1c;blm visto y crilicar
merla para referir cu&lt;ln o
.
'º Dofia Te. á las felices qnc lemnn no\l . .
de paso
.
.
leliheraron un mslante
resa se acerco ª\-g1_~\P~,n t procesionalmente, :\1 iú dónde se ibluil~ ·1le' S·u1lin«o y Bl'igida acompao-uel v T.upe le c11 ' • '
º
. l )l·1vn
"'
• . l - . Tcres·1 fuéronse harta a l ' J ' '
fiando a l on,1
'' 1 . ·e esl·1ria mús á
donde había poca gen e ) :s
. '
1

• uslo.
.
. Itas rocas
,.., 1 a phya exlendiase n1 pie de 111s a '·1
' 1
,,
,
·1lz·1b·1 En aquella wra e
donde el pueblo s_e &lt; \,:-~ndo libre una gnm
n1&lt;1 r se halJía aleJado,
J
•
donde
. . de ·1rena fina, compacta, tersa,
c:xtens1on
'
.
.1 as blancas de alde ve~ en vez lucwn la mani; i, . d
ale1a
, 1 verdoso enca¡e e un °' ·
gunm, conchas o e
'U'lVe que im·ituba
tllor~a l_a tizr~:j::~ed~'c ~~~r:r 'c1ulcemente en el
á lo::, pies
.
n ás rompía contra la
agua límpida, que a coi ple ,. frúrril de las olas.
"'
arena e 1 cuei'Pº L1·ansparen J
·d é inerte
.
el mar azuleaba, dorm1 o . .
A lo le¡os,
1 . i llegaba un viento mdebajo el sol, y ele 1~ _e¡a~ a entornar los párpados
ciso, aromoso, huc1en ~ nda paz de la mañana.
para recrearse en l~ pro, u 11 · Doña Teresa y sus
Poca gente se veia por a l.
t d el nladuvieron alrro gus an o
i·
acompaitrmles an
l 1-' li~o donde los pies
cer de pisar aquel sne º. e as
' . ñales húr
s y cleplmn leves se
caminaban tgero
, ' , lo absorbidas por
medas que desaparec,an pr on '

r

la arena.
. . . .. L en el mismo orden
\ nrlnvieron ast algun ra o,
l
San' .
1 iglesia La gon a con
que aband?~aron a
~Ji~uel delante, charlantingo y 1:lrig1da, Lup_~ y I ~s olros dos iban cado como dos desco~1 º1s. e., dot-l'' Teresa monolob.
esvuuru qu
ª
•
liados; ten . .
_
·u charla era suficLente
gueaba sin r:SJJll'O _) q~~~b;loso 'á 1111 cementerio.
para presttu aspe~to. J do que la escuchaban,
Escuchándola, 6 . ac1e·~·1b1"''. ib[tn mudos: enlos novios no tlecian p,t ' "' ..
t • aterrada
L" go en sus provee os,
simismado S nn ia
· "
do trance.
Ilriaida por la proximidad. llel ho:1len más bien
º
d - Teresa. tito un g11 o,
De pronto ona
.
•ó de Ja bue1 •do pues toda marnfestac1 n
un a an '
. m re de los límites de 1a
na señora pasaba s1e pñ t s la interrogaron.
·dad
Sus
acompa
an e ~
normal t
•
¿ Qué era? ¿ Qné sucedía?

La sefiora, bajandu rápidamente el diapasón
de su voz hasta convertirla de trompeteo escandaloso en un murmullo, dijo mostrando á un punlo:-l\lirad, callaos; mirad, ahí hay una chirla-,
y sn diestra sefialó con el gigantesco abanico un
ag11jern casi imperceptible, seíiul de qne en Jo
hondo, metida entre la arena mojada, esperando la próxima subida del mar, se escondía una
almeja. Después de realizado este descubrimiento, la seüora vió que el signo revelador se repetía e11 los alrededores. Todo aquel paraje estaba lleno, atestado de chirlas, y bajo los pies ele
!_os paseantes yacía el primer elemento ele ,.m
arroz á la marinera. La_gorda, á tal _pensamiento, no pudo resistir mús. Dejóse caer sobre ,,¡
suelo con la pesadez de una morsa que toma tierra, y allí, valiéndose de un palo recogido entre
la arena, empezó á el:lcarbur y extrajo pronto el
mnristo, una concha bivalva, de color melado,
sobre In que parliculas ele arena, se prendían
rubias y diminutas. Dofia Teresa mostró su conquista al mundo ,·isiblc, alzándola en alto, y
dCSJJUés conminó á sus amigos ú que imitasen
su maravilloso ejemplo y explotasen aquel criadero tan abundante.
Los rnuchachos no se hicirron de rogar y, cogiendo otros palitroques, fuéronsc en parejas.
,\ poco, la sociedad habíase dividido en tres.
T.11pe y '.\lignel estaban arrodillados no lejos de
dofia Teresa, y riendo iban desenterrando almejas y más almejas, que colocaban pulcramente
encima de un paiíuelo; la señora, casi yacente
sobre el suelo, extrnía las chirlas con ligereza
i1werosímil, y más lejos, junto á una roca que
i!Somaba algo entre la urena, Brígida y Santiago
se habí1111 detenido, parecían mirar con atención
al suelo, cual si b11scasen alguna cosa perdida.
Santiago sel1aló á su novia una ligera ondulación de la playa, al agujero imperceptible que
delataba al marisco escondido.
-Ahí tienes una-dijo; é inclinándose revolvió el suelo con el bastón; la arena se amontonó
en pequefias eminencias y entre ellas brotó a
luz la concha, cerrada, inmóvil, semejante á un
guijarro pulido. Dentro de aquel caparazón, el
animalejo debía estremecerse de susto, adivinando, en las brumas espesas de su instinto rudimentario, el peligro que Je acechaba al exlerior,
la muerte próxima, la boca del pez, el pico del
ave, la tenaza férrea del cangrejo. Fuera, el
hombre y la mujer, consideraron un instante su
captura; Sanliago la sopesó en la pnlma de la
nrnno, mientras el sol rielaba sobre la tersura
luciente y fresca de las valvas.
-¡Qué grande es, qué hermosa!- -dijo Santiago
con acento triunfa11te.
Brígida contempló con cierta melancolía la concha, aquel envoltorio calcáreo que parecía tan
inanimado corno una piedra. Luego, con voz triste y señalando á un poco de agua que se estancaba junto al negro pico de la roca, le elijo á Santiago:
- Echala ahí, déjala que viva. ¡Pobre bicho!
-Mujer, es lástima ... ¡Si todas las que pille-

mos las soltamos después, valiente negocio vamos á hacer!
-Anda, échaia en el agua... ¿Qué te importa?
-Como quieras, hija, hágase tu voluntad-hablú Santiago, dejando caer la t;hirla en el transparente y diminnlo lago que había junio á la
pena-, ya está libre. La verdad es que no rne
explico tu afán ... Todavía, si fuese una mariposa... un páju ro ... un uninial bonito ... Pe!"o eso ...
-y selialó á la nlmeja que había ~aí&lt;lo en el
ag1w.
Brígida suspi1·ú: -¿Enlonces sola mente liemos
de hacer algo por lo que nos resulte agradable
de ve!'"/ ... Hien. estú ... Los pújan.&gt;s, las f!o1es, 1
las 111ar-iposas, son los únicos que merecen un
poco de carifio ... á lo den1ús del mnncto que :o
parta un rayo. Pobres ele los viejof', de los que
pndecen de enfermedades ú ele Ie,1 lela el, que es
dolor perpetuo ... pobres, pobres ...
Se quedó pensa!in1 un ínstan!e. Sus mnnns
ternhlaban algo prendiendo muellemente las puntas volanclrras del velo que revoloteaban sobre
el coqJii1o. Santiago la miró atónito.
-¡Qué atroci&lt;lacl, mujer, qué seria te pone::s
pura decit" esas cosas! De fijo c¡ue á nadie se Je
oc tuTe entristecerse, ni f1losofar con menos motivo. \ Santiagó rió un poco para ver si su novia
se animaba.
Pero l3rígicla no se alegró. Al contrario. Sus
labios se estremecían como si fueran á gemir.
Sin embargo, se rehizo, y al lravés de la envoltura de su rostro se transparentó el esfuerzo del
alma, que se erguía, prnnta al sacrificio.
-l\'o soy filósofa, ni sabia, ni nada-habló serenamente, encarándose con la rubia arena pura
no mirar á Santiago-; soy una pobre m11chacha tonta que sólo tiene un poco ele caridad con
los demás. ¿.Comprendes? '.\Je compadezco de las
cosas, de los auimales, ele las gentes. Así, tal vez
encuentre consuelos el día en que sea desgraciada.
-¿Desgraciada tú ?-exclmnó Santiago-. !\'0
lo creo, no lo espero ... Es más ... me opongo. Tú
serás feliz, dichosa como una reina. Vivirás mucho, nos querremos siempre ...
-Nos querremos siempre-repitió ella como un
eco-, siempre, siempre ...
Callóse un instante, y luego, de prnnto, con
el ademán desesperado de quien se tira por un
balcón, dijo á su novio:
-Oye, Santiago mío, yo no puedo ... yo no
puedo acompaüarte ú América. Es preciso que
vayas tú solo.
-¿Eh?-preguntú el muchacho, sin acertar á
comprender-. ¿Qué dices"/ ¿,Te has vuelto loca
ó yo estoy trastornado?
-l'ii tú ni yo hemos perdido la cabeza. Estamos en nuestro juicio, hablamos sabiendo lo que
decimos y ninguno de los dos soñamos. Lo que
te he dicho es la verdad, la verdad de mi pensamiento. Yo no puedo acompañarte en tu viaje;
es imposible.
-¿,Por qué?-inlerrogó Santiago cefíudo, mirando ú Bríiicta fijamente.

�•
lf Yn lo pensó, yn lo meditó Brígí·
enen rada
lom'.'\o, no poc n.
equiYocn-~li maure replicó 1a muJer,
r,
.
o
Comprendía
que lnl yez se
h
.
ncriílcabn snbil•n c1n su no\·io, oponiendo al rclnmpae,neo nn- dn. mue ·
se . sabía que haciéndolo ns1 se s
g~abn.
C" ·ati\·o de los ojos del hombre In calma .de sus
•
. "
ero otra cosa repu
..
crincaba
á
Sanhar,o
...
P
que
In
ame~u,pilus screnus. Luego enmudeció, cual s1 aquede lal modo ú sulespíori~~r;~: ~l~n distinta ma11
1 palabras dijesen todo.
nazarnn de nrner e n
..
º~a~l~~ago callóse también. Por un mon~~nát~~~:
•
.
f ente ó. frente m11 en
, .
de todo, lo que yo mAs sicndos permanecieron r
. ' s rostros nera. .
-:\l1ra, S..rnliago, h
hacerte pasar un ralo
,· no se conocieran, romo s1 en su
t angustias al
com~ s1
nuevos facciones distintas de to es darte eslo. mula _or~, '
surglesen rasgos
,
triste, ailigirtc, porque \:CO
e ..
las que arnaron.
g da saber que vo no podré ir conl1go.:; Santiago ron
1
Alejándose por los azares de lo p~sca, a ordi-Yo tni;1poco voy- inlerrmn~t acento colériy los IlO\.·IOS s e mostraban como siluetas per

que

co de un niño
furioso-. ~o me
marcho á Arnérica, y aquí me

quedo para loda
ln ddu, aunque

no snlgn de pobre ...
-Lo que yo
más temía- habló Brígida es
iiue me llijcses
eso ... :--;-o, tú no
le i1ucdas: te vus
('011

~ligue\,

h n j a 8 allí,

ll'U-

en

aquellos pníses
tan ricos, te hat:

es

pode1·0s0 ...

y O no puedo cargnr mi cundencia con el remordi111ienlo de ha-

ber roto tu porvenir. C1·eo que has
de volYcr ú. bus-

•

t

.
' - l&gt;eru&lt;·ión &lt;lel ::;ol. En el honzon e,
11,,s bnJo la n.:\ e1
. lenbo.n, recorto.dos solos inmutables mo~les ozfue le "Sa1llia110 v Brí1 d I Cielo v r n
lH'C la cúpu a e
'~

o ,., &lt;

i:-,

•

•

ll'i

g ·,cta el mar repo5aba, toUL'iHeando .ª&lt;111uluys nola's•
c. e ra ·o de
prendiendo en. los ond~1.lan l es. l oinos. un
1 f i\gor pmm1cro Y 'lhumnnlmo de
. J
e '
á la roca íiltrámlose por las capas
luz. Junto
, 1
te! rl1a1·,·o •1·ecíu.
l
~
l·nrcl'iores de la uren_n, e agua
1,,s c·1belle1·as
,·e,·des
1
mansamente, espon1:mt o l· o'qucdades del pe1
de los al_gas _que -~r~~~~L~ 1~~ic¡~s jugaba en el agua
nasco. llf-n bd1ochceo¡ n ,,•,, movimiento imperceplib_le,
y en e un i
d' en lo. •uenn 1 iba. csrom1Iénla chirla se hun ia
•
clase sin parecerlo.
Santiago dijo:
.
pueda ir con nosotros,
- Tu madre, lal , ez
,
,. lu cuidare como si fuese su
ncumpnfiurnos ... J.O
hijo...
. . no sabes cuán re-Gracins, mu chus gl'llCLHS, mposible ~Jamá
-d t estoy
pero es i
•
conoc1. a e
..o sin fuerzas, para una traestá sin mov1m1enl '
.
1 del cuarto.
diao?,
ni para sa ir
'
vesia lllrga, ;qué
..,
...,
"bl
a.
es-Pero
impos1 noe. hay manera ... ¿..
. ~o puedes
dejar
e,
. 1e, que 1.i atienda.
algnien que la cmt

.

.

.

le esperaré siempre, hasta

l'arme. lo te espei 0 ~
.•
,
6 le vamos
,¡tic me caiga de vieJH. S1 ltUI dnlso.d..aqeu"lll ¡1ena ct~
.
Si vuelves pron o...
~
. ,.,.
a hfü•er... .
1 .. efio una pc~nd11ln ...

. . rt!cerá un rna ~u
1
11oy 11u~ 11. t1
, . a mucha ronlionzu ...
\'rll' vete. tengo con 0Mnz('
·1 l s
vJ. 1..,,,
~ ,·u'z lemhló ul repetir ª.quellnsl
e es1or",,'zªón'

que en nmo lrnlnb::m de infu_ndlr en
.
·n adf algo de su vigor.
ele la sarn ,e~ L
•
lma lut'haba el
•
ontestó En su a
Sant1aµo no e
. .
. . , de la pro. B •(T·da contra la lluSlOll
umor hurta n~1
. nu·o de su padre, que
1
bable ~01¡iun~~~ e~:~:~~ ~~~ ~e~tajns del fructuoso
c-ncomw n.i 'ci
. d combnlienles lenfnn paro.
destieno . .\quellos
os_ l a del
l onqu1s
. alma del ¡·oven, el
uym\arles en ª e
·ajes de las tierras
misterio:,;o encanto de 1
cil/dades remotas,
1
nucnls, el ~spej:sn.10 c. ~e alegria exqberante y
Jlernis de lupJ exóllcol, ltaban contra aquel po·
v todos uc ~
(lesconot'lt1a, J
.
sin novedad, y que
11 01 ba un lugar seme1,re anwr lugnreüo,
s l. senc1
dQ ocupa
en el alma de ·an Hle,.
d los montes, ó. In
¡·ante á la perpetua. Imela . er otro accidente del
l l nar 6 ó. cuu quie
h
sabana e e 1 l nde los ojos del muchnc o
,a,,orama habitual, co o
1
no descubdnn nadn ~uev .
·do á. no darles la
J'ero nunca le lrnb1esen venc1

º\;~

misma Brigida el arma más potente, cuando
pur-;o aute Santiago la posibilidad de ,·olver ú
la Jmlriu y recoger de nuevo el amor que dejaba.
Esta trcg:Ju, esta dilac-iún sin pluzo fijo, dió ul
espíritu del jo\·en el argwnento mús temible, el
urmu tn1idura &lt;le las componendas 1 de esos comprnmisos n1gos que, pareciendo at-reglar todo,
confían en que el tiempo dispondrá las cosas del
modo más desenble. Si Sanliago pensaba volYer,
aquella separación era dolorosa, terrible, pero no
ndquiríu el aspecto desolador de lo deliniliYo.
En el espiritu del muchacho existiu entonces el
deseo flrmísimo de türnur U su patria en cuanto
adquiries~ H([uella fúcil fortuna que le iluswnoba.
To&lt;l&lt;&gt;s los i.H:Cidentes de lu uusenciu, el ent1biumienlo ele! &lt;·uri!lo. necesitado ·de ver1 el oh-ido,
las posibles infidelidades, Ju enfermedad, tal vez
la muerte, el fin &lt;le todo, lejo::. 1 en el ai:slnmiento
de cuunlos se umarun 1 que ignoran la catástrofe,
las mil eYentualidades &lt;le tristeza y &lt;le dolor
que rodear1 la miserable \"idu huma11u 1 á lns que
sólo un amor firme y pre sen te puede tal \·ez ulejur, se habiun borrado ele la mem0rü:t del viajern. Sólo existía p,.11-u él un iudetinido periodo
de tiem1J01 y mienlms durara, las leyes naturale.s estariun c:umo suspendidas, sin atrernr:sl!
á herir ni ú N ni ú B1·igitla. Y ani111ado entonces
por aquella menticla seguridud, uhogundo la v0z
de su carillo con tul c:u111iunza 1 dijo :::iantiugo:
-Tienes ruzóu. Te escucho. :\le :sw.:riJioo ...
me iré ... pero me has de prometer esperurrne,
¿verdad·? ¿ :\1e e!:iperarás siemp1-e·? ...
Brígidu se sintió apresada por el destino. Inslintivrunenle miró hacia el charco. La chirla
habiu. desapurecido 1 sulvadu, Ol'Ulta en la arena.
Por un rnomento le pai•cció U Urígidn que cualquiera de las cosas cn~u&lt;lns, aun Ul!Uel humilde
animalejo, al que su inten·enciún momenl'J.nea
salvú lu Yida, ern mús feliz que ella. :"\o pudo
hahlur. !:;e le hu!Jía Jrncsto un nudo en la garganta y su.s ojos nubludos ,·eíun il. Slmtil.1gu borro~urnente, cual :;i u11u 11urno Íll\'isible se lo
hubiera llenulo muy lejos. á donde ello no había
de llcgur . .\lin10~un1entc, deseando asegurarse
más di:: que no hucía nut.lu malo al irse, el jo,·en
Yolvió á interrogur a Brigidu.
-¿lile espcral'ús'? ¿),le espernrás siempre'?
La Síl&lt;Tilicada hizo un e:-;fuerzo titánko para
hablar y, al Jln, c:ogh.&gt;ndu ú su HoYio de la mnno,
le dijo Gon voz ronca:
-Siempre, toda mi vi&lt;lu.
Luego liró de él, y sei1alundo al charco, cada
Yez mayor, (.'Ollclllyú:
-.\nda n'.unonos. Ya esto tc1-minó. El rnar
sube.
1

\]

El tiempo que faltabn para el Yiaje de Sant_iugo
pusó lentu y rápidamente á la vez. Cno á uno
fueron sucediéndose los hechos. Se casaron Lupe
y l\Jiguel, levunlú la cw;u dolla Tercsa 1 ,·endió
algunos muebles, conservó ol ros, entre ellos la
fnmo~a caja de música, que, cuidudosnmente
embalada, se il&gt;u hacia el Perú para encantar
nlli á las per:-;onus de gusto. Uon nnmón y San-

llago tamblL'n se lJrepararon. y en la ogilnción
de tales lances, los día~, las semanas sucedían~e, lle,•úndose al pasado aquellas hora!-..
El'u inútil que Sa11tiago hnbln~e {1 sn n-0,·ia de
la &lt;llegria del retorno y de lo que hal'ian. Y ¡,aru
que ni oun momentúnemne11te la sncritlcada pudiese pensar en la remota certeza ele aquel porYenir, sil•mpre esb1ha junto á ella1 invísible 1 ridiculo y conmovedo1\ el fantasma de doJia Francisquita, la del lunar, la novia que murió aneianu de:;pués de ,·ivir en la espera constunte
del 110,·io que se ful•.
Si Brígida hubiese querido ilusionarse, no se
lo pcrmiliría aquella melancólica aparición que,
corno la sombra al cuerpo, seguía Riempre ti la
!:ianinc:udu, cual si la dijese: -:\lirame, contém1ilumt&gt;, cuenta los arrugas de mi cara, examina la tristeza de mis ojos, el temblor e.le mi
cuerpo il1feliz. Piensa en todllS las lágrimas que
he vcrlidü, en la soledr1d irúlil y arnurga ,le mi
c:xisl':'nciu, en la muerte, crue me cenó los ojos
1
no sudados por la \"isla de mi uinur. La ,·ida
se repite. Trae siempre las Hlismu.s dichas y
los mismos pesa.res. Xingún dolor hurnuno e~
11ue,·o- ·- Y aquella tuntilenn melancólica sonaba
perJJetuamente en lo.s oídos de Brigida, subrayaba las frases de ~anliago, sus proyectos, como
el campaneo fúnebre de un loque de únimus.
.\l fin ,·ino el otario y con él la fecha en que
se ilJa Sai10ago. Desde el amanecer estaba levantada Brígida, sin que sus ojos se· hubiesen cerradu durante la noche entera. Aquel día último en
lJlie ,·eía ú su no,·io 1 llegó sereno, \'elmh.t_.. su !Jermos111·a !Jül' cenda.l de niebla que nudu de los
hú11wdus eu111pos, de las hojas mucrta~ 1 umuntouadus en lus cunetas de Jus curninos.
bt desvidicron en el c.:omedor. Sus adio'cie~ souarun 11Jclancólicos y \·alientes. ~inguno de IO.\:I
dos lloró; en cambio, á doiia Concila le femblequeul&gt;a algo la voz, y una \'ez ul pusar Drigida
junto ú l'lla, la acarició suavemente con la ruano.
IJc~puL·~ permitió á su hija que acornpafiara a
Santiago ha!:ita la escalera.
El corto trayecto desde el comedor á la puerta
pare&lt;.:iU iutcr•rninnble á los uovios. :-;o se decían
nada, les era imposible hablar, caminando juntos. unidas las manos1 hacia el agujero negro de
la puerta por donde Suntiugo se irío, tal vez pura
no voh"er. El ruido de los pasos re!3balando so~
hre la estera, subrayoba el silencio de los novios 1
i!Ja aconipaflundo su marcha hacia el destino,
hada el pon·enir mislerio.-;o é inquieto.nte. Al fin
llegaron ú la puerta. Alli se detuvieron un momento, pmlieton hablar. Apenas cambia.ron algunu.-; frases, llenas de la insulsez de Jos adioses.
-¿:\le escribirás todos los correos?-pregunló él.

-Todo~.
-Yo también ... Cuídate mucho, no le ajetrees
dernasiado.
. -Yete tranquilo ... Y tú haz lo mismo. \'o
enfen11es.
-Aquel es un país sano. Te rnnndaré fotografias pnra que lo c-onozeas.

�finn trnbazún de las cuerdas, las columnas macizas ele las chimeneas. El buque se aproximaba.
Ya se le oía mugir, se escuchaba el sedoso rumor con que las ondas se abrían bajo el corlnnle tajamar. La niebla prestaba á la marcha
del
barco un encanto indeciso 1 lo hacía seme-Acliós 1 adiós.. Esto parece un sueüo, no
jante á un bajel hechizado que partiese para
puede ser otra cosa.
--Si, un suelio, un suefi.o-repilió ella; y mi- ulgún viaje misterioso.
rando al novio que se iba, que se alejaba irre- · El corazón de Brjgida saltaba dentro del pemediablemente, murrhuró :-El fin de un sueño. cho. Sus manos se habían adherido á la ruda
:'\o tuvo fuerzas de ir al comedor. Entró en la piedra de la muralla y levantaban el cuerpo cual
solita, cayó en una de las butacas y allí lloró. si quisiesen acercarlo al barco que venia. Pronto
La pesadumbre de lo irremediable abrumaba estuvo tan cerca, que Bríg:ida pudo ver clarasu ulma. Ya no vería á Santiago, no le oiria mente cuanto adivinó ante3. En los flancos, los
quién sabe poi- cuánto tiempo. Cuando volviese., iguales ojos de los tragaluces la miraban con
las muerlas pupi1a.s de sus cristales redondos.
:-,i totTtaúa, los afias habrían transcurrido, cambilrndo ú las gentes, variando las almas. ¡'\i elln Sobre cubierta algunas personas se agrupaban,
ni él serían los mismos. Tal vez no armonizasen imposibles de reconocer aún, igualadas por los
sus corazunes 1 y después de haber ambicionado abrigos, por los chales que las envolvían.
Brígida sinlió que no podía respirar. Entre
la ditha de volverse á ver 1 sufririél.n el inmenso
aquellas genles estaba seguramente Santiago.
de:-engaüo de descubrir que mnaron á otros seres
_\brió mucho los ojos, concentró toda su vida en
distintos de lo que entonces serfon.
la mirada y, por un instante, el resto de su
Esta sensaciún fué tan penosa para Brigicla,
cue1'po
no existió; estuvo como si la. muerte lo
que lu hizo leyantarse, salir al pasillo, á la ese.llera, impulsada por un pensamiento. Aún po- hubiese herido.
El bRrco acercóse más, mugió sorclnmente la
día ,•er un inslante más á Santiago. El buque,
múL1uina, y en el agua los hojas muertas se
p¡_1ru salir del puerto, habia. de pasar Jw1to á
utorbellinaron, se hundieron en remolinos rápiIn .\lnmeLh1, 1•ozc:ir ~asi el alto murallón del pados para surgir de nuevo, salpicando de oro y
se rJ ,mtes ele perclerse en la mar. Desde alli, Bride sangre la blanca espuma hirviente. Brígida
güln. uh:anzariu la suprema felicidad de Yer una
yez mas al amado, ele consern.1r una última viú JH:l~ur el barco ante ella, pudo distinguir á
lo:.; viajeros, reconoció á Lupe y á dona Teresa,
iinflpen. Tul vez S&lt;.intiago iría en el puente, poú :\ligue}, á don Ramón, á lodos los que se ibah,
&lt;lrím1 grituu.;e adiós ...
á todos 1 menos á Santiago, quien tal vez llorase,
:-,..;¡1iió faern. andnvo depri:'lfl. En nqnella hora
oculto en su camarote.
lt&gt;!nprtllW nadie pa~aba pot el rnueHe ..\ lo lejos,
Fué una visión rápida. El barco se alejó antes
},J;-; 1JrlJ11le&gt;- de la ulamedn, olmos, plátano,;, chode que la enarnornda pudiese darse cuenta clara
piJ.-,;. colon'!úbanse otollales entre la neblina. Hade lo suredido . .Entonces gritó, clamó:
da ello:-; Loniü Bdgidu.
-¡~antiago! ;Santiago! ·
El 1rnseo e:-;tabn üesierto 1 silencioso. De yez
Su YúZ se alzó agmla. cnlre el tmnu\lo de las
e1i vez, niian hojns muertas 1le:-.de el alto raaguas
revueltas, Hegó hnsla el barco y Lupe
mnje y ú. Jo:-::; impulsos inderto:-; del nire rerodebió oida 1 pues 13rigida la vió correr por el
1,ibnll un poco, uuit'mlose ul fln con sus olrns
puente 1 hundirse por una escalera en busca de
h~rinauus, ~·acentes en tierra U meridns por el
Sm\liago, mientras el buque se alejaba, se perdía
ugua inquieta del mar, que colwnpiaha dukernente los anchos ahnni1'os rojizos &lt;le los pli1tu- entre la neblina.
Ya iba lejos, cuando In abandonada, fijos siemúos. el oro púlido de las bojas pequeúus. DríJlre los ojos en su dicha que partia, entrevió dos
gida se acodú en el parapeto. mirú hacia la ,·illa.
::;ornllrns, dos ,,agas é imprecisas siluetas, que
:--:a,lu se di\'i~Jba uún. Entre la niebla dormían
ugitnban sus pofiuelos, y pudo imaginar que
lus L:u:-;as 1 los montes .. \Jguna bana se iba lenta
Santiago y Lupe la decían adiós.
al mar. Subiendo entre lof; árboles, nn chopo
Luego la visión se borró, y sólo se vió en
puntiagudo te,mhlaba sobre el delo gris como
lontananza la sombría forma del barco que perunu alta llama amurilla, y bajo aquel cloro fuldíase mar adentro, dejando como única señal
p:ur !ns ulras copas enrojecian con matices arde su 1iaso la estela espumosa donde flotaban
rli,?ntes de bronce:-; y de hierros .•\" egreantlo al
las hojas muertas. Ilrigida miró entonces un
lnlYl'~ de Jos celajes, una gran marn 1\otante
in~tanle más nl Océano, se-cóse los ojos, y desaparedú lejana. El ban:o Yenia.
pués, con paso firme, echó á andar hacia el
lll'igida se inclinó rnús. Sus ojos parecían
imantarse con Rquella Yista, atrayesaban la nie- pueblo.

-Sl, mándalas·.. . Luego ella, con valor inaudito
pronunció la palabra definiliva:---,-Adiós, Santiago.
Vete. Que Dios te proteja.
Santiago suspiró hondamente 1 apretó convulso
la mano de Drigidu y después dijo:

•

,,,

li
''

:l

bln. mlh·i1rnb11n In silneta podero~a del casco, la

Spie::. ILaao de Thoune\ Sui::.ct, Agoslo 1907.

:: :: NÚ/t\éRO :: ::
fXTRI\ORDINI\RIO

Originales de Jacinto Octavlo PICÓN (d
Ramiro de lil/lEZTU, Josl! LÓPEZ SILII~ ~ R. &lt;'l. E.), lllberto'. IHSÚ/1,
MIICHIIDO, Emilio C/IRRERE e , nltonlo de ZIIYIIS, Manuel
V , ranc seo \llll.llESPES,, -

=

lluttraclonea de SIMONET MEDINA V
VÁZQUEZ"CALLEJA, AallsrfN HU1~:Rg· de MÉAEZTU, SANTA.NA BONILLA
1 GUTI
'
RREZ URRAYA y TOVAR

�</text>
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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Zamacois, Eduardo, 1873-1971, Fundador</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>López Roberts, Mauricio, 1873- , Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>finn trnbazún de las cuerdas, las columnas macizas ele las chimeneas. El buque se aproximaba.
Ya se le oía mugir, se escuchaba el sedoso rumor con que las ondas se abrían bajo el corlnnle tajamar. La niebla prestaba á la marcha
del
barco un encanto indeciso 1 lo hacía seme-Acliós 1 adiós.. Esto parece un sueüo, no
jante á un bajel hechizado que partiese para
puede ser otra cosa.
--Si, un suelio, un suefi.o-repilió ella; y mi- ulgún viaje misterioso.
rando al novio que se iba, que se alejaba irre- · El corazón de Brjgida saltaba dentro del pemediablemente, murrhuró :-El fin de un sueño. cho. Sus manos se habían adherido á la ruda
:'\o tuvo fuerzas de ir al comedor. Entró en la piedra de la muralla y levantaban el cuerpo cual
solita, cayó en una de las butacas y allí lloró. si quisiesen acercarlo al barco que venia. Pronto
La pesadumbre de lo irremediable abrumaba estuvo tan cerca, que Bríg:ida pudo ver clarasu ulma. Ya no vería á Santiago, no le oiria mente cuanto adivinó ante3. En los flancos, los
quién sabe poi- cuánto tiempo. Cuando volviese., iguales ojos de los tragaluces la miraban con
las muerlas pupi1a.s de sus cristales redondos.
:-,i totTtaúa, los afias habrían transcurrido, cambilrndo ú las gentes, variando las almas. ¡'\i elln Sobre cubierta algunas personas se agrupaban,
ni él serían los mismos. Tal vez no armonizasen imposibles de reconocer aún, igualadas por los
sus corazunes 1 y después de haber ambicionado abrigos, por los chales que las envolvían.
Brígida sinlió que no podía respirar. Entre
la ditha de volverse á ver 1 sufririél.n el inmenso
aquellas genles estaba seguramente Santiago.
de:-engaüo de descubrir que mnaron á otros seres
_\brió mucho los ojos, concentró toda su vida en
distintos de lo que entonces serfon.
la mirada y, por un instante, el resto de su
Esta sensaciún fué tan penosa para Brigicla,
cue1'po
no existió; estuvo como si la. muerte lo
que lu hizo leyantarse, salir al pasillo, á la ese.llera, impulsada por un pensamiento. Aún po- hubiese herido.
El bRrco acercóse más, mugió sorclnmente la
día ,•er un inslante más á Santiago. El buque,
múL1uina, y en el agua los hojas muertas se
p¡_1ru salir del puerto, habia. de pasar Jw1to á
utorbellinaron, se hundieron en remolinos rápiIn .\lnmeLh1, 1•ozc:ir ~asi el alto murallón del pados para surgir de nuevo, salpicando de oro y
se rJ ,mtes ele perclerse en la mar. Desde alli, Bride sangre la blanca espuma hirviente. Brígida
güln. uh:anzariu la suprema felicidad de Yer una
yez mas al amado, ele consern.1r una última viú JH:l~ur el barco ante ella, pudo distinguir á
lo:.; viajeros, reconoció á Lupe y á dona Teresa,
iinflpen. Tul vez S&lt;.intiago iría en el puente, poú :\ligue}, á don Ramón, á lodos los que se ibah,
&lt;lrím1 grituu.;e adiós ...
á todos 1 menos á Santiago, quien tal vez llorase,
:-,..;¡1iió faern. andnvo depri:'lfl. En nqnella hora
oculto en su camarote.
lt&gt;!nprtllW nadie pa~aba pot el rnueHe ..\ lo lejos,
Fué una visión rápida. El barco se alejó antes
},J;-; 1JrlJ11le&gt;- de la ulamedn, olmos, plátano,;, chode que la enarnornda pudiese darse cuenta clara
piJ.-,;. colon'!úbanse otollales entre la neblina. Hade lo suredido . .Entonces gritó, clamó:
da ello:-; Loniü Bdgidu.
-¡~antiago! ;Santiago! ·
El 1rnseo e:-;tabn üesierto 1 silencioso. De yez
Su YúZ se alzó agmla. cnlre el tmnu\lo de las
e1i vez, niian hojns muertas 1le:-.de el alto raaguas
revueltas, Hegó hnsla el barco y Lupe
mnje y ú. Jo:-::; impulsos inderto:-; del nire rerodebió oida 1 pues 13rigida la vió correr por el
1,ibnll un poco, uuit'mlose ul fln con sus olrns
puente 1 hundirse por una escalera en busca de
h~rinauus, ~·acentes en tierra U meridns por el
Sm\liago, mientras el buque se alejaba, se perdía
ugua inquieta del mar, que colwnpiaha dukernente los anchos ahnni1'os rojizos &lt;le los pli1tu- entre la neblina.
Ya iba lejos, cuando In abandonada, fijos siemúos. el oro púlido de las bojas pequeúus. DríJlre los ojos en su dicha que partia, entrevió dos
gida se acodú en el parapeto. mirú hacia la ,·illa.
::;ornllrns, dos ,,agas é imprecisas siluetas, que
:--:a,lu se di\'i~Jba uún. Entre la niebla dormían
ugitnban sus pofiuelos, y pudo imaginar que
lus L:u:-;as 1 los montes .. \Jguna bana se iba lenta
Santiago y Lupe la decían adiós.
al mar. Subiendo entre lof; árboles, nn chopo
Luego la visión se borró, y sólo se vió en
puntiagudo te,mhlaba sobre el delo gris como
lontananza la sombría forma del barco que perunu alta llama amurilla, y bajo aquel cloro fuldíase mar adentro, dejando como única señal
p:ur !ns ulras copas enrojecian con matices arde su 1iaso la estela espumosa donde flotaban
rli,?ntes de bronce:-; y de hierros .•\" egreantlo al
las hojas muertas. Ilrigida miró entonces un
lnlYl'~ de Jos celajes, una gran marn 1\otante
in~tanle más nl Océano, se-cóse los ojos, y desaparedú lejana. El ban:o Yenia.
pués, con paso firme, echó á andar hacia el
lll'igida se inclinó rnús. Sus ojos parecían
imantarse con Rquella Yista, atrayesaban la nie- pueblo.

-Sl, mándalas·.. . Luego ella, con valor inaudito
pronunció la palabra definiliva:---,-Adiós, Santiago.
Vete. Que Dios te proteja.
Santiago suspiró hondamente 1 apretó convulso
la mano de Drigidu y después dijo:

•

,,,

li
''

:l

bln. mlh·i1rnb11n In silneta podero~a del casco, la

Spie::. ILaao de Thoune\ Sui::.ct, Agoslo 1907.

:: :: NÚ/t\éRO :: ::
fXTRI\ORDINI\RIO

Originales de Jacinto Octavlo PICÓN (d
Ramiro de lil/lEZTU, Josl! LÓPEZ SILII~ ~ R. &lt;'l. E.), lllberto'. IHSÚ/1,
MIICHIIDO, Emilio C/IRRERE e , nltonlo de ZIIYIIS, Manuel
V , ranc seo \llll.llESPES,, -

=

lluttraclonea de SIMONET MEDINA V
VÁZQUEZ"CALLEJA, AallsrfN HU1~:Rg· de MÉAEZTU, SANTA.NA BONILLA
1 GUTI
'
RREZ URRAYA y TOVAR

�El ·tuento SemÍlnal

AIII IV.-1 Dklemlll'I de mo.-llUN. 209.
PRBCIOS DB SUSCRIPCION
lladrld J pmlnclu: Trlmealre, 3,60 pesstaa.

SB PUBLICA LOS VlJnUm8

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&amp;nuncios á precios convencionales.

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DFICIIIS: Fuenc11rr111, núm. 90.-KIDIID

Númno suelto: 8 0 céntimos.

Apartado de Correos 409.

~---~~~
...,......_,.__..,,.__,.., ___

-w~·

NUESTRO NÚMERO PRÓXIMO

EL GUARDA DEL /V\ONTE

PUBLICARÁ

LA VENGANZA DE AISCHA
PO~

~~s_co, 8Je111p1:c que quiero. Cuando me hastía la

FRANCISCO VILLAESPESA

REMEDIO DIVINO
ANTIRREUMATIGO infalible

todas las maffifas--

taciones de tan general y molesta enfennedad. Su
éxito es seguro; á. la primera fricción atenúa el dolor
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¡mru el C"ol)ll1. ,·
t\ Hlc1 de ,\la.dr1d1 aún rnás fatirrosa
e,

U que para el cuerpo1 hago el esfuerzo de macli:ug~r, que en un rnadrJlello es casi rasgo de

grs,to de aJHéll'~ura que no predispone en favor
SU) o. En cambio cuando F,C consigue distraerle
habla mucho, es afaüle, hasta gracioso V aquel
sello. de tristeza que allen1. los linea~ d~ ~u flsonom,a, se trueca en sonrisa que respira bondud
Y franqueza.

lto~·UJsmo, tomo el tren de las siete, llego al monUna noche, después de permanecer allí el &lt;iíu
te á las ocho, paso el día procurando no acordarentero,_
al. levantar1:1e de cenar1 me dijo Ramüti:
1nc ele nada enojoso, como fiambres que llevo v
-Senori to, hay que darse prisa: se nos ha hesabrosos guisotes quP allí me hacen, ando rnuch~
.Y á la noche vuelvo por el último tren que para cho tarde; no le quedn á usted rnús éiue el tiempo tasado para bajar al Ul}{'adero y pronto
e,~ el apeadero cercano, distante de la cnsa de
porque el. último tren debe de hab;r salido
mi amigo poco más de un kilómetro.
·
del Escor1al.
Los nacidos en otras regiones de Espafia dicen
•
qt~e. el campo de los alrededores de Madrid es
rc:.sur.o; á n'.i, me gusta. El suelo pardusco, quc~e \u ~asa del monte al apeádero se tardaban
h1 udo Y du10; el arbolado verde griseo de chavcmtc.
mmulos. A buen paso1 tasi corriendo\
lUITos,
1·01,Jes
·
l . .
Y enemas; las tremendas pcJla$
prendimos
la marcha tropezando en -piedras v
cenicientas cubiei-tas de mus~o alagartado que
n'.tllczas, ponrue era obstura la no(;he; y ya ,~parecer colosales bestias dormidas en
ni~1~os ganada J~ niilad de la. cuesta que hay qur
mnwyll reposo; el c.ontorno de las montaflas
hnJ~l has~,a la via, ruawlo al salir de entre una:,;
t:ua'.ito ,abarca la vista, tiene por su forma, pm'· enemas vimos el farnlón dclantem ,Je:¡ frcn (JUP
s~t c?lo1 Y por sus proporciones un sello de gran- se
aecrl'aba á todo vapor.
,
&lt;.l1~EHlrtd .wie ~Ll':11ira y sobrecoge. J\o es un pai-Es
inútil
C'OI'l'f't', dijo Hanión; hen1os call't,8i:1JC bomto ru nente; pe.ro hay en ól cierto aspecl o ele clesol~da henno$,llra que sugiere é im- ludo .mal el tiernpo .. \dernús, yo no porque conozco bien el _piso 1 pero usted puede caerse y haP?n.c al ah~a 1~eas de tranquila y austera poe- cerse dafio.
srn .. !.os pcnsarmentos que allí se enseüorean del
Comprendi que tenia. rnzón: nos pararnos: Pl
esp1ntu ~o son alegres; mas como si se Jimptasen
tren llegó al apeadero, se drtuvo los dos rninutos
co~ la ~1vez~1 del airo, dan ú la voluntad vigor,
Y a la 11na.g1nac1ón esa ap-c'l.c-ible íllé!ancolía qTie de reglamento, Y partió. despidiendo la. locomotora nubes de ~wno y gruesas chispHs, nlgunas
sólo saben saborear los capaces de sen titla.
de las_ cual~s u1ecndiuban á trechos las matas
secas mmediatas á la vfa .
•
*.
-Volveremos despacio, elije.
-Y en ,·cz de acostarse usted en una ele \a_.,
'!'lene mi amigo en _el monte dos guarclas 1 Ra~·amas crue hay para los convMa.dos que viene11
n1~n Y ~Andrés, ~}adre é hijo; de cincuenta ó pocos
'-~ cazm·, le haré la del serinrito: es mejor porqne
lrluS u11os el primero, y de veinticinco el segundO. Lo rr~:uente de mis excursiones, y sospecho turné colrhón de muelles.
1 1
1t e lumbwn de mis propinas, me ha hecho amigo de ambos 1 pero sobre todo del padre· homJ)rc
••
r'n lo físico tan corpulenlo y de tan reci; contexEd1au1os ú andm· cuesla arl'iba, hacia la casa.
tura que parece un Hércules, y en Jo moral de Soplaba w1 airceiJlo fresco en extremo grato destan buena fnclole que, luego de conocerle, se te pu~s ~le lo ~rdoroso de~ día, y allá muy lejos, por
r~bra verdadero afecto. Sin embargo, á primera la ullrnia lmea del hor1zonlc empezó á. surgir la
1
v:slu. no atrae porque es hurallo Y tosco· ancla luna, colosal y rojiza, cuyo disco al través de
tnste, esquiva la conversación, y n~va
siem- las ramas de los árboles parecía un encaje de
pre el semblante como contraído y afeado por un fuego.

y¿

••

eJ1.

!es ~a:e

•

casi

�asPgt~~'o ú ust.ecl que CJ'&amp;Í que se me había muerto··
el chico. ,\qní, coH10 usled sabe, no Yienc

l.:111'.hw_n

i•n 111uri-_1_10

nadie

nH.'tf:

que

llJI

vi&lt;'jo íJue

!rae t'i

pan dr \ i!l~!ba. U11 a nmi'íana, en lugar del Yiejn,
que se l1abia pueslo malo, tan i~1alo_que se rnu-

(~ 1~í

m~ .~ustaba que i_ne tos_ p_uSiese ... , tolid,

' _ª) ~1 .. , d1J1n.10s, u pues casarnos .. '.)) y nos casu111ü1'. ,\ndrés
lo lkvú,
nrny
ú~mal • r 11- C¡·.lcl. 1.lclis·1·
~ , ¡ . _·
,
. 1 -;
·e ª
ª dec:inne que To masa tenia· en Ylc.l

1 C\- 16

llalba mala fan1a Y que yo estaba demasiado

mentos en que el máS receloso siente la nccesichlcl de aliviar su dolor contándoselo á quien tic11e
('t&gt;rca, sea quien fuere.
-- Si, sl'fior- repuso-una pena muy gra.ndl', ílr
lodos los días, de todas las horas ... 1 desde hace
altos.

Nos detuvimos maravillados, y yo, sacando dos
cigm'ros y dando uno á Ramón, le dije:
-,\hora no hay prisa: vamos á descansar un

ralo.
I\-fe senté en e'l suelo y Ramón hiio lo" propio;
pero en vez de seguir contemplando, como yo.
aquel grandioso espectáculo, apoyó los codós en
las rÓdillas 1 la cara entre las palmas de las manos. --y se quedó tristemente c.nsimismado. Así
perrr_¡.aneció un rato muy largo 1• y Dios sabe
cuánto hubiese estado si yo no le llamase. Su
actJ1ud no era·de cansancio ni ae·fatiga, sino &lt;le
pena: bastaba mirarle á la cara para comprender
qne sus pensamientos le hostigaban con recuerdos de pesadumbres pa_sadas ó temor de males
venideros=
-Pero .hombre ... , Ramón ... , ¿qué diablos le sucede á usted, que: siempre está tristón y cabizbajo, corno pastor á quien Re.le mueren á docenas
las ovejas? ¡Cuidado que hace tiempo que vengo
y le conozco á usted! ¡Pues aún no le he visto a.
usted un i;lia entero de buen humor! ¡Vamo~1
hombre, anímese usted, y si yo puedo servirle
de algo en remedio de sus males, eche usted por
esa bocal
~lucho rn(is de!Jí de decirle, é induda.l:)lcmente
1e conmovió la sinceridad que respiraban mis palabras; ó tal vez le sor·prendi en uno de esos mo-

- Hable usled1 ho1nbre, hable usted, y a ver
si yo le encuentro remedio.
- N1 asted. ni nadie; pero le contaré. el on·•
gen de todo para que ~e persuada de que no
exagero. De este modo me. perdonará si alguna
vez parece que peco de desatento ó de perezoso,
por andar metidQ en mis cavilaciones.
Y sin esperar á que le hiciese más protestas
del inter~s que. me inspiraba, siguió de esta manera:
-Ha de saber usted que yá enviudé hace muchos alJos, quedándome de nü Pepa, mi primern
mujer,- á quien tenga Dios en su gloria, ese hijo
que usted conoce, Andrés, más bueno que el pan
y que ya entonces era mozo. Al año de morir la
madre, el mucha.cho se enamoró de una chica
hija del administrador del solo de los Molinejos,
y Luve que dejarle qu e se cusara. El amo les dió
casa con la condición de que en vez de vivir en
esta de la parte alta del monte, que usted conoce, habitasen en la de allá abajo.
-¿La que está junto á la vía?
-La misma: yo me quedé en la de arriba, si!1
más compañía que la vieja que cuida de los puercos y las gallinas. Aquella soledad, ó aquel apartamiento de mi hijo, á. quien no veía más que
una vez al día, y menos cuando el tiempo se melfa en aguas, me hizo mucho mal. Vamos 1 le

~ió aquella semanal vino su hija) viuda de trein-

r!UJer.tantos
años, pero muy reguapa; una gran
Pregunte usted quien quiera y le d.ira
~

á

que en dos leguas á la redonda no había otra
c?mo la Tomasa. Para no cansarle á usted1 yo
viudo y solo, ella lo mismo, comenzamos á hablar
un rato, mafíana otro más largo ... entre bur~
as y veras, que si ella me ponía los ojos dulces Y

;wy

v~ejo para marido: en esto último puede que tuv1es~ razó~, per? lo otro ... , lo otro era mentira;
?ªd_je pod!a decir, con fundamento cosa fea de
fomasa.
'
Aquel afio hubo mucho robo en el monte sobre todo atlá arriba: el invierno fué 1nuy cr,udo·
los pobres y los malhechores de los pueblos cer~
canos venían á cortar leña ó poner cepos; y el

�amo nos dió orden ele que, mientras durasen loR
robos, Andrés y yo nos quedásemos por las noches en la casa alta, y las dos mujeres fuese11
ít vivir ú la casa de abajo, la de junlu á la via.
.\.si se hizo, de modo que Andl'és y yo no la~ veíamos más que de dia y por turno: unas veces bajaba yo ... , otras veces él. Aquello duró dos meses, y luego volvieron las !'osas ú quedar r-omo
antes: los ehicos, en la casa baja y nosotros en
la alla: pel'o esta sepanwión fué ro.usa rlc tocias
uuestras desdichas ..\. la mujer de rni hijo le hizo
el amor un 111020 ele Yillalba que pasaba p01· ¡c1l1í
lodos los días, y la grandísi1na infame se dPjó
querer, ab1·iéndole la puerta y rN;ihiénrlole ó 1narehándose con él por esos campos en r·1rnnto lograba burlar la vigilancia de To111asa. De allí ,í
JJOCO no había por estos contornos quien lo ignorase; el único que no lo sabía era 111i pobl'e hijo.
_.\.quella grnndbi111a si1t n •rgüPuza hu;:ta sp ihn
algunas Yeces al Escorfol ú. buscar ú su mnm1tr.
Llegó el afío del cólera, que todavía no sabíalllos
1G que era; pero ¡vaya s i vino!, se moda la gente
,g1e daba miedo . .\qui no hubo rnás q11P &lt;IOR casos, Tomasa y Pepa, qne rnurier-011 eon difer-1mi-ia di• cuareula y ocho hornR. Exr·uso de&lt;·ir!P i
usted la impresión 11l1e aqtwllo no;-; cnusn ría. Esto
es muy triste, ¿verdad? !\las nada tiPne de c•xlraurdinario que el cókra SP IIPVC dos p1•1·s01rns de
nna rnisrna familia.. Pet·o \'erA usted lo e!llf' sigue. "Cna noche de otono rni hijo se q11rclt'i á clol'mir en la casa de ahajo para tornar clf' 111acl1·11gaela el primer tren que fue:-;e hac-ia ;\Jadrid, donde tenía que hacer c·ompra;;. Hubo mm lornwn ta
horrorosa; rt agun rnín ú lol"l'Pllff's ~ los 1·,1~·0,-;
&lt;·11&lt;·1•mlí1111 el aire.
lk pt·onto &lt;·011u•11zarnn 11 apotT&lt;'Hr la p111•rln;
lllltl \'OZ pirlió SOC(l)'l'O y .\ncli·é,i Rf' asolll() {t la
\ t•!Llana. Era un emplf'ado ele la r~l ariún dd Es&lt;·orial 11ue iba ú \'illalha y al &lt;·ual la IP111ppslad
había srn·1n·endido en el n1111inn. ~li hijo lP alwiú
para (lll'' s&lt;• guareriPsf', y allí Pst11viernn fu111nudo, hablando y jugando á la hi-isea hasla rl a111a1wcer. ~i Andrés le conoda ui el al rnuchac-no;
tlO había cutre a n ,hos rcsentilllienlo alguno. l .o
que sucedió no se explica mús qne por l'Sf' clrsro
11erio qur sienten algunas ¡wrsonas rle ,-ontar ~·

repetir lodo lo que salleJL y escuchan; pero l&lt;,
rierlo es qne aquel hombrr, no sé si estúpido i",
rnalnuio, le refirió, cun drlallcs y fechas, qw·
pasuwlu por allí, 11lltl'has 1·,•1·,•s ú hrm1;; clisti11tus,
predsamenle en la época eu que Tolllasa. y Pep,1
habitaron solas la casa,. había visto entrar 1111
rnoc-etón á q11ien primero una de ellas hac-ía scflnlrs tll'sdf' las \'Cltlmias; y que rn oli-ns ocasimlf's
lrs había vislo, de lPjos, juntos por PI e-ampo \'
t'Ogiclos ele la mano, co1110 van las parejas rnamoradas que huyen de la gente cuando creen qll(•
no les mira na.die.
Andrés, según me ha. dicho, hizo todo lo posible para q 11e aqnPl homb1·r le diese algún elato,
alguna SP1ia, algún dela lle por donde colegir rnú 1
rk tas dos era, si la más joven ú la ele tnús a11C1s,
y ni fin logi-r"i ni-rmH·nt·Ji• 1111a nli1·111iwió1t: Ju d,•
11ue aquella mujer fü'\'aba :-;iernpre un corpi1-,n
rojo que se veía desde muy lejos. Es decir, la
culpable era mi nuera, port¡uc Tomasa no usabu
Pntonccs coi-¡iiiío de tal &lt;'Olc.r, por lo recirnte r¡ue
Pslalla la 111,wrtc lle s11 paclrr, y en rnmhio l'"JlH
lrnía uno.
.\. partil· &lt;Ir la i111p1·11rll'11cin. ronwlida por ,H[lll'I
lwmhl"I', lfli pubi-P hijo t·o111Pllzú ú sufrir lo i111!Pc;illl&lt;'. Yo le veía tt·isle, pPw-,nlh·o, hura no, cuino
11sled 1111' \·p ú 111í. lln:-la 11111• 1111 din, {l Ílll'l"Zil
el&lt;• oü¡,li&lt;·us y n1rgos, &lt;·011sPg11í fJll&lt;' 111r lo 1·011t&lt;:1nt loclo. Su llHHlu ctr hnbl,u·, s11 \'t'hcnwr!f'ia, sus
1,1inidas ch• hwo, lodo 1111· &lt;·on\'1•1u-ió de llllC' 111¡11,•lla i11Pa H("almi-íu i-011 (•l. l~1iloncPs ... PlilOJH"f'S yo
hic,· una t·osu &lt;!lit' no st; si t's lHIC'IIU ó si &lt;'~ 1rnd11,
pt&gt;l't&gt; 1·011 lu &lt;·ual rsloy dt•rlo el&lt;' &lt;!ll&lt;' Jp ltc salvarlo.
l.&lt;' &lt;lij1• q11c la cnlp11bll' Prn sn 111mlruslrn, q11,•
~·o lo subía rlcstle Jrlllc·ho li&lt;'lllJlO nlrús, ~- q111•
salJía larnbié11 í!ll!' pu1·a e\'ilui- sospt'dms ó pa1·a
1111c cu~·rsrn sohn• l'&lt;'lin, To1nasa le h11rlnlH1 ~
SP ponía. l'l &lt;·urpii10 n,jn. .\Hclr{•s 1111• pidic'i j11rn111P11to clt• 11ue &lt;!reía vri-dad, y juré.
Y el pobre Ilurn6n a1·abú su l'elulo &lt;liL·iéntlo111P:
- ))r Tomasa. nadie 111ahler·irá pot·r¡ue mi hijn
g11nrrla t&gt;I falso sP1·rPto dP 111i deshonrn; y yo
pt·rfiPro que cn•a qur 111L' ci111ivo4.11é al 1•legi1· ltlllj&lt;'t·, ú í[lll' SC' tn\ll'l'U de [ll'llU c-rPyendo c111e ]p 1'11·
gu,-1ú la suya.

Don Pedro franqueza
Conde de ~IJ:.LHLO)'l"GH

Este que veis con híspida cabeza
poner sobre los timbres de Franqueza
el coronel condal de Yillalonga,
de lanzas y eclesiásticos derechos
f-abe hacer en sus tratos granjería,
Y en él no más, para amañai· cohechos,
el fácil Du&lt;111e Cardenul confía.
,\coslwubra, tan grave en el pupitrn
eomo febril ante el fulgor del ai-ca,
t:un sus instintos ávidos de buitre,
acaparnr mercedes del :\Ionarca.

En sus cofres, por leyes de comercio
vil, que ejecutan sus skurios, debe
y ex¡n·illlit· su gnrniPI l'l al111oc-relJc.

.\.1 oro dúctil, su conciencia embota
e,! futuro torrente de doblones
lJttc al 13elis vienen á verter la Flota
~· del Perú los lentos Galeones.

Y lanlo, por los cúnoues que vicia,
la populm· indignación .le injuria,
que al cabo le somete la Justicia
al rigor de los limes de la curia.

.\uclaz emprende enmaraliadas sendas
por a.aecer el brillo de sus galas
y amontona, con quintos de Encomiendas,
maravedís de turbias Alcabalas.

Y cuando pl'eso l'a de torre en tone,
punza.do por las flechas del olvido
y ve la :\Iuerle r¡ue ú sn encuentro corre,
los ojos loma á Dios agrnllecido,

De :\Jontesa la Cruz luce en rubíes
sobre eJ ucgro velludo del vestido
y el zumo de garnachas y jabíes
liha en al'génteo bernegal fabricto.

porr¡ue no quiso, por \·~ngar su expol(o,
c;ondenarle aJ. escálamo entre alieres,
con la arista á romper del acrostolio
el cristal ele las ondas bereberes.

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,\! wli-id, iG lle _\"ovie111 bre lie 1910.

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EL PATIO TRANQUILO
,.
I

SIIINETE COMPRIMIDO

'
• l a ¡ azul e 1 a ¡!n a.. míu:
un cr1s
¡
Era como
¡ 1 azul cnsta '
·datrasce.
•.
yu tniruba la vi
r y de poesia,
ebf'io de juventud, de amo del y un madrigal.
. e1·a un ardiente ron
mi vida
.
·sora sofiaba noche y d1~,
.Cigarra imprev1
'
·- l lie1Ttpo glucrnl.
, ero pau1 e
,
·n cuidar del g1an.
. la noche ard1a
s,
lar cuanao
'
-i'ué
dulce era can
libia v~ vernal.
p.¿
nstelada de rosa s de luz,
e-o
mor
daba en luminosa a .
~Ji corazón se
mi interior,
l'a cantar e11
.
á la vida; sen I
1 surtidor sonoro,
d
fontanas, -e
da encanta as
. ..entcreííado el pensarn'.
'
de castillos de humo,_ p
melenas a! vienta,
e, clíJ.s1co, las
bajo el chamber::,o
a nube de oro.
y el alma, viajera sobre u11
lI

- o era la soledad
Paladín del ensuen '
. erte precita,
·narada de rm su

-

la más fiel cai
. &lt;le la Casu9lidu4,
"uésped de la hoster1a
. siempre á 1a cila.
H.
•
e es anfitrión
que falta casi

1Ji

1

qu
á la negra odQDdad
b el hambre
.
Cuando llega a
azul proscnta,
~
del cielo puro Y
de mi alma1
. . mocedad
.b. le m1 loca
.
salia á rec1 1r
legría bendita.
radiante de q uimeras Y ª

(Á TELÓ, CORRIDO)

"d la bravo. risa franca;
A la miseria sórd~ ª1 , .do siempre al ancal
d la Gloria, p1end1
banal
del corcel e
·.. la suerte hosca y

(Personaje úni00_: ÜH"rJ7,
inspector de Po:1c1a
U bnnn, con nms ga Iot)e~
qie el \i1inistro de J\lnrm.:1.)

ía el secreto
si el corazón poeta pose1·0 de la vida un soneto
. 50 bre el Lec I
,
de engarzai
.b _ dos de ideal.
con 1os. catorce ve !,sos· ana

llcÜa hasta la, balcria; .
se atusa los cuatro JJ{~Jt'- que tteue en la c.uro?t d·

¡q11é importaba que fuc,a

PROLOGO

{ Sale Ortiz1 pau.socia111e11/e;

lose· adopta una ac i ~
gall~rda Y así se expli~·a

ante el público, des~ues
de hacer una corlesm ):

Señoras y caballero~ : ·
Como· no quiero que dtgtm_
que aqu í esfafamos á n&lt;1dJC,

0 por propia eniciativa,
;ai1go á decirles á ~stés
la verdaz. Esta cosita
que vamo s á hacer
. no
., vale
clos pesetas, y es mdizna
de que la oigan Y la ""."enn
.
des!i.nou1clas
per.sonas l un
b
1
como us l e··s , aum¡tie c:omprenc
.
o
&lt;¡ue eslá mal que y~ lo el ign.
El autor la hizo ant_moche
de dos palás y no t,ra,
con e lla , á que le levanten
v·
una estatua en la Gran ta.
Ahora si se la levantun,
·u .
i eso, ~llá ca uno! A 1o que I n .
Se trata de una ligera
custión entre dos vecmas

�de barrio, que no conocch
la nrbmlicln,r, ni de oídas,
y es claro, como estas gentes
11~ han itlo ú lus Ursulinas
ni tienen, como nosotros,
In educación 11ue L'S debidu,
pues suelen meter la pala,
Jlevús de su fanlesía,
y emiten .dichos que atafíen
nl padrún de la familia.
Pero, en fin, clcspnés ele tóo,
¿. 11116 persona, por m11~· fiun
qnr sea, no ln ha metido
aJcr11nn
ve,r,? ... ¡Tonterías!
o
.
,
Qnié decirse que, st ustes
oyen cm1lq11ier grosería
p~r un casunl, no hngan _(;_nsn
J1e11guno, que en esta ,·Hlu
las cosas hay que tomn rlns
según el que las emita,
porque ¿es lo mismo la coz
11ue dé una caballería
c¡ue la que dé yo, en un rnzto
de acaloro? ¡Es muy destintn!
(me ¡mee-e ú mí), porque siempre
hnrú más daiio la míu.
Y uho1·a vamos á otra cosa,
11ue es bueno qne lóo se dign.
Toman parle en el a.sunlo:
ta Filo, 1ma. cuplet_ista
c¡ue mueve los solomillos
v lmiln la danza egicia
~n los cines, con ca molla
v en 1·edondez q11e prirn.
:\lal'cos, esposo legítimo
cie la nnlerior, se· dedica
ú lus labores do111éslicus
y f11é I riple de en pilla.
1,11 moni, chula ordinaria,
pern frescachona. y limpia,
(¡ne rnnndo se descompone
, ln buscan las cosqmllus,
lié una lengua qne hny c¡uc i1~11r
lmrletc para no oirla.
Yilor, su ... conglomerao,
mixto de caballería
,. de arbafíil, que no ladra,
¡iero es porque no se estila.
un niiio, fruto inocente
de un choque de simpa.Uu
entre la Dionisia y Vitor...
en fin, ¡ cosas de la vida!
Pepa, mujer ele Manolo,
curda de primera fila,
,¡ue· tiene el campeon~l?
de resü;tiencia en la J)Itmrn,
y Orti:. (servidor), q~e está,
por si ustés .le necestlan,
en el Ramo de Limpie;as
de la Casa de la Villa.
lle de azvertir, pa que luego
110 tengamos tonterías
ni gaitas, si el espetáculo

se conr-111~,e de seguidn,
IJlle por nrnc:ho r¡ue estiremos
la cosu, no dura arriba
.
de 1in cua1·to de horn, Y que ac¡ui
110 hay Jurrueas ni machichas,
ni enseüan na las seüorns,
ni mneve nadie la tripa.
\hora, si ustés nos machacan
dcspnés de dar esta ristra
ele csplicaciones, qué le hemos
de hacer; ¡ pacencia y saliva!
Conque beso á ustés la suya,
y á ver si pa cuatro días
;1ne
uno á Yivir nos dfrn
11stés en la coronilla.
¡ ~lelilón, arriba el lrapo !
}-;eñores, hastn otra vislu.

ESCE:\:,\ 11
DICHOS

.\l 1RC.

"ª

])JO.\.

(Mu lis.)

.\l 1nc.

y

l\I.IHCUS

((Jw' view, tle lus .lloa/c'1ts1·s
con un ca/Jcio 11101/l'misla,
co11tawlo tlineru.,

Udrn11l,1
,\ treinta... ¡~Juy bueno::; clíu&gt;&lt;!
¡ \"aya usté con IJios !
Od1enla
·" treittlu de !u lejfo,
una con diez ... ¡:\'u 111c :-,;nlf !
¿),abe w;té, sefiú JJicmisiu,
~i ha ::;ubido mi se1101'11?
.\le puece &lt;¡uc no.
¡ (J11é c·hit·,1 !
¡\J11(;]10 IJlcldl'tlgil.
¡Sino
se hu acostado todavía!
¡. Pero es que no duerme en ca:-;u '!
Y a hace lres noches.
¡Atiza!
¡ Ese dichoso teatro
la está quitando lit , idil !
¡ Claro estú ! Co111u cltu es lil t'lllic.i
(rue 1·esulla en lii taquilla,
¿sab.e uslé?, porque hace lodo
lo que hace la Fornarina:
pues una~ noches con olrus
sale á tres p.iezas, y encimn

lu lineen emmynr después
de la función muchos dius.
Así es que viene la pobre
lo que se dice molida.
Dmx.
¿ Pero la deja ustó ir sola?
l\L1HC.
¡ Cómo sola! ¡ Ko, hija mía!
¡ Qué disparate! ¿ Usted cree
que ella? ... ¡Ca! ¡Sí, sí; bonita
es mi mujer! ... La acompaiíá
un abonado, bolsista,
que se ha ofrecido á ir con ella
hasta que encontremos chica.
ÜIO.\'.
¡ Tenga usté cuidao !
1'fARC.
¡Quién! ... ¡ :'\ada !
¡ Es persona correctísima!
¡ Por Dios!. .. Siempre la eslá hablando
de la Bolsa y de las Dncas
que tiene, porque es muy rico;
pero, nada : sin malicia.
Drox.
¡ Ya es de agradecer!
.\Lrnc.
¡,\y, sí!
Calcule usté si me q11ila
molestias, porque se viene
con ella todos los días.
No tardarán.
D10x.
Y usté aqní.
.\fine.
¡,\ ver! ¿Quién harre y q11it'.·11 li111pi¡¡'!
.\nles me ec:hubu 1u1a rnnuo
la cl'iuda en la cocina;
pero alturn, co111O tmnbi(·11
se hu metido ú cnplelislu,
me lu tel!gu ,¡11ü liHccr todu
.,·o S&lt;•lito. En fin, ,·e,·iuu;
vuy ú hat:el'lu el de,;c1y11110
¡ior si Yic11e.
ll!Ci\.
¡ 7\li11'ic1uil11 !
.\Í.\HC.
J)JQ\.

lJu '-'·

.\hnc.
DIO.\.

.\Í\HC.

E S C E~ A P R I l\I E R ,\
Drm;is1.1

y el

C111co.

i ,\y, ay!

-Cállate, arras! rao !
1
Que Le he de arrancar ú til'as
el pellejo pa que mi~es
olra vez ande te arr1mas.
i .\y, ay!
.
¡Toma, so cod11nol
¡ Lástima de pulmonía!

])JO\.

:\hnc.
D10x.
:\l.\ HC.

CHICO

Drox.

Cmco.

l&gt;JU\.

...

¡ Súcalc 111

l'11Í,(

i11n !

,\11 ne.

¡_ Cúuw'! ...

IJJO.\.

l lulJluba ,·u11 mi chin1.
¡ .\11 ! ... ll11m10, l1&lt;11;í,1 luego.
_\.di(,s,
1 ec.;iuu. ( ¡ 1.us h,.1) cu11 piul ns! ,

.\IIH1:.
t&gt;m,.

' li11/m l'l

1

l 11 e1ar ele la acción : Cn palio
etc ~,.tcinclud. Es de día.
.\1 empcznr el saii1ete
peina al CHICO la D!O;:&lt;;JSIA
y le introduce las puas_
ele Ju lendrera en la cnsma.

¿Elt'! ...

11111iw1

l'n .m c11ul'l11

(/(&gt;/ CUl'l'&lt;'d111' lj &lt;'11 S&lt;'ljl1Íd11

su/e di'/ ,rn!f1J /u P1•1111,
1¡111• es 111111 t'/111/a 1·c1.,/i;11.

ESCE:\:.\ J 11
D10\Js11,

el C1m,o .,·

P1-.1·1

¡ .\lunolo ! ... ,\diús, ::;eüú J&gt;ioui.
¡ Yamos, hurnbre; ít ,·er si estiras
ht u::;ndura ! ¿ O Yas á e:sla l'te

en Ju cama toit lu vida? ...
i Pel'o, Ye usté !
t )JCI.\.

.\J11jer, déj,tle
que tluen1rn la popalilw,

cJuc anoche creo c¡ue vino
cargao...
¡ ~la !dila he bidu ! ...·
¡ ~diste (Jllc la trnjo gorda
el ladi·ón ! ... ¡.\sí pen111la

�DION.
PEPA.

DroN.
PEPA.
DION .

PEPA.

DHJN.

PEPA.
DION.

PEPA.

DJON.

11

Dios que se le vuelva dentro
cardenillo!
'
i Por Dios\ hija!.
Es un vicio de la sangre.
¡ Es una ... no sé lo que ibu
á decir, porque me tiene·
muy harla, señá Dionisia!
¡Jlartu! ... ¡Ya, ya!
¡ Sí, seflora !
Siempre sales con la misma
relación, y en cuanto le hace
dos ú tres zalamerias
de las suyas 1 te derrites
igual que la manlequifü1.
¡ Sí1 sellara! Eso es lo que J. una
la pierde, señá Djonisiu;
el ser una pa los hombres
tan eso.. tan ...
Sí; nó sigus,
que aunque des con la palabra
no vas' á poder decírmeh1.
i Miá. que es usté maliciosa!
Vamos, anda; dale prisa;
no lardes, y cuando n1eh•üs,
le sacuda la polilla.
1,'ié. usté razón. Hasla luego.
Anda, con Dios, hija rnin

F1LO.
DION.

ESCENA VI
DICHAS

i\l\N.

Dl0N,

¡ V e.11 1 aquí, cebón,
y ó. ver si revientas!

(1'ira
de él y se lo lleva á rastras,
lo mismo que las mulillas
á los pencos. Por el {oro
entra un yuardia á toda prisa
y llama en el bajo f:,qiiierda;
mientras, denlro 1 la Dionisia
le pone á golpes al chico
las nalgas en carne viva. )

ÜRTIZ
ÜllTJZ.

•

GUARD.

~

¡ i\I uy buenos!
FILO.

t·

CU..\RD.

ÜllTIZ.

ÜRTIZ.
GU,\RD.
ÜRTJZ.

Porque estoy haciendo
un melóclrama á toa prisa

GUARO.

01rr1z.
ÜI\TIZ.

(Dentro, con vo; desle1nplada.)
¿ Quién llama?

GUAltü.

Soy yo : Farifüis.
(.4bren la ¡,ucrta. y Orti,

Orrriz.

sale en 1nangas de camisa,

GU,\RD.

El teniente alcalde
que vaya usted de seguida.
¡Quién! ¿Yo?.
Sí, señor.
¡Rcdiezlu !

¿Por qué?

OR.TIZ.

pa narbieri, y no me falta
más que darle la punlillu.
¿Pero usté también escribe
comedias?
i A ver quó Yidu !
¿ Pero usté'!.
Sí, ltomb!'e. ¿.Q11é pnsn?
Ya te clnré una entradila
pu el estreno.

No faltes.

CAB.

¡ Adiós, mi vida!
(Vase el aaldn. Filo sube
la esGalera de puntillas,
mientras reanuda el e:rpurao
del chiquillo la Dionisia1
y al acercarse á su cuarto,
da un grito y se pone Uvidn
por algo que ve en el suelo
q1ie la reniueve y la indigna.)

l
D10~.

y en seguida, DIO.'\l y el
¡Despidiéndose en el [oro

FILO, CAB,\Ll.ERO,

Fito.

del caballero bolsislci
que, por descansar d Jlorcns,
la SÍl'l,'(' de CDlllJHl1lir1. )

¡¡Uf!! ... ¿Pero qué redemonios
ha pasao aquí? ¡ ~Ialdila
siá la casn y el que la hizo!
¡ Oiga usté, seliá Dionisia!
¿Qué se le ha roto iL usté?
Nada.

DIO.\'.

FILO.
CHICO

,,,

Advertirle á usté que el dia
que al niño vuelva á ocurrírsele
lrncer chistes aquí arriba,
le va á quedar In frugancia
pa tóo el mes.
¡Jai, jai, qué risu!
¡ Tan poca vergüenza tiene
la madre como la cría!
¡ ~o se enfade usté, sc,Tora!
¡ Qnr a~ro de niño!
Pero 1 hij.-1,

ESCE:&lt;IA V

Dro:--.r.
FILO.
DIO'l.

J)ION.

FILO.

FrLO.

¡Ancla diez!

\'esle 1
que yo voy 11a all(L en seguirlfl.
i Este _es cribienclu ! . ¡ Sen ores,
cómo está el arle hoy en 1.Hn !

Hasta la noche.

F1w.

¡ Pues me echa una lavativa!

Yo, na&lt;!.a.
.
¡ Qué porquer1a

de gentuza!

¡Adiós! ... ¡Vete!
CAB.

con una pluma en la oreja

GUARD.

¿Qué quié uslé decir?

~IAN.

y GUARDIA

y en la mano unas cuartillas. )
¿ Qué traes?

ÜJO:'f.
FILO.

FILO .

GL.:.\Bü.

ESCENA IV

(Aso1nándose á la puerta

¡Niñas!
¿~1e hacen uslés el osequio
ele entornarse las boquitas
pa ver si puedo coger
el sueño?
La papalina
será lo que pué que· coja
usté, como tóos los días.
Ca uno coge lo que puede,
como usté sabe.
¡ Ahí le pica !

1
1

¿Otra vez? ... ¡Jesús, qué vicl1t!
¿ Qué has comido, condenao,
pa que est-és así tóo el día?
¡Ay, ay!

y MANOLO

en pa,1os menores.)

(Vase Pepa por el toro,
y el nilio lle la. JJionis ia
úcrrea como un beccrrn,
sutetá11dose lll l ripa. l
Pero, chico, ¡ qué le pasa!

Cmco.

¿es que quió usté que le amarre
del pescuezo una tomiza
y que le saque al arroyo
lo mismo que ú una perrita
de lanas?... ¡ Pues no ha cambia o
que digamos 1 su ilustrismu
desde que dejó los zOrros
pa meterse á sicalítíca !
¡ Yaya usté de ahí, so ordinaria 1
¡ Adiós ... la seffora fina!

DION .

FILO.
D10N.

Buen remedio:
tome usté la Equitativa,
y así estará usté más ancha
y más ventilá, querida.
No puedo. Estoy esperando
que construyan la Gran Vía
pa alquilar un entresuelo
de tóo lujo.
¿Es usté rica?
Con lo que tengo en el Monte,
me sobra.
¿ A ver la cartilla?

Í\[ARC.

(Saliendo.)
¡ Oiga usté !. ..

FILO.

¡ Cuidao!
(Mostrándole la reliquia
que hay en el suelo.)

¡ Jesús!

l\lARC.

¡ Qué atrocidad!
IJIO~.

l\Jás valíq
que en lugar de ir por las noches
á cantar las porquerías
que canta usté y á encitar
á lns hijos de familia
moviendo el mondongo, mientras
está fregando ese lila,
Ia\'ase usté los guifiapos
que se saca ahí pn que se . ría
la vccindaz.

•

�\'ícr.

lli:n la puerta.
¡ ,\ cnsu!

j

\'ícr.
.\l I.HC.

¡ Xo !il· l'! In c11lpa!
L1 tiene el que se denigru

¡ Qtti~iera usté mis guillup~s

])]t)'\.

pa ponh·se\os el clín

discutiendo con pelambres.
¡. Y usté, qul' es?

\-JCT.

Dro:,,.

Xo qt1iero.

Fu.o.

I•

Diu,.
F1uJ.

¡ .\y, hija!

1r,

del Corpus y dnrse lona
de ¡iersuna destingnida !
¡, Tié usl(· por· ahi unBs. gaf,1s·?
,\lrnmús ú ele rora Antigun,

:\1 \t:C.

F'JLO.

pa que el sol no tenga e1widia
de estos ojos.
¡ .\y, qué láslimn !
Pero si se nesecitan
de aumento, pongo por raso,

se husccrn.
[) [(¡\.

FILO.

Fno.

lJJO\T.

Yícr.
\I\HC.

\'icr.

¡ ~liá qué ricu !
¡ Oiga uslé 1 so cnbezoltt !
¿E!:i á mi?
¡ :\ uslé', mi vidc.1 !
¿.Su pul• suhe1· qnil-11 lin sido
el ,d111u tal'ilulin.1.
ljlle le l,a duo ú usté 1n vela

vu .este entierro'!
¡\'ele!_

l&gt;1U'\.

\'ícr.
.\I.\RC.
F!LU.

,\1 \HC.
1JIO'\.

Yícr.

¡Quila!
¡ ,\ n1í no me hn dudo umlic
Yela!
Xi h1 ncsedla,
1&gt;on1ue él la Ucne ú loü!:i horas.
¡Eso!
¡ Ya lo presurnín!

Cuando dos muje1·es d1len,
es derir, Ctwndo 11orfiun
esln duma. de at¡uí abajo
y esa golfa de ohí arribu,

CHICO .

uslé se guarda la lengua
v se mete en lu cocina
á. ver si hay que fregar algo,
¡ so animal!
¡Padl'e!

,\f \HC.

¡ Qué risa!.

Oye

~

¿ \'es

le lia Uumudo padre;
quó chico lan bromista?

(\ ºíclor trata de subir,
en m..:lilwl agrcsiea,
u SU, nwjcr le éonliellc
]Jara ci:ilatle ww rninu. )

\'il.:T.

Cmco.
D10::-..

fn.o.

; Baje uRlé aquí!
¡Padre!

¡\'ílor!
¡ So ... siégucle u_sk~ Ycéinn!

Unnz.
~Lrnc.
¡ GaJlina !

¡ ,\Jaldita r::;i;i !

FILO.

¡\·enncú!

,\hRC.

¡ No subas!

r-

¡Qui11.l!

Ernn pa. qne viera usté unos

).J \HC.

F'JLO.

que lrny nifios.
· ¡GoJfo!

1)10:--.:.

'

•

bi.ljos como· no se estilan

en la casa; sobre 1oda
en los cuartos ele nhí nnibn.
¡ .\y, á verlos!
~lujer, déjuln;
&lt;11w ahora eslá ele cnceríu
y vas ú espanlarle alguna
pieza ninyor.

-~der.

Xo quiero,

DIO.\.

\.ÍCT.

No rorre prisa.

de oido decir lóos los días.
; nepítalo uslé !

í)¡ox.
Fu.u.
:\! \HC.

'I

Call~l, Duni:,ia;
que lo que él es, ya estás lrn 1fo

\'íCT.

Pol'que yo lils gasto oscuras
Dro'\.

Entrate!

D1u.\.

ESCE:-S.\ \"JI
0JCHOS

01rnz.

y

ÜHTJZ

(Que entm como si le lrnúiemn
llamado con campanillas
cuando los nervios estallan
y los golpes se avecinan.)

'

; ¡Alto!!... ¿Qué escándalo es este?
¡ Se1lores ! ¡ Que no se diga
que cual ro personas serias
y bien educús y diznas,
por un quitame esas pajas 1
JJierclan su buenu armonía J
Ea ; ca cual á su cuarto,
y que no haiga más rencillas.
¡¡Puafl! ...

¡¡I3urro!!
¡Vamos pa adenlfü!
.i\'o te arrebates, vidita,
.r entra á descansar un rato 1
que habrás venido rendida.
Anda, saca la bayeta.
¡ Eso es lo que me fastidia!
(Entre unos y ottos se cru:.an
miradas torvas, que indican
qtte el asunto no ha tenido
solución de/inüiva;
escupe Marcos d Víctor,
y a{ recibir la saliva,
éste, sin hablar, contcsfa
de una manera expresiva:
pero cumpliendo el mandato
de Orti:., todo se termina
por el pronto, haciendo mutis
en direcciones dislinlas,
la Filo con su consorte,
1J Víctor con su costilla.
Entonces el inspector,
volviéndose d las vecinas,
que al olor de los azotes
salen lo mismo que hormious,
dice con vo; campar_nala
y en act'ilud tribunicia):

¡ Comprímase aquel que lenga
genio fuerte y sangre Yiva.
y miren qué fácilmente,

si no es por mi voz amigo,

s~ ven &lt;los hombres perdidos
y dos mujeres perdidas!
TELO!\

j
EL VICIO NI\CIONI\L
( DIALOGO)

-¡El primero que me azuce
pa jugar con él dos céntimos
ú la lotería, no hace
otra digestión á tiempo!
-No te enfades.
-¡Hombre. si es
que me ataco de los nervios!
¡l\Jiá que decisiete números
sin coger un mal reintegro!...
¡Hay que ver! ¡Permita JJios
que reviente tóo el gobierno
desde el mismo Romanones
h.asta el último portero!
-¿Llevabas mucho?
-¡'[_;na fli rna /. ..
Pon cinco duros y medio,
íiólo por mi In.o, y agrega
tres ó cuatro por lo menos,
ele mi mujer, entre picos
de aqui y de allá.
-La Remcclirn\

he notao que no se queda
sin probar ningún sorteo.
-Toma, corno que ella ha sido
la que me ha metido en estos
frcgaos, que si no ¡de dónde
me iba á ver yo con mi sueldo
gastando armilla de rede
con el frío que está haciendo!
-¡Mal sos elá!
-Yo enlodavía

suelo picar uno ó medio
de tarde en tarde, ¿pero ella? ..
Digo, tú debes saberlo
porque contigo también
ha jugao. si no padezco
un error, algunas veces.
-De dos sí que me recuerdo.
-¿Y qué sacasteis?
-Cn chico

de tres pesetas el décimo.
Total seis duros.

-¡Ah!. .. ¿Si?

¡Pues se hO. guardas el dinero!
-Fué cuando estaba soltera.
-¡Ah, vamos!
-Chico, y te arvierlo
que ahora no sé1 pero entonces
tenia una mano pa eso,
que al que jugaba con ella
le tocaba algo.
-T,o creo
porque tú me lo aseguras,
y tú eres un hombre s.erio,
Pero en tres afias y meses

,

�mi so_svresa, cuando veo
sentao junto ·á la ccunUla
1
1 unq~lamente un sug11rr1,
r[u~ ni se d1znó si&lt;:ruiern
saludar!
--¡Rediez!
.

&gt;

prro. chico, en unos térmi11os·
que de milagro patente
'
no se t1uedó zapatero.
Total: volviendo al asunto
referente á la Remedios:
es1ábamo.-;., vo ca noventa
y él cuasi Úpn;s, -cuando en e~to,
ele pronto al ·ir ú tirar
una carambola. á huevu,
me da. una J)UJJ.Zá en PI vientn•;
Y me r:one .POI' túo el cuerpo
un sndol'_ f.no, ~, me ernpiezan
unas answs v un mareo
que si no es~ pol'quc me ditcfl:

-

~-

"&gt;

- -

-¡llonibre, mélefe los dcdvs
en el lJalrrJn.1, ú estas horas
cs_loy en el Ceménterio.
-Eso fué un cólico.
·-- Puede

Q · ..

de casa 1 con el ojetq
de echarle unas carambolas
á Paco el de los Camelos,
en San Millán 1 y al marcharme
la dije:~Mira 1 Remedios:
acuéstate u no me esperes
que pué q1.tc tarde.-,\le alegro,

que hace ya que nos casemos
la estoy oservando el sino,
día por día, y me apuesto
á que entre cien mil mujeres
no hay quien lo tenga más negre:.
-¡Qué pesimista eres!
.
-Hombre,
á los resullaos me atengo:
á mí me costa, ¡figúrate!

(me dijo ella) porque 110
1ne puedo lamer de- sue,10.

Conque me fuí pián pianito
pa el billar y1 con efeto,
al verme entrar por la puerta,
Paco, que se cree lo menos
un fenómeno y que sabes
lo bruto y lo pinturero
que es, va y esclama grilflndo1
pa darse tono :-¡Te juego
Jos ca{Cs pa los presentas
con veinticinco pa cienlv.1
__._:\.luchas son.
-Le doy el tiple.
- Pues él juega.
-¡~i un pi111ie1tlu'.
La prueba es qL~e de seguida
le dije :-Me va d dar miedo,

que ella hl:!, jugao- GOn quinientos
á escondidas, porque sabe
9ue soy refrazlario al juego,
y sin "ernbargo 1 á estas fechas,
aunque digas que .e~agero, :
está por el primer duro
que yo. le baiga visto C'l Jli-.'lo.
¿Es mala pata? .. _
.......:...Y 1 no u8Üt::te.
tu casa es un juhile·o

tóo el santo día.
-la ve~.
Chíco ·es lo que uo r _o )nprendo:
¡ó la humanidaz es loca
ó yo estoy 'Como un - cencerro!
-Aberraciones.
-En fin;

pa p_robar hasta- que e_stremo
se piensan que m.i muJer
tié la suerte entre los dedos,
voy á contarte una cosa
que vas á decir que mirnlo.
!Salí yo tras ele antinorhe

f

pero, si quieres, . apúntate
cinco mds.-¡Vam.os d verlo!
En fin; que sacan las bolas,
salgo con una de mérito,
y 11;1ego Yoy ¡zás! prencipio
á hrarlr. retrocesos
y picami y feligranas,

..

•

-,¡ \'o quiei-u

decirl~ lo que. pasó ,
por nn m~nte!. ..
'I
...;...Lo ccnnprcndo .
-Pero basta con -que sepas,
pu -~!lle te hagas cargo de ello,
q11e aun_que sé que (lli mujer
i,tnles de manf'har su crf'ctilo
de honrú y ·1ie! se mataria
~
iPOI'(J,lle _no hay _nf qu~ hablar d2. es;.: ·
m.~ ~O]\'J_ lo&lt;;u, .v si 119 ~ i-.
:j
me 1lu1~!lla tan á 1iE'rnJl0
la PruvldPHCia, te- juro
Jl'?r la t~tQ que me diel'on,

•

.~
~~dt''

·

•¡

-Que le rnfria1'ias. · ·
- Bueno:
pues como n1:e puse 1nalo;
Y yo en seguida mr nienso
que. voy á diüarla-, di)e:

-Dispensarme si lo dejo,
pero en esta liesifitra
la verdá, chicos no p~wdo.
-¡Veste! (contestaron tóos).
-¡La .-~alu:; es lo prilnero!
1

(r;1e d1¡0 Pa~o). Mmiana,
st estas me¿o,\ seguiremos.
- - El, claro ..
.

-¡Co,110 r¡ne es!aba

cuasi con el agua al ruello!
Conque me marchó pa casü,
me abre la puerta rl sereno
subo, llego arriba llanto '
.V nadie contrsta; \ rurlvo
á Jl_amar y ¡q1H si c1uien•s!
1

-¿.()né, tunipoco?
,
__:_¡ld1•n1 dL~ lil'11zo!

J&lt;,nlrnH·f•s, tlt'!-::rspt&gt;rLu,
Y a!Jurl'idu. qué hago: iwgu
la boca á la cerradura
hrcho un hu1·uc·ún (ya fTPo
qu~, rnc ronocrs y sabes
í(llll~n soy ClH:l rHlu 1111' ('(ilit·11 l( 1)
Y cl1$&lt;?, echando madejas
de bilis :- ¡Pero, Rcmcdir1s.' ..
¿Quieres abril' de seguido
ó liro la puerta al suelo? '

-Te abrirían.

.,
-¡Pocas g radas!..
X ahora prencipia lo bueno:
lomo lóo el pa.&lt;.;i!lo nlante 1
cchanrlo lumbrc1 pcnetro
en la sala ... ¡y 1i't ri1rrula

BJenverndo, que_.-les .abro

en :~mal ronw _á los- ('erdo_s.
--¡Si que se las trae la e"o 8 a!

1

~'l ... ..;,_

,---¡-Cáilafo, hornllr:e!. .. Pue 8Upuc-sto 1
q.H.q nm,~trsmzamos de -risa
luego de:ft)liés la Remedios
Y yol
~n. n11n,1, l._l('OJ'dt\ndonos,

en.

purc¡ur

-¡.\b! ..
,
.

u

-tlt:ll'll'

lie mut:h(J ~-.Q.ICJ'U.

¿Sí'!
·
-Como r1ut• n1r.tvas

que me (ruaseu.

¡.\ qué cUrús tú ~ue iué

.

~- -- ·
, r..,;

ú 111! casa aquel SlH!eto
1
con tóo ~u cuajo, f _e§a~ hQ!,'.US
Y_ e!1 el ngor del ivie\1io"!~--':\o sé.
a

-Cavil'lt.
-Xo dov.
---Pues vas á queclarte . lelá:
¡~ que mi mujer le diera

c:mco reales en un décimo
que i,abía aue llevaba
'
pa la jugú i:Ie Afio nuevo!._
¿Es afición? ...
-¡Qué rarezas
tién algunos!
_ -¿H~ derecl10
pa que por una pamplina,
como esa1 te corte el sueiío
cualquier loco? .. :
-¡Vamo5\ calla!
-¿No es pa partirle los scsos 9
-¿Y qué hicistcs?
'
·.

!,

�~-~--~~~~===

¡~~~--~~~~--~-

_· fi(íff'tn
bO -.
{lj

.

. ~-..-,;, ,!

lTJIDt

/~-.,

'~~'

'

I

@,.,
¡r~,, -~

J!lLANCA NIEVE

~

.\nda en los huel'los, deRnilz,1 y si11 l'OJ
n la alborada temblando de frít,
a Princesitn, cogiendo rocío
'
)nlre sus manos en forma de ropn.

,._

,:

i

\'isle 1111 beirame que vale un teso1·0.
.,· en el fulgente sopor de las sicslos
1·a ú perseguir por las verdes florestas
las mariposas de sol y ele orn.
Entre escullurns de mármol ,. plnlu
!odas las noches su albor se 1etr-ata '
en el cristal de la clara laguna.
· corno rosas ele níveos rosales,
eogienclo brnzadus de Luna
blancura ele sus delanlales.

•
""
e'!'

•
h~;-C,,,:.
~(f

.,, w

:

-Pues nú: PI ho111bl'c
satisfació su deseo,
porque después del viage
resultaba violento
desairarle; se abrochó
la cazadora y diciendo
muy humilde :-¡Disimlllen
ustés si he sido molesto!

pilló la escalera abajo,
:;:;alió á la calle y laus deo.
-Pues mira : sí que tié grada.
-¿Lo ves cómo yo no miento?
jso sí; Ju primer cosa
/Jue le dije á la Remedios
~(l)é que desde aquella noche
se terminaban los iuegos,

purt¡ue IJILIY fádl ur11rrr
q111· &lt;'11 l11gar de ser yo PI t¡1te e11ll'u
Ps 11tt 1•»ll'mio ¡y s11po11te
In to111ad111·a de pelo! ...
¡Hu111brP, sabida la fa 111a
,1., 111 1IHljPI'. 110 lo ('l'('O!
- ¡(JuilHI&lt;' .1lt• allí! Por lo rnis1110
,¡ue es el 1w /ilís de su ~eso,
hu~· llll [lOITiÚIL de l'PZtiles
r¡111• darfu11 PI ¡&gt;Plleju
p11r pillal'la &lt;·11 un &lt;•11j11ag11c
pa dir 1·011 el d1is111e.
-Bueno;
la &lt;'11,idin rs nwv mala.

•

- Ei:;azlo.

¡¡Has tlau ctt ttiilú del hueso!!

,..;- .... ~,,.

✓-t,¡,f

~

,., ' ~. &gt;·
' , •,j

~·

II

EN PROVENZA
En los estrndos sonríe el seüor

ú la Curnle,;a de ·1·ko brial,

mientrus entona galún trovador
una fragante canción JH'ovenzal.
Dulce deslíe sus trnvas ele amor;
úurens n!Jejns su miel libarán ...
¡ Los ruiseíi.ores no trinan rniijur
bajo las lunas en flor de San Juan!
.\ sus compases enlorna el lebrel
sus casi humanas pupilas de miel;
• enamorada de su !Jandolin,
por la 001 ida ventana ojival,
entre las ramas del verdti jardín,
¡ muestra la Luna su faz de c1·islal !

�f

'

'

,~

se l1a facilitado, naluralmente, el triunfo de
la literatura de invención, la ele los deseos,
la no artística, El público ha necesitado que
se le hablase de lo que no es ni púede ser:
de folletines policiacos, de pornografías enormes y vagas, de camelancias sin senlido, de
placeres sin concreci,ón ni limites, A falla
de los misterios. del espiritu, se ha creído en
ios misleri(}s ele la carne y ba triunfado el
ese.rilar que con mayor habilidad ha guillado los ojos para prometerá sus lectores la revelación ele un Yicio nuevo 6 de los polvos
para llacer sardinas .
Ha sucedido lo que Bn Rusia al fracasar la
revolución de hace cinco años, que fracas&lt;,
también porque no eslaba bien pensada. Durante cuatro años se dieron los editores rusos á c.ditar las pornografías de ladas las lileraluras. A falla de la Rusia, ideal, las madamas franoesas de larjela postal, con música
de Viena.
Sólo que la popula.ridacl de esta literatura
inventiva pasa p1'0nto. T~mbién e·s vano el
sueño de las linries de Maholfla y el ir por
esas calles construyendo las escenas en que
uno se vería si le hicieran crrr¡:;erador ele la
Gran China y barbián de la Persia. ¿lio ha
pensado usted nunca, mi querido Agramonle, en que la moral pueda ser flor de esteroolero?
Supóngase que volvamos deliberadamenle
las espaldas á lo que hay de universal en
nuestras vidas; que nos proponga,mos no
averiguar verdades ni realizar bienes; que
nos encerremos en lo más pequeño de nosotros mismos, en cumplimiento de aquel onceno mandamiento que n·os prohibe ser Quijotes, La cuestión es pasar el ralo agradable-

~--··";··························•:«,
\

r . ~! ~cerrar los ojos .n¡

,

,.
... ......
..................................

,•♦.

~Ji ,truerido Agramonte: :\'acla de de·ses\,&lt;lfücione~. tSe adelanla algo con
dds.,i!Spel'al'se? "Csled ha inlenlado una
costt buena; en parle la ha realizado.
Ha qu~rido hacer·de EL

CcENTO SEi\lA·

1'1\L unn.

µublica.c"iún de lilel'utura artística; Jo M. conseguido en mucllos
númúfcr$ : no tiene n1_0Livos sinb para

urta.,tyfAf':cza moderacltl.
iOuc. se lla encont1,a(lo con que lo;
núnit\1'6&amp; miis leido·s de EL CuE~To Ss"'l~AL ''ñ'6 han .sido los que nstccl hubil:'rtt d./ls~o.do~ Señor, es naloral. Si los
nú¡neros ina~ leidos ele su publlcaciú □
11Jbie.ta.u &amp;i(lo )os ÍlláS al'tísUcos, ellQ

inÍpÜcaría· que ;1ueslro país atrrtves:ib:.t
11.·eriodo de.
que.es un perio'iki ~,n ,r¡ue los csp1r1lus s1enlcn las

111;¡i~tn

adé,

cn(~~-c0·;1 ·VitOr, nécesil.an cxprc~ni-1.as.
se lo1'1i.tran J.;a,ra huiScar los mrcl1ns dr
ex¡.h•estün,_11)S ('JlCllf'lllrnn y hullan lnm. hif-,J,~libl_lfo dispursto á J'C'Ci!Ji I'las; porlfLÍft. CSu°S Cosas que s?,enlcn COll fuf'rz:t

Retrato del aulor pintado por Gustavo de M~e~tu. Fotog~afia de "Nuevo Mun:lo,.
y fotograbado de Dura y Comp.

los':;;1rtislas, ¿pueder, ser algo di,slinlo.
ele. \a vida qu_e fluye en torno su¡·o Y .borboU,

denL·o

mo&gt;_a·1

'de su alma, e3 drcir. el púhhco m1sglle devu,elven, liecho expresión, lo

qu~¿rt'cilien corno nwleria hrula' Y si resulta
q~~· en un momento dado, €1 público no e3
ri&lt;Ío como materia arlíslica, t.1mpoco ha de
pt~irsele que se conlelile con el espectáculo
clef:su propia ·vida, externa é interna, que es
lo t 1ue le da el arle en los momentos de es-

pl~ndor artístico.
~o hablemos ele las clases populares, misterl\osas, inarlicu ladas, Pensemos en las clase$ medias, ele donde han de salir la inmensa :mayoria de los leclores, de los escritores
v de ]os dibujantes de su publicación. Vuel~ah1slecl los ojos en lomo suyo, mi querido
1
.\o1~ 'r;:unonlr. Usted conoce á lrescienlas\ á
cuátrocicnlr1s J){'r;--onas que ronslituyen buen
ni~nrro tle pélalos ele lo que pudiéramos lit\•
rniir la ílor de 8spaña, Cuente ii las que encid1-ran 1•n su pecho gran pasión científica,
griln pasión artística, gran pasión políiicc.~ ú
gran pusión moral. l,Llcgan á seis? RebaJem~fj¡,. talla de las pasiones; incluyamos la
gr;n ipasión ele ambición llislórica, la gran
pasión amorosa y aun la gran pasión del dinero. ¿Llegan á cliez? Apuesto á que no llegan . y si no llegan, es decir, si no se da en

la vida ,eiSn. materia prirna clr la gra11de .obrd.
arlíslica, ¿cómo quiere u,lcd que &lt;'I público
se inl,orese realmenle por el a1'ie verdad, que
es el arle expresivo de la vida?
ne ahí que pret1cra las obras de' invenciú1~
ú. las ele irnafrií\ación. lmagirn1ciúnt en rn:
vocabulario, es visión; invenci,ón es deseo.
Nuestras clases medias atraviesan un perío-

do ele cteprc~ión. Su trap-edia, ¡ka_gedia 110rríson~!, es la tragcclia del reloj, que marca
los minutos que pasan, ,· del balance, que
cüenla los ingr-esos y los gas los; la t-rageclia'. "
de las lágrimas que no se vierten, de \tts ha;.. 1
zai'Ías que nú s-e realizan, de. las verdades que _i 1
11 ~ se averiguan, de las palabras que n9 sf'
dicen. y la vi&lt;la va pasando para _nueslra.s.
clas{'s 1nesocráLicas con el \ú.ngui&lt;Jo n,iovJ!
miento ele los -rscalafon('~\ y va pasando &lt;.}il
vano.
/.
/
Hace diez aüos apuntal.Ja 1111 ideal. Se hablaba de rrgoncrarión. El ideal fué Q.e,s-Vanerié1tdose 1 porque era un 1ncro e1~seo Y' no s~o

hallaba bien pensado. Pa&amp;ó el ideal; quede
\a vida: sueld-0s exiguos, subsistencias encarecidas, impuestos Dreeidos, un hijo cada dos
años, la angustia de su educación Y de su
porvenir; tic-tac, tic-tac, ¡el reloj!
.
Al cerrar los ojos á las realidades hostiles,

mente. ¿"lo es eso? Supóngase que no logramos pasar el ralo con agrado, sino que lo pasamos desagradablemenle, en hórrida y punzante monotonía. Supóngase que tra tarnos de

pensar en otras cosas, que nos ponemos á
inventar otras cosas, montañas de diamantes
Y sicalipsis babilón icas, y que estas invenciones nos aburren y escuchamos el tiG-tac del
reloj ¡y todo en vano! ¿cío es posible que ese
fuera momento favorable para descubrir sú-

bitamenle que el sentido de nuestra vida no
cs_l!t en nosotros mismos, sino .en lo ajeno,
en lo colt'elivo, en lo universal que hay en
nosotros? ¿Y no habría florecido entonces Ja
moral en nuestra alma sobre la podredumbre, realmente como una flor de estercolero?
Hay síntomas graves de que esta conjetura va á hallar pronto confirmación en la realidad de la vid¡¡ espafiola. l\uestros «círculos
literarios», al menos los círculos de jóvenes,
se .venían declicanclo todos eslos años á degradar los verbos ele nuesLto cliccionarlo cÜn
significaciones suc ias. Ahora empiez.a

á

hÚ-

blarse en ellos ele ausleridad, de concentración, ele solidaridad, ele trabajo, de moralidad ¡y hasta de castidad!, sin que &amp; ria la
gcnt-c. Hasta hay quien habla d·e !u contingencia de una vid.a heroica,. jde- una generación he-roica!
Estas cosas no trascienden aún al púlJlieo,
Usted se va á OrienLe, y volverá ele Oriente á
Espafia y encontrará las cosas, poco más ú
menos, lo mismo que las deja, pero el movin1iento .se irá haciendo, la primera mat.eria
de . un arte fu luro se irá constituyendo y un
buen día ... Bueno; la literatura de invenciones seguirá dominando el campo duranle algunos años. Después, ¡Dios dirá!

s

1!
1

�Lulú y Hadarlá-&lt;los muchachas arnabks-eslaban en el tet'cer piso ele! hotel. al fondo de un
pasillo... Las puerla&amp; de sus habitaciones formaban ángulo y, por Jo general, no las cerraban
has la por la noche, con el fln de conversar constaute11tenle de sus cosas... .\quella tarde. era
Lulú quien llernb., la rnz. ¡.\h, cómo se había
enamorado de Pablo!
- Cn capricho, Radaclá... te digo que estoy
loca ... loca ... Es un hombre que. me entusiasma...
nacla.dá, con los brnzos al aire y el pelo, color
de oro, desmadejado sobre la blanca espalda, se
acerc:aba á la puei·La para· f"t}Sponder, cuando
Pablo apareció en el rellano ele la escalera.
-¡ Ah!

Pablo parecía encantado de la sorpresa. ¡Qué
lindos los brazos de Racladá!
_:Buenas tardes... Buenas tardes... ?\o se e&amp;conda usted ... Llego á la hora de la toilette.
Y miraba á la joven, tentadora en su media desnudez, un poco embobado... ¡,\quella Racladá! ¿Y
por qué se aneg.laba así, con la puerta de par en
par! Demonio ...
Hasta que Lulú, mal e1wuella en una bata, salió al rellano y le tiró de una manga.
-¡,Qué? ¿:\"o pasas?
-Sí, hija, .
La alcoba estaba revuelta. Xo había sitio donde
sentarse. Pablo prote&amp;tó.
-¡Yaya un desorden! Cuando se tienen diez
trajes y ocho sombreros ...
-Se alquila un hotel. ..
-Sí.
-Bueno ... Yo te haré sitio ... Quito esta caja .. .
Estos zapatos ... al suelo ... ¡Ea! aquí, en el sofá .. .
-Gracias.
Y se dejó caer en el asiento con la dejadez de
un hombre que decididamente se aburre.
Lulú fué ele u., lado á otro, como de&amp;orientacia ... Estaba 111uy linda en su sofocación. Sus
graneles ojos azules brillabt.n con algo de fiebre. Bajo el peinador de seda se marcaban las
gracias de su cuerpo admirable. Pablo lo reconocía: 11Admirable ... sí. .. pero ... ¿qué? Lulú, al fin,

f·prró la puerta y fué á ponerse al lado de Pablo,
ntimosainenle, conquistadora.
-¿Es tás enfadado?
-:\'o, hija.
-¿ Te aburres?
---Tampoco.
-Pues ... ¿qué tienes?
- ::\'ada.
- Sé franco. ¿Es que no te gusto?
-Ya sabes que sí. .. Que me encantas.
- :\Ientira...
-¡Vaya!
-:\'o lo demuestras.
-¡,Qué no? ¿Qué quieres?
-Xo sé ... Eres frío conmigo. Estás a&amp;í porque
sal.Jes que soy yo la. que te busco... Xo lo niego.
Te adoro. Yi\:iría contigo toda la vida.
-:\la! hecho. Es 1111 mal negocio para ti. Yas ú
perder el rnrano. Yo ... ¿qué más quisiera? Tengo
para e.l hotel. Lo he perdido todo en el Casino.
-¡Qué odioso eres! ¿Te pido algo? ¿Cuánto necesitas?
Pablo retorció el negro bigote, sonriendo.
-¡.\h, eso no! Xada. Tu juventud y tu belleza
por mi jm·entud...
- Y tu belleza.
-¡Bah!
-Eres un hombre hermoso.
-,\ qué discutir...
-Sobre todo si te echas el sombrero para de1rás ... Así. ..
Sonó un beso. Pablo, muy insinuante, con las
manos de Lulú entre las suyas, dijo:
-:\lira... no te enfades ... hoy no me será posible ...
Ella se apartó bruscamente.
- Bueno, vete ... ¿A qué seguir? No me quieres.
- Sí, hija... Pero tengo hoy mil asuntos y ...
-No sigas ... Hablemos de una vez, con franqueza... Prefiero la verdad á tu indiferencia.
-Habla.
-¿Por qué no me quieres? ¿Por qué no cumµIes
tu palabra y me haces esperar en vano tantas
veces? ¿Por qué no me miras en la playa, ni en el

C:asino cuando 111is ojos te devoran? ¿Qué te pasa?
Pablo cambió de postura, corno hombre decidido á ser franco y elocuente una vez.
- .\lira, Lulú ... no le enfades ... yo soy un hombre casado ...
-¡1\lentira!
-Vaya. Y tan casado ... Con dos hijos .. .
- .\Icntira... Sé quien eres... tendrás otra
amiga ...
ll111Jo una pausa.
¿Otra amiga? Puede ...

-Si; por eso en la calle le haces que no me co-

y por eso nunca quieres pasar una noche.
una noche entera conmigo ... Y sería yo tan feliz ...
l'!1a noche entera ele ilusión... l·na ,ida enlcrn,
Pablo, es una Y ida entera... Quédate hoy... 11'
lo mego... Hoy, na.da más .. .
-Si me fuere posible... ¿por qué no?
-Entonces, ¿estás casado?

no('CS

-Sí.

- No...
amiga.?

i\lira cómo te ríes...

¿Tienes oh-a.

�~Si.
-¿Y 1la quieres'!

-~o.
-Déjala. ..

-La dejaré; pero, así de ptonlo ... no conYíene ... La conozco desde que llegué ft San Srb1-1s-

11

i!
111
ti
1

tiún ... A ti te í'onozco ha('C o&lt;·ho día:'. ...
-¡Qué Jalso! Cúrno 11,r hns mrntiflo. Si yo J¡,
llidrra r·nso ú HMhHlú, ú 111i t1111ign ..
Los ojo~ de Pablo l.willaron llr11os ele c11riosidad.
-¡Tu o.miga! ¿Qué clirc tu amiga?

-Que !odas sois iguales .. Que es una loca la
qur- se encapricha..
)oca ...

Tiene razón .. Yo soy una

Pablo no r&lt;:S!) □ rnlió. Sonrcin. PPnsaba en narh.Hlá; en Jo.s brazos desnudos, que parecían tan
nmorosos; Nt rl prlo, qnr &lt;lf'bia &lt;le sc1· 1an suaYe.
snbt'r el rsl',df' so111·os&lt;Hlo.. ¿Y narladá &lt;lrcí,:1?..
J .11lú se npodcró de sus manos. Y balbuciente:

-P-ero 1 dime ... por esa mujer que dices, ¿no
podtás complacerme? ¡.Tan pnco valgo ¡rnl'a 1i"!
Pablo seguía pensativo. Ella rogó :
- Dirne ... dinic ... ¿Vendrás esta noche?
-No.
-¿Por qué?
- Ya te he dicho ...
- Pero .. Si no cs1ás casado .. si.. es 111r-n1it'il.
no tienes ningún rornpromiso .. ¿por qné errs
n,Si? .. ¿por qué no me quieres?
Pablo abandonó el sofú. y comenzó ú. dar pasos
put· la alcoba con aire de aburrido. Ella fué á su
ludo nen·iosamente; Je puso las manos en los
hombros y mirándole de un modo profundo1 con
la voz entrecortada:
-ne una vez ... Dírnclo ... ¿Por qué? .. ¿Es qur
no te gusto?
PE1blo dudó un mornento. Y al fin, separúndnla.
dr sí ron dulzura, respondió sun.vcrnenle:
- La que n1c gusla es ... tu amiga ..

FREGÓN DE FLORES
Rosas son
!a frescura de los huertos
y los labios enlreabierlos.

El oler
los jazmines
es la Noche y los jardines.

Y claveles
1los caireles
de los trajes andaluces 1
con sus luces
ele oro y plata ..

Del querer
es la pena
la azucena ...
Y los lindos
dondiegos, miramelindos
son cantares
'
con achares
y piropos ..
Y celos- los heliotropos.

De los nardos
en la mata.
La frescura
de la le,,; de Carmen pura
la blancura
,
de .su bata.

Las violetas
y mosquetas
son las gracias
que se ocultan ...
Tulipancs 1 los que exuJtan
senos llenos, de mujer.
'

¡Nii'ias ... vamos ...
con las llores de rni ramo
puesto en agua,
el crujido de la enaaua
O
y el chasquido
'
de los besos.

y colores

Mil olores

clan mis llores, que enamoran
También llevo de esas flores
que ·aevoran ...
Manuel MACHAD

1

�l\leluyas lapidarias,-chocantes y extraordinarias

¿,Es El Cuento Semanal? ...
¡Un numerito, chaval!

¡Caray¡ tiene un gran sumario!

¡Que

bien cuenta aquí Picón

¡No es caro el extraordinario!

El drama de una pasión!

Prueba, sin~una'"peseta,,
Carrere, aqui, que es poeta.

,~ Silva con:chulaperia

Nos pinta males endémicos.

Trovador ... Lebrel .. , Princesa...
"¡Reóforos .. de Villaespesa!

Maeztu. ¡Gran atracción!
Filipica de un sermón.

La "cocotte" lnsUa trata .
buen'a, bonita y barata,

-

Zayas con sus "académicos',

~

E'I [usnto Ssmanill

Cubre bien la mercancía.

~N.
l

{¡

"'EL COJO".~CAMPEÓN

V-~
En los versos de Machado

Mucha sal se ha derramado.

= = = = = POR=====

.

A estos monos de To-.,ar
No les falta más que hablar .

MANUBL ARANAZ CASTELLANOS

Pues ser'lor, con este Cuento

Me he quedado tan contento.

I

I

I

Ilustraciones de JOSÉ ARRÚE .,,

�</text>
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¿,Es El Cuento Semanal? ...
¡Un numerito, chaval!

¡Caray¡ tiene un gran sumario!

¡Que

bien cuenta aquí Picón

¡No es caro el extraordinario!

El drama de una pasión!

Prueba, sin~una'"peseta,,
Carrere, aqui, que es poeta.

,~ Silva con:chulaperia

Nos pinta males endémicos.

Trovador ... Lebrel .. , Princesa...
"¡Reóforos .. de Villaespesa!

Maeztu. ¡Gran atracción!
Filipica de un sermón.

La "cocotte" lnsUa trata .
buen'a, bonita y barata,

-

Zayas con sus "académicos',

~

E'I [usnto Ssmanill

Cubre bien la mercancía.

~N.
l

{¡

"'EL COJO".~CAMPEÓN

V-~
En los versos de Machado

Mucha sal se ha derramado.

= = = = = POR=====

.

A estos monos de To-.,ar
No les falta más que hablar .

MANUBL ARANAZ CASTELLANOS

Pues ser'lor, con este Cuento

Me he quedado tan contento.

I

I

I

Ilustraciones de JOSÉ ARRÚE .,,

�El Cuento Semanal
SB PUBLICA LOS VIERNES
lo lo lo

-·

·•, lfltlNAS: fuencarral, nom. 90.-HABRID
Apartado de: C(lrreoa 409.

,-

IBD v.-21 de Enero de 111.-IUH. 213.

M. ARANAZ CASTELLANOS

PRECIOS DB SUSCRIPCION
lla4rld y prerillclu: Trlmealn, 3,68 peaetu.
somaatn. a.&amp;O peaetu. Aio, 12;, Bmalljen: Bom■lro
10 pa1otu. üo, IS.
~uncl■ á proclla CIDllllCIIDII■.

Nllmcro · suelto:

ao céntimos.

..,,.,.,,.,.,,.~
¡ .
. -1·

NUESTRO NÚMERO PRÓXIMO

PUBLICARÁ

''EL COJOC':, C.A.~FEÓN
-.

SANGRE GITANA
/'

•
POR

!11,~go de regatear con efüis corno si de una llur-

llllizn se trúlase 1 era lo que se Hmna 1 entre los

ARTURO REYES

REGALO DE TAPAS
PARA ENCUADERNAR LA COLECCIÓN DE

EL CUE~TO SEMANAL
bl .da en años anteriores, á todos los que
Siguiendo la costumbre esta ec1
año á esta Revista se les rese suscriban duran~fie el mes d~ Ene:~~
f:crust;ciones y reliev~s en oro,
galarán unas magm cas tapas e cu
para encuadernar la colección de 1910.
esta Administración, FuencaLas suscripciones pueden hacerse en

1::

rral, 90, Madrid.

.\ q 11el!u bJcidt&gt;\11 e:.;;1 il(, l .l!i.-; X\-, U L uiti \"YI
~egún nlg.unos, que con su.s a horros comprara
el cojo á unas pobres 1raperas de _la montmi.a,

buenos cicli::ilas, todá_ una sefiora máquina. Seflon:1 por su ,mtigüedad, por- el grosor de sus
)11ezas y por su peso enorme, por sus achaques,
por sus extraiios chirri;ires de trasto viejo, y,
!-inbre todo, por estar ex presamente fabricada
pin·,:1 damas. ¿Pero qué- más iba á pedir el b omJire por solo cuatro pesetas? ... Después qne la
1finlase, que forrara con hifodillo su manubrio
·enmohecido, que raspara con papel de lija aque1fo es pecie de musgo q ue le había nacido sobre
los níqueles, y que remoza.se bien los juegos con
un poco de aceite de coci11r1, ó de manteca, segummenle pareceria olra cosa. Ese, al menos,
era el cálculo que el cojo se había hecho al conlcmplar sobre el Cllévano de la vende dora lo que
ya era su máquina, medio enredada entre los
t1b0Uaclos ct1 ch ivaches de cien clases y los varillajes de puraguas pat r iarcales que las traperas
1,1mbién voceaban.
Había, sin embargo, que trabaja r de firme.
Purque 1 entre otr as nimiedades, un adminículo
c:-;encial1 esencialísimo, fallaba á la bicicleta para
que el hombre comenzara desde luego á usarla,
ú em1)render con ella las excursiones y carreras
que constituían el suefio dorado de to da su vida.
Lus neumáticos, los l)ícaros neumáticos. Las ratas, por lo vislo 1 habfan terminado á dentelladas

r,,n lu:-; qnL' tuviera en ti empos mej_ores, dán-

&lt;kJse con ellos los grandes ban quetes, y apenas
~¡ en las l!nntns Yacías quedaba como triste re-

t:uerclo de un pasado de esplendor alguna que
olrn tira de goma podrida. Diez afias de servicio
JHU·ticultll\ otros diez ele vida de alquiler entre
chiquillos que la trataron á pa tadas y porrazos,
.r cinco más esperando en los húmedos rincones
ele un desyán que las imperas llegasen, tenían
la culpa de todo. Pero no era cosa de arredrarse
po r detnlle tan insignificante. Ya inventaría él,
porque el comprar tu bula res no ent raba por
ahora en sus cálculos, algo con que reemplazar
aquello. Por. de pron to tenia la base. Jo esen ciial
en lodo edificio : los ci mientos.

En a quel tien1p o, y á excepción de las noches
de invierno en que, pert r echándose con el can di!
y el cedazo, se ib a por los muelles, cerca de las
desembocaduras del alcantarillado, á pescar las
angulas por que tanta idolatría tienen los bilb aínos, el cojo se dedicalla ¡:¡J pu.saje entre la grú,1
grande y el final del Campo de Volantín. Un
J1erro oflcio. :\Jelióse humildemente en su cha•
nela, el pequelio bale sin quilla con que, á cinco
céntimos por barba, se ganaba la vida pasando
gente de una á otra orilla, instaló en ella el ta•
ller de reparaciones y comenzó á laborar como
un negro. :rid en uda tarea. Sólo en desarmar la
máquina, en l impiar una por una todas sus piezns 1 en reemplazar algunas por clavos, y olras,

•

�las ntás esrnciales 1 por pcdacillos de
acero ó de hierro viejo. encon trados
en el muelle, empleó el cojo más Je
una semana.

En su garage flotante, acaso el
único de esta clase que haya habido
en el mtmdo 1 el hombre hizo vcrdacleros prodigios. Jamás mecánico alguno tral,ajó con mayor desprecio

del frío, de l viento y de los chaparrones que con...;tantemen te caianle
encima. Pero tampoco ha habido
uunca tbane.lero, á contar desde
que montara cl .establecimícnto, que~
~-ialie.se por jornal menor que el suyo.
Si le cogían los viajeros muy ensimismado ya podían ofrecerle llasla
die?. y quince céntimos porque lrs
pasara al ol ro :lado.
- ¡Ni por un rial tampoco! - re.s-

pondia, enfrascándose JTiás en la. l-0..-

,.ef
- _l.
..
' ~i"""•~:Lr-llH
t:.

bc,r-. ¡.\ntes es esto!.
Ernba.du.rnado, por fin, su armatoste con la pintura bcrn1ellón que
de rn1 barc-o de la Vasco ~Andaluza
le regalaran, resuelta la cuestión
ne.urnllti cos con dos llern1osos pe1laZq!:&gt; de ca.labrote que se ajustaba 8iL las Uanlas vacías como si los hubieron trenzado exclusiv.a rnenle con
lal objeto, y engrasada la máquina
con tanto derroche de aceite que
por ningún sitio podía rog('r~rla

sin exposición ele pringars.::, el cojo se consi
deró feliz. Tenia ya biciclelc1, y 1:1penas ':3L al
ca nznba ú nueve ao1·lfas Jo q ue en !tts r-eoaraciones. se había gastado. Ahora, ahora verían
sus colegas de chanelismo, los que tanto se le
burlaban po r sus aspiraciones ciclistas 1 siende,
cojo de las dos, lo que valia un hombre como él
monlado en aquel cmTomato, en aquel pedazo
de chatarra que haría rodar kilómetros y más
kilómetros, hasta ganar, si no por velocidad, si
por resistencia, los premios que habrían de servirle para emanciparse de aquel trabajar tan
soso y tan poco productivo.
-Esto pa el gato-decíase el hombre- . Pa los
que no puedan más con la canina.
Estaba decidido. Que pasnra olro ú la gente,
que fuera el nuncio 1 si le daba la gana, á pescar
las angulas ele marras. EJ, el cojo, halláb.ase
reservado para m ayores destinos, para labores
de más resonancia. Y por cinco duros, todos en
pesetas, un pantalón de pana, dos camisetas y
un reloj de níquel, prenda que consideraba esencial para calcular distancias y velocidades, vendió á un amigo su chanela, el cedazo para las
angulas Y el candil. :\"o quería 1 en caso de que
al comenzar su nuevo oficio tro11ezara con obstáculos, contar de ningún modo con el recurso
de volver á la ria. Había que. jugarse el todo
por el todo, quemar los barcos, corno dicen que
hizo no recordaba quó mc1rino célebre. O semos,
ó no semos.
-Una condisión na más te pongo-advirtió al
comprador de la chanela-. Que no fe hagas
· dueño hasta que yo me desembarque.
Formó luego nn lío con el pa ntnlón, las ca' ~isas, el telO{ y las veinticinc-o pesetas, y coinenzó á disponerse. Lo que ibfl · á hacer, ante
lodo, era present arse, cAballer-o en su .borrica,
á los veteranos del ciclismo bilbaiqo, á los que
manejaban todo aquel barullo de las apuestas
y los campeonalos, plira que· fueran tomando
nota de quién era él, ele lo que se proponía y del
puesto á que por encima de todos aspiraba. :Ki
m0110s que iba á quitar el hombre en cuanto le
pusieran en fiJa con aquellos que ganaban tantos
_premios.
0

- ¡Porque yo· te·ngo de ser campeón, ya. verdis!-decía el coio, empinándose sobre el único
banqu illo de la chanela..:..._. ¡ El primer campeón
de Espafia!. .:

Tuvo que agunrdnr &lt;.lún rres C1íc1s parn der,embarcar su npnrcdo. T!'CS díns de impaciencia,
lle emoción y clest1sosiego 1 1r·es dias morlflles.
Áqu ella maldita pintura no acabnba de secarse
:nunca. P ero llegó una tarde. La pintura se había
,.;eca.do, el aceite no pringaba ya tanlo 1 y no ern
posible aplazar por más tiempo la empresa en
que tenía puestos todos sus entusinsrnos.- l-Ia_bia
que lanzarse, á pesar de qt_1e aún llovía un poco 1
de que el piso estaba enlodado.
-Bueno, que os vaiga bien -dijo como despedida-. Y leáis los periódicos.
Salió por la escalerilla del campo de VolanUn,
cojeando más que nu nca á causa del peso de la
máquina, coreado por los aplausos burlones y
las risas de sus compaJieros de oficio. Pero no
le importaba. El caso es que por menos de un
duro, por cuatro cincuenta1 él tenía ya bicicleta,
una bicicleta ... que hasta andaba. De lo demás,
de lo de llega r á ser el prirne1· campeón de España, ya se encar gar ían sus piernas y sus pulrnones1 porque para lograrlo estaba dispuesto
aunque fuera á matarse.
-Conque, que os vaiaa bien-repitió por última vez.
Era el adiós definitivo Metió luego el lío con
su ajuar por entre el pech o, formándose con ello
un monumental abdumen, se sujetó á las canillas con unos· cordeles los bajos de los pa11talones, encasque.tóse bien la boina, se abrochó cuidadosamente los primeros botones de la ch aqueta, levan tó con majestad solemne su pierna derecha, la má.s coja, y rnnntó. Una carcajada formidable se alzó entonc~s en las orillas de la ria.
Porque el coio, en corvado sobre aquella máquina de sillín tan bajo 1 de forma tan especial, tan
rabiosamente pintada de bermellón, movida con
indescriptible pavoneo por sus piernas ele a1a11r bre, más que un cicl_ista parecía un bicho rar,o.
Un carram,arro, según a~inada expresión del ad·quirente de su chanela,· uno de esos vulga:res y
ridículos marisco5: que en J~ _baja mnrea paséanse torpemente por entre el suave musgo de las
pellas.

-¡Cocheee! ..-gritaba el hoin b re para que se
enterase de su paso la gente-. ¡Cocheee!. .
Era el momento de más tránsito. El cojo, r ebosante de júbilo, viéndose encaminado hacia un

�porvenir de popularidad y de ganancias, pedaleaba con las piernas extraordinariamente azambadas, porque los estribos le quedaban muy cortos, y rodaba despreocupado sobre la grava sin
apisonar que cubría entonces la carretera. No
tenia miedo ninguno, absolutamente ninguno, ele
que se le reventaran los neurnúticos. Algo había 1
sin embargo, que le hacía fruncir el ceño de
cuando en cuando. A pesar de la grasa y de los
perdigones de enza con que hahííl reemplnztHlo

mediatamente. Y allá, delante del gentío que riendo y bromeando se había amontonado en rededor del gi-11po y de los periodistas que hasta intentaron hacerle un retrato, el coio sacó á la luz
pública su nbrlomen arlificü,1, y peseta tras pesefü pagó las veinticinco en que, por no tener
más, convinieron la indemnización. Luego, dado
su nombre al municipal y á los periodistas, y
pensando en la recomendación que había hecho
á sus compaíieros ele oficio para que leyeran la
1

1
1
1

las rotas bolas de los juegos, su bicicleta sonaba como lata vacía de pelróleo atada á la cola
•&lt;le un perro loco. Aquello era un escándalo.
De pronto, una imbécil mujer, una vieja, que
llevaba en la cabeza un ceSto enorme, se interpuso en su camino deteniéndose con espanto ante
él. La facha del ciclista, y sobre todo el ruido,
la habían atolondrado.
-¡Ahí va!. .. -gritó el cojo procurando esquivar el encuentro--. ¡Ahí va!...
Pero ya era tarde. La rueda delantera tropezó con el obstáculo, y la vieja, el coio, la máquina y el enorme cesto fueron á parar cada cual
por su lado.
El tránsito se interrumpió con aquel percance
y se arremolinó gozosa la gente. Lo que el cesto
contenfa eran· huevos, una grandísima cantidad
'de huevos, los cuales, según el municipal que
intervino en la cuestión, había que valorar in-

Pr·cnsn, lnn,-;ó á. la vieja el úllimo apóslrofe y
tornó á montar en su armatoste. i\Ial, muy mal
empezaba el hombre su carrera de campeón.
-¡Cocheee!. .. -lornó á gritar á voz en cuello,
creyendo ver cestos con huevos por todas partes-. ¡Cocheee!..

En la Federación Atlética Vizcaína le recibieron más amablernente, muchísimo más de lo que
él esperaba, haciéndole pasar con bicicleta y
tnclo, poi-que de ningún modo quiso dejarla en
la puerta, al salón ele lectura y de juntas. Estaban alli el presidente y cuatro individuos más
de la directiva, todos con la insignia de la Saciedad bordada vistosamente en sns gorras. Salucláronle afectuosos, mirándole con cierta extra
fi.cza 1 y luego de obligarle á cubrirse y ofrecerle un asiento, prcguntáronle por el objeto de ~u

visila en tanto que miraban de soslayo hacia la
bic-ic-lcla que el hon1brc había dPjado apoyada
cuntl'a la pared.
El cojo dutló un niomento antes de responder.
En aquella habitación, en aquella especie de templo drl sport cuyas paredes se hallaban casi cubiertas con retratos de alletas desnudos, de ciclistas célebres, de esgrimidores, de boxeadores,
de luchadores de jiu-jitsu, de gimnastas, de andarines, de moLociclislas, de jugadores ele [ootball, ele nadadores en traje de concurso, sentíase el h0mbre cohibido por la amenazo. (olográflca
de tanto músculo y la aparatosa exhibición de
lales representaciones ele la fuerza y la agilidad.
Por fln, se repuso y habló:
- Yo, francamente-, qucllria ser campeón ...
Sus oyenles se miraron sonriendo, mirúronle
luego á él 1 no con burla, sino con amable compasión, y para animarle y darle lugar á que se
explicase, llamaron al conserje y pidiero11 de beber. ¿Unos wishlJS con soda, verdad? ... Aceptó
el cojo pensando en que ya comenzaba á soplar
algo que no era vino de pellejo, algo ele lo que
tnn sólo estaba reservndo pnra los paludures ele
los campeones, y una sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios.
Despachado el primer toisf.:y, el h01Ylbre comenzó á explnyarse, ú conlar quién e;11 y de
dónde procedía, á detallar algunos sucesos de
su vicia para que le fuesen tomando en serio.
Ilien comprendía ól que con aquella cara tan efe!gada, con aquellos brazos lru1 largos, con a.quellas piernas de mosquilo y con aqueJla facha de
coitao, nadie le !ornaría 11or un hombre fuerle.
Pero á pesar de eso y de su cojera, estaba clispueslo á desaíiar á todos, incluso al presidente,
de quien ya subía que también tenía rota una
pala1 á quién hacía más barbar-idncles.
-¿"Ya saben ustedes la música del baile inglés?-pregunló ele pronto.
Y como le respondieran que sí, pero que no
la recordaban, api-csuróse á decir levantándose:
-Pues bien, yo mismo 11ie voy á cn ntar para
que vean ustedes.
Acto seguido, sin cuidarse del lío que llevaba
en el pecho, empezó el hombre á tararear rabiosamente, á bailar, recorriendo todo el salón con
las nalgas casi tocando al suelo, aquel baile inglés en que no só.lo )lacia adelante, sino también
haciu los lados y aun hacia atrás, estiraba y en-

cogía sus piernas con flexionar vertiginoso. Lo
qu 0 es ú r(·mos ú nadir le envidiaba. Y como Ll
presidente y los ulros nüembros ele la Junta clirrcti'"a, sorprcncliclos ante la fuerza y agilidad
de piernas que aquel danzar loco representaba,
le uplnudieron ron entusiHsmo, el tlspirnnle ú
campeón tornó á tararear y bailar para complacer-les con aquel bis, terminando por resbalar y
darse un grnn golpe contra una esquina de la
chimenea.
-:'•fo, no apurarse 1 no es nada-dijo quitándose
la boina y pasándose por la cabeza una mano
que se manchó toda de sangre-. Eslo, sicalrisando bien con cofülc se qui la.
Cortósele el pelo en el silio ele lu hei'iclJ 1 que
no era de tanta importancia como la que revelabm1 algunas grandes cicatrices vecinas, se le
administraron unas cuantas copas por fuera 1 Y
airas· cuan las por dentro, y luego de vendado
con gnsa iudoformadJ, se le ofreció acompafinrle has la su casa. ¡ De ninguna manera!. ..
El no se iba hasta que no queclal·a·n bien enterados de Lodo lo que se proponía, pcirque para eso
exclusivamente había venido 1 y poi' aquel gol11esito no iba á ucoburclarse y quedar al principio de la campaña, en la sopn, por asi decirlo 1
del banquete de triunfos que le aguardaba.
Antes de comenzar la narración de su historia,
ctescalzóse rápidamente el pie derecho1 se quitó
el calcetín y luego una larga venda de franela,
que le subía hasta cerca de la rodilla 1 y puso
todo, incluso la pierna 1 sobre la mesu de lectura.
Había que fijarse Lien en las heridilus. Tan
grancle era el t,u¡ern q11e tenía desde la planta
hasta el empeine que una pluma ó un lápiz de
aquellos que sobre la mesa habia 1 y dos juntos,
si querían apostarse algo bueno, pasaban fácilrn.enle de un lucio á otro.
- Lo l/les1no que por un tubo ...
Era uquello, sin embal'go, á pesar de la gran
catástrofe que le ocurriera por apoyarse, sin
querer, sobre un hierro candente pueslo de punta, su pierna más fuerte, la pierna .en que más
confiaba pura sus éxito~ futuros. La otra, que
no estaba más que alao torsida por causa de un
golpe, tenía el defecto de ser más gorda, un
poco más gorda, y llevar, por tanto, aparejado
el clcfeclo de la grasa. En cambio ésta, como no
tenía. más que el hueso y tres ó cuatro nervios
que parecían cuerrlas, no se Je cansaba nunca
1

�y arreaba co¡1 ella lodo cuanto quería, todo cuanto le daba la gana.

El co¡o, que había nacido en De11sto, el pintoresco pueblo donde acaso con el tiempo le elevarán una estatua 6 pondrán su nombre á una
calle, comenzó á ganarse la vida de pinche de
cocina en un barco. Ni aproximadamente podía
calcular las galletas que desde el capitán hasta el

úllimo marinero le daban todos los días. Luego,
y gracias á su buen comportamiento, había ido
poco á poco ascendiendo, h asta que una noche,
precisamente al salir de Bilbao, el limonel, que
estaba rendido de cansancio, le confió el gobierno
del barco luego de darle su capote.
-¡ Siempre proa á la luna !-le dijo, sefialando
con un dedo hacia el astro.
Tres horas después, muerto de frío y hastiado
de aquel o{isio tan poco entretenido, el cojo comenzó á cerrar los ojos y á envolverse cada vez
más carifiosamente en el capote, hasta que al
cabo de un rato se durmió. Aún ·recordaba lo

qne S-O!ló entonces, como si lo estuviera viendo.
Que hnbía alquilado una bicicleta, una Jlamanlísima bicicleta, y que por las calles de Liverpool, donde en el viaje anterior estuviera, corría
que se las pelaba, zigzagueando por enlre los
lranvías y los coches.
-¡Proa á la luna, animal!- intenurnpióle en
lo más sabroso del sueño la voz del timonel.
Antes de que pudiese hacerse cargo de la nueva
situación, sin siquiera darle· tiempo para desmontar, una lluvia de respetables bofetadas, que
seguramente no bajarían de cincuenta, cayó sobre sus dos carrillos, poniéndoselos calientrs
calientes, mucho más calientes de lo que fuera
su gust.o el tenerlos. Y no había sido suya la
culpa, sino del barco, que, por lo vislo, tenía
querencia á Bilbao. El condenado había ido poco
ó. poco dando la vuelta completa, y no solamente
no avanzaba su proa en dirección á la luna, sino
que la luna se había quedado á popa, y la enlracla del puerlo, alumbrada por las luces verde
y roja del muelle y del rompeolas, estaba otra
vez cercana. Lo menos cinco horas de tiempo
perdido y de carbón gastado en balde. ·
Se había lucido el hombre en calidad de marino. Como que si tarda el timonel media hora
más en desperLnrse, chocan contra el muelle y
naufragan.
Diéronle como castigo, además del de las bofetadas, el bajar de palero á las máquinas, y allí,
· trabajando en pelota noche y día, fué donde d
cojo se convenció, á fuerza de aguantar calor y
de vencer á todos en aquello ele echar car bón á
la caldera, de que ténía unos pulmones como
para sí los quisiera el mejor caballo. Día tuvo,
por estar enfermo otro de los paleros, de trabajar sin cansarse, cosa extraordinaria en la ruda
labor aquélla, más de diez y ocho horas seguidas.
Aburrióse luego de ser marino, de recorrer el
mundo metido siempre entre carbón y entre agua
sucia, pudiendo muy· rara vez desembarcar en
los puertos y darse el gustazo de alquilar bicicletas, y en la fábrica donde encontró empleo
comenzó por tener un percance mny serio, bastante más serio que aquel de traspasarse el pie
con un hierro, ocurrido meses más tarde. También iba á contarlo.
Acababan de poner el tejado á una casa de
cinco pisos conslruícla no muy lejos de la fábrica,
y varios compafieros de trabajo, con quienes

siempre estaba discutiendo cuestiones de agilidad, de fuerza y de r esistencia, apostáronle un
asumbre de blanco á que no subía al piso último
mientras uno de ellos contaba en voz alta hasta
v·einticinco. El cq¡o aceptó. Antes de que llegasen á contar v~inte, seguro estaba de ello, habría
alcanzado el último tramo y ganado la apuesta.
Convinieron en darle la salida en el portal, puesto un pie en el primer peldaño, y que en cuanto
llegase arriba, se asomara por la barandilla, es
decir, por la misma escalera, pues la barandilla no estaba puesta todavía, y avisase dando
una voz.
-A la una, á las dos ... ¡y á las tres!
Emprendió el co¡o la asce11sión con velocidad
pasmosa, subiendo de tres en tres los peldaüos,
y aun de cuatro en cuatro, y cuando el que abajo
contaba iba por las diez y sielc ú diez y ocho,
ciertísimo de poder contar con toda tranquilidad
lo menos hasta treinta, la cabeza del ex marino
apareció allá en lo allo, gritando c:on voz poderosa «¡Ya he Uegao!», y acto
seguido, tropezando con todas las salientes de los pisos,
rebotando como una pelota
por la caja de la escalera. y
levantando tras él nubes de
polvo y de ca,! con tan inesperado descenso, el co¡o cayó
pcsp.damente entre los e5pectaclores ele la ha:;.aña y los
que con él apostaron. El
asomarse demasiado precipit_adamente había sido la causa de aquella colosal caída.
-De entonses son estas
otras sicatrises-dijo sencillamente, ensefiando
las de la cabeza, que ya ·1e vieran antes.
Porque lo peor en aquella desdichada apuesta,
e¡ue él había dicho que ganaba, y ganó, no babia
sido el último porrazo, el recibido al llegar al
suelo, sino los porrazos más chiquitos, pero muchos, que había ido recog'ienclo durante el descenso. Después de todo, gracias á ellos no estaba
muerto. Le habían quitado tanto la velosidacl,
que, aparle del susto qne se llevaron los otros,
la cosa_ había resullado i'gual, sobre poco más
ó menos, que si sólo hubiera caído desde el piso
primero ... ó segundo.

Los de la directiva de la Federación Atlética
\'izcaína, á quienes el co¡o contó después su
oficio de chanelero y de pescador ele angulas,
dejándose decir de paso, y sin dar á la cosa importancin ninguna, que había salvado la vida,
sacándolos á nado, á tres ó cúatro individuos
que en diferentes ocasiones se habían caído, ó
se habían lirado al agua, no salían de su justill-

cado asombro. Aquel cojo de traza tan extrafía
era un hombre realmente extraordinario, un
buen ciudadano que se dejaba muy alrás ú los
más valientes socios de la entidad que dirigían,
á aquellos que aseguraban formalmen te, y hasta
lo practicaban, que el ideal de lodo buen federado debía ser la muerte por accidente deportiva.mente buscado. Pero les daba pena, una profundísima pena, que el hombre picase tan allo,
que aspirase nada menos que á cai'.npeón ciclista, precisamente donde tan veloces y tan resistentes corredores había, cuando ú. lo que el coio
debiera aspirar, á lo sumo, era al campeonato
ele inválidos, allá en Francia, ó al lítulo de recordman de los golpes, de las heridas y de las

�desventuras aquí en Espmia, ya que, por Jo que
Y ú voz en grito, para que todo el mundo se
había contado, tan grandes méritos tenía ad- enterase, desafiaba, para mejor ocasión, no á
quiridos.
diez n1ell«s en In P](]za Elíptica, sino á quinien-:'\ada, seliores, nada ... - insislió el cojo, que, tas ó mús, donde les diera la gana, á aquellog
aparte del cofiac de la cura, habíase bebido cua- ciclistas que acababan de dejarle tan en redículo.
tro ó cinco wislq¡s como si de vasos de agua se .\qnello no ero luchar en condiciones iguales.
tratara-. Campeón quiero ser ...
Celebróse luego la carrera á pie, y el coio,
Xo hubo medio de convencerle, á 11esar de al- que ya se hnbía conquistado cierta popularidad
gunas indirectas mortiflcantes para su múquina, cnll'e el públic:o, lomó parte en ella, corriendo
que él considcrnba mús pesad¡¡, por de 11ronlo, poco menos que al pin-pin, y tornando á ganarse,
que la q11e más, y por lo menos Lan fuerte como en las primeras vnellas, colosales abucheos y
la primern, y para unas caneras c:iclislas y oYaciones en guasa. Pero el clcsquilc estaba allí.
pedestres que dentro de quince días habrían de Poco á poco fueron cesando los espectadores en
cclebra:·se en la Plaza Elípiica, se Je inscl'ibió la general burla, á ponerse serios, viendo que
en Lada regla, excusándole del pago ele la cuota. el co¡o, muy cerca del que marchaba el primero,
El hombre, sín atreverse á contar su tropezón no perdía terreno, y cuando llegó á la mela, en
con la vieja del cesto, para que no fueran á el segundo lugar, galopando macabra y desafocreer que hapía siclo por guiar mal, dijo que no radamente, una ovación Yerdad, sinceramente
tenía dinero ... porque se lo había gastado en entusiasta, Je indemnizó ele los pasados malos
unos huevos. Conque, gracias, muchas grac:ias, ralos. Había ganado cuarenta pesetas.
y hastn el día de la carrera, la primera carrera
de su vi~a en que iba á tomar parle, y en la
cual se proponía demostrar, no solamente en
Por si acaso l ropezaba con algún otro cesto,
bicicleta, sino también corriendo á pie, que sus Jas dejó en casa. En realiclacl, no le hacía falta
pretensiones de Jtegur á cam1)eón ciclista de ~sdinero para el gasto de la calle. Había hecho
pafia, aun con m¡uellas piernas, eslabun razo- \'al'ins amislade,:, y cuando se lomaba algún
nadamente funclaclus. Bíen podínn haberlo apre- vaso de vino, ó algnna jarra de chacolí donde
ciado al wl'le clnnzar lan maravillosamente el J,11siano, todos se aclelanlnban á pagar para evidifícil baile inglés.
tni le el rlisgusto . .\Iercecl A. aquellos amigos se
enteró de que iban á celebrarse muy pronto en
\'ilo!'ia unas carreras con irn11orlanles premios,
Llegó el gran día, el día tan ansiosamenle y ele que ellos no concurrtrinn, porque era preciso
aguardado, y si no interviene en su favor el ju- conocer muy bien ln pist~ del paseo de la Florado de la fiesta, libet-túndole á viva fuerza ele rida si no quería uno ~rse. El cojo se fijó
las garras de los municipales, debuta yendo á en este úllimo detalle ;: comenzó á pensar. Si
la cárcel. El cojo, al ver con los brazos y con Je prestaran una buena bicicleta, alláº se iba de
los muslos al aire ú los cmrerislas de la Fede- cabeza.
ración .\llélica, quiso ponerse en condiciones
Logró su propósito, sin descubrir para lo que
iguales de luthn, y ú la vista ele lodo el público, la quería, diciendo solamente que iba á ver si se
pocos segundos anles de clispnrurse el tiro de entrenaba un poco subiendo cuestas, y un viersalidu, quitóse apresuradamente sus ropas ma- nes, ú. )as cuatro ele la mañana, ele noche aún,
yores y quedó en unos calzoncillos que apenas salió de l3ilbao l1Or la carretera ele l\liraflores.
tenían lela mits qne en la cintura. Se le obligc'.,
Aquello, aquello que montaba entonces era
á adecentarse un poco, ¡iúsosele en fila, y 11ara una bicicleta. Lo otro, lo suyo, más parecía una
cuando quiso dar marcha ú su máquina, aquella rueda de afilar. Ahora apreciaba la gran difemáquina de C!Ue lodos los espectadores se reían rencia, la enorme ventaja entre esla máquina
con sonoras carcajadas, desa1rnrecieron sus con- y aquel inútil cacliarro.
trincantes pedaleando furiosamente. Entonces,
En cuanto conociese bien la temida pista, y
sólo entonces, se convenció el coio de que, para seguramente le bastaría para ello con media docompelir con ellos, necesitaba una máquina erna ele morrallas y las vueltas que pensaba
ciar allí por la larde y durante lodo el ctía del
mejor.

súbado, no iba á haber el domingo quien le sacarn una rueda de distancia.
Ko podía ir para el viaje, para aquel viaje que
tan lleno de esperanzas emprendía, más convenientemente pertrechado. Llevaba á la espalda,
envuelto en pel'iódicos para que nadie se enternse, y cuidadosamente sujeto, un bacalao de
d peseta libra, que á fiado le habían proporcionado en una Henda donde creyeron que la biciclf'la era suya; y escondido en una esquina del
pafiuelo, que se arrolló con un fuerte nudo al
pescuezo, el úllimo duro que ele su primer triunfo, no como ciclista, sino como andarín, le quedaba todavía.

'"ª

1

Tres ó cuatro kjlómetros antes de llegar á Vitoria, allá por las orillas del poético Zadorra,
descendió cauteloso de la máquina, miró con
prevención por todas partes, y Juego ele bien asegurado ele que nadie le veía, descolgóse el equipaje ele ln espalda, y sac:ó á la luz del día el hermoso bacalao. Apl'ision6lo después fuertemente con un lnrgo cordel, crnzúfldolo ele c.:ola ú cabeza varias veces, y también por el espinazo; y
atando al otro extremo ele la cuerda una gran
piedra, calculó la profundidad en un remanso,
y ¡ zús ! f Pndeó el bacalao, el sabroso lmculno
que allí, en aquella agua tan dulce, tan transparente y tan tranquila iba á dejar á remojo.
l'n conlelilo más fino, unido por una punta ú
la cola del rico pescado en momia, y que en la
~
otra tenía un corchQ de botella, para hacer de
flotante boya, le ina~ía el sitio preciso ele la
fonclcaclu!'a, facilitándole el desancle para cuando llegara el caso.
Y así vh·ió el cojo en Vitoria hasta la mañana del domingo. Dormía en una posada donde
le cobraban dos reales, con lavabo y todo, y en
cuanto llegaban las horas de comer, de mercndm· y ele cenar, comprnba dos penas de pan
y una de queso, mús medio cuartillo de vino.
por el que le cobraban quince céntimos, á de\'O lver el casco, ~- montando en la Liciclela. ibase en un periquete hasta el remanso del Zaclona, aupaba el bacnlao, dúbale un buen corte ... y los grandes banquetes. No había en el
Hotel Quinlnnilla nadle que comiese más á
gusto.
El domingo, al mediodía, después de la carre-

rc1 ya íuó olra cosa. Por no hnbPrse presentad) ú la lucha más que ciclistas ele segunda fila,
hubia ganado el tercer premio, setenta y cinco
pE-setus, y cogido a&lt;lemás media docena de preciosas cintas bordadas por seiíorilas, por las
canles le dieron algunos pollos ele la créme vitoriana, los novios ele ellas sin duda, nada menos que diez duros. Antes de regresar á Bilbao
con aquel capitalazo, ,con aquel dineral que en
su vida había tenido, dióse en un taberna un
banquete de tripacallos y morros, bien acompafiados ele peleón, para solemnizar con toda
solemnidad aquel su hermoso triunfo. Tres raciones se despachó el hombre de cada uno de
los platos.

-¡ Ahi le pudras pa siempre !-murmuró á
media tarde, cuando al volver hacia Bilbao pasaba frente al remanso donde aún quedaban
restos ele su stock alimenticio-. i Qué salao estabas, condenao! ...

Aquel triunfo, más que po·r su importancia por
las pintorescas circunstancias que lo habían rodeado, y por la fuerza de voluntad y espí!'ilu de
sa&lt;·rificio que en el cojo revelaban, dióle al hombre cierta nombradía y conquislóle no pocos respelos aun entre los ciclistas de primera fila,
siendo entonces admitido como socio en la Federación Atlética Vizcaína. Bien alimentado y
enlrenándole con método, tal vez pudiera llegar,
para otrn aiio, á conquistar, en una carrera no
muy fuerte, un quinto ó sexto puesto entre los
corredores de empuje. Pero el cojo, á quien ya
lodos se afanaban en proteger, porque él á todos
se preciaba en agradar, desapareció á los pocos
días de Bilbao, sin despedirse de nadie, y fuése
á un pueblo, de donde más tarde llegó el notición de que acababa de hacer otra barbaridad.
Con las ciento veinlicinco pesetas que se trajera
ele Vitoria... se había casado.
Pasaron meses y meses, sabiéndose tan sólo
de él que vivía entregado á sus amores y más
fuerte que nunca, porque en los ratos que la
mujer y el trabajo le dejaban libres se daba en
bicicleta caminatas enormes, y poco á poco comenzó á olviclársele. Una mañana le hizo recordar la P1·ensa local. Un ciclista apodado el co¡o,

�y que lo era, bajando á toda velocidad una cuesLa en un pueblecillo cercano á Bilbao, había tropezado contra un perro y cla vúdose en el pecho una botella que
por entre la camiseta llevaba
·guardada. En el hospital ballú'b ase en '.estado grave, muy g·ruVe1 con m1.1y pocas e$peranz.as
dé salvar}~, porque los cascos le
·h abfan casi llegado al corazón.

-¡El cojo! ... -decían-. ¡Ei
coio! ...

Era en efeclo él, él 1 que con
todo el blanco jersey manchado
de sangre, porque en los lreinLa
kilómetros desde Bilbao habíansele abierto de nuevo algunas
herid,as del pecho, bajaba hacia
la campa á toda velocidad y no
con laS manos en el guía 1 sino
sosleniendo unu flauta con la
que alegremente tocaba un paso
doble de zarzuela.·
-¡Bravo! ... -clamaron lucios- .
¡ Rm.vo!. ..
Enardecido el cojo con aquellos vivas del alma, con aquellos
aplausos 1 quiso quedar bien, como á su categoría ele nmanle de.l
peligro correspondía. y luego de
caracolear por entre los árboles
de la campo, enderezó haciu el
río, po-r la parte más allá del
muP.lle, y, con bicicleta y todo,
como cuando se presentó por
vez primera en In Socic-dad,
e a y ó es,trepitosament.e ·en el
agua.
- ¡El coto.r .. .-tornaron á de-

El hecho, contado por él mismo con voz débil, casi agónica 1
había sido el siguiente. ~uda en

total.
Yendo de paseo una tarde, de
paseo á treinta lÚlómetros por
hora como término medio, entró
á descansar en una taberna y
pidió algo con que refrescar el
yra:,nate .
- ¡ Bonito chacolí!-exclarno,
después de beberse un gran
vaso.
Y pensando en su mujer, decidido· á llevarla ·un obse_quio,
hizo que le llenaran una botella
y se la guardó donde en otro
tiempb su ajuar.
Del tropezón con el perro,
¡:rnnque el cojo no llevaba freno, no tuvo él la culpa. El culpable fué el animal.

' Luego, lo que ocurre á veces
én.estos casos. Tanto se exageró la gravedad ele el cojo, tan
d,esesperados informes dieron de él una noche
en el hospital, no dejando verle, que corrió -la
voz de que había muerto y de que ·ni siquiera
podía asistirse á su entierro, porque estaba e,nterrado ya.
¡ Pobre cojo! ... Bequiescat in pace.
Se sintió su muerte de verdad, tan de verda;d,
que el domingo de su resurrección, dos me&amp;es
más tárde, ru·é un domingo de sana alegría, de
regocijo inmenso para los muchos y sinceros

cir-. ¡El cojo! .. .

amigos que entre sus compafieros de sport tenía
ya el hombre. Se había captado el cariño de
todos.

No escogió mal el escenario para su reaparición. Era el día en (!Ue la Federación Atlética
Vizcaína en masa, unos á pie, otros en bicicleta,
á caballo otros, en motocicletas y automóviles no
pocos, celebraban su excursión anual ú la som-

breada campa ctel castillo de Butrón. Parn más
ele cien federados se había prepurnclo allí el almuerzo.
En el momento de sentarse á la mesa, cuando
ya casi todos se habían bafiaelo en el río después
ele jugar al tug-o/-war, ele hacer esgrima, de
saltar á lo alto y á lo largo, de luchar á la grecoromnna y de ejecutar diferentes ejercicios olímpicos, oyéronse unns voces que gritaban con sorpresa y alborozo :

:'\o hnl.Jía necesidad de repelido, porque bien demostrudo·
estaba .que era él, el aspirante
á. campeón, quien medio minuto
lltlt18~u6s, cuando todos le creían
empotrado en el fango del río
ó sujeto, por las hierbas del fondo, y se di-sponían á s.aJvnrle,
asomaba risueño á la sup-erficie
.sin apartar de sus labios ia flauta y continuando el paso doble
como si na.da hubiera ocurrido.
Su naciente popularidad qued9.ba désde entonces acrecida y consolidada. De. aquella burrada hecha con lanta naturalidad, con ta1 desinterés, tan sólo por agrarlecer de un modo risuefio el recibimiento que se le dispensara, no
habí.a precedente entre los más templaos de la
Federación Atlética Vizcaína. Bueno le iban á
poner de cocido para indemnizarle del remojón.

�Subiósele entonces la gloria á la cabeza, crePasó algún tiempo. Cuando en el mes de No•
yendo que podía llegar á ser campeón en lodo
viembre se corrieron los cien kilómetros del
y ganarse quinientas pesetas allá en donde para
campeonato de Vizcaya en carretera, el coio,
disputarlas, sea como fuere, las ofreciese alguque durante las fiestas de Agosto había ganado
no, y una noche, en el Circo del Ensanche, azuun segundo premio en el concurso de natación,
zado por varios ciclistas de buen humor, que
y un primero en una curiosísima regata de chale decían que lodo aquello era mentira y que allí
nelas, demostró estar entonces tan admirable·
tenía una nueva ocasión de lucirse, el coio
mente entrenado para pedalear, que llegó, aundesafió á Rakú, el famoso japonés, profesor de
que á bastante distancia del primero, nada me¡iu-iilsu, insultándole desde el anfilealro con
nos que en cua1io lugar. Iba ya progresando,
unas cuantas palabras inglesas que sus amigos
colocándose poco á poco entre los carreristas de
le dictaron, y bajando por fin á la pista con además nombradía.
mán amenazador. Rakú tardó un segundo en
~Iás tarde, y luciendo en todas las luchas un
vencerle.
jersey á rayas amarillas y negras, que le daban
-Porque no me ha deiao engancharle á mi
cierto aspecto funerario, y un gorro de dormir,
gusto ... -decía el coi o como disculpa.
metido hasta el cuello, y con el cual parecía un
Meses después luchó con uno de los boxeadofariseo, tomó parte el coto en varias carreras res que en el mismo Circo del Ensanche traba•
ciclistas verificadas en los pueblos, y por haber jaron, con Petler Brown, y tales bofetadas y
ganado en ellas cuatro ó cinco primeros pre- tan velozmente seguidas dió el coio al inglés que,
mios, le fué regalada por una casa constructora enfadándose éste, dejó!'e de bromas y Je largó
una máquina nueva, una excelente máquina, á un formidable golpe en el vientre. El campeón
la que tomó desde el primer momento más afecto de Espaíía, á quien, por lo vislo, siempre hacían
que á las niíías ele sus ojos. Con aquella, con
daño las chuletas, cayó sin sentido.
aquella iba á ser.
-¿Este es el crue anunsian con tanto bombo?
Y fué, aunque en victoria muy discutida.
-preguntó despectivamente apenas le reaniPoco acostumbrado á comer carne, vegetamaron.
riano por desdichada obligación, creyó el homY llenando de asombro á cuantos le escucha•
bre que, atracándose de chuletas, se iba á poner ban, explicó con toda sencillez el tono de desmuchísimo más fuerte, y cuando la Federación precio con que había hecho la preguntita. En
Atlética Vizcaína le dió fondos para acudir al California, hacía ya muchos años, cuando fué
campeonato de España en Gijón, tales cantida- una vez con el barco. había él luchado con otro
des y con tanta ansia se despachó el co¡o, que boxeador, con uno muy negro y muy alto. Aquél
de Bilbao hasla allá, viaje que hizo en bicicleta sí (!Ue era fuerte, fuerte de verdad, muchísimo
para llegar j uslamenle el día de la carrera, creyó más 0.ue este otro con (!Uien acababa de pelear,
morirse por culpa de sus desarreglos de vientre.
nada más (!Ue para tener el gusto de hacer la
De ciqco en cinco kilómetros casi, y por aquella comparación. Del primer pw1etaso, cuarenta y
tontería, tenía que apearse el hombre de la má·

sinco minuto:; le de)ó acruél sin sentido. Como

guina.
De ahí, de · esa debilidad, con la que seguramente no se hubiera puesto otro en línea, el que

que ya pensaban que no volvia.

se desmayara cuando llegó el primero á la meta,
el que después de aquellos cien kilómetros, en
los que tuvo que hacer esfuerzos formidables
de voluntad r,ara no reincidir en las innumera·
bles paraclilas del viaje, recogieran como un
trapo al que por sus indiscutibles méritos, y no
por las desgracias ocurridas á sus más temibles
contrincantes, se h abía ganado el Ululo de cam·
peón de España y las quinientas pesetas del pri·
mer premio. Sobre todo, a l menos para él, el
titulo de campeón.

-

diario act'.rrucado en un recodo ele la carretera,
ád' unos seis
ú ocho Jdlómelros de donde él , ,.1,..1a,
t
is~ues ~ á hincarle el diente en las pantorrillas,
meior dicho, en los huesos, y tirarlo de la máquma. Lo menos diez ó doce veces había rodado
por ('.ulpa suya. Para matal'lo, hnsta con el reloj
de mquel que Je diera el adquirente de su chanela le habia lirado. Pero el condenado, que era
mu~ listo, supo escurrir el bulto á tiempo y el
reloJ _se e~trelló contra el suelo. De ahí el que se
dec1d1era a pescarlo como si fuera una lubina.
Preparó un gran anzuelo con el más fuerte de
los srflalrs que rncont rara, púsole de cebo un
apetitoso trozo ele came, y aminorando la marc~a de la máquina cuando llegó al recodo, deternéndose casi, sonrió al Pernales mnablemenle v
le echg la tajada. El Pernales mordió.
•
Entonces, cuando el co¡o comenzó ú lomar
marcha, dispuesto á llevarse arrustrando al animalucho, ocu:Tió una cosa imprevista, una cosa
que él no esperaba. porque no sabía hasta entonces. que el Pemales tenía talento. Yaya que lo
l~n1n. Como que en vez de resistirse, en vez de
tirar en sentido contrario, apretó el perro ú cu·
,·1·er en su misma dirección, pan1 &lt;1ue la cuerda
se. c_unse:·vase flojn, demostrúnclole no solament,~
t[IIC sabía lo que se traín entre mnnos, es decil'
en 1~1 boca, sino &lt;JilC para ser un peno tan pe~
qu_eno, tan peludo y ele tnn malísima lrnzn, tO·
IT1a bastante. Esta habilidad, por la semejanza
c.Jn ln suya, fué la que Je movió á compasión.
Desde ~que! clía, desde que le quitó el anzuelo,
eran amigos tan íntimos, que el Pernales le
acompaüaba en todas sus excursiones. Lo único
que tenía que hacer, para no dejárselo atrás en
las cues~as abajo, era cogerlo por una oreJu,
que el mismo perro le ofrecía, y llevarlo colgando. Pero en llano Y en cuestas arriba, con tal de
q11e el cojo no fuera á mnyor velocidad f!Ue el
trote de vnu. persona. siem!)re ni lado.

Ei cojo, también por unos meses, tornó á au-

sentarse de Bilbao. Cuando reapareció, una tarde que llovía á torrentes y también estaban todas
las calles encharcadas, traía un extraño campa·
ñero atado con una larga cuerda al sillin ele su
bicicleta. Erase un perro que, según expresión
suya, había pescado.
Se llamaba Pernales, y hasla hacía poco tiempo había sido un encarnizado enemigo suyo. Dur ante semanas y semanas, se lo encontraba á

al I)Urecrr , y que para
. Lín detalle insignificante
.
muchos será sm duda lo más saliente en la bre~e historia que se va haciendo de este t an extra110 campeón ciclista, estuvo por aquel tiempo á
punto ele mlerrumpir su brillante carrera. Fué
un~ bur!'ada del corazón, no ya del cuerpo, qu¡,
para evitar sensiblerías va á ir dicha en muy
pocas líneas.

l;no~ vecinos lle el co¡o, los que allá en el pueblo cuidaron de su mujer y la atendieron mirnlras él estuvo en el hospital cuando lo de la botella, .viéronse en un ocrrave eaprieto , s·1 no pagaban cmcuenla duros que debían, illan á ser PI11bargados, judicialmente despedidos de la pobre
casa que habifaban.
El coio, sm decir nada, montó en su máquina
.,·_ llol'ando por lo que iba ú llacer: pero decidido:
v~no á Dilbao á toda marcha, embalando como
s1 de ganar una carrera se lralase. Quería vender la bicicleta, negoriarla por lo que le diesen,

con tal de que no fuera Pl 11rec1·0 meuor de cü.
curnta duros. Antes que t.oclo por rncima dP
lodo, salvar á sus vecinos.
'

Llegaron por fin los días de ruidosísima gloria
para el co¡·o ' los d'ias en que rl - mundo ciclista
esp.aI1ol había ele reconocerle por su campeón
lcg1l!mo, por su campeón indiscutible, á pesar
de que para los sanos de ambas piernas resullab~ una ironía el que por encima ele todos estuv1e1'n
un
.
. cojo de las dos , .v ele qt1e la coso pareciese una cruel burla de la suerte.
Allá por el mes de l\fayo último, una maiiana
en que los antiguos compañeros uc el co¡o, los
boteros que se dedicaban al pasaje entre la grúa
grande y el fina.! del Campo de Volantín, escuchaban al más ilustrado de ellos la lectura de

�El Liberal, coloreárnnse de pronto las mejillas ele

todos, no por vergüenza ni por envidia, sino
por un sano remordimiento, al oir que el hombre leía, abt·iendo asumbmdo los ojos y 1·011
voz velada por la emoción, un lítulo que anunciaba: El triunfo de «el cojo». Tres veces hir•it'•ronle repetir la lectura, dudando todavía ele que
aquello fuese cierto, )' no eonlenlos con eso aún.
convinieron en pasan,e de mano en mano el periódico para convencerse por sí propios de aquella tan gran noticia y saborearla en silencio, sin
comentarios, á solas con el recuerdo del abucheo

de la meta, que tuvo antes de llegar al viraje
ocho pinchazos, despegándose del pelotón ele cabeza, á pesar de lle\'ar la máquina desinllada,
.v llegando á aquel jurado el 9rimero con 600 meIros de ventaja, tuvo también al regreso otros
dos pinchazos y una fuerte caícla en un paso á
nivel, de la cual resultó con erosiones en una
pierna y en un brazo. A pesar de tanto contratiempo, y esto es lo que acredita los arrestos y
la flrmísima voluntad ele Yicente Illanco, el valiente carrerista llegó á la mela tan sólo dos minntos después del primero, siendo recibido con

y un corsé, para regalarlo á su sefiora, que Je
tocó en una rifa.
En Valencia, donde el próximo domingo se correrá el campeonato de Espaíia de este afio, seguro es que Vicente Blanco, á poca suerte que
Lenga, Yolverá á ganar, revalidándolo, el título
de campeón que ya hoy ostenta, y las quinientas
pesetas que el la! lleva adjuntas. Así sea, pues
bien lo merece ese sin par monumento del ciclis-

ullú donde por entonces se celebraba una Expo:;i1·iún de la 1111c t·o11sla11lc111cnlc estaban liablantlu l"s pel'iúdieus, enl ral'on lodos cu Ju tabenm
vecina ú la grúa y pidieron la primer ronda de
chiquitos de tinto.
ílien, bien le ibnn ú obsequiar cuando el hombre, ú su regreso, apareciera por allí, anhelante,
sin duda, por eoclearse y por beber una copas,
aun1¡ue lan Hl'l'ibu estuviese al1ora, con aquellos

mo, que tan conocido es aquí por el apodo de

que tanto le' animúon, y que le despidieron, no
lo negaría él, con la· primera ovación que había
escuchado en su vida.

el cojo.

Si este hombre extraordinario tuviera las dos
bien, ni poco que se reiría de los automóviles ...
y hasta tle los aeroplanos.»
Aunque esto de los aeroplanos no lo entendiesen muy bien los boleros, y aquello de la lotería
y el corsé les oliera un poco á pitorreo, convinieron en una cosa.
que dieran al antiguo compaiiero cuando formalmente les dijo adiós.
Lo que El Libernl de la mafiana decía, no en
la. última, sino en s u primera plana, y en sitio
muy prefere nte, era lo que se copia á continuación:
«Por noticias particulares recibidas ayer en la
federación Atlé ti ca \'izcaína, á c uyo bando ciclista pertenece el discutido campeón de España
\'icente Blanco (a) el co¡o, puede juzgarse de la
importancia del triunfo que el simpá tico corre.d ar
ha obtenido en la carrera l\Jadricl-Toledo-J.Jadricl,
131 kilómetros.
El cojo, que se cayó en el momento de salir

una ovación entusiasta y aclamado como si él
hubier_a sido el vencedor, cosa que La!). al contrario ocurrió cuando su té¡n discutida victoria
del afio pasado en Gijón.
Lo ganado por el coio en. la carrera MadridToledo-Madrid es lo siguiente : doscientas cincuenta pesetas del segundo premio; una valiosa
escribanía de piula, también de este premio, y
un reloj de oro, valuado en trescientas pesetas,
por haber llegado el primero al viraje. Durante
su estancia en i\Iadricl, ha ganado además el cojo,
campeón chanelis ta de esta ría, una regala de
boles en el estanque del Retiro, cuarenta pesetas
en medio décimo que jugaba á la pasada lotería,

Aquel no era solamente un triunfo de el cojo,
su antiguo y muy querido compaí'íero de oficio :
era también un triunfo de ellos, pues quien más,
quien menos, Je había animado á . lanzarse, le
había ofrecido su incondicional apoy,o, en la seguridad de las victorias que le aguardaban y que
tanta popularidad y tanto dinero habrían de
darle. E interrumpiendo durante un larguísimo
rato el pasaje, discutiendo cada vez más acaloradamente sobre quién de ellos había sid.9_, _ó ~r¡l,
más íntimo amigo de el coio, de aquel que había
vencido nada menos que en Madrid, y que por
las trazas iba á triunfar también en Valencia,

La noticia de que la carrera del campeonato
había sido suspendida el domingo para que fué
anunciada, por causa del mal tiempo, hizo crecer la impaciencia de los chancleros y de cuantos se interesaban por el triunfo definitivo de
el cojo. Todo el pueblo 10· deseaba, lo ambicio-

naba con entusiasmo Yerdad. El lunes de la semana siguiente no publicó noticia ninguna El
Liberal, ni por la mafiana pudo saberse nada
entre los boteros de lo ocurrido en Valencia el
día anterior, y aquello les dió mala espina. Ha.bría tenido tan innumerable serie de pinchazos
en aquellos neumáticos que no eran ya los de
calabrote, habríase dado tantas caídas, que ni
siquiera habría concluido la carrera. Por eso no
hicieron aprecio de algo que por la noch'e llegó

�en rumor hasta la grúa. A última hora ele la
larde había habirlo en Bilbao ,nm·imiento inusitado, cohetes, mú8ica, escándalo, un gentío inmenso corri&lt;'ndo y alborotando por las principales calles.
El Liberal, en otro artículo que también á continuación se copia, les cUó la clave á la mmiana
siguiente. Bajo el I ít uta La llegacla ele «el co¡o»,
decía así el periódico:
1&lt;Por habérsenos traspapelado unas cuartillas dejamos de dar cuenta ayer de la victoria,
en Yalencia, del simpalicísimo campeón de la Federación Atlética Vizcaína, Vicente Blanco (a) ··l
cojo, quien después de haber corrido brillantemente la carrera de 131 kilómetros ;\1adricl-Toleclo-l\ladrid, llegando allí rn segundo lugar á pesar ele las muchas anirías y caídas, ha obtenido
ahora en \'alcncia, corriendo los 100 kilómetros
del campeonato de Espai'ía, un t riunfo colosal,
delinilivo. El co¡o, que ya el aito pasado había
conquistado en Ast urias el hon roso título de
campeón espaliol, lo ha reiterado ahora ganándolo por segunda vez, cosa dificilísima si se tiene en cuenta que á eslu carrer a concurren todos
los mejores ciclistas ele la Península, admirablemente entrenados para la prueba.
Veintiún ciclistas han corrido en Valencia sobre una carretera infernal por culpa de las lluvias, y \'icen te manco, á quien no arredra nada,
ha hecho los 100 kilómetros del recorrido en cuatro horas un minuto, sacando sobre el llegado en
segundo lugar-el campeón ele Yalencia-lreinla
y cuatro minutos ele ventaja.
La nolicia de que el co¡o llegaría á Bilbao ayer
tarde se propagó velozmente por todo el pueblo,
y al efecto de que tuviera el campeón de Espaíia un digno recibimiento, la directiva de la Federación Atlética Yizcaína acordó salir ú encontrarle en el camino para retrasar su entrada en
Bilbao y dar tiempo á los preparativos. Los automóviles de D. Francisco de Larrea y de D. Feliciano Echevarría salieron para Llodio á las
tres de la tarde y allí esperaron la llegada del
t;'en correo en que. venía e/ cojo. .uespués de pasar con él un gran rato en Llodio, y ele merendar sucule1tlamente en Arela, los dos automól'iles viuieron corriendo en competencia hasta c-1
alto de Miraflores, donde se reunieron con gran
número ele ciclistas de la Federación Atlética ú
quienes se habían encomendado los detalles ele

la organización, y que en el citado alto medio
des trozaron n. el coin ú fner-za de abrazos y efusivas felicitaciones.
Dadas las ocho, se hizo la enlrada en Bilbao.
Las bocinas de las bicicletas, las sirrnas ele los
dos cochrs, y cientos de cohetes, comenzaron ft
embarullar el espacio.
En Achuri, donde se organizó la comitirn,
aguardaba una charanga contratada por la Federación, y unos cincuenta ciclistas con antorchas y farolillos á la veneciana. El coio, que iba
de pie en el centro del primer aula, saludando
al público ccrcmoniosamenle, muy conmoYido
an te los enlusiastas YiYas y calurosos aplausos
con que su victoria se saludaba por todo el público, fué llevado lrntamente, para que el pueblo
entero ltl\"iesr ocasión ele aclamarle, hasta el
domicilio de la Federación, y allí habló el ho111bre desde el mirador principal, agarrado á 1a
bandera ele la Sociedurl y con el rostro iluminado por los farolillos que en lodos los balcones
pcn~lían. El cojo, muy parco en palabras, dijo
en su discurso que él no sabía h ablar bien, pero
que sabía correr par a poner muy alto aquel pabellón que en la mano tenía, concluyendo con un
Yiva á Bilbao, que fué respondido por lodos los
oyentes. Hasta como orador de mitin Y de balcón obtiene triunfos este hombre.
Después, el co¡o, que ha regresado ele su brillan te tournée con unos zapatos tacón Luis XV,
unos calcetines verdes, unos calzonc-illos á listas
azules y unas cuantas varas ele vendaje en ambas piernas, co111enzó á dar sus impresiones.
Las peores carreteras &lt;le \'izcaya, aun en época
ele grava, son puro es[allo (1) comparadas con
las ele Yalcncia ... Y, en fin, que cuando más ha
corrido en toda esta /011,rnée , ha sido para escapar de unos gitanos, allá por Arancla de Due~o,
cuando iba á :l\laclrid en bicicleta, que se melleron con él para robarle la máquina.
A unos ochenla por hora dice que subió un repecho.
_
Frente al domicilio de la Federación Allética
Yizcaína estuvo tocando hasta las diez la charanga, y fuó muchísi rna la gente que subió á fe(1) .\\ día sictuienle. cuanclo el co¡o leyó El Lilirtal.
hizo respecto de esta palabra una aclaración ele unpt1rtancia. El sabía ele sobra que se dec ía as[all~, pero
dijo es[allo ... porque no había cenado Loclnvm.

licitar y abrazar á el co¡o. El domingo próximo
será obsequiarlo con un gran banquete en Ibarrecolanda y concurrirá como capitán de cabeza á la excursión nocturna á Asúa, que se verificará el próximo sábado.
Sea bien venido el monumental Vicente Blanco, campeón ele Espaiía y de todos los cojos ciclistas que pueda haber en el mundo, y reciba
nuestra más cordial felicitación. Eso es un
hombre."
Había dejado El Liberal sin decir lo más importante, lo más grato para el coio en aquella
noche memorable, en aquella noche que coronaba brillantemente las ambiciones ele sus más
preciados sueflos.
l\linutos a n tes de que la bulliciosa y alegre comitiva llegase ante el domicilio de la Federación
Atlética \'izcaína, una anciana, acompafiada de
tres ó cuatro pequeíiines muy simpáticos, había
entrado allí y pedido permiso para colocarse en
el mirador principal. Eran la madre y los sobrinitos de el coio, grandes adrniradores de su tío
y de las hazafias que la voz popular contaba ele
él. Y hubo que ver las veces que la buena mujer
gdtó ¡viva mi hijo!, mientras la multitud, allá
en las calles, Je aclamaba también deliranlemente. La anciana, como los chaneleros, se había
olvidado de las mil rifias que á el coto echara
siempre por su afición desmedida á la maldita
bicicleta, y de los disgustazos que por el tal chisme se había llevado.
El triunfo, cuando llega, todo lo cambia, todo
lo justifica. Por eso es triunfo.

Ilasla los adoquines del empedrado, tanta era
ya su popularidad, se levantaban á su paso para
decirle: ¡ adiós, cojo! En los escaparates de las
principales casas folográucas veíanse sus retratos, con el jersey y el gorrito de marras, y treinta
ó cuarenta golftllos, futuros campeones acaso,
escoltábanle siempre. Los más atrevidos, sonriéndole aclmiralivamenle, hasta se permilían locarie para ver de qué era.
-¡Quitéis, hombre, quitéis un poco!-deeía et
co¡o, apartándoles suavemente.
Los obsequios llegaron ú tanto y lan expresivo5
fueron, que en la primera semana tuvo que purgarse lres veces. El día que apareció por los

muelles, no con su boina, sino con un sombrero
hongo ele especiulísima forma inglesa, fué para
él memorable. Desde las once de la mol1ona hasln
las tres de la larde, tuvo por precisión que aceptar cinco comidas, en todas lus cuales le dieron
alubias, muchas alubias.

Pasados tres meses, cuando los agasajos, los
regalos, las enhorabuenas, las invilaciones y todo
aquel clamoreo que su triunfo levantara fuéronse acallando un poco, el coio y el presidente de la
Federación Allélica Vizcaína se reunieron un día
ó. almorzar solos en el famoso chacolí de Pantaleón. Para entonces, y con el dinero ganado en
aquellas carreras y en otras tres ó cuatro más
que había corrido después, el campeón de Bspaña
tenía ya en el pueblo donde se casara. y vivía,
en el tranquilo rincón de_ sus descansos, una
vaca, un serdo ... y la mar dP. gallinas.
-1\Iás tells que l!n pájaro, muchísimo más.
Llegados los post res, aquel extrafio ciclista,
que tan alto había sabido poner el pabellón ele
la Sociedad en que entrara tímidamente, caballero en su borrica, y por cuyos salones paseábasele ahora en hombros, desaló del manubrio
ele su bicicleta un gran paquete y clesenvolviólo
cuidadosamente sobre la mesa. Su rostro había
tomado una expr esión solemne.
-.\1e he traído esto por si hay que escribir...
Erase un estuche conteniendo una escribanía
de plala, la que ganó en :l\Iadricl, y eón la cual
se proponía hilvanar su historia, como Dios le
diese á entender, cuando tuviera á quien dictar
é hiciese un tiempo tan malo, tan malo que no
pudiera salir ele paseo en bicicleta. El quería
que se enterase todo Bilbao, toda España, de
que se llamaba Vicente manco, Vicente Blanco
y no el cojo. Bastaba ya de motes.
-Porque cojos había muchos, muchos ...
-Pero como lú, ninguno. .t\inguno en el
mundo.
-Sí; eso, verdad es. '.\i habrá .. .
Luego, mientras tomaban el café y echaban
al aire el humo ele unos habanos, Vicente Blancc
sonrió picaresco, anunciando que iba á contar
algo muy interesante, aunque no podía figurar
en la historia; miró después hacia su bicicleta,
aquella adorada máquina, gracias á la cual siempre llevaba ahora cinco pesetas en el bolsillo, Y

�enrojeciendo por la natural vergüenza de confesar que, allí donde se le veía á rl, tenía su palmito entre las damas, sobre lodo siendo casadas,
empezó á decir en voz baja :

-Un día, después de ganar

1m11

carrarn, me

se acercó la seriara de un tal...
Y contó la aventura.
Enero 1910.- Bilbao.

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                    <text>El [usnto Semanal

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Númiro sudto: 3 0 céntímoo.

Apartado de Correos 409.

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REPRESENTANTE EN MADRID: TOMAS GUTIERR EZ LARRA YA
CORREDERA BAJA, 37

Mansión de paz
¡La casa aquella! Para el carninanle era un
hostal con una fontana de agua de cumbre, y
fresca· sombra para los ojos deslumbrados del
sol que reverbera, y arrullo para el oído, pues
susurraba el viento en los alamos del patio. Ebtaba allá e:Q. la suave y delic-iosa colina, orilla
del camina!, teniendo enfren le una rnontafia que
seguía á otra y ésta á otra, al modo que las
grandes vacos en el len to rebaiío; y detrás tenía
unos lrigo•s, un bosquete de aéreos pinos donceles, y más montai1as, calvos y g rises, con un
corral de color de manteca en una falda.
Desde que principiaba la huerta casera, una
tapia, de que rebosaban higueras y manzanos
y que agujereaba en un punto un regalo, bordeaba el sendero, ancho para la yegua de un
abad, ango-slQ en demasía para una carreta. Del
otro lado del camino, sobre la cleyación de un
ribazo, extendfase hasta el pie de la rrionlafia,

l&gt;landu y rebajado corno una playa arenosa, un
viiiedo que, mezclando sus pámpanos con las,
i-ubias espigas, podría coronar bien clásicamente la espadafia de aquella masía. En llegando ai'.
portalón, se engrandecía la tapia cual un retablo;
&lt;le altar mayor, y el canúno se remansaba en '
una plazoleta, la cual plazoleta guarnecíase de
un banco labrado en el mismo ribazo ; un co-,
1-ro de castaiios silvestres y fresnos abrigaba el;
asiento rústico; y puestos allí tan graves, pare-,
cía cuando los «principales» del pueblo a.scen-,
dían á la masada á ver al «scüor», y aguarda-'
ban, fonnando una media luna, á que éslc se
asomara al balcón y les ordenase subir. Des-·.
pués ya no se veían más que un corral con una
puerta rugosa y agrietada, y la era; y en es.to.
el camino que se hunde, y una superficie corno
el mar, y á una legua W1a puebla, collar desgranado, vellones desprendidos en la zarza, ociosas corderas en torno al pastor; el pastor era,
una torre más tostada, que una pipa Al fin de

�todo •Se. es-fumaba una serrnnia azul 1 (!ue cacln
i'lóché..,Jfoteciá. en una loquesca rosa de llamas:
in 1a sierra había cabras monleses y Ioi.Jos; por
~llí•se ponia el s0! 1 y allí, que comenzaba el misterio, nacía también la fábula: uquel dulce y
antiguo paisaje, que terminabn en _una brumu
fanlástica, hacíá' que los sentimiento,s sos-cgaclos
y apacibles que se despertaban á su vista, desvoria&amp;en al úllimo1 inventando ú creyendo leyendas de la serranía azul.
Entrar en el, patio era salir y olvidarse del
mundo. Detrás de la puerta, á la mano derecha, hallábase un monumento primitivo r ciclópeo, que al remate se resolvía en ser una
fuenle de agua ' que olía á romeros y que cuia
del cafio á una !)ila honda y redonda como un
timbal 1 y luego por un canalillo colábase adentro de cubierto con un grato murmurio que s,·
creería la risa .con que se mofaba de nueslr .. :-,
ojos, p.obres allicinados que perseguian -;us burbujas y quedaban burlados de repente, al huir
el riachuelo so ' lechado ...
!\. la mano s~niestra habfa un cobertizo, ani
p9,ro ele un montón de lefia seca y de un galrJ,l
que dormia en 'un ruedo de es-parto, cuando 11,i
lanzaba dentelladas á las moscas, y enton.;e:::
abofeteábase con sus orejas. ¡Oh, la encal:\cla
pilastra v la lnstrosa cstara en ella, de que pendían viejos, correosos y sudados arreos de ca
ba1!erias! ¡Soberbia y brava panoplia csc:rnJ,~.
ril... ! En tierra 1 las cenizas del fuego que encendió el Sancho eterno para cocer su gazp&amp;cho de migas, en a&lt;ruellas trébedes rofiosas que
ahora yacían patas arriba como un lagarto al soJ.
El patio era blanco y cui.ldrado, y sus ruuros
tenian numerosas rejas, ventanas menudas y
que hablaban d-~ amores rudos como un guil:.irri:co. ¿Y 0ué decir de IDS dos aftosos ú!arno:::.
en cada r;rha un rnUrmÚllo, como· el siglo cm
cada u-no de sus cien m'ios una historia·? Lu:s
dos gigantones, rnngn.iílcamentc barbados, UtDgían con majestad y con palriarcal condeH·cndi:liwiOht ·esa's hor·miguilas de los hombres: acaso
una rtLCha de vi-ento allcrnse su respir.acir)n y,
cre-ciendo su mn1;n1ullo, u,sustaba ul visitanle;
pero s-e apla'caiba en seguida, y 1 sonriendo, lnrí.zaba unas· hojas livianas y clornclas á la cabeza
del int1•11,so 1 y tLSi bendedaie ...
¡A la paz de Dios! La casn. c!r labranza. l'n
rd8.blo de ·•azulC' jOS. religioso, c::ulto ú ~ucsln.t
Señora del · Rooanu: mosaico morado berenje•
na, ,~ojo de puchero y u1na.riilo de yema de lrnl'Vo : -, la' cal del jalbegue invadla sus bordes; así
corno las hidalgas casonas solar-iegas muestran
en el pecho de sus fachadas sus tablel'os de armas, y al mismo cielo venden protección, que
se alaban de servirle de sostén, aquella humilde
casa labriega cuelga al pecho un escapulario y
ora pedigüeüa y desvalida. usan.to Dios, Santo
inmorla! 1 líbranos de todo mal...»
La puerta es redonda como la boca de un
horno. Ace-rcnos. En el aJféizar cantan unos jilgueros en sendas jaulas, leves como el frágil
4

est[udelo du ::;11:; l!ul;itanles. EnLrad. La almagrada puerta ln11z11 un gemido al chirriar. Ln
vaho fresr;o, clo-:· de !ierru regada. El t: g9-z..9ue

que chis-porrotcu su ladrido. Unn. voz omtnrina
que se u paga y sofc,ca en la di.stancia:
-¿Quién va'?
- Ave l\lurla ..
E! vin_iero adPlanta, y bajo sus botas surge
una gallina qnc cún su vuelo, cual un parpadeo,
y ai.Jril~IHlo !as !mtus como un diminuto avestniz, r-onc á e.-;c-aparsc; su -cacareo .es un temblm·. El pel'rillu gn10e. Sale una mujer con cara
uvinugtucla; pero nnle vuestra l)etii;:ión., ensancha !a frente y desmayo los frw1cidos labios en
una sonrisa.
-Soy un caminante. El_cansancio rne rinde.
¿No me da.rías un vaso d~ agua?
\'oso-tro-s os repanlingáis en una silla, que
cruje. Calló el gozque, un pcqueflo monstruo rabón. Se oyen los cacareos de 18.S gallinas en el
corral. En un úngulo hay un brazado de verde
y juµ, r.1 sa hierba; un momento asoma entre la
verdura la acarnerada cabeza, de enigmáticas
pupilas, largas y huecas orejas y, hocico blanco,
de un conejo; mueve la boca sin ·cesar; á lo mejor un estreinceimiento recorre su cuerpo, hecho una bola1 con la tiesa escarapela del rabo ,
La casera descuelga un jarro panzudo y lustroso; inclina una cántara, chorreosa de barniz, rn el brocal de la cantarera; llena el jai-ro'
de una sola lenguada del agua., y después srica
un larra con azúcill', una plana cuchara de palo
y un limón, de un armarito, como una caja,
empotrado en la p,flrOd. ¿Quién ha apurado tanto la infclicidu.d, que nunca gustó un refresco de
ést.os, simple, elaro, grato y risuefio como una
anacreóntica'? Lut'go C!UC ta cuchara tintineó
golpe.ando el h.tl'l'O, y a.sí que el rr20 azúcar S('
deshizo en el agua, cogéis cOñ. amiJas manos,
mús seclientns qne vues·tras fauces, el bllcuro,
y heb('is, bebéis: us descubrís para beber ... La
ensera os c:ontcrn:1la, los bra1.0,s cruz.idos en el
regazo. y con sus dcdOs, de m'ias d_uras y con
pliegues, sostiene la cuchara; cuando se termina, desparramáis las últimas gotas~en tieda Y.
lanzáis un suspiro de complacencia; lifnpic;,td · con
la lengua loo confitados labios; .devolvéiS el jarro á la mujer; ella sonríe y suelta la cuchara en
el búcaro. Se va. i\lientras, vosotros secáis con
un lienzo vuestra rociada y congestion~da . cabeza, y al fin decís esta cosa., un poco vaga,
mas elocuentísima :
-¡Ahaaa!. ..
Fuera, el sol hería con safía la albura de los
muros, el cristal del chorro en la fuente. La
blancor y el vidrio sonoro defendiaTTse con un
violenlo rebrillar. En el camino, el po.Jvo cubría
las zarzas; el moscardón bordoneaba; ardia· el·
cielo, blanquecino de luminoso; las sombras tle
los árboles, sobrias, prietas y negras, agarrábanse al suelo con desesperación .... ¡El sol batalla en a0uellas tierras como un caballero nuevo
que r&gt;ro~1ete á su dama una victoria inmortal!

Por el contrario, la casa está obscura y zumosa de frescura, igual que una cisterna. No
consigue filtrarse la luz, ni siquiera una de sus
innumerables lanzas arroja. La chimenea, de
enorme humero, aromada y sucia, con el horno
á su cobijo, está apagada: no más un rescoldo,
á cuyo tibio calor, como una caricia) un puche-

rete rc.spon.cle con un sabroso y plácido giu-glu ...
En un rincón se descubre !a artesa de amasar1 empavesada con los ntandile-s á rayas blanr·as Y azules, y encima vese un cedazo corno
un pandero 11 úngaro. Hay una mesa con una
indiana que la envuelve. En morttón varias hoces, lcgonas y unos capachos. El h~z de espa-

�claiías; la saltarina inquietud del conrjo, con sus
ojos hobos y sus !ubios de cornadre ... Paz, sosiego, beatitud...
La mujer que había desapa1w·ido torna á salir, cerrando Iras sí una puerta tlc cuarterones.
Se dirige ú. una silleta desocupada enfrente de
un poyo con una madeja de espartos, empuüa
una maza, se dis!1one á batanear; antes interroga:
-Y ¿á dónde se cmuina·?
Sin aguardar la 1·cspuesla se entrega á 11.arlillar las hebras Yerdes y e-enlosas. Aquel tantán, sordo é isócrono, es el Yenturoso latir del
corazón de la masía. ¿:\o ,-,e1tlís ansia de at:ordarlo con el Yuestrn, en aq11ella. Yentm·a, y ele
no caminar mús?

La rosa negra
En tal remanso yi\·ian un viejo, el tío Celrsliuo; su yerno, Ferlllín; la mujer de é;.;te, .\n: oniu; el netezuelo, Celeslinel, ~- unn herrno~a
hija, t odavía sollcra, que con s11 belleza ~- natnrnl te1uple llabia. rn11seg11ido &lt;!Lte la 1to111bn1sen «la Pulida».
Cuidaba el alrnrlo de la J;mel'!a. la guapa huc•1·la, pemlieule eomo u11 cubcrtor de gala ú un
lado &lt;ll'l casal. Fen1d11 rnnía con In dura brega
del unido, lrncuudu la ú1 illa costra cu espu11tosos surcos, ó bieu cavaba., y ú cada instante el
azadón relalllpagucaba en su grcfíucla tcs·a: en
tanto canl.aba, y unas yeces el aire es!)arda ú
ramalazos los sonidos, y otras, en las lardes de
paz, la canturía se diluía en el sereno ambiente.
llenándolo de armonía. A lo 11l(~jor 1i11tinea.Jm11
cla.ra.s y distintas cuatro ó cinco esquilas : era
el breve rcba.ilo de Ccll'slinct. qnr tn&lt;las las mafm11as salia con unas poeas lJon·rgas ú t n rasillo rodeado de cerezos, en donde 'Jloreeíun tiernos idilios c1uc fol'luahan la \·erdurn fresen 111•1
césped, el delo azul, los pájaros, las g11i11das,
la borrega negra de ojos rnnbarinos, la ingnrna
ruirarla dl'I pastor, su so111!Jrero engulanaclo de
hierbas...
Las mujeres se recluían rn casa, y ciaba vrnelm de su labor la cult111111n d1· liurno &lt;!llC e11so111brecía el tejado, abierto subrc los 1,1uros eo1110
una colosal y rofiosa alhanla vieja. .
Antonia, como la lllUyoría ele las eam pesinas.
en veje-ció al casarse, y c•rn u11n IJ1u·1m mujer
dulce que no lc·nía mús afc iIr' C!llC echarse el
pelo atrús cuanto podía, ali:-;arlu, al1rilhmtal'lo.
Su pecho flácido, ya co1t la ¡,ardw;r·a aureola de
u~ 11wlernidarl lal&gt;orio;;u. H!&gt;&lt;mls dc,slacaba en
el cor piüo; sus manos, rojizas y duras; el cuerpo, pobre; la expresión, sencilla; pero ¡ ern tan
blanda y agrudable ! Acaso ella presidía la ventura ele! casal...
La Pulida conlrastaba violenlarnenle con .\ntoniu. Alla, ondulante, agnilefia, pupilas moras,
reflexivas y lardas, brazo an1ucndo, seno ¡iocleroso y firme, voz resucl1a como el aclemán, color

dora&lt;lo, aguda nariz inquieta. Desde que los más
viejos eran jó\·enes no se recordaba en el pueblo
una bellezu igual. Desearla, la deseaban lodos ;
Llemo::;lrnrlo, algunos nada mús, así individual y
arrie_sgadamenle; en cuadrilla, también todos,
y si no 11ue lo digan las serenatas, nunca interrumpidas. Lo malo es que la Pulida á nadie escudwba. ¡ Carácter mús arisco! Se le creó una
leyenda de orgullo, y en fuerza de adivinurla y
de repetirla el viejo Celestino, la Pulida cayó en
ser orgullosa y altiva en verdad.
El pastor, rico entre pobrei:;; el carpintero,
úni&lt;.:o represen[¡rnte de la industria en C'l lugar; el hijo del alcalde; uno glorioso de la a.Idea, c1ue fué al servicio dl'l rey sin ninguna ca1egol'ía y tornó de leuiente, eso sí, en la reser\'a ... urnchos, y de los apersonados, pretendieron enamorar á la Pulida. A existir todavía los
úureos tiempos arcádicos, otra vez los bosques
se hubieran poblado de cabrHos poetas, amantes infelices que atronarían las quiebras con suspil'us y en los troncos de los árboles grabarían
el no:111Jre de una puslora ideal...
En dislint.a época vivimos, y los desdenes ele
In Pulida no inspirn!Jan más que despecho, y
ul pnl' una codida y una admirnción cad,l yez
muyol'es.
¿.CJ•1é ug 1urdul.la la Pulida para rendirse? C1;n
afHbilidad un 1,oco austera atendía al esmeio del
easal, sin ler11t1 rn, que sólo manifestaba en el
mimo de unas m·ecicas y en la prolijidad con
t¡t1e en días seüulados enlreteníase en el adobe
y ornato de Celeslinel, el paslorcín.
Las músicas que en el ancho tiempo bueno
menudeaban en la masía, bajo la lunaza de color de miel, si la halagaban, no bastaban á hacerla asomar á un ventano. Era la soledad dei
casedo propicia ú confesiones amatorias, y rarn
&lt;¡uien 11! pnso no entraba y, sosegada ó arrebatndamenle, no ofrecía ú la Pulida sus tesoros.
:--:o y no. ?\ing1mo la vencía, y ni fin cesaron de
i111porl111uu·la, i;omu antes, grandes y chicos.
Co1·lúronse los ¡ialit1ues ) desaparecieron aquellos caminantes que, rascándose la cabeza, procurnban sacar de su roca un hilo de agua que
clespertuse sed en la Pulida, ó no dedan nada y
pasaban de largo, ó, á Jo mús, ul cruzar junto
ú la puerta r elinchaban ¡,o&lt;leroi:;amenle; aquello
quería dedr: aqui estoy yo, que me muero de
cna1110-rndo.
Así como era perng1·i11a su belleza, su espíritu sentía auhelos in1p1·cc·isos, que la apartaban
del lermfío. Su innata elegancia gobernaba s u
vida, y desde las rnnclus que Lcjíun s us dedos
ítgiles de levantina, hasta las liguras en que se
seiíalaba cuando, á costa de un esfuerzo sobreh,mumo, lograban r11ie bailase en uno ele esos
minués campesinos tan ceremoniosos, sobresalía
un no aprendido arte, una exótica distinción que,
bien mirado, paraba más á. los preLenclienles que
la proverbial esquivez de la doncella.
La Pulida, mús que del comienzo de la sierra, parecía de a.bajo, del valle risuefio y 0orido

de alquerías y huertos: Sín conocerla casi, ai10raba la vida de los pueblos blancos, ca.raclerísticamente levantinos. Allí la JJlU]er se engalana
con brocatel y gasas constelnclas de lentejuelas.
Sus diminutas orejas florecen en arracadas
corno bajo el pámpano menudo un racimo d;
bolas de oro. El pie se descota en zapatos de
gayos e.olores, y el pelo se trenza en cestos, y
agujas que rematan piedras preciosas atra vié•s anlos. La mujer teje bolillos con sus brazos
desnudos bajo el chal lle seda, 1·enue\·a las flores
del retablo casero, confita las frutas de aquellos
lozanos huertos, engalana con rasados tapices
sus balcones pma la constante y periódica procesión. Es allí la mujer regalo, orgullo, fantasía,
grandeza...
En vez ele esta corte risuefia. v abundante 1 la
Pulida encontraba un casal mm;lesino, siem pre
solitario, y un lugarejo costroso sin ninguna rivalidad de belleza, y cuya juventud adoraba
brutalmente. En ocasiones la Pulida tajaba al
valle, un día de mercado, en una fiesta de re-

pique gurdo, y al rnlvcr sentía invencible repugnancia por la sequedad y la mansedumbre
habiluall's. En esta mansedumbre hallaba, sin
embargo, el consuelo : durante las hqras plácidas y contemplativas d~I caserío, la Pulida, con
los ojos muy abiertos y sin expresión terrena,
iba destilando los recuerdos de la excursión última. ¡Y cómo veni¡;¡. la tenlacion entonces al
compás de una inúsica callada que ensord~cía
sus oídos con voluptuosidad! '
Vivía en un país imaginario de gallardía y gracia . Le era extrm1o cuanlo le era ambiente. ¡ Oh,
si su]liesen los rústicos galanes que sus relinchos no sonaban en el alma de la P ulida á protesta viril de un contenido amor, sino á felices
imilucio11es de los auténticos relincl10s!
J&gt;orque la Pulida era la única criatura (ltJe en
aquel rincón de n10ntafia, donde el qu~ más
soflaba romo la lechera de la fábula inm01•ta1,
miraba las lejanías azules con vaguedad y suspiraba sin motivo, y sin motivo también, de
cuando en cuando, se sonreía...

EW!~

Romanee caballero-"illaneosc
A lo mejor estaba Ferrnín cavando y sentía
de improviso, en sus espaldas, el estornudo de
una. cabalgadura. Al volverse reconocía ú Juan
Pedro, con sus patillas, su chambergo ha.ldudo,

su pipa humosa, sus botones de plata en la
zamarra de panilla negra, con su aire guaJ&gt;O y
retador, en fin. Este Juan Pedro era· un buhonero
de relojes, zar cillos, sedas, collares de v idrio,

�fajas de siete y ocho vueltas, puñales, revólveres y otras muestras y refinamientos de las ciudadanas elegancia y majeza. !\Iontaba un jaco
agalgado y peludo, con su mosquero de filigrana, In. manta de borlas y con más colores que
el iris, unas alforjas de cuero, los éslribos en
forma vaquera. Encastillábase en la silla , y
desde allí miraba co11 compasión á las gentes,
y cuidaba mu~ho de agachar la cabeza cuando
pasaba bajo un árbol, aunque fuera uno de aquel)os cuya más baja rama no locarn.ni alzándose
sobre el rocin. Homances,ca jaclanda desprendíase del bravo Juan Pedr-0. Sus ojos eran puntas de daga; su nariz, un corvo pico; llevaba
melena, patillas redondas, un chambergo mosqueteril que le enfoscaba la mirada, un flotante
pañuelo al cuello, medio cubriendo la camisa,
bordada al realce; fumaba un piporro cabezón,
y como alarde guarnecían botones de plata sus
vestiduras. En las manos, anillos; en los empinados tacones, espuelas que tintineaban marcial1_plnte. ¡Vaya el señor Juan Pedro con Dios!
¡Viva el rumbo!
Mientras caminaba solo, complacíase en disparar sus pistolas al aire, y de cuando en cuando
se aliviaba de sus fatigas bebiendo á chorro,
sin refrenar el caballo, un añejo vinillo que guarda ba en una bota madura y dulce como una
breva. Si no, cantaba. Iba cargando la pipa,
atacándola con una navaja que relampagueaba
al sol, y canturreando cosas del querer y el
matar.
Arrímate á ml,
arrímate á mí,
y te contaré un cuento
que anoche aprendí...
Entraba en los pueblos de anochecida, luego
de enflacar una vara con flámulas de pañuelos,
fajas y demás !encetes. La chiquillería rodeábale
y Je aclamaba; las mozuelas asomábanse á mirarlo, y él las saludaba paternalmente. En la
plaza disponía un pregón: salía el tamborilero;
zurraba el parche; ayudánfüise con la mano,
puesta á modo de bocina junto á los labios, lanzaba á los cuatro vientos la buena nueva de la
llegada del sefior Juan Pedro, y el señor Juan
Pedro, allí muy tieso con sus flámulas. En esto
salían á buscarle los templados del lugar. Hasta
el día siguiente no comenzaba e.l comercio, precedía.le uno. noche de fausto y zambra. El seíior Juan Pedro tocaba la guilana con un primor que hacia llorar lágrimas dulces, jugaba
duros á las cartas, marchitaba los pellejos &lt;le
vino. Hablaban las gentes con su manso acento
pueblerino, y él, nerviosamente, ceceando, muy
flamenco, con la gracia de Dios. Llamaba á las
viejas «madrecitas»; á las doncellas, «chavalas»;
á los pequeños, «chipilines»; al percibir, «diquela.ru, y así por el estilo. ¡Oh, era irresistible
cuando, repentinamente atacado de un arreb_ato
de ca.riñosa rabia, revolvía.se contra la guita-

rr a, rasgueaba locamente y, de súbito, pa.rábase, no sin sollar dos zarnarraws en la ca!a del
rústico laúd'. Se quedaba erguido en la silleta,
y al cabo dr 1m rato, tierna, ínlima, gad1011amente:
Arrímate á mí,
arrímate á mí. ..
El coro se entusias111nba., y no sabiendo cómo
jalear al «torero» - le llamaban «lorei-o»- para
apagar su nerviosidad, embo1Tachábanse. Entonces se improvisaba la timba y era el ga1iar.
y los reniegos, los votos pintorescos, el hulltear
la. pipa, el ponerse serio. Por final contaba de
mujeres: Una vez...
¡Producían una inquietud en esas medio secas
colmenas serranas, donde no hay ni la más humilde representación ele Friné, los relatos, las
viciosas informaciones del amor y el placer! Tan
afrentados de su rui.udad quedaban los labriegC&gt;S y carbonerns, que ni siquiera se hubiesen
atrevido ú ofrecer al sefior Juan Pedro la florada de doncellez que en cada pueblo había,
cuanto menos las esrniniadas mujerucas prupias, tristes y miserables. Vainas á ver: ¿qué
encanto hallaría un hombre de tanta ,·isla eu
una roñosa hembra sin medias, después de haber contado con besos los agujeritos de u1w media calada, ali{. en el I\Iadrid? Y ¿qué er-a una
media calada?
En fin: el señor Juan Pedro bastante hada
con dignarse visitarlos de cuando en cuando,
y con instruirles. ¡Gn hombre corno él, que podía reírse del mundo! Pero él era así, gitano,
Joco, romántico...
Pues señor, he aquí que aniba, al pueblecillo
aquel que se divisa desde la era de la masía,
le hablan de la Pulida, de su peregrina hermosura y de su esquiYez. El señor Juan Pedro
escuchaba fingiéndose el distraído. Interrumpe
para otra cuestión. Toca la guita.l't'a sin acordarse de las insinuaciones dti antes. Be !Je, juega, gana, se despide ...
Al día siguiente estaba Fermín carnndo, y,
de pronto, sintió en sus espaldas el estornudo
de un caballo. Era el del señor Juan Pedro.
Y dijo el galán:
-Con Dios; ¿no me dirá usté si es esta la casa
del Collao?
- Sí; ¿qué quería?
-No apurarse, hombre, nada malo. Que me
guisasen de comer, y, en cambio, yo pagaría
con plata . ¿Hace'/
- .\.llí está mi mujer. Vaya y digaselo á ella...
Al trote más gallardo entró Juan Pedr o en el
patio de la masía. Et' perro se echó á ladrar.
Unos patos graznaron furiasamente. Todo se
alborotó. Al ruido, una lozana cabeza femenil
se asomó á. un ventano: era la Pulida. El señür
Juan Pedro se descubrió con cierta afectación,
desmontóse y, contoneándose al tintín de las
espuelas, se aproximó á la ventana.
- Mocila, Dios guarde á usted muchos afias ...

E11 r:=;fo ya había :=;ali&lt;lo también Antonia, v
á ella demandaba el Yiajero algo que comer : «si;,
miedo á gastar, ¿.eh? Aqní está quien pagn.»
¿Qué tal si matase un pollito de aquellos que
pululaban en el patio, y lo friese con aceite del
fino? El no se lo iba á comer todo, siempre andaba cl&lt;'~ganado. Lo que sobrase, para ellos.
El era así. ..
l\licntras Juan Pedro hablaba de esta suene
con Antonia, no quitaba ojo de I&amp; Pulida, qu~
corresponrlía mü-ándole fijamente, annque sin
intención, sólo con la curiosidad..\ ceptó la propuesta Antonia, y ambas mujeres retiráronse á
la cocina . .lnan PPdro las :=;iguió, y las entreturn
ron chistes y parrafadas. Las encantó. Avndólas ú qnebrar ramiza, Mscuartizó el pollo,· atizó
P] fnpgo. En punto de mediodía apareció el
abuelo CelPstino, y también á rl le !'eservaba
s11 n,arrullrrin: platicó 8eriamenlc del trigo ~·
lns vitic&lt;los. 1·rfirió observariQnes clr luenga.~
r11mpit'ia8. y en la! 1·ecl prendió al abuelo r al
remo. ¡ Qué hombre más extraordinario !-pensaban las pobres gen tes de la masía.
En acabando de comE&gt;r, los hombres Iuéronse

n :=;r:=;trar;

Antonia, á la artesa, y la Pulida, 'll
patio ron la fregada. llasla allí la acompañó
.J u1111 Pedro, é inf'pirándose en el murmurio del
agua, el susurro rlP los {.tamos, la brillantez del
sol, el sosiego de la hora, prrfiló un bonil,o disrnrso en torno á la Pulida y su fama de adusta
Llallló ecrri les á los rnozos, y á ella, joya exquisita, lucero, rosa de olor, ángel y arcángel,
estableciendo,, para el hatago, de la chica, lit
distinción entre ambas jerarquías celestiales. La
Pulida sonreíase, y le dejaba hablar. Despué.,
ella se a,·enturó á drcir algo, y él tan to lo crlebró, que la Pulida se animaba, y terminaron
en 1111 diálogo más confuso que el bordoneo del
cmio en la pila como un 1imbal, encresparla de
claras burbujas luminosas ...
Chirriaba su ardiente y libre estrofa la ciga 1-ra en los álamos, seguíanla cien más en el
bosque y Jns árbolrs del camino. La desbor dada
,·aba.rada del sol y el rstri_dor de las cigarrm'envolvían á Juun Pedro y la Pulida en apasionada locura, y de locura y de pasión decía Juan
Pedro al oído de la chavala, en medio de aquel
silencio abrumado de sonoridad ...

pastorela
Ha llegado el oto1io vendimiario, cuando el
segador que se coronaba de espigas tórnase I tr1
sátiro bajo la guirnalda de pámpanos, con las
carnes negruzcas por el vino y en la pelambrera
del pecho enredados los hollejos del racimo q11c
cruzó el aire en báquica fiesta
llru-la la cumbre de la montaña sube el al!.J0rozo, y turba la tranquilidad del halo. Es un
chozo de paja, con un caldero á la puerta, el trofeo de unas cuernas y abajo un serón. Están alli
un abuelo y el zagal Pablico, el cual acaba di3
enlerrar la torta, que amasó en piel de cabra,
entre unas cenizas que rojean si sopla la brisa :
con un palo cubre en seguida el ascua Pnblico.
Es una tarde diáfana y aromática, limpia como
el cristal. Hasta la cumbre asciende el bullicio,

~· pingo al Destino representar allí esta Pastorela, que copia el autor. Contemplando se hallaba el abuelo las nubes, y el za.galillo cuidaba
de la torta, cuando un grupo de vendimiadores
!-e aparece; algunos cantan:
Pin, pin;
á la loca, loca
del campanil.
En mis ,•üias
la vendimia comenzó;
toda la u va cuajó,
ni una sola se r!uedó
pura el rebaiío;
el rebaño al herbazal,
plis, plas,

�la campana del lugar,
loca, loca, llama á vendimiar ...
En medio del grupo, un hombre más alto lle\'a
un cesto colmado de uvas; dice:
-¡ .\.güelo, agüelo !
Abuelo.-iCon el siI1or San Dios! ¿Qué sus
trai?
Vendimiador 1.0 -Ka, agüelo: la gracia de Dios
vendimiador y de las vendimias: las uvas más
granás Ji llevamos, y ca aiíá güena será más
entoavía...
Vendimiadora 1.ª-Kenguno ha olvidao su racimico... de toas las vifias catará usté, como
los pájaros.
Abuelo.-Pues se agraece, y miray que vos
pagaré con amor.
Vendimiador 1.0 -¿Pus pa qué vinimos? Pa
·que no mos desampare y mus cuide bien á cadascuno su cabra que mos cría usté ... ¡El ciclo
que mos libre de la pcsla de la sarna!
Vendimiadores y .\lmeln.-¡,\111én!
Vendimiador J. 0 ---,-¡Y el agüelo y los sus rabadanes, de la zorra y del lobo!
Vendimiadorrs. -¡ Amén!
Abuelo.-Pus craro; ¡pero agora no hay lobos!
Vendimiádor 1. 0 -Ya aniharú el frío y bajarán
los lobos.
Pablico.-¡Ejadlos que s'acerquin ... ! (Tocios se
ríen.)
Abuelo.-iAY, Publico l'heroico!
Pablico.-Kon; pero Bandera y yo no perdonamos uno en sus cuevas...
Vendimiador 2. 0-\'crifico de V&lt;'rdad; y ¡qué
mal que Bandera seya un perro que no li gusten
las uvas!
Pablico.-¿Que no? ¿Es lonlo? 1 leteli el dedo
en la boca.
Vendimiador 2. 0 -¿Sí gustan? Yo li traigo un
cuevano.
Pablico.-¿Das palabra?
Vendimiador 1. 0-Y hechos damos. Y vaya,
tomi, c'aún mos queda !'otra banda del callao
que coger.
Abuelo.-Ricas; son ricas ...
Un grano tú, y un grano yo.
iAlupé, alupé, alupé!
¡Así partimos la uva yo y mi amor!
Guapas son, guapas ... ¡Ja! ¿A que no endevináis
qué pienso? ¡Ja, ja! Que si fuean cl'oro, ¡qué
pendientes ... pa la Pulida!
Vendimiadores.-¡ J a, ja, ja!
Abuelo.-¡Je, je!
Vendimiadora t.a-Sí, riiros, riiros. ¡Pa pendientes está la probe! ¿Ko sabéis?
Vendimiadores.-No; cuenta.
Vendimiadora 1.ª-Dirnpués de tanto despreciarnos á toes, ha ido y s·ha namorao d'aquel
gandul de forastero .. .
Vendimiadora 2.ª-Aquel que vino con tanta
majencia.

V cnrlimia&lt;lora 1. •-Ese ...
Vcn&lt;litniadora 2."--Pcro, (',-o ya lo sabíamos ...
Vc11di111iado1·a l.ª-Pc1·0, es c'hay más ... Es
que ele rcpenli s'ha escapao de su casa; como no
!'admitía á dél el pare de la Pulida; y agora los
dos andarán pcrclidos por la sierra...
Varios.-¡Otra! ¿Y cuándo fué?
\'endimiadora 1.ª-Ayer mesmo. ¿Sus acordáis
ele cuando enanl es m 'ha Jlamao Juslino, ese
qn'es de mi pueblo?
Vendimiador J.o. Sí, ahí en las nogueras.
Vendimiadora 1.•- Pos m'ha llmnao pa ecímelo: él subía del pueblo y se encontró la puerta
de la masía cerrá, y Capitán lndrando drenlo.
Y le elijo }.[igueln, la de mi tía ~liguela, que eslnbn por allí hit'iendo unos margujones, le elijo ...
eso: que s·lwbínn esn1pao el fornstel'o y la Pulida, y c1ue los pa!'es de la Pulidu la buscaban, Y,
en fin, un :sin 1i11 de lúslin as.
•
.\buelo.-;~í &lt;!lle es rnso! ; l'robcla'.
Yt•11tli111iadoru l.ª - Pos era pritiosa ... Pero
¿ (Jité se ni. á lHH'l'r·? Dimpués ele loo, sana dolrma. y el llllll'l'io al hoyo ...
Vendimiador 2. 0 Y el vivo al bollo...
Vendimimlor J. 0 -Güeno y adiós, que se va el
día y hay c·aprovt•r·harlo. (Se \·an.)
\'endimiarlores. - Santas y güenas lardes...
Diquiá aluego ... Con Dios.
Abuelo.-Ir con Dios.
l'ablic·o.-Tú, Hullo, la promesa de Bandera.
Ve11climiaclor Z. 0 - :\o fallará.
Pablic-o.-¡.\ n•1·! .\diós, Pepón, adiós ... Adiós .. .
Ilola, Bartolo ... Ahora vosotras, las corderas:
una. dos, tres ... c11at10... ¡.\!lo esa! ¿Le pondrás
un rtH'i1llico al reslo del Rullo, pa mí?
\'endinliaclora i.•-¡Y dos, si quieres!
Pablieo.-¡Flor de viola!
Vendimiadora 4. •-¡ Ga ,·i lún !
Pablico.-La \'irgen Pastora que t'acompañe...
¡Je, je, je! ¡Cyuyuuy la uifia!
(Desaparecen los vendimiadores entonando su
cnnción :

Ahuelo.-Pior, Pablo... C11anlimenos, la langosk1. no levanta ruido .. .
Pablico.-Pus, ¿y lo que icían de la Pulirla?
. Abuclo.-Olra crue te p&lt;'go. Güena está la Pulida.
Pablico.-Xo, pero la Pulida no tien culpa.
.\buelo.-Pero rivolvió la siena,
pa dos

.\Jrnnlo.-Si, rapnz, sí ...
Pahlico.-¡l'os cntonl't•t--! l'sté se burla, agüelo, y con pPrdón. ~·o no 1'alabo ... Quisiera que
sa tropezara usté á la Pulida ...
_\Jml'!o.-:-.lcjor sería qne te la troper.aras tú.
Por lo que te oigo, se lo ibas á agradecer al
ciclo...

afios, y entoavía no la calmao. Y enloavía la
rivuelve más. Tu eres mu chico pa entender
d'esto ...
(Pausa. Suenan las esquilas y gritos así: «Sioo
cabrra.u--«Aerri, aerri, aerri.,,-HJiira, ji ira.,,)
Pablico.-(IInciéndose el distraído, canturrea) :

Pablico.-¡Ay, agüelo, y usté al infierno!
Abuelo.-¿ Tan hermosa y. del infierno? ¿Qué?
¿Es una tenlaciónQ
Pablico.-lJna tentac·ión inesislible, sin aponderar, una tentación irrrsislible...
(Se oyen en su apogeo las esquilas y los paslo1·es. Los pastores repiten los gritos ele antes,
que se oyen con más elariclacl.)
.\buelo.-Gücno, basta de parola. Ya. están ahí
esos y queclrán comer ... ,\prepara el gazp•1cho.
Sitlro.-(.\bajo. ) ¡Pablico! ¡Pipipiohí! ¡Pablico!
Pablico.-(.\somándose al pretipicio.) ¿C'hay,
Sirll'o?
Sidro.-¿Eslá ahí l'agüclo?

"ª

Pin, pin;
á la loen, loca
del campanil...)
(\licnlras el coro se aparla con su canción, el
abuelo y Publico permanecen mudos. Publico
acaba de cocer la tortu y la saca de las cenizas,
arrojándola á la hierba rara que se enfríe. Comienza en eslo á sonnr mu:v cerca las esquilas
ele un rebalio invisible y las voces de sus pastores.)
Abuelo.- ¡Tropa del dimofio!
Pablico.-Ka más sirven d'eslorbo.
Abuelo.- Créilclo, rne entra una temblor cuando ca primavera prencipian á vendimiar.. . l\1'agínate que la rnonlafia está más quiota que una
balsa, está aclormilá ... Y allegan ellos, y loo lo
rivuelven, y qué chiflar, y qué rular las peiías,
y enfangan los abrevaeros...
Pablico.- La langosta paeccn .. .

Arriba y abajo,
abajo y arl'ibn,
subiendo y bajando
me v.aso la vida ...
Pero, agüelo ... ¿Uslé vió á la Pulida? ¿rsLé la
vió?

�Pab!i1•0.-Eslá 1 si.
Sidro.,..,-Dile que s·asome.
Pablico.-.\güelo.

Abueln.-¿Qué s'ofrece 1 Sidra'?
Sidru.-Baji un po&lt;"'o ..
Abuc!Ll . ...:,_¿Qué•! ¿Qné pasa·?
Sidro.-&lt;.)tie b,1ji u11 po&lt;.:o jle1iC'! Deseguicla su-

bimos -toos ...
Abuelo.-¿Tapues,ías C!llr s·ha en1bo1Tachao 1
y de bebio qu·eslú. ha hecho un estropicio'? No,
pos lo paga ...
Sidro.-Agüelooo ... (~ilba como á las cabras.)
Abuelo.-(Toma

~11

cayado.) ¡Tú 1 borrachón,

menos mandoso y .. .
Sidro.-¡Agüeloo ... !
Abuelo. - ¡Cristo con la rreaturn! (Sale cu-

Pablirn.-Ahi clrcnlo ..
(Entrn C'l Lhulador en el chozo y se oye un
ruido de Wbas que caen y chqcan.)
Pablico.~¡Ridiel y qué mula has venio!
(Sale el Chulad-0r, Lodo sofocado, y comienza
á arreglar el a.siento á la puerta de la caballa.)

Chulaclor.-Las volvel'emos del revés, si no
se \"a á Lanar ...

Pablico.-¿Quién.?
Chulador.-¡.\h! ¿e11la\'ia no Chas movio?
Pab!ico.-Gürnµ, h011thl'e. güeno ... Pacencia
(Coge la c'ánfara, vierte un poco de su contenido
en una cazuela 1 desmenuza un t row de la lor1a
l'e-cien!e.) Paccncin .. (Canturrea ndo):
Arriba y abajo,
abajo y arriba...

rriendo.)
Sidro.-¡Agüeloo!

(Pausa. Pablico, asomado adonde se hallaba el
abuelo 1 escudriiía la falda del monte. Se oyen las

esquilas; pero cesan los gritos de los pastores.
Los vendimiador~~ cantan en la lrjanía.)
Vendimiadores:

¡
1

Kiüa serrana,
moza galana,
moza galana
de su galán ..

Niña lozana
de la mañana.
de !a n1.a1iana
del seirnr San Juan ..
Asóniate á la \·e1itana:
mi corazón
ya toca á diana.
Dolón, dolón 1
dolón 1 dolón 1
dolón, do Ión ..
¡Jujun! ¡jun! ¡Uyuyuy!
(Pahlico y el Chulaclor, que Uega corriendo.)

Pablico.-(Apartó.ndose.) ¿Pero qué enredo e~
ese? Ha bajao l'agüelo, y de-seguida Sidra s'ha
puesto á bracear mu [urioso, y dimpués l"agüelo
iamién ha braceao más furioso 1 y de ripente,
l'agüe1o y Sidro y el Pepe las Jeringuillas se
marchan allaiquia el barranco, y el Chulador emprende una carrera pa aquí ...
Chulador.-(Desalentado.) ¡Pablico!
Pablico.-¿Qué tienes, hombre?
Chulador.-Na; oye1 de prisa, arregla ahí un
rBspaldo con .unas pieles ...
Pablico.-¿Qué, qué ... ?
Chulador.-Si no, aguarte ... Yo arreglaré las
pieles: tú, ¿tienes ahí la cántara de la leche?
Pablico.-¡Y la del vino!
Chulador.-Ejate de burlas ... Coge \orla y la
migas en la leche. •
Pablico.~Pero ¿qué pasa~
Chulador.-:-¿Onde has puesto las pieles?
Pablico.-¿.·No las ibas á poner tú?

Chulador.-Pero ¿dónde están?

-·

(En e.sto se oye sollozar allí cerca y murmullo
de una charla. Pablioo se levanta sobresaHado.)
¡ Eh, Chulador, ¿lloras? (Asomitn el abuelo, Sidro y Pepe tas Jeringuill_as con una mujer en
medio 1 que va destrozada y llorando. ) ¡La Pulida! (Pepe las Jeringuillas lleva un cabrilico reciPn narido al h(_)mbro.)

Abuelo.-\"iamos 1 httrmosa, vamos ... No llol\1agínale que yo soy tu pare y qu·éstos
son hermanos luyos ..
Pet}e.-Sí, hermanos tuyos ..
Sidro.-¡ Y te defenderemos hasta morir, leñe!
Abuelo.-Xo llores.. ,\hra tu hermanico menor ... Acércale, Pablo. ¿\"erdad que tú la quedrás mucho?
res..

Pablico.~¡Ridiel 1 qué pregunta!
(La Pulida no deja de llorar, en &amp;i.lencio.)

Abuelo. -(Acariciándola.) Lw pl'obe es muy
Ha sufría un rlernasiao sufrir pa esta
vida ... ¡Ese a.sesino de forastero que t'ha pegao!
Pegali á una 1nujer porque mos sigue y persigue d'enamorada ...
Sidro.-¡Si yo lo cazo!
Pcpe.-¡Ja, ja ... Qué corría en pelo le dábamos, Sidra!
Sidro.-¡Ja, ja ... !
Chulador.-(Acercándose.) Venga aquí,• llgüelo ... Que sa siente aquí.
(El abuelo se dirige con la Pulida al improvisado respaldo, y acomoda en él á.la "'Pulida; luego
la acaricia.)
Abueio.-No volverás á tus pares1 si no quieres ...
Pulida.-(Entre sollozos.) ~0 1 no ...
Abuelo.-Probe cordera... Tie vergüenza de
sus viejecicos.. Probe.. Pos mira, musolros te
Lcn'dremos hasta que güelvas á tu casa.. Musotroo quisiéramos que estuvieses siempre con
musot.ros ... Tú no quedrás.
Pulida.-Sí 1 sí. ..
Abuelo.-¡Ah 1 rapaza1 no lo creyas! ¿Y . qué
otra feliciá pa musotros?
Sidro.-Pero sólo ú. tus pares -te dejaremos ir ..
Chulador y Pepe.-¡Craro, era.ro!
gliena..

Abuelo.-Yo no te conocia ... Pulida ... Sí, te llamaré la Pulida, porque muy Pulida eres ... Yo
no te conocía, y agora ya te conozco, de setenta
aiios ... Con la cencia ele setenta aiios le veo resplandeciente de virtud y de hermosura ... ¡~1·acomelió una rabia cuando m'anlerao Sidro de
corno t'hallabas e11 el barranco, malhería por
aquel ladrón ... i El muy ladrón, que lo adora este
lucero, y no vale, y lo abandona! ¡ Te abandona!
(La Pulida redobla su llanto.)

Sidro.-¡Si no nos vengamos ... !
..\buelo.-Los pastores semos si!\'estres; pcru
semos de corazón. Y ascucha, niña: tú aquí es-

tarás, tú mos traís ... tú mos lraís á tú ... Vamos,
no sé finuras ... Pero ya sé que mos abocamos
á unos clía.s, sólo unos días 1 d'e.star alegres ..
.-\lida ponerte alegre á tú..

.\s('ucha, prencipio

poi' rigaln.ric cslo ... Torna ... en nombre de toos,
aqui !ienes nues,lro pan .. i\líalo qué dorao y por
drcnto qué Oranco ... i\lía!o, y ¡humea enlavía!
¡Toma tnmién estas uras nuevas! (Le cla un pedazo de torta y unas uvas, y se retira conmovido.)

(Los vendimiadores, á la sordina, y desde que
el pastor anciano está en sus . ofrecimientos y
mientras los otros imitan al anciano, cantan) :

�Lará, larú.
A una reja.
de la lorre YiPja
se asoma llli a111or.
Lará, larú.
Senor carcelero:
todo llli dinero
si suclla á rni al!lor.
Lará, lará.
.\ún lo cierro
con más fuerle hif'rTo,
mocita, á lu amor.
Lará, Iará.
Tomo una navaja
que lleva en la faja,
y mato por mi amor.
Lará, la.rá.
,\ la reja
de la torre vieja
salgo con mi amor.
¡Lará, Iat•á... !
Chulador. - Pulicla: yo l'ofrPzc·o este zurrón
n1íu, qu'es el mrjor dl'l mundo ... Está fnbrirao
de un cabrón entero ... y es rnnnchno y lié los
ojales guarnreíns y unos botoniros JH'alrnos .. .
Pcpe.--Es~r cabrilico que acaba de nnc-Pr .. .
fü,le c:holicu c·aún HO Jia ahiPrto Jns oj11s, y a(m
1•s'ú 111ojao... Lo ha pario una rabru rnía, la
Pinta ... Traíalo pa cuitlalo ~-o la noclw, -:,.· ahH'go
iba á bajar por la mar-e ... Pero ahí vu ...
Sidro.--Yo, Pulida, no tengo que orrrr·{'J'fi 111ús
que mi sangrr ... ¿Por qné kndrún c·anlinas las
masaclas? Por,!11&lt;' ellas fü•m'n cantinas no tengo
yo nada ... prro n1i sangre arde como el \'ino,
y tuya es ... ¡Lrfic y lefie!
Pablico.-(Qnc ha ido al chozo y vuelve.) Juegos de rapa;,:, juegos de rapaz... J\li caudal: estas dos cucharas de cuerna, míalas con dibujos,
y esta pastora, que hice con mi cuchillico y una
rama de sabina ... Esto es una pastora...
Pulicla.-(Que les ha escuchado, conteniendo
á duras penas el lloro.) Yo... (~o puede seguir,
y rompe de nuevo á llorar. Los pastores están
silcn&lt;'iosos en derredor, con los brazos cruzados.)
(Luego resuena esta cancioncica qne sigue. La
canta el tío Julián.)
Tío Julián.-(Se ve, cantando aún.)
Bartolo se ha ido al mercado
vender la vaca;
se la mercará el hidalgo
si la da barata.
Y el hidalgo engordará.
Y Bartola enflaquecerá.
¡Ay, ay,
cuánto te quiero, morena mía,
ay, ay,
yamos deprisa ú la \·ic-nría !
á

Y en risumcn:

Dé uslé la güella, siI1or corregior,
¡ pa que le viamos mejor!
Abuelo. - (Serenándose.) Hola, Julianico ; tú
siempre de ringo, rango... (Todos ríen, y la Pulida disimula el lloramiquear suyo.)
Tío Julián.-Pos si hay c'abrir los morros, ¿no
prifieres tú abrilos J a cantar, que pa boquear
&lt;!'hambre ó d'engnnia? (Se ríen. El tío Julián
repara en In. Pulirla y, dejando en el sucio el haz
ele hiel'bas que ll_e,·a al hombro, se acerca á mirarla. ) Pos ndrn, lú tainpoco le escuías... tamién
pillas la liebre ni bote ... (Se ríen los pastores y
la Pulida.) ¿.Dónde hns cortao esle perejilico'?
.\buelo.-D'un pnejil del obispo.
Tío Juliún.-G11losi11a pa rl papo cl'un obispo
es ... (Canlnnendo):

Abuelo.-Hapa, Julián, no ra ::-.ofoqnes, que
la quemas el rabo...
Pulida.-.\rrepúsesc, lío... ¿Quié uslé uva?
Tío .Tulián.-Güeno... El &lt;loló de qurrcr mis
gallinas no quila el doló del hambre; y en risumen...
Publico. - Dé usté una güelta, sifior corregior...
Tío Julián.--Pa que le Yiamos mejor... Conque
vengan las uvas ...
Sidro.-Ca; se las ha de ganar...

q11e li ponga 1111n amlivinanzn Puli&lt;la, y si J'an,¡,,\·i11n no eslú hPlJío..
Tío Juliún.-¡Hala!
Pulicla.-'.\o, yo no ...
Pepe.-Pos yo:
"Tam,u·,o como un r·a111ino
y ¡u:,a como un cochino» (!).
¿Qué es'?
Tío Julián.-¡Ilupa! ¡L'agua del arrnyo!

¡ ,\rrepara,
al111n eristio11a,
q11é ojo:, lii·11e la 111urrna... !
Si tiro.- ¡OJ{, ya el lío foli{m ! (TocloR sr ríen,
ú la Pulida :se lr I srnpa una rarrajada.)
.\l&gt;1wlo. -Pos Ir hacís gracin, Julián. ¿Por q11é
no te la 11&lt;'\·as al molino?
Tín Juliún. - Xo qurdrú. (Carcnjadas de los

r

J)OR(O!'('f:.)

Pulida. -(Siguicrnlo la hi'0111a.) ¿Por qué no?
.\lmP!o. E,; 11111 mozo pa tú.
Tío J11Jiún. '.\lás mozo que tú, ¿verclnd, princesa?
Pnlicln.- Yo rnr voy ron u~lé, tío Julián ...
PcpP.--¡A~·, Ir lla111a lío al novio!
Pt1li rla.-¿.\ 1 nm·io?
Si&lt;lro.-Sí: rl lío Julián te lleva !)a novia ...
Pulida.-?\C1, tío... Yo me voy con usló pa sobrina ... (Hisas del corro.) Pa hija ...
Tío .Tuliún.-~o, pa hija no... ¡:\le largo deseguía! ¡Con una hija m'ha sobrao pa aborrecerlas!
Abnelo.-1-Iombre, y ¿c'ha sío de tu l\lariuja?
Tío Juliún.-¡Pos eso! ¡Pos eso!
Chnlador.-Y usté qu'icía qu'el Caracol eru
tonto...
Sidro.-Sí, tonto en su carbonera ... Pero en
la cocina del molino ¿eh?
Prpe.-Y en rl corral... ¿ah, lío Julián?
Tío Jnlión.-¿'\'rs tú? ;Eso me duele! El ch!
rral. Porque lo otro, ¿quó? Que la borrica de
m'hija s'ampepitao con el Caracol y qu'nn día
se Yan y m 'abandonan... Pos, en risumen, de
10 suyo gastan ¡eah ! Y en risurnen:

Dé usté una güella, siñor corregior,
¡ pu q11e le viamos mejor !
PPro... ¿no es pa clerrnnu·lo en un sermón de
l'iglrsia qur 111e Yaríen el conal? ('fados se ríen.)
¡'.llis dos gallinicas s·hun llcH10, y no si lo csi11111111, y ,wisaré ú los ceviles, y ya hlincaremos,
.va, cuando le griten los ceYilcs al Cararol y á
la olrn... ! (Se ríen los pastores y la Pulida.)

Pulida.-Sí, que las gane ...
Tío .Tulián.-(Quilándose la montera.) Sefiora
hcnchicera...
Chulador y Abuelo.-¡ Ja, ja !
Pepe y Siclro.-¡Ja, ja! ...
Tío Julián.-iEh, eh!, que no estoy borracho ...
(Toma su CJl\'oHorio dr hierbas y se dispone á
marcharse.)
Abuelo.-'.\o jures en falso, tú ...
Tío Julián.-'.\o, es que lo eflendo...
Chulador.- A probalo... ¿.\ que no sabí qué es
aquello d'allá?
Tío Juliún.-¿Onde?
Chulador.- ¡Allá! (El lío Juliún se vuelve
de espaldas, y en el mismo momento gritan
lodos.)
Todos:
Dé uslé Ju güella, siüor corregior,
i pa que Je viamos mejor!

Tío Julián.-Güeno, adiós ... (Se va á ir enfadado.)
Pepe.-Asperc, tío ... Es c¡u'(,~los sí qu'cslún
bori-achaos ... Uslé no. Verúis: diga, tío J ulián,

Pepe.-'.\Iu bien ...
Chulador.-Agora yo:
«Tamaüa corno una al11'rndra
y toda la casa llrna.»

Tío Julián.-¡La luz!
Chulador.-¡ '.\lu bien, mu bien! ¡ :';o s·amborrachno del loo!
Sidro.-.\scuchc olra:
uTamafia como un aucso
y lié media ,·ara de ¿uello.»
Tío Juliú.n.-¡La sarlén!
Sirlro.-¡Leiie el tío Julián!
Tío Julián.-Lna tú, Pablico.
Pulllico.-Sí:
"Alcoba y alcoba
y en cada alcoba su dama.»
Tío Julián.-La nuez, homb1 e, la nuez ... ¡Si
eso es rnás viejo qne los moros!

�Pulida.-Ya la mía: (Riéndosr.) «Si endevinas
qué llevo en la cesta, le doy un raci1110.» (Todos
se ríen.)
Tío Julián.-¡ \'engan las uvas ct·nntes ! ¡ Jn,
ja ! ... (Le clan las uvas.)
Abuelo.- Pára el c·arro, tú, pára ... ¿Y la mía"?
«Las gallinas los punen. en la 1,arlén se 1rú&gt;n y
por la boca se comen.» ¿. Qué e"? ¡ Ja, ja, ja ! ...
Tío Julián.-Pos aBprea tu:
«Puntas delanlr,
ojos acle! rás...
¡Bnrro: las tijeras!
¿~o lo endevinarás?
¡ Je, je, je, je 1... (Se va riendo. )
Pulida.-¡Q11é clh·rrtido lío .l11!i{rn! .\!'ha ronsnlao un poco ... i\l'ha hecho riir ...

Sidro.-J\lusotros lamién sabremos hacerte rir.
r11lidn.- Y yo tamién á vusotros ... ¡ Qué güenus y r1nf de ley de Dios seis! Con v11solros
&lt;pilero vivir siempre ... Seremos familia ... Yo vos
rn idaré y vusolros me cuidaréis á mí... Beso
ci-;te 1¡an, agüelo: uslé lo lia prutío y ya veo
qu·es dorao por juera y por drentro nevao, y
.,·a sé c'hay qu'hacerlo así. .. En tu zurrón, Chulndor, yo guardaré la,; cosiluras que vos hagn:
ngora un chaleque, agora un pañolilo qu'orillo ...
Con tu c:holico, Pepe, yo m'haré pastora, y asina
podré vivir limpiamente en un halo ... Tú, Sidrn,
m'ayuarás en too, y estos sanlucos ele Pablico
a ornarán la casa nuestra ...
(Tocios sr ponen m pie.)
Abuelo.- Dcbajo su cerezal tan sagrao de cerccicas, la Devina Pastora que mos ayúe ...

Todos.-Amén.
.\buelo.-Tú serás la. mare que toos musolros
hayarnos prrdio ...
Sidro.-Si el lobo me hiPre, fú me curarás.
Pepe.-Y á mí.
Chulador.-Y á mi.
Pablic:o.-Y á mí.
Pulida.-¿Y á mí?
Sidro.-¡A ti no te herirá naide!
í.h11la&lt;lor.-Enja1rn\s 1'n liandonaremos, y si tenimos c'apartarnos 1lrl h11to, to ejaremos Bandera, que no d11rn1irú por hí, como agora no
cluarme para el ganan, allá bajo ...
Pulida.-Y me r:onlaróis rnenlos y ,·01 saréi.s ...
Pablico.-Pulida, yo arribaré á viejo contándote cuentos ... ¡C'alegria vivir con tú! ¿Quieres
que te canli una hi¡;toria? Hala, sí. .. ~lientras
s·acaba de arrrglar la yanta ... ¡Cna mu maja!
¡ Una hestoria mu guapa! ¡Como tú! (Salmodiando con la tonada monorrílmica de los romances
populares, y al 111ismo tiempo danzando en una
media danza ele anehas vuell as. El abuelo y los
olros pastores se agrnpan en torno á la sartén.)
Pastor. vela m fu majada,
hay un traidor me l1an dicho.
Corre un fantasma la sierra,
figura es rle ángel divino
y tiene ele diablo el alma
y rlrl brujo los h&lt;X'hizos.
El zagal que aquesto esrucha
alcanza su zamarrico
y &gt;'fH'a dél 11na honda
~- pone en ella un gran guijo.
Pastor, Yela en In mnjada,
hay un lrairlor me han dicho.
Pero rl pastor, de correr,
rstá. á la noche rendido,
y al asomarse la luna,
el pastor ya se ha dormido.
En pslo !Irga el traidor:
figura Ps rle ángel divino,
tiene e I J'O.S tro cte doncella,
de doncélla es su vestido.
Besa en la frente al zagal;
después le hace maleficio,
y el zagal corre tras ella,
del climonio poseído.
Al ti empo tobos y zorras
se llegaron de cantina,
.,· cholos, cabras y ovejas,
sin dejar una, han comido.
Pastor, no tornes al hato,
corre con tns amoríos:
las cabras y las ovejas
el traidor las ha comido.
Pulida.-¡Ay, cuánto m'ha gusitao, Pablico!
Pablico.- ¡Es mu maja l ' hestoria!
t&gt;ulida.- ¿(Juiés que le e-anti yo una copra? Te
cantaré, 1x1 pagarle, una copra...
Pablico. - ¡Sí, sí, qué bien! Agüelo, Sidra ...
tú ... ¡Pulida va á cantar!

Pepe.-Agüelo, que va á ranlar Pulida. (Todos la escuchan.)
Abuelo.-.\ esta hora de l'alardrda es c11andn
caut.an los jilgueros...
P•ilida:
Eslrellicas, sois llores del cielo;
floredc·as, sois esll'ellas del suelo;
y yo ele veros río y lloro,
floree-iras ele plata. y estrellas de oro.

Arriba de las montaiias
crece Ulll!, flor muy hermosa,
y es más blanca que la luna
y más fresoa que h1 aurora.
El sol se ha prendado de ella,
mas ha de secar sus hojas
si la mira; á un jilguero
también la flor enan1ora,
pero se romperá el lallo
si el jilguero allí reposa.
Y la 1lor
ve el amor
de un pastor y una pru,lora,
y llena ele envidia llora.
Eslrellicas, sois flores del cielo:
florecic:as, suis es trellas del suelo;

y yo rlP VCl'OS l'ÍO y lloro.
florrticas de plala y estrellas de oro.
.!P. jr. jr... ¡.Q11í• os paere?
Alrnrlo. QUl' si c¡ue nos ayúa la Devina Paslorn, y el scii11r San Juan Bautista se lo pagur...

1&gt;11!ida.- ¿Eh. l&gt;ablico?
Pablko.-¡ He&lt;li&lt;'I con el rediel!
E11 esto u11a voz varonil responde ~- glusa In
trova. en la sima.)

Estrellica.s, sois flores del cielo;
flore&lt;:icas, sois estrella del suelo ...
Puliua.- (Aleudiendo.) ¿Eh, respou&lt;leu? ¿Re~1JUnden, ,\güelo?
Voz:
Llegó 11n gu.lau ú lus 1uo11le;;
de la flor que es tan hermosa,
y apenas la viú el galán,
l'Cndido, la flor udol'a.
Si ha temido el sol sccarln,
el gaU111 sangre arclowsa
lie11e, y h a cogido la flor,
que ardor de sangre remoza.
En su oorazón la ha puesto ;
corazón: día es de gloria.

�De le. flor
ve el amor
de un pastor la pastora,
y !ll'11a ele en viclia Hum.
Pulida.-Agüelo, agüe lo, es él ... él... ¡Ay, agüelu, agüe lo, es él!
Sidro.•-.\goru sí que mus ayúu la IJc\'ina Pastora, AgGclo ... ¡Es l'usesiJ10. Chuluclor'
\ 'oz.-('.\ló.s cerea:)
Eslrellicu.s, sois flores del c;ielo;
florel'icas, sois estrellas del suelo;
y yo de \'el'l,s río y llurn,
flurecicas de vlala y estrellas lle orn.
Pulicla.-(Toda lí111ida.) ¡Es él, que Yieuc!
Sid!'o, Cltulatlor y Pcpc.-(TriuHfales.) Es él,
q u0 ,·ieue.
(Se descubre la airosa figura ele Juan l'eclro.
Pulida, precipiladamenle, se esconde en el chozo.)
J uan.-Buenas tardes.
l'as lores. -B ueuas.
(El Iornslero escudriiia, Jiugil'mlo LLH·ar alg ,. J
Clrnludor.-Oigu, seiwr, ¿se J'ha J)l'l'díu ulgc&gt;'!
Juun.-¿Te iiaporla 111LielJu·?
Chulador.-Es q1tc 111r presupongo qL:e se l'ha
perdía la honra, y cu111u ú 111uwtl'us 1110s sobra
honra, podrían10s Yellllerli ...
Sidro.-¡Ja, ja!
Pepe.-¡Ja, ja., ju!
(El forastero los mira con des!&gt;recio y se dirige al abuelo.)
J uan.-Es usted el jefe del halo, el palriurca
de la tribu, ¿\·erdad·)
Abuelo.-.\qui toos semos unos.
J uan.-:\Iuy bien; pero alguien lllandará .. .
Abuelo.-.\quí no manda, naicle ...
(Los demás pasto1·cs se rie11.)
Juan. - ¿:-fo 111u11da nadie·? (Los :iaslorPs redoblan la risa. ) ¡:.\lejor que rnejo1·. Eulunc:es, preparaos, que voy á mandar yo!
Sidro.-C'nc¡uí no manda naide ...
('I odos se ríen, m enos el forastero; pero, después de lllirar á unos y á otros, acaba por r eirse
también.)
Juan.- ¡Ea! Ya, veo que estáis de broma.
Pepe.-Con uslé no C:uerenios hromicas.
Juan. - Pues en serio ¡ea! Escuche usted,
abnelo.
Abuelo.-Diga.
Juan.-¿Qt1icre usted devolverme á mi mujer?
Ch11lador.-(Con sorna.) ¿ Quiel'i uslé clevolverrni á mi mujer?
Sidt·o.-¡.\ su 111ujrr! ¡Ja, ja!
Juan.-Sí, á mi mujer. ¿Qué hay? (Todos se
ríen.) Sé que está aquí. Dúrlmcla por buenas ...
Chulador.--(Con sorna.) ¡Que sabe que está
aquí!
Juan.-La he oído cantar... Conozco la voz.
Pepe.- Pos amigo, si cquirnca usté.
Juan.-?\o me equivoco: la he Yisto meterse
en ese chozo cuando yo llegaba ...

.\buelo.- '.'\o, no ...
.lim11.--Lc &lt;ligo á usted que sí.
Si&lt;lro.-¡Lcf1e! l'os sí y si. ¿Y qué?
J 11nn. -(J11e 111e la dt·,·olYáis.
Chuludor.-¡Si ella quiere!
Juan.-¡Ella quiere!
Todos.-¡Jn, ja, ja:
Sidro.-(Con aire de desafío.) ¡Pos anda á buscar-la!
Jn,rn. ·(Despurs ele unn pausa.1 ;..Jira, pastor,
lcngm11os la fiesta e11 paz, ~, ILO me sulfures, y
110 me sulfures ...
Sidro.-(Con furia.) Y no me silfures.
Jua11.-( \'ol\·iéndose. ) ¿Qué?
Chulador:

pegué... no só... porc1ue te quiero ... (La Pulida
baja la cabeza.) Porque Le quiero más que á
mi vida, porque no te puedo dejar de querer,
ni querré nunca á nadie más que á ti ¡por 111i
nombre!
P ulicla.-{:\l uy bajo.) Juan ...

pero el crnerer es el querer y con los años tiernos ... ¡ Quién los lu\'iera como tú, más que fuera
pa perderse!
Pulida. ¡ Agüelo !
.\buelo. - ¡Que la De\'inU Pastora te acompafie! (Se u¡mrla.)

J uan.-En fin .. . tú lo dices.. . Adiós ... Ahí os
la clejo ... (Cierra la navaja, la mira y la echa
al precipicio.) Ya no me hace falta. La llevaba
para defenderte. Cómo ha de ser. Adiós. (Da
unos cuantos pasos.) ¡Y que no sepas nunca
lo que es una pena como la que me llevo por li!
(\'a á salir.)
Pulicla.-(.\ rrojánclose en sus brazos.) ¡Juan,
Juan! {Llorn.)
Juan.-¿i\le perdonas, Pulida, me perdonas?
Pulida.-¡Juan!
Juan. - \'ámanos...
Pulida..- i \'ámenos! (Se aparta ele él.) .\güelo... tú... vosotros ... .todos... adiós. (Hornpe a
llorar desconsoladamente. El abuelo, perplejo,
se rasca la cabeza.)
Sidro.-¿ Te vas·!
Chulador .-¿.\diós á musolros?
Pulida.-¡ ,\güelo .. . !
Abuelo.-llija, ¿qué hi de hacer yo, prohe viejo... ? A las penas vas, que el querer te lleva ...

Juan.-(Arrastránclola suavemente.) Anda, vámonos... (Salen el forastero y su enamorada,
ella apoyada en él y llorando.)
(Los vendimiadores se acercan otra vez, cantando):

üé usté la güella, siüor corregior,
¡ pa q11e le viamos mejor!

(Todos los pastores sueltan la carcajada. El
1·a,;lero. furioso, se anoja sobre el Chulador.
El Cliularlor le repele. Se po!len en guardia los
dc!llús paslores. El forastero, indeciso á fuerza
dt: ira, se \'a al extre11w de Ju esc;e11a.)
J11a11.-¿:\le la devolvéis, sí ó 1Lo·1 ¡\'oh·&lt;&gt;d111e
llli lltUjer!
~idrn. (Con soma.) :\lira, pastor, no me silfc11 e~ y no 111e silfures...
juan.-¡Ea, se aculJó! (Swa una navaja y se
almlauza sobre ellos con la naYa]a abierta.)
Sidro.-¡Cna fucu!
Chulador.-¡Cna fa.ca! ¡Traidor!
Pepe.- ¡ Pega\ó. traidoría!
J ua11.-Los traidores sois vosotros.
Sidro.-¡Cna faca!
Juan.-¿:\Ie devoh·éis mi mujer, sí 6 no?
Sidro.-¡lJos no y pos no y pos no!
J unn.- ¡ Pues vosotros lo habéis querido! (Se
urrnja sobre ól.)
Sirlrn.-¡Lo has querido tú! (,\¡-remeten contra él todos, arniadcs con las c;ayudas, y casi
le dctTilJan. Sale Pu !ida. des!JU vorida.)
Pulida.-¡:\:o, no, no! ¡Jua11! (,:,e abraza al forastero, y todos los pastores retroceden.)
Sidrn.-¡Leiie! ¡Li clc!iendi!
Juan.- ¡Pulitla! ¡.\l fin mía, mía otra vez!
Pulida.- Xo, suella ...
Juan.-Vámonos.
Pulida.- l'\o, suelta ... déjame ...
Juan.-(Separáudose.) ¡,\h, no quieres venir
conmigo?
Pulida.-:\:o, Juan...
Juan.-¿;,,,o me quieres?
Pulicla.- :\I'has hecho muncho mal. .. Te quería ...
Pablico.-¡Eso, eso!
Pulida. - Estos han siclo buenos conmigo.. .
muy buenos...
Sidro.-Pus que lefíc, ¿que no?
Juan.- Está bien... Y para esto he pasado yo
la angustia que he pasado buscándote... ¡~lujer es!... DuscándoLe para decirte que me muero
de pena pensando en lo que he hecho... que te

Lucero-6
que a.lun11Jras en ei ciclo-6
y bl'illas-ús
ha;,:u la amanecitla-á:
te parcs-és,
sigue al sol y á la luna-á,
nunca te mai·ehes.
.\lrnelo.- ¡Tiumjoó. (Suelta un sollozo.)
Juun.-(.\lcjúndose):
Toquen las caml1anas ele oro
y las campanas &lt;le plata,
ya se ha reído 111i a1nante,
que estaba Luda enlutada.

�Pnhlirn. ¡Hidiel, lo mato! (Se dis.pone á cor1·pr; pP1·u los dmuíi-, saliendo ele su éxtasis, J.,
detiPt1t•n y e1u¡rnjan hacia el chozo.)
(l.ns ,·endimiadores !'Hnt1m 1i111y cerca):
Al carnpo-ó
111mianp1·ico salgo-6,

y al pueblo-ó
la noche entrada ,·1H'h'o-ó
La huerla-á,
lucero, me la guardes-és,
mientras yo duerma.
\lt1drill, l'(lmaval de /909.

LIBROS Y

REVISTAS

l'áisterio.-Se acaha de publical' la segunda ect1tables obras tíe_nen en prensa y preparación, por
dón de esta interesante novela de la exirniu es
tocio lo cual fehc1tamos efusivamen1e ú D. L. ~e('rilorn dol1a Emi!ia Pardo 13azán.
gnlá y C. Parpal.
~o creemos pecar de parciales si afirmamos
,¡ne su lectura es amenísima y dtilicada, llegando
algunos relatos que contiene la obra á conmover
La Teogonía de Hesiodo.-El culto é i111slrc rngrandemente nuestra alma y á deleitarnos en lo letll'útico ue la lJnive1·s1ctad cte Barcelona, "· 1.u1s
eonlernplación de lo sublime.
Sega!á Estalella, acaba de publicar una traducEl lenguaje es tan delicado y el eslilo tan purn ~1ón tle la magna obra. de Ifesiodo, muy supel'ior
que, nnido á la intensidad dramátic.a del relato a todas cuantas conocemos hasta hoy dta. En
y á las pintorescas descripciones de la é¡,o¡;¡¡, ella. maestra, á la par que su ']')rofundo conocillegan á absorber nuestra atención y á intere- miento del idioma griego, su gallardía de len!';.arnos de tal forma, que creemos estar viviend0 g,1a;e, que maneJa como 111uy ¡,ocos ue 11ui;,,,1 ""
aquellos mismos tiern1'0~ r•,p la eminente escri- literatos.
lora retrata con tanta fidelidad.
Lu uura es un dechado de perfección y b11c11
El a.rgwuen,o es, u&lt;.100 "" curuct.er histórico, de gusto, pues con muy sano crilerio ha recogido
gran interés, y su trama muy complicada, pare- varias de las ilustracione,s que para dicha obra
ciendo que eslam,os leyendo á Dumas ó á Conan hizo el eminentísimo grabador inglés Juan FluxDoyle, ó bien el diálogo es tan puro y sentimen- man, por lo que no dudamos en asegurar que es
tal, que se nos figu1·a estar ovendo las sentimen- la obra mejor editad.a en nuestros rnas.
tales poesías ele Campoamor· ó de Bécquer.
La infortunada vida del infante Carlos Luis,
Novelas cortas para jóvenes.-El bienaventuhijo del monarca Luis XVI, de triste recuerdo,
-cuyo interminable calvario y sufrimiento conti- rado Tomás, El delantal rosa y El pia11is1a,
nuo es objeto de narración escrupulo•sa rn el tres preciosas novelas en un lomo, traducidas
curso de la obra, tiene el doble car-ácter de nove- por la distinguida escritora cloñn Mnría de Echales::a. é hislórica, y de ahí su interés é impor- rri, originales de Charles Foley.
En ltLs páginas de estas novela,s, Charles Foley
tancia.
ha sabido describir con rara perfección un munEl amor de los amores.-Así se titula eJ nuevo do de sensaciones; en él juegun papel el amor,
libro de Riearclo León, castiza novela que, por la NaturaJeza con sus bellezas y los accidentes
:su interés, su fuerza y amenidad, supera á las cómicos, en forma la! que, agu LJOneanoo la cuanteriores del celebrado autor de «Casia de hi- riosidad del ledor, le hipnotizan y le obligan á
dalgos». Un crítico ilustre hace en pocas pala- no dejar la obra delante de su vista hasta lnnto
bras la apología ele uE! amor de los amores». haberla leído toda sin dejar una hoja ni !me.a,
uEste libro-dice--, es sencillamente magnífico. pues á cada paso se encuentra un incidente ó
Tiene la fe espafiola, brillante, encendida y ele- algo hermoso que subyuga.
Esta preciosa obra, editada con esmero por la
vada como un astro en sus entra11as; la visión
realista, saturada de mentalidad de nuestra raza; Cnsa editorial BaiJJy-Bailliere, se vende, al ¡n·ela magnanimidad, caballeresca y emprendedora cio de una peseta, en todas las librerías y en Ju
de la vieja patria imperecedera, y el habla ma- de su editor, Plaza de Santa Ana, 10, l\Jadrid.
jestuosa, rica, enlanada, soberanamente bella de
aquellos.' místicos maesteos de la lengua casteLa condesa Araceli de la Sierra enseña en su
Jlana. »
precfoso libro El arte de agradar, segunda ecliEs, en efecto, uEI amor de los amores" la obra ción, que acaba de poner á la venta con sumo
más vigorosa y perfecta de Ricardo León, la que gusto la Casa editorial 13ailly-13ailliere, á 1,50 pesel'íala el apogeo y madurez de sus maravillo- setas en rústica y 2 encuadernado, á hacernos
sas facultades de novelista y de poeta. Páginas graloo en las visitas, entender el valor de la
hay en este libro, como el himno á Castilla, el franqueza y de la confianza, saber salvar los escanto de Ja Primavera, los episodios trágicos y collos de la audacia y de la timidez, aprender el
las aventuras del protagonista en el campo de verdadero valor de las conversnciones, de las
Calatrava y Sierra Morena, que pasarán á las amistades, etc., etc., y, en una palabra, á esmeAntologías como dechados de emoción y de esti,lo. rarno,s en todas las ciI'Cunstancias en evila.r conEl volumen es14 _elegantemente editado por la trariedades y molestias á los demás y obtener
uBiblioteca Reuacimíenlo».
el dictado de agradables.
Biblioteca de Autores Griegos y Latinos.-Don
L. Segalá y C. Parpa! realizan una obra digna
&lt;le todo encomio y de que en ella fijen la atención lodos cuantos del arte se preocupan. ¡, Cuál
es esta obra? La publicación de una biblioteca
&lt;le autores griegos y lolinos, con la versión directa y la traducción literaria por eximios humanistas antiguos y modernos en todos los idiomas
y dialectos ibéricos, y á los módioos precios de
23 rilnlirnos cmln obrn.
Las obras publicadas ya, son : Odas I y II, de
Safo; A la Fuerza, de Erina; Amor fugitivo, de
Mosco; Teseo, de Baquilides; A noloaia de Só;rates, de J enofonte; Epodos 1-VI, de Horacio;
Olímpica I, de Píndaro, ele., etc. Otras muy no-

Entre todas las mujeres.-Novela, por Rafael
López de Raro. El género erólico realista llega
en este libro á su más afortunada expresión .v
modelo. Con absoluto dominio del idioma, López de Raro lo dice todo. El problema de la fidelidad conyugal, de la inmoralidad del matrimonio y de la monogamia, se plantean de un modo
interesantísimo y feliz. Afiádase á esto que C':
autor ha compuesto atrevidamente su complicada y sugestiva narración retratando á personas
conocidas de tocio Madrid.
Esta novela agotará muchas ediciones. "Entre
todas las mujeresu es un arierto de la ul3iblioteca Renacimiento". La portada, de Marco, inten- •
cionadfsirna, la presenta muy bíen.

�emanal

6
■

QUIE:RE USTED9
GANAD DINE:RO ■

El tiempo es oro y aprovechando el tiempo
se tiene oro.
¿Cuál es el mejor sistema de aprovecharlo?
Usando la bicicleta

ALCYON
que venden á plazos de 25 pesetas mensuales,

Arroyo y González
Plaza de Isabel 11, 7· (rinconada)

38 cénUmos

LA PANTERA VIEJA======

== roR ANTONIO DE H OYOS Y

VI NENT
ILUST RA CIONES DE GUTTÉRR EZ LAR R A YA

�</text>
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                  <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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6
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QUIE:RE USTED9
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dt l d:s faHo, y bm1ca11do, crujie n do rec h innndo
~ambo!efmduse sobl'e }u'.-; de.$iguaJ~s adoquines:
1.n te rnuse po r el segu ndo trecho de Ju calle de
?t•nan11i u111tnu.zm1do ú l'Uda bo tr dcsburalur~c
o volrar, ~llfH.lo en tierra con la damu i1ue en
é! RC r efugw r a. Yu clla (•sta ú la reulida&lt;I por el
m rerna! trn q ,.1c lC&lt;J del fementido si111rjn, miró
P.~ 1• la ,·entun,Hc:1 , ni l1·u,·é~ de la ,·0 1·tina rlc !1 11 ~

dad d e !us fucos de ,tlguna.-; tie ndas que ofreciori
L'tiC •~specto de. cl~lul'ill11 que ofrecen siemp r é
las ltendus exi·(·nt r'ic·a~, 111md rnban rápid11s u lgu11_0s lranseunlcs, mnlJigdüs en sus ob:wuros
a b ngos, lrntundo &lt;le gw.11·e&lt;·ei-se de la lluviu con
los puragw..1s ha1·lo 111e11g11,ulos para tun ímJ1I'uba

empresa.

¡Pacienciu! ¡.\ ún foltt.ibu un bucn trec ho JH.ll'U:
la cal le de P udi ll u! \' J.eo110:· ~e reelinó en Jo:s
suC'ius coj ines del vc hkulo; hundió la nari z con
v ~a~ para uverig'u.ir Hi /legul.&gt;n al término de :-;11
fruición en el enorme 1·a1110 dt' ,·ioJelus que Jucin
VHIJC.
s~~r~ el pech o, prendido al aslrakán del abl'igo ;
~! agun_, que caía ú ruudalcs del ciclo gris, ploe...,l1ro~e el e:s JJeso ,·eJu ele enrnje con un geslo'
nuzo, &lt;:&lt;1s1 negro por Ju J\J'oximilhid &lt;le la nol'he
maquinal de mujer ekg;111h• y tuilú de reunudu r'
hacía aú~ lll(lS I ri.-;tc rl IJ'i!-ite nepús(·.ilo illYf'r~ el hilo ele sus pen~•111iit•1110~, rolo por las v·iolen nt'.I. 1_rnb1un fHl~Hdo ya 1H eal!f: de c..;uyu y Ja nni - lns s;w11Uidas del t·11clH'.
plla v1:i hacía~c 111ás melaneólico y solilaria según
\'ulviú, Jlll~'s, ú 111edilar en el prolJie n u (¡ úe
s~ all"Jaba del ('_entro. E n el arroyo, cor tado por lrnsturnaba .su ,·ida. ¡ 1;1111 ! ¿ Por qué llunwr ú'
guindes dw1·eos, e!l qup temblaba el r-e fl ejo de Ju 1..:or11pli1·nciún1 surgitb en su frívolo \·ivir, p ro~
l~ r~verlJer(;~ dt• gas, apenas ...,¡ ponía unn 11ota blcma '! En la Y ida no exi~ten ·¡noblemns; Jos1
de Vida el fnl_igo~o l'mla1· de algún nlquilún que problemas son términos de 111alemáticas q llc~
1
pasab~1, h11nd1é11do~t• en el hnrro, ó el raudo ro- poetas y no~·eJistus se hun empeilndo en aplicar
rrer d~ llll nt1tc111U,·iJ que salpicaba. de Í.U}H{l t'l ú In existenein . La ,·id11 es demasiuclo varia ..de-1
los contados peatones que se áventurnJJ:1n á ~-rnn111simlo compJeju, demnsi1:1Uo cnmnleóntica in1r~
zar la calle. P O!' In:, ncera~, y 1.f la blnncn dari&lt;fll(? ninguna cosa pueda eslablecer:se en eJla

co.1

J

�términos claros, concisos, inalterables. Uno. palabra, un gesto, un movirniento, un impul!;o
,:te ira, de lúslima-1 de amor, unos minulos de
~traso ó adelanto 1 bastan á cambiar por com;[&gt;lelo la esencia de las cosas. ¿ Pues qué 1 aquella
'misma cnláslrofe que le amagaba no había surgido conLra viento y murea 1 arrollando los cálculos mejor hechos·?
Ella, ton sus puntos y ribetes de sabihonda y
de Dlósura 1 guardó siempre una gran dosis de
senlido prúc.:lico en n1ediu de lus niayores locu_ras. Habm heeho sensatamente los 111ás grandes
disparo.Les, cuidando siempre de cubrirse las espalllns y Lencr ex1)edila fa rclirada. En los momentos en que parecia entregada ú. locos desvaríos, meditaba inanienlc el pro y el cuntrn de
cada cosa 1 c.:altulaba 1 pensaba, sabiendo dcscntrufiar et sen:ido oculto de coda gesto y cada
palabrn. En aquel ntismo lio con Gonzalo Cortezur, á P.esar de haber puesto en él todos sus
violcnt1si1uos ardores de pasional y todo el afán
de mujer madura que siente que aquel amor será
el ú.llimo, meditru·a ntuchas veces en la rnaneru
de evitarse un dolor probable: el del ronipirniento. Sentw ella ar1ucllos catorce aIi.os que le separaban de los treinta triunfales arios de su a11ügo, corno un ittanto de hielo para lodos invisible,
pero que hacia temblar su pobre corazón, aterido
de frío . ;,.,1uc:hus veces, al regresar foligadu rle
las amorosas citas, en que los placeres, llevados
hasta los bordes ue un abismo de locura, le dejaban vencida corno una flagelación, pensó en
el aún lejano rompimiento. Aquel amor sería
su Ultimo niuor. Tras él se deslizaria mansamente, callncla1nenle en la ve~ez. I\'o ucubaria en una
escena de viulentius, de celos ni de abandono,
sino que insensiblemente la pasión se dor111iriu
al arrullo de una inmensa amistad. Ella sabría
envejecer. SuS cuarenta y tantos a\los perdunarian v.chemef!.::ins á !us seis heroicos lu~:ros del
amnnto 1 y poco á poco él iría encontrandYen su
querida, en vez de pasionales arrebatos, un carino niunso, tranquilo, igual, inspirador de confianza. Lu nmjer dejaría pa5o ú la andgn; seri'l
su conlidenle, su conse~era. Reiría como una
abuela cautiva de los grw.;ias del nieto los lances afurlunados, que él contariole con donjuanesca fanfarronerio; le guiaría ·con sil' experiencia del corazón femenil en los pasds difíciles, y
seria su amparo y consuelo en las penog y desengailos. Y he uquí que, fallúndole los cálculos
rt1cjor l1echos 1 sutgía, enrarnado en su propia
hija. el cleslino implacable, despiadado y burlón
para los esfuerzo~ de los pobres humanos, deshaciendo de ~n soplo los edificios mejor hechos.
¡Nieves! ¿Cómo adivinar una rival en la dulce
nilia que vivia junto á ella cual sombra melancólicu y pensativa? ¿Có1rn? adivinar que él la
an1arín, que al borde mismo del cenagoso amor
naccria como flor de cnsuefio aquel carino?
¿Cómo pensar que á ella, tan s·util, tan hábil
adivinadora de pensamientos, escaparía el proceso de aquel amor hasta que fuese ya una gran

pasión? ¿Cómo pensar que el rompimiento vendría antes de Que los últiuws rescoldos &lt;le\ amor
se extinguiesen en su pecho? ¿Uuién podw predecirla que al soplo de los c:cl1Js se reavivaría
aquel ruego hasta tomar proporciones de vorac1sit110 incendio'!
El p1·i111er movimiento fué de sublevación, de
afán de lucha1 de ira, de despecho; luego sobrevino una tristeza inmensa, un dolor siu l1miles,
un ansia de consuelo y de abandono, una cxlrafia s1.;nsación de in1potcncia 1 preceditlcJ de enorme descurazonaJJJiento, trnído por la Julia de fe
en sí misnia, algo como una parálisis de la vulu,ntad, la impresión de vejez, de delJilidu&lt;l y,
pur tin, un furt1ddablc tlese;unciertu que le hada
vat:ilur sin salJer á dónde volver ros ojos, si á
los hot11iJres 1 en Quierws no creia 1 ó si á Dios,
en quien no creia la111poco.
Ellu 1 la deliciosa dileümlU de la literaturn; ella,
que lein á Plutón, Kunl y Desearles; que .clccia.
cutnprendcr á l\'il'lst.:he y posaba de escCplica y
hm;la casi, c:usi de cütit.:U, hubiu sen!iLl.u pur lJn
insLunte el i1Hpubo de busntr cuusuc!u en un
más allá, en algo que lo: ainpurusc é inl'i:nt'.iesc
valor á su vacilan.le VCJlunlnd. Elln, (lUC en ulros
tic111p9s ntús dkho~cs en que Juvc11 y fuerlc Caminaba firra, posando el pie vcncetlul' subr·c !a
viUa, hidcra suyu aquella múxi11;a de Schoponhaucr: c1Dio::- no es $ino In. garon'. ia puesta a
lu eternidad por el hombre que f\Q quiere 111u1·iru¡
y uquella otra, ainicn, ,de Anulule Frantc: u.La
virtud es 001110 los cuervos; sólo unida en .las ru1nus1,, y que apuntara en su librn ae 111emorias
la inquietunle interrogi¡c:ión: c1¿Pur qué el vit:io
es amable y la virtud r.un ó.ridtr?)), sintiú \'a:·ius
veces el iiupulso ele caer de rodillas é implorar
piedad &lt;le !a 1¡Listeriosa potencia en que no creia,
El úo\or nos l1a ce coburdcs cuarido nós convcnCPlllos de la i.npositlilid.ud de V}"triCer, volvemos
los ojós al 111isfcI"io con la esperanza de que él
nus saque con Uien 1 y Leonor, en uqucl n111nrgo
trunce, senliu, .no renacer su re, sino vud\ar su
csr·cplit:iSn10. Pero c:ua.núo yn, juntos las munus,
iba ú caer arroclilluda, volvía á sus lobios la sonrisa. burlona de niujcr fuerte y busc-uba en s_u
yo uquel}a-cnergiu que mo111entos antes ibct á tinp!orur de ·oct,Jltas put.cntias. ¡Re_?ar y· !l.orrtr!..
nur.no para las pcd11-e~ burguesós que l111iilan
sus hurizonks ú un humilde v.egctar en ·c1 olvido del hog;r El.om(:slico, ~in otra~ iln~innP!': r¡11e
el rnarido y los hijos; pero, pa.rn .ella, la posional,
la luch'adora, no se habia hecho la resignación
máscara de la tobardía.
Cuando · niios antes, en los comienzos de su
azaroso vivir, -bardó de su existencia !odas oqueHas extraordinarias trabas de ultroLumbn que
se conocen por premios y castigos, infierno y
cielo, salvuc:ión y condenación e1ernos, lrnhas á
que ella, en sn fuero interno, llamaba prejuicios;
y barrió también los no menos abracadabrantes
fantasmas que los hombres, ternerosos siernpre
de la amplitud de la existencia y con un timorato anhelo de limitación y encauzamiento, han al-

• a• •

•

NI LVCcS

zado ante sí mismos con los nombres de honor
deber, obligaciones mundanas, conctencia y le:
yes mo~ales'. respiró, satisfecha, convencida de
haber s1mpllficado inmensam~nte su vida. Así
sma, en un balance supremo de
valo~es p~seía Ja clave de la vida. No creía ni
en Dws, m en sí, ni en los demás·, no ten·1a1 pues,
que contar con otros factores que los hechos
concretos y su voluntad, Y. la vida era á modo
de partida de ajedrez, que 90n arte había que
,ganar. Pero ante el dolor, sus ide:as evoluciona-

~e~••~

'

ban y comenzaban á .sentir la ausencia de aquellas trabas. Los humanos, en su cobardía, han
buscado una solucióa para-cada conflicto1 un gesto con que ocultar cada dolor, y el que· sabe acatar sus leyes encuentra en ellas un misterioso
a~oyo. ·'?"demás, ¡es tan -fácil dejarse ir por el cammo. tnllado!, ¡tan cómodo aceptar los hechos
consumados á pretexto de la dignidad, del sefior~o y de otras zarandajas! No hay que luchar
ru ca:-1-sarse con fatigosos quebraderos de cabe~
za, sino sólo aceptar lo que· los otro&amp; nos dan

�h.8-ch~ en caso de que los consuelos humanos que pasaban por el mundo entre risas1 devarieo~
no~nos basten, ahí están los de la _religión. ~a y desvergonzados decires, y pronto hubb de ~?paciencia, la rcsignación 1 la fe en D10s 1 el uD10s tar que no le eran gratas, que había en su h1Ja
fl}e lo dió, El 111e lo quita. ¡Bendtto sea su nom- una dulce reserva, algo así como la exquisita senbre!)) En el libro de Job está toda ,la filosofía de sibilidad de esas flores que cierran sus pétalos ó.
IÁ vida.
la proximidad de un extraño.
l En el fondo no era sino una pasional, una criaTodo lo que tenía de fastuoso, de llamativo,
l~ra que no Yivia siuo del a111or y para el amor. de turbador y de inquietante su belleza1 teníalo
Todas aquellas filosofias, la fría máscara de es- de suave1 dulce y armónico la de Nieves. En v~z
ctpticisrno y de cínico desdén, representaban l~- de :,u aire do1I1inad01\ magnifico, evocador de la
yjsima corteza, pronla á resquebrajarse al pn- soberbia y la lujuria, tenía Nieves una serenida:d
n1er choque con la realidad. ¡ Una pasional! Y llena de rnelancólico encanto, un modesto recato
eSo era precisamente lo que hacia terrible su tra- acarici~dor, dulce, angélico. En la palidez un podo
gedia. Cuando en la vida tenemos un _ideal -~ue enfermiza' del rostro ovalado· y bajo el cabello
está más alto de la vida misma-el amor de Dws, de ébano, las enormes pupilas negras brillaban
Ja gloria, los hijos, In. redencióo humana, la gl?- con luz de paz que inspiraba confianza. Alta, el
ria de nuestra patria-el tiempo se nos antoJa pecho un poco hundido, todos sus gestos teníah
largo y con los ojos en el futuro anhel~mos que pausada gravedad no exenta de gracia. i\uncµ
pase pronto para llegar á nuestro sueno; pero1 J)l'otestaba de nada nunca se irritaba; cuando
'
en~cambio, cuando nuestro ideal es limitado-be- a,lgo Je desagradaba ,ó hería su delicadeza, a.Izaba
lleza, juventud, amor, placer-, vernos _con ho- los ojos, Henos de reprochadora extrafíezu..
rror correr las horas; cada minuto que pasa adPoco á poco la veheme:Qle naturaleza de Leoquiere un trágico misterio y quisiésemos parar nor se encontró cohibida por nquelln melanco.Jíu,
las manecillas del reloj de. la vida, porque cada presentida en su hija, y sintió el malestar de los
movimiento nos aleja más de nuestro ideal Y nos ojos que, udivinaclores 1 se íljttbun en ella, P~~,
acerca á la vejez y la muerte.
eso cuando poi· raro capl'id10 del m:ar pu recio
Era UJJa criatura loda pasión, nacida para el desperlnrse una gran simpalia en la rnudwcha
goce v el amor. La Naturaleza sabia dióla ar- poi' Gonzctlo (el amunle), sintióse lihl'e de un
mas 1;ru·a defenderse, é ig~a.~ ~¡ne da ui'las á l~s enorme peso y dedicóse con nhinco á fbmentarln.
galos y garras ú los tigres, dióle á ella astucia ¿ Qué mejor poclia suceder? Y eon su falla o.bsoy felina agilidad espiritual'. Sabia agazaparse Y lula de sentido morhl, pensó, encahlada, y lal
sabía saltar.
vez un poco irónica; én los caprichos del desElla, pues, había ido montando el tinglado de tino, que salvaba de la hecatombe justamente
su existencia a.signando un papel á cada uno de
¡á su amante!· los qUC la rodfaban, llegando sol~m.cnte ha~La
. y de pronto, sin saber por qué, presintió .la verdonde se puede llegar, cuicJ.adosa siempre de. no
dad, todo. la crue! verdad. ¡ ;'\/ieve!; amH.ba :í GOil·
quemar las na ves. Por eso iniraba ahora, sor- zalo y Gonzalo le un1a.ba ú e!Ja ! Y tthorn ...
prendida, Ja catástrofe qu~ a.menazaba desb~·aEl coche se deluvQ, y Leonor saltó al suelo.
tar todo, arrebatándole de ull golpe amor, t1 anquilidad, cariüo, hija, , an1~te...
,
.
¡Nieves! ¿Cómo imaginárselo? Ella cre1ale 1.gnorunle y feliz. Verdad qu~ la veía siempre trisII
te, grave y silenciosa, con sus gestos vago·s Y su
mirada plena de ensoñadora melancolía; pero
Se estiró, con 4n¡ gesto eleganUsimo,. milad
atribuialo á esrmcial condició;n de su carácter Y perezoso, miU1d voJuptuoso, un gesto de \1~resa1
no á ningún recóndito pensar. Creía. de buena qMe hizo destacarse, 1bajo la albura de la .piel, la
fe, en su egoísmo, haber ct.¡.mplid? OC:n su del:}er,. . elasticidad felinu de los músculos, y suspiró quePriliH.:.ro, entregándola .en manos de la~ buenas damente:
madres para que formasen su corazón; despues
-¡ Ya no me quieres!
y ya adolescente, internándola un afio en un
Toda desnuda-;' repo-saba de la hora pasional
cole&lt;TiO de Inglaterra y otro en uno francés, para sobre el diván turoo 1 á que algunas mortecinas
acabar de darle un barniz de civilización. Digu- llamuraclaS cte la chimenea dnban, en la semi•Q10S.J en honor suyo,. que cuando llegó el mo.p_enumbra. del ,saloncito 1 el 11ago prestigio de un
rrt,enlo de tenerla consigo no vaciló ni un in~fant~, oriétllaiism·o de ensueüo. Sob~e eJ obscuro· fondo
.ni sintió esos irrazonado~ celos por s·u JUveml ·ele JoS cojines destacá·base la albura n~vada ~e
.belleza que siénten algunas madres, ni 1atnp'ocu aquella ·humana estatua, esculpi~a, no en ~rio
,temor defuturas emulaciones; por el (:ontrar.10, manual, sino en carne, :earne tibia y elástica-,
.acogjóla con cordial alegria, mirándola, .más ~u1:: {J_ue tenía elegarlcias 1As_civas de ánfpra e,n _t-as
s;ofüo 5. urta hij,:i, como á una camarada. Pronto, cadeta:s; fli1os (OJ:néados en las ·piernas y ?s;J!nsin embargo, · sintió involtintririó respeto p~r Ja &lt;loras durezas -en los globos ele los senos~1 puniot:le y soyera gravedad_·ae· ~anilla~ In.consc~en..~e léúd0-s db rosa. Una .de sus piernn.s tendiase ~
,e]et _petigro, mezclóla ·con la:s gen.tes. de. su t~1~oa, .Jo larao del diván, Co1ño-· en las estatuas clás1ho1J1l&gt;res y mujeres d~ una nn)or.alidad delJc10Sa 'Gá1, ;· ~1°i. ólra, ctOblada en la l'odiHÜ, 'se~nlzaba al

aire, rompiendo la nobleza del conjunto, como
en un mármol de Clodión, y sus brazos, finos ritos, algo así como uno ele esos sutiles venenos
y redondos, se unían, paru abrirse, al llegar á de Oriente que probara en sus perversas curiolus mullecas, brindando el apoyo ele las palmas sidades de bíasse, y de cuyas borracheras salía
al mentón. El rostro, ele eucurislica blancura, enloquecida, atontada, fluctuante entre cruento
dolor y placer quimérico.
era una carútula de histrionisa, mejor de Pie¿Cómo habia podido engaliarse de aquel modo?
11tot1 mancha.do en los pómulos 1:or rojos J'Oselunes y orluelo de cnbellos bermejos, incendiados Había sido indudablemente su voluntad, su píahora por el reflejo c!el hogar, carátula en que cara voluntad que le fingía realidades donde sólo
había suellos. No tenía sino pasear los ojos en
l~t boca de fobios finos, como levísimo trazo de
dUJ•mí.n, ponia exlraúa ironín, cruel, mientras los torno á sí para adquirir la cruel certeza de su
ojos redondos, en1purpurados de sangrientos rc- engallo. Las pru·edes, ilustradas con caricaturas
11ejos, íljos y acechadores, miraban vesLirse á picarescas (ni aun siquiera libertinas), reproduG'o11zalo, que tranquilo se anudaba la corbata ciendo escenas de Café cantante; la luz blanca,
cruda, fria, sin el discreto velo de las pantallas;
ante el espejo.
' Sin hacer gran ca.so del examen de que en, los cortinajes comprados hechos en casa del traobjeto el muchacho, se arreglaba pausadamente. pero, sin misterio, vulgares, en sus pabellones
J\'i nquellas facciones inoorrectas, vulgares, ni de terciopelo; los muebtes híbridos, inexpresilos ojos azules, muy claros, cnsi grises, ni la vos1 que no denunciaban gustos ni aOciones;
frente demasin&lt;lo ancha por culpa ele las grandes hasta el pequefio refrigerio, vulgar, encargad9
entradas, ni el cabe!lo _castmi.o clnro, más bien á cualquier mercenaria, el tenteempié obligado,
escaso que abundante, hubiesen dieho nada ni que se le antojaría á la portera ó criada compraá una llrtist.a, ni á nna ehuln. Era un tipo de do1·a, digno de los mayores esplendores de Hehombre, p11ru m11je1·es de munclo, que mimn el liogábalo ó I\lesalina-los emparedados de japrestigio socinl 1 el grnn nombre, el cartrl y Ju 1nú11, .!os dulces, el Jerez, el coliac-y junto á las
clegnncin. Y espiritualmente, aún mús sencillo alimenticias magnificencias las cajas de cigarros
y vulgar. Inútil b11,scll.l' en él la~ nemóticas in- toseas, Ol'dinarias. En todo el cuarto, desde el
&lt;,tuietudes místicas de .\u1·elio Hivulln, ni las eró- allar de amor, frío y hostil como lecho de hotel,
hasta la mesa de escribi.r, donde no escribía nafü:n.s perversidades de Federico ~01·iega ni lu
1
áeTtil lascivia de JcHaro ,\rcli-rna. Calavera y die, tenia ese aspecto desabrido de los cuartos
juerguista, pero á la antigua esp;_1J!ola sin las de soltero frecuentados por mujeres galantes.
~nfermizas exquisi!eces que nos han venido de Comparó mentalmente aquel antipático nido de
~Uende eJ Pirineo, netamente castizo, cl'isliano amor con los confortables rincones donde le reviejo á machacamartillo, caballero, buenazo, cibían sus otros amantes, y evocó los transl_úciiranco y leal, para él, el amor, era una ftinción dos Cristos de marfil y las esmaltadas Vírgenes
9"atuni.l 1 necesaria para su juventud, pero en lo. que sobre el fondo de los viejos brocados bizanQue no ponía el co1·azón, que re!-;ervab;:i para el tinos contemplaban con sus ojos estático::, los
díu en que 1 un ·poco cnr1sndo yn, llegase Ju hora amatorios desvaríos de Aurelio Rivalta; sonrió
~e penSar en cosas serias y enlontes clú: selo al recuerdo del pisito de Federico Noriega, cínico
y desvergonzado como un prostíbulo pompeyapor entero á la madre de sus hijos.
L¿_CQ!no p1:1do suponerle capaz de saborear e1 no, con su media luz, filtrada al través de vidrieacre encanto de fruta madura, un poco dallada 1·as historiadas de mitológicas escenas en que
quizá, de sus nueve lustros pasaclos?-rensa.ba~· ninfas y faunos cainpaba.n por sus respetos, su'S
la dama.....,... El no l_a había amado nunca.; la tomó objetos de formas "lascivas, turbadoras y, sobre
porque encontróla atravesada en su camino, .. todo, aquella bib.lioteca secreta en que, ilustrado~
corno encontró otras y otras que acudütn, alrai- por lámina_s de un illlpudor admirable,· gullrda~
das por la vapida.d, y conservólu luego por lás- ba (lesde las obras ja_ponesaS en que musnies
tima, por incapacidaél de un gesto de cruefrlad frági~es como muflequillas se contorsionaban en
espiritual, porque ella se adhería á él con el nn- absurdas. posturas de lascivia sabia, hasta los
libros r!ue nos ofrecen en voz baja en la Puersia deses1Jernda de sus afios. Además de lodo,
él era un niño, un niño grande que, pnsaclos los ta de·t Sol; y detúvose con extrafiada complacenmomenlos de amor (aquellos en que quizú. vol- ci,;1 en el entresuelo de Jenaro Ardanñ, estrepivies-e más cruel), reía y jugaba libre de las_con- ·~'So y pintoresco1 clásico y jocundo com9 el
tlirbnüoras surnezas anímicas que Lortvraban á pua.rto de· un torero ó de una rumbqsa maja de
su amiga, libre lambién de los enfermizos sen- Lavapiés; lleno de taurinos trofeos enriquecidos
timentalismos que la sumían en &lt;;rjsis de d.escon- de joyantes capotes, feroces cabezas disecadas,
suelo y descorazonamie!}to; .;y ..á ~~ h~bía que asesinos estoques y rizadas· banderillas; con sus
rui.adir que Gonzalo para el ·.a.mor era un sér t)Ji;: carteles de hórridos colorines llenos por el presmitivo, y ella.ya no estaba pc1ra aqffellos prirni'- tigio de las figuras populares-Jás chulas y le-livo$ e'xCesOs 1 sinb que el amor pmn elln, maes- chisperos, las pintadas éalesas y léls alegres platra en er artc .. qne glosaron O\'idio y Ar'=lino, .zas-, y como remate, llcnándu!o toµo, • las - &amp;'!iera cosa exqui,sita· y quintv:esenciúda, 11ena {Je iarras y las panderetas, los pitos de Snn ISidro
misLebosos deliquios, de raros é inconfesfl.bles y las castai'íuelns y; ·por fin, .!Os mantones de Manila en orgía de colores, en loco florecer de ro1

1

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.·-11.
sas y claveles de geranios y jazmines, entre \09 •
'
·
de sus Pº:
que exóticas aves
paseaban la maJeza
Jícronos plumajes, borrachera de tonos y matices manchas de sangre y vino sobre las que él
gu¡taba de verla erguirse como una Venus canalla.
.
.
·.
¡Qué lejos estaba Gonzalo, en su ¡uverul_ ll~eza de todas aquellas contrahechas comphcacione~I E l era un nifio, un niño grande q~: a~~ba
el aire libre, el campo, la caza, el e¡ercic10 flsico,
y en lo moral, la paz, el afecto reposado, res?etuoso, duradero. Por eso cuando Nieves, recién
salida de.l colegio, volvió á casa de su ~adre,
simpatizaron, y donde Leonor vió alambicadas
perversidades, no vió él sino alegría, confianza,
simpatía de camaradas. Pero poco á poco, tal
vez por la fuerza misma del contraste con aque·atmósfera en que se ahogaba, según 18: fué
conociendo, creció la atracción; de ella nació el
carilio, y un buen día sin darse cuenta, sin pen-

lla

sar en ello, se encontró con que el amor habla
hecho de las suyas y un lazo más fuerte que su
voluntad le ataba á la pobre nina tod8: d~lzura.
Leonor hubo un momento en que smtió rasgarse· eJ velo que le impedía ver, y aqu:l amor
adivinado alzóse ante ella como un castigo formidable. Demasiado inteligente para luchar con
lá«rimas y reproches, intentó hacerlo con el
pi;sligio de su belleza, con el i~pulso de su pasión. Sabía muy bien que suphc~r era confes~
su vencimiento, era acudir á la. piedad, y la piedad es la cosa más refractaria del amor que
existe. Luchó, pues, tratando de retenerle aunque no fuese más que por los lazos de eso q~e
Jos místicos llaman la carn¡¡, y redobló los rn!Ss
terios del templo de los placeres. P_ro~~o com, dió, .sm· embarcro
p1en
º , que todo era mutil, y en
supremo llamamiento á su orgullo y á su amo~
propio de mujer, hizo un esfuerzo sobre su vo
!untad, que flaqueaba, y decidió plantear el rom-

pimiento: dejarle antes de que él le dejase á ella.
Con ese propósito había acudido aquella tarde
ó. la cita. Tendría el valor de acabar, de darle
un supremo adiós, y con él, otro á la juventud,
fL ,la vida. No sería .el lento deslizarse en la vejez que ella sofí.ara, sería una caída inmensa en
cf vacío de los afias desde aquellas cumbres en
que fulguraba espléndido el ocaso de su juventud
triunfal.
Pero al verle, al sentirse junto á él, al respirar el encanto de su juvenil fuerza y alegría experimentó esa sensación de ternura enfermiza,
esa ansia de renunciamiento que nos lleva á desear convertirnos en objeto, en cosa sin energía
ni voluntad entre Jas manos de la persona amada, ese anhelo mitad psíquico, mitad sensual que
llevó al martirio ó á la tortura á los antiguos
creyentes y á las más bajas y abyectas humillaciones á reinas y emperadores de la antigüedad.
Gonzalo concluía su arreglo y clavaba al de.sgaire enorme perla en el nudo de su corbata.
Leonor tornó á suspirar:
-¡ Ya no me quieres!
El pareció no eir.
-¡ Lo ves, lo ves !-repitió ella-. ¡ Ya no soy
nada para ti! ¡ Ya no me quieres!
El encogióse de hombros con un vago gesto
de desdén.
Ella tendió la blanca garra y le cogió por un
brazo:
-¡ .:\'o seas así! ¡ :\'o me trates con ese despego! i No ves que no tengo más que á ti en
el mundo!
Gonzalo murmuró vagamente :
-i Qué tontería 1 ¡ Vaya unas chiquilladas que
se te ocurren!-y suavemente desasióse, y sacando un pitillo de argentada 11etaca, lo encendió.
Leorwr agazapóse en el diván con un gesto
magnífico de pante,ra en acecho, que hizo resaltar bajo la piel de terciopelo la acerada energía
de los músculos. Sus cabellos rojizos temblaron
en torno á la cabeza con un vaivén de tragedia,
mi«:mtras los ojos, grandes, redondos, fos_forescenles, teliidos de púrpura, seguían los gestos
pausados de Gonzalo como si esperasen el momento de caer sobre una presa. Así, lentamente,
arrastrándose sobre los almohadones, llegó al
borde del sofá. De pronto, su torso se arqueó,
sus músculos se distendieron como cuerdas demasiado tirantes de un arco que se rompen, y
de un salto se abrazó á su amnnte.
El muehacho trató de resistir la acometida,
que le in vitaba á una nueva batalla pasional;
sorprendido, descuidado, el cigarillo que sostenía en sus labios cayó sobre et hombro de la
mujer y trazó una leve mancha rojiza.
-Perdona-formuló él-. Eso por briHcar como
una gata. Anda, suéllame, no seas loca.
Pero los ·iabios de la faunosa le mordían voraces y experimentaba la sensación semivoluptuosa, semidoliente de los dientes menudos y afila-

dos que se clavaban en su cuello, en sus orejas,
en su mentón. Los duros senos se moldeaban á
su cuerpo, los áureos cabellos le azotaban, y
sentía '.a fascinación de las rojizas pupilas, que
se clavaban en él llenas de perverso anhelo. Al
mismo tiempo, entre chasquidos de besos y enlrcchocar de clientes, oía la voz de la tigresa, una
voz opaca llena de cálidas sonoridades, rota en
absurdos trémolos y de ahogadas pausas, entreco1·tada de balbuceos y suspiros, voz de espasmo
y ele transporte, que murmuraba cosas inconexas, sin otro sentido ni significación que el
desrnrío pasional:
-¡Gonzalo!. .. ¡mi vicia! ... ¡cielo!. .. ¡gitano!. ..
¡.\Iálame, rómpeme, quémame, pero quiéreme! ...
¡ Ves, vida, ves! ¡ De ti no me molesta nada!
¿ Que me quemas? ¡ l\lejor ! ¡ Es fuego!... ¡ fuego
c:umo tus besos!... ¡Vida! ¡Vida!
El, primero trató de resistirla; luego cedió ante
el huracán de pasión y la sintió en sus brazos
gemir y suspirar en un espasmo interminable,
que le hacia retorcerse, descoyuntarse y temblar
como una poseída.

III
t;na vez más se contempló en el espejo, y sus
labios se plegaron en una mueca dolorosa que
no me atrevo á llamar sonrisa. La azogada luna
le devolvía su imagen envejecida, como si en
vez de unos cuantos días hubiesen. transcurrido
alias y el tiempo nevado muchos inviernos sobre su esplendorosa belleza.
El cabello, casi blanco; el rostro, marchito,
surcado de vagas arrugas; los labios, descoloridos." De toda aquella hermosura, un poco artificiosa, sólo los ojos, las magnificas pupilas fosforescentes de tigresa, habían resistido las injurias
de las penas, y para eso yacían ahora hundidas
en un cerco de livores.
¿Fea? N'o, eso no. Avejentada, marcada por
íntimo sufrimiento. La coquetería, que, -ó. su pesar, vi vía aún en ella, movió su mano, y los
dedos, largos, ágiles, sabios, atusaron los lacios bandós sobre la frente, empolvaron las mejillas y tifieron de púrpura los labios. ¡No! ¡no!
Rabiosa, deshizo la obra casi inconsciente y
tornó ú mirarse. Quería estar fea, vieja, repulsiva á ser posible, para encontrar en el desdén
de los demás las fuerzas qne no hallaba en si
misma.
Desde la tarde de la cita había adquirido el
fatal convencimiento de (!Uc e!'a inútil luchar,
de que 110 había fuerza humana que pudiese retener á Gonzalo, de que si no se resignaba á un
suave rompimiento, rompería él violenlamente.
rur otra parle, Nieves cayó enferma. Aquella
mtlancolía que pesaba sobre la dulce niña se
hizo más amarga, más negra, más profunda.
La naturaleza física no pudo resistir el misterioso dolor moral que le minaba, y cayó en cama, postrada por la fiebre. ¿Anémica? ¿tubercu-

�losa? ¿simplemente déb il? El doctor recomendó

reposo, a usencia de pr.cocupacione.s, ahon;o ele
cualqu~er emoción. Y la pobre mujer, amenazada
de perder ele un so!o golpe á su amante y á su
hijéti se decidió al sacrificio, al renunciamiento

de todo lo que sigrliíicaba juven tud, alegría y
vida. Pero en vez de aceptar resignada los hechos, cruzarse de brazos y esperar, salió al encuen tro de los acontecimientos.

Su naturaleza ardiente, llena de apasionamientos y ve hemencias, no podía conformarse al pasivo papel Oe los resignados;- a.sí que, ve h emenLc
en el Sacrificio como en el amor, quiso que aquella· felicidad, forzosamente cimentada Pn su propia desgracia, fuese obra exclusivamente suya.
Ni por un insl.anl.c sintió escrúpulos de moral

'.

J

ni de reli_gión, Para ella, la moral era una cosa
convoncional inventada por la hipocresía del
mundo; y en cuanto á la religión, era algo altruísta, propensa á todos los bellos gestos, que
acogía· en su-s brazos los trágicos sacrificios y
los· grandes dolores 1 que amaba las cosas hipcrbóhcas y CxLrafia.s 1 significadoras de grandes catástrofes anímicas; la religion ·era Santa Teresa
y San Francisco; era nmor1 apasionamiento,
transporte y mar tirio; era algo ardiente y doloroso en que se arrojan las almas anhelosas ele
luz, como las mnripo&amp;1s en la. hoguera que las
ciega.
Así, pues, con un r,lacer rnosochiste, dedicóse
CO!l todas las potrncia.s de su alma á alzar el
edificio de aquella felicidad. Sintió protestar su
pobre corazón ensangrentado, y lo arrojó al suelo; lo sintió gemir, y anduvo sobre él. Presa
de una mística eJtaltación, complacióse en el
&amp;.acrificio, y halló un áspero placer en su martirio.
Por fin había llegado el día suprerno de su entre-vista definitiva con Gonzalo, y por eso se
prepa.I'aba ante el espejo con un renunciamienlo
de belleza precursor de un renunciamiento absoluto.· Sin poderlo- remediar, evocaba el calvario de. aquelLÓs treinta días ·m:1 que había vivido
todo el dolof de envejecer que la Naturaleza sabia rCpartc en anos. Evocó también las piadosas
1_ncnliras1 que eran un suplicio más que se infligía para despislar á Nieves... Padecía dolores Iorlísimos ele cabeza, y el médjco hahíale
aconsejado dejarse de teliir el pelo ... :El colorete
le había i rritado la cara ... La caja de afeite se
le había concluido y no acababa de llegar de
París ...
Y no ·Pra un lento descenso, era un desplome
&lt;le su · bC'lleza, que resultaba lamentable para
cua..lquiPra, trágico pri.ra quien conociese su S('-creto. Sólo Gonzalo no nolnlla el desmoronami('nto. El hacía mucho que la -veía así, mucho que
no encontraba en la querida ninguno de aquellos
atractivo$ que ostentaba la mundana, mucho
que bajo pl:-9abio estucado adivinaba las nacientes arryg8.s:
Con un.esfuerzo de ·vóluntad alzóse de su asien to, y se en~runinó al. rnueblecito Luis XV, icn;l~.

guardaba SU8 recuerdos de amor. Era precisn
deshuccrse de aquellas dulces memOrillS que l•~
ataban aún al pasado. Sacó del cajón un coJ:·~cito, y con temblorosa mano alzó la La1,a. Drr1•
tro, cnrtas, flores marchitas 1 un corazón de esmalte, retratos. Fué contemplándolos uno á uno:
eran fotografías vulgnres, la mayoría obrit d'e
aficiona&lt;los, en que aparecía Gonzalo con _atnvios de sport-de polo, de tennis 1 de caza-; Jur,go, un pretencioso retrato en traje de gala de
gentilhombre del Hey 1 y otro, ,·estido de turco.
Ante la caJ'tulina. amar illenla y deslucida sonrió
melancólicamente. En UQuella traza le vió por
VC'Z primera, cuando en el triunfo ele su bell eza.,
vestida de emperatriz legendaria, se hizo conducir en dorado palanquín por cuatro fornidos negrns al baile de trajes dado en el palacio de la
ele! Solftr ele las Victorias; en aquella fiesta murmuró él las primf'ras p.nlabra.5 galantes á su oido,
y leyó l'lla en sus ojos por VC'Z primera el deseo.
Prosiguió su inventario: cartas;· cartas arrugadt1s1 f'Stritas con muy mala letra, la mayoi-ia
rn papel del Club, del Casino 1 ele la Pella; Ci.U'las concisas, a1wrmiantrs, casi imprratiYns, lruzaclas c-on laconismo, !rus f'\ (!IIC se arlivh'iaba
lo. impacienC'!a di."! df'H'o. Cornpar6la.s con lús
rartas de .\urelio íli\"alln, :,;11tiles y extnirws,
impregnadas rn el fonclo de una inq 11irlwl 111 itad sPnsua! y mifacl rnisti(·c1 1 llt1na tle alani!Jicuclas filosofías y nu-as sensaciones espirituales,
y esrrilas, en cuanto á la forma, r n un !frico estilo, magn iílro y sonoro, á veces i~uminado de
románticos desplanles 1 otras con el fuego de una
rabiosa ironía, nacida de su escepticismo elegante
de cortcsm10 de !os .;\ léclicis . .Aquellas eran más
artificiosas, eran lileratura, mientras que en las
de Gonzalo se adivinaba una verdad, la única
verdad: el deseo.
Con un suspiro de pesar fué reuniendo todos
aquellos objetos en un paquetilo, con idea de enLregárselos en su próxima entrevista. A tólo lodo
con una cinta de seda ro ja y lo besó con pnsión.
Su volunla.d flaqueó un instante. ¿;Por qlié desprenderse de toOo aquello? ¿.Por qué no guardar
un recuerdo, uno solo, que le sirviese de consuelo en las horas de tribulación y sciledad? Desh izo
el paquete y sacó de él una carla ¡ la primera!
y el retrato de· trnje. ¡ 13ah ! , él ni aun se acordaría de nquellas prendas ele una pasión pretérita. Tornó á atar el paquete y encaminóse á la
puerta.
Ahora, á ver á su hijo., pura cobrar fucrzn:;;
1urgo. á

verle á él.

¡Valor!. ..
En la puerta ele! cunrto de Nieves lropezó de
manos á bo('a con el doctor 1\ lonc11da. En efusivo
impulso de sirnpalía le tendió ambas manos.
- ¡Queridó doctor!
Con su redonda barriga, sus piernas cortas, su
cabeza pequeña erizada de escasos pelos negros,
duros y tiesos como alambres, y sus ojillos ratoniles luciendo perspicaces trns lrn,; lentes monta-

dos en oro, resultaba altamente simpático el buen
doctor.
·
·
Alás que profunda ciencia méclica 1 poseíala deI
corazón humano, y más aún del corazón femenil.
En lo~ muchos años que llevaba de ejercer su
profesión había adquirido la, seguridad de que la
mayoría de los males de las mujeres residen en
el espíritu ó en el corazón y allí acudía con el remedio. Tenía una manera de entonación especial
pai~a aquel u¡Jlija. mía!n, que no se le caía de
los labios, inspirador de confianza. Luecro era Ju
discreción personificada; nunca atQsiaaba á s1:is
clientes con pregunlas indiscreta'.s, · ni. con pretexto de su ministerio intentaba arrancarles In
confesión de sus debiliclades 1 sino que aparentnba adrniti~ la.verdad convencional que le decían
y luego él iba enumerando los síntomas de la
v~rdadera en.(ermedacl. Rara vez equivocábase,
y con arreglo á sus convicciones recetaba, á ªran
sa[tsfacción de los pacientes, que veían e~ él
ui:i- mago extraordim1rio que, rece.tanda para dolencia~ imaginarias, cur1;1ba males verdaderos.
Y pafa remate, no se asustaba de nada ; sabín
coirfprencler y plegarse á los caprichos. Nunca
hncia aspavientos nnle la5 pretensiones de seudojuventud de sus clientes ni se m_oslraba refra.c-•
tµ.riO á._ sns exigenéias de drogns y menjurjes
para vivir en una primavera arliflcial, sino que,
praclicnnclo aquella pructenle máxima Hclel mal.
el menosu, prescribíales cosas 1nofensJvas, qu~
{:i~bslituían, si no con ventaja 1 á lo ,menos con
boq&lt;lad, los peligrosos p r oductos de la alquirr¡ía

fran~esa~

·

~

.....

.....

·

, A Le_onor conocíale ele antiguo y había siiguido
el proceso d~ .su heroiCa ·1ucha con los años y aun
~~~_ipistról~ armaS para la batalla. Cuando pre•
_sintió la derrota,. y aunque su inverosímil rapi9'ez descdncertóle por un momento, calló, adivinando. un rpi~Lerioso drama que precipitaba fli
9caso. en la vida de s1.,1 amiga.
·
-¡Doctol'! ¡Doctor! ¡Estaba ya Sobre ascuas
por lo que tardaba!
El • d9clor sónr-ió benévolamente, sacando . su
pesado re.loj de oto:
· --¡Pero, hija,." mía, sj no son más que las seis,
y nunca vengo antes1
~
-¡Estoy tan inquieta! ¡Paso tan malos ratos!
· -Hijita, no s~'l usted vehemente. Por ahora
no ha,y; cuidado.
-ND me eng'ruie. usted, docLor, por Dios; no
me engalie usted. Mire que no vivo.
El galeno tornó á Sonreir con su bonachona
sonrisa de fauno viejo:
-·-¡Cuando yo le digo!. .. Vay~ vaya, no apurarse ...
~ -;;-Pero ¿qué 1icnc? ¿lisis? ¿anemia? {nervios?
:\loncada. frun c1ó el ceiio y sumióse en profundn
meditación. Luego formuló su diagnóstico:
- Como tener, por ah·ora no tiene nada determ inado. Está . déhil.. un poco de pasión de ántrn q.. ~asa por !a edad crítica, -y como ella. no
es muy fuerte, ep eso~reside el peligra _.. AhoFa
!a levantaremos dentro de un par de días, y en

seguida al campo; .aire, luz,- ejercicio1 aus¡mcia
de preocupaciones: . _ Conque, no aplll'arse¡ que
no será nada ...
Se despedía, y Le(?nor, al verle Partir, sintió
a~mentarse su angustia; perü 1 sobreponiéndose,
11120 un esfuerzo y penetró en el cuarto de su

hija.

Era la habitación un verdadero nido de colegiala en vacaciones. Nada de esa eiegarrciq un
poco decadente que;· aman las muchachas del
día; nada de los muebles antiguos que (\an á Ías
celdas de las modernas vírgenes aspecto de
cuarto de cortesana det siglo xvm; ni pan~udas
cómodas, ni misteriosos biombos, ni equívocos
divanes; mucho blanco y azul 1 demasiado bjanco
y azul; rp.uselinas 1 venecianas 1 muebles inconfortahles laqueados de blanco 1 butaquitas de pª'ja,
rinconeras con chirimbolos hípridamente -pueriles, y sobre una mesa con albo mantelillo una
imagen de la Concepción· y un molletudo Niño
J esús, entre fl oreros. Ni un .rincón discr~to ni
un. cálido refugio; aquella albura tenía una hostilidad de virtud demasiado Iría.
. ·.
, U
En ,el ·leoho, pPquei'ío. y sencillo, un lecho inglés de dorado bronce, yacía Nieves. La semipenumbra crepusCula.r destacaba sobre· ia holanda de las almohadas el marfil del rOStrO, ' ~imbado por P.l pelo de azabache 1 que formaba á modo
de fúnebre. coj ín de· raso negro. La enfermedad
había empalidecido aún .más la cá.rita de azu•
cena, en que se abrían al misterio los ojoS 1n:
mensos, adivinadores; había afilado la nariz corÍ
cadavérica delgadez y ,narchitado las rosas de
las meji1las y los geranios de 18 boca.
Al entrar Leonor, la enfermHa volvió á ella
sus ojos tristes, y sonríó t enuemente. · ·
· ··
La mund;,tna aproximóse al lecho de su }lija
tras contemplarla un momento, besóla larga~
mente en la.frente. .
· ._
·
-- Nena... ¡pobrecita mía!.. ¿Estás mejor?'
La pobre nena tomó á sonreir, infci"ando un
vago gesto de aquiesce ncia, y luego quedóse contemplando fijamente, con esa mirada extraiía
que pare6e fr mds _allá, una de sus ·manos lárgas;
translúcidas, esquel"ética.s, que reposaba sobre IEÍ.
seda azul de la colcha. comO un amuleto de marfil -sobre el -. forido de un estuch e.
Al verla tan pálida, tan triste, t~n Caída, pensó
la pecadora., presa de fiebre de ·sacrificio:. (;¡y
era hora!n Un afán inmenso de anulación de
renunciaffiien"to, ·casi de martirio,. hízole .pe¿sai
en el dolor de -esas !)f'rsonas que se dejá.n .Süngrar para dar salud ú ún enfermo ó arrapc8.r
un tror.o de carne !Xtra Salvar á 1:1n m.ufila.do.
¡Ya era: hora!" Hora dr- (!llC. ella renunciase. á la
vida para que Nie.V(ls· pudics9 v.ívfr; hórn.. de rc:nuncia.r al amor para qur I\irves pudiese ·amar.
La grandeza. misrria. df'I sacrilicio la electrizó .. ·
-¡Vamos! ¡no seas .mfrnoSa. ni pongas ésa
cara de nii'ia enfenri.lLa!- Quiso · rnostfarse.· ale,..
gr.e, y su alegría.sonó á falso--. ¡No se;s tontita
11..L hagas .mir:nosl ~le ha d.icho Moneada que es..t~&amp;. rr¡ucno mejor,
1

y;

a

�Y como la nena la mirase con sus inmensas
pupilas llenas de tristeza, continuó, haciendo ac0pio de ,·alor:
-iVerás1 verás qué bien! Al campo á correr 1
á saltai- como cuando eras chica, á ponerte gorda
y colorada, y cuando estés bien-hizo un esfuerzo supr_emo para que la voz no sonase desgarrada-... Y cuando estés bien, á casarte ..
Nieves inició un gesto de asombro entre alegre y curioso. Leonor lomó respiro y concluyó
diciendo:
- ... A casarte con Gonzalo Cortezar.
La nena se incorporó; fulgores de alegria en
los ojos y én los labios 1 roséLS de vid8. en las mejillas. La pobre vencida quiso aparentar alegría
ante aquella transformación, y rió con risa que
so.n aba lúgubre:
-¡ Ya sabía yo que cuando le diesen la noticia
á la señorita, los mimitos se iban como por ensalmo! Pues si Gonzalo ha pedido tu mano.
Pero ya Nieves se había dejado caer sobre la
almohada, descorazonada . .Con voz débil murmuró:
:_Tan mala estoy, qne se me da todo lo que
pido ... ¿ Me voy á morir? Di, mamá, por Dios, di,
¿me moriré?
Por un instante olvidó Leonor todos sus pesares y fué sincera, fué madre.
-¡Nena! ¡Mi vida! ¡Chiquilla! ¡Pero estás
loca! ¡Qué hablas de morirte! Te juro que estás
mejor,- mucho mejor, que es cues_tión de días,
que dentro de una semana 6 dos nos v_amos al
campo y que tu novio vendrá: con nosotras.
La enferma la miraba con desconfianza y en
el fondo de su alma se formulaba por vez primera una pregunta extraña : ¿ por qué si todo aquello era cierto y ella no estaba herida del mismo
misterioso mal que consumió á su padre como
un fuego diabólico doce años antes; por qué si
iba á ser feliz unida al hombre amado, que era,
además, bueno, noble, rico; por qué aquella extrafía turbación de su madre, aquel dolor que trataba de ocultar y que se le escapaba e.n rotos balbuceos? ¿Inquietud? ¿, Temor?
Un criado anunció :
-El señor marqués de Cortezar.
Leonor se puso en pie. Estaba livida y en sus
redondas v.upilas ardía una llama de locura.
-Voy.
En el saloncito, y sentados frente á frente, permanecieron silenciosos. Leonor se había dejado
ca,er en amplio butacón junto al fuego, y allí, al
amparo de la escasa luz que se filtraba por la
pantalla rosa de la única lámpara que ardía en
el cU.arto, permanecía encogida, escalofriada, sintiéndose morir. Gonzalo, turbado, molesto, con
aire 1amentable de torpeza, maldecía en su fuero
interno de la malhadada hora en que aceptó aquella cita 1 y diera gustoso cualquier cosa por verse
á cien leguas de distancia. Muy pálida, marchi•
ta, envejecida, con solo un lucir de vida en las
magnificas pupilas, parecla ella ungida por el

beso de la tragedia. Encogido, desconcertado, un
poco ridículo, tenía él aspecto de héroe de comedia.
El silencio se prolongaba, aumentando la angustia de la situación; la pantera, encogida sobre si misma, fijaba en su 1;U1tiguo amante los
ojos de brasa; ei muchacho, inquietísimo, jugaba con los guantes. Al fin Leonor inició un gesto
trágico y comenzó á hablar:
- Yo soy vieja ... -luego calló con loca esperanza de una réplica negativa por parte de Gonzalo; pero él, concentrado en sí mismo, seguro
de su inutilidad para aquella clase de torneos, no
dijo nada.
Defraudada en sus ilusiones 1 prosiguió :
-Yo soy vieja y tú ya no me quieres ...-tornó
á callar, acariciando una vaga ilusión de equivocarse, de ver en él un arranque de pasión. Pero
como su interlocutor callase siempre, repitió rabiosamente1 ensañándose en su propio dolor:
- ¡ Yo ya soy vieja y fea y tú no me quieres!y tras de una pausa ¡la últirña! reanudó-: Para
qué engañarnos... ¡ Tú ya no me quieres! Yo no
soy-continuó--de esas mujeres que se aferran á
un amor1 que lloran y reprochan, que espían,
persiguen, hacen escenas... Tengo demasiado
buen gusto para arrastrarme en inútiles humillaciones, para convertir la ruptura en pelea de
mujerzuelas y rufianes; estoy demasiado bien
educada para insultar, y ¡ no sé llorar l
Hubo un silencio plagado de angustias. Al
fin cogió Leonor nuevamente el hilo de su discurso:
-Cuando comprendí crue envejecía, que tú comenzabas á hastiart.e de mí, luché; cuando tuve
la certeza de que todo era inútil, renuncié á batallar. No te hubiese visto más; claro que te hubiese encontrado en el mundb que los dos frecuentamos; pero hubieses sido el marqués de
Cortezar, Gonzalo Corteza.r, no Gonzalo, mi Gonzalo, el dulce nombre que amé tanto1 el que tantas veces pronuncié con ternura, sino un comensal, conVersador ó bailarín, en que sólo se piensa
cuando se tiene delante, ~ro al que se olvida en
el momento en que se aleja. A solas, • frente á
frente, con lqs ojos por espejos "';{ los labios por
confidentes, no te hubiese visto más.
Nueva pausa, durante la que Leonor pare:ció •
hacer acopio de energías. Después 1 con los ojo:::
fijos en un punto indefinido y voz impersonal de
hipnótica, oonlinuó hablando muy despacio:
-Esto que voy á decirte ahora es algo tremen•
do, enorme; algo que no -parece de la vida real 1
sino arrancado de una de aquellas tragedias griegas en que la fatalidad jugaba con los personajes
como con müfíeoos; es algo que está ..más allá
de la esfera de las conciencias humanas, porque
la naturaleza con sus pasiones crea conflictos
que la conciencia no sabe resolver.
Hablando se exaltaba, y el sentimiento dejaba
paso ó un algo de teatral que había en ella. Y era
sincera y afectada A un tiempo mismo, sentía y
pero:raha, sufría y se escuchaba..

\

�-Ahora viene lo tremendo-hilvanó-. En esta
casa no he sido yo sola la que se enamoró de ti,
no ha siclo á mí sola á quien has robado el cora•
zón. Kieves, mi bien, mi único bien, se ha ena·
morado de ti, muere de. tu amor. Ella no tiene
mi naturaleza de acero, no tiene mi corazón en·
callecido J_)Or los desengafios, y muere de tu amor.
Y entre perderte sin perderte (pues á tal equi•
vale una banal ruptura) Yperderla á ella, ó con•
servar á mi hija, aunque entre tú y yo se abra
un abismo inmenso, más profundo que el mar.
ó se alce un obstáculo más alto que todas las
montaiías de la tierra-era patética-, prefiero
perderte para siempre, ya que de ti los afias irh·
placables habían de alejarme y de ella sólo puede separarme la muerte.
Hablase puesto en pie; con un gesto de león
sacudió sus cabellos, incendiados en las llama•
radas del hogar, y sus ojos enormes, fieros, fijá·
ronse fascinadores en su amante. Siguió:
-Nieves te ama; para su triste adolescencia tú
eras la vida, la alegria, el misterio de lo que está
por venir. Para mí eres el pasado que huye sin
que podamos detenerlo. Tú quieres á Nieves. Tú
no has nacido para la vida turbulenta de la pasión
ni para beber la voluptuosidad en viejas án[oras.
En el fondo tienes un alma de burgués, de cristia·
no viejo; eres pueril, recto, alegre, incapaz de tur·
hadaras inquietudes; has nacido para ser feliz
y hacer feliz á una mujer honrada, para vivir en
el seno de tu hogar con lu esposa y tus hijos,
pata ser hombre de orden, para ser un sostén
de la sociedad. Cásate con Nieves, hazle Jeliz y
sé dichoso tú. Yo te perdono.
._
Gonzalo aventuró un gesto de resistencia.
-¡Ah! ¿Sí? ¿Dudas ahora? ¿ Vas á tener es·
crúpulos de conciencia? ¿ Y así eres noble, bue•
no, leal? ¡ Escrúpülos de conciencia !-rió sar·
cástica-. ¡ Escrúpulos de c◊nciencia, cuando no
los has tenido para matarle á ella y herirme A.
mí!. .. ¿Pero no la quieres, di, no la quieres?
Se puso en pie y, acercándose á él, clavó su
garra en el brazo del muchacho, mientras las
pupilas de rubí le fascinaban. Repitió la pregunta:
-¿No la quieres, di, no la quieres?-Y á un
gesto de afirmación casi invisible de é'l :-¡Ves!
¡Ves-cómo· la quieres! ... ¿Pues entonces? ... ¿Es
por mí? ¿Por mí? ¡ Pero no ves que soy vieja,
vteja y fea!-Sacudió la melena con ademán
desesperado--. ¿No ves llli J)elo blanco, mis ojos
escaldados de llorar, rris labios marcliitos de ha•
ber besadb? ... ; No, Gonzalo, no! Yo estoy muer·
ta, muerta para ti y pflra todos. Cunndo me veos
junlo ú vosotros, lmngínnte que soy un cadáver
galvanizado, un cadáver que marcha y habla y
ríe. Estoy muerta; siento el frío de la lumboi
dentro de mi cabeza el vacío de la nada y en mi
corazón los gusanos que entran y salen dándose
un banquete. No, Gonzalo, no; mi traje de des•
posada es la mortaja; mi Jecho de amor el ataúd.
Soltó su presa y dejóse ir en la butaca. H.ubo
una pausa silenciosa. A lo lejos ladró un perro,

y un reloj dejó caer en el espacio siete campanadas. Al fin, Leonor alzóse lentamente. Parecín
serena ya. Con voz pausada formuló :
""
-Quedamos en eso. Has venido á pedirme la
mano de ~ieves y te la he concedido.

IV

Sobre un tapiz de blflncas rosus, entre búcó.·
ros de cristal, en que lucían la magia de su pres•
tigio cándidas azucenas, la Santa Virgen 1\Iaría
erguíase en murillesca evocación. Por l?s coloreadas vidrieras entraba ú raudales el sol, pbniendo estelas de brillantes, ele zafiros, esmera'.1das, topncios y rubíes en la blanca sinfonía, in•
cendiando en polícrona irisación de resplandores
la celeste escala por donde descendía flngélicn
procesión ele concerlanles.
El templo de ese banal seucto•gólico de lris
modernas igli!sias, era demasiado claro, demasiado alegre, con sus paredes Llancas llenas de
doradas senlencins, sus amplios ventanales por
donde penetrilha descarndamentc la claridncl del
mediodía y sus imúgenes de talla pinlaclas de colorines.
Lna mullilucl profann 1 cleguntisimn, acrecen•
luda á cada momento por gentes que blqsonados
coches y ruidosos automóviles depositaban á la
puerta, hablaba y reía, cuchicheaba, espinba A
los recién llegados, comentaba, criticaba, sin importarles gran cosa ni la santidad del lngnr ni
la gravedad de la próxima ceremonia.
Trajes elegantísimos que evocaban en sus plie·
gues la nobleza de las vestiduras clásicas; sombreros inverosímiles, que apenas dejaban adivi•
nar los rostros; modernos atavíos, moldeadores
procaces de ocultos encantos, regias preseas, lucían aprovechando la ocasión de aquella boda
sensacional.
Al fondo de la iglesia, jllnto á la pila del agua
bendita, un corro de maldicientes comentaba.
En primer término la condesa de la Campanarla,
magnífica con su collar de perlas, digno de u1vL
soberana oriental, y junto á elln i\lnria l\1onta•
raz y el imprescindible Julito.
-¡Lo que larllan! - suspiró la condesa, pen•
sanclo nostálgica en el futuro almuerzo.
-Se estará despiclienclo ... - insinuó maléYolo
María.
-Es un precedente-corroboró Ju lito con la irt•
tención de un Miurn- -. 1! ¡ Lo saben las madres! i ¡.
como en los anuncios de la Emulsión. Es la rnodn
n ueva , tomar t\ cala. los novios de h.1s hijas, com'o1
si fuesen melones.
1
-La v erdad es- saltó ,·ivaz i\laría-que no t(
nemas ni pizca ele vergü enza.
1
- Confesión de parle ... -rnlificó muy serio Jti·
lito.
-¡ ;-io seas majadero! - protestó indlgnadn lo
morena dnmn-. Lo dig_o p(!rq~e.)1,82}~9s_~1;,i~~
ver esto.

,

1

La deja Campanada creyó llegado -el momento
de legislar sobre moral social.
-En esta clase de asuntos no puede uno darse
por aludido por meras apariencias. Mientras no
hay un escándalo ó los mismos interesados ...
-¡Y quién se atreve á arrojar la primera pie•
dra!-suspiró con énfasis la pedantona de la viu-•
da de Vargas Serrano--. En muchos de los he·
chas que nos parecen á primera vista frívolos,
que nos mueven á risa ó provocan un comentario burlón, hay un drama doloroso, terrible, más
amargo por las condiciones mismas del mundo
en que estamos, que nos hace ,·ivir dos vidas:
una externa, del dominio de las gentes, en que
sólo reímos 1 y otra interna, que únicamente nos•
otros mismos alcanzamos á ver. ¡Quién sabe
cómo tendrá Leonor su pobre corazón!
Las mujestuosas notas de la marcha imperial
de Lohenarin sonaron en el órgano, primero dé·
biles, después fuertes, fastuosos, y elevándose ú
las elevadas bóvedas, tuvieron ~irtsólilns magni·
ficencias; las puertas del templo abriéronse de
pnr en pnr, y lento, pausado, en deslumbrante
lucir ele unif01•111es entró el cortejo.
Primero Nieves, más bella, mús tenue, mils
espil'itual que nnncn, con nlgo ele superilumana
abstracción, vestida de blancas seda.s enguimal•
cladus de azucenas, envuelta en nevados tules,
tras lris'"que lucían los fulgores de las inmensas
pupilas de mislerio, apoyándose en el brazo del
iluslre general don Pedro narnón Alfonso Rami•
ro Hernando Gumersindo Sinforoso Fernández
de Haro, nivalta, Pérez de las Olivas y Roncal de
TorqÜemacla, concle•duque de Frinueva, marqués
de las Olivas del Hey, conde de Torquemada y
de Jiloca, que con el rojo uniforme de la I\Jaes•
tranza, sus piernas· zambas, su rostro apoplético
y su peluquín zanahoria (última coquetería con
que pretendía fascinar al bello sexo, al cual era
harto aficionado), lenía el aspecto completo de un

cangrejo. Detrás Gonz.alo, arrogante con el blan
co uniforme de Calatrava, y apoyada en su brazo,
muy pálida á pesar del colorete, pero altiva, al
parecer serena, eleganlísima con su traje gris
bordado en plata, Leonor. Y, por último, los tes•
ligas, vistiendo uniformes de fantásticas órdenes,
cruzados lcis pechos por bandas y adornados de
exóticas cruces.
Cruzaron todos el templo, y arrodillados ya
ante el altar, comenzó la ceremonia litúrgica.
María murmuró al oído ele Julito:
-Fíjate en Leonor. Parece un reo ...
El otro rió irónico :
-En capilla.
Cruzó vacilante el saloncilo que precedía á su
alcoba; detúvose mnquinalmente ante un espejo
y retrocedió horrorizada. Los ojos estaban hundidos en cercas ele un azul tan obscuro, que pa•
recia negro; los labios, blancos, se crispaban en
mueca de amurgura, y en el centro de las meji•
llas lívidas, las dos manchas de colorete le da•
han el extrnño nspecto ele nn cadáver vestido de
mtlscara. Alejóse ele su inrngen y anduvo un momento errante por el cunrlo. ¿Qué iba á ser de
ella nhora? Perdía ú su hija y perdía á su amor,
y no para verles caer en la nnda, sino par(l mirarles vivir dichosos. Perdía paz y juvenLud.
¿ Qué hacer? ¿ Yolver ú empezar? ¡Imposible!
Aquella ruina ele su vida era la garantía de la
felicidad de su hija. Eslaba condenada á viv-ir
sola, triste, olvidada. Y la pobre mujer tembló
de arigustia. Sus ojos pasearon despavoridos por
el cuarto, que comenzaban á invadir las tinieblas nocharniegas, y detuviéronse en el crucifijo
colgado junto al ,lecho y que parecía tenderle
los brazos con supremo ademán de piedad. Dió
algunos pasos y se dejó caer á los pies del Cris•
to, sollozante.
-¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Ten piedad de mí!

SEGUNDA PARTE

Una vez mó.s a.somóse al barandal de la terra•
za y oteó la lejana ruf.a que como blanco sendero hendía la monlafla y serpenlenba sobre los
ac-an1 ilaclos que formabon la costa. Defraudada
al no ver alma viviente en el camino 1 volvió los
ojos al mar, que se lenclia á sus pies, azul, reful•
gente, inquieto, rizado por leves olas que se rompían contra las rucas en cataratas de espuma. En
aquella pequeña playa del i\lediodia francés, si•
luada á diez minutos de Biarrilz y media hora
de San Sebastián, tenia el paisaje una tosquedad
un poco hostil, un salvaje encanto primitivo, de

que gustaba su alrr;ia bravía; un bJ.rbaro encanto, acrecentado en las noches de borrasca, dormitrmte ahora bajo el cielo ele intenso azui coballo1 en que brillaba el sol como enorme disco
de fuego.
Las rocas milenarias mostraban sirn ¡)icachos
á flor ele agua como grupas de yncent.es monstruos mari.nos, trazando un semicírculo en torno
de la requefia ensenada, qne los hombres no
profanaron aún con sus feas 'construcciones modernas; riscos y pefiascales enormes, cpn fantúslico aspecto de ruinosas fortalezas, formaban
las laderas de la montafía; en las doradas are•
nas de la playa_n _o se veían esas hórridas caser

�•
1

f

tas de madera que manchan sus similares, y el
mar, perdida la quietud de que hace gala en el
Puerto Viejo de Binrrilz y en la española Concha
de San Sebastián, iba y venía, murmuraba sordamente arrastrado por la resaca ó rugía con rugidos de monstruo satisfecho al 'romper de las
olas.
Debajo de la terruza 1 que avanzaba hacia el

mar, el jardín, con algunos pmos y bojes, tenía
también un aspecto inculto que nrmonizaba á
maravilla con el paisaje. Junto á una de las tres
puertas que comunicaban con el chalet, tía Gerlrudis, _las gafas cabalgando en la punta de la
nariz, ha.cía labor. Hundida en el butacón de
puja, tenía un aspecto encogido y modesto, acrecentado- por el ~encillo traje negro y el anticuado
peinado, que partía en bandas sus argentados ca-:
belloS. En la carita, · menuda y apergaminada 1
brillaban los ojÍ.llos grises con seren¿ luz de bon-

dad. Leonor quería y estimaba á la vieja parienta tal vez por hallar en ella una absoluta antitesis de sí misma, y espantada de In idea de su soledad (aquella soledad buscada para huir de la
otra soledad en medio de las gentes que hubiese
podecido en los balnearios elegantes)i habíala
llevado (l. pasar el ver~no con ella.
Después de nflo y medio de separación, en que
no vió á ?\ieves ni á Gonzalo, y después de pasar por lerribles crisis de nervios, parecía Leonor rejuvenecida. Gonservaba el cabello blnncu,
pero en el rostro, terso, brillaban las magníficas
pupilas de ligresa, y los labios, delgados y rojos,
Sonreían cruelmente. Su cuerpo, esbelto, elástic_o, portentosamente moldeado, lucía bajo el traje de lienzo avellana, y st1s movünientos, inquietos, elegantísimos, tenían felina gracia, que prestaba bellezas de escultura á los ademanes preludiados en su, impaciente ir y venir.

Tía Gertr~dis acabó por alzar la cabeza.
-Hija--rió benévola-, qué inquieta estás.
-No lo puédo remediar. ¡ Aüo y medio· sin
verles!
La vieja la contempló risueña por encima de
las gafas y comenló:
-Estás guapa.
Halagada, rió Leonor.
-jTía, por Dios 1 qué cosas se la ocurren!
L¡i otra siguió su comentario :
-Pareces ... pareces .. . Gata no diré porque eres
demasiado fuerte y dura; te falta la melosidad.
Pareces ...
-Una pantera vieja-completó Leonor.
Ahora le tocó el turno de reir á la anciana.
-¡ Qué cosas tienes !
La pantera volvió á la baranda, y apoyando en
ella las manos 1 miró al camino.
¡ Qué impacienci~ ! No podía pasar quieta ni un
instante. Ver á. ;\ieves, la hija adorada, á quien
.en un momento de neurótica exaltación sacrificó
la felicidad de su vida. Verá Gonzalo 1 verle á él,
al único hombre que quiso y que había perdido
para siempre. Y sin querer1 evocó los pl'imeros
días después del sacrificio, cuando su sobr·eexcitación de histérica tomó la forma· de un apasioIlado mislicisrno y pasaba las horas en oración,
antojándosela en sacrílega cale11tt1l'a ver en las
facciones de los torturados Cristos las amadas
facciones de Gonzalo. Y luego los días de postración, en que la parecía flotar en el vacío sin sensibilidad ni pensamiento, y, por· fin, la larga convalecencia.
De pronto sonó la bocina de un automóvil, y
Leonor gritó :
· --Tía, ya eslán ahí.
Y como el coche subiese raudo por la vereda
del jardín 1 corrió á su encuentro.
El primero .en saltar fué Gonzalo, que 1 c'ül·dial,
le tendió la mano; después :\'.ieves, á quien se
adivinaba más delgada bajo el guard~polvo1 y
que cayó en brazos d~ su madre.
-¡ iVlamá 1 mamá! ¡ Qué guslo verte!
Leonor, mientras la estrechaba contra su pecho1 la examinó; estaba mucho más flaco, el
rosLro muy pálido, espir·ituaJizndó á la luz triste
de las enormes pupilas negras. Gonzalo también
estaba más de1ffado, afinado, ai'istocratizado, con
más inteligencia en el rostro y más serenidad en
los ojos. Parecía corno que Kieves hubiese afinado su espíritu 1 como si el trato con aquella crialura desposada con la muerte hubiese despertado su alma dormida. Dolorosamente impresionada Leonor1 murmuró:
-Os encuentro á los dos inás delgádos 1 pero
sobre Lodo á ti, Nieves .. .
-Venía muy bien- aseguró la pobre niña con
su voz tenue y su sonrisa triste de elegida-,
pero en I3 urdeos escupí un poco de sangre, muy
poca 1 unas gotas .. .
Siguió hablando, explicando su supuesta anemia, los insomnios, la los persi.stente 1 los sudores que le acometían, su iriapetencia ... Pero Leo-

nor no le escuchaba ya; sus pupilas habían sal.
tado por encima de la pobre enferma y acechaban los ojos de Gonzalo.

11 ·
Con' un gesto de cansancio inmenso desprendió de sus cabellos el gran sombrero negro 1 empenachado de plumas blancas 1 _y lo arrojó con
desdén en ona de las butacas de mimbi'es; después acodóse á la balaustrada y suspiró honda•
mente, rendida por los acontecimientos.
Había sucedido una hora antes 1 al volver del
Casino de htanüz, donde habían ido á pasar- la
ve½ada. &gt;iieves aquel día mostrábase más alegre
y locuaz que nunca. ~lientras Leonor se lanzaba
en el juego como en un río de olvido 1 la enferma,
muy mejorada al parecer, bahía reído y bromeado y hasta llegado á valsar. Luego, en el automóvil que les llevaba desde la veraniega villa á
su montaraz residencio, habló pueril, haciendo
descabe'.lados proyectos parn el otoiío y ponderando el resurgir de belleza en su madre; más
tarde, y de vuelta ya, entrelúvose comentando
las peripecias de la noche. Súbitamente había palidecido y, cerrando los ojos, llevádose las manos al pecho con un gesto de suprema_angustia,
mientras un hilillo de sangre manaba rojo 1 fino.
persistente, de sus labios. Habíase tan1baleado1
y entonces, como Gonzalo corriese á ella, desplomóse en sus brazos.
Una hora de lucha desesperada con la muerte,
que intentaba lleYarse á su presa, y al fin las palabras tranquilizadoras del médico (á quien e1
auto lrnbía ido á buscará toda prisa) y que anunció partiéndose los guantes:
-Vaya, pasó ya. Por el momento no hay peli•
gro-habían tranquilizado algo á Leonor.
Ahora, tendida en la meridiana, dormitaba Nieves b8jo la vigilancia de tía Gertrudis y de Gonzalo, y su madre, rendida por la lucha, salía á
respirar el aire fresco 1 impregnado de salinas
emanaciones.
ExU¡.tica, en una especie de doliente Nirvana,
mecíase su espíritu en densas nieblas, mientras
sus ojos vagaban por el paisaje. La noche, cálida, tenía una oriental belleza llena de voluptuosidad y de misterio. Bajo el firmamento, de heráldico azuL en que pendía la luna como enorme
per.la, más pálida en el diamantino titilar de los
luceros, dÓrmía el mar en un rítmico Yaivén. A la
escenográfica claridad lunar, la playa adquiría el
prestigio de una romántica evocación medioeval,
mientras allá lejos las luces de Biarritz temblaban en el agua.
Abstraída de la realidad, su alma turbada, trataba de leer, como los viejos astrólogos, en las
estrellas el misterioso arcano de la vida. ¡ Qué
cruel había sido con ella la Naturaleza! ¡La Naturaleza! He ahí la única verdad. Inútil que pretendamos burlar sus leyes, inútil que intentemos
·a1go si ella no quiere. ¡ Qué importa una arruga

�más 6 menos ó el color del pelo si ella no quiere
que envejezcamos y dentro de nosotros arde el
fuego sagrado de la vida! Hay gentes que 1 jóve•
nes, agonizan en precoz decrepitud, mientras que
otros se conservan jóvenes en los linderos de la
muerte. La :\faluraleza:~e había reído de ella 1 de
sus románticos sacrificios, de aquel renuncia•
miento,, diclado por -enfermizo neurotismo.
Amaba á Gonzalo. J\lienlras Nieves, en la flor
de la juventud agonizaba, ella senlinsc, en el de_clinar de la existencia, fuel'te, ,apta al amor, ar·
di-ente y fj.erá, como rúsUca faunesa.
Imploró en el silencio de la.noche piedad de las
ocullas fuerzas y murmuró CQmo maléfico con•
jur.o: u¡ Gonzalo! ¡ Amor mío! ¡ 11i amor! ¡ l\li
ún~co amor!)) Y una voz doliente contestó á -su
lamento:
-¡Se nos muere!
Volvióse rúpida, y vió junto á si á Gonzalo. So•
hre el· rostro vulgar del muchacbo gravitaba una
sombra de trisleza que empafiaba sus ojos y se•
!Jaba con doloroso rictus los labios.
Sintiendo subirle una ola de amargura inmensa
del corazón á los labios y olvidando por un mo•
mento que la mujer que .:1gonizaba el'a su hiJa,
para acordarse ton sólo de que era su rival, filo.
soló siguiendo en yor. · alla el hilo de su oculto
pensar:
. . . . . .A_sí es la vida. Unos mueren porque no son
bastanle fuertes pura i-esislir la felicidad, y otros
que tienen fuerza han• perdido Ja dicha para
siempre.
Alzó la cabeza, extrafiadÜ de . ballar aquellos
::;;uliles conceptos en unos labios donde sólo creía
encontrar apóstrofes de dolor, y como viese bri•
llar en Jas pupi-las de tigresa no sé qué lunáticos
destellos~ límilóse á repetir con un vago dejo re•
prúchador:
-¡Senos muere!
Le mfrú desafiad0ra 1 fiera. El velado reproche
y la honda pena que mo.Lizaban sus palabras 1 le
hirieron come una injuria.
. . . . ._¿Para qué mentir?- Entre el amor y la muer•
te, con el cielo por techo y el mar por horizonte,
pod~.m os ser .sinceros y poner al de'&amp;nudo la ver•
dad de nuestras-almas-. ~-Ié\b,laha teatl-~.l, trágica
y magnifica-. Te quiero, Gonzalo; le quiero c_on
toda ·1a -energía de mi. naiurn.!eza jpven, con un
amor reroz, hecho de celos y deseo, de ansia de
posesión. y de ausia de mµerte~ no con ese pálido
amoI"¡ coFl: qu,e le arria la pobre moribund~.: Te
quiero-y-te quis€; ;· ni un insiunte dejé de arharte,
y pqrque te amé, quise renunciar á . ti, y como
sin ti 1-ajuventud y la vldn me ernn inútiles, qui•
se contigo r.e nunciar á ellas. Pero la Natµ.raleza
se burla de nosotros, y al ver lo baldío .demi sacriftclo, .. s-iento, que no debí-de h9-Cerlo nunca,. que
es PfeCiSo que seamos egoístas, salvajemeflle
egoíslas 1 fuerles, q ue 1 como las fieras del de•
sie~to, .d~jemos morir á los débiles, á . Jos enfe1·n1os, á los cobardes.
Turbado, desconcetlado en su recto sentir y
en la apacibJe y burgue,s.a _serenidad de su vid,1 1

incapaz de sentir la. grandeza trágica de aq.1.J
drama, no viendo en él sino la parte desagra ln•
ble," violenta, dificilísima de resolver murmuró:
-Estás excitaclli 1 ínala. Las emociones le hacen dafi.o. Debías acostarte.
Rió sarcá:stica, con una risa que re.sonó lráJ.[ica1 escalofriante, en el silencio de la noche. Con
irania. rabiosa, habló canlurrea·ndo:
-~
-¿Por qué no me &amp;consejas una tacila rle
tila?-Y de pronto 1 sin transición, con a})ocalíp·
tico ademán. de beroina de tragedia:-¡ GOnzalo,
le quie'ro, te quiero y po,: encima d'e todas laS -Je.
·):es divinas y humui1as me Siento arrastrada ,\
li por el Destino!
El ca"Uaba, denegando suavemente con la ca•
bez8 1 esperanzado de que la crisi"s de exaltación
pasase pronto. Pero ella· sen! íase mala 1 cruel.
Una fercicidad extrafia naéía en ella, Un ansia de
hacer daño, de martirizar, de ver correr la san•
grc y oir lbs lamimtos, los riyes de~spe'rados· de
la. víctima, el crujir de huesos, el rechinar de
dien!es, el desgarrarse de las carnes, de sentir
el calor de la sangr·e y ele· las lágrimas 1 de inferir á los demás atf-oces torturas físicas y mo•
rales.
- ¡Ah! ¡Sí! ¡ De verdad !-apostrofó con VOZ
silbante-. ¿ Quieres lúnlo á esa pobre muñeca
que se muere? Entre ella, qttc no puede brindar.
te ·sino_unos labios marchitos, y yo, que le ofrez .
ca el arcano de la vida 1 ¿la prefieres á ella, di?-=-Y apasionada, loca, arrebatada en dantesco vér•
tigo:-¡Gonzalo! ¡GGnzalo! ¡Mi vida! ¡Amor
mío! ¡ Xo mé rechaées ! ¡ Xo me digas que no
me quieres!
· Y como él hiciese ademán de partir, cogióle por
los brazos, clavándole Jas uiías hasta hacerle
daño.
-¡Gonzalo! ¡ Gonzalo!-irnploró buscando sus
labios.
- Tu hija se muere-apostrofó él como un
.conjuro.
· ...:____¡Qué me iml)ortu! ¡Hija, familia, vidn, sal•
vación 6 conderiación nncja me importa a.nle tu
amorl
-¡Estás Joca! Déjame ya, pobre mújér-y procuró ·ae&amp;asfrse.
E"lla. forcejeó, tratando de guardar !u ptesn_. Al
·fin, exa'.sperado 1 la sacudió, y con un gesto brus-~
co '-OrrOjóla contra el barnndal.
En aquel momento apareció en In puerta tí;:t
Gertrudis :
-Nievecitas va mejor. La hemos acostado ~•
pregunta por ti, Gonzalo.
El muchacho se inclinó pnte Leonor:
-Hasta mañana.
1

do la noche insomne, devorada de calentura, ob•
·sesion-a da por terribles alucinaciones. Como las
poseídas de las viejas leyendas de milagro, ha•

sania ofreció su vida, su salvación 1 lodo á cam•
bio dé una liara de amor.
Saltó del lecho1 y febril; decidida, como si 9be-

-..____;

.__,___

r

!

1

',
III
Un rayo de sol que pcr;ietró en la estancia,
mediado_ ya el _día, la encontl'ó sentada en el le-

cho, los ojos dilatados1 secos, secos los labios
y abrasadas en llamas las mejillas. Hnbía pasa,

bínse retorc;:ido en el lecho, que se le antojaba de
npJienle brasa y había llamado al amante. Y
como el nrl1ante no venía, imploró· á Satanás,
conjuró al demonio de las lujurias para q-ue-tra·
jcse en su busca al deseado, y en un ansia de ve•

deqiese á oculto mandato, dirigióse, tras vestir•
~e ligera balá, al gran ar.m aria ·ae espejo: Una
vez junto á él, abrió la compuerta y comenzó á
revolver 1 buscando_algo; sus dedos torpes, im•
pacientes, tiraban las pilas de ropB. blanca, ·vol-

�caban los frascos de perfume, echaban á rodar
los estuches, que, al abrir~e: 'rriostraban las joyas de raros fulgores.· Se impacientaba. Al fin
sus manos apresaron una cajita de ébano y marfil. Trató de ubrirla. Imposible. ¡ La llave! Tornó
á buscar. l\'ada. Impacientísima, incapaz de dominarse, la arrojó al suelo, donde se hizo trizas.
¡ Al fin! De entre los rotos pedazos cogió un retrato y una carta. ¡ El primer retrato y la primera carla!
Mirólos un instante, y con ellos en la mano,
marchó hacia la puerta y, ·tras franquearla, siguió por el salón. Caminaba rectilínea, los ojos
en el espacio, las manos crispadas, guardando
contra el pecho su presa; caminaba erguida, con
ese algo misterioso de las alucinadas. Su aspecto
era trágico ; los cabellos, despeinados, cercaban
de un nimbo de locura el rostro lívido, donde los
ojos, muy abiertos, redondos y enormes, brillaban con fulgores de maleficio. Caminaba movida
por un ciego impulso de locura ó crimen. ¡ La
mataría! l\lataría á la rival odiada que le robaba
el amor del único hombre que quiso en el mundo. En su delirio, la hija había desaparecido de
escena y sólo quedaba la amante. Y su imaginación enferma le mostraba escenas de una lubricidad inmunda, en que Nieves y Gonzalo, conYertidos en dos seres monstruosos como los qne
Yernos en los cuadros de Bosco, se fundían en
abrazos absurdos. ¡ La mataría! Ya no se usa,
como en otros días más felices, el puñal ni el veneno, pero aquella carla y aquel retrato serían
el arma homicida.
Gritos que venían de la tenaza, cuyas puertas,
abiertas de par en par, dejaban entrar el aire
del mar, la despertaron. Abandonó sobre el piano los trágicos papeles y salió á ver.
El cielo, tan puro la noche anterior, estaba
gris, cubierto de opacos nubarrones. El mar, encalmado, dormía inmóril, como lago de plomo, y
en la playa, que amarilleaba, veíase un grupo de
gentes.
- ¿Qué pasa ?-preguntó Leonor á tía Gertru. dis, que, cruzadas las manos, parecía rezar.
- -¡ No ves !-advirtió la vieja, interrumpiendo
su rezo y sin volver la cabeza-. Un niño que se
ahoga y la madre que está como loca. Quería timrse al agua.
'.\1ir6 Leonor donde la indicaban. Sobre la lámina de cinc veíase aparecer un rostro cadavérico y dos manitas que, crispadas de horror, imploraban socorro. Un hombre nadaba vigorosamente hacia el moribundo, mientras en la playa
una mujer se debatía furiosamente con los que
intentaban contenerla y hasta Leonor llegó un
trágico lamento :
- ¡Hijo! ¡Hijito! ¡Vida mia!
- - Como si acabase de volver en si de una pesadílla, tuvo noción exacta del crimen que ·iba á cometer y pensó en las cartas. ¡Aquella rival
€'!'a su hija! ¡Su hija, que agonizaba! Echó á
correr.
¡ Era tarde ! Al entrar en el ~alón vió á Nieves

que, co~ los fatales documentos en la mano, se
desplomaba en tierra, como un cuerpo muerto.

IV

Oyó al médico que murmuraba á su espalda,
asediado á ansiosas preguntas por tía Gertrudis
y Gonzalo:
- ·¡ Xo hay esperanza! ... Cuestión de horas ...
Si se repite el ataque de disnea...
De rodillas; junto al lecho en que agonizaba
Nieves, sin acertar á encontrar una oración ni
una palabra de ternura ni un ruego, ahogábase
la pobre mujer en el abismo sin fin de su pena.
Arrancada por el dolor de su catástrofe de aquel
alto papel de heroína de tragedia de Sófocles, sufría horriblemente al ver morir á su hija, ¡ á su
hija, que casi inconsciente había matado ella!
Salieron Gonzalo y la vieja acompañados del
doctor. Leonor ni se movió. Ansiosamente seguía los progresos de la muerte en el rostro de
la triste niña.
Sobre la blancura de las almohadas destacábase el marfil del rostro lívido y demacrado como
el de una santa bizantina. Sobre las mejillas
marchitas, las largas pestafias tendían su sombra azulada y algunos mechones de pelo negro
caían lacios, pegados á la frente por el sudor de
la agonía. Con infinito cuidado apartó la matadora los cabellos del rostro de su víctima. Abrió
Nieves los ojos y paseólos lentamente por la estancia. Después fijólos en su madre con expresión que á la pecadora se le antojó de reproche.
Con voz que imploraba, formuló Leonor :
-¿ Te sientes mejor, mi vida?
No obtuvo respuesta. La moribunda dejó caer
lentamente el telón de los párpados, velando el
arcano de las pupilas. Luego permaneció inmóvil, más pálida aún.
La respiración de la enferma parecía haber·
cesado, y Leonor, aterrada, imploró :
-¡Nieves! ¡Nieves! ¡Mi vida! ¿Oyes? ¿Di,
me oyes?
El mismo temeroso silencio fué la respuesta.
- ¡ Nieves, mi vida-gimió la infeliz- , contéstame! ... ¿Es que no me quieres, di, es que no me
quieres?
Ansiosamente había cogido una de las manos
de la enferma y la oprimía convulsa. La manu
estaba yerta, empapada en helado sudor.
-¡Hija! ¡Hija mía! ¡Hija de mi alma! ¡No
t'l mueras, no rne dejes sola!-clamó, perdida
ya toda noción de la realidad, sacudiendo el brazo, que pendía inerte.
De pronto, la idea terrible que pesaba sobre.
su corazón como una losa de plomo, subió á sus
labios:
- ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Nieves, piedad! ¡Yo te
h e matado! ¡Soy un asesino, peor mil veces que
una fiera!. .. ¡ No me maldigas; ten compasión
de mí!
Enloquecida, en una crisis de remordimiento~

y de horrnr, se retorcía, se arm1aba, mesábase
cabellos y golpeábase el pecho.
-¡ :\iieves ! ¡ Vida mía.! ¡ l\li bien! ¡ :\10 le mueras! ; Perdúnnme ! ¡Perdóname! ¡ :.\lírame una
vez siquiera!
lina ~1ano se posó en su hombro, y una voz
co111p&lt;1s1va murmuró á su oírlo:
-lléjnlu; le haces más dnüo-y Gonznlo avudc,Ja á levantarse •v la acom¡miió á •i.-." p uer,u.•
d , iesp11és volvió lentamente J·unlo á ,..
.,1eves. El
o 1ur le t~onsfiguraba. Hnbía en su rostro varu111 l u11'.1 ~r:sl~za tun honda, que inspirnbu miedú
1,nudllluse J.inlo ol lecho .v. , cocriendo
Ju h eJ·ud n
~
nwrio, besóla con pasión.
i\'ieve_s entreabrió los ojos y sonrió débilmente
á un leJuno ensuelio_ de vida.

Un relúmpago incendió el espncio y a I inslnnt0 rel11mbó un trueno formidable, que llizo 1em-

Ll.1 r lil _cns.a. Lermor, con los cnbellos erizndos
y los OJOS dilatados de horror, acogiúse á una
venl¡¡nn.
Fuera, el huracán silbaba siniestro, y el mar,

embravecido, erguíase como rabioso monstruo y
acometía con furiosas embestidas los acnnlilados
de. lo cosla. A la lívida luz de los _relúmpa¡zos
ve1anse las aguas alzarse en enormes monlafias
para estrellarse en calaratas de hirviente espt1mu.
Leonor siguió lentamente, con pasos de fantasma, su camino. Al fin llegó á la c;nmara mor-tuoriu, con\'erlida en capilla arc\ienle. En el suelo,
sobre un pafio de raso blanco festonr.aclo de plata, durmía, en albo ataúd, so eterno sueno, :'\ieves. Una enorme brazada de azucenas pudrínnse sobre el cadáver, y azucenas y rosas blnncas
alfombraban la estancia ..\ la amurillentu luz de
los cirios destacábase la cer-úlea transparencia
del ros:ro encuadrado, como en nimbo &lt;le santidad, en monjiles tocas. En un rincón de la estancia dormitaba. una monja.
Leonor dejúse caer de rodilJus junto á la caju
Y miró á todas partes, temerosa, como un ch~nin_nl. que no quiere ser sorprendido. nespués
mcl1nose lenlamente y posó los labios en la frente de la muer·ta. Sintió el frío del cadúver, que
le helaba los huesos y le paralizaba él corazón.
.\1 fin alzóse lentamente. Frente ú ella estaba
Gonzalo, y entre ambos, como una barrera dec
eterniclacl, se tendía el cadáver de In pobre niiia.

�números publicados de EL CUENTO SEl1AffAL
Afio 1.--:--Primer semestre.-1.• Jacinto Oclavio Picón: Desencantu.-2_. Jacinto Benavente: La sonrisa de Gioconda.3.: Gregorio Martine~ Sierra: Aventura.-4.• Eduardo Zamacois: La cita.-5.• Salvador Rueda: La guitarra.-6.• Anto-

r;i10 Zo~aya: La maldita culpa.-?.• Emi!ia Pardo Bazán: Cada uno ... -8.~ Joaquín Dicenta: Una letra de cambio.-9.· Feltpe Trigo: Reveladoras.-10. José Francés: El alma.viaiera.-11. Eduardo Ma.rquina: La caravana.-12. Juar¡. Pérez Zúñiga: La soledad del campo.-13. Pedro de Répide: Del Rastro á Maravillas.-14. l\Ianuel Bueno: Guillermo et apasionado.-15. Manu1c:I Linar~s Hivas: La espuma del champagne.-16. Pedro Mata: Ni amor ni arte.-17. Amado Nervo: Un
sue,io.-18. Ale1a_ndro Saw~: Il_istoria de una reina.-19. F. Villaespesa: m milagro de tas rosas.-20. S. y J. Alvarez Qui'ntero:_ La madrecita.-:--21. Sm~s10 Delgado: El fin de una leyenda.-22. Ram.irez-Angel: De corazón en cora-zón.--:-23. A. Larrub1era: La conqtusla dol Jándalo.-24. Mauricio López-Roberls: Las tres reinas.-25. Co!omb"ine: Et tesoro del castillu.
26. F. Serrano de la Pedrosa: ¡ Por mata!
Segundo semestre.-27. Pablo Parellada.: Pompas de jabón.-28. Ramón Pérez de Aya.la: Artemisa.-29. Manu~l Ugarte: L_a lependa del oaucho.-30. Mariano vanJ,·o: Deuda pagada.-31. Arturo Reyes: La Moruchita.-32. Angel Guerra:
Al «¡allo&gt;1.-33. I1.ah1el Leyda: Santificarás las íestas.-34. Cristó!Jal de Castro: Luna, lunera ... -35. Ricardo J. Calnrineu·.
Alma~ errantes.-3~. Francisco F. Villegas (Ze a): Confesión.-37. Claudia Frollo: Cómo murió Arriaga.-38. Antonio Palomero: JJon Claudw.-39. Pompeyo Gener: Utimos momentos de Miguel Servet.-40. Carlos Luis de Cuenca: Lo que son
l~s cosa.s.-41: J. López Pinillos:.Frenle al mar.-42. Blanca de los Ríos: Las hitas de D. Juan.-43. Julio Camba: Et destierro.~44. l\liguel Sawa: La mm1eca.-45. Luis Bello: El corazón de JesUs.----4G. J. Ferráncliz: Et «Dies ir.e" de San
lluberto.-47. A. R. BonnaL: Un hombre serio.-48. Alberto Insúa: /,as señoritas.-49. J. M." Salaverría: Et literato.-50.
Apeles Mestres: La espada.-51. Blanco-Belmonte: La ctenrJia del dolor.-52. Rafael Salillas: Quiero ser santo.
Año. 11.-Pri~er semestre.-53. NúM.ERO-ALMANAQUE: Del camino. por Joaquín Di'centa. Precio: 50 ct!ntimos.-54. Manuel Linares íllvas: Un fiel amador ... -55. Antonio Zozaya: Cómo delinquen los viejos.-5G. Eduardo r..Iarquina: «!.a
mueslTan.-57. Arturo Gómez-Lobo: La send4 esteril.-58. ~inesio Delgado: Esp1Tilu puro.-•59. Pedro de Répide: El solar
de la bolera.--60. Eduardo Zomacois: El collar.-61. J. Francés: Mientras las horas duermen.-62. Gabriel Miró: Nómada.
63. Ramón A. Urbano: El barbero del usta.-64. Pascual ~antacruz: Nobleza obli9.a.-65. José l\l." l\fatheu: Un bonito
negocio.-66. Leonardo S0etil: Los cuernos de la luna.-67. Francisco F. Villegas (Zedl:l): La fábrica.-68. Blanca de ·os
Ríos: Madrid goyesco.-69. Felipe Sassone Viendo la vida-70 y 71. Benito Pérez Galdós: Gerona.-72. Jacinto Oclavic,
Picón: Riyales.-73. G. · J\.larlínez Sierra: Torre de mar/il .-74. A. Hernández-Catá: El pecado originai.-75. Arturo Reyes: El Niño de los Caireles.-76. F. García-Sanchiz: Jiistoria romántica.-77. Felipe Trigo: El gran simpático.-78. Ramón l\l. Tenreiro: Em.bruiamienlo.
Segyndo semestre.-79. Cristóbal de Castro: Las insaciables. -SO. Joaquín Dicenta: La gañanía. -81. Colombin'!:
S~nderos de viéla.-82. S8;lvador Rueda: El poema de los otos.-83. José Santos Chocnno: La cruz y el sol.-84. Claud10 Frollo: Las cuatro muicres:-85. Eduardo Marquina: Co11teia sinieslra ... -86. l\fauricio López-íl.oberts: En la cuarta
plana..-87. A. Zozaya: La princesila de Pan y Miel.-88. Pedro de Répide: Noche perdtda.-89. Manuel Ugarte: La som/Jra
de la madre.-90. Pedro i\lala: Ctiesla abajo.-91. F. Serrr no de la Pedrosn: El itl\mperaor".-92. Joaqtún Dicen ta:
Galerna.-93. J. Benave11lc: Nuevv coloquio de los perros.-lJ4. A. Ma.rlinez Olmedilla: Por dónde viene la dicha.-95.
Condesa de Pardo llazán: Allende la verdad.-96. J. Ortiz de Pineda: La dicha humilde.-97. Eduardo Zamacois: Ti:l
paral11ico.-!J8. Felipe Trigo: Las posadas del Amor.-99. J. l\1." Salaverria: .Mundo subterráneo.-100. A. GonzálezBlanco: Un amor de provincia.-JOl. J. López Pinillos: Los en~mir,os .-!02. Antonio Zozaya: La bala /ría.-103. Condesa de Pardo Bo.zán: Belcebli.-104. Juan PCrez Zúflign: El cocodrilo a;:;ul.
Afio lll.-Primer semestre.-105. i\lanuel Bueno: El talón de Aquiles.-100. Enrique López Alarcón: La Cru;:; del Carifto.-107. J. Téllez y López: Maler a.dmirabilis.-108. R. Url nno: La Santa Fe.-J09, F. Flores García: El padrino.-110.
G. I\Jadínez Sierra: Egloga.-111. Felipe Trigo: Lo irreparvble.-112. J. J. Lorente: Fueros de la carne.-113. J. Benn\·enle: i A 'Ver que hace un hombre!-114. Cijes Aparicio: La venaan;:;a.-115. F. Pcriquet: Exhauslo.-116. López de 1-Iaro:
Vulgaridad..~1l7. Crislólml de Castro: La bonita y la /ea.-1I8. ·Eugenio Sellés: E11suefws de mm1ecas.-119. Luis Calpena: L'n mtlaaro del Arte.-120. Pedro !\tata: La celada de Alonso Quijano.-12l. R. del Valle•Inclán: Una terlul'ia de
antmio.-I22. José .\1." i\.latheu: Entre el oro y la sangre.-123. Alberto Insúa: Cómo cambia el amor.-124. Pedro G. M1:1.gro: Hfrlalr,uía 111orisca.-125. nirardo León: Amor de carirlad.-l2li. F. Serrano de la Pedrosa: La broma.--"127. Emilio Carrére: El dolor de llegar.-128. Eduardo '.\1arquino: Beso de oro.-129. Guillermo Hernández: Peda;;os de vida.130. Jasó Francos Hodrí¡;ruez: La hora [eli;;.
Segundo semestre.-131. Engenio Koel: Alma de sanla.-132. L11is de Tapia: Asi en la lierra.-133. Junn A. C:avestuny: La Ni?"'l.a de los rubies.-13ft. Luis Antón del Olmet: Por r¡ué soy un bohemio.-135. E. Menéndez y Pelayo: Rl
~o!e.-I3G. B~rnardo Herrero Ochoa: La esfinge de hielo.-137. Luis Huidobro: Carucho.-138. Federico Urrr.cba: El suicidw de Regule;:;.-139. J. Pous y Pagés: El hombre bueno.-t40. Alfonso García del Bu~to: Sue1io de honar.-141. Benigno Vareln: La Terrorisla.-142. Andrés González-Blanco: F:l castigo.-143. Francisco Villaespesa: El último .1wderram1n.-.144. E. Gómez Corrillo: Nuestra Se11ora de los Dios Verdes.-145. _F. Falero I\Iarqnino: Rara avis.~146. Felipe
Trigo: A todo honor.-147. Ramón Pérez de A.rain: Senlimenlal Club.-148. Carmen de Burgos (Colombine): En ta guerra.-14n. íl.nfael López de Tlaro: Del Tajo en la ribera.-150. Eduardo r..1arquina: Rosas de sangre.-151. Martínez Cuen•
ca: Semana de Pasión.-152 Concepción Girneno de Flaquer: U11a Eva moderna.-153. Alberto Insúa. El crimen de la
calle de ... -154. Carlos Fernández .Suaw: El poema de Cararol.-155. Luis Cánovas: El obstáculo.-156. Sofía Casanova:
La prinrpsa del amor herrnoso.-157. Miguel Ramos Carrión: La reina de los l\tadgyares.
Afio IV.-Primer semestre.-158. Salvador Rueda: El J)oema á la muter.-159. Pedro de Répide: Un cuento de. vieias.-160. Dorio de Gáclex: Por el camino de las tonlerias ... -161. Arturo neyes: De mi almiar.-162. Vicente AlfJlela:
La senda lriste.-163. Joaquin Belda: Un baile de trajés.-164. Carlos Miranda: Mi núla..-165. Benigno \.arela: Relámpagos ·de mi vida.-lGG. Antonio l\l. \'iérgol: La tragedia politica.-167. Felipe Sassonc: En carne viva.-168. Joaquín
Dicenla: El idilio de Pedrin.-169. \Valclo A. Inslla: Vida truncada.-170. Prudencio Canitrot: El seiiorito ruraL-171. Angela Barco: Fémina.-172. A. Hernández Catá: La dislancia.-173. E. Marquina: Fin de ra.:a.-174. Antoriio de Hoyos v
Vinent: La reconquista.-175. Luis Huidobro: La casa número 1s .......:.1?6. José i\laría Tenreiro: La a,qonia de Madrid.
177. Emilio Correre: Elvira la espiritual.-178. Gustavo Vivero: Amelia.-l70. Concha Espina de Serna: La ronda de
los galanes.-180. ~lark-Twain: El capitán Tormenla.-181. Anatole France: Kor111n «el Atríbala&gt;).-182. Francisco Rodríguez ~!arln: A.::ar.
Segundo semestre.-1S3. León Tolstoy: Valor.-184. Felipe Trigo: Además del frac.-1S5. Coletle \Villy: /\li alma era
callliva ... -186. Alberto Insúa: La camarera del Bar hlglés.-187. Alfonso Daudet: Calvario.-188. CharlPs Baudelaire:
La Fanfnrló.-189. Antonio de !Ioyos y Vinent: La estocada de la larde.-190. Robert L. Stevenson: El diahlo embolellado.-191. ~lnnuel Linares Rivas: Lo aue no vale la pena. -192. Emilio Carrere: Aventuras de Amber, el lu.chador.193. E¡;a de Queiroz: El difunto.-194. José ~1." SalaYerria: NicC:foro, el tirano.-195. Paul Hervieu: Los ojos verdes Y
los o¡os a.::ules.-196. Juan Tomás Salvnny: Quinientas pesetos.-197. Benigno Varela: La humilde curiosa.-198. Joa.qufn llelda: So ha11 burlas con el casero.-rn9. A. González manco: Idilio de a~tlea.-200. Emiliano Ramirez An.irel: Tuventud, Jlusión 11 Compafüa.--201. José Francés: La venganza del rto.-202. Augusto Marlinez ülmedilla: El precipicio.
203. Federico Jaques: La ültima iugada.-204. Alejandro ;.,arrubiera: na Paz.-205. Julio de Hoyos: Eva.ngelina.-206.
Manl'icio López Roherls: Mar adentro.-207. Luis Antón del Olmet: La risa cM fauno.-208. Pedro de Répide: Un conspirador rle m¡er.-209 Núi\U:ílO F.XTRAORDI:-JARIO. López Silva: El palio tranquilo
.Afio V.-Primer semestre.-210. Francisco Villaespesa: La ve.nqa.nztt de Aischa.-211. Eugenio Noel: El rny se divierte.
212. Isaac l\luñoz: Los oios de Astarlé.-213. !\.1anuel Arana1. Castellanos: El cofo, campeón.-214. Arturo Reyes: Snn_qre
tiifrrna.-215. Emilio.no Rarnirez Angel: Historia sin desenlai:e.-216. José M. Matheu: Después de la caida.-217. J. López
PinHlos: El ladron;;uelo.-218. f. García Sn.nchiz: Pastorela.-219. Vicente Pastor: Los amores de Vicente Pastor.

Todos estos números están á la venta en nuestra Administración, Foenca1ral, 90, al precio de 30 céntimos ejemplar

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                <text>Hoyos y Vinent, Antonio de, 1885-1940, Colaborador</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Antonio de Hoyos</name>
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                    <text>números publicados de EL CUENTO SEl1AffAL
Afio 1.--:--Primer semestre.-1.• Jacinto Oclavio Picón: Desencantu.-2_. Jacinto Benavente: La sonrisa de Gioconda.3.: Gregorio Martine~ Sierra: Aventura.-4.• Eduardo Zamacois: La cita.-5.• Salvador Rueda: La guitarra.-6.• Anto-

r;i10 Zo~aya: La maldita culpa.-?.• Emi!ia Pardo Bazán: Cada uno ... -8.~ Joaquín Dicenta: Una letra de cambio.-9.· Feltpe Trigo: Reveladoras.-10. José Francés: El alma.viaiera.-11. Eduardo Ma.rquina: La caravana.-12. Juar¡. Pérez Zúñiga: La soledad del campo.-13. Pedro de Répide: Del Rastro á Maravillas.-14. l\Ianuel Bueno: Guillermo et apasionado.-15. Manu1c:I Linar~s Hivas: La espuma del champagne.-16. Pedro Mata: Ni amor ni arte.-17. Amado Nervo: Un
sue,io.-18. Ale1a_ndro Saw~: Il_istoria de una reina.-19. F. Villaespesa: m milagro de tas rosas.-20. S. y J. Alvarez Qui'ntero:_ La madrecita.-:--21. Sm~s10 Delgado: El fin de una leyenda.-22. Ram.irez-Angel: De corazón en cora-zón.--:-23. A. Larrub1era: La conqtusla dol Jándalo.-24. Mauricio López-Roberls: Las tres reinas.-25. Co!omb"ine: Et tesoro del castillu.
26. F. Serrano de la Pedrosa: ¡ Por mata!
Segundo semestre.-27. Pablo Parellada.: Pompas de jabón.-28. Ramón Pérez de Aya.la: Artemisa.-29. Manu~l Ugarte: L_a lependa del oaucho.-30. Mariano vanJ,·o: Deuda pagada.-31. Arturo Reyes: La Moruchita.-32. Angel Guerra:
Al «¡allo&gt;1.-33. I1.ah1el Leyda: Santificarás las íestas.-34. Cristó!Jal de Castro: Luna, lunera ... -35. Ricardo J. Calnrineu·.
Alma~ errantes.-3~. Francisco F. Villegas (Ze a): Confesión.-37. Claudia Frollo: Cómo murió Arriaga.-38. Antonio Palomero: JJon Claudw.-39. Pompeyo Gener: Utimos momentos de Miguel Servet.-40. Carlos Luis de Cuenca: Lo que son
l~s cosa.s.-41: J. López Pinillos:.Frenle al mar.-42. Blanca de los Ríos: Las hitas de D. Juan.-43. Julio Camba: Et destierro.~44. l\liguel Sawa: La mm1eca.-45. Luis Bello: El corazón de JesUs.----4G. J. Ferráncliz: Et «Dies ir.e" de San
lluberto.-47. A. R. BonnaL: Un hombre serio.-48. Alberto Insúa: /,as señoritas.-49. J. M." Salaverría: Et literato.-50.
Apeles Mestres: La espada.-51. Blanco-Belmonte: La ctenrJia del dolor.-52. Rafael Salillas: Quiero ser santo.
Año. 11.-Pri~er semestre.-53. NúM.ERO-ALMANAQUE: Del camino. por Joaquín Di'centa. Precio: 50 ct!ntimos.-54. Manuel Linares íllvas: Un fiel amador ... -55. Antonio Zozaya: Cómo delinquen los viejos.-5G. Eduardo r..Iarquina: «!.a
mueslTan.-57. Arturo Gómez-Lobo: La send4 esteril.-58. ~inesio Delgado: Esp1Tilu puro.-•59. Pedro de Répide: El solar
de la bolera.--60. Eduardo Zomacois: El collar.-61. J. Francés: Mientras las horas duermen.-62. Gabriel Miró: Nómada.
63. Ramón A. Urbano: El barbero del usta.-64. Pascual ~antacruz: Nobleza obli9.a.-65. José l\l." l\fatheu: Un bonito
negocio.-66. Leonardo S0etil: Los cuernos de la luna.-67. Francisco F. Villegas (Zedl:l): La fábrica.-68. Blanca de ·os
Ríos: Madrid goyesco.-69. Felipe Sassone Viendo la vida-70 y 71. Benito Pérez Galdós: Gerona.-72. Jacinto Oclavic,
Picón: Riyales.-73. G. · J\.larlínez Sierra: Torre de mar/il .-74. A. Hernández-Catá: El pecado originai.-75. Arturo Reyes: El Niño de los Caireles.-76. F. García-Sanchiz: Jiistoria romántica.-77. Felipe Trigo: El gran simpático.-78. Ramón l\l. Tenreiro: Em.bruiamienlo.
Segyndo semestre.-79. Cristóbal de Castro: Las insaciables. -SO. Joaquín Dicenta: La gañanía. -81. Colombin'!:
S~nderos de viéla.-82. S8;lvador Rueda: El poema de los otos.-83. José Santos Chocnno: La cruz y el sol.-84. Claud10 Frollo: Las cuatro muicres:-85. Eduardo Marquina: Co11teia sinieslra ... -86. l\fauricio López-íl.oberts: En la cuarta
plana..-87. A. Zozaya: La princesila de Pan y Miel.-88. Pedro de Répide: Noche perdtda.-89. Manuel Ugarte: La som/Jra
de la madre.-90. Pedro i\lala: Ctiesla abajo.-91. F. Serrr no de la Pedrosn: El itl\mperaor".-92. Joaqtún Dicen ta:
Galerna.-93. J. Benave11lc: Nuevv coloquio de los perros.-lJ4. A. Ma.rlinez Olmedilla: Por dónde viene la dicha.-95.
Condesa de Pardo llazán: Allende la verdad.-96. J. Ortiz de Pineda: La dicha humilde.-97. Eduardo Zamacois: Ti:l
paral11ico.-!J8. Felipe Trigo: Las posadas del Amor.-99. J. l\1." Salaverria: .Mundo subterráneo.-100. A. GonzálezBlanco: Un amor de provincia.-JOl. J. López Pinillos: Los en~mir,os .-!02. Antonio Zozaya: La bala /ría.-103. Condesa de Pardo Bo.zán: Belcebli.-104. Juan PCrez Zúflign: El cocodrilo a;:;ul.
Afio lll.-Primer semestre.-105. i\lanuel Bueno: El talón de Aquiles.-100. Enrique López Alarcón: La Cru;:; del Carifto.-107. J. Téllez y López: Maler a.dmirabilis.-108. R. Url nno: La Santa Fe.-J09, F. Flores García: El padrino.-110.
G. I\Jadínez Sierra: Egloga.-111. Felipe Trigo: Lo irreparvble.-112. J. J. Lorente: Fueros de la carne.-113. J. Benn\·enle: i A 'Ver que hace un hombre!-114. Cijes Aparicio: La venaan;:;a.-115. F. Pcriquet: Exhauslo.-116. López de 1-Iaro:
Vulgaridad..~1l7. Crislólml de Castro: La bonita y la /ea.-1I8. ·Eugenio Sellés: E11suefws de mm1ecas.-119. Luis Calpena: L'n mtlaaro del Arte.-120. Pedro !\tata: La celada de Alonso Quijano.-12l. R. del Valle•Inclán: Una terlul'ia de
antmio.-I22. José .\1." i\.latheu: Entre el oro y la sangre.-123. Alberto Insúa: Cómo cambia el amor.-124. Pedro G. M1:1.gro: Hfrlalr,uía 111orisca.-125. nirardo León: Amor de carirlad.-l2li. F. Serrano de la Pedrosa: La broma.--"127. Emilio Carrére: El dolor de llegar.-128. Eduardo '.\1arquino: Beso de oro.-129. Guillermo Hernández: Peda;;os de vida.130. Jasó Francos Hodrí¡;ruez: La hora [eli;;.
Segundo semestre.-131. Engenio Koel: Alma de sanla.-132. L11is de Tapia: Asi en la lierra.-133. Junn A. C:avestuny: La Ni?"'l.a de los rubies.-13ft. Luis Antón del Olmet: Por r¡ué soy un bohemio.-135. E. Menéndez y Pelayo: Rl
~o!e.-I3G. B~rnardo Herrero Ochoa: La esfinge de hielo.-137. Luis Huidobro: Carucho.-138. Federico Urrr.cba: El suicidw de Regule;:;.-139. J. Pous y Pagés: El hombre bueno.-t40. Alfonso García del Bu~to: Sue1io de honar.-141. Benigno Vareln: La Terrorisla.-142. Andrés González-Blanco: F:l castigo.-143. Francisco Villaespesa: El último .1wderram1n.-.144. E. Gómez Corrillo: Nuestra Se11ora de los Dios Verdes.-145. _F. Falero I\Iarqnino: Rara avis.~146. Felipe
Trigo: A todo honor.-147. Ramón Pérez de A.rain: Senlimenlal Club.-148. Carmen de Burgos (Colombine): En ta guerra.-14n. íl.nfael López de Tlaro: Del Tajo en la ribera.-150. Eduardo r..1arquina: Rosas de sangre.-151. Martínez Cuen•
ca: Semana de Pasión.-152 Concepción Girneno de Flaquer: U11a Eva moderna.-153. Alberto Insúa. El crimen de la
calle de ... -154. Carlos Fernández .Suaw: El poema de Cararol.-155. Luis Cánovas: El obstáculo.-156. Sofía Casanova:
La prinrpsa del amor herrnoso.-157. Miguel Ramos Carrión: La reina de los l\tadgyares.
Afio IV.-Primer semestre.-158. Salvador Rueda: El J)oema á la muter.-159. Pedro de Répide: Un cuento de. vieias.-160. Dorio de Gáclex: Por el camino de las tonlerias ... -161. Arturo neyes: De mi almiar.-162. Vicente AlfJlela:
La senda lriste.-163. Joaquin Belda: Un baile de trajés.-164. Carlos Miranda: Mi núla..-165. Benigno \.arela: Relámpagos ·de mi vida.-lGG. Antonio l\l. \'iérgol: La tragedia politica.-167. Felipe Sassonc: En carne viva.-168. Joaquín
Dicenla: El idilio de Pedrin.-169. \Valclo A. Inslla: Vida truncada.-170. Prudencio Canitrot: El seiiorito ruraL-171. Angela Barco: Fémina.-172. A. Hernández Catá: La dislancia.-173. E. Marquina: Fin de ra.:a.-174. Antoriio de Hoyos v
Vinent: La reconquista.-175. Luis Huidobro: La casa número 1s .......:.1?6. José i\laría Tenreiro: La a,qonia de Madrid.
177. Emilio Correre: Elvira la espiritual.-178. Gustavo Vivero: Amelia.-l70. Concha Espina de Serna: La ronda de
los galanes.-180. ~lark-Twain: El capitán Tormenla.-181. Anatole France: Kor111n «el Atríbala&gt;).-182. Francisco Rodríguez ~!arln: A.::ar.
Segundo semestre.-1S3. León Tolstoy: Valor.-184. Felipe Trigo: Además del frac.-1S5. Coletle \Villy: /\li alma era
callliva ... -186. Alberto Insúa: La camarera del Bar hlglés.-187. Alfonso Daudet: Calvario.-188. CharlPs Baudelaire:
La Fanfnrló.-189. Antonio de !Ioyos y Vinent: La estocada de la larde.-190. Robert L. Stevenson: El diahlo embolellado.-191. ~lnnuel Linares Rivas: Lo aue no vale la pena. -192. Emilio Carrere: Aventuras de Amber, el lu.chador.193. E¡;a de Queiroz: El difunto.-194. José ~1." SalaYerria: NicC:foro, el tirano.-195. Paul Hervieu: Los ojos verdes Y
los o¡os a.::ules.-196. Juan Tomás Salvnny: Quinientas pesetos.-197. Benigno Varela: La humilde curiosa.-198. Joa.qufn llelda: So ha11 burlas con el casero.-rn9. A. González manco: Idilio de a~tlea.-200. Emiliano Ramirez An.irel: Tuventud, Jlusión 11 Compafüa.--201. José Francés: La venganza del rto.-202. Augusto Marlinez ülmedilla: El precipicio.
203. Federico Jaques: La ültima iugada.-204. Alejandro ;.,arrubiera: na Paz.-205. Julio de Hoyos: Eva.ngelina.-206.
Manl'icio López Roherls: Mar adentro.-207. Luis Antón del Olmet: La risa cM fauno.-208. Pedro de Répide: Un conspirador rle m¡er.-209 Núi\U:ílO F.XTRAORDI:-JARIO. López Silva: El palio tranquilo
.Afio V.-Primer semestre.-210. Francisco Villaespesa: La ve.nqa.nztt de Aischa.-211. Eugenio Noel: El rny se divierte.
212. Isaac l\luñoz: Los oios de Astarlé.-213. !\.1anuel Arana1. Castellanos: El cofo, campeón.-214. Arturo Reyes: Snn_qre
tiifrrna.-215. Emilio.no Rarnirez Angel: Historia sin desenlai:e.-216. José M. Matheu: Después de la caida.-217. J. López
PinHlos: El ladron;;uelo.-218. f. García Sn.nchiz: Pastorela.-219. Vicente Pastor: Los amores de Vicente Pastor.

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NUESTRO NÚMERO PRÓXIMO

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El crimen de un partido político

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Había rolo mis relaciones con la duquesa, cuyas burlas y engallas se hn&lt;'íun intolerables; y
Flora, la admirable cupletista del 1,Parafso terrenal)), mi consuelo y distracción en las anormalidades afectivas de aqúé lla, hambrienta de
g loria y de pesetas, sin hacer caso de m is f-:Úplicas, se había marchado á París.
Por otro lado, en el Casino y en varios Círculos análogos tuve que ver cómo se me escapaban de la cartera muy cerca de seis mil duros,
afanosos de duplicarse 6 triplicarse en una combinación ruletruia.
Todo, en aquel invi erno, había conspirado contra mi tranqu ilidad amorosa y económica, agr·n~

\.iJIHlo lu c.tfe1TitJ11 u:,111ütii·u 1~JCºr o1¡4-,,:..
· ¡;,¡¡;iffl,aJidad nit' a11 iq11iluha.
¿.t,J11l• haf•er·! lJt'spué~ de lurgo 1lisr11rrir1 coni-.
p1·(•111!i que 110 111c quNlaba olJ-a :,;.(ilución que eonsuJlar ul dod r H on1 y sornekrnte ú su dictan11111.

.\ si lo hice. ~le fui ú yerlc á su espléndido gabinete ele la ca ll e de PrC&lt;'iados, en donde lo hall é
pukro y elt&gt;gautc corno sien1pre 1 y como siempre dc.'St&gt;sperado por la ola de E'nfermos que dia~
1·ianH nle inHtdía su casa.
- Ya sabe usted cómo' estoy-le di je.
- Si: exceso de fatiga en los pulmones, cunsaneio articular, &lt;lolores bronquiales y tos áspera y frecuente. Todo eso moles ta, })€ro no cons~
lituye una amenaza de muerte inminentc--eontestú el insigne médiro 1 con su touill o irónico de
costumbre.
- Y bien 1 ¿qué debo haced
- Recogerse un poc~ más temprano; no hacer
tauta Yida de casino y de /oyers; no trata r ta n
d&lt;'spcclinm1enle los iulereses, que al fin pueden
tener también un crnnpleto ocaso, de continuar
por el camino que usted llera, y disminuir cuanto sea posible, de no eYi tarlos · en absoluto, los
sacrificios á Venus.
- ¡Doctor! Bien sabe usted que estoy doble•
mente viudo y que mi vida, desde hace dos semanas, nada tiene que en,·idiat á la .del mismísimo San Anton io.
1

�-Sería inúlil, sefíorito; cuanto más se seca,
más se moja-contestó.
I ntervino J ofre, á tituló de conocedor de la localidad.
-:El mar. ¿No ves el 1rnll''?-clijo-. De él viene
la humedad, en forma de evaporaciones continuas.
En efecto; el mar eslaba allí, lamiendo tos cimientos de la parte ~ol'te del palacio, defendida
medianamente por una cadena de rocas verdosas, puntiagudas, bordadas de estrías y ranuras hechas por el eterno batir del oleaje : era
el mru-, sin duda alguna, quien daba á la entrada
de mi casa aquel aspecto desolador y helado quP.
hacia pensar en las cavernas.
· Traspasamos el patio y ascend imos por la esMadrid.
-Pero ¿á dónde?-------exclamé 1 aterrado a la idea calera sefi.orial, polvorienta y matizada de ved,e abandonar el campo de mis aventuras y tas musgosas 1 signo evidente de que ningún ser
humano había pasado por alli desde tiempo intriunfos.
memorial.
-¿!\o tiene usted una cusa en Villamar?
-Juan-volví a preguntar humorísticamente al
-Sí.
viejo
sirviente-: ¿también el mar ha convertido
-¿Y no está en condiciones de habitabilidad?
esto en ptado·!
-Ya_ lo creo 1 en excelentes condiciones.
-Sefi.orito-----contcstó, confuso y avel'gonzado,
-Pues váyase usted á Viltarnar: allí enconel
criado-: como no le esperaba; como crei que
trará lo que necesita: reposo 1 aires azoados, yodos y arseniatos que, si. no le curan complela- no volvería por aqui después de tantos años, la
verdad, no hice 'e! aseo que era ele mi obligación;
mcnlc, Ie·permitirán pasar sin mucho quebranto
le pido que me perdone.
fl invierno próximo. .
-Bueno, bueno; trn.nquilíZale que no voy á
uDel cncmjgo el consejo)), dije para mi coledespedirle;
así como así tü formas parte del edito, barruntando naturaJmenle que todo médico
ficio,
estás
unido á él como la humedad á estas
es enernigo del hombre, aunque particularmente
1
piedras.
•
lo estime y aprecie. Y sin hablar una palabra
-Y
por
la
lealtad-agregó
Jofre.
más con el doctrr Roca, que era médico de mi faJ\.Iomentos después estábamos en el salón inmilia des.de tiempo in.memorial, y había enterrado
mediato
á mi alcoba; yo, tumbado en un softi.,
á m.is padres y á todos mis .hermarios, me fui
y Jofre, sentado correctamente en una butaCa. ·
á casa, aJTeglé el equip'lje y 1 en et. expreso de la
-Daniel-dije, iniciando lti conversación-: ·te
,noche que salía para Villamar, sin despedirme
encuentro
un poco viejo.
9:e amigos ni amigas, dejé á ~:Iadrid.
-Es verdad-contestó con acento marcadarnente mclancólico----1 estoy bastante viejo; ¡qué
quieres, no pude, aunque lo int-en~é~ detener los
II
ruios!
--¿Sin embargo--'--rcpli_qué- 1 no lo son en nún1er-0 que asuste.
En lri estación me e~pe!'aba ini campa.llera de
-J\lrra, aquí en lo sagrado· de la intimidad
la infancia Daniel Jofre.
_ Nos abrazamos efusivament.e, montamos en no quiero , mentir : he cumplid_&lt;): los ,cuarenta y
1
Uñ. -coche bastatlte desvencijado .y,· al troifr mo- cinco.
lestísimo· de dos· caballejos pel1;1dos, adornados . -¡Tantos! ¿Cómo puede ser eso, si yo no_ llecon gruesas cplleras cuajadas de cascabeles, que gué aú.n- á los treinta y seis? .,
~Yo soy bastante mayor· que lú; ¿no recut:rsonaban con ruido desapacible y atormentador1
atravesamos las calles de Villamar, penetrando das que Cuando ibamos al Instituto tú eras un
en el barrio de la nobleza-una especie de Acró- Hbebei1 de pantalón corto y y.o estaba frisando en
·
'
polis inal)ordable, ell la que se coilsel':va cuanto los diez y pcho?
-No 1 110 recue1·do eso, sino qu-e fuímos los ~negueda de linaJudo en aquella cilldad, que los
buceadores de la arqueología pretenden funda- j ores ·amigos y camarD.das 1 l9s que más nos :cp1_eríamos de t.oq.os los compafi.eros, Y que tú, uü
qada menos.,· por un hijo natu~·al de Júpiter,
Al poner 10-S pies en e1 zaguán de mi -ca.&lt;.:.a, buen Daniel, me ayudabas y defendías en .todas
sentí un eslremecimiento de terror. La hume- las loitas y pedreas que librábamos con los uri~
dad de las losas era tan grai:de que_podl'ía·afir- ltotesn en los altos de Santa Comba y en el campo de Platea.
marse que acababan de regarlas:
Y, sin poder domfriar mis n_ervios ni mi emoNo pude corite·nerme, y pregwllé Q.i criado que
_ción, dí un abrazo á J ofre, que1 no mer,tos conmocuidaba aquel rmtedHuvíano edilicio:
vido y con los ojos. h úmeclo.s y tierll?~• apa1eaba
-Y esto ¿no puede secarSe?..

-Ya,· ya-replicó el dador Roca-. Lleva usted unos días de tranquilidad, cierto es; pero el
invierno y parte de la primavera fueron de un
desgaste enorme, de un derroche monumental,
y... ahora tocamos los resultados.
-¿De modo que? ...
-Que debe usted refrenar.se un poco, dar menos gusto á la bestia y pensar que ésUt pued€ negarse muy pronto, por no tener fuerzas, á llevar
la excesiva carga que usted le impone.
--Entonces, ¿qué me aconseja usted?-pregunié1 un pooo alarmado del tono serio con que el
médico revistió sus últinn.s palabras.
-Lo mejor será que 1 sin olvidar él tralamie11to que le tengo ordenado, se marche usted de

1

4a,

i
l.1

1

¡

mocleraclnmonJe con su bastón hu~ puntas de sus
botas, de brillante charol.
Daniel Jofre era un tipo origillal y un poco ex~ravagantc. Hijo de una familia acomodada y de
ilustre abolengo, nunca había querido saJir de
·Villamar. Por no perder de vista su calle Impe-

rial1 ~u úoulevanl, sus jardines, su alameda1 sus

y espcc:ialn1ente su Acuario-nombre con
que era couociclo el ptincipal centro de recreo ele
la localidad-, decidió ahogar todas sus ambiciones Y no pudo darse otra carrera que la. de profeso!' rncrcanlil, única que podía estudiarse allí.

!\tl)élles1

�Em delgado, de u11a ,ldga,lcz qne recordaba

de él v vo teníamos mH:strns YiYiendas -corno en
el ce;ll;·o y en el ernmnche. Conocía á lodo el
Cl·sar: de nariz larga y a!llada. bastante inclinada
mundo v en muchas rasas había recogido hishaciu la izquierda; dp color all'zado, con vblunltorias ;n~e tanto tenían ele ridículas como de aobres obscul'Os de heno renén cortado, y ojo;: azu- Jorosa~ - y, ú nce~, trágicas. Especie de cllalnsos, de Pxpre!-ión tristona y dulcc&gt;. Las orejas, , blillo desocupado, mataba el tiempo colándos~
irn11Pusas. tras¡,an•11lubH11 de tal 11101l0 la luz. &lt;JU~ pur las · rendijas de la~ purrtas y sorpn•nclienao
¡iodin lecr:-.c á sn t nl\·(•s; parer·ínn m'Pjns ele Pn- en la al('oba, en la cocina y en el cornr&lt;lor los
c-njl'. El rostm Pru lnrgo. guanlmul1, m1 si11gular 111ús rr&lt;·ónditos sPcretus de ;;us convecinos.
¡¡¡11·1)ddo 1·on f') di' 1&gt;. C.Jnijok, sernbnulo á t l'f':\oda sc&gt; esC'apaha. ú su ojo prrspicaz y pl"llechos de P~pi1111las rd1eld1·s y granos atrofiados,
trnn!P, ni naclie podíu IPYa11tar la frente ante t'!I
qul· i111pedían PI cref'imiento &lt;le la harba. \ cr1la- sin ex¡,unrr:--e á que tuviese que bajarla. a\'&lt;'l'dcra111c11IP, .Jolre &lt;'l'U clt: un feo soberano; pero gnnzarlo y confuso.
ltahia !'11 l'! r•u11ju11lo de su per,;r,11a una expresii'm tal de hu11clacl, 1111 aire tun atractivo y simpúlico, que ~l' ltada qm•rer de cuantos le traIII
taban.
GP11Prall111·11te. e11 Yillnmur se contaba con ~I
El i'""to de aquel din-el rte 111i llegada-y los
¡mra todos los as1111los ,le nlg1111a i111porlatl&lt;'in
nl'ho snresivos los co11sagré fl recibir y pagar
1¡11e a!Pdnha11 al , ..,·indnrio.
Y bitas.
¿llabi!1 '!IIC &lt;1111· 1111 asullo 1·11 PI ,\&lt;'Uario". Pues
Era de rigor 1¡11c viniesen á Vf'l'111e los graves
era l&gt;,mi"l q11i,·11 suliciluha cl1• h1 Direcl!ya la
y 1·i 1·c11ns¡H•1·tos pt'rs,maje.,; de In .\r.1·ópolis: á
iiulis¡ll'11sahle aulorizacii',11, !'I qui• mn•glaha los
11111d1os de Pilos ¿,110 111e ligaban lazos lle parensalo11Ps, clispo11ia 1·1 /111/1'/ ~- c1111eert11ba las ¡,arrt. seo·? En 111ayur ó 111t•11or gra&lt;lu, érar11os todo!5
jas &lt;11• i'os c·◄ 1lillollf•.~, q111· 1lirigia &lt;"1111 ad,•rto 111a • 111·i111os; 110 podía, lJLll' tai1to, cxcusannc &lt;le co1·a, illoso. ¡,Se l'sp1•rnlrn ú 1111,, 111i11btrn &lt;!lll' duIT1•spo11cler ú ::;11 ate11dú11.
ra11!1· su g11hiP1·110 d1• tn•s llll'sl's hahia c1111,·Pdid11
l't•ro ¿&lt;¡ué hu sirio de su Yicln'?- 111e prcgun&lt;'I uslalludo dt&gt; 1111a an·1dda'? l &gt;anid :-1' 1•111·,11·gaba
laban las sPi1oras que le11íun l1ijas casadera.-;
de lo:-- sol1•in11es prPparatin,s dt• la \'bita. cl1•I
¿.Cuúnlos af1os 11,·,·a usted ~In n•11ir ú \'illamur··?
redl&gt;iu 1il-11to y rle i11icia1· los apla11:--o::; 1·11 la rs-.\lgunos, scfiura, algu11ós- eontl':--laha. ínvatarión: onle1111ha el cortejo. que Pll SPndos corial&gt;lelllente.
clt1•s y autos m:0111¡,afiai•ia ú S. E. ú s11 1•11lracla
- S1• c-onoce q11c le gusta á usted 1;1ás San Se1•11 la dudad: arreglalm las ltnbilal'Íones qui' dl'- bustián.
hia ocupar l'n la casa de s11 r~prcscnta11te polí- .:--:o lo crea usted.
tiro, el ho11ornhle cad1111c dl' su bm1do: el lmr1o.
-\'amos. sea usted lrai1co: co1110 allí hay más
t¡ue el ilustre liu1nhrn ,-olía 110 dnrsé para nn
rliv&lt;'rsio111·~ y nm los reyes, y hay mucho mujeperder el smtl•i p o!Yo de la moralidad curtesana,
río y se tirn ele la orf'ja á Jorge ...
~· orga11izaba "' b1mq111'1c d1• ritual, :-l'f1ala11do
;Seliorn! ;por Dios!
los orarlores qur, :--in trrnor ú 111el&lt;'r la pata, po\ a&gt;·a. no se haga ustrd el impecable.
&lt;lian l&lt;'lidtnr ni amado huésp1•tl.
:\o lo i11tento; pero...
;Qui'· udi\'i1lnd y qué aderlo desplegaba ¡,ara
Sí, y las mujeres son más guapag que aquí;
Pstas 1•11sa!&lt; Joln•'. ;:'\o t,•níu cornpf'lidor, , ni mm rausas todas por las c¡ue nos condt&gt;na ·usted al
c¡uien prctmdit&gt;se sustit11i1k!
desrl(•11 y al olvido.
.\luchas veces su~ amigos habion qtll'rido YO-Por Dios, H•tiora, no haga usted afirmaciotarle paru cor1c1•j11l ó diputado pruvi11l'ial. en
nes tan inf'xactns; 111b trahajos, mis f'Sluclios y
justa n·m1111H't1sc1 d&lt;' sus habilidadPs y de~i11telllis negol'ios, r•if'rlo Ps que 111c han alejado de
n•sados senidos ú Yilla111a1·; ¡,ero !'.·l. enamorado
\'illa111ar: pt'ro nunca he deja,lo de recordarla
de su i11l1Ppt•1tdr1t1fa y dP su libertad, negúra!:'P
con euri,-10; y en c1w11to ú sus mujeres ...
1·csup1fu111&lt;'11ll' ú rel'ibi1· tales honores, ulegando
Sí, ya conozl'O la frasp &lt;le cliché: son encan&lt;'!&lt;las &lt;',·a11gélicas 1-uzu11Ps:
tarlorag, ideales, ¿verdad'?
quiero cargos pura los qne no me con- l'slcd lo &lt;licl'.
sidero apio. que 1·1·1•m1 r&lt;•;;p011sabilidades y no clan
De este eorle y hechura, más ó menos modifisosiego :,;i se dt&gt;s1•1npcfian n•etai11t•nlc; no soy cados, eran todos los diálo~os que me veía oblitan pobre ,¡u&lt;' log 11erP:-.itc para c·on1e1', ni tan
gado á SM,lener en mis vi!-ütas á las rasas de mis
inocente que los a1·eptc para ser\·ir de escabel
parientes y comecinos.
.
•l\ los qi11111aslas y avrnt11rerns de la política. Por
En In calle habíanme ahraza!lo los amigos de
ahí ar~dan it dcntos- agrrgaba- los qur. se 111a- la niliez \" los condiscípulos del Instituto, convert an por akanzarlos.
tidos en ·rt'spetables y severos padres de famiEstus excl'lf'n!p:,; cualidades no impedían que ·lia. abogaclos sin pleitos unos. de la Comisión
.Jof1·e poseyPse, y en grado superlati\'o, los Jlf'Caprovinrial otros, médicos á caza de enfermoil
clos de la c·uriosulacl y de la 11n11·11111ración. A \'Cmuchos, y con galones de capitanes y comanl'Í"uahn con un inte1·és si11c1•rn Y profundo cuan- dantes de los dilere11 tes cuerpos de la plaza no
!;ocunía 1·11 la ,·illa, tanto c•11
\l'l'ópolis- donpocos. Ta111bi(·11 me l'slrPchaba11 las manos con

ú Casio, el COlll¡&gt;tllll'l'O de Bruto rn el asesinato de

-:--o

1;

11111cha 1•f11siún los rc¡1111 ters de la f&gt;I'• 11,;a l111·ul,
r¡111• In s11g\!slin1111lm ~• atraía 1·1111 su ruleta y su
1¡11e ll1•gai·o11 ú &lt;'Ollf•ed1•1·111e s&lt;'is lí11eas de elogios
~ocicda&lt;l f'Osrnopolila. ell'gnntr, 1nundana ,· disy liil' ll\'CHicla,; 1·n fu :--t'Cl'ió11 de 11\'it1jl'l'08 clistin- cr,,ta.
·
g11idosn, suhrdú11d11me c·11n nlgm111 d&lt;':--cuntiuuza
:\o rt'co1 daba n1e11(1s á Flora, la nclorable culos ,-,•1wdon·s y dipufadns ú Cortes. l1·111er11so,-;,
pltlisl,1, tau unw hle, tan sofíadora, tan rstupensin d11dn, d1• quP yo i11tr11t11se !ll'rlurhurll's l'l!
dunH•11tc hPcha c1ue. &lt;·11 concurso de belleza. ha••l 11,-,, ~- clisft 11!!' &lt;le ,-;us feudos político~.
_hria ar·1·1 hntado el ¡11·cmio á la mis111n Fl'iné, ó.
Estu,e \P1·&lt;1adp1·a111c•11lP &lt;'1tlt·!'lt•11ido lu pri11wr
la (JlW srguia ('11 sus midmtzas ))Of la lllOdPl'TIU
s,·111mm d1• 11,1Pstmwia111 \',llnmar. C01TPll'at11ln
llal,ilo11ia. Prwa11lnndo á parisin1,-;r•s ;y rlesplupor s11s 1·1111&lt;',; y c·111!Pjo11Ps, pur sus jnrdi11c•s &gt;lllill1do yarH¡ui,;, Hl'¡.(Prtli1ws y l1msilc:fíos.
a,·P11idas. por sus 111111•l1Ps y ¡,aseos: nyellflo 111ba
t.·11u tard,•, &lt;le:--p11és dP hal&gt;er recorrido los 111uct·n Sm1 .José y scJ 111ú1t l'll la igl,•sia de los l'all1•s, JH'e,;c nl'ia&lt;lu la snlida de dns grandes vapodrPs I lonti11i1·os: aJH'f'IHlicndn de rnr•rnüria los
l'Ps t!IJt• 111111·,·hahnn &lt;'11 demanda de Hio Janciro
110111h1·ps cl1! Indas las chicas 1111e v c,r ,u lwnnoy Burnos ,\ires, al&gt;a1Tolados de &lt;'f'hollas y alsura y elPgurwia llanwhan 111i alt-nción; usi:,;
tl1'n11os-&lt;los prodnctos dr la 111iseriu rural qnl'
tir11clu c•n 1·1 uCitll'n ¡'¡ la tanela di' las do,·" 1k
ih,111 á &lt;1frP1·r1·sr ú los estómagos pantagruélicos
l,l no&lt;'hP, r•n (1111' sP &lt;'xhihía al 11al111·nt una 11!1wa,
d,• In,; 11rhP;-: ullra111nrirw:s-, y de ciar \'aria,1k los &lt;IPs1·,·hos di'! J1al'lw ,¡,. la;: Injuria;,:, que
n1,•ltas ¡1111· ,.¡ /1r,11/r1·11nl, 1•11 c-0111p111iin d1•l i11:--Ppretendía ohspan1hlP .Jorr·f',
c11re"'l' á la
torn,~ PI alto 1·,·Fornnt·ina, llepPd1n el,• 1 ra !'O.
g11é• ít ol\ 1d11 ri'\ (1 :S ilf'l 1'rÚ111c cl1\ mi cloIJt1 l 11118 a 1 ('P1,•ucia J' ú :--allll'llf Pl'Ííl, ('lla!J·
hm't•ar llllU 1111€'do.
di' itnprnvi\'a y 11rny graso, dijl' ft llli
1 a 1•xis!Pm·i11 .
,lllti,l(o:
Tosía poc-o y
- ;.~ahes una
sin 1lolor; palrosn'!
pitáha1111i PI ro- ¡,(.&gt;116·?
rnzón orclcma- (.&gt;ne 111r· fasdanwntc; 1 os
ti1liode11111110&lt;l0
IH'n·ios, libres
PS)&gt;illilos11; q11,•
de su tensión y
re\'i1•11to si e,-fó
dureza, propor1:outiuúa, y que
cionaban á mís
no concibo cómo
n1t'tsculos una flexibilidad agradable y plúl'ida,
lú 110 le has suicHlado qui11ieJ1fas ,·cces Prt e::-11'
,-iP11du, en genei-al, mi e:,lado muy superior al
poblaehóu.
&lt;Juc en :\ladrid h11bo de produr-irmc tanta alarma.
-'\o tengo tan mal gu:;to: rl suiridio queda
Pern, quizú esto mismo, el bierl&lt;'slar físico y
purn los habilitados que desfalcan la Cnja y para
111ural que s1•ntia. el ckspcjo l'fi c¡11c entraba 111i
los tniuislro,- que pierden una,; elecciones; yo
&lt;'t'l'&lt;'bro co111pagi11arnlo JH'Usa111ie11lo,- -é hil\UIHIH- ,·i,·o aquí c-01110 el JH'Z &lt;·n rl aguu.
cln id,•n:; de cosa,; y ¡&gt;Prsoua.s u11:,;P11tes, 111e pro- Ciertarnrute. bien \'eo lo. qrrn te rclucl'n las
dujel'oll esas llHlltifPstado11e.~ sinlomúticas cl1'l l'Sl:UlllUS.
1
aburl'i111iento. que se dmt á t·onc1&lt;·er por el bo~-¿Lo dice:,; por las pt&gt;rla5 y zatlrillo.., que adorl&lt;·zo, ¡Kir el cansancio y tksahril11k11to dP lo que
1ta11 111i n1rn? Pues es nCC'P~ario quo~sepas qui'
se mim, cuyas lí'rleas y &lt;:ontomos s1• e,:f1rnw11 y
rnnslilny1•11 111i orgnllo y que á t•stas jvyas debo
piPrde11 sin 1lejar huPlla en la l'C'li11a. y por 1111
IIIÚS tic 1111 ll'i11nfo lU!lOl'OSO.
d,•:,;eo rirn y ardiPlll&lt;' d&lt;' tornar ú lo:; hahituul,•s
- ¿Srrú ¡iusibhr?
lngares y a1·1•rcm·se á los :-f'r1•s queridos.
- , tai1 posihlf'. ¿.Ha!- olvidado aquel refrán:
~le a1·orclaba, ú d1•specho ,te la rnl1111facl d,•
«La 11111jl•r· y In loba ... c!C'. 11'! Pues en Yillamar
oh·itlarln. di' la cl11c¡11c:-a .\ngt'lu. 1·uy11 ingPniu liP1w mud1ns pnrlidurins Ju sf'nlPnciu.
:sntil y burV,n Imito 111c 1•11l1·p(p11in ~- ¡•11irnaha.
- :\o 111&lt;• l'Xlnuiu, porc1111• ac¡11i la e5cuela di'
de sus 111orhideet·s de 111at1·1,11a ro111ana: d1• In Ps- 1estt'•li,·a Pstá r&lt;'111·1isP11lu&lt;la por las cargadorus d&lt;'
cncla ele las Ju.Iins y l'op(•a,; y de su arlP inf'Ol11- carbón l'II l'I 111ul'lll' cll' ~agur.
parablr parn aplut;ar los ePlus di' sus side Olt'los
- \o dir(• q,w no: l"'t'o lns hetuira:-, bailadnas
y li•ner emboba,lo y c11nte11to ·a1 d11q11e su ma- y c11plelislns que tanto ad111il'úis en \Jadrid, y
rido, comentador irn,ig11e y cC'lebrado di'! drama
por las cual!':- os nnuináis con deplorable frecalderoniauo ,1 srcre/o ayrarin, secrel&lt;I n•11rnP111·ia, son, r.usi si&lt;•111prr, lo !llÚs mulo de esa
1

aw1;a. ill

- ¿Qn(• hará'?- p('nsaha-. ¿.Estarti rn nianitz,
ó ltabr·á tonl(ldO l'I cm11i110 ele ?\iza·? Posible er·a
r.stn último, rorq11c cerca de :\iza Pstú :\lórnwo,

escuda. l11 t!ll&lt;' ya para nada 110s sin·e á no"'otros.
- ¡.Tf' has pi11ehado?
- :'\11 lll'\U allllen•s.

�-Vaya, acabemos con los chistes necios. Lo
que te digo, mi querido Daaiel 1 es que esto no
me resulta; que estoy harto de ver tanta&amp; muj(.'res cursis eri la calie Irnpe'ri.aJ, que, por llevar
unos traje§ me-clianos, ,se creen reinas de la
moda y árbilras ele la cleganda1 y tantos hombres del género chico, que no conocen más político de altura que l\law·a, ni nülitar más bravo
y aguerrido que Azciirraga, y que, por haber
visto torear á Machaco, se consideran preparados y con fuerzas para atorn1enlar novillos en

la plaza de toros.
: -Pue.s, mira, Enriquc--cste es 1~i nombr~1
siento de veras que le abwTas, porque, s1 te
tnarchas, corno presumo que lo deseas, lo qut!
habías ganado en salud y fuerz.a en los pocos
días. qué aquí llevas, lo pierdes para siempre--

dijo con acenlo de srncero afedo J ofre
, -No-respondi--; yo no quisiera irme; pero,
si tú no invenlas algo que rne entretenga1 me
veré precisado á hacerlo. El tedio \·uclve á invacUrme1 y el corazón no tardará en mostrarse
i.lgil,acLo y lutbulenlu.
-¿Quieres que visitemos los puéb!os y aldeas
rle los alrededores'? Son hermosísimos; tienen
úampifiDs csplénd1dns 1 rías de ensueflo y algunos monumentos notablf!s.
-Gracias; no prelcndu emular á He.clús, ni
hacer wéi'-itos para una plaza en la Academia
de lá-Historia: tan escasamente me interesan
los monumentos, que vamos á dar la vuelta sin
llegar al faro, no sea el diablo que se aparezca
por ahí el bruto de Gerión con su n1a.z.a y nos
dé un susto.
J ofre rió cortésmente, aunque no :-:atisfecho
del chist.e , y· a1nbos dimos la vuelta. hacia ·la
j
ciu&amp;d.
·
--Una. idea se me ocurrn-djjo de pront.o, golpeúndose suavemente la frente.
·~~Ah!-exclarné, elevando las manos al cie10-:--¡una ideal ¿Tienes una idea?
--Y eso te asombra, porque Lener una idea ..
-¿Quión lo duda.'? Es hallarse.frente á un aspecto Ue la vida.
-Y, el.aro, á ti le pai'.Cce muy lógico y razonable que en tu pueblo natal no se encuentre un
hombr-e capaz de tener una idea.
-¿Acaso se sabe aqui lo que es In, vida?
-Te diré· aunoue no tenem06 enormes boulevares1 ni p~seos de dos lcguas 1 ni jardines como
el RetirD, ni mujeres que. gasten en un día lo
que á mi me basta para un allUi vivimos la vida,
y la vivimos intensa y profundamente.
-Pero, ¿e.so es cierto?
-Y tan cierlo.

--Pruébamelo,
-:\l.aüana en• el Acuario.
--¿En el Acuario?
-Sí, á las diez en punto de la malian~.
Intrigado por la se.riedad con que se ex1wesaba
Jofre, dije:
-Iré; pero ¡infeliz de ti si me engaflas!

IV
A las diez en punto estábamos Jofre y yo en
el Acuario.
El salón, que acababan de arreglar los moms1 brillaba por su limpieza y buen orden. Los
recios y grnndt.!s c,orlinones de terciopelo rojo
qye sepnraban la tertulia del departamento de
tn.:•si\lo 1 reflejaban en las paredes, &lt;:ubiertas de
espejos 1 y los sofás y bl1tacas 1 amplios y cómoctc,s1 parecían esperar á los socios para que se
arrellanasen plácidamenl.c en sus mullidos asientos. Dos cuadros de e.sea.so valor artístico cubrían los lienzos de las paredes del fondo; una
copia de uLu rendición ele Breda)), de Velázquez,
cuyas 1.-rnws parecían chuzos de sereno, y una
rnu.rina, Lle autor sin nombre 1 en que chocaban
contra r oe.as de porcelana olas lánguidas de·
azul turouí. De estas obrns em-a.11ecíase bastante
la DirecÍiva del Acuario 1 aunque sólo conseguía.
deslumbrar &lt;"011 ellas á los que arribaban de Perrn1mbucJ y á las sefiorito..s Que concurrían á los
V$U.ltus cun helado y rigodón.
En justicia, no era dable exigi-r al casino de
Yilbni::i..r (!Ue tuviese una. galería como la del
duque de ,\ Iba.

Completa1ncntC' solos Jofre y yo1 pues !,as villrnnarinos s-on poco mn.drugadores, nos acomodainos en el gran vcnillnal de la derecha, sentados el uno frente al otro y teniendo en medio
unn. rn:f:sa ele ajedrez para apoyar los co-dos1 y
cmpezn.mo.s á nüra.r ú la gente que cruzaba por
In cnlle.
Eran chicas de vuelta del n1iercado, con sus
e-estos muy limpios y relucientes 1 a.dorna&lt;;los con
cintas de metal blanco ó dorado, y ve,slidas con
bastunlc pulc.r:itud; modistillas que pasaban en
rápida. carrera, llevando del brazo cajas forradas de hule negro, en cuyo seno misterioso iban
lus vestidos en prueba de las damas de alto copt!le; crilldos, con trazas de ordenanzas mili!Ftres con nii1os 0ue conducían al colegiv; vendedor1es de peri6di;os de l\tadrid y de la lucalidad,
que gl'itab.an dcslempludamente los títulos, y limr,iabütas aslroSüi5 y de8camisad~s, &lt;1.ue insulla1,an ira.:::undos ú los que no se sometían al tormcnlo de sus cerlillos.
-Y bien, querido Daniel,. son las diez y estarnos en el Acuario,---dije á Jofre, que fumaba susegadamLmte un cigarrillo---. ¿Cufmdo empieza~
á .demostrarme Ju verdod de tu afirmación de
ayer? ;,Quieres decirme por dónde anda aquí la
vida?
Daniel sonrió oon dulzurai pasóse suavemente
la mano por el largo mentón 1 retorció las guías
de su bigote, la joya natural de que más se
envanecía 1 y mirándome. con aire superior1
cJijo:

-¡lncr~dulo! Alza los ojos y cqntempla la galería del frcrite. ¿Qué ves?
Qbcdecl maquinalmente, dirigiendo la mirada
hacia el lugar indica.do por Jofre.
, --Voo cinco ó s?is mujeres, que unas cosen,

otras leen y una me parece que nos observa con
algún disimulo-contesté.
-Esas mujeresl que son cuatro, pues- de las
tres viejas debernos prescindir, se llaman las
ul\lelancólicasl)--dijo Daniel-~ la mayor tiene
treinta y cinco afíos 1 fué bastante guapa y tuvo
varios noYios; pero, cuando estaban corridas los
amonestaciones para C?,Sarse con el último de
ellos ...
-¿Qué?
--El •nuy tunante se n:al'chó al Paraguay, en
donde se dedicó .á la quiromu!lcia y ul noble
usportll ele mal.ar frailes y robar conventos. l.a
segunda ya cumplió lu.s lrPinta y tres, y nadie,
que yo sepa, llegó á decirle: i1íl11c.na cara tiene
usled.1i Padece de atac!ucs nerviuiR•OS, consecuencia de una afección neurótica que la domina, y
profes.u. libremente las doctrinas ferninistas. Sostiene que las mujeres sobrepujan en capacidad
rn0ntal á los hombres, y Que todos drbian ser
reducidos á la esclavitud. En cuunto á los solteros mayores de treinta afios 1 según ella, hay
que fu:-;i!arlos por imbéc:i!cs ...

está que trina contra el comercio y !p. il1dust.ria,
y afirma tfue estás factores del progreso sólo
sirven para fomentar una esclavitud nueva, consentida y amparada por los Gobiernos má~ liberalos y .dernócral-as 1 de !a cual son víctimas
~os viaj:rnlcs y sus uOvias. i\Ie figuro, que éstá,

-Corno tú.
-Chico, lo de soltero me cuadra; pero lo ele
imbécil...
-A los dos nos enertja el caltficati\'o; prosigue:
1
-Y porque 1 esos que quieren disfrutar de lós
placeres del matrimonio sin sufrir sus amargu1·as 1
son verdaderos defraudadores de la sociedad, que
tiene derecho á que ninguno de sus miembros rel1uya el deber de constituir w1a Jami!ia. El Estado
- afirma la pobrccilla f'H sus cscritos 1 pór(lue le
da por escribir-l si com1Jl'endiese los altos fines
para que- está formaclo instituiría el matrimonio obligatorio 1 y en Lodo ca.so sería justo que
castigase á esos Tenorios de ocasión 1 más daflos.os para la moralidad dolnéstica que la tubercülo.sis para los pobr'es, ron una Juc•rte contribución1 que podía be1wficiar á los matrimonios que tuviesen más de cinco hijos.
-Pues 1 mira, Daniel 1 no n1:e rarete que vaya
muy desacertada en sus teorías la rhica. Verdaderamente nosotro·s somos sf'res perjudiciales
al Estado y a la Patria, pOfi!ue les hurtamos la
formaciJn ele hombres, gastando nuestras fortunas y nuestras viriles cnergítis en fursas de
amor y borrachéras de lujuria, que son· estéri1,,s para el desarrollo de la poblaCió_n y, si acaso,
aurnentan la cofrupción y activan la decadencia. de las razas, tras lo C!Ue vieucn la anemia
y flojedad de las naciones.
-Si así lo sientes-dijo Jofrc-1 ¿por ·qué no
te asocias ca.tóltcamcilte con la feminista?
-HomLre, una coso e)'.: predicar ..
-Sí 1 y otra casarse: prosigo mi relación-agregó Daniel riendo-. La tercera se mete entre
l0s veintiocho y los lreint~ Y. le ha.ce el arnol' un
Yiajante ele comercio. Pero éste, ·como un judío
errante, no tiene punLo de reposo y aqui n unen.
puede detenerse el tiempo necesario para cambiar un apretón de mauoo con ella. La pobre
1

1

como las otru.s, rnorirá en la galería sin viajar

y sin v.iajm1le.
~¿Y la cuarta?
-¡Ah: La cuarta vive en plúoo cielo de ilusiones; corno que no ha cumplido los diez y oohv
y se co!Jsiclcra con derecho á esperar á su príil.·
cipe libertador: debe 11cgar wia tarde Eer~na del
oloüo, cuando k~s olmos y los castaños sueltan
sus hojas y los higos de San J\liguel están bien
maduros. Ella lo espera, segura de que ha de
venir, y 1 en tanto no llega, hace suertP.s y adivinaciünes con la ba1·aja de su padre.
-¿Es fabricante de naipés?
-No; los manipula con JlroYecho, que -es
mejor.
Empezaba á. inLerl:'sarrne el relato1 y la curiosidad morbosa de mi amigo transmitiase á mi es-

�t)iritu, ansioso de crmocel' los secreto~ de aql!ellas gentes, que recordaba vaga1nente de mis
aüos &lt;l!:! la infancia y que ah·ora encontraba en
toda. su plenitud pasional.·
S1; allí lUtnbién dcbian producirse las tormentas familiares, los dulores inll-rnos y esos choqncs de almas que no ha.::\?H ruido, 11ue son lnl~icos y siiellciosos porque s.on más dil.:i.c~rantcs
é incruentos; allí también habia drama. ¿Pm· qué
\!O conf:-~rlo? Deseé iniciarme en los rnistenos
\rillnmarinos, que en lofre teuían su C!oelio, y
decidí seguir cscucliúndole.
Pero aquella mafiana no pudo c011Íinuar el relato, 1&gt;-wque Lilipul del Castillo---recicnlemente
electo dipuLado proYincial--entró como una tromba en el sal6n 1 nialdiciendo de la vida y queriendo suicidarse· porque no hal&gt;ia podido hablar
con su novia rilás que cinco horas durante lu

r11ai1ana.
Jofre y yo 10· abamlonai11os á su dulor y á. sus
plnu~ibles pensa111irntos fúuebn•s 1 sC'guros de
tiue no había de rcali ✓.arlos 1 y -q_os fuimos á rnuri1}0sear po'I' la calle l mpl'rial, invacliela ya por
mujeres Jllur guapas y h&lt;Jnibrrs hastm1lC' fpos
y exóticos.
A la mitad de la \'ia, rrrca drl u1n·1acrn ele
música dP la \'itula de Pá.rga 1 Yin10s aparl'Cl'I'
un lipo cxti~a\·agunl&lt;' y cl{rn nesco, (fo larga..-; 111e[('nas cenié{cnli.1~, c1íf'il«do (·umo un fOrPro \. ck
oj1:s dirninutci" y obli&lt;:uos. \'pstía un trnjf' Z.olur
rancla, de ari&lt;:ho pirntaló11 y chaqucl de fal&lt;lonr~ enorn1es1 ·cubrit'ndo la rnbcllera mrro\·ingia
con . un sombre-r·o /l~ c.;opa coetáneo df'l 1·ry

.,

\\·a111ba.
¿ \·e:-; n;c qllé (ÍL'H" tun• so(t'i'Ümk ➔ 7 qt1c 1

c~n

gr1iuf!cxionf•s .('Q1oil'li-~ salu&lt;l--a .á tos.to el n11111clo·!
~ -dijo Daniel. _ ..•i&amp;
-Si.
T"
-¿Sahcs quién &lt;'s·?
-Lo ]wN;umo: el sacrislún (lp la (·cüedru! ó el
primer ador .di."' In í'_o111pnfiia-que udúa cu el
circo.
-Ni lo uno ni lo otro: es un en1bnja&lt;lor extraordinario q_ue su alteza el prfa1·ipc de .\lonlecristi ha r1wiado CL'rca de la Socie&lt;latl OcC'aJlOgrúfica, fundada aquí hace (los nwsrs por unos
cuantos espirilus supNiures que desean clasificar pulpos y perc\,bcs y llevar una gorra azul
aclornad.1 con galón de oro y escudo con cuarlcles ele gules y sinople.
-Es un tipo original.
-Y tanto; co1no que sus profundos conocj¡nienltJ:-i ü:Liolúgicos le ¡wrn1i l t'll c:ulctdo11or los mús
selectos Pjemplares de &lt;'st' gl•nern d&lt;' moh1sco:-.
que usan lenks y auto, para el rnuseo de su
seitor, aunque dowk 11111t'::dra \'f'l'dadC&gt;ra inteligencia y habilidad es Pn la industria del hf'lminlo intestinal.
-¿Qué clase de labor PS esa?
--¿!\o la conóces'!
-No.
.:.:..:...Pue·s consiste rn trnpczar cOn rualquier incauto que lome de la caja que tenga á su caTgo

&lt;'n calidad de lesorrro un par ele mil duros y
los enlrcgue á cambio del sPcrelo ele la extirpa-

ción de la bicha intestinal.
--Ya, ya voy cornp1;endiendo.
-81 helminto ¡qué eluda hay! no se expulsa
por el recto, porque suele no tenerlo el pacicnlc, sino &lt;1ue se dPsliza. con destreza malabáric·a
de la manga de la americana al vaso que tanto
m:aba el gran Yenclome. Llega al fin ú descubl'irse la superchería, y el i111poslor recibe· una
palizu. n1onun1ental, que tiene que ir ú c:urarsc
á Francia; pero las diez mil del ala posan al bolsillo del ilustre ictiólogo.
-Daniel, ¿sabes una cosa?
-¡,Qué?
-Que estoy encantado _de Villa.mar.
-Esto es nada. querido Enrique; ya Yerás las
rnnru.villas y sorpresas que te aguardan si te dccid('s A cstuUinr la fauna marítima y lcrrrslrc
&lt;I&lt;' l'$la ht•r1Jirn y e11c:antndorn población.
Eran ct•rcu de hu; dos, y pensamos en ir á
comer.
TtimamGs la ruta. crue colllluce á la \nópolis,
cruzando la plaza de La Heroína, en donde un
l\ lunicipio budista l'OnstruyP, dcscl.c el atio cinrurnta del pasado ~iglo, un 1·01wentu para bónzu!:-, perclit,rnlonos rn ,las lahnin.liras rúas que
!-i11ti1'ron orgullosas l'l peso 'de la hunwnidad glol'io:-;a de Carlos V.

cruenta jornada de Alcázar-Kivir ó defender las
minas de los carniceros madrilefí.os?
-.\luy bien-palmoteó I\icanor-; digo, rnuy
mal 1 porqL~c, antPS que hace r discursos hueros,
hay que tener patriofi.srno 1 (ligo yo: ¿se insulló
nuestra bandera·? ¿se han asesinado \-illunamrnte compatriotas nucstros? 1 pues hay que lavor
la ofensa, digo yo, y vengar ú nuestros aprecia-

el Acuario se fuman, me:Jevantó del asiento. rogiéndome por un brazo. y con fuerza nerYiosa
me arraslró hacía la puerta del fondo y con direcrión á la Alameda.
--Yámonos 1 por Dios~dijo-,. esto es odioso,
intolrrablC' y de una sosera mortal.
-¡.Y es hoy cunndo te clas eurnta ele ello? ¿La
fU11eiún 110 se repite tocias las tardes?

bles difuntos.
-La venganza

-Cállate, aborrezco ú ese imbécil de 7\icanor;
porque le crlebran algunos chistes de burdel y
le oyen cuentos que ruborizarían ú las peseadoras1 se considera Pl Carrelio de la \'illa1 cuarnio
110 es más que un bufón infame digno de.l gano-

es inmoral - berreó ?\ farat

Pérez.
-I3ien--rontinuó '\"icanor-; suprimamos la
palabra uvenganza)) y pongamos en su lugar

V

.\quel día no nos fu6 posihl&lt;' \·oh·er al Acuarto .
Cuando concluíamos de tbmar café apareció
lloberto Carranza, sportman muy distinguido y
admirado en \'illamar por sus bolas alias, su
gorra ele chau[leur 1 su auto y el millón de pes('tas que había heredado de su padre, un excelen te
trabajador que em¡wzó bacirndo chocolate á bL'azo y terini11ó elabo1-ruir1ulÜ ton la Diputación,
las ranetrrns y Jw letras ºprocedentes de Ultramar.
\'cnía exprcsa111f'nle á conYiclarnos á da.r un
paseo en su excelente RennUlt de :m ,·uhnllos.
¿Cómo desairar un ofrceímicnto ton espontánea y tarinosamente heeho?
A Daniel no le gustaban nada estos modernos
vel1ículos, tanto por su Yrlociclad insensata y
fuera de lo racional, corno por lo fáeilmenle que
dan el pasaporte para la eternidad al más. saludable y feliz individuo; pE&gt;ro ante e.l rurgo efe Ca~
rranza y mi conforniiclad Rr avino ó. rcaLizm· la
excursión.
-¿:\'os pcrmiles, querido Roberto, que pasemos al locador á a1Tcglarnos un poco?-in terl'ogué á Carranza.
-Ya lo creo-contestó-, no faltaba más.
Y con elegante desenfado, sin esperar fni ofrecimiento, tomó un habano de la caja que se encontraba sobre la mesa en donde se nos había
servido el café.
-Este tío-murmuró Jofre, al tiempo que nos

ucasligoj), digo yoi pero siempre habrá que- castigar á esos salvajes kabileños.
-Si; pero eso nos costará ríos de sangre y
millones ele pesC'las-dijo con voz apenas pern•plihl&lt;• 1lon Cosme, que 1{•1111.&gt;!nba por :;u:; cupones.
-Sefior Gandia-griló Trasancos-, ¿para qué
sirven el dinero y los hombres sino para ofrecer-los en holocausto de la patria.?
..--Y tú, ¿cuándo te sacrificas?
:--), l uy pronto lo verás.
Si, cuando Yayas con la Crnz Hoja, dá1ulcile
¡ii:-;to con el uniforme qul' le han hecho y {'Omif'11dote las gallinas th'slinadns pn,·a los lwridos~recalcó Nicanor.
-¡Sabandija burocráliru.! 1 cáUalC' ú no respon do 'de autopsiar mafi.ana á un burro-rugió, conü•
camente amenazador, Trasancos.
Jofre, que ya no podía resistir ni el vocerío incongruente y agrio, ni la atmósfera espesa y asl1xiante del humo ele los malos cigarros que en

tr ó de un destierro á femando Púo por &amp;'is
llll'SeS.

- Uombn\ no tanto, te ciega la pasión contra
él; el chico no es un Carrc.i'io, cirrt&lt;1mcnle pero
cli('e algunas cosas con buena sombra y es oportuno y vivo para la réplica; es Yerdad que tiene
un poco ·suelta la lengua, esa viborilla que con
tanto cuidado. guarda la Loca, µero el enlendimiento no está entumecido. Ko te molestes,
qttericlo Daniel nUIHJUe le diga una pcq11eim
1

1

ver&lt;lncl ...
-¡Habla!
-Que aquí, en dondr se piensa una :-;rmana un
chiste y se contluye por dejru· pasm· la oca~ión
sin so. ltarlo, hom b1•cs como Nicanol' rstún drstt&gt;n lraclo~,

son ele otro ph111l'la.
-Tienes razón, en ~!arte estada mejor, porque allí, según mis nnticias, los cm pleados de
•Aduanas no salen ele sus casas sin bozal.
-Eros implacablr.
-Justo, y nada más.

�VII

ti, villamarino desarraigado que ya nada conoce
de su tierra 1 la vida y mi.lagros de los que por
Entramos en 18. Alameda, un paseo largo y es- aquí pasen.
trech.o, de árboles raquíticos y enfermos, opera-l\lira, ¿ves esos dos que vienen dándose el
dos ·en su ramaje con más frecuencia de la re- brazo1 hablando quedo y con una cordi"alidad
comendada por lus leyes de la arboricultura di- emocionante?--'Continuó Jofre dirigiendo la visvidido en varias calles paraJelas: urta, la ~ás ta hacia dos caballeros que iban á. cruzar por
ancha y la que podría recrearse mirando á la nuestro frente.
bahía si no" lo hnpid"ics~m las barracas de los cines
-Sí 1 los veo muy bien.
y los cafetines y lJars de feria allí plantificados
-Cuu,lquiera diría que son intimas aniigos,
con grave leSión del ornato y de la estética, la que se aprecian y quieren entrañablemente;
disfruta, por Juro de seiioría, la aristocracin 1
pues no hay nada de eso, se aborrecen hasta el
nunca conforme con las invasiones, cada vez punto de sentit' el uno contra el otro la tentamás numerosas, que en ella vienen efectuando ción drl homi cidio, pero la pulitica los une y huhace arios las mocl istilJas guapas y bi('n arregla- rnaniza.
ditas y los dependientes do los bazares y de las
-¿Qué política?
lienclas de ultra.marinos; In~ otras cuatro son clf'I
- -La. del C'Stó111ago 1 la que se harc en esos la-.
p.ueblo y á ellas acuden también las gentes tími- boratorios culinarios que suelen llamarse Gobiei·das, que se amparan de la menguada sombra de nos civiles, Diputaciones, Ayuntamientos, Juzlos olmos pata no ser seccionadas por las acera- gados municipales, Delegaciones y demás orgadas lenguas que1 cómodamente arrellanadas en nismos de esta especie.
los sillones del paseo grande, operan sobre los
-¿~on correligionarios?
que andan, como en un hospital de sangre, des-Nada ele eso; el bizco ('S conservador, aunque
pués de un fiero oombale, operan los cirujanos. anta!lo, cuando andaba escaso de ropa, era. anarEn la cabecera principnl de la Alnmeda hav quizante, y el otro, el de los Jentcs, aunque en
una estatua, CfliC seguramente no está firma.el; 1875 le teníamos por agente y reclutador de don
por Praxiteles, de un benefa.ctor de Villamar que Carlos, ahora e~ demócrata y anticlerical conno es, seguram·ente 1 el inventor ele las patatas venc.:ido.
fri las á la inglesa1 y haciéndole pendant, al otro
-¡Qué pintor0sco!
extremo 1 un colgadizo que aspira á pasar por
- Las convirciones ('HirP nosütros han pasado
teatro.
dt• inoda; lo que' importa eR lener furrza y seguA pesar de estas ligeras deficiencias, la Ala- ra la. drspen$a; esos la. tienen, y aunque cada
meda resulta muy atractiva y pásanse allí bas- uno la quisiera. Loda para sí-y de aquí su odio
tante cnLretenidas las UJ,rdes de Agosto, y en par- oc·ullo--, con10 saben que eso no es posible, tranticular las de los domingos, que son las ¡)referi- sigen y f-e mantienen arma al brazo en sus froudas por el señorío para lucir sus elegantes ata- lcras respecli vas.
víos veraniegos.
-¡,De modo que las ideas? ...
Era temprano, y Jofre y yo pudimos sentarnos
-Ko continúes; eso de las ideas es una simp.le
en dos sillas del centro, frente al café de Pro- entelequia que no llegamos á percibir nunea
copio, que ha sabido consolidarlo allí en plena aunq'ue nos atiborremos de percebes, crustáceos
Alameda, no obstante carecer de cimientos.
sabrosí::iimos que, si no aguzan el entendimiento,
Por delante de nosotros tenía que pasar la so- afinan la picardía.
ciedad de Villamar entera, amén de los foraste-¡Diantre!
ros que van á bru'íarse ó á darse sendos atraco-No te asustes por lan poca cosa: ya verás
nes de sardinas baratas.
otras de mU.s substancia y meollo; deja pasar á
-'-Aquí estaremos admirablemente--dijo Jofre
estos que suelen l1acernos bien en senlicll:l colee•
encendiendo un cigarrill'o y lanzando al espacio tivo y que ernpiczo á creer que realmente se
espesas bocánadas de humo--1 la tarde está se- quieren y estiman.
rena, el sol no molesta y la concurrencia prom1:-¿Por qué?
le ser enorme.
-Porque ambos comulgan con nna misma hos•
-¿ Habrá películas?
tia, aunque en altares- diferentes, con la hostia
-De todos los géneros y formas; hoy es un de nuestra ignorancia y de nuestra ing6nita
día á propósito para que conozcas á Villa.mar, pereza.
sus aledafios y sus asiduos vjsitantes-contestó
-¡Daniel!1 tu chismorreo empieza á ser cocon el rostro iluminado de satisfacción el insig- rrosivo.
ne murmurador Daniel.
-Si corno yo conocieses hace treinta afiül5 á
-Conste-dije á modo de aclaración precisa-- esos dos magna.les, no te extrañarían mis paque yo no pregunto, que eres tú, villamarino por labras.
los cuatro costados, quie,n _habla y dice.
---Serían dos buenos mozos.
-Admito la reserva y te absuelvo de todo pe-Sí 1 cJe·buten.
cado; soy yo, Daniel Jofre, natural y vecino de
Pasó un caballero gigante.seo, colosal, especie
Villamar, soltero de voluntad y uDiablo cojuelo)) de Hércules con levita1 snlemne, erguido, mide ocupación, quien va á .permitirse _contarte á rando con aire de Dios protector ú derecha é 1z-

quierda1 de ojos negros y profLmdos, acariciando
su luenga y nívea barba, recibiendo y contcstm1do innumrrables saludos.
-¿Quién ese patriarca?-interrogué ú. J0fre.
-No te has equivocado; nuestro gran padre e~.
Pl $Ull!O pontífice\ el que hemos conYerlido ett
sagrado icono y al cual, sin cxrf'prión, rendimos
culto todos los villumarinos; no se sabe con certeza cuándo arribó ú estas pluyas 1 porque de
pretender fijar fechas exactas habría que remontarse á la edad de piedra ó al tiempo en que era

-¿Qué puede ser un cacique sino un hombre
de autoridad y prestigio al cual siguen muy contentas las rnasas?
-Estás equivocado, es algo más: un cacique
entre nosotros es un sefior feudal con n1esnacta 1
jug.larcs 1 peto y caldera, _alta y baja justicia." Puede atrnpel!at\ clcspojar1 ozútar y, si !e place, leYantar la horra y colgar &lt;le ella á cuantos le molesten; ¡un cacique!, ahí e"s nada, es el trasunto
de la divinidad, una Yfrgen inn1aculada con calzones, un San Antonio sin ·cerdo-porque suyo::;
son todos los del pu,ehl9_-, la qÚinta esencia de!
poder, de la. sabiduría y 9e la viveza; un cacique
es siempre un vivo qµ~ vive del no vivir de .los
demás.

·

-.\le parece, qucri~lo Daniel, que tu elocuencia nativa te lleva hasta el punlo de recargar un
poeo más de lo debido la~ tifltas· del relrato.
-Pues mr (!tlcdp con nrgro en la paleta. f;¡
te dijese que e11 pleno siglo xx ha)' caciques e11lrr nü-solros f'!ll(' !;'jrrrr1J. r-1 ctcrec-ho de pernada,
¿rne creei}us_'? ·
-¡Hornbre!, la rnrdad, se me resiste un
poco.
~Y, sin embargo, los huy, puedo probarlo
CO!l cloeumentos fehacientes, siquiera en estos
díás no vayan las üesposaclas á sus castillos por
miedo á la rechifla de los siervos.
-Pero Daniel ese noble anciano, ¿cómo
podrá? ..
-¡Alto ahí, don Enrique!: yo no he dicho que
ese llaga uso del derecho ni que lo baya hecho
nunca; desde su jU\·entud tengo entendido que
rra adversario del servicio obligatorio y partidario de la redención ú inctúlico.
l\le pareció 1'cgular el chiste y lo reí con grnn
satisfacc:iún de Jofre 1 qne t)Or distraerme y echárselas de ironista sería capaz de dejar sin pild,
no sólo á sus convecinos 1 sino á todos los habitantes del globo.
\'enían andando graciosamenlc, cimbreando
los lalles delgados y e~be,ltos y exhi_biendo las
caderas redondas y provocativas 1 dos jóvenes
hermosísimas, de ojos verdes y negros, con luz
tan intensa y vi \'a que dejaban medio ciegos a
cuanlos las miraban.
l\le incorporé en mi asiento y las contemplé
ron la cul'iosidad del amateur 1 del que sabe distinguir los brillantes l0gitirnos de los fnbrica..d.os
al rarbono.
-¿Te gustan'?-prcgun'.ó Daniel.
-Estupendamente. No se Yen mejores ejemplares en la C:istellana ni en la Carrera de San
Jcróni1no.
-Y 1 sin embargo, se puede conseguir cualqui&lt;:ra ele ellas á poco precio.
-¿Qué dices 1 Jofre'?
-Dándole el brazo hasta ta \'icaría y oyendo
á su lado, duranLe seis minutos, la abominable
epístola de San Pablo.
-Ko se me alcanza la baratura.
-1\i á mi tampoco: pero hay millones de mentecatos que parecen Jlersonas y no son más que
1

jon'n 1 gallardo y dominador de- corazones el
padre d.e nuestro ilustre dramaturgo Peláez.
--¿Procede de Ultramar?
-Ca, hombre, de Palenria; pero, aun siendo
de tierra adentro, se dió tan buena ma.lin y luyo
tanto ángel para convertirnos ú. su devoción, que
le hicimos diput.ado 1 conde, senador, y no es rurdenal porque tiene varios relollo-s crue ya son directores generales y consejeros de una porción
de organismos oficiales y particularrs.
-Muchos bienes os habrá prodigado.
-Figúrate: él dió y quitó esLanros; hizo oficiales quintos á Luliplén; 1nultiplicó las escuelas
corno Jesucristo los panes, aunque los maestro:,
sólo existían en la nómina; procligó Las secrei.arías de todas las especies; exportó 6.. Cuba y Filipinas, cuando eran 11uestras1 ,·islas (!jnspcclo-rcs
que de puro derrotados rxci1abm1 á úal'les li1nosna y hoy tienen palacetes 1 auto y cusas de campo;
construyó rn.minos y carretrras; extendió el área
de los muelles y, en suma, fué la providencia de
miles de familias que no sabían de qué át'bol
ahorcar á sus hijos.
-Preciso es que sea un poderoso taumaturgo
para obrar tales maravillas-dije interrumpiendo la verborrea de Jofre.
-O un cac-iquc-rcc:lificó éste--; por lo Yisto
tú no sabes lo que es un cacique por estas zonas.

�borricos, pant los ,·nales r11trar l'll la \'i&lt;'aría
es una brolllu. -Sí, una hrorna (!UP rlura toda la vielfl.
J&gt;a,;m·an la!i chicas rozf\ndo sm; vestidos co11
nosolroR y rnvol\"il•llClonos en mtu suaYC onda
de «.\lis delidus», l I perfume de 1110da: 111i cornz&lt;'m las sal11cló con sncudidas violPnlil;;, e!tW cle•moslrnba11 PI rfeí'lo qur &lt;'ll mí hnbíu11 prnducido.
Lo obs&lt;•rvc'J Jofrr, y c·oH sonia rk viPjo rural
prPg1nitó~
-¿Te atosigas, 111uchaf'l10·?
-El ('USO 110 es para. llH'llOS. ¡Qué andal'PS, Daniel, &lt;111é anclares! ¿Son a11claluzas? ¿tal nz se' illanw,·?
- -Sí, del barrio d&lt;' Sanla r-.largarila; pero no
te 1•11tu,üasn1t•s, porqur este afio 110 ,·an al bailr.
-¿(_)ué q11ir1·rs clrdr?
-(l11e cada una tiP1ie s11 rtO\·io, y, r·so sí. al
no, iazgo son muy fidl'S.
-¡,l&gt;l' rnoclo qw• dl•bo pcl'(l(&gt;r toda e1;;pen:rnza?
Ilu111bn&gt;, hasta e·iel"lo pn11to; si te pasas co11
11ose,tr11,:; el i11drrno, la! ,·pz consigas algo.
- ;.1'01· qu(•·?
-1'11rq11P lus 11m·-ios &lt;IP rslas chicas $OH como
las golo11dri11u,-;: IIP¡..!all en ,,erano y se rseapau
ill m1-11·1'Cf'l' los íríos dPI oloi1n.
T(;rabu t·1111 notas lall d_rstemplndas y . agudas
rl úrga11n ,!PI «Ci11l'» i111111·diato m, aria &lt;Ir J,o.~
¡1ay//.WS, q11&lt;·, no pudit•mlu l'csislirle, me levanlt\ v si11 clf'IP11rrn1e llegué al bl)t1/&lt;'1•arcl.
J;,rre me siguió cm110 u11 ¡wrro ka!.
Dimos algunas \'11( llas; Jll'l'O ú los pocos minutos yolvimos ú la. ,\ lmneda que nos llalllaba con
su ani111ació11, con su ruido, con el vaho excitador de sus encantadoras lllUjeres y con PI punzan(&lt;' deseo de Yer nueva.s películas.

VIII
El paseo, c¡uc rebosaba de gP11l&lt;', estaba en su
plenitud: mujeres preciosas, de una bellt'za incomparable, sugestivas y atrayentes, que pedían
amor v besos; hombres de todas las caladuras,
que n~ despl'rclic-iuban la nt:asión ele 11!1irlear»
con las que se prestaban iL !'llo, y niíios y niüas
que. corno botones de rosa &lt;'11 pri111nrera. se preparaban parn florecPr. Rei11aba una alegria sencilla, animada, verdadera y put'a ({UC hacía p€nsa.r en que también la felit'i&lt;lad p11Pcle un instante acar-iciar á los mortales.
Las risas rran francas, las c·om•prsacimH•ti ruidosas y la::l palabras. ro1110 sacias, hendían l'l
espacio. Oianse declaraciones amorosas, juramentos de fidelidad, reproches que engendraba
el celo y promesas de himeneo.
Las películas del .cin€matógrafo villarnarino
pasaban c011 rapidez relarnpagueanle. Apenas si
había tiempo para conserrnr.las en la retina.
El ir v vrnir confuso de tanta gente, que se
amontor{abo, que co11tinua111ente iba tropezando,
me produjo algún 111areo ~ fatiga.

-1Ja11iel- -dije ú (•sic-, estoy un poco cansado; ¿quieres que vayamos ahí enfrente á to~
111ar un Yáso de cen·rza·?
-,\ tus ó1•denes.
Derivamos hacia el cafetín de l'rocopio y perlinws una grande de dorada
Desde nuestro puesto co11tcmplúl&gt;amos aquella
1m·z&lt;'ol1111za d" ge11!Ps, bnslanlt' Pxtran1gante )
hl'leról'lita, que de IIPIIO :, l'1111 lo;, 111ás i11gcnuu"
entusiasmos ,,,, r11ln•guba ul depot•f•le las vurltas d&lt;' una pnnta ú otra de la .\la11H'da, sin que
furrn parte á ami11urar aquéllos la uube de
polvo que, ro1110 llll Yelo imnenso, las envolvía.
La fauna ,;o&lt;'ial hnhía \'l!rtido esa tarde en el
pasen villainal'ino el conjunto de sus más raras
espcdrs. El niin(l,;culo oc(•ano rslu ha rrpleto de
merluzas, s&lt;·!lo;;, ralamarl'S, y no !'se·aseahun los
pulpos y prr&lt;'ebc;,. ¡(_)ué plúeida salisfa&lt;'d{111 se
advp1•lín l'll to(los! ¡Qu(• ¡tlpgría clPnolahan sus
))J'IIS('OS lllO\"illiientus y SIIS g1·itos ner\'ÍOSOS y
l'&lt;'Jl&lt; !idos'. Por un IIHll11P11l0 ltlt' S&lt;'1_1lí lll('hlllc'Úliro y íllús11fn. ¿ Por qu(! lodos H&lt;!UCIJos srrcs,
u11idt1s por ('] m•xo llP. lugar, por las lll•tas ar111011Ío,-;as &lt;111c&gt; clt'sdc rl kiosco lanzaba al &lt;':-podo la banda 11rn11idpal. por ('I a111liie11I&lt;' tibio ~cl11l1·t&gt; d1· la ul111ú,-[t'1·a. p111· PI hálito lllislerio,;o
que de los u11us pasaha ú 111,; otros y por PI d!'!-\ya111•ri111ieJ1t11 e¡ne producia11 lns pulubras, los piropos, lr s ,·uli11ü;,, las ear,·ajadas y la;; pn,111&lt;'sas d1• gratas horns futurns, HO llu1Jíai1 dP rn11s!ilidar (•:;lt' 111i11ulo y \Í\ irlu por 1111a Plernirlad·?
¿.Por !!lié, al sali1· di' la ,\la11u•,h1, 10111aban ít
des!'o11o&lt;·er,-p, ú ('mil1•111plarsc ec,11 d1·sclP1-10:;a pn•,., 11l'i/,11. ú so11reir íaba1111'11IP y ú wonkr~e sin
piedad·?
Joín· nw distrajo de estos pe11sa111ie11los rur.sig. qnc, 1;;i11 duda, ruge111ln1ba la pésima calidad de la cerveza &lt;!lle 110s habím1 servido, para
clecirmc:
-.\hí Yil el doctor Sangrc&lt;lo, &lt;!llt' lo &lt;'lll'H locln
haC'i,•11clo 01irios de harbero y de cleuti::-tu.
Y pasó un ho111hre desgarbado, sof,olicnto,
con lu mirada perdicla f'll la ar{'11a y rl rostro
pálielo y sin expresién1 de ,·ida.
- l'ern ¿Ps cierto que ha&lt;'l' curas J11aradllosas'!
- \~i dit:t&gt;ll muchus gP11le,-;, y !'OlllO la \'esa11ia !'slít en todas las capas so&lt;:iull's, 110 es &lt;•xlrai10 c¡11e nnH'hus se deje11 11lucinnr por los nodsi111t,s proC'e&lt;limirnlos de eslr fa1111 :-ísinw clodor.
- Y tú ¿no le deja.rías !!Hilar los dientrs?
- ¿l'arn 11u(•, si me los li111pio Indos los día1;;?
- 'l PS(' q1w
ll'US t'I clodor t·1,11 uniforme de'
niaPsll'anll', gnl!al'(lo y altiro l'01110 el doll Tan&lt;'l'l'llo de la IPyell(la 111PllitH'\'al. ¿1¡11ién es'?
-¡Oli! E,-,, PS m10 de 111H•stros 111ás pintorescos v adorable;, \"illarnari11os: figúrate que le ha
dad~ por ser publiri:::;ta. y ludas las mañanas.
aun las de lluvia, nos ob¡.;r&lt;¡uia 1·ou u11a hoja ...
- -¿De bacalao?
·
--¡Quiá!, ron una ,·olante y en lt'lra del mejor
v lllás visible tama1io. ¿Fnlánez estornudó?, pu e$ ·
)'ª cslá al quite nurHlro hombre con su hoja haciPrHlo la g(•m'si~ &lt;lrl ('Slomu&lt;lo: d1111n &lt;le IH• con-

"ª

siderarse filológica y gramaticalmenle; si el gran
César estornudó ó no antes de la batalla de Farsalia y si el melón, tomado en rajas sin azúcar,
es ocasionado á producir tan destemplado mido.
-¿Y aún no le hicieron académico?
-En ese pleito anda, y acabará por srrlu, que
entre nosotros no hay como ponerse ú la grefia
con PI senticlo común para ser aca&lt;U•mi&lt;'o y hasta
Prest&lt;• Juan de las Indias.
-Tienes razón, el arquc•lipo de ,los arad(•micos
moc!Prnos lo &lt;lió aquel mar&lt;¡ués rnitacl alano, mitad snevo, que, presidiendo una vez la ,\caclemia
de la Historia, dijo:
-«nien lo sabéis, señores; los moros que venían ele las selvas occidentales de Europa, fueron los primeros iuvasores de Espa1ia, fundiéndose con los aborígenes ~· produeic11do la belia
raza greco-romana.»
-Que chistoso eslús hoy.
-r.omo &lt;le ordinario. ¡1or no pecar de inconse&lt;'ue11fr. i\lini ese olro, tan hinchado y desdeñoso,
quP pnn'cc que perdona á lodo el pas€o la vicla;
Jlllf',i t·stá 111aJyendirndo sus fincas.
- ¿.Para jugar'!
- Peor aún, para entregur;e al sport automo\'ilista.
-¿Acabará por estrellarse?
-¿Quién Jo eluda, sobre todo l&lt;'niPndo su &lt;'astillo roquero en la calle de la Estrella?

IX
-¿ Te parece que hoy uos dirijamos á la playa?-me preguntó Daniel.
-'.\o me seduce el bafio--contesté.
-Pero verás á los que se bailan; aquello es la
mar ele entretenido.
-¿Y se está cerca del mar?
- -¡Guasón!, ya te chupará!&gt; los dedos contemplando á las nereidas dr \'illamar.
-¿Todm, las villamarinas pertenecen á ese
grnpo?
-También hay focas y ballenas: aquí recalan
todos los habitantes del Atlántico.
-Entonces, ¿no os faltarán tiburones?
- Los tenemos grandes y chi!'os, mozos y
viejos.
-¿Y acometen?
-Se dan casos.
-¿l'uedes contarme uno?
- Ya lo creo; escucha:
Cierta nwliana dr Octubre y finalizando éste,
batían rurlamente las ola~ contra las prñas con
tal l111petu que parecían querer tragarsr las casetas de bailos, cuando, envuelto en una ele aquéllas, cayó sobre la arena de la playa un tilruroncillo tan joven como enamorado; al vel"Se allí,
conoció el terreno, lo bordeó no sin alguna dificultad y llegó hasta el mnlecón; ¿.y qué te figuras que enGontró?
- l\o puedo adivinar.
-Pues á la nereida ele sus pensamientos, que

daba con unu guitana, por carecer de !il'a, una
serenata al dios :'\epluno; no fué este entretenimiento cle.l agrado del tiburón y, sin considerar
lfUC se trataba. de un dio:;. y tocado del ateÍSmo
moc!C'rno, que llega hasta el fondo de los mares,
la emprendió ú tiru1;; con ella.
-¡Qué barbarida&lt;l! ¿,\ tirns?
-!..;í, ú tiros, como lo oyt&gt;s; pues qué, ¿no sa~
hías que 11ue.slrm, Sl'lacios 11sai1 la browing?
-¿Y la mató?
-.\ 111erlias; la elc·jó malherida, y sin la guitarra.
-¿Y él"?
-El pobrecillo se hundió para siemprl' en el
líquielo elemento.
-Es curioso.
-¿ \'amos ó no á la playa?
-Andando.
:\linutos elespués estábamos frente al mar. El
oknjr l'ra suave y manso, y las aguas, de un azul
pálido brillante, venían si!Pnciosas y amables tí
brsar la. playa, re1novie11do la fma ~rena en 011clas d&lt;-' plata oxidada. Perdido en el horizonte,
110 llH'llos a:rnl qnP el mar sobre el cual proyectaba sn sornh1·u, alzúbase rl histórico faro c¡ue con
Imita ansia demandan las naves· que del lado
opnPslo rrnzan el inmenso Atlántico. A derecha é
izc¡nit'l'(!a p11eblecilto:, akg1t&gt;s, plenos de luz y sntmados de belleza, en los &lt;¡ne parer,ía lloberse detenido con Indos sns rnrantos el alma helena. Un
ralordllo &lt;lulce y tentador incitaba á despojarse
&lt;Ir las ropas y, á ser posible, sin mallas, arrojarse
en aquellas aguas acariciadoras y engaJiosas.
:--;o c¡uerlaban casetas disponibles: todas estaban 01·111nulas, y de su sc11u misterioso emergían
hlPalPs y cli,·inas rnujeres, malamente envueltas
en 1x,poncs blanco,;, capas airosati y flotantes ~:
níreas sábanas, y ataYiaclas ron trajes holgados, c¡uc dejaban al deseuhierto piernas, brazos
y senos tentadores.
¡Qué ad11iirable rnriedacl!
.\11flt1·ile debía. trnrr allí toda su progenie femenina.
¡Qué líneas y qué !'ontornos! ¡Qué formas tan
Px1111isit-0s! ¡Cómo se recrPuria :\ligue! Angel ante
nq111'! subli111e espectáculo de la =-,;aturaleza YiYa
y palpitante!
Yo Pstaba. bastante conmo\"ido y sentía las
palpiladoncs del corazón que tanto me habiai
alarmado Pn la primavera.
¿.Qué·? ¿.•\&lt;'uso r&lt;'lrocedía en n1i cura? ¿Volvía•
ú 111i:- fatigas, ú mis canRaneios, á aquellos eslacios ele laxitud y de debilidad orgánica que me
habían obligado á escapar ele .\ladrid?
1
~lt• senté &lt;'n un banco para reponern,e y respil'ar libremmte el ambier.te yodado ele la playa ..
Daniel. &lt;!Ue acl\irtió mi anormalidad físic!l,
sonl'ió y con tono burlón dijo: .
- I';o ie asustes, hombre de alfeñique: el rojo
que colorea tus mejillas y los fuertes latidos que
sacuden tu corazón no los produce tu enfermedad, á mi jui&lt;'io dcfinili mm ente vend&lt;la, sino
la \"isla clr&gt; esas 1llt1jrres 1lesparnpanantes, que

�inl'i!an a:! pecado:-' que, como sirenas adorables,
están ahí chapuzándose á nu eslra ,·ista 1 para
tentarnos y reirse de nuestra formalidad.
- 1\le _parece que tien es razón, Daniel. ¡Yaya
unas mnjercilas! Te digo que ni en Biarritz, nl

en Trouville, ni en San Sebasliún. las he risto
niejores.
- ;Ah!-dijo Daniel con marcada satisfacción-.

Podernos eslar envanecidos los villamar·inoS con
nues tro ganado femenino; no sólo sirve para el

consumo interior\ sino vara la exportación. ¿lgnorabas que en estas a.guas dió tonos maravillosos á sus carnes la bella Otero, y que, tras esos
montccillos, levántase la poética cabru1a · en donde Cupido y sus Gracias guardaron la cuna de
esa moderna Tais .que nos han robado los granQes amadores de la belleza positiva?
-De lo que estoy admirado,_ mi querido Daniel, es de que permanezcas en estado honesto
c:;on mujeres 'á la vista de estas hechuras; bien
se conoce que ninguna te considera digno de su
anzuelo.
;- -Eslás en un error; he sido objeto .fo muchas
tentatiYas de pesca.
-¿Y no te has dejado coger?
-No, por cierto; he mordido el anzuelo 1 pero
sin caer en la red.
- -¡Ah, truhán!
-Quiero conservar esta feliz independencia,
que me. permite amasias á todas y no esclavizarme ú ninguna.
Sentóse también Jofre y empezanios á pasar
reyisla á todas aquellas mujeres que, como visiones de ensueño, surgían de las casetas y, alegres y vivas, mal cubiertas con sus flotantes capas1 se lanzaban, dando gritos de fingido terror,
á las olas pláddM y rumorosas.
-¿ Ves aquella rubia, de ojos verdes como el
heno 1 que da grandes manotadas al agua, ernpc·
fiada, al p~recer, en ganar el faro'l-dijo Daniel.
-Sí 1 y p0r cierto que nada admirablemente.
-Pues csa 1 desde que estuvo aquí la princesa
Estefania de Portugal, á la que acompafió dos
horas ensefiándole el Museo Antropológico, la
Granja Agrícola y el Faro, que son nuestras
tl_'.e·s principules rnaravillas, se hace llamar exce•
lencia.
_ -¿De· quién'!
-De sus criados y del _chautJeur, porque los
¡;\emás no aguantarían la tostada.
: -Tiene eso la mar de gracia.
. -No lo sabes tú bien; figúrate que se presenta por la mañana la maritornes en su al.coba
preguntándole:
. -¿Su excelencia vai á lomar el chicolate na
cama?
· -Ya le tengo dicho á usted, Simona- contesta su exoelencia.......;.1 que no se entra en mi cámara
~in pedir la venia y hablarme en puro caslel!ano.
; ·-Bueno, ¿pois da á sefiora, digo á excelencia,
sua liceilcia para traelle ó chicola:te?
,, .-No, iré al hall á tomarlo. Puede usted rallrarse y avise al chautieur que prepare el auto
para las doce, porque tengo que ir á ver á la
duquesa · del Burga que :ha llegado á su pazo,
¡ah! y déme las alpargatas, digo las zapatillas,
que·voy á levantan-ne-. Debo advertirte-sigue
murmurando implacablemente Jofre -que los
abuelos de esta excelencia hicieron una. fortuna
colosal fabricando y vendiendo alpargatas y otras
menudencias.
-Y qué, ¿eso te parece á ti un gran crimen?
-¡Hombre!, te diré.. crimen no digo que &amp;ea;

'

'

pero, la verdad 1 no es esa la mejor recomendación para darse tanto pisto.
-Estás muy equivocado, Daniel: ese es un
prejuicio tuyo, uno de los muchos de que no podéis libraros los que vivis tan en familia en estas peque.fías poblaciones. Et industrial, en esta
época, suple al guerrero de los tiempos medioevales; si éste cor1:quistó con la espada y con el
valor riquezas y blas.ones, aquél adquiere hoy
con sus esfuerzos, con su habilidad 1 con su cálculo, con su previsión y con su in!eligencia las
mismas cosas. Y &amp;i me apuras, te diré que estas
conquistas son mucho más nobles y de~de luego menos cl'uentas que las de antafio.
-¡Chico!, repara que te acercas al fuego; ¿no
han estado tus antepasados todos en cuantas
guerras sostuvo Espafia desde el siglo xv1?
-No puedo ocultarlo, ni de ese pasado me sería lícito renegar; la guerra era el vivir de entonces, y los que tal vida adoptaban eran caballeros dignísimos que cristalizaban en esos héroes
que inmortalizaron la leyenda y la historia; pero
ahora es otra la psicología de la vida y otra la
orientación de las sociedades, y no es aventurado afirmar que industriales, agricultores . y co•
merciantes son los señores del mundo, ya que de
su Jabor combinada nace cuanto es progreso, civilización y bienestar.
-Qué bi_en y qué elocuentemente defiendes á
la rubi~; si te gusta, ~nünate1 que está todavía
soltera, pues aunque frisa en los treinta y cinco
se conserva muy bien y harias ci;m ella la gran
pareja.
-No, no defiern;lo á esa mujer que no conozco
ni me interesa; rc~tifico tus errores de mentalidad que te llevan, por atávicas preocupaciones,
·tt juicios y críticas injustas que bien veo flotan
en este ambiente enrarecido é infecto. Levanta
el almR.i mira Jejos, más allá de esas rocas pe_ladas y de- esas aguas azulosas y verás que hay
un mundo grandioso, colosal, en donde se trabaja sin descanso y se transforma la vida ensanchando sus horizontes, y no se pregunta á ningún hombre de udónde viene)), sino &lt;elO que haceu .
-l\1e- has matado, Enrique, y nada tengo que
conlesl.ru\ porquE': cuanto _dices me parece el propio Evangelio. Ea, dejemos á la rubia y mire·m os
hacia aquella morena entrada en carnes que €e
da grar.ldes_ chapu~ones, ensayando saltos- de delfín. y muestra, de vez en cuando. unos ojos
negro~ · que parecen tefiidos · con sombras de
abismo.
-Poeta estás. Danfer.
-Y tú1 disef.tador y dómine, querid-0 Enrique.
-¿,Quién es la morena?
-Pues una de nuCstras más distinguidits feministas: ·µronuflcia discursos anárquicos en el Recreo Artísti('o, ni&lt;l.iendo violentamente la emancipa.cióñ tal.al de la mujer y p·roclamando su
derecho á inlen&lt;'nir en la cosa pública:·defiendt!
la escuela laica; ataca á los pobres jCsuítas;
quieFe la exclaustración -de 18s monjas, 61 Cuan~
dJ menos, que se las conceda el privileg}o de ad-

�111ihr tn ,-u,- ,•1.1111u11idn,!cs jón uc's ca::-fo,-, para,
X
huc·t•r •l&lt;' Pl111;; ho1111Jn·s rw1•feclo:-:, y hucc n•rgos
1,1t,d1•r11i,-lag !:-in mcdiua ni armonía, grnrnúlica
Fiuallznndo S.c¡,t iéu I hrc c111 pecé ú :-ellli r u11
1ti 01lc.grufía: lu1uhi{·n :-t• ,·artPa 1·011 llm·ío y
alH11·l'imicnto que lomuba lodas las Iomws del
G,1en tl ,lllll'(llC'Íl'O.
disgusto.
· 1'11&lt;•,- uie ¡ia1e,'e llll prrnligio de su srxo.
.\c¡uellu ya 110 111c rc:-ullaha. Uc pronto había
- -l'or cierto tjUt' en estos i'tllirno1- tiempos an1ln perdido para mi todos su,; alrncth·us \'illnmar;
á s11 nlredc,lor u11n J¡i,,foria •!lle liem• lnnlo dt•
y la! vez por lu fl'ccU1:1wia con c¡uc 1·ní,111 grnni'·iimit-a co111r1 &lt;.k dolol'O:-a.
tlts chulmscos, por el cvlor vhs1a1ro. y triste que
L'ué11l&lt;1ln.
to11 nlJu l.'! l'il'lo, de ordinario de un azul intenso;
- -11,we n·inli&lt;'inc:o ar11J;.:, pllC'::; t1:a, nirn,¡ue npa- por lu suciedad de ::;us ,·alle:.-:, conYerlidas en fnnl't'1ala treinta. meroou á In,; tinturas y pornac'a:a:.
gn•cs por los 1¡ue no era pns1hlc lrm1sitar, echó·
ha lrnspnsodo la eu111lJ1•e dP lu 111,·dia n•1t111ria.
,te 111emi;; ú .\ladrirl, q!lc en lnle·,- días, pasados
fu(• nO\ ia de un , asr~ que c:-;111\"o a&lt;¡uí siJTif'lld , los e,-.li\·a)e:;, rcnac1a ú esa \'ida ugiladu y febril
u11 l'l11pleo en l Inciendn. E:olos nmore,- termina- c¡11c le es pe&lt;'uliar y cpw tiene tunlos fcrYicntes
roa al =&lt;u· fra,:;lo&lt;lutJo u II u1 :::en. l'c1·0 hace unos npasionndos.
t•C'ho mr_-;;ps redbió una r·orla l'll In rual su n11- fü,lo ha IPnui11aclo dije una rnnfiana ú Dali.:!uo noyio, evocando lo ¡iasarlo, dec!nll', poc1, 11H -: ,os encantos de nuestra Yilla \'lln esfuIIIÚS ,·, liléll())i. !ll sig11i1•Jtll': «l '11n fp(iz r·ns11ul:111ú111losc ro11 la aparición del invierno, q ue aquí
tlad mr ha !)('flnitido , er tu retrato en la reYi!:&lt;lri ~e adelanta 1uús que en c,lras portes. Este llo\·c1·
d&lt;'tt11r,l ,¡11c aq11i ,:se ¡,11hlic-n. Y hL 1111 ..dado sor- rlimio fu liga el espíritu y amenaza con transp1·endid 1 v ah!&gt;OJ lo en ::;u , 011l emplación. Está, formar en rana,- á lo::: hombres; y la verdad, que11111s guapa ,¡ue nunr·n. y l11s njos 111c hn parel'ido Da11iP.l, 110 deseo ('()Jlverlirmc c11 hulracio.
cirio que miran con 11,ú;, inleusidntl y atrcicDa11icl no 1·p¡,lk¡j: comprendía mi ca11~ancio
' iú11 ,¡rw u11iaiio. Todo · 1111 a11I ig110 nnw1·, que ,11! las l'osas y de las g1•11lcs de \'illamur y deja.l'Oll,.,L'nuha i11lnl'lu, se hu desperlndo ante l11 ha de telldcn,rn m1e\·os lazo:- que me retu\'iesen
it:kal inmqrJ1: ;;b '!llC estas lil&gt;rl': y,¡ la111hié11 lu 11 ,;11 In,lo.
l'sluy: ;.r¡uit•n:;; r¡ne n•a1111L1'!111ns nw•sl1·0 iclili,1·!
~111 1•,11harg11, &lt;'Oll una \ isihle emoei1in &lt;¡uc re;Je d,•ddl',- ú i'l'111111c-io1· ú lu lihPrlacl y asoda1 le n·lnbu frum·;1111e11I" 1111 niriiH• c!Pl 1¡11l' tal n•z
;1 111i púl' medio de esa \'ieja fórlllula, de r¡nc aún ern yo muy digno, urnnturóse á decir:
no jlo&lt;lrmos pl'l;;éi111li1·. 1¡11P se llm11a n1a!t·üno-¿Por 1¡111• 110 le ,,ni11"1,; á visilnr el Ct1!=-lillo de
11io'! ¡.,¡11i1 n·,- ,¡11,· 1ws ,·as,·111os·?., E:\.1·11so dccil'lt&gt; !11 cl11r¡11esa de P11t•11te- \'en, restaurado recienleq111.• l'iln dió al trn,-le ,·011 todu-.. sus doctriuas fc1, ,,·1,I,· ~- de un eslil,i gúh·o purísimo?
mi11istas y J'l'n1l11,·1111mrias r iJIH! ar·t•pló, j111Jilo:\o tengo \ alrn·-respornlí-¡.mra ""g11ir prn:;¡1. ·la 111·0JK&gt;sieiú11 El \'i&lt;'jo a111anle hada latir si.:ll, ·in ntlo e;;ccnas mollótona~ y nr co,;as que
lllll'\'UillPlllc su ,·o ruzú11 sen,-ihle. Te ahorni ri• ahulllln11 &lt;'11 cuulq11ier lugai·; ad1•111ús, ¿rne perq1:sodio,- ii111e&lt;·csn1fo,-. , \,'Ol'ú!ll'{lll \'Cr~c y :-;e mites 1¡11t' H'a franco?
\'tl'l'{Jll: pt&gt;ro ; hnl'l'ihl,• r!,·,·Ppdún! el Yasr·o 110
- ¿l'or c¡ué no'? ¿Qué derecho tengo ú impcdírpndo n·sisli1· l'I dL!-t'llf'Hnlo de una juventud agoslclo?-cunle~ló Daniel.
ladn y d .. una 1k11tad11rn poslizn, amén de unns
-i'IIL'S bien, tus historias yo. no me interesan,
carn,:s tl,•:-1.onlanles. y, llamándose ú engoiio en
fü&gt; 1111! 1'nlretienen, no comhaten 111i Jmslín, han
pn•scncia del ol'iginal, que era muy diferente al ¡wrtlido el cfcdo sugestirn que lt1Yicr11J1 ni prinrPlntto. &lt;liJo: 11 \ '111'!\'&lt;1.n Y ... 110 \'olvi6.
cipio. QtÍicro rnh"er á :\ladrirl, á llli ra;.ino, á mis
¿Y ella?
[ouers, á mis a111ores, ú mis Yigilias 1'11 el resc
Se quedó como el que
vbiones y siendo mús tauranL bebiendo champafia y oyendo !ns carcá:' •
fc111inbl.a y enemiga de los ho111bres r¡ue 11unro.
jadas alegres y ruidosas de mis amigas.
Esla. h isloriela. viene siendo el rnanjar predilec--Eres un enfermo incurable-&lt;lijo mclancóllto, hace un trimestre, de !oda la socicclarl villa- can1f'n!e Jofrc--; nada te salrnrá: Ye, marcha, co~
mari na.
rre ó. l a muerte, que ella le espera en ese :\Ia.drid
-Pues me pmece qnc mús bien debierais com- aborrecible que ·onsume tantas Yidas y anula
padecer su clesengafio y cargar sobre el Ynsco tantas energías.
falaz y criminal toda la ridiculez de la acción
-Qué importa morir-repliqué-, si se m 'u ere
-Estás hoy por tomar la defensa de lodo el
ron el alma a.legre y el cuerpo ahilo de placeres:
mundo-dijo Daniel aJgo amoscado.
Cuatro días despurs de esta. corn·ersarión ha~
-Te rc¡uirncas; estoy por hacer justicia y des- llábame de nuevo en m i cuarto de la calle de Pevan~er vuestras preocupaciones locales.
lit{ros.
- En \"bta de lo c:ual, arnado Quijote, digo EnY cosa rara, no reco rdaba nada de las historique, renundo desde este momento al oficio de
ria; tragicómic,is r¡ue Daniel Jorre me había
Cheherazada; si quieres saber más historias vete
contado.
á Ilagdad.
Como películas de un cinematógrafo habían
Y abandonando nuestros asientos y e l encanpasado ante mis ojos s in dejar huella en el cetador espectáculo, nos volvimos á Villamar.
rebro.

no

,·e

0

Jfadrid, Xoriem bre /910.

:Po:a.

11EftSUALES

·podrá usted adlJIIIIi las

: acredttadas blclcletas :

~'B. S. l." ,
"AlCYOff,,
PEDID CATÁLOGOS

ARROYO YGOffZALEZ
Plaza de Isabel 11, nom. , (rinconada)

�Análisis de· las perlas KEPTA

lc-rl!flco: {'rn· anc1h:,1.f&lt;L'I en et fa.f.t1riil1:&gt;rÚ&gt; J~· t'.\'ll A:1•,:ut7{;1 f,u mw'.:lfra...-1
d,~¡li!rf,zs jll"l~'l,·nl,1J,,ts p,,rd ,\)'. Jtq1/.c lu1n daJa el rc-s1tllados(~fuin1/r ·

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F.l ,w,ilüúpr,1dic.z,ú1.1ulm· l,1 m1UM'lnl ot,/e11i,lt1 111t·.~d,1✓1d(,. t¡¡1,•~tiri:-,u1r/4• lrrs dt• las Jurl•u rcáhdds Ita

St&lt;Í.J t'Í que,¡ 1-·tmlúuulc1'1i1 Je ~.cptn,r del awl s,• ha d,·dundv lt r,,m¡w,.,ú:iJn ,¡ul11úra ,·,,rrc,.)jUJJtdi.i!1tk ;.
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lur11Üs. L.r s11¡ttt/i~'fr ltú1'flífl,~Jl'H.rú11,u1u·11ü fmJmlrra~w Je/,,-1prd1,.nendu-r/ T"l!.&gt;-lu,krl!tr nt.ak!/Pf'ª ~
ra. '/'tr,1/«da ,a,aped,c /,~7.i/11 n, l,ínrina di:lgarlr.i-g,,P.f1,•r1,¡tÚn ,1/"HÚ"cn1.1'-vJu"o sr t'I' 11n gran mli-letJ ,mu,.:.-P
ro,lauf&lt;' ,~- ,,,c.rúr.r l"tl/Jtt..r ,·1'1ü.'"l'l1/rirt1,r a~f/'r.;· t'.rJltd·qres nwNúku· rrprr.rni/an pro.cimnmi'11,le /4t deebn:,z. ¡uzrk d,·f,lúu1Ufn,fl"iir/ ,Ir la p,r/,r. fi1111¡w1)11Út 1·vn1.01t1¡u,{a 1url11rai, f¡-tffrulir ~·n kumúma..; cuntlú:wnu.,.
.ft' d.unu qur iisla ,:-;/tiJ,'1rmadrl 01 ft,,l,_,.,u ,~¡u...-,,r p(lr tulrn&lt;Tl'-ws a1;uu,-,ien,lr .m düpo.1icúin. mem.v req1dar
q11t· L'li ko·111·r/a.1 lti·¡d1t, rc11u1¡wí,lr t•rrst' rn f11s ,los.faú,g,"f!.lt',t..\' ¿u!J~múu.
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,Jlr{!/Ul',ladrs !ft"Oll.tÜÚt.c«1Íue11UJtlltle.J· ,Í
l,u,le !tz..r ¡urúu naá1raú•s: ,{uú11g11.µ11,l"..rcpor l,u d(/n-e1u:rn.squr. en,d e.1&lt;1~
,~un 1mt:rt.&gt;.tt,:;uct1 se lmn $naladll ,,,lemas dt1 /a,J que en .JI.U n.:flefa,·, mü,:
e 1nsarumes ¡tm-dt.•11 a.prñ-uu;rt· cen lllla jlnulu.,, t"Speaa/ en¡uedrn,1 pre-cu/fria n.1dur,cl. Ptrf,1 1/cp!n. .r~s. _ .
.
.
Á.r/e LJ!(flrmt' .rl'!f!Jf"JUU-tie/wbfuar adegril. Ypar.t querutetfa lurrrrl.1 ro,1ul,v, ?.r¡,i,{c7 /17 JlfMmÚ· l'i.-,m;{l( Jt&lt;'rc/ JI'. .Dtirdor d~ ,M{n ~·cuela,,
:.:,c. lft'Se,
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Jfa.tlrid,.tptf,· Dm"rm/,rc de .19/o
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¡w{nJ fir/lÚl lanCll comp~4'tt&lt;"UJn

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Unica casa en Espafia:

yp,y~.-, d :¿(~
,;

2, Carrera de San J'erónimo.

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                <text>Zamacois, Eduardo, 1873-1971, Fundador</text>
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                <text>La publicación, que aparecía semanalmente, fue fundada por Eduardo Zamacois. Fue una de las diversas colecciones que florecieron durante las décadas de 1900, 1910 y 1920, con un carácter pionero, al tratarse de la primera colección literaria de novela corta publicada en España en formato de revista.</text>
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                <text>Insua, Waldo A., 1858-, Colaborador</text>
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                    <text>/

-=---

llevlata Internacional de arqueologla, etnología, follbo,e,
prehlatoria, hlatoria antigua , llngülaUCÍI mexicanas,
publicada por

t

TO)to l.

¡

.. ¡

HERMANN BEYER
ABRIL DE 1920.

-------~IOTEC

,

TflAL

I, _ _ __;.._ _::.:.....:_:.:...:_::

Hermann

Beyer

Una Pequeña Coleccl6n
de Rnflgüedades mexicanas.

Editor: H. Boyer, Aportado pootal ndm. 4602.

MEXICO, O. F.

I

���1

UNA PEQUEf\JA COLECCION DE
ANTIGÜEDADES MEXICANAS*

lL

POR

HERMANN BEYER
La más interesante de las piezas cuya descripción y explicación me
propongo dar en este ensayo, es indudablemente la que está reproducida
por la lámina XI.
El ídolo es algo asimétrico y desproporcionado, inclinándose al lado
derecho si se le pone sobre nn plano liso. Esta imperfección evidentemen-

-j

•

te es causada por razones técnicas. El contorno general conserva todavía la
forma de un bloque de piedra dura (un feldespato, según el Dr. Wittich),
algo rodado por el agua o gastado por la erosión. Su superficie fue ligeramente alterada por un lapidario antiguo que por medio de una serie de incisiones, círculos y campos ahondados tran•figuró la roca en una estatuita
de mujer hincada.
Para los instrumentos primitivos la ejecución de estos cortes y taladros
debe haber presentado un trabajo pesado y se comprende que el artífice se
limitó a los cambios más precisos. Por eso la nariz quedó chata, los pies
están dirigidos a un lado y hechos en bajorrelieve, y para el cuello fue utilizado un ángulo que ofreció la piedra bruta, aunque as[ la cabeza perdió su
proporción con el cuerpo .
El empleo de gubias o taladros tubulares de diferentes tamaños se nota
bien en las orejeras, las pulseras y las partes excavadas para ojos. Estos
últimos huecos, Ia boca y las cavidades en las mejillas, seguramente han tenido incrustaciones de concha y otros materiales que se han desprendido.
Las narices fueron hechbs con un taladro romo.
En los lados la figura ostenta un color verde. Arriba se ve gris con
una mancha verdosa. En la vista de frente, la cabeza está gris y el pecho
de un ligero matiz verde que se vuelve más intenso por los lados. Detrás se
nota un color más bien gris que verde. En diferentes partes se destacan ve•
tas obscuras que en unos casos son bien gruesas, en otros se dilatan en una
red fi11a de líneas delgadas.
La superficie está en varias partes algo desgastada; los arañazos nuevos
son de coloi- blanco. Sumergido en agua, el artefacto exhala el olor debarro húmedo .

l

*) Leído en parte ante la Sociedad Científica.'' Antonio Alzate, u en los meses de ju
lio y agosto de 1919.

1 l
j

t

~

,._

~

_¡
•

�'.1.:!J_ - :2 - 3
160

7
HERMANN BEYER

La pieza mide cerca de 14 centímetros de altura y pesa 2 kilos 100 gr.
Como ya dije, la figu1·a representa a una mujer. Esta determinación se
funda en el hecho de que la estatuita gasta prendas femeniles. Sobre el pecho y la espalda caen las esquinas de una pieza de vestido de forma cuadrangular que se llamaba quec71qtu:mitl y que todavía hoy día man varias tribus
de indios mexicanos. Una línea paralela a la orilla indica que está embellecido con un ribete o franja. También la figura 1 gasta quechquemitl.
Los brazos quedaron desnudos, pero adornados con pulseras. Se notan
dos círculos, eso es, dos chalchihuites, y los dos cabos de las cintas que loR
sostienen. Este género de muñequera tenía la denominación matzopetztli
chalcliiulnnacuextli, "la pulsera untada ( de bálsamo) con piedras verdes" 1).
En la superficie de la base está grabada la enagua con una orilla semejante a las de las figs. 1 y 2. Los pies, en que sólo tres dedos están indicadoF,
están descalzos.
Nos resta la discusión de los pormenores de significación simbólica. Vemos en la espalda de nuestra diosa un emblema formado por una figura en
forma de delantal, dos mazorcas de maíz con sus cabellos y un plumaje (figura 3). Una combinación parecida muestran las figs. 1, 2 y 7, pero colocada de una manera curiosa. Indudablemente estas diosas cargan las mazorcas en la espalda como lo hace nuestr~ estatuita y una escultura de piedra
del Museo Nacional (fig. 4), pero los pintores aztecas no pudieron representar objetos en perspectiva y así pintaron el emblema como visto de frente.
El detalle que afecta forma de delantal es un tetelmitl ( véanse los jeroglíficos de Teteutlan y Teteuhtepec, :figs. 5 y 6) o amatetelmitl, un objeto
ritual hecho de papel de amate. Esas piezas eran de uso universal para
ofrendas en el antiguo México.
El adorno que sale entre las dos mazorcas es el ¡,lumaje simbólico llamado quetzalmialmayo. Aparece en el tocado de las deidtldes del agua y de
la fertilidad . La diosa fig. 7 lo tiene en la cabeza y, además, enfrente, encima de un tl3telmitl . Ghicome coatl {fig. 1) ostenta el adorno en la coronilla
y Ointeotl ( fig. 2) lo trae junto con una mazorca y dos pedazos de papel de
amate teñidos de rojo en la espalda. En la fig. 8 el papel de ofrenda está
substituído por un trapecio en el dibujo convencional del chalchilmitl. Las
partes esenciales del quetzalmialmayo son una cuenta de chalcliilmitl dos
plumas amarillas y encima unas pocas plumas largas de quetzal.
'
Las dos mazorcas &lt;&gt; elotes que carga nuestro ídolo no dejan lugar a duda de que se trate de una diosa del maíz. Pero como tales conocemos a va1) Cf. Eduard Seler, "Gesammelte Abbandlungen." Berlín, 1904. Tomo II, páginas
ó36 y 539.

161

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

========= ===== = - ~ = = - - -

rias. El nombre general de Cinteotl, "deidad del maíz," lo tienen las figuras 2 y 7. Tonacacihuatl, la "mujer de nuestro sustento," es la vieja, y
X~lon~n, "mu~eca de maíz tierno," la joven diosa del 7.egetal. Otra denommación o variante de una diosa del maíz es la de Chicome coatl ''siete
culebra" (fig. 1).
'
,
Creo que la estatuita en cuestión se puede identificar como representación de esta última forma de la deidad del maíz, porque su casco, una cabeza
de culebra, hace alusión al nombre Ohicome coatl. El belfo superior del
reptil tapa la cabellera de la diosa, notándose en la frente la lengua bífida

Fm. l.

Fro. 2

Chicom e coa tl.

Cinteotl.
Códice Vaticano A, foja 43 vta.

Cótlice Borbónico, pág. 7.

Y a cada lado un colmillo. Pura mayor claridad he hecho un dibujo de la
parte superior de la figura con estos pormenores ( fig. 9). Encima de las
narices de la culebra se ven dos plumeros. En los lados del casco están grabados los ojos con su placa supra.orbital. Estos dos rasgos, los adornos de
pluma Y los ojos con ceja de voluta, nos indican que aquí tenemos la cabeza
de una culebra mítica, la serpiente verde de la diosa del agua o la culebra
emplumada quetzalcoatl.
·
En los códices las diosas Xochiquetzal y Chalchihuitlicue aparecen varias veces con el mismo casco de forma de cabeza de culebra. El intérprete

f

.238

�162

HERMANN BEYER

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

163

del Uódice Telleriano-Remense identifica Xochiquetzal con Tonacacihuatl y
Chicome coatl 1 ), lo que explica esta comunidad de emblemas. Pero no he
encontrado en los manuscritos pictóricos una representación indubitable de
lll diosa del maíz cu~ a cabeza miga de las fauces de una serpiente. En piedra verde, sí, conozco otro ejemplar de una Ohicome coatl parecida a nuestra estatuita en este detalle. Es la fig. 10, cuyo original se conserva en el
Museo de Historia Xatural de Viena. Para dar cabida a la corona de pin·
mas que lleva la diosa, la cabeza de culebra fue dividida en dos partes
!'imétricas.

F w . 8.

Tetehuitl, elotes

v quetzal•

miahuayo.

Fw . 4.
Diosa del Maiz.

F IO. 7.
Cinteotl.

;\fuseo N. de Arqueología, llistoria y Etnografía ,
México.

Códice :\Iagliabecchi, foja 90.

Detalle de la estat uita.

FJG. 5.
Jerogllfico de Teteutlan.

FIG. 6.
Jerogllfico de Teteuhtepec.

Códice Mendoza 48, 18.

Códice Mendoza 7, 6.

} 'w . 8 .
Chalchihuitl, elotes V
quetzalmiahuayo.

Códice Borbónico, pág. 20.

Una indicación de pintura facial representa el campo rectangular en
cada mejilla, origin11lmente rellenado con una substancia probablemente de
color negro. Más general parecen haber sido dos fajas o barras verticales,
como lo vemos, por ejemplo, en Ja fig. l.
El estilo de la pieza revela que fue hecha en la región central de México.
Una diferente representación de la diosa del maíz tenemos en la fig. 11
que, desgraciadamente, no conserva ni siquiera un vestigio de la pintura
con que antes seguramente estaba cubierta. Por este motivo, la coloración
de los pormenores queda en algunos casos hipotética, aunque no influye ern
en la determinación de los emblemas principales, que }JOr su forma son fá•
cilmente reconocibles.
1) Códice Telleriano-Rc•mense. Ed. del Duque de Loubat. F oja 8.
Códice Vaticano No. 3738. Ed. del Duque de Loubat. F oja 14.

�164

165

HERM .\NN BEvrn

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

Evidentemente la deidad tiene u u tocado parecido al de las figs. 1 y 7,
por lo menos en lo que concierne a la venda. Si haya o no poseído el tlaquechpanyotl, el adorno de papel de amate plegado en forma de abanico, no
se puede decir, porque justamente las partes laterales de la cabeza están
mutil11das. Las fig;;. 1 y 7 sí ostentan este detalle en el &lt;!Olodrillo.
L'l placa escalonada que pende de la nariz, probablemente estaba pintada de azul. En los códices pictóricos aparece esta pieza de ornato principalmente con las diosas Chalchiutlicue, Xochiquetzal y May&amp;huel, evidentemente por la razón de que repre~entan conceptos mitológicos muy afines.
Tanto las tres deidades mencionadas como la del maíz son patronas de la
fertilidad, de la estación de aguas, de la vegt-tación.

la ¡,ieza. Sin embargo, se puede reconocer en él la configuración del emblema que adorna la "manta de &lt;;inco Rosas" (fig. 12). Macuilxochitl es otra
deidad de las flores y del verano, y este rasgo explica la presencia del símbolo en su frazada. Pero en forma más sencilla, o sea un campo tripartito,

\

Fm. 9.
Lado superior de la estatuita.

Grandes orejeras, originalmente también de azul o verde, cubren toda
la oreja.
El globo del ojo resalta mucho a la vista, una particularidad de estilo
que he notado en varias figuritas que vienen de Atzcapotzalco, D. F., y
que permite asignar también a nuestro ejemplar tal procedencia o, por Jo
menos, incluirla en esa clase de terracotas.
La boca abierta daja ver la fila de dientes superiores.
Sobre el pecho cuelga un emblema que afecta la forma de un cuadrángulo cuyas esquinas están provistas de circulillos. Como la figura está hecha en molde, este detalle no se destaca con toda la claridad deseable, lo que
es un lamentable defocto, porque se trata del pormenor más interesante de

Fxo . 10.
Diosa del malz, grabada en piedra verde.

Museo de Historia Natural de Viena.

se encuentra el signo también con la deidad del maíz, que lo ostenta en la
mejilla (fig. 13).
Debajo de este emblema lleva nuestra figurita todavía otro adorno pectoral, un disco con orilla, eso es, una placa circular de oro (teocuitla1·omal li),

�166

HERMANN BEYER

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

167

como la tiene también la fig. 7. El Sr. Batres encontró dos de estos discos
de hoja de oro en sus excavaciones en la antigua Calle de las Escalerillas 1).
Durante muchos años estuvieron estas piezas en una vitrina del Museo Ka·
cional, pero desde hace algún tiempo ya no son exhibidas 2 ). Otro ejemplar
describe Lumholtz en su bella obra '' El México Desconocido,'' dando tam ·
bién su fotografía 3 ).

Fig. 13.
Cinteotl,
como "Acompañado."
Códice Bolonia, pág. ~FIG. 14.
Cara

v emblemas de Xipe.

Frggmento de un pedestal de berro cocido.

FIG. 12.

Frn. 11.
Diosa del malz.

Terracota.

Cobija ritual del dios Macuilxochitl.

Códire Megliabecchi, foja 8 vta.

En cada mano lleva nuestra estatuita dos mazorcas de:maíz ( cenmwitl)
con su ornato de papel de ofrenda, siendo esta la manera más común de re·
presentar la deidad de este cereal (cf. figs. 1, 2 y 10).
La falda parece componerse de dos piezas superpuestas, detalle que tam•
bién muestra la fig. 10.
Nuestra figurita tiene 11 ce1'.ltírnetros de alto y está adherida a un fragmento de barro cocido del espesor de más o menos de un centímetro, que
formaba probablemente parte de la orilla de una vasija grande.
El hecho de que la estatuita fue fabricada en molde, deja esperar que se
encuentren algún día otr:&gt;s ejemplares que conserven todavía restos de sus
colores Y, además, las partes que nuestra pieza tiene rotas.
l) Leopoldo B.itre3, Exploraciones arqueológicas en la Calle de las Escalerillas.

Año de 1900. México, 1902. Pág~. 22 y 23.
2) Comunicación verbal del señor D. Leopoldo Batres.
3) Car! Lumholtz, El México Desconocido. Nueva Yor.k, 1904. Tomo 11, pág. 293.

FIG.15.
Signo del mes Tlacaxipehuallztli.

Códice Humboldt,
Fragmento !9

FJG. 16.

CHICAHUA ZTLI,
bastón del dios
Xipe Totec.
Códice Magliabecchi, foja 90.

F10. 17.
Brasero con la parte superior
CHICAHUAZTLI de Xipc.
Códice Borbónico, pilg. 14.

�168

169

HERMANN BEYER

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

Una litografía en colore-s del objeto antiguo de la fig. 14 ya fue publicada en 1889 por el señor Leopoldo Batres con el siguiente comentario:
"Fragmento de pedestal hecho de barro pintado de rojo, blanco y negro. Representa la figura del Sol en sus cuatro movimientos (Nalmi ollin).

debe haber existido en el pedazo que está roto, son las cuatro aspas que
simbolizan los cuatro movimientos del Sol. 11
' ' El ejemplar que acabo de describir es una de laa piezas más notables
de la escultura y alfarería india americana, desde el punto de vista del arte.
Hoy pertenece al Sr. ingeniero arquitecto D. Antonio Rivas Mercado, quien
lo adquirió por compra en la suma de ocho pesos en que fue propuesto en
venta al visitador y encargado del Museo Nacional Sr. Francisco Borja del
Paso y Troncoso, quien rehusó comprarlo, ocasionándose con esto una lamentable pérdida en las colecciones de arqueología del Museo Nacion,11 de
México." 1 )

F10 . l il.
Frazada con emblemas de Xipe.

Códice Mngliabecchi, foja 4.

F10. 20.
Relieve lateral de un cubo de piedra.

Museo N. de Arqueología, Historia y Etnografía, México.
FIG. 19,
La figura 14 restaurada v con indicación
de los colores.

Está simbolizado el Sol por la máscara que con su resplandor se halla encerrada en el cuadrete que forma uno de los lados del pedestal, y en los cuatro ángulos del mismo cuadrete se ven dibujadas tres aspas que con la que

La máscara roja de párpados caídos y boca desmesuradamente abierta es la
del dios Xipe Totec, "nuestro señor el desollado" (cf. fig. 15 y, además, lám.
1) Leopoldo Batres, Ci1°ilización de algunas de las diferentes tribus que habitaron
el territorio hoy mexicano en la antigüedad. México, 1889. En: Memoria que el Secretario de Justicia .... pres. al UongreEo de la U nión .... desde 19 de Abril 1887 hasta el
30 de Nov. 1888. Pág. 315.

�170

171

HER.'I\ANN BEYER

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

VI, a y figs. 1-8 en las págs. 75-78 de este tomo), y su forma ee explica por la
circunstancia de que reproduce la piel enjuta de la cara de nna víctima humana. La cabeza o carátula yace sobre un rosetón de muchos pliegues; en
los originales evidentemente hecho de papel de corteza de amate. Las cuatro
esquinas están llenas con adornos simbólicos que terminan en dos puntas
(maxaliuhqzti) y que son características del dios Xipe (fig. 15). El colgajo
de las orejas de nuestro ejemplar también muestra esta figura peculiar. Esa
combinación de rosetón con cuatro cintas la vemos también empleada como
ornato de la insignia llamada chicahuaztli, que lleva el dios en su mano (figuras 16 y 17) y en una cobija dibujada en el Códice Magliabecchi, donde
está acompañada por la glosa antigua "manta de totequi" (fig. 18).
Además de los colores blanco, rojo y negro que menciona el Sr. Batres,
noto un matiz de rosa en el rosetón y las cintas que cubre en parte las líneas
negras. He indicado esta coloración por rayado fino en el dibujo esquemático de la fig. 19 que represent'l la plancha restaurada. El color rosa es el
del ave tlatthqueclwl, cuyas plumas fueron usadas para el ornato del dios.
Blanco, rosa y rojo son los colores emblemáticos de Xipe Totec.
La orilla del cuadrángulo que encierra a la máscara de Xipe reproduce
un tejido de juncos, muchas veces empleado como detalle de ornamentación
en objetos destinados al culto (fig. 20). Que el decorado tiene esta signifi·
cación y no la de la soga de ayuno, como traen algunas etiquetas del Museo
Nacional, se comprende por una comparación con las orillas de una estera
de hoy día.
En el lado izquierdo conserva nuestro objeto todavía un fragmento de
plano, por lo que se ve que en estado completo formaba un cubo o una caja.
En este concepto, la orilla imita el tejido del petlacalli, de la caja de esteras.
Sin embargo, en los cuadretes "laterales no fue exactamente igual al del
frente. El vestigio de una de las cintas que quedó, está solamente pintado,
mientras en el lado delantero se realza en relieve.
Lo que ha quedado de la superficie (fig. 21) sólo permite reconstruirla
con seguridad hasta donde llega la parte saliente del fragmento, indicada
por las líneas enteras; pero probablement~ tenía originalmente el tamaño
marcado por puntos. La superficie está pintada de rojo sobre fondo blanco
Y muestra en dos lugares huellas de objetos adheridos o sostenidos. La impresión del lado izquierdo tiene la fornía de un pie o de una sandalia, pero
la derecha no corresponde a esta figura. Pudiera haber servido como apoyo
para la insignia del dios y entonces el otro pie debe haber tenido más o menos la posición indicada en mi reconstrucción hipotética.
La decoración del pedestal con emblemas del dios Xipe Totec nos deja
inferir que esta deidad fue la que una vez se erguía sobre este cubo.

B~tres no da expresadamente el lugar de procedencia, pero pone la pieza entre las antigüedades de la tribu acolhua que él localiza en Texcoco y
Huexotla. Quizás tuvo él alguna indicación en este sentido y entonces nuestro objeto puede haber sido la base para una estatua de Xipe algo parecida
a la de Texcoco que posee el Museo de Nueva York 1 ), aunque esa debe haber tenido un tamaño menor.
Las dimensiones de lapiezafragmentaria son: altura, 21 cm.; anchura,
(arriba) 28 cm.; espesor, por término medio, 15 mm. La huella del pie mide
10 cm. El barro tiene coloración de ladrillo. Toda la parte figurada del lado anterior parece formar una capa delgada pegada al éubo. La pintura no
brilla porque no ha sido pulimentada.

Fm. 21.
Lado superior de la flg. 14.

(Con indicación hipotltica de su forma
original.)

Entre las muy variadas producciones de cerámica de los antiguos mexicanos existe una clase que he visto con relativa frecuencia en Tepeaca y
Matamoros Izúcar, pero que es muy rara en el Valle de México. Se trata de
vasijas de diferentes formas y tamaños que están decoradas con bellas ornamentaciones que fueron hechas en moldes y pegadas al cuerpo liso del
vaso.
Probablemente el molde cuyo vaciado se da en la fig. 22, y el reverso
en la fig. 23, sirvió para hacer decoraciones de este estilo. El relieve es muy
1) Véa9eBeyer, ¿Guerrero o Dios? El México Antiguo. Tomol(l919),págs. 73-81.

�172

HERMANN BEYER

bajo y la fi¡:ura positiva queda algo convexa, que sería a propósito para ser
adherida a la panza de una vasija. 1)
La figura humana que reproduce el molde quiere representar a un bailador. Con el concepto de bailador parece, a primera vista, en pugna el hecho de que blande una hacha. Pero esta hacha no sirve aquí de arma o instrumento de oficio, sino es un objeto ceremonial. Entre los utensilios y
adornos de músicos y danzantes que da el manuscrito de Sahagún de la Biblioteca Laurenciana de Florencia 2 ) se encuentran dibujados tanto el adorno de plumas para la garganta de los pies, como el hacha que vemos en
nuestra figurita. Igualmente se observa un hacha como adorno en un teponaztle de Tlaxcala que está curiosamente tranefigurado en un bailador
(iám. XII). Esta hacha decorativa evidentemente tiene por mango el arma

F10.

22.

Bailador con hacha y ramillete.

Sacado de un molde antiguo.

F10. 23.
Cara posterior de un molde antiguo.

del pez sierra y una hoja cuyo lado cortante afecta forma de media luna.
Otro danzante con hacha se encuentra como ornato de un segundo teponaztle
que vió el Dr. Peñafiel en Tula (fig. 24). El carácter ceremonial del hacha
está determinado por dos grandes plumajes que lo adornan. También esta
hacha tiene configuración curvada. En los tres casos tratados, entonces, se
1) La fig. 11 difiere de este grupo técnico en el detalle de que su relieve es más alto y
la ela.boraci6n menos artística.
2) Pablicados por Seler en "Gesammelte Abhandlangen,'' tomo II, págs. 67i y 698.

�ANTIGÜEDADES MEXICANAS

173

parecen las hojas a las hacha.zuelas de cobre tan comunes entre los hallazgos
arqueológicos del E:stado d~ Oaxaca. Creo que aquí no se trata de una semejanza casual, sino que tenemos una prueba de que las delgadas hachas de
cobre, que no pueden haber servido para fines prácticos, fueron empleadas
como arma de lujo, como insignia en los bailes y festejos.
Un bailador que usa un hacha de color azul, quiere decir, de piedra fina,
lo tenemos en la fig. 25.
Desgraciadamente nuestro molde está algo desportillado en la parte
donde la figurita tiene su frente y cara. Pero se notan bien los dientes en
la boca y un bezote en forma de cabeza de ave ( quauhtetnpilloli coztic teucuitlatl?) en el labio inferior. El dibujo de un parecido adorno aparece entre
otras joyas en el Lienzo de Tlaxcala (fig. 26). Es de color amarillo, lo que
quiere decir que fue hecho de oro. Efectivamente, el Museo N. de Arqueología, H istoria y Etnografía, de México, conserva un precioso original de
oro, también en forma de cabeza de ave con copete (fig. 27) .
El cabello cae por detrás en una trenza amarrada por una cinta cuyasextremidades se destacan . Esta forma de peinado se nota también en et
bailador del teponaztle de Tlaxcala (lám. XII, b) y, con más claridad, en
algunas personas dibujadas en el Lienzo de Tlaxcala (fig. 28).
De forma rara es el adorno de la oreja y no he encontrado representaciones análogas.
Pecho y cuello están cubiertos por un collar ancho que se compone de
cuatro sartales de cuentas ( cozcapetlatl).
El brazo izquierdo ostenta arriba un brazalete que termina en punta,
evidentemente el rnachoncotl o macopilli. En el brazo derecho parece tratarse sólo de cuatro cintas o anillos. Están indicadas también pulseras angostas.
Como conviene para una fiesta, el danzante lleva en la mano izquierda
un ramo de flores con un colgajo de unas cuantas plumas. Un ramillete parecido, sacado de la "Histoire de la Nation Chichimeque" o Códice Xolotl,
doy en la fig. 29. U na sola flor lleva el bailador del teponaztle de Tlaxcala
(lám. XII, a), mientras el de Tala usa un abanico hecho de plumas (tlgu·
ra 24).
Un hecho curioso es que nuestra figurita tiene sólo cuatro dedos en cada mano. En los pies la representación de los dedos no es muy clara, pero
¡;s.rece que también sólo cuatro están indicados.
El ceñiaor ( maztlatl) está ornamentado con rayas longitudinales de la
misma manera como el de los personajes de los teponaztles (lám. XII, a y
fig. 24).

�174

HERMANN BEYER

FIG. 25.
6allador.

Códice Borgia, pág. 50.

FIG. 26.
6czote con cabeza
de águila.

Lienzo de Tlaxcala, 7

Fm. 27.
6ezote de oro.

)fuseo N. de Arqueología., Historia. y
Etnografía., México.

FrG. 28.
Indio tlaxcaltcca.

Lienzo de Tlaxcala, 3.

�175

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

Los bien caracterizados adornos de pluma que están marcados en las
gargantas de los pies, ya fueron mencionados.
Para terminar la descripción de la indumentaria del danzante, resta decir que se encuentran modeladas sandalias con taconera ( cactli).
El objeto tiene 74 milímetros de alto por 62 de ancho. Está fabricado con
una arcilla morena anaranjada de poco peso. Por el color y textura del barro me parece que fue hecho en la región central de la República, aunque,
como atrás he dicho, esta clase de molJes no es común en el Valle de México. La configuración está recortada, dando en grandes rasgos los contornos del bailador.

F10 . 29.

Ramillete de flores.
'' Histoire de la N ation
Cl.iicbim eque. ''
En: Atlas de la colección Aubin-Goupil,
lám. 8.

·,

FIG. 31.

Fm. 30.

Tlaloc, como uno de
los "trece cielos."

Tlaloc, como uno
de los "señores
de la noche."

Tonalamatl Aubin,
pág. l l.

Tonalamatl Aubin,
pág. 19.

La superficie posterior (fig. 23) es muy irregular y se puede reconocer
todavía que el molde fue hecho por varios emplastos puestos sobre la figura
original que sólo imperfectamente se fusionaron.
El vaso reproducido en la lám. XIII, a, visto de lado, y en b, visto de
frente, tiene la configuración de un jarro o de una botella para agua. Sin embargo, su profusa y quebradiza deaoración simbólica excluye la idea de que
haya servido para el uso doméstico. Evidentemente se trata de un objeto
ritual que tenía empleo en las ceremonias en honor del dios de la lluvia.
Porque en cara o cabeza de Tlaloc es en lo que está transfigurado el vaso
por medio de diferentes detalles de barro pegados o adheridos a su panza.
Vemos los grandes ojos encercados y la voluta sobre el labio superior con
los dientes o colmillos, rasgos tan característicos del numen de la tempestad
(cf. figs. 30 y 31). Además, no falta su tlaquechpanyotl, el ornato de cabeza en forma de dos llbanicos.

�176

HERMANN BEYER

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

- - ---=============

Estos últimos adornos, y probablemente también los otros pormenores,
faeron hechos en molde. Pegados a la superficie del vaso Eon los ojos, la
boca y el cordel sobre la frente. Del cuerpo de la vasija se destacan los abanicos, los emblemas laterales, el asa y la nariz. Esta se quebró, dejando un
hueco en su lugar; lo mismo falta uno de los símbolos laterales. El adorno
rectangular de la oreja fue sobrepuesto al emblema, como se nota en la
huella que ha quedado en el lado izquierdo.
Las volutas que parecen formar las orejas del dios y de las cuales fólo
una resta, representan nubes, como demuestra una comparación con las
figs. 32 y 33, que son dibujos convencionales de estos fenómenos meteorológicos. Un gran brasero del Museo Xacional con la cara y ornato de la
diosa del maíz, tiene este detalle mé.s elaborado y con coloración variada.
Cinteotl y Tlaloc poseen varios emblemas en común, lo que se explica por el
hecho de que ambos son deidades del verano, de la estación de lluvias.

F10. 32 a y b
Jerogllfico de Mixtlan,
"Junto a la nube."

Fw. 33.
Almena del Sagrario
de Tlaloc.

a. Códice Mendota 48, 5.

Códice Tell.-Rem.,

b.

,.

,,

10, 4.

177

La pieza tiene casi 17 centimetros de altura.
Aunque no sabemos nada directo sobre la proceden('ia de la escudilla
de la fig. 35, se puede decir, sin peligro de equivocación, que fue manufacturada en Uholula. Tanto la forma como los colores y el estilo son tan típicos para la alfarería cholnlteca, que no queda duda de su filiación.

F IG. :H.
Esquema de la boca del
jarro de la 1~m. XIII.

foja 36 vta.

El aztatzontli, la corona de plumas blancas que ostentan las figs. 30 y 31,
no aparece en el vaso; en su lugar se levanta el cuello o tubo de la vasija.
En diversos lugares se han quedado vestigios de pintura azul verdo ea
que indican que originalmente todo el vaso estaba cubierto con una capa de
este color. También se conocen muchas figuritas de Tlaloc hechas de piedra
verdosa. Evidentemente en estos casos ee hace alusión al color del agua.
La pintura quedó sin pulimento y fue aplicoda directamente al barro,
sin precederla una capa blanca como generalmente se hacía.
Las salpicaduras de cal que Ee notan son posteriores, porque están
también en las roturas.
Por la cocción tomó el barro por fuera un color rojizo, mientras aden10 de la vasija tiene un aspecto negruzco.
8e notan muchas pequeñas raadurlls en la superficie.
La boca del jarro tiene la forma que reproduce el dibujo esquemático
fig. 31. Su asa parece torcida y se compone de cuatro partes. Un soporte en
orma de faja sostiene la vasija.

F10. 35
Escudillá de barro.

E,;tilo Cholulteca.

El fondo de la vasija (fig. 36) está decorado con una cabeza de perfil
que creo poder determinar como la de un mono ( Ateles sp.). En favor de esta clasificación habla el progoatismo pronunciado, el pelo erizado de la
frente y, ante todo, la coloración de la cara. Esta está dividida :en unn
pa.rte anterior de color claro y otra de color anaranjado de una forma peculiar. De eemejante modo vemos siempre dibujada la ('abeza del mono en los

�178

HERMANN BEYER

179

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

códices pictóricos (fig. 37). Por las aducidas razones se puede identificar
también como cabeza de mono la del fondo de una escudilla que publicó el
Dr. Peñafiel en la lámina 73 de sus ''Monumentos del arte mexicano antiguo" y la de un plato que se encuentra en una obra ya citada del señor
Batres 1).

En el pescuezo luce un cuello de piel corlo anaranjado con rayas rojas,
del cual penden pequeños discos blancoe.
Del mentón salen dos vírgulas. Evidentemente es el signo de la
voz y debía estar puesto delante de la boca, como lo es, en efecto, en el vaso
que publica Peñafiel. Las volutas tienen aquí más bien un objeto decorativo, llenan un espacio, lo mismo que el disco blanco que se ve entre la nariz
y el margen. También las fajas detrás de la cabeza no han de tener otro fin
que el de llenar un hueco.
f

F10. 39.
Motivo de ornamentación.

Detalle de la fig. 35.

F10 . ~O.

Motivo de ornamentación.

Detalle de la fig. 35.

El borde interior está dividido en ocho compartimientos. Cuatro veces
se repite el motivo sencillo de la fig. 38, dos veces el de la fi.g. 39 y otras
dos veces el que enseña la fig. 40.
F10.

36.

rondo de la escudilla.

a.

b.
c.
FJG. 3,.
Signo dd dla OZOMA TU, "mono."
Códice Borgia, pág. 73, 26 y 24.

Fw. 41.

Fm. :is.

Hueso de muerto.

Motivo de ornamentación.

Códice Bodley, pág. 6.

Fw. 4Z.
Parte de un
hueso.

Fm. 43.
Motivo de ornamentación.

Detalle &lt;le In fig. 35.

Detalle de la fig. 35.

La cabeza del animal ostenta un adorno en la oreja. Generalmente
afecta éste forma puntiaguda (fig. 37), pero en nuestro caso, como en el de
la escudilla de Peñafiel y en la fig. 45, su parte principal es redonda.
1) Lám. XIX, fig. 5, de la publicadón cuyo título va en la nota de la pág. 169.

La fig. 39 me parece reprérnntar dos terminaciones de un huew. El
rayado transversal es de color rojo y significa, tal vez, huellas de sangre.
De una manera parecida están dibujados los huesos de las figs. 41 y 42.
.El otro ornamento (fig. 40) da un motivo muy común de la alfarería de
Cholnla, hileras de discos blanco!.&gt;. Pudiera uno interpretarlos como sartales de cuentas hechas de caracoles marinos, aunque realmente no han de ser

�too

HERMANN BEYER

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

181

más que una decoración sin significado. Esta misma índole, netamente decorativa, tiene también el ornamento de la orilla del borde (fig. 43), lo mismo
muy utiado en piezas cholultecae. Este detalle se repite seis veces.
La decoración de la superficie exterior, quierEI decir, el anvereo, se comprende bien en la fig. 44. Consisto en campos de lineas negras, rojas y
anaranjadas sobre fondo blanco, un decorado muy eencillo . La base, el
centro del dibujo, quedó sin pintura, enseí1ando el color natural del barro.
El diámetro de la escudilla es de 15.6 cm. y su altura 3. Rn fondo es
ligeramente convexo. La rnperficie pintada, quiere decir, todo el vaso, con
excepción de la base, recibió un baño blanco, pero tan ligero que en muchas

Fio . ·H.
Lado inferior de la escudilla.

partes trasluce el color del barro. Además del blanco se ha empleado el co
lor anaranjado, un rojo obscuro y un negro. Donde este último quedó algo
diluído, parece moreno obscuro.
El plato, cuyo fondo está reproducido por la fig. 45, pertenece a un
grupo técnico distinto del que acabamos de tratar y no estoy bien seguro si
fue realmente fabricado en Cholula. Proviene de la antigua colección Vila,
que un padre de este apellido reunió en Cholula y alrededores. De todas
maneras, nos demuestra que el motivo decorativo, comistiendo en una cabeza de mono, era bien conocido en el rumbo de Cholula, tanto en piezas de
manufactura local como en las importadas.

FIG. 45.
rondo de un plato de Cholula.

Colección Carlos O. Hoffmann.

Entre las figuras de barro de Michoacán, Colima y Jalisco se encuentran
con relativa frecuencia representaciones de músicos. El Dr. Kunike ha
escrito un pequeño estudio especial sobre este asunto, basándose en los
ejemplares de la colección Vogel de Colima 1 ). Distingue ese auto~ los siguientes instrumentoti de música en uso entre los tarascos Y sus vecmos:
¡) Hugo Kunike, :\fusikinstrumente aus deru alten )Iichoacan. Baessler-Archiv,
tomo II (1912), pág3. 282-284.

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HERMANN BEYER

l.

2.
3.
4.
5.
6.
7.

183

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

Tambor grande.
TeJ1onaztle.
Carapacho de tortuga.
Raspador de hueso. Sonajas de calabaza.
Caracol marino (trompeta).
Trompeta de madera, caña, barro.
Silbatos y flautas.

Este instrumento de música, tan conocido por ser el del dios griego P1Jn,
también fue muy común en el antiguo Perú. En cambio, no lo he visto
hasta ahora entre antigüedades mexicanas. Por eso el cuo reviste cierta
importancia y es de lamentarse que la representación del objeto en nuestra
figura de barro esté tan mal hecha. Siendo así, mi explicación sólo tiene
carácter hipotético y hay que ei:perar nuevos hallazgos de piezas mejor
ejecutadas para poder afirmar la existencia de la zampoña entre las antiguas
tribus del occidente de México.
En su mano derecha la estatuita tiene otro objeto, del cual he sacado
un dibujo en la fig. 48 y que, en mi concepto, repre~enta una sonaja. Sonajas de semejante forma se encuentran muchas veces reproducidas en pinturas y esculturas de tiempos prehispánicos ( fig. 49).

FIG. 47.
Mano con zampoña.

Detalle de la 6g. 46.

t
;

;

~

Fm. 49.
Sonaja.

Códice Viena,
pág. 45.

Fm.

4o.

Músico.

FIG. 48.
Sonaja.

Det11lle de la 6g 46.

Figura &lt;le barro cocido.

Aunque la terracota de la fig. 46 está modelada muy toscamente, creo
poder reconocer en ella la representación de un hombre que toca un instrumento no contenido en la lista anterior, La estatuita tiene asido en au
mano izquierda uu objeto compuesto de cuatro cuerpos cil!.ndricos (fig. 47),
que a mi me parece reproducir una zampoña, flauta hecha de varios carrizo¡,.

Fm. 50 .
Cara con pintura.
Detalle de Ja 6g. 46.

F10 . 61.
Camisa.

Detalle de la flg. 40.

Con esto he tratado de los detalles interet:antes de la pieza y doy ahora
una somera descripción de los restantes pormenores de menos importancia.
La frente de la figura está cubierta por una faja ancha que afecta casi
forma de un gorro, pero que, en roalidad, no es más que una venda grande.
Tiene un matiz moreno rojizo, quiere decir, el color del barro. El pelo, adonde está indicado, es de color negro.
En la nariz se nota un anillo como en la mayor parte de estas terruco·
tas. Las orejas, al contrario, aparecen sin adorno.
La pintura facial me parece de suficiente interés para haber hecho un
dibujo exacto de ~ua (fig. 50). Estas lineas negras, lo mismo que otros detalles pintados, sólo se ven con claridad cuando la pieza está sumergida en
agua. Lumholtz interpreta una decoración parecida como, tal vez, el diseño de un cangrejo 1 ). Pero con el poco material estudiado cualquier teoría
es aventurada.
1) Lumholtz, El México Desconocido. Pág. 306.

�18.J

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= --=--=--=-=---.:

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

185

Al cuello llev&amp; la figura un coll1u que está representado por dos lineas
negras p:1ralela1 y puntos debajo de la segund&amp;. Evidentemente indican éstos objetos colgantes.
La estatuita viste una camisa o un jubón que ostenta líneas onduladas
de color negro sobre fondo blanco. También de este pormenor he sacado
un dibujo esquemático (fig. 51). Abajo de esta camisa hay una banda negra
de límites no bien definidos.
Las piernas están cruzadas y contienen vestigios de blanco y de negro.
Un pedacito de barro sobrepuesto indica el sexo de la persona, que es masculino. Los dedos de los pies no están marcados.
En los brazos y manos se destacan rayas negras del fondo blanquecino
(cf. fig. 47).
Esta pieza de alfarería está vacía por dentro, siendo el tronco del cuerpo ancho y aplastado en el sentido antero-posterior; sólo los brazos y las
piernas están m-icizos y, por eso, relativamente delgados.
Mide la estatuita 18 cm. de altura y pesa 700 gramos.
Una terracota parecida a la fig. 52 la determinó Carl Lumholtz como
"un soldado con una macana" 1 ). En efecto, en ambos casos se trata de
un guerrero con armadura que ostenta una macana o porra.
En nuestra figura el arma está modelada bastante toscamente y parece ser i,implemente un palo que se ensancha en un lado. A una terracota
del Museo :N'acional da Arqueología (6g. 5~) desgraciadamente le falta justamente la parte superior de la porra. Pero el t'jemplar que consiguió el señor Lumholtz en Jomulco, Estado del :N'ayarit, deja ver con claridad que el
arma se compone de un palo grueso que tiene engastado un anillo ancho de
piedra con puntas, como suelen encontrarse entre las antigüedades de Jalisco 2) y Michoacán.
El detalle más curioso, sin embargo, es la pieza de armadura que ostentan las tres estatuas de que tratamos aqui. Aunque su modelado es algo
burdo, se comprende que su cuerpo está protegido por una coraza de un material no flexible, recordando las armaduras hech1te de tablillas de hueso o
madera, de varas o de entiro, en uso entre los esquimales y las tribus indias del lado del Pacifico de Norte-América 3 ) . No me atrevo a determinar
la materia prima de que están elaboradas las corazas de los antiguos guerreros de Jalisco. El ejemplar de la fig. 52 ostenta estrías que forman rom1l 1,umholtz, El México Desconocido, pág. 308.
2) lbidem, pág. 328.
3) Walter IIough, Primitive American Armor. Report of the U. S. National Museum, 1893. Wa.~hington, 1895. Págs. 631-648.

,.
F10. ó2.
(juerrero.
Figura de barro cocido.

bos y que se repiten en el casco que protege la cabeza. La estatua del Museo (fig. 53) tiene abajo una cinta o faja flexible (de cueroT) que se amolda
a las caderas y que no cierra.
El casco o yelmo es prácticamente idéntico en las tres terracotas, afectando forma de cono truncado. En las figs. 52 y 53 su adorno superior está
roturado.

�186

187

HERMANN BEYER

A:-.inoÜEDADE5 MEXICANAS

Otro detalle en común tienen la figura 52 y la de Jomulco. Es el que
ambas están provistas de dos soportes en el lado trasero.
Noté en nuestro ejemplar todavía los siguientes pormenores:
Alrededor de los ojos y en el pescuezo se observan manchas negras

La oreja se compone de tres discos. Los ojos, narices y boca están formados por hondas impresiones. Los dedos de los pies ni siquiera están indicados. La decoración de la armadura fue hecha por incisiones en el barro
fresao. Está indicado el sexo de la figura.
La estatuita mide 33 centímetros de altura y es hueca. Como los pies Y
soportes están alg0 desgastados abajo, se puede observar que el barro contiene muchas impurezas.

t

FIG, 55.
Fw. 5t.

Figura masculina.
(-;egún Lumholtz )

Figura masculina.
Terracota.

FOT. BREHME.

Fm. 53.
&lt;iuerrero.
Museo N. de Arqueología, Hi~toria y Etnografía, México.

cuya forma no pude precisar. También en los brazos y las asentaderas aparecen manchones. Las piernas ostentan delgadas líneas negras verticales.
Fajas transversales de color negro adornan la porra. Sin pulimento quedó
el yelmo y la coraza. Lo demás es de color rojo y bruñido.

La figura pintada de barro ( fig. 54), con su ca~eza a~cha Y chata, _sus
brazos delgados y sus piernas abultadas hace una 1mpres1ón humorística,
· se asemeja a un muchacho holandés con las mano~ en las bolsa~ de los pa:1·
talones. El Dr. Spinden, que menciona una estatuita muy parecida (fig. 5o),
es de opinión que muestra ''una calidad de caricatura o posiblemente de retrato" 1 ). Sin embargo, sostengo que en esas cosas no debemos juzgar por
apariencias. Para nosotros, 1,í, estas figuras parece~ ridículas, pero en la
infancia del arte tales producciones son esfuerzos serios. Que sea un retrato individual, es todavía menos probable: primero, por la razón general de
J) Herbert J. Spinden, Ancient Civilizations of Mexico and Central America. New
York, l9l7. Lám II.

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HERMANN BEYER
ANTIGÜEDADES MEXICANAS

que implicarla un adelanto artístico que no concuerda con la técniea primitiva de las piezas; segundo, por la semejanza, que raya en identidad, de las
dos figuras 54 y 55.
Evidentemente está reproducido en las dos terracotas un mismo tipo
étnico. La fig. 55 proviene del pueblo de ,Jalisco (actual Estado del Nayarit), lo que permite localizar también la segunda, de la cual no sabemos nada respecto del lugar de procedencia, en esa comarca. En tiempo de la Conquista había en esta región tribus indígenas gobernadas por una casta de
guerreros nahuas. Si nuestras estatuitas ya pertenecen a la época de la do·
minación nahua, o si son anteriores, esas son cuestiones todavía no solucionables. Xecesitarfamos para eso mucho más material, y material de excavaciones sistemáticas, las que casi no han sido emprendidas hasta ahora por
aquel rumbo.
Doy una descripción pormenorizada de la pieza, comparando uno u
otro detalle con el correspondiente de la figura del Museo de Nueva York.
Xueetra terracota está f!ibricada de un barro pardo, mezclado con muchas partículas minerales y bien cocido, como se ve en una parte desportillada. Lo mismo que otras estatuitas de esa región que tienen cierto tamaño, ésta está hueca. Probablemente se empleó esta técnica a fin de aligerar
el peso de las figuras. Por lo general, estas piezas quedaron con un agujero del grueso de un dedo o más en la coronilla . .Así lo posee, por ejemplo,
la estatua anterior (fig. 46). La que nos ocupa ahora, sin embargo, estaba
originalmente por completo cerrada. Actualmente tiene en el pie derecho
un pedacito quebrado que deja ver que las paredes de este ejemplar son de
un espesor de unos pocos milímetros.
Tiene esta artefacto de barro cocido una altura de 24 centímetros y
pesa 550 gramos.
Los colores empleados son un blanco sin lustre, un encarnado y un
negro. El encarnado es de un matiz intenso cuando está pulimentado, quiere decir, en la mayor parte de la figura; en la frente, donde no fue bruñido,
parece mezclado con blanco y no tiene brillo. La materia colorante de este
rojo evidentemente no tiene almagre.
. Nuestro hombrecito tiene la cabeza un poco inclinada a un lado. Pareca llevar una caperuza roja; pero en realidad no ha de ser otra cosa que la
venda algo ancha que detiene·el pelo.
La cara, de color blanca, está decorada con cinco barras rojas, estando
tres en la mejilla izquierda y dos en la derecha. Cada barra o faja está encerrada por líneas negras y dos de éstas están pintadas encima del rojo. En
este detalle difiere bastante de la fig. 55. Si aceptamos la identidad - sea

189

étnica, sea mitológica- de los dos personajes representados, entonces la pintura facial pudiera variar considerablemente entre esa gente.
.
Los ojos, desmesuradamente pequeños, está~ marcados por medio. de
impresiones hechas con un canutillo. Este tubito no p~ede hab~r !emdo
más que 3 mm. de diámetro exterior. Dos de esas cavidades dimmutas
se juntan para dar la configuración del ojo.
.
De un modo parecido hicieron la boca, que afecta una forma hg~rame,:nt~
curva. Algunos pequeños ahondamientos producen el efecto de deJar re,al
tar unos dientes.
~~
Las orejas están tratadas de la mirn1a manera que en la fig . .:&gt;.:&gt;. En
sus lóbulos parece estar insertado un objeto de adorno cuyo carácter no me
es posible determinar.
ancho
La nariz, modelada con cierta destreza, ostenta un ornamento .
de color negro. Como enseña la comparación con otras figuras parecidas,
este adorno es un anillo.
.
Detrás, toda la cabeza está pintada de negro y _de una oreJa hasta la
otra se ve el contorno negro que limita la cara. ~baJo. Este modo de representar la cabellera es algo sumario, aunque suf1c1entem~nte claro.
El collar de nuestra terracota es completamente igual al que (leva la
fig ~5 en su pescuezo. Consiste en una parte más aucba, de color roJo, con
tre~ hileras de puntos negros (piel!) y otra más angosta, de fondo blanco,
con losanges negros.
f'
S
fa'as
También los brazaletes son idénticos en las dos 1guras. on l
blancas con contornos negros pegados al brazo.
abultamientos. También
Los pechos están indicados por dos peqaeuos
el ombligo parece marcado.
El taparrabo de color blanco con ornamento de cuadricula negra'. se
compone de dos partes, una faja angosta que ciñe l_as _caderas Y_ una pieza
ancha que cuelga por delante. Por este detalle me melino a clasificar, aunque sólo tentativamente, las dos figuras como nahuas.
Muy abultadas son las piernas, seguramente sólo por la razón de_ ~ue
están huecas. Las plantas de los pies fueron hechas ,~óncavas ~ara ~acilitar
a la figura una posición estable sobre un plano. N1 en los pies m en las
manos hay indicación de dedos.
La pieza de alfarería que aparece en 1a fi g. 56 representa
.
, sin duda .al·er No sólo prueban eso los pechos, brnn marcados, sino
a
muJ
guna, a un
·
, ·1 1 d' f '6
también su vestido, su enagua. Xo siempre se hace tan fac1 a is_ mc1 n
de los sexos en e;;tas terracotas que, en efecto, muchas veces han sido clasificadas erróneamente.
1

�190

HERMANN BEYER

- ---~ --- --=--------==---- -

--

. Esta estatuita, igual a las anteriores, muestra en la técnica de su fabric~ctón el parentesco con la cultura pedregalense o arcaica del Valle de México. Claramente se nota que los ojos son hechos por una bolita de barro
pegada a la cara Y hendida por un surco horizontal. También los lóbulos

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

191

Parte de la superficie está pulimentada, parte no. Pulido es el cuerpo y
la cara de la mujer y, además, la cinta inferior de su tocado. Asperas quedaron la parte superior del toc~do, el pelo, el collar, las palmas de las manos y la enagua.
El tocado, que está algo mutilado, tiene arriba una faja negra. Dos
cintas o correas, una roja y otra color del barro, enredan el pelo. Este está
rPpresentado por un campo negro en el lado posterior de la desproporcionada cabeza.
La región de los ojos está atravesada por una faja negra que termin11
en los dos lados en punta. T11mbién la boca está encercada por una linrn

FIG,

5¡,

rigura femenina.
(Según Lumholtz.)

Fm. 56.

rlgura femenina.
Terracota.

de la nariz y las orejas se dejan distinguir como partes aplicadas. La boca
está formada por una incisión o un corte bien largo, hecho directamente
en el bulto de la cabeza.
La figura mide 19 centímetros de alto y es vacía, teniendo un agujero
de forma rec~ngular detrás, en el tocado. El color natural del barro es un
moreno amarillento.

negra. Del labio inferior hasta la enagua corre una línea negra. Cada pe
cho está adornado con una linea en espiral. Esta pintura del cuerpo se parece a la de una figura que publicó Lumholtz (fig. 57), aunque en este caso
es más rica.
Las orejas están embellecidas por discos. El izquierdo tiene vestigios
de color blanco con un pequeño circulo negro en su centro.
El collar se compone de dos hileras de cuentas cilíndricas, cambiando
blancas con rojas. Esta pieza de adorno fue hecha por dos rollitos de barro
pegados al cuello de la figuritu y partidos en eslabones por impresiones
verticales. Por detrás cuelga un cabo rojo y otro ahora color del barro, pero
que estaba originalmente blanco.

�192

HERMANN BEYER

LAM.

La cinta roja que ostentan los brazos parece ser una pulsera. A estos
brazos, demasiado cortos, se unen las manos, indicadas por medio de cinco
impresiones o su1·cos, por lo que resultan seis dedos.
La enagua, teñida de rojo, cubre la parte inferior del cuerpo.
La figura probablemente está hincada, aunque los pies no están reconocibles y pudiera tratarse también de una persona sentada con las piernas
extendidas.
En las láminas X[V y XV he reunido diecisiete diferentes collarines,
vulgo "malacates," cuyos ornamentos se pueden determinar con suficiente
seguridad. Detalles de unos cuantos más se encuentran intercalados en el
texto.
La colección que pude estudiar contiene algunos centenares de estos ob·
jetos, lo que me permitió sacar algunas conclusiones generales.
Casi todos los collarines están hechos en moldes. Pero a pel!'ar de haber
sido fabricados mecánicamente, los collarines hechos con el mismo molde
no salen absolutamente iguales. La consistencia del barro, el modo de secar
el ejemplar crudo, el cocimiento y otras circunstancias influyen en eso.
Además, los alfareros retocaban sus artefactos por quitar el fondo, ahondar
lineas, componer defectos casuales, etc. También el pulimento que recibieron casi todas las piezas causó pequeñas diferencias en la ejecución.
Afortunadamente, de muchos de estos malacates decorados existen dos,
tres y más ejemplares en la colección. Por su comparación puede uno establecer en la mayor parte de los casos el dibujo original. U no tiene este detalle bien claro, el otro aquel, y los defectos se dejan eliminar con facilidad.
Probablemente todos los collarines tenian materias colorantes en sus
fondos o partes ahondadas. En algunos ejemplares se han conservado todavía restos de esta pintura, especialmente de cierto azul.
Aunque no hay datos sobre su procedencia, es seguro que todos los malacates tratados en seguida provienen de lugares del Valle de México.
Se pueden distinguir dos grupos técnicos. Uno que embraza la mayor
parte de los collarines que son objeto de este estudio y el otro, representado
por los ejemplares lám. XIV, fig. 5 y lám. XV, figs. 1 y 2.
Los collarines del primer grupo son hechos en molde, de un relieve bien
ejecutado y de líneas finas. El pulimento es moderado. Por regla general,
las extremidades de los animales, plumas y otros detalles están expresados
por dos lineas paralelas (lám. XIV, figs. 1, 2, 3, 7-9) con el fin de evitar
partes uniformes. Donde el fondo ocupa demasiado lugar, ha sido animado
con discos o circulillos (Jám. XIV, figs. 3, 4, 8 y 9).
El otro grupo comprende, fuera de los ya mencionado!!', tres ejemplares,
los de las figs. 58-61. Toda la superficie de estos malacates es muy bruñida,

1.

5.

4.

6.

,_,i;;t;·.

V ~\Jº

1'J..; ~ · . .

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w

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8.

Collarines ornamentados.

(Tamaño ¾delos origiaaleE,)

9.

XIV.

�LAM. XV.

193

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

2

l.

lo que excluye el empleo de detalles fiaos. Por eso las líneas son gruesas y
lns extremidades sólid':\s. 1:falta a la vist:l 111 color rojo obrnuro, que da a las
piezas un aspecto p&amp;recido a la ''terra sigillata'' de los romanos. Probable·
mente estos objetos vienen del mismo centt-o de fabricación de donde procede una loza da color rojo con ornamentos sencillos en negro y blanco, bastante común en el Valle de México.
El color del barro y de la superficie difiere en ejemplares hechos en el
mismo molde. Así este detalle no puede servir para estableeer una clasificación; sólo prueba que los alfareros usaron distintas arc:illas.
Re,ptcto a su form1t, se pneden distinguir cuatro tipo!::. El primero es un
disco Cll~i plano, el segundo un hemisferio, el tercero un cono truncado y el
enarto un segmento de globo. Para mayor claridad he trr.tado las decoraciones de los últimos tres tipos también como figuras planas, lo que, naturi.lmente, cauf'a cierta di::;torción de las partes perimétrieas; pero sólo así ¡:e

~
Fu,. 5s.
Detalles de ornamentación.

Oe

4

s.
Collarines ornamentados.
(Tamaiio 3 4 de los originales.)

1111

coll11rfn.

F10. :,•,.

Detalle de ornamentación.
lle un c,,::,nfn.

puede com,errnt· la unidlld de la figura. Donde hny ornamentoi; aislados (p. e ..
fig. 60) los he i,acado separadamente, evitando en este caso las desproporciones de la proyección planimétrica.
·
La irnperficie de la base está plana o algo conYexa: siendo eso un rMgo sin importancia, porque los dos modos aparecen en malacates que salieron
del mismC&gt; molde.
El tamaflo difiere a veces por varios milímetros entre piezas seguramente hech11s en el mismo molde. Proviene esto del hecho de que diferentes
barros se reducen por la cocción de diferente manera y, además, de la c:ircunstancia de que la base a veces fue hecha más grande en un caso que en
el otro.
El ceramista antiguo trabajaba evidentemente sólo con los instrumen·
tos más primitivos, como palillo y punzón (púa de maguey, hueso delgado J.
Los originales o positivos para los moldes, aunque hechos a veces con habilidad y gusto, muestran inexactitudes de las medidas hasta en piezas de
aspecto artístico. Nótese, por ejemplo, en la fig. 5 de la lám. XIV y figo·
rlls 3, 5, 6 y 8. de la lám. XV la incongruencia de las cuatro partes del dibnjo.

�..
,,.

19-t

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

HERMANN BEYER

El agnjero se hizo comenzando del lado ornamentado para la base liea
como se ve por las irregularidades que han quedado en algunos casos en es~
ta parte.
Después de estas observaciones generales, daré una somera descripción
de cada collarín reproducido en los grabados.
Los tres primeros ejemplares de la lám. XIV están decorados cor. figuras
del mono-araña. La cabeza y las extremidades son bien distinguibles; el
cuerpo está formado por el anillo céntrico que circunda el agujero del malacate. En la cabeza se puede notar el pelo erizado en el vértice. Además están
indicados los términos entre la parte peluda y la lampiña de la cara por.medio
de una línea en forma de un 3 (láir.. XIV, figs. 1 y 2). La fig. 2 de la lámina XIV tiene una oreja muy grande, sin adorno, fig. 1 probablemente un
colgajo puntiagudo y fig. 3 uno de forma redonda. En las figs. 1 y 2 está
~arcado el sexo. El primer animal trae delante de la boca una vírgula, el
si:'ºº de la voz. Aquí, lo mismo que en los casos tratados atrás (figs. 36 y
4-)), sólo está empleado para llenar espacio. Una de las piernas de la fig. 2

195

El lado superior del cono truncado, que es la forma que afectan estos
cuatro collarines, está decorado con do!! anillos concéntricos que encierran
una serie de circulitos o pequeños discos agujereados. Son nueve en el ejem.
piar de la fig. 58, siete en la fig. 59, seis en la fig. 60 y ocho en la fig. 61.
Estos malacates son de color rojo obscuro en toda su rnperficie y bien
pulimentados. En el ejemplar cuyos pormenores están reproducidos por la
fig. 60, se encuentran restos de color aznl en las rugosidades del fondo. Este
collarín, además, deja ver que el color de la arcilla propia es de un moreno
amarillento con puntos negros. El rojo sólo forma una capa delgada que
cubre la superficie.
Los dos cuadrúpedos que ocupán la superficie del disco de la fig. 4,
lám. XIV, son venados. Es cierto que no llevan cornamenta, pero así están
muchas veces representados en los códices pictóricos de los antiguos mexi·
canos. En cambio, están marcadas con claridad las pesuñas de los cérvidos.

LS'I
a.

c.
FIG. 60.
Detalles de ornamentación.

d.

De un collarín.

de la lámina está reducida a una forma excéntrica. Hay vestigios de color
azul en el fondo. Ea la fig. 3 las partes del foudo entre las extremidades
e5tán rellenadas con pequeños discos. Los tres collarines Afectan forma de
eegmento de globo.
Un malacate de 44 mm . de diámetro y de forma cónica truncada tiene
a los lados una decoración de siete pequeños animales qne parecen ser ratones (fig. 58, a) . PAra el último animalito de la serie evidentemente no alcanzó el espacio todavía disponible y así, se quedó sin cabeza (fig. 58, b).
Si determino el animal de la fig. 58 a como ratón, también los cuadrúpedos de las figs. 59-61 lo deben ser, porque se encuentran en collarines de
la misma forma y coloración, aunque de tamaño más grande. En la fig. 60
reproduzco lo~ c~atro animales que adornan la faja lateral del cono, porque
cada uno es d1stmto y se comprende que los detalles adjuntos a las figuras
son puros rellenos sin sentido. Como los malacates de este grupo técnico
e~tán muy bruñidos, pormeno:es finos no se pueden expresar y así, sólo dos
p1ernag están representadas en cada animal.

FIG. 61.
Detalle de ornamentación.

De un collarfn.

FIG. 62.

Colibri.
Códice FrjérváryMayer, pág. 37.

F10. 63.
Detalle de ornamentación.

De un collarín.

El pelo está indicado por medio de impresiones. Que nuestros animales no
son conejos, queda asegurado por la forma de las orejas Y por la ausencia
de los dientes incisivos que nunca faltan en dibujos de estos roedores.
La fig. 5 de la Jám. XIV ofrece cuatro aves, reducidas a cabeza y cola.
Por la forma de la cola me inclino a determinar los pájaros como quetzales
( Pharomacrus mocinno o Trogon r esplendens). Como el malacate tiene forma
de cono truncado, la faja que quedó para la representación de los pájaros es
angosta. Probablemente esto es la causa de que se hayan suprimido cuerpo,
alas y patas. Por la manera en que están puestas las aves decorativas se
comprende que el modelo original, el arquetipo de que se deriva nuestro
ejemplar, ha sido de forma plana. Por la aplicación del motivo a un cono,
en vez de un disco, tuvieron que adaptarse las figuras de los pajaritos a un
espacio mucho más bajo, lo que se consiguió con las eliminaciones señaladas.
De los dos ejemplares existentes en la colección, el uno tiene un diámetro de 35 milímetros y el otro, de 40. Esta diferencia se explica por el hecho

�196

HERMANN BEYER

de que el segundo tiene una base que resalta algo por fuera y que, en lo
general, parece algo comprimido en dirección vertieal. La superficie es de
color rojo y bien bruñida. El fondo fue raspado.
El pájaro de la lám. XIV, fig. 6, es determinable con seguridad como
chupamirto por su pico largo ( cf. fig. 62). Los pies ni siquie1a están indicados . Desgraciadamente los detalles de este malacate están algo borrados y
mutilados. Es de color moreno amarillento y tanto arriba como abajo, fuertemente pulimentado. Su base queda convexa.
Un objeto de valor artistico, una verdadera obra de maestro en la cerámiea, tenemos en la fig. 7 de la misma lámina. Representa indudablemente un águila. Cabeza, alas, cola y garras están bien reconocibles. En la cabeza se notan tres plumas que sobresalen algo. El pico está separado por
un surco de la cabeza, evidentemente para evitar una aglomeración de masas compactas. También el disco al lado de la cabeza eólo tiene una función
estética, la del balance, la de rellenar .u n hueco. Es cierto que el Prof. Seler
opina que estos discos sean signos de cifras y que una parecida figura con
dos circulillos represente la fecha ome quaithtli, "dos águila" 1 ) . Pero una
comparación con las figs. 3, 4 8 y 9 de la lámina no deja lugar a dudas de
que sólo miras artísticas hayan sido su "raison d 'etre." La colección
contiene cuatro ejemplares, los más grandes de 30 mm . de diámetro, el más
chico de 26 mm. Este último tiene huellas de colo1· azul verdoso.
Las dos figuras 8 y 9 son casi idénticas. En la configuración general,
el tamaño y la mayor parte de los detalles están de acuerdo. Sólo el tratamiento de la cola es más minucioso en la segunda variante,. Además, tiene
la fig. 8 un surco adicional en el anillo central. Empero, las pequeñas difer~ncias no son resultado de una elaboración posterior con punzón, sino provienen del empleo de dos distintos moldes, como se comprende del estudio
pormenorizado. Del primer tipo hay ocho ejemplares en la colección y del
segundo dos. Aunque en su disposición muy parecidas al collarín de la figura
7, estas dos águilas son muy inferiores al primero desde el punto de vista
estético. Son rígidas y mal ejecutadas. Notables son lae diferencias del
diámetro en los ejemplares de la :fig. 8; el más grande mide 33 mm. y el
más pequeño 27.
Mucho más toscas todavía parecen las dos siguientes figuras (lám. XV,
figs. 1 Y 2). Sin embargo, su rigidez, que recuerda la de las águilas de la
heráldica europea, viene más bien de las exigencias de la técnica que de
la ineptitud del ceramista. Las dos piezas pertenecen al grupo de malacates
que fueron intensamente pulimentados. Este procedimiento, naturalmente,
1) Seler, "Gesammelte Abhandlungen." Tomo II, pág. 323.

ANTIGÜEDADES MEXICANAS

197

borra lineas fina;i y detalles minuciosoi.z. Los picos de estas dos aves están
dirigidos a la derecha del observador. Curio;io es el apéndice que ostenta el
primer ejemplar (fig. 1) detrás de la cabeza. Seguramente sólo es un relleno
sin sentido, lo mismo que la espina que sale de las alas de la fig. 2. Este
malacate tiene, por demás, en su parte lateral seis grecas de 111. forma de la
fig. 63 como decoración. En su base los dos ejemplares quedan circundados
por una línea negra.
Imágenes del sol azteca, hoy tan populares en México por las grandes
monedas de oro, se ven en las figs, 3-8 de la lámina XV. Sólo en el último
ejemplar (fi.g. 8) puede haber duda de si realmente se trata de este motivo o
de un ornamento distinto, formado en parte de plumas. Las figs. 6 Y 7 ostentan rayos en forma de cA, mientras los demás los tienen sencillos. En las

FIG. 6-1.
Disco solar.
Códice Xuttall, pág. 18.

F10. 65.
Det alle de or namentación

De un 1;ollarfn.

fits. 3-5 se notan entre los rayo3 también siempre cintas de chalchihuitl,
como lo está en la fig. 64, sacada de un códice ant.iguo. Todos lós ejemplares muestran un anillo o una faja interior con pequeños círculos; lo que
también se ve en la figura del sol en el lado superior del cuauhxicalli de Tizoc.
En la superficie lateral de un collarín en forma de cono truncado se
encuentran cinco veces repetidos los motivos de la fig. 65. Aunque el ornamento del colgajo de chalchihuitl parece ser más bien una flor, su asociación
con el simbolo del rayo de luz no deja duda de que aquella interpretación
es la correcta. En los intersticios existen vestigios de color az11l.
Los objetos que acabo de explicar son propiedad del señor Ottokar Roubicek, dueño de la casa "The Aztec Land," quien tuvo la bondad de poner
todo su material arqueológico a mi disposición para un estudio detenido y
para la publicación en la prensa cientifi.ca.

�PU BL1e11.e1eNES,
( El editor solicita el envio
ibros, folletos, revistas, etc.,
sobre asnntos de los que tra esta publicación. Los tltnlos de
las obras recibidas serán i icados aqnl. Extensas notas bibliográficas y criticas a¡;:..,_,,rán de cuando en cuando.)
Anthro~, tomo XII-XIII (19li-18}, Nos. 1, 2. Müdling-Wien,
Austria. (Contiene: At"noux, La divination au Ruanda; Witte, SprichwOrter der Ewbe-Neger; Rao Ba., Indian Ceremonial Baths; Dre.xel,
Beitrilgezur Gra.mmatik des Bantu-Typus; Safi, M~iage au Nord du
Liban; Volpert, Chinesische Volksgebrfiucbe beim Regenbitten;
Kunike, Indische Gótter, erUlutert durch nichtimlische Mythen; Meyer,
Le "Kirengo" des Wachaga, etc.; Saas, Les premien Hébridaie;
~ • :Pro.rerbíos, refranes y dichos a.na.mi.tas; Dais, La vie chinoise
da.ns.la provincedeKan-sou; ROhr,Hau uod mau1-i, zwei oeuseeHl.ndische
B~rifte; Kreicbga.uer, Die Klapptore am Raude der Erde in der
eJtikanischen Mythologie und einige Beziehungen t-ur alten Welt¡
yser 1 Die Eingeborenen von Nauru (Sildsee); Vados autores, Oas
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1753783&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El México Antiguo : revista internacional de arqueología, etnología, folklore, prehistoria, historia antigua y lingüística mexicanas, 1920, Tomo 1, No 6, Abril</text>
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                <text>Historia antigua</text>
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                <text>Lingüística mexicanas</text>
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                <text>El México Antiguo : revista internacional de arqueología, etnología, folklore, prehistoria, historia antigua y lingüística mexicanas, editada en un inicio por Hermann Beyer y posteriormente  por el Órgano de La Sociedad alemana de nexicanistas en México, DF, a partir de septiembre de 1931.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>artesanías prehispánicas</name>
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                    <text>GRÁFICAS DE GEOGRAFÍA

S. A. l. G. SEIX
.J;;DITORltS

N.º 2

(1).

BARRAL HERMS.
BARCEI.ONA

��Las Gráficas de Geografía
La. presente colección de Gráficas constituye un complemento muy
adecuado del estudio de la. Geografía, del dibujo de mapas y de los
otros ejercicios que puedan acompañar la, enseñanza de esta materia.
Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos esta.dísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha ele hacer
algo; y además, la finalidad que tienen los citados datos, que no es
otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la, compara.ción aquí se hace forzosumente, porque lo más importante que
conviene considerar y retener salta a la vista.
Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el
cuadriculado de manera, que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página.
Los da.tos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo
mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la es,.
cuela primaria, que a los ele las escuelas secundarias y de Comercio.
Lanzamos esta serie en la seguridad ~e que hallará una buena.
acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como
decíamos más arriba, viene ai ser uno de sus complementos mú
ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención
de todos los futuros ciudadanos,

LOS EDITORES

Registrado, 1D10. - Copyright. - Todo perjuicio será perseguido por la ley.

•

�Gráfica comparativa de los gastos más importantes

Gráfica comparativa de la emigración española

del Estado español (1911)

en el decenio 1900-1910

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Deuda. pública.
409.400.000 pesetas........ . . .
lvlinisterio de la Guerra
188.300.000 pesetas.......... .
Ministerio de Fomento
103.300.000 pesetas.......... .
Ministerio de la. Gobernación
79.300.000 pesetas . ......... .
Clases pasivas
75.000.000 pesetas .......... .

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Ministerio de Instrucción pública.
58.500.000 pesetas.......... .
Ministerio de Justicia
41.200.000 pesetas . . ........ .

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Ministerio de Gracia y Justicia
20.000.000 pesetas..... . .... .

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Ministerio de Estado
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6 .500.000 pesetas.......... . 1 1

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1903

57.200

1904

87.300

1905

126.000

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1906

126.000

1907

130. 500 ; t,._.J.....J--l--+-+-+-l--l~---1--1--+-+-+-+-

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1908

157.500

1909

111.000

1910

161.000

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Personas

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Años

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Casa. Real
8.900.000 pesetas.......... .

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Gastos de Contribuciones
38.400.000 pesetas.......... .

Ministerio de Hacienda
18.800.000 pesetas .......... .

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Ministerio de Marina
68.400.000 pesetas .......... .

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Trácense las barras correspondientes que pueden colorarse. Cada cuadradito representa
10 .000.000 de pesetas.

•

Trácense las barras correspondientes que pueden colorarse. Cada. cuadradito representa
10.000 personas.

�Producción española de los principales cereales y leguminosas,
Gráfica comparativa de la población de España dedicada

uvas y aceitunas (1913)

a las distintas industrias y manufacturas (1911)

Obreros

Industrias de vestido y
adorno ...... . ..... .

257.000

Industrias de la edificación .......... . .. .

253.000

Industrias textiles.....
Industrias de la a limentadón .. . ......... . .
Industrias metal úrgicas.

120.000

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53.000

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De manufacturas ..... .
Ind_ustrias de lujo, ciencias, etc ........... .
Construcción de aparatos de transporte... .

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21.000
17.000

Cerámica . ........... .

16.000

[ ndustrias del mueble.

14.000

Cueros, pieles ........ .

13.000

[ ndustrias químicas .. ..

10.000

Qui ntale s
métricos

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Industrias de la madera.

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109.000

Trigo, 30.590.000 quintales métricos; cebada, 14.973.000; avena, 3 .677.000; centeno, 7 .091.000; maíz, 6.385.000; garbanzos, 788.000; habas, 1.67 4.000; guisantes,
153.000; judías, 1.520.000; uva, 29.522.000; aceitunas, 14.868.000; arroz, 2.228.000.

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3.ººº lLL-.r1.-1::=.tjttjttL¡-J-_i.;-J-_-tJ_-J-_-tl..-_JL---fJ.-J-L~_1_1-:=.l1-:=.l-i-:=.l1-=.i1~
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Producción de fuerza ..
Industrias no clasifica das .......... . .... .

Cada cuadradito representa 1.000.000 de quintales métricos. Ordénense las gráficas de mayor a
menor, escribiendo dentro el nombre del producto.

•
Cada. cuadradito representa 5.000 obreros. Las barras resultantes pueden co1orarse.

�Hectáreas dedicadas al cultivo de árboles de secano (algarrobos, higueras, granados, castaños, nogales y avellanos) en las
distintas regiones agrícolas españolas.

Número de hectáreas dedicadas en las distintas regiones agrícolas de España al cultivo de los siguientes árboles frutales:
ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros, guindos y cerezos,
perales y manzanos.
l.ª, Castilla la Nueva, 1.949 hectáreas; 2.ª, La Mancha, 1.401; 3.ª, Castilla la.
Vieja, 4.458; 4.ª, .Al'agón y la Rioja, 5.664; 5.ª, Leoñesa, 1.276; 6.ª, Galicia y Asturias, 13.617; 7.ª, Navarra y Vascongadas, 6.754; 8.ª, Cataluña, 2.883; 9.ª, Levante, 4.258; 10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y .Almería), 2.392;
11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva), 2.400; 12.ª, Baleares, 1.550; 13.ª, Canarias, 599.

l.ª, Castilla la, Nueva, 2.117 hectáreas; 2.ª, La Mancha y Extremadura, 4.029;
3.ª, Castilla la Vieja, 3.332; 4.ª, .Al'agón y la Rioja, 16.230; 5.ª, Leonesa, 3.579;
6.ª, Galicia y Asturias, 37.37!; 7.ª, Navarra y Vascongadas, 11.056; 8.ª, Cataluña,
40.962; 9.ª, Levante, 184.494; 10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y
Almería, 24.088; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva),
9.644; 12.ª, Baleares, 50.000; 13.ª, Canarias, 1.740.

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Hecliroas

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Cada dos cuadraditos representan 500 hectáreas. Ordénense las gráficas de mayor a menor.
Escríbase encima o dentro de la gráfica el nombre de la región.
Cada cuadradito representa 5.000 hectáreas. Ordénense las gráficas de mayor a menor, ~cribiendo dentro o encima el nombre de la región.

�La producción del trigo en España en el quinquenio 1909-1913

..
Hectáreas dedicadas al cultivo del naranjo y del limonero

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Qai11tale1
métrico•

Hl09

39.218.000

1910

37.407.000

1911

40.414.óOO

11H2

29.878.000

1913

30.590.000

en las distintas regiones agrícolas españolas
Mancha y Extremadura, 232 hectáreas; Cataluña, 3.950; Levante, 40.649; Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y .Almería), 2.231; Andalucía occidental
(Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva), 2.473; Baleares, 400; Canarias, 142.

Hectáreas

40.649

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Cada cuadradito representa. 2.000.000 de quinta.les métricos.

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La producción de uva en España en el quinquenio 1~09~1913

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Quintales
métricos

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Cada cuadradito representa. 2.000 hectáreas. Ordénense las gráficas de mayor a menor.

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1909

26.883.000

1910

20.714.000

1911

26.963.000

1912

28.355.000

1913

29.522.000

l

+
1

Oada cuadradito representa. 2.000,000 de quintales métricos.

�Valores comparados que alcanzaron las cosechas medias

Producción de aceitunas en las distintas regiones agrícolas

de las siguientes frutas durante el quinquenio 1909 - 1913

en que se divide España (1913)

Ciruelas, 3.400.000 pesetas; albaricoques, 2.875.000; melocotones, 5.029.000;
guindas y cerezas, 2.562.000; peras, 6.497.000; manzanas, 12.377.000.

Pesetas
1

12.377.000

1

1

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l.ª, Central o Castilla la Nueva, 367.000 quintales métricos; 2.ª, La Mancha
y Extremadura, 689.000¡ 3.ª, Castilla la Vieja, 38.000; 4.ª, Aragón y la Rioja, 708.000;
5.ª, Levante (Valencia y Murcia), 25.000; 6.ª, Galicia y Asturias, 663; 7.ª, Navarra
y las Vascongadas, 19.000¡ 8.ª, Cataluña, 1.588.000; 9.ª, Leonesa, 1.474.000;
10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y Almería), 2.714.000; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Cádiz, Córdoba y Huelva), 7.187.000; 12.ª, Baleares, 53.000; 13.ª, Canarias, 597.

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La longitud de un cuadradito representa en la barra un valor de 500.000 pesetas. Escríbase
dentro de cada barra la clase de fruto a que corresponde.
Cada cuadradito representa 250.000 quintales métricos. Or~énense las ~ráficas de _mayor a
menor, escribiendo dentro el nombre de la región y fuera el numero de quintales métricos.

�Producción de uvas y mosto en las distintas regiones agrícolas
La producción de trigo en las distintas regiones agrícolas

en que se divide España (1913)

en que se divide España (1913)

l.ª, Central o Castilla la Nueva, 3.334.000 quintales métricos; 2.ª, La Mancha y
Extremadura, 3.974:.000;· 3. 3 , Castilla la Vieja, 1.421.000; 4. 3 , Aragón y la Rioja,
1.480.000¡ 5. 3 , Leonesa, 968.000; 6. 3 , Galicia y Asturias, 1.637.000; 7. 3 7 Navarra
Y las Vascongadas, 299.000; 8. 3 , Cataluña, 9.276.000; 9. 3 , Levante, 4.101.000;
10.ª, Andalucía oriental (Granada, .Jaén, Málaga y Almería,), 1.140.000; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Córdoba, Cádiz, Huelva), 1.600.000; 12. 3 7 Baleares, 215.000;
13.a, Canarias, 72.000.

l. 3 , Central o Ca.stilla la Nueva, 2.941.000 quintales métricos; 2.ª, La Mancha

Y Extremadura, 2.573.000; 3. 3 7 Castilla la Vieja, 5.692.000; 4.ª, Aragón y la Rioja,
2.909.000; 5.ª, Leonesa, 3.500.000; 6.ª, Galicia y Asturias, 783.000; 7.ª, Navarra
Y las Vascongadas, 1.563.000; 8.ª, Cataluña, 2.081.000; 9. 3 7 Levante (Valencia y
Murcia), 2.151.000; 10.ª, Andalucía oriental (Granada, Jaén, Málaga y Almería),
2.487.000; 11.ª, Andalucía occidental (Sevilla, Córdoba, Oádiz y Huelva), 3.298.000;
12.3 , Baleares, 334.000; 13.ª, Canarias, 260.000.

Quintales
métTicos

9.276.000

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Cada cuadradito representa 500.000 quintales métricos. Ordénense de mayor a menor, escribiendo dentro de la barra. el nombre de la. región.

Cada cuadradito representa. 200.000 quintales métricos. Ordénense las gráficas de mayor a
menor colocando el nombre de la región a la derecha de la barra.

�Productos exportados en el año 191 O, en millones de pesetas
Millones

Productos importados en el año 191 O, en millones de pesetas

Mineral d e hierro . ..

Millones

Algodón en rama. . .

112

Carbón....... . .....

73

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Trigo .. . ....... . .. .

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Café .. . .. . ........ .

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Cueros . . . . . . . . . . . . .

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Almendras. . . . . . . . . .

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P irita de hierro. . . . .

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Ganado de carga. . . .

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Plata........... . ..

Cada dos cuadraditos representan 10.000.000 de pesetas.

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P lomo argentífero.. .

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Algodón en rama y
mamúacturado . .

Corcho ............ .

Simiep.tes .......... .

Legumbres .... ..... .

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Grasas . . .. . . . ..... .

Naranjas .......... .

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Plomo pobre . .. . .. . .

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Fibras vegetales ....

Cobre ............. .

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}laderas ........... .

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Vino ........ . .. . .. .

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La longitud de cada dos cuadradito~ representa 10,000.000 de pesetas.

�EDICIÓN ECONÓMICA DE TEXTOS MODERNOS

El aprovechamiento del suelo en España comparado
con el de algunos otros países

PARA LA ESCUELA PRIMARIA

Tmeno Pradai
lmprocultindo y putos Bosques ductin

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España .... 39 % 20% 21 % 20

1

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Francia .... 59% 11% 16% 14%
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Alemania ... 49% 16% 26% 9%

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Inglaterra .. 4:8 % 30 % 4 % 18 %

Paralelamente a nuestra gran edición Gramática, la Geometría,'la Leott.wa, la Geode magníficos libros para Escuelas, que grafia y la H iBroria, van distribuida.a en
tan favorable acogida ha tenido entre tres grados (que no hay inconveniente en
los ilustrados maestros, lanzamos al pú- llamar elemental, medio y superior, como
blico una nueva EDICIÓN ECONÓMIOA que, se acostumbra). Es~as materias se complesin perder las altas condiciones de la tan con otras que son: la Zoología, la ~
primera, es decir, la perfección de su nica, la Física, etc., etc., que no van gratexto y la presentación artística, pueda duadas, y que el maestro puede adoptar
penetrar, por su infimo precio, en las Es- siguiendo su propio buen criterio y aeocuelas populares, de modo que los hijos modándose a las posibilidades y condidel pueblo puedan también entrar a par- ciones de la escuela que regente.
ticipar de los beneficios que para su forLa forma en que publicamos esta serie,
ma-ción espiritual representan nuestros pre- permite formar tomos de cursos compleciosos TEXTOS MODERNOS.
tos, organizados según las uecesidades de
Nuestra EDICIÓN ECONÓMIOA DE TEX· la escuela o criterio del maestro (procediTOS :MODERNOS, forma un todo &amp;rgánico, miento patentado), siendo una comodidad
en el cual las materias fundamentales de , y una economía al mismo tiempo, para el
la enseñanza, como son: la Aritmética, la 1 profesor y el discípulo, respectivamente.

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PLAN GENERAL DE ESTAS PUBLICACIONES (Fa pr-)

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Italia ... . .. 40% 25% 16% 13% 1\

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Austria yHungría. 40 % 24 % 20 % o%

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Rusia europea .•. 26 % 10 % 38% 20 %
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Agricultura • • • •
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Instrucción cívica •
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Cantos escolares
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Recitación.
•
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Gimnasia. • . •
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1 Historia Sagrada
• 1
1 Historia del Arte
1
A dichas obras seguirán otras sobre P&lt;ileonto!-Ogía, Geo!-Ogía, Biología, Geografía Taumana, Biografías históricas, etc., etc.

.

.

.

. . . .

1

. . •
Vida de los Animales. . .
El hombre. Su vida física .

1 Vida de las Plantas

Cartilla (publicada)
Aritmética . . .
Geometría. •
Gramática •
Geografía. • •
Libro de lectura
Historia.
Trabajos manuales
Lecciones de cosas.
Fiüca y Quimica •

•

.

Un buen número de libros instructivos para premios formarán parte de la presente colección.

La ejecución del plan está a cargo de nuestro Director pedagcSgico

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Holanda .... 28% 37 % 8% 27

%

S. A. INDUSTRIAS GRAFICAS SEIX &amp; BAIUU.L HERMS.
Jlroyenaa, 919

Construir los nueve rectángulos, cada uno de los cuales corresponde a una. nación. Represéntese
en cada rectángulo la part e de terreno cultiv ado, Ja de prados, la. de bosque y la de terreno inculto.

Cada pa rte puede colorarse con un color distinto.

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EDITORES

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BARCZLO:NA

Remitimos seguidamente, a petición, nuestro Catálogo general de obras para ianza Y educación, juguetes instructivos, trabajos manuales, etc., etc.

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S. A. l. G. SEIX &amp; BARRAL HERMS.
EDITORES

-,

Provenza. 219

-,

BARCELONA

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Libros para Escuelas, educación, wlgarización de ciencias, etc,, compuestos
según los principios que constituyen la base de la moderna pedagogía

GEOGRAFÍA
Geografía Física y Astronómica

(P. V1LA)
Tomo profusamente ilustrado y con un texto lleno de atractivos y de seriedad científica.

Geografía Universal (J. PALAU vea,.¡
Geografía de España y Portugal

(J.

PALAU VBaAl

Estos dos tomos son únicos en su género. Representan el primer intento
de llevar a la escuela el concepto moderno de esta ciencia.

Geografía Humana

(HeRBl!RrsoN)
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debe adquirir esta pequeña obra maestra.

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Trabajo manual y estudios combinados. Colección de siete mapas.

Cuadernos Geográficos
Mapas mudos de silueta, dispuestos para colorar y pera toda clase de
ejercicios.

Gráficas de Geografía
Colección de cuadernos dispuestos pare el trazado de estadísticas gráficas.

Cuaderno !,-Contiene datos estadísticos de Geografía general.
Cuaderno 11.-Contiene principalmente datos estadísticos referentes a la
producción española.

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Cuaderno 111.-Magnífica colección de mapas, cada uno con su texto correspondiente, dispuestos para el trazado de los itinerarios de los grandes
viajes de exploración del globo.

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          <name>Dublin Core</name>
          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. </text>
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                <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. LOS EDITORES</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>��EXPLORACIONES DEL MUNDO

Las Gráficas de Geografía
La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy
adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los
otros ejercicios que puedan acompaliar la enselianza de esta materia.
Estos cuadernos permiten ofrecer a los nilios los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer
algo; y además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es
otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que
conviene considerar y retener salta a la vista.
Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el
cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página.
Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y Jo
mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio,
Lanzamos esta serie en la seguridad de que halJará una buena
acogida en todas las clases en que se enselia Geografía, porque, como
decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más
ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención
de todos los futuros ciudadanos.

LOS EDITORES

Registrado, 1916. - Copyright. - Todo perjuicio será perseguido por la ley.

NAVE ESCANDINAVA

LA NAO " SANTA MARÍA u

NAVÍO DEL SJGLO XVIII

DE COLÓN

'

BIBL.IOTECA

N AV E ROMANA
TRANSATLÁNTICO

CENTRA&amp;.

U. A. N.L

i

MODERNO

�Los fenicios y los cartagineses
De todos los pueblos civilizados de la glesas de Cornualles, y en las costas del
antigüedad fueron los fenicios los que Báltico (la costa de la Prusia actual)
más ensa"n.charon los conocimientos geo- buscaban ámbar.
gráficos. Extendieron sus viajes por el
Los cartagineses, descendientes de fe)far Rojo, y de aquí hasta el país de nicios, tuvieron un célebre explorador
Ofir, que se hallaba quizás hacia la des- llamado Hannon (siglo v antes de Jesuembocadura del Indo.
cristo), que bordeando la costa norte y
En el Mediterráneo fundaron colonias la occidental de Africa llegó hasta el
{Tiro, Sidón, Cartago, Cádiz). En busca golfo de Guinea.
de estaño llegaron hasta las costas in-

¡

•

••

l. Mar Rojo.-2. Desembocadura del Jndo.-3-4. Tiro y Sidón.-5. Oartago.-6. Oádiz.
7. Cornualles.-8. Prusia.-9. Golfo de Guinea.

Ejercicio.- Señalar con lápiz de color los paises visitados por lo,; fenicios. Con lápiz de
otro color señalar el viaje conocido en la. historia. de la Geografía con el nombre de Periplo ds
Hannon.

�Los griegos y macedonios
Los griegos tenían colonias establecidas en las costas del .Asia Menor, en las
del Mar Negro y en las costas mediterráneas de Italia, Francia y España.
Los que más contribuyeron a ensanchar
el horizonte de los conocimientos geográficos fueron .Alejandro Magno y Piteas.
Las conquistas de .Alejandro permitieron explorar todo el país que recorrió
triunfante: el .Asia Menor, la Persia hasta
el Indo, más allá de Nicea. Complemento
de dicha expedición fué la célebre exploración del experto marino N earco, que
desde la desembocadura del Indo fué re-

corriendo la costa hasta llegar a la desembocadura del Eufrates en el golfo Pérsico.
.Al mismo tiempo (siglo IV ante!'! de
Jesucristo) el matemático y astrónomo
Piteas, que era además un afortunado comerciante de Marsella, extendió los conocimientos geográficos de su tiempo, recorriendo todas las costas de España, las
atlánticas de Francia, las de Inglaterra.
y las prusianas del Báltico, en busca de
ámbar. Piteas llegó hasta lo que él llama
Tulé, que es seguramente una de las islas
Shetland.

Los romanos
En el siglo rr, el gran astrónomo y geóLa formación del Imperio romano extendió considerablemente los conocimien- grafo Ptolomeo, que vivía en .Alejandría,
reunió los conocimientos geográficos de
tos geográficos.
Los romanos exploraron parte del Sa- su tiempo y trazó un mapa del mundo,
hara. Nerón envió una expedición en bus- utilizando ya un siiltema de proyección
ca de las fuentes del Nilo. En el norte parecido ¡¡, los nuestros.
En este mapa figura ya el Extremo
llegaron hasta las desembocaduras del
W esser y del Elba y las costas del sur de Oriente, el .A.frica hasta una línea que va
del golfo de Guinea hasta Zanzíbar, las
Escandinavia.
Por el camino de la seda, que atravesaba el islas Canarias (.Afortunadas) y toda Eucentro del .Asia, se comunicaban con China. ropa.

8

f

•

t)·

l. El Sa.ha.ra.-2. El Nilo.-3. Desemboca.dura. del Elba..-4. Esca.ndinavia..-5. China..-6. Extremo
Oriente.-7. Golfo de Guinea..-8. Zanzíbar.-9. Las islas Canarias.

l. Asia. Menor.-2. ,\lar Negro.- 3. Mar Mediterráneo.-!. Persia .-5. El río Indo.-6. Río Eufrates.
7. Golfo Pérsico.-8. Islas Sbetlan'd.

Eje,-cicio.-Seña.lar en el mapa, co n lápiz de color, la parte ocupada. por los establecimientos
griegos. Con otro color seña.lar las e xploraciones que r esultaron de la s conquistas de Alejandro. (El
viaje de Nearco puede señalarse con una línea de puntos. } Con otro color s eñalar el viaje de Piteas.

Ejercicio.- Llénense con lápiz de color las porciones de tierra. de que se tenia. noticia. Y que
figuran en el mapa de Ptolomeo. Señálense además, con lápices de otro color, los luga.l'es que explora.ron los roma.nos.

�Los árabes
Los árabes, continuadores de los griegos, tuvieron grandes astrónomos y matemáticos. Estos inventaron la manera de
determinar la posición de muchas localidades y de tomar la altura de las estrellas.
Los geógrafos más eminentes fueron
Edrisi (siglo xn), .Alboufeda (siglos xmx1v), Ibn Batouta (siglo XIV} y otros. .Al-

Los escandinavos

gunos de ellos realizaron grandes· viajes;
se cuenta que Batouta conoció países tan
alejados como el Senegal y la Siberia.
Los árabes conocieron y extendieron su
comercio por el Báltico, las orillas del
Petchora, la mayor parte del Asia, el Africa al norte de los 10° de latitud y la costa
oriental de Madagascar.

En la península escandinava vivía en
el siglo IX un pueblo, los normandos, muy
dado a la piratería y a la conquista. Las
expediciones normandas llegaron a penetrar en Francia hasta cerca de París,
en España y en el sur de Italia.
En el siglo x, Eric el Rojo puso el pie en
Islandia y de allí pasó a Groelandia, seguramente con objeto de establecer colonias.

Poco después, Leif, hijo de Eric, yendo
de Noruega a Groelandia, tomó una ruta
más al sur de la acostumbrada, y fué a
parar a una costa donde crecía la vid silvestre. Leif llamó a este país V inland,, y
se cree que corresponde a lo que es hoy
Nueva Escocia. Alli se establecieron colonias que fueron más tarde expulsadas por
los indígenas.

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1

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6

l. Francia.-2. España.-3. Ita.Iia.-4. Islandia.-5. Groelandia..-6. Nueva Escocia.-7. Noruega.

l. Senega.1.-2. Siberia.-3. El Mar Báltico.-4. Río Petchora.-5. Latitud 10°.-6. Madagascar.

Ejercicio.--Seña.Iar con lápiz de color los viajes y descubrimientos de los escandinavos.

Ejercici-0.-Colorar la. parte del mundo que conocieron los árabes.

�Viajes del final de la Edad Media
Durante el siglo xm, el Gran Kan, jefe
poderoso de uno de los Estados mongoles
más importantes, se mostró tolerante con
los cristianos y recibió amablemente a los
misioneros.
En -1 246, el Papa Inocencio rv le envió
a Plan Oarpin, que saliendo de Breslau
llegó a Karakorum por Cracovia y Kiew.
Otros, siguiendo otras vías, llegaron a
Karakorum, residencia veraniega del Gran
Kan, pero el viaje más importante que se
realizó en esa época fué el del veneciano
Marco Polo.
Marco Polo, en el año,1271, cuando sólo
contaba diez y siete años, se embarcó en

Venecia. A pie pasó el monte A.rarat, bajó
a lo largo del Tigris hasta alcanzar el
puerto de Ormuz. Por tierra atravesó el
Pamir, y pasando por Kachgar, Yarkand,
Khotan y el desierto de Gobi, llegó por
fin a Cambaluc (Pekín).
En China pasó veintiséis años ejerciendo
altos empleos y después volvió a Venecia,
trayendo por primera vez noticias de Oipangu (El Japón) y descripciones de la Indochina, islas Malayas, Ceilán y costas de
la India, que fué_el camino que tomó para
su regreso. En este viaje también tocó en
O_rmuz, y de a,-uí siguió a Bagdad y a Trebizonda. Aqm se embarcó para Venecia.

El descubrimiento del camino de la India
Durante el siglo xv, las mercancías procedentes de la India, que llegaban a Europa por mediación de los árabes, alcanzaban elevados precios, y se pensó seriamente en hallar un camino que condujera
a aquel país con objeto de desposeerles de
ese monopolio.
El infante Don Enrique, de Portugal,
consagró a esta empresa todas sus rentas,
y a partir del 1416 organizó una serie de
expediciones que tenían por objeto hallar
el camino de la India por el sur del A.frica.
Hasta el año 1434 no se llegó a doblar
el cabo Bojador; en el 1441 se alcanzó el
cabo Blanco; en 1455 se pisó más allá del
cabo Verde y se descubrieron las islas de
cabo Verde (Alvise de Oa'da Mosto). En
el año 1481, los portugueses habían traspasado por primera vez el Ecuador, lle-

gando al cabo de Santa Catalina a 1° de
latitud Sur.
Durante el reinado de D. Juan II, en
el año 1482, exploraron la desembocadura
del Congo, y en 1485 Diego Oao llegó hasta
22° de latitud Sur.
Bartolomé Díaz (1487) fué más allá, y
arrastrado por una tempestad, se vió alejado de la costa africana. Cuando trató
de volver a ella no la halló, y remontando
hacia el Norte, desembarcó en la costa
oriental africana (Fish River), habiendo
doblado por primera vez el Cabo que después reconoció y lleva el nombre de cabo
de Buena Esperanza. .
Por fin, Vasco de Gama, en 1498 (seis
años después del descubrimiento de América) llegó a Calicut, habiendo pasado por el
cabo de Buena Esperanza y Mozambique.

l. Bresla.u.-2. Cracovia.-3. Kiew.-4. Karakorum.-5. Venecia.-6. )Ionte Ararat.-7. El rio

'Iigris.-8. Ormuz.- 9. Meseta del Pa:mir.-10. Kachgar.-11. Yarkand.--12. Khota.n.-13.
Pekin.-14. Japón.-15. Indochina.-16. Islas Malayas.-17. Ceilán.-18. Indias.-19. Bagdad.
-20. Trebizonda.

Ejercicio.--Señalar el itinerario seguido por Marco Polo.

l. Cabo Bojador.-2. Cabo Blanco.-3. Cabo Verde.-4. Islas de cabo Verde.-5. Cabo de Santa

Cata.Iina.-6. Desemboca'dura del Congo.-7. Grado 22 de latitud Sur.-8. Fish River.-9. Cabo
de Buena Esperanza.-10. Mozambique.-11. Calicut.

Ejercicio.-lr señalando, con lápiz de color, las distintas expediciones de los portugueses. Sobre
cada linea puede escribirse la fecha.

�El descubrimiento de América
Los cálculos de astrónomos y matemáticos atribuían a la Tierra dimensiones
muy inferiores a las reales. Según ellos, la
distancia que separaba la costa atlántica
española o portuguesa de la India por
tierra venía a ser la mitad de la que existía por el otro lado del Globo, entonces
desconocido.
Cristóbal Colón, natural de Génova, amparado por los Reyes Católicos, se decidió a explorar esa parte, en la seguridad,
según él, de hallar la·India siguiendo siempre el rumbo del Occidente.
El día 3 de Agosto de 1492 salió de
Palos con tres ·carabelas, y después de

tocar en las Canarias siguió el camino dei
Occidente, descubriendo por fin el 12 de
Octubre una de las islas del archipiélago
de las Bahamas, llamado Guanahaní y
después San Salvador (se supone que es
la llamada actualmente Watling). Después descubrió Cuba y Haití.
En el segundo viaje reconoció Colón
las pequeñas Antillas (la Dominica, Guadalupe, Puerto Rico y otras) y Jamaica.
En el tercer viaje llegó a la isla Trinidad y a la desembocadura del Orinoco.
En su cuarto y último viaje Colón llegó
a las costas de Honduras, hasta el istmo
de Panamá.

Otros viajes de exploración a América
En el año 1497, Juan Oabot, veneciano al servicio de Inglaterra,
reconoció probablemente las costas
de Terranova y las del Labrador
hasta la Carolina del Norte.
En el año 1500, Pedrálvarez Oabral, que se dirigía hacia la India,
fué arrojado por una tempestad a
las costas del Brasil, hacia los 16° de
latitud.
En el 1502 se reconoció la costa
americana entre los 5° y 25° de latitud Sur. (En estas expediciones se
hallaba Americo Vespucio.)
En el 1513, Balboa atravesó el
istmo de Panamá y vió por primera
vez el Pacífico.
En el 1517 se conocían las islas
Antillas e islas del golfo de Méjico,
algo de la Florida, gran parte de la
América Central a uno y otro lado
del istmo, las costas de Colombia y
Venezuela y el litoral SE. hasta el
Río de la Plata.
Después de la expedición de V erazzano (1523), el cual descubrió la
bahía de Hudson, se reunieron los
itinerarios de los varios exploradores y se comprendió que la costa se
continuaba sin interrupción, desde
el Salvador hasta el Estrecho de
Magallanes.

l. Terranova.-2. Labrador.-3. Brasil.

l. Palos.-2. Las Canarias.-3. Las Bahamas.-!. Cuba.-5. Haiti.-6. P equeñas Antillas.

7. Jamaica.-8. Trinidad.-:). Rio Orinoco.-10. Honduras .-11. Panamá.

Ejercicio.-Señalar con lápiz de color el itinerario de los cuatro viajes de Colón y colorar loa
países descubiertos en cada. uno de ellos.

- 4. Grado 5.-5. Grado 25.-6. Istmo
de Pana.má.-7. El Océano Pacifico.
- 8. Antillas.- 9. Golfo de Méjico.
- 10. La Florida.-11. Colombia.12. Venezuela..- 13. Río de la Plata.
- 14. Bahía de Hudson.-15. Estrecho
de Magalla n es.

•

15

-

E,ercicio.-Señalar con cruces los lugares descubiertos en los años citados~ ~scribiendo las fecha.a,
y con lápices de distintos colores las costas reconocidas después de la expedición de Verazzano.

�Las exploraciones en los mares australes

El primer viaje alrededor de la Tierra
Fernamdo de Magallanes, marino portugués al servicio de España, concibió el
plan de hallar un paso a la India por el
sur de América.
El 20 de Septiembre de 1519 salió la
expedición del puerto de Sanlúcar de
Barrameda, dirigiéndose a las costas del
Brasil. De allí, haciendo rumbo al Sur,
llegó a Montevideo, y pasando por la Patagonia (que él llamó así por creer que
sus habitantes tenían los pies muy grandes) alcanzó el célebre Estrecho que lleva
su nombre el 26 de Noviembre de 1520.
Una vez atravesado el Estrecho, a costa de enormes dificultades, navegó Maga-

llanes con viento favorable por el Océano
Pacífico, descubriendo las islas Marianas
y las Filipinas. En una de estas islas, la
de Matán, fué Magallanes atacado por los
indígenas y murió con algunos de sus compañeros.
López de Carvalho tomó el mando de
la expedición, que tocó en Borneo y en
las Molucas con objeto de proveerse de
especias. De los tres buques que habían
salido de España, sólo uno, el Victoria,
llegó a la Península en Diciembre de 1521,
mandado por el piloto vascongado Sebastián Elcano, después de haber pasado por
el cabo de Buena Esperanza.

A principios del siglo xvn permane- ¡ de Salomón, regresando al punto de parcían inexploradas las regiones australes tida.
del sur de Asia y de América. En 1616,
En el siglo xym (1769-70), Oook, saDirk Hartogsz tocó por primera vez en liendo de Taiti, reconoció la Nueva Zelas costas occidentales de Australia, y lo landa como formada por dos islas y el
mismo hicieron sucesivas expediciones de Estrecho de Cook; luego recorrió la costa
los holandeses; pero se seguía creyendo oriental de Australia. En un segundo viaque esas tierras no eran más que una sa- je (1772-75) atraviesa por primera vez el
liente del gran continente, que suponían círculo polar antártico para desvanecer
ocupaba todo el círculo polar austral.
la idea de la existencia de un continente
En 1642-43, .A.bel Tasman, considerado austral, reconoce las islas Marquesas y
como el primer marino de su tiempo, salió Nuevas Hébridas y descubre la Nueva
de Batavia (Java) con objeto de explorar Caledonia. En un tercer viaje descubre las
los mares y descubre el sur de Tasmania · islas Hawai y realiza exploraciones im(sin sospechar que se trataba de una isla) portantísimas en la costa noroeste de la
y las islas de la Nueva Zelanda. Después América del Norte, viniendo a morir en
tocó en las islas Tonga, las Fidji y las las islas Hawai a manos de los indígenas.

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l. Australia.-2. Isla de Java.-3. Tasmania.-4. Nueva Zelanda.-5. Islas Fidji.-6. Islas de Salomón.

l. Sa.nlúcar de Ba.rrameda..-2. Bra.siL-3. Montevideo.-!. Pa.tagonia.-5. Estrecho de Ma.galla.nee.
6. Islas Filipinas.- 7. Borneo.-8. Cabo de Buena. Esperanza.
Ejercicio.-Tra.zar con un lápiz de color el itinerario seguido por la. expedición de Ma.gallanes.

7. Taiti.-8. Estrecho de Cook.-9. Nuevas Hébridas.-10. Nueva Caledonia.-11. Islas Hawai.

Ejercicio.-Colorar las tierras descubiertas y reconocidas por TaBman y por Cook.

�•
Las exploraciones al Polo Norte

Las tierras y mares desconocidos a fines del siglo XVIII
A fines del siglo XVIII quedaban por
explorar:
En Asia: El interior de Borneo y Sumatra, el interior del Tibet, el norte de
Siberia y los Océanos Artico y Antártico.
En Africa: casi todo su interior.
En América del Sur: la parte sur de la
cuenca del Amazonas, el interior de la
Argentina y los Andes.

En la América del Norte: todo el país
comprendido entre los ríos Misisipí y
Mackenzie y el Océano Pacífico. Además,
todas las tierras heladas del norte del Canadá.
En Oceanía: el interior de Nueva Guinea, el interior de Australia y el de Nueva
Zelanda.

Las exploraciones al Polo Norte han
tenido su origen en la busca de un paso
por el Nordeste, y otro por el Noroeste que
permitiera comunicar el Atlántico con el
Pacífico, sin tener que pasar por el cabo de
Buena Esperanza o por el cabo de Hornos
en América.
Jfoc- alure, en 1853, halló el pasaje N oroeste, pero sólo franqueable con auxilio
de trineos desde el Estrecho de Bering
hasta el Atlántico, pasando por los Estrechos de Bank, Melville, etc.; N ordenskiol,d, en 1878, franqueó el del Nordeste,
pasando del Atlántico al Pacífico.
Muchas han sido las expediciones que

han tenido por objeto explorar el Polo
Norte.
Desde mediados del, siglo XIX se des~
pliega una incesánte actividad por descubrir y poner el pie en el mismo Polo
Norte. Varias son las naciones que organizan expediciones científicas, entre las
cuales citaremos la de Markham (1876),
que alcanzó el grado 83° 20'; la de Lockwood (1882), el 83° 30'; la de Xansen
(1895), el 86° 13'; la de Oagni (1900), el
86° 35'; la de Peary (1902), el 84° 17', y,
por último, la del mismo Peary, que logró
plantar el pabellón americano en el Polo
Norte el 6 de Abril del año 1909.

90°

6

u

l. Borneo.- 2. Suroatra.- 3. El Tibet.-4. Siberw..-5. Océano Artico.-

6. Océano Antártico.7. Cuenca del Amazonas.- 8. La Argentina.- 9. Los .Andes.- 10. Misisipí.- 11. Río Mackenzie.
- 12. El Canadá .- 13. Nueva Guinea.-14. Australia..- 15. Nueva. Ze1'1,nda.

Eiercicio.- Colorar con un lápiz obscuro toda la parte del pla neta que faltaba.-explorar a fines
del siglo xvm.

-

•

u

u

\j

Ejercicio.- Prolongar ~as b arras in~cada.s de modo que terminen en flec has, cuyas puntas señalen la. latitud que alcanzó cada uno de los exploradores citados . Las barras pueden colorarse y
encima de ellas conviene escribir el nombre del viajero y la fecha.
1

�La exploración
al Polo Sur'
La exploración del Polo Sur ha ofrecido riodo de abandono, se inician nuevas exsiempre mayores dificultades que la del pediciones que tenian por objeto, más que
pisar el Polo, estudiar las tierras y hacer
Polo Norte.
DMvanecida con las expediciones de observaciones científicas. Los únicos que
Cook la creencia en un gran continente se propusieron alcanzar el mismo Polo
austral, fué preciso el estímulo que presta fueron Scott, Shackleton y .Amundsen.
la curiosidad científica para que las na- Scott, en 1901, logra escalar la muralla de
ciones se decidieran a enviar al Polo Sur montañas que dificulta el acceso al Polo
y llega hasta los '80° 17'. Shackleton, en
expediciones de estudio.
Los progresos hacia el Polo Sur fueron el 1907, llega hasta 170 kilómetros del
lentos. En el 1838 empezaron a descu- Polo, y, por último, .Amundsen, el 14 de
brirse las tierras que efectivamente se Diciembre de 1911, alcanzó el mismo Polo
hallan en el Polo Sur; pero los frios, aqui Sur, plantando alli el pabellón sueco que
más intensos que en el Polo Norte, las es el de su patria.
Pocos días después, el capitán Scott,
violentas tempestades y las altas murainglés, alcanzó también el Polo, pero tuvo
llas de hielo dificultaban el avance.
La eXJ?edición de Ross, en 1842, alcanzó la desgracia de perecer en el viaje de
el grado 78° 10', y después de un largo pe- vuelta.

'.Paralelamente a nuestra gran edición
dé magníficos libros para Escuelas, que
tan favora.ble acogida ha tenido entre.
los ilustrados maestros, lanzll,DlOS al público una nueva. EDICIÓN EOONÓJIIOA que,
Jip, perder las altás condiciones de la
~ es decir, la perfección de su
texto y la. presentación &amp;rtistica., pueda
penetra.r, por BU fnftmo precio, en la.a Escuelas populares, de modo que los hijos
dél pueblo puedan también entrar a. pa.rticipa.T de los beneficios que pan su forina,eión espiritual representan nuestros preciosos TEXTOS :MODERNOS.

Nuestr&amp;

EDIOIÓN EOONÓ:MIOA. DE TEX-

TOII MODERNOS, forma, un t.odo orgánico,
en el ~ la.a materias fundamentales de

la ensefla.nza., como son: la Aritmética, la

90°

~

la Geofltdriá, la, .ücfu
grafía y la Hialoria, van distrib
tres grados (que no ha.y inconve
llamar elemental, medio y Bll
se a.costumbra.). Estas m&amp;terias
ta.n con otra.a que son: la, Zoolo
niea, la 1'ísica, etc., etc., que
duadas, y que el maestro pued
siguiendo BU propio buen cri:
modándose a. la.a posibilidad
clones de la. escuela. que i:egen
La forma en que publicamos
permite formar romos de
tos, organiza.dos según la.a n
la. escuela o criterio del maestro
miento patentado), siendo una
y una economia al mismo tiem
profesor y el discipulo, respeeti:

PLAN GENERAL DE ESTAS PUBLICACIONES ~ prema)
Grado■

88º

•

.(publicada) • • • • • . • 1 V"ula de Ja1 Planta• • • • •
• • • • • • • • • • • 3 Vicia de 101 Animal-. . •
• • • • • • • • • • • 3 El hom.'bre. Su vida fúica •

mática. • • • • • • • • • • 3 ~ • • • •• • • • ,,
aafia • • • • • • • • • • • 3 lmtracción dYica • • • • •
l'O

ele lectura. • . • • • • • . 3 Cantos esc:olarn. • • • . • •

ria. • • • •
.• manual-.
• ne1 de coaas.
ilica y Qufmica •

u u
---------------:.. Eicrcicio'.-'--Indicar por medio de flechas las distintas latitudes alcanzadas por los exploradores
citados. Encima de cada flecha escribase el nombre -y la fecha. Pueden colorarse las barras con
un lápiz de color.

•
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3
3

Recitación. • • • • • • •
Gimmllia • • • • • • • •

1 Historia Sa«rada • • • • •
1 Historia def Arte • • • . •
.A aichas obras seguirán otras sobre Ptileontología, Geología, Bio'l&lt;&gt;gíg,, Geo
na, Biograf'af hiBtóricaB, etc., etc.
Un buen número de libros instructivos pan premios formarán párt.e de
te colección.
La ejecución del plan nti a cargo ele naestro Director peclas'8ico - -•-511

,

S. A. INDUSTRIAS GRAFICAS SDX &amp; BARRAL
EDITORltS

Remitimoa seguidamente, a petició11, •estro Catilogo general de ol,r• para iianza y educación, japetel iatractiwa, trabajoa ma1111al-, etc., etc.

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�Provenza. 219

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a,nfficas ilustraciones. Todo el quE! desee
•o de las relaciones que e;dsten entre el homb
esta pe(J',leña obra mee~.

de Geografía:

el y estudios combinados. Colección de siete mapas.

Geográficos

oa de silueta, dispuesto■ para colorar y para toda clase

Geografía

·

e cuadernos dispuestos para el truado de estacllsticaa
;..;;Contiene datos estadísticos de·G ~ a general.
ontlene principalmente datoa estadísticos referen
A!SPaiiole.
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-Magnifica colección de mapa9, cada uno con 1111 texto.;
elitt,, dispuestos para el trazado de loa itlrierarlos de los gtan
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                  <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. </text>
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                <text>La presente colección de Gráficas constituye un complemento muy adecuado del estudio de la Geografía, del dibujo de mapas y de los otros ejercicios que puedan acompañar la enseñanza de esta materia. Estos cuadernos permiten ofrecer a los niños los secos datos estadísticos rodeados de un nuevo interés, pues con ellos ha de hacer algo; y, además, la finalidad que tienen los citados da tos, que no es otra sino establecer una comparación entre ellos, por el procedimiento de las gráficas queda plenamente asegurada, pues la comparación aquí se hace forzosamente, porque lo más importante que conviene considerar y retener salta a la vista. Los editores de los presentes cuadernos se han propuesto facilitar el trabajo del profesor y del alumno, disponiendo los datos y el cuadriculado de manera que nada se tenga que ir a buscar o calcular fuera de cada página. Los datos elegidos son todos ellos vitales e interesantes, y lo mismo convienen a los alumnos de las clases adelantadas de la escuela primaria, que a los de las escuelas secundarias y de Comercio, Lanzamos esta serie en la seguridad de que hallará una buena acogida en todas las clases en que se enseña Geografía, porque, como decíamos más arriba, viene a ser uno de sus complementos más ilustrativos, cuyo contenido debe popularizarse y atraer la atención de todos los futuros ciudadanos. LOS EDITORES</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>CJNQUléMe ANNm!, N• 1
JANVlBll•MARS 1922

laatbt ft!tlal tH11efq,ees
de l'Ual..-.lU de Pllrls

HISPANIA
SOMMAIRE

Pages
Le Thédtre de Clara GazuL ......... ........ .
Le Carrosse du Saint-Sacrement ........... .
Luí.! de Góngora (A. propos de Z'édition de
ses an.ivres completes par M. R. Foutch,é.
Delbosc) ........................ ............. .
La chronol-Ogie des pieces de Lope de Vega.
E94 de Queiroz ... ......................•.....
Le témoignage de Lopez de Ayala au sujet
de D. Fadrique, frere de Pierre-le-Cruel.

ERNBST MARTlNBNCHB .•••
PROSPBR MBRIMÉB ••• , ••• ,
MARIOS ANDRÉ ........... .

COIILLK PITOLLBT ••.•..••
ANDRÉS GONZÁLBZ BLANCO.
GBO'RG.BS CIROT .•• , • , , , .••

1

15
41
50
59

70

CHRONIQUES

-

GABTON PICA'RD .......... .

E.M. et CiltlLLJl PlTOLLBT.

Revtte des Revues ............................ .
Livres RecU3....... , ·. · · · .. · · · · · · · .. · · .. · .. · · ·
Echos (un article de M. Jorge GuiLUn sur
M. Marius A.ndré........... ............. .

R,EDACTION 4 ADttUNISTRATION:

96, BOULBYAR.D RASPAIL

PARIS

77

89
94

��INSTl1Uf O'ETUDES HISPANIQUES
DE L'UNIVERSITE DE PARIS
96, Boulevard Rcqall

INSTITUT D'ÉTUDES HISPANIQUES DE L'UNIVERSITÉ

PR.ÉSIDENTS D'HONNEUR.

DE PARIS

Son Excellcncc l'Ambassadeur d'Espagne
et

M. le Recteur de l'Université de París
COMITÉ DB DIRBCTION

M.
M.
M.
M.
M.
M.
M.

Le Marquis de Casa Valdes.
Maurice Croiset, Administrateur du College de France.
E. Dibic, Trésoricr-Conservateur de la Bibliotheque.
E. de Huertas, Avocat-Conseil de l'Ambassade d'Espagne.
E. Martinenche, président.
l. de Sard, Directeur de l'Hopital espagnol de Paris.
Ch. Widor, Secrétaire perpétuel de I'Académie des Beaux-Arts.

HISPANIA

SECR.ÉTAIR.B OBNBRAL

M. C. lbáñez de Ibero.

TOME IV

HISPAN/A

Rédacteur en Chef : M. V. Oarcia Calderon.

(JANVIER-DÉCEMBRE 1921)

Rédaction : Adresser les manuscrlts, 1/vres, revues et tout ce qul
concerne la rédactlon a Hlspania, 96, Boulevard R11sp11/I,
Parls 6•.
Administratlon : Pour les abonaements, les cbangements d'adresse,

J'acbat des numéros et la publicité, s'adresser a l'Admlnlstr11t/on
d'Hispania, 96, Boulevard R.aspall, Paris.

Prlz. des aboanements :
Le coQt du papler et la nouvelle majoratlon de la cbambre syndlcale
des lmprlmeurs fran?ls, nous obllgent A flxer, A partir d'auJourd'bul,
les prix sulvants :
Ea Freace
LE NUMÉR.O • . . . . . . . • . • • . . • . . . • • . . . . . . . . . . . . . • • • • • • • • • • • • • . • :a francs
UN AN • . . • . • • . . . • . • • • • • • . . • • . . • . . . • • . • • . . . . . . . • • • • • . . • • • • • . .
8 francs

Ea Espagne et pays étrangera
LE NUMER.O ...• •. • •• • •... • .. . .•.. . •. • •..•. .. • .• •. , ...... . ..
UN AN •••••••••••• , • • • . • • • • • • . • . • . • • • . • • • • • • . • • • • • • • • • • • • • • •

:a pesetas
8 pesetas

PARIS

�Table

ANoRÉ (Marius) ........ .

Les banquets de Argamasilla (janvier-mars) . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

BoussAGOL (G.) ......... .

CAssou (Jean) .......... .

D'HERMtGNY (Baron R.) ...

¡um) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

142

Manifestations universilaires franco-espagnoles a l' UniversiU de
Toulouse (janvier-mars).. . . . . .
Miguel de Unamuno, Miguel Cervantes et Don Quichotte (juillet-

67

septembre)...................

254

La situation économique et sociale
des classes rurales en Espagne
(janvier-mars). . . . . . . . . . . . . . . .

,,,

l)

9

Les exploitations miliieres de la province de Mt1rcie (octobre-décem-

l)

bre)... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
D'ORs (Eugenio) ....... .

Fragments de " la Ben Plantada

GoNZá.LEZ BLANCO (Andrés)

Amiel et lbsen m F:spagne (jan-

GmLLÉN (Jorge).. . . . . .
l\lAssoN (Georges-Armand)

Eugenio d 'Ors (janvier-mars) ....
L'Espagne a Paris 011 lesje11x de la
mode et de la géograpliie (juillet-

vier-mars) . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

:\1ATA (Pedro) ........... .

MAUCLAtR (Camille) ..... .
,\1tRÉJKOWSKt (Dmitri) ... .
))

M10MANDRE (Francis de) . .

340

JJ

(janvier-mars)................

))

54

Les banquets de Argamasilla (avril-

))

))

septembre). . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Le casque de Don Quicliottc, trad.
par Georges Pillement (juilletseptembre).............. . . . . .
Orti:: Echagüe (octobre-décembre)
Cervantei&gt; (avril-juin)............
Calde1·ó11 (avril-juin)............

[.,'hispanisme de Rodó ( A propos
d 'un livre de Gon::alo Zaldumbide) (octobre-décembre)......

5
13

199

226
308

96
125

289

�P1ges

P1TOLLET (Camille) ...... .

»

))

»

))

))

HvNER (Han) .......... . .
SERVAL (.'1auricc) ....... .

\ ' AUXCELLES (Louis) ..... .

»

l)

S11r quelques sai•:mls esj,agnols conlemf&gt;orains (jan vier-mars) ..... .
Le,, Y car Book » des l:zngues mode, nes j,our 1920 et la littérature
espagnole (auil-juin) ..... . ... . 160
f&gt;ot-j,ourri csj&gt;agnol (juillet-septembre) ..................... . 201
f&gt;ot-f,ouni esra1:nol (octobre-décembre) .....•......... . .....
355
I lie, et dem;zin (octobre-décembre) 301
U11 réfugié espa.~1iol sous l.i R.eslauralion. Le Gt!né1al Mina en
France (octobre-décembre).....
Beltr.í,i el la f,einlure esj,agnole
co11temforaine (juillet- septembre) ........................ . 1 93
De ftfaleo llern.inde:;, dtt modelage
et de la taille directe d..111s la sculp,
lrne co11temf&gt;or:zine (octobredécem bre) .... ........ ...... . 2
93

CHRONIQUES
CAssou (Jean) .... : . ... . .

»

» .......... .

P1cAno {Gastoo) ........ .

1)

•

)1

E ..\\ ................ . . .
P1TOLLET (Camille) ...... .
))

•

•

•

f: -- . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

•

lt . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . .

Revue des Rel'ltes (janvier-mars) ..
Revue des Revues (avril-juin) ....
Re11ue des Revues ( a11ec tm article
de Camille M auclair sur l'art de
Federico Beltran) (juillet-septembre) ......... ..... ....... .
Revue des Re1•11e.~ (octobre-décembre) ........................ .
Livres refllS (octobre-décem bre) ..
Lirres refus (avril-juin) ......... .
Livres rer;us (juillet-septembre) .. .
Eclios (avril-juin). . ........... .
Eclios (a1.•ec 1111e Lettre de Baldomero Sa11fo Ca1w) (juillet-septembre) .................... .

92
166

Hispania

Le Théatre de Clara Gazul
M. Morti11cnche publie ces jours-ci che11 l'éditeur Hachette, un tres beau
lit-re s11r l'Espagne et le Romantisme fran~ais qui semble le som,net de
son ce11vre et le couronnement de sa corriere d'hi.spa11isa11t. Pour écrir, ces
roges míiries, si p/cines et si Ugcres Po11rta11t, il follait toute u11e vie de
rec/1erches sa-z:antes, la clair1.·oya11ce d'une sympathie mvers l'Es¡x,gne qui
t·st det·c11uc, prcsq11e, de /'amour patriotique ; et po1tr tout dire, un certain
courage. Car u,ie 111ode rhe11te t•cut que le romantisme d'Espag11e ou d'aillcurs, soit le galeux, le pcstiféré, le se11l coiipablc de tous les crimcs littéraires. N ous établiro11s da11s 11otre procl,ain numéro le bilau du ro111a11tisme
l'(pa911ol c11 a,10lysa11t le li1.·re de AJ. Aíartiucnche; mais 11ous at•ons t'Otclrt
r11 do1111er 1111 a,•a11t-9oíit c11 pub/iant, gro.ce a la charmo11te co11rtoisie de l'a
maiso11 Hoc/1cttc, qttclq11cs-1111es de ses pills be/les poges.
C'est aussi vers Hcmani, mais par une voie bien différente, que nous
achemine Le Théatre de Clara Ga.:111 (1825) auquel il convient d'ajouter
La Famille de Ca.rt•ajal (1828).
A quelle inspiration obéit Prosper l\Iérimée ? I1 passe alors par la
¡,hase romantique. Aussi lance+il volontiers ses épigrammes contre les
regles dont les classiques continuent a imposer le respect. Clara Gazul n 'a
que faire des unités. Elle ne perd pas son ternps a s'arréter aux otjections
du poete effarouché par une comédie qui commence en Danemark et finit
Espinosa en Galice (1). Elle préfere monter dans « les voitures si com-

a

( 1) Cí. le Prologue du Thé.itu de Cloro Go~ul. • Je ne vais pas m'iníormer, dit 11 comédiei:ne espagnole, pou~ jugcr d'une pi«e, si I évén~ment 1e p111e dan, Tingt-quatre heures,
et 11 les personnagcs v1ennent tou, dan, le mlme heu, les uns comploter leur conspiration,
les 1utre1 se faire assassiner, les autres se poignarder 1ur le corps mort, comme cela ,e
pratique de l'autre c61é des Pyrénées. •

I

BIBLIOTECA CENTRAL

U.A.N.L

�-2-

modes » de messieurs les romantiques. La conclusion de l'Amour Africain
est une plaisanfe réplique aux peintures dans lesquelles les classiques s'imaginent représenter l'amour. Le capitaine de corvette Diego Castaneda n'est
pas plus tendre pour les héros de tragédie. 11 les traite de « philosophes
fiegmatiques, sans pe.ssions, qui n'ont que du jus de navet au lieu de sang
daos les veines, de ces gens enfin a qui la tefe tournerait en serrant un
hunier (1). » Lorsque plus tard Prosper ?llérimée reviendra sur cette
période de sa vie, il ne manquera pas de rappeler que vers l'an de grace
1827, il n'y avait « point de salut sans couleur locale (2) ». Il va done
chercher cette couleur dans la littérature du pays que la critique préromantique a mis a la mode. l1 ne le cormait encore que par des lectures,
mais déja il se sent attiré vers lui. 11 semble deviner le plaisir qu'il aura a
pénétrer dans un génie dont on pourra dire qu'il est le seul de ses contemporains a l'avoir véritablement compris.
..
Prosper Mérimée a beau se ranger en 1825 sous la banniere romantique ;
i! est déja lui-meme, c'est-a-dire !'esprit peut-étre le plus opposé aux exaltations de la nouvelle école. S'il est un trait qui le caractérise des ses débuts
et qui demeurera sa tendance essentielle, c'est assurément son effort pour
mettre sur sa sensibilité le voile de son ironie. Ce n'est pas la simplement chez lui la marque d'une éducation raffinée ou la persistance de
ct:tte défiance que la litt'érature classique tui avait enseignée a l'égard du
« moi » si haissable. Est-ce une précaution d'un amour-propre qui
rcdoute la raillerie ? Est-ée plutót une barriere qui s'oppose aux curiosités indiscretes et aux familiarités déplacées ? Est-ce surtout la révolte
instinctive d'une ame qui ne peut pas s'empccher de voir daos le don
d'elle-meme comme une atteinte a sa dignité ? Toujours est-il que Prosper 11érimée n'a jamais cessé, au cours de sa vie, de porter son ironie
c&lt;,mme la plus élégante des armes défensives. Il s'en est, pour ainsi dire,
enveloppé comme d'une sorte de pudeur masculine. Son ceuvre ne prend
tout son seos que si on l'y voit toujours présente.
C'est elle déja qui lui inspire le fravestissement sous lequel il présente
ses prernieres productions. Il imagine Clara Gazul comme il inventera
pour La Guda le joueur de Dalmatie Hyacinthe Maglanovich. Au Joseph
l'Estrange (tres étrange, en effet), qui écrit la Notice sur le Théatre de la
comédienne espagnole correspondra pour la préface des Ballades l'Italien
né d'une Morlaque réfugiée en France. Le point de départ de la Famille
de Carvajal est daos l'histoire du proces de Béafrix Cenci. Comment justifier la saveur sauvagement espagnole qu'il importait de lui donner ?
( 1} Cf. la Préface de La Fami/le de Car~ajal.

(:a) Cf. Lettres a une inconnue, 1, p.

21.

Le procédé est tres simple. Prosper Mérimée déclare gravement qu'il a
Ju l'anecdote qui íait le sujet de sa piece dans l'ouv~ge sur la Nouvelle
Grenade du 11 malheureux Ustariz ». 11 y cut bien parmi les chefs de
la Révolution de Caracas un Ustariz qui périt en 1814, mais je crois qu'on
¡;erdra bien du t'emps a chercher son ouvrage. L'extrait qui lui est attribué est, en tout cas, en son genre un petit chef-d'reuvre. Ríen n'y manque
de ce qui pouvait lui donner aux yeux !ies bourgeois d'alors un -:aractere
d'indiscutable authenticité. Mérimée n'est pas plus embarrassé pour citer
des noms indiens que pour forger des généalogies espagnoles. 11 n'oublie
meme pas de preter a son héros des superstitions et des scrupules qui
port"ent la marque de son temps et de son pays (1). 11 connait enfin l'art
ci'endormir les défiances en melant adroitement la vérité et la fiction (2).
C'est un mystificateur de premfor ordre, et c'est peut-étre par la. surtout
qu'il appartient a cet'te école romantique qui était: alors l'école des jeunes
et qui ne dédaignait pas les farces de rapin.
N. quelles sources emprunte-t-il les é!éments avec lesquels se joue sa
fantaisie ? Les uns lui viennent naturellement de ses lectures classiques.
D'autres sont tirés des ceuvres que la mode romantique commence a porter aux nues, de Shakespeare surtout et de Byron. Mérimée e~t loin
alors d'avoir des livres et des choses de l'Espagne la connaissance précise qu 'il n'acquerra que plus tard. 11 a sur elle a peu pres toutes les idées
de son temps et de son milieu. Il écrit Le Tliéatrc de Clara Ga~ul au
moment ou, apres l'avoir accommodée au gout troubadour, on la tourne
au tragique, et ou on lui demande avant tout' les plus sombres peintures
et les plus terrifiantes histoires. Aucune tendance ne pouvait mieux
convenir a Prosper Mérimée. II a toujours recherché ces effets ,effrayants
qui soulevent une émotion d'autant plus forre qu'ils sont présentés avec
la plus froide impassibilité. Son art s'est meme si exclusivement attaché
a ce contraste qu'il y faut voir sans doute non pas tant un procédé qu'une
forme naturelle de son esprit'. Et peut-etre est-ce la la raison profonde
de sa sympathie pour un pays ou les contradictoires semblent s'unir sans
effort. Bien qu'il ne l'ait point encore visité, i1 se préoccupe déja
d'en étudier la langue. S'il partage sur la littérature espagnole les préjugés de ses contemporains, il pousse 'plus avant que la plupart d'ent're eux
( rj &lt;e Ajoutez_ i cela q_u'il (C~rvajal) s'_adonnait i la magie, et que, pour plaire au diable
son 1nventeur, 11. comm11 plus1eur~ sacnleges trop horribles pour que je les rapporte ici. »
p·(:a) 11 est parfa11ement exact qu un Carjaval fut en 1544 « mestre de camp de Gonzalo
•~arro
• et que sa cruaut~ souleva de te!les .~oleres que le peuple l'arracha en 15 8 de sa
9
4
Prl !)n pour le mettre en p1eces. 11 est vra1 qu 11 ne s'appelait pas Diego, mais Francisco
.Ménmée a sans d&lt;;&gt;ute confondu son prénom avec celui de Almagro. D'autre part, un de se;
parbnts, _Juan, q_u1_ usurpa un momtnt le gouvernement du Vénézuéla, ne fut pas non plus
un and1t de mediocre _envergure avant de monter sur l'échafaud en 1~ 6. N'est-ce as
4 de familltau
ass~zMde ':esd~eux Carya¡ales pour qu'on ne songe plus i demander ses pap1ers
Jose- aria « Ustanz » ?

�,
-sles lecturcs qu'il en fait. Ses deux autcurs préférés sont naturellement
ceux dont on parle autour de luí, Cervantes et Calderón. 1fais il ne se
contente pas des traductions dans lesquelles ils se présenfent au lecteur
fram;ais. 11 emprunte au texte original des épigraphes qu'il juge inutile
de traduire. ll cite aussi Lope de. Vega et !'Araucana. d'Ercilla (1). ll
affecte meme de mettre dans le texte ou en note des mots qui prouvent
qu'il se familiarise avec le castillan.
Comment met-il en reuvre les matériaux dont il dispose ? Les souvenirs
de notre littérature classique se rencontrent surfout daos une piece qui
occupe une place spéciale dans le Théatre de Clara Ga~ul, parce que c'est
une comédie qui ne se départit jamais de son allure comique. C'est le Carrosse du Sai11t-Sacrcment (2). Le perroquet _. qui rappelle
la marquise
d'Altamirano le métier de son pere en s'écriant sur son passage : « A
combien !'aune de drap ? »
sans doute appris sa malice dans le Bourgeois Gc11tilhomme. Et n'est-ce pas aussi a Moliere et a son Tartufe que
songe don André de Ribéra lorsqu'il avoue a son secrétaire que « pour
etre un vice-roi, on n'est pas obligé de vivre comme un saint ? » Le róle
entier de la Périchole semble écrit par un éleve de Voltaire. Quant au
trop confiant Martinez, sa disgrace est une seconde et' cham1ante édition
de la fameuse histoire de Gil Bias et de l'archeveque de Grenade.
Quelle que soit la valeur de ces rapprochements, ce que Mérimée doit
surtout
son éducation classique, c'est la sobriété de son style, et c'est
la délicat:esse de son goút. Daos l'Avertissemcnt qui précede focs Me11do
ou le Préjugé •vai11cu, il fait dire
Clara Gazul qu'il faut savoir gré
l'auteur de n'avoir pas, en imitant les anciens comiques espagnols, « copié
aussi le style culto, si fatigant pour les lecteurs de ce siecle ». Prosper
Mérimée ne se contente pas d'éviter la plus légere trace de préciosité, il
11'a pas une moindre horreur pour le bavardage sentimental et pour les
grands mots qui veulent enfler les petites choses. 11 ne recule pas devant
les sujets « larmoyants et' improbables », mais il les traite en une forme
d'une simplicité nue et en quelque sorte marmoréenne.
C'est pourquoi il ne tire guere de ses lectures romantiques que des
matériaux isolés. Il se souvient d'Atala quand il raconte comment Eugenio fut « voué Dieu » pour obtenir du ciel la guérison de sa mere.
Dans la meme comédie, doña María se prépare au suicide sur le ton d'un
héros de Shakespeare (3). On sent enfin a plusieurs reprises l'influence

a

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a

a

a

a

(1) Cf. les épigraphes de l'Amour Africain et de La Famille de Caryajal. _ .
•
(2) Le Carroue du Saint- Sacremeni ne se trouve pas daos la prem1~re éd111on du T~litre
de Clara Gaiwl, mais ce n'est passans raison qu'il s'y rencontre en 1842 avec la Fam,!I• d,
C•"!ajal. 11 parut ~·~illeurs d~ 1829 d~ns la R~u• d, París 1ou1 la aig~atu!e, cette fo1s, de
Ménmée. Lea condmons de sa publtcauon exphquent son caract~re parucuher.
('JI Cf. L'occasion, se. xu.

de Byron et de sa peinture de l'amour fatal. Mais c'est surtout l'Espagne
telle que la voient alors nos romantiques qui fournit au T/aéJtrc de Clara
Ga:ul ses éléments les plus nombreux.
Le procédé est déja visible dans la biograp'hie de l'auteur présenté par
l'Estrange. Clara a un tuteur. Ce vénérable personnage est inquisiteur au
tribunal de Grenade. 11 brúle naturellement tous les livres légués a sa
pupille et ne lui permet de Jire que ses Heures. Clara avait un « onde )),
le licencié Gil Vargas. Cet excellent •chanoine, étant bon patriofe, ne pouvait manquer de commander une guerrilla andalouse et d'etre quelque
peu pendu par les Fran~ais. I1 fallait bien aussi que Clara eút une mere.
Elle en eut une, en effet, qui disa,t la bonne aventure et qui la lais~ a
son onde apres l'avoir portée cinq ans sur son dos. Si vous ajoutez que
cette fille de bohémienne passait pour etre l'arriere-petite-fille du « tendre
Maure Gazul » si fameux dans les vieux romances, en vérité, que lui
manquait-il pour etre la plus complete et la plus pure expression de la
race et du génie de son pays ?

a

Comment s'étonner, en tout cas, que dans son t11éatre soit versée
profusion cette Espagne romantique a laquelle elle devait le meilleur
d'elle-meme? Le romance de don Alvar que Mme de Coulanges chante
don Juan Diaz est ·un pastiche amusant de ces pieces mauresques que
venait de faire connaitre la traduction d' Abel Hugo. Rien n'y fait défaut
de ce qui peut la fois rappeler la couleur du modele et flatter le gout
du jour. Alvar de Luna a tué plus de Maures qu'il n'y a de grains au
chapelet d'une dévote, mais il a •ét'é vaincu par deux beaux yeux. Ces
beaux yeux sont ceux de Zobéide, filie de }'alcaide de Cordoue la Grande.
Et voila pourquoi Alvar de Luna devient frere Jayme du cloitre de
Saint-Inigo (1). Les ballefs ne sont pas moins significatifs que les chansons. Le fandango se glisse jusque dans les divertissements militaires oi.t
on l'attendait le moins (2). Tout l'attirail de la dévotion dite espagnole
est rappelé la moindre occasion. Le chapelet et l'Ag,ius De, deviennent
les plus indispensables des accessoires. L'amour a l'espagnole ne joue pas
un role plus effacé. Un peu partout résonnent les guitares, tandis que les
éventails s'agitent en un langage aussi expressif que des rei!J..ades. Mais
ces amantes qui se plaisent aux petits jeux de la galanterie ne sont pas de
celles qu'on abandonne impunément. Elles ont, comme doña Urraca, un
poignard daos la jarretiere et elles savent s'en servir aussi bien contre
l'infidele que contre le confesseur qui les a trahies. 'A cóté des galants
et de leurs &lt;lames, des soldats et des inquisiteurs, voici, pour compléter

a

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a

(t) Cf. Les Espag-nols en Danemark, Journée 11, se. 1.

(2) Id., Journ!e w.

�-6-

-¡

la collection des types espagnols, les taureaux furieux et ceux qui savent
l'art de les tuer, ces « cholos » qui peuvent jouer au besoin de la guitare
comme du couteau. ~1élez a leurs propos quelque « corps de Christ ! » (1)
blasp'hématoire, faites-leur prendre tour a tour du chocolat- et de la limonade empoisonnée, et bien difficile sera le lecteur qui ne croira pas respirer partouf la sauvage odeur de l'Espagne.
Pourquoi done le Théátre de Clara Ga::111 écrit avec une sohriété cla::;sique sur des thcmes furieusement romantiques ne présente-t-il cependant aucune disparate ? D'ou tui vient son unité ?
Dans la « deuxieme lettre » qui termine la préface de La famille de
Carvajal, Z. O. écrir a l'auteur : « Monsieur, j'ai quinze ans et demi,
el maman ne veut pas que je lise des romans ou des drames romantiques.
Enfin, l'on me défend tout ce qu'il y a d'horrible et d'amusanf. On prétend que cela salit l'imagination d'une jeune personne. Je n'en crois
rien, et comme la bibliotheque de papa m'est toujours ouverte, je lis le
plus que je puis de semblables ouvrages. Vous ne pouvez vous figurer
quel plaisir on éprouve en lisant a minuit dans son lit un livre défendu.
Malheureusement la bibliotheque de papa est épttisée, ef je ne sais ce que
je vais devenir... ». C'est pour complaire a cette espiegle jeune filie que
Mérimée feint d'avoir composé sa piece. Deux mots sont a retenir dans
les boutades qu'il luí prete : « horrible et amusant ». L'unité de son
théatre, c'est' l'ironie dans l"horreur.
L'horreur éclate d'abord dans les intrigues. I1 est difficile d'en imaginer
de plus effrayantes. « En une heure, s'écrie l'inquisiteur Antonio, je suis
devenu fomicateur, parjure, assassin. &gt;&gt; C'est un résumé tres exact de
Une femme cst 1m diablc. L'Amour africaiti a pour héros Hadji-Nouman
qui tue successivement son ami Zein-ben-Hurneida et sa belle esclave
1Iojana. L'héroine de In~s M e11do meurt, tandis que son pere tire un
coup de pistolet sur son mari. Dans Le Ciel et l' Enfer l'inquisiteur fray
Bartolomé est poignardé par sa pénitente qui fait évader son amant sous
la robe de son confesseur. Doña Maria fait pire dans L'Occasion. Elle
empoisonne son amie doña Francisca au moment ou elle va etre enlevée
par le pretre qu 'elles aiment toufes les deux. II ne lui reste plus qu'a se
jEter daos un puits. Le comble de l'horreur est atteint par La famille de
Carvajal. Le pere incestueux impose a sa femme, avant de la faire périr,
raveu d'une faute qu'elle n'a point commise, et il tombe sous la dague
de sa filie qui sera dévorée par les tigres.
Plus significative encore est' la recherche du détail effroyable. Pour

prouver a son ami Nouman combien il aime l'esclave qu'il lui demande,
Zeín n'imagine ríen de mieux que de se percer le bras avec son poignard.
Le bourreau Mendo se coupe la main droite pour ne pas etre forcé de
couper la tete de don Esteban. Au moment d'enfoncer son poignard dans
la nuque de fray Bartolomé, doña Urraca s'écrie : « C'est la qu'on
frappe le taureau ». Et son coup d'essai doit etre un coup de maitre, car
le confesseur s'affaise en poussant un seul ah ! La meme frénésie éclate
c!ans l'expression des sentimenrs. L'amour se croit trop fade s'il ne va
pas jusqu'au sacrilege. Doña Francisca voudrait etre plus dévote pour
sacrifier a fray Eugenio la crainte de l'enfer et renoncer pour lui a
son áme. Pour effrayer sa filie, d. José Carvajal pose sur sa gorge un
poignard qu'il retire avec un sinistre éclat de rire. Sa femme hésite a
signer son dés'honneur. La dague a la main, il lui propose de lui donner
« de l'encre rouge » . I1 est pret a tous les crimes pour satisfaire une
passion plus brúlante « que la lave au sortir du volean ». Pour s'arracher a des transporfs sauvages qui aspirent a « une lignée de démons »,
la malheureuse et farouche Catalina consent a un enlevement dont le
signa! sera donné par le rugissement du tigre ; mais elle n'est délivrée
qu'au moment ou elle a été contrainte d'enfoncer sa dague dans la poitrine de son pere qui secoue vers elle sa main ensanglantée.
On devine l'indignation que souleverent de pareilles peinfures dans
!'ame des lecteurs candides. Cette indignation était d'ailleurs aussi maladroite que vertueuse. Le remede a toutes les horreurs étalées dans le
Théátre de Clara GaJJul et dans La Famille de Carvajal se trouvait fout
naturellement dans l'ironie avec laquelle elles étaient présentées.
L'épigraphe qui ouvre le livre indiquait déja !'esprit dans lequel il
faut le tire. Elle est tirée du conte par lequel Cervantes rép)ique a
l'impudent qui s'est' permis de fabriquer ttne seconde partie du don
Quichotte. Au: lieu de l'accabler d'injures, il se contente de •)ui narrer la
piquante histoire du fou de Séville qui, avec un tuyau de jonc, faisait
une boule ronde du chien qu'il avait attrapé dans la rue, et le lachait
ensuite en disant aux badauds att'roupés : « Vos Gria.ces penseront-elles
maintenant que ce soit un petit travail que de l'enfler ? » C'est dans cette
interrogation, qu'elle se garde de traduire, que la « comédienne espagnole » semble résumer le sens profond de son théatre: « Pensarán vuesas
mercedes ahora que es poco trabajo Jii11char ttn perro ». Si nous ne sommes pas avertis, tant pis pour nous. Nul n'a le droit d'ignorer son don
Quichotte.

(1) Cf. Le Citl et l'En/tr. Prosper Mérimée prcnd la peine de traduire en note ce juron si
espagnol ! (Cuerpo de Cristo).

Que de détails d'a'Ílleurs ou la mystification se laisse entrevoir avec le
plus malicieux sourire ! Au moment ou il nous rapporte l'autobiographie

..

�-8de Clara telle qu'il l'entendit un soir pres d'un brasero et d'un curé,
Joseph l'Estrange ajoute négligemment qu'il est loin de la garantir. A bon
entendeur salut ! La premiere des notes mises la fin de foh .Mrndo ou
le ¡,réjugé mine" est un chef-d'reuvre en son genre : « Clara Garul, y
est-il dit, a donné un patois galicien
Ines ; on sent qu'il esl' impossible
de rendre dans une traduction les légeres différences de langage qui distinl,'llent les habitants de plusieurs provinces de l'Espagne &gt;&gt;. 11 ne s'agit
de rien de moins que de la u 1égere différence » qui sépare le portugais du castillan. Quand on n'ignore pas que la prétendue traduction est
un piquant original, on sa,·oure cl'autant mieux la suite de la note annon~ant que dans la seconde partie d'/11ts M e11do le langage de l'héroine est
'&lt; beaucoup plus chatié ». Le plus dróle, c'e:,t lorsque ::\{érimée s'amuse
jouer la difficulté. Il imagine des jeux de mots qu'il déclare en note
« intraduisibles &gt;&gt;. 11 forge une phrase espagnole d'assez libre signif.ication et il s'excuse, toujours en note, de n'avoir su conunent traduire (1).
Ah ! !'adorable pudeur !

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A ceux qui pouvaient en étre clupes, ~Iérimée offrait plus d'une fois,
dans la scene finale, l'occasion de reprendre leurs esprits. Au moment oit
l,• résident éperdu implore son secours, Charles Leblanc luí répond. en se
tournant vers le public : « Vous n'avez qu'un parti
prendre, c'est de
clemander grace ces &lt;lames et ces messieurs ». (2). Apres que Hadji1,ouman s'est livré toutes les fureurs de L'Amortr africain, Baba-Mustafa vient annoncer que « le souper est prct et la piece finie &gt;1, et toutes les victimes s'ernpressent de se releV"er. Ines Mendo n'oublie pas non
plus de ressusciter la fin de Le Triomphe
préjugé pour solliciter
l'indulgence des spectateurs. On ne voit pas revenir doña Maria et sa victime dans le dénouement de L'Occasion, mais on est tout disposé accorder
Fray Eugenio la griice qu'il sollicite : « Ne m'en voulez pas trop
pour avoir causé la mort de ces deux aimables demoiselles ».

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C'est quelquefois par la violence froide du ton et par l'exagération
,·oulue des détails que se marque le mieux l'ironie. Comment prendre au
sérieux Zein-ben-Hurneida, lorsqu'il s'écrie avec simplicité : ce En naissant
j'ai donné la mort ma mere ; douze ans, j'ai crevé un reil mon pcre
d'un coup de Aeche... 11 ? Qu'il serait malheureux s'il n'était pas si plaisant ! Et quelles larmes ne verserait-on pas sur la pauvrc Maria qui se
jette volontafrement au devant des taureaux furieux, si l'on ne savait pas

a

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• ( 1) • :'\on, a'é&lt;;rie do~a Maria dana. la se~ne vm de l'OC&lt;asio", non, peraonne ne t'aurait
armé co_mme mo1. Et toa quand je 1er11 morte ... 11. A ces pointt de 1u1pen1ion correapond la
note 1u1v1nte
: . " T11• t• l,0l111rá1 co" •1111' e" t. "'"" compr11d11 d• mi di"1ro. Je ne aais
comment
traduare.
(l) Cf. la dcrni~re ac~n• de lu E1J,01no/1 hl Donc'"11rk.

\

a,·ec Fray Eugenio que c'est 1&lt; une espece de mode que de vouloir
mourir &gt;&gt;, et qu 'il faut ctre un enfant de son áge et de son époque pour
faire entendre ces plaintes de la vie !
Parfois aussi l'ironie fait avec l'horreur le contraste le plus rassurant.
Si l'on était tenté de s'indigner de l'amour du pretre Eugenio et de doña
Francisca, on oublierait bien vite la robe du confesseur devant la naíveté
de la pénitente. üne seule chose )'inquiete. « Nous n'avons pas d'asile,
&lt;lit-elle, nous bivouaquons. Comment ferons-nous daos la saison des pluies ?
Le jardín ne sera pas tenable 11. La maison de Carvajal ne serait pas
tenable non plus s'il fallait assister avec une angoisse ininterrompue aux
abominations qui s'y accumulent. 1fais on n'entend pas saos un sourire
doña Augustina déclarer qu'elle l'abandonnerait volontiers pour entrer
dans un cloitre « .dont la regle ne fut pras trop sévere ».
11 arrive enfin que l'ironie de l\Iérimée se révele par la couleur fran~aise de la satire que Clara Gazul est censée diriger contre ses compatriotes.
n Quelle différence, s'écrie Baba-Mustafa dans l'Amo11r africain, entre
nos femmes et celles des infícleles !... 01ez nous,... avec deux eunuques
011 gouveme vingt femmes ... mais allez chez les Espagnols. une femme
gouverne vingt hommes. n Est-ce bien
Léon que Baba-1\Iustafa a vu
les femmes des in'fideles et leurs mreurs ? 11 en parle, en tout cas, comme
s'il les avait observées París. Et comment croire aussi que dans L'Occa,...
sion doña Francisca n'ait appris qu'en Espagne et
La Havane
e, se monter la tete » en lisant toujours ce des romans anglais » ? 11 1
y a bien du couvent fra~ais dans son cas.

a

a

a

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Le Théatre de C/,ara Ga::ul n'est-il done qu'une spirituelle mystification ? Et nous est-il interdit de lui accorder la moindre valeur espagnole ? L'auteur prétendait imiter la comedia ancienne. JI ne cherchait
nullement, disait-il (1),
en éviter les défauts. It prenait grand soin
de terminer ses pieces
la maniere de Lope ou de Ü!.lderón, en sollicitant pour ses fautes l'indulgence du public. N'était-ce la que jeu d'espritet superficielle duperie ? Assurément, ce n'est que dans la seconde
1,1aniere de Mérin1ée, quand il aura visité et sérieusement étudié l'Espagne, qu'on trouvera un seos exact et une intime pénétration de son génie.
On peut, cependant, des sa premiere maniere, entrevoir ce que sera le
futur auteur de Carmen dans la justesse de quelques-uns des traits qu'it
dégage de ses lect'ures.

a
a

II note avec soin des détails qui ne laissent- pas d'etre caractéristiques.
11 sait la vanité que les « filies de Cadix » tirent de la petitesse de
. (_,) Cf. l'Av~rtissemc!'t de /"'' Me",;/º !)U le Prijug, v.iinc11. , L'auteur qui s·c,.1 étudié l
am}ter les anc1ens com,qucs cspagnols, na nullcmcnt chcrch6 l 6vitcr lcurs défauts ordin11rc1, tela que le trop de rapidit6 dan, l'action, le manque de dévcloppcmcnts, etc. •

�-

10-

leurs pieds. Il use avec une habite discrétion, pour habiller. ses héroines,
de la basquiña et de la mantilla qui n'a pas encore servi de parure aux
Andalouses de l\fontmartre. I1 met aux mains des gens de justice la vara
qui est !'insigne de leur profession. JI a appris dans El médico de su honra
que « l'épée et la dague se portaient attachées au méme ceinturon •. Ce
ne sont pas d'ailleurs de simples détails de costume qu'il emprunte seull!ment a la comedia. I1 semble déja se rendre un compte assez exact de
sa nature et de sa composition. II donne sur le mélange des tons auxquels
elle se complait, et sur ,es « joumées » qui correspondent a nos actes,
des explications judicieu~. II a le sentiment que les classiques espagnols
peignaient la vie telle qu'elle frémissait autour d'eux. Aussi n'hésite-t-il
pas a s'appuyer sur leur reuvre comme sur un document 'historique. C'esf
par l'Alcade de Zalaméa qu'il justifie la brusque intervention du roi
qui termine la premiere partie d'/nts M cndo. Peut-etre n'aurait-il pas
pu citer, comme il l'affirme, &lt;, cent autres pieces » aussi démonstratives. 0n voit, en tout cas, qu'il en a }u plus d'une et qu'il n'en fire
pas un mauvais partí.

a

:A-t-il réussi
donner quelque vérité a la peinture des sentiments
qu'il prete a ses personnages ? II flaut au moins luí reconnaitre le mérite
de s'étre attaché surt'out a ceux qui animaient les héros de la comedia,
c·est-a-dire
l'amour, a la dévotion et a l'honneur. 11 ne les met pas
encore sous leur véritable jour, mais la prépondérance qu'il leur accorde
est déja la meilleure preuve qu'il saura, quand il en aura l'occasion et le
moyen, de quel cóté diriger l'effort de son analyse. 11 n'y a, bien entendu,
ríen d'espagnol dans sa fa~on de parlcr des -inquisiteurs ou de la
confession. On n'aurait pas toléré de l'autre cóté des Pyrénées cetfe
raillerie élégantc d'un tribunal qui avait assuré l'unité religieuse de la
nation. On y aurait plutót compris les éclats d'une colere qu'on aurait
cléclarée impuissante ou les cris d'une haine qu'on n'aurait pas manqué
de proclamer aveugle. Ce n'cst pas en Espagne que Mérimée a appris
~on pcrsiflage, c'est
l'ecole &lt;le \'o!faire. llien de moins espagnol aussi
que des transports d'amour au grillage d'un confessionnal. Certes, le.;
faiblesses humaines pcuvent se glisser partout sous l'habit le plus sacré.
Devenu prétre, Lope de Vega ne cessa pas d'etre amoureux, mais il ne
cherchait point
glorifier sa. faute, et il n'y apportait pas le raffinement
pcrvers que doña Francisca trouve dans l'Occasiori aupres de Fray
Eugenio. Les amours « sataniques » sont de pure invention romantique.

a

a

a

I1 y a, au contraire, dans le TM.itre de Clara Ga::111 quelques matices
assez 'heureuses dirigées contre la piété espagnole, contre les super~titions
dont elle s'accommode et contre son réalisme familier. Lorsque, dans

lJ -

C11e femme est 1111 diable, Fray Antonio retourne contre la muraille le
tableau qui représente la Vierge afin qu'il ne soit pas témoin de son péché,
p1:uf-étre !'e souvient-il &lt;l"tme des plus jolies pages de Rinconcte y Cortadillo ; il fait, en tout cas, un geste assez naturel dans son pays. Ce n'est
pas non plus un trait mal observé que le désir des pénitents espagnols de
cí1erchcr une expiation, non pas tant dans la contrition que dans quelque
fondation pieuse ou dans quelque don l'église ou au couvent' (1). N'est:.
elle pas assez a sa place daos la « Nouvelle Grenade &gt;1 1 la scene qui
nous montre doña Catalina échappant au poison parce qu'elle s'aper~oit
qu'il n'est pas encore midi et que c'est jour de jeüne (2) ? Le trait est
aussi juste, mais un peu trop appuyé daos Le Ciel et l'Enfcr. Doña
lirraca se découvre le mercredi des Cendres des pudeurs inattendues ;
elle n'en subir pas moins le baiser et le juron qui ne lui auraient pas paru
si criminels le mardi gras. Est-elle vraiment préoccupée d'avoir, par
mégarde, un jour de jeüne, avalé une mouche dans son chocolat ? Heureusement, la mouche était tres pctite, et, comme le lui explique son
confesseur, « les petites, qui s'engendrent dans l'eau, sont maigres &gt;l,
tandis que « les grosses, qui s'engendrent dans l'air, sont grasses ». Ce
n'esf la qu'une drólerie, mais qui souligne spitituellement la dévotion d'un
peuple chez lequel tant de légendes cléricales fleurirent pour l'enchantenient d'une foi naive.

a

La peinture de l'honneur est loin d'étre aussi heureuse dans le T/rt,.itre
de Clara Ga~ul. Aucun Espagnol n'aurait accepté le mépris que don Luis
&lt;le Mendoza affecte a l'égard de la noblesse de son nom. Ce &lt;, grand de
¡,remiere classe » a beau avoir lu Séneque et les anciens et se dire
qu'apres tout c'est le mále qui anoblif, il parle de cette petite syllabe ;a,
qui fait sonner si bien Mendoza en comparaison de Mendo, avec une
légereté qui sent trop son philosophe et pas assez son grand seigneur. Et
comment admettre que son füs fasse inscrire dans un testament en
bonne et due forme qu'il a, au mépris des préjugés, épousé la filie d'un
bourreau ? Don Esteban Sandoval se pique d'un poinr d'honneur que ne
suffisent expliquer, ni son amour, ni « la prévoyance de son déces ». JI
parlait, au contraire, sur le ton des héros de Calderón lorsqu'il s'était
cngagé dans le duel qui luí a valu sa condamnation. La brusquerie avec
laquelle il donnait un souffiet et tirait l'épée pour l'enfoncer dans la poitrine d'un rival rappelait assez exactement les querelles sanglanfes qui
édatent daos la comedia a la prerniere rencontre facheuse, au moindre
¡,ropos blessant. JI n'est que juste enfin de reconnaitre qu'il arrive a

a

11) Cf. L, Cid d l'En[tr, se. 1 ; l.e carrosu du Saint-Sacrtmtnt qui sera pour la Perieholc
le ehariot d'Elic, et la Famill, d• Carvajal, se. 11.
(l) Cf. La Famille de Carja,·al, se. , ·111.

�-

12 -

Mérimée d'entrer assez avant dans l'étude de cet orgueil 'qui est pour les
héroines du théatre classique espagno) comme une sorte d'honneur féminin. Le monologue dans lequel doña Maria s'efforce de se dre:ser
au-dessus de doña Francisca et imagine un trépas qui soit pour son amie
1.m 5upplice et pour elle-meme une gloire e.,t écrit quelqueíois avec des
mots qui passeraient sans peine au castillan (1).
Aucune des ré -erves que nous pouvons faire aujourd'hui sur la valeur
e~pagnole du Thootrc de Clara Ga::ul ne se présenta !'esprit de ses premiers lecteurs. On y vit, au contraire, le plus beau triomphe de la plus
exacte des couleurs locales. Des 1825, Le Globe proclamait que l'auteur
cie ce théatre complétait la révolution accomplie par W a1•erley dans la
partie épique en portant la vérité des mreurs et des caracteres « dans les
passions et par contre-coup dans le drame (2). On ne sentit point l'ironie
qui se glissait
peu pres sous chaquc ligne, et' les violences froides
auxquelles se complai5ait une fantaisie amusée pas$erent pour les découvt:rtes soigneusement contrólées d'un observation réfléchie. Aussi le
Thltitre de Clara Ga.sul exer~a-t-il des son apparition une influence considérable. C'est de lui que dérive cette école dramatíque qui chercl,era ses
plus nombreux accessoires dans l'armoire aux poisons ou dans les coUections de poignards. C'est sous son inspiration que l'amour d'un pretre ou
la séduction d'une nonne paraitront
Dumas le pere et
ses érnules les
sources naturelles des plus fortes émotions dramatiques.
Victor Rugo lui-meme devra
Mérimée beaucoup plus qu'on ne l'a
&lt;lit. II lui empruntera d'abord quelques termes et quelques tours. Doña
Sol parlera comme la 1Iojana de l'Amour africoin quand elle s'adressera
i;on !ion superbe et généreux ». Les plaisanferies de la Périchole 5Ur
les vice-rnis qu'il faut pour faire la monnaie d'un capitaine ou d'un
matador, et les formalités nécessaires pour tenir sur les fonts de baptcme
t•n cacique indien qui portera désormais douze noms chrétiens (3), pour
ne rien dire des graves réflexions sur le baillement ordinaire de l'inquiétude (4), tous ces contrastes savoureux et tous ces gestes panache que
Mérimée esquissait avec un sourire, font songer des effets marqués plus
fortement par la griffe du jeune chef de l'école romantique.
L'imitation est quelquefois plus directe. Relisez la scene dans laquelle
Zein-ben-Humeida réclame l'exécution de son serment
son ami HadjiNouman : « N'as-tu pas juré par la Caaba la prohibée, par les tombeaux
des prophetes, par ton sabre, de m'accorder ma premiere demande ? »

a

a

a

a

a

a ,,

a

a

a

l I J Cf. L'Oc.,uio11, se. rn1.
12) T. 11, p . 621.
13) Cf. L• Carro1u du &amp;int-Sacr•1111nt.
I◄ J Cf. L'Omuion,

13 -

En vain Hadji-Nouman, pour ne pas se séparer de la femme qu'il aúne,
propose son ami de lui céder tous ses biens. Zein-ben-Humeida préfere
retourner
ses tentes du désert oi.t, il ne rencontrera pas de parjure. Le
vieux Ruy Gomez n'exigera pas d'Hemani a\'ec une moindre énergie qu'il
renonce doña Sol en renon~ant la \'le. Mérúnée fournit meme Víctor Hugo des indications qu'il mettra profit dans des drames dépourvus
de toute couleur espagnole. 1lme de Coulanges et' don Juan Díaz ont un
róle et prononcent des paroles ou s'annoncent déja l\farion de Lorme et
Didier (1).

a

a

a

a

a

a

L'influence du T/1/ütrc de Clara Ga.=ul a été si grande qu'elle n'est pas
encore épwsée. Elle se fait sentir dans presque toutes les pieces contemporaines ou il est question de l'Espagne. Pour ne citer qu'un exemple, un
eles tableaux les plus applaudis de La Sorcicre de M. Sardou, celui qui
nous fait assister un interrogatoire du tribunal de l'Inquisition n'est que
le développement de la scene dans laquelle Fray Antonio fait comparaitre entre deux familiers du Saint-Office la malheureuse Mariquita (2).
C'est qu'en effet, le TJ,Mtre de Clara Ga:ul n'a pas médiocrement contribué répandre quelques-uns des préjugés dans lesquels se résume l'état
actuel des connaissances sur l'Espagne d'un assez gand ~bre de Fran~ais. On continue
prendre au sérieux les boutades d'un jeune 'homrne
spirituel, et
voir des traits de mreurs oi.t il n'y eut d'abord que des
traits d'humour.

a

a

a

a

11 J Cf. L.s Esfx,gnol, ,,. Dan,mork, Journée 11, fin de la se. 111, et Journée 111, se. 111. • Du
moment que je vous ai connu, s'écrie Mmc de Coul1ngcs, j'1i en quelque 1ortc changé
d 'lme ... me, ycux ,e 1ont ouyerts... pour la premi~re fois j'ai pensé que Je f1isais mal... j'ai
voulu \'Oua 1auvcr... O don Juan l l'amour que je1cn1 pour vous, souffrcz que je parle cncorc
de mon 1mour... mon amour pour vous m'a renduc tout autre. - Ecoutc, répond don Juan,
écoutc, Eliaa, sois franche; une sculc quc11ion ... u-tu j1mai1 causé 11 mort d'un hommc ?...
Mais non, ne me réponds pas... je ne te demande ricn ... je n'ai pas le droit, moi, de te
dcmander cela ... .Moi l ... cte. •
(2) Cf, Un, f•mme ut "" dioble, se. 1 :
ANTos,o, lu y•ux ftrmi,. - M1i1 commcnt nous expliquercz-vous que le plant de Juana
Mcndo I été détruit par une inondation.
M..1uQ~tTA, riant, - L'expliquer ? non certc,. Dcm1ndez au Geyar pourquoi il s'est
débordé.
A.'ITON10, d• mime. - Et c'e11 précisément l vous que je le demande. Pourquoi luí a1·cz1·ous dit de 1c déborder ?
MARIQUITA, - Ah fl I sommcs-nous l jeun et dans notrc bon sens? Me prenez-vous pour
une 1orcícre?
J
AsTos10, dt mlm,. - Vous le di tes.
MARIQCtTA. - Mcrci de moi I Si vous ne me faisiez pas trcmbler avec votrc grossc voix,
vous me fericz mourir de rirc.
A.'&lt;TOs10, de mime. - Vos rircs pourront IC ch1nger en !armes ! - Vous niez done noir
jeté un aort aur les olivicrs de Juana Mendo?
MAtUQt::ITA. - Est-ce que je s1i1 jcter de, sorts, moi?
AsTOs10, de mime. - Tous péché, peu\"ent s'cxpier. Femme, je t'adjure 1u nom de ton
créa1eur; dis 11 vérité, si tu ne vcux pu la mort de ton lme.
Ah1ttQtJtTA, - Est-ce que, ai j'étais sorci~re, je ne mo acrais pu déji en,·oléc d'ici pu la
chcminéc?
ANTos,o, de mlm.,. - Réfléchissez et trcmblez ; plus t1rd il ne senira de ríen de vous
rétracter, etc.

�-

14 -

a

Fau t-il en vouloir
Mérimée ? II est toujours dangereux de se facher
contre les gens d'esprit ; il suffit de ne plus en ctre les dupes. Ce n'est
pas dans le Théµtre de Clara Ga::ul qu'il faut étudier Mérimée comme
hispanisant ; c'est daos les r écits historiques et daos les nouvellcs qu'il
écrira plus tard, quand
l'ingénieuse mystification se substituera la studieuse compréhension. Le Théátre de Clara G~ul n'en conservera pas
moins sa place et son importance daos l'histoire de notre littérafure, car
il nous aide mieux comprendre le milieu -dans lequel va éclatcr la fanfare triomphante d'Hrmani. Tant pis pour q ui garder ait cncore quelque
rancune son auteur. Ce n'était pas apres tout l'ceuvre du premier vcnu
que « d'enfler ce chien ».

a

Le Carrosse du Saint-Saaement

a

a

Saynete
Tu verás que mis finezas
Te desenojan.
C4LDlltON, Cvo/ u lo mayor pcrjcccion,

PERSONNAGES :
Don ANoRa os RtaiRA, Vice-Roi du Pérou.
L'EvtQus de Lima.
Le Licencié TuoMAS o'EsQUl\'KL.
Mu.T1Nu, Sccrétaire intime du Vice-Roí.
BALTIIASAR, Valct de Chambre du Vice-Roi.
CA1111LA PiR1c110LE, Comédienne. ,
La Scene est • Lima en 17•••

U:

CADINET

DU

VICE-ROi

Le Vice-Roí, en robe de cl1a111brc, assis dans 1m grand fauteuil, aupres
d'u11e table couverte de papiers. Une de ses jambes cnvclop#e de fla11elle
repose sur m, coussin. .M arti11c::, dcbout aupres de la table, tme tlume a

ia main.

MARTINEZ. Altesse.

Messieurs les J\uditeurs attendent la réponse de Votre

LE V1cE-Ro1, d'un ton cliagrin. -

Quelle heure est'-il ?

:\fARTINEZ. - Bientót dix heures. Votre Altesse a justement le femps
ele s'habiller pour la cérémonie.
LE V1cE-Ro1. -

Le temps est beau, dis-tu ?

MARTINEZ. - Oui, Monseigneur. .11 souffie un vent frais de la mer, et
il n'y a pas un nuage dans le ciel.

�-

16-

LE V1cE-Ro1. - Je donnerais mille piastres forte~ P?ur qu'il p)Üt ~
verse Alors je resterais volontiers dans mon fauteml a. me dorloter ,
mais. ar un temps comme celui-ci... quand t~ute la v11le se_ra dans
l'égl~ .. renoncer a se montrer, et cédcr le prcm,er rang aux aud1teurs l. ..
Ainsi Votre Altesse se décide...
LE VicE-Ror. _ Les mutes sont atte1,ees ';&gt;...•
MARTIXEZ, -

... 1:ARTIN EZ. - Ou,·, 'l.,fonseigneur
1,
l&gt;
, elles sont attelées a ce beau carrosse
qui vous est arrivé d'E!lpagne.
.
.
vu un semblaL E \ r ICE-Ror · _ Le~~ habitanfs de Lima n'en ont 1ama1s
·
'
) ' ' )a 1
bl
Quel effet cela va produire !... et je renoncera1s a ~e p amr- ..
ma foi !. .. Mes deux gardes (r) sont habillés de neuf, et Je ne me :,U~:,
as ~ncore montré au peuple avec mon habit de gala et la pl~que dont J_e
P.
v1ens d'-t
e re dec'ore'... On ne peut perdre une aussi belle occas1ond... Mart1-l
·•·r,,:
Une
nez, J 1 .... ,. oui , vive Dieu ! et je marcherai.
.
~1 fois
·
;,au bas u grane
e~calier, le plus fort sera fait. Qu'en d1s-tu, • artmez .

N:;;

l\1ARTINEZ. _ Le peuple sera enchanté de voir Son Altesse.
LE VtcE-Roi. _ J'irai, morbleu ! et les Audit~u_rs, qui ~•attenda~ent a
·1ouer le premier róle, en creveront de dépit:·· D ailleu~s, J~ ~e puis me
.
d'y alter ... L'e'veque doit faire a1lus1on, en chaire,
a 1ordre
dont
(11spenser
.
1
r
· v1ens
·
d'·t
JC
e re dec'ore'... 11 est agréable de s'entendre dire ces c 1oses-- a...
Allons un effort'... (/l sonne. E11tre Baltliasar). Qu'on m'apporte mon
)¡ b ·t d' gala
place
,a 1 e
•·· Toi , rep'onds aux auditeurs qu'ils aient' a prendre
r
d
derriere moi pour ta cérémonie. Balthasar, donne-moi des sou 1ers et es
bas de soie... Je veux alter a l'église.
BALTHASAR. _ A l'Eglise, 11onseigneur ! et le docteur Pineda qui a
&lt;léfendu que Votre Altesse sortit !

I,E \ r ICE-Ror . _ Le Docteur Pineda ne sait pas ce qu'il dit... Jei\lsais bien
'
~i je suis malade ou si je ne suis pas ... Je n'ai p~s la go~tte. •. on ~re
111 mon grand-pere ne l'ont jama!s eue... JI _voudra1t me fa1re roire qu on
a ta goutte a mon age !... i\lartinez, que! age me donnes-tu .
)IARTIXEZ, embarrassé. visage... a coup sur...
LE V1cE-Ro1. MARTINEZ. -

)fonseigneur... Votre Altesse a ~¡ bon

Je gage que tu ne devines pas... eh ?

. ';&gt;....
Quarante... Hem

LE VicE-Ror. _ Va, va, tu n'y es pas... Allons. Balthasar... habillonsnous... (/l fait des r/forts po11r se lc..·cr). Aidez-moi done,_ vous autr~s ..
plus doucement... Aie... Plus doucement, morbleu ... Je ne sa1s ce que e est,
mais il me semble que j'ai dix mi lle aiguilles dans ma pantouAe.
( 1)

DALTHAZAR. -

dangereux.

17 -

Ne vous exposez pas

a l'air,

Monseigneur ; cela serait

LE V1cE-Ro1, essayant de marcher. - Oh ! Vive Dieu ! quellt douleur ! Jamais je ne pourrai mettre des souliers... ma foi !... Oh ! corps du
Christ !... Parbleu ! va-t'en au dia ble a vec tes bas de · soie et tes souliers ...
]'aimerais autant etre mis a la torture. (On l'assied). Avance ce tabouret...
Ouf ! Je ne sais, mais je ne souffrais pas comme cela tout a l'heure.
IlALTHAS.\R. - Que Votre Altesse songe aux recommandations du docteur Pineda... 11 dit que vous devez éviter le grand air... Et puis la cérémonie sera fatiguante... lJ faut rester longfemps debout...
LE V1cE-Ro1. - Oui, c'est la fatigue que je crains... car je ne suis pas
malade... Meme, je suis assez bien, maintenant ... et je pourrais sortir si je
voulais... .Mais je ne veux pas me rendre malade pour le sot plaisir de tenir
un cacique indico sur les fonts du bapteme... Baste ! Martinez, écris a
l'Auditeur don Pedro de Hinoyosa qu'il tienne l'enfant... c'est-a-dire le
cacique, a ma place... Voici les douze noms qu'il doit porter... Je lui
souhaite bien du plaisir... Balthasar, óte-moi ces habits de devant les yeux...
je ne veux pas avoir de regrets... Sotte chose que la gloire de montrer
des galons, des rubans et des broderies l Qu'on m'envoie aussi Pineda,
s'il n·est pasa ce bapteme du diable... Donne-moi un cigare et du maté (1).
Allons, puisque je suis obligé de garder la chambre e( que je n'ai rien a
faire, je vais m'occuper des affaircs de ce gouvernement... Balthasar, je
n'y suis pour personne, pour personne absolument. (A Marti11e.::). As-tu fini,
voyons ? (ll lit la lcltre que Marti11e= vient d'frrire). Bon ... vive Dieu I tu
oublies de mettre avec mes litres... chevalier de Saint-Jacques... Parbleu,
je le suis depuis six mois en Espagne et depuis trois jours au Pérou.
MARTIXEZ. -

ajo11te ce 'titre

Je demande pardon de ma négligence

a la leltre).

a Yotre Altesse.

(fl

LE V1CF:-Ro1.
Dalthasar, envoie un écuycr avec cette lettre... Allons,
Martinez, travaillons. I1 y a bien des dépeches dans le porteíeuille, n'est-ce
pas?
_,J

MARTINEZ. - Oui, Monseigneur, j'allais en entretenir Yotre Altesse.
Pour commencer par le plus pressé, voici une lettre du colonel Garci
Vasquez, lequel annonce qu'il regne une grande fermentation dans la province de Chuquisaca ; que les Indiens font' des assemblées fréquentes, et
que, s'il ne re\oit pas de prompts sccours, avant un mois, ils seront en
pleine révolte.
LE V1cE-Ro1. - Martinez ? ~Iais il me !-emble que tu m'as déja parlé
de quelque cho~ de semblable. Le colonel Garci Vasquez, et la province
de... de... diables de noms indiens. Pourquoi tous les indiens ne parlent-ils
pas espagnol ?

Les vicc-rois du Pérou et .du Me1ique ont le privil~ge d'l\·oir deux gardcs.
( •) Esp«e de bois~on en usage dans le :-;ou,-eau-Monde. C'e.t une e,~ce de th~.
2.

�-

.-

18 -

a

19-

11ARTIXEZ - Chuquisaca, .Monseigneur. J'ai eu l'honneur de faire ce
sujet un rapport a Votre Altesse, il y a deux mois, la dernierc fois qu'clle
.1 éprouvé une attaque de goutt:'e ... je veme dire, la derniere fois qu'elle a

,~e t_rompe: a ce que le perroquet soit étranglé et la seiiora, sa maitresse,
repnmandee et muletée.

úé indisposée.

~~ARTl:'"EZ· - M~nseign_eur: voici le fait. l1 ne s'agit que d'une aimable
esp1eglene
• passe
,, · A de la. senora Cam,la. Le perroquet, quan d 1a marqu,~e
s ecr,e :
c~mb~c~ l'au11e de drap ? Or, comme la marquise, avant' &lt;l'é u~
ser le marqu,:., eta1t lfille d'un ri.che marchand de drap elle ·t . ~ po
offensée de l"allusion.
'
es gncvement

Eh bien, qu'ai-je répondu ?

LE V1cE-Ro1. MARTINEZ. -

\'ous avez dit que vous y songeriez.

LE V1cE-Ro1. - Ah ! Eh bien !... ~ous n'avons gut:re de troupes... A
combien de licues de Lima se trouve cette province de... tu :;ais bien ¡,
MARTINEZ. - A pnb de trois cents licues d'Espagne.
LE V1cE-Ro1. - Vraiment... je croyais que c'était bien ))lus pres... Eh
bien ! le cas est difficile, et il ne faut pas prendre de résolutions a l'étourdie. - ]'y songerai. - Quel autre papier tiens-tu la a fa main ?
)lARTINEZ. - C'est une supplique de Francisco Huayna Tupac, soidisant dcscendant de la main gauche de l'ynca Huayna Capac, lequel
demande a joindre a son nom le titre d'ynca, a en porter les armes et a
jouir des privileges dont jouissent les autres yncas.
LE V1cE-Ro1. -

Et, e~t-ce qu'il n'y a rien pour accompagner cetfe

demande?
11ARTINEZ. - Pardonnez-moi, Monseigneur. Environ une aune ct demie
de satín de la Chine sur laquelle est peinte la généalogie de l'impétrant,
depuis ·Manco Capac, Titu Capac,• l.Joque Yupanqui ... des noms a fairc
dresser les cheveux sur la tete...
LE V1cE-Ro1. - Ce n'est' pas la ce que je demande... Mais, quan&lt;l on
,·cut obtenir quelquc chose de ce genre-la, on s'y prend d'une autre
maniere ... Ce n'est' pas une petite affaire que celle de vérifier une généalogie comme celle-la. C'est ordinairement !'affaire de mon secrétaire ... et je
ne suis pas faché qu'il tire quelque profit de son travail... Apres cela, si
ce secrétaire est homme d'esprit... Tenez... informez-vous a votre prédéccsseur de ce que vous avez a faire.
:\IARTINEZ. -

Je comprends. Cet ynca est fort riche...

LE V1cE-Ro1. -

Passons

a une autre affaire.

Pourquoi ricz-vous ?

MARTINEZ. - C'est' une plainte portée par la marquise d'Altamirano
contre le perroquet de la señora Camila Perrichole et la señora Perrichole
elle-méme.
LE V1cE-Ro1. -

Autre folie de cette méchante filie !

MARTINEZ. - Attendu que le perroquet susdit, a l'instigation de la
défenderesse, toutes les fois que la marquise passe daos la grand'rue,
l'appelle en des termes que la pudeur de la demanderesse lui défend de
répéter, elle conclut a ce que la señora Perichole soit étranglée... Non, je

LE V1cE-Ro1. -

Que dit done ce perroquet ?

Cette fille-la' me b rouil lera avec toutes les dames de

LE Y ICE-Ro1. Lima.

~IARTI!'.EZ.
- Voici une lettre de la comte~sc
de 'nlontemayor qui se
1
d'
~
p.amt
•
une
tentative
de
la
señora
Pericholc
pour
la tourner en ridicule
héa
au t
tre, dans la Saynete de la « Vieille Coquette ».
LE V1cE-Ro1. - Encore ?
MARTINEZ. - Votre Altessc sait avec quelle rf .
. . .
actrice saisit et rend tous les ridicules.
pe ectaon cette mun1table
LE V1cE-Ro1. - Oui, mais eJle passe les bornes
.
Je la tancerai verternent. Vive Dieu t J
. . , et ~e respecte nen.
rart' dramatiqu
. . '
. e me su1s mteresse toute ma vie a
e, ma,s Je n entends pas qu'on se perm tt d
injurieuscs pour des femmes dont les famill
: e es pe~sonnalités
grand tort a M d "d
es pourra,ent me fa1re le plus

a n.

MARTI!\EZ - Voici la pétition d'un cap,·tame
·
•
.
mvaltde
LE
V1cE-Ro1
_
e•
...f .
.
.
en est assez. Je commence a
•
l1rons le reste une autre fois . m .
d
me atiguer. Nous
sujet de la Perichole. je veux • mo:s~=l\;::/ue nous en sommes sur le
a creur ouvert.
'
mez, que tu me parles d'elle
MARTINEZ. Altesse ?

1\1o,,· 't
n onseigneur ;, Eh ' que pourr . . d'
·
•
ais-Je 1re

a Votre

LE \'rcE-Ror. - Oui je veux u t'
d"
en dit dans la v'll d ' 1
. , ~ e u me ,ses franchcrnent ce qu'on
~
.
t e, ans es soc1etes que tu fréquentes.
• IARTI:-.Ez. - On en parle partout comme d'un talent de prem·
d
LE VICE R
B
ter or re.
01
· on ! ce n'est pas cela
·
savoir ce que l'on &lt;lit d
1· .
que Je te demande. Je veux
e ma taison avec cette filie •
·
,
en sommes, le mystere serait inut'I
B'
' car, au pomt ou nous
1
•
e. ien que tu sois depu ·
•
serv1ce, tu as saos doute deviné Q d' bl t
is peu a mon
,,. R •
... ue ta e on est homme t
vice- 01, on n'est point oblig' d
.
·
, e pour ctrc
e e v1vre comme un saint.
MARTINEZ. - l\fonseigneur V t
Al
et •·1 f
.
.
' o re
tesse fait beaucoup d'envieux ;
' s t aut tout d1re, elle fait aussi des envieu!-ts.
ctr:Ep~:c:~~otr~

~

:ª:!:~: /

Mais il y aurait dans ce que tu &lt;lis... peut-

�-21-

-20-

MARTINEZ. -

Ah ! Monseigneur, je ne dis que la vérité !

LE VicE-Ro1. - Comme je sais que tu m'es entieremeut dévoué, je
veux bien te faire une confidence ; mais c'est' a condition que tu paieras
ma franc'hise par une franchise semblable. Tu sais que je ne suis pas de
ceux a qui on fait voir des étoiles en plein midi ... ainsi, fais bien attention
a ce que tu vas dire.
MARTINEZ. - Monseigneur, je parlerai a Votre Altesse commc si j'étais
devant mon confesseur.
LE VICE-Rol. - Eh bien I Martinez, apprends ce qui me tracasse. La
l'erichole est au fond une bonne filie, mais fort évaporée. Elle fait san'&gt;
cesse des imprudences qui peuvent la compromettre et ·moi aussi. Tu sens
bien que je ne crains pas qu'elle me trompe. Non, non, il ne s'agit pas Je
cela, et la pauvre fille est loin d'y penser ; mais j'ai peur qu'a la villc 011 ne
s'imagine qu'elle me trompe...
l\1ARTI:-:Ez. -

Ah ! Monseigneur...

LE \'IC'E-Ror. - Le monde est méchant et ne respecte pas les personnes d'un rang élevé. D'ailleurs, les apparences sont quelquefois trompcuses... Toi-méme, Martinez, est-ce que tu n'as rien observé dans sa conduite
qui t'ait donné des inquiét'udes ?
MARTINEZ. -

Comment votre Altesse peut-elle croire.....

LE VICE-Ro1. - Tiens, pour te mettre a ton aise, je veux bien te dire
que tu ne plais guere a la Perichole. Elle m'a demandé ta pla:e ; tu ne
devineras jamais pour qui ?... pour le neveu de son cordonmer. 11 est
vrai que ce cordonnier lui fait des souliers admirables. Dieu ! Lorsqu'clle
danse dans la Gita11iJla avec des bas de soie roses et des souliers couverts de
paillettes ... ah ! Martinez, Martinez, qu'elle est jolie 1
MARTINEZ, d part. - La traitresse !
\ LE VICE-ROi. - Comme je te suis attaché, je l'ai renvoyée bien loin.
:,Iais tu vois par ce trait que la Perichole ne t'aime point. Amsi, tu n'es
pas tenu de la ménager. C'est pourquoi, je te le répet'e encore une fois,
parle avec toute franchise !
MARTINEZ. - Ah mon bon maitre !
LE V¡cE-Ro1. - Je t'écoute ; mais prends bien garde de mentir avec
moi.
l\1ARTINEZ. - Comblé comme je le suis des bontés de Votre Altesse, je
11r. sais pas en vérité comment je pourrais jamais les reconnaitre. Mais
surtout que la confidence que votre Alfesse a daigné me faire me met
ctans un grand embarras ... car maintenant je n'ose dire... Ce n'est pas que
j aie a dire quelque chose... qui puisse porter préjudice a la señora Perichole... Mais peut-etre Votre Altesse pensera-t-elle au premier abord, que

c'est... en quelque sorte... un motif de vengeance... s'il est permis d'appeler
vengeance... ce qui ne peut riuire ... car votre Alfesse sans doute ne lui en
voudra point... puisqu'apres tout... il ne s'agit que de bagatelles.
LE V1cE-Ro1. -

Quelles bagatelles ? Explique-toi.

l\fARTINEZ. - Oh ! ríen de sérieux. Il est certain que la señora Perichole
vous aime... Votre Altesse est si bonne ! qui pourrait ne pas l'aimer ?
Peut-etre était'.-ce par pure méchanceté qu'on me le disait... car, comme
l'observait íort bien Votre Altesse tout a l'heure, le monde est méchant.

LE V1cE-R01. - Qu'est-ce qu'on te disait ?
l\IARTI~EZ. - Il ne faut pas que Votre Altesse attache de l'importance
qu'il me disait, car ce n'est que le premier garc;on du marchand de
soieries de la rue du Callao... Et je ne devrais peut-etre pas redire a Votre
Altesse les propos que tiennent les personnes de cette classe... Votre
Altesse ne daignera peut-efre pas les entendre, mais enfin Votre Altesc;e
m'a commandé de dire ce que je sais, et je ne puis dire que ce qu'on m'a
dit.

a ce

LE V1cE-Ro1. -

Corps du Christ ! dis done ce qu'on t'a dit !

iIARTINEZ. - Ce jeune 'homme, qu'on iappelle Luis Lopez, et qui
appartient d'ailleurs a une honnete famille, m'a dit, comme nous parlions
de soieries, qu'il avait vendu l'autre jour huit aunes de satín cramoisi au
capitaine Heman Aguirre, qui l'avait payé, sans marchander, dix ducat's
!'aune.
LE VxcE-ROI. -

Au fait !

MARTINEZ. - Eh bien, Monseigneur, Luis Lopez prétendait avoir vu
ce meme satín cramoisi fac;onné en robe, et porté par la señora Perichole.
Vous souvenez-vous de la robe qu'elle avait dimanche soir ? C'est cellela meme. Mais rien de plus probable que Luis Lopez se sera trompé. ..
d'autant plus que le capitaine en payant disait : « Je ne marc'hande pas,
car c'est pour ma maitresse. »
LE V1cE-Ro1. -

Pour sa maitresse !

MARTINEZ. - Preuve, selon moi, qu'il se frompait ... Moi, je lui ai
parlé vertement, et je lu-i ai dit ce que je pensais de sa belle histoire...
Mais, si je l'avais cru, i1 m'en aurait conté bien d'autres.
LE V1cE-Ro1. -

Quoi done encore ?

MARTINEZ. - Oh ! de ces hrstoires qu'il a ramassées je ne sais ou...
Par exemple, qu'un soir un sergent de ronde attrapa dans la rue du Palais
un homme qui n'avait qu'un manteau par-dessus sa chemise : a la vérité,
il tenait ses chausses a la main. D'abord, on le prit pour un voleur ; mais
arrivé au corps de garde, le lieutenanr de service vit que ce prétendu
voleur était le capit'aine Aguirre. Mais qu'est-ce que cela prouve ?

�-

LE V1cE-Ro1. -

22

Quelle nuit ?

l\IARTINEZ. - II disait la nuit du vcndredi au samedi ... Cette nuit que
nous avons attendu si longtemps... Mais, dans la rue du Palais, il y a
quelques &lt;lames qui ne sont pas des plus farouches ... Je présume que le
capitaine courtise la séñora Béatrix... Ah ! mais je me trompe ; car il y a
pres de quinze jours qu'elle est partie pour Quito... Si ce n'ec,t elle,
ce sera une autre.
LE VrcE-Ror. -

Est-ce la tout ce que tu sais ?

MARTINEZ. - Hélas ! M:onseigneur ! Votre Altesse sait bien que les
médisances ne s'arretent jamais en beau chemin, et qu'une fois que les
mauvaises langues ont commencé a s'exercer sur quelqu'un, elles trouvent
bientót qui leur fait chorus... Mais ce qui me reste a dire est si ext'ravagant, que je crains d'ennuyer Votre Altesse en le lui répétant.
LE VtcE-Ror. -

Point. Cela ne m'ennuie pas. Continuez.

MARTINEZ. - Au dernier combat de taureaux ... en vérité la médisance
est assez bien arrangée pour les détails, mais pour le fonds elle est d'une
absurdité criante. Au dernier combat de taureaux, Votre Altesse a peutctre remarqué un grand gaillard bien fait, léger comme une panfocre,
courageux comme un lion, un cholo (r) nommé Ramon, et qui est l'un des
habiles matadors de Lima ?
LE V1cE-Ro1. -

Eh bien?

MARTINEZ. - On dit... vous savez que les faiseurs de médisances disent
tout et: qui leur vient a !'esprit .. on dit qu'il n'est pas sans exemple que
quelques-uns de ces messieurs aient osé prétendre aux bonnes graces de
certaines &lt;lames de haut parage ... et, ce qui est' bien plus extraordinaire,
que l'on a vu des &lt;lames, distinguées par leur naissance ou autrement,
s'abaisser jusqu'a favoriser les prétentions de ces misérables. Je crains
ele fatiguer Votre Altesse qui me semble souffrir en ce moment.
LE V1cE-Ro1. -

Oui, mon pied me fait grand mal.

MARTINEZ. Or done, quelques gens oisifs et méchants, comme Dieu
merci il n'en manque pas , a Lima, ont prétendu surprendre des reillades
fort enAammées que le mat'ador larn;ait a la belle comédienne. N'a-t-on
pas remarqué encore que cet homme, qui est consommé dans son art, au
lieu d'attirer le taureau sous la loge de Votre Altesse pour le tuer la,
comme tout matador bien appris a coutume de le faire... eh bien ! ce
Ramon, au contraire, se postait sous la loge de la señora Perichole, lui
faisant ainsi tous les honneurs de la fet'e. Il faut avouer qu'il y a des gens
c;ui trouvent du mal partout, meme daos ce qu'il y a de plus innocent ! Par
exemple, a cette meme course, la séñora a fait quelque chose qu'ils ont

(1) Un cholo est le fila d'un multtre. On appelle mulltres ceux qui sont nés d'une
indienne et d'un n~grc, ou d'une négressc et d'un indien.

-

23 -

bien mal interprété, et qui au fond n'a ríen que de naturel. Au moment ou.
lt&gt; taureau noir et blanc, le plus t'errible de tous, a été abattu par Ramon,
le collier de perles de la señora Perichole est tombé dans !'arene. Ramon
l'a ramassé et l'a passé a son cou, apres l'avoir baisé avec respect. Mais
moi, je suis convaincu que ce collier est tombé par accident, puis par
générosité la señora l'a abandonné au matador, lequel, au reste, ne l'a pas
vendu, comme bien des gens de sa profession l'auraient fait a sa place, pour
aller en dépenser le prix au cabaret. Lui, au contraire, le porte a son cou
par la ville, fier comme un paon, et bravan{ encore plus qu'a l'ordinaire.
Que Votre Altesse imagine quelle fortune que cet accident pour la médisance ! Aussi Dieu sait comment les gens travestissent !'affaire. Suivant
eux, la señora Peric'hole ,se serait élancée hors de sa loge, elle aurait
arraché elle-meme son collier expres, et l'aurait jeté au matador, en
crianf : Bravo, Ramon ! La señora Romer, du grand théatre, et qui se
trouvait daos la meme loge (mais c'est la jalousie qui la fait parler), elle
a dit que la señora Perichole s'était écriée : Bravo, mon Ramon ! J'étais
trop loin pour entendre, mais je gage qu'elle a menti ; car elle est si
méchante, tenez, qu'elle ose dire qu'a la derniere représenfation de « la
Pille de l1Air », la couronne qui est tombée aux pieds de la señora Perichole avait été lancé par Ramon le c'holo. Enfin, elle va jusqu'a conter que
Ramon est entré quelquefois dans sa loge au tbéatre, et que meme il va
chez elle. Ce n'est pas que le dróle ne soit assez hardi pour tout oser. Il se
croit un Adonis malgré sa peau tannée ; il joue de la guitare, il jouerait
des couteaux aú besoin... personne aupres de lui n'oserait fousser ou se
moucher quand la Périchole chante... C'est un homme précieux pQUr une
actrice. La Romer ajoute que la señora Perichole s'enferme quelquefois
des heures entieres avec luí, surtout quand Votre Altesse va a la chasse
ou lorsqu'elle est malheureusement indispos'ée.
LE V1cE-Ro1. -

Est-ce la tout ce que vous savez ?

1\fARTINEZ. - De semblables propos la kyrielle ne finirait jamais ; mais
comme j'y attachais peu d'importance, et que je présume que Votre
Altesse...
LE VrcE-Ror. - Monsieur Martinez, vous étes un faquin.
MARTINEZ. - Monseigneur !
LE VrcE-Ror. -

Un insolent, un effronté menteur.

1WTINEZ. - Monseigneur, je n'ai ríen dit a Votre Altesse que ce que
j'avais entendu dire.

LE VrcE-Ror. - Et voila, Monsieur, ce qui prouve votre impertinence.
Comment ! vous osez me débiter insolenm1ent comme parole d'évangile
tous les sofs bavardages que vous entendez dans les coulisses ! Qu'allezvous faire dans les coulisses ? Est-ce la votre place ? Vous donné-je des
appointements pour cabaler avec les acteurs ? Vous ne faites rien ; vous

�-24 -

étes un ,paresseux ... et un menteur. Il n'y a pas un mot de \'rai dan ce
que vous avez eu la hardiessc de me soutenir en face. Comment ! misérable, vous osez me dire que je suis le ri\'al d'un marador ! d'un chob !
MARTIXEZ. -

Non, Monseigneur, ... je ne dis pas ...

LE V1cE-Ro1. - Je connais la Pcrichole. C'est une excellente filie, qui
n'aime que moi. Vous etes un menteur, un impudent menteur et il n'y a pas
une syllabe de vrai dans tout ce que \'OUs avez dit.
.MARTIXEZ. -

Qüe Votre Altes~e daigne se souvenir ...

LE V1cE-Ro1. - Taisez-,·ous. Je vous ai tiré de la boue pour rnns
¡:rendre a mon service. Je voulais íaire votre fortune. Vous etes indigne
óe mes bontés. Je devrais vous chas~er ignominieusement ; mais, par une
extreme faiblesse de ma part, je veux bien vous donncr une place. Je
vous fais receveur des contributions dan~ la pro\'ince de... auprcs du colontl Garci Va5&lt;1uez. Partez vire ; si vous étes demain a Lima, je vous fais
conduire au Callao entre quatre dragons et vous n'en sortirez qu'a ma
mort.
MARTIXEZ. - Hélas ! miséricorde ! Monseigneur, c'est pire que la pri~on. Que Votre Altessc daignc se rappeler que je n'ai parlé que par son
ordre.
LE V1cE-Ror. - Ah ! vous raisonnez encorc. Qui done est le maitre
ici ? \'ive Dieu ! si je pouvais marcher, je vous assommerais a coups de
c:mne ! Hors d'ici, faquin, ou je vous fais jeter par la fenetre. Ah ! je
r.e vaux pas un cholo ? Un cholo ! Impudent ! Hors d'ici !

º"

c,itend un grand bruit a la porte dii cabitiet : e11trent Baltl,asar,
ensuite l&lt;J Perichole. S ort M arti,ae::.
BALTHASAR. - Monseigneur, Mademoiselle veut absolument entrer
quoique je tui dise que Votre Altesse est en affaires.
LE VrcE-Ro1. -

Qu'elle entre ; et vous, sortez.

LA PERJCHOLE. - Il est asscz étrangc qu'on ne puissc vous voir qu'en
emportant d'assaut la porte de votre cabinet. }'espere qu'il n'y a la-de&lt;lans
qu'une méprise de votre butor d'huissier.
LE VrcE-Ror, d'u,i ton chagrín. -

Je vous croyais

a la cérémonie.

LA PERICHOLE. - Je ne sais encore si l'on m'y verra. Cela dépcnd un
pcu de vous. Mais, avant tout, comment va votre goutte ?
LE VtcE-Ror, avec ut1e humeur croissante. -

Je n'ai pas la goutte.

LA PERICHOLE. - Ah ! ce n'est, a ce que je vois, qu'un acces de maunise humeur rentréc. Tant pis ; j'avais quelque chose a vous demander,
et j'espérais vous trouver cn de meillcures dispositions. Puisqu'il en est

ainsi, je vous baise les mains. Adieu ; nous reparlerons de cela une autre
fois.
LE VicE-Rm. - Camita, ne vous en allez pas si vite. J'ai a vous parler,
moi. Vi\'e Dieu ! on croirait que vous avez peur d'un tete-a-tete an·c moi.
L-\ PER1c1101.H. - Oí1 ! Votre Altesse me fait rarement peur.
LE V1n:-R01. - Restcz. Tenez-moi compagnie quand je suis malade. Je
~ai~ bien que vous aimcriez micux causer avec le captiaine Aguirre ...
mais il faut ~avoir se résigncr quelquefois .

L., PERICOLE. -

Aguirre ? Je le quitte a l'instant.

LE V1cE-Ro1. - Vous le quittez a l'instant... Fort bien, ~ladame ! vous
m'épargnez une préface, et je puis entrer en nµtiere sur-le-champ.

J_, PERICIIOLE. - 1Ionseigneur, je sou~onne que vous voulez m~ régaler d'une pctite scene de jalousie; car il y a pres de deux mois que vous
n'avez donné carriere a vos 1mmeurs jalouses. Je crains que cette scene ne
dure un peu de temps, et, si vous l'aviez pour agréable, je vous ferais ma
demande tout de suite. Vous me l';accorderiez et nous remettrions d,..main
les reproches et les fureurs.

a.

LE VICE-Ror. - Je ne suis guere d'humeur a vous accorder des gmccs,
vous abusez de celles que vous avez obtenues de moi.
LA PERrCHOLE. - Deau début ! mais a mon t'our de parler... Toutes les
bégueules de Lima se sont liguées pour me mortifier de toutes les manieres,
et le tout, parce que suis plus jolie qu'elles. - N'est-ce pas que je suis jolie
aujourd'hui ? - II y a entre nous une petite guerre bien active, de petites
calomnies et' de petites noirceurs. Si je n'étais pas si pressée, je vous en cont'erais quelques-unes. En outre, nous faisons tous nos efforts de part et
d'autres pour nous surpasser par la magnificence de nos parures. le goüt
de nos toilettes, cte. Aussi nous sommes une providence pour les bijoutiers
et les marchands de chiffon.
LE VtcE-Ror. - Qu'ai-je a faire, morbleu ! de toutes ces bali\.emes ?
Si vous ne surpasscz ces dameslpar le luxe de vos parures, en fait d'amants...
LA PERICBOLE, avec tme grande rél.'érence. - En fait d'amants. je fais
tout au contraire de ces clames. Je préfere ta qualité a la quantité.
LE VrcE-Ror. ce moment.

Périchole. laissez-moi parler ; je suis tres séricux en

LA PERICHOLE, par/ant rn n,i,ne tcmps. - Ecoutez-moi, je n'ai que deux
mots a vous dire...
LE V1cE-Ror. - Je suis tres mécontent de vous. De tous cóté:. on parle
de votre coquetterie, et', s'il faut parler net, je crains que vous ne me fassiez jouer un sot róle.
LA PERICHOLE, parla,it en mime temps. - Je me sui::; avisée, aujourd'hui meme, d'une invention sublime qui fera crever de dépit toutes ces

�dames, pourvu, toutefois. que vous soye:: aimable comme vous l'etcs quelquefois.
LE V1cE-Ro1. - Mais, vive Dieu ! écoutez-moi done !

l.\ PERICHOLE. - Mais, morbleu ! écoutez-moi done ! Je suis femm~,
vous étes castillan, vous me devez du respect ; ainsi, faisez-vous quand Je
parle.
LE V1cE-Ror. - Eh bien, parlez, vous ne perdrez ríen pour attendre.
L\ PERJCHOLE. - Aujourd'hui, comme vous le savez, toutes les femmes de Lima se font voir dans leurs parures les plus c:légantes, étalant
J'cnvie tout le luxe qu'elles peuvent. Toutes les voitures qui sont a Lim_a
sont au nombre de cinq : les dcux vot'res, celle de l'évéque, celle de l'Aud1teur Pedro de Hinoyosa, enfin le carros.-;e de la marquise Altamirano, mon
cnnemie capitale, presque aussi vieux que sa maitres:e• mais cnfin c'e~t un
carrosse. Or done, ce matin, apprenant que vous gard1ez la chambre auJourd'hui, je me suis mis en tete que vous pourricz assu~er mon triomp_he, sur
ma rivale, en me faisant don de ce beau carrosse qui vous est arnve de
Madrid.

a

LE V1CE-ROI. - Est-ce la ce que vous vouliez me demander?
' L, PERICIIOLE. - Vous me ferez plus de plaisir en n1e donnant ce carrosse que si vous me donniez une mine ou un département d'lndiens.
LE V1cE-Ror. - Cerfes, la demande cst modeste. Elle ne veut qu'un carrosse pour se faire trainer a l'église commc une marquise. Je n'en reviens
pas.
LA PERICIIOLE. - \'ous saycz, don Andres, que je fais peu de cas de
!'argent. Je ne sais ce que vous coute cette voiture, mais vous étes ric~e.
S'il ne s'agissait pas d'humilier des ennemies mortelles, vous scntcz bien
que je ne vous aurais pas demandé un cadeau d'une aussi grande valeur.
Au surplus si ma demande vous choque, oubliez-la. Si j'ai eu tort de Yous
la faire, je' vous en demande pardon. J'ai le défaut d'agir d'abord, et de
réfféchir ensuite.
LE V1cE-Ror. - Un carrosse ! il feraif beau voir une comédienne en
carrosse ! Etes-vous un éveque, madame, un Auditeur ou une marquise
pour aller en carrosse ?

a

LA PERICHOLE. - Et ne suis-je pas tout la fois, !'infante d'Irlande, la
reine de Saba, la reine Thomiris, Vénus, et sainte Justine vierge et martyre?
LE VxcE-Ror. -

Folle !

L, PEIUCHOLE. - Toutes ces &lt;lames-la valent bien une marquise dont le

a

pere vendait du drap
Cordoue pour habiller les n~~letiers. Allons, m~n
petit papa, mon cher Andre-illo, vous avez ri ; vou~ n ctes plus de mauva1se
'humeur, vouc; étes channant votre ordinaire, et vous me donnerl'z votre
carrosse, n'est-ce pas ?

a

LE V1cE-Ro1. - Camila, d'abord vous demandez des choses r.:xtravagantes, ensuite vous prenez mal votre temps, car j'ai maintenant a me
plaindre de vc:,us.

L\ PERICHOLE. -

Et si je voulais user de représailles !

LE VICE-Ro1. - Ecoutez, vous avez tort de t'ourner tout en plaio;,mterie.
Je vous assure que votre conduite m'est connue maintenant, et que je ne
veux plus etre votre dupe.

LA PER1cnou:. - Si je n'obtiens pas de vous ce carrosse, il faudra que
je m'en retoume chez moi bien tri.-stement, car le moyen d'aller a cetfe cérémonie a pie&lt;l comme une filie du peuple, ou en chaise a porteurs, comme une
bourgeoi~e. et surtout apres les espérances que j'avais conc;ues... Ah !
Monseigneur le vice-roí du Pérou, vous étes un cruel homme !. .. Combien
vous coute ce carrosse ?
LE VICE-Ro1. - Laissez votre carrosse, mademoiselle, et répondez-moi.
Je suis parfaitement au íait de toufes vos actions, et vous ~urez que je ne
su;s plus aveuglé sur votre compte, comme je l'étais quand je vous aimais.
Maintenant, je ne vous aime plu~, entendez-vous ? Je suis détrompé, je
vous connais... cependant je ser'.ais bien aise de voir de que! air vous 1-ourriez
vous y prendre pour vous justificr... Voyons, essayez ... parlei, que diantre ! parlez... Eh bien, a c¡uoi pense-t-clle ainsi, les yeux levés au ciel ?
L., PERICIIOLH. - Ce beau carrosse !
LE V1cE-Ror. - Vous feriez perdrc patiencc a un ~aint ! Que le &lt;liable
emport'e le carrosse l Je sais que le capitaine Agui1 re vous aime ...
LA PERICHOLF.. -

Je le crois sans peine. Donnez-moi un de vos cigarcs.

LE V1cE-Ro1. - Et que vous l'aimcz ... oui, vous l'aimez... je le sais, j'en
suis sur ... Mais soutenez done le contraire... clu courage ! Niez, par exemple,
qu'il vous ait donné une robe de satín cramoisi ... Niez, nicz-le ! je re vous
en empeche pas.

LA PERICIIOLE. - JI aurait dü me donner aussi une mantille de dentelle.
J'ai déchiré la mienne.

a

LE VICE-ROi. - Et on l'a surpris demi-vetu sous ,·os fenetres. je le
sais bien... je l'ai vu ... l\Iais, vive Dieu ! &lt;lites done que cela est faux ! Vous
qui étes si bonne comédienne, vous devez mentir de l'air dont les autres
disent' la vérité.

LA PERrcnor.E. -

~Ierci du complimcnt.

LE V1cE-RoI. - Vous sentez bien, ma mie, que cela ne peut durer. Aussi
nos relations vont cesser... Et cela devrait etre fait depuis longtemps ... car
je ne suis pas homme a entretenir les maitresses du capitaine Aguirre...
Vous etes bien tranquille... Vous croyez peut-et're que je prends votre ffegme pour le calme de l'innocence ?
LA PERICBOLE, d'un to" tragique. -

C'est le calme du désespoir. Je

�-

28-

ne vois la-dedans que l'occasion perdue d'aller a l'église en carrosse. L 'hcure
va se passer, et quand vous me demanderez pardon, il sera trop ta,,!.
LE V1ci::-Ro1. - 'Ah ! vous demandez pardon, ma mignonne ! Ah!
vous ne prétendez a rien moins ? Eh bien ! je vous demande pardon d'a,·oir
découvert une autre intrigue avec un persoonage bien illustre.
LA PERICIIOLE. - Et de deux. Quand nous serons a trois, nous ferons
une croix.
LE \'1cE-ROI. - Ce n'est ríen moins que le vaillant' Ramon, cholo de
nation et matador de ~on métier. Vous choisissez bien vos amants, Madame. C'est un homme célebre, et tout Lima est rempli de son nom.
LA PERICHOLE. - Il est vrai, et sa réputation n'est pas usurpée comme
tant' d'autres. C'est le plus brave toréador du Pérou, et peut-etr~ le plus
beau et le plus robuste.
LE Y1cE-Ro1. - Parbleu ! il est clair que vous n'ctes pas femme a quitter un vice-roi pour le premier venu. D'ailleurs, en personne habile, Yous
quittez un amant pour en prendre deux. Vous donnez un ducat, ma;s vous
en prenez la monnaie.
LA PERICBOLE. - Si bien qu'a votre compte, un capitaine et un matador seraient la monnaie d'un vice-roí ? Vot're Altesse se trompe dans son
calcul. Il faudrait, suivant-moi, trois vice-rois pour faire la monnaie d'un
caprtaine, et six vice-rois au moins pour la monnaie d'un matador.
LE V1cE-Ro1. -

Vous étes une impudente ...

LA PERICHOLE. - Courage !
LE V1cE-Ro1. - Une cffrontée, qui ne prend pas meme le
cacher ses débordements par un peu de respect 1,umain.

soin de

LA PERICHOLE. - F erme l (Déclamant). « Cruelle imagination ! pourquoi
par tes doux prestiges, affiiges-tu mon cceur ? » (1).
,
LE VrcE-RoI. - Prendre un matador et un cholo pour amants ! .. Vous
etes une Messatine !
LA PERICHOLE. - Qu'est-ce que cela veut dire ?
LE VICE-Ro1. - Vous étes...
LA PERICHOLE. - Que Votre Altesse ne se contraigne point. ]'imagine
qu'elle se livre a ces acces de fureur par ordonnance de médecin. En effet,
vous vous échauflez, et cela doit etre bon pour la goutte.
LE V1cE-Ro1. -

Taisez-vous, infame ! Prendre un cholo pour amant !

( , ) Vers d'EI m.i;ico troJigioio, comédie de Calderon.
.¿ Pesada imasinacion
.-\1 parecer lisonjera,
Cuando te he dado ocasion
Para que dcsta manera
Aflijas mi corazon ?

Vive Dieu ! Je vous ai comblée de mes faveur.;... Pour vous, je me suis
presque compromis aux yeux du public... car it est scandaleux que le
représentant' du roi d'Espagne aille chercher sa maitresse sur les planche.;
cl'un théatre... Je ne sais qui me retient... ~fais, si je n'étais mille fois trop
bon, je vous ferais fourrer daos une maison de correction.
•

L.\ PERICHOLE. - \'ous n'oseriez pas !
LE Y1cE-Ro1. signe l'ordre.

L, Pu1cnor.E. prison.
LE V1CE-Rm. -

Je n'oserais pas !. .. Vite une plume et de l'encre, et je
JI y aurait une révolte

a Lima si la Pcrichole était en

Une révolte ! ta ! ta ! ta !

LA PERICHOLE. - Oui, une révolte. Faites décapiter, pendre tous vos
:1obles marquis, comtes et chevaliers de Lima, pas une voix ne criera,
pas un bras ne se levera pour eux. Faites égorger douze mille pauvres
Jndiens, envoyez-en vingt mille daos vos mines, on vous applaudira, on vous
clonnera du Trajan par le nez... Mais empéchez les Liméniens de vcir lcur
actricc favorite, et ils vous t3ssommeront a coups de pierre.
LE V1cE-Ro1. - Oui, oui... Et si je défends au directeur de rer.ouveler
votre engagement' qui va finir ?

LA PERICHOLE. - Eh bien l Je prendrai ma guitare, et j'irai chanter
dans la rue, sous vos fenetres ; et dans mes chansons je fcrai rire aux ,
dépens de votre vice-royauté et &lt;le votre goutte.
LE V1cE-Ro1. - Fort bien. Et que feriez-vous si je vous envoyais en
Espagne par le premier galion ?
LA PERICHOLE. - Vous ne pourriez me faire un plus grand plaisir... Je
meurs d'envie de voir la vieille Europe, et d'ailleurs, en Espagne, j'ai la
chance de devenir la maitresse du premier ministre ou du roi, et' le cas
échéant, je me venge de vous. Je vous fais ramener prisonnier en Espagne,
les fers aux pieds, comme Christophe Colomb, et ensuite vous serez bien
'heureux si je vous fais groce de la potence et si je vous envoie seulement
pourrir daos la tour de Ségovie.
LE VICE-ROi. dans ce palais.
LA PERICHOLE. Altesse.

En attendant que cela arrive, ne remettez plus les pieds
Certes, jamais je n'obéirai plus volontiers

a

Votre

LE V1cE-Ro1. - Encore un instant. Comme c'est la derniere fois que
nous nous voyons, il faut terminer nos comptes... Je vous méprise trop
pour vous accabler. Andres de Ribera ne daigne pas punir une offense
quand elle part de trop bas. Je vous ai donné des., sommes considérables, des
ca&lt;leaux précieux... gardez-les. On vous paiera t'rois mois de votre pension,

�-

30-

-31-

· cela vous entrerez a, l'h.opi'tal quelques semaiue" plus
et j'espere qu •avec

LA PERICHOLE, lui don.wnt la mai,i. crois que vous m'aimez v'éritablcment.

tard.

Li-: \'1rn-Ror. - Au moins, par générosité... Je suis bien sür de toi ... Je
ne suis plus jaloux... 1Iais est-ce que cela te coüt'erait beaucoup de dire
qu'on t'a calomnree ?

' . écouté patiemment vos injures et les calomnies
f .
t dre . -e les attribuais l'état de
me aire en en
, 1
d
atroces que vous
.
.
d
·er outrage ne peut se par onner.
, • ous vois • ma1s ce erm
., .
souffrance ou Je ~
h . '.
t de Castillans, 1fonseigneur, et l a1 1e
Je descends de_v1eux e retten~ e résents d'un homme que je n'aime pas.
c~r trop hau[ pour accepter es p
-i- • - . , maison et me~ mcuont rendus Je venw;.a1 .. _
Tou:-. vos cadeaux vou::. ser
·
. .
ollier de diamants et des
1 r ·te En attendant, vo1c1 un e
bles pour payer e ' es .d
.
C soir 1· e n'aurai rien vous.
bagues que vous m avez onnes... e . '

J ª1
venez de

a

LA PEllICHOLE. -

a

Elle óte ses bijoux rt se di.spose d sortir.

.

' r

richole !... La ... ne vous en allez
é11111. Pcncholc --·: e .
r ¡, Aie ' aie '
coutez
...
Ecoutez
done
...
Faut-tl
que
Je me eve .
.
E
pas...
•
f •
1 ¡,
L ' PERICII0LE, S'arre·, 011 t• - Vous vous efes a1t roa..

LF. V1rn-Ro1,
.

.

¡,

LE V1cE-Ro1. - Vous parliez de calommes ....
., . . ¡,
PERICUOLE
Je
ne
me
souviens
plus
de
ce
que
l
a1 d1t .
L
A
·
,
· et j'oublie tout.
LE V1cE-Ro1. - Dis seulement que cela n est pas vra1,.
. . d
LA PERICHOLE. - Croyez-en ce qu'il vous plaira. Je ba1se les mains e

p • 1
J'é•ais en
N
ne t'en va pas encore... ene110 e...
..
.
LE \ ICE-Ro1. - .i. _on,
.
.
t pliquons-nous tranquillement.
-.
·•a¡
été
trop
v1f
...
Ma1s
mamtenan
ex
co1ere... J
• • • f
?

Votre Altesse.
r

. .
u'on m'a dit de to1 eta1t aux
Ains1, tout ce q
.
. '
ali r Je tiens peu votre opinion.
LA PERICBOLE. - La1ssez-mo1 m en e .
.
., .
Camila
Eh
bien
!
je
cro1s
que
l
a1 eu
LE VICE-Ro1. - Voyons d onc,
.
tort. Es-tu satisfaite ?
.
LA PERICHOLE. - Non, non, vous avez ra1son.
.
• ,
• , 1 méchante ' Je te déteste ; ma1s va,
LE VICE-ROi. - _Entetee I Et'~tetee .
Je sais.bien que tout e~ que l'on
tu es charmante tou1ours_. .. Je aime trop...
.
ue
, .
f
M31·s dis-moi que cela est faux ... nen q ...
.
m a d1t est aux. •
,
ue ·,. ttenne
, LA PERICH0l.E. - "t..'
on
.
vous
m'avez
trop
offensee
pour
&lt;i
l
n
·

a

beaucoup

a votre estime.

T t
1 ... Je e
Eh bien , n'en parlons pus
LE V1cE-Ro1. - Allons,
., ·s si souffrant que je ne
d
J' ·
tort C est que l e 31 ·
.
,
demande par on.... a1_ e~ T ...t est fini ... Donne-moi la main ... Ma1s d1ssavais pas ce que Je d1sa1s. ou
moi ...
. vous d'ise ¡,....
I ' PERlCH0LE. - Que JC
.
~- V1cE-Ro1. - Que tu n ' es pus
1 r·a chée, et que tu me pardonnes mon
LE

emportement.

·1 '
eamiª,
.

't:

Oui, je vous pardonne ; car je

LA PER1cnoLF- - Quoi ! toujours vous en rcvcnez la ?
Li-: VrCE-ROI. - Allons ! voila qui est dit ... n'cn parlons plus... Je te
croi:- sans que tu te cléfendes... Pourtant... Vois, comme je suis faible !

a

L, PmucHOLE. - En vérité, Monseigneur, faut-il vous montrer que!
point la jalousie vous a troublé la raison ? Voyons : cherchons nous rappcler vos reproches. Ah ! la robe de satin cramoisi ?... Bon Dieu, quelle
idée !

a

LE V1cE-Ro1. -

Oui, cela ét'ait ridicule ; mais ...

LA PERICllOLE. - Il est parfaitement vrai que je possede une 1obe de
satin cramoisi, et il est non moins vrai que je l'ai achetée d'une filie de
couleur, ma voisine, qui es-t entretenue par le capitaine Aguirrc. A,·ait-elle
rcc;u cette robe de son amant ou d'un autre, c'cst ce que j'ignore... c·est' ma
femme de chambre qui a fait le marché, et vous pouvez l'interroGcr ladcssus.
LE V1cE-Ro1. -

Je m'en garderai bien, mon enfant !... Je te crois. (A

tart.) Ah ! coquin de Martinez, tu me paieras l'imposture.

a

LA PERICllOLE. - Quant l'autre histoirc du capifaine Aguirre, je n'ai
rien a vous dire, sinon que les accidents de cette espece sont communs
Lima, et que je ne puis les empecher. D'ailleurs, je c1ois me souver,ir que
ce jour-la meme vous etes resté fort tard souper chez moi.

a

a

LE VrcE-Ro1. - Perichole, ma mignonne, je ne veux plus entendre un
mot la-&lt;lessus. Cela me rend trop honteux... Dieu merci, je ne suis plus
jaloux... Tu disais done que ce cholc ...

LA PERICHOLE. - Yos espions vous ont aussi bien inst'ruit relativement
au cholo Ramon. U est vrai qu'aux dernicres courses je fus transportée
d'admiration en voyant son adresse et son courage, car aussitót qu'il cut
enfoncé son épée dans l'épaule du taureau, sur de son coup, sans daigner
regarder si )'animal conser~ait encore quelque res te de vie, il fit une pirouette,
et, tournant le dos au taureau, il me fit un salut fort gracieux pour un homme de sa profession. Je compris ce que cela voulait dire, et je cherchai ma
bourse pour la lui jeter ; mais je l'avaas oubliée. Je pris done le premier
objet de prix qui me tomba sous la main. Mais jamais je ne me serais avisée de croire que dans une semblable action on put voir de l'amour. Un
cholo ! un matador ! un homme qui boit de l'eau-de-vie et qui mauge des
oignons crus ! Ah ! ]ifonseigneur !
LE V1cE-Ro1. -

Oui, oui, j'avais tort, ma toute belle... Cepcmlant, si

..

�-

32-

j'avais été ce taureau, j'aurais rassemblé le reste de mes forces. et j'aurais
rudement secoué M. Ramon.
LA PERICHOLE. -

Alors j'aurais crié : « 1'ive le taureau ! »

LE VrcE-Ror. - Tu es charmante ! demande-moi ce que tu voudras ...
Car je ne crois pas du tout que tu fasses venir chez toi ce Ramon qui mange
des oignons crus.
LA PERICHOLE. - Pardonnez-moi. Votre Altesse n'ignore pas que je
dois jouer bientót le principal role dans la, comédie du poete Peransurez.
J'y dois chanter un air avec des paroles daos le patois de ces gen5-li ; et
pour bien saisir leur accent· et leur prononciation, je fais venir Ramon, qui
a une assez belle basse-baille, et qui chanterait toute une journée, pourvu
qu'on lui donnat suffisamment a boire. Je n'ajouteraii plus qu·un mot. Pour
peu que Votre Altesse conserve des doutes, elle peut envoyer le capitaine a
Panama, et le matador a Cuzco ; mais je crains que, si la chose a fait' du
L1uit, leur exil ne donne lieu aux mauvais plaisants de s'égayer·a vos dépens
et aux miens.
LE VrcE-Ror. -

Ah I ma bonne Périchole, comment te faire oublier...

LA PERICHOLE. - L'amour fait excuser bien des choses ; mais j'engage
Votre Altesse a se tenu en garde a l'avenir contre ces domestiques qui affectent beaucoup de dévouement, tandis qu'ils sont' tout disposés a trat.ir leurs
maitres.
LE VrcE-Ror. -

- 33 - Oui, 1·•y tenais bea
. LA PERICHOLE.
d 1scuss1on,
·
ucoup... l\Iais cicpuis cettt. crueIJe
J•,a1. changé d'idée.
LE VrcE-Ror. - Tu comptais que je te !'aura·15 d
,
,
.
0
ble... ce carrosse... non pas que ., ti
•
.
~e... C est que, d1a1 y enne , ...ma.is que diantre dira-t-on si ...
LA PERICHOLE. _ Laissons cela. D' .11
.
.
la cérémonie Je n' .
.
a1 eurs, 11 est bien tard pour aller a
•
arnvera1s pas a t'emps
LE VrcE-Ro1. - Quant a cela mes muJ
.
ces rnaudits Auditeurs Ce Ped' d Hi es trottent vite... Je ne cr:1ins que
sa guise...
...
ro e
noyosa... il va travestir !'affaire a
. LA PERICIIOLE. - II vous déteste r
.
.
Je serais désolée de vous com
pa ce que 1~ peuple vous a1me... Ma1s
.Monsieur qu'il faut ménager. promettre avec lu1. ll parait que c'est un
LE VICE-Ror, aprcs fin instant de réflexw
p
qu'il voudra. .. Ne suis-je pas le maitr d d n. arb~eu ! qu'il dise ce
qui bon me semble ?
e e onner ce qui m'appartient, et a
LA PERICHOLE. - Non, de grace J' . f . ,
.
' ,
ma demande, et je rouO'is mainterra t. d a11 ai~ reflex1?n. a 1extravagance de
::, violence to
n e vous en avo1r unportu , Et .
Je me su1s. tellement fait
t , l'h ne.
pu1s...
. , . 1 d'
a
eure pour ne pas pieurer... que
J a, p us envíe de me jeter sur mo ul't'
me promener.
n I pour reposer mes nerfs, que d'aller

Comment ?

LA PERICHOLE. - Je ne nomme personne, et le métier de dénonciateur
ne sera jamais le mien. Jeune, assez jolie, comédienne, je suis e~posée a
recevoir bien des propositions impertinentes, et j'imagine que certain petit
présomptueux que vous honorez de votre confiance et que j'ai fait chasser
de nos coulisses, vous aura régalé de toutes ces belles histoires.
LE VxcE-Ror. - Oh ! le scélérat ! Je m'en étais toujours douté. Oh ! le
monstre ! comment' ! il a osé te faire des propositions ! Tu parles de Martinez, n'est-ce pas ?

LA PERICIIOLE. - Je ne veux nuire a personne.
LE V1cE-Ror. - Ah ! coqum ! ce n'est pas avec Garci Vasquez que tu
iras. C'est au fort de Callao, et le diable m'emporte si tu en sors de si tót l
LA PERICHOLE. - Je n'ai ríen &lt;lit contre ce jeune homme. Qu: vous
prouve que j'ai voulu le désigner ?
LE VrCE-Ror. - Laisse-moi faire. Je sais ce que je sais ... 1fais mon
enfant, tu m'avais demandé, je crois, mon carrosse ?... Diable ! c'est...
LA PERICIIOLE. - Ne parlons plus de cela ; je suis assez heurcuse mainfenant, puisque je n'ai pas perdu votre amitié.
LE VxcE-Ror. - Mais cela te ferait beaucoup de plaisir ?... C'eft que,
vois-tu, ma petite ...

. LE V1cE-Ror. - Pauvre enfant, comme elle , .
f
ti faut q~e tu prennes l'air, cela te fera du bien p~ a1me .,. .. Non, ma filie,
ter en vo1ture quand 1·e vien d
. meda m ordonne de mon,
s e me mettre en colere y
·
carrosse est a toi Sonne pou
,
... a, m1gnonne, mon
·
,
r que 1on attelle sur-le-champ.
LA PERJCHOLE. - Monseigneur de a
'fl, .
tenant trop bon comme vous
', ., gr c~, .re ech1ssez ; vous etes main,
avez ete trop t.nJuste tout a l'heure
LE V rcE-Ror. - Sonne, te dis-1·e J
.
·
de jalousie.
· e veux que tes ennemies en meurent
LA PERICHOLE. _ Mais...
LE VzcE-Ror. - Enfin si tu n'acce t
,
.
.
es encore fachée contre moi.
p es pas ce present, Je croirai que tu

.LA PERICHOLE. - De cette maniere ·e n
.
sws véritablement confuse (Ell
, J e pu1s vous refuser... Mais je
·
e sonne. Baltliasar entre).
LE VrcE-Ror. - Qu'on at'telle sur-le-cham 1
nouveau carrosse et d't
p es mules blanches a mon
1 es au cocher que les mules
·
'
J
•
tJennent a Mademoiselle (Baltl
I
e carrosse et ltu apparest agité ! Allons m'en .
t iasar sort}, Pauvre petite ! comme ton pouls
,
veux- u encore r
LA PERICHOLE _ Comme t
. .
Altesse ?
·
n ne serais-Je pas pénétrée des bontés &lt;le Votre
3.

�-

LE V1cE-R0I. -

34-

La.isse-la ton Altesse, et apelle-moi comme tu m'appel-

les quelquefois.
A1 b·en ' Andres tu m'as rcndue bien malheureuse
1
LA PERICH0LE. '. 1. •
. h
se auJ· ourd hu1.
\' ·
et bien eureu
.
J t'aime conune ceL"l
o1sE b sse mo1 mon ange. e
•1 t ,
LE V1cE-Ro1. m ra. · .' .
•. d ma Perichole ! Mt.-C' ian e ·
.
le V1ce-Ro1 aupres e
,
tu, je ne veux pas etre
d't d mérite des vice-rois en amour .
· d e que tu as I u
¡
1.
souv ens-to1 e e
A d , pour moi, .:~ 11011 e
is bien que tu es n res
.
l .
\'
LA PERICIIOLF- a, tu sa . .
1· . brodés que m'a fa1ts ?-. armo,
\" . d e les Johs sou iers
Vice-Roi du Pérou. o1s on
l . t'ai parlé il y a longtemps.
·
le neveu duque Je
• '
ce cordonmer pour
. .
J I
he tout entier dans ma
,.
11"
Q
el . r1 pettt pied ! e e cae
I E V1cE-ROJ. u JO
·11:ml qui a de 1 mtc ""
:
s tu dis que ~n neveu est un ga1 .
mam. A propo '
.
. • la place de Martmez.
gence ? Je le prends a mon sernce a
•
e D'ailleurs, Marti•
. ne veme
LA PERICH0LF.. - Non,
JC
. deplacer personn .
. •¡ 11 fait de bons rapports.
nez vous est ut1 e.
. . ' Va ' il couchera ce soir au Callao.
LE VICE-Ro1. - Rancumere .
.
,
La voiture est attelee.
BALTHASAR, rcntrant. toi bien et reviens tout
'
LE VICE-Ro1. - A 11ons, m a toute belle, famuse. 't• quelque affront, ne man,
. S. elqu'un te a1sa1
. .
de suite apres la cér~~IC...1 quDieu ! les mauvais plaisants ne_ nra1ent
que pas de m'en prcvemr. bagu\
,ve
tu oubliais. Approche, que Je te ratE . t collier et tes
es que
' .
plus... t on .
tu es divine aujourd ht11.
.
tache ton colher... Va,
1
d plus préc1eux que
.
LA PERICJI0LF.. - J 'emporte d'ici quelque c ,ose e
ces diamants : ta confiance et ton. amour.

-35 renversé. .. Et tout le monde qui s'attroupe ... Que va-t-on faire ?•.• 0n va
peut-etre l'insulter... Balthasar, allez done...
BALTHASAR. -

Oui, Monscigneur...

LE VICE-Ro1. - Vive Dieu ! on se bat la-has... Courez tous, vous autres... Allez, prenez les armes... Assommez-moi cette canaille... Perichole !
Ah ! heureusement... elle poursuit sa route, grice a cet homme q,,¡ fait si
bien le moulinet de son ha.ton... 11 lui ouvre un passage.
Dois-je courir apres le carrosse de ~!adame ?

BALTHASA11.. LE V1cE-Ror. -

Non, demeure. Cela est inutile maintenant. .. Cependant
Qu'ils
prennent des mousquetons et qu'ils la suivent de loin... et qu'ils Ófent ma
livrée... S'il arrivait quelque malheur, je m'en prendrais a vous. Ce peuple
de Lima est si grossier I je crains qu'il ne lui fassc quelque avanie... Apres
t'out, il semble qu'il ne soit ~s arrivé d'accident ; car voici l'autre rarrosse
relevé et qui continue sa marche... et la foule entre dans l'église. Fasse le
ciel qu'elle s'en tire sans malencont're !... 0n aura beau dire il n'est pas
défendu aux comédiennes d'aller en carrosse si elles en ont... Tant pis pour
les marquises, si, moins jeunes et moins jolies que les actrices, elles ne
trouvent personne pour leur en donner... (/l fume · un cigare). Ce bapteme
n'en finit pas l... 11 me tarde de la voir revenir pour apprendre d'elle les détails de !'aventure... Oh I maudite jambe !... Je souffre davantage, je crois,
quand je suis inquiet... Voyons : la derniere fois que j'ai été mabde, cela
m'a duré cinq... six jours,.. bon l Cette fois-ci, je !'espere, j'en serai débarrassé plus tot. Ainsi je pourrai assister a la premiere représentation de la
comédie ou elle doit jouer un róle. .. Et si je ne pouvais sortir... Ma foi ! je
ferais retarder la représentation.

a son retour... Dis a Sébastien et a Dominique de monter a cheval

Elle sort.

BALTHASAR. - Monseigneur, M. le licencié Thomas d'Esquivel demanae
la faveur d'entretenir Votre Altesse.

Cette filie-la íait de moi ce qu'elle veut.
LE VIcE-Ro1. - Tu es un angeJ.
·s rien lui refuser ... Cependant...
,
¡
'
·
e tant
e ne pui
, Une
11 est vrai qu el e m atm
...
.
que le monde en pensera ....
lui donner mon carrosse !... J~ ne sa1s ~e d marquises et tant de comtes~s
actrice en carrosse doré, tand1s q_u.~ ta~ J\macnne que la cérémonie dott
bº
•
sont trop heureuses d'aller
. en ht1ere .... l'exhortation
de 1',eveque
. . Tant
t':tre tem1inée... Elle n'arnver~ que po::s dans ma cour. Elle n'a pas per. x ... Ah ·' j'entends le bruit
des ro
m1eu
¡
fauteUt·¡ aupre's de la fenetre et donnez011
du de temps... Dalthasar, rou ez_ m 1 air a ce carrosse ... Pa.rbleu ! je.1a ver• Je veux v01r
r
Jama1s mon
moi ma longue -..ue.
. quePeste , comme elle va ....
rai jusc¡u'a la porte &lt;le l'Eg~1se._.. Tout .le monde s'arrete pour la re~rcocher ne me mene de ce tram-la...
omme si c'était moi qui passa1s...
d
En voila qui ótent leur chapeau, e
d place... Bon Dieu ! elle va
er...
. • ,. • res de la gran e
. t
Quelle folie ... La voila deJa p
c'est rautre carrosse qu1 es
accroch er... Ah ·' Jésus ! heureusement que

LE V1cE-Ror. - Fai5 entrer. - JI vienf sans doute me régall!.- d'unc
petite morale, a'fin de tirer de moi quelque cadeau. Au fait, il y a bien un
mois que je ne l'ai vu.
LE LICENCIÉ, entra11t. -

Je baise les mains de Votre Altesse.

Ah ! 1fonsieur le Licencié, vous voyez un homme bien

LE V1cE-ROI. malade l

LE LICENCIÉ. - Je suis désolé de l'apprendre. C'est done cct acces de
goutte qui a empéché Votre AJtesse d'assister a la cérémonie de ce jour ?
LE VrcE-Ror. - Je n'ai pas la goutte... C'est un bruit que répancl Pinc-da ; ce n'est qu'une enflure au pied. Je le saís mieux que lui.
LE LICENCIÉ. - Au surplus, Votre Altesse ne doit pas regretter de
n'avoir pas assisté ce bapteme. Elle a eu le bonheur de n'etre pas témoin
d'un grand scandale.

a

�-37LE V1cE-Ro1. - Un scandale ?••• (A part). Diable ! la Perichole doit y
étre pour quelque chose.
LE L1cEsc1É. - Oui, un scandale énonne et dont Votre Altesse aurait
été profondément affiigée, j'en sui:. sür, ... d'autant plus que, suivant les
apparences, elle en est la cause involontaire.
LE V1cE-Ror. -

Expliquez-vous.

LE LICESCIÉ. - Un jour comme celui-ci, une cérémonie ausci touchantc !... En vérité, je suis désolé d'affiiger Votre Altesse ... t~ais, il _fauf que
je parle et que je parle íranchement, meme au risqu~ de. 1~1 depla1re. Mon
devoir et J'intérct de Votre Altessc le commandent 1mpcneusement
LE V1cE-Ro1. - Je ne devine point. ..
LE L1cEsc1É. - Cette comédienne fameuc;e ...
LE V1cE-Ro1, d part. -

..,ous y vo1'1.l.
.....1
... T

LE LicE."CIÉ. - ...A qui Votre Altesse porte, dit-on, tant d'i~téret, vient
de causer un désordre bien grand aujourd'hui meme. La p_rot:cct1on que ~70tre Altesse tui accorde l'cnhardit au point, permettez-mot de vous le d1re,
qu'elle se croit tout permis.
LE V1cE-Ro1. - Je vous assure que je ne la protege 1~int.._., Sc•tle!11e~t
j'estime son t'alent. .. qui est fort estimable, Monsieur le Licencie. Ma1s, Je
vous en supplie, contez-moi !'affaire.
LE LICEXCIÉ. - Voici le fait. ll paraít qu'elle a un carrosse ; et ce carrosse, dit-on, vous le lu.i avez donné.
LE V1cE-Ro1. - C'est un carrosse qui m'était inutile.
LE LICENCIÉ. - Ah ! ~lonseigneur, ce carrosse eüt été mieux empl~yé. ..
mais ce qui est fait est fait, et Votre Altesse avait sans doute ses -~a_,so,n~
pour le donner. Dieu veuille L. suffit. Je vais raconter ce dont J a1 et:
témoin. Elle a done un carrosse, e~ c'est en carrosse qu'e~le se ~~nd .ª
l'église... De mon coté, ayant été retardé par. quelques_ acc1de~ts, J a~a,s
accept'é une place dans la voiture de la marq~1se ~t:i-1mrano. N~us alhons
au pas, comme il convient en approchant d une ~hse ; tout a , c~u~ ~a
señora Périchole arrive au grand trot de ses mutes ebranlant le pave a ~mot
toises a la ronde. Nous allions déboucher sur la place ; ~lle ve~t ~rendre le
1
pas sur nous... sur la marquise !... bref~ elle nous a serres de l&gt;1 pres, qu elle
nous a accrochés avec la plus grande \'1olence...
LE VtcE-Ro1. -

C'est son cocher qui est un maladroit...

LE LtCEN'CIÉ. _ Votre AJtesse m'excusera ; , mais je _ne pu~s c~oire que
son cocher ait agi saos ordre, d'autant plus qu elle a mis la tete a la portiere, en voyant notre voiture, et_ qu'ell~ a parlé a cet homme sans doute
pour lui commander cette mauva1se action.
LE VicE-Ror. - Et j'espere qu'il n'est pas arrivé d'accident.

LE L1ct:xc1i. - Commeot ! c'est un miracle que nous soyons encore en
vie ! La secousse a ét'é épouvantable ; la marquise est tombée sur moi, et
moi, sur le chien de la marquise que j'ai écrasé -involontairement... Ma perruque est tombée daos le ruisseau ... et la marquise a re«;u, a la hanche, une
contusion tres forte.
LE V1cE-Ro1. - Loué :,oit Dieu ! Je craignais qu'il ne fút arrivé un
plus grand malheur.
LE L1cE.xc1t. - Il me semble qu'en voila bien assez comme cela. Le carrosse de plus ei;t fort endom(?\3gé ; un carrosse superbe, qui, depuis plus de
vingt ans, faisait l'admirafion de cette ville.
LE \'1cE-Ro1. Perichole.

Je paierai ... c'ei;f-a-dire, je ferai payer le dommage a la

LE L1cEsc1i. - Mais, Monseigneur, le scandale, comment le réparer ?
Pour moi, je n'y vois qu'un seul moyen, c'est de défendre a cette dame de
sortir en carrosse ; car, non seulement il est de mauvais exemple de voir
une comédienne en carrosse, tandis que tant de dignes ecclésiastiques vont
a pied, mais encore la vie &lt;les paisibles habitants de Lima serait compromise par son imprudence... Je n'ai pas t'out dit, et j'ai le regret d'ttre dans
la nécessité d'affiiger Votre Altesse... - Les domestiques &lt;le la marquise,
indignés de !'insulte faite .a leur maitresse, ont adressé quelques vives
remontrances manuelles au cocher et au laquais de la dame. U-dessus, la
canaille qui la suivait avec des cris de joie a pris parti pour elle. Surtout
un certain mauvais sujet, un cholo, un toréador, nommé Ramon, a fair
rage. II a roué de coups de baton le cocher de la marquise, cassé l'épée de
son écuyer et brisé la mac'hoire de l'un de ses laquais.
LE V1cE-Ro1. -

Le scélérat ! Je le ferai punir exemplairement.

LE L1cl!sc1É. - Ce n'est pas tout. Sans faire attention a nou~. saos
demander excuse, elle poursuit sa route, et peu s'en est fallu qu'elle n'enfrát
dans l'égliise tout en carrosse. La tete de ses mules était sous le portail
quand elle s'est arretée. Elle descend, traverse la foule des fideles a grand
bruit. .. Tout le monde se retourne pour la regarder... On oublie la cérémonie commencée ; et', je frémis en le disant, Monseigneur l'Eveque, luimeme, a partagé la distraction générale. I1 a oublié de demander :-.u párrain, la promesse d'élever chrétiennement le nouveau convertí, son filleul.
Pour moi, indigné et scandalisé au dernier point, j'ai quitté l'églice pour
vous raconter cette aventure, et vous prier de met'tre un terme au;, impertinences d'une filie qui, pennettez-moi de vous le dire, fait le plus grand
tort a Votre Altcsse.
LE V1cE-Ro1. portance.

Elle va venir dans un instant, et' je la tancer?.i d'im~

LE LICENCIÉ. - Je vous préviens que la marquisc portera plainte jusqu'a Madrid, s'il le faut.

�-

38-

-39 -

LE \'1cE-Ror. - Monsieur le Licencié, il faudrait empecher cela. Vous
sentez bien que ces plaintes-la me nuisent beaucoup.

L, PERICHOLE. - Kon, 1Ionseigneur, mais je ne l'ai plus et je ne la
regrette pas, car j'en ai fait, je )'espere, un bon usage.

LE LICENCIÉ. -

l\Ionseigneur...

L'EvEQUE. -

Un bon, un saint usage.

LE VICE-ROL -

Yous a,·ez du crédit aupres de la marquise. Eneagez-la

LE L1cExCrÉ, d part. -

-

Je m'y perds.

a se contenter des dommages qu'on lui donnera. Pour moi, je me charge ae
faire une semonce a la Périchole.
LE LICENCIÉ. -

L'EVEQUE. siecle.

Monseigneur... Je ne sais ...

LE V1cE-Ror. -

LE VICE-ROL - Votre église a besoin d'un t'ableau pour le maitre-autel...
Je veux que la Perichole vous en fasse cadeau pour expier sa faute ...
Aussi bien, je lui ai donné une madone de l\furillo, qu'elle veut changer
contre mon saint Christophe... Au surplus, vous pouvez compter sur la
madone... Mais rendez-moi le service de faire taire la marquise... }test-ce
pas ? vous me le promettez ?
LE LICENCIÉ. -

LE VICE-ROL -Amenez-moi votre neveu, un de ces matins. NottS tacherons de faire quelque chose pour lui.

a fait

L'EVEQUE. - Ma filie, vous etes trop humble... et quoique je ne vous aie
jamais vue sur la scene... je sais que vous honorez singulierement' votre profession. Saint Genest était acteur.

digne des bontés de Yotre Altesse.

LE VICE-ROL - ]'entends un carrosse qui entre dans la cour. La voici
sans doute. Vous allez voir comrnent je vais lui parler.
BALTIIASAR, annon,a11t. -

Monseigneur l'Eveque de Lima.

LE VrcE-ROI. -

L'Eveque !

LE LICENCIÉ. -

Il vient sans doute porter plainte aussi.

L'Eveque et la Perichole paraissent
entrer.
L'EvEQUE. -

a la porte, et font des fat;ons pour

Passez, Mademoiselle.

L, PERICHOLE. - Monseigneur, je vous en supplie...
L'EvEQUE, lui prenant le. main. - Eh bien ! entrons ensemble.
LE LICENCIÉ, d part. - Que vois-je ? l'Eveque donne la main a la comédienne !

LE V1cE-Ro1. - Monseigneur, je vous baise les mains ... Je suis confus
de ne pouvoir me lever pour vous recevoir, mais un pauvre malade...
L'EvEQUE. - Mademoiselle m'a parlé de votre indisposition, et je n'ai
pas voulu rentrer chez moi sans m'informer de vos nouvelles. Cela m'a
procuré le plaisir de conduiire Mademoiselle dans ma voiture.

LA PERICHOLE. LE VICE-Ror. brisée ?

C'est une grace que je n'oublierai jamais.
Comment ! ma voiture... ta... votre voiture... s'esf-elle

:..

Expliquez-vous, de griice...

LA PERICHOLE. - Pardonnez-moi, Monseigneur, si j'ai si lot abandonné
un présent' qui ,·ena.it de vous ; mais, lorsque vous apprendrez en quel!es
mains je m'en suis départie, vous m'excuserez et vous me féliciterez. - Tandis que j'allais par les rues mollement bercée sur ces coussins élastiques, une
idée m'est venue a !'esprit, qui a dissipé, en un clin d'reil, le plaiisir que je
goutais. Comment ! me suis-je &lt;lit, une pécheresse ... une misérable créature
comme moi ... une femme exer~nt une profession presque coupable...

Monseigneur, je ferai mon possible, mais ...

LE LICENCIÉ. - Il est' tout
Mais, Monseigneur...

Vous avez donné un exemple de piété bien rare dans ce

I

LA PERICHOLE. - Eh quoi ! je suis portée d'un bout a l'autrc de la
ville, mollement et avec la rapidifé -d'un éclair ; je suis a l'abri du soleil,
de la pluie, tandis que des personnes qui valent rnille fois mieux que moi,
tandis que des serviteurs de Dieu, portant des secours spirituels aux malades, sont exposés a toutes les intempéries de l'air, a la chaleur, a la poussiere, a la fatigue ? Alors je me suis souvenue que j'avais vu souvent de
dignes pret'res accablés par l'age, marcher a pas précipités dans Je,; rues de
Lima, portant le saint viatique a des malades, et ne craignant qu'unc chose,
c'est d'arriver trop tard aupres du lit de l'agonisant. J'ai pleuré sttr moimeme, et la Sainte Vierge m'a inspiré, comme expiation de mes péchés, de
faire homrnage a Dieu de ce carrosse qui avait flatté mon orgueil, et' que
j'étais indign•e de posséder (1).
L'EvEQUE. - Mademoiselle a eu la générosité d'en faire don a notre
'église, et d'y ajouter une fondation pieuse pour son entretien a perpétuité.
A !'avenir, lorsqu'un malade réclam'era les consolations que la religion donne aux mourants, cette voit'ure servira a porter le Saint-Sacrement, et de
la sorte, bien des ames seront sauvées ; car il est trop commun que des
pécheurs endurcis ne demandent leur Créateur que lorsque la mort va les
/1) Une comédienne fameuse de Uma, nommée la Perichole, eu1 un jour la fan1aisie
d'aller l l'église en carrosse. Il y a\·ait alors peu de rnitures a Lima, et elles appartenaient
1oute1 a des personnes de la plus haute distinction. La Perichole, qui érair entretenue par le
vice-roi du Pérou. obtint, non sans quelque peine. que son amanr lui lit don d'un carrosse
magnifique, dans lequel elle se montra par la ville, au grand éronnement des Liméoiens.
Apres arnir joui de son carrosse pendant une heure II peu pres, aaisie tout l coup d'un
accés de dévotton, elle en lit don II l'église cathédrale, voulanr qu'il servil II transporter
rapidemenr les prérres qui iraient adminis1rer les aecours spirituels aux malades. Elle lit, de
plus, une fondarion pour l'enrrerien de cette voiture. Depuis ce temps, le Saint Sacrcment
est porté en carrosse, a Lima, et le nom de la comédienne est en grand honoeur.

�-40-

saisir, et' trop tard pour qu'un pauvre ecclésiastique a pied puisse ~rriver

a leur che,·et tandis qu'ils rcspirent encorc.
LE LicENcrÉ. inspiration.

Mademoiselle, en effef, a cédé a une bonne et sainte

LE V1ce-Ror. - Je vous admire, Perkhole, et je voudrais m'a~socier
a votre bonne action, en prenant a mon comptc. ..

Luis de Góngora

LA PERICJIOLE. - Ah ! ::\Ionseigeur, laissez-moi la gloire de l'avoir
faite. .. )'en suis assez récompenséc par ce précieux don que je tiens de
~fonseigneur. Ce chapelet a été enfermé pendant neuf jours dans la chasse
de la bienheureuse image de Notre-Dame de Chimpaquira (1). (Elle fait
baiscr le ' cl1apelet au t•ice-roi et au lice,irié).

A propos de l'édition de ses ~uvres completes
par M. Foulché-Delbosc ( 1)

L'EvtQUE. - De grandes indulgences y sont attachées.
LE V1cE-Ro1. - Je suis si joyeux, que je ne sens plus du tout ma jambe. Pineda est un sot, et je n'ai pas la gouttc.
LA PERICJIOLE. - C'c:-t ce chapclet que
a soulagé, ::\Ionseigneur.

\"Otts

\'enez de toucher qui vous

L'Evi:Ql,'f. - 11 n'est rien &lt;le plus prol,able, et j'en ai vu souvcnt des
cffets mcrveilleux.
LE V1n:-Ro1. - Je le crois, mais je t·ontinuerai cncore deme jours mon
rc:gime ; ensuit'e, ::\lon!--eigneur, je voudrais faire une bonnc folie, et rnus
fairc souper chez Madcmoiselle, pour que vous puissiez faire plus ample
éonnai. sanee.

L.-\ PERICUOLE. -

Je n'ose espérer que l\lonseigneur daigne me faire
tant d'honneur. Cependant notre divin Sauveur mangeait avec les Samaritains... et si le secret le plus profond...
L'Evi:QUE. - Nous verron!-. Attendons que Son Altesse soit guérie.
Le \'1cE-Ro1. - Cela veut dire qu'il accepte.
L'EvtQUE. - Je crains bien de ne pas avoir la force de refuser.
L, PERICIIOLE. - Sr :'.\fonsieur le Licencié voulait faire le quatricme.
LE LzcE:-ctÉ. - C'esf trop d'honneur que vous me faites.
L'EviQUE. - Monsieur le Licencié, nous n'en parlerons pas.
LE Lzcc:sc1É. - Monseigneur !
LE \'1cE-Ro1. - Et \"OUs entendrcz chanter la Perichole ... des air:. pieux,
s'entend. Sa voix est capable de convertir un infidele.
L'EvtQUE, sal11a,it la Perkliole et souria,it. qu'elle ne fasse renier un fidele.

Je crains seulement

LE CuAXOINE. - Mademoiselle, ce carrosse sera, pour vous, le chariot
d'Elie ; il vous menera droit au ciel.
Prosper MÉRIMÉE.
( 1) lmagc trc. révértc du Nouveau-Monde.

A Alfonso Reyes
Enfin, mon cher ami, elles ont paru, et tous les gongoristes et gongorisants d'Espagne et de tous les empires, royaumes, principautés et
républiques de l'ancien et du nouveau Monde sont daos la joie. On les
attendait depuis pres de' vingt ans. Certains de ceux qui ont dépassé
le milieu du chemin de la vie commen~aient désespérer de les arnir
sous les yeux ; moi-mcme, je me demandais si je n'aurais pas e.xprimer mes regrets et ma déception dans mon testament, comme le mélomane qui Henry ~Iurger, dans une de ses poé$ies, prete cette plainte :

a

a

a

Le ciel n'a pas 1,•ottlu.
Qi,e je puisse m'a.sseoir parmi le groupe élu
Des gens qui verront 1'Africaine !
Apollon et M. Foulché-Delbosc en soient loués. Je suis du groupe
élu des gens qui lisent les reuvres completes d'un des plus grancls poctes
castillans (du plus grand, n'est-ce pas ?) daos une édition irréprochable, débarrassée des poésies faussement attribuées a lui, enrichie d'autres jusqu'ici inédites et dont quelques-unes sont parmi les plus belles,
bien orthographiées, bien ponctuées (détail d'une importance capitale,
j'en sais quelque chose, car la mauvaise ponctuation de Pellicer, de
Hoyes et de Salzedo Coronel m'a souvent fatigué et fait perdre du
temps), en un mot parfaite. Cette édition, la seule complete, la seule a
laquelle on peut se fier, parait deux cent quatre-vingt-quatorze ans autant dire trois siccles - apres la mort du poele ! Une attente aussi
prolongée était deYenue un scandale. Pour que le scandale cessat, il a

.

11) Obros poítius de D. Luís de Gdngoro, 1 volumes (New-York, The llispan1c So.:iety
, 921 ).

o( America,

�-43 -

fallu qu'un hispanisant fram;ais consacrat une partie de sa \'ie laborieuse et déja longue a don Luis de Góngora. Pcrmettez-moi d'en tircr
quelque fierté, la meme fierté que je trouverais légitime chez vous si ~a
premiere édition et la seule pleinement satisfaisante des ceuvres completes de Ronsard (au génie de qui celui du poete des Soledades s'apparente) ne paraissait qu'aujourd'hui et avait un Espagnol pour auteur.
Il y a dans le vaste monde deme grands gongoristes, M. FoulchéDelbosc et vous, mon cher Alfom:o. Si mon vénérable compatriote
n'ayait pas entrepris ce tra\'ail magnifique, c'est vous, j'en suis certain,
qui l'auriez accompli. Etant votre ainé, il vous a devaneé. :Mais ,·ous
deviez forcément vous rencontrer. :\f. Foulché-Delbosc se félicite de ce
que le sort (il aurait du dire : Apollon, ou les Muses, ou les nymphes _du
Bétis) lui a procuré votre amitié d'abord, puis une collaboration
pour laquelle il vous témoigne publiquement sa gratitude.
Un lecteur, qui ne connaitrait Góngora que pour en avoir lu quelques
pages dans des anthologies, ne comprendrait pas quel énorme labeur,
quelle patience, quelle science il fallait pou:- conduire a bon terme une
pareille entreprise, car il ignorerait que des cinq cents poésies qui
composent l'ceuvre du poete, quatre-vingt-dix-neuf seulement furent
imprimées de son vivant, non en un volume, mais dans des recueils
collectifs ; qu'un certain nombre fut publié apres sa mort sans nom
d'auteur ; que beaucoup qui ne sont pas siennes tui furent attribuée~ ;
que des versions différentes ont couru ; que les éditions publiées par
ses amis et disciples ont toutes sortes de défauts auxquels votre maitre,
le premier, a magistralement remédié.
Des lettr.is meme qui se fieraient uniquement a la préface &lt;le
1\1. Foulché-Delbosc ne se rendraient pas compte de l'immensité et de
la valeur de ce travail. I1 n'est pas de cewc qui mettent leur moi en
avant et sollicitent des compliments et l'admiration. 11 est d'une pudeur
et d'une réserve qui ne sont pas celte fausse modestie qu'on peut
appeler une forme hypocrite du sot orgueil. 11 n'a meme pas mis son
nom sur la couverture et la page du titre. Cette élégante discrétion
nous charme, n'est-ce pas, en nos temps de bluff, de coups de grosse
caisse et d'exhibitionnisme.

En lisant Gó:1gora dans l'édition Foulché-Delbosc, je me suis rappelé
la demande que vous m'avez faite a la fin de l'article trop bienveillant
consacré ici-meme par vous a ma traduction de Polypheme et Galatéc.
Vous vouliez pénétrer daos ce que vous appelez l'arriere-boutique du
traducteur. Vous m'encouragiez a écrire des commentaires sur notre

poete. Tout un gros bouquin, quoi ! Comme vous y allez, don Alfonso !
Trouvez-moi done un éditeur, et je le ferai, ce livre, tant bien que mal,
vous lirez peut-etre mes réflexions avec un sourire indulgent, mais enfin
je le ferai. En attendant ce livre possible, sinon probable, nous allons
retire ensemble, si vous voulez, un sonnet de Góngora, celui At, tombeau du peintre Greco, je le traduirai, puis je me livrerai sur ce sonnet
et autour de tui a quelques divagations, au courant de la plume, et si
je commets des erreurs, vous me ferez l'amitié de les rectifier.

Esta en forma elegante, o peregrilio,
De porfido lttcien.te dttra llaue,
El pincel niega al mimdo mas suatte,
Que dio espiritu a leño, vida a lino.
Su nombre, aun de maior aliento dino
Que en los clarines de la Fama cabe,
Et campo ilustra de ese marmol graue:
Venerale, i prosigue tu camino.
lace el Griego. Heredó naturale::a
'Arte, i el arte estudio, Iris colores,
Pl:ebo luces, si no sombras Morplieo.
Tanta urna, a pesar de su dure::a,
Lagrimas bei,a i quantos suda olores
Corte,a fu11eral de arbol Sabeo.
Je propose a vos corrections la tra&lt;luction suivante :

Et, sa forme élégante, o pelerin,
De porpliyre brillatti cette dure clef,
Refuse au monde le piliceau le plus souple
Qui anima le bois et domia vie au li11.
~

•. . . l. ; -~~"'

':' --

Son nom digne d'tm souffee encore plus grand
Que celui dans les clairons de la Rmommée co11fe1m,
lllustre le champ de ce marbre grave :
Vénere-le et poursuis tou chemin.
Gít le Greco. De lui la Nature hérita
L'art, et l'art l'étude, Iris des coulettrs,
Phébus des lumieres, sinon des ombres M orpliée.

�-

44 -

Te/le unic, cu dépit de sa Jureté,
Boii·e des larmcs et q11antcs odcurs e:rsude
L'écorce funérairc d'itn arbrc sabéen.
Et maintenant voici mes réflexions, puisque vous en voulez :
1. Quoique le mot fran~ais pelcri1' n'ait plus, aujourd'hui, le sens
ele '&lt;'OJagtur et d'étranger qu'il avait encore chez les classiques du
xvu• siecle, il me parait indispensable pour traduire pcrcgritw.
1-2. J'ai eu d'abord l'intention de traduire de la maniere suirnnte
el il n'est pas &lt;lit que je n'y revienne point si je publie une traduction
des sonnets de Góngora :
« Cette en forme élégante, o pelerin, de porphyre brillant dure
clef. »
Mais ce"n'est pas fran~is, c'cst &lt;lu charabia I s'écrieront quelqucs
lecteurs. Pardon ! c'~t exactement aussi fran~ais que les deux vers
&lt;lu poete sont espagnols. Góngora disloque souvent la syntaxe ; i1 fant,
dans la mesure du possible, disloquer celle de la langue dans laquelle
on le traduit si l'on veut donner une idée approximath·e de son singulier génie ; si9011 on le trahit, et il ,·aut mieux renoncer a le faire
passer en fran~is.
On parle souvent de la parenté de ::\Iallarmé avec Góngora, quelquefois un peu a tort et a travers. Cette seconde traduction pour laquelle
j'opte définitivement nous permet de saisir une de leurs ressemblances
les plus frappantes ; un mot annoncé au début d'une phrase par tm
article ou un pronom qu'il devrait suivre immédiatement, ou n'en etre
séparé que par un adjectif, est rejeté au milieu ou a la fin. Dans son
chapitre sur le style de Mallarmé, Albert Thibaudet analyse certains
procédés du poete fran~is qui sont ceux de son précurseur castillan et
donne, entr'autres citations, les trois suivantes prises dans Dii·agations :
« Ces &lt;létachés de toute rumeur derniers moments. »
« L'immense, celle du bow-window, draperie, au dos de l'orateur. &gt;&gt;
« Ma tres peu consciente ou volontairement mise ici en cause inspiratrice. »
Ces rejets synt~xiques sont exactement de la mé1!1e nature que celui
des deux premiers vers du sonnet au Greco.
Citons encore un exemple de Maltarmé qui peut clre rapproché des
précédents :
« A qui ce matelas décousu pour improviser ici comme les voiles
dans tous les temps et les temples, l'arcane I appartint. »
La syntaxe fran~ise exige qu'on dise : « A qui appartint ce
matelas... »

-

45 -

Thibaudet compare la phrase qe Mallarmé a une arabesque. Celle de
Góngora est cela aussi quelquefois, mais plus souvent une courbe harmonieuse daos laquelle il excelle a mettre le mot principal non a la
place qu'exige la syntaxe mais a celle que tui suggere son oreille ou,
peut-ctre méme, son ceil.
A moins d'étre un barbare il est impossible de ne pas admirer la
courbe de cette phrase de Polyphcme et Ga/atée :

Nymplta, de Doris hija la mas bella,
Adora que viü el Rc:;mo &lt;fr la espuma.
Le mot principal, adora, est rejeté et placé au sommet de la courbe
comme a la cime d'une vague.
Allons-nous, effrayés par une audace bien moins grande que certainei;
de Mallarmé, suivre, dans une traduction, l'ordre syntaxique habituel
en fran~ais alors que Góngora a violé l'ordre identique espagnol ?
Alors, inutile de traduire : ce ne sera plus gongorien. Restons gongoriens et disons en fran~ais :

Une 1111111plte, de Doris la filie la plus bel/e
ll adore ! que ·vit le royaume de l'écume,
en mettant, pour le lecteur fran~is d'aujourd'hui l'artifice typographique du point d'exclamation cher a Mallarmé.
Daos le méme poeme, exemple curieux d'un ajectif séparé de son
substantif et placé a la fin d'un vers et d'une phrase :

Mas (cristalinos pampan.os sus bra,os)
Amor la implica, si el temor la am,da,
Al iufclice olmo, que peda,os
La segur de los ::elos harii aguda.
Mais (pamprcs cristalli1f.S, ses bras !)
Amour /'implique si l'cffroi la nouc
Au 111al/1euret1.t" orme qu'en morceaux
Mcttra la fau.i: des jalousies - aiguii.
Vous souvient-il, mon cher Alfonso, qu'un soir, au café de Fornos,
l'un de nous a récité a l'autre ces quatre vers et que nous. avons admiré
le ton si délicieusement prémallarméen de la parenthese du premier ?
Je les cite a cette place a cause de l'adjectif aguda séparé, en dépit
de la syntaxe castillane, du nom qu'il qualifie ; pour traduire Góngora

�-47jt sépare aiguc de faux et je le fais précéder de l'artifice typographique
d'un trait.
Ces vers appellent un autre commentaire, le meme que le septicme
vers du sonnet au Greco.
¡. Son tiom ... i/lustre le champ de ce marbre grai·c.
.
C'est un des nombreux vers qui, si Góngora vivait de nos JOurs,
sen·iraient a montrer qu'il a subi l'influence de Mallarmé. Mais essayez
de remplacer les mots illuslre et gra. 1e par d'autres, la ressemblance ne
se per~oit plus et - ceci est autrcment important - rien lle ce qui
fait J'originale bcauté du vers espagnol n'aura passé dans la traduction.
D'ailleurs pourquoi ne pas rendre grm·e par gra·ve et ilustra par ill11slre ? Gra..•e clans le sens de /011rd est fran~ais. /1/ustrer dans le seos
d'fc/airer, illumina est rare, poétique, mais fram;ais ; c'e:.t le sens étymologique. Or c'est un des procédés les plus caractéristiques du style
de Góngora : il emploie constamment des mots en leur donnant le
sens latin, meme quand ce sens a disparu &lt;lcpuis longtemps de la tangue écrite et parlée, de la poésie et de la prose. Les quatre vers, cités
plus haut, de Polj•pliemc et Ga/atfr · en contiennent un exemple frappant : amor la implica, et je traduis, je calque méme : amour l'implique.
Mais ce n'est pas fran~is, dira-t-on. Amor la implica n'est pas plus
espagnol. C'est latin. L'espagnol implicar et le fran~ais impliqucr viennent &lt;lu mcme mot latin implicare qui signifie enlacer, embrasscr,

ceindrc.
Implicuit materno brachia eolio (Ovide).
Implicuitque suos circum mea colla lacertos (O,·ide).
Frondenti tempora ramo implicat (Virgile).
Quand Góngora parle latin, il faut pour le traduire faire comme
tui surtout, ce qui est presque toujours le cas, lorsque nous avons a
notre disposition un mot frani;ais dérivant du meme mot latín que
le sien.
9 a II. Ces trois vers nous donnent un modele d'hyperbole gongorienne. II est banal de dire qu'un peintre doit son art a la Nature,
qu'il a ravi les couleurs de l'arc-en-ciel et que Phébus tui a donné sa
lumiere. Góngora rem·erse la proposition, i1 la retourne completement
et avec cette imperturbable audace andalouse, qui est celle de ses compatriotes Lucain et Séneque, il nous affirme qu'a la mort du Greco, la
Nature, l'art, Iris et Phébus furent ses héritiers.
Et l\forphée ? Est-il ou n'est-il pas l'héritier du Greco ? Les commentateurs ne sont pas d'accord sur le seos de sino dans le onzieme
vers du sonnet. Les uns disent oui, les autres non ; le désaccord ne

pourrait etre plus grand. L'accord doit se faire sur le doute, car Góngora n'a voulu dire ni oui ni non. Sino est un de ses mots préférés.
C'est un mot souple, insinuant, féminin, félin, caressant, perfide et
traitre, le mot-Protée de la langue castillane. Cette particule ronditionnelle a une quinzaine de significntions que je traduis par les équi\'alents latins : siu autcm, si 11011 sfo mi1111s, qllinimo, imo, f•otius,
1

f'rtl'fer, nisi, sed etiam, ,iec ,ion, nihil 11isi, -.·el ¡,rr.rtcr, aliter, alioq11i,
et j'en oul,lie. C'est dire a,·cc que lle habilcté -ct quelle dilection un arliste
C'Omme Góngora joue de ces deux syllahes : sillo. Le sino,i fran\ais 11e
se prete pas a tant de jeux variés. ll y a, pourtant, clans Jlhodiadc
un si11m1 insinuant qui est d'un gongorismc cxquis :

Si110,i la myrrl,c gaic e11 su bo11tl'illts e/oses,
De l'esscnce ravie aux ·viei/lesses des roses
r 01tle=--.•011s, mon cufanf, essayer la '&lt;'t&gt;rfu
Ftmcbrc '!
La nourrice voudrait bien qu'Hérodiade prit de la myrrhe ; par pcur
d'clre rabrouéc elle n'ose la tui offrir franchement ; mais, comme elle
y ticnt, elle glisse, sur un mode catín, une insinuation avant de nommer le ·parfum qui, croit-ellc, aura la préférence de sa maitresse.
Par l'emploi du si,io dans le onzieme vers du sonnct au Greco, Góngora a voulu faire flotter un léger doute &lt;lans !'esprit du lecteur ; il
insinue, je pense, que Morphée n'a pas hérité de Greco, mais i1 ne
l'affirme pas catégoriquement. Imitons-le done si nous voulons le traduire et employons le sino,i fran~is qui pour ctre moins protéique
que le sino espagnol a pourtant quelques-unes de ses qualités.
10 a 12. Le· sonnet tout entier, et particulierement le tercet qui le
termine sur des notes graves, profondes, inconnues dans la littérature
castillane avant Góngora, suffirait a démontrer que celui-ci n'est pas le
précieux ridicule qu'il aurait été uniquement d'apres certains manuels
de professeurs qui n'en ont pas lu une page. Car il ne parait guere possible que l'auteur de cinq cents poésies n'ait touché qu'une fois dans
sa vie avec une telle maitrise ies cor&lt;les de la plus noble des lyres, et
que le sonnet au Greco soit, dans toute son ceuvre, une exception unique. Les poemes de ce genre sont, en effet, nombreux, saos compter
ceux qu'il écrivit avant de tomber dans l'obscurité et de disloquer la
syntaxe (ce qui luí valut autant d'injures et de mépris que d'admirations
passionnées), et qui ne se distinguent de ceux de ses contemporains que
par une plus grande beauté.
Certes, i1 y a de la préciosité &lt;lans Góngora. II reste a savoir si elle

�-49est ridicule. On a eu le tort de ne voir dans la préciosité qu'un genre
littéraire, et un genre faux. La préciosité est essentiellement populaire ;
elle est surtout espagnole, et, en Espagne elle est, par-dessus tout, andalouse. Il suffit qu'une filie monte sur une table d'un bouge andalou et
y chante des cantares populaires pour que ce bouge se transforme aussitót en une espece d'hótel de Rambouillet.
11 y a dans Góngora une préciosité bien andalouse, mais qui luí est
tres particuliere par le style, et serait exclusivement sienne si deux
cent cinquante ans aprcs sa mort l\Jallarmé n'en avait retrouvé le
secret. Je lis cette phrase énigmatique : « Un rubis concede ou nie
selon qu'altemer lui plut entre vingt perles nettes douze menues gouttes
de rosée. » Qu'est-ce que cela signifie ? Tout simplement que les le\'res
rouges en s'ouvrant et en se fermant montrent et cachent tour a tour
les douze petites dents, canines et incisives, entre les \'ingt molaires.
Mais c'est du pur Mallarmé ! C'est un quatrain de Góngora que je
viens de traduire :
Un. rubí concede o niega
Stgun alternar le plugo
Entre ·veinte perlas ,aetas
Doce aljofares mcm,dos.
Lorsque, pendant mon dernier séjour a ~ladrid, je gongorisais avec
une ardeur que vous n'avez pas oubliée puisque vous y avez fait allusion dans votre article, je traduisis quelques pages de Góngora et les
cnvoyai a Paul Valéry a,·ec l'espoir qu'elles piqueraient sa curiosité ;
j'y joignis le texte, car bien que n'ayant pas étudié l'espagnol il est
.., assez érudit et humaniste pour le comprendre a l'aide d'une traduction.
Voici plusieurs de ces fragments :
Restituie a tu mudo horror divilio,
Amiga Soledad, el pie sagrado...
Restitue a ta muelle horreur diirine,
Amie solitude, le pied (metre) sacré.

En 'i'C::, señora, del crysfal luciente
Licores nabatheos e.r¡,iranfe...

•

Au lieu, madamc, du cristal brillant
Expiran/ des /iqueurs nabat/aéennes.

Lo caduco esta urna peregrina
O peregrino, con magestad seÚa
fragrante, entre una y otra ;sfre/la,
ista no fabulosa determina ....

¡.~

La part caduque, cette urne étrangc
O étranger, avec majesté la scelle . ,
La fragrante, entre une étoile et u~ze autre
Une vue non fabuleuse la détermine.
'

................. . . . . . . . . . . . . . . . ... ... . ...

f;' suavidad que espira el marmol (llega)
el '11tltrto lilio es, que aun no perdona '
El santo olor a la ceni,a fria.

La suavité qu'expire le marbre (approcl,e !)
Est
L celle
. du lys mort' car ne Pard onne e11core
a saante odeur a la cendre froide.

.................. . . . . . . . . . . . .. . ... . .

O aq_uel dichoso que la ponderosa
Porcton depuesta en tma piedra muda
La leue da al ::afiro soberano !
,

H eu~eux celui qui, sa pesallte
Part,e aéposée soztS u11e pierre muctte
Do11ne la légere
sa¡,lzir sou•;oerain 1 '
. ....... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ...
. . . . ...

ª"

Je joignis a l'envoi le sonnet sur le tombea
en fut surpris et charme' IJ m
,
d.
. u du Greco. Paul Valéry
•
e repon ,t qu' J
•
•
les analogies entre la poes' ie de 11..r lJ
, , ava1t cru Jusque la que
ma arme et celle de Gó
, •
pure~ent superficielles et qu'il venait de
ngora eta1ent
extra1ts, qu'elles étaient réelles et
f d se rendre c~mpte, par mes
Albe
.
pro on es.
rt Thibaudet a écrit un tres
r
mé ; le nom de Góngora n'y t gros •~re sur la poésie de Mallar.
.
es pas mentionné une u1 f · S
bten sur que si le poete des S olitud
• , ,
. se e o1s. oyez
un grand chapitre luí aurait été con es ~ut ete scandmave ou sarmate,
contre ces oub11·s . . .
sacre dans cet ouvrage. Réagissons
mJuneux.
Sur ce, mon cher ami je vous bai l
.
dévoué.
'..
se ª mam et me redis ,·otre tout
Marius ANDRÉ.
4.

�- 51 -

. des pteces
·, de Lope de Vega
La chronologie

.
. , d e Toro-•o
.
ud de l'U,m.:crs1tc
'"' , Série de•
Daos la Collechon des Et es
f
d',.talien et d'espagnol a
B ch an pro esseur
Philologic, Milton A. u an.,,
, un fort intéressant trava1
.
1.
a pubhe cette annee
·1
l'Universite de oronto, ..
de Vega, dont l'importance me1 chronologie des p1eces de Lope
sur a
.
H·spania. » (1).
.
rite un long extra1t dans « '
d . t complété le Lote angla1s de
'
• . Castro a tra u1t e
.
1
Depuis qu Amenco ·¡
.
ble d e se prétendre hispano o"t mexcusa
Hugo Albert Rennert, l sera,
•
t . di-pensable i•adc-mccum,
gu
·
,
d
sa bibliotheque ce 10 s
- .
,
La
e saos posséder 1ans
1a v1.e1·11e 1,,·ograph1e d Alberto
•
·
·
propos
q
ui est venu supp eer s1 a .
· , . nous renseigne avec un sem. · . •· · ·1 n'ex1ste nen qu
.
•
J
Barrera. _fa,s Jusqu ,c~ '. . . ·eotifi ue sur l'exacte origine m sur e
blant sculement de prec1s1on so
q
ssibles dépendance!I a l"endéveloppement de l"art lopesq~e, sur stes poporains sur l'intluence exacte
éd •
r. ou de ses con em
'
.• l
droit de ses pr ecesseu ::. .. de ses imitateurs. Apres plus d"un_ s1ec e
qu'il exer~ daos la ~•ere
1 d ame e,pagnol, la questton se
. ·
· t at1onales sur e r
'
d'investtgat1ons m em
·1 d'
mble moderne que nous possepose entiere. Le meilleur trava1de {-:s: - 131 pages de MM. Cam!lle
dions en notre tangue sur ~~
g
n tete de leur belle vers1on
G ·11 d Sa1x mises en 1912 e
' .
Le Senne et u1 ot
.
d e Lope et l'on sait aujourd hm,
·¡¡ e ··is croya1ent
.
de l'Eto1le de rv1 _e: qui
~
F lch' Delbosc, qu'elle n'en est vra1• • l' 'd"t· n critique de ~u. ou e. •
· •
grace a e 1 10
•
, débat _ qm eut exige,
n'effieure meme pas 1e
,. .
semblablement
pas, -des conna1ssances
. .
d e premicre main, qu eta1ent
pour e·tre abordé

.

s·

Join de posséder les auteurs, si méritoire par ailleurs qu'ait
été Jeur effort. C'est que pour traiter a\·ec des chances d'originalité un theme aussi ardu, ce qu'il fallait, c'était la patiente investigation d'un savant de cabinet, d'un membre de l'enseignement s11pér?eur
que de propices loisirs mettent
méme de poursuivre ces besognes
minutieuses et précises. Panni ces heureux ntortels, notre ami Milton
A. Buchanan était spécialement désigné, par ses travaux antérieurs sur
le drame espagnol, et son étude ici analysée constitue un de ces tra,•aux
qu'en la laborieuse Allemagne d'avant-guerre on qualifiait a juste titre
de « bahnbreclund », ouvrant qu'ils étaient la ,·oie a toute une su~te
de recl1erches sur une matiere donnée.

a

Lope, obsen·e le professeur canadien, était le plus original dramaturge de l'époque de fonnation de la comedia. Les caractéristiques de
son talent sont, en fait, l'originalité et la versatilité et c'est d'elles qu'il
a acquis son uni,·erselle renommée. L'examen de sa production théatrale nous le montre en continuelle expérimentation et toute tentative
de résoudre le probleme de son développement artistique par un groupement systématique de ses picces la fa~on de Menéndez Pelayo
et d"autres - par ordre de matieres traitées : pastorale, carolingienne,
histoire légendaire d'Espagne, etc., équfraut a éluder la question. I1
scmble que ríen ne soit plus naturel que d'admettre qu'un génie comme
celui-ci - dont I'activité dramatique porte sur au moins 55 années de
son existence (Iui disait 62) - , dont l'inventive veine introduisit l'innovation du &lt;&lt; romance » comme metre de la narration dramatique
et créa le personnage du « gracioso », devait se sentir prodigieusement intéressé a modifier la comedia selon que ses propres conceptions
artistiques et celles du public de son temps se modifiaient elles-memes.
A moins - ce qui est absurde - de prendre pour une machine notre
poete, qui ne saisit qu'une é,·olution, inconsciente si l'on veut pousser
les choses l'extreme, de son art et de son « écriture » dut s'opérer
en proportion ou son gout évoluait ? L'exemple de Shakespeare - ou
qui que ce soit que puisse couvrir ce nom - est la qui nous montre
- encore que l'activité dramatique shakespearienne cou\'re une période
bien moins longue que celle de Lope - les transfonnations d'une telle
e&lt; écriture » : le « blank verse » rendu plus flexible par une graduelle
substitution des séries de vers continus aux vers arretés ligne par
ligne, sans parler d'autres modifications non moins apparentes, mais
qu'il serait oiseux de relater a cette place.

a

y

a

0n sera sans doute d'accord pour admettre qu'a la base d'une étude
un peu sérieuse de l'art lopesque, c'est I'examen méthodiquc de l'évolution chronologique de cet art qui doit etre mis. Or Menéndez y Pe-

�-

52-

-

layo, dans les 13 volumes de l'édition académi~ue_ d~nnés sous son
égide de 189a a 1902, n'a tenté que de vagues md1cahons, aux ~rologues qu'il a écrits en tete des in-folios de ce monument s1 ~al
continué et pour lui, il suffit qu'wie piece soit écrite vers 166o pour etre
de la jeunesse de Lope - qui, a une telle dat«:, écrivait pou~ la _scene
depuis au moins 20 années et avait des centames d~ comedias a .so~
actif ! Quant a l'idée que le Directeur de la « 1':acJOnal » se fa1sa~t
exactement d'une piece n'appartenant plus a la Jeunesse de Lope, 11
serait difficile de la préciser. On pourrait, toutefois, affirmer que, pour
lui, tout ce qui remontait a la période allant de 1,6~5 a la n:iort _du poe~e,
1635, était reuvre de vieillesse. La grande expe~1ence qu _av~1t acqmse
;.\lenéndez du style de Lope a pu lui permettre, 11 est vra1, d heureuses
divinations et plus d'une fois son sur instinct littéraire l'a fait supposer
juste, mais avec quel vague, le plus souvent, f_ulmine-t-il, s~ pronostics !
Voici, par exemple, « Los Vargas de Castilla ». Il ecrit.: « Por el
título, parece composición de la ju-z,entud de Lope. » Ma1s Lope ~st
né en 1562. Le critique santandérin continue, cependant : « escr~t~
probablemente en Sevilla ». C'est-a-dire en 16o1 ou plus tard I V?1c1
encore, « El primer Fajardo ». Menéndez déclare : « Es esta p,e::a
anterior al año 1604, fecha que parece bien confirmada por el desorden
de la traza, la viciosa contextura de la fábula y el desaliño del estilo, que
son notas características de la primera y más ruda manera de Lope,
sobre todo en sus piezas históricas y tiovclescas. » On voit que ce
genre de critique conjecturale ne mene, en vérité, pas loin. 11 est vrai
que Lope avait lui-meme une opinion assez élastique de sa « jeunesse ». Il nous confesse que « La Mocedad de Roldán » est de la
période de sa propre « mocedad ». Or elle remonte en fait a une époque
ou il comptait pres de 35 ans, étant postérieure a 159Ó l
Ce n'est done que lorsqu'aura été établie, sur des bases variant de
quelques années souvent, la chronologie des pieces de Lope, qu~ l'on
pourra enfin aborder l'examen de que~tions qui se po~e~t et qm sont
actuellement insolubles, v. gr. ses relat1ons avec des predecesseurs supposés, tel Juan de la Cueva, dont les pieces datées sont _de 1579-15~1 ;
Cervantes, un rival vers 158o ; le groupe des Valenc1ens : Agu1lar,
Tárrega, Mercader, Virués ; ses disciples : Tirso, Mira de Amescua,
Guillén de Castro, Vélez de Guevara, Alarcón, Calderón, Moreto et
d'autres, qui accepterent la formule de la comedia perfectionnée par le
maitre ; le développement, aussi, de sa technique ; l'examen de ses
themes et de ses personnages préférés : pieces sur l'honneur, etc. ; la
versification et combien de ct1rieuses autres énigmes intéressantes 1
11 semble que l'on ne puisse guere dater exactement, ou a peu pres,

53 -

plus ~·une centaine de pieces de Lope. On possede un assez grand nomb_r~ d autographes contenant l'indication précise de la date de compo~1t~on. Seul le ~anuscrit de la comedia en deux parties sur certains
ep1sodes de l~- v1e de Jean II ?e Portugal : « El Príncipe Perfecto »,
passe pour n etre pas authenhque. Dans d'autres pieces, ce sont des
allusio?s a des ~vén~ments contemporains qui constituent des points
de repere approx1matifs. Parfois, des noms d'acteurs qui représenterent
une reuvre pour la premiere fois, suffisent pour une identification
au moin~ prudente. Enfin Lope a lui-meme pris soin de consigner, a maintes repnses, des détails sur l'époque de composition de telle ou telle
piece._ Ces détails sont, au demeurant, d'une exactitude point toujours
parfa1te. Le cas de « La M acedad de Roldán » est connu. Celui du
« Verdadero 'Amante » mérite aussi mention. Dans sa « Geschichte des
spanisclzen Nationaldramas », I, 85 (Leipzig, Brockhaus, 189()), Adolf
Shaeffe~ écrit a ce propos : « Si l'on songe que « El Perseguido » est
le prem1er ~rame ~~primé de Lope et que les pieces composées antérieurement, ma1s publtees plus tard : &lt;&lt; El Verdadero Amante » et « Los
lacinto_s », ne peuvent pas ctre prises en considération a cette place comme étant les travaux d'un enfant, etc. » Or ce « travail d'un enfant »
publ~é_en 1~20, m~is composé, au dire de Lope, en 1574, est en réalité
P?steneur d au moms 6 ans, pour la simple raison qu'en 1574 les comedias espagnoles - a l'exception d'une seule, inconnue de Lope et de
ses contemporains - étaient écrites, non en trois, mais en quatre actes
comme il le confesse, d'ailleurs, dans son Arte Nuevo :
'
Yo las escriví de once y doce aiios
De a cuatro actos y de a cuatro pliegos...
Et comme, en outre, la piece en question contient des passages en
vers d~ « r~mance » - genre métrique introduit par Lope dans Ja
comedia, ma1s pas avant les alentours de 1585, ~ il s'ensuit qu'au lieu
de douze ans, c'était vingt-trois que comptait l'auteur (1).
, Fréquemment LoP&lt;:, suiv~nt une coutume de la littérature pastorale,
s est, dans ses comedias, mis en scene sous le nom de Belardo. Tantót
notre Belardo Y figure avec une Belisa ; d'autres fois avec une Lucinda.
( 1) F~u1-il rappclcr qu'en 1860, quand La Barrera publia son ir Catalogo JI Je futur
~uteur e la tr Nu,_va 8 1og rafla » donnai1 pour ccrtain, p . ,po, que Lope avait 'comme il
1affirme dans son epllrc poétique A D. Luis de Haro, combattu les Portuguais a~x ilcs Terceras, en 1577,
En tr~s lustros de mi edad pri,nero,
quand, .c~ttCebataille ayant ~u licu, en 1 582,_ ce _n'était pas trois, mais quotre lustres quºil
com1;&gt;ta11 ·
,gen_re ~e galéJades I a amené a pre1endre également ~u'il n'était qu'un enfant
aux 1ours,ide I fnv1nc1ble ,Arma?ª! tou1_en ayant 26 ans et qu'il écriv11 la ,r D,ago11 tea JI dans
&amp;a « moce ad », alors qu en faJI 11 1va11 35 ana .

•

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- 55 -

54-

Mais Belisa n'est que l'anagramme d'Isabel de Urbina, femme du dramaturge de 1588 a 1595 et Lucinda représente sa maitresse, Micaela
de Luján, dont il eut, comme on sait, un fils et une filie, le premier
étant ce Lope Félix qui périt prématurément dans un naufrage évoqué,
avec quelque inexactitude, par Blasco Ibáñez a la page 328 de ses « Argonautas » (1). Ces détails permettent de dater, au moins approximativement, un certain nombre de pieces, dont celles de Belardo-Lucinda
appartiendront par suite a la période 1599-16o8.
Enfin, il n'est pas malaisé de surprendre, spécialement dans les discours du gracioso, maintes allusions des comedias
des événements
ou a des traits de mceurs de l'époque, qui constituent d'utiles jalons
chronologiques. Ainsi, dans son « Argel Fingido », Lope décrit tout
au long et en qualité de témoin oculaire, la cérémonie du mariage de
Philippe III et de Marguerite d'Autriche a Valence et cela remonte
1599. Dans certaines pieces, des allusions au gongorisme, qui commen~a
peut-étre vers 1009, peuvent aussi etre utilisées. De meme, diverses
références aux lois somptuaires, relatives a l'usage des carrosses et
d'analogues articles de luxe. La présence, ou l'absence du gracioso ne
doit pas non plus etre négligée. Lope a dit avoir introduit pour la
premiere fois ce personnage dans sa ce Francesilla ». M. Buchanan
est d'avis que cette piece date de 1598, pour des raisons qu'il donne
comme reposant « on internal evidence ». Si cela est exact, ici encore
Lope serait un garant sujet caution, puisque son « Maestro de dancar », qui est de 1594, renfermait déja un gracioso. A quoi, d'ailleurs,
on peut observer qu'encore que le personnage füt devenu bien vite
populaire, il ne figure pas, l'origine de sa création, dans toutes les
pieces de Lope et que, par suite, sa présence ou son absence n'est pas
un garant sür en faveur de la composition antérieurement 1598, ou,
a la rigueur, 1594. Chorley, daos sa bibliographie des reuvres dramatiques de Lope reproduite, augmentée, par Rennert en 1904 (2), avait
décidément abusé de ce dernier chef de preuve.
Mais, dira-t-on, Lope n'a-t-il pas, deux reprises - en 16o..¡. (16o3)
d'abord, puis en 1618 - donné une liste de ses pieces daos « El Peregrino en su Patria » ! Sans doute, mais d'abord la liste est incomplete,
puis i1 arrive que le titre que fournit Lope se trouve différer de celui
que porte la piece que nous possédons. Dans le « Peregrino » de 16o4
- ou de 16o3, puisque la licence est de cette derniere année - il est

a

a

a

a

a

a

(1) Voir a ce sujet La Barrera, /\'u~a Biografu,, p. 338, et la Vi.la «e Lote d'Américo
Castro, p. 171-17◄ et p. 400.
(i) On aait que M • .M ilton A. Buchanan a corrigé et complété Chorley-Rennert dan!! un
article : Chorley', Catalogu, of comedias a11d A 11tos o/ Frey Lope Felix de Vega Cartio, daos
.\Joder,. Lngua~eNot,s, 1909, 167-171 et 198-:204.

question de ce Los Comendadores » tout court. Les bibliographes
n'ont pas hésité a y voir « Los Comendadores de Córdoba », ce drame
de l'honneur conjuga! vengé, a base historique déja exploitée en 1596
par Juan Rufo dans 5 ballades pédantesques (nº 1 1032-1036) de ses
« Seiscientas Apotegmas », dont le texte est aux numéros que nous
venons de citer du « Ro111a11cero General » de Durán ? Certes, mais
s'il est vrai que cette derniere piece fut publiée en 1009 dans un volume dont les autres pieces sont également citées dans le catalogue de
16o4 (16o3), il n'en est pas moins avéré qu'une piece portant ce simple
titre : « Los Co111c11dadores », aYait été représentée en 1593. Si c'était
déja l'histoire oi.t l'on voit D. Fernando, « veinticuatro » de Cordoue,
massacrer sam•agement sa femme, la niece de celle-ci et leurs deux
amants, Jorge et Fernando, les ce comendadores » et neveux de l'éveque de Cordoue et donner également la mort, dans sa fureur barbare,
a tous les etres, animaux y compris, vivant sous son toit, avec la pleine
approbation de Ferdinand-le-Catholique, qui, pour le récompenser d'un
te! acte, ne trouve rien de mieux a faire que de le fiancer aussitót avec
une noble et riche pupille ; si, disions-nous, les deux reuvres étaient
identiques, nous aurions la le plus ancien drame contenant un type parfaitement développé de gracioso, en meme temps que le plus ancien
exemple d'emploi de « décimas », metre dont la présence réguliere
dans la comedia espagnole doit etre reportée aux alentours de 1610
(quoique l'on en trouve dans « El Argel fingido », écrit en 1599).
L'hispanologue italien A. Restori, dont les notables recherches sur la
comedia de Lope sont dans toutes les mémoires, pensait que « Los
Comcudadores de Córdoba &gt;&gt; étaient une satire contre l'actrice Elena
Osorio. II faudrait qu'alors ils eussent été composés avant 1587, qui
est la date oi.t Lope fut poursuivi en diffamation par elle. Mais si l'on
réfléchit a cet emploi du gracioso et a cet usage des « décimas &gt;&gt;, d'une
part ; si, l'occasion de le remarquer étant opportune, on songe, de l'autre, qu'il n'y a dans cette piece ni octaves ni tercets et que le nombre
des versen « romance &gt;&gt; ne laisse pas d'etre caractéristique d'une époque, l'on restera en suspens au sujet de cette identité supposée entre
&lt;&lt; Los Comendadores &gt;&gt; tout court et « Los Comendadores de Cór-

doba».

a

On voit par les quelques réflexions et exemples ci-dessus quels obstacles se heurtent les efforts tendant a établir la chronologie des reuvres
de Lope, dont le premier volume de compositions dramatiques n'a l!té
publié qu'en 16o4. Mais sur la base des quelques faits certains d'ailleurs
obtenus, est-il possible d'établir une étude méthodique de l'évolution de
son art, en meme temps - et par ricochet, si l' on peut dire - que

�-

56-

-

l'on parviendrait a fixer, par les criteres ainsi définis, la_ d~te d'au~res
reuvres, jusqu'ici douteuse ? M. Milton A. Buchanan, qm s est ~se la
question, apporte, dans cette étude que nous analysons, des resultats
précis en assez grand nombre déja et nous en réserve _davantage ~nc~re,
sans doute dans ta suite de ses travaux. I1 faudra1t, en parttcuher,
creuser, e~ profondeur, l'examen des changements apportés par, Lope
a ta forme meme de sa matiere dramatique : nombre et caractere de
ses personnages, introduction, développement et fin de la fable, choix
des sujets (pastoraux, historiques ou pseudo-historiques, drames d'honneur, de cape et d'épée, etc.). M. Milton A. Buchanan s'est surtout
attaché a scruter le véhicule de l'expression dramatique lopesque, nous
voulons dire sa versification. Ici encore, les problemes qui se po.sent sont
&lt;iélicats. D'abord, la plupart des pieces de Lope ne répondaient pas a
une intention de publicité. D'ou ces textes imprimés la diable, avec
les changements, additions et suppressions de toutes sortes de frelons :
censeurs et acteurs en premier lieu. Combien d'éditions subreptices ont
été faites sur un texte obtenu de la mémoire de ces professionnels qui,
tel te fameux « Gran Memoria », vendaient aux libraires et aux
imprimeurs leurs versions corrompues ? I1 n'est, ~anni les dramatu~g~s
espagnols de ces temps, qu'une voix P_OU~ se plat~dr~ de t~~s pr?c~des
de pirates. Parfois, les changements amsi apportes a la p1ece eta~ent
de si grave sorte, que l'auteur n'y reconnaissait plus sa productton.
Cela complique singulierement la question, du point de vue de cet ~~­
men des metres. Voici, par exemple, les « décimas &gt;&gt; et les « quintillas ». Ces deux metres sont différents : la « décima &gt;&gt; ou mieux :
« espinela &gt;&gt; - puisque c'est Espinel qui en fixa la forme et l'on sait
que, dans le prologue de son « Marcos de Obregón &gt;&gt;, il ?éclare que
Lope recourait a son expérience de la versi~cation, da~ s~ Je'!11:5se est faite sur ce schéma : abba : accddc, ma1s avec ce deta1l prec1s : que
ta pause a la fin du 41 vers est aussi de rigueur qu'elle est défendue a
la fin du 5•. Mais i1 existe, d'autre part, une variété de la « quintilla &gt;&gt;
- dite : « copla real » - rimant de deux en deux vers sur un schéma
fixe tres rapproché de celui de la « décima n et dont un type comrnun
est : ababaccddc. Dans les volumes de l'édition de Menéndez y Pelayo,
elle est parfois imprimée comme « quintilla &gt;&gt; ; parfois aussi comrne
« décima &gt;&gt;. Or la matiere est plus délicate qu'on ne serait tenté de
l'admettre de prime abord, puisque la « quintilla &gt;&gt; - réguliere ou
spéciale - était devenue hors d'usage, tandis que 1' « espinela &gt;&gt; encore
peu employée dans les premieres pieces de Lope, y pr~n,d graduelle~ent
une place de faveur, selon les progres de sa populante. Les_prem1cres
« espinelas » employées par Lope sont dans « El verdadero A mantc &gt;&gt;

a

57-

et « El ganso de oro » (édition académique, N. S., I, 153). D'autre
part, il est absolument nécessaire, pour savoir exactement si certains
mélanges bizarres de stances ne sont pas le fait de textes corrompus,
d'étudier soigneusement la pratique de Lope sur les autographes qui
sont conservés de ses pieces. I1 ne faut pas, d'ailleurs, perdre de vue
que, tout en admettant le développement normal de la versification chez
Lope, celle-ci était exposée, daos une seule et meme piece, a des variations anormales du fait du sujet et, souvent, des circonstances spéciales
déterminant la représentation, circonstances, maintes fois, obscures pour
nous, aujourd'hui.
M. Milton A. Buchanan a soumis a w1 examen attentif quelquesunes des formes principales de la versification de Lope de Vega. Tour
tour, il y passe en revue l'hendécasyllabe, cet hóte italien peu en faveur
dans les drames du grand Italianisant ; le vers de huit syllabes, ce
favori de la littérature espagnole dont l'introduction, par Lope, dans
la comedia ne contribua pas peu a donner a celle-ci le caractere populaire qui luí manquait encore ; le vers blanc, qui n'a jamais été un metre
favori chez les poetes d'Espagne. auxquels Lope ne fait pas exception ;
!'octave, qu'il emploie dans les situations graves et que sa maitrise du
poeme épique lui faisait etre d'un maniement facile, encore que, dans
1'« Arte Nuevo &gt;&gt;, i1 lui assigne, ainsi qu'aux tercets, un róle narratif
qu'elle eut chez Cervantes, mais qu'il devait conférer surtout au
« romance » octosyllabique, le metre, chez lui, des « relaciones &gt;&gt; ;
le tercet, sacrifié a !'octave et que Calderón devait également éviter ;
puis les différentes formes du vers de huit syllabes : « quintilla de pie
qttebrado », « qufotilla » pure, de cinq vers, mais surtout « redondilla » et plus encore le « verso de romance », dont une traditicn voudrait que l'introduction en soit due a Juan de la Cueva, encore que ce
metre ne se présente pas dans ses pieces et que Lope n'en ait fait l'armature de sa versification dramatique qu'a partir de 1593, l'employant,
non plus, comme au début, daos la narration, mais dans le dialogue
et dans d'autres circonstances encore.
Nous ne suivrons pas M. Milton A. Buchanan dans les indications
qu'il donne du détail de la versification des pieces de Lope dont la
date est avérée. I1 en examine ainsi 76. l1 consacre un examen part
aux pieces les plus anciennes : « Hechos de Garcilaso » (en quatre
actes), « La Pastoral de Jacinto » (qui serait la premiere piece de
Lope en 3 actes), « El verdadero Amante » (soi-disant écrit a 12 ans,
soit en 1574) ; « El Belardo Furioso », « La In.gratitud vengada »,
« El Soldado amante &gt;&gt; (trois pieces de 1587 ?) ; « El ganso de
oro », « El Hijo vmturoso », « La Infanta desesperada » (trois

a

a

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pieces qui seraient de 1588-1595 ?) ; « El Grao de Valencia »
( 1590 ?) ; « Los Enredos de Benito » (1593 ?) et enfin, ces « C?mendadores de Córdoba », dont nous avons suffisamment marque plus
haut l'incertitude de la composition. A ce relevé, l'auteur a ajouté celui
de la versification de cinq pieces en quatre actes de Juan de la Cueva :
« La Muerte de D. Sancho », « Ajax » et « El Tutor », qui sont
de 1579, « Virginia y Appio Claudia » et « El Príncipe Tirano »,
qui sont de 158o; de 4 pieces de Cervantes : « Nu111ancia » (158o ?,
4 actes), « El Trato de Argel » ( ?, 4 actes), &lt;&lt; La Grati Sulta,1a »
( 16oo ?) et « Los Baíios de Argel » (16 q. ?) et, enfin, de quatre
comedias de Calderón : « La Vida es Suc1io » (1632-1635 ?), « El
Mágico Prodigioso » (1637), « Hado y Divisa de_ Lcónid? ~ ~farfisa » (168o ?) M. Milton A. Buchanan opine que l usagc reflech1 des
criteres par lui établis et un sage emploi des points de repere qu'il a
fixés, e:i établissant ainsi les détails de la versification des pieces datées,
« will help to determine the approximate chronology of most of
Lope's undated pla::,•s ». Nous croyons qu'il ne faudrait pas trop se
risquer dans l'emploi de cette méthode de critique, tout de meme _légcrement conjecturale. Mais notre savant ami nous apprend aus~1 ~ue
le professeur S. Griswold Morley « Itas 1mdertake,i th~- compil~tion
of statistics on all of Lope's plays &gt;&gt;. Quand seront pubhes 1~, r~ultats de ce pénible labeur, il sera peut-~tre ~elativemen~ p_l~s a.1se d mstituer un tableau chronologique approx1mattf de la maJortte des ceuvres
dramatiques de Lope.
Camille

-

P1TOLLET.

~

de Queiroz

I• Devant la statue du romancier
Maintes fois, par une des claires matinées de cet hiver de Lisbonne
lumineux et tiede qui n'a de comparable en Europe que les hivers de
l'Engadine, Saint-Moritz ou Interlaken, ou les éclatants hivers de la
Cote d'azur, Nice ou Cannes, je suis sorti de mon hotel et, apres amir
suivi la haute Rua do Alecrim, je suis descendu par w1e pente douce
jusqu'au Caes do Sodré, officiellement place du Duc de Terceira.
Cette rue recele un charme secret de rue de ville maritime. De son
point culminant on voit le fleuve et les petits \'apeurs de la Parceria
de vapores lisbonenses qui sortent du Caes do Sodré pour aborder, a
l'autre rive, aux pittoresques hameaux de Cacilbas et d' Aldea Gallega ;
ce fleuve qui, par les clairs matins de soleil, brille comme un miroir.
A l'entrée de la rue - semée de boutiques d'antiquaires a11tiquit31-sltops
- s 'ouvre une toute petite place: le Largo do Barao de Quintella, encadrée entre la rue animée do Alecrim et la mélancolique rue des Fleurs ;
c'est une de ces rues classiques de Lisbonne, avec des portes toujours
fermées, des rameaux d'arbres passant leurs tetes curieuses par-dessus
un mur de clóture, avec de petits balcons a balustres auxquels apparaissent aussi, parfois, a de rares intervalles, d'autres curieuses petites tetes
de meninas lisboetas... Rue silencieuse comme celle ou Ec;a fait vivre
l'héroine de Le cot~in Basile. En face du monument du grand romancier s'éleve une petite maison aristocratique toujours fermée, une petile
maison a fac;ade polychrome et a l'aspect sévere, demeure de robustes
hidalgos de province, pareille a la petite maison des Barrólos a Oliveira
qu'il a décrite dans l'Illustre maison de Ramires avec sa noble fa\ade
a douze balcons.
C'est le palais des Carvalho Monteiro ou se logea le maréchal Junot
a l'époque de la premiere invasion du royaume (18o8), lorsque l'aigle
napoléonienne se foca pour la premiere fois sur la petite proie lusitanienne. Propriété du baron de Quintella, qui fut un philanthrope, un de

�-ooceux qui contribuerent a la fondation du théatre de San Carlos, il est
aujourd'hui toujours ferrné, et avec sa physionomie sévere et grave il
met de l'harmonie dans ce coin de Lisbonne ou vit de l'immortelle vie du
marbre le créateur de Os Maias.
CEuvre du sculpteur Teixeira López, ce n'est pas une merveille de
technique et d'exécution. L'artiste a produit des reuvres meilleures que
celle-la, par exemple la Verrve, qui orne le vestibule du Musée des
Ja11rllas -.·crdrs. ~lais quoique Teixeira n'ait jamais été un Soares dos
Reis - le plus grand sculpteur portugais, le seul qui ait eu le génie
moderne - il est parvenu a donner une certaine distinction a la figure
d'E~ de Queiroz et de la robustesse a la Vérité demi-nue. Le romancier soutient en ses bras (ou plutót on dirait qu'il va la recueillir) la
Vérité demi-nue, voilée par la transparente étoffe de la fantaisie.
&lt;í Sur la nudité forte de la Vérité, le manteau diaphane de la fantaisie, » comme dit l'épigraphe de la Rclique, Ec;a contemple la Vérité
d'un regard attentif et quelque peu ironique.
Mais remarquez bien ceci ! Un détail qui est une réussite accidentellc
de l'artiste, par suite des difficultés de l'exécution et qu'il ne faut pas
considérer au point de vue sculptural et plastique : Ec;a ne porte pas
son caractéristique monocle. Dans cette réussite fortuite, il y a, selon
moi, tout un symbole. L'unique moment de sa vie ou Ec;a ne port:i.it
pas le monocle était celui ou il rencontrait la Vérité et la contemplait
face a face. 11 la regardait fixement, comme les aigles regardent le
soleil, sans le secours du verre malicieux et mondain, verre d'ironie et
de salon, de vie artificielle et de société, d'élégance. Ec;a regardait la
Vérité avec ses propres yett.'&lt;, avec ces yeux que la terre devait manger, comrne dit le peuple en Espagne.
C'est pour cela, parce qu'il a regardé la Vérité face a face qu'il a
mérité le nom de réaliste. C'est aussi pour cela, c'est parce qu'il a eu le
courage de la regarder dans toute sa crudité et dans toute sa nudité,
qu'il a mérité d'etre consacré artiste. C'est pour le meme motif qu'il a
laissé cette galerie de figures immortelles que ses compatriotes ne lui
pardonneront jamais, mais qui tui vaudra une reconnaissance jarnais
trop grande de l'Humanité a cause de sa beauté et de sa vérité :
l\Ime Patrocinio das Neves, la bigoterie ennuyeuse et niaise, le Pere
Pinheiro et le Pere Casimir, l'avarice et la simonie ecclésiastiques ;
le pompetLx Docteur Margaride de La Relique, l'inénarrable conseiller, . incarnation du ritualisme et de l'emphase officielle ; la
l;igoterie hypocrite, moins apre que celle de dame Patrocinio,
mais plus stupide de Mme Felicidade ; la petite littérature vide incarnée
dans le pauvre Ernestinho ; la mauvaise éducation de la f emme lisbo-

-6I nienne dans Luisa ; l'ivrognerie &lt;lans Sebastiáo du Cousin Ea.rile ;
le néant intellectuel des politiciens dans le comte de Gouvari:iho ; la
stupidité et la betise du petit jeune homme chic dans Damaso Salcede ;
la pompe théfürale du culte dans Rufino ; le journalisme pamphlétaire
et de chantage, mcsquin et fripon, honte du Portugal... et de l'Espagne, de toute la péninsule, &lt;lans Guedes, le folliculaire &lt;le La Trompcttc ; l'attitude paradoxale et sceptique &lt;levant la vie de Joao d'Ega ;
la noblessc et la distinction dans Carlos de llaia, &lt;lu plus complexe
de ses romans, Os Maias.
.
Toute cette reU\'re de démolition et de vérité est écrite en une prose
parfois fastueuse de splendeur et de luxe oriental d'irnages ; d'autres
fois, sobre, pure, polie, comme un marbre de Paros, comme celle que
voulait Alfre&lt;l de Vigny ; quelquefois en une prose ce comme il n'y
en a point encore », teUe que la revait son héros littéraire, son Fradique Mendes.
Devant la statue d'E~a j'ai été, en ces claires matinées de décembre,
relire ces pages uniques dans la littérature portugaise, d'une prose
cadencée et rythrnique, que je sentais s'élever comme une mélodie glorieuse parrni l'étourdissant ramage des oiseaux qui voletaient dans les
arbres ; - ces oiseaux chanteurs sur ces arbres tropicaux qui sont un
des plus grands ornements de Lisbonne.

11. L'ceuvre poathume du romancier
A la mort du génial romancier portugais, en 1900, des amis vraiment &lt;lésintéressés et fideles, le comtc d'Arnoso, Ramalho Ortigáo,
Luis de Magalhaes, le comte de Sabugosa, Batalha Reis, et quelques
autres, s'empresserent d'organiser la publication &lt;le son reuvre dispersée dans des revues et journaux du Brésil et de Portugal, dans des
almanachs et autres auberges de circonstance ou rec;ut maintes fois
l'hospitalité l'e.prit critique, vivace, humoriste et subtil d'E~ de Queiroz auquel, dans la littérature européenne, seul celui d'Anatole France
peut etre comparé, - et en qui s'unirent, a sa naissance, la mordacité
caustique d'un Voltaire et la mélancolique ironie d'un Heine, recouverte d'un style aussi chatié et exquis que celui d'un Flaubert.
En peu d'occasions un pareil hommage posthume a pu etre aussi
mérité et louable. On a beaucoup abusé - en France surtout ou on
abuse de toutes choses, meme de !'esprit - de ces hommages posthumes, de ces obseques littéraires que l'on rend aux grands artistes.
Aprcs leur mort, on a l'habitude de publier d'eux des balbutiements et

�-

02-

d'insignifiants essais d'adolescence, ou des radotages de vieillessc. ou
des élucubrations érotiques, ou de ridicules notes de voyages et coutumes, ou des communications épistolaires a,·ec leurs amis. Dans ce
culte de latrie on en arri,·e a la frénésie de l'insubstanciel, a 1:.i cécité
1
du niais ou du frivole. Je ne puis oublier certaines lettres fameuses de
Baudelaire que publia le Mercure de France je ne sais plus en quellc
année (ah ! pour cette fois, chers lecteurs, je ne donne pas en note la
référence de la citation ; c'est plus commode, en vérité), et dans lcsquelles s'étalaient la 'plus sordide avarice et le plus vil merca_ntilis~e.
Le pire ennemi du poete n'aurait jamais revé plus ardente 1Uvective
que ces lettres qui constituai~nt, en apparence, un hommage posthume,
une couronne d'immortelles sur son tombeau.
Et tant d'autres qui, comme lui, ont été vilipendés et ridiculisés
post mortem avec la plus obtuse des admirations aveugles, par inconscience ou mauvaise foi. Oubliant le parce sepultis, il y eut des amis
qui les criblerent et les livrerent la moquerie et la risée sous prétexte de les exalter et de leur élever des monuments plus durables que
le bronze. C'est en France surtout qu'on a exagéré cette passion minutieuse pour connaitre toutes les intimités des grands hommes depuis
les palpitations de creur jusqu'aux comptes de la blanchisseuse. En
Angleterre, le cant puritain a empeché qu'on étendit aux fenetres le
tinge sale qui, d'apres le sage refrain castillan, doit etre lavé en famille.
En Italie, suivant l'imitation transalpine, on a publié beauconp d'intimités, dont quelques-unes, bien viles, de Léopardi et d' Alfieri ; le mal
a irradié jusqu'en Portugal et en Espagne ou l'influence transpyrénéenne est si intense, quoique pour des questions de tempérament et
d'éducation nous nous soyons arretés au bord de la vie privée, ce qui
fait que dans la péninsule on conserve encore un peu comme un héritage de nos ancetres, le respect des Arabes pour le foyer domestique.
Peu de fois, vraiment, il aurait été aussi intéressant que dans le cas
de Ec;a de Queiroz de publier tout ce qu'on aurait pu conserver de
lui. Sans ces éléments posthumes nous ne parviendrions pas
former
un concept juste et un jugement complet de la personnalité du romancier. Malheureusement, pour des scrupules de famille tres respectables
mais regretter, beaucoup des lettres qu'il a écrites et que conservent
quelques-uns de ses amis n'ont pas été publiées ; le comte de Sabugosa,
Ir comte d' Arnoso, le marquis de Soveral, la famille de Carlos Lobo
d' A vila, la veuve et les freres d 'Oliveira Martins, les descendants du
comte de Ficalhao, les héritiers du comte de Rezende et tant d'autres
avec lesquels Ec;a entretint une correspondance.
Seul Antonio Cabral nous a donné une vague idée, une esquisse de

a

"

a

a

a

ce que pourrait etre une Corrcspondancc de Ec;a de Queiroz, en autant
de volumes" qu'il faudrait, autant peut-etre que celle de Flaubert ; sans
aucun doute, comme celle de l'auteur de Salammbo elle serait vivace
.
,
'
J?yeuse, franche, pa:fois mélancolique, avec des nostalgies de la patrie,
la-bas, dans ses sohtudes de consul et de célibataire a Bristol et a
New-Castle qu'il évoque a,·ec tant d'émotion dans sa polémique avec
Pinheiro Chagas.
Flaubert en Egypte, pres des Pyramides, évoquait avec une ironique
n_ostalgie les_ séances de l'Académie de Rouen, la pompe de ces mess1eurs, les d1scours, les palmes. Ec;a de Queiroz en ses exils du nord,
d~ns la brumeuse _Grande-Bretagne, évoque avec délice tout ce qui
nent de la Rome 1mpérale, jusqu'aux molles épigrammes d'Hyginus
(,·oír Pinheiro Chagas).
O~ i&gt;;~t se rendre compte combien inté1 essante, animée et curieuse
aura1t ~té la correspondance amicale et familiere d'Ec;a de Queiroz
et comb1en elle nous aurait aidé a reconstituer sa personnalité complete
p~r les tres curieuses prémices et les fragments que nous donne Anto~
mo Cabral dans sa Biographie d'Ec;a de Queiroz : Sa vie et son reui•re
(Lettres et documents inédits. Lisbonne, 1916). Ce fü•re est d'un auteur ~nodin et ~adoteur : on l'appelle bien a,Lisbonne La •vengt!ance du
conse,/lcr Acacio ; mais en réalité il sert de prétexte a un certain auteur
es~agnol pour amonceler des prologues longs, sans notes ni citations
grace a ce procédé commode qui consiste a macher et a avaler tout c~
que dit ce livre pour le rendre ensuite, sans l'avoir digéré ni assimilé en
des vomissement~ !aborieux... et en donnant le tout comme son bien ;ropre. Oh l les cn!1~u~s espagnols sont d'une originalité stupéfiante !
Ceux de nous qut md1quent honorablement a la fin de leurs trayaux les
s~urces et les origines de leurs connaissances sont accusés d'etre des éru~ts lourds et indigestes. Quant a ceux qui ont digéré tres bien trop
bien,, tout ce qu'ils o~t lu sur un auteur, le toument et le répanden¡ comme etant de leur cru, ces vulgaires plagiaires... Oh ! ceux-la reconstituen~, _exhument, font palpiter une personnalité sur leur visage. Quant a
la critique, nous sommes dans un pays d'opéra bouffe.

J'~i _entre l~s doigts, in inguis, comme disaient les anciens, toute
la .~1bhograph1e queirozienne, tant portugajse que madrilene, je n'ai
q~ a lever les yeux pour voir sur mes rayons le robuste Ramalho Ortigao avec ses Parpas, le délicat Carlos de .Magalhaes de Azevedo avec
ses H ommes et livres (Homems e /ivros), Enrico de Goes avec ses H eur~s ,de _Loi.sir (Horas ~e la::e_r), Adherbal de Carvalho avec ses Esquisses
litteraires (Esbofos litterartos), José Verissimo avec ses Hommes et
choses étran.geres (Homems e causas estrangeiras), Frotas Pessoa avec

�-

sa Critique et polémiquc (Critica e polcmica) ; mais_~urquoi _conti~~~r ?
Cela deviendrait fatiguant. En ce qui concerne la b1bhograph1e bres1henne sur ~ . je me flatte de posséder la plus co~plete qu'il _Y .~it en Es~a~
gne, et pour la portugaise je doute qu'il en extste une qm 1egale. V01c1
mon Forjaz de Sampaio, Joáo Chagas, José Agostinho, et, en fin de
compte, tant d'autres qui m'offrent des renseignements et des d~cu~ents
sur E~ de Queiroz et des jugements sur son ceuvre. _Avec cette b1bhofaphie vaste et variée que je mettrai quelque jour en hgne de combat, J aurais pu présenter en n'importe quel premier prologue a l'une de mes traductions d'E~ de Queiroz (par exemple dans le prologue de la Décadence du rire, Biblioteca Nueva, Madrid, 1918), un formidable appareil
bibliographique qui ferait la stupeur des ignorants et méme l'étonnem~nt
des érudits. Je me gardai bien de le faire et j'écrivis un prologue rap1~e
et plein de suc, comme il convenait a la personnalité de l'auteur. Ma1s
comme nous sommes dans la Péninsule, c'est-a-dire dans le pays des
idées faites, des jugements précorn;us, des réputations fossiles et des
concepts décharnés - comme l'a si bien remarqué~ lui-méme - le
mot qui a circulé dans les petits cénacles littéraires a été toujours le
mcme, ce mot enkisté, découplé, opiniatre, bouffon : « Prologue de
Gonzalez Blanco ! Ah I érudit et avec notes 1 »
Mais vraiment, je n'ai pas voulu me donner le plaisir d'exhiber une
érudition queiro::ienne qu'il m'aurait été facile d'étaler, ni de construire
un somptueux chateau de bibliographie comme conclusion d~, mon
prologue, bien que cette bibliographie soit presque . :oute le r~ultat
personnel de plusieurs années de travail sur ~a m~ttere P?rtuga1se, et
par conséquent absolument ignorée - comme Je pu1s en fa1re ~a preuve
- de presque tous les critiques espagnols, méme de ceux qw se vantent d'étre queirozistes. Mais cela me parut non seulement ennuyeux
et pédantesque, mais en outre inopportun. Cette bibliographie a sa
place en un lieu qui lui conviendra mieux.
Rien qu'avec les renseignements et le fruit des recherches de Cabral,
n'importe qui peut se complaire a fabriquer de longs prologues documentés. Le méme Cabral est le seul qui ait recueilli quelque chose de
la correspondance d'E~ de Queiroz ; singulierement intéressantes sont
diverses lettres a Oliveira Martins et certaines destinées aux deux freres Pindella (Vicomte de Pindella et comte d'Arnoso), a Antonio Eunes, au comte de Sabugosa, etc. Mais si méritoire que soit l'ceuvre de
Cabra! sur ce point, pour les documents inédits qui y figurent, elle
n'est pas tout ce qu'on pouvait et devait faire pour la mémoire et la
gloire d'~ de Queiroz.
On aurait dü publier en Portugal un livre (en plusieurs volumes, s1

65 -

c'était nécessaire), le principal de la correspondance du maitre. En Espagne nous avons eu la précaution de recueillir ce qu'il y a de capital
da1~s la :orrespondance de Ganivet qui est, comme penseur et comme
arttste, bien au-dessous d'E~ de Queiroz legue! est un artiste méritant
l'universalité.
?n n'a pas publié non plus en Portugal les Pages oubliées, compilation et prologue de José Sampaio (Bruno), qui sont annoncées dans
tous les volumes posthumes d'E~ et que les éditeurs, dans l'avertissement au lecteur de la 2• édition de Notes co11temporaines, annoncent
comme devant étre nubliées prochainement. On aurait recueilli dans
ce _volume, a cttr~ comme on dit, sous les auspices de l'érudit José Sarnpa,o (Bruno), d1ve~s articles, dix-huit lettres écrites, de 1877 a 1878,
de ~ondres pour le JOurnal de Porto, A Actualidade. ]'ignore! pour quels
~otifs ce vol~me n'a pas été publié, l'ceuvre posthume et dispersée
d E~a de Qu~1r~z restant ainsi incomplete et tronquée.
, J?ans ces limites que les éditeurs portugais eux-memes ont imposées
a I ceuvre posthume du maitre, j'ai entrepris la tache ardue dure et
~a~~ gloire de la faire connaitre en Espagne, iti integrmn, 'par une
edt~ton scrupule~se et soignée, une édition qui soit définitivement et
\'ra1ment 11.e ·varietur.
Pour que les lecteurs d'llispania se forment une idée de la tran~ceudence et ~e la grandeur de cette c:euvre, je donne ici w1 schéma des
travaux d1~rersés_ et posthumes d'E~ de Queiroz qui ont été distribués
de la mamere suivante dans les éditions portugaises :
I. Proses barbares (avec une introduction de Jayme Batalha Reis).
Librairie Chardron, Porto, 1903.
II. Echos de París. Librairie Chardron, Porto, 1905.
III. Lettres d'A11gleterre. Librairie Chardron, Porto, 1905.
IV. Notes contemporai11es. Porto, 1909, 2• édition. Librairie Chardron de Bello et frere. Porto, 1913.
. V. Lettres familieres et billets de París. Librairie Chardron,
tion. Porto, 1913.

2

•

édi-

VI. Derniercs pages. Librairie Chardron. Porto, 1917.
E~ la traduisant en castillan, j'ai suivi pas a pas l'ceuvre posthume
et dtspersée _d'~~ qui_ c?nstitue un des aspects les plus surprenants de
s_on, c:e_uvre lt~tera1re s1 nche et si féconde. J'ai déja lancé dans !'arene
httera1re Saint Christophe (Biblioteca Nueva, Madrid, 1920) en un
volume; et en un a_utre volume Saint Ouuphre et Saint Frei Gil (Biblioteca Nu~va, Madnd, 1920) ; et je tiens a faire observer au lecteur,
pour qu 11 se rende compte de la probité de mon entreprise, que ces

�-66trois « Vies de saints », ces magnifiques travaux dans lesquels était
plongé a l'époque de sa mort le glorieux auteur de la Relique, joints
a quatre autres brefs essais (qui, dans l'édition espagnole seront incorporés au second volume de Notes conJemporaines), forment un gros
volume, bien /arto, comme on dit ici, intitulé Derniercs pages, publié
en 1917.
Ont été également publiés en castillan les Echos de Paris (Biblioteca
N ueva, Madrid, 1920) et les Lettrcs d'Angleterre (Biblioteca Nueva,
Madrid, 1920). Dans le courant de l'année 1921, a paru Le Mysthe
de la routc de Cintra (Biblioteca Nueva, Madrid, 1921) qui n'est pas
une reuvre posthume : c'est, au contraire, une reuvrc de jcmwsse q¡¡i
a été incorporée dans cette collection parce qu'on n'en avait qu' 1111e
lamentable édition espagnole antérieure.
Depuis quelques mois circulent sur le marché littéraire les Notes contcmporai11-es (Biblioteca Nueva, Madrid, 1921), qui réunissent les
Essais compris depuis celui qui est intitulé « De Port-Said a Suez »,
jusqu'a la magistrale étude sur Anthero de Quental.
11 reste a publier (et cela ne tardera pas) un second volume de No tes
coutcmporaines, qui s'intitulera Demiercs pages et qui comprendra les
autres essais (depuis « Anthero de Quental » jusqu'a « Almanachs »),
plus les quatre essais dont j'ai parlé plus haut qui sont inclus dans le
volume portugais du meme titre, c'est-a-dire « Le Francesismo »,
« Lettre a Camille Castello Branco », « Derniere lettre de Fadrique
Méndez » et « Testament de Mécene ».
Doivent apparaitre ensuite les Lcttres familieres et Billets de Paris,
et enfin les Proses barbares et une seconde édition des C ontes qui ont
ont publiés en castillan (Biblioteca Nueva, Madrid, 1920). Je m'arrete
la car il me semble que voila, a mon avis, l'reuvre fondamentale de
tout le labeur posthume d'E1ya de Queiroz a la version castillane de
laquelle j 'ai consacré, depuis cinq ans, de longues veilles.

III. Les Contes d'E9a de Queiroz
E1ya de Queiroz qui avait re~u les laur iers de Flaubert portugais
comme romancier, se révele dans ses Coutes le Maupassant de la Péninsule. Ses C otites sont un chef-d'reuvre parmi ses divers chefs-d'reuvre.
Dans ma traduction castillane j'ai adopté l'ordre chronologique des
compilateurs. Le volume débute par le conte Sitl{Jularités d'une jeune
filie blonde ot't E1ya est le fort écrivain naturafüte qu'il fut a ses débuts

-

67 -

et &lt;lans ~o~, initicH:io,~ ~itt~r~ir_e. Ce p_remier conte correspond, par sa
facture,,ª ,1 epoque ou il ecnnt le Cnme d1t Perc Amaro; le style et
les ~roce?~s son~ les memes qui lui inspirerent les pages inoubliables de
la v1e clencale a Leiria.

u:i

Vie~t ensuite
poete l)•rique qui est plutót l'esquisse psychologique d un ty~e c~neux pa~ son exotisme du pauvre poete, gan;on de
restaurant, Kornscoso, qu un conte proprement &lt;lit. Ait 1,,oulin est un
cont_e_ nettement réaliste, du genre et méme de la tendance du eoz,sfo
Baszlzo, da_ns Ie_quel il _analrse m_inutieusement les vices et les pourritures que _la,sse a sa swte I adultere dans l'fune d'une petite bourgeoise
&lt;le_ provm,ce. Dans 1~ C oi~n Basilio c'est une « lisboeta » qui est
pemte ; c est la fam11le « lisboeta » avec tous ses défauts qu'E
attaqu~ : a familia lisboeta producto do namoro, rewziao desagradav~~
de egoismos que se co11Jradi::em e 111ais tarde ou mais cedo centro de
bam:oclra~a: ~omme il dit lu!-~éme _dans sa furieuse lettre a Théophile
~ raba ... Vo1c1 la dame provmc1ale, mfinniere, consacrée a son mari et
a ses enfants, sreur de. charité Jaique, Scuhora dedicada, qui se
~ra~~orme en femme débauchée et libertine parce que son cceur a été
eveille par le cousin Adrien, romancier fameux a Lisbonne. qui Ja
trouble.
Ce c~nte est suivi de Civilisatio,1, qui appartient a la derniere époque
de la ne du romancier (il a été écrit certainement de 1899 a 1900) •
plutót qu'un conte c'~s_t _un _court roman, une esquisse de La vil/e et
monta~nes. Dans ~t111~isat1on, E1ya peint avec une splendeur ou il se
complatt ~t avec mmutie le type intéressant de son grand ami Eduardo
Prado, nchc Brésilien, tres érudit et cultivé, journaliste par sport
voyageur par gout irrésistible, a,•ec une fortune princiere et une rési~
dence de na~ab, dans la rue de Rivoli. Jacinto n'est pas autre chose
que 1~ portra1t d Eduardo Prado (1) qui se dcssine de plus en plus dans
1
La ~1/le et les 111ontag11es dont Civilisation n'est qu'une es uisse
plutot une maquette.
q
ou

le;

f

Il
a ensuite deux co~:es de reconstruction historique a Jaquelle
E,;a s adonna dans les dern1eres années de sa vie a Paris. On remarque
p~r ces de_ux contes _: le Trésor, qui parait détaché d'une vieille chro~iqu; castillane, Frei Genebro, charmante histoire italienne, qt:i n'est
egalee que par quelques pages du Puits de Saitite Claire d' Anatole
France, et, plus spécialement, on remarque, par fe Défim:, conte de
sa,·eur et de form~ castillane, avec une ambiance et des personnages
( • 1 .M. Manuel de Souza Pinto la pro
b ·11
d
·
lio de Jacintho (voir l'excellent ouvragc ~~a ;• a_mmc"J ans son intéressant article O EspoLello lrmao, édit. Porto, 1910).
e romqucs e voyage: Ttrra "'ºfª, p. '347 a 36í:

�-68merveilleusement décrits et modelés, que si ~ avait vécu quelques
années de plus i1 serait devenu un émule des gloires ou s'élevertnt, dans
le roman historique, Herculano avec O Bobo, Amoldo avec la Ruc
désertc, Rebello de Silva avec Haine vicille ne lassc jamais. Dans ce
meme genre, le Jour (la Nourricc) est un bijou, une délicatesse de
style et d'exécution. 'Adam et E1..•e dans le paradis et la Perfection
appartiennent a un autre cycle et a une autre orientation : ce sont
de pures et simples reconstructions artistiques sans objet historique
ni didactique, dont le seul but est de peindre de grands tableaux. On
dirait des contes écrits ou gr¿,és Stir des murs de jaspe, tant en est
claire et burinée la prose qui atteint sa pleine consécration d'écriture
artistique, comme disaient les Goncourt, une prose comme la revait
Fadrique Mendez : une ¡,rose comme il n'e,i e.~istc point cncore.
Cornme fin et agrafe d'or du livre, reste le suave miracle duque\
son intime ami, le comte d' Amoso (Bernardo Pindella), a tiré une
piece de théatre, un merveilleux mystcre de style médiéval ( 1 ). Le
suar;e miraclc est une conccption tres belle appartenant a un genre de
légende religieuse qui a besoin d'un public recueilli et dévot. On comprend qu'il n'ait pas plu au public banal, superficiellement aristocratique, - sauf le comte d'Arnoso, don Luis de Soveral, le comte de
Ficalho et le comte de Sabugosa qui dépassaient leurs contemporains
et qui, du groupe des vaincus de la vie, des hautes fenetres de l'Hótel
Bragance, dédaignaient Lisbonne ; le reste était mesmo re/es, meme
dans l'aristocratie. C'est ce que laisse a entendre bien discretement
Alberto d'Oliveira lorsqu'il dit qu'on alla jusqu'a la qualifier de
« suave ma,ada, suave pe~ade:: » (suave 111assue, sua,•e loflrdeur).
Au contraire, on peut assurer que dans la prose chatiée et dure
d'Ec;a de Queiroz, parvenue la a son plus haut point de sobriété, nous
sommes passionnés et séduits par l'essai, si bien réussi, de résurrection
pieuse et passionnée du style biblique simple, et le conte parait une
page extraite de quelque narrateur des premieres années de la prédication du christianisme.
Ce n'est plus la le style d'Ec;a que Fialho d'Almeida, avec sa causticité habituelle, décrivait comme étant d'une syntaxe énervée et cynique, en présentant cette these que ríen ne définit si bien un auteur
comme sa forme littéraire et que ríen ne l'a_utobiographie tant... « Ríen
n'autobiographie tant un auteur comme sa forme littéraire. Certatnes
(11 Rcpriscntée au théatrc de Doña Maria, l la Noll de 1901. Pourceue piece furcnt ccrits
quclques beaus vers mystiques par M. Alberto d'Oliveira qui con~acre un beau chapitre au
conte et au m711ere qu! en est_ ~urait da~• son tres be.1 o_uvrage qui n'cst pas une apologie
aveugle et am1cale, ma1s de cnuque sereine et noble, in111ulée : Eía d, Queiro:¡_ (J&gt;og,s d,
mtmoir,), Portugal-Brésil, Lda Sociedade editora, S. d. mais de 1918.

phrases de ~s JIa~as, avec leur syntaxe énervée et cynique, sont tout
Ec;a de Que1roz v1vant et parlant. »
Rémy de Gourmont a exposé et brillamment développé ce theme dans
le Probleme du style, affirmant que le style n'est pas seulement l'homme
ment~lement mais l'homme avec sa physiologie, ses passions et son
temperament.
Er~dQu'
· · a¡ors parvenu au sommet de la se' • ºté'
-Ye
e1roz eta1t
•
me dan 1 . d l' ,
rem supres ~ ;·1~ } •e a emanait dans son style cette sobriété persuasive
~t ~et!e seremte emouvante et presque religieuse qui furent ses dons
l1ttera1res de derniere heure.
ANDRÉS GONZÁLEZ BLANCO.

Lisbonne, r"' décembrc

192 I.

'

�-

71 -

. En_ affirmant ainsi d'une fa~on si appuyée que le Maestre de Santiago
avait ~as vu le roi depuis que, sur l'ordre de celui-ci, il était venu le
t~ouver a Llerena, au début de 1351 (Año II, cap. II), Ayala aurait tout
sm~plement ;7oulu donner le change, et' faire croire au lecteur que, les accusahons ~rtees contre D. Fadrique tombaient d'elles-memes, vu son absence
prolongee. On sait du reste quelles sont ces accusations : nous les connaissons . par, les ~o~ances cités plus 'haut, et par les lettres de D. Diego de
Castilla a Jerommo Zurita (réunies par Juan Francisco Andrés de Ustarroz
et publiées par Diego J. Donner dans Progresos de la historia e,i el Reino
de Aragón (1), avec les réponses de Zurita).
0

Le·témoignage de López de Ayala
au sujet de D. Fadrique, frere de Pierre-le-Cruel

a

Un mémoire présenté récemment la Faculté des Lettres de Bordeaux (1)
sur Blanche de Bourbon, femme de Pierre-le-Cruel, dans l'histoire et dans
la littérature, m'a foumi l'occasion de regarder d'un peu plus pres que je
n'avais fait auparavant le texte de López de Ayala et les romances relatifs
ce couple tragique. Je voudrais dire ce que me suggere cet examen qui
ne fait, au surplus, que confirmer les conclusions générales auxquelles
était arrivé l'auteur de ce mémoire. Je me limite d'ailleurs a deux points
tres particuliers.
J" avouerai d'abord que j'avais été jadis quelque peu ébranlé dans ma
croyance a l'innocence de cet'te reine franc;aise, par l'article si brillant que
M. Lucas de Tor re y Franco-Romero a publié en 1909 dans la Revista de
Archi-11os (2). Les rumeurs dont nous apportent l'écho les romances 67 et
67a de la Pri1tiavera y Flor de roma11ces, dans l'Antología de poetas
líricos castellanos, t. VIII, p. 129 et 131, auxquels il convient d'ajouter le
nº 3 de l'Appen&lt;iice au t. XII de la meme anthologie, et' aussi celui que
M. de Torre a publié a son tour dans son étude seraient-elles done vraiment fondées ? Et faut-il admettre, comme M. de Torre nous y conviait,
que López de Ayala a passé volontairement sous silence des faits qui
expliqueraient' assez, par eux-memes, le ressentiment de P ierre contre
sa fernme en meme temps que contre D . Fadrique ? Ce dernier point, M. de
Torre a cherché
l'établir en démontrant que !'historien a sciemment
falsifié la vérité quand il prétend, au ch. XXVII de l'année IV (1353) (3)
que D. Fadrique étant venu a Cuellar, ou se trouvait le roí, celui-ci

a

a

« rescibióle muy bien : e 11011 aiia -z,islo el Maestre al Rey despues que ovemos
ro11/ado que vi11icra a él a Llerc11a, luego que e1 Rey regnó, quando levaron presa a
Talavera a Doña Leonor de Guzman su madre. ll (4).
(il Par Mlle M. Raynard, étudiante a la Facullé des Leures de Paris, en \'ue de l'obtention du diplOme d'études supérieures (décembre, 192 1).
(2) Las boJas del Rey D. PeJro de Castilla.
(3) Et non « año V ( 1154) », comme porte le texte de J'article, par une faute ci'impression
sans doute. Meme lapsus dans Sitges. p. 6-1.
(◄) Ed. Rosell (Bib. ,-tul. Esp., t. LXVI, p. ,n8J.

De~ 19 10, cependant, M. J.-D. Sitges, qui, selon toute apparence, avait
tout Juste eu le temps de prendre connaissance de l'article de M. de Torre
et qui avait préparé auparavant le plus gros de son consciencieux et volu~
mineux travail, Las mujeres del Rey D. Pedro J de Castilla, nous livrait
son ar~umentation, sans se laisser influencer ni troubler par celle de son
devanc1er, et nous expliquaif l'attitude du roi Pierre vis-a-vis de sa femme
par le dépit qu'il avait éprouvé de ne pas voir verser la dot promise
(p. 361-3~2). C'est une explication, et on peut la retenir. Je crois que l'on
peut en aJouter une autre, sans faire intervenir la légende scandaleuse des
rapports de la fufure reine avec le frere batard du roi, sans voir en elle
une Yseut-Ia-Blonde, ni dans D. Fadrique un Tristan. A la mort du
1~aest~e: l~s tractations de celui-ci avec le roi Pierre d'Aragon, apres la
reconc1hat1on ~e 13~5 (a Toro), ne peuvent-elles avoir donné, vu le tempérament du ro1 castillan et les circonst'ances vraiment terribles ou il se
trouvait, un préte&gt;..1:e, sinon une excuse, aussi bien qu'a sa fureur contre
D. Tel10, son autre frere batard, contre D. Juan, son cousin, contre Doña
Leonor, sa tante, mere de ce dernier (2) ? Vraimenf, Pierre-le-Cruel eut
é~é bien endura_nt ~'il eut attendu tant d'années pour se venger des privautes de son dem1- frere avec Doña Blanca, avant que celle-ci fut reine d'Espagne.

a

Reportons-nous done
l'année 1353, 29 juillet, date de l'entrevue de
Cuellar. Les noces royales avaient été célébrées le 3 juin précédent (3).

Tout d'abord, M. de Torre trouve extraordinaire qu'on nous dise « el
Rey le recibió muy bien » (4) ; pourquoi cette remarque ? se demande(1) B~bl. de Eser. arag-., Zaragoza, 1868, p. 255-262.
/2) Sitges, p. 235, expose les faits.
(3) L'Abreviada dont il sera question plus loin porte une date différente et incomplete
« 1unes en el mes de Mayo».

(4) Año IV, cap. XXVII.

�-

72 -

-73-

t-il ; « Nadie dudaba de lo contrario ; el Maestre, según la Cró11ica, quedó,
cuando la entra\"ista de Llerena « asegurado de la merced del Rey (t) », y
después no cuenta acto alguno de D. Fadrique que pudiera desplacerle n.
Que López de Ayala ne nous raconfe, apres l'entre\"ue de Llerena, aucun
acte de D. Fadriquc qui ait pu déplaire au roi, c'est certain. Mais au chapitre suivant, il nous dit comment le Maestre obtint l'autorisation de \"oir

sa mere, gardée

a vue.

E el Mae~tre fué a Hrla e Doiia Ltl)nor tomó al Maestre su fijo, e abrazólo,
e be~ólo, et estovo una grande hora llorando con él, e el con ella. e ninguna palabra
non dixo el uno al otro. E lo:. que estaban y por guardas de Doña Leonor dixeron
al Maestre que se fuese para el Rey ; e así to fizo, e nunca más ,·ió el Maestre a
Doiia Leonor ~u madre después de aquel día, nin ella a el.

tre ,· et ces
• t peut-etre
•
ce que n'a ias voul

.
pensait qu'a Doña Blanca. 11 eüt
u cro1r~ M._ de Torre. qui ne
man Qtte dan. I'
. d
auss1 penser a Dona Leonor de Guz•
•
s
e'-pnt e son ni • )
, ·
Alburquerque l'immédiate r,
./'. e venta!.&gt;le auteur de sa mort füt
de celui-ci le, donne assez a·econtc1 idahon des_ deux frcres apres le départ
••
en en re Je &lt;lit
•
T .
bien cela qu'il y eut a· Cu 11
• •
« reconc1 iation n, et c'est
e ar : vraunent c"t ·t" b'
•
.
pouvait etre autre chose car o
' d
' e a1 ien nece~~aire et ce ne
· •
n n a mettra tout d
drique ait supporté le meurtre de sa m.
.
e i_nem_e pas que D. Faétaif d'autant plus di~posé san. ~
ere_ san~ chagnn ni rancunc. ~Iais il
favori que précisément - )~; ds º¡~te, a reJeter la respon,abilité sur le
•
'
·
•
s e entrevue de Ller
D F
.
, ,, •finco... asegurado en la merced del Pe. 1
ena,
. •adnque

ra1L ..

s·mgur·iere

par les mots qui suivent :

En effet', sur l'ordre du roi et par le conseil d' Alburquerque, Doña Leonor
fut conduite a Talavera, et tuée, ajoute Ayala, qui nous donne le nom de
celui qui íut chargé de l'exécution.
Comment s'étonner que, parlant de l'accueil que fit le roi a . on frere
batard,
Cuellar, Ayala éprouve le besoin d'en remarquer l'amabilité :
« rescibióle muy bien ,, ? Il semble en effet' que l'on pouvait s"attendrc
quelques cxplications plutot dure~. Non, D. Fadrique a tout oublié el
memc, pour faire sa cour aux Padilla, i1 con~ent
rctirer l' c11co111ic11da
tll,IJ)'Or de Castilla.
Ruy Chacón pour la donner Juan García de \'illagera,
frere de la favorite. Ce n'est pas· tres beau, ni meme attcndu ; et' l'on
s'explique \'raiment cette insistance, qui inquiete tant M. de Torre, a dire

a

a

a

a

a

« rescibióle muy bien &gt;).
C'est aussi que, depuis Llerena, il s'est produit' un changement dans la
politique, ou plus simplement dans les rapports du roi a,·ec Alburquerque.
Qu'on lise seulement la fin du ch. XXV, distant de la longueur d'un simple pelit chapitre, de cclui ou est racontée l'entrevue de Cuellar :
E desque Don Juan Alfonso entendió qua! era la voluntad del Rey, luego otro

,io,i

día se tornó para Caravajale~. e dende se fué para Portugal ; ca
se auguró
dt estar allí par miedo dtl Rey, porque ya los f uT,os st daiiaba11 más dt cada día :
é ya era Don Juan Alfonso muy arrepentido por quanto enviara su fijo Don ~fartin
Gil en arrchenes al Rey.

La fuite de D. Juan Alfonso, de celui qui avait conseillé l'envoi de
Doña Leonor a Talavera, explique le rapprochement du roi et du i\lacs(,) Año 11, cap. 11. Le roi avait voulu cette cntrevue, comme cela est dit au ch. X de
l'année 1, 1ur le conseit de aes pri~ados, qui, aprb l'arreatation de D• Leonor de Guimán
l!Ji firent observer? malgré tout • que era bien ,que el Rey cobrassc los suyos e non ,e par~
tte!&lt;sen del. E dec,an\o por el Con_de Don Enn9ue, e por el Maestre Don Fadrique 1u1 hermanos•• etc. Le managc clande111n. de D. Enrique avec D• Juana et la íuite de D. Enrique
n't:m_plch~r~nt pas le conaeil d'itre bon en ce qui concernait D. ,Fadrique, et D. Pedro le
1u1•1t effeeuvement.

"a}un

merced cl'ailleurs, réduite

'·

exil dégu'1.. . 11
• •
·
~e , e e el\t definie

E mandóle que se fuese para su ticrr~ª• e diólc licencia que O
cor tes que se avían de facer en Valladolid.
n n

{

uc~e a las

Un peu plus haut, Ayala a expliqué que c'est sur l'ordr d
le Maestre est arrivé
Llerena
ur I' .
e u roi que
Maestre al Rev mucho scrv1·c· d po. d} attendre, et que « fizo ollé el
J
•
10 e vian as » cha
bl'
.
qu'enfin et c'e t r 1
.
· '
rge O igatoire du reste •
,
s a e pomt, les commandeurs d 1'0 d
• .
'
solennellement (plc)•to e omcnage) d
.
e.
r re prevmrent
Fadrique (bien sp, ifi. ,
e ne pas recevo1r le J.Iacstrc Don
ec e, c est une mesure toute
.
11 )
•

a

~:~:~~ ;::v~! :us:es:;a~:~~eil: !evsaie
nt _toujourE~. s:;;o~n~lt:cs:;;s «I ::::
u 5 enor » • t c'est la-d · .
1
·
a

autori~e son frere se rctirer d
.
essus que e ro1
11."
ans ses terres, sans prendre pa t
C
., ouhlions pas que Doña Leonor e'ta1t
. pen danf ce tem
.r aux
. • artes.
le pala is de ta reine Doña ~r .
'.
.
ps, pnsonmere dans
" ana, sa nvale tnomphant
t
, 11
,
¡,as tarder a disparaitre.
e, e qu e e n allait

I~ Si D. Fadrique n'est pas en disgrace, comment désigner sa situation ?
:.t tour cela, c'est a Alburquerque qu ·¡¡ le doit.

De meme,
•
pour comprendre comment 1 r .

.5

~O:esst bon d1e r(el~e les chapitres qui préc:de~~ :ef:/ cliª~:~:: e:t~:i~=~
0

roya es ano IV cap XII) A
1 1
Alburquerque voyant q'
l.
. . u c l .• V, Ayala nous dit comment
ue e ro1 « non av1a gra11d
1
d
.
sus bodas » tui dédu ·t
.
vo unta de 1r facer
'
t 1es ra1sons de convenanc s t d bo
qui commandent la réalisation d'une union dev:nue .
. nbnle poli.tique
e mev1ta e, puisque

~

l•l La rccommandation n'e&amp;t pu sens 1ron1c,
• . epres l'ordre formel qui vient d"6tre do .
nne.

�75
la fiancée était arrivée a Yalladolid. Si bien que le roi « ca~o que no de
buena voluntad, fizolo asi segund que Don Juan Alfonso le aconsejaba l&gt;
(cap. V). Puis D. Enrique et D. Tel10, venant pour assister aux noces
royales, s'arréterent a Cigales, sans consentir a enfrer &lt;lans Valladolid
autrernent qu'avec toutes leurs troupes. A l'instigation de D. Juan Alfonso,
le roí « acordó de los ir a prender o matar al Conde e a Don Tello en
Cigales )), et cela le lendemain méme de son arrivée a Valladolid (cap. \"J).
Néanmoins, au moment ou les troupes sonf en présence, séparées par un
petit ruisseau, voici ce que nous dit Ayala :
...El Rey non avia voluntad de pelear con el Conde (1), por quanto ya 11011
amaba ta11to a Do,~ Jrum Alfo11so de Alb1trq11crq11c como solía ; como quit'r que lo
non cntendian así todos. (ch. Vll)... Como quier que Don Juan Alfonso de Alburquerque acuciaba que el Rey pelease aquel día con el Conde, diciendo que era ya
hora de vísperas, e que el Conde le tenía en palabras por esperar la noche para
foir, empero el Rey non quería nin lo avía en voluntad... (ch. IX).

L'accord est fait entre les trois freres, mais c'est sur le dos du favori (2).
Aussi, bien que ce soir-la, a Yalladolid, D. Enrique et D. Tel10 dinent
d:ez Alburquerque, Ayala laisse prévoir le dénouement' : « pusieron sus
amistades en uno, pero duró poco la amistad. )) (ch. X ). En effet, les noces
ont lieu le lundi ; le mercredi, D. Pedro part subrepticement retrouver la
Padilla ; deux jours apres, D. Enrique et D. Tello allaient le rejoindrc,
suivis le lendemain par d'autres personnages.
E todos estos eran amigos de parientes de Doña María de Padilla, por facer
placer al Rey ; e todos cra11 contra Dou J11a11 Alfo11so señor de Alburquerque
(ch. XIII).

Qu'est-ce qui ressort de cet exposé, si ce n'est' que le roi, alors agé de
20 ans (3) a peine, avait supporté difficilement le joug de son favori, et
avait fini par se cabrer. lJ en avait assez d'écouter l'austere voix du devoir.
I1 avait h!lte de se retrouver avec Doña Maria, dont" il n'avait consentí
a s'éloigner que sous le coup des objurgations d'Alburquerque.
Il en voulait a celui-ci de son autorité et ne songeait plus qu·a la secouer.
La maniere la plus brutalement expressive, la plus plaisante sans doute
pour lui, n'est-elle pas' celle qu'il adopte ? C'est avant tout une farce contre
Alburquerque, lequel se trouve joué par le roí comme par ses freres, et
meme en livrant son fils, unique légitime, D . Martín Gil (ch. XXII), ne

parviendra pl_us a regagner la faveur royale. Et c'est alors, précisément,
i~e D. Fadnqu~ revie~t aupres du roi - moins de deux mois apres.
J~rre n:, pouva1t ~ debarrasser d'Alburquerque sans s'appuyer sur ses
freres. L enorme pmssance de ses vassaux l'obligeait' a cette politique de
bascule.
. , ~u.e; besoin alors d'ima~iner que le chroniqueur a voulu dissimuler la
~ente · _On comprend fac1lement ce qui s'est passé. Les charmes de la
Jeune reme, une étrangcre ímposée par des raisons d'Etat et qui n'est méme
~as fille de roí, n'ont pu faire oublier la femme aimée, celle que le roi a
elue selon son cxeur. lis l'ont pu d'autant moins que l'ínfluence de celui
qui l'a imposée (1) est batt'ue en breche par les freres batards, avec lesquels, malgré tout, le roí est obligé de compter. La cause de la reine est
líée a cel!e, du, fa~ori : on a vu que celui-ci, méme avant le mariage, a
commence a depla1re. La fram;aise, dont le sort était Eé par le fait au
. na
' pu soutenír la comparaison avec la « doncella 'muy fermosa
' »
sien,
dont le. roi avai~ d~ja une filie. Et les raisons ne pouvaient manquer au
souvera1n pour JUsltfier sa conduíte. Remarquons néanmoins que le pape
Innocent VI les quaHfie de frivoles et de ridtcules. Assurément il serait
intéressant . de connaitre les lettrc:; que Pierre écrivait au pape comme
no~s co~na1ssons celles de ce dernier. l\Iais l'impression qu 'elles avaient
faites, n est'-ce pas quelque chose que de la voir si énergíquement résumée?

Sans doute, il y a les fameux romances. Le cas qu'íl faut en faíre,
Men_éndez Pelayo l'a dit. L 'explicatíon par Iui donnée a la faveur que leur
vers1on trouva aupres de certaines familles (2), celle des Enriquez en particulier, n'a pas été ruinée par I'argumentation de M. de Torre, non plus
que les observations si fines et si serrées de Zurita. Inut'ile d'insister. Ce
sont la des rumeurs, pas autre chose :
Entra la gente se suena, ·y no por cosa sabida ...

comme déclarent, avec d'insignifiantes variantes, les quatre romances, ou
plutót les quafre versions d'un meme romance qui nous sont parvenues ;
et le comment'aire que M. de Torre a trouvé dans le manuscrit de la
Biblioteca nacional qui tui a fourni la quatrieme ne saurait nous en imposer.
Vouloir

( 1) Abrev.: « non avia voluntad de matar al Conde, n_in le prender•&gt;.
.
(2) 11 Fue la primera vez que el rey se apartó ostensiblemente de los conseios de ~lbu~querqt e», observe tres bien M. Sitges, sans en tirer pourtant les conséqutnces que ¡e va11
dédu1re (Las mujeres del rey don Pedro, p. 189).
(1) 11 était né le 10 aout 11'3◄ (Fl6res, Reynas Cath., t. 11, p. 617).

(1

l

a toute force que D.

Fadrique ait été chargé d'aller chercher la

Sitges, p. 135, marque bien que ce mariage fut l'ccuvre d 'Alburquerque

(~) ,fotol. de poetas líricos, t. XII, p . 1,p.

·

�-

¡G-

future reine a Xarbonne (1) et ait profité odieusement ele l'occasion prétendre que c'est cela que López de Ayala a voulu cac11er, c'est faire de
l'histoire imaginaire. Possible que le séjour qu'il fit plus tard a Tolede (ou
Doña Blanca, amenée comme prisonniere, trouva d'abord des sympathies),
ait donné lieu a des suppositions f.acheuses, et que ces suppositions se
soient traeluites dans des romances plus ou moins spontanés, libelles anonymes qui prenaient de l'autorité en passant de bouche en bouche. Les
Coplas del Pro·villcicl, auxquelles on pourrait songer ici, portent une date
implicife. Les romances n'en ont point. tn eussent--ils une. que I'on ne
pourrait leur accorder plus ele valeur documentaire qu'a telles ou !elles
infamies en vers ou en prose, souvent simplement orales, qui ont terni
injustement la réputation ele telle ou t'elle princesse, de notre temps ou des
temps plus anciens, sans autre motif que les haines politiques ou la stupidité des foules.

Revue des Revues
L'effort de l'Espagne vers le progres. germanophile

La propaganda

Deux sons de cloche :

Voici maintenant une remarque qui ne me parait pas sans portée. Au
ch. XXVII d~ l'année IV (1353), les mots rescibwle mii)• bie11 s'appliq_uent
dans la version la plus breve, celle que Zurita appelle l'Abreviada et' qu'il
considere comme la premiere en date, non pas a D. Fadrique, mais a
D. Pedro de 'Xérica, qui offrait au roi « muchos presentes de falcones » ;
et c'est presque en passant qu'il est fait allusion au M acstrc :
E tiraron estonce, estando y el Maestre Don Fadrique, la encomienda mayor
de Castilla a Don Ruy Chacon...

Cette variante, relevée, comme tant' d'autres, par le diligent Zurita, et
reproduite par Llaguno, puis par Rosell, nous avertit qu'il convient de
ne tirer d'une phrase de )'historien que des déductions bien appuyées par
)'ensemble. I1 y aurait peut-etre lieu de revoir les manuscrits eux-rnemes.
Zurita a certainement préparé le collationnement avec soin et intelligence,
rnais en a-t-on tiré le parti qu'il fallait ?
Je noterai aussi que Rosell ne reproduit pas toules les variantes que
donne Llaguno (2) et ne distingue d'aucune maniere les notes dues a ce
dernier de celles de Zurita lui-méme. I1 faut done se garder de discuter
sans autre chose que le volume de la B. A. E. entre les mains. Si l'on
n'admet pas les conclusions auxquelles j'arrive ci-elessus, on souscrira peutétre au moins a celle-ci.
Georges CrnoT.
(t) M. Sitges rejette nettement une tellc supposition : « Es aventurado admitir que
Don Fadrique, Maestre de Santiago, estuviera entre los caballeros españoles que fueron a
Narbona en busca de Doña Blanca. No consta en ninguna parte». (Las mujtres dt Pedro /,

p. 'J5'J).
12) Par excmple cclle du ch. XXVI de l'année IV ("35'3).

« Bie11 que l'Espag11e 11'a.it ¡,oiut été au 110111bre des J,a)•s bclligéra11ts de la dcrniJre g11errc, chartm sait q,l'rlle en a so11ffert d'1mc fa,;on tres sm.l"ible »
écrit M. Paul-M. Turull Fournols dans le Monde Nowvcau.
« Q11clles que soient les raisons pour lesq11elles l' Es¡,agne a gardé la 11rutralité
pe11da11t la guerre, il est certaill qu'elle 1m a retiré d'i1111nenses avautages ,.

écrit l\f. Albert Esquerré dans La Re11qissa11ce.
Le collaboratenr du !,!onde No11veau rappelle les dures épreuvcs que supporta
spéciatement ta Catalogne, région industriellc, ou un arrét brusque des commandes
s'est produit, au grand dam des commf!r~nts, sitot l'armistice décrété ; it cite « la
guerre des tarifs avec la Francc, le manque de programme du gouvernement espa- /'
gnot en ce qui concerne le probleme de Tanger et les relations intemationales », la
révolte des Rjffain-s au l\Iaroc et la faillite du Banco de Barce/01,a.
Le collaborateur de La Re11aissa11ce, il le prouve dans le corps de son article,
ne méconnait pas la gravité d'un événement tet que la révolte des Riffains auquel
son confrere du Moudc Nouveau fait allusion. Et la surprise tui parait d'autant
plus douloureuse pour l'Espagnc que celle-d vivait en nation heureuse. Heureuse,
oui ; voyez plutot ce tableau sur lequel s'ouvre son article :
En vendant les huiles, les légumes secs, les cuirs, les vins, le bétail, elle s'est enrichie. Les banques ont accumulé des réscrves d'or et acquis ta majorité des actions
dans certaines grandes entreprises, telles que les chemins de fer, {!ui étaient controlées depuis lcngtemps par des capitaux étrangers. La petite bourgeoisie contracte
des goíits de luxe au point que les musées abritent une foute de copistes chargés
de commandes. Les campagnards n'offrent plus le spectacle de vestons rapiécés et
d'espadrilles ; ils ont adopté le vetement de confection et les broclequins. Malgré
la crise économique dont on souffrc en Espagne commc partout, le bicn-etrc est
réel.
Beaucoup mieux que les enseignements des théoriciens, cette fortune a donné
aux hommes d'affaires, jusqu'ici perdus de routine, une audace inattendue. La gri-

�-

-

¡9-

¡8-

serie df:'S bénéfices a non seulement multiplié les magasins et les usines mais cncore
poussé aux insta\lations confortables, aux expéricnccs de laboratoire, aux voyagcs
d'études. Délivrée de craintes, l'imagination échafaude de pt1issantes combinaisons.
Un directeur de société me racontait qu'il a\lait constitt11:r une vaste organi&lt;ation
destinée a régulariser la distribution dt1 coke dans toute la péninsule. Je ne comprends pas, ajoutait-il, qu'on n'ait pas poun·u plus tót a cette nécessité.
L'Espagne a done ses 41 nouveaux riches », tout comme la France. ~Iais un détail
savouret1x montre combien ils different des nótres. Quoi ! les goüts de luxe de la
pttite bourgeoisie espagnole s'affirment par des commandes de copies des tableaux
célebres ! 0n a ici plus de hardiesse : les tableaux c-ubistes sont la gloire des salons
encore neu fs.
La richesse bien gérée n'est pas négligeahle. Si des écrivains espagnols désespérerent autrefois de leur patrie, te\ ce Jean Valera, dit le collaborateur de La
Re11aissa11ce, qui « affirmait, en 1876, qu'au point de vue politique, social, économique, il n•était pas une nation, la Turquie exceptée, qui ne surpassat la sienne »,
si ce pessimisme fut encore accru en 1898 par la victoire américaine, la guerre a
réveillé les courages abattus.
Tandis que la France et 1' Allemagne s'épuisaient, les journaux conseillaient de
s'endettcr judicieusement pour développer l'instruction, agrandir les ports, exploiter
les mines, construire des routes, approvisionner les arsenaux. L'Espagne est une
grande nation, répétaient les pt1blicistes, en forc;ant volontairement la note, afin
d'ancrer l'e,pérance dans des ámes promptes au renoncement. :t-{e nous trompons
pas a ce cri. Ce n'était pas de la fatuité stérile. C'était un orgueil qui voulait exalter
les éncrgies et qt1'il convient &lt;les lors d'approuver.
Et l'effort sincere de t•Espagne vers le progres, dit plus loin M. Albert Esquerré,
cet effort est indéniable. Comme le touriste franc;ais s'attache trop exclusivement
au pittort-sque de \' Anda\ousie, ou ne voit guere l'Espagne qu'a travers ses courses
de taureaux, l'écrivain franc;ais ne cherche en Espagne que l'évocation d'un passé
favorable aux reveries historiques.
Et cependant le génie de Cervantes ou de Velasquez, ou le cu\te de l'idéal s'a\lie
a un sens aigu des réalités, se retrouve aujourd'hui a chaque pas. J'ai vu, l'autre
jour, une danseuse de Séville qui mimait une scene bachique avec un mélange
surprenant de gráce et de vérité. Fernando de los Rios, prófesseur de droit public
a Grenade, a été surpris des analogies qui existent entre la musique andalouse
et la musique russe. Dans \'une et l'autre, i\ y a un rythme monotone comme la
tristesse quotidienne du moujik ou du \aboureur sévi\lan. Tout a coup une note se
cabre. C'est tantót une révolte, tantót un élan, une aspiration qui dans le domaine
littéraire produit l'Anna Karenine de Tolstoi ou le l\azarin de Pérez Galdós.
Bien qu'on ne nous aime point en toutes choses, la culture franc;aise est toujours
en honneur :
La variété de nos livres, a l'éta\age des librairies, atteste l'influence prépondérante
de nolre pensée. Les auteurs espagnols parlent presque tous notre tangue ; ils
citent a tout propos nos g\oires littéraires ; la p\upart d'entre eux gardent pour
nous une targe gratitude inte\lectuel\e. Ajoutons qu•aupres des socia\istes et des
répub\icains, notre régime politique nous attire de loyales sympathies.

M. Albert Esquerré n'en constate as
.
du terrain ». X ous citerons la fi d p
mom~ que « la culture allemande gagne
•
n e son article quo·q
·
. .
1
a cau~e de cela : il importe d b.
.
•
ue s1 pess1m1ste, ou plutót
f
e 1en conna1tre les senfm t b •
ac;on qu'il sera loisible de les mod·fi
. 1
• en s ostiles ; c'est de cette
• er, a a faveur de notre culture.
.
.
•Les ceuvres &lt;les pb1·¡osoph e'S, h1stonens
et soc· ¡
d'
repandues et bien accréditées si .,
.
10 ogues outre-Rhin sont traduites
t' fi
•
,
J en J uge par le ton p f
•
• que qui se g\isse dans le styl d
.
ro essora 1 et le jargon scienD'
..
e es essay1stes espagnol d't
1 },f A
. une maniere plus générale, la nouvell
, . .
s,
• lbert Esquerré.
a. quarante ans, se rapproche sans cessee len~ration, celle ~es hommes de trente
f~t-ce que parce qu'elle redoute d
e 1 ':llemagn_e. Resolument pacifiste, ne
hon pri,·ilégiée de J'Espagne 11 es guerres qui pourra1ent compromettre la situa~
, e e nous soupc;onne d'i , • 1.
ue sa germanophilie sont plus s , ·
mpena isme. M:ais les raisons
l' \\1
eneuses « }.ous avons 1'nt' ·1 •
emag~e, me disait un jeune avocat · Sa
.
, ~re a nous inspirer de
1
de ses methodes. Au point de .
.·1
pu1ssance matenelle prouve l'excellence
•
,
'ue socia , elle a donné :
•
.
mveau qu aucun peuple n'atteint .
,.
ª son mstruction
moyenne un
.
, e11e a amehoré plus
e1asses ouvrieres. Elle va de l'avant
que personne la condition des
F
• ~
en toutes choses Po
· • • .
ranc;a1s . Je ne vous execre P s
.
·.
urquo1 1m1tenons-nous les
•
.
a , croyez-1e bien Bien a
.
avoue que ¡e me sens plus d'affi . ,
·
u contra1re, sans doute
JN' • •
mtes avec un Par· ·
,
·
a1-¡e pas d'ailleurs épousé une Espa:mol • d' . .
~sien ~u avec un Berlinois.
Vous avez les memes défauts que
"'V e . ongme ranc;aise? Je vous connais.
parcsseux et bavard que le nótre. :ous. otn; gouvcrnemen.t est aussi imprévoyant,

Les courses de taureaux et les élevages andalous
de taureaux ont 1eurs amateurs, en France particulierement dans
le Les
Mid'courses
La
i.
revue que fonda le regretté poete Emil s·
'
son siege a Aix-en-Provence la vil\
. , d
e _1card, Le Feu (revue qui a
Jaloux, de Emile Henriot) '•-r
e a1mee . e Henn de Régnier, de Edmond
•
, se eve contre le ¡ugemcnt d N'
C'
supreme qui va décider du sort d
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L F
v1 rant « appel au Midi » La 'd .
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•
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,
.
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e meconna1tre la grandeur, on pourrait dire
d'
•
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onneur au taureau I Le p
.
apres La Revue Hebdo111adaire ces cons"d' t'
d
eu cite volonti&lt;.'l's,
tains aspects d&lt;.'S élevages anda,lous ». 1 era ions e M. Jean d'Elbée sur « cer. On \: soutiendrait a Gabriele d'Annunzio lui-meme ..
neur a ses lévriers a ses nobles
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b
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b
uement
antes, c'est le
L'homm I
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u com attant sur le chasseur
.
e e com at avec l'épée selon une escrime s·
.
qui manque a ses regles est comm d, h
.
t scrupuleuse que le torero
tauromacbique. Raphael Guern'ta le . es_ onore et p3:5sible de sanctions selon le code
w-meme ce dem1-dieu n
·¡
toute une nuit, apres une faena malheure~s I
ch ' e connut-1 pas, pendant
ont goüté au _sport unique au monde de l'¡lev': ;ad ots de ~aragosse ? Ceux qui
dcmeurent tou¡ours ¡¡assionoés et ceux q . ' d g
e ces an1maux de combat en
particuliere. 11 Y a un envoütement du ~:us/ a onnent portent sur eux une marque
,
eau ....... .
eb arme » etrange est dü aux lieu
• ·¡ •
· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · • • • •.
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chaque
est pétrie d'antiques sou x_ ou t v1t, terres abandonnées, mais dont
L
vemrs ..... .
e torero..... exerce son talent varié dans un cer~l~· e regles et d'usages, aussi

.d ......................... .

�-81-

8o,
.
.
u sínscrivent ses jeux périlleux. Cercle idéal mais qui
ferme que le c1rque meme o
dre a une réalité profonde, puisque, s'il le trans·
ne laisse pourtant pas de correspon
r tui fait rejoindre sur son propre
, t d I béte elle-méme que son erreu
d
gresse, e es e a
.
·
h.
) qu'il rec;oit sans tarder ans sa
terrain (pour parler la techmque tauromac ique '
chair un terrible rappel a l'ordre.

L'Héroisme Espagnol et le Génie de l'Espagne
.
.
1 . . 1 s humains Te\ le jeu de pelota.
~1:~snc~c7u~:~• ;~u:st~::n~:~xd:su sccnes sa,;glantes, plus sa1,glantes ,~ue dles. sccnes
•
Legendre, dans L es L e ti res, rapporte cette egen e •
u. "1:aurice
i,
d e 1,are'ne.•·u
.
1
( our que ce soit plus espagnol), il Y cut.
A propos d'un coup de ¡eu de pe_°;ª ··P¡
d1"•c11ssion entre deux frcres de
.
d
"t"é du xv s1ec e, une ·
un ¡our de la sec_on e m01 • .
d ix freres de la famille ele Manzano ; ces
la famille de Ennquez de Sevilla ~t é\ r le champ l'autre sans doute, un peu
• 1 plus ¡cune su · •
'
•
deux derniers furent tues, e •
f .
L me're des Manzano doña Mana
,·¡
\"engeat pas son rere. a
•
I
plus tard et pour qu ne .
.
ns comme si elle fuyait, mais en route el1e
Rodríguez de Monroy, ~ar,ht a,ec ses g; et elle \eur fit jurer de l'aider ; elle pourleur révéla qu'ell~ parta'.t ~- 1~ veng~a;c.és au Portugal et quelques jours aprcs elle
suivit les meurtners qui s eta1ent l~éet,.gi ,
propres fils avaient \eurs sépultures
jetait \eurs tétes sanglantes da11s g ,se ou ses
fraíches.
étudié les artistes de l'Espagne, étudic aujourd'hui
M. Maurice Legendre ayant
·¡
d
pas celte querelle sanglante, née
,
.nts Sans doute t ne onne
11
ses he ros et ses sai ·
d'h. roisme espagnol, mais, {-crit le co a1
d'une partie de pelota, comme un exemp e
e
borateur des Lettres :
.,
premiere dont cst fait cet
• comme un échantillon typique de la mahere
héroisme. »
11 ajoute :
te de bravoure soit d'une femme ; il y a
J'aime aussi a souligner que cet ac bl d'héroisme et les années de ta grande
s des femmes capa es
. .
,
•
dans beaucoup d e pay
, . ,
t "lleurs qu'en Espagne, ma1s s1 les resencs
guerre en ont vu beaucoup, prec1semen a1_
Espagnc a flcur d'histoire, elles
. . •
,
araissent pas tou¡ours en ·
d'héroisme fem1mn n app
. . d" 'd 11 t {amiliale et e·est pcut-étrc &lt;.'11 vertu
d
la v1e 1n 1v1 ue e e
•
se conservelnt purtes ·tªe•nsreste en si grand honneur dans ce pays.
d'elles que a ma erm
M. Maurice Legendre rend honneur a ta _bravoure
,
,
t dans \'a.pre campagne marocaine ».
genereusemen

espagnole, qui • se dépensc

F n ais du moins au premier abord, de
11 est d'ai\lcurs singutier, pour nous ra e; t 't ut en les combattant, pour ces
. ¡ s Espagnols ressenten , o
d'
•
voir quelle sympath ie e
.
d .
•·¡ ont d'occuper et exp1o1ter
. .f d t
guernlleros, le ro1t qu 1 5
•
ennemis qui de en &lt;.'ll en
•·¡ doit y avoir une express1on
gana
»
Ue
suppose
qu
1
.
1
leur pays, seto~ 1eur « rea •
·. n es agnole pour signifier cette qmntess~nce
marocaíne auss1 forte que_ 1 ~x.press10 M ~s c'est que ce que nous a\"ons appele la
de \'esprit d'indépendance in~1v1_duelle).
a 1
distingue pas substantiellement
··
de l'hero1sme espagno ne se
, b
tte
« matiere prtmiere •
d berbere, ou, mieux, de 1 ara e ; ce
1
de ce qui fait la bra~our~ , du kab~ ,e o~ u ancune et meme de perfidie ; Pile peut
bravoure peut etre tres me lee de co ere, e r

Hre tres chevaleresquc et inutilement ostentatoire ; mais s'il n'y avait eu que ct'tte
matiére premiere, l'histoire de l'Espagne pou rrait ressemblcr
\'histoire moderne de
la péninsule des Balkans, et i1 ,:i'y aurait pas de raison pour que la gloire de l'Espagne et sa part de sacrifices dans l'établisseml'llt et dans le progrés de la civilisation
íussent plus brillantes que la gloire des tribus de \'Arabie et de l'Afrique du Nord.
C'est en vertu de cette conception de la valeur trop limitée a la sphere de l'individu et de ses passions que les Espagnols ont toujours montré une complaisance
exagérée pour les rébellions qui énervent l'organisation sociale. Les Espagnols ont
raison de protester contre les exagérations romantiques sur les bandits espagnols,
mais ils ont eux-memes quelque peu induit en tentation les étrangers naifs a la
recherche de thémes a exploiter littérairement sans se fatiguer a observer.
Par bonheur pour l'Espagne, la Providence a pris soin de catholiciser cette valeur
individutlle qui autrement ne se fut pas élevée au-dcssus des exploits du point
d'honneur, et ou il entre des éléments de qualité morale fort iné.,ale ; elle prit
soin de fai re vivre les braves d'Espagne dans la société des saints ; et les guerrilleros
devinrent des conquistadores : ce qui est en apparence la mcme chose, mais a, réalité
précisément l'inverse.
11 y a un héros légendaire de l'Espagne, qui est a la limite de l'héroisme naturel
et borné, de l'héroisme qui pourrait étre simplement musulman, et de l'héroisme
catbolique, illimité et fécond, pénétré d'éternité : ce héros est connu sous un nom
arabe, c'cst le Cid. 11 a d'ailleurs un autre nom un peu moins connu mais non moins
.significatif ; el Campeador, ce que l'on peut traduire par le cbampion des combats
singuliers. Le Cid a été tout a fait catholicisé par le grand Ccrneille, mais le véritable Cid n'est que le précurseur incomplet du Cid de Corneillc ; i1 a rendu en
somme de beaux services a la chrétienté, mais i1 a passé la plus grande partie de
sa vie de guerrillero a vendre son épée aux plus offrants et, 1comme beaucoup d'autres
gentilshommes chrétiens du x1• siécle, i1 ne considérait pas comme défendu de servir
un prince musulman ; il servit, Saragosse Almoctadir, et plus tard le fils de celui-ci
Almutamin, contre le roi de Valence, qui était un maure, mais qui était aussi l'allié
du roi chrétien d'Aragon Sancho Ramirez et du comte chrétien de Barcelone, Ramon
Berenguer 11 ; ses démelés antérieurs avec son souverain Alphonse VI de Castille sont célebres. En somme, il n'y avait pas au x1• siécle de progres (tant s'en
faut) sur l'héroisme de Viriathe et des Lusitaniens ni sur celui des Numantins ;
si l'élément germanique et l'élément arabe avaient introduit quelque chose de 11011veau dans cet ordre, ce dont il est permis de douter, ce n'était certainement pa.s
un levain.
Mais le levain chrétien travail\ait peu
peu, au cours de la reconquéte, la notion
espagnole et l'inspiration espagnole du courage ; nous en a,·ons un témoignage
dans le Poeme de mo,i Cid, dont le « strict réalisme » si bien mis en lumiere par
le grand érudit Ramón Menéndez Pida!, est, i1 faut le préciser, plus encore que le
portrait liistori(J11e du Cid, le portrait de ceux qui l'ont chanté et qui \'ont admiré.
« Le premier monument que l'on ait conservé des trois littératures de la p'éniinsulc
est aussi la premiere ceuvre capitale ou se révele ce réalisme qui domine ele si haut
l'art espagnol, et qui avec les différences d'époque et de civilisation. se retrouvera
chez les grands génies du siécle d'or. En vain, chercherait-on dans un tableau de
Velazquez une altération, si légere qu'elle füt, de son modele, soit par désir de
l'idéaliser, soit par recherche de \'effet ; on y trouvera seulement une parcelle
de réa\ité profondément ·sentie par l'artiste et transporlée sur la toile avec vigut\1r et
probité sans ombre d'effort, ni de maniérisme : art supreme qui se clérobc aux yeux
qui l'admirent, et ne laisse devant eux que la Yérité toute pure. Rien de plus semblahlc, si l'on met a part la différence de technique, que le tableau de la Redditio11 de
Bréda et le Poeme de 1110,i Cid ... 11 n'est pas jusqu•a ce Spinola peint par Ve\azquez qui ne rappelle le Cid du Pobnc : Spinola apres s'etre emparé d'une place que
l'Europe entiere j ugeait inexpugnable ne mani feste sa satis faction que par un sou-

a

a

a

G,

�-

8.2 -

-83-

rire plcin de bonté ; de meme la figure du Qd apparait éclairée d'un ~imple et bcau
sourire apres qu'il a triomphé de toute la puissance marocaine.
Ainsi le premier monument littéraire conservé en Espagne garde dans son inspiration et jusque dans le détail un fort cachet de race, sans que l'intérct général en
soit diminué le moins du monde... »
La valeur, l'importance des travaux de M. Mhurice Legendre sur J'Espagne n'est
méconnue de personne. Mgr Baudrillart l'a lui-méme proclamée publiquement, dans
le discours qu'il a prononcé a l'occa-sion du centenaire de la naissance de García
Moreno, en l'Eglise St-Sulpice :
Qu'est-ce qu'un Espagnol ? Et qu'est done le génie de l'Espagne ?
Un écrivain fram,;ais, habitant l'Espagne et nourri des meilleurs auteurs de ce
pays, l'a dit récemment en des pages qui sont ce que je connais de plus profond
et de plus juste sur notre grande sa:ur latine.
Le magistral &lt;liscours de Mgr Baudrillart a été publié in extenso dans la Rtwe dt
l'Amfriqut Latint. Nous citerons ce fragment :

a

Les Espagnols aiment
parler de la « raza •, la race, mot pour eux singulierement plus plein et plus riche de sens que pour nous. Quand ils célebrent la fiesta dt la
ra.ea, la féte de la race, le 12 octobre, anniversaire du jour ou Christophe Colomb
parvint au Nouveau-Monde, ils rappellent avec un Jégitime orgueil que la population
de la péninsule ibérique a créé plus de vingt nations sur le sol américain. Ah 1
n'a-t-il pas fallu que le caractere de cette population fiit d'une trempe étonnante
pour qu'il se transmit avec tous ses caracteres essentiels, pour que l'Espagne et le
Portugal répétant dans l'age modeme le plus étonnant prodige de l'antique Rome,
et précédant celui de l'empire anglais, aient pu créer un monde nouveau qui fiit
la fois de leur sang, d,: leur langue et de leur esprit? C'est le miracle de l'Amérique
latine.
Ttmpérament humain qui s'est forgé sur les hauts plateaux de Castille. aux ardeurs
briilantes du soleil, a la bise cinglante ; si physiologiquement fo.rt qu'il vit &lt;lans les
plaines basses de l'Argentine comme sur les hautes terres &lt;lu Mexique et des Andes,
sans se modifier, sans dégénérer, absorbant et &lt;lominant les autres éléments, mais
ne les détruisant pas et constituant, du Mississipi
la Terre de Feu, des nations
qui sont encore la Castille, l'Aragon, la Navarre, le Pays Basque, le Portugal, qui,
en un mot, sont toujours l'identique lbérie.
Tempérament physiologique, mais aussi tempérament moral. Ah I certes, elle n'était
pas faite pour inspirer la volupté et la joie de vivre, sauf en ces grasses plaines qui
s'épandent au picd des montagnes, J'apre et rude terre d'Espagne que l'on a pu
comparer
une mer pétrifiée sous un ciel limpide, tantót de fcu, tantót de glace.
Mais qu'elle était capable de formcr une race d'hommes énergique, riche de noblcsse
et de spiritualité 1
Je les ai vus, ces paysans des deux Castilles, une des plus vigoureuscs réserves
d'humanité qui soient au monde. Je les ai vus, secs et tannés, travailler de Jongues
heures sous le 6oleil, a peu pres sans boire et sans manger, puis, la nuit tombante,
revenir au pas cadencé de leurs mules, vers leurs villages recucillis, en chantant
Jeur mélancolique et religieuse cantilene. Chez ces hommes, quelle sobriété, que! courage, quelle indépendance, quelle majesté, « la majesté castillane, fille de la majesté
romaine », quelle inépuisable faculté de sacrifice 1
Ah I si parfois vous accusez ce peuple de ne plus produire assez, songez qu'il a
produit un monde et qu'il est comme une mere momentanément épuisée par le nombre meme de ses enfants.

a

a

a

Peuple, pour qui le stoicisme est naturt1, le stoicisme le plus humain, je veux dire
cclui du grand Espagnol que fut Séneque, dont la doctrine se condense daos des
propositions telles que celles-ci : « Ne te laisse vaincre par rien de ce qui est étranser a ton esprit. - Aie en toi un axe de diamant. - Quelles que soient les cootingences, maintiens-toi si fierement que du moins J'on puisse dire de toi que tu es un
homme. •
Oui, mais par une conséquence presque fatale, peuple éminemment individualiste,
ou l'individu, fort de son droit et de ses convictions, va jusqu'au bout de sa doctrine
tt jusqu'au bout de son indépendance, qui ne fait pas ce qu'il ne veut pas faire,
qui refuse de s'incliner devant la volonté d'autrui, mais qu'autrui empeche souvent
de réaliser la sienne ; individualisme poussé si loin qu'il est devenu la source de
ce qu'il faut bien appeler l'anarchie des nations espagnoll'S.
Peuple idéaliste et spirituel en raison de ses propres tendances, spiritualisé encore
dans ses attraits par les infiuences que le sémitisme oriental exer~ sur tui ; je ne
dis pas seulement celles dont nous avons tous bénéficié et qui nous vicnnent de
J'Evangile, mais celles qu'apporterent sur le sol d' Espagne tant de Juifs et surtout
tant d'Arabes et de Berberes arabisés qui y vécurent pendant des siécles et dont le
sang se mela méme en maint endroit celui des indigenes. Leur contact n'a-t-il pas
fortifié chez les Espagnols cette passion de la justice absolue que célebrent les prophetes et, par la double force de l'exemple et de la réaction, cette tendance a l'exclusivisme religieux que la Bible encourage, que le Coran commande, que le resp~t
dii a la vérité justifie mais que doit tempérer, dans ses manifestations, la charité
du Christ ?
Peuple qui n'a pas craint de reconnaitre quelques-uns de ses traits les plus saillants
dans le héros chimérique dont nous rions trop facilement en France, parce que
nous ne le connaissons que par les aventures fabuleuses qui amusent notre enfance,
ce Don Quichotte, de qui la conception de la justice et du droit est noble t't touchante, mais corubien anarchique elle aussi 1

a

Que d'articles, d'études, de poemes seraicnt

a citer

dans la Re1.,·ut de l'A111ériq11e

Lati11t, qui, des ses premiers numéros, s'est classée au rang des grandes revues 1
Je n'apprendrai pas aux Jecteurs de His¡,a11ia qu'clle a pour directeur M. Ernest
Martinenche, pour rédacteurs en chefs ~nf. Charles Lesca et Ventura García Calderón.
Nommons en passant : la croisodc d es Co11quislodors, par M. Francisco García
Calderón, Rubé11 Dorio, par Mme Rachilde, le Go11c/10, par M. Jules Supervielle,
lts forces lati,us, par M. Charles Maurras, B ollvar el la dlmocralit, par M. Marius
André, les poemes de Mme Juana de I barbourou, traduits par M. Francis de Miomandre, k trésor des focas, par M. J .-H. Rosny ainé.
Les signatures de Max Daireaux, Georges Pillement, Jean Cassou, André \Vurmser, etc., assurent une vie intense a la partie : chroniques.

Au poteau frontiere
Un des meiUeurs écrivains belges de lan!t\Je fran~ise, M. René Lyr, pcndant la
guerre fut secrétaire général des Comités officiels belges de la France du SudOu&lt;:st. IJ va réunir en volume, sous ce titre : Le/tres a Régine, les lettrcs qu'il a
adrcssées a sa femme au cours de voyages, au Havre, dans le Centre et :mx P yrénécs. Le Tliyrse a publié une partie de ces lettres, notamment celles que M. René Lyr
écrivit
Hendaye.

a

�-85 Des fenétrcs de son hotel il voyait Fontarrabie, - « vieux \'illage au flanc de la
cótt' d'Espagne, .finement découpée en plein a!ur, a\'ec des paliers crétés de ,·erdure », - et la chaine des Pyxénées - dont les « silhouette~ infinie~ se couronnent
de pourpre et d'or ».

0n le de\'ine : le désir le hantait de \'isiter l'Espagne si proche... Ce
arri\'a :

a quoi

il

Et pui~. je dois te conter une aventure extraordinaire ! Figure-toi que Y_ a rencontré au Pont de la Bidassoa, qui sépare la France de l'Espagne, - le poteaufrontiere est juste au milieu - un de ses amis de Bordeaux, qui joua nagucre du
piston, au Con~ervatoire, et a repris son métier de patis~ier dans ,a Gironde natale.
11 était de garde, a la guérite de la douane, en qualité d"agent de la Süreté, détaché par l'autorité militaire. Avec tui, tout d'abord, l'apres-midi, nous avons franchi
le pont, foulé le ~bt de la neutre voisine. Puis, a 9 heures, sans mot dire a personne, nous sommes allés rejoindre le « copain • a la gare et nous avon~, tout
bonnement, pris le train pour lrun. Trois minutes plus tard, nous étions dans cette
ville, en pleine Espagne. Oui, en plt'ine Espagne I Trois minutes nous avaient suffi
pour franchir un monde.
Des gens autrrs, qui s'agitent, qui courent, qui crient a tue-téte dans une langue
inconnue, aux consonnances dures, comme leur íace, taillée au couteau. Des femmes indolentes, aux chevcux noirs, leurs chignons étagés et frisés comme te~ maisonnettes capricieuses ; aux yeux profonds et doux, aux levres de grt'llade sensuelles. Des douaniers, avec leur haut képi blanc ; des gardes municipaux, des
soldats, le mousqueton en bandouliere, avec leur chapska d'acier noir.
Un trarnway, tiré par trois mutes, éclairé par une lanterne a bougie préhistorique,
nous conduit a Fuentarrabia, ou c'est la grande féte. •
Je t'ai dit que Fontarral,ie est un antique village. Il para:t qu'il faut pénétrer au
c&lt;rur meme de l'Espagne pour retrouver son caractere.
lrun, Burgos, St-Sébastien sont européanisés. Fue11tarrabia c'est l'Espagne, la
vraie.
L'ami de Y... qui procura a M. René Lyr le plaisir du íruit défcndu, était un type
plcin de íaconde et de roublardise. Par l'entremise d'un député qui admirait fort
la Révolution russe, il se fit désigner aux fonctions d'adjoint-secrétairc au commissariat de la Süreté du poste-frontiere de Hendaye.
M. René Lyr rapporte ses gais propos :
\

« C'est le filon I Ccst le reve, mon view., lache le Ga~on, qui me connait depuis
douze heures, en me tapant sur le ventre, en me bourrant- de tu, de toi, de « monne
cherre • dont je me sens au moins flatté. Je crois devoir lui faire compliment pour
la rapidité avec laquelle il a su s'adapter a ces taches difficiles. « Hé, je les fais plus
que bien, observe-t-il modestement, je ne suis jamais la. Quand on m'envoie de
¡arde au pont, té, j'y mets un brave type a ma place, et il en est tout fier, tu penses...
C'est un vrai ha~ard que vous m'y ayez rencontré. •
Devenu lyrique, il s'attendrit alors a me détailler ~es projets d'avenir, car il a
su tirer profit des avantages de son poste.
• Vois-tu ces bottines ? Chiques, hein ! De la chevrette, et c'est fini, et c'est ~ouple, du satín, de la bichette. Je les ai payées 17 pesetas, et &lt;.'ncore avec le pourboire 1
)'en ai rapporté a ma femme, aux gos,es, a mon pere, :i mes voisins, ,·ingt-six paires
au moins I Tu comprends, le marchand habite Jrun. De temps en temps, avec une
autorisation en regle, il peut passer mille paires en France. Je mºarrange pour étre
au pont. C'est moi qui compte. }'inserís mille paires, rn, encaissé et il en passe

cinq mille. Té, (a ,·aut bien ma petite réduction, car je ne veux pas les avoir a
l'ccil, tu comprends.
- Je comprends 1
- Et ainsi de tout. N"y a qu'a se baisser pour r amas,er de l'or. De l'or ! Je connais tous les douaniers, tous les contrebandiers, les agents municipau,c, le, gar(ons
de café, les femmes - señoritas, - on ne fait tort a personne ! Tous les gendarmes
sont venus chercher des godasses, et les mécaniciens de la gare. Quand i1 faut passer
une lettre, cela mettrait quinze jours par la poste, alors, c'est moi qui la porte. Le
lt'Ddemain, c'est rendu ! Et pas de danger qu'on J'ouvre. }'y fous le cachet de la
Süreté.
• }'achéte ici mon chocolat a 3 francs, ma femme le revend 8, et mon sucre, j'en
rapporte toutes les ~emaines 6 bons kilogs a N ... Je ramene aus5i du savon, ~e
l'huile. 0n s'y r&lt;:trou,·e. Mais, tu comprcnds, je ne gagne que 200 francs par mois,
au bureau. C'est scandaleux ! J'ai su qu'on a demandé des secrétaircs :i l'ambassade
de Saint-Sébastien. J'y suis trois fois par semaine. On s'embete a lrun, il n'y a pas'
de monde, pas de femmes. Tu vas voir, a Saint-Sébastien, - je vo~ y méne :-de la mousseline, de la plume, toutes les grues, tous les mannequms de Pan~.
Je vais vous montrcr des femmes, ce quíl y a de plus bat/1 (et le camaradc fait
claquer sa tangue patissiere sur ses rouges babines). Je vas íaire mar~her mon _petit
« couseigne ». Je suis • certain • d'etre. nommé. 400 _francs pa,r mo1s, mo~ ~1~x:
et te reste ; et puis, une fois dans la ma1son, comme Je parle I espagnol, te, Je I a1
appris, je resterai dans la carriere diplomatique. II y a des ministres qui ne me
valent pas. »
11 dit ceci d'un ton convaincu. Sa large íace, cuite au four, s'illumine si naivement,
si joyeusement, que je suis con\'aincu moi-méme.
Cet homme, en effet, peut devenir ambas.sadeur, et ministre. Son apprentissage
d'Hendaye luí ouvre des voies sure~.

Les origines du théltre espagnol
Dans la jeune revue : Ge,nnits d'Art, M. Pierre Legrand établit avec une érudition
inégalement informée les origines du théatre espagnol, auquel M. Leandro Fernandez de Moratin a consacré un livre qui demeure utile malgré ses !acunes et ses
erreurs.
M. Pierre Legrand part de ce príncipe que lorsqu'on rctherche les origines de
nos théatrcs européens modernes, il importe de considérer ceux-ci comme étant
postérieun, a la formation des langues aujourd'hui en usage. A leur attribuer une
existence plus ancienne, estime le collaborateur des Gemmts d'Art, on risquerait
de les confondre avec lt' théatre latin • qui ne disparut que lorsque les peuples,
asservis d'abord a l'Empire romain, puis aux Barbares, eurent corrompu la langue
latine •·
Des dialectes trés vanes se formcrent sous l'influence physique des climats. La
prononciation des mots se modifia. Des vocables nouveaux símposcrent. Conséquences iné,·itables du mélange et du commerce incessant de races étr.ingi:n.J ks
unes aux autres. Chacun de nos idiomes actueb est un des innombrables étage3 de
cetle incommensurable tour de Babel.
Au commenccment du cinquieme siecle, en 418, les successeurs du \Visigoth ALARIC, ATAULF et WALLIA, occuperent une partie de l'Espagne. Plus tud, aprcs
avoir vaincu d'autres nations barbare~, ils la dominerent toute. Les gut'l'rien goths
parlaient le latin, plus ou moins correctement. 11 y avait plus d'un demi-siecle que

�-86leurs troupes armées avaient franchi le Danube avec l'autori~ation de l'empereur
Valeos, s'établissant dans certaines provinces de l'Empire, d'abord en qualité de
réfugiées, puis comme alliées, finalement en conquérantes. L'éducation des nobles
était toute romaine. Le parler et les coutumes des soldats différaient tres peu du
langage et des mreurs des vaincus. Aussi, bien qu'ils y ~oient demcurés pendant
trois siec:les, jusqu'en 7n, les Wtsigoths n'ont-ils guere laissé a l'Espagne de traces
de leur civilisation premiere. Quelques mots (a peine le millieme du vocabulaire
actuel) et certaines particularités grammaticales (suppression de la déclinaison des
noms, cmploi de'S articlcs) sont les rares vestiges de leur maigre inftuence. Aucun
manuscrit, aucun monument, aucune piec:e de monnaie de cette époque ne nous
renseigne sur la langue maternelle de ces Barbares. Le latin seul était parlé, était
écrit. Du cinquicme au huitieme siec:le, les auteurs espagnols appartiennent tous a la
basse-latinité (1). La langue espagnole est done vraiment d•origine latine ; a la
longuc, elle a admis quelques mots de source septentrionale~ mais l'élément romain
y a toujours dominé.
D'ailleurs, la corruption de cet idiome fut rapide. 11 serait difficile de préci~er
sa forme des le début du septieme siecle. Les piec:es dramatiques représentées alors
en Espagne le furent certainement dans un mélange grossier de bas-latin agoni~,mt
et de romance naissant. Seule, l'existence de ce genre de distraction ne fait aucun
doute. Les Wisigotbs connurent les spcctacles de l'amphithéatre, du cirque et de la
sccne. Outre les théatres que l'on construisait pour célébrer certaines fetes, religieuses ou guerriéres, la péninsule possédait encore lt's gradins érigés dans les villes
importantes, a Sagunto par cxcmple, sans compter tous ccux dont les ruines ont,
depuis des siec:les, étouffé l'écho da rires ou des lamentations populaires.
Sur la qualité des représcntations données entre le quatrieme et le septieme siecle,
aocune illusion n•est possible. San Isidro, dans SC'S Origcncs, livre 18, chapitres 41
et 59, exhorte les chrétiens a s'abstenir de ces manifestations pseudo-artistiques,
infcctée'S de superstitions barbares. D'autre part, Mariana, Historia general de
España, livre 6, nous raconte que vers l'an 620, Sisbuto révoqua Eusebio, évéque
de Barcelone, parce que « les comédiens représcnterent ccrtaine'S choses empruntées
a la vaine superstition des dieux, qui offensaient les ort'illcs chrétiennes » (2).
Ainsi done, 90 ans avant l'invasion arabc, le~ spcctacles chers aux Barbares du
Nord constituaient tout le bagage dramatique de l'Espagne. Les Wisigotbs, incapables de luí imposer leur langue, lui avaient fait facilement adopter leurs divertissements. La conquett' du pays n'avait profité ni aux conquérants ni aux vaincus.
Au huitieme siec:le, l'Espagne subit l'invasion arabc. Mais la mime époque voit
commencer la récupé.ration du sol conquis. Le langage grossier dont nous avons
observé la formation s'éloigne de jour en jour de ses origines ; il s'enrichit de mots
et de locutions mauresques ; la prose espagnolc va naitre. La poésie suit ces progres.
Certes, elle imite encore le vers latín, dont elle copie la mesure, et r.emplace la
quantité des syllabes par le; jeu des assonances. Le Poema del Cid, écrit par un auteur
inconnu du douzieme siec:le, n'est qu'une reuvre informe : le vocabulaire, le style,
la versification y apparaissant déséquilibrés. Mais lisez te poeme de la Vie d' Alexandre, faussement attribué au copiste Juan Lorenzo ; fcuilletez les Vies des Saints de
Gonzalo de Berceo ou les vers dédiés par le roí Alphonse X a la Viergc, et vous
éprouverez la sensation tres nette d'une langue castillane déj a originate.
Maints documents nous prouvent que ces reuvres poétiques étaient souvent accompagnées de musique. Chantécs ou récitées, on les intcrprétait au cours des réjouissances privées ou publiques. Les vertus chrétiennes des saints ou les actions héroi(1) Tels furent: Justiniano, Elpidio, Justo, Nebridio, Aprigio, Luciano, Severo, Eutropio,
Lcandro, Eulgurio, Muimo, Isidoro, Siaebuto, Artuago, Fructuo54, lldefonso, etc...
(2) • Los fanantes representaron algunas cosH tomadas de la vana supcrsticion de los
dio1es, que ofendían las orejas criatianas. » Cité par Moratin (page ¡).

ques des guerrier,;, princes ou capitaines, en constituaient le theme. Mais ces dh-ertissements n'étaicnt pas seuls en bonneur. D'autres compositions, de moindre envergure, faisaient la joie des grands et du peuple ; les yoglares, ceux que notre MoyenAge fran~is connut sous le nom de trouveres ou de troubadours, selon qu'ils écrivaient et chantaient en langue d'oil ou en langue d'oc, en étaient lci,. auteurs et les
interpretes ; ces poetes, souvent doués d'un talent vrai, gagnaient leur vie au son
de leur instrument, au rythme de leurs danses, ou aux grimaces de leurs pantomimes
plus ou moins 61)Í.rÍtuelles. A vrai dire, il n'y a pas dans ces fantaisies de jongleurs
et d'acrobates la moindre trace d•art dramatique.
Les Arabcs, du moins, connaissaient-ils le véritable tbiatre, et le firent-ils adopter par lt'S Espagnols ? Sans aucun doute, non I Leur action littérairc fut nulle.
Les sciences naturelles, la médccinc, les matbématiques et l'histoire, voila les domaines ou ils passaient pour maitres. En poésie, ríen a retenir de leurs essais, rien surtout qui se rattache, méme de loin, a l'art de la scenc. Aucun érudit ne peut se
vantcr d'avoir jamais cencontré la preuve indéniablt' de l'existence d'un théatre
maure. Casiri, qui a publié le catalogue de la Bibliotheque arabe de l'Escurial,
s'exprime ainsi : • Jam vero arabes europreorum more nec tragédias nec comredias
agunt ; an vero scripserint, altum apud ,scriptores silentium. » (1). « Les Arabcs
ne jouent ni tragédies ni comédies a la maniere des europécns ; en ont-ils écrit ?
Silence profond chez les auteurs. » D. José Antonio Conde, auteur d'une Historia
de los Arabes en España, écrite au cours du dix-neuviemc siécle, ne fait mention
d'aucun manuscrit relatif a la qucstioo qui nous intéressc. Il scmblc done que le
théatre arabc n'ait jamais cxisté, ou du moins n'ait pas mcme en sur les Espagnols
l'inftuence passagére des spectacles gothiques. Inutile de s'obstiner a chercher dans
la poésie africaine les origines, méme lointaines, du théatre moderne.
Franchissons les Alpes, et regardons. A peine débarrassée par Charlemagne de ta
présence néfaste des Barbares (la monarchie succombe a la prise de Pavie, en
774), l'Itatie se met a cultivcr les lcttrt'S et a restaurer les arts. V enise entre en ,relation avcc tous les ports de la Méditerranée : Pise, Florence, Padoue, Crémone,
Sienne, Genes, s'enrichis~ent rapidement de le'Ur commerce ; Bologne attire les
esprits fervents de l'étude ; Milan, sureie de ses ruines, devient toute splendeur ;
Rome, gouvernée enfin par des pontifes de valeur, s'efforce de recouvrer son antique dignité. A cette fiévre de renaissance enthousiaste correspond l'ardeur des Croisés de passage en Italie, qui se traduit bientot par une prospérité croissante du pays.
véritable centre d•attraction vers quoi tendent tous les esprits avides de science, de
gloirc, de bcauté ou de lucre.
Terrain propice aux semailles artistiques I commcrc;ants enrichis et p,ele,-ins
curieux de nouveauté accourent en foule aux réjouissances publiques. Les grands
donn.ent l'c..xemple. Leurs couronnements, leurs mariages, fournissent le prétexte de
prodigalités et de pompes inouies. Qui en profite ? Les trouveres, les bouffons, les
mimes, les danseurs, les musiciens, les chanteurs, tout un monde d'artistes, sinceres
ou non, dont l'émulation s'avive au spectacle de celle des princes.
Les comédies et les tragédies g,-ccques, trop austeres et trop fines pour un paiplc
ivre de se sentir délivré du joug étrangcr, sont supplantées par la pantomime.
Théatre bien rudimentaire encore, ou les mreurs de l'époque sont pesamment repro-duites, louées ou btamécs, mais théatre quand méme. En vain, le clergé, inquiet
de cctte soif de réjouissances, tentc-t-il de mettre un frein aux abus des spcctacles
populaires. L'opinion publique t•cmporte sur les lois. 11 faut la suivre, sans avoir
l'air de la flatter. On organise alors des fetes religieuses, avcc de la musique, des
chreurs, voire des mascarades. Le scandale n'en fait que croitre de plus bclle. La
pompc catholique dégénere en pitrcries charlatanesques. Des personnages graves

1 '.(1) Cité par P. de Moratin, loe. cit.

�-88viennent a peine de precht:r ou de célébrer la sainte mcs~e qu'ils courent se déguiser
en baladins grotesques. Cette confusion, pour le moins étrange, des solennités
pieuses et des farces profanes_. durera jusqu'au treiziéme siécle, époque a Jaquelle
Jnnocent III interdit aux pretres le métier d'histrion. La coutume étrange se perdit
peu a peu en Italie. Mais elle avait, pour longtemps encore, imposé sa bizarrerie aux
autres nations.
C'est probablernent au cours du onzieme siécle que l'usage des représentations
&lt;lites sacrées passe d'Italie en Espagne. La langue castillane a déja réalisé de notables progres. La poésie semble l'apanage des ecclésiastiques, des chevaliers et des
rois. La musique se fait entendre dans les temples, les palais, les assemblées populaires. La pantomime est a la mode. Les éléments primordiaux d'un art dramatique
existent. I1 ne restera plus qu'a les amalgamer pour tenter les premiers essais
théatraux. L'exemple rctentissant de l'ltalie, centre de la chrétienté, autorise l'organisation de cérérnonies religieuses. L'art dramatique espagnol en sortira.
11 copie, au début, ct:'lui qui triomphe au dela des Alpes. Les membres des
chapitres s'improvisent auteurs et acteurs. D'ailleurs les spectacles, toujours relatifs a des scenes de l'Ancien ou du Xouveau Testament. évitent tout soup&lt;;on de
profanation scandaleuse. L'Espagnol, ZaJ!s cxagfrer t'austérité de semblables divertissements, cherc!te a ne pas tomber dans les cxpes de l'ltalien. A l'époque oi.t
U rbain IV établit des fetes en l'honneur de la sainte Euc.'-laristie, Alphonse X le
Savant est roi. JI dresse une liste de spectacles au~quels peuvent prendre part les
ccclé:;iastiques. Ainsi, les premiers essais dramatiques en Espagne, imité:. des essais
italiens, n'en atteignent pas le ridicule. •
La rareté des documents ne permet pas de prec1ser davantage les caractéristiques
de ce théatre primitif. Mais il est déja bien de coonaitre « qu'il fut créé pour célébrer
les fétes de l'Eglise et les mysteres de la religion, que les piéces étaieot jouées en
castillan et en vcrs, en fin qu'auteurs et interpretes apparteoaient tous au clergé •.
On sait a que) heureux développement atteignit, par la suite, le théatre espagnol, - oi.t
un Pierre Corneille puisa l'inspiration du Cid.

Livres R~us

1-~~E

Jsubelfe la Gra11de, rei11e de Castille (1451-1504). Librairie Ha-

chette, s. a., 4º, 486 p.
Cet ouvrage était prét en 1914. La guerre en interrompit l'impression. Mme Dieulafoy a eu jusqu'a ses derniers jours pour les choses d'Espagne une prédil~tion
justifiée. Pourquoi s'est-elle attachée plus particulierement a la figure d'lsabelle la
Catholique ? Parce qu'elle a vu en elle un génie qui pouvait se montrer d'autant
mieux vir:1 que la différence n'était pas aussi grande de son temps entre le costume
de l'homme et celui de la ft:mme. On lit a la page 437 : « L'arrét de la postérité
a ratifié le jugement des contemporains et, apres quatre siecles, les Espagnols ne se
lassent pas de glorifier le talent, la vaillance, la grandeur d'ame et la vertu de la
Souveraine qui renversa les barrieres debout entre la Castille et l'Aragon, recouvra
J'Andalousie, découvrit (.ne) le Nouveau Monde t:'l restera toujours la personnification la plus belle de la Fe111111e-Roi comme la Vierge de Domrémy demeurera la
plus noble et la plus pure figure de la Fem111e-Capitai11e.
r: Epoque a jamais mémorable ou, en moins de quarante ans, le Dispensateur de la
justice immanente fit naitre les libératrices de la France et de l'Espagne.
r:

Gaston P1CARD.

D1ECL.\l'O\' :

Gesta Dei per mulieres. •

11 n'y a pas a redouter qu'une cruvre entreprise dans de tels sentiments abuse
de !'esprit et des discussions critiques. Mme Dieulafoy a lu les ouvrages essentiels
sur l'époque ou se détache son héroine, all'Ssi bien les travaux d'un Prescott que les
chroniques des contcmporains des Rois Catholiques. La bibliographie qu'elle nous
donne prouve l'étendue de sa recherche. I1 est un livre cependant qu'on n'y voit
point citer. Et c'est précisément celui de M. Jean-H. Mariéjol sur « L'Espagne
sous Ferdinand et Isabelle •· Cet oubli ne laisse pas d'étre inquiétant.
Le récit que Mme Dieulafoy nous présente des événements historiques est, en
général, assez clair et d'une lecture facile. 0n regrette de le voir parfois entrecoupé
de petites réflexions attendr~santes et inutiles. On aurait préféré un examen plus
approfondi de certaines décisions de « la Femme-Roi •· On ne dira jamais assez
combien un parti pris d'apologie continue est funeste a la gloire qu'on veut servir
et dangereux pour le p.rétre ou la prétresse de ce culte. Isabelle n'a-t-elle pas fait
payer trop cher a l'Espagne son unité religieuse ? Et n'est-ce pas jusqu'a elle qu'il
faut faire remont~ !'origine d'une léi¡ende dont son pays souffre cncore cruellement ?
La question valait au moins la peine d'étre examinée.
Deux chapitres sont consacrés a la civilisation espagnole au temps d'lsabelle.
L'un, le dernier, traite des arts, de !'industrie et des mccurs. Il fait une part qu'on
s'explique, mais qui ne demeure pas moins excessive, a de prétendues influenccs

�pcrsC's. Pourquoi le chapitre sur « La vie intellectuelle au temps d'lsabelle • est-il
introduit dans le cours du récit historique 11 On ne le saisit point. Mme Dieulafoy ne parait etre exactement renseignée ni sur !'origine et l'évolution des romances, ni sur la véritable époque des autos sacramentales, et elle écrit sur la Célestine
des lignes surannées.
Trente-huit planches bors-texte illustrent ce be1 ouvrage de vulgarisation.

91 -

Fran~s du Xord comme a ceux du Midi une période importante de l'histo.ire littéraire de la France. • Souhaitons comme tui que son Histoire excite ses lecteurs a
Jire ou a relire des textes qui apporterent jadis au dela de nos frontieres un peu du
charme d'un « gentil pais • et qui sont loin d'avoir perdu toute leur vertu d'enchantement.
E.M.

E.M.
JosEPH ANGLADE : Histoire som111aire de la littérature méridionale au moye11 crge.
E. de Boccard, éditeur, Paris, 1921, 8°, 274 p.
Ce livre est un manuel consacré a la littérature de ce qu'on appelait autrefois la
langue, c'est-a-dire le pays d'Oc. Nul ne pouvait l'écrire plus facilement que M. Joseph Anglade qui est a la fois un professeur averti et le plus cordial des jos-copiscols. I1 arrive a son heure. Les textes les plus importants ont été publiés, et de
savantes études critiques ont présenté sous leur véritable jour un grand nombre
de nos vieux troubadours. M. J. A. nous avait déja donné un travail d'ensemble sur
leu.r lyrisme. 11 le complete aujourd'hui en adoptant une nouvelle méthode. « Nous
avons essayé, dit-il, de grouper les troubadours par provinces, ce qui est relativement facile pour les débuts et le xn• siécle presque en entier ; au xm• siécle,
nous avons essayé de les groupcr autrement, en les rattachant aux grands événements bistoriques du temps : Croisade albigeoise, changement de dynastie en Provence, progres du pouvoir royal dans le Midi de la France, etc. •
La seconde partie de cette Histoire sommaire est entierement neuve et poursuit
jusqu'a la découverte de l'imprimerie, l'étude de la poésic narrative et religieuse.
0n n'y trouvera point des chefs-d'ceuvre comparables a ce ly.risme dont Gaston
Paris a pu dire que « la poésie artistique de l'ltalie, du Portugal, de l'Espagne, de
l'Allemagne en proceder ». 0n ne saurait négliger cependant des poemes comme
Flamenca ou la Clranso,i de la Croisade, et il est curieux de voi.r, apres la croisade
contre les Albigeois, le culte de la femme se transformer en culte de la Vierge.
Daos le fatras des poésies religieuses du x1v° siecle se détachent parfois des strophes
d'un souffie puissant ou émouvant, comme cette Co11te111placio de la Crotz que nous
a conservée le deuxiéme manuscrit des Leys d'A111or. Comment d'ailleurs ne pas ctre
reconnaissant a M. J. A. de nous faire suivre tous les courants littéraires qui nous
menent a la fondation du Consistoire du Gai Savoir et a cette Ecole toulousaine
dont la tradition a été si heureusement reprise au siécle dernier ?
La trois;éme partie de son travail, pour etre plus aride, n'en est pas moins utile.
Elle nous offre un tableau de la prose didactique, religieuse et profane, pendant
les deux ou trois siccles de décadence qui suivent l'age d'or des troubadours. Comme
disait Mistral, « les beaux diseurs sont morts » ; mais si, en debors de leurs biograpbies, on n'écrit rien alors qui éveille encore l'intéret, la tangue du moins conserve
sa pureté, et cette continuité justifiara plus tard les efforts de ceux qui essaieront de
récbauffer leur enthousiasme aux rayons du soleil « qui s'est caché, mais ne s'est
point éteint •.
A la fin de sa Préface, M. J. Anglade écrit : « Le présent ouvrage aura rempli
lt róle que son auteur souhaite pour lui, s'il contribue mieux faire connaitre aux

a

ALFRED LAuvoNIER : Catalogue de terres c11ites du Mlusée archéologiq11e de
Madrid. Bordeaux-Paris, 1921, 4•, 253 pages de texte suivies de LXXXIV planches

d'exemplaires.
Ce catalogue forme le fascicule II de la Bibliotheque de hautes éludes hispaniques.
11 fait le plus grand honneur a l'Ecole que dirige avec une autorité si féconde
M. Pierre París. L 'Espagne demeure encore aujourd'hui une terre
la fois séduisante et mal connue. Ceux mémes qui la viennent visiter la quittent sans sou~onner
les richesses qu'ils ont frólées. Que de touristes cultivés se sont attardés a Madri :f
au Prado et sont repartís sans faire les quelques pas qui IC's auraient menés a
!'admirable Musée archéologique national ! lls n'y au.raient pas seulement trouvé des
picces essentielles a l'int&lt;:11igence de l'art primitif espagnol. lis y auraient aussi
éprouvé d'incomparables émerveillements devant des collections d'antiques a peu
pres ignorées. 11 faut remercier le savant auteur de l'Essai sur l'art et l'i,idustrie
de l'Espag11e primitive d'inspirer e~ de diriger des travaux qui appelleront l'attention
sur des trésors que sont loin encore de connaitre tous les spécialistes, pour ne ríen
dire des profanes.
Le regretté Gabriel Leroux nous avait déja dormé en 1912 le premier catalogue
méthodique des vases grecs et italo-grecs du l\fosée archéologique de Madrid.
l\f. Laumonier continue fort heureusement la série en publiant les ter.res cuites
grecques, romaines et bispaniques. Ces terres cuites proviennent presque toutes de
collections particulieres qui ne fournissaient que des renseignements incomplets,
vagues ou inexacts sur leur provenance. 11 était done impossible de leur assigner
un classement géographique et il fallait se contenter d'un groupcment par collections.
Voici l'ordre adopté par M. Laumonier : « En tete, écrit-il dans son introduction,
viennent les figurines proprement grecques ; parmi celles-ci la préférence est donnée
a celles que rapporta Rada y Delgado de leul'S pays d'origine ; par cont.re, la petite
collection Vives, dont la provenance est inconnue, est rejetée a la fin de cette
série, apres le lot Stutzel. Ensuite se placent les figurines de Cyrénaique et d'Egypte
(coll. Asensi et Toda), et la collection Salamanca, qui comprend a la fois des statuettes et des reliefs grecs, hellénistiques et .romains, de tous les styles et sans
provenance connue, sauf pour quelques figurines romaines. Les terres cuites bispaniques, au style hybride, tantot gréco-romain, tantót oriental ou africain, forment
une catégorie part, placée a la suite, car ces ceuvres indigénes, malgré leur originalité, sont en grande partie inspirées de l'art gréco-romain. La derniére section
(provenances diverses) contient quelques picces importantes, dont plusieurs sont
préalablement d'origine hispanique. •
On pourrait pcut-étre discuter parfois la fa1,on dont M. Laumonier a tenu compte
de l'ordre chronologique a l'intérieur de cbaque collection. On est parfois aussi
un peu surpris par certains classements comme celui qui, dans la collection Sala-

a

a

�-92-

-93 -

manca, fait intervenir, apres les types divcrs dé fcmmes drapées, les « styles particulicrement mauvais •· 0n ne peut qu'admirer, en réVanche, l'abondance et la
belle ñctteté des photographies qui illustrent ce catalogue dont les descriptions sobres
et précist'S attestent le goút et la conscience de son auteur.

en signalait comme la sourcé un texte parallele d' Aristophane (Co111a-di0!, l:;,f.xt;,
V, 678, éd. d'Oxford, 1900, vol. I) : 1tOAAIZ fLEV iv rñ 1toH:z a' iq¡ 'úyp~ ! Virgile,
a la fa4-on de Michel-Ange en sculpture, représente la fusion géniale, presque souvt'Taine, des deux courants - l'hellénique et le latin - qui, depuis de longues années,
se disputaient i'l.égémonie des terres romaines et, en vrai dominateur, suit, a chaque
moment, la direction et le critere qui lui semble11t les meilleurs &gt;. - Pou~ M. P.-M.
Bordoy-Torrents, l'introduction de l'E11éide n'a rien a voir avec celles de l'lliade ou
de l'Odyssée (1). Elle est « syrnptomatiquement romaine et latine en général »
(p. 123). Et les fameux quatre vers du début sont (p. 103) « indiscutablement virgiliens et... confirmen!... la mentalité et les flexions de l'ame virgilienne &gt;, absolument de la meme fa4-on que les deux derniers vers des Géorgiq11cs, que Lejay
imaginait, av~ plus d'ingéniosité que de raison, avoir pu donner l'idée des dits quatre vers et si ceux-ci manquent dans les ms. antérieurs au x• siecle, c'est uniquement parce que Varius et Tueca les avaient supprimés et que les historiens anciens Properce, Ovide, Martial, Ausone - ne connaissaient, du poeme de Virgile, que le
texte fourni 1,ar les dits manu::crits.
Nous avons tenu a signaler dans Hispania et l'orientation nouvélle des Quaderns
d'Estudi - trop peu connus hors de la Cat:ilogne (2) - et l'intéressant essai de
M. P.-M. Bordoy-Torrents. Trop rares sont les apports modemes de l'Espagne a
la philologie classique pour qu'on ne nous pardonne pas cette digyession, qui, nous
le répétons, r,'avait aucune prétention de critiqut personnelle.

E.M.
Quader11s d'Estudi. NtÍm. 47. Volu111 XIII [av1il-juin 1921.) PERE M. BoanovTORRENTS : Estudis de critica virgiliana (pp. 97-124).

M. P.-M. Bo1doy-Torrents entrep, end, dans cette étude, de restituet définitivcment a Virgile les quatre premiers vers de l'Enéid1 :
lile tgo, q1ti quo11dam gracili modulatus ave11a
Carmen, et egressus silvis vici11a coegi
Ut qua"'vis avido parerent arva colo110,
Gratu"' opus agricolis, at nu11c horrentia Marti.r, etc.

rlont tous les l!lar.uscrits antérieurs au x• sicde sont dépourvus et que de récents
éditeurs de Virgi)e ou suppriment purement et simplement - comme c'est le cas,
chez nous. des CE.uvre.r de Virgile par Plessis et Lejay (Paris, 1920) - ou citent
en note pour dire que l'antiquité faisait commencer le poeme au vers 5 - ainsi
O. Ribbcck, P. Vergilli Mm-oni.r Opera, II (Lei9zig, 1895) - , alors que d'autres,
comme Hirtzel (P. Vergilii Maronis Opera, o~:ford, 1900), regyettaient 11n tel procédé : versus pr&lt;rclarism11os foiuria poetm abiudicaru,it editores p/erique... Ctpthdant
le roi de la critique virgilienne en France, Benoist, était resté hésitant (P. Virgilii
Maronis Opera, XVIII• éd., revue par Duvau, Paris, 1910) : « Ce.r qttatre ver.r 11e
se lrouvent dans aucun de.r manuscrits i,nportants. lis fonl allusion aux pre"'iers
ouvrages de Virgile ; mais on ne peut affirmer qrlils soient de la mofo du poete... -.
Nous n'avons pas a prendre position dans cette querelle d'humanistes dont les
clivérs arguments ont été exposés avec suffisante précision par le philol~gue catala~. La maniere ~"arguer ~e celni-ci sent un :&gt;eu sa scolastique, parfois, mais s'appu1c sur une solide conna1ssance des textes, qui ont été produits, dans cet article
d'une revue devenue tout récemment organe d'érudition - apres avoir été Jongtemps
d'.or~re strictement pédagogique catalan, - avcc toute l'acribie désirable. Ce passage,
cu 11 apprécie Virgile, mérite d'etre traduit. e Virg;Je, - écrit-il, p. 120 - comme
il est aisé de le démontrer, représente et incarne la plénitude de l'ame Jatii:e. II est
p~r excel!ence ~e poete de notrc race. Mais, précisément par sa puisance et sa plémlude memes, 11 cherche dans lés r,1eilleurs :node!es - grecs et fatins - d 'innombrables éléments de beauté, qu'il s'assimilc et transforme a sa maniere sans amoindrissement de sa gloire, a la fa4-on de Dante dans la Com111edia. De sorte que sa
propédeutique est fonnid1ble, mai~ que son irte'l~ité de vie latine l'est plus encore.
II cst bien certain que nous trouverons daos ses ~uvres de nombreuses réminiscenc~s helléniques, mais moindres, de beaucoup, que ne l'indiquent quelques hellénophiles, qui vont jusqu'a !'extreme de leur attribuer les sources de modes de concevoir et de rédiger communs a ·toute menfalité. Ainsi le P. La Cerda, qui, commentant le vers :
. .multuni ille et terris jacfatus et alto,

Camille PIT0LLET.
(1) Voir sur ce sujet la Glossa a la introducci6 de l'lliaJa, publiée par M. P.-.\1. BordoyTorrents dans La Veu de Catalu11y a, 23 juillet 1920.
(2) Cette publication trimestrielle ne coute que 9 francs d'abonnement annuel. L'adrcssc
du aecrétaire de la Rédaction est cclle m~me du Bureau du Co11u/l de Pedago;:,a : Urgcll.
187, Barcelona.

�-95 -

Echos
M. Jorge Guillén, le spirituel chroniq11cur de La Libertad de Madrid dont nos
l,cteurs ont pu apprécicr la finesse et le don lyriq,u, t'Íent de publier da11s son
journal un tres bel éloge de notrc ami Marius André, « curie11x homme &gt;1,
dnnt on peut disc11ter les idécs explosit•es et la partialité, mais non pos la con11aissance approfondie et l'amour vigilant des clioses hispano-américaines. Nous
sommes heureux de traduire et piquant hommagc publié sous le titre de « Un
amoureux de l!Espag,rc &gt;1 dans le n• de la Libertad d11 19 ffrrier 1922.
Une nation ne devient jamais amoureuse, pas plus qu'elle ne suscite l'amour
chez les autres nations. Mais entre la nation et l'individu, l'amoureux transport se produit avec fréquence. Marius André est un. amoureux de l'Espagne.
11 ne serait pas suffisant de le qualifier d'admirateur ou d'anú. L'objet de sa
plus haute exaltation lui apparait en un seul bloc. N'est-ce point la l'attitude
de l'amoureux ? Marius André représente l'hispanisme intégral. Sa nature l'y
pousse, ignorante des clairs-obscurs et des ténebres. Ardent, violent, ent:~r,
définitif dans son opinion, dogmatique dans ses vues, ses yeux memes brillent
des étincelles de la foi dogmatique. 11 a besoin de certitudes absolues : c'est
une preuve que dans son creur battent des passions profondes. De la, que les
conséquences extremes le plongent en un voluptueux vertige. Dresser ses lentes
sur les promontoires les plus avancés de toutes les cótes n'est pas une aventure
&lt;lont il est peu coutumier. C'est de ces mille aventures qu'il tisse .sa vie quotidienne. Done, tempérament de militant, de chef de partis tres avancés ou tres
réactionnaires ; de toutes fac;ons, paradoxal, turbulent, révolutionnaire, toujours
..rmé de pied en cap. Etant franc;ais, il ne lui restait plus qu'a se déclarer
bokhévique ou royaliste. 11 a opté pour la seconde alternative, qui revient a
etre la meme chose q,ue la premicre, sinon par la doctrine, du moins par la
trépidation doctrinale. Dynamiteur, il lance des bombes ; mais intellectuel aigu,
ses explosifs sont strictement littéraires.
Pour ses attaques, il choisit dans le piff-paff-pouff de la Troisieme République, ce qu'il appelle « la science officielle » en ce par quoi elle touche a l'Histoire. Pourquoi est-elle enseignée par les historiens républicains, les Lavisse,
les Seignobos ? Ici, voici surgir son hispanisme. Chevalier errant, l\farius André
vole au secours d'une jeune filie persécutée : l'Espagne, l'Espagnc des Philippe, celle qui dressa &lt;e devant le scandale de l'Europe » le noir, lugubrc,

funcbre catafalque de sa Monarchie catholique. La défense de l'Espagne lui
sert a attaqucr le régime démocratique actuel. Non seulement il aime l'Espagne
parce qu'il l'aime : il l'aime encore pour des raisons d'articlcs de foi. Peut-ctre
son credo n'cst-il pas le tien, lecteur et non-ami, ni le míen. Et que nous
importe ? Le résultat est que Marius André trouve dans son amour des motifs
pour approfondir l'étude de l'Espagne classique. C'cst a elle qu'il revient toujours devant le public de son pays qui n'est pas habitué a cntendre de pareils
panégyriques. Le voici qui consacre cinq conférences a « l'Améri,que latine et
la science officielle &gt;1, a l'Institut d'Action Franc;aise : c'est une réhabilitation
des colonisateur·s espagnols, en un langage si enthousiaste, si excessif que le
dicton : 11 plus royaliste que le roi », vient forcément a !'esprit.
On prétend que nos vice-rois s·enrichissaient a tondre jusqu'aux os les pauvres petits indigenes ? Eh bien, Marius André argumente : &lt;e Supposcz que
run des rois de la grande industrie, un des ploutocrates qui dominent notre
démocratie, ayant ramassé une énorme fortune pendant la guerre, - appelonsle Loucheur, si vous voulez, - aille rendre visite ,au président du Conscil et
luí dise : Je vicns solliciter l'honneur d'etre nommé gouverneur de Madagascar,
sans traitement ni indemnité. U, je dépenserai mes millions a construire des
routes, des chemins de fer, des ports, des écoles, des hópitaux et je ne reviendrai pas sans avoir dépensé mon dernier centime. Absurde, n'est-ce pas ? Eh
bien, cette abnégation n'avait rien d'insolite dans la noblesse de l'ancien régime
rspagnol d'ou sortirent maintes fois, pour aller gouverner une province d'Aru'!rique, de grands seigneurs qui revinrent ruinés, Jittéralement ruinés, apres avoir
consumé leur fortune a fonder des villes, tracer des routcs, batir des écoles et
des églises, secourir les pauvres et défricher des terrains incultes ». Qui sont
ces nobles? L'auteur précise ses assertions : « Luis de Velasquez, vice-roi du
Mexique, mourut pauvre et accablé de dettes, parce qu'il avait employé sa
fortune de cette fac;on. García de Hurtado de Mendoza, gouverneur du Chili,
n'ayant pas achevé de dépenser son bien durant qu'il occupait sa charge, avant
de la quitter, distribue aux pauvres tout ce qui lui restait. José Solis Folch de
Cardona, vice-roi de la Nouvelle-Grcnade, en abandonnant son poste, laissa
tous ses biens aux indigents et entra dans un couvcnt. Manso, vice-roi du
Pérou, revint en Espagne completement ruiné et se lit maitre d'école. » L'auteur illustre cette thcse d'une grande abondance de documents, en mani:in:
le détail historique avec cette habileté que possedent ceux qui sont quelque
chose de plus que de simples historiens. Les príncipes généraux qui bouillent
dans leurs cerveaux leur communiquent une sorte de jonglerie transformant
la donnée brutale qui manque par elle-méme de signification. Un professeur
d'histoire tout court ne comprendra jamais le langage du faits, intelligible a
qui possede une machine a comprendre, mise en mouvement par lesdits príncipes générau.x. Marius André possede une de ces machines.
Enfin, cet amoureux de l'Espagne est-il amoureux surtout de sa Sainte Inquisition, par exemple ? Peut-étre. Et pourquoi pas ? Un amour est toujours
louable. Mais ce n'est pas tout. Deux autres traits caractérisent notre homme :

�son enthousiasme pour Góngora et son goüt pour la copla populaire . ren arquable a_ccord. 11 a publié quelques coplas de sa propre composition et. du 'ius
pur casti_llan, dans la revue « Hispania ». Et il y a peu, il publiait a P:ris
une vers1on de la « Fable de Polypheme et Galathée ».
L'reuvre opposait des difficultés extraordinaires. Le traducteur les a vaincu~s. Comment _?. En changeant le vers admirablement ténébreux en un vers
tª1~, trop ~phc1te, ,ª~ec une superabondance d'explications, ce qui eüt été
a pire trah1son au geme de Góngora ~ No
•
f
.
• poe
· n, 1e poeme ran~a1s reste tres pres
~:elle m\;spagnlol, méthode qui produit un fram;ais tres gongoresque. Et
me1 eure ouange ? La traduction, en tous cas a1'de a'
d
l'ongma'
· · J mente
' • digne
•
,
compren re
d'un éloge superlatif.
. Aw;ir~i.on des coloni~ateu:s espagnols, culture de la copla populaire relig1on e . o_ngor~. Ce~ h1spanisme n'est-il pas un hispanisme tres inrelli' ent ~
Pour mo1, Je la1ssera1 peut-etre certains jours Marius A d ,
g
.
seul dans ses forets américaines. Maís dans le b .
." rhe se promener_ tout
a d I
• 1
• •
ois ou c ante 1-e ross1gnol
n a ou, Je e SU1vra1 toujours comme un guide t
.
l'exégese, fraternel daos l'extase O
e un ~a1tre, paternel dans
insigne Don Luis ! t&lt; Estas que. me ª;~~re~ de la me11leure Espagne, salut,
ic o rimas sonoras, - culta sí, aunque
bu co·1·1ca, T a ¡·1a... »

Jorge GuILLtN.

PUBLICATIONS DE L'INSTITUT D'ÉTUDES HISPANIQUES

Inauguration des Conférences du Centre d'études
franco-hispaniques de l'Université de Paris, sous
la présidence de MM. Louis Liard, Vice-Recteur
de l'Université de Paris, et Francisco de Reynoso,
chargé d'affaires de S. M. le Roi d'Espagne. Conférence de M. Rafael Altamira, Directeur
général de l'Enseignement primaire d'Espagne,
membre de l'Académie Royale des Sciences
morales et politiques.
La Guerra y la Civilización francesa, avec
préface de M. Ernest Martinenche, broch., Paris,
1914.
Une enquéte littéraire : Don Quichotte a Paris
et dans les tranchées, par M. Ventura Garcia
Calderón, broch., Paris, 1916.
Programme de l'lnstitut d'études hispaniques
de l'Université de Paris, broch., Paris, 1918.

Orientaciones de política exterior y de economia nacional, par Carlos Ibañez de Ibero, broch.,
Paris, 1919.

--:::;:-:---~--:---------...:L:e Gérant: A.

CouESLAl'iT.

Cahors, Imprimerie CoUESLANT (perso1111el intércssé). -

2

5. 52 2 -

Les communications entre l'Espagne et le Maroc,
par Carlos Ibañez de Ibero, broch., Paris, 1919
(sous presse).

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                  <text>1917, año en que, en plena guerra mundial, nace el Instituto de Estudios Hispánicos de la Universidad de París, su director Ernest Martinenche escribe al joven mexicano Alfonso Reyes para agradecerle el envío de un texto y anunciarle le manifestó su intención de publicar una revista que inicialmente sería trimestral, y “que se esforzará por mantener informado a nuestro público sobre “la España de hoy””. Reyes, antes de convertirse en uno de los mejores escritores mexicanos del XX ° siglo, contribuirán a la publicación de Hispania, como parte de una densa red de escritores y críticos en ambos lados del Atlántico. Esta revista finalmente se mantuvo trimestral durante los cinco años de su corta existencia. Es decir, un total de veinte números de unas cien páginas cada uno, impresos con la sobriedad propia de una revista que quiere ser científica: sin dibujo, sin viñeta, sin adornos en la maqueta. Hispania vivió desde principios de 1918 hasta finales de 1922 y, probablemente, por lo que se sabe mucho menos que las otras dos revistas de hispanismo, nacidos en el final del siglo  XIX.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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7•2

X. VI II
, , ' -l

Sonunairc du
PIERRE DE NOLIIAC.
PAUl: DE SAINT-VICTOIC
Limone HALÉVY ' ' .
GÉNÉl&lt;AL DE MARBOl" ,
DOCTEUR CABANÈS,
ARVÈDE J3ARll'Œ.
HENRY•Il.OUJON .

1

. 1

1'~

Louis XV et Madame de Pompadour.
Cés&amp;r Borgia . . . . . . . . . . . . .
Notes et Souvenirs .
Mémoires. . . . . . . . . .
.
ù ne enquête matrimoniale au XVt• siècle.
Une reine en .e xil .
En marge . . . .

1

10
13

15
24

25

~7

ae n,tslilui

fasc iculc "

:9

33

.te l'Academie française

FRÉDÉRIC JllASSON. . . . Napoléon et les Femmes. .

35

de l'Academie française

ED~I0:-1IJ ET Jt:LES DE -GONCOLRT, Watteau , . '• . . . .
~9
MARCELL!t 'r1NAYRE. . . La Vie amoureuse de FrançoisBarbazanges. .p

--:::::::.----: :p,i;ANCHE HORS TEXTE

ILLUSTRATIONS
1

i

'"".,l

G. LENÔTRE . . . . . . Savnlettc de Langes . . . . . .
ERNE~T LAv1s,E. . . . . Louis XIV : La personne du roi .' .

EN CA)lAlEU :

J) APRÈS LES PEINTliRES, P.\S T EI.S, DE~Sl'S ET f.STA\IPF.S 0&amp; :

j

n.,,.,,,

13oucm:r., Doùc11OT, Cocu us, CO:-lllAD, DF.OUCOUl:T, DAr.O:-1 GÉn.UlD, DE.IUJNNES,
LE J3RUN, HAPIIAËL,
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Historia paraît le 5 et le 20 de chaq:J.e mois.
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Éditeur, 75, rue Darcau .

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LA MARQUISE DE PoMPADOt:R. T ableau de BoucnER. (Galerie nationale a'Écosse, Édimbourg_)

paraissant le S ,t le 20 de chaque mois.

HISTORIA a la bonne fortune de
pou.voir offrir gracieusement à ses
âbonnés une gravure extrêmement
rare, introuvable dans le commerce,
teproduisant un chef-d' œuvre d'un des
plus grands maîtres du xv111' siècle :

WATTEAU
L'Embarq~ement pour Cythère

Louis XVet Madame de Pompadour

lections publiques et privées, on en chercherait vainement dans le comPrononcer le nom de \Vatteau, ce n'est pas seulement évoquer Je soumerce. Cette rareté méme d'une œuvre aussi justement consacrée a détervenir d'un de nos plus grands peintres. C'est aussi rappeler l'un des
miné HISTORIA à en établir une édition spéciale particulièrement
tnaîtres les plus chatoyants, les plus élégants et les plus gracieux du
réservée à ses abon nés,
XVIII• siècle français, le siècle de l'élégance, de la grâce et de l'amour.
Cette édition est la reproduction de la composition définitive de \Valteau
:Mais, parmi les œuvres de \Vatteau, il en est une, l' Embarquement pour
qui appanien t à la Galerie impériale d'Allemagne et faite d'après I"èpreu ,·e
l'ile de Crthère, à laquelle il s'est attaqué à deux reprises pou r s'y réaliser
unique que possède la Bibli0thèque nationale.
tout entier, Et, de l'avis unanime des plus fins critiques d'art, c'est là que
Imprimée en taille-douce, sur très beau papier, genre \Vathmann, a\·ec
Watteau a créé le
Chef-d•œuvre de ses Chefs-d'œuvre.
g-randes marges, notre gravure mesure o.55 de hauteur sur o.72 de largeur,
Elle
constitue un merveilleux tableau, d'une valeur indisc utable et peu t
li n en existe pas. malheureusement pour le public, de copies gravées
être placée indistinctement dans n'importe quelle pièce de l'appartement.
facilement accessibles. En dehors de quelques épreuves des grandes colVoir une reprod:1ctio11 réduite de cette gravure" L'Embarquement pour Cythère " page 40 du présentf::tsciwle.

CHAPITRE PREMIER
•

1

Madame Le Normant d'Étioles

Conditions d'Abonnement
Prix pour l'année :

20fr.

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des 24 fascicu les suivant le
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BULLETIN D'ABONNEMENT ~ - - - - ~ ~ ~ - " " " '
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Bureau de Poste. ....
A_fin d'éviter des

la gra,,ure.
r 1Tr111· ;

rriPl'e cl"rcl'ire lrh lisil,lem~nl Ioules les inclications.

Versailles ne fut jamais plus animé, et
pour une fête plus brillante, que le soir du
25 février17 45. C'était la dernière des grandes
réjôuissances de la Cour en l'honneur du mariacre du Dauphin avec l'infante d'Espagne. La
tradition voulait que le roi de France conviât
le plus grand nombre de ses suj ets à célébrer
avec lui cet heureux événement. Comme les
jours précédents, le C?âteau était illuminé sur
1. - HtsTORIA . -

Fasc :

1.

les façades du côté des cours; par le froid sec
de cette nuit d'hiver, les compagnies, qu'amenaient tous les carrosses de la capitale, apercevaient de loin ces lignes de lumière qui
montaient vers le ciel et semblaient dessiner
un palais de fées.
Vers le milieu de la nuit, l'affluence redoubla. Le grand appartement et le jeu de la
Reine, commencé à six heures dans l:i Galerie
des Glaces, avaient pris fin à neuf heures,
pour laisser le Roi et la Reine manger à leur
grand couvert. A minuit devait s'ouvrir le
bal masqué. Un nouveau public entrait alors :

c'était Paris qui arr.ivait pour avoir sa part des
réjouissances royales. Deux files de carrosses
avançaient lentement dans l'avant-cour. Les
masques mettaient pied à terre à l'escalier de
marbre et à la cour de la Chapelle, et pénétraient des deux côtés dans les appartements.
Aucun billet n'était exigé : dans chaque
société une personne se démasquait; l'huissier
prenait son nom et comptait ceux qui entraient
arec elle. Comme on donnait le nom que l'on
voulait, une formalité aussi simple n'avait
rien de sévère, el même le flux des arrivants
la rendit bientôt impossible. Les barrières de

�,---

H1STORJA

________________________________________ .,,,

chêne furent forcées ; tout le monde passa
librement, se dirigeant, à travers les antichambres et les salons remplis de danses,
d'orchestres et de buffets, vers la Grande
Galerie, qui était le centre de la fête.
Cette cohue, que décrivent les mémoires,
se transforme, dans la célèbre estampe des
Cochin, en une élégante foule, qui circule
aisément parmi le décor magnifüpie. La Galerie ruisselle de lumières : lustres, torchères
et girandoles se multiplient dans les glaces.
Sous le plafond pompeux de Le Brun s'anime
la mascarade : Arlequins et Colombines ,
Turcs, Arméniens, Chinois, médecins à haute
perruque, sauvages emplumés, pèlerins et pèlerines, bergers, magiciens, diables et folies.
Les dames, placées sur les gradins, prennent
des rafraîchissements offerts par les pages.
Un groupe dans un coin, sur le parquet,
boit et mange; il est là pour rappeler que cinq
à six cents masques, assis par terre dans les
salons voisins, se gobergèrent aux frais du Roi
de victuailles pillées aux buffets.
Qu'il y eût beaucoup de bourgeoisie, et de
la plus mince, la princesse de Conti n'en
saurait douter : elle ne trouve pas une place
à prendre ; un masque lui refuse la sienne
el, quand elle se découvre, voyant qu'on ne
la reconnaît pas : &lt;&lt; Il faut, dit-elle, qu'on
soit ici en bien mauvaise compagnie. » li
n'est pourtant pas que des manants sous les
déguisements de cette nuit. Quelqu'un qui
s'assied fort près de la Reine et qui passe
inaperçu, est un fils de roi, le prétendant
Charles-Édouard, qui mettra l'Angleterre en
feu l'année suivante. Si tous les dominos
tombaient, on percerait bien d'autres mystères.
Une porte de glaces s'est ouver le et la foule
s'écarte devant des personnages non masqués qui s'avancent entourés de curiosités el
d'hommages. La Reine, posant la main sur le
bras de son chevalier d'honneur, précède le
Dauphin, costumé en jardinier, qui tient le
bout des doigts de la Dauphine, travestie en
bouquetière. Derrière eux sont le. duc et la
duchesse de Chartres, qui danseront dans
leur quadrille. Le graveur a marqué nettement tous ces portraits princiers, qu'il est
aisé de reconnaître.
Seul Louis XV semble manquer à la fète.
Mais voici qu'une singulière compagnie vient
de sortir de l'appartement royal : ce sont des
ifs taillés dans le goût de ceux de&amp;jardins.
Le Roi est l'un de ces hui t masques, sans
doute celui qu'entourent d'aimables jeunes
femmes intriguées par le secret à demi connu
et par la difficulté de le découvrir complètement. Une comédie se joue dans ce coin du
bal, comédie plus sérieuse qu'il ne semble,
car les conséquences de cette soirée seront
considérables pour la monarchie.
Sur tant de femmes de finance ou de magistrature, ou simples bourgeoises de Paris,
venues étaler à la Cour leurs grâces inédites
et le goût de leurs ajustements, et qui se
démasquent à l'emi, combien •rèvent de rencontrer le Roi et de fixer son caprice! Un
témoin nous le raconte : toutes les beautés de

la Yille se sont rassemblées ce jour-là pour
conquérir ce jeune souverain couvert de
gloire, dont le cœur est libre et qui est le
plus bel homme de son royaume. « La foule
des prétendantes est infinie, » dit l'abbé de
Bernis, qui voit leurs manèges et qui connait
la plupart d'entre elles. Il mentionne même
le succès d'une jeune fille extrêmement belle,
dont les parents sont de ses amis; un chroniqueur plus indiscret cite une présidente
libertine, évidemment madame Portail, qui se
laisse emmener dans les petits appartements
par un if qu'elle a pris pour le Roi.
Cette hardiesse des bourgeoises, ce soir-là,
s'explique à merveille : c'est une occasion
rare d'approcher Louis XV. Les femmes de
cour ne manquent point, qui aspirent à l'honneur de faire oublier au maître madame de
Châteauroux. Tout le monde nomme la dernière des sœurs de Nesle, la duchesse de·
Lauraguais, qui se croit sûre de réussir,
ayant su plaire, à défaut de beauté, par son
caquet et son entrain. On connait moins les
manœuvres de la belle princesse de Rohan,
qui sacrifie le repos de sa vie et l'attachement
le plus tendre à ce rêve qui la dévore. Mais
des facilités presque quotidiennes de parler
au Roi se présentent aux femmes de leur
rang, tandis qu'aux Vénus et aux Junons de
la Capitale, le moment est unique pour
attirer son regard. Celle qui doit l'emporter
sur toutes a paru au bal de Versailles, dans
l'éclat d'une beauté jeune et audacieuse. Elle
n'est pas absente de la composition où les
Cochin, père et fils, ont fixé, pour la curiosité de l'avenir, les épisodes de la fête. La
jeune femme de profil, qu'on voit au milieu
de la compagnie du Iloi, causant avec un if
mystérieux, n'est autre que madame Le Nor'mant d'Etioles.
Si madame Le Normant d'Étioles, née Poisson, ne fût point entrée à ce moment dans
la vie de Louis XV, le règne aurait pris
sans doute une tout autre orientation. La
politique se serait trouvée différente dans les
questions financières, dans les difficultés religieuses, et, peut-être aussi, dans les relations
diplomatiques. A la date où l'on arrivait et
qui devait compter dans l'histoire de la
royauté française, il n'était point sans intérêt
qu'une femme, supérieure par son intelligence
et habile à s'en servir, s'emparât à nouveau
d'un roi absolu, plus maître de son royaume
et plus jaloux de son pouvoir que n'avait été
Louis XIV lui-même.
Cette puissance presque sans limites du roi
de France d'alors dépendait des caprices d'une
âme inlJ1liète et fuyante, que l'ennui rongeait
plus que la débauche, mais dont la volonté
pouvait sombrer dans les passions basses.
Quoiqu'il semblàt s'abandonner aux ministres
pour certains détails du gouvernement, et
qu'il parût aisé à prendre par les voies du
plaisir, il était difficile d'obtenir sur lui une
domination quelconque et d'arriver à la conserver longtemps. Toute autre femme que
madame d'Étioles y eût échoué sans doute. Si
la morale fl étrit son triomphe et si l'histoire

en blàme le, conséquences, on lui doit du
moins cette justice qu'elle a réussi une œu vre
compliquée et presque impossilJle.
Quelle que dût être la favorite de demain,
chacun sentait, parmi ceux que n'aveuglait
pas l'intérêt trop direct ou l'esprit de caste,
que le rôle d'une duchesse de Châteauroux,
appuyée sur sa naissance et sur son orgueil,
ne serait plus tenu par personne. Le temps
des grandes dames était passé; les fantaisies
royales allaient s'adress_er à la classe que
représentait madame d'Etioles; cela semblait
inévitable et tout l'annonçait.
Louis XV montre un besoin de changement
auquel ses familiers ne se trompent pas. A
trente-cinq ans, après les expériences qu'il a
faites durant son singulier attachemPnt aux
trois sœurs de Nesle, il devine trop bien les
calculs de la Cour et les pièges tendus à son
cœur. Le goût lui est venu de joindre au
plaisir la connaissance de mœurs autres que
celles qui l'entourent, de passions qu'il croit
moins mêlées de cupidité, et qu'il s'imagine
plus sincères. li est renseigné sur les femmes
de Paris par la chronique scandaleuse que
lui apportent, chaque matin, ses valets de
chambre, par le secret des postes, qu'on viole
quelquefois pour le distraire; et ce qu'il a
appris d'elles lui a donné l'emie de voir de
plus près cette catégorie de ses sujettes. Son
mentor dans l'inconduite, M. de Richelieu ,
qui exerce ses ravages sur toutes sortes de
cœurs et ne dédaigne point la roture, lui a
fait sur ce point les confidences les plus instructives. Y a-t-il une passion plus vraie dans
sa violencè, plus intéressante dans sa folie,
pour un égoïste curieux de sensations rares,
que celle dont se meurt, à cause de Richelieu, madame de la Popelinière'! On devine,
entre les deux hommes inégalement blasés,
mais également étrangers à l'amour véritable,
des conversations destinées à porter bientôt
leurs conséquences.
Peut-être entre-t-il, dans la résolution du
Roi, une sorte d'égards nouveaux pour la
Reine, tant de fois déjà IJlessée cruellement.
Louis XV peut s'imaginer alors qu'il la ménagera davantage. li sait quelles humiliations
elle a souffertes à voir choisir ses rivales
parmi les dames de son pal:iis, celles dont il
lui fallait tous les jours, d'après l'étiquette,
subir la présence et les hommages. Comment, d'autre part, ne point penser à des
filles qui grandissent, au Dauphin, qui se
marie à cette heure el &lt;léjà condamne ouvertement, par tendre amour pour sa mère et au
nom de son éducation chrétienne, la conduite
paternelle? Ces considérations, pour vulgaires
qu'elles apparaissent et démodées parmi les
mœurs du siècle, pèsent encore de quelque
poids. Les incidents survenus à Melz, autour
du Roi malade, ont montré la force conservée
par les principes qui sauvegardent la famille.
Le mépris manifesté contre madame de Châteauroux, l'appui que le parti dévot, comme
on l'appelle, a trouvé dans l'opinion publique,
font connaitre à Louis XV qu'il doit compter
avec la moralité de la nation et qu'elle ne
tolère pas aisément certains excès de scan-

'-------------------------dale 1 • S'il lui est impossible de revenir à la
Reine, il peut veiller du moins à ce que son
adultère ne s'affiche plus. Ce beau nom de
Louis le Bien-Aimé, que son peuple lui a
donné pendant sa maladie dangereuse, ne lui
sera conservé qu'à ce prix.
Mème s'il était indifférent à tant de choses,
le roi Louis XV ne le serait point à sa tranquillité personnelle. Les tracasseries le troublent et l'irritent. Ce n'est pas de sa famille,
de ses prêtres, ni même de l'opinion, que lui
viennent celles qu'il ressent davantage. Elles
sortent de la situation équivoque où le mettent les choix qu'il a faits jusqu'à présent.
Une maîtresse prise à la Cour et déclarée,
comme elles veulent l'être toutes, amène mille
difficultés. L'intrigue de gouvernement menace sans cesse d'exploiter la passion royale;
celle-ci se complique, aussi bien dans la vie
quotidienne qu'aux heures inévitables de la
rupture, des intérêts qui s'y trouvent engagés
et qui parfois touchent de près le trône.
Le Roi ne veut donc plus des femmes de
naissance; il les trouve orgueilleuses, avides
ou dominatrices; il est dégoùté des inconvénients politiques qu'elles entraînent. Ces dispositio_!ls nouvelles sont de bruit public, et le
Tiers-Etat s'en estime honoré. On se risque
à espérer l'étrange fortune. Toutes les bourgeoises, que ne retient ni leur miroir ni leur
conscience, s'imaginent avoir des chances de
conquête. Ainsi s'explique la surexcitation
ambitieuse qui a tourné autour de Louis XV,
pendant lebal masqué du mariage du Dauphin.
Cette nuit de Versailles resta connue des
contemporains bien informés, comme celle
où fut jeté le mouchoir royal dans la libre
folie de la mascarade. Bernis dit expressément qu'elle vit s'ébaucher l'aventure de
madame d'Étioles, et Voltaire y faisait allusion
lorsqu'il adressait à la jeune femme le premier
madrigal qui saluait sa faveur naissante :
Quand César, ce héros charmant
De qui Rome était idolàtre,
Battait le Belge ou !'Allemand,
On en faisait son compliment
A la divine Cléopâtre.
Ce héros des amants ainsi que des guerriers
Unissait le myrte aux lauriers;
Mais l'i/ est aujourd"hui !"arbre que je révère,
Et, depuis quelque temps, j'en fais bien plus de cas
Que des lauriers sanglants du fier dieu des combats
EL que des myrtes de Cythère.

Les chroniqueurs modernes ont trouvé
plus piquant, sur des témoignages d'autorité
moindre, de transporter ces origines au bal
masqué del' Hôtel de Ville, où le Roi se rendit
quelques jours après. Nous pouvons d'ailleurs
reconstituer, avec une exactitude entière, ce
qui se passa durant cette seconde nuit. Rien
ne renseignera mieux sur les habitudes de
l'époque el ne permettra un meilleur coup
d'œil sur les commencements réels de la
liaison du Roi, peut-être plus mystérieux
qu'on ne l'a pensé.
1. Le récit des événements de 1744, qui préparent
ceux qu'on raconte ici, se trouve dans un autre
ouvrage de l'auteur : l,ouis XV et Mal'ic Leczinska.

LoU1s

XY

ET ) ff .JID.JIME DE P oMPADOU'R. _ _ "

C'était une fète vraiment célébrée par la
nation tout entière, que ce mariage du Dauphin qui achevait de sceller l'alliance, si compromise au moment des secondes fiançailles
de Louis XV, entre les deux branches de la
maison de Bourbon. Plus encore que le mariage contracté cinq ans plus tôt par la fille
aînée du Roi avec l'lnfant don Philippe ,
l'union nouvelle fui l'occasion de cérémonies
et de réjouissances exceptionnelles. La Cour,
selon l'usage, en avait commencé la série. On
avait eu, à Versailles, avant la soirée du bal
masqué, un magnifique bal paré qu'a dessiné
Cochin et où la Dauphine montra, au menuet, ses gràces espagnoles; il fut dansé dans
la somptueuse salle du Manège, décorée par
les Slodtz en 1757 et qui servait, en attendant la construction d'un Opéra, à toutes les
fêtes données par le Roi. Le jour même des
noces, dans ce beau lieu transformé en salle
de spectacle et garni de loges fleuries, avait
été représenté un ballet de circonstance, la
Princesse de Navarre, œuvre allégorique de
Voltaire et de Rameau, où l'apothéose finale
s'achevait par l'abaissement et la disparition
du décor des monts Pyrénées, remplacés sur
la scène par un Temple de l'Amour.
'
Puisque réellement, suivant le mot prêté à
Louis XlV, il n'y avait plus de Pyrénées et
que la sécurité nationale, établie déjà par la
première campagne de Maurice de Saxe, était
garantie par une alliance inaltérable, on pouvait se réjouir en toute confiance. Aucune
circonstance d'un règne, sous quelque roi que
cé fût, (et le régnant n'était-il pas Louis le
Bien-Aimé?) ne se trouvait plus populai re en
France que le mariage du Dauphin, qui assurait l'hérédité et la transmission paisible de la
couronne. Enfin, dans le cas actuel, l'Jnfante
Marie-Raphaelle, qu'on disait d'heureux caractère et fort désirée du jeune époux, inspirait
des sentiments très rifs à la galanterie de la
naliu11.
A chaque occa!:ion aussi solennelle, la vule
de Paris renouvelait ingénieusement le motil
général des fêtes qu'elle donnait. L'imagination de ses artistes et le goût naturel de ses
habitants faisaient naître une idée d'ensemble,
toujours heureusement conçue, et qui, ne se
répétant jamai5, fixait dans la mémoire du
peuple les dates et les événements. Les fètes
de 1745 furent caractérisées par une œuvre
d'architecture éphémère, qu'on n'avait point
essayée encore : il y eut sept salles de bal
élevées sur les principales places de Paris, au
nom du Prévôt des marchands, et dont la
décoration, élégante et variée, charmait les
yeux. On courait la ville tout le jour pour
voir l'arc de triomphe qui servait d'entrée à
la salle de la place Dauphine, les deux galeries de treillage de la place Louis-le-Grand
(place Vendôme), la longue galerie peinte de
paysages faite au Carrousel, la décoration de
pampres de la rue de Sèvres, les pilastres de
marbre de la place de la Bastille. Partou L,
dans un arrangement différent, apparaissaient
les écussons de France et d'Espagne, les médaillons de la famille royale, et les grandes
figures allégoriques qu'on aimait alors. La

mùt, les salles étaient illuminées; on y faisait
des distributions de vin et de viandes, et des
rondes joyeuses s'organisaient entre gens du
quartier, auxquels se mêlaient en passant les
masques du Carnaval.
Tandis que le menu peuple se trémoussait
sur les planchers accommodés à son usage,
s'apprêtait, à l'Hôtel de Ville, le bal masqué
qui devait rivaliser avec le bal de la Cour.
On supposait que le Roi y viendrait, mais
incognito, le Dauphin seul devant y paraître
pour remercier ces messieurs de la Ville de la
joie témoignée pour son mariage. C'était la
nuit du dimanche gras. Le Prévôt des marchands avait fait ajouter à la grande salle une
deuxième, construite dans la cour, d'une
architecture de dorures et de glaces et dont
le plafond atteignait la hauteur des toits. Sur
cette cour donnait l'appartement préparé pour
le Dauphin.
Après avoir regardé danser et attendu vainement le Roi, le jeune prince descendi t un
instant dans la fète, en domino sans masque,
et les ·vingt-quatre gardes du corps qui l'accompagnaient eurent beaucoup de peine à lui
frayer un passage vers son carrosse. L'avocal
Barbier raconte, avec mauvaise humeur, les
incidents de cette nuit : « U y a eu une foule
et une confusion de monde terribles. On ne
pouvait descendre ni monter les escaliers. On
se portait dans les salles; on s'y étouffait, on
se trouvait mal. li y avait six buffets mal
garnis ou mal ordonnés ; les rafraichissements ont manqué dès trois heures après
minuit. Il n'y a qu'une voix dans Paris pour
le mé::ontentement de ce bal; il faut qu'il ait
été donné non seulement des billets sans
nombre, mais à toutes sortes de gens sans
mesure, et sans doute à tous les ouvriers et
fournis,seurs de la Ville, car il y avait nombre
de chianlis. »
A Versailles, vers onze heures, le Roi sortait de chez lui en domino noir, avec le duc
d'Ayen et quelques familiers, et allait, pour
son petit écu, au bal public voisin du Château. Il s'agissait d'occuper le temps jusqu'au
moment où l'on pourrait supposer que le
Dauphin quitterait t&gt;aris, afin de ne point s'y
trouver avec lui et de mieux assurer l'incognito. Une heure après minuit, le Roi et sa
compagnie se mettent en carrosse. A Sèvres,
on rencontre le Dauphin et l'escorte; il monte
un instant auprès de son père et lui rapporte
le désordre 11ui règne au bal de la \'ille. Le
Roi décide de ne point s'y rendre tout d'abord
et va à l'Opéra, où le bal a lieu par entrées
payantes ; il y voit des sociétés choisies et
danse deux contredanses sans être reconnu.
Pour plus de sùreté, la voiture de la Cour
vient d'être congédiée et la compagnie est en
fiacres. Enfin, le Roi entre à l' Hôtel de Ville,
où il s'est ménagé probablement plusieurs
rendez-vous, et notamment de la belle jeune
fille remarquée au bal de Yersailles. On la
cherche vainement, et l'avis est donné qu'elle
ne viendra point: rlle a arcrli ses parents, cl
ceux-ci, bien qu'éblouis un instant, se refusent à la fantai sie de Sa füjcslé. Cette nui t
même, de grands seigneurs de la suite du

�~ - 1f1STORJA
Roi courent chez eux, voient la mère, supplient, menacent; rien ne décide ces honnêtes
gens à livrer leur enfant.
Le Roi peut ai~émcnt se consoler de son
dépit: madamè d'Etiolcs est dans le bal et l'attend. Ils vont être vus ensemble par un jeune
colonel, qui a conduit à la fète une femme
de la Cour et qui raconte : &lt;c La foule était si
pressée que la dame avec qui j'étais, craignant d'être étouffée, demanda secours au
prévôt des marchands, M. de Ilcrnage; il nous
mena dans w1 cabinet où, à peine entré, je

Comme tout Paris veille et festoie jusqu'à qu'attendaient ses carrosses pour la conduire
l'aurore, les rues sont pleines de monde, garau salut de la paroisse, est venue dans la
dées, obstruées ; il y a loin de la place de
chambre du Roi, dès qu'il a été éveillé; le
Grève à la rue Croix-dcs-Pctits-{;hamps; à Dauphin et la Dauphine y ont paru un peu
un carrefour, devant les sergents qui s'oppoplus tard. Suirant l'expression de la Cour,
sent au passage, le cocher refuse d'avancer.
« il ne fut jour qu'à cinq heures chez le
La dame s'effraie; le Roi s'impatiente: &lt;c Don- Roi 1&gt;.
nez un louis, » dit-il au duc; mais celui-ci :
&lt;c Votre M
ajesté doit s'en garder; la police
Étaient-ce seulement les incidents d'une
sera instruite, fora ses recherchci; et saura
nuit de carnaval qui avaient décidé la liaison
demain où nous sommes allés. » l'our uu
du Iloi, liaison toute de sentiment encore et
simple écu de six livres, le cocher eulève ses
dont une savante stratégie de femme devait

LA MASCARADE DES IFS,

CllcM Oiraudon.

Bal masqué donné par le Roi dans la galerie du château dt Versailles, à l'occasion du mariage &lt;k Louis, dauphin dt Franu, avec ftfarte-TMreu, Infante d'Espagne
la nuit du 25 au 26 février 1745. - Dessin dt Coce111. (Musée du Louvre.)

vis arriver madame d'Étiolcs, avec qui j'avais
soupé quelques jours auparavant; elle était
en domino noir, mais dans le plus grand
désordre, parce qu'elle avait été poussée et
repoussée comme tant d'autres par la foule.
Un instant après, deu1 masques, aussi en
domino noir, traversèrent le même cabinet;
je reconnus l'un à sa taille, l'autre à sa voix;
c'étaient~f. d' [AyenJet le Roi. Madamed'Étioles
les suivit et fut à Versailles. 1&gt; Notre témoin,
par ces derniers mots, va trop vite en besogne;
la nuil ùst terminée tout au{rement et de
façon peut-être plus piquante : le Roi a sollicité l'honneur de reconduire madame d'Étiolcs
chez sa mère.
On monte en fiacre avec le duc d'Ayen.

chevaux, fend la foule, et le roi de France,
tout fier de cette équipée, peut, sans autre
encombre, amener sa compagne à la porte de
son logis.
Il est rentré à Versailles à huit heures et
demie. « En arrivant, il a mis une redingote
et a été tout de suite entendre la messe à la
chapelle. li n'y avait ni chapelains ni gardes
du corps; tout a été averti le plus promptement qu'il a été possible. » Cette messe du
matin, en de tels retours, scandalise les âmes
pieuses; mais Louis XV croit la dcl'oir au bon
exemple. Après l'avoir entendue tant bien
que mal, il s'est couché et a donné l'ordre
qu'on n'entdt qu'à cinq heures. nien n'a été
changé à l'étiquette du lever. La Reine,

régler les étapes? Cette aventure clandestine
de Paris, acte incroyable jusqu'alors dans la
vie de Louis XV et qui fut soigneusement
caché, marquait-elle un succès de hasard ou
le couronnement d'une campagne menée de
longue main? Les contemporains affirment
que la future marquise de Pompadour ne
devait point être étonnée de sa fortune. Sa
mère l'avait élevée dans la pensée qu'elle y
parviendrait un jour. A neuf ans, elle l'avait
conduite chez une diseuse de bonne aventure,
et l'on n'est pas peu surpris de trouver, en
tête du relevé des pensions payées par madame
de Pompadour : &lt;&lt; Six cents livres à la dame
Lebon, pour lui avoir prédit, à l'ùge de
neuf ans, qu'elle serait un jour la maitresse

Lo111s XV

ET

MADAJIŒ

DE

PoMPADozm_ - ~

de Louis XV. 1&gt; Bernis écrit, de son côté, de ces hommes avisés et nécessaires, qui
troupes françaises. Les lettres du ministre
dans ses Mémoires : « Le public fut fort savent intéresser les gens à leur sauvetage;
indiquent l'estime qu'on porte à ses talents.
étonné de la préférence que le Roi lui avait cependant, malgré qu'on le servît activement,
· Celles qu'il reçoit de Pâris-Duvcrney sont
donnée ; il ignorait que ce prince, depuis par d'incessantes démarches auprès du cardiencore plus significatives el témoignent des
qu'elle était mariée, la voyait fort souvent à nal de Fleury, il ne put revenir en France
liens étroits qui l'unissent à ses protecteurs :
la chasse dans la forêt de Sénart, que les qu'au bout de huit ans, avec un saut-conduit
« Monseigneur de Breteuil et M. le Contrôleur
écuyers de Sa Majesté passaient leur vie chez pour sa personne. En 1759, il obtint du Congénéral, écrit le financier, ont vu vos lettres;
elle, et que l'I!adame de Mailly avait plus redouté seil une décharge partielle de sa dette et le
Son Éminence [Fleury] a vu celle qui accommadame d'Etioles qu'auc,qne autre femme. _» commencement de sa réhabilitation. Plus
pagnait l'ordonnance que vous avez obtenue à
MadameLeNormantd'Etiolcs, Jeanne-Antoi- tard, au temps de la faveur de sa fille, Poisson
Paderborn; tous sont contents de votre connette Poisson de son nom de fille, née à Paris, devait l'obtenir complète, et il est assez plaiduite et, en mon nom particulier, je le suis
rue de Cléry, le 20 décembre 1721, avait sant de voir reparaître, dans ses lettres d'anoaussi on ne peut pas davantage .... J'ignore si
alors vin,.t-quatre
ans et l'une des situations
blissement, les services rendus par lui pour l'on pourra faire usage de ce que Yous arez
0
•
les plus enviées de Paris. Ses ennemis se so~t les approvisionnements pendant la disette de
obtenu. Le mérite n'en sera pas moins grand
complu à ravaler outre mesure toutes ses ori- 1725 ; on lui fait alors un titre éminent à la
pour vous, et vous pouvez vous en rapporter
gines, modestes, il est vrai, et sur lesquelles reconnaissance publique de ce qui lui aurait
à moi pour y donner toute l'étendue qui y
on sait depuis fort peu de temps la vérité.
jadis mérité la potence.
convient .... Jouissez toujours, en attendant,
Elle avait pour père un financier de méVoici ce qu'affirment, sur le rôle de Pois- de la justice qu'on vous rend ici; la façon
diocre volée, le sieur François Poisson, né son, les lettres dressées au nom du floi, au
dont on y pense est très sensible pour moi,
en 1684 d'un tisserand de Provenchères, au mois d'août 1747: « Nous crûmes ne pouvoir
par le véritable intérêt que je prends à tout
diocèse de Langres. Pour s'élever peu à peu mettre en de meilleures mains le soin de
ce qui vous regarde. » Tel est le ton de la
à l'état dont sa fille avait tiré un brillant l'approvisionnement de la ville de Paris et de
correspondance du chef avec son agent. li lui
mariage, ce Poisson avait eu une carrière plusieurs magasins des places frontières, pour
confie, en passant, le désir qu'il a de se retiassez orageuse. Il avait quitté à vingt ans la lequel il ne ménagea ni sa fortune, ni son
rer· du &lt;c travail forcé », qui l'épuise, et de
maison paternelle, pour suivre comme &lt;c haut- tm·ail, ni le crédit qu'il pouvait avoir. Cepenle-pied », c'est-à-dire conducteur de chevaux, dant, et malgré le succès qu'avaient eu ses prendre un repos bien gagné; il y mèlc des nouvelles de madame Poisson qu'il est allé ,·oir,
les munitionnaires de l'armée du maréchal talents, sa vigilance et son zèle, il ne put
et« dont la santé n'est pas aussi bonne qu'il le
de Villars. Les frères Pâris, les fameux com- obtenir la justice même qui lui était due sur
désirerait ll ; il en treticnt un père, qui semble
missaires aux vivres, qui commençaient alors le remboursement de ses avances et sur les
fort préoccupé, des indispositions de la jeune
leur fortune, le remarquèrent; ils lui donnè- emprunts qu'il avait faits, en sorte qu'il se
rent d'abord des rôles subalternes, puis firent vit, pendant plus de vingt années, exposé aux madame d'Etiolcs et de &lt;c quelques accès de
fiè,Te à la campagne, d'où elle a dû revenir 1&gt; .
de lui un de leurs commis principaux.
poursuites les plus rigoureuses, qui l'obliA cette mission de François Poisson en
C'était, à cette époque, pour tous les inter- gèrent de quitter son établissement cl sa Westphalie se rattache la première lettre
médiaires de ce genre, l'occasion de gains famille et de vivre pendant huit années dans
qu'on ail de sa fille, datée du 5 septembre 1741
extraordinaires, obtenus avec de gros risques la retrai te, qu'il ne put trouver que dans le
et maintenant facile à comprendre : « Si j'ai
et par un usage audacieux du crédit. Poisson, pays étranger. Enfin, la conduite du sieur
quelque remède, lui écrit madame d'Étiolcs,
qui parait avoir été un homme supérieur en Poisson examinée par des commissaires les
contre le chagrin que me donne votre abce métier, acquit très vite la confiance absolue plus équi tables et les plus éclairés, le jugesence, c'est les louanges que j'entends faire
de ses patrons. Il fut employé par le Régent, ment qu'ils ont rendu a fait connaitre toute
dans tout Paris sur votre compte. Je n'en
lors de la peste de Provence, à procurer des l'exactitude el toute la fidélité de son service;
suis pas étonnée; mais il est encore bien heusubsistances à cette province, s'en tira à son les emprunts qu'il avait faits ont été justifiés,
reux que le public vous rende justice; vous
honneur, et obtint d'acheter la charge de ses avances établies et liquidées, et il a resavez qu'il n'est pas sujet à caution. A propos,
&lt;&lt; fourrier du corps de Son Altesse Royale
couvré son état et sa liberté .... » Il semble y naiment vous écrivez d'un style admirable à
Monseigneur le duc d'Orléans ». Toujours au avoir quelque part de vérité dans les lettres
vos grands amis; l'on a raison de dire qu ïl
service des frères Pâris et travaillant avec royales. Elles s'appuient sur l'arrêt de 1759,
y a toujours de la dignité dans le grand franeux, il prit en main l'approvisionnement de fort antérieur à l'époque où Louis XV put çais. »
la capi talc pendant la. disette des grains de s'intéresser à madame d'Étiolcs, cl elles s'acNous n'ayons pas les pages, de si beau style,
1725. Mais, ces dernières opérations ayant cordent avec les documents contemporains les
qu'adressait
U. Poisson aux frères Piiris et
attiré les sévérités des intendants des finances, plus sérieux pour rendre justice à certains
qui
excitaient
la tendre admiration de sa fille;
on reconnut que des marchés fictifs avaient mérites du personnage.
mais
le
même
courrier, qui lui portait cette
été passés. Une commission fut spécialement
Al. Poisson s'est déjà réhabilité devant le
établie pour faire rendre ses comptes au sieur public par une brillante rentrée au service du lettre, en contenait une de Pâris de MontmarPoisson ; il fut déclaré débiteur au Trésor fioi, qui terme pour un temps la bouche à tel, dont le ton mérite d'être remarqué : &lt;&lt; Je
royal d'une somme de deux cent trente-deux ses cmieux. Au mois de juillet 1741 , alors n'ai pas répondu encore à une de \'OS lettres,
mille livres, par jugement du Conseil d'État que la guerre come en Allemagne, et que la mon cher François, parce que le bon [Duvcrdu 20 mai 1727. Comme il ne put rien rem- France se prépare à faire campagne contre ncy] s'el! est toujours chargé. Je ne le ferais
bourser, ne parvenant pas à rentrer lui-même la reine de Hongrie, il est envoyé chez l'élec- pas encore aujourd'hui, si je ne Youlais pas
dans ses avances, ses biens furent saisis et il teur de Cologne, avec une mission confiden- vous marquer moi-même combien nous
prit le parti de« s'absenter ». C'est le mot tielle du marquis de Breteuil, ministre de la sommes contents de tout cc que vous avez
du temps, qui signifie une indispensable fuite. Guerre; il a charge de conclure en même fait cl faites encore; j'en étais d'avance perFrançois Poisson fut-il condamné à être temps, pour les frères Pâris, une série d'opé- suadé, mais vous savez que tout le monde
pendu? Vingt ans plus tard, tout le monde le rations difficiles et secrètes, relatives aux n'avait pas la même opinion. La raison en est
disait dans Paris, et il était piquant de le approvisionnements militaires sur les bords toute simple : ils ne connaissent point la
croire; mais les traces de l'arrêt infamant ne du Rhin. Il faut qu'on ait confiance, non seu- matière et encore moins votre amitié pour
se retrouvent nulle part et rien n'indique lement en son expérience du pays, mais encore nous, et c'est ce dernier point qui vous donne
qu'il fut prononcé. Le cas du fugitif était, du en son intégrité, pour lui laisser le soin d'or- encore plus de force. ll L'ami qui écrit ainsi
reste, fort grave, et des pays d'Allcmaane, où ganiser tant de magasins pour les quartiers à AL Poisson est celui qui a été, une vingil se réfugia, il employa toutes ses forces à d'hiver et de passer les gros marchés de taine d'années auparavant, le parrain de sa
préparer la revision de son procès. C'était un vivres, qui doivent assurer la subsistance des fille ; c'est encore le protecteur le plus sûr de
la famille, et la chroniqu&lt;! a longtemps rap-

�r-

,,

111STO'J{lA

proché son nom de celui de la belle madame
Poisson.

s'était profondément attaché aux deux enfants
qu'il avait vus grandir chez madame Poisson et
dont il s'était promis d'assurer le sort.
Le jeune Abel, moins âgé de quatre ans
que sa sœur, annonçait l'intelligence la plus
heureuse; mais Jeanne-Antoinette était une
enfant délicieuse, qu'il était impossible de ne
pas aimer. Le fermier général devait jouer,
auprès de la fille de son. ami, un rôle de père
adoptif, qui a trompé même des contemporains, trop prompts à tirer des conclusions
malicieuses; mais le véritable père n'avait
laissé à personne le soin de décider de la première éducation. Continuant à diriger sa
famille du fond de son exil, il avait voulu que
la petite fille fût mise au couvent et était
entré lui-même en correspondance régulière
avec la supérieure de la maison pour recevoir,
directement et par le détail, des nouvelles de
son enfant.

par la correspondance de sa sœur religieuse,
madame de Sainte-Perpétue, avec M. Poisson :
« Notre révérende mère, lui écrit-elle, est
Madame Poisson a beaucoup travaillé à la
fort surprise de ne point recevoir de vos nouréhabilitation de son mari, avec la ténacité
velles; elle ne sait pas si c'est qu'on retient
d'une mère passionnée qui pense seulement
vos lettres. Tout ce que je sais, c'est que ma
à l'avenir de sa fille. Le personnage qu'elle
sœur Poisson en a envoyé une toute décaa épousé ne l'attache guère. L'homme, si inchetée. II est à croire qu'elle les lit toutes
telligent qu'il soit, est d'aspect vulgaire, rude
avant que de les envoyer; ainsi, mon cher
en ses propos, fils de la terre mal dégrossi
frère, je vous conseille d'écrire plut-dt par la
par la finance. Il ne peut être lié que par une
poste : c'est la voie la plus sûre, si vous ne
association d'intérêt à la Parisienne ambivoulez pas que ma sœur sache ce que vous
tieuse, pour qui le mariage a été le chemin
faites pour votre chère enfant. Sous le prédes grandes intrigues. On a cependant trop
texte qu'elle s'imagine que vous lui donnez
amplifié la chronique scandaleuse qui vise
beaucoup, elle ne lui donne positivement que
madame Poisson, et que le milieu et l'époque
son pur nécessaire. Je crois bien que c'est
où elle vécut expliquent assez.
qu'dle n'est point à son aise, mais l'enfant
Madeleine de la Motte appartenait à une
est très délicate; actuellement elle a un
famille plus élevée que celle de son mari ;
rhume assez considérable : par conséquent,
son père était cc le boucher des Invalides »,
elle a besoin de douceurs. Je vous dirai que
c'est-à-dire que le sieur de la Motte, comle louis que vous lui avez envoyé est employé,
missaire de l'artillerie, avait fait sa fortune à
Il y a, en effet, un peu de couvent dans la vie el que je lui ai avancé un écu; notre mère
!'Hôtel royal des Invalides, comme entrepre- de madame de Pompadour; elle a passé une supérieure en a le mémoire; si vous pouvez
neur des provisions de viande. La fille était, année au moins aux Ursulines de Poissy, où lui envoyer encore quelque chose, que ce ne
dit Barbier, une « belle brune, à la peau deux de ses tan tes étaient religieuses et où soit point par ma sœur ni par les Invalides ....
blanche, une des plus belles femmes de Paris, une de ses cousines était élevée. Les menus Reinette est toujours aimable à son ordinaire;
avec tout l'esprit imaginable » ; on assure faits de sa vie enfantine la montrent déjà elle me parle très souvent de vous; elle me
qu'elle était plus belle que ne le fut madame de telle qu'elle sera plus tard. Elle exerce autour dit l'autre jour qu'elle savait bien que vous
Pompadour, et il est dommage qu'aucun por- d'elle, toute petite fille de huit à neuf ans, l'aimez beaucoup, qu'elle n'avait pas le cœur
trait authentique ne nous permette d'en juger. cette séduction à laquelle il sera si difficile assez grand pour vous aimer autant que vous
Que madame Poisson ait eu des bontés pour de résister et qu'on devine en tous les récits le méritez, mais qu'elle vous aime de toute
Pâris de Montmartel et, plus tard, pour quel- envoyés en Allemagne par le couvent : l'étendue de son petit cœur, et qu'à mesure
que autre de ses contemporains, cela n'im- « Votre aimable chère fille, Monsieur, écrit qu'elle grandissait, qu'elle sentait son amitié
porte en rien à l'histoire, obligée à beaucoup la supérieure à M. Poisson en septembre pour vous grandir avec elle. Je ne peux pas
d'indulgence sur le chapitre des mœurs du 1729, a fort bonne grâce et sent tout à fait vous dire tout ce qu'elle me conte de semtemps. Il faut dire cependant qu'afin de son bien. M. de la Motte envoie tous les jours blable... Je crois que vous savez que nous
rabaisser plus tard la fortune inouïe de sa de marché quelqu'un en savoir des nouvelles, avons un Dauphin; on est dans de grandes
fille, la méchanceté et l'envie se sont déchaî- et la fait sortir de temps en temps avec sa réjouissances à Paris. Je souhaite que cela
nées sur sa mémoire. On doit s'en fier plutôt cousine Deblois, pour aller dîner avec lui, fasse finir vos affaires bien vite à votre avanaux gens d'esprit qui la fréquentèrent et se et l'on dit que tout au long il s'entretient avec tage. 1&gt;
,
plurent dans son salon de bourgeoise : « Elle elle. Elle ne s'ennuie point chez nous, au
Madame Poisson, retenue à Paris par d'autres
n'avait pas le ton du monde, dit Bernis qui la contraire; elle a été charmée d'y revenir. Le soins, faisait rarement le voyage de Poissy et
voyait chez une amie, mais elle avait de l'es- 25 août, jour de la Saint-Louis, il y a une ne s'occupait de sa fille que pour la fournir
prit, de l'ambition et du courage. »
foire à Poissy; nous l'y avons envoyée avec sa régulièrement de « corps 1&gt; et de fourreaux
Madame Poisson avait vécu quelque temps cousine et une de nos tourières qui leur a d'indienne. Le père ne se souciait point que
d'une façon assez misérable, de secours obte- montré toutes les beautés et raretés ; elle les l'enfant lui ftît trop souvent confiée; elle la
nus à grand'peine sur le séquestre des biens de a menées aussi à !'Abbaye, où on les a fort reprit, cependant, à l'occasion d'un rhume,
son mari. L'exil de celui-ci se prolongeant, elle caressées et trouvées très aimables ; on a lait pour la .faire soigner chez elle, et ce fut un
s'était enfin consolée, en agréant les soins demander depuis de leurs nouvelles. Le jour prétexte pour ne plus la ramener au coment:
assidus d'un galant fermier général, Charles de l'Octal'e de !'Assomption de la sainte Vierge, « L'on nous a dit qu'elle n'a plus de oèvre,
Le Normant de Tournehem, célibataire intel- clics ont chanté dans leurs classes les Yêprcs écrit la bonne supérieure à M. Poisson, qu'elle
ligent et magnifique, ami des artistes cl des de la sainte Vierge, elles ont été les principales se porte bien, qu'elle est tort aise d'être
arts. Quand M. Poisson revint à Paris, il se d1antrcs. Elles s'aiment fort l'une l'autre et auprès de madame sa mère. li y a apparence
trouva muni d'un ami chaud, serviable et ne vont jamais l'une sans l'autre. La maitresse qu'elle y va rester. Ainsi, monsieur, nous ne
riche, et sut comprendre le prix d'une cor- d'écriture s'y applique fort pour la mellre en saurons plus des nouvelles si certaines; nous
dialité dont les usages d'alors ne s'offusquaient état de vous envoyer de son écriture, et vous ne laisserons pas que de nous en informer
point. Ces bons rapports, que rien ne semble marquer elle-même sa tendresse pour vous. souvent, y prenant beaucoup d'intérêt et l'aia l'Oir altérés, devaient se continuer toute la Tout son désir est d'avoir l'honneur de vous mant tendrement. Elle est toujours très
vie des deux hommes, et leur correspondance voir et de vous embrasser. JJ
aimable et d'un agrément qui charmait tous
en garde l'édifiant témoignage : cc Quoique
La jeune pensionnaire a, dès cette époque, ceux qui la voyaient. »
de la même année, écrivait Tournehem à un charmant surnom de famille, qui l'a suiC'était au mois de janvier 1750, et l'enfant
Poisson en 1751, il y a une grande différence vie au couvent et qu'elle gardera jusqu'au avait à peine huit ans. Elle n'oubliera pas
de vous à moi; vous êtes aussi vif et aussi seuil de Versailles; pour tout le monde tout à fait èe temps aimable, que rien dans
actif qu'à vingt-cinq ans; moi je m'appesantis comme pour ses parents, elle est la petite l'avenir ne doit lui rappeler. On la verra
tous les jours, » mais il affirmait à son vieil reine, « Reinette &gt;&gt;.
plus tard servir une pension à sa vieille tante
ami, en )'embrassant, que le cœur de son
Mademoiselle Poisson n'est pas encore d'âge ursuline et contribuer, pour quelques milliers
Charles n'avait pas changé. Ils étaient unis à intéresser beaucoup sa jeune mère, qui mène
de livres, aux réparations de son couvent.
alors, depuis bien des années, par un senti- à Paris l'existence assez difficile de jolie
Mais ce ne sera qu'un souvenir vague, effacé
ment respectable, car M. de Tournehem femme sans ressources. Cette gêne est attestée
dans sa mémoire par les brillantes années qui

______________________

suivirent et par les premiers succès du monde,
auxquels madame Poisson sut admirablement
la préparer.
La royauté de mademoiselle Poisson avait
commencé de bonne heure. Les familiers de sa
mère continuaient à l'appeler « Reinette 1&gt;, et
elle était de celles qui établissent partout leur
domination, habituées à se reconnaître supérieures aux autres, sans imposer cette certitude, et pouvant se faire pardonne~ leur~ mérites par l'incomparable don_de plaire. ~ éducation la plus raffinée parait des agrements
les plus rares la séduisante jeune fille. Deux
poètes tragiques lui avaient enseigné la ~éclamation et le jeu scénique; c'étaient Cré?1llon,
aussi célèbre alors que l'avait été Corneille, et
Lanoue, qui, après quelques succès d'auteur,
allait entrer comme comédien au ThéâtreFrançais. Elle savait danser à la perfection,
dessinait convenablement, et peut-être aimaitelle déjà à guider la pointe sur une planche
de cuivre. Mais son principal talent, à cette
époque de sa vie, était le chant; elle en tenait
les principes deJélyotte, le chanteur de !'Opéra,
aussi aimé dans les salons qu'au théàtre, et
dont les succès, dit-on, ne s'arrêtaient pas
aux applaudissements.
Avec tant de grâces et de dons naturels, cultivés d'une façon aussi brillante, mademoiselle
Poisson avait été recherchée dans les réunions
du monde, et sa mère s'était vu ouvrir par elle
des portes qui lui fussent sans doute demeurées closes. On les recevait à l'hôtel
d'Angervilliers, où la jeune fille chanra
un jour le grand air d'Armide, de Lulli, et
charma tellement madame de Mailly que celle-ci
la voulut embrasser. On les devine admises
dans quelques cercles peu difficiles de l'époque, où l'espcit et les grâces imitaient de
droit. Chez madame de Tencin, elles étaient
presque chez elles, la vieille femme de lettres
étant fort de leurs amies. La conversation
des romanciers à la mode, Marivaux et Duclos, les soupers où l'on écoutait le mordant
Piron, et aussi Montesquieu el Fontenelle,
aiguisaient alors l'esprit des femmes. La
jeune fille y trouvait, comme préparation à la
Yic, sinon des principes moraux, du moins
l'aisance des manières et une connaissance
p1·écoce du monde.
Son éducation avail été payée par le fermier général, qui s'intéressait tendrement à
elle el qu'clic devait plus tard si rnagnioqucmcnl récompenser par la charge de directeur
général des bàtiments du Roi. M. Le Normanl
de Tournehem n'entendait point, d'ailleurs,
être privé par le mariage de la présence d'une
enfant qui lui était chère et qu'il destinait à
tenir brillamment sa propre maison. Dès qu'elle
eut vingt ans, il la fit épouser à un sien
neveu, plus âgé qu'elle de quatre ans seulement. Le jeune Charles-Guillaume Le Normant, fils du trésorier général des monnaies,
était un fort beau parti pour la fille de François Poisson. Médiocrement tourné, il est
vrai, et petit de sa personne, il avait la distinction des sentiments, le ton de la meilleure
compagnie, et l'on ne peut s'empêcher de

Loms

XV

ET .MAD.A.ME DE Po.MPAD01J'R.

trouver bien sonnants, dans l'acte de mariage, ses titres d'écuyer, chevalier ,d'honneur au présidial de Blois, seigneur d'Etioles,
Saint-Aubin, Bourbon-le-Château et autres
lieux.
Le sacrement fut donné aux époux le
9 mars 17 41, en l'église Saint-Eustache.
Quelques jours auparavant a été signé chez les
Poisson, rue de Richelieu, devant le notaire
Perret, un contrat qu'il n'est pas sans intérêt
de feuilleter. Le mariage a lieu sous le régime
de la communauté; mais les apports sont
fort inégaux. C'est à grand'peine et avec
toutes sortes de réserves que les parents de
la future épouse lui constituent en dot une
somme de cent vingt mille livres, savoir :
« trente mille en pierreries, bijoux, linge et
hardes à l'usage de ladite demoiselle », et
une grande maison, sise rue Sainte-Marc,
estimée quatre-vingt-dix mille livres. Ajoutons-y cent quarante et une livres huit sols et
six deniers de rentes viagères dites tontines,
établies sur la tête de la future épouse par
des contrats qui remontent à vingt ans. Les
munificences viennent au futur époux de son
oncle paternel, Charles-François-Paul Le Normant de Tournehem, écuyer, qui lui fait
donation entre vifs d'une somme de quatrevingt-trois mille cinq cents livres, sous forme
d'avances dans les ,sous-fermes, et qui s'engage à bien autre cho·se par les articles suivants : « En faveur du mêm~ mariage, ledit
sieur Le Normant, oncle, promet et s'oblige
de loger et nourrir lesdits futurs époux,
leurs domestiques au nombre de cinq, équipages et chevaux, pendant la vie dudit sieur
Le Normant, oncle, et au cas que lesdits
futurs époux et ledit sieur Le Normant voulussent se séparer, à compter du jour de ladite
séparation, ledit sieur Le Normant, oncle,
paiera la somme de quatre mille livres
auxdits futurs époux pour leur tenir lieu
&lt;lesdits nourriture et logement pour chacun
an. Plus, en la même considération, ledit
sieur Le Norm::mt, oncle, assure ·audit futur
époux, sur les biens qu'il laissera au jour de
son décès, la somme de cent cinquante mille
livres qu'il prendra en effets de la même succession à son choix 1&gt;, sans préjudice de la
part d'héritage qui lui rcricndra suivant la
coutume de Paris.
Les ressources du nomeau ménage étaient
ronsidéraLlcs. Par les libéralités de M. de
Tournehem, ils étaient logés chez lui, à Paris
cl à la campagne, nourris et défrayés de tout,
et vivaient sur le pied de quaranlè mille lirres
de rente, avec l'espérance d'une opulente succession à recueillir de cet oncle incomparable.
Malgré tant d'avantages assurés à cette union,
un témoin mieux informé que ceux qu'on a
cités, le président du Rochcret, lié ·alors avec
toute la famille, rapporte que le jeune homme
refusa tout d'abord de s'engager avec une
femme, infiniment séduisante sans doute,
mais pour laquelle trop de circonstances
pouvaient faire hésiter un esprit sérieux.
Tenté, au contraire, par les considérations
d'argent, le père du jeune Le Normant, qui
était veuf, le menaça d'épouser lui-même, s'il

ne se décidait. Au reste, les sentiments qui
suivirent furent, chez le jeune époux, extrêmement passionnés. Madame d'Étioles avait tout
ce qu'il fallait pour se faire aimer follement
de son mari; elle y joignit les suffrages de
l'admiration universelle, l'habileté d'une
coquette de race, et jusqu'à cette froideur de
tempérament qui redouble les désirs d'un
homme épris.
Le premier portrait que nous aurions d'elle,
le seul souvenir gardé de la fugitive par la
famille de son mari, serait une toile de Nattier, « l'élève des Grâces 1&gt;, le peintre de la
Famille royale et de la Cour, celui qui avait
fixé la beauté touchante de madame de Mailly,
la beauté fière de madame de Châteauroux.
C'était aussi l'artiste à la mode, recherché
de toutes les femmes qui passaient pour jolies.
Il était naturel qu'il fût appelé auprès de
madame d'Étioles. Mais les œuvres de Nallier
sont presque toujours plus exquises que fidèles.
Combien plus précieux est pour nous le portrait simplement écrit par le· lieutenant des
Chasses de Versailles, où les retouches soigneuses révèlent l'exactitude du peintre! II
pose en quelques mots le gracieux modèle el
l'ensemble de sa personne, c1 d'une taille audessus de l'ordinaire, svelte, aisée, souple,
élégante 1&gt; , qui semble faire« la nuance entre
le dernier degré de l'élégance et le premier
de la noblesse »; et ce qui l'intéresse le plus,
c'est le jeu d'une physionomie qu'il a souvent
examinée de près et vraiment comprise : «Son
visage était bien assorti à sa taille, un ovale
parfait, de beaux cheveux, plutôt châtain clair
que blonds : des yeux assez grands, ornés de
beaux sourcils de la même couleur ; le nez
parfaitement bien formé, la bouche charmante, les dents très belles et le plus délicieux
sourire ; la plus belle peau du monde donnait
à tous ses traits le plus grand éclat. Ses yeux
avaient un charme particulier, qu'ils devaient
peut-être à l'incertitude de leur couleur; ils
n'avaient point le vif éclat des yeux noirs, la
larnrucur tendre des yeux bleus, la finesse
par~iculière aux yeux gris; leur couleur indéterminée semblait les rendre propres à tous
les genres de séduction et il exprimer successivement toutes les impressions d'une âme
très mobile. 1&gt;
Pour mobile qu'elle soit, cette âme de
femme est assez maitresse d'elle-même, et ces
jolis traits ne trahissent jamais que cc qu'il
lui conricnt. On s'explique toutefois que les
artistes la voient et la comprennent de façon
très dill'ércnte, non seulement selon leur
tempérament particulier, mais encore sui van l
son àgt:l, son heure et son moment. Il faut les
consulter tous et ne se fier à aucun, puisque
M. de Marigny nous assure que les portraits
de sa sœur n'ont jamais été ressemblants. Au
temps de sa longue faveur, elle charmera et
déconcertera les meilleurs maîtres, qui ne
fixeront chacun qu'une partie assez fuyante
de ses charmes. Après Nattier, le plus ancien
de ses peintres et sans doute le moins
troublé, elle attirera sans cesse les pinceaux
familiers ou mythologiques de Boucher; ceux
de Carle Van Loo, qui remplira assidument

�I

_____________________

, , _ 111ST0'/{1J!

..,

auprès d'elle, sans être jamais satisfait, ses
fonctions de c1 premier peintre du Roi » ;
ceux de Drouais enfin, qui sera l'artiste de
ses derniers jours et reviendra mainte fois au
difficile modèle. Nous aurons encore, s'il le
faut, pour compléter son image, les crayons
de La Tour et de Cochin, les marbres de
Lemoyne et de Pigalle ; mais c'est à peine si
nous serons renseignés par cette richesse de
documents et cette profusion de chefsd'œuvre.

mais où l'on a dépensé cent mille écus
depuis. » Le prés~dent Hénault _n'eut garde
d'oublier cette aimable connaissance, et,
l'hiver suivant, il reçut madame d'Étioles à ses
fameux soupers, où se réunissait, pour les
plaisirs de l'esprit unis à ceux de la table, ce
qu'il y avait de mieux à la Ville et aussi à la
Cour.

peines du monde à avoir l'un d'eux à souper des lettres françaises; le président de Monteschez mon oncle de Tournehem, parce que sa quieu, en qui l'on voit surtout l'auteur des
société les ennuie. » Ce sont surtout des gens Lettres persanes, et le spiritµel Louis de Cade finance que reçoit le fermier général, et la husac, connu comme parolier de Rameau et
jeune femme, initiée ailleurs à un monde comme émule de Crébillon le fils. Parmi ces
différent, ne peut s'empêcher de leur trouver libres esprits, le plus brillant et l'un des
un &lt;! bien mamais ton ». Elle se prépare, mieux choyés, Voltaire n'est pas le dernier à
dès lors, à briller dans une autre sphère, et rendre hommage à &lt;I la divine d'Étioles l&gt; ; il
met en jeu pour y parvenir toute une poli- la juge à ce moment « bien élevée, sage,
tique subtile et persévérante.
aimable, remplie de grâces et de talents, née
Ses étés se passent au château d' Étioles, à avec du bon sens et un bon cœur ». La vie la
proximité de Choisy et des grandes chasses plus facile et la plus souhaitable s'ouvre
Madame d'Étioles a un train de tortune et royales. Louis XV vient assez souvent dans la devant la jeune femme, et personne ne comune parenté qui lui permettent de recevoir forêt de Sénart se livrer à son divertissement prendra, quand son heure troublée sera
une assez bonne société à l'hôtel de Gesvres, favori, et les bois retentissent du cor des venue, qu'elle échange, pour le rôle incertain
loué par l'oncle Tournehem, rue Croix-des- gentilshommes des chasses sonnant la fanfare de maîtresse du Roi, la paisible royauté
Petits-Champs, où son père et sa mère de la Reine. Avec d'autres châtelaines des en- bourgeoise de sa richesse et de sa beauté.
logent auprès d'elle. Mais elle aspire à devenir virons, madame d'Étioles est admise à suivre
une des reines de Paris, et la chose n'est pas les équipages ; vêtue de bleu ou de rose, elle
A la Cour, on n'était po~nt sans avoir ensans difficulté. La richesse en ce moment ne aime à conduire elle-même un léger phaéton, tendu parler de madame d'Etioles. Elle y conconsacre point un salon, et la beauté n'y à apparaître brusquement devant le Roi, naissait madame de Sassenage, femme d'un
suffit pas davantage. Il semble que la jeune comme la fée de cette forêt, dont elle connait menin de M. le Dauphin, qui vivait au Châfemme ait cherché ardemment à pénétrer tous les détours. Sa jeunesse hardie et sa teau, et la vieille marquise de Saissac, qui n'y
dans le plus brillant cercle d'alors, celui que beauté ne laissent point le Roi indifférent; il venait plus, mais qui était une tante du duc
présidait madame Geoffrin, en son hôtel de la l'aperçoit avec plaisir, et elle est du nombre de Luynes et que la Reine n'avait pas oubliée.
rue Saint-Honoré, aidée de son aimable fille, la des dames à qui il fait envoyer des che- La bonne duchesse de Chevreuse s'intéressait,
marquise de la Ferté-Imbault. Leur amitié vreuils. Elle-même se dit éprise de lui et depuis son enfance, à cette petite Poisson et
était précieuse et d'un choix restreint. Quand assure, en riant, que Sa Majesté seule la prenait plaisir à la nommer, quand un cercle
elles reçurent la visite que mesdames Poisson et pourrait éloigner de ses devoirs envers de Versailles daignait s'occuper sans malveild'Étioles crurent pouvoir leur faire, après une M. d'Étioles. Nul, hormis l'oncle et la mère, lance des « caillettes l&gt; de Paris. Au reste,
présentation chez madame de Tencin, les deux qui savent à quoi s'en tenir, ne prend au les communications d'une société à l'autre
maîtresses de la maison furent assez embar- sérieux cette boutade, et le mari, fort honnête étaient établies par quelques grands seigneurs
rassées. La mère, raconte la marquise, étai t homme et très amoureux, s'en offusque curieux, par quelques abbés bien nés et par
11 si décriée qu'il semblait impossible de
moins que personne. La jeune femme est, les gens de robe reçus chez les princesses
suivre cette connaissance »; d'autre part, la d'ailleurs, de conduite irréprochable; après pour leur esprit ; les chroniques de la bourfille, irréprochable et charmante, &lt;I méritait avoir perdu un fils eh bas âge, elle met au geoisie parisienne, souvent plus amusantes
des politesses l&gt;. Il eût été cependant bien monde une fille, le 10 août 1744, et semble que celles de la Cour, y faisaient l'objet de
malaisé de recevoir l'une sans accepter devoir être aussi bonne mère que fidèle conversations continuelles.
l'autre.
.épouse.
L'abbé de Bernis, qui rencontrait madame
La mauvaise santé de madame Poisson, qui
La vie qu'on mène au château d'Étioles est d'Étioles chez une cousine de soli mari, la comse déclara peu après et la retira du monde, à la fois familière et hrillan te, avec ces nom- tesse d'Estrades, rendait volontiers hommage
facilita les relations de madame d'Étioles. Elle breuses réunions d'amis, cette gaieté de à ses charmes. Le marquis de Valfons, l'ayant
fut vite accueillie dans le fameux salon et sut propos et ce manque d'apprêt qui font vue à un souper, la déclarait &lt;I jeune, jolie,
adroitement y faire sa place. Elle demandait alors le charme de la société française. Le pleine de talents • . Un autre bon juge, ami
à la jeune marquise l'autorisation de !a voir président du Rocheret nous décrit, en peu de particulier de la Reine, le président Hénault,
souvent &lt;1 pour prendre de l'esprit et des mots, la maîtresse du logis : &lt;1 Belle, blanche, faisait cette charmante découverte dans l'été
bonnes manières » ; elle ne manquait point de douce, ma Paméla ! Je la nommais ainsi à de 1. 742. II écrit à la marquise du Deffand
marquer à madame Geoffrin l'admiration sans Étioles, où je passais une partie des étês de qu'il doit souper gaiement chez son cousin,
bornes dont la bonne dame exigeait l'encens, 1741 et de 1742, et où nous lui lisions le M. de Montigny, avec le directeur des postes
et elle exprimait avec grâce « un bonheur au roman anglais de Paméla, chez M. Bertin de Dufort et quelques femmes de qualité, madelà de toute expression d'être admise dans Illagny, mon parent, maître des requêtes, dame d'Aubeterre, madame de Sassenage : il
son aréopage ». On l'y devine exerçant sa trésorier des par ties casuelles et seigneur de doit y avoir aussi, ajoute-t-il, «une m adame
séduction sur tous les habitués, attentive aux Coudray-sous-Étioles. l&gt; Reinette ou Paméla, d' Etioles, Jélyotte, etc. » Le lendemain, il
causeries d'art que tenaient les amateurs, le . qu'intéresse le roman de Richardson, a pour raconte à son amie la soirée et le succès de
lundi ; intéressant les vieux philosophes du plaisir favori le théâtre : elle chante et joue chanteur de Jélyotte : « II me parut qu'il était
mercredi par ses jolies façons, ses répliques la comédie ·sur une grande scène, munie de en pays de connaissance. Mais je trouvai là
vives, et cet esprit déjà averti, que leurs tous ses accessoires, que M. de Tournehem, une des plu~jolies femmes que j'aie vues; c'est
audaces n'effrayaient point.
très amateur de spectacles et très fier des madame d'Etioles; elle sait la musique parLa nièce de M. de Tournehem rencontre talents de sa nièce, a fait construire à côté du faitement, elle chante avec toute la gaieté et
chez madame Geoffrin beaucoup d'hommes château.
tout le goût possible, sait cent chansons, joue
qu'elle ne peut avoir chez elle et qui la
La déesse du lieu s'entoure de serviteurs la comédie à Étioles sur un théâtre aussi
rapprocheraient de la Cour. Elle les envie à dignes d'elle. Le beau Briges, l'écuyer de con- beau que celui de !'Opéra, où il y a des
madame de.la Ferté-Imbault, et l'avoue avec fiance du Roi, la célèbre avec tant d'enthou- machines et des changements. Paris est
.une naïveté qui semblera piquante plus tard : siasme, qu'on lui prêtera plus tard des succès admirable pour la diversité incroyable des
&lt;1 Que vous êtes heureuse! lui dit-elle soudont il n'y a pas. d'apparence, mais qui ne sociétés et pour les amusements sans nombre.
vent. Vous vivez constamment avec ce char- laisseront pas que d'inquiéter un peu On me pria beaucoup d'aller être témoin de
mant duc de Nivernois, cet aimable abbé de Lo_uis XV. On compte, parmi l es familiers tout cela dans un pays que j'ai beaucoup
Bernis et ce gentil Bernard, et vous les avez d'Etioles, Crébillon, qui est un ami de tous aimé, où j'ai passé ma jeunesse, et dans une
tant que vous voulez! Et moi j'ai toutes les les temps; le vieux Fontenelle, doyen honoré maison qui est la même que mon père avait,

Loms

ET .MAD.JI.ME DE Po.MPADO?m - -....

savait fort bien, par son oncle Richelieu, qu'il
en pourrait sortir, à l'occasion, une rivalité
sérieuse et plus qu'une passade sans conséquence.
Un jour que le Roi avait remarqué, une
fois de plus, cette apparition bleue et rose
en ce phaéton jeté sur la route des chasses, il
se passa, dans son carrosse, un petit fait si-

UNE HALTE DE CHASSE . Tableau de CARLE VAN

D'autres circonstances rapprochaient la
jeune femme de Versailles, et son nom des
oreilles du Roi. A _Chantemerle, chez madame
de Villemer , qui avait un théâtre de société semblable à celui d'Étioles, elle jouait la comédie
avec le duc de Nivernois et le duc de Duras,
et M. de Richelieu en personne l'y applaudissait. Si madame de Châteauroux se montrait
inquiète, comme sa sœur Mailly, des milnèges de la forêt de Sénart, c'est qu'elle

XV

rences Javorables, que la jeune bourgeoise pût
jamais réaliser le rêve démesuré qu'elle avait
conçu. Le retour de Louis XV aux sentiments
religieux pendant sa maladie de Metz, puis la
reprise de madame de Châteauroux, annoncée
dès la rentrée à Versailles, écartaient également de lui madame d'Étioles. Vainement
sa mère continuait-elle à lui souffler son

Loo. (Musée du Louvre. )

gnificatif. Madame de Chcvre~se ayantdit, sans
penser à mal, quemadamed'Etioles était encore
plus jolie qu'à son ordinaire, madame de Châteauroux lui marcha vivement sur le pied,
pour arrêter la conversation. Quand les dames
eurent quitté le Roi, madame de Chevreuse se
plaignit et s'informa : « Ne savez-vous pas,
Madame, répondit la duchess!, que l'on veut
donner au Roi cette petite d'Etioles? D
Il ne semblait pas, malgré quelques appa-

exaltation, l'assurant qu'elle était plus belle
que l'altière duchesse; vainement Tournehem
la montrait-il à ses amis, demandant : &lt;1 N'estce pas un morceau de roi? l&gt; Il eût été sage
de renoncer à celle ambitieuse folie, qui avait
pris peu à peu en elle .la forme de l'amour
même.
Un sentiment complexe, où il entrait en
tout cas plus d'orgueil que d'intérêt, l'avait
envahie tout entière, et l'on peut bien recon-

�_

111S TO'l{1.Jf,

- - - - - - - - - -- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - J

naitre la sincérité de ce sentiment, car Louis
le Bien-Aimé l'a fait naitre en beaucoup de
cœurs. Elle racontait à madame de la FerléImbault qu'étant en couches de sa fille, lors
de la maladie du Roi, elle avait eu, en appre-

nant le danger, une révolution dont elle
pensa mourir. C'était bien là « cette violente
inclination », dont elle faisait plus tard confidence à Voltaire, et que soutenait un secret
pressentiment qu'elle finirait par être aimée.

Soudain, le grand obstacle tombait : madame
de Châteauroux disparaissait, emportée par un
mal rapide et inattendu; le Roi restait dé-sespéré, mais consolable, et le siège en règle
commençait.

(A sztivre.)

PIERRE DE

NOLHAC.

César Borgia
Si l'histoire, comme les bibliothèques, avait Ce n'est point la haine '1i la colère qu'exprime
Qu'est-ce que le règne d'Alexandre YI, sinon
son Enfer, Cé ar Borgia, duc de Valentinois, ce regard, mais la volonté : une volonté
le
carnaval diabolique du vieil empire romain
y mériterait une place à part. Il présente cc fatale, inOexible, tendue comme un glaive,
ressuscité
pour quelques années, sou les
phénomène unique d'un être né, conformé, et dont l'imagination pénétrée sent, en quelque
costumes
et
les figures du catholicisme? Tibère
organisé pour le mal, aussi étranger aux sorte, la pointe et le froid. L'art s'est rarement
revient
au
monde
déguisé en pape, et refait
idées de moralité humaine que l'habitant assimilé la vie à un degré plus intense.
Rome
à
son
image.
Le Vatican a ses orgies
d'une autre planète peut l'être aux lois physi- L'homme est là, enchâssé tout vif dans le
comme
Caprée
:
aux
noces
de Lucrèce Borgia,
ques de ce globe. Les grands scélérats, qui panneau de cèdre, comme un oiseau de proie
cinquante
courtisanes
nues
dansent, pendant
ont effrayé le monde par la stature et les pro- cloué sur une porte. C'est le type de la méle
banquet,
et
ramassent
des
châtaignes qu'on
portions de leurs crimes, eurent tous plus ou chanceté jeune, grandiose, florissante, pleine
leur
jette,
entre
les
candélabres
déposés à
moins leur côté faible, leur défaut de cui- de génie el d'avenir. Cette santé robuste dans
terre.
Quelques
jours
plus
tard,
le
pape offre
rasse, leur quart d'heure d'attendrissement la corruption, inattaquable au remords, lui
à
ses
enfants
le
spectacle
d'une
jument
pourou de repentir. Il y a un moment dans leur venait d'ailleurs de son père. Alexandre VI
vie où ils s'arrêtent et où ils regardent en était de même trempe. - &lt;&lt; Le pape a suivie, dans une cour du palais, par des
arrière d'un œil effrayé. La jeunesse de Néron &lt;&lt; soixante-dix ans, - écrivait à la Seigneurie étalons en chaleur. Lorsque Louis XII,
a une forme humaine ; Ivan le Terrible, après « Francesco Capello, l'ambassadeur de Venise marchant sur Naples, s'approcha de Rome,
avoir tué son fils, s'enferme dans le Kremlin c, à la cour de Rome, - mais il rajeunit Alexandre VI envoya à la rencontre de l'armée
en rugissant de douleur. Ali-Pacha laisse un &lt;&lt; tous les jours; ses soucis et ses inquiétudes cinquante tonneaux de vin, du pain, de la
vieux derviche l'arrêter par la bride de son &lt;&lt; n'ont d'autre durée qu'une nuit. li est viande, des œufs, des fruits, du fromage ; et,
cheval au seuil d'une mosquée de Janina; il &lt;&lt; d'une nature peu sérieuse cl n'a de pensées pour le roi et ses capitaines, seize des plus
essuie, sans sourciller, les injures sanglantes « que pour ses intérêts. Son ambition absolue belles filles de joie de la ville. En hôte préque le vieillard lui crache à la face, et de cc est de faire grands ses enfants : d'autres voyant, il avait fait dresser, au lieu de l'étape,
gros es larmes roulent silencieusement sur sa « soins, il n'en a pas. Ne d'altro ha cura. ,, des tentes de feuillage. - Après douze siècles
de relâche, les jeux sanglants du Cirque rebarbe blanche. Alexandre VI lui-mèmc, le
commencent, à l'endroit mème où Néron
père de César, assemble un consistoire après
brûlait les martyrs. Un jour, après souper,
le fratricide de son fils, où il ouvre avec horCésar,
en habit de chasse, fait venir six conreur son àmc aux cardinaux, se confesse et
On rêve, on croit rêver en voyant César damnés, gladiandi, sur la place Saint-Pierre
frappe sa poitrine. César Borgia, lui , est coulé Borgia se mouvoir avec l'entrain cl l'incomd'un jet dans l'endurcissement. Le doute et la bustibilité d'un démon au milieu de l'enfer barrée par des poutre : il monte à chc,·al,
lassitude lui .sont inconnus. li bondit, rampe, pittoresque de la Rome du x,• siècle. L'énor- chasse à courre ce gibier humain, et les tue
s'embusque et tue, dans le siècle agité cl mité des cho c les rend presque incompré- tous à coups de flèches. Le pape, sa fille.
compliqué qu'il haliile, comme un tigre in- hensi bles. Fils d'un pape et d'une courli ane, son gendre et sa maitresse Giulia Della a sisdien dans sa jungle. li en a l'éclat, la force, il e t l'homme d'action de ce pontificat unique tent, d'un balcon, à cette reprise du spectacle
la ouplc se, l'effrayante élégan.cc, les bonds dans 1'hi Loire qui réalisa la face infernale antique : Ave, papa, mo1·ituri le salutant.
el les mouvements éla tiques. Il obéit comme dont parlent les vieilles légende : atan en Alexandl'e \'l hérite du sacré collège, comme
lui à des instincts de de truction qui ne dis- chape et mitré, parodiant les divins mystères, Caligula héritait du énal romain : l'épidémie
cutent pas. Ce qui frappe à première vue, sur les ruines d'un antique autel. - Il y a qui décimait les Pères Conscrit opulents se
lorsqu'on étudie de près le j11une monstre, au musée d'Anvers un tableau vénitien qui réveille pour emporter les cardinaux trop
c'est la verve et le naturel qu'il met à com- symbolise admirablement, à l'insu du peintre, riches. La cantm·ella des Borgia vaut les
mettre ses crimes. Rien de forcé ni de théâ- cellcpapautéexcenlrique. On yvoit Alexandre VI champignons el les essences de Locuste.
tral ; son ambition a l'élan d'un appétit car- présentant à saint Pierre l'évêque in partibus Après avoir empoisonné le cardinal Or ini,
nassier, son astuce même tient de cette acuité de Paphos, qu 'il vient de nommer général de le pape dit ironiquement au sacré collège :
de llair et d'ouïe dont la nature a doué les ses galères. Saint Pierre est assis sur un bas- &lt;( Nous l'avons bien recommandé aux médefauves. Tel nous le montre le grand portrait relief où trépigne une impudique bacchanale : &lt;&lt; cins. » Rome, comme ce groupe de Laocoon
que l'on voit de lui au palais Borghèse, et qui au fond, se délie une statuette de l'Amour que l'on venait de découvrir, se sent attaquée
a la &lt;&lt; beauté du diable » dans la plus haute ajustant son arc. Cel étrange amalgame, saint aux plus nobles membres par le reptile de
acception du mol. La main sur son poignard, Pierre, un Borgia, un évêque du diocèse de l'empoisonnement. On meurt d'un gan t, d'un
fruit, d'un sorbet, de l'égratignure d'une
tenant de l'autre une de ces boules d'or qui
Vénus, une idole, une salurnale païenne bague, de la respiration d'un parfum, du vin
servaient à contenir des parfums, il vous re- brorhant sur le tout, est l'image frappante
garde en face, avec une sérénité impassible. des contradictions de cette partie de l'histoire. bu dans le c:1lice, de l'hostie de la communion.
Il semblait que le poison émanât de la seule
"" 10 ..,.

,

_ _____ ___________

présence d'Alexandre : ses fureurs mêmes
foudroyaient. Louis Ca~ra, éYêque de P~ are'.
el Je cardinal Laurent C1bo, moururent d effroi
au sortir d'une audience où il les avait menacés.

+
Pour compléter la ressemblance_ du ,P?nlifièat des Borgia avec la Rome 1mper1ale,
Lucrèce, la fille du pape, quatre ~ois .~arié~,
trois fois incestueuse, reprodml 110fam1e
"randiose des Julie et des Drusille de la
~aison des Césars. Son père la comble d'honneurs sacrilèges· il la fait trôner scandaleusement avec sa ' sœur Sancia, aux fêtes de
'
Saint-Pierre,
sur le pupitre de marbre ou• 1es
chanoines chantaient l'Évangile : supet pulpitum marmo1·eum in quo c~nonici Sancti
Petri Epistolam et Evangelium decanlare
consuevemnl. Lucrèce a une livrée d 'él'êques ;
des prélats la servent à table; il n'est permis
qu'aux cardinaux de célébrer la messe devant
elle. En l'absence du pape, c'est elle qui décachète les missives, rédige les dépêches, et convoque le sacré collège. La fabuleuse papesse
Jeanne semblait renaître et régner en elle.
Mais ce que la Rome impériale ne donne
pas, c'est un bandit du caractère de César
Borgia. Ses tyrans sont pour _la plupart d~s
fous couronnés; ils ont le verllge du pouvoir
absolu ou la fièvre chaude de la cruauté.
César Borgia les dépasse de sa tête qui resta
toujours froide et lucide. Rien de malade en
lui, ni d'aliéné, ni de chimérique. Il a son
plan, la souveraineté de la Romagne : il a sa
politique, elle peul se résumer dans cette
brève formule : « Les morts ne reviennent
point. JJ Une logique atroce règle sa vie en
apparence effrénée. Allégé du poids de l'âme,
de la conscience, du remords, de tout ce
bagage moral qui ralentit la marche des scélérats ordinaires, il va vile, se multiplie,
tranche au lieu de dénouer, et porte des coups
d'autant plus sûrs que son bras ne tremble
jamais.
Son frère aîné, le duc de Gandie, était le
chef naturel de celte maison des Borgia, dont
le pape rnulail faire une dynastie royale ou
princière. Son droit d'ainesse reléguait César
au second plan de la cène. On l'al'ait fait
cardinal, comme plus lard on faisait abbés
ou chernlier de Malte les cadets de famille.
César assista d'abord tranquillement à la
grandeur crois ante de son frère; il laissa le
pape le charger de richesses, accumuler sur
lui les duchés, les dignités, les honneurs.
C'était la patience du bandit embusqué , regardant avec joie l'homme que tout à l'heure
il va dépouiller, revêtir ses plus riches habits
el se parer de tous ses joyaux. Quand le duc
de Gandie fut mûr, bon à tuer et à remplacer,
César le fit assassiner par cinq sbires, monta
à cheval, prit le cadavre en croupe, tête pendante, et alla le jeter, la nuit, dans le Tibre.
Burchard, ce Dangeau des Borgia, nous donne
le bulletin de l'exécution.
« Le i4 juillet, le seigneur cardinal de '
&lt;( Valence (César Borgia) et l'illustre seigneur
« Jean Borgia, duc de Gandie, fils aîné du pape,

&lt;( soupèrent à la vigne de madame Vanozza,
« leur mère, près de l'église de Saint-Pierre-

(( aux-Liens. Ayant soupé, le duc et le car-

« dinai remontèrent sur leurs mules. ~fais le
duc, arrivé près du palais du vice-chancelier, dit qu'a,•ant de rentrer, il voulait
c&lt; aller à quelque amusement; il prit congé
ci de son frère et s'éloigna, n'ayant avec lui
&lt;( qu'un estafier el un homme qui était venu
&lt;( masqué au souper, et qui, depuis un mois,
&lt;&lt; le visitait tous les jours au palais. Arrivé à
!( la place des Juifs, le duc renvoya !'estafier,
&lt;&lt; lui disant de l'attendre une heure sur celle
!( place, puis de retourner au palais, s'il ne
« le voyait revenir. Cela dit, il s'éloigna avec
C( l'homme masqué, et je ne sais où il alla,
C( mais il fut tué et jeté dans le Tibre, près de
&lt;( l'hôpital Saint-Jérôme. L'eslaner, demeuré
« sur la place des Juifs, y fut blessé à mort
C( et recueilli charitablement dans une mai&lt;( son; il ne put faire savoir ce qu'était devenu
&lt;( son maitre. Au malin, le duc ne revenant
c( pas, ses serviteurs intimes l'annoncèrent
&lt;( au pape, qui, fort troublé, lâchait pourtant
&lt;( dese persuader qu'il s'amusait chez quelque
&lt;( fille et qu'il reviendrait le soir. Cela n'étant
&lt;( pas arrivé, le pape, profondément affligé,
&lt;&lt; ému jusqu'aux entrailles, ordonna qu'on fit
&lt;&lt; des recherches. Un certain Georges Schia&lt;( voni, qui avait du bois au bord du Tibre,
c( et le gardait la nuit, interrogé s'il avait vu,
&lt;( la nuit du mercredi, jeter quelqu'un à
&lt;( l'eau, répondit qu'en effet il avait vu deux
&lt;( hommes à pied venir par la ruelle à gauche
« de l'hôpital, vers la cinquième heure de la
&lt;( nuit, et que ces gens ayant regardé de côté
« et d'autre si on les apercevait et n'ayant vu
c( personne, deux autres étaient bientôt sortis
« de la ruelle, avaient regardé aussi et fait
&lt;( signe à un cavalier qui montait un cheval
« blanc et qui portait en croupe un cadavre,
&lt;( dont la tête et les bras pendaient d'un côté
« et les pieds de l'autre. Deux des hommes
!( qui marchaient derrière le cavalier prirent
,, le cadavre par les bras et par les pieds, le
« balancèrent avec force el le lancèrent dans
&lt;( le neuve aussi loin qu'ils purent. Celui qui
c, était à cheval leur demanda s'il avait plongé;
&lt;1 ils répondirent : Signor, si. Puis il piqua
!( son cheval ; mais, en tournant la tète, il
c( aperçut le manteau qui Oottai t sur l'eau. Il
(( demanda : « Qu 'est-ce que je mi donc de
&lt;1 noir sur la ri vière? IJ lis répondirent :
&lt;&lt;
cigneur, c'est le manteau. » Alors, l'un
C( d'eux jeta des pierres, ce qui le fil en&lt;&lt; foncer. Cela fait, piétons el cavalier dispa&lt;1 rurenl par la ruelle qui mène à Saint« Jacques. » Un trait, digne de Shakspeare,
termine ce témoignage populaire. &lt;( Les camé&lt;( riers du pape demandèrent à Georges
&lt;( Schiavoni pourquoi il n'avait pas été ré« véler le fait au gouverneur de la ville. li
« répondit : « Depuis que je suis batelier,
&lt;( j'ai vu jeter plus de cent cadavres dans cet
&lt;( endroit du fleuve, sans qu'on aitjamais fait
c( d'information. C'est pourquoi j'ai cru qu'on
&lt;( ne mettrait pas à la chose plus d'impor&lt;( tance que par le passé. J&gt;
Dans la nuit même de son fratricide, César
&lt;(

&lt;(

..... II ..,.

partit pour Naples, où le pape l'envoyait
assister en qualité de légal a lalete au couronnement du roi Frédéric. Il y fil une entrée
superbe, bannières au vent, clairons sonnants,
avec force pages, écuyers, timbaliers, cavaliers de toutes armes et de tout costume,
montés sur des chevaux ferrés d'or.
Quelque temps après, il empoisonna à sa
table le cardinal Jean, son cousin. Puis l'envie
le prit de faire sa sœur, Lucrèce, duchesse de
Ferrare. Elle était mariée en troisièmes noces
à don Alphonse d'Aragon, un bâtard _d~ la
maison de Naples, adolescent doux el 1.Im1dc.
L'enfant effrayé avait fui à Naples, où il se
tenait pendu aux jupes de sa mère. César fit
si bien qu'il le décida à rentrer dans Rome.
Trois jours après, il le poignarda, à quatre
heures de la nuit, sur l'escalier de SaintPierrc. (( Le prince, tout sanglant, courut
c&lt; vers le pape, s'écriant : de suis blessé !» et
,c il lui dit par qui ; et Madona Lucrezia, fille
!( du pape et femme du prince, se trouvant
&lt;( alors dans la chambre de son père, tomba
1
&lt;( évanouie • » Cette fois, le pape s'indigna,
el il fil garder à me le jeune prince par seiz~
de ses gens. César dit simplement : C( Ce qui
&lt;&lt; ne s'est pas fait à diner, se fera à souper. ,,
Ce qui fut dit fut fait. Un jour, César entra
dans la chambre, trouva le prince déjà levé,
fit sortir sa sœur et sa lemme, el le fil étrangler par Micheletto, son exécuteur ordinaire.
« Comme le duc ne voulai t pas mourir de ses
« blessures, il fut étranglé dans son lit, » dit
Burchard dans son Diatium. C'est le style
habituel de cet honnête prélat alsacien, que le
hasard fit maitre des cérémonies d'Alexandre \'I.
Il rédige aYec une encre de !ymphe sa chronique de sang : vous diriez un eunuque enregistrant, d'une main machinale, les meurtri&gt;s
et les débauches du Sérail. Mais la force drs
choses lui arrache, par moments, des traits,
des ironies, des sarcasmes, qu'on dirait de
Tacite. Au reste, l'imbécillité du scribe garantit la véracité de son griffonnage : on croit
sur parole des hommes comme Burchard ; ils
n'ont pas assez d'imagination pour inventer
un mensonge. Les grues d'lùycus sont d'irrécusables témoins.

+
Alexandre YI tremblait del'ant son terrible
fils. Un jour il lui tua un de srs favoris,
nommé Peroto, sou son manteau où il s'était
réfugié; si bien que le sang sau la à la face du
pape. - « Chaque jour, dans nome, dit une
,, relation vénitienne, - il se trouve que, la
&lt;( nuit, on a tué quatre ou cinq seigneurs,
c&lt; évèques, prélats ou autres. C'est à ce point
&lt;&lt; que nome entière tremble à cause de ce
c, duc, chacun craignant pour sa vie. ,, Don Juan de Cerviglione ne voulant pas lui
céder sa femme, il le fit décapiter en pleine
rue, à la turque : le pavé servit de billot. Un homme masqué lui ayant lancé, pendant
les courses de carnaval, une épigramme offensante, César le fit arrêter et conduire à la
prison Savella : on lui coupa la main et la
1. Rela~ione di Paolo Capello, 28 septembre 1500.

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langue, qui fut attachée au petit doigt de la diabolique de ce beau coup de Sinigaglia, ce &lt;! la brièveté de la vie de son père Alexandre
main coupée. - Pour avoir traduit en latin ne fut pas tant l'exécution que la capture. Les &lt;! et par sa propre maladie. Quiconque, dans
un pamphlet grec contre les Borgia, le Véni- quatre victimes qu'il prit à son piège étaient &lt;! une principauté nouvelle, jugera qu'il lui
tien Lorenzo, malgré les réclamations de la ses ennemis mortels; ils avaient éprouvé dix (! est nécessaire de s'assurer contre ses ennerépublique, fut jeté au fleuve. - Astorre fois la duplicité de sa parole; le pressentiment &lt;! mis, de se faire des amis, de vaincre par
~fanfredi, seigneur de Faenza, ayant refusé d'une catastrophe les agitait à l'avance. L'un &lt;! force ou par ruse, d'être craint et aimé des
de livrer sa ville au duc de Valentinois, fut d'eux, Vitclezzo Vitelli, fit à sa famille des &lt;! peuples, suivi et respecté par les soldats,
pris avec elle, après une défense héroïque qui adieux de mourant, avant de se mettre en &lt;! de détruire ceux qui peuvent et doivent lui
dura six mois. Astorre avait seize ans; il était route pour Sinigaglia.... Ils y vinrent pourtant &lt;! nuire, de remplacer les anciennes institubeau comme un éphèbe grec. César l'envoya fascinés et comme endormis par un man-né- e! Lions par de nouvelles, d'être à la fois
.
0
à Rome, avec son frère plus jeune encore : il t1sme mortel. César les reçut &lt;&lt; d'un air gra- &lt;! sévère et gracieux, magnanime et libéral,
traina les deux enfants dans les cloaques de cieux, l&gt; à l'entrée de sa maison, il les fit &lt;! de former une milice nouvelle et dissoudre
Sodome; puis, au bout d'un an, on les re- passer dans son oratoire où ils furent immé- &lt;! l'ancienne, de ménager l'amitié des rois et
trouva dans le Tibre, étranglés et attachés diatement étranglés. - Le trait comique de « des princes, de telJe manière que tous
ensemble par les mains.
cette tragédie, c'est Vitelezzo Vitelli, priant &lt;! doivent aimer à l'obliger et craindre de lui
Un de ses meilleurs tours fut celui qu'il son bourreau, la corde sur le cou, de deman- !( faire injure; celui-là, dis-je, ne peut trouver
joua à messer Ramiro d'Orco, un homme de der au pape une indulgence plénière pour &lt;! des exemples plus récents que ceux que
fer et de corde, qu'il avait chargé de mater la tous ses péchés. Alexandre VI se moqua fort &lt;! présente la vie politique du duc de ValenRomagne, après sa conquête. Ramiro
« tinois. l&gt;
justifia son choix, et dompta par les
César Borgia explique Machiavel : son
supplices toutes les résistances. Mais
Prince est calqué sur lui. Ce livre
cette terreur suscita des haines ; le pays
énigmatique a épuisé tous les comsemblait prêt à se révolter de nouveau.
mentaires. II en est qui lui prêtent
Pour l'apaiser, César lui montra un
l'ironie du prophète Osée, épousant une
matin le corps de Ramiro coupé en quarprostituée et affichant l'adultère pour
tiers sur la place publique de Césène, et
effrayer Israël par l'allégorie de sa
le coutelas sanglant à côté du cadavre.
propre honte. Quelques-uns croient y
Ce spectacle lui rallia la Romagne ;
voir un piège. à tigre tendu à Lauelle acclama le prince magnanime qui
rent de Médicis, auquel Machiavel débrisait le manche de sa hache, quand
dia son œuvre, et qu'il aurait espéré
elle n'était plus bonne à frapper. Maperdre en le lançant dans la tyrannie.
chiavel, en mission auprès de Borgia,
D'autres n'y trouvent que l'opération
écrit d'abord à la Seigneurie de Flod'un chirurgien politique qui démontre
rence : - « On ne sait au juste la
aux princes le Jeu des organes et des
&lt;! cause de la mort de Ramiro ; ce que
ressorts du pouvoir, avec l'indifférence
&lt;! l'on peut dire de plus probable, c'est
scientifique du professeur de la Leçon
&lt;( que telJe a été la volonté du duc de
d'anatomie de Rembrandt, disséquant
!! Valentinois, pour montrer qu'il a
un cadavre devant ses élèves. Son ex&lt;! le pouvoir d'élever et d'abattre les
plication la plus simple est celle d'un
&lt;( hommes à son gré. » Mais plus tard,
peintre généralisant un modèle. L'inrevenant sur l'exécution de Ramiro dans
fluence de César Borgia sur Machiavel
son livre du Prince, il l'analyse et l'adest incontestable. Il le vit de près et
mire comme un coup de maître. (! Le
à l'œuvre; il vécut longtemps enfermé
&lt;! duc, sachant que la rigueur d'abord
dans celte cour, !&lt; où on ne ditjamais
!( exercée avait excité quelque haine,
&lt;! les choses qui doivent se taire, et où
!! et désirant éteindre ce sentiment dans
!(
tout se gouverne avec un secret admiClicht Braun.
!( les cœurs, pour qu'ils lui fussent en&lt;( rab le. i&gt; Avec sa froide impartialité,
&lt;! Lièremenl dévoués, voulut faire voir Porll'Jil preS(llllè de CÉSAR B ORG IA, selon le catalogue de la Galerie il étudia cet homme redoutable, muni
Borghese, a Rome, et allribue pa1· ce même catalogue â RAPHAEL.
&lt;! que si quelques cruautés avaient été
de lou les les armes de la force, de
!( commises, elles étaient venues, non
toutes les dextérités de la ruse, con« de lui, mais de la méchanceté de son mi- des ~1uatre dupes de Sinigaglia, et dit C! que centré dans son égoïsme, comme un caïman
(1 nistre.... Sur quoi, sa conduite (! pouvant
&lt;! Dieu les avait châtiés, pour s'ètre fiés au sous sa carapace, produit naturel el parfait de
&lt;( encore servir d'exemple, il n'est pas inutile
&lt;! yalenlinois, après avoir juré de ne se fier l'horrible Italie du temps. Il le trouva con&lt;( de la faire connaitre. »
&lt;! pmais à lui. »
formé pour la dominer et pour l'asservir, et,
Ce fut encore devant Machiavel que César
Machiavel a beau prendre une plume de constatant sa puissance, analysant ses actes,
Borgia eut l'honneur de jouer la meilleure bronze pour rapporter l'alfaire à son gouver- codifiant ses cruautés cl ses fraudes, il en fit
de ses tragédies, celle du célèbre guet-apens nement, elle tremble d'admiration dans sa le type suprême et idéal du Tyran.
d~ Sinigaglia. Vitelli, Orsino, Liverotto, Gra- main. L'artiste politique a trouvé son Prince.
N'oublions pas que le livre du Prince fut
vma, les quatre plus redoutables capitaines Il crie Eurêka! comme Archimède, quand il écrit pendant une des plus sanglantes éclipses
de l'Italie, y furent attirés, pris, étrana)és
résolut son problème ! C! En résumant toute du sens moral qu'ait connues le monde, dans
d'un même coup de filet! César s'était 0sur-' ,&lt; la conduite du duc de Valentinois , non
un temps où l'idée du droit avait disparu des
passé pour mériter le suffrage d'un juge si ex- &lt;! seulement je n'y trouve rien à critiquer, , consciences, où toute créature inoffensive,
pert. C'est une des plus curieuses rencontres &lt;! mais il me semble qu'on peut la proposer sujet ou prince, était bientôt détruite. Le
de l'histoire que celJe d'un tel spectateur placé &lt;! pour modèle à tous ceux qui sont parvenus blason que César Borgia avait adopté : un
en face d'un tel tragédien. César nese déranrre « au pouvoir souverain par la faveur de la for- Dragon combattant et dévorant des serpents,
pas pour Machiavel, il conçoit, médite, exécute &lt;! tune et par les armes d'autrui. Doué d'un était l'emblème de son époque autant que le
son crime devant lui avec l'émulation d'un &lt;! grand courage et d'une haute ambition, il ne sien. L'Italie du xv" siècle semblait retombée
j?u~ur ,d'échecs ~i sent derrière son épaule C! pouvait se conduire autrement; et l'exécution sous l'atroce loi de l'extermination des faibles
1œ1l d un théor1c1en consommé. Le miracle &lt;! de ses desseins ne put être arrêtée que par
par les forts qui régit le règne animal. Infé..., 12 ""

rieurs par l'intelligence à César Borgia, les d'empoisonner cinq cardinaux à la fois; la
princes du temps l'égalaient en scélératesse. table était dressée dans la vigne de Sainl- Bentivoglio, .seigneur de Bologne, massa- Pierre-aux-Liens. Le pape et César, arrivant
crait en une nuit la famille de son rival com- altérés, demandèrent à boire. Le sommelier
qui avait le secret des fioles mortelles était
posée de plus de deux cents membres. Oli vcretto, une des victimes de Sinigaglia, allé chercher une corbeille de pèches au paneveu de Jean Fogliani, seigneur de Fermo, lais; son valet prit au hasard parmi les 0acons
invitait son oncle, avec les citoyens les plus et leur versa le vin de Chio apprêté. Le poison
importants du pays, à un grand banquet, les agit sur le vieux pape avec la ,·iolcncc de la
faisait égorger en masse au milieu de la fêle, 0amme; il tomba presque foudroyé. César
el s'emparait de la ville terrifiée par ce coup avait dompté l'empoisonnement comme on
de main. - Machiavel, ayant sous les yeux apprivoise un reptile; il s'était fai l un estomac
un homme supérieur à ces brigands subal- de lllithridate, à l'épreuve des plus noirs
ternes, fait le Prince à son image, . et d'après venins. La camal'ella, celte poudre sucrée
les adversaires contre lesquels il dena lutter. qui recélait un feu corrosil, entama pourtant
Il lui apprend à tisser les ruses, à machiner ses entrailles. On dit que, pour guérir, il se
les emLûehes, à étouffer ses ennemis avant fit enfermer dans le corps d'un taureau fraiqu'ils n'aient eu le temps de lui nuire, à ne chement éventré. Le conte, si c'en est un, a
voir dans les autres hommes que des instru- la beauté d'un mythe. Cet homme de meurtres
ments à employer ou des obstacles à faire et d'incestes incarné dans l'animal des hécadisparaitre. On écrit Télémaque, à la cour tombes et des bestialités antiques en évoque
de Louis XIV, et ad usum Serenissimi Del- les monstrueuses images. Je crois entendre le
phini; on écrit le Prince, à l'usage du très taureau de Phalaris el le taurcat: de Pasiphaé
fourbe et très cruel Laurent de Médicis, en répondre, de loin, par d'effrayants mugis cments, aux cris humains de cc bucentaure.
sortant du massacre de Sinigaglia.
César en sortit pelé, dit-on, par la cuisson
du venin, mais souple, nerveux cl vivace
comme un serpent qui a jeté sa vieille peau.
Au reste, c'est en naturaliste plutôt qu'en &lt;! Le duc de Valentinois, rapporlc Machiavel,
historien que Machiavel envisage les affaires &lt;( me disait, lors de la nomination de Jules 11,
humaines. Il formule les lois du succès, sans &lt;! qu'il avait pensé à tout cc qui pouvait
les blàmcr ni les justifier : il n'a ni préfé- &lt;! arrirnr si son père venait à mourir, et qu'il
rence ni système. Comme il enseigne au &lt;! avait trouvé remède à 1ont, mais que seutyran, dans le linc du Prince, l'art d'asscnir C! lement il n'avait jamais imaginé qu'à cc
le peuple, il apprend au peuple, dans les Dis- &lt;! moment il se trouverait lui-mème en danger
cours sur Tite-Live, l'art de renverser le c! de mort. l&gt; - Ecello che non penso mai,
tyran. Son cruel génie est à deux tranchants; in sulla sua mol'te, di sta,·e ancor lui per
il en présente la poignée el il en démontre morire. Le péril était grand, à en juger par
l'escrime aussi bien au conspirateur et au les haines qui se déchainèrent. Le corps du
tribun qu'au despote. On pourrait se repré- pape, délaissé dans une chapelle de Saintsenter son œuvrc comme un cabinet de con- Pierre, sans cierges et sans prêtres, fut livré
sultations politiques plein de circuits et de toute une nuit aux brutalités et aux moquedédales, avec des entrées et des issues dou- ries obscènes de quelques manœuvres. Le
bles. Sylla peut en sortir par une porte, avec matin venu, ils couvrirent d'une vieilJe natte
une liste de proscription cachée sous sa toge, le cadavre à moitié_pourri et le jetèrent dans
et Chéréas, par l'autre, avec un poignard.
un cercueil qui se trouva trop étroit : alors ils
Est-ce un fait, est-ce une légende que le l'y enfoncèrent à coups de pied et de poing,
souper tragique où, à en croire Bembo et et le roulèrent dans son tombeau en crachant
Paul Jove, Alexandre et son fils burent la dessus. - D'une autre part, on massacrait
mort en se trompant de verre? Il s'agissait dans les rues les partisans des Borgia. Fabius

1

Orsini, ayant tué un homme de la maison du
duc, se rinça la bouche avec une gorgée de
son sang.
César se Lira pourtant très grandement de
ce désastre subit ; il tint devant ses ennemis
une fière contenance, fortifia le Vatican contre
la ville, négocia avec le conclave, se fit livrer
par le cardinal trésorier, avec le poignard sur
la gorge, toutes les richesses de son père, et
imposa au nouveau pape ses conditions de
renoncement et d'exil. Sa sortie de Rome
égala le faste de ses entrées. Il en partit
couché sur une litière portée par douze hallebardiers et recouverte d'un manteau de
pourpre. A côté, deux pages mcnajent son
cheval de main, caparaçonné de harnais de
deuil. Autour de lui, chevauchaient, l'escopette au poing, ses vieux reîtres noircis au
feu de toutes les guerres civiles d'Italie.
Satan, exorcisé de la ville sainte, en sortait
suivi de sa bande, mais avec un orgueil
d'enfer et portant haut son front foudroJé.
A partir de là, César c! commença à n'être
plus rien, i&gt; comme le lui dit Sannazar, dans
U!) distique injurieux... [ncipis esse nihi/.
Heureux malgré tout, il parvint à s'évader,
au moyen d'une corde jetée sur un gouffre,
de la forteresse de Medina, où le roi d'Espagne
l'avait enfermé. c( Seigneur, - disait le gardien du fort à Ilranlômc, en lui montran t la
lucarne de sa prison, - par là se sauva, très
miraculeusement, César llorgia : » Seitor,

po1· aqui se salvo Cesa1· Borgià por gran
milagro. Les crimes lui étant devenus inutiles par la chute de son ambition, il est probable qu'il n'en commit plus, et qu'il redevint
simplement un vaillant chef de condottieri.
Les hommes de l'espèce dont il est le type ne
lont pas plus le mal pour le mal, que les
animaux carnassiers n'attaquent une proie
quand ils n'ont plus faim. On le perd de rne
pendant sept années, jusqu'au jour où on le
retrouve bataillant bravement au siège de
Viana, à côté du roi de Navarre, son beaufrèrc. Il y fut tué, dans une sortie, d'un coup
de zagaie. L'amour immoral que la Fortune
portait à cc bandit se manifesta jusqu'au dernier jour : elJe le fit mourir en soldat. Ce
damné du Dante tomba comme un héros de
!'Arioste.
P AUL DE

Noies et souvenirs

Il n'y a décidément qu'un très petit nombre
de mots, lesquels font périodiquement le tour
de l'histoire.
Ceci a été raconté cent fois : Napoléon III
passait une rerne dans la cour des Tuileries;
mademoiselle de Montijo, d'une fenêtre du
rez-de-chaussée, dans un salon v·oisin de la
chapelle, assistait à la renie; après le défilé,

SAI 1T-VICTOR.

!'Empereur s'approche à cheval de la fenêtre chain numéro était d'i11venlion toute récente.
et dit à mademoiselle de Montijo :
Pas du tout. Ce malin, dans les Réoolutions
- Comment arriver jusqu'à vous?
de Paris, de Prud'homme, je me régalais
Et la future Impératrice aurait répondu :
d'un long article .intitulé : Origine, defini- Sire, par la chapelle.
Lion, mœurs, usages et vertus des sans-e-uOr, dans un petit volume de Mémofres lottes, cl j'y trouvais celte phrase prodigieuse:
su1· Henri 1V, imprimé en 1782, je troUYe
Tant de gens aujourd'hui se couvrent pou,·
ces trois lignes :
se cacher du manteau dusans-culoltisme.
(! Henri IV ayant demandé à mademoiselle
L'article Ler miné, je me mets à feuilleter au
d'Entragues, 9u'il aimait, par où l'on pouvait hasard le volume, et à la fin de la foTaison
aller à sa chambre : - Sire, lui répondil- du 8 brumaire an Il, je trouve celle ligne :
elle, par l'église. l&gt;
L'inten ·ogatoù·e de Marie-Antoinette au

premiei· numào.
Je croyais que la formule : la suite au pro"" 13 ...

LUDOVIC

HALÉVY.

��, . - 111S TO'J{1A

----------------------------------------J

quent au moment du départ des gardes qu'ils
devaient relever. Alors chacun de ceux-ci
achetait l'un des bidets amenés par les arrivants, auxquels il les payait cent fmncs, et,
formant de nouvelles caravanes, tous prenaient le chemin du castel paternel, puis, à
leur rentrée dans leurs foyers, ils lâchaient
les criquets dans les prairies, où il les lais. saicnt paître à l'aventure pendant neuf mois,
jusqu'au moment où ils les ramenaient à Versailles et les cédaient à d'autres camarades,
de sorte que ces chevaux, changeant continuellement de maîtres, allaient tour à tour
dans les di verses provinces de la France.
Mon père s'était donc lié intimement avec
M. Certain de La Coste, qui était du même
quartier et appartenait comme lui à la compagnie de Noailles. De retour au pays, ils se
voyaient fréquemment : il devint bléntôt
l'ami de ses frères. Mademoiselle du Puy était
jolie, spirituelle, et quoiqu'elle ne dût avoir
qu'une très faible dot et que plusieurs riches
partis fussent offerts à mon père, il préféra
mademoiselle du Puy et l'épousa en 1776.
Nous étions quatre frères : l'aîné, Adolphe,
aujourd'hui maréchal de camp; j'étais le
second, Théodore le troisième, et Félix le dernier. Nos âges se suivaient à peu près à deux
ans de distance.
J'étais très fortement constitué, et n'eus
d'autre maladie que la petite vérole; mais je
faillis périr d'un accident que je vais vous
raconter.
Je n'avais que trois ans lorsqu'il advint;
mais il fut si grave, que le souvenir en est
resté gravé dans ma mémoire. Comme j'avais
le nez un peu retroussé et la figure ronde,
mon père m'avait surnommé le petit chat.
Il n'en fallut pas davantage pour donner à
un si jeune enfant le désir d'imiter le chat;
aussi mon plus grand bonheur était-il de
marcher à quatre pattés en· miaulant, et
j'avais pris ainsi l'habitude de monter tous
les jours au second étage du château, pour
aller joindre mon père dans une bibliothèque
où il passait les heures de la plus forte chaleur. Dès qu'il entendait les miaulements de
son petit chat, il venait ouvrir la porte et
me donnait un volume des œuvres de Buffon
dont ie regardais les gravures pendant que
mon père continuait sa lecture. Ces séances
me plaisaient infiniment ; mais un jour ma
visite ne fut pas aussi bien reçue qu'à l' ordinaire. Mon père, probablement occupé de
choses sérieuses, n'ouvrit pas à son petit chat.
En vain, je redoublai mes miaulements sur
les tons les ·plus doux que je pus trouver; la
porte restait close. J'avisai alors, au niveau du
parquet, un trou nommé chatière, qui existe
dans les châteaux du Midi au bas de toutes
les (JOrtes, afin de donn~r aux chats un libre
accès dans les appartements. Ce chemin me
paraissait être tout naturellement le mien; je
m'y glisse tout doucement. La tête passe
d'abord, mais le corps ne peut suivre; alors
je veux reculer, mais ma tête était prise,
et je ne puis ni avancer ni reculer. J'étranglais.
Cependant, je m'étais tellement identifié avec
mon rôle de chat, qu'au lieu de parler pour

toute la noblesse du pays n'avaient pas tardé
à émigrer. La guerre paraissait imminente.
Alors, pour engager tous les ci Lo yens à s'armer, ou peut-être aussi pour savoir jusqu'à
quel point il pouvait compter sur l'énergie
des populations, le gouvernement, à un jour
donné, fit répandre dans toutes les communes
de France le bruit que les b1·igands, conduits
par les émigrés, venaient pour détruire les,
nouvelles institutions. Le tocsin sonna sur
toutes les églises, chacun s'arma de ce qu'il
put trouver; on organisa .les gardes nationales; le pays prit un aspect to1;1t guerrier,
et l'on attendait les prétendus brigands que,
dans chaque commune, on disait être dans la
commune voisine. Rien ne parut; mais l'effet ,
était produit : la France se trouvait sous les
armes, et avait prouvé qu'elle était en état de
se défendre.
Nous étions alors à la campagne," seuls
avec ma mère. Cette alerte, qu:on nomma
dans le pays le jour de la peur, m'étonna et
m'aurait probablement alarmé, si je n'eusse
vu ma mère assez calme. J'ai toujours pensé
CHAPITRE II
que mon père, connaissant sa discrétion, l'avait
Premiers orages révolutionnaires. - Attitude de mon
prévenue de ce qui devait arriver.
père. - Il rentre au service. - Je suis confié aux
Tout se passa d'abord sans excès de la part
mains de mademoiselle Mongalvi. - Ma vie au
des paysans, qui, dans nos contrées, avaient
pensionnat.
conservé un grand respect pour les anciennes
Pendant que mon enfance s'écoulait paisi- familles; mais bientôt, excités par les démablement, de bien graves événements se pré- gogues des villes, les campagnards se porparaient. L'orage révolutionnaire grondait tèrent sur les habitations des nobles, sous .
déjà, et ne tarda pas à éclater : nous étions prétexte de chercher les émigrés cachés, mais
en réalité pour se faire donner de l'argent,
en 1789.
L'assemblée des États généraux, remuant et prendre les titres de rentes féodales qu'ils
toutes les passions, détruisit la tranquillité brûlaient dans d'immenses feux de joie. Du
dont jouissait la province que nous habitions, haut de notre terrasse, nous vîmes ces forceet porta la division dans presque toutes les nés courir la torche en main vers le château
familles, surtout dans la nôtre; car mon père, d'Estresse dont tous les hommes avaient
qui blâmait depuis longtemps les abus aux- émigré, et qui n'était plus habité que par des
quels la France était assujettie, adopta le dames. C'étaient les meilleures amies de ma
principe des améliorations qu'on projetait, mère; aussi fut-elle vivement affectée de ce
sans prévoir les atrocités que ces changements que, malgré mon extrême jeunesse, je taxai
allaient amener, tandis que ses trois beaux- de brigandage. Les anxiétés de ma mère
frères et ses amis repoussaient toute innova- redoublèrent, lorsqu'elle vit arriver sa vieille
tion. De là de vives discussions, auxquelles mère qu'on venait de chasser de son château,
je ne comprenais rien, mais qui m'affligeaient, déclaré propriété nationale, par suite de
parce que je voyais ma mère pleurer, en l'émigration des trois fils !. .. Jusque-là le
cherchant à calmer l'irritation de ses frères foyer de mon père avait été respecté avec
et de son époux. Cependant, sans trop savoir d'autant plus de raison que son patriotisme
pourquoi, je me rangeais du côté des modé- était connu et que, pour en donner des preuves
rés démocrates qui avaient choisi mon père nouvelles, il avait pris du service dans l'arpour chef, car il était incontestablement mée des Pyrénées comme capitaine des chasseurs des montagnes, à l'expiration de son
l'homme le plus capable de la contrée.
L'Assemblée constituante venait de détruire mandat à l'Assemblée législative; mais le torles rentes féodales. Mon père, en qualité de rent révolutionnaire passant tout sous le
gentilhomme, en possédait quelques-unes que même niveau, la maison de Saint-Céré, que
son père avait achetées. Il fut le premier à se mon père avait achetée dix ans avant de
conformer à la loi. Les roturiers, qui atten- M. de Lapanonie, fut confisquée et déclarée
daient pour se décider que mon père leur propriété nationale, parce que l'acte de
donnât l'exemple, ne voulurent plus rien payer, vente avait été passé sous seing privé, et que
lorsqu'ils connurent sa . renonciation aux le vendeur avait émigré avant de ratifier devant le notaire. On n'accorda à ma mère que
rentes féodales qu'il possédait.
Peu de temps après, la France ayant été quelques jours pour en retirer son linge, puis
divisée en départements, mon père fut la maison fut vendue aux enchères, et achetée
nommé administrateur de la Corrèze et, peu par le président du district qui en avait luide temps après, membre de l'Assemblée même provoqué la confiscation!. .. Enfin, les
paysans, ameutés par quelques meneurs de
législative.
Beaulieu,
·se portèrent en masse au château
Les trois frères de ma. mère et presque
faire connaître à mon père 1a fàcheuse situation
dans laquelle je me trouvais, je miaulai de
toutes mes forces, non pas doucereusement,
mais en chat fàché, en chat qu'on étrangle, et
il paraît que je le faisais d'un ton si naturel,
que mon père, persuadé que je plaisantais,
fut pris d'un fou rire inextinguible. Mais tout
à coup les miaulements s'affaiblirent, ma
figure devint bleue, je m'évanouis. Jugez de
l'embarras de mon père, qui comprit alors
la vérité. Il enlève, non sans peine, la porte
de ses gonds, me dégage et m'emporte sans
connaissance dans les bras de ma mère, qui,
me croyant mort, eut elle-même une crise
terrible. Lorsque je revins à moi, un chirurgien était en train de me saigner. La vue
de mon sang, et l'empressement de tous les
habitants du château groupés ~utour de ma
mère et de moi, firent une si vive impression sur ma jeune imagination, que cet ·événement est resté fortement gravé dans ma
mémoire.

Mi.M01'/fES DU GÉNÉ'!?_Al BA~ON D'E .lff'A'!?_BOT

de mon père, où, avec Lous les ménao-emenls
p_ossibl~s e~ mème avec une espèce de poliLe~se, ils d11:ent à ma mère qu'ils ne poul'aient se dispenser de br1îler les titres de
rentes féodales que nous avions encore, cl de
vérifi,er si les émigrés ses frères n'étaient pas
caches dans son château . Ma mère les rccut
a_rcc beaucoup de courage, leur remit ·les
L1t,rcs et leur fil observer que, connaissant ses
freres pour des gens d'esprit, on ne devait pas
supposer qu'ils eussent émigré pour revenir
ensuiLe en France se cacher dans son chà teau.
fis conviment de la justesse de ce raisonne~ ent, burent et mangèrent, brûlèrent les
titres au milieu de la cour et se retirèrent
sans faire aucun dégât, en criant : Vive la
nation et le ci toycn- Mar bot ! el ils charo-èrent
0
ma mère de lui écrire qu'ils l'aimaient beaucoup, cl que sa famille était en sûreté au
milieu d'eux.
Malgré cellc_assurancc, ma mèrC', comprcn~nt que son litre de sœur d'émigrés pourrait
lm all!l'cr les plus grands désagréments, dont
n? la ~aurerait peut-èlrc pas celui d'épouse
d un dcfenscur de la patrie, résolut de s'éloigner ~ome,n~ané,mcnt. Elle m'a dit depuis qup
c? qm la dec1da a prendre ce parti fut la conY1cl1on que l'orage révolutionnaire ne du1·erail
que ~1uelques mois : bien des gens le croyaient
aussi.
Ma grand'~1è1·e arait eu sept frères, qui,
tous, selon I usage de la famille de Verdal
avaient été militaires et chevaliers de Saint~
Louis. L'un d'eux, ancien chef de bataillon au
régiment de Penthièvre-infanterie, avait, en

étail dans une grande perplexité..... Elle en fût petit brancard, couvert de roses, elles me
tirée par une respectable dame, mademoiselle portaient à tour de rôle en chantant. - D'auMongalvi, qui lui était bien dévouée et dont la tres fois je jouais aux barres avec elles, ayant
mémoire me sera toujours chère. Mademoi- le privilège de toujours prendre sans jamais
selle_ Mon?alvi recevait à Turenne quelques être pri5 . .Elles me lisaient des histoires, me
pcns10nna1res dont ma mère avait été l'une chantaient des chansons : enfin c'était à qui
des premières; elle proposa de me prendre chercherait à faire quelque chose pour moi.
chez elle pendant les quelques mois que duIl me souvient qu'en apprenant l'horrible
rerait l'absence de ma mère. Celle-ci en ré- exécution de Louis XVI, madame Mongalvi fit
féra à mon père, cl son consentement étant mettre toute la pension à genoux pour réciter
a_rrivé, je partis et fus installé dans le pen- des prières pour le repos de l'àrne du mals10nnat de demoiselles. - Quoi? direz-vous, heureux roi. L'indiscrétion de quelqu'un
un garçon avec des jeunes filles? Eh oui! ... d"enlre nous aurait pu lui attirer à cette occa,\fais observez que j'étais un enfant très doux, sion de grands désagréments, mais toutes ses
paisible, obéissant, et n'ayant que huit ans.
élèves étaient d'àge à le comprendre, et je
Les pensionnaires entrées dans la maison d • sentis qu'il n'en fallait pas parler : on n'en sut
mademoiselle Mongalri, depuis l'époque où
rien au dehors de la maison.
mère en avait fait partie, étaient des jeunes
per~onnes de ~cize à ringt ans; les plus jeunes
CHAPITRE III
araient au moms quatorze ans, cl étaient assez
raisonnables pour c1u'on pût m'admcllre parmi Jlon père est nommé au commandement de l'armée
cl!C'S.
de Toulouse. li me rappelle auprès de lui. Rencontre d"un convoi d'aristocrates. - Mon exis_A_ 1110 11 arrirée, loul le petit troupeau fétence à Toulouse. - Je suis conduit à Sorèze.
mmm accourut au-deranl de moi et me reçut
avec de tels cris de joie et de si bonnes caJe restai dans ce doux asile jusqu'en noresses, quejcmefélicitai dès le premier instant rcmbre ·1795. J'avais onze ans et demi lorsque
d'aroir fait cc royagc. Je me fî o-urais d'ailleurs mon père reçut le commandement d'un camp
qu'il _serait de peu de durée, c~ je crois mème ~ormé à 1'oulouse. Il profita de quelques jours
que JC regrettais intérieurement de n'avoir de congé pour me voir et régler ses affaires,
'.flle peu de temps à passer al'ec ces bonnes dont il n'avait pu s'occuper depuis plusieurs
Jeunes demoiselJcs, qui me donnaient tout ce années. Il descendit à Turenne chez un de ses
'.lui ~ourai~ me faire plaisi1·, et se disputaient amis et courut à la pension. li était en unia qm me tiend rait par la main.
forme d'officier général, avec w1 grand sabre,
Cependant, ma mère partit cl se rendit au- les cheveux coupés, sans poudre, et portant
près de mon oncle. Les érénemenls marchaient des moustaches énormes, ce qui contrastait
avec rapidité. La Terreur ensanglanta la singulièrement avec le costume que j'avais
France. La guerre civile éclata dans la Vendée l'habitude de lui voir lorsqu'il habitait paisiet la Bretagne. Il devint absolument irnpos- blement le château de Larivière.
sib_le d'y vorager, de telle sorte que ma mère,
J'ai dit que mon père, malgré sa mâle figure
qtu ne devait passer q11e deux ou trois mois à cl son aspect sérère, était très bon, surtout
Rennes, s'y trouva retenue malo-ré elle pen- pour les enfants, qu'il aimait passionnément.
dan_t plusieurs années. Mon pè1~ combaLLait Je le rc\"Ïs donc a\'Cc de vifs transports de joie
LOUJOurs dans les Pyrénées et en Espa o-ne oi1 et il me combla de caresses. Il passa quelque;
. ,
t,
'
sa capac1te et son courage l'avaient éleré au jours à Turenne, remerciant bien les bonnes
grade .de g1néral de division. Entré dans le dames Mongalri des soins vraiment maternels
pcnsio?nat pour quelques mois, j'y restai donc r1u'clles m'ayaicnt prodigués; mais en me
au ~oms pen?ant ~ualre ans, qui Jurent pour q_u_estio111~an~, il lui f~1L très facile de voir que
t~OJ autant d annees de bonheur, que venait
S I JC sara1s bien les pnèrcs, les litanies et force
bien obscurcir de temps en temps le souYei1ir cantiques, mes au tres connaissances se borde mes parents; mais les bonnes darnes Mon- naient à quelques notions d'histoire, de o-éogalvi et leurs pensionnaires redoublaient alors graphic cl d"orthographe. 11 considéra d'aill; urs
de. bo~té pou~ moi et chassaient les pensées qu'étant dans ma douzième année, il n'était
rp,11 m attristaient momentanément.
plus guère possible de me laisser dans une
_Lorsque, bien des années après, j 'ai lu l'his- pension de demoiselles, et qu'il était temps
l01re de Vert-Vert vivant au milieu des Visi- de me donner une éducation plus mâle et plus
tandines de Nevers, je me suis écrié : « C'est étendue. Il résolut donc de m'emmener avec
ainsi que j'étais dans le pensionnat de Tu- lui it 'J'oulouse, 011 il a,·ait drjà fait rnni r
Cliché Braun.
DUGO~LIIIER
renne·! » Comme lui, j'étais gâté au delà de Adolphe ii sa sortie d'Effiat, afîn de nous placer
G&lt;i11èral en chef de l'armée des P)'réltèes•Oriettlales
tout~ cxp1:ession par les maitresses et par les tous deux au . collège militaire de Sorèze, le
- Tableau de RouGET. (Musée de Versailles.) ·
pens1~nna1~es. Je n'arais qu'à désirer pour seul grand établissement de ce genre que la
obtenu·; n en n'était assez bon ni assez beau tourmente révolutionnaire eù l laissé debout.
prcna_nl sa retraite, épousé la riche reurc d'un
P,o,ur_ moi. fü san~é était redevenue parfaite.
Je partis en embrassant mes jeunes amies.
conseiller
au parlement de Rennes . m
ua mere
'
,
J ela1s blanc el frais; aussi c'était à qui m'em- Nous nous dirigeâmes sur Cressensac, où nous
reso1.ut .de se rendre
auprès
d'elle
et
se
.
,
.
,
p1 e- brasserait !
trouvàmes le capitaine Gault, aide de camp de
para1t a pa_rt1r, comptant m'emmener avec
Da~s les récréations qui avaien t lieu dans mon père. Pendant qu'on graissait la Yoiturc
elle, quand Je fus assailli par une quantité de
_un lres raste enclos où se lrouraient un beau Spir~, le vieux serritcur de mo11 père, qui
gros ?lous très douloul'Cl:x. JI était impossible
fr~in, des prairies, des rigncs, des bosquets, sa1:31t q_uc _s011 m_ai_Lrc rnubit marcher jour et
de f?1re voyager u~ enfant de huit ans dans
CS Jeunes filles me couronnaieut, m'enguirnuit, la1sa1L prons1011 &lt;le l'i1Tcs et ~rrano-eait
cet clat, cl comme il SC' prolongrnil. m~ mèrn
landaient de Oeurs: puis me plaçant sur un 1es paquets. En cc mnment, nn.~r1'claclc 0nou1 -

ll1sroR11 . -

·m;

Pas-: ,
2

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.JJf'É.M01'R.'ES

111STO'J{1A

veau pour moi se présente : une colonne mo- manger et demanda les provisio'?· Spire inbile, composée de gendarmes, de gardes dique les poches dans lesquelles 11 les a planationaux et de volontaires, entre dans le bourg cées .. Mon père et M• .Gault fouillent ~out
de Cressensac, musique en tête. _Je n'avais l'intérieur de la voiture et n'y trouvent n en.
jamais rien vu de pareil et trouvai cela su- Mon père s'emporte contre Spire q~i, du ha~t
J. ure par tous les diables qu il
perbe; mais je ne pouvais m'expliquer P??r- de son siè&lt;1e
0 '
•
arni
t
garni
la
voiture
de Yivres pour deuxJ~urs.
quoi les soldats faisaient marcher au ~mheu
d'eux une douzaine de voitures remplies de . J'ét:.iis un peu embarrassé; cependant, Je ne
vieux messieurs, de dames et d'enfants ayant rou\us pas laisser g~onder plus longtemps le
· pauvre Spire et déclarai' ce que j'~Yais fa,t. ~c
tous l'air fort triste.
Cette vue mit mon père en fureur. Il se m'attendais à être un peu repns pour aY011·
retira de la fenêtre, et se prom,mant à gran~s agi' sang autorisation: mais mon père m'e~pas avec son aide de camp dont il était_sûr, je brassa de la manière la plus tendre, el bien
l'entendis s'écrier : « Ces misérables conve~- ·des années après il parlait-encore avec bonheur
« tionnels ont gâté la Révolution q~i poumt de ma conduite en cette occasion.
Voilà pourquoi, mes enfants, j'ai cru de&lt;! être si belle! Voilà encore des innocents
voir vous la rappeler. On est si heureux de
&lt;! qu'on mène en prison parce qu'ils sont
&lt;! nobles ou parents d'émigrés; c'~staff~eu: ! » · penser qu'on a obtenu dans quelques circonJe compris tout ce que m?n per: dit a ce
sujet, et je vouai comme lm la h~me la plus
prononcée à ce parti terroriste qui gàta la révolution de 1789.
Mais pourquoi, dira-t-on, votre père servait-il encore un gouvernement qu'il méprisait?
Pourquoi? - C'est qu'il pensait que r~pousser les ennemis du territoire fran?11s
était toujours une chose honorable et qm ne
rendait pas les mi!itaircs solid~i~e~. d_e~ ~trocités que la Convent10n com~ett~1tal, mt~rie~'.:
Ce que mon père avait dit m a1·a1t dep
intéressé en faveur des individus placés dans
les voitures. Je Ycnais d'apprendre que c'étaient
des familles nobles qu'on avait arrachées le
matin de leurs châteaux, et quel' on conduisait
dans les prisons de Sou.ilhac. Il y ava~t des
vieillards, des femmes, d,es enfants, et Je me
demandais en moi-même ,comment ces êtres
faibles pouvaient être dangereux pour le pays,
lorsque j'entendis plusieurs des _enfants demander à manger. Une dame pria un garde
national de la laisser descendre pour aller
acheter des vivres : il s'y .refusa durement, et
la dame lui ayant présenté un assignat en_ le
priant de vouloir bien lui procurer du pam,
le garde lui répondit : &lt;! Me prends-tu pour
un de tes ci-devant laquais? .. . » Cette brutaJOUBERT
lité m'indigna . J'avais remarqué que Spire
Geiiéral en chef de l ar,i,ée d'llalie. - Tableau de
avait placé dans les poches de la voiture pluBoucHOT. (Jlfusêe de Versailles.)
sieurs petits pains, dans l'intérieur_ de ch?cu~
desquels on avait mis une saucisse. J allai
prendre deux de ces pains, e_t m'~ppro?hant stances l'approbation de ceux qu'on a aimés
, .
de la voiture des enfants pr1sonmers, Je les et perdus !
De Cressensac à Toulouse, la route eta,t
leur jetai pendant que les gardes tournaient le
dos. La mère et les enfants me firent des comerte de volontaires qui se rendaient gaiesicrnes de reconnaissance si expressifs, que je ment à l'armée des Pyrénées en faisant retentir
0
. les airs de chansons patriotiriues. Ce mouverésolus
d'approvisionner aussi 1es autres prisonniers, et je leur portai successiYement ment me charmait, et j'aurais été heureux si
,toutès les provisions que Spire avait faites je n'eusse souffer t physiriuemen.t, car n'.apnt
poµr nourrir quatre personnes p_endant les jamais fait de longues, courses en \'Olture,
,1uaranle-huit heures que nous dev10ns passer j'àvais le mal demer p~nd~nt _le voyage, cc
crr route, afin de nous rendre à Toulouse. qui détermina mon père a s arreter toutes les
,
.
.Enfin, nous partons sans que Spire se soit nuits pour me faire reposer.
J'arrivai •cependant à Toulouse, lrcs_. '.al~douté de la distribution que je venais de faire.
Les petits prisonniers m'envoient des baisers, gué; mais la ,•ue de mo~ frère, dont J etais
les parents me saluent ; mais à peine sommes- séparé depuis quatre ou _crnq a~s, 1~1e donna
nous à cent pas du relais, que mon père, qui une joie fort grande qui me retabht en peu
avait hâte de s'éloigner d'un spectacle dont 'il de temps.
. ..
Mon père, en qualité de général de d1v1s10n
était navré, et qui n'avait pas \'Oulu se mellrc
à table dans l'auberge, éprouva le besoin de commandant le camp situé au Miral, près de

Toulouse avait droit à être logé militairement,
et la mu~icipalité lui avait ~~si?né le _b~l ~ôt~l
de Rességuier, dont le proprie_lall'e ~ v~_1t em,gre.
Madame de Ressé..,uier s était ret1ree avec son
fils dans les appar~ements les plus éloignés, et
mon père avait ordonné qu'on eût les_~lus
&lt;1rands égards pour sa malheureuse pos1t10n.
0
La maison de mon père était très fréquentée;
il recevait tous les jours c l dernit faire beaucoup de dépenses, car: 1bie~ qu'~n général de
dirision reçùt alors d1x-hmt rat10ns de tous
genres, et que ses ~ides de ca'.11p en_ eussent
aussi, cela ne pouvait suffire; 11 fallait ~cheter
une foule de choses, et cependant l'Etat ne
donnait alors à l'officier général comme a11
simple sous-lieutenant que huit f'rancs par
mois en numàaire, le surplus de la solde
étant payé en assignais, dont la rnle~r di_m!nuait chaque jour, et comme mon pere e_ta,t
très généreux, inritail de nombreux of~cicrs
du camp, arnit de nombreux ~ome~t1ques
(qu'on appelai t alors serYileurs), d1~: bmt t:heYaux des voitures, une loge au theatre, etc ..
etc.. '., il. dépensait les économies · qu'il a111 il
Jailcs au château de Laril'ière, cl ce ful d11
moment de sa rentrée au scrl'ice que date la
diminution de sa fortune .
Quoiqu'on fùt au plus fort ~e _la Terreur.
que la subordination fù_L tr,ès_aff~1bhe en F1:3ncc.
d'où le bon ton semblait elo1gne pour touJom·s.
mon père savait si bien en imposer a_ux· nombreux of(léicrs qui venaient chez lm, que la
plus parfaite politesse régnait dans son salon
comme à sa table.
Parmi les officiers employés au camp, mon
père en avait pris deux en grande prédilection ;
aussi les invitait-il plus souvent que les autres.
L'un ' nommé Au0 ercau, était adjudant
•
général, c'est-à-dire . colon~l d'état-maJor ;
l'autre était Lannes, simple lieutenant de grenadiers dans un bataillon de volontaires du
département du Gers. lis sont devenus maréchaux de l'Empire, et j'ai été leur aide de
camp. Je vous donnerai leur biographie lorsque
j'écrirai le récit de ce qui m'est adl'cnu quand
je servais auprès d'eux.
. "
A cette époque, Augereau, apr~s s etrc
évadé des prisons de l'inr1uisition de L1~bon?~•
Yenait de faire la guerre dans la Vendee, ou il
s'était fait remarquer par son courage et la
facilité avec laquelle il maniait les troupes. li
était très bon tacticien, science qu'il aYait
apprise en Prusse, où il al'ail longtcmp,s ~er l'i
dans les gardes à pied du grand_ Fredcric_;
aussi l'appelait-on le grnnd Prussien. Il _a,·a1t
une tenue militaire irréprochable, lOUJOurs
tiré à quatre épingles, frisé el p_ou?'.'é i\ blanc,
longue qucùe, grandes l)otles a I ecuycre des
plus luisantes, et'aYcc ? l_a u~e tournure fort
martiale. Cette tenue eta1t d autant plus remarquable qu'à celle époque _cc n'était pas p~r
là que brillait l'armée frança1~e, presque _un'.quement composée de volontaires peu habitues
à porter l'habit d'unitorme, et fort peu so1&lt;1neux de leur toilette. Cependant, personne
~e se permellait de railler Augereau sur cet
article car on saYait qu'il était grand bre/leur,
très br~Ye el al'ait fait mettre les pouces au célèbre Saint:Georges, la plus forte lame de France.
11

Dli G'É'N'É'R..lll. B.ll'R.O'N D'E

.JJf.ll'R.BOT

--~

J'ai dit qu'Augereau était bon tact1cten; j'entendais parler de la bataille de t:astelnau- étaient-ils fort aimés, ce qui fut d'une très
aussi mon père l'avait-il chargé de diriger dary, de Gaston, de sa rérnlte, de la prise et grande utilité à ceux de Sorèze lorsque la Rél'instruction des bataillons des nouvelles levées de l'exécution du connél.able de Montmorency. rnlution éclata. L'établissement avait alors
dont se composait la majeure partie de la di- Aussi, comprenant parfaitement que mon pour principal dom Despaulx, homme du plus
vision. Ces bataillons provenaient du Limousin, père ne m'adressait aucune question à ce sujet grand mérite, mais qui, n'ayant pas cru dede l'Auvergne, des pays basques, du Quercy, parce qu'il avai t la conviction que je ne pou- mir prêter le serment civique exigé des
du Gers et du Languedoc. Augereau les forma l'ais y répondre, cela m'humilia beaucoup, et membres du clergé, se retira, passa plusieurs
Lrès bien, et en agissant ainsi il ne se doutail j'en conclus, à part moi, que mon père avai t années dans la rel.raite et fut plus tard nommé
pas qu'il travaillait pour sa gloire future, car raison de me conduire au collège pour y faire par !'Empereur à l'un des principaux emplois
les troupes que mon père commandait alors mon éducation.
de l'Unirersil.é. Tous les autres Bénédictins
formèrent plus tard la célèbre division AugeMes regrets se changèrent donc en résolution de Sorèze s'étaient soumis au serment : dom
reau, qui fit de si belles choses dans les Pyré- d'apprendre ce qu'il fallait savoir. Cependant, Ferlus devint principal , dom Abal sous-prinnées-Orientales et en Italie. Augereau, venant je n'en eus pas moins le cœur navré à la vue cipal, et le collège, malgré la tourmente répresque tous les jours chez mon père, et s'en des hautes et sombres murailles du cloitre 1·olutionnaire, continua à marcher, en suivoyant apprécié, lui voua une amitié qui ne dans lequel on allait m'enfermer. J'avais onze vant l'excellente impulsion que lui avait
s'est jamais démentie et dont je ressentis les ans et quatre mois lorsque j'entrai dans l'éta- imprimée dom Despaulx. Enfin, une loi ayant
bons elfets après la mort de ma mère.
blissement.
ordonné la sécularisation des moines et la
Quant au lieutenant Lannes, c'était un jeune
vente de leurs biens, l'établissement allait
Gascon des plus vifs, spirituel, très gai, sans
CHAPITRE IV
tomber. Mais tous les hommes importants du
éducation ni instruction, mais désireux d'appays avaient été élevés à Sorèze et désiraient
prendre, à une époque où personne· ne l'était. Sorèze. - Dom Fcrlus. - La vie à Sorèze. - Allures qu'il en fût de même pour leurs enfants; les
égalitaires. - Premières épreuves. - Visite d'un
Il devint très bon instructeur, et comme il
habitants de la ville, les ouvriers, les paysans
représentant du peuple.
était fort vaniteux, il recevait avec un boàheur
eux-mêmes, vénéraient les bons Pères et corn- .
indicible les louanges que mon père lui proC'est ici le moment de vous donner un prirent que la destruction du collège amènediguait parce qu'il les méritait. Aussi, par abrégé historique du célèbre collège de Sorèze, rait la r uine de la contrée. On engagea dom
reconnaissance, Lannes gâtait-il autant qu'il le tel qu'il m'a été fait par dom ,\bal, ancien Ferlus à se porter acquéreur du collège et
pouvait les enfa nts de son général.
sous-principal, que je voyais très souvent à des immenses propriétés qui en dépendaient.
Un beau matin, mon père reçoit l'ordre de Paris, sous l'Empire.
Personne ne mit aux enchères, le principal
lcrnr le camp du Miral et de conduire sa diLorsque, sous Louis XV, on résolut de devint donc propriétafre à bon compte de
vision au corps d'armée du général Dugommier, chasser les Jésuites de France, leurs défen- l'immense couvent el des terres qui y étaient
qui faisait en ce moment le siège de Toulon, seurs prétendant qu'eux seuls pouvaient élever annexées. Les administrateurs du départedont les Anglais s'étaienl emparés par surprise. la jeunesse, les Bénédictins, ennemis déclarés ment lui donnèrent beaucoup de temps pour
Alors, mon père me déclara que ce n'était pas des Jésui tes, voulurent prouver le contraire; payer. On lui prêta de toutes parts des assidans une pension de demoiselles que je pou- mais comme il ne leur convenait pas, quoi- gnats, qu'il remboursa avec quelques coupe~
vais apprendre ce que je devais savoir, qu'il qu'ils fussent très studieux et très instruits, de bois. Les vastes fermes du domaine fourme fallait des études plus sérieuses, et qu'en de se transformer en pédagogues, ils choisirent nirent à la nourriture du collège, et, faute
conséquence il me mènerait le lendemain au quatre de leurs maisons pour en faire des d'argent, dom Ferlus payait les professeurs
collège militaire de Sorèze, où il avait déjà collèges. Ce furent entre autres Sorèze et externes en denrées, ce qui leur convenai t
retenu ma place et celle de mon frère. Je Pontlevo)', dans lesquels ils réunirent les mem- très fort, à une époque où la famine régnait
restai confondu !. .. Ne plus retourner àuprès bres de l'Ordre qui avaien t le plus d'aptitude en France.
de mes amies, avec les dames Mon«alvi cela pour le professorat et qui, après l'a voir exercé
Dom Ferlus fit l'usage le plus honorable
" '
me paraissait impossible!
plusieurs années, pouvaient se retirer dans les de la fortune que les circonstances venaient
Les routes étaient couvertes de troupes et autres couvents de l'Ordre. Les nouveaux col- de lui donner. Il y avait parmi les élèves une
de canons que mon père passa en revue à lèges prospérèrent ; Sorèze surtout se fit re- centaine de créoles de Saint-Domingue, la
Castelnaudary. Ce spectacle, qui m'eût charmé marquer, et la foule d'élèves qui y accoururent Guadeloupe, la l\fartinique et autres colonies,
quelques jours auparavant, ne put adoucir ma de toutes parts ayant rendu nécessaire un plus que la guerre maritime, et surtout la révolte
douleur, car je pensais constamment aux pro- grand nombre de professeurs, les Bénédictins des nègres, privaient de la faculté de corresfesseurs en présence desquels j'allais me y attirèrent beaucoup de laïques des plus pondre avec leurs parents. Dom Ferlus les
trouver.
instruits. Ceux-ci s'établirent avec leur famille garda tous. A mesure que ces enfants arriNous coucbàmes à Castelnaudary, où mon dans la petite ville où étai t le couvent, et les 1·aient à l'âge d'homme, il les employait
pè1:e apprit l'évacuation de Toulon par les An- enfants de ces professeurs civils, élevés gra- comme sous-maîtres et les faisait placer dans
glais (18 décembre 179J) et reçut l'ordre de tuitement au collège en qualité d'externes, différentes administrations. Plus tard, l'horise. rendre avec sa division aux Pyrénées- formèrent plus tard une pépinière de maitres zon politique s'étant éclairci, le Directoire,
Orwntal~s. Il résolut donc de nous déposer le de toutes les sciences et de tous les arts. Enfin, puis l'Empereur, aidèrent dom Ferlus dans
lendemam même à Sorèze, de n'y rester que la facilité de faire donner des leçons à très bon la bonne œuvre qu'il avait entreprise. C'est
~elqu_es heures et de se rendre promptement compte ayant amené à Sorèze l'établissement ainsi que la loyaulé et l'humanité de ce supéa Perpignan.
de plusieurs pensionnats de demoiselles, cette rieur estimable, augmentan t la bonne réputa~n . ~ortan_t de Cas~elnaudary, mon père petite ville devint remarquable en ce que les tion de son établissement, le firent prospéi-er
avait fait arreter sa voiture devant l'arbre re- hommes, les femmes de la société, etjusqu'aux
de plus en plus.
marquable sous lequel le connétable de Monl- plus simples marchands, possédaient une inA la mort de dom Ferlus, le collège passa
mo~en~y fu_t fait ~risonnier par les troupes de struction étendue et cultivaient tous les beaux- aux mains de Raymond Fcrlus, homme peu
Lom_s XIII a la smte de la défaite infligée aux arts. Une foule d'étrangers, surtou t des Anglais,
capable, frère du précédent, ancien Oratorien
partisans de Gaston d'Orléans révolté contre des Espagnols et des Américains, venaient s'y
marié, mauvais poète el connu seulement par
'
'
son f rere.
li causa sur cet événement
avec ses fixer pour quelques années, afin d'être près
la guerre de plume qu'il a longtemps souleai~es de c~mp, et mon frère, déjà fort instrui t, de leurs fils et de leurs filles pendant la durée
nue contre M. Baour-Lormian. Le collège
p~1t ~art a la conversation. Quant à moi, qui de leur éducation.
allait en déclinant, lorsque la Restauration de
n ~vais que de très légères notions sur l'hisL'Ordre des Bénédictins était généralement J8'14 ramena les Jésuites. Ceux-ci voulurent
toire générale de la France et n'en connaissais composé d'hommes fort doux ; ils allaient
alors se venger des Bénédictins, en abattant
aucun détail, c'était pour la première fois que
dans le monde cl recevaient souvent; aussi l'édifice qu'ils avaient établi sur les ruines de

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1f1ST0'/{1A

_________________________________________.

leur Ünlrc. LTnircrsilé, dirigée par l'abbé
Frayssinous, prit parti pour les Jésuites.
M. Haymond Fcrlus céda alors le collège à
son gendre, M. Bernard, ancien officier d'artillerie, qui arail été mon condisciple. Celui-ci
n'entendait rien it la direction d. un lei établis emcnt ; d'ailleurs, une foule de bons collèges rinrcnl lui taire concurrence, cl Sorèze,
perdant de jour N t jour de son importance,
est dcrcnu une des plus médiocres maisons
cl'éclucalio11.
Je reviens it l"époque où je fus placé it Sorèze. Je Yous ai dit comment dom Fcrlus
arait sauvé cc collège de la ruiuc et comment.
soutenu par les soins de cet homme éclairé,
œ fut le seul grand établissement de cc genre
que la Hérnlution lais a debout. Les moines
prirent l'habit laïque, et le nom de citoyen
remplaça celui de dom . A cela près, rien
d'essentiel n'était changé dans le collège, qui
subsistait paisiblement clan un coin de la
· France, pendant qu'elle était en proie aux
plus cruel déchirements. Je dis que rien
&lt;l'essentiel n"étai t changé, parce que les études
y suirnienl leur cours habituel et que l'ordre
1i"était point troublé; mais il était cependant
impo iblc que l'agitation fébrile qui régnait
au dehors ne se fit un peu sentir dans le col1,·gc. Je dirai même que dom Fcrl us, en
liummc très habile, faisait semblant cl"approuvcr cc qu'il 11c pourait empêcher. ],es
111urs étaient donc courcrls de sentence républicaines. li était défendu de prononcer Ir
110m de monsieu1·. Les élèrcs n'allaient au
réfectoire ou it la promenade qu·cn chantant
la .lfarseillaise ou autre hymnes républitains,
t•t comme ils entendaient parler conslammc11t
drs hauts faits de no armées, que mèmc
quelques-uns de plus àgés s'étaient cnrùlés
parmi les volontaires, cl que d"autres en
araicnL au si le désir, Loule cette j cu nrssc
qui, d'ailleurs, était éb·éc au milieu de
armes, puisque, mèmc arant la llévolution,
~orèzc était un collège militaire oî1 J"on apprenait l'cxcrcicc, l'équitation, la fortifi cation, etc., cle.. Loule celle j runcssc, dis-je.
arait pris depuis quelque lrmp une tournure
rl un esprit guerriers qui arnienL amené des
manières un peu trop sans façon . .\joutez it
n-la que le costume contribuait infi niment it
lui donner l'aspect le plus étrange. En cffl'l,
les élèves araicnt de gro souliers que l'on 11e
nettoyait q ue le décadi, des chaussette de fil
gris, pantalon et reste ronde de couleur hrn11c,
pas de gilet, des chemise drbrai llécs cl cou1crtcs de taches d'encre ou de crayon rougl'.
pas de crarate, ril'n sur la lêlc. rlwreux en
qLtrue sourcnt défaite, et dl' mains!. .. dl'
\'J'aie mains de charbonniers.
Mc roycz-rnus. moi , proprl'I, ci ré, rèlu
d'habits de drap fin, enfin Li ré it quatre épingles, me Yoycz-,•ous lancé au milieu de sept
œnts gamins fagotés comme des diables et
qui, en entendant l'un d'eux nier : &lt;&lt; Yoilit
des noureaux ! IJ quillèrcnl tumultueusement
leurs jeux pour renir se grou per autour de
nous, en nous regardant comme si nou, l'IISsion~ rté des hèles rn rirn~rs !

)Ion père nous embrassa l'l partit! ... )Ion
désespoir fut affreux! Me voilà donc seul, seul
pour la première fois de ma vie, mon frère
&lt;:Lant dans la grande rour el moi dans la peti te.
n' Nous vlions au plus fort de l"hi rcr: il
faisait lrès froid , cl d'après les règlcmcnls de
la maison, jamais le élè,·cs n';wairnl de
fou ....
Les élt•res de . or«:•zc étaient du reste hien
nou rris, surtout pour l'époqu e, car, malgré
la famine qui désolait la France, la bonne
administration de dom Fcrlus faisait régner
l"abondancc dan la maison. L'ordinaire était
l'crtaincmcnt tout cc qu·on pourait désirer
pour des écoliers. Cependant. le souper ml'
parut des plus mesquins, et la rnc des plats
scrl'i devanl moi me dégoùlait; mais m'cùlon olTcr t des ortolans, je n'en russe pas ,·oulu,
tant j"avai le cœur gros. Le repas finit,
comme _il arait commencé, par un chant patriotique.
On se ,mit it g~noux au couplet de la
A1a1'seillaise qui commence par ces mol :
« Amou r sacré de la patrie... l&gt;, puis on défila, comme on était l'Cnu, au son du lamliour ; enfin, on gagna les dortoirs.
Les élèl'eS de la grande co11r arnicnt chacun
une chambre particulière, dans laquelle on
les enfermait le soir; ceux de la petite cour haicnt quatre dans la même chambre, dont
&lt;·baquc angle contenait un lit. On me mil avec
Guiraud, Homcst.an et Lagarde, me compagnons de table, presque au si nouveaux qur
moi. J'en fus bien aise . Ils ni"araient paru
bons enfant et l"étaient réellement ; mais je
demeurai pétrifir en ,·o~·anl l"rxiguïLé de ma
('Ouchettc cl le peu d"épaisseur du matelas, et
,·e qui me déplaisait surtout, c'est que le lit
lùt en fer . Je n·en arais jamais ,·u de pareils!
Cependant, tout était fort propre, et malgré
mon chagrin, je m'endormis profondémcnl,
tant j'avais été fatigué par les ecou ses 1110 ~·ales que j'a,·ais éprourées pendant celle fatale
iournée.
Le lendemain, de gra nd malin, le tambour
de scrrice Yint battre le ré,·cil et faire d'horribles roulements clans les dortoirs, c-r qui lllt'
parut atrocement sauragc. ~fais que dcriw-jt·.
lorsque j e m·aperçus que, pendant mon son1meil , on m·arnit cnicl·é mes beaux habib.
mes bas fi11s el mes jolis souliers, pour )'
su bstituer les grossiers rètemr11ls et la lourde
chaussure de l"école ! Je pleurai de rage ... .
Après avoir fail con11a1Lre les prcmi«:·n•s
impression que j\:prourai it mon cnlrfr au
('Ollègc, je ,·ous forai gr,\ce du récit de ton rmcnl auxq uels je fus r u bu tte pendant Si\
mois. J'arnis été trop IJien ('hoyé chez ·lt•s
dames Mongah·i. pom 1w pas ùeaucoup souffrir moralr ment cl physilJUCment clans rna
1:ouYclle po' ilion. Je dcrin,; fort triste. et al'cr
une conslilution moins robuste je serais cc1·lainement tombé malade. Cette époque fut ·
une des plus doulou reuscs de ma Yic. Enfin,
le lrarail et l"habitude me firent prendre peu
i1 peu le dessus. J"ai mais beaucoup les cours
de littérature française, de géographie et surlcrn l d11 i,toii•r, ri j'y fis des progrè, . .fr drrins
..,, 20

""

un écolier passable en mathémali11ucs, cq
latin, au manège et à la salle d'armes; j" appris parfaitement l'exercice du fusil el me
plaisais beaucoup aux manœ111Tes du bataillon
formé d'élèl'&lt;'S que commandait un vieux capitaine retraité.
J'ai dit que l'époque de mon entrée au collège (fin de 1793) était celle oü la Conrention
faisait peser son sceptre sanglant sur la
France. Des représentant du peuple en mi, sion parcouraient les provinces, et presque
Lou- ceux qui dominaient clans le Midi vinrent ,·isiler l"établisscment de So1·èzc, dont le
titre militaire sonnait agréablement it leurs
oreilles. Le citoyen Fcrlus arait un talent tout
varliculicr pour leur persuader qu'il dc~·aient
soutenir un établissement destiné it former
une nombreuse jeunesse, l'espoir de la pall'ie; aussi en obtenai t-il toul cc qu'il l'Oulait,
et très sou,·ent ils lui firent déli vrer une
grande quantité de fascines destinées aux approrisionncmenls des années, notre principal
leur persuadant que nou en f'aision partie cl
que nous en étions la prpi11ièrc. Aussi ces
rcpré cnlants étaient-ils reçus cl fêtés co111mc
des ourerai11s.
.\ leur arrirée, Lous les élères rcrêlaie11t
ll'urs babils d'uniforme militaire ; le bataillon
manœu1Tait dc,·ant le- représc11lanls. 011
montait la garde it Ioules les portes comme
dans une place d"armes; on j ouait des pièces
de circonstance, clans lesquelles régnait le
patriotisme le plus pur; on chantait des
hymnes nationaux, et lorsqu'ils l'isitaienl les
dassc , surtout celles d'histoi re, on trou rait
toujou rs l"occa ion d'amener quelques tirades
sur l'cxcellcncc du gouvernement rei1ublicain
et les vertus paltiotiques qui en dérirenl. li
me sourient it cc propos que le représentant
Chabot, ancien Capucin, me questionnant un
jour ur l'hi toirc romaine, me demanda cc
que je pensais de Coriolan, qui, se royanl outragé par se co ncitoyens, oublieux de ~es
nncicns scn ices, s"était retiré chez le Yol~ques, ennemis jurés des Homains. Dom Ferlus
l't le prolcsscurs tremblaient que je n"approurassc la conduite du Homain ; mais je
la blàmai en disant : « Qu'un bon citoyen 11e
ch:l'ait jamai · porter les armes contre sa patrie, ni songer it se rcngcr cl"cllc, quelque
justes que f'u sent ses sujets de rnécontcntc111enl. » Le rcpré· cnlant f"ut si content de ma
réponse qu'il me donna l'accolaclc cl complimenta le chef du collège et les professeurs
~ur les bons principes qu'ils inculquaient à
leurs élè,·es.
Cc petit succès n"alfaiblil pas la haine que
j"arnis pour les co11rcnlionncls, et loul jeune
que j'étais, ces représentants me fo isaic11 t
horreur: j'arais déjit a scz de raison pour
rnmprcnclrc qu'il 1Ù!tai t pas nécessai re de se
baigner clans le sang français pour aurcr le
pays, et 4.ue les guillolinnde:; cl les massacres
élaien t des crimes alTreux.
Je ne Y0US parlerai pas ici du système
d'oppression qui régnait alors sur notre rnalheureu e patrie : rhistoire rnus l'a fait connaitrc: mais quelque fortes que soient les coul1•urs q11·c1te a crnployres pour prind·rc lrs

.llfÉJlf01~ES DU GÉNÉ~.Jll. B.Jl~ON DE }If.Jl~BOJ
horreurs dont lrs ter,-o,•istes se rendirent
massrs sont aveugles, et que Je pire gom·crneroupables, le tableau sera toujours bien au- ment rst celui du peuple.
Fa~bourg-Sain t-llonnn:, n• 87, au coin de la
dessous dr la réalité. Ce qu'il y a surtout de
P:~1le rue Verte. J'y arrivai au momrnt dn
plus surprenant, c·~st l? slupidil6 arec laquelle
deJe~mer : toute la fa mille était réunie. Il me
CHAPITRE V
les masses se la1ssa1cnt dominer par des
~.e.rait i~1possiblc d'exprimer fa joie que
hommes dont la plupart n'araicnt aucune Je •:cjoins i1 Paris mon p,' l'C et mes frères. _ !Ion J eprouvru en les reroyant tous ! Cc fu t un des
plus beaux jours de ma rie!. ..
capacité; car, q~1oi qu'on en ait dit, prc que
pcrc es_l _nomm~ au ~ommandPment tic la 17• flil'is,on m1l1t~11·e • Paris. fi refuse de seconder lrtous les conrenl1onncl étaient d'une merlio_Nou~ étions au printemps de l 799. La
\'ues de Sieyès et céde la place i, Lcfohvre.
,
ctilé plus qu'ordinairc, r t leur cou ra"e si
11epubhque existait encore, et le rrou,·crnemr nt
Yan_lé prenait sa source dans la peur qu'ils
Je venais d'al'oir seize ans au mois d'ao. t se composait d'un Direclofre exécutif de cinq
ara1ent les uns des autr·cs, puisque par~erain te t"98 s·
· après. ,·ers la fin de férrirr,• uje mem?rcs ?t de deux Chambres, dont l'une
I . ix mois
portait le l1~re cleConseildes Anciens ct)'autrc

- -...

B ATAILLE DE ZURICH

d"être

cr

·11 . • .

.

.

' gag11ee par le gé11éral Nassena. le 25 seplembre,

. ou i_ Olmes ils con cnlawnt à louL ce
que \Oula1cnt les meneurs J'a· .
1
.
·
1 111prnca nt
m~n exil, en 1815. unefoulc dr ,·onr1•ntio l 1qu1 , obligés comme moi de so ·1·. d F ' ne~
•
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' I Il
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n avaient pas la moindre lermntc: cl . . , ,
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a\Ou • eprns qu'ils n 'a,·aicnt ,·ot' 1 m ont
de Lou1.s 'XVl et une Ioule
• ' de dc'cr cl a 1·mort
que pour saul'er leurproprc lètn Le c s oc. ,eux
.·
de ce lte epoque
.
, •i·ms somcn1rs
m'ont tellement
.
.
·, bh
prcss1onne
que ~ a orre tout ce qui tendrait à ram
la democratie, Lant ,·e sui~ con.1 .
cner
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amcu que les

Cliché

799.

Braun .

Tablea" de BoucnoT. (Al11sée de Versailles.)

c uill .

,
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l a1le colJc/?c de SorPze. Mon père avait un
am·
- ~1 Il .
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' - ,, nomme , . or,g-nac. qui se r ha rgca de
me .ramenc1· arec lui clans la c-a,)ilalr .
~
f•
·, • •
' _ous umcs Hill JOUI' pour nous rendre :t
Pa,' ris' ou· J·•rn lra1· en mars 1700, leJ·our mème,
ou
··· tre de l'Od.con brula
, pour la première
. . le lbe,t
lors
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. e proielanl au,
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. · ,a c e c mccnd1e
Jorn sur Ia route d'O r1cans,
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. crus bonnement
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, e cc .e ?eur provenait des nombreux rércrbcres rcums dans la capitale.
M ,
.
on perc occupait alors un hel hôtel ru e du
.., 2 1 ""'

de Con~cil des Cinq-Cents. )[on père-recevait
d~ez 1111 no'.n!ir~usc société. J'y fis conn~issance
ri, on am, rnl1mc, le général Bernadotte, cl
d:s hommes les plus marquants de l'éporrue.
tels que .losrph r l Lucien Bonaparte Defern~~n, 'appci·-Tandy, chef des Irland; is réfugies en France, le général Joubert, Salicetti.
Garran, Cambacérès. Je voyais aussi souvent
c·hez ma mt'.•rc madame Bonaparte et madame
de_~on,d_orcet, et quelquefois madame de Staël,
déJa C&lt;•lcbrc par ses œurres littéraires .

�111S TO']t1A

----------------------- - ------------- --- ~

Je n'étais que depuis un mois à Paris, lorsque, les pouvoirs de la législature étant expirés,
il fallut procéder à de nouvelles élections.
Mon pè1·e, fatigué des tiraillements incessants
de la vie politique, et regrellant de ne plus
prendre part aux beaux faits d'armes de nos
armées, déclara qu'il n'accepterait plus la
députation, et qu'il voulait reprendre du service actif. Les événements le servirent à souhait. A la rentrée des nouvelles Chambres,
il y eut un changement de ministère. Le général Bernadotte eut celui de la guerre ; il avait
promis à mon père de l'envoyer à !"armée du
Rhin, et celui-ci allait se rendre à Mayence,
lorsque le Directoire, apprenant la défaite de
l'armée d'Italie commandée par Schérer, lui
donna pour successeur le général Joubert qui
commandait à Paris la 17• division militaire
(devenue depuis la 1re). Ce poste dc,·cnu
vacant, le Directoire, comprenant que sa
haute importance politique exigeait qu'il fùt
confié à un homme capable et très ferme, le
fit proposer à mon père par le ministre de la
guerre )3ernadottc .. l\fon père, qui n'avait
-cessé de faire partie de la législature que pour
retourner à la guerre, refusa le commandement de Paris; mais Bernadotte lui montrant
la lettre de service déjà signée, en lui disant
que comme ami il le priait d'accepter, et que
comme ministre il le lui ordonnait, mon père
se résigna, et dès le lendemain il alla s'installer au grand quartier général de la division de
Paris, alors situé quai Voltaire, au coin de la
rue des Saints-Pères, et qu'on a démoli depuis
pour construire plusieurs maisons.
Mon père avait pris pour chef d'état-major le
colonel Ménard, son ancienami . J'étaischarmé
de tout le train militaire dont mon père était
entouré. Son quartier général ne désemplissait
pas d'officiers de tous grades. Un escadron, un
bataillon et six bouches à feu étaient en permanence devant ses portes, et l'on voyait une
foule d'o1·donnances aller et venir. Cela me
paraissait plus amusant que les thèmes et les
versions de Sorèze.
La France, et surtout Paris, étaient alors
fort agités. On était à la veille d'une catastrophe. Les Russes, commandés par le célèbre
Souwaroff, venaient de pénétrer en Italie, où
notre armée avait éprouvé une grande défaite
it Novi. Le général en chef Joubert avait été
tué. SouwarolTvainqueur se dirigeait sur notre
armée de Suisse, commandée par Masséna.
Nous avions peu de troupes sur le Rhi n.
Les conférences de paix entamées à Rastadt
avaient été rompues et nos ambassadeurs
assassinés; enfin, toute l'Allemagnr. s'armait
de nouveau contre nous, et le Oirccloire,
tombé dans le mépris, n'ayant ni troupes ni
argent pour en lever, venait, pour se procurer
des fonds, de décréter un emp1·unt forcé qui
avait achevé de lui aliéner Lous les esprits. On
n'avait plus d'espoir qu'en Masséna pour arrèter les Russes cl Jeg empècher de pénétrer en
France. Le Directoire impatient lui expédiait
courrier sur courrier pour lui ordonner de
livrer bataille ; mais le moderne Fabius, ne
voulant pas compromettre le salut de son pays,
attendait que quelque fausse manœurrc de

son pétulant ennemi lui donnât l'occasion de
le battre.
Ici doit se placer une anecdote qui prouve à
combien peu de chose tient quelquefois la
destinée des États, comme aussi la gloire des
chefs d'armée. Le Directoire, exaspéré de voir
que Masséna n'obéissait pas à l'ordre réitéré
de livrer bataille, résolut de le destituer ; mais,
comme il craignait que ce général en chef ne
tint pas compte de celte destitution cl ne la
mil dans sa poche, si on la lui adressait par
un simple courrier, le ministre de la guerre
reçut l'ordre d'envoyer en Suisse un officier
d'état-major chargé de remcllrc publiquement
à Masséna sa destitution, et au chef d'étatmajor Chérin des lettres de scr\'icc qui lui
conféreraient le commandement de l'armée. Le
ministre Bernadotte ayant fait connaitre confidentiellement ces dispositions à mon père1
celui-ci les désapprouva en lui faisant comprendre ce qu'il y avait de dangereux, à la
veille d'une affaire décisive, de priver l'armée
de Suisse d'un général en qui elle a,•ait confiance, pour remettre le commandement à un
général plus habitué au service des bureaux
qu'à la direction des troupes sur le Lerrain.
D'ailleurs la position des armées pou\'ait changer: il fallait donc charger de cette mission
un homme a scz sage pour apprécier l'étal
des choses, cl qui n'allàt pas remettre à
Masséna sa destitution à la ,•cille ou au milieu
d'une bataille. Mon père persuada au ministre
de confier cette mission à M. Gault, son aide
de camp, qui sous le prétexte ostensible d'aller
vérifier si les fournisseurs avaient livré le
nombre de chevaux stipulés dans leurs marchés, se rendit en Suisse arnc l'autorisation
de garder ou de rcmellre la destitution de
Masséna el les lettres de commandement au
général Chérin, scion que les circonstances lui
feraient juger la chose utile ou dangereuse.
C'était un pouvoir immense confié à la prudence d'un simple r.apitaine ! àl. Gault ne
démentit pas la bonne opinion qu'on avait eue
de lui. Arrivé au quartier général de l'armée
suisse cinq jours avant la bataille de Zurich,
il vit les troupes si remplies de confiance en
Masséna, et celui-ci si calme et si ferme, qu'il
ne dou~a pas du succès, et gardant le plus
profond silence sur ses pouvoirs secrets, il
assista à la bataille de Zurich, puis revint à
Paris, sans que Masséna se fût douté que ce
modeste capitaine avait eu entre ses mains le
pouvoir de le priver de la gloire de remporter
une des plus belles victoires de cc siècle.
La destitution imprudente de Masséna cùl
probablement entrainé la défaite du général
Chérin, l'entrée des Russes en F1·ancc, celle
des Allemands à leur suite, cl peut-ètre enfin
le boulercrsemcnt de l'Europe! Le général
Chérin fut Lué à la bataille de Zmich sans
s'ètrc douté des intentions du gouvernement à
son sujet. La victoire de Zurich, tout en
empèchant les ennemis de pénétrer dans l'intérieur, n'avait cependant donné au Directoire
qu'un crédit momentané; le gouvernement
croulait de toutes parts : personne n'arail confiance en lui. Les finances étaient ruinées ; la
Vendée el la Bretagne élaient L'll complète
.., 22 w-

insurrection ; l'intérieur dégarni de troupes;
le Midi en feu ; les Chambres en désaccord
entre elles et avec le pouvoir exécutit; en un
mot, l'État touchait à sa ruine.
'fous les hommes politiques comprenaient
qu'un grand changement était nécessaire el
inéYitable; mais, d'accord sur ce point, ils
différaient d'opinion sur l'emploi du remède.
Les vieux républicains, qui tenaient à la Constitution de l'an III, alors en vigueur, crurent
que pour sauver le pays il suffisait de changer·
quelques membres du Directoire. Deux de ces
derniers furent renvoyés et remplacés par
Gohier et Moulins; mais ce moyen ne fut qu'un
très faible palliatifaux calamités souslesquelles
le pays allait succomber, et ranarchie conti nua
de l'agiter. Alors, plusieurs directeurs, au
nombre desquels était le célèbre Sieyès, pensèrent, ainsi qu'une foule de députés et
l'immense majorité du public, que pour sau,·er la France il fallait remettre les rênes du
gouvernement entre les mains d'un homme
ferme el dt~à illustré par les ser1•ices rendu
à l'État. On reconnaissait aussi que cc chef ne
pouvait être qu'un militaire ayant une grande
influence sur l'armée, capable, en réveillant
l'enthousiasme national, de ramener la victoire
sous nos drapeaux et d'éloigner les étrangers
qui s'apprêtaient à franchir les fron tières.
Parler ainsi, c'était désigner le général
Bonaparte; mais il se trouvait en cc momrnt
en Égypte, et les besoins étaient pressants.
Joubert venait d'être Lué en Italie. Masséna,
illustré par plusieurs victoires, était un excellent général à la tète d"une armée active, mais
nullement un homme politique. Dernadotle ne
paraissait ni assez capable ni assez sage pour
réparer les maux de la France. Tous l~s
regards des novateurs se portèrent donc sur
~loreau, bien que la faiblesse de son caractère
et sa conduite assez peu claire au 18 fructidor
inspirassent quelques craintes sur ses aptitudes gouvernementales. Cependant il est certain que, faute de mieux, on lui proposa de
se mettre à la tète du parti qui voulait rcnrnrscr le Directoire, el qu'on lui offrit de lui
confier les rênes de l'État arec le titre de président ou de consul. Moreau, bon et brave
guerrier, manquait de courage politique, et
peut-être se défiait-il de ses propres moyens
pour conduire des affaires aussi embrouillées
que l'étaient alors celles de la France. D'aillenr$, égoïste et paresseux, il s'inquiétait fort
peu de l'avenir de sa patrie et préférait le
repos de la vie prirée aux agitations de la politique ; il refusa donc, et se retira dans sa terre
de Grosbois pour se liner au plaisir de la
chasse qu'il aimait passionnément.
Abandonnés par l'homme de leur choix,
Sieyès et ceux qui rnulaicnl avec lui changer
la forme du gourernement, ne se sentant ni
assez de force ni assez de popularité pour
atteindre leur but sans l'appui de la puissante
épée d'un général dont le nom rallierait
l'armée à leurs desseins, se virent contraints
de songer au général Bonaparte. Le chef de
l'entreprise, Sieyès, alors président du Directoire, se flattait qu'après avoir mis Bonaparte
au pouroir, celui-ci, ne s'occupa nt que de la

.MÉM01'/fES DU GÉNÉ~ A L BA~ON DE .MA ~BOT - - ,

réorganisation et de la conduite des armées, . Le président Sieyès fut pendant quelques
lui laisserait la conduite du gouvernement Jours assez embarrassé pour donner un suc- blic, que du reste son étal d'infériorité visdont il serait l'àme, et Bonaparte seulement le cesseur à mon père; enfi n, il remit le com- à-vis de la marine anglaise la retiendrait
chef nominal. La suite prouva combien il ~andcment de Paris au général Lefebvre qui, longtemps dans les ports, qu'elle ne concevait
donc pas que lui, général de division de l'ars'était trompé.
rc?emmcnt blessé à l'armée du Rhin, se trou- mée de terre, mt't son û.ls dans la marine au
_Imbu de cette pensée, Sieyès, par l'cntrc- vai~ en cc ~ornent dans la capitale. Lefebvre
m1se du dépu té corse Salicclli, envoya en était un ~~c1~n sergent des gardes françaises, lieu de le placer dans un régiment où le ~om
et les services de son père devaient le faire
1~gyptc un agent secret et sûr pour informer· brave m1hta1re, bon général I d'exécution
bienvenir.
Elle termina en disant : (( Conle général Bonaparte du fàchcux étal dans quand on le dirigeait de près, mais crédul~
lequel se trouvait la France, cl lui proposa de au dernier point, et ne s'étant jamais rendu d~i~ez-1,e en. I_talic plu~ol q~e de l'envoyer
Ycnn· se mcllrc à la tète du gom·crncment. compte de la situation politique de la Ftance ; pcr1r d cnnm a bord d un vaisseau enfermé
Et comme il ne doutait pas que Bonaparte aus~1, arec !es mols habilement placés de dan_s ~a r~dc . de Toulon ! » Mon père, qui
n'acceplàt arec résolution cl ne rerint promp- 9l01re, palne et victoire, on était certain de avait c~é ~edm_l ?n moment par la propo ition
tement en Europe, Sieyès mit tout en œmTc lui faire faire tout ce qu'on Youlait. C"étail du cap1lame S1b11lc, arait un esprit trop j uslt'
pour assurer fcxécution du coup d'État qu'il u? ~omm~ndant de Paris tel que le voulait pour ne pas apprécier le I"aisonnemcnl de madame Barairon. - &lt;( Eh bien, me demanda+il
méditait.
S1eycs, qm _ne se donna mème pas la peine de ,·eux-tu venir en llalie avec moi et servi;
Il lui fut facile de faire comprendre à son le _gagner _m de le prérenir de cc qu'on altcncollègue directeur Roger-Ducos que la puis- ~a1t, de lui, tant il était certain qu'au jour de dans l'armée de terre? ... 1&gt; Je lui sautai au
sance leur échappait journellement, et que, le l évenemcnl Lefebvre ne résisterait pas à l'as- cou et acceptai avec une joie que ma mère
pay~ é~nt à l~ veille d'une complète désor- cenda~t. du génér~ Bonaparte et aux cajolcrie-s partagea, car elle avait combattu le premier
gam~al10n, le bien public et leur intérêt privé du pres1dent du Directoire. Il avait bien jugé projet de mon père.
Comme alors il n'existait plus d'école milidevaient les engager à prendre part à I'éta- Lefebvre, car, au 18 brumaire, celui-ci se
blissement d'un gourerncmcnt terme, dans mit avec toutes les troupes de sa dirision taire_, _cl qu:on n'entrait dans l'armée qu'en
qu~~te de simple soldat, mon père me conlequel ils trouveraient à se placer d'une masous les ordres du général Bonaparte, lorsq u'il du1S1t sur-le-champ à la municipalité du
nière moins précai:e et bien plus avantageuse.
marcha contre le Directoire et les Conseils Jer arrondissement, place ~eauvau, et me fit
Roger-Ducos promit ~on concours aux projets
pour renverser le gourernement établi et créer engager dans le 1er ré!!'imcnt de housards
de changement; mais les trois autres direc0
le Consulat, ce qui valut plus tard au général
(~n_ci_cn Bc~~hcny),. qui faisait partie de la
teurs, Barras, Gohier et Moulins, ne voulant
I~:febvre une ~rès haute laveur auprès de d1v1s10n qu 11 devait commander en Italie·
pas consentir à quitter le pouvoir, Sieyès cl
1 Empereur, qm le nomma maréchal duc de c'était le 5 septembre 1799.
'
les meneurs de son parti résolurent de se
Dantzig, sénateur, et le combla de richesses.
Mon père me mena chez le tailleur· charrré
passer d'eux et de les sacrifier lors de l'éYéJ"ai retracé rapidement ces événements
de faire les modèles du ministère de la rrucr~e
ncment qui se préparait.
pa:c~ qu'ils expliquent les causes qui con~ et 1m. commanda pour moi un costume0 com, ~ependant, il était difficile, ou du moins
&lt;luisirent mon père en Italie cl curent une si plet de housard du 1•r, ainsi que tous les
per1lleux, mèmc arec la présence du général
grande in0uence sur sa destinée cl sur la effets d'armement et d'équipement, etc., etc .. ..
Bonaparte, de changer les constitutions de mienne.
)fc voilà donc militaù·e ! ... housard!. .. Je ne
rcnrerscr le Directoire et d'établir un ~utre
me sentais pas de joie!. .. Mais ma joie fu t
gouvernement sans l'appui de l'armée et surtroublée, lorsqu'en entrant à l'hôtel, j e pensai
tout d_e la division qui occupait Paris. Afin de
CHAPITg E VI
qu'elle allait aggraver la douleur de mon
po_u~·o1r compter sur elle, il fallait èlre tir du
m1111strc de la guerre et du rrénéral comman- )Ion père esl enl'oyê en llalie. - Comment se fixa frè~e Adolph~, âgé de deux ans de plus que
moi et campe au collège comme un enfant !
~~nt la 17• dirision militai~c. Le président
ma destinée. - Je de1•iens housard.
Je conçus donc le projet de ne lui apprendrP
:Sieyès _chercha donc à gagner Bernadotte et
Après avoir remis son commandement au mon engagement qu'en lui annonçant en mèmc
mon pere, en les faisant sonder par plusieurs
général Lefebvre, mon père retou rna s'établir temps que je voulais passer avec lui le mois
d~pt'.lés ~c. leurs amis, dévoués aux projets de
S'.eyes. J a1 su d_epuis que mon père avait :'t l'hôtel du faubourg Saint-Honoré et ne qui devait s'écouler avant mon départ. Je priai
s'occupa plus que des préparatifs de son départ d~~c mon père de me permettre que je fusse
r~po_ndu ~ux ~cm1~ouv~rlures que l'as lucieux pour l'Italie.
ieyes lui aYa1t fait faire : cc Qu'il com-cnait
m mstaller près d'Adolphe, à Sainte-Barbe
Des causes très mm1mes influent souvent jusqu'au jour où nous nous mettrions en rout~
&lt;C que les malheurs du pays demandaient un
&lt;c pro_
m~t remède; mais qu'ayant juré le sur la destinée des hommes ! Mon père et ma pour l'Italie.
Mon père comprit parfaitement le moti1
« mamllen _de_la Constitution de l'an III, il mère étaient très liés a,•ec M. Ilarairon di« ne se serv1ra1t p_as de l'autorité 'lue son corn- recteur de,_l'enregislreme_nt: Or, un jour ~u'ils de cette demande; il m'en sut même très
« man_d~~cnt lm donnait sur les troupes de allèrent deJcuner chez lm, ils m'emmenèrent bon gré, et me conduisit le lendemain chez
« sa &lt;ln:1S1o_n pour les porter à renverser cette avec eux. On parla du départ de mon père de M. Lanneau.
la bonne conduite de mes deux cadets · e~fin
&lt;c _Conslitut10n. » Puis il se rendit chez Siey'
V?u~ ûgurez-v~u~ mon entrée au collège? ...
M.
Barairon ayant demandé : &lt;( Et Ma:cellin
h'.1.r~mit sa démission de commandant dce;;
On
eta1t en récreat10n, les jeux cessent ausqu' en ferez-vous? - Un marin, répondit mon' sitôt ; tous les élèves grands et petits m'envidms10n
de
..
·
. , Paris et demanda tine d"IVISIOll
père; le capi laine Sibille s'en charrrc et va
acllv~. _S1~yc~ s'empressa de la lui accorder,
ronnent. ~•est à qui louchera quelque partie
l'emmener
avec lui à Toulon.... ,&gt; Alors la de mon aJustement. .. bref, le succès du houtant il ?tait a1~e d'éloigner un homme dont la
fcrme!e da_ns l accomplissement de ses deroirs bonne madame Barairon, à laquelle j"en ai tou- sard fut complet!
pouvait
le coup d'E.ta l proJetc.
. . Jours su un_gré infini, fitobserrer à mon pèrt•
Le jour du départ arriva ... et je me séparai
L
• •faire avorter
.
e m1,mstre Bernadotte suirit l'exemple de que la marme lrançaisc était dans un désarroi &lt;l_e ma mère et de mes trois frères avec la plus
mon perc et fut remplacé par Dubois-Crancé. complet, que le maurais état des finances ne "'.''Cdouleur, malgré le plaisir que j'éprouvais
pcrmett.1it pas qu'elle fùt promptement réta- d entrer dans la carrière militaire.
(A

suivre. )

G~NÉRAL DE

MARBOT.

�HISTORIA

Docteur CABANÈS
~

Une enquête matrimoniale
au

XV/8

Item. Ils prendront g.irde bien attentivement si légère (par nature, quant à ses mou1'cme11ls,
n'entendons p.is quant à l'esprit).
son teint est clair.
Elle n'est point ba,·:1rde en paroles; elle ., un
llem. lis prenclronl soigneusemen t note de la
maintien demeuré [ce qtti signifie ans cloute
couleur de ses cheveux.
posé, image expres ive de la pudcttr féminine.
Item. lis feront note précise de ses rcux. de ses
Au surplus, nous pensons qu'elle a été a,·arc rie
sourcils, de ses dents et cle ses lèvres.
paroles, parce que la reine sa mère était présen le,
llem. IJs remarqueront bien le clcssio et la tour- et devant elle, elle a\'ait l'air d'une vierge, el panure dti son nez, la hauteur cl la largeur de son raissait ne pas faire attention à nous, pour ricaner
front.
cl folàlrer (clc parole) avec les filles d'honneur.
Item . Par-dessus tout, ils remarqueront sa peau.
Quant à ses reux, ils sont bruns, le poil de ses
Item . llsprendront gardc à ses bras; ils rnrronl sourcils est noir ou noirâtre; pour ce qui cons'ils sont gros ou minces, longs ou courts.
cerne son nez, il a, sur une certaine longueur, unr
Item. lis Yerronl sa main nue el remarqueront certaine éminence au milieu, al'Cc un bout effilé
bien exactement comment elle est faite, si clic rsl qui cherche il joindre cl i1 baiser la lèlTe supëépaisse ou mince, si· clic est gr:issc ou maigre, ricurc il peu près comme chez la reine sa mfre.
Xous avons vu les mains nues cle la jeune prinlongue ou courte.
l te111 . lis prendront noie de ses doigts, s'ils sont cesse maintes fois, el le avons baisées, nous avons
longs ou courts, gros ou minces, larges ou étroits aperçu qu'elles étaient douces au tacl, d'une peau
naturellement propre cl d'un arrondis cmcnl fort
du bout.
engagean
t.
llem . Ils remarqueront si ~on cou est long ou
Du reste, nous n'avons aperçu aucun poil (sinon
court, gros ou m:ncc.
follet) autour de ses lèvres, qui sont d'une peau
[ lem. Si elle a de la barbeau lour des lèvres ou non.
Premiè1'eme11t, après avoit· présenté cl délivré
les lellres dont ils seront porteurs, et qui doivent
Item . lis foront en sorte d·.ipprochcr ladite jeune bien nelle.
Quant i1 ce qui a rapport il l'haleine de ladite
titre délivrées auxdites reines de la part de lady princesse 11 jeun : ils entameront avec elle une
jeune
princesse, nous n'avons pu approcher ,es
1
Catherine, princesse de Galles , ils remarqueront conversation de manière à poul'Oir s'approcher au!'Si
bien quel est l'étal qu'elles tiennent cl quelle est près de sa bouche qu'ils pourront décemment le lèvres d'assez près pour par,•enir i1 une connaisleur cour : si elles n'ont qu'une maison, ou si d ies faire, afin de respirer son haleine el de pouvoir sance certaine de c&lt;'l article; cependant, sans
vivent séparément; comment elles sont accompa- juger si clic est rlouce ou non, si sa bouche a l'odeur faire semblant cle rien, autant que l'honnètcll' l'a
permis, nous avons communiqué a\'CC ladite jeune
gnées, quels seigneurs cl quelles darnes sont au- de quelque épice, d'eau cle rose ou de musc.
princesse, cl nous devons dire que nous n'avons
Item
.
Ils
prcn'
d
ronl
noie
de
la
li:rnlcur
cl,•
sa
tour d'elles,
dislint:tuti aucune odeur d'épice ni d'eau de rosr,
De plus, si lesdits serviteurs du roi trouvent taille et demanderont si t&gt;llc porte des pantoufles; cl qu':1 juger de la rose de es lèvres, du lys cil'
r1ue les deux reines n'ont qu'une mèmc maison, clans cc cas, ils tàchcront d'en voir une et de son teint, de la fraîcheur de sa bouche, nous ne
ils remarqueront avec attention la manière dont prendre la mesure de son pied.
pouvons conjecturer sinon qu'elle est la salubrité
celte maison est tenue, el s'assureront du pied sur
llem. Ils l~cheronl de sa"oir si clic n'a pas clc la anlé et la joie clc la vie (au moins en aplequel clic est montée.
quelque infirmité ou difformité naturelle, de quel parence).
Ils observeront le maintien, la contenance, l'air genre elle pourr:iil être, si clic est constamment
Pour ce qui a rapport à la hauteur de la taille,
de visage avec lesquels les lellres dont ils soul d'une bonne santé ou si parfois elle ne serait pas jamais nous n'avons pu connaitre la hauteur des
porteurs seront reçues el les réponses verbales qui sujelle à quelque maladie.
talons; mais nt que les jupes ont longues el que
y seront faites; ils remarqueront le degré de di,Item. lis làcheronl de savoir si clic n'a pas eu nous n'avons pu voir que le bout du pied en marcrétion, de sagesse el de gravité avec lequel les- &lt;Jul'lque intrigue particulière a1·cc le roi cl'Ar.igon, chant, en Yérilé, le peu que nous avons vu du
dites réponses seront faites.
son oncle, el si clic lui ressemble.
susdit pied, autant que nous nous y connaissons,
/Lem. Ils sauront quel est son régime ordinaire, nous a paru joli el particulièrement petit, - cc
lis feront en sorte de sa,·oir si la JCtmepcrsonne
ne parle aucune autre langue que l'espagnole el si elle aime à boire, si elle mange beaucoup, si qui est mème chose.
elle fait des repas fréquents, si elle boit du ,·in ou
l'italienne el si elle sail le français ou le latin.
En dernier lieu, la jeune susdite princesse est
Ils remarqueront particulièrement l'àgc, la de l'eau, ou du l'un et de l'autre ensemble.
grande mangeuse, elle fail deux bons repas par
taille et les traits de ladite jeune princesse; le
Item. Lesdits serviteurs du roi chercheront le jour. En général, elle boit de l'eau avec une inteint de so.n vis.ige, si ce visage est peint ou non; plus habile peintre qu'ils pourront trouver el feront fusion de cannelle, quelquefois clic boit de l'hi·si elle est grosse de corps ou non, épaisse on faire le portrait le plus fidèle possible de ladite pocras, mais r:iremcn t.
svelte; si elle a la physionomie animée el aimable, jeune princesse et le feront refaire s'ils ne le trouli est à croire qu e le roi fnt médiocrrnwnl
ou bien m.iussade el mélancolique; si clic est vent pas absolumen l ressemblant.
satisfait
des renseignemPnls qui lui fnrenl
pesante ou légère; si elle a l'air cll'ronté, ou bien
néPOXS E DES SE!lVITEUIIS UU ROI II ENRI \'Il
tran mis, car il ne donna pas uite à son
si la pudeur met du fard sur son visage.
AUX QUl:STIOXS Cl-DESSUS
proj et d'un ion.
1. La princesse Catherine, nommée dans le docuHenri VII resta veuf. Cinq ans plus tard, il
Autant que nous pouvons nous en rapporter à
ment, est, à ce qu'on présume, Catherine de Galles ou
succombait,
laissant un fils - qui monta sur
nos
propres
sens,
sujets
:1
l'
en
cur
el
aux
illusions,
Catherine d'Aragon, fille de Ferdinand le Catholique
el d'Isabelle de Castille; elle a\'ait éle mariée. le la jeune princesse ne nous a p~s paru peinte; s:i le trône sou le nom de lien ri VIII - el deux
14 novembre 1501, par Henri VII, à son fils ai11é,
stature, ainsi que les traits de son visage, nous fil les: l'une Jllarguerile, mariée à Jacques I\',
Arthur, âgé de 15 ans. Celui-ci étant mort six mois
ont paru aimables: il ! a quelc1uc chose de l'Onclclet roi d'~cossc; l'au tre Marie, qui devint la
après son mariage, sans l'avoir, dit-on, consommé
Henri VII forma le projet de remarier la jeune l'CU\'~ cl de grassouillet dans sa peau.
seconde frmme dC' notre bon roi Louis XII.
Catherine avec son second fils Henri, devenu prince
Son air csl la gaieté même el n'a rien de rende Galles, /igé de 12 ans. Le pape lui donna la disÜ OCTEt:R C.\BANÈS.
frogné. Elle est demi-sérieuse (par clécrnce), cl
pense nécessaire el le mariage eut lieu.

Le roi d'Anglc~errc Henri YII, étant devenu
veuf de la reine Elisabeth, fille d'tdouard IV,
avait conçu le projet de se remarier. A cet
effet, il dépêC'ha trois de ses serviteurs de
confiance à la Cour de "aples, munis des
curieuses instructions que l'on va lire.
Ces trois missi dominici étaient chargés,
non seulement de vérifier su r quel pied
vivaient les princesses, la ,,ieille reine de
~aples cl sa fille, destinée en mariage au
roi, mais encore cl surtout d'ohscner la
jeune personne intus el in c-ule, pourrait-on
dire, el de rapporter au roi le résultat de
leurs observations.
Yoici, au surplus, les recommandations
fai tes par Henri VII à ceux qu' il avait chargés
de la délicate mis ion de lui choisir une
épouse. Le moindre commentaire enlèverait
au texte toute sa saveur.

"'' 24

1M

LA

M A RQUISE D E POMPA D OUR
PASTEL DE

LA TOUR. - (Musée du Louvre.)

�ARVÈDE BA~INE
'O)"o

Une reine en .exil
De nos jours, quand un souverain a la iamais mis de côté un seul écu. Leur frontière des Parlements qui \"Otent le budget, il ne
certitude que son peuple ne veut plus de lui, passée, il ne leur restait qu'à tendre la peut plus être question de faire des largesses
il ne s'entête pas; il prend un fiacre, se fait main aux autres princes, et cette pensée aux souverains détrônés qui ont choisi tel ou
conduire à la gare et
tel pays pour augagne la frontière,
berge. - Le contrioù ses sujets, de
buable se fâcherait.
leur côté, ne sont
De nos jours, pas
pas si sots que de
un contribuable ne
1ui faire des difficulse sent obligé moratés. On lui souhaite
lement à payer la
bon voyage et on le
plus légère obole
laisse s'envoler vers
pour les monarques
la terre d'exil où
en disponibilité qu'il
l'attendent ses écocroise sur le boulenomies, placées en
vard.
valeurs sî1res chez
On admettait auw1 banquier discret.
trelois qu'il existât
C'est si simple et si
une solidarité entre
naturel que nous
les têtes couronnées.
avons de la peine à
En outre, l'absence
comprendre qu'il
de contrôle dans les
n'en ait pas toujour~
finances, en France
été de même. Rien
du moins, facilitai t
ne nous paraît plus
les générosités. La
stupide que l'arresreine en exil, dont
tation de Louis XVI
nous allons con ter
à Varennes, si cc
l'histoire, n'en fut
n'rst l"arreslalion dt&gt;
pourtant ni plus riCharles 1°' à l'ile de
che, ni plus heureuse
Wight. Ils étaient
parmi nous. L'esprit
presque dehors; il
de corps lui valut
fallait les pousser par
beaucoup de belles
les épaules, au lieu
paroles et de révéde les ramener de
rences; il y eut peu
lorce, pour se donde bienfaits solides
ne!' ensuite le tort,
au bout de ces dédevant la postérité,
monstrations. Il est
de leur avoir coupé
vrai que nous avions,
la tête.
de notre côté, nos
Les rois de jadis,
difficultés. Cepend'autre part, secramdant, nous aurions
ponnaient trop à
pu avoir l'hospitalité
leurs trônes. Ils ne
moins mesquine, et,
savaient pas s'en aller
en mainte circonà temps, sans se faire
stance, moins blesprier, ou à _peine,
sante.
comme Charles X,
Je connais peu
Cliché llraun.
Louis-Philippe,!'emd'existences aussi
pereur du Brésil,
LA REINE'.IHENRIETTE-MARIE, femme de Charles l" d'Angleterre. - Tableau de' VAN Dvcu. 'Édimbo111·g . )
pénibles que celle
Amédée d'Espagne
t1ui lut laite par le
et plusieurs autres . .
gouvernement
de
Leur répugnance à faire leurs pacruels prove- leur rendait la pensée de l'exil bien amère. Mazarin à la reine Henriette-Marie, femme
nait en partie de la grande incertitude du sort
·11s comptaient bien un peu sur l'esprit de de Charles {cr d'Angleterre. Notre cour l'avait
qui les allendait hors de leur royaume. lis corps qui existait alors entre les monarques, recueillie au double titre de fille de France et
avaient toujou rs été l'imprévoyance mème, et qui a presque entièrement disparu sans de souveraine déchue, et elle lui créa une
faute de s'être familiarisés, comme ceux de qu'on puisse leu r en faire un reproche. Lrs situation de parente pauvre, à qui l'on compte
notre temps, avec la pensée des révolutions. souverains n'ont plus que _bien rarement la les bouchées de pain el avec qui l'on ne se
Jls n'avaient jamais pris de précautions, libre disposition de la bour~e nationale. Avec gêne pas.

�-

UN'E ~'E1N'E 'EN 'EX1L - - - .

1f1STO'J{1Jl,

Henriette-Marie, fille de Henri IV et de
Marie de Médicis, était née en 1609 et avait
épousé Charles Ier en 1625. C'était une pelile
personne maigre et mal faite, avec une- grande
figure allongée et de grands traits. Elle avait
de beaux yeux bien fendus, un grand nez,
1111c grande bouche et un teint admirable.
Son esprit était tourné à la gaieté; elle voyait
toujours le côté comir{lle des choses. Dans
ses plus grands malheurs, il lui passait toul
it coup une idée drôle par la tête, et elle s'interrompai t de pleurer pour la raconter le plus
plaisamment du monde.
Bossuet dit, dans son Om ison funèbi·e,
qu'elle était « douce ,, et « familière o. Pour
familière, oui ..Elle l'était, naturellement, tenant cela de son père; elle l'était devenue
encore plus à l'école des événements, toujours
comme Henri IV. Pendant que son époux se
débattait contre les révolutionnaires anglais,
Henrielle-Marie lui cherchait des secours et
lui amenait elle-même des troupes, métier
dans lequel il ne sied pas de faire la renchérie.
Aussi vivait-elle avec ses soldats en camarade,
recevant comme eux la pluie et le soleil, mangeant comme eux en plein champ, encourageant leurs familiarités et marchant toujours
i1 cheval à leur tête.
Pour la douceur, c'est une autre a!faire. Bossuet a péché ici par excès d'indulgence. Henriette-Marie avait peut-être été douce dans sa
première jeunesse et sa prospéri té; elle ne
l'était plus que d'une façon intermittente,
quand les circonstances le lui permellaicnt,
lorsqu'il lui fallut s'enfuir vers le sud-ouesl
ùe l'Angleterre, au début du mois de mai 1644.
La pauvre femme venait d'être fort malade
d'une fièvre rhumatismale, et elle était presque
à la veille d'accoucher. Charles Jcr l'avai t fait
partir quand même, parce qu'il n'y avait plus
ni repos ni sécurité pour la reine d'Angleterre
dans les lieux où se trouvait le roi d'Angleterre, et elle avait réussi à gagner la ville
d'Exeter, mais dans un état à faire pitié. Sa
belle-sœur, Anne d'Au triche, régente de France,
s'était hàlée de lui envoyer son ancienne sagefemme, Mme Péronne, avec 20 000 pistoles,
du linge pour la mère et une layette pour
l'enfant. La « reine malheureuse ll, ainsi
qu'elle signait volontiers ses lettres, avait eu
tout juste le temps de faire ses couches sans
recevoir de coups de canon. Quelques jours
plus tard, elle était assiégée dans Exeter.
Elle était encore au fond de son lit, et d'une
faiblesse extrême. Elle était presque sans le
·sou, ayant envoyé les 20 000 pistoles à
Charles I•r, pour payer ses troupes. En cet
état, Henriette-Marie jura de ne pas tomber
vivante aux mains des rebelles.
Le 28 juin, elle écrivit à son époux qu'elle
avait décidé, pour lui épargner la peine de
venir à son secours, de gagner la côte et de
s'embarquer pour la France. Le lendemain, c'était le treizième jour depuis ses couches,
- la reine confia son nouveau-né à une personne sûre, se mit dans une litière et se fit
emporter par des chemins détournés à travers
les lignes ennemies. Elle faillit être prise; il
fallut la cacher dans une hutte. On la sauva,

on parvint à l'embarquer sur un navire hollandais : elle fut poursuivie et canonnée par
un bateau anglais. L'apparition d'une fl otte
française mit le bateau anglais en fuite; une
tempête dispersa la flotte française et jeta le
navire hollandais sur des rochers, près de
Brest. On descendit Henriette-Marie dans un
canot, on vint à bout de la débarquer, on la
porta jusqu'à une cabane couverte en chaume,
et c'est là, dans celle misère, dans celle saleté,
dans cc dénûment des choses les plus nécessaires, que la noblesse de Bretagne, informée
de l'arrivée d'une fille de Henri IV, trouva la
souveraine du puissan L royaume britannique.
!me était là gisante, pâle et exténuée, entourée
d'une foule curieuse de pa)•sans qui prenaient
une leçon de choses devant celte reine aux
joues blanches et aux Jeux rougis, mise à la
porte par son peuple.
Pendant les premiers mois, il y eut en
France unanimité de compassion el de soins
délicats envers la trisle fugitive. Nous avons
toujours été les mêmes, faciles à l'émotion,
très démonstratifs au premier moment, et
puis oublieux, distraits, et n'aimant pas qu'on
nous le fasse sentir. Nous causons ainsi de
cuisantes déceptions aux gens qui se figurent
que nous les adorons parce que nous les avons
acclamés le premier jour. La reine d'Angleterre s'y laissa prendre. On fut tout d'abord
si aimable pour elle et si généreux, qu 'elle se
figura que cela durerait toujours.
Anne d'Autriche lui avait expédié des habits
el de l'argent. La noblesse de Bretagne lui
amena des carrosses, dans lesr1uels on la transporta aux eaux de Bourbon, où elle passa
plusieurs mois à se soigner. Tant de secousses
araient ébranlé ses nerfs au point de l'inquiéter
pom sa raison. Un jour qu'elle exprimait it
son médecin ses craintes &lt;&lt; d'en devenir folle 11,
il lui répliqua brusquement : « Vous n'arez
que faire de le craindre, madame, vous l'êtes
déjà. l&gt; Il exagérait, mais il est certain que la
pauvre réfugiée était « un peu dépitée », scion
la jolie expression de l'une de ses amies de
France. Elle avait le cœur à vif, prèL à saigner au moindre heurt, et elle se choquait, se
fàchait d'un rien. Il était impossible de lui
faire entendre raison; elle mettait de la passion dans une fouJe de choses dont il aurai t
été plus sage de ne pas même se mêler.
A l'automne, il fut convenu qu'elle viendrait à Paris et qu'on ;1a logerait au Louvre,
dans l'ancien appartement de la reine, demeuré vacant depuis que la cour était allée
s'installer au Palais-Royal. Elle revint de
Bourbon en carrosse vers la fin d'octobre. Sa
dernière couchée fut à Montrouge, le Montrouge qui est devenu de notre temps partie
intégrante de Paris et où se trouve· la rue de
~[onlsouris. C'était alors un village de banlieue, la première étape au départ et la dernière à l'arrivée, pour les voyageurs qui
n'étaient point particulièrement pressés. Je
me souviens d'avoir ouï conter que, dans notre
siècle, aranl les chemins de fer , ma propre
grand'mère, partant en voiture pour ~a maison
de campagne, · coucha le prem1rr soir dans
unè aul1crgc de Monll'ouge.

Le JOur suivant, 5 novembre 1644, la reine
d'Angleterre se remit en route. A peine sortie
de Montrouge, elle rencontra le petit Louis XI\',
venu au devant d'elle pour lui faire honneur,
avec madame sa mère et une escorte flamboyante de seigneurs et · de gentilshommes.
brodés sur toutes les coulures, enrubannés.
empanachés, montés sur des chevaux magnifiques, aussi dorés que leurs maitres. Des
laquais étendirent prestement un grand cl
beau Lapis sur le sol, el les deux cours, la
petite cour anglaise et la grande cour française, s'y baisèrent, s'y complimentèrent, s·y
firent des cérémonies pour· passer devant ou
derrière, à droite ou à gauche, et finalement
remontèrent en carrosse ou à cheval, fort
contentes l'une de l'autre. Les Majestés et les
Altesses entrèrent à Paris toutes ensemble
dans le mème carrosse de gala, et la brillante
cavalcade piaffa autour d'eux jusqu'au Louvre,
où Henriette-Marie apprit, avant de souper,
que le roi de France lui donnait une pension
de douze cents trancs par jour, somme considérable pour l'époque. Il était impossible de
mieux faire les choses, plus galamment el
plus généreusement.
Le lendemai n, Louis XIV el sa mère revinrent au Louvre el firent. une visite de cérémonie à Sa Majesté britannique. Mazarin, qui
n'avait pas paru la veille, lui apporta ses
hommages. Les corps constitués l'accablèrent
à l'envi de discours officiels. Rien ne lui
manqua en fait d'honneurs. Henriette-Marie
prit tout cela au sérieux, cru t aux révérences
et aux 1200 francs, et s'organisa en conséquence sur un pied royal.
Elle eul une suite nombreuse de dames de
quali té, de Jillcs d'honneur el de gentilshommes. Elle cul des équipages luxueux, des
gardes, des valets de pied qui couraient devant
son carrosse pour lui faire Jaire place d-ans les
rues. Elle fut visitée de la cciur el de la ville.
La tète lui tourna d'un accueil aussi flalleur,
d'une installation aussi grandiose dans le·
palais de nos rois. Elle écrivit à son épou:-.: :
« Je suis reçue de tout le monde avec des
marques d'affection qui passent l'imagination. ,,
C'était un beau songe, mais c'était un songe.
Il dura exactement vingt jours.
Le 25 novembre suivant, Gaston d'Orléans,
frère de Louis XII[ cl de la reine IlenrieltcMarie, vint au Louvre voir sa- sœur. Il la
trouva au coin du feu, dans un fauteuil, et
n'apercevan t autour de lui que des chaises ou
des plian ts, il demanda un autre fauteuil.
Pour nous, citoyens d'une démocratie où il
n'est plus question d'étiquette, une demande
de cette nature, adressée par un goutleux à
sa sœur cl dans l'intimité, est la chose du
monde la plus simple. Si nous éprourons
quelque étonnement, c'est que Monsieur ait
été obligé de réclamer un fauteuil. En 1644,
sa demande fut considérée par la souveraine
déchue comme une insulle au malheur. Elle
s'écria du Lon vexé qui lui était ordinaire
depuis sès chagrins : « Vous n'en usez pas
comme èhcz la reine. ,, A quoi Gaston répli-

criardes s'accrurent par la mort de Charles I•r
qua.de son air léger et persifleur : &lt;I La reine aussi des impossibilités à cause du désordre
(le 50 janvier 1649) . Il fallut prendre le
·de
nos
finances
et
des
barricades
de
la
Fronde.
est ma souveraine et vous ne l'êtes pas. ~
deuil, tendre les chambres de noi r, draper
Louis
XIV
lui-même
eut
à
plusieurs
reprises
Les questions de fauteuils, de chaises. à
dos, de tabourets, de pliants, de main droile sa marmite renversée; sa bourse était vide cl les carrosses, · scion les ri tes coûteux du
ou de main gauche, de pas en av~nt ou_ en ses fournisseurs lui refusaient le crédit. Les xv11° siècle. La famille royale d'Angleterre
s'enfonça dans la misère noire. Elle toucha
arrière, étaient alors des a!faires d'Etat qui se hôtes du Louvre connurent toutes les horreurs
du coup le fond de l'abîme,. connut toutes les
de
ce
que
le
peuple
parisien
appelle
en
son
1rai Laient par ambassadeurs et pour lesquelles
privations cl toutes les humiliations.
tous les rois et leurs ministres se mettaient en argot la c1 dèche ,, .
Dans l'été qui suivit, la reine HenriellcHcnrietlc-~
!arie
avait
été
un
peu
paniermouvement. Henriette-Marie en connaissait
Marie
acheva son calvaire en essayant de sortir
percé.
En
dehors
de
son
grand
train
de
mail'importance; son mariage avec Charles 1°'
de
Paris.
La cour de France était à Saintson,
clic
avait
des
charges
énormes;
son
mari,
avait été jadis compromis « pour deux ou
G
ermain
et
Anne d'Autriche avait engagé sa
d'abord,
auquel,
lui
étant
toute
dévouée,
elle
trois pas de plus que les ambassadeurs d'Anbelle-sœur'à
veni r la rejoindre. Celle-ci montn
crleterre exigeaient de Richelieu auprès d'une fit passer, tant qu'il vécut, le"plus clair de ses
en
voitu
re
avec
sa fille, l'enfant née à Exeter
revenus;
el
puis
les
partisans
de
son
mari,
porte; et le cardinal se mit au lit pour tran~
cl
qu'on
lui
avait
ramenée avec bien de la
tous
les
Anglais
ruinés
ou
exilés
qui
n'avaient
cher toute difficuJté. &gt;&gt; Gaston d'Orléans, qm
peine.
Le
prince
de
Galles - on l'appelait
qu'elle
pour
les
empècher
de
mourir
de
faim.
ne s'était jamais piqué de délicatesse, avait
maintenant
Charles
II
- les accompagnait à
fait comprendre à sa sœur qu'elle n'était plus Elle sentait ses obligations et elle donnait,
cheval,
une
main
sur
la
portière en signe de
donnait
si
bien,
qu'elle
n'eut
plus
rien
à
en situation de défendre ses droits - ou ses
protection.
lis
sortirent
en
cet équipage de la
donner.
prétentions- en matière d'étiquette. La leçon
cour
du
LouYre
et
tournèrent
dans la direction
Elle
recourut
aux
expédients
;
c'est
le
preparut dure, et cc n'était qu'un commencede
Neuilly.
mier
échelon
de
la
descente
dans
l'abîme.
ment.
Une meule de créanciers les guettait'. Elles
Henriette-Marie sentit tout de suite qu'elle Lors de sa fuite d'Angleterre, elle avait pu
furent
saluées par des clameurs furi~uses,
emporter
ses
bijoux.
Elle
les
vendit
les
uns
ne serait pas soutenue par l'opinion contre les
entourées,
poursuivies, insultées, menacées,
après
les
autres.
L'argenterie
prit
le
même
faiseurs d'avanies. Non pas que les Parisiens
eussent rien contre elle, mais ils n'y pensèrent chemin. Moins de quatre ans après son entrée et gagnèrent à grand'peine la campagne. Une
plus au bout d'une semaine. La curiosité triomphale à Paris, la reine d'Angleterre, re- fois à Saint-Germain, la cour de France vint
avait été pour beaucoup dans l'empressement cevant deux Françaises, leur montra une petite it leur aide ; mais il y eut encore de durs
des premiers jours. On avait vu une triste coupe en vermeil dans laquelle elle buvait, cl moments à passer jusqu'au jour où Monk mit
créature à la figure rat agée, à la santé ruinée, leur dit que c'était le seul objet en or qui lui Charles II sur son trône. 0uelques mois plus
à l'humeur chagrine el susceptible. Elle avait restàt. Tout le reste, sans exception, était chez tard (le 50 mars 166'1 ), Henriette-Marie mariait sa dernière fille à Monsieur, frère de
beaû être dix fois -excusable, elle n'était pas le brocanteur.
Louis XIV. Elle pouvait enfin respirer ; elle
Elle
descendit
au
second
échelon
el
fit
des
agréable ; on eut vite fait de la laisser dans
était
au bout de ses épreuves.
delles.
Le
Louvre
fut
assiégé
de
fournisseurs
son coin.
li lui fut impossible de reprendre le dessus,
Sa nièce, la Grande Mademoiselle, la fille qui apportaient leurs notes. Henriette-Marie
de Gaston, lui témoigna d'abord beaucoup ne pouvait plus sortir sans être insultée par l'existence l'avait écrasée. Elle s'arrangea une
d'affection et de grands égards. Malheureuse- des créanciers. Un jour, toute la valetaille rie très retirée, qu'elle partageait entre un
ment, la reine d'Angleterre, la sachant fort vint en corps lui réclamer ses gages. Elle hôtel particuJicr à Paris, un couvent à Chaillot
riche, se mit dans la fête de lui faire épouser n'avait rien à leur donner. La plupart s'en et une maison de campagne à Colombes. C'est
le prince de Galles qui n'avait que quatorze allèrent et cc fu t autant de gagné, mais cc dans celle dernière habitation qu'elle mourut
ans à l'époque où sa mère vint à Paris. La Louvre désert et pas balayé n'était pas un en ,J 669, empoisonnée, dit-on, par un médicament encore mal connu.
Grande füdemoiselle, qui avait dix-sept ans séjour plaisant.
Son exemple fut un premier arer tissemenl
C'est à celte période que se rapporte la
et de hautes ambitions, méprisait ce blanchec sans sou ni maille, et le laissait voir sans fameuse histoire de Retz : &lt;1 Cinq ou six jours aux têtes couronnées de ne pas laisser tout à
aucun ménagement. Alors Henriette-Marie se devant que le roi sortît de Paris, j'allai chez faire à la Providence. Aide-Loi, le ciel t'aidera .
l',1chait. Elle disait de son air le plus pincé : la reine d'Angleterre, que je trouvai dans la Les rois du x1x• siècle font aider la Providence
chambre de Madame sa fille, qui a été depuis par leur agent de change, et ils n'ont qu'à se
cc Mon fils est trop gueux et trop misérable
pour vous. ,, Mademoiselle ripostait, la tante Madame d'Orléans. Elle me dit d'abord : louer de cette association. Ils s'en trouvent à
et la nièce se picotaient, et le résultat le plus c1 Vous voyez, je viens tenir compagnie à merveille le jour de l'exil.
clair de ces escarmouches fut que les querelles « Henriette. La pauvre enfant n'a pu se lever
ARVÈDE BARINE.
d'étiquette les plus pénibles vinrent à la reine &lt;&lt; aujourd'hui faute de feu. l&gt; Le vrai était
détrônée de. sa nièce, qui ne plaisantait pas qu'il y avait six mois que le cardinal n'avait
fait payer la reine de sa pension ; que les
sur ces sortes de questions.
Les choses en vinrent au point qu'à l'occa- marchands ne voulaient plus fournir et qu'il
sion de l'une de ces discussions, Gaston d'Or- n•l'·avait pas un morceau de bois dans la mailéans, prince d'àme vile, eut ce mot abomi- son. Vous me faites bien la justice d'être pernable, qui fut immédiatement· répété à sa suadé que Madame d'Angleterre ne demeura
sœur : cc Nous avons hicn affaire que ces gens7 pas, le lendemain, au lit, faute d'un iagot. ...
On lit dans !'Histoire de l' aérostation,
là, à qui nous donnons du pain, viennent ·J'exagérai la honte de cet abandonnement, et
passer devan t nous! Que ne s'en ,,ont-ils ail- le Parlement envoya quarante mille livres it publiée en 1786, par !'Anglais Tibere Cavallo:
leurs? l&gt; La triste reine d'Angleterre, qui la reine d'Angleterre. La postérité aura peine « Roger Bacon, qui vécut dans le treizième
croyait n'avoir plus de larmes, en retrouva à croire qu'une fille d'Angleterre, et petite- siècle et contribua beaucoup à la renaissance
des torrents pour pleurer celte insulte cruelle. fille de Henri le Grand, ait manqué d'un . des sciences, écrivit plusieurs ouvrages avec
Elle était décidément traitée en parente pauvre, fagot pour se lever au mois de janvier dans le liberté, mais souvent avec obscurité. Ce grand
homme en décrivant, ou plutôt en s'étendant
devenue à charge.
Louvre. 1&gt;
sur
ce que peuvent la nature et l'art, dit :
Les
quarante
mille
livres
du
Parlement
Elle était pauvre, en effet, et plus que
pauvre, depuis que les douze cents francs par ou plutôt ses vingt mille livres: Retz s'est « On peut faire quelques instruments volants,
jour avaient été réduits à rien. li y eut d'abord trompé de chi!fre- furent refusées au Louvre, de manière à ce qu'un homme assis au milieu
de la négligence de la part de Mazarin, qui dans la crainte d'offenser Anne d'Autriche. fasse, au moyen de quelque mécanisme, moun'était pas non plus une àmc nohlc. Tl y cul Quelques semaines plus tard, les dettes voir des ailes artificielles qui puissent hallre

En marge

�EN

, . - 1l1STORJA
l'air comme un oiseau volant. 1&gt; Le marquis «L'on rnr vrrra fl'ndrP l'air aY&lt;'(' plus de rirn- baron de Vinck, et donl M. fünel a commencé
de Bacqueville s'avisa, en 1742, de réaliser ce cité que le corbeau, sans qu'il puisse m'intrr-. le catalogue critique. On y voit le pilote aérien
rêve du vieux mage. Ce marquis était un sei- repter la respiration, étant garanti par un manœuvrant les bascules et les pédales qui
aneur opulent et d'humeur singulière; étant masque aigu el d'une conslruclion singulière. &gt;&gt; devaient communiquer le mouvement aux
Le' tort de Blanchard fut de surexciter la ailes d'asconsion et de direction. Il est en habit
~écontent de l'esprit général de son écurie, il
avait fait pendre un de ses chevaux pour curio~ité publique trop longtemps à l'avance. rose et bas blancs; les ailes et le gouvernail
édifier les autres. M. de Bacqueville annonça li avait en outre contre lui la science officielle : sonl peints en vert. Derrière le pilote, un siège
un beau matin aux sujets du roi Louis XV &lt;c Il est, déclarait Lalande, démontré impos- Yide et réservé à un compagnon de voyage.
qu'il allait leur donner le spectacle d'un gen- sible qu'un homme puisse s'élever ou mèmc On lit, sous ses pieds :
tilhomme volant. Au jour
Si par son art il peut dompl~r le
indiqué, la foule s'amassa
[fier Eole,
Il sera des Français !'Archimède
devant son hôtel, situé sur
(el l'idole.
le quai des Théatins, au
coin &lt;le la rue des SaintsLe 5 mai 1782, BlanPères. Le marquis de Bacchard . donna une grande
queville apparut, pourvu de
séance publique de démondeuxailes «semblablesàcelstration. L'événement intélesqu'on donne auxanges ».
ressa les Parisiens plus en~
Il s'élev.a au-dessus de sa
core que l'ouverture de la
terrasse et alla tomber, au
nouvelle salle de la Comédiebord de la rivière, sur un
Française. « Malgré, .disenl
bateau de blanchisseuses ;
les Mémofres sec1·els, le
on le releva avec une jambe
temps effroyable qu'il faisai 1
cassée. Il ne renouvela point
et une pluie averse, les
l'expérience.
curieux abondaient en telle
Vingt ans après, l'héquantité que la garde nomroïque tentative fut reprise
breuse n'a pu contenir la
par Jean-Pierre Blanchard.
foule et qu'elle a inondé la
Bacqueville n'était qu'un
cour, le jardin, les escaliers
dilettante excentrique. Blanet les appartements de la
chard avait d'un inventeur
maison. » La machine devéritable l'audace, le sameura à l'abri du mauvais
voir et le génie. A seize
temps. La foule .attendait
ans, il créait une voiture
un miracle; elle eut un dismécanique; à dix-neuf ans,
cours. L'inYenteur se borna
une machine hydraulique.
à lire une belle harangue,
L'échec de Bacqueville lui
dans laquelle il a,·ouai l les
fit entreprendre des recherdifficultés de son entreprise.
C'hes qui durèrent plusieurs
« M. Blanchard n'a pas disannées. Le 28 août 1781,
simulé qu'il prérnyait deux
Blanchard adressa une note
inconvénients lrès grand,
aux auteurs du Journal de
qu'il n'a rait pu encore parer,
Pa?'is. « Peu de personne
celui de se ttoll\'cr mal Jans
ignorent que depuis un cercelle !l)achine à ne plus
tain laps de temps je m'ocpouvoir lui donner le jeu
cupe, proche Saint-Gernécessaire pou r se soutenir.
main-en-Laye, à construire
... el celui, ne voyant point auun vaisseau qui puisse nadessous, d'ignorer sur quel
viguer dans l'air .... L'idée
endroit il rabattait. Le pred'une voilure volante me
mier inconvénient cepenfut suggérée par les essais ASCENSION DE L UNARDI, accompagne de madame Sage et de M. Biggin, le 29 juin 1785, dans
dant
deviend~ait prcsqur
les plai11es de Saint-Georges, près de Londres.
de M. de B~cqueville ; cernul s'il avait un compatainement, si cet amateur,
gnon ; mais cc ne sera pas
qui était fortuné, eût poussé la chose aussi se soutenir dans l'air.» Cependant des curieux aisé à trou rcr pour le premier essai. »
avant que moi, il eùt fait un chel-d'œune; d'élite étaient admis à visiter le rnisseau
Cc premier essai, les Parisiens se lassèrent
mais malheureusement on se rebute quelque- aérien, dans un local prêté par l'abbé de de l'attend1·c. L'imagerie devint gouailleuse.
fois aux premiers essais el 'par la on ensevelit Viennay. li y eut une visite spéciale pour Une caricature montrait un cercle formé par
dans l'obscurité les choses les plus magni- mr. les ducs de Bourbon et d'Enghien, sur- âes aveugles, des ùnes à lunettes, un sin7c
fiqu es.... » Suivait la description de la ma- tout pour le duc de Chartres qui arait promis armé d'une loupe, un renard placé devant un
chine. « Sur un pied en lorme de croix est posi it Blanchard. en cas de succès, une gratifica- télescope, obserran t tous le vaisseau volanl
un petit navire de quatre pieds de long sur tion de mille louis. Les l)adauJs trou,·aicnt qui ne rolail point. La légende disait :
deux de large, très solide, quoique construit l'attente un peu longue; on IJ!aguail. Pour
Ah! le bel oiseau vraiment
avec de minces baguettes. Aux deux côtés dn faire prendre patience au public, Blanchard
Qui s'est mis dans cette cage !
vaisseau s'élèvent deux montants de six à sept w.t graver par Martinet l'image de son vaisseau
Ah I le bel oiseau vraiment,
pieds de haut, qui soutiennent quatre ailes de aérien. Cette estampe a figuré à !'Exposition
De1mis vingt mois on l'attend.
chacune dix pieds de long, lesquelles forment de 1900; M. Louis Béreau l'arait prêtée à la
ensemble un parasol qui a vingt pieds de dia- section rétrospective de la classe 54. Elle se
Les chansonniers s'en mêlèrent. De Piis écrimètre et conséquemment plus de soixante trouve dans la riche collection qu'a donnée vit un vaudeville, &lt;l'ai lieurs douloureusement
pieds de circonférence. &gt;&gt; L'inventeur concluai t: récemment à la Bibliothèque nationale M. le stupide : le Bateau volant.

De voler publi,1uement
Dans une gondole,
Sais-tu, Pierre, cru'un savant
A donné parole? Va-t'en ,·oir s'il vole,
Jean ,
l'a-t'en voir s'il vole!

Il y a dix-huit couplets, dont le premier
esl le plus spirituel.
Criblé d'épigrammes, le paunc Blanchard se
décida à tcnler une expérience quasi secrète.
dans le parc d'un château de la Villette. « li
en a résulté, dit un contemporain, l'impossibilité absolue de s'élever de terre par la trop

f~~~,~~: ~~
11

r:1i~ü~e:~,:~-~u;~. t1a',~c~~~~hi~~brisée en grande partie. li ne se décourage
pas. li en a toul de su ite imaginé une autre
plus légère, d'un moindre rolumc et d'une
nouvelle forme. Elle ressemble à une cage
ronde; elle est fort avancée, et iI pourra sous
peu de Lemps donner cc nomeau spcclaclc.
Mais quelle confiance prendre en un machiniste qui calcule aussi mal ses forces cl se
trompe aussi lourdement? 11
li est à rctcnii·, à la gloire de Blanchard,
que ses malheureuses tcnlatiYes précédaient
les ballons des frères Montgolfier. Lorscru'il rit
k s premiers aéronau les, Blanchard ne leur
n,archanda point la louange. JI résolut de se
senir des ballons pour cnb·cr son vaisseau

.M.Jl"R_GE - -...

volant. &lt;( Je rends, disait-il , un hommage pur ' . pour conduire les demi-fortunes des _philoet sincère à l'immortel Montg 1lfi,w, sans J,, sophes et des médecins. »
secours duquel j'avoue que le mécanisme de
Chacun sait que par la suite Blanchard se
mes ailes ne m'aurait pcut-èlrc jamais scrri couvrit de gloire. En 1784, il alla en ballon
qu'i1 agiter un élément indocile, qni m'aurait de Paris à Billancourt.
obstinément repoussé ,·ers la terre, comme le Le 7 jamier ·1785, avec
lourd autruche, moi qui comptais disputer it
on compagnon, !'Amél'aigle le chemin drs nues. &gt;)
ricain Jelfries, il traD'a,·iatcur il était modcslcmcnl dcrenu versa la Manche. Les
aéronaute. La Correspondance de Grimm, deux aéronautes, partis
en lui rendant j ustice, fit des rèrns : &lt;( Le du chàteau de Dourrcs,
génie de M. Blanchard, encore tout étourdi des vinrent atte rrir en
huées qu'il avait essuyées l'année dernière. France, après un voyage
s"cst réreillé tout à coup au bruit de la re- de deux heures. Calais
nommée de MM. Montgolfier. En combinant leur fit une ovation. Ils
sa machine avec le secret nourellcmcnl dé- lurent reçus à Versailcouvert, il n'a pas encore renoncé à l'honneur les; le roi les complid'être le premier navigateur aérien. Nous menta. Madame de Popouvons donc. espérer d"arnir des roiturcs lignac les admit à sa
de toute espèce et pour roguer dans les airs, toi lette. &lt;( Elle nous acet pom voyager pcut-èlrc même de planète en cueillit, dit Jelfrics, aycc force politesse et
planète. On a déjà prérn que pour les courses bonté, quoiqu'elle fùt à s'habiller, entourée
&lt;le cérémonie, pour les équipages ordinaires de cinq dames toul en blanc. Elle ressem&lt;le la cour, rien ne serait plus décent que de blait i1 Vénus. &gt;&gt;
Tant en France qu'en Amériquc, Blanchard
beaux attelages d"aiglcs ; le paon, l'oiseau de
.lnnon, serait consacré pour le service de la fit soixante-six asccnsious. En 1808, frappé
reine; les colombes de Vénus en seraient trop d'apoplexie dans son ballon, il tomba d'une
jalouses si elles n'en pal'Lageaicnl pas quel- hauteur de ,·ingt mètres et mouru t quelques
quefois la gloi re; on perfectionnerait tout jours après. - &lt;( Va-t'en roir s'ils Yolent, Jea11 !
exprès la race des hiboux cl des rnutours \"a-t'en roir s'ils ,·oient! &gt;&gt;
lIE NRY ROU.J ON,
~o

de l'l11stilt1/.

Savaletle de Langes
par O. LENOTR.E

L'inconnu.
~

L'Aimanach royal pom l'année '178() donne
cette ïndication : Ganle du 'l'résor 1·oyal :
.\1. Savalctte père, rue Saint-Honoré, au-dessus
&lt;les Jacobins. - U. Savalettc de Langes, son
fils, adjoint c11 surriYa11cc, rnèmc demeure.,))
Le père Saralcltc, qui portail les prénoms
de Charles-Pierre, était né en 1716 ; maitre
&lt;les requêtes honoraire, ancien intendant de
'l'ours, il était comblé des fa,·eurs royales et
jouissait, depuis ·I 752, en outre des rerenus
de sa charge, d'une pension de 4.000 liHcs
sur la cassette du roi. Son filsarait également
toute la confiance de la Co ur, cl, s'il fau t en
noire l'Hisloire tlu Jacobinisme de l'abbé
llarruel, il la méri lait pcn. li au rait été, en
l'ffet, le correspondanL à Paris des illuminés
&lt;l'Allemagne qui, comme chacun sait,jouèrcnl
un rôle considérable dans la préparation du
mouvement ré,·olutionnaire. Ce Savalelle, au
dire de Barrucl, &lt;( était !"homme de Lous les
mystères, de Lous les C'o mplots »; il arail
installé, rue de la Sourdière, une loge brillante oü se donnaient des fètes agréables et

que dominait un Comité secret, régentauL tous
les disciples de \Yeishaupt, de Swedenborg et
de Saint-Martin, affiliés à l'illuminisme. On a,
sur cc Comité secret, des détails d' un pittoresque un peu gros penl-èlre. Nul , par
exemple, ne franchissait le seuil de la salle
oi, il tenai t ses séances, cl deux /'l"ères terribles, l'épée nue, défc11daicnl la porte du
sanctuaire. C'est encore Savalettc de Langes
qui aurait attiré i, Paris, pour y réformer la
loge de la rue de la Sourdière, le comte de
Saint-Germain et Cagliostro , thaumaturges
dont l'influence fut grande sur les sociétés secrètes, à la rcille &lt;le 1789.
Cc sont fa des on-dit plutùt que de l'histoire, car, snr ces points it jamais obscurs.
les documen ts authcnlifJUCS font défaut : un
l'ait aréré donnerait plutùt i1 penser que Harruel ne se trompe pas en gratifiant le garde
du Trésor royal du Litre de révolutionnaire
f'ougueux : pendant toute la durée de la Révolution, Barère, peu suspect de modéranlisme, habita (( chez son ami Saraletle, rue
Saint-Honoré ' . &gt;&gt; - L'hùtel porlcaujourd"hui
le 11° 552. - Lorsque Savalette fut accusé
I . .lfémoil'es de Barcre.
"'' 29 "'

d"a,·oir, en J7!l l, prèté au cumlc d"Artuis
une somme de 5 millions qui lui arnit permis
d"émigrcr, Barère in tercéda auprès de la Com1nunc en foreur de sen hùtc déji1 incarcéré,
d réussiL à le sau rcr de l'échafaud . .
Savalctte de Langes scnit, du reste, a,·cc
ardeur la Rérolution; il fut un des officiers
les plus i11f111cnt de la garde nationale et
rompta au nombre des cinq comm:ssaircs du
Trésor public nommés par la Convention. CL,
personnage, dont l'histoire, en somme, est
assez louche, mou rut en 17!l8 2 •
Or, au co111rnencement de la flestauralion,
riYait à Pa1·is une fem me qni se pn:tcndail la
tille naturelle de cet ancien banquier de la
Cour. Elle s'élait donné les noms dïlenriettcJenny Sa,·alcttc de Lange.; et f'a isai l ra lo:r
bien haut le désintéressement dont son père
a rail fait preuve en Yidant ses coffres au pro!iL
du comte d'Artois : cc beau trait, disait-elle,
l'arnit ruiné, et il était mort banqueroutier
par fidélité it ses princes; cc qui n'était pas
'l. Le duc rlc Gaëte, dans ses Mémoires, cite à
plusieurs reprises le nom tic ~a, al~lle de Langes, qui
fui son collègue au Com,te rie la 1 resorer1e.
.

�-

111STORJA - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - J

vrai. !\fais la Restauration n'y regardait pas
de si près : Jenny Savalette, qui ignorait le
lieu de sa naissance et le nom de sa mère,
obtint, outre deux pensions' , la gérance du
bureau de poste de Villejuif, et, plus tard, la
concession d'un appar tement au château de
Vcrsailles.
Celle bonne royaliste était fort pieuse :
avan t d'être logée aux frais du roi, elle avait
séjourné, en qualité de dame pensionnaire, à
!'Abbaye-aux-Bois, puis chez les religieuses
de Saint-Thomas-de-Villeneuve; on l'héqergea
aussi, pendant quelques mois, au couvent de
Saint-Maur et chez les Ursulines de SainlGcrmain-en-Laye. Reçue dans la très haute
société royaliste de Paris, elle y passait pour
une femme d'une solide vertu et d'une grande
intelligence; ses amis ne lui reprochaient
qu' un défaut : une sorte de manie ambulatoire la poussait à déménager continuellement; j'ai la liste deses domiciles depuis 1814
jusqu'à 1858; elle occuperait, si on l'imprimait, trois pages d'un in-octavo. Jenny passe
du l\farais au quartier Saint-Sulpice, du quartier Saint-Sulpice au faubourg Saint-Germain,
pour revenir ensuite au Marais, d'où clic
émigre au faubourg Saint-Denis, changeant
de logement presque à chaque trimestre et
occupant successivement quatre ou cinq maisons différentes dans la même rue. De 1824
à 1832, la faveur royale la fixe à Versailles 2;
mais, dès que les travaux entrepris par LouisPhilippe pour la transformation du château la
privent de son appartement, elle recommence
à courir Paris.
En somme, elle ne paraissai t pas heureuse:
on lui avai t proposé de brillants partis; deux
projets de mariage avaient même été sur le
point d'aboutir, mais s'étaient rompus au
dernier moment ; elle était donc restée fille;
on la savait pauvre et on l'accablait de cadeaux ; ce qu'elle acceptait le plus volontiers,
c'étaient des objets de toilette et des robes
qu'elle arrangeait à sa taille 5 • Elle écrivait
beaucoup, d'une grande écriture molle et
presque illisible, ce dont tous ses correspondants se plaignaient ; elle s'ingéniait à rendre
ser vice, plaçait des bonnes, procw-ait même
de l'argent aux personnes dans l'embarras;
tout cela avec une abnégation, un dévouement
dont on lui témoignait beaucoup de reconnaissance : une dame d'un grand nom ne lui
écrivit jamais que : Mon cher ange. Toute sa
conduite était d'une respectabilité parfaite;
elle n'était pas sans crédit, d'ailleurs, et, bien
que très légitimiste, - ce dont elle se targuait
l'orl, - elJc avait trouvé le moyen d'in Léresscr
à son sort la reine Amélie; plus lard, elle
semble avoir eu des relations d'amitié avec le
prince Louis, qui devait être l'empereur Napoléon 1II.

Peu à peu, cependant, ses belles relations
s'éteigniren: ..1uoique la date de sa naissance
fût toujours ,:5tée pour elle un mystère, elle
se sentait lrès âgée et s'était retirée à Versailles où elle passait son temps à déménager :
en avril 1858, elle s'installait rue du MarchéNcul, n° 11 ; quelques jours plus tard, le
4 mai, elle s'alita, sans que son état parût
présenter la moindre gravité : deux voisines
charitables lui donnaient des soins, car elle
vivait toujours sans domestique ; le matin du
6 mai, en entrant chez elle, ces femmes la
trouvèrent inanimée au pied de son lit, accroupie, roulée dans une longue chemise de nuit
qui la couvrait entièrement, la figure encadrée
par le bonnet qu'elle portait ordinairement
chez elle. !\flic Savalette de Langes était
morte : on replaça le corps sur le lit ; le médecin des morts fu t appelé et, après avoir
constaté le décès, il donna le permis d'inhumer.
Tandis que le juge de paix posait les scellés
sur les meubles, la dame Dompmartin et la
demoiselle Bohy procédaient aux préparatifs
de l'ensevelissement. Tout à coup elles poussèrent un cri : elles Yenaient de constater que
la defunte etait un homme.
Le juge de paix, pris à témoin , interrompit
ses opérations; on courut à l'état civil où
l'acte avait déjà été rédigé; les médecins
furent rappelés; le procureur impérial intervint, et, malgré l'invraisemblance de la chose,
il fallut bien se rendre à l'évidence; on inscrivit sur les registres de la l\lairie, à la suile
du premier acte annulé, celui du décès d'un
inconnu ayant poi·té les noms d'HenrietteJenny Savalelle de Langes'.
La maison où s'est passée cette étonnante
aventure est située sur une petite place, plantée.
d'arbres, au quartier Saint-Louis. Un corridor
donne accès à la cour étroite, encadrée de
trois corps de bâtiments et d'un mur à droite,
au-dessus duquel passent les cimes d'arbres
d'un jardin voisin. Les croisées du logement
qu'habi ta Savalettc sont au premier étage, au
fond de la cour, en face de l'allée; ce logement
se compose d'une chambre à coucher à deux
fenêtres, d'une salle à manger plus petite cl
d'une cuisine sans jour, près de l'entree; le
loyer était, en 1858, de quinzefrancs par mois.
Dans ces deux chambres qu'il n'habita
pourtant que quelques jours, Savaletlc aYait
entassé un mobilier « crevassé, pourri, tremblant, rongé, manchot, borgne, invalide,
expirant )), comme celui de la maison Vauqucr , extraordinaire assemblage de choses
échappant à Loule description ; fauteuils Empire perdant leur crin par l'usure du velours
d'Utrecht, bergères Louis XVI coUYerles de
lambeaux de soie bleue, un canapé sans dossier, deux belles pendules de style .... Un
couvre-pied, accroché à la fenêtre, remplissait

l'office de rideau ; des rohes de soie traînaient
r-ur les meubles, parmi des futailles défoncées, du linge sale et des assiettes cassées.
Quand le juge de paix pénétra dans ce taudis
pour apposer les scellés, il inven toria pèlcmêle, dans un placard, une robe de mousseline jaunâtre, un traversin , du sucre, des
cadres, un masque de plâtre, des caleçons
déchirés, des amas de vieilles franges, un lot
de rubans, une cave à liqueurs en morceaux,
des casseroles, des pincettes, une robe de
soie vert d'eau, un exemplaire de l'Espi·it de
Boui·daloue, un bouquet de fleurs dans un
cadre de bois et une seringue en étain. Chacun
des meubles ouverts réservait des surprises :
un secrétaire d'acajou à filets de cuivre contenait, parmi des lambeaux d'étoffes, le couvrepied de Louis XIV, superbe pièce de guipure
de soie, et 21.000 francs en billets de banque.
D'une vieille malle sortirent des robes de moire
violette et 8.940 francs en pièces d'or. Et se
poursuit l'inventaire des chiffons, des ombrelles brisées, des fers à repasser, des jupes
de soie puce, de soie grise, de soie l:ileue, de
soie blanche, de soie brochée.. .. Voici un
coffret : on l'ouvre; ce sont des bordereaux
d'achat de bourse, des titres de pension sur
la liste civile, une inscription de rente de
3.000 francs, une autre de 1.500 francs,
une autre de 500 francs, d'autres encore : au
total, 5.350 francs de rentes sur l'État ; puis
reparaissent les bouteilles vides, les planches
à champignons, les chemises de femme, les
devants de cheminée, les chapeaux, les bonnets, les tables cassées, les tabourets sans
pieds, des plats ébré~hés, des morceaux de
fer-blanc, dt',s pelisses de soie ouatée 5 ... . Une
chose surprend : l'inventaire ne mentionne
pas de rasoirs.
Tel était le décor; mais s'imagine-t-on cc
que pouvait être l'existence de l'homme qui
vivait là, seul, dans cet intérieur de rc,,endeuse à la toilette, parmi cet amonccllemcn L
d'objets hétéroclites? Pendant le jour, sa vie
s'explique; bien que les soins de son ménage
l'occupassent peu, il était cependant obligé de
pourvoir à ses besoins : il sortai t pour faire
ses achats; bon nombre d'habilanls de Versailles se souviennent de celle grande lemme
sèche au visage dur, encadré d'un sinistre
bonnet noir dont les ruches lui couvraient le
fi.'ont et les joues. Elle allait par les rues,
suivie parfois d'une troupe de gamins gouailleurs, levant les yeux vers les écriteaux d'appartemen ts it louer, entrant au bureau de tabac-.
chez le boulanger, à la charcuterie, toujours
taciturne, l'ait· soupçonneux et inquiet. l\lais
le soir, quand , dans sa chambre, son repas
pris, son litre bu, - on troma à sa ca,·e le
reste d'une provision de vin et des bouteilles
vides, - les heures oisives du crépuscule

'1 . /,iste r1é11érale d e• pe11sw11na1,·es de l"ancie1111e
liste civile. Paris, 1833 : « Saraletle Delangcs (Henriette-Jenny), demoiselle. Fille de r anricn payeur
général du trésor royal. llontanl de la pension,
800 francs. •
2. Son appartement au Château élait situé • Cour
de l\larbrc, escal ier n• 13 ; au deuxième , porte n• 66. »
3 . &lt;&lt; A mademoiselle Sarnlelle : Celle robe est
faite depuis plusieurs années ; cependant elle est
vierge. En y ajoutant une allonge, la mieux assortie

que possible, et en reposant la garni ture sur la coulure, je pense 11u'cllc se trouvera de la mesure d,·
)Ille Savalcllc, qui avisera, de plus, les manches quïl
lui conricndra d"y me_llre. Je ne rnux pas qu "cllc_mc
connaisse et encore moms qu elle me dcvmc. »\ Papier.
d e Savalellc,)
4. Extrait du 1·er1islre des actes de décès de la
ville de _Ve1·.,_ailles pow· ta1111ée 18~8 :
. _
« Du JCuch 6 ma, , heure de m1d1, acte de deccs
d'un inconnu ayant porté les noms de Hcnncllc..Jcnny

Sanlellc Dclangc, célibataire, sans profession, 111!e iJ
(on n'a pu indiquer le lieu de naissancc)cn l'année 1786,
décédé cc j ourd"lrni , deux heures &lt;lu ma lin , en sa
demeure, i, \"crsaillcs, rue du Marché-/icuf, n• 11 ,
Témoins : Antoinc-Octa'"e Barn in, greffier de la juslicc
de paix (canton sud de celle ,·ille). - Louis Jauqucl,
marchand de nou'"cautés . rnc llovalc, 25. »
5. lnYenlaire après décès cl"t111· inconnu dit di:moiscllc Savalctte de Lange, \!4 j uillet 1858. - Elude
de M• Finot, notaire à Versailles, place Hoche, n• 2.

..., 3o ,,.

'-

__ _________________________________ S.11v
.:_

ALETTE DE LANGES - - ~

commençaient, à quoi pouvait songer cet
homme qui, depuis longtemps , n'écrivait
plus, ne recevait plus de lettres, ne lisait plus
de journaux? Quel remords aosorbait ses
pensées, quelle angoisse, quels souvenirs le
tena.ient en éveil? On se le représente, immobile, assis sur un de ses fauteuils boiteux, les
yeux fixés dans l'ombre grandissante, guettant les "bruits de la rue, en proie à l'épouvante d'un cauchemar semblable à celui que
Victor Hugo prête à Jean Valjean. Quelle
mystérieuse tempête grondait sous ce crâne?
Dans la solitude, la porte fermée de son passé
se rouvrait; il revivait son existence volée ; il
devait être hanté par le spectre de l'étranger,
de l'autre, de celui qu'il aw-ait été, s'il
n'avait pas scellé sur sa personnalité véri~ ble
la pierre qui ne devait plus être levée.
Le 8 mai, son corps fut porté au cimetière,
ap~ès avoir passé par l'église Saint-Louis.
L'Etat, qui héritait de lui, déboursa 2 fr. 50
pour les frais d'inhumation. Deux mois plus
tard, une affiche étai t placardée sur la maison,
mettant les badauds en joie : elle annonçait la
h è\:TE après le décès de l'homme qui, en
son vivant, a été connu sous les noms de
.Il Ile Hem·iette-Jenny SAr A LETTE DE 'L.u ,GES, et
les lecteurs s'égayaient des indications ajoutées par le commissaire-priseur : nombreux
effets de garde-robe de femme, dont 30 robes,
la plupart en soie....
Le ,fameux couvre-pied royal fut recueilli
par l'Etat : il figure aujourd'hui sur le lit de
Louis XIV. Le procureur impérial, le commissaire de police, le juge de paix, les notaires, s'ingénièrent à découvrir, dans le fatras
de lettres dont les meubles étaient bourrés,
un indice qui pût servir à éclaircir le mys tère
de cette existence surprenante; chacun des
papiers fut soigneusement coté et lu ; on
n'apprit rien, et l'énigme resta sans solution.

des clercs d'étude el des commis-greffiers, ses amoureux! l'inventaire détaillé de son
affronter les regards des solennels notaires étrange mobilier, ses suppliques :m roi, ses
qui vous prennent pour un rabatteur de suc- titres de pensions.... La vie de Savalette se
cessions en déshérence, et ne pas trop bal- trouve là, dans ces pièces d'une incontestable
butier quand le moment vient d'exposer, à véracité et d'un pilloresque tel qu'on se deun fonctionnaire qu'on dérange \"isiblement, mande, en les parcourant, si l'on n'est pas le
le motif qui vous amène : - &lt;! Monsieur, je jouet d'une halJucination.
cherche quelques renseignements concernan t
Comment ! il s'est rencontré, au x1x• siècle.
une femme. .. qui était un homme et au sujet en dépit des policiers, des tribunaux, des
de laquelle je ne possède que des rensei- agents de toute sorte rétribués pour assurer le
gnements très vagues.... » C'est' là l'instant fonctionnement normal et régulier de l'ordre
de la crise : l'instant des coups d'œil soup- établi, un homme qui a pu, se faisant passer
çonneux, des questions auxquelles on n'est pour une femme, prendre le nom d'une
pas préparé, telles que celle-ci : Dans quel famille qui n'était pas éteinte; obtenir en
but? ou encore : lstes-vous de la famille? cette qu~lité un certificat de notoriété, signé
Affirmer que la curiosité seule vous pousse à de sept témoins des plus honorables I et houne telle démarche, c'est éveiller la méfiance mologué par la cour de Paris; annoncer les
et se fermer l'accès des dossiers, Mais cruoi ! bans de son mariage avec un officier de l'arc'est le danger qui plait aux convaincus; mée; obtenir trois pensions sur la liste civile
personne ne consentirait à èlre dompteur, si de tous les Gouvernements 2 , un logement
les fauves n'avaient ni dents ni griffes.
confortable au palais de Versailles et, jouant
Donc, première enquête à l'état civil où on la misère, amasser une fortune mobilière
me délirre l'acte de décès de l'inconnu : qu'on peul évaluer à 200.000 francs. Le Vauc'était ma base d'opération. On me vit ensuite lrin de Balzac est bien petit garçon, comparé
à la chambre des notaires, au bureau des à l'aventurier que fut Savalette de Langes.
domaines, à la justice de paix, chez le gref- Notez que celle-ci ou celui-ci, comme on veut,
fier du canton nord, qui me renvoie au greffier ne s'adresse pas à de pauvres diables, faciles
du canton sud. Chez ce dernier, je découvre à duper : cette bonne demoiselle de Langes
l'acte d'apposition des scellés au domicile de compte des amitiés illustres : ses corresponSavalclle, un procès-verbal des constatations dants habituels sont le duc de Luynes, Mlle de
qui suivirent sa mort et l'inventaire de ses Polignac, la maréchale Macdonald, la duchesse
deniers comptants et de ses inscriptions de de la Rochefoucauld - qui l'inscrit même sur
rente. J'y trouvais mieux encore : des noms son testament. Et n'allez pas croire qu'elle
et des adresses de témoins, de notaires, de s'attirât la protection de ces hauts personnages
commissaires-priseurs, de gardiens de scellés, à force de supplications et de quémanderies;
de voisins même, interrogés par le procureur non pas, elle a le verbe haut et le ton insoimpérial, toutes gens aujourd'hui disparus, lent : dans chacune des lettres qu'elle reçoit,
sans doute, mais dont les parents ou les suc- on s'excuse d'avoir pu, sans le vouloir, froisser
cesseurs pouvaient encore fournir quelques sa susceptibilité, quoiqu'elle fût, elle-même,
renseignements. Et j 'allai, de porte en porte, pleine d'aigreur et ne pardonnât pas le moindre
le cœur battant, sonnant timidement avec le manque d'égards.
secret espoir de ne trouver personne, répétant
Il l' a des détails charmants : la fausse
Un vieux proverbe assure qu'il y a un dieu à chaque accueil, de l'air bon enfant d'un
Savalelle était riche ; mais on la croyait paupour les ivrognes; les chercheurs sont bien homme qui raille sa propre manie, la terrible
vre, et il fallait bien qu'il en fût ainsi ; jamais
évid~mment eux aussi, les protégés 'd'une entrée en matière : &lt;! - C'est au sujet d'une
elle
n'osa se faire habiller chez une coutuprovidence spéciale. J'étais un jour parti pour femme... qui était un homme. )) J'abrège,
rière,
ni risquer l'indiscret essayage d'une
Ver~ailles, non dans le but de surprendre, car cet exposé n'a d'intérêt qu'autant qu'il se
robe;
elle
n'était donc vêtue que de la déapres quarante ans, le secret de Savaletlc
lie à l'histoire des documents cherchés et froque de ses amies : d'où le grand nombre
mais pour récolter, lout au moins, à la mai~ qu 'il en établit l'authenticité.
de jupes de soie découvertes dans son taudis.
son qu'il habita et dans le quartier em ironAprès de longues heures d'investigation, Quant à l'histoire de son mariage, de ses
nant,
quelque tradition, cruelque témoio-nao-e
j'arriYai enfin chez un arocat distingué du deux mariages, doit-on dire, car elle fut
•
1:)
1:) '
moms suspects qu~ ceux publiés à l'époque barreau de Versailles, ~I• Moussoir. C'est là
de sa mort par les Journaux de Seine-et-Oise. qu'était le trésor : tous les papiers trouvés aimée successivement par un fonctionnaire de
!'Assistance publique et par un chef de baOn doit, pour une enquête de cc o-enre
chez Savalelte, ses comptes, ses bordereaux taillon d'infanterie nommé de Lacipière\
,
d
.
e
'
s armer e patience et de philosophie : il faut d'achats de rente, les lettres à clic adressées,
braver le dédaigneux Nous n'avons pas ça des brouillons de sa main, les billets doux de - elle est affolante et tragique, car l'officier
me paraîts'être tué de désespoir, après seize an-

1. • A Ml l. les prêsi~(enls_ el juges composant le
Tribunal CIVIi de prem1crc instance de la Seine :
Dlle ?cnny Savalellc de Langes, demeurant à Paris rue
de_Sm•rcs, m~1son dr.s dames hospitalières de S~intTh?mas de V1Uencuve, a l"honneur de mus exposer
qu elle est l)ee hors mariage, en l'année •1786, de
)1. Charles-Pierre-Pau~ Sa,,_
alette de Langes, qu'elle a
perdu son pere lorsqu elle ela1t en très bas âge et que
s~s recherches, depuis, n'ont pu la mettre à même de
decouvr!r la ~emeurc de sa mérn. Elle sollicite l'hor~ologat1011 &lt;l un acte de nolor1été, qui tiendra lieu
d acte de naissance.
. ~ Le tribunal accorde l'homologation, sauf à cons_iderer co?1mc non a,·enuc la désignation uï a été
la1(e du pcr~, atlen)'.lu _qu'il s'agit d'un enfani naturel
qm ne pa_rn1t pas avoir élè reconnu par son père el
que, . conse9uem~enl, l'indication de ce dernier ne
devait pas circ faite. •

Les témoins qui signèrent l'allcstalion de noloriétè
ètaie1ü : 1• Mme ùeanne-Marg':1eri le Derly, épouse de
)1. lrcnec-Charlcs Dclaby, renl 1c1:c, rue Gren1er-SaintLazare, n• 7 ; - 2° il!. Denis-Elie Lefrotter-Delezevcrne, employé à la comptabilité de Saint-Lazare
faubourg Saint-Denis, n' H 7; - 3° li. Pierre t:orbi~
&lt;le Saint-llarc, proprié taire, rue du Pot-de-Fer, n• 6;
-;-- 4° illme )larg~crilc-Julic de Saint-Alde, épouse du
sieur Corb,n deSarnl-.\larc, susnommé; - 5•.UmcLouiseEmfüe Picot-Dampierre, épouse de )1. GuillaumeGernis, marquis de Vernon, écuyer, commandant les
écuries du roi, demeurant à Paris, place du Carrousel·
- 6• 11. Guillaume-Gèr\"ais. marquis de Vernon· _:_
7• M
. Irénée-Charles-llippolyte Dclaby, rentier, 'rue
Grerncr-Samt-Lazarc, n• 7.
2. 1• La recette des postes de Villej uif, estimée
1.200 francs ; - 2° une rente viagère de 500 francs
accordêe à Mlle Sa,,alcltc de Langes pour r(-compcnse;

ses services, sw· les fonds particuliers du Roi, à la
date du 27 septembre 1825; - J0 une pension de
500 francs accordée par le Roi, à la date du 5 mai 1829,
â_ Mlle Savalcltc de Langes, pour récompenser les services de M. Saralelle, avec rappel de jouissance à
parlir du 'i " janvier 18·! 9.
3. Rien n·esl plus extraordinaire que la liaison de
Savaletle avec Lacipiére; on peul en suine toutes les
phases au moyen des lettres de celui-ci, retrouvées
parmi les papiers de Savalelte. Les premières sont
de ·1823 cl, tout d'abord, simplement affectueuses ;
les relation~ c(éb\1lenl_ par un p_rèt de 800 francs que
Saralelle fait a I officier, - quelle lm impose, pour
mieux dire. Celle somme Ya devenir le pivot de toute
l'inlrigue, intrigue incomprél,ensiblc cl dont on ne
perçoit pas le but. L'officier a &lt;l'aulrcs dellcs · Savalcllc lui propose de dc,-cnir sa seule créancière' el Iui
olli-e de tout payer s'il consent à l'épouser. Lacipié re

�-

111S T0'/{1A - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - 1

nées de fiançailles, de ruptures, de raccom1110demcnts et dc supplications! llèsqu'il fut mort.
Sal'alcllc, « qui se considérait comme sa rcurn », disait-clic, réclama à se proche , en termes menaçant , l'argent qu'&lt;'llc lui arait prèlt:.
li e Limpo siblc de mcltrc un nom wai sur
ccllcélrangc&gt; figurc; mais, cc qu·on peul affirmer, c·e Lque, l'll dépit des affections qu'ellt•
inspirait it tant dl' gt'ns, celle bonne AJ/le de
Langes n·arail ni tendres c, ni l'crgog11e. 111
cœur, ni re ·pccl humain d'aucune sorte.
Qui était-cc ?
Je &lt;lois dire que, sur l'acte d'apposition de
scl'llés au domicile de l'inconnu, e Ltracé, au
crayon rouge, cc nom : Louis X VII .
Le bruit de l'identité de a,·alcttc a1•cc lt'
pri onnicr du 'l'cmplc fut colporté dans \'ersailles, en 1858. L'hypothèse était séduisante
pour les esprits superficiels : cc personnag,'
my térieux, d'un ùgc qui e rapprochait sc11siblcment de celui du Dauphin, doté par la
Heslauration, logé au chùteau, en relation
arec les familiers dr Tuileries , n'était-il pas
le fils de Louis X\'I? - La question ne supporte pas l'(•xamcn : on se rcprése111c mal Il'
roi légitime de France tédant sa couron1w
pour une pr n ion de 800 francs t•I 'aslr(•ignanl, sans aucune utilitt:, it demeurer, habillé en femme, sans jamai~ un mol de récrimination, de regret, san 1111c allu ion à son
pa é, dans cc palais où il aurait récu enfant.
Le mystère est ccrt.aine111cnt tout autre :
rien dan; l'énorme fatras de papiers de Samlette ne fournit la lumière sur sa pcr onnalité ;
il en ressort cependant quelques ragues indi-

ces : c'était, à n'cu pa douter, u11 personnage inquiet, méfiant, hanté de la crainte
d'être démasqué, employant toutes les heures
de a rie it se créer une sorte d'alibi social,
comme Jean Yaljcan 011 comme Yaulrin. Cl'l
homme a commis un crime, il se cache :
telle est l'impression qui ïmpo c it l'esprit ,
~ans lr .atisfaire loutcfoi , car il 1ù t plus
permis de suppo cr, comme on l'a fait, qu·après aroir tué. pour s'emparer de es papiers,
une fille de l'ancie11 garde du trésor r,Jyal,
l'assassin s'était vu dans l'obligation de cc chan~er de sexe » pour ne pas perdre le bénéfic-e
de son crime. Cette uppo ilion croule il cette
simple constatation : Savalettc ne possédait
aucun papier de fa)]1ille, el cc n·esl qu'it force
de ru es, de mensonges, de faux, dont on pc•ut
suiHc toute la genr c, que son étal ciril fut,
enfin, à peu prè régu lièrement constitué.
D'aillcur on lrourc, dt- l'an XII , un billet
doux que lui ad rc sait un amoureux 1 : il était
donc déjù femme à cette l'poquc, cl il n'aurait eu, ïl fallait en croire l'acte de notoriété, que dix-huit ans, cc qui supposerait un
as assin liien précoce, quoique trrriblcm&lt;'nl
précautio1111rux.
Et pui il faut complt•r arec cc fameux
C'l'rtificat de notoriété, signé de sepl témoins,
l'i non des moindres, qui, en 1820, auestent.
sous la foi du serment, cc qu'i ls c-on naisscnl
parfaitement )Ille Jenny Sa1·alctlc de Langes:
qu'il savent qu'elle est née hor mariage,
rn 1786, de M. Charles-Pierre-Paul Savalclle
de Langes, décédé depuis fort longtemps, et
pendant que ladite dcmoi Plie était encore eu

wul bi~n c1u·un pair, mais cwcml le mariage. ,roi,
,li,cu~sions, reproches, br?u.illcs.. etc. \'oici qucr.1ues
,•,lrails des lctlrcs de Lac1p1ère a Savalellc.
, U~e cnlr~rne a,·cc ,_ou~ m·a ~ppris un sccrcl qui
a nanc mon ame ; ... rna,s JC persiste dans ma détermination cl vous êpou erai Ms que j'aurai reçu une
lcllre de ma mère : celle lcllrc se fera un peu
attendre, car mon frërc aîné, qui est le chef de la
famille, doil èlrc con ulté, el il n'est pas en cc moment à Sarlal. La promesse que ,ous m'a,c, failc de
ni'aidrr à JJ"l cr mes créanciers dans les premiers
jours de celle semaine mus a définiti,·emcnl gagné
111011 cœur. Je ,ous écris de mon lil où je suis rclrnu,
moitié par parcs c, moitié Jlilr une inchsposilion do11l
la cause nous est commune à lous deux. » I?)
G déccmbrr 1831 : • Eh quoi! ;,prés avoir anno11ri·
â une partie ,Ir mes créanciers &lt;1uïls seraient payé,
dans le couru11l ~c la semaine, rt••·enanl sur vos pro
messes, ,·ous m annoncez que vous ne pouvez plu,
faire de nou.,t'lles avances! ... Quelque dure, inaUen,l111•
••t douloureuse qu'ail été la confidence &lt;rue , ou,
m'a,·c, faite sur mire naissance, je n'en ai pas moin,
pcr,(sté _dans le projet de mus épouser: ,
.
16 ~eccmhrc l?.-&gt;~ : • Le temps na pu rien sur
, .. s~n~1mcnt . crue p• pour ,·ous cl que ,·ous m'avc,
1u,j&gt;'rc dcp,11, Jllus1curs années. ,
~ février 18.i2 : • l'!'rn1cue,-moi de rous dire c1uïl
c,l de toute impo sihilité de continuer mes relal10:1,
~,cc vous, Cllr elles me de,·iennenl de jour en jour
111,upporlablt•s : 11011 sculcmc11l ,·ous ,·ous plaise, i,
m'~cci,bler d_c reproches, de menaces cl dïnjurc,.
ma,s ro_us fo1lcs l_uu~ ,o_s efforls pour m·a,i lir. )1.tlitn·
loul. .. _JC su,s prcl " fo,rr tout cc que ,·ous c~i~crc,
clc_ 11101; de , ous. seule d~pcnd notre union, c:r ma
m~rc, qui conn:ul lout, ne s'y oppose )las, si vo~~
IO~lcz_ me do~n~r sur-lc-clwmp de quo, payer mes
crcanc,ers du regm,ent. •
Jusqu'en _1839, 13_ corrc~po11dancc continue, a,·ec
des allernal!•·cs d~ dcclaratwns d'amour, de ruptures.
~e r~cl~mations d aritcnl. Des_ que Lacipii•rc cherche
a lm erhappcr, Sa,·alclle, qm le sait au,: abois lui
olîrc de l'argent qu ï l accepte; dès 4uc, louché dt' cc
hon procédé, 11 pari~ de l'épouser pour s·acquiller
r,11 ers elle . . rite 1111 reclame les fond s prèlés rl
menace de_ s adresser au colo,!l'I; et c'est ainsi qur,
pend.tnl seize ans, ~a, alette s csl acharnée conlrn i·r
malhcurcll\ donl la clrrniêrc lrllrc esl t1insi co111•111,

Aoùl 1839 : c Je suis résig11ê à Ioules vos pcrsi·rnlions, car , ou, me paraissez implacable! Je pleur..
tous les 1· ours des larmes de Sllng de vous a,oi r
co11nuc. A 1! maudit soit le jour où je mus ai connue! ,
'I. Voici le lcxte de cc billcl :
• Cc mercredi 8 juin an XII. Je n'a,ais pas o i•.
mon aimable amie, ,·ous porter moi-même voir(•
)'Oile; mais je complais rous le rcn,·oycr cc mali11.
Je suis bien l"àché de rous ravoir fail attendre : il
retourne à sa maitresse couverl de mille baisers 11u"
je croyais \&gt;rcsquc donner à celle que j'aime. Je seri,i
cr soir, à lllit heures prcciscs, assis sur le boulernrd ,
entre la rue llonlmarlre cl la rue du Sentier, à r c111lroil où rous avez n1, l'aulr&lt;' jour. mon oncle. riou,
pourrons aller de là parloul où ,·ous l"ordonnerr,.
.\dieu, ma bonne 111mc, je ne puis mus en rli,·,•
,hn antagc; jl' ,·ous embrasse rurnmc je ,-ous ainll'.
J. D. , • A )Ille Jenny ·arnlelle, à Paris. ,
Est-i l besoin de fo ire ,·emarquer , d'ailleurs, que c·,,
hillel ne p1·ou,·c ric11, quant i, la d11lc i, laquelh•
Saml elle aurail pris des rètcments de l"cmme : i1
peul, en elîcl, arnir élé fabric1u,:, par Sa, alette luimèmc, pour être monlri•, pom· ,~tre truu,·é dans s&lt;•s
papiers en cas de pcr11uisihon ... l:e qui lcllllrait à I&lt;•
faire croire. c csl que le 8 juin an .\ Il tombait un
vendred i cl non un mercredi. Toul est mystèr e
autour de ce pcrso1111agc. Que clirc encore du "bi llel
sui vanl. non dalé cl signé seulement d'un paraphe :
• A 1111c tir Saralrll1'. rue des \'ieux-.\ugustins.
, ....lu lieu d"aller it Pass,·, aujourd' hui, il foui
•rue j 'aille à 111a m.111ufacl ur!', cl j e 11c serai de•
retour que su,· les ncur heures. Comment faire pour
1·ous ,·o,r cc soir' Il y a un moyen farilc pour mï·rrirc d'oü , ous èles: c·cst d'aUachcr une pclile pier,·,·
,, votre lellrc cl de la .jeter par dessus le lrc,llag&lt;'.
Si j'étais plus jeune. je dirais que l'amour est toujou,·,
rcrlilc en eipèdienls; mais l'amitié, quoique plu,
calme, a bien aussi ses petites in,·cnlions.
• En renlranl chez moi, it ncur heures, si vous
èlcs chez vous, je paraîtrai à ma fcnèlrc, et nou,
pourrons nous rejo111drc à , otrc posle où je mr
rendrai. Je vous ferai signe que JC ,ais sortir, l'l
1 ous sort irez aussi! Quelques sons de mon violon
ro11s prb ·icndronl. »
Cc billet doi l ètrc de frimaire an XIII, car 110111 n~
trouvons qu'il celle date Sarnlctlc logé rue des Yieu,Au~11--ti11s, 11• :?R.

bas ùge, et 4u 'on n a pmais pu savoir ni le
lieu où clic est née, ni les noms cl domicile
de sa mère. l&gt; C'étail là, précisément, le roman qu'elle leur avait cllc-mèmc conté:
rncorc &lt;loi t-on pcnst'r que, parmi ces cpt
dupes, c1uclques-urws, tout au moins, la connaissaient-comme fille - depuis longtcmp~.
puisqu'ils en témoignaient en juslice.
Plus tard , lorsqu'il lui fallut, pour la publication de es ban , exhiber son extrait dt·
baptèmc, nournlle difficulté : Savalellc exposa
qu'elle al'ait été baptisée exfrêmement loi11,
et, comme elle n'était munie d'aucun actr,
un certificat, signé de la supérieure de l'AIJbayc-aux-Bois, tint lieu de la pièce ab ente.
Comment tant d'irrégularités n'inspirèrentclics jamais un soupçon? Pourquoi personne
ne 'avi'sa-t-il, ne fùt-cc que par affectueux
inlérèl -clic avait tant d'ami bien placé ! de tirer au clair le mystère de sa naissance?
Pourquoi, prenant un nom 11ui, éridcmment,
n'était pas le sien, lïnconnu de Versailles
avait-il choisi celui-fa ? Comment cc nom lui
errit-il de titre aux farcur des Bourbon ,
puisqu'il était de notoriété publique que l'ancien garde du Trésor royal arail été l'ami ,
l'hôte du régicide Barère cl un fougueux partisan de la Hévolution?
Rien, je le répète, dans les nombrcu~cs
lellres inrentorit:C chez Saralctte, ne permcl
&lt;le répondre' it ces questions; seule· quelques
lignes de ·on écriture, tracées sur un chiffon
de papier, peuvent conduire, - pcul-ètre, it la solution du problème.
C'est une sorte d'imprécation qu'en une
heure de remord · Savalcllc s'adres c à luimèt11t' ; les termes en sont riolenls, orduriers
parfois, et l'on y lil des phra es comme
celle -ci :
1c Le jour est enfin arriré où je vais déchirer le voile qui comTc tes affreuses iniquités. 'frcmblc, éternelle pécherc e... tremble qu'enfin je ne décourre à ce monde, qui
le recherche, l'exécrable monstre qui l' approche .... Ne vois-tu pas que tous ceux qui
( enloul'enl commencent it deviner l'énigme
de ton hypocl'isie? ... Tu es horriblemcnl
&lt;légoùtanlc; la saleté qui recou,-re Lon bideu,
corp le fera tomber dans peu en lambcam ;
je te con cille donc de Le décra ser, cl le~
yeux cha sicux, tes dents pourries cl ta puanll'
embouchure.... Adieu, vieux mon Lre qul'
Lou les démons onl rnmi ur la terre... relourne à Orléans ve,ufre les fromages el la
salade. Adieu encore, vieille b!ichel ! »
Faut-il tenter de lire entre les lignes de cP
ll'~lamcnl d'une éloquence saurage 1•t qui n·e,I
pas sans une orll' de grandeur sinistre'! Si
oui , il s·agirait de dérouHir si, dan les dC'l'nières années dv x, 111e sihle, quelt1uc jeune
maraicher des enl'irons d'Orléans, portanl le
prénom de )(ichcl, a disparu du pays à la
suite d'un crime.. .. On trouve tout dans le·
arcbirns : a ris aux chercheurs de logogryphes.
Ce rébus, après tout, vaut bien ceux que pr,1po cnl les rcrne, de famill e it la perspicacité
des Œdipcs inoccupé~.
(A suii•re.)

G. LE1 OTRE.

Louis XIV

La personne. - L'éducation•_ Le "✓-r mot• JJ au
J
rot• - . ;.
Par Ernest LAVISSE, de l'Académie française

ments : te Jamais, a dit Saint-Simon de discours qui pût peiner. l&gt; li était cal~c, étonn~m~c~t. maitre de lui ; une colère de lui
faisait cvenemenl. Dan les premières années
il se laissait dire par Colbert des cho es lrè~
dure . Jamai roi ne mit lantdc grâce à commander. Le grand air qu'il rrardait dans cette
'
'
0
gracc meme, qu'on sentail descendre de
haut, lui donnait un charme auquel personne,

le bonnet miraculeux de saint François de
Paule: rencon_trant la rclic1uc dans l'antichamLa personne du roi.
h~c, il ,_la baisa arec dérotion. La première
fois qu il ~?yagea sans la ficine, &lt;&lt; il jeta des
Louis XIV avait vingt-deux ans el demi à la
lar!°cs
qu il voulut cacher au public, mais
mort de Mazarin. 'fout le monde le trouvait
qm, étant vues de celle qui en était la cause
très beau. Un léger retrait du front, le nez
1~ consolèrent de tous ses maux l&gt; . En hie~
long, d'ossature ferme, la rondeur de la joue,
d
autres circonstances, on le vit abondamment
la courbe du menton sous l'avancée de la
pleure~,
mais les larmes séchaient vite aux
lèvre, dessinaient un profil net, un peu
lourd. La douceur se mêlait dans les r.;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;:=====----------- JOUe~ de cc vi age triomphal. li est
possible, au reste, que Louis XIV n'ait
yeux bruns à la gravité, comme la
p~s
été plus égoïste que qui que cc
gràce à la majesté dans la démarche.
soit
en
son temps et dans le nôtre1 mais
Une belle p_restancc el l'air de granil n 'é~it pas préparé à rési te r aux
de~r haussaient la taille qui était ordilc?tallons que les autres, en l'adorant,
naire. Toute cette personne avait un
hu
donnaient de s'adorer lui-même.
char!°e q~i attirait et un sérieux qui
Les
maux dont la flcinc fut consotenait_ à distance. Les contemporains
lée par les larmes du fioi étaient des
pensaient qu'elle révélait le Roi:
mau_x de jalousie déjà. Un an après Je
En quelque obscuritê que le sorl l'eùl fait
mariage,
a commencé lasérie des mai[ naitre,
Le monde, en le voyanl, ct,l reconnu son
tresses. La ficine Anne reprochant à
(maître,
son fils sa mauvaise conduite Je fils
répondit à la mère cc arec de~ larmes
dira Bérénice. L'ambas adeurdc Venise
de
douleur qu'il connaissait son mal
écrivait dix ans plus tôt: cc Si la forqu'il
_avai,t fait cc qu'il avait pu pour s~
lu?e ~e l'avai l pas fait naitre un grand
r~lemr d offen cr Dieu et pour ne pas
ro!, c est chose certaine que la nature
~ a?andonne~ à ses passions, mais qu'il
lm en a donné l'apparence. 1&gt;
~la~t conlramt de lui al'ouer qu'elles
Cette ?aturelle maje té n·empècbait
cta1ent pl_us fortes _que sa raison, qu'il
P?.s le Jeune. Roi d'être jeune. Les
ne ,pouvait plus résister à leur violence,
meces du cardmal lui avaient donné le
qu il_ ne c sentait pas même le désir de
goù l des romans et des vers. li Jisai l
le faire »• Il était un sensuel, très gros
des recueils de poésies et de comédies
mangcur,prompt à toutes les occasions
cl il aimait à parler de celle littéra~
d'a~our,_~u_x cc passades », qui étaient
turc : « Quand il donnait son jugedes rnfidcl1tes aux maitresses déclarées
ment sm· ces choses-là, écril Madcmoiet
comme de la menue monnaie d'a.elle, il le donnait au si bien &lt;1u 'un
~ul
tère. En vrai don Juan, il courait à
homme_qui aur..aiL _beaucoup lu et qni
ClicM Braun.
1 ?ppel_ de tou tes Je;; sortes de charmes.
L outs XIV.
c? ~~rat l.une parfat te connaissance. Je
Ni_Marte Mancini, ni La Vallière n'éT;ir/eau de Le B RUN. - (.\lustt de Dijo11.)
n ai pmais vu arnir un aussi bon sens
l~ient
belles, et leurs charmes étaient très
nature~ ~t parler plus justement. J&gt; Il
.
.
diff~1:cnts.
Un esprit &lt;&lt; hardi, emporté,
~e pl_a1sa1l a ~ous les plaisirs; à merveille il ni Français, ni étranger, Jamais n'a ré isté.
l1ber t11~ » etmcclait dans les yeux et endiablait
~ou~t, courait la bague, dansait les ballets et
li n'était poinl méchant, il a1ait des mou- le sourire de la brune Italienne La V 11·'
1oua1t la. .coméd'
• pas même
.
a 1ere
. ic. Il ne se refusait
1·ements de bonté, même de sensibilité. li . .
l~ esp1cglen cs des mascarades. Les j eu nrs aimait sa mère, qu'il pleura à chaudes larmes. ctait une demoiselle noble de province, une
se1gne~rs et les jeunes femmes quïl admettait li _avait pour son frère une amitié que ne méri- b!~nde aux yeux bleus, amoureu e arec un air
à ~es Jeux s'arrètaienl d'eux-mèmes aux li- tait pas _c~ trop j?li garçon pomponné, de cl c_tonncment et le trouble du péché. Après, le
mites de la familiarité.
_se prend.ra aux splendeurs de la chair cl
mœurs ridicules el ignoble , et qu i fut marqué
-~ l_eclat de I esprit en _madame de Montespan .
,n était poli, d'une politesse naturelle el en par
madame de Lafaycllc d'tm mot terrible : 1 tus_ cc sera le caprice pour la chair sans
meme temps réfléchie, mesurée à la qualité
c1 . Le miracle d'enflammer le c-œur de cc esprit de mademoiselle de Fontanrre et à la
d?s pe~sonnes. et qui jamais ne se trompait
prmcc n'était ré ené à aucune femme du
d une li"ne
•
d
o · li e'couta1·l cc mieux
qu,homme monde, » - c'est-à-dire it aucune femme au fin , I? sérieux attachement pour la' déiicate
/ ~on~e &gt;J' et personne ne trouvait ni ne m~nde. - li témoignait de la tendresse à la bc~ulc mùre et pour la raison de madame de
Mamtenon. Amoureux toujours, il demandera
isa1t mieux c1uc lui ce qu'il fallait dire en
toute rencontre. Par bonheur, il n'avait as fleme, , J'en~an.tine infante dont les grands p~cs~1uc septuagénaire, de l'amour à sa septua~
yeux I admiraient. li cc pleura fort » d'une ~cna~re compagne, qui s'en effarouchera. Mais
~a sorte d'~sprit à la mode de France, qui rallie
m_al~dic qu'elle fil en 1664. Comme on por- pmais, mème aux moments et sous l'empire
tort el a travers les persoru1es et les sentitait a la malade, que l'on croyait désespérée, de ses plus fortes passions, il n'a oublié ni
I. - HtST0Rr,. _ Pasc. 1.
.., 33 ,..

!'o'.

�.,.-

111S TO'J{1A

---------"---------------------------------J

n'oubliera qu'il e t le Roi. Il lui a été dur de
renoncer à Marie Mancini. La '"eille au soir du
départ de la jeune fille, il parut si accablé de
tristesse chez sa mère qu'elle le prit à part,
lui parla longtemps, puis l'emmena dans un
cabinet, oü ils demeurèrent une heure ensemble. Il en sortit arnc de l'enflure aux
l"eux, et la Reine dit à madame de Molleville:
&lt;&lt; Le Roi me fait pitié. Il est tendre el raisonnable toul ensemble.... » Toute sa vie, il demeurera, comme il a dit dans ses mémoires,
maitre absolu de son esprit. Il tiendra pour
« deux choses absolument séparées », les
« plaisirs » el les « affaires ». Peul-être la
preurn la plus forte de la maitrise qu'il gardait sur lui, même dans l'obéissance à son tempérament, est-elle la éparalion qu'il a faite
de cd'amanl » el du « souverain ».
Saint-Simon, qui a dit que Louis XIV était
« né bon », - ce qui e t beaucoup dire, ajoute qu'il était né&lt;&lt;juste » aussi, cl quïl a
gardé jusqu'à la fin &lt;&lt; des inclinations portées
à la droiture, à la justice et à l'équité. » Cela
c8l trè Hai, mais il a montré de très bonne
hl'urr, par de grands signes, comme les projets
de sa politique cl les injustices du procès de
Fouquet, ou par de petits, comme la disgràce
donl il frappa la duchesse de îavailles, que,
pour qu'il suivit es inclinations à l'équité, il
fallait qu'elles ne fus ent pas tI·aversées par
d"autres dont la pente fùt plus douce. Le
crime de madame de Navailles, dame d'honneur
de la Reine, fut « d'avoir fait murer une porte
secrète que le Roi avait fait ouvrir derrière le
lit des filles d'honneur ». Louis XIV ne sera
juste que dans les affaires où son autorité ne
se trouvera intéressée, ni son orgueil, ni ses
conrnnances, ni ses aises.
Ce qui est inattendu et surprend, c'est que
ce jeune homme, sous la superbe des apparences, c l prudent, circonspect, modéré
mèmc. Il avoue dans ses mémoire une timidité que lui donnait la peur de mal faire ou
de mal dire. Au temp du cardinal, il travaillait à se former un avis ur les questions qu'il
1·ntcndail discuter ; il était fier, quand il se
ll"Otl\ail a,oir pensé rolllllll' &lt;1 les gens d"c;,.péricncc ». ,\ préseut quïl l'Sl le 111ailrc, il hésite
~ou,cul l'l M' troubll' : &lt;l L'iuecrlitudc dl:Sl',père qm·lqm•l'ois. ~ou1c11l, il i a dl's l'11droits
qui l'o11t 'lie la peine; il y en a de délicats quïl
l'~Ldil'ficiledc démèlcr .... » Jamais il n' impro, i,l' une déeision. l'n des mols qu'il répétera
Il' plus sou1c11l csl: &lt;l Je rnrrai. &gt;&gt; l_l n'impro, ise pas 11011 plus ses pa1·olcs. li apprend par
1·œur celles qu'il faut dire daus les circon~tanœs difficiles, et s'arrèle, s'il a perdu la
mémoire. La chose lui ani va un jour des pl'Cmiers temps, comme il entretenait des membres du Parlement d'une affaire délicate, le
procès de Fouquet. D'Ormcsson, qui ntail là,
raconte : &lt;&lt; Le Roi demeura quelque Lemps à
s'arrêter pour se reprendre, el songea encore

Qui voyait en ces premiers temps passer Colbert el de Lionne pouvait dire ce que plus tard
écrira La Bruyère en pensant à Colbert et à
Lou vois : &lt;( On ne les ajamais 111s assis, jamais
fixes el arrêtés: qui même les a vus marcher ? »
Le jeune maitre l'a d'une occupation à l'autre,
« sans peine, sans que son esprit soit jamais
embarrassé ni emprunté », et l'on « ne peut
imaginer que ce soit le même prince•.
Louis XIV se fatigua l'ile à remplir ainsi
plusieurs rclles a1'ec la même attention. Il
était vigoureux, endurant à tous les exercices,
il faisait le même l'isage tranquille aux beaux
jours el aux intempéries, mais, depuis
l'enfance, il ouffrail de dérangements d'estomac el d'intestins. En 1662, il a&lt;&lt; des ressentiments de vertiges, de maux de cœur, faiblesse et abattement » el des crises de mélancolie. ans doute, l'appétit glouton, l'énorme
mangerie coutumière - avec de mauvaises
dent - suffiraient à expliquer le désordre de
la anlé royale, mais l"ambassadeur de Venise,
l[tiÏ voit le Boi l&lt; perdre les belles couleurs de
on ,·isage ,, , cl paraitre, dès la 0cur drs
années, plus l'ieux que son ,ige, écrit en 1665 :
&lt;&lt; li s"applique extraordinairement aux affaires
avec l'émotion la plus virn. 11 se passionne profondément pour toutes ses entreprises et surtout appréhende toutes celles qui pourraient
nuire à la gloire de son nom. li se fatigue
l"esprit el succombe alors à des maux de tête
aigus. »
Cependant ni la maladie, ni la médecine,
plus redoutable alors que la maladie même,
ne trouble la régularité où il enferme et distribue chaque journée de sa vie. On le verra,
pendant un demi-siècle, travailler de la même
façon, aux mêmes heures. « Avec un almanach et une montre, écrira Saint-Simon, on
pouvait, à trois cents lieues de lui, dire ce
qu'il fai ait. » Cet ordre immuable dans le
travail semblait une loi de la nature.
Cc jeune homme al'ait donc de belles qualités cl \'erlus royales. Malheureu emenl, si le
duc de Saint- imon a été injuste de dire que
l'intclligrncc du Roi était « au-dessous du
médiocre », il n'y a pas de doute 11u·cllr
1i"élait qu·ordinairl'. Elle lui sul'lisail pour
romprcndrc ll's chose· même dilliciks, apri'·s
qu'o11 ks lui ,nait c:-.pliquél's, 1-l il airnail
qu'o11 l&lt;'s lui 1·,pliq11:it. Colbert, qu'o11 accu;,,e
de l'al'oir noyé dans les délails, lui a toujours
c,posé d"ensemble el plutol trois l'oi~qu·uuc
se · grauds projets; il sa1ail que 11 bien rapporter au Hoi » était une des mcilleum façons
de lui fai re la cour. Mais lïntclligence de
Louis XIV était presque toute passi,e, sans
initiatil'c aucune, nullement curieuse, point
en quète de problèmes. Elle ne cherchait rien
. 1. Voir Ré/lexw11s s!'r le mttier de Roi, dans l'édi- au-dessous ni au delà du l'isible, et elle avait
1.Ion Drcyss iles ,l/émo1re1, l. li, p. 5 18. Cc morceau été meublée très pauvrement par une éducaest du Roi lui-mème, el. à cause de cela, très intérestion qui, en somme, fut déplorable pour l'e sant. Les mémoires sont recouverts de style ëtrangcr.
Vo\r sur la façon dont ils ont étë rédigés : Oreyss, l.
prit cl pour le caractère.

assez de temps. Ne retrouvant pas ce qu'il
arnil médité, il nous dit : &lt;l Cela est fàcheux
« quand cela nous arri\'e, car, en ces affaires,
&lt;&lt; il esl bon de ne rien dire que ce que l'on a
&lt;&lt; pensé. » Enfin, il apporte à ses entreprises
la prudence de l'inquiétude préalable: « En
tout ce qui est douteux , le seul moyen d'agir
avec assurance est de faire son compte sur le
pis. » Il a écrit cette maxime : &lt;&lt; Se garder de
l'espérance, mauvaise guide. l&gt;
Voilà des qualités de gouvernement, et voici
uric grande vertu royale : la joie d'être le Roi .
Louis XIV la laissait voir à toute sa façon
d'être, il l'exprimait en termes naïfs : &lt;l Le
métier de Roi est grand, noble, délicieux 1. »
Mais celle belle cl joyeuse idée du métier
impliquait le devoir de le faire soi-même. Le
principal honneur de Louis XIV esl d'arnir
compris que la condition de cette &lt;( grandeur », de cette&lt;&lt; noblesse » el de ce « délice »,
était le lra\'ail.
Colbert raconte qu'un mème jour le jeune
Hoi présida le Conseil des finances, de dix
heures du matin à une heure el demie, dina,
présida un aulrecon cil, s'enferma deux heure
pour apprendre le lat.in, - il le sa\'ait très
mal el ,·oulait se mettre on étal de lire luimème le actes de la chancellerie pontificale,
- et, le soir, tint un troisième conseiljusqu'à
dix heures. Ce jour-là, il ne fit qu'ajouter un
peu à l'habituel travail de ses journées.
Pour travailler, il ne se confinait pas dans le
silence d'un cabinet. Il ne se prenait pas la
tête entre les mains. Il n'avait pas l'âme méditative. Le travail de Louis XIV, c'était l'attention aux conseils, aux audiences, qui étaient
nombreuses, aux entretiens privés avec les
ministres ou avec des hommes dont il estimait
les avis. C'étaient les. ordres donnés de pied
levé à tel secrétaire d'Etat, qui guettai! l'oreille
du Roi cl lui exposait une alfairc entre le lever
cl la messe. C'était la préoccupation des entreprises commencées, la c1·aintc de manquer le
succès el la gloire. C'était la même application
donnée aux divertis ements de chaque jour el
aux programmes de fêtes enchantées qu'aux
~randcs choses de la politique ; le mème soi11
11 écouter le maréchal de Bellefonds parla111
u de~ inclinations particulières de· dame &lt;le
la Cour 11, cl le 1rn1r&lt;-chal de Turcm1c 11 c11LJ•1•lcna11l l',lme de Sa )lajc Lé de dc~sci11s
guerrier · ». C"était le regard en con~Lanlc
atLi,ité, qui ,oulait tout ,oir. cl 1opil tout,
eu effet, cl reffort pour garder c11 toute circonstance l'air de majesté et de calme sou\"crain. Toul le monde s'.1gite autour du Boi. Les
courtisans sont en perpétuelle inquiétude, les
ministres laissent apercel'Oir qu'ils peinent1

Napoléon et les Femmes
par

FRÉDÉRIC MASSON , de l'Académie française

.li! Dans .la série ,d. es b eaux travaux de M . FRÉDÉRIC
_ASS?:&gt;. sur J &lt;poque napoléonienne si n
.
alts sr vivant
. aJ
,
ourr1s de
n'tn , est
~• s,
c:rtcs tt si justement admirés, iJ
q ue lu p:: ~u, aient plus complètement siduit Je public
till'e N'APO~É::-1 a~;quellu leur auteur a donni pour
l' \ MQLR A _LES FEMMES, d pour sous-lill'c
~ur

:

troisième,
avec lequel 1·e v1·e11s ile vw1·e
.
.
trois.
an~,. ~ui ~ succédé. -~uoique Français, les
afll/lll1 es I ont appele a Loncfres, el il y ei;l.
A ons citez vous.
- llfais qu'y fe1·ons-11ous?
- 111ons, nous nOU$ chauferons el vo
asso1w11·e;:;' colre plaisir. &gt;&gt;
us
J'élais
· -~crupl.llellx
'
. bien Loi·1,• iie r/evenzr
Je Lavais agacée pou1· qu'elle ne se .~auvcît
pas quand
.
l elle
• serait
. p1'essée 11a1· le 1.a,son1iemen que Je lm prépctrais en conli-efaisanl une honnêteté que je voulais L .
prouver ne pas avofr.
ui

u~s• ~ mmu-nous heureux de pouvoir offrir

p
t o • auJJourd hui , aux L«t&lt;urs er Lecll'icr.s d'His'.
··
. du captivant volume
d ria
l' . ,. es deux prc m1&lt;ru
part,u
t

c:mmcnt académicien.

La jeunesse
Jeudi, 22 novemb,·e 1787 à p
//()tel de

Cherbourg,

rue

d11 Fo11r-S:;,:~:llo11oré.

I, mlrod.

ERNEST LAVISSE,
(A

suivre.)

dt l'Académie française.

... Jj ...

�, - 1f1STOR._1A

----------:-------------------------------.#
"lV..lf'POLÉON 'ET L'ES 'FE.llf.Jff'ES - -,

jour auprès de madame Bonaparlc; l'aulrc,
Mammuccia Caterina, était morte bien avant
l'Empire, ainsi que celle Giacominetla, pour
laquelle Napoléon enfant avait essuyé tant de
nasardes.
Au collège d'Aulun, où il séjourne du
1cr janvier au 12 mai 1779; au collège de
Brienne, où il demeure de mai 1779 au
14 octobre 1784; à !'École militaire de Paris,
où il passe une année, du 22 octobre 1784 au
30 octobre 1785, nulle femme. En admcLLanl,
comme le dit madame d'Abrantès, que,
contrairement aux règlements Lrès stricts de
!'École militaire, Bona parle, sous prélexle d'une
entorse, ail passé huit jours dans l'apparlemcnl de M. Pcrmon, au n° 5 de la place
Conti, il venait d'avoir seize ans.
Une aventure antérieure à celle du 22 novembre 1787 ne pourrait donc se placer
qu'entre sa sortie de J"Écolc militaire et son
retour à Paris ; mais, si Bonaparle est parti
pour Valence le 50 octobre 1785, il est parti
de Valence, en semestre, pour la Corse, le
16 septembre 1786, après un séjour de moin
d"une année; il n'est revenu de Corse que le
12 septembre 1787, et c'est alors qu'il a fail
son voyage à Paris.
Cc n'est pas en Corse qu'il s'est émancipé.
Cc n'a pas été daYantage à Valence, durant les
dix moi qu'il y a passés en ce premier
Sl~our. li s'y est montré très timide, un peu
mélancolique, fort occupé de lectures et d'écritures, désireux de c faire bien Ycnir pourLanl, de c faire agréer par la société. Par
Mgr de Tardi,·on, abbé de Saint-Hu[, auquel
il a été recommandé par les Marbeuf, el qui,
général de sa congrégation, crossé et mitré,
donne le Lon à Valence, il a été introduit dans
les meilleurçs maisons de la ville, chez
madame Grégoire du Colombier, chez madame Lauberic de ainl-Gcrmain et chez madame de Laurencin.
Cc sonl des dame qui, les deux dernière
surloul, onl le meilleur Lon de la provin ce cl
qui, apparlcnanl à la pclile noblesse ou it la
liourgcoisic virant 11oblcmc11t, 011l des préj ugé~ ~ur les mœurs des olti ricrs q11"clles
ad,uellenl il fréquenter chez dies cl m· lais~e raie11l poi11l leurs filles en intimité avec
des jeunes gens donl la conduite serail uspeclc.
AYcc Caroline du Colombier, à laquelle sa
mère lais c plus de liberté, Bouaparlc a peulètrc quelque vague idée de mariage, quoiqu'il
aitdix-scpl ans:à peine cl qu'elle soit bien plus
· ùgéc. Mais s'il cul du goùl pour clic, si clic en
montra pour lui, la cour qu'il lui fil fut de tou
points chaste et réservée, un peu enfantine, lout
à la Housseau, - le Housseau &lt;le mademoiselle
Gilley. Lorsqu' il cueillait des cerises avec mademoiselle du Colombier, llonapartc ne pensait-il
pas aussi: «Que mes lèn cs ne ont-clics des cerises ! Comme je les lui jcllerais ainsi de bon
cœur ! ,, Elle ne tarda pas à épouser
)1 . Garempcl de Bressieux, ancien officier,
qui !"emmena habiter un ch,Heau près de
Lyon. Près de Yingt ans après, à la fin de !"an
Xll, Napoléon. qui n'ayail point re,·u sa cueilleuse de cerises, reçut au camp de Boulogne

une lettre où elle lui recommandait son frère.
Il répondit courrier par courrier et, avec
l'assurance qu'il saisirait la première occasion
d'ètre utile à ~[. du Colombier, il disait à
madame Cai·oline de Bressieux : «Le souvenir
de madame volrc mère et le vôtre m'ont toujours intéressé Je vois par votre lettre que
vous demeurez près de Lyon ; j'ai donc des
reproches à vous faire de ne pas y èlre Ycnuc
pendant que j'y étais, car j'aurai toujours un
grand plaisir à l'0US Yoir. »
L'avis ne ful poinl perdu, cl lorsque l'Etnpcrcur, allant au sacre de Milan, passa à Lyon,
le 22 germinal an XIII (12 avril i 806), elle
fut des premières à se présenter : elle était
bien changée, bien l'icillie, plus du Lout jolie,
la Caroline d'antan. l'importe, Lout cc qu'elle
demanda, elle l'obtint : des radiations sur la
liste des émigrés, une place pour on mari,
une lieutenance pour son frfrc. En janvier
1807, pour le nom·rl an, clic se rapprllc au

Cliché Neurdcin.

P ORTllAlf DE IlO:-IAPARTE

Jessi11t! .i l"t!,:o/e Je Brienne

e11

1;8J.

sou,·cnir &lt;le l'Empcrcur, lui demandant de
11ouvclles &lt;le s.1 santé. Napoléon répond l11i111èmc presque aussitùl. En l 808, il la nomme
Dame pour accompagner Madame Mère, d1argc
)1 . de llrcssicux de présider le collt'•gc électoral
.de l'i ère, le fait, en 18 10, baron de
l'Empire.
Telle est la mémoire reconnaissante quï l a
gardée à ceux qui ont été bons à ses j eunes
années, qu'il n'en c t point dont il n'ait fait la
torlunc, comme il 11'cn c t aucun quï l ne se
soit plu à mentionner pendant sa captivité. Les
lemmes reçoivent une part plus grande
encore. 'il se peul, de celle gratitude, cl,
mèmc lorsqu'il aurait quelque rnotir de leur
tenir rancune, il ufli l qu'elles aient montré
à son égard quelque douceur pour quïl oublie
Lout le rc Le . .\in i, mademoiselle de Laubcric
de Saint-Germain, qu'il a pu rèvcr d'épouser,
1ui a préféré son cousin, M. llacbasson de
)lontalivct, cornrm: elle &lt;lt&gt; \'alcncc, et lui
aussi en rapports arec Bonaparte; Napoléon
1ùn garde aucun déplaisir: on sait la fortune

qu'il fait à M. de Montalivet, successivement
préfet de la Manche et de Seine-et-Oise, directeur général des ponts et chaussées, ministre
de l'Intérieur, comte de l'Empire avec
80000 francs de dotation. Pour madame de
Montalivet, dont, a-t-il dit lui-même, « il avait
jadis aimé les vertus et admiré la beauté &gt;&gt; , il
la nomma, en f806, Dame du Palais de
l'impératrice. Mais elle lui posa ses conditions : &lt;t Votre Majesté, lui dit-elle, connait
mes conl'ictions sur la mission de la femme
en ce monde. La faveur enviée par tous
qu'Elie a la bonté de me destiner deviendrait
un malheur pour moi si je devais renoncer à
soigner mon mari quand il a la goutte, et à
nourrir mes enfants quand la Providence m'en
accorde. » L'Empercur avait d'abord froncé le
sourcil, mais bientôt, s'inclinant d'un air
gracieux : C&lt; Ah! vous me faites des conditions, madame de Montalivet, je n'y suis pas
accoutumé. 'importe, je m'y soumets. Soyez
donc Dame du Palais. Tout sera arrangé pour
que vous rcsliez épouse et mère comme vous
J"cnlcndez. » Madame de Montaliret ne fit pour
ainsi dire jamais aucun service, mais cela
. n'empêchait point Napoléon d'avoir pour elle
de particulières allcntions. li aimait celle
famille : « Elle est d'une rigoureuse probité,
disail-il, et composée d'individus d'affection;
je &lt;·rois beaucoup à leur allachement. »
Voilà les om-cnirs que 'apoléon a emportés de Valence et qui tenaient à son cœur. li
sont de ceux que ces jeunes filles pouvaient
ètre fières d'al'oir lais és. Nulle autre fréc1uenLation qu'on connais c ; nulle rencontre qu'il
ait inscrite en ses nolcs secrètes, où il apparait Lei qu'un Hippolyte, bien autrement
amoureux de la gloire que des femmes.
Témoin celle phrase qu'il écrit alors : « Si
j'avais à compa1·e1· les siècles de Sparte el
de Rome avec nos temps modenies, je
dii-ais : Ici régna l'amoui· el ici l'amom· de
Ici Pall'ie. Pal' les effets opposés que prod11ise11 l ces vassions, on sem auto,·isé sans
doute à les Cl'Oire incompatibles. Ce quïl y
a de SÛ1' au moins c'est qu'un peuple livrr
iL la yalantuie a même pe,-rlu le tlryr&lt;i
d"énergie nécessaire pou1· concevoir qu'un
pall'iole puisse existe,-. c·est le point où
nous sommes parvenus aujoul'll'lwi. »
Pre que a\'Cc certitude on peut conclure que
celte fille du Palais-f\oyal c t la première
&lt;1u' il ait connue. L'al'enlure, pour vulgaire
&lt;1u'clle esl, n'en est pa moin réYélatricc de
son caraclèrc. Il y a là sa mysogynic, son
esprit criliquc, ses brusques affirmations,
celle méthode d'interrogation à laquelle il ne
renoncera jamai , sa mémoire aussi, car de
celle fille il a reproduit d'une façon frappante
les phrases, les mots, j usqu·aux exclamations,
cc Dame ! qui sentent leur terroir breton.
La revit-il jamais, c'csl doulcux. Dan ses
papiers on trouve bien, de cc séjour à Paris,
une di"serLation adre sée à une demoiselle sur
le patriotisme, mais en l'érité cc n'est point là
pitture liabitucllc pour les coureuses des
Galeries.
Après cc séjour à Paris, d"octobre à
décembre 1787, voici de noul'cau llonaparte

r~parti pour la Corse, où il arrive le 1er janvier 1_7~8. Il l passe un scmcslre CL rejoint
son rcgunenl a Auxonne le f•r juin. Là, nul
amour dont il y ait trace. Par contre à
Seurre, où il est em•oyé en détachement' au
commencement de 1780, on lui attribue des
relations avec une dame L... z, née ... s,
femme du receveur du !!renier à sel· arec une
(
.,
0
'
e~m1ere, ~adame G... t, chez laquelle il allait
boire du laitage, et enfin arec « la demoiselle
de la maison où il logeait ». C'c t beaucoup
pour un laps _de vingt-~inq jours, pendant
lequel ses cahiers témoignent d'un Lral'ail
acharné. Néanmoins, lorsque, quatorze années
plus tard, le 16 germinal an Xlll (6 avril
1~05), Napoléon passa à Seurre, allant à
~frlan, on afl1rme que M. de Thiard,
alors ~on chambellan, lui présenta la
demoiselle et qu'il lui accorda une
bourse dans une école du gourernemcnt
pour son 111s d'une douzaine d"années.
L':ige qu'on donne à cet enfant exclut
l'idée ~ue Napoléon pût penser qu'il
en étaJt _le père. Si l'Empereur a,,ait
eu le mo!ndre doute à ce sujet, il cùt
donné mieux et sans qu'on lui dcmand:it rien.
En Corse, où il est toute l'année
1700, à Auxonne, puis à Valence, et
~e nouveau en Corse, à Paris, au milieu de 1792, rien; rien encore pend~n~ la première campagne dans le
Mid,. contre les fédéralistes, rien à Toulon.

Lenlé toutes les voies pour se faire rccomm:mder el n'ayant trouvé nul protecteur. A
une chasse, Napoléon ,·int à prononcer son
nom dc~•ant Berthier, qui la connaissait d'cn\anc~, clanl ~e ycrsailles comme clic, qui
1,avait éconduite Jusque-là, et qui, dès lors,
s empressa de l'introduire. « L'Empcrcur l1t
pour elle tout ce qu'elle demanda. Il réalisa
tous- ses rè,,cs el mèmc au delà. »
A'.nsi_, les amour de jeunesse de Napoléon
se rcdu,scnl à des flirts sans conséquence ou
à de banales aYcnturcs 1• Sauf madame 'furrcau, qui cjclle à sa Lètc cl peut sembler une
bo~ne ~ortunc, !e aut~es femme ne pensent
gucrc a rc petit officier Lout maicrrr
tout
· et qui n'a nul soin0 de' on
pa'Ie, ma 1 relu

de s?izc ~ns, Désirée-Eugénie Clary. La petite
a pris le JCUau sérieux ; bien rite, ses enfances
ont disparu, et ç'a été un amour en coup de
~ou_dre ,1ui s'est déclaré. « Oh! mon ami,
?cr1t-cllc à Napoléon, prends soin de tes
JOt~rs pour conserrcr ceux de Lon Eu rrénie
.
.
0
'
CJ~• ne saurait vn-re ans Loi. Tiens-moi aussi
~•en le . scr°:cnt q_ue lu m'as fait, comme je
llendra1 celui que JC t'ai fait. »
Ces lcllrcs vraiment tendres cl d'une tendres e non apprise, ces lcllrcs d'Eurrénie
_
O
' a' 1? 111 ~d_c .du temps, la jeune fille
'
car,
qu'on
nommait De rrcc clan sa famille aYait ,•oulu
comme. c rebaptiser pour son amant, porter
pour _lm scu_l 1111 no1~1 qui n'ctîl point été prononœ par d autres le1Tcs, - on les a relrou1·écs en brouillons, soixanle-{!inq ans
plus ta:d,_ d~ns les papiers decdle qui
les a,·a1l ecr1Les et conserl'ées comme
des reliques. Elles sont bien de cette
époque, où dans un besoin de rfrrc
et d'aimer, après ces jours où la mort
était , l'unique spectacle et l'unique
pcn. ce, tout ce qui était femme se
Jetait à l'amour comme à une religion
- la seule en effet qui subsistât sur
les ruines de la société civilisée.
La connaissance datait de janvier et
fé,:rier i 795. L'engagement, s'il en fut
pris un formel, cul lieu le 21 al'ril
jour où Bonaparte passa à Marseille'.
se rendant à Paris. Joseph el sa
fe~me, ~ulic ~lary, y prêtèrent les
Il faut délibérément sauter quatre
marns : ils avaient formé de leur côté
années. Le lieutenant est devenu ,,.énéle p_rojct de celle union, et, dans la
r.al ~e b_rigadc : Bonaparte comm"ande
f?~rnlle. Clary, il n'y arait nulle oppo1arllller1e de l'armée d'Italie. Près de
1llo~ _a redouter. Le père, auqurl 0 11
CC~le_ armée,_ la Convention a emoyé en
a prcle cette parole « qu'il avait dt~à
m1ss1on le citoyen Louis Turrc.,u dit
assez d'un Bonaparte dans sa famille &gt;J
1'urreau de Lignières, un de ses rr:cmétait_, mort le 20 jamier 1794 (1.~
brc~ inllu~nts, lequel, accompagné de
pl~vrose an II). Désirée, qui n'arait
la Jeune lemme qu'il vient d'épouser
pomt alors treize ou quatorze ans
la ~lie, d'~n chirurgien de Versailles:
comme elle l'a dit, écrit et fait impriarrtl'e a Ca1ro en Piémont, où se trourc
m~r of~ciellement plus Lard, mai
Bonapa_rte, tout à fait à la fin de l'an
seize à dix-sept ans, étant née le 9 noIl, l'ra1semblablement la 5• ans-cui·embrc ~ 777 1, ne dépcr.dait donc que
lollide, le 21 septembre 179 t Bonade_ a mcre et de son frère; on peut
parte plait fort au représentant, plait
,
.
Cliché, Braun .
mc'.11e penser que, arec la tète qu 'rlle
.
D ESIREE CLARY, REINE DE Su~:DE.
davantage
arail, clic ne dt:pcndait que d'cllcr . à la femme. Cc n'c t p0111. t
Wude Peinte de Gi.RARo. (M11see de l'ersailles.)
une raison, car madame Turrc., u est
mèmc.
de~ plus l'Olagcs, mais c'est plus
L':lgc qu'elle arai t ne pourait dondu une passade, et le sou,·cnir que "'ardent
,
~cr
lieu à objection : il était rare alors
1es tal?nls du jeune officier la fc~mc et aju Lemcnt. Lui-même n'y son,,.c point tout q_u un~ .Jeune fille se mari,lt plus lard qu·à
occupé qu'il est de s'avancer. sa cba~telé
e mari est Lei, que, au 15 l'Cndémiairc
d_,x:hmt ~ns, et le rapporteur du premier Code
lorsque la C~nvention est en péril, c'est Tur~ u,nc autre et .bonne raison, il est pauvre, c~ C-11'11 ve1~a1t de faire fixer à treize ans J'ùgc légal
c es_t pourquoi, comme font les pauvres, pour
rcau,dau moms
autant que Barra•
fi
, ~, qu,. pro- avoir une femme à lui, il aspire à se marier. du martage pour la femme. Quant à la f'o rpose e con ier à Bonaparte le comm:mdcmcnt
t~n~,. si Julie s'ét~(t conte~~ée de l'ainé. &lt;tui
des troupes et qui se fait son garant en même
n a, a,t nulle pos1L1on, Desirée pouvait bien
Lemps que les députés corses.
'
li
prend.re le cadet, qui du moins était général
Bonaparte. se s?uvicnt du senice. Général
de brigade.
en chef de I armce d'Italie , ,·1 em mene
• TurProjets de mariage
~onap~rle, arri,·é à Paris en mai, y est en
rcau, non réél_u, comme garde-magasin. Mais
plcmc di~grficc, fort désargenté, cl se racTurreau se fo rt encore suivre de
f
A Mar cille, Bonaparte s'est pris, chez sa croch~ unrquc?'1ent à cc mariage. 'il le manlaqueIle, a• déf:aut de oénéraux sa cmme,
bellc-sœur, madameJoseph, à jouer « à la petite que,_ 11 ne lm reste qu'à aller prendre du
qt;lle trouvr. De là de "continuc'ner~~fnc:r lr mme » aYcc sa sœur, une jolie jeune fille service en Turquie, à se meure comme d'auc urrcau, prétend-on, en meurt de cbaori~:
1. Gne ,.communicalion de lf. Félix \'érany, l'au·I. Il est impossible cl"accordcr la moindre créance
La femme retourne à Yer ailles . "
l'Emp·
li · .
, ou, sous ~u Roman conl~nu dans la Brochure intitulée : Qua- teur de I mtéressanle brochure : La Famille Clar
ire, e e v1va1L fort misérablement , apnt
.
~/ Qscar li, llarseil(e, 1893, in-12, m'a permis d~
't'!1~. (_ell,-es 111édi:es de Napo/fo11 rrcu('illics par

A

r

. Paris, 182:J, 8•.

1
cctifier 1~ d~te de naissance de Dêsirée et m'a fourni
quclqurs 1nd1cations précieuses.

�_ _ _ _ _ _ __ _ _ _ _ _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ J

, . - 111STO'J{1A
sirée qui la sollicite. Elle désire qu'il serve de
tard madame de '.Lesparda, en attendant que
parrain au fils q11'elle vient de mettre au
tres aux spéculations sur les biens nationaux.
Vendémiaire sun·ienne el qu'il se fasse prendre
monde. Un fils I ce fils qui manquera à ses
Même, lorsque, par degrés, sa situation
au mol par madame de Beauharnais.
destinée , qui déjà y manque tellement,
s'améliore un peu, qu'il est employé par le
Le silence alors pour Désirée, un plein el
Comité de Salut public aux plans de campagne, absolu silence, cl d' elle une plainte s'élève, si l)ésiréc, comme par une vengeance contre
celle qu'elle appelle la l'ieille, contre Joséil senl combien celle place, qu'un hasard lni
douce, si tendre, qu"elle sonne aux oreille
a procurée, est précaire el in table. D{,sir{,e comme une harpe qu'on brise: &lt;cVous m'avez phine qu'elle hait, s'en pare devant lui, cl lui,
peul seule l'en tirer, el il ponsse on frère rendue malheureuse pour toute ma , ic, et faisant contre fortune bon jeu, accepte le parpour obtenir une réponse. A chaq11e lettre j'ai encore la faiblesse de vous tout pardonner. rainage el, tout hanté qu'il e l par les chants
o sianesques, donne à l'enfant le prénom
qu'il écrit à Joseph , cc sont dt's omenirs
\'ous êtes donc marié ! Il n'e l plus permis à
pour elle. Elle, de son côté, e l aussi en cord'Oscar. Peu de chose cela. Mais il fera
la pauvre Eug{,nie de vous aimer, de penser
respondance avec lui, elle lui demande son
à vous .... A présent, la seule con olation qui mieux.
portrait : il le fait faire, le lui em·oie. Est-elle
cc i Bernadotte a été maréchal de France,
me reste esl de vous savoir persuadé de ma
avec sa sœur cl son beau-frère à Gènes cl ne
prince
de Ponlccorrn el roi, c'est son mariage
constance, après quoi je ne désire que la
donne-t-elle plus de ses nouvelle ? cc Il faut,
qui en e l la cause, a dit 'apoléon.... es
écrit-il, pour arriver à Gênes qu'on passe le mort.
« La vie est un supplice afl'reux pour moi écarts pendant l'Empire lui ont toujours élé
fleuve Léthé. &gt;&gt; Elle csl La silencieuse, à
depuis que je nr puis plus vous la consacrer .... pardonné à cause de ce mariage. &gt;&gt;
laquelle il reproche sans cesse de ne point
Et que d'écarts ! Dès les premiers jours, le
Vous marié! Je ne pui m'accoutumer à celle
écrire. Brusquement, il veut une réponse défi18
brumaire, Bernadotte prononce son oppoidée, elle me lue, je n'y puis survivre. Je ,·ous
nitive : il faut que Joseph parle au frère
lerai voir que je suis plus fidèle à mes enga- sition. Il n'en csl pas moins appelé le lended'Eugénie. cc Fais-moi parvenir le résultat, cl
gements, cl, malgré que vous ayez rompu les main à siéger au Conseil d' État, puis nommé
tout est dit. n
liens qui nous unissaient, jamais je ne m'en- général en chef de l'armée de l'Ouest. Là, non
Le lendemain , sans attendre que sa lettre
gagerai avec un autre, jamais je ne me seulement il fait de l'oppo ilion, mais ouverail pu parvenir à .Joseph: « li faut, dit-il, que
marierai .... Je vous souhaite toutes sortes de tement il conspire contre le Premier Consul,
l'affaire finisse ou se rompe. J'attends la
bonheurs cl de prospérités dans rntre ma- il prétend soulever on armée. - On sait à
réponse avec impatience. &gt;&gt; Puis un mois se
riage; je désire que la femme que vous avez présent les détails. - Quelle punition? Aupasse, el, sauf des mots de souvenir, plus rien.
choisie vous rende aussi heureux que je me cune. Bonaparte seulement, pour l'éloigner,
C'est que, entre lui et cette enfant de qual'étais proposé el que vous méritez; mais, au veut l'envoyer ministre plénipotentiaire aux
torze ans, la pelile fille de Marseille, point
milieu de votre bonheur, n'oubliez pas Étal -Unis. Bernadotte ne refuse pas de partir,
jolie peut-être, mais charmante avec ses sourmais joue une comédie qui réussit au mieux
cils charbonnés, ses yeux doux, son nez qui Eugénie cl plaignez son sort. &gt;&gt;
el 'arrange pour que les frégates qui lui sont
se relève, sa bouche aux coins montants, son
Ce lut pour Bonaparte, qui n'était point destinées ne soient jamais prèles.
air très chaste, réservé et pourtant très tendre,
L'an d'après, c'est l'affaire de Moreau, et,
capable d'oublier, comme un remords, le
Paris, ce grand Paris inconnu où Bonaparte
si
Bernadotte
échappe encore, c'est que Bonavient d'aborder avec ses bottes éculées, son souvenir de cet amour qu'il avait inspiré plus parte le veut bien, c'est qu'il pen e toujours à
sans doute qu'il ne l'avait ressenti, où d'un
uniforme râpé el sa suite de deux aides de
enfantillage il s'était insensiblement laissé Eugénie, qu'il a charge d'elle. Bonaparte fait
camp faméliq11es, a interposé ses femmes, les
conduire à un projet d'ambition, el où enfin, mieux. li a racheté à Moreau tous se biens,
êtres faits d'élégance, de grâce el de supersa terre de Gro bois, on hôtel de la rue d'Ansans y penser, il avait brisé ce cœur de jeune
cherie, les êtres donl le fard avive les yeux
jou.
Cel hôtel, qu'il a payé 400 000 francs, il
fille. Il semble que Loule sa vie il ait pensé 11
d'un éclat magique, donl les toilettes dessile
donne
à Bernadotte.
racheter, à se faire pardonner cet aliandon.
nent les formes pleines en soulignant tout ce
Vient l'empire : pour Eugénie, il fait BerDès 1797, à Milan, il songe à ,bien marier
qui esl à désirer, en dissimulant, en agrémenDésirée, qui, à cc moment (novembre), est à nadotte maréchal d' Empire, grand-aigle elchet
tant plutôl tout ce qui serait à cacher; les
Rome avec sa sœur et ·on beau-frère, Joseph, de la huitième cohorte de la Légion d'honêtres de gaîté et de plaisir, que la vie monneur, président du collège électoral de Vaudaine a affinés el qui, comme des fruits mihis ambassadeur près de Pie VI. Il donne une cluse, chevalier de !'Aigle noir ; pour elle, il
en serre, arrivés à leur maturité pleine el lettre très chaude de recommandation au géné- lui donne un revenu de 500 000 francs et
opulente, parés à souhait par le marchand, ral Duphol, cc un très brave homme, un officier 200 000 lrancs d'argent comptant, el la prinsemblent, avec leur coloris faux, leur duvet distingué. Une alliance avec lui serait avanta- cipauté souveraine de Pontecorvo; pour elle,
suspect el que nul soleil n'a effieuré, bien geuse. &gt;&gt; Duphot arrive, ne déplail pas, les il pardonne après Auërstadl, il pardonne après
autrement appétissants que les fruits premiers, accordailles vonl être conclues; mais voici Wagram, il pardonne après Walcheren ; il parun peu verts, des jeunes sauvageons, où le la lerrible scène du 28 décembre, et la robe donne après deux fautes militaires, qui sans
soleil a mis sa flamme, la bise ses gerçures, de Désirée esl couverte du sang de son fiancé. doute n'étaient point que des fautes, après une
Enfin, après plusieurs mariages relusés,
et qui, francs et quelque peu âpres, laissent
conspiration flagrante où Bernadotte, Fouché,
à la bouche la sensation fraiche et puissante pendant que Bonaparte est en Égypte, Désirée Talleyrand mettent en jeu, avec les royalistes,
consent à épouser le général Bernadolle, un
des prémices sylvaines.
les mêmes ressorts auxquels on devra en
« lei seulement, écrit Bonaparte, de tous beau parti sans doute, mais le plus insuppor- 1814 le retour de Louis le Désiré.
les lieux de la terre, les femmes méritent de table des Jacobins pionnants el mailres d'école,
El à travers lui, pour elle, des attentions,
tenir le gouvernail.. .. Une femme a besoin de un Béarnais qui n'a du Gascon ni la l'ive des amabilités qui surprendraient si, toujours,
six mois de Paris pour connaitre ce qui lui est allure ni l'aimable reparlic, mais dont la celle pensée de se faire pardonner n'était en
dù el quel est son empire. &gt;&gt; El quelques jours finesse calculatrice cache Loujours un double son esprit. Quand Bernadotte esl blessé au
plus tard : « Les femmes, qui sont ici les jeu, qui tient madame de Staël pour la première combat de Spanden, el que, deux jours après,
plus belles du monde, deviennent la grande entre les femmes parce qu'elle en est la plus Napoléon lui écrit, c'c l pour lui dire cc qu'il
pédante, el occupe sa lune de miel à faire des
affaire. »
voit avec plaisir que madame Bernadotte se
dictées
à sa jeune femme. Du Caire, oi1 il
Certes elles sonl les plus belles du monde
trome en celle circon tance auprès de lui &gt;&gt; ;
- el bien plus belles ! - les femmes de apprend ce mariage qui n'est point pour lui c'est pour ajouter : &lt;c Dites, je vous prie,
lrente à trente-cinq ans, de quarante ans plaire, - car Bernadotte a été etesl pour lui mille cbo es aimables à madame la maréchale,
même, expertes en l'art de se faire aimer bien un ennemi, - Bonaparte souhaite bonheur à cl faites-lui un petit reproche. Elle aurait bien
plus qu'en l'art d'aimer, cl, n'ayant que sa Désirée : &lt;c Elle le mérile. &gt;&gt;
Quand il revient d'Égypte, une des pre- pu m'écrire un mol pour me donner des noumain à offrir, il J'offre à madame de Permon, il
velles de ce q11i se passe à Paris, mais je me
l'offre, dit-on, à madame de la Rouchardie plus mii-res (aYcurs qu'on lui demande, c'est Dé... 38 ...

'---------------------réser\'e de m'en expliquer avec elle la première
fois que je la verrai. »
Point d'attention qu'il n'ait : c'est à elle
que, _après F.rfurth, il résene une des trois
n~agmfiques pelisses que l'empereur de Russit'
\lent de lui offrir. A Ioule occasion bien
q11 'elle ne paraisse guère à la Cour r;r elle
déleste Joséphine el les Beauharnais. ~t ne s'en
e?cbc pas, c'est de sa part des pré ents pn:c1cux : vases de , èn es ou tapisseries des
Gobelins. N'est-ce pas à elle enfin qu'il pense
lorsque - après Walcheren! - il songe à
enroyer Bernadolle à Rome comme "'OUl'erneur
A''.:néral - par suite grand dignitai;e de l'Empire - pour tenir au Quirinal la cour de !'Empereur. arec une liste civile de trois millions
1:.é~alanl ?insi ~ Borghèse, q11i est 11 Turin, h
Elisa. qui est a Florence, presque à Eugène
qui est à Milan?
'
Quand Bernadotl~, au refus d'Eugène, qui
~t' reul pas apostasier, est, grâce à la nculraht~. au 1~oi~s ~ienveillanle, de Napoléon, élu
prince heréd1tairc de Suède, si. à cc momenl
la politique de l'E?1pereur paraît à quelques~
uns nbs~urc et voilée, c·esl qu'ils ne savent
pas _temr comple de son cœur : cc Il est
sédmt par la gloire de voir une femme à
lacpielle il s'intéresse, reine et son filleul
prmce royal. .)) On le voit régler minutieusement les détails de la présentation de Dé iréc
lorsqu'elle prend congé comme princesse de
Suèd~, cl, faveur sans précédent, l'imiter le

N .ll'POL'ÉON

d_imanche au diner de lamille; on le ,·oit graltfte~ Berna_dotle d"un million sur la caisse de
service, lm racheter les dotations dont luimême l'a comblé, négocier al'cc lui la reprise
de P~ntccor,·o, donner un titre el une dotation
au frcrc de Bernadotte.
Certes. il a le droit d'écrire à Eugénie :
« V~?s ~~rez êti:e persuadée depuis longtemps
de 1mtcrel que Je porte à votre famille. »
. Quatre mois plus tard, Dernadouc s'est mis
d a~rd. avec la Russie contre ~apoléon:
moms d un an après, tout indique entre la
~r~nce et_ la Suède la rupture prochaine. Démee, qm n'a consenti qu'à grand'peine à un
cot~rl voya~e à Stockholm, car, disait-clic.
« Je pensais que la Suède c'était, comme
Pontecorvo, un endroit dont nous allions
prendre le litre, &gt;&gt; Désirée se bâte de rercnir
a son hôtel de la rue d'Anjou.
, ~ors, ave&lt;: d_'infinies précautions, ~apoléon
ecrit ~ son mmtSlre des Relations extérieures
de faire loucher légèrement au ministre de
Su!'de q~'il voit avec peine que la Princesse
Royale vienne en France san en a mir obtenu
la permissi?n ; que_ c'est hors d'usage, et qu'il
regrette qu elle qrutte son mari dans des circonstances aussi importantes. Désirée n'en a
cure, elle ne s'en installe pas moins. En
novembre,. quand la guerre va éclater, !'Empereur écrit de nouveau ; il envoie Cambacérès
c~e~ la reine d'~ pagne (Julie Clary) dire qu'il
des1re que la Prmcessc quitle Pari cl retourne

'ET L'ES 'F'EJHJH'ES

- -....

en Suède, qu'il n'est pas rnnvenablr qu'ellr st'
trouve ici en ce moment.
Point d'affaires, Désirée reste. Elle continue
il ~ mmander des robes chez Lt'roy, à recero1r ses amis, à tenir on salon. Elle rn aux
eaux avec sa sœur, revient 11 Anteuil renlrl'
à Paris comme i rien ne se pa sa.il. Eli(•
lr~uve ~ ême fort extraordinaire que les Français qu elle reçoit c permettent de hlf1mcr )('
c_ï-d_evant maréchal d'Empire dc,cnu généralis une de armées combinées du nord dr
l'Allemagne. Il e. t vrai qne, si l'on en croil
d~s gens bi~n informé , en mème temps qn't'llc•
f?1l passer a Bernadotte les suprêmes adjural1~ns de ~~poléon, elle sert plu ieu rs foi,
d mlerméd1a1re entre son mari, Fouché cl
'f'alleyrand.
'!l était démontré que Désirée a profité de
~a fa1bless~ que lui marquait !'Empereur pour
etre c?nsciemme~l le lien d'une intrigue entre
conspirateurs qui se connaissaicnl de vieille
date, que devrait-on pen er d'elle? Mien~
vaut_ croire qu'el!c ne resta à Paris que par
passion pou~ Parts, afin de ne point quitter sa
sœur, ses mèces, son monde, ses hahitudcs.
Elle y était en i814 et eut part, comme
d'autres, aux visites d'Alexandre de Russie •
elle y était en 1815, pendant les Cent-Jours'
et, le 17 juin, la veille de Waterloo, elle co~~
mandait, chez Leroy, une amazone de nankin
et un peignoir en percale garni de valenciennes .
A présent, c'était Eugénie qui avait oublié ....
FRÉDÉRIC

MASSON,

de l'Académie /t·ançaise.

Watteau
Le gr~d poète du xvm• siècle est Watteau.
Une créallon,. Loule une création de poème el
de r~ve, sorlle de sa tête, emplit son Œuvre
de 1~l~gance d'une vie surnaturelle. De la
fanta1s1e de sa cervelle, de son caprice d'art
d_e son génie tout neuf, une féerie, mille fée~
r~e~ se sont envolées. Le peintre a tiré des
v1s10ns enchantées de son ima!rination un
~o?de idéal, et, au-dessus de sono temps, il a
ball un de ces royaumes shakespeariens une
de ces patr·ies amoureuses et lumineuses' un
de ces paradis galants que les Polyphile b.Uissent sur 1~ nuage du songe, pour la joie délicate des ,'lvants poétiques.
. Mais parlons de ce chef-d'œuvre des cbefsd ~uvre français : L'Emba1·queme-nt de Cygie,·e. · · · Voyez ce vert des arbres transpercés
e ton~ roux, pénétré de l'air ventilant, de
la lurr.uère aqueuse de l'automne. Vo ez sur
le délicat aquarellage d'huile grasse,y sur le

lisse ~énéral de la toile, le relief de cette
pannel.Jère, de ce capuchon· voyez la pleine
pâte des petites figures a~·ec leur regard
d_ans le contour noyé d'un œil, avec leur soume dans le contour noyé d'une bouche· la
belle el coulante fluidité de pinceau sur 'ces
décolletages el ces morceaux de nu semant
leur ~o~e voluptueux dans l'ombre du bois!
Les JOhs entre-croisements de pinceau pour
faire rondir une nuque! Les beaux plis ondul?nls aux _cass~res molles, pareils à ceux que
1ébaucb~1r fait dans la glaise! El l'esprit el
la galanhse de touche aux fanfioles, aux chignons, am bouts de doigts, à Loul ce qu'attaque le pinceau de Watteau ! Et l'harmonie
~e ces l?intains ensoleillés, de ces montagnes
a la neige rose, de ces eaux reflétées de verdures ; et encore ces rayons de soleil courant
s?r le~ robes roses, les robes jaunes, Ies jupes
zmzohn, les camails bleus, les vestes gorge-

de-pigeon, les petits chiens blancs aux taches
de feu! Car nul peintre n'a rendu comme
Watteau la transfiguration des choses joliment
~ )?rées sous un rayon de soleil, leur doux
pahssement, l'espèce d'épanouissement difl'us
de leur éclat dans la pleine lumière. Arrêtez
un ~ornent vos regards sur cette bande de
pèle_rms et de pèlerines se dressant sous le
sol.et! ~uchan~, près de la galère d'amour
prele appareiller : c'est la gaieté des plus
adorables coule~rs de la terre surprises dan
un rayon de soleil, el toute celle soie nuée el
tendre .dans le fluide rayonnant mus fait involon~1remenl vous ressouvenir de ces brillants msectes qu'on retrouve morts avec leurs
~uleurs encore vivantes, dans la 1dmière d'or
d un morceau d'ambre.
~e tableau, l'Embarquement de Cyth~re, est la merveille des merveilles du
Maitre.
EDMOND ET JULES DE

GONCOURT •

�La

•

Vte amoureuse

de François Barhazanges
... et le bonheur au monde
Peut n"avoir qu'une nuit comme la gloire un jour.
ALFRED DE MUSSET

(Namou11a).

l'étain du chandelier. Le vent de la fenêtre
sées la ramena insensiblement vers la terre.
ouverte couchait la flamme oscillante, faisait
Un à un, les hôtels de !'Enclos . éteignaient
trembler contre le mur l'ombre comique de la
leurs façades. Des portes, en retombant, ébranrobe de chambre et du bonnet de nuit à coques laient le lourd silence des ruelles noires. On
jaunes .... Dans cet appareil malséant à la dignité entendait les voix errantes de promeneurs inconseillère, M. Barbazanges humaitla fraîcheur visibles, l'égouttement continu ·d'une fontaine,
nocturne et considérait l'état du ciel.
le choc des seaux sur le paré.
La nuit, ·chaude encore du jour torride, était
L'antique maison des Barbazanges, qui avait
toute bleue, d'un bleu cendré, vaporeux et
à ses fenêtres des sirènes et des salamandres,
doux. Le clocher de la cathédrale semblait un
des feuillages frisés et des porcs-épics, était
noir nécromancien, en bonnet pointu, qui
bâtie au flanc escarpé du Puy-Saint-Clair, sur
mesurait les angles diamantés, les courbes lule côté nord de la place de la Bride. A vrai
mineuses des constellations surgissantes. Le
dire, cette place n'était guère qu'un carrefour
Cygne planait au zénith; le Serpent menaçait
borné par la tour ruinée de la Barussie, le mur
Hercule. Vénus, qui s'étail levée, nue comme
' latéral de l'église Saint-Pierre, les débris du
une perle, sur la grève pourpre du couchant,
Château et la rampe de pierre qui domine
_commençait de descendre, effrayée par le vieux encore aujourd'hui les anciens fossés de la
Saturne dont la face maléfique apparaissail de
ville. A gauche, le quartier Redole-Peyre dél'autre côté du ciel, entre les quatre étoiles du gringole jusqu'à la Corrèze : à droite, la rue
Capricorne.
des Morts descend à pic vers la Solane qui
L'opposition de ces planètes inquiétaiLM. Barroule ses eaux empuanties entre des bâtisses
bazanges, soucieux d'établir, selon les règles,
fortifiées, des papeteries, des jardinets cl des
le « thème de nativité »de son ms. Son âme,
. moulins. On aperçoit la rue du Fouret remonfascinée par l'étincelante géométrie stellaire,
tant sur le coteau de I' Espinas, tout couvert
voyagea quelque temps parmi les douze &lt;&lt; maide maisonnettes clairsemées, de « pirces » de
sons du Soleil ll; mais le poids de ses penvignes, de petits arbres en boules. La place de

Le f 7 juillet 1675, madame Catherine La
Poumélye, femme de M. Jacques Barbazangcs,
conseiller au présidial de Tulle, accoucha d'un
garçon beau comme le jour. La matrone sagefemme, l'ayant lavé dans une eau tiède, le
présenta·toutnu sur ses langes à monsieur son
père, qui s'émerveilla de le voir si bien fait.
Il n'y eut pas de servante dans la maison qui
ne criât au prodige, et le bruit se répandit,
par tout le faubourg de !'Enclos, que le fils
premier-né des Barbazanges était pareil, hormis les ailes, au petit Cupidon naissant.
Cependant que tout dormait dans la maison,
monsieur le conseiller quitta l'habit cl la perruque, et monta jusqu'en son cabinet de physique, pour s'y reposer l'esprit.
Ce lieu n'a,·ait rien de majestueux ou d 'agréable. C'était, sous les combles mêmes du logis,
une manière de grenicr'-avec deux mansardes
et une brèche dans le toit, où, par les nuits
claires, 111. Barbazanges dressait une longue
lunette d'astronome. Point d'autres meubles
qu'une table, un bahut, deux vieilles chaises, et
quantité de machines, sphères, bocaux, astrolabes, brillant de cuivre .et de cristal. Les
toiles d'araignées ne manquaient point, ni la
poussière, car les domestiques n'avaient pas
licence d'entrer dans ce réduit pour le nettoyer.
S'il y avait eu quelques lézards empaillés, pendant au plafond, et une chauve-souris clouée
sur la porte, le cabinet de M. Darbazanges eût
assez bien figuré le laboratoire de Faustus.
Notre conseiJler, nullement magicien, mais
curieux de toutes sciences, se plaisait fort en
ce gîte. Il y pouvait disséquer des grenouilles
sans que madame Catherine , son épouse,
menaçât de s'évanouir; il y pouvait arranger
des collections de minéraux et lire de vieux
livres louchant la médecine et l'astrologie.
Pline l'Ancien faisait ses délices; il connaissait
par cœur les Astrnnomiques de llfanilius, et ces
rêveries ne l'empêchaient point d'entendre les
affaires et d'arrondir honnêtement son bien.
Son cousin par alliance, le bon chanoine La
Poumélye, admirait parfois comme en llf. Barbazanges l'astronome et le magistral se comhattaient rudement : il y voyait un symbole de
l'idéal et du réel, de la grâce et de la nature.
La chandelle pleurait un suif jaune sur • Ce

samedy, vingt-septiesme jour du mois d e juillet, l'an mil six cent soixante-treize .... • t ·a chandelle 1&lt;resillait. La plume criait sur le parchemin.... (Page .p.)

... 41 ...

�r

' - - - - - - - - - - LA Y1E .ll.MOU~EUSE DE F~ANÇOlS B A~B.llZ.llNGES

111S TOR._1.Jl

la Bride. formant une ~orle d'éperon, domine coutume de la province. Les gens du Basles vall~!'s des deux rivières, rt le vieil Enclos, Limomin ont un goût étrange pour l&lt;' surnacœur triangulaire de Tulle, que la Corrèze el turel. lis ont remplacé l&lt;'s druides gaulois par
la Solane enferment en leur confluent. Parmi des metjesou sorciers, et vénèrent extrêmement
l'enchevèlremenl drs toits, M. Barb~zanges les étoiles du ciel. les arbres des bois, les
apcrce1·ail la petite lourrlle octogonale du pierres cl les fontainrs.
Quand le &lt;&lt; thème » fut achew\ M. BarbaCh.Heau, la hrllc maison sculptée des nuzanges
alla quérir dans le bahut le « line de
fraysse de Vianne. la profonde roupure Lorraison
l&gt;
que ses parents lui a\'aicnt transmis
Lurusc de l'escalier des « Quatrr-Yingts »,
en
héritage.
C'était un livre très vieux, 11 feuilqui de cend \'Cr, la Grand-Place, cl la flèche
aiguë du clocher. Il devinait les zigzags des lets de parchemin, à pesante reliure brune,
rues principales partageant les faubourgs en bardée de fer comme un coffret. Chaque Barbazangcs, à son tour, a\'ail marqué, d'une
&lt;&lt; îlots l&gt; , les ligne de la première cl de la
seconde enceinte, les tours de défense, accrou- ferme écri ture de jeune homme, puis d'une
pies comme de chiens sur les remparts rui- écriture tremblée de vieillard, les mémorables
nés; el plus loin encore, à l'extrême horizon, incidents de son existence. Les variations de
dans la transparence bleu:1tre. où des feux épars l'orthographe indiquaient les progrès de la
rougissaient, le dessin des collines qui, de langue, - de l'an 1540 à l'an 1670, - mais
L\l\'erge au Rocher des Malades et de l'E la- d'une page à une autre page, et d'une vie à
bournie au Puy-Saint-Clair, couronnaient de une autre vie, les mêmes formules, les mêmes
événements se reproduisaient, presque idenverdure sa ,,ille chérie....
tiques: c'étaient des baptêmes, des morts, des
Là, el dans !'Enclos même, était le berceau
mariages, des contrats de vente el d'achat, des
de Barbazanges, famille artisane enrichie au
notations précises sur l'aspect du ciel au modernier siècle, haussée jusqu'à la bourgeoisie,
ment des naissances, l'état de la lune, la posiel qui, depuis cent ans, donnait des consuls
tion des planètes qui influencent le sort des
au municipe el des magislrals au présidial.
nouveau-nés. Quelquefois, le récit bref des
Jacques Barbazanges était né place de la Bride.
heureuses fortunes ou des calamités publiques;
Le jésuites l'avaient instruit en leur collège.
la guerre contre Henri de Turenne el le siège
li avail participé aux processions solennelles,
de 1585, le dévouement civique d'un Barbaaux représentations Lhéàlrales organisées par
zanges, blessé sur les remparts de Tulle « près
les bons Pères, aux « Jeux de la Vierge l&gt;, qui
du bon capitaine Jehan »; des fareurs royales,
remplaçaient les &lt;&lt; Jeux de !'Églantine »... El
des élections de maires et de consuls, l'étrange
même, dans sa seizième année, il avait mérité
abondance de vin en 1615, les inondations
un prix, en compo anl une ode latine sur« les
de 1626, les chutes de grêlons, les famines,
dignités, prérogatives et mérites de la Sainte
l'horrible peste de 1651, sans oublier les
Mère de Dieu ». ... Quel é,·énemenl !. . . Le
apparitions de météores, comme cette comète
plu considérable de a jeune se studieuse,
de 1618 qui avait « une grande queue en
jusqu'aux grands jours de l'émancipation et
rayons de feu de la longueur de deux piques ».
du mariage .... Maintenant, le conseiller, par- Ainsi l'histoire de la famille Barbazanges
,·enu à l'âge de quarante ans, gloire el dilcccôtoyait el reflétait l'histoire de la cité.
lion de la ville, lumière du pr~ idial, très
ver é en toutes sortes de sciences, \'Oyait tarCe samedy, vingt-septiesme jour du mois
divement naître l'héritier tant désiré.... Encore
de
juillet, l'an mil six cent soixante-treize....
un peu d'années, pensait-il, el le nouveau
petit Barbazanges connaitrait la discipline des
La chandelle grésillait. La plume criait sur
jésuites; il marcherait à son rang dans les
processions, triompherait aux Jeux, el, sachant le parchemin. M. Barbazanges éternua encore,
ce que doit savoir un honnête homme, il irait à el renfonça son bonnet de nuit.
Bordeaux, à Toulouse, à Paris même apprendre
.. . environ l'heure de neuf heures ap1·ès
ce que ne doit point ignorer un homme de loi.
Plus Lard, il siégerajt au présidial, chérirait midy, par la grdce de Dieu naquit Fi-ançois,
les sciences, sans négliger sa fortune, et, le mon premier enfant, et de Catherine La
soir, au coin du feu, il entretiendrait son bar- Poumélye , ma femme.... La lune était
bon de père de chimie et de médecine. Une vieille au dernier quartier. Et ledit F1·anfille de bonne maison lui apporterait en ma- çois naquit lorsque régnoit au ciel la plariage des vertus, des gràces, quelque bien. Et nète Vénus, el participe des influences
la cité de Tulle, entre les collines, enfermerait d'icelle et du suyvanl qui est Satume ....
doucement sa vie el ses désirs.
Le conseiller rêva un instant, et, ne sachant
La petite place était déserte. Le clocher
noir, dans le ténèbres bleuissantes, regardait s'il devait sourire ou soupirer, il termina enfin
les constellations tourner autour de sa flèche. l'horoscope :
M. Barbazanges éternua....
Si Dieu lui faicl la gnlce de vivre, ses
JI croisa sa robe de chambre, ferma la fenêtre el resta, le nez dans ses grimoires, jus- qualités seront principalement qu'il sera
qu'à minuit sonné. Le bonhomme n'était pas très bien fait, civil dans ses manières el
le eu] bourgeois du pays qui e piquât son langage, et, nonobstant sa complexion
d'astrologie. S'il y apportait plus d'ardeur et mélancholique, poly, aimable et point avade curiosité que ses amis Peschadour, Melon 1·icieux. Mais l'opposition des planètes me
et Baluze, il ne faisait pourtant que suivre la porte à cmindre qu'étant très beau de

~01·ps et de visage, il ne soit fort aimé d'un
chacun, el s1wtoul rle.ç femme.ç, pai· le.çquel/es luy pot11'1'oil aiTit,er malheu1·....
Aussy, je pry Dieu que le fasse homme de
bien, 1·égulier en Jés11s~Ch1·ist el fort éloigné
de /011 l libel'tinage.
II
Madame La Poumélye la mère, et M. Jean
Baluze. frère du célèbre écrirnin. tinrent Fran~ois Barbazangcs le jour de son baplème, qui
fut le 50 de juillet. Après la cérémonie, les
dames de Tulle Yinrenl complimenter l'accouchée. Malgré la chaleur cxtrème, les fenèlres
de la grande cbambre étaient closes el un fen
de fagots faisait rougeoyer les boiseries grise
el les quatre « pentes l&gt; ou panneauxcn tapi. seric d'Aubus on. Sur un cabinet de laque, on
avait placé, bien en rnc, les pré ents du parrain et de la marraine : une chaine d'hyacinthes
et cornalines et un fort beau tour de gorge en
point de Tulle. a,·ec les manches pareilles, qui
,·enail de chez la bonne faiseuse, mademoiselle
Contrastin.
Le malin même, l'évêque Mascaron - le
plus aimable prélat de France, qui estimait
madame Catherine el lui prêtait force roman
- avait en\'oyé une boîte de dragées el de
nonpareilles. Les visiteuses goûtaient à ces
douceurs, et, parlant toutes ensemble, étalaient
leurs jupes de moire el de ferrandine, leur
corp busqués, leurs belles coiffes, leurs petits
éventails d'i"oire dorés el ci clés à jour. L'une
citait quelque remède convenable aux femme
en couches; l'autre donnait son avis sur la
nourriture de enfants; celle-&lt;:i déplorait l'humeur jalouse de son mari ; celle-là, l'opinit1lreté de sa servante. Et toutes s'accordaient à
envier l'heureuse condition des hommes, qui
n'ont de la paternité que les plaisir . Cependant le petit François criail en son berceau ,
que la vieille Marceline - nourrice de madame
Barbazanges - faisait branler doucement. Les
dames, aussitôt penchées vers lui, louaient sa
bonne constitution, sa beauté miraculeuse,
s'étonnant qu'il ne fût ni ridé, ni gonflé,commc
on voit les enfants de deux jours, plus semblables, certes, à des crapauds écarlates qu'à
des êtres humains. Elles admiraient le duvet
blond frisant sous le bonnet de guipure, les
yeux bleu foncé, les joues pétries de roses.
Telles des fées dans l'alcô,•e d'une reine, elles
composaient à leur façon l'horoscope du joli
François, el, lui promellant une rie Loule
amoureuse, elles plaignaient déjà les pauvres
filles que ses yeux bleus feraient pleurer.
Le berceau craquait ; le oleil oblique riait
aux carreaux; la matrone, accroupie devant la
rougeur du foyer, dépliait des linges, et, sous
ses rideaux de ras rerl , madame Catherine,
attendrie, orgueilleuse et lasse, sentait le premier lait lui monter au sein.

III
François Barbazanges ne fil mentir ni le
astres ni les dames qui lui avaient promis
une si galantr destinée. li commença de plaire

dès qu'il commença de vivre, et, sans y penser même, le pauvre innocent, il exerça sur
les ye~x et les cœurs féminins la plus élranae
tyranme.
"
li portait encore la robe longue et le bourre!et, que les commères, dans les rues, arrêlarnnl sa berceuse Marceline et le voulaient
pre~dre d~s leurs bras. &lt;r Ab! le beau poupon .... Qu il est gras ! qu'il est joli! Diou lott
f~so cr~yi·e •1. .. l&gt; L'enfant répondait à ces
m_1g~ard1 es par des cris lamentables, et, certain J_our qu'une bohémienne noire et puante
fit mm~ de le baiser, il manqua de tomber en
convulsions. M. Barbazange ' averti, saboula
rudement la berceuse, et lui défendit de laisser ~ucu,nes_gens loucher au petit François,
car _11 n était pas rare que des enfants de
famille fu~sent v~lés par des maugrabins.
Quand il eut laJSSé les lisières el pris l'habit
de garçon, François montra toute la douceur
de son caractère. Ne sachant ce qu'étaît laideur ou_ bea?té, ne tirant point vanité de sa
figure'. il était modeste, timide, et nonchalant
par gout_ de rêver. Monsieur son père l'aimait
a la fohe et madame sa mère en était si
éperdue que, par l'excès de leurs caresses
ces tendres parents riscruaient fort de gâte; Le~ dames, penchees vers l11i, lo11aie11I sa bonne c .
d 11ne rtine, elles composait11/ à leur façon l'hor~~:~;:1~onj st ~a11/e t~iracu/e~1se. Telles des f ées dans l'alcôve
son b~n naturel. En vain madame La Poumélye
re11se, elles Plaignaient déjà les pa11vres filles q11e ses
ob,l rafnçois, et, 1111 promettant une vie to11teamo11ux e11s eraient pleurer. cPage 42.)
arguait de ses droits d'aïeule pour quereller
les Barbazanges.
;:-- Vertuchou! disait-elle, rous saurez ce gistrats._ Instruits au même collège, nobles et
Cf~ il en coûte, ma fille et mon gendre, d'aroir bourgeois ne se distinguaient point les uns av~c u~e chaleur qui eût scandalisé le vulfait u~ trop beau garçon. Bientôt mon coquin ~es autres, et gardaient un vif amour de gaire, s1 toute la France n'eût connu la chasde l'illustre fille, _ laquelle était d "à
de pellt-fils réclamera des habits galonnés et 1éloquence t des belles-lettres. Il n'était pas teté l"
.
eJ,
sur
age, noire, maigre et &lt;&lt; suant l'encre
7
de~ rubans, et, _l'âge d'amour venu, il vous de cérémome sans di cours en prose ou en
ruinera en perruques blondes .... Il fera vers. Assurément, on voy~it à Tulle beaucoup par tous les pores », comme di ait celle peste
co~me ce freluquets, sortis d'honnêtes bour- lr~p de pédants et de précieuses, qui ne retar- d~ m_adame Cornuel. Le bon évêque, cependant
f?1sa1t de la C/élie et de l'lbmhim l'occupa~
gco1~, procureurs et juges, qui singent le
daient sur ~aris q_ue de cinquante ans, mais lion de son automne. Ces ouvraaes qu1·
.
c ,
comgentilsho~mes et, malgré les lois somptuaires, on y ~rouva1t aussi des avants estimables et
m~nça1ent à passer de mode, gardaient pour
portent l épée et le velours .... ie d'irai·t-on quantité de bons e prit .
lui leur. ,fleur de nouveauté• JI y 1rouva1t
.
pas que la roture de leur papa leur pue au
' La présence de ~r. Ma caron avait enflammé
~ez !. .. yotre François, ma fille, quittera le ~ une ~rdeur nouvelle tous ces génies bas- « quantile de choses propres pour réformer
le ~ond_e l&gt;, et, dans les sermons qu'il pré~~ge r1 et la moire lisse. Il se croira trop hmousms.
parait, il mettait, de son propre a.veu 1
rnn ait pour étudier' et, plutôt que de se
Le célèbre évêque avait appréhendé que la Scudéry &lt;r à côté des Pères de l'Église » n' · a
morfondre sur les Pandectes, il courra les rudes_se de~ habitants n'égalât l'àpreté des d
.
. IBO
e cc qm louchait cette héroïne ne lais ait
fill?_s.. ·: Mettez-moi ce poli son au collè e' chemins qm entouraient sa ville épiscopale.
~I. de Tulle indifférent. Aussi pressa-t-il
Qu Il aille apprendre le latin cl
· gl ·
fouet' c·
.
.
recevoir e 9~and, pour la première fois, _ Je 18 de fo:tem~nt M. Barbazanges de contenter sa
· eSt amsi qu'on devient honn' t
homme.. ..
e e J~m 1672, - son carrosse avait descendu chrre cudéry et de prendre en mains la juste
1effroyable pe_n~e de la rue du Fourel, il avai t
.
~es discours ébranlaient M. Barbazan es . cru « se préc1p1ler aux abysmes ». L'accueil cause
" , de madame
• de Combareilh
'
• Le proces
mais _madame Catherine faisait un soupi~ e; respectueux et magnifique des citoyens les gatin~, 1a marquise, rnuve et mère d'un jeune
~:::~l duo pleur, _e_t le bon époux cédait aux ha_r~gues des magistrats, presque t~utes fils, ,~nt à Tulle remercier le conseiller Barba.
. , .Elle fit une visite à madame Catherme,
, e sa mo1llé, lesquels s'accordaient sp1.~1tu?ll~ et sensées, lui firent bien voir zanges.
qu_1 eta1t grosse et incommodée, et, l'année
secrelemen t avec les siens propres
~u 11 n était point chez des sauvages. Et, cinq
Jusq
·
.. u'à d'~x ans, François ne quitta
point JOu~s après son arrivée, il put écrire à son smvante, quand naquit François, elle envoya
une lettre du tour le plus précieux el le plus
la vieille maison de l'Enclo Il
d.
ses ère et
s. gran 1t entre anne 1~ plus chère, Madeleine de Scudéry : galant du monde, avec un très beau prép
mère, sa grand'maman sa ber
&lt;r. S 11 ne fallait pas venir à Tulle elle
sent.
ceuse, et la compagme
• ordmaire
. . 'des Barbazanges.
- serait_ une fort jolie ville, et je ne suis 'point
L'amitié de madame de Combareilh devait
s~rpr1s que ceux qui ne font que passer en ~~ocurer aux Barbazanges les bonnes gràces de
La Cet~e mpagnie, où brillaient l'abbé de d1se~t du mal,_ et que ceux qui y séjournent
1e~êque. Il apprit que l'épouse du conseiller
gar e, es Baluze, le médecin Pesch d
en disent du bien 1 • »
étai
l vertueuse
el bien faite • et qu'elle ava1.1
~~:~tt-rriest, les Melon, les Rabanide~ ~~:~
·
M. Bar?azan.~es conquit l'affection du prélat de l'esprit,
possédant par cœur les ouvrages
Limousi!. utt.:;~~tedet la plus policée du Bas- par un~ smguher~ rencontre : il fit gagner un de M. d'Urfé ~l de La Calprenède. D'autre
monta n
.
e Tulle, isolée dans les pr~s ~ une certame marquise de Comhareilb,
p_art, les_Baluze 1assurèrent que madameCatheg es, était une véritable ré hl'
sous l'autorité paternel] d
, yu ique, qui était la propre cousine de mademoiselle de rme était bonne à la cuisine comme au sa!0
.
e e ses eveques . et
con lramte de se suffire à li
•
. .' ' Scu~éry. On sait en quelle estime M. Mascaron el qu'elle préparait parfaitement Je lièvre • 1n
a a
son propre flanc el é ~ e-11;1eme,_tirait de tenait la « nouvelle Sapho J&gt; . Il parlait d'elle i·oya1e, qu'on appeIle en limousin « la leb1·0
.
erg , onct1onnaires ma1• • 0 ,eu le fasse croitre r ,
1. Deu:e k(tre, de Mascaron à mademoiselle de e'.i cho~essa1· ».. Cc discours attendrit fort le
'
Scudfry pubhécs par René Fage. (Tutte, 1885.)
pieux evêque et il fit incontiment porter chez

y:'

f

�_

111STO'RJA

---'---------·-----------------------------~

madame Darbazanges les œuvres complètes de
Madeleine de Scudéry, reliées en veau plein
et timbrées aux armes épiscopales .
Après le départ de M. Mascaron, - en 1685,
- madame la Conseillère et ses amis conservèrent ces mêmes traditions de la Chambre
bleue, que la marc1uise de Combareilh perpétuait ~n son cbùtcau des montagnes. lis se
réunissaient tous les samedis, pour lire les
lellrcs de M. de Lagarde ou de M. r;ticnne
Ualuze, les satires de 1\f. Peschadour, les madrigaux et les épigrammes de M. du Verdier.
Quant à M. Barbazangcs, il ne donnait point
dans le tendre, il ne savait pas pousser sa
pointe, et ne comprenait les énigmes qu'un
grand quart d'heure après que tout le monde
avait ri . Aussi, lorsqu'il n'était pas retenu au
présidial, il demeurait invisible en son cabinet
de physique. Le bonhomme n'était point jaloux. Madame Catherine avait la tête un peu
trop cnnéc de chimères, mais clic n'était pas
de complexion amoureuse el se payait uniquement de grimaces cl de soupirs. Jeune encore,
les yeux bleu de roi bien fendus, les chcYeux
châtains crcspelés, la bouche vermeille, la
gorge belle, toujours décemment vêtue d'étamine du Mans, clic était fort plaisante à voir
parmi ces vieilles fées qu'étaient les sœurs
Baluze cl madame Peschadour. Elle tenait son
cercle dans la salle du premier étage, où il y
arnil des rideaux de crépon vert, un miroir
de Venise assez beau, des tapisseries de Bergame, el douze fauteuils au point de canevas,
œuvrc antique de madame La Poumélye. Les
demoiselles Baluze, en costume de mèrcsgrands, s'asseyaient aux places d'honneur, et,
un peu en arrière, leur nièce, la jolie Perrine,
fi lle du docteur Jean Daluzc, considérait tendrement le jeune Melon du Verdier. li y avait
aussi le médecin Pcschadour, longue figure
jaune sur un long corps noir, el le trésorier
lhbanide, el le chanoine La Poumélye, dont
l'aumusse doublée de blanc, le camail pointu,
noir et rouge, ravissaient le petit François.
L'enfant assistait aux séances, bloui sur les genoux et contre le frais corstige de mademoiselle
Perrine. Il se caressait aux douces mains, aux
joues plus douces, aux boucles soyeuses de la
demoiselle, qui le· baistiil à tout propos en
regardant Melon du Verdier.
Vers la fin de l'an 1685, on fiança ces deux
aimables personnes, et Perrine vint plus rarement chez les Darbazanges. Alors madame Pcschadour amena ses pelites filles, qui étaient
j aunes et laides comme leur papa. Les pécores
se fourraient sous la table, qui avait un très
grand Lapis, et, dans celle manière de Lente,
elles alliraient le pcli t Darbazangcs cru·elles
nommaient leur « pelil mari ,1. Subjugué par
les voix impérieuses de ces Pcschadour, François se laissait arranger la cravalc, friser les
chernux, saccager l'habit ; il embrassait, au
commandement, ses dçux femmes, dont il
a,·ail une ex trême peur. D·abord enchantées,
puis aigrement jalouses, les Peschadour finissaient par s'arracher, bras de-ci, jambe de-là,
le malheureux petit mari .... Les grandes personnes faisaient silence. On entendait la voix
creuse du médecin, qui débitait uoeSatfre sur

les embarras de Tulle, imitée de ftf. Boileau .... Soudain un cri lamentable résonnait
au ras du parquet, presque entre les pieds
du poète, et le lapis levé, on voyait François
tout défait el pàlc, égratigné jusqu'au sang,
et les Peschadour se gourmanl comme des
furies. Madame leur mère les séparait en leur
promettant les verges; une servante emmenait
le petit garçon à la cuisine pour lui laver le
nez, et le pauvre François, dans un àge si
tendre, éprouvait ainsi l'heur el le malheur
de plaire aux dames.
IV
Débarrassé des Pcschadour1 qu'on mil chez
les Ursulines, François vécut seul, sans camarades, ignorant les jeux ordinaires et les
plaisirs des enfants. Sa bonne-maman La Poumélyc lui apprit le Pater et l'A ve en latin,
cl sa berceuse Marccline plus de cent histoires
de rcrenanls et d'enchanteurs. A celle belle
école, il devint plus extravagant qu'un poète.
Eniné de ses propres songes, il errait tout
le jour dans la maison, changeant de place
pour changer d'ennui, el jamais petit bourgeois limousin ne s'abandonna plus jeune à
des imaginations plus saugrenues. Les récits
de Marceline en fournissaient la matière.
M. Barbazanges recevait-il François, par faveur, en son cabinet, l'enfant s'amusait à
peine des curiosités naturelles el des machines,
car il y voyait l'appareil du sabbat, l'antre
d'un druide, la ca,·erne d'un magicien ....
Les demoiselles Daluze venaient-elles voir sa
maman : leurs corps brodés, l'édifice branlant de leurs coiffes, leurs jupes &lt;&lt; en tripe de
Yclours &gt;&gt; jaune, plus roides que les an tiques
vertugadins, rappelaicn t à François ces Carabosses prodigues de méchants dons qu i troublent les baptêmes des princesses. Descendait-il à la cuisine, lieu de délices, où cuisaient
pour lui les châtaignes blanchies, les flougnardes, les tourtous .. .. La vieille Marcclinc,
assise dans le canlott de la cheminée, figurait
celle bonne femme qui prêta son fuseau à la
Belle-au-Bois-dormant. Le petit domestique
Jcantou était peut-être un des trois cents
marmilons qui préparèrent le repas nuptial
de Riquet-à-la-Houppe. ... El quant à regarder
sous le lit de la cuisinière, François ne l'eût
osé pour rien au monde, car, dans les histoires de brigands, il y a beaucoup trop de
ces lits il quenouilles, à rideaux de serge couleur de sang, sous lesquels passent les bottes
épouvanlablc's des voleurs de grand chemin.
Au crépuscule, la cuisine entière s'emplissait d'ombre cl d'enchantements. L'escalier à
Yis, dans les demi-ténèbres, enroulait sa
•pi raie el devenait un escargot géant. L'horloge-fée, détraquant ses poids, sonnait minuit
à Loule heure. Sur la table, les c.'\ rolles devenaient des gnomes barbus de rouge cl les
choux de grosses dames en robe de brocart
rnrt. Celle palombe au col changeant, tuée
sur l'étang de Brach par M. Jean Baluze,
c'était, hélas! c'étai t l'Oiseau Bleu luimême ! ... Le chat, fidèle serviteur de M. de
Carabas, guettait une souris grise qui prenait
...., 44"'

tout à coup le fin minois et la robe discrète
de Cendrillon .... Ainsi environné de phantasmes, François ressentait quelque épouvante.... Grimpant sur un escabeau, il alleigoait une fenêtre, sorte de soupirail grillé,
presque au ras du sol, et il regardait les
enfants qui sortaient des Petites Écoles, sur
la place de la Bride. Leur bande criarde escaladait la rampe des fossés, au risque de clt0ir,
voltigeait autour de la fontaine, puis s'éparpillait dans les ruelles de Iledole-Pcyre et de
la Porte-Chanac. Des filles effrontées allaient
chanter pouille à mademoiselle Contraslin, la
dentellière, qui se penchait sur la murette de
sa boulique, menaçante el levant un balai de
bouleau .... D'autres, non moins hardies, agaçaient le petit Barbazanges et l'appelaient :
« François, joli François!. .. ,1 Une surtout. ...
Ah! que François la détestait, cette Margot Chabrillat, dite « Margot la Chabrclle ,1 ,
et plus chèvre que fille, assurément, par la
maigreur, la couleur, le caprice el l'impudence. Toujours saulanle et virevoltante, les
pieds nus, les jupons troués, le mouchoir
ouvert, la tignasse crépue sur les yeux, elle
s'approchait de la fenêtre.
- Eh! bonjour, disait-elle aYec force contorsions el cérémonies. Eh! bonjour, monsieur de Barbazanges !... Que vous êtes joli !
Que vous me semblez beau!.. . Si rolre
ramage était pareil à votre plumage, vous
seriez le phénix du Bas-Limousin!. .. Mais
l'Olrc nourrice ne vous a pas fait couper le
fil de la langue, carvous ne sarez point parler
aux gens .... Il vous faut aller en pèlerinage à
Sainte-Claquellc 1.
Et, plus bas, les yeux luisants :
- Viens donc, lourdaud ! Ta mère ne le
saura pas .. .. Nous irons roir les serpents à la
Yitrine de l'apothicaire cl ballre du marteau à
la porte du chirurgien ... . li n'y a rien de
plus divertissant.... Nous descendrons il
cloche-pied les « Quatre-Vingts &gt;&gt; jusqu'à la
tour de Ma'isse . . .. Je te donnerai des pruneaux d'Agrn que j'ai volés chez Lacombe, et
lu m'embrasseras dans les renellcs, près du
barricolicr ....
Ce langage, qui lui rappelait les pires insolences des Pcschadour, faisait horrrur à
François. Quittant le soupirail ou grimaçait
i\Iargol, il se précipitait au giron de sa berceuse, qui posait son fuseau pour le caresser
el lui chantait à mi-voix :
Janctoun, ma mie ...

Cependant, l'extrême ignorance de François
donna quelques remords aux Barbazanges. Madame La Poumélye criait plus baut que sa
tête contre la folie de ses enfants :
- Jamais, disait-elle, jamais bourgeois de
Tulle n'ont élcYé ainsi leur fils unique....
~fonseigncur le Dauphin fut moins gf1Lé ! Que
fercz-Yous de François, plus Lard ?... Un avocat, un conseiller, un juge?... Vous nous la
baillez belle, en Yérilé !. . . 1ourri de billeresées, votre fils deviendra un songe-creux, une
pauvre cervelle éventée, cl non point un
1. Sainte-Claquette ou Sainte-Foi délie la langue
des enfants qui tardent à parler.

"-------------simple et ho~nête magistrat, comme ses
?ncetres. Et Dieu sait qu'avec sa jolie figure
il est, _Plus qu'un autre, en danaer de s;
perverlir !
b
Le bon chanoine La Poumélye venait à la
rescousse :
;- Ma cousine dit fort bien. Il est mauvais
qu _un garçon demeure, passé huit ans, aux
m~ms des femmes. La solitude le rend mélancohqu~; l'ennui le peut conduire à la consompt1?n .... Et quelle honte n'aura-t-il pas,
au &lt;J?~legc, en se voyant, à son âge, mis eo la
derniere cl~ss.e, parmi les marmousets?
~e con~eiller se rendit à ces raisons et l'on
déc!da qu après les chaleurs François irait au
college. Touchée au vif par les propos du cha-

Ù

YlE .ll.MOU1fEUSE DE F~.llNÇOTS B.ll~B.llZANGES

noine, m~da~e Barbazanges voulu t épargner
une morLJficaLJon trop rude à son fils ché . .
elle r~solut de lui apprendre à lire, cl, pi~;
ce _faire, elle choisit, non pas un alphabet
g~a1sseux et rebutant, mais un beau livre orné
d images. Ce livre, naguère les délices de
madame Catherine, un peu délaissé depuis
que M. Mascaron avait mis la Scudé . ,. 1
d 'é . I'
iy a a
mo e, c Lait' Astree, la vénérable Astrée si
pc-sanle que nul ~uv~agc ne pressait mieux'lcs
rab!~s. Le front1sp1cc représentait la chaste
oere, décollct~e et frisée à la mode de la
v1~illc cour, et I auteur, le sieur d'Urfé luimeme, avec la moustache et la royale une
c?uro~nc de lauriers sur le chef, la dép~uillc
d un hon sur les épaules et l'e lomac décou-

b:~

ve~L. Deux petils amours assez vilains versaient sur eux des cœurs et des flam •
A~
d
.
me~ .. ..
orce e voir les représentations de ces
personnes, François souhaita connaître leurs
aven~u:es? et ce désir le piqua si bien qu'il
apprit _a hre ~vec une admirable facilité. On
pe~t b1eo c~o1rc qu'il ne lut pas l'Astrée tout
entière, mais madame Barbazaoges, se souvena_n~ que _i\I. Mascaron faisait prêcher Clélie,
sumt son m~linalion naturelle, el dit à son fils
quel~ues p~l1tes choses d'Astrée et de Céladon,
~t meme d Artamèoe et de Mandane, d'A lat1das et d'Amestris.
g
Ces illustres images s'imprimèrent d
I'
. d F
. .
ans
esprit, ~ ranço1s Jusqu'à effacer les marques
des precedentes. Les Julins et les ogres 11.
parurent bons à diver tir le populaire et \ :
abandonna le pays féerique pour le ro;aume
des tendres allégories et des galantes ab t
t'
n· •
s rac10ns. . ientot, même, la compagnie des héros
et des m:anles l'enchanta si fort qu'il conçut
un dégout étrang~. des fi lles el femmes du
commun. _Non qu il méprisât ces personnes
pa_r orgueil ou dureté d'âme, - elles le trouva1~nt, au contraire, le plus poli du monde l
lOUJ~urs prêt à les obliger, -mais dans Icu:s
mam?res ,et d_ans leurs propos il sentai l la
gross1èrete na1ve de leurs sentiments l 1
bassesse de leur origine. Aussi lui sembla~ent~
elles_ propres _à_soigner les bestiaux, tenir les
houllqucs, cmsmer et ravauder ....
','1 résol~L d_onc, à l'âge de dix ans, de
n epouser Jamais qu'une dame parfaitement
belle, et digne d'occuper le plus illustre t ,•
d l' ·
.
1one
e . umvers, s1 le mérite seul y donnait des
dr01ts et non pas la naissance La b .
, f
·
er"crc
Aslre~
ut so_n premier amour. Ainsi se for~ifia
en lui la hame des coureuses et des elli Lé
l
. 1·.
ron
~s, e p~rt1cu mremcnt de celle Margot Cha- .
brillat qm ne _manquait point de lui tirer la
langue el de_lu1 envoyer des baisers lorsqu'elle
le rencontrait sur la place de la Bride.
V

La bo_utiq1~c de mademoiselle Contrastiu' &lt; ui
rcga:da1l droit en face l'hôtel Barbazangcs, ~ccupait le rez-de-chaussée d'une vieille .
L,
d ,, .
ma1sou.
c _mui: c 1e~1ise Saint-Pierre dominait le
P; ~1t _toit de tuiles où .d'énormes mansardes
b,11U
.
. aienl. Une vaste baie à plein c1·nlrc 1epo1
• .
I'sa1, t, sur a murelle basse que fJ eur1ssa1ent
etc _durant, des haricots d'Espagne, c1c'
c:1pucmes, el .quelques pots de basilic. Nul
rideau, ennemi des amours, ne dérobait aux
passaut~ la vue des demoiselles denlcllï .
to l
. 1·
cres,
li CS Jeunes, JOICS el fort a"rea'bics a
,
o
, l 'CC
Icm•s cornettes ru?hees
et leurs tabliers de
ta~ctas. Il y ~rait parmi elles autant de
pelllcs bourgeoises nue d'arlisanes
flll
. -i
, car 1es
i es pauvres ~l délicates aiment ce travail de
la dentelle qm ne "àlc pas les ma·
L
•
°
ms. a
i~a1trcssc 1cur fournissait le « rezcl &gt;&gt; ou
rcseau nu, pour y broder des /leurs a' l' .
ïl
I
a1~u1 e, et ?ur payait cinr1uantc sous l'aune
1 ouvrage bien blanc et bien fini.
'1690 ' un brui·t de VOI.X
· .;Un, soir d'octobre
.
1111tces ~·etenLJt sur la place de la Bride
Mademo1sellc Contrastin étant à l'assemblée de;

�_ _ __ _ _ . a . - -_ _ __

_

_ _.1

1f1STO'J{1A

Poumélye, qui est en visite chez mon_pap~répondit le jeune garçon .. Je me nomme
- Soyez le bienvenu, mon ami, dit
&lt;1 Filles Dévotes l&gt;' les demoiselles coururent au
Pierre Broussol, cl je me viens rend rc pen- M. Barbazanges. Nous vous attendions. Volr?
seuil de la boutique, l'aiguille ~iquéc sur ~c cor- sionnaire chez M. le conseiller Barbazanges.
chambre est prêle, el l'on va vous donner a
sage el des brins de fil plein le tablier. li
- Eh bien! monseigneur' nous serons
avait plu. Un vent frisquet: ~ec~uant l~s
. .
voisins, dit la Chabrelte, car v?ici, à votre g~u- souper.
li lut la lettre du chanoine, qm 1ut recomhardes sur les balcons, tramail a trave1s
cbc la boutique de mademoiselle Contrastm,
mandait Je petit Broussol :
!'Enclos l'ao.1ère odeur de l'aut?mn_c. Les
où l'on Yend le point de Tulle.... ous sommes
toits humides réYerbéraienl un ciel e~rlate
C'est cormne vous savez, l'enfant i_mique
huit ouvrières en son atelier' plu~ belles que
qui annonçait du vent your le lendema'.n. Un
le jour cl plus tarouches que des t1gr~sses. Les de M. Antoine B1·oussol, ancien _notaire des
étrange équipage s'arreta devant la tom ~e la
blondins de la ville crèvent de pass10n pour moines d'Obazine et fort honnete homme,
Motte. C'était un jeune garçon en hab1~ de
. 1·e ,,1'.ai·s présentement une lcure
nous toutes, et nous brodon_s le rezel au ciezqm
1
. de
·.
dro(l'ucl monté sur une mule, avec son ,alet
bruit des guitares, des hautbois et des t~m- raisins. Ne vous éba~iissez pas, de ~~ v~i'._
en ;roupe, lequel no po~1•ail d~scendre parce
une figure assez rustique : il n a g1œ1 e fie
.- 1s, ••· Et maintenant,
à YOLrc droite,
)OUIII
'
J
que la hèle r~ai_t. ~c valet a1·ai~ une fac: d~ 1
rnici la maison du conseiller. li y a s~r es quenté que des JJaysans ou des hobere~ux
bois qui ne d1sa1t rien. Sur les Joues du oar
fenètres des femmes à queue de po1;s?n, fort sauvages. Pourtant ft~. l~ cure d~
çon éclatait une pourpre naturelle, comme_ cc
moins aimables que nous, et des_ p~rc: -cp1c~, Saint-Hilaire, qui lui a enseigne _Les n~athejus de grappes écrasées dont_ s~ barbomlle
moins épineux que l'àmc du JOh François matiques et les éléments du lati~'. d~t que
Bacchu dans l'orgie. La ga1ete d_u faune
c'est une tête bien faite .... Nos 1esu~tes de
•1
allumait ses petits yeux. A lo \' Oil' a'.ns1, Barbazanges.
- Monsieur le chanoine La Pou~1e yc, Tulle ne manqueront pas d'adoucu· son
chancela.nt el riant, tel un ''.endangcm au
nwmon parrain, m'a parlé de _ce~ Adoms, -~L 1mmettr, en le t'raçonnant aux. belles u
retour des Yignes, on s'étonnait que la_ mule
nières;
mais
je
ne
hais
fomt
que
7tte
Pierre Broussol, non san deda111. JI a dixportàl une simple valise el non de~ pamers de
sept ans, comme moi, et un vi~agc de _fille.... rudesse en un garçon cle d1x-s~pt ans. C1:
raisins noirs. Otant son chapeau, il salua les
cr•1"C que l'OUS n'estimez poml ces JOu1·en- J)e tit Broussol est mon filleul; il sera mo
dentellières et 'informa du logis de M. Bar- Je o' o
ceaux efféminés, mademoiselle la d_enteIr'iere.1 héritier, etje ne doute ]JUS quevous ne trou.
bazangcs, con eillcr au présid_ial. L~ ph'.s
Je ferai donc si bien que Yous oublierez Fran- viez en lui un second fils, et François un
jeune ouvrière, Margot Chabr1llal,. s élança
çois llarbazangcs, c~ que Yous me trouverez frère.
.
. ·
pour instruire de plus près. c~ cavahc1~ penJ'aime cette coutume de notre pi ovmce
plus
aimable
que
lui....
.
.
b'
1
dant que les demoiselles faisaient de orands
- Non plus aimable, mais moms_ ete. de ne point enferme1· les jeunes gens dans
éclats de rire.
•
répliqua Marcrot. Ab! ah! vous avez du-sept l écoles. Partagés entre leurs maîtr~s ~t
Le valet en lut alarmé. Jurant apres sa
es
. t
s' affaibli1·
ans! C'est en~ore l'enfance; ma!s, pour votre leurs parents' ils ne laissen PM
. .
mule il mit enfin pied à terre.
lfections
de
(amille.
La
disciles
a
âcre
l'OUS
me
paraissez
bien
gaillard.
'
en eux
11•
•
•d
,
_ ' Vous ètcs donc tout ncut en cc p~ys?
0
..'..... Comment
l'entendez-vous?••• L en- JJline paternelle leur JJarait ~i ouce qu ';
demanda la Chabrelte, qui pinçait son cot11lon
I
Me faudra-t-il vous donner la ne voit guère, ici, de fils ingrats, e_t . e
lus
ra)'é et dansait autour du gai·çon, telle une !a11cC ... ·
.
r.acheux comme dans les comedies.
preuve que je suis homme el non p
peres ,,
•
• b
u'ont
maigre Bacchante.
.
Et
cet
usage aussi me pai·ait eau q fi
enfant?..
.
d
11
t
A seize ans passés, elle avait encore _ces
Penché, il caressa le menton_ e i, argo ' les bourgeois de campagne, de con er
l~çons impudiques qui, naguère, effrayaient comme il avait ,,u les soldats faire aux ser- lem·s rejetons à des citadins .... Cela peut

j

vantes d'auberge.
Les yeux de la Chabrclle parlèr?nt assez
.
t . P1'errc se pencha plus pres encore
c1a1remen
• •
el baisa la fille. Dans le soi~ ~nllamme ~u1
rou crissait leurs visages cl pretail u_ne ~~pecc
de ~plendeur à leurs pauYrcs habits, t s se
recrardaient en riant, tous deux bruns, les_tcs,
ha~·dis cl secrètement échauffés par leur 1eunesse.
d
•
- Çà! c;à ! tirons, cr_ièrent les em01se11es
ravies. Voilà la Contraslln.
.
D'un bond , la Chabrette lut au seml d~ 1a
bou Liq ue, el, quand mademoiselle Con_Lrastm ~l
une dizaine de vieilles perso1'.nes en 10be pu~
cl coiffe de gaze noire, s_orl1:·cnl ~ar la po1l~
latérale de Saint-Pierre, il n y avait plus su
1~ place qu'un rustre fort occupé de déc~argcr
;a mule et un jeune homme qui trappail très
'r~rl che~ les Barbazanges. Derrière les ,-~~f~s
de la boutique, les chandelles de ve1 cc
s'allumaient.

/lie fa11&lt;tra-t-il vo11s donner la pre11ve q11; i.~
• -;li;· homme et 1!011 pt11s enfant ?.... • Pench , •
~aressa le mento11 de .Margot! co1111:1e ,t aav!~ ~'. tes
soldats faire a11x servantes daube, ge. (P " 4 )

François. Laide, disait-on, les mollet~. sc_cs, la
gorge plate, son petit corps souple n eta1l pas
sans gràce, et dans sa figure ca~use, ses
yeux fauves n'étaient pas _sa_ns hca~te.
.
- J'arrive de Saint-Htla1rc, pres Obazme,

Jnll·odui t dans la salle où la tamille Barbda. de souper , Je . naturel e
zan«cs achevait
Sai~t-llilairc salua du pied, tort1lla son chapeau, tira une lettre de sa poche cl parla en
ces termes :
.
- Bonjour, monsieur le conseiller cl madame la conseillère. Je suis le fil_s Broussol'. de
Saint-Hilaire, près Obazine. Je viens che~ , ous
.
•
pens1onna1rc,
a,·ec ,·otrc a(Trement,
o. L
Pour être
.
.
d
, le chanome a
cl vo1c1 une 1ettre e ,,
n·

. les en,•r.ants aux rivalités heu,·euses
excite,·
l
de l'étude, et formei· enh·e . e~X les' p u_s
touchantes et les plus solides l~aisons d amil
lié Ainsi la compagnie de Pierre Bi·ous~o
: d'un bon exemple à mon neveu, qui ~
sei. a d besoin de s'endurcw
· l' ame,
•
car il
1
9tient
an de madame sa mere,
· ave_c beaucoup
.
l'esprit et de vertu, un gou·t bien 1racheux
'
l
1·omanesques et les
poui· les •·êveries
•.
voétiques sottises .. ••
. d
Je ne vous JJarle pas de la J!e!iswn _e
. JJai· an · C'est une, , misere.
trente ecus
• Alais
l
vous n'ignorez point q_n'à l _age meme ce
mon filleul , je payais vingt ec_us seulem~1~t
a. 1·en M• Bal·u~e chez c7ut mon pei e
m'avait JJlacé. ••·
N

•

&lt;I Ma foi! songea M. Barbazang~s, le cousin
. a ra·1son
cnnomc,
,
· Nous fûmes
. bien sots, ma
1
~
L n1oi de ne pas smvre 1a coutume
1 emrnc e
,
· d ·1
et de garder jusqu'i1 dix an~ notre petit ro e
1 rris François est parfa1temcn t sage, bon
a~ collège, fils docile et r~spect~eux'
. 1 s froid c1ue glace, melancohque,
mats p u.
.
Q d' hl I cc
. différent cl languissant.... ue ta c.
~'.est pas tout que de haïr Je désordre et de
nourrir en soi une flamme p~re pour quelque
infante imaginaire! li faut vivre sur ce _g)obe
terraqué cl non dans la lune, demeurecheneddc
. ' mon fils' Puisse-t-il donc prcn re
monsieur
· · ··
.
· ·J
lle brutalité rusllque qui ec ale
un peu de Ce
•
B
I A
en toute la personne de Pierre rousso . u

:~èv~o

"'- --------------------

LA

YlE .JI.MOU"R_EUSE DE F"R_.JINÇ01S BA"R,B.JIZ.JINGES - ,

lieu de raffiner sur les sentiments, puisse-t-il
Yoler mes pommes et mes confitures, user
ses souliers, gâter ses habits, et s'exercer les
poings contre les garnements du voisinage! »
Ainsi rêvait M. Barbazanges, pendant que le
petit Broussol, assis sur une chaise, tournant
toujours son chapeau entre ses doigts, regardait madame Barbazanges el la trouvait bien
conservée. François s'alla mettre près de son
nouveau camarade el l'entretint avec beaucoup
d'amitié.
&lt;1 Par la mordieu ! pensait Broussol, quelle
figure! ... Se peut-il que nous soyons du même
sexe? ... C'est une princesse babillée en page! .. .
La dentellière a dit le vrai : il est trop beau
pour n'ètre pas bête et je prévois qu'il me faudra l'éduquer .... Voilà un enfant qui s'en ira
à lrarers le monde, la main sur le cœur, les
yeux au ciel.. .. JI ne saura pas se défendre....
Je le protégerai .... Je suis fort .. .. Morbleu l
Ycntrebleu !. .. M. le chanoine La Poumélyc
sera content, lui qui m'ordonna d'ètre un
frèrn pour ce Barbazanges .... l&gt;
Ce qu'on dit de l'allraction des contraires se
trouva pleinement justifié par la tendresse
toute fraternelle qui unit bientôt Pierre el
François.
Après que le domestique Lionassou s'en fut
retourné à Saint-Hilaire, avec sa mule, le fils
Broussol ne laissa pas de montrer quelque
chagrin. La cité de Tulle lui paraissait une
prison et le collège un cachot. Il regrettait
son père quinteux, sa maison ruinée, sa vie
sauYage, et le bon curé, son premier maître.
La tristesse éteignait le vermillon de ses joues
et le feu de ses petits yeux. Il maigrissait. ...
François mit une extrême complaisance à lui
adoucir l'exil.
Pierre était bavard. Il épanchait son âme en
discours infinis, le soir, dans la chambre
commune. Jusqu'à plus de onze heures, la
chandelle brùlait, éclairant les deux garçons
en bonnet de nuit, les rètemcnts épars sur les
chaises, le bahut, l'armoire, un portrait creré
&lt;1ui représentait M. Léonal'd Barbazangcs ,
l'aïeul, arec sa robe consulaire, mi-pa1-tic bleu
de roi cl couleur de feu, cl s011 chaperon à
('l'épine d'or. Un gra11d christ, entre les deux
lit~, regardait face à l'ace cc pa une consul tout
lialali-é d"une déchirure affreuse. Dehors, les
doches sonnaient, les chiens aboyaient. ...
C'était l'heure oü, dans le cabinet du haut,
~I. Barbazanges épiait les conjonctions des
planètes.
Le fils Broussol parlait tout seul, contant
des histo!rcs merveilleuses de son pays et de
son passe.
li était né dans l'élection de Brive, en cc
p~ys qui est déjà Gascogne par la clémence du
c1,el, la fécondité du sol, la richesse des vignes.
Cest la terre chérie de saint Étienne et la
bénédiction du vi~ux moine Jimousi; plane
encore dans la lumrneuse douceur de l'air sur
les vertes plaines de la cité gaillarde, s~r le
v~llon de la Corrèze, tout bruissant d'eaux
vires et de peupliers, sur les collines mauves
e,t. b!eues q_ui ondulent, et se croisent, el
s eloigncnt si doucement à l'horizon d'Obazine.

Là, le paysan est presque riche, il c L robuste coté et surtout l'utile coté des choses, Pierre
cl gai; il s'apparente à peine aux [gens des s'apcl'Çut qu'il avait tort à gagner aux leçons
hauts plateaux, Celtes rabougris, taciturnes, des Pères jésuites ctà la compagnie de l\L Barsom·cnl féroces, nourris de chàtaignes el de bazanges. L'intérèt seul ne gouvernait pas ses
blé noir.
affections, mais il les fortifiait singulièrement,
Pierre Broussol avait poussé, tel un marmot
de campagne, toujours nu-pieds, même en
hiver, la culotte percée, la veste en loques.
Sa mère étai t morte jeune. Son père, valétudinaire et maussade, ne le souffrait guère au
logis; mais il n'était pas de paysan, dans le
village, qui ne le regardât comme son enfan t.
Il gaulait les noyers avec les «droles )&gt; , pêchait
les truites dans la Corrèze et les écrevisses
dans les rochers du Coiroux. Nul, mieux que
lui, ne virait la botirrée aux votest; nul n'avait
plus de devinettes el de contes salés à dire
aux veilhades ' · Les soirs de décembre, quand
sonne l'Avenamen• à tous les clochers et que
le vieux Noël approche, portant l"hiYer en son
bissac, il faisait hardiment trois lieues, dans
la neige et la nu it, suivant les garçons, ses
ainés, qui, par bandes, allaient &lt;1 l'Oir maitresse ».... Et lui qui n'ayait pas encore de
maitresse rustique à f:?Urliser, lui qui ne donnait d'amour et dcjalousie à personne, n'était
pas le dernier pourtant à ramasser le fuseau
de la fileuse maladroite qui doit racheter son
bien par un baiser. Et, venue la sainte semaine,
la « semaine noire », aucun des Aguilaneu{s 4
qui vont chanter la Passion aux portes des Les jours ,1Uo11gc.1ie11/. Les places revoy,1ient /eu1·s
promeneurs ordinaires, bourgeois en habit de moi1·e
chrétiens, ne recevait de plus gros œufs et des
lisse et perruq11e ronde, ge11tilsho111111es cérémonieux
appuyés sur ae hautes cannes.... (Page 48.)
pommes plus belles, des pommes rouges
comme les joues de Janeloun ....
- Qui est Janetoun 1 demanda François, comme en toutes les âmes paysannes. Et, du
- C'est la bal'gieire de chez Gargalbou, paysan, Broussol avait le sens positif, la prévoyance et la prudence. Il avait aussi l'intellidonc!
Et, l'œil plissé, hochant la tête d'un air gence lucide de l'homme d'affaires, et, avec
avantageux, Pierre Broussol laissait entendre tout cela, beaucoup de bonté, de courage, de
que cette bargieire ne lui voulait point de droiture cl de probité. C'était exactement
mal. Som·ent il avait &lt;I gardé » avec elle, le l'arrière-petit-fils de ces vilains dont la malice
dimanche, vêpres dites, quand M. le curé de ironique égaie les fabliaux du moyen ûgc.
Les Pères jésuites, charmés de ce nouveau
Saint-Hilaire ne le retenait plus .... Janetoun !
Une fille qui n'avait pas plus. de quinze ans, disciple, voulurent faire leur compliment à
comme les pastourelles des contes, une vraie M. Barbazanges, l'approuYant fort d'avoir reçu
Peau-d'Anc, que le fi ls du roi n'cùt pa recon- &lt;"hcz lui un jeune homme qui serait l'honneur
nue, tant clic était brune cl brùlée du soleil, du Limousin. Le bon Conseiller répondit que
cl malpropre, sentant l'ail et le mouton! ... Pien e Broussol al'ait l'éto!fo d'un arocat, d'un
Mais clic anlit la bouche amoureuse, le cor- procureur, cl même d'un présiden l. Ces rares
sa~c dru, la jambe ronde. Pierre était son qualités d·un étranger le rendaient un peu
petit ami, cl rien de plus pou r rhcure.... Ils mélancoli11ue, lorsqu'il considérait son propre
n'araient pas fait ensemble le grand péché.. .. fi ls.
- Il est vrai, dit le recteur, que .François
- Pourtant, j'ai eu cent baisers d'elle ... .
- Des baisers de rustaude! disait Fran- e L assez indifférent aux biens el honnenrs de
cc monde, cl à ceux de la magistrature en parçois un peu scandalisé et dégoùté.
Pierre n'insistait pas . Il trouvait son ami ticulier. li n'a guère d'inclination que pour la
trop benêt pour comprendre ces choses. Il se musique el la poésie.
- Oui, certes : il joue du luth et de la
reprochait même d'avoir parlé de Janeloun.
Avec les jours, la tristesse du petit Broussol viole, et il lit des ouvrages en vers. Il se nours'en aua: Elle était d'ailleurs toute physique, rit de fadaises! s'écria fort amèrement M. Barel non pas un effet du sentiment et de l'ima- bazanges qui, ce jour-là, dans son rôle de père'
gination. Naturellement enclin à voir le beau de famille, était moins astrologue que magistrat.
1. Votes ou assemblées; fètes de village.
- N'est-ce point un peu l'Olre faute, mon2. Veillées, en patois limousin.
sieur
le Conseiller?... Mais quoi ! votre fils
3. Les neuf soirs d'avant la Noël, à neuf heures,
vous donnc-t-il aucun sujet de mécontenteles jeunes ~ens des villages vont sonner les cloches.
C'est ce qu on appelle sonner l'Ave11ame11.
ment ? N'est-il pas fort assidu aux classes, et
4. Les Aguilaneufs sont les quèteurs qui ,·ont
fort exact à l'office, sans grande chaleur de
chanter la Passion et chercher des œufs, de porte en
porte, l e j~udi saint.
dévotion?... Il aime la musique et la poésie....
"" 47 ""'

�,-

111STOR,.1A

J'ai passé la nuit i, boire,
places revoyaient leurs promeneurs ordinaires,
)13 mail,·essc i, mon côte ....
bourgeois en habit de moire lisse et perruque
0 ma Clèri I je fis un jour
ronde, gentil hommes cérémonieux appuyés
Devant la porte, mille tours.. ..
sur de hautes cannes, le nez barbouillé de
n seul rcgr.et gâtait son plaisir .... Que ne
tabac, militaires retraités, fiers de leurs balapou
rait-il
emmener son cher François à Saintfres et portant la croix de Saint-Louis sur leur
llilaire
d'Obazinc?
Mais le notaire Bronssol
vieil uniforme bleu.
Vers le temps de Pâques, Pierre Broussol · était plus infirme que jamais cl, par discrés'en alla chez son père, à Saint-Hilaire d'Oba- tion, M. Barbazangcs ne le voulut point embarzine. li ne tenait plus en place, le printemps rasser de François.
Les demoiselles dentellières Yirenl reparaître
neuf irritant les &lt;! esprits Yitaux » dans son
jeune · sang.... N'était-ce pas la saison qui Lionassou arec sa mule, etlc lendcmain, elles
ramène la bergère aux champs, avec ses assistèrent au départ du jeune M. Broussol.
ouailles, son chien, sa quenouille L . Déjà, les 'foule la famille Barbazanges, père, mère, fils,
feux des charbonniers s'éteignent dans les serranles, Yint à !'buis pour saluer le Yoyaclairières, laissant monter u!-i long fil de fumée geur. Les voisins étaient aux portes. Marccline
VI
bleuâtre au-dessus des châtaigniers gris. A et Janou, la cuisinière, pleuraient de tendresse.
peine les sureaux ,·erdissenl, mais les Yergers M. le Conseiller et son épouse donnaicnl des
marques d'émulion, et François lui-même
I
L'hiver s'en fut, soufflant le cha/elh des sont tout en fleur, et la tendre pointe des blés
embrassait son cama.rade aYec une chaleur
perce
la
dernière
neige,
celle
&lt;!
nivejade
du
veilhades, emportant sous sa limousine les
d'amitié i grande que ces demoiselles en
boudins noirs cl les marrons dorés. L'aigre coucou » qui commence de fondre quand
conçurent une espèce d'ennui jaloux .. ..
pipeau d'avril éveilla ces petites nymphes l'oi eau fainéant commence à chanter.
Celle petite scène s'acheva par la retraite des
Pierre,
faisant
son
paquet,
et
rèvanl
à
monta,.,nardcs qui, de leurs urnes neigeuses,
Barbazanges. Le vieux Liona sou prit la mule
Janetoun,
(redonnait
:
verscnr les flots clairs des torrents. La Corrèze
par la bride pour la mieux guider dans la roide
enfla. L'eau remplit les cal'es du collège. Au
Là-bas, là-bas dans un jardm,
descente de la rue des Mort , et PierreBrou sol,
(aubour" du Prat, la olane débordée ruina
Je fais l'amour cl bois du vin.
le chapeau à la main, salua fort civilemenl les
quelque~ moulins. Les jours allongeaient. Les
D'une main je tiens mon verre
dentellières ....
El de l'autre ma bien-aimée ....

Est-ce un si grand mal?... Peut-être, s'il
reconnaissait en lui la vocation religieuse,
peut-être composerait-il des oratorios à raYir
les anges, ou des tragédies sacrées bien supérieures aux pièces de ce pauvre M. Racine que
le Port-Royal a gâté.
- J'aimerais mieux qu'il fût procureur,
dit M. Barbazanges. Je me veux voir despetitsenfants.
- Nous sommes tous entre les mains de
Dieu ... Allons, monsieurleConseiller, remettezvous .... Songez que vous remportâtes un prix
aux Jeux de la Vierge et que cela ne vous
empêcha point d'être honnête homme.

1. Lampe romaine encore employée en Limousin.
(JllustraliOIIS Je co~RAD,,

(A suivre.)

M,rncELLE Til Anu:.

SALON DE MADAME R ÉCAMIER A 1.'ABBAYE-AUX- B01s. Peint tar DE JutNNl!S en 1826. - C'est là que ta /'elle amie .te Chateaubriand s11t réunir, dt 1819 à 1849, l'un tûs plus importants et ,us f'lus beau-.: cénacles qu'on ait jamais connus.

LEI DEMEURF.S IIISTORIQUES- -

, ~'IMPÉRATRICE EUG ÉNIE
D APRES W!NTERHAL TER . -

(M usée de Versailles.)

Cliché Draun,

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                  <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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                <text>Crónicas</text>
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                <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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                <text>05/12/1909</text>
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                <text>Fondo Alfonso Reyes</text>
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                <text>Universidad Autónoma de Nuevo León</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>Luis XV</name>
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                    <text>,-

111STOR,.1A

J'ai passé la nuit i, boire,
places revoyaient leurs promeneurs ordinaires,
)13 mail,·essc i, mon côte ....
bourgeois en habit de moire lisse et perruque
0 ma Clèri I je fis un jour
ronde, gentil hommes cérémonieux appuyés
Devant la porte, mille tours.. ..
sur de hautes cannes, le nez barbouillé de
n seul rcgr.et gâtait son plaisir .... Que ne
tabac, militaires retraités, fiers de leurs balapou
rait-il
emmener son cher François à Saintfres et portant la croix de Saint-Louis sur leur
llilaire
d'Obazinc?
Mais le notaire Bronssol
vieil uniforme bleu.
Vers le temps de Pâques, Pierre Broussol · était plus infirme que jamais cl, par discrés'en alla chez son père, à Saint-Hilaire d'Oba- tion, M. Barbazangcs ne le voulut point embarzine. li ne tenait plus en place, le printemps rasser de François.
Les demoiselles dentellières Yirenl reparaître
neuf irritant les &lt;! esprits Yitaux » dans son
jeune · sang.... N'était-ce pas la saison qui Lionassou arec sa mule, etlc lendcmain, elles
ramène la bergère aux champs, avec ses assistèrent au départ du jeune M. Broussol.
ouailles, son chien, sa quenouille L . Déjà, les 'foule la famille Barbazanges, père, mère, fils,
feux des charbonniers s'éteignent dans les serranles, Yint à !'buis pour saluer le Yoyaclairières, laissant monter u!-i long fil de fumée geur. Les voisins étaient aux portes. Marccline
VI
bleuâtre au-dessus des châtaigniers gris. A et Janou, la cuisinière, pleuraient de tendresse.
peine les sureaux ,·erdissenl, mais les Yergers M. le Conseiller et son épouse donnaicnl des
marques d'émulion, et François lui-même
I
L'hiver s'en fut, soufflant le cha/elh des sont tout en fleur, et la tendre pointe des blés
embrassait son cama.rade aYec une chaleur
perce
la
dernière
neige,
celle
&lt;!
nivejade
du
veilhades, emportant sous sa limousine les
d'amitié i grande que ces demoiselles en
boudins noirs cl les marrons dorés. L'aigre coucou » qui commence de fondre quand
conçurent une espèce d'ennui jaloux .. ..
pipeau d'avril éveilla ces petites nymphes l'oi eau fainéant commence à chanter.
Celle petite scène s'acheva par la retraite des
Pierre,
faisant
son
paquet,
et
rèvanl
à
monta,.,nardcs qui, de leurs urnes neigeuses,
Barbazanges. Le vieux Liona sou prit la mule
Janetoun,
(redonnait
:
verscnr les flots clairs des torrents. La Corrèze
par la bride pour la mieux guider dans la roide
enfla. L'eau remplit les cal'es du collège. Au
Là-bas, là-bas dans un jardm,
descente de la rue des Mort , et PierreBrou sol,
(aubour" du Prat, la olane débordée ruina
Je fais l'amour cl bois du vin.
le chapeau à la main, salua fort civilemenl les
quelque~ moulins. Les jours allongeaient. Les
D'une main je tiens mon verre
dentellières ....
El de l'autre ma bien-aimée ....

Est-ce un si grand mal?... Peut-être, s'il
reconnaissait en lui la vocation religieuse,
peut-être composerait-il des oratorios à raYir
les anges, ou des tragédies sacrées bien supérieures aux pièces de ce pauvre M. Racine que
le Port-Royal a gâté.
- J'aimerais mieux qu'il fût procureur,
dit M. Barbazanges. Je me veux voir despetitsenfants.
- Nous sommes tous entre les mains de
Dieu ... Allons, monsieurleConseiller, remettezvous .... Songez que vous remportâtes un prix
aux Jeux de la Vierge et que cela ne vous
empêcha point d'être honnête homme.

1. Lampe romaine encore employée en Limousin.
(JllustraliOIIS Je co~RAD,,

(A suivre.)

M,rncELLE Til Anu:.

SALON DE MADAME R ÉCAMIER A 1.'ABBAYE-AUX- B01s. Peint tar DE JutNNl!S en 1826. - C'est là que ta /'elle amie .te Chateaubriand s11t réunir, dt 1819 à 1849, l'un tûs plus importants et ,us f'lus beau-.: cénacles qu'on ait jamais connus.

LEI DEMEURF.S IIISTORIQUES- -

, ~'IMPÉRATRICE EUG ÉNIE
D APRES W!NTERHAL TER . -

(M usée de Versailles.)

Cliché Draun,

�Sommaire du

2é

fascicule (20 Décembre 1909. )

LES FEMMES DU SECOND EMPIRE
Les Femmes du Second Empire

FRÉDÉRIC L ouÉE .

l'impératrice . . . .
T. G. . . . . . .

Autour de
49
54

GÉNÉRAL DE MARBOT . .
ERNE,T L AVISSE . . • . .

La Merseillaise. . . . . . . . . .
Chambord . . . .
~6
au XVIII• siècle: La Naissance; le Couvent
57
Fin d·Empire . . . . . . . . . .
62

de l'A cadémie j,·J11çaise.

G.

EuouARD FoUR:-SIER. . • Sur une vitre de
Em10:..D ET Jcus DE GoNCOLRT, La Femme
J ULES CLARETIE. • . . •

LEKÔlRE . . . .
PIERR E DE NOLIIAC .
C IIATEAUBRIAND. . .
SAINT-SnION• • .
MARCELLE Ti NAYRE.

de l'Académie f rançaise.

ILLllSTR.ATfONS

Mémoires . . .. . . . . . . . . . .
Louis XIV : L'éducation du roi .

63

Savalette de Langes .
. . . . . .
Louis XV et Madame de Pompadour.
La marquise de Coislin. . . . . . . . .
Une énigme historique . . . . . . . . . . . .
La Vie amoureuse de François Barbazanges.

74
77
87

-

72

Autour de l'impératrice

88

Par Frédéric LOLIÉE

89

PLANCHE HORS TEXTE

n'ArRÈS LES TABLEAUX, PASTELS, DESSll\S ET ESTA \IPF.S DE !

EN CA!\1AIEt: :

Ptt. C Ai\"OT, Co:-snAD, BAno:-1 Gfa1ARD , L A
R. DE ~IOrU I-'E, MonEAU LE JL Ui\"E, PAJOU,

Bouc111c:n,

Toun, LEFÈVRE-DE u MIER,
l'HI LIPPOTEAUX,
PILS, AUG USTIN DE SAINT-A UDIN, VA NDER I\I EULEN1 H ORACE VERNET

'..=====================-=-=-=--=====================:='.!

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ressants. cl captivants au possib e. Les rersonnages ont vécu dans èles milieux vrais,
ils vi•t aimé. ils ont souffert. Ce sont leurs souvenirs intimes, leurs mémoires historiques
que.nous rel"è e H .ISTORiA ; il nous les .montre en pleine yie et en plein mouvement,
0b~is.;ant aux .arpetllS et a!,x rass1ons !t'ont Jadis ôéterminé leurs actes.
. Chaque fascicule reproduit les œuvres es grands maitres de la peinture et de l'estampe,
tirées de nos musées nationaux et de nos b:blioihèques publiques.

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nos plus grands peintres. C'est aussi rarpeler l"un des maitres les plus chatoyants, les
plus élégants et les plus gracieux du ~ Ylll' siècle français, le siècle de l'élégance, de la
grace et de l'amour. Mais, parmi les œuvres de \Vatteau, il en est une, l'E111/·.,rq11ement
pour l'i:e de CJ' lhère, à laquel'.e il s'est attaqué à deux reprises pour s'y réaliser tout
entier. Et, de l'avis unanime des plus fins critiques d'art, c'est là que Watteau a créé le

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REX&gt;; BAZIN. de l'Académie [rançaise. Le blé qui lève, - FRANÇOIS COPPÉE.' Le
louis d'or. - JEAN AICARD, de l"Académie française. Les Berceaux. - Prni,RE
MILLE. Kidi. - PAUL M,\RGUERITTE. Monsieur et Madame Chat. - i'AUL
REBOUX. La maison de dan,es. - PAUL BOURGET. de l'Académie française.
Conte d'hiver. - ANDRÉ TIIEURIET. La vigile de Noël. - H.·G. WELLS.
La Guerre dans les airs. - j AC~ES NORMAND, Décembre. - HUGUES LE
ROUX. Les fugitifs. - JuLES
NARD. Déjeuner de soleil. - SULLY·
PRUDHO.M~IE. Le nom, - OCTAVE FEUILLET. Réveillon. - PmLIPPE
GERFAUT. Les femmes. -ANDRÉ RIVOIRE. Le bon roi Dagobert.

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·
a1 es- &lt;1-ue reine.
e cnir p u
1
o "
ùgc et Qumt.
c
grand nom.
l outcs deux araient occupé
- -====:.:=:::::=-:~~-:--=:---7:-=:--=--:-:::-::-:--===:-- =::-:-:=l~.;·":n:fo~n~I •ara1·t gr,\n.&lt;l.i,,drpuis que Stendhal
7
snr Ja scène du monde, un rôl~
et , Mer1mce, assidus cbe·z M.,
au plus haut point cnne, surmcre,
, .Mérimée surtout , un am ,•
t~ut celle qui demeurait, surll·rs 1om poussé dans la faveur
;•ffant à se~ deuils de puisde maitresse du logis, char_an~, de gloire, de fortunesoumaient son attention et celle de·
,-cr~me. t·une achcrait de rirre
sa sœur ainée Pacca, une future
sa ~ournée suprême et se nomduchesse d.Alhc , par les rec1ts
, .
mait la_princesse Mathilde; J'au~t le~ co.ntcs où se jouait lern·
l re, qm. se penchait sur Je cbeuna~rnatwn. Elle avait voyagé
1·ct du ltt et prononçait l'adieu
au~s1 et comllJcncé sur divers
sans retour, était lïmpératrier
pomts d·Europe l"épreuve de
Eugénie.
ses armes de conquête.
El ''.oilà que rcflufrcnt les
La famille des Montijo dont
~ourenirs en ahondaJtce autour
la.généalogie i se compliqu~ &lt;l'un
&lt;!e ~ ttc dernière pcrsonnalitu
II:'J!lc Llaso11 cntremèlé sur terrr
ue
. lemme, 0b.Jet de sentiments
tl hspagne, cf"Anglcterre et dt•
St .contraires d'adulation et de
f'rance'. consc•r,,ait à Paris des
haine, ~ant exaltée aux heures
sourC'n11·s
. et &lt;l('S
· 11·cn"'· Un degre.
d.c ses Jeunes triomphes, puis
de tousmage l'alliait à la farnill1•
s1. lo~?temps en,·cJoppée d'oudr~ LC'SSC'ps. On ne l'ignorait
lJJ,,J d rndillërcnce 011 de p·t·,
p11111t dans IC's salons royalistrs
I Je,
~t ont ]'Histoire recommençait
'1.11 ~11(! ~1.1&lt;-s s ïnsta1lèrcnt en ,.;
,l se préoccuper.
cite pans:cnnc. Les habitués du
Yers 1854, Stendhal faisait
d~c de La Boc/1cfoucauld dP~Uuler sur ses genoux nne enra1.~nt se. rappeler long urmenl
fant fort jolie, née sous Je ciel
qu ils ara,cnt vu plusieurs fois
de .?renade, et dont la gràce
la Lcl(e Espagnole aux fètcs
esp1l'glc plaisait à son rco-ard
champet!'C'S,
que donnait cc
Et
O'
.
g rand scwncur
en •son domamc
.
' avec cc pli d·amcrtume qui
O
,
de la Yalléc-anx-Loups.
l?urmenta1t son sourire, le sceplique penseur lui disait :
Mcsd~mcs de Montijo n 'eurt•nt
&lt;&lt;
Vous, qua nd l'Ous serez
pas bcsorn de beaucoupde tl'mps
grande_, vous épouserez Ji. le
P?ur marquc1· dans un monde
~1arqUJs de Santa-Cruz et moi
ou leur qualité d'étran111\rrs
et leurs façons d 'ètre un" .
.J.e ne me soucierai plus de
.
.
j)l'll
IOUS. »
'.o}"antcs .aJOUtaicnt une atl r,ic-11011 de s11wularitt;
"li d, · d
Certainement ellepou mit pri'e c.
"
esu· t'
les connaitre.
~lcl1l1&lt;lre à cc marquisat ciloio-né
,, C Euuc( . d G
o .llJc c uzma11 " se-'
.La corn
,. tcssc • qui· ne trarersa
&lt;·onde fiJJ
'
1
L'
.
pornt age des passions sans Y
e du duc Cr1Jriano
IIIPERA;RIC.E DANS SA TOILETTE nE MARIÉE
c·omte d 'f'b
.
'
produ1recp
daJ'
c e a, marquis tUr(d apres ~1-• LEFÈ\'RE-DEUMIER.)
• ,rnlc1uet11multct'Ca . :t
transm1s a ses deux filles h
e.s, grand d·Espagne, et de
.llar1a Manucla de K. . ..
&lt;le s t . '
0lieauté rro-uliè•re
.0 .
es rails.
romtessc de T 'b
u ~at, ick y Grircgnéc,
Cependant, la scfiorita ne dci·ait pas s'a n la chsa11. attirante et posséda
nt
,1u nalurPI l 'a111llnit é nu1· s· d
J)(.s sourcnirs iJ~u:1,:t p us . ta~d de Montijo.
peler de Sanla-Cruz. Des destinées plt1 ' t p
·1
1e ,mx
c1·où cil , . .
.s glor1/Ja1ent la maison n t J · , •
s r onan es• u1 cta1cnt
réscn
ri's • IJ e JOUr
·
• li
l"alpl be cta1t issue; on lui a mit appris avec
'
•
ou e C
13 et que par 1 ·
entrait dans I humamc existence m 'l 1
•
'
f ·b1
·
,
, e an son
leur fi '
'
I u ses ancetrcs, lcl'èrcnt
ai e ~r1 au tonnerre d'un ca tach-smc
.
ront Alphonse Prrrz, de G,uzman, un
soulcra1t le sol de Grenndr, et faisaï't
l. - HISTORIA. - r-asc. 2.

a

L' IMP ÉRATRICE EUGÉNIE
o'ArRÈS \VIN"fERHALTER (Musée de Versailles.)

11

II·e~IJ~:

�111STOR..1.ll
bien des favorite el reines de la main gauche
furenl plus d'une fois redevables de leur élérnlion aux circonstances propices des parties
de chasse, qui le avaient portées, amazones
légères cl prorncanles, tout à leur a,·antage
sous les yeux du seigneur. Gracieuses apparitions, chevauchées hardies, allées el venues
sous la fcuillfo ... ne sonl-cc pas là autanl de
concours mcrrnilleux à l'impression de la
gràce el de la bcaulé, qui subjuguent?
.\in i Mme de Pompadour s'était j elée victorieuse à la rencontre du roi, dans la forèl
de Sénart. rendcz-\'ous des chas l'S royales,
s'exposanl à sa curiosité, la tentant à Ï'aide
du plus coquet costume, agilanl à ses yeux
cet éventail sur lequel, dit-on, un émule de
Mas é a,·ail peint Henri l\' aux pieds de
Gabrielle. Elle passait cl repassait au milieu
des chevaux, des chiens de l'escorte du roi,
comme une Diane cbarmeresse, tantôl vèlue
d'azur dans un phaéton couleur de ro e,
tantôt \'èlue de rose dans un phaélon couleur
d'azu r. Et, comme elle le prémédita, le roi
l'avai t aperçue, remarquée, puis choisie.
Pour une victoire plus légitime el plus
complète, avec moins d'artifices, Eugénie de
Montijo lira prompt avantage de la mi e en
scène très fa\'orable à sa beauté des grandes
chas es de Fontainebleau el de Compiègne.
!,'Empereur, visiblement, courtisait la brillante amazone. Aulour de lui, parmi les gens
de sa suile, el à travers les caquetages de
salon , la question brûlante était de savoir si
Mlle de Montijo céderait à un caprice amoureux ou si, mieux avertie de ses intérèls à
venir, plus adroitement stylée, elle saurait
opposer une belle résistance, vertueuse el
politique. llarement e pionnage de cour et
jalousie de femmes eurent si belle occasion
de s'exercer.
Louis-Napoléon ne songeait pas à l'épouser.
Les circonstances 1\-·conduisirent 1 .
A plusieurs repri es, il avait caressé l'idée
flatteuse à son amour-propre d'une alliance
roiale. La diplomatie française s'était fort
agitre auprès des chancell&lt;'ries de Vienne, de
atunich et d'aulres lieux, en quèle d'une
princesse du sang. On a\'ait accueilli ses ouvertures froidement, alors mème qu'en dernière chance on s'était rabattu sur un projet
d'union awr la fille d'tm prince sans couronne
cl sans sujets, le prince \\'asa, c'est-à-dire
l'héritier Mpossédé du trùne de Suède, sorte
de monarque en exil erranl par l&lt;'s chrmins
el les hôtdlerics de l'Europe. Oc toute· les
cam pagnes m~·stéricuses Oll l'on s'était a\'cnturé il n'était rel'enu 4ue des excmes polies.
Les familles régnantes semhlairnl s"ètre accorClicht llraun.
dées i1 jclt&gt;r sur le nouvel Empereur une
L 'l!t!PÉRATRICE E:,; COSTmlE ESPAGNOL.
espèce d'interdit matrimonial.
Irrité de ces déd:iins 1•aguemf'nl enveloppés
de
formulri,: de cour cl de ces hostil;ll:, déindiscrétions &lt;l1· 1"11i~to:rl' nous onl appr1:- que

femmes. de son pays 1 • )lais un charme très
personnel avait distingué, de prime abord,
partout oi1 on l'accut•illait el la nommait, Eugénie de Montijo. L&lt;' timbre de ~a voix, ses
façons, son allure particulière ot1 passait un
grain d'étrangett\ tout la dé ignait aux regards. li en fut bruit en haut lieu.
Les yeux connaisseur de Louis-Napoléon
en avaient été frappés, la première fois, dans
une réunion, chez sa belle cousine. « )Jatbilde, qu'est-cc donc? demanda-t-il en apercevant celle inconnul', qu ·entourait un œrcle
i animé. - Une no11\'ellc ,·cnul', une jeune
personne de famille andalouse, )Ille de Montijo. - Mais, comment donc! il faut me la
présenter. J&gt; .\u diner , il s'occupa beaucoup
d'elle, et la chronique insinue que, peu de
temps ensuite, il alla lui rendre visite, en
l'appartement rien moins que luxueux qu'elle
occupait avec sa mère, au n• 12 de la place
Vendôme, qu'il fnljeune el pressant, el qu'on
lui répondit : « Prince, après le mariage. 1&gt;
)lais que valent ces racontars?
Mlle de Montijo, invitée aux chasses de
Fontainebleau, fut l'objet visililc des attentions du prince-prè,ident, bientôt apoléon Ill.
li en devint éperdument amoureux, lorsqu'il
la vil monter à cheval a\'CC toute la gràce
qu'elle y apportait et qu'um• secrète intention
de plaire rendait encore plu sensible. Les

Louis, qui a

rtt' 1':1111;111L dl• sn

më.rt', el &lt;1ui t•:..l n•:,té

son ami 1 ,
1. Le rang so1ner.1i11, aw1u1•! la plu, m,•nrillensc
,les aventures exh:iusst•ra sa !ill,•, u'al?porlera au1•u11
rhnngemcnt dans ~Ps ma11ifr1·s: on lui saura gré de
u·en être ni plus fii:rr ui plus hautain(' .... Qu"elle le
l)réf~ràt ain,,, ou qm· l',,mpcrcur, srir mmt'ul cl à
,lessrin, clit (,loign~ d'rllc l1•s occasions ,l'étendre ~on
inOuenrc ou J e graudir wn 1-ùlc, la 1·omtrssc de

}lontijo 11°0Ct'll(l:t jamais it la Cour la situation à la•
quelle on pomait !'roirt' qu'elle ,•tait en étal de pr~lcndrr .... On ru chrrcha1l la cause dans son inclination rnatrrncllc braucOUI) plus accusée en,·ers la
duchesse d'Albc, sa fille ainér, qu'cn\'r rs lïmpt'•ru·
tricc.
2. Ll diplomatie S('crèle du chef de l'État, qui
n'était r ncore 11uc le prinre-pré,idenl. a\'ail tourné
ses premiers rega rds ,·ers l'Esp:,gne. Le duc de Rian•

guisées, déçu dans ses calculs et, d'ailleurs.
amoureux, Napoléon se décida. Un nom avait
circulé, soudainement, qu"i provoqua fort&lt;'
surprise. Un mariage d'amour, à cet étage de
la puissance ! Cela pouvait donc se voir ailleur~
que dans les fl-:Crics el les contes bleus 1
On avail peine à s'en convaincre, je dirais
presque i1 en prendre son parti. Témoin ci•
fait il(noré, que nous raconterons en pas. anl.
P&lt;'u de jours aYant que le désir de l'Empcrcnr
fùl proclamé hanlemenl, pnbliquemenl, 0 11
arnit prrparè, sn r on ordre, au palais dl'
l'Ély ée, un appartement pour y recevoir le~
dames de Montijo. Les causeries se donnèrc11L
champ là-de. sns. comme on pense ; mais on
restait dans lt• ,·aguc el l'on n'avait que cb
conjectun•s, 011 mordaient à faux les médisants discours. Morny, qui connaissait les
intentions fornu•llt•s de !'Empereur, son frèn'
el maitre, Youlut deYancer les événements e l
fèler, chez lui. dans un diner qu'il donna en
son honneu r, la future souveraine.
Toutes les femme du monde étaient 111.
~lme Walcw~ka, donl le mari, ambas adeur i1
Londres, a\'ait été chargé de pressentir, au
dehors, une alliance princière, que parai~saienl désigner lt• eirconstances, se trouvait
parmi les invit{-s, mais instruite, renscignfr
des premières du prochain coup de théâtre.
On n'en savait pas tant chez la plupart de cc~
belles dames, qui prenaient des airs pincés.
en apprenanl qu'on n'attendait plus qui·
~rue de Montijo et sa mère. En effet, celles-ci
ne tardèrent pas à enlrer dans le salon. ~forny
s'étail porté à leur rencontre avec un erupn·~semcnt dont on s'étonnait sous l'éventail.
Mme Fortoul, entre aulres, la femme du
minislrc de l'lnstruclion publique, en paraissait toute choquée, auprès de Mme Ducos, la
femme du ministre de la Marine, - Ume Duco , qui de\'ail solliciter si instamment plus
tard l'honneur d'être la nourrice du prin&lt;·r
impérial. Mais Eugénie avait fait son apparition, sous une toilette charmante el awt·
une gràcc, un naturel, une aisance irréprochables. Pendant que Mme Walewska, qui
n'était pas en vain la femme d'un diplomalt'.
allait à son approche, lui glissant ces mots i1
l'orrillc : « Je vous félicite, Madame, de la
destiné!- qui rnus attend », d'autres restaienl
immol,ilc.s, dé, isagcanl l'étrangère avec u11
air dl' surprise offusq uée. C'était une jolie
comé&lt;li1' pour rrux qui en avaient le secrPl.
.\ difaut de lïnfanlc, qu'on ne lui avail
pa~ donm\l', Mlle de llontijo fut la jeune fille
qur ~apoléon Ill prit par la main el rc,·èlil
du manteau de pou rpre. Le 50 mai 1855, il
épousait i1 ~olre-l)amc la descendante d,·,
G11zman, a\'ec œ llc pompe religieu e, cc dl;_
plnirmcnl de hannièrç~ el toute cette splc11dcnr, que permet le faste monarchique
éhlouis,ant les Ioules.
zari',, qui rulrclt'nnil dl's relations suivies avec 1,·
nou,·cl hôte ,les l'uilr rics, entreprit de négocier 11•
mariag-e &lt;le Louis-;',opoléon avec l'infante Marit•·
Chrisltnr. si,ii:mc enfant cl quatrième fille d,• 0011
Fran\'ois ,le Poule cl const'.,quemmenl la sœur du mari
de la rrinc Isabelle Il. A peine âgée de di1-Sl'pl an•.
on ln disait JWU jolie t'l mMiocremr nl rirhe. Aucu111•
demande ol1icicllt• ne fut l'uilc et l'Espagn!' n'l'ut l"Wl'
it ~•• pronom·,•r pour ou rontrr.

.t. l.'o,•al&lt;' de la fi r • • .
f~1l cl n'allait pas en~ de n 1;ta1Lpas absolumPut n.1
rlt'ure du .·
. sa ouc1ssant re 1
. ..- rd.:,ir1:. '•s.iii:e ~ u_ne fal'()n au,,· 11. rs a ~art1~ 111f;,.
· 1e_profil dait irr,:pr0chob;/ rc qu on I aurait

'l. (;-,,,t t·e r1ui ·•l'riro
•
('1111iquc ocr,1,ion ,1;1'i l
Sdrnle-llcun•. ,fans
a tètC' a, rc ~;,polilon If 1.
ue e eau-cr ,•11 lt:tc
• Je vous 11s toujours ,1:tns le .l/011iteur • , lt1'1 arr·1rmo

a,·11\t~·

�-

msTORJA

-:---:---___:_----~=·,i
1. onduile de la nrandc maitresse Pl r•:in,\ c d'Esslin:r, renom·cla1
e
·
cesse
e1~L,_a• lou,• dc• role
, .•
leur aimable srrl'icc quo~1d1cn, cil~ a1 a1t,
e nous en ll:moigna1l pcrson11clll'mr1_11
~~:d'l'lles restée lrès alla&lt;·hét• au suu11•n11·

. semlila11t
ra tr1c1•
'
·sortir d'nu
.. ~ongr . .qu·on
, ,
111 ·r~plic111:H pourquoi lorsq11 il plcul , lll kdr, c
a,_
il ,!eut aussi sur mrr · 1&gt; o11 t•ntre-re"ar
•"
1 . 1 I•" sim1&gt;licilé
du propos.
s11rpr1s(C
'
. , füus nous
, ,
1·avo11~ foil olist•rn·r. cc Ill' pourn1t elrc qu unt,

1\
"

, IA L ' LE• 16 )!A RS
S AISSASC E D U PRISCE l~IPER
,te R . DE .MORAINE,)
.

.
1~'11C• se
trourai l en veine ' plust
1. 'I l"IC[IOn
'
lis ,
. uand meilleure~ étaient sa ,·01x e
heureuse,Qq ' d' . ') Il Ill' lui mcssayait poiut
sa S'llllé. UC IS-J e '
• l'
ti'c l;asarder de certains mots alertes, '.1 o-~~~
. J'en rclèn•rai sl'l1lc1111•nt un, q_u, _se1111 ,1
~,on.•
• • tl C tOIi t '•1 l l11•urt•.
' :,1 IÏll"l:lllllle
dt• r1•paratwn
"
. • · ·
11 ,
Lrs façons alliranlrs. la l'iYac1Le_sp1r1 1uc ~-:
rru·ouemrnt aisé du prince llen1:1 de l~c11~:s
~
, toutes les s,·mpatlncs des s,1avaw11L gagne , . , . _J
, 1 Pru~se cl
.
à
cet
('Ol'
O\'l' 111ternnarre de a_
.
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,
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laYOl'I chez
1·· aient porll' a t '
o
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.'.1v • . 'L l'empereur. l'nc a1&gt;rt•s-nu ,.
1 lllljk'l'all'ICC e
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. . ll l1011orc l e l' III '1s1.~
1 . MaJrsk
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""L a·1mahlc rc1&gt;r1•,l'1tl,1n
. h, chancl'llt•r1e
.. 1
"' . '
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·
·r,
J•'u"t'II
1, mannes,1a 1e dcs1r &lt;1•
pn1s,s1e11n&lt;'. , " ·
, 1
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. ' te l •s a1&gt;part1•1111•111s. Lam iassa eur .
1·1s1 •r c • '
•· · . •
le·
mit à srs ordres. la ('ond111s1t a t1~1 rrs ~
- 1•. ii1•crs tlécoralil'cs cl ol1ic1dles, l:L
,alons. tS lnl'l'r:nil la chambre à coucher, il
1·omn1t' on l · . ·'
. Il s'arl'èlant t•n
··•r n ti• • mais c c, ,
1
,·ou ut 1&gt;a~st
\1. r :est ici la place d'aria ('l\ d Il (i L : (( ' I ' C
•
-1 nlle a, cc un sourire.
1 d1
11ws. n "" '
.
elle
l,(le avait l'lrnmrul' d1Yers1·, com1~e
'
' '
•
l'i•ga1.
' ·d des, 1Clllllll'
·11 ail l'esprit l'amlile ..\
' .S
,dt· sa C,ou,•' les .se11ti111enls qu elle 1eproma11
..,
~·,1 n'étaient ,,as c, cmpts le capr1tt
lr
0 11 111011 "
,
· 1 · forl
et contrad .,c1·1011. Dt•s •ac('cs- de : F' ousJC,
1. l Il cs, d'ailleurs
e,111ca
'
' tral'crsall'nl
· brnsquet ·
. ·1:
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suppor
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·
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·.
cc'llt•-F1
&lt;
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cet• Ile-c1 011
•'
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,
Jrélën•nc·c
momcnll111t•c
c
t•mpcne
L
I
111e11 L'(I
li
· ,.
..1beancou1i dt•JO
ics f'cm mc·~' C(IIC
rc urrJCC·I lo,Jl
·. 1· 'té des salons rcprésc11ta1L comme
h. ma. ,J&lt;rlll
· dc ,.
dore '
"1 , Mmes tic La &amp;,doyt•re,
u:I
dt•s rl\a e,,, •
, · L ·L : ·
\\'·tlt•wska sur qui 1011s les ) Cll X l'la1cn po, lt~.
'Pot1I'
'
, llO
les' (ll'l'sonnes ljc son c_1
, llra&lt;re
. '? 1ahitiu·I pour les dames du palais ' qm, ous
1. La' cornlcssr cI r I ,.,• Î OUl'- ·)(auboul'g , la \'ICOlllkss,•
l

1856.

• (d' Jf'rès ,me litlrog1·J / h1c
·

.

'

, a1r·1......
M, la comtesse de la Poiize,
dc 1..imper,
d . un
,
t de fra11chisc
&lt;fui leur rru ail ces
•1rrremen
•
.
;.; iporls journaliers faciles . Cropit-clle a~·o,_r
à 'se plaindre d'une ~mission'., ~-~m deta1I
' n lui a,,ait rapporte tic lra1c1s . ,, Vous
Il'11 .auriez
' o . pas dù dire ou faire ,tt•llc• chose1 Il.•
t'~Jrimait-elle. On répondait a . so~ o '.se1 ;;1ton de façon netlc. On s'exphqua1t_. M !a
('hosc éclaircie, il n'en était plt'.s riucsl1~n. ~._n
cela l'impératrice se 111011Lra1t tout . ,1 fa1L
ie de la froide cl un peu rcch1gneusc
I'
oppose
·
· d't 1·11tl •
.
princes
e Clo11'(dn
~. ·si rcnll'l'(TI(•e. ta )1 l . t•..
En pareil cas. celle-ci ,_1e hauss~~t-l'.as 1~ , OI~
d'un quart de ton: mais clic bai~sa1t (e~ pat'.
iièn•s, plissait lt•s li•rrcs el ne parlait plus.
l C fjlll. ,:1a·,1 . me c,:rtifiail l'une .de ses dames
C
bl
d'honneur la chose la plus rnsupporta e
du monde'. EL pendaut tlt•s h?urrs, dl~ Il&lt;' ~
dl'ridait point, mais dl'meura1L rnfonn•_e_da1~:s
&lt;·elll' boutll'l'ic silcneil'u,c. Elle p~111a1t se
rencog1ll'r oh Li1u:mrnl da11s .!'a l'Ollurr'. au
trot lent tic ses chC1aux, l'i n adrc~ser m un
mot ni un regard ü la p1'rsonne qu e,llc hono't Ir sa société. ~!me dt• Clcrmont-fonnerre
ra, l · •
r ·
'
d, la
. 111 orl'ondil plus d'nrn' ,ois anprt•s. e ,
~eau Yrc prineessP. pcncla11L que ce(1l ,_&lt;•1 con~ ·1 a, tl1:,·011ler les- "'·" rains
de son chapekl.
un11a1
, .
•
'
Ire
prier
llll(•r1ru
n•111r11t
' · mais
l-e
sans (W U
,
1
. lo,·r b'1en 'arrèlr de s abstraire
par un 1011
1 ce
s·, compa"nic. 'oil dit en pa sanl, on a &gt;&lt;:3~rep:oché au pri11C'c :'\apoh:On les ll'g~,
d sa concluilc l'l , le .délaisSl'lllC
L
rCCSC,
' (nl Ires
:_
éridenl clans lequel il la1ss;11t langui:, ~ pr m_
• s e Clotildt•. )lais vraiment, la socictc de t.,
cc.
sa"C,
pruu·'enlc , circons1JCclc cl d'dcl'Olc
, It.1t
lic~rnc dcrnil lui sembler pauHc agremcn s

;.;mp

1 la baronne tic 11a131.c1, 11n·1"' d," Sanci·-Par3•
Poczc.

~,'.~~&lt; ts comtesses Lrzay-llari11•sin, de la

en comparaison de ce qu'il tro_uvaiL aupl't'·~ d1·
la charmante comtrsse de Canizy.
.,
(( c·1a,·1 à découraoer
e de la . vertu!
. )) s l'h1storieltes
un!'
Cl:IUI·1, &lt;'O 110us racontant ces
,
•
·
.
dame du palais de lïmpPratr1cc, _qui,. ?'c~
son humeul' l'njouée el son, &lt;:3raclere ~•f, s,
fùt senlil' malheureuse à pcr1r . dans I_ ail~~
sphi•re d&lt;' glace dont ~'c!wrloppa1t la p_rin~ :~'1
f.lotiltlc, si janséniste d atours 'cil ~e d1s?.°111 ~.
~ous parlons de ~·crlu._. .. C e1:31t à ! 1~1~,-~
ralriœ néc&lt;'ssité d'?tal ~ l'_n ~u~vre la 111,11.t
..(1(', 1•c u·'e,·oir 1111 en ct.11L aise, par
r1°1
I naturt
f' ' .
C;mmcnt le savait-on? ~'importe . Le_ ail
i:Lait connu qu 'rlle n·cul jam~s à s~utenir de
hrùlants combats :m'c dlc-meme. ~Jouteronsnous q11 'elle sr voyait trop cx~oscc aux rt•"ards, dans son palais, une mai~on de verre
0
· 1 11 •ec· bappail de ses momdres, mouou• l'ICI
,.cmenLs , de ses plus menues, allent1on~
. t·I
marques de préférenœ, cl qu cl 1e aurait eu
trop à risquer' trop à perdre, en' ne restant
. t ce &lt;iu'elle fut comme I attestèrent
pom
'
, d' Il .
vécurent
aupres
e r•
enslll-1C 1e femmes 11ui
'1
•
• )'
impeccable ? Elle ne donna Jamais. i~u par sa
conduite à une justification ou, s1 1on ~eut.
à une excuse des frrdaines galantes de I cmpercur.
. .
,
Pour ètre imperatr1ce on n en ~s~ _pas
moin femme. Or, Loule créature. fcmmmr,
scion le mol d'un poète, a trouve d~n_s son
lierceau l't:rcntail de Célimènc. Eugeme - nr
pourn1.1 e. 11-e que l'une des plus
. ,.bonnetc•s
"rantles dames de la cour ; mats d etre Ulll'
~b~rmeuse, d'allumer les :im~s au ~assagi•.
c'était un plai ir' une sc•nsatJon, quelle ne
·e défendait point d'interroger. Hasard, ca~pr1cc,
. 'antaisie
d'une heure, elleElien effif'ltra.
i.
,
tout au moins, le léger ri:iss~n. ,e s J avcnlura mème, certaines fo1. '. Jusqu à I imp~udcnce. li se passa à Font.11nebleau, au prmtemp:s·de I SGO , nnea, enlure dont on,.parla
, Loutt•
.
une semaine à mols couverts. L n;11peratr1cc
a,·ail eu l'idée de se rendre dégu1s_ée à un~
fète de ,·illagc: cl des "Cns de s~ sUJte,_ ~n s1
M"uisés, al'aicnl fait un ma11l'a1s p~rll a un
galant trop dém~nstratif au~r~ d_e I ano~f11_c
Maje Lé. On critiqua celle ~q~tpt.'C . Il ~ ~-la11
1i sa"c ni conrcnablc, se d1sa1t-on, que 1''.";1ér~L~ice j ou,'ilau ealifo des Mille .et un_e Nwts.
En son monde, clic n'avait pas a craindre de
·cilles mé ~11·enl11rcs. sous le masque, da_ns
pat bals Lrarestis. Il lm· p1a1·sa1l
· a1~~s. d'ou bit t'r
les
sa couronne, cl les charges de I et1qu~llc c_n
brillantes mèlt.:es, cl d'amuser so~ ,ma? •~:tion aux dt:lira lcs fa'.nil!a~i lés du fli_rt. 1-:ll_r
en rapportait, la j ourn:c. l1n1c, de ces ,mpr~~.
dou'"'S
s10ns
"" cl sans perds auxquelles éon. I•t pense ensuite; c'était une, agréable r m1111scencc, presque un secret a partager ?v~c un
autre, sans qu 'il le stl t pcu_L-ê_trc. Mais il •~e
l'u t narré directement une .101'.e _anecdote l,1dcssus, rrssC'mblanL par les details et la couleur ;11111 épisodr. roma~esqu~.
,.
• .
Le domino ne diss11n11la1t qu ,~p~1 fa11c:
ment aux yeux des habitués des Tmler1es, q_u1
la reconnais aient à la démarche!. à des tr~1ts
. 1·1e1..~, la pcr onnalilé de I impératrice,
parl1cu
.
b
1 1e a1
non plus que celle de l'empereur. ~_ais
n'arnit pas lieu celle fois en la résidence de

' 'c·

"-------------- ---- ---------------

.JIUTOUJ?. DE 1.'1MPÉJ?,AT1(.1CE ,
sou,·crains. Il se donnait chez Je duc de Mornr.
Parmi les im·ilés du président de la Cbamb;e si c·e dc;sir 1'sl raisonnable. - Que puis-Je
ouffrcz que j e ma11111en11c cc 11uc jt•
~c trouvait un gentilhomme, ami particulier souhaiter, si Ct' 11 ·c t pas un rrndcz-rnus? viens
de
dire, et 1·e11iJlez aroir la bo1111: dl'
du duc, et à qui se opinions légilimislcs ne l'n rendez-l'ou ! ,\h ! la chose n'c Lpas simple. présenter it Sa .\lajeslé mes hommage~.
Tu
l'auras,
cependant,
mais
ce
ne
sera
pas
permettaient poi11t de rl'chercher les inrilaLe mar11uis dt•
~a,ail 1111P son an rir•
lions de la Cour. Cc qui ne l'empèchait point chez moi. Yois cc domino, là-bas, qui me fait ~lnw de S:111c)-Parabt'•rc serait de scrl'icc, Il'
au reste d'ètre des meneurs à la mode de la signe d'abn:gcr la com crsatioo ; c·csl mon lendt•main, aux Tuilerie~, comme dame du
fèlc parisicnn(' r t mondaine. Il avait marqué mari. '(Ili s'impalienlc et me presse de rc,·e- palais. li écril'il donc la lellrc annoncée; il la
sa place très eu t;1·idence dans le cercle où nir.. ...\dieu... . Tu pourras me l'Oir, demain, remit cnlrc les mains ilt• .\1111r de Sancy t•11
~·él'ertuait la fine lleur des lions et des l':1près-midi , ü trois heures, au Bois de Bo11- l'a su rant 11u'cllt• était allcnduc. Elle par1in1
fionnPs. Les femme' lui tenaient compte d'un lo~nl', prt\ du lac. Je St'rai dans un landau sans d,;Lour à lïmpératrict•. En sr rcndanl ir
ph}sique heureux, qu 'al'antageait moins la dfrouw rl ; je passt•rai deux fois lt• mou- une im itation aussi st=duisa nh•, t:Crirnit-iJ, il
sur mes li•rrcs, cl tu sauras qne c'est
n:gnlarilé des lrails que le caractère expressif choir
cti t contenté le plu~ cher dc:si,· de st•s yeux:
moi. 1&gt;
de la physionomie; elles lui savaient gré de
.\ l'heure indiqtll:(', le mar,111is de
fon- mais, d'y obéir, c\:tait, eu mèmt• temps.
Sl'S attent'ons opportunémC'nt discrètes, &lt;'mdémfrilcr aupl'('•s d'1%•-111èm&lt;', &lt;''était don11rr
pressécs, galanLPs, de ses manière tour à lail le sable de l'a,·l'nuc, le &lt;'œur 1,allanl un démc11ti au C&lt;1rac1t\1·c i11l'iolable d&lt;'s printour soumi es et dominalrict•s, soit .,11 df'hors, d'espoir. Tandis 11u'il songeait à son inco11nut• cipes qu 'clic lui connai ait. Il la priait d':ulsoit dans l'intime, are(' drs contras tes de dou- cl, dans son illlll', 1;diliai1 1111 roman d'amour, mell re qu ïl en dt:Clinùt Ja Lr11Lalion.... La
ct•ur et dt• brusquerie, de faiblesse aimante et un mo11rcmP11l se produisit. Les promc11cu rs bicnl'eillancc prrsonncllr de l'impéra trice n'c11
'arrèlent. Dt•s piqueurs s,~ ~ont ;11111oncés,
d'audace ou d'emportcmc111. li mfrilait auprè
dcrança
nt l'allcla:rc de la sou1·crai1w des fu t poi11 t suspendue. Elle agréa de rcprendrl'
d't'Jles encore par ·on e. prit alerte, par f't'nl'in time causerie. l'II d'autres occasions di·
lrain, Ja souplesse qu'il dépensait it les dis- Français . .\u sitùl il St' dl:Cou1r(' clel·ant l'im- fètcs. encore chei le 1h1c d,, AJor111'. Elle li l
pfratri(·c,
dcrnnl
la
lt•mmc•
'(Ili
passe
i1
l'allure
traire. Dans les hais, les soirérs. il s'ét.1il
davanla7e. Elle ne C'raignait poin t de• fa l'Oriscr
;1e11uis le renom d'uu entraineur, 1111ali té pré- ralentie dt• st•s ch&lt;'l'aux. liais, où ,a sa pen ·fr'! d'une sorte d'l'nlrclic11 public l'homme du
cieuse et qui ne polll, til que di poser en sa Qurlle surpri~c esl la sienne, en ro~·ant quP, monde, l'homme de soeiélé, qu i avai t s11
f;11·rur aux plus agréables retours. li posst,;_ douccnwnt Pl it deux reprises. Plie a passé le parler, un moment, i, son ,\me ou à son camouchoir sur sa bouchl', comme il arail l:11:
dait en perfection l'art d'intriguer.
price. C'ét.1il aux courses de Fontainebleau.
Donc, il en dt;ploJ·ait, cc oir-J;',. toutes les dit la l'ciJlc! C't:1ai1 donc Jïmpéralricc!
Lai$~ant
sa cour l'II arrière, elle al'ança 11,·
Quelques minutes 'écoul(•nt. Il n'est pas
ressources auprès tf'unc Lrès si:duis:tnle
plusieurs
pas cl dP111eura quelq ues moments
frmme, dout les lign,•s cxr1ui es, les mouye- encore rc1·C'n11 de sa stu péfaction, quand i1 causer ~enlt• à s1•11l arec le Irai l'l intransimcnts pleins de gr:k,· cl de uoblessc araicnt l'{-cu~w de scn·iC(', qui était, ce jour-là, 1(, geant monarchiste. Ct• fu i lllll' ~ortc de scanau plus haut c.1pfin: son attention. JI pn:.. baron dr Bourgoing, ~c détache du corLt\gl' ('[ dale politiq ue dam, le l'Orli•ge impérial. nes1ient :'t lui.
11&gt;yait, à tenter l':11c11Lurc, quelque cho,e
- ,\lon~ieur, prononcc-L-iJ, Sa )J.~1• 1,: w 111;, ccndrc de sa lrihum, pour all,·r prrsr1111·
d'imprévu el de picp1ant où s'obstinai t son
a11-de1anl d'un g1•n1ilho111mP de l1•l1l'(•s, qu '011
ardeur. Il ne roulait plus Sl:parer ses pas des fititdemand1•r qnr l jour il l'Ous serait agn:ahlc ne royai l pas aux Ttûlt•rics, 11'étail-ce pa,
d'ètrc
i111·i1é
aut
Tuil(•rirs.
~iens. On l'écoutait. JI del'enait prcssa11t,
- L'honneur que me fait Sa llajeslé et sa outrepas cr les bornes de la fantaisie? L1•s
jouait du sentiment, de la passion et s'animail
r.rllit:s non plus n'en rc1·c11aicnt pas de suri, un tel point que l'impératrice en 1·011ccraiL µ-ral'icusc in tention mrcomblcnl de grati tude. prise. Pu11r11uoi '! Qu 'était-il? Qu'a l'ait-il foit'?
de la gène, presque de l'inquiétude. ~:Ile Je me pt•rntellrai de l'en remerci,•r par u1w 011 Il&lt;' s't•xpli1piail point b r,1iso11~ d'u n!'
lt•llr1•, 11ui lui par,•icndra d1•main.
l- échappe. li la perd de l'UC; mais aussitot se
~~mpalhit• dont la cause réri lablc ,:chappail il
met à la recherche de la mystérieuse. E11
pénétrant dans un petit salon retiré, il Ja
rC'lrOuYe, assise auprès de la d1ll'lwssc de•
Bassano.

c···

c···

0

li se glisst• l'Crs rlle el lui murmure i,
l'oreille: « Je ne le qui lle plus; s'il ne m'es!
pas permis de connaitre, cc soir, le joli l'isal-(t'
r1ui se dt;robc sous cc ,·clours détesté, je 1·1•11,
~aroir, au moins, Lon nom. 1&gt; Et il ranime le
fou des propos arec plus de l'ivacité que tout
à l'heure. Elle se joue dP sa C'uriosité, élude
,es questions. Qui est-elle? Pourquoi se refuse-t-elle au désir qu'il lui e~primc si ardcmnwnt de savoir 11ui elle e t'!« Tu n'y con~c11s
pas. C'est bien. Je le saurai, cepc11dan1. Bicnlol on appellrra ta roiturc. Je serai là : 1•1 ~i
je n'ai pas entendu le mot que j'csprre, je
1olerai aussi 1·i1c '(lie le cheraux pour èlrc
t'n mème L&lt;'mps i1 la porte. li m• me sera plu~
diflicile, après, de c·o1111aitre Je myslfrieu~
nom. » Mal à l'aise, sous cette insi l:111cr, l'I.
néa~moins, intéressée, l'impératrice réflt:Chir,
1111 instant : " Si L
on cœur n'est pas sincèrt•
L ~ PKO.\IESA UE QCOTIDIEN:O.E DU f'RINC I• I.\IP(RI IL O.IXS LE JAIWl'i DES Tt:ILERI ES.
l'n ses dt:clarations, je n'ai pas à nù n préoct'uper. ~uis ton capri&lt;'c. Si, au conlr.:iire, je
- Ob! les leu rcs ne l'Olll pas si 1·itt• ni
dois croire aux sentiments q11 ïl allrste, jr le
s1
facilement aux mains de l'hnp,:ratric·(•. ('(foi-là mè111c• qui m fol l'ohjel, it pl11sie11rs
demanderai de ne pas chercher à trahir mon
rrprisrs el sous diflërerllt•s f'o rmrs.
&gt;t'Cr~L. En échange de ta parole, je Le promrt, li serait pr1:féra ble que je pusse rapporter
Mais laissons tout Cf'l anrcdotage el rc1c1·otrc• r,:pon,l' l'i la lui transmC'llrt• de 1·i1·1·
dl' rrpondre au désir que tu me manilt•s1t•r:1s. roi
nons
à des consid,:ralions plus sérieuses.
x.
Il y aYait une dizaint• d'ann,:es que brillait

�r -

111STO'J{1.JI

l'astre impérial sans ombres apparentrs.
C'était l'àgr d'or du Second Empire, à l'apogée
de sa prospfr:té, la lune de miel de la spéculation fînancil'r&lt;', le Lemps fortuné par excellence ponr tous ceux cl toutes celles qui

pouvaient jouir de succl's continus, vivre pansienne où Loul paraissait n'ètre que fretranquillemenl el gaiment.
rie, décor, volupté, attirance des yeux el séLes étrangers affinaient, apportant leurs frus &lt;luisants mensonf(es.
en échange de nos jouissances. lis pa saienl
Et l'impératrice était plus que jamais ec,méblouis au travers de cette belle existence blée d'hommages el d'adulations.
(A suivre.)
FRÉDÉRIC LOLIÉE.

·La Marseillaise
cirns de la garde nationale el applaudi par la
Le vcndredi120 avril 1792, le capitaine du lera de la France, de ceux-là, ~ans doute, il foule. Le chant guerrier fut gra,·é el se régénie 11ougt'l dt' Lisle, qui tenait garnison à n~ rcçnt pas de compliments. C'est pcut-èlre pandit par Loule la France. Chacun sait ou
Strasbourg. reçut du général Kellermann le mème 11 cette mauvaise odelelle que nous de- doit savoir comment un étudiant de lfontvons notre chant national.
billet que voici :
Quand, au jour indiqué, c'est-à-dire le pellier, François Mireur, s'en étant procuré
« Cher capitaine, mardi prochain, à l'occaun exrmplaire, chanta le nom·el hymne. le
sion du départ d_es volontaires, il y aura 24 a\'ril, Rouget de Lisle se présenta à la 22 juin, dans un banquet civique que la
soirér place Saint-Etienne. Les Dietrich ont la Chancellerie, place 'aint-Étienne, Ott le maire ville de Marseille olîrait 11 cinq cents Tolonpassion de la p0t;sic. Je verrais avec plaisir Dietrich reccrnit ce soir-là, on lui fit com- taircs qui partaient pour Paris; un musicien,
tiue, nouveau gradé, vous y fussiez. Ne pour- prendre en elîel que Kellermann lui avait de- \'ernade, enthousiasmé comme l"avaient été
riez-vous pas nou faire la surprise d'un mor- mandé non pas un pont-neuf, mais « quel- à lrasbourg les Dietrich, courut à l'hôtel de
ceau inédit comme vous en savez faire? Ré- que chose qui ,·alùl la peine d'ètrc chanté au ville, drclama devant la garde assemblée
ponse sans périphrasl', s'il vous plait. Cor- camp ». Il tallait « un morceau à enflammer l'ode de 11ougel de Lislr, et cela fut estimé si
les cœurs. un lwmnc entrainant, un beau
dialité. KBLL► 1U1A~N. »
poème qui plût a~ parti populaire ». Lr capi- lieau el si entrainant que les Marseillais, se
Le capitaine, dès le lendemain, répondit :
mellanl en roule vers la capitale, n'eurent
« Général, à tout autre qu'à un guerrier de taine s'excusa, alléguant les difficultés lyri- pas d'autre chanson de marche. C'est par eux
marque, j'aurais répondu négativement à la ques el poétiques, le peu de temps dont il que les Parisiens connurent l'hymne strasquestion qm• ,·ou, me faites l'honneur de disposait; mais on insista; il demanda douze bourgeois, auquel ils donnèrent pour celle
m'adrrssl'r. Car« ma surprise », à moi, c'est bcurcs de répit, prit un violon cl s'en alla.
Le lmdemain, à dix. heures du matin, il raison le nom de .11al'seillaise. Mireur, r111i
votre Oalll'U,c supposition. Mais à ,·ous, mon
contribua de la sorte à la propagation du
supfricur, je dois obéis am·e. \'oici quelqurs arrivait au domicile particulier de l)ietricb, chant national, s'engagea peu après; promu
phrasl'S &lt;1 sans périphrases ». Rrspt'clucuse- au n° 4 du cours de Broglie : il avait passé la général lors de la campagne d'~gyple, il fut
mrnt ,ôtrc. Rouc~;r DE L1s1,E. 126, Grande- nuit à écrire el à noter un chant dont il était Lué le \0 juillet 1798 dans une embu~cade
assPz satisfait; il dit le titre : Hymne de
1\ue. 1&gt;
de mamelouks. on corps repose au cimt'A la lcllre était jointe une odclPlle inti- guerl'e dédié au maréchal de Luckner, s·ap- tière du village d'Elgala, non loin de Damanprorha du clal"Ccin cl commença :
tulée Aloi el composée de six couplets :
hour, l'ancienne !lrliopolis. (La Ma1·seillaise
Allons, enfants de la patrie....
et Rouget de Lisle, légende historique mIV
Aux bonnes gens,
ün célèbre Lablrau de Pils a popularisé la contie à mes petits-enfants, par Alfrr d-B.
Parler ,ans art,
Amour
exlrème;
l'eoser sans fard,
scène: l'assistance se composait, croit-on, de Bénard.)
Guerre nux méchants :
Lrs recherches de M. Oénard, qui fut,
Toul a ma gui,e :
dix personnes, le maire Dielrich, sa fl•mme
C'est mon syst~me.
c·esl ma devise.
pour
ainsi dire, un contemporain de 11ouget
et ses deux nit'CCS, le procureur de la comde Lisle, {-claircnl Lous les poinls restés jusIl
mune
et
sa
femme,
le
grelfier
municipal,
le
V
citoyen Gloutier, précepteur des enfants, el qu ïci obscurs dans l'histoire de la bla1·seilAller, venir,
llauvaisr
tèlc,
Rester, courir,
deux étudiants. Tou furrnl mthousiasmés. laise.
Le cœur honnèlc :
Elles élucident notamment une question
\'ciller, dormir.
Dietrich, amateur pas~ionné de musique, reC'est mon del"Uir.
C'est mon plni,1r.
pn•nail, à chaque finale, le refrain: Au.r armes. qui, Loul récemment, donnait lieu à une
Ill
citoyens ! le procurrur pleurait, sans vergo- polémique: quel est l'auteur de la septième
VI
discr~tc
gne, l'un dl's deux. étudiants. agita son cha- stl'ophe du chant national 1
• Fcmm&lt;'
Hougel de Lisle n"avail improvisé que si~
Pour la patrie,
El joli1•llc,
prau en criant: l'ive la F1·a11ce ! - Et /' AlDonner ma ,·ic :
»ais pas coqucllc:
couplets.
Celui des enfanis :
sace, ajouta l'autre, c·est tout un! fiougct de
C'est mon espoir.
c·est mon dêsir.
Lisle restait interdit: il ne s'allt&gt;ndait pas à
Nous entrerons dans la carrii•re
Quand nos ainës n'y seront plus...
Il est bim heureux 4ue pour les poètes pareil succès. On dit que, très ému lui-mèrne,
tomme pour le commun des mortels, les il pressa les mains qui se Ll'lldaicnl vers lui ajouté postérieurement à l'œuvre primitive,
jours d'inspiration se sui\'cnl sans se res- el s'esquiva modt• tcment.
Le dimanche suivant, 29 avril, l'hymne de fut successivement attribué au poète Lebrun,
~embler. Ce sont là, nais&lt;&gt;mblahlcnwnl. lrs
à Louis Dubois (du Calvados) qui, en 1848,
derniers vers qu'écrivit Hougrt de Lisle avanl guerre, dont le mai re avait commandé une s'en déclara l'auteur, sans trop insister, à
de composer la il/arseil/aise; si celle-ci lui orchestration très simple, ful joué sur la Marie-Josrph Chénier, à d'autres encore. Il
,·aut une célébrité qui durera tant qu'on par- place d'armes de Strasbourg par les mnsiichê Rraun. Clément et 0-

�111STO'J{1.ll

-----,------------.#

semble hit•n que le prohlL·me de la paternité
est aujourd'hui rt:solu cl 'I uc le coup~~L des
enfants est dli i, un braH' abbé de \ iennc,
dans l'Jsèrt•.
Lor l(UC, l'II juillet I ït)2, le _br~il se r6.
:a Virnnc r1ue h
)farst•1lla1s . approp.111·•·,t
u
. r •
cbaicnl, se rendant it Paris, la m~111c1pa_1Lc
décida de leur faire accueil ; les habitan ts el_erèrenl à l'entrée de la rillc une porte de_ feutlla"c, on posa dl•S drapeaux, on lcnd1l 1es
~ 1andes, cl le 11, :t' ·srpt heures du
"Utr
. malin,
1
" and les aranl-"ardl's des rolonla1res p_10l(U,
l"'
• 1 ·1 •
céens
furpnl si"nall't'S,
une trip
e uep1ll1l1on
'
cil'ile militaire°et relii;il•use, s'arança à leur
r,•nro,ntre. Les li trseillais s'alignèrr nt, c_l, en
. -. • de. salut , t'nlonnèrent ll•ur 1(lor1eusc
n1a111erc
. .
chanson dt• marclll'. Quand elle fut lerm1.nec,
aux applaudissenll'nls unanimc_s , les cn_lanl~
du collètTc de Yienne, rondu1ls par I abbé
Pessonn~ ux, n•prircnl l'air en chœur ~ur ~~~
paroles qu 'arail com1~o_st:C.' pou~ 1~ cc~L'rnonie, le patriote eccles1ast1t1u~ : i\ ~us enll erons dans la caiTière.... L ahb~. P_cssonncaux, qui, commt• bien d'autres, s ela1l procuré la partition du chant de Rouget de Lisle,
aYait écrit sa strophe en qul'lque hcurcS, cl

croyttil bien aroir rimé seulement u1~ couplet
de circonstance. L'à-propo fut . s1 rcma~~
i1uable, l'elfcl fut si grand de cc Jeunes ':on;
répondant par ces nobles parole , au~. males
accents des llarscillais, flllC de 1_111slanl
mèmc la strophe fut jugée digne de I hymne
,pti ·symbolisait, dans le sc11ti~1ent de l~us'.
les aspirations de la jeune nal1o_n frança1 ~-clic y entra cl fit corps arec lui: l'llc sa111,l
mèmc la rie à son auteur.
.
Le Ier janvier 1791, ou plutùt le J~ 111rùsc de l'an ([, le comité de salu~ public de
Lyou manda par-derant lui le. citoyen A_n.toine-Dol'ollée Pessonnea11.-r, c1-deva,~l p1 e-

aucun rolc politique ni pris parti pour ou
coutre la Révolution.
.
\u moment Olt l'arrèl, non douteux, allait
ètr~ prononcé, une troupe d'écolie'.s passa.ci'.
chantant sou le · fcnèlrc du tribunal : C&lt;
&lt;tu'ils chantaient, c'était la strophe des enj'ants, et le paul're _abbé, en l'?nlendanl '. ~~
mit it pleurer. « ~u~squc ,·?us etes _les. a1 b1.
Ires de ma vie, dit-il aux Juge ' la1sscz-1~m
, dermere,
· • de me
,·ous prier, pour grace
. faire
.
accompagiwr au snpp11.cc par une vmglarnl'.
de ces petits écoliers t hanlanl la stance 1(111
me Ya droit au cœur .... »
. .
Le ci-dc,,ant abhr Pessonncaux f~l a_cq111tte :
po~é à t e.r-paroisse 1/aurice ,~~ ta, vil~e. de il son retour i1 Yicnne, ses paro1ss1ens . lm
Vienne, pour répondre aux _dclils ''. 1111 •m~ firent oration ; il reprit sa cure ~t ne la l(lllll~
pulés par l'accusateur public r l s enlc'.1drc qn 'it l'époque de la Re laurallon, pour ~,
condamner ou absoudre. Le paul'l'C abbc n_c fhcr à Seyssel Olt il s'était rendu a~uéreur
se faisait pas d'illusions; l_a_ Te'.rcur régna~l d'une modes te propriété. C'est là qu il ~oui1 Lyon ; le caracli•rc l.'C ·l~siastu1u~ do~_l. •~ rul en 1833: cl la municipalité de \'1cnne
était rcrèlu n'était pas u11 ut_re à l_u1 co11cil1~1 do,;na à l'une des rues dt' la ville le nom d1·
lïndul rrencc de. juges. li repond1t s:i.w fai- l'auteur dt• l&lt;t septième stroph~.
.
Iliblesse oà l'interrogatoire, déclara loyalcn~cnl
C'est ainsi que la collaboralwn d un o
•,. ·t, l,11 effet • curé of,iciant de• • aml-l
. ' d l'armée roralc cl d. un prèlrc dola la
qu ..J1 Cwl
c1cr e
•
h 1 . l' 'd it
~fauricc cl maitre de rhétorique .. _. . C ~~l ~ou . République du chan t Lriomp a qui a1 a
ce 1111 'il poul'ail dire. n'ayant .1ama1s JOUC conquérir l'Europe•

T. G.

Sur une vitre de Chambord

,. m1,Ls .· To111·ou1·s 1remme
a1a1·1 cc,
'
l vctl'ie. · »
Td lc es t la ,·érilé : l'on peu e~. cro!rc
Cc sont dcu\. ,ws 'lu_i o_n t !Ji~n t'O•u~u. 1~ Br.1ntùmr, le seul qui ail parlé. de I inscr:p~
lion comme l'avant ,ue. Au lieu d~ deux
d d •puis le jour 0 11 1on dit que ~ r.rn
mon
le
I
c • . ;1l s111· u1u• riln' du ch;1ll'a11
l'ers il n'y avait.donc f]U'ttnc simple ligne ~1:
ois er es cCrl\
.
.
,
,
. ' m ol•~. Ile plus· • rit•n ne nous pro111·cd'1c1
1
çde Chamuvr
1.- d 1 , . a-t-il l't'l'lls rcclle1111nt, l l.
rois
· ,c
·
1 rr
q11 'cllr ail t:lé l:Crile s11r la "ilrc avec ~n. ia·t-cc
bien
sur
une
nlrc,
onoclans cc cas, es
.
" I 1..
cherchée, jamais rclrouvct' , _qu • ~~ manl, plu Ldl que sur l'un des larges cot~s de
le
mp avec le diamant
.
dr sa• ba!!'llc
! Je ,a,~ l'cmbra ure de la l'cnètrc, a,·cc de la craie ou
traça
c
..
Brantàmc
rous
répondre
à
ces
quc~- cl charbon : ce qui cùl été plus naturel, s'.n·1a1sser
cl D.
Jv de on tout
u it• celle époque-la.
, 's·1 François
· l"
. ' en efil.'l. '
Lions par un passage u iscours
··t
de
la
1
Joinle
de
a
baorruc,
il
sed'troma
sl' st. . r, 1
. .
1• . • Vie de.~ Dame.~ galantes.
11re li· me SOUl'll'Jll
.
.
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l'oir
été
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premier
qui
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L
emps
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cela
i·oncicr"C
1· l h
0 qui l'lail ccan:s, c ,
•·. ncnl ' l)ranlùme
cùl remarque
((Ill'
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.
&lt;"hambrc du roi. rL' ranço1• s, •11•1" rl'Çlll or
, on- ccrw.tncr
l'inscription
avait
étü
tracée
sur
la
nlre.
.
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.
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dès
cc
L
emp
-la
connu
nèlemen l : car 1 31 ai
·
Le
roi
a,·ail
t;cri
l
t•n
grande.
lellrcs,
d_
~l
1
.
:
1
a
·
cour
,•t
aux
guerres.
cl
UJlcs miens a
• .
.
.
1 l mo11lrcr tout ; cl m aia11 1 loujours Ilrantùme. cl d'une ma111, à c~ qu il
memc me vou u
• ·1 , montra
·irait assez assnrl'C pour que le caraclcre de
du roi, • me 'I'
mcnc. a, la chambre
'
P
•
· '· 1 f'' t rcconmissable
.
.
·
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• • ·•Or• comment
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nn ecril au co c
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s n·a- son ecr1 ure 11
.l
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11
·
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tt'la
monsic'nr
;
s1
,
ou
cela
serait-il
possible
s'il
avait
ecr1l ~ur ! "''.':
o d 1 -1 ,
~
._ ,
'l
,
:,.r'1t11re clu roi mon mai rc. ï en• des l'ilre étroites dont al~rs .on g~rn1ssa1l '.~.~
" rez ,·u 1,e~
· »"'t
lu' cn orrrandes lettres,• ) l'cnèlrcs, cl 'il se fùl srrv1 cl un diamant a1cc
&lt;« \'Ol·1a.
rJ l'a\"lnt
, .. '
~OU\t'11 l

8ic11 fol

fc mnw ,;,rit'.:
qui ;) hc.

l'Sl

lequl'I on ne peul marq_ucr qui! de~ li?éamenl~
inM('is? Tous ct•ux q111 ont repris I anecdote
après l'auteur des Dames galantes, l'onl_mal
rompri e, et, par suite, l'ont dénalurec en
l'étendant. liais de œ ux-111, quel est le premier ? Je crois bien, sans pouvoir en rtlpond~&lt;'quc c'est l'auteur du roman Les Galanterzei,
des Roys de Fmnce (Bruxelles,_ 1.690) .. Je ne
connais pas de liHe plus ancien qui nou_~
donne le dis tique. \'oici sou. q~~lle for~e il
s'r trouve, laquelle a dcpms ele elle-menu•
a!Î.ért.:C, car le men oncre n'est pas plus rrspr('lé qut' la rérilé :
Sou,·eul femme raric;
11al hahil' qui s'y fic.

Quant au dénouemt'nl de l'histoire ~e . '•'.
fameuse rilrc. soit qu 'on dise qu'elle ~•l eh'
11 vendue aux Anglais, comme tant d autrl's
choses françaises )&gt; , soit qu'on raconte que
1 ouis XI\', 1, alors jeune cl heureux )&gt; , la
s~crifia à madame de La Vallière, c·~sl _'?
di"nc conclusion de Ct' petit roman taille a
pl~isir dans un fait Yéri table.
ÉDOU.\R D

FOUR IER.

La Femme au

XVI/Je siècle

n•pn:,cntcro11l &lt;'dlt• enlaut, la 1x•tilc fille, C('
commenccnwnt
de la femme du l1' mp , la 1p1i e~L1i1.1&lt;·iLé, mou,·emcnl naturel, enfa1we;
La Naissance - Le Couvent
Lèlc chargée d'un ùourrcl&lt;•l tout empanaché die réprime ~on caractè•rc !'ommc l'II&lt;• contient
son corp . Elll' la pouss&lt;• de Lous . es efforts
Quand au dix-huitiènll' sit•tlt• la fomnw de plumes ou courcrlc d'uu petit bonnet orné en awrn t de son ùgc. Enroi&lt;'-l-flll la pC'lilt• fille'
nait, elle n°&lt;'Sl pas reçue dans la l'ie par la d'un ruban, lll'uri d'une fleur sur le cùlt:. prom1•1wr aux Tuileries, on lui rt-commandc,
joie d'une famille. LI' foyer JJ 'est pas en fëte Les pclilt•s filles portent un de ces grand~ 1·omme si son panier ne d1•1ail pa~ empèchcr
à sa venue; sa naissance ne donne point au tabliers de lullt• transparents, il bouquets ~es enfantines folies, dr Ill' pas sa uter, de se
cœur des pan•nls l'i, rcsse d'un lriomph&lt;', dit• brodés, que lra,wsl' le bleu ou le rosi' d'nnl' promPJll•r d'un air grar,•. Est-1•llc marraine,
,•sl une bé11édiclio11 qu'ils acct•pll•nl tommt' rob1• dt' soil•. Elles ont d1•s hoclwts 111ag11i- a-L-1'111• et• bonheur, une &lt;lPs grandes ambiune déception. Cc n't•sl point l'enfa nt désiré ti11ucs, des gn·lots d'argent, d'or, en torail. tions dt' l'enfance du Lcmp~, le prPmi1•r roi(•
par l'orgueil, app1•l1: par ll's csp1:rauccs des 1·11 cristau:1. i1l.iccllm, ; ellrs sont 1'11louré1•s dt• 1111 ·on lui fait jouer dans la socictll:, on la roit
pères et des mèrt•s dans celle ·ociété gou- joujou, fastw·ux, dt• poupfrs dl• bois
nwntcr en ,·oiturc comme um• frmn w, dt's
1ernéc par dt•s lois sali1111l's. ('C n'est point joues fu ri1•us1•mcnl fardét•s , sournnt plu, plumes dans les chel'eux, le fil de perle au
1'11éritirr prédt'sliné /1 loull's le · co11Linuations granclt-s qu 'cll1•s cl r1u 'clb ont peine à lt•nir cou, le bouquet à l'épaule ;auchr . La mi•ncl'I à toutes les surri,·anccs du nom, des char- dan~ lt·urs fll'tils bras!_ Parfois, au milieu 1-on it 1111 hal d'enfants : ('ar il fau t prc ·1111c
~1•s, cfp la fortune d'une maison, le 11ou,·mu-né d'un parc il la française, on le · apcr,;oit s,• dt· le bercea u babituPr la f1•rnmc au monde
11 ·1•sl ri1•n qu 'une fille, _l'l d('ranl ('e berceau lraina11l entre elles sur le ·able d· tuw allée pour lequel clip l'ina, au plaisir &lt;Jui SC'ra sa
où il n) a que l'a,·cnir d'um• fcmnw, le père dans des pl'lil chariots roulants, modelés sur l'ic : on lui place sur la lètc 1111 énorme
r,·stc froid, la mère souffre comme une Beine la roc.1illc des conques de Vénus r1ui passrnt coussin appelé toque·, sur lequel s\:ch:ifoude
/1 tm·ers les t..1bleaux de Iloucbpr •. Elle- ne
1p1i attendait un Dauphin.
St'
font Yoir qu 'cnrubannét•s , pornponué&lt;•s. ii grand renfort d'épingles cl de faux cl1c1·cux
llimtol une nourrice emportait au loin la
1111 monstru1•ux hùisson, couronné d'un lourd
pl'lilc fille, qui• sa n1t•re n'ira guère 1oir chez Ioules d1argt:l, de dcntl'lles d'argt•nl, de bou- chapeau ; on lui met un rorps neuf, un lourd
quets,
de
nœuds
:
leur
toilcllc
est
la
minia,.1 nourrice qu'au temps des tableaux de
panier rl'mpli de crin l't cerclé de fpr : on la
1;rcuze cl d',\ubry. Lor -que la pl'lile fille sor- ture du luxe et dt•s robes superbe de leurs pare d'trn h:ibit tout cou, crl de guirland&lt;•s.
1,tit de nourrice cl n•rcnait à la maison, clic mères ..\. peine leur laissr-L-on, le matin. cc c•t on la conduit au bal en lui disant : &lt;&lt; Pr1•1:tait remise aux mains d'u1w gouvernante l'l petit négligé appelé habit de marmolle ou de nt'z gardr d'ott•r ,·otre rouge, dp l'Ous délogér a,&lt;'c dit• dans les appartement du Sal'oyrmle. et• joli j uste dt• Lallelas hrun arrc· coiffer, dt•rhifionncr 1otrc habit, cl di,crtis e1.l'omble. La gourcrnantc tral'aiflail à faire de 11n jupon court de mème étoile, garni de deux ro11s bit•11 °. »
l',•nfant une pcti le pt•rso11nt', mais doucement, ou trois rangs de rubans couleur de rose
.\.insi s1• forment ces pelilt's llfü•· manifrée~
a1&lt;'C beaucoup de /lallcric l'l de gàh•rie : dans cousus /1 plat, l'l celle jolie coiffu n• si simplt• tp1i ju~cnt d'une mode, dt:ridcnl d'un habit,
fai
L
ed'
un
fichu
de
gaze
noué
ous
le
menton
:
1
t·,•ltc petite fille 'lu'ellc ne corrirrea it guèrt•, l'l
charmantt• toilclle où l'enfance est i it l'ais1&gt;, se mèlent de bon air : enfants jolies à croquer
i1 laqm•llc clic passait it pt•u près toutes se
t'l Lou/ au parfait, ne poU1ant souffrir unl'
1olontés, clic ménageait d( jit um• mai't1·r c 011 sa fraicheur est si hicn accompagnée, 011 dame sans odeurs et sans mouch&lt;'s 7 •
1111i, lors de son mariag-c, devait lui assurt•r sa gràrc a tant de liberté. Mai cc n'rst poinl
Des petit appartements 011 la gouwrnantc
une p!'titr fortun,•. Elit• lui apprenait à lire r t ai11si que lt•s pt•Lilt•s filles plaisent aux parents : gardait la petite lillt•, la pPlilt• fille ne dcsil
les
kur
fau
t
habillées
r
t
gracicusécs
au
.'t t~·rirt•. EIIP pronwnail s1•s yeux sur !(•s fi"ure:,.
l'cndait guère !'hez sa mi•rc 'lu'un n10mcnt, le
111• la llihlc dt• S,tcr. Elle lui mo11trait dans goùLde r.c siècle qui, silot q11 'elles marclwnt, matin it onze lu•un•,, quand 1•nlraic111 dans la
une jolie boill• d'opti1p11• la l{ét&gt;graphic en lui l,•s enli•rnw dans un corps de ball'ine, clans chambre aux rofcls à demi formé· les famifaisant voir 11• mondt•, lïntfricur de Saint- unt' roh1• d'apparat, l'i lt•u r donne un mai'lrc lier· et les chien~. 11 Comme rous cltt•s mist· !
Pi,•rre, la fontai1w de Tréri, le dome de i\lilan :\ danser, un maitre à marcllt'r. Et rnici, dans - disait la mère ,'1 sa lillc qui lui souhaitai!
al'(!C toutes ses pclilt•' Jignn•s. la nou1 ell1• 11m• gra rurc de Canot, la petite pc1"nn11e en le bonjour. - Qu ·a,·ez-rou '? fous a rez bien
,:gli c de Sainlt..~t•n,•rièrc, palronn,• de Paris. po·ition, qui arrondit les bras et pince du mam·ais risagc aujourd'hui. Allez 111cttrc du
l'église Saint-Paul. le nouwau pala is Sans- hout cl1•s doigts les deux cotés dt• sa jupe rouge : non, n °l'II mr llct pas, 1011s ne ortircz
Souci, l'Ermita"c de l'impératrice dt• Russil' 1 • houlfanlt•, d'un air sérieux, d'un air dt• daoll'. pa aujourd 'hui. 1i Puis, se tournant rcrs un&lt;•
Elle lui mettait enlrt• ll's mains quel11uc Avis tandis que le maitre répète : « .\llc•i donc &lt;'n visite qui arri,·ait : 1c Comme je l'aim&lt;', crtLc•
d'un pèl'e ou d'une mère à sa fi,lle, qucl11ue nwsun•.... Soutt•ncz .. .. .\llc•z donc .... To11r- enfant ! \'icns, baist'-moi, ma pclill' . .\fais lu
Traité du vrai mù ile. Elle lui recom- 111•z-la .. .. Trop 1ard .... Ll's bras mnrls.... L,1 es bien salr ; ra Le nctto,w les dents.... ' p
mandait encore d&lt;' se tenir droite, de faire la tètt• droite.... Toumt•z donc, mademoiselle.... me fais donc pas les CJU&lt;'s.lions, it l'ordinaire:
r,:,·ércncc à tout le monde : &lt;'l c'était à peu La tète 1111 peu plus soutenue .. .. Coulez Il' tu c réellement insupportable. - Ah! maprès tout Cl.' qui• la "0JJl't'l'llantc r nsrirrnai t à pas.... Plus de hardiesse dans Je ·regard 5• ,, dam~,. quelle tendre mère, disait la pt·rsonnc
0
l't•nfant.
cF'aire j ouer la dame à la petite fille, la preen ns1tc. - Que roulez-mus ! rt:pondait fa
Lt•s u1blcaux du dix-huiLiL•n1c sièd c nou~ mière éducation du dix-huitième siècl&lt;• ne tend mi&gt;re, j e suis folle de celle enfant 8 .... 11
qu
'à
cela.
Elle
l'O
rrigc
dans
l'enfant
tout
C'l\
1
Point d'aulrc sociélt:, d'autre 1·on1111u11ion
1. :onversa1io11- d'Ênulic. Puris, lilH, 10 1. 2.
3. \'oir le, porlr·ails d'r111:a11ls _du _musée de Ver1 '!.. En,itc, par J.•J. ltou,,cau . Amsle1·d1u11, l 76t,

,lll,

0I. 1. - Au 111oi, de j uillet 17'!.'!.. le Mercure de
Fra11ce annonrc que la dudrrs,r 1f'Orléa11s ,·icnt dr
~onner it _l'l11fa1Hc mie poupée aire gardr;rohc rarir•r
• l unr lorlrllc1ou1011 mu11J11111 iJ 2i.OOU lrn·,.,.

sailles cl la gra\'urc de Joulam,. d apr~ Ch. Coypel :
U moments lrop lumreu.x où 1·eg11e l m11oce11ce.
i. :Uëmoircs de .Ume de Geu lis. Paris, HU:,, \'Of. 1.
:;, Les J!'ux de la pctil!' Tlrnli!', par de )loi1s.,·.
l'ari,. Uaill,,, 1i ti 1. Le Jf,1111et cl t .llle111a11de.

O. Thë.ilre â 1'11,;og,• d1•s jcurrcs pcr.ouucs par·
llm&lt;' de Genl i . Paris. liiO. vol. 2. l tt Colombe
7. Le lin e à la modf'. En Europe. IOOOi00,39. ·
!!. Méla»gf's mililai1·cs, liltér·air,•s cl scnlimen1..tirrs {par le priuœ de Ligne. /Jresde 170;;..1811
101.

20.

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LE MAITRE DE DANSE. -

eutrc la mère et la petite fille que cette e~trevue banale et de convenance, c~mmencee
et finie le plus souvent par un baiser de la
petite fille embrassant sa mère sous le ~enton
pour ne pas déranger son rouge. Lon ne

~~-

LA 'FEJK.JIŒ Al. xrme Sl'ÈCLE -.,.
wnnait point les douceurs familières qui donnent aux enfants une tendresse confiante. Elle répond à lou tes sortes de brsoins sociaux. li tait rien des pensées du monde, ni les ambi"arde une physionomie sévère, dure, gron- garantit les coll\'cnances en beaucoup de cas. tions, ni les insomnies, ni les rèvcs, ni les
deuse, dont elle se montre jalouse; elle croit li n'est pas sculr mrnt la maison du salut : il fièvres d'avenir; elle en cmpèchait à peine
de son rôle et de son del'oir de consener a mille utilités d'un ordre plus humain. li . l'expérience : qu'on se rappelle ces projets de
avec l'enfant la dignité d'un1 sorte dïndiffü- rst, dans un grand nombre de situations, AIile de Nesle, devenue Mme de Vintimille, ce
r,'nce. Aussi la mère apparait-elle à la petite !'bote] garni et l'asile décent de la femme. La plan médité, dessiné, réso!u, d'enlever le Roi
fille comme l'image d'un pouvoir presque l'CUl'e qui veut acquitter les dettes de son à Mme de Mai Il y, toute cette grande intriguc
redoutable, d'une autorité qu'elle craint d'ap- mari s'y retire, comme la duchesse de Choi- imaginée, raisonnée, calculée par une petite
procher. La timidité prend l'enfant; ses lrn- seul5; la mère qui veut refaire la fortune de fille dans une cour de couvent d'où elle jugeait
clresse.,q elfarouchécs rentrent en clle-mème, ses enfants y l'ient6 économiser, comme la la cour, pesait Louis XV, montrait Versailles
son cœur se ferme. La peur rient où ne doit marquise de Créqui • Le coul'cnt est refuge à sa fortune 11 ! Quelle preuve encore du peu
ètre que le respect. Et les symptômes de cette et lieu de dépot. li tient cloitrée la petite d'isolement moral et spirituel de cette vie
la jalousie de .f&lt;'imarcon cnlè1•e de
peur apparaissc11t, à mesure que l'enfant ,, miJie que
7
cloitrée? Une preuve bien singulière : un
!'Opéra
; il tient renfcrmérs les maitresses
avance en àge, si forts et si marqués, que les
livre,
les Confidences d'une j olie femme,
8
parents finissent par s'en apercevoir, par en des princes qui l'ont se maricr • Les femmes qu'une jeune fille pourra écrire au sortir de
soulfrir, par s'en effrayer. Il arrive que la séparées de leurs maris viennent y vil're. Le Pantbémont. Prise en amitié par cette Mlle de
mère, le père lui-mème, étonnés et troublés cou1•ent reçoit les femmes qui veulent, comme Rohan qui fut plus tard la belle comtesse de
de recueillir ce qu'ils ont semé, mandent à Mme du Dclfand et Mme Doublet, un grand Brionne, Mlle d'Albert puisera dans les nouleur fille de travailler à eJfaccr le tremblement appartement, du bon marché et du calme. li velles apportées à la jeune Rohan, dans les
11u 'elle met dans son amour filial. Le « trem- a encore des logements pour des retraites, confidences de sa protectrice, dans tout ce
blement ,, je trouve cc mot terrible sur pour des séjours de dévotion, où s'établissent, qu'elle entendra autour d'elle au couvent,
l'attitude des filles dans une lettre d'un père à certaines époques de l'année, des grandes une connaissance si rraie, si particulière des
dames, des princesses élevées dans la maison;
à sa fille 1.
retour
d'habitude et de recueiUement aux mœu rs de la société, de Versailles et de
La petite fille avait à peu près appris le
Paris, que son livre aura l'air d'avoir été
peu que lui avait montré sa gouvernante. Elle lieux, aux souvenirs, au Dieu de leur jeu- décrit d'après nature; et les gens qu'elle aura
nesse,
qui
inspireront
à
Laclos
la
belle
scène
de
savait bien lire et le catéchisme. Elle avait
peints ne se t.rouveront-ils point assez resreçu les leçons du maitre à danser. Un maitre Mme de Tourvel mourant dans celle chambre semblants pour la faire enfermer quelques
à chanter lui avait rnseigné quelques ron- qui fut la chambre de son enfance.
mois à la Bastille u?
Tout ce monde, toute cette vie du monde,
d~ux. Dès sept ans on lui a1•ait mis les mains
N'y a-t-il point pourtant tout au fond des
sur le clavecin 2 • L'éducation de la maison emabissant le couvent, avaient apporté bien couvents une lamentation sourde de cœurs
était finie : la petite fille était envoyée· au du changement à l'austérité de ses mœurs. brisés, un gémissement d'âmes prisonnières,
La parole inscrite au fronton des Nouvelles
"ou vent.
la torture et le désespoir des cc 1·œux forcés ? »
Le couvent, il ne faut point s'arrèter à ce Catholiques, Vincit mundum fùles nostra, Les romans ont appelé la pitié sur ces jeune~
n'était
plus
guère
qu'une
lettre
morte;
le
mot, ni à l'idée de cc mot, si l'on veut avoir,
filles sacrifiées par une famille à la fortune
de ce que le couvent était réellement au dix- monde avait pris pied dans le cloi'tre. li est de leurs frères, entourées, circonvenues, ashuitième siècle, la notion juste et le sentiment vrai que toutes ces locataires, qui étaient siégées par les sœurs dès l'âge de quatorze
historiyue. Essayons donc, au moment où la comme un abrégé de la société et de ses aven- ans, et contraintes d'entrer en religion à
jeune fille franchit sa porte, de peindre cette tures, habitaient d'ordinaire des corps de l'accomplissement de leurs seize ans. Mais les
école et cette patrie de la jeunesse de la bàtiments séparés du couvent. Mais de leur romans ne sont pas l'histoire, et il faut
femme du temps. Retroul'ons-en, s'il se peut, logis au couvent mème il y arait trop peu de essayer de mettre la vérité où l'on a mis la
le caractère, les habitudes, l'atmosphère, cet distance pour qu'il n'y eùt point d'écho et de passion. Sans doute la constitution de l'anair de cloi'tre travrrsé à tout moment. par le communication. Les sœurs com·ersrs, char- cienne société, pareille à la loi de nature,
vent du monde, le souffle des choses du gées des travaux à lïntéi·ieur et à l'extérieur uniquement intéressée à la conservation de la
temps. Cherchons-en l'àme, comme on cher- de la maison, apportaient les choses du dehors famille, à la continuation de la race, peu
('he le génie d'un lieu, dans ces murs sérères au cou\·ent pénétré par lrs brnits du siècle et soucieuse de l'individu, autorisait de grands
où l'on ouvre des fenètrcs, où l'on pose des les entendant jusque dans cette voix de Sophie abus et de grandes injustices contre les droits,
balcons, où l'on construit des cheminées, où Arnould chantant aux ténèbres de Panthé- contre la personne mèmc de la femme. 11 y
l'on fait des plafonds pour cacher les grosses mont. Les sorties fréquentes des pension- eut, on ne peut le nier, des cas d'oppression
poutres, où l'on place des corniches, des naires ramenaient comme des lueurs et des et des exemples de sacrifice. Des jeunes filles,
chambranles, des portes à deux battants, des éclairs de la société. Le monde entrait encore nées pour une autre vie que la vie de couvent,
lambris bronzés• ; où la sculpture, la dorure au couvent par ces jeunrs pensionnaires ma- appelées hors du cloitre par l'élan de tous
et la serrurerie la plus fine jeltent sur le passé riées à douze ou treize ans, et &lt;Ju'on y remet- leurs goûts et de toute leur àme, des jeunes
les y retenir jusqu'à l'âge de la
le luxe et le goùt du siècle : image du cou- tait pour
9
filles dont le cœur aurait voulu battre dans le
nubilité
• Le parloir mème, où le poète Fuvent mème, de ces retraites religieuses auxcœur d'un mari, dans le cœur d'un enfant,
10 , avait
zrlier
était
admis
à
réciter
ses
vers
quelJcs l'abbaye de Chelles semble avoir laissé
refoulées, rejetées au cloitre par une famille
l'héritage de plaisirs, de musique, de modes perdu de sa dJ/iculté d'abord; il n'étai t plus sans pitié, par une mère sans entrailles, véet cl'arts futiles, de mondanités bruya ntes et 1·i11ourcuscment, religieusement fermé : les curent, pleurant dans une c.:ellule sur leur
charmantes dont l'abbesse avait rempli son niuvelles de la cour et de la ville. y trouvaient rèl'e évanoui. Mais ces vœux forcés sont sinaccès. Ce qui se faisait à Versailles, ce qui se
COUVènl •.
passait
à Paris y a1•aient un contre-coup. Tout gulièrement exceptionnels : ils sont en conLe couvent alors est d'un grand usage. Il
y frappait, tout s·y glissait. La clôture n'arrè- tradiction avec les haLitudcs générales, la
conscience et les mœurs du dix-huitième

~-~~
".':~. ~

, ,~,;\\'\~·

-

!J"' '

-

•

.

Grai•ure de LE S.s, ri apres PB

!LIPPE CANOT.

(Cabine/ des Eslampes.)

trouve point trace, pendant de longues anné~s,
d'une éducation maternelle, de ce, premier
·
se melent aux
cnseirrnemcnt ou, 1es ba1sers
leçon~, où les réponses rient aux dem~ndes
qui bégayent. L'àme des enfants ne croit pas
"' 58 ,...

'

,

sur les oenoux des mères. Les meres ignorent
ces lie;s de caresse qui ren~u~nl une secondc. fo1·s l'enfant à celle
. . qm Id'a porté, , et
font grandir pour la v1e1lless~ , u~e mere
l'amitié d'une fille. La malermle d alors ne

1. Lcllres inédites de d 'Aguesseau, publiées par
Hives. /'aris, 1823, vol. 1.
2. L'ai"'!i des lemmes, 1758. - Essai sur l'éducation
des de'!'o1sclles, par )Ille de *· Paris, 1769.
3. !lemo,rc pour messi,·e de Courcelles de Collebonne c~al,·e les supérieurs cl prêtres de l'01·aloi,·c
Je la m,3.1SO!) et séminaire de Sainl-)lagloirc.
_4. llemo1res
1193,
vol. 2. du maréchal duc de lt1chclieu. /&gt;a,.is,
5. Mémoires secrets pour sel'l'ir à l'histoire de

la Hépublique des lcllrcs. Londres, 1784, vol. 29.
6. Lcllres de madame de Créqui. Préface par
M. Sainle-Bcove. Paris, 1856.
7. Jfêmoires du maréchal de Hicheliru. vol. 2.
8. Conespnndance secr ète, poli1iqlr'e et littéraire.
Londres, 1787, vol. 18.
9. Conespondance secrète, _,·ol. 9. - J~umal historiqu,. et anecdo11que du _rcgne de Loms X~, p_ar
Barbier . l'aris, 1840, 1·0 !. .:i. - Les IJ11ou:r wdis- '
crets dispnt que l'usage esl de marier des enl'ants à

qui l'on derrait ciQn11er cles poupées. Cela esl vrai d 'une
foule de mariages, et nous retrou,·ons au com ent la
fille ainée de l\lme de Genlis mariée à dôuze ans avec
~L de la Wœstine, et la mar11wse ,le Mirabeau Yeuve
du marquis de SauYebœuJ' à l'àge de treize ans.
10. Mémoires de lime de Genlis, vol. 1.
1f. Les llailresses de Louis XV, par Edmond et Jules
de Goncourt.
12. Correspondance littéraire, philosophique rt critique de Grimm. Pal'is, 1829, vol. 8.

�1f1S T 0'/{1.ll

I

------------------------------------------.#

,it'·de . .\"p ,o~·on:,-nou · pa:, da 11, lt'.., .\témoin•, résidt•r au chapilrt• dt•tn ans ~ur trois. la
du temp· des jeunes fille" rési,;ter trè:, nette- jcurw personne, mw foi~ adnrist•. ga"nait des de · p(•nsionrraire~ dt• rn11w111, cl la li te 1/a
ment à l'ordrt• formel de leurs parent qui relations, de protections, des amitiés, un iJIIÇ qucl11ues nom~. Dans cc temp , où la
,f..'ulent impo~cr le roile. l'i triompher de leur patronage: et comme rusagc de chaque tante femme mariée a si peu dt• dt:fi.•nse. la fault•
1·o~onté? !)"ailleurs la dure té de la paternité était de 'appréhender ou de s'a1111iecer une d"unc jeune fill&lt;•. l'i ~ur:oul d'une jeun1• filll'
bi1•11 nl:C, csl d"unc rarclée,lraordinairc: ell1•
l'i de la maternité, dureté d"habitude et d!•
nièce, chalJUC nièce pourait espérer l"héritagc
role plutot 'llll' de fond et d"iime, diminue à des meubles d"une tante, de ses bijoux. de sa n\•$1 pas dans le~ mœur~; Rou ~1•au en fait la
rhaquc jour du siècle. Et 1111and La llarpt• pclile maison. de sa prt:bende 3 • )fmt' de remarque, et il n·c~t pa ~eul à la faire. Pui,
lit dan Lou les salons de Pari sa J/élanie, Gcnli nous a raconté sa récrption au chapitn• l"t•nlèrrmrnt n "était p.'1~ un jeu : loin de là:
inspirée, disent ses amis, par le suieidc d"une noble d'.\lix de L~·on, lor,-11u 'Plie t:lait lout l'I es 1·011sé11ucne&lt;•s araienl de quoi faire pàlir
pensionnaire de J'.\ ssornption 1 , la rcligil'u,t• errfant. Elle se peint en habit blan&lt;'. au milieu et faiblir les plus amoureux, les plus fous, lt•s
par foret.• n'est plus fJU ·un personnage de de toute, bchanoinc,,_e;., habillée · à la façon plu~ bra,·e ·. Yétait-ce pas un épou,·antail pour
lc•s ag,·éab/es les plus décidt; (fUe le tcrribll'
théMrc; les ,ceux forcé,- Ill' sont plus qu ·un
du monde. arL'C des robes de soie noire sur
thème dranntique.
exemple de JI. de la Hoeho-Courbon, condt•s panit•rs. c•t de grande marwhrs d'hprLorsqu ·on étarle les déclama lions philoso- mine. Son Credo récité aux pieds du prètrl', damné à a,·oir la tète tranchée après a,,oir
phiques et le traditions romanesque . le le prèlrt• lui coup&lt;• une m1\·hc de che'"t'UX. l'l enlt•ré en l 75ï ~Ille de Jloras du cou,·enl dt•
.\"otrl'-llame de la Con olation ? • a mère mouC'ourent apparait hicn plutôt comme un a,ile
lui attache u11 fll'tit morceau d"étolle blanc et
'(ue comme une prison. li e t a1ant tout Il' noir, Ion/! comme le doigt. et qu'on appdait rait de chagrin, et lui-mèmc, en fuite, chasst:
rpfugr de Louit•:,_ les existt•uccs bri,t~~- lt• u11 ma,-i. Puis il lui pa se au cou et à la de Sardaigne où il s"était réfugié près de s011
refuge presque obli(-!é des lemmes maltraitt;t'" !aille une croix émaillée pendue à un cordon parent, .\1. de "'cnnecterrc, amba adeur de
France, finis ait mist:rablemcnt •.
par la pt'lile 1·érole. unl' maladie à peu près
rOU"t\ et une ceinture faite d'un large ruhan
Le grand cou1L•11t du dix-huitième sièclt•.
oubliée aujourd"hui, mais r1ui défi.,urait alor~
noir moiré. Et la '"oilà ain i parti•, toute lièn.',
le quart des femme . La so&lt;:i!:lé par tous se, gonflL;_. dan~ sa 1anité de petite fillt• dt• sept aprè,.. le cou,·cnt de Fonterrault 1 • la maisorr
d"L:cfucation ordinain• dl',. Fille de France, Psi
con eib, la famille par toutes se, Pxhorlation,.
an~, 11uand on l'appelle du titre dl'~ chanoile courent de Panlht:monl. le l"Ourc-nt princier
pou sa it rers r ornhre d"un courent la jeurw nes~- : Madame ou Comle.çse l_
de la rue de Grcnl'lle 011 ··élè,·rnt les prinper~onne à laquellt• arri1ait cc malheur. La
On le voit : il faut qu·à chaf1uc pas l'hismère mèmc, par dérnuement, conse11tait à se torien déga;,!e dr · prt;ju!(é , redemande aux CC»l's. 011 la pin~ haute nol,les:,c met ~l'"
fille~. espérant pour elfe,., de la camaradrri1•.
tlétacber dt' celle malheureuse t•nfont r1uc la
fait , rc,tituc à !"histoire l'a~pect 1éritahlt•, le
dt• l'amitié commencée au cou,·cnt arnc urrt•
laideur retranclrait dt• la société el qui finissait
raracll're. la dP~lination. le,- habitudes, Je.,.
altesse, qurl;1ue fa\'Cur. quclqut• gr.lœ, qul'lpar baisser la lèle san, ré,olte ~ou lïmpimœurs des communautés rcli~&gt;ieu&lt;t". Le ro•1uc place de dame auprt'S de la princessl'
toyable prinl'ipc du lemp, : « lne femnw
nran a tout dén~turé, tout t~'ln•sti : après
future. C'e t ainsi que Jlme de Barbantarre
laide e·t un ètrc qui n·a point de rang dan,
a,o;r peuplé par de rœux forcé· le cou,·ent
pla~ait sa fille auprrs dt• .\lrnc la duches e de
la nature. ni de place dan, le mondt•t. 1 Ot•u\
du di\-huitième siècle, cc coU1cnt dont les
Bourbon pour 'Iu·au sortir du cou,ent ell(•
rent millr lriùlero,~. t·omnrt• di! le prince dt'
lran~fuges sont accueillie et gardées par
de1lnldamed·honneur de la dm·brssc'. Aprè
Li~nc, metlaicnt airr~i lt•ur amour-propre i,
rarcherèquc de Pari~ lui-mèmc, le roman lt•
ct• com·cnt, qui c~t le mondt•, la &lt;'Our ,-Ile._
c·ou1'crl, rt consolait•111 leur or/!ueil arec les
remplit de scandale Ct' ne ont qu "hi-toin-,.,
mème en raccourci. et où la jeune fille, avrc·
ambitions de la rie du rnu1ent, a,ec le-:, honee ne sont &lt;pr t'~lampt•;. où l'on ,·oit une chaise
sa gourernantt• l't a lemme de chambrt·,
neur:, et le~ pn:rogatilt'!, d"une auualCde poste en arrèt la nuit au pied d'un jardin mène une ,ir 1•1 rt•çoit une éducation parlirn11 est d"aulr1-,. ,œut plus propres au $it'·de
de courent, ou bil'n une pcn ionnaire dt•s- lières. ,ient un autre cou\"ent alfoctionné par
cl que l"on ~ rencontre plus souwnt, &lt;'11!.rat·t•ndanl une échelle au ba~ de laquelle l'attend
la 11obb.r, et peuplé de pensionnaire à grand
"Cmenll lé!{t'rs. prc. que de modt'. cl qui
l".rma11t. landis flUe la femme de chambre e~I
nom : le cou,·cnt de la Pré~enlation 8 • Autour
~ mblcnl seulement mettre dans la toilette
crrcore là-haut. it chernl sur la crètc du mur.
t'l au-de,-sous de ces deux grandes mairnns se
d'uni femme les couleurs de la ,ie rcligicu,-t•.
lntri/?'Ut'S lilét"- au parloir, amoun•ux déguiSl.~
[n certain nomhre de jeunN personnes de la
ran!(l'nt toutes les autres maison religieuse~
en commi,,ionnairrs, remi es de lcllres en
recerant des pensionnaires, abbayes, communoblNe ~e ratt.1chairnt à des ordre;. (fUi.
&lt;'achctlr. corruptions de sœurs co111wsrs qui nautés, cou\'ents, répandu~ dan· tout Paris.
,-an · c•ti7er d"cllcs la pronorwiation d"aurnns
ou1rent la grille, cnlèrcmcnt de jeune filles
,œll\ olcnncls ou implt-s. leur permettaient au milieu d"une pri~c d"hahit i, tra1er:, une l'i do111 chacun semblt• a1·oir sa spécialirr cl
,a dit&gt;ntèlt•, l"habi111dc• de reccroir les fillt'~
de viHc dans le mondt• cl d"cn porter l'habil,
foule lt•flut• en rcspecl par dt'S pi,tolet•, - t:e
d"un quartier de la cap:talc ou d'un ordre dl•
lt•ur donnaic'nl &lt;jtll'lqucfoi 1111 titrl', loujour,,ont le, coups de théàtre ordinaires, le, serne~
l'État g. Prt•non, l"c•xt'mple des dame.~ de
(fUelr1ue attribut honorifü1ue. Cétaienl b
iflli SC prc ~ent dan Cl'~ pa!!'c à la ca~anora.
Sainte-fürie de la rue. aint-Jacqucs : la haute
c-hanoinesscs, dont le chapitre le plu fameux.
Il ~cmblc 1oir mise en action la morale dt•
ma7is1raturc cl la grande finance scmlilf'nl
tdui de Remiremont en .\lsace, arait pour
llu.,sy disant r&lt; qu'il fallait toujours enlt•1cr;
tkstimlion de recernir le san!!' le plu pur
aro:r fait rlroix pour leur enfants de c&lt;'lt&lt;·
rru ·on a1ait d'abord la fille, pui l"amitié dl's
maison, moin relen:C que Panthémont ou la
des maisons sournr,1ine~, les noms les plus
parcrrb, et 11u'apri.,: ll'lrr mort on a1ait t•neore Pn;~cnlation , mai tc•nut' pourtant par le
illu Ires du monde chrétien. Dans cette asso- lt•11r, birns .
public en grandt• considt;ration et rcnommfr
ciation des chanoinesse,-, di,·i ée:, en dame.~
llic•n de plus tau\. rit•n dt' plus contraire à pou r la supériorité de st•· études 10 •
nièces et en tlames tante,,, c111i arnicnt prola réalité des cho·c que n• point dr nre : on
110:1cé leurs ,·œut et &lt;p1i étaient forcé~ dt•
l)i~ciplinr. forme~ d"éducation, régimr irrcornpLP au dix-huilii•me sifrlt&gt; les sl'arrdab lfril'ur, lo111t• la rt·gle de cc;, couwnts n·t·-1
1. Corrt'spondanrc de forimm. ,·ol. 6.
t Les jeux dr la pl'lite TI11lil'. par de }loi,,i. /,,, c,• COtl\Cnl, la toul&lt;'-pui.sance d,• 1,·urs caprin•,. Le raris; r ll c, ,·0111 de iOO ir 600 li,res. mais il J "'ail
maflrc de danse faisait r(•pêl!'r à lime .ldélai&lt;lr un
prlile ~h·ole.
la femme de chambre à payer, qui était ,Ir trn,s r&lt;'nl~
hallt'I qu·on nommait ballet ro11lrw• de ro,e; la jt'tlll&lt;'
j, llémoirr, S('(..-rl, 111• la Répuhlique des lcllrl'~.
fines, outre le trous&lt;('au, le fil et la commode dans
,ol. t3.
princrssc \"Oulart quïl -"•p(l&lt;'làl le menuet bku cl ne quelques
cou,·enls; l'êclairage cl le clrnulTage o'étaicul
,oulait prendre sa lrçon qui celle 1·onditio11. Le mailrn
t llémoirrs de lime d,• Gc•nlis. ,-ol. 1.
dis1il rose. la printcs,1• en frappant du pied répétait pas compris, cl dans tous, le blanchissage du lingt&gt; fin
5. !-e curé qui a,ail_ cloon~ la f1t:nédiction nuptiale.
èlail à la charge de, parents. Tous a,·aient la pension
1•t qu, un moment au1l cra1111 les p lèrcs, él.111 con- bl&lt;•u : l"alTaire ,lr,enait gra.-e: 011 as.embla la com- ordinaire
el cxtraordmaire; i Panthémont, le plu,
damnù à !"amende honorablt• el au bannissement; la muuautë. qui d"un commun at'Conl ,le-cula qur I&lt;' cher de tous,
la pension ordinaire était de 600 fines.
mrnurl .rra il débaptisé et qu&lt;' Ir meuu&lt;'I ,apprll,,rait
liJle d,· chambre qui nait al'oompagné .lllle dt' .lloras
la pemion extraordinaire de MOO livres. A la fin du
étail condamni•e au fouet, à la heur de lys, il neuf ans lè meuut•t bleu. (lfad~me Campan. ,·ol. 1.
sil..-1&lt;'. Thierry dit que la pt.•nsion ordinaire était ""
î. llëmoirrs dt' }lme de Genli5. rnl. t .
de bannis.cm,•nl. Barbier. ,·ol. t.
SOO li,-re , el de 1.000 lincs pour les pensionnaire~
li. Leurc de la marquise du llelfand. Pa,·i,. 1812.
6..\ propo, de l'édut·alion dr lkidamcs de Fran&lt;·c
admises
Ïl la table de madame !"abbesse.
9. Dan, l"Elal d, la rifle de Pari,, en 175i, nous
il Fontc,-raull. il y a un&lt;' jolie 1nccd,11e qui pt'int. dan,
lrou1011s I,• prit d,•s pt•nsi,11,- dans I&lt;'' Mtl\rnl, de ,·ol.10.2.U'llre, imiditc, dè d".lttucs..&lt;eau. Parù1, 182J.

"------------------------

LA

FE.llf.ME Ali

xvme STÈCLE

0

LES PETITS PARRAINS
Gr.1v11rt ;Je ~IORE.,i; LE

JEO.SB. (C.Jtine/

des Esl:imtts. )

ClicM Giraudon.

-,

�111ST01{1Jt - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -- .i
1p1'une imilalion , parfois un rel.icl1cmcnt de
la règle de Sainl-CF· Partout se retrouve
l'inspiration. l'esprit de celle maison modèle,
la trace de ses divisions en quatre elas es
distinguées, clon les ùges, par &lt;les rubans
bleus, jaunes, n-rls f.'L rouges. Partout c·(•st
une l:ducalion notlanl entre la mondanité el le
rcnonœmenl, entre la retraite el les talents
du sièclt', une éducation qui rn de Dieu à un
maitre d'agrément, de la méditation à une
leçon de rél'ércnce; el ne la dirait-on pas
figurée par cc costume dt•s peu ionn:lircs
montrant 11 moitié une religieuse, à moitié
une femme ? La jupe cl le manteau sont
d'étamine brune &lt;lu )lan~. mais la robe a un
corps de ball'ine; sur la tète. c·csl une toile
hlanche, mais celle toile a de la dentelle. JI
t•st bien commandé 11 la coiffure d'avoir un
air de simplicité cl de mode tic : mais il n'e L
pas défendu de l'arranger à la mode du Lemp 1 •
Douces el heureuses ,:ducal.ions, que ces
éducations de coul'c11L, sans cesse égayées,
affranchies de jour en jour des sél'érités cl
des tristesses du cloitre, tournées peu à peu
presque uniquement vers le monde cl vers
tout cc qui forme les gràces el les charmes
de la femme pour la société ! On voit souvent, dans le dix-huitir me siècle, des femmes
e retourner , rrs cc commencement de leur
l'ie, comme l'ers un souvenir où l'on respire
1111 bonheur d'enfance. La continuation des
étude commencées à la maison, la ,·enuc des
maitres, les leçons de dan c, de chant, de
musique, c'était l'occupation cl le travail de
1. Dictionnaire historique de la ville de Paris cl de
•rs cn,irons, .ra: llurtaul cl llagny. Pai·is, 1ï 79,vul.2.
2. l,&lt;&gt;llrcs médites de d'Aguesseau. Paris, 18~~.
, ol. 2.

à l'étal dr l!'mmr qui doit ètre dans le mondr.
y tenir un étal, fùl-cc même un ménage' n ;
tel sonl b moyens indiqués par Mme dt•
Créqui pour bien élrvcr une fille, cl c'est la
juslification mèmc dl' r éducalion dn couvenl.
de celle L:Cole d ·où . orlironl lanl de femmr,
dont le siè•cl(• dira « qu'rllcs sa\'aienl loul
san al'oir rien appris n.
Lt• , icc de ces éducations comentuellcs
n'était point dans les leçons du couvent. Il
n'était poinl. comme on l'a tant de fois r1:pé11:.
dans l'insuffisance de l'instruction ou dans
l'inaptitude des sœurs à former la fcmnw an'&lt;
deroirs sociaux. li était dans la séparation dl"
la fille cl de la mèr,•, dan celle retraite loin
du monde 011 les bruits du monde apportairnt
leurs tr ntations. La jeunr fille, enlc1éc touk
jemw 11 Cl'llt• l'ie brillanlc de la maison paternelle aperçue comme dans un rèvc d'enfance, emportait au couYenl l'image de et·
salon. dt' ces fètes dont l'éclat lui rcl'enail
dans 1111 songr. Du calme rl du silence qui
l'rntourai(•nl , elle s't:chappail, elle s'élançail
Ycr ses soun•nirs rl ses désirs. on imagination travaillait c•L prenait feu sur tout c&lt;·
qu 'cllr saisissait du dehors, sur tout ce qu'rlli·
de,i nait. Les choses cntrcrnes dans une sortie.
les plaisirs. les hommages des hom[[\Cs au~
ft&gt;mmes, passaient t'l repassaient dans sa tètr.
grandissaient dans sa pensée, irritaient ses
impatiencrs, a~itaicnl ses nuits. rJevéc dans
la maison de ses parents, la facilité de ,·,·~
plai irs, la rnc journa(jèrc el l'habitude du
monde, eussent bien vile apaisé ces curiosités
el ces ardeurs que parmi les jeunes femme.~
du dix-huitième si/;&gt;cle celles-là faisaient écla3. )lémoirr~ dr Ymr de Genlis, vol. 2.
4. Lettres inédites de la 11)3NJUisc de Crëqui à Scnac
ter le pins follcmrnt 11ui sortaient du ro11de !leilhan, publiêcs par E,louard Fournier. Polier,
,·rnt.

ces journées de couvent, dont tant de (èles
interrompaient la monotonie, dont Lanl d'espiègler:cs abrégeaient la longueur. L'on brodai t, l'on tricotait mème: ou bien l'on jouait
i1 quelque ouvrage de ménage, l'on mettait
les mains /1. une friand:se, l'on s'amusait ü
faire qudquc gàLPau de COU\'Cnl pareil 11 ces
pains de citron que les cnlanls enrnyaiml de
certains jours 11 lc•nrs parents 2 • lk temps en
temps arril'aient de lx-lies récompensPs, comme
la pt·rmission d'aller à la me se de minuit,
acrorMc aux peti tes filles bien sages, cl lrur
donnant rang parmi les grandes. ~:t s'il fallait
punir, les œurs inl'entairnl quelqu'une de
ces grandes punitions a,·t-c lesquelles elle
ùtaienl si bir n à Mlle de Halfolcau, lorsqu'elle
tombait en faute, l'cn\'ir d'v retomber. li
s'agissait d'une paralytique q'uc la m1•re &lt;le
celle jeune personne arait recueillie, el dont
rllc a\'ail à sa mort laissé k• soin 11 sa fille;
celle paurre femme était amr néc une fois par
cmainc, en chaise il porteur·, au parloir
extérieur, el la jeune fille se fai sait une joie
de la peigner. de la laYer, de lui couper les
ongle . Les jours où l'on était mécontent de
)1lle de Haffctcau au com cnt, on ne- lui pcrmcllail pas le plai ·r decel acte de charité3 :
on mcllaiL son cœur en pc:nitrnce.
Celte éd ucation des lillrs dans les couYcnts
a été, au dix-huitième siècle mèmc, l'objet de
bien des attaques. Qu 'étai t-elle pourtant en
deux mot '! L'éducation même ainsi résumée
par le bon sens d'une femme du temp : «Ill'
l'instruction religieuse, des talents analogues

18:iO.

EDMON D ET J ULES DE

Fin d'Empire
D'un pelerinage qu'il fil , quelques années
après la gue1·1·e, en Alsace el en Lormine,
M. Ju1,Es Cu.11r.r 1E rapporta tout 1m ensemble
,l'imp,.essio11s aus.~i profondément 1·essenties
qu'eloquemmenl tmduiles, parmi lesquelles
se détachait avec un l'elie{ pal'liculiCI' la
saisissante page cl'hi.~toire que voici :
Nons dinàmes à 1'/lôlel de la Sil'ène [à
Étainl, dans la salle cl à la place mèmc oit
~apoléon Ill, fui·anl )folz, s'arrêta le 16 aoùl
1870, à neuf heures et demie dll matin,
tandis qnc grondait déj11 au loin le canon de
Gra\'Clollr. L'empereur, qui aYail encore
quinze jours il régner, était escorté d'un escadron de chasseurs d'Afrique, d'une compagnie
dt• chas~rurs 11 pied, d'un bataillon de grena-

dicrs de la garde cl des cent-gardes. Le prince
impérial le suivait, l'air soulTrctcux el mélancolique. A,·anl le déjeuner, ~apoléon s'a sil
au cafë de l'hôtel rl, sur un bout de table de
marbre, il écrivit lenleml'nl une dépèchc 11
l'impératrice, puis la relut, ne la trouYa point
satisfaisante cl la dtichira en morceaux. Ces
fragments de papier , recueillis par un bahilant d' ri tain, forment un autographe historique bien curieux et bien triste.
L'empereur se lem ensuite et passa, en
tral'ersanl la cuisine, dans la salle à manger.
li s'assit là, ayant son fils à sa gauche, dcranl
un poèlc de faïence, et tandis qu'on lui servait
un déjeuner impro1isé, - des œufs, du jambon, des morct•aux d'un pùlé apporté à l'bùtclicr. )I. Liél-(eois, par le maire de la l'ille,
- il demeurait silencieux, presque immobile,
les bras appuyés sur la table cl ses yeux bleus
fix.és sur on assiette. L'étal-major ne parlai!
pas non plus. Au dehors la foule attendait,
pressée, anxieuse, et se demandant si déjit
l'on abandonnait llctz comme on a,·ait ahan-

GONCOURT.

donné Strasbourg. Toul il coup, le curé d' unr
petite ville, située entre Étain el Conflans.
accourut 1t cb&lt;•l'al, cl demandant à parlr r i1
l'cmpcrrur.
Il venait annoncer qu'autour de sa paroisse, l1 Parfondrup, sr pressaient déjà
cinq mille Prussiel!_S qui pouvaient rapidement se rc•ndrc à Etain cl attaquer, enlc"er
peut-èlr(', l'cmpcn'ur cl sa suite.
On se hàla de fuir. Le prince impérial
était monlt: au prrmier étage de l'hôtel dl• la
Sirène, chamhr1' nnmfro 3, prendre un moment de repos. &lt;&lt; En voilure, Monseigneur ! 11
lui cria-t-on. Ordre fut donné en hàlc auA
grenadiers de la garde de renverser la soup&lt;·
cl de partir aussiltil. li élail onze heures cl
de mil'. 1,· état-major el les r,•nt-gardcs disparuren l hicntùl par la roule de Verdun. Uni·
heure apri•s, deux uhlans mtraienl à Étai11 .
pistolr Lau poing. cararolanl cl faisant étint·Plcr le paré sous le fer de leurs chevaux .
L' .\Jlr magnc suivait de prt•s r t ,:pcronnait
César t:l sa forlnnr ....
J ULES CLARETIE,
.le l'AcJ.:lèmie française.

Mémoires

du général baron ·de Marbot
CHAPITR.E VII

Comnw il ne se sou('iail pas de faire- sociét&lt;: connais parfaitrmcnl. rar j'ai sl'n·i sous ses
a1ec )1. B'" pendant un lonrr0 \'Orage il l'a\'ail ordre· en ltalir. li loge i1 Lyon, dan tel hùtcl.
11•'parl dr m~n. pêrr. - Rencontre ,le Bonaparte
· de Paris à ~ire
•
'se
cbargc' dc ronclu,re
équ;- Il a ~vcc lui son frèrr Louis. lrs généraux
a L~on. - f,1&gt;1SO&lt;lc de nolrr descenle sur le Ulu\nc.
p_
a
gcs
~l
sr
('hcraux,
aya
nt
sous
ses
ordr('S
lt• Bcrtb1cr. Lannes cl )[urat, ainsi qu'un grand
-. Cc q_u~ coûte un hanquet rêpuhlicain. - Je suis
:·•eux p,qurur Spire, homme clél'oué r i habillll; nombrr d'officiers l'l un mamrluk. ll
prcscnte a mon colonrl.
a commander aux gPns d'écurie. Celle d(• mon
Il éla il di fficile d'ètre plus positif. CepenDepuis que mon prrr arait accrplé un com- père était ~ombreu c: il avait alor. quinze dant la ré1olution al'a; L donné lir u à tant dt•
mandemcnl r n Italie. unc diYi ion étailde,·enuc t hcvaux, qui, ~~cc ceu~ de ses aides de l'amp, supcrrherirs, et les partis s'étaient montrés
"~~nie à _l'armée du Hhin, cl il l'aurait pré-- de s_on_chef d eta t-maJor el des adjoints de si ingénieux à inl'cntcr cc qui poul'ait scr\'ir
force; mais une fatalité inél'ilablc l'entrainait cd~11-c1, ecux des fourgons, ctr .. etr., for- leurs projet , que mon pr rc doutait encore
,·:rs cc pays où il &lt;levait troul'er son tombeau! ~a_,cnt une assez forte cara,·anc donl Il'"
lors1u.e nous cntràmcs à ~yon p?r _le faubourg
l n d_c ses con~patriolrs et amis, )1. Lachèzr, clai t le chef. Il partit plus d'un mois al'anl de \ aise-. Toutrs les maisons elatt'nl illumilfllC Je pourrais appeler son mau1·ais crénie
nous.
nées cl pa\'oisfrs de drapeaux, on tirait des
, · 1ongtemp consul &lt;le France à Lirnurnc
° '
ara,'t etc
Mon père prit dans sa brrline le fatal fuséPs, la foule remplissait les rues au point
1'~~ Gènes, 011 il a\'ait quelques affaires dïn- ~f. Lachèze, le capitaine Gaul t el moi. Le d'empèclwr notre rnitun' d'arnncer ; on danLt•ret pcrso~nel 11 régler. Ce maudit hommr . colo11cl Ménard, chef d'étal-major. suivait s~it _sur les places publiques, el l'air rclrnp~ur_ enlramrr mon pi'• re Ycrs l'Italie, lui aYec un de ses adjoints dans une chai e d(• llssa11 drs ('ris de : c, Vi \'e Bonaparte qui vient
f·11sa1L sans C"essc le tableau le plus exa"ér{, poSlr. Un grand drolc de \'alet de chambre de sa111·1•r la patrie!... ,i li fallut bien alors s,·
'.lt_'s. be~u_Lés de .cc pay·, de l'a'.antagc qu~I y mo11 pèr': remplissait en avant les fonrt ions ~en_d rc à_ l'é\'idcnce et t"onn•nir que Bonapartf'
,11ail d ailleurs a ramener la n ctoirc 011· 1,0 d.c ~ urricr. ;'\ous \'oyagions en uniforme. eta1t vranncnt dan, Lyon. .\Ion prrc s'écria :
1
d'
~ c~
t r~pca:1x _une armée malheurcu c, tandis J a~a•~ un bonnrl ~c police- fort joli. Il mr !&lt; Je p&lt;'ll.ais hicn 1p1'on le ferait l'Cnir. mai~
'Il'. •:' ~ Yav~1L au ru~c gloire il acquérir pour pla1sa1t .tant, que Je v~ulais l'a\'oir toujours JC ne me doutais pas 11ue cc serait siltît : '"
l111 a I armce du llh111, dont la situation était sur la tete, el comme Jt' la pa sais fréquem- coup a été bi(•n mr,nté ! li ,·a se passer dr
h~nnc. Le cœur de mon malheureux père se ment hors _de la portière-, parce 1111e la rniturl' f(rands événemcnls. Cela me confirme dans la
!ana pr~~dre à . ses beaux rai onnemcnts. Il me donnait le mal de mer, il adl'int que
pensée que j'ai biPn fait de m'éloigner dl'
~n~ _qu il y _a\'a1L plu de mérite à se rendre
pcnda,~l la nuit, el lor que mes compagnon; Paris : du moins, à l'armél•, jt&gt; ·crvirai mon
~a ou ,1 y avait_le plus de dangers, cl persista do_rma1enl, cc bonrwl tomba sur la rout1•. La pa~·s sans prendre pari 11 aucun coup d'Êlal
a aller en Italie, malgré le, obserralions dt• vo1lur~ alleléc de ix vigoureux chevaux allait 'JIii, tout nécessairr qu'il paraisse, me ré~na .n~èrc, qu'un presscnlimr nl ccret portail un t~am de cbassr, je n'osai faire arrètcr el je pugne inflnimcnl. » Cela dit, il tomba dans
a dcs1rer que mon père lùl plulol sur le Rhin. pcrd~s r:11011 bonnet. _~fauvais présage ! Mais je une profonde rèveril•, pendant les longs mo1·c pre_ssentimenl ne la trompait point... el!~
devais eproll\:er de b,cn plus grands malbrurs m.-nls q~c _nous mimes il fendre la foui&lt;', pour
11r revit plus son époux !...
dans la l(•mblc campagne que nous allions gag,_1r r I hotcl où notre logement ét.1it pré, A son ancien aide de camp, le capitaine cntrrprcndr~. Celui-ci m'affecta ,·i\'eawnl: parP.
l,'.wl_t, mon père ,·cnaiL d'adjoindre un aut re ccp_endan_l: JC m~ ?ardai bien d't•n p:irlcr, de
. Ph~~ _nous approchions, plus le Oot popuofficier, M. R•" , que lui avait donné son ami cramtr d eln• raille sur le peu de soin qur IP hurc eta,~ compact, ('t en arri \'ant à la porte,
le gén?ral Augereau. M. R" • avait le grad~ de nou,·eau soli/al prr nai t dt' ses effets.
nous la nmrs courcrlc de lampions r l gardée
chef d_escadrons. Il appartenait à une- famille
i~fon, pèn• s·a,:rèta à .M:lron, ehrz un an('il'n par u_n bata~llon de grenadier·. C'était là qu&lt;'
de Marntenon, avait des mo, r ns et de l'édu- a1?•· ~ous passame nngt-qualre heures dwz logea'.t Ir gcnéral Bonaparte, au'11H'l on avait
cation dont il ne se servait q;,c lorl raremr nl, lui el contmu.lmrs notr(• course Yers L
~onnc lrs apparlcmPnls rcknus dcpui huit
i'i
. ..
\011.
car, par un tral'er~ d'esprit alors assez com- t ous ? en elwns plus qu'à quclqurs lieu~s et J~urs pour mon pi·rc•. Ct•lui-t'i, homme fort
mun, il se complaisait à prendre des airs de changions de• rht•1·aux au relais de Limonest
\'JOl.cnl, ?e. dit _11101 .t·rpc1~dant. et lorsque le
~acripanl , toujours jurant , sacrant el ne l?rsque no_ns remar11 mlmrs que tous les pos~ n~aitrc d bote! 11nl d un a,r assl'z cmharrassé
p.1rlanl que de pourfendre les gens a\'Cc son l1~loos a\'aJl'nl orné ll•urs chapeaux de rubans s _rxc'.~s('r aupri•s de lui d'al'oir élé contrai11t
gran~ sabr~. Ce matamore n'avait qu\me seule tr1color:s: cl qu' il i· arniLdes drapr:iux parPils d_ohe1r aux ordrrs dl' la mu11icipaliLt:, mon
qu~lilé, lr~s rare à celle époque : il était ~ux cro_1sees de_toutes les mai ons. ~ous étant p_er(• ;'1'' r_~pondi~ ril''.'· r~ l'aubergistP ayant
LOUJOurs mis. a\'CC la plu-; grandr re&lt;·herclw. informes du SUJCl d&lt;" ccttr démonslral ion on aJOUlc qu il ara1L fa it faire notre lo"cmcnt
lion père, q111 avait arceplé ~L R'** pour aide nous répondi t ([tie lt• général en chef 81:na- dans un hùtl'l fort bon, quoi&lt;[uc de ~ccoud
d~ camp sans le connaitrr. en eut recrrct parlc l'enai_t d'arri,-~r à Lyon! .. . )Ion père, ordrt•, tenu par un dl' srs parrnls, mou pt'• rc
lnentol ; mais il ne pourn il le renrnwr ;.,ns cro)anl arn1r la ecrt1l~dc que IJonaparlP était se contc!1ta de chargpr i\l . Gault d'ordonn,•r
blcss?~ so~1 anC"icn an_1i ~ugereau. ~Ïon p(\rc cnl'orc au fond de n ;~lllt', traita celle nou- aux postillons de 11ous y conduire. :\rrirés 111•
ne I a,~ail pas, mais il pensait, pcut-ètre rellc de rontc absurclt•; mais il resta confondu
nous lrouv:lmcs notre courrier. C'était un
avec raison, qu'un général doit utili er les lor~que'. a~·an.t f;~it appclrr le maitre de posl~ homme très ,·if qui, écbaulfé par la loll!nll'
&lt;tu?lités militaires d'un officier, sans trop s~ 'I~• arrl\'~•~ a l rnslanl de Lyon, relui-ci lui cour,c qu'il l'enait de- faire cl par les n~ nprcocc11p1•r de srs manières personnelles. &lt;lit : &lt;&lt; J 31 vu le génér.11 Bonaparte l[IIC j e hreu t•s rasndl's qu'il aralait à chaque rt•lais

�, - 111ST01{1.ll ___::___:.___ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _
aYa il fait nn tapage du diable, lorsque, arriYé
bien al'anl nous dans le premier hôtel, il y
a,·ait appris que les awarlemenls retenus
pour son maitre avaient été donnés au gén~ral
Bonaparl&lt;'. Les aides de camp de c·c dermcr,
entendant cc vacarme affreux, et en ayant
appris la cause, étaient allés prévenir leu r
patron qu'on avait délogé_ le général ~~ar_hot
pour h11. Dans le mèn~c. instant, le gencral
Bonaparte, dont )ps cro1sccs élaiei~l ouvc~l?s,
aperçut les deux l'Oitures de mon. 1~crc arre,Lces
devant la porte. li ava it ignore Jusque-la le
mauYais procédé de son hôte cm crs mon
père, l'i comme le général Marbol, ('0mma ndant de Paris peu de temps aYanl, cl acluellemenl chef d'une division de l'armée d'Italie,
était un homme trop important pour êtrr
traité sans façon , et que d'ailleurs Bonapa_rl1•
revenait avec l'intention de se me/Ire b1en
avec tout le monde, il ordonna à l'un de ses
officiers de descendre promptement pour offrir
au général Marbol de venir _milit~il'ement
partager son logement aYec lm. Mais, ~-oyant
les voilures repartir avant que son aide de
camp pût parler à mon père; le gén_éral Bonaparte sortit à l'inst_anl m~me à pied po~r
venir en pe1·sonne lm cxpmncr ses reg_rcb.
La foule qui le suivait jetait de grands cns de
joie (JUi, en approch~nl de . notre hùtcl, .auraient dû nous prévemr: mms n~,us en av'.ons
tant entendu depuis que nous ét10ns en nllc,
,1u·aucun de nous 11·_c'.1t la pensée_ de_ regarder
dans la rue. Nous ct10ns tous rcu 111s dans le
salon oi1 mon père se promenait à grands pas,
plongé dans de profondes réflexions, lorsque
tout i1 coup le Yalet de chambrt', oun~n~ la
porte à deux hattanls. annonce : (( Le gc1wral
Bonaparte ! »
Celui-ei cou rut, en cnlr:rnl, embrasser
mon père, q ui le reçut _lrè~ polimen~, mais
froidement. Ils se conna1ssa1cnt depuis longtemps. L'explication relative au logcm_c1~l
deYait f'\tre, entre de tels personnages , Lra1lec
rn peu de mots; il en fut ~insi. Ils . avaic~l
bien d'autres choses à se dire ; aussi passercn t-ils seuls dans la chambre i1 coucht'r, OLI
- ils rcstrrl'nt en conférence pendant plus d'une
heure.
Durant cc temps, les généraux cl officiers
,·cnus d'F:gypte avec le général Bonaparte
("ausaient avec nous dans le salon. Je ne pouYais rne lasser de considérer leur air martial,
leurs figures bronzées par le soleil d'Orient,
leurs costumes bizarres cl leurs sabres turcs
suspendus par des cordons. J'écoutais a~'~l'
attention lems récits sur les campagnes d Egypte et les_c?m!)ats qui s·y ~ta_ïcnt lin és . Je
me compla1sa1s a cnlcndrn rcpclcr ces noms
célèbres : Pyramides, Nil, Grand-Caire, Alexandrie, Saint-Jean d'Acre, le désert, etc. , etc.
Mais cc qui me charmait le pl us était la vue
du jeune mameluk Roustan. Il était resté dans
l'antichambre, OLI j'allai plusieurs lois pour
admirer son costu me qu'il me montrai t aYec
complaisance. li ·parlait déjà passablement
français, et je ne me lassai pas de le &lt;[llt'Stionncr . Le 0&lt;rénéral Lannes se rappela m'avoir
fait tirer ses pistolets, lorsqu'en 1795 il scrYait ~ Toulouse sous les ordres de mon père,

au camp du Miral. li me fit beaucoup d"ami~
Liés, el nous ne nous doutions pas alors . m
l'un ni l'au tre que je serais un jour son a1d~
de camp, et qu ïl mourrait dans mes bras a
Esslincr !
Le ~énéral Mural était né dans la même
con tré~ que nous, cl comme il avait ~té ga'.'Ç??
de boutique ('Irez un mcrcirr de Sam~-Cerc _a
l'époque où ma famille y passait les h11"crs, 11
était venu fréquemment apporter des marchandises chez ma mère. D'ailleurs, mon père
lui arait rendu plusieurs services dont il ful
toujoms re("onnaissant. Il rn'cmbra~sa donc en
me rappelant qu' il m'a,·ait sonrcnl _tenu dans
ses bras dans mon enfance. Je ferai plus Lard
la biographie de cet homme cfübrc, parti de
si bas cl monté si haut.
Le général Bonaparte cl mon père, étant

C UA)IP IO'.\'NET

Gè11éral e11 chef de !"armée de Rome
Tableau Je PAJOu.

rentrés dans le salon, se présentèrent mulucllemcnl les përsonnes de leur suite. Les géné?"aux Lannes el Mural étaient d'anciennes connaissances pour mon père, qui les reçut a,·cc
beaucoup d'alTabililé. Il fut assez froid aY~C ~c
"énérall3crlhicr, qu ï l a,·ail ccpcnd:mt rn pd;s
~ Ycr:saillcs, lorsque mon père était garde du
corps et Berthier ingénieur. Le général Bonaparte, (JUi connaissait ma mèrP, m'en demanda très poliment des nournllcs, me complimenta affectueusement d'arnir, si jeune
encore, adop té la carrière des armes, cl, me
prenant doucement par l'oreille, cc qu!. fu_L
toujours la caresse la plus n~ttc?se_qu_ 11 fil
aux personnes dont il était satisfait, 11_di t, en
s'adressant ,'1 mon père : &lt;I Cc sera un JOUI' un
sPcond génrral Marbot l&gt; . Cel hrn·oscope s't-st
vérifié ; j e n't•n arais point alors l'cspéranc~,
cependant je fus tout fier de ces par?l~•s : 11
faut si peu de chose pour cnorgue1ll1r un
enfant!
La ,·isitc terminée, mon pi-re ne laissa rien
transpirer de cc qui a,·ail été dit entre le
"énéral Bonaparte cl lui ; mais j'ai su plus
fard q11c Bonapa rlr, sans laisser péni:1re1· posi-

.i

tircmenl ses projets, arait cherché, par lrs
cajoleries les pins adroites, à at~ir~r m~n père
dans son parti, mais que cd m-c1 avait constamment éludé la question.
.
Choqué de rnir le peuple de Lxon ~OU'.'11:
au-del'ant de Bonaparte comme s il eut rl1·
déjà Je souwrain de la France, mon p_ère d~clara qu'il désirait partir le lendemam, d~s
l'aube du jour. Mais ses voilures ayant besolll
de réparations, force lui fut de p~sser un!'
journée entière à Lyon. J'l'n profilai pour nw
faire confectionner un nouveau bonn~l dr
police, cl, enchanté dr crttc emple~te, Je 1'.1'
m'occupai nullement des convcrsa~ons politiques que j'entendais autour de moi e~ auxquellrs, à \'rai dire, je ne comprcna1~
&lt;rrand'chosc. Mon père alla rendre au general
Bonaparte la visite qu' il en al'ait reçue. Ils se
promenèrent fort longtemps seuls dans _le
petit jardin de l'hôtel, pend?n~ que leur smt~
se tenait respectueusement a I écart. Nous )~.
voyions tantôt gesticuler avec _chaleur, tantol
parler avec plus de calme, pms Bon_aparle,_ sr
rapprochant de mon père avec un air pate~lll.
passer amicalement son bras s0~5. le s!cn.
probablement pour que les autor1tes qm s~
Lromaienl dans la cour et les nombreux
&lt;'Urieux qui encombraient les croisées du
Yoi.sinarrc, pussent dire que le général Marbol
adhéra~ aux projets du généra~ ~naparle,
car cet homme habile ne néghgca1t aucu11
moyen pour parrnnir à ses fins i il s~duisai ~
les uns et voulait faire croire qu'il avait gagm•
aussi ceux qui lui résistaient par devoir. Cela
lui réussit à merl'cille !
Mon père sortit de celle srconde conversation encore plus pensif qu'il n'était ~orli de la
première, cl, en entran t ~ l'hôte), 11 or~o~na
le départ pour le lcndcmam ; mais le genera 1
Bonaparte dcrnil faire cc jo~~-là une excur:
,ion autour de la ville pour l'IS1tcr les hauteur~
fortifiablcs, et tous les chevaux de poste étaien t
retenus pour lui. Je crus pour le coup qu&lt;•
mon père alla il se fàcher. Il se conte~ta d_e
dire : &lt;( Voilà le commencement de 1ommpotcnce! » cl ordonna qu'on tùchât de se prornrcr des chcYaux de louage, tant il lui tardai l
de s'éloigner de celle l'illc et d'~n spectarlc
qui le choquait. On ne trouva pom~ de chc:
raux disponibles. Alors le colonel M~na~d, qui
rtait né dans le Midi et le conna1ssa1t parfaitement, fit observer que la route de _Lyo~1
étant horriblement défoncee, 11
1 AYianon
0
~tait à craindre que nos voilures ne s'y brisassent, et qu'il serait préférable de les embarquer sur le Rhône, dont la descente n_ou ~
offrirait un spcctaclP enchanteur. Mo~ pcrc.
for t peu amateur de pill?r~squc, au_ra1t da~~
tout autre moment re,J clc cet avis ; ma,~
comme il lui donnait le moyen de qui tte_1: un
jour plus tôt la Yille de_Lyon , dont le seJour
lui déplaisait dans les c1rconst:inccs actuelles.
il consentit à prendre le Rhone. Le colonel
Ménard Joua donc un grand bateau; on conduisit les deux Yoiturcs, et le lendemam, de
grand malin, nous 1'.ous emb~rquà.~es tous.
Celle résolution faillit nous faire per1r.
Nous étions en automne, ~es ea~x étaie~t
très basses, Je bateau touchait et s engra1"a1t

ras

r

'----------------------~--

Jff"ÉJlfOl'J?,ES DU G"ÉN"É'J?,.lll. B.ll"R,ON DE JffA"R,BOT

~

à chaque instant, on craignait qu'il ne se dé- parnrrnt peu proprrs. Les ba teliers cl un
chiràl. Nous couchàmes la prcmifrc nnit à domestique de mon père, r1u 'on arni t laissés ntùlement agréables, refusa d'abord; ruais ces
Sain~-Péray, puis à Tain, cl mi'mcs deux jours de garde près du bateau, vinrent nous pré- citoyens firent tant et tant d'instances, disant
à descendre jusqu'à la hauteur de l'embou- venir au point du jour que le vent était tombé. que tout était déjà ordonné et que les conchure de la Drôme. Là nous troul'àmcs beau- Tous les paysans el matelots prirnnt alors des vives se trouvaient réu nis, qu'il céda enfin, el
coup plus d'eau et marchàmcs rapidèmcnl; pelles et des pioches, et après quelques heures nous nous rend/mes à Cavaillon .
Le plus bel hotcl était orné de guirlandes
mais un de ces coups de vent affreux, qu'on d'un travail fort pénible, il~ remirent la barque
et
garni
de chapeau.x noirs de la ville et de
nomme le mistral, nous ayan t assaillis à un à flot, e_t nous ~ùmes cont!n~er notre voyage
la
banlieue.
Après des compliments infinis, on
quart de lieue au-dessus de Pont-Sain t-Esprit, ve1·s Angnon, ou nous arr1vamcs sans autre
les bateliers ne purent gagner le ri vage. Ils accident. Ceux que nous avions éprolll'és furent prit place autour d'une table immense, couperdirent la tète et se mirent en prières au augmentés par la renommée, de sorte que le verte des mcls les plus recherchés et surlou L
lieu de travailler, pendant que le courant cl bruit courut à Paris que mon père et toute sa d'ortolans, oiseaux qui se plaisent beaucoup
un vent furieux poussaient le bateau vers le suite ayairn t pél'i clans les eaux du Rhône. dans ce pays. On prononça des discours virulents contre les ennemis de la libe1·té; on
pon t! Nous allions heurter contre la pile du
L'entrée cl'.\ rignon, surtout lorsq u'on arrive
pont et èlre engloutis, lorsque mon père et par le Bhône, l Sl tri•s pilloresque; le vieux porta de nombreuses santés, cl le diner ne
nous tous, prenant des perches à crocs et les chàleau papal, IPs remparts dont la ,·ille est fini t qu'à dix heu res du soir. Il était un peu
portant en avant fort à propos, paràmes le entour&amp;-, ses nombreux clochers el le chàteau tard pour retourner à Bompart; d'ailleurs,
choc contre la pile vers laquelle nous étions de Villencu,·e, placé en face d'elle, font un mon père ne po111'ait convenablement se séentrai'nés. Le contre-coup fut si terrible qu'il elfetadmirabk ! Nous trouvàmcs à AYignon ma- parer de ses hôtes à la sortie de table: il e
nous fü tomber sur les bancs; mais la se- dame Ménard et une de ses nièces, cl passâmes détermina donc à coucher à Cavaillon, adsorte
couss~ avait changé Ja direction du bateau, trois jours dans cette ville, dont nous visitâmes · que le reste de la soirée se passa en comersaqui, par un bonheur presque miraculeux, les charmants environs, sans oublier la fon- tions assez bruyantes. Enfin, peu à peu, chaq ue
enfi la le dessous de l'arche. Les mariniers taine de \'aucluse. )Ion père ne se pressait pas invité regagna son logis, et .nous restàmc.s
r,winrent alors un peu de leur terreur et de partir, parce que M. R"* lui avait écrit seuls. Mais, le lendemain, à son réreil, M. Gault
reprirent tant bien que mal la direction de que les chaleurs, encore très fortes dans le ayant demandé à l'aubergiste quelle était la
leur barque ; mais le mistral continuait, et les Midi, l'araicnLforcé de ralenti r sa marche, et quote-part que devait mon père pour l'imdeux voi Lures, offrant une résistance au vent, mon père ne voulait pa- arri ver avant ses mense fes tin de la veille, qu'il croyait ètrc un
pique-nique, où chacun paye son couvert,
rendaient la manœuvre presque impossible. chel'aux. ·
cet
homme lui remit un compte de plus de
Enfin, à six lieues au-dessus d'Arignon, nous
D'Avignon, nous allàrnes à A.ix. Mais arrirés
f'ùmes jr tés sur une très grande ile, où la sur les bords de la Durance, qu'on traversait 1500 francs, les bons patriotes n'ayant pas
pointe du bateau s'cngrava dans le sable, de alors en bac, nous lrouràmes celle rivière payé un traitre sou!. .. On nous di t bien que
manirrc à ne plus pouvoir l'en retirer sans Lcllemenl grossie cl débordée qu'il était im- quelques-uns avaient exprimé le désir de parer
l'assistance de bea ucoup d'ou1Ticrs, et nous possible de passer avant cinq ou six heures. leur part, mais que la très grande majo,:ité
penchions tellement de côté, que nous crai- On délibérait pour saroir si on allait retourner avait répondu que cc serait faire injure au
gnions d'ètre submergés à chaque instant. à Avignon, lorsque le fermier dn bac, espèce général Mar bot!. ..
Le capitaine Gaul t était furieux de ce proOn plaça quelques planches entre le bateau et de monsieur, propriétaire d'un charmant petit
cédé,
mais mon père, qui au premier moment
le rivage; puis, au moyen d'une corde qui cas tel situé sur la hauteur à cinq cents pas
n'en
revenait
pas d'étonnement, se prit ensenait d'appui, nous débarquâmes tous sans du ri vage, vint prier mon père de venir s'y
accident, mais non sans danger. Il étai t im- reposer j usqu"à ce que ses voilures fussent suite à rire aux éclats, el di t à l'aubergiste de
possible de penser à se rembarquer par un embarquées. Il accepta, espérant que ce ne venir chercher son argent à Bompart, où nous
1·enl aussi affreux, quoique sans pluie ; nous serait que pour lJUelques heures; mais il relournàmes sur-.lc-champ, sans faire la moinpénétrùmcs donc dans l'in térieur de l'ile, qui parait que de grands orages avaient eu lieu dre observa tion à notre chàtelain, dont on
était fort grande et que nous crùmcs d'abord dans les Alpes, où la Durance prend sa source, ré~ompensa très largement les serviteurs;
inhabitée; mais enfi n, nous apcrçùmes une car celte ri vière continua de croi'lrc toute la pms nous profitàmçs de la baisse des eaux
espèce de ferme où nous trouvà1;nes des journée. Nous fùmes donc forcés d'accepter pour traverser enfin la Durance et nous rendre
à Aix.
bonnes gens qui nous re~urent très bien. pour la nuit l'hospi talité qu'offrait très corQuoique je ne fusse pas encore en à&lt;re de
Nous mourions de faim , mais il était impos- dialement le maitre du chàtcau, et comme il
sible d'aller chercher des provisions sur le faisait beau, nous nous promenâmes toute la parler poli tique avec mon père, cc que .i c lui
bateau, et nous n'avions que très peu de pain. journée. Cet épisode du voyage ne me déplut avais entend u dire me portait à croire &lt;JUe ses
idées républicaines s'étaitnl rrrandcmenl moIls nous dirent que l'ile étai t remplie de nullcrnenl.
difiées depuis deux ans, et q~e ce qu'il arnil
poules qu'ils y laissaient vivre à l'état sauvage
Le lendemain , les eaux étant encore plus
et qu'ils tuaient à coups de fusil quand ils en furieuses c1ue la veille, notre bote, qui était entendu au diner de Cavaillon avait achevé de
avaient besoin. ~Ion père aimait bea ucoup la un chaud républicain et qui connaissait assez les ébranler ; mais il ne Lémoio-na aucune mauchasse, il avait besoin de faire trère à ses bien la rivière pour j uger qu'il nous serai t v~isc humeur au sujet du ; rétendu piquesoucis, on pri t les fusils des paysans, des impossible de la .tra verser avant vingt-quatre nique. li s'amusait mème de la colère de
fourches, des bàtons, et nous voilà partis en heures, se rendit en toute h.l. tc, et à notre AL Gaul t, qui répétait sans cesse : (1 Je ne
riant pour la chasse aux poules. On en tua insu, dans la petite ville de Cavaillon, qui n'est m'étonne pas que, malgré la cher té des ortoplusieurs, quoiqu'il ne fût pas facile de les qu'à deux lieues de là sur la mème rive que lans, ces drôles en eussent fait venir une si
joindre, car elles volaient comme des faisans. Bompart. 11 alla prévenir tous les pafriotes grande quantité, el demandassent tant de
Nous ramassàmes beaucoup de leurs œufs de la localité et des environs qu'il avait chez bouteilles de vins fins!. .. ll
, Après avoir passé la nuit à Aix, nous pardans les bois, et de retour à la ferme, on lui le général de division 1farbot. Puis ce
alluma en plein champ un grand fou au tour monsieur revint triomphant dans son castel, Li mes pour nous rendre à Nice. C'était notre
duquel nous nous établimes au bivouac, pen- où nous v1mes arriver une heure après une dernière journée de poste; nous trarer:sions la
dant que le valet de chambre, aidé par la ealvacade composée des plus chauds patriotes montagne et la belle forèt de !'Esterel, lorsfermière, accommodait les volailles et les œufs de Ca,•aillon, qui rnnaient supplier mon père que nous rcnconlràmes le chef de brigade (ou
de diverses façons. Nous soupàmcs gaiement de rnuloir bien accepter un banquet qu'ils colonel) du 1°' de housards qui, escor té d'un
et nous couchàmes ensui te sur du foin, per- lui offraient au nom des notables de cette officier et de plusieurs cavalier.s conduisant
sonne n'ayant osé accepter les lits que les ville &lt;1 toujours si éminemment républicaine l&gt; ! des chevaux éclopés, rercnait de l'armée, et se
rendait au dépdt de Puy en Velay. Cc colobons paysans nous offraient, tant ils nous
)Ion père, am1ucl ces ovations n'étaient
nel se nommait Af. Picart ; on lui laissait rnn
,. -

HISTORIA, -

Fasc. 2.

5

�1f1S T O'l{1.ll - - - - - - -- - -- ---::,--- - - -- -- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - J
n:giment en raison de ses qualités d·adminislratcur, et on l'envoyait souvent au dépot
pour y faire équiper des homme cl des chrmux, qu'il expédiait ensui te aux escadrons
de gurrre, 011 il paraissait très rarement et
restait fort peu. En apercevant M. Picarl, mon
père fit arrèlcr sa voiture. mit pied à tcn e,
el après m'avoir présPnl&lt;: à mon colonel, il le
tira it part pour le pric•r de lui indiquer un
sous-officier sage cl hir n élcYé dont il pû l
fairr mon mentor. Lr rolonrl indiqua le
111an:chal des logi Prrtclay. )Ion père fit
prcmlrc le nom de cr ~ous-officicr, r l nous
conlinuàm&lt;'s noire ro11lc j11squ'it 1icr, où nous
trouvàmes le commandant R"* établi dans un
excellent hotcl avec no~ t'&lt;[11ipages el no
chevaux en lrL'S bo11 état.

CHAPITRE VIII
.l rriYêe a :'iice. - Mon mentor Pertetay. - Comment
je deviens un vrai housard de Bercheny. - J'entre
dans la clique. - Mon premier duel a la ~fodona,
près avone. - Entê.-emenl d"un convoi de bœufs
à Dego.

La ville de ~icr était rl'mplie de troupes.
parmi lesquelles ~e Lro11Yait un escadron du
(er dL· housards, auquel j'apparl!'nais. Cc régiment, en l'abscncl' de ~on colonel, était
commandé par un très hran• chef d'l'scadron
nommé Mullt•r (c'était le père• de cc pauvre
malht&gt;urcux adjudant dn 7• de housards qui
fut blessé d'un coup de canon, auprès de
moi, à Waterloo). En apprenant que le général de division venait d'arrirnr, le commandant )luller se rendit chez mon père, cl il fut
convenu entre eux qu'après quelques jours
de repos je ferais le errice dans la 7• compagnie, commandée par le capitaine Mathis,
homme de mérite, qui plus Lard devint colonel sous l'Empire et maréchal de camp sous
la Rest.aurai.ion.
Quoique mon pi're fùt fort hon pour moi.
il m'en imposait tellement, que j'étais aupr/ls
de lui d'une très grande timidité. timidité
qu'il suppo ait encore plus grande qu'elle ne
l'était réellement; aussi disait-il que j'aurais
d1î ètrc une fille, et il m'appelait souvent
matlemoiselle 1lfarcellin : cela me chagrinait.
beaucoup, suri.out dcpui que j 'étais hou,ard.
C'était donc pour 11aincre cette timidité que
mon père voulait que je flsse le service avec
mes camarades; d'ailleur , ainsi que je l'ai
déjà dit, on ne pouvait r ntrcr dans l'armée
que comme simple soldat. \Jon père aurait
pu , il est vrai , m'alt.acht•r à sa personne,
puisque mon régiment faisait partie de sa
division ; mais outre la pensée indiquée cidcssus, il désirait qu e j'apprisse à seller el
brider mon cheval, soigrwr mes armes, et ne
rnulait pas que son fi ls jouit du moindre privilège, cc qui aurait produit un mauvais effet
parmi les troupes. C'était déjà beaucoup qu'on
m'admi'l à l'escadron sans me faire faire un
long et ennuyeux apprentissage an dépol.
.le passai plusieurs jours it parcourir al'CC
111011 père et son élat-ma,jor les environs de
Nice, qui sont fort he:1ux : mais Ir moment

de mon entrée à l'escadron étant arriré, mon
père demanda au commandan t Muller de lui
envoyrr le maréchal des logis Pcrtelay. Or,
il faut que vous sachiez qu'il existai t au régiment deux fr1'.res de cc nom, Lous deux maréchaux drs logis, mais n'ayant entre eux aucune rl'ssemblancc physique ni morale. On
croirait que l'auteur de la pièce les Deux /&gt;hilibei·t a pris ces deux hommes pour types,
l'ainé des Pertelay étant Philibert. le mauvais
sujet, t•t le jeune· Perlelay, Philibert le bon
sujet. C'était cc dernier que le colonel avait
entendu désigner pour mon mentor; mais
comme, pressé par le peu de temps quP mon
père et lui avaient pas é 1•nsemhlt•, ~I. Picarl
avail oublié en nommant Prrll'lay d'ajouter
le jeune, Pl que, d'ailleurs, celui-ci ne faisait
pas partir de l'e cadron qui ~l' trouvait it
Nice, tandis que l'ainé servait précisérnrnt
dans la 7• compagnie, dans laquelle j'allais
entrer, le commandant Muller crul que c'était
de l'ainé que le colonel avait parlé it mon
père, cl qu'on avait choisi cet enragé pour
deniaiser un jeune homme aussi doux cl au si
timide que jc l"étai . Il nou enroya donc Pertelay ainé. Cc type des anciens housards était
buveur, tapageur, querelleur, bretteur, mais
aussi, brave jusqu'à la témérité; du reste,
compli·tement ignorant de tout cc qui n'aYail
pas rapport à on cbel'al, lt ses armes et à on
service devant l'ennemi. Perlelay jeune, au
contraire, élait doux, poli, très instruit, et
comme il était fort bel homme cl tout aussi
brave que son frère, il PtlL certainement fait
un chemin rapide si. bien jeune encore, il
n'eùt trouvé la mort sur un champ de bataille.
~fais revenons à l'ainé. Il arrive chrz mon
père, cl que rnyons-nous? Un luron, très bien
tenu, il est nai, mais le shako sur l'oreille,
le sabre trainant, la figure enluminée et coupée t'n deux par une immense balafre, des
moustaches J'un demi-pied de long qui, relevées par la cire, allaient se perdre dans les
orcillrs. drux. grosse nattes de cheveux tressés
aux tempes, qui , sortant.de son shako, tombaient 11r la poilri1w. cl al'ee cela, un air!!. ..
un air de cbcnapan, qu'augmentaient encore
des paroles accadées ainsi qu'un baragouin
franco-alsacien des plu barbares. Ce dernier défaut ne surprit pas mon père, car il
savait que le I er de housards était l'ancien
régiment de flcrcheny, dans lequel on ne
rcccvail jadis que les Allemands, et où les
commandements s'étaient faits, jusqu'en J795,
dan la langue allemande, qui élait celle le
plus rn usage parmi les officiers et les housards, presque Lous nés dans les provinces
des bords du Rhin ; mais mon père fut on ne
peul plus surpris de la tournure, des réponses
el de l'air ferrailleur qu'avait mon mentor.
J'ai su plus tard qu'il a\"ail hésité à me
mettre entre les mains de cc gaillard-là, mais
que M. Gault lui ayant fait observer que le
colonel Picart l'avait désigné comme le meillem· ous-officier de l'escadron, mon père
'était déterminé à en essayer. Je suiris donc
Pcrtclay, qui, me prenant sans façon sous le
bras, rint dans ma chambre, me montra à
placer mes effets dans mon portt•manteau cl

me conduisit dans une petite caserne située
dans un ancien couvent el occupée par
l'escadron du trr de housards. Mon mentor
me fit seller et desseller un joli petit cheval
que mon père avait acheté pour moi ; puis il
me montra à placer mon manteau et mes
armes; enfin il me fit une démonstration
complète et songea, lorsqu'il m'eut tout expliqué, qu'il était Lemps d'aller diner, car mon
père, désirant que je mangeasse avec mon
mentor, nous avait affecté une haute paye
pour celle dépense.
Pcrtp]ay me conduisit dans une petite au,hergc dont. la salle était remplie de housards,
de grenadier et de soldats de toutes armes.
On nous sert, et l'on place sur la table une
énorme bouteille d'un gros vin rouge des
plus 1'iolenls, dont Pertr lay me verse une
rasade. Nous trinquons. Mon homme \"ide son
verre et je pose le mien sans le porter à mes
lèvres, car je n'avais jamais bu de vin pur,
el l'odeur de cc liquide m'était désagréable.
J'en fis l'aveu à mon mentor, qui s'écria
alors d'une 1·oix de stentor : « Garçon!. ..
apporte une limonade à ce garçon qui ne boit
jamai de rin ! . . . &gt;&gt; Et de grands éclats de
rire rC'lcnlissl'nl dans toute la salle !. .. Je fus
très mortifié, mais je ne pus me résoudre à
goûter de cc l'in et n'osai crpendant demander
de l'eau : je dinai donc sans boire !
L'apprentissage de la vie de soldai est fort
dur en tout temps. li l'était surtout à l'époque
dont je parle. J'eus donc quelques pénibles
moments à passer. ~lais ce qui me parut intolérable fut l'obligation de coucher avec un
autre housard, car Je règlement n'accordait
alors qu'un lit pour deux soldats. Seuls, lcs
sous-officier couchaient isolément. La pn·mière nuit que je passai à la caserne, jt·
venais de me coucher, lorsqu'un grand estogrilfc de housard qui arrivait une beure après
les aulres s'approche de mon lit, et voyant
qu'il y a,,ait d~jà quelqu'un, décroche la
lampe et la met sous mon nez pour m'examiner de plu·s près, puis il se déshabille. Tout
en le voyant faire, j'étais loin de penser qu'il
avait la prétention de se placrr auprès de
moi ; mais bientôt je fus détrompé, lorsqu'il
me dit durement : « Pous e-toi, conscrit! ))
Puis il entre dans le lit, se couche de manière
à en occuper les Lrois quarts el se met à ronfler sur le plus haut. Lon! li m'était impossible de fermer l'œil, surtout à cause de
l'odeur alfreu c que répandait un gros paquet
placé par mon camarade sous le traversin
pour s'exhausser la tète. Je ne pourais comprendre ce que cc pouvait être. Pour m'en
assurer, je couic tout doucement la main vers
cet objet cl trouve un tablier en cuir, tout
imprégné de la poix dont se servent les cordonniers pour cirer leur fil!. .. Mon aimable
camarade de lit était l'un des garçons du
bottier du régiment! J'éprouvai un tel dégont
que je me levai, m'habillai et allai à l'écurie
me coucher sur une botte de paille. Le lendemain, je fis part de ma mésaventure à Pcrtrlay, qui en rendit compte au sous-lieutenanL
du peloton. Celui-ci était un homme bien
élevé; il se nommai l Leisteinschneider (en

---

JffiJlf01'/?._ES DU GÉNÉ'/?._A1. BA'/?._ON DE JffA'/?._BOT
allemand, lap!daire). Il devint, sous l'Empire,
l'escadron, où je fi emplette d'une fausse
colonel, premrer aide de camp de Bessières
hi!midcs de Ja cire avec laquelle on m'al'ait
queue et de
cadelll'tlcs qu'on attach ,
et fut. tué.
M.
Leistcinscbneidcr
compre
t'
. d .
,
11an
hevcux &lt;1eJ••11 passablement fonn-s a a· mes fait des _m?ustaches, el celle cire en se des éc
mh
co ,en •1 .cva1t ?1 'ètre pénible de coucher
, · 1· ,
" , car JC 1es
a,ars a1sses pousser depuis ,non cnro' ]cment. cbant _Lirait mon épiderme d'une façon très
avec un _botlrcr, prit sur lui de me faire don- C
et accou(rcm~nt m:em~arrassa d'abord ; d.~sa~rcable ! Cependant je ne sourcillais pas 1
ner un. ht dans la chambre des sous-orne·
1 1rrs, ccp_endant Je_n~ y hab1tua1 en peu de ·ours
J cta1s housard ! Ce mot a,•ait pour moi
ce Cf_lll me causa un très grand plaisir.
quplcrue chose de magique; d'ailleurs emet ,.11 me pla1sa1t' pa.
·
J
'
' icc que Je me fi rrurais
Bien que la Révolution etlt introduit un
brassa'.1t la carrière militaire, j'al'ais fo;t bien
gra~~ relà~hement da~s la t: nue de trouprs, qu _il _me, donnait l'air d'un vieu:c hou~m·d
compris
que mon premier drvoir était de me
le I de h lllsards avait louJours conscrré la _ma,~ il n cn_fut pas de mème des moustaches'. conform_er aux règlements.
JC n en a,·a,s pas pl us qu'une jeune fille, el
.\Ion père rt une parti(•
de sa
. (11vrs1
. • •on
'

L E CfaÉRA L BONAPARTE A LA BAT AILL E DE

sienne aussi_exacte que lor quïl était Berc?eny; . aussi, saut les dissemblances phys_iques imposées par la nature, Lous les cavaliers de,,aienl se ressembler par leur tenue
et comme les régiments de housards portaicn~
alors non seulement une queue, mais encore
de longues tresses en cadenettes sur les
tempes, et avaient des mou taches retroussées, on exigeait que tout ce qui appartenait
au corps eût moustaches, queue cl tresses.
Or, comme je n'avais rien de tout cela, mon
mentor me conduisit chez le perruc1uicr de

R1vou

.-

TaNea11 de Pu1L1Pf'OTEAux. (J.f11sée de i·e,·sailles.)

comme une figure imberbe aurait déparé les
'.'an%s de l'escadron, Pertelay, se conforman t
a _I usage de Bercbeny, prit un pot de cire
noire el. me fit avec le pouce deux énormes
crocs qur, couvrant la )èl'rc supérieure, me
~ ontaw~t presque jusqu ·aux yeux. Et comme
a_ ?cttc ~poque les shakos n'avaient pas de
n s1ère, il arrivait que pendant les revues ou
lorsque j 'étais en vedelt.e, positions dans 'icsquclles on doit garder une immobilité complPte, le soleil d'Italie, dardant ses rarons
br1)lanls sur ma figure, pompait les pa~lies

!'liché nraun. Clément et c••.

étaient encore à ice lorsqu ·on apprit les
él'én~ment~ du 18 brumaire, le renversement
du D1r~loire e_t l'établissement du Consulat.
)Ion perc avait lrop mt:lprisé le Directoire
pour le rl'gre~ter, mais il craignait q11'eni1Té
par_ le pouvoir, le général Bonaparte après
avoir rétabli l'ordre en France, ne se 'bornàt
pas ~n modeste titre de Consul , et il nous
p1:édrt q_ue dans peu de temps il voudrait se
{: 1re i:oi. Mon père ne se trompa que de Litre;
Napoleon se fit empereur quatre ans après.
Quelles que fussent ses pré,,isions pour

�, . - 111STORJ.Jl
l'a\'cnir, mon père se félicitait de ne pas
s'ètrc trou\'é à Paris au 18 brumaire, et je
crois que s'il y eùt été, il se serait fortement
opposé à I' cnlrepri e du général Bonaparte.
Mais à l'armée, à la tète d'une division placée
dcrant l'ennemi , il \'oulut se renfermer dans
l'obéissance pa~sive du militairr. li repou sa
donc les propo ilions que lui firent plusieurs
généraux et colorwls de marcher sur Paris à
la tète de leurs troupes : « Qui, leur dit-il,
défe11d ra les frontière si nous les abandonnons, et que de\'iendra la France si à la guerre
contre le étrangers nous joignons les calamité d'une guerre civilr? l&gt; Par ces sages
obst•rrations, il maintint les esprits exaltés;
l'epcndant, il n'en fut pas moins très affecté
du 1·oup d'État qui \'Cnait d'avoir lieu. Il idolàlrail sa patrie, et eùt voulu qu'on pùt la
sauver sans l'asservir au joug d·un maitre.
J'ai dit qu'en me faisant faire le scrl'icc de
simple housard , mon père arait eu pour but
principal de mr faire perdre cet air d'écolier
un peu niais, dont le court st~our que j'a,·ais
fait dans le monde pari icn ne m'a,ait pas
Mharrasstl. Le résultat pa sa ses c pérances,
l'ar ri,anl au milieu de housards laparreur ,
el a~·anl pour mentor une espèce de pandou1'
qu i riait dt&gt;s sottises que je faisais, je me mis
à hurler avec lt'S loups, el de crainte qu'on se
moquàl de ma timidité, je de, ins un vrai
dia hie. Je rw l't:tais cependant pas encore
assez pour ètrc reçu dans une sorlt' dl' confn:ric, qui, sons le nom de clique, a,·ait dt•
ad1•pll'~ dans tous lt•s escadrons du Jer de
housards.
La clique St' composait des plus mauvai~t•s
tètes l'Omme des plus br:wcs soldats du régim&lt;•nl. Les membres de la clique ~e soutt•naicnl entre eux enwrs el contre tous, surtout deYanL l'ennemi. lis se donnaient l'nlrc
eux le nom de louslics cl .c rC'connai.saienl
à une échant·run• pratiquée au mo~cn d'un
couteau dans l'étain du premier bouton de la
rangée de droite de la ptfast' cl du dolman.
Lc•s officiers connaissaient l'existence de la
clir111e; mais l'0lllrm ses plus grands mt:faits
se bornairnt 11 marauder adroitement quelques
poules el moulons, ou à faire qut&gt;lquc nicbc
aux habitants, et c111e d'ailleurs les loustics
étaient toujours lrs premier au feu, le chefs
formaient les 1·c•ux sur la clique.
.rétai si étourneau, que je désirais très
l'i,·emenl faire partie de celle .ociété de lapagctw : il me st•mblail que cela me po erait
d'une faço n convenable parmi mes camarades; mais j' arni!l' beau fréquenter la salle
d"armes, apprendre à tirer la pointe, la
contre-pointe, le sabre. le pistolc•l et le mousqueton, donner en pa sanL des coups de c·oude
à tout cc qui se trouvait sur mon chemin,
laisser trainer mon sabre el placer mon shako
sur l'oreille, le membres de la cliqt1e, me
regardant comme un enfant, refusaient de
m'admettre parmi eux. Une circonstance imprérne m'y fil reccYoir à l'unanimité, cl voici
comment.
L'armrc d"ltalie occupait alors la Ligurie
el . e lrourail étendue sur un long cordon de
plus de soixante lieues de long, dont la droite

.llf'ÉMOl~ES DU G'ÉN'É~.llL B.ll~ON DE .li{.ll~BOT - - était au golfe de la Spezzia, au delà de Gènes,
le rentre à Finale. el la gauche à Nice cl au
\'ar, c'est-à-dire à la frontière de France.
Nous a,·ions ainsi la mer à dos cl faisions
face au Piémont, qu'occupait l'armée autrichienne dont nous étion séparé par la
branche de !'Apennin qui s'étend du Yar
à Gal'i. Dans cette fausse position, l'armée
française était exposée à ètre coupée en dmx,
ainsi q1rn cria advint quelque moi après;
mais n'anticipons pas sur les éréncmenls.
~Ion père ayant reçu l'ordre de réunir sa
division à avonc, petite ,·illc située au bord
de la mer 11 dix lieue en deçà de Gène ,
plaça son quartier général dans l'é\·èché. L'infanterie fut répartie dans les bourgs el villages
l'Oisins, pour observer les vallées par où
débouchent les routes et chemins qui conduisent au Piémont. Le Ier de hou ards, qui
de Nice s'était rendu 11 ,avonr, fut placé au
bil'ouat dans une plaine appelée la Madona.
Les arnnt-postc ennemis étaient à Dcgo, à
quatre ou cinq lieues de nous, sur le rc,er~
opposé de L\pennin , dont les cimrs étaient
cournrtes de neige, tandi qur Sal'Onc el ses
environs jouissaienl de la température la plus
do11l'c. Notre bil'Ouac c•ùt été charmant, si les
, iHes l eussent été plus abondants; mais il
rù&gt;.i tait point encore de grande roule de
~ire• à Gènes: la mer était couYcr'le de croiseurs angbis, l'armée ne l'irnit donc que de
cc que lui portait•nt par la Corni&lt;·he &lt;111clqucs
détachement de mulets, ou de ce qui pron~nail du chargement de petites embarcation
qui se glissaient inaperçues le long drs cùtcs.
Ces rt'Ssourccs précaires suffi aient à peine
pour fournir au jour le jour le grain nécessaire pour soutenir les troupes, mai , heureu emcnl, le pays prod uit ut•aucoup de ,·in,
cc• qui soutenait les soldats el leur foisail
supporter les prirnlions arec plus de résignation. Or donc, un jour que par un trmp,
délil'ieux maitre Pertelav, 111011 mentor, se
promrnail avec moi sur li•s rivage de la mr r,
il apr rçoil un cabaret situé dans un charmant
jardin planté d'orangers et de citronniers,
sou h• quel étaient placées des tables entourt;es de militairrs de toutes arme . cl me
propose d'y c•ntrcr. Bien que je n'eusse pu
rnincre ma n:pugnancc pour le rin, je le sui
par complaisance.
11 c t bon de dire qu'à cette époque, le
ceinturon des cavalier n'était muni d'aucun
crochet, de orle que quand nous allions
à pil'd, il fallait tenir le fourreau du sabre
dan la main gauehc, en laissant le bout trainrr par terre. Cela fai~ail du bruit sur le
paré el donnait un air tapageur. li n'en avait
pas fallu dal'antage pour me faire adopter ce
genre. Mais 1oili1 qu'en entrant dans le jardin
public dont je riens de parler, le bout du
fourreau de mon sabre Louche le pied d'un
énorme canonnier à chcral, qui se prt;Jassail
étendu sur une chaise, le jambes en avant.
L'artillerie à chernl, qu'on nommait alors
al'tillerie volante, avait été formée au commrnccmenl des guerres de la Ré1•olution,
avec des hommes de bonne ,·olonté pris dans
les compagnie de grenadiers, qui al'aient

profité de celle ocl'asion pour se déharra,st•r
des plu turbulent .
Les canonniers volants étaient n•nornmé:;
pour leur courage, mais aussi pour leur amour
des querelles. Celui dont le bout de mon
sabre arail loul'hé le pied me dit d'une ,·oi,
de stentor cl d'un ton fort brutal : « Housard! ... ton sabre traine beaucoup trop!. .. &gt;&gt;
J'allais continuer de marcher sans rien &lt;lin',
lor"que maitre Pcrtelay, me pous anl du
coude, me souflle tout bas : « Réponds-lui :
Viens le rcle,w ! l&gt; t l moi de dire au canonnier : &lt;&lt; Yiens le relcn•r. - Cc era facih•, »
réplique celui-ci. - Et Pertelay de me soul fier
de nom·C'au : « C'est cc qu'il faudra roir ! i&gt;
A ces mols, 11' canonnier, ou plutùt cc
Goliath, car il al'ait prè de six pieds de haut,
se dresse sur son srant d'un air menaçant. ..
mais mon men/or s'élance entre lui et moi.
Tou les canonniers qui se• trouvent dan, lt•
jardin prennent aussitôt parti pour leur ('a maradt•, mais une foule de hou ards l'icnnenl se
ranger auprès de Pcrtelay el de moi. On
s'échauffe, on crie, on parle tous à la foi~, jt•
crus quïl y allait arnir une mèlt:e générait•;
cept' ndant, comme les housards l'laicnl au
moins dcu&gt;. contre un, ils furent plus calmes.
Les artilleurs comprirent que s'ils dégainaient,
ils auraient le dessous, et l'on finit par fain·
comprendre au gt:ant qu'rn frôlant son pied
du bout de mon sabre, je ne l'ami~ nullement in~ult~, cl que l'affaire del'ait en rP~tt•r
là entre nous deux: mai comme, dan, le
tumulte, un trompette d'artillerie d'i111t•
l'ingtaine d'années était ,·enu me dire dt•s
injures, et que dans mon indignation je• lui
avais donné une si rude poussl'c qu'il était
allé tomber la tète la première dans un fo,,.é
plein de bouc, il fut conl'cnu que,' (•e gar('0ll
el moi, nous nous battrions au sabre.
Nou sortons donc du jardin, sui, i~ dt•
tous le a islanls, et nous voilit auprè~ du
rivage de la mer, sur un sable fin l'l solidt•.
dispo é à ferraillt•r. Pcrtclay sal'ait 1111c jP
tirai pas ablcment le sabre, ccpC'ndanl il nit•
donne quelque aris sur la manière dont je
dois attaquer mon adl'ersaire, et allarhc la
poignée de mon sabre 11 ma main aire 1111
gro mouchoir qu'il roule autour de 111011
bras.
C'est ici le moment de ,·ou dire que mon
pi•re arait. le duel en horreur, ce qui. oulrt•
se réflexions sur ce barbare usage, pro1t•nail, je croi , de cc que dans sa jcuncssl',
lorsqu'il était dans les gardes du corp , il
a,·ait ervi de témoin à un camarade qu'il
aimait beaucoup el qui fut Lué dans un combat ingulier dont la cause était des plus
futiles. Quoi qu'il en soit, lorsque mon pi&gt;rl'
prenait un commandement, il prescrivait à 1:1
gendarmerie d'arrèter cl de conduire dernnl
lui tous les militaires qu'elle surprendrait
croisant le fer.
Bien que le trompette d'artillerie et moi
connussions cet ordre, nous n'en avion · pa,
moins mis dolman bas el sabre au poing! .le
tournais le dos à la ville de Savone, 111011
adl'crsaire y faisait face, el nous allion~ commencer à nous escrimer , lorsque je l'ois le

trompette s'élancer de eùlt\ ramas er son dol- q~c j'allais en suhir une autre bien plus ém~_n ~t.? am~r_en courant! .. : c, Ah! làche! rerc de la part dr mon père. Je ne me S!'ntais tr:oupeau sans coup férir. Nou rentrùmes au
bivouac harassé ·, mais ravis d'a"oir fait Ulll'
m _eeriar-Je, tu fuis! ... » Et je 1eux le pour- pas le couraire de la su1iportcr t'l re' ·ol d
•
• •
S US C
bonne_ niche à no. ennemi , et ensuite de
s111l're. lorS&lt;fllC deux mains de for me saisissent m, r s~ustrarrc
. r JC le pou l'ais. Enlln, on nous nous ctrc procuré de vivres.
par dr rrihc au collet!. .. ,le tourne la tète... cor~d~rl _au delà des portes de la citadelle; la
. , Je n'ai cité cc fait que pour fairr l'Onnaitrl'
l'i me tro'.11 e entre huit 011 dix ~Pndarmes !. ..
mrrl etart sombre, ' pire marchait dcrant moi
'.
Clat _de _mis~rc dans lequel se trou l'ail déjil
,le, ! eompris
alors
pourquoi mon &lt;anta,,onistc
.
,
. .
O
...
al'ec une l?nt~rnc. t'l tout en cheminant dans 1arn~ce d lt?lre: et pour montrer 11 quel point
~ ctart sanl'e, arn I que tous les assi tant que
les rue clro1tes el tortueu~es de la ,·ille le
JC ."oyais 'éloigner à toutes jambes. ,, com- ~~nbo1~me_, enchanté de me ranwner, fai;ait de de organrsat1on un tel abandon peul jt•l(•r
p~·~s m:iitre Pcrtclay, car chal'un avait peur l c•nm~eralron d~ tout le confortable qrri m'at- les troupes dont les chefs ont obli~és, non
s?ulemrn~ de tolér:er de s!'mblables ' l'xpédicl etrc arrèté et condu it dcl'ant le «énéral.
tendait.
"1·•,. par t•xcmd' .au. quartier
.
o1rénéral.
• , 111 ,,
llr ,·oilà donc pri~onnier cl désarmé. Je p1_e,. rsa1t-rl, tu dois l°attendn• il unr ~ért·rc trons. mars de profrtt•r dt•s ,il'rcs qu'elles proc'.1renl, sans a,oir l'air de sa,·oir d'où ils propa~sc mor~ dolman el suis d'un air fort prnaud repr1mandc dt&gt; ton J&gt;ère'
Cl'liC dl'l'nll'l'C
.,
J
•···
v1enne11t.
mes gard,cr'.s auxquels je ue dis pas mon P irasc fixa Ill(' irrésolutions et po . 1 ·
·
1
I'
-,
111
arsser
nom,_ et qur me conduisent 1t l'élècht:, où ~ a co cr; _de n~on pèi·c• le lPmps de se calmer,
logeait mon père. Celui-ei était en cc moment Je me dcc1de a ne pas paraitre derant lui
CHAPITR,E IX
~,e_c le l!én~ral Suchet (depuis maréchal), qui a,·ant quelque · jours. et à rctournrr rejoindre
l'~art _,em, a Sal'one pour conférer al'CC lui m?n h'.1:ouac à la. Madona. J"aurais bi&lt;'l1 pu Comment, je _dei in_s d'emblée maréchal des logis. _
d alfarres de SPrl'ice. lis se promenaient dans m ?sq1111cr_ sans farre aucune niche au pau1Tc
J enlc1e dix-sept housards de IJarco.
une galerie qui donne sur la cour. Les n-enP.•~~;: mars, d~ eraintc qt~ïl Il(' me pour_lleurcu~ dans ma carrière militaire, je n'ai
darmc me eonduisent au général Jla;bot ~u111~ a !a clarte de la lumière qrrïl portait,
sans sr douter que je suis son fil . Le brirra- J~ fars d un coup de pied rnlt•r ~a lanlt•rnc il p_ornl passe par le grade de brigadier, car dt•
dirr explique le motif de mon arrestati~rr. dix pa de lui et je 111(' saure t'n courant. pen- srmple housard je de, ins d'emblée maréchal
A_lo: s mon pè~c, prenant un air des plus ?an.l que le, ~or~hommt', cherchant sa lanterne des logis, et ,·oici comment.
A 1~ gauche de la dirision de mon père, se•
se1cres, me fa rt une trè.-, l'i1e rt'monlrancc. ~ _1~1lons? s:crre :. « ,~h ! petit coquin ... jt•
Ct•_tte ?dmoncstation faite, mon père dit au , ars le drrc a ton J&gt;erc. il a ina f'o,· 1. r 't tro11rn1l celle que commandait le général St;d
· •,
, ,rcn 1a1
ras, do~1~ Il' quartier général était à Finalt•.
brrgadrcr : « Conduisez cc housard à la citac te mettre avec ces bandits de housard, de
C~lle .dmsion, qui occupait la partie de fa
delle. » Je me retirai donc sans mol dire l't Bercbeny ! belle école de irarnemt•nt" !. .. »
L'.gurrc, ?ù. les montagnes sont Ir plus escarsar_is q_uc le général , uchet, riui ne me ~nAprrs_ a~oir &lt;'_rré quelque temps dans ll's
narssar~ pa ' _se ftH douté que la scène à la- rues solrtarres, j(' rctrourni enfin le chc•min pccs, •~ etart composée que d'inf'anlc•ric•, la
&lt;[tll'l_le ri rrnarl d'assister se J't)t passée entre de la )ladona c•t j'arrirai au hi,·ouac du ré"i- c~valerrt' ne po11ranLt• mouroir que par pl'lib
le perc et le fi ls. Cc ne fu t que le lendemai n m?nt. Torrs b housards me rrornient ~n delachcme1~ts dans les rart•s pas ages qui sur
que le génfral ' uchet connut la parenté des prison. Dès qu'on me reconnut i1 la ·lueur des ce pornt rpart•nt le littoral de la )léditerP_l'r~onnagcs. cl depuis il Ill ·a somcnt parlé en fell\; on m'cm-ironnc, on mïntl'mwe ('l l'on ri; ranc;e d'al'el' IC' Piémont. Le général , fra~.
~yant reçu du /!t;néral en chl'f Championnc•l
rranl d(• cette s1·ènc...\rrin; à la citadelle rieux
a~x celai (orsq~reje raC'ontPcommc•r~lj&lt;' nw ,uis
m?numcnt génois situé auprès du p~rt on ~eLarra~s~ de l homme dt&gt; confiance diar"é d(• 1ord~e. ~c pous~cr arec la plus forte par tie de
m _l'nft•r!na dans une immt•nst• salle qui r~c(•- me e~ndurrc chl•z Il' gù1éral. Les mt•mb,:,s dt• sa dll'l~rorr lllll' n•co1111aissan!'e 1•11 a,·anl drr
1a11 Ir ,Jour par une lucarne dorrnant sur la la cl'.que,. surtou t, sont l'harrrn:s dt• cc trait mont Santo-Gial'omo, au delà duquel se trounwr: J~ me remis peu i1 pc·11 dt• mon t;moti &gt;n : de_ resolu(ion et décident i1 l'unanimi té que je vent _qtll'lqrrp~ ,allfrs, frri vit à mon père pour
': . r~~r1ma1~d_e ,1 111c je l'enais de subir me pa- suis ~dm,, . d~ns l?ur société, &lt;111i justement lt•, prrer de 1111 prèlt•r pour c·clll' &lt;•xpédition un
detachcmcrrt dt• cinqrranl(' housard . Cela Il('
l ar,~arl nwrrll'c · CC'fl&lt;'nd"rlt ·· it ·
·
• , . .
·
" J t ais moms
se pr_éparar t a farrc CClll' nuit mème une•
a~cl"le d arnrr désobéi au génfral que d'ayoir cxpcdrtron, pour aller jrrsqu·au&gt;. portes dt• pou,·ait St' refuser. )Ion pèrt• aciiuiesça donc
f.ut de la p~•inc à mon père ..Je passai donc le Dego ~111~,·t•r un troapeau de bœufs appartt•- '~ la demand~ d'.r génl"ral Séras rt d(;signa le
1·c,tc de la Journée assez tristc&gt;ment.
lreulC''.iant Ler,lcrnschneidc·r pour commander
nanl a. l armée
· ·
. . autrirl1,·c1111e . L,t:,, /:(l'nt•rau,
ce ?etac~emcnt. dont mon peloton faisait
_Le soir.
un
,·it•il
in
valide
des
troupes
o-éfra 1_1ç~us, arnsr tfuc les chefs d(• corps. t:laient
.
e
nor,t's m apporta une cruche d\•au, un mor- oblrµ-c d? p_araitrc iirnorer les coursl':- (JIil' Il', parlre. ~ous. pa~tr'mes de la )ladona pour
1·t•~11 de parn de munition Pl une bottt• dt· ,oldats farsarcntau_delà d(•S al'a11t-postc•safin dt• 11m1s rt'lrdrc a frnalc. li n'y al'ait alors au
pmfü, ,ur laqut'lle je m·(:fendi sao pou,oir s~ procurer de~ ,-,.~re ' pui qu·on Ill' po11rait hord dl• la nwr qrr'un fort maurai chemin
~~-an~t•r ..Je Ill' pus dormir, d'abord parce que sen pro('urcr rt•gulll'rcment. Dans chaque l'l;"i- n~m!né la_ Comiche. L(• liculcnaot 'étant
J_etar~ trop ému. rnsuite i1 cause de évolu- menL'. les pins brares soldats al'aienl d~~l&lt;' demr- le prcd à la suite d'un(' chute de chct10~1s_q11c fa(saicnt ~u to_ur de moi de gro rats forme des handcs de m,1raudr11r qui saYait•nl, \'al,. le ,~ilitaire le plus élel'é en grade était
~pres h11 lt• maréchal de~ logis Canon, beau
lJ 111 s ~mparercnt hrcntot de mon pain. J'étai
arec un talent meneillcux. connaitre l(•, li ' .
0' 1'
.
. l
' ( IIX J~~111c ho1~me, ayant beaucoup de moyen '
dans I obscurité. lirré à me tristes réflexions
u on prepara1t t's Yinl's pour lt•, t'lllll'lllis
lors11ue. ' 'l'i' dix heure 'j'enlcnd ourrir le; r t employer la ru. c l't l'audact• porr r s·c,; d rnstructron, l'i surtout d'as urance.
Le gé11éral Séra ·. ii la tète de sa dil'is:on
, ~·rrous _de ma prison ..l'aperçois Spire l'an- em parer.
se
porta le lt•ndcmain sur le mont • anto-Gia~
t·'.cn et_ frdè!e s~rviteu r dt• mon père. J';ppris
~n fripon dt• mfü111igno1'1 t;tanl 1'('1111 pré- como, que nous trounhm•s courcrt de neige
p.,r lur qu aprt•s mon cn,oi à la citadelle Je
Yemr la clique du te• de housards i1u\1n et s_ur lequ:I nou bil'ouaquiimcs. On dcYait.
colonel _Ménard. Je capi taine Gault et ;ous
lr?u~u de hœufs quïl a\'ait rrndu aux .\ u- lt' J0ur surrant. marcher l'll a,·ant avec la
les of~crcrs de mon père lui ayant dc•mandé trich_rens parquait dans une prairie il un quart
ma i:r_ace,. le général l'a,·ait accordée rt 1·avai1 de lrcuc de Dcgo. soixante housards, armés prc_ 'JU&lt;' certitude de trOUl'('I' les ennemis:
charge, lm • pire, de renir me d1erchcr l'l de seu lrmt•nt de lcrr~s mous&lt;1uclon , partirc'nl mars ((Ul'I en serait le nombre?... c·estccquc
f!Orle_r au gou, crncur du fort l'ordre dt· mon pour les enlcn•r . .\om, frmes plusieurs lieues le /:(énéral ignorait c·omplètcmcnt, et comme
les ordre du général en chef lui pre cri,·aient
elargis emcnl. On me conduisit dcYan t t·c dans la montagnr. par des chemins détonrm:
de
rc~onnaitre la position des Autrichiens sur
go'.11·ern~ur, le gt:néral Bugct, cxccllcrrl hommp
cl affreux. ~fin d"?1·itcr la ~rancie rouit•. cl
'1 111 a~·art_ perdu un bras à la "ucrrc. Il me nou wrprrmes Clll&lt;J Croates f'om mis i1 la ce pornt de la ligne, mai , awc défen e d'enc~nna,~,,art t·t ~imai~ l~aucou/mon père. li garde du troupeau, endormis sous un hangar. gager le combat s'il trournit les ennemis t·n
rrut _dorrc. apres maY01 r rendu mon sabre. ~1~fir~. , pour qu'ils n'alla~scnl pas donner for~·c. le gé~é:~I Sfr_~s aYait réfléchi qu'l'n
P~1 ~ant sa &lt;lll'lsron d mfonteric en al'ant au
dt:1011· llll' fa_i,·c une longue mor·ale fJU t' j'écou- 1 t•vcrl a la garnirnn de Dcoo nous le~ alla
,
..
..
m1_f,cu des montag-ncs, ot1 sourent on n'aperlai a,scz patremnrt•nl, mais qui me fit penser chamcs, l'l lt•s laissant là, enous
cnlc•rùmcs le çoit lt•s colonnes 'fil!' lorsqu ·on se trou,·c t•n
~

1

l -

�111STO'J{1.ll _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _::..__ _ _ _ .,;,
foi:c d'elles au détour d'une gorge, il pourrait
ètrc amené, malgré lui, à un combat sérieux
t·ontrc des force supérieures et obligé de
faire une relraite dangereuse. li avait donc
rrsolu de marcher avec précaution el de lancer
à deux ou lrois lieues en avant de lui un délachement qui pût sonder le pays et surtout
faire quelques prisonniers, dont il espérait
Lirer d'utiles renseignemenls, car les paysans
ne savaient ou ne voulaient rien dire. Mais,
comme le général scnlait aussi qu'un délachement d'infanterie serait compromis s'il
l'envoyait trop loin, et que, d'ailleurs, des
hommes à pied lui apporleraicnt trop lard les
nouvelles qu'il désirait ardemment savoir, ce
fut aux cinquante housards qu 'il donna la
mission d'aller à la découverte et d'explorer
le pays. Or, comme la conlrée est fort entrecoupée, il remit une carte à notre sous-officier, lui donna loules les instructions écrites
et de \'ive voix, en présence du détachement,
cl nous fit partir deux heures avant le jour,
en nous répétant qu'il fallait absolument
marcher jusqu'à cc que nous ayons joint les
avant-postes ennemis, auxquels il dé irait
vivement qu'on pûl enléver quelques prisonniers.
~[. Canon disposa parfaitement son détachement. Il plaça une petite avant-garde, mit
des éclaireurs sur les flancs, cl prit enfin
Ioules les précautions d'usage dans la guerre
de partisans. Arrivés à deux lieues du camp
que nous venons de quitter, nous trouvons
une grande auberge. Notre sous-officier questionne le maitre el apprend qu"à une forte
heure de marche nous rencontrerons un corps
autrichien, dont il ne peut déterminer la force,
mais il sait que le régiment qui est en lèle
est composé de housards très méchants, qui
ont maltraité plusieurs habitants de la contrée.
Ces renseignements pris, nous continuons
notre marche. Mais à peine étions-nous à quelques centaines de pas, que ~L Canon se tord
sur son cheval, en disant qu'il souffre horriblement, cl qu'il lui est impossible d'aller
plus loin, et il remet le commandement du
détachement au sous-officier Pertelay ainé, le
plus ancien après lui. Mais celui-ci fait ob~crrnr qu'étant Alsacien, il ne sait pas lire le
français, cl ne pourra par conséquent rien
connaitre à la carte qu'on lui donne, ni rien
comprendre aux instructions écrites données
par le générnl : il ne ,·cul donc pas du commandement. Tous les autres sous-officiers, anciens
Bcrcheny aussi peu lettrés que Pcrlelay, refuSt!lll pou1· les mèmes motifs ; il en est de
mème des brigadiers. En rain, pour les décide,·, je crus dcl'oir offrir de lire les instructions du général el d'expliquer notre marche
sur la carte à celui des sous-officiers qui roudrail prendre le commandement; ils refusèrent de nou\·eau, el, à ma grande surprise,
toutes ces 1·ieillcs moustaches me répondirent : «Prends-le toi-mèmc, nous le suinons
cl t'obéirons parfaitement. »
Tout le détachement exprimant le mème
désir, je compris que si je refusais, nous
n'irions pas plus loin, el que l'honneur du
•régiment serait l'Ompromis, car enfin il fallait

bien que l'ordre du général Sr.ras hH cxérulé,
surtout lorsqu'il s'agissait pcul-èlre d'é,·iter
une mauraise affaire à sa division. J'ae('eptai
donc le commanclemenl, mais cc nr fut
qu'après a,·oir demandé à JI. Canon s'il se trouvait en étal de le reprendre. Alors il recommence à se plaindre, nous quitte el retourne
à l'aub&lt;'rgc. J'avoue que je le croyais réellement indisposé; mais les hommes du détachement, qui le connaissaient mieux, se liYri·rent
sur son compte à des railleries fort blessantes.
Je crois pouroir dire sans jactance que la
nature m ·a accordé une bonne dose de courage.
J'ajouterai mèmc qu'il fut un temps où je me
complaisais au milieu des dangers. Les treize
blessures que j'ai reçues à la guerre et quelques actions d'éclat en sont, je pense, une
preuve suffisante. Aussi, en prenant le commandement des cinquante hommes qu' une
circonstance aussi ex traordinaire plaçait sous
mes ordres, moi simple housard , àgé de dixseplans, je résolus de prouver à mes camarades
que, si je n'avais encore ni expérience ni talents
militaires, j'avais au moins de la yaJeur. Je
me mis donc résolument à leur tète, cl marchai dans la direction oit je savais que nous
trouverions l'ennemi. Nous cheminions depuis
longtemps, lorsque nos édairenrs aperçoivent
un paysan qui cher!'he à se cacher. Ils courent
itlui, l'arrêtenlctl'amèncnt. Jelc questionnai;
il venait, parait-il, de quatre ou cinq lieues de
là, et prétendait n'avoir rencontré aucune
troupe autrichienne. J'étais certain qu'il mentait, par crainte ou par astuce, car nous devions
ètre très près des cantonnements ennemis.
Je me souvins alors d'avoir lu dans le Pal'fail pal'lisan, dont mon père m'avait donné
un exemplaire, qu e pour faire parler les habitants du pays qu'on parcourt à la guerre, il
faut quelquefois les effrayer. Je grossis donc
ma voix, et tâchant de donner à ma figure
jurénile un air farouche, j e m'écriai : &lt;t Corn« ment, coquin, lu viens de lraver.er un pays
&lt;( occupé par un gros corps d'armée aulriC( chien, el lu prétends n'arnir rien l'U ?...
&lt;t Tu es un espion!. .. Allons, qu'on le fusille
&lt;t à l'instant! »
Je fais mellrc pied à terre à quatre housards, en leur faisant signe de ne faire aueun
mal à cet homme, qui, _se voyant saisi par les
cavaliers dont le carabi nes venaient d'ètre
armées devant lui, fut pris d'une telle fraye ur,
qu'il me jura de dire tout ce qu'il sal'ait. Il
était domestique d'un courent, on l'aYail
chargé de porter une lettre aux parents du
prieur, en lui recommandant, s'il rencon trait
les Français, de ne pas leur dire oit étaient les
Autrichiens; mais puisqu'il était forcé de tout
avouer, il nous déclara qu 'il y avait à une
lieue de nous plusieurs régiments ennemis
cantonnés dans les villages, el qu'une centaine
de housards de Barco se trouvaient dans un
hameau que nous apercevions à une très petite
dis lance.
Questionné sur la manière dont ces housards se gardaient, le paysan répondit qu'ils
avaient en avant des maisons une grand'garde.
composée d'une douzaine d'hommes à pied,

placés dans 1111 jardin entouré de haies, et
qu'au moment où il avait traversé le hamea u.
le res te des housards se préparait à conduire
les cheva ux à l'abrcuvoir, dans un petit étang
situé de l'autre coté des habitations.
Apri:s avoir entendu ces renseignements, jr
pris à l'instant ma rPsolution, qui fut d't;l'ilrr
de passer dr,·ant la grand'gardr, qui , se trouvant retranchée derrière les haies, ne poul'ail
ètre allaquéc par des cavaliers, tandis que le
feu de es carabines me tuerait pcul-èLrr quelques hommes et avertirait de l'approche d!'s
Français. li fallait donc tourner le hameau.
gagner l'abreuvoir el tomber à l'improviste
sur les ennemis. Mais par oit passer pour ne
pas ètre aperçu ? J'ordonnai donc au paysan
de nous conduire, en faisant un détour, cl lui
promis de le laisser aller dès que n~us serions
de l'autre coté du hameau que j'apercevais.
Cependant, comme il ne voulait pas marcher,
je le fis prendre au collet par un hou. ard ,
tand is qu'un autre lui tenait le bout d'un pistolet sur l'oreille. Force lui fut donc d'obéir!
li nous guida fort bien; de grandes haies
masquaient notre mouvement. Nous tournons
complètement le village et ape1·cel'ons, au
bord du petit étang, l'escadron autrichien faisant tranqui1Iemc11l boire ses chevaux . Tous
les cavaliers portaient leurs armrs, scion l'usage
des avant-postes ; mais les chefs des Uarco
aYaient négligé une précaution très essentielle
à la guerre, qui consiste à ne faire boire cl
débrider qu'un certain nombre de chevaux à
la fois, el à ne laisser entrer les pelotons dans
l'eau que les uns après les autres, afin d'en
aYoir toujours la moitié sur le rivage, prèls à
repousser l'ennemi. Se confiant à l'éloignement
des Français el à la sun·eillance du poste placé
en tète du village, le commandant ennemi
avait jugé inutile de prendre celle précaution:
ce fut cc qui le perdit.
Dès que j e fus il cinq cents pas du petit
étang, je fi s làcher notre guide, qui se sauva
à toutes jambes, pendant que, le sabre à la
main, el après avoir défendu à mes camarade~
de crier avant le combat, je me lance au triple
galop sur les housards ennemis, qui ne nous
aperçurent qu'un instant avant que nous fussions sui· la rive de l'étang ! Les berges de
l'étang étaient presque partout trop élevées
pour qtie les cheva ux pussent les gravir, el
il n'exi tait de passage praticable que celui qui
servait d'abrcµl'O ir au village : il est vrai qu'il
était fort large. Mais plus de cent cavaliers
étaient agglomérés sur ce point, ayant tous la
bride au bras el la carabine au crochet, enfin
dans une quiétude si parfaite que plusieurs
chantaient. Qu'on juge de leur surprise! Je
les fais assaillir tout d'abord par un feu de
mousquetons qui en lue quelques-uns, en
blesse beaucoup et met au si une grande quanti lé de leurs chevaux à bas. Le tumulte est
complet ! Néanmoins, le capitaine, ralliant
autour de lui les hommes qui se trouvent le
plus près du ri,·age, veut forcer le passage
pour sortir de l'eau el faire sur nous un feu
qui, bien que mal nourri, blessa cependant
deux hommes. Les ennemis fondent ensuite
sur nous; mais Pertelay ayant tué d'un coup

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________________

llfÉ.MOl'f?.ES DU GÉNÊ°J?..AL B.A°J?.ON DE Jlf.A'R,BOT
de sabre leur capitaine, les lh rco sont refoume serait impossible dt' dfo•;rc la joie de
lés dans l'étang. ~lusieurs rrulcnl _'éloigner
li~r: c'é0it celui du 111aréchal des logis Cano11 .
me~
et les félicitation~
, d camarade..~
.
,
. qu··11 s L aubergiste parait, Je général le questionne
de 1~ mousqueterie cl g-agiwnl l'antn' rive;
p!usieurs p&lt;'rclcnt pied, un bon nombre m ~ ressaient pendant le lr11jct; Lous se résu- el apprend (Jlll' lesous-offici&lt;'rde housards n'a
d homme~ et de che,·aux se noient, el Cl'ux maient eu ces mots qui' scion eux' exprimaient p_as dépassé l'auberge, cl qu'il est drpuis plule nec plus ultm des éloges :
des cavahrrs autrichiens qui pal'l'irnncnl de
.« Tu es vraiment cligne de scl'l'ir dans 'J?urs heures dans la salle à manger. Le
l'a_ulre coté de l'éta11g, ne pouvant faire franles housards de Bcrcheny, I&lt;• prrmi!'r rérri- gcnéral Y entre, et que lrouve-t-il?- M. Canon
chir _la berge à lcurschcvaux. lrs abandonnent
0
cnd~rmi au ~oin du feu. cl ayant dc,·ant lui
mPnl du monde! &gt;&gt;
cl, s accrochant aux arbrrs du rivage, se sau~
un enorme Jambon, dt•ux honteilles vidrs Pl
rent &lt;'Il désordre dans la campagne. Les douZP G' Cependant, 'JUe s'ét,1 it-il passt; à Santo- une lasse de_ c.1ft:_1 On rél'eillr IP p,lUITt' marc:.iac~mo p_rndant _que je faisais mon t•xpédihomnws de ln grand'garde acrourenl au hruil:
l1on
. Aprrs plnsH'Urs hrurc8 d'a1tc111e. lt• chal des 10~1~: il l'l•nt rncore s'&lt;'xcust•r l'n
nous les sabron_s, rt, ils fui r nt aussi. Cepen~
parlant dt' son indisposition subiLP ; niais Il•~
danL une trcntame d ennemis restaient t'ncorc
re~~es accusateur~ du formidable déjeunt•r
dans· l'étanrro,· mais
· craignant
·
de poussrr lrn rs
qu _11 venait de faire ne pPrmellaienL pas de
c?cv~ux au large, l'o_yant que la piècl' d'eau
cro_1rc à_ sa maladie ; aussi le général Séras le
n avait pas· d'au_t1·r ·issue
. abordable que celle
lr~1~-l-il fort rudement. Sa colère s·augnwnIJUe nou~ occupions, ils nous crièrent qu'ils
ta1ta _la pensée qu 'un clét:ichcmcnt de cinr1uan1t•
se 'ïrendaient, ce
cavaliPrs, confié à la direction d'un simplt•
. que J··accep• •,· c l &lt;:1 mesure
~11 1s parvenaient au rivage, jr leur faisai
~oldat, _avait probahlrmenL l;lé détrnit par
.Jeter leurs armes à lPrrc. La plupart de ces
I ennt•1111. lors1J11e PPrlclay rL lrs deux houho~mcs et d~, ces che,·aux étaient lilrssés:
sards qui l'at·rompagnaient arrivi rentau galop,
mais ; ommc Je ,·otilais cependant avoir un
an~o1~ç..1nt n~tre triomplw cl la prochaine
lroplwe de. notre victoire• J. 'n fis ChOISlr
· • d•IXarnvee de d1x-sPpl prisonniers. Comme I&lt;'
~Cpl caval~ers l'l autan t de chevaux en hon
"énéral_ Séras, malwé cet heureux résultat,
ctat, que _.Je plac;ai au milieu de mon détaehcaccahl_:11 l_ encore M. Canon dr reproC'hes ' Perlc~1wnt ! pu_1s, a!iandonnant tous les autres Bareo,
lay llll dit avec sa rude franchise : &lt;( Ne Ir•
JC m elo1gna1 au galop, rn contournant de
groncl_~~ pas, ~ on gtin~ral _: il est si poltron
nouveau le village.
q~e: s il no_us cul cond111ts,Jamais l'ex pédition
. B!cn m~ p~il de faire prompte retraite. car.
n eut réussi! » CPlle manièrl' d'arrano-er les
~ms1 que ~e 1~vais prél'u, les fuyards a,aicnl
c~o~es al!'grava naturellmwnt la positiin dl~à
&lt;ouru prcvcn1r les cantonnements l'Oisin
s1 fa~~eusp de M. Cano11. que le général fil
auxquels le bruit de la fusillade ava·t d ,·:'
auss1tol al'l'èlel'.
d
• I' , .
1
eJa
on~e eve1 1. Tous prirent les armes, et une
J'arrivai surcl'senlrl'laites. Le général Séras
demi-heur~ après, il y avait plus de quinze
cassa Il' pauvre JI. Cano,1, el lui fil ôter ses
cent~ cavaliers sur les rires du petit é•· "
galons c~ pré l'll('t' du régiment d 'infantcrit•
1
·11·
.ano, el
p us1eurs. m1 icrs de fantassins suivaient de
et
cmq_ua~Lc housards; puis, venant à
1~rès ; mais n~us étions déjà à deux lieues de
mo&gt; dont il ignorait Il' nom, il me dit :
Clicbê
Braun.
l:1, nos Liesse~ ~pot pu soutenir le galop.
« ~ ous arnz parfaitement rempli une mission
~.ous nou~ arrelames un instant sur le haut
M OREAU
q_u on '.1e confie ordinairement qu'à des offi,
Général en chef de l'a,-mée d11 Rhin. - É tude peinte
1d une colline pour les 1ianscr
· , et no us rimes
ciers; JC. r~~retlc _q~e les pouvoirs d'un gérn_:Je (i,:RARD. (Musée de Versailles.
leauco_up, en l'oyant au loin plusieurs colonnrs
ra_I de dll'ls1on n aillent pas jusqu'à pouvoir
ennemies
se .nwttre sur nos tr•cno
•
" , , , ca1· nous
faire un sous-lieutenant; le général en chd
~1:1ons 1a certitude qu'elles ne pouraient nou
seul a cette faculté; j e lui dcmandr rai er
JOmdre, parce que, craignant de tomber clans généra! Séras, impatient d'avoir des nom·clles, grade pour vo_us, mais en allcndant, j e l'Ous
?P~rço~t,
du
haul
de
la
montagne,
de
la
fumé!'
une embuscade, clics n'avançaient que fort
'.1ommc_ 1na1·echal des logis. &gt;&gt; EL il ordonna
lentement et en tâtonnant. Nous étions donc a I homon; son aide de camp place l'oreille a son aide de camp de me faire reconna1'tre
'
hors de danger. ,le donnai à PPrlelay deux sur. ,un. Jtambour po é à terre, el par ce IDOJCll
devant le détachement. Pour remplir cette
housards des mieux· montés•' et le 11s
" partir
. au us1Le a a guerre, il entend le bruit lointain de formalité, l'aide de camp dut me demander
la
mousqueterie.
Le
général
Séras,
inquiet,
et
/5?lop pour aller prél'enir le génrral Séras d
n'.o~ nom, et cc fut seulement alors que lt•
rcsullatde notre mission; puis, remellanl le di iw _doutan~ plus &lt;Jue le détachement de c·ara- general Séras ~p~rit que j 'étais le fils de son
~acb: menL d~ns l'ordre le plus parfait, nos pri- lcr1c ~11~ so1L aux pri es arec l'enlll'mi, prt\nd eamarade le gencral Marbot. Je fus bien ai~t•
u1'. _rcg111'.?n~ d'infanterie pour se porter al'ec
~onmer~ lou;ours au centre et bien surreillés
~c celte _aventure, puisqu 'elle devait prou,·t•r
Je repris au petit trot le chemin de l'auberge'. lm Jusqu a I auberge. Arrivé là, il ,·oit sous lt• a mon per~ que la faveur n'a rail pas décidé
hangar un cheval de housard allach~ au rMrma promotion.

'!

LU '

?t'S

(A .,ufrre. )

GÉNÉRAL DE

i\1ARBOT.

�HIST ORIA

Cliche Giraudon.

PASSAGE DU R111N, 12 juin 1672 -

Tableau de V AN

DER M EULEN.

(.\fusée du Louvre.)

Louis XIV
La personne. - L'éducation. - Le « moi&gt;&gt; du roi
P.1r Ernest LAVISSE, de l'Académie française.

munion, et, bral'cmcnl : « Yous ètes homme
de résolution, dit-il au cardinal, el le mrilleur
Loui, .\I\' avait été maurnis écolier par la ami que j'aie. C'c l pourquoi jt&gt; vous prie de
ffo~e du cardinal, le moins pédagogue des m'avertir lorsque je serai à l'exlrémilé. » La
hommes. mais aussi par l'efü•L des circon~- concordanec des témoignages ne laisse pas de
doute sur l'endurance et le courage de ce
l,Hl€~. de la gurrrc civile cl de tout le trouble
dps1.6lnrutl' , des fuites, de chevauchées cl jeune homme el a volonté d'apprendre la
de~l1hatailles. li n'al'ait à peu près rirn appris guerre. li assistait aux con eils de guerre,
de t;es m!rjtrcs. A propos de son ignorance de reccYait les leçons de Turenne el celles du
l"hi tui1•f', !iito1disait : &lt;&lt; On ressent un cuisant cardinal. qui se croyait du génie militaire. La
cbhg1!iQd.'ighorer des choses que savrnt tous paix faite, un dP. ses plaisirs est d'exercer ses
troupes, de les faire manœuvrcr et de passer
!(IS out're.JI» Par,conlrc, il n'y a pas de doute
de revues arnc unr exlrème allention, corps
1ru'il reçut uhc 1édnca1ion profr sionnclle.
·, [11n ·1111 la,gilerr~·dt• ses propres yeux, il s'y par corps, compagnie par compagnie, cl, pour
esl•trifa bit&gt;n lf.&lt;11111·.11Cht1qur année, il paraissait ainsi dire, « homme par homme ». li a bien
aux armée : il y montrait une joie sans pareille, appris l'organisation d'une ar mée el la cons'amusant des incommodités el des priralion , duite des opérations dr campagne el surtout
resl.Aill d&lt;?s!J1ï1inzu, h4•uJ?t /J cheval cl se ris- de siège. li a tonte compélrncc pour corresquait gaicmrnl dans des rscarmouchrs. Pcn- pondre al'C'C ses grnéraux. li s'informe aYec
d:rnt le si{•gL' de Dunkt•rquc, en mai 1638, où le plus grand soin, demandant toujours el
il a rnulu rrslrr, malgré la Reine cl le cardi- toujours des détails, dans les charmants hi Ilets
nal qui craiirnaicnl pour lui le séjour en un écrits aux chefs des prcmi1•rrs expéditions
lieu infecté dl' corps morts restés là drs années militaires.
Il connaissait lt•s affaires étrangères. (n
précédenlr , à demi enterrés dans le sahlc, il
Sl' montre aux endroils périlleux, cl donne jour, dans les Lout premiers Lemps, raeo11Lc
des ordrC's pour aYancer les travaux. Le moi~ Colbcrl, il donnait audience à l'ambas adeur
d'apri•s, .,iu sii•gc de Bergue -Saint-Winox, il d'E pagnr. Celui-ci Youlail lui loucher un mot
se s1'11t très maladt•, dissimule aussi longternp, des griefs de sa cour pour en Lrailrr avec les
qu'il pt•ut, aYouc rnfin son étal au cardi_na l, ministres. mais le Roi lui fit 11 un discours
qui. à grand'p&lt;'inr, obtient de lui qu'il se dl'S plaintes r1u'il arnit contre l'Espagne ».
laisse lransportcr it Calais. Là, le mal Pmpirc; L'ambassadeur essaya 11 de profiter de toutes
dans la nuit du 6 an 7 juillet, il reçoit la com- les pauses que fa nianière modérée de parler

II. - L'éducation.

du Roi lui donnait 11; mais les pauses du Roi
n'étaient que pour repassrr la phrase qu' il
allait dire, cl il reprenait le discours. L'ambassadeur fut étonné, lui qui avait vécu quarante
ans dans les emplois, sans jamais voir n de
prince parler que par monosyllabes ».
Ici, sûrement, Mazarin fut le précepteur.
Louis XIV a connu par lui le grand manège
de la politique française, celle activité, celle
habileté si longtemps soutenues cl à la fin
victorieuses. Le cardinal lui a enseigné la
nvcessité de sacrifier tout scrupule, même
d'honneur, à la raison d' Étal. li a obtenu de
lui, qui nalurellemrnt y répugnait, le consentement à l'alliance avec Cromwell le régicide.
Il lui a rél'&lt;Hé les artifices, l'art d'arhclrr des
ministres cl mème drs princes, le prix d'une
voix d'éleclrur du Sainl- En~pirc ou d'une voix
de cardinal de la Sainte Eglise Romaine, el
que l'élection des deux chefa de la chrétienté,
le Pape cl !'Empereur, était un tripotage.
Dans ces enseignements, le Roi ne pouvait
guère ne pa prendre le mépris de l'étranger;
il l'y a pris en cfJct, malheureusement.
Mais, si les alTairrs élrangèrcs rl les affaires
militaires sont d'importantes parties du gou\'erncmcnl, il en est d'autre!- que Mazarin, qui
les ignorai t, ne pou\·ail enseigner. Le cardinal
ne demandait aux finances que de lui fourni r
l'argent nécessaire à sa politique el à ses fanLai irs. Sa philosophie était courte : dans ses
dl'rniers conseils au Roi, il lui a recommandé

L'IMPÉRATRICE EUGENIE
D 'APRÈS

WINTERHALTER.. -

(Musée de Versailles.)

CJicllc Urauo.

�'-·-------------------=------------------------« de soulager le peuple, autant néanmoin que
le pourron t permettre les dép\'nsrs indispensables », de cc maintenir l'Eglise dans ses
droit . immunités cl pri,·ilège , comme en
étant le flls ainé », de 11 faire cas » de la
noblesse. qui est &lt;&lt; son bras droit l&gt;. li aurait
aussi bien fait de 1w rien dire du tout.
)Iazarin traitait le gou\'crncmcnt intérieur
comme une affaire diplomalique. Le premier
principe de sa méthode était la défiance envers
tout le monde : au Roi, tout enfant, il a dit
une parole odieusP: c1 li importe à Sa Maj esté
de considérer quïl ne peul e fiC'r à aucun
Français. » parce que tout Français csl intéressé à diminuer son autorité.
Ce \'ilain précrple l'ut commenté i, Louis XIV
par les leçons de la Fronde.
li a rn de prt&gt;s k trahisons cl le fausses
mines des traitres :
1,

• ) [c, sujet, rebelles, dil-il dans ses llémoires, lors•1uïls onl pris le, armes contre moi, m'on t donné pcul•'tre moins d'indignation que ccu, qui en même tr mps
se lcnaicnl auprès de ma perso1111c et me rendaienl
plus de dcroirs et d'assiduités que tous les autres,
pendant que j'i·tais hien infornui qu'ils me trahissaient ,

li a u le prix des fidélités : « A peine y
ami t-il de fidélité parmi mes sujets qu'achr tée
à prix d'argent 0 11 par des récompenses
d'honneur. » Et puis il a Hé contraint à di imulcr. à nll'nti r. cl il s·c~t montré admirable
comédien en LIIIC' occasion mémorable.
Lr cardinal de llctz, après la rentrée du
lloi à Pari~. ,'t;tait cantonné dans l'archc\'êcbé
cl la cathédrale, où il s'était mis en étal de
oulr nir un ·it·ge. 11 se décidacnlln, le 19 décembre Iti52. it porter ses hommage au LouYrc.
li troul'a le lloi sur le point d'aller à la messe
a\'CC son ronli·~~cur. lt• P . Paulin, el Villequier,
capitaine de :,t':i gardes. La l'isile n'avait pas
été annoncét•. mai~ Louis XIV savait comment
il se condui rai t le jour oü il la rccrrrail, ce
qui ne pou1·ai l manquer d'ani rnr , étant donné
l'état des a0airl'S. ,\ près arnir reçu le salut du
cardinal, il Sl' mit à parler d'une comédie qu'il
al'ail en tètl'. ~·approcha de \ïllcquicr, lui dit
quclqucs mot, it \Oix bassr, quilla l'oreille du
capitaine. et. pour bien marquer qu'en cf.Tet il
'agi ~ail dl' comédil', il donna loul haul cet
ordrè : &lt;&lt; Surlout, qu'il n'y ait personne ur
le théàtre. » Il entra l'll uile dan la chapelle
a,·ec son conli.·ssi· m. Yt•rs le milieu de la me se,
Villcq ui&lt;'r l'it•11t annoncer que la cbo c est
laite. Le Roi ~1· tournl' ,·cr le Phe : 11 C'est
que j'arrête ici 11' card inal de Retz, » lui dit-il.
Le Père croit 11uc le Roi s'excuse de faire allcndre le cardinal. cl répliquc : 1c M. le cardinal
patienlera bil'n. » - &lt;&lt; Cc n'est pas cela, »
reprend le Hoi. Le l\ '.• re se rappellt' alors la
petite ,cèm' de tout à l'heure cl comprend
enhn : cc Ob ! que jt' fus surpris ! 11 écrit-il à
Mazarin. Jusqur-lit, il avait admiré dans le
Roi &lt;&lt; l'àme la pl,us cand ide et la plus sincère
qui oil en son Elal »; c'est, di ail-il, &lt;&lt; un
vrai Dieudonné. tout y esl de Dieu ». Pourtant il s'était :ipcrçu dJjà que l'enfant « était
j 11ditil't1X l'l pré~enl il soi ». Aprt•s l'arrc talion du cardinal. jl appuie sur celle qualité :
11 Il c Ltoujmm préSl'lll à lui el it tout cc qui

se pa se chez lui, quoique souvent cela ne
paraisse pas beaucoup. » Il admire les progrrs
de celle possession de soi-mèmr : 11 Le Roi
croit en sagrssC' l'l en dissimulation. » Et le
bon Père con ·cille à Mazari n de se méfier: cet
enfant prodige pourrait fort bien , un jour
s'émanciper sans crier gare : &lt;&lt; Votre Eminence
permettra à son serritcur dl' lui dire qu'elle ne
doit laisser approcher S. M. que de ses créatures assurées. » Or, ce &lt;&lt; poli tique raffi né »,
qui agit « a\'PC au tant de prudence el de discrétion que s'il a1·ait vécu dans lrs affaires
trente-cinq ans », cl qui a trouvé ce joli mol :
« Qu'il n'y ail personne sur le théëllre 1&gt; , et
abusé à la lois un c-ardinal - cl quel cardinal! - &lt;'L un pi•rl' jésuite, a"ail quinze ans.
L'éducation par la \'ie a donné à Louis XlV
l'babi tude de dissimuler : il sera dissimulé
profondément, mèmc perfide, cl, plus d'une
fois, odieusement. Elle l'a mis pour toujours
à l'étal de méllance. 11 cherche à 1&lt; pénétrer »
à travers les masque &lt;&lt; le plus secrets cntiments », al'ec nnc prédispo ilion à les trouver
médiocre ou maul'ais. Elle a détruit en lui.,
si clic . 'y lrourail, la faculté dr sympathie.
La Rochclourauld rsl devenu. au ~pcctacle de
la Fronde. un jngC' sél'ère de la nature humaine,
mais pPnt-êl re Il&lt;' l'a-t-il pas davantage mépriSt;e l'II St'S &lt;&lt; maximes 1&gt; que Louis XIV en son
for intfricur. Pcut-ètre aussi cc m,1pris a-t-il
persuadé au Roi de ne pa~ St' gèncr al'C'C lrs
hommes.
Enfin la Fronde a laissé à Louis XIV une
inquiétude qui semblerait étrange, si l'on ne
se soul'enail qu'il a \'écu des heures où la
monarchie ~e cru t en danger. li a peur que
la Fronde ne rccommencr. S'il a lai sé gou1·crner ~fazarin, &lt;I dont IPs pensées r l les
manière , dit-il, étaient si dilit;rentrs d&lt;'s
miennC's », c·csLqu'il a craint à d'&lt;'xriter peulêtre de noul'eàu les mêmes orages ». Ju
moment où il fera rédiger ses mémoires, bien
qu'il goul'c1·ne dans l'universelle obéissance
depuis plu it'urs années déjà, il dira encore
qu'il est nécc saire au Roi de s'atlachrr les
prince , parce crue, s'ils ont liés à lui, &lt;&lt; les
mécontents ne pouranl se rallier en aucun
lieu, out contraints de digérer leur chagri n
dan des maisons particulières &gt;l . li brus11ue
la fin d'une campagne pour aller accommoder
à la Cour une affaire sans gra\'ilé :
« li csl bon de pacir.cr les différends qui naissent à
la Cour ; on s·aceoutume à se cantonner , à s'unir, et
la liaison qu'on a faite contre un particulier se trou,·e
Ioule prèle, qu:ind il s'agit de se muliucr conlrc le
souverain. •

l\lème une simple querelle entre deux personnes lui parait dangereuse :
« Les amis prennent par t clans la querelle ; des deux
cotés on tient des conseils; s'il s'éltire quelque mouvement iutcstin, les séditieux trournnl des chefs loul
reconnus . .. cl des lieux d'asscmblcc tout choisis. »

Il fau t donc réuni r sous le regard ella main
du Roi Lous les 11 chefs » possibles de séditions, tous ceux dont lrs chàtcaux pruvent
er\'ir de&lt;&lt; lirux d'as emblée », et ne laisser
aux mécontents que les &lt;&lt; maisons particulières » où ils digéreront leur chagrin inoffcnsif. Le Roi, qui se sou l'icn L des frasques de

son oncle Gaston d'Orléans, prend ses précautions contre son frère. Monsieur lui dr 111a11dc
un gouvernement el des places de sûreté ; il
répond que la meHlcure place de sûreté pour
un fils de }'rance est le cœur du Roi. Les autres
princes, les ducs, tout ce qui fa it ligure, les
factieux repentis, les fils de facl icux , il en
Yeut faire sa compagnie, les occuper, les amuser, les tenir. Il n'y aura plus dans le royaum e
qu 'un lieu d'assemblée. le lieu d'assemblée
du Roi, « la Cour 11 . Celle Cour, modeste au
début, encore un peu librt', elle sera ordonnée par lui jusque dans le dernier détail ,
elle se mou vra selon des rites, sur1•eilléc par
lui qui notera les absences et condamnera un
homme par cc mot : &lt;&lt; C'est un homme que je
ne vois pas. » La Cou r grossira très \'ilr. S'il
avait pu, le Roi yaurailappelé toute sa noblesse
à servir et contempler sa personne. Parmi
ses premier actes, il se loue d'un changement cc où Loule la noblesse de on royaum e
a1·ail intérêt », cl l'on croit qu'il 'agit
d'uuc très grande chose, et il dit seulement
qu'il n'est pas satisfait du recrutement
des pages de on écurie : de gen de qualité
ne prétendaient pl us à ces places, parce
qu'on y arail admis des roturiers cl que le
pag&lt;'s Lroul'aicnl difficilemen t l'occasion de
s'approcher du Roi. li a donc pris la p&lt;·inP
11 de nommer lui-mème Lou les pages li , dont
il a doublé Ir nombre, cl il aura soin qu'ils
aient l'honneur de le Yoir t'l de le ervir.
La distribution des gràccs est un des rnoyrns
de gouvernement qui lui emblenl le plus
efficacrs. Une des premières cbo es qu'il dit
à ses ministres, c'est que 11 tout ce qui était
gràce » dcl'ail lui èlre « demandé dircclcnwnt» .
li C'Sl C&lt; important. pC'nsait-il, d'rn faire la
distribution mûrement el même d'en prrndrc
conseil ». li était un maitre en l'art de donner.
Com111c le comte dt• Béthune cherchai t de
l'argent pour payer la charge de chevalier
d'honneur de la Rrine, il lui envoya&lt;&lt; six mille
louis d'or de sescasst'llcs el lui fitdircqu'ayant
appri qu'il avait recours à se amis, il
s'étonnait qu 'il ne l'eùt pas mi decc nombre» .
Surtout, il veut qu 'on sache bien que c'est lui
qui donne. Aucune occasion ne lui parait petite
de cr&lt;.~r une obligalion enl'cr lui. Pendan t la
guerre de l:loilandc, une taxe sera imposée sur
les maisons des faubourgs, mais il en esl qui
appa rtiennent aux hôpitaux, el le Conseil est
d'aris de les exonérer. Le Roi, consul té,
ordonne la décharge, cl il ajoute : &lt;&lt; Dites-leur
plus tot que plus Lard. de manièrc qu'ilsm'cn
aieul obligation. » li ne dédaigne les hom111ages de personnr. En 1664, il a donné audience
à Fontainebleau aux marchands de Paris.
Apr1~s qu'ils se sont rrtirés, il leur lait dire
pendant qu'ils sont à table, que « s'il ne
s'était pas trouvé mal, il aur ait été boire aYec
eux. » Il lui « plait fort 11, écri t-il, que Colbert ail demandé aux marchands merciers de
« faire des prières dans leurs communauté ·.
pour remercier Dieu de leur aroir donné u 11
si bon maitre 11 .
L'idée d'un Roi uniYerscl bienfaiteur el
patron, est exprimée dan une page préparée
pour les Mémoires :

�111STO'RJ.ll -~__!..--~-_:__-

----------~

rfi
• Tous les yrux sont allaclu's sur lui ~rul ; ,··cs.l .â pciur. C•• qui nous oc,·ur,r c,l.tfuPl•11wfui, moi,~, ,ti\~~
lui •t•ul que s'adrrssPnt Lous lrs ,·œu~ ; lm seul l'C!;O•l ·ï1 que ,·r qui 11011s amusrra,l ,r11lr111r11I.... 1nul
Lou~ l1•s rrspects, lui seul rsl l'objN de tout.rs _lrs ' 11~ ,•si le plus ncressnire 1, cr travail c,l ru mèn~c
cs1iéra11ccs; on nr poursuit. on n'attend' on.ne ra_,1 r1r11 ~m&gt;, agri•ahle; &lt;·ar c'est, en un mot. mon fil-•. arn,r
que par lui seul. 011 rrgarilc srs bonnr, grar~, &lt;.?mm~ tes !-rux oll\ rrls sur touh• la lrrrr, appr1•1111 •·r wces•am~nrut lrs uoul'rllcs de loutr, lrs pro, 111,·es ri dr
la srulc sourco d,- Lous lrs hirns: 011 nr croit s ,•lcvc,
qu'à mesure qu'ou s'approdir t!r. M prr,01111r ou ,t.• ioutr, fr, nation•. fr ,rm•t de toutes lrs cours,
l'l,umrin· ri te faihlr d,• 1011, les princ,•srt ,t,, lo~,s le~
son rstimt' ; loul le restr esl stt•r1lr. •
minislrr, i-traugrrs. Nn, iul'orm~ d'un "°'.n~rc rnfin'.
Lln roi, qui til'nl toul 11' mondt• par l't•spt~ de choS('s qu·on croit que nous ,guorons, ,o,r nutou1
ranci• dans l'ohéissanc1• rl l'adoratwn, el qut de nous-m,' mrs cc r111·on nous cache n."ec le plus de
soin, di-rou,rir tes rnrs lc.s plus èlo,gnérs de ?~.
·1ttacbc toul son rornunw au culte dP sa pcr- iroprr, coui·tisans; je ne sais r,'.fi~ q~rl autre pta,.su
~onm•, n'a plus gt;l•rc dr pcim• il se dom:cr :,011s ue quiurrions pas pour cclu,-la. s1 la sculr rur,opour gou,·ernrr. Louis XI\' croit trop, t'll cflrt, sité nous le dounail. •
qu'il est facilr &lt;'l mèmr amusanl dr gouverner,
Le "o'oun•rn1•mcnl esl donc un pec~a~lr. Et
t'l c'e l 11t une dt• ses rrrcurs l1• plus gr~l'es.
].. s1irctacle élail un des grands pla1~1rs . du
C1•ttc l'rrr ur, il i·o11dra la transnwtlr&lt;· a son
'
t
" ·11• ii&gt;cl('. Les hommrs de C(' temps a11na1cn
fils :
11 ,·oir jouer les passions cl les ridirulcs sur la
•cc-.nc du théàtre par des ai:te11r.s. cl .par euxIl ne faut pus rnus ima~,i11rr que lrs affaires
•
·
·
·
cl
ollscurs
d·État soirnl commr rr r111lro1ts &lt;'pmeu, . . La ~llle·mrs partout où ils s·asscmb1aient, a 1a Cour
des sciences qui ,·ous auront prut-&lt;'lrc f?l•~c.... . ou i1 la \'illr. lis étaienl dPs obsenatcurs, el '
fonction drs rois consiste p1·incipulrment a la,sscr agir
comme on dit aujourd'hui, dl's psycbologucs.
t,• 1,on sen~. qui ugil toujours nalurellrmrnl el san

lis n'a\'ai1•nt :r111•r1• a11tr1' chose 1, faire da11,
1•0·, s·1,•nf,:
' ' d..' le11r t&gt;héissance, &lt;111'11 se _rega.rd Pr.
Lrs mémoires. les corrrspondanet•s lt•mo,gneuL
de l'ao"'rérncnl qu'ils )' trou,·air nl. Ph1s.g;and
1 1
la le du 1101 etanl
étail l1• plaisir ro)·a • t• ~pt•c C .· : .,
plu, ,aste : il l'mhra~sa1t loules 1rs pro\111_u -..
toutes les nations, toutes les cours: tous lis
princ1•s cc toute la trrrl' Il . Louis XIV Ill' SI'
lassa il P'a de rcgardt•r l'l d'écoutrr. Perso'.1111•
d
Il )Cl trs
n·a été plus que lui curi1•11_, ~ nom·~ ~ 1 '. :
el arandes. Or, il rsl vrai qu un roi do1tb(',l'.'.
coip regarder cl s'informe~l!caucoup, ct.qt'. •:
fait bien de préférer le pla1s~r. de sa c·~•_r,os'.~~
à &lt;c je ne sais qur l autre pla1 ,r &gt;&gt;; m~•s paict
que la curio ité de Louis ,XI\' n'a pas dcCOll\~'rl
&lt;iuc les affaires de.' rn.~t ont, comme.. t'.s
sciences des endroits cprnr ux el ob cur "· ,1
faudra, 'au déclin &lt;lu ri•gnc, pleurer tous l1•s
'J .
d grosse
soirs chez madame de ., arntenon,. r .te qm~.
larmes d'hiver' qui sècheront morns v1
cellt•s du printemps.

(A sufrr e.)

E RN EST

LAVISSE,

.te l'Académie / r arrçaise.

Savalette de Langes
par O. LENOTRE

Il
L'homme- femme.

,le terminai • lors de sa prc~ièn• publiCt'.Lion, par ce poinl d'inlcrrogat10~1 la mysleriruse histoirr de crl inconnu. ~•en q~c. plu~i&lt;'urs pcrsonm•s m·cu ·cnt as. ~re q~c I emgn~e
était assez allacbante pour mer, ter d èlr: é~la1r. J··étais, 1iour ma parl,
CIC,
. forl
, .cmpeche de
.
résoudre le problème el JC n avais .aucun r,poir d'y parl'cnir en dépit de c~rla1ne communications, inlérc santc ' mais rc tées, i1 dessein, pcut-èlrc, - as ez vagues, que
m'adressèrent quelques corr~spondants complaisants. Mais le hasard, ce dieu que les ~urr
teurs devraient adorer à genoux, a pri a
icine d'in tervenir cl m'a mi en m~sure ~e
lever le masque que l'étrange ave~t~mer avait
i·ru sceller à loul jamais sur sa vpr1table personnalité.
•
Rien ne m'empèchc de suppo cr, 1amourpropre d'auleur aidant, qu'un l~è grand
nombre de lecteurs allendcnl anxieusement
crltc révélation ; le autres p_rcn~ronl pe~~èlrc plaisir à parcourir ce ccnan o de la ne
de « celte bonne madrmoiselle de .La~ges »'
.
s·, 1i·1en posée dans. la soc1éle. royas,. pieuse,
..
liste de la Restauration, qui , par deux IOJs,
fut demandée en mariage, dont les bans furent
mème annoncés, que ton les gournrncmcnts,
depuis Louis XVIII jusqu'à Napolt:0:1 Ill, p~nsionnèrenl commt' étant la fille d un ancien

banquier du Trésor royal, el qui SC' trouva
ètre un homme lorsqu'd/e dé~ d~ da~ un
taudis dr Versailles, an qu'on ail pm~,s pu,
sur les motifs de ccttr imposture cm,-s.éct~lairt', aventurer même unr hypothèsr q111 ail
le srns commun.
Le malheur e l que l'anecd.ote. chevau~hc
sur la frontit'.•re qui sépare l'h, lOJre dr l m~
discn:1ion cl l'on comprendra la r~s?~'·c q111
m'obli"e à n'indiqur r que par des ,mt1ales la
plupart dr noms qui m'ont été ]il'rés. ~eux
qui savent. - il l'en a. -:- se~onl ~culs Juges
de l'autbmticité du rt'.-c1l; Je rcclamc des
autres un crédit de confiance.
.
Donc, en 1792, l'ivail à Pari un _cer~·un
M. • arnlelle de Lange ' frère ou cousm d. un
banquier du 'l'ré or royal, ~ui, a.u: prem1e.rs
j ours de la Révolulion, avait prele sepl rDlllion aux frères de Louis XVI. Cc ava~el~e
était veuf el a\'ail une fille, Jenny, alors a~ce
de douze à quatorze ans. Rien ne le relcna:l à
Pari ' cl commr, à l'égal de t?us ~eux qu un
nom à tournure nobiliaire dé ,gna1l au~ rancune de la populace, il ne s·y trouvait pas
en ùrcté, il ré olut de lai er passe~ le gro
de l'orage ré\'olulionnaire el se retira, avec
sa fillellc, à Ver ·ailles, en . atlcn~~n~ des
Lemps plus calmes. Ma.is Versai lie~ n ela1l pas
moins agité que Par, ' el, aprcs quelques
emaincs de séjour, M. Sa,·alellc résol~t d~ se
réfugier en Bretagne d'où l'on pourrait, _s,. l_a
prudence l'exigcail, pas er lac,lemcnl a I t,'trangcr.

Le père cl la fifü, se mirenl en rot'.lc i1
petites jourm:l' . A. l'un~ de. leurs p~em1èr.1•s
étapes qui poul'a1l bum elre Orlrnn~, ils
firent,' à l'auberge, rencontre d'un _JCU~C
homme de manière élégantes, d'espr1l vif'
cberchanl fortune el très dé ireux d'aventurPs
lucralil'cs. Nous l'appellr rons B.. :• . ~ur la
facilité du récit, bien que cell~ u11t1ale Ill'
soit pas celle du n?m, au~hcnt1quc ou en1pruntt:, sous lequel il se pre enta.
.
B... ' l'oyant l'embarras où .se lrou,·a,cnt
Sal'alcllc rl sa fille qui ne sava1cnl trop vc~,:
quel but ils c dirigeraient, 'offrit à les guider' se Larguant de connaitre à fon? la BrcLaane d'oi1 il était originaire el se faisant fort
de° conduire les fu 11itifs, sans malc?co~t~e,
jusqu'à aint-?Ialo l'l , de là, si besom. eta1l.
aux iles angla, c . Sa,·alc•tte ~ccepla a1ec rt'connais ancc cl l'on se mil en route. En
quelques jours on atteignit la cote : sur _tout
le parcour , B... al'ail adroitement aplani le
difficultés résultant de l'absence de pass~p?rls
el de la surrnillancc que certaines mu111c1p~li lé excrçaien l sur les voyageurs : son habileté à c lircr des mauvais pas, son aplomb.
sa faconde mème in piraient la co~fian~• .1:'.
pl us grande à al'a lette dont la pusil.lan,m11:l'
s'accommodait fort d'un compagnon s1 dclnrr.
ainl-)lalo étail encombré de nobles br1~
tons cl de prètres réfractaires tout prèt a
passer la mer pour échapper ~u cataclr •~_,,
politique qu'il était, dès lors, facile .~c prcv~11.
Au nombre de cc postulants à I em1grat1011

"-----------------------------=------- 8.JIVALETTE DE LJNGES - -..,.
~1• trouvait ~Ille Jean11c-Fra11~oi~e dc T.. .. ... c,
Le Lcmp pas a pourtan t, &lt;'l les ressource
prr que enfant r ncore, \'Pnue de Bas e-Bre- de ~I. arnlelte 'épui aien! d·autanl plus vite père si quelque hasard l'instruisai t du hontt•u~
tagnt•, sous la conduite d'un l'icux Scrl'ileur que la \'ie commune an·c B... et Jeanne- métier auquel 1•llc étail réduite. Il faut dire
d,• sa famille, nommé Robin. Le marquis de Françoise lui impo ait un surcroit de dl'- que le 110m de 'I' ....... c comptr parmi b
T....... c, père de celle jeune fille, lrès informé pen es qu'il n'al'ail pas préru . 011 sai t com- plu beaux de l'armorial breton; l'un de ceux
dt• l'insurrection qui c préparait en Bretagne, bien devinl tragique la situation des émigrés, qui le portaient, l'oncle de J1•anne-Françoisr ,
avait pris la résolution d·ém'grcr ; mais retenu principalement de ceux réfugiés dan, l'Allc- était au nombre des héros cités de la choua11à son ch:ilt•au de Br.... par la santé de sa rna"ne du ~ord : ils étaient peu sympatbi11111•s neric : clic le connai sai t comme un de cr ·
hommes pour qui l'honneur du nom c t cbose
ft·mmt• qui était sur le poinl d'ètre mère, il à la population, traités souvent en "a11abond
acrée et la malheureuse Il' Yoyait en pensée,
a1ait ordonn6 à Bobin de prendre les derants méprisabb: la loi française leur f(•rmail à
l'n compagnie de Jcanne-Françoi e, el d'aller tout jamais le portes de la patrie l'l les dt:cla- tra\'crsant l'Europe, pour wnir l'immoler . ur
-'t:tahlir à Plnnoulh où il l'iendrail le re- rait Mchus dt• tous leurs droiL~..\prè a\'Oir le corp de son indig1w amant. Mai la Bé, ojoindre av1•c 1~ marquise dL•s que la santé de vécu d'abord as ez largement, Sa"alelle cl lution s'éternisait, le Din•ctoire arail succédé
à la Conl'cntion el la situatio.1 des émi~ré 11c
Cl'llc-ci lui permcllrail de pr1•ndrc la mer.
ses compagnons connurent d'affreuse mi'\ l'hcltel où le hasard lt•o arait réunies, sères : ils habitaient pèlc-mèle une orle de s'améliorait pa~. )Ille de T....... c, aprt'.•s aYoir
gémi de ne pouroir rentrer en France, espt:.Jeanne-Françoise de T....... c l'l Jenny avacave, couchant sur des chiffons entassés; par
ll'lte de Lang&lt;•s se re11c·o11trt'.·n•nt, cl la parité surcroit de malheur, une épidémie se déclara : rait bir n, mainlrnanl, que les circonstall&lt;·c·s
d·àge les lia. H... s'occupait acliH•menl à pré- M. Sal'alettc, allcinl d'une fièl're putride, l'en tiendraient pour toujours éloigné!' el clip
parer le passage dt• ses compagnons cl le mourut, foule de soins, aprè quelques jours s'était résil,(néc il mourir loin de la Brc:agne,
sans qw• l1•s siens entcndissm l jamais prosit•n, car il s'était dt:cidé à les suirrc : il
de maladie. Le · deuxjeune filles ellr -mèmes,
noncer son nom Pl c•usscnl &lt;·onnaissance dr
s'aboucha al'cc le patron d'un nal'ire étranger
seules dé or mais a\'CC B... , fun•nl alh•intes son déshonneur.
qui, moycnnanl 1111 hon priA, s'engageait à
par le mal. Mlle a1•alcllc, hant,;e par le souLr eoup de th1:,\tn• de brumaire vinl Loul
le conduire à Plymouth. Savalclle et sa fille,
venir des sommes énormes que son parc11t, le
cbangcr: b n•lations se renouèrent rapicleJeanne-Françoise Pl Robin, l'mbarquèrenl
garde du Trésor royal, avail prèlées au comte men l entre les émig-rés et la France; on res&lt;lonc cnsembl1•, ainsi que 8... qui 'était
d'Artois , s'indignait dl! l'ingratitude drs
pira, on se recon11ul, on put échanger dt•~
institué le majordome de la petite troupe.
frères de Louis XVI, auxquels son père s\itait nouYellrs : la famille de T....... c, qui n'a l'ait
.\pri•s quarante-huil lwurcs de Lra1·crsér,
adressé maintes foi sans pouvoir en obtenir
comme la &lt;'&lt;ile anglaise n'apparai ail point, un ubsidc. Sur Ir cofüeil de IJ... , elle écririt pas quitté la Bretagne, prit des informations :
on commença à 'inquiéter ; le patron du aux princes, leur peignit son déntwment, im- r lle apprit hientot que Jeanne-Françoise était
il llamhourg. lJnc dame de X... se chargt•.t
halt•au, - un Allemand pa~·{, d'avanre, plora d'eux un srcours d'argent : mais la lettre de ramener à la maison paternelle la jcurn•
avoua a.lors qu'il lui rtail impossible, pour
resta sans réponse; une• ccondc rcquète n'eut fille donl le nom, apri•s quelques dérnarchc•s.
des raisons qu'il exposa, d'allt•rrir en Anglcpas meilleur succè · el la malheureuse orphe- l'Cnait d'ètn• ra~é de la liste de émigrés.
!t•rre ; son port d'attache étail Uambourg, r l line mourut à son tour, ne cessant de répéter
B... avait cru prudent de disparaitre ri
1·'cst vers Hambourg qu'il fai ait ,oile: il
dans son délire à on amie JeannP-Françoise :
assurait d'ailleurs que srs pa sager trouve- &lt;c 'oublie jamai que le comte d'.\rtois m'a Jeanne-Françoise q11illa donc Jlambourg ; ellt•
raient là mainte occasion de gagner Plymouth . laissée périr de mi ·ère et qu'il doit sepl mil- rel'int en Bretagne, et l'on pense bien qu'elle
lit i1 ses parents confidence d'une partie scu)1. de avaleur, que rir n n'auirail en Anglelions à ma famille!. .. »
lr mcnl de es al'entures. Elle s'était condawtPrrc, prit facilt•mrnt son parti de ce retard
Jeanne-Françoi e ne succomba poinl à la
forcé; 8•.. jura qu'il dépo erail, en arrivant maladie, mais elle demeurait ab olument ·née cllc-mèmc il expier a faute dm.; la olilude et dan la retraite; mais les années
i1 Hambourg, une plainte au conseil de la
ans ressources, cl 8 ... , qui étail bom1m, s'écouli·renl, IP eauchemar •rffaça; son
Hanse, et finil par sr résigner à son lour.
d'expédients, peu gèné par les scrupules, ima- temps d'émigration et &lt;le misère lui paraisBobin seul, lrè ému de la responsabilité
gina qu'il lui :.erail possible, bien qm• Jenn) sait si bien condamné à l'éternel oubli que,
r1u'il encourait, terrifié ~l l'idée qu'en arrirnnl n'exi tàt plus, de recouvrer 10111 011 partie des
à Plymouth, M. et Mmr de T....... c n'y trou- sommes dut's par la famillt• royale aux SaYa- cédanl aux prières de a famille, craignant
, eraienl pas leur fille, voulul obligi:r le capi- l&lt;'ltc. Il écrivil lettres ur lcltrrs qu'il signa pcut-ètrc que son obstination à 'isoler n'él'cillaine à tenir e~ engagements ; unr explication du nom de Jenny el qui, pour augmenter les 1:il c1uelque soupçon, elle consentit à se marier:
r llc épou a, en 1810, le comte de ... .. -IL ...
des plus vives s'ensuivit ; le ,·ieux Breton fut chances de succè , élaicnl ccn ées adressée
La nou\'Clle comtesse de S... .. -R ... . était
pris d'un accè de rage qui dégénéra en fièvre aux prince , non plus seulement par 111w
chaude. A peine ful-on débarqué qu'il dul parente, mai par la fillr mème de l'ancien citée comme 1111 modèle achevé de toutes les
s'aliter ; trois jours plus lard il mourait dans garde du Trésor royal. Celle supcrcbc1·ie de- \'ertu . Cc qu'on arnil de ses malheurs passés, sa piété, l'espèce de résignation inquiète
une auberge d'.\ltona.
meura san ellet. Mlle de T....... c, qui n'en qu'elle apportait à la pratique de la vie, sa
.lcanne-françoise de T... .. .. c re la donc al'ail pas été în truite, étail ur Il' point de
st•ule avec 8 ... , :Savalellc et Jennr. Ceux-ci se mourir de bl'soi11 ; lanl de malheur l'al'ai1•nl haute ituation de fortune, lui allirail d'unalrouvaicnt bien 11 Hambourg cl ~ di posaient accablée ; clic se lroul'ail sculr, loin de sie11s, nimes bommagt•s : clic consacrait la plu:i, s'y établir. 8 ... se chargea de faire connaitre dan la dépendance• d ·1111 arcnlu ricr, trop grandc part de s011 temps aux œul'res charii1 M. et Mme de 'l'..... .. c le lieu où était leur indolente pour ne pas nbir son influence : tables, s'intércs anl particulièrement aux fillri.
lillP; mais, soit qu'ils cusseul déjà quillé leur ils vil'aienl ensemble, dans cette promiscuité repmties, el son renom de sainteté grandi sait
chàtcau, soil que la lcltrc ne parvint pas en qu'impose la misère: le dénouement étail chaque jour.
L'Empire tomba ; les Bourbons revinrent et
Bretagne, 011 n'obtint d'eux aucune réponse. fatal: elle devint sa mai'Lrcs c .... Qu'exigea-l-il
la
résurrection de l'ancienne F'rance accr11t
La jeune fi lie e ré igna donc it ri rre arec le
d'elle aprè a chute? Pou sa-t-il l'infamie encore la ituation de lime de S.... .-Il .... :
compagnons que le hasard lui ara il donnés : jusqu'à faire de la pall\ re fille on gagnel'ile élail, il laul le dire, d'une nature indo- pain? La suite du récil emblc répondre 1, ces elle comptait parmi les assidus de la petit!'
lente cl passive, cl B... a surail d'ailleurs que questions, encore qu'aucun témoignage au- cour ultra-blanche du pavillon dP Jlar-a n el
son intimité a\'eC la ducbessr d'Angoulèmc la
t·Pci durerait peu et qu'on ne tarderait pas à
tbctique 11e vienne, on Ir rompr!'nd. confir- classail parmi les haute pcr onnalités de ta
rl'nlrcr en France. C'étail l'illu ion commune mer ces suppo~ition .
société royaliste de Paris oii clic habitait, a,·ec
i1 tous les émigrés dont llamhourg regorgeait
Pourtanl Jeanne-Françoise al'ait conseit•ncc
cl qui s 'allendaienl chaque ma tin e11 ouvrant de sa déchéance : c1 elle n':1bdiquait aucun de son mari el une partie de a fa mille, un v:istt'
les gazettes à apprendre que la Bévol11lio11 se, orgueils de famille ", &lt;'l elle se prrn ,il i1 ho lei itué rue de la P .... , dans le q uartit•r
du Marais.
1:t~it terminée.
trembler en songeant au désespoir de son
Un jour, - c'étail en 1815, - on l'al't•rti l
0

�r-

111STO'l{1.JI

11u'une femme, d'exLéricur modeste, dcmandaiL à lui parler. L'hotel de S..... -R .... étaiL
trnp largcmcnl ouverl aux malheureux pour
que le faiL eùl lieu d'étonner la comtesse qui
donna l'ordre d'introduire la ri ·itcuse. Elle
vit entrer dans son salon une femme cr grnnde
cl sèche, portant un tour de chcl'eux cl des
brides de chapeau très garnies i&gt; qui dissimulaient les contours du l'isage. L'inconnue se pré~enta humblement ; mais dès qu'elle fut .cule
al'cC ~lme de ..... -R .... , elle leva son voile.
- Ne me reconnais-tu pas? dit-elle.
)Ime de ..... -R .... balbutia .... Son mau1ais rève renaissait : le pcr onnagc qui se
troumil dernnl elle était B.... B... travesti en
f1'lllme, 13 .•• arnnl transformé son allure, son
maintien cl ju;qu'à sa voix, devenue cr aigrc1!'1 te el cassée ». B... , méconnaissable pour
tout autn•.... Toul de sui Le il posa son rote :
- Je uis. dit-il, la l'ieille amie d'émigration. Jenny SaYalelle de Langes.... Tc rapp1%•s-tu?
Si )lme de S..... -11 .... cùL trouvé la force
de répondre. elle eût répliqué que .Jenn) t: taiL
morte dans ses bras, il y arait quinze ans
dt;_jà ; mais elle restait muclle de stupeur il la
\LI C du spectre de ses annfrs hon teuses cl ·1•
$Cillait devenir folle d'angoisse it la pe1mie
d1•s menace ous-cntendues dans les quelques
mots que so:i aneil'n am.111L venait de proférer.
B... , tran1p1illt•111enl, exposa sa combinai,on : depuis que Jeanne-Françoise l'arnit
quiLté à Hambourg, il al'ait connu bien des
rt•i·ers, souvent sa pcn Je était allée vers la
j!'une fille à laquelle il al'aiLcru son sorL lié
pour la l'ie ; il était rentré en France et s'était
li xé à Paris dans l'espoir de la reneontrcr. Il
n'arnil pa . oublié non plu' les allusion:, ~i
souvent répétérs par Jenny Sa,·alcllc aux
millions empruntés jadis par le comte d'Artois
t'l il ne dé-espérait pas de tirer parti de celle
vieille histoire. S'étanl assuré, disait-il, que,
de la famille Savalelle, urvivaicnt culs des
parents éloignés ou qui n'avaienl aucun Litre
à la succession de l'ancien garde du Trésor
ro_ral, il arnil imaginé de e présenter aux
princes comme étanl la descendante directe de
leur créancier. Le succès était certain si nnc
pt'rsonnc autorisé(' el bien en Goul', comme
l'était Mme de .....-R .... , con entail à atteslt•r son identité el à l'appuyer de son influence.
li fit comprendre. au reste, qu'il n'avail rien
à ménager el qu'en cas de refus il n'hésiterait
pas à faire naitre un épouvantable scandale
qui poul'aiL lui devenir de plus lucratifs.
La malheureuse femme se sentit perdue :
die courba le front, et. pour sau,·er l'honneur
du nom qu'elle portait, elle promit....
Telles nous onl été ré,·élées les circonstances
qni amcnfrenl l'intrusion de la fausse SarnlcLLc chrz )lmc de S..... -R ... ; de ce jour
commença pour la paul'rc femme un supplice
dont chaque heure avil'aiL la cruauté : elle
était condamnée à l'O ir toujours roder aulour
d'elle le fautomc du passé rru'elle aYait cru
morl depuis tant d'annfr~. Sa faute, si soi-

gneuscmcnl cachée à to.1s, si oubliée d'ellcmème, sa faute prenait corps el se mèlait à sa
,·ic del'cnue un mensonge de tous les instants.
Il lui fallut tromper ceux qu'elle aimail, leur
présenter l'odieux personnage, vanter ses rnrLus, le recommander, faire valoir ses tilres à
la reconnaissance cl à l'alfeclion des siens,
tremblant sans cesse qu'un hasard fatal l'int
dél'Oiler l'imposture dont elle se rendait complice.
L'intrus jouait d'ailleurs son rùle al'eC une
habileté déconcertante : il avail pris de la
femme les allure , les manières. la tournure
l'L aussi les habitudes l'l les occupations : il
façonnait. non sans art, des bonnets de dcntr llc cl des menus ounages de broderie; il
parlait snvamment cuisine el ses recettes d'cnlremets étaient lrè demandées : cha&lt;Jue jour.
il courait les bureaux de placement, cherchant
des bonnes, procuranL aux :personnes pieu es
de ses relations des ser,·antes sùrcs qu'il
dressail au serl'it&lt;'. Il s'était instruit de généalogie el parlait en personne cxprrte cr des
tenants cl de aboutissant des familles nobles
tlwz qui il fré11ucntaiL ». .\[ème il n'était pas
exl'mpl d'un peu de coqul'Llerit• décent&lt;' el
plaisantait r1uclqucs amoureux qui. ,·ers se
S(•ir.l' ans, lui avaient adressé des billets doux.
SOii:(llCUSl'mcnt conscrl'és cl montrés à propos.
1,·&lt;'nlonr,1g-c de )lm~ de S..... -11 .... traitait
Mademoiselle StuJctlelle, - nous lui laissons
te 110111 usur,,t'. - eu parente quelque peu
susceptible, mai~ pétrie d'indulgente. Comme
son risagc piquait un peu. lrs rnfants l'appelaient tante Barbe. EIIP ~11pporlait palirmmcnt toutes les petites :irnnies qu'on m• lui
ménageait pas. Cdce au crédit de .\lmc de
S.... -11 .... , )Ille Sarnlettc obtint successi,·cment, outre une attestation officielle d'identité, une pension du roi Louis XVIII et une
au tre du comte d".\rtois. auxqucl elle n'a1·ait
pas manqué de rappeler ll•s services qu':waicnl
jadis rend us &lt;1 se ancètrc &gt;&gt;; on lui octroya
la gérance du bureau de po te de Yillejuif,
puis un confortable apparlemm1l au château
de \'crsailles. Chacun s'ingéniait. d'ailleurs, à
renir en aide il celle bonne royaliste « qui
avait élé si malheureuse u, cl que chaperonnait la sainte Mme de . . ...-R ... .. A cette
époque, avoir soulfcrl de la Révolution était
un titre qui primait tous les autres el qui
valait les meilleures recommandations.
Mais s'imagine+on les tortures morales
qu'éprom·ait )!me de S.... -R .... , forcée de
trafiquer ainsi de sa con idération. de sa noblesse, de la situation de son mari? Elle se
trouvait en présence de cc dramatique dilemme : 1-él'élcr le secret qui l'étouffait cl
sacrifier, par celle révélation, l'honneur cl le
repos de Lous les siens. ou se dégrader cllcmème. il ses propres yeux, en SCt'ondanl par
son sill'll('C le misérable qui l'exploitait avec
un si audacieux cynimw. Ce supplice fut-il
au-dessus de ses fo rces cl prit-r llc le p:irli de
faire - sinon il son mari. du moin~ à quelque
conseiller moins directe1m 11t intért'ssé - confîdcnce de son martyre? C(•rtains fai ls nous lt•

donnent à penser : un jour vinL, en effet, oil
la façon d'agir de la famille de
-R .... il
l'égard de Sa 1·alctte se modifia très sensiblement. On l'élimine discrètement; peu à peu
les portes se ferment ; les lellre qu'on lui
adresse dcl'ienncnl plus brèrns el plus sèches :
il semble qu'il e L démasqué, qu'on ne le
craint plus. On ne le livre pas à la justice car
c'eût été rendre public le scandale; mais on
le repousse, on l'évite, il est désarmé par la
complicité Lacile de l'entourage de sa victime :
ce pacte de silence et de dévouement conclu
pour saul'er l'honneur de la noble femme est
une chose quasi-sublime el qui montre à quel
point elle était aimée. EL c'est alors que commence pour SavaleLte celte existence d'inquiétudes continuelles, de déménagements h~Lifs :
il quille Paris, se terre à Versailles, ne l'oiL
personne: cl, quand il meurt, quand l'alll'~tation des médecins révèle son véritable sexe,
quand arrive à l'hôtel deS .... -R .... la dépêche
de )1. de 8... annonçanl l'effarante nouvelle :
- Langes était un homme! nul ne s'émeut.
personne ne réclame une encruètc, Lous s'oli~tincnl à se tairr, par rc~pecL pour Mme de
S.... -R ... , qui a l'ail tant cl si i11justcnwnl
souffert.
Cet exposé de faits a un grand défauL :
celui de n· ètre appuyé d'aucune preuvr.
Quelque points de repère permellrnt ccpcndanl d'assurer qu'il s'adapte de façon très
satisfaisante au peu que l'on sait de la vérité.
Du reste, réduite à ces proportions, la
chose n'a plus qu'un assez médiocre inlérèt;
cl l'oilà qui nous ferait tenir ce réciL pour
parfaitement authentique. La légende de
Psvché csl une belle légende; mais bien
qu\ille soit Yieillc comme le monde, elle n'a
jamais servi de leçon à personne : les humains
sont tourmentés du besoin de savoir, encore
qu'ils soient bien a l'ertis que le plaisir ne dure
qu'aulanl que subsiste le mystère cl qu'il se
dissipe arec lui. Cette hi Loire de Savalclle.
telle que nous l'a,·ions contée naguère, sc•mblail si énigmatique, si grosse d'inconnu, si
opiniùtrcmenl impénétrable. que l'imagination
y trouvait ses ai es et pournit y atisfoire
toutes ses fantaisies. Chacun la brodait il sa
guise ; cet homme-femme était pour les uns
Louis XVII, pour les autres un personnage
compromis dans quelque sombre intrigue
politique : on s'accordait à voir en lui une
auguste victime de nos révolutions ou un
grand criminel que, pour des raisons inconnues, tous les goul'erncmcnts ménageaient:
un héros, à coup sûr, un héros lamentable ou
tra!(iqur.
Jlélas ! une lueur brille el le héros s'évanouit : il ne reste plus qu ·un assez banal
gredin tel que les fails divers nous en prrscntent quotidiennement sou les rubrique, :
Un habile escroc, ou : Les e:cploits d' 1111.
avenlul'ier. 1&lt; Qui était-ce? » est un mot
rempli d'aLtraits lll)'Stérieux cl auquel on ne
devrait jamais répondre: somme toute, il l':t11l
mieux ne pas a l'oir : la lampe de Psy('hé
n'éclaire que des déceptions.

s....

G . L E OTRE.

B ATAILLE DE F ONTENOY I bl

'

'

•

a eau d IIORACE V ERNET. - (llfusée de Versatiles.)

Clich~ Braun, CMment et c••.

Louis XV et Madame de Pompadour
PAR

PIERRE DE NOLHAC

CHAPITRE PR.EMIER,
Madame Le Normant d'Étioles.
(Suite.)
_Jladamc d' Étiolcs et sa mère avaient à Versailles un accès singulièrement aisé el qui
leur permellait de se passer de Bachelier et
de ~e~el, les premiers valets de chambre,
aus~• 1~•en que de M. de flichelieu, conseiller
0rd111 a•r~ de Sa Majesté pour les affaires de
s011 caprice. Le sieu1· Binet, premier rnlet de
l'hambrc du Dauphin, qui avait la surl'ivance
de Bachelier, tenait par un tien de famille aux
Le XormanL. Aucune introduction ne valait
C('lle de ces ~ens du service intime, hommes
de confiance, importants et discrets, d'ailleurs
co_11Yena_blcment apparentés el que le Roi finissai t l0UJ0Ur par anoblir.
, ~i•~c~ne semolc pas a,·oir jotll:, de propos
d; l1bere, le role que la chronique attcsLe pour
d autres valets de chambre de Louis X\' et
l'amitië donl l'honorait l'austère "OUl'ern~ur
du Dauphin, le duc de Chàtillo~1, semble
assurer ttu'il n'étaiL point homme à prendre

l'initiative. de certaines com,Jlaisances
. il
(
. .li ais
tend, ajoute-t-il qu'il fut 1·1 ,
app~ocha1L J~ Roi Lr~p sou l'Cnt el de trop prrs ·
.
'
,
' a que1qucs
pou1 n_e pas etrr en elaL de rendre les scn•iccs Jf urs,_ a un bal en mas11ue da~s la ville de
On a mème tenu • à cette occa,1on,
.
que_lu 1, drm~n_dait sa jolie cousine. Et pour- \ rrsaillcs.
t
qu~
qucs
propos,
oupçonnant
qu'il
pourait
r
&lt;1uo1 n ~u_ra1t-il pas favorisé ses ,·ur ? ,llam·o_1r
qu~lqucs
projets
de
oalanterie
et
'1
•
•
damed'E_t1oles n'avait-clic pas à sollicite;· pour cro1L a ·o
,
"'
'
on
. ' , ir remarque c1u 'il da11sa h'1er a,.C'c 1a
s~? ~~r1 une place de fermirr général, et
memc
personne
dont
on
a,·ait
parlé.
Cepenn l'lail~1I pas naturel qu'elle dispos,lt de la
seule 1110~enc_e qu'elle eùt à la Cour pour dant, c est un. oupçoo léger et peu ITaisPm~ssa_ye~ d attemdre le mai'tre? Celle rai on ~!able. L~. Roi p~raissait avoir grand désir
icr · de1· n ctre po111t reconnu · I;,a Remc
. f ut
JUSl11ia1L
les démarches aux J,·eux de l'époux , qUl·
,
.
1
?uss1,
..
ucr,
au
bal
en
masque,
et
y
est
restée
n a ·a1t, au surplus, aucune raison de suspecter
~usqu
à
quatre
heures.
&gt;&gt;
Le
10
mars
di x
la fidélité de sa femme. Ce fut, r n tout cas
Jours
après
la
fètc
de
l'ilote]
de
\''Il
'
:,
par ce~l~. l'oie el pour ces m:itifs que ma~ ([ 1 C •
1 e, a101
ue_ e_ arcme est commencé et yu'on résume
clamp d Etioles pénétra pour la première fois
les
dans les intérieurs de Versailles.
• 1Rc1dents du Carnaval , •'I' • de Luyncs rncnt1onnè
P?ur la première fois le nom d
Dès .a"anL 1~ _mariage du Dauphin, elle y da
(' lè •
e mame
l ,M IO1
es : &lt;1 Tous les bals en m
apparait, myslcrreuse encore, car il semble
Ld
, I'
.
'
asque
bit'n qu'il soit que lion d'elle, à propos du bal on onnp o~1s1on de parler des nouvellrs
amours ~u Roi et principalement d'
~
masqué donné, le 7 février, chez Mesdames
d'E . 1
une ma1
c_amc
.
'
Lio
es,
qui
est
jeune
et
jolie:
sa
mi•re
au rez-de-chaussée où logera pins tard (~
Dauphin. Le duc de Luyne , racontant cc Lai s app_clle madame Poisson. On prétend uc
d?ns son journal du lendemain, diL que le Hoi ~cpu1s quelque temps, elle est p1·esque iou~
n a pas ordonné sans intention cc dircrti •se- 1ou1·s dai~s ce pays-ci et que c'esl le ch . .
ment de carnaral chez ses filles : « On pré- que _le R~1 a fait. ~i le fait était "rai,
scra1Lnarscmblablt•mcnt qu'une rralant .
"'' , cric cl

ce::

�r--

1f1STO'l{1.ll - -- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

non pas une maitresse. )&gt; Le mari de la clame
d'honneur de la Reine est ici l'écho de son
entourage : il constate les bruits qui courent,
mais ne s'inquiète aucunement; à ses yeux,
1111c bourgeoise, quoi qu'il advienne, ne saurait être à craindre pour longtemps.
A la Cour, tout se sait, -ou se devine. Le
rôle de Binet ne tarde pas à être connu. La
femme qui vient cbez lui el qu'il a introduite,
au moins une fois, en solliciteuse, dans les
Petits Appartements, met en train la verl'e des
nouvellistes. Le valet de chambre prétend que
ce sont là des calomi1ics cc affreuses n sur
madame d'Élioles; il assurr à la duchesse de
Luynes qu'il n'y a pas contre sa parente cc le
plus léger fondement .)); qu'elle est venue
uniquement pour celle place de fermier général, qu'elle l'a obtenue et qu'elle ne reparaitra
pins i1 la Cour. Binet est-il complice ou dupe?
Croit-il &lt;[UC les choses en resteront là, ou
veut-il tout simplement se protéger contre
l'orage terrible qu'il sent gronder sur sa
lètc?
Il ne faut point croire que les amours du
Hoi n'intéressent que la chronique de l'Œilde-Bœuf ; de très graves questions s'y rallaC'hent, et' toute la politique de Yersailles commence à s'en préoccuper. Ce qu'on appelle
c1 le parti des dévots &gt;) craint une liaiso n du
Hoi, qui serait pire que les précédentes. Après
1111 éphémère triomphe, ce parti se sent mcnacéchaqucjour davantage auprès de Louis XV,
L'homme qui en a pris la direction, lors de
l'exil dn duc de Cbàtillon, M. Boyer, évèque
de )lirepoix, chargé de la Feuille des bénéfi ces, ne manque ni d'intelligence, ni de
volonté; mais l'intelligence est courte et la
volon lé Lètue. li est un de ceux qui, par leurs
maladresses, réveillent le jansénisme expirant
N jel~ent la France dans la plus fatale des
guerres religieuses. Si l'on s'en tient aux
choses de cour, l'influence de l'évêque de Mirepoix. semble moins funeste el s'exerce mème
d'honorable façon : sa parole, écoulée du Roi
pour les affaires ecclésias tiques, fait autorité
pour taules choses chez la Reine el chez le
llauphin. Il n'aime guère la noblesse, qui
encombre son ordre de cadets ambitieux, et
volontiers il soutient des prèlrcs méritants et
obscurs contre le clergé courtisan.
Les ennemis de l'évèque cherchent depuis
longtemps à le détruire dans l'esprit de
Louis XV . On l'a d'abord attaqué sur les
sentiments de piété outrée qu'il aurait inculqués au Dauphin, et que des gens comme
flichelicu traitent couramment de bigoterie et
cagoterie. Le Roi, qui a de la religion, n'a
pas paru se soucier de ce reproche. On a dit
alors que le parti Boyer se croit assez maitre
du jeune prince pour tenir ouvertement chez
lui des propos contre la conduite de son père.
Si la Dauphine montre au Hoi une indifférence choquante et répond mal à ses attentions paternelles, ce n·est point timidité ou
gaucherie de son âge, comme on le pourrait
croire; c'est répugnance inspirée par ce qu'elle
entend dire chez son époux. Le Hoi lui a proposé à mainte reprise de venir visiter les
cnriosités précieuses accumulées dans ses

Petits Appartements; ce n'est qu'à la troisième fois qu'elle s'est décidée, avec une gêne
visible, à pénétrer dans ces élégants réduits
dont on lui a dit tant d'horreurs. Voilà, diton, l'œuvre de J3oyer et de ses complices. Le
Hoi sera-t-il inscnstblc à la pensée de cette
désunion semée dans sa famille au nom des
principes de la religion?
L'évêque de Mirepoix sent fort bien qu'un
grave péril approche, non seulement pour sa
personne, mais pour les idées qu'il représente
el pour les intérèts du clergé de France, dont
il a la garde. Il a fallu les menaces d'une
mort prochaine pour obtenir du Hoi qu'il
renonçàt à une vie coupable, et encore rappelait-il madame de Chàtea uroux quelques semaines après la guérison. Une lia,ison nou,,elle n'amènerait pas un scandale moindre,
el peut-èlre en préparerait-elle de plus grands.
Celle dont on parle à présent est une femme
qui, selon l'expression de son ami Voltaire,
cc pense philosophiquement &gt;), c'est-à-dire en
dehors de toute croyance religieuse. On la sait
liée arec ce dangereux écrivain et avec d'autres, ses pareils. Il esl sùr qu'elle apporterait chez le Roi les idées d'incrédulité dans
lesquelles elle a été nourrie ; la voix de Dieu
y serait de moins en moins écoutée. Quelles
conséquences, sur l'esprit de Louis XV et sur
l'avenir du royaume, que celle substitution
d'influence !
L'homme d'église a plus de connaissance
du cœur humain que ces gens de cour, infatués de leur naissance, sûrs d'avance qu'on
ne saurait voir à Versailles une favorite roturière. Hien nes'éduque aussi vile qu'une femme
d'esprit, et le Roi, si la roture le gène, dispose de Litres à son gré. L'évèque a donc jugé
qu'il était temps de se défendre. On di t qu'il
a mandé Rinet, rendu responsable de l'intrigue, et qu'il l'a menacé de le faire chasser
de chez M. le Dauphin. « M. de Mirepoix,
écrit Luynes, nie l'un et l'autre de ces faits;
mais il comicnl, et me l'a dit, que Binet
l'étant venu tromer pour lui conter son afaiclion de ce qu'on disait contre lui, il lui a
parlé assez fortement sur les dangers auxquels
il s'exposerait, s'il y avait le moindre fondement aux bruits auxquels il ne voulait point
ajouter foi. n
L'inlervenlion du prélat produit un résultat
tout autre que celui qu'il en attendait. L'honnête Binet, averti de telle façon, comprend
qu'il n'a plus rien à ménager. Inquiet pour
sa place, il se croit en droit de la défendre
par Lous les moyens. Le Roi ne tarde pas à
apprendre qu'on se mèle de traverser ses
amours, qu'on veut soumettre ses inclinations
aux préventions de son fils et des conseillers
de son fi ls. Ilien ne peut davantage l'irriter
el pousser aux extrèmcs résolutions une volonté
qui craint par-dessus tout de paraitre conduite.
Nous entrons ici, il est vrai, dans l'incertitude; mais les dates se précipitent el suffisent
à montrer que bien des choses se sont passées
ces derniers jours du mois de mars, puisque
madam!l &lt;l'Étiolcs, qui ne devait plus reparaitre à Versailles, ne 1!;! quille pas. Binet jure
ses grands dieux que, cette fois, il n'est pour

rien dans ses voyages. Faut-il croire que c'est
par une autre voie, madame de Tencin par
exemple, que l'amour sincère de madame d'Étioles a été confirmé au Hoi? Binet a-t-il
remis lui-mème une lettre de sa jeune parente,
disant au Iloi que sa passion sera la cause &lt;le
sa perte, assurant que la jalousie éveillée d"nn
époux qui"l'idolàtre va lui faire subir les suites
d'un juste ressentiment, en mème temps qu'elle
ne pourra survivre à la perle de l\ ibjel aimé?
D'où que soit venu l'appel, l'auguste objet
a été touché, a consenti à revoir madame
d'Élioles et permis qu"e!Je revint au Château.
En même temps, l'oncle Tournche111, depui~
longtemps dans les vues de sa nièce, est entré
en scène : il a envoyé le jeune d'Étioles en
province pour les affaires des sous-fermes,
où il est intéressé, cl l'y a retenu le plus
possible. Les voyages sont longs à celle époque, cl les affaires se compliq uent aisément.
Madame d' Étioles, à la fin de mars, a Louit'
liberté pom· aller à Versailles, quand il lni
plait, el y demeurer, s'il lui convient.
cc Avant-hier, écrit le duc de Luynes le
29 mars, le Roi fut à la chasse el devait souper dans ses Cabinets; l'ordre en était donné.
Ceux qui ont coutume d'avoir l'honneur de
souper avec le Roi se présenl~renl à l'ordinaire, mais on n'appela personne, et l'on vint
dire que le Roi ne soupait point. M. le duc
d'Ayen s'était trouvé mal à la chasse et était
au lit'; le Roi y descendit et y fit porter son
souper, ou bien chez madame de Lauraguai~:
c'est cc que l'on n'a pas su positivement. )J
Ce mystère n'est-il pas déjà la préscnr1•
de madame d'Étioles? On la trouve, en efft'I.
deux jours après, assistant à la représenlntion d'un_ ballet cornique de Rameau, dan~é
sur la scène du Manège. Tout Versailles a
voulu y èlrc el les places ont été fort dispulfrs.
Madame d°8tioles, sans aucun droit it cetk
faveur, a paru pour la premiPre fois au milil'11
des femmes de la Cour. Elle se savait Pn
mesure d'affronter toutes les comparaisons. Pl
l'occasion était bonne' de les suggérer au Roi .
Le 1er avril, elle est vue à la Comédie
Italienne, au Cbàteau mèmC', où les places
sont encore plus rare&amp;, la salle de spectacle
étant extrèmement resserrée : cc Le Roi y
était dans une petite loge grillée, au-dessous
de celle de la Reine. On continue toujour
à tenir des propos sur madame d'Étioles. On
remarqua que ce jour-là elle était dans une
loge près du théàtre, fort en vue de celle
du Roi, et par conséquent de celle de la
Reine; elle était fort bien mise et fort jolie. ))
Ces indications sont d'importance sous la
plume d'un homme circonspect comme le duc
de Luynes . Le 10 avril, d'ailleurs, notre chroniqueur ne conserve plus le moindre doute :
« Le Roi soupa en particulier, en haul, dans ses
Cabinets ou en quelque autre endroit qu'on
ne sait point, mais il n'y eut personne d'appelé pour souper avec lui. On co~Linue à tenir
les mèmes propos sur madame cl' Etioles. )) Ces
lignes sont écrites le dimanche des Rameaux.
On annonce pour le samedi saint un souper
des Petits Cabinets, où l'on pense qu'il y aura
des dames el qu'on îera médianoche; on

Louis XV ET M.llD.ll.ME DE PO.MP.llDOU'J?..
désigne ~~n:ie madame de Lauraguais a1·pc
mada1!1-e cl Etwles. Les pronostics sont en dé- m~t aussi en gai_-de, non contre son mari, re,ux, de votre figure et de votre esprit 1
qu on P?urra t0UJOurs réduire, mais contre
fa~t; il n'y a qu'un petit souper d'hommes
Lres humble et très obéissant servi teur. )&gt; ' e
&lt;1u1 s'ach~ve ~ans .impré1·u . Quant aux Pàquc~ ~f~ ~1valités, .qu'elle sait nombreuses, el l'bos. Que de cl1oses en cette petite lellre de l'hal1 tte du_ parti dévot. Ce sont là les vrai~ dan~le Sa AfaJ_estc, bien entendu, il n'en saurai t rrers
q
1
'
'
b1lc
h?m~e, . qui prépare, dans la femme
o,
. m a menacent et paraissent devoir 1
etre questwn.
detru1re quand f
·
a enc.cn~ee d aujourd'hui, l'amie utile de de'
a passwn royale arril'era :,
En quel cndro~t du Chàteau le Roi reçoit-il l'i
ieure du déclin. A ce moment l'am,an't ~am, Comme s·y insinuent déjà les es; éalors ma~a~ e. d'Etioles?Nul ne peut le savoir,
n~es que fonde tout un parti sur la nouvelle
heureux ne saurait rien refuser et .'I ~ cl~
car les _rntcrwurs sont la discrétion même.
esprit avisé de saisir I'insta11t . c', Le1He~ , u_n ma1tress.e ! Et quelle meilleure justification
Le prrm1cr souprr oü iJ montre sa nouvelle ~r d L
' ·
01 ecr1t &lt;les cra111tes de l'évèquc de 'ii
. r 0n
l . c uynes, acbrte pour madame c1•1f1· 1
.L 'é . . .
11 repo1x.
maitresse, dans les Cabinets a 11·et1 le . d" le
11
mar
·
l
d
p
•
1
0
es
vo1
s
la
J
ir
ici,
dès
la
première
heure,
ce
99.
·1 · .
•'
Jell 1
. qmsa ,e ompadour, dont elle Jor-~ avr1 . Titchcl1cu se vante d'y avoir été . on
concert
~e
louanges
intéressées
et
récipropeut ! ?Ompter également les familiers' les le,.~ 1\nom ; c est une terre de dix ou d~uze ques, f(lll rendra les philosophes ,·nc1·
d
1spensap!us rnt1mes, le duc de Boufflers le duc m'. e IVl'es de rente. Ce n'esi point le co1;- bl à
es ma .amc cl~ Pompadour et fera d'elle
lrole?'.' _général qui est chargé de faire celle
d A)•en' le marqms
· de ,,'fcuse et.quelques-uns
'
acqu1
s1l10n
· 011 ne 1lll· en a pas seulement la proteclnce, 1'Egérie des pqilosophes . on
,
,
'
des chasseurs de la journée. Luynes dit peu
parle. C e~t M. de Montmartel [garde du Trésor surprend l'éveil des ambitions de ce o- '
de chose de cette réunion •• ,,,, 1'f
.
1 • de J,uxem1
ardent e_t batailleur, qui la pousse au
)Ou!·g f~t admis. Comme madame de Laura- royal] qm. fournit l'argent. '' Ainsi reparait
e~ contnbuera à l'y maintenir. lis com ptent
en
cette
c1rc9nstance
décisive
de
la
.
.
cl
1
'
guais cta1t à Paris, le Roi fit avertir madame
favorite, le nom de ces frères P' . i1e. e a b_ien, par elle, se produire plus hardiment
d
ar1s qui ont
de Bellefonds [dame de Afadame la Dauphine] t
enu ~ant c place dans l'histoire de sa famille dans l_e m~n&lt;le, monter plus haut qu'ils n'ont
po~r ~ soufer. Tout le monde croyait que le
fau-~ Jusqu'à présent cl voir triompher
Roi vien~ra1t au bal de l'ambassadeur /&lt;l'Es- del qm vont èu·c encore longtemps les soutiens
ans l'Etat, gràce à l'heureux choix du moc sa fortune.
pagne]; il y envoya M. de Lujac, exempt des
narque, leurs doctrines et leurs personnes.
gar~es, et M. de Tressan. fi resta dans ses o-'- ~u ~cs~e, ce qu_'on avait cru fantaisie passae, ~vient mamtenant, aux yeux de t
Ca?mels: et_ il _ne s'est couché qu'à cinq hem cs. oct
une Œ
,•
ous,
a. aire scr1eusc · cc Ce qui· pa,1aissa1
• "t clouCHAPITRE II
·\'y~urd hm,. il a encore diné avec madame
1
cl ~lwl~s, mais dans le grand particulier. On ne tux i y a peu de temps,. note le duc de
L'année de Fontenoy
,uynes le 27 ~vril, est presque une vérité
sa1l. pornt précisément oü clic Joae,. mais
. Je
.
0
~o~stante;
on
dit
qu'elle
aime
éperdument
le
crois ccpe~da~t que c'est dans un petit apparLo?is XV eu_t quelque mérite à ne oint
o,,. et que' celle passion est réciproque. ))
tement qu ava,t madame de 11'fa1·11y et q ...
1,
p ·
.
'
lll JOinl
se
retenir par le plaisir d'un p J
li a.1oute qu on &lt;&lt; n'ose en parler publi ue- enO'laisser
a11e
l.
cl
nouve
lS e~1ts Cabrnets. Elle ne demeure point ici
o o me_n ' quan un devoir royal l'a el
ment
&gt;&gt;
.
La
discrétion
de
la
Cour,
faite
~urde smle; elle va et vient it Paris et s' en
aux frontières. li y obéit sans h , .l PP a
la rrènc qu·· ·, 1 h .
.
l'
l • .
es, er, rem,. y , clloutIl de
. , 0
.
~nspn e e c 01x roturier
vretourne
· le soir. )&gt; Tel est le prcm1·er SCJOllr
a
p
issan
a111s1 la promesse qt1'i'l ,ava,'t 1a1te
". à
~1 o,, n est pomt imitée à Paris. Un chroM
·
, ~rsa,lle~ d_c la future madame de Pompadour'
aw·ice
de
Saxe
e_n
lui
confiant
son
armée
n,1qu~ur. bourgeois, comme l'avocat Barbier
~éJour ~m1mulé et presque Îurlif qui ne s
• lier mettre
d ordmaire frondeur el malveillant n. . ' de Flandre. li amt décidé de sa
i·eprodmra plus. Quand elle reviendra à 1~
person.ne à la tète des troupes cl,
1
de~ sentiments inallendus . cc Cette' ..xpdr1me en
.
, es que a
Cour, elfe ~era maitresse déclarée et marquise. d'J? · 1
. .
·
ma ame l ra neh,ee serait
0UYertc
devant
T
et
.\ cc meme moment, JI. d'Étiolcs a fini . _,tw es, d1t-1J, es_t bien faite et extrèmement de mener avec lui le Dauphin. Il ournay,
voulait lui
JOiie,
chante
parfaitement
et
sait
cent
petites
dl' voya_ger. On a retardé son retour à Paris
donner de bonne heure cette initiation directe
chansons amusantes monte a' che,,al ,
'
a mer- aux choses de la guerre
. eue
:enMle faisant
• inviter' pour les fe'tes dc p,aques, ve1·ne e~ a r?çu toute
l'éducation
possible.
&gt;&gt;
l
. ,
' qu ,I.1 n,avaJL
''. . agnanv1lle, près de Mantes chez M de
m-meme
que
l'année
précédente
aux
_de~111~ra1t. presque quelque fier té chez de '1 · d'V
M. de Tournehem )' 'rsl
, . s11··.0rres
·Savalellc.
•d
. venu. ren
emn,
1 pres et de Fribou 1
•rr
~cm arn a voir sa classe sociale représentée
JOlll re son neveu cl, en rerrao-nant Paris
C'était
pour le J·eune prince ,b· 1•eccmment
,
dignement, auprès du maitre, par cette per·,
c?m,~c sa femme ne s'y lroU1~ ~ lus, il lui ~ sonne
accomplie.
marie cl tendrement épris, une séparation
revéle ]~ n?uvelle destinée de la fugitive. Elle
cruelle, et pour
,
~uant
aux
amis
qui
l'ont
connue
avant
ces
. la Reine, pour 1•1
• esdamcs
a. eu, lm dit cet oncle excellent « un rroûl s·
la Daupbme
pour
une
cause
d'
l
ev~nemenls, aux familiers de &lt;&lt; 1 d" .
·
•r,
'
a armes trop'
-~10l~nt qu'elle n'a pu y résister: et, po~r lui i d'E · 1
a 1vme JUSl!uecs,
cc deux boulets' c1·1sa1·t-on, pouvant
LIO
es
&gt;&gt;'
nous
savons
leurs
sentiments
par
.
1
parti à prendre que cl C sonoer'
,i n, a d'autre
,
la lettre de l'un d'eux , égare'e da ns une cor- priver a France de son mai'tre et cle ses espéa s en sepa;~r &gt;&gt; . On prétend qu'à cette n~ur~_nccs ._». Cependant le Dauphin bouillait
velle M. d E~iol~s est tombé évanoui, puis a respo~da1'.ce i_llustre, lettre qu'il faut dater de
i~patience et sentait s'éveiller en 1 . J
ce m~1s cl avnl el qui vaut la peine d'èLI·e lu
.
m?nlré un s1 violent dése~poir qu'il a fallu de
pres :
c 111SLrnc l s m,·1·itaires
de sa race L R . l'UI es
.
lm enlever le.s_ armes; mais, qu'il ait pleuré
trouvé trop jeune l'été de n· . . c oi l' ava'.t
«
Je
suis
persuadé,
Madame,
écrit
Voltaire
fi
cl
'
r
te1,
et
on
avait
de rage ou crie venrreance c1u'il a1·t e'c 't ,
pr_o on ement _humilié en le laissant à Verfcmm
o
'
l'i a sa
ses vers sur César et· Cléo , L
e, pour la rappeler' les prières les plus qenueemoyant
ses prières L
.
.
d t
cl c, · •
pa re, dsailles, rmaigre
, .
· a vraie raison
_u emps e esar il n y avait pas de frontendres ou qu'il ait rèvé la folie cl' If 1
e ce drems eta1t sans doute le de'•1·1· quava1t
, .
rep d • V .
a er a deur Janséniste qui osàt censurer ce . d .
ren re a ersailles, le résultat est inévi- I · 1
qm Oil
aire e char~~ de tous les bonnètes gens, et eu ma ame de Châteauroux de suivre l'arm ,
~ h!e. Il est une volonté it laquelle on ne
Celle année, l'empêchement n'existait pl:::
r?s1ste pas; d'o~dre du Roi, de bon aré ou par ~ue !e_s aumomers de Rome n'étaient pas des aucun prétexte décent n •e, t
, . ,
'
fanatiques. C'est de quoi J·e
-.
u pet mis a une
vw)ence, M. d'Etiolcs devra accepte~ la ~ép'a- 1mbec1les
.
. I'
vou- macl ~me cl'Etwles
de
paraitre
aux
cam
s
d
ra1s avoll' honneur de vous entretcn,·r a t
ralwn.
· '
d' Il , 1
'van
e de~art du Roi et de son fils fut fi~é• a~
a er a a campagne. .Je m'intéresse à votre ~
v ma,.
~e role de mari exalté par la J·alousie les
?onbe~1r
pl~s
que
vous
ne
pensez,
cl
peutcramtcs
· concevoir un lei ' état
.' . que peut faire
L'événement al'ait alliré ~ , ,eisa,
. ·11es beau
&lt;l esprit, tout cela se~·Là merveillcel fort oppor- etr~ n ! ~-t-11 personne à Paris qui y prenne coup cl e monde. Toutes les " dames
titrées cu_n mteretplussensible. Ce n'est point comme
Lunement les desse111s de madame d'r.t· 1
les c?arge~, avaie.nl tenu à s'y montrer, et il ~
El! • d
r, IO es.
vieux
g~lanl
flatteur
de
belles
que
je
rous
e sa resse au cœur du Hoi et à ses scntie~t JU~qu a treize dames ayant le droit }
parle, c est comme bon citoyen . et je vo
~n_~nts de gentilhomme. Elle le supplie de la demande la permission de ,eni;. voiis d_us s asseau· au souper du Jloi L . ·11 cl
1
· ,
· a ,ci e u de-_e
.
, 1re pa1•t, I,oms
e'tal el son nom.
X
V
man11ea
au
Ce endre, de
. chanrrer
.0 son
•
un pc~1t mol a Etioles ou à Brunoi, cc mois
o
oarand couvert et.
es ,précautwns ,lm donnrront pied à la Cour
passa cl ans la chambre de la R .
Ayez la honté de me faire dire qua cl '
d' ·
eme, comme
et I amèneront a ètre cc déclarée »; elle se det mai.
• J
•
dl
a son or. rna1rc. Au petit quart d'l
cl
e ou. e suis avec respect, Madame, de vos co,11·,
l
, ,
Jeure e
( rsa wn generale, rC'mpli des insipidités

-

...

p~r::i~

r

r

f?

?

O

�1f1STO'ft1ll

______.!~--.---~~=J

d'usacre, nulle allusion ne fut faite it l'é~oti~n
o 1·ssa1·t
qm. remp
1 , les cœurs. Le lendema111,
1 D a
Beine et Mesdames furent au lerer ; a au~
ihine, tr~p affligée, n'y pul aller. On partait a
~c L heures. c1 La Beine a allcndu M. le Da~~
lorsqu'il a pas~é pour aller chez le ~01'
pll ',t ·t a' la porte du petit passage qm va
e c e a1
I'
b s'
chez elle; elle l'a rappel~, elle a em ras e
vin"t fois, fondant
en larmes. l&gt; M. de
Luynes observe que
le Roi ne s'est couché
qu'à trois heures ~t
demie : &lt;( Il aYa1t
l'air fort sérieux cc
matin· il a dit un
'
mot fort
court a
M. d'Argenson l'ai~é. mais, hors cela,
iÎ ~•a pas dit un mot
à personne, ni à ses
minis tres, ni à aucun des courtisans. ll

in

.

Le Roi gagna Compiècrne aYec des re.
taiso et contrn
ua 1c
voyage en poste. La
couchée du second
jour fut à Doua!.
Le Dauphin dorma~t
encore, quand ~OUI~
X.V quitta la Ydlc a
quatre heures du
matin. La nonl"elle
des mouvements de
l'ennemi l'appelaitcn
hàte de,·ant Tournay. U était temps
qu'ilarrivàt : l'armée
de secours commandée par le duc de
Cumberland, et composée de troupes a~"laises, hollanda1~es, autrichiennes et
hanoniennes , serrait de près les assiégeants, et lcmar~ehal de Saxe croyait
àchaque instant ~tre
attaqué. Le Roi et
le Dauphin allèrent
reconnaitre le terrain, visitèrent les
r edo utes établi es
par le maréchal
et furent acclamés dans les ca~pements.
Louis XV passa la soirée du 10 a deviser,
de ' meilJeure humeur dtl monde. Il rappela
les ,&lt;1tailles oit s'étaient troul"és en person~e
les rois de France: il ohserva qu,e, cc d?pu'.s
la bataille de Poitiers, aucun d eux. n a,a~t
eomballn arnc son fils, cl qu'au~un, _depu~s
saint Louis, n'ayant gagné ~e ?ata11le s1_g~alee
contre les Anglais, il cspc~a1~ _don_c etie le
premier J&gt; . Après cette leçon d h1sto1re, on fit
des bons mots ; on fut gai comme pendant
une nuit de bal ; le Roi chanta une chanson

fort drole à plusieurs couplets, puis _s'en fut, ment de l'infanterie anglaise el hano1-riennl',
q ui force en masses épai,ses, le centr~ des
comme les autres, coucher ~ur la p~1lle..
' .
Le 11 mai, à la petite po111Lc du JOUI', il s: lianes françaises;
eIlc pcrd des ran"S
' o· entiers
~ '
fait éveiller pour aller se rcnd~·c compt~'. .:e 1 i;ais le reste avance et repousse ~e son et'.
de l'ennemi. Le ,1cux ma1ec a rérrulier les régiments qui succcss1remenl se
d1.spos1·t·ons
1
.
L t chez
o
Gendarmes, ca.ra 1·,111·c
I 1..s, :\'orman..
'
p1·ésentenl.
de Noailles et qurlq nes oflie1crs en ren '
.
·u·l an daise,
·
r
en
ne
t
1 . r1uand il achèrn dè se botter : '.&lt; \ ous d"e llainaul brwade
0
1 ,
'
u1 , hien parc,, d"1t-,·1 a, ·1•·essa11
à la marche
de celle co1onnc, d,c' 11lu,'.
1 · ' &lt;1m a un résiste
,·oilà
en plus scrrce, q u.1
répare ses pertes a
mesure cl emblc
manœu1-rcr comme
à l'cxcrciée, a1·ec une
lenteur puissante el
sùre. On aperçoit les
majors anglais ap. puyant leur canne
sur les fusils de leurs
hommes pour abaisser leur tir. Ocrant
l'intrépidité de LitLa'J ue, les ga'.·de~
françaises ont lathe
pied et, malgré leurs
officiers, se débandent. Le Roi ne reçoit que de mauraises nournlles; les
redoutes tiennent encore, mais déjà celle
de Fontenoy manque
de boulets et ne répond plus à I' rnncmi. La retraite peul
ètre coupée, mèmc
au Roi, d'un moment
à l'autre, malgré les
précautions du ma~
réchal de Saxe, qui
a tout prén1, sauf la
déroute.
Sur tout le champ
de bataille, passant
hardiment au front
de la color.ne anglaise, court une h:rr1\rc chaise d'osil'r.
0
alleléc de quatre
cheraux gris: c'est
le fameux. « berceau i&gt; qu i porte le
maréchal. \falade'
affaibli , obligé de
M ARIE L ECZINSKA, rei11e de France.
rester eon&lt;.:hé, il n·a
rien perdu de son
Pastel de L A Toun. (M11sée d11 Louvre.)
beau sang-froid dl'
héros. Le Tioi et son
habit tout neuf de maréch_al de ca1~p- - ~ire, enlouracrc suivent ses n10n1·rmen,ts dans la
. od'o'1L s'efface toute espcran&lt;·e.
U11
dit l'officier, je compte b,en que _ces~ auJour- p1ame,
•
d'hui jout de fète pour Yotre MaJcste et pour . n lant la colon ne formidable demeurt' nrnno1
du.
bile
ne' tirant plus, et parai't maI'tres~c
la nation. l&gt;
.
' . Autour. du 1,,01· se, tient
un
con~cil
On est à peine en selle.que l'cn~1~m1attaque Lerrain
. .
d . I·
au canon. Le Roi, bientôt_ : CJotnt par le assez lumulLucux, où les al"is s agitent, an~ (
Dauphin, va prendre pos:t10n , sur une fi h re. Le Dauphin, très excité, m~t d u'.: J&lt;\1
éminence, à l'entrée du champ pfrc,·u pou~ la &lt;&gt;este l'épée à la main et demande a c_ha1"'c'. _,1
bataille et qui n'a guère que n,eu cent~ to,s~s la tète de la Maison du [loi. Le marcth~ fa1l
rier Sa Majeslt', au nom de la Frantc: e ne
de larocur. Ils assistent de la, e~pos_es eux~
mèmes° aux boulets, à toute_ 1 act10n qui ~as s ·exposer davantage et de repasser I Es,~a~1'.
commence. lis voient le magnifique mouve- pour s'abriter. Le Roi refuse et parle aus~1 c

,

_________________________

Lou1s XV E7 Jlf..11D..11;1m DE Po.MPADou~ ~
se jeter en personne au milieu de l'action. Le
maréchal enrnie le chevalier de Castellane le drapeaux percés de halles. Le Roi remercie
général en survivance de la province de
supplier d'attendre, un quart d'heure seule- commandants et soldats, ne tenant à l'écart
Flandre,
le traita à diner. Le résultat de la
que
les
gardes
françaises,
si
peu
solides
devant
ment, d'autres nomelles.
campagne
était assuré.
En pleine défaite, Maurice de Saxe impro- le feu. II s'intéresse aux blessés et donne des
D'autres succès s'accumulèrent rapidement
ordres
pour
qu'ils
soient
transportés
aux
l"ise Je plan d'une seconde bataille. Il donne
srs ordres suprêmes, parcourt une fois de hopilaux, préparés d'avance avec plus de soin rn six semaines; Gand se laissait surprendre
par M. de J,owendal ; Dl'llges ourrait ses portes
plus les lignes rompues, relève les courages, qu'à l'ordinaire. « Le triomphe est la plus
sans résistance au marquis de Sonné; Oudrllt'llc
chose
du
monde,
écrira
le
marquis
rappelle aux troupes qu'elles combattent sous
n:irde se rendait au roi après quatre jours de
les yem: de leur Roi. II veut ébranler de tous d'.\rgenson à Voltaire; les Vive le Roi! les
tranchée; Dendermonde était pris par le duc
chapeaux
en
l'air
au
bout
des
baïonnettes,
les
côtés la colonne victorieuse, avant que les
d'Harcourt, Ostende, par Lowendal encore. Et
Hollandais, qui_ ont encore peu donné, se compliments du maitre à ses guerriers, la
tandis que de bonnes nouvelles arrfraicnt
visite
des
retranchements,
des
villages.'.
.,
la
décident à l'appuyer. Tandis que l'artillerie.
d'Italie,
où !'Infant don Philippe, gendre du
changeant ses dispositions, concentre son tir joie, la gloire, la tendresse. Mais le plancher
Hoi, combinait ses efforts arnc ceux du maréde
tout
cela
est
du
sang
humain,
des
lambeaux
sur le même point, tous les escadrons de la
chal de Mai!lebois, tandis que le roi de
Maison du Roi, que M.' de Richelieu met en de chair humaine! l&gt; Les terribles pertes de
Prusse, ayant battu les troupes de Mariecette
journée,
meurtrière
entre
toutes,
sont
bataille, Brionne, Aubeterre, Penthièvre, ChaThérèse à Fricdbcrg, écrirait à son allié :
brillant, Drancas, chargent ensemble. Les oubliées dans l'allégresse de la victoire. Ceux
cc J'ai acquillé la lettre de change que Y0us
qui
o·nt
aidé
à
la
gagner
comprennent
la
fierté
régiments déjà décimés secondent le furieux
ariez tirée à FontenOJ', » Louis XV parcourait
royale
:
Fontenoy
a
donné
au
règne
le
prestige
élan. Celui de Noailles, qui charge au centrr,
la Flandre conquise et se faisait acclamer de
y laisse d'abord tout un escadron : mais la éclatant de gloire militaire qui lui manrpiait.
ses nouveaux sujets, au milieu d'une contimasse ennemie, attaquée à la fois de front et
Ces grandes nouvelles arrirnient à Versailles nuité de fortune qui rappelait les plus bclb
par les flancs, commence à s'ouvrir peu à
campagnes de Louis XIV.
peu; en quelques minutes, elle est forcée de laissant une incertitude cruelle sur le sort des
reculer et se retire, sans confusion, cédant le combattants. Le lendemain, le comte d'ArgenPendant que toutes les églises de France
son faisait panenir à la Reine la liste des
terrain et la victoirc.
chantent
le Te Deum pour les victoires de Sa
morts. La noblesse française avait chèrement
Majesté
Très-Chrétienne,
madame d'Étioles est
Il était une heure après-midi, quand le payé la gloire de son roi. On comptait
à la campagne, chez l'oncle Tournehem, point
soixante-treize
officiers
tués
sur
le
champ,
Jeune marquis d'Harcourt accouru( ventre à
gênée par son mari, qu'on fait voyager, toute
terre annoncer que la bataille était gagnée. cinquante-cinq en grand danger, quatre cent
à
ses projets d'avenir et à la réalisation de son
Le maréchal, à bout de forces, arriva peu soixante-quatre blessés, seize cents soldats
rêve.
Les rapports du lieutenant de police
d'instants après, et Youlut embrasser les morts et trois mille blessés; et cette propormontrent que l'opinion, qui s'inquiète d'elle.
tion
indiquait
quelle
part
revenait
au
dévouegenoux du Roi: « Sire, dit-il, j'ai assez récu ;
sait assez mal ce qu'elle devient. Dès le départ
je ne souhaitais de Yivrc aujourd'hui que ment des officiers dans le succès de la
du
Roi, son nom est changé et les Parisiens
pour Yoir Votre Majesté victorieuse. Elle roit journée. On citait le duc de Gramont, atteint
s'amusent
à lui donner par avance le titre
par un des premiers boulets, et roulant de
;'1 quoi tiennent les batailles! » Le Roi le
dont elle n'a point encore le brevet. Les uns
chenil
aux
pieds
du
maréchal
de
Noailles,
son
1·clèrn et l'embrasse._ Le comte d'Argenson
répandent que l'époux indulgent 1·a Ia reprendre
s'occupe des courriers. Le Roi et le Dauphin oncle, qui renait de l'embrasser et l'enroyait
et
mettra ainsi fin à la comédie; d'autres souit son poste. Ln autre lieutenant général.
écrirent sur des tambours.
tiennent
qu'elle rC'r,:oit chaque semaine un
A deux heures et demie, un page part ,U. de Luttcaux, aYait reçu deux coups de billet nwstérieux, sous le courcrt de M. d1'
fusil
dans
le
corps.
Plusieurs
colonels
étaient
pour Versailles, portant à la füinc les bill&lt;'t~
.\fontma1:Lel, it la suscription : Po111' 11/adame
de son mari, de son fils et du ministre. Le tom bés à la tète de leurs tl'Oupes : )f. de Dil- ri' Étioles, à Etioles, et qu 'clic y répond par
premier, qui baptise la victoire, est ainsi lon, M. de Courten, le prince de Craon. Ces la mèmc ,·oie.
conçu :
deuils, qui touchaient tant de familles et frapA la Cour, où l'on est mieux informé, on
paient aussi plus d'un cœur en secret, assomcroit qu'il arrive autant de courriers de
brissaient
la
joie
générale.
Du champ de bataille de Fontenoy,
D'ailleurs, la guerre n'était point finie, et l'armée à ~tioles qu'à Versailles, et que le Roi
ce 11 mai, à deux heures et demie.
même la place' de Tournay tenait toujours. 011 écrit chaque jour une lettre au moins, adrescr Les ennemis nous ont attaqués ce matin it
commença
à se rassurer, le jour où un page sée à ,tfadame la marquise de Pompadoui·,
cinq heures. Ils ont été bien battus . .Je me
de
la
petite
écurie, M. de Lordat, ,·int annoncer et _cachetée d'une devise galante : Discret et
porte bien et mon fils aussi. Je n'ai pas le
fidèle. D'autres lettres viennent de l'entourage
temps de vous en dire davantage, étant bon, que la l"ille était rendue et la garnison retirée du lloi ; et J\1. de Richelieu, l'ami de toutes les
je crois, de rassurer Versailles et Paris. Le dans la citadelle. La prise de cette citadelle maîtresses, a entamé la plus aimable corresn'en fut pas moins d'une difficulté extrème :
plus tôt que je pourrai, je vous enverrai le
les
assiégés, presque chaque nuit, faisaient pondance, montrant assez par là qu'il a condétail. »
jouer des mines meurtrières, et pour calmer staté les signes d'une faveur durable. Celui qui
Le jeune prince écrit avec plus de tenles trop ri,·es inr[Uiétudes, sur le bulletin quo- donne le plus à penser est qu'on rafraichit à
dresse :
tidien enYoyé à la flcine, on réduisait le Yersailles le bel appartement de madame de
(&lt; Ma chère maman, je vous fais de tout
Châteauroux.
nombre des blessés et des morts. Après un
mon cœur mon compliment sur la bataille
Ces satisfactions d'amour el d'amour-propre
mois seulement, la brèche étant faite, la garnique le Roi rient de gagner. Il se porte, Dieu
ont
de quoi dédommager la jeune femme de
son anglo-hollandaise consentit à capituler et
merci, à men eille et moi, qui ai toujours eu
sortit avec les honneurs de la guerre. Louis XV la retraite à laquelle elle est condamnée . Cette
l'honneur de l'~ccom pagner. Je rnus en écrirai
vil défiler ces quatre milles hommes sur les retraite, désirée par le !loi, est absolue. Elle
davantage, ce soir ou demain, el je finis en
ne reçoit qu'un petit nombre d'amis, des plus
rous assurant de mon respect cl de mon glaci&amp; de Tournay; ils passaient entre deux éproul"és ou des plus utiles. Deux surtout
haies lormées par la cavalerie française,
amour. Louis. - Je mus supplie de vouloir
maison du Roi, gendarmerie, carabiniers. s'empressent auprès d'elle, qui joueront dans
hien embrasser ma femme et mes sœurs. li
Quand vint le tour du gouverneur, M. de Drac- sa Yie un rôle important et qui, de ce moment
Les courriers expédiés, Louis XV remonte à
même, dirigent en quelque mesure sa deskel, le Roi le félicita de sa belle défense ; tinée.
cheval avec le Dauphin et parcourt les lignes.
puis il entra solennellement dans la ville ;
De régiment en régiment, ils sont salués par
Voltaire, qui a été le premier courtisan de
l'évêque le reçut à la cathédrale, entouré de
des ?ris d'enthousiasme ; on leur présente les
son clergé, el le prince de Tingry, lieutenant la fortune naissante de madame d'Étioles, est
aussi IC' premier obligé de madame de Pompa1. -

HrsTonu . - Fasc.

2.

6

�1t1STO'RJ.ll - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -~
dour. Il lui doit déjà le don gratuit de la
première charge \'acante de gentilhomme de
la Chambre du Roi, un beau cadeau en vérité,
qui représente cm-iron soixante mille li\'rC :
la charge d.historiographe, dont il a en mèmt'
Lrmps le bre\'el, lui ,·aul, aYec deux mifü,
li, res d·appointement . lt' droit de flatter offit'idlemenl 'a ~laje Lé. Lr prétexte de l'a\'eurs
royales, ,ainC'mcnl sollicitét' jusqu'alors par
l'auteur de la llenrùule, a été le ballet du
mariage, la P,-inccsse de l\'avai-i-e; mais c'est
madame d'Étiolr qui lrs a obtenues pour Ir
p&lt;&gt;t'te, el il a bénéficié de la première prièn'
peut-être qu'elle ail l'aile au Roi.
Il n'aurait garde de m\:lirrer une amitié qui
promet d'ètre a,·antageuse cl peul lui assurer,
par exemple, l'Académie, qui l'a jusqu'à pré,enl écarté. Toul cc printemps, tout cet été,
\'ollaire tourne autour d'Étioles, fort aise
qn'onsachequ'il e tdansle ronfidcncrs. Ilnc
quille le duc el la duchesse de La Vallière, es
protecteurs du momrnl, que pour a.lier chez
,a nom·ellc dérssc : &lt;&lt; Je suis tan lot à Champs,
lanlcll à Étioles,» écrit-il au marquis d',\rgcn,on, qui c. l sous Tournay a\'Cc le Roi cl qui
tloit montrer a lcllrc; au mois d·ao,îl, écri,:inl d·Étioles même, il rend compte gaicmcn't
:111 ministre qu'il se dit de lui infiniment dt'
nrnl chez madame de Pompadour.
Il y donne la premièr1• lecture de cc poème
,nr la Balai/le de Fontenoy, qui rsl pour lui
111w grand&lt;' affaire. 'é courtisan, il a toujours
a~piré l1 d&lt;'renir le Poel&lt;L regius de quclc1ue
monarque, et celle carrière, awc ses honnpurs
lurratil's cl la liberté qu'elle assure. suffit
t•rwore à se ambitions: mais il allcinl la cinquantainr, stins ètre plus tiYancé qu'il y a
1 ingt ans, alors qu'il se figurait a\'oir conquis
IPs bonnes grùces de madame de Prie. L.élérntion d'une autre fa,·orilc el la ,ictoire des arm1&lt;cs françaises lui sl'mblenloccasion farnrablc
pour prendre sa revanche, en la meilleure
aubaine de sa vie. Une Yoix écoutée pourra faire
entendre à Louis XV que, pour être loué
dignement, il doit choisir le plus grand génie
de son règne; et cc génie saura promrllre,
:1\'ec les plus agréables sous-entendus,
Le prix de la Vertu par les mam5 de l'Amour!

Ce n'est point un chef-d'œune qu'inspire
madame de Pompadour; on y \'OÏL reparaitre les
mouvements, les épithète , jusqu'à des hémistiches de l'Ode sw· la prise de Namm· ou de
!'Épitre s1w le passage du Rhin; du même
style, des mêmes mols, de la même mythologie qu'employait Boileau pour flatter le
Grand Roi, Vollaire flagorne le Dien-Aimé.
Toute celle rhétorique, apprise des Jésuites,
cbarrnc, enirre, exalte la petite bourgeoise. Le
poète sait aussi l'intéresser au coté profitable
de son entreprise. Il n·a célébré jusqu'alors
que des hommes de cour aimant les lrllres.
qui donnent à souper cl payent des dédicaces;
d'autres appuis semblent plus sûrs dan un&lt;'
monarchie militaire el auprès d'un roi peu
sensible aux arts el médiocre juge du talent.
li ra poU1'oir multiplier, en cilanl les héros
de FontPnoy, le nombre des gens qui lui reu-

lent du bien, el il persuade madame de Pompadour que ces amis nouYeaux seront également les siens. C'est à Étioles qu'il augmente
cl corrige ses édition, succcssi\'Cs. Comme il
~c croit grand dispensateur de renommée, il
entasse dan ses \'Crs, toujours 11 rimitation d1'
Boileau, lrs noms militaires qu'il \'OUe i1
l'immortalité. li 'en\'oie sl's exemplaires l1
l'armée par ballots, el c·csl un d'Argenson
qu'il charge de les distribuer. L'imprimeur
ne uffil po:nl au:.: tirage , on épuise en di,
jours dix mille exemplaires, cl r engouemenl
du puhlic grise le poi•tc: 11 La tète me tournr,
écrit-il ; j1• ne sais comment faire a\'CC les
dames, qui ,·l'ull'nl que je Jour lr urs cou ins
ou leurs greluC'hon~. On me traitr comme un
ministre : je fais drs méconlrnts ! »
li prir Tressan, un des blessé, dr la journée, de lui mander des rpisodes hrroïqut&gt;s,
pour enrichir les éditions nou\'ell1•s. Crllc donl
le Roi a daigné agréer la dédiraC'e rst aclrrssfr
par l'auteur à sen ami )loncril, pour que Il'
poète des Chais obtienne qu'il soit ln par la
Heine; il lui demande encore de faire rrmarquer, à leur augustl' so1nwainc, lïndignill'
de confrères sans talrnl qui ~c soat prrmi, de
1·élébrrr 11• mrmc sujet, et surtout de 1'1111
tl'eux qui 'est posé en ril'al : &lt;&lt; \'011s èl&lt;'~
l'ngagé d'honneur 11 foire connailrr i1 la Ht•irw
&lt;·e misérahle; si jt• n'étais maladr, j'irai~ rnt•
jrter à ses pieds. Je ,ous supplie insltimmt•nl
de lui faire ma cour. Je n·a\'ais suppliJ ma1lamc de LuynC's de présenter ma rap odic l1 la
llt&gt;ine que parce qu'il paraissait lorl hrutal
d'en laissrr paraitre tant d\iditions sans 111 i rn
foin• un pt'Lil hommage. ~lnis je ,011s prie d1•
lui dire tri• sérieusement que je lui demandl'
pardon d'arnir mis 11 ses pieds ma pannl'
l'Sljllissr, que je n'a,·ais jamais o é donnnr au
Hoi. Enfin Sa Majesté a}anl bien \'Oulu q11 r je
lui dédiasse sa Bataille, j'ai mis mon grain
d'encrns dans un encensoir un peu plus
propre, el le ,·oici que je Yous présente. ~ En
,·érilt\ Yoltaire ne dédaigne aucun appui, puisqu·à l'heure même où il se fait l'hôlr as~idu
dï ~tiolc ·, il tient à s'assurer 13 bicnreillance,
si peu nécessaire aujourd'hui, de &lt;&lt;la homw
firine ».
C-c l pcut-èlrc qu'il commence à sïnquiélrr
el que ses façons « d'adjuger des lauriers •
paraissent indiscrètes dans les cercles de la
Cour. Le duc de Lumes nous donne, aœc sa
bonne grâce habitu~lle, l'opinion des honnèLC's
gens sur l'auteur du fameux poème : « li a
voulu parler de tout le monde, el sans aYoir
eu le Lemps d·ètre assez instruit des particularités; il a mème suppléé par des notes à
ceux qu'il ne pouvait nommer; mais, en voulant contenter tout le monde, il a fait grand
nombre de mécontents. Les uns se sont Lrou\'éS trop confondus dan la foule, les au Ires
ont jugé qu'ils n·étaienl point 11 leur place. li
a fait M. le duc de Gramont maréchal de
France de son autorité ; enfin, il s'est trou\'é
tant de fautes qu'il a été obligé de faire plusieurs corrections. Il y en a de ce moment-ci
cinq éditions, el ce n'est qu'à la cinquième
qu'il a cru son poème en étal d'être présenté
i1 la Reine. Malgré toutes ces critiques, il est
.... 82 ...

pourtant certain qu'il y a de très beaux vers,
el il est vrai qu'on passe moins de fautes à
Yoltaire qu'à un autre, parce qu'on le croit
m:iins capable d'en faire. » L'ayocal Marchand,
qui a rimé lui-même sur Fontenoy, est moins
indulgrnl pour son remuant confrère :
li a loué d~puis ~oaillcs
Jusqu·au moindre pelil morYCUI
Portant talon rouge à \'ersnillrs !
)1. de llichrlieu passr pour a\'oir chargt:
Yoltaire dt• composer, à son profil. un JlOl'lllt'
où lui est allrihué le nai surcès de la balaillr.
Le duc rsl, en cffrl, dtins une période dt•
l!randc amhition cl, depuis qu'il esl entré darb
les, 11es du Hoi :iu sujet de madame dr Po111pado11r, il a repris son crédit des nwillrurs
jours. Les lcltrr é&lt;·riles du camp dernnl
Tournay racontent l'&lt;•xlrèmc familiariL{o q111•
h• fioi lui montre, rn ,·rnanl l'é\'Pillcr ,·haq11t&gt;
malin dans sa &lt;"hamhrr. &lt;"a11srr rl plai~anlt•r
au bord de son lit. ))ans ces con\'rr~alion,
intime , dont madame de Pompadour fait 011, enl les frais, \'oltairr lit•nt i1 èl rr nomm(-. Il
1·orrrspond avrc Rirhrlieu, l1 propo~ des fèll's
du retour que relui-ci doit o~ga11is1•r 1·1:mnu•
prrmier gentilhomme, rt Lrllc de st•s lrllrt•,
pr int plusirurs ùmcs d·un . rul pinre:111 :
« Yoici un petit morc1•au da11s lt'C(llel il i a
d'as,1•z bo11nrs chost'S. li ~ a ,11rlo11l 1111
,ers :

rn roi plus cr~inl qnr Chnrl,• ri plu, nimi• qu'llruri !
Vous dP\'l'it&gt;z liiP11, MonsPignrur, m1'llr&lt;' le
tloi~l lii-dcssus i, 1111in• ad11rahl1• 11ionarq111•.
lie héros 11 hfro~. il 11·) :i &lt;pÎl' la main ....
Ce préaml111lt• 1•,L pour amr,wr une auln•
rr1p1èl1' : 11 En ,,:r,lt:, ,ous dr, rit•z hien
m:1ndrr à madanw dt' Pompadou r aulrt• &lt;"hu,1•
de moi &lt;[ut' tt•s ht'aux mols : 11 Je ne suis pa~
&lt;t lrop content d&lt;• son al'le. ,, faimerais hi1'11
mieux qu·l'llc sùl par rnus eomhicn es bonlt:~
me pénètrent dr reconnais a11ee, el 11 !)Ill'
point je \'Ous fo.i on éloge; car je rous pari,•
d'dle commr je lui parle de ,·ous; el, r11
,·Jrité, je lui suis trè· ll'ndn•mml attachr, t·I
je nois dc,·oir comptrr sur a hien\'cilla11t·1•
:111lant q11r pcr onnc. Quand mes sentimc11I,
pour elle lui seraient re\'Cnus par ,·ons, 1
aurait-il eu si grand mal? lgnorez-rnus 11•
prix de ce que ,ous dites et de cc que rnus
écri\'cz? Adieu, Monseigneur, mon cœur esl
ü \'OUS pour jamais. ,, La reille, Volta.ire en"oyail au duc des essais de la fète, des sujets
-de livret pour Rameau ; le lendemain il en
expédie d'autres; il n'est jamais à court ni
d'idées, ni de compliments.
Celle agitation d'esprit, ce bouillonnement
de projets, celle parole rapide, mordante,
sou\'entsincère, celle Oamme d'éloquence qui
illumine el cc tumulte de mols qui étourdit.
,oilà ce qu'apporte à Mioles la menue el ardente personne de Yoll.3irc. li enlretienl la
fièl're de la future marquise, lui souffle ses
propres ambitions, la mèle à ses grands desseins, l'intéresse à ses petites rancunes, la
consulle, l'encense, l'intimide, lui persuad,·
par instants qu'il n·y a à écouter que lui, &lt;'l
riuïl n'rsl pas auprès de lui d'écri\'ain qui
1)

LE CO UCHER DU SOLEIL
Tableau petnt par BOUCHER pour 1\1 ADA\tE

DE POMPADOUR.

(Collection \Vallace , I,ond res.)

ClfcM Giraudon

�~

-----~---,----~J
111S
TORJ.ll
.
. --

rnmplr. Qni donc aurait pl11s dïnrrntion pon~
sn&lt;mfrer à nnr femme fètr.' ballets &lt;'l operas.
()1Joserai t mirux ap~e 1'. la céléhrrr l'O re~~ o~1
le momlt
1'11 prosr (' 1 ~: la' si'l'l'II' .,' 1.rarers
'
1. r . H
,lt:jà les pl'tils \t'rs dn poète sr mu llp ,_en~.
,·onrcnl Paris. apprenant 1t tous__,•n quel~,• ,:1L1•&lt;'
nwllrr l'l ('&lt;' ,111 al s,• nnrt pcr1111·1 e, ·1
1 ,a •11
a
•
111is d'éc-rirr :
Si,m'rc cl Lemire Pompado,'.r

Car je peux mus donn~r rl a.-nncr
nom qui rime a.-cc I amour
.
. qm. se,..
- birnlt'l· Ir plus beaulinom de t rancr '
F.l
Cc 11,kni clonl foire Ex!'r cure
llans Êlioles one ri•,rala,
Yft-l-il p,,&lt; ,1111,tquc resscml.lanrc
.\ "''' 1,, lloi ,11 ,i k donua?
Il c,t ronnuc lui sans mi'tau,r,• ;
Il unit t·o111mc lui. la forre el la douceur.
'rtnil ""' \'Cil\, cnchantr le ('(l'lll'.
l'Ril ,ln hi~n ,.J j~nrnis 111' rh,111((•··
Ce

lbns n111• h•llr(' an présidt'n l ll( n nait , Y'.1!t:1in• nous introd nil an mi li'.'" des _can,~m•~
ln. oi1 achhr dt• st' lorm~r
dt
l'L't'10,S,'
(J',
. 1&lt;'s pr1t
Ir
la mai!l'l'&gt;&gt;l' 11ni,s:1nh• d(• &lt;lm1a1_n : (1 . _t' pa I·. \1111,iL'llr. il ,. a qrn•l11n1•~ J0Urs. a m 11'11,, c. dt: .Pon1patl,;11 r de iolrr th:irm:rnt. t1,,
1
am inunortPI Abl'eghle /'//1s/011'e
' · ~/~ F,.a11cr :
, oll·l'
Ellt• a pins ln li . on àf(r qu·ancn_n~ 11r1llr ~an,~
, o·11 l'ile· , 'a ré.,ncr
el ou ,I est b1e11 a
l1Il pa1 ~
I"
• •
I
,
tle:ç;,.;,. qu'elle 1·è911r. Elle ar~1l n prc~~u_c
to11s 1l'.S l)o·ts
• • lin,•~
· · hors le io!J·&lt;•: ellr c, :i1-.
~nait 11·,\:n• ohlif!t:t' dr l'app~en~rt' par cœ~::
Jelni di, qu'c!lt• &lt;'Il l'Plit'Jl(lratl h1~•11,d1•\&lt;:h~ .:'
. ·t. rl .&lt;1tl'l1111l 1,·, earal'l('I'('
dt ~ ((Il
Sail. (' IlIll ~.
•
r •Ï. •
de minislrl', l'L tirs ,ièdt•s_: qu n:1_ eonp l n _,'
lui rappcllPrail tout i·e qn elle ~a,t dr no11_1
hi,toi r1•. t'l lui apprrndrail Cl' qu 'elle n.e ~ail
po:nt : ,·Ill' 111·ordon11a_ d1• lui a1~po~ter. a 1110!'.
. 101• ,•1.,l,
t·i· lll l'l' anss,
aimable
!Jne
pr1'11lll'l'
r •
.
.
.
'
·111lr11r. ,ft, m• rnarr·lw pma1s an~ ccl
.011 '
d'
. Paw !'I
oni r,t;!!': jl' li~ s(•111lila11l Plll0~l'r a : s •
aprè, ,ouprr. o:1 lui apporta ,otre hne, c_n
bt•a11 maroquin. ,•t i, la pr1•mièrr p:igt• Pta,l
frrit :
1,1 ,·oi,·i ,·r lin·,, vanll•:
1: (;r{ÎCt':-, ,lai~nl•r('nl l'é,·rirr
Sou~ le, i·,•u, dé 1~ \'éril~,.
El c·~,l au, Gr:iccs de Ir hrc....
11.,

\

•

1;l:piln• u·aurail pas son cnti~rc '.ffeur,_ ~i
1.on ne ,,n rappelait
• commrnl
, . \ ollaire traita
•
ar la suite l'Ab,·~g~ d_u prcs1den~, « comp'.:
i.11.ion informe, d1sait-1l, exéculee par cl, s
donl
merccna·, re 1,, , œlll're d'un homme
,
.
•la
(1 Lite f,mc ne ioulait qu'une rl'pnlallon n ~"~~ »el qui n'était au fond qu 'u'.H' charlatan o.
Il faul songer aussi aux \'l'r~ ignobles cl fadt•
111r m , 1li ·, \'·1nrrnl ornrr un J0nr un chant
.
' pour llétrir Il lï:1•1tr(•11sc gnsctte "•
1.,l J&gt;1icelle
·
.
.
•
,
1, t·harmrs de lal1nelle arn1l tral111uc sa merr.
11
'
•
sr
li ~rsl uai
qu'alors llfoault ara1
t o. é ~d rrs.r
:1 Yoltairr drs critiques su r le Siecle tic
de Pompadou r m•
1•,OtllS. •, . ff t cl qur m:idame
•
C 'b'II
consentait pas à lui sacrifier re I on.

Il élail trop él'i&lt;lcnl que le gentilhomme de
la Chambre du Roi, en affichant so~ enl~ousiasmc pour la mait resse_. ne :ongeai~ qu au~
. tarres qu'il en poura1l rellrcr. Nul souci
a1an o
. ,• d
Lc
chez lui des réritables mlérels e sa pro e ..
par •son zèlP
indiscrt&gt;l el l,ruvanl,
11
Lr1Pf'.
,
·

l'i·1il plntill drssrn ic &lt;•l lui rùl fait a~sez "itr
Ir da11grrt•11x prést•nl de srs propres _cmw•m~.
.\lai, madame dr Pompadour ava rl aupr~s
tl'l'llf' un ami moins &lt;:goï,IC', rt ~!m_t 1i: di·:
rouemenl fnl dt&gt; mrilh•urr r tofft•. C l'la1~ 1~l~lu•
tic Bernis, qui dr, int l:)!al&lt;•mcn.t "." _f,1111,~h1:r
d'Étioles, pui~qm• &lt;'haque st&gt;rn~m: ,1 ~ pa:·~u1\
. ncc
', .\11,,i
une JOUI'
.. 1i:1•n
• Ir Ho, 1a1..:11t. d!'c1dt
,
i, son départ , ponr dl's raisons 'I" al unpor,&lt;'
de connait rc.
Cc n·est poi nt une compagnie. hanalt• cp:P
œllc de l'abbé de Bernis. el plu~ d une g_rancr
dame la pourra il &lt;'nvil'r à la fil Ir des Po'.s. on.
Ce cadet de ririllc famill,•, appar_rn_lt• au~
meilleur$ noms de France. r~t ohhl!&lt;' par l,1
•ènt' à drmandrr sa carrière i, st•s ~ll'nls Pl
~ son mfritr. li esl ardemment clrs1reux dl'
•réms,r,
· . mais
· 11wapa'
·
1le , 1iour rl'la. · d'um•
.
bassrs cou d' mw hypocrisil': il a 1:r1~ le pelll
eollC't. sans ,ou!oir rr&lt;'c\'Oir la prelr1se_, don:
nant la raison lrè !oyait' que la ,·ocallon hu
nunquait. Srs lrt•nlr ~ns son\ ":nus, san .
qu'il ail d'a,·rnir assure dans_ 1 ~-fhse. Fleurj
tl'ahord. puis Boyrr lui ~?~t 1111p1~oyablen~cn~
frrmé la Fcuill&lt;' des hcnrhces. Hirhe de JCU
nr,,1•. ;rndl'ltanl un peu (mai, une br ll_~
prinrrssc qui rrstinll' payrra ses dct~rs). i
,·irnl d'obtenir son prt'micr s1:cc~s :l cl entrr r
: 1· \cadémir moins comme ccrirn111 dr pro'1 • '
t
• d
I tl 'S
ft•ssion. qu'i•n grand . cig_nc~1r _a m, rs_ •e r:t ~
ri dt•s lrllrés . . rs tilrrs '1Urra11·rs au~~•cn_t, ~~
~on poème dr la RelifJÎOll vengé~. &lt;JU al de&lt;la,.,,w d'imprimer. t•lanssices m:1dr1ga11 ~ fa_lant ~,
~11i 11·0:1I "t1t•rr &lt;·oùté i1 sa rcrw mcrulao~all'
:.t qu'on lt;i jo1H'ra lt• ma111ais lourde pnhlil'r,
q11a11&lt;l il ·t•ra drH'llll pr~ln' .. &lt;~ip!on~a'.'.'.Pt ~·'.1'.:l e l""rntil 11oi-:e nad a,lleur~
tlltl
d ·,,•I
1
.,_ .
dont il ait i1 rougir: ~on œ111 rc. c·o111111r . a
1il'. rsl du nlC'i lll'ur to:1.
.
.
L'édncation prcmii•r1• u·a pas. ,~10111&gt; ol'rl'
k•, di~1H1,1l1on~
&lt;lt• ,011
I' a1)b,C u·•c• Bernis.. &lt;Jllr
• . ·.
.
,
·
s :_
heureuse natun•. hars. J01tlll11. p1u1n'.1: . o.
o-né de s;i pr rsonm• ( tt Balwt la holl1)11&lt;'ltl·n• &gt;l .
~omm!' l';ippr llr foliaire. qui IP 1111•,w~t' l'l lt•
. 1011. r.l tl'nnr 1&gt;l11sionomir
;1wna111l•
J:t
.
. &lt;'l ca11.
didr , instruit ~a11s pédanterir , s1:11~1 11
&gt;t' l'i .ga,,
il ,ail lomn&lt;'r i1 1oi:11 k· co:11pl11~e•!I u_,~lho~
lo"iqm• cl parlr nalurcllrmt'nl H 1~;.:lt• l'i a
Sil,it' !(• lan~aµ-r qui lrs carcs,r. Il c,! dan,
l!'urs salons ~ la COIJtH'lnthc ,1 ' at11:_1•_l_t•~
les .co.1,e1ls
('00 fid l'OC('S dC:1,·catrs
· el c'onm•
'
dé~inléressés. Cepen&lt;lanl, il ne rim!l poml pou_r
tot~le lrs belles, el œ risqur pa rnn ha~~L
en tous les lieux: mèmr dans le mon~c qu il
fréquenlr, il faut s· y prendre dr 1?111 p~mr
l'al'oir 11 souper. Si l'on es~ snrprrs c!u un
hommP aussi J·l'1111r l'l anss, rcchrrche ~rs
' · ' c. rsl '1 1I on
&lt;lcux Sl'Xl'S n'ait aucune lalu1I&lt;',
i" no:·r ,p,ïl eache sous C&lt;'S futiles d~bor~ ~11w
lill't IU'l'.t' int!'lligence. On nr saura,t &lt;lt•srrl'r
amilié plus ~tire et plus agréal,ll' riue la
sienne.
.
Madame Poisson cl sa fille, qui rcn~onlraient M. de Bernis chez la comtess? d _Estrades, nièce de M. de Tournehem, 1ava1c1~L
plus d'une foi prié chez _elles. La compagm_e
l u'clles YOiaient ne lm conl'en:rnl pas, _al
;•était poliment dérobé. Si les choses sr, mod1fi èrrnt, re ne fut pas sans quPlquc d1•bal dl!
l-1 •

'

,,~n

.
&lt;'Onscil'llCl', pe11t-rtre
a. l'i wnnrt Ir .de . l'abué
,
n
IC'
cardinal
rnarr1urra
arec 111s1slancr
1
rclans
fJlhsrs )lémoi res : «Je rrçus un JO
· Ur' d't~ -1·1 .
' ·, :llr t de la roml!'sse cl'Estradrs, ~1111 m,•
1111 Il
•
,
d . t•IJ,,
,riait de passer chrz elle_: JC' 111 ,Y _ren •~·. , . . ,
:n'apprit qnr madame dï•:tioll'S eta1l ,~1a1~1'. :~~1
111 Hoi : i1ur. 111algré mes n•fus, r(lt, d1 ~11.11I
l oir rn moi 1111 am,· ••t que 1c• Bo1 1appro11:11
,~ . &lt;
,ail. J'étais pril: il sonprr chez ,mdamc cl ~11olr.
linit jour, après pour convenir de nos faits. Jt&gt;
111:irquai il madame d'Eslrade la plus grandt'
n:pu;.:nanrr à m~ pr~trr. à cel arrangcmen!:
. :, la rérilé Je n avais aucun'll part, mai
Oil,,'
'
•
't;[• 11
qui parais. ail peu con1·enahle a mon r, a, . ?,
insista. j1• demandai Ir temps pour y rrfü•ch11 .
.le co:1~11llai les plus honnèles g?ns ,: Lou~ fn;
renl d'accord que. n'ayant co~lr1buc en.rien.''.
~ssion
du Hoi, J. e ne devais pas
me• cf_usl:Hl'
la'- l)t-'-"'
•
il l'amitié d'une anricnnc connaissance. _m ' '
bien qui pou,·ail résulter de mes _eons~1ls. J~
mr déterminai donc: on me promit et Je P~.o.
mis unr amitié éternelle. On rerra '1 11 &lt;' J ai
tenu parole. Il
•
,\ la distance dl' lanl c1·annl'l'~, al csl ass,•z
nalurel que Bernis s·t•xag~n• un peu son scrnn
D'aulrrs
o111·rnirs confirment
pul~.
•
··1 ·el complrlent les siens. Parmi lrs amies qn ~ rntcrrogra,
madame de la Ferté-Imbault lm donn_a s~i•
aris assez crùmcnl: " Je lni dis que, pmsq11 al
;lassait sa l'ic chrz des femmes ~alantes t'. L
qnïl rtait fort ,:alanl lni-mèmr, 11 aurt
plus 11 ;,:a)!n&lt;'r po ,r lui it èlre le confaJt•nt ''.
Hoi l'l &lt;le ~a ,mit1·1·s,1•, q111• de tous les h~:iux
mr~,icms l'l tonie~ les belles dam~, a l_:1
modr. ,, .\u surplus. une augu le rn~x a,a~l
p·1rlé l'l ll'rnit 10111.t' hésitaiion. Le Hm dr,,~11
_.'éloio-ncr de imdamc dï ::1iob : &lt;1 Il ut
~ ('flll,
"
&lt;l·,1 Jl&gt;t:~1·11i,• • t'I a1111ro:1n: du mailrt'
('Oil\
qm· je la rrrrai~ ~ouH•nl. 11
l.1• jPune ahh,: rw hii,,l pa, 'l,m' de 1rot11r:
(' Il rnn ob(-i sam·t• q111·lq111• agn•mr nt ~: ~ Jt
fn, •ot11cnt ii E1iolrs dan l't:té d(• 1 li,&gt; . .\
r1:,t:r:1tion dn duc a!or, rnarqui,~de Gonl:rnl.
· .. JC
·, fn~• 11'
•1•111,
qui I 1dl'mcura qurlqnrs JOU!~.
••:
hom.nw du mo:11lt• aH'&lt;· q111 la ~narq111~&lt; l:t1
Pompadou r ptH arnir dt•~ l'lllrl'llPn, .. Jalla~,
tnnll'S IPs semaines à Paris. rl jr f':t~sa,s i:alo'.r
sans afl'cclation srs srnt imcnts et ~e3 ,ntrntron~:
Je lui conseillai clr protéger 1,•s gens de lrllrr,.
cc furent eux qui dmrn~renl le nom de _G~an~
:,1 1,OlllS
·, •\l\' • .le n·rus 11oi nt dr Iconseil
I a.,1111
donner po:.ir ch,:rir el r~c!~r rch_1•r l:• iorrn~:t•~
cns . je trou1:1i ('t' pr1ne1pc etahh dans .on
~m~..Je n'aperçus alors dan, l'iimr de m~d.,~H:
de Pompadour &lt;111'un a111·rnr-pr~pre tro1, ai~l'
it Il aller l'L it hbst'r, Pl 1111~• d1:_1ia n~·t• lrop
nérale, q11 ï l était aussi l,11'1!1• d ,•x_c1lt•'.'q11e l.1.
, 1m('r . •'lal"n:
ta
' ,- !'l'i '1' d1:eo111crll'. Jt' rc,olns, dt
lui dire toujours la l'~rilr ,an$ aucun mena"e•nrnl .... Je dois dire à s:1 lou~n rr que,
. ,pcndant plus de douze an ' clic a micm aune ~r~
l'érilés quelquefois dures, qur les llallr rws
des autres. 11
,
Ces deux hommes, M. de Gonlaul et l'abl1C
. qui• ont déià
, rencontré madame
.
de Ilerms,
d'Étioles, lui rendent, à ce moment, un ma_p-.
réciable serl'ice. Ce ont gens de hault' n~,,,~ancl' cl de sérieux caractèrr : le pi·rmi&lt;'I'.
~ 1111e ,.rllr
t·•rri,·rr
dan~ lrs armrs, ,u t
aprt·S
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g:·~

Loms XV ET .MADAME DE POJlf'PADou~ _ _
olitcnir l'amitié de 111ad:i111c de Chàtrauroux
La noblesse particulièremrnl a hérité sur cc
A Étioles, juillet 1745.
el celle du Boi; Ir srrnnd, malgré sajcunes c,
point drs traditions cl(' l'llnciennc chernlerir.
inspire ronfiancc par sa conduite el la ùrclé
JI sait aime,·, il sait combattre :
)f. de llnuis, plus gentilhomme qu'abbé, met
de son esprit. Ils 11·oat pas été cnroyés saus tlllt' parfaite aisance à les pratiqurr. Les l'ers
JI enroie en ce beau séjour
t.:n bre,·el digne d'Henri quatre,
mot if par Louis \ r auprès de madame de Pomqu 'il dédie à madame de Pompadour dillèrent
Signé Louis, .\lars ri l'Amour.
padour.
singulii&gt;remenl par là de crux de \'ollaire. dont
L'un l'L l'autrr sont du monde Pl du plus
.\fois ICJ ennemis ont leur tour;
les madrigaui sentent toujours le placet. Grand
El sn ralrur cl sa prudence
grallll, 1·t•lt1i dans lequel \':l entrer la nourelle
scigucur l'i poète sentimental, Bernis est rérlllonnenl it Gand le même jour
111ar11uist· et qu'ellr ignore entièrement.
lenwnt sous le cltarml' d1• la fcmnw d'rsprit.
LJ11 brevet de \'Îlle de France.
()urique brillante qu'ai t pu être sa rie jusqu'i1
qui u·a pas dédaigné de le conquérir, Pl 1'011
Ces deu.\ bre\'els s, bien \'Cnus
t'l' jour, c·esl la finance et la bourgeoisie q11i
dcrine quïl rime pour cllc-mème. et. noa r 11
\ï .-ronl tous deux dans la mémoire :
l'cnl formée. Tout différent est le milieu où
1ne du crédit qu ·elle pourra posséder un jour.
Chez lui les autels de Yénus
iles &lt;'irconstances inouïes la lransporlcnl. ï
. ont clans le lem pie de ta Gloire!
C'est de celle époque de leurs relations que
h•, mœurs, ni la langue, ni les façons 11·y sont
date le joli conte des c, petits trous &gt;J , un peu
Jps mêmes. Pour él'itrr les faux J&gt;as, i danLouis
Cl le Dauphin rentrèrent à Paris
familier sans doute, puisqu'il s'agit de célébrer
gPrcux en un pays comme la Cour et que lt•
I!'
7
scplt•mbre.
Les rues étaient tendues cl
&lt;les fossclles, mais qui reste de bonne c:&gt;mmaitre ne tolère guère, que de cho l'S it con- pagnic :
parois(-es de la porte Saint-Martin jusqu'au
mùlrc, que d'allusions à dc,iner, que dl'
Carrousel. La Beine, la Dauphine, Mesdames,
Aiusi 11u'lté~, '3 jeunr Pompadour
noms, de généalogies, d'alliances à tenir dans
les Princ1•sses et toute la Cour allendaient au
.\ ,leu, joli, lrous sur sa joue.
sa mémoire ! Il la uL,li oir I t.:Cu toujou rs dans
ehàtrau
drs Tuileries, et s'arnncèrcnt sur le
llcnx ll'ous d1~r111ants où Ir plaisir se jour.
11n monde aussi li•rmé pour en posséder les
haut dr l'l•sralit•r. quand. 1ers tinr1 heures et
(}ni furent fails pnr la maiu de l'.\mour.
lra&lt;litions 1•t rn saroir Il' langagt•. Pnisqur dr~
d,·mi(•. lt•~ &lt;·at'l'OSS&lt;' s1• rangèrt•nt au grand
l,'rnfon1 aili• sous 1111 rideau de gaze
g-rntil,ho111111c, comme Gontaul t•I fürnis parLa ,il dormir c ( la pril pour P,r,·hé....
p1•rro11. La n:union fut érnourantc; le Hoi
lPnl de naissance rc langagr, lrur r,ilt• est
f.,, sont cnrort• lrs ombrag1•s du pari' r111hras$a la fü•inc: le Ilauphin 1•111brassa tout
précisénwnt dc J'apprr•ndrr il la farnrilt•. lnt1·1~1.ioles q11i i11spir1•nl au porte son ;11Jé)!oric Il' mnn&lt;l&lt;'. y compris sa gouvcrna11tc el l'érèqur
l&lt;•llig-,•ntc it la façon dr Paris, cl doufr i1 lll&lt;'rd1• )lirrpoix. Lr Boi &lt;'ausa dans la galr rir.
n·illr de la facililt: qu'ont les fi&gt;mmr~ tir se 'Ill' n :11fo11t &lt;le Cythère. rei·r n11 au jour pour dt•hout . près dl' trois quart~ &lt;lï)(•un•: JJUi~ il
proté;.:rr. non plu~ lïnfidrlilt\ mai, l:1 t·ontran~formrr suiranl les l&lt;'mps cl les lieux, Cil\'
fut sr déshabillt•r. t'L la Beine. ara11t j!ardl;
stant&lt;'. ri &lt;)11·011 aperroil
pr,Jfih• rapidement de te~ leçon~ délicates. li
q11&lt;'lqur Lemps i'hez elle le Dauphi,; et la Dan11 ·y a pa~ seulement pour clic. il frétjurnter
pliinc, re, inl dans la galerie cl tint publiqu&lt;'dans le bois solill\ire
Où ,a rè,cr la jeune Pompadour.
t·cux qui les lui donnent, la ,·auité &lt;le ponrnir
mr nt son cangnolr. Le lloi ne rPparut pas de
la soirér.
uommrr au Jloi des amis qui nr sentent ui 11•
Ces
l'i
itcs
choisies.
ces
causeries,
cette
lilgrimoin', ni la maltt\lc ; il y a surtout le profit.
Le lrndcmain malin, il fit en grande pompr
&lt;1u'cllc sent fort bien, d'). prcndl'(• in e11siblr- tfraturc &lt;le Loudoir charmaient Ir monotone sa ri site il ~otrc-Dame, et, l'après-dinée, reçut
111enl 1111 ,Hltre Lon rl d'y Mcrasscr sa roture. i~olcmcnt de la chàtclainc d'l~liole . Elle était le~ lëlicilations de la \'illc, suivies du comJ)li0&lt;·c11péc au si par le négociations d'un pro&lt;'ès
ment dr haren;.:èrcs. A la tombée de la nuit,
en éparation de Liens, qu'elle intentait à ~on
Bernis remplit anprè de madame de Pomon fut it l'llôtcl de \'ille, en de nombreux carmari, derant le Ch.\telet. et quïl y a\'ail peu
padour une sorte &lt;le « préceptorat ,i (le mot
rosses escortés des régiments de la Maison du
de chances qu 'elle perdit es parents, son
!foi. Cinq appartements dilférents étaient pré&lt;·sl &lt;le Brienne, qui eut plus lard les confifrère, !"oncle Tournehem, Je cousin Ferrand,
parés pour la FamiIIe royale, qui del'ait ètre
dences du prélat), el de ces premières r&lt;'lasecrétaire général du commerce, la jeune coutraitée par la Ville. Le feu d'artifice de la place
tions sort une Yérilable amitié. Cette amitit;
sine d'Estradcs, formaient sa société habituelle,
tient tant de place dans la rie cl&lt;' la faro rite,
de Grèl'e, que Leur Majestés Yirent dr la
oi1 ne para issait point la petite Alexandrine
rroisée du milieu, précéda une dcmi-bcurt' tl1•
l'l une plarr 1-i mal connue, qu ïl est indisrnrorc en nourrice. Les incidents étaient rares
mu iquc des Petits-Yiolons, oi1 fut. exécutt: 1111
lX'nsal,le d'rn bien marquer le caractère. L'abbé
il Étioles. Le 16 juin. le procureur Collin arridircrtis eruent sur le Retour du Roi, tcrmiu,:
de Ht•rnis n'est point si sévère qu'il ne se laissl'
1ail arant dans son sac l'arrèt en bonne formr,
aller au plai ir d'en cultil'er les charmes. riui 'or.donnait la séparation des épon et la par des couplets de circonstance et le rcfraiu :
lïve Louis! lïve son Fils! Le souper, da11~
~·appartenant encore à l'Égli c que par son
restitution de la dot. lin j our du moi suihabit, il est au monde par ses mœurs, cl c'est 1·ant, on était an salon &lt;l'assemblée, quand la grande salle, ne commença guère annt
la morale du monde qu'il pratique, celle de retentit une détonation Yiolcnle, suh·ie d'un dix heures. Le Roi cl la Reine étaient seuls au
bout d'une laLle de cinquante com•erts, ayant,
l'honnétc ll'lm mc, qui diffère un peu de la
mou\'cmcnl du sol qui jeta hors de ses gond
sur l'angle, à droite, M. le Dauphin, à gauche,
morale chrétienne, mais d'après les règles de
la porte de la pièce. Le magasin de poudre
)ladame la Dauphine. Les autres places étaient,
laqud lr il semble éq uitable d'apprécier sa
d'Es onnes renait de sauter, à une lieue de
cond11it,·. Sou exemple aide il fai re comprendn• distance; il y al'ait une trentaine de l'ictime,, selon l'usage; uniquement occupées par des
dames. On pré ente exactement cent plats. n"
lï11d11lgl'11I respctt des ujet;; de Louis \\'
rt Corbeil entier perdait ses ritres. )ladamc
bonnes symphonirs rendirent moins pesault•
p,,nr dt•, faiblesses, qui chez d'autrrs c·:111s1•de Pompadour en parlait plus lard il son frère
la longueur de celle cérémonie, qui dura plu~
r.1it•u1 ,1·andalt' . Ilien 11 'cmpèd11• qur j11,ticc
\'0rao-eant en Italie, i1 propos &lt;l'un tremhlc- de deux heures cl demie.
,11it rendue i, 1p1dqucs-uncs dl's 'lu,tlitt:s de la
111~11~ de terre près du \'é't11 t•. Çarait été pour
Le reste de la Cour était srrvi en d'autre~
la, orilc, mème par des ge11s Je I ic , c1'l11e:1sc
die le présage d'un important 1hénemenl
&lt;'t de ~incèrc piété. Pour le grand nombre des surrenu quelques jours après cl depuis long- salles de l'llùtcl de Yille. On sut que madame
de Pompadour al'ait commandé un fort beau
Français d'alors, les volontés et les caprices
temps allendu dans sa l'ic.
. . •.
souper dans une des chambres du haut, avant
du Roi sont l'hoses qui ne sr di entent ni ne
Le cou.rrier des Flandres apportait a Et10les
se jugent : " En France, t:Crit précisément le brerel de marquise. Par une galanterie auprès d'elle mesdames de assenage et iEstrades, son frère el M. de Tournehem. ~fais
llcrni~. le lloi &lt;'sl non ~eulemenl le maitre de
Loule rorale, Loui X\' l'arait fait partir dl'
drs
honneurs plus significatifs lui sont arcorLien, l'l de la rir. mais ,111ssi de l'esprit dr Gan,I. lt~ 11 juil Id. jour oi, la ri ll1· 1·,·11ait
~es sujet~. Qm•l po11rnir! &lt;·1 1111'il srrait :1 isé d'ètn• pri,p p:ir Il' 1·,1111l1• tir Lmrr11th1f. \'oltairl' ch. LP d11c de Gesnes, goul'crneur &lt;lr Paris,
l'i 31. d1· .\1;1rrillr. lieutr nant général dr police.
&lt;l'en lirer 1111 parti :1ra11laf!l'U\ ! &gt;1
&lt;la tait dl' la uwi,011 dt• 111ada111etlr l1uu1pado11 r
011 ne prul ouhlicr. 1•11 t·t• si(~dl· oi, ri'·µ11r ll'S qu.1lrai11s 'l''t" lui snggfrait cetl.1• coïnl'i- qui allaif•nt d11•1, l'llt•. lrs j ours précédents. la
la frrnm(', &lt;JU(' la galant rric lais,e partout le deul'l'. l'I q11·011 rn11drait an•(' dl' la 111w,iq11c llll'llrl' au rourant tb prvparatifs de la fète,
~out 1111m1i~ d:111,; la soin:r lui rr ndre leurs
~('('plrt' an, mai ns des gràl'es et &lt;le la beauté. de lla111ca11 pour les lrolll-cr ~upportahles :
del'oirs : on y a n, )l. dr fli rheliru cl )1. de

xr

�1f1STO'J{1.Jl _ _ : _ _ _ , ! _ _ ~ - - - - - - - - ' - - - -- -- - -- - &lt;Î
Bouillon ; et le Prévôt des marchands, M. _d? à l'appartement préparé pour elle, dans l'al- el la chambre de parade. La princesse de
Bernage, bien qu'il senit lui-~èmc le Ro, _a Liquc au-dessus des Grands Apparlcmenl~, cl,' Conl(parait la première,_ fend.1~ foule cl entre
table a trouvé le moyen de qmller deux fois dès le lendemain, le Roi y a soupé en lelc a dans le cabinet du Ro,, smne de sa dame
la gr;nde salle, afin d'aller donner à la fa,·o- tète: sans que le chaperonnagc de madame d"honneur cl de trois autres dames en grand
rite des nouvelles du souper royal.
d'Eslradcs ail paru néccssai1:c. La ~ mless~ a habi t élincelanles de diam:rnts; ce sont mcsLe Roi rentra aux Tuileries à deux heures été, d'ailleurs, présentée le JOUI' stuvant, f?r- dam;s de la Chau-)Iontauban, d'Eslradcs et
après minuit, ayant parcouru , scion _la tra- malité aisée à remplir pour une lemme b1c1~ de Pompadour. La princesse dit les _phr~s~s
dition, les rues illuminées de sa capitale. A née et qui n'intéresse que comme prélude a d'usao-c et la marquise fait les trois rcre0 '
rcnccs. Le Roi 11'esl
peine levé, il reçut
le remerciement de
pas sans quclr1uc
la Ville pour r honrrène, et l'embarras
neur qu'il lui arnit
~emb1egranddc l'aufait la mille ; l'aprèstre coté. Après une
diner, il entendit les
Côurle comersation,
harangues des Cours
les dames se retirent
souveraines el celle
pour se rend rc chez
de l'Académie. La
la Reine, puis chez
Heine et Mesdames
le Dauphin cl la Daueurent de la musique
phine.
,
dans la galerie ; la
La duchesse de
Famille royale se
Lu ynes a relardé son
promena au jardin ;
départ pour Damil y eut cavagnolc cl
pierre, afin d'ètrc
crrand couvert. Le
auprès de sa mailendemain, tout le
tresse en celle cirmonde partait pour
constancc pénible cl
Yersailles, et le roi
sinrru)ière. Lisons le
Stanislas arrivait de
récit de son mal'I,
Trianon pour olTrir à
qui nous montre les
son tour des félicitadames, curieuses cl
Lions à son gendre.
médisantes, rasscrnPendant les jourl.,lées dans la chamnées de fètes officielbre de la Reine : &lt;&lt; li
les, toujours prévues
n'y avait pas moin~
et un peu monotones,
de monde à la préles préoccupations de
sentation chez la Reila Cour se rapporne; cl tout Paris éla_it
taient à l'événement
fort occupé de sa\'01r
dont on parlait dece que la Reine dipuis longtemps, la
rait à madame de
présentation de maPompadour. On avait
dame de Pompaconclu qu'elle ne
dour. On la savait
pourrait lui parler
prochaine et qu'il y
que de son_habit, cc
serait donné un cerqui est un sujet de
tain éclat. La vieille
conversation fort orprincesse _de Conti
dinaire aux dames,
quand elles n·ont
crut devoir inlormcr
la Reine, aux Tuilerien à dire. La llciries, que le Iloi lui
ne, instruite que Paris arait déjà arrandemandait de pré.
.
senter celle dame,
gé sa com ersalion,
L A DAllE DU P.ILAIS DE LA REINE, gravure Je MOREAU LE J ErnE. - (Caoinet des Estampes.)
qu'elle ne connaissait
cru l , par celle raisonmème pas de m e.
là mème, devoir lui
Elle désirait, disailparler d'autre chose.
elle, que le Roi voulùt bien changer de senti- la ccrerno11ic plus piquante que l'on aLLend. Elle samit qu"elle connai~sail h&lt;:3u~oup '.11ament. Au fond, elle était moins fùchée de celle
La journée du mardi 14 satisfait la curio- dame de Saissac. La Remo lm dit qu elle
prélë rence qu'elle ne c?nsenlait à le parait1:e, sité générale. Dans l'après-diner, quelques avai t ,·u madame de Saissac à Paris et qu'elle
car elle était sùre de vou· promptement payees personnes ont rencontré la nouYelle rcnuc, arail été for t aise de faire connaissance avec
toutes ses delles, la cassellc royale ayant conduite chez la duchesse de Luynes, dame elle. Je ne · sais si madame de Pompadour
mainte façon de rémunérer les complaisances. d'honneur de la füine, par une madame de entendit ce qu'elle lui disait, car la Reine parle
Le 10 septembre, à l'heure mèmc où la la Chau-~Iontauban, née des Adrets, dont le àssez bas; mais elle profita de ce moment
~Iaison du Roi reconduisait à Versailles la mari est colonel d·un régiment du duc_ d'Or- pour assurer la Reine de son rcspe_ct el du
famille royale, harassée de fètes, 1c ~usiqucs léans. La présentation doit aroir lieu à six désir qu'elle arail de lui plaire. La Rcme parut
et de harangues, un carrosse des Ecuries ame- heures. Toute la Cour est là, malreillante et assez contente du discours de madame de Pomnait au Chàteau, sans allirer la moindre at- moqueuse, pour juger les débuts de celle padour, et le public, attentif j~squ' aux ,mointention, deux femmes qui l'habiteront dés?r- marquise improrisée, qu'on a entrevue ~ux dres circonstances de cet entretien, a pretendu
mais la comtesse d'Estrades et la marqmse fèles de l'hiver sous son nom de bourge01se. qu'il avait été fort lonp et qu'il ~vai~ été de
de r 'ompadom . Celle-ci est montée tout droit On se presse dans la Galerie, l'Œil-dc-fünul douze phrasC's. 1) On na rcmarrp1c rrn nn scnl

"-------------------::-------

LOUTS

XV

ET .MAD.JI.ME DE POJJfP.JlDOU'R_ -

incident : en ôtant son ganl, pour prendre et accompli cl s'inclinent dPrant cellr loi loutrbaiser le bas de la robe de la Reine, la mar- puissantc qu'est la volonté du 11oi. li rst malaiquise, Jort émue, l'a Liré de force et a brisé sément supportable, il coup sùr, de roir une 1·0 son bracelet, qui est tombé sur le lapis.
turièreim-eslie d'un role qui a semblé, jusqueCelle journée difficile passée, les belles là, réscné à des fem mes de haute naissance, el
dédaignées peuvent se moquer à leur aise de que, par un étrange renversement de,s idées
l'intruse et débiter des horreurs sur sa famille: morales, quelques-uns considèrent comme un
0:1assurera tant qu'on le voudra q11 ·elle n'a des privilèges de leur caste. Mais la nouvelle
pas d'esprit, on jouera sur le nom de « la maitresse a désorm.ais son rang, son Litre, ses
d'lhiolcs &gt;&gt; en l'apprlant &lt;&lt; la rlcsliolr 1&gt;; les droits au milieu de l'ancienne noblesse.
1•nrieux en se1·ont pour lrurs plaisanteries : il
Par la pl'l:~entation qui ,"icnt d'an,il' lieu,
laudra que tous cl toutes acreplenl le l'ail loul c l réglé exactement d'une foçon conforme

aux usages de la société d'alors. Les courtisans, quels qu'ils soient, devront des égards
it une personne distinguée par leur maitre, r l
les plus sévères sur le chapitre des mœur~
a~ronl it respecter le mng d'une dame réguEèrcmcnt présentée it Leurs Majestés. ~farquisc authentique de par le Roi, fixée auprès
de lui par le logement accordé dans les ch.tleaux, détachée de ses origines par le hren•l
qui change son nom et modifie sa condition
lrgalc, la pC'tilr bourgeoise de Paris estclcren11c
dame de la Cour de France.

(A sufrre.)

La

PIERRE D E

;'-,;OU IAC.

•
marquise
de Cois/in

t)

t)

!

1

•

J)u temps r1uïl habitait fallique du bel !totel q1li fait a11gle sur la place de la Concorde et la rue Royale, en (ace du 1ni11i~tère tle
la Marine, Chaleaub,·iawl &lt;tvait pour p1·01n-iétaire et voisine la mai·quise de Cois/in. De onze ans plus j eune que la l'o111pado111·, 11wis
deslinee à lui survivre un peu plus d'un demi-siècle, puisqu'elle moui·ut en 1817, Marie-Anne de !,Jailly, veuve de Ceoryes-Reue de
Coislin, él&lt;Lil da111; sa soi.i:a11te-lrei::.iè111e annee quand Chateaubriand la connut. Aux i·elations de voisinage qui 1ù'tablire11t a/01·s entre
la gmnde dame el le gran d éc1'i'.·ai11, 1101_1s devons l'el!1_1ce/ant mecl~illon _que voici, ~~!qu'on I~ t1·ouve au lame fi des ,\lémoircs d"Outl'l'tomiJc, dans /"édition la plus i-ecenle qu. en onl pubhee A/JI!. Garnier (reres avec l mlrod11cl1011, les notes et les appendices de Bire.
llada111c de Coislin était une femme du de porcelai11c comme celle que possédait
Madame de Chù tcauroux cl ses dt'ux sccurs
plus grand air. Agée de près 1c qualrc-ringts madame de Pompadour. &lt;1Ah ! sire, m'écriai-je,
élaient cousines de madame dn Coisli11 :
ans, ses yeux riers cl dominateurs arnienl unr cc serait donc pour me cacher dessous ! »
!'Clic-ci n'aurait pas été d'humeur, ainsi que
expression d'Pspril et dïl'Onic. Madame de
Par un singulier hasard, j'ai rclrouré celle
Coislin n'avait aucunes lettres et s'en faisait loilellc chez la marquise de Coningham, it madame de Mailly, repentante el chrétie111w,
it répondre à un homme qui l'insultait, dans
"loirc · elle al'ait passé it tran•1·s le siècle roi"tairien' sans s'en douter : si clic en avait conçu Londres; elle l'arait reçue de Georges IV, cl l'église Saint-Roch, par un nom grossir r :
me la monlrail avec une amusante simplicité.
(( Mon ami, puis11ue \'O US me connaissez, priez
une idée quelconque, ' c"élail comme d"un
Madame. de Coislin habitait dans son hôtel
lt'mps de bourgeois diserts. Ce n'est pas _qu'ellL· une chambre s'ouvrant sous la colonnade qui Dieu pour moi. &gt;&gt;
Madame de Coislin, aqre de même que
parlàt jamais de sa naissance; elle é~a,_l trop correspond à la colonnade du Garde-Meuble.
.hcaucoup
de gens d'esprit, entassait son argent
supérieure pour lom!Jer dans un r1d1cule : Deux marines de Vernet, que Louis le Bienclic samit très bien mir les petites géns sa11s Aiiiie arait données à la noble dame, étaient dans des armoires. Elle vimi t toute rongée
déroger; mais enfin , elle était née du pœmier accrochées sur une vieille tapisserie de satin d'une rcrmine d"écus qui s'allachait à sa peau:
marquis de !&lt;rance. Si elle renait de Orogon rcrdàtre. Madame de Coislin restait couchée ses gens la soulageaient. Quand je la lrourais
de Nesle, Lué dans la Palestine en 1006 ; de jusqu·à deux heures après midi, dans un grand plongée dans d'inextricables chiffres, elle me
Raoul de Nesle, connétable el armé chevaliel' lit à rideaux également de soie rerte, assise rappelait l'avare lrermocrale, qui , dictant son
par Louis IX ; de Jean Il de Nesle, régent de cl soutenue par des oreillers; une espèce de testament, s'était institué son héritier. Elle
France pendant la dcrni?l'c croisade de saint coiffe de nuit mal allachéc sur sa tète laissait donnait cependant à diner par hasard ; mais
Louis, madame de Coislin arnuait que c'était passer ses chm·eux gris. Des girandoles de elle déblatérait contre le café, que personne
nnc bètise du sort dont on ne de,,ail pas la diamants montés il l';_i.ncicnnc façon descen- n'aimait, suirant elle, el dont on n'usait que
rend rc responsable; elle était nalu rellemeï1l daient sur les épaulettes de son manteau de pour allonger le repas.
Jladame de Chateaubriand fi t un \'Oyagc ir
de la cour, comme d'autres plus heureux sont li t semé de tabac, comme au Lemps des élé\'ichy
avec madame de Coislin et le marq11is
de la rue, comme on est cavale de race ou gantes de la Fronde. Autour d'elle, sur la
haridelle de fiacre : clic ne pouvait rien à cet couverture, gisaient éparpillées des a(fresses de Nesle; le marquis courait en avant et faisait
accident, el force lui était de supporter le mal de lcllres, détachées des lettres mèmes, cl préparer d·excellents dinérs. l\fadame de Coisli n
,·enait à la suite, et ne demandait qu· une
dont il a\'ait plu au ciel de l'affliger.
sur lesquelles adresses madame de Coislin
demi-lirrc
de cerises. Au dépar t, on lui pré~Iadame de Coislin arait-eUe eu des liaisons écrirnit en tous sens ses pensées : elle n'acheavec Louis XV? Elle ne me l'a jamais avoué : tai t point de papier, c'était la poste qu i le lui sentait d'énormes mémoires ..\lors c'élaiL 1111
, elle convenait pourtant qu'elle arai l été fort loumissait. De temps en Lemps, une petite lrain affreux. Elle ne \'Oulait entendre qu'aux
aimée, mais elle prétendait a mir traité le royal chienne appelée Lili mcllait le nez hors de ses cerises; l'hôte \1i soutenait que, soit que l'on
amant avec la dernière rigueur. &lt;1 Je l'ai rn à draps, venait m'aboyer pendant cinq ou six mangeàt, ou que l'on ne mangeàl pas, l'usage,
mes pieds, me disait-elle, il a\'ait des yeux minutes et rentrait en grognant dans le chenil dans une auberge, était de payer le diner .
Madame de Coislin s'était fait un illumicharmants et son langage était séducteur. li de sa maitresse. Ainsi le temps arait arrangé
nisme à sa guise. Crédule ou incrédule, le
me proposa un jour de me donner une toilelle les jeunes amours de Louis XV.
manque de foi la portait à se moquer des

�~ - 111STORJ.Jl ------------------------------------------~
croyances dont la superstition lui faisait peur.
Elle avait rencontré madame de Krüdener; la
myi.léricuse Française n'était illuminée que
sous bénéfice d'inYentaire ; elle ne plut pas à
la fervente Russe, laquelle ne lui agréa pas
non plus. Madame de Krüdener &lt;lil passionnément à madame dr Coislin : « )la&lt;lamc, quel
csl YOtrc confl'sseur intérirur'! - ~ladame.
répliqua madame de Coislin, je ne connai~
poinl mon confesseur intérieur ; je sais seulement que mon confes cur csl dans l'intérirur
de son conf'es~ionl'lal. ,, Sur cc, les deux dames
uc se Yircnl plus.
Madame de Coislin se , anlail d'arnir introduit une nouYeaulé à la cour, la mode des
C'hignons flollants, malgré la reine Marie
Leczinska, fort pieuse, qui s'opposait à celle
dangereuse innorntion. Elle oulenail q11·autrefoi une personne comme il faut ne se st•rait
jamais al'isée de payer son médecin. Sc récriant
contre l'abondance du linge de femme : « Cela
sent la parl'enut•, di~ait-clle; nous autres.
ft•tlllncs de la cour, nous n'avion que deux
l'hemiscs; on les renoul'clail quand cllcsélaicnl
usées; nous étions ,·ètues de robe de oie, cl
nous n'a,ion pa l'air de gri elles comme ces
demoiselles de mainlrnanl. &gt;l
)Jadame Suard, qui demeurait rue Royall'.
al'ail un coq dont le chant, traYer,anl lïntéricurdeHours, importunait madamcdcCoislin.
l-;1l(' 1:,ri1i1 i1 111a~a1111• Suard : 11 )ladam1•, faill'~

couper Ir cou à YOlrc coq. 1&gt; )ladame Suard
renvop le messager al'eC ce billet: « ~ladamc.
j'ai l'honneu r de l'Ous répondre que je ne ferai
pas couper le cou à mon coq. » La correspondance en demeu ra là. Madame de Coislin dit
à madame de Cbaleaubl'iand : « Ah! mon
cœur ! dans quel Lemps nous Yil'ons ! C'rsl
pourtant ccllr fille de Panckoukc, la femme
de cc m~mbrc de 1'1cadémie, rnus sal'cz? &gt;&gt;
M. llennin, ancien commis des affaires
t:lrangères, el ennuyeux comme un protocole,
barbouillait de gro · romans. li lisait un jour
à madame de Coislin une de cription : une
amante en larmes cl abandonnée pècbail mélancoliquement un saumon. ~ladamedcCoi lin,
qui s'impatientait el n"aimait pas le saumon.
interrompit l'auteur, cl lui dil de ccl air sérieux qui la rendait si comique : &lt;! )lonsieur
llcnnin , ne pourriez-vous faire prendre un
autre poisson à celle dame? 1&gt;
Lrs histoire que faisait madame de Coislin
ne pourairnt se retenir, car il n'y al'ail rien
dedans : Loul était dans la pantomime, l'accent
cl l'air de la conteuse : jamais clic ne riait. li
y arail w1 dialogue entre monsieur el madame
Jacqucminot, dont la perfection passait loul.
Lorsque, dans la conl'crsalion entre les deux
époux, madame Jacr1ueminol répliquait :
,( )lai , monsieur Jacqt1eminol ! &gt;l cc nom
était prono11L·é d'un tel Lon qu'un fou rire rnus
~aisis~ait. !ll,lii;fr de lt· lai~~l' I' pasM'I', 111ada11w

dr Coislin allcndail gra,·cmenl, en prenant du
tahac.
Lisant dans un journal la morl de plusieurs
rois, die &lt;ila ses lunclles cl dil en se mouchant : &lt;! li y a une épizootie sur les bêtes à
couronne. 1&gt;
.\u moment où elle élail prèle à passer, on
soutenait au bord de son lit qu'on 11e succomhail que parce qu'on se laissait allrr; que si
l'on élail bien allenlif cl qu'on ne pe1·diljamais
dJ rnc l'ennemi, on ne mourrait point : « Je
lt' crois, dit-elle: mais j'ai peur d'arnir une
distraction. » Elle expira.
Je descendis le lendemain chez clic; je
lrourni monsieur cl madame d"Araray, sa sœur
&lt;'l son beau-frère, assis deranl la cheminée,
une petite table entre eux, cl comptant les
louis d"un sac quïls aYaienl Liré d"une boiserie
creuse.
La pau\'l'e morte était là dans son lit.
lrs rideaux à demi fermés : C'llc n'entendait
plus Ir bruit de l'or qui au rait dù la rt:l'eilkr,
cl que comptaient des mains fraternelles.
Dans les prnsécs écri tes par la délunle suidi marge · dïmprimés el Mir des adresses de
lettres, il y en arnil d'cltrèmemcnl belles.
)lada111e de· Coislin m'a montré ce &lt;1ui restait
de la cour de Louis X\' sou Bonaparte cl apri·s
Louis X\'I , comme madame d'lloudclolm'a,ail
l'ail rni r cc qui trainait em·orc, au m:• ,it&gt;dt',
d1• la rnr:t::1: pliilo,oplii11ur.
Cl 1.\TE.\ Ul31l l.\'.\' D.

,

.

Une en1gme historique
On fut étonné à Foulaineblcau celle annér
16971 qu'it peine la princesse ,fille du duc
de al'oie cl futu re duchesse de llourgogneJ )'
l'ut arri, rt•, c1u(' madame de )(ainlc·non la fil
aller i1 un petit cou,enl horgnr d(' )lorcl. oil
k lieu 11e pou,·ait l'a11111~rr, ni a11cu11r &lt;le~
religic11sr~, dont il n'r en a,ail pas 1111L' de
1·01111uc. Elle i· retourna plu~it•ur foi~ penda11l
le \'Oyagr, l'l cda rél'cilla la cu rio~ité cl les
l,mits. ,\ladamc de )lainlcnon Yallait soul'enl
de Fo11tainc1Jlcau, cl 11 la fi(1 011 s'y était
accoutumé.
Dan~ rc comcnl était profcsst• une ~l0n·,~1·, i111·0111111t• i1 loul le nw11d1• l'l 1111·011
11e 111011lrail i1 pl'rso1111c. Boult•mps. premier ,·alel de chambre cl goul'crncur de \"l'rsailk·s, par qui le1; choses cfn sccrl't domrstique du lloi pa~saicnl de tout temps, l'y

aYail mise lou:e jeune, a, a;t pa~é une dol qui
ne se disait poin t, cl de plus conlinua1Luue
~ro se pension tous les ans. li prenait c-..:al'lt•mcnt soin qu'cllr eùl son n(-cci,;sairc cl tout
ec qui peul p:mcr pour a1Jomla11&lt;·1• i1 une r1·li1,!icu~t•. cl 'Ill&lt;' tuul ce lfll 't•:ll' pou l'ail Msirt•r
de lontc espi·c:e de douceurs lui l',it fourni.
La f't·lll' n·inc ,· alla il sou1·1•11l dt• Fon Laiu rhlcau. l'i pre11ail grand soin du 1Jie11-èlrc du
courent, cl madame de )fainlcnon aprè clic.
\ï l'une ni l'autre ne prenaient pa- un soin
direct de celle )loressc qui pùl se remat·qucr,
mais clics n'y étaient pas moi11s allcnlil'cs.
Elle· ne la 1o~_ai1•nl pas toute les fois qu 'clics
y allai1•nl. mais ~OUl'e11l pourlanl. l'l a11•&lt;· 11111•
grande altenlion à sa santé, à sa co11dui le, et
à celle de la supérieure à son ég-ard. )Ion l'igncur y a été quelquefois, cl le princes ses

enfants 1111c ou dcu~ Jiù, cl tou~011l dl'mamlé
cl rn la Jlore se al'CC bon11:. Elle était lit al'cc
plu~ de c:onsidéra l:on que la personne la plus
connue cl la plus distingm:c, cl se prérnlail
for t dl's ,oins qu'on prenait 11'1•lle et du m~~ti·rc qu'on t•n faisait: l'i 11uoiq 11'dle 1v1·1il
r,:g11lii•n•n1t•11t. on s'apcrrerni l liiPn que la
,ot·alion a"ail vlt: aidl:C. li lui échJppa une
fois. c11kndanl 11011scigneur cl.Jas cr dan la
l'orèt, de dire négligemment : 11 C'est mon
frère qui chasse.» On prétendait qu·ctlc était
fille du Roi el de la Heine, que sa couleur
l'arnil fait cacher cl disparai tre, rl publit•r
que la Rci1w a\'ail fait une faus c couche; l'l
1:caucoup d1• gens dt• la Cour rn t:La;cnl persuadés.
Quoi 'Ill ïl c11 soit, la chose csl demeurée
une énigml·.
S.\t,:,.;T-SI.\10~.

La

vie amoureuse

de Franço~. Barbazanges
VI (suite).

pas métier d'artisanes, el sorton d"aus~i
bon.ne bour~coisic que ce fils de con ciller!
.1~1lc parlait encore que l'on entendit s'ou'",r1r 1~ fenêtre de la maison Ilarbazangcs.
t_ranço1s parut, appuyé au chambranle de
pierre. Les grosses moulures cl les quadruple!colonnctlcs soutenant un fronton en cintrP
surbaissé qui dessinait une accolade l'entouraient d'un cadre de granit tout ~isclé de
ll~urons, de feuillages el d'animaux. Derrièrr
lt11, on apcrcernil le Yolet intérieur i1 demi
rabal~u, le pan du rideau en crépon 1erdàtrc.
li avait la tèl~ incli_née cl le corps penché à
gauche. De Ires petites tresses de soie el d'or
g~lonnaicnl son habit de drap noir, son ample
gilet, le re,·ers de ses manches. Le Ycnl faibl(•
agitait mollement les plis de sa cravate de dcn!dlc- un~ crarnlc qu'on avait pa) ée dix Iirrrs
a ~nademo1selle Conlraslin. - li ne portail
point la perruque, mais es propres chel'cux.
lo~gs, bouclés de mille boucles naturelles el
qu_1, foncés dans l'ombre jusqu'au brun pre11a1cnl au soleil l'ardente couleur el les ;cllets
de la chàtaignc_ mùrc. Ces chc,·eux, plus
souples, plus br1llanls que la soie en échc,~~u, si doux au regard qu·on était tenté
d l'prourer leur douceur par dl's carrsscs.

Jérobaienl à demi un risage pàlc cl délicat.
Le bislre léger des paupières avirnil l'éclat
~es )'eux! pareils, par leur bleu l'if el profond,
a _.1a genllanc sau~·agc; la bouche était pure t'l
11 •~Le, le nez dr?1l, le front san pli. liais rc
qn on remarquait poul-ètre de plus admirable
rn celle rare beauté, c'était un certain air de
calme, de nobles c, d'ennui ouYcrain, comnw
les peintres le \'Oudraicnl donner à l'.\mou r
mélancoliqur.
Du li~u ~ü }I_ e tenait, François pourail
aperccrn1r 1111ter1cur de la boutique: - l'horlo~e au fond, l'armoirr, le christ al'cc son
huis, le cartons pleins de manchellcs corn~L!cs cl fichus brodés, la grande tabic au
nuhru cl le demoi elles dentellières.
.l::ll~s ~laient l~uit, cc jour-lit, huit filles de
~l·1zc a , rng~-tro1s an , )!argot étant la plus
J&lt;•~nc cl Jul1c_nnc la plu. àgéc: huit jolie~
nea_lurcs en simples robes de griscll1' unie N
tablier ~e Lalfota~, bien serrée~ en leur «corps»
de balcrnc, la t~11lc droite cl menue, la gorgp
haute, le col dccoul'crl. Des ruba11s releraicnl
lt•ur fri ures blondes ou brunes, i1 la mode
tle !&gt;aris, car les l'icillcs personnes cl le dames
t•ntetéc dan~ leur prol'inciale routine étaient
presque seub, maintenant, à lai cr pendre

La croi~ée de la boutique était large ourcrh'.
Les demoiselles trarnillaienl autour de la table.
~fargol Chabrillat, assise su r la murcltr, h
1
a111be~ pendant au dehors cl la jupe troussé(•.
arrosait les pots de basilic autour d'elle si
négligem~en_l 911? Loule l'eau se répand~il.
Le _Lemps ela1l Joli. Un soleil raporeux dorait
les1fs sombn's du Puy-Saint-Clai r. Drs enfants,
ur_la rampe de fos és, perchaicnlcommcdes
morneaux .... l!n porc vautré, noir cl rosr.
~rog~ail aux mouches ... Au loin, le colrau d1,
1 E _pma , brun de rigne el rcrl de prairie~,
aY~1~ des places argentées &lt;Jui étaient drs
)lOll'ler en llcur.
.- Bon rnyage ! cria )!argot. ï , ous ,11Jcz
l'01r ,·o• amour à 'aint-Hilairc d'Obazinr,
pr~11cz gard~, qu'il y a lorcc loups dans les
h?1s des c1111ro11s, cl que les plus grasses hrrl,1~ ,ont les premières croquées.
• r d'1I 1)·1errc. Brel,1. grasse ou mai- \'01re.
gre cùah!·eue, pour le loup affamé, c'est tout
un .... El rous, mademoiselle l'insolente
pr~ne~ gard~ qu'il y a des loup ailleurs qu'au:
!,ois d Obazmc .... J'en ai \'li un, l'aulrcmatin.
''. ~ullc même, près de la tour de Maïssc. li
clatl fort saurngc, encore qu'il march,H sur
deux palle cl fùl !rare Li en barricotier
.. Il _avait prc que crié ces derniers m~Ls en
s cl~igna~l. La Chabrcllc ne fil qu'en rire.
. oudam, elle aperçut François Barbazan1rcs
r!u 1 rèrnil derrière la fenêtre clo c, au premier
ctagc de sa maison ... . Une rou1rcur de flamme
courut de s~s chcr:ux à s?n co~1. ... Elle jeta
rudement I arro o1r el lira sa jupe sur ses
rhc"illcs.
- Eb ! mcsdcmoisellc , dit-clic, il me
''.' 111 hlc_ que nou donnons la comédie au brau
J•rançoi_s .... li e _1 d"hu_mcur moins gaie 'lue
s_on anu cl ne daignerait pas badiner a,·cc de~
li~l~ .. · · Pourquoi regarde-l-il ainsi de notre
cote'?
)lademoisclle Julienne Sage, qui était la
doyenne, déclara :
, - C'est Yrai qu'il nous rr11arde
! Yoilà une
0
l'lranae
•
. o ,a1·c11lure.... Tenons-nous coites
el ne
taisons semblant de rien .... Cc serait un honneur pour l'atelier si l'une dr nous foisail son
galant_du beau François cl le menait doucement JUS&lt;JU
·
•.au mai.·•age .... JI est r1cl1c
.
mai
srs _parrnt, l'aiment à l'cxC'ès, cl c~nlrn- L.1 croisée ,fc l.1 to111i.J11e t!l.lil 1.irgc 0111·erle. /,es .kmoisellc 1. , 'Il •,
.
1 111 1110 111
lt'ra1p11t
to11i,,11r·
. . E· Lnous, pour
.1ssist sur l.1 11111rtlle, les j.1ml:es /'CIi f.rnl 111 tl!l,ors ,11/,.,;p.1; 1'.o · "
"
•~e /.i l,iNe• .lfargot ChJl:-rillat
, •
,.
M'~ I·,111 1a1s1(•,.
111 les tots Je b:isllic.,..:... JJo 11
5
voyaze ! cria-1-elle. Si vous aile= voi~ ,.0; a,;1011 ,.s i Sîilll·III; !'_sse~, Jl'l'? ·
111éd1ocrc r1ut• soit notre bien, uou, m• lai~Oll!111 1
/outs .f:ins les bois des t11viro11s et que /es "lus ur;sse~ tre•·s· e ' ,otJ=me, _trene= garJe q11ïly a force
•

""89 ...

,

• •

, .,

s0111 es f're1111eres Cl'Oquees .... • (Page &amp;)

��111STO'R._1A

----------------------------------------.#

d'une étrange haine le palron et protecteur
de Tulle.... &lt;! Est-il bien possible, pensait-elle,
qu'aucun sainl du paradis se soit jamais soucié des Chabrillal? Quel mal saint Clair nous
a-t-il fait dont mon papa le croie punit· par

E11jupon cou ri, en chemise/le, !llarfol se t,na el se p,,r.
/11ma avec 1111 débris de savon a la. rose. U11 petit
miroir reflt!/ait des fragments de sa perso1111e.
(Page 92.)

des blas1ihèmcs? )J Elle ignorai l les raisons de
cette sacrilège rancune et l'influence qu'arait
eue la fêle de saint Clair sur sa propre destinée. Ces raisons, cette influence, M. le curé
de Saint-Pierre el M. Habanide, trésorier du
roi, étaient presque seuls à les connaitre.
Car c'était par une nuit de la Saint-Clair,
après la procession el la foire, c'étail par un
doux minuit du 1er juin, que Jacquou Chabrillat, naguère, avait mené hors des remparls
certaine cuisinière de M. Rabanide. Celle
Marioun, encore sage it ,·ingt ans passés, arnil
le ,·isage rond, les yeux plus vifs que des chandelles, uncgrandebouchequi riail toujours, cl
quelques écus dans un bas de laine. Son
maitre la rnulail marier à un braye garçon.
Mais Jacquou Chabrillal, fainéant, ivrogne,
déjà sur l'âge, vraie figure de Maugrabin,
possédait la plus flatteuse langue el la plus
hardie. Ne sach;rnl a ni b, il parlait de l'amour
el de ses plaisirs comme M. Mascaro!1 du paradis, d'une si Jorle el touchante laçon qu'il
cnlernit l',imc. Le couple s'allarda dans un
Yignoble, sur les pentes du Riou-Bel. La
lune élail ronde cl rouge entre les ceps; la
lleur du pampre cniHail l'ombre amoureuse ...
JaCiJllOU parl~il, ~forioun soupira. - rl de
leur lurtil' baiser naquit Margot la ChaIJ1·clle.

On-peut dire que le malheur de celle fille
précéda sa naissancemème. La Marioun, honteuse de sa lai lie élargie et de son devantau 1
trop court, se mit aux mains d'une femme du
Pré-Gautier qui lui fit boire force tisanes.
Mais le Chabrillat, qui craignait le travail
honnête, était si bon ouvrier d'amour qu'aucunes boissons ou manœmres ne purent
détruire l'oul'ragc qu'il avait fait. Marioun
en pleurs déclara sa grossesse au greffe du
Lribun,al. Alors interl'inl le sage curé de
Saint-Pierre. li avait diné sourentes fois
chez M. Rabanide el goûté la merveilleuse
cuisine de Mariouu. Le souvenir de ces voluptés innocentes cl le sentiment du deYOir pasloral lui donnèrent un extrême
désir de sauver la pauvre créature. li fit
quérir Jacquou, et, d'accord avec les Rabanide, il lui promit quarante écus pour le
jour du mariage s'il voulait rendre l'honneur à Marioun. Cette promesse allendril le
mécréant, ému déjà par le vin de Laguenne.
On fil la noce, el les nouveaux époux s'établirent dans un galetas des Quatre-Vingts.
L'enfant naquit en ce beau séjour, sur
un lit rompu, aux lueurs d'un chalelh de
Ier. Le ronflement de l'ivrogne, le sabbat
des matous sur les cornades du toit, l'aigre musique des girouettes couvrirent son
premier cri. Cette même sorcière du PréGautier, qui ne l'avait pu détruire, le reçut
dans son tablier sale. Jamais on ne Yil si
triste petit corps .... Trois jours après la
fièrre mena Marioun en terre. Le veut
pleura des larmes de vin chez tous les
cabaretiers, puis il se rappela le proverbe :
L'home qu'a sa femm~ mol'ta
A cent escug à la porta.

La liberté reconquise valait bien cenl écus.
Jacquou mil sa petite fille chez Lionardote
Chadebcch, la barricotiè1·c, qui gardait une
chèrre dans son hangar. Puis il reprit sa belle
Yic de gueux, faisant çà el là des corvées de
manœune et buYanL les sous de son salaire
avec les cavaliers de la garnison.
Margot vécut,-la crasse et l'ordure n'ayant
jamais tué personne en Limousip. - Elle grandit dans la cour puante, entre les murs lépreux,
au bruit des m~rteaux sur les futailles, tout
imprégnée d'odeur caprine, sèche, ardente el
vive comme un chevreau noir. Lionardote l'élera
parmi ses cinq garçons, les plus malfaisants
du monde, toute la marmaille mangeant au
même plat cl couchant dans le même lit. l&lt;;n
celte intime compagnie des petits barricotiers,
Margot apprit bien vite Lous les secrets de la
nature. Elle fit le mal, pauvre fille, avant de
connaitre l'existence du mal, el cessa d'être
pure sans cesser d'être innocente.
Cependant le cmé de Saint-Pierre n'arnil pas
oublié la malheureuse )[arioun. JI s'émut de
mir l'enfant quasi abandonnée par Jacqoou
Chabrillat, errant dans les ruelles al'ec les
(( drolcs » du harricolicr, mal lavée, mal mouchée, les pieds nus, le cotillon troué, le bonnet
de travers sur l'effroyable · broussaille &lt;le la
1. Tahli~r.

cherclurc. Par ses soins, la petite fille fut
confiée aux Dames Ursulines, qui lui enseignèrent la lecture, la coulure, un peu d'écriture, des cantiques, quelques fables cl le catéchisme. Margot apprit tout ce qu'on ,·oulut,
hormis la pudeur dont elle n'eut jamais que
l'apparence, car, avec une habileté merveilleuse
à tous les ouvrages, un parler charmant, un
esprit singulier, elle avait l'âme aussi peu
chrétienne qu'une faunesse des bois.
La première communion fai.Le, les Ursulines
l'cnYoyèrent chez mademoiselle Conlrastin pour
y broder le point de Tulle. Mais les exemples
de M. Chabrillat, la passion de Galapian le
barricolier, la première effervescence de j eunesse, anéantirent bientôt les germes de vertu
que la grâce sacramentelle avait pu laisser au
cœur de l'enfant. Elle perdit tout retenue, elle perdit même son nom : cl Marguerite
devint )Iargot, puis, tout crùment, la « Chabrette », comme l'animal de caprice et de
luxure dont elle avait sucé le lait.

IX
Ce jour-là, par bonheur·, le galetas était ùd&lt;'.
Margot tira le verrou sur elle el qui lla ses
Yieux Yèlemenls. En jupon court, en chemisette, elle se lava et se parfuma avec un débris
de savon à la rose, hommage de l'amoureux
barricotier. Un petit miroir reflétait des fragments desa personne: des cheveuxbohémiens,
crépus et doux, des yeux bruns striés d'or, sous
des cils plus sombres ... la ligne un peu camuse
&lt;lu nez, le sourire sensuel, l'épaule maigrelette,
les seins dorés comme des citrons .... Maintenant la Chabrette était une fille très co~v(l1,lablc,
en robe de futaine grenat, fichu d'indienne
ramagé, et petite cornette bien propre. Elle
semblait presque une demoiselle suivante de
bonne maison.
Elle plaça le miroir à mi-hauteur du mur,
s'éloigna et se plia en révérences, comme répétant le menuet. Avec un sourire de cérémonie,
elle figurait son entrée dans le salon de madame Barbazanges el cherchait en son âme un
compliment respectueux. Mais elle n'ap,erceYail
dans la glace que des parties de son tablier cl
de son jupon. Dépitée, elle sortit, donna un
tour de clef à la porte, el descendit l'escalier
en sautant. Sa joie légère la portait comme
une aile ....
- Holà! ... que me voulez-vous? ...
Surla dernière marche, q µelqu' un se dressa,
tel un diable hors d'une trappe, barrant le
passage de ses bras étendus. La Chabrcltc
tomba en plein sur l'estomac de cc personnage.
- 'l'oi, imbécile! reprit-elle en reconnaissant le barricotier. Que fais-tu-là 7 Il est de
trop bonne heure pom: être saoul. .. Au large! .. .
Au large!. .. La Contrastin· m'attend ... Je suis
pressée ....
- La Cunlraslin !... C'est pour broder le
réseau chez la Contras lin que lu as mis la robe
des dimanches et de l'odeur su r ta peau? .. . Je
t'ai me descendre les Quatrc-\ingts, tout i1
l'heure, comme si tu aYais eu le feu it tes cotillons. Ça n'est point naturel. ... Ça ne me convient point. Remoule, &lt;:l plus vite que ça! ...

'--------------------

Ll

VlE A.MOU'R_EUSE DE r'R_ANÇ01S B.1rJrBAZANGES

- fü s'il ne me plait point, à moi, de dcnlcllcs à·raccom111oder cl à blanchir ... C'était
drc sa l'O ix cl mèmc l'apercevoir toulà l'heure,
remonter! Ya-t'en, rilaine face! Ya-t'en rous- l'affaire d'un instant, d'une petite heure....
q~and le ~eau monde s'en irait. .. Cette pensée
1
seau, va-t'en, bobaou ! ... Tu me veux ~altrai- Et, puisqu'elle avait celte chance d'être libre
lut donnait de la peur et du plaisir, une
ter, maintenant L.. Tu me casses les poi- pl~1s_ tôt que de coutume, ne pourrait-elle
angoisse délicieuse qu'elle ne comprenait point,
gnets L.. Au secours, bonnes gens !... On me reJomdre son cher Galapian au bord de la
car, n'ayant ~amais lu de roman, ni fréquenté
tue!... Cn me Yioie!... Accourez!... A Corrèze, près de la Porte-de-Fer?
les compagmcs, la pamrc fille ne raffinait pas
l'aide !... A la garde!... Au feu !. ..
Ces parol~s,, un souris fort éloquent, un sur le tendre et croyait &lt;flic tout l'amour tirnt
Les cris suraigus de la Chabretle intimi- regard d: cote, entre _les paupières brunes, entre deux draps.
dèrent le Galapian : il lâcha prise. Déjà Mar- enfiammerent le Galapian de tous les feux de
L'amour!. .. Ellen'yrnyait qu'un jeu simple
got était dehors.
l'amour. Il rêva d'un petit cabaret de l'Alvero-e rt agréable, auquel on associe rnlontiers les
Les grands auvents de tuile creuse, décou- où quelquefois il avait fait la débauche av~c ~alapians, mais non point des créatures supépant un morceau de ciel d'un bleu cru lais- ses a_mis ~t sa_ maitresse. Il rêva poisson de ncm es et quasi sacrées comme M. François
saient filtrer un rayon oblique sur les f;çades Correze, vm_ d Allassac, baisers gourmands, Ilarbazanges .... Approcher ce jeune homme
armoriées, sur les fenêtres à croisillons, sur chansons ga1llardes, et belle nui Lblanche dans respirer l'air qu'il respirait, effleurer pa;.
les balcons couverts où pendaient des lino-es la soupente qu'il occupait au-dessus du hanO'ar
mégarde son vêtement, Margot, dans ses
éclatants et des loques mullicolores. Quelq~es paternel. Alors, tout miel et tout sucre," il yœux les plus insensés, ne souhaitait pas autre
rieilles, attirées par le bruit, itwectivèrcnt s'excusa de sa brutalité, baisa la bouche dè chose.
rontre les amants.
~Iargot, et s'en fut joyeux, vers la ri\'ièrc, oi1,
Cependant, derrière la porte grise, le
Le garçon dit, tout honteux:
Jusqu'à la nuit close, il devail SC morfondre murmure des conrersations s'apaisait. Un
- Es-lu soue, de brailler comme ça, Cha- d'impatience el cracher dans l'eau pour faire
homme parlait maintenant, seul, à voix ronbr~lle ! Je ne le faisais point de mal.. .. Et des ronds.
llant~ et gémissante, qui parfois s'élançait en
puts ... quand même .... Si tu Yas avec d'ausoupirs. Ce personnage tenait des discours
1res ... des messieurs ... j'ai+y point le droit
X
singuli~rs:
mèlés de prose et de l'ers, qu'il
d'être jaloux?
~embla1t
lire
en un livre et non point imaginrr
- Jaloux!
Votre servante, madame Marccline .... Je de son cbet. Les noms de« Délie)) el d' cc Alci~fargot regarda le Galapian.
riens de la part de mademoiselle Contrastin
mède &gt;&gt; rcrenairnl san cesse en ces discours,
Roux comme un écureuil, le front bas, les et je voudrais voir madame Ilar'
sour~ils_g'.os, les yeux un peu égarés, il n'était bazangcs.
pas JOh, Joli, mais il pouvait être terrible.
L'ancienne berceuse de FranM. Duhamel, le sculpteur, J"avait fait venir en çois écarquilla les yeux.
son atelier, pour y représenter au vif saint
- C'est toi, drôlesse! ... Que
Jean-Baptiste ; et dans les salcm, devant les te voilà propre aujourd'hui !
dames de Tulle, l'artiste ne se pouvait tenir Je ne te reconnaissais point. ...
de vant~r les proportions admirables d1~ gueux. Entre !.. . Monte l'escalier, douCar J~rome Chadebech, laid de visage, avait cement... plus doucement ....
les Jambes longues, les reins étroits les Madame a de la compagnie cl
épaules larges, la poitrine musculeuse ' d'un toute la maison fait silence quand
blanc laiteux sous le hàlc du cou.
'
mons!eur l'abbé de T,agarde N
~esfe~m~s, artisanes cl petites bourgeoises. monsieur Peschadour sonl au
arn1enl aime cc brutal, disait-on. JI vivait salon .... Ils parlent si liicn, ers
d:e!lcs et de leu'. fo~ie, les méprisant tou tes, messieurs! On dirait qu ïls prè•n a11nant
• que, lu1-meme &lt;'l MarO'ol
e, . "'acrtie'
nl 0 1•c ,
chenl. Là ... là .. . boute-Loi dans
11s avaient lelé la même rhè1•re; ils avaient le couloir, sur l'escabeau. ,I&lt;' le
couch~ sur la.même paillasse et ronlé par tous conduirai chez madame quand ln
les com~ d~ 1Enclos. Et, dans crltc passion heau monde sera parti.
du barricol1er pour la dentellière, il r avait
)fargot resta seule sur le palil'r
c~mme une habitude d'enfance, une fra Lernilé du premier étage, qui se prolonb1zar~e'. un_ lien plus strict que le plaisir.
geait à droite el à gauche en un
. 111 _aimait, cl son amour n'allait pas sa ns couloir mi-obscur. Un jour terne
plousie. La Cbabrette demeurait indifférente éclairait les marches de pierre raux triomphes du Galapian, et le Galapian moussée~, la grosse rampe de
souffrait parfois que la Chahretle eùt des chêne luisant, la porte du salon
?onlés pour tel ou tel gueux comme lui. Mais peinte en gris pàlc. Plus loin,
11 ne pouvait se représenter Marcrot dans les dans la pénombre, des lignes de
bras d'un &lt;( monsieur ». La oenf bouro-eoise lumière, au ras du carreau, dc:'
"
ct gent1'Ilatre,
qm· porte perruque,
épée," den- cclaicnt d'autres portes inrisitelles, bas de soie et lin°e fin. excitait ses liles. Drs roix s'élernirnt, dr~
li.i_reurs é_tranges, &lt;fti'il n~anife~tait par des rirrs, l'accord indi~tincl d'nn
cris, des JLll'Cments, des coups de poin" su r 111th. [ne horloge Lattait, arrc
les meubles, et des menaces de tout mass~ctw. des pulsations lentes, lonrdc~,
quelle fem?1e se ferait scrupule de mentir r~·Lhmiqucs comme le cœur • coure-,
- Au secours, bonnes ge11s! ... 011 me tue/... 0 11 me ,,,·ote ,
A
A l' ï ,
.... C·
.. .- ..... a1. e:... A la_g_arde!... An f eu !... , Q11elq1tfS i•ieilles
au Jaloux qm la gène? l;n instinct de pru- rnème de la ricillc maison.
a1t11 ees pa, le bruit, i111•ect,vere11/ contre les amants.... (Page ()3.)
dence retint le nom de Ilarbazanges sur les
Ce jour crépusculaire, ces
lèvres de Margot. Prenant avec o-ràcc le bras bruits vagues, le mystère des
d_e Jérome, elle déplora la sollis; du barrico- portes closes émurent l'irrespectueuse Chaoù il était heaucoup parlé de Vénus et de
ller.... Elle n'allait pas chez un« monsieur&gt;&gt;
brette, et, telle une déYOtc à l'église, elle de- lliane, dn llambeau de l'amour, des lys el des
non certes, mais chez une dame... oui ... chc~ meura bien sage sur son escabeau. Elle' sonroses, de la lune et du soleil, de &lt;c chastes
madame du Verdier .... ponr y chercher des geait que àf. François était au salon, séparé
lc~x
&gt;J allnm~s par des &lt;&lt; yeux inhumai_ns )) et
1. llonstre.
d'elle par la m1millr: 1p1'rllr pourrait &lt;'lllrn- meme de &lt;! t&gt;gr('Sses dlfyrranie &gt;&gt;.
l

0

�r-

111STORJ.JI

,
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - _ _ _ _J

La Chabretle tomba dans une rêverie proonde en écoutant ces propos.
« Quoi! pensa-t-elle, ne me semble-t-il point
reconnaître l'accent de M. l'abbé de Lagarde,
dont le frrre est drapier, rue de la Barrière'?
Il est &lt;l'Église el il ose parler d'amour! »
Elle quitta son coin cl mit un œil au trou
de la serrure. Alors elle vit le salon de rnadamr
Ba.rbazanges, el les fenêtres en face d'elle, l'l
les rideaux de crépon vert qu·rllc avait si souvent contemplés du dehors. La fleur de la
bourgeoisie tulliste était là : )(' sombrdl. P&lt;', chadour, les aint-Priest, les lhbanidc el Ir
dames assises en cercle, à contre-jour. avec
leurs jupes étalées, leurs prclintailles et leur
falbalas, leurs hautes coiffes de gaze à triple
ruche, montérs sur fil d'archal. L'une agilail
nn é,·entail mignon; l'autre croquait des pastilles; celle-ci caressait lin petit chien; celle-là
buvait une citronnade, el le domestique Jeantou, travesti en laquais pour la circonstance,
!ni présentait le plateau. Il y avait là quantité
de pccques et de pimbèches; des coquettes
plus ressemblantes à la comtesse d'Escarbagnas qu'à Célimènc, et moins de Léandres que
de 'frissotins, - figures, discours el façons
de province.... Mais la Chabrelle, éblouie, se
crut transportée à Versailles, dans le cabinet
du f\oi. Elle chercha du regard le beau Barhazanges et fut bien marrie de ne le poin t dfronHir. En revanche, elle aperçut )1. dr Lagardt•
fort clairement, et ne perdit rien de ses gestl'S
ni de ses paroles.
Ce fameux abbé, grand royageur, bel esprit.
aus i peu clerc que possible, faisait une IerLure de ses lellres à madame de La Calprenède.
A vrai dire, res Jeures n'avaient pas Ir
('harme de la nouveauté. 'fout le monde, it
Tnlle, connaissait l'hi toire de celle Ct Délie &gt;&gt;,
qui entretenait un commrrcc épistolaire avec
lt• plus fameux pédant du Limou in. Leur
lbmme était Loule pure, ne consumant guère
que l'imagination. Madame de La Calpreni!dc,
en ses jeunes ans, avait brùlé de feux plus
, ensiblcs, acc&lt;1rdant fort bien la galanterie aYcc
la préciosité. Elle riait née de ~onancourt.
Folle de romans, tout occupée de vivre ccu\'.
qu'elle aurait voulu écrire, Lenanl, dans un
monde assez médiocre, le personnage Lragi&lt;"Omique de la femme persécutée, elle s·éLait
mariée trois fois - par amour! - cl ses
trois maris l'avaient également déçue, avant
que de la laisser Yeuve. C'est alors qu'ellr
avait souhaité connaître La Calprenède, le plus
lëcond romancier du siècle, auteur d'ouvrages
en quatorze volumes et d'une Cléopâtre qui
ne finisssait pas de paraitre depuis dix ans .. ..
La Yieille beauté se dévoua pour l'honneur des
lettres françaises ... . Elle épousa La Calprenède,
sous l'expresse condition qu'il finirait la Cléopâtre, comme elle fit marquer dans le contrat.
Leur hymen ne fut pas heureux. Séparée, puis
veuve, - à jamais veuYe, - et plus romanesque que jamais, la dame se consola du rôti par la
fumée, el de ses quatre maris par son chaste
serYiteur Lagarde, ayant compris celle parole
profonde de M. Pascal que &lt;&lt; parler d'amom,
c'est faire l'amour ,,.
La pas~ion de l'abbé pour sa « Délir 1&gt; était

donc chose aYrrée, honnête et com-enablcaux
mœurs du temps. Une Chabrette seule, une
misérable artisane pouv:Îits'cnébahir, comme
elle ne manqua point dr le faire.

Je ne puis t•ous dfre, aimable Délie, q11e
vo11s m'avez laissé tout seul à Paris, pui.~que t•ous n·y avez laissé que la moitié rf.\1l'imède. JI est bien e.rlraonlinail'e dëtrn
ainsi sépal'é.de soi-même el je Sil is fOl'l
étonne de me tl'ottver par ici tout e11lie1· et
d·avoir le cœ111· à deux 011 /rois j01m1ées
du ro1·ps ....
Sans mn1t11·, Je ,1e fus ai sw-pl'tS de 11111 1•ie.
Comme 11n triste captif, 111011 rœ111· ro1n 1111111·ie
J:t les esclaves e11cl,ai11é1
Pa1· dt fier, ,·onqub·ant, e11 t riomphe 111r11h,
J;tain1t 1111e fidèle image
D11 cœur qui t•o1u 111ivail durant voire 1·oy117e

Mais, divine Délie, que celle moitié &lt;l'Alcimède que vous avez laissée à Paris est en
ttn deplorable état! JI est certain que si je
pottvais, par quelque apparition, me 111011trer à vous aussi désole que je suis, je 1•011s
loud1t:rais de pitié. Alon chagrin est plu.~
fort que ma raison. Il y a des i11sta11ls oit
toutes mes pensees 1•011l au désespoir, el
quelq11efois je me trouve si faible el si
lang11iss011l que je me sens defaillir el que
je JJ/oye sous le mal que /'absence me fait.
Parlant ain"i, l'abbé tirait des soupirs de
es talons, se lambourinail l'estomac, branlait la tète jusqu'à compromettre le bel arrangrmenL cl&lt;' sn perruque, et. &lt;' haussant sur
la pointe du pied, à chaque fin de vers, scmhlait prèt à ·i:1ancer \"('r « Délie ». llargot
1·rnl frrmrmrnl que le chagrin lui a\'ait Mrangé resprit. Elle s·auendrissait sur rr
paul're homme qui a,·ouail ainsi son c11ravaganœ .... Mais, un murmure naucur s'étant
élevé. le triste Alcimède. d'un Yisage riant cl
d·un port tranquille, fi L la ré,·érrn::c :un
dames, mil se papiers en sa poche cl ·as it
dans un fauteuil. Le pctil valet lui offrit unr
citronnade, et il parut à Margot qu'Alcimèdt•
avait oublié Délie .... Cependant madame dn
\'crdicr, qui é1ait ~rosse pour la première fois
cl fort mélancolique, porta son mouchoir à ses
yeux el déclara que ces lellrcs à macla me de La
Calprenède ne se poul'aicnl ouïr sans larmes.
- \'raimenl, dit-elle, si monsieur mon
mari m'écri,·ail en ce style, je ne résisterais
point à ma tendresse, el je prendrais incontinent le coche de Paris.
- Vous rê,·ez, ma mie Perrine! s'écria madame Barbazanges. Après dix ans de mariage,
cet excès de passion ne se peut concel'oir ....
Allez! rntre époux est fort bien près de )1. Baluze. el il reviendra à l'automne pour votre
accouchement.
- Certes, dit li. Pcsrhadour, ramonr conjugal n'a point, en son langage, ces tours
ingénieux, ces brùlantes pointes que nou
remarquons dans les lettres des amants. Mais,
madame, vos beaux yeux sont les pierres d'aimant el les astres polaires ,·ers qui se tournent, comme fait l'aiguille de la honssole,
Lou tes les pensées de li. du Yerd ier.
Ct• complimrn t rnrnrn11 le . on rire s111· lrs lt•..., 94 ''"

vres de madame Perrine, cl toute la compagnie
se prit à discourir sur l'amour. La Chabrelle,
cependant, se remettait en mémoire les bruits
fJUi couraient la "illc à propos de M. du Verdier. L'aimable a\'ocat n·était point un méchant époux: mais, sur I&lt;• point d'obtenir un
héritirr, il se &lt;li\'crtissait i1 Paris dan la maison de son oncle Ba1uzc. 011 fréquentairnl
beaucoup de damrs rl demoisrllrs ....
- Yoilà d'honnèles grns qui ont un grand
souci de l'amour, pensa la dentellière. Nous
autrrs, personnes du commun, le faisons sans
rn parler cl de tels discours nous semblent
folir. sinon indécence et gaillardise.... Pour11uoi tant dr phrases. lorsqu'un mol suffit? ...
N·c t-il point l'ilain de réunir tant d'hommes
graYe el de damrs l'C'rtucuscs pour les entretenir de... Ah! li donc!... Le Galapian el
moi, qui ne nous piquons pas de délicatesse,
allon au plus court, quand nous sommes ensemble .... Mais peut-être les amants du beau
monde ont-ils l'àmr autrrmenl construite que
nous, puisqu'ils peurrnt tant parler, tant
gémir, tant souffrir, el faire tant d·cmbarras
pour une cho e si simple que de se mellre ou
ne se pas mettre ensemble an lit?... Je serais
pourtant bien curieuse de sa,·oir ce qu'en
pen c M. François, et si le mépris qu'il fait
des lemmes ne l'irnt pas de la crainte d'être
brûlé, percé. déchiré et pre que assassiné par
une carognc de Délie! ... Mais quelle femme
le YoudraiL ainsi persécuter?
M. de L:igardc. ayant bu deux verres de
citronnade cl croqué quelques « cheveux
d'ange ,, . se plaça drrechef au milieu du
salon. Celle fois, l"ennui vainquit la curiosité
de la Chabrelle. Renonçant 11 pénétrer l'étrange
cararti•rc d' (&lt; Alcimèdc &gt;l . elle se remit sur
son rscaheau. Après un quart d'heure, les
pieds lui fourmillèrent. Elle bàilla, tourna ses
pouces cl romptajusqu'à cent pour se dil'ertir.
Le jour déclinait. Le logis semblait Yide ....
I.e son du lulh mourait dans l'épaisseur des
murs. Margot fit quelques pas de ce côté, pour
mieux l'entendre, puis quelques pas encorr.
et. suivant le couloir qui tormail un coude,
elle se trouva dcYant une porte mal jointr.
Les échos du salon n'arrivaient pas jusqu'en
re lieu fort retiré, 011 s·ouvrait peut-être l'appartement particulier de madame Barbazanges.
J,'onde musicale s'rlargissail dans le silence
sonore, dans l"ombre émue qui frémissait.. ..
L'imisible musicien jouait pour lui-même. au
gré de son caprice nonchalant ; il jouait des
airs au rythme lent, régulier, grave, d'allurr
naïYe el majestueuse. el bea ucoup plus anciens que la musique de M. Lulli: des airs 11
danser. chacones, pa,·ancs cl sarabandes, qui
sans doute araient charmé la ,·ieille cour, an
tcmp du premier card:nal. au temps dt•
Jluckingbam et de la re'.ne Annr .... Et soudain une roix. mariée au luth , chanta, loinlaine et pure. comme en songe, la chanson
dC' Louis XIII :
Belle &lt;1ui tiens ma vie....

La Chabrellc ne bougrait pins. Collée à la
muraille, les yrux lcrnu:,;. Il' ::.mg au rœur.
plus piilr que sa chcniisette, elle bmail de

_______________ ___
...:_

LA

Y1E .Jl.MOUR_EUSE DE F R_ANÇ01S B AR.BAZ.ANGES - - ~

ses lèvres ouvertes, cc philtre de l'harmonie
qui semblait descendre en elle a,·ec l'air
qu'el~e respirait. La maison étrangère, le
couloir sombre, un rayon qui traYersait la
serrure, clic ne vopit plus rien .... f\ien n·exisL:iit plus qu'un nuage indistinct autour d'cllr
rt la voix, la roix triste et suave portée su;
les frissons du luth. Et longtemps, elle dc''.'.cura dans cette cxta e, cl le chanteur et
1 '.'!.strn~ent se taisaient depuis longtemps
d(•.1a, quelle croyait les entendre encore. A
la fin, on trouble dissipé, elle s'étonna du sill•nce. Le trou de la serrure hrillait dans le
m:posculc, Lei un œil d'or. Nouvelle' Psyché,
)(argot r~ulut corn 1/tre le musicien mystér1~ux. Mais la porte céda sous sa main, s'ou, r1l en dedans, sans le moindre bruit comme
''.ne porte l~e, l'L, tremblante . ur le' seuil, la
Chabrclle \'Il cc qu"t•llc désirait mir.
.C'était une ,·asle chambre, en façon de bihh~thèque, bois&lt;.:c de chêne et garnie d'ar1no1res où, derrière 1111 grillage 11:ger, de.
lines _à reliure fan,·e s'entassaient jusqu'au
lam_br1s. Sur un dressoir, il y :l\'ait une
,phere, avec 1111 axe rt des mrridicns de cuill'e ; el sur lt•s lablC's, sur les fa11tr11ils, sur le
carreau, quantilé dïnstruments de musiqm•.
drs plus braux cl des plus rares, , iules d'l ta lie
Pl ~nilares d·Espag,w, théorbes t'l mandores,
lnlh, l't haulboi,. llt•nx rid.·aux dt• ras pourprl'. brodés d" un galon étrint, tombaient droit
,ur la fenètre el mas11uaient l'ardente lueur
dn_ ciC'I occi~ental, sauf un grand rayon aigu
11u1 lra,ersa,t la ehamhre obscurt', comme
nnt'ilèche échappé!' à l'arc d'Amour,rtdardait
,.011 exlrèmc poinle s11r le corsage de Margot.
.(.~ heau ra~ o11, lont , ihrant d'atomes dorr,,
rrva11t d'nnt' Yic magir111l'. rencontrait an pa,,age la tète_ appPs:1nlie de François Barl,azanges. I.e JCt1nr hommr dormait, le front
sur son bras, l't le hras sui· son luth. I.e flot
de ~e, rhcma. eronlarit tout d'un coté. c·o:i1ra1L _la tablellt• de cèdre et i1·éc.1ille. Ses cils
hall~r~nt, ~h_atouillés par le rayon . ,a bouche
'~111·1art. 51 !cunC'. i pure qu'l'llc semblait
11&lt;'r~e du ba~ser. Une molle clentellc YOilait à
il&lt;'_m1 s&lt;.&gt;s mams ncrrcuscsel nohlrs, 1111 blf't1is,a,t une , eine c~mmc un filet d'az 11 r pùll'
dans un blanc petalc de fleur .... Suppose,,
au rebours des contes, qu'une paurrc• fille,
1;11~heronne ou bohémiennr, rencontre le
1 r,?ce Charmant endormi dans fa forèt : non
/
m~ms _surprise,. non ~oins émue, )largol La po,-/e céda sous la main de !,largo/ tt lrtmbla t
homme dormait, le front sur son br~s 'et~ bra:s~su; e seuil, elle vit ce qu'elle désirait voir•... Le fe11nt
11
re.,ardarl François, et s,, de loin, &lt;'lie l'arait
elle l'avait tro11vt admirable il lid "ar~issait "lus adrm _onbt1" '· .. • Margo~ regardait François, et si, dt loin,
•
r
r
ira e encore a v01r ck P,-ts. (Page 95.)
trouvé admirable, il lui paraissait plus admirable encore à ,·o·r de près.
A la fin, le jeune homme s'a"ita dans on madame la Conseillère.... Sa requête fut bien
elle ne trouva plusAlcimède si ridicule d'avoir
so~meil, b:ilbutia un mol inint~lligible, et la reçue, elle put examiner les cornettes tout à
le cœur à cent lieue du corps....
c·u~1eus: Chabrette recula dans le corridor. loisir. Complimentée sur son adresse par
a(lai~ penser d'elle M. Barbazanges, sïl madameBarbazangcs, régalée à la cuisine d'un
XI
s eveilla,t tout à coup? Ne la prendrait-il point tour/ou beurré et d'un verre de vin blanc la
pour une voleuse?... Ain i la prudence tirait dentellière s'en alla plus triste à la fois' et
Le premier jour de mai, on vit le bon cha!\lar?ol en arrière et la rolupté de la contem- plus ~cureu e qu'elle n'avait jamais été.
noine
La Poumélyc paraitre chez les Barbaplatron la ramenait en arant.
Jla, , cc soir-là, le Galapian soupa tout seu l zanges, Lou l défait et désolé. M. Antoine
. Les portes du salon étant poussées à grand dans le cabaret de l'Alverge. Au ri que d'être Bro~ssol s'était laissé mourir: malade depuis
fracas, Margot regagna tout doucement son es- bauuc, Margot ne le rejoignit point. Couchée
neuf ans, abandonné des médecins depuis l'au&lt;·abeau. La compagniepritcongé de madame su~. so.n grabat, dès l'Angelus, elle pleura jusLo1m,1,e, il arnil attendu les vacances pour renBa~ba~anges • . La vieille Marccline ne tarda qu a I aubr. Et pressentant les délicatesses indre) ame sans troubler les études de son fris.
pomt 11 la renrr chercher, pour la mener ,·ers connues et les mystères du réritahle amour,
- Le ,ieux Jeantou m'a porté la nouvelle

q~

�, - 111STO'J{1.Jl _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ __ .,,,
awc une lrttre du défunt, dit le chano:nc. Je
suis tuteur de mon pauvre filleul, mais, rn
mes infirmités cl mon grand âge, M. Antoine
Broussol Yous prie, mon cher cousin, de continuer ,·os bontés à notre Pierre et de me
rrmplacrr auprès de lui, plus tard.
M. et madame Barhazangrs rt&gt;pondi m11
qu'ils aimaie_nt le petit flroussol rom mr lrnr
propre enfant.
- Cr garçon me plait fort. s'érria le consrillcr, cl si je n'avais pas eu François, jr
J'aurais sans doute adopté pour mon fils. li a
du sens, du cœur, une rusticité naïre qni
n'exclut point la finesse. Je disais naguère an
recteur du collège que cc Broussol serait la
l(loire de notre présidi:il. ~~l j'ajoutais que ces
bonnes qualités d'un étranger me piquaient à
l'endroit sensible, car mon propre rejeton
~cmble méconnaitre tout à fait la grandr11r de
la magistrature.
Le chanoine répondit :
- Mon cousin, il y a deux hommes en
l'0US : l'astrologue cl le magistral, le personnage qui contemple la lune el celui qui regarde
dans les sacs à procès. \'ous étiez astrologue.
l'l rien qu 'astrologue, le jour où mus files
François. Depuis , vous a,·cz sensiblement
perdu le goût de Yivre dans les céleslrs
~phères, cl YOUS ètes redescendu parmi les
, ivants .. .. Cela c t fort bien; mais il ne laut
pas mus ébahir si rotre garçon demeure un
amant de la lune el s'il n'a, pour la chicane,
ciue du dégoût.

- Hélas! didl. Barbazangcs en soupirant,
je me rappelle les sages discours de leu ma
belle-mère, dont Dieu ail l'àme, et les remontrances que me fit le recteur du collège! ...
J'ai crdé à l'amour paternel et à l'amour
l'onjugal .... Sur la foi d'tm horoscope cl sur
k s instances de ma fcmmr, j'ai roulu écarter
François de tout libertinage et le garder près
dcn:rn~jusqu·au temps de le marier .... Hélas !
le moins que nous puissions craindre, c'était
que mJn fils deYint. un blondin, un damcrel,
un diseur de prlils rers. comme on Yoil les
jeunes gens élevés d:ms les jupons de madame leur mère ! François ne donne pas dans
,·c ridicule. ~on content de fuir Irs dames, il
srmblc les abhorrer.
- Ceci n'est pas un mal, mon cousin, rt,
si \'OUS croyez toujours à l'horoscope ....
- \'ous riez, monsieur le chanoine~--- ~achez donc (el les gros sourcils de M. Barbazanges mont.aient cl descendaicnt.d'unemanièrc
fort. comique), sachez donc que. l'hircr dernier, mon. llls s'a,·isa de composer un otll'rage
de poésie! ....le dois dire qu' il ne l'acheYa
point.. ~lais, tombant d'une folie dans une
autre, il s'est. donné tout entier à la musique,
rl il passe des heures enfermé, jouant du luth
rt de la riolc, cc qui csl nn diYcrtissement de
baladin cl non de magistrat.
- Considérez, mon cousin, que cc dh-ertissrment n·a rirn de coupalilr, que notre
François n'a p:t accompli srs dix-nruf ans, et
qu'il esl lort aYancé dans ses étudrs. Que

diriez-rous, s'il faisait la débauche, s'il courait les filles et les tripots?
- Ce garçon est le plus bizarre du monde,
cl je ne sais à quoi il sera bon. Si je ne
redoutais pour lui le fatal présage des planètes,
ah ! je souhaiterais presque qu' il se dégourdit
comme fera, comme a fait peul-être, notre
Broussol !... Mais c'est une àme de glace dans
un corps nonchalant, insensible à la peine
comme au plaisir ....
- Le fils de l'astrologue!. .. le fils de J'ast.rologuc !...
- L'année procl~aine, je le Yeux faire vopger. Nous dépècherons, de compagnie, Yolre
jeune coq el mon béjaune à Clermont-Ferrand,
chez M. de Tassayrac. li m'a sournntes fois
prié de lui envoyer mon fils, car il n'a point
d'enfant el la solitude lui est pesante .... C'est
un bon homme, et un grand savant, allié aux
Périer el aux Pascal ....
Le chanoine approuva tort la décision de
ll. Barbazangcs, el il s'étendit en considérations judicieuses sur l' &lt;&lt; esprit de clocher », el
sur l'utilité des voyages, plus nécessaires aux
jeunes gens de Tulle qu'à tous les autres, la
rille étant privée de tous rapports aYec le
monde civilisé. Le lendemain, il se mil en
route pour Saint-Hilaire d'Obazine, afin de régler les affaires de Pierre Broussol el de ramener le gar~on a,·ec lui. François se réjouit ext.rèmemcnt de re,·oir son camarade; mais il lui
arrira, dans cc mème trmps, une singulii'rc
aYcnturr, qui changea le cours de ses pcnsrrs.

(A s1mre. )

MARCELLE

TINA YRE.

(l/111.111'3/ÎOIIS ,tt COSR.ID,)

LA VIE DE PARIS Ali XVIII' SIÈC LF., -

LA PROllENADE DES REllPARTS,

grav11re dt P .-F.

C OURTOIS,

d'apres

At: GCSTIS DE SAIST· At:BIX, -

(CaN11tl dts Estampes.)

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                  <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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                <text>Historia Magazine Illustré Bi-mensuel, 1909, Año 1, No 2, Diciembre 20</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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                    <text>, - 111STO'J{1.Jl _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __ _ _ _ _ _ _ _ _ __ .,,,
awc une lrttre du défunt, dit le chano:nc. Je
suis tuteur de mon pauvre filleul, mais, rn
mes infirmités cl mon grand âge, M. Antoine
Broussol Yous prie, mon cher cousin, de continuer ,·os bontés à notre Pierre et de me
rrmplacrr auprès de lui, plus tard.
M. et madame Barhazangrs rt&gt;pondi m11
qu'ils aimaie_nt le petit flroussol rom mr lrnr
propre enfant.
- Cr garçon me plait fort. s'érria le consrillcr, cl si je n'avais pas eu François, jr
J'aurais sans doute adopté pour mon fils. li a
du sens, du cœur, une rusticité naïre qni
n'exclut point la finesse. Je disais naguère an
recteur du collège que cc Broussol serait la
l(loire de notre présidi:il. ~~l j'ajoutais que ces
bonnes qualités d'un étranger me piquaient à
l'endroit sensible, car mon propre rejeton
~cmble méconnaitre tout à fait la grandr11r de
la magistrature.
Le chanoine répondit :
- Mon cousin, il y a deux hommes en
l'0US : l'astrologue cl le magistral, le personnage qui contemple la lune el celui qui regarde
dans les sacs à procès. \'ous étiez astrologue.
l'l rien qu 'astrologue, le jour où mus files
François. Depuis , vous a,·cz sensiblement
perdu le goût de Yivre dans les céleslrs
~phères, cl YOUS ètes redescendu parmi les
, ivants .. .. Cela c t fort bien; mais il ne laut
pas mus ébahir si rotre garçon demeure un
amant de la lune el s'il n'a, pour la chicane,
ciue du dégoût.

- Hélas! didl. Barbazangcs en soupirant,
je me rappelle les sages discours de leu ma
belle-mère, dont Dieu ail l'àme, et les remontrances que me fit le recteur du collège! ...
J'ai crdé à l'amour paternel et à l'amour
l'onjugal .... Sur la foi d'tm horoscope cl sur
k s instances de ma fcmmr, j'ai roulu écarter
François de tout libertinage et le garder près
dcn:rn~jusqu·au temps de le marier .... Hélas !
le moins que nous puissions craindre, c'était
que mJn fils deYint. un blondin, un damcrel,
un diseur de prlils rers. comme on Yoil les
jeunes gens élevés d:ms les jupons de madame leur mère ! François ne donne pas dans
,·c ridicule. ~on content de fuir Irs dames, il
srmblc les abhorrer.
- Ceci n'est pas un mal, mon cousin, rt,
si \'OUS croyez toujours à l'horoscope ....
- \'ous riez, monsieur le chanoine~--- ~achez donc (el les gros sourcils de M. Barbazanges mont.aient cl descendaicnt.d'unemanièrc
fort. comique), sachez donc que. l'hircr dernier, mon. llls s'a,·isa de composer un otll'rage
de poésie! ....le dois dire qu' il ne l'acheYa
point.. ~lais, tombant d'une folie dans une
autre, il s'est. donné tout entier à la musique,
rl il passe des heures enfermé, jouant du luth
rt de la riolc, cc qui csl nn diYcrtissement de
baladin cl non de magistrat.
- Considérez, mon cousin, que cc dh-ertissrment n·a rirn de coupalilr, que notre
François n'a p:t accompli srs dix-nruf ans, et
qu'il esl lort aYancé dans ses étudrs. Que

diriez-rous, s'il faisait la débauche, s'il courait les filles et les tripots?
- Ce garçon est le plus bizarre du monde,
cl je ne sais à quoi il sera bon. Si je ne
redoutais pour lui le fatal présage des planètes,
ah ! je souhaiterais presque qu' il se dégourdit
comme fera, comme a fait peul-être, notre
Broussol !... Mais c'est une àme de glace dans
un corps nonchalant, insensible à la peine
comme au plaisir ....
- Le fils de l'astrologue!. .. le fils de J'ast.rologuc !...
- L'année procl~aine, je le Yeux faire vopger. Nous dépècherons, de compagnie, Yolre
jeune coq el mon béjaune à Clermont-Ferrand,
chez M. de Tassayrac. li m'a sournntes fois
prié de lui envoyer mon fils, car il n'a point
d'enfant el la solitude lui est pesante .... C'est
un bon homme, et un grand savant, allié aux
Périer el aux Pascal ....
Le chanoine approuva tort la décision de
ll. Barbazangcs, el il s'étendit en considérations judicieuses sur l' &lt;&lt; esprit de clocher », el
sur l'utilité des voyages, plus nécessaires aux
jeunes gens de Tulle qu'à tous les autres, la
rille étant privée de tous rapports aYec le
monde civilisé. Le lendemain, il se mil en
route pour Saint-Hilaire d'Obazine, afin de régler les affaires de Pierre Broussol el de ramener le gar~on a,·ec lui. François se réjouit ext.rèmemcnt de re,·oir son camarade; mais il lui
arrira, dans cc mème trmps, une singulii'rc
aYcnturr, qui changea le cours de ses pcnsrrs.

(A s1mre. )

MARCELLE

TINA YRE.

(l/111.111'3/ÎOIIS ,tt COSR.ID,)

LA VIE DE PARIS Ali XVIII' SIÈC LF., -

LA PROllENADE DES REllPARTS,

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C OURTOIS,

d'apres

At: GCSTIS DE SAIST· At:BIX, -

(CaN11tl dts Estampes.)

�LIBRArt~IE: Ir.LUSTRÉE. -

JULES

TALLANDIBR,

ÉDITEUR, -

Somn1aire du

3• fascicule &lt;s ,..,;,.. ,,,••,

G. LENÔTRE . . • • . . Le mariage de Joséphine. . . . . . . .
PAUL DESCHANEL . . . . Joséphine et Bonaparte . . . .
dê l'Académie fra11çJise.

PiERRE DE NOLIIAC.
ifENRY BORDEAUX.
FRÉDÉRIC LOUÉE . .
MARQUISE DE C.lYLUS .

97
100

Louis XV et Madame de Pompadour.
L'amour au XVII• siècle. . . . . . . .
Les Femmes du Second Empire : Autour
de l'impératrice. .
Mademoiselle Chouin . . . . . . . •

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1

GÉNÉllAL DE MARBOT . • Mémoires . . . . . . . . . . . .
ERNEn LAVISSE . . . , . Louis XIV : Le • moi » du roi .

Le mariage de Joséphine

119
.128

PAR

Je l'AcaJbnie française.

103

Eo)10:--11 f.T Jr1.Es DE G0Nco1 RT. La Femme nu XVIII• siècle .
\·1cwR Il uco. . . . .
Tnlleyrand. . .. . , . . . . . . . .
~IA1&lt;1·1-u .E T1:-1A,RE. .
La Vie amoureuse de François Barbazanges.
Î ALI.E)IA~T DES RÉALlX.
La reine Margot . . . . . . . . . . . . . . . .

, ,:
, 15
11 8

ILLUSTRATIONS

PLANCHE HORS TEXTE

D'APRÈ&amp; LF.S TABLEA UX, OEfSISS ET ~TAJ.IPf.S OF. :

EN CA.\IAIEU :

BAUDOUIN, Euc;ËNF. C11ArEno:-1, Co~RAD, 0Avm, EtsE:-1, Eur.i,:-iE-A. Gu1LLON,
J.-B. ISABEY, LE BnuN, Il. L1-:co)1TE, A. lllAR&lt;:IIAND, N \TT,ER; .JEAN NocnET,
AUGUSTIN DE SA INT-AUIIIN, CARLE VAN Loo, WtNTERHALTEH, ETC,

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L'DIPÈRATR I CE

131

G. LENOTR.E

136
137

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J OSÈPH I NE

TABLEAU DE PllUD'IION. (/1/usèe du

Louvre.)

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ressants et captivants au possib e. Les rersonnages ont vécu dans iles milieux vrais,
ils ont aimé, ils ont souffert. Ce sont leurs souvenirs intimes, leurs mémoires historiques
que nous revè e HISTOR I A ; il nous les montre en pleine vie et en nlein mouvement,
obeissant aux appétit, et aux passions ~ui ont jadis determiné leurs actes.
Chadue fascicule reproduit les œuvres es !frands maitres de la peinture et de l'estampe,
tirées e nos musées nationaux et de nos b,bllothêques publiques.

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un cbef•d'œuvre d'un des plus grands maîtres du xv111• siècle

Napoléon et les Femmes

WATTEAU

par
Frédéric MASSON
de l'Académie française.

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nos plus grands peintres. C'est aussi rarpeler l'un des maitres les plus chatoyants, les
plus éié"ants et les plus "racieux du n111• siècle français, le siècle de l'c!le11ance, de la
grâce et"de l'amour. l\lais7 pHmi les œuvres de Watteau, il e~ est une, l'E111tJrq11e111e11/
tour l'ilt de Cythère, il laquelle il s'e,t attaqué â deux reprises pour s'y réaliser _10111
entier. Et, de l'avis unanime des plus fins critiques d·art, c'est la que Walleau a creé le
C h ef'- d'œuvr e de ses Chefs-d'œuvr e
Il n'en existe pa~, malheureusement pour le public, de copi~s gral'ées facilemen.t
accessibles. En dehors de quelques êpreu,·cs des grandes collecllons publiques et pn·
vées, ôn en chercherait , aincmcnt dans le commerce. Cetlc rareté meme d·une œuvre
aussi •justcmcnt consacrée a détermine lllSTORIA à en établir une édition spéciale
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DES CHEMINS

par HENRY BORDEAUX
SOMMAIRE du NU.,lÉRO IOS du 10 Janvier 19!0
MAHCEL PHÊVOST, de l'Académie française. Mon frère Guy. - RosEMONDF.
ROSTAND. L'anneau d'a~ ent. - PAUL REROUX. La maison de danses. JEAN RICHEPIN, de l'Aca émie française. Les larmes. - HENRI HEINE. La
nuit sur la plage.- GusT AV~ D ROZ. Le {Jur de 1·an en famill~.- H.-G ..\VE LLS.
La guerre dans les airs. - HENHt LA EDAN, de l'Acadèmte française. Tourments. - JuLES VALL];; ... Souvenirs. -CHARLES GRANDMOUGIN. Chanson
de janvier. - HENÉ BAZIN, de l'Académie française. Le blé qui lève. THÉODORE DE BANVILLE. Utopie. - ANDRÉRIV0IRE. Le Bon Roi Dagobert,
comédie en quatre actes, en vers.

I

Pttlx : 6 0 Centimes
rue Dareau, PARJS (Xl ":•)
.

~

intérèt : celle de Napolione Buonaparte,
pressé d'en finir, illisible, - déjà, - contournée, rageuse, soulignée d'un large trait.

rangé et méthodique : il emble qu'on ,·oil
!'bonnète tabellion toiser d'un regard protcc·teur le paurrc diable d'officier, &lt;&lt; sa11s immeubles ni biens mobiliers d'aucune sor te n.
dont il vient de drcsspr
le maigre bilan.
Celle formalilt: du
contrat remplie, l&lt;'s fiancés se sépar&amp;ren l pour se
retroul'er le Iend1•main,
9 mars, à huit hr urrs du
soir , à la mairie de la
rue d'Antin, où l'acte de
mariage devait êtr1' signé.
Le salon qui serl'it de
décor à celle cér(,monie
a consrrn 1 sa pompeuse
décoration du commencement du dix-huitièmr
siècle : la la rgc l'rise,
dorée en deux ton~ , où
des divini Lés, mèlérs /1
Le contrat aYait été
de petits amours, s'ébaldressé la veille, dans
tent dans des r ocailles;
l'après-midi, chez M• Rales lambris, les por tes,
guideau, notaire de la
les ,·olets, les cadres des
future épouse, en pr~
glaces, a,·cc leurs rosence d'un seul témoin,
seaux et leurs roses en
le citoyen Lema roi s,
bordures, leurs guirlan&lt;&lt; ami des parties ll. Le
des, leurs ors vieillis; b
futur époux déclara ne
dessus de portes où trôposséder 11 aucuns imncn t, en des Olymp1'S dans
meubles ni aucuns biens
la manière de Natoirt·,
mobiliers autres que sa
des héros m ythologiques,
garde-robe et ses équitoute une symphonie de
pages de guerre, le Lou t
belles choses que le temp~
évalué à la somme de ... ll
a ternies, fondues, har~lais, au moment de fi xer
monisées, et où se mêlt',
le chilfrr, il se ravise el
à l'allure rfrémonicus1•
fait rayer cet aveu de
du grand s iècle, la gràce
son indigence. Pourtant,
spiriturlle de la Rrgcnce.
comme il a foi en son a\'c« li sort, a dit Victor
nir, il cons titue, à tout haHugo, de tous les lieux
sard , &lt;&lt; à la future épouse
pleins de souvenirs. une
un douaire de quinzecents
rèYeric qui enivre. l&gt; Les
francs de rente annuelle
glaces surtout, les glaCliché Urau n.
1-iagère ». La citoyenne
ces des vieux logis sont
Beauharnais n'est pas MARIE-JOSÊPIIIKE-ROSE î ASCUER DE LA PAGERIE. Dessin (préstm1é de 1796) par JEAN-BAPTISTE ISABEY. impre sionna11 tes : elles
plus riche et ses apports
ont ,·u passer tant dr
se réduisent à néant.
gens, surpris tant de seL'original de ce contrat es t conservé dans contraste avec celle de Joséphine , M.-./.-R.
cr ets .... Ah! si l'on pouvait faire re,·irre les
les archives de M• Mahot de la Quérantonnais,
Taschei-, tracée d'une main indolente; et plus images qu'elles onl rcOétét's .... Dans ce grand
aujourd'hui titulaire de l'étude de M• Ragui- bas se lit le nom du notaire, posément calli- salon de l'hôtel de Mondragon, elles .se font
deau. Les signatures seules lui donnent quelque graphié, d'une écriture proprette d'homme ns-à-vis, reproduisant it l'infini les panneaux
1. -

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J. TALLANDJER, 75,

Le Yastc hùtel qui porte le n° 5 de la rue
d·Antin date de l'époque de la Régence.
Il était, au cours du dix-huitième siècle, la
propriété du marquis
.lc•an-Jacques de Gallet de
Mondragon, seigneur de
Pluvieux, Saint-Chamant
et autrrs lieux, conseiller d'État, mailre d'hùtel
ordinaire du roi, secréLairedcscommandemcnts
de Madame. La maison,
conlisquée comme bien
cl' aristocrate pendant la
Rt:\'Olution, fut affectée
aux services de la mairie
du deuxième arrondissement de Paris : c'est là
que, le 9 mars t 796, fut
célébré, comme on va le
\'Oir, le mariage civil de
Napoléon etde Joséphine.

Il ISTORIA. - Fasc. 3.

"'1

97 ,...

�1!1STO'J{1.Jl ------------------------------------------d'or l!'rni, les aralll'squl's dl's YOt1ssurcs, la
lourd1· chcminre dr marbre rouge à consolr
,·enlrtH' : t'l l'on songe au singuliPr tahleau
qu'clics se renl'O}aienl, le soir du 9 mars 1796:
Barras, fat cl hl•au parll•nr, cause arel' Talli1•n; Lous deux ,ont signer, en qualiLè dr
trmoins, an mariag1• de l1•11r protégé. Le braw
Camclcl, l'homme d1• conliam'l' de Jos1:phi1w,
se til•nl modestl'ml'nl 1, l'écart. La mariél',
avec son indéfinissable nonchalance de créole,
son so11rirc lri·s doux, sa peau ambrée, se
chel'eux châtains, noués à la grecque, l'èlue
d'une de ces tuniques sans enlraves qui rendent si souples s1•s attitudes, rêl'e, le mcnlon
dans la main, en chauffant au foyer mourant
ses pirds mignons cl cambrés. Nul bruit, à
cette heure tardire, da11s la rue drscrte, si ce
n'est les coebcrs qui cau~enl ou les chrvaux
de Barras qui piaffent. El le mou\'emenl régulil•r de la pendule, placl;e sur la cheminée,
r1:pand par la salle assoupie une somnolence
grandissante. Josrphine, 110 peu inquiète, regarde l'heure : Bonaparte rsl en retard : 'il allait ne pa l'cnir !
li se fait attendre ainsi pendant.deux longues
heures et l'on s'imagine quel durent ètre, à
mesure que le temps s'écoulait, l1•s n•gards
anxieux échangés de Joséphine déçue à Rarras
dépilé. Quanl à l'officirr de l'état ci,il, le
cito)'en Leclere&lt;t, il s'était endormi sans Yergogne, renversé dans son fauteuil, derrirre
son bureau.
Un peu après dix b.eures, - un bruit de
rnix dans l'e calier, le heurt d'un sabre sur
l(•s marches de pierre, - la porte s'oul'rc cl
Ir général parait, suiri de son aide de camp
Lemarois. li est prt• sé, va droit au maire
endormi, le secoue par l'épaule cl d'un ton
impatirnl :
- Allons donc, monsieur le maire, dit-il,
mariez-nous ,·ile.
C'csl sans doute au brusque rél'cil de l'honorable magi lral qu'il faut attribuer, - en
partie, Lout au moins, - l'extravagance de
l'acte qu'on rédigl'a sur-le-champ. i Il• texte
de celle pièce est fidèlement n'produil dans la
réirnprl'ssion des Alémoire~ de Bott1Tie1me,
on n'en peul conccrnir de plu fantaisiste.
Napoléon produit un rlal l'i\'il qui le l'icillil
de dix-huil mois Pl l'indique comme etant né
à Paris le 5 /ëvrier 1768 ! Joséphine, au conlraire, s'est procuré un acte de naissance, cl non pas seulement, eomme on l'a dit, un
certifical de noloriété, qui la rajeunit de
qualrr ans. Mais loul, dans ce mariage,
sembk• bâclé 11 la hàlc, el les conjoints, non
plus que les témoins ou les officiers publics,
ne paraissent aroir pris la 1·hosc au érieux.
Chacun, d'ailleurs, avait de bonnes raisons
pour pallier l'indiscrétion des pièces officielles :
Joséphine se rajeunissait par coquetterie;
Bonaparlc se vieillissait par galanterie; mais
comme en reculant de dix-buil mois la date
de sa naissance, il se faisait nailrc sujet génois, le né il Paris tranchait la difficulté.
Seul, Lemarois était sans excuse : il n'était
pas majeur et usurpait ainsi la qualité de
témoin .... füis lequel d'entre eux eùt pu sup-

poser que l1•s chroniqueurs dr l'avenir épilogueraient sur ces minulir ? Le papil'r porlanl
tous ers noms inconnus n'était-il pas destin(,
à dormir à toul jamais oublié dans la poussière de l'état ciril?
On peul supposer, du reste, qu'aucun des
assistants n'écoula la ll'Clure de cl'tte pièce
,:Lrange : rn quelq urs minutes lt•s Lexlcs
furent lus, les oui prononcés, les papiers signés. miliLaircrnenl. Lrs nonYeaux rpoux
d1•sc1•ndirenl l'escalier, su iYis d1• leurs témoins;
on échange des poignét-s de mains, sous le
porche, aYant de se quiller, el Barras monte
dans son carrosse qui le reconduit au Luxembourg; Tallien regagne Chaillot où il demeure;
Lemarois s'éloigne, arnc Camclct, dans la direction de l'holcl de la division militain•, rue
des Capucines.
Jo. éphinc, rlle au i, a sa Yoiture : depuis
dix mois déjà, en femme experte à pècht'r
dans l'eau lrouhle des ré\'olution , elle a
obtenu du comilé de Salut public la concession de deux chevaux noirs cl d'une calèche
prorl'nanl dl•s rcmi e du ci-dl'Yanl roi; c'est
à l"amitié de Barra , sans doute, qu'elle dul
celle i,wraiscmblable libéralité - presque
une récompense nationale - préscnléccommc
une rompcnsation de la perle des chcl'aux cl
de la Yoiturc lais és jadis par Beauharnais à
l'armée du Rhin el dont les représentants
araienl disposé.
C'est en cet équipage que Bonaparte fit son
entrée dans le domaine de sa fomnw, rue
Chanterei ne.
L"hôtel fameux qui abrita ses amour. était,
comme chacun sail, la propriété de Julie Carreau, femme de Talma. Joséphine l'avait loué
depuis six mois et s'y était in Lallrc sommairemrnl, faute d'argent. C"était, à l'extrémité
d'un long passage formant a\'cnuc, un pclil
pa\'illon à quatre faces, arec pans coupés aux
angles: quclc1ucs marclll's. accotées de d1•ux
lions de pil'rre, conduisaient à un perron
dt•mi-circulairc donnant accès ü une salle 1,
manger ovale; à droite, était un boudoir pavé
de mosaïque; à ~auchc, un cabinet de tral'ail
exigu; au fond, un salon qui, par deux
portcs-fenètres, ouYrail sur le jardin.
Un étroit escalier tou rnant conduisait 1,
l'étage en attique, bas de plafond, composé
d'un salon et de deux pièces : l'une 01alc,
au-dessus de la aile à manger, était, du parqul'l au plafond, tapi séc de glaces encadrrcs
de colonnettrs surnionlécs d'arceaux. C'était
la chambre à coucher : l'alcôve était décorée
de peintures figurant des oiseaux.
En pénétrant dans cette chambre de glaces
où l'élégance de certains Mt.ails dissimulait
mal l'indigence de l'ameublement, le pauvre
officier, c1ui n'était pas hahilué à de telles
splendeurs, cul pourtant une déception : il
trouva Fo1·tuné, le caniche bien-aimé de la
créole, confortablcmcnl installé sous l'édredon, et il 11'osa l'en expulser.
- Vous voyez bien ce monsieur-là, disailil, plus tard, à l'un des familiers de l'hôtel
Chantereine, il était en possession du lil de
madame quand je l'épousai. Je rnulus l'en

faire sortir, précaution inutilr ; on me déclara
qu'il fallait coucher aillrurs ou consentir au
parlagt•. Cela me contrariait asst•z; mais c'était
i1 prend re ou à laisser, cl le fayori fut moins
accommodant que moi ....
Et, de fait, dans sa rage d&lt;' mir un intrus
usurper sa place habituelle, k• chien mordit à
la jambe «&lt; l'hr urcux t:poux », qui garda
longtemps, de celle blessure, la cicatrice et le
souvenir, car il écril'ail dït.alic : et Million de
baisers, el même à Fortuné, en dépit de sa
mechanceté. »
Quand 'apoléon se sentira de force à dicter
chez lui ses volontés, sa rancune sera vivace
encore el il encouragera son cuisinier « à avoir
un dogue de très forte taille, dans l'espoir que
le grand chien dérnrera le petit. »
Le lendemain de on mariage, Joséphine
vou lul présenter à se enfants son nouveau
mari. Depuis six mois, Hortense cl Eugène de
Beauharnais avaient été placés en pemion à
Saint-Germain : celui-ci, dans l'instilulion de
jl•uncs gen dirigée par l'irlandais Patrice Mac
Dcrmoll; la jeune fille dan la maison d'éducation que madame Campan avait installée
dans un ancien hotel de Rohan, vaste demeure,
agrénwnlfr d'un ùeau jardin cl située rue de
Poissy, i, l'extrémité de la ville, presque dans
la forèl.
Eugène connaissait Mjà le général : il éLail
allé solliciter de lui, après Vl'ndémiaire, la
remise des armes de Beauharnais, séquestrées
en Yerlu d'un décret de la Convention : Bonaparle n'était pa non plus un inconnu pour
Hortense, qui s'était trouYée sa \'Oisine de
table à un dîner chez Barras où sa mère l'amil conduite : l'imprcs ion de la jeune fille
n'avait pas été fa,·orable. D'après les notes
laissées par une de ses compagnes de pension,
mademoiselle Pannelier, dont mademoiselle
C. d'Arjuzon a retrouYé le manuscrit, la pauvre llorlense se mil un jour à pleurer m
pleine classe; et comme ses amies l'entouraient, lui demandant alfcctucusemenl cc qui
causait sa peine, elle raconta, en sanglotant,
« qu'elle avait bien du chagrin, parce que sa
mère allai l épouser le général Ilonaparte qui
lui faisait peur, el qu'elle craignait qu ïl ne
fùL bien sévère pour elle el pour Eugène.... 1 »
Or, cc jour-là, iO mars, dans sa visite à
Saint-Germain, I' Ogre se montra charmant :
li voulut visiter les classes et posa aux enfants
plusieurs questions; mais la terreur d'Ilortensc amil été contagieuse el les petites ne
répondirent qu'en tremblant. Le général n'en
fit pas moins force compliments à l'institutrice : « Il faudra que je \'OUS confie ma petite sœur Caroline, madame Campan; je Yous
pré1•iens seulement qu'elle ne sait absolument
rien; tàchcz de me la rrndrc aussi savante que
la chère Hortense. » El, en parlant ainsi, il
pinçait légèrement à celle-ci le bout de l'oreille....
Et l'oilà l'histoire complète de la lune de
miel de 'apoléon ; le H mars, une chaise de
po Le \'enaiL se ranger dan la cour de l'hôtel
1. /lorleme dt Beauhamaia, par C. d' Arjuzon.

LE

GÉ"IÉRAL BO"IAPARTE CHEZ M ADAME DE B EAUIIAR~AIS. -

.... 9Q ...

T:
aNeau tk

Eu&lt;.hE•A. G, ILLON•

�,
1l1STO'J{1.Jl
de la rue Chantereine; clic était chargée, de
valises remplies de livres, de cartes et cl.armes. L'aide de camp ,Junot &lt;'t Cham:et, l ordonnateur des guerres, y arnient pris place.
Bonaparte s'arracha des. hras ~c la femme
r1u'il amit tant désirée; il gravit le
., marchepird, fil un signe d'a~icu ; !a p~rllere se referma et la rniturc prit la d1rectwn de la barrière d'Italie .. .. Ainsi com1mnça le « \"oyage

fabult'ux » qui dernit aboutir it Sainte-Hélène, vingt ans plus lard.
De l'holel Chantereine il ne reste rien ;
mais le salon de l'ancienne mairie o~ Bo_n~partc cl Josuphine prono~cèrenl le om fat1d1~
que qui unit leurs deux existences, _est ?emeurc
intact dans sa splendeur d'autrcfo_1s. bn 18_ 15,
l'hôtel de Mondragon fut rendu a ses anciens

propriétaires; mais la ville de ~aris' leur. en
paya le loyer pendant une vingtame d an~~es,
et les services de la mairie du de~x1eme
· ·
d' Y séJournC'r
arrondissement contmucrcnl
jusqu'aux premières années du r_ègnc de
Louis-Philippe. L'immeuble . appartient a~jourd'hui à la Banque de Pal'IS ~t des Pa~s:
Bas, cl l'ancienne salle des man~g?s sert ~-c
cabinet de travail à l'un des ad011mstraleu1 ~.

G. LENOT'RE.

Joséphine el Bonaparte
Par PAUL DESCHANEL, de l'Académie f rançaise.

de sarnir
0na beaucoup discuté la question
.
"
J
si Napoléon avait du_ cœu:, et JUs_qu a que
point il était ou avait pu etre s~ns1bl~. Vous
vous rappelez les vers de Lamartme :
.
. . . '. . : . b·•tlail. so~s ~on. ë ~is~e ~rmure.
Ilien d humam ne •
. .
Sans haine el sans amour, lu v1va1s_ pour _p~nser.
C nme un aigle r égna11 l dans un ciel sol1ta1re,
. qu.un t·egar d pour m esurer la tr1-rc
Tuo, n .avais
El des serres pour l'embrasser.

Madame de Rémusat, dans ses Mén~oires, a
.- • 1a mème pensée : cc Je devrais
exp11mc
, . .parler
du cœur de Bonaparte; mais, s i1 cla1l possible de croire qu'un ètre, sur tout au~r~
oint semblable à nous, fùl cep~ndant_ pme
~e celte partie de n.o~rc organis~.u~n q~1 ~o~s
donne le besoin d auner el ~L1 e :u me, J~
.
" l'instant de sa crcallon son cœu1
d1.ra1s
qua
,
. . , bl' , .
b' 11
pourrai· t fort bien aro1r, etc ou ie'. ou. ic _
cut-èlre est-il pan cnu a le C?mpr1me1 cor~
piètement. li s'est touj ours fait trop dc_brmt
~ lui-même pour ètre arrèlé _par un sent11nc'.1t
alfectueux, quel qu'il füt._ll ignore npeu pres
.
.» _
1es l1.ens du sancr.,, les droits .de la nature.
1
'plomale
qui
a
écrit
plusieurs
ivres
d
U111
'
ïles el
a&lt;rréables sur les
Femmes de "
r ersa1
1:s Femme~ des Tuileries, prote,sl~ contre
ces jugements, qu'il trouve cx~gcres ' ' el y
, d par les lellres enflamm,ces de Bonarcpon
.
.
'à
l
lle
parle à Joséphine; il va Jusqu : aC?CP er cc
opinion du duc de_Rag~so : ,
,
« La nature lm ara1l., do_nne un ~œur , ieconnaissan t el biem eillailt, Je pourrais mernc
dire sensible. »
.
Il s'a&lt;ril de s'entendre : que Bo~aparlc ail
été d'ab~rd épris de sa femme et ~alou~ parc . .
u'a: la fureur cela est rndémable;
!OIS JU Sq
Î '
d 1
mais cet amour rnna1.t-il du cœur, ou e a

?

1. /,a Citoyen ne B011apar te, par
Saint-Amand.

)1.

Imbert de

tète? Les mots « tendre&gt;&gt; et &lt;t sentimental &gt;&gt;
sont-ils bien faits pour rendre ces t;.ansp?rls
et ces rages? N'était-ce pas plutô~ l 1mag1_na:
lion qui était prise? Et n'en est-11 pas ams1
chez presque tous les ?ommes do.nt le c~:vcau domine el tire à lm Loule la sevc de_ vie,
- poètes, artistes, philosophes ou mathematiciens? Par là, les amours d'un Spinoza, d'un
Gœthe et d'un Bonaparte se ressemblent, : t le
moraliste se plait à relire en mème_t~~ps !_admirable théorie de la jalousie au tro1s1eme hvrc
de I' Éthique, certains entretiens, avec Eckermann' et les lettres datées de 1 orlone et de
Marmirolo.
.
Le jeune ambitieux sans scrupul~, ,qui a
épousé la maitresse de Barras, plus agee que
lui de sept ans, el q~i ln! doi~ son avanc~
ment rapide cl sa s1tualwn eclalante, n a
qu'un seul moyen de voil~r cela, de se releve1_'
devant elle (et peul-être a ses propres yeu~) .
c'est de paraitre n'ayoir cédé qu'à une pass1~ri
irrésistible, à un attrait vainqueur, à _la magic
de celle créole charmeresse. Alors il essa1e
de s'échaufier dans son role, cl presque de se
faire accroire à lui-mème, comme aux autres,
qu'il est le Saint-Preux de celle n~uve_llc
Héloïse. Et il va ramassant dans sa memo1re
les phrases les plus hyperboliques et les plus
frelatées, les métaphores à la Raynal. li ~ssaye de faire du Rousseau, i~ f~il du füsllf.
Elle, qui n'est pas forte en li~l~ralurc, pre~dra tout cela pour flamme ver1table. Et lmmème, it la fin, aussi peul-èlrc. . _ .
Cc qui est Hai , c'est riuc, rnqmc_t, il crarnl
e Par ses léoèretés
qu,
o
' elle. ne
. lm .fasse, en
son absence, une situation nd1cule; c est pour
cela qu'il la rappcl_lc. ~t. p~s. enfin, _une certaine jalousie physique, a I or1e~tale, e~, tout
au fond , cette inexplicable angOJsse qm nous
saisit quand la femme que nous possédons,
même sans l'aimer, et donl nous nous croyons
maitre, parait se plaire au dusir d'un autre.

Il épouse Joséphine le 9 m~rs 1796 (il a
vincrt-six ans el elle trentc-lr01s) . Quaranlc'
buit0 heures après,
il part pour l'armée d' [ta1·1e.
Chaque étape, chaque relai~ est marqué par
une lellrr.
• De Chanceaux, le 14.

« Chaque instant m'éloigne de loi, ad~rable
amie et à chaque instant je trouve moms de
force' pour supporter d'être éloig,né de toi_. 'f11
es l'objet perpétuel de ma pcnsee; mon _1ma:
«ination s'épuise à chercher ce que lu fais. S1
je te vois triste, mo_n cœur se_ déchi~e et ma
douleur s'accroit. S1 lu es gaie, folalrc av~~
tes amis, je te reproche d'avoir bien~ôt ?ubhe
la douloureuse séparation de trois Jours.
Comme tu vois, je ne suis pas facile à con Len:
ter. Que mon Génie, qui m'a toujours gar~nl1
au milieu des plus grands dangers, t environne, te comrc, et je me livre à découvert. ... Il
A la veille du premier combat, il écrit de
Port-Maurice, le 3 auil :
&lt;l Mon unique Joséphine, loin de toi... le
monde est un désert où je reste isolé.... Tu
m'as ôté plus que mon âme; lu es l'unique
pensée de ma vie ; si je suis ennuy~ d~ lraca~
des a[aires, si les hommes me degoulent, _si
je suis prêt à maudire la vie, je mets la ~am
sur mon cœur ; Lon portrait y bat, Je le
recrarde cl l'amour est pour moi le bonheur
b
'
.
absolu.... Par quel art as-tu su ~pt1ver
toutes mes fa cul Lés, concentrer en toi mon
existence morale? Vivre pour Joséphine! voilà
l'histoire de ma Yie.... •&gt;
Bienlot la mélancolie succède à l'enthousiasme :

« Ab! mon adornble femme ! Je ne sais
quel sort m'atte1_1d_; mais, s'il _m'éloigne plu~
longtemps de lm, il me sera rnsupportable .

_________________________________ ]OSÉP111NE ET BON.Jl'P.Jl'R,_TE - - ~

mon courage ne rn pas j usque-là .... L'idée
que ma Joséphine peut ètre mal, el surtout la
cmelle, la funeste pensée qu'elle pourrait
m'aimer moins, flétrit mon àme, arrête mon
sang, me rend triste, aballu, ne me laisse
pas mème le courage de la fureur et du désespoir ....
cc Mourir sans èlrc aime de loi, c'est le
tourment de l'enfer, c'est l'image vive et frappante de l'anéantissement absolu. Il me semble
que je me sens étouficr. Mon unique compagne, loi que le sort a destinée pour faire
avec moi le voyage pénible de la vie, le jour
où je n'aurai plus Lon cœur sera celui où la
nature sera pour moi sans chaleur et sans
végétation ... . ll

disait : - « S'il était vrai pourtant ! Crains je t'aime au delà de tout ce qu'il est possible
et le poignard d'Othello ! ll Je I entends dire &lt;l'imaginer ; que tu es persuadée que Lous mes
avec son accent créole, en souriant : - « Il instants te sont consacrés; ... que jamais il ne
« est drôle, Bonaparte! 1&gt;
m'est venu clans l'idée de penser à une autre
Haremcnl c'est à une femme supérieure femme; qu'elles sont toutes à mes yeux sans
que s'attache un homme de génie; Talleyrand, gràce, sans beauté el sans espri t; que toi, toi
à la même époq ue, nous offre un exemple tout entière, telle que je le vois, que lu es,
pareil. La nonchalance créole ou indienne pouvais me plaire et absorber toutes les faculreposait ces intelligences toujours en travail. tés de mon ùme ; que tu en as touché toute
S'il est vrai que l'analogie des goûts soit une l'étendue; que mon cœur n'a point de replis
condition de la durée de l'amour, il semble que lu ne voies, point de pensées qui ne le
que l'inégalité des esprits el la clilférence des soient subordonnées; que mes forces, mes
caractères aident à le faire naitre. On s'attire bras, mon esprit, sont tout à toi; que mon
et l'on s'aime par ses contras tes plus que par àme est dans Lon corps, et que, le jour oü lu
ses ressemblances. Mais la disproportion qui aurais changL:, ou le jour où tu cesserais de
a fait naitre l'a mour est aussi ce qui le lue. vivre, serait celui de ma mort; que la natu re,
Bonaparte est Yainqueur, le 12 à Montc- Napoléon se rappellera plus tard les orages de la lr n e n'est belle à mes yeux que parce que
noll,,, le 14 à Millesimo, le 22 à Mondovi. sa jeunesse, et peut-ètrc ces souvenirs foumi- Lu l'habites. Si Lu ne crois pas tout cela, ... tu
Le 26, il supplie sa femme de venir le re- ront-ils des arguments à son ambition lors- m'affliges, lu ne m'aimes pas ... . Tu sais crue
joindre :
qu'il lui faudra répudier la seule femme qu'il jamais je ne pourrais le \'Oir un amant, enai
t cru aimer. Qu'on se figu re le Napoléon core moins t'en souffri r un! Lui déchirL'r le
« Tu as été bien des jours sans m'écrire.
Que fais-lu donc? Tu vas venir, n'est-cc pas? de 1809 relisa nt celle lettre du 15 juin 1796 : cœur et Je voi r serait pour moi la mème
chose; et puis, si je pouvais porter la main
Tu ms être ici, à coté de moi , sur mon cœur,
« )la vie est un cauchemar perpétuel. Gn sur ta personne sacrée .... Non, je ne l'oserais
clans mes bras? Prends des ailes, viens !
•
1
pressentiment funeste m'cmpèche de respi rer. jamais, mais je sortirais d'une vie oi1 tout
\'ICn S •.•. ll
Je ne vis plus, j'ai perdu plus que la vie, plus ce qui existe de plus rertueux m'aurait
Mais la coquellc se trouve bien à Paris : que le bonheur, plus que le repos .. .. Je
trompé .... &gt;&gt;
elle se soucie peu de qui tter cc monde où elle t'expédie un courrier ; il ne restera que quatre
brille, ces plaisirs renaissants, et d'affronter heures à_ Paris, et puis il m'apportera ta
Josrphine finit par se décider. bien à rrgrrl,
les fatigues d'un long voyage. Bonaparte est réponse. Ecris-moi dix pages, cela seul peut
et
en pleurant, à qui ller Paris et à rejoind re
entré à Milan en triomphateu r ; la l'illc est en me consoler un peu ... . L'amour que lu m'as
son époux. L'amant donne rendez-vous à sa
fête; Joséphine ne l'ient pas, ne répond pas : inspiré m'a oté la raison ; je ne la relrou,·erai
maitresse en tre deux batailles, et les déclaraque fait-elle? Peul-ètre en aimc-t-elle un jamais. L'on ne guérit pas de ce mal-là.. .. Je
au tre ? li en parle souvent à ses compagnons me bornerais à te voir, à te presser deux tions passionnées se mèlent aux bulletins de
victoire.
d'armrs « avec l'épanchemen t, la fougue et heures sur mon cœur, et mourir enscmblr.
l'illusion d'un très jeune homme &gt;&gt;; il se laisse Sans appéti t, sans sommeil, sans in térèl pour
cc .Nous avons allaqué hier Mantoue .. . Toute
aller, en leur présence, à des mouvements de l'amitié, pour la gloire. pour la patriC', toi,
la nuit, celle misérable ville a brûlé. Nous
jalousie, à des accès
ouvrons la tranchée
de colère, et aussi à
celte
nui l.. .. Je vais
des crai ntes superstiparti r pour Castitieuses qu'explique
glionedcmain .... J'ai
son origine corse.
reçu un courrier de
Marmont ra co n le
Paris; il y avait deux
cp1 ·un jour la glace
lellres pour toi. Je
du portrai Lde José1es ai Iucs. Ccpenphine se brisa dans
dan t, bien que celte
les mains du généaction me paraisse
ral ; il pàli t : « Martoute simple et Ltue
mont, di t-il, m a
lu m'en aies donné
femme est malade
la permission l'autre
ou infidèle l &gt;&gt;
jour, je crains que
cela ne te l'àche, cl
cela
m'afflige bien.
II
J'aurais voulu les rel'acheter. Fi ! ce serait
La véri té est que
une horreur ... J cle
l'in&lt;lolcntc créole ne
j
ure que cc n'est pas
comprenait rien à
par
jalousie... Je ,·oucette nature impédrais
que tu me dontueuse; e li c é la i L
na
ses
per mission enj OSÉPIIINE SUBIT, Sll R LES ROROS DU LAC DE GARDE, LE FEU DES CANONNIÈRES AUTRICIIIE:&gt;INES (AOUT li9)).
pins étonnée qu e
Tableau de H. L ECOM TE. (Jlfusee de 1·ersailles.)
tière de lire tes letcharmée de ses emtres; avec cela il n·y
portements. Fasciaurait plus àc renfr, troublée, mais non pas aimante, elle Loi, cl le reste du monde n'existe pas plus mords ni de craintes .. . . Mille baisers aussi brù
trourait plus agréable de jouir tranquillement pour moi que s'il était anéanti . Je liens à lan ls que mon cœur, aussi purs que toi ..Je fais
à Paris de sa fortune nouvelle que d'aller la l'honneur puisque tu y tiens, à la victoire appeler le courrier, il me dit qu'il est passé
conquérir arec lui.
puisque cela te fait plaisir, sans quoi j'aurais chez toi, cl riue tu lui as dit que lu n'ayais rien
« Je l'entends encore, dit le poète Arnault, tout quitté pou r me rendre à tes pieds.. .. à lui ordonner. :Fi! méchante, laide, cmelle,
lisant :11 11 passage dans lequel son mari lui Aie soin de me dire que tu es com aincue que tyranne, joli petit monstre! lu te ris de mrs

�111S TORJ.ll

_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ __

menaces, de mes sollises; ah! ~, J&lt;' pouvais,
tu sais bien, t'enfermer dans mon cœur, j e
t'y mettrais en prison! » ( 19 j uilll't. )
Ce dernier trait en rnppclle quelques-uns
des sonnets de jeunesse de Shakespeare.
Dans cet amoureux, qni reconnaitrait le
dominateur terrible dont les colères ,·ont faire
trembler le monde? On le voit éclaler, à travers l'amour mème, lorsque .loséphine, arrêtée
par une troupe ennemie, prend peur et se
met à fondre en larmes : « Wurmser, s'écrie
Bonaparte, me payera t.:her les pll'l1rs qu'il te
cause! »
Pendant qu'il est viclor;eux à f\ol'crdo,
qu'il poursuit Wurmser dans les gorges de la
Brenta, enlève le défilé de Primolano et gagne
la bataille de Bassano, sait-on queUe est la
disposition d'esprit dl' Joséphinr, entrée en
souveraine à Milan?
« M. Serbelloni vous fera part. écrit-clic à
5a tante., madame de Renaudin (qui venait

,l'épouser le marquis de Branharnais), de la
manière dont j'ai été reçue en Italie, fètée
partout où j'ai passé; tous les princes d'Italie
me donnent des fètes, mèmc le grand-duc de
Toscane, frère de J'empert•ur. Eh bien, je
préfère être simple particulière Pn France ....
Je m'ennuie beaucoup .... &gt;&gt;
On ,-oit que la femme de César n'avait rien
de César! Ses lcttrns à Bonaparte se ressentent
de cet ennui :

« 'l'es lettrl's, lui dit-il, sont froides comme
cinquante ans; clics ressemblent 11 quinze ans
de mariage. On y voit l'amitié el les sentiments de cet hiver de la vie .... C'est bien
m1\chant, bien mauvais, bien traitre à vous.
Que vous rcste-L-il pour mt· rendre bien à
plaindre? Ne plus m'aimer? Eh! c'est drjà
fait. Me haïr? Eh bien. je le souhaite : tout
avilit, hors la haine ; mai~ l'indilférencc au
pouls de marbre, il l'œil lixe, à la démarche
monotone!... 11
C'en est assez pour faire comprendre que,
après une parnille expfrienc1', il se soit gardé
de l'amour el dérobé obstinémenl il l'influence
des femmes. Les femmes reprochent souvent
aux hommes kur durelr, et sou,·cnt cc sont
cll('S qui les ont cndurris.

111
Madame de Rtj11111sat avait eu en mains ces
lettres de la premièn· campagne d'Italie. Voici
comment clic en parle dans ses Mémoires :
&lt;&lt; Ces lettres sont très si ngulii.-rcs : une écri-

_ _ _ _ _ _ _ _ __ _ _ _ __ _ _ _ _ J

Lure presque indéchilfrable, une orthographe
fauti,·c, un style b:zarre el confus; mais il y
règne un ton si passionné, on y trouve des
sentiments si forts, des expressions si animées
el en mèmc temps si poétiques, un amour si
à part de toutes les amours, qu'il n'y a pas
de femme qui ne mit du prix à avoir reçu de
pareilles lellrcs. Elles forment un contraste
piquant avec la bonne gràce élégante et mesurée de celles de M. de Beauharnais. D'ailleur,, quelle circonstance pour une femme de
se trouver (dans un Lemps où la politique
décidait des actions des hommes) comme un
des mobiles de la marche triomphante de
Loule une armée! 1&gt;
A la veille d'une de ses plus grandes batailles, Bonaparte écrivait :
tl Me voici loin de toi! li semble que je
sois tombé dans les plus épaisses ténèbres;
j'ai besoin des funestes clartés de ces foudres
que nous allons lancer sur nos ennemis pour
sortir de l'obscurité où m'a jeté ton absence. &gt;&gt;

li y avait en Napoléon un poète, et l'on
pourrait expliquer tous ses actes par celle
complex.ion unique, par ce mélange d'imagination, de passion et de calcul. Les rèves
d'Ossian avec l'esprit positif du mathématicien
el les emportements du Corse, tels étaient les
éléments hétérogènes qui se heurtaient dans
cette organisation puissante.
Malgré la froideur de Joséphine, cel amour
fut assez long à s'éteindre. Deux ans après,
pendant la campagne d'Égypte, nous retrouvons Bonaparte toujours enllammédejalousie;
il pense à Joséphine, il la voit au Luxembourg, dans les f'èles de Barras, entourée
d'hommages . Un jour, près des fontaines de
Mnssoudiah, devant El-Arish, il se promène
seul avec Junot; sa figure, ordinairement très
pàle, devient verte; ses yeux. sont égarés.
Après un quart d'heure de conversation avec
Junot, il le quille et va rejoindre Bourrienne.
&lt;&lt; Vous ne m 'ètes point attaché, lui dit-il
brusquement. ... Ab! les femmes!. .. Joséphine!. .. Si vous m'élicz attaché, vous m'auriez informé de tout ce que je viens d'apprendre par Junot. Yoilà un véritable ami!. ..
.loséphinc!. .. El je suis à six cents lieues ... .
\'ous de,·iez me le dire. Joséphine! ... M'avoir
ainsi trompé! Malheur à eux! J'exterminerai
cette race de freluquets el de blondins! ...
Quant à elle, le divorce. Oui! le divorce ! Un
divorce public, éclatant! Il faut que j'écrive!
Je sais tout. ... C'est votrc!'autc .... Vous deviez
me le dire. »

Cette scène ne fait-elle pas songer à
Othello? &lt;&lt; R('garde, lago, je livre aux vents
mon fol amour. li n'est plus. Debout. notre
vengeance, quitte la sombre demeure! Amour,
abandonne à la haine tyrannique la couronne'
el le trône de mon cœur ! Gonnc-loi, mon
sein, sous le poids qui t'oppresse, sous la
morsure empoisonnée des vipères! 1&gt;
La figure de Bonaparte se décompose, sa
voix s'altère :
&lt;I Oh! gardez-vous de la jalousie! c'est le
dragon aux. yeux verts qui a horreur des aliments donl il se nourrit. Ce mari trompé vit
protégé du ciel qui, sùr de son sort, n'aime
pas son épouse parjure; mais quels moments
ne pas,se-L-il point, celui qui aime ardemment
el doute, œlui qui soupçonne tout en adorant! »
Sa jalousie, à cette époque, était encore si
vive, qu'il en entretenait mème son beau-fils,
le propre enfant de Joséphine, Eugène de
Beauharnais, qui n'avait que dix-sept ans.
&lt;&lt; C'était ordinairement le soir, a dit celui-ci,
qu'il me faisait ses plaintes et ses confidences,
en se promenant à grands pas dans sa lente.
J'étais le seul avec lequel il pût librement
s'épancher. Je cherchais à adoucir ses ressentiments; je le consolais de mon m:cux, et
autant que pouvaient me permettre mon âge
el le respect qu'il m'inspirait. ... 11
L'auteur nous conduit ainsi jusqu'au 18 brumaire. Il rappelle le role joué par Joséphine
dans le coup d'État, la lettre écrite au directeur Gohier, etc. Je ne sais s'il n'a pas exagéré
la portée ~e ce role en disant : &lt;&lt; Sans JosiL
phine, il est probable que Napoléon ne serait
jamais devenu empereur. » C'est là un de ces
mots où se trahit la sympathie un peu excessive de l'historien pour son héroïne; mais ne
pardonnerons-nous pas à l'aimable écrivain
d'avoir ressenti, lui aussi, l'influence de celle
gràce créole qui subj uguait Bonaparte'?
Pour nous, nous serions plutot tenté de
dire, après avoir relu ce roman d'aventures,
que Joséphine était peu digne d'un héros et
d'un trône. Aussi serons-nous peut-ètrc moins
disposé que son historien à la plaindre, lorsqu'i l nous retracera la crise du divorce. Il ne
faut pas que l'intérèt el l'agrément semés
dans son récit par le sympathique écrivain,
ni que les torrents de lave et de passion à la
Jean-Jacques du jeune héros d'Italie nous
fassen t illusion sur la légèreté et le vide de
celle âme.
Une autre femme poJrrait bien avoir dit
sur Joséphine le mol décisif en écrivant :
&lt;&lt; Peul-ètrc que ;-;apoléon eûl valu davantage,
s'il eût été plus et surtout mieux aimé. 11
PAUL

DESCHANEL,

Je l'Acadbnie fra.nçaise.

Clicht Giraudon.
J\I AO.OIE ;\OÉI.AÏOE DE J'r
• lA:-ICE, FIi.LE DE LOL'IS

XV . _ Tableau ue
, NA TTIER. i.'dusee de 1'ers ailles.)

Loufs XV el Madame de Pompadour
PAR

PIER.R.E DE NOLHAC

CHAPITRE 11
L'année de Fontenoy (suite).
Pour le r~1_10~ du Roi après une longue
cam~agnc m1l1ta1re, comme pour l'isolement
propice aux amours qui commencent un
&lt;1 _voya~c », ~uivant le mot du temps, s:mble
nec~ssa1rc. Cest à Choisy qu'on se rend. Cette
ma ison royale a été achetée pour recevoir
madame de Vintimille, et madame de Chàleauroux y a t1:io111phé. Ces souvenirs, qui ne
troublent pomt (e Roi, enivré de sa passion
nouvelle, sont farts pour plaire à la marquise

v;:

de Po1~1paclour. On d'ail.leurs trouver Choisy
complelernenl transforrrw, par des chan"cmcnls considérables ordonnés pendant l'été :
l'appartement royal a été agrandi, la terrasse
sur la Seine prolongé1', el Gabriel liâtil u 11
corps de logis qui coù Lera cent mille écus.
Parrocel a reçu, pour décorer la galerie, la
commande d'une suite de batailles, rappelant
les co_nqnè[('S de Louis X\' en F landre; dans
cc séJour fo·ori de ses plaisirs, Je Roi réunit, pour excuser ou ennoblir la vie qu'il y
mène, les témoignages de ses exploits et de s;1
gloire.
·
li a roulu avec lui tous les c-0urlisans de

son cc1·de intime, ali11 qu'ils se lient avec
mad~~tc de Pompadour dans le particulier de
c~ SCJOur, o11 l'étiquettr csl beaucoup plus
s11np!e que celle des &lt;&lt; grands voya&lt;&gt;es ». Elle
y voit MM. de Richelieu, d'Ayen, de Meuse,
de D~1ras, arrc quelques combattants de la
dcrnierc campagne, IJ uc ccllP distinction récompense. Pour srs propres amis, la marquise
a obtenu une gra ndc Ja l!('ur : les crens de
l_e,ttr~s ont ~Lé a~pdés à Choi~y cl forn~nl nne
ieumon
qu on .ni· reverra' Orruerc • Il Ya DLIClOS,
r J .· •
\ o l,111 c, Gentil-Bernard, Moncrif, l'abbé Prévost_; _et tout _cc mondr' auquel se joint quelr11wfo1s Bern,~, Sl' n:unil d1ez le comte de

�r--

1t1STOR._1.ll

Tressan, qui leur donne à diner dans sa
chambre, oit une table spéciale est servie par
ordre du Roi.
Les fl'mmcs, peu nombreuses, onl été conviées seulement pour que la favorite ne fùt
pas srule. Cc sont mesdames de Lauraguais,
de Sassenage et de Bellefonds; la princesse
de Conti a suppl ié le Roi de la laisser faire sa
cour il la neinc. Celle-ci, qui ne doit point
venir cl dont la présence n'csl pas désirée, se
lrou,·1' appelée à Choisy par un événement
irnprél'u. Le Roi, à peine arri,·é. ayant eu une
lièl'rc assez violente, s'est fail saigner par La
Pcyronic, cl la Reine dr mande aussitùl la
permission de l'aller voir. Il répond qu'il la
recevra al'CC plaisir el qu'elle lrouvcra un bon
diner au chà teau , les vèpres du dimanche à
la paroisse el le salut. li l'accueille bir n,
parait occupé qu'on lui fasse bonne chère et
qu'on lui montre les cmbellissemrnts. Toutes
ers préYcnanccs sonl pour adoucir l'amertume
qu'il lui a réserl'éc : les dames de Choisy
di11enl al'L'C la Heine, el madame de Pompadour csl du nombre.
Quelques jours après, le roi Stanislas, qui
11c se soucie poinl cependant de faire une nou\'l'llc connai~sance, se décide. sur la demande
de sa lille, à annoncer sa l'isitc. Cette fois, les
choses se passent autrement, cl on lui laisse
Yoir franchement qu'il esl importun. Quand
il arrive à Choisy, le lloi, convalescent, est
lrré .et joue dans sa chambre; à l'une des
d1•11x parties de quadrille esl assise madame
de Pompadour en habil de chasse. La présence
du l'isileur parait gêner tout le monde. Au
bout d'une demi-heure de conversation plus
que languissante, il n'a qu'à se relirer, blessé
de fa réception glaciale de son gendre.
A pe:nc rnrenu de Choisy, le Hoi ordonne
le Yoyage de Fontainebleau. Celle fois, toute
la Cour le ~uit, le séjour devant durer les six
semaines d"usage à chaque automne. C'est à
fontainebleau que se fait l'installation définilil'e de madame de Pompadour dans ses
&lt;l fonctions &gt;
&gt;. Rien ne lui manque des aYantagcs dont jouirent celles qui l'ont précédée.
Elle occupe, au rez-de-chaussée, l'appartement
11u'arnit, au dernier royage, madame de Chàleauroux cl qu'un escalier spécial fait communiqut•r al'ec celui du Boi. Dès les premiers
jours, les soupers des Cabinets s'établissent el
elle y préside. Arne les deux complaisantes
ordinaires, mesdames de Sassenage cl d'Estradcs, l'Îcnncnl s'asseoir à la table royale la
maréchale de Duras, la grosse Lauraguais el
11uelqncs princesses. madame de Modène.
mademoiselle de Sens, la princesse de Conli .
Celle-ci ,cmble chaperonner la favorite d'à
présent, comme fa isail pour madame de Mailly
n1ademoiscllc de Charolais, ou pour madame
de Chàteauroux madame de ~Iodène ; c'est un
ser vice délitat, auquel l'auguste cousin n'est
pas insensible.
Les jours où l'on ne soupe poinl dans les
Cabinets, madame de Pompadour donne ellemême de petits soupers forl bons, gràcc à un
cxcellenl cuisinier. Peu de femmes encore y
paraissent, mais les hommes commencent à
s'y presser. A cùlé de 11oncrif el Je Voltaire,

Louis

et de l'abbé de Bernis, qui remplit maintenant
aux yeux de tous son rôle de conseiller, les
plus g rands seigneurs se fonl inî iter chez la
marquise. Des amis prennent posiLion pour la
défendre. Par bonheur pour elJe, elle a, comme
tenant déclaré, l'homme de la Cour le plus
spirituel cl le plus mordant, le modèle du
Mechant de Gresset, le duc d'Ayen, qui la
soutient pour faire pièce à la princesse de
Bohan. qu'il déteste; et aussi, en re mème
Lemps, elle se lie a1·ec l'excellent prince de
Soubise, gènant p·cul-èlrc par ses pré~ntions
militaires, au demeurant fort bonnète homme
rt capable d'èlrc un ami de Loule la ,·ic.
Le floi ne quille guère la marquise. Dès
qu'il e l lcYé cl habillé, il descend dans son
appartement, y reste jusqu"à l'heure de la
messe, y revient ensuite el y mange un potage
et une cùtelette, ce qui lui tienl lieu de dinrr ;
il cause a\'ec elle jusqu 'i1 cinq ou six heures,
moment du travail ayec les ministres. On les
voit ensemble continuellement : quand le floi
rn comrc le cerf dans la forèt, il la mène dans
son carrosse jusqu'à l'assemblée, habillée en
amazone; puis elle monle à cheval dans la suite
de Mesdames, toutes très ardentes 11 partager
le divertissement favori de leur père. Les jou rs
de Comédie italienne, le Roi la rcjoinl dans la
loge grillée du haul du théàlrc. Elle sorl peu,
sauf pour parailre exactement au cercle de la
Reine, avec les aulres dames. cl pctil à petit
se faire accepter.
~I. Poisson est à Fontainebleau, ce qui ne
laisse pas que d'exciter de faciles railleries, le
bonhomme ayant des façons vulgaires; mais
elle le voit ouvertement el sans en rougir,
montrant qu'elle tient à remplir Lous les de,·oir d'une bonne fille envers un bon père.
Quant aux grosses médisances, aux calomnies
qui se chuchotenl dans l'antichambre du floi,
elle n"en embarrasse pas son chemin. En
somme, elle se conduit sagement, et !"opinion
générale lui est plulôl favorable. .
Le duc de Luynes se fait l'écho de ceux qui
l'approchent, dans les notes précises de son
journal : (l li parait que tout le monde trouve
madame de Pompadour cxtrèmemenl polie;
non seulement elle n'est point méchante el ne
dit de mal de personne, mais elle ne souffre
pas mème que l'on en dise chez clic. Elle csl
gaie el parle volontiers. Uien éloignée jusqu "à
présent d'avoir de la hauteur. elle nomme
continuellement ses parents, mème en présence du Roi ; peut-être mème répète-t-cllc
trop soul'ent ce sujet de comrrsalion. D'ailleurs, ne pouvanl a,·oir eu une extrème habitude du langage usité dans les compagnies
aYec lesquelles elle n'avait pas coutu me de
virrc, elle se sert som cnt de termes et expressions qui paraissent extraordinaires dans ce
pays-ci.. .. li y a lieu de croire que le Roi est
souvent embarrassé de ceg termes cl de ces
détails dt' fa mille. »
Si l'entourage de la Reine montre aussi peu
de malrnillance pour madame de Pompadom,
c'est que sa bonne grâce la distingue complètement des favori tes antérieures. La Reine
garde sur le cœm les a,·anics qu 'eJlcg lui fai-

saienl subir, non moins que lrs duretés qu'elles.
inspiraient au Roi. IWc n'a pas oublié ers
égards affectés qui cachaient mal le triomphe
insolent de leur orgueil. A chaque instant,
les lieux mèmcs lui rappellent ses blessures
d'autrefois; ne Yient-elle pas de décou vrir.
dans la porte d'un de ses ca binets, des lrous
percés pour l'épier cl pour entendre ce rJU'on
pouvait dire chez elle sur madame de Chùteauroux ! Comment ne serait-elle pas sensibltl
à ce respect délical, j:&gt;oinl trop empressé mais
sincère, à celle déférence sans relâche, finement obscn ée par la nouvelJe Yenue? Celle-ci
lui facilite l'exercice de son inépuisable charité
et lui permet de satisfaire, sans trop de -sou f"france, le désir passionné qui lui reste de
complaire au Roi.
La condtiite de madame de Pompadour est,
au fond, toute naturelle. Sa condition première ne lui donnant pas le point d'appui
d"une famille et d'u ne coterie puissante, lui
fait une nécessité de ménager toul le monde
pour prendre le temps de s'atrermir. Mais r llc
a aussi une bonté et une délicatPsse instinctires qui lui rendent aisée, à l'égard de la
Heine, l'altitude qu'elle a prise dès les premiers jours. Elle se permet d'envoyer, aYcc
les plus humbles façons, de très beaux houquels des fleurs qu'elle sait préférées Je !',a
Majesté. A la moindre incommodité dont on
parle, elle demande de~ nouvelles à la da 111c
d'honneur cl s'exprime avec l'accent d'un
int(\rèl véritable. Elle est Yraiment fàchée de
ne pouvoir assister, ayant été saignée la veille,
à l'assemblée de charité qui se tiPnt chez la
Reine el pour laquelle elle a reçu un billl'l:
elle s'en excuse de la manière la plus empressée
auprès de madame de Luynes, la priant de
YOuloir bien remeHrc à Sa Majesté 1111 louis
pour la quèle.
Ce n'est pas seulement en paroles qu'elle
montre son ardeur à plaire. Elle suggère au
Roi drs attentions donl l'épouse étail depuis
longtemps déshabituée. Elle obtient, par
exemple, qu'il fixera le déparl de Fontainebleau
suivant les convenances de la Reine, et partira
un jour plus tôt pour la bien recevoir à Choigy
et lui offrir à diner à son passage. En rentrant
à Versailles, elle trouvera sa chambre royale
embellie, la dorure nelloyée, le lil à quenou!lle mis à la duchesse, arnc une étoffe
couleu r de feu, et toute une tapisser:e nou1•clle représentant des sujets de J"l~crilme
sain te. Bientôt la mème influence se frra
sentir sur un point plus imporlanl, celui oü
la générosité du Roi ne se montre guère : il
paiera les dettes de la Reine, ce qu'il n'a pas
fait depuis la naissance du Dauphin . Ce déficit
de la charité montait seulement, depuis tant
d'années, à quarante mille écus, el celle qui
l'a fail combler a l"amabilité de dire à madame
de Lu ynes (( qu'elle n'a pas eu grand'peineà y
décider le Roi )l .
Ces procédés fon t honneur au bon cœur de
madame de Pompadour, comme témoignent
en faveur de son esprit les propos qu'elle se
plai'l à tenir et qui reviennenl aux oreilles
in téressées : « madame de Pompadour disait
l'aulre jonr à madame de Luynes que, si la

Hei_nc l'arnit traitée mal , elle en aurait été
vér1~a~leme_nt affligée, mais qu'elle ne s'en
s~~a1~ Jamais plainte ; que, par conséquent, il
n eta1L pas extraordinaire qu'elle profitàt de
toutes_les o~casions de parler des bontés qu e
la fle1~e lui voulait bien marquer et qu'elle
cher~hat Lou~ le~ moyens de lui plaire. Ces
senl'.menls reuss1sscnt fort bien dans le public,
e,t 1011 . remal'qu? ~rec plaisir la politesse'.
I attcntwn , la gaiclc el l'égalité d'humeur de
madame de Pompadour. ))

XV

ET MAD.li.ME DE Po.MP.ADOu~ - - ,

m·cc la farn~·ite ; elle boude, se prétend malade
pour ne p~mt paraître aux soupers, el l'on dit
q~e le n~i lm-mèmc doit prendre la peine
d mtcrren1r dans la brouille, pour raccommode'.· du_chcssc et marquis('. C'est surtout
pa_r Richel_reu et madame de Lauraguais qu'on
sa1! ce ~u1 se passe dans les intérieurs, le ton
q~i Y regne, la gêne que causent au Roi certams_propos de la farorite sentant encore la
&lt;l gn sette 11 • Ces propos se font rarrs cependant, e~ plus rare~ qu'on ne le di t; mais il
suffit d un seul, bien aulhentique. pour alim?nlcr lo1~gtrmps les médisances. C'est chaque
fois un piquant plaisir pour la princesse de
Roban, par _exemple, femme de cour jnsqu 'au
bout des dmgts et femme d'esprit, malicif'usc
cl mordante, ~ui chante la chanson comme
un page et Y 3J0ulc au besoin les plus verts
couplets.
M. de_ ~la~rcpas, charmant et perfide, qui
preocl dccidcment parti contre toutes les maitr~sses, exerce aux dépens de celle-ci sa verve
m~chan~c, colporte les gaucberies qu'on lui
prelc. srngc ses révérences, ses façons vil'es.
son ton décidé. Pour une épigramme, rimée
ou ~on, dont le succès contre une femme esl
toujours sùr dcYanl d'autres femmes, ~l. de
~faurepas risquerait sa place de ministre; mais
il oe pense p~s _co\~rir de tels dangers; pers01'.ne ne cro1l a J arenir de la Cl caillette du
Hm &gt;&gt;, et l'on s'imagine que Sa Majesté se
lrotn-cra for t gènéc d'avoir donné un brernt
le jour, probablement prochain, oü passer~
son caprice de hourgeoisic.

Une opposition pourtant se maniJcsle car
l~ule la .Famille '.'oyal~ n'accepte pas ; ussi
a1s~mcnl que la Remc I mstallation de la marq~•s~ à la C?ur : « Il para1't, écril encore notre
lemom, qu elle est fort satisfai te, non seuleme,nt de la Reine, mais mème de Mesdames.
qu elle est aussi assez contente de la manière
d_ont )lad~me la Dauphine la lraite; mais le
sdenl'e! 1embarras cl l'air sérieux de M. le
lla_uphm, quand il la voit, lui font de la
pmne. ~cpendant, elle ne s'en plaint point,
et c? n est que par ses amis qu'on peut le
savo1~·. ll Elle est assez fine cependant el assez
averlle pour derirwr, à cette alti tude du Daup(ii_n. cl"où lui peut rnnir un jonr un dan"er
0
,er,eux .
__Ces dispositions du jeune prince n'ont riC'n
d mattcndu. Il a vu des mêmes yeux, durant
Ioule son adolescence, les premières maitresses
Je_ s~n pèrl'; ne transigeant point arec les
prmcipes qui lui ont été enseignés el qui fon l
l? règle de sa Yir, il se sent humilié, comme
fil~_el c?mmt' snjr l. de la conduite du Roi. Cc
qu 11 sail de~ ?rigirn? de madame de PompaBrusquement, dès le retour à Yersaillcs,
d~u_r Cl ~es 1dees qu die professe esl fait pour les . choses se modifient et l'on commence à
lm rnsp1rcr une sort? de répugnance. Presque crarndre que cette liaison puisse avoir des
tous les hnmmes qui ont sm· lui de l'autori té. chances de durée et produire nalurrllemr nt
c_l entre lous l'érèqnc de ~lirepoix. J"cntre- des conséquences poljtiques. Une des plus
11enne11t_ dans ecs sentimenls. Enfin, il esl trop grosses charges de l'Etat chano-e de 1itulaire
~cnd re_ fi!s pour ne pas souffrir des conlacls et c'est mac1ame de Pompadour0 qui l'a voulu.'
'.m_roses a sa mère, mème s'il la voit consentir, Il s'~git du conlrdle général des finances, que
a lorce de vertu el d"oubli d'elle-mème, à les tenait al'ec une compétence reconnue et l'auaccepter sans se plaind rc.
t~rité d'.u_ne expérience de quinze ans, l'hon, Le ~aup_hi~ s'est beaucoup développé duran t ncte Philibert Orry. Les frèrC's Pâris ont ren1 anpee,,qm s achève . Le maria«e la vie drs contré souvent auprès de lui des difficultés
'
.
0 '
camps, I enthousiasme militaire l'ont trans- pour passer et signer les marchés des entreformé. . [I a, pris l'habitude de J. urrer
davantarrc
prises qu'il font pour lrs subsistances mili0
ô
p~r 1111-111eme cl de dire ses jugements. !aircs. Ces amis de la marquise sont gens
L exemple_ dn duc d'Ayen, qu'il a particuliè- importants, aveclesquclscompten t les généraux
rement frcquenté à !"armée, lui a donné une en temps de guerre r l qui, assnrant à eux
!iber_té de langage qu i commence même à seuls les approvi ionnemenls, drticnncnt en
mq111élcr la Heine; il y a dn moins o-ao-né leurs mains le sort des batailles. Jls se savent
d_'ètre un p_cu retiré de cette (( enfante t;cr- indispensahles cl veulenl que, désormais, mas1st~nle q111 menaçait de durer toujours. Il ne dame de Pompadour fasse exécuter leurs
se_nsqu~ra pins aux j uvéniles hard iesses qui Yolonlés sans de gènanles vérifications. Préci1111 _onl s1 mal réussi au temps de madame de sément, M. On·y a trouYé excessif leurs derniers
Cbaleauroux; mais il attendra son heure et pr~Jè,·?ments; étan t brulai et de parole rude,
préparera l'assaut qu 'il comple bien liucr, 1111 ri I a dr t C'll lrrmrs pen obligeants, et mr. Pùris
Jour prochain, à la nom·C'l le dame.
ont déclaré qu'ils ne feraient plus aucune
Il cgl. une menace plus pressante. celle des affai1·e tan t qne le contrôleur général serait
moqncne~ cl des riralités de femmes. L\,m- en place.
prcssemenl ?e M. de Richelieu n'a pas duré
La marquisr s'est mise au serrice de leur
longtemps; 11 a tromé, sans doute, madame rancune cl assiège le Roi de leurs récrimide Po1~1pad_our moins docile qu'il ne l'espérait nations. On rrproche à Orry d'ar oir imposé
nu x d1rec11ons de son expérience. Sa nièce s_~n jeune neveu Bertier de Saul'igny pour
Lau r~guais, à son tour, au profit Je laquelle 1mtcndancc de Paris; on prétend qu'il assm e
il nra1l eu des rncs snr lt&gt; Roi, se mel en froid it lorl que l'étal des finances ne pC'1·nwt1ra pas

de continuer la gu1•1-rc très longtemps. Le Roi,
nul_lement mécontent d'un serl'ilcur éprouré.
~ais ?bsédé de plaintes, cède pour s'éviter
1 ennui de les entendre. Toutefois, fidèle une
fo.is ; ncore_aux conseils du cardinal de Fleury,
ce n est pomt un homme de madame de Pompadour qu'il nomme. Orry lui-mème, invité
a re11:1cttre s~s charges pour prendre du repos,
nv~~t1l le R_o1 : da_ns son audience, du danger
q_u_ 11 y aurait a _laisser ses finances à la dispos11.J?1~ de certaines complaisances; il lui fail
choisir Machault d"Arnou ville, l'habile intendant de Valenciennes, et s'otrre à mellre cc
succC'sscur au courant des affaires. Ce dernier
senice rendu, il se retire dans sa maison de
Ber_cy. La Co~r et la Ville l'y Yont visiter,
mo1_ns par estime que pour protester contre
les 111tr1gues qui le renvc1·scnt: mais ce renvoi
de ministre, malgré les for;ncs honorablC's
dont on l'entoure, donne à penser it tous qu'il
Y aura ~uelque danger à faire opposition à
la faror1tc, el qu'il sera bon d'ètrc de srs
amis.
. On apprend précisément, coup sur coup,
d autr&lt;;s _non miles: qui montrent j usqu'où q
son crédit el ce qn elle pC'lll obtenir pour ceux
qu'ell~ soutient. Pâris de Montmartcl, qui se
remarie, épouse mademoiselle de Béthune.
fille du duc de Charost. capitaine des "ardes
~u co~·ps, cl ce mariage va faire en~rcr le
f1nanc1er aux humbles origines dans une drs
plus nobles familles approchanl le Roi. En
;èn;e_ L_emps, la charge de directeur général
?s at1me~1ts, laissée vacante par le déparl
d Orry, qui la rt&gt;mplis ait, est donnée à Le
Normant de Tournehem, qui échano-e sa ferme
• • 1
0
gcnera e contre crtte haute fonction. C'est une
Y~rit~b~c surintendance des arts, fort bien placcc ~ ad~rurs entre ses mains, qui lui altrihue
la d1rcct1011 des commandes rorales, des manu f;lclurcs, des consl ructions el des cmbellissenwn_ls des chùtcaux, qui l'amène au trarnil
du Roi comme un ministre, qui le mèle à une
quantité d'affaires, le rend sen ·iable à beaucoup de g~ns et fer~ de lui, pour sa nièce, un
d~s appuis les moms apparents et les plus
surs.
Par la mème décision royale, la survi vance
de celte charge est assurée au frère de madame
~e Pompadour, son &lt;l frérot &gt;&gt;, comme elle
l appelle, Abel Poisson, qui a rin 0ot ans et
parait' a' 1a Cour sous le nom de M. de Vandières. Le jeune Yandières cheminera promptement dans le monde; on le verra bientôt
marquis deMarign)', &lt;l marquis d'avant-hier l)
dira la raille1:ie de Yersailles, le jour où il
prendra son l1lre, mais marquis tout de même
cl d'aussi bonne façon que la grande sœur.

. C'est au milieu du triomphe de Lous les
siens, ayant pleinement assuré l'avenir de ses
C'nfa~ls, _que disparait la femme qui a mené
de s1 10111 cette arnnl.urc extraordinaire. Le
24 décembre 'i 745, madame Poisson, depuis
assez longtemps malade, meurt à Paris suffoquée d'un_e indigrslion. A quaran te-six ans.
elle_gardait quelque chose de cette beauté qui
a,·a,,l pcut-èlre décidé de sa fortune et prépare. att degré suprème, celle de sa fille. JI

�111ST0'1{1.Jl

---------------------J

était facile de souiller à plaisir celle mort,
et la malignité publique n'y a point manqué.
La marquise, qui n'a pas encore ses o~dres
l'intendant de police et le &lt;&lt; cabinet noir »,
innore sans doute ces brocards el ces chansons,
q~IÎ rendraient plus amer son cha~rin ~liai.
Mais elle passe dans le deuil les derniers Jours
de l'année, ayant sans• cesse auprès d'elle le
Roi, allendri par srs ,i?lies _larmes. Il, l'emmène à Choisy pour la d1slra1re, avec lres peu
de monde, el soupe chez elle, comme en
famille en cocnpacrnie
du « petit frère ll . li
0
'
·
'
veut décommander
Marly; mais
eli e-memc
déclare, parait-il, &lt;I que la mort de sa mère
n'est pas un événement assez important pour

?

L E COXCERT. -

serait moins Louchée et moins heureuse, si
elle savait que le bel objet, commandé par
le Roi, a d'abord été destiné à feu madame
Poisson.
CHAPITRE Ill

La vie à la Cour
Le Carnaval de la Cour fut particulièrement
joyeux en 046. Les événements de l'année
précédente avaient mis le Roi en bonne humeur. On lui trouvait l'air plus ouvert el
s'intéressant à plus de choses. Il travaillait
beaucoup avec ses ministres, surtout avec les

Gravtffe de

déranger la Cour, el que les dam~s q~i onl
fait de la dépense pour Marly auraient JUsles
raisons d'y avoir regret ll .
Celle condescendance, qu'on nous 1·apporle
sans étonnement, celte grâce faite par la marquise aux dames de la Reine et ~ux du~hesses
à tabouret, prèle quelque peu a sourire. Au
reste l'ironie d'un observateur indépendant
aurait de quoi s'exercer à celle heUl'e. N'esl-cc
point chose incroj'able qu'une telle mort
puisse changer les projets d'une co~r, troubler
la vie du roi de France? Il y a mieux encore.
Ca Reine a reçu, pour la première fois depuis
bien des années, un présent du Roi pom· ses
étrennes, une magnifique tabatière d'or émaillé,
sur laquelle est incrustée une petite montre.
Elle a été exlrèmement sensible à celle attention et l'attribue à la nouvelle influence. Elle

J\.-J.

fètes et les moyens de tenir, avec tout l'éclat
qu'il comportait, leur rang de Fil!es de France.
Le Roi avait récrié qu'elles auraient quarante
mille écus cha~une pour leurs habillements
et leurs menus plaisirs. Le renouvellement
complet des garde-robes avait ame_né de ~orl~~
dépenses, madame de Tallard, le JOUr ou pnt
fin l'éducation, ayant fait main basse, suivant
la coutume, sur tous les objets à l'usage de
Mesdames, y compris les tabatières qu'elles
avaient dans leur poche. La respectable maréchale de Duras, née Bournonville, nait été
nommée dame d'honneur de Madame. Ce
litre de 11 Madame 1&gt; était réservé à Madame
Henriette, la jumelle de Madame Infante, ma-

DUCLOS, d'après AuG~STIN DE SA1NT•Arn1:&lt;. (Cabinet .Jes Estampes.)

d'Aroenson. Les nouvellr~ de ses armées étaient
heur~uses : le maréchal de Saxe faisait le
sièo-c
de Bruxelles et rernnait. après son succès,
0
recevoir de son maitre le château de Chambord el une c~uronne de lauriers du public
de !'Opéra. M. de füchelieu préparait, sur les
cotes de l'Artois, l'embarqu~ment de troupes
qu'on pensait envoyer c1~ Ecosse pour soutenir le prince Charles-I&lt;:douard cont1:c l~s
Ano-lais. Il y availloujou rs, autour de Louis X\,
de ~ombreux projets militaires et des espi,L
rances de victoirc.
La Cour s'a"nimai t par la présence d'une
Dauphine et par l'acbèmnen t de l'é~ucation
de Mesdames ainées. Les deux princesses
avaient désormais une clame d'honneur, une
maison complète, le droit de j om' r au jeu de
la Heine, le devoir de parai'trc il toutes les

riée depuis sept ans déjà et dont l'exemple
ne décidait point sa sœur. On parlait d'unir
la sœur cadelle, Madame Adélaïde, brune
piquante de quatorze ans, de caractère fier el
de sang vif, au prince de Piémont, fils du
roi de Sardaigne. En attendant, se donnaient
chez Mesdames des bals fort réussis, où tout
le monde rnnail; la Heine continuait, en ses
appartements, ses concerts de musique choisie;
·enfin, dans la salle du lfanègc, on représentait, arec l'opéra, de grands ballets allégoriques, devant la plus brillante assemblée qui
ftit en Europe.
1ladame de Pompadour avait pris avec
aisance la seule place c1u'ellc pût occuper
encore dans celle Com. celle de directrice el
d'ordonnatrice des plaisirs. Le Premier gentilhomme en excrcire s'empressait de rechcr-

'-,

________________

_________Louis xr

_;_

ET .M.llD.ll;JŒ DE POJHP.llDOU"f&lt; - - - .

cher ses conseils, et le programme des sper- sres à la llalter et à gagner ses bonnes grâces;
ments pour vous, Madame : ils ne finiron t
lacles était décidé par elle. Nul ne s'étonnait il s'agit pour celle dame d'obtenir qu'on lui qu'avec ma vie. Jl
qu'elle y fit Lriomphrr ses amis. Le grand conserve un Litre 1pti l'attache pour toujours
Il n'y a aucune raison pour suspecter,
succès de l'annde, à \'crsailles comme à Paris, à Mesdames. füdame de Pompadour, sollisons les llalteries du mauvais style, la sincé1:tait le ballet de Ze"/iska. où le comédien La- citée, accepte d'rn parlt'r au Roi. Mais une
ri té des sentiments. La marquise, toutefois,
noue, qui en était l'auteur, avait mis en scèn&lt;•, autre démarche, qui montre bien le role .
allcnd quelque récompense de ses attentions
le plus galamment du monde, une quantité qu'elle joue dr1il auprès de la Famille royale,
bien reçues el de ses empressements. Les
de fées, de pàtrcs et de bergères, et dans vient l'arrètcr dans son zèle : Madame Henparoles bienveillantes ne lui suffisent pas :
lequel la musique des divertissements était riette, qui ne Yeut plus de sa gourernanle,
elle rnudl'ail recueillir quelqu'une de ce~
composée par Jélyolle.
s"adresse à la favorilr,; de son coté, pour le distinctions d'étiquette dont elle a besoin pou r
Le Roi, assez souvent inclifférPnt, feignait, faire savoir à son père. Madame de Pomparessembler ·parfaitement aux autres dames de
pour plaire à la mart1uise, de s'intéresser à dour ne peul hésiter, et transmet naturellela Cour. A la cérém_onie de la Cène, par
res petites questions de thé/Ure, auxquellrs ment la St'conde requèle. Madame de Tallard,
exemple, qui a lieu le jeudi saint, quinze
· elle s'entendait si bien. A son tour, pour fin 'r qui l'apprend, invente, pour se venger, une
dames sont nommées par la Heine pour l'aile carnaval, elle voulut l'accompagner au bal h:sloirc de femme dr chambre à nommer
der dans ses habituelles fonctions et lui préde !'Opéra, el lui rappela ainsi le singulier chez la Dauphine; il circule par ses soins un
senter les plats qu'elle sert elle-mème aux
anniversaire de leur liaison, dont b détails billet anonyme qui compromet la marquise,
douze
petites filles pauvres, de qui elle a
demeuraient leur secret.
en laissant croire qu'elle veut avoir celle d'abord lavé les pieds. Madame de PompaCette fois, la compagnit: se trourai l nom- plaec pou r une de ses créatures, afin de faire
dour, croyant l'occasion bonne de se glisser,
breuse et tous les incidents de la soirée élaitml espionner les princes à son profit.
sous couleur de charité, au près de la Heine,
racontés le lendemain. On sut que, le lundi
Très ém ue de celte &lt;! noirceur épouvan- écrit à madame de Luynes que, si Sa Majesté
gras, le Roi, ayant soupé dans ses Cabinets, table IJ, madame de Pompadour demande
a besoin d'une dame pour porter ses plats,
fut à un bal d_e Versailles, qtt'on appelait le audience au Dauphin et à la Dauphine, el se
r lle s'offre avec grand plaisir, étant nattée de
Bal du Petit-Ecu, puis alla prendre ses car- justifie, preuves en main, de~ infamies qu'on
tout ce r1ui pourrait lui prouver son respect.
rosses à la Petite-Écurie : « Il y en arnit trois, lui a prèlées. Comme il lui rst plus diffi cile
La Reine la fait remercier de façon aimable,
et trois officiers à cheval ; point de gardes. Le d"ètre adm ise aupriis de la Beine, qu 'pile
l'assu rant r1u 'clic aura le mérite de sa déRoi alla, dans ses carrossrs, jusq u'au Pont- suppose trompée égalrmcnt, c·est madame de
marche sans en avoir la peine, le nombre des
Tournant, où il trouva un carrosse à M. de Luynes qu'elle ra trouver el qu 'elle supplie dames suffisant à la cérémonie.
Soubise et un de rcmisr; il y avait de dames de savoir si la Reine ajoute foi à ces (&lt; horLa marquise espère mieux réussir pour la
avec le Roi, mesdames de Pompadour, d'Es- reurs ll . Nous gagnons à cette alerte deux
quète du jour de Pàques; mais elle s'y prend
trades, du Roure, el beaucoup d'hommes, billets adm irablement significatifs, dont le
mal el semble forcer la main : r&lt; li y a deux
entre autres le maréchal de Duras. Le Roi cl premier est la réponse de la dame d'honneur:
ou trois jour., que madame de Luynes rensa compagnie s'arrangèrent comme ils purent &lt;&lt; Je viens de parler à la Beinr, Madame; je
contra madame de Pompadour dans l'Appardans les deux carrosses et arrivèrent à !'Opéra, l'ai suppliée avec inslance de me dire natu- Lement ; madame de Pompadour lui dit :
où le Roi ne fut point reconnu, tout au plus rellement si clic avait quelque peine contre &lt;( Tout le monde dit que je quêterai le jour de
par quelques personnes vprs la fin du bal. En Yous; elle m'a répondu du meilleur ton qu'il
11 Pàques . 1&gt; Madame de Luynes lui répondit
revenant, le carrosse de M. de Soubisr, oit n'y avait rien el qu'elle était mèmc très sen- qu'elle n'en arait point entendu parler à la
était le Roi, cassa vis-à- vis de Saint-Roch; sible à l'allenlion que vous avez de lui plaire Rr inc. Madame de Luynes rendit compte
toute la compagnie fut obligée de· se servir du en toutes occasions; elle a mèmc désiré que aussitot à la Reine de ce propos. La Heine a
carrosse de remise; on le remplit tant qu·on j e vous le mandas c. ll
jugé q11e cc désir de quèter venait plutol de
put; les uns montèrent derrière el le marrcbal
La mar&lt;ruise enrnie aussilol son remercie- madame de Pompadour que du Roi, lequel
de Saxe sur le siège jusqu'au Pont-Tournant, ment : &lt;I \'ous me rendez la vie, ~ladame la pourrait pcul-èlre trouver lui-mème qu'il ne
où le Roi trolll·a ses carrosses . Le Boi arriva Duchesse ; je suis depuis trois jours dans une serait pas trop décent que madame de Pomici à sept heures un quart, entendit la messe douleur sans égale, cl vous le croirez sans padoul' quètàl ; ainsi la Reine nomma hier
cl se coucha; il ne se releva qu 'à ci nq heures peinl', connaissant comme vous le faites mon madame de Castries pour quèler dimanche. JJ
d11 soir. li alla au bal de lfrsdamrs, dont attachement pour la Bcinr. On m'a fait des C'est la conscience religieuse de la Reine qui
llladamede Tallard faisait encore les honneurs, 11oirceu rs l'Xéc-rablrs auprès de M. le Dauphin s'est trouvée offensée en celle affaire, et l'on
conjointement avec madame de Duras. &gt;l
cl de Jladame la Dauphine; ils onl eu assez sait que èle ce coté elle ne transige jamais; la
Pendant cc temps, la reine Marie prenait de bonté pour moi pour me permettre de leur favorite, experte dans toutes les délicatesses,
part chaque jonr aux prières publiques des prouver la fausst'lé des horreurs donl on ignore celles qui se rattachent à ces sentiQuarante-Ueures, cl le Roi, ayant rrçu lès m'accusait. On m'a dit , rr.wlques jours avant ments.
cendres le mercredi malin, a1Jait se rr'cou- cc temps, que l'on arnit indisposé la Rci,w
Malgré ces petits échecs qui la montrent
cher et ne se relevait qu °il sept heures de contre moi; jugez de mon désespoir, moi qui un peu trop pressée, elle ne se décourage en
l'après-diner.
donnerais nia rie pour elle, dont les bontés rien. Le duc de Luynes conte une anecdote
me sont tous les jours plus précieuses. li est su r les earrosscs de la Reinr, dans lesrfllelS
Cette vie de mouremrnl et de plaisirs, certain qu e plus elle a de bontés pour moi , madame de Pompadour s'ob'slinc à vou loir
qu'interrompt à peine le saint Lemps du Ca- et plus la jalousie des monstres de ce pays-ci monter au moins une fois : « Cette proposirèmc et qui reprend ensui le, sous une nourelle seront occupés à me faire mille horreurs, si tion n'a pas été trop bien reçue; madame de
fornie, avec l1•s chasses forcenées et les rnyages elle n'a la bonté d'être en garde contre eux et Luynes a cherché it adoucir au tant qu'il lui a
incessants, convient lout d'abord aux nerfs vou loir bien mr faire dire de quoi jl' suis été possible la peine qu'elle faisait à la Reine,
résistan ts de madame de Pompadour. Mais accusét'; il ne 11111 sera pas difficile de me cl a pris la librrlé de lui représenter que,
déjà les pièges de la Cour se multiplient, lui justifier. La tranquillilé de mon àme i1 cc lorsque madame de Pom padour lui demanrévélant la méchanceté cl la Lasscsse, el. lui sujet m'en répond . .l'espèrr, Madame, que dait une gràcc, on poumil èlre sûr que
faisant payer cher ses premiers triomphes. !"ami tié que vous avez pour moi et pins encore c'était de l'agrément du Roi; qu'ainsi ce
Ne voulant de mal à personne, elle est sur- la connaissance de mon c.'\ractère vous seront n'était point de la personne de madame de
prise de celui qu'on lui cause; elle souffre garants de ce que je mus mande. Sans doute Pompadour qu'il s'agissait, mais de la pcl'assez vivement des perfidies qui lui sont faites je vous aurai ennuyée par un si long rt;cit, sonne mème du Hoi, el qur, par conséquent,
et qui tendent à trarestir ses sentiments.
mais j 'ai le cœu r si pénétré que je n'ai pu cc serail nne occasion de plaire au Roi, dont
.\fadarnc tir Tallard a été dPs plus empres- rnus le cacher. \"ous connaissez mes senti- la Reine profiterait. A ces réfh'xions on aurait

�1f1STORJ.ll
pu en ajouler une dernière, si la Reine avait
été disposée à l'enlenrfre, c'esl que madame
de Pompadour cherche en Loule occasion,
non seulcmenl à donnt'r des marques de son.
respect à la Reine, mais mèmc tout cc qui
peut lui ètre agréahlr. Madame de Luynes a
diminué autant qu'il lui a éLé possible le
désagrément du refus, en lui disant que la
Heine ne mène que deux carrossrs; que par
conséq uent il n'y a que douze place , parer
que ~lesdamcs vont arec la Heine; que si
cependant quelqu'une des dames qui doivent
suine la Reine manquait, comme par e:rnmple
madame de Villars, madame de Pompadour
aurait une placr. La Reine a const'nlÎ it crt
adoucissement. 1&gt;
La bonne Reine s'csl impatientée risihll'ment d'une insistance n-aiment indiscrète;
mais, comme elle se repent l'ile et quelle hàle
chrétienne à réparer! ~on seulement clic
nomme madame de Pompadour pour une
place de,·cnue vacante dans les carrosse :
mai , ayant dans son grand ('a binct un diner
de dame un peu nombreux, elle lui fait dire
de venir diner a,·cc elle. ~la&lt;lame de Pompadour s'empres~c, reconnaissante, ravie, orgueilleuse plulot qu'humiliée d'être la seule &lt;le
toutes ces dames qui n'ait point de charge it
la Cour. Elle csl d'ailleurs, en tout lcmp, ,
d'une aisance parfaite, prenant sa place partout sans embarras, cl un témoin nous la fai l
,·oir, à ce moment, chez la 11cinc, dans une
altitude qui parait à l'honneur des cieux
femme : « Elle jouait toujours au jeu de la
Beine, y étant a,·ec beaucoup de gràce Pl de
décence: et je remarquai que, l'hrure étant
renue d'aller aux Petits Cabinets, clic demandait la permission de quiller le jeu /1 la Reine,
qui lui disait a,·ec bonté : cc .\liez! » Belle
remarque à faire en philosophe cl rn chrétic·n
sur toul cela. »
Les soupers des jours de chasse n ·avaient
presque jamais lieu maiolenanl dan les Cahinets du Roi. C'était chez la favorite qu'on se
réunissait troi ou quatre fois par srmainc;
rim ne marquait mieux la place prise par
rlle, que de voir transporté dans son propre
appartement celte sorte de rite établi par le
Hoi chasseur et qui créait autour de lui, à
cùlé de la grande représentation, comme un
cercle familier et choisi.
Pendant cc soupers, Louis XV s'humanisait un peu, s'intércssail au moins par une
parole aux affaires de ehacun, écoutait la
plaisanterie des hommes d'rspril et daignait
sourire . La faveur litait gra11clc d'y ètrc nommé
el la liste, toujours assez courte, dépendait du
caprice du moment. Les courtisans les plus
importa11ls guettaient anxieusemcnl, au débolll'r dans le cabinet, le regard du maitre.
ponr ètre rns de lui lïnslan l où il songeait à
désigner les coovi\'C . li l'alait la peine d'y
penser, car avec le Hoi les absents arnient
toujours torl, et c'était beaucoup qu'il eût
aperçu à ses cotés, dans la familiarité d'un
souper, le l'i age de l'homme qui sollicitait
un cordon ou un commandement. Les plus
bonnètes gens ne dédaignaicn l poinl les petits

padou r, sans se contraindre à ccl égard, apnl
toute honle secouée el paraissant avoir pris
son parti, soit qu'il s'étourdit ou autrement,
ayant pris le sentiment du monde là-dessus.
san s'écarter sur d'autres, c'rsl-à-dire s'arrangeant des principes (comme bien des gens
font) suivant ses goùts ou passions. Il me
parut fort instruit des petites choses el des
petits drlails sans que cela Ir dérangeàt, ni
sans se comm!'llre sur les grandes choses. La
discrétion était née al'CC lui ; cependant on
croil qu'en particulier il disait presque loul i,
la marqui c. En général, suivant les principes
du grand monde, il me parut fort grand dan
ce particulier, et tout cela fort bien réglé.
« Je remarquai qu'il parla à la marquisr
en badinanl sur sa campagne, et comme réellement voulant y aller au i er mai. Il m'a paru
qu'il lui parlait fort librement en maitresse
qu,il aimait, mais donl il youlail s'amuser r i
qu'il sentait qu'il n'avait fJUe pour cela, el
elle, se conduisant très bien, avait beaucoup
de crédit, mais le Roi voulait toujours èlrc
maitre ahsolu el avait de la fermeté là-dessus .... li me parais ait que le particulier des
Cabinets ... ne consistait que dans le souper
cl une heure ou deux de jeux après le souper.
et que le réritable particulier était dans les
aulrcs Pelils Cabinets, oü trè peu de ancims
el des intimes courtisans entraient. Le Hoi
était, comme j'ai dit, fort d'habitude, aimant
ses anciennes connaissances, a~·ant de la peine
à s'en détacher cl n'aimant pas les nouveaux
Yisages: et c'est, je crois, it celle humeur
co nstante cl d'habitude que plusieurs deYairnt
la durée de leur apparente faveur, car, hors
les ,·éritablcs intimes dans le petit intérieur.
les autres n'avaient, je crois, que très peu
ou point de crédit.
&lt;1 Nous lûmes dix-huit , errés à table, it
saYoir, à commencer par ma droite et de
suite : ~I. de Livry, madame la marquise de
Pompadour. le Roi, madame la comtesse
d'Eslrades, la grande amie de madame de
Pompadour, le duc d'Ayen, la grande madame
de Brancas. le comte de Noaille , M. de la
Suse, dit le Grand )laréchal, le corole de
Coigny, la comtesse d'Egmont, ~f. de Croissy,
dit Pilo, le marquis de 11enel. le duc de FitzJames. le duc de Broglie, le prince de Turenne,
M. de Crillon. M. de Yoycr d'Argenson cl
moi. Le maré('hal de axe v était, mais il ne
ge mil pas à table, ne fai;ant que diner, cl
il 'accrochait seulement de morceaux, étant
cxtrèmemenl gourmand. Le Roi, qui l'appe« Étant monté, l'on allendait le oupcr
lait toujours comte de Saxe. paraissait l'aimer
dans le petit salon ; le Roi ne venait que et l'estimer beaucoup, el lui y répondait al'CC
pour c meure à table avec les dames. La une franchise et une justesse admirables.
salle à manger était rbarmanle et le oupcr Madame de Pompadour lui était tout à fait
fort agréable, !\ans gène: on n·étail scni que attachée. On fut deux heures à table avrc
pa1· deux ou trois valets dt' la garde-robe, qui grande liberté et sans aucun excès. Ensuite le
~e reliraient après ,·ou arnir don né cc qu'il
Roi passa dans le pclil salon ; il y chauffa cl
fallait que chacun cùt del'anl soi. La libt•rlé
versa lui-mème son café, car personne ne
rl la décence m\ parnrenl bien ol&gt; ervées; le paraissail fa et on se servail soi-mème. li fil
Roi était gai, libre, mais lo~•jonr avec une une parlie de comète a,·ec madame de Pomgrandeu r qui ne le laissait pas oublier: il ne
padour, Coi~ny, madame de Brancas cl le
paraissait plus du tout timide, mai fort rom le de .'loaillcs, petit jeu; le Hoi aimait le
d'habitude, parlant très bien el braucoup, se jeu. mais madame de Pompadour le haïssait
dirnrtissanl et sachant alors se dil'Prtir. li
et paraissait chercher à l'en éloigner. Le reste
paraissait forl amoureux de madame de Pom-

moyens pour se faire mrllrc sur la liste, cl
l'on commençait d'ordinaire par le demander
à madame de Pompadour, qui prenait une
occasion favorable pour rappeler au Roi le
nom et la requèlc.
Un des témoins les moins connu el les
plus véridiques de la Cour de Louis X\', le
prince de Croy, plus lard duc de Croy et maréchal de France, alors tout jeune colonel au
régiment T\oyal-11oussillon-Cal'alcrie. ne manquait point de passer à la Cour la plus grande
partie de on temps, cnlre ses campagnl's
militaires. C'était un homme d'une intégrilé
irréprochable, comme es Mémoires l'alle~lent
amplemrnl: mais, ne virnnl pas à la Cour. il
y avait chance que le Roi J' oubliàl. ainsi que
tanl d'autres, 'il ne faisait parler de lui. ~n
l'ffel, quoique son rang lui donnàt droit de
chasser al'ec Sa Majesté, il rtail un des rares
('hasseurs fJUi ne soupaient jamai . llien qu'il
lui en coùtàt un peu, au début, d'agir par
madame de Pompadour, il n'hésita pas trop
longtemps à recourir i1 cllt'. Il trouvait la
femme« charmante de caractère ctdc figure l&gt;,
ce qui diminuait beaucoup l'humiliation d'ètre
on obligé; voulant souper avec le Roi, sachant
cc qu'on n'y arnil accès que par la marfjuisc »,
il se décida à prendre la rnic qu'il fallait pour
réussir.
Le brau-pèrc du jeune officirr, le maréchal d'llarcourt, r a un jour présenté i, la
dame, à sa toilette: mai on n'a pas fait
attention à lui. Il s'adresse donc aux Pàris,
a1·&lt;'c fJUi il esl bien, et à )1. de Tournehem.
)1. &lt;le )lonlmarlellc recommande it son amie.
qui le lrn&lt;lemain porte les ~·eux sur lui :
l'examen étant satisfaisant, on promü à Montmartel de parler au Roi. fü1fin , un soir de
jall\·ier, apnl chassé comme i, l'ordinaire,
)1. de Croy est, avec les autre courtisans,
tlerant la porte du pclil esca lit•r : l'huissier
lit la liste et les élus monlcnl à mesure qu'il
sont appelés, laissant derrière eux la fou le
humiliée des refusés. Après une courte anxiété,
le prince a la joie d'mlenclrc son nom, et le
voilà à son tour dans ces Cabinets de Versailles, où sa première entrée sera une des
grandes dates de sa vie. Ce qu'il y a rn el
noté, il l'a dit arnc tant de précision '1'1ïl
n'y a qu'à lui laisser la parole, sans rien
changer au style de ce gen tilhommr. habitué
it causer la plume à la main cl sans au tre
prétention que de parler clair :

Cliché Braun, Clément etc••.

LOUIS XV.
Tableau de CARL~

VAN

Loo. (/tf1'sée de Versailles.)

�1f1STO'J{1.JI - - - - - - - - - - - - - - - - - - ; - - -- - - - -- - - - - ' ; - -de la compagnie fil deux parties, pelil jeu. Le
Roi ordonnait à Loul le monde de s'asseoir,
même ceux qui ne jouaient pas; je restai
appuyé sur l'écran à le voir jouer; cl madame
de Pompadour le pressant de se retirer et
s'endormant, il se leva à une heure el lui
dit à demi-baut (cc me semble) el gaiement:
&lt;! 'Allons ! allons nous coucher. » Les dames
fi:enl la révérence et s'en allèrent, cl lui fil
aussi la révérence et s'enferma dans ses Petits
Cabinets·, et nous tous, nous descendimes par
le petit escalier de madame de Pompadour ou
donne une porte, et nous rcdnmes par les
appartements à son coucher public à l'ordinaire, qui se fit tout de sui te.
&lt;! Ainsi se passa la première fois que je
soupai dans les Cabinets à Versailles, el tout
cela m'ayant paru simple et bien suivant le
grand monde, et que je pouvais .en èlre sans
me mêler ni rien l'aire de mal, je résolus de
m'y attacher assez el de faire ce qu'il faudrait
pour y ètre admis de temps en Lemps ... , et
de ne m'y pas trop abandonner non plus,
pour ne m'y pas laisser emporter au torrent. »

.

Une des choses qui apparaissent le mieux
par ce récit, c'est la facilité que les intérieurs
de Versailles donnent au Roi pour s'isoler.
Au-dessus de sa chambre à coucher et des
Cabinets qui y font suite, règnent plu~ieu~s
étages de petites pièces el d'entresols s écla_,rant par d'étroites cours ignorées du public
et sur lesquelles ne donne aucun logement
privé. Ce sont proprement les P~tils Cabinets
ou Petits Appartements, comme les désignent,
le plus soul'enL par ouï-dire, les divers Mémoires de l'époque. Ces petits Cabinet , d'un~
distribution compliquée, ,·éritable labyrinthe
d'esc;tliers et de couloirs enchevêtrés, jouent
un o-rand rùle dans la vie de Louis XV. C'est
là q~'il a sa bibliothèque, ses cartes de géographie, son tour, ses cuisines, ses con~Lureries, ses distillerie,, une salle de bams et
mèmc, sur une des terrasses supérieures, des
jardins et des volières. La décoration est partout fort soignée; les sculptures ont été proportionnées au peu de hauteur el plus souvent
vernis ées que dorées. La principale pièce est
la « petite galerie. des PetiLs Appartements »,
peinte en vernis ~Iartin, voisine d'un« cabinet
vert ,, réservé aux jeax, et ornée de tableaux
représentant des chasses d'animaux sauvages,
par Lancret, Pater, De Troy, Carle Van Loo,
Parrocel et Boucher.
Dans ces &lt;! réduits délicieux », comme les
nomme un contemporain, Louis XV se lroure
vraiment chez lui, ·autant que pourrait l'ètre
un simple particulier. En ce coin de Versailles, qu'il s'est réservé de préférence et
qu'il dispose à son goùt, il est sûr de n'ètre
jamais dérangé. li n'y convie que fort rar:
ment ses enfants eux-mèmes. Une telle solitude a ses inconvénients, qui résultent de la
multiplicité des escaliers, des issues difficiles
à garder et du petit nombre des gens de service; plusieurs fois des étrangers s'y introduisent el s'avancent par mégarde jusqu'à la
pièce où est le Roi. Mais les commodités sont
considérables pour mainte circonstance de la

J

vie quotidienne; el, tout. d'aliord, les passages sont reçus !jue s'ils 011l il amener un courrier
importance; hors ce cas, les ga rdes Petits Cabinets permellenl à Louis XV de de (l'rande
o
.
. , .
•.
se rendre, à toute heure et à l'insv_ de Lous, çons bleus, qui font le service 111ter1eur, n mchez madame de Pompadour.
Lroduisent jamais personne.
La marquise est logée à peu de distance de
ces Petits Cabinets, à la mème hauteur, sous
Quelle puissance donnée à la femme par
les loits, du côté du Parterre du Nord. Bien ces longues heures de tète-à-tète, cl quel
que l'appartement soit à une centaine de champ om·crt à l'ingéniosité de_ son ~s~r!L !
marches au-dessus des cours, il n'est dédaigné C'e t alors seulement que le Roi est a I aise
par personne; c'est celui don t madame d_e aupr~s d'un ètre aimable. qui le de~ine, le
Chàtcaw·oux s'est contentée, et plus Lard 11 distrait, l'intéresse, combat son p1Loyable
doit èlrc habité par M. de Richelieu. Le Roi ennui par l'activité d'une fantaisie jamais
a eu peu de chose à faire changer pour y loger lassée, par des projets sans cesse variés de
ses nouvelles amours, et le meuble ancien y spectacles, de fêtes, de jeux, de voyages et de
c~L resté.
constructions. La marquise connait tous les
Par une circonstance singulière, cc premier bons écrivains de France et peut réciter des
appartement de madame de Pompadour se scènes entières de comédie. D'autres fois,
trouvera conservé à peu près intact dans sa après s'être risquée à parler affaires, à servir
disposition ancienne, alors que tous les étages un protégé, quand le fro_nt royal se, re~brusupérieurs des Petits Cabinets auront disparu. nit, elle se mcL au clavecm, chante I opera en
ou l'une de •ces simples • chansons
du
On le reconnait, des jardins, aux neuf fenêtres ,•o(]'ue
0
•
qui font suite à celles de l'aLLiquc du salon de Lemps, fraiches cl Joyeuses, qui com,ennent
la Guc1·re. La vue fort étendue qu'on a-de cet aux harmonies délicates de sa voix.
Le sentiment n'est point absent de œs
appartement y ajoutait le plus grand charme;
au-dessus des arbres du parterre qu'on domi- causeries, avec les nuances de discrétion et de
nait, à peu près aussi élevés alors que ceux respect qui plaisent au Roi. Cependant la fa~on
qui les remplacent aujourd'hui, l'horizon d'aimer de madame de Pompadour, pour smétait borné par la forêt de Marly, qui rappe- cère et passionnée qu'elle soil, ne va pas sa~s
lait au Roi cl 11 ses invités leu rs proue ·ses de le désir de dominer son maitre. Une des raichasseurs.
sons qui exaltent sa joie vient de ce qu'elle ,1
On entre par une vaslt• antichambre, dont l:1 résolu, en partie du moins, cc difficile procheminée porte une glace de SL)'le Louis XIV • lilèmc; mais personne, hormis son ento~rage
et qui donne accès, à droite sur la chambre i1 domestique le plus étroit, ne sait au prix de
coucher, à gauche sur une p:ècc à large alcôve, · quelles lnll !'s et de quels. efforts, ~t av~~
comme en présentent sou vent les salles à 4uelles anxiétés du lcndcmarn. Le Roi est he
manger de l'époque; le voisinage d'un P;Lit par l'accoutumance, rt ce trait ~e son cara~réchaulfoir dallé de marbre montre que c est lère est connu de tout ce qui I approche; 11
bien là qu'il faut él'oqucr les soupers les plus peul supporter indéfiniment les gens, s'ils lui
inti mes de Louis XV. Dans la chambre i, cou- sont utiles, mais aussi par des coups brusques
cher, la boiscr:e, d'un dessin élégant el et inattendus il frappe sans 111énagement ceux
simple, e L formée de grands panneaux à i1 qui il faisait bonne fig~re. li faut qu~ la
coquille, dans le goût de Vcrberckl; l'alcôve, au favorite ne perde pas un mstant le souci de
cintre couronné d'un écusson fleuri. s'ouvre plairr, que tontes ses paroles, ses actes, ses
entre deux cabinets munis d'armoires. En ce gestes soient pour charmer, et 4ue le charme
sanctuai re des gràccs, 11uc le ha arcl des Lemps se renouvelle cl se rajeunisse, car on n'est pas
a respecté, on se figure volontiers la cérémo- sùr d'agir cieux fois par les mêmes moyens
nie de la toilette : tous les hommes de la Cour cl, chC'z de tels hommes, la rupture est
et les femmes les plus brillantes montant prompte et sans retour.
La beauté de madame de Pompadour, cette
chez madame de Pompadour rnrs une heure
de l'après-midi; chacun désireux de s'y m~n- beauté dont elle est vaine cl qu'elle veut enLrer, fier d'y apporter les nouvelles, de dire lc11dre louer, n'a, en vérité, rien d'exceplionune parole qui soit remarquée et qui ail ncl, rien qui J'assure d'un triomphe constant.
chance d'ètrc répétée au Roi ; enfin, sui,·ant Ses insomnies, ses nerfs aisément troublés et
le mol d·un habitué de ces jolies heures, !! la l'rffort qu'elle fait pour les dominer, les . inmarquise entourée à sa toilette comme t~ne dispositions qui altèrent souvent son teml,
reine )J, et régnant en effet, par le prestige rendent l'attrait fragile du plaisir plus frade sa faveur et aussi par sa beauté, son 0crile encore et plus incertain.• Pour livrer . sa
bataille journalière, pour rn111~re au _mo1~s
à-propos et son esprit.
.
Tels sont les lieux où se passe, à Versailles, par la surprise, et tenir en éveil une 1mag~la plus grande parlic de la journée du Roi nation blasée, elle doit parer ses grâces d'att1el de madame de Pompadour, pendant les fcm,ents rares et imprévus, de même que son
premières années de leur liaison, celJes où le ]or,is s'encombre des curiosités les plus singulien de la passion n'a pas fait place encore_ à lières des futilités charman tes que multiplie
la chaine de l'habitude. Le décor des Pel1Ls l'art de l'époque et qu'elle ne manque jamais
Cabinets, comme celui de l'appartement de la d'acquérir en leur nomcauté.
Pendant bien des années, elle ne parle
maitresse, révèlent leur vie somptueuse cl
relirée. Nul ne pénètre dans ces parties du ruère au Roi des choses du gouvernement:
o
.
l
Chàteau, quand le Roi s'y trouve. Pour une elle ne les aperçoit, il est vrai, que s?us _a
affaire urgente, les minislres écrivent; ils ne forme des hommes, agréables ou ant1path1-

'-------- --- ----- ---------qucs, qui les dirigent. Elle semble aussi considérer la politique comme une rivale qui lui
enlève trop soul'cnt l'amant qu'elle chérit et
qu'elle voudrait posséder sans partage. A cc
moment de sa vie, son ambition est surtout
au service de son amour. Tout le Lemps cru'cllc
sacrifie csl occupé à se créer une force, à se
faire des amis, à récompenser les concours
qui s'olfrcnt, à conquérir ceux 11ui se refusent;
elle lutte pied à pied, et heure par heure,
contre les influences ennemies, les calomnies,
les insinuations; elle reprend le Roi presque
chaque jour, parce que presque chaque jour
il se détache, et veille enfin à ce que tout ce
qui avoisine le maître soit à elle, ou du moins
ne travaille pas contre elle.
Ce rôle, soutenu avec tant de persérérance,
avec tant d'efforts et parmi tant de périls, lui
vaudra une récompense, non peut-ètre celle
qu'elle eûl choisie, car l'amour du Roi, un
instant conquis avec ses sens, lui échappera
avec eux, mais celle que tant de femmes lui
envieront davantage : elle quittera son appartement• a d'en haut n, pour n'ètre plus que
fort peu de temps maitresse du Roi, mais pouvant déjà se croire maitresse de la France.
Le 2 mai 1746, Louis XV se rendit à
l'armée de Flandre, renonçant pour cette
campagne à prendre avec lui le Dauphin. Le
jeune prince allait être père, et l'heureux
événement qu'on allendait devait ramener le
Roi au bout d'un mois à peine. Cette année,
ce ne fu t plus un château de famille, mais
une maison royale, qui abrita madame de
. Pompadour pendant l'absence. On al'ait fait,
quelques jours auparavant, un court voyage à
Choisy, afin d'y arrêter les arrangements de
séjour; les adieux y furent d'autant plus
tendres, qu'on remarquait chez la jeune
femme une altération particulière de santé,
qui semblait comporter des suites. Quelles
qu'en lussent les causes, il suffit de penser
combien la marquise, surmenée par le premier birer de Versailles, derait a,•oir besoin
de ce repos à la campagne dont elle arait pris
J"habitude en sa vie bourgeoise.
Le Roi lui avait demandé, en parlant, de
vivre à Choisy dans la retraite, rt d'en sortir
seulement pour aller faire de Lemps en Lemps
sa cour à la Heine. Elle pouvait, il est vrai,
recevoir quelques dames à demeure, rl les
visites ne devaient point lui manquer. On lui
laissail, de plus, un présent rraimenl royal,
et l'occasion d'occuper par des projets le
Lemps de la solitude : « Lundi matin, écrit

XV

ET Jff.J1D.J1.ME DE P o.MPADOU'R. - -...

le duc de Luynes, mada111C' de Pompadour bas il dix heures un quart. Madame de Pompartit avec M. de Montmartcl et 1\[. de Tour- padour y est toujours à diner cl à souper.
nehem pour aller à ,Crécy. C'est un très beau Vers minuit, le Roi vient à l'endroit où se
chàteau, bien meublé, arnc une terrasse que tient toute la compagnie. Il s'assied auprès de
l'on dit avoir coûté cent mille écus; c'est madame de Pompadour; il fait la conversaune terre qui vaut vingt-cinq mille lirrcs de tion avec elle el avec tout le monde, jusqu'à
rente .... Le Hoi l'a acheté pour madame de une heure ou une heure et quart qu'il va se
Pompadour, en cas que le lieu et le séjour coucher. )J On remarque qu'il a mauvaise
lui convinssent; elle ch parait extrêmement mine, et quelques-uns vont jusqu'à craindre
contente, cl fait déjà des arrangements pour « un mouvenJcnL de bile el d'humeur pareil
la personne du Roi, comptant qu'il ira faire au commencement de la maladie de Metz.
des voyages. l&gt; Hien ne convenait mieux à la dont l'épo4ue ne peut s'oubliC'r ».
marquise que d'avoir une terre à elle, et celle
Une seule alfaire a mis en émoi les esprits
de Crécy, toute voisine de Dreux, ne l'éloi- et fourni matière à des conversations pasgnai Lpas trop de Versailles. Une entente avec sionnées. C'est la question de &lt;( l'eau bénite »,
Montmartcl permit à la nou vcllc propriétaire qu'il a fallu résoudre à propos drs obsèques
de paraitre payer ellc-mèmc celle acquisition, de la pauvre princesse. A la cérémonie d'usage,
r1ui allait être la première de tant d'autres.
les Rohan et les Bouillon parviendront-ils à
Le Roi rcl'ient pour les couches de la Dau- faire reconnaitre leur prétention de" jeter l'eau
phine. Elles se font attend rc et sont mau- bénite sur le corps avant les ducs? Cette prévaises : une fille nait le 19 juillet et, trois séance leur est ardemment disputée. Le Roi a
jours après, meurt la mère. Cette pauvre décidé que, en cas de rencontre de ces mesprincesse, dont la destinée a été si courte, sieurs et des ducs dans la chambre du corps,
sera vite oubliée; seul le mari restera fidèle à les ho1111eurs ne seraient rendus il personne,
sa mémoire, même dans un second mariage, cl que ni les uns ni les autres ne jetteraient
el demandera, par ses volontés demièrcs, que d'eau bénite; mais les dames qui accompason cœur soit mis à Saint-Denis, auprès du gnent Mesdames, parmi lesquelles il y a des
cercueil de celle qui a eu son premier amour. duchesses, font remarquer qu'elles vont se
Nul autre que lui, à Versailles, ne se sou- trouver dans l'obligation d'entrer dans la
viendra de !'Infante aux yeux bleus, aimante chambre; et les duchesses réclament leurs
et timide, dont un portrait de Tocqué a fixé prérogatives.
la douce image sans beauté. Personne ne
La duchesse de Duras, dame d'honneur, a
parlera plus d'elle, après le trouble qui émeut échangé des mots très vifs avec M. de Dreux,
la Cour, met en larmes la Famille ro)•alc, maitre des cérémonies, peu porté pour les
rassemble la Faculté pour l'ouverture du intérèts des durs; il a été jusqu'à dire que,
corps, cause un évanouissement à madame si la duchesse se présentait, en m_ême temps
de Lauraguais auprès du cadavre, et fait que la princesse de Turenne (Bouillon), il lui
défiler, dans les longues galeries tendues de arracherait le goupillon des mains! Après cette
noir, la foule qui va visiter la chapelle ardente. algarade, M. de Bouillon est l'enu voir madame
La Famille royale se retire à Choisy, bien de Duras, l'assurant fort poliment que lrs
que le chàteau soit plein d'ouvriers. Mais difficultés tombent d'ellcs-mèmes pour ce qui
Trianon est trop petit, Meudon sans meubles, la concerne, puisqu'elle suit Mesdames par
Compiègne et Fontainebleau très éloignés; devoir de ~a charge, mais que les Bouillon et
Marly rappelle les malheurs arrivés en 1712, les Rohan sont résolus à ne point céder aux
la mort du duc de Bourgogne, six jours après autres dames. Le jour venu, comme la prinsa femme, souvenirs tragiques qui ont frappé cesse de Turenne s'est lait meLLre de garde,
le Roi. li a distribué les appartements de exprès, pour le moment de la venue de MesChoisy un peu en hâte; la Reine a le plus dames, il faut toute la sagesse des duchesses
beau, le Dauphin le plus retiré, et madame de Brissac et de Beauvilliers, 4ui renoncent
de Pompadour a dù céder à une dame de la spontanément à leur eau bénite, pour éviter
Heine celu i qu'elle occupait. Dans ce séjour un conflit désobligeant et des aigreurs publides plaisirs du Iloi, la Yie devient d'une telle ques devant le cercueil. Tout le monde a dit
tristesse que tout Je monde s'ennuie à périr. son mot sur l'affaire et pris parti, tant les
Le jeu, qui fait toujours la grande ressource, étiquettes et les préséances tiennent de place
manque et les soirées semblent sans fin : « La dans celle Cour, où le véritable respect n'en
table des dames et des hommes se sert en tient plus.
PIERRE DE

(A suivre.)

_., I l l ""
"' 110 '"'

Louis

NOLHAC.

�--- - - - -- - -- - - -HENRY BORDEAUX
~

L'amour au

XV/Je siècle

Ce jeune homme se r était fait signer comme f(Jl pour aller aux bénédiclincs de Saintune lellre de change. A sa présentation, ~inon Cloud : le roi vinL lui-mème se la faire rendre;
devait payer. Le billel vint à échéance, cl fu t il eùt brùlé le couvent plutol que de revenir
proteslé. Pourtant Ninon était peu cruelle. sans elle. La seconde fois, la pauvre p&lt;.'lile se
Son âme n'étail poin t passionnée: je la oup- n•fugia aux filles de ainle-)farie-de-Cbaillot :
çonnc mème, malgré le nombre inquiélanl, à il fallul encore la laisser partir, emmenée par
ce point de vue spécial, de ses amanls, d'avoir M. de Lauzun, capitaine des gardes, qui avait
ignoré les ardeurs des sens, qui parfois tien- une escorte pour enfoncer la grille : cc sont
nenl lieu de passion. On la crut heureuse des arguments auxquels on ne résislc guè1•1•.
jusqu'à la fin de sa philosophique vieillesse; )fais dt:jà le roi ne se dérangeait plus et enelle fut gàtéc fort lard par la galanterie des l'oyait un subalterne.
hommes, et Je pcti l abbé de Châteauneuf
Considérons dès lors les souffrance~ de sa
l'aima par snobisme comme elle avait quatre- vie : l'existence partagée avec Mme de Monvingts prinlcmps. Quand elle disait : &lt;&lt; Je tespan que peu à. peu on lui préfère; celle
rends grâce à Dieu, tous les soirs, de mon rivale qu'elle rencontre partoul, mème à
espril, et je le prie tous les matins de me table, et qui se plait à l'humilier ; urtoul
~
préserver des sotlises de mon cœur, 1&gt; elle se l'oubli du roi : trois années ainsi doulou~inon de Lenclos fuL-elle une courtisane? vanlait : son cœur ne fit jamais de soLLises. reuses. Enfin elle quille la cour ; Louis XIV
Le mol esl bien offensanl pour une personne Elle était bien Lrop modérée pour aimer laisse parlir avec indifii;rencc la plus aimanle
aussi éléganle et de Lant de politesse. JI ne lui &lt;l'amour. Son inMpendance ne lui servit de de srs maitresses. Le jour où elle prend le
manqua que d'ètre mariée, mème vaguemenl, rien, pas même à faire des folies. L'étiquette l'Oilc, Loule la cour se rend à la pelile chapellr
pour jouir de la plus haute considération : des gens de cour, el la cra inte .de la société des carmélite . C'est une belle première :
encore Mme de La Fayette l'appelaiL-elle son n'eussent pas mieux in piré celle avenlurière Mme de Sévigné remarque que l'amanlc royale
amie, Mme Scarron la consultait, el la reine sans aventure . Le mot le plus sage qu'elle est fort jolie en religieuse, el critique le serChrisline de Suède ne dédaignait pas de la ait dit esl celui-ci tJu'elle prononça vers la fin mon de Bossuet que l'on s'accorde à Lrourer
\'enir voir. Mai elle redoulail le mariage, cl cl qui csl plein de rcgrel : &lt;&lt; Qui m'eùl pro- inférieur ce jour-là. Quelle pitié sœur Louise
tous les engagements sérieux qui déterminent posé une pareille vie, je me serais pendue! » de la Miséricorde dut-elle éprouver pour ce
la r espectabili té. Jeune, belle et bien née, elle Car rien ne vaul de sentir son cœur, de souf- monde de petites passions médiocres et de
donnait au siècle cc specLacle afOigeanl de frir el d'aimer. Elle avait rompu avec les pauvres àmes sans vigu&lt;'ur ! liais elle ne sonn'avoir pas de mœurs et pas de préjugés. conventions, mais son siècle froid cl correcl geait pa à a,·oir pitié, elle s·élcvait de l'amour
Chose singulière : on lui pardonna l'absence pesail sur clic. Je n'ai pas dil qu'elle était humain à l'amour de Dieu oit ne sont plus ni
de ceux-ci comme de celles-là. Deux qualités bonne mu icienne, el &lt;1u'eUe montrait les plus déception ni jalousies. Elle oubliait, elle
faisaient oublier sa nou\'eauté indépendante. jolies mains du monde en jouant du luth, du aussi, auprès du Consolaleur qu·ellc s·élait
Elle avait cc qui constituait alors l'honnèle Léorbc ou de la guitare.
choisi. - &lt;1 Quand j'aurai de la peine aux Carhomme : la sùreté dans l'ami tié el le ton de
mélites, - disait-elle à ~Jme Scarron au tcmp~
et&gt;
bonne compagnie auquel elle formail les
où, dans le monde encore, elle songeait à la
Laissons celle pauvre femme spirituelle retrailc, - je me so uviendrai de cc qu'ils
jeunes héros, Lels que Condé el La Rochefoucauld. Son époque pouvai t se reconnaitre en pour courir au-devant de Loui e de La Val- m'ont fait souffrir. Jl C'étaienl du roi et de
son àme équil ibrée et régulière, qui introdui- lière. Elle mérite d'èlre vénérée, presque à ~[me de Monlespan dont elle parlait. On dit
sait de l'ordre jusque dans ses désordres. l'égal d'une sainle. Elle aima éperdument, el 111ème qu'elle avait support é si longtemps
Mme de Sévigné, qui l'appelait en riant sa la souffrance la donna it Dieu. Quelques évé- leurs humilialions par e pril de péni tence el
belle-fille , n'élait pas f~chée que son mauvais nements tragiques résumcnl sa vie. Elle a par goùt de la douleur. Mais l'apaisemcnl dut
sujel de fils cùl celle relation rassurante. dix-sepl ans quand le roi la voil à Fontaine- se faire bienlôl dans une àme si parfaitcmcnl
Ninon excellait à modérer les passions : ses bleau : imaginez une fraicheur d'aurore, el douce et tendre. Ses quelques joies d'amour
amants écondui ts avec grâce, - au bout de des yeux profonds et mélancoliques comme ne la Lroublèrcnl jamais, cl elle ne se souvint
peu de Lemps, par suile de sa prompte lassi- ces lacs de montagne qu'on rencontre cachés que de la faute qu'elle amil commise en aitude, - lui dcvcnaienl bienlol des amis. Elle dans les sapins. La bea uté de Louis XIV en mant. Plus tard, Mme de )fontespan, à son
n'avait pas de coquetterie : si elle prometlait pleine jeunesse étail admirable. Elle oublia to ur abandonnée, vint la voir. Quelle fut
un amour éternel, e'était en riant, afin que quï l était roi pour se donner Loule au beau l'entrevue des deux femmes? On peul imal'on comprit que celle éternité durerait quel- jeune homme qui la séduisait. Comme les giner les paroles pacifiques cl délicates de
ques nuils el pcut-èlre quelques j ours.
arbres de la forèt devaient s'incliner doucc- sœur Louise, rafraichissant comme une caAu fait, on cite d'elle un billet d'amour '. mcnl sur cc co uple aimable! Cependant elle resse l'àme désemparée de son ancienne ri raie
li csl d'un laconisme désolarll : - Je n'ai- n'oubliait point de se tourmenter, et sa piélé il son lou1· abaissée.
merai qtte La Châti·e. - Ah! le bon billet étail un grand obstacle à sa passion. Deux
Mlle de La Vallière, avec son unique amour,
qu'a La Chàtre! dit-on encore aujourd'hui. fois clic s'enfuit de la cour. La première, cc remplit bien autrement sa vie que la légère
J'aimerais que le xv11• siècle nous eùl transmis quelques billels doux de inonde Lenclos,
el la correspondance amourcu c de Mlle de La
Vallière. Je demande pardon à la sainle carméliLe de la placer en si mau\'aisc compagnie :
c·csl pour mieux faire comprendre son àmc
dérne urée. La courlisane esl bien plus de son
Lemps correct el ordonné, que l'amante royale.
Leurs lellrcs eussent mis en lumière celle
dilférence ajoutée à Lanl d'autres : on eùt
retrouvé !"esprit du Lemps chez Ninon, et le
cœur de Loui c de La Vallière nous eùt paru
plus près de nous par son goùl de la douleur
et ses ardeurs passionnées. Aucun aulre document de l'époque n'aurail eu notre préférence.

1. Au x,•111• siècle parut un volume apocryphe de
!iinon de Lenclos. Il est intitulé : Mémoires 1ur la

vie de Mtle de Lenclos, Amsterdam, François Joly,
1 7i5. Cel ounage, tout paré de grâces ironiques et

légilres, fait songer à l'heureuse collaboration de
J~rômc Coignard et de li. Bcrgcrcl.

L '.llJHOU'R_

.

.JIU XY11• S1ÈCL'E - - ~

Ninon avec s?n bagage de caprices rt de passades. Co~brcn pensent al'oir beaucoup vécu,
parce CJU 11 se sonL fort démené dans ces
intri_gues oir I? ~ m· ne se prend point, qui
seraient surprn s ris connaissaient une seule
d_c' é~ o_tion' réscn t:_es à ses élus pa1· la passion_ ,,entable! Des 1ïcs qui parnisscnt ternes
PL l'ldes fw·rnl Ioule. consumées par un sentiment d'uncadmiralilc continuité de violence. &lt;&lt;Le plaisir de
l'amour est d ' aimer1 ,,, cl chez qucl11ue -uns ce plaisir
est &lt;&lt; tme rolupté inlérieurc 11ui use l'l
lue' ,,. A ceux-là je
con cille de méditer
la l'ie dcsœurLouise:
ils y Lrot11wont de
quoi flatter leur rc('hcrchc de tc11drcs c
humaine et mèmc
dirinc.

s'embrase encore de lumière au soir tombanl mill.r qu!lla le Por~ugal en 1662, rappelé par
lorsque l'ombre a envahi les pentes inclinées. des derorrs de farrnllt&gt;, et le souci d'une carcoul'ertes d'olil'iers el de Yignes, qui l'enl'C- rit•re brillante.
l?ppenl. Un eourr nt de fra11ciscaincs était
La paul're abandonnée écrivit : cc sont ces
1ornement dl' celle pl'lite ,·ille. r 1w des reli- lcltr~s que nous arons. Le capitaine les laissa
gieuses, )laria11na .\lraforada. rit )f. de Cha- pt'.!)lit'r en. 1(iti!J. mais ne retourna jamais ;1
milly-en grande tcnuL', de la terrasse du ro11- Bcri. Il aJouta ce lrophfr d'amour à ccu,
rcnl, cl son cœur ful (:mu. En cc Lemps, le qu'il arait rt:collés dans le camp .
Dien que longu!'s
et monotones, Cl'~
lellrcs sont admirables. Elles surpasse111
en caractère celll's
d'lléloïsc, 11ui mèlai t
par instants de la
science historique à
ses transport . line
jeune femme unissant dans un mènw
senlimt'nt la l'Oluplé,
la Lendresse et le goù t
du sacrifice, bien humaine par les ardeurs
de sa chair et son d0sir d'aileclion, audessus de l'humanité
générale par l'oubli
Xous ne connaide soi-mèmc, la grantrions pas une lettre
deur de la douleur
d'amour intéressante
et
l'amour de son
au xrn• sii·clc (on ne
amour, se lil'J·c à
saurait te nir po u r
nous en longues plainamoureuse la sentes passionnées.
uelle correspondance
Marianna aime an•c
de la préside11te Ferune spontanéité dirand, qui sans cesse
gne de louanges. go urm ande son
t&lt; Yous me parùtcs
amant le baron de
aimable
a,·ant qu e
Breteuil sur son armus m'eussiez diL
de ur irrsuffîsantc),
que Yous m'aimiez,
sans la l'anité du ma- écril-clle à son
réchal de Chamilh
amant, - l'OUS me
qui nous rai ut le;
té moi g nâtes un e
cinq lt•tLres célèbres
grande passion, f en
de la rcligieu c porfus r a,ic, el je m'alugaisr. Crs lcllres,
bandonnai
à yous
c'est loul un ronra11 à
aimer éperdument. ,,
la Pierre Loti, aur1uel
Elle n'a pas un geste
il ne manq ue ni exode
coqucllerie, etc'est
ti me, ni jolie étranla
coquetterie
qui regère abandonnée, et
tient le plus les homI' 'est encore toute une
mes ordinaires, com.\me de jeune lemme
me Chamilly. Ceux
ardente et naturelle,
qui
sont supérieurs on
une des plus ro111pl1'•qui
ont simplement
les e1_1 tendre se qui
L 0L ISE- PR.L'\ÇOISE DE LA BA!:l!E-LEBL.IXC 1 DLCl!ESSE DE L A V ALLI ÈRE.
des habitudes d'anase pursscnt connaitre.
Tableau de J EAN NOCRET, (Musée de Versailles.)
lyse, dédaignent les
Je rappellerai en
petits manèges, le~
deux mots le roman :
artifices, les feinles r t
i( eSL. banal. Eu 1661 , uu jeune officier de parloirs, et &lt;JtH.!l11uefois J 'autrcs pièces, s'oules lcmpori~ations destinés à déreloppcr l'ahance? le comte de Saint-Léger (pl us Lard n aie11t aux hommes. )larianna était jeune.
mour, qui deYic11L ainsi semblable tout enlfüll'~UIS de c,bamilly) sui rit CIi Portugal le bl'lle, rr0dule cl c11fern1éc : aulanl de raisons
semble ,'t un combat et à une comédie.
mar:chal de Schomberg que Louis XI\' en- pour rcouter les paroles du militaire. Et c•e~t
Plus tard, après l'abaudon, la peti te reliroyart pour soutenir le roi do11 .\lfonse da11s un grand al'antage de courir des dangers au
gieuse, qu i est d'une psychologie très fine,
~a lutte contre l'Espagne. On se hatlil sotll'ent moment oit l'on reul séduire. La menace de
s'aperçoit bien qu'elle a fait fausse romc :
d31:s la pro,·ince c1·Alcm-T1'jn, :rnlum de fl1:ja, la nro,·t rsl 1111 philtrP d'amour : il y a une
rllc comprend rp1r l'amour tout seul ne donne
qm se dresse au s0111111et d'une rulli11c· et générosité à ne pa~ allri~tcr par un refus des
point Louj our~ Je l'amour. et qu'il y faut
1. La Rochcfoucaulrt.
j ours qui pem ent être comptés. Les joies des joindre un peu d'habileté.
2. Renan.
deux aman ts furen t éphémères. )J. de ChaDe même qu·elle se donne spontanément,
1. -

llrSTORIA, -

Fasc. 3.

8

�1f1STOR..1.Jl
clic ne réOéchit pas à la durée de l'amour.
Elle ne doute mème pas qu'il ne soit éternel.
Elle écrit adorablement : &lt;&lt; Je. m'apercevais
trop agréablement que j'étais avec vous pour
penser que ,,ous seriez un jour éloigné de
moi. » Elle n'a jamais songé que ses plaisirs
cesseraient a,,ant -sa nassion. C'est la beauté
d'un sentiment naturel de ne pas envisager
sa durée. Les êtres simples sentent ainsi : ils
ne gâtent point leurs heures de joie en r
mêlant la cerlilude qu'elles finiront. Ils ne
tourmentcnl point leur bonheur présent par
des questions indiscrètes. Us ne se demandent
pas s'ils aimeront toujours : au moment où
ils aiment, l'amour contîent pour eux l'éternité.
Seulement c'est une grande souffrance de
tomber d'un pareil rêve. Marianna est plus
belle et plus ardente dans la douleur que dans
le plaisir. Par là, elle montre le caractère de
son âme. Bien qu'elle aime pour la première
fois, elle connait crue son cas amoureux esl
rare. Elle écrit à Chamilly : &lt;&lt; Vous troU\·erez
peul-être plus de beauté (,·ous m'avez pourtant dit autrefois que j'étais assez belle),
mais vous ne trourerez jamais tant d'amour,
et le reste n'est rien. » Elle le plaint de ne
pas sentir aussi ,·ivemenl, et préfère sa soul'francc aux plaisirs languissants qu'il doit
trom-er auprès de ses maitresses de France.
Quelles maitresses pouvaient en effet se comparer en transports à cette ardente religieuse'?
Elle se flatte qu'il ne pourra l'oublier entièrement, cl que loin d'elle il ne goùlera que
des joies imparfaites. Ici je crains L\u'clle ne
s'abuse : Chamilly devait être de ces gens peu
imaginatifs qui ont besoin de la présence
réelle pour s'enflammer, et qui manquent de
précision dans le souvenir comme dans le
rêve. Comprenant qu'il ne l'a aiml'C que par
Yanilé, - et quelle vanité pouvait-il lrourcr
à séduire une pauvre nonne ingénue cl sépa1·éc
du monde? - clic rcgrellc pour lui qu'il se
soit privé, en en usant ainsi, des plaisirs infinis qu'il eût ressentis dans ses emportements
d'amour, s'il avait aimé.
De se connaitre un amour si magnifique,
elle se prend à aimer cet amour. Elle se rend
compte, sans oser encore se l'al"oucr, de la
médiocrité de son amant, el, pour décour rir
un objet en harmonie avec sa passion, elle
s'adresse à celle passion même. « J'ai éprouvé,
écrit-elle, que ,,ous m'étiez moins cher que
mon amour. » Et ailleurs : c, On sent quelque
chose de bien plus touchant quand on aime
violemment que lorsque l'on est aimé. » Elle
parle avec son cœw·, comme les grands
moralistes avec leur intelligence : Pascal,

La Rocheloucauld ; Stendhal, théoriciens de corc vous m'allcndrissez, sœur Marianna.
Yous fûtes délicieusement nlive en le .choil'amour, lui prendraient des pensées .
Elle est bien du pays de sainte Thérèse, sissant. Ou plutùt ,·ous ne l'avez point choisi ;
par la passion dont elle est dévorée. Comme il est. venu à l'hc1u·c précise oü vous aimiez.
la sainte, mais pour un aut1·e sentiment, elle Saint-Simon, qui avaiL plus de jugement que
désire de .souffrir. Cc sont des cris tout espa- vous parce qu'il n'arnit pas les mêmes raison,gnols que ces mols : « Aimez-moi toujours, pour èlre aveuglé, a connu votre amant lorset faites-moi souffrir encore plus de maux. l&gt; qu'il était 1:e,·êtu de tout le prestige de sa
La mème ardeur surhumaine se reLrouYc réputation guerrière : il le Lrourn grand et
aussi bien chez l'amante terrestre que chez gros, bêle et lourd, et s.'étonna qu'il ail pu
l'amante divine. La rnluplé de la première inspirer_un amour aussi· désordonné que le
confine par sa violence au mysticisme de la 1·àtre fut. ,\joutez qu'il ne manquait pas de
seconde. Nous pouvons admirer cette frénésie l'aLuité, puisc1u'. il exhiba vos lcllrcs it chacun.
merveilleuse, enfantée par celle terre lirùléc L'histoire le déclare homme d'honneur, bic11
de soleil. Loin de détester la vie, Marianna 1iu'il ait pris le rôtrc. Cependant je comprends
l'adore, puisqu'il lui !\St donné d'y souffrir très bien que vous l'ayez aimé : il dcrail èlre
aussi cruellement. Sa passion s'exaspère dans ,·igourcux et plein d'entrain, et vous èlcs
la solitude et l'abandon : son goùt-de souffrir excusable d'aroi1· pris ses caresses pour des
par son amant élargit son amour, el son cœur transports de son âme . Ainsi son âme vous
qui saigne se réjouit d'avoir beaucoup de sang parut ardente. Les gens de sport sont enclins
à donner celle illusion. Yous arnz compri,,
à répandre... .
quand il fut par ti, que sa tendresse cessait
arec son plaisir, tandis yuc le ,·ôt.re ne faisait
qu·un arec rolrc passion. Je ,·ous demande
Sœur Maria11na, - JC néglige i1 dessein pardon pour lui qui fut un malotru , comme
rnlrc nom de famille qui est pénililc il pro- l,caucoup d'hommes. Mais mus ne l'ùtes pas
noncer , - sœur de tous ceux q1Li ont aimé plus mal par tagée qu'un nombre très grand de
et se sont donnés à l'amour par une inclina- ,·os compagnes. Nous avons YU que Louis X.l \'
tion de leur nature, sœur de tous ceux qui se plut à hw11ilicr Louise de La Vallière, cl
ont souffert à cause des ardeurs infinies de nous rcrrons Julie de Lespinasse s'éprendre
leur cœur, je ,,ous imagine sur la terrasse de aussi d'un militaire dépourvu de constance :
votre petit couvent de Béja, à l'heure oü le il est vrai qu'elle était déjà·vieille et ennuyeuse,
soleil se couche derrière les lointaines collines. cl que votre disgràcc vous advint durant votre
De la campagne desséchée montent des l"a- beauté. Les hommes les plus aimés sont impcurs roses et violclles. II a fait chaud tout périeux et égoïstes. N'a.yoz point ,·crgognc de
le jour, et la brise du soir n'est pas encore ,·olrc ~L de Chamilly. Cc n'est pas lui 11ue
assez fraiche pour soulager. Vous vous èlt•s ,·ous airnàles, mais bien ,·ot.rc amour. Vous
orientée dans le ciel, el vous regardez vers la l'avez dit vous-même. Pour l'avoir compris,
France qui vous a pris rolrc amant. Yous soyez louée, cl aussi pour avoir aimé la vie
soupirez, et rnus croisez ,·os fines mains sur dans ses grands mouvements de joie et de
votre 'poitrine, sanctuaire de votre tendresse. douleur. Ce qui importe avant. tout, c'est
Vos yeux noirs ne pleurent plus, tant ils onl d'aimer, c'est de sentir son cœur si grand que
déjà versé de larmes : ils ont i;ct éclat déro- lout l'univers s'y précipite, c'est d'étreindre
rant quc donne la fièvre ou le désir. Vous êtes par un seul sentiment spontané de 11olre natoute jeune, à peine vingt ans, et votre visage ture le sens di \'in qui est en nous. Sœur Maa cc teint mal et chaud qui est excitant à rianna, ne regardez pas \'ers Je pays de l•'rancc
regarder. 01Li, mus êtes belle, et vous serez où Yolrc Lendresse s'exila. Le soleil s'est couencore aimée, si la règle un peu relâchée de ~hé, les étoiles brillent sur la campagne odornlre couvent n'y met pas obstacle. Vous ferez rante. Les souffies du soir viennent rnus
éprouver à d'autres les souŒranccs que vous caresser. Mellcz LI mai11 SUI' votre cœur : il
avez endurées : car ainsi va le monde. Peut- est tout frémissan t. Cc n'est plus le souvenir
être aimerez-vous de nouveau. Cependant de M. de Chamilly qui vous agite ~ celle
vous n'aimeriez plus qué votre vie serait la heure, c'est cc désir immense qui brise les
plus amoureuse du monde: vous arnz dépensé àmes délicieusement et que la vie ne peul
en une fois des ardeurs magnifiques qui font assouvir, c'est l'amour enfin, dégagé de ses
voiles, tels que seuls le connaissent ceux qui
notre admiration.
ont
pleuré sur les ruines de la tendresse
Sans doute rnus vous êtes méprise sur
l'homme que vous avez aimé. Pour cela en- humaine.. ..
HENRY

BORDEAUX.

L 'LIIPÉRATRICE E UGÉlilE ET SES DA.\lES D'IIONl,'EUR
..
. -

Ta bleau de W l NTERllALTER,

LES FEMMES DV SECOND EMPIRE
~

Autour de l'Impératrice
Par Frédéric LOUÉE.

II
Ce~_cndant, on commençait à s'apcrccroir
:iue l 1~péralricc elle-mèmesc laissait gagner
au verl.Jge de celte faveur extraordinaire du
so_rt._ Son humeur prime-saulière s'en ressentait
. Jusqu "a se montrer incohérente et rersal1le. Sa naturelle mobilité l'entrainant d'un
~1~mcnt. il l'autre, au x cxtrèmes des idées et
c~ _sent'.menls, se rendait de plus en plus
sens_1ble a ceux qui l'approchaient. On notait
malwnement
de 1•·mconsequcnce
·
dans certaines
0
mJ~e~~a1~~\ i enre de c1;itique acerbe, de la part des
préter l'o , ·. 11 d186~, l ,u, de ceux-là croyait interpuuon e bien &lt;les gens lorsqu'il écrivait :

de ses P! r?les. E(lc arait éveillé la critique ,. années, par un reste de tlmidit , t· ..
é · ,, .
e emmmc,
_E~e cta1t o":1mpotcnte aux Tuileries et le EuO'
o ~1e s eta1t tenue totalement en dehors du
fa1sa1t apercevoir. De complexion nerveuse et terram brûlant de la politique L'
" . .
• empereur
de caractère vif, peu accessible au raisonne- s eta1 t 1ien donné de o-arde de l'y introd .
et
ell
l'
.
o
mre,
~ ent, ~out impulsiYe et par cela prête aux I' e ne en avait point prié. Mais des cause~
rnlcmperances les moins justifiées comme aux o verses et d'ordre personnel l' ..
. , d
, emw ma'1
plus nobles élans de l"ùrnc, clic inquiétai t son d.
_eg~1sec c 1a plupart des membres de la
: nlouragc ?t ei'. pr&lt;:micr lieu son flegmatique fa!n.1llc Bonaparte, des dissentiments plus
cpoux, qm cra1gna1l fort les explosions sou- pen1hles avec l'empereur, dont les écarts condaines de ce zèle gomemant.
Jugaux se trahissaient jusque sous ses yeux
Une ingérence aussi tumul tueuse n'avait ~ans le~ fètes de la cour comme aux re'ce1i~
pas éclaté d'un seul coup. Pendant plusieurs t.1ons m1msterie
· · · Iles, et une perception dillë« J'ai peine à anal.rscr le caractère de cette femme
~t Je c~éco_unc encore rno111s où clic ,·cul en Yenii-'
Son allcchon pour l'empereur es( affafre d'ambition;

son
me pa,
.
,
elle amour
n'amt maternel
da
. iai•t 1res
prohIematiquc
• et
o·
ns aucune c1rconstauce de
. . .•
concilier l'alfcclion des Français. »
mamcrc a se

�_ _ _ _ _ _ _____:___ _ _ _ _ _ _ _ J

111STO'J{1.ll
.\. cc moment l'Italie, t1·ès impatiente de lllJLll"C 1, son impéralricl', galan t c•n_rcrs la
reutc ·des réalités de la situation, lui aYaienl
femme autant que fidèle 1, sa consigne, le
décourcrl le Yide de son cx;stcncc intime. ]~l!e rentrer en possession de n ome cnco1·c sou- crnl-&lt;&gt;a rdt&gt; tombe aux gc1,oux d' J.;ugénic. en
s'était promis d'en prendre loul au moins mise à la domination temporelle du plpe, étcncE11t la baïonnrtlc au lral'ers de la porte:
une sorte de rel'anche morale rn pro1~rnnl niclamail le rctrl it dt'S troupes fran9aiscs.
- « )lajesli, on ne passe p:is, ordre de
qu 'clic po:ira:L ~orlir dl'S dl'la'ls de la loildlc char"écs de gara11Lir b som·e1·aineté des pon!'Empereur.
lil'e/.\u contraire. lïmpératritc, lrès dérnaée
·l tlu ,T111 écfr 1wcndn• sa pari des cho,t•s
&lt;( C'est cc que nous allons roir! ... 1&gt;
l .
t'a
'
• .
.
.
1· .
1
:;frieuses, con,eillcr, d11:1gt•1:, 1111r10u? pu !l:- 1 l'J;:&lt;&gt;lise el ne souhaitant rien autant que de
El cavalièrement elle saule par-dessus la
voir
~on
époux
justifier
la
qualification
de
tlucmcnl. l&lt;:l elle en al'a1t s1 bien pris I habiMajesté Très Chrétienne, Eu?énic _appuyait hi baïonnette du soldat de parade, enfonce la
tude qu'elle ne voul11t plus s'en détacb; 1·.,
porte cl se précipite au milic_u de la salle a:·t:c
Elle élait parrnnuc à exercer au
d _une mainlicn du détachement français, pour la la Yio?encc d'un ouragan. L empereur pn·s1humeur turbulente, cl que d'aucuns JU~c_aicnt protection des ]~Lats rom~ns. Deux ~uxiliaires dail, graYc, impc1'lurbable, a~?1~l seul kL lèlc
brouillonne, une réelle influence poht1t1u:, puissants: )follcrnich et I ambassadrice, sccon- cou,·crlc au milieu de ses m1111slres rl'sp1·rqu'arnit beaucoup accrue sa régence de_ 186,&gt;. d,licnl ses yucs cl n'hésitaient pas i1 les sou- tucn:s: el allc11tirs. Mais le rnul'l'1•a:n 11'l'11
Elle inten·cn'.lil. sinon dans les cons_c1ls, d1'. tenir auprès du cahincl français!. li fallait impo.sc po:11t i, l'épouse irritée, &lt;JUi ne rnil_l'n
moins dans la connaissance des q1'.cslio1~s q1_u aviser sm· la conduitr 11 tenir et prendre une lui que l'homme, le mari, cl le pr~u'"?· t ll'.·
s\ trailaicnl. Les ministres ·prcn:ucnl 1 hah1- décision. Napoléon 111 réunit le conseil des l'a droit 11 lui. d'nn rcYcrs de main ,1ell1• a
t,;dc d'aller chez clic. Oa lïnslrui~ail dl's ministres, afi n d'en délibérer ; cl, redoutant terre son cltapcatt cl, sans dire un mol, rl'salfaircs du jour. Elle objurguai_t cl _Pronon- non sans cause 11ue J'i111pél'alricc ne songcùt it ~td comme clic était entré&lt;', laissant l1•s
i·ait. Srs idée. personnelles se lorm:ucnLsu,. inllucnccr de sa présence l'examen de la minist res stupéfaits l'l consternés. Co1111aisÏcs co11fidc11ccs r1ui lui étaient fo ites,_cl ~c ,1ucstion, il défendi t qu'on la 11rédnl de celle sanl la faiblesse intime de ~apoléu11, clll' 11e
rowpli11uaic11l de préjugés ou de parlis pris assemblée sccrNe.
liais cc qu'on lui rachail clll' l'arnil su; cl, s·,•11 tient pas 111, cl. veut aussi l'air~ son _r1_111p
aYet: lcsiiucls J'crnpercur cul à lutter.
..
dtLal. .. conjugal. l•:llc remoule arec prec1p1La plus chaude de ces alcr'les c:1ra-olf1- rom111c les im prcss:011s étail'nt 1·ires CIi son latio11 dans son apparle111c11l, ordo1111c dl's
ciellcs eut lieu ,·cr·~ la fin de 186 / et ,,1111 ,l111c d' l~spag11olc, s~us le ('011 () de Cl''.lc no,u- préparatifs de départ cl s'cofuit du palais, t·11
d'ètrc racontée. G'élail, disons-nous, ~-~ns l'l'llc, aussitôt homllon11a11tc de coL•rc. t.11· roilure, 1t11 silllple fiacre, sans antre eomparula plutùl ((li ·cl'.c ne man:'.1a 1·e1·s la ~aile de
le'S dcrni8res années de l'Empire. L'Expos1
.
• 1Jo11
délibération.
Lin ccnl-cjardc t;lait piaulé denrnl gnie qu'une dame d'h~nneur; Eli? pa_rlait c!1
aYaiL formé ses portes cl les som·c1:a111s_ ~lra11.\ngletcrre, espérant bien q~ on I y nendra:l
"ers leurs malles'· De ,·agucs mqureludl's la porte cl chaqi d'en interdire l"a~_cès _11 1·eiiuérir rl que, pour obtenu· son retour, on
~om:Ucnçaicnt à se faire jour , et ~es ala~mcs ,1uiconquc. Il ~·oppose au passagP de 11mpe- lui céderait de tous points.
.
s'éYeilJaienl et dPs bruits se rcpanda1cnl. tucu c son rerai ne.
Qu'allait-il se passer'? Comment ex pliquer
&lt;I Je
rcux
entrer,
relirez-mus!
11 cr;c. vanl-coureurs d'éyéncment grarns, •
au.dedans
t.l
.
i1 l'opinion publique celle étrnngc équiJ'.é~·/
.
et au dehors. Les partis exlrèmcs s ag~ta:ent. L•cllr an'C emportement.
Plein de_trouble, en .celte alternat1w ou _de Aussitùt de prcnJrc des mesures. On cho1sll,
Par des sigDes qui ne 1rompc11L po1n_1. les
faillir
aux ordres qu'il arnil reçus, ou de faire parmi l'cnloura.gc habi tuel d'Eugénie, une
esprits à longue portée, la scène pol11iquc
femme ayant avec
s'annonçaitprête pour
l'impératrice quelque
des transformations
ressemblance de fiprochaines el de nougure et d'allul'C; 011
Yeaux acteurs. L'eml'embarque en grand
pereur était malade,
appàrat dans une Yoiindécis, flottant entre
ture de la Cour, pour
des 1·ésolutions généla gare du Nord, et
reuses et des retours
le bruit esl semé l'or!
à l'arbitraire sans feringénieuscrncntque la
meté. L'impératrice,
souvcraine des Fra11111oius occupée des
ç;lis est allée rendre
dissipations mondairisitc 11 sa chère arni,·
nes, oü s'était répan\ïctoria. Du mèmt:
due JiéHeuscmcnt la
train un diplomate
jeunesse de son rès'était rend u aupt'L'S
•Yne s'immisçait de
de l'impératrice pour
C,
'
plus en plus_ dans les
lui représenter lès
11ucstions d'Etat. l!:l~e
suites possibles d'une
en t1·aitaitarecles mitelle aventure. Elle
nistres, elle en discuara it eu déjà le
tait avec l'empereur cl
Lemps de réfléchir. La
faisait connaître, sicorrecte )la.jcslé brinon pr éval oir, des
tannique u·aYail pas
L'1.itPÉR.\TlUCJ:: Et.:GÉ:-.u; QUHA.'\f LES TëlLEIUES, LE ·1 Sl::PTl.lWIU: 1870.
désir~, des rnlontés,
approu1·é la fugue,
qui u'élaicnl sournnt
au contraire, el conque des impulsions.

wc

1. Douze empereurs. et roi~, six P.!·inccs réguanls,_
un vice-roi, neuf hénllers pr~somplil,, sans c?mptc1
toute une série c\'altc·sscs, :1ra1e11l éle l_rs hutes d~
Paris, depuis te JJrinlemps; C~lle ,tall, to_qt~e cxallml
de joie el d"orguet! les paneg)Tlsles ~111 11;~•\c_-_.
_
2. Le prince Richard d~ M~tte1 n,ch.ec1 11_.111, dans
I" l mne de ·1862, à un tanuher des 1 uilcr1es, celle
l:t~r~ intéressante, qtlÎ ne laisse aucun do~le s~r le ~ond
de ses opinions; de partage a,·cc celles de 1 1mpc'.·alnc~:
« Chàtcau ,le I\O'JHgswarl. 27 "'plcmh,c18ûl.
« )Ion· cher ami,
.
.
« Un de mes amis m'écrit que rous sembl-ez uu1u1cl

des clforls que fait le parti exlrèmc pour amr_ncr .tê
uourell,, 5 co11c&lt;·ssio11s dans la qucsllou ru111a1nc. Je
\'OUS assu rr l l H 'aprês _ma . d\r1_11l•r~ ~ eut r~ruc a,·~~
l'einpcrrur l'i I i111péralnce. a_ ~aml-(,lou,I. .te 11~ P_~11 •
ci-oirc que cc parl1 ail la 111~1nd1·e d1ancc de rcus,1r.
Les paroles que f a1 rcn1rdhcs de la bouche _,Ir
l'empereur étaie!1l. si cxlih&lt;l)~s cl si_ digne'. l.(Ue J "'.
emporté la co1w1cllou (&lt; es la1ls seuls pou11a1c!ll m e
ta fa ire abamlonncr) que 1&lt;· statu q110 sera mam!cuu
â Rome tanl que 1"11rméc r,·ançaisc. ne pou na qmt_trr
honorahlcmcul la ,·illc étc_rnelle. , ous sarez combien
je me félicite de pouvoir proclamer hautement la

'" 116 '"

crmel.; ;11·ec la&lt;1uclle _l'empereur a toujours lenu les
promesses qu"il m'a fa1tcs d ma1nlcuu le; assur,wces
qu'il m·a. ,Jo,_rnécs.
.
,
. _
(( .\USSI SUIS-Je pc1·suatlc quP_ 1cmpc1eu1' !out. eu
mén~~eant ses inlérèls en llahe,
cèdera_ pas I es,en1/1 dr la 11ucslio11. Telle était la connc11011 de
i:ellc qui , /JoUI: moi. cl pom: beaucoup de_ m~nde,
1wrsonnilic a chg111lc (le la I· 1·ai1re cl la lo) aulu di11:osli&lt;1ul'.
.
« \"ruillrz. aussi ro11S ne m'oubhcz pas, me rappeler
au soureuir de LL. fül.
« :\lEIIERNIC JI . 0

ne

'-----------------------------------naissant la rausr de re rnpgc intrmpcslif', sait., entreprenant., a,·entnrrux. JI y arail, dans
al'ail reçu froidement la souveraine à laquelle, le conseil , deux partis : celui de J'emperPur
d'ordinaire. elle prodiguait, dr loin ou de el celui de l'impératrice, l'un prudent. cl cirprès, les marques d'une réelle affection ; et la conspect, l'autre agressif cl belliqueux. Il C'sl
belle princesse en fuite n'cnL 1t faire que dr hors d&lt;r cloute qu' l~ugénic poussa aux résoreprendre discrètement le chemin des Tuilr- lutions exlrèmcs, qui rendirent irréparable
rics cl de l'appartement conjugal. L'histoirl' le choc de la Frnncc et de l'Allemagne 1.
ne dit point de quels gages fnt scellée la ri- Elle voyait avec anxiété le moment où le
conciliation.
prince impérial succéderait à son père dans
Quoi qu'il en fùt, les désaccords qui se des conditions de force cl de stabilité Lrès
produisirent, d'aventure, entre l'empereur cl amoindries. A l'intérieur, l'Empire devenu
l'impératrice, provenaient rarement d'une parlementaire trahissait dans ses décisions
cause politique. Des motifs plus directs la une longanimi té qui étonnait les ennemis
forçaient à élever la voix et l1 se plaindre. Elit' mêmes du gouvernement. Les mains qui
ne supportait pas sans colère l'humeur Yolagc tenaient le pouvoir défaillaient. Une guerre
de son époux et la dispersion de ses fantaisies heureuse et qu'elle s'imaginait, n'écoutant
galantes. Napoléon, qui était ondoyant dcl'anl que son désir, devoir être aussi glorieuse
les hommes et faible avec les femmes, el qui que la campagne de Crimée, aussi courte
aimait sincèrement, au fond de son cœur, la que celle menée contre l'Autriche, celle
l'0mpagnc qu'il avait choisie par amour, faute guerre pouvait être le salut de la dynastie.
d'avoir rpousé celle qu'il aurait élue par Elle ne la proroqua point, mais son ardeur
ambition ; Napoléon, qui était un tendre dans cl ses élans ne serl'irent pas à l'empêcher.
lïntimilé cl donL la façon populai re de pro- Au contraire. Et lès idées de l'impératrice
noncer le petit nom de l'impératrice, sans dire prédominèrent, Son pom·oir fut assez grand
la première lellre, ral'issait les dames d'hon- mème pour amener le changement des disneur en général et Mme Carelle en particu- posilions primiliYcs résolues, en cas de
lier ; Napoléon, qu i chérissait sa femme et guerre, sur le rôle de Napoléon Ill et la
aussi la tranquillité, n'appréhendait rien Lant répartition des corps d'armée.
11uc les accès de jalousie, ou de dignité offenOn ne suspend point le cours de l'inérita~éc, auxquels il donnait si souvent prise. Un hlc. Quelques mois,\ peine s'étaient écoulés,
famil ier dn chàlcau le disait i, un conteur depuis que l'Empire autoritaire arail fait
d'histoires :
place à l'Empire libéral. On en croyait les pro« L'cmpt'renr, rnyrz-Yons, a lellcmcnt pcm messes de lon~ur durée. Et celle ,rcondc n10du hruit dans sa maison rru'il serait cnpablc 11archic napol1;onirnne, issue d"un coup de
tl,, mettre le feu aux quatre coins de l'Europe force et qu'on espérait lrgiti mer par l'illusion
pour se souslra i1·c it l'une des scènes de mé- d'une hérédité, s'écroulait sous le poids d'un
uage dont il fournissait le. raisons par ses désastre inouï. léguant à la troisième Républiinfidélités. &gt;l
que, avec les néaux de l'occupation étrangère,
u )lellrc le feu aur quatre coins de l'Eules funestes pcrspecli1·es de la ru ine cl du dérope ! 11 quel excellent dérivatif aux tracas membrement de la patrie.
domestiques d'un porte-couronne, excellent
Depuis la fatale journée du 15 juillet, desurtout pour les peuples, qui ont à en sup- puis la déclaration de la guerre, la France
porter les risques et les frais!
n'avait subi qu'une série de défaites. Le soufne
Ces crises, ces traverses, n'empêchaient révolutionnaire emporta ce qui restait du
point de persister un réel attachement, sur- régime impérial. Au matin du 4 septembre,
tout du côté de l'empereur. Les heures reve- le prince de Melternich et le chevalier Nigra
naient fréquentes de tendre intimité et d'af- décidaient l'impératrice à rruitler Paris. Et
fection réciproque. On les voyait quelquefois quel départ! Elle du t fuir presque seule, au
l'un et l'autre se promener conjugalement bras d'un dentiste. Dans la nuit du 5, des
dans quel(Juc allée solitaire du Bois de Bou- fidèles avaient pris la précaution de mettre à
logne, souriant à leurs pensées, i1 leurs s011- l'abri les souvenirs les plus précieux de la
l'Cnirs, à leur présente quiétude.
sourcrainc, une partie tout au moins, et de
Fùcbeusement, 11 mesure que déclinait la confi ci· à de sù rs émissaires la cassette aux
santé de l'empereur et que le mal, en affai- bijoux. Superbes écrins de perles et de diablissant le corps, diminuait aussi la viguqu r mants qu'ellcncdcvait pas garder, mais laisser
morale, l'ascendant de l'impératrice grandis- rendre pom dcYCnir, au delà de l'Océan, l'élin1: « Je suis hien f'orcé de reconnaître que lïmpéra!J•1cc a été, sinon l'unique, au moins le priucipal
aulem de la guerre, en 1870 ....
« Elle comprenait quelle faut e elle arait commise,
en 1_81?1?, _en empêchant l'empereur ,racccpler, par
une 1mltallre hardie, les offres que )1. de Bismarck
était Yenu lui apporter à lliarrilz. El celle fouir, elle
,·oulail la réparer ....
« Elle pous_sait donc déscspérémentit la guerre, cl son
nOucnce élatl considérable. Elle a,•ait sur l'empereur
un _pouvoir à peu près sans limites. Elle le dominait
moms. encore par ses charmes que pal' le s011ve11Ù'

de., c1rco11slances trop 11nmb1·e.1ses où il le.~ ai•ait
méconnus. »
. .
(Souvenirs du (l'énéral du Ilarai l.)
2. Am~1, dans la lctlre sun'ante, éc1·ilc cl signée

rle sa main :

9 norcmbre 1870, Camdcn-Placc.
" Hélas ! chaque jour apporte un chagrin de J?lus i
aussi je suis presque rlt\couragée en 1_1e ro~·an_t rien
!"horizon pour noti-e paUl'rC pays.. ~nJourd Inn, on d11
~uc les négociations pour 1~rm1st1cc son~ rompues;
j arnuc que j~ le 1:egrelle n1·e~cnt, q~01qu~, pom·
nons, la 1·é11111on &lt;lune Assemble&lt;' ne pms~c cire ,lfu&lt;'
la ruine de nos espérances, car elle YOLera1t.cerlamemcnl daus lrs ci,·ronstanccs actuelles, la dcchèance !
« ilais le désir de roir le pays faire la paix,. qui l_ui
csl indispensable, même au po,_nl de vue de I avc_m!·,
domine tout chez moi. Je reçois des lettres de cl1lfrrcnts côtés, qui me disent Ioules (JH_c le gâchis el le
désordre sont it leur comble. Je c1·a111s auss, que les
rondjtions de paix·nc cle,·icnncnl de ph!s en plu~ _dures
et en rapport avec leurs _clforts! )fo,s &lt;tue la,re rt
qnc pPmrr. qnand on vo1l un système de trumprr1!'

a

.JlUTOU"R, DE L'ÎMPÉ"R_AT"R,1CE - - , . .

cclanlc parure non de reinrs ni de princesses,
mai~ d'A méricainrs jouissant d'un pouvoir
plus incontesté : la souveraineté des millions.
l~llc était arriYrc sans trop crencomhres en

L 'DIPÉRATRICE EUGÉNIE.

Insla11ta11e pris à Pa1·is en 1()06.)

Angleterre, et descrnduc à Camdcn-Placc, l'n
celte proprirté de Chislchmsl, qu'avait prrparée de longue main pour les hôtes attendus
du malheur un Anglais original, un nommé
Shodc, lorsqu'il en préroyait l'utilité, bien
amnt la catastrophe.
1( L'empereur Napoléon, disait-il alors d'un
ton convaincu, et en dépit de toutes les apparences, sera détrôné un jour ou se trouvera l'atigué derégner en France. Il se rendra, ce jourlà, en Angleterre, et c'est ici qu'il résidera. ,1
De Camden-Place, elle entretenait une correspondance active, suil'anl les péripéties du
drame engagé, jugeant les événements, se
préoccupant de l'état des esprits, notant les
chances de retour et de réinstallation, témoignant, d'ailleurs, une sincère afniction drs
malheurs de la nation française.... C( Si j'étais
aux Tuileries, insinuait-elle au travers de ses
lellres, je forais ceci, je ferais cela .. .. ' 11 ~lais
elle n"était plus aux Tuilcrics.
"is-i1-vis &lt;lu pays, qui sert io l'illusionner cl à le perdre?
,le suis bien 1,:islc cl j'ai à peine le courage cl" espérer!
Le général Changarnier s'est aclmirablcmcnl conduit
à )letz, cl il n'r a qu'une voix sur son compte.
« Si j'é1ai-~ ii11.-i: Tuileries, je n'hésiterais pas à lui
~crire pour lui dire combie1~ son allitudc_a eu de la
grandrur it mes rcux. liais, clans les e,rconstancrs
actuelles, je n'ose le fa ire, car je craindrais qu'on inlcrprélâl mal ma clémarc)1r.
. .
" Si ,·ous ,·oyez L ... , tachez de lm faire comprendre
combien il seràil habile à l'Allemagne de ne pas insister sur la cession de territoire, qui ne peul qn'eno-endrer gnrrrc sui· gul'ITC. Du ~esle, je crois_ qn_'ils
'àoivcnl penser &lt;Jti'ils onl entrepris une tâche cl1ffic1lc,
mais les ('On&lt;p1éranls nr s'nrrNenl jamais; c'est &lt;·r
cp1i les per,I.
« EtiGIM,:. ))

�111STO'R._1.Jl -------------------------------------------,_/_)
L'idée d'une restauration impériale l'avait
ressaisie toute entière, après quelques heures
de prostration. Un vague complot bonapartiste
se dessina. Le vote de déchéance par l'Assemblée nationale el l'arriYée de Thiers au pom'oir
le renfoncèrent dans le néant.
'.\'ous glisscron sur cc qui c passa, it la
snile de la mort de Napoléon III : ouverture
anticipée du testament, pénibles désarcords
tic famille, récrimi nations amères du prince
.Jérôme et main-mise absolue de l'impératrice
sur les condi Lion de Yie matérielles et morales du prince héritier.
Le sens autori taire, qui lui faisait regretter
si haut, au moment de l'établissement de
l'Empire libéral, la Constitution oppressive
de 1852: ne l'a1•ail pas abandonnée dans l"exil,
chez elle, autour d'elle. Comme épouse, clic
n'avait pas dissimulé ses tendances dominatrices. Comme mère, tutrice I el conseillère,
Plie goul'erna jusc1u'i1 la contrainte, cl a\'eC la
sécheresse de cœu1• 1, le cru·acti·rc cnlhousia le,

indépendant du prince. Et ce fut l'une des
raisons principales qui le déterminèrent à
partir pour le Zoulouland. Car il y avait eu
autre chose, dans la décision funeste qui l'y
porta, qu'une turbulente envie de se distinguer par des actions d'éclat au milieu des
brousses africaines. Assujetti à une tutelle
trop lourde et, à de certains égards, impolitiq uc, au rait-on supposé qu'il dût aller chercher de l'air et de la liberté jusqu'en ces
régions nigri tiennes oit la sagaie d'un Zoulou
borna son rèvc :;?
Such is fale! lei est le sort. La mort du
prince brisa les derniers ressorts d'énergie de
l'impératrice. Son rôle était hien achevé.
On l'aura vue, plusieurs fois, dans les dernières années, tout enveloppée de ses voiles
de deuil, tenter quelque visites discrètes cl
f'urtirns à cc Paris, que ses équipages traversaient autrefois dans un vent de fètes, de
revues, d'acclamations. Elle y passai t par circonstance; elle s'y attardait Yolo11ti&lt;'rs it rc-

1. L'ex-impèrall'icc o'aha11tlomrnit jamais qu'au prix
tle grnndes l'ésistanccs l'/orgcnt clont a,·ait besoin, au
,Ichors, pour ses dépc1ises personnelles, Je jeune
Louis-Napoleon. Ibrahim; fils d'Ib,·ahim-Pacha, 1ui
suivait, en même temps que le prince Impérial , es
,·om·s de l'école de " 'oolwich, où se trou,•aient ensemble les jeunes gens cle la plus haute aristocratie
hritannique, racontait à nnc dame du monde, une
marquise italienne, qui m'en rtlpiltail le détail, que
l'hénlier des Napoléons se pri,·ait d'assisler aux fètes
rl aux banquets qu'organisaient Pnt,·e eux ses conclist iples, -faute d'être en mesure de parliciper it la clépense commm1c.
2. L'impératrice, qui était instruite de l'allachemcnt
qu'avait eu son fils, en Angleterre, pour une jeune
lille du peuple, cl des suites qu'avaionl eues ces amo111·s,
se refusa longlemps à ,·oir et à protéger l'enfonl.
5. Quels contrastes saisissants de noms, de circonstances, d'événements I Celui qu'on espérait appeler
~apoléon IV s'élait embarqué, cc jour-lâ, à Southampton, pour le cap de Bonne-Espérance, une colonie
dont l'Angleterre, qui emprisonna son granrl-oncle,
avait dépossédé son grand-père Louis, lorsqu'il était
roi de HollandP. Sou l'nnifornw anglais il allail corn-

battre et réduire à l'ohéissancc pm·crs l'Angleterre cc
pelil pays des Zoulous, dont la liberté et le bonheur,
a remarqué l'un de ses biographes, arnient été conliés
à l'un des siens!
4. Il fut question, un moment, que I impératrice
écrivait ses mémoires. li n'en exista que la supposition.
Mais il était certain que les papiers les plus signiflcatifs, concernant les personnages du second Empire,
élaient entre ses mains, et qu'elle laisserait des documents en abondance pour tenir lieu de celle autobiographie. Elle avait toujours eu la curiosité des pièces
originales, des pclils papiers, qu'on épingle au jour le
jou,· et auxquels le temps met un 1/rix inli11i. Des
plumes diligentes se lron,·eronl pour 111terpréter, eu
sa place, cc qu'elle n'a,·ait pu écrire, et cc qu'afflrment ou dément, au lieu d clic, des lémoignages importants. li y aura des lexies pour éclairer les circonstances de son mariage, des documonts poli tic/ucs Pn
abondance, cles 1·éfércnces particulières sur a follp
cxp1\lition du llexicp1e, cl comhie11, hélas! cal:ilogu~cs
Jllll' la ,•e111'e du \':tlllcu de Sedan, sous le lo11rd dossic1· de la guerre de 1870. clo11l pl)p aur:t roulu. rn:ii
vainement, rejeter sur ,l'aulr~s qu'ellc-m,~nw les
cruPIIPs respo11,al ililis.

muer tant de souvenirs, comme elle remuait
la poussière du bout de la canne à béquille
d'écaille sur laquelle elle soutenait sa démarche alourdie.
Obsession bien caractéristique : chaque fois
elle a \'Oulu choisir le même abri pour ses
séjours temporaires, el je dirais aussi le même
ccnlre d'observa tion. Elle s·est toujours complu à loger en face de cc jardin des Tuileries,
qui· fut le sien, pour, au moins. le rcl'oir el
pou1· promener ses pas sur le sable des allées,
où se dressait en perspecLirc le palais qu'elle
anima de son luxe et dont les ruines ont disparu. comme les traces de sa beauté, détruite
par le Lemps et par les larmes. Mais, hélas!
ces promenade n'allaient pas sans quelque
déboire. Un jour de prin temps, l'ex-impératrice, perdue au milieu de la foule, errait
parmi ces plates-bandes toules fleuries, que
dominait jadis la résidence rnonarchiqur.
Quelles pensées, quels nostalgiques sou,·enirs
ne devaient pas hanter la pauvre Afajeslé di,L
chue? Et, soudain, celle qui avait régné en Ct'S
lieux par la gràce et par la puissance, se baissa
et cueillit une humble fleurette dans les plalcshandes municipales. AussitcH, moustachu et
barbu de blanc, portant sur sa poitrine la
médaille de Crimée, un vieux gardien de
s'élancer el d'un Lon bourrn : &lt;( On ne cueille
pas de fleurs, ici ! l&gt;
Que les temps étaient changés !
Le respect qu'on doit à l'âge et aux grandes
infortunes aura rehaussé, cependant, d'un
reflet de majesté les lueurs mourantes de cettr
l'ieillcsse impériale au delà de laquelle tan l
de pièces importantes, tant de documents
notoires jalousement réserl'és del'iendront, à
l'heure du jugement historique, des éléments
d'apologies ou de réqui itoire , de défenses on
d·rxrrutions indi,·idnrllrs d'une étrange force'.
FR~': oÉRIC

Ma demoiselle Chou in
füdemoiscllc Cho11in, fille d'honneur de la
princesse de Conti, était d'une laideur à se
faire remarquer, d'un esprit propre à briller
clans une antichambre, el capable seulement
de faire le récit des choses qu'elle avait vues.
C'est par ces récits qu'elle plut à sa maitresse,
etce qui lui allira sa confiance. Cependant celle
même mademoiselle Chouin enlcrn à la plus
belle princesse du monde le cœur de M. de Clermont-Chatte, en ce temps-là officier des gardes.
Il est \Tai qu'ils pensaient à s'épouser ; et
sans doute qu'ils avaient compté, par la suite
des temps, non seulement d'y faire consentir

madamC' la princes e de Conti, mais &lt;l 'obtenir par elle rl par lfonscig11cur [le fils de
Louis Xl\~ des grùccs &lt;le la cour dont ils
auraient eu grand besoin. L'imprudence d'un
courrier, pendant une campagne, déconcerta
leurs projets cl découl'rit à madame. la princesse de Conti, de la plus cruelle manière,
qu'elle était trompée par son amant el par sa
favorite. Le courrier de M. de Luxembourg
remit à M. de Barbezieux toutes les lellres
qu'il aYait; ce ministre se chargea de les faire
rendre; mais il porta le paquet au Roi : on
peut aisément j uger de l'effet qu'il produisit,
de la douleur de maqame la princesse de
Conti . Mademoiselle Cbouin fut chassée de la
cour, M. de Clermont exilé, el on lui ota son
b:Hon d'exempt.
Mademoiselle Chouin se retira à Paris, oit
elle entretint toujours les bontés que Monsei-

gncur arai t polll' clic. li la Yoyail secrP!cmrnt.
d'abord à Choisy, maison de campagne quï l
arait achetée de Mademoiselle, et ensuite :1
)feudon. Ces entrerues ont été longtemps
secrètes; mais à la fin, en y admettant tantôt
une personne, tantôt une autre, elles derinrcn t
publiques, quoicrue mademoiselle Chouin fût
presque toujours enfermée dans une chambre
quand clic était à Meudon. On se fit une
grande alla.ire à la cour d'ètre admis dans le
particulier de i\fonscigncur el de mademoiselle
Chouin ; madame la Dauphine mème, bellefille de Monseigneur, le regarda comme une
faveur; et enfin le Hoi lui-même et madame
de Maintenon la rirent quelque Lemps aranl la
mort de Monseigneur. Ils allèrent diner à
~Icudon, et après le diner, où elle n'était pas,
ils allèrent seuls a,·ec la Dauphine dans l'entresol de Monseigneur, oit clic était. .. .
.\lAJlQUISE DE

"''

1 18

,,,

LOLIÉE.

CAYLUS.

Mémoires

du généra/.· baron de Marbot
CHAPITgE X

réuni: mon détachement m'y aYait devancé. ours, cc qui donnait à sa personne l'aspect le
Les CaYaliers racontèrent ce que nous avions pins étrangr ! Une fois habillé en bête, comme
;ions rejoignons le général Championnet en Piémon t.
fait, et toujours en me don nant la plus belle il le disait liti-même avec raison, le général
- Le g~néral 11acard. - Combats entre Coni cl
part
du succès. Je Jus donc reçu aYcC accla- )facard se lançait it corps perdu, le sabre au
1londori. - i'ious enlc,·ons six piéces de canon. mation par les officiers cl soldats, ainsi que poing, sur les cavaliers ennemis, en jurant
Je suis nommé sous-lieu tenant. - Je deviens aide
clc camp de mon pére envoyé à Gènes, puis à Sarnne.
par mes nouveaux camarades les sous-officiers, comme un païen: mais il parvenait rarement
qui m'ofJrirenl les galons de maréchal des à les atteindre, car à la vue si singulière et si
Les renseignements que le général Séra
logis.
terrible à la fois de celte espèce de géant à
Lira des prisonniers l'ayant déterminé à se
Ce fut cc jour-là que je vis pour la première moitié nu, cournrt de poils et dans un si
porter en avant, le lendemain, il envoya l'ordre fois Pcrtclay jeune, qui rcl'cnail de Gènes, où étrange équipage, qui se précipitait sur eux
à sa divi ion de descendre des hauteurs de il avait été détaché plusieurs mois. Je me liai en poussant des hurlements affreux, les enneSan-Giacomo et de venir bil'Ouaquer le soir a,1ec cet cxcellrnl homme el regrettai de ne mis se sauvaient de Lous cotés, ne sachant trop
même auprès de l'auberge. ],rs prisonnier. l'avoir pas eu pour mentor au début de ma s'ils avai~nt affaire à un homme ou à quelque
furent expédiés sur Finale; quant aux chevaux, carrière, car il me donna de bons conseils qui animal féroce extraordinaire.
ils appartenaient de droit aux housards. Ils me rendirent plus calme cl me firent romprr
Le.général Macard était nécessairement d'une
t;Lairnl Lous bons, mai., suivant l'usage du avec les gai/la1'(/s de la clique.
complète ignorance, cc qui amusait quelquelrmps, qni aYail pour but de fayoriser les offiLe général en chef Championnet, voulant fois beaucoup les officiers pJus instnùts ffll"
cirrs mal montés, un cheval de p1'ise n'était faire quelques opérations dans l'intérieur du lui placés sou ses ordres. Un jour, l'un de
jamais Yrndu que cinq louis. C'était un prix Piémont, vers Coni et MondoYi, et n'ayant que ceux-ci vin t lui demander la permission d'aller
com·C'nu, et l'on payait au comptant. Dès que fort peu de carnleric, prcscrivi l à mon père à la ville l'Oisine se commander une paire cl1•
le camp fut étahli, la vente commença. Le de lui envoyer le fer de housards qui, du bolles. « Parbleu, lui dit le général Macard,
général Sfras, les officiers de son étal-major. reste, ne pouvait plus rester à la Madona , faute cela arri\'e bien, et puisque lu vas chez un
les colonels et chefs de bataillon des régiments de fourrages.
bottier, mets-toi là, prends-moi mesure, el
dr sa division, eurent bicntot enlevé nos &lt;lixJe me séparai avec bien du regret de mon commande-m'en aussi une paire. &gt;l L'officier,
scpt chevaux, qui prod uisirent la somme dt• père et partis avec le régiment.
fort surpris, répond au général qu'il ne penl
85 louis.
Nous suivi'mes la Corniche jusqu'à Albenga, lui prendre mesure, ignorant absolument
Elle fut remise à mon détachement, qui, tra,,ersâmes !'Apennin malgré la neige, N comme il fallait s'y prendre pour cela et
n'ayant pas reçu de solde depuis plus de six· enlràmes dans les ferliles plaines du Piémont. n'ayant jamais été hotlier.
mois, fut enchanté de celle bonne aubaine, Le général en chef soutint dans les environs
« Comment, s'écrie le général, je te vois
don t les honsards m 'al tri huèrent Ir mérite.
de Fossano, de Novi cl de ~fondovi, une suilt' quelquefois passer des journées entières /1
.l'al'ais quelques pièces d'or sur moi; aussi, de com bats dont lrs uns furrnl farnrablP N nayonncr et i1 tirer des ligne vis-à-Yis des
pour payer ma bienvenue comme sons-officiC'r, lrs autres contraires.
montagnes, el lorsque je le demande cc qur
non seulement je ne voulus pas prendre la
Dans quelques-uns de ces combats, j 'eus lu fais là, tu me réponds : « Je prends la
part qui me revenait sur la vente des chevaux l'occasion de voir le général de brigade Macard, mesure de ces montagnes. l&gt; Donc, puisqur
de prise, mais j'achetai à l'aubergiste trois soldat de fortune, que la tourmente rél'olu- lu mesures des objets éloignés de toi de plus
moutons, un énorme fromage et une pièce de tionnaire avait porté presque sans transition d'une lieue, que viens-lu me conter que tu ne
vin, avec lesquels mon détachement fit bom- du grade de trompette-major à celui d'offi- saurais me prendre mesure d'une paire de
bance.
cier génfral ! Le général Macard, véritablé liolles, à moi qui suis là sous ta main? ...
Ce jour, l'un des plus beaux de ma vie, type de ces offi ciers créés par le hasard et par .\lions, prends-moi vite celle mesure sans faire
était le '10 frimaire an VIII.
leur courage, et qui, tout en déployant une de façons! l&gt;
Le lendemain el les jours suivants, la divi- valeur très réelle devant l'ennemi, n'en étaient
],'officier assure que cela lui est impossible,
sion du général Séras eut avec l'ennemi divers pas moins incapables par leur manque d'in- le général insiste, jure, se fàcbe, et ce ne fut
petits engagements pendant lesquels je con- struction d'occuper convenablement les postes qu'à grand'peine que d'autres officiers, attirés
tinuai à commander mes cinquante housards, élevés, était remarquable par une particularité par le bruit, parvinrent à faire cesser cette
à la satisfaction du général dont j'éclairais la très bizarre. Ce singulier personnage, véri- scène ridicule.
division.
table colosse d'une bravoure exlraordinaire,
!Le général ne rnulut jamais comprendre
Le général Séras, dans son rapport an gé- ne manquait pas de s'écrier lorsqu'il allait qu'un officier qui mesurait des montagnes ne
néral Championnet, fit un éloge pompeux de charger à la tète de ses troupes : « Allons, je pùt prendre mesure d'une paire de bottes à
ma conduite, dont il rendit également compte vais m' habiller en bêle! ... ll Il ôtait alors son un homme!
Ne croyez pas par celle anecdote que tous
à mon père ; aussi lorsque, quelques jours babil, sa Yesle, sa chemise, et ne gardait que
après, je ramenai le détachement à Savone, son chapeau empanaché, sa culotte de peau les officiers généraux de l'armée d'Italie fusmon père me reçut-il avec les plus grandes el ses grosses bottes!... Ainsi nu jusqu'à la sent du genre du brave général Macard. Loin
démonstrations de tendresse. J'étais ravi! Je ceinture, le général Macard offrait aux regards de là, elle complait un grand nombre d'homrejoignis le bivouac, où tout le régiment était un torse presque aussi velu que celui d'un mes distingués par leur instruction et leurs

�- - 1f1STO'R._1.ll

-=-·
_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ .,,,

manjères; mais à cette époque, elle renfermait
encore quelques chefs qui , ainsi que je l'ai dit
tout à l'heure, étaient forl déplacés dans les
rangs supérieurs de l'armée. Ils en furent
évincés peu à peu.
Le l er de housards prit part à Lous les combats qui se linèrent i1 celle époque dans le
Piémont, cl fut sm· le point d'1;prou,w dr
très grandes perles dans les rencontres arec la
grosse cavalerie autrichienne. Après plusicm·s
marches et contre-marches cl une suite dr
petits engagements presque journaliers, le
général en chef Championnet, ayant réuni la
gauche el le centre de son armée enlrc Coni

Le général Beanmont. qui connaissa it sa capacité, le chargea d'éclairer le flanc droit de
l'armée, en lui.donnant, sans autrr instruction,
l'ordre d'agir pour le mieux suivant les circonstances. Nous 11011 éloignons donc du
régiment et allons explorer la contrée. P1,ndanl
cc lrmps, le combat s'engage riremcnL cnlrc
les deux corps d'armée. Une hrurc aprL', .
nous rel'cnions ur les nôtres sans avoir rien
rencontré sur les flancs, lorsqucPcrlclay jeunr
aperçoit en face de nous, et par conséquent à
l'extrémité ~anche de la ligne ennemie, une
balleric de huit pièces dont le feu faisait beaucoup de raYagrs dans les rangs français.

sachant Lrès bien qu ':'t la guen c on ne fait
aucune altenlion à 1111 e.:walier isolé, nous
expliqua son dessein, qui était de nous faire
aller info·id urllement prendre un détour par
un chemin creux ponr nous rcndrC' les uns
après les autres derrii.•rc le bois placé à gaucbr
de la batleric ennemie, puis de nous élancer
de li1 tous i1 la fois sur elle, sans crain te de
ses boulets, puisqnc nous arri\'crions par .le
nanc des pièces que nous cnlrl'erions et conduirions à l'armée française. Le mouYemcnL
s'exécute sans que les artilleurs autrichiens Ir
remarquent. Nous 1iartons un à un , cl nous
gagnons par une marche cirrnl~irc le derrière

HISTORIA

Cliché ?\reurdcin.
LES PREMIÈRES ARMES DE MARBOT. -

et Mondori, attacpia, le 10 nÏ\'Ôse, pl11sic111·~
divisions de farméc ennemie . Le combat cul
lieu dans une plaine entrecoupée de monticules
el de bouqurls de bois.
Le 1cr de housards, attaché à la brigade du
général Beaumont, fut placé à l'extrémité dP
l'aile droite française. Yous savez que · la
quanlilé de caYaliers cl d'officiers qui r nlrt'
dans la composition d'un escadron est déterminée par les règlements. Notre réginwnl.
ayant souffert dans les a[aircs précédentes, au
lieu de mettre quatre escadrons en ligne, 111·
put en meure ce jour-là que trois; mais cela
fait, il restait une trentai11e d'hommes hors
les rangs, dont cinq sous-officiers. J'étais du
uomhre, ainsi que les deux Pertelay. On nous
forma en deux pelotons, dont le hra,·e el intelligent Prrlrlnyj1°11ne eut Ir commandt' nwnl.

Tableau d'AND!lli lllARCIIANO.

Par une imprudence impardonnable, celle
batterie autrichienne, afin d'aYoir un tir plus
assuré, s'était portée sur un petit plateau situé
à sept ou huit cents pas en arnnL de la dirision
d'infanterie à laquelle elle appartenait. l,c
commandant de celle artillerie se croyait en
sùrclé, parce r1uc le point qu'il occupa il dominant' toute la ligne française, il pensait que
si qurlque troupe s'en détachait pour rcnir
l'altaquer, il l'apercel'rait, clamait le tèmps
de regagner la ligne autricbiennc. Il n'arait
pas considéré qu'un petit bouquet de bois,
placé fort près du point qu'il occupait, poul'aiL
recéler quelrpie parti français. JI n'en contenait
point encore, mais Pertclay jeune résolut d'y
cond nire son peloton el de fondre de lit sur la
bauerie autrichienne. Pour cacher son rnourcmenL aux artillru rs ennemis, Pcrlclay jr1111r.

du petit bois, .011 nous rr lormons le peloton.
Perlelay jeune se met i1 nolrr lèlc, nous lra11•rsons le bois el nous nous élançons le sabrr
,'1 la main sur la batterie ennemie, an moment
Olt elle faisait un fcn terrible sur nos troupes !
Xous sabrons une partie des artilleurs; IL•
reste se cache sous les caissons, où nos sabres
ne peu rcnt les atteindre.
Selon les insl wctions données par Perlclay
jeune, nous ne devions ni tuet' ni blesser les
soldats du lrain, mais les forcer, la pointe du
sabre au corps, i1 pousser lems chevaux en
aran t c l i1 conduire les pièces jusqu'à ce que
nous ayons aLLcinL la ligne française. Cet ordre
fut parfaitement exécuté pour six pièces, dont
les conducteurs restés à cheval obéirent à ce
qu'on lem· prescri,·it; mais ceux des deux
a1111·1', canon,. ,oil par frnyrnr. soit par ré,o-

L'IMPÉRATRICE JOSÉPHINE
Tableau de PRUD'HON. - (.\-!usée du Louvre.)

�""------------------------ .M'É.MOJ'R_'ES DU G'ÉN'É7?.AL 1JA7?.0N D'E .MA'R_BOT - - ltilion, ~&lt;' jt'Lèrt'lll it has JL• IP11rs eheranx, rl d'étal-major. Le gé11t:ral rn clu•f ara il , u la
.bien que quclquP. hou ards pri scnl CPs ani- hcllr conduite du peloton. Il nous réunit au- IP pl'II dt• ca,·alerie qui l'l'Mail r nt·orc•, car
maux par la bride. il~ ne rnulurenl pa~ prè, des ix pii•ccs qur nous renions d'rnlt•1-er, il n'l'xistail plu. aucunr pro,i~ion dr fourragrs r n Ligurie.
marC'her.
Pl après amir donné lrs pins grands rlogrs au
Lr 1•• de housards rentra donc rn Franc(',
Les halaillons cmwmi, peu éloignés arri- courage arer lequel nous aYions déh:1rrass1:
renl au 'pas dl' &lt;'ourse a11 spcours cl(• leur l'arméP franra isP d'urw hallr rit• qui lui foi,ail mais mon père ml' retint pour rr mplir anpr~s
hallcrie; le~ minutes Nai(•lll d(•s hpun•s pour ,:prouycr dl' lri·s grandl'S pt·rles, il :1jo11la q11t• dr lui ll's fonrlions d'aide dP camp.
PPndant notrr ~&lt;:jour ii Xice, mon pèr(• rl'çul
nous; au,si Pertelay jeune, satisfait d'a,·oir pour nous r1:compens1'r d'arnir ainsi sauvé la
pris six pièces, orclonna-l-il d'abanclonnr r _lt•s vie à nn grand nombrp dr nos camarad&lt;•s, l'i du ministre dt' la g11errl• l'ordre d'alll'r prt•ndr('
aulrrs 1•1 dr nous dirigrr au galop arc(· notre contrihuo au suc&lt;·i·s &lt;lt• la journét•, il ,oulail ft, commandemrnt de l'al'anl-garde dl' l'armt:l'
tlu Hhin, 011 ,on &lt;'hef d'état-major, le• c·olonel
capture sur l'armér franraise. •
u er du pom oir que lui donnait un dl:crrl
C&lt;'llc mesure riait prudcntr. &lt;•Ile dcrinl récrnl du prrmirr Consul, qui renait d'insli- )fénard, del'ail Ir ·ui1Te. ,'fous l'ûmrs tous
fatal&lt;' à nolrr hra,e chr f. car /t print&gt; r 1)nws- lucr des armes d'lto1111eul', el qu'il ac&lt;·ordail fort ~alisfoits de ('&lt;'I le nourellc situation , car
nous comml'llcé nolrt' rctrailt', ffll(' lrs artil- au prloton trois sabres dlionnrur el 11nr sou,- la misèrr a,ail .i&lt;'Lé lrs troupt•s dt' l'arrm:r
leurs el lrurs clwfs, sortant dt• dt•ssous les lieult•nanrr. nous autori~ant it dési~ni:&gt; r nou,- dïtalir dans un tt• I Msordre qn 'il parais ait
l'aissons 011 ils arnienl lrom-é un a~ile assu l'i: rnèmrs ('eux qui dr, raieut l'C'&lt;'&lt;'rn:r ep,., r1:- impossihlr d1• sr maintmir t'n Ligurie; mon
,·ontre nos sabre , chargrnl it mitraillr lt•s &lt;·ompP11&gt;rs. Xous rrgrettion cnrorr plu, pt'.• rt• 1ù:1ait pas f;khé dt' s·1:loigncr d'unt'
cieux pièoce que nous n'avions pu enlewr, ('l ,iremrnl la perlP clu bran• Pt:'rtPlay j&lt;'um•, arm1:,, en dfro mposilion. qui allait ternir srs
nous enroienl unr grèle d(• bisc·aïrns dans lrs qni aurait fait un si bon oflkier ! PPrlrla~ lauri('rs par une honl r us(• relrailr, dont 11·
rh,Itat sl'rail de ~c fairl' rejt•l&lt;•r ('Il Franc1•
rein !
aill(:, un bril(adicr C'I un hou,arcl ohtinrr nt
dr1Tii•re
ft• \'ar . .\Ion pt•rc ,r prépara donc il
Vous coneel'ez · qtu' trrntc ca,alicrs, si\ des sabres d'honneur qui , lrois ans après,
partir
dès
q11C' Il' gh1fral ~lass(:na, nommt'
pièces allelées chacune de six chevaux conduits donnèrent droil à la croix dr la Ugion 1l'honpour
le
rrmplacer,
~crail arrin:, rt il dt:pècha
par trois soldat du lrain, loul cela, marchant 11e111·.
pour Paris )1. Gault. son aide dr camp, afiu
l'll désordre, pré cnle une grande surfacr;
Il rrstait ;\ désigner cC'lui d'r nlrc nous
aussi les biscaïens portèrent-ils presque tous. qui aurail une sous-lieutenance. Tous mes d'y acheter des caries C'l fair&lt;' dil'('rs préparalils
Xou eûmes deux sous-officiers el plusieurs ra marad(•s prononcèrent mon nom, cl Ir gé- pour notre campagne Mtr le llhin. )fais lt•
housards lués ou blessés, ainsi qu'un ou deux néral en chef, se rappelanl cc que le général destin en avait déridé autrrment, N la tombt•
ronducleurs; qu&lt;'lqurs chrraux furenl au si , éras lui al'ait écril sur la conduite qne j'avais dr mon malhrureux pr rr était marquée sur la
tr rre d·Italie!
mi hor. de combat. de sortr que la plupart lrnue à San-Giacomo, me nomma sous-lieu.\fasséna, en arri,·anl, nr tronra plus qur
des attelage . sr lroul'anl désorga nisés, ne lrnant ! ... Il n'y avait qu ·un mois qne j'riais
l'ombre
d'une armt:e : l!'s troupes sans payr,
pourairnl plus marchl.'r. P&lt;•rtrln y jr unr, con- maréchal des lug-is. Jr dois arnuer cependant
,rnanl Ir plus grand sang-froid, ordonnr dt• que, dans l'allaqu&lt;' el l'r nlhenwnl dl' pii•cr~. prrsquc sans habits el ,ans chaus ures, nr
('011prr IPs traits drs rht'Yaux lu,:s nu hors dt• jP n'arais rit' ll l'ail dr plus qur mrs camarad(•s; rrcevanl q11r Ir quart dr la ration, mouraient
srrrire, de l't' mplarrr par cb housards lrs mais, a:nsi que j&lt;- l'ai &lt;léjù dit. aucun dr ees d'inanition ou bien d'une t:pidémic aJTrcusc,
r·onducteurs morts ou hies,(: . ri dr ronlinuc•r bons .\l~arir ns Il(' se ~entait ('n (:lat &lt;le i-om- n:~ultat drs prirations intolérahlc dont ellrs
rapidement notre cours&lt;'..\lais lrs quclqu\'s mand(•r l'i d'ètrr ofliriC'r. lis me dl:~ig11i•rr nl 1:1aienl arcahlér ; les hôpitaux étaient remplis
minutes que nous aYion. prrdur i1 làirr rrl 1lonr :'t l'unanimité, r l Ir grnéral en r hrf ri manquairnt de méclicamrnls. Aussi dr,
arrangemenl arait•nt l:h: utilisée par le' t hrf mu lut hi,,n trnir complr d&lt;' la propo,ition qu,• hancb dt' oldats, et même des régiments
dr la halleri(' aul richirnne: il nous lance ,mr lt• général Srra al'ait faite prrcédr mment t' n Pnliers, abandonnaient journellement leur
~rcondc bordPc dl• mitraille, qui nous raust• ma là1eur: peut-ètre aussi, je dois Ir dirr, poste, sr dirigranl ,·ers le pont du \'ar, dont
&lt;If' nomelles perlf's. Cepmdant nous étions ~i fu t-il hirn ai~r de fain• plaisir à mon pl\re. CL' ils forçaient le passage pour se rendre en
a&lt;'harn,:s, si résolus à Ill' pas ahandonnrr lrs l'ut d11 moins ainsi que ct•lui-ci apprfria mon France ri. se rrpandre dan la Provence, quoi,ix pièoces que nous ,·rn ions de prendre. qu,• prompt al'ancemrnt. ra r dèos qu'il rn fut in- qn ïls s,• déclara sent prêts à revenir quand
11ous parn•nons rn&lt;·orl' it tout réparrr tant f ormt:, il m'érriYil pour mr Mfendrc d'accepter. on leur donnerait du pain! Le généraux ne
hirn qur mal r t it nous n•mrllrr 1•11 marc-hr. .l'ohc:i~: mais comme mon pt•rc arnil écril pourair nl lu lier contre tant de misère; leur
lléji, nom, alliom, lo11C'l1Pr la lif.,'111' français&lt;'. rl daus le même s&lt;•ns au g(:néral Suchet, chef découragement augmenlail chaque jour, el
11011. nous lroU1 ions hors de la portée dc• la d'élnl-major, rclui-d lui apnt répondu que le tous demandaient drs congés ou se retiraient
ons prétrxte de maladie.
mitraille, !or que J'of'li&lt;'if'I' d'artillc•rir PnncmiP gt:11fral 1·11 chef sr Lrouwrail Cl'rtainr mrnl
)!asséna arait hirn l'rspoir d'èlrr rejoint rn
foil changer lrs projt•ttilt•s l'L nous r111oic deux hlrssc: qu·un ri(' srs g-1:néra11x de dirision e1il
Italit•
par pl11si,•ur:; cll'S g,:néraux qui l'arni(•nl
boulets, donl l'un fracas.r les rrins du panne la prétention de désapprourcr les nomination
aidé
it
hattr·&lt;• k s lluss('s en llrlri;tic. r ntrr
Pcrlclay jeune !
qu'il a,ail failc's en ,·erlu de pou,·oirs il lui an In•s par Sou Il, Oudinot cl Cazan: mai~aucun
Cependant notre altaque sur la ballcrie au- conférés par le gourern!'menl, mon pèrr m'aud'l'ux n't:lail encore arrin:, &lt;'I il fallait pourtrichienne cl son résnltal arnienl été aperçus torisa it accl'pler, rt jr ru reconnu sous-lieu1oir au besoin prrssanl.
par l'armée française, clonl les génrraux por- lr nant Ir 10 niw)sc an Yll (décl'mbre 179!)).
)fosséna, Ill: it la Turhi&lt;•. hourgade de la
tèrent les lignes en al'anl. Les ennrmis recu.lt• fus un cftos dt&gt;rnil'r officirrs promus par jll'litl' principauté de )fonaco, citait l'italien lC'
lèrent, ce qui permit aux drbris du peloton Ir g'l:nrra l Championnrl, ,1ui, n·a~ant pu se
plus ru r qui ail cxi, té. JI nr connais. ail pas
du 1er de housards de rcrrnir sur le Lerrain mainteni r rn Piémonl drl',Hlt dc•s forrrs ~upt:mon pèorc, mais 11 la premirrc 111e il jugea qur
où nos malhrurcux camarade étaient tombés. rirt1rt's. ~,• , it contraint d(' n•pa.• cr l'.\pr nnin
c't:lail un homme au cœur magnanime. aimant
Pr1\s d'un lirrs du détachemenl était tué ou rl dr ramrrwr l'armée dan la Ligurie. Cr
sa
patrie par-dessus tout, cl pour J'rngagr1· /1
hlrssé. ious étions cinq sous-of'llcir rs au com- génfral l:proma lanl dr doulrur, rn 1·0Iant
rester. il l'altaqua par son cndroil smsihlc, la
mrncemenl de l'action, trois arair nt pfri : il unr partie cl&lt;' srs troupes se débander. parer
générosité rl Ir dérourmrnl au pa) , lui
ne rrstail plus que Prrtelal' ainé l'i moi. l.l'
'on n&lt;• lui donna il plus Il' mo~·en de Ir
rxposant combien il serait heau it lui de conpaune garçon était hlrssé ·cl souffrait ('nro1·p 1101u'l'ir. qu'il mourut Ir 2J 11il'()sc, quinze
tinurr il s!)nir dans l'armt:r d'Italie malbeuplus moralement que phy iquemenl, !'ar il jours aprt•s m 'aroir fait officier.
reusr, plutôt 11uc d'allf'l' sur le Rhin, 011 l&lt;'S
adorait son frère, que nou regr&lt;'tlions tous
)1011 pè•re, se lrouYanl 11• plus ancien ~(:n(:- alfain•s dt' la France étaiPnt r n bon état. Il
au s( bil•n , ircmcnt ! Pendant que nous lui ral de (lil-ision, f'ul prol'isoiremC'nl im-e~Ii du
ajouta qur, du reste, il prl'nail sur lui lïnexerent.11011 les derniers devoir· cl relcrions lrs commandement en chrf de l'armfr dltaliP,
culion des ordres qur le 1?0u1·cmcmrnl avait
hbsés, le général ChampionnC'I arrirn auprèos dont le ,1uartier général étail à fücr. li s'y
adressés it mon pèore, si crlui-&lt;"i consrnlait il
dr nous avec le génfral Sur hrl. son rhrf rrndil ri ~ ·rmprrs~a de rcrWO)Cr en Pro,·rncr
ne pa~ partir. Unn pi·rr. srduit par ccs di~-

'fl'

"' 121 ,..

�1i1STOR.}A

__________________ _____ ___________

cours, et ne voulant pas laisser Je nouveau
général en chef dans l'embarras, consentit à
rester avec lui. Il ne mettait pas en doute que
son chef d'état-major, le colonel Ménard, son
ami, ne renonçât aussi à aller sur le Rhin,
puisque lui restait en Italie ; mais il en fut
autrement. Ménard s'en tint à l'ordre qu'il
avait reçu, bien qu'on l'assurât qu'on le ferait
annuler s'il y consentait. Mon père fut très
sensible à cet abandon. Ménard se hùl.1 de regagner Paris, où il se fit accepter comme chef
d'état-major du général Lofebnc.
Mon père se rendit à Gènes, où il prit le
commandement des trois di visions dont se
composait l'aile droite de l'armée. Malgré la
misère, le carnaYal fut assez gai dans celle
ville; les Italicns aiment tant le plaisir! Nous
étions logés au palais Centurionc, où nous
passâmes la fin de l'hiver 1799 à 1800. Mon
père avait laissé Spire à Nice, avec le gros de
ses bagages. Il prit le colonel Saclcux pour
chef d'étal-major ; c'était un homme fort estimable, bon militaire, d'un caractère fort doux,
mais grave el sérieux. Celui-ci arait pour secrétaire un charmant jeune homme nommé
Colindo, flls du banquier Trcpano, de Parme,
quïl avait recueilli à la suite d·arcntnrcs trop
longues à raconter. Il fut pour moi un cxccllr nt ami.
Au commencement du printemps de 1800,
mon père apprit que le général Masséna venait
de donner le commandement de. l'aile droite
au général Soult, nouvellement arrivé cl bien
moins ancien que lui, et il reçut l'ordre de
retourner à Savone se remellre à la tète de
son ancienne dirision, la trois:èmc. Mon père
ohéit, quoique son amour-propre fùt blrs~é de
r-rllr nonwllr d('stinalion.

CHAPITR.E XI
Combats de Caclibone el de ~lonlenolte. - Retraite
de raite droite de l'armée sur Gènes. - )Ion père
est blessé. - Sirge et Tésistance de Gênrs. - Srs
conséquences. - Mon ami Trcpano. - Mort de
mon père. - Pamine cl combats. - Rigueur inllcxiLle de lfasséna.

Cependant, de hicn grands érfocmcnts se
préparaient autour de nous en Italie. Masséna
avait reçu quelques renforts, rétabli un peu
d'ordre dans son armée, et la célèbre campagne de 1800, celle qui amena le mémorable siège de Gênes et la bataille de Marengo,
allait s'ouvrir. Les neiges dont étaient couvertes les montagnes qui séparaient les deux
armées étant fondues, les Autrichiens nous
attaquèrent, et leurs premiers elf&lt;,rts portèrent sur la troisième dirision de l'aile droite,
qu'ils voulaient séparer du centre et de la
gauche en la rejetant de Savone :sur Gènes.
Dès que les hostilités recommencèrent, mon
père et le colonel Sacleux emoyèrenl à Gènes
tous les non-combattants; Colindo était de cc
nombre. Quant à moi , je nageais dans la
joie, animé que j'étais par la vue des troupes
en marche, les mouvements bruyants de l'artillerie et le désir qu'a toujours un jeune militaire d'assister à des opérations de guerre.
J'étais loiu de me douter uc celle ~ucrrr

__..;;..._

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,.:__.;.

dcl'iendrait si terrible et me co11tcrait bien l'aristocratie n'y eût que fort peu de préponcher!
dérance, il n·y avait cependant pas une seule
La diYision de mon père, très riremcnt boulangerie particulière, et l'ancien usage de
attaquée par des forces infiniment supérieures, taire le pain aux fours publics s'était perpédéfendit pendant deux jours les célèbres posi- tué. Or, ces !ours publics, qui alimentaient
tions de Cadibone cl de Montenotte; mai~ ha~ituellemcnt une population de plus de cent
enfin, se voyant sm· le point d'ètrc tourneè, viffgt mille·àmes, restèrent fermés pendant
clic dut se retirer sur Yoltri et de là sur quaranlc-cint[ jours, sur soixante que dura le
Gènes, OLI clic s'enferma avec les cieux autres siège! les riches n'ayant pas plus que lrs pandivisions de l'aile droite.
vres le moyen de se procurer du pain!. .. Le
J'entendais tous les généraux instruit dé- peu de légumes secs et de riz qui se trourait
plorer la nécessité qui nous forçai t à nous chez les marchands avait été cnlcré à des
séparer du cenl!·c et de l'aile gauche; mais prix énormes dès le commencement du siège.
j'étais alors si peu au fait de la guerre, que Les troupes sculrs recevaient une faible ration
je n'en étais nullement affecté. Je comprenais d'un c1uart de lil'l'c de chair de cheval et d\111
bien que nous avions été baltus; mais commr quart de lil'l'c de cc qu'on appelait du pain,
j'anis pris de ma main, en avant de Monte- affreux mélange composé de farines al'ariécs,
notte, un officier de housards de J3arco, et de son, d'amidon , de poudre à friser, d'am·étais emparé de son panache que j'anis roinc, de graine de lin, de noi x rances et
fièrement attaché à la têtière de la bride de autres substances de mauvaise qualité, auxmon cheval, il me semblait que ce trophée quelles on donnait un peu de solidité en y
me donnait quelque ressemblance avec les mêlant quclrp.1cs parties de cacao, chaque pain
chevaliers du moyen àge , revenant chargés étant d'ailleurs intérieurement soutenu par de
des dépouilles des infidèles. Ma vanité puérile petits morceaux de bois, sans quoi il serait
fut bientùt rahallue par un événement aITrcux. tombé en poudre. Le général Thiébault, dans
Pendant la retraite, et au moment où mon son journal du siège, compare ce pain· à de la
père me donnait un ordre à porter, il reçut tourbe mélangée d'huile!. ..
une halle dans la jambe gauche, crllc qui
Pendant quarante-cinq jours, on ne rend it
déjà avait été blessée d·unc halle à l'armée au public ni pain ni viande. Les habitants lrs
des Pyrénres. La commotion fut si forte, qnc plus riches purent (et seulcmcDt rers le common père serait tombé de cheval s'il ne se mencement du siègr) se procurer q11Plq11t'
fùt appuyé sur moi. Je l'éloignai du champ peu de morue, drs fi rrur et autrr3 denrées
de bataille; on le pansa, je voyais couler son sèches, ainsi que du sucre. L'huilr, le vin cl
ang et je me mis à pleurer .... Il chercha i1 le sel ne manquèrent jamais ; mais que sont
me calmer et me dit qu'un guerrier dcnit ces denrées sans aliments solides? Tous les
aYOir plus de fermeté .... On transporta mon chiens r t les chats de la ville forent mangés.
pè-rc ü Cènes , au palai Crnturione, quïl l'n rat se vendait fort cher. Enfin, la rnisrrc
arait occupé prndant le dernier hiver. Nos · dP1·int si affreuse, que lorsque lrs troupes
trois divisions étant entrées dan Gène , lrs françaisrs faisaiPnt une sortie, les habitants
A11lricbiens rn firent le blocus par terre cl les les suivaient en foule hors des portes, et là,
Anglais par mer.
riches et pauvres, femmes, enfants el vieilJe ne me sens pas le courage de décrire cc lards, se mettaient à couper de l'herbe, des
que la garnison et la population de Gènrs orties et des feuilles qu'ils faisaient ensuite
rurrnt i1 souffrir pendan t les cieux mois que ruire aYec du sel. ... Le gomernement génois
dura cr sit&gt;gc mrmorab!P. La fam ine, la gurrrr fit fauchrr l'herbr qui croissait srn· les rrmet un trrrihlc typhus rirent drs raragc. im- parts, puis il la faisait cuire sur les placr•s
mcnsrs !. .. La garnison perd it dix mille hom- publiques cl la distribuait ensuite aux malmrs sur seize mille, et l'on ramassait tous heureux maladrs qui n'avaient pas la forrr
les jours dans les rues sept il huit cents ca- d'aller chercher cux-mèmes et de prépar,'r ce
davres d'habi tants de tout ùge, de tout sexr grossier aliment. Nos troupes elles-mèmes faiet de toute condition, qu'on portait derrière saient cuire des orties et toutes sortes d'herbes
l'église de Carignan dans une énorme fosse avec de la chair de cheval. Les familles lrs
remplie de chaux vive. Le nombre de ces vic- plus riches et les plus distinguées lei.:r entimes s'éleva à plu~ de trente mille, presque viaient cette viande, toute dégoùtante qu'elle
toutes mortes de faim! ...
fùt, car la pénurie des fou rrages m•ait rendu
Pour comprendre jusqu'à quel point le presque tous les cheYaux malades, cl l'on dismanque de vivres se fit sentir parmi les habi- tribuait même la chair de ceux qui mouraient
tants, il faut savoir que l'ancien gouverne- d'étisie!. ..
ment génois, pour contenir la population de
Pendant la dernière partie du siège, l'exasla ville, s'était de temps immémorial emparé pération du peuple génois était à craindre.
du monopole des grains, des farines et du On l'entendait .s'écrier qu'en 1746 leurs pères
pain, lequel était confectionné dans un im- avaient massacré une armée autrichienne,
mense établissement garni de canons et gardé qu'il fallait essayer de se débarrasser de
par des troupes, de sorte que lorsque le doge même de l'armée française, et qu'en défi niou le Sénat voulaient prévenir ou punir une ti1·e il valait mieux mourir en combaLLant.
révolte, ils fermaient les fours de l'État et que de mourir de faim après avoir vu sucprenaient le peuple par la fami ne. Bien qu'à comber leurs femmes et leurs enfants. Ces
l'époque où nous étions la Constitution génoise symptômes de révolte étaient d'autant plus
e1H subi de grandes modifications, cl que cUra~·ants, que s'ils se lussent réalisés, les

.MiMOrJ{:ES DU G'ÉN'ÉT?._.Jf.1. B.ll'R._ON D'E .M.ll'R._BO'J ~

Anglais par mer et les Autrichiens par terre surprendre les Autrichiens et de tomber sur
seraient indubitablement accourus joindre leurs derri?res, pendant qu'ils ne s'occupaient
leurs efforts à ceux des insurgés pour nous que du som de prendre Gènes. Nous avions
accabler.
donc un immense intérèt à conserver cette
Au milieu de dangers si imminents et de rillc 1~ P!us longtemps possible, ainsi que le
calamités de tous genres, le général en cheJ prescriraient les ordres du premier Consul ,
Masséna restait impassible et calme, et pour dont les prél-isions furent justifiées par les
éritcr toute trn tatirc d't;mc11lc, il fit pl'ocla- éréncmrnts.
mrr que les troupes françaises araient ordre
Mais rcrcnorr i1 cc qui m·adrint pendant
de faire fou sur toute réunion d'habitants qui cc sii·gc mémorable.
s'élèverait à plus de quatre hommes. Nos
En apprenant qu'on arait transporté à Gênes
régiments bil'ouaquaicnt constamment sur les mon père blessé, Colindo Trepano accoul'ul
places et dans les rues principales, dont les . auprès de son lit de douleur, et c'est là que
avenues étaient munies de canons chargés à nous nous retroudmcs. Il m'aida de la ma-

les blessés et sur les individus déjà malades.
Mon père en fut atteint, et dans le moment
où il avait le plus besoin de soins, il n'arait
auprès de lui que moi, Colindo et le jockey
Bastide. Nous suivions de notre mieux les
prescriptions du. docteur, nous ne dormions
ni jour ni nuit, étant sans cesse occupés à
frictionner mon père avec de l'huile campbrre
et à le changer de lit et de linge. ~fon père
ne pourail prendre d'autre nourritul'C que du
bouillon, et je n'avais pour en faire que de la
mauraisc chair de cheval ; mon cœur était
déchiré!. ..
La Providence nous envoya un secours. Les

Clichl Neurdein.

LE GÉ:-I ÊRAL

mitraille. Ne pouvant se réunir, les Génois
furent dans l'impossibilité de se rél'olter.
. Vous mus étonnerez sans doute que le gênerai Masséna mit tant d'obstination à conserver une place dont il ne pomait nomrir la
po~ulation et sustenter à peine la gamison.
Mais Gènes pesait alors d'un poids immense
dans les destinées de la France. Notre armée
était coupée; le centre et l'aile gauche s'étaient
retirés derrière le Vai·, tandis que Masséna
s'était enfermé dans Gènes pour retenir devant
celte place une partie de l'armée autrichienne,
l'cmpèchant ainsi de porter toutes ses forces
su_r la Provence. Masséna sani_t que le premier Consul réunissait à Dijon, à Lyon et à
~,enève une armée de réserve, avec laquelle
1~ _
se proposait de passer les Alpes par le
Samt-Bernard, afln de rr ntrcr en It:ilic. de

MACARD. -

Tableau

d'EUGÈNE C HAPERON.

nièrc la plus affectueuse à soigner mon père,
et je lui en sus d'autant plus de gré, qu'au
milieu des calamités dont nous étions environnés, mou père n'arnit personne auprès de
lui. Tous les officiers d'état-major reçurent
l'ordre d'aller faire le service auprès du général en chef. Bientôt on refusa des vivres à nos
domestiques, qui furent contraints de prendre
un fusil et de se ranger parmi les combattants pour avoir droit à la chétive ration que
l'on distribuait aux soldats. On ne fit exception que pour un jeune valet de chambre
nommé Oudin et pour un jeune jockey qui
soignait nos chevaux ; mais Oudin nous abandonna dès qu'il eut appris que mon père était
atteint du typhus. Cette affreuse maladie,
ainsi que la peste avec laquelle elle a beaucoup d'analogie, sr jr llc prrsquc toujours sur

grands bâtiments des !ours publics étaient
contigus aux murs du palais que nous habitions ; les terrasses se touchaient.
Celle des fours publics était immense; on
y faisait le mélange et le broiement des grenailles de toute espèce qu'on ajoutait aux
farines avariées pour faire le pain de la garnison. Le jockey Bastide avait remarqué que
lorsque les ouvriers de la manutention avaient
quitté la terrasse, elle était envahie par de
nombreux pigeons qui, nichés dans les divers
clochers de la ville, avaient l'habitude de venir
ramasser le peu de grains que le criblage
avait répandus sur les dalles. Bastide, qui
était d'une rare intelligence, franchissant le
petit espace qui séparait les deux terrasses,
alla tendre sur celle des fours publics des
lacets et autres engins, avec lesquels il prenait

�1f1STO~l.Jl - -

"1

-------------------'----.#

df's pigeons donl nons faisions du bouillon que Jt,s lrouprs ne s'allPndrissrnt en \"0)1\n l
pou!' mon llèl'r, qui le trourait rxeellrnt rn 1111 jeune offirir r, it pcinr a11 sortir dr l'r nfanrr, . uil'rc rn ,an~lotanl la hièrr dP son
comparaison de &amp;lui de rheYal.
.
Aux horreurs de la fa mine r l du typhus. Sl' phr, g:&lt;1nrral de dil'ision, rittimc de la lrrjoignaienl celles d'unr gucrrr achal'llre el in- rihlc f(Hr rre que nous soutenions, Masséna
cessantr , car lrs troupes françaises combat- rinL Ir IP11demain a,·anl IP jour dans la cliamtaient toute la journée du coté de terre contre bre 011 gisail mon pL·rr, et me prenant par la
les Autrichiens, rl dès qur la nuit mettait un main, il me conduisit sons 1111 prélexlr qu&lt;'ltrrmc à lem·s allaques, les noues anglnise, conque dans un salon éloigné, pendant riuc
111rq11c cl napolitai nr, 'l"e l'obsc11rilé drrobail sur son ordre douze grenad iers, accompagnés
au Lir des canons du port et des hallcries de sculemcnl d'un officier et du colonel Saclcux,
la côLC', s'approchaient de la ville, sur laquelle enlevèrent la bièrr en silence et allèrent la
r llrs lançaient une immense quantilé de déposer dans la tombe prol'isoirc, sur les
bombes, qui faisaient des rayages affreux! ... remparts dn côté de la mer. Cc ne fut qu ·a.\ussi, pas un instant de rr po ! ...
près que celte triste cérémonie fut terminée,
Le bruit du canon, les cris des mourants, que le général Masséna m'en inslruisit en
pénétraient jusqu'à mon père el l'agitaient au m'expliquant les motifs de sa déciS:On .... Non,
dJrnier point : il regrettait de ne pouvoir jr ne pourrai exprimer le désespoir dan, lequel
si' mettre à la tête des troupes de sa division. cela me jeta! ... li me semblait que je perCet état moral empirait sa position; sa ma- dais une seconde fois mon pauvre père que
ladie s'aggravait de jour en jour ; il s'affai- l'on "cnait d'enlever à mes drrniers soins !. ..
hlissait Yisiblemcnt. Colindo et moi ne le Mes plaintes furenl vaines, et il ne me rrslait
quittions pas un instant. Enfin, une nuit, pins que d'aller prier sur la lombr dr mon
pendant que j'étais à genoux auprès de son père.
lit pour imbiber sa blessure, il me parla avrc
J'ignorais 011 clic rtait, mais mon ami
toute la plénitude de sa raison, puis, sentant Colindo avait suivi de loin le convoi, et il me
sa fin approcher, il plaça sa main sur ma conduisit. ... Ce bon jeune homme me dorma
tête, l'y promena d'une façon caressante en en celte circonstance les µreures d'une toudisant : c, Pamre enfant, que va-t-il del'cnir, chante sympathie, quand chaque individu ne
seul et sans appui, au milieu des horreurs de pensait qu'à sa position personnclll'.
ce terrible siège? ... » li balbutia encore qur lPresque tous lès offic:rrs cl'élal-major dt'
ques paroles, pai:mi lrsqnellcs je d~mèlai le mon père araicnl été t11rs ou emportés par le
nom de ma mère, laissa lombcr ses bras cl typhus. Sur onze qur nons t:lions a,·ant la
ferma les yeux!. ..
campagne, il n'en restait plus &lt;JUC de11."C : le
Quoique bien jeune, cl depuis peu de temps commandant R* ** et moi! Mais R*** ne s'ocau service, j 'avais rn beaucoup de morls sur cu pail que de lui, cl, au liru de sen·ir d'appui
le Lerrain de divers combats r l surtout dans an fils de son général, il continua d'habiter
les rues de Gênes; mais ils étaient tombés en st'ul en Yil!e. M. Lachèzc m'abandonna aussi! ...
plein air, encore comerts de leurs vêtements, Il n'y cul que le bon colonel Saclcux qui me
ce qui donne un aspect bien différent de celui donna quelques marques d'intérèt; mais le
d'un homme qui meurt dans son lit, et je général en chef lui ayant donné le commanden'avais jamais été témoin de cc dernier cl ment d'une brigade, il était cons tamment
triste spectacle. Je crus donc que mon père hors des murs, occupé 11 repousser les ennevenait de céder au sommeil. Colindo comprit mis.
la vérité, mais n'eut pas le courage de me la
.Je restai donc seul dans l'immense palais
dire, et je ne fus Liré de mon erreur r1ue plu- Ccnturione, a,·cc Colindo, Rastidt' et Ir ,·ieux
sieurs heures après, lorst1ue M. Lachèze étant concierge.
arrivé, je lui vis relerer le drap du lit sur la
Une semaine s'était à peine écoulée dPpu is
figure de mon père, en disant : « C'est une que j 'avais eu le malheur clr pr rdre 1110 11
perte affreuse pour sa fa mille et ses amis !... )) PL'rc, lorsq~1c le général en chef Masséna, 'lui
Alors seulement je compris l'élcndur dr mon avait besoin d'trn grand nomhre d'offi ciers
malheur....
autour de IL1i (car il en faisait tuer 011 blesser
Ma douleur fut si déchirante qu\'llr lou- quelques-uns pre que to us les jours), me fit
cha même le général en chef Mas~éna , dont ordonner d'aller faire auprès de lui le scrl'ice
le cœur n'était cependant pas : facilt&gt; il rmou- d'aide de camp, ainsi r1nc le faisaient R*" et
voir, surtout dans les circonstances présentes, tous les officiers des généraux morts ou hors
où il avait besoin de tant de fermeté. La d'étal de monter it chrral. .J'ohéis.... .le suiposition critique dans laquelle il sr tronYait l'ais Loule la journée le général en chd dans
lui fit prendre à mon égard une mesure les combats, r t, lorsque j &lt;' n'étais pas retenu
qui me puut alroce, et que cependant je au quartier grnéral, jr 1·entrais, cl la nuil
prendrais aussi moi-mème si je comman- vennr, Colindo et moi. passant au milieu drs
dais dans une ville assiégée.
mourants et des cadal'rcs d'hommes, de
Pom· éviter tcut cc qui aurail pu affaiblir fL•nrmes r t d'rnfanls qui encombraient lrs
le moral des troupes, le général Masséna avail ru es. nou. allions prier au tombeau dl' mon
défend u la pompe: des funérailles, et comme père.
il savait que je n'avais pas voulu quiller la
La faminr augmentait d'une taçon cffraJantc
dépouille mortelle de mon père lJicn-aimé, dans la place. Un ordre du grnéral en chef
r1u'il pensait que mon projet était de l'accom- prescr irait de nr laisser it charpie officier qu'un
pagner jusqu'à sa tom be, el qn ïl craignait srul chr,·al, 1n11s les autres dcraient èlrc en-

rny,:s it la bo11chr rir . )fon pi·rr rn avait laiss1\
plusieurs; il m'aurait ,1té I rrs pénible dr savoir
qn'on allai! tul'r' rrs pa111Tcs brlP, . .fr lrur
sanl'ai la rir rn proposant à drs officiers
d'état-major dr les lr111· donner rn échange clc
h•111·s monturrs usrrs qur je liHai /1 la bo11cherir.
_Ces chcraux furrnt plus tard pa}és par
l'Etat sur la présentation de l'ordre de lirraison ; je conservai un cle ces ordres comme
monument curieux ; il porte la signature dn
général Oudinot, chef d'état-major dr Masséna.
La perle cruelle q11r je rrnais d'éprom-rr,
la position dans laquelle je me lrouYais cl la
rue des scènes Haimcnl horribles auxquelles
j'assistai tous lrs jo11rs, araiPnt rn peu dt·
trmp mt)ri ma raison plus que nr l'auraient
t'ait plusir urs ann6rs dr lionhrnr ..Je compris
que la misi•rc rl lrs calamité~ du sii•gc rrndanl égoïsl.rs tous ceux qni. q11elq11es mois
auparavant, comblaient mon p&lt;'• rc de pré1'enanccs, je dc,·ais tro111·er en moi-mèmc assrz
de courage et de ressources, non seulement
pour me suffire, mais po11r St' n·ir d'appui il
Colindo cl à Bastide. Le plus important était
de tromcr le moyen de les nourrir, puisqu'ils
ne rcceraicnl pas de rirres des rm gasins de
l'armée . .l'arnis hil'll, comnw of'firier, dC'11x
rations de ehair dr ehcral C'l dC'ux ralions de
pain, mais tnut cria réuni ne faisait qu'une
lirrc pesan t d'nnc tri·s rnaurai,e nourriture,
et nous étions troi,- !... ~ous 1w prenions plus
que tri'&gt;s rarrment drs pigeons. dont !P nomhrc
arail infinimrnt diminué. En ma qualité d'aidr
de camp dn généra l en chef, j'arais aussi mon
cou rcrl à sa tablr, sur laqurllc on srrrail unr
fois par jour d11 pain, du cheval rôti el clrs
pois chichrs; mais j'étais tellement courroucti
de cc que le générnl ~fasséna nùrail priré dr
la triste con olation d'accompagner le crrcucil de mon père, que je ne pou,,ais me résoudre à aller prendre place à sa table, quoi~
que tous mes camarades y fussent et quïl
m'y cùt engagé une fois pour tou tes. Mais
rnfin. Il' désir de secourir mes deux malheureux commensaux me décida à aller manger
chez le général en chef. Dès lors, Colindo cl
llastidl' eurrnt chacun un quart de lilTc de
pain cl aut..111l de chair de cheval. Moi-même,
je ne rnangrais pas suffisamment, car à la
table cl u général en chef les porlions étaient
cxlrêmemcnt exiguës, et je faisais un service
très pénible; aussi sentais-je mes forces s'af'..
faihlir, cl il m'arrivai t soul'cnt d'être obligé
de m'étendre il lr rre pour ne pas tomber en
drfaillancc.
La P rovidence vinl encore it notre secours.
Bastide était né dans le Cantal, el al'ait rencontré J'hiwr d'avant un autre Au rrrgnat de
sa connaissance établi à Gênes, 011 il faisait un
pelit commerce. Il alla le roir cl fut frappé,
en entrant chez lui , de sentir l'odeur que répand la boutique d'un épicier. Il en fil l'ohscr valion à sqn ami, en lui disant : &lt;1 Tu as
des provisions?.. . &gt;&gt; Celui-ci en convint en lui
demandant le secret, car les provisions de
tout genre qu'on décomrait chrz les parLiculirrs étaient rnlcrrrs cl transportées dans lrs

"----------------------magasins de l'armée. L'inlelli11ent Bastide
ulli-il alors de lui faire achcte1· la portion de
denrées qu'il. aurait dC' trop pat· quelqu'un
qw le soldcrarl sur-le-champ et aarderail un
secret im iolahle, et il vint m'informer de sa
clé_co_ul'ertc. Mon pL•rc arni t laissé quelques
rn1ll1crs du francs. J'achetai donc cl fi s porter
de nui t chez moi beaucoup de morue, de fromage, de figues, de sucre, de chocolat, etc., clc.
Tonl crla fnl. horriblemenl cher ; l'Jurerg-nat
cul pl'esq11e tout mon argent, mais je m'estimai lrop heureux d'en passc•r par 011 il l'UUlul, car, d'après cc que j'culendais dire joul'ncllemcnl au quartil.'r gé11éral, le siège dera it
èlrc encore fort 1011g, et la famine allt'r lou_jours cil augmentant, cc qui, malheu1·&lt;'use111cnl, se réalisa.
Cc 11ui doublait le bonheur r1uc j':ll'ais eu
de mu procurer des subsistances, c'était la
pensée que je saurais la rie de mon ami
Colindo qu i, sans cela, scrail lilléralcnwnl
mort cle faim, car il ne ronnaissail dans
l'armée que moi ~t le colonel Saclcux, qui ne
larda pas à être frappé d'un affreux malheur ;
voici en quelles circonstances :
Le général Masséna, atta,1ué de toutes parts,
,·oyant ses troupes moissonnées par des combats continuels cl par la famine, obligé de
contenir une population immense que la faim
pou sait au désespoir, se trouvait dans une
position des plus critiques, cl sentait que pour
maintenir le bon ordre clans l'armée, il fallait
y établir une dis('iplinc dl' ft,1.. Aussi tout
officier qui n'exécutait pas ponctuellement
ses ordres était-il impitoyablement destitué,
c•n l'ertu des poul'oirs que les lois d'alors conJëraie11t aux généra'ux en clref. .Plusieurs
exemples de cc genre a rnil'nL déjit été faits,
lorsque, dans une sortie que nous poussâmes
it six lieues de la place, la brigade commandée
par le colonel Saclcux ne s'étant pas trounir.
it l'heure indiquée, da11s une vallée dont cl le
dcn1it fermer le passagl' aux ,\u lrichic11:&lt;,
eeux-ci s 'éd1appi·rcul. l'l Il' a;éJJfral en chef,
furieux de voir 111anq11l'I' Il' 'r-ésul tal de srs
1·ombinaiso11s, destitua le patllTl' eolor1c•l Sa('lcux, en le sig11alanl da11s u11 ordre du jour.
Sacleux arait bien pu ne pas comprendre cc
11u'on atll•ndait de lui, mais il él:LÏl fort
hral'c. Ccrtai11c1uc11l, il se serait, dans son
désespoir, fa it. sauter la œrl'clle, s'il n'arail
1:u !t cœur de r~Labl:r ~un honneur. li pr it un
lus1l, el sc plaça dans les rangs comme
~oldaL_. ... li rint un jour nous roir ; Colindo
cl 11101 nous eùmcs le cœur narré, en l'O\'anl
cet excellent bommc habillé en ~impie fa11ta~~iu .
\ous limes nus adieux à ~aclcux, qui ,
après la reddi tion de la place, fut réinlégl'é
dau.~ ~on gi;adc de c9loucl par le premiel'
Consul, à la dcmaude de Masséna lui-même
&lt;1uc ~aclcux arait forcé, par son ~ouragc,
re1·en1r sur son complr. Mais l'année suirnnlc,
Saclcux, royant la paix faite en Europe, cl
1·0\1la1~t se_ larcr complètcmcnl du l'Cproche
qu, hu aYa1t été adressé si inj us tement , dcm~nda à aller foire la guerre à Saint-Dommgue, où il fut tué au moment où il allait
ètre nommé géné!'al de brigade! ... li csl des

it

Mi.M01'/fES DU GÉNÉ'R_AL BA'R,ON DE )JfA'R,BOT - - ~

hommes qui, malgré leur mérite, ont uue destinée bien cruelle : celui-ci en csl un exemple.

CHAPIT~E XII
Épisode du si,,ge. - Caplurn tlP Ji•ois mille .lu ll·ithicns. - Leu!' horl'iblc fin S UI' les pontons. Allaqucs co11sla11lcs pal' ICl'l'C cl par mer.

Je ne puis parler que lrL'S s11ccinclcment
des opérations du siL•gc ou IJlocus que nous
rnulrnions. Les fortifications dl' Gènes uc
consistaienl, à celte épo11uc, dLL cùlé de la
terre, qu'en une sim ple muraille flanqm:e de
tours ; mais cr qui rendait la placr trl·s
susceptible d'une bonne dt'fen ·e, c'est q11'l'llc
csl enlourét', à peu dt· distancl', par d,•s
montagnes dont k s sommets el les flancs
sont garnis de forts N de redoutes. Les Autrichiens allaquail'nl constamment ces positions;
dL'S qu'ils c•n enlevaient une, nous marchions
pour la reprendre, et le kndemain ils cherchaient encore à s'en emparer ; sïls y panprraicnl, nous allions les r n chasser derechef.
Enfin, c'était une narcllc co11linuclle, a\'CC
des chances diflërcntcs, mais, en résultat,
nous finissions par !'ester mallrcs du terrain.
Ces combats étaient sou,·rnl très l'ifs. Dans
l'un d'eux, le général Soult, qui était le bras
droit de ~fasséna, grarissait à la tête de ses
colonnes le Jl/011/e-Corona, pour rcpn•nclrc le
fort de cc nonr &lt;1uc nous a rions perdu la
,·cille, lorsqu'une balle lui brisa le genou au
moment où les cnnrmis, infiniment plus nombreux que nous, dcscemlaient e11 courant du
haut de la moutagne. li étai t impossible qur
le peu de troupes que nous al'ions sur ee
poinl pùt résister à une telle aralanclic. Il
fallut donc battre en retraite. Les soldats
po1·tèrent quelque temps le général Soul t
sur leurs fusils, mais les doulcul's intolérables
qu ïl éprourait le décidèrc11L il ordo11ner q11 ·011
le dl:posàl au pied d \ 111 arbrl', 011 son frèrl' l't
u11 de ses aides de camp rrstère11L Sl'nls
auprès de lui, pour le préscrwr de la fnrl'UI'
des prc111iers ennemi:&lt; qui arrircraic11l sur lui .
lleureusemcnl, il se troura parmi ceux-ci cb
of'fi cicrs qui curent braucoup d'égards pour
leur illustre prisonnier. La capture du général Soult asanl cxalLé le courage des .\ utr:ch'r11s. ils nous poussèrent tr·ès ri,cmcnt jusqu ·au rn111· d'enceinte qu'ils se préparaient it
at taquer. 101·,qu°Lrn orage affreux vint assomhrir le ciel d'azur que nous arions eu depuis
le commencement du siège. La pluie tombait
à torrents. Les Autrichiens s'arrêtèl'Cnt, et la
plupart d'entre eux cherchèrent à s'abriter
dans les cassi11cs ou sous des arbre~. Alors le
général )lasséua, dout le principal mérite
consistait it meure à profil toutes les circonslauccs imprérncs de la guerre', parle à ses
soldats, ranime lem ardeur, et, les faisanl
soutenir par quelques troupes venues de la
ville, il leur fait croiser la baïonnette cl les
ramène au plus fort de l'orage contre lrs
.\utrichicns vainqueurs j usque-là, mais qui.
surpris de tan l d'audace, sr retirent en dcsordrc. Masséna les poursuirit si vigoureusement qu'il parvint à couper un corps de trois
mille grenadiers, qui mirent bas les armes.
...,

12 5 ..,.

Ce n'était pas la première fois que nous
faisions de nombreux prisonniers, car le total
de ceux que nous avions enlel'és depuis le
commencement du siège se montait à plus de
huit mille; mais n'ayant pas de quoi les
nourrir, le général en chef les arait toujours
l'('JJYOyés, i1 condition qu'ils· uc serviraient pas
conlre uous al'anl ix mois. Les officiers
araicnl tenu rcligicusernent leur promesse;
quant :urx malht'ureux soldais qui, re11lrrs
dans le ca1111, au trichien, i&lt;rnoraieul
l'en1raueo
r" t"llll' 11 l que leurs chefs araient pl'i pour eux,
on ll's incorporait dans d'autres réginwnls et
0 11 k•s forçait à comballrc encore contre les
français. S'ils retombaient entre 110s mai11s,
ce qui arrivait sou,·enl, nous lrs rendion~ dl'
noL!l'Cau ; on les incorporait dt•redref da11,
d'autres bataillons, et il y eut ainsi une: orandc
quantité de ces hommes qui, de leur i}J'opre
aveu, furent pris quatre ou cinq fois pendant
le siège. Le général Masséna, indigné d'11n tel
manque de loyauté de la part des généraux
i1Ulrichiens, décida celte fois que les trois
mille g1·enadicrs qu'il venait de prendre seraient retenus, ofliciers et soldats, et pour que
le soin de les garder 11 'augmcnlàl pas le scrYice des troupes, il fit placer ces malheureux
prisonniers sur des vaisseaux rasés, au milieu
du port, cl fit bra']uer sur eux une partie des
canons du mole; puis il enrnya un parlementaire au général Ott, qui commandait le corps
autrichien dcl'a11t Gènes, pour lui repl'ocher
son ruanqul• de bonne foi r l le prérenir qu ïl
ne se croyait ll'11u de donner aux prisonniers
que la moitié de la ra tion que rcccrait 1111
soldat français, mais qu'il consc11lail à ee que
ll's Autrichiens s'cntc11dis cnt arec les . \11"la1·s
0
...,,
pour que des barques apportassent tous les
jours des vi1Tcs aux prisonniers et ne les quittassent qu'après les leur a,,oir rn manger,
afin qu'on ne crùt pas que lui, ~fassé11a, se
scn·it de cc prétex te pour foire entl'cr dl•,
,·Ines pour ses prnprcs troupes. Le général
autrichien, espél'a11t r11ù111 rel'us amènerait
,\[asséna it lui rendre ses trois mille hommes .
1p1ïl complait probahlcrncut faire comlJallre
encore contre nous, refusa la proposition ph1lanthropique qui lui était faite; alors Jlasséna
exécuta cc c1u 'il a rail annoncé.
La ralion des Français se c9rnpos.til tl'u11
quart de lirrc d'un pain affreux et d'une é"ale
quantité de chair de cheral : les prisonniers
ne reçurent donc que la moilié de chacune de
ces denrées; ils 1i'a1·aicnt par conséque11t par
jour qu'un quart de livre pesant pour toute
nourriture!... Ceci arail lieu quinze jours
aranl la fin du siège. Ces pamres diables re~tè1:cnl tout cc temps-là au même régime. En
1'3111 , tous les deux ou. trois jours, le général
Masséna renouvelait-il son offre au o-énéral
cnn~mi,_ celui-~i n'acc~pla. jamais, s~it pal'
o_h~llnal:Jon, soit que I amiral anglais (Joni
Keith) ne voulùt pas consentir à fournir ses
chaloupes, de crainte. disait-on. qu'elles ne
rapportassent le typhus à honl de la floue.
Quoi qu'il en soit . les malheureux Autrichiens
h~ll'l~lienl _de rage :l de faim sur les pontons.
C était vraiment allreux!. .. Enfin , après aroir
mangé leurs brodequins, hal'resacs, gibernes

�'-------------------------

, - 1l1ST0~1.Jl

niers cl rc11d11s sur p::tro!e il r.'J)renùrc ll'S
armes contre nous, bien qu'il se fùt engagé il
les rcnl'oyer en .\Jlemag11e.
Dans les dil'ers combats qui signalèrent le
siège de Gênes, je courus de Lieu granas dimgcrs. Je me bornerai il citer les deux principaux.
J'ai déjà dit que les Autrichiens et les
Anglais se relayaient pour nous tenir constamment sous les arme·. En effet, les premiers
nous alta11uaient dès l'auJ"orc du coté de terre,
11ous combattaient toute la journée cl allaient
se reposer la nuit, pendant que la 0Jllc de
lord Keith renait nous bombarder, el Lùchait
de s'emparer du port à la fayeur de l'obscurité,
ce qui forçait la garnison à une grande surYcillance de ce coté et l'ernpèchai t de prendre
le moindre repos. Or, une nui t que le b:imbardcmcnt était encore plus violent que de
coutume, le général en chef Uasséna, prérnnu
&lt;Ju 'i1 la lueur des feux de Bengale allumés ~ur
la plage, on aperccrait de nombreuses embarcations anglaises chargées de tro}1pcs s·ara11çant Yers les mùles du port, monta sur-lt.'charnp il cheYal al'CC tout son étal-major l'l
l'escadron de ses guide~ qui l'aœompagnait
partout. Nous étions au moins cent cinquante
il deux cents caralicrs. lorsque, passant sur
uuc petite place uommée Can,pcllo, le général
en chef s'arrèla p;)ur parler il un officier qui
rercnail du port, et comme chacun se pressait
autour de lui, un cri se fait cutcndrc : &lt;&lt; Gare
la bombe! »
Tous les yeux se portent en l'air, cl !'ou
rnil un énorme bloc de fer rouge prêt à tomhm· sur cc groupe d'hommes et de cberaux
resserrés dans un très petit espace. Je me
trourais placé le long du mur du grand hôtel
dont la porte était surmontée d'un balcon de·
marbre. Je pousse mon cheral dessous , et
pfusieurs de mes roisins firent de mèmc;
mais ce fut précisément sur le balcon que
tomba la bombe. Elle le réduisit en morceaux,
puis rebondissant sur le paré, clic éclata arec
1111 bruit affreux au milieu de la place qu'elle
éclaira momentanément de ses lugubres
Jlammcs, auxquelles succéda la plus complète
obscurité.... On s'allendait à de grande
perles; le plus profond silence régnait. li fut
interrompu par la voix du général Masséna
qui demandait si quelqu'un était blessé ....
Personne ne répondit, car, par un hasard
1Taiment miraculeux, pas un des nombreux
éclats de la bombe n'al'ait frappé les hommes
ni les chevaux agglomérés sur la petite place!
Quant aux pers.onnes qui, comme moi, étaient
sous le balcon, elles furent couYertes de poussière, de fragments &lt;Je dalles et de colonnes,
mais sans avoir été blessées.
J'ai dit qu'habituellement les Anglais ne
nous bombardaient que la nuit ; mais cependant, un jour qu'ils célébraient je ne sais
LE PREillER CoXSUL FRAXCHISSAi',T LE MOXT SAIXT-BERXARD. -

.M'É.M011{ES DU G'ÉN'É'J{AL BA'J{ON DE .MA'J{BOT - - ~

qul'lle rdl', leur llollc paroisée s'apprncha de
la r illc en plein m"di et s'amusa il nous
cnroycr une grande quantité de pr..&gt;jccliles.
Celle de nos ballerics qui arail le plus d'avantage p:mr répondre à cc feu était placée près
du mole, sur un gros bastion en forme &lt;le
tour nommé la "Lanteme. Le général en chcl'
me chargea de porter au commandant de
celle batterie l'ordre de ne tirer qu'après
aYoir b:en fait JJOinter, cl de réunir Lous ses
feux sur un brick anglais, qui était 1·cm1 insolemment jeter l'ancre il peu de distance de la
Lanterne. Nos artilleurs tirèrent arnc tant de
justesse qu"l111e de nos bombes de cinq cents,
tombant sur le brick anglais, le perça dcpui6
le pont jusq u'à la r1uillc, cl il s'enfonça en
un clin d'œil dans la mer. Cela irrita tellement l'amiral anglais qu'il fil aranccr imméd:atcmenl toutes ses bombardes contre la
Lanterne, sur laquelle clics ouvrirent un feu
très riolcnl. Ma mission remplie, j'aurais dù
retourner auprès de Masséna ; mais on dit
am&lt;.: raison que les jeunes militaires, ne connaissant pa~ le danger, l'afJronlcnt a1·cc plus
de sang-froid que J IC le font les guerriers
expérimentés. Lo spcclade dont j'étais témoin
m'i11tércssail rircmcnl. La plate-forme de la
Lanterne, garnie de dalles en pierres, était
tout au plus grande comme une cour d~
moycnn~ étendue et était armée de d::iuzc
bouches il feu, d:ml les affùts étaient énormes.
Ilien qu'il soit très difiicilc i1 un navire en
mer dll lancer des bombes al'CC justesse sur
un point qui présente aussi peu de surface
que la plate-forme d'une tour, les .\nglais c11
Jirent c~pendaul tomber plusieurs sur la
Lanterne. Au moment où clics arriraicnt, les
artilleurs s'abritaie11t derrière et dessous les
grosses pièces de bois des alfùts. Je faisais.
comme eux, mais cet asile n'était pas sûr,
parce que la plalL'-forme présentant u11c grande
résistance aux bombes qui ne pouvaient s'enfoncer, elles roulaient rapidernc11L sur les
dalles, sans qu'on pùt prévoir la direction
qu'elles prendraient, et leurs éclats passaient
dessous et derrière les affüts en serpentant
sur tous les points de la plate-forme. Il était
donc absurde de rester là, lorsque, ainsi que
moi, on n'y était p::ts oblige; mais j'éprourais
un plaisÙ' aff'reux, si on peut s·exprimer
ainsi, à courir çà et là al'CC les artilleurs dès
qu'une bombe tombait, el à rernnir ensuite
avec eux aussitôt qu'elle al'ait éclaté et que
ses débris étaient immobiles. C'était un jeu
qui pouvait me coûter cher. Un canonn:er eut
les jambes brisées, d'autres soldats furent
blessés très grièvement, car les éclats de
bombe, énormes morceaux de fer, font d'affreux ravages sur tout ce qu'ils touchent. L·un
d'eux coupa en deux une grosse poutre d'affût
contre laquelle j'allais m'abriter. Cependant

je r.:stais toujours sur la pfolc-fornll', lorsque
le colonel ~louto11, qui dcrint plus tard maréchal comte de Lobau , cl qui , ayant servi sous
les ordres de mon père, me portait intérèl,
m'ayant aperçu eu passant auprès de la Lanterne, vint m'ordonner impératil'cment d'en
sortir et d'aller auprès du général en chef où
était mou poste. Il ajouta : « Yous êtes bien
jeune encore, mais apprenez r1u'à la guerre
c'est une folie de s'exposer à des dangers inutiles ; seriez-vous plus al'ancé lorsque rnus
vous se1·iez fait broyer une jambe, sans ?u'il
en résultùt aucun avantage pour 1·otre pays?&gt;)
Je n'ai jamais oublié celle leçon, dont j'ai
remercié depuis le maréchal Lobau, et j'ai
sourcnt pensé il la dilférenc.:: 11u 'il y aurait eu
dans ma destinée si j'eusse eu uuc jambe
emportée il l'ù3c de dix-sept ans !...

CHAPITRE XIII
lluuaparlc fram:hil le Saiut-llcrual',l. - llasséua traite
de l'é,•acualio11 de la place de Gènes. - ,la mission
aupl'és tic Ilouaparle. - llalaille de )laPengo. l\cluur tians ma famille. - Extrême proslralio11
morale.

La ténacité coura~euse aYC&lt;.: laquelle Mas~éna
a1·ail défondu la Yille de Gènes allait aroir
d'immenses résultats. Le chef d'escadron
Fra11ccschi, cnl'oyé par Masséna auprès du
premier Consul, était panenu, tant en allant
qu'en revenant, à passer de nuit au milieu de
la flotte ennemie. li rentra i1 Gènes le 6 prairial, en disant qu'il aYait laissé Bona parle descendant le grand Saint-Bernard à la tète de
l'armée de réscn·c!... Le feld-maréchal Mélas
était tcllcrncnt conl'aincu de l'im11ossibilité de
conduire une armée il travers les Alpes que,
pendant qu'une partie de ses troupes, sous le
général Ott, nous bloquait, il était parti avec
le surplus pour aller, i1 cinquante lieues de
là, attaquer le général Suchet sur le Yar,
pour pénétrer ensuite en Prorencc, donnant
ainsi au p1·cmicr Consul la facilité de pénétrer
sans résistance en Italie ; aus~i l'armée de
résen c était-clic entrée à Milan avant que les
Autrichiens eussent cessé .de traiter son existence de chimère. J,a résistance de Gènes arail
donc opéré une puissante diversion en f'arcur
de la France. Une fois en Italie, le premier
Consul aurait désiré venir ati plus tôt secourir
la brave garnison de celle place, mais il fallait
pow- cela qu'il réunit toutes ses trcupcs, ainsi
que les pièces d'artillerie et de munitions de
guerre, dont le passage à travers les défilés
des Alpes éprouvait de grandes difficultés. Cc
retard donna au maréchal Mélas le temps
d'accourir de Nice, avec ses principales forces,
pour s'opposer au premier Consul, qui dès
lors ne pourait continuer sa marche sur Gênes
avant d'avoir battu l'armée 3utricbicnne.

Tableau de DAVID. (Musée Je Versailles.

GENÉRAL DE

(A suivre. )

et mème peul-être quelques ca&lt;lancs, ils
moururent presque tous d'inanition! ... li n'en
restait guère que scpl à huit cents, lorsque,
la place ayant été remise à nos ennemis, les
soldats autrichiens, en entrant dans Gênes,

coururent \'ers le porl cl donnèrent 11 manger
à leurs compatriotes aYeC si peu de précaution, que tous ceux qui aYaient surYécu
jusque-là périrent. ...
J'ai rnulu rapporter cet horrible rpisode,

d'aLord comme un nournl exemple des calami tés ·que la guerre entraine après elle, et
surtout pour flétrir la conduite et le manque
de bonne foi du général autrichien, qui contraignit ses malheureux soldats faits prison-

"

MARBOT.

�Louis X1V - ~

Louis XIV
La personne - L'éducation. - Le« moi» du roi
Par Ernest LAVISSE, de l'Académie française

III. -

Le &lt;! moi &gt;&gt; du Roi

Louis XlV - el cela csL Yisible dès ses
premières paroles el ses premiers geste
met donc simplement en lui-mème le p1·incipc
et la fin des choses. li saYait probablement en
gros les longues théories savantes écri Les par
les gens &lt;l'Église e"t par les gens de loi sur
l'excellence du pouvoir royal, mais il n'avait
que faire de celle érudition. JI croyait en luimème par un acte de foi. S'il a prononcé la
parole : « L'État c'est moi &gt;&gt; , il à voulu dire
tout bonnement : cc Moi Louis qui vous parle&gt;&gt; .
Ce « moi », qui domina tout un siècle cl
lui donna sa marque, est le produit d'une
longue histoire." En Louis XIV, la race des
Capétiens et la race des Habsbourg, nobles,
antiques et lasses, on~ douné une dernière
fleur, superbe el gral'C. li était le petit-fils
d'Henri IV, mais aussi de Philippe II, l'arrièrepetit-fils d'Antoine de Bourbon, mais aussi de
Charles-Quint. Il était de France, mais d"Espagne tout autant et mème darnntage. li ne
ressemblait pas à son père, gentilhomme français, maigre et svelte; il était, comme sa mère,
1-(ras, posé, grave. 1i le sérieux continu n·est
de chez nous, ni celle naturelle hauteur, ni
l'ordre hiératique imposé à la Cour, dont Anne
d'Autriche regrettait la confusion el le sansgène, ni la distance du Roi au reste des
hommes, ni le mélange de luxure cl de dé1·0Lion, ni lc_go111·erncmeut par le cabinet cl par
les bureaux, ni l'aml.Jition de paraitre dominer
l'Europe, ni la politique de se mèler à toutes .
les affaires, ni la lotalr &lt;'O nfusion de l'État cl
qe la religion. où semble ri1Tc le som·euir des
auto-da-féd'.\.ragon ou deCas~lle, ni Ycrsailles
enfin domicile, comme l'Escurial, d'une majesté qui s'isole hors de la vie: communo pour
n'habiter qu'avec ellc-mèmc. Sans doute, on
ne penl prétendre calculer arec précision les
effets de la très certaine, mais obscure force
de l'hérédité. Il ne faudrait pas oublier pomtant que les rois sont fils de leurs mères aussi.
Les fils de Catherine de ~Iédicis furent d'é,idenls Italiens sur le Lrùne de France. Au reste,
à y regarder de près, on verrait que peu de
rois de France furent des Français 'l'éritables.
C'est d'Espagne-Autriche, semble-t-il, plus
encore que de France, que Louis XIV a reçu
son orgueil énorme, inuaisemblable, pharaonique; mais des circonstances historiques
françaises ont éYrillé et surexcité en lui le
sentiment alari&lt;1ue.
Son premier soure11ir précis le Jernitreportl'r
à Saint-Germain, au moment oü sa mère,
quittant le lit de mort de Louis XIII, s'en vint

à sa chambre cl s'agenouilla devant lui pour
C! saluer son fils cl son Roi ». Deux jours après,_
cc fut le voyage à Paris sous l'escorte des sup_erbes corps de la l\Iaison du Roi el de la
ngblcssc chevauchan t en grands atours, la
devancée des carrosses parisiens jusqu'à Nanterre, l'adoration, à la porte Saint-llonoré, du
Corps de ville agenouillé, un peuple grouillant
dans les rues ou juché sur les toits, el l'immense acclamation : &lt;! Yirc le Boi )J , et le cri
des femmes : &lt;! Comme il est beau! &gt;&gt; Deux
jours après, le petit enfant, porté i1 bras 'par
le capitaine de ses gardes et précédé par les
hérauts d'armes, entre au Parlement. Il est
déposé sur le tronc; entre sa mère el lui, uuc
place Yide marque la distance; dernnt lui, des
huissiers se tiellllent à genoux. La Heine le
lève du lrone, el il assure cc son » Parlement
de c&lt; sa bienveillance ». Le Chancelier vètu de
la robe pourpre et tenant à la main le morlier
« comblé d'or », s'agenouille devant lui et
prend ses ordres. Cc fut pour Louis XI\', il
l'ùge où les enfants regardent les marionnettes,
le lever de rideau sur la vie. On lui reproche
d'avoir toujours été roi, jamais Liomme, mais
il ue pouvait distinguer en lui-mèmc l'homme
cl le Roi, lui qui s'est connu -roi toujours. La
royauté lui était naturelle, c'était sa nature
mèmc.
Le premier autographe que nous ayons de
lui est la copie d'un modèle d'écriture :
cc L'hommage est clù aux rois, ils font tout cc
fJlÙ leur plait. i&gt; Il n'a pas entendu dirc,aulrc
chose au tcmps·dc son éducation. li a passé
par les épreures de la Fronde, mais les insurgés criaient : &lt;! Vive le Roi tout seul! »
Les injures de quelques écrivains, il ne les a
p~s L:onnucs. Partout oü il paraissait, c'étail
un triomphe. Quand la Cour se rendit en Normandie au conuuencement de l'année 1650
pour y arrèter les menées du parti des princes,
&lt;! l'aspect du Roi » arrangea toutes chose~.
&lt;! On disait que, si la Reine voulait conquél'it·
tous les royaumes de l'univers, clic n'aurait
qu'à en faire faire le tour au Roi, juste assez
de temps pou1· le montrer. i&gt;
Après la Fronde, un désordre demeurai t
dans les esprits ; la foi monarchique était
obscurcie par les récents souvenirs et par le
mauvais gouvernement du cardinal, mais elle
attendait le moment de reparaître en tout son
éclat.
La destinée s'étai t accomplie. L"ancien régime de la ~'rance n'avait laissé qu' un délabrement de ruines, la dernière rérollc arn.it
été misérable; l'idée d'une roi-au lé surreillée
par des magi~trals el lcmpéré~ par d1'S résistance:,, y aYait péri. 1l ne restait à la nation
d'autre moyen de s·estimcr elle-même et de

l'anliquité païenne 1 • Les hommes du moyen
âge ont admiré ,la Yaillancc du héros qui. terrasse l'adversaire, ils ont aimé et chanté les
gestes de l'épée; mais ils n'élevaient point des
&lt;"olonnes ni des arcs de triomphe, ils ne sculptaient pas des trophée ni des médailles à
perpétuer des visages, ils nt' graraicnt pa, dans
la pierre ou le bronze des catalogues de di:rnill's. Ils ne dressaient pas des effigies sur

►

s'admirer que de s'cslirncr cl de s'admirer en
le Roi, par qui elle était représcutéc. Elle voulut
qu'il fût plus gi-and f[UC les plus grands rois,
plus puissant potentat que les potentats des
autres. L'amour-propre de nos pères faisant de
nécessité vertu el gloire, la perfection de l'autorité monarchique leur scqibla un priYilèg-c
de la France. lis se vantaient que le Jloi Jùt
&lt;( vraiment cmpl'!reu1· dans son royaume, puisqu'il n'y reçoit aucune loi que celle de ses
ordonnances», cl que, seul des monarques, il
ne rend d'autre raison des choses r1uc celle-ci :
&lt;! Car Lei est notre bon plaisir. JJ
Le perpétuel Lra,,ail humain sur l'idée de
Dieu conduisait alors i1 presque confondre la
monarchie dirinc et la monarchie humaine, la
royauté étant la dirinilé projetée en image
pa.i·mi les hommes. li est répété très souvent
en eflè t par des voix diverses, des voix huguenotes comme des voix catholiques, que le Roi
est l'image de Dieu. Mème on pourrait se demander i cc n'est pas plulo{ Dieu qui se
modèle sur le Roi : C! Le Dieu du xl'll• siècle
fut une sorte de Louis XIV image el suzerain
de l'autre. La même rérnlulion renom·cla le
Ciel el l'État. Les saint locaux el indépendants
du moyen ùgc s'effacent cl se subordonnent.
comme les seigneurs féodaux cl libres, pour
former une cour d'adorateurs.... Les superstitions diminuent. La religion purifiée cl
pompeuse offre le spectacle le plus correct cl
le plus noble 1• &gt;&gt; Les deux cultes, celui du Tioi
cl celu.i de Dieu. unis dans u11c intimité profonde, donnent i1 qui le pratique une règle
lrè simple de Loule la l'ic : riHc docile sous
la puissance de Dieu qui est Dieu, cl du Roi
qui est son image. Le Hoi , comme Dieu, fait
cc qui lui plait. Ses plus grandes fautes, les
plus grandes misères de ses sujet ne troublent
p;is plus la foi en la mon!lrchie q uc 1'inlempfrie ou la peste ne déconcerte la foi en Dieu.
Cel étal de consc~ence convenait au temps où
la résistance à l'Eglise el à la royauté, sorties
ensemble du péri l des révoltes, était impossil.Jle. Le senlimcnl religieux el le loyalisme
mettaient une belle parure à ce renoncement
de l'intelligence et de la rolonté.
Enfin l'homme s'est plu en tous temps à
inrenter des ètrcs ~upérieurs d'humanité,
comme pour se relerer de sa faiblesse. Les
anciens avaient leurs demi-dieux; des philosophes d'aujourd'hui rêl'cnl d'un surhomme
qui asserrirail l'humanité, mais en qui elle
serait exaltée. L'ancienne France al'ail son
surhomme. r1ui était le f\oi.
Cc Roi, elle le roulait glorieux. Un certain
srn limcnt de la gloire nous étai t revenu de
1. Il. Taiue, La Fonlai11e el ses fables, Paris, 1861,
pp. 217-18.

où défilent les dos courbés dC's vaincus, les pour Sa Majesté quelque chose dïll ustrc cl de
trophées des armes conquises, les médailles grand ». Les écrivains 1•oulaient dans le maitre
arec les inscriptions laudatiYes, les statues sur de la grandeur. Les senitcurs du Hoi, Colbert,
haut piédestal, les renommées qui jellcnt des Lourois, Lionne, voulaient faire grand. Cc fut
couronnes cl so11f'fie11l des dithyrambes dans donc un enthousiasme el une adoration sitùl
leurs lrompcllcs, cl l'orgueil 1;aïcn de ,-irrc qu'on aperçut en Louis XI \' la po sibililé d'un
d~n_s la mémoire dC's hommes par la gloire. Au Louis le Grand. On se le figure plus beau
mil1e11
du. xrn• sit•clc, l'amour de la 0o-Joirc cnco1·e qu'i l n'est ; l'œil des contemporains
.
passionnai t Ioule la France, c·esl-h-dire trois snrrlèrc sa taille, s'éblouit de sa majesté.

'

Cliché Rra un, Clément

M ARIAG E DE L OUIS

X[V

.

ET DE M ARIE-T IIÉRtSE o'AUTRICHE. -

T,1blea11 de L E liRc,&lt;. _

etc••.

(Musée .Je Versailles. )

les places publiques ; les statues des rois et
des grands gisaient humblement sur les tombes
basses dans l'attente du jour où la trompette
de l'ange annoncerait la résurrection et le
jugement dernier. Toute la vie future était en
Dieu, el la gloire réservée à Dieu, à Notre-Dame
et à ses saints. La Renaissance nous a ramené
les arcs de triomphe où les héros modernes
sont ,•ètus ou nus à l'antique, les bas-reliefs

ou quatre cent mille personnes, clercs, nobles,
gens de robe, élerés par les jésuites cl les
collèges des uniYersités. Il était célébré en rcrs
français et en vers latins, il inspirai l le Lhéàtre
cl le roman, et la pompe des fètes décoratives
où le Roi s'habillait en soleil el les princes en
héros.
:
Un grand règne était allend u et prédit. La
chaire chrétienne annonçait qu'il se &lt;! remuait

même quand il le YOil en robe de chambrn 0 11
jouer au billard. li y a comme une conspiration uniYcrsclle à lui rnuloir du génie. La
grande puissance et autorité de Louis Xl\'
viennent de la conformité de sa personne arnc
l'esprit de son temps.
li fut un amant de la gloire. li a déclaré
cet amour à toute occasion : cc L'amour de la
gloire ra assurément devant tous les aut1·es

1. Une gravure mise au frontispice d'une traduction
d'un traité de Hobbes représente un géant sortant â
mi-corps d'une montagne, couronne en tête, l'épée
tians la main droite, la balance dans la main gauche.

Son buste et ses deux bras sont couverts d'une infinité
r ersonnages to~l petits, hommes, femmes, gens
d eg:füe entassés. Voir , _dans Lacour-GaJel, l'Education
politique ... loul le Livre Il « la theorie du pomoir

P. Janet, Histoire de la science poli~ique, 2• édition,
2 vol. , Pam , 1887, les quatre premiers chapitres dn
linc IV.

•

I. -

HISTORIA. -

F se. 3.

d?,

r oyal chez les contemporains de Louis XIV », el daus

�1l1ST01{1.JI - - - - - - - - - -- - - - - - - - - - - - ~ - - - - - - - - - ' - - - - - -- - - - 6
dans mon àme. » li le compare da11~ Sl'~ mémoires au vrai amour :
« ... La chale11I' de mon ùgc et le Msir l'iolc11l que
j'avais d'augmenter mH rrputation me donnaient 1111c
très forte pa~sion ,!'agir, mais j'éprou,·ai dès cc mo/ mc11l ql1C l'amour de la idoi,·c a les mêmes &lt;lélicalcsscs,
ri, si j'ose dirr, le· mèmcs timidités &lt;1uc les plus
le11drcs ptts~ions, car autant j'al'ais d'Hrdcur pour me
signaler, autanl a\'ais-jc d'appréhension de l'ailli_r, t;t
,·rgardanl comme uu grand malheur la honte qu, sui t
lrs moi11cll'CS fou tes, je l'Oulais prendre dans ma con1l11itc les der11iè1·rs p1·éct1ulions.... Je me trouvais 1·ctar1lu et p1·cssé prc que ,·gaiement par un seul et même
dt'sir de gloirn. •

li voult11, dans cette concupiscence de gloire,
aussi forte en lui que celle de la chair, ètrc
oforieux comme Auguste, le protrcteur des
lettres, comme Conslanlii1 cl Théodose, les
protecteurs de l'Église, c?n:imc Justinien'. ,1~
lé«islatcu r ; il fau t, pensait-Il, (( de la rnr1ete
d:ns la gloire n. Mais il avait, tou t jeune,
&lt;( une secrète prédih,ction pour les armes 1&gt; ,
qu'il déplorera dans la confession suprèmc :
« ,J'ai trop aimé la guerre. 1&gt;
Ponr lui el pour ses contemporains, la gloire
des armes csl plus b elle, plus roplc c1ue les
autres: &lt;( la qualité de conquérant est cstim~e
le plus noble et le plus él~nS des Litres_&gt;&gt;. _Lin
roi fait la «ucrrc par fonction, par desunat.Jon
si l'on pc~1t dire. Quand il conclut la paix,
Louis Xl Vse Yan te que son &lt;( amour paternel »
pour ses sujets ait préralu sur sa « propre
ofoire »; ses sujets l'en louent comme d'un
~acrifi ce cl d'un bienfait méritoires, el lni ,
pom marquer que la guerre est bien sa chose
à lui, les remercie de leur (( assistance 1&gt;. Toul
admire el célèbre la gloire des armes, le
Te Deum des égli es, les odes des poètes,
l'art des peintres, des architectes el des sculpteurs. DeYant lcs pein tres, les sculpteurs et les
poètes, qui attendent son geste, le roi pose.
Épuisés de louanges, ils le prient de suspendre
la pose un moment :
Grand roi, cesse ile "ai11crc ou jl! ccssr d't\cril'c....

Ce fatal orgueil et cell? passion de _la gl~!r~,
une seule force les aura1l pu contenu·, c ctail
la religion ; mais, par la religion comme la
comprit Louis XIV, 1'01·gueil fut aggral'é.
Le jeune Roi n'était pas encore &lt;( dévot»
e11 1661. Il ne paraissait pas mème qu'il dùt
le devenir. li était lout à la gloire, au lrarnil,
à l'amour et aux fètes . li allait de Pari à
Saint-Germain, à Chambord , à Fontainebleau,
à \'crsaillcs, délaissant de plus en plus, en
allcndant qn'il le quillàt et le rcniàt, Paris
que la Fronde al'ait déshonoré. Le premier été
passé it Fontainebleau, aprrs la mort du cardinal, fut délicieux. )ladame de La Fayette a
raconté. ces journées, où la toute jeune Com
s'en allait par la forèt se baigner à la riYièrc,
puis rc1·enait au chàteau ; les dames à cheval,
habillées &lt;ralamment, avec mille plumes sm
o
. d
·leurs tètes, étaient accompagnées du Roi el e
la jeunesse. Après souper, on montait dans
des calèches, cl on allait se promener une
partie de la nu it autour du canal, au bruit
des violons langoureux. Pendant celle promenade du soir, le Roi &lt;( s'allait mettre près de
la calèche de La Vallière, dont la portière était
abattue, el comme c'était dans l'obscurité de

la nuit, il lui parlait avec beaucoup dl' commodité ». Pour La Vallière, la première des
mai'Lrcsscs déclarées, le Roi donna à Ver~ailles,
alors 1111 petit chàtcau dans un petit endroit,
la fètc des « Plaisirs de l'Ile cn('hantée n, qui
dura neuf jours au printemps de l'année 1664,
cl fut éblouissante et singulière. Molière y fut
le figu rant principal ; monté sur un char allégorique, il représenta le dieu Pan, le plus
paicn de Lons }es Dieux ; il célébra dans la
(! Princesse cl't,;lidc 1&gt; le droit d'aimer à torl
cl à lravers :
Dans l't,ge oü l'on est aimahle,
Rien n'est si beau que d'aimer ....

Enfin, le jeudi 12 mai, il donna les trois premiers actes de Tartuffe, celle comédie sacrilège
qnc la Compagnie du Saint-Sacrement travaillait à faire abolir. Le roi de France allait-il donc
se perdre dans la compagnie des libertins?
Il n'y pensa pas une minute. Sans doute, il
n'aimait pas à èlre contrarié dans ses amours,
el il n'était pas instruit en religion el jamais
ne s·y instruira; mais sa mère el ses confesseurs lui avaient donné des habitudes pieuses,
il récitait ses prières le matin .et le soir, il
égrenait son chapelet, il entendait la messe
Lous les jours, il écoutait a1·ec attention des
sermons longs cl nombreHx, el déjà il exigeait
des jeunes courtisans la bonne tenue à la chapelle et l'apparence dt' la dérnlion. Il avait,
d'ailleurs, pour aimer la religion, de ces raisons personnelles, qui, sans brnil, sans débat,
inaperçues par la conscience, conduisent les
personnes. a naissance avait été un miracle,
que le Roi Louis XIll cl la Heine Anne, après
de longues années stériles, obtinrent par des
,·œux et des prières. On l'a surnommé Dieudonné. En reconnaissance de sa venue, la reine
.\nnc a dédié l'Eglise du \'al de Gràce « A
Jésus naissant et à la \ïergc Uère ». On lui a
dit tout cela, comme aussi qu'il esl le Roi très
chréLien et le fils ainé de 1'8glise. Ces choses
a"réablcs
à entendre, il les a crues. Il ne dot/le
0
pas qu'il ne soit béni entre tous les hommes
cl le plus proche de Dieu.
Le voisinage de Dieu negènail pas Louis :\IV.
Les prètrcs hù disaient qu'il était homme et
poussière, mais il ne les croyait pas. Euxrnèmcs le croyaient-ils? li leur entend-ait dire
aussi qu'il était !'image de la dil'inilé: &lt;( 0 rois!
l'Ous ètcs comme des Dieux! 1&gt; Il a exprimé
par des maximes singulières comme celle-ci
ses dernirs envers Dieu : &lt;! Dieu est infiniment
jaloux de sa gloire. Il ne nous a peuL-ètre faits
si grands qu 'afin que nos respecls l'honorassent
daYan Lage. n Il établit donc sans embarras,
arnc une sincérité évidente, entre Dieu et lui
le régime de la réciprocité. Il croit q1ie Dieu
a besoin de lui dans une certaine mesure.
Après qu'il a raconté ses premiers succès, il
ajoute qu'il se sentit obligé de le remercier. li
énumère toute une série d'actes de sa gratitude : règle adoptée pour réduire &lt;( les gens
de la Religion Prétendue Réformée Il aux
termes précis de l'Édit de Nan les, interdiction
d'assemblées huguenotes, aumoncs faites aux
pam res de Dunkerque pour les ramener au
caLholicisme, démarches auprès des Hollandais
""1

I3o \.\.. .

en fal'cur des catholiques de Gueldre, di~1wrsion des « communautés où se fomente l'esprit
de nourcaulé des jansénistes 1&gt;. Voilà, d'u1w
part, une paul're idée de Dieu, que le Roi
suppose troublé par la passion de la gloire,
Lo11t comme un misérable mortel, et, tfaulrr
parl, une hanlc idée de soi-même, cL, par la
combinaison de l'une et l'autre, un redoutable
pro"ramme, qni sera suil'i pendant tout le
0
règne
..\lais Louis XI\' veut encore que 1·on
ache qu'à l'occasion du juhilé, (( il a sum
une procession à pied , accompagné de ses
domestiques ». Tl semhic croire q uc Dieu, au
haut du ciel, penchant sa tète blanche, a regardé, non sans quelque plaisir d'amourpropre, le roi de Francl' St' donner la peine de
celle marche à pied.
De la beauté, de la l'igneur, de la gràce, un
naturel point méchant, un sens juslc cl droit,
l'amour du métier, l'idée noble du dcl'oir
professionnel cl l'applicaLion à cc devoir ; mais
une éducalion de l'espri t à peu près nulle,
une éducaLion politique insuffisante et corruptrice; puis cl surtout cette religion, cette
passion de la gloire, cet orgueil, ces legs du
passé pesant sur une personne après tout
ordinaire el qui ,i'a pas en elle de quoi faire
contrepoids à celte lalalité puissante et lourde;
cette personne en péril d'èlrc pervertie : péri l
que l'égoïsme ne de~•icnnc une adoration de
soi, que le sens juste el droit ne soit aveuglé,
que l'amour du métier el l'application au
devoir ne soient détournés des fi ns sérieuses
cl !!l'andes
vers les satisfactions d'orgueil pur,
0
que la prudence ne soil réduile à s'employer
en précautions et artifices pour préparer 0 1,
réparer les imprudences; péril d'une conduite
et d'une politique en rne de dithyrambes cl
d'arcs de triomphe, - tel s'annonçait, charmant, inquiétant, celui qu ·on appellera le
grand Hoi. Cc surnom, il fanl le lui l?i~se1:,
mais il est remarquable que personne n ail dit
que Louis XIV fut un grand homme. Il l'sl
crrand comme roi, comme officiant de la
~oyaulé. Les gloires des ancètres, la richesse,
la fortu ne cL la beauté de la France le revèlcnt
d'une splendeur qu'il porte comme le vèlcmcnt qui lui est nalmel. Du culte dont il e~~
l'idole, il est le grand prèlre croyant, de 101
tranquille, impeccable dans l'accomplissC'rncnt
des rites. Cc n·esl pas en vain qu'il s'csl proposé de montrer, comme il a d_it, &lt;! qu'il y a
encore un roi au monde ». ~on seulement
pour son temps, où les rois onl imilé son
palais, sa Cour, sa per"onnc, son ges_le, tout
son air, mais pour tous les temps, 11 est le
type de ce personnage qu'on appelle le 'Hoi. li
est un document el un témoin d"éclat clans
l'histoire de la puissance monarcbir1ue, qui esl
au si celle de l'aptitude étonnante des hommes
à l'admiration el à l'obéissance. Mais, dépouillé
de la ro)·aulé, il esl un &lt;( bonnète homme »:
comme il y en anit beaucoup en cc Lemps-l_a
à la Cour el à la Yillc. Ni La Bruyère ne fa1L
allcntion à lui, ni Saint-Simon.

•

ERNEST LA VISSE,
de l'A cadimi'e fr.rnçaise.

La Femme au

ll
Le Mariage.
Généralement le mariage de la jeune fille
e faisait presque immédiatement au sortir
du couvent, arec un mari accepté et agréé
par la famille. Car le mariage était a,·ant tout
une affaire de famille, un arrangement an gré
des parents, que décidaient de considérations
de position cl d'argent, des com·enances de
rang et de fortu ne. Le choix était fait d'arancc
pour la jeune personne, qui n'était pa consultée, qui apprenait seulement qu'on allait
la marier très prochainement par l'occupation
oü toute la maison était d'elle, par le mouvement des marchandes, des tailleurs. par
l'encombrement des pièces d'étoffe, des' 0eurs.
des dentelles apportées, par le travail des
couturières à son trousseau.
De la cour qui lui était faite, de l'amabilité
que dépensait un jeune mari pour sa fiancée,
nous a,·ons, dans les comédies, le Lon léger,
l'impertinence cavalière et pressée d'en finir.
« Ab! remerciez-moi, - di t-il, - vous êtes
charmante, cl je n'en dis presque rien .... La
parme la mieux entendue.... Vous al'ez là de
la dentelle d'un goùt qui, cc me semble....
Passez-moi l'éloge de la dentelle... . Quand
nous maric-t-on 1? »
Et encore ~lcrcicr aceuse-L-il d ·une grosse
illusion ou plutôt d'un impudent mensonge historique les auteurs comiques du temps pour
montrer sur le théàtre une cour, si peu filée
qù'elle soit, faite par l'homme à la jeune fille
qu'il doit épouser, quand chacun sait que les
filles de la noblesse cl mèmc celles de la haute
bourge:oisie restent au courent jusqu ·au mariage cl n'en sortent que pour épouser 1 . Au
reste, sur le lrain expéditif des unions du
Lemps, sur lem· mode d'arrangement cl de
conclusion entre les grands-parents, sur le
peu de part qu'y avaient les goùts ou les
répugnances de la jeune fille, il existe un
curieux document, parlant comme une scène,
vif comme un tableau, et qui va nous donner
une idée complète de la façon dont le mari
était présenté à sa future femme, et du temps
r1u'on laissait à celle-ci pour le connaitre,
l'aimer et se fai re aimer; c'csL le récit du
mariage de Mme d'Houdctot.
1. Théâtl'C de )larirnux. Le Petit-/Jlaitre col'l'ig,'.
2. Lire dans les Tablr.aux des Alœurs du temps,
par de la Popclinièrc, le récit d'une entrevue au
pm·loir d'un coment d'un homme présenté avec une
jeune fille qui doit de,·cnir sa ffmme sous huil jours.
La mère dit à sa fille : « Tout csl con\'enu cuire illl l'l
moi; il n'y a plus qu'à signer les articles, qu'il l'flu,

XVI/Je siècle

.\1. de Rinville est venu proposer it )1. de au milieu du froid et de la gène de ces deux
Bellegarde un mari pour sa fille .\fi mi, dans familles entièrement inconnues l'une à l'autre,
la personne d'un de ses anièrc-cousins que l'on signait les m·ticles. Pendant la lecture, le
l'on dit ètre un très bon sujet. Comme M. de marquis d'lloudetot remettait à Mlle de Bl'llcBellegarde est un excellent père et qu'il ,·eut gardc comme présent de noces cieux écrins de
avant tout que le jeune homme « plaise à sa diamants dont la l'alcur restait en blanc dans
fille ». - c'était une phrase c1ui se disait, le contrat, laute d'avoir eu le temps d'l'n faire
on prend jour ; cl Mimi ayant élé bien pré- l'estimation .
venue, parce qu'elle a l'hahitudc de m' jamais
Toul le monde signait; on se i11ellail i1
faire atlcnlion à personne, l'on l'a diner chez table, et le jour de la noce étai t fixé an lundi
.\!me de Rinvi llc, où l'on Lrnurn tons les suivant 3•
Rinville cl tous les d'lloudetot du monde.
A cette union improvi~c qui nous 1·epréTout d'abord la marquise d'Iloudetot em- sente si nettement le mariage du dix-huitième
brasse toute la famille 13ellcgardc. On se met . siècle, 11llc de Bellegarde n'opposait pas plus
à table. Mimi est à coté du jeune d' Houdctot. de résistance que les autres jeunes filles du
)1. de Ri nvillc et la marquise d' lloudetot s'emtemps. Elle s'y laissait aller, elle s'y prètait
parent de M. de Bellegarde ; et au dc~scrl on complaisamment comme clics. La grande jeucause tout h:mt mariage.
nesse, l'enfance presque, l'àgc sans forces et
Le café pris. les domestiques sortis : &lt;( Te- sans volonté oü l'on mariait les jeunes filles,
nez! - dit bral'cmcnt le vieux .\I. de fünville, l'affection sévère, la tendresse sans épanche- nou sommes ici en famille, ne traitons ment, sans fami liarité, qu'elles trouvaient
pas cela avec tant de mystère. 11,ne s'agit que auprès de leurs mères, la crainte de rentrer
d'un oui ou d'un non. )Ion fils rous con,·icnl- au couvent, les pliaient à la docilité, les déciil ? Oui ou non; et à votre fille oui ou non de daient à un consentement de premier moumème, voilà l'item. Notre jeune comte est vement et qu'enlevait la présentation. D'aildéjà amoureux ; ,·otre fille n'a qu'à voir s'il leJ1rs c'était le mariage, et non le mari, qui
ne lui déplait pas, qu'elle le dise.. .. Pronon- leur souriait, qui les séduisait, qui faisai t
cez, ma filleule. 1&gt;
leur désir et leur rève. Elles acceptaient
Là-dessus, ~fimi rougit. Et Mme d'Escla- l'homme pour l'état qu'il allait ll'ur donner,
vclles cherchant it arrêter les choses, deman- pour la l'ic qu 'il devait leur ourrir, pour le
dant qu'on laisse le temps de respirer : «Oui, luxe et les coquetteries qu'il de,·ail leur perreprend M. de Rinville, il va.u t mieux traiter mettre. Et cette même Mme d'HondPlol l'ad'abord_les articles; et les jeunes gens pen- vouera un jour, un jour qu'elle sera un peu
dant cc temps causeront ensemble. - C'est grise du vin bu par son YOisin de tablcDiclcrol;
bien dit, c'est bien dit. » L'on passe, sur ce elle laissera échapper la pensée de la jeune
mot, dans un coin du salon. Et voilà )I. de fille et son secret dans cette confession naïve :
Rinrillc annonçanl que le marquis d'Houdetot &lt;&lt; .Je me mariai pour aller dans le monde, cl
donne à son fils 18.000 livres de rentes en voir le bal. la promenade, l'opéra t'l la coXormandie, et la compagnie de caralerie qu'il médie• .. .. 1&gt;
lui a achetée l'année d'avant : voilà la marUne autre lemme, Mme de Puisieux, répéquise d'IJoudctot qui donne « ses diamants tera cette confession de ~[me d'Houdclot en
qui sont beauxet tant qu'il y en ama ». ~f. de con,·cnant que devant la lcntalion d'une IJerBellegarde riposte en promettant 500 .000 li l'res li nc bien dorée, d'une belle li,•rée, de beaux
pour dot, et sa part de succession. Et l'on se diamants, de jolis chevaux , elle aurait épo usé
lève en disant : « Nous voilà Lous d'accord. l'hornmp le moins aimable pour avoir la b&lt;'rSignons le contrat ce soir. Nous ferons publier linc, les diamants, mettre du rouge cl dl'~
les bans dimanche; nous aurons dispense des mules 5.
autres, et nous ferons la noce lundi. »
A l'église retentissaiL une ou deux fois" :
Chose dite, chose faite. En passant, l'on di- &lt;( Il y a promesse de mariage entre /faut et
sait au notaire le projet de contrat, on allait faire Puissant Seigneur ... et Haule el Puissante
partdu mariage à toute la famille, et l'on re- Deinoiselle... fille mineure, de celte palombai tcbez M. de Bellegarde, où le soir mème, 1·oisse ... 1&gt; tandis que la gravure du temps,
fianccl' ensuite et ,ous mener à l'église. Je ne compte
pas \'Ous laisser plus de cinq à six jours clans cc
cou ,·cnl; pendant ce temps-là que je vous clo1111e
encore, il faut que vous trouviez bon que le comte
de ... vienne tous les jours dans cc parloir passer
une heure avec vous afin que vous vous connaissiez. o

, 3.. llémoires et Corrcspo11clanec de lime d'Épinay.
1 ans, 1818, vol. 1.
4. 1Jémoires, corl'espondance el ouvrages inédits de
Diderot. Pal'is, 181'1, vol. l.
5. Conseils à une amie, pa,· madame de P... Pa1·ù, 1 i49.
6. )lémoircs de la Jlépubli,1ue des lellt'es, vol. 26.

�111STOR,.1A

L.ll

A l'issue de la messe dn jour. les deux
Saint-Eustacbe, à une
appelée à encadrer d'un peu de poésie tous Molé' dans l'écrlise
0
.
tamillcs se réunissaient dans un grand repas.
messe
de
minuit,
éclairée
de
lustres,
de
giles actes de la l'ie, jetait en marge des lettres
oi1 la plaisanterie du temps assez vive, salée
&lt;le faire part ses allégories mythologiques 1 . randoles, de bras, de six cents bougies, - une
d'un reste de gaieté
·.\rrivait la veille
gauloise, jouait brudu mariage. La faLalemcnl avec la pumillr cl les amis 1·cdeur de la mariée.
naic11t visiter, a&lt;l miLà aussi, la poésie
rer, tri tiq ucr la corsr
répandait
en épitbabeille 2 à laquelle rien
lames dont les meilne manquait que la
leurs allaient prendre
uomsl', remise à la
place dans les Merfiancée, comme nou,
c:ures, les Nouvelles
le rnrnns par uni•
secrètes. Puis, d"orgrarn;·c d'Eiscn. dans
dinaire, les époux
un joli sac, cl &lt;le la
prenaient congé : car
main à la main, par
il était d'usage d'aller
le fiancé après la céconsommer le marémonie du contrat•.
riage dans une terre.
Le jour de la céléLa mariée, c'était enuraLion ~u mariage,
core une habitudr asla mariér, grand('sez suivie, embrassait
ment décollelér, ayant
cbaque femme conYiéc
des moucbes, du rnuà sa noce, lui donnait
"C cl de la fleur d'oun sac et un éventail ;
"ranger, l'ètuc d' une
et, cela fait, partail
robe d'étoffo d'argent
avec son mari 1 •
«amie de nacre l'L de
Au delà de ce mo"brillants, portant dl's
ment, en tout aulre
souliers de mème
temps, l'histoire r t
étoffe. avec des rosetlrs documents s'artes i, diaman ts\ était
rètcraient.
conduite par deux
Mais l'art du dixcbe,·alicrs de main.
huitième siècle n'eslL'annonce du départ
il pas un art indiscret
pour l'églisr l'al"ait
par excellence qui ne
arrachée à son mirespecte point de mysroir : &lt;&lt; clic entrait
tère dans la vie de la
dans le' temple ; clic
femme, et qui semperçait un amas de
bl c n'avoir j a mai
peuple qui rclcntiss~it
trouvé de porte ferdP ses louanf(rs cl
mée dans un appardont elle ne perdait
tement? li ne _nous
pas une syllabe ; elle
fera pas gràcc du couprononçait un 011 i
cbcr de la mariée 8 ; et
dont clic ne senlait ni
l'oici, dans une jolie
la force ni les obligagouache, la jeune femtions ". » Parfo is ,
me en déshabillé de
pour étaler plus de manuit, un genou sur la
L ' ACCORD DU MAR IAGE. G,·aµure de R OBER~ G ,\ILLARD, d'après Etse:-i,
gnilicl'IICl', on cboicouche entr'ouverte,
sissait par rnnilé la
les ycu x baignés de
nuil pour celle célC-.
pleurs;
son
mari
à
ses
g~n~ux, à ses pieds,
bralion. L(' maria~l' avait lieu, comme celui messe qu i taisait tenir cent hommes du gucl
~emblc
l'implorer;
une
su11·ante
la soutient et
6
de la fille de Sam uel ficrna,·d arec le président au porlail •
t. La Bihliolheque nationale !Cabinet de~ cslam~cs_)

a consrrvé les deux prcmic,·s b,lfcts_ 1mp1:11nese11voyes a

Paris c11 11:;tpoura1111oncerunccëlebral1011 de maria!l'e.
sont les IHllcls de 11mcde Pous, el de la marqu,s_c
,1,. Caslrll,111r. Jusf1uc-li1. dit \laurepas, on donnait a,:,s
aux p&lt;1rc11ts pt11· UIIC visite ou pa1· un billet rnanusu1l.
,le pussl'tle plusieurs lettres de (aire part ,lluslrncs
du ,lix-huili,•mc sièct,,.
Le billet de l'airn part ,1'u11 mariage eu même temps
que lï 11ritation à la Jië11édielion nuptial~ rst c11corc.
e 11 t ï6U. écrit à la main. 11 est entoure d u11 cnca_tlrcmeul de pahnie,·! arec, en., haut, un ~u\el, ou
lïl vmm allume les cierges de I epoux cl de, 1epomc
eu· tu11iques; en . bas, des Amours encha111cnl le
Temps avrc des gmdandes de ,·os?S.
Qucl11uefois, il .Y a lettre_d; l'a,!·c pai'L du n~ar,agc
cl lcllre d'invitation à la bcncd1cllon nuptiale. routes
deux soal imprimées.
,
,
,
.
La lctt1·e de faire pao'l est orn cc en tete_ d une v1gnclle où deux fianc~s, da11s le goût des ,Peht~s figures
des Idylles de Berqu111, se p1·esse11t au pied tl un autel
dit l'Amour lient une couro1111c.
Cc

Voici le texte de la lcllrc de foire part :

M.

Al.
.
l'honneur de vous faire part du Atl1rwge
de M. avec
L'invitation à la bé nédiction nuptiale - sortant dP;
chez le sieur Croiscy, rue Saint-André-~e_s-Arls, &lt;1u1
tient divers billets d'invitation et de Y1s1le, - est
entourée d'un très joli catlre rocaille,_au ha?t duquel
à une guirlande est atla~hé _un_ médaillon ou des colombes se becquètent. L 11w1lal!on porte :
Jlf.
l"o,is êtes prié de la pai·t de

,u.

ftf.
(afre l'honneui·d'assisterà / a 8 éne'd"iclwn

nuptiale de ,11
avec A}
,
q ui leu1· sei-a donnée ce . , ·I 16 , . a .
heures du 111ali11 en l'Eglise va1·01sswle.
Un billet de la fin du siècle, sortant de _chez ~cmaisons, peintre, rue Galande, ~t où se voit en tete
un enfant nu, un hochet à la mam dans une corbeille

de ll~urs, annonce ainsi la nai · ance de l'enfant :
AI.
'I
J'ai l'honneur de vous (afre part del ieul'ettx
accottChemenl de mon épouse.
.
la Mère et L'Enfant se portent bien.
Le
'
J'ay Cho1111ew· d't,t_1·e
.
2. Adéle cl Thêo&lt;lorc, ou Lellres sur I cducallon.
Patis, 1i82.
.
.
~- L'Accord du Mariage, par Eisen , gral'c par
Gaillard.
1 · I'
4. Les Co11 Lcmporaincs, ou A,·entures des .P us JO 1cs
femmes de l",\ge présent, ·t i80, vol. O. La JCUne fille
du grand monde ne se mariait pas toujour? en bl~n~.
La galei-ie des Modes el Costumes f,·ançais dess~nes
d'ap,·t s 11ature et puLliès c!1ez Esn_au~ ~• Rapilly,
nous montre une jeune mar,ce mencc a 1autel ~a(15
une grande robe sur moyen panier, une robe en pekm
bleu de ciel garnie de gaze et de neurs blanches.
5. Les Nouvelles Femmes. Ge_nève, 1761.
6. Journal hislorique de Barb(Cl', vol. 2.
7. Mémoires de Mme de Genlis, rnl. 2.
•
8. Dans le grand, le trés grand monde, pcut-etre

FE.MME .JIU XY111" S1ECLE

l'cncouragt', pendant qu'une au tre chambrière
tient l'éteignoir lcré rnr les bougies &lt;les bras
de la glace' . Qu'on se rass ure pourtaut : le
peintre a 1111 peu arrangé la scène pour le
d1·amatifJUl' et l"c!Tet. Didrrot rendra la Yérité
au tableau en ne prètant à l'innocence qu'une
seule larme, en la montrant, lorsqu'elle va
1·crs le lit nuplial, sans femmes de chambre,
n'ayan t point la honte de rougir dcrnnt son
sexe, soutenue seulement par la Nuit t .
Le séjour &lt;les époux à la campagne était
comt. La femme revenait 1·ite à Paris. ~lillc
choses J'y appelaient. Elle al'ait à rendre ses
l'isitcs, à prmdrc possession de sa position, à
jouir de Sl'S nou1•eaux droits. Elle était impatiente de faire rnir &lt;! son bouquet et son chapeau de 11ouvelle mariée 1&gt; à l'Opéra. La
coutume, à Paris, dans le grand monde,
obligeait pres11ue une jeune femme à ne pas
laisser passer la semaine de son mariage sans
se montrer à !'Opéra arec tous ses diamants•.
Il y avait mème un jour choisi pour y paraiLre, le vendredi, et une loge spéciale allectéc
aux mariés titrés et de condition, la première
loge du coté de la reine. Puis, anrnt tout,
l'impatience était vive chez la femme d'ètrc
préscntéo à la cour.
La présentation, queUe grande affaire! Elle
al'ait pour la femme l'importance d'une consécration sociale. Elle lui donnait sa place,
elle la faisait asseoir dans le monde, à son
rang; clic la sortait de celle situation douteuse, équivoque mèmc aux yeux de la cour,
de celte demi-existence des femmes non présentées et n'ayant point eu cc rayon de Versailles qui semblait tirer la femme des limb~s.
Et quel jour solennel, le jour de la présentation! Aime de Genlis nous en a gardé toute
l'histoire. Il faut l'Oir Mme de Puisieux la
faisant coiller trois fois, et à la troisième fois
n'étant pas encore tout à fait contente, tant
une coiffure de présentation demande de
talent, de travail, de patience. Mme de Genlis
coi!Tée, c'est la poudre, c'est le rouge; puis le
grand corps avec lequel on veut qu'elle dine
pour en prendre l'habilude. A la collcretlc,
une discussion sans fin s'engage entre la maréchale d'Estrées et ~hne de Puisieux; quatre
fois on la met, quatre fois on l'ôte, quatre
fois on la remet. Les [emmes de cbambre de
la maréchale sont appelées à décider : la maréchale triomphe; mais cela n'arrèle point la
discussion, qui dure encore tout le diner. On
passe à la fin de la toilette, à la mise cl u panier
el du bas de la robe. Puis arri l'e une grande
répétition des révérences que Gardel a apprises;
et ce sont des conseils, des rema1·crucs, des
critiques sur le coup de pied donné par
)Imc de Genlis dans la queue de sa robe,
lorsqu'elle se relire à r eculons, coup de pied
que l'on trouve trop théâli'al. Puis enfin, au
moment du départ, c·est enc"orc du rouge
foncé que Mme de Puisieux tire de sa boite à
mouches et dont elle rougit tout le Yisage de
Mme de Gcnlis4 •

Imaginez au lendemain &lt;le la présentation
celle jeune femme s·avançant sur· telle scène
du·grand monde dont la nouveauté l"élJlouit,
l'étourdit, effrayée par le public, étonnée par
celte société qui la regarde, et au Lrarers de
laquelle elle marche d'un pas hésitant, comme
en un pays plein de surprises. La Yoilà encore
ignorante, ingénue, obéissant aux timidités de
son sexe et de son éducation, aux insti11cls de
son caractrre, réscnéc, modeste, ind ulgente,
douce aux autres, laissant échapper Lou les les
naï1·etés naturelles de son àgc, de son l'spril,
de son cœur ; la l'oilà avec cette contenance
un peu gauche, arec cet em barras r1ui ne se
dissipe point aux premiers jours, a1·cc celle
maurnisc gràcc de l'innocence qui fait sourire
les l'icillcs femmes ; la l'Oilà a1·cc cc petit air
effarouché, l'air d'un petit oiseau qui n'a
encore appris aucun des airs qu ·on lui siffle 5 ;
la 1·oilà faisant de petits sons qui n'aboutissent
à rien, mettant un quart d"hcure à reYenir à
elle après une rél'ércnce, ne sachant à peu
près rien dire, rien jouer, 11i rien cacbcr, pas
mèrne un commencement de tendresse conjugale, le dernier des ridicules ! C'est alors
que par toutes ses l'Oix le siècle l'al'cr'lit, la
reprend, la conseille et lui fait la leçon avec
son persiflage : :Écoutons-le : ,, Comment! il
y a six mois que le sacrement \'Ous lie, et
vous aimez encore votre mari! \'otrc marcbandc de modes a le mème faible pour le
sien; mais l"OUS êtes marquise .... Pourquoi
cet oubli de \'Ous-mèmc lorsque 1·otre mari
est ausen t, et pourquoi vous parez-vous lorsqu'il 1·crit•nt?... Empruntez donc Je code de la
parure mod(•rne; \'Ous y lirez qu'on se pare
pour un amant, pour le public ou pour soimèmc .... Dans quel tra,·ers allicz-\'Ous donner
l'antre jour? Les chevaux étaient mis pour
vous mener au spectacle ; 1·ous comptiez S\Ir
votre mari, un mari français! Youlicz-1·ous
donner la comédie à la comédie mème? ...
Gardercz-rous longtemps cet air de résrrre si
déplacé dans le mariage? Un carnlicr 1·ous
trou\'C belle, rnus rougissC'z ; ou nez les yeux.
Ici les dames ne rougissent qu'au pinceau ....
t,;n l'érité, Madame, on 1·ous perdrait de réputation. Eh quoi! d'abord une antichambre à
faire pilié, des laquais qui se croient à Jlfonsietw comme à Madame, qui imaginent qu'ils
ne sont en maison que pour travailler, qui
ont un air respectueux pour un honnète
homme à pied qui arrin·, qui tirent une
montre d'arg('nt si on demande l'heure, des
laquais sans figure et qui sont de trois grands
pouces au-dessous de la taille requise ! ... Vons,
Afadarnc, on rnus trouve levée à huit heures :
si vous sortiez du bal, rnus seriez dans la
règle. Et r1uc faites-l'ons? 1·ous ètes en conférence a1·cc votre cuisinier et votre maitre
d'hotel.... Enûn il vous sourient que vous
al'CZ une toilcllc à faire. AJais que ,·ous en
connaissez peu l'importancr, l'ordre et les
cleroirs ! Vous n'avez que dix-huit ans cl rnus
y èlcs sans hommes, on y \'OÎl deux femmes

qu e rous ne grondez jamais, La première
garniture qu'on rnus présente est préciséml'nl
celle qui rous convient. La robe que l'OUS
a rez demand1(e , l'Ous la prenez elleclil'emcnt. ... Le diner so11nc et vous roilà dans
la allo de &lt;"Ompagnic lorsque la cloche parle
encore. :'\"y avaiL-il plus de rubans à placC'r ?
liais quelle e~t la surprise de tout le monde?
YotrP maitrr cl"holcl rient annoncer à Jlon.~ieu1'
&lt;1u 'il est scrri .... ,~près la table vous roulûtcs
pousser la co111·crsalion. Songez que mus èles
il Paris. L't•nnui appela bientot le jeu; je 1·ous
vis bàillcr, et c'était la comète! un jeu de la
cour. A propos, il m'est ren•nu qu'on la ,jouait
depuis quatre jours lorsq ue l'0US dcma11dàles
ce que c"étail. Cnc bourgeoise du Marais fit la
mème question 11• mème jour .... On étala
pour intermède les sacs à ouvrage. Qu ·est-cc
qui sortit du 1·0Lre? des manchettes poli!'
rotrc mari. Sera-cc donc en vain r111e laFra11cc
aura inl'cnté les nœuds pour distinguer les
maifis de condition des mains roturièn ·s '1•••
\'ous vous placez sans avoir dit aux glacl's
que vous ètcs à faire peur, &lt;1uc· rous èll'S
fai te comme une folll' .. .. 'Yous allrz aux Tuileries les jours d'oprra et au Palais-Ho~·al h
autres jours. Yous faites pis, on vous y l'Oit
le matin.... On croirait que vous ne cherchez
la promenade que pour hicn vous porter. l~t
lorsque l'Ous y parai-st•z aux. jours marqués
et aux. heures dfrcn les. comment ètcs-1·ous
mise? l'aune de 1·0s dl'nlellcs est à ci111pia11tc
écus.... Que fai irz-l'ou · dimanche dernier
dans l'Otrc paroisse, à dix heures du matin?
Déjà babillée! Et qui le croira? san~ sac!
l~st-ce ainsi? Est-cc à dix heures? Esl-ee dans
sa paroisse qu'une lemme de condition en tend
la messe? Est-il bien \'l'ai que vous assis lez
aux rèpres? Le marquis de '** vous rn ac(' uSe,
en disant que rous faites ridiculc1m•11l 1·0Lre
salut. On pourrait rous passer qurlr1ue, sermons, mais janrnis ce11x r1ui conrrrlis,('nt :
une jolie femme est failc pou r les jolis sermons : ils s'annoncent assez par l"al"llt11•11ce
des équipages et le prix cb chaise~. 11 est
ignoble de s'édifier pour dCllx sols.... » Et
ainsi continue la raillerie, l'inslructio11 sur
tout cc qui manque il la jeune femme. Quoi?
point de gràCt"S it s'rffrayer d'une souris,
d'une araignée, d'nnc mouche! point de gràccs
à se plaindre du mal que l'on sent! point de
gràccs à se plaindre du mal que l"on 11e sent
pas ! Point mèmc de gràccs d'ajustement :
des robes de goùt, il est 1Tai, mais les garnitures ne sont pas de la Duchapt. Pui un
panier dont le diamètre est tronqué d'un
pied, et qui n •est pas de la bonne faiseuse ;
de beaux diamants, mais ils ne ont pas montés par Lempcrcur. Et les gràccs du langage,
quelle pauHeté! La jeune femme ne parlet-ellc pas al'CC la dernière des simplicités?
Polll' les gràces de caprice, c'est encor&lt;· pis :
elle est là-dessus d'une misère ! Si die a
demandé ses -chel'aux pour les six. heures, on
la voit en carrosse à six heures; le jeu qu'elle

seulement choz les princes, un usage cons&lt;'rré de
l'ancienne galanterie exigeait du marié quïl n"cnlràt clans le lit de sa femme que le corps complètement épilé; c'est ainsi -&lt;JUC ~r. le duc d"Orléans,
au témoignage de li. de l'alcnçay qui lui donna

lume 2.

la chemise, se présenta dans le hl de )!me de
)lonlcsson. 11émoires du règne de Louis XVI, vo-

2. Œunes de Diderot. Salons d'exposi tion ,te lï67,
Belin, 1818.
3. Journal historique de Barbter, vol. 3.
4. Mémoires de :Ume de Gr nlis, vol. ·t .
5. Lcllrcs de la marquise du Deffand, 1812. rnl. l

1. Le Coucher de la Mariée, peint par Baudouin,
gravé par Moreau.

�111STORJJ! --------------'--------:c---------- -----------------=-- ~
a proposé, elle le joue réellement ; la personne
qu' cl le a reçue si bien hier, elle l'accueille
encore aujourd'hui. Bref, elle est toujours la
mèmc, elle a de la suitr, de la constance :
cela 1•~l du dernier uni, - un mol qui dit
tout en ce Lemps elqui condamne sans appel 1 !
Dans celte leçon ironique donnée aux ridicules de la jeune fomme, il y a, caché sous la
satire. le code des usages du Lemps, la constitution secrète de sl's mœurs, l'idéal de ses
modes sociales.
Au milieu du mensonge aimable de toutes
choses, sous lcciel des salons et le firmament
dès plafonds peints, entre ces murs de soie
aux couleurs célestes ou lleurics répétées par
mille glaces, sur ces sièges où se dessinent
les lacs d'amour, sur la marq uetcric des parquets, au centre de cc petit musée de raretés,
de fantaisies, de petits chefs-d'œuvt·e, de
bijoux cl de fantoches répandus dans les
appartements,' à la campagne mèmc, dans ces
jardins qui ne sont plus &lt;]Ue terrasses, berceaux, escaliers, amphithé.Hres, bosquets, la
femme romprait toute harmonie si elle ne se
dél'aisait de la simplicité Pl du naturel. Dans
ce ~iècle de remaniement universel , d'enchanLcm1•nt général, pliant tout ce qui est matière à l'agrément factiCt.• d'un style à son
image, refaisant jusqu'aux aspects de la terre
cl les arrangeant à son goût, meltanl partout
aulour de l'homme et dans l'homme mème,
j11sr1u·au fond de sa pensée, la com·ention de
l'art, la femme est appelée à èlrc le modèle
accompli de la conrenlion, l'enfant de l'art
par excellence. li faut qu'l'lle prenne tous les
accords de ce trmps el de cctt{l société, qu'elle
atteigne à toutes ces gràces artificielles, &lt;1 gràces de hasard fol'll1écs après coup, que la
vanité des parenls a commencées, que l'exemple cl le commerce des autres femmes arance,
qu'une étude personnelle arrire à finir 2 • »
Oes grâce · de mode, le monde en demandera
à Loule sa personne, à son habillement, à sa
marche, à son geste, à son attilttdc. li exigera
d'elle, dans les riens mème, celle distinction,
celle perfection de la manière r1u e cherche cl
pour uil, sans pouvoir jamais l'atteindre,
l'i111ilation de la bourgeoisie. li lui imposera
cclle charmante comédie du corps, les penchcnwnts de tête, les sourires négligrs, les
rengor gements d'ostentation, les œillades, les
morsures des lh rl'S, les grimaces, les minauderies, les airs mnlins3, et ce jeu de
1'1:wntail sur lequel Carracioli a presque fait
un traité: l'éventail, que l'on voit jouer sur la
jom·. sur la gorge, arnc nnc si jolie prestesse,
donl le cli cli annonce si bien la colère, dont
l'allée cl la Yenuc, comme une aile de pigeon,
marque si bien le plai ir. E:t la satisfaction,
dont le coup mig11onnonwnt · donné arec un
Finisse::: donc rcul dire tant de choses! Et
que d'autres coquette1·ie~ ü apprendt'e : la
façon de s'adonisN. de se moucheter, de se
brillanter, de se présenter, de saluer , de

manger, de boire en clignotant des ye ux. de
se moucher • !
Façon, physionomie, son de 1·oix, regard
des yeux, ,:tégance de l'air, affectations, négligences, recherches, sa heauté. sa tournure,
la femme doit Loul acquérir r i tout l'l'cc1·oir
du monde. Elle doit lui demander S&lt;'S L'xprcssions mèmes, ses mots, la langue 11011rclle
qui donne un éclat, une 1·irncité il la moindre
des pensées d'une 'femme. Accoutumé il tout
vouloir embellir, à Loul peindre, 11 Lout colorier, à prèter au moindre gcsle une impression d'agrément, au plus pl'Lil sourire une
nuance d'cncl1antrmcnt, le sièclr rcul qtw lrs
choses, sous la parole de la fcn 1111r, se subliliscnt, se spiritualisent. se dil'inisrnl. Étonnant! miraculeux .1 divin! ce sonl les épithèLes courantes de la causcrir. 1;11c langue
d'extase cl d'ex.clamalions-, une langut' qui
escalade les superlatifs, entre dans la langue•
française cl apporte l'enflure à sa sobrirti . On
ne parle plus que de gnîces sans nombre, de
perfections sans fin. A la moindre fatigue,
on est anéanti; au moindre contre-temps, on
est désespùé, on esl obsédé p1'odigieusement.
on est suffoqué. Dé~irc-t-on une chose? On c11
est folle à perdre le boin el le manger.
Un homme déplai't-il? C'est itnhomme àjete,·
par les fenêtres. A-t-on la migraine? on est
d'une sottise rebutante. On applaudit à tout
rompre, on loue à outrance, on aime à miracle 5 • Et celle fièvre des expressions ne
suffi L pas : pour èLrc une femme c1 parfaitement usagée &gt;&gt; . il est nécessaire de zézayer,
de moduler , d'allcndrir, d'efféminer sa 1·oix,
de prononcer , au lieu de pigeons et de choux,
des pizons cl des sou.x 6 •
Mais ce n'est point seulement le personnage
physique de la femme que la société change
ainsi cl modèle i, son gré d'après un type
conventionnel : elle fait dans son être moral
une rérnlution plus grande encore. A sa l'oix,
à ses leçons, la femme réforme son cœm· cl
renoul'cllc son esprit. Ses sentiments natifs,
son besoin de foi, d'appui, de plénitude, par
une croyance, un dél'oucmenl, la règle dont
l'éducation du couvent lui avait donné l'habitude, clic dépouille toutes ces faiblesses de
son passé, comme elle dépouillerait l'enfance
de son ùmc. Elle s'allège de toute idée sérieuse, pour s'élcl'Cr à ce noL1vèau point de
vue d'o ù le monde considère la vie de si haut,
en ne mesurant ce qu'elle renferme qu'à ces
drux mesures : l'ennui ou l'agrément. Repoussant ce qu'on appelle &lt;1 des fantômes de
modes Lie cl de bienséance », renonçant à
toutes les religion , à toutes les préoccupations dont son ~exe avait eu en d'autres siècles
les charge , ks pratiquc.s, les Lristesses assombrissantcs, la femme se met au niveau cl au
ton des 11011rcllcs doctrines: el elle arrive à
afficher la facilité de celle ~agesse mondaine
qui np l'Oit dans l'exis tence humaine, débarrassée de toute obligation sérère, qu'un grand
droit, qu'un seul but providentiel : l'amu-

semcnl ; qui nr rnit dans la femme, dllli1Tée
de la servitude du mariage, des habitudes du
ménage, qu ·un ètre dont le srul dcl'oir est de
mcttrn dans la société l'image du plaisir, de
l'offrir el de la donner à Lons.
Le mari auqu('I la fami lle jetait brn~q11emenl lajeunt' fille, ccl homme aux hras dnqud
elle tombait n'était pas toujours le mari répugnant, gros financier ou vieux seigneur, le
Lypc com·c•n11 que l'imagination se figure rt se
de~sine assez volonlil'rs. Le plus sourent la
jeune fille rencontrait le jrunc homme charmant du temps, quelque joli homme frotté
de façons el d'élégances, sans caractère, sans
consistance, étourdi, l'Olagr, cl comme plein
de l'air léger du siècle, un être de fri1·olité
tournant sur un fond de libertinage. Cc jeune
homme, un homme après tout, ne poul'ait se
dél'cndrc aux premières heures d'une sorte
de reconnaissance pour celte jeune femme,
encore à demi 1·ètue de ses voiles de jeune
fille, qui lui rél'élait dans le mariage la nou\'Cauté d'un plaisir pudique, d'une volupté
émue, fraiche, inconnue, délicieuse. Ct'pcndanl des tendresses jusque-là refoulées s'agitaient cl tressaillaient dans la jeune femme.
Elle était lroublée, Louchée par je ne sais quoi
de romanesque. Elle croyait entrer dan ce
rère d'une vie tout aimante, toute dévouée
qui avait tenlé el charmé au couvent son imagination enfantine. Le mari , de son côté, flallé
de tout ce lrarnil d'une petile tèle qui e
mo11tail, de celle fièvre charmante de sentimenls dont il était l'objet, le mari se laissait
aller à cette jeune adoration qui l'amusait; el
il encourageait avec indulgence le roman de la
jeune femme. Mais quand toutes les distractions des premières semaines du mariage.
présentations, ,~sites, petits voyages, arrangements de la vie, de l'habitation, de l'a1cnir.
étaient à leur fin , quand le ménage rcl'enait
à lui-mèmc el que le mari, 1·etombanl sur sa
femme, se trouvait en face d'une espèce de
passion, il arrimit qu'il se trouvait tout à
coup fort effrayé. li n'al'ail point pensé que sa
femme irait si l'ile cl si loin : c'était trop de
zèle. Homme de son ~iècle, mari de son
temps, il aimait amnl Loul &lt;1 le petit el
l'aimable des choses ». Que renait faire la
passion dans son ménage? li n'y avait point
compté. Elle ne conrnnait ni à son caractère.
ni à ses goùts. Elle n'était point t'ai te d'ailleurs
pour les gens nés cl élevés commè lui . htis
quelle terreur, quelle gène, qu elle aLteinle ü
sa liberté, 11 son plaisir, l'aLLachemcnL exalté,
jaloux, inquiet, les mines, les bouderies, les
exigences, les interrogations, les espionnages,
l'inquisition à toute heure, les scènes, les
larmes, les déclamations! L'ennui de la découl'ertc était grand chez 1111 homme marié
déjà depuis quelques mois cl sollicité, au plus
tard, à la fin ou premier , parla vie de garçon
qu'il avait enterrée à un souper de filles,
tiraillé par ses vices de jeune homme, par les
soul'enirs, l'appétit des ricillcs habitudes. la

·I. lfogale llcs morales. l,011d1·es, •1755. /,e l/re à une
dame a11g laise.
2. (F.uvres complètes de Marivaux, 178 1, vol. 9.
Pièce détachée.
:;_ Le Livre à la mode, nouvelle édition 111(11·-

queléc, polie el vemissée. En Europe, 100070060.
4. Le livre des quatre couleurs. Aux quatre cléments, 44!14.
5. Le P~pillotage, ouHage comic1ue et moral. A
/lotlerdam, 1iGï. - Le Grelot, ou les etc.. etc.

Lo11d1·es, 1781. - Angola, histoire indienne «vcc
privililgc du Grand Mogol, 1741.
6. Lettres rècréatives et morales sur les mœu,·s dn
Lemps à M. le comle de *;c;,, par l'au(cur de la Convcrsàlion a\'eC soi-même. Pa1·is, 1768.

LA

LE COUCHER DE LA MARIÉE.
G1·avure de MoRF.AU L E JEUNE, d'après B Auoou1N,

•
-w\/1

135 ""'

'F'EJlf.iJŒ .JIU

xrm· S1ÈCLE

�- - 111S TOR._1.Jl

-------------:---------------~-----;-;-----~

monolonic. d·un bonhl•ur qui n'étaiL p.is relevé
dl' coquinerie !
Un peu honteux, cl toul cela l'échauffait, il
Lâchait C'Cpcndanl d'ètrc poli aYcc cc grand
amour de sa pctilc fe mme, el il ses plainll•s
il répondait a\'Cc une ironie càlinc el une
indillërencc apitoyée, prenant le ton dont on
use arec les enfants pour leur faire entendre
qu'ils ne sont pas raisonnables . Puis il se
fai sail plus rare auprès d'eUe; il disparaissait
un peu plus apparemment chaque jour de la
maison conjugale. La femme alors, la nui t, à
l)Uatrc heures du matin, brisée d'insomnie et
écoulant sur son li t, entendait rentrer le
carrosse de )lonsieur ; cl le pas du mari ne

Ycnait plus à sa chambre : il montait à une
potitc chambre, auprès de Jà, rp1i lui donnait
la liberté de ses nuits et de ses rentrées au
jour, parfois, comme il arrirnit alors, à la
sonnerie de l'Angelus. Le matin, la femme
aLLcndai t. Enfin, à onze heures, )lonsir u1·
faisait demander cérémonieusement s'il ponYaiL se présenter. Reproches, emportements,
attendrissements, il essuyait tout a\"CC un
persiflage de sang-froid , ]~aisance de la plus
parfaite compagnie. La femme au sortir de
pareilles scènes se tomnaiL-cllc Yl'rs ses
grnnds-parents? Elle était Lout étonnée de les
voir prendre en piLié sa petitesse d"esprit, et
Lrailer ses grands chagrins de misères. Sur la.

figure, dan5 lt&gt;s parole,; dt• sa mère, il lui
semblait lire qu'il y avait une sorte d'indécence :1 aimer son mari de celle façon. Et au
bout. de ses larmes, clic trouvait le sourire
d\111 beau-frère lui disant : &lt;&lt; Eh bien! [ll'Cnons les choses au pis : quand il aurait une
maitresse, une passade, que cria signific+il '!
Vous aimera-t-il moins au fond i » A ce mol,
c'étaient de g1·ands cris, un déchirement de
jalousie. Le mari sm·1·enaiL alors et glissait t'II
ami ces paroles à sa femme : « ll faut ,·ons
dissiper. \'oyez le monde, cntrelenez des liaisons, enfin ,·il'CZ comme toutes les femmes de
rntre ùge. » Etil ajoutait doucement : «C'l'st
le seul moyen de me plaire, ma bonne amie. &gt;&gt;
E DMOND ET JULES DE

GONCOURT.

Talleyrand
Rue Saint-Florentin , il y a un palais el un
égoul.
Le palais, qui est d"unc noble, riche et
morne archilcctnre, s'c L appelé longtemps :
Hôtel de l'In(antado; aujourd'hui on lit sur
le fronton de sa porte principale : llàtel Talleyrand. Pendant les fJ tulranle ans ()U'il a habilé rctlc rue, l'hotc dernier de cc palais n'a
pcul-èlrc jamais laissé Lomber son regard sur
cet égout.
C'était un personnage étrange, redou té et
considérable; il s·appelai L Charles-Maurice de
Périgord ; il était noble comme ,facbiarcl,
prèlrc comme Gondi, défroqué comme Fouché, spirituel comme Yoltairc et boiteuxcomme
le diable. On pourrait dire que tout en lui
boitait comme lui ; la noblesse qu'il arnit
faite servante de la république, la prètrise
qu'il amit trainée au Champ de ~fars, puis
jetée an ruisseau, le mariage qu'il arait rompu
par vingt scandales et par une séparation rnlontaire, l'esprit qu'il déshonorait par la bassesse.
Cet homme amit pourtant la grandeur ; les
splendeurs d9s deux régimes se confondaient
en lui ; il ét.-1it prince de Vaux, royaume &lt;le
France, et prince de l'empire français.
Pendant trente a,1s, du fond de son palais,
du fond de sa pensée, il arnit à peu près
mené l'Europe. JI s'était laissé tutoyer par la

rérnlulion et lui aYait souri, ironiriucrnent il
est n ai, mais elle ne s'en étail 11as aperçue.
11 a rait approché, connu, obsen·é, pénétré,
remué, retourné, approfondi , raillé, fécondé,
Lons les hommes de son temps. Loutcs les
idées de son siècle, et il y aYait eu dans sa
vie des minutes 011, tenant en sa main les
quatre ou cinq ftls formidables qui faisaient
mournir l\ 111i1-crs cirilisé, il arnit pour pantin
Napoléon 1er, empcrcm des Français, roi d'Italie, protectèur de la confédération du Rhin,
médiateur de la confédéraLion suisse. Voilà à
quoi jouait cet homme.
Après la révolution de Juillet, la vieille
race, dont il était grand chambellan, étant
tombée, il s'était rctrou1·é debout sur son
pied et arnit dit au peuple de 1850, assis,
bras nus, sur un tas de paYés : Fais-moi ton
ambassadeur.
Il. avait reçu la confession de Mirabeau et
la première confidence de Thiers. li disait de
lui-mème qu'il était un grand poète et qu ï l
arait fait une trilogie en trois dynas ties :
acle Jer, l'Empire de Buonapai·le; acte Il",
ln maison de Bourbon; acte me, la maison
rl'Orlea11s.
Il avait fait tout cela dans son palais, et,
dans cc palais, comme une araignée dans sa
toile, il avait successircmenl attiré cl pris
héros, penseurs, grands hommes, conqué-

rants, rois, prin('rs, empereurs, Bonaparlt•,
Sierès, i\lmc de Staël, Chalcaubriand, Brnjami~ Constanl, .\lex.andre dt' nussie, Guillaume
de Prusse, François d'.\.ntl'iche, Louis X\"l ll ,
L0tùs-Pbilipp(', loulcs lt'S mouches dorél's et
rayonnantes qui bourdonnent dans l'histoire
de ces quarante clernii.·res années. Tout cet
étincelant essaim. fasciné par l'œil profond
de cet homme, arait sncccssi,·ement passé
sous celte porte sombre qui porte i rrit sur
son architrave : Hon,LTA1,1,EYRA:10.
Eh bien, arnnL-hier 17 mai 1858, cet
homme est morl. Des médecins sont l'Cnus et
ont embaumé le cadarrc. Pour cela, à la manière des Égyptien , ils ont retiré les entrailles du ventre et le ccrl'cau du crànc. La chose
faile, après avoir Lransformé le prince de Tallcyrand en momie et cloué celte momie dans
une bière tapissée de salin blanc, ils se sont
retirés, laissant sur une table la cen elle,
cette cen elle qui a mit pensé tant de 1:hoscs,
in piré tant d'hommes, construit tant d'édifices, conduit deux ré,·olutions, trompé ringt
rois, contenu le monde. Les médecins partis,
un ,,alet est entré, il a ru ce qu'ils al'aient
laissé : Tiens! ils ont otùilié cela. Qu'en
faire? Il s·est S011\"en11 qu'il y arni t un égout
dans la rue, il )' csl allé, cl a jeté le cerrca11
dans cet égout.
Finis rermn.
VICTOR

,,, 1 36

,,.

HUGO.

La vie amoureuse
de François Barbazanges
da11g!' . Quand un de ces messieurs ,·enaiL il la · )Jars. au c0ll\"t'llt des Ré&lt;-ollets; crllc du mardi
Caslanièn', - c·était le nom du peti t chàleau, de Pùqncs, autour de la Yilie; celles dt&gt; la
Il était parlaitcmcnt Yrai que · François - il u·ou1·ait )1. de Phclletin dans sa basse- Fète-Dieu, des Rogations, celle enfin de la
Barbazangcs fuyait les femmes, et non pas c0nr, &lt;'haussé de housraux comme un paysan, Lunad&lt;', aLLiraient tout Il' penplr des cam- ·
seulement celles du commun, mais les plus coiffé d·un bonnet de nuit fort salcc-t Yètu d' un pagne_ et déchainaient an traYers de la Yille
déliealcs cl les plus aimables. Gardait-il ran- pourpoint il l'ancienne mode.... füis, en re- srpl ou huit mille clwéLirns ebantanl, priant.
cune à toul le sexe des insolences que l11i rnnchc, madame de Phclletin faisait honnrur à braillant, mangeant et faisant pirr encore.
CPrtain jour de la Fètc-Dicu , madame dt•
avaient faites, en son !Jas ùge, Margot la Cha- ses hùtrs pal' un grand étalage de prctinlai lles
brelle et les Pcschadour? Conservait-il, pour et dt' falbalas fanés. Elle UC' manc1uait pas de Phcll &lt;'lin , pcneht:,, sur un halcon de la plat&lt;·
une prin1·1•ssc de roman, les prémices de sa leur ofTrir quelque pùlisseri(• on ronl1L11rc cl des Oules, regardait défilrr les jeunes gens du
jcnncss&lt;' ? Était-il né indiflërenl et mélan.co- des liqueur douces fabriquét's an logis. Les collège, C'inq cents jeunes bourgeois et gentil ·liqnr, comme le feu roi Louis Xlll '! ... Pir rrc méchantes langues disaienl qnr la lih1iralilé de hommes, Yèlus dt• lr11rs plus beaux habits cl
Broussol lui-mème ignorait IC's secrètes pen- celle dame égalait l'a1·arict' de son mari. :\e portant chacun unP chandC'llc de cire du poids
sées de son ami. J,oin des salons et des ruelii's, possédant guère que ses altrai-ts, elle en t1Lait d"une lilï'c. Pom Jairl' honneur à Dieu cl it
ses créatures. C'llo al'ail mis unC' robe en satin
dont sa mère était encore la fleur et l'orne- fort génfrcusc.
cramoisi,
un p!'l1 surannée mais fort hrillanlt•.
Les
seuls
plaisirs
de
1
·rlle
pauYn'
créature,
menl, François n'aimait que les lil'res, le luth
et la promenade aux déserts affreux de Brach - les seuls du moins qu ·t•lle arnuàt , - c·é- rehaussée de point d'Espagne, et très bas 011et de Gimel. Enfin, il représentait assez bien taicnt de brefs séjours à Tulle, quatre ou cinq Yertc, à cause de la chaleur. une écharpe de
l'HippolyLe de M. Racine, moins la fureur de la fois dans l'année, chez une sienne cousine, crèpc hrod~ rt un éYcnlail agité constamment
antique cl prudr, toute perdue en dérotion. cachaient aux yeux pudiques de la jeunesse
chasse el l'adresse à dompter les cheratrx.
On a vu que celle humeur - bizarre en un )ladame de Phelletin, pour s'érnderde la ga- des appas très blancs N très doux, et si dodus
jeune homme qui. poll\'ait toul espérer des belles lère conjugall' , pl'enail prétexte des fètcs l'C'li- f]U 'un St'ul eùt rempli aisément les dt•ux
- irritait jusqu'aux dentellières de mademoi- gicuscs, pèlerinages et processions. On saiL mains c1 ·u11 malhonnètc homme. Suirant une
selle Contras tin . Quelques dames des mieux que les gens de Tulle ont la rage des proct'S- modt&gt; ancienne déjà, mais toujours galante (·t
faites qui fréquentaient chez les Barbazangcs sions. Celle cl(' la Délirramle, le 9 féffi t'r: jolie, la dame ne pnrtait point de cornellc;
en conçurent un incroyable ennui. Elles rc- celle de la Chapelle d1•s ,ralades. Jt, dimanclw des nœmls t.:onleur de rose rrlenaicnl les
ga,·dèrenL tout d'abord celle humeur misog)'llC a1·a11L los Ramt'anx: cl'lle de ~otn'-Damr de grappt', de St'S clww11x hruns, et rllcsrrnblait
comme r elfct d'une extrême jeunesse ou d'une
cxcessil'C dévotion. On appréhenda que le bran
François ne se voulùt faire prêtre !. .. Mais il
dépassait dix-buit ans, cl la première ombre
de moustache lui venait aux lèncs sans qu'il
parùt plus tendre ou plus dévot. Et les dames
de Tulle se tinrent pour dit que le fils Barbazanges n'était pas pl us touché dr. l'amour
dil'in que de l'autre amour.
JI y avait alors, aux ern-irons de Tulle, entre
Obazine et Cornil, un vieux gentilhomme clans
une vieille gentilhommière. Ce seigneur, qui
n'avait d'autre souci que le labourage et le
jardinage cl qui virnit en rustre parmi les
rus11·cs, possédait une épouse encore jeune.
C'était un de res couples comme on en Yoit
clans les nouvelles de la Reine de Navarre ou
dans les contes florentins, couple mal assorti
et mal content, le barbon arnrc et jaloux, la
femme haute en couleur cl bien en point,
gaillarde sous des airs de chaLLemite. On lrs
appelait monsieur et madame de PhcUetin .
H. de Phqllclin demeurait toute l'annécsur
ses terres, soignant ses blés, ses orges, ses
,·igncs, vendant son hrtail, qui était111agnifi&lt;1ue,
et son vin, qui était fort bon. Les notables d"
Q11a11,t 1t11 des J10t,1bles de T ulle ve11ail à la Cast a11 ière, - c"eta il le 110111 J11 petit château, - il trouva it AT. de
Tulle, el )I. Barbazangcs en parLiculicr, lui
Phellet i11 da11s sa basse-cour, chausse de hou seaux comme u II paysan, co iffé d',m bo1111et de mtit fort sale et
vêtu d'1111 po11r poi11t à l'a11cie1111e ma.te. (Page 137.)
retenaient toujours quelques pièces de sa 1·cn-

XII

�111STO'J{1.Jl

LA

--------------=---------------------------JI

aYoir, sur chaque tempe, une pil'oine soyeusr
prête à s'effeuillcr. On peul croire qur les
garçons du collège considéraient sans ennui
crue personne éclatante qui 'donnai t des distractions aux régents mèmc et faisait loucher
M. le recteur .... Éblouie par les lueurs oscillantes qui pâlissaient au dair soleil, madame
de Pbellelin s'amusait des fi gures sournoisc111cnthaussées Yers clic, au passage. Mais. Lonl
à coup, ell(\apcrçul François Barbazanges, juste
au-dessous du balcon, et, dans l'exeès de sa
surprise, elle lâcha son écharpe el son él'entail. Les cinq cents feux des cinq cents cierges,
St• multipliant à l'infini, lui parurent des milliers de désirs féminins allumé autour du
jeune homme.... Cependant les t:colicrs. el
les régents, el M. le recteur, contemplaient,
frs uns avec horreur, les autres aYcc délices,
IP corsage de madame de Pbelletin .... Tandis
que François Barbazanges regardait ailleurs,
l'innocent! ils contemplaient un cou rond et
poli, de grasses épaules à fossettes , et deux
boucles brunes dcsC'endant sur deux globes
d'alhàlre palpitants .... Cela fil 1111 petit scandale. Madame de Pbelletin ramena son frha rpc
d'un geste prompt ....
A.lors seulement Fra11ro·s C'01npriL qu'il se
passait quelque chose. EL il lel'a lrs yeux,
comme un spcclalem qui arril'craitau ihéâire
pour voir la chute du rideau.
Vers l'automne, )1. Jatqucs Barl,azangrs
étant allé à la Caslanière pour y goiilcr le Yin
notn·ean, madame de Phellctin le pria de diner
chez elle et le régala d'un(' lebro en chobessar. Aucun vrai Limousin n'est insensible
an fumet de ccl excellent plat. dont la réputation a franchi les bornes de la prol'ince.
allant jusqu'aux cuisine de Paris el de la
f.our. Les maitres-queux de Sa )Jajcsté l'appellent « lièl're à la royale .... l&gt; Charmé du
vin, du lièvre, des honnèLetés de madame de
Phelletin, le conseiller promit de revenir an'C
son épouse .... Ainsi l'artificieuse dame JJénélra dans l'intimité des llarbazanges. Elle
approcha enfi n le beau Ft·ançois cl le prornqua par des œillades ennammées: mais,
pour de bonnes raisons, il ne parut pas se
r,i'ppclcr le galant spectacle olTert à sa vue, ni
souhaiter le revoir.
Les personnes sanguines, comme était
madame de Phclletin, Lombcnl rarement dans
celle tristesse qui mène au tombeau les àmcs
Lrndre8. La pudeur du sexe, l'indilTércnce de
l'amant, ne découragent pas leur robuste el
naïf désir. Un coquebin n'osc-t-il, ne veut-il
C'ncillir le fruit d'amour? ... Elles le lui mclLronL, sans vergogne, sous les lènes el dans
la main.
La dame de la Castanièrc, étant montée un
jour en ·son grenier, y découvrit, parmi des
chiffons el des fer railles, un vieux luth forl
t•ndommagé. Cel inslmmcnl avait amusé quelque aïeule, au temps des guerres de religion.
Hepui~ quinze ou r ingl lustres, il gisait dans
la poussière et scrl'ait aux seuls concerts des
rats.
Madame de Phelletin le ramassa, le considfra, l'essu)'a el l'emporta dans sa chambre.
~n peu de temps après, madame Barba-

zanges reçut un petil ralcL qui lui remit un
dindon de la Castanière, el une lettre fort ciYile. Uadame de Phellctin annonçait à sa bonne
amie qu'elle arait lrouvé, dans un colTrc
précieux, un objet plus précieux encore, un
luth italien, le propre l'uth de Cori8andrc.
gage d'amour olTPrl par le roi fünri :

lgnomnl, hélas! le bel rll'l de la musique,
je ne saumis que faire de ce mre ll·e'so1·. el
le voudrais remellre entre iles mains plus
e.1:perles que les miennes : les vôtres, madame, ou celles de monsieur voire fils.
Faites-moi donc l'e"i:tl'êrne plaisir de venir,
ce samedi, ù la Caslanière pour y voit le
luth. /'essayer el le 1n·endi·e. s'il 11011s convient.
La simple madame Bar!Jazanf(eS, Louchée
jusqu'aux làrmes, donna un écu au gar9on, cl
répondit qu'elle et. son fils iraient sans faute
remercier madame de Phelletin. Le ralcL parti.
elle se rappela qu'elle tenait son cercle Lous les
samedis, cl que M. Peschadour devait lire une
noul'ellc salirr. Force lui ful de garder la
maison.
François s'en alla donc, tout seul, i1 la
Caslanière, rhcvautbant son petit bidet. el
l'àmc perdue en rêrerie. Il n'aimait guère madame de Phelletin, qui était grande, grosse.
rouge, avec des dents cl des yeux d'ogresse.
Mais l'espoir de posséder le luth de Corisandre
le llauait singulièrement .... Un luth italien,
dr \'enise peuL-èLre, ou de Crémone, 1În chefd'œul're de Yenturi Linarclli, un beau lulh
&lt;le CL•dre ou d'érable dalmate, fait pour la
carf'ssc de doigts patriciens, un luth qui arait
chanté des :imours royales!... Quel plaisir
d'rl'cillcr les soul'enirs endormis dans 'ce
frèle cercueil sonore, aYeC l'âme · du noble
instrument!... Ainsi vaguait el dil'aguail
I' àmc poétique de François lorsque apparurent
les tourelles grises et les toits bleus de la
Castanière, entre les châtaigniers l'crdissanls.
Bans la cou r, un Yieil homme en livrée sordide accueillit )I. Barbazangcs en déplorant
l'absence de son maitre qui était allé à Uzerche
pour y acheter des cochons. Puis, d'un air de
mystère, il conduisit le Yisitrur à Lrarnrs les
cs~alirrs eL les rouloirs du petit château jusqu'à l'appartement de sa maitresse.
C'était une chambre parquetée et plafonnée.
assez petite, ornée de rideaux en damas rouge
cl de pentes en tapisserie d'Aubusson. Un lit
drapé &lt;! à l'ange ll occupait tout le milieu de
celle pièce dont le plus bel ornement était un
1·it•ux cabinet de marqueterie. Sur la table,
une collation était scn·ie, des plus appéLis~antrs, aYcc quantité de vins doux clans des
carafons, lit1ucurs de menthe et d'angélique,
hypocras, pâtisseries el douceurs. Un bouqurL
de narcisses, épanotü dans un yasc de erislaL
rxbalaiL une odeur Yiolente. On dcl'inail, au
premier coup d'œil, que 1\1. de Phcllctin
n'était pas là.
Son épouse, pompeusement parée, mais
n'empruntant l'éclat de ses joues qu'au feu
de son âme, s'étonna bien haut de ne point
rnir madame Barbazanges. François baisa la

main qu'on lui tendait, pril le fauteuil qu'on
lui montrait et commença d'excuser sa mère.
N'osant parlrr du luth, il paria longtemps du
dindon. Madame de Phclletin le considérait, si
froid, si tranquille dans son éternel YèLcmrnl
noir, et le trourniL plus beau que l'Amour.
F,lle-môme avait remis celle robe de satin
cramoisi qu'elle portail l'année précédente,
ponr la fameuse procession. fü·s nœuds coulPur de rose rel(•naicnL, ainsi que naguère,
ses r hcreux bruns. Et comme clic haïssait les
fichus et « mouchoirs de cou ll inventés par
les maris fàchcux cl lrs prudes décharnées,
aucune écharpe jalouse, aucun érnntail malcncontrenx ne dérobaiPnL plus au regard ce
qu 'al'aicnL si bien rn les régrnls du collège,
cl le rectc·ur, cl les cinq cents écoliers, sauf
le , eul François Barbàzangt&gt;s-.
- li était parfaitPmcnL gras el tendre, cl
de la meilleure chair. Mon père s'en réjouit
fort, car il est rncli11 à la gourmandise. (&lt; On
l'OiL bien, disait-iL on roil bien que celle
l'olaillc a été no111:i·ic dans la basse-cour dt• la
Ca Lanièr&lt;' . Xnllr part on ne trouve dindons
plus sarnurcnx. ll
&lt;! Quoi, pensait madaml' de Phcllctin, ccl
Adonis serait-il un goinfre'?... Quïl aime le
dindon. t·Pla St' comprend , mais il en parle
trop. l&gt;
- Oui. madamr, nous 1·ous sommes fort
obligés. el en particulier mon père, cat· je
1·ous répète que le dindon ....
- Hé! laissons lit le dindon! ... Parlons de
vous, monsieur, ou de la musique, cc qui est
un entretien plus conl'cnablc à des personnes
comme nous.
François sourit. Il araiL dix-huit ans ; il
n'était ni sol, ni scrupuleux à l'excès, cl pas
plus infirme qu'un autre, et il ressentait, près
des femmes, un trouble bizarre, mêlé de surprise, de plaisir cl de répugnance. Mais tant
de coquettes l'araicnl aguiché, depuis l'adolescence, qu'il dédaignait l'amour facile, cl
s'irritait de rnincrc sans avoir jamais combattu. Novicr, cl point naïl pourtant, il connaissait les manèges cl les grimaces des
femmes. Yraimcnl, l'ogresse de la Castanière
lui al'aiL tendu un pir~e cl croyait déjà le
manger tout l'if?. .. li del'inait le Yoluplueux
dessein de la dame, el, faisant la bête, il jouissait de son humeu r.
Paisible, il parla de la musique, ,:ita les
chansons qu'il préférait et compara longuement le luth cl l'archilutb. Madame de PhellcLin, qui ne distinguait pas la tierce de l'oclal'e,
s'ennuJa bientôt à la mort. Rompant net le
discours, elle proposa de goûter arnnl que
d·essaJer le luù1 de Cori sandre. François
accepta quelques cror1uignolcs, but un vc1-rr
d'hypocras cl, froidement, porta la santé de
M. de Pbellctin .... Il fallut boire encore ....
Un jour égal et l'ermeil emplissait la chambre;
la fenêtre se réverbérait en points brillants
sur le ventre irisé des carafes. Les narcisses
pcnchaienl leurs Liges creuses, qui étaient du
,·erL même des étangs; leur calice paraissait
net et précieux, tel un bijou, fixant les pétales
rigides, d'un blanc plus froid que le blanc
dPs l)'S . Leur parf'um sensuel , sans finesse, se

mêlait à l'odeur des pàtisseries, à un autre
arome, qui venait de la robe, des cheveux, de
la chair tiède et nue de madame de Phelletin.
Elle était assise Lotll contre François, les che1·e11x bouclés comme des pamprrs, le buste
incl iné, décou1Tanl deux pommes jumelles sm·
la corbeille étroite du corset. les joues roses
entre des r1.1bans roses .... Le jeune homme
fut tenté .... Mais pourtant il se lcl'a, et. Lrès
poliment, demanda la prrmission d'ourrir la
fenètrc, l'odeur des uarcisses, dan une
chambre close, étan t nuisible à la santé.
Celle insolence émut madame de Phelletin :
- ~loi-même, ·dit-elle. j'en suis incommodée.
Elle avait des larmes dans les Jeux. L'ingrat
Uarbazanges la regarda saisir le bouquet, jeter
les 0eurs .... Puis elle alla au cabinet de marl[Uelcrie.
- Le luth est là, monsicnr .... \'oyez ....
Elle se touma vers François, les )'l'UX voilé~, les lèn·es hnmides, le sein gon0é, presque
belle de fureur et de désir. )lais. recerant de
~C'S mains le C! luth de Cori sandre ,, , il reconnut un instrument de fa plus basse origiuc et
dt· la pire qualité .... Alors il se trouva singulièrement ridicult•. &lt;&lt; Le dindon de la farce,
c'est moi! l&gt; songca-t-il, furieux d'èt.ro ainsi
moqué par l'ogresse de la Castanièn·. Un
instant, mème, il faill it oublier la politesse,
et dire Loul net q uc le &lt;&lt; rare ll·ésor n, lt' « précieux héritage de famille ll valait bien un
quarl d'écu. )lais la Phellctin, d'un mouvement sournoi~. heurta le luth, qui chut sur
le parquet, en mille pièces. Celle catastrophe
arrat'ha un grand cri il la dame cl lui fut un
suffisant prétexte ponr se pâmrr dans les bras
dt&gt; François.
lttonné, inquiet, co11fus tout ensemble, ne
sachant si celle délaillance était comédie ou rérité, le jeune homme déposa madame dePhcll(•lin s11r le grand li t de damas rouge. Elle ne
ltron('hail pas. li n'eut pas l'amoureuse pensée
dl' rompre le corset et la robe, mais il alla
qufrir, sur la table, une carafe d'eau .... Aussitol, madame de PhellcLin, cessant de contrefaire la morte, poussa de petits soupirs.
- Ah! que je suis sotte! dit-clic.
Ses yeux disaient :
C! Qu'il est sol ! ll
- Sentez, reprit-elle, comme mon cœur
b:il)
Elle avait pris la main de François ; elle
pressait celle main, doucement appliquée sur
sa gorge, à l'endroit du cœur, qui ballait,
certes, très fort et très vile.. ..
Héroïnes des lilTCS extravagants el purs,
princesses, bergères, amazones_, nymphes
toutes pleines d'orgueil et de pudeur qui parlez par métaphores et faites de la passion
111ème un piédestal à la vertu, Astrée, Clélic,
Mandane, AmrnLhr, l'OUS défendîtes François
Barbazanges, ~olrt' amant.
Il allait vous trahir ... Mais madame de Phclletin s'avisa tout à coup que son désordre
po_urrait donner à penser anx ralets, cl qu'il
serait prudent de fermer la po1'tc au verrou.
- J'aurai le Lemps de me rcmellrc, ditl'llc•. cl d'ailleurs, il vaut mieux qu'elle ne se
1

Y1E A.MOUR.,EUSE DE rR.,ANÇ01S BA'R_BAZANGES - -~

sommeil, plus furieuse de luxure que l'épouse
puisse ouvrir que de notre constmlerncnl.
Ces mols frappèrent l'Psprit de François. Il mème de Putiphar. Dans le lil rnisi11. Pierre
se rappela les al'oir entmdus ou lus quelt1uc ronflait, toul pareil, awr sa fa('e ronde el sa
part, - et soudain une réminiscence boul- hou&lt;'he ouverte. i1 un gros ,enfant dt&gt; cawfonnc manqua de le foire é('latcr de ri1·c. pag11c. François prit 1111 rnl11n1e dans l'arMadame de Phelletin ne• l'('rn1il-clle pas de prononcer la mème phrase que Scarron, dans le
Roman comique. prèle i1 madame Boul'illon?
François crut Yoir la St'èllt' rid icule : la grosse
dame dévergondée, ai·t•c son tahlirr cl son
prignoir à dentelles. N la jupe de noces de sa
bru: le jeune comédien Destin, enfermé quasi
de force dans la chambre de celle effrontée,
dont la gorge cl le Yisagc, Lont cn0ammés.
&lt;&lt; auraient été pris de Join pour un lapabo1·
d'écarlate .... »ünc ~rimace l'Oluplucuse de madame de Phelletin. son étrange déshabillé. un
geste qu'elle Îtl, celle recommandation hypocrite de pousser le l'erruu, rendirent si vin•
et si ncllc l'image de la BouYillon. que François entra dans lrs srntimcnls de Destin et se
prit il souhaiter que Rag0Li11 frappât à la
porte .... li sourit, retira sa main. et recula
d'un pas .... Alors, madame de Phelletin, dr
rouge qu'elle était, dcYinL pàlc. Sachant par cxpérienec que l'amour n'est point gai, el que
la YOluplé même ne rit point. elle connut sa
défaite. Avec un regard de peur et de haine,
elle se )eva du lil, se rajusta, et ounil la Cerlai11 jom· de la Féle-Dieu, dèfiliieut sur la place
des Oules les je,mes gens du collège, ci11q cents je1111es
porte toute grande.
foourgeois et gen/itsho111111es, vêtus de leurs f&gt;lus
- .Je l'ois, madame, que vous êtes guérie,
foeaux habits et portant ch.1c1111 ,me chandetle .te cire
d1t poi.Js d'une livre. (Page 13;-.)
et j'en suis bien aise, dit François. Mais il se
fait tard; le luth est brisé; le repos vous l'SI
nécessaire, et .... Je suis votre humblt• scrrimoire, se recoucha el se mil it lire, la tête
Lcur.
- Adieu, monsieur, répondit madame de su,· la main, Je coude dans l'oreiller.
Et voici qu'aux premières lignes, l'i mage
Phclletin.
.François Barbazanges Ît l la révérence el de la Pbellelin s'éranouit. La 1·ille endormie
gagna la porte. Demeurée seule, madame de il l'entour, la maison, la chambre mème disPhelletin piéti1rnil les débris dn luth de parurent, François llarbazangcs entra, corps
cl àme, dans le nionde enchanté des romans.
Corisandre.
Cc monde ressemblait au nôtre comme la
tragédie
el la pastorale ressemblent !1 la l'ic
Xlll
ordinaire des humains. On n'y voyait point de
bo111ir1ucs, de casernes, de tribunaux; on n'y
c! l1è1·cr d'une ,\ strée, depuis l'enfance. cl
rencontrnil
point de marchands, ni de soldats,
connaitre l'amom aux bras de madame Bonl'illon ! ... Yoilii. en l'érité, la plus grotesque 11i de populace ... Dans un paysage de tapismésarenlure du monde! ... ll songeait Fran- serie, bleu:Hrc cl fané, d'une complication
harmonieuse, cc n'était que palais cl bergeçois, le long du chemin.
Il arriva au logis pour souper cl cc lui fut ries, portiques et colonnades, fontaines l'L
une agréable ,surprise de lrott1·er ,Pierre cl le rochers, épaisses l'Crdures moutonnantes,
chanoine. Toute la ma isonnée. n,ai tres cl do- gazons parsemés de fleurs. Des animaux sortis
mestiques, s'aLLendrissaiL s11r la morl du no- de la ménagerie de l' Arioste, lions et griffons,
lic·ornes blanches, erraient en ces lieux; des
taire et le malheur tic l'orphelin.
François put donc abréger le récildcson l'O)'U- personnages bizarrement l'èlus )' tenaient des
ge. li conta le désastre du luth. ~ladamc Bar- discours interminables: princes et princesses,
bazangcs n·cn demanda pas plus long . .Bientôt druides et .cberaliers, nymphes el bergères,
le plaisir de revoir Pierre .Broussol, la eerli- tous amoureux, tous aimés, ils ne parlaient
Lude de ne jamais quitter un si parfait ami. que d'amour.
~lais cet amour d' Astrée et de Céladon, de
éloignèrent la double image de la BourillonLindamor et de Galathée, arnit-il rien· de
Phelletin.
Mais, dans le silence de la nuit, celle image commun. sauf le nom, a\'ec ~e qu'on ;:tppellc
reparnt sous les paupières closes du jeune amour en Lon français? Et.'liL-C'C l'amitié
homme, - cl il s'indigna de lui découvrir conjugale, telle que la pratiqaaienl les du
une espèce de charme que la réali1é n'a111il Yel'CI icr, les Pcschadour, )es Barbazangcs
rnèmc? ... Pré~ieusc au salo11, madarne Cathepoint.
Enüo1·e tout oppressé. François se lcra dou- rine étail fort altcnlil'e au ménage, aux repas
eemcnl, alluma la chandelle eL voulut chasser de son époux, aux chausses de son garçon; elle
l'impudique qui le poursuil'ail jusque dans le sarniL la 1·ale11r d'un liard, querellait sa scr-

�1l1STO'J{1.Jl - - - - - - -- --------------------'------ ---~---- ------"
&lt;1 Hélas I songeait François, comment cl1oisir entre le mariagr rul gairc cl la basse galanterie? Pourquoi më suis-je composé 11 11 idéa l
de passion qui n'existe pas hors des Jil'res?
~c puis-je me satisfaire cl11 bonhrur l'l du
plaisir qui contentent ]c5 autres homme,,
moi, san lorlune, sans gé nie, sans nais~a nct',
moi, petit bourgeois li mousin ?... M. ck la
Poumélyc a raison : je suis l'amant de la lune
cl l'impossible seul me plait. Par une fata lité
singulière, tontes les ft,mmcs me poursni,·cnl ,
cl au&lt;:une femme ne rue retient. Leur facilité
mème, ces foreurs qu'eill'S m'offrent , telle
pro\'Ol'ation é,·identc ou cachée qui dcl'all('t'
touj ours mon désir, mr fùchrnL jusqu'à me
donner de la haine. El , ce pendan t, mon âme
est faite ponr Cl' st·nLimcnl que M. d'Crfë
appelle &lt;1 le rayonnement de Dieu sur la
Lcrrt' ». ~!on cœur, mes sens, &lt;1u'on di t de
glace, fondraient bien rite 11 ce beau feu. &gt;&gt;
Son n•gard s'abaissa vers la page négliµfr.
li r1'pril sa lecture.
Céladon parlait.
Il dil c1uc qum1d le gnwd llit•u fonna loult•s 110s
.1mcs, il les toucha clrncuuc al'éc 1111r p1er1·c d'aimaut,
cl qu'apr~s il mit toutes ces pii•crs en un lieu ~ pari,
cl que de mème ccllt•s &lt;l1•s l'rmmr . après lrs arnir
louchèrs, 11 les serra en 11 11 aut1·e maga,in si:1&gt;:trè....
Qm'. clr puis, quaud il cnl'oi~ les àmes dans les corp-,
il mène celles des frrnmcs où sonl les pierres ,l'aim-aut l[Ui ont louché c,•llrs des hommrs, cl crllrs d,•s
hommes i1celles d,•s frmmcs, r i il leur en fa it pn•11clrc
une à chacune. 'il y a des ,\mes la1To1111es:.(·,. ,•lies
en prcunenl plusieurs qu',•llcs cachent.
• li :n ient dr là qu·a11ssilùl •1uc l'àme csl daus le
corp;, rl qu'elle rrnconln• &lt;"Clic qui a son aimanl, il
lui csl imposiihlc qu'cllt' uc 1'11i11H', cl dïcy procèdent
tous les effets de l'amour.... &lt;.:a1·, 11mrnl à celles qui
sont aimées de plusieurs, c·c I qu'elles ont Hè larronucsses cl en ont pr i, plusieurs pièces. Quant à
celle qui aime •1urlqu'11n qui ne l'aime point. c'csl
c1uc celui-li, a s011 aimant rl 11011 p,1s elle le s1,•11.

Étonné, i1i.111iel , confus /011/ ensemble, ne sachant si cette défaillance était co 111éaie ou i•frilé, le je1111e homme
déposa m:iJ11111e de Phelleti11 s111' te g1·a11d lit de da mas 1·ouge. Elle ne cro11chait pas. Il 11'e11t pas l'a111011re11se
pensée de rn111p1·e le co,·sel et la 1•oce, mai s il alla quéri,•, sur la table , une carafe d'eau . ... (Page 139.)

vante, et, comme la bourgeoise de Furetière,
clic appelait son mal'i &lt;I mouton &gt;l dans l'intimité. Leurs entretiens, affectueux et prosaïq ues, roulaient sur l'al'gcnt, les voisins,
les affail'es, la température CL la digestion. Ils
s'étaient épousés scion le rœ u de leurs familles, sans chagrin ni transports, sans torrents de pleurs ni pàmoisons de félicité....
)lari el femme, oui .... .\.manls, non pas!
Alors?... Si l'amour n'est point da11s les
meilleurs mariages, serait-il dans les libres
liaisons drs femmes galantes et de débauchés,
dans les accointances de gueux. et de filles,
dans les rencontres du désir avec la cmiosité,

l'intérêt ou l'ignorance?. .. Est-cc l'amour
qui inspil'c les refrains obsc~nes des cabarets,
les propos grirois, lrs grarnrcs indécentes cl
les peti l rcrs éroLiq ues? ... François se remémora ces Contes de M. de La Fontaine q11 'on
se passait au collège, sous le manteau. Maris
toujours grotesques, toujours ll'ompés , commères nTasscs et paillardes, galants cyniques,
c'était ~n pcLiL monde échappé des fabliaux
français et des nom·cllcs norcnLincs, un monde
joyeux, débraillé, sans scrupule, qui faisait
l'amour cl n'aimait pa .
Ce somcnir ramena l'image insupportable
de madame de Phcllctin.

l&lt; )1. tll;rfé s·accordt• ,wec Platon. pensa
François, qui avait reçu au collège quelque
L&lt;'iuLm·c de philosophie. JI fau t dont croire
ciue j 'ai une ùmc larronnesse, mais que &lt;:elle
àmc n'a pas rencontré cc'llt• qui l'u t lou, hé~ _de
la mème pierre d'aimant. La trom erar-Jt',
celle ùme prédestinée?.. . )Ion père ne m·a-t-il
dit de craindre l'amoul''? ... .\b ! di,·inr inconnue, maitresse égale à mon rère, vous qui
n'ètcs pas née cnrn re, ou qui ètc morl&lt;'
depuis lonrrL
ernp , me faudrn-t-il ,·ous trahir
0
a \'l'C des Phelletins ou vous oublit•r dans
l'honnèlc ennui du mariage? Je ri,Tai donc
ma l'ÏC sans rou connaitre, fuyant l'amour
qui me cherche cl cherchant l'amour ~1ui ~ c
fui t · je mourrai d'inutile passion, et JC laisserai le soul'enir d'un ingrat cl d'un insensible!. .. &gt;l
François soupire.... li s'étonne de voir un
fil de jour aux fentes drs rnlels. L'aul~t•
point. ... Vile, il éteint la chandelle. li essaie
de dormi r ... . Des pen écs, des fo\·mcs confuses roulent dans sa mémoi re.. .. Il perd
cons&lt;:icnce ....
C'est une étrange forêt, bleue et verte, an't:
des ·frondaisons lai neuses où perchent des
oiseau x bariolés. A travers les arbres, on
aperçoit un fond de montagnes décolorées, de
gothiques architectures, un ciel à. gros nuages

•

.., _______________________ LA Y1E
blanc8. Une som·cc jaillie d'un antre obscm.
sous des rochers La rln1s de lif'l're, rrnplit nnc
vasque naturelle parmi drs joncs el des
roseaux. Les 0cureLLPs clairseméC's dans l'herbe
n'ont pas les coull'nrs d&lt;· la natu1·c. Sur les
ailes des oiseaux chimériques, les rouges, les
jaunrs adoucissent lr ur édat. Toutes les
nuances du paysage• sont amorties, comme
usées. Rien ne bougr. Aucun son ne vibre
dans l'air opnqu&lt;'. C'est l'automne cl le
silence éternels.
Unr hèle blanche sort du fourré. Srs menus
sabots d'or foulent sans bruit l' hrrbe One ; elle
a toul le corps d'unr caralP, la Lèlc d'une
bichr , el une seulr cornr d'or, une longue
spirale pointue entre ses yeux biens. Nul, s'il
a connu l'amour, nr prul souten ir son regard
magique, mais la Licorne plie lrs jarrets
devant les vierges lrès pures Pl les prLi Ls
enfants.
,\ ssis sur Ir rocher, François Barbazanges
rniL la bêle légrndaire wnir à lui. Elle
approche, incline le col pour hoirc à la fon1.1inr, et le jeune homme, d'une main distraite,
flatte le monstre charmani. ... Désaltérée. la
Licorne bondit rt dispara1I comme rllc Psi
,·enuc.
Quelque temps se passe .... Les fcuillrs ne
1rrmblent pas; les oiseaux ne chantent pas ;
on ne pei·çoit ni le cours ni le murmure dl'
l'eau transparente. L'aspect de la forêt et du
t ir! n'a pas changé depuis des siècles cl 1'011
senl bien qu'il ne changera jamais. François
Barbazangcs ne s'rn élonnr point.
Mais voici qu'une nrmphe, suivant le ch&lt;'min de la Licorne, écarte l'épaisse verdurP.
Est-ce Silvie, Galathée ou Léonide? Elle rien!
de la cour d'Amasis, cl c'est elle, sans doutP.
qui recueillit Céladon demi-noyé sur lt' ril'af(l'
du Lignon. Elle a des chernux pàlcs noués de
perles, une figure délicate et noble. Sa robe
dP hrocarl blanc, relerée sur la hanche,
découvre son genou el son sein parfa i1. Elle
est chaussée de brodequins dorés jusqu'à
mi-jambe, el le carquois qui pend il son
épaule, l'arc d'ivoire qu'elle porte à la ruain la
font ressembler à Yénus sous le déguisement
de Diane.
A la vue d'un homme, sa pudeur alarmét•
colore de rose ses belles joues. La nymphe
l'Oudrail fuir. si l'inl'i ·ible Amour, blotti dans
les feuillages, ne dardait tout à coup une
sagette droit rn son sein virginal. Une autre
flèche frappe au cœur François llarbazangcs.
Il se sent à la fois lransir et brûler .... Déjà il
rst aux pieds de la nymphe, el il lui déolarc
sa passion.
.
- Ah! dit-il, belle dil'init.é, mus que j'ai
reconnue sans vous connaitl'c, nr trom ez point
mauvais que je rous aime, car je pt'éft•1·r
mourir en vous aimant, oui , plulol que de
Yivre sans vous aimer.... Mais que dis-j(•! .. .
Je préfère !. .. li n'est plus en mon choix .. ..
,Jr mus attendais depuis une éternité, car nos
iimes furent touchée de la mème pit'1Te
d'aimant et prédestinées l'une à l'autre.
fi parle, et plus pompeusc•menl, plus précieusement encore. Et, de mèmc que la Ionlaine coule du rocher, des phrases. des pages.

.Jl.MOUR_EUSE DE 'FR_ANÇ01S B .JIR.BAZ.JINGES - -~

clrs volumes de M. d'Urfé coulrn l dt' la
mémoire et des lèl'res de François. La nymphr
Je considère d'un œil plus tendre.. .. Soudain,
il c trouve awc elle, non plus dans la clairière. mais dans la grollr, asile discret des
~mants .... 11 pense à la reine Didon, au pieux
Enée .... Le sourcnir du collège traverse son
esprit. ... La robe de la nymphr glis c. Deux
bra tièdes ... une bouche Lrûla11te .... Toul
devient !rouble.. .. Puis un grand cri .. .. Au
~(•uil de l'antre, la Licorne se dresse, la
nymphr s'él'anonil dans l'ombre et Fra nçois
c sent mourir.
- As-lu Je cauchemar, pour gémir ainsi?
dit Pierre penché sur son camarade.... Çà,
rérrillons-nous ! Il lai t grand jour.

Xl\'
Les années 1692 et J695 n'amenèrent
aucu n changement da ns la cité de Tulle. Par
trois fois, après Steinkerque, Nerwinde cl la
Marsaille, les orgues tonnèrent comme des
canons dans la cathédrale toute tendue de
vclom·s bleu. Les bons citoyens s'embrassaient
sur· les places publiques, el chez Lous les
(C Y
cndanls vins » les buveurs portaient la
santé du Roi. )fais ces échos de gloires naLional.•s mouraient bien vite entre les coll ines
d'i\!l'crgc cl de Saint-Clair.
Les Tullistes vi l'aient chez eux. entre eux,
pour eux, d'une vie patriarcale ot loul unie.
Par delà les causses du Qucl'Cy, le bassin de
13rirr el les ~fonédièrcs, ils drvinaicnt les pro1·incrs fraternelles : le Périgord forestier , la
sèche Gascogne, l'.\urrrgne noire, le frais
Brrl'i, la Touraine rn llcurs, el, plus loin, la
Lrrrc du lys eapétirn, l'flr-de-Francc .... Bans
une pourprr solaire. \'ersailles apparaissait,

peuplé de marbres, bruissant d'eaux vi,·cs.
renfermant la majesté du Roi. On samit
rncore que, sur les AI pcs cl dans les marais
de Hollande, nos maréchau x conduisaient leurs
armées victorieuses coutre les Anglais el le~
Impériaux .... Mais, hors des fronLiè•rcs de
France. il n'y arait plus qu'une Europe
vague, toujours fumante de batailles; puis
des pays de barbarie, le royaume sauvage des
l ars, l'empire du SulLan, les &lt;I llrs 1&gt;, les
Grandes-Indes, où uul bon Limousir1 n'élaiL
jamais allé. Ces contrées païennes, cette
Europe ennemie, nos provinces même, n'avaienl
pas de quoi retenir longtemps la pensée d'un
bourgeois de !'Enclos. Mais l'accouchement el
la morl de madame du Verdier, les fiançailles
possible de Louise Bal11ze, la querelle drs
pénitents blanC's el des péni tents gris, les promessrs de la vigne, l'apparition d'une comète,
l'Oilà, certes, des nouvelles qui ne laissaient
personne indifférent.
Daus le courant de J695, on commença
d'annoncer le mariage - bienlùl démenti de M. François Barbazanges. Ce jeune homme
arnit terminé ses éludes à l'entière saLisfaction
drs jésui tes. Il élail fôrt sage, cl l'on ne doutait point que, selon l'us de la province, son
pfrc ne l'émancipàt. La pau1Te Perri ne du
\'erdier était morte en couches, M. lt tirnnr
Baluze ·avait. reporté toutes ses tendresses
d'oncle sur Louise, sœur de la défunte, et il la
voulait marier .... Awc )1. &lt;l '.\rche, pcut-èlre,
ou M. de Chaunac?... Louise eût préféré
François Barbazangcs.
Celui-ci, en même Lemps que Pierre, aYail
quillé le vêtement d'écolier. Vers la fin de son
deuil, Broussol s'était commandé, chez Lrvrcaud, un habit de drap d'Elbeuf, gris
d'agate, galonné rl passrmenlé de rouge, Ir

• - Il se fait tar.f : le luth est i'risé; le t·epos v ous est 11ecessai1·e, et . .. Je suis voire /111 mrle sen,i te111·. • • Adie11
mo1'si e111·, • répon.til ma.iw1e de Phelle/in. Fra11çois B.1rba;a11ges fil la r évérence et ~a!(11.1 la f orte. De111e11n,;
seule, mada me .te P helleli1' p iéli11ai / le$ débris .tu luth de Coris,t 11,tre, (Page 139.) • •

�'---,-------------------

HISTORJ.Jl
chapeau it plume de mèmc couleur. Sa première perruque, d'un brun plus sombre que
ses chercux, vieillissait sa face joufflue. Il se
trouvait admirable en cet accoutrement. Le
soir, quand il descendait arec François jusqu '{t
la place des Oulrs, il ne doutait point que sa
mine ava ntageuse ne fit du tort à son compai;non.
Ces soirs d'été faisaient s'ourrir toutes les
croisées, toutes les portes du vieux Tulle. Les
cintres d'ombre dl's petits porches laissaient
1·oir des escaliers à vis, d'obscurs intérieurs
qui faisaient pensrr aux alchimistes de Rembrandt, aux juifs usuriers du moyen âge. Par
les grandes baies des boutiques on aperce1•ait
des familles d'artisans, le maitre taillant la
miche, la maitresse allaitant son poupon, les
apprentis tapant de la cuiller dans la soupe
épaisse des bols. Des chats maigres s'étiraient
sur les murettes. Des rondes de petites filles
barraient le~ rues . Les linges pC'ndus aux
balcons étaient plus clairs que le i;icl. Sur la
place des Oules, derant le parvis, c'était un
,·a-et-vient de personnes qui se connaissaient
toutes, et s'arrètaient à chaque instant pour
des ré1·érenccs et des baise-mains. li y avait
des colloques de duègnes et de chanoines, des
rires légers dr demoiselles quand passait un
officier de la i;arni on.
Les cham•es-souris voltigeaient autour du
clocher grisù lrc. Toul le côté occidental du
ciel, rers !'Espinas, était d'un pourpre pàlc,
tirant sur J'orange, avec des nuages ardoisés.
Le reflet du couchan t embrasait , par rél'erbération, l'Alverge cl le Bochel' dt•s )(aladcs.
Plus tard , la rougeur dorée dP la lune s'irradiait comme une au rore dPrrièrc la Bachellerie. L'écluse de la Corrèze faisait son
murmure doux. Les gens qui araicnt diné Lol
s'éhahissaicnt du long crépttsculc.
Pirrrc et François erraient de la Grand·_
Place it la place de l'.\.ubarèdc, allant parfois
ju qn·au Pavé dn Colli!gc, cl jusqu'à la Por·te
dt&gt; Fer, où la ri1·ièl'e sans quai s'élargit sur les
eaillo11x. L'habit à pas ements rouges attirait
les regards et les quolibets des artisanes. Parfois une insolente s'étonnait tout haut f[U'un
paysan ct1ntrcfil le gentilhomme, au mépris
des lois somptuaires, lorsque le plus beau
garçon du Limousin s' habillait de noi r comme
un cmé. François feignait ne pas comprendre,
Pierre ripostait vertement.
Depuis qu'il était homme et non plus
écolier, affranchi de la férule et bien instruit
des secrets de l'amoul', il tàchail à vaincre la
pruderie de son camarade, par des al'gumenls
tirés de la philosophie et de l'histoire naturelle. Leur chambre d'étude entendait des
propos forl &lt;lilfércnls de ceux qu 'on tenait
chez madame Barbazanges, encore que celle
différence fùt dans la forme plus que clans le
fond.
Pierre avait de l'amoui· cl du mariage cette
idée simple, exacte, positive, qui est toujoms
dans l'àme du paysan français : l'amour est
une chose, le mariage est une autre chose, et
bien sot qui les confond. Bien sot qui languit
cl meurt pour une maitresse, lorsqu'il peut
épouser une bonnète fille agréable et qu i a du

bien. Pkin de respect pom le mariage, qui lni scm!}lait w1e imention excellente de
Dieu, - nu llement sentimental, encore moins
passionné, Pierre avait un goùt très vif des
femmes. Jiais toutrs les liaisons, amourettes,
passades et fantaisies, don t il se promettait le
plaisir, il le confondai_t sous le nom joli de
« bagatelle l&gt; . On s'amuse de cc qui est bagatelle; on ne s'y attarde pas.
François ne pou,·ait sonffrir que son ami
parlàt des femmes. S'il t)Lait chaste de corps
. et de cœur; c'était moins par \'Crtu que par
délicatesse d'imagination. Quand Pierre lui
vantait ses Janetouns, il pensait à madame
Bomillon el il secouait la tète.. .. La volupté,
disait-il, lui paraissait la plus délicieuse chose
du monde ou la plus Yilaine, et il ne la souhaitait point sans un ragoût de tendresses,
des circonstances heureuses et quelque poésie
dans le décor. Broussol ne comprenait point
ces finesses; il suiYait tout bonnement l'instinct de nature, n'ayant ni la pe!'l'ersité du
goùt ni la pudeur qui sont l'effet d'une éducation romanesque.
Un soir, Broussol, arrèté dernnt la maison
de Loyac, au coin de la tour de Maïsse, faisait
son commentaire accoutumé sur les passantes.
- )ladelcine Rabanide: comme elle ril, pour
montrer ses belles dents!. .. )lademoisclle Contraslin : le charnier Saint-Clai r .... Heureuses
les personnes sèches qui engraissent en Yieillissant. ... Eh! Louise Baluze est toujours bien
fraiche, malgré son deui l et ses yeux languissants &lt;[Ui implorent : &lt;&lt; Un mari!. .. un mari,
s'il rnus plait!. .. l&gt; Les Pcschadour !. .. Plus
jaunes que des chandelles !. .. .Leur papa n'at-il point de la thériaque pour les purger ?...
Julienne Sage, la reine des dentellières !. ..
- ,\.llons-nous-&lt;'n, il est lard.
- Oh! rrgarde un peu, devant nous.
Recon.nais-tu cette fille qui monte le Quatrc\'ingts, aYcc on galant? ... Tudieu ! quelle
tendresse ! li la Lient à la ceinture et la baise
clans le cou.
- Une effrontée .... Ne cour pas si rite ....
Qu&lt;• t'i mporte?
- Je la rnux rni r.. .. li me &lt;•mble ....
)lais oui, c'est la Chabrette ,wcc son barricotier !
La nuit bleue, toute bleue sur les toits de
t11 ilr, s'assombrissait en descendan L les QuatreVingts. Elle se faisait presque noire au ras du
pal'é: elle entrait dans les porches béants;
elle dfaçait les seuils usés, les bornes, lrs
touffi·s d'orties.
- Hegardc .... Il est bùli comme Hercule,
cc Galapian .... Et la fille, sèche et laide, a des
\'CUX ! ...

Je ne les ai point remarqués ....
011 dit qu'elle est amoureuse de toi.
Cette Margo t?
On le dit.
Je ne lui ai jamais parlé! Je ne la connais pas.
- Il n'est pas nécessaire. Je l'ai aperçue,
moi-mème, qui contemplait La maison .. ..
Ob! elle est très consolable, la Chabreltc !
Elle ne mourra poirlt de tes mépris. Les

"

,,, I.j2 ,,,

femmes, rnème cdlc-ci, ont la rage de donner
dans le Lrndrc, mais le rntileticr troul'P toujours son heure.. . je vrux dire le barricotier ...
lis s'arrètent. Feignons de ne les point voir.
A quelques pas, le Galapian et la CbabrC'llc
délibéraient. Il déclara, tout hau t :
- Je le dis qu'il ne rentrera point. Il est
it l'auberge du Chef-Saint-Jean .... Ne fais pas
la mijaurée.
li voulait pousser sa maitresse dan~ la
maison. InquièL&lt;', elle scrutai t l'ombre....
- Jéromr .... Laisse-moi .. .. Des gens!
- Quoi? ... C'est le filsBarhazanges el son
ami Broussol qui rentrent se coucher ....
Il entraina la Chabrette. Pierre cria de loin :
- Bonne nuit!

XV
Cinq ou six jours plus tard, tlànant hors la
ville, sur le pont de la Barrière, Broussol
aperçut le cotillon rouge et le fichu à fleur~ de
Margot. Appuyée an parapet, elle regardait la
Corrèze couler, si ppide que le soleil y dansait en petits remous, si limpide les que ra ilJoux du fond y paraissaient blancs et polis.
comme à trarcrs un cri tal glauque. Le ciel
était bleu, du bleu rif qu'il a les jou rs de
grand vent. De petits nuages ronds roulaient,
très vite, sur la crètc sombre de n: Labournic.
L'exlrème faubourg, aux bicoques basses el
grises, aux jardinets chétifs, était presquEl
désert. Des lareuses battaient leur linge. Sur
le chemin de Laguenne, un char de foin passa,
trainé par deux grands bœufs limousins, &lt;l'un
fauYe pàlc, qui avaient un éventail de fo ugère
sur le frontail. Pierre s'accouda prè~ de la
Chabretle et lui glissa dans l'oreille un bonjour qui la fit sursauter.
- Uonsiem· 13roussol !
- Eh bien, mignonne, le pi•re Chabrillat
est-il demeuré au Chef-Saint-Jean la nuit entière, pour vos plaisirs? Sans mentir. j'étais
en peine de vous.
Elle ne répohdit point.
- \'ous ,•oilà bien loin de r atelier. Quel
sain t i:homcz-,•ous donc?
- J'ai quitté la Contras lin .... .le Lra,aillc
chez moi .... Et je m'ennuie .
- L'illustre Galapian ,·ous aurail:-il fait
quelque infidélité '!
- Peu m'en chaut, du Galapian!... Je
m'ennuie, monsieu r Broussol, el d'un i'n nui
si cruel que je pense, le plus sérieusement du
monde, à me jeter dans la ririère.
- Attendez, Margot, pour mus noyer. que
la fleur de votre àge soit flétrie el passé le
temps de l'amour .... Tudieu! l'idée de mus
voir morte me donne une extrèmecompassion
de vous, et il n'est rien que je ne fasse, ma
chère enfant, pour vous tirer de peine.
li parlait d'un ton si plaisant que la ChahreLLe se mit à rire.
- Je serais bien empèchée de 1·ous dire la
cause de mon mal. C'est une manière de vapeu r
qui me monte à la tête el me dérange la raison. Je ne puis voir la lu ne entrer dans 1:1a
chambre, aYec la brise de nuit, sans une tris-

I

L.ll Y1E .ll.MOU'R_EUSE DE r'R_.llNÇ01S BA'R_B.JtZ.JtNG15S -

trsse épournntablc. L'odeu r du basilic et la
- . Tant pis pour lui, \largol. )fais, si le
plus joyeuse chanson me donnent em-ic de Galapian ne me croit poin t ,fait pour donner
pleurer. l~Lcette folie s'en ,·a, loutd·un coup, de la jalousie, il ne me croit donc pas fait
pour don ner de l'amour?
comme elle est renne.
- Seriez-vous saturnirnnc et mélancoli- Que me parlez-vou~ du Galapian! dit
que? ~·écria Broussol, en bouffonnant. lfo ce ~(argot en hau~sanl les épa11]('s. Je n·ai pa~
cas, ma fille. il rous faudrait suinc les excel- tant souci de lui.
- Vous ne l'aimez donc point?
lentes prescriptions d II médecin Antoine
- Non, bien sùr !
Mcynnrd. Il assure que les personnes de cette
- Vous l'avez ai mé?
humeur « doircnt arnir l'air bien corrirré
un
t) '
pen chaud et humide, cl les fenêtres de leur
- Il ne m'a pas laissé le temps !
·maison ouvertes l'Crs l'Orient l) . Ce ne serait
Pierre jeta un regard su r la rirr droite de
pas une précaution raine de porter sur 1·ous la Corrèze, où était la porte tles 1Iazeaux, sur
quelque chose odorante et récréative comme la rire gauche, où était, au bout du ponl le
'
le parfum c1·amhrcgris, de musc, de camphre, chemin de Laguenne.
ou de bois d'aloès. ~lais le meilleur remMc
Une it une, les lal'e11srs s'en allaient. rn pèà &lt;·cl le complexion, - qui csl, hélas! celle de che,~r isolé contr~1plai t oh tinémcnl sa ligne.
mon amiFrançois Barha:r,anges,-c'cst dè bien
P1m·~·c, une pcllte flamme aux yeux, se rapmanger , de bien boire et de se bien échauffer prochait de la Chabrette. Il la tenait par les
au jeu d'amour. Mai'Lrc Antoine Meynard avait épaules, et, doucement, la pressait contre lui.
oublié ce remède si simple et souverain, dans Un parlum àcre, un parfum de fourrure Ycnait
son chapitre de la Prophylactique.
des cheveux noirs crespelés. Les lono-ues pan.
brunes s'abaissaient sur les joues
o
-. Yous vous moquez, monsieur Broussol, p1ères
mates
?1a1s vous me divertissez, malgré moi. Quand - et Margot ne cessait pas de sourire, d'un
Je vous entends. il faut que je rie .... Hé! tout sourire triste et si ngulier.
doux! laissez mon fichu .... Il y a des larnuses
~ien des fois, Pierre l'avait raillée pour sa
tout près cl'it:i .... Elles pourraient mus rnir. maigreur, sa peau brune, sa complaisance aux
- Craigncz-rous que ces bonnes femmes désirs des gueux. li la plaçait plus bas, dans
fassent un méchant rapport au Galapian? Le sa pensée, que la dernière des .lanetouns .... Et
drolc est jaloux ....
~·oi_là qu'i~ s'étonnait de la trouYer presque
- Oh! pas de tout le monde .... Il me dé- ,1ohe 1 Jolie?... Non. Piquante, étrange ....
fend de parler aux messieurs; mai~ 1·ous .... D'où tenait-elle ce vif esprit, ce parler rrra- Je ne suis pas un monsieur?
cicux, qui n'étaient pas de sa condition, rl;ue
- C'est-à-dire....
lui eussent envié les plus fières bourgeoises
""h
•
r• •1 qu ' es L-ce qu ' un monsieur,
Margot? de Tulle? ... Une fille divertissantc et désirable,
- c·esl un bourgeois comme rnus, habillé en Yéri té, car elle ne ressemblait à aucune
i;omme vous, -~avant co~me rous, mais qui a, autre. Un bonnète homme, assurément, ne la
d~ns les i:name:es, un Je ne sais quoi que vous pouvait a,·ouer pour sa maitresse, à cause de
n a1·ez pomt. .\msi, monsieur ,rclon du Ver- son origine et de ses maurnises mœurs. Mais
dier, monsieur Baluze, et mème ... monsieur elle valait bien qu'on l'aimàt une nuit, la ChaFr_ançois Barbazanges .... Oh! je n'oserais pas brelle !
lu, parler comme je vous parle!
Margot, reprit Broussol d'une voix toute

ehang:tÎl', monsieur et madame Barhazanges
sont allés il la Castanière; François joue du
luth, depuis midi ; il en jouerajusqu'it minui t,
et j&lt;' n'aime point la musique. Personne nr

Je m'e,w1t.ie, monsieur Brou.ssol, el à'u,: ennui si
crne_l que je pe11se, le plus série11seme11l d11 mo11.te, à
- me Jeter dans la rivière . , • - Atlendez, Afargot,
pour vo11s noyer, q11e la fleur de ,,otre âge soit fié·
trie el p,1ssé le temps de l'amour ..... , ( Page q:.J
« -

s'étonnera si je ne rentre point souper. Voult'zmus, Margot, que nous allions dans une
auberge de Laguenne, manger un pàté, quelque tarte sèche, et boire une bouteille de
rin ?....Je me sens d'une humeur pastorale,
et, s'il fant le dire, amoureuse.. .. Foin du
Chabrillat et du Galapian! ... Vous reviendrez
chez vous à la nuit close, ou à la pointe du
matin, comme il 1'ous plai ra. Il y a dc5 lits
fort bons, à Laguenne .... Consentez, Margot! ...
Elle le regarda fixement, hésita, pùlit, baissa
la tète cl, comme un petit garçon conduit
une petite fille, Pierre l'emmena, par la mai 11.

(A srtivrc. )

La Reine Margot
La reine Marguerite était belle en sa jeunesse, hors qu_'ellc a,·ai t les j oues un peu pen?an~cs, el le 11Sage un peu trop long. Jamais
11 n y cul une personne plus encline à la galanterie. Elle a1·ait d'une sorte de papier dont
les marges étaient toutes pleines de trophées
d'amour. C'était le papier dont clic- se scnait
pour ses billets doux. Elle parlait phebus scion la mode de ce lemps~là, mais elle arnil
beaucoup d'esprit.
Elle portait un grand vertugadin, qui avait
des pochettes tout autour, en chacune desquelles elle mettait 'Une boite où était le cœur
cl' '.111 de ses aman Ls trépassés ; car elle étru t
so_1gncuse, à mesure qu'ils mouraient, d'en
faire embaumer le cœur. Cc vertugadi n se

pt•11tlait Lous les soirs à un crochet qui forma it à cadenas, derrière le dossier de son lit.
Elle del'int horriblement grosse, et avec
cc!~ elle faisait faire ses carrures et ses corps
de JUpes beaucoup plus larges qu'il ne le fallait, et ses manches à proportion. Elle arait
un moule [forme de bonnets dans le genre
des hennins] un demi-pied plus haut qne les
autres, cl était coilJ'ée de chernux blonds, d'nn
blond de filasse blanchie sur l'herbe. Elle
arait été chauve de bonne heure; pom cela
clic avait de grands valets de pied que l'on
tondait de temps en temps.
Elle a1·ait toujours de ces cbel'eux-là dans
sa poche, de peur d'en manquer; et pour se
rendre de plus belle taille, elle faisait mettre
du fc_r-blanc aux deux côtés de son corps pour
élargir la carrure. li y avait bien des portes
011 elle ne pouvait passer.
Une fois qu'on dansait un ballet chez elle,
la duchesse de Retz la pria d'ordonner qu 'on
ne laissàt entrer que ceux qu'on arait con-

~lARCELLE

TINAYRE.

1·iés, afin qu '011 piil rni1· le ballet à son aise.
Une des roisines de· la reine Marguerite. nommée mademoiselle Loiscau, jolie femme et
fort galante, fit si bien qu'elle y entra. Dès
que la duchesse l'aperçut, elle s'en mit en
colère, et cl it à la reine qu ·elle la priait de
trourer bon que, pour punir celle femme,
elle fit seulement une petite question. La
reine lui conseilla de n'en rien faire, et lui
di t _que cette demoiselle a1·ait bec cl ongles:
mais l'oyant que la duchesse s'y opiniàlrait,
elle le lui permit enfin. On fait donc approcher mademoiselle Loiseau, qui vint an•c LLll
air fort délibéré : « Mademoiselle, lui dit la
&lt;&lt; duchesse, je mudrais bien vous1 prier de
&lt;&lt; me dire si les oiseaux ont,des corncs? « Oui, Madame, répondit-clic, les ducs en
&lt;&lt; portent. l&gt; La reine, oyant cela, se mit à
rire, et dit à la duchesse : « Eh bien! n'eus« siez-vous pas mieux fait de me croire? l&gt;
TALLE~lAN T DES RÉAUX.

�1HSTORJJl

L ES MAITRES DE L'ESTA\IPE AU

X\"III•

SIÈCU.. _

L 'E:-.LÈ\"EM[:(T ',OCTt:R:--E. -

111

Gravu,·t de NICOLAS Po~CE, d'atrès BAUDOUIN. (Cabimt des Esta pes.)

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                  <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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        <name>Dublin Core</name>
        <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                <text>Historia Magazine Illustré Bi-mensuel, 1910, Año 1, No 3, Enero 5</text>
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                <text>Tallandier, Jules, Creador</text>
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                <text>La revista Historia Magazine Illustré Bi-mensuel fue creada por un ex librero que se convirtió en editor Jules Tallandier, En diciembre de 1909, se publicó el Léame histórico con el título Historia. La revista dejó de publicarse entre 1937 y 1945. La revista publica artículos y dossieres en los que participan destacados historiadores. Los archivos se detallan en una publicación bimensual temática.</text>
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            <description>Information about who can access the resource or an indication of its security status. Access Rights may include information regarding access or restrictions based on privacy, security, or other policies.</description>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores.</text>
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        <name>G. Lenotre</name>
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        <name>General de Marobot</name>
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        <name>Henry Bordeaux</name>
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        <name>Paul Deschanel</name>
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        <name>Pierre de Nolhac</name>
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