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                    <text>19 N OVIEMBRE, 1896.

284

LA NOTA DE LA MODA.
l

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•· ' f

TOMOII

MEXICO, DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE DE 1896,

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&amp;I amor es más fuerte que la muerte .

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'T'raje ae calle para principio ae int1ierno.
En el panteón.-Recuerdo del dia

2

de Noviembre, roR

ALCALDE.

•
NUMEROJ9

�\

EL MUNDO.

286
'-'-EL MUNDO."
SEMANARIO ILUSTRADO.

'Teléfono 4.M.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MXXICO.

Toda la correspondencla, debe dirigirse
al Gerente de est.e periódico.

La Bl1Bcrici6n á EL lllUN 00 vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelanti.dos.

N{lmeroe sueltos, 60 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publ;cación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.

Y si, pues, éste es el verdadero criterio con que debe
ser medida la revolución de Tuxtepec, y ésta la verdadera medida de los hombres que la acaudillaron, no cabe
que hayamos injuriado á nadie al referirnos á sucesos
qne en modo alguno se encuent1an relacionados con per~onas y hechos consignados en la historh1 de estos últimos vPinte años. Pero la historia de México no comienza
en 1876, y derecho del eecritor PI! estudiarla en sus varios periodos, sin prPjuicios ni ofuscaciones, tal como se
presenta al Pxamen de un criterio sereno y reposado, diciendo de E&gt;lla toda la verdad que de sn estudio se desprE&gt;nda. Y apoyados en este dPrecho hemos ernrito las
palabras que se nos ctln~nra11. Juzguen nuestros lectores
si hemos tenido ó no ra.-.ón.

BBGIBTRADO OOMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

•Agentes exclusivos· para los Estados Unidos y Canadá The Spanish American Newspaper Oompany, 136 Liberty St. New York, E. U.»

&lt;!U nueuo :pre.si~ente ;i(.meticnno tJ los interese!í
UIHiC01105.

8 NoVIEMBRE, 1898.

1Ias Qt:u11rttlaJ1J,.

l9olítictt ~rneral.

287

EL MUNDO.

pena ó de faltará la verdad, ó de secundar las miras y hacerse en cierto modo cómplice de Bismarck; no puede satisfacer los resentimiPntos austriacos, porque para es~
también necesitaría· descender de su alto p1o1esto y tocar·
las miserias que se le atribuyen, fundándose en ee-as revelaciones. De :!onde resulta una situación difícil y comprometida, orillada á complicaciones en lo porvenir.

***

¡Cuán cierto es, que muy raras veces se conservan á una
avanzada edad el juicio claro y las concepciones brillantes que pudieron ser patrimonio de juventud airosa y pujante y gloriosa virilidad! Cuán cierto es también que la
pasión y la ira pueden caber en pechos celestiales, y que
aun las almas más bien templadas y los tspíritns más serenos pueden sufrir á las veces obnubilaciones lastimosas
y lamentables eclipses, cuando el prejnic10 y el rencor y
la tristeza del ajeno bien los cubren con sus sombras!
No ha mucho el Grand Old Man, el célebr e l,beral inglés
Mr. Gladstone, aconsejaba á la Gran Bretaña interviniera de modo violento en la crisis armenia, y procurara por·
medio de la fuerza hacer cesar laa atrocidades turcas que al
mundo cristiano escandalizan, aunque encendiera la guerra europea, y la gran conflagración univt'rsal alumbrara
con sus fatídicos resplandores el triun[o de esos arranques dP. lirismo apasionado.
Ahora es la gran personalida:i germánica, el Canciller·
del Rey Conquistador, el que por rencillas trasnochadas y
añejos odiod, descubre secretos que debieran qnedar
ocultos.
Por supuesto, que los arranques de los ilustres ancianos no tendrán notable t, ascendencia. Inglaterra no llegará al último extremo qne la aconsejab:. Gladstone, yAlemania procurará. estrechar sus vínculos con Austria,.
y aproximaree en lo posible á la omnipotente Rusia, re·
mediando en lo posible la mala impresión que produjeran las declaraciones de Bismarck.

El candidato republicano Me Kinley 11.caba de trino·
far en las elecciones americanas. Conocido es del público de nuestro semanario ei programa que sirve de b.ise á la política, que sPrviráde línea de conducta al nuevo
Prt&gt;sidente de la República del Norte.
El triunfo del campeon proteccioni~ta en nada perjudica á los intereses de Mexico, relacionados con la gestión económica de la administración americana. Corno
Se ha pretendido que al referirnos en estas columnas se recordará, Me Kinley es un decidido paladín del taá los «tenebrosos cuartelazo.~ que manchan la historia patria» l6n oro, y esto que, ,í primera vista, parecería perjudicar
-palabras que a..¡_uí quedan escritas y que estamos · dis- á una de las industrias más importantes de nuestro paí.e,
puestos á defender con entera convicción-bemos lanzado no puede causarnos más daños que beneficios ·nos hubieuna injuria al actual ejército, lastimando al propio tiempo se traído la exaltación de Bryan, partidario de la plata.
la reputación de los jefes que acaudillaron la revolución
En el fstado en q11e se encuentra la crisis del metal
de Tuxtepec y de la que emana el presente estado de blanco, ninguna medida artificial podría resolver este
cosas.
problema. LaR fuertes compras realizadas por el Tesoro
Hemos hablado de cuartelazos-pronunciamientos en- Americano, hace años, no sólo no c:)lltribuyeron á recabezados por militares al mando de fuerzas confiadas habilitar el valor de la plata, sino que no fneron obstá* **
por los gobiernos contra los que se produce el movimien- culo á su lenta y prolongada depreciación. Todos los esy tornadizos los diputados franceses, á raíz
to;-y hemos hablado de historia patria, y antes de fijar fuerzo de Bryan por devolver su primitivo precio á este delIaquietos
esplendente triunfo que acaba de obtener el gobierla diferencia enorme que existe entre una revolución co- interesante producto se hubie~en estrellado contra lo no que
preside Mr. Mé lline, con la presencia del Czar en
mo la de Tuxtepec y un cuartelazo, exhibiremos algunos irremediable.
Paría, y la ratificación ante el m"nndo entero de la aliande estos actos, abundantes en el arsenal de nuestra joven
Por otra parte, en las condiciones en que se halla nues- za franco-rusa, ya andan busc!indo la manera de crearle
nacionalidad.
tro comercio exterior, una alza de la plata uo con vendría dificultades, procuran:lo derribar al gabinete que apena&amp;
LéaAe bíen lo que es un cuartelazo:
tanto á nuestros intereses como el beneficio obtenido en
En 1845, á raíz de haber declarado Texas su anexión el pago en oro de las demás mercancías de exportación. tiene seis meses de existencia.
Rencillas ínLimas, pequeñecei tle salón, desaires den l territorio americano, el Gobierno de la nación confía
Y de eeta prima seguirán disfrutando los productores, es- etiqueta,
son los medios que quieren poner en juego; renal general Paredes un fuerte ejército para combatirá los pecie de est-ímulo concedido al trabajo nacion:ll.
insignificantes, pasio11c1 lla➔ cuasi familiares son la
rebeldes; e! Gen~ral Paredes sitúa sus fuerzas convenienNo hay que olvidar que la política de l\fo Kin\Py con- cores
t,emente, invita á otros jefes á su empresa y se pronuncia tribuyó á la inmigración de fnertes capitales Americanos levadura que fermenta ahora ¡,ara provocar una crisis.
Después de las nimias exig~nciaa de lo que se llama
contra el Gobierno t-n la hacienda de la Pila, no lejos de incorporados á industrias, que, como la de fundiciones
Ran Luis Potosi, golpe de mano que lo lleva á la Presi- de metales, han abierto nuevas fuentes de riqueza y pro• «protocolo» en la corte republicana del Elíseo, á que tu-vieron que sujetarse los emp.,radorns r11tios, muchos fun-dencia dP la República.
porcionado labor á numerosos brazo~.
cionarios grand.,s y pequefios, y eutre.e.llo3 uu. buen núEn 1847, en plena guerra con los Estados Unidos, el
i,a victoria del campeón republic11.no debP. por lo tan&lt;teneral Pefla y Barragán, se pronuncia en la Capital, al to, ser considerada como muy favorablti á México y dig- mero de diputados provincianos, ~e h,111 creído lastima·
dos porque no se les invitó debidament,e y no tomaron la.
frente de las fuerzas que el Gobierno ha puesto bajo sus na de todo nuestro beneplácito.
parte que soñaban en todas las cer~1wouias fastuosas de•
órdenes; el cuartelazo no triunfa, pero por espacio de un
la recepciór,. M,·.chos se figuraban en unión de sus burmes, dice un historiador, las calles de México fueron teaguesas familias, codearse y tratar en cnmperhana saiuifa•
tro de toda clase de horrores.
con á los augustos soberanos del gran imperio; y ni versePero la simiente de cuartelazos estalla y fructifica tan
chasqueados en sus modestas aspiraciont'S, se vuelven
pronto como triunfa .,¡ plan de Ayutla; y Don l¡tnacontra el Gobierno que tiene la culpa de todo y procuran,.
cio Vallejo y el capit,an Servín ..n Morelia y Don JnFé
María García, cornan1hnte rnilitar de Oaxaca, y Don Vi- RESmIEN.- Bismarek en evidencia.- Pretendien1lo he- nuevamente ilusos, provocar su caída pvr caneas' tan pe·
Ct\nte Salcedo Pn San .Tnan de Uln 1, inauguran una serir á un miuiKtro, ataca al im¡111rio.- l)ecadeucias de la regrinas.
rie de pronunciamieuto~ que llenau de sombras todo es·
e1lad.- Cl'isis Rin ru6n en el Gobierno francé,i.- La
Vanas esperanzas: su intento primero ha fraca~ado, y
t&gt;lecci6n de Me Kinl11y y la prensa extranjera.-La plata· el voto de censura que se pidió á I!\ Cámara por fúti leste periodo.
He aquí, tomados al azar, PjemploP pabit,antes de los
forma de St. LouiK y la fotura pulitica americana.-Los motivos fué rechazado ya pc,r inru~nsa mayoría.
tenebrosos cuartelazos que 111.11nclum la, histo1·i11! ¿Es posible
No son las conspiraciones de ese género las que pueden
partido~ y 1011 gobiernot1.
11ncontrar Pn ellos n n termino de semi,janza con la revomedrar en los tiempos que alcanza1Uos. Hasta entre loe•
lución de Tuxtepec?
No ha terminad,) todavía, ni es fácil que termine tan fosfóricos franceses, de carácter arrebatado é impulsivo,
La revolución de Tux:tepec no fué no c1.v1rtelazo ni los pronto, la exaltación provocada en la prensa europea por se necesita algo más sólido para tlerribar un ministerio.
hombree que intE&gt;rvi11ieron en ella se aprov~charon de las declaraciones que acaba de hacer un periédico alerlementos algunos Pncomendados á su vigilancia y que mán, órgano caractnizado del príncipe de Bismarck.
***
t,orcieran de su fin; Tuxtepec ha sido ya bastante bien
Los comicios electorales, reunidos el día 3 del actual en
Acababa de pasar la grande y aparatosa recepción del
Pxplicado al público para que nuevamente tratemos de Czar en París; aun resonaban en el aire, con poquísima toda la extensión de la Confederación americana, votaron•
,lar á conocer su expresión y alcance; aquel movimien- gracia para los oídos germánicos, los ecos y el estruendo en su gran mayoría por el candidato republicano, y cont,o, apoyado en nec~sidades que la República 1,ugnaba de las lujosas fiestas, cuando el desairado Canciller de cedieron la investidura de Presidente de la gran Repúpor satisfacer, inspirailo en un amplio programa de pro- Hierro, que á pesar de su grandeza histórica y casi legen- blica al célebre proteccionista de Ohio, William Me·
greso, penetró rápidamente en el país; traía una gran daria, eiente la nostalgia del poder, para herir á los fran- Kinley.
nromesa &lt;I_Ue ha cumplido: la de desarrollar todas las ceses que se enorgullecen y con razón de su alianza con
Si la elección del candidato re publica no es motivo defuerzas activas de la nación, y un&lt;&gt;, noble esperanza rea- el moscovita, para mostrar ante la Europa la refinada as· regocijo
para México, porque favorece sus intereses merlizada: precisamente la de '.lxtinguir todos esos cuartela- tucia de en diplomacia y la pujanza de su gestión internay financieros la continuación del talón or.&gt; en zos que antafio se producían en 1a historia patria. Tux- cio_nal, ~ para marcar á sus sucesores con el estigma de cantiles
los
Estados
Unidos, no sucede lo ..uismo en Jos países .
t,epec fué una revolución naciol'al y cnalquiera que hu- la ineptitud, descubre ante los asombrados gabinetes la europeos, que
recelan y con razón del exajerado protecbiese sido la bandera que enarbolara habría triunfado.
existencia de antiguo tratado que ligaba Rusia y Alema- cionismo que tendrá que desarro1lar el nuevo presidente,
i De tal modo había peuetr.1do en la conciencia popular!
nia. á hurtadillas de las potencias mismas que componían si llega á dar cumplimiento al programa aprobado en la.
la Triple Alianza, y ha durado de 1884 á 1890.
Convención Nacional Republicana que lanzó su candida***
. Ni ~ua obligaciones de C~nciller que le imponían silen- tura y fué aceptado por él al admitirla.
Y si del movimiento revolucion11.rio, pasamos á los homc10,
m
sus
deberes
de
servidor
del
Imperio
que
le
impeBuen testimonio daµ de estos temores los comentabres que en él intervinieron, podemos apreciar todavía
mejor la enorme diferencia que existe entre los viejos dían revelar secretos de Estado, que pudo poseer durante rios que han acompañado á las noticias de la elección.
el
ejercicio
de
sus
funciones,
ni
las
c,msideraciones
del
Organos de la prensa inglesa y alemana, representantts,
pronunciamientos y el acontecimiento político realizado
hace veinte años. Citemos, tat'lbién al azar, algunos patriotismo, nada pudo detenerlo: y con tal de echar en de los pueblos que serían los más perjudicados en casocara á la República Francesa la circunstancia de haberse de restablecerse corregida y aumentada la famosa tarifa
hecho~:
EL MoNDO diario acab1 de recordar qu" en 1867, el ge- ligado con quienes eran ayer aliados de su mortal ene- que lleva el nombre del nuevamente electo, no ocultan
migo, y de hacer patentes las torpezas de Von Caprivi, sus prevenciones ni hacen misterio de sus recelos.
neral Díaz, al frente de un ejército de 60,000 hombres y
Si se huelgan los más del buen sentido-del pueblo ame-~on un préstamo de 500,000 pesos que voluntariamente que no supo conservar la entente ruso-germana que labofacilitó el ~omercio.. hizo entrega no sólo del ejército y el riosamente había establecido su antecesor. nada le im- ricano, manifestado al rechazar á Bryan, que lo habría
adelanto amo también del excedente de la suma mencio- portan las suspicacias que despierta en Austria quA se \la- llevado á muy graves conflictos, y habr1a podido com·
~a á 1:nga~&lt;&gt;, ni los rencores qne recrudece en Francia, prometer seriamente el crédito y el buen nombre de la.
nada y que estab\ .. n sn pnder. l\Incho antes de 1876
el que es ahora Presidente &lt;le la República no había que'. Ill el aislamiento á que expone á A.lemania, que puede ver nación, no pueden menos de lamentnr que el triunfo del
rido aceptar ni el sueldo de general que se le ofrecía no pnr estas imprudenci&amp;s rota la Triple Alia_nza, sin poder talón oro, vaya probablemente aco:::ipa!íado del protec·
ya como militar en cuartel, sino por sub Eervicios ante· l0grar en recompensa restablecer la antt"'Uª harmonía cionismo prometido.
riores prestados á la patria. Por lo demás la revolución entre los dos grandes imperios del norte d; Europa.
Hay otros puntos en el programa republicano á que de. Con razón Guillermo II, en su primer impulso y en su
de I uxtepec fué la que buscó al general Diaz, no fué éste
corresponcler el gobierno que se inau&lt;mrará
en Was·
0
ciego arreb~to, pens6 hasta perseguir ante los tribunales be
quien provocó la revolución.
hing,on en Marzo de 1897, y son los qne ee refieren á la ·
El General Donato Guerra, cuyo recuerdo ha sido jus· al quP. res111tara resp~nsable de las declaraciones graves política internacional de los Estados Unidos. Segú:1 lo•
taD1ente hnnrado en t&gt;stas columnas, antes de alistar- dPI Hamburr,er Nachrichten; con razón la prensa oficial y acordado en la Convención de St. Louis, es voluntad del
se en las filas revolucionarias, hizo entrega de la divi- oficiosa de A.lemania se ha desatado en ataques contra el partido repub icauo manifestar de modo activo, y ei es•
sión que mandab!i y del dinero que poseía, acto muy sig• in~is~re_to C~nci ller, _la francesa ha rechazado con energía preciso _con ostentaciones de fuerza, sus simpatías po~ la
nificativo te\ cumplimiento de su deber como soldado la,rns1d1osa 1mputaci6n del periódico alemán, y la austro- revolución cubana y su interés por los infelices armen103,
hnngara se atreve~ tachar de ilesleales los proced1mien· cruelmente sacrificados por los bárbaros musulmanee.
pundonoroso y digno.
Otros hecho!! de esta naturaleza podríamo3 mencionar, to~ germanos que ahora se &lt;lescutren.
Pero como nosotros cr!lemos que una cosa es el progra·
Y es de tal naturaleza el a~nnto que en v!\nn se le busy acaso ellos figuren en la historia de esta revolnción,
ma de ,un p:irtirlo y otra el de un gobierno constitui~o,
narrada fü,1 mE&gt;nte pol" algunos de los redactores del MuN- ca º':1ª solución ~ecorosa. El Gobierno de B&lt;:!rl(n ,,,, pnP- nJ Stlra Uc1l que l\fo Kinley dé vuelo á sus preferencias-de m afirmar abiertamente, ni desmentir la noticia, so
DO testigos pn::senciales de aquellos acontecimientos.

\tolas tbitorialt,.

8 N OVIF.JfBRE, 1896.

El Sr. Pr"-&gt;ideutt, de la ltepllblica descubriendo la está.&amp;ua del Sr. Géuéral Pu.cuccJ.
protfoccionistas, ni á las exijencias del panido que Jo
ele~ó al poder. Prudentemente y con serena calma, estudiar¡!, los graves_ asuntos de ~atado, y no se ha de guiar
por las pre?cupac!ont-~ y fanatismos de sus partidarios.
No es lo mismo ?1Ecut11· en. el club, que peear la gravedad &lt;l;e los nE&gt;goc10s con la 10mensa respoll!!abilidad que
adquiere el dt'positario del poder, ante el pueblo que Jo
nombró y ante la crítica que o estudia.
X. X. X:.
5 de Noviero bre de 1896.

Es&amp;A&amp;ua del

Sr. General Pacheco, inaugurada en el Panteón de Dolores el 4 del actual.

tarios tan encomiá~ticos y qué llanto tan doloroso el de
la selecta concur~Pncia cuando Don Juan fallecía en Jos
brazos de la subnna del cural
-¡Qué ~is~l Jiciones las de esta nilla ·para el trato! ex•
clamaba e. p111tor en el colmo del entusiasmo.
Don Juan salía con un sombrero cubierto de flo rAs
vestid~ de zamarra y pantalón con botas de un vaquer¿
d_e hacienda comarcana, y en vez de espada, machetón al
c1_nto. Por eso en el cuarto acto, Tenorio daba un soberbio trancazo al Comendador y de un machetazo en la espalda mataba á Don Luis Mejía.
Pero lo que encantaba á los asistentes era la escena en
que Don Juan, arrodillado uelante de la señorita Ulloa
"Don
la reque):&gt;raba á todo su sabor y talante. El maestro muy
Para sacar algunas p1esuntas ánimas del Purgatorio, se conm?VIdo,. entr~ manaza en el pecho y manaza 'sobre
repiuen~a en todos ka !,eatros de esta noble ciudad de un~ silla ba¡a, gr1taba, como si estuviera regañando á Jos
los palacws, ,.1Urante siete días, por la tarde y por la chicos:
"¿No es verdad, arcángel de amor
noche, el drama_ religioso-fantástico de Zorrilla, titulado
Qllt' en esta apartada orla
'
Don Juan Tenorw. N_o sé cu,,,ntos días de indulgencia gam~s pura la luna brla
y se resoira más mejor?"
naremos por haber 01do con calma el drama anual' ad
U8~m cocherorum punti; pero yo creo que cuando nos re-Pero, hombre-le preguntaban-¿por qué dices armitan á purgar nut'stros pPcados. no mucho tiempo ;en- cángel y no 6,ngel, eomo está en la comedia?
drán qut: decir nueetros deudos aquello de
- : Parecen tontos! P0roue arcán.gel es máe que ángel y
yo ere? qun el autor se e4uivocó.
'
"Que Dios las ..aque de penas
0 ciert,o es que esa noche los niflos soñaban con reY las lleve á. descansar."
Despenados quedaremos á la segunda audición y des- suc1_tados y las muchachas cobraban ánimo para sufrir
~as iras de ~us padres, en.arad del amor qne profesaban
pués de una obra así, ¡cualquiera descansa!
'
Por supne8toque no dt"bía hablar mal del Tenirio. El .. 1os señor1tos dE&gt; 111 localidad.
El drama religioso-fantástico de Zorrilla este año
fall"!oso D~n Juan me ha hecho recordar mis felices años
de mfa':1c1a, cuando el maestro de escuela de mi pueblo ~e.llevó otr~ vez á la galería construida en ia ca~a mu~
se consideraba con derecho de pegarme cuatro coscorro- m~1pal de m1 pueblo, en donde me daban sitio previos
nes por_ cada !ección no aprendida ó el Juez de paz pre- seis centavos, valor de la entrada, y varios empellones de
~ndía 1mtrmrme proceso porque me apoderaba de las !os mayas qu~ se reían á mandíbula batiente en los pas-.¡es más patét1coo de la representación
ciruelas del cercado ajPno.
Sí, señor; en mi pueblo se representaba el Tenorio con ElEn el Teatro-Circo, volví á ver al ~aestro de escuela
actor que servía de D. Juan, declamaba:
·
~das las reglas dt&gt;I arte. Dos me8es antes del .? de Noviembre, ya 1 andaban d en movimiento la sobrina '"'
-"-1
sefio
esta aura que vaga llena·
r cura, a esposa e1 pintor, el Juez de Paz 2'?, el
delos sencillos olores '
maestro de _escuela y otros vecinos más ó ménos honrade las (•ampe&amp;lnas· flores
dos y Jabonosos.
q_ue brot:&amp; la orilla amena.
Los 9ancos de la escuela se disponían en forma de taA cada mom~nto me figuraba que el buen sefior bajablado, ¡u~tá~dolos herméticamente; tres sábanas figura- · • ría detl edscenano para darme algunos coscorrones •El
ba? \o mismo la casa de Don Juan á orillas del Guadal- mae~ !º . e escuela_ en pleno D. Ju,,n Tenorio! Los· ~ieJmv1.t, que.el panteón; y la vela de sebo que alumbraba ~O!I visa¡es, _los miamos manazas las mismas b b88
a ventana del cuarto de Dofia Ana de Pantoja ejercía pienso que s1 le preguntan:
'
ar
Y
gespués de luna ~ne.quebraba sus vacilantes ray~s en los
--;-¿Por qué dice usted los sencillos olores de las c
ust&lt;?s de tres chicos convenientemente enjalbegados y
pesrnas?
arode pie sobr~ otros tantos cajones de petróleo.
Responde:
A la sobrma del cura, una señorita picada de viruelas
-· Vaya una prE&gt;gunta! Porque las campesina8
á8
aunque contemporánea de la expedición de Barradas le que las flores .. Yo creo que el autor se equivocó sonm
confiaban el cometido de Dofi.a I11é.1; Don. Juan lo hací~ el
. Para que mis r!!cuerdos no quedaran truncos· en la úlmaestro, y el Comendador el Juez de Paz 2'?
t..ma representación del D. Juan en Arbeu F' •
1 h'
La~ ~eñoritas mejor trajeadas del pueblo, el Presidente
zo de Dúña Inés IY cómo se pare~ía á la sobri~f~8:i&amp;ñ~Mun1c1pal )'. hasta la autoridad eclesiástica asistían á la Cur11. ! Víensu semblante hasta los agujerosd l
• 1 r
repreEentac1ón. i Qué aplausoe tan sonoros, qué comenePIERROT.
as virue as.

Juan Tenorio."

M.A.1-TJFESTACION EN HOl'iOR

DEL SEÑOR GENERAL FA.CHECO.

~l dfa 4 Jel mes en curso, por la mañana, numerosos
am1g?B ~el finado General de Di visión Don Ca1 los Pache·
ca, drr1g1éronse en trenes especiales al P,mteóu de Dolores, cou .,¡ objeto de visitar la tumba del patriota situada en la Rotond:' de :os Hombres Ilnstres.
'
Colocóse. prevtamente frent-e al monumento que am ara los. restos del expresado general, una tienda adornf:ia
con banderas ~e los colores naciouales, en la cual se le·
vautaba la tnbuna, y bajo de ella se instalaron los visitantes, entre los cnales se encontraban los Sres. Gabriel
Mance~a, i.dol~o Díaz Rngama, Andrés Basurto, Sierra
Horca~1tas? Luis G. Rubín, Dr. Peñafiel, Corollel Carl!e
~uagha. Lic. Eduardo Zár~te, Redo, Martínez de Castro
/,v1to J uárez, Ores. Alta mira no y Secundino Sosa .Pedr¿
e a 1le, Montes de Oca y numerosos empleados'
PSocopde~pués de llegados los manifestantes se p;esent6
e l r. residente de la República.
l
credmonia se. inició con una marcha ejecu~..da po~ .ª!1 a e Ingemeros, y concluida, el Sr. General Oíaz
1
1
~ ~ tióse ª\ ponumento y descubrió la estátua en bronce
~
ener~ acheco, obra del 8r. Alciati. Después subió~ la ~nbuna el Sr. Eduardo Zárate, pronunciando un
~omto d iscurso _en elogio del finado. Rabiaron después los
re~. t&gt;. 8 ~undmo Sosa y D. Luis MéndE&gt;z, cuya pieza oratona pud~eron ver nuestros lectore~ en EL MONDO diario
Y e1:1 aegmda el Sr. Gen~ral Dfaz y lvs manifestantes de:
Pº¡8~taron coronas al ~1e d~l monumento, terminande
:s ~ espontánea y cariñosa ceremonia, digna de aquel
quien ee consagró y que era un hombre de talento y de
coraz6n.

tª

Otro pago de $3,000.00, de "La Mutua"
EN GUA DA.LA.JARA..

Guadalajara, Octubre 20 de 1896
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La ·Mt
tuan de Nueva York en México.
Muy señor nuestro:
Hoy hemos recibido por conducto del Banco de Lo
dres YdMéxico y ante el nntario Sr. D. Arcadio t adilla
t~ma, e $3.000,00 (t~es mil pesos fuertes) valor de Ja pófi a ;uf. 661,409 ba¡o la cual estuvo asegurado nuestra
na o ermano el ~r. Cura Don Guadalupe lbarra.
tu~he 1~ presente s1rva para hacer pública nuestra gratitad
hsted q 111e. t~n bondadosamente nos ha facili•
o
o asta rec1b1r la suma antes dicha sin hab
e!ogado gasto alguno ni haber demorado el pag~ qne co~!
!~~rrt.re lo acostumbra eea digna compañía, hl ~ido vio-

¡~

~°Jª

De n~ted afmas. attas. y S. S.-SoL'!O ll&gt; lilAR1u.-R.s FUG10 lllARRA.

�8 NovmMBRE, 1896.

288

EL MUNDO.

8

NOVIEMBRE.

1396.

Gngusfia qumana.

•

¡

f

' ...

Sobre la cúspide de la abrupta roca lad manos ee alzan
y los brazos se retuercen con movimientos de desesperación inñnita; por la eterna escala del dolor humano as•ciende el clamoreo de las víctimas, sube la oración vagoro~a de los que su[ren, marchan en vuelo rápido las an •
.gustiadas estrofas de los heridos en mita€!. del pecho, de
los que agonizan en pleno himno triunfal que canta la
imp.. recedera harmonía de la vida en los espacios.
Allá van, allá van esas almas peregrinas en pos del
ideal perseguido, jamás alcanzado. . ¿Qué locura pavorosa,
,qué suplicante angustia conmueve á esas conciencias ensombrecidas por la duda y despedazadas por el pánico?
Es nna humanidad que siente miedo, nna raza de estremecidos por la desconfianza, un montón de carne humana, palpitante é inquieta, la que se agolpa en la escarpada
cima reclamando su girón de esperanza, su fragmento de
fe en este triste crepúsculo de los espíritus.
El hombre horrorizado del
espectáculo de la lucha, ahíto
de HU fe.itín de sangre, ante,el
-cuadro de desolación que á su
vista se desarrolla, convierte al
cielo eu mirada y pugna por
raEgar el impenetrable velo que
le oculta el eterno misterio;
;golpea la losa de lo desconocí·
do, y frente á la impasible naturaleza se debate en trágica
-convulsión, presa de impotencia
ineana. ¿Qué hay detrás de ese
macizo muro en el que se estrellan las plegarias más uncioeas y
las más atroces blasfemias? Y la
Tabia de romper este secreto y
devürarlo, inflama todas las almas y la queJa convertida en
-doloroso esl-'a@mo, brota de las
entraftas de la especie humana
y se evapora en oler,.das tumultuosas, en rojas llamaradas de
una enorme pira en cuyo fuego
.arde sin consumirse la esperanza.
Y la lucha prosigue. Ca1a Lo:nbrs que triunfa de la vida es
un homicida; cada existencia
,que persiste se forma de la su·
ma de existencias sacrificadas,
-cada combatiente que permane-ce en pie, se sostiene sobre un
tropel de cadáveres. Y los cuerpos se estrechan, y las manos
·se asen, y las miradas se incen·
diaa y el que cae perece y sólo
.se conserva alzad:&gt; el que derri·
ba á los que le rodean. Vivir es
matar, porque matar es defenderse!
Pero ¡ay! que cuando la noche hace caer su neblina obs•cura sobre el campo de batalla,
los combatienles se agrupan al
.aliento de una sola idea, al só·
plo helado de una misma angus·
tia y sobre la abrupta roca tien-den sus brazos suplicantes y agi•tan sus manos trémulas hacia la
prometida tierra cuyos vagos limeamientos no alcnnzan á ver en
•el sereno lago -azul de los cielos.

EL MUNDO.
altar mayor dos cirios por todo alumbrado; no acer~ábamos á di8tinguir las bóvedas, tan dens11 era la obscuridad.
Las pisada~ enérgica!! de los filósofos antigu,:,s resonando
acompasadamente, despertaban todos los ecos dormidos
en las telarafias de los ángulos y en las concavidades de
las bóvedas.
Terminado el desfile y restablecida la quietud, iba á
comenzar el rosario, cuando en medio del silencio eHtalló
una voz metálica, poderosa como campana de rebato, vibrante como clarín de guerra, y se lanzó al espacio, á las
bóvedas, al altar, este grito tremendo y sacrílego: «¡Muera
el Papal» Volvimos la cara, y en medio de la multitud
arrodillada y humillada, vimos de pie, erguida, triunfante, una silueta enorme, cabeza de coloso, espaldas de cícl~pe, ojos de arcángel: ¡Justo Sierra!
Aquel grito nos heló de espanto ¡ erizó de horror nuestros cabellos. Cubierto de sudor frío, mudo de estupor,
trémulo de espanto, contemplaba yo á aquel hombre extraordinario que en su impotencia de adol~scente lanzaba
un reto sacrílego á la autoridad, á la religión, á la fe, á

289
y Riva Palacio, el cual hacía una caricatura sangrienta
lle! Imperio.
Asistieron Maximiliano y Carlota, los altos dignatarios
ce! Imptlrio, las viejas damas de honor, los chambelanes
y la mejor sociedad de ~éxico. En ~edio de la fiesta r
fuera del programa, un ¡oven, Justo Sierra, escaló la tri·
buna y con eu voi sin par, su articulación sonorli é irreprochable, lleno de vida, de juventud, de valor y de entusiasmo comenzó:
Perdonad.me si audaz á este recinto
Do acabais de escuchar voces sonoras,
Vengo, osado, las cuerdas ineonoras
Del laúd á pulsar. Cedí á mi anhelo,
Quise un himno de gloria dedicaros,
l'edí un destello al luminoso cielo;
Bajó la inspiración: vengo á cantaros.
¡Y qué canto! Un himno á la libertad y á la patria, una
protesta contra la usurpación y la tiranía, la epopeya de
nuestro martirio y de nuestras glorias, las e&gt;stentaciones
de nueetras aspiraciones y de
nuestras esperanzas! Justo descolgó de las ramas del saúz la
lira babilónica y la hizo vibrar
de 11atriotismo y de entusiasmo.
·Hizo brotar de nuestros ojos
lágrimas y surgir en nuestros
corazones esperanzas; nos ven•gó de la opresión y nos templó
¡iara la lucha y hay quien atir·ma haber visto brotar de los
ojos incoloros del archiduque y
· rodar por el campo de trigo de
1-u barba de oro, una lágrima
·de rábia 6 de remordimiento.
Desde aquel dfa Justo se reveló t11I como es y tal como estaba llamado á ser: patriota y
liberal, artista y obrero, aposto!
y político y con su intuición de
poeta nos hizo ver clal'O el porvenir:
Sól,, e: tral&gt;ajo y la virtud unidos
Pudran llamar la bendición del cielo,

_

l\L

_,.........

FLORES,

i!os hábitos ae economía.

Frecuentemente oímos exclamar: «¡Nadie quiere ayudarnos!» Es un grito falto de ánimo y de esperanza. A veces ea
un grito de repugnante bajeza,
&lt;f"Specialmente cuando parte de
aquellos que con un poco de abnegación, de sobriedad y de
. ahorro, podrían fácilmente ayudarse á sí mismos.
Muchas personas no han a. prendido toda..,.fa que la victud,
. el saber, la libertad y la prosperidad tienen que nacer de ellas
. mismos. La legislación puede
hacer muy pooo en suiavor: no
puede hacerlos sobrios, inteligentes y exactos. Las principakB miserias de la mayor parte
de los hombres, tienen origen en
cansas ajenas á las actas del
Parlamento.
El pródigo se ríe de la legislación. El ébrio la desafía, y se
--•1110t11••··arroga el derecho de prescindir
de la previsión y de la abnega·COllO CONOCI A JUSTO SIERRA.
ción de sí mismo, echando sobre otros lo vituperable de su
Los Padres Jesuitas acababan
final vileza.
de hacerse cargo de la dirección
Los oradores populacheros,
-del colegio de Sau Ildefonso. La
que reunen «los millones» en
bohemia desarrapada, turbutorno suyo, están muy distanted
lenta é indisciplmada que cons·
del blanco, cuando, en vez de
titufa su población escolar, hatratar de arrastrará la multitud
bía sentido de una manera brusdo oyentes hacia los hábitos de
-ea é inesperada sobre su cuello
frugalidad, templanza y cultura
la mano de hierro de la genpropia, los incitan diciendo:
darmería de sotana á cuya vigi«¡Nadie quiere ayudarnos!»
lancia y solicitud se había conANGUSTIA HUMANA.-Cuadro de Rochegrosse.-(De celebridad europea).
Este grito enferma el al•fiado el gobierno del establecima. Pone de manifiesto una ·
m~ento. No bien llegados, los Jesuitas nos pasaron por todo cuanto conocía de sagrado y de respetahle; de cuyos
•caJas como á los soldados, nos clasificaron como á ejem· labios en vez de la oración brotaba la blasfemia, y cuyos gran igno~ancia de los primeros elementos del bienestar
piares de museo Y nos enjaularon como á fieras. Confi- ojos, lejos de bajarse humillados y contritos, se alzaban personal. La ayuda está en los hombres mismos. Han
nados en nuestros dormitorios, como presidiarios en sus al cielo preftados de ira y de odio. Han pasado treinta nacido para educarse y ayudarse á sí mismos. Deben ha,galeras, no nos atrevíamos á jugar ni á hablar. Un silen- años y aun lo miro e n rnerlib de la capilla, fu lminando cer salir de ahí su propia salvación. Los hombres más
:iio de muerte reinaba en los inmensos patios y en 108 sus rayos como Júpiter. Aqnella noche me in8pir6 horror pobres lo han hecho; ¿por l{Ué no lo han de hacer todos?
interminables corredores; tristes lamparillas de aceite y miedo. casi odio. ¡Quién había de decirme que aquel El espíritu valeroso y que ,,,ira hacia arriba vence
dentro de grandes faroles de vidrio alnwbraban apenas ángel extermibador no era, como no lo ha sido siempre, siempre.
Se ha hecho muy crecido el número de operarios bien
los ángulos, dejando en la ob~curidad las vastas y escue- sino el mejor. el más virtuoso, el más estimado de los
'tas arquerías, bajo las cuales paseaba una que otra sotana hombres! ¡Cómo sospechar en aquel jacobino impío y pagados en este país, que podrían ahorrar y economizar
negra como plumaje de cuervo y brillaban pares de ojos blasfemo al poeta inspirado, al apóstol ferviente, al paci- fácilmente para el adelanto de su bienestar mo!'al, de su
respetabilidad é indepen~ncia, y de su posición en la
-co,no de lechuza.
ficador de almas, que ha vivido derrochando genio y sociedad como hombres y ciudadanos.
Teníamos miedo y frío, yo, sobre todo, para quien sembrando el bien, y que morirá amado y bendecido de
"los tiempos pr69peros" gastan sus ganancias de
-aquella era la primera noche de internado, de soledad en todos! ¡Cómo suponer que aquel volcán en erupción, en nnEn
modo atolondrado, y cuando llegan los tiempos admedio de la multitud, de alejamiento de la familia. Sen- vez de desparramar la desolación y la ruina, había de ve,sos,
en la miseria. No se usa del dinero,
tía u~ nudo en_ la garganta, oprimido el pecho, húmedos ser foco de luz para los espíritus y faro para las concien- si no quesesesumergen
abu~a; y cuando las personas que ganan salalos OJ?s y hubiera de buena gana sollozado y gritado. cias, y cómo admitir que aquel obrero de destrucción rios, df&gt;bieran
contra la ancianidad, 6 para las
.Era p1adoeo y, creyendo encontrar en Ja oración lenitivo había de levantar tantos y tan grandiosos monumentos á necesidades deproveer
una familia que crece, están en muchos
á mi congoja, me puse á rezar. De pronto el taftido lento su propia gloria y á la gloria nacional!
ca@os alimentando á la locura, la disipación, y el vicio.
';f ac?mpastldo de una campana nos llamó á Rosario. Un
~sta revelación la tuve poco después. Era una fiesta No se diga que esta es una pintura exagerada. Basta diJesuita nos formó de doij en dos y nos hizo desfilar por escolar;
fes~ejábamos el santo del director .Artigas y nos rijir la vieta por cualquier vecindad, y ver cuánto se gas-orden de tallas, de menor á mayor, rumbo á la capilla. mo•trábamos
espléndidos. Un salóG profusamente ilnmiy cuán poco se ahorra; qué proporción tau grande de
Loe alumnos más grandes, loe fil6sojos antiguos, como se nado y ricamente decorado; discurso oficial por no re- ta
lo '!anado va á pasar á las tabernas. y cuán poco á los
les llamaba, rebeldes á la disciplina, cerraban la marcha cnerrlo quién; múeica y un sainete de circunstancia~,
-en pelotón desordenado. Entramos á la capilla: sobre el «El Sorteo," escrito con una verba endiablada por Mftteos bancos de ahorro .6 en beneficio de la sociedad!
S.\lILES.

&amp;n busca ae amo y señor.

�290

ULTIMO ECO DEL VIAJE DEL CZAR.
Hemos s~uido paso á paso al empt&gt;rador Nicolás desde su advenimiento al trono hasta la últi111a etapa dt1 su
viaje triunfal por Europa. Hoy que ha n grPeado ya á su
opulenll\ corte del Neva, es tiempo de dejar!,,, que otros
asuntos'nomenos importantes reclaman nuestra atención.
Dam¿s pues la nota po2trera relativa á los jovenes soberanos publicando un hermoso grupo, 1.hl todo reciente qne r~presenta ála Czarina, al pnsidente de la Repúblicr/. Franc€sa y al Czar, y á título de cunOEidad las líneas
q~e van áleerse á cerca de la bermosa emperatriz, tomadas , e un importante periódico europeo. Queda con
esto tnminada nuestra misión informativa.
La Emperat~iz Alejandra Feodorowna-dice ~nrique
Conti que ha sido por muchos años maestro de hteratu·
ra francem de la Czarina-ese ídolo viviente que el pueblo ruso venera prostern'.1-do, es la ~njer más een_cill: del
mundo tímida hasta lo mverosímll y tan sensible que
á la m~nor i!Jlpresióu eus ojos se llenan de lágrimas.

EL MUNDO.
inglés. Su madre era ya muy ingle8a á pesar de estar casada con un Príncipe altiwá.n y llevó á la corte sus hábitos yº"ª gn~tot!¡ 1.-jos de asimiJa,ae las costumbres de su
n1wva paHia, impuso en ella las Huya~.
Tomaba ciempre té, y á menudo en casa de algún compatriota, lo que e-candalizaba á los nobles alemane~. La
gran Duquesa anglomanizó la Corte y metamorfoseó pocu á poco á. Darwstadt en colonia inglesa.
La pérdida de esta princesa fué irreparable para s~
hijas¡ sin embargo, la educación de las princesas continuó inspirada en idénticos principios, pues el Gran Duque y sus bijas, por un piadoso escrúpulo, no quisieron
cambiar t1n nada el programa que había trazado la Gran
Duquesa Alicia.
A partir de esta época, la Reina Victoria se convirtió en
la consejera de a·us nietas, que todos los años acudían á
visitarla al Castillo de Balmoral. A la Czarina y sus her·
manas les encantaban esos viajes á. Escocia, donde ha·
cían infinidad de excursiones á la montaña.
Una de sus diversiones favoritas consistía en los bailes

8

NOVIEMBRE,

1896.

8 N OVIEMRRE, 1896.

CONOCIMIENTOS UTILES.
C11nservación de las maderas en las minas é
incombustibilidad.
Míster Henry Aitkens practica un procedimiento aplicable á toda clase de maderas con tal que estén descortezadas, secas y curadas bajo techado.
Las maderas en estas condiciones se sumergen en un,
baño de agua hirviendo, 6 cuando menos muy caliente..
que contenga sal común y cloruro de magnesio en proporción de siete de sal por uno de cloruro, bajo cuya acción se tiene de uno á dos días, según sus grueFos.
La instalación es sencilla: consiste en una caldera rectang,1lar de palastro de doce milímetros de grueso porseis metros de largo, unos veinte de ancho y noventa.
centímetros de altura montada en un hogar con conductos laterales de humos que terminan en una chimenea.
Se emplea el carbón más inferior y un solo jornalero.
Cuando se extrae la madera del bafio, está reblandecida y no puede maree desdeluego; pero almacenada de punta, ee seca y recobra la fuerza en
pocos días. En las minas de carbón de Nidrie, la duración de
'.as maderas era de diez meseil
por término medio y el dato que
hay hasta ahora es que las piezas preparadas por , ste procedimiento y colocadas en 1893 en
los sitios en que las comunes se
tenían que renovar con más fre·
cucncia, se conservan tao free·
cae como el día en que se colo·
caron.

El antiguo preceptor de la
Emperatriz se muestra en. usiasta por la belleza física de su
augusta diEcípula, y da á conocer fragmPntos de al¡nrnas cartas de la Reina Victoria, la Soberana de Inglaterra, en que
celebra con poéticas frases las
gracias de FU adorada nieta.
Después habla Mr. Conti de
la madre de la EmpHatriz, de
quien dice que era una mujer
superior que á la cultura y á la
grandeza de ideas reunía hermosaR cualidades de corazón.
-.:•-;¡i,¡¡¡I[ --•1111,0hu••Dió ejemplo de las mas grandes
L
.. virtudes y fné nna madre modeLa fabricación dPl azúcar
lo, llena de ternura y educadode remolacha.
ra admirable. Sfl ingPniaba en
preservar á sus hijos del contaConócese el azúcar desde los.
gio de los d~fectc,s de la nobleza
tiempos máH ,emotn~; por lo
alemana, del orgnllo de las premenos e I azúcar de Cll tia. Cuanrrog11tivas, del desdén por los
to al de remolacha fué en 174i
bumildeR, de loA prejuicios de
cuando nn qnímico alemán llacasta y del espfritu estrecho de
mado Nargraff publicó una melos príncipes germánicos. La
moria en la que detallaba las
gran Duquesa de Hesse se roinvestigaciooeA por él hechas,
deaba continuamente de persode las que dedujo la presencia
nas de mérito, sin cuidarse nundel azúcar en la remolacha; este
ca de sus riquezas ni de sus títrabajo fué presentado por su
tulos.
antor á la Academia de CienSu pa~ión por sus hijos, rescias de Berlín. DescubrimiPnto
plandece en las cartas que diritan importante, tardó runcho
gía á la Reina Victoria, lo mis•
tiempo en adquirir notoreidad.
roo que en el cuidado q•rn se
por las dificultades que Nargrllff
tomaba por su educación moral
encontró para llevar á la ¡;rgctiy eu instrucción.
ca lo que en teoría e~taba ya por
Escogía con gran cuidado proél resuelto, fundándose loa que
fesores é institutrices, á quienes
se oponían á que Fe sacara parrecomendaba coro batir la sequetido del descnbrimiento en que
dad del corazón, y no hablar
el jugo de la caña había de ser
nunca de prerrogativas ni de
( y es en realidad) mucho más
grandezas, inculcando á EUS dispu~o que el de la remolacha,
dpnlos el sentimiento del deNargraff había luchado, pero
ber.
la muerte no le permitió termiQuería que sus hijas fuesPn
nar su obra¡ ein embargo, sn diseducadas como todo el mundo,
cípulo Carlos Achard tuvo el hopara que habiendo nacido prinnor de continuar lo p0r el maes•
cesas, mereciesen la dicha de
tro empezado y llevó á la prácsu nacimiento por sus cualidatica la extracción del azúcar dti
des y virtudes.
remolacha.
En estos hermosos principios
Achard estudió especialrnen•
fueron educadas la Uzarina. y
te la remolacha desde el punto
sus hermanas. Y esta sencillez
de vista de sn utilidad para la
llevaba aparejada la disciplina y
fabricación de azúcar, y en 1796la severidad. El programa de la
estableció una fábrica para eneducación y de los estudios, deeayar lo qut1 podía producirse,
terminado hasta en sus más inpublicand•&gt; por la misma épo~ignificantes pormenores por la
ca una obra titulada "La fabriGran Duquesa Alicia, era muy
cación eúropPa de azúcar de reriguroso. Helo aquí:
molacha." Como consecuencia
...as princesas se levantaban
de los trabajos por Achard rea,í las siete, hora ,m que se desalizados, eetabléciéronse varias•
yunaban. Hasta la comida dPI
fábricas en diferentes países,
medio día, Ralvo una hora de
especialmente en Alemania, en
paReo á pie ó á caballo, se entreRusia, en Francia y en Bélgica._
gaban á sus lecciones y eEtuLAS ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS.
Los programa realizados por los
dios, que comprendían la enseWILLIAM l\lc KINLEY.-Presldent.e elect.o.-(Véase nuestra Polltíca General).
eminentes químicos Nargraff y
ñanza elemental, lenguas vi va!',
Achard,
no fueron del agrado de•
música, dibujo, pintura, baile,
los ingleses, qne por aquel entonces ejercían el monopolio
costura, y e lgunas nociones de cocina.
del comercio de azúcares &lt;ie caña. Comenzó entonces la luDespués do, la comida, un paseo en coche ó alguna excha entre la cafia y la remolacha, y ei Alemania fué cuna
cursión, volviendo á Palacio para tomar el té. Después
de la industria azucarera que toma por base el Pegundo
otra vez al trabajo. Una vez por semana se les daba
de dichos productos, Francia debe ser considerada como
asueto.
·
la salvadora de esa misma industria.
Las diversiones sedentarias eran deECartadas del proEn 1811 ordenó el emperador Napoleón, el bloqueo
grama¡ nada de muñecas, sino juguetes científicoE¡ fonócontinental, en virtud del que quedaban cerradas á los·
grafos, teléfonos, fotografía, linternas mágicas y diversiones higiénicas, sports, equitación, canotage, patines, casi campestres, á los que se invitaba á los que vivían azúcares de cafia las fronteras de los países productores
por los alrededores. A la animación de estas tiestaa coo- de remolachas, disponiendo al mismo tiempo qne fueran
bicicleta, etc., etc.
La Czarina es una exc, lente amazona y una intrépida tiibuía la presencia de los hijos del príncipe de Gales, destinadas para el nuevo cultivo 72,000 hectáreas de te•
rreno, distribuyéndose un millón de fri.ncos para estíprimos de las princesas de Hesee.
ciclista.
mulo de los ·cultivadores. Tal régimen prohibitivo, noMr. Conti termina su artículo diciendo:
En cuanto á dinero para el bolsillo, la que es hoy Emduró, sin embargo, mucho tiempo: tuvo su término al
«~ comprenderá ahora por qué la Emperatriz ha queperatriz de Rusia, 1ecibía por semana 12 centavos hasta
rido descansar en Balmoral más tiempo que en ninguna ocurrir la caída del emperador en 1815. Pero ya entonces
la edad de ocho años; 25 centavos hasta loe doce años y
otra parte; la residencia de su augusta abuela le recorda- la nueva industria Podía volar con ala&amp; propias, gracias
50 centavos hasta los diez y seis años.
á los progresos realizados en la fabricación y á los inceA esta edad la Princesa dejó de ser una niña para con- ba los días deliciosos de su adolescencia.
Sin duda, la Emperatriz de Rusia iría á ver el cuarto eames trabajos de algunos hombres de talento.
vertirse en una señorita; dejó su traje corto y ocupaba
Hoy la industria azucarera se diferencía de las demáeya un sitio en la mesa, en loe banquetes solemnes. Ya de soltera que ocupaba con una de sus herma.nas .....
Por todas partes hallaría gratos recuerdos y dulces industrias agrfcolas por su exportación y por el bienesno tenía que acostarse á hora fija ni se veía privada de
asistir á las fiestas de la corte. Pero no por eso se inte- emociones. Por lo mismo ha reservado la Czarina á. tar que proporciona á los que á ella se dedican. A más de
Darmstadt para su última vfaita. Allí deslizó su existP.n· tener ocupados á muchos hombres de ciencia, químicos
rrumpbron los estudios.
Tal fué la educaicón de la Czarina; puede agregarse que cia de niña y de jov.n soltera, y esta última etapa será la y nPgociantes, facilita el pan cotidiano á infinidad de
ubreros agrícolas que, sin ella, "\"eríanse inevitablemente
el medio donde se ofrmó fué un medio verdaderamente mejor, el verdadero oasis de su excursión por Europa.»

•

.
I

r

,

precisados á luchar contra el
hambre en todo tiempo, pero
muy especialmente en el invierno, la más rigurosa estación del
afin.
El cultivo de la remolacha de
azúcar constituve en la actualidad una de las· mejores industrias, pues mientras los linos,
lúpulos y otros textiles sufren
enormes fluctuaciones en sus
precios, no sucede lo mismo con
la remolacha. 1mporta, pues,
no eólo desarrollar este cultivo
en lo posible, si que también
aplicar todos los esfuerzos que
pueden allP~ar~e á la obtención
de un rend1m1ento de dinero
bastante ele.vado. Para llegar á
la consecución de este propósito, hácese necesario eegnir las
reglas de cultivo reconocidas
hoy como indispensables para
obtener á la ve¡; cantidad y cali~
dad del fruto que ha de producir
el az1ícar. Demuestra la expe·
riencia que la calidad de la remolacha ee obtiene sobre todo
por la simiente; como factores
complementarios que obran so·
bre la calidad de la cosecha, de·
ben mPocionaree el modo de
cnltivnrla y las condicionPs clim.?to'óg cae qu.. hayan influido
dnrante el período de vegetación y en el momento de la co·
secha. La cantidad por hectárea
depende. ante todo, del cultivo
que se haya hecho, de la fertili·
dad del suelo, de la naturaleza
del terreno y de las variaciones
atmosféricas que pueden produ cirse 1esde el momento de la
plantación hasta el del arranque. El cultivador debe necesariamente sembrar granos de
gran riqueza, bailándose confirrr.ada Psta nece•idad por la ex·
periencia; porque sembrar !(ranos estériles, sea de lo que fueren, es convertir t1n yermos los
terrenos más productivos.

EL MUNDO.

29t

hoy ó de mañana. Adhemar dice qne la tierra pt!rderá Sil
equilibrio por el pt-so siempre
creciente de los hielos del polo Norte y ha calculando ~1 t.iemmpo que ee neceRitnní. Tenemos '\un para 6.300 años. Sakountala dice que el peso de los
irnbéches es el que hará zozobrar á la tierra. Esto no es exacto porque hace mucho tiempo que hubiera zozobrado.
El Nuevo testamento parecía
anunciar el termino para el año
mil. La exper.iencia ha demostrado que la interpretación era
falsa.
Las gentes de entonces no tuvieron la dulcP. filosofia de los
florentinos de Boccacio, los de
la peste de 1345, que se reunieron para ocupar sus últimas horas amPnazadas por la plaga, en
contar las alegres historias del
Decameron con las cuales se divertía la Fiammeta.
Las descripciones auténticas
&lt;le! año mil son para hacer temblar á. cualquiera. Sería admirable que el teatro no se hubiese
inepirado en ellas; pero el asunto no ha sido feliz y ha proporcionado poco exito á eus dramaturgos, Nada menos que una
opera cómica se ha representado,
basadada en el asunto. Se llama
El Clíio mil; tiene tetra de Melesville y Pablo Foucher y música de Grisar. Fué eetrenada el
23 de Junio de 1837. Los coros
cantaban:
Perdón. perdón. perdón,
Dadno,; la absolución.
Hay aM nn monjP que organiza un falso fin del 11111ntlo y que
hace sonar la trompPta del juicio
final por los ballesteros de vigilancia, para forzar al sefior de
Tancarvilla á concHler franquicias· al pueblo y 1•1 pueblo se
encanta de que haya llegado el
fin del r'!undo: _
-•1110t111•-Porqnl' el fin del mundo
Curación de los sabañones.
lis la libertad!
Consideramos oportuna la
He aquí lo que ae llama totranscripción de la. siguiente
mar las cosas bajo su mejor asreceta para la curación de los
pecto.
sabafiones, molestia muy común
Al fin dfl la pieza, como la
en la estación del afio en que
gente cae en la cuenta de que
nos hallamos:
el mundo no acaba, el actor
BálSll.mo ~at.elll...... 15 grs,
Unguent.o cmno........ 4 ,.
anuncia una fecha ulterior uque
Bálsamo del Pen\....... 10 gota
debe siempre ser, dice el libreEstas subetancias se mezclan
to, el día siguiente al en que se
bien hasta obtener un ungüento
represente la piezm, Hay en essuave y consistente, que se exta ingenio fácil.
tiende sobre un pedazo de tela
A fines del siglo pasado, huLAS. ELECCIONES EN LOS ESTADOS UNIDOS.
de algodón, hilo ó lana, y se
bp tambien un gran fin de
William
J,
Bryan.-Candidal;o
de
los
demócratas,
derrotado.(Véa.se
nuestra
Polltíca
General).
aplica sobre la parte ulcerada,
rnundo h nnnciado á todo bompor mañana y noche.
bo para t1l año de 1800, el
cual dió lugar á una zarzuela. El fin d,l mundo ó el Cometa, por siete autores, que escogieron este número simUN ASUNTO IMPORTANTE
bólico en memoria de los siete brazos del candelero sagrado. Esta pieza fné representacta en 1796 en Parfs. Está llena de bromas fáciles y de alusiones· es nna revista
EL FIN DEL !lUNDO.
nna especie de examen de conciencia co~ música ante ~l
fracaso final y una exhortación á la esperanza. El éxito
Que este planeta ha de acabar de alguna manera ó cuan.
fué muy g~ande: !1aliía en la obra i ngenio_y sal.
do menos que Ia humanidad á quien se Je dió por morada
Todas las religiones anuncian el cataclismo final y no
Ca&lt;la qmen recibía en alfilerazo y tieoftroy el crítico
ha de tener fin, no es cosa de discutirse. Con tal que no
se comprometen mucho con eso por que la ciencia y la del Diario de los debates no se libró del suyo; tenía su
nos toque á nosotr~s _el cataclismo sino á los que vengan
razón t~mbien admiten la certidumbre de esta terrible cláueula en el testamento del protagonista:
después, todos adm1t1mos el fatal é ineludible resultado
conclusión. Desde el Evangelb y la ,_pocalipsis basta
Pero queda en pie una cuestión: ¿Cuándo ha dt: acaba;
Para terminar la lista,
lod Veda~, todo el rnu~do está de acuerdo. Nuestro gloeste mundo?
dejo un moli110 de viento
b/) es mortal y como dice el alcalde de cierta zarzuela
á un famoso periodista.
«ya se ~ará. la t1·istti exptirieucia»
'
que como.él va con el vient.o.
El mismo Sr. Flammarión tiene cuidado de tranquilizar nuestras _alarmas: La desaparición de la tierra según
él, está prevista y no tendrá imponancia alguna. Nuest~o planeta no es contemplado más que por un pfqueñísuno nú1;0ero de estrellas y si dejase de estar en su sitio
apenas s1 el mundo estelar lo notaría.
'
. El universo continuaría brillan~o y moviéndose y la
tierra_ perecería como una pobre diablesa obscura, sin tener 01 un p_erro de pobre que la acompañara en su entierro. Esto d1c_ho co~ perdón de nuestro amor propio.
Tales cons1derac1ones nos traen á la memoria los hermosos versos de !a Leyenda de los siglos y otros que lleva~ por título El Cometa y otros aún que se intitulan el
Aburmo. Al hombre que se enorgullece latiera le dice:
Tu no eres mas que mi gusano.
A _la tierra que se ~lorifica, Saturno le habla con desP!ec10; ~ Saturno altivo, el Sol lo insulta¡ al Sol, Syrio Je
Según las predicciones de algunos videntes debía ser
dice: Oigo hablará un átomo. Franqueamos con el po~ta
el ,2 ~e Octubre último. Sin embargo, el c~pitolio de
toda la escala de las sublimidades, eclipsando la una á la
Was~ungton, la torre Eiffel y San Pedro de Roma eetá.n
. Ln ~oción de nuestra nada y de nuestro fin tan fácil ha
en_ pie; así, pues, nos~ sabe á quién creer: El Angel Ga- otra.. Aldebarán ante arturo, el Zodiaco despnés del Septentr1?n; las Ne~ulo3as interpelando á la Vfa Lactea: d1vert1do á los zarzueleros, así como ha inspirado á ¡08
briel, que fué el que dictó la profecia arriba indicada en
i~ quién hablas tu, pues, copo lejano que pasa•! y Dios ha- poet~e, desde Voltaire basta Musset, desde la Esperanza
Parfs, nos ~a engañado, y Teresita U rrea no dice nad~ 80•
bre el particular.
ciendo callar todo ese murmullo del poi vo celeste' ex- en Dws hasta el Desastre de Lisboa, en que el poeta se moclama:
'
fa de los hombres, uesos pensadores impotentes que su·
Consolémonos, sfa, embargo, con Is- idea- de qne-no so-fren razonando acerca de su sufrimiento:
moa nosotros sol~s los engañados por estas profecías.
¡Me bastar-1,a 3oplar, para hundir todo en las sombras!
Atomos at.ormentados
En todos los tiempos, los habitantes de la tierra han
Esto es hermoso como l_a página de los dos infinitos de
en este montón de cieno,
estado preocupados por daber cómo y cuándo acabará el
á quienes la muerte traga
Pase~)
Y tales especulalac1ones en el espacio nos dan la
g!obo Y las fechas indicadas son tan numerosas q!le ha
y la suerte abofetea."
medida
exacta
de
la
nada
que
nosotros
somos!
sido poco prudente darles fe.
Mas el fin del mundo no es, á lo que parece, cosa de
No fueron tan hermosos como éstos los acentos que el

�8

EL MUNDO.

NOVIEMBRE,

1896.

8 N ,OVIEMRRE, ] 89A.

EL MUNDO.

293

--\!PRESENTACIONES.~

-

SEN ORA

JULIA

D.

Al verla, se P.iensa co,n B •c9-~er: poesía eres tú! Si en sus versos no la hubiera
su her mosuídra criolla ser~a_la d1vrna estrofa de ese canto que á través de los siglo~
1os o os con su mus1ca que e~ un e
rega
· 1o ó un sublime
·
I o d e1 cte
de laanaturaleza.
'
co perd.d
acento
J
ULIA
nombre
único
nació en Yucatá
B.
con q~lE: se conoce á la inspirada autora de ÜONFIDENCU·¡
n. 1en se ad1vma en el fuego qµe irradian sus ojos negros En
1
as reverbera el quemante sol de la costa: sus ojos arden como la ro]~ lJa.
en el ce'ribr~sé ifuu~t;ae!i8c~~~~in~ereno y qu.e fustiga. la sangre con sus rayos, flamea

i

ULT1MO ECO DEL VIAJE DEL CZAR.
N.CuLASII.

M. FELIX FAURE.

·LA CZA.RINA.

(De fot,ogralia hecha en Parls.)

:do del mundo anunciado para el l~ de Octubr~ último,

inspiró á los poetas.
Limitóse todo á algunos dibujos groteecoa, y algunos
versos malos en los cuales Dios Padre canta con música
de una zarzuela:
Reyes y pueblos mercenarios,
desde el Oriente hasta el Poniente,
temblad, oh Justos y pen•ersos,
porque ml trueno formidable
os va ll &lt;lestruir en un momento
desde Montmartro; al Indostán.

Pero bajo de esta forma grosera, la preocupación ea la
misma: la c&lt;Jrtidumbre que tenemos de que acabaremos
pobres y obscuros, entre las constelaciones que continuaran arrojando sus dardoe de oro, indiferentes é ignorantes de nosotros, en medio de la insensible impasibilidad de las cosas. ¿Cuándo se realizará esto? La próxima
fecha anunciada es el jueves 11 de Abril de 1901: pero á
lo que parece, todo quedará como ahora. Por lo demás,
loa que vean ese cataclismo asistirán á un hermoso espectáculo que lea costará caro porque lo pagarán con la
vida. Ninguno querría ePr eterno, ninguno querría renacer, y sin embargo, nadie se preocupa por asistir á la
muerte de la Tierra, y hasta el último instante los hombres dirán y desearán: «Después de nosotros, el fin del
mundo!11

La Enterrada viva.
Los bañistas entraban en el comedor del hotel y se sentaban en sna respectivos sitios.
Loa criados comenzaron á servir muy despacio, á fin
de~ar tiempo á los rezagados, mientras los ya presentes
miraban con interés hacia la puerta siempre que se
abría, movidos por el deseo de contemplar nuevas caras.
Aquella tarde, como todas, esperábamos la llegada de
nuevos huéspedes.
Sólo se presentaron e.os; pero muy extrafios. Un hombre y una mujer: padre é hija.
Dea1e luego me hicieron el efecto de dos personajes
de Edgardo Poe, víctimas de la fatalidad.
El hombre era alto y delgado, tenía la cabeza cana,
demasiado cana para su fisonomía, y su continente ei:a
en extrem!:l grave y reposado.
~ joven tendría á Jo sumo veintir.uatro ai'íolj y era de
baja estatura, muy delgada también : eumaménte hermosa.
Sin duda era ella la que ib.1 á tomar las aguas.
Sentáronee delante de mí, al otro lado de 13 mesa y noté que el padre tenía un movimiento nervioso muy singular.
Siempre qne deseaba coger un objeto cualquiera, su
mano describía una Pspecie de zig zag antes de apoderarse de lo que buscaba.
Noté también que la joven conservaba puesto, para comer, el guante de h mano izquierda.
Cuando nos levantamos de la mesa, me fuí á dar un
paseo por el parque del establecimiento termal.
Hacía mucho calor aquella tarde y busqué un sitio
fresco desde donde. pudiesp, oír sin molestia la música del
Casino, que comenzaba á ejecutar una pieza de ópera.

De pronto noté que venían hacia mí el padre y la hija.
Los saludé, y el l,ombre, deteniéndose de repente, me
preguntó:
-¿Podría usted indicarnos un paheo corto y agradable, perdonándome mi indiscreción?
Acto continuo, les ofrecí acompañarles á un hermoso
valle de las inmediaciones, y desde luego aceptaron mi
propuesta.
Y, naturalmente hablamos de la virtud de las aguas.
-Mi hija- decía el padre- tiene una enfermedad
muy rara. Padece accidentes nerviosos incomprensibles,
y tan pronto se la cree atacada de una enfermedad del
corazón, como de una enfermedad del hígado ó de la médnla. Hoy se atribuye su dolencia al estómago, que es la
gran caldera y el gran regulador del cuerpo.
Esta·ea la causa d&lt;i qtte hayamos venido á este establecimiento.
En seguida recordé las violentas contracciones de en
mano, y le pregunté:
-¿No podría achacarse á la herencia el mal de esa nifia? ¿No padece usted tambien de los nervios?
- ¿Quién, yo? No, señor. Mis nervios están siempre
sosegados,
D,spuée de un instante de silencio, repuso:
-¡ A.y, ya cé! Usted alude al espasmo de mi mano si0 mpre que trato de apoderarme de un objeto. Eso procede
de una emoción terrible que tuve tiempo atrás. Figúrese usted que esa criatura ha sido enterrada vi val
Lancé un grito de sorpresa, y el padre p1osigió en estos términos.
-La aventura es muy sencilla. Jul'eta padecía de ataques al corazón y creíamos que tenía los días contados.
Un día la llevaron á casa, fría, inanimada, muerta. Había perdido el conocimiento en el jardín, y el médico,
llamado á toda prisa, certificó la defunción.
Velé junto á ella un día y dos noches y yo mismo la
amortajé, acompañándola luego hasta el cementerio, don•
de fué sepultada e11 nuestro panteón de familia.
Advierto á usted que tuve el caoricho de que la enterraran con sus alhajas, sus brazaletes, sus collares, sus
sortijas, con todo cuanto yo le había regalado, y con su
primer traje de baile.
Ya puede usted figurarse cuál sería el estado de mi espí-ritu cundo regresé á mi casa. No tenía más que á ella.
pues mi mujer había muerto hacía años. Entré medio loco á mi aposento, sólo, extenuado por el dolor y caí en
una butaca, sin fuerzas para hacer el menor movimiento.
Próspero, mi antiguo ayuda de cámara, que me había
ayudado á vestir á Julieta para su último sueño, e ntró
pausadamente y me dijo:
~¿Desea usted tomar algo, señor?
-No.
- Pues hace usted mal en dejarse abatir de eie modo.
¿Quine usted que le acueste?
-No, déjame en paz.
Y el criado se retiró inmediatamente.
¿Cuántas horas transcurrieron? Lo ignoro. Pero, ¡qué
noche t n horrible la mfa! Hacia frío y ee había apagado
la htmbre de la chimenPa.
·
Y yo estaba allá. sin dormir, sin acostarme, anonadado, con los ojos abiertos y el alma llena de desesperacion.
De pronto sonó con gran estrepito la campana del vestíbulo y mi butaca cru¡ió bajo mi cuerpo. Encendí una

vela, miré el reloj y ví que eran las dos de la madrugada.
¿Quiéu poáíf.l ser á aquella hora?
Volvió á sonar la campana y sospeché que loa criados
no ª"' atrevían á levantarse. Estuve á puoto de preguntar: «¿Quién es?, pero me avergoncé de semejante acto de
debilidad, bajé la escalt,ra y corrí los cerrojus. Confieso
que en aquel mstante tuve miedo. Abrí bruscamente la
vuerta y divisé en la obscuridad una forma bknca, algo
asi coruo un fantasma.
Llel\o de angustia retrocedí, balbuceando:
-¿Quién ......... quién ,s? ........ .
Uua voz contestó.
-Soy yo, pan re mío.
Era mi. hija.
Creí que me había vuelto loco, y ante aqel espectro
que entraba, retrocedí, haciendo i.:on la mano, para ale·
jarlo, ese gesto que usted ha notado en mí hace poco y
que jamás me ha abandonado desde entonces.
--No tengas miedo, papá-decía la aparición-no estoy
muerta. Han queri'1o robarme las sortijas y me han cor•
tado un dedo; pero la circulación de la sapgre me ha de•
vuelto á la vida.
Y noté, en efecto, que estaba cubierta de eangre.
Caí de rodillas sollozando y sin saber que II.H:l pasaba.
Cuando recobré mi serenidad, hice subirá Julieta á
mi cuarto y la senté en mi butaca. Después llaméáPrós•
pero para que encendiera la chimenea, preparase una be·
bida y corriese en busca de socorro.
Entró el criado, vió á mi hija, abrió la bnca en un espasmo de espanto y de terror, y. como herido por el ra·
yo, cayó muerto en el pavimento.
Prófpero fué quien abrió el panteón, mutiló á mi hija
y luego la abandonó en su sepultura. Ya ve usted, caba·
llero, cuán deEgraciados somos 1
Había cerrado · la noche y sentía una especie de te•
rror misterioso al verme entre aquellos seres extrafios.
No sabiendo que decir murmuré:
-¡Qué drama tan horrible!
¿No les parece á ustedes que debemos retirarnos?
El padre y la hija aprobaron mi proposición, y nos di
rigimos apresuradamente al hotel.
Guv DE M,uPASSANT.

El be,;,o enjaulado.

El joven estaba enamorado de la joven y aufría mucho
con motivo de ese amor. No era q11e ella le amase menos,
sino que sus parientes no querían consentir en 6U matri·
mt-nio. Una ocasión qne él la acechaba-era un poco an•
tes de la aurora, cuando el alba vacila al nacer-la vió,
blanca y rubia, en la ventana: miraba el cido pálido de
la mañana y él la veía pálida también; ella, encantada de
esa claridad nueva y creyendo que nadie la observaba,
envió con sus dedos rosados un beso al día. naciente, al
propio tiempo que se despt&gt;rtaba un pajarillo y lanzaba
un·grito, como si este soniao ligero hubiera sido el eco
de aquel b, so tonante. El enamorado vió el beso, oyó el
grit,o rítmico y modulado, siguió al avechucho á través
dll las urnas del bosque y Jo llevó consigo á su cae 1. Abo•
ra, es muy feliz, porque de la mañ~na á la nochti. á to';laa
horas y siempre, oye cantar en su Jaula el beso de la bien
amada.
C.,TULO Mi:NDEZ.

FEBLES

( de Yúcatán ) .

~~

r

~~~~~

::~~P

J¾~~roÚ- J ~

tan ]us versb~ nace.n de sus ojos; su poesia fulgura en su ,,.irada · l ·s luces &lt;iUe brofond; isos ª ismps rnson~a_ble!!, encienden en la altura que impa~ible contempla el
no cifr=~d:, :stros que titilan !°:ego con lumbre consoladora, para el espíritu hnma' L .
. 1 ~romesa de una vida que es paz y de una paz que "'S virtud regocijada
le
~mspiracwn ¿qué es sino l~ mirada reveladora del alma? La estrofa triste s~
iTa!nd sT9-~e en el papel, en los OJOS del poeta; cantan primero el himno é pico las puficia coen {: eo que las trompas de !os soldados libres de Grecia; el arrullo de amor acade las noche:uaazvuÍe~rnura de los o¡os, antes que con la trova dulcísima, perturbadora

µ&amp;;; . d d . ~ !n~a4 /7'1,:,/

°~ ª1
¡81.f

cant~º6
fi al sentir las ardientes miradas de la poetisa yucateca se recuerdan sus
vida
eer sus ca.ntos se i:-ecue~dan sus ojos. Estrofas y miradas vi ven una sola
1
\pa P an en un mismo latido tienen una alma· la inspiración
rd
mad~t: as, como 1.as palm~ras que baten sus ab~nicos de eame;alda, á los perfulor ó cant!~~n d:u~~ ~1rÉi marrnos, se levantan sua estrofas, en las que solloza un do·
0
dolor amargo como la ond~ que muP.re de cansanc10, lánguidamente. en
playa de~conocida cuando gime entre la; cuerdas cte uaa lira, ea un suefio, r el suefio, blanco y
pasa¡ero como la espuma
en que se envuelve la onda lánguida, moribunda,
es un ctolor.
Por eso, el dolor y el
suefio deben ser cantados
por almas tiernas y me·
lancólicas como la maga
de los ojos negros..... .
Cerca de mí, ha pasado
muchas veces. Al escu·
char el rumor de sus pasos, he vuelto el rostro
para contemplar su hermosura.
Ahora que tengo en mis
manos, lejos de mi tierra
querida, sus versos he
vuelto á extasiarme ~n la
admiración de sn belleza.
Se yerguen ante mí las
palmera~ de la costa, aspi.
ro con delicia, anchamente, las bri~as marinas y el
sol idel trópico precipita
en mí;la sangre, del cora•
zón al cerebro.
_Yeo á Julia, y al verla,
pienso con Bt&gt;cquer, nna
vez más: poes!a ere.s tú!

P.

EscALANTE PALMA.

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�8

EL MUNDO.

294

A ••••••

C .ANCION.

Diles tú que conoces mi hisroria,
Que no me aborrezcan,
Que no me maldigan ..... .
De aquel draJLa sangriento y terrible
No he sido el verdugo;
¡He sido la víctima!
Si perdidas están para eiempre
Mis cortas venturas,
Mis páUdaa-dichas;
Si no hav pena que iguale á mi pena,
· Si llevo en el alma
Mortales heridas;
Si mis venas exangües no prestan
Vigor á mi ~u~rpo,
.A.liento á mi vida, •
Si me rindo al dolor, y el cansancio
Sin fuerzas dejóme,
Dobló mis rodillas;
¡.A.y! ¿Por qué con crneldi~d tan constante,
Cobarde y traidora
Me hiere la inquina......t
Si abatida aoblego la frente,
¿Por qué me coronan
De agudas espinas......?
Tú que alzando los velos de mi alma
Has visto su eterna,
Mortal agonía;
'Iú que has visto mi entralía más noble
Hincharse á 1os golpes
De suerte enemiga;
Tú que has visto posarse en mis ojoe
'
De un suelío apacible
La suave caricia,
Y cantando muy bajo y bebiendo
Mis lágrimas tristes,
Quedarme dormida;
Diles tú que conoces mi alma,
¡Que yo les perdono
Mi pena homicida!
Que después de dormirme bebiendo
Las gotas ardientes,
Las lágrimas mías,
Me despierto á la luz de la aurora
Y al cielo se eleva
Mi triste pupila,
Y con ella ferviente plegaria
P&lt;&gt;r t&lt;&gt;dos pidiendo
La paz y ia dicha!

Alma blanca más blanca que el lirio,
Frente blanca,'más blanca que el cirio
Que ilumina el altar del Selíor,
Ya serás por la aurora encendida,
Y a serás sonrosada y herida
Por el rayo de luz de; amor.
Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risa argentina
Junta el albo marfil al clavel,
Y a vereis como un beso os provoca
Cuando Cipres envíe á esa boca
Las abejas sedientas de miel.
Manos blancas como hostias benditas
Que sabéis deshojar margaritas
Junto al fresco rosal del pensil,
Y a diréis la canción del amado
Cuando hiráis el sonoro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.
Ojos bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul.
Cuando lleven las hadas á. Oriente
.A. la bella del bosque durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu cáliz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera sn palio levanta
Y hay un coro de alondras que canta
La canción matinal del amor.
RuBEN DAR10.

JULIA.

VESPERAL.
***

En el ocaso la luz moría
Bordando el cielo de áureos celajes
En donde el iris resplandecía;

. •**
.
Y suspendidos
de los rama¡es,
Los leves hilos de las aralias,

De luz creyéranse finos encajes.
*
* *sonantes calías,
Entre las verdes
Cantaba el viento versos de oro
Balanceando las espadalías!.. ....

*

* *en ráudo coro,
Las golondrinas
Juntas buscaban sus blandos nidos
Dando á los aires cantar sonoro;
*

* * de luz hench.d
Y en los espacios
i os,
Fingían haces de ardientes rosas
Los arreboles estremecidos!. .....
*

* * las mariposa&amp;
.
En 10\:o enjambre
Vivas maralías de sol formaban;
Y eran fugaces piedras preciosas
*
* . b.
Que del zafíreo* zemt
a¡ab an,
En las doradas nieblas ardían,
Y entre las sombras aleteaban!. ....... .

····:····················;····························
** resplandecían
En tanto...... vivos
De los celajes los mil colores, .
Y las montañas la frente hund1an
En un diluvio de resplandores!. .....
RAF~EL MARTINBZ RUBIO.

AUNA RUBIAEn el album de llna mexicana.

Perdona hermosa, pero tengo antojos
De saber si es el sol el que ha fundido
Tu melena triunfal de oro encendido,
Que á. una aurora de Mayo diera enoj~e.
Dime ¿en qué sangre de claveles ro¡oa
El botó~ de tus labios se ha teñido?
¿En qué rayo de luna se han dormido
Las húmedas turquesas de tus ojos?
¿Qué divino cincel ha modelado
El mármol ideal de tu escultura?
Tu pasas, y el deseo enamorado
Se pierde en tu eucarística blancura:
.A.lma que aun al amor no ha despertado,
Maravilloso lirio de hermosura!
VICEJ.~TE ACOSTA..

DIARIO.
Enero 6.-Cada día se robustece má.s y má11 mi convicción: soy el tipo perfecto de un bu~n simple, soí'.íador del
género wertheriano y por ~nacron!smo, romántic~¡ acaso
el último mite de la especie que vive en el mundillo.
Deléitome en locos entusiasmos con libros de heroinas
tísicas y enamorados decadentes, y, para que nada falte
á mi depravación moral, tengo la monomanía de garrapatear versos de esos que, como dice Gautier, hacemos
todoa á la edad en que se estila el juicio corto y los cabellos largos.
Frecuentemente padezco exaltaciones sensuales por
mujeres muerlas en la más remota antigüedad ó concebidas sólo en las imaginaciones de los noveleros.
En la historia de mis impresiones (una funamb1:1Iesca
odisea) han escrito poemas sensacionales la Evangohna de
Longfellow Phriné, Lady Macbeth, Santa Teresa, y tantantas y ta¿tas que como ala&amp;:is vi;1iones de l~zdesfilaron
tenues é invioladas sobre el Tiberiades de mi cráneo para deslumbrarme después con sus fulgenciaa.
Hasta hoy, nin~una dama de las que yo puedo ser no•
vio ó marido· ó amante, ha logrado poseer el secreto de
causar perturbaciones en mi ser.
.
.
He querido aostractamente: á ésta, porque im.agmé
que sus brazos eran los perdidos de la Venus .mutilad~;
á esa, porque las implacables alburas de su piel me hicieron pensar en Ariadna abandonada; á la otra, porque
sus bucles á. la prer~faelista tenían el b:illante negror de
sedelía madeja fabricada por gusanos ¡aponeses, y á las
demás, por sus pupilas de Medusa ó sus rizos de oro pá•
!ido· por rubias porque aureolaban el óvalo seráfico del
rost~o con la m~lena fosfórica de Eapírita.
La mujer ha sido para , , ,í la hembra, y, nunca, nu_n~a,
he llegado á saborear loe deleites de ese amor paradis1a·
co que anida en la cabalía y el alcázar..
. .
Mis ilusiones, florecen solo en las meves de la md1fe-

NOVIEMBRE,

1896.

rencia, viven efímeras y enfermizas el ~reve tiempo que
he podido creerlas imposibles, para morir después al más
debil soplo del hastío.
Sieu,pre he perseguido á la ~spera~za, por que es la
eterna fugitiva, y con frecuencia, escribe en los e:orazones páginas candentes...... , que puede borar una impre·
sión tri vial.
.
.A.mo las rosas con pétalos de terciopelo,. cuand? tiemblan en sus endebles tallos espinosos, las odio en mi mano
porque hacen brotar sangre y se marchitan.
Creo que ser devoto de una bella á la distancia en que
el lente analítico hace inapreciables. ~o~ detalles, es s~~·
tir al amor en su más refinado esqmsit1smo; me horr1pi·
Jan 103 desencantos, prefiero ~ uar á. una fa.Isa bell~za
desde lejos, á saber que las grac13;s de su son~iea las h1z~
una postiza dentadura, que el brillo de los o¡os lo poeti•
zaron unos pincelazos de kohol y el tono sonrosado deia
macerada ¡;;iel es un emplastamiento de coloretes y_polvo
de arroz......
Y
.Marzo 6.-Algunos días el vacío ~e mi alm~ si_n afee·
ciones determinadas, me causa vértigos: veo~• Nuwaua
muy cerca, encrespándose en la noche caótica d~nde,
nawta de lo incognoscible, se aventura más y más mi fan•
tasía......
·¡
.
Siento debilidades propias de la ed.ad sem , mis ca~nes
al tornarse débiles y ex:ang1:1es adqmeren una ~rnanlle~
ictérica que me da apariencias de cadaver, entnstece mi
juventud como alondra en la époc3; inverniz3;, Y, cua!1do
la diatesia llega á l~s recrudescencui:s del penodo álgido,
.caigo inerme y prisionero en las gnsaceas telaralías del
fastidio ..... .
Abril 2.-Quiero acercarme á un fantasi:na indolente y
luminoso que he columbrado entre las opiaceas vaguedades de mis paraísos artificiales.
Es una figura inmaterial q~esigl!-e mis pasos, habla de
amor á. mis oídos y hace huir á mi angel bueno con sus.
gloriosas impudibundeces ..... .
Abril 20.-¡Confusión demonia~al
.
Dijérase que en el bullente microscomo de mi craneo
prodúcese la sangre inflamada de un incendio.
¡Oigo ruido de alas!
.
Estoy seguro que mariposea y v~ela en el. espacio. u.n
suspiro del extramundo ó algún flmdo psíquico propicio
á mis neurosis.
Será porque leo á Hegel y á Swedenbe,g.
Acaso...... Acaso ..... .
.Mayo S.-Pacem summa tenent...... !. ..... !. ..... !
.Mayo 20.-He visto en el escaparate de no sé qué foto•
grafía la imagen de una mujer.
¡Qué pureza de líneas en su perfil!
Debe haberse retratado á. propósito de algún baile. de
fantasía porque viste un caprichoso traje de campeuna;.
falda co~ta enselíando el nacimiento de una pierna delgada, que, según la expresión de Duma~, promete D!)berlo en adelante; hay romancesca nostalgia en sus pupilas, el talle es delicadamente fino, su seno se eleva ~on
la suavidad necesaria para perfilar una curva clásica,
sonríe como deben hacerlo las musas á los inspirados y
en su cuello admirablementii modelado se enroscan varias sartas de cuentas: serán perlas.
Junio s.-¡No hay remedio! .
.
.
Estoy profundamente impresionado de la mc6gmta.
Cada vez que paso por el establecimiento, deténgomeante el cristal y la observo escrupulosamente, ~escubriendo siempre algún encanto nuevo que contribuya
poderosamente á harmoniz.ar ~u.a pedecciont:s.
Mi afecto está lleno de v1rgimdades.
Tengo rubores de colegiala á quien sorprende la pu~rtad y tiemblo como un chiquillo cu~ndo alguna at.revida
idea me acomete en mis contemplaciones á su efigie.
Concurro á los paseos, á los hipodromos, ~¡ teatro, y
entre las mujeres que según Alfonso Karr, mientras más
desnudas mejor vestidas van, no he podido encontr..r
alguna que ee le parezca.
.
Lo infructuoso de mis peEqnisas aumenta peligrosa
mente mi neuropatia, y aunque me siento gravemente
enfermo, no me decido á obedecer el tratamiento d.e un
físico, porque estoy seguro de que hablará. de un n11~ro-.
bio infinitamente pequefio á quien es forzoso extermrnar
arrojandole una batería de píldoras y rectomas de f~r~acio; ademas, mi mal no es de los que cura la_ medicrna,
nace en lo profundo, ha echado muy hondas r:11ces; .a~r~ncarlo es darme la muerte...... y ......... yo quiero vivir.
Ju~io SO- ¡La he visto!
¡Milagrosa epifanía!
.
Es muy rubia; sus 011dulantes cabellos caen en E:spiralee.
doradas sobre los hombros, nimbando su faz asma .c?n
un halo fosforescente y ambarino; es sn frente de nov1c1a,
blanca con la palidez enferma de los lirios que~e mueren
sobre el marmol de las tumbas, digna de guardar como.
arca santa los más grandiosos pensamientos; tiene su carne suave y tierna, transparencias denivosa, es el cuerpo .
esbelto y fragil, las manos pequelíitas cual modelo de e~cultura, son nobilísimas y crueles, como las dE: esas re1;nas que firmaban c~n niveas plnl!'.1ªª• sentencias sanguinarias· más que mu¡er se me antoJa una alma, porque no.
hay e~ sus formas nada que hiera los seutidos ...... i Está.
espiritualizada!
Es rica, pregónanlo á. gritos, lod diamantes de sus sortijas las finísimas blondas y sedas de sus ropas, ... ••·•· •
el fa~sto regio de sus trenes!. ....... .
Agosto 4.-¿Habeis visto á la diva en moda, hollar
sonriente con sus leves pies la alfombra de flores que
arrojan electrizados sus fanáticos?. .....
.
¿Habeisla visto en el escenario ( ese altar dC1nde o_fic1a
su coquetería) tomar el más valioso ~ouquet y. hundir la
roxelana naricita en las corolas, olvidando, rngr_ata,. el
ramillete que en su tímida fragancia lleva la adm1rac1ón
dt&gt; algún sufriente anóni~o, el mM .desdeñado porque es
el mas sincero? ......Así m1 amor es ignorado de l_a que Jo.
inspiró; tiene pudibundeces de vio.Jeta, estremecimientos.de sensitiva miedo á las desfloraciones...... •••
Quiero qu'e pase triur.fante á mi lado sin sospech.ar que •
entre la turba que cuchichea está nn corazón palpitando.
furiosamente por ella ........ .

8

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

Agosto 20.-¡Quisiera saber su nombre! que una sola de
las palabras dulces que prodiga á los que por ella no han
pad&lt;icido, sea para mi solo, que me mire con sus pupilas
de diamante negro!. ....... .
Septiembre 8.-.A.yer entré á la iglesia: no soy creyente
pero venero á los diose€: me gusoan lo!! templos con su
obscuridad contemplativa, sus santas afligidas y sus cirios
crepitantes; las naves sombrosas albergan legiones de
almas con tocas de monja y cruces de abadesas, sus inscripciones latinas, son cristianas teog.rnfas, conjuran leyendas azules sepultadas entre el polvo canoso de los
siglos muertos, el confesionario habla de luchas interi0res, y terrores, y perdones, y conciencias purificadas con
la santa bendición ........ .
Mf amigo el capellán que es un viejecito escualido de
faz hierática, una especie de Vo!taire con sotana, hacía
los preparativos de uua boda que por voto religioso iba
á celebrarse sin boato.
Esperé la ceremonia.
Me siento feliz, cuando Mimi Pinsón está de bodas;
me encantan las novias púdicas con sus velos de crespón, que enclavijan las manos enguantadas, temerosas
y alegres, pensando en los deliquios nupciales que se
acercan.

·········································
·······································
Llegaron los esposos.
t

No distingo el rostro de la prometida, veo sólo una
mancha vaporosa y blanca entre el mar de cabezas ne•
gras que se ajitan .
t,ubo á un banco.
Está radiante de alegrfa¡.A.ngelica criatura!
¡Me vé y se burla!. .. ... ¡Dios mío!. ..... ¡Es ella!
Gimieron mis nervios como las cuerdas de vieja lira
entre ulías de una fiera, y después, no sentí nada...... nada! ...... absolutamente nada.
C1ll.o B. CEBALLos·

J,
1

¡Creedme! Yo soy muy nervioso, espantosamente nervioso, siempre i:) he sido. Mas ¿por qué os empelíáis en
que estoy loco? La enfermedad ha dado mayor importancia á mis sentidos: no los ha destruido m embotado.
Entre todos se distingue, sin ero bargo, el oído, como superior en fineza; yo he oído todas las cosas del cielo y de
la tierra y no pocas del infierno. ¿Cómo, pues, he do estar loco? ¡Atención! Y contemplad con cuanta calma y
cordura puedo contaros mi historia.
No es posible explicar cómo :ne pasó por primera vez;
pero ya que me pasó, no cesó de perseguirme noche y
día. yerd.aderamente no había en ella objeto ni pasión
de mi parte.
Yo quería al pobre viejo: él no me había hecho mal
ninguno: jamás me había insultado; yo no codiciaba su
oro ...... ¡Ah! ¡sí, esto es! uno de sue ojos parecía de buitre; era un ojo azul, apagado y coa un'l catarata. Cada
vez que aquel ojo se fijaba en mí, la sangres~ me helaba;
a~í fué que lentamente y por grados se me puso matar
aqu~l viejo para de este modo librarme de aquel ojo para siempre.
He aquí, pues, la dificultad. Me creeis loco; pues bien,
los locos no saben de nada; ¡pero si me hubierai~ visto!
¡si hubierais visto con qué sagacidad me condujal ¡Con
q~é precaución, con qué previsión y disimule, acometí
mi emprern! Nunca estuve tan amable coa el viejo como
durante la semana que precedió al asesinato. Y cada no•
che, hacia la media, descorría el prest11lo de su puerta y
abría, ¡ob tan suavemente! Y cuando había entreabierto
l? suficiente para. que cupiese i:ni cabeza, introducía una
hnterna sOl'da, bien cerrada, sm dejar que asomase un
rayo de luz; después metía la cabeza; ¡cómo os hubieras
reído de ver cuán distraídamente metía la cabeza! Movíala lentame11te, para no turbar el sueflo del viejo.
Una hora empleaba. cuando menos, en introducir la
cabeza por la Abertura, hasta ver al viejo acostado en su
cama. ¿Un h co habría sido por ventma tan prudente?
Y cuando habla metido toda la cabeza abria la linterna
con precaución, ¡oh, con qué precaución porque rechina•
~a el l!'uzn~ I Abría no má:l lo preciso para que un rayo
imperceptible de luz cayese sobre los ojos del buitre. Re•
petí la operación durante siete interminables noches á
media .noche exactamente; pero como siempre encontrase el OJo ce.r~ado,. no pude 1eali~ar m.i propósito porque
no era el vieJo m1 eterna pesadilla, srno su maldito &lt;'jo.
Cada malíana apenas amanecía, entraba yo resueltamenie á ~u cuarto y le hablaba con desparpajo, llamándole
cordialmente por su nombre, é informándome de cómo
había pasado la noche. Muy listo debía ser el viejo para
sospechar que cada noche, á media noche, le espiaba dura,,te su sueño.
La octava noche redoblé las precauciones para abrir la
puerta. El horario de un reloj se mueve con más VP.locidad que en aquel momento se movía mi mano. Hasta
~uella noche no había yo meditado todo el alcance de
m1s facultades y de mi sagacidad. Apenas podía conte•
ner la sensación qae :ne causaba el triunfo. ¿Pensar que
yo estaba allí, abriendo poco á poco la puerta y que él
no eolí3;ba siquiera ni mis intentos?
'
d Esta idea me arrancó una ligera sonrisa, que él oyó sin
.uda, porque se revolvió súbitamente en la cama como
s1 d~spe.rtate. Creeréis quiza que me retiré, pues no. La
habitación esta~a. tan negra como la pez, según que eran
~e espesas las tmieblas, porque las ventanas estaban cuiadosamente cerradas por miedo á los ladrones. Así
pues, en la inteligencia de que él no podía ver la abertu:
ra de la puerta, continué abriéndola más y más.
Ya había metido la cabeza y principiaba á. abrir la lin:rna, cuando.~i puliar resbaló sobre el hierro de hoja
e lata, y el v1e¡o se rncorporó en la cama gritando:
-¿Quién ar.da ahí?
Quedéme absolutamente inmovil y sin decir una pala-

bra. Durante una hora entera no moví ni un músculo, y
en todo ese tiempo no oí que se volviera á acostar.
Permanecía incorporado y alerta, lo mismo que yo había hecho noches enteras escuchando las arañas en la
pared.
Mas, he aquí que oí un debil gemido y conocí que era
producido por un terror mortal; no era un gemido de do•
lor ó de disgusto, ¡oh, no! era el ruido sordo de una alma
sobrecogida de espanto. Yo conocía bien este ruido: bastantes noches, á media noche en punto, mientras el mundo entero dormía, se había ernapado de mi propio seno,
aumentando con su terrible eco los terrores que me asaltaban. Digo pues, que, que conocía bien aquel ruido. Yo
sabía lo que el viejo estaba pasando y tenía piedad de él,
aunque mi corazón estaba alegre.
Sabía que estala despierto desde que, al oír el primer
ruido, se había aumentado por momentos; había querido
convencerse de que su terror no tenía causa, pero no habfa podido. Habíase dicho á. sí mismo: ¡esto no es más
que el viento que suena en la chimenea, ó un ratón que
corre por el entarimado! Sí, había querido recobrar el
valor con semejantes hipótesis; pero en vano, en vano,
porque la muerte que se acercaba había pasado por delante de é l, envolviendo con su sombra negra á su víctima. La influencia de aquella sombra fúnebre era la que
le hacía adivinar, aunque nada había vieto ni oído, la
presencia de mi cabeza en su hsbitación.
Desp11és de esperar largo tiempo, y con gran paciencia,
sin oír que volviera á acostarse, me resolví á. entreabrir
un poco la linterna, pero tan poco, tan poco que no po•
día eer menos. Abríla, pues, ¡tan suavemente! que fuera
imposible imaginarlo, hasta que al fin un rayo de luz,
pálido como un hilo de arafia penetró por la abertura y
fué á. dar en el ojo del buitre.
Estaba abierto. abierto del todo, y yo apenas le miré,
me encendí en cólera. Le ví clara y distintamente, entero, de un azul empañado y cubierto de un tela horrible,
que me heló habta la médula de los huesos; pP.ro no pude ver ni la cara ni el cuerpo del viejo, porque be había
dirigido el rayo como por instinto, precisamente al sitio
maldito.
.A.hora bien, ¿no os dije que lo que tomáis por locura
no es má.s que un refinamiento de los sentidos? Pues bien,
he aquí que oí un ruido sor:!o, apagado y frecuente, semejante al que haría un reloj envuelto en algodén, y lo
reconocí perfectamente; era el latido del corazón del viejo. Con él creció mi furor, como el coraje del soldado se
exaspera con el redoble del tambor.
Con tu veme, sin embargo, y permanecí inmovil y respirando apenas. Emplee mi esfuerzo en sostener fija la
linterna y el rayo de luz en derechura del ojo. Al mismo
tiempo el latir infernal del corazón era cada vez más
fuerte y más precipitado, y sobre todo más alto. El terror
del viejo debía ser extremo. Estos latidos, dije yo entre
mí, sou cada minuto más fuertes. ¿Me comprendéis bien?
Yo os he dicho qus soy nervioso: por lo tanto aquel ruido tan extrañ'l, en medio de la noche y del medroso sileucio que reinaba en aquella vieja casa, me causaba un
terror irresistible. .A.un pude, sin emba1go, contenerme
durante a lgunos minutos, pero los latidos iban biendo
aun más fuertes. Yo creí que el corazón iba á. reventar·
y he aquí que una nueva angustia se apoderó de mí;
aquel ruido podía ser oído por algún vecino. La hora del
vit-jo habla sonado. Dí un alarid,&gt;, abrí brnecamente la
linterna y me precipité en la habitación. El viejo no dió
un grito, ni ur. solo grito. En un momento le arrojé sobre el entarimado y cargué sobre él con todo el peso
aplastador de la cama. :Entonces sonreí de satisfacción
a i ver tan adelantada mi obra. Durante algunos minutos
latió todavía el corazón con un sonido ahogado, P"ro es.
t;, ya no me atormentó como antes, porque el ruido no
podía ser e~cuchado á través del muro. Al fin, el ruido
cesó; el viejo había ya muerto. Levanté la cama y ei.aminé el cuerpo: estaba rígido é inerte. Púsele la mano
sobre el corazón y la mant11V10 así durante algunos minutos: ninguna pulsación; estaba rígido é inerte. El ojo no
podía atormentarme más.
Si peraistís en crerme loco, vuestra creencia se desva.
necerá cuando os diga los ingeniosos medio~ que emplee
para ocultar el cadáver. La noche avanzaba: yo trabajaba velozmente, pero en silencio. Primeramente le corté la cabeza, desoués los brazos y por último las piernas.
Luego arranqué tres tablas del entarimado, y coloqué debajo aquellos restos, vol viendo á. colocarlas tan habil y
discretamente, que ningún ojo humano-¡niaun el suyo)
-hubiera podido descubrir a lgún indicio sospechoso. No
habla nada que dudar; ni un rastro de sangre; yo había
tenido gran precaución y había puesto una cubeta para
que recibiera toda la sangre. ¡Ah! ¡ah!
Cuando hube concluido estos trabajos, eran las cuatro·
pero estaba tan obsl uro como á. media noche. Daba el re~
loj la hora, cuando llamaron á. la puerta de la calle. Ba·
jé á abrir con el corazón sereno, porque ¿qué tenía yo que
temer? Entraron tres hombres que se me dieron á conocer como agentes de policía. Un vecino había oido un
grito durante la noche, y sospechando alguna desgracia,
había dado aviso á. la oficina de policía, en viEta de lo
cual habían sido enviados aquellos selíores para recono•
cer e! sitio de donde había salido el grito.
Yo me sonreí; porque ¿qué tenía que temer? Saludé á
los agentes y les dije que el grito lo había dado yo en sueños. El viejo, añadí, está de viaje.
Llevé á m\s visitadores por toda la casa y les invité á
que registrafen bien. Por último, los conduje á su habitación, y les enseflé sus tesoros en perfecto orden y seguridad.

En el entusiasmo de mi confianza, llevé sillas á la habitación y supliqué á los agentes quedeecansaran, mien•
tras que yo con la. loca audacia de un completo triunfo
coloqué mi silla sobre el sitio mismo en que estaba escon:
dido el cuerpo de la víctima.
Los agentes estaban satisfechos: mi tranquilidad había
disipado toda sospecha. Yo me enconfraba perfectamen•
te sereno. Sentáronse, pues, y hablaron familiarmente,
alternando yo con igual familiaridad. Pero al cabo deun

295
corto rato conocí que me ponía yo pálido y principié á
desear que se fueran. Sentía mal mi cabeza y me parecía
que me zumbaban los oídos, pero los agentes permanecieron eentados y hablando. El zumbido principió á ser
más precipitado, poco despué~ más perceptible y claro
aún; yo animé entonces la conversaeión y hablé cuanto
pude para desembarazarme de aquella sensación tan tenaz; mas el ruido continuó hasta ser tan claro y determinado que conocí que no estaba en mis oidos.
Sin duda debí pon~rme entonces muy pálido; pero seguí hablando con más rapidez y alzando la voz. El ruido
seguía, sin embargo, en aumento, ¿qué podía yo hacer?
Era un ruido surdo, apagado, frecuente, semejante al que
harfii un reloj envuelto en algodón..... . Yo respiraba trabajosamente¡ loh agentes no oían nada todavía. Aceleré
aú.n más la conversación y hablé con mayor vehemencia;
pero el ruido crecfa sin cesar. Levantéme y disputé sobre
futilezas en alta voz y con una gesticulación violenta: pero el ruido crecfa, crecía cada vez más. ¿Por qué no r¡uerían ir$e? Y o medí el entarimado á ~randes y ruidosos
pasos, como exasperado por las observaciones que los
agentes me hacían; pero el ruido crecía, crecía por gra•
dos. ¡Oh Dios! ¿Qué podía yo hacer? Hablé, pateé v juré, arrastré mi silla y la hice resonar sobre el entarimado; pero el ruido lo dominaba todo y creía indefinid~ mente. Más fuerte, más fuerte ! Siempre má.s fuerte! Y los
hombres continuaban hablando, bromeando y sonriendo. ¿Era posible que no oyeran? ¡ Dios Todopoderosnl no!
no! ellos oían! ¡Sabían, se burlaban de mi espanto! yo lo
creí entonc~s y todavía lo creo. Cualquier cosa hubiera
sido má.s tolerable que eet I burla. Yo no podía soportar
por más tiempo aquellas hipócritas sonrisas: y entretanto
el ruido ¿lo oís? escuchad, más alto? siempre más alto.
Siempre má.8 alto!
·
-¡Miserables! griné. No disimuléis más tiempo! ¡Yo
lo confieso! ¡Arrancar! esa" tablas! ¡Ahí está! ¡Ahí está!
ese es el latido de su horrible corazón!
EDGARDO

P oE.

PARA TI, PRINCESA.
La luz que riela por tus ojos garzos
Y besa tus pupila~, quita de ellas
Esos fulgores que en el cielo elilparsos
Cintilan por la noche: las estrellas.
Los ecos de tu voz el viento ajusta
Con suprema codicia, por ser tuyos,
Y hace con ellos en la sombra augusta
Temas para sus lánguidos murmullos.
Para vestirse el horizonte, arranca
La palidez nivosa de tu frente
Cuando brilla temblando la luz blanca
Que precede á la aurora en el oriente.
Las transparentes tardes del Otoño
Piden la limpidez de tu mirada
Y, si te mira, hierve en el retoño
La savia turbulenta, alborozada.
Cuando quiere reir la primavera
Estudia los arpegios de tu risa; '
¡Oh, si tú no existieras, no existiera
El rumor sugestivo de la brisa!
Y esa trémula brisa que ha besado
La púrpura soberbia de tu boca
Arrebata tu aliento delicado '
Para aromar los lirios, si los toca.
Y los tén.ies acordes de tu frase
Que flotan desmayados y dispersos,
Los ata mi recuerdo y los rehace
Para formar el ritmo de mis versos ..... .
Es por eso que llena de temores
Te vá á buscar mi inspiración escasa,
Cuando tu imagen, derramando flores
Por mi memoria ensombrecida pasa; '
Es por eso que vuelan mis cantares
En redor de tu rubia cabecita
Y mis sueños erigen los altares
Que t,u deidad egregia necesita ........ .
ANTENOR LESCANO.

A ABIGAIL.
Quieres oír una canción sentida ....... . .
¿No ves que oír pesares entristece?
Yo soy la pasionaria de la vida,
Que ignorada florece.
Soy el nómada gaucho de la pampa,
Soy el obscuro remador del polo,
Soy el felláh que en el desierto acampa
Errante, siempre solo.
Sentí todo el placer, y estoy hastiado;
Sentí todo el dolor, y estoy vencid,1.
Del cielo del amor precipitado
Soy el ángel caíJo!
¿Quieres saber por qué mis males crece11?
Has como han hecho los que en mi alma anidan
Que si hoy saben mis penas, se entristtcen .... .. '
Y mafi.ana me olvidan!
RuBÉN M.

CAMP◊s.

�8

EL MUNDO.

296

NOVIEMBRE,

1896.

8

NOVIEMBRE,

1896,

ELMUNOO.

DAMAS DISTINGUIDAS DE LA REPUBLICA.

$rHa. &lt;roncepción . Gtsunso1o.

Con notables disposiciones artísticas en canto y plano.
(DE cmHUAHUA.)

SEMBLANZA-

Cuando caigan las hojas.

Vara mística.

(STECCHETTI.)

El mar azota con blanca Pspuma
LaR pardas rocas del litoral;
El horizonte vasto, se e1,fuma
Con los cendales de espesa bruma
Y el trueno canta la tempestau
Raudo destello que en lu1. aniega,
El rayo agrieta la inmensidad ......
¡La barca es ave que lucha y brPga
Porque zozobra, porque no llega
Donde su nido colgado está!
¡Ay la viajera! Ave perdida
Que al blando nido no ha de tornar!
Resto sin forma, cuerpo sin vida,
La ola·crespa y enfurecida
Sobre la playa la arrojará!

*

* cruento
De los pesares el*goipe
Al alma hiére sin descansar,
Y es fiel imágen el pensamiento
De la negrura del firmamento
Cuando de,carga la tempestad.
Lívidas:flamas que en luz aniegan,
Las esperanzas son al pasar.
Las ilusiones, aves que bregan
Y que zozobran porque no llegan
A donde el nido colgado está)
¡Av la viajna que se derrumba,
Débil, canzada para luchar)
¡Ay la que al rudo golpe sucumba!
En el olvido tendrá su tumba
Que amarga ola le cavará!
E. M.i.QUEO CASTELLANOS.

~cuque!.

Cuando caigan las bojas y tú vayas
Al c ..menterio en busca de mi cruz,
La encontrarás en un rincón b,,milde,
Entre azucenas y argemonia azul.
Prende en tu rubia cabellera de oro
Esas benditas flores de mi amor,
Que en el gra•o silencio de la noche,
Para tí brotarán del corazón.
Esas fl ,res serán aquellos cantos
Que me inspiraste en ilusión feliz ......
Palabras de pa•ión que no te dije,
Pem1amientos de amor qu3 no escribí!
JUAN B. HíJAR y HAltO.

CAMAFEO-

Un florón \&gt;alpitante de pálidas rimas
Que prendido á tu busto de virgen de Faroe,
Deje en la urna de tu alma caricias secretas
Y apacibles albores de ensuefios muy vagos.
Un florón de dolientes estrofas que vibren
Al color de tu bl.anca fpidermis de ral!lo,
Esplendiendo en la curva triunfal de tu seno
Como copo &lt;le nieve en jarrón de alabastro.
Un florón donde tiendan su alita de seda
Los besos que punzan tus labios temblando,
Como dulces abejae que rozan inquietas
El capullo sanguíneo que fingen tus labios.

Artístico cincel grabó en la piedra
El simbólico, extraf\o camafeo:
Los amores de Eurídice y Orfeo
En gruta azul oculta por la hiedra.

Y mis rimas abriendo su pálido broche
En el amplio cojín de tu seno rosado,
Brillarán á la luz de tus místicos ojos
Y al fulgor de tus suefios radiosos y castos.

Un sátiro procaz, que no se arredra,
Mírales con tantálico deeeo,
Y murmuran las playas del Egeo
Los sonoros exámetros de Fedra.

BKIIITO FENTANES.

Entre celajes de oro muere el día;
Entonando canciones voluputosas
Una ninfa desnu1a se perdía

Renovando mis tiernas emociones,
me han probado tus quince primaveras,
que son nuestras postrera.e ilusiones
iguales en frescura á las primeras.

En un bosque de mirtos y de rosas;
Y Diana, por los cármenes venía
Disparando sus flechas luminosas.
LEOPOLDO

Para tí ¡oh mi blanca, mi tímida virgen!
De místicos ojos y seno de mor mol,
Voy ha hacer un florÓil de mis versos
Con alburas de lirios y esencias de nardos.

DfAz.

CAMPOAHOR.

[Grabado en los talleres~de

"EL MUNDO ")

297

�8

EL MUNDO.

NOVIEMRRF,

l8~P.

8

I

1

LA

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 3.-\~;anse nueEtros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

-Sí, prosiguió la sefiora Mossler; mi deseo sería adoptarte por hijo. Lo serías entonces pero te ll~ciarías Mo@e• ·
ler...... Serías, por ese hecho, sumamente rico, porqne te
convertirías en mi legítimo heredero, y aun en el caso de
que me enfadase conti~o, no podría privarte más que de
la mitad de mi herencia......
-Pero ¿de qué me hablas? dijo el conde de CoutraP;
son esas las razones que creee mejores para decidirme?
¿Tan mal me _conoces? &lt;:Jomprendo y aprecio en lo que
valen l.:is car1fiosos motivos que te guían, pero ¿no en·
cuentrae que darme á escoger entre _mi adh~eión al ~ombre de mi padre y el cuidado material de m1 porvemr, es
un poco duro, un poco seco? No estaba preparad? para
tal cosa y realmente me encuentro turbado. Hay, s1 o em ·
bargo en las nieblas de mi espíritu una necesidad que ee
defin~ desde Juego; la de continuar llevando et nombre
que he recibido al nacer.
La sefiora Moaeler enrojeció y eue ojos briilaron. Yoº
l~1_1titud y como queriendo hacerse comprender bun,
fil~:
h
.
-Entonces nada de adopción ...... Nada de erenc1a
asegurada...... Una situación indecisa y precaria. ¿Esto
es lo que tú quieres?
-No creo que hayas pensado aconsejarme otra resolución dijo el joven sin Hamárlá madre esta vez, como tenía por costumbre. Bien sabea hasta qué punto enc~entro honroso y dignamente llevado tu nombre, pero s1 yo
abandonlll!e PI mfo en este mornent.o. me parecería que
renegaba de él por dinero y eeto me repugna.

Pareció qui'! la prueba á que sometía al joven agradaba
á la Señora Mosaler, porque la prolongó algo más de lo
que convenía.
.
.
-Sabea que no tienes nada. Tu padre murió temendo
deudas.
-Sé también que el Señ&lt;&gt;r Moasler las pagó y no lo olvidaré en mi vida.
-Es decir que prefieres llamarte el conde C~ef de Contras y ser pobre á llamarte Moealer y ser el h1¡0 de la fa.
wilia más rica de París......
V.1lentín sonrió y dijo con dulzura:
-Sí, madre mía, si esto no te ofende.
..
La reina del oro se puso aún más grave y d1io:
.
-No me ofendes, antes me complace tu resolución,
porque prueba que mereces el carifio que te he dedicado
y que eres un buen mucbaebo. No oe podría haber prop•ieato Jo que tú acabas de rehusai: ~an cahalleresca~ente á muchos descendientes de fam1haa ducalP@; hubiera
sido difícil escoger entre tantos herederos. Tu conduc~a
no es, pues, la de un espíritu vulgar y ~o has de sufrir
por ella daflo alguno. Lo que uo. me de¡as h!1cer por medio de una adopción, se conseguirá por merl10 de un tes•
tamento. No llevarás mi nombre pero me heredará!! de
todos modos. . ' .
..
• á
Valentín no se defendió tontamente y di¡o con simp •
tica alegría:
-No pnedo impedirte que me colmes de bondl&gt;.des.
De tal modo has tomado esa costumbre desde que estoy
á tu lado, que eso sería nn cambio demasiado brusco. En

cuanto á mí, nunca te podré querer más dE: lo que liequiero sin que en ello teng&lt;J. parte alguna tu r1q~e~a.
Esta' conversación ejerció una influencia decisiva eDt
el porvenir del conde Chef de Coutras y andando el
tiempo, en los malos días, el recu..rdo de su ?ab!\llerescodesintnés sirvió para compensar en el eepíritu de la Señor ~ossler el efecto de las más desastrosas locuras de·
Valentín.
Nada hubo, por otra parte, de artificioso en la res~lución del joven conde. Su negativa se fundó en motivo,
de orgullo que le hacían tener por inadmisible llevar _el
nombre de un aventurero, por rico que este fuera. Sm
despreciará ,a Señora Moesler, hubiera ~ncont.rado muy
desagradable ber su hijo. Aceptaba sus hberahdades como una especie de impuesto establecido sobre su ternu•
ra, pero d~ esto ~ lla~arae Valentín Moesle:-, ha•ía una
inmensa d1atanc1a. Sm sospechar hasta qué p~nto era
hábil conduciéndose con aquel altanero desprec10, obró
impulsado al propio tiempo por su instinto y por su■
preocu p 1ciones.
.
Si hubiera seguido al lado de la Señora Mosaler hubie•
ra acaeo vivido razonablemente como hasta entonces,
pues hasta que fué mayor de edad no cometió ningun_a
extravagancia; pero llegó el momento de hacer el servicio militar y, entregado á sí.mismo en 9'.4~el nuevo ~edio cedió á loa malos conse¡os del fastid10 y del ocioi
.A.d~más, tuvo á eu disposició_n ~emasiado din~ro, c=
cual corrompió todo el regimiento y ~evo_lv1ó to
guarnición. Cuando Valentín tuvo que 1r á mcorporarae

r.

NOVIEMBRE,

1896.

al 30? de cazadores, en Nantes, el Sefior Eliphas dió algunos prudentes consejos á la Sefiora Moasler.
-No dé usted al conde de Coutras más dinero que el
que es conveniente tener en la condición en que va á encontrarse. No pierda usted de vista que va á ser simple
1oldado en un regimiento cuyos oficiales no deben ser,
no son seguramente, muy ricos. Si gasta demasiado, in.omodará á sus jefes; los castigos lloverán sobre él; no le
nrá usted nunca y será objeto de explotación para los
~argentoa, que se convertirán en ~rvidores suyos. Si vi,
Tiéramoe bajo el antiguo régimen, compraría usted el
mando de un regimiento á ese bravo mozo y todo iría á
pedir de boca. El se divertiría en la corte mientras su teniente coronel mandaba las maniobras y el poder del di•
nero se ma11Hestaría en t do su· esplendor. Pero ya no
anceden así las cosa11. Disfrutamos unas leyes democráticas que obligan á todos los franceses á coger el chopo
durante tres ai'ios, ya sean millonarios ó hijos de príncipes, ó proletarios sin un céntimo. Ee el absurdo más
grande que jamás ha consegrado una constitución, pero
la ley es así y nada podemos hacer para cambiarla. Trate usted, pues, de que el joven Valentín sufra uanquila
y sencillamente esta prueba. Cuando vuelva á la vida ci-,,n, le mimará usted cuanto quiera.
La Señora Moaeler convino en esto, pero hizó después
lo que le pareció bien y el joven conde fué el soldado
más ricJ de su reemplazo. Contra todas las previsiones
pesimistas de Eliphas, este exceso de dinero no produjo
al principio funestos resultados para Vaientín, que tuvo
el tacto de no herir las susceptibilidades de sus jefes. Alquiló una buena habitación en la ciudad y tuvo en ella
criados, cabllaos y hasta, con mucha frecuencia, una linda actriz de los Bufos, Laure1,cia .Berthier; pero se condujo con bastante discreción para que fuese posible cerrar
los ojos ante aquellas irregularidades. Obtuvo permisos
siempre que los quiso, gracias al coronel, que había sido
amigo de su padre, y se excusó de hacer ciertos servicios,
gracias á los cabos y sargentos á quienes encantó con sus
obsequios. Pero se fastidiaba soberanamente y, para distraeree, jugó. Se organizaron peligrosas partidas entre
soldados pertenecientes á familias ricas, y todos lo-a momentos del día y de la noche libres de servicio loe pasaban en casa de Valentín gozando de un lujo 1efinado. Se
perdieron sumas importantes, y para evitar recriminaciones de los padres y ~ravea apuros económicos, el conde de Contras prestó dmero á loa maltratados por la •3Uerte é hizo así más facil la disiJ?ación á sus compafíeroe.
Para él no parE&gt;cía que las pérdidas y ganancias tuvieran
importancia alguna. Estaba siempre sonriente, alegre,
animado, y era querido por todos como lo son infaliblemente todos los seres dichosos que aceptan la vida sin
cuidados y afrontan todas las dificultades con la eegu, idad
de que han de resolverse por sí mismas. Se le juzgaba
bueno y,-sin embargo, en cierta ocasión ctió pruebas de
una·insensibilirlad que impresionó penosamente á todos
loe que le rodeaban.
Un cabo de su compaflfa, llamado ~lanpain, estaba en
-Yísperas de dejar el regimiento y proyectaba volver á su
pueblo para casarse con una muchacha á quien amaba.
Contaba neciamente sus proyectos y Valentín se reía de
la sencillez de ambiciones de aquel buen muchacho. Algo uas veces se complacía en hacerle preguntas y en turbarlP con sus reflexiones.
-Blanpain, cuando vuelva usted á su pueblo, ¿qué va
v.sted á hacer?
-Substituiré á mi padre, que ea carpintero.
-¿Y se casará usted?
-¡Oh! sí; no pienso más que en eso...... Hace seis años
que lucho para conseguirlo ...... He~obrado mi premio de
reenganche y este dinero, que ea sagrado, me servirá para poner casa.
Una idea feroz germinó en el cerebro del conde de Con·
iras; la de ganará aquel pobre diablo su pequeño peculio,
ian trabajosamente adquirido y tan cuidadosamente conservado. El mismo día se llevó á eu casa á Blanpain y
después de haberle hecho beber, le acercó á la mesa de
baccarat, en la que sus compafíeros jugaban ya con ardor,
y le dijo:
-Amigo, aquí tiene usted estos sefl.ores; hay entre ellos
algunos que han venido con mil francos y se irán sin un
céntimo. Con un poco de fortuna, todo lo que tienen pasará en un instante de sus bolsillos á loa de uno más dichoso. He aquí una bonita ocasión para decuplicar el
premio del enganche...... Si llegase usted á su país con
una fuerte suma, las cosas irían mejor que si vuelve para ser carpintero. Sería usted un \iombre independiente
y su futura estaría en sus glorias.
-Sí, usted acaba de decirlo; muchos se irán con la
bolsa vacía...... No quisiera yo ser uno de ellos. Tengo
muy poco dinero, pero me basta y no quiero ~rrieegarle...... Por otra parte, no he jugado nunca......
-Es verdad, Blanpain; usted es un muchacho arreglado...... ¡ Loe que nunca han tocado una carta ganan siempre la primera vez .......
Loe pérfidos consejos de Valentín, en complicidad con
el orgullo que turba siempre el fondo de todo corazón
humano, hicieron que al cabo de una hora el muchacho,
aclimatado en aquel medio y excitado por el vino de
Oporto, se dejase arrastrar y arriesgase diez francas que
traía consigo. Por eu desdicha, ganó. Envalentonado,
jugó la ganancia, y al cabo de cinco horas de febriles
emociones, tenía delante de él diez y siete mil francos
ganados á todos los abonados del baccara. Valentín reía
como un loco y preguntaba á Blanpain qué iba á hacer
con aquel •dineral. Este, muy grave después deun acceso
de extraordinaria exaltación, no respondió y se propuso
-Yolver al cuartel.
a consecuencia de esta aventura, Blanpain, cuyo carácter era ordinariamente dulce y tranquilo, se mostró
inquieto y-violento,- como ei aquel dinero mal ganado le
hubiese hecho cambiar bruscamente. Volvió tres días
después á casa del conde de Contras y por ·la tarde empezó por ganar veinte mil francos. Expresó entonces
ideas insensatas qne divirtieron grandemente á todos los
hijos de familia allí reunidos. Poseedor de cuarenta mil

EL MUNDO.
francos, habló de compar una propiedad en su país y de
cultivar las viñas y dedicarse á la cría caballar. No habló más de su prometida, como si la considerase ya un
partido poco ventajoso para él. Vo!vió al cuartel á comer,
obsequió á sus compañeros en la cantina y les dejó asombrados con eue discursos extravagantes, dichos con un
tono de suficiencia que contrastaba con su habitua l modestia. Después de comer volvió á casa del conde de Contras, donde se mostró lastimosamente familiar, no viendo ya diforencia entre él r aquellos jóvf:lnes á quienes no
estaba acostumbrado á mirar como sus iguales.
Valentín, á quien esa metamórfosi~ divertía extraordinariamente, invitó á Blanpain á tutearse y le dijo que le
presentaría en París á la mejor sociedad. Le pintó todos
los placeres que podría proporcionarse por su dinero y le
sirvió ponche con una liberalidad que acabó de poner al
desgraciado fuera de sí. Pensando que no era todavía
bastante rico para figurar como él se proponía, volvió a¡
juego á fin de ai'ladir á eu ganancia, según dijo con confianza estúpida, una veintena de miles de francos. .A. las
once había perdido todo li, ganado y debía, bajo su palabra, el dinero del premio de n,enganche. Vuelto en sí,
anonadado, espantado por la pérdida, Blanpain se levantó, con los ojos saltones, y se puso á !,orar,apoyado en la
chimenea, mientras Valentín, que se proponía regalar a!
cabo el dinero que éste le debía, le asestaba frast-s irónicas.
-Blanpain, amigo mío, ha querido usted ir demasiado
lejos y se ha roto las narices en el camino. Ya no se trata de comprar viñas ni de criar potros, ni si'-luiera de es•
tablecer una carpintería después de haberee casado con
su prometida. Será preciso que pasen aún algunos años
para tener otro premio de reenganche....... Y mientras, la
señorita Clara, ó Manuela, ó Luisa...... ¿Cómo se llama
su novia de usted, Blanpain?
-María, gimió el cabo, á quien daba vueltas la cabeza.
¡Oh! ¡Miserable de mí!.. .... No me queda más que atra•
vesarme con el sable...... .
-No aquí, Blanpain ...... Eso no se hace sobre las alfombras ...... ¡Vea usted, esto es lo que tiene querer ir
demasiado de prisa!. ... Antes de comer era usted rico....
.A.hora está usted pelado..... .A'.si es la vida...... Eai;os aeiiores han vuelto á pescar sn dinero; yo soy el único que
no he recobrado el mío ...
-Usted lo tendrá mañana por la mañana, señor conde...... Me lo guarda el Ci.pitán cajero.
Valentín cogió al cabo por la barbilla y dijo mirándole
á los ojas:
-Guárdate tu dinero, simplón; yo no lo quiero.
-Es de usted, eontestó el cabo con dolorosa obstinación.
-No es mío, puesto que te lo doy, telo regalo, ¿me comprendes?
-Sí, 11ero eso-no-quitirqrre -10- haya perdido, y con él
todo lo qne había ganado.
-¡Ah! Eso es verdad ...... Señores, está chispo como
un trompeta, este Blanpain...... Anda á acostarte, amigo,
y no te calientes la cabeza; no tienes tu ganancia, pero
tampoco t-i enes deudas.
Blanpain se marchó pesadamente y no entró aquella
noche al cuartel. Po:· la mañana se encontró su cadáver
detenido en un pilar del puente de Mantea. Avergonzado
de sí mismo y lleno de desesperación por aquel hermoeo
suefio tan rápidamente desvanecido, no quiso yivir más
y se arrojó al río. Aquella broma, cuyo desenlace fué tan
trágico, puso fin á las partidas diadas de los compafieros
de Valentín. El coronel, informado de todos loa detalles
exactos de aquel triste asunto, adoptó medidas severas
respecto de sus soldados, y el tiempo que el conde de
Contras tuvo que pasar todavía en el servicio, se deslizó
penosamente. Por fin, vió con placer la hora de volverá
casa de la señora Moasler-, y tomó de nuevo posesión d_e
París.
Tenía veinticuatro años, un hermoso nombre, una fi.
gura de príncipe y una buena cara, con lo cual queda dicho que dió prontamente el tono y fué uno de los cu_atro
ó cinco jóvenes que guían á la sociedad parisiense
con su nulidad frívola v ruidosa. Fué recibido en el Jockey y en el círculo cte ia rue Royale; fué asiduo del polo
y del tiro de ~ichón, como todo gerú!,eman que ee estima,
y hasta contribuyó á fundar el Velo-drag, círculo muy
selecto. en el que los ciclistas, machos y hembras, del
gran mundo, ee fusionaron en un galante y reiinado ejercicio de pedalea. Olvidó completamente el regimiento y
á Blanpain, pues la ligereza de su carácter no le permitia
pensar mucho en lo mismo, y la reflexión era para él casi un sufrimiento.
La retirada vida de la señora Moaaler le permitió una
gran libertad. Desde la muerte de su marido, la reina
del oro no había abierto sus salones ni frecuentado la sociedad. Pasaba, todo lo más, tres ó cuatro veladas en la
Opera durante la temporada y eso cuando sus íntimos le
echaban en cara, para perauadirla, el no conocer las novedades. Permanecía muy activa de espíritu, pero algo
perezosa de cuerpo, y se ocupaba con grande asiduidad
de sus obras de beneficencia. Levantada á las ocho de la
mañana, despachaba eu correspondencia, en la que ocupaba dos secretarios, y cuando llegaba el sefior Eliphas,
encontraba el terreno libre de todas las bagatelas que no
merecían ocupar su atención.
Con frecuencia Federico Clement acompafíaba á su padre. Esto sucedía siempre que la casa Pilet y Berger, que
el jovén dirigía, tenía que dar á la aefíora Moasler datos
rentísticos de importancia, pues la gerencia de una fortuna inmensa como la suya, exigía una vigilancia y unos
cuidados incesantes.
Valentín no iba jámáe á verá su madre adoptiva á la
hora de los negocios, se reservaba para el almuerzo y la
comida, durante los cuales la divertía con el relato de lo
que había visto y oído la noche anterior. Entonces mandaba en jefe; nadie hubiera podido contrarrestar su influencia y no dejaba nunca de obtener cuanto deseaba.
Sin dificultad ninguna, la sefiora Mossler había abierto
un créwto al conde de Contrae, y éste enviaba á buscar
dinero, cuando lo necesitaba, á la casa Pilet y Berger ó al

299
Banco. No tiraba el dinero y su fausto· estaba regl ' J
tado con mucho orden. El hijo de aquel disipador, parecía por entonces que había de ser muy arreglado, y
mientras no tuvo vicios muy acentuados, su presupuesto
no ofrecía nada alarmante.
Gastaba cuatrocientos ó quinientos mil francos al afio.
Pero, ¿hubiera podido ser otra cosa? La misma señora
Mosaler hubiera deseado más economía? Hay en determinadas situaciones ciertos gastos que no se pueden evitar sin daño del mismo que los economiza. La lllanera
de dar ó de comprar de un conde de Coutras, ad,Qptado
por una sefíora Mossler, no podía ser la del hijo de un
notario ó de un agente de cambio, aun millonario~. Valentín no fué pródigo. Aunque el dinero no le costaba
nada, no lo disipaba. Mientras que no tuvo más causas
de prodigalidad que sus relaciones con Andrea de ·, aillebourg, eu cuadra de carreras y su y acht, · se contuvo dentro de unos límites muy prudentes.
~
Ecnpezó á enloquecerse cuando entabló amistades con
la señora Bourdón. Era la tal esposa de un corredor de
Bolsa. Señorita de la clase rnedia, educada en un convento del modo más modesto, se había casado con un
empleado de un agente ~e cambio, y aqudla rubita con
cara de virgen, que era en el fondo el mismo diablo, á
los diez meses de matrimonio se hizo amiga de Labuesiere, el jefe de su marido. En dos años dejó al agente
de cambio sin que Boordón sospechase Jo más mínimo
y sin que la frente pura ni los ojos de madona de aq11ella buena señora pareciesen obscurecidos por la sombra
de un p ensamiento deshonesto.
A consecuencia del despojo de Labuasiere, que había
interesado á BourJón en sus negocios y le había hecho
ganar mucho dinero, la joven tuvo hotel, coche y trescientos mil francos de alhajas, encerrados en un cofrecillo. Procuró siempre no hacer ruido; su lujo no otraía
las miradas; sus adornos eran siempre de un gusto exquiaíto. E l marido estaba siempre á su lado, atento y
obsequioso. Aquella señora no llamaba la atención más
que por su belleza, que era, en verdad, adorable. Pequefia, pero tan bien formada que parecía alta, atraía la1
miradas con su cutis de nívea blancura, sus ojos de un
azul de zafiro y sus cabellos rubios natura !mente ondulados que formaban en torno de su frente diliciosa corona. Nunca uoca semejante se abrió para ensefíar dientes
tan tentadores. El viejo Bernheimer decía: «Viendo esos
dientes, siente uno ganas de que le muerdan. ,, Ello era
que, cuando sonreía y mostraba aquellas perlae, entre
las cuales aparecía, digna joy a de tal estuche, una lengüecilla de color de rosa, los hombrea se volvían locos.
Como por juego, había hecho gastar á sus amantes sumas inmensas, cuando Valentin de Coutraa la encontró
en una garden-party en casa de la condesa Nuño. Un poco cansado de pasearse ante la colección de Selim y de
consentir que le enseñasen bibelot8 de doscientos mil francos, de una falta de autenticidad escandalosa, bajó al jardín, y en la escalera monumental qu1 en la casa de riquísimo portugués hace competencia á la de la Opera. se
encontró frente á frente con la sefiora Bourdón. Valentm la conocía, CO.LJO todo París, pero nunca había haolade con ella. La joven subía hablando con la marquesa de
Plessy, su amiga íntima, porque, fenómeno int-xplkable aquella mujer, notoriamente infiel á su marido, era
r~cibida en todas partes y recibía, á su vez, la mejor eoCiedad. Va,lentín se apartó sonriendo-¿cómo no sonreír
á un~ mujer tan lin~la?- :&gt;; ella !e miró con sorpresa, com~ s1 nunca le hub1es!l visto, aunque sabía muy bien
quien era. Interrumpió la frase, pareció presa de una
emoción que no podfa;dominar y permaneció inmóvil un
segundo, durante el cual cambió con Valentín una m ·rada que, días después, hizo decir á:la.marquesa de P les~y
hablando de la aventura. «Si no estoy yo allí, cro:o qu~
se saltan al cuello en el acto.»
Ambos se indemnizaron, la semana siguiente, y la señora Bourdón, que había sido t!1n ador~da, amó por priUiera vez. Aquello fué una pasión rabiosa que cambió
de tal modo las costumbres correctae y bien ordenadas
de la hermosa mujer, que el marido se quedó desorientado. No almorzaba ya con él, volvía á casa cuan&lt;lo la
comida estaba ya servida y se mostraba rendida de fa1iga, los párpados lánguidos de placer y loa labios distendidos que casi no podían hablar. Puso en la puerta á
Saint-Guilhin, bajo pretexto de qne la aburría. lo que
no tenía nada de nuevo, porque nunca Saint-Guilhin había hecho ot~a cosa con ninguna mujer, fuera la que fuera.
En vano ariesgó Bourdón algunas indicaciones lamentando sobre to~o el destierro de Saint-Guihin d;I que se
había hec_h&lt;&gt;, ~migo á fuerza de jugar con él al besigue.
Todo fué mutli. Las buenas tradiciones de visitas á señoras respetables, de las tres á las cinco de la tarde en casas de la buena sociedad, de apariciones en palcos bien
afamados de la Opera, todo quedó trastornado. Ahora todo era expediciones á los teatrillos y cenas nocturnas de
las que entran en las costwn bree de la gente de club y de
las mujerzuelas de conducta más que dudosa cos~s que
horrorizaban á _Bou_rdón, hoi:nbre de formae 'y re!lpetuoso con las apariencias, cuya 1mpoi tancia á los ojoe de Ja
galería le era conocida. En todas partea á donde iban
aparecía el conde de Coutras, que se arrellanaba en los
palcos, tomaba el mejor sitio en las cenas y hablaba apenas al marido, le mi, aba por encima del hom uro y Je trataba realment:e sin consideración alguna, como á una
persona á qmen ~e paga. ¡Qué. cambio para Bourdón,
después de los amistosos abseqmos de Labus~iere de la
amistad _famili1;-r ~e Descharmais y de la delicada' política de Samt-Guilhm ¡Con razón le era antipático aquel
muchacho, que había caído como una bomba en medio
de una posición adquirida á fuerza de tacto de paciencia y de arte ~e ,-ivir y que se instalaba, ven~eJor, como
6P paÍS--~nqumack&gt;.
( Continuará.).

�8 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.
'

·----·--·•
--- ____
.,..

----~-·=-~~-=

-

.----__.,

CULIACAN (SINALOA )-Calle de Rosales y Teatro "Apolo." -F{tbrica de Hilados " El Coloso."

LAS INUNDACIONES EN SINALO.\.

organizar divertimientos que solazando á nuest ra socie•
dad pudiente, le hicieran más fácil el cumpiimie nto de
la obra carit&gt;1ti va. R esultado de sus loables esfuerzos y
resultado brillaJte fué la Jamaica en Minería que con~regó con extraordinariaR y palpables ventajas para el
fin intentado, al todo México dispuesto siempre á acudir
adonde la caridad lo llama por las frescas y sonrosadas
b ocas de las hermosaa. Nuestro alto clero no
p11rmaneció tampoco indiferente ante las
ciesvalidas víctimas de Sinaloa y al mismo
tiempo que los Gobernadores de los Es~adoe
fit'cundaban y apoyab an la iniciativa del
Centro. trabajando por arbitrarse fondoe
qne ya han empezado á remitir, el Sr. Ar·
zobidpO de México excitaba á me párrocos
á que trabajasen en el wismo ~entido y abría
una suscricióu que promete abundosos frutos.
La pren~a, desdP un principio intentó mover la generosidad innata•de los mexicanos
y cabe á los diarios que se editan en esta
ca.ea haber iniciado ese intento. General y
unán\me ha sido pues el esfuerzo de la caridad, pudiendo decirse que no ha habido grupo social que haya negado una cooperación
eficaz á la magnánima obra de nu~etros filántropos.
Ya se ve por tanto que cuando menos la
lamentable desgracia que abruma á los sinaloenses~ ha dado lugar á un hecho consolador pues que acrisola una vez. más los buenos
sentimientos de nuestros compatriotas.
EL MuNno, empero, tiene una tarea mil.a
qne IJenar, la de su información ilustrad11
del suceso. Esta la inició con algo que 11. él
corresponde: la descripción con abundanci"
de grabados de la Kermesse de Minería y la
prosigue ahora publicando alg1rnas fotogra•
fías de la capital del Estado teatro de loe
La ~uerra de castas en Yucatán.
desmanes del ciclón, puesta de actualidad
.t;L GENERALATO. (Véase el articulo r e lati vo.)
Gene ral Aniceto Dzul.
General Rom!ln Pee.
General José Maria Cauich. merced á una catástrofe tan lamentable.
- ..,..t0t,,,_
Dd primero y del sexto se ignoran los nombres.

dado un sublime pretexto á la caridad para que emprenda su santa peregrinación á través de los hogares de lo~
ricos en d emanda de auxilios para los pobres y ponga en
acción sus múltiples medios de conmover y triunfar.
A penas se supo en esta capital la dolorosa noticia, el
Sr. General Eecobedo, el Sr. Redo y numerosos caballeros de n.u llstra aristocracia, empezaron á arbitrar recur

Algnnas fotografías.
No ha mucho tiempo que publicábamns t'n EL MuNno
algunos grab:idos relativos al cicló n de San Luis. y en las
n,,tas que los acompañaban hacíamos ver cor1 vi vos colo.res la magnitud del deeastre, las pérdidas que
oca~ionara y el aspecto de los edificios destruidos, lamentando de veras tan tremendo
percance. 1Cuán lejos estábamos entonces de
pensar que muy en breve un fenómeno de
semt'jante naturaleza causaría en una importante y fructífora región de nueetro país, desas tres no menos grandes ni menos lamentables que aquellos, y sí más irreparables, J a
qutl no podemos comparar nuestros elementos de riqueza y actividad con los americano, .
.En Eitados Unidos una catástrofe como la
de 8an Luis, bien pnco significa, atendidos
el colosal ~spíritu de empresa, loe elementos
de prosperidad creados, la densidad de la población y otros factores no menos valiosos
que constitnyen la hegemonía de la gran República; en México, el alcance de una catástrofe semejante, significa mucho, ya que
empezamos apenas á sentar las bases de
nuestra prosperidad y riqueza.
Describir las !aetimosas escenas que originó la catástrofe, eerfa tarea inútil y tediosa.
La prensa diaria dió oportunamente noticia
detv.llada de ellas y no sería sugestivo ni
ameno reproducirla: un puerto arrasado; poblaciones destruidas, familias enteras en la
desnudez y la indigencia, buEcando por donde quiera un arrimo protector; víctimas numerosas sepultadas bajo loe eecombros, ahogadas en las salobres aguas del mar invasor
ó en las turbias del candaloso río salido de
madre!...... lo suficiente en fin, para lasti- General N. Ayala.
mar los corazones m..jor armados y los espíritus más serenos.
Empero no hay desgracia por grande que sea, que no sos para las víctimas. El Gobierno por su parte dispuso
muestre entre enR múltiples fases tristes, alguna conso · una regular remisión de fondos, y las más distinguidas
ladora, y la que aflige á nuestros hermanos de Sinaloaha damas de nuestra sociedad trabajaron sin descanso en

/

7

CULIA.CAN (SINA.LO.A .)-&lt;:alle del Co:nerclo.-Calle de Rosales.

Un artesano de pie, es más alto que un cortesano de rodillas.
FRANKLIN.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>TOMOll

M EXICO, DOMINGO 15 DE NOVIEMBRE DE 1896.

tan paso ccmpromefiao.

•

NOMS:R020

�EL MUNDO.

302
liliEL MUNDO.''
8Jn!ANARIO ILUBTRADO.

Teléfono 4:U.-Callede Tiburdo núm. 20.-Apartado87 b.
MBXICO.
Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este per!ódlco.

La eascrición á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mes,
y se cobra por trimestres adelantbdos.
Nó.meroe sueltos, 50 centavos.
. .
A.visos: á razón de $30 plana por cada publ1 cact6n.
Todo pago debe MPr precisamente adelantado.
RBGIBTRADO 00110 ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
•Agentes exclusivos para los Estados Unidos Y Can~·
dá The Spanish American Newepaper ~ompany, 136 Ll·
berty St. New York. E. U.,,

Una triste .erµrrt.encitt.

tá la salvación de la sociedad que la del in1ividuo y que
en caso de un conflicto. todas las energías deben conc.,ntrarse en la conservación del agregado y no &lt;le la unidad.
¿En qué situación se ha encoutr~do basta hace_ poc~ ti
delincuente con respecto de la soc1edart? En la s1tuac10n
menos favorable para los intereses de ésta; ha ~ido el far·
du cuyas necesidades han sido pagadas con la suma de la
riqueza pública, utilizable en empleos provechosos para
el bien común. Cada porción de los recursos privado~, r ..clamados por medio del impuesto, para el so~tenimieutu
de los criminales, representa un esfoerzo inútil de.l aso·
ciado, sin compensación:alguna. Las cantidad..s retuadll.s
del fondo eocial con este objeto, no tienen su contraparlida en el Haber de la cuenta corriente entre el ciudadano
y el Estado.
Aceptando al cr;terio de un criminalista m.oderno, .en
la investigación del concepto jurídico del dehto, prec1.so
eA reconocer que si el delincuente es un deudor de la socte·
dad y el castigo representa el pago de esta deuda, no es
lógico que este pago Pea afectuado por un ac~eedo:, en
forma de r,mta pasada al deudor para Rll subs1stenc1a.No es de moral social reclamar el sacrificio de los eleD1,m•
tos sanos del grnpo para aumder á los nocivos, y si t-ij
ley económica que todo capital Rustraido de sus empleos
productores representa una périida neta para m, pueblo. otra ley dPja establecido que toda energía ga~tada
estérilmente es causa del debilitamiento y la anemia dt,
una colectividad.
La reforma consultacla ~ nuestro poder legislativo, nos
parece, pues, de alta justicia y moralidad, y noeotro~ quisiéramos- en virtud de este principio- ver eF&lt;:rita t'n
la puerta de cada prisión la leyenda que un penahsta modPrno desearía ver grabada en sal ientes caractert-s: Aq11i,
el que no trabaja, no e .me!

En números anteriores nos hemos referido al gigantes·
co sacrificio que eet.i llevando adelante Espafla, al sustraerá ZOO O00hom bree útiles de la productora labor de la
Península' para abonar con partf' de estas vidas la abrasa•
na ti~rra de la perla antillana. Hasta aquí no~ hemos r, ·
ferido á las pérdidas de vidas á las brechas abiertas en tos
ta raza fuert.e y resistente; pero hay toda vía otro orden
de ideas al que puede lle\·arse la cu1&gt;sti~n: el asunto de
intereses, nada desdeñable en la prosperidad y el progre·
so de un pueblo.
¿Cuánto cuedta al tesoro español el sostenimiento de. la
i,ierra de Cuba? Precisamente un periódico de Madrid,
LfJ, Epoca, acaba de proporcion~rn.os instrur:tiV(?S datos
acerca del particular.-«El sosteD1nnento del eJérc1to cues•
ta dice el diario que mencio..amos, siete millones de peso~ mensuales; pero á esta cantidad hay que añadir los
gastos por adquisición de armamentos. pertrechos de g~e·
rra. compra dtl vestuario, envío de refuerzos, co~ducc16n
de fondos1 intereses de las operaciones de crédito, etc.,
etc.; todo lo cual importa dosó tres mi;lonesde pesos .mas
al mes. Nu pueden, por consiguiente, calcularse en siete,
sino en nueve 6 diez, próximamente, los gastos á cansa
de la insurrección, y aun dicha cifra tendrá que elevarse
algo más, á comtcuencia de los últimos envíos de tropaP.,,
Eete presupuebtO es altamente gravoPo y i·epresenta UD
colosal esfuerzo por parte de España. N ...da más admirable que la ene1gía desplegada por esta Nación, pero nada
también más desastroso para sus riquezas nacionales. Terminada la guerra de Cuba, el balance arrojará un triste
saldo en comra del pueblo español, cnyo carácter Puerrero, llenando largos períodos de la historia de la h~m~nidad, ba aido un fuerte obstáculo al t&lt;,tal desenvolnmit&gt;n·
to de aquel suelo.
Los pueblos ban pagado muy caras HUS guerras; aun
los mismos vencedores, hecho el recuento de sus preseas,
sumadas y resumadas sus conquistas, anotadae e n e l haber las partidas de indemnizaciones obtenidas, han en•
contrado que las pérdidas superan con mucho á las ganan·
cias. El espíritu batallador de las naciones se ha ido
111odificando con la creación de iuterePes, y el trabajo sustituyendo á la cooquista, ha enfriado notablemente el
hnpetu de las experimentadas nacionalidades.
Y eEte fenomeno se observa actu~lmente en Europa.
Hace todavía un cuarto de siglo, el amplio escenario del
viejo mundo parecía dispuesto á encerrar la palpit,wte
tragedia de una gran lucha internacional. Los Es~ados,
en el período álgido de irritación, se aprestaban al combate, y tales eran los preliminares del conflicto en perspectiva, que no faltaba pesimista que ya hubieee de ante·
mano rayado alguna formidable potencia del futuro mapa
del orbe civilizsdo. Han trascurrldo los años y ni un so·
lo cafionaz" ha turbado el sereno silencio de los pueblos
que se alzan del ,ado de allá del Atlántico.
¿Y á qué se debe este hecho? Las pasiones no Pe ban
calmado, los rencores no se han extin!(uido, el odio vi·
bra con igual fuerza propulsora; todavía la prensa franceea se enciende en llamaradas de rencores y arroja en la
hoguera de la revancha el combustible de los viejoe recuerdos depresivos; sin embargo, la paz europea no se
alt: ra. ¿Por qué? porque los intereses exigen que esta paz
no sea turbada, porque una triste experiencia ha ens, ña•
do que en la guerra se pierde siempre!
El equilibrio se ha establecido; la gran ley de la harmo·
nía está tal vez pronta á imperar en las modernas nacionalidades, no por el acuerdo universal, no por poética
fraternidad, sino por nece!!idades superiores, por ez:igen·
cias sociales colocadas en nivel más elevado.
Antaño la guerra tenia cuenta; hoy tiene cuentii la paz.
Antes 103 pueblos vivían de la lucha; ahora v1veu del trabajo. E~ta es la enorme rliferencia que eepara una época
de otra, una de otra sociedad, una de otra forma de vida
orgánica.

&lt;!El tn1b11jo µ.enitendarill obligatorio.
Entre la~ ,·arias reformas propuestas últimamente á
artículo~ comtiLucionales. figura el del trahnjo obligatorio
en las prisiones, principio dtl notable justicia social que
merece todo encomio.
Afort.unadarnente han paeado ya los tiempos en los que
un exag.-rad.o .individualismo colocaba al trasngr1&gt;sor de la
ley en co11d1r101ws dA bacn pesar su deli~o sobre la co·
lectivldad. E~ta e~cuela,-que ha llegado á establecer como
fórmula ePta sentencia .amenazadora para loe grupos humanos: ¡Perez1Ja la sociedad, pero sálvese el individuoltiene hoy pO&lt;'o acceso a•m entre las personas de corazón
más tierno. Ahora se sabe demasiado bien que attes es-

15 NOVIEMBRE. 1896.

15

Politira &lt;5.eneral.

1896.

EL '.MUNDO.

altos di¡natarios de la Corte. r"trnidos en suntuoso banquete. 1 Sr. Olney, secretario de Estado en el abinete
de la Casa Blanca, acaba de hacer iaéntica manife•tac·6
y no cabe d~da que, merced á los buenos oficios ·de \ 0~
Estados CJmdos, la disputa inveterada u
año~ apartó á la República del Orinoco deq 1°a pmor tantt(?a
d I Tá
·
d ,
.
E pera nz
~
mes1a, ~ue ar... pronto zan¡ada de modo satisfactorio para las a.tas partes contratantes.
Inglaterra some~e á arbitraje toda la línea di visoria de la
G:uay~na, renuncrn á sus pretensiones que consideraba in
d1scDt1bles,. c~de á la presión que sobre ella ha ejercido¡~
Gr~n Repubh.ca del Norte, y deja á la honorabilidad de
loe J.uec~s árbitros determinar cuáles son ¡08 derechos
terntonos
que á cada cual corre•ponden
en est ric
· t a ¡us· y
ticia.
~

RESU UE~.- La Aliania Frllnco-rusa.- AgitacioneM a¡1:rehivas é incousi~tentes en Fraucia.- Q,11é e~ la revancha.
- Fin del conflicto anglo venezolano.

Mal hace Francia en poner todo su amor y voluntad en
el autócr~ta de todas las Rusias, creyendo confiada que
baj,, su abrigo y protecc ión ha de encontrar el anh¿ladod ..,,¡nite.
En Ht excesivo optimismo, juzga posible arrastrar al
Czar á graves co~plicacionee, comprometerlo en agresivas aventuras, é impulrnrlo á una lucha capaz de humillará lod soldados que se inmortalizaron en Sadow.i. y
en Sedán.
No ve 6 no quiere ver que en las alianzas internacionalt:s, mal que pPsf' á todos los orgullos, St&lt; repite consta1 .~emenu, la fábula dP Esopo, y á la hora del repal'torle utilidades y de la diFtribucióD de ventajas, P.l más
fnnte siempre recl,.111ará paras( la m1&gt;jor parte del botln, fundándose en el indiecutible derecha del quíá n6 minor leo, que ~i ~e pone en tela de juicio, a¡,oyará en el
terrible guia sum fortior.
No ve la República, que ton su liga con RuAia puede serllevada á tomar parte en todos los compromisos lo mismo
pol1ticos qne tinancieros, orillada á todas las diticu ,tades
y .. 610 recibir en recompensa muestras de simpatía
adhesione~ platónicas, hermosas para contemplarse d&amp;
enea, p.,ro poco productivas en esencia y encaminadas
mucho menod á las aspiraciones legítimas del paie.
l\lal hactln los directores de la cosa pública en Franc'a
al ,embrar rencures y desatar odios añejos, pr&lt;'tendien.'."
J ... ilusos, qne la omnipotencia decisiva dA Rn ➔ia y s1t
ii ,fluencia ~ebPrana en losconsPjos emopeos han deservir
¡,a ra humillará Alemania y para lograr el re,catP. del tenitolÍo conqni~taclo por la e11pada vencedora de l\1oltke.
Las imprudentes revelaciones de Biemarck, que ac"•
han de poner en claro la aDtig11a alianza ex1etente entre
lo~ dos grandeR.iml_)erios d1;!Norte, no deben SP.rvirpara.
atizar hondas rivalidades DI para exacerbar heridas q,1.,
Se ha puesto en estos días á diecusión un tema que an• aun sangran después de veinticinco ai'ios, sino para pretaño hatría sido materia de escándalo y que en la actua- caverse contia la posibiliuad de un cambio en las deci•
lidad es posible investigar serenamente, sin convulsiont:s sioues de los poderosos.
Rt:cuérdese cuMadosamente la frase del eminente estani apasionamientos: ¿est.i el Liberalismo íntimamtute hdista Mr. Leroy- Beaulieu, pronunciada poco antes de las,
gado con la DPmocracia?
A nuestro juicio, el error en que ha incurrido una fa.stuosas man(festacioces de.París, y medítestl sin pasión
buena parte de los espíritus que se han ocupad? en esta DI falsos eFpe¡1s1I1os lo que dice el ¡¡;ran economista franmateria, consiste en confundir una forma de gobierno con ce~: «Rusia conservar.t la alianza francesa mientras nos
un procedimient-0 de gobierno. Forma de gobi~ .es la de- ¡ uzgue ricos y fuertes, y dejará de creern(Js fuertes y
mocracia,-como lo es la monarquía;-procedu~tei•~O "ª. el ricos, si no somos prudentee."
Y en verdad sería imprudencia inperdonable, hacerse
liberalismo, que por igual encaja en países de rnst1t11c10agreeor y provocar la guerra europea, cou amenazas y
nes monárquicas que en pueblus de instituciones rep~hlicanas. Asf, se concibe una monarquía en donde el li- denuest.s a\ i~.p~rio Gt,l'mánico.; darían muestras patenberalismo sea prcgrama del poder público- tal suc;,de t ~ tes de poco Ju1c10 los franceses s1 confiados en la alia11za.
Inglaterra-y democracias en las que la libertad haya Bl· moscovita, que muchos en Alemania siguen ponienrlo en
duda, á pesar de las manif;,staciones de simpatía visiblPs
do pr, ,scrita.
en París é indudables en los campos de Cha16ns pretenYa Sumner Maine, en su interesante obra sobre el go•
dí.eran buscar por medios violentos la revancha. '
bierno popular, ha demostrado que las func.oues e11coRegocíjes., en buena h-,ra el pueblo de Carnot y de·
1, endadas al Ejecutivo d.i la Unión America~a por la
Thiel's, de tener á su lado al ruso omnipotente que olvida
Constitución de la República vecina, no son más restric• ~ aparenta olvidar las llamas que envolvieron al Kremti vas que las de un monarca europeo enclavado d~ntro
lm en 1812 y no recuerda ahora Smollenk ni quiere acorde un régimen representativo.-Lo que F rancia conquis- darse de 8evastopol; huélguese cou todall las veras dP. su,
tó por medio de la Revolución, al precio de enormes al.ma apasionada de ".er engrandecida la República v dig•
trastornos sociales, Inglaterra lo había alcanzado antes. sin D1ficada la Democracia en la persona de su ilustre Presitener quP. sufrir, coruo resu,tado, la terrible t1ranía de la dente que ha compartido su humilde autoridad salida de
primera República.
las filas del pueblo con la del sobnano más absoluto de
De tal modo expuesta la cuestión, habrá que convenir Europa, y se ha sentado al lado del augusto representanen que la libertad no es un juego de palabras .v que eu ac- te del derecho divino y he edero de gloria legendaria y
·ción, iPdispensable y benéfica á fa ca,:sa de la humani· secular grandeza; alégrese al contem,J&gt;lar á un crndadano
dad, no se apoya en uua mera fórmula, sino en htchod inve~ido dti altísima representación por voluntad del eopositivos y concretos.
berano anónimo, tratando de igual al Czar y Re1• y J-·ontífiSin embargo, un observador imparcial y tranquilo no ce d,i una gran nación; pero que no pretenda, ·f,rndánd,,.
puede desirupnsionarse de lo que pasa al rededor suyo, se en estas esce.nas que tíeoen mucho de aparatoso y teaya que los fenómenos del ·mundo real constituyen la úoi· tral, que no qu~era hace•se Bgresor y lanzarse arrebatadoca fuente posible de información. Y lo que pasa á su al - contra Alemama, buscando en tremenda lucha, que ha.
red.-dor no da la razón á. la democracia como premisa ne- de asombrar por su grandeza á los siglos veniderus Lallar como eegura 111. i·evancha.
'
cesaria del liberalismo. Todos los hechos que al ejercicio
No debe stor para los hombres sensatos y amanteR leade la soberanía popular !0 refieren, nos ponen de manifiesto que la acción de las mayorías sirve más á la cansa les ?-e la grandez~ de\ pueb!o que canta con Vfctor Hug,&gt;-y d1.scurre con H1p6hto Tame, no debe ser la revancha el
dP. la tiranía que á la de la libe1 tad, y que cada vez que
esta gran fue1 za se pone en movimiento, es utilizada an- rescate de Alsacia y de Lorena y ta humillación del p·ru•
tes en aplaPtar que en trasmitir impulso á las actividades siano. Hay al_go que signi~ca.11!ucho más para la Francia..
huwa11a~. Este es el espectáculo que se desa, rolla á nu..s·
que 1;se desquite so~ado: vemt1cmco años de régio1.. n retra v•sta y del que no podemos preEcindir, porqne para publtca1!0, en cued10 de las tormentas y venciendo todas
el momento actual trabajamos todos y eu el uu,dio con· las 1ene1ll11s que ha opuPPtO la Europa monárquica á Ja
obra de Gambetta y de Favre; la «Marsellesa,, triunfante
temporáneo nos debatimus.
¿Qué e:i, pues, preciso acometer frente á lns peligros cantada ~on frenético entusiasmo en las honras ~únc-bre~
del cernrt@lllO napoleónico y ante el paño mortuorio dede las modernas palpitacionPR del pueblo, ga nnadot y
vehículo del poder público? Ya lo hemos dicho en ame- l~s tradiciones ~rb6nica~ y orleauietas; la potente vitarior artículo: afinar esta maquinaria por la educación, ro- lidad qne ha podido desplegar la nación. saliendo dA enbustecer estos miembros con inyecciones de riqueza pú- tre las sombras espantosas del año terrible, y ostt-ntiíndoblica, trabajo artificial. en l&lt;&gt;s nacionalidades nuevas, obra se al mundo con la corona de su pngreso y la aureola
lenta pero segura, producción dolo,osa peto Je resulta- resplandtcieut., de su r.egeneración...... esa ea larevanc}ia--.
verdadera, ese el desquite, ese e l fruto sano y la enseñan•
dos ~ ficaces.
za natural que debe recogerde de la adversidad pasada
El Estado puede salvar al individuo, cuando en poder,
'
sagacidad, iluRtración y tendencias es superior al núcleo luz y espejo de brillante y I ermoso porvenir.
A ~BE: fin d,eb~an dirigirse los que se llaman órganos de
que lo rodea. Solamente asf, el tutor de hoy podrá. lleop1m6n publica.en l:'ar.ís y no ásembrar hondos rencogar á ser, sin lesiones para la civilización, el tutoreado la
res y des!Jenar od10s afie¡os.
de mañana.
. que hace
***un año estuvo á punto a~
El.gran confhc~o
ocas10n11.r senas d1 ~c:ultadt&gt;s ~ntre los dos grand..s pueblus-.
anglo-rn¡ones, la v1e¡a cuestión de límites entre Venezue-No se puede llegar á tener una democracia hábil, si
la y la Guayana I~g.leea, que fué causa de que el Preéila democracia no consiente en que la tarea que pide de la
habilidad sea hecha por aquellos que la tienen. Una de· dente. Cleveland h1e1era uuevas declaraciones sobre Ja
mocracia tiene bastante que hacer cuando hace falta que doctrt_!la de Monroe, no muy bien acogidas por la Gran
se provea de una aosis suticiente de capacidad mental pa- Bretana, está á punto de darse por terminada, sin qm,
ra realizar su propia tarea, que es de vigilar y de repri- aparezcan ofendidos en los preliminares del arn~lo la.
susceptib.ilidad ingtesa 6 el bu.,n derecho de la republica
mir.-Stuart Jfil.l.
sud amencana.
Hace pocos días, con ocasión de la fiesta que anualmente celeb~a la ciudad de Londres para honrar al nuevoLord Corre.g1dor, el Marq~él!I de S!'lisbury Jo declaró así,
en presencia del cuerpo d1plomático extranjero y dtl Jo,¡.,

NOVIEMBRE,

. Venezuel~ estará representada en este juicio or los
¡uece11 americanos, la Gran Bretaña por dos d P
·
1
¡
d d
.
e sus naetona es, Y e ver a ero árbitro supremo en Ja contienda
ederá el rey. Osc!'r II, s?berano de Suecia y Noruega pru'.
ente_, ~abio é imparcial.
'
~ehc1témonos Jo~. americanos de ver reconocido nues•
tro derecho,. regoc1Jémouos de ver sancionada una vez
más la d(?Ctrma Monroe, en que apoyó Mr. Seward sus
r09lawac1ones á Napoleón III, en favor de Méxi
¡
aciagos días de la .intervenció.n frAncesa; y baga!~se!t~:
porque esa doctrma, ~an orillada á interpretaciones de
todo género, quede siempre en los límites que deben
marcarle el derecho y la justicia.

y

DR. EDUARDO L ICEAGA.-Secretarlo.

X.X.X.

lJ}robl.emas rontemµonínea,.

i

de esta idea tan curiosa, haya asegurado fuera de todo
12 de Noviembre de 1896.
apoyo, su adopción definitiva.
'
.
:A,rtur9.Heulhard, que es un investigador apasionado. al
mismo tiempo que un historiador erudito, ha tenido
El Congreso Médico Panamericano.
siem¡;re un yerdadero .culto por al viejo París, sobre el
cual ha escrito obras bien conocidas de los letrados y ba
La lllesa Directiva.
deseado con verdadera ansia recomtruir para 1900 el
«Pont-au-Change,,, el más viviente el más curioso entre
t&lt;;&gt;dos loa pue~tes de la Ci~é. El veía en esta reconstituc16n ya tan.pmtoresc:1 ~a¡o el pnnto de vista arqueológiC?, un medio muy original de it!trod~cir en la Exposic16n futur~ una secc1611 q•·.e ha sido s1.,mpre olvidada y
m"J conoctd~ hasta el día. Porque el «Pont-au-Change»
f~é. en otro hempo e~ ••alma financiera» de París, con ses
v1e¡as casas de otro tiempo, sus comncios de lioneses de
lombardos, de flor~ntinos, de orientales, de flamen~os,
~te., Y se C?mere1aba con materias de oro y de plata·
1mage1;1 s~ncilla y cuna cierta di las grandes bancas de¡~
actualidad.
Te~~ría~os pues en resum11n u:ia reconstitución como
el 11v1~¡0 Ol1vers» que ha Rido una de las curiosidades de
este siglo.
Pero en el estudio, el proyecto se ha modificildo me
tamorfoseado y agrandado de una manera col ·sal '
•
En tanto que los comercios menos afortunados ·toman
parte en t0das esas manifestaciones tan pacíficas del Cam·
po d~ Marte, uno solo s~ ha absteuido, hasta el día y es
precisamente el más neo, el más interesante y el más
importante, el qu~ los contiene todos y el que los resum~ to\ios: el del dm~r&lt;?. La alta banca no se ha expuesto Jamás los establec1m1entos de crédito, jamás ¡,e han expuesto tarupoco,. la moneda, la Banca de Francia, los
agentes d~ cambio, etc, y eD resumen, esas institucioDR. MANUEL CARll[ONA. Y V ALLE.-Presidente.
nes fi~anc1erat. de todo orden y de todos los rangos, establ.ecidos á traves del mundo, que hacen y dtlshacen las
A res1&gt;na de ocuparnos extensamente de este im or• naciones modernas.
tarufs.uno concurso técnico que se inaugurará mañaEa
f'.orqué ~ues, los hombrP.!! instru(dos y deseosoR de insqlitl 81 ~ duda )1ará época en los analea científicos de nue!- t~mrse no mten.tarínn en 1900 e~ta histf)ri i política y 80.
t1 éd'a1e, publ.1cam(Js hoy loa retratos de los reputados C}al de las relac1.one,s d~l hombre y de1 dinero que no ha
100 • mex1canoa que integran la Mesa Directiva de Ja
~
Sld!) hecha en n!ngun tiempo y en ningún país? ¿No iría
1
L 8 ª!n 1lea,
Y que son los Sres. Dres. ()armona1 Liceaga y
u.mdo acaso un mterés po~ero~o á una exposición finan•
a.:vista, á manera de prólogo de la.r.e seña ilustrada que ~raque mostrase esta historia del dinero caaa día más
r-mos en nuestro p1'6ximo númeio.
gigantesco, las di vers~s fases de ese metal, el eterno draHál la~e ya en esta Capital la inmensa mayoría de los ma y la eterna comedia, las crisis á que ha dado origen
deñore¡ delegados, así del país como de los Estados Uní- esa lucha tremenda de l hombrn y del oro; Jaa evolucioos Y as Amér•cas del Sm; con·ócese el programa con nes del fisco á tra.vés de las edades, el funcionamiento
:rr~gl.o al cual se efectuarán las diversas reuniones y Jas comparado de los impuestos á través de los pue blos el
esis 1,mport!'ntes 9.ue serán discutidas. Todo hac~ creer aparato.de las finanzas públicas de los diversos Estados
que la .c1enc1a denvará valiosos resnltados de esta e
la creación de los valor~s fiduciarios, la historia del mun'.
grt'gaci?n de profesores americanos, y nosotros así Jo ~~= do, en fín, contada con la historia de la plata?
seaino~ ,. Y damos por nuestra parte la bien venida á los
Así es como poco á poco, la reconstitución primitivaes1sta~. n,pr~stándonos, en cumplimiento de nuestra
c.-,;1 n )enodist!ca, á proporcionar á nuestros favore- mente proyectada del yiej? «Pont-au-change,» se ha transf?rmado en una constitución más grandiosa, más instruc. ortes a amp11a Y completa fisonomía del aconteci·
m ten o.
• tiva y ~ás seductora de la «Ciudad del Oro.
.La •Cmdad del Oro,» que será edificada en ,-1 recinto
m1s.~o de la Exposición. constituyendo probablemente
el ~it10 de honor, contendrá forzosamente muchos cuarto1es:
Desde luego lasecci6n de las materias brutas, mostrando d e donde provienen el oro, la plata y el cobre en 1.o
das las épocas, la extracción, el traspor~e, el pesd, hast~

~~t~6

t

l.ra e~posición de

i900 eri

Warís.

30-3
la conversión en. metales puros, el descubrimiento y los
planos de las mmas más conocidas en concurrencia con
el punto.de vista de la.ri.queza de producción, etc, , etc.
Se ver1a, pues, en actividad esas famosas minas de oro
de que se !1abla tanto e~ los prospectos y en el mundo·
ee las vena en explotación con los gambusinos que 19~
descubre!1, loa mgroa que las trabajan, etc., y la visita de
esta sección de la exposición equivaldría en consecue ·
á un. verdadero viaje al Transvaal á .Australia 6 á cnc,i_~
forma.
'
a.1
Este espectáculv ue una tal actualidad y tan cautiva•
dor bastar[a por sí solo para at,raer á París la Europa enter~: .sería mcont.establemente un «clou» que ninguna expos1c16n ha ofrt;c1do basta el presente.
. Luego la sección de aparatos monetarios de todos los
tiempos Y de todos los países, los cuños que sirven para
troquE:lar, las balan~as, las pilas de monédas comparadas
un m1llón en céntimos; en francos en oro•· por fin 1 '
moneda actual y su funcionamient~. Se ea~tivaría verª
daderamente. al público con las monedas de oro y de la:
ta 6 las fracc1o~es basta el milésimo, de 1900, con un ~oníog:ama eepecial qne constituiría uM recuerdo caracte
r StlCO.
.
yendrían en seguida los valores :fiduciarios y de circu lae16n, los orígenes de los b~ncos, los recuerdos de ¡08
Strozzy. J ueggers! de los Médicos, de los Gadagne. de los
Laflitte, de los M1rés, de los Rothscbild, etc., iasgrandes
compai'iías francesas, la calle Quincampoix ¡08 billet
de banco de todas las Naciones el Timbre ~l R · tes
en fin, los aparato~ de fabricació~ de los bill~tes, 1~frr:~:
des dt; los falsos b1lletes, y la organización de Ja Ba,1c d
Francia.
a e
No ~ería por lo demás _la primera vez que la Banca d
Francia, en casos excepcionales fabricaría bille,e f
e
d.e la calle de La Villiere;.en 18i0, por ejemplo,\eue{f
c1eron algunos en las máqumaH Marinoni en el tall d
la calle de Hauteville.
er e

DR. RAF.;EL LAVISTA.-Vicepres!dente.

Las finanzas públicas y privadas estarían re resenta
d.ªªl?1 los re~ratos de los financieros céltbres·~a historia e .mecamsmo del erario de otro tiem O de ah ·
~i: ~lv~dar bun capítulo singularmente inst~ucfivo re~~~•
~ 0 as 0 ras de beneficencia debidas á la finan~a
·
n 1as ca11es tan pintorescas de esta · a d
·
trarían con el sello del tiempo al lado d~Ja! dtis~ en con.
tnale~ de los Banco~ de Estad~, la recon~titució~na:taacpor etapa, de las t iendas flamencas florentinas ' 1· pa
s~s, de 1.os teatros de parada, :le los ~stablecimie!to1onepgl~_Ju~0:, que acentuar!an. el caracter cosmopolit!
.º!1 au _ange Y el movimiento de la antigua v·a
1
ristenstl; se mstalarían al gusto, a gnnas casas de a ª ~.aa!gunas sucursales de los grandes estabiecimiento kºia,
c1eroP, co.n oficinas de cambio y de banca en la s nllnJ0sbe~positort-s Y los visitantes, pe drfan hacer c~::i~ales
a o ea, todas sus operaciones, dar su órdene~ de v en
6 de compra, 6 correspoud.er con sus agentes.
enta.
t Jªl es el plan de esta «Cmdad del Oro » donde loa ·. •
t ador1s encontrarían reunidas todas l;a distraccion:~~1.
? as _as enseñanzas; para el mayor provecho de la . t y
¡ igenc1a }'. de sus ojos.
11, eco!~ ets smgular~ente moderna esta idea tan nueva 0110
sis e en resumir en una sola jornad
t 1
• ·,
fjos la bhistoria política, social, fiscal y fi~:;cfer~ªa~t";°s
os pue 1os, desde el génPsis peno d l a·
" os
pleno desarrollo en la sociedad actial?e mero hal!ta su

i:J

Otro pago de$ 2,651.60, de "La Mutua"
EN MBXlCO.

Mé xico, Noviembre Gde 1896
tu~r._Dpon Carlos SoMmmer, Director General de •La· Mú.
•"
resente.- uy señor mío:
Conforme á la indicación de Ud h
1.
fTc~~. i1:;i':s~!rª1!esc~~~·
pr~~en~lap~!r t/ªJo~: r~~
2
póliza núm 430 3fo. · d
$ · 65 1.BO, importe de la
póliza....... .'...... '... 'sien o por valor de la mencionada
Y ~r devolución d.~.t~d~~· ..1~~..P;~~¡~~;·i~·~~~S 2,000.00
a de ........ ............................... ............ , .. $
65160

~~

BA.RON VON KETT&amp;LER.-liinfstro de Ale mania. en lié f
(VéaSe el a.rt,culo relativo .)
· x co.

.
en junto........... ......... .........$ 2,......,
,,,,1 ~"
uv
1a cua 1 p 61 iza tomó á · f
ñía la señora mi madr:DtEºr en. e~ respetable Con,pa.
Quedo á Ud. y á la Con'i a~famia uen-erode~arváez.
presenta en mi afe mu P
q~e con tanto acierto re6 8
y e~cacia, así c!mo ~J acli:fa~~~tl~Sfºó
. atnciones
Sm otro asunto me repito á las órde~es ·a/i::fa ª;4-uet.
atento S. S.- FIDEKcro NARYÁEz.
• a mo. y

f

�15 NOVIEMBRE, 1896.

,,:D~0::·=========~====15=::N~o~v=IEMB=~RE=,~1~
=;~================~E~L~M:UN~r
30 l
tal vez carece en su nativo s~elo. Y n.a t~-

ralmeote si el certamen excita la curiosidad del extranjero, generaliz~ el conoc-i
miento de cuanto forma el cooJunto armo•
nioso del trabajo guatemalteco, de'!lueetra
que al amparo de la paz y segundad, el
inmigrante honrado encontrará una segunda patria y propaga por el mundo
culto las benéficas condiciones de la naturalez~ centroamericana¡ naturalmente, decimos el Certamen contrib·1ye directamen~ á que al wrmioaree el Ferrocarr~l
Interoceánico, éste dé desde luego lo_s 6p1mos frutos que está llamado á proporcionar.
«Nuestra .l!":xposici6n ofrece no solamente
u11 campo para que los ~efuerzoe del pat~iootiemo obtengan legítimos laureles, sin?
un aliciente para aquellos que en la ~ct~v1dad humana, persiguen fines pecun1ar1os;
además de las recompensas de honor, Guatemala dará otras en dinero y en dispensa
de derechos de importación.
.
«Bajo tales condiciones y en v1_eta de la
innegat&gt;le utilidad que á los expositores reporta siempre todo certamen, tenemos confianza en que nuestra primera ~xpoeici6n
Centro-Americana será favorecida por loe
pueblos que conocen eue pro_pioe intereses
y que, amigos. d~ la fratermdad humana,
quieren contribu u á fortalecer los lazos que
deben ligará !os hombres.n
Más nobles fines no podían p,op~merse
los organizadores, y deseguroun.éx1tohalagador consistente eu mayor umón y mayores elementos de prosperidad en las Amé·
ricas latinas, coronará el generoso esfuerzo.
.t'or nuestra parte, así lo deseamos emcera•
mente. México cultiva cordiales relaciones
con su hermana vecina; el pueblo que se
siente arrastrado á esa fraternidad, guarda
reservada actitud de eepectaci6n porque
espera de allá el movirnie~to que .ha de
fundir á los Jos en comumdad de mtereees. Bien se comprende esa actitud después de las nubes que han cruzado por
nuestro cielo.

GUATEMALA.
SU PROXIMA EXPOSICION,

R~ina Barrios y sn esposa.

EL MUNDO circula ya mucho en la ve-cina República del Sur, donde nuestr~s es•
fuerzos en pro del periodismo D1exicano
son apreciados en su just? valor, y no hallarán extraño, por lo mismo, nuestros.fa•
vorecedoree, qu~ consagremos á eea nación
Jilg,,nae línea!!, ilustradas con )os retratos
del Sr. Presidente Rey na. Barrios y su e~poea y un grabado relativo á la Expos1-ci6n.
.
p .
Don José María Reyoa ~arnos, residente de la Rf\)Ú blica, nac16 en S~n. Mareos el 24 de Diciembre de 1854, as1eh6 en
1871 á las batallas de Retalhuleu y del Cox6n y fué agregado al Estado .~ayor co~o
sargento, prestando sus serv1c1os. en Tierra Blanca, y entra~do en l.a capital el 30
de Junio con la p,éyade .hbertado~a¡ en
1873 aeisti6 á la pacificac16~ de Oriente,
ganando ahí el grado de cap1tá_n.
. .
En las guerras de 1877 y 1885, se di~tm·
guió llevando eu contingente de p:itnota¡
asistió en Amapala á la proclamación del
gobierno del Dr. Soto y en e\ año de 1878,
sesempeñó la Jefatura política y Com.an·
dancia de Armas de Santa Rosa; posteriormente, hasta 1881 fué Jefe del Batallón de
~inea núm. 2 de Guatemala, y más tarde
-primer Jefe del Cuerpo de Artiller1a de la
República, al c1;1a.l dió una compl~ta organización. Ha v1aJado por Alemama, Francia. España y Norte Améri~a. y habla y ~acribe correctamente los 1diomae patrio,
francés é inglés y traduce el alemán. El 16
de Marzo de 1892, tomó posesión de la pre·
eidencia á cuyo alto cargo lo elevó la vo·
Juntad popular.
Entre los trabajos más impo~tantes de
su administración, debemos citar desde
El Sr. Barón Von Keteller.
lnego: el Ferrocarril de: Norte, Puerto Barrios é Ixtapa, las obras de en~anche y embellecimiento al Sur de la Capital, el Cuartel de Artillería, el Instituto d¿ Indígenas,
Entre&amp;• de la condecoración del A&amp;ulla Roja
la casa Presidencial, el Registro de la Proal señor Prealdente de la Repúbllca.
piedad, el cable submar}n~, edificios naPublicamos el retrato del Baron von
cionales en toda la Repu.bhca.¡ leyes co~o
Ketteler, ministro de Alemania en México,
la agraria, militar, de d1vorc10, extranJe•
L.:......:..i..;J;._ ____ _.____ __~ - - - - -- - - - - -....-----',
que el martes último hizo solemne entr~a
ría, inmigración, arreglo .de las deudas, la
al Sr. Gen&lt;lral Díaz, de la condecoración
Exposición Centro Americana, etc.
del Aguila Roja ofrecida al Señor Presiden·
Son hábiles colaboradores del Señor
te por el Kaiso,r Guillermo II.
Rey na Barrios en SUB .altas. tareas adGENERAL:JoSE MARIA REY NA BARRIOS, PRESIDENTE DE I,A. REPUBLICA DE GUATEMALA.
Esta condecoración consiste en una ~1~ministrativas, el Sei'lor L1cenc1ado Manuel
otros lo que'producimos,· despertar el estímul.o en pro del ca. con esmalte blanco y rayos de o1·0 por fondo, y d1v1Estrada Cabrera, Ministro de Goberna7i~n¡ el Señor Cod d
d 1d
atro cuarteles
ronel y Lic. Don Próspero Morales, .M:101stro de la Gue- t,rabaj~ fu¡:~o~j ~~rrfr~:~:tt~º~riv:::~·t~º eª~hf6i:Sá
o~::ac~l centro d~ la .placa un d~ble círculo en el que
:rra· el Sei'lor Don José liaría González, Ministro de Ha- t.Greucahteªmaºiaª di·gnameote invitando á loe pueblos, y con se encuentra el águila real de Prusia con las garras Y la
eiei'i.da·' El Señor• Lic. Don
l Se Jo!"· Muñoz,
D
M Mir:.istro
M de es ecialidad á los pueblos centroamericanos, para una corona d e oro.
á
1
Relaciones Exteriores, e
ñor tc. on anue I ora• flista de civilización y de cultura; tales son, entre otros,
En el segundo círculo se l~e .en. exergo, con etras u•
lee Tovar, Ministro de Fomento Y.el Se~ot. Lic. Don Ma- los provechosos reeultados que en general pod.rá ofrec.er rea~, sobre fondo negro, la d1v1sa,
nuel Cabral Ministro de Instrucción Publica.
1T=
S
et constanter
La esposa' del Presidente de Guatemala, Señora Alge• la ~xposici6n decretada por la Asamblea Naciona ....,_i;IB·
Tr:;~;ela Cruz cuat;o brazos cortando en ángulo agudo
1891
·
es u na
de que la
· locomotora corra sin obs- y formando ocho ramas. T od a'1a C ruz ee v~ esm a ltacta de
ría d e R eyna B arnos,
. hermosa dama. de orígen lat1va
p en
. 8 dea Mayo
el d(a en
6
norte-americano que ha eab1.do. cap~aree las simpatías en tác;loxd~i°Ítlántico
al Pacífico, trayendo la inmigración bl~nco y en .el ce1;1tro se ven, en oro, las cifras W-R, que
la sociedad guatemalteca, d1st10guiándose, sobre todo,
el tráfico ue han de convertir ton poblado nuestroe quieren decir: W1lhem Rex.
.6
por aus obras d~ ~aridad.
.
Ydes·iertos ve\ valiosas fincas nuestras vírgenes selvas.,
En el anverso de la Cruz se lee la fecha de la fundac1 n
Bajo sus ausp1c1os se ha formado una sociedad de se,
d ¡ o d
floras de la cual es Presidenta, con el fin de fundar uu urge que prepareJ?lOS el terreno; Y prepar~r1º'· es reutmr
ªD!n Q~tober 861 •y el total está unido á una banda
·' 1
1
·
er, una s6la localidad cuanto so~os en c1enc1as, ar es,
,
hoep1ta para os ancianos. *
ricultura industria '/ comercio· preparar!.), es dar á de muaré oro y blanco.
E ba
**
~nocer la ~ituaci6n privilegiada de nuestro país, seña•
El Sr. General Oíaz se presentó en el ~Ion d~ m ·
La Exposición Centro-Americana que debe efectuarse lar sus puertos sobre ambos mares y las hermosas vías jadores, á las doce del. ~ía, llev~ndo dt~aJe de et1quetat Y
6
en Guatemala de Marzo á Junio d., 97, fué decretada por terrestres fluviales que los unen¡ prepararlo, es, en fin,
aco!'.Ilpañado de sus m1rustroe, é mme 1atamente pene r
la Asamblea legislativa de esa República el 8 de Mayo de llamar la iit.ención del extranjero, invitarle y ofrtlcerle á dicho salón.el f::lr. von Ketteler, acompaflado del Sr.
1894. El objeto del certamen lo dice á las claras el s\· todos los medbs conducentes para que contemple las General Pradiilo y del Sr. Pacheco.
.
guiente prólogo del Reg.lamento general de la Expo&amp;1- ri uezas naturales de nutlstra República, y calcule ante
Al efectuarse el acto de la entrega, ?amb1áronse afección, que tenemos á la vista:
elqcuadro r1·sueño de la Ex:posición, los mucllos bienes,
tuo.so.s discmsos entre el seflor Presidente y el sei'lor
«Reunir diversos objetos para compararloe¡ aprender
M
t
1 á
lo que ignoramos; mejorar lo que sabe nos; comunicar á )os muchos elementos que entre nosotros hallará, de que
lDIS ro a em n.

Is

ULTIMOS INST.A1'"TES
- D E-

LOS PRIMEROS CAUDILLOS DE LA. INDEPENDENCIA.
El laborio~o escritor D. Luis González Obregón acaba
-de reproducir en un folleto un documenLo deeconocido
-de nuestros historiadores y que muestra con hermosos
-detalles el hnoiemo con que murieron alaun,,s
de los
0
heroes de nuestra Independencia.
Se trata de un relato sincero de Don Pedro Armendá•
riz, soldado que, no obstante haberse contado entre los
verdugos de loe héroee, inició después que se levantase
un monumento á su memoria.
En gracia de lo ~nteresante y breve de la narración,
'&lt;¡Ue de seguro cautivará á nuestros lectores, reproducimos tal documento con su ortografía origina!:
CARTA DEL QUE Sl:'SCRIBE.
Ciudad de Santa-Fee del Nuevo MPjico, 17 de Febrero
de 1822. :. eguado de la Independencia.
SoR h{PRESOR DE "LA ABEJA
POBLANA." ( 1)
Mny sel'ior mio: es demaPiado el carrno que tengo á
V. en consecuencia á que lo
!econozc~ por un COtDplPtO
IDdepend!ente, y decidido
por el bien general de sus semejantes, pues así me '.o han
asegurado .uno ú otro papel,
.que he temdo fortuna de haber habido á las manos de
los que V .. imprime, y llevado del canf'lo, y de lo justo.
me ha parecido acertado dar
le la noticia siguiente, que
puede ser ignore:
El año de ochocientos once, me hallaba en Chihuahua
de .A.yudante de plaza del
Peñor Comandante General
S~lcedo; mi empleo ~ra Temente de presidio, Comandante del segundo escuadron
de Caballerla de reserva, y
vocal de la Junta de Guerra:
como tal sentencié entre
otros á muerte á los señores
Cur~ Don Miguel Hidalgo y
-Costilla, Don Ianacio Allende, Aldama, Ji~énez y Santamaría; fuy el te&lt;1tigo de vista mas iumediato de sns
mue~ee, con motivo á que á
rn1 cuidado se fiaron en cnpilla, hasta que como principal
verdugo los hacia pasar por
las armas: siempre he oido
hablar con variacion de di·cbos señoree acerca de los últimos momentos de su vida
en .té~minoe, que eE'g•m lo~
acnmmao, han creiuo mu
chos que eran heregee, y para sacar de, dudas digo: que
el sefior Hidalgo luego que
llegó á Chihuahua se puso
preso con las autoridades ne&lt;:eearias en el cuartito núme•
ro 1? del Hospital: muy á me~udo se confeeaba. se conduJ0 con le !l)ayor resignacion
y modestia, hasta que llegó
el dia horroroso, en que hallándose en otro calabozo ee
eac6 para ser degradado.
Salió con un garvo y entereza que admiró á todos loe
concu.rrent&lt;is, se presentó y
arrod1ll6 orando con cristiana devoción al frente del Altar que estaba al lado dere-eho de la puerta de la botica: de al!í con hnmildad s,
fué &lt;1:on~e tetaba el jue;
Ecles1áat1co, concluidos tod?s loe pasos de la dt-gradaC1&lt;?º, que con la mie'lla hu•
m1ldad sufrió, se me entregó: 1~ conduje á la capilla
del ml8l~0 Hospital, siendo
ya las diez de la mal'iana (2)
en donde se man tubo ora~do
á ratos, en otros reconciliándose, Yen otros parlando con
1anta entereza, que parecia
d~¡8e_le l!egaba ~l lioásu vida, hasta las nueve de la mañana
d i:igdiente dia, (3 ) qne acompañado de algunos eacerr: 8 , oc~ Poldados armados y ye,, lo condujimos al col al del mismo Ho~pital á un rincon donde le esperaba
t&gt;. eepantoeo vanqu1llo: la marcha ee hizo con todo eilen¡•o: no f~é exo~ado por uingun ecleeiáatico en atencion
4Je lo iba haciendo por sí en un librito que llevaba en
1 erecha f un Crucifijo en la izquierda· llegó como diJe 1bvanqu11!0, di6 á un sacerdote el librito, y sin hablar
a ra, por sí se sentó en el tal sitio en el que fué atad 0 0 ~os portafusiles de loe mollero~, y con una venda
e os OJOS contra el palo, teniendo el Crucifijo en ambas
~ o ;, Y la cara al frente 1e la tropa que distaba forma-

.ª

aªf °
1

vo&lt;~0¡¡~~~eperiódJco en el J..ue se ~licó el Pian de Iguala, por en
( 2) Lunes
.su re
tor y;edltor.
11
\ 3J Martes 30 de J ulio de 1811.

2'.!1~f.,&lt;¡t¿'¿t~~

EXPOSICIÓN CE~TRO AMERICANA DE G UATE:IULA..-FACRADA DXL- EDIFICIO PRINCIPAL.

305

EL MUNDO.
da dos pasos á tres de fondo y á cuat ro de frente: con
arrPglo á lo que previne le hizo fuego la pri ml'ra fi la, t res
de las balas le dieron en el vientre, y la otra en un brazo
que le quebró: el dolor le hizo torcerse un poco el cuer•
p o, por lo que se saf6 la venda de la cabeza y nos clavó
aquellos hermosos ojoe que tenia: en e, ~I estado hice
descargar la segunda fila que le , i6 toda en e l vientre, es•
tando prevenidos que le apuntasen al C()razon: poco estremo hizo, solo sí se le rodaron unas lágrimas muy grue•
eas: aun se mantenia sin siquiera desmerecer en nada
aquella hermosa vista, por lo que le hizo fuego la tercera fila qufl volvió á errar no sacando máa fruto que haberle hecho pedazos el vientre y espalda, quiza sería porque los soldados temblab,m como unos azogados: en este
caso tan apretado y lastimoso, hice que dos so ldados le
dispararan p'&gt;niendo la boca de los cañones sobre el corazon y fué con lo que consiguió el fi n. Lnego se sacó á
la Plaza del frente del H ospital, se puso nna mesa á la
derecha &lt;1e la entrada de la p•1ert.l principal, y sobre ella
uua silla en la que lo sentaron para qt1e lo \'iera PI nú •
blico que cuasi en lo gentoral lloraba aunque t1orbiéndoee

y todos atados á los palos de los molleros con los porta·
fusi es: á una par se le descargaron cuatro tiros á cada
u no por la espalda, y fueron su ficientes para que con
igualdad murieran: á poco se quitaron de los banquillos,
se fueron tendiendo allí sobre una mesa, ex cepto Santa•
marina (sic), les quitaron las cabezas que dt:spués ee sa•
laron, y sus cuerpos se sPpu ltaron en el caJ1po santo, remitiendo con la cabeza del señor Cura Hidalgo las otras
á Guanajuato.
Los mencianados Señores, tubieron excelentes prepa·
raciones para morir, confesándose muchas ocasiones, su
resignación y entereza causaba admiración, principalmente cuando ya fueron encapillRdos: en las veinticuatro horas que duraron en ella fueron exhortados por ellos
mismos en ratos en latín y en otros en castellano, tomaba uno la pa,abra, y así que se cansaba la tomaba otro y
así suresi vamente las veinticuatro horas ecepto el sefior
Allende que aun allí lo trataban los otrob con el mayor
rP.speto: este ú ltimo murió defendiendo por justa la in·
dep.,ndPnci,i. Pn t,.,rminos que antes cuando se le tomaba
su declaración, viéndose tan apreGado por el fiscal, se vio
en la necesidad por su defenea, de tomar la corta plumas
de sobre la meHa y se tirb
tres cortadas al vientre quti
no le cortaron el cuero: ( 6)
Jim enez solo encargaba á eu
muger y un hijito: y Santamaría antes se babia fingido
loco por escapar la vida, pero dt-spnés fu'é admirahle Ht
resignacion y disposicion.
Estos Héroes son dignos cltl
que se perp1·tuen en nuet1•
trae memorias, no solo pur
los conocimientos que nus
acarrearon con haberno11
mostrado el verdadero camino de la libertad, sino que s-,gún sus últimas demostrRcionee murieron tan cristianamente como los mejori,s
cristianos, por cuyas virtudes sírvase V. interesarse á
que por un monumento en
l!hihuahua sean eternizados.
V. dispense esta mi piado•
ea confianza, y disponga dll
la buena voluntad de su affmo. atento, seguro servidor,
y amigo Q. B. S. M.
PEDRO ÁRMENDARIZ.

-••t+t••·La leyenda

DE
LA. MA.RGARITA.

Sm. Algeria de Reyna Ba rr ios.- (Yéase el articulo relativo).

las lágrimas, despues Fe metió adentro, le cortaron
la cabeza que se saló, y el cuerpo ee enterró en el camposanto.
Los cuatro siguientes señ ores nombrados murieron antes que el seño r Cur,1: fneron encapillados juntos en
la mtsma Capilla, y á mi cuidado estuvieron en ella vein·
te y cuatro horas, luego se condujeron atados de los molleros con los portafusiles hasta la plazuela que queda á
espaldas del Hospital dicho, en donde estaban los vanquillos esperándolos: llegaron al frente '1e ellos sl'gnn les
había de tocar; el sel'ior Allende luego que enfrentó al
que debia ocupar, volvió la cara al campo, se levantó la
venda que le cubria los o¡os, est uv&lt;:&gt; mirando toda la gente, se volvió á cubrir la vista, y se dirigió al vanquillo en
donde por sí se sentó; los otros tres fueron.sentados. ( 4 )
(4) D. Juan Aldama, D. MarlanoJiménez y D. Manuel Santa-maña.

En un fondo boscal, rojo
por el otoño, parduzco por la
h ojarasca, gris por el heno
que en mechones colgaba dti
las ramas, agrietadas como hl
momia de un guerrero llena
di, cicatrices¡ en un fondo
obscuro que recortaba lapalidez luminosa de los cielos,
se destacaba apenas un rui
noso castillo. Las piedras parecían cubiertas de canas;
manchones de muEgo ascendían, manchando las j unturas con ese verde sombrío
terciopelo¡ el polvo había
opacado los cristales de la'!
ventanas nunca abiertas; torcíanse los remates de hierro
de los torreones, y el buho
en la comiza, el aguilucho e11
el acantilado, la lagartija e11
la juntura, hablaban de una
de esas mansiones abandonadas, teatro de idilios ocultos ,
modas tragedias, ignorada~
elegias. Brusca hierba, viva,,
floreciente, borraba t-1 deli .
cado contorno de loe baluartes, salpicando de corola~
brillantes el fondo negruzco
de la piedra bañada por la
lluvias, barrida por los vientos, calcinada por los solee.
Había un jardín, una deliciosa maraña dearbuetosconvertidoe en árbolee, exuberante de flores, ebria de vida,
un Parad-0n que ceñía, como
las sienes de un viejo dios ,
con guirnalda de rosas frescas, la mansión vetusta. De
la torre calada de una capilla jamás se desparramó el tli
no de unas campanas, y diríase que aquella habitación
estaba desierta......... Había alguien......... -Ríete, tie•
nes razón ...... -un viejo castellano y su hija. El caetella
no-¿lo has adivinado?-era un hombrón colosal, de mal
carácter, y ella una criatura ideal, frágil, blanca, elegan .
te como los lirios, y como ellos, pura y mística. Ya te
puedes suponer que era de cabellos rubios y ojos azu les.
Llamaremos, si lo quieres, Blanca 6 Aurora á esta interesante reclusa. E lla es la que se pierde en los rincones
más sombríos del jardín, seguida de la dueiia de anteojo.
(5) Bustamante dice, q ue i ndignado Allende "del trato poco at.en to de Abella, en un acceso de furor rompió las espo.sas que t.enla
en las manos. porque tenla grandes fuerzas, y con el pedazo de cadena que qlledó pendiente de una de las esposas, le dfó un fuerte 11olpe
i!. A bella en la cabeza." Alamán reproduce est.e ep isodio en su nota.

�EL MUNDO.

306

15 XovrEMHRE 1896.

15

NoVIEMBKE,

1896.

EL MUNDO.

307

musical y natural, su io~piración noble y levantada, su
originalidad, el sello profundamente personal de sus creacioues y sus tendencias filosóficas, constituían para mí el
más admira bit- conjunto de dotes;y si encontrábamos más
vigoro&amp;o á Si...rra, {Uás fácil á Peza, rnás profundo á Caste116 ninguno á wi juicio, me parecía á la vez tan vigoroso,
tan fácil y tan profundo.
Con el tiempo he discernido que mi preferencia de en·
toncee, si bien exaJerada, no carecía de fundamen&amp;o y de
explicación.
Hay -poetas en quie::ies predomina la fuerza como en
Justo Sierra; otros que se caracterizan de preferencia por
la gracia, como Juan Peza y otros en los qne impera sobre todo el buen gusto como en Gutierrez Nájera. Acuña
á la vez era fuerza, gracia y gusto. "La Ramera" "El
Hambre" "A los mutrtos de la Filahiátrica", son fuertes;

t

"'

~

~

E

Cuando esté Po la caja
quiero que tu ojos,
regando con llanto mi cuerpo presente
me sirvan de hisopo.
'
SRA. AMPARO E. DE CúRRAL.

azules, que hila en rueca; ella, la pensativa vagabunda
que se detiene bajo todos los nidos para oír el canto filornélico; ella, la qne arroja migas á los peces fecundos del
1-stanque, enorme espejo azul encuadrado en la felpa verdosa de los musgos; ella, la que sigue con la vi.ta á la~
multicolores mari9osas y parece decir algo houdamente
triste, con la mirada ingenua y húmeda, á las rosa~ blancas en flor.
Se pasea en la terraza durante los plenilunios, hunde
la mirada sombría en las lontananzas entenebrecidas, y
l:1 estrella que palpita, y el ave que solloza, y el msecto
que zumba. las vocea aisladas de la inmensa serenata que
asciende de los campos bañados en plata luminosa, la
hunden en el vago ensuefio de una languidez virginal, en
ese lento desmayo de las almas, donde también hay una
luz indecisa, un canto que eti levanta...... lo has dicho: el
amor.
..A.l verla triste, el padre-¡padre al fin!- ba depuesto d
sefio adusto, y con voz bronca, pero con llanto en los
r,jos, tomándola eu sus manos, como en las suyas rudas
Hl tosco l,1brador toma una corola delicada le ha pre•
guntado:
-¿Por qué estás triste? ¿por qné sufres? ¿por qué?
Ni la dueña.-..A.rgos wahciosu-ni el confesor, viejo ex•
pe1·to, nadie sabe que en esa alma cn,ció tímido, hace
r,iempo, un afocto, un amor, ...... ¿por quié n?....... por
Raul. ..... ( Raul es nombr:i favorito de hero"s sentimenta•
les) un Raul que, de paso, una noche, pidió hospedaje,
entonó cántigas, la vió lar~amente y la dej6 para i;iempre
envenenada de imposible cariño.
Pero ha jurado no decirlo jamás, ha jurado callar para
Riempre ese nombre y ese amor. ¡Cu\l,nta,i vec"t1 ha esta·
110 á punto de ser sorprendida] Suele hablar sola y pronunciar las letras poco á poco, diríase que son música y
quiere prolongarlas; diríase que tienen sabor y, cerraudu
los ojos, las paladea. Se ha detenido freute á los árboles
&lt;ie cc,rteza secular y con el punzón de oro, ha dibujado
R. R. que convierte eu B. B. y después raepa: escápase
entonces de las ,¡;rietas una gota de savia qu., par.,ce uua
lágrima de ternura de arbol herido. Y lo lla soñado. ¿La
habían oído decir esas frases tiernas? Virgen ignoraute,
no sabe el idioma del amor y lo ha aprendido eu un libro
de misa. ¡Oh Raul mío. dice, á veces, báñame con tu preciosa sangre; Seüor, iuúndame con tu luz; Sdior, fúndeme en tu gloria; cordero purísimo, paloma blanca, ven á
mí. Creen que reza y habla con el ausente. Su iumeoso
pecado es callar al confesor ese $acrilegio de palabra. ¡Oh,
el Demonio, ha tomado una irresistible forma para torturarla! Su padre le ha suplicado.
- Díme; si es un hombre;no importa quién, serás suya;
si ea humilde le daré título; si es pobre le daré tesoros;
~¡ es criminal tú le santificarád. Pero ella, la obstinada,

la orgttllosa, enmudece. Responderá cuando él mismo en
perMona, Vtluga y le pregunte lo que todos ¡ayl le interrügan.
E! fraile le tiende en el confesonario inesperados !azoe;
le dice que es grave culpa ocultar lo que dice la palidez
en su frente, el eterno desmayo soñador en sus ojos el
pliegue grave de sus labios....... y ella solloza pero caiia.
. Y esa virgen blanca y I,JUra, esa virgen flor de inocencia. está condenada por silenciosa á los eternos martirios
de la sombra; pero ha amado tanto que los cielos la perdonan. Murió, ~u rió una noche de Mayo ......... y lo espera todavía baJo la forma de flor, lo espera, martir resignada. Esa flor es la margarita, un corazón de oro,
aureolado de blanca pureza; ella es la flor que se deshoja
para preguntarle sí ó no y jamás dice la verdad. Te conMta cómo has desmentido su afirmación con tu desdén
eterna ne,ación.
'
Tal es el cuento de la margarita.

•**

Ella alegra como blanca risa la sombra de los prados.
Pura estrella de nieve, espera al borde del c'.lmino á las
parejas de enamorados que la cortan como orácu:o....... .
los rostros ju::itos, la mirada ansiosa, arrancan las hojas
sóplanlas, vuelan por el aire como fleeos de nieve.-¿Di'.
ce qne no? Y? lo ves?
.
.
-Pero ¿quién cree á una flor, s1 aquí están mis ojos
que te responden? Dame un b3so.
El poeta, pensativo, la interroga también: dice ella qne
sí, pero el sonríe con tristeza: miente. Y para arraucarle una sílaba la martirizan, le dejau solo el corazón, sin
aureola de pureza.
.
~a t-abes la historia...... ¿Quieres q_ue deshojemos margaritas?

M1rnós.

ROSAS.
El alma rle las niñas que se mueren
De amor sin e~peranza,
E-1 el aroma delicado y puro
Que esconde el cáliz de las rosas blancas.
De la mujer ardiente, apasionafa,
Que mata el dllSenga ño,
Habita el alma rosas encendidas
Su embriagadora esencia derramando.
Y cuando yo me muera, sé de cierto
Que la pobre alma mía
A perfumar irá, de entre las flores,
La de más roja, nacarada tinta!
JULIA.

~o quiero que alumbren
mis restos tawpoco......
Me sobran loa cirios si baB.a mi frente
la luz de tus ojos.

DE ARY RENAN.
Partir ,,.iré esta tarde, en un mar ceniciento,
como tropel de abejas, brillantes y lijeras,
los bergantines de oro, las c.indidas galeras,
de cada fondeadero del golfo, en un momento.
La escuadra iba inclinando con suave modmientoaus mástiles ornados de flores y banderas,
y hacia el venturoso país de :as quimeras
zarpó, sin cojer rizos, puesta la barra al viento.
Ya se perdió á lo lejos cual l)álido espejism0;
nube de rayos llena nos ocultó el abismo
donde el naufragio ejerce sus hórridas venganzas;
y mientras, en la playa, sobre los rotos leños,
lloraba mis deseo~, mis vaga.q esperanzas
que se ha llevado á bordo la flota de mid sueñus.
J U:sTO 81.&amp;RR.\,
Noviembre de 1896.

MIST.ICA ....
F,l Ideal bn~caba...... Para mi vida
Tuve el mág,co trébol de cuatro hojas
Y un esplendor de auroPa. Ya las co11gojas
Se ausentaban del alma, d~ amor herida.
Mas ¡oh, vi1,nto de otoño!, la estremecida
Rama, de sus ver(lores pronto despoj~s,
Y al abismo profundo tremendo arrc,jas
La t'Speranza que muere, la fe pernida.
Hoy, yendo taciturno, triste y aislado
A_hundirme en las regioneR del negro ol\"ido,.
Pisando de los males el turbio cieno,
Ante tu augusta imágen arrodilla,fo,
¡Oh, Diós, en mis angustias so:o te pic1"
Que me ded una dicha: la de ser botno!
F. M. DE 0LA0l'ÍBET •.
Noviembre de 1896.
Deja que miren mi v,jez cans;1da
esoR Pjos risu~iios,
pueH echa, sin quererlo, tu mirada
un reboque al palacio de u,i::1 ,ueiios.

***Como,.toao,
¡Igualdad y miseria!
cuando Dios creó el sol, ¿lo hiw de lodo?
C.-Ml'OAMOR-

RoDULFO FlGUEROA,

SINFON JA.S.

Silba el viento, las nubes se enderezan

Y como cisnes de luciente~ pluwas

0. JOSÉ DE ARPE.

..A.l verlo andar se comprendía que debía tener alas. La
Naturaleza, al crearlo, descuidó lamentablemente sus
cimdiciones de equilibrio. Le dió por base de sustentación dos i:nuñone~ def_ormes, inadecuados á la marcha y
á_ la estación de pie; siempre enfermos y siempre adolor1d?s; No andaba; tropezaba.
Visto de lejos, parecía cojo y de cerca atáxico. No había
para él calzado po~ible y el que ga&amp;taba y apenas toleraba se lo hormaban en una piña.
Incapacitado de caminar en los zarzales y en los pedrega)es de la vida real, tomó su partido y se lanz6 al
espacio, entre las m:: bes, cerca de los astros y se hizo
poeta.
Todo lo q~e su cue~po tenia de torpe y de pesado tenía su espíritu de agtl y de etereo. Era un .:iceequilibrado del cuerpo y no, como todos los poetas, del espíritu. Incapaz su humanidad de subir una escalera su alma en
cambio e~cal~ba á :nenudo el cielo, y for~aban el más
extraord1Dano contraste la reptación tortuc,sa de su marcb9: con el vuelo amplio, rectilíneo y audaz de su inspiración.
. Lo c~nocí muchos aíios antes de eer su amigo. Veíalo
discu_rr1r cayendo y levantando, por los corredores del
col_eg10, con el Nebrija cerrado bajo el brazo y los ojos
abiertos del lado del cielo; pero un 2entimiento de res•
peto me m,.ntenía alejado de é l.
Había leído y admirado su «Ramera,, que nos lo r, ve~ como poeta y no me atrevía á terciar con aquel grane hombre. En aquella época no había para mí nada
nlás ~dmira~le ni prodigioso que un poeta. No pasaba
~!ª BID que mtentara yo. sediento de poesía riwar ó meir u11: verso, y jamás podía conseguirlo.
'
Añhado á todas las Sociedades Literarias de la épjca
veí!l qesfil!lr ante mi vista asombrada toda una pléyad~
fácil, msp1rada, profunda, que versificaba como las aves
cal!tan 6 com~ _las torm~ntas rugen, sin esfuerzo y siu
t t1ga Y de m1 1mpotenc1a nacía no la baja envidia sino
más espontanea y sincera admiración.
..A.cuB.a, especfalmente, me cautivaba. Su versificación

FAUSTO )lOOUEL.

No se me borra er,a impresión grandiosa:
En medio de la sel va gigantesca
Y á la luz indecisa de la roza,
Ví la escena dantesca.
.Al pie de aquellos árboles copudo1
Como negros fantasmas, se agitabau
Los atletas desnudos
Que ardorosos se erguían ó encorvaban;
Mientras que, presas en sus puños rudos,
Las hachas, cual relámpagos, !&gt;rillaban.
¡Con qué rabia el acero
Se clavaba en el tronco endurecido,
Y cada golpe fiero
Cómo el cedro orgulloso y altanero
Lanzaba hondo gemidu!
El furor de las hachas relumbrantes
Se aumentaba .i medida del bochorno,
Y templaban los mozos jadeaut-=,:;
Aqnel ambiente de horno
Haciendo que llovieran .,11 su torno
Granizadas de astillas crepitautts;
Y cuando algún colorn vacilaba
Y por fin con estruendo 1:1e ab..tía,
Agria y desconcertada gritería
Una nube de pájaros formaba
Por el • ido deshecho que caía!. .....
Mientras tanto, el hachazo
Se escuchaba otra ve~, violento y seco,
Resonando del bosque en el r, g,1:r.o,
Repercutido siempre por el ecv;
Y siempre, siempre con la m1swa zañJ,
El acero vibrante
Se encarnizaba con la dura entraña
Y al rodar por el suelo algún giga•1te,
Pavoros~ temblaba la montaña ........ .
Y otra vez la estridente algarabía
Se formaba en la altura,
Y por la brecha enorllle que se abría
Una explosión de luz y de alegría
Llegaba al fondo de la roza ob~cura!

Noviembre de 1896.

Detrás de mi féretro
no quiero curios'Js ......
i En pos del cadáver irá el alma mía
Pensando en tí sólo!

MANUEL ACUÑA.

AL SR. L IC.

I.

Después, á los ¡:ostreros resplandores
Del mismo ardiente Rol que con asomb.-o
Los miró resistir á sus calores,
Se alejaban aquellos gladiadores
Cantando alegres con el hacha :,J hombro.
Por el fulgor crepuscnlar heridosEn la falda del cerro blanqueaban
Del pobre bogar los agrupados nidos;
Y allá, en los claros que á la selva hollaban
Destrozados quedaban
'
Los revueltos montones de vencidos!

Cuando yo me muera
no quiero responsos,
ni el agua bendita que sobre a! cadáver
echan en el hoyo.

[De Hermoslllo.]

LOS TRABAJADOR~:S DEL BOSQ,OE.

II

Trianeras.

SRITA. MARIA RUIZ.

VERSOS PATRIOS.

"La vida del Campo, "A la luna" son grHcioeos y es del
más estupendo buen gusto la melancolía dulcísima de su
último soneto "A un arroyo."
Cuando pude tratarlo y conocerlo, comprendí que el
hombre valía en él tanto como el poet.a. Dulce, afable corazón de ?ro, desprovisto de envidias, incapaz de odios,
no supo SIDO hacerse amar y tuvo el excelso mérito de
hacer enmudecer las envidias que brotaban ante su paso.
No recuerdo haberlo visto encendido de ira, ni hab_er vi~to br?tar de sus labios la ~njuria; rn sátira, pars1mo01osa siempre, era fina y delicada y antes acariciaba
que ofendía y lo amábamos tanto l)Or tiu b.iena índole
cuanto por su incontestable superioridad.
Otra cualidad ineEtimable: jamás protestó contra la miseria, ni se sublevó contra la adversidad, ni hizo á nadie
confidente de sus amarguras ni de sus dolores. Parecía
feliz y aparentaba vivir contento con su suerte· no tenía.
ó lo disimulaba, conciencia de su superioridad, de elll!
métitos y jamás hablaba d J sí mismo,
Que había un drama terrible eu su existencia, que una
henda profunda ~angraba en su corazón; venimos á inferirlo de su trág~ca muerte; pero la víspera aún sonreía
y charlaba como uu niño. Ni una sombra de melancolía
ni un resabio de amargura, ni una lágrima dejaron en:
trever su resolución firme, inquebrantable y va antigua
de morir, ni traicionaron su siniestra idea fija ni sue
soro bríos y tenebrosos orígenes.
Todavía encontró un retruécano para anunciarme su
trágico fin. Habíamos convenido en que me daría escrita de su puño y letra una de sus poesías: Venga usted
mañana-me dijo-y se encontrará «Ante un cadáver. »
Y así fu é en t-fectu, al día siguiente me encontré ante
un cadáver, el suyo.
Pormenor cruel: aquel estoico que murió sonriendo ·110ró s_in cernr_ después de muerto y sus •~e jores amigos' recogieron piadosamente aquellas !~grimas, las p1imeras
acaso que brotaron de sus ojos.
DOCTOR M.
Noviembre ue 1896.

FLORES:

'
Por el espacio á desfilar empiezan '
Bati_endo al aire su plumón de brumas.
_vi~ni,n de ll'jos al feet,n salvaje,
Frng1endo al escalar los horizontes,
Garzas bla!lcas que rizan w plu1Usje
Sobre el mar verdinegro de los lllontes.
ta tempestad desde su enhi.,sta cumbre
Fustiga airada sus corceles broncos
Y agita inquieta su pendón de lumbre
Lanzando al viento sus bran,idos roncos.
El trueno ruge y su clamor simula
La formidable vibración de un grito
Que es el himno de tri u ufo que wotlula
~n sus fauces de sombra el iufinito.
Hiende el espacio·el rebramar violento
Del aquilón que sin cesár galopa
Y ya fingiendo tn su salvaje acento
Grnos marciales de invisiole iropa.
L_! aftosa selva se extremece y cruge
Con alaridos de estridencias hondas
.Ante_ la paz del aquilón que ruge, '
Su himno de muerte en las tu pidas frondae.
Los ramajes se chocan abatidos
Bajo el golpe de rachas qu" ~erpean
Remedando coléricos graznidos
'
De cóndores hambrientos que al€tean.
Y se mueven los árboles inquietos
Entre la bruma que á la tierra altowbra
Semejantes á enormes esquelttus
•
Que se agitan bailando entre la sombra.
La voz del aguacero que retumba
Bajo las fron1fas de la selva umbría
..A.l dilatarse por el éter, zumba
'
Cantando su monótona elegía.
El bosque como un campo de batalla
D?nde luchan indómitos guerreros,
Tiene roncos acentos de metralla
Clamor de gritos y chocar de ace~os.
Y ante esa inmensa confusión de ruidos
Huye la fiera, en su cubil se esconde
Y á la trágica voz de sus aullidos
'
Sólo la voz del huracán responde.
Todo ee fulgor y solojad. Y en tant0
Que~¡ viento agita sus batientes palma~,
Gesticula la sombra del espanto
En el sen,1 aterido de las almas.
Noviembre de 1896.

BENITO F.&amp;NTA:,(ES•.

�EL MUNDO.
LA DICHA.
PoR

obrela cubiertadel fatigado sltamer,'una oleada de juventud, una alegre oleada de vida se arre
melina en tumulto, meci
da rítmicamente por el
vaivén de las aguas. La
inquieta caravana ha 1;&gt;artido, en un vuelo heroico,
dejando detrás de sí, en las tenues lejanías del océano,
sus buenos días felices, la gallarda cruz de la parroquia,
las praderas color de esmeralda, los montes azules, los
blancos cabellos de la madre y las morenas guedejas de
la enamorada. Todo se quedó atrás, todo ee tragó aquel
mónetruo: rubias tardes serenas, pálidas noches estivales, acres alientos de loe bosques, ;ivas impresiones de la
tin-ruca, enlazadas como lianas al espíritn; ecos debandurri11s y besos voraces estallando á través de las rPjas.
¡Ay Madrecita mía! ¡Cómo devoró ei mar aquella presa!
Allá va la estela del navío, disolviéndose en la mvvible
superficie; allá va su alma, miE'ntras la enorma b'&gt;caza
arroJa borbotones de humo negro qua culebrPan en el
aire para desvanec rae en el ala J.iáfana de los c·etos. Y
el quinto, asomado á la barandilla di.,l buque, ve pasar
sus recuerdo~ con las olas; aquella grande, inmensa, le
representa su montal'ia, la altiva, la osada, la que le
quitaba un pedazo de horizonte; la otra, coronada de
copos de espuma, loe ~lmendros e•l flor d,i la huerta; esa,
lenta, ondulada, remeda un campo de trigales, cnando
todavla el sol no ha dorado sus espigas. l Y cuántas lágrimas! cuantos sollozos en el cort!'jo! Adiós! adiosl gritan á loe que se quedan. Adiós! adios! á los que el buque
deja detrás de sí. Y el pobre •uozo siente que ee le cierra
la garganta y su mano convulsa oprime el único amor
que le resta de sus amores perdidos, la sola compafiera
de sus tristezas, la que le babia de la gallarda veleta de
su parroquia, de sus praderas color de esmeralda, de sus
montee azules, de loe blancos cabellos de su madre, v de
las morenas guedejas de la enamorada: la guitárra.
Y el mísero hace vibrar la'! cuerdas del instrumento y
su copla doliente y huérfana-huérfana como él, doliente como su espíritu- parece que le nne ¡,or invisible reguero á los amados ausentes, á los que tal vez ya no volverá á ver en el mundo, á los que abandonó una tarde
de primavera, cuando su novia le pedfa rosas frescas para su cabello y las huertas se las brindaban á millares.
Yel mozo canta alegremente, deja ir su alma en la sonora estrofa que la h élice acompafia con sus chirridos
siniestros.
Una vez allá, en la tierra enemiga, en donde el suelo
vomita fuego y el sol introdnce en las carnes sus rayos
bermejos, le arrancarán la guitarrita de las manos y le
pondrán en ellas un fusil. Le dirán como ee eEgrime el
arma, le ensenarán á n,atar, le harán que ame la sangre;
herirá y matará, sin saber si esos á quienes hiera y mate, tienen como él una madre, y un monte azul y una
enamorada que los espera. ¿Qué sabe él? Le dijeron un
día que hay un girón lejano de patria, separada por
aquel monstruo de movibles escamas; que era preciso
defender aquel pedazo de tierra, y allá va el buen mozo,
dispuesto á bacerel sacrificio de su vida, alegremente,
valerosamente, mientras el m:ir lo devora todo y la negra bocaza arroja negros borbotones de humo.
¿Y por qué no?-Acaso vuelva un día, como él ha visto
que han vuelto otros. ¡Ay! la tez amarillenta, las piernas
vacilantes, las manos descarnadas, los ojos fríos y como
sin mirada los pómul.ls hundidos, el cnerpo encorvado;
acaso lisiado...... Llegará, sí, arrastrandoee, con su licencia terciada á la cintura, en nna bella tarde de primavera, en que los almendros estén en flor en las huertas y
loe prados brinden eue rosas ...... Y así, paso á pasQ, verá
destacarse la gallarda veleta de su parroquia y sus montee azules ...... pero al preguntar por la cabeza de cabellos
blancos, lo llevarán á una cruz que extiende sus brazos
en el cementerio, y al buscar aquellas morenas guedejas
para las que hizo una diadema de flores frescas, se encontrará con un buen hog3r en el que resplandecen unas cabecitas rubias que un hombre fuerte y joven oprime con
sus nervudos brazos, y una mujer que contempla en éxtasis aquel cuadro.
Y entonces, en el silencio de la tarde, surgirá una copla doliente y huérfana-huérfana como él, doliente como eu espíritu-y el pespunteo de una guitarra-queparecerá decir: adiós! adiósl-Adiós! únicos amores de mi
vida! ¡Ay Madrecita de mi almal... ... adiós! adiós! ......

GoY DE 1,hoPA.SSANT.

Era la hora del té, antes de que hubiesen encendido
las luce~.
La qninta dominaba el mar: el sol se hab~a puesto ya,
dejando á su paso un cielo sonrosado y cub1nto de a~enillas de oro, y el Mediterráneo sin una sola arruga, !~so
y reluciE'nte todavía, presentaba el aspecto de una mmensa placa de metal bruñido.
Hablábafe del amor, discutiéndose tan antiguo tema,
y se repetía lo que acerca del asunto se ha dicho ya mil
veces.
La suave melancolía del crepúsculo amortiguaba la rapidez de la frase, y la palabra amor, pronunciada tan
pronto por una voz de hombre, como por: u_na voz de
mujer, revoloteaba por la sala como un paJar1llo ó como
un espíritu d e.conocido.
-¿Se puede amar durante muchos afies seguidos?
-Sí-decían unos.
-No-Afirmaban otros.
Diferenciábanse los casos, fijtibanse límites y se citaban ejemplos pertinentes á la cuestiór..
De pronto uno de los concurrentes, que tenía la vista
fija en el mar• exclamó:
-¿Qué es eijo que ee diviea á lo lejos?
Del fondo dd horizonte surgía una masa gris, enorme
y confuea.
.
Las mujeres se levantaron y contemplaban, sm comprenderlo, aquel fenómeno que no habían visto jamá~.
-¡Es la isla ne Córcegal-exclam(&gt; una voz.-La isla
de Córcega, que puede verse desde aquí dos ó tres veces
al al'io en cienas condiciones atmosféricas.
Distinguíanse vagamente las cimas de las montal'ias, y
todo el mundo estaba asombrado ante aquel fantasma
surgido del mar.
Un caballero anciano, que aun l!IO había pronunciado
ni una sola palabra, murmuró entonces:
-En esa isla que se levanta ante nosotros como para
contestará lo que hace poco decíamos, be visto un ejemplo admirable de un amor constante, de un amor venturorn basta la inverosimilitud.
Helo aquí:

***
Hace cinco años hice un viaje á Córcega, á esa isla más
desconocida para no~otros que América, por más que la
veamos de cuando en cuand&lt;' desde las costas de Francia,
como hoy sucede.
Hacía un mes que viajaba yo por el país con la eensa·
ción de que me bailaba á miles de leguas de Francia.
No hay allí ni fondas ni posadas, ni caminos; viájase
en mulo y se llega penosamente á las cabañas adheridas
al flanco de las montañas que dominan tortuosos abismos, desde donde se oye ascender el continuado rumor,
la voz sorda y profunda dal torrente.
Se llama á las puertas de las casas y se pide asilo por
una noche y de qué vivir hasta el dfa siguiente.
Una tarde, después de diez horas de marcha, IIE'gué á
nna casucha aislada en el fondo de un estrecho valle que
á una legua de distancia se precipitaba en el mar.
La casa eijtaba en medio de un jardín, rodeado de viflae y castafios, que constituían una fortuna admirable en
aquel país tan pobre y abandonado.
La mujer que me recibió era una anciana, severa y limpio por excepción. Un hombre, sentado en una silla de
paja, se levantó para saludarme y volvió á sentarse sin
articular una palabra.
Su compafiera me dijo:
-Dispense u•ted; está sordo y tiene ochenta y dos
anos.
La mujer hablaba el francés de Francia, cosa que me
eorprendió en extremo.
Emonces le pregunta:
-¿No es usted de Córcega?
-No, señor-me respondió-somos del continente; pero hace cincuenth aflos que residimos aquí.
Apoderóee de mí una sensación de angustia al pensar
en aquellos cincuenta af\os transcurridos en aquel sitio
sombrío, tan lejos de las ciudades donde vi ven las gentes.
Llegó un pastor y nos pusimos á comer el único plato
que. se sirvió, compuesto de una espesa sopa en la que
había coles, patatas y tocino.
Terminada la modesta cena, me senté ante la puerta
con el corazón oprimido por la melancolía del triste paisaje que á mis ojos se desarrollaba.
La anciana se me acercó y me dijo, movida sin duda
por la curiosidad innata en el alma de las mujeres.
-¿Viene usted de Francia?
-Si, viajo por el gusto de viajar.
-¿Es usted de París?
-No, soy de Nancy.
En aquel instante me pareció que una emoción extraordinaria agitaba el corazón de aquella mujer, la cual
repitió:
-¿Es usted de Nancy?
-Si, eeilora.
-¿Entonces conocerá usted á la gente del país?
-A todo el mundo.
-¿También á la familia de Sainte-Allaize?
-¡Ya lo creo! Era muy amiga de mi padre.
-.¿Y usted cómo se llama?
Díjele mi n&lt;'mbre y la anciana exclamó:
-Sí, sí; lo recuerdo perfectamente. ¿Y que ha sido de
los Brisemare?
-Todos han muerto.
-¡Ah!.. .... ¿Y ha conocido usted á loe Sirmont?
Mucho. El último de ellos es general.
-Si, Enrique de Sirmont, ya lo sé, mi hermano.
Lleno de sorpresa me pus0 á mirar á la anciana, cuando de pronto me asaltó f'I recuerdo de una antigua historia muy conocida en todo Nancy.
.Aquella mujer había dado Pn su juventud un gran escándalo en la noble Lorena. .La_hermosa y__rica Susan:i

15 NOVIEMBRE, 1896.
15 NOVIEMBRE, 1896.
de Sirmont fué robada por un sargento de húsares deregimiento que man:!aba su padre.
El soldado que había seducido á la hija de su coronel
era un guapo mozo, hijo de labradores, que llevaba coa
mucha elegancia el uniforme.
Susana le amó, sin duda al ver desfilar los escuadrones;
pero nadie ha sabido cómo lograron hablarse y ponerse
de acuerdo. Lo cierto es que cuando el sargento tomó la
l,cencia, desapareció con la muchacha.
Buscaron por todas partee á la pareja fugitiva, sin que
las pesquisas practicadas dieran resultado alguno, y no
se volvió á tener en Nancy la menor nuticia de S11sana,
á qnien todos dieron al fin por muerta.
l Y encontrábala yo allí en aquel siniestro valle!
Entonces, repuse á mi vez:
-Sí, ya recuerdo. Usted es la fel'iorita Susana.
Me manifestó que sí con la cabeza, mientras brotaban
de sus ojos abundantes lágrimas, y á los pocos instantes
me indicó con la mirada al anciano, que seguía inmóvil
en su silla, y me dijo:
-¡Eséll
Y comprendí que Snsana le seguia amando con delirio
y que le veía todavía con sus saducidos ojos.
-¿Y, al menos, ha sido nsted feliz?-le pregunté.
-¡Inmensamente feliz!-me contestó con una voz que
partía del fondo mismo del corazón.-Me b~ hecho la
más dichosa de las mujeres, y no echo de menos nada de
lo que be perdido.
Contemplé á Susana con tristeza, sorprendido por la
fuerza del amor de aquella mujer rica que había e~uido
á aquel hombre, á quien adorab:i. todavía, renunciando
á su brillante porvenir. al lujo y á las comodidades para
convertirse en una pobre y miserable labradora.
No había pensado más que en él, sometida á sus_ sencillas costumbres, sin echar de menos la existencia de
los primeros afies de su juventud.
Aquel hombre babfa sido para ella todo cuanto se d_esea, todo cuanto se suei'ia, todo cuanto se aguarda sm
término conocido.
Aquel hombre había colmado de dicha toda su existencia y nadie hubiera podido en el mundo hacerla tan
feliz como él.
Y partí al rayar el alba, después de haber estrechado
la mano de los dos esposos.

EL MUNDO.

309

t

f

***

El narrador guardó silencio y una mujer dijo:
-Esa Susana tenía un ideal mu!' pobre, necesidades
demasiado primitivas y exigencias demasiado sencillas.
De seguro debía de ser una necia.
Entonces otra mujer Pxclamó:
¿Y eso qué importa? El caso es que fué inmensamente
dichosa.
Y allá, en el fondo del horizonte, hundíase Córcega
entre las sombras de la noche, sumergiéndose lentamente en el mar y borrando eu enorme silueta, que b_abía
snrgido momentos antes r.omo para referir por sí misma.
la historia de los dos amantes que abrigaba en su seno.

°"'.m
Af~~~ ~
~',Pe/'\.)·~~"'.J~

DE LOS "GRITOS OLASIOOS"
La lluvia de mis besos ha caído
F.u su busto de marmo l. Poco á poco,
Entre mis brazos, ébria por el loco
Vértigo del amor, bailó el olvido.
Su boca, roja y húmeda, fué nido
De mis calientes ósculos, y lleno
De amorosos cansancios, me he dormido
Sobre la tibia nieve da su seno.
Pasa, imbécil, y mírame: tu necia
Mirada no me irrita; en los festines
De mi risueíía juventud, un día
Y o b~bf en e~a crátera de oro
El vino del amor...... ¿Quedó una gota?......
Apúrala, que no me das agravios
Aunque orgnlloeo y vano te embeleses.
¿La ves?...... PnPB donde quiera que la beses
Has de b~sar la huella de mis labi....s.
Noviembre de 1896.

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POR EL ARTE.

Se burlaron de mi loe compafleros,
Ganó un.a falla mi lección concisa,
Vi en la faz del maestro surcos fieros,
Y en la taz de la muerta una sonrisa.

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i CMM,...c.&lt;,t....!,. !

Yo que siempre guardé por la belleza
Fanatismos de pobre enamorado,
-Perdonadme le dije con tristeza,
Pero esa operación se me ha olvidado.

e,,

~.

(!c;..t.........,..

El profesor, que la ocasión bendice
De poder explicar algo muy bueno,
A mi se acerca y con placer me dice:
-Hágale us~ed la amputación del seno.

~,:..c..,..-

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~CA--.~(

Ji, ~ ...e-

¡Cuán bermo~a es la muerta! Exbnberante.
Su desnudez sobre la loza brilla;
Yo la contemplv palido y jadeante
Y tiembla entre wis manos la cucbi11a.

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DE RoDULFO FrG OEROA.

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�15 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

r 310

15

t

LA

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 4.-Vfanse nue¡,tros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

Es verdad que para Vatentín la conquista resultaba cara y no podía obtener de ella más contribución que la del

placer, eso sr. abundante. mil veces reproducido, y que
valía lo que costaba. ¡Y de un modo tan nuevo, tan imprevisto! La seiiora Bourdón, jamás había pedido nada
á nadie; tenía el arte de conseguir que se le ofreciese todo,
y cuando aceptaba parecía que era ella la q1ie había otorgado un fqvor. Era, por lo demás, un abismo, en el que
desaparecían las rentas, se fundían las propiedades, y se
huudían las casas sin saberse cómo y sin que jamás resultase lleno. Si Bourdón no hubiese adoptado desde los
primeros momentos la laudable costumbre de guardar
doscientos mil francos al año, para los malos dias que
pudieran venir, hubiera sido imposible averiguar á dónde iba á parar el río de oro que desaguaba en casa de
aqueUa hermosa mujer.
Sin embargo, la señora tenía dos sanguijuelas per~ec·
tamente visibles; le modista y el joyero. Valentín empezó por pagar una cuenta de trescientos sesenta mil francos en casa de Verlet; nada más que la cuenta del año,
pero en la cual figuraba una manteleta ue piel de zorro
gris, de treinta mil francos y unas faldas de sed!\ bordadas de encajes antiguos, á tres mil francos uua. En la joyería no se trató de nada menos que de un crédito ilimitado y en los seis primeros meses de ternura la bonita
señora Bourdón, la amiga íntima de todas las ruarq uesas,
cost.6 al conde de Coutras, próximamente, un millóu
ochocientos mil francos. La eefiora Mossler. avisada por
FP&lt;terico Clement, que veía desaparecer el dinero con rapidez vertiginosa, y por el sefíor Eliphas, que recogía con
inquietud los rumoree de la gente, no se mostraba alar•
mada.
Se divierte el pobre muchacho, dijo. H-3 visto á esa
señora el año pasado en la venta de Saint-Anges. Estab&lt;i
encargada da un puesto con la Sefíora deJessac. Es muy
guapa...... Vendía cuanto deseaba, á los hombres, y al
precio que quería.
-Y continóa haciéndolo, dijo Eliphas.
-Si tuviera usted cuarenta afios menos, sería menos
severo, replicó la Señora Mossler riendo. ¿No ha conoci•
do usted, en sus tiempos, mujeres como la Sefíora Bourdón?
-No, á fe mía.
-Acaso lo deplora usted.
-Ya no.

-¡Ab l Eliphas; estoy Segura de que ha sido usted un
pecador en su juventud. Abo~a se muestra mted mny
puritano, pero ¿qué mérito tiene eso si no se puede obrar
de otra manera?
-Ninguno, en efecto. El conde Valent(n hace bien en
no preocuparse, puesto que usted le absuelve. Es usted
duefia d11 su fortuna y tiene el derecho de hacer de ella
el uso que crea conveniente.
-¿Cr11e usted que me arruinaré?
-¡ Eso es imposible! dijo con orgullo Eliphas. Serían
precisas tres generaciones de condes de Coutras para llegará conseguirlo, y tEO á condición de que jugasen ,\ la
Bolsa...... Entreteniendo señoras Bour&lt;lón, Hería difícil.
-Entonces no escatimemos. Creo, Eliphas, que las
personas muy ricas que hacen e~onoruías, son crio,inales
y dan, en cierto modo, la razón á los socialista;, qne
quieren que todos los capitales vuelvan á la masa común.
U n avaro, que tiene cien mil francos de renta y €610 ga~•
ta veinte mil, daña á la eocit,dad en los ochenta mil frau•
cosque amontona. Si repartiera lo que le €Obra en beneficio del comercio y de las artes, contribuiría poderosamente al aumento de la riqueza pública; a.vndarfa á los
plateros á cincelar hermosas (Jbras, á los joyeros á producir aderezos magníficos y halfa que l•is pintores y el:!cultores decorasen su casa, con lo que el arte uo se limitaría á producir cuadritos de cabal Jete ó estátuas de
sobremesa. Habría menos miseria, más satitfacción y
nadie temería lanzarse á empresas arriesgadas, sabiendo
que era facil encontrar dinero. No critico el ahorro; sé
que en él está la fuerza de un país. Pero la capitalización
á toda costa me hace el efecto de un freno que oprime la
máquina social y contiene todo el esfuerzo de actividad
de un país. Por eso quiuo poner mis actos en consonancia con mis doctrinas y considero como un deber gastar
todo el dinero que puedo.
-Pues lo logra usted lilas mil mai-avillas y el conde
de Coutras no le va en zaga. Pero aun con el género de
existencia que han adoptado ustedes, no lograu devorar
sus rentas ...... El Transvaal produce, él solo, más de lo
que aquí se, gasta. La fortuna de usted es una bola de
nieve.
La Sefiora Mossler se puso triste; apoyó la barbilla en
la mano y se quedó eilencioea. Después de un rato continuó:
- ¡Qué deegracia que Gedeón no vea esta real~ación

de sus suefíosl Allá en Africa me decía: «Querida mía,.
IIPgará momento en que tendremos tanto dinero, que loa&gt;
reyes serán menos ricos que nosotros ...... » ¡Y cuandopienso que aquel hombre no tuvo en sn vida más que
una pasión, la del trabajo, y que sus necesidades eran
tan pocas que jamás ha tenido más que dos platos en su
comida, teniendo el primer cocinero de París, un tunante..
que sacaba, según confesion propia, cuarenta mil francos
al año y que se creía deshonrado porque Mossler parecía
despreciar sus guisos!.. ....
-Pero, usted misma, ¿no es igual á él? ¿Qué necesitarf~ usted para vivir muy tranquila y muy dichosa? Doe m1l franco,i al mes y una casita de cinco habitaciones.
Tiene usted el más rico guardajoyas y los má,i hermesos
encajes de París, y jamás abandona su falda de seda ne- ·
gra ui lleva otra alhaja que el brochecillo que tiene al
cuello.
-E~ el regalo de boda de Gedeón; le he llevado toda
mi vida y quiero morir con él.. .... Cuando me le dió érnmos unos iufelices. Le compró en Estrasburgo en nna de sus expediciones, y me le trajo triunfante...... ¡ Dios
sólo sabe el placer que me proporcionó! Mi padre no me
habfo. permitido nunca ni ponerme aros de oro en las
or~jas. ..... Cuando tu ve esta alhaja, me pasaba los días
mirándomela en el espejo..... . ¡Ohl ¡Qué feliz y uermoso tiempo! Nuestros gustos no estaban estragados, porqueno habíamos dormid,:i sobre montones de oro ..... .
-Ni habían ustedes dado su nombre á una ciudad..... .
-Y vea Ud., Eliphas, no basta tener un presuputsto de
beneficencia, dotar establecimientos caritativos v acudir
á todo lo 41111 es digno de interés y de piedad..... : Es preciso pensar en el porvenir de esta fortuna ..... .
-¡Ya! dijo el viejo ClemAnt. ¡La dinastía!. .... .
-1:'.if. Esa era preocupación constante de Mossler. Con- tinuamente decía: «¿A quién dejaremos lo que ganemos?"
Bien sabe usted lo deagraciado que era por no haber tenido hijos...... No conocemos ningún pariente...... Alg11no;;,
primos lejanos acaso; verdaderos ext, añoe; campesinos
como érámos nosotros...... ¿Qué harían con semejante
fortuna? Dejando á cada uno treinta mil francos de renta.
quedarán locos de alegría...... Pero ¿y el resto?
-Pues bien; el conde de Coutras..... .
-Sí, Valentfn; pero ¿y después?
-No tiene usted más que casarle.
La eeñora de Mossler miró á Elipha con gravedad...

-NOVIEMBRE,

1896.

-Pienso en .el)o. desde hac~ algún tiempo... ... Pero
¿será bastante Juicioso? No tiene más que veinticinco
ai'ios y vea usted lo accesible que es á los placeres. ¿Quién
lucha, además, con esa hermosa trapisondista á quien
ama ahora, para reemplazarla, acaso mafíana con otra
igualmente encantadora?
'
'
-:Habrá q~e buscarle una joven bonita y amable bien
nacida ): ?º r~ca, á la cual se abrirán las puertas de una
gran ex1e.enc1a...... Pero, ante todo, es preciso que á él
le guste.
-Eljaubourg Saint-Germain rebosa de muchachas sin
un céntimo y q~t; se quedan para vestir imágenes. Todas
esas n.)blts fam1has ~e han arruinado por querer sostener su tren...... P,ec1so será que vuelva á abrir mi casa
y que reciba á mis amigos, para que desfilen por aquí todas las señoritas casaderas...... Entonces escogeremos
Eliphas......
'
' -Di?s mío, ~e~?ra; me ha C?stado bastante trabajo el
casar bien á m1 h!Jº, p~ra sentirme inclinado á ocuparm~ d.e casar los .h1Jos de los demás...... Si usted me pide
op1món, se la diré ...... pero nada más. Declino de ante111ano, toda responsabilidad ...... .
A ~ecir ~eraad, estas responsabilidades no parecían
muy mmedlatas, pues el conde de Coutras se encontraba muy poco dispuesto á casarse. Su tiempo se dividía
entre el entres?elo de la Avenida de .Antin, al que la Sefiora Bourdón iba todos los días á las cinco de la tarde
1 e.l Petit-Club, ~n el que jugaba por no aburrirrn y po;
1m1tar á ~us amigos. _Deede que vol vió del regimiento entabló amistad con el ¡oven barón de Croix-Mesnil último ?i~o de una familia q~e ha dado á Francia ge~erales
y mm1stros, y esta relación tuvo por efecto inmediato
el lanzarle en .la peor S!)Ciedad. Hugo de Croix Mesnil,
Itportman apa~1onado y ¡u~ador de profesión, pues el juego !e .proporcionaba los medios necesarios á la existencia
cot1dlana, era concurrente asiduo de los establecimientos .mal afamados, de los restaurants nocturnos y de los
ga11tos m~s sosp~chosos. Su amigo inseparab.e era Fernando Pr1eur, h1¡0 de un contratista de obras públicas
que, para defenderse de los recursos que ae pudieran ejercer contra él. á causa de sus embrollos en el negocio de
los fe_rr'!carnles del Centro, había fundado un periódico,
El Tirailleur, en el que gastó millón y medio de francos
ató al carro de su fortuna á todos loe merodeadores d~
las letras q~e pululan por las calles de París é hizo temblar al Gob1er~o por la.audacia de sus ataques.
Hugo de Cro1x-Meeml, Fernando Prieur y Valentín de
Cvutras formaban una trinidad audaz y ruidosa que bri:
liaba durante el día en las carreras de caballos en los velodromos ó en casa de Maxim' s, y después de' 1~ una de
la madrugada en el Petit-Club, al que aportaban un elemento de animación que turbaba desagradablemente las
costur:nbres de los antiguos socios. Para Hugo de CroixM;esml fué Valentín un salvador caído del cielo. Dependiente desechado en tres ó cuatro grandes casas formidal;le organizador de mi.cos, jugador al que er..; preciso
observar. las manos cuando tallaba en. la banca, el joyen
barón estaba á punto de zozobrar cuando fué salvado por
el conde de Coutrae.
Zalamero y seduct?r por naturaleza, agradó á Valentín,
el cu~l encontró las~1moso que un joven elegante, bien
pare~1do, com~ Cro1x-Mesnil, llegase á ser presa de petardistas de ba¡a estofa 6 un instrumento, para loe filósof~s en emboscada. Le restauró y Rugo se encontró fl.orec1ent_e y or~ullo~o como por encanto. El buscavidas·
h~m11lado é mq~ieto, velvió á adquirir el aplomo del vividor cuyo bols11lo se encuentra bien provisto. Llegó
hasta estar á punto de batirse con Fernando Prieur el
cual, en l?e negro~ momentos de la miseria, había ~ostrad? hacia su amigo de loe días brillantes una indiferencia verdaderamente nauseabunda diciendo que su situación le estaba bien empleada y q~e eso le ensefiaría á
no tratarse con la canalla. Fué precisa la intervención
del conde de Contras para apacigua! la querella y, una
vez arregladas las cosas, los tres amigos se dedicaron en
compañía á correr juergas, que pronto degeneraron en
orgías.
Los.sentidos embotados de aquellos jóvenes exigían refi.nam1entos de una depravación exasperada. La perversidad un poco sád~ca que demostró Valentín en la prueba á que ~omet1ó al pobre Blanpain, reapareció en
extravagancias galantes que espantaron á la Señora
Bour~~n, no ene,miga sin embargo, de cierta amable ex•Centnc1dad. Al llegar un día á la avenida de .Antin encontró á Coutras en compañía de dos muchachas conocidaK ~or el significati yo sobrenombre de «las inseparables»
Y la ¡oven, muy aficionada á las más fantásticas escenas
entre dos, pero nada entre cuatro, se escapó para no
volver.
Valent.ín n? buscó nueva amada y declaró que estaba
extraordmnna~ente cansado de mujeres. .Aquel fué el
J?8río~o más a~1tado y más terrible de su existencia de
hbert100. Se d1~ á beber licores americanos en los cafés,
después de media noche, y se prtsentó varias veces en el
c!ub e1;1 tal esta?-o, que se hubiera pedido su expulsión
e1 hubiera seguido frecuentándolo. No gastaba el dinero
con exajeración. La imposib'lidad de hallar un límite en
que conten~rse, _le desan~maba. Parecía un nadador que
no. se atreviese a sumergirse en aguas desconocidas por
miedo de no encontrar el for do.
La Señora Mossler, muy indiferente cuando se trataba de los gastos de su hijo adoptivo, se manifestó muy
pr~ocupacta cuando se trato dt su condncta y de su moralidad. L~ protestante se despertó y por primera vez se
mostró seriamente descontenta. Estaba al corriente de
los hechos por Eliphas, el cual tenía á sus órdenes una
verdade~a P?licía empleada en su ministerio de buenas
obras.. Sm nrnguna malevoleecia al principio y sólo por
adhes1ó~ á la S.iñora Mossler, el anciano se dejó interrogar Y d1¡0 la verdad, pues, incapaz de mentir, no podía
hacer más que callarse. No lo hizo así y se arrepintió
muy amargamente.
Al r~irarse el conde de Coutras, una mañana según
su costumbre, á casa de su madre adoptiva, la e~contró
ría Y grave, y como no estaba acostumbrado á que se le

EL MUNDO.
pusiera mal gesto, se quejó en seguida con audacia de niño. La Señora Mossler, que parecía esperar la ocasión de
explicarse, enunció en el acto sus quejas.
-Estoy descontento de tí, querido hijo. Tienes una
manera de vivir que me disgusta soberanamente y quiero que lo sepas, porque supongo que tu cariño hacia mí
te ayudará á corregirte.
-No lo dudes, respondió en tono cariñoso Valentín.
Pero ¿de qué me acusas? Es preciso que sepa en qué te
contrarío para no volverá hacerlo más.
-¡Oh! Me contrarías de muchas maneras pero sobre
todo, por tu mala elección de amigos. No te tratas más
que con personas mal reputadas.
-¿Quién te ba dado semejantes informes de mí? ¿Tengo, pues, énemigos á tu lado?
-!fo tienes más enemigo que tú mismo. ¿Crees que
es dificil saber lo que haces? Basta abrir nn periódico....
y no necesito ni comprarlo, porque mé loe envían llenos
de rayas en el párrafo que se refiere á tí. Mira, aquí tiene~ el Gil Rlas de ayer. ..... teHace pocas noches, en el
baile de la Opera, los señoree de Croix-Mesnil, Prieur y
el hermoso Pepitero .... ··" El hermoso P epiJ.ero eres tú según parece; ¿sabes que te han aplicado ese mote? '
-Sí, madre mía; es por las pepitas dA oro ..... .
-¿Y cr~es, que si tuvieras otra conducta, si no frecuentaras contmuamente esos establecimientos inmundos se
permitiría nadie tratarte con esa degradante familiaridad?
-Vamos, madre mía, no exageremos. No tiene nada
de degradante que mis íntimos me llamen Pepitero. Me
agrada gue los periodistas estén algo inclinados á cogerse de m1 brazo...... Pero todo esto es insignificante. Al
duque de Beaufort le llamaban el Rey de los Mercados y
~o desdeñaba de codearse con sus súbditos, lo q•1e no le
impedía ser un gran señor. En cuanto á esos establecimjentos inm~ndo~ de los que me supones concurrente
asiduo...... ¡s1 supieras que sociedad frecuenta la cantina
de la Opera, te quedarías asombrada!
-Lo creo.
-Pues es todo lo que hay en París de muy distinguido
. -Sí, ya sé que hay una especie de delirio de degrada?Ión q~e arrastra á los hombres y á las mujeres de la me ¡or soCied~d á frecuentar sitios en los que no querrían entrar sus criados ...... Es una prueba de genialidad. Pasan
la noche en las tabernas del boulevardexterior, en medio
d.el hu_mo del tabaco y oyendo canciones sucias ó revoluc1onar1as. Sé que la sociedad aristocrática ha preparado
su derrota por en falta de decoro. No espera que la hagan
de.scender por fuerza al nivel común y se precipita ella
misma de cabeza en el arrollo. Ella se retorcerá de rabia
un día, per? esa es cuenta suya y yo no tengo para que
ocuparme amo de tu caso particular en esta general locura. Te querría mejor que los de~ás y te encuentro
peor. Tu!! ~ongéneres van á la taberna por tontería; tú
vas por v1C10. Ellos no hacen más que perder el tiempo·
tú pierdes la razón......
'
-Madre mía..... .
-~e es penoso hablarte así, pero en tu propio interés
debo ir hasta el fin, Tu intemperancia es causa de escán •
dalo; y las personas con quienes vives íntimamente son
las que te han impulsado á ·esa degradación....... Creo,
por tanto, necesario que rompas con ellos.
.
-Te han prevenido contra esos amigos y contra mf.
-Ese Rugo de Croix-Mesnil y ese Fernando Prieurno
son los compafl.eros con quienes quisiera verte....... Uno
de elloa, por lo menos, vive completamente á tus expensa.:.
-He te~ido el placer de hacerle algunos servicios. Pero, ¿eres tu la que me lo echas en cara cuando pasas la
vida buscando á quienes socorrer?
'
-Yo trato de que sean dignos de interés.
- ¡Ah! °;ladre mfa; ¿hay algo más interesante que un
hombre bien nacido, acostumbrado al lujo y que está
amenazado por la miseria?
-Si ese hombre ea laborioso, cambia de exibtencia y
sale adelante..... .
-Eso es difícil de resolver y nada cómodo de ejecutar.
---;-Tu padre lo ha hecho y eso es lo que te ha valido mi
cariño. Nada más conmovedor ni más honroso que el valor de aquel joven que, desterrado á las soledades de
Africa, trat.aba de reconquistar por su trabajo todo lo que
había perdido. Mossler y yo éramos de una raza trabajadora, bestias de carga creadas para las dm:as tareas....... .
Pero el, el conde Jacobo, nacido para la ociosidad, bello
caballo de regalo, educado para la carrera 6 para lá batalla ...... Trabajó, sin. embargo, con nosotros en el campo
de oro, y en él ,1ur1ó ..... Eeto ee lo que nunca olvidaré
y lo que me hace ser tan indulgente para tí...... Pero todo
tiene un límite y no sufriré que tú le traspases.
V~lentín tenía, entre todos sus defectos, una notable
cuaudad; la de saber dominarse y poner á mal tiempo
buena cara. Tenérselas tiesas con la señora Mossler hubiera .sido una grave i?3prudencia, por muy seguro que
estuviese de su ascendiente con ella. Sé dió cuenta clar~mente de que era preciso recoger velas y hacer concesiones, al menos en apariencia, y, adoptada esta resolución. ~a puso por obr~ con toda prontitud.
-Bien sabes que ¡amás te he desobedecido. Estoy
pronto á conformarme con tus deseos y desesperado por
haberte causado un disgusto; esto es solamente lo que ten .
go en cuenta.
-Si haces lo que quiero, todo lo olvidaré. Sólo te pido
que t~ portes raz?nablem~nte y para esto me p~rece necesario que C:lmbies de existencia. ¿Quiéres darme gusto?
-Sí, por Cierto.
-Pues bien; cásate.
Vale.ntín dió un .respingo y dijo sonriendo:
.-1D1ablol Me disparas eso á boca de jarro, sin preve•
mrme....... ¡Vaya una resoh1ci6n!.. ..... Nunca me habías
hablad.o ~e ~so ...... ¡Pero así, tan pronto? No tengo más
que vemt1sé1e años..... .
-Dos más que l!Iossler cuando se casó conmigo.
-Pero él no tenía una madre como tú, que le facilitase
una existencia admirable.

311
-Tu existencia será tan admirable como ahora después
de casado y mucho más regular.
-Pero casarme...... ¿con quién? ¿Me tienes una novia
dispuesta?
-No. Te la buscaré en cuanto estemos de acuerdo.
Valentín respiró, porque entrevió un plazó y ese plazo
era para él el porvenir entero, pues él sabría arreglarse
para salir del callejón en que la sefíora Mossler quería encerrarle,
-¿Tó lo quieres? dijo; pues sea; me casaré. No pensaba abandonar tan pronto mi libertad, pero ya que mi sumisión es una garantía para tí, quiero que estés satisfecha.
-Lo estoy y más de lo que pudiera decirte, pues no
sólo veo realizarse un proyecto en el que siempre he pensado con gusto, Pino que tengo la seguridad de lograr que
tu vida sea digna. D3scuida; te buscaré una joven encan tadora y que no sea rica; tú lo serás por los dos y hasta
por cuatro, pero la quiero perfecta en todos sentidos. Ea
preciso que la ames y que ella te baga honor...... Fía
en mí.
-Eso es lo que siempre he hecho basta ahora y nunca
me ha ido mal. ..... ¿No tenías nada más que mandarme?
-Nada más. Pero está convenido que vas á renunciar
á la absurda existencia que llevas y á desembarazarte de
esos dos individuos.
-Me marcharé esta misma noche á Niza; esta es una
garantía para tí. Haré una pequeña correría en mi barco y volveré purificado de todo, mis yerros. ¿Es esto lo
que deseas?
-Lo mismo.
Como estaba acordado. Valentín partió y dejó en Paría á sus dos camaradas. Al saber éstos su llegada á Niza
le telegrafiaron que iban á reunirse con él; pero Valentín
les respondió en seguida: «Tenéi3, amigos míos tan malas co•tu1;0bres, q?-e habéis logrado compromete'rme. Estoy en N1za precisamente para no veros más. Bebed en
adelante solos vuestros cocktails. Si deseáis envenenaros
fumando virginias, os enviaré algunos paquetes de SanRemo, de contrabando. Puedo todavía hacer eso por vosotros, pero nada más. o~ estrecha las manos CouTa.As
La Naturaleza fría y cambiadiza de Valentín con ~ue
puntas de ferocidad, que daba á sus actos un car;cter particular, se manifestó plenamente en aquel abandono de
sus compafieros. El día antes no se separaba de ellos y
al día siguiente ya no los conocía. No había en él ninguna afectación, nicgún esfuerzo para aquel abandono de
una ccstumbre, ya que no de una amistad· ni siquiera la
peguei'ia emoci~n. que causa la partida &lt;le l~s perQonas con
quienes Be ha vivido algunas semanas; ni siquiera la melanc?Ha de la soledad. El conde de Coutras se había encarrilad? en una via nueva, iba en dirección diferente y
no se cuidaba para nada de los que dejaba detrás de él
No le eran indispensables; hasta le molestaban: Desd~
ese momento, el soberbio egoísmo, que constituía el fondo de su carácter, le indujo á no pensar más en ellos
Y realmente no pensó, mientras surcaba con la q~illa
de Bu precioso yacbt Africa las ondas azules de un mar
admirable en la Riviera deNiza y en el golfo de laNapoule. Un orden ge sensaciones nuevas se apoderó de él yee
preguntaba con sorpresa cómo había podido permanecer
entre las brumas y el fango de Paríe mientras en la costa
de la .Provenza el cielo era tan puro, el sol tan brillante
y la tierra tan coquetamente adorl!ada de verdor y d.}
flores. Estaba muy lejos de pensar en la promesa que había hecho á la aefl.ora Mossler. La olvidó tan fácilmente
como á sus compafieros de Crápula y se dió por comple•
to á su barco, al mar y al espacL-.
Durante este tiempo la sefíora Mossler no se descuidó
De su vida da aventuras le había quedado la costrmbr~
de la activid:id é iba siempre de~eoha á su fín. Además
po~eía en Ehp~as un colabo!ador sin segundo y éste fué
quien descubrió á la sefl.onta Enriqueta de Pierremot.
Severamente educada por una. tía suya entrada en años
y pobre,. la ¡oven no h;abía.temdo otras distracciones que
el estudio y era muy mtehgente, muy instruída y poseía
gran talento musical. Alta, rubia, de aspecto arrogante
un poco grave ~ero sencilla y tierna, Enriqueta no teni~ ·
nada de la bachillera.moderna gue pulula por los salones,
con su gerga masculina, sus aues extravagantes y sus
gustos raro~, .Y que van desde el café concierto á las carreras de b1c1cletas, pasando por los cursos de la Sorbona. Sabía conversar, trabajar y recibir la sociedad. Estab_a emparent~~a con la~ mej~res familias, pero la modestia de su pos~c1ón al mismo tiempo que la vejez de su tía
la tenían ale¡ada del mundo. El señor Clement dijo á la
señora Moesler:
-No encontrará usted para su Valentín nada mejor que la señorita Enriqueta. Es 1?a~t~nte hermosa para hac.erse amar por él y bastante ¡uic1osa para dirigirle. Si
tiene usted la:Suerte de que tome ascendiente sobre él, tie!le u~ted á su hombre con I? que necesita. Valentín es
mtehgente y capaz de apreciar las raras perfecciones de
esa muchacha encantadora, en la que tendrá una compaf'lera como es hoy ~uy difícil encontrarla. No hubiera
yo desea~o otra mu¡er para mi hijo sino hubiese encontrado á m1 nuera. C~and(! ~sted la conozca quedará, prendada de ella. Sus dlspos1c10nes para la música son tan
notable2, que Diemer le pide que vaya á tocar á cuatro
manos con él, y ya.sab~ usted lo delicado que es. Dicen
q.ue canta extraor?-manamente bien, ¡;¡ero no concurre
amo ~ m.uy reducidos círculos sociales. No hay, de seguro, .diez Jóvenes t;n ~arís que valgan lo que ella por Ja
solidez de sus prm~1p10~, la modestia de su aspecto y Ja
cultura de su espíritu.
La señora Mossler escuchó silenciosa á su const-jero y
por fi1;1, -pronunció estas pa!abras que probaban proíun'do
conomm1ento del corazón humano:
-¡Siempre que no sea demasiado perfecta!
Los temores de la sefíora Mossler no parecieron realizarse.. Valen~ín, á su vu~lta á París, fué presentado á la
eefío~1ta Enriqueta de ~1erremot, con la que se puso en
seguiaa de acuerdo. Ammado por su madre adoptiva el
conde de Coutras se propuso agradar y se mostró enc;ntador. Se apoderó de la buena voluntad de la tía y con-

�•

EL MUNDO.
siguió enamorará la joven. Sin esfuerzo y con toda naturalidad se condujo tan perfectamente durante los dos
meses anteriores á su matrimonio, que aún las personas
más prevenidas contra él debieron creerle metamorfoEeado.
.Aquella movilidad de fisonomía y de actitudes, aquella fa,cu ltad de du p licaree, en cierto modo y de representar un personaje completamente opuesto á su verdadera
naturaleza, aquella adaptación de todas sus facultades al
me&lt;lio en que se encontraba momentáneamente, que hacían de Yalentín un actor prodigioso, engañaron ~odas
las miradas y todo9 los juicios. Todo el mundo peneo 9ue
ee había hecho serio y que serla un excelente mand?El mismo lo creyó y ~e propuso de b~ena ~e hacer f~h1,
á aquella amable Enriqueta. El 0111tr1mon10 se realizó,
puPs, bqjo lo~ más dicho~os auspicios.
.
.
L'\ señora ~Ioesler, en el colmo de la alegría, d1~ vem•
tP millones á su bij'l adoptivo y el hot I de la :wemda de
Fiedland Durante seis meses. el conde estuvo verdaderamente· enamorada de Enriqueta. Para un libertino
aco•tumbrado á la señora Bourdón, el amor de Enriqueta e~a una picante novedad. Pero al cabo de medio añ&lt;~,
Pll constancia, jamás muy duradera, se agotó, y el marido volvió á sos ocupaciones de soltero y á sus pla.ceres y
dPj&gt; á la conde~a. no en la soledad, per'! sí reducida. á la
intimidad tranquila y placl':ntera de ami~?ª• qu11 su mteligencia y su buen ~"•'o le h 1b ·a11 C'l nc1l1ado. ~as relacwnes entre loA esposud siguieron siendn públicamente
excelentes, porq•11:1 Valsntín, aunque ;ig~ro ~ incon~tan•
te conservaba cuidadosamente la!! apanenc1as, y s1 Enri4ueta sintió alg•rna penaHUP&lt;? o~ul.tarla con di~nidad.
La señora l\lossler no vió al pnnc1p10 nada más sino que
no tenían ningún hijo.

III
Federico C1ement, de la casa Pillet y Berger. se casó,
un afio antes que el conde de Contras, con la bija de.! ~efior Vavasseur, director y j~fe del personal en el mm1s•
terio de Hacienda. Celina Yavaeseur, educada severtmente nor su padre, hombre de gran ~apacidad,. pero de
espíritu metódico había pasado una ¡uventud sin placeres. El día en qtie le fué presentado al joven Federico
Olement se halló eamamente predispuesta á encontrarle
bello y e~piritual, porque iba á sacarla del triste medio
en que se aburría desde la infancia. Bello y espiritual no
lo era en alto grado el novio, pero sí amable y bueno
cuanto se pudiera desear.
Era, acaso, un poco grave, pero s~n animadver~ión hacia la alegría de los demás. El hábito del traba¡o y la
practica de los negocios, considerados como el o~jeto
1nico de!:, vida, le habían tenido forzosamente aleJado
de los placeres mundanos, pero no los miraba con hosrilidad.
Eu lo físico, era un muchach6n rubio, un poco calvo,
de ojos azules de mirar firme y frío y que juzgaba á un
hombreó un negocio al primer golpe de vista y sin apelación. Inocente en las cuestiontis de sentimiento, como
todos los que no han vivido, era terriblemente práctico
en los asuntos de interés y se había criado un especialidad en los adelant. sal comercio y á la indw.stria. No ponía jamás él en la bolsa: esa clase de especulación no existía para él y rehusaba sistemáticamente ocuparse en las
emisiones á las cuales se le había invitado con gran frecuencia. De!!de que él dirigía la casa de la calle de la Victoire no se había allí trabajado más que en el descuento y
en la banca. Acerca de la moralidad de ciertas empresas
tenía opiniones propias del siglo anterior y que olían á
filosofía ginebrina. E l rigor de sus principios le prohibía
ganar más de lo que él juzgaba bonrauo. Para él los beneficios del dinero no debían ser ilimitados y en una ocasión memorable dió la medida de sus escrúpulos devolviendo á una casa de Saint-Denis una parte del beneficio
que había obtenido en la venta de una partida de cobre
en lingotes, embargada y vendida por él por falta de pago en el plazo establecido. Con todo esto, era imratable
cuando estaba en su derecho ó cuando se trataba de engallarle.
Entre su padre y él existía tal formalidad de caracteres de tendencias y de modo de pensar, que dodí.m babia~ el uno en nombre del otro sin ponerse de acuerdo,
de tal modo estaban seguros de lo que habían de pensar
en determinadas circunstancias. Estos dos hombres un
poco fríos y firmes en su deber hasta desafiar l.i. muerte,
eran dignos descendientes de los que se apoderaron de
Francia con Enrique IV, y cuyo destierro, que L11is XIV
juzgó necesario, aplazó por cierto tiempo la Rovolución

Francesa.

Federico adoraba á su mujer cuyas ideas y cuyos gustos eran muy diferentes de los suyos. La encantadora
Celina Yavasseur, salida de la atmósfera asfixiante en
que su padre la había tenido durante toda su ju~entud,
sacudió con viveza el yugo de las costumbres sencillas en
que había sido criada, y bajo la molestia intencionada de
m tren, supo aprovechar la rica solidez de una fortuna
bien cimentada.
El lujo que deseaba le fué concedido y en poco tiem.po
obtuvo cr,mbios importantes. Cuando Eliphas le hizo
ob110rvar con afectuosa bondad, que arraBtraba á Federico á gastos que él no estaba lejos de calificar de despilfarros, respondió riendo:
-Vamos, querido padre, no roe acuse ustedlde ser par•
tida ria de la Reforma..... .
El anciano abrazó á su nuera, moviendo la cabeza, y
se consoló del dinero gastado pensando que su hijo era
clichoso. Y lo era, en efecto. Su mujer no tenía por él
una ternura apasionada, porque, realmente, no había
n&amp;da en eu persona que pudiera inspirar tales sentimientos: pero le amaba tiernamente á ~ausa de su bondad y
del cariño que veía en él. Le consideraba á sus órdenes,
pero annque segura de su ascendiente, jamás abusó de él.
Los dos primeros años de .su matri~~nio se desl!za_ron
en un dichoso encanto. Tuvieron un h1¡0, cuyo nac1m1e11to entusiasmó i Eliphas y causó alguna envidia á la se•
llora Mossler, y en e ..ta é¡,oca fué cuando se fijó más en
la me11te de la reina del oro la idea de casar á Yalentín.

Entonces comprendió mMi claramente cuán vana era su
fortuna si no tenía ningun heredero á quien transmitírsela en la seguridad de que, después, no iba á parará manos desconocidas y extrañas. Hubiera dado un mundo
porque aquel niño de Federico fuese de Valentín. Pero,
ella, que podía hacer tantas cos!\6 en el mundo, ¿tenía po•
der para cambiar el destino?
La joven señora Clement se encontró naturalmente
en la intimidad de la mujer del conde de Contras en cuanto éste se casó. Enriqueta y Celina tenían próximamente
la misma edad, pero ofrecían en sus personas y en sus
caracteres el más completo contraste. LaseñoraCleruent
era pequeña, morena, viva, alegre. La condesa de Contras era rubia, alta, un tanto grave y muy sentada. Artistas ambas, pero con criterios enteramente opuestos, la
mujer de Federico era muy avanzada y no temía un poco
de intransigencia, mientras que la de Valentín era resueltamente clásica y oponía una razonada resistencia á las
ideas atrevidas. Tenía horror á los detractores sistemáticos y tomó entre ojos al célebre crítico Boismaraut porque se empellaba en hablar mal de Gounod, á quien ella
admiraba.
La eefíora Clement introdujo en el elegante, aristocrático y selecto salón de la condesa Je Coutras un elemen·
to de alegría viviente que modernizó lo que, sin eso, hubiera parecido •rn poco afectado. Ella misma decía riendo: «Yv ablando ún poco todo este Luis XIY11. Fué la
niña mimada de la casa y la seria Enriqueta la trató co·
roo á una hermana pequeña á quien se toleran todos los
caprichos. Y los tenía. Ouando, á eso de las cinco, llegaba á casa de su amiga, el ealón se volvía instantáneamente tumultuoso y 1a animación sucedía á la gravedad.
Tenía el privilegio de desfruncir todo los ceños con su
alegría. Las oersonas de edad la aC'lgían con complaciente sonrisa. Era turbulenta y un poco fantástica, pero sus
fantasías y su agitación estaban envueltas en tal encanto
de candor y de honradez, que nadie pensaba en hablar
mal de ella.
al pr:ncipio se mantuvo en una extremada reserva
respecto al conde de Ooutras. Por muy velados que hubieran sido los conceptos cambiados entre su suegro y su
marido acerca de Valentfn cuando aun estaba soltero, le
habían hecho comprender que éste no gozaba de su estimación, y entre todos los fragmentos de conversación
que había podido oír, formó una opinión según la cual el
hijo adoptivo de !a señora Mossler era una especie de
diablo, del que convenía apartarse con cuidado.
La primera vez que se presentó delante de ella, no le
encontró espantoso. Acababa de regresar de su viaje de
boda y e~taba comiendo de gran ceremonia en casa de la
señora Mossler, cuando entró el ronde de Coutras con
desenvoltura sencilla y elegante. Besó la mano á su madre como hijo respetnoeo, y cuando fué presentado á la
joven, se arregló de manera qae, en tres frases, habló
bien de todos los que etla aruaba. Se atrevió á mirarle
con atención, tranquilizada por esaamabilidai, y vió que
aquella satánica pe1sona era un guapo muchacho, de aire
dulce y político y que se destacaba por sus buenas maneras entre l•)S jóven1:s á quienes ella tenía costumore de
ver.
Habló muchas veces con él y le encontró alegre, nada
pretensioso y con un dejo de descuido y de despego hacia las casas materiales que le daba mucha distinción.
Para ella, que desde la mafiana á la noche no oía hablar
más quP- de negocios y de cifras, fué un placer encontrar
aquel joven qne parecía tener horror á toda preocupación seria y que nunca hablaba más que de art-e, de literatura y de sport. Las facultades de asimilación da Valentía le sirvieron admirablemente en aquel trance,
porque la verdad era que no leía jamás, detestaba las
ex:;iosiciones y se formaba una opinión con dos ó tres
frases de periódico. En materia de sport era otra cosa; en
esto podía dar lecciones.
Viendo que la joven se interesaba por loe secretos de
las carreral:I y que le hacía preguntas acerca de ellas, pro.
puso un día á la mujer de Federico llevarla al hipóJromo
en su mail. Ella exclamó en el acto:
-¡ Pero usted no pienba lo que me proponel ¿Qué diría
mi marido?
-¿Su marido de usted? Vendrá con nosotros. Es la
reumón más grande de la temporada. Todos los drags
salen de la plaza de la Concordia, delante del círcnlo de
la rue Royale. Todo lo que París encierra de elegante y
de chic estará allí. Pondré á usted á mi lado, en el sitio
de honor.
La joven le miró con aire malicioso:
-Dígame usted, preguntó, ¿la scllora Bourdón estará
en el coche?
-No, respondió Valentín sin desconcertars'3; la sefíora
Bourdón no estará allí si usted está.
La mujer de Federico no comprendió bien toda la impertinencia que llevaba envuelta la respuesta, ó afecr.6 no
haberla entendido.
-¡Oh! 1Pobre mujer! No quiero privarla de ese placer...... Llévela usted...... Se dice que no la hace usted
muy dichosa......
-¿Quién ha informado á usted tan bien de mis asun•
tos?
-La voz pública.
-Pues es una voz muy falsa. Hace lo menos tres semanas que estoy reñido con esa sellora..... .
-¡Bueno! ¿Y por qué? Es muy hermosa..... .
-¡Como si no hubiera quien lo es más!.. .... Conque
está convenido, ¿,iene usted?
-No, por cierto. Tiene usted muy mala reputación
para que una pueda presentarse á su lado.
-¿Y si me corrigiese?
-Hágase un hombre razonable......... y veremos........ .
¡Oiga usted, debía usted casarse!
-¡Cómo! ¿También? Mi madre me atormenta sin descanso para que abandone mi libertad. ¿Esto es una conspiración?..... .
-?ara el uso que hace usted de su libertad, debe procurar conservarla......

15

NOVIEMBRE,

1896.

-Habla u~ted de cosas que no sabe. ¿Quiere usted que
la cuente en qué empleo el tiempo?
-¡Oh! No.
Hizo un g"sto de espanto y se escapó como para re(ugiarse al lado de la sefíora Mossler.
Había, pues, entre ellos edesramuzas en las que se añr•
maba su intimidad por la lib~rtad de los conceptos. Una
noche, en casa de la señora Mossler, Valentln se aproximó á la joven y dijo:
-Tengo una noticia que dará usted. Este año podrá
usted asistir á las carreras y montar en mi mail...... Me
caso.
La mujer de Clement se echó á reir.
-Supongo, dijo, que no se habrá usted decidido solamente para llevarme al hipódromo..... .
-Por eso solamente, no. Todo el mundo me atormenta; tengo mil molest.ias; la vida que llevo me aburre, y,
además, tengo gusto en complacer á mi madre.
,
-Haula usted muy juiciosamente. Siempre be creído
que no estaba usted tan gangrenado como se decía.
-Con muchos cuidados, acaso me cure.
-Se procurará. Usted puede contar con numerosas
simpatías.
-Sf; ya lo sé. Las frases v~.cías no faltarán...... Se dirá: «Bonita unión» ...... y después, si las cosas marchan
mal: «¡Era seguro que eso no podía salir bien!" Pero yo,
á todo esto ..... .
-1Oh! usted!...... ¡El interesante mánir! Pero hable•
mos de la novia ...... Esa es la que corre peligro! ¿Se puede saber quién es?
•
-Su suegro de usted es quien la ha descubierto.
-Eso es una excelente garantía.
-Como moralidad, puede ser; pero agrado ..... .
-Mi s11egro tiene muy bl1en gusto; él fué también el
que me de11cubrió á mi.
-Eso me tranquiliza un poco.
-¿Conoce usted la que le des\inan? ¿Ha sido usted
presentado á ella?
-Ayer. Es una mujer muy hermosa, impo·nente, seria
y me parece hecha para mí exactamente lo mismo que
usted para su marido.
-Pues aseguro á usted que yo me entiendo muy bien
con Federico. Hace todo lo q11e yo quiero ..... .
-Pues si yo tengo que hacer todo lo que quiera mi futura mujer, sospecho que no serán siempre cosas de una
extremada jovialidad.
-Será una indiecreción preguntar cómo se llama esa
joven?
-Supongo que conocería usted ese secreto en cuanto
volviese á su casa...... Lo mismo da que sea yo quien se
lo revele. E3 la señorita Enriqueta de Pierremont.
-Es usted más afortunado de lo que merece. La he
encontrado muchas veces en casas de familias amigas....
Es enteramente encantadora........ .
-Entonces, en mi lugar, se casaría usted con ella ... ...
-Sin v.1cilar.
-1Oh! Las mujeres no vacilan jamás para casarse. E l
estado que abandonan es, según parece, tan molesto, que
corren como locas hacia la nueva condición que las emancipa. Pero nosotros, que tenemos todas las ventajas de
la libertad, necesitamos e~tar muy enamorados, muy enfermos, muy arruinadob, ó ser muy obedientes, para
cambiar de existencia. Un hombre solo no tiene porqué
preocuparse; siempre sale adelante. Pero cuando tiene
wujer é hijos, ¡qué responsabilidad y qué carga!
-La señora Moss!er le ayudará á soportarla, dijo Calina sonriendo. Sus medios se lo permiten.
-¡Bah! En loa tiempos que corren ¿se puede eatar seguro de algo? Todos 10s dlas nos explican los socialistas
que, dentro de poco, se apoderarán de todos loe capitales...... El otro día, uno de esos amables reformadores
afirma que en la próxima revolución hay que empezar
por apoderarse del Banco de Francia...... ¿Qué quiere
usted, pues, que pensemos los 9.ue tenemos la debilidad
de no poder vivir sin mucho dmero? Yo, aseguro á usted que no voy al matrimonio como á una fiesta ...... Empezando porque no estoy seguro de ser un buen ma•
rido.
-Si, usted no E'B peor que cualquiera otro, á peaar de
llU cabeza ligera. Y si ama usted á su mujer......
-¡Oh! Dios mio, sí; todo depende de eso. Pero ¡diantre, la sefíorita de Pierremont es demasiado diosa! ¡F.eo
es una Juno!
- Ya se humanizará. Eso es cuenta de usted.
- Verá usted como me está acon11ejando imprudentemente. Palabra de honor; todas las mujeres son casamenteras por naturaleza......Usted no vacila en impulsarme hacia el abismo...... ¡Ouidadol Si no soy feliz, será
preciso que usted me consuele.
-¿Cómo?
- Amándome, todo lo que usted sea capaz de amar.
- Eso no me comprometería á grandes cosas. No tiene
usted idea de lo poco apasionada que soy. Creo que, contra su Juno, iría usted á pe.iir socorro á Minerva.
- ¡Abl ¿Usted también? Entonces creo que haré mejor
marchándome en seguida al Transvaal. ..
La sefiora Mossler, curiosa por aqufllla larga conversación, dejó á uno de sus visitantes con quien estaba hablando; se acercó á la joven y dijo:
- ¿Qué le está contando á usted este loco?
- Que quiere marcharse á los campos de oro como su
padre.
-La sefiora Mossler se puso grave y permaneció un
momento callada. Después dijo con voz dulce, aunque
un poco alterada, dirigiéndose á Valentín:
-¿Tan poco carifío tiene'! hacia los que se interesl!-n
por ti, q_ue piensas en abandonarlos en el momento m18·
mo en que se ocupan de asegurar tn porvenir?
-No, querida madre. Pero tengo empello en no f~ltar
á los cúmpromisos que adquieran por mí y es.to me tiene
inquieto.

15

NOVIEMBRE,

1896.

313

EL MUNDO.

LA NOTA DE LA MODA.
El otollo es la estación me!ancólica y dulce por excelencia. El explendorde
l~s alegres m.añ~nas hace olV1dar los crepúsculos enfermizos y la aproximae1ón del rudo mv1erno se vuelve menos cruel por el perfume que se desprende
en estos mome?tos de las últimas roeas.
Entre la tristeza de los fríos próxi moa y el encanto de los hermosos días que
se van, la natu!al~za se trans~orma y con ella las manifestaciones de la vida. La
Moda no es la ultima en seguir este movimiento y la mujer cuyos lindos bom•
bros a.e extremecea ya con la aprehensión de las brisas invernales, roba á esa
lang~1dez g~neral un en.canto nuevo que alegrará con su nota armoniosa el próximo t!nte gris de los horizontes.
. Este es el secreto de la mujer: permanecer joven y bella cuando todo se mar-chita, conservar su explendor cuando las flores mismas sus hermanas se abaten
y mueren.
Una de las notas características ~e-este otofio de 1896, es el empleo del abrigo antes d~ !a hora oportuna, es decu antes del frío y todas ó casi tudas las elegantes parisienses se proveen ¡a de géneros gruesos en que lo abrigado se disfraza con los adornos del corpillo.
Entre los más genuinos figurines de esta estación, tomamos dos de calle,
uno q~e muestra el frente y otro la E"Bpalda y que se hace de satín negro ó de cachemira. Esta recobra sus fueros con la estación así para trajes de casa como de
paseo Y á la verdad se presta para todas las elegancias.
. ~uy pron~o, o~ lectoras se declarará el reinado de las pieles y la marta, la
z1behna, la chrnch11Ja, etc., lucirán su toison ni veo en vuestros hombres. Disfrutad entl-e tanto de los postreros atractivos del otollo,

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---

CONOCl!VIIENTOS UTILES.
Jabón antiséptico.

1

Se fabr.ica un jabón antia~ptico mezclando una materia desengrasante con una
substancia ~al, como por e¡emplo, el permanganato de potasa. Este se divide
todo lo posible y se aisla de la masa por medio de una capa protectora.
Esta capa puede estar compuesta de parafina, vaselina, barniz, goma., resi-

\Id.,

,..

...

1

Figurín parisiense con grao bordado y cintura de satén negro.-Para calle.

nas, etc., ó b:en de boratos- silicatos, carbonatoos, óxid&lt;&gt;s, etc. ; por otra parte,
pued., añadirse á la materia desengrasante substancias susceptibles de destruir
los óxidos de manganeso ú otros que procedan de la reducción de los permanganatos ó productos similares. Estos cuerpos pueden ser alcalinos, alcalino-terrosos, ácidoE, ele., mezclados directamente con la masa, ó bien introducidos en
esta, después dé protegerse por un.! capa apropiada.
Para preparar el jabón, se toma la pasta de jabón y se le adiciona una pe•
quefia cantidad de agua que contiene en disolución gelatina y magnecio. Se reblandece por medio del calor.
Ademá~, se pulv~riza finamente el permanganato de potasa, se m11zcla lapa rafina fundida hasta 1mprPgnar toda la masa, y cuando la masa está I n[riada, se
divide finamente y se vierte en la pasta fundida. La pasta se muele en seguida
y se seca por medio de una corriente de aire.
PREPAR.ACION DEL AGUA SEDATIVA.

Este medicamento, de uso tan general en las casas de familia, puede prepararse con suu,a facilidad, observando la fórmula siguiente:
Amon!aeo liquido...................... 60 gramos,
Alcohol alcanforado.................. 10
Sal comtln.................................. 60
Agua.......................................... 1000
,.

La sal c,-.mún se disuelve en el aguii, filtrando luego el líquido y añadiendo
el alcohol alcanforado y el amoniaco.
Como es sabido, el agua sedativa tiene numerosas aplicaciones. En uso externo, se e nplea en friegas ó compresas para lo&amp; dolores de cabeza, contusione!!
y picaduras Je insectos y reptiles. ..i&lt;.;n uso interno obra como estimulante y antipútrido,

LIQUIDO Al'ERITIV0.
Una de las bébidas más higiénicas, entre las numerosas preparaciones i¡ue
se designan con el nombre de tónicos y aperitivos, se obtiene por la aplicación
de la siguiente fórmula::

~~t'fiamarga:::::::::::::::::::::::::

1
~ gra~os.
Ralzdc genciana.,..................... 10
Quina amarilla......................... 10
,.

( Continuará).•
Espalda del mismo figur1n.

Estas sustancias se dejan en maceración en un litro de agua durante tres
días, al cabo de los cuales puede filLrarse el líquido. Para dulcificar la bebida y
hacerla más agradable puede agregársele jarabe de granadas en una cantidad
proporcional á la bebida que se prepare.

�¿Qué más argumentos necesita para a.firmar y probar
su superioridad?
La confesaron sus competidores, le hicieron justicia
sus enemigos, y eu do:mmt&gt;nto púolico la atestiguaron.
No son, pues, de extraí'lar sus rápidos triunfos en estoa últimos afio&amp;, y vemos con placer que donde entra.
no es jamás substituido por otro, á pesar de las mentadas preocupacioaee.
A pesar de sus muchos viajantes y de tener representantes en las principaes capitales del mundo, mucho lequeda aún qne andar, pues una marca no se act_dita en
un día, y poco á poco se vencen las más arraigadas preocupaciones.
VIII
--DE LA--

Consumo.
La exportación del cbampagne en Francia en ·el último quinquenio y de Abril á Abril de cada año, es como
sigut&gt;, st&gt;gtín los datos oficiales de la Cámara de Comercio
de Reims:
Eu 1890-91
. 21.699.111 botellas.
1891-92
1892-93
» 1893-94
" 1894--95
»

19.685,115
16.600,678
17.359,349
16.129,374

»

HORNO Dll LADRILLOS PARA LAS CUEVAS.
DEGoBGE: Condiste en deetapar bruscamente la botella
dejando salir el poso, que es lanzado fuera por la presión
del gas; esta botella pasa entonces al dosificador quien
pone en ella una cantidad determinada de un licor compuesto de vino añejo, cognac y azncar cande, que ha de
ree~plazar al a ucar perdido por la fermentación, pues
no todos los clientes aman loe vinos secos. Con el nombre de vino bruto ( Vin brut) se entregan los champagnes
si R licor alguno, secos, tal como quedan después del simple degorge.
Pasa la botella al encorchador, quien pone un magnífico tapón definitivo, que luego se sujeta con dos bramantes y un alambre 6 con un bozal y un plomo, queda la
bot1::lla terminada, y se sube á una bodega, bajo tierra
también, muy fresca, qut. es el depósito de botellas terminadas.
AUMENTO PROGRESIVO: El creciente desarrollo del mer•
cado de CuAMPAGNE CoooRNIU, por el mayor conocimiento de sus cualidades, trae consigo el engrandecimiento
siempre constante de bodegas y cuevas. Por eso vemos
nnevoe é inmensvs locales cada vez que visitamos el establecimiento, que cuenta hoy con siete inmensas cue•
vas y siete bodegae, una de las cuales mide 96 metros de
longitud por veinte metros de ancho y 7 metros de altura.
Como se ve, la elaboración del champagne no es una
industria, pues no hay cambio de materia, todo lo hace
la tierra, la pulcritud, los locales, el trabajo, las inmensas existencias y el tiempo.
EMBALAJE: A medida que se reciben pediclos, se vuel••
ven á tomar las botellas, subiéndolas á la salas de expedición, donde son adornadas con etiquetas, corbata@, medallones, lacre, hoja metálica, cápauh, y envueltas en
papel fino, y provistas de sus fundas se colocan en cajas
presentadas elegantemente y marcadas al fuego con una
prensa-imprenta apropiada que imprime la marca de la
casa y otros detalles.
Repasando detenidamente las operaciones, resulta que
sólo después de haber pasado las botellas por doscientas
manos distintas, que representan otras tantas operaciones, salen á la luz del día á los tres ó más años de obs•
curidad no interrumpida. ¡Cuántos sufrimientos y cuán. tos detalles se encierran en esa botella de champagne que
1evienta por salirl
Al ver englobados en este establecimiento modelo de
la agricultura más avanzada, la industria más difícil, y el
comercio mád aristocrático, todo dirigido según los últimos adelantos de las ciencias, y en breve iluminado por
la electricidad, nos viene á la mente ijin poder evitarlo
aquella famosa máquina en la que se veían entrar por sus
extremos los rebaños de carneros y salir por el otro trajes hechos de lana, bujías de sebo, y humeantes manjares.
VII.

Pues bien, esta dificultad es tan grande, estas ideas son
tan grandes, está tan obcecado el consumidor espaliol, que
un caráct\'r menos firme que el del Sr. Codorniu hubiese
desistido cien veceR dando el negocio por imposible.
Aquí podemos afirmar una vez más lo que dijimos, que
en la CASA C:onoai&lt;rn se hace todo, desde el principio al
fin, y hemos visto sus die~ bojas de propaganda, los variados carteles _para paredes, cafés y otros sitios, la multitud de cuadros de sus instalaciones, los periódicos extranjeros que le tributan grandes elogio~, y los diplomas
y medallas de varias exposiciones, en las que nunca obtuvo premio inferior á medalla de oro.
Para convencer á loe client,tH acudió á las Exposiciones. A la de Barcelona de 1888, donde obtuvo dos il[eda•
llas de oro y el premio extraordinario del Ministerio de
Fomento al mej"r viticultor y vinicultor de Espaiia.
A la de Vinos Tipos para los mercados extranjeros, del
Instituto Agrícola Catalán de San Isidro en 1892, donde
obtuvo Diploma de honor y de gratitud.
A la de Amberes de 1894, donde se le concedió Medalla
de oro.

A la de Amsterdam de 1895, donde acaba de obtener
Medalla de oro.

A la de Manila en 1895, donde obtuvo el primer pre
mio, 6 sea Gran Diploma de honor, y finalmente, quiso
concurrirá la de Burdeos de 1895, para tapar la boca á
los que creen que sólo en Francia entienden los vinos, y
fué premiado también con Medalla de oro.
Y siempre llevó á ellas sus champagnes y sólo sus
champagnes.

Comercio.
Después de lucha tan heroica para elaborar un magnífico Champagne, de veintirés alios de trabajo rucJo con
tanta abnegación, tanto capital inmovilizado, tanto ~studio, Iacil parecía el triunfo, era de esperar un éxito brillante, pero una nueva contrariedad faltaba, ante la cual
debían rendirse el agricultor y el vinicultor.
La noble y heroica España tiene una preocupación
arraigada, y las preocupaciones son difíciles de vencer.
Aun hay quien cree en duendes.
La preocupación consiste en que está hipnotizada por
las ampulosas afirmaciones de los franceses, está subyu•
gada, abatida, rendida, ante su lenguaje dominador.
Las modas de Erancia, los vinos de Francia, los perfumes de .lt'raucia, la cocina francesa, todo ha de ser bueno.
Esta es nuestra ruina, y Espalia paga y Francia se ríe
de nosotros, y nos trata humillándonos, no como quien
cobra, sino como quien paga.
¡ Pobre España si no muda, si no cobra amor á sus pro•
duetos, si no premia los méritos de sus hijos!

"
"
"
"

que, como se ve, va en disminución qne se acPntuará
más cada año, pues las viñas de la Marne comienzan á.
ser invadidas por la filoxera, y se d1sarrollará más la fabricación con vinos artificiales, que traerán tras sí el
deecrédito.
El consumo de cbampagne en Francia es de cuatro á
ci11co millones de botellas anuales. No teremoa datos
precisos sobre España, pero teniendo en cuenta que no
hoy aquí más que la mit:id de los habitantes que en Francia, que la nación es más pobre, que los champagnes nos
resultan á doble precio, v principalmente que aquí no sebebe vino, no creemos que España consuma más que medio millón de botellas.
Pere se c•n8umirá más en adelante, á medida que el
público se dá cuenta de que á menar precio puede allarchampagne superior á la mayor parte de las clases querecibe de Francia.
Pondrán Cn.urPAGNE ConoRN!U en su mesa los que no
lo bebían, se darán e~te gueto todos los días festivos los
que sólo la usaban en fiestas determinadas, y lo gastarán
á diario los más pudientes, con mayor se0 uridad de pu•
reza y beneficio para la salud pública.

Beiiificiñcia-:
••• ~.Pú.!Jli~I
OIUDAD DE MÉXICO.
&amp;l&amp;ShlSó&amp;\&amp;S&amp;

Bl próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,OOO~
• Terifl.oará en el Pabellón Morlaco.
6 lu trN del&amp; tarde, •1 JuevN
2 DE DICIEMBRE DE 1896.

bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada.
uno, divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.

IX

PREDIOS:
Consejos á los cgnsumidores.

1 Premio da.... $ 1 0,000.••• $ 10,000
1
.,
.,
,, 1 ,ooo.... ,, 1
1
,,
,,
,,
600......
600
1
.,
.,
,,
200......
200
2
.,
.,
.,
100......
200
10
.,
••
.,
50.... ,,
600
25
.,
,.
.,
40...... 1,000
1 00
.,
.,
20.. .... 2,000
:aoo ..
..
..
1 o...... 2,000
2 A prorlmaciones de ll S 1 00¡
una anterior y otra posterior aJ
número prem1ado con los ••••••
• 10.000 •. , ••...•....•..•••••
200
2 Aproximaciones de ll $60; una
anterior y otra posterior al nú•
mero _premiado con los

·ººº

El champagne nada gana en casa del consumidor, pues
ya está terminado, pero puede conservarse la~ tiempo
sin menoscabo, teniendo ciertos cuidados.
·
Más aun, al recibir una caja no es conveniente "-.onsumirlo en seguida, sino dt&gt;jarlo reposar algunos días. \.
Hay que desembalarlo, poner las botellas tendidas).Q.
bre listoues de madera ó de hierro, en cueva seca y fresca.
Prefiérase en general la hoja de estaño en el cuello de
la botella á la cápsula y al lacre.
El lacre es sucio y molesto; la cápsula solo tiene el incoa veniente de que bajo el ia suelen enmohecerse !os corchos; la hoja de estaño, de cualquier color que sea, se
ajusta bien al corcho, lo salva y es cómoda.
Las principales casas ponen hojas metálicas á sus clases superiores ó bien cápsulas.
Es mucho mejor el champagne si es fresco y gana notablemente el puesto en hielo, pero a~ requiere una hora
á lo menos pata enfriar una botella. Frío conserva mucho mt&gt;jor su áeido carbónico y su espuma es más .fina.
Son preferibles las copas largas y estrechas á las planas y
anchas, pues en las primeras se
desarrolla mejor la espuma y se
percibe mejor el bouquet; son las
verdaderas copas de champagne.
La moda está de acuerdo con
la ciencia al pedir que se destape la botella sin explosión, sacando el corcho lentamente; por·
este sistema se pierde menos
ácido carbónico.
Esta moda no tendrá muchos
partidarios entre nuestra gente
alegre, que prefiere la explosión
al champagne.
Al servirlo se ha de verter sobre las paredes de la copa para
que haga poca espuma. La espuma "'ª el gas que se pisrde.
N::, se ha de servir nunca en
los postres, pues se baila des-·
agradable si se co::nió algo dulce
ó frutas; se sirve con el asado y
gana mucho en ello.
Va muy bien para aderezar
fresas, echando wia cantidad
en cada plato ya servido; lo
cubre de hermosa y blanca espuma.
En Inglaterra se generaliza
el champagne brut, ó sea completamente seco y con poca espuma. Esto viene á ser el lujo
más refinado; no t:s usar el
champagne como cbampagne,
sino como vino blanco, y natu•
ralmente resulta un vino blancofinísimo é inimitable.

1 1.000...................... .
100
MS Jl'remioa que hacen un total de S 1 7.700

----

lDl próximo sorteo, con premio

mayor de

$60,000
N Teriftca.rá

, 1- 11

&amp;.

en el Pabellón l 4 o ~

m., el Jueves

26 de Noviembre de 1896.
b.Jo el plan siguiente:
FONDO: S 320,080.

11,IOO IILLETES.

•~ PRECIO DE LOS BILLETES,
Snteroe: S 4.00.-Medlos: S 2.00.
Ouartoa: S 1.00. - Décimos: 40 oenta.
Vt¡iéslmos: 20 centa.

PREMIOS:
Premio mayor de....•••••• 1
Premio principal de •••••. .,
Premio principal de ..••.. .,
Premios de $ 1,000•.••.. .,
Premios de ., 500 ..•... .,
Premios de ,, 200 ...... .,
Premios de ,. 1 00 .••••. ,.
Premios de .,
40 ••••.• .,
Premios de ..
20. .......
Premios de 8 60, aproximaciones
al premio de 8 60,000......•••••. ,
Premios de 8 40, aproximaciones
al premio de 820,000••••• ....... 1
Premios de 1 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. ••••••••••• ,
Terminales de 8 20. que se determinaran por las dos últimas cifras del billete que obtena-a el
_premio mayor de 860,000. ·····•
Terminales de 8 20, que se determinaran por las dos últimas cifras del billete que obtena-a el
premio principal de 820,000.••• ,

1

1
6

1O

25

100

280
480
1 00

1 00
1 00

T99
T99

60,000
20,000
10,000
6,000
6,000
6,000
10,000
10,400
Sil,200

6.000
4.000

2.000

a

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Y

I'\..
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ouTINE

PolvodeArro1 e.spec1al preparado con Bismuto.

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NUMBRO 21

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>LA ZARZAPARRILLA
DRm AYER
--DEL--

t,

Purifica la Sangre.
"-•"Toda sangre pura es garantia de salud, fuerza y felicidad. La sangre
mala engendra escrófula, chancros, granos, ronchas, floroncos, carbunclos,
úlceras, tumores y otras afecciones peligrosas y molestas. No importa
cuán impura esté la sangre, la Zarzaparrilla del Dr. Ayer la limpia, vitaliza
y enriquece.
Por ccpacio ele medio siglo la superioridad de la Zarzaparrilla del Dr.
Ayer como tónico y depurativo de la sangre, ha sido reconocida en todo
el mundo. Xingún otro remedio está compuesto de ingredientes tan
costosos y con tanto cnidmlo escogidos. :Kingún otro remedio es tan
eficaz para producir un cambio rápido y permanente en la sangre, expeler
los gérmenes de la enfermedad y decaimiento y comunicar

~
.b • «b&lt;1~«lir,,

&lt;@L

e.-

◄b JABON HAM(~~~~!~:if~~~~~o~~s~ DR, ROSA. ~
EL FAMOSO REMEDIO Y PURIFICADOR

•

TOMOil

Jl:L QUB CURA LAS

ERUPCIONES, LLAGAS, ECZEMA, y

bel
&lt;~

•-

• •

MEXICO, DOMINGO 22DE NOVIEMBRE DE 1896.

las Afecciones del Cútis,

que adcmaa de sus efectoa purü!cantes remedia é impide el
Reu matlsmo y la Gota.
t:r'Vénse que eo cada paqoete está impreso Dn RosA Co,n,• NY,
Montclaír, N. J .,'E. o. de A., ein cuyo reqw.sitodeja de ser Jejítimo.

i!as Gfieslas presiaenciales en Puebla.

+b
Doctor francés, . especialista
para la cura ci6n de las enfermedades de la cintura. ;

VXD.A. "Y EN"ElFl.G-1:.A.
y de ningún otro remedio se registran tantas curaciones notables.

BANOS DE LAS DIOSAS,
·~
CABELLOS,,DE LAS NINFAS,
~
CUTIS DE CLEOPATRA,

La
Zarzaparrilla del Dr..Ayer es el depurativo de la sangre más popular y
más abonado &lt;le cuantos existen. De que posee virtudes curativas,
renovadoras y reconstituyentes de que carecen las preparaciones análogas, •
es un heclio admitido desde hace mucho tiempo por los Farmacéuticos a: o
y Médicos principales. Como fortalecedor de las fuerzas vitales y especifico para toda clase de enfermedades de la sangre, la Zarzaparrilla dei
Dr. Ayer no tiene igual. Cura las enfermedades con la remoción de la
causa que las engendra, aviva el apetito, destruye aquella tan conocida
Sensación de Fatiga, pone fuertes á los débiles y vigoriza con sus efectos
sanativos los nervios, tejidos y fibras del cuerpo. Como ha curado á otros
le curará á usted. Téngase la seguridad de que se toma

Premiado con medalla de honor
POR EL GOBIERNO FRANOES&lt;Zallejon ael $spíritu $anfo numero i.
Extracl'ióu garantizada de la Solitaria.
¡Sr, AÑOS DE PRACTICA!
R. A~ DE CONSULTA: De 9 A 12 a.. :m.. Y de 3 A 6-p. :m..

l!}stP periódico está impreso con las tintas fina
de la Casa LORILLEUX y COMP.

París.-U nicos Age_ntes en la Republica:-

La Zarzaparrilla del Dr. Ayer

LEWIS y BLOCK, MÉXICO.

LA UNICA ZARZAPARRILLA

ED.PINAUD

Qae obtuvo los más altos premios en las grandes exposiciones del mundo.
Prepara.da por el Dr. J. O. Ayer y Ca., Lowell, l'4ass., E. U. A.

Las Píldoras del Dr. Ayer son ,.

- Medicina Purgante.

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lo único positivo, lo único que curi1
radicalmente las enfermedades del
Apa,rato Digestivo, y exigir grabado sobre cada Oblea, el nomtire DIGESTIVO MOJARRIETA.
Dispepsia, Gastralgia y Enteritis crónica~
con sus síntumas: Agrios después de las comidas ó Acidos del estóma.go, Sed excesiva, Hinchazón ó Peso en
el Vientre por poco que se coma, Digestiones lentas
6 incompletas que producen Repugnancia, Mareos,
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personas bien conocidas y respetables, á quienes se viú
sufrir durante muchos afws y además reconocen eminencias médicas de varias naciones, sólo se curan completa y radicalmente con el

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SAN JUAN.
De venta en to las las Droguerías y Casas Importadoras del Ram,

Ge11eral )1ucio

W.

)iartínez, Gobernador del Estado.

•

NUMBRO 21

�EL MUNDO.

318

SEMANARIO ILUSTRADO,

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Mll.ICO,

~~

'~~

La suscrición á EL )IUNDO vale $1.2ó centavos al mes,
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A visos: á razón de $30 plana por cada publ;cación.

.

1

NOVIEMBRE,

1896.

NOVIEMBRE,

1896.

.EL MUNDO.

319

literario. Fundó el Medical
LIBROS RECIBIDOS
Times, siendo su editor ne
1870 á 1871. Fué méil ico Di ALllANAQUE DE BOORET PARA 1897.
rector de la Exposición C.-11tenaria de 1873, y por este
Raoul MillP, el activo é inteligente jefe de !a casa de
y otros servicios recibió del
Rey de Suecia ·1a condecora- Buuret en México, nos ha remitido su 'lf! Almanaque pa•
ción de Comendador de la ra d afio de 1897. Constituye éste el más amplio y comOrden de San Olaf. Fué un pleto di ectorio que puede desPal'fe. Bonita forirn,, tipogran factor en la fundaci ón grafía limpia, hermosas acuarelas de lzaguirre, Historia
del Museo y Escuela Indus- ilustrada de los principales edificios, el MinistPrioactual,
trial de Artes de Pensilvania. Santoral por orden alfabético .v una reminiscencia nacioEs PrFsidente de la bibliote- nal para cada día del afio. Esto y otras Dinchas cosas
ca pública de Filadelfia, del que sería largo mencionar, hacen del Almanaque Bouret
Instituto Wister, del Museo un libro indispensable en todos los escritorios y en todos
d~ la Universidad y de los los hogaree.
El precio de cada Almanaque es el ínfimo de 50 cen·
Museos de Filadelfia, que for •
man una gran serie de co- ta vos.
lecciones arregladas sobre
harmoniosas v científicas bases. Consiguió el estableciA nuestros lectores.
miento de los bailes anuales
Nos prometemos ofrecerles ·en breve un
de caridad en Filadelfia, que
han realizado tantos bienes bonito obsequio: piezas apropiadas á las trapara las instituciones meridicionales :fiestos de navidad y con arreglo
torias.
Es miembro del Cologio de las copla-J y música populares.
de Médicos, de la Sociedad
Americana de Filosofía y de
Dist.ancias á que pueden oír~e las campanas.
otras ronchas sociedadl:s cien
Sucedió una vez á bordo de un buque, á 100 millas intíficas. Fué Presidente de la glesas de la costa del Brasil (unas 33 leguas espáfíolas),
Sociedad de Médicos Ameri- que en cierto sitio de la cubierta se oía con toda claridad
canos en 1881, y de la Sociede campanas.
'
dad de Climatología Ameri- sonido
Algunos meses después hubo ocasion de averiguar que
cana en 1886. Fué Preeiden- en San Salvador, de Brasil, se había tocado, en el día
te del p1·imer Congreso Médi- anolado, campanas por haberse celebrado una solemco Pan-Americano que se ne fiesta. El sonido, favorecido por un viento suave, hareunió en Washington en .... bía caminado mas de 93 leguas sobre el agua tranquila del
1893. En 1881 recibió el gra- mar, y precisamente un'l de las velas del barco formaba
do de Doctor en levPs de la una concavidad que reunía en un punto dado todos los
Universidad de Laffayette y rayos ú ondas de sonido que hasta allí llegaban muy dien 1888 de la de Princeton. fusos, pero que en el toco que producía se podían oír con
La obra literaria más impor- toda claridad.
tanto del Doctor Pepper ha
sido la edición del sistema
de medicina de autores ameOtro pago de $5,000., de "La Mutua"
erica ..10s, PD la que trabajó
EN P .A.CHUC.A..
de 1885 á 1886. Esta obra tuvo un buen éxito inmediato
Pacimca, Noviembre 11 de 1896.
_ y está _rElconociga_ como la
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de nLa Mumejor autoridad americana tua. »-México.-Muy seíior mío:
en asuntos médicos. Fué sePor conducto de los Sres. Pérez Duarte y C~, y ante el
guida por una obra de texto
Sr. Notario Público D. Austreberto T. Andrade, hoy me
de la práctica de la medicina,
ha sido entregada la suma de $5,000,00 (Cinco mil pt:•
según los maestros america- sos), valor de la póliza núm 765.222, bajo la cual estuvo
nos, que también ed,tó el asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Doctor Pepper, contribuyen- Mejía.
Do_y á usted las debidas gracias por la eficacia con que
do grandemente á la obra
con sus trabajos. Ha publica- ha sido atendido .,ate pago, autorizándolo para. publido, en unión del Dr. Don carlo. -Sn atta. S. S. -Sofía Meita.

(

***
No se pretenda amenguar el mérito de esta acción juzgándola á la luz de los severos principios económicos; no
BBGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.
se quiera analizarla en el origen de sus causas impulsi·
11.W
.
vas, tratando de desvirtuar su prístina grandeza, El pue•Agt1ntes exclusivos para loa Estados Unidos y Cana•
blo no razona ni discute cuando se han excitado sus sendá Th.i Bpaniah .American Newspaper Company, 136 Liimientos: hiere ó sal va, abite ó transfiiura, se exalta al
'
bPrty St. New York, E. U.»
heroísmo ó se hundt1 en la miseria, según es la mano que
lo guía ó el aliento que lo inspira.
Podrá ser que el sacrificio enorme qne todas las clases
sociales de la nación esl!&gt;afiola ee han impuesto, extrayendo de la riqueza privada la respetable suma de quinientos millones de pesetas, tenga después contrarios re•
sultados en la riqueza nacional; sucederá que, ad como la.
extraordinaria contribución de sangre debilita al país y
Durante la última semana ha funcionado e l Congres&lt;&gt;
menoscaba sus fu1,uras energías, el empréstito cuantioso
Médico Pan-Americano, severa corporación que eligió hi
cubierto en el interior, y destinado á gastarse no en emciudad de México para celebrar en ella su segunda asampresas productoras sino en ese tonel sin fondo que sellablea. La Capital se ha visto, pues, frecuentada por un
ma la guerra de Cuba, disminuirá notableme¡:¡te la fuernúcleo de personas distinguidas y la prensa y las agrupaza vital del país y provocará en Jo porvenir crieis intencionPR particulares, al par que la Administración pública
sas; pero no hay que hablar de esos temores lejanos al
y el Municipio, se han esforzado en hacer los honores á
que está pose(:!o de entusiasmo, no debe esperarse el ratan honorables huéspedes.
zonamiento sere!lo y frio del que es presa de un arrebato
¿Qué beneficios obtiene la República de esta visita? Desde pasión. y pasión noble y sublime como es el amor sa·
de luego sefialaremos los que resultan del contacto ent1e
gr.arlo de la patria.
nuestros hombres de ciencia nacionales y los quede! exQuédese para los espíritus hoscos y sombríos que en
tranjero han acudido á integrar el Congreso.-..1!:n el terretodo quieren hallar el lado obscuro de las cosas, investigar
no es peculati vo sucede como en el terreno de la I IT'uggle f or
lije: las ideas más aptas son las que triunfan, cuando son 2" CONGRESO MEDICO PAN-AMERICANO.-Cará.tula del programa general. la sombra que pueda proyectar en el porvenir de Espafia
la extracción de esta riqueza que representa más de la.
.iometidas á la discusión y la competencia. Son estas
f\Pambleas como las piedras de toque con las que se descu- era.ta frente á la opinión pública republicana en palpitante mitad del presupuf.llto·ordinario de la nación; nosotrobre la buena ó la mala ley de las opiniones; el crisol t111 y bullicioso combate. Pero como no pueden existir dos en esta vez s.Slo tenemos admiración, y admiración solem
donde se depuran todas las aleaciones, el compendio en opiniones opne•tas, sin que una de ellas I esulte verdade- ne, mezclada de respetuoso sentimiento, ante el patriotisel que se condenenn todot, los esfuerzos particulareP, para ra y la otra equivocada, de este hecho debemos despren- mo de un gran puf blo.
Ojalá y el inmenso sacrificio, encauzado debidamenteformar un cuerpo de doctrina, una generalización amplia der que lo que interesa es conocer la opinión verdadera
y no la opinión pública.
por los directores del país, pueda procurar días máe sey provecboEa.
El público ea suscept.ble de engal'iarse, su corriente renos y horas de tranquilidad á quién tiene ahora tanto&amp;
Pocas oportunidades se ofrecen á nuestros hombres de
estudio para cambiar observaciones y trasmitir experien- desviarse de lo que es recto y sano, su criterio ser influen- ~ o s de angustia y tantas causas de zoz0bra.
cias. -Salvo dos ó tres grupos literarios, en los que menu- ciado por prejuicios de todo orden. Y en este caso; el-tra***
dean las lecturas de poemas, y alguna que otra sociedad lí- bajo de los grupos superiores de la sociedi.d eetriba Pn
Cuando vemos esa tenacidad y persistencia con que li
rica en donde los miembros golpean frenéticamente el transformar esta opinión de cantidad en opinion de cali· la continua circulan especies alarmantes, pronosticando
dad,
por
la
prensa,
por
el
libro,
por
la
tribuna,
por
la
pbno, no podemos presentar centros de deliberación copara día no muy lejano una guerra entre la monarquía.
ensel'ianza, en una palabra.
mo los muchos que en otras partes del mundo contribuDe igual modo que la labor de los que persieten en la e!!pafiola y la república norte-americana, y que al misyen al progreso de la ciencia.
mo tiempo las noticias de fuente oficial no cesan de dar
El aiflamiento es una manifestación del caráter mexi- vida consiste 1:n ajustarse al medio modificándolo, asimis- seguridades
consoladoras de perfecta inteligencia y francano· de individuo á individuo media un abismo que no mo, el esfuerzo de los que han menester de la opinión ca cordialidad entre los gobiernos de las dos naciones
hay ~iencia 9.ue llene. Dos mexicanos pueden conservar pública como condición de vida, debe basarse en la in- amigas, es natural que nos preguntemos qué da ocasión
durante media hora buenas relaciones; tres, ya es más di - terpretación de ella, mejorándola y encauzándola.
t1olaroente así podr&gt;L obtenerse una opinión pública á esas especies, que tienden á sembrar la desconfianza y
fícil; cuatro, se desgarran concienzudamente. El lazo de
el temor por todas partee.
una idea común más elevada-un arte, •ma serie de co· provechosa para los altos fines de la civ;lizaci6n.
El único pret.exto que se da á esos rumores alarmante&amp;
nocimientos, un programa, un fin determinado-no ata
es la guerra de Cub:i y acaso el cambio en el personal adá nuestras dispersas unidades, que se sustraen á todo
ministrativo que en breve se verificará en los Estados U niprincipio de labor solidaria.
12;1 Sefe be la Uación tJ las reuµciones en los dos,
como resultado de las recientes pasadas elecciones,
El Congreso Médico Pan-Americano ha prestado el po(Estnllo .s.
y que dicen, ha de ocasionar necesariamente un cambio
sitivo servicio, no ya de que distinguidas personalidades
en la política que hasta hoy ha seguido esta nación en
mexicanas se hayan acercado á c~ras extranjeras, sino
relaciones con Espai\a.
que también hayan encontrado oportunidad de estable•
Para un observador sagaz, no puede pasar inadvertida sus¿Pei,o
de dónde T)arten esos rumores? quién atiza ese
cer entre sí una comunicación directa.
la intervención que, en las di versas excursiones del Pre- fuego que puede iñceudiar los corazones, y abrasar á los
Otro beneficio ha prestado el Congreso, y éste m~s ge- sidente de la República á los Estados, han tomado clapuehlos en espantoi¡a conflagración?......
neral y espacioso: el de poder exhibir una muestra de ses ae la sociedad totalmente agenas al mundo oficial y
De seguro que no proceden de centros que simpatizan
distinción hacia nuestro país, bastante desconocido en el por lo tanto sueiraídas á toda inflnencia política.
con la causa de Espail.a, por más que cualquiera pueda.
exterior, y que estas reuniones dan ocasión de estudiar.
Ya no se trata de funcionarios públicos ni del ~rupo ver que la zozobra é inquietud que el temor de un con•
He aquí, en breves líneas, condensado el criterio con burocrático local, sino de rPpresentantes de la iniciativa
que debe ser juzgado el Congreso que durante la última privada, en las varias manifestaciones que el capital y el flicto extranjero procuran, han sido causas impulsivas
en la suscripción del empréstito nacional; pues los hosemana ha funcionado t'n la Capital de la República.
trabajo determinan en una.colectividad. Ant.e este hecho rrores de una guerra civil no habrían sido bastantes á.
innegable, repetiremos lo ~ue con motivo análogo hemos con,-encer de la necesidad del inmenso sacrificio que toya expreeado en estas págl1,lae: en los momentos actua- do el pueblo ha consumado, sinó se .tuviera á la vista la.
les, existe un perfecto acuerdo entre los que hemos lla- horrible perspectiva de una guerra internacional.
f n oµinió1t µítbfüa tJ la opiuión uullnllru.
mado elementoB activos del país y el programa desarrollaTampoco pueden nacer esas alarmas exclusivamente
Se ha discutido en estos últimos días acerca del la opi- do por el Jefe de la Nacióu.
del campo cubano, porque si le eran favorables al sem•
Este
movimiento
preouraor
de
una
futura
oríentación
nión pública y de los elementos que entran á determinar
brar la inquietud en las filas enemigas, igual efecto deeste fenómeno social.- La opinión pública es una fuer- política surgida á la creación de Intereses, no debP, como bían tener en el país americano que más ostensiblemente•
arriba
decimos,
pasar
inadvertido
por
cuanto
representa
za, utilizable ó perjudicial, según los caracteres del memanifiesta su simpatía por la causa cubana, y esa inquiedio ambiente en que se desarrolla, según las fuentes de fuPrzas nuevae bien informadas y dirigidas.
tud pndiera llegar al extremo deenagenarle la buena dis-La
obra
del
General
Diaz,
aitamente
benéfica
á
la
acinformación que la producen, porque así como «el valor
posición de sus amigos.
de un Estado no es otra cosa más que el valor de los in• ci6n provechosa de estas fuerzas, se midA por estas manifestaciones
que
se
traducen
por
la
coperac1ón
act'ntuada
***
dividuos que Jo componen,»de igual modo la opiniónpúSucede qufl los apreftos bélicos de Eepafia coincide!'-,
blicu se forma del conjunto de las opiniones privadas ize- de grnpos independientes y eticaceP, en el gran decarrollo
dd
bienestar
y
el
engrandecimiento
nacionalt,s.
con
la
actividad
desplegada
en los centros navales y mi-neradas por el interés, ilustración, nivel moral, etc, etc
litares de los Estados Unidos, y la gran mayoría uel puedominantes en los diversos grupos sociales.
blo americano, que hizo adoptar en las grandes convenEn los pueblos en que los varios factores que informan
ciones de Saint Louis y de Cbicago cláusulas expresivas
las conciencias se pierden en el vacío, la opinión pública
de adhesión y simpatía hacia los iDBurrectos de Cuba,
no aparece, ó si aparece, es en forma nociva y caóLica.
encuentra motivo de regocijo en todo ese aparato bélico•
Es un hecho innegable que tratándose de cuestiones
de política ó que con esta ciencia tengan íntimo enlace, á RF.SUm:.N.-EI empréstito nacional y el plltriotismo eRpa- que despliega la administración, atribuyéndolo á un camñul.-lnaJ?;otable virili1lad del pn•blo.- Lu~ rumores dt'I bio de política internacional en la cuestión antillana, que
cualquiera le es permitido expresar su opinión, ein preconflicto hispanu-auu.,rieano.-S11 eansa.-Su iocunMi~- había de herir la susceptibilidad del patriotismo _espaparación anterior ni preliminares estudios. Al referirñol. De ahí creemo~, más que de otra parte, que vienen
se un auditorio á un problema de álgebra, fisiología-, hil&lt;tencia.-Cuofianza en lo porvenir.
las noticias que contim:amente nos comunica la prensa..
toria ó astronomía, losque ignoran los principios rudimenCuando no cesan de circular rumores alarmante~ anun- diaria; de ahí también proceden, á no dudar, esas I!rotarios de estas ciencias se encuentran dispeneadoa de
emitir un juicio sie-c: pre erróneo. En política ya es dis- ciando la posib1iidad de un rompimiento entre E~paña testaa de cordialidad que sin cesar se cambian los gobiertinto: el primer recién venido puede hacer uso de lapa- y los Estados Unidos; cnar,do el Gobierno que presidii el nos para contrarrestar el mal efecto que pudiéran causar
labra y censurar ó aplaudir los actos más &lt;:OmP.licados _t:lr. Qápovas se siente obliga.rl.o á .acudirá un emprésLito en el ánimo exaltado de loa pueblos, sieº1pre dispues~os
que se ofrecen á la investi~a!!i6n del espíritu lmmíiño.- -- nacional, no habiendo podido realizal' el empréstito ex- á oír las sugestiones de la pasión más que los conseJOB
En virtud de este principio generalmente admitido, se tranjero con la prontitud que requieren las circunstan- del sereno razonamiento.
Y no baya temores de que esa guerra estalle. Aun hay
da patente de opinión pública á todo concepto bueno ó cias, y cuando se palpa la urgente necesidad de hacer un
malo, falso 6 verdadero, exacto ó erróneo, que emane de esfuerzo supremo para aplastar de una vez la insurrección bastante buen sentido en ambos gobiernos para º&lt;? decualquier clase BC'cial, más ó menos numerosa, pero siem- cubana en la canipaña de invierno: ¡qué hermoso es el jarse arrastrar en el espantoso c1mflicto. Ni el Gabinete
pre aispuesta á extremar su criterio. -ruede suceder que espe_~(culo qµe pre§enta el puebl9_es_pafiol l!C!Jdiendoso· conservador ni otro alguno en Esp.,fia son capaces de enen una sociedad, ya en período de progreso económico é lícito al llamamiento de su gobierno y derramando en las volver deliberadamente al país en una guerra desaítrosa,
intelectual. E&gt;i.istan tantas opiniones públicas cuantos in- arcas del Real Tesoro, en inmE-nsa explosión de no des- cuyas_ coDBecuencias nadie puede preveer. Defenderán
tereses se bailen representados; así hemos visto en lse mentido patriotismo, los ricos sus millones, los pobres su basta el último extremo los sagrados de':'ecbos de la narecieates elecciones americanas la opinión pública dtmó- óbolo, y todos el auxilio solicitado! ¡Qué enérgica virili- ción, pero estamos seguros que· sólo acudirán al recurso-

Todo pago debe ser prt&gt;cisamente adelantado.

22

dad se necesita para llevar á cabo ese sacrificio, que es como el remate de los innumerables realizados antes, para.
mantener incólume la integridad del territorio y enhiesta y orgullosa la bandera de '1a Patria, tantas veces acariciada por auras de gloria, santificada por sangre de
mártires y engrandecida por hazanas de héroes!
¡Qué grande se presenta á nuestros ojos ese pueblo que
no oye wás que la voz de la patria angustiada, y se levanta en un sólo y ne&gt;ble movimiento, presto á ofrecer sus
ahorros, como antes ha ofrecido su sangre, como antes
ha derrochado su vida, en bien de la madre común de lose
espafioled!

"EL MUNDO."

Toda la correspondencia, debe dirigirse
al Gerente de este per!ódlC&lt;'.

22

~ Jn. · nDS ·J
@8
~ Ruic0

11ittJta, tbittJrilllts.

QH Qfongrrso ~ltbirn l,1t1n-1lmtrtcauo.

EL 2'! CONGRESO MEDICO PA}í-AMERICANO.-LA RECKPCION EN EL PALACIO 1IUN1CIPAL.
Adorno dirigido por el Sr. Don Ignacio Bejai;ano.
(Defot.ogroJías hecha$ e 11 nue,;tr08 talleres.)
l. Entrad&amp; al Comedor.-2'! Lá gruta en que~ formó el comerlor.-3? El comedor visto de frente.-4? Lado
derecho áel IIllSmo.-5? Cascada en la gruta.
0

de las ar!Ilae Y al incostrastable patrioti¡,mo del pueblo
q!le gobiernan, cuando hayan agotado todos los medios decorosamente pacíficos y compatibles con el buen
nombre Y el prestigie, nacional.
·
_No s~rá Mr. 01eveland, en las postrimerías de ~u admimstrac1ón, ~¡ que provoq!le el conflicto; y M.c Kinley ten•
&lt;i_rá b~en cuida~o de no maugurar su periodo presiden•01al, smo con vientos de paz y corrientes de calma que
le permitan desarrollar un programa republicano, eminentemente conservador en los momentos actuales.
19 de Novi_embre de 1896.

X. X. X.

El Señor Doctor Guillermo Pepper.

~olítirn &lt;!&amp;rncral.

~ublicamos. su retrato co_m? un homenaje al sabio á
.q!11en cupo la n?nra de presidir el primer Congreso Médico Pan- Amer1c1mo.
El Doctor Peppe:r nac!ó en Filadelfia el 21 de Agosto
de 1843 Y á la e!1ad ~e diez y nueve afios recibió el primer
grado en la umvers1dad de Pensilvania c,bteniendo su
tít~lo de médico en 1864. Fué IPctor de 'anatomía atológ1ca en la Universidad, de 1868 á 1870, de clínica J:édica de 1870 á 1876 y profesor de esta última materia de
~ á-13&amp;7,-éf)Ooa--en que-fué-nombmdo-profesord"e medicma teó:ica y práctica, llenando la vacante del Doctor
~fredo St11le. En 1881 fué elegido Rector de la UniverB\dad que _avanzó notable y rápidamente bajo su direc·
.ción, sufriendo muchas y notables reformas que ser!~ lar¡:to enume~ar y ea premio de las cuales, la Junta
1r~ct~va reEolv1ó le'l'.antarle un~ estatua de bronce en
a b1bhoteca de la Umversidad, siendo subscrito su costo
por sus colegas _universitarios. Además de sus deberes
como rector y sm abandonar la práctica de su profesión
el Doctor Pepper ha continuado regular 11ente su trabaj¿

p

Juan F.Melgs, repetidas ediciones de t 11 obra sobre en.
fermedades de los niños. Entre sus colaboraciones en los
periódicos 6 en los trabajos
de las sociedades, se encuent:a: t&lt;Del trépano y las afecc10nes cerebrales,»18il. «Tratamien o local de las cavernas pulmonares,» 1874. t&lt;lrritación catarral, 1881 «Relación de los manantiales minerales de América,» 1881 .
«Epilepfia,,, 1883. «Tisis en
Pt'nsilvania » 1886.
Tal es el distinguido profesor q~e habiendo presidido
el primer Congreso Médico
Pan Americano celebrado en
Estados Unidos, integró e l
egundo efectuad o en México, d?nde ha sido objeto de •
las simpatías y aprecio de
que por s11s méritos es merecedor.

-···~·"·""·Desde hace seis mil años
así como cae del cielo un~
cierta cantidad de lluvia cada afio, cae del corazón del
hombre cierta cantidad de
lágrimas.
Lacordaire.
DOCTOR

GUILLERMO

PEPPER.'

�EL MUNDO.

320

22

NOVIEMBRE,

1896.

NOVIEMBRE

221896.

F.L MUNDO.

.Esc'.l.do del palco de la Pre ..tde:n.cJa.

\.,

......~

J...

1

UNA ENCANTAIJuRA FIESTA

EN

CHAPULTEF~C

No podrán quejarse de fijo los distinguidos miembros
del Congreso Médico Pan-Americano de la hosi,1~alidad
de nuestro país.
México quiso hacerse merecedor de la honra que se le
dispensaba eligiendo su metrópoli para que en ella se reuniese la importante asamblea y prodigo á sus visitantes
las muestras más expontaneas y sinceras de consideración y aprecio. Puede afirmarse que no hubo corporación importante que no estuviese representada en los festejos de que fueron objeto los congresistas, y las brillantes
y solemnes sesiones del congreso, la recepción en casa
de la Señora Lynch de Camacbo y la fiesta de la Municipalidad no se olvidarán facilmente. Dignas fueron de los
donantes y de los obsequiados. Hubo empero en el cul\•
dro harmónico de lo!! f.istejos, uno que sobrepujó á los
otros en elegancia, en dietinción Y en amenidad, como
place á todos reconocerlo y aunque á él nos referimos en
la crónica completa del segundo Congreso Médico, lo hicimós levemente y atendiendo aólo· á la integridad de

estrellas de flores frescas que se reían por todos sus péta~
loa del invierno y salpicó la arboleda umbrá,ica de farolillos multicolores que luego de anochecido parecían luciérnaga~ presas en ias redes de la sombra.
Desde la entrada el edi6cio mostraba una fisonomía de
fiesta y de animación no acostumbrada. El patio de honor iba. llenándose de carruajes que á medida qne llegaban íbanse colocando ordenadamente en filas por algunos
gendarmes á las órdenes de tres jefes.
El Sr. Presidente y Carmelita recibieron á los congresistas en el Salón Blanco, situado en la parte baja del castillo
y notable por la opulencia de sus tapicerías y decorado.
Vestía Carmelita rico traje negro, que aún lleva luto por
un muerto querido, y mostraba en sus labios esa dulce y
bondadosa sonrisa con que hace a\'in más cautivadora la
magestuosa y atractiva expresión de su rostro. Rodea•
ban á la alta dama su bija política la Srita Luz Díaz, su
hermana la Srita Sofía Rom0 ro Rubio, su prima la Srita
Adela Fernández y las Sritas Dolores y Elena Liceaga,
todas tan airosas y elegantes como aparecen siempre en
nuestras grandes reuniones.
Terminada la presentación los congresistas formaron
grupos y esparciéronee por el palacio dirijiéndose muchos
á las galerías de la planta alta desde donde la vista se recrea y espacfa ante las maravillas del inmenso valle Y
de la enorme ciudad que se reclina sobre sus siempre
verdes praderas.
En el jardín, en uno de los ángulos, la magnífica orquesta de los Vega, desataba sus notas cadenciosas Y en
la Plaza de Armas del castillo alternaba con ella la excelente banda del Estado Mayor. Largo espacio de tiempo permanecieron los congresistas contemplando el admirable panorama del Valle, que semienvuelto en e,
albornoz d-e brumas blancas de una tarde de otofio, dejaba verá trechos la munificencia de su verde 6 el gen•
ti! agrupamiento de sus poblados, que no es para despreciarse por el que no conoce nuestra metrópoli, tan singular perspectiva; y á las cinco de la tar~e sirvióse á los
invitados un opíparo buffet. La mesa se dispuso en h am·
plia galería que ve al oriente del jardín y desde ella seguían disfrutando los ojos del encantador pais:&gt;je. Servían
con amabilidad exquisita á las damas invitadas, los Sres
Feroá.ndez y Gal van, ayudantes del Sr. Presidente.
El aspecto que ofrecía el gran grupo de comensalesera verdaderamente agradable, distinguiéndose por sus
brillantes uniformes los Médicos del Ejército y de la A:rnuestra crónica, p•nponiéndonos consagra1 ,e un sitio es- mada de la Unión Americana.
pecial y más a..uplia resefia después, prop6bito q ne cumCerca de las seis cuando las primeras sombras de la
plimos en estas líneas.
nvche caían densamente sobre el valle, principiaron á
Nuestros lectores habrán comprendido ya que se trata despedirse los congresistas retirándose encantados en_la
de la brillante recepción :&gt;frecida el jueves por el Sr. Pre- reunión Fué está el verdadero 1;l&lt;,u d'or de los feste¡os
sidente de 1~ República y su digna esposa á los congre- efectuados en la semana en honor de nuestros iiustr:3dos
sistas en el Palacio de Chapultepec.
visitantes, y no podía ser de otra manez:a.. P~overbial e_s
En las primeras horas de la tarde, los congresistas en ya en México la hermosa trinidad de• distmc1ón, amabidiez y seis carros especial111 de los ferrucarriles del Dis- lidad y discreción que hacen de Carmelita, aparte del
trito, dirigiéronee al Castillo. hallando las numerosas egregio puesto social que ocupa, la primera da~a de_la
damas que los acompafiaban; elegantes carruajes puestos República y sabido que en todo aquello en qn~ mterv1eá su disposición para que no se fatigasen al ascender la ne pone el sello inconfundible de su elegancia Y savoirrampa que conduce al pintoresco edificio.
faire.
El Castillo de Chapultpec, erguido y majestuoso 1Í pesar
Nuestros lectores hallarán como marco de estas líneas
del peso de toda la gloria de sus leyendas seculares, como su retrato v algunas perspectivas del Castillo. Ahora, solas mujeres hermosas poco necesita para engalanarse. Todo lo J nos resta felicitar al primer Magistrado y á su esposa,
le está bien porque tiene la beldad Bin par de su colina, por haber coronado de tan brillante manera las fiestas _á
la robustez ubérrima y galana verdura de sus ahuehue- que dió Jugar el segundo Congreso Médico Pdn-amer 1•
tes, donde el heno-«las canas de los árboles»-enreda su·
cano.
cabellera gris, y la opulencia de sus mansiones pomposas
y severas, Empero en esta vez el arti~cio unioae á la naturaleza y prendió aquí y ahí festones, medias lunas Y

321

El ta alón, durnnte eldisou.rso del S. Lioeaga.

Vestibul&lt;, &lt;iel Teatro .

Aspecto del Teatro Nacional du.rante. la sesión inaugural el hínes último.
Tomado del natural por, Carloa Alcalde,

Un.trofeo.

�2J NOVIEMBRE, 1896.

F,L l\fUNDO.

322

--

22

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

3Z3

.

.
,~_,,,.

•

.....:.

~'

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-PASEO DEHIDALGO.-EsTATUA DEL GENERAL ZARAGOZA.

L'"s fiestas presidenciales tn Pnebla.
Ayer dieron principio en la Ciudad ~e P11ebl.a las fies·
tas presidenciales, con toda l.a Rolemn_1da~ debida.
Como prólogo de nuestra 111formac1ón 1lustr11da, y en
nuestro afan, de ser oportunos damos á !1ut&gt;stros 11-ctores
cuatro fotografías que repreeentan, la pnmna, al Sr. G0 •
bernador del Estado General ~lucio P. Mar, fo¡,z, la ~ y 3~
los monumentos que van á inauguraree y la cuarta al au ·
tor de lae eetátuas.
A reserva de dar de esae füietae amplia y fiel rE;Sefla en
nuestro próximo número, limitámonos á cone1gnar el
programa conforme al cual se efectuarán:
Día 21 en la mañana. ,Y ~jo la pre~idencia del Señor
G-.neral Don Porfirio D1az, 10augurac1ón de la estatua de
D~n Nicolás Bravo y el H~picio. Por la ta~da l!' colonia
española dara una fiesta en el Frontón ccBet1-Ja1,» por la
noche es el Banquete Oficial en e.1 ealón del. Gimnasio del
colegio del Estado. Antes de la 10augu!ac1ón d~ la estatua colocará el Sefl.or Presidente la -primera piedra del
monume¡¡t:() que el &amp;-tado eri:?e á la Independencill.
Día 22, en la maflana, inauguraci?f! de la estatua de
Don Ignacio Zaragoza en el P9:seo V!eJo, e~cuela ( La.fragua) normal de profesores y g1mnas10.
Día 23 en la mañana, fiesta en el Velódromo y colo•
cación d~ la primera piedra del monnmen.t~ qne la Colonia franceea levanta en el P;:.nteón l\fumc10al del Agua
Azul, para depositar los re_stos de los fr.rnce~eP y mex,1ranoe que murieron en esta cmda~. dura me la wterveuc1ó11.
Todas las agrupaciones, y soe1Pd8;dt-P, laP col~n111e fra11cesa, espafiola y dl:'u1&gt;ís, Pe han nrud~ al Gob1~rno para
celebrar dignawente la llt&gt;gau.a del Prnner ~Iagu,trado d.,
la Nación.

Durante las noches de los días 21, 22 y 23. tant.o P 1
Parque C,n,tral, como toda la ciudad, scerán ilumina1.oe á.
giur,w.
.
E ➔ iududable q11e las fiestas angelopohtanas resultarán
dignas del fiu á que se las destina.

El Cóngreso Médico Pan--.Americano.
En nuestro uumero anterior anunciamos la llegada de
la wayor parte de los médicos que han_ integrado la. im·
portante asamblea reunida en esta capi.al en loe prime·
ros dias de la última semana.
El lunt-s en la mañana llegó el resto de loe congresistas,
desceudiendo en la 1!:,tacióu de Buenavista:
El andén de la estación estaba adornado con festonee,
farolillos venecianos y grupos de banderas de diversas
llaciooalidadeF.
Un simpático grupo de seflorae ')' sefioritas ~peraba
la llegada del tren parl' hacer cariliosa recepción á las
damas americanas que deblan llt-gar.
.
La Comisión la componían las Sras. de L1ceaga Y.de Or·
vañauos, y Srital'. Sara Reyes, De.lores y Elena L1céaga,
y l\1arla Carmen é Isabel Orvafianoe.
La Comisión de ~1édicos para recibirá sus col_eg8:@, la
formabau los doctores Tobías Núñez, Peredo, HmoJosa,
Villagrán, Cícero, Narro, Grande Ampudia, Soriano y
otros.
El tren que conducía á los COD[resist~s llegó á \ae ~ Y
mi1111toe, siendo ealudado por la Banc.a de Artille~1a,
que ~jecutó la obertura América, en la que están reCQplla•
dos los wáe bonitos air&lt;!s norteamericanos.
AL descender del tren las sefl.oras nort.lamericanas fue-

ron obsequiadas con primorosos ramilletes de flor0s ·querecibieron con m1,cho gueto.
Dtsde 111 hora dti 11.-gada del tre~ basta las ocho y cuar•
to fut-ron couducidos los Cougres1stas á sus respectivos
alojamientos.
En la noche del sábado, las familillS de loe congre9istas
fueron ob!lt'qUiadae con una rennión fa_miliar en ia EscuP·_
la de Medicina. Se reunieron 300 médicos y entre ellos 7
doctoras, 1:ntre las cuales dtscolh1baJa Seflora Culberson.
Los mienbros del Comité Di1ectivo Sefl.ores Doctores
Carmona, LicE:aga y Laviijt8;, asis_ti~ron á la fietita;_el pri•
mero pronunció una alocución d1c1endo que el ob¡eto de ·
la reunión había sido poner en contacto á los profesores
de la EFcuela y á los médicos mexicanos en general, con
loe médicos extranjer'ls q11e nos habían htcho la honra.
de asistir al Congreso. Drjo que este Congreso tenía un
carácter muy especial, porque así co~o _par!l los Interna•
cionales celebradc,s en Europa las mv1tac11,nes ha_hían
partido de corporaciones cieni.íficas tanto para el pnmer·
Congreso Pan-A me!ic~no~elebrado en Was~ington, como
para el actual, !ae mv1tac1ones ~8:bían part1do;de los Gobiernos reepect1 vos; concluyó d1c1endo que deeéaba .á los•
Doctores extranjeros, lee fuera grata en perl:Ilan1-nc1a en
México, y al Congreso, cuyos fines son emrnentemente
filantrópicos, éxito completo.
Después de esta aloe;1ción los congrPsistas pasaron á.la
D.rección de la escuela, donde el bujfd se hallaba die-·
pu~to.
.
.
El lunes en la mañana se repartió á los congres1etas Pl
programa de la" ~eeionee elegantemente impreso y del
cual damos un faCbímil.
En la nocl,e en el Teatro Nacional, adornado con sumt&gt;•
goato, se efectuó la sesión inaugural del Congreso, qu.:

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-PASEO DE BRAVO.-EsTATIJA DEL GE.~ERAL NICOLAS bRAVO.

-por primera vez se reunió en Washington, bajo la presidencia del Dortor Pepper, el afio de 1893.
En el vestíbulo del teatro se colocaron guías y coronas
formadas con ojas de laurel y encina.
En el centro del patio se colocó una pirámide truncada que sirvió de pedestal á un busto de Cuauhtémoc.
Una gran corona de laurel cubría el frente d.il pedt-s•
tal. que estaba rodeado de un zócalo cubierto con plant1_1s.
El ence&gt;rnisado, la arquerí1_1 y los ángulos d_el patio,
tambi~n se adornaron con b,oJas de laurel y enema.
Estaba todo el edificio profusamente iluminado.
Penetrando al salón el Teatro ofrecía un aspecto deslumbrador.
Los antepeJhos de las plateas y las columnas de éstas,
e9taban tapizados con flores exquisitas; los de los pale;os
primeros se cubrieron con banderas de todas las nac10nes, y en el palco segundo del centro, dentro de un gran
círculo cubierto con focos d~ luz incandescente de los
colores nacionalas, se colocó una g~an copa de l:!ipócrateiJ;'TmbTema de fa Meaícfüa. ~.También !09 antepechoA de los palcos Fegundos estaban
cubiertos con \;&gt;1mderae de todas las naciones.
En ,el foro 'el aecorado figuraba un bonito salón. A uno
y otro e:x.tremo del foro se pusieron como adorno. monumentos antiguos, y en el fondo un gran calendar:o azte-

ca, á cuyo frente estaban la mesa y los asientos presidenciales.
A ias 8 y 20 minutos, la banda del 16~ Batallón, que dió
la guardia de honor, anunció la llegada del General Díaz,
quien @('! presentó acompañ.ado de los ministros de Relaciones, Justicia, Comunicaciones, Guerra y Fomento, y
de los SreP. doctores Carmona, Lavista, Licéaga, Noriega y BuFtillos.
El Sedor PreFidente-que llevaba la banda tricolor cru•
zada sobre el pecho-ocupó el p~sto de honor, teniendo
á su derecha al Secretario de Justicia é instrucción pú·
blica.
.Al terminar el Himno Nacional con que fué saludado
el General Díaz, este primer magistrado dirigió una corta pero entoeiasta alocución á los Congresistas, dándoles
la bienvenida y deseándoles el mejor éxito en sus trebajos.
La sillería colocada á derecha é izquierda del foro, fué
ocupada por Jos dele_glldo1t._ o.ficil\les y de corporaciones
científicas.
En el patio se hallaban lo, congresistas y sus familias,
y en loe palcos las familias de nuestra sociedad elegante.
Una vez concluida la hermosa obertura "Pique Dame"
!'jecutada por la orquesta del Conservatorio, el Sr. Dr.
D. Eduardo Liceaga, Secntario General del Congreso,

oc':P? la tribuna hacienda un justo efogio del Sr. Doctor
W1ll1am Peper, al cual le cupo la honra de iniciar estos fructíferos congresos.
El orador dió las gracias al Sr. General Díaz, á los Minietros de Estado, al Cómite Internacional que reside en
loe Estados Unidos, al .Ayuntamiento de México á las
corporaciones científicas y á todas las personas q~e han
contribuido con sus tr~bajos 9:1 mPjor éxito del_ Cong:eso
y concluyó dando la bien vemda á los cong,es1stas siendo muy aplaudido. Trae este discurso, ejecutó la o~queeta el Himno Nacional, que fué cantado por alumnas y
alumnos d~l conservatorio y escuchado de pie por la
concurrencia.
Ocupé luego la tribuna el Sr. Or. Carmona y Valle
Presidente del Congreso, el cual habló con abundanci~
de datos de _I~ enseñanza de la Medicina en México y
concluyó d1c1endo que deseaba á log congresistas una
agradable permanencia en México y que esperaba que
e!1 la_próx11~a r¡,unión del Congreso se enriquecería la
c1enc1a médica y aumentaría la t:levada reputación de la
facultad en América, siendo así mismo muy aplaudido.
La música ejecutó después un delicado interínezzo á
continuación, del cual el Sr. Lic. Don José María Gam- ·
boa, leyó una hermosa pieza o~a~ria.
.
Al d1Scurso del Sr. Gamboae1gu1ó el elegante trozo sin-

�~ 2 X CVIBMBRE,

ELMUNW.

324

fueron obsequiados ¡,or el Ayuntamiento los estimables
congresistas.
f
·ó
El Palacio eufrio una encantora tran!'. ormac1 n.
En el veetfbulo de entrada á laR oficmas del Ayunta•
miento 88 formó una serre con hermosas planta~. La es•
calera que da acceeo á aquellas se adornó con banderas,
la~C:Sr. Pepperfué interrumpido con frecuencia por los en trofeos. en la parte superio:· Los p~bellon_ee perte·
ecían á las diversas Repúblicas amencan,as. Estadde
ap~a~º~r~lrfr~~\is~: General Dfaz declaró en nombre
Unidos Veuezuela, Colombia, Ecuador, E'eru; las :8,ep •
del Gobierno, que _quedaba abierto el segundo Congreso blicasCentroamericanas, Uruguay, paraguay, Brasil, et:c·
Médico Pan•Amencano.
.
d 1
El salón de pasos perdidos, contiguo á )a sala de Cab1_l·
El Sr Presidente se retiró á las 10 y 45 mrnutos e .ª
doe quedó elegantemente decorado. El piso lo cubrf ro)
·entre
los
11ausos
de
la
numerosa
concurrencia
be
noc '
.
N .
1
tapJz· )as paredes desaparecían trae una decoración od
y los acordes del 1mno a~10na ·
QP. b~en gusto. La formaban grandes estrellas de gar e* * bailarán ~u estros lectores, nia• en el centro dP dos medias lunas de rosa y table:dª
El grabado que en este pliego
de diversas flores. Formaba plajond al salón un tupi o
les dará idea más completa de esta ~nmPra etapa de la
distinguida asamblea que hemos deecnto. Pasemos ahora follaje.
La Sala de Cabildo no fué adornada con flores para no
á la segunda. *
*
El . martes *efectuose
en 1
Cámara de Diputados, bajo la
Presidencia del Sr. Ministro
Baranda, la eeeión intermedia·
ria del segundo 9&lt;&gt;ng~es?· .
L11 reunión d1ó prmc1p10 á
las ocho y ruin~tos de la no·
che, sit:n&lt;1oel pnmeroen abor·
dar la tribuna el Sr. Dr. Juan
Santos Ferná.ndez, delegado
de la Habana, Cnba, para leer
un estudio importante sobre
la fiebre amarilla.
El Sr. Dr. E. S. Luchape·
lle, de Montreal, Canadá, pronunció un discurso en francés
sobre el mismo asunto, y otro
tanto hizo el Sr, Dr. Wáltter
y W yman, cimjanog_eneral del
Hospital de la Marina de los
Estados U nidos. ;
Muy importantes son l~s tres
trabajos á que nos referimos,
pues en ellos analiza la terri·
ble enfermedad que diezma la
población de nuestras costas,
y que tanto esfue_rzo se ha hecl:io para combatir.
El Sr. D. Rafael Lavista fué
el último que habló disertando con acierto que mereció nu•
tridos aplauso3, sobre la patogenia de la• enfermedades.
LaSecretaríadió lectura á un
pliego en el cual se citaba á
los congrusistaspara una Jun•
ta que nabfa de verificarse en
el Hotel Sanz, -..: la sesión terminó cerca de las once de la
noche.

fónico «Clair de Lunen de Pimentel, y d~s{&gt;ués avanzó
al frente del foro el distinguido Dr. W1~ham i:epper,
uien fué acompaoado 'por los Sre11. Lav1sta, L1céaga,
la11tto y Sierra Méndez expresándose en hermosas pa•

6 1

•

ª

1896.

salpicaban los muros y tre~ g~andPB focos de arco, presentaba hermor.í~i11,u a.¡.,ectn. En el ángulo de la gruta se
despeñaba una ca•caua q ,e al caer formaba un remanso
que corría a1 pie de la gruta.
Esta, como deciruos, servía á. en vez de veAtfbulo á otra
guía destinada para el s!llón dd úuffet. En ésta ~l efecto
era auu más sorpr.,udente. FJrlllaudo una eei?ec1e de pasillo en los cuatro costados de la gruta, se veian estalagmit~ y estalactitas d~ albos tono~. En el fo~do Y entre
los grupos de estalagmitas aparecia )tn gran lienzo en el
que se veía el Ixtac1huatl con la mu;er blanca alu11:1brada.
con focos incandeecentes de color 11zul tenue que simulaban un maravilloso efecto de luna.
La fiesta comenzó á. las ocho y media de la noche y J?O··
co despué, de llegada la concurrencia que fué tan. d~tmguida como numerosa, prendiéronse los f_uegos art1ficrnlee
preparados en obsequio de los congresistW! en la Plaza
de la Constitución.
Terminados loe fuegos, la
banda de caballería que dirige el Sefior Payéu, ~úsose á
t'jecutar hermosas piezas y
cuando la animación era mayor, empezó el bai\e al cual
l!iguió una espléndida cena.
Durante esta el Señor Presideme del Ayuntamiento Don
St:bastián Camacho habló á los
congresistas con discretas palabras QUt: fueron acogidas con
urnchos aplausos. Nuestros
lectures hallarán en otro lugar
varias fotografías relativas á.
esta hermosa fiesta.

El jueves loe congresistas
dett:rminaron el lugar donde
~e verificaría el próximo congreso: en Caracas, capital de la
ltepública de Venezuela en
1899· y en la tarde fueron recibido~ en Chapultepec por el Sr.
Presidente de la Rtipública y su
digna esposa. Los congresistas
se dirigieron á Chapultepec en
vagont:s especiales, poniéndot!e ademiis carruajes á disposición de las Señoras para que
pudieran llegar hasta las puer•
tas del castillo. Este estaba
preciosamente adornado con
guirnaldas, medias !un.a~ y estrellas de flores exqme1tas y
banderas de todo el Oontinen•
te. Había además, así en las
goteras como entre los árboles del bosque, infinidad de farolillos venecianos que ya encendidos daban al pintoresco
lugar un aspecto feerico. En la
esplanada del castillo tocaba
*
* * no ignoran
.
la música:del Estado Mayor y
Nuestros lectores
en el jardín la orquesta de loe
que una comisión distinguida
estuvo encargada de íestejar
Vt'ga.
·
·dos m
· v1·tan t es
Los d.1st1ngui
á las estimables esposas de los
recibieron
con
exquisita
amacongresistas. Aceptó el carg?
bilidad y cortesía á los congrede Presidenta de o&gt;,ata comisistas y á sus familias en el
sión la Sra. ~ Elisa i..ynch de
opulento salón del primer piso.
Camacho, y entre las fiestas
En el jardín se.había di@puEB•
preparadas dispuso una en su
to un espléndido buffet en el
magnífica casa de San Feraancual fueron los invitados dedo la cual se efectuó en la nobidamente atendidos.
cb~ del mismo dia indicado.
Hicieron con Carmelita loe
Uno de nuestros cronistas di·
bonore11 de la casa las Señorice refiriéndose á esta fiesta:
tas Luz Diaz, Sofía Romero
La hermosa casa del señor
Rubio, Adelita Fernández y
Presidente del Ayuntamient?
Eiena y Dolores Liceaga.
fué decorada con gusto exqm·
Entre los delegados extransito, apareciendo por tudas
jeros llamaron la atención por
partes en jarrones de porcesus brillantes uniformes, los
lana y' cristal, preciosas flores
cirujanos del ejército y de la
que embalsamaban suavemen·
armada de loe Estados Unite el ambiente y cuyos pétalos
dos. La encantadora fiesta que
de raso brillaban á. la luz de
de fijo no se olvidará en mulos focos incandescentes.
cho tiempo, terminó á la caída
Las fa1nilias de los delega·
de la tarde.
dos extranjeros y muchas da•
Por último, la noche del juemas de nuestra sociedad ele•
ves se clausuró solemnemente
gante se reunieron en las re·
el segundo Congreso Médico
gias salas, siendo objeto de las
con una sesión eu la Cámar&amp;
más exquisitas atenciones por
parte de la seflora de Camacho.
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA.-SR. JESUS F. ÜONTRERAS, autor de las estátuas de Bravo y Zaragoza.
de D!putado~. habiendo pronunciando dtecureoe los docA la una de la maílana rei·
naba la mayor animación.
Don Eduardo LicellgR, Don Porfirio Parra, Don
cubrir su elegmtfsim&lt;&gt; decC!rado. En cambio estaba ilu- tores
Gregorio Mendizabal, y el profesor Don Francisco Bus***
No menos solemne que la
sesión inaugural, fué la del minada á giorno con luces rncandescentes en gran profu·
t illos.viernes tuvo verificativo una excurei'6n á Ias.ºbras
miércoles último ó mejor dicho, la serie de sesiones efec- sión.
.
Fue dt'corado igualmente e' ealón de la Secretaría del delElDesngüe
y ayer los congresistas visitaron las pirámituadas ese día.
.,
Ayuntamiento,
que
hace
pendnnt
con
el
de_
entrada
á.
la
A las dos p. m., el Seflor Don Leopoldo B.ltr~ d1~ una
de~ dP San Juan Teotihuacan.
. .
conferencia sobre Antropología en la Escuela Nacional Sala de Cabildos. La dQeorac16n era s~meJante á '!1 .dPI
El .3fündo celebra de todas veras los buenos auep1cioe
de Minería. Habló sobre la simetría del esq~eleto Y crá- primero. El resto de los salones dd E'&gt;1l11cio l\1~1mc1pal hajo los cuales se afectuó el segnndo Congreso Médico
neo indios deecubiertob por él. Habló también del peso no tenía ningún adorno, pero estaban expléndidamenPan•Americano; anhela que sea íecundo en. resultados Y
del cerebro indio y de su calidad, comparado con el eu- te iluminado•.
En cuanto al adorno d e la planta baja, deja!Ilos la pala- 1:nvfa á los distinguidos profesores (!Ue lo .mtegraron su
ropeo. Presentó asímiemo un ídolo que tiene marcadas
saludo más afectuoeo y sus pliicemes más ernceros.
las huellas de la viruela, lo que prueba que esta enfor- bra á uno de nuestro;, compañeros de redacc16 n. .
A la entrada riel pasillo que conduce á las oficrnas del
medad apareció en México actea de la llegada de. l&lt;&gt;s esd .. l Distrito dice y dando "cceso al salón del
pañoles, y tocó. finah:1;1ente, algunos ot!ºª puntos 1mpor• Gnbierno
Los duelos mas tristes no son los que se llevan en el
bu.ffet (el patio donde ee efectúan la&lt;1el,.ccione!l) el_conotantee, siendo al termmar muy aplaudido. .
. .
sombrero.
A las 4 y minutos de la tarde los cong~es1stas _sc-. dtn· cido pintor escenógrafo D. Jesus Herrera y GutJérrez
G. 1'lau.bert.
gieron á la Penitenciaría en carro~ espec1ales, as1st1e_ndo improvisó una hE'rmo•a gruta.
Siguiendo las sinuosidades de las peíla11, fueron colotambién alguna~ sefioras y se-f\Ql'1tae. Muy complacidos
Cada día morimos; el último es el fin de la muerte.
quedaron los visitantes del ebberbio edificio y regresaron cadc1s multitud de fucos incandescentes que producían el
.
de su visita cerca de la~ seis de la tarde. P,¡r la noche, en mejor efecto.
Marimt Ducamp.
La
gruta
eFtaba
colore~da
_c,.,n
d1v~rsos
tonos
muy
te:
el palacio del Ayuntamien~, tuvo i,e_rificati ,·o una de la~
reuniones más hermosas ern duda d e ~ Y cun J.a.q-o.e nues que alumbrados por mil focos rncandescmtee que

22

NOVIEMBRE,

¡SOCORRO!

325

EL MUNDO

1896.

DA.MAS DISTINGUIDAS DE LA. REPUBLICA..

(Traducción para EL MU1"'1)().)

Unos gritos espant.osos surgieron
iel otro lado del río.
Una sefl.ora gruesa con una bata
~olor malva y un quitasol blanco
se agitaba desesperadamente en la
orilla, chillando con todas sus
fuerzas:
-¡Se ahoga! ¡Socorro! ¡Se ahoga!
A esta hora, el barco destinado
.al lavadero se encontraba vacío y
las personas que ocupan las casas
de los alrededores almorzaban pa-0fficamente. A lo largo de las construcciones se abrieron los balcones
y en ellos aparecieron algunos ros:
tros azorados. Un obrero, seguido
de su mujer, acudió al ribazo, en
tanto que el jardinero de los Noury,
-saltando á. un bote, trataba de distinguir alg::, formándose con las
manos una pantalla sobre los ojos.
La eeñora del quitasol, se desesperaba gritando.
-¡Hocorro! ¡Se ahoga! Se ahoga!
-1 Válgame Dios! contestaba el
ja1 dinero, sin moverse del bote, demonches!
Y, repentinamente, púsose encaramado, comenzó á agitarse, os~ ilando sobre el agua, devorado
por una curiosidad anhelante, retenido por un horrible miedo de
abogarse al prestar su auxilio.
El obrero á dos pasos de allí, se•
.~uía las peripecias del drama, prorrumpiendo, con voz sofocada:
-¡Veo la cabeza! ¡tiene cabellos
negrosl ¡Sostente! 1Valor! JÁ.h, qué
de~gracial
Y sin preatar oídos á su mujer
que seafianzabaá.él, se quitó la bluPa y el chaleco, repitiendo cual si
fuese un eco del jardinero:
-iVálgameDios! ¡Vá.lgameDios!
Los gritos de la mujer del otro
lado dd río, se convertían ea desgarradoree; eran ahullidos prolon,gados de angustia, sin palabras,
modulaciones estridentes que cau•
!"aban daño en medio de un paisaje
íre$CO v verde.
Los Ñoury, una familia muy esti!Jlada en el país, se l,abían levantad'&gt; de la mesa, loe pequeftos con
sus baberos atados al cuello y loe
grandes alentando al jardinero:
-1Vamos, Eugenio, vamos!
El obrero batía saltado yaal bote, y con la espalda desnuda, apre•
tándose la hebilla de sus pantalones, repetía burlonamente:
-¡Vamos, Eugenio, vamos!
La mujer del obrero se lamentaba:
-¡No lo dejen ustedes! ¡Sucede
tan pronto una defgracia! ¿Quién
•es el que está allá.? ¿Conoce alguien
(2
á esasefiora?
El Sr. Noury, padre, se había lan.:zado dentro del bote, lo había desamarrado y remaba vigorosamente
hacia la dama, quie!l con los brazos, levantadoe ronca ya á fuerza de gritar, se entregaba á una pantomima
trágica. De pie, tn la proa, el obrero se mantenía pronto
á sumergirse; en su brazo desnudo, aparecía tatuada una
flecha azul; recogido sobre sí mismo, como arqu&lt;!lldo, con
su barba rapacla, sus ojos obscuros y su nariz de perro de
de caza, ofrecía un aspecto de animal inteligente, en
-acecho.
-1Firme! gritó el Sr. Noury, ya vamos!
-1Qué deAgracial elijo el jardinero; la cabeza ha desaparecido. ¡Allíl lllá.s á la izquierda! ¡en donde hierve el
agua!
-¡Plum!
Un ruido sordo y un sac•dimiento de agua; el obrero,
'ncapaz de eepPrar, acababa de sumergirse. Un grito des.garrador partió de la ribera que acababan de dejar; la
mujer del obrero se lamentaba con ademanes doloridos y
·chillidos espantosos:
-¡Juan 1¡ vuel vel ¡vuelve!
Pero Juan nadaba con firmeza, escupiendo el agua; parecía foeteneree con dificultad;_ et- hundía y volvía á la
superficie.
-Hay yerbas, exclamó con voz enfocada.
Di6 unas bracer.aas, murmuró: ¡Válgame Dios! y deeapareció.
-¡ El gancho! ¡El gancho! gritó el Sr. Noury.
Y muy pálido bajo sus cabellos grises, se puso blanco
como eu camisa, al ver con ojos azorados á su jardinero
que sondeaba el agua con el gancho.
La eeflora del quitasol ya no gritarn.. Inmóvil, herida
de estupor, miraba el horrible remolino en donde acababa de desaparecer el obrero. La mujer de éste, en medio
de un grupo compacto, seguía gritando desesperadamentP.:
-¡Juan! ¡vuelve! ¡vuelve!
¡Qué lúgubre se oía este llamamiento dirigido á un ser
-que¡a no volvería! Porque el obrero no parecía, no volvió aparecer!
En vano, Eugenio y el Seflor Noury sondearon el agua

Ell nido abandonado.

Acabo d4'l leer «otro i1ilio trágicon que, tomado de los cuentos de
eu vida, publicó Lui¡¡ G. Urbina en
el M UNDO ilustrado. Es la historia
triste de dos palomas enamoradas,
vfotimas de un emplt'ado irascible..
¿(¿ué palomas no son enamoradas
y que empleado deja de ser irescible? Sin embargo, á cosas tan co•
munes, dá Urbioa agradable novedad, lo cual prueba que entre loe
oficinistas los hay de talento y con
la exoeriencia de unos tortolitos
para hablar de idilios columbinos.
Y o no soy más que un ranchero
- harto lo conocerán los lectores
de estas líneas; pero como presencié cierto episodio en q t•e los persona¡es fueron también un palomo y
una paloma, no puedo resistir al
deseo de narrarlo; ysi Luis Urbina
compara sus pichones á Romeo y
,Julieta, no seré yo menos, ei bien
mi galan tenía algc de Otelo ........ .
p~ro no anticipewos los suceso.:.
¿Para qué ref.irir las ternezas con
~ue mis dos protagonistas se hadan la rueda? Los arrulios enamorados; los besos silenciosos, pero
dulces, aquella ala arrastrándose en
el suelo como si convidase al deleite, las plu o1itas del cuello espon•
jándose á impulsos de la voluptuosidad......'i'
Llegó la época de la pue8ta, como
decimos aquí en el rancho: era de
ver el alboroto con que los dos esposos formaban el nido. ¡Quién
llevaba ramitas secas, pero flexibles, quién recogía de aquí y de allá
filamentos de seda para hacer más
mullido el lecb.1I De cuando en
cuando interrumpfim el trabajo para besare!', ó clavaban los piquitos
en el suelo con toda monería, de•
jando escapar del pecho confidencias de vanidosa esperanza.
Por fin comenzó la incubacion.
La paloma exhalaba ese calor misterioso que fecunda la cría.
El palomo no cabía en sí de gusto; iba y venía, llevando el alimento á su compañera. Pasadas algunas horas, no ee que arrullo del macho indicaba á la hembra que era
ya tiempo de que echara á volar
"
para que descansase de su fatiga.
Ent6nces él la sustituía en el nido
y era de ver su torpeza en acomodar
las alas para cubrir los buevecitos.
Así se alternaban los amr,tes,
cumpliendo el eterno destino de la
reproducción.
Pasaban felices los días.
Una vez, ella regresó muy tarde.
El palomo la esperaba impaciente,
comprendiendo que el calor materno hacía falta á la futura cría. La
paloma exbal6 sus disculpas tradu·
cidas en dulces arrullos, y )a paz
DE HERMOSILLO. SONORA.
se restableció en el hogar.
Al día siguiente volvió la bla..,ca
[Foto¡rafia de Berna l.]
paloma á. emprender su vuelo muy
en el lugar en donde se había sumerjido; E'n vano descen- de mañana, sin escuchar las voces de su esposo que trie tedieron la corriente registrando el río. Uiiiéndoseles otras mente arru!lata como si dijera:
barcas, siguieron buscando; e11 una de el1as la mujer del
«¿Y ya te vas? ¡No es aún de día!»
La paloma no podía ya escucharlo, tan rápido era el
obrero se retorcía las manos sollozando.
-¡Bien se lo había dicho! Pero no ha querido eecu- vuelo con que trasponía el monte cercano.
charme ¡Dios mío! No es posible que se haya ahogado.
Y esta vez también regresó muy tarde-ya el sol bahía
El Señor Noury desalenta'.lo, remó entonces hacia la desaparecido, hundiéndose en los celajes del poniente,
seflora gorda del quitasol, a:empre estupefacta, petrifica- y -exhaló sus disculpas traducidas en dulces arrullos.
da en la orilla. Nadie la conocía, no era de la comarca.
El palomo se levantó, hizo la rueda al nido y á su turCuando estuvo al alcance ne la voz, el Señor Noury, no arrullaba; pero en aquel arrullo había algo de extraquiténdose el sombrero. con aire compungido la dijo:
ño, era como una risa sarcástica. En seguida emprendió
-¡Qué espantosa desgracia! ¡Dos víctiwas en un ins- el vuelo y desapareció trae el 'lercano monte.
tante! ¡Y ese infeliz padrn de familia que se ha sacrifica•
do por salvará la persona!. .....
Y pasaron los días: la paloma permanecía Holitaria, sin
Cortado por el silencio estúpido de la sefiora, pre• atreverse á dej,u el nido, temerosa de que se extinguiese
gunt6:
el calor.
-¿Era alguien de su familia, señora? ¿Acaso su mari•
Por fin. urgida por el hambre y acaso impulsada por
do, su hfjo?
lo~ celos, abrió las alas, hendió el aire y desapareció tras
La señora callaba. El Señor Noury continuó, casi sin del cercano mont ) ,
tener conciencia de sus palabras:
El nido, ya solo, se enfrió poco á poco. Los polluelos
-)Un excelente obrero! De seguro acababa de almor- murieron sin haber nacido.
7.ar y uoa congestión cerebral..... ¡Quizá la mis .... a desgracia ocurrió á su ...... á ese...... al pariente de usted!
Jamás vulvf á. ver en el alero de mi casa la pareja de
La señora respondió:
palomas que se hacían la rueda, que se arrullaban ena-No era pariente mío. ¡Era mi perro!
moradas y que se daban besos silenciosos, pero d•1lces.
Y se alejó rápidamente uo sin oir á la mujer dd obreHabían pasado p!\l'a siempre loe días de felicidad ..... .
ro que aullaba:
X ......
-¡Su perro! ¡Su perro!
En tanto que un murmullo de defaprobación eubfa de
las barcas, deplorandc, la muerte del hombre y maldiciendo al animal ahogado.
No vitupero t.P-nto la p~i6n de los que desean dominar
El Sel'ior Noury exclamó desolado:
siempre, como h, bajeza de los que siempre están dispues•
-¡Si lo hubiéramos sabido!
toe á obedecerá. todo.
TucfDIDES.
p A UL MARGUERITI B.

~ rifa. &amp;loisa (! ouret.

La obediencia í. la autoridad de un jefe absoluto asimila al hombre áloe brutos.
TONTLOTE.

•

�22 Novm11rnRE, 1896.

EL MUNDO.

326

C!aricias lejanas.
_•.... ¡Oh, ef, mi buena amiga, las he eentido! Es~e saIoncito grfs, veteado ~e oro, con. sus muebles ca_pric~o808 y frániJes; lae mariposas vívidas de loe abanicos Japoneses "abiertos sobre la obscura tapicería; la soledad ~
de• rincón que acabamos de dejar y desde donde eonrf~ la inmaculada dentadura del piano, la luz de ceniza
que empapa la vidriera del balcón, la melopea elegiaca
de Ja lluvia, y tu cara fresca de ojos glaucos-ondas dP.l
Adriático-inocentemente curiosos, me llevan 11. la confidencia, me seducen para la plática t(,le á IÍ'te, mi buena,
mi eh·gante a , iga. .Acerca tu rojo taburete-escabel de
paje rubio-junto á mi pesado sitial, y oye las respue~tas que dan mis memorias á tus imprudentes quince
afios.

SOLEDAD.
.t:staba Antonio próximo á cumplir treinta afios, y aun
no había sentido lo que se llama ~n amor. _Y4;1rdad que
desde mozo había sido enamoradizo y mn¡er1ego; pero
entre todos loe recuerdos, que á menudo asaltaban .su memoria df' castos amoríos y groseras aventuras, nmg:uno
le hacía experimentar ese sentimie~t?, mezcla d~ dicha
y p~na, con que ee recuerda la fehc1dad para siempre
perdida; sentimiento análogo ~l que conmueve el. corazón
del expatriado que de im~rov1eo s~rp~endP en tierra ex•
trafta una costumbre, un tipo, un pa1ea¡e que le r~cuerdan
la suya. El veía surgir en su mente tales memoriae C&lt;?mo,
á la yuel~ de 110 viaje, se ven las fo~ra~(ae de loe &lt;1:1veraoe lugarea á donde solo ee va por cur10s1da~ ó capr1c!J~·
La adolescente candorosa y enamorada; la ¡~ven dec1d1da y firme· la voluble coqueta solo con él eum1ea y amante1 y la cáfila de hembras del montón que únicamente
Je e1rvieron para saciar sus más torpes apetitos, nada ha•
blan dicho en aqnel entoncea á su corazón, y ~ada le decfan ahora. Había h.ln hacia unae, por un capricho extrano impoeible de defioir ni rle explicar, hacia aquellas
po; impulsos del amor propio herido, del or.gullo humilla•
do hacia lae otras por entrPtener sus contmuoe vagares.
Mlii ninguna le había llenado el corazón ni fijado Ia voluntad, que eeitu(an sueltos y libree, sin e~~bilidad ni
reposo, como el agua qne cor1 e nor una pendiente. Y á 1.a
@azón comenzaba á echar de menos t-1 calor ~e un sentimiento que fuera alegría de su cor~zón, móvil de rns acciones objeto de su vida. No le había adorado Ltastll entonces' porque se lo habían im¡wdido amores y fiesta•.
Mae cuando todo ello comenzó á faltarle, ó mejor dicho,
á no dar satisfacción á eu espíritu, le 881!-stó la eeqned.ad
inverniza de su alma, y le ator.mentó la idea de que D10e
Je hubiese negado para eu caet1go, como á Satán, la fibra
del amor.
.
Pero nunca ee le encalabrinaron tales 1deae como aqmlla tard~.-A.ún no entraba la primavera; pero Jop árbolea engafiadoe por unos cuantos días de sol esplendoroso
v de aire seco y caliente, hablan con!enzad.o á .florécer.
Bien iban á pagar los deaJichados su 1mpac1&lt;mc1a; pues
d~de la maflana dP aquel día soplaba n.n cortante remueg,1, que había acabado por traer~e co1~e1go eepesae y parclas nieblas que ya entenebrecían el cielo, encapuchaban
1L cima de los montes y comenzllban ai arrlll!trarse por las
J,.janfas del valle. Antonio seguía el eiuuoao sendt:!ro que
circunvalaba una loma, semejando la huellade1!ºª mo~dadura en la corteza de un fruto, y veía á sus p1é~.el dilatado bosque de frutales, salpicado dto _floree ro¡1zas y
blancae que se destacaban en el fondo 10coloro dt1 las
ramas, :iemejante al de la bruma que ee tendía eob~eellas.
AL parque el agobio moral que le CBW!'l~an sus tnste~ae,
eentía deslavados sus miembros y oprimido y angustioso
tll pecho: achaques nerviosos con que siempre le atormentaban loe dlae nublados y tris~s.
Andando. andando, ee distraía con lo que al paso encontraba. Ya era una lavandera, que ~n. el lío de ropa
en la cabeza, bajaba despacito la eecurnd1z~ vereda; y~
un hortelano que cavaba en las eras mmedia~ae; ya u11
zopilote tranquilamente acurrucado en la cima de uu
nogal; ya la hoja seca, aún pendit:!nte del arbol, que l;'ZOtaba la rama al moverse, h~iendo un golpeteo eeme¡aute al que hace el pájaro carvmtero al horadar los tronco@.
De pronto abocó á 11:na calleja, e~pinada y angosta,
que wuw l&amp; parLiculandad, por eu tn8'eza, de aumentarle las suyas, ó matar 8ll8 alegríaa cuando, acaso, acertaba
á pasearlas por aquellos contornos. Formaban los de la
calleja, á un lado, setos de espinoso jun~o, á tuvé3 de
coyo enmarañado ramaje se veían terrenos JDcultos y fruiales encorvados y ramosos; al otro un muro de adobe,
bajo y derrumbado, por cuyo cat)allete asomaban sus ra1Da3 cubiertas de muérdago, m:inzanos y durazneros. A

la mitad de este muro hab!a una J?uerta ruinoea. Las telarafias qne cubrían de arriba aba¡o )os huecos formados
entre las jambas y la madera, prendidas en una y otras,
demostraban que nunca se abría. El suelo d~ la calle estaba cubierto de verdinegros matorros que iban anmentando en profusión y tamal'lo conforme estaban más cerca del seto y el muro. Mucho tiempo hacía que él paseaba
aquella calle de punLa ,¡ cabo, y nunca se habl~ cruzado
con alma viviente. ni escuchado voz ó ladrido en las
huertas vecmae. ¿Ocurriría por allí alguno de esos horrPndos crímenes que tanto impresionan al pueblo y que
dejan como un sello de soledad y tristeza en los lugares
donde se verifican?
.
Aeí pPnsaba, acelerando el and&lt;\r para eahr de las que
le rodeaban y que tanto acrecían laaque llevaba en el al•
ma. IJP pronto apareció a11tesu vist~. saliendo de una de
las umbrosas veredas que á la ca1le¡a confluían, una pareja de recién casados á quien él conocía aunque no trataba. Caminaban despacio. Ella se ap?yaba con abando•
no y confian:i:a en el brazo de su mando, y los do3 COf!·
versaban viva y animadamente. No se revelaba en la m1 ·
rada, en los ~estos, en la actitud de la. joven eea locu.ra
de amor, ardiente y estruendosa, que mvade á lae mu¡eres apasionadas cuando se encuent~an á B?lae con el h_ombre á quien aman, y cuya anormal 10tens1dl;ld presag!a la
l&gt;OCB duración del sentimiento que la motiva. A. pnmera vista ee echaba de ver en ella el cariflo profundo, pero tranquilo y discreto, nacido para durar CCtanto la Vida
durase. El tenía la actitud confiada y eren.a de los que
no sienten las dudas horribles, las vagas tr1stez8:9 y ex•
trañas nostalgias que abruman á otrae almae, ó tienen la
f1,rtaleza suficiente para d11.rlae de mano y conformarse
con lo que la mísera rea!irlad lee ofrece para saciar sus
anhelos.- En ambos vió Antonio la felicidad que él en
vano buscaba. No había que darle vueltas: aquellad dos
almae eran completamente dichosa~. ¡Qué razón tenla
él para asegurarlo? Ñinguna; ni él m1sm? ac~r.taba it ea•
ber porqué lo creía;.era.al modo de una mtu1c1ón que le
daba tan clara conc1enc1a de lo que afirmaba, que no hubiese vacilado en jurar.o.
.
. .
y esa felicidad le hac!a dallo, no por rnin .eent1m1en;o
ele envidia, sino porque la miraba antes~ o¡os y se cre1ll
impotente para alcanzarla. El, en raeum1das cuentas, no
sentía otro afecto que el entlafiable que consagraba 11. las
cosas de su terrollo, al culll le amarraba. con fuertes cadenas Y la naturaleza no comprendía DI por ende pagaba el ~mor que en el fondo de su corazón él la tenía:
l 1alagábale '1oe sentidos con sus colores, c_on sus perfumee,
con euA murmurios; pero ¿n~ hacía lo mismo!!ºº el hortelano que dormía la embr1aguE&gt;z de la manguana ó del
pulque tendido á Ira sombra del nugar, con la cabeza
apoyada en un acirate y la cara cubierta de moscas? El
deseaba algo más del alma, algo más suyo, para él solo
c•Pado y por él solo sentido.
· En estas y en lae otras había llegado á la c11mbre de la
colina que sobresale, monda y escu, ta. d~I. bo~que que la
circuye. Las alturae y lae grandes plaf!1c1es e1em ¡,re le
producían u.na sensación de anon~dam1e11t.o, de rnleda~
y de angustia; mae nunca fué tau 111ten~a como aquella
tarde.
• bl
fl
Parecíale tener metida la cabeza en 1as me as que otaban en el cielo, y qut1 la que cubría las mont11i\a➔ y_ue
formaban el contoroo del v.alle, y comenza~ á agarraree
á los árboles del lejanv lím1te del bosqu.e, iba ltmt~men·
te 88trechandn su enorme circunferencia para cc,¡erle á
él en el centro y llevarle en volandas á Di&lt;&gt;l! sabía qu~ regiones solitarias y lóbrE&gt;gas. D~ pronto aaal~l!l el 101edo
á un ataque cerebral, á un vértigo que le h1c1era rodar
r la pendiente abajo, y apretáudoae la cabeza con am ·
manos para retener algo qn.e quería e~capársele, te~bloroso de piernae y falto de aliento, ech·&gt;. á andar hacia
el caserío que te extendía 11. sus plantas. hn ese m?me&amp;to daban el toctue de oraci6n, solemne y .wda~cóhco,. Y
eu lento campaneo, amortiguad_&lt;&gt; por la d1stanc1a, llego á
sus oídoe, avivando en eu espíritu, por.ºº ~é qué extrafla asociación de ideae, la dolorosa conciencra de la soledad y tristeza de su vida.

ha3

1896.

Jost GARCÍA RoDRÍGURZ.
( Mexicano. )

Fué una viejecita blauca, una viejecita de nieve, encorvada y temblona, de esas que en loe cmmtos del divi•
no Perrault regalan á Cenicienta su chapín de cristal, y
ofrecen un talismán al Príncipe enamorado para que. de
rodi!lae ante el lecho de púrpura, pueda despertará la
Hermosa Durmiente. FiglÍrate que al entrar en el templo, junto á la tallada cancela, á la hora de la primera
misa, me la encontré con su rosario de cuentas colgado
del vestido de pliegues rectos, y su mantón negro, triangularmente erguido sobre la cabeza, como la capucha de
un hábito. Era una mafiana fría color de azucena. Entré con unción, y levanté la pesada cortina verdP, cuan•
do en el mismo instante en que me herían loe reflejos de
los cirios que desde larga distancia picab.:.n la sombra,
sentí la primera caricia, dada en la mejilla por una mano de seda oliente á incienso. Jamás en mi niñez solitaria y hurafia, en mis ocho años de candidez meditativa,
se había posado aeí una mano con tan blanda finura sobre mi rostro. No recordaba haber sido arrullado en
Ja cuna por la canción maternal, ni haber sentido el alPteo de loe ósculos entre loe labios que entreabrió el primer suspiro del sueño. Conservo esta impresión como
una reliquia. Está guardada en la sacristía de la pequefia iglesia, de la iglesia que levanté á la castidad de mis
días blancos, para que alguna vez entren á rezar mis recuerdos y tengan donde esconderse mis maldades. No eé
con precisión cuánto duró aquella caricia, ni lo que me
dijo la anci:lna-algo muy suave y muy alado que se evaporó como una nube;-lo que sí sé, ea que apareció en la
s&lt;&gt;ledad de mi espíritu un-,mgel hecho de ráfagas azule11,
y que,. cuand&lt;? evoco mie memoria~ infanti.les, miro á la
viejecita de meve, encorvada y temblona, ¡unto á la cancela tallada, á la hora de la primera misa ........ .
y al venir el primer encanto, el brote juvenil, saltó P~
caliente surtidor del deseo en la fresca fuente de la vida y sonó el primer beso.
El primer beso lo sentí bajo el pa,io de una arboleda,
mientras el sol caía, como escudo sangri~nto sobre lostrigales luminosos del Poniente.
Una muchacha trémnla decla que me amaba acercando á mi semblante e•1 boca hlÍmeda con jugo de franbnnea. 'IrM un juramento, con los ojos cerrados, ébria con
la rniel voluptuosa que vertían sus sue11os de virgen, me
besó rápidamente.- Experimenté la calentura del rubor q11e subió en llamas haeta eue mejillas de duraznos
en Owflo.
¡ Pero porqué te cuento eso mi bnena amiga!
¿ 'orqué .hacer desfilar ante tus ojos ~lauco~, inocentemente curiosos, la procesióu de las caricias judaicae: loe
abrazos del amigo ingrato, los juramentos de las muj ...
res infieles, la batalla de besos de la orgía, las noches de
plata en que se desfloran las bocas y se desatan los eneuefios? La vida, la desengallada vida que rechaza con
hasdo, ilusiones frágiles y sonrisas faleae, la amarga senda de la vi~a, siempre.J!anchada de oro, aqní y allá, por
got.as - e miel seca, guarda muchos recm?rdoe de placeres ...... Ahondando, la memori.i se encuentran bajo l11
tierra negra de los olvidos, pedazos de caricias, tiesto~
rotos :tondt: florecieron loe. besos. lae rosas blancas, 1111!
camellas IoJae, las margaritas lechosas que deshojamos
sobre los labios de las amantes fugitivae.
¡Oh! sí mi buena a ni~; las he sentido; pero todas ellae
8 e bao quedado en el pórtico: no hay 11ir guna inmaculada· 110n pecadoras que han amado mucho, y que espera11,
ai~ridas d~ frío, junto 11. .las columnas churriguerescas, á
que las de¡en penetrar m1e días castos, en la pequel'la iglesia do!'lde gua~do, como una reliquia, la caridad de la
vil'jec1ta de 01eve que pasó ya la tallada caucela y va á
oír la primera misa ...... La eequila llama alegremente y
Ja maflana ea.tá color de.azucena.
y ahora m.1 .buena amiga, cese 1.aconfidencia: A.leja de
mi peel\do s1t1al tu escabel de pa¡e: te has quedado triste ...... y cua~do se está triste, mirando, como noeotro~,
la Juz de ceniza que empapa la vidrieu del balcón, y
oyendo la f~nebre melopea de la lluvia, ea bueno pensar
en algo inviolado y blancq, como aquella vii-jtcita de nieve, oliente á incienso ........ .
Noviembre de 1896.

22 NoVIfilrnRE, 1896.

Rubén Dario.

no en flor, luminosa como un alba, gentil como la princesa de un cuento azul.

CUENTOS EN PROSA

Cuando Berta. ya alto
divino co~hi:ro, subió á loe
salones por las gradas del ¡ardín, que .1m1taban e_emaraf
dina, todos, la mamá, la prima, los criados, pus1ero.n a
boca en forma de O. Venía ella saltando como un pá¡aro,
con el rostro lleno de púrpura, el seno hermoso y he~cbido1 recibiendo las caricias de una crencha castafia, libre y al deegaire, loe brazos deenu.d_oe hasta e) codo, medio mostrando la malla de sus casi 1mpercept1o)ee venae
azules, los labios ent1-eabiertoe por una eonnsa, como
para emitir una canción.
TodoR exclamaron:-A.leluyal ¡Gloria! ¡Hoeana al !ey
de loe Eeculapios. ¡Fama e~rna áloe gl6b!1los de íc1do
arsenioso y á las duchas trmnfales!. Y mientras Berta
corrió á eu retrete á vestir sus más neos brocados, ae en·
viaron pr1ieentes al vi€'jc de las antiparras de aro~ de ca,
rey, de lne guantee negros, de la calva-1lustre y del cruzado levitón. Y aho,a, oid oh vosotras. madres de las IJ?U·
chachas anémicas como hay algo mejor qne el anémco
y el fierro, para eéo de encender la púrpura de las lindas
mejillas virginales. Y sabreie como no, no fueron los glóbulos; no, no fueron lae duchas; no, no f9e el .farmacéutico, quien devolvió salud y vida á Bdrta, la mfia de loe
ojos color de aceituna, alegre y fresca como una rama de
durazno en flor, luminosa como un alba, gentil como la
princesa de un cuento azul.
·

El País del Sol.
.A vosotras, madree de Isa muchachas anérticas, va esta historia, la historia- de Berta, la niña de loe ojos color
de aceituna, fresca como una rama de durazno en flor,
luminosa como u.na alba, gentil como la princesa de un
cuento azul.
Ya veréis, sanas y respetables selloras, que hay algo
mejor que,.¡ arsénico v el hierro, para encender la púr•
pura de las lindas me.jillae virginales; y, c;¡ue es preciso
abrir la puerta de su ¡aula á vuestras avec1tae encantadores sobre todo, cuando es el tiempo de la primavera y hay
ardor en lae venas y en las savias, y mil átomos de sol
,abejean en los jard1nee, como un enjambre de oro sobre
las rosae abiertas.

***

Cumplidos sus qnince afios, Berta empezó á entristecer en tanto que sus ojos llameantes se rodeaban de ojeras' melancólicas.-Berta, te he comprado dos mui'lecas...
-No lae quiero, mamá ...... -He hecbo traer los Noct,urnoe......-Me duelen los dedos, mamá...... -Entoncee..... .
-Estoy triste, mamll....... -Pues que se llame al Doctor.
Y llegaron las antiparras de aros de c.arey, loe guantes
negros :a calva ilustre y el cruzado levitón.
Ello 'era natural. El desarrollo, la edad...... síntomas
claros, falta de apetito. algo como una opr!leión en el _Pecho, tristeza, punzadas á veces e!'I las sienes, palpitación ...... Ya sabéis; dad á vuestra mña globulos y duchae.
El natamiento!.. ....
Y empezó á curar su melancolía, con glóbulos y duchas, Berta, Ja nifla de los ojos color de aceituna, que
llegó á estar fresca como una !ama de dur~zno en flor,
luminosa como una alba, gentil como la prmcesa de un
cuento azul.

***

A pesar de todo, lae ojeras persistieron, la tristeza continuó,¡
v Berta, pálida como un precioso marfil, llegó
un día lae puertas de la muerte. Todos lloraban por
ella en el palacio, y la sana y sentimental mamtl hubo de
penaar en las palmae blancae del ataúd de lae dnncellae.
Hasta que una mafl.ana la 111.nguida anémica, b,ijó al jar•
dín, sola, y siempre con su vaga atonía melancólica, á la
hora en que el alba ríe. Suspirando erraba sin rumbo,
aquí, allá; y lae flores eataban tristes de verla. Se apoyó
en el zócalo de un fauno soberbio y bizarro, cincelado
por Plaza, que húmedos de rocío sus cabellos de marmol,
ba11abll en luz eu toreo espléndido y desnudo.
Vió un lirio que erguía al azul la pureza de su caliz
blanco, y estiró la mano para cogerlo. No bien había....
Sf, un cuento de hadas, seflorae míae, pero que ya veréis
Eus aplicaciones en una querida realidad,-no bien había
tocado el caliz de la flor, cuando de él surgió de súbito
una hada, en un carro áureo y diminuto, veatida de t&gt;iloe
brillantísimos é impalpables, con eu aderezo dti rocío, su
diadema de perlas y eu varita de plata.
¿Creeis que Berta se amedrentó? Nada de eso. Batió
palmae, alegre, se rear.imó como por encanto, y dijv al
hada:-¿Tú eres la que me qniere tanto en suellos?-Sube-reepondíó el hada. Y como si Berta se hubiese em•
pequefie~ido; de tal modo cupo en la concha del carro de
oro, que hubiera estado holgada sobre el ala corva de un
cisne á flor de agua. Y lae floree, el fauno or~ulloeo, la
luz d 11 día, vieron como en el carro del hada Iba por el
viento, p!ácida y sonriente al sol, Ber'8, la nilla de loa
ojos color de aceituna, fresca como úna rama de duraz-

•

El hada la volvió al jardín del palacio, al jardín donde
cortaba floree envueltas en una oleada de petfumee, que
subía místicamente, á las ramas trémulas, para flotar como el alma errante de los cálices muertos.
.Así fué Berta á vestir eue más ricos brocadOl!, para honra de los glób ..ilos y duchas triullfale1-, llevando roeae en
lae faldas y en las mejillas. *
1Madree de las muchach:s !némicas! os felicito por la
victoria de loe arseniacos é hipofoefitoe del sellor Doctor.
Pero en verdad os digo, ea preciso, en provecho. de lae
lin&amp;:s mejil las virginales, abrir la puerta de su J!'-ula á.
vuestras avecitae tmcantadora~, sobre todo, en el Mempo
de la primavera, cuando hay i.rdor en las yena.s y en las
savias, y mil átomos de sol abejean en los Ja!dmee como
un enjambre de oro sobre las rosas entreabiertas. Para
vuestra&amp; cloróticas, el sol en los cuerpos y en .las almas.
Sí, al palacio del sol, de donde ~uel ven las miias como
Berta, la de los ojos color de aceituna, fresca como un.a
rama de durazno en flor, luminosa como un alba, gentil
como la princesa de un cuento azul.

***

A.sí que Berta se vió en el carro del hada, le preguntó.
-¿Y á dónde m'3 llevae?-Al palacio del sol. Y. desde
luego sintió la niña que su~ lll8D03 se tornab~n ardientes,
y que eu corazoncito le saltaba como henchido de sangre
1mpetuosa.-Oye-siguió la hada-yo soy la buena hada
ae loe sueños de las niñae adole..Q()entee; yo soy la que curo á las cloróticas con sólo llevarlas en mi carro de oro al
palacio del sol, adonde vae tú. Mira, chiquita, cuida de
uo beber tanto el nectar de la danza, y de no desvanecerte en las primeras rápidas alegrías. Ya llegaremo_s,
pronto volverás 11. tu morada. Un minuto ton el palacio
del sol, deja en los cuerpos y en las almas, aiios de fuego
nifta mía.
En verdad estaban en un lindo palacio encantado,
donde parecí~ sentirse el sol en el ambiente. 1Oh, qué
luzl ¡qué incendiosl-Sintió Berta que se Je llenaban loe
pulmones de aire, de campo y de mar, y lae venas de fuego, sintió en el c;,rebro eeparcimieutoe de armonía, y co·
moque el alma se ensanchaba, y como que se ponía ~ás
elástica y tersa su delicada carne de mujer. Luego v1ó,
vió suenos reales, 7 oyó, oyó músicas embriagantes. En
vastas galerías deslumbradoras, llenas de claridad y de
aromae, de sederías y de arom!\8, vió un torbellino de pa·
rejas, arrebatadas por las ondae invisibles y dominantes
de un wals. Vió que otra e tantas anémicas como ella, llegaban p·álidas y entristecidae, r.espiraban. aquel aire, y
luego se arrojaban en brazos de Jóvenes vigorosos y esbeltos; cuyos bozos de oro y finos cabellos brilla.bao á la
luz, y danzaban, danzaban con ellos, en una ardiente es•
trechez, oyendo requiebros misteriosos,. que ~bao al alma,
reapirando de tanto en tanto como háhtod impregnados
de vainilla, de haba de Tonka, de violeta, de canefa, hasta que con fiebre, jadeantes, rendidas, como palomas fatigadas de un largo vuelo; caían sobre cojines de seda, loe
aenos palpitantes, las gargantas sonrosadas, y así eofiando, soi'lando en cosas embriagadorae........ -¡Y ella t~mbiénl cayó al remolino, al maeletrón atrayente, y bailó,
giró, pasó, entre los espasmo!' de un placer agitado; y recordaba entonces que no debía embriagarse tanto con el
vino de la danza, aunque no cesaba de mirar al hermoso
compal'lero, con sus grandes ojos de mirada primaveral.
Y él la arraetra por las vastas galerías, cil'lendo su talle y
hablándola al oído, en la lengua amorosa y rítmica de

***

Le pusíeron la cándida veste
De blondas y raso
Que como última ofrenda amorosa
Le hicieron mis manos.
El sutfl, abundante cabello,
Sedoso y dorado
Y su frente tan bella y tan fiera
De flores ornaron;
Mae sus ojos divinos y dulces
No quiso cerrarlos,
Que á través de la muerte, con ellos
Me estaba llamando!
Ya por fin, vacilante me acerco,
Me acerco á su lado,
Casi tocan su canQida veste
Mis trémulas manos;
Voy á ungir con mis besos amantes
Su pelo dorado
Porque cierre sus ojos divinos
Tan dulces y lánguidos,
Que tal vez mi niflito muy triste
Se quede pensando:
cc¡Cuánto tarda mi madre querida:!
¡Si me habrá olvidado!•
Mérida Noviembre de 1896.
JULÍA.
Aunque te admiro ianto,
perdona, Clara Lengo,
si temiendo afligirte, no te canto,
porque, á la edad que tengo,
Lo que empieza en canción, acaba en llanto.

*

Se que al morir, **
para alcanzar la gloria
limpió su corazón de tu memoria.

*

**
Alegría y tristeza
suelen ser un error de perspectiva,
sobre todo al juntarse en la cabeza
con loe suenos de abajo loe de arriba.
CA.IIPOAHOR.

La actualidad, la atracción del momento, ese frenesí
¡qua ha poseído á París durante el paso del Soberano de
todas las Rusiae, ha cambiado todB!t las imaginaciones y
operado u.na cuasi revoluciól! en lae coeaH de la Moda. La
más pequella insignificancia, el trapo más minúecwo,
máe gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su
sello elavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á lae Mvdas en nuestro
periódico, no nos permite citar aquí loe nombres terminados en ccof» ú uow" de que están erizadae lae innovacio
nea; esta descripción por lo demás no haría aventajar en
nada á nueetrae jóvenes lectoraia, que sin duda preferirán
dejar en todo á las Sl'ita~. llunsinger Hoaa., J! calle de la
ludependeneia 4., el cuidado de darles la explicación y di'3atisfacerlae con su talento y el gusto excepcional queponen en todo lo que hacen.

Andante.

Dolce.

Furiooo.

ifi~

,r

G. M. de Valtuur.

La vida humana se acaba C!lando se logra probarle al
hombre que todo ea vanidad.

~0'-h-A

Ernesto Rtnan.
El recuerdo de loe muertos ea la presencia en la au-Ha~.

Adagio.

~
i
~s ~~f X
,..r

1m ½

El hombre: un efímero que suefia en la eterniaad.

Lacordaire.

e(*

loe vocablo@ apetecibles, de las frasee irisadas y olorosas,
de loe períodos cristalinos y orientales.
Y entonces ella sintió que ~u cnerpo '!( su alma se llenaban deeol, de efluvios poderosos y ae vida. No, no espe•
reis máe!

EN LA O PERA.-MUS1CA CELESTIAL.

Lu.s O. URSINA.

8encia.

327

EL MUNDO.

,.r :,....,,..
,..r-

~ '
Allegrett,o.

~

Pla-no.

Plu mosso.
~

�22 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

328

22

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

329
Polk:á de 51a,lón, por A.. C.

~risa Ofoñal.

Entonces tuvo un ferrocarril muy grande, con carros
muy largos, servido por neg.ras, y como no se olvidaba

Historia para cuando no se llega
aun á los tres años.

PIANO.
Y ailá abajo, el padre y !a madre lloraban sin consuelo ..... .

J

Han de sabu uEtedes que había una vez un niño que
era muy lad1ón.

de su familia, pues á pesar c1e todo era buen hijo, mand6
una caja repleta de lindos corsés de eeda á su madre y
á eus hermana3, para todos !03 días de su vida.

~
~

- - ...____....__
--,.____----=-==::-.
..../,
~

_,,,, -----

__,,-

--

~ . . /....... _,./'-..

_~n1íl___·
---- -----. ----- " .
~

'

Entonces llegó encima del mar, y de pronto cayó al
agua.

......_...

De modo que fué recibido con los brazos abiertos por
su familia cuando volvió á México en un vapor, porque
tampoco había olvidado á su padre, pues le llevaba un
lindo cocodrilo...... empajado.

,

/íb¡.t

' El cual, un dfa vió á un viejo que tenía un hermosísimo paraguas que había pertenecido al Emperador Maxi
miliano,

~

Felizmente no era bestia, y en lugar de ahogarse votvió
al revés su paraguas y tuvo nn barco que ni mandado
hacer.

\(

~
J.._j

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..J -l..

tnn)1~
----

--..r-- -----------

~

;.....,,-

. Inmediatamente se fué al puente donde el viejo se moría de pena y le pidi6 perdón, devolviéndole su paraguas.
Y cuando el viejo murió, le hizo un entierro magnífico.
Y en tanto que el viejo miraoa pasar el agua, el pícaro
m11chachito le cogió su paraguas.

Pero sentía hambre; no habla comido nada, porque las
nubes no son huevos reales. Entonces se quitó una de las
cintas de sus zapatos y con un alfiler hizo un anzuelo y
cogió muchos pececillos muy sabrosos.
Y despuée se hizo magistrado para castigar á todos loa
ladrones.

Pero...... sopla un fuerte viento que se lleva al paraguas y con él al muchachito.

&lt;iroquis rooaQrnos.
A LOS BOHEMIOS

-

Y un día se encontró con una gran ballena, la cual le
dió)a idea de hacerse fabricante de corsés.

No nos llama el recuerdo, sombra leve
Del crepúsculo extinto del pasado,
Muerto que dueru1e ahora sepultado
En un lecho más frío que la nitive.
No amamos el presente, fulgor breve
Que no logra el espí1 itu nublado
Baftar, ni deshacer e1 congelado
Raudal de llanto que en el alma llueve.

Y éeie se vuelve más pequefto que un mosco.

Vamos al pon·enir...... las brumas hienda
El sol mustio 6 ardiente del, mañana,
Y plantemos, hermanos, 1:uestra. tienda
De lo futuro en la exteneión lejana;
Junto al lago que, azul, su ,,leaje extienda
O ante el abismo negro dd Nirvana.
FRANCISCO l\[. DE ÜLAGUIBEL.

Noviembre de 1896.

Entonces todas las gentes decían: ¿Quién es ese muchachito que vuela con un paraguas, tan alto, tan:alto?

Y como jUBtamante llegaba á Estados Unidos, vendió
muchos y ee hizo muy rico.

Ya no leo ni escribo máe. historia
que ver á mi nifiez con mi memoria.
CAID'OAMOII.

ESCRITA PARA LAS LECTORAS DE "EL MUNDO."

�22 NOVIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

830

LA.

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
N ú.mero ó.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

" - No ee debe ir al matrimonio tristemente, dijo la se•
ñora Mossler; más vale, entonces, permanecer soltero.
Pero tú serás feliz si ere&amp; juicioso. Ahí tienes á Federico Clement..... .
-¡Oh! replicó con viveza Valentín; ¡que no me hubieras ofrecido casarme con su mujer! ..... .
- Eso es verdaderamente un poco fuerte para mí, dijo
la mujer de Federico, y me escapo para no oír más.
-Trate usted de quedarse viuda, y todo se arreglará.
Yo esperaré ..... .
- ¡ Está loco! dija Celina á la seílora Mossler. Y ee
alejó.
Seis semanas depuée el conde de Coutrae se casaba con
la señorita de Pierremont sin que esto paredera coRtarle
gran trabajo. Su prometida, con eu firtne razón y su sólida inteligencia ee había impuesto á él rapidamente y
Valentín no hubiera jurado que no estaba enamorado de
ella cuando salieron de Saim-Philippe•du-Raule. El viaje
que hicieron á España duró tres semanas durante las
cuales Valentín se aburrió soberanamente. Tal tenía su
ánimo, que los esplendores de Sevilla, de Córdoba y de
Madrid le dejaron muy frío y trajo de su viaje la impresión de que el pueblo eepal'iol era triste, sucio, comía
muy mal y poseía los ferrocarriles más incómodos y más
lentos de Europa. No habló de las mujeres, aunque, en
verdad, había mirado á alguna más que á la condesa dd
otro lado de los Pirineoe, pero tuvo el buen gusto de no
dar su opinión.
Vuelto á París dió un suspiro de eatisfacción, se imtaló en su hotel de la avenida de Friedland y pareció
completamente dichoso. No puso más los pies en el club,
olvido el 1,accara y estableció en su caea una sala de esgrima tan bella y tan cómoda, que llegó á recibir en ella
todas las mañanas, de diez á doce, lo más escogido de

loe tiradores parisienses• Su muj~r ie hizo la ~oncurrencia con su salón, en el que reumó, en poco tiempo, un
drculo artístico y elegante depurado eecrupulosamente y
en el cual era muy envidiable penetrar. Pero loa i:oncurrentes habituales manifestaron redondamente la mten•
ción de permanecer ellos solos y la condesa, á. la que no
gustaba sino la intimidad, se prestó á. su c&lt;1pncho. Muy
pronto no se llamó á su salón más que con el nombre de
«la Capilla Friedland».
El gran sacerdote era Vignot, el ilustre compositor,
que se había constituido en adorador constante de la
seílora de Coutras. Dauziat, el novelista, decía allí misa,
que ayudaba. con asiduidad el genial pintor Ferraud.
Alrededor de estos tres hombres se fueron agrupando
poco á poco otros artistRB, y hasta el célebre actor Baradan no se des".lefió de exhibir allí su gloria, lo que hizo
gritará algunas malas lenguas, que hubieran dado un ojo
de su mejor amiga por ser admitidos en el santuario. Pero ninguno de lo'.! interesados prestó atención á. esas
protestas, y lae personas que tenían ent!ada ~n la casa
siguieron frecuentándola con marcada sat1sfacc1ón..
El mismo Valentin tomó parte en aq11ellas reuniones.
No quería roncho á los literatos y odiaba á los músicos,
pero soportaba bastante bien á. los J!intores. Estuvo
amabilfsimo con todo el mundo y pareció que daba grande importancia á. la:1 comidas artísticas de los sábados.
Es verdad que Enriqueta supo, con muy buen tacto, no
intentar una reproducción de la Abbaye•aux-#oia. No se
dió airee de musa impiradora y no pretendió más que
ser obsequiosa con el talentc&gt;. Recibió con graciosa sen•
cillez y dejó descanear á los artistas para complacer más
á los amigos. Jamás pareció exhibirlos ni ofrecerlos á la
curiosidad social.
En su salón hacia cada cual lo que quería, y mientras

Vignot, que era un maravilloso narrador, contaba eue impresiones de seminario en Roma, pues había pensado·
ser sacerdote antes de componer sus melodías, tan apa•
eionadas; Ferraud dibujaba en el rincón de una mesa y·
Dauziat escribía versos con lapiz. Aquella era una eepe··
cíe de Decamerón, donde cada cual se ocupaba en el pl~cer de todos, pero á condición de esta.r en confianza. .81,
por casualidad, algún extraílo se deshzaba en la reunión
para visitar á. la dut-fla de la casa, todas las buenas \-O•
luntades quedaban en el instante paralizadas y la iner•
cía sucedía al moviento.
Esto se supo prontamente y sólo penetraron ya los íni•
ciados. Los que se quedaban en la puerta ee vengaron
propalando sobre las tendencias estéticas de la c-&gt;~d~a
maldades inofensivas. Pero al cabo de un afio, nadie hacía la menor observación y no se hablaba del cenáculo
de la condesa de Contras más que para lamentar el no
ser admitido en él. Federico Clement y su mujer fu~rou
de los escogidos. El anciano Vignot entabló una «corrien•
te de alma» con la encantadora Celina y aprovechó e.eta
circunstancia para mostra todas sus eeducciones mus1~les. Pasó de Mozart á Wagner, desflorando sus pr?p1as
partiduras y mezclando sus exquisitas interpretaciones
con chispeantes conferencias en las cuales elevaba á. su
auditorio á las más altas cimas del arte. Nadie ha hablado
con tanta fecundidad y riqueza del sublime Don Juan.
Ferraud mismo. que no se avergonzaba de calificar esa
obra maestra de música de clavicordio. se quedaba estu•
pefacto ante aquellas disertaciones. Y cuando el gran
músico, agitando su blanca barba y los ojos llenos de
inspiración, explicaba la significación sim~ólica de l,os
diversos personajes, que forman, con sus diversos do.?·
res, toda 1a escala de la pasión humana, Dauziat detema
sus ensueíloe y concebía dudas sobre la novedad de las-

NOVIEMBRE,

22 1896.

teorías de Wagner. Valentín, por su parte, encontraba
al viejo compositor insoportable. Le trataba comunmen•
te de farsante y se atraía violentos regaños de su mujer
y de Celina. Pero él respondía riendo:
-Ustedes comprenderán, acaso, lo que dice lo que
toca y lo que canta; yo, ni pizca. Creo que hay 'que haber empezado mny pequeño, para que el espíritu se preste
.á esa gimnasia. Ustedes pretenden que las melodías y las
einfonías tíenen un sentido; yo creo que no sou más que
un ruido vano. Lo que salva á. los múslcos es que hay
muy poca gente que comprenda la lengua que habfan, y
t-sos pocos están de acuerdo con ell~ son sus cómplices
para afirmar que eso significa algo. .1!.I día en oue tod~
t&gt;I mundo comprenda la lengua musical, adios·los músicoe. Se sabrá. entonces que ensartan notas unas con
otras y que no les resulta más que una gran incoherencia. Siendo muchacho, me llevó mi madre algunas veces al Conservatorio y, para distraer el fastidio leía en
,;I programa las explicaciones que los compositores dan
á su música. ¡Santo Dios! aquello resultaba todavía más
incomprensible después de ser exrylicado.
-Si, continuó alegremente Celiña; el joven poeta, 1les•
pYés de una escena de celos, vuelve á su casa y se duerme. Suefia que está condenado á. muerte, que le llevan
al cadalso, que le ajecutan y oye su marcha fúnebre .....•
Pues bien, querido conde, eso es un bosquejo que vale
tanto como otro cualquiera..... .
-Bueno, pues oigan ustedes lo que á. mí me dice la
música si ~o tengo la precaución de leer el ar¡:umento.
Un buen cmdadano, después de haber comido bien en el
restaurant, vuelve á. su casa un poco chispo. Enciende
con la bujía las cortinas de la cama y grita¡ fuego! Llegan
los bomberos. Las bombas de vapor dejan oír sus horribles trompetas y suena el Pomatén. Aeeguro á. ustedes
que la música resulta tan tien con este tema como con
el o.tro. ¿Q1;1ieren un tercero? Un rey negro, mientras sus
muJeres ba1l n-la zarabanda......
• - -¡Oh! por Dios, Valentín; va usted á hacerse odioso...
-Me callo. He querido solamente probar que yo también tengo una opinión.
-En realidad, dijo Celina, se le puede á usted perdonar que piense mal, con tal de que piense algo propio.
¡Hay tantos aficionados que manifiestan su entusiasmo
con tanto más calor, cuanto menos comprenden lo que
dicen que admiran! Prefiero un i¡1;norante sincero á. un
fanático de encargo...... Pero Vignot es un hombre de
genio.
-¡Bueno! Pues no hay más que hablar.
~ientras las escaramuzas de Celina y Valentín tuvieron por campo de batalla la música, la joven se entregó
á ellas con toda la franqueza de su n ,turaleza y no sin•
tió la más ligera inquietud. Había en el tono y en las maneras del conde de Contras una familiaridad que excluía
toda idea de j!.'alanterfa. La mayor parte de estas justas
se verificaban delante de Enriqueta. Todo ocurría del
modo más cordial del mundo y, por otra parte, Valentín
era muy atento con su mujer, tenía para ella mil miramientos. y nada hubiera podido hacer pensar que no la
amase tiernamente.
. Durante cerca de dos afioe, la situación siguió sin cambio al~uno notable. Los condes de Contras vivieron co•
mo todas las personas de su clase, algo más inteligen~
temente, acaso, por loe gustos de Enriqueta, y con un
poco más de fausto, á causa de la generosidad de la seflora Mossler. Pero los mismos marcos encuadraban loe miamos lienzos. Delauville, durante le. semana escogida, con
el yacht aparejado para hacer excursiones por el mar; el
castillo de Sauvigny en la época de la caza, y París en la
"atación invernal, interrumpida por un pequeño viaje á.
Cannes, siempre con el. frica en el puerto, á las órdenes
&lt;le BU vropietario.
Ennqueta parecía satisfecha de su suerte y Valentín
estaba alegre y aonrienta, pero aquella felicidad no era
sólida ni segura. No existía entre el marido y la mujer
un vínculo de afecto, ni una conformidad de guetos, ni
un motivo de intereses que les adhirieran indisolublemente. Ella tenía una inteligencia demasiado clara para hacerse ilusiones durante mucho tiempo sobre el valor moral
de su marido, y él era demasiado ligero de cabeza para
apreciar la noble gravedad de su compal'iera. Se amaron
porque eran jóvenes y bellos y se agradaban; pero aquella ternura no pudo exceder en el hombre de la duración
de un capricho ni sobrevivir, en la mujer, á la primera
deetlusió_n. Un hijo hubiera modificado profundamente
la e1tuac1ón; pero Valentín engafi6 á. su mujer demasiado
pronto y ésta se convenció de ello con demasiada evidencia, y, como era orgullosa, dejó á. su marido una libertad
de la que él no tardó en abusar.
Una noche en que Celina asiEtía con su marido á la repreeentación de una obra nueva en el Vaudevüle, hacia
el final del segundo acto vió entrar al conde de Contras
•!n nn palco de proscenio ocupado por una hermosa muJer mor~na que había llamado desde el primer momento
la atención de la nuera de Elipbas. La joven del palco
ee vol".ió distraídamente, como quien no tiene grandes
-cumplimientos que hacer á. un amigo íntimo; ofreció la
mano al recién llegado y volvió á. fijarse en la escena.
Valentín se sentó y se puso á. recorrer la sala con los gemelos. Cuando vió á loe señores Clem&amp;nt bajó vivament~ su catalejo y se trasladó al fondo del palco. Celina sint!Ó que la sangre subía á. su cara y fué agitada por uoa
s1':1gular impaciencia. Sin esperar el final del acto, se in.clmó hacia au maride- y le dijo:
- ¿Has visto al conde?
-Perfectamente.
-¿Quién es esa mujer con quien está?
-La Seflorita Adriana Cora\l, del Teatro de Variedades.
-¿Una actriz?
-A ratos perdidos......
Celina miró á. su marido con asombro.
-¿Cómo es que estás tan bien informado?
-Hija mía, se puede vivir en los negocios y conocer
un poco París. .A.un no siendo un hombre dedicado á. los
placeres, se sabe, sin embargo, lo que pasa en el mundo.
Por otra par~, basta pasearse por las calles para tener

ELMUNDO.
noticias de la Seflorita Corail. Se la ve en loe escaparates de los fotógrafos, de piés, en busto, sentada, acostada,
vestida, desnuda; en todas las actitudes de su vida ha•
bitual.
-¿Y el conde se presenta en público con esa mujer?
-Así parece.
Celina perm&gt;1neció un momento callada, cogió sus ge•
melos y examinó con atención á la grave Adriana. Des•
pués dijo:
-Es excesivamente hermosa.
-Eso no t:B una razón.
-Pero, entonces, ¿es su amada?
-Eso se dice y él lo confirma con sus actos.
-¡Pobre Enriqueta!
-¡Bah! Con la Seil.orita Corail ó con otra, eso tenía que
suceder.
-¿Por qué?
-Porque no se retiene indefinidamente á. un hombre
como el tal Valentín por el encanto de la belleza, el prestigio de la inteligencia ó la nobleza de los eentimientos.
Su capricho necesita el condimento de lo imprevisto, la
sal de la vulgaridad y la pimienta del vicio. Con 1:u mu•
jer el conde de Coutras está. obligado á cierto decoro; tiene que contenerse, que vigilarse. Con la Corail se encuentra á sus anchas y puede desenfrenarse en la orgía
canallesca y estúpida. Los hombres son sucios, hija mía;
esa -es la cuestión.
-Pero tú, Federico, dijo la joven, tú no eres así.
-No se sabe, querida; todo depende de la ocasión.
;-iCl?mo! Múnstruo; ¿serías capaz de semejantes abo•
m1nac1onee?
-No digo que lo sería, pero no afirmo que no, lo que
es muy diferente...... Querida Celina, no se está seguro
de que un hombre no hará tonterías más que cuando está muerto.
-¡Oh! Si das en citarme á. Schopenhauer..... .
-No sé si eso es suyo, pero pudiera serlo.
Algunos días después de es~o. á eso de las tres, pasaba
Cel!na por la av,mida Friedland y entró en casa de su
amiga, á. la que encontró en su saloncillo, con las persianas cerradas y en una eemiobscuridad. La condesa se levantó al ver tmtrar á su amiga y arrojó vivamente el pa•
ílu~lo á un veladorcito que estaba al alcance de su mano.
Cehna creyó ver que aquel movimiento tenía por objeto
01:ult!'r una fotografía y una ca,ta, pero la condesa no le
d1ó tiempo de hacer observaciones y yendo hacia ella
dijo con voz alterada:
'
-¿Qué dichosa cas_ualidad trae á usted por aquí?
-He pregunt.ado s1 estaba usted en casa, me hari dicho
que sí y he subido. ¿Va usted á salir? La llevaré en mi ·
coche..... .
-No; estoy un poco delicada. Me quedo en casa.
'-Pues es verdad; tiene usted la cara alterada...... ¿Le
suc~de á. usted algo de particular?
-No; se J., aseguro,
- Y al decir esto, do@ lágrimas se deslizaron por las
mejillas de Enriqueta.
¡Oh! Vamos á. ver, dijo Celina a.fectuosamente; ¿trata
usted de engafiarme? ¿No me considera su amiga ó no la
inspiro contianza? Hace usted mal en ocultarse de mí.
La allÍva muje.r agitó su rubia cabeza con impaciencia.
-Soy una necia por no haber sabido dominarme mejor. Mis penas son tan personales que no debo cansar
con ellas á nadie. Con!!eso, sí, que son un poco inesperadas y que el golpe q,ie he recibido ha sido muy cruel...
-P.:ro ¿de qué se trata?
Enriqueta fué al veladorcito, cogió la fotografía y la
carta que estaban envueltas en el pañuelo y dijo entregándoselas á Celina:
'
-Tome usted, amiga mía; mire y lea.
Al primer golpe de vista Celina reconoció el retrato de
la Corail. Est~ba vestida con una !arga túnica griega muy
escotada y abierta desde la cad~ra. lo que ?ermitfa admirar un pecho cuyo atrevido relieve estaba centuado por
la harmoniosa actitud de los brazos levantados hasta la
nuca, Y. una. pierna d~ forma exquisita y terminada por
u.n bomto pie. Deba30 se leía: «1driana Corail, de Variedades, en el papel de Hebe.&gt;1
Las dos jóvenes se miraron un instante en silencio
Después Enriqueta sonrió con amargura y dijo:
·
. -;Lea usted ahora. No han querido que me hiciera
11us10nes.
La carta ~ra el anónimo corriente, cobarde y estúpido,
que Jenunc1aba á la condesa las relaciones de su marido
con la enca~t!'dora cóm.ica; baja acción de alguna com•
pal'iera env1d1oea del lu¡o que ella sofiaba sin poderlo lograr; venganz~, acaso, de la desesperación de algún
amante platómco puesto en la calle por .io molestar al
ge1:1eroso Valentí~; veneno en todo caso, que no había
de¡ado de producir sus efectos.
. -Pero, amiga mía, ¿está. usted segura de que esta carta
mnoble no es un tejido de mentiras?
-No; esta carta concuerda con todas mis observaciones y confirma todas mis sospechas. Hace algún tiempo
sus 1;11a~eras y su actitud han cambiado. 'Ienía yo el present1m1ento de que se había interpuesto entre los dos
algo de que no me daba cuenta. Un instinto infalible me
lo ~abía revel~d_o todo antes de esta denuncia y podría
d~ir con 1•rec1s1ón el momento en que empezó mi desdicha. A -pesar ,d~ su deferencia, dP su amabilidad, que
eran las mismas, \alentín me pareció transformado. No
era ya el ho~bre atent? ! afPctuoeo de siempre, sino un
extraño político y eerv1crnl. Ese cambio medió frío en
el corazón desde el primer momento, pero no me daba
cuenta de lo que sucedía. Ahora lo comprendo.
. -¿Y qué va usted á. hacer? ¿A pedirle una satisfacción?
-Nunca, al menos por mi iniciativa. Hay palabras
que me harían enrojecer pronunciándolas delante de él y
que me daría horror oír. No tengo carácter para lamen•
tarme y me daría vergüenza dejarme arrebtitl\r por la cólera. Preñero callarme y aparentar que no sé nada. Acaso de este modo pondré á. salvo mi dignidad y esto es
algo.
-¿Y la eefiora Mossler?
-De ella, eapecialmente, quiero ocultarme: resultaría

331
más afectada que yo misma y es una perfecta mujer, á la
que yo quiero con todo mi corazón. Ha deseado mi dicha; si no ha podido lograrla, no es culpa suya.
-¿Puedo hacer algo en favor de usted?
-Nada más q.ue guardarme el secreto.
Celina &lt;'umphó su palabra y no habló de este asunto ni
á su marido. Pero no se creyó obligada á. la misma direc•
ción respecto de Valentín. Un sábado en que éste pare•
cía soportar con más impaciencia que de costumbre una
larga d;sertación de Baradá.n sobre los deberes del actor
respPcto del público y respecto de sí mismo, Celina se
sentó al !ad'&gt; del conde y le dijo, asestándole sus ojos es·
piritualea:
-¡.No se divierte usted, eh?
-No, francamente. Este buen Baradánque es el hom·
bre más bri liante que conozco cuando interpreta las ideas
de los demás, es el más pesado del mundo cuando expre·
ea las suyas. Es preciso dejar al actor en la escena y no
traerle al salón.
-Si se tratara de una actriz, seria usted más indulgente...... .
-A fe mía, creo que no.
-¡ Vamos! Si viera usted entrar de pronto una actriz
bonita, por ejemplo, la Corail. .....
- Valentín, se volvió y dijo, examinando á la joven:
-¿Y por qué la Corail?
-Porque esa es, me parece, la que usted prefiere.
-¿Y que es lo que hace á. usted creer eso?
La asiduidad de usted con ella.
.'
El conde replicó secamen~e.
-Yo no soy asidito con esa mujer.
-Ent:mces ella lo es con usted.
-No la conozco.
Se miraron un instante sin hablar. Después Calina di•
jo en tono acusador.
-¡Está bonito mentir de ese modo! Le he visto á us•
ted la otra noche, en el Vaudeville, en el proscenio de esa
señora. Si quiere usted que nose le vea, escóndase mejor.
Valent(n se quedó algunos instantes pensativo y dijo
inclinándose Lacia Celina:
Puesto que conoce á la soi'íorita Adriana, ¿ha observa•
do usted cómo se le parece?
La sangre subió á la cara de Celina, que se levantó y
replicó en tono burlón:
-Amigo mfo, no es usted intE.ligente en eso. Yo soy
mucho mejor que ella.
-Es verdad, dijo tranquilamente Coutras; pero á. falta
de original, es algo poseer una buena copia ..... .
La joven no respondió; giró sobre sus talones y se alejó.
Aquella noche el cenáculo se había reunido para una
sesión extraordinaria, pues estaba anunciado un aliciente
que había hecho exactos á. todos los amigos de la seflora
de Coutrae. Un nuevo contertulio debía ~er presentado
que merecía el interés que de antemano se manifestaba
por él. Era el célebre explorador del Bornou, el coronel
Redel, ya ilustre por sus servicios en el Tonkin y en el
Dahomey. En todas partee donde se abría un campo de
batalla, había aparecido Gustavo Redel, Nombrado jefe
de batallóu á los treinta y cuatro años por su heroica de·
fensa de Nam-Bhyn, recibió el grado de Teniente Coronel en el país de Behanzin. Su infatigable ardor guerra•
ro no se acomodaba á. la vida de guarnición y partió des•
tacado al Bornou, donde, después de luchas encarnizadas
con los negros lanzados contra él por las intrigas ingle•
ar.e, dió la vuelta al lago Tehad, exploró el Boghirmi y
trajo documentos de inestimable valor.
Era un hombre de treinta y nueve afios, de mediana
e~tatura! moreno, de aspecto frío pero cara animada por
030s ardientes y profundos, en los que se adivinaba una
alma de héroe. Le presentaba la señora Mossler. Redel
era hijo de la compañera de la infancia de aquella sefiora, emigrada como ella cu~ndo la anexión de la Alsacia, y á la que por mucho tiempo había perdido de vista
El azar de las especulaciones en el Transvaal las habí~
puesto de nuevo en relación y la sefiora Mossler había tenido ocasión de pre~tar algunos servicios á su antigua amiga. La sefiora Redel, muy enferma, vivía de sus rentas
en Ver~~illes, en un antiguo hotel, y hacía economíaspa•
ra BU hlJO.
En el momento en que se presentó en el salón, fué evidente que todos los honores de la velada serían para el
coronel, y 9..ue las estrdlas ordinarias de la señora de
Coutras palidecerían momentáneamente ante aquel astro. La e~beza mar1:ial de Redel curtida por el viento
de los desiertos, su bigote, de un negro azabache, cortando su cara con raego alta~ero, y sus miradas especial•
ment~. llenas de tranquila energía, le conquistaron Ja
atenc1~n. La sefiora Mossler le presentó con la sencillez
qu~ txigía su valía, y el coronel estuvo afable ain afectación y habló á. cada ~no de los artistas presentes como
hombre que eabe apreciar su mérito. Como dijo Baradán
«no tuvo, absolutamente, el aspecto de un recién llegad~
de las montafias de la luna. n La única persona por Ja
cual man.ifést6 f!ialdad, fué el duefio de la casa. ¿Fué circunspección deliberada ó iuvoluntaria timidez? Lo cierto
es que no supo hacer más que inclinarse ante el conde y
murmui:ar algunas vagas palabras. Valentín, oor su part~, t~n hgero, ~an fácil para expresarse con amabilidades
em 1mportanc1a. por su misma vanidad, permaneció
acC!mpaeado y tieso • nfrente del coronel. Baradán, á
qmen Redel.ac:1baba de J?,ace.r loe más vehementes y sinceros cumphm1entos, se mchnó hacia Ferraud y murmuró:
'
-Este no «encaja,. con el «patrón.11
-~o, conteetó el pintor. El uno tiene demasiada superficie y el otro demasiada profundidad. No pueden
concordarse...... Pero, mire usted qué buena cabeza de
soldado.... :. Haré su retrato si 11uiere.
- De uniforme, con todas sus condecoraciones
-¡Oh! )Q!1é i~ea de fin. de acto! No, amigo ~fo: sin
galones m cmta¡os; en traJ~ de explorador~ con m casco
de-corcho........ La tez curtida como un antiguo cuero de
Córdoba d~baJo del casco blanco; ¿bonito contraste, eh?
-Un éxtto seguro! ¡Como el del año en que me retrató
usted de Ruy Bias!
( Continuará) .

�EL MUNDO.

EL MUNDO.

Champagne Codornin.
MONOGRAFIA.
(Concluye.;

Es muy higiénico y los médicos españolee, los franceses, y principalmen~e}los
ingleses, lo recomiendan
ciertas
fiebres, para los estómagos delicados, ¡,ara cortar los vómirns, etc., etc., Y para
uso de personas enclenques; hemos visto en CASA Cooo&amp;Nm unas botellitas de
un cuarto de botella, á fin de que se pueda destapar una en cada comida para una
persona sola.
EH el charnpagne, si el vino es fino de
origen, puro y cmdadoeamente tratado,
estimulante, higiénico y agrnda?l_e; descentraliza la v;da y por la volat1hdad de
su ácido carbónico, la reparte por todo el
cnerpo, la piel se vuelve más sensible, la
imaginación más entusiasta, el corazón

Pª:ª

EMBALAJE Y EXPE
DICl0:S.

OPEBACION DEL
' 'REMCAGE. ' '

1'igura 1.

LA MODA.

•

En la antigüedad el oficio de augur era cieriamente más fácil que en nuestros días. Procuraba menos decepciones atendido á que podía
~jercerse en términos nebulosos, lo cuai vermitia arreglarse facilmente y ne perder la confianza de los adeptos. Actualmente, ¡ay! se exige
de loe revisteros de modas, la claridad y aun la
infalibilidad, lo cual constituye un peligro permanente.
Creíamos de buena fe que habíamos rompido
·por completo con la manga en forma de globo y suponíamos que su existencia, apenas empezada, habría concluido ya. Vanas presunciones: la mavga de globo sigue
imperando. Cierto es, digámoslo desde Juego, que esas
mangas no pertenecen á loa cuerpos 6 corpifios, sino que
están reservadas á ciertos abrigos de grandes dimensio •
nea ( figura l.) E~tos abrigos, creados en vista de los días
.fríos y delas salidas de noche, llevan doble forro, con herOPERACION DEL "DEGORGE"

CtDEGORGE''
ENLA
CUEVA ÜODORN[U.

ELECTRIZACI0N
ENLA
CVEVAlI0NSERRAT,

CoUTlil 'fEBTICAL.

más ardiente, la lengua más loc~az, la
mirada más viva, el rostro más ammado,
el carácter más alegre y bullicioso; ~arece re¡uvenecernos como e l sol de pnma•
vera.
Terminemos estas lfneaq con las pala•
bras de D. Eduardo Abela e n La Ilustra
ci6n Española y Americana de 15 de Octubre de 1894:
«La dama española, dueña siempre de
nuestros destinos, reina y sen.ora de la
voluntad de los españoles en tod as épocas será la que decida e l pleito intentado
por' el vino eepumosc- de_ España. Esta
preferencia puede conducir has~a llegar
á la obra beneficiosa de generalizar_ esta
clase de vino, de snave paladar y hgero
picor, estimulante é nigie:iiico, que por la
acción de su ácido carbónico favorece notablemente la digestión; evitando el uso,
tan generalizado en Madrid, de 1~ aguas
gaseosas, no siempre puras, no sie mpre
limpias y generalmente caras.
Es una obra benéfica q ue debe confla•
damente ponerse en esas m_a~os bl~ncaa
y aristocraticae que con deh c1asos tienen
la espumosa copa del vino champagne,
sin hacer cuenta de que el de igual c_laae,
elaborado en Espafla, puede ser me¡or Y
más barato· sin considerar el que, dác d o' al de nuestra tierra,
·
le preferencia
P~eden
fomentar intereses propios Y legítimos,
haciéndo al parla obra caritativa de generalizar el vino espumoso barato, con gran
utilidad de la higiene para todas nueatraa
clases sociales.
y desde e l momento que la señora 6!'"
pañola sepa que su sencilla preferencia
constituye una obra de esta clase, ¿cóm~
ha de dudar en conseguir un triunf~ m ?
en la historia preclara de sus c~nqu"!: ..
Las obras de caridad y del bien pu .
·
· d 0 su inmarces1 co siempre han mgpira
ble patriotismo.»
,
DR. CASBHRO BRUGUES.
Director del Laboratorio Qui•
mico del Instituto Agrlcola. C&amp;·
tal&amp;.u de San Isidm.

~Á\~

-r-

~;-;~~- - - -.:- :-&gt;

. ....
-

..

---

.~

~-

~

~~ -~

~

( F'igura S).
Ee posible remediar este inconveniente emplt&gt;ando el poi vo de talco.
Uua vez que los guantes están secos, se les da
de nuevo su forma y se frotan-para pulirlos así
t&gt;n cierto modo-con un trozo de lana b:anca,
bien suavizada y cargada de talco en polvo. Se
IPs sacude y se limpian de nuevo para que caiga
t&gt;l polvo q11e se hubiere adherido.

'

'.,

it;_f'

1

- ......,.,_

Fi_gura fJ
5 )

La boga de los cuellos ha disminuido un

La actualidad, la atracción del momento, ese
frenf'sí qua ha poseído á París durante el \laso
del Soberano de todas las Rusias, ha cambiado
toda~ las imaginaciones y operado una cuasi revoluciól! en las cosal! de la Moda. La más peque-

poco.
En los trajes de recepción (figura 4) siguen
privando los colores claroe, con la agri.dabe innovación de los amplios escotes de los cual!'R
parten dos ondas de tul siguiendo la curva del
seno y prendidas á la izouierda del corpiño por
un rosetón de muy buen gusto.
Los cuellos muy cortos, estilo estrella, continúan preponderando debido á su gran sello de elegancia. No
se podría selialarlos empero como
susceptibles de desafiar los rigores
del frío, pero son tan lindos que se
siente el valor de afrontar cou ellos
ia temperatura.
Como epílogo de estas breves notas, nos permitimos señalar á nuestros lecteres el figurín uúmero 3 para traje de nifio; es tan sencillo como
elegante y propio para la estación.
--•111101111,-.-

RECETAS PRACTICAS.
LAVADO DE LOS GUANTES DE PJEL

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(

Córtese en fracciones delgadas 100
gramos dejabón blanco, despuésmuélase en un mortero con cuarentagra•
,-,.
moe de agua llovediza, 20 gramos de
agua de Javel y 8 gramos de amoniaco. (alcali volatil ).
Para emplearlo se pone una pequefla cantfdad en un trozo de franela y se procede como con la leche y
el jabón.
Con una pequefla esponja penetrada de agua pura, se lavan las partes
que se ha:i limpiado con la mezcla y
luego se dejan secar•
Sea cual fuere el método empleado para lavar los guantes de piel glaceada, está comprobado, cuando !a opera-ción se tnmina, que si las manchas no existen ya el glaceado se ha disminuido, cuando no desapareció por completo.

'( K.,,.

.- ~~~tf~- - : --~._
,_._., .

:. ;:_•,;;:~'"!!'~;;;-:::;-:m

( Ff.gura 5. )

ña insignificancia, el trapo más minúsculo, más
gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á las M0das en nuestro periódico, no nos permite citar aquí los nombres terminados en «of»
ú «ow» de que están erizadas
las innovaciones; esta des•
cripción por lo demás no haría aventajaren nada ánuestrasjóveues lectoras, que sin
duda preferirán dejar en todo á las Sl'itas. Hnnsinger

Bnas., l~ calle de laJndepen•

(Figura 4,)

dencia 4., el cuidado de darles la explicación y de satisfacerlas con su talento y el
gusto excepcional que ponen
en todo lo que hacen.

mosa gola ó cuello Médicis, y naturalmente la manga
-debe serdeuna gran amplitud para que al mismo tiempo que protege no maltrate los adornos del corpiño.
Entre las diversas formas de pardessus que nos trae
~ste invierno, la forma de visita parece llamada á un
.gran éxito. C',omo lineas generales, esre modelo ( figu ·
ra 6) se compone de una especie d&lt;.! capa ó pelerina con
mangas ó sin ellas, de terciopelo con grandes bordados y gola ó cuello Médicis. Fácil es darse cuenta de
q_ue ese modelo es á la vez caliente, confortable y gra•
cioso. Se le ve reproducido de maneras muy variadas,
sea en pafios de sastre, sea en géneros de fantasía ó
en terciopelo bordado, según hemos dicho.
La reducción de las mangas ha permitido que se
pongan en vigor de nuevo los vestidos ajustados, y por
lo mismo muy abrigadores, privando con ellos las cha-quetillas bolero y los Jacquets ajustados (figuras 2 y

Los que hemos amado y á
quienes hemos perdido, no
están ya donde estaban, pero están siempre donde estamos.
A lex Dumas.
La vida es una prisión y
una liberación la muerte,
mas en esto, los prisioneros
no temen nada tanto como
la libertad.
( Ff.gura 6. )

G. Jf. Valtour,

�EL CUARTETú SALOMA.

--DEL--

lágrimas, y se derrama al fin,
por todos los instrumentos
del cuarteto, vertiendo el
llanto á raudales. El genio
de Beethoven no guarda consideraciones con el público;
le aplasta, le hace sobreco•
gerse de espanto, le arroja al
rostro en armónicos tonen·
tes todas las amarguras de su
corazón, y al fin, movido á
compaeión, vierte en el alma,
como bálsamo celeste, las
inefables notas del Presto, en
que el grande entre los grandes, tornando sus angustias
en olfmpica serenidad, parece soreirnos en el fondo de
abismos insondablee, con la
inmortal sondea de los dioses.
La música de Beetboven
parece descender de las alturas. en copiosa Jluvia de invisibles llamas que enciende
los corazones. Gime la alada melodía en las primas de
los violines, hace temblar
las cuerdas del alto, y basta
el ventrudo violoncello se
extremece, cual si agitara
sus entrañas de madera, una
• fiebre de amor.
Se abandona la Sala de
conciertos de la calle de Zu leta abrigando la convicción
profunda de que, gracias á
loseefuerzos combiuados de
los Sres. Wagner y Levien y
de una media do!:ena de músicos prendados de rn arte, se
ha logrado hacer viable en
esta capital un espectáculo
rebelde, basta ahora, á todo
trabajo de aclimatación.
FEI.IX GAVITO.

DR. AYER

Existe en la calle de Zuleta un aaloncito blanco, consagrado á los manea de la
música; arca salvadora del
Arte, que sobrenada en esta
terrible inundación de zarzuela por tandas y de ÓPE'Ja
italiana "á bon marché."
Amplia y cómoda eEcalera
da acceso á una minúscula
antesala destinada IÍ. los que
gustamos de encender un cigarro, entre dos n1'meros del
programa, y donde los rezagados pu~d1m escuchar las
clásicas melodías, sin interrumpir con el rumor de sus
pasos, el recogimiento que
reina en la sala dP conciertos. E~ esta de reducidas dimem•io"es, coquetona y sonriente, con sus bhmcas pare•
des coronadas por un friso,
en el qne alegres parvadas
de moflet.udos amordllos,
color de rosa, se persiguen
entre guirnaldas de flores y
atributos musicales. Asientos elegantes y cómodos ocupan gran parte del salón, en
cuyo fondo se eleva un estrado; sirviendo de «locos
operandi11 al hoy ya célebre
,,Cuarteto Saloma,» que en
una de estas últimas noches
ejecutaba su concierto inaugural de la temporada.
La audición comenzó con
uncuartetodeSchubert, obra
póstuma del malogrado compo~itor.
. Un alegro delicioso, desbordante de temas melódiFRANCISCO VELAZQUEZ.
IGNACIO DEL ANGEL.
LUib G. SALOMA.
cos. con los cuales un com•
Al\"TON10 SALOMA.
positor menos pródigo de su
.
talento hubiera escrito toda uua sinfonía; un andante destamente en el Salón de Conciertos por un órgano exincomparable, en que el músico alemán, excediéndose á presivo), la cuerda y el piano.
México, N:.iviembre de 1806.
Hemos tenido ocasión de admir,u en la Srita. Kither
eí propio, alcanza las mismas alturas que los más gran•
Rosales
todas
las
cualidades
de
una
pianista
de
buena
ce·
Como
nota complementaria de estas, daremos algu nos
des maestros; un scberzo retozón, de gran frescura melódatos acerca do los jóvenes que integran el aplaudido
dica, pero inferior, tal vez, á los otros números del cuar• pa; sin vacilar la proclamamos una de las ,,ejores debuteto. y, pQr t'tltimo un "presto" mágico, en el que el tantes que han desfilado por el salón de Wagner y Le·
cuarteto.
Luis G, Saloma comenzó á estudiar en Puebla, cuando
canto modula constantemente, J?Or manera rápida é im- vien y aún subiríamos el diapa3ón de las alab.1nzas al
compararla
con
sus
p
redecesoras,
si
no
huyéramos,
por
su maestro el Sr. Juan Anzures en 1882. Después pasó al
prevista, á través de toda la serie de las tonalidades maConservatorio siendo eu maestro el Sr. José Rivas, obtu·
yore~, produciendo en la imaginación, el mismo efecto sistema, de las comparaciones, odiosas siempre, y á. la
vo dos diplomaa de socio honorario, de miembro de la
qué producen en los ojos, bombas de fuego que estalla- par de odiosas i mpolíticas, tratándc.se del sexo bailo.
Esto no obsta para que reconozc1mo1 en la Srita. R?sa ·
orquesta de dicho estableci miento y primer p remio. Tosen en lluvia de oro fundido, rompiendo con sus trillan•
les u na vigorosa pulsación, gran seguridad de mano al
ca violín 1? Anduvo con lazarzuelacomenzando por vio·
tes resplandores la nocturna obscuridad.
lín 2? hastr llegar á D irector.
Inútil sería extendernos tln elogios de los ejecutantes. herir el teclado y unaescuelacorrectlsi.ma. Creemos adi•
El «Cuarteto Saloma,, alcanza ya una envidiable reputa· vinar en la elegante pianista esa amplitud de estilo, pro Antonio Saloma es discípulo del seflor su hermano¡ ha·
pia
para
la
expresión
de
la~
grandes
frases
cantabiles.
ción, justamente adquirida, en verdad.
ce 10 meses comenzó á estudiar viola.
Para
juzgarla
á
ciencia
cierta,
en
esta
última
cualida&lt;i,
Si admirables son estos por el lujo de perfección con
Ignacio del Angel. Comenzó á estudiar v iolín bajo la
que hacen resaltar los menores detalles, lo son mas, al habría que oirla interpretar la música de algún otru comdirección de su padre el Sr. Silverio del Angel, después
positor;
la
de
Chopín,
por
ejemplo.
Purque
en
cnanto
á
cabo, por la unidad de su estilo, por aquel su afan cona•
con Don Pablo Sánchez (año de 18S5.) Actual mente estante de ligar el fragmento musical, la frase aislada, con la del original y fantástico S1int-S.1ens de ese diabu!u.s
tudia bajo la dirección del Sr. P~dro J. Manzano Profesor
in
musica,
como
le
llama
Cilmilo
B.11laigue,
pintoresca,
el conjunto de la obra.
de Música de Cámara en el Conservatorio.
'
fina
y
nerviosa,
es
música
que
no
canta.
Poseen, sobre todo, tres capitales c1.1alidades de instru·
Francisco Velázquez. Estudió bajo la dirección de su
Le
sesión
terminó
con
el
r¡u.atou.r
op.
74
de
Beethoven,
mentistas: la sobriedad, la precisión y el brío.
padre el Profesor Cosme V Alázquez ( Oaxaca.) Por afic ión
Pero debemos dirigir nuestros sinceros elogios á. una el famoso «cuarteto de las arpas.u
se dedicó á tocar el violoncello. El Sr. Profesor Rafael
No
me
atrevv
á
analizar
esta
colosal
composición,
que
simpátlca pianista, que hizo ·su «debutn la misma noche,
Galindo tomó decidido empello en él y lo ha hecho uno
abruma
y
anonada,
,
que
debiera
oirae
prosternado
de
con un concierto para piano y orquesta de Saint-Sacos.
de sus mejores discípulos. El Seilor Velázquez como con•
hinojos,
como
so
oiría
la
palabra
de
un
Dios.
El
ánimo
pieza de corto original. un tanto macabra, q ue nos recuer·
trabajista, según opinión de algunos maestros, es de pri•
da la famosa Danza de la Muerte del propio sinfonista, y desfallece al escuchar los desgarradores acentos de aque•
mera fuerza, siendo bastante apreciado por el Profesor
lla
alma
heroica,
atribulada
por
el
d.olor;
la
melodía
que
en la que, más que ta inspiración, se admira la maestría
Gino Golisciani.
en
la
introducción
alcanza
la
expreüón
trágica,
se
entercon que se fnnden en una sola, sonoridades tan d isímbolas como son los cobres, las maderas ( representadas mo- nece en el .A.1agio, parece humedecerse con un rocío de

~ de nin~n otro remedio se registran tantas curaciones notables

La
~rzap:nlla del Dr. Ayer es el depurativo de la sangre más popt¡lar y·
m s a nado de cuantos existen. De que posee virtudes curativas,
r enovadoras Y rec~n~tituyentes de que carecen las preparaciones análogas,
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Y :Médicos prmc1pales. Como fortalecedor de las fuerzas vitales y especi~co
toda. clas~ de enfermedades de la sangre: la Zarzaparrilla del
r. yer no tiene igual. C_ura las enfermedades con la remoción de la
~ausa ~ue las engendra., a.v,va el apetito, destruve aquella tan conocida
ens~ci6n de Fat ~ga, P?!1ª fuertes á los débiles ); vigoriza con sus efectos
: anativos los nerv10s, teJ1dos y fibras del cuerpo. Como ha curado á otros
e c urará á usted. Téngase la seguridad de que se toma

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La Zarzaparrilla del Dr. Ayer
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Dispepsia, Gastralgía y Enteritis crónica~

di
a.i Sin¡tmas: Agrios después de las comidas 6 Aciel v· e es mago, Sed excesiva, Hinchazón 6 Peso en

inientre taspor poco que se coma, Digestiones lentas
6 comp1e
que ~roducen Repugnanci M
~lores de Vientre, Vómitos biliosos y D~eas~~

meas.

Son e~ermedad~ que según enseífan millares d~
pef~&gt;nas bien conocidas y respetables, á quienes se viú
BU ~
dur~~te muchos a1ios y además reconocen emine1¡~1as made!1iclM de varias naciones, sólo se cura n cmriple""' Y r ica ment,e con el

Digestivo Mojarrieta.

VOCALES

Lni6 Terrazas (mexicano.)
Marcos Russeck (polaco.)
Juan Brithingau (americano.)
Ketelseu y Deguetau (alemanes.),
Federico Terrazas (mexicano. ) .

EL FAMOSO REMEDIO y PIIRIFIOAUON

- ; aiil!'íi'ERUPCIONES, LLAGAS, ECZEMA, )

V:a::&gt;.A. -y EN"ER.G-XA.

Presidente, Juan Terrazas (mexicano.)
Tesorero, Enrique C. Cree) (mexican o.}
Gerente, Felipe Suberbie (francés.)

Socros PRINCIPALES.

b

Toda. sangre pura es garantía de salud, fuerza y felicidad La san e
mala engendra escrófula, chancros, granos, ronchas floroncos· ca;buncl';:
úlcer~s, tumores y otras afecciones peligrosas y ~olestas 'N O im r! ·
cuán ~mpura esté la sangre, la Zarzaparrilla del Dr. Ayer la Úmpia vi~iza
y ennquece.
·'
A Por ecp~cio_ ele medio si~lo la superioridad ele la Zarzaparrilla del Dr.
{er co:o 6?.ico ,Y depurativo de la sangre, ha sido reconocida en t-O&lt;lo
e fun º· :Nmgun otro_ remedio está compuesto de ingredientes tan
cos osos Y con t~nto cmdacl_o escogidos. Ningún otro remedio es tan
;:sc~~r~::i;r~~ul~re~I~ camd~ldO rádpido. y ?ermanente en_ la sangre, expeler
rme a y eca1miento y comumcar

DE AomNIS'IRAcr6x:

r.obernador Miguel .A.humada (mexicano.)
F~derico Sisniega ( espafiol.)
Jofé l\1~ Sánchez (mexicano.)
Cdestino Gras (francés.)
Luis Lacoutur (francés.)

◄b J!BOH H°!~~~~:!~~L~~~~v~~~ DR. ROSA.

"-•"-

es de 100 t&lt;melada., diarias producidas por dos máquinas Lindee.
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Purifica la Sangre.

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En la progresista y comercial ciudad
de Chihuahua, acaba de terminarse la
construcción de una nueva fábrica, que á
iniciativa de varios capitalistas mexicanos y extranjeros, se proyectó en Diciembre de 1895. E l Presidente de la Compafifa salió luego á visitar y estudiar los
principales centros y fábricas productoras de cerveza en loe Estados Unidos.
Mandando levantar el plano adecuado á
la maquinaria comprada y á las necesidades todas para la instalación más moderna de una cervecería modelo, á un ingeniero especialista en esa clase de indos ·
trias. En Marzo del presente aiío comenzó
la compai'iía la construcción de su edificio.
:Esta fué llevada á cabo por el ingeniPro
francés E. Esperón y hoy colocan la maquioaria con el objeto de comenzará trabajar el 1? de Enero próximo.
La fábrica está situada en la avenida
Colón, muy cerca de la Estación del Central. Ocupa una extensión de i5 por 45
metros: tiene tres pisos, tres elevadores de
vapor para au mejor y rápido servicio. Su
producción anual será de 75,000 barriles
de á 120 litros. Su fuerza motriz es de 260
caballos de. vapor producidos por tres
motores Corliss. La fabricación del hielo

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pli~;a mayores informes dirigirse á los Ores~ Gu~llermo
Parra, teléfono 443, apartado 682 ( calle de Leon nnm. 9)¡
y Dr. Adrián de Garay, teléfono 13-1-1, apartado 778 (1.
Pila Seca núm. 8.) El D_r. Parr~ e~ Director de \a Com•
pañía de asist,mcia Médica y C1ru3ano &lt;iel Ho~p,ita) Juá•
rez. El Dr. Garay e~ p rofe~or _de Anatomía q011urg1ca en
la Escuela de Medicma y c1ru¡ano del Hospital Juárez y
del Asilo Español.

SE ERIGE EL GRAN JURADO.
EL J lrEZ DE DISTRITO DE QUERÉTARO.

- -D E

El Jueves en la mañana según habíamos anunciado, se
erigió In Cámara de Diputado3 en Gran Jurado, para cono•
cer del proceso instruido por la 2-~ Comisión del mismo,
con motivo de la acusación que varios periodistas de esta
capital formularon en contra del Coronel D. Próspero Ca•
huantzi, Gobernador ·de Tlaxcala, por infracciones, según ellos, á las Leyes de Reforma.
Bajo la Presidencia del Sr. Lic. D. Justino Fernández,
dió principio la sesión á las nueve y media de la mañana
con la lectura de las constancias procesales, que son en
resumen las siguientes:

L A --

Biñificiócia":

MOTIVO DE LA ACUSACIÓN.

•.• ~.Pú~~~I

Como primera const.ancia, obra una carta del Obispo
Camacho dirigida al Tiemp(} en la que hace una resella de
los funerales del Obispo Vargas en Tlaxcala y adjunta
copia de la alocución pronunciada por el Sr. Cahuantzi en
la que éste por sí y por el pueblo da el péEame más een·
t ido al Sr. Camacho por la pérdida tan irreparable sufrida por el clero co.i la muerte
del Obispo de Puebla.

OIUDA.D Dl!I MÉXIOO.
kSbNYSN

Bl prózimo aorteo, con premio
m &amp;yor de

COltPARECJ!N'CIA DE LOS ACUSADORES.

$10,OOO ~
DE D I CI E MB R E

D E

1 8 96•

DECLARACIONES DE PERIODISTAS.

hajo el pl&amp;n siguiente:

El Director dol .1Ionitor Republicano dijo
que el párrafo á ese respecto publicado, lo
había tomado de otros per iódicos, fundán•
dose en esto para la excitativa que hizo al
Gobierno acerca de las infracciones denun•
ciadas.
E, Secretario de redacción de Gil Blas,
D. Francisco Osácar, manifestó Que las no·
ticiae allí publicadas, provenían de una
correspondencia recibida de Tlaxcala.
E l representante de La Voz de JféJ·ico,
D. Trinidad Sánchez Santos, expuso que
las noticias en cuestión las tomó de ml
Bla.~.
D. Victoriano .Agüeros p reeentó la carta
suscrita por el Sr. Cama.cho.
El Sr. Lic. D. Rafael Reyes Spíndola de•
claró que las noticias publicadas en El Jfun·
do y Et lmpaicial, provenían de t elegramas
y corre:ipondencias enviadas por el corres·
ponsal de Tlaxcala.
En su declaración el Sr. Bulnes, dice que
confiesa que se equivocó al asentar en un
artículo pul:&gt;licado en El Jlundo que una
infracción á las Leyes de Reforma ·era la
perpetrada por el Gobernador de Tlaxcala,
pues que en verdad era n tres:
Haber auforizado que sepu ltara n un cadáver en un templo; haber acompafiado al
Obispo Camacho, yendo á su derecha, á
una ceremonia en toda for ma, y h aber pro nunciado u na alocución á n ombre del pue•
blo de Tlaxcala, por ,la muerte del Obispo
Vargas.

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
lUlo, divididos en vigésimo■
d6 á 10 centav;os..

Fondo: $ 28,000.

JU LES ROBI11 &amp; C!

i

. -- ~ PRE lllOS:
1 P r emio de.... $ t 0,000. · · · • 10,000
1
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10. •• .••
2 Apr oximaciones d.e t S 1 oo¡
una anterior y otra. posterior a.
admero prenuado con 101 ••••• •
t 10.000 •. , ••••••••.. ••••••••
2 Apr oximacione1 de l. $50¡ una
anterior y otra posterior al nd•
mero p r emiado con l01
1.000••••••••• ••••••••••••••

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. . . . Premio■

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11.acen u n total de

EDUARDOGÓ:IIKZ IlARO.

Este ee el nombre del joven estudiante de Puebla q11P,
,emitió noticiSll telegráficas y correspondencias para El
I mparcial, único periódico que ha comprobado haber rt1•
cibido datoR directos referentes al entierro del cada ver
del señor Obispo Vargas; fué llamado á declarar ante el

Llamados por la 2~ Sección del Gran Jurado los acusadores para ratificar su acusa·
cióo, algunos de ellos para robustecer ésta,
presentaron recol!tes de periódicos donde
se daba cuenta de la ceremonia fúnebre, de
la inhumación del cadáver del Sr. Vargas
y de la alocucfón mencionada.

- Teri1lcar'- en el Pabellón Morlaco,
&amp; lu tr• de la tarde, el JuevN
!;a

Este funcionario devolvió diligenciado el exhorto que
se le remitió y en el cual consta que el señor Obispo ()a.
macho declaró que no hubo ningún acto religioso del
culto externo, y que el pliego que mandó publicar y le
entregó el Sr. Cahuantzi, no lo llizo con carácter oficial.
En cumplimiento de otro exhorto librado al Juez de
Distrito de Tlaxcala declararon Ag11stío García, Capi ·
tán .A.lvarez, Sargento Ocádiz, gendarme Carpintero y
otros vPcioos citados por los acusadores Cabrera y
Roumagnac. Estos y otros testigos niPgan los hechos
imputados al Sr. Cahuaotzi.

200
200
500
1 ,000
2,000

2,000

200

100
----

a 1 7.700

111 prózimo sorteo, con premio
mayor de

$ G0,000
.. Terifl0&amp;r'- en el Pabellón llorlaoe.
A lu 11 &amp; . m., el Juevea

,.,n

DECLARACIÓN DEL AClºSADO.

No niega haber asistido á los fun erales
del Obispo Vargas, peroafirmaque lo hizo
como particular y no como funcion ario pú ·
blico, que la in hu mación del cadáver se
hizo en una capilla, dependencia del ce•
menterio de Ocl'tlán, y no en n ingún tem •
plo donde se pract ica cu lto, que no pro•
nunció alocución algun a. pues lo que h izc,
fué entregarle un papel al Obispo Camacho,
en el que le daba el pésame por la muerte
del Obispo Vargas, papel timbrad o con su
sello particular.

26 de Noviembre de 1896.
MJo •1 pl&amp;n eiQ'Uiente:
H,111 IILLETES.

FONDO: S 320,011,

J PRECIO DE LOS BILLETES,

Entero•: • 4.00.-Med los: S 2 .00.
Ouartoa: 8 1.0 0 . - Déc imos: 40 oenta.
Vt&amp;'••l moa: 2 0 centa.

PRERI08:

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remlo mayor de....... . .. 1
rem lo pri nci pal de ••.• •. ,.
ramio princi p al de . . ....,.
reml os de S l ,000 ..•• •• ,.
r e m lo• d e ., 5 0 0 .... .. ,.
r emlos de ., 200 . ••• •• ,.
r emlos de .. 1 00 ... .....
remlos de .,
40 . . .... .,
P r emios de .,
~o . • , • •• .,
Premios de 8 60, a.pro:nma e1onu
al premio de 8 60,000. ...... ••••••
Premios de 8 40 aproxlmacione■
&amp;l. premio de 8 2),000. ..... ... •·••
Premio, de t 20, aproximaci onu
al premio de 8 10.000. ........ . . . 1
Terminales de 8 20. que s_e dete~m lnar:ln por la.a dos dlumas CI·
tras del billete que obtena-a el
_premio mayor de 860,000 .. . . •• t
Terminales de 8 20, que s.e deter•
minaran por la.s dos ,Humas ct•
fr.a■ del billete que obtena-a el
premio principal de t 20,000. ••• t

o
O

l 00

100
T 99
T.9

eo,ooo

1 5.980
1 5.980

•

r

San Francisco n'O.m. ~
U. BASSETTI, Qerente.

Con posterioridad los acusadores presentaron una cir•
cular de un Presidente Municipal de Tla:xcala, en la que
á nombre del Gobernador, se ordenaba la concurrencia
de los habitautes al entierro del Obispo Vargas.
.A petición de los miemos acusadores, fueron examinados varios testigos que declararon haber estado izado el
pabellón á media asta el día del entierro del Obispo Var•
gas y haber salido con traje talar y su cortejo correspon•
diente el Cura de Ocotlán.

Juez de Distrito del Estado de Puebla en cumplimiento
del exhorto que por conducto de la Secretaría de Justicia
libró la~ Sección del Gran Jur~do.
Trat.ibase de aclarar las contrauiccioneP que rePultaron
entre sus uoticias y la dt&gt;claración rendida por el Gobn•
nador Cahuantzi, y del ca1eo supletorio qne ee pl'acticó,
resultó que el Sr. Gómex Haro ratificó sns noticias di•
ciendo que él fue testigo presencial de los hechos que re•
firió.
El Sr. Cahuantzi se sostuvo en su dicho.

DILIGENCHS DS LA DEFENSA.

EL LIC. F. O' REILLY.

NUEYAS PRUEBAS.

45.000

1.7451 1Hlllol qu ucn u Total«■ • • $ 1 78. 154'0
...-Todos loe sorteos est,in bajo !a. v1¡¡-1la.n ~ia
r. cllrección personales del Sr. D. Apolinar Ca.sttlll&amp;o,
ínterventor del Gobierno. y de un emplea do de
Tuorerla Gener&amp;I. de la Nación.

06.cinaa:

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20,oog
10,00
5,000
6,000
6,000
1 0,000
10,408
G,20

4.000
OOO
2•

'

•

Se refieren á las declaraciones de varios vecinos pro.
minente:1 del Estado y de empleados federales, en que
niegan que se hayan cometido por el Gobernador tales
infrnccioues á las Leyes de Reforma.
El .Administrador de Rentas manifestó que tenía cono•
cimiento de alguna de esas infracciones por las multas
que iogresaron á las cajas del Erario.
Et Presidente Municipal que envió la circulará nom·
bre del Gobernador, de que arriba hab lamoe, en un ca•
reo que tuvo con Cabuantzi, convino con éfte en que lo
había mandado sin su autorización.

Solicitó se practicara una vista de ojos al Camarín del
Santuario de Ocotlán; pero la Sección, fuodllndofe en la
ley, determinó que no era procedente la diligencia por
extemporánea.
EL DICTAUEN.

La Comisión, en resúmen, dice, que no queda en pie
contra el Sr. t.:ahuantzi, más que las aseveraciones del
Sr. Góme~ Haro, que en telegrama dirigió al Imparcial,
porque ninguno de los otros periódicos tuvo datos di•

J u r a d o-~~

rectos; pero que estas aseveraciones están destruidas por
las declaracioues rendidas á este respecto.
El dictámen termina con eeta única proposición:
"El Gobernador del Estado de Tlaxcala, Coronel Prós•
pero Cahuantzi, no es responsable del delito de infrac•
ción á las Leyes de Reforma de que fné acusado."
A la una y media se suspendió la audiencia, para con:•
tinuarla á las tres y media.

Audiencia de la tarde.
Acusación.

Al comenzar la audiencia de la tarde, el SPñor O'Reilly,
representante de los periodistas acusadores, hizo uso de
la palabra, que le fué concedida por el Presidente del
Gran Jurado y de la Cámara, Lic. Don Juetino Fer•
nández.
Su discurso abundó er. figuras galanas, en frases enér•
gica.,, impregnadas en parte de los ardores de la ju ven•
tud, en parte de las nociones que comuni•
can las lecturas de las historias y leyendas
d.i esa generosa Francia que ha derramado á torrentes su sangre por ideales, que
talentos positivos hao llamado sueños ......
y que la experiencia de esa misma nación
y de las que giran en su misma órbita intelectual, va lentamente confirmando que en
realidad lo son.
Un discurso compuesto del panegírico
de las leyes de Reforma, de la heroica 111•
-cha de nuestros pad,·es, (y el Señor O'Reilly,
muy joven comunicaba cierta ternura á esta frase), compuesto de imploraciones á
los hombres actuales para que las cum•
plan, ae elocuentes exhortos á los jóvenes
pár.\ que contiotíeo en su cumplimiento;
es evidente que debía. obtener y obtuvo
caluroso&amp; aplausos de las galerías.
Aquel fué el discurso popular dicho ante
una Cámara, en la que si hay mucho eleme:..to joven, es indudable que prepondera el de los hombrea cansddos por las luchas
de las ideas y de las pasiones, y entre los
cuales se sobrepone la razón serena, iofor•
mada en un vasto deseo de justicia y tal
vt&gt;z de piedad.
El joven abogado eacó todo el par tido
que era posible sacar de las 12omplicadas
constancias del proceoo; el priocipal apoyo
de eus argumentos consistió en la alocuci6n
del I eñor Cahuantzi que públicó el Señor
Obispo de Querétaro eu las columnas de Et
Tiempo, en cuanto á uno d" los principales
capítulos de acusación, esto es, en cuanto
á que el Gobernador de Tlaxcala había
asumido la representacién del puebk que
gobierna, con su carácter oficial, en un
acto de condolencia por la muerte de un
Prí ncipe de la Iglesia, ante la cual, como
particular, pudo revelar los sentimientos
que sinceramente tuviera; pero corno go•
bernant, siempre debió considerar c,)mo
un hecho perfectamente indiferente, da•
das nuestras instituciones en general y
las leyes de Reforma eepecialmeute.
Consideró sofística la distinción estable•
cida por la Comisión Especial del Gran Ju.
rado en su dictamen, entre lo que debía con•
siderarse como templo destinado al cul•
to público, y el lugar en que se habla se•
pnltado el cadaver dél Señor Obispo Yar•
gas, p11es era incuestionable que allí, en e 1
mismo lugar, cuando menos nna vfz al
año, se practican actos del culto católico
con la debida autorización de la autoridad
civil.
En cuanto á la participación del St&gt;ñor
Cahuantú en un acto del culto externo, y
eu consentimiento para qu1:1 el mismo se
levase á efecto, en opinión del orador, no
puede caber duda puesto que así lo revela
la 7Jrensa , lo confirman las declaraciones
dt&gt;I acusado, que no niega tu concul'rencia
á la g,·an procesión formada por sociedades
religio~as y ci dl1-s con sus estandartes, que acompafiaron
por numPr,istts calles de la ciudad de Tlaxcala, ti carro
fúnebre del Prt-lado.
La prensa también reveló que el pabellón naci nal se
hab:a izad•&gt; á media basta en los edificios públicos, que
Pe había formado una valla militar por donde p'\saba la
comitiva fúnebre, y estos hechos constituían ( tras tantas
violaciones sí las leyes dt! Reforma, puesto que son indicio claro de la participación del Estado, del Gobernador
qne es su representaute, en una ceremonia que, según
las mismas leyee, debía ser absolutamente extraña al
Gobernador de un pueblo.
Def"enfii&lt;n.

Habla el Señor Lic. Ind11lecio Sánchez Gavito, defen•
sor del Gobernador de Tlaxcala.
Su diFcurso es eminentemente jurídico, y en él agotó el
asunto; fué mny extenso.
Su exol'dic- fué recibido con visibles muestras de des•
aprobación, pues tal vez, pretendiendo hacer un argu•
mento poleroso, aceptó que el Señor Cahuantzi había
concurrido á ios fuoerales del ObiPpo con su carácter
oficial, pero que no por eso había violado las leyes de Re·
forma,

�29 N OVIEM::SRE, 1896.

EL MUNDO.
de ser de su correspondencia particular, y de. un. modo
enteramente privado; por lo tanto, esto no s1gmfica la
violación de ley alguna.
Deficiente es también la pTueba en lo que se refiere á
la declaración del Sr. Bulne.~. pues la apoya en conceptos
de dos personas cuyos nombres no cita, se reduce, por
otra parte, á asegurar que Pl Gobernador de Tlaxcala violó con sus actos, de un modo segu1·0, las Leyes de Reforma pero sin expreear concretamente cuáles eran eeos
hedhos, ni cuáles las lPyes violadaP.
En resumen, el Sr. Sánchez Gavito mostró con clari~
dad en su extenso discurso, lo deficiente de las pruebas
rendida~, respecto de todos y cada uno de los puntos de
acusación y sus incidentes.

TOMOil

MEXICO, DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE DE 1896.

•

NOMBRO 22

Réplica.

El Sr. O' Reilly ¡,ide de nuevo la palabra, y dice que no
sabe cómo el seflor Defensor trata de presentar al ecusado como un perfecto liberal, cuand.1 es público y notorio que uno de sus hijos, en las fiestas religiosas toc11ba el
violln; pero que tal &lt;'Osa no le extrallaba cuardo el defensor era espafiol, tlaxcalteca el Sr. Cahuantzi, y si los conquistadores se habían servido de ellos para vencer al imperio azteca, hoy se continuaba la obra de los siglos, pa·
gando con la defensa una obra de gratitud, que, por otra
parte, también se encaminaba á destruir de nuevo el imperio azteca, qne tenía por·sólida ba~e las Leyes dA Reforma q·1e en Tlaxcala habían sirio violadas. Que él no
concebía á un católico liberal, pues nn gobernantP que
protestaba guardar y hacer g,1ardar las Leyes de Rdorma, era contradictorio con el católico cuya rdigión le or·
dena violarlas constantemente.
En esta parte de su diPcurso el joven orador arrancó
nutridos ap Iausos á las galerías.
El resto de la peroración, fué una amplificación de los
argumentos ya expuestos para comprobar que las viola
ciones habían existido.
SALYADOR DoNDE.- Miembro de la Comisión del Gran Jurado.

Un gran orador.

Lrc. ALBERTO I:'ALACIO -)fiembro de la Comislóu del Gran Jurado.

Una protesta formidable resonó en los escallos de los
Diputados y t'n las galerfas.
El Sr. Sánchez Gavito:
"Voy á cambiar el orden de mi argumentación, puesto que no es del agrado de la Asamblea 1. que iba á exponer."
.
. .
.
.
Siguió haciendo un análisis mmuc1oso de la prueba pre·
senLadR por los acusadores, toda ella basada en Jos partes
tele-'ráficos recibidos por El Imparcial. putstoque El Monito; tomó sus verehnes dt:1 otros periódicos, según dt-cla·
ración de su Director, idéntica á las del Gil Blu.~, Voz de
Mé.rico, El Tiempo y algún otro, así es que descifrando
todo lo que la prema había dicho, Fólo se encontraba en
ella ver~10nes, más ó menos disfrazadas, de lo que babia
publicado Et Jrnpar.:Jial.
En cuanto al sefior Director de este periódico, manifestó que lo publicado era debido á la pluma de s,1 corresponsal en Tlaxcala, quien Pxaminado por exhorto,
di¡o que sólo Je constaba que había izada nna bandera en
el Curato y en cuanto á la valla militar, había visto formados d~ntro del templo, por donde pa1:ó el cortejo fúnebre, á unos veinte hombres del Ejército.
Este testimonio, el de la prensa, al que tanto valor se
le ha querido dar, resulta ~bsolutamente b~ladí, puesto
que es singular, se reduce al del Imparcial, cuyo corres·
ponsal fué vago en sus escritos, y eri lo qne tienen de
fundamental están desvirtuados por las declaraciones to·
matas á otros funcionarios públicos, jef1,s del Ejército,
de los rurales, etc.
El otro argumento de la acusación ha consistido en el
examen de Jo que se ha llamado alocución del Sr. Ca·
huantzi suponiendo que la había pronunciado al cerrar•
se la tu'mba del Obispo; pero tal suposición ha resulta.d o
ein fundamento, puesto que se demostró que la alocución
le había sido entregada al Obispo de Querétaro, en lacaea del Gobernador, escrita en un pliego que lleva el sello

Pide la palabra el Sr. Lic. D. Luis Ménd~z, q~e también es defensor del acusado. Un profundo s1lenc10 se es·
tablece.
El gran exordio de sn ciscurso es éste: su presE:ncia en
la tribuna· todos E,n t-f,cto. respetan su anc1an1dad, ..u
rectitud n¿toria. y la vasta ilustración de que el juric.on •
sulto ha dado brillantes pruebas durante su noble vida.
Sns palabras son sencillas, pero tienen el don dP incrustarse poderosamente en el corazón y en la inteligencia.
El público estaba muy mal prevenido contra los defensores de la causa Cahuantzi, y sin embargo no hay ni
un seseo por el Sr. Méndez, y sí puede arrancar frecut&gt;n·
tPs aplauPo~, ya cnando hace elocueme .Pª~•gí,ico dP las
L&lt;&gt;yt&gt;s de RPforma, ya cuando rechaza 10d1g11ado la fal&amp;a
de rPspeto á la tumba, á la muerte qne todos los pneblos
bárbaro~ y civilizados, han honra~o, yac.uandocomprne·
baque puede serse liberal, y al ..1swo tiempo eac~rdote
cat.ólico ........ .
El Sr. Méndez levantaba en alas. de nobles idPas el
pensamiento de todos y con soplo bienhechor apagaba.
las paPioneR ........ .
«El hijo del Sr. Cahuantzi tocará el violfn e!l laz ~estas
rPligioeas, pero no será raro que e~ apr.-ciable ¡~ven
O'Reilly baile en los bautismos, Y baile en los velonos.n
«El Sr. Sánchez fiavito, español, vendrá á pa.~arle una
deuda de gratitud al tlaxcalteca; pero aver~uéocese el
Sr. O'Reilly, sí, avergüencese, puesto que él tiene la cara
blanca ........ .
Tales fueron sus últimas palabras.

snstPntaba el ataúd de sándalo, qne gnardaba las cenizas
del Obispo de Pnebla, de ese ilustre varón á quien yo he
levantado en alAA de mi bnmilde palabra. en esta tribuna,
ele PFe hombre que en el Apocalipsis de las creencias. Pe•
ñaló el azul dPl cielo como la patria de l0s corazones ein
ventnra y de las almas deFheredadas. Si levantó los ojos
á h1R im~genes no fué para valnar AU pedrería; sino para
pt-dir misericordia á la angustia humana.

·················································································
'Hace algnnos día, escribí un artículo en El Jmpa1·cir1 l
pobre la captura de unaR monjas en la hacienda de San
Borjll. y la prensa libe al y miR amigo~ creyeron que había dt&gt;foccionado en el campo de mis ideas ...... yo contesto deRde este lngar Fagrado para mí, que si mis escritos pudinan engendrar tales reproches, pert&gt;zcan antt&gt;.s
qne pierda yo, esa in veFtidura qne mis humildes ideas me
han dado en el senti:nieuto público.
Yo no de~enderé nunca el conventículo. Respeto y amo
la purPza de la mujer, y su abstención voluntaria ........ .
La mujer es una grandeza; virgen, es el cielo expléndido, el relicario de nuesfras espe1·anz0&amp;, de nuestras ilu•
Piones; esposa embellece el hogar, y es el vaQo donde de·
positamos el secrl'tO de nuestras adversidades; madre to ·
ca el cielo con la frente; porque el hombre, nacido de mujer, ta poblado de maravillas PI Universo y llevado el
dogma de la libert,ad al corazón de los oprimidos y á los
ob~curoe senos de la conciencia humana.»
A~í, y aun mejor es todo lo demás.
La votac1.ón.

La Co:rn.l@ión.

El Sr. Esteva defiende el dictámen de la Comisión. Su
diFcureo fué metódico, ordenado, rpflt•jó con clarida~ la
elevada actitud que como jueces dt&gt;breron tener sns miembros, aquilatando las pruebas, antes de r~sol verse á fijar
una conclusión condenatoria 6 absolutona.
Manif,-,st6 su profundo amor á las instituciones, y examinó con un crite1io jurídico p!"ofundo, y vasta erudi·
ción las constancias del proceso y los Alemf nto~ de prueba.
Hizo notar qne tanto él como los demás m1embr?s de
la comisión, habían penetrado toda la t.rascendencia del
proceso que ee iniciaba, y que sn res&lt;_&gt;lución. por tanto,
babf.. sidc bija del estudio máR dt&gt;temdo y del mót1 grande deseo de acierto que necesariament,e debía inforrnarRP. en la imparcialidad y en un poderoso sentimiento de
justicia.
La fraee del Señ.or Esteva fué muy correcta.

DPF-pués de loe trámites reglarnen_r,arios, se votó E:n. lo
particular la proposición absolutona de la 1~ Com1s1ón
del Gran Jurado.
Siendo afirmativa la resolución por una mayoría de 153
votos contra 12.

Habla el Sr. Matcos.

J
L lC'. AD.ALBERTO F-&lt;óTE\. A,- ~ embro de la comisión del Gran Jurado. •

El M1mdo diario publicó el discurso íntegro de este notable orador.
¿Qué sostuvo? El abs11rdo de la verdad jnrídica ........ .
¿Cómo? Admirablemente, pro tuci1,ndo exploijiones de
risas, de aplausos, de entusiastas bravos y haPta lágri:nas, po1que hubo bellos ojos de cubanas en los que brillaron como diamanteP montados en azabache ........ .
Queríamos dP-jar al ,lfundo diario todo el tesoro de esas
frases, pero no podemos prescindir de la tentación de
fnriqnecernos con unas pócas:
«Vt-intitrés ai'ios hace qne la Lf&gt;gielatura de Tlaxcala
me invistió con la alta honra de la ciudadanía del Estado. Este suceeo fortalece la acción de mis dtberee, y al
venir á esta tribnna á dt-fonder los fupros de la Constituctón y la Reforma, vindico al pueblo tlaxcalteca que
tantos 8acrificios ha hecho y tanta eangre ha derramado
bn las luchas por la li.bPrtad y á quien la clerecía hace
aparecer en estos momentos como la ciumta de una camá ndula en la sarta de perlas de la Unión Mexicana, y
á propósito de este jurado, como una ~urba de armenios
cr;stianos bajo el yatagan de la barbarie musulmana.
Para juzgarle es necesario apartar la vista de ese grupo,
que como alazán domado, se unció al carro fúnebre que

L1c.:ADOLFO FEXOCHIO.- Presid&lt;:nte de la Comisl(,n del Gran J ura )o.

General -C:,ic:enle Ni,:,a Palacio.
MINISTRO DE MEXICO EN ESPA:5"°A,

t No-v1.e:rn.bre

22 de 1 896,- (De íotogra.fia de los Sres. Torres H erman os.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>29 N OVIEM::SRE, 1896.

EL MUNDO.
de ser de su correspondencia particular, y de. un. modo
enteramente privado; por lo tanto, esto no s1gmfica la
violación de ley alguna.
Deficiente es también la pTueba en lo que se refiere á
la declaración del Sr. Bulne.~. pues la apoya en conceptos
de dos personas cuyos nombres no cita, se reduce, por
otra parte, á asegurar que Pl Gobernador de Tlaxcala violó con sus actos, de un modo segu1·0, las Leyes de Reforma pero sin expreear concretamente cuáles eran eeos
hedhos, ni cuáles las lPyes violadaP.
En resumen, el Sr. Sánchez Gavito mostró con clari~
dad en su extenso discurso, lo deficiente de las pruebas
rendida~, respecto de todos y cada uno de los puntos de
acusación y sus incidentes.

TOMOil

MEXICO, DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE DE 1896.

•

NOMBRO 22

Réplica.

El Sr. O' Reilly ¡,ide de nuevo la palabra, y dice que no
sabe cómo el seflor Defensor trata de presentar al ecusado como un perfecto liberal, cuand.1 es público y notorio que uno de sus hijos, en las fiestas religiosas toc11ba el
violln; pero que tal &lt;'Osa no le extrallaba cuardo el defensor era espafiol, tlaxcalteca el Sr. Cahuantzi, y si los conquistadores se habían servido de ellos para vencer al imperio azteca, hoy se continuaba la obra de los siglos, pa·
gando con la defensa una obra de gratitud, que, por otra
parte, también se encaminaba á destruir de nuevo el imperio azteca, qne tenía por·sólida ba~e las Leyes dA Reforma q·1e en Tlaxcala habían sirio violadas. Que él no
concebía á un católico liberal, pues nn gobernantP que
protestaba guardar y hacer g,1ardar las Leyes de Rdorma, era contradictorio con el católico cuya rdigión le or·
dena violarlas constantemente.
En esta parte de su diPcurso el joven orador arrancó
nutridos ap Iausos á las galerías.
El resto de la peroración, fué una amplificación de los
argumentos ya expuestos para comprobar que las viola
ciones habían existido.
SALYADOR DoNDE.- Miembro de la Comisión del Gran Jurado.

Un gran orador.

Lrc. ALBERTO I:'ALACIO -)fiembro de la Comislóu del Gran Jurado.

Una protesta formidable resonó en los escallos de los
Diputados y t'n las galerfas.
El Sr. Sánchez Gavito:
"Voy á cambiar el orden de mi argumentación, puesto que no es del agrado de la Asamblea 1. que iba á exponer."
.
. .
.
.
Siguió haciendo un análisis mmuc1oso de la prueba pre·
senLadR por los acusadores, toda ella basada en Jos partes
tele-'ráficos recibidos por El Imparcial. putstoque El Monito; tomó sus verehnes dt:1 otros periódicos, según dt-cla·
ración de su Director, idéntica á las del Gil Blu.~, Voz de
Mé.rico, El Tiempo y algún otro, así es que descifrando
todo lo que la prema había dicho, Fólo se encontraba en
ella ver~10nes, más ó menos disfrazadas, de lo que babia
publicado Et Jrnpar.:Jial.
En cuanto al sefior Director de este periódico, manifestó que lo publicado era debido á la pluma de s,1 corresponsal en Tlaxcala, quien Pxaminado por exhorto,
di¡o que sólo Je constaba que había izada nna bandera en
el Curato y en cuanto á la valla militar, había visto formados d~ntro del templo, por donde pa1:ó el cortejo fúnebre, á unos veinte hombres del Ejército.
Este testimonio, el de la prensa, al que tanto valor se
le ha querido dar, resulta ~bsolutamente b~ladí, puesto
que es singular, se reduce al del Imparcial, cuyo corres·
ponsal fué vago en sus escritos, y eri lo qne tienen de
fundamental están desvirtuados por las declaraciones to·
matas á otros funcionarios públicos, jef1,s del Ejército,
de los rurales, etc.
El otro argumento de la acusación ha consistido en el
examen de Jo que se ha llamado alocución del Sr. Ca·
huantzi suponiendo que la había pronunciado al cerrar•
se la tu'mba del Obispo; pero tal suposición ha resulta.d o
ein fundamento, puesto que se demostró que la alocución
le había sido entregada al Obispo de Querétaro, en lacaea del Gobernador, escrita en un pliego que lleva el sello

Pide la palabra el Sr. Lic. D. Luis Ménd~z, q~e también es defensor del acusado. Un profundo s1lenc10 se es·
tablece.
El gran exordio de sn ciscurso es éste: su presE:ncia en
la tribuna· todos E,n t-f,cto. respetan su anc1an1dad, ..u
rectitud n¿toria. y la vasta ilustración de que el juric.on •
sulto ha dado brillantes pruebas durante su noble vida.
Sns palabras son sencillas, pero tienen el don dP incrustarse poderosamente en el corazón y en la inteligencia.
El público estaba muy mal prevenido contra los defensores de la causa Cahuantzi, y sin embargo no hay ni
un seseo por el Sr. Méndez, y sí puede arrancar frecut&gt;n·
tPs aplauPo~, ya cnando hace elocueme .Pª~•gí,ico dP las
L&lt;&gt;yt&gt;s de RPforma, ya cuando rechaza 10d1g11ado la fal&amp;a
de rPspeto á la tumba, á la muerte qne todos los pneblos
bárbaro~ y civilizados, han honra~o, yac.uandocomprne·
baque puede serse liberal, y al ..1swo tiempo eac~rdote
cat.ólico ........ .
El Sr. Méndez levantaba en alas. de nobles idPas el
pensamiento de todos y con soplo bienhechor apagaba.
las paPioneR ........ .
«El hijo del Sr. Cahuantzi tocará el violfn e!l laz ~estas
rPligioeas, pero no será raro que e~ apr.-ciable ¡~ven
O'Reilly baile en los bautismos, Y baile en los velonos.n
«El Sr. Sánchez fiavito, español, vendrá á pa.~arle una
deuda de gratitud al tlaxcalteca; pero aver~uéocese el
Sr. O'Reilly, sí, avergüencese, puesto que él tiene la cara
blanca ........ .
Tales fueron sus últimas palabras.

snstPntaba el ataúd de sándalo, qne gnardaba las cenizas
del Obispo de Pnebla, de ese ilustre varón á quien yo he
levantado en alAA de mi bnmilde palabra. en esta tribuna,
ele PFe hombre que en el Apocalipsis de las creencias. Pe•
ñaló el azul dPl cielo como la patria de l0s corazones ein
ventnra y de las almas deFheredadas. Si levantó los ojos
á h1R im~genes no fué para valnar AU pedrería; sino para
pt-dir misericordia á la angustia humana.

·················································································
'Hace algnnos día, escribí un artículo en El Jmpa1·cir1 l
pobre la captura de unaR monjas en la hacienda de San
Borjll. y la prensa libe al y miR amigo~ creyeron que había dt&gt;foccionado en el campo de mis ideas ...... yo contesto deRde este lngar Fagrado para mí, que si mis escritos pudinan engendrar tales reproches, pert&gt;zcan antt&gt;.s
qne pierda yo, esa in veFtidura qne mis humildes ideas me
han dado en el senti:nieuto público.
Yo no de~enderé nunca el conventículo. Respeto y amo
la purPza de la mujer, y su abstención voluntaria ........ .
La mujer es una grandeza; virgen, es el cielo expléndido, el relicario de nuesfras espe1·anz0&amp;, de nuestras ilu•
Piones; esposa embellece el hogar, y es el vaQo donde de·
positamos el secrl'tO de nuestras adversidades; madre to ·
ca el cielo con la frente; porque el hombre, nacido de mujer, ta poblado de maravillas PI Universo y llevado el
dogma de la libert,ad al corazón de los oprimidos y á los
ob~curoe senos de la conciencia humana.»
A~í, y aun mejor es todo lo demás.
La votac1.ón.

La Co:rn.l@ión.

El Sr. Esteva defiende el dictámen de la Comisión. Su
diFcureo fué metódico, ordenado, rpflt•jó con clarida~ la
elevada actitud que como jueces dt&gt;breron tener sns miembros, aquilatando las pruebas, antes de r~sol verse á fijar
una conclusión condenatoria 6 absolutona.
Manif,-,st6 su profundo amor á las instituciones, y examinó con un crite1io jurídico p!"ofundo, y vasta erudi·
ción las constancias del proceso y los Alemf nto~ de prueba.
Hizo notar qne tanto él como los demás m1embr?s de
la comisión, habían penetrado toda la t.rascendencia del
proceso que ee iniciaba, y que sn res&lt;_&gt;lución. por tanto,
babf.. sidc bija del estudio máR dt&gt;temdo y del mót1 grande deseo de acierto que necesariament,e debía inforrnarRP. en la imparcialidad y en un poderoso sentimiento de
justicia.
La fraee del Señ.or Esteva fué muy correcta.

DPF-pués de loe trámites reglarnen_r,arios, se votó E:n. lo
particular la proposición absolutona de la 1~ Com1s1ón
del Gran Jurado.
Siendo afirmativa la resolución por una mayoría de 153
votos contra 12.

Habla el Sr. Matcos.

J
L lC'. AD.ALBERTO F-&lt;óTE\. A,- ~ embro de la comisión del Gran Jurado. •

El M1mdo diario publicó el discurso íntegro de este notable orador.
¿Qué sostuvo? El abs11rdo de la verdad jnrídica ........ .
¿Cómo? Admirablemente, pro tuci1,ndo exploijiones de
risas, de aplausos, de entusiastas bravos y haPta lágri:nas, po1que hubo bellos ojos de cubanas en los que brillaron como diamanteP montados en azabache ........ .
Queríamos dP-jar al ,lfundo diario todo el tesoro de esas
frases, pero no podemos prescindir de la tentación de
fnriqnecernos con unas pócas:
«Vt-intitrés ai'ios hace qne la Lf&gt;gielatura de Tlaxcala
me invistió con la alta honra de la ciudadanía del Estado. Este suceeo fortalece la acción de mis dtberee, y al
venir á esta tribnna á dt-fonder los fupros de la Constituctón y la Reforma, vindico al pueblo tlaxcalteca que
tantos 8acrificios ha hecho y tanta eangre ha derramado
bn las luchas por la li.bPrtad y á quien la clerecía hace
aparecer en estos momentos como la ciumta de una camá ndula en la sarta de perlas de la Unión Mexicana, y
á propósito de este jurado, como una ~urba de armenios
cr;stianos bajo el yatagan de la barbarie musulmana.
Para juzgarle es necesario apartar la vista de ese grupo,
que como alazán domado, se unció al carro fúnebre que

L1c.:ADOLFO FEXOCHIO.- Presid&lt;:nte de la Comisl(,n del Gran J ura )o.

General -C:,ic:enle Ni,:,a Palacio.
MINISTRO DE MEXICO EN ESPA:5"°A,

t No-v1.e:rn.bre

22 de 1 896,- (De íotogra.fia de los Sres. Torres H erman os.)

�EL MUNDO.

334
1.1.EL MUNDO."
SJDUNA.BJO ILU8TRADO.

Teléfoao 434.-Callede Tibu.rtio núm. 20.-Apartado87 b.
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La enscrici6o. á EL MUNDO vale $1.25 centavos al mee,
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BBGll!TRADO

-A.gen~ exclusivos para los Eetadoe Unidoe y Cana•
dá The Spanish American Newspaper Company, 136 Libeny 8'. New York, E. U.»

tiotas ti)itorialts.
¡Es ya por fin un hecho el triste acontecimiento anticipado por la prensa mPxicanal El General D. Vicente
Riva Palacio, Ministro de la República en Espafla, acaba
de fallecer en Madrid, víctiwa de una dolorosa enferme·
dad cuyo génesis y terminación eran ya conocidoe: la no·
ticia, inmediatamente trasmitida, ha causado profunda
sensación.
¿Qué había sido para la Patria esta existencia que aca•
ba de extinguirst? Fué una vida cuyas primeras energías
se gastaron en aquella noble y generosa aventura
emprendida por loe que nos precedieron en la lucha de
la política, en_pro de la libert:ld, la tierra prometida de
aquellos eepíriius batalladores; fué una fuerz.i multifor·
me, proteica, ductil y maleable, l)Ueeta al servicio de una
gran idea; un gladiador apercibido al combate de cada
hora, de cada momento, con la espada, con el puflal, ,
al_filerazos y á mandobles; á plena luz del día y en la tiniebla de la emboEcada. Todas las actividades y todas las
direcciones de la inteligencia ee concentraban en esta
pereonalidad. ilustre. ¡Todas las rebeldías y todos los tu•
multos se agitaban en el fondo de esta conciencia!
No ee cierto que nosotros los que comenzamos á aprovechamos de la obra que nos legara la vieja guardia hagamos
caer ª&lt;?~re eeas memorias el peso de nuestro de'edén. So·
mos b1Joe del pasado y á él le debemos las condiciones
dentro de l~s _1;uales se opera. la actual evolución política.
A tilos se dmJe nuestra gratitud y hacia elloR busca cau·
ce n!leetra admiraci~~: sa~m&lt;?B lo que por la República
reahzaron con prod1g10sa v1tahdad en medio de hoscas
tempesta~es que amenazaban desplomarlos. ¿Cómo tratar
de destruir el baeamento que sostiene al edificio?
Y entre aquellos hombree, con alas de aguila y corazones de león, la figura de Riva Palacio ocupa un prim~r
pueem,:-raza de rebeldes que engendrara un Altamirano
y un Nigromante. De aquellas filas surgió este hombre
que eabía encerrar una epopeya en un epigrama y hacer
d~l zumbido de una avispa el ronco eco de un caílonazo.
Rió hondamente ante las vetustas fórmulas de una política estrecha, y tanto y tan bien rió que á la festiva música de sus carcajadas reepondi6 el ;umor de un pueblo.
Y así en aquel movimiento nacional lo que otros alcanzaron entre las descargas de la fusilería él lo logró en
medio d~ loe irónicos centelléoe _de la pl~ma.
l"ero mnguna lucha más palpitante ninguna que caracteres .más dolorosos revistiera que'aquella en la que
fué preciso romper loe l~z~s que le ataban á su primer
hogar: desgarrar la trad1c1ón, desoír el consejo desbarat~r aquel cerco de carifloa, q~e le estrechaban para acudir en defensa de la Repubhca, de la enemi~a de loe suyos, de e~ d~aposada ideal por quien aceptó valerosamente el aacrific10.
¿Cómo no sentirnos lleno~ de ~dmiración y _de respeto
por esta fig!lra en la que se identifican las aspiraciones y
las tendencias de una época á la que debe la nación todo
lo que es y lo.que vale? ¿Cómo ~ar al olvido y desdeñar
una pereonahdad de tanto relieve en la historia de la
Libertad nacional?
La muerte de Riva Palacio es un intenso dolor para
loe que s~bemos honrar á la Patria en aue más vigorosas
encarnaciones.

2Climentadón tJ 2Cgrirultnra.
La importació1;1, li~re ~e derechos, de maíz americano,
ha salvado á varios ~ietritoe del país~ los peligros del
hambre; en la actualidad se tiene noticias de excelentes
c~has levautada9 en varias zonas de la República,particularmente en el Estado de Jalisco -habiéndonos
por lo ta~to, salvado de la crísis agrícola 'que amenazaba
una pers1et:ente sequía, en los comienzos de la estación
de las Jiu v1as.
Es~a situación ~s demasiado grave para no procurar re·
med1arla, pues ~!entras nuestra agricultura se halle expuesta á esta peligrosa alea, todos los cálculos encaminados á rel!olver problemas económicos nacionales se en
c~entran á merced de ~n~olpe de ~iento que despeja el
cielo de ~ubes. Para ehmmar este unplacable fatalismo
q_ue ee cierne sob_re la l~h&lt;?r.de los campos, será necesario pasar del cultivo pnm1t1vo, que empleamos, a1 cient!jico. EsP d_fa se aho!rará~ muchas fuerzas mal utilizadas
en un t~aba¡o raqufttco y em compensación para la riqueza ptíbhca.
La prod!lcción de loe principales frutos agrícolas, en
todo el pais, los a110s de cosechas normales, es como sigue:

Cebada................... 2.095,660 hectólit,oe.
Maíz ....................... 46.458,810
,,
Frijol...................... :.!. 734,517
Trigo...................... 4.026,92.&gt;
,,
Estos rendimientos son verdaderamente mezquinos, y
representan-ahora que se ha puesto al debate el asunto
de la alimentación nacional-una suma insuficiente para
cubrir la primera de las necesidades individuales: la de
subsistencia en virtud de la reparación de fuerzas· perdidas mediante una nutrición completa.-Lae cantidades
que acabamos de dar, no bastan, en efecto, para atender
á la indeclinable ley de la vida, puesto que de las revela·
doras estadísticas resulta que corresponden por afio y por
habitante las siguientes porciones:
:Maíz ........................................ 348 kilos.
Trigo............................. ........... 32 ,,
Frijcl ....................................... 17 ,,
De donde se deduce-eecribía no hace mychos años un
publicista-que Eólo come pan !a sexta parte delos habitantes de 1a R epública, y que la alimentación diaria media por habitante es de dos libras tres onzas, de la que
hay que rebajar la conPumida por los animales.-Esta
alimentación es por su cantidad y calidad perfectamente
inútil para sostener á una raza fuerte y vigorosa.
En diversos tonos ee ha pedido, en estos últimos tiempos, prott-cción para la agricultura nacionsl, cuando en
realidad los más dignos de ser protegidos son los que la
agricultura pone á ración de hambre. La escaeez no sólo
se experimenta en arios de malas cosechas, sino en todos
los años, y nuestro problema agrícola es un problema fiscal mantenido por una cuota que la admi nietración acude
sabiamente á eliminar cuando las necesidades ptíblicas
lo reclaman.
Esto demuestra que no ee puede proteger á un grupo
social sin perjudicar a otro.-Afortunadawente, la evolución económica del país permitirá algún día poner la
mano-ein grandes t,astornos-en ese último baluarte de
viejos errores pasados que se llama el Arancel de Aduanas y que paulatinamente se ha idt' tocando en el sentido
de la libertad comercial.

29 NOVIEMBRE, 1896.
seguridad á eu imperio? ¿No será vana ilusión que, cons•
neflido por la necesidad, obligado por la fuerza ó aconsejado por el cálculo, ee resuelve el Califa de los Creyentes á cumplir las promesas juradas tantas veces como
con tanta astucia y perfidia quebrantadas?......
Así lo ha anunciado el Mnistro de negocios extranjeros de la República Francesa, ante la Cámara de DiputadO!!. Su declaración ha sido oída con regocijo de propios y extrafloe, y la oposición misma que buscaba un
capítulo de acusación en la débil política desplegada contra la Sublime Puerta por el gabinete que preside Mr.
Méline, ha tenido que declararse esta vez derrotada ante
las terminantes afirmaciones del hábil ministro.
El gobierno francés está, pues, de plácemes por la brillante posición que la alianza con Rusia ha venido á darle en sus relaciones internacionales. Cierto que Aun no
ha podido ser bastante explícito para aununciar ante el
mundo los térrninoe del tratado, pero ee ha declarado y
con ra ón por medio de sus órganos caracterizados en
el i,arlamento, que son prendas seguras de la armonía.
que existe con ::lan Peteraburgo, las palabras del Czar en
l'aríe y sus t!xpresionee en Chalóns.
Y ya se ve todo lo que eso significa cuando á la mágica palabra del embajador francés, la cuestión de Oriente,
tan ocasionada á serias complicaciones y á posibles espantosas catástrofes, se resuelve en pacífica forma y hace sonreír á los hombres de buena voluntad, que ansían
la concordia de las naciones.
Ya s~ ve con qué orgullo se anuncia que Francia está.
dispuesta á soste11er loe discutidos derechos que tiene sobre Egipto, á pesar de las resistencias británicas, ¡x,rque
cuenta ya con el apoyo de eu poderosa aliada la Rusia.
Que eca por la sola influencia de la República ó por
virmd de sus alianzas, ello es que todo anuncia que ya
no oiremos hablar por algún tiempo detlas crueldades de
los kurdos y de las atrocidades de los turco@. pues por·
esta vez, d~bemos creer que loe perseguidos cristianos
armenios han obtenido las garantías que con tanta razón
am b,c1onaban.
Y a era tiempo de que cesaran, estos edcándaloe y de
que el caduco imperio o\omano d~ara de de~honrar la.
civilización europea.

2~ 5

OVIEMBRE,

1896.

olvidar~m lt&gt;e agravios, las tiranía~ y las perfidias que la
de~rmmaron; y al pueblo que atribulado y úprimido su
po romper_las cade11as que !e aherrojaban y la esclavitucl
qu': lo euvllecía, _se da el d1csado de verdugo, erigiendo
en mocentes vícumae, á sus antiguos é inmolados opresor..s.
E&gt;1 cierto qne innumerables crueldades é infinitos crí·
mene~ ruancharon los gloriosos ideales revolucionario~.
Es innegable que las doctrmas humanitarias fueron
holladas por sansculoUe y dee~am_isa~os, pero es ilu•orio
pre-tender que al vaciar eus m~t1tnc1ones una eocitdad
arrollada por un impulEO irre~ietible, en nuevos y apnee'.
tos mo!.des, no se ro~p~ el crisol q~e forjó su primitiva
forma, que ha env"J•c1do conteméndola· ee necPeari..
rec?nocer que cuando el Poder irr811poneable desconoce
Y mega el derecho amparado por la fuerza, la misma fuer•
za. P?r I:1 Ier natural de la reciprocidad y de lse grande~
re1v)nd1cacionee, ha d~ aniquilarlo al fin con su soberanía 1ncontraetablt'; y ee injusto, al evocar el recuerdo d,.
a~s treme!ldos estragos, de eus terribles infamias y sus
villanas vilezas no tr'!er, tambi~n, á la memoria, que esos
hombrPe feroces, ébrios y fanáticos que los cometieron
que _aquellos enfermos-según Taine-eran los mismo~
á qU1E'ues «el fi~co e~traía basta la sangre,, como ha dicho
el. Duque de Sarnt Simón; que eran los que hHbían recibido todos los daños, todas las humillacionee, y todas
las ofensas; que el buen re:¡¡ cuya cabeza cafa en el ca'1al
so, b~bía llamado contra la nación á sus máq impla,·abl,"
enemigos, y que aquella nobleza elt-ganlR. di~tingnidfl v
refinada cuyoP aristocráticos ene! los co, taba la nueva má
quina d~ l,[r. Gillotin, albergaba en Fus 1wchos mncha más
perversión moral que las ma~as frPné&amp;icaR que apostrofa.
ban sus cadáveres...... y á los que habíau de~poseido é in•
sultndo......
La revolución faé el sangriento epílng() prepar11do por
loe monarcas: sólo que como las ola•, al romper el dique
que oponía valladar á su curso iuundan y destrnyew aeí
la ola de laf! pasionFB humanas, al llt-gar el momenkl de
las represalias, pasó los límites de la ju11ticia, satidacien•
do loe rencores ......

*

RESUMEN.-El cesarismo ~ermánico y las prerrogativas
de los mititares.-.Alemania siemprti armada.-Francia y
la cuestión de 0riente.-Preponderancia de Rusia á travé11
de la política francua.-Xicaragua y la República Mayor
dt' Centro América.-Se despeja una incógnita.
Entre las formas que ha tomado el sentimiento público en Alemania para protestar contra la pesadumbre del
cesarismo que abruma; entre las manifestaciones que ha
encontrado para sacudir esa losa del ejército innúmero
que pesa sobre las clases productoras de la sociedad, ee•
tá la discusión que ha provocado en el parlamento contra loe privih-gios de loe militares.
No ha mucho uu oficial del ejército alemán, de esos
que ostentan '!l uniforme como salv,,-eonducto de sus
iniquidades, dió muerte en un café á un infeliz obrero
que había tocado inadvertidament.: las inmaculadas in·
signiae del militar, que s0 dió por oft!niido. El casti~o
dtl culpable no fué ni con mucho proporcional al delito,
y la gente pacífica que á cada paso Btl ve expuesta á las
agresiones poco razonadas y bruscas de los que llevan al
cinto una espada para defender la patria y su~ ins~ituciones, han levantado la voz en la prensa y provocado agrias
diecueiones en el parlamento.
No será el Em.-.erador Guillermo, quien tiene puesto en
amor y eu carifio en su brillante ejércit,, el que cercene
ni una parte de los privilegios con que él y sus predecesores ban distinguido á la clase militar. Dtisde que las
hazanas germánicas sucesivas prepara•on y llevaron á
feliz término la unidad del Imperio; desde que las armas
prusianas se engrandecieron con los despojos de Dinamarca vencida y con la h~emonía alemana que arrebitaronáAustria humillada, y constituyeron tra11 lucha tremenda la nación moderna, fuerte y podero~a, todas han
eido ostentaciones de fuerza y de poder, que ee refl~jan
basta en los actos ruás comunes de la vida social.
~i la sociedad ge-wánica no tuviera el vigor y la ener•
gíade las razas nuevas, ei no deeplPgara en su desarrollo
y evolución natural esa virilidad fecunda que carocteriza
á los organismos modernos, y no la viéram&lt;H distinguirse con 1:mvidiable dietinción en toda~ las eef,ffas á que se
aplica la humana actividad en la obra de la civilización
y del progreso, diríamos que el militarismo co..uo úl·
cera ruín corroía lentamente los miembros del gigante,
y amagaba con amenazas de muerte al coksal Imperio.
Pero no, la Germanía con la adarga embrazada y la lan•
za en la cuja, vela celosa por su sPguridad, y ei no la es
permitido dejar las armas, es porque en lo interior la
acecha el socialismo que nmieg~ de las legendari&amp;R glorias imperiales, y ruge amPnazante contr11, la monarqufa;
y en lo exterior, espían el momento oportuno para ano·
nadarla, razas y pueblos, gentes y naciones, que recelan
de su soberbia gran.deza.
No coaeeguirán nada, pues, los que pretenden menoscabar las prerrogativas del soldado en favor de las clases
civiles. Guillermo II no cejará ante esas pretensiones,
porque no puede retroceder. La acción es 1.ncampamen·
to, y gracias que al redoblar de los atambores y al agudo
toque de los clarines, va encaminándose segura hacia en
indisputable progreso.

***

,. ¿Se1á verdad que lucen ya auroras sonrosadas y días
risuefloe para los infelices cristianos, por tanto tiempo
víctimaa inmoladas á la barbarie musulmana? ¿Será cierto que el Suhán Abdul- Hamid ha consentido por fin en
hacer cesar las escenas de sangre que hicin,m extreme•
cer de horror al mundo civifüado, y que st: uecide á im•
plantar las reformas que dén libertad á sus eubditos y

En vano nos debatíamos t:ecando racional explicación
á la existencia de la República Mayor de Centro América; en vano procurábamos definir satisfactoriamente sus
tendencias y sus aspiraciones.
Habíamos visto tres nacionae inquietas y turbulentas
ligarse en una especie de confederación, ostensiblemente para dar estabilidad y poder á sus exhaustas energías;
pero no las concedíamos vitalidad suficienw, creyendo
que se basaba su alianza en platónicos sueflos y poéticas
concepciones de ~onfraternidad internacional.
Habíamos visto á Nicaragua, Honduras y Salvador,
campo fecundo donde han germinado todos los ddectoe
de nuestra raza y todos los elementos morbosos de n uestro carácter, unirse en aparitincia para desarrollar sus
fuerzas activas y sanas y aplicarlas al progreso común;
pero juzgábamos esa unión vanal, dada la inestabilidad
enfermiza que a4.ueja á los gobiernos de loe pueblos congregados.
Púr fin tabemoe á que atenernos, pues comienzan á
descnbrirse las secretas miras y las ocultas tendencias de
esa República Mayor. Libre Nicaragua de la insurrección
que amenazó la existencia de eu gobierno actual en los
primeros meses del presente afio; sofocada por el General Zelaya la conspiración que en los pasados díae¡uso
en peligro eu azarosa vida; y decidido á perdonar sus
enemigos desarmados por medio de general anmietía,
avisan por telégrafo que acaba de mandar un env'.ado es·
pecial que lo represente en la Dieta Internacional que re•
eide en la ciudad del Salvador. No va en verdad con objeto de afirmar la alianza y consolidar la unión, sino buscando el apoyo de los aliados á fin de poder rescatar por
medio de la violencia un territorio que ocupara CostaRica en l~jana y remota época.
¡Qué tal la unión y fraternidad centro-americanas! Y a
era tiempo que salieran á luz y no estuvieran cubiertas
con mentidos oropeles. ¡Ya convenía que se ostentaran
al mundo en toda su desnudez y no abrigadas con púr •
puras falsas y lujoso ropaje de relumbrón. Bueno es co•
nocer á donde van los fundadores de la República !Ia·
yor de Centro América.
X.X.X.
25 de Noviembre de 1896.

Notas Teatrales.
María Tubau.-Thermidor.-.La. Ope:ra.-Roura.
María Tubau ha abandonado la capital de México.
Tras una temporada fecunda en éxitos artleticoe y pródiga en desastres pecuniarios, ha marchado la elegante
actriz hispana á Guadalajara.
Prou· Frou, una de las joyas más preciadas del moder•
no repertorio francéa, ha sido la obra elegida para hacer
eu presentación al público jalisciense. Gilberta, su pro·
tagonista, es uno de lo ➔ tipos escénicos más diffcilee y ee•
pin:&gt;sos que crear y sostener pueden el talento de un actor y los conocimientos de un artista. La joven alegre,
coqueta, aturdida en los primeros actos, es la mujer amante en el tercero, la esposa adúltera en el e u arto y en el
último la arrepentida pecadora que llora sus pasadas cul•
pae, sus errores y sus extriwíos, y muere al fin, dichosa
y eonriente, entre los brazos del marido ultrajado, de la
ofendida hermana y el agraviado padre, que la perdonan
sus afrentas ...... y después de extrecbar al bijo,~abandonado, que apenas si reconoce en ella á la autorade su
existencia........ .

*

* * de la humanidad, la epoComo todas lae grandes obras
peya redentora que derrocó á la caduca monarqufa fran•
cesa, ha tenido injusto3 y apasionados detractores. Se-

EL MUNDO.

LAS FIESTAS DE PUEBLA.
D:rl-lCUR!!-iOS del sei'l.or Prei.idente de la.

Ro:,públlca.

En el Casino Español.
Seflor Ministro: Señores:
Doy muchas gracias á la simpática celonia eepaflola
de PuPbla, por la eltgancia, buen gusto y buena \'Olunt11d que para obsequiarme ateeoró e11 este tepléndido banqi1ete; y al Duque de A,coe, RU digno y muy disti1 guido
Representante é i11térp1 .. te de eu11 g1::11nosos y el1::v• dos
sentimientos, por las ddicadas frast-R en que, para honrarme, ha vertido toda la berwvolt,ncia con que sus compatriotas cautivan rui gratitud.
Las manifostaciones d., e~tt" género y de esta procedencia de que he sido objeto pn otros .Est11doe; el carácter de
los eepaf'loles naturalmt&gt;nte um1~to~o y franco. y su asimila~ilidad con nuPFtrae cl11~es Pocialt-s reFpt-ctivae, nos
autorizan á pt-nsar qne la C'olonill t'Spafiola no tiene de
f'Xtra11jera i,n México mas qnt&gt; el regi~tro; y ni podf11 ser
de otro modo, tratáudoRe ct .. hombrt'B que VÍ\t'n jumos
en complicado engranllje d .. fa11tilia, que hablan una misma lengua, qut&gt; tit&gt;1,e11 111,as rui~mas costumbreR, 1:na
misma ~argre, y en gPnPral, unas nii~mas cre.. nciae; y
así se explic:1 qne en un tiempo tan corto relativamf'ntt&gt;,
hallan desapart cido entre nosotros laR huellas enconoFas
de una :!eefl~trosa guerra de once ar'\os, como fué la dos
vecPs huoicHgnerra de Inde'&gt;en&lt;lencia; y que ahora, tanto los PFpaño1..s como loe mexicano~, Pxaminando esa
guerra, coa mirada ret rospPcti va y á sangre fría, la consideremos como neceearia rt'alización de lae leyes inelu-

LEGACION UE MEJUCO EN :UA01u o.-El

General Rlv&amp; Palacio en Jl-'!l:l.

FJLO~OFL\. POLITICA.
. Para C?nfagraree á la política se necesita tener sed de
mmortahdad ií lo menos de la que pueden dar loe bombreP. ~u c,11111~cuencia? convjenl? v_ivir y obrar siempre
como s1 Pe d.-b1e11e morir al d1a e1gu1ente;según la manera de ~aer sobre La escena, la historia establece su juicio.
El!a turne en menor aprecio loe servicios hechos en el
pr1wer acto que las faltas cometidas en el último.

•**
Una paeión política sincera es lo que hay de más respetable. en el mund&lt;?. No ee mide por loe honores que se
ha podido recoger smo por la cifra de los eacr1ficios que
se han hecho.
BI amor de un hombre ~e Est,ad&lt;:&gt; por la causa que defiende se reconoce, en la vida publica, en los mismos sig·
110~ _q_ue el amor del p~dre ~ del e11poso en la vida de la
familia. El que ama bien tiene en poco sus sufrimientospersonalee, con tal que estén al amparo de ellos todos los
que le son caros.

***

~~ que afirman que las casas de gobierno son sitios de

delicias, ~terran doblemente, primero porque afirman
una vosa 10exacta! después porque aumentan la multitud de los pretendientes al poder. Si se supiere como es
la v.-rd~d. q111: hay p~os 1mios donde se experimentan
más fat!ga~ é 1_nfortu,mos que en el palacio del Estado, 88
verfa d1~mm_uir el numero &lt;;le los ambiciosos que ee disputan el gob,.-rno y solo aep1rarían á mandar lod que sienten en e~, alu,a la fuerza para hacer muchos eacriücios
por el b1~n del paíe.

LEGACIÓN DE

MEXICO EN MADRlD.- C'asa del General Riva Palnr io
en 1893.

Es lo que Julio Simón ha expresado de es,a manera
adwirable: «En la revolución hay dos revolucioms· la
de la justicia y la de la venganza....... ,,
'
The:rmidor, el drama de Sardou ea, en mi opinión un
ataque inmerecido á esa obra titinica.
'
En cuanto á la forma, el interés dramático de todas sus
escenas, es una gallarda muestra del talento, la habilidad
y maestría del más fecundo-y acaso el más preclaro-de
loe autores franceses contemporaneos.
Su argumento es un interesante episodio de la vida dP
Laboussiere, el simpático comediante tan enaltecido por
Lienart como discutido, y aun negado por la crítica seria
é imparcial.
El autor ee propone elevarlo, y lo consigue, deetacando
duunte todo el drama, su figura noble y generosa sobre
aquella tnrba de foragidos, abyectos y despreciables.
La Opt-ra ha tentado sus reales en los teatros mexicanos.
En el Ñacional y en Orrin ee rinde fervoroso culto al
arte lírico, se tributa constante homenaje á Verdi y Dú•
niz7,eti, á Gnunod y Mascagni.
Ronrn, t-1 joven tenor dramático que en el Nacional ac·
túa, ~" el cantante favorim del público y predilecto de la
crómca.

Otro pagode $5,000., de "La Mutua"
EN P .A.C HUC.A..

Pacimca, Noviembre 11 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.»-l\1éxico - Muy eeflor mío:
Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y ~ . y ~ante el
Sr. Notario Público D. .A.ustreberto T. Andrade, ho7. me
ha sido entregada la suma de S 5.000,00 (Cinco mil pesos), valor de la póliza núm 765 222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Mejía.
Doy á usted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido .;ste pago, autorizándolo para publicarlo.-Sn atta. s.:s.-Soj"ia Mei!a.

LEGACIÓN DE M EXICO EN

MAOR:o.- Despacho del General Rini
Palac io.

dibl,.e que rigen á la naturaleza. En efecto, la evoluci.',n
social en que fueron actores nuestros padrPs y tt-atro
nuestro país, ee desarrolló de una manna titn 11Rtnnd
El amor de la patria es la***
primera virtud de los hom· como lo es que sembrando dinamita se co~echen f'X:
bree de ~s~ado. Todos lo invocan y es cierto, á pesar de plosiones, porquP es muy natural que la gpnerosa y valos ruald1c1entes, que todos están profundamente pene- liente P!'ngre eepañola, y la no menos genno~a y no metrad~s ~e ~l. _La ~esgraciaes que frecuentemente se ha- nos valiente sangre azteca, al cruzar sus!'nrrit&gt;n,Pe en loe
ce dificil d1et10guir entre todos los si,rviciós que pueden c~razonee criolloe, estallaran en ~quella d'gna alti v1 z qne
bacersl? á su partido y loe sacrificios que deben hacerse á hizo á nuestros padres ver como macE1ptable la condición
la patria.
de colonos en que vivía!!. Peros! bien es cierto que disputnron á la madre patria el mahenable derecho de Pjerc~r en propia gobernación, también ee qnP nunca le retiraron, no sólo el respeto, pero ni el cariño qne ee debe
á nna buena madre, puesto que en eu ¡,rimi'r conato de
indPpendencia, le pedían un vástago d« la familia á la
sazón reinante en Eepafla, para ceflir la corona de MéxiC?; Y tambi~n ee cierto que siempre han acogido e!l esta
tierra de Hidalgo á todos loe españolee qne fraternizando con ellos han querido traer el contin~••nf P de eu inteJigen~ia y su trsbaj&lt;! para ayudar á hacerla fructuósa y
que siempre ~plaud1eron y celebraron como pr.-,pias todas sus v1ctor1as y lamentaron sus deegrncÍII@, v lo que
ea más y vale rr.áe qne una ordinaria boepitalidad lrs
han conceptnado dignos de sus hijos, para formar 'con
ellos honradas y mny amables familiaP.
Ahora bien; si toda nuestra evolución ee efPctn nece·
sario de leyes natural~s, ~s también mny natnral que al
llega_r á _nuestro ~onocim1ento esos poderOEo!! imp•tlPOs
de vitalidad nac10nal y elev~do civismo que en e@tos mo~entoe presentan á la madre -patria ante el mundo civilizado, patriota basta el sacrificio como Guzm11n PI Bueno y ~omo el no menos bueno Nicolás Bravo. generosa
y d~smteresada como lea bel la Católica y abnegada y
va!iente como PI Conde de Reusen los Caetill ..jns y Zaragoza en Puebla, exclamamos poseídos de noble orgullo:
¡esos son los nuestros!; ¡he ah( nuestra raza!
Sefiores, yo propongo á ustedes que brindemos por la
prosperidad personal y política de SS. MM. la RPyna Regente y e_l Rey D. Alfonso XIII y porque todos los espa•
flolee r~sidentee e.i:i México, sigan teniendo si&lt;•mpre para
la patria d.e sus b1¡os, tanta consideración y simpatía como ~ratitud. mneciJa _estimación y respeto tenPmns los
mexicanos por la patria de e!loe, ilustre progenitora de
la nuestra.
LEGACIÓN DE

Mu:1co EN )LU&gt;R_ID.-Bibliotcca. d el Gen
lacio en 1893.

e

ra}

Ri . p .

'a a

En el Panteón Francéa.

Señor Ministro:
Os agradezco muy sinceramente y agradezco tu Socie-

�EL MUNl)&lt;).

:-{36

29 N CVIEMBRE, 1896.

29

NOVIEMBRE,

1896.

337

EL MUNDO.

~as fiestas Presiaenciales en Puebla.
&gt; •

,

LAS FIESTAS PRESJDENCIALF.S EN PUEBLA.-Grupo tomado para EL MUNDO por el Sr. L. liecerril, en casa del Sr. Gobernador del Estado.

dad de Beneficencia FrancePa, 8uiza v B11lga, que contarais conmigo para esta simpática ceremonia,
en que á manera de piadosa re:onciliación de ultratumba preparáis descanso común de eterna paz
á loa bravos veteranos que cumpliendo honradamt&gt;nte con los deberes de su honrosa y noble institución, y siguiendo á sus banderas respectivas como buenos soldados, alcanzaron aquí muerte gloriosa
y el rE&gt;speto nniverrnl.
Vuestra filantrópica Sociedad tendrá seguramente la cooperación de todas las autoridades de esta
República que, como las de Puebia, responderán siempre á sentimientos tan nobles y generosos como
los qne inspiraron, promovieron y pre~iden este solemne acto de vuestro elevado é ilustrado civiemo.
Ojalá que el sagrado monumento cuyo cimiento venimos. á fijar, fuera considerado por las generaciones futur~P. no e61n como merPcida ofrenda de gratitud á los hombres de fuerte volnntad, que ll
mediados del aigl &gt;que fina eesacrificaron aquí al deber, sino también como símbolo de protE&gt;sta que 1011
hombreede la g~neración presente, hiciéramos sobre sus tumba!:', de no volverá cruzar nuestras armas.

\_

,.

LAS

FIESTAS PRESIDENCIALES EN PUEBLA,-Gan1tula del Menú del banquet.e ofrecido
al President.e, por la ciudad de Puebla.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN PuEBLA,(-Caratula del ~enú del banquete ofrecido al Presidente por ,la :
Coloni:l. Española.

Ll.egada del tren presidenciál á
HERMOSO ESPECTACULO.

. No ha mucho tiempo, y esto ya !o hemos dicho, el Presidente de la República veíase obligado á permanecer en
la capital, ni más ni menos que el reo político de cierta
categoría á quien se da la ciudacl por cárcel, so pena de
hallará su regreso, en vez de un pueblo entusiasta que
aclama á su jefe, un caudillo ambicioso dueño de las
chusmas y resuelto á hacer variar el curao de los acontecimientos. La tranquilidad del país era -intermitente y
no menos por ende los benéficos alcances del derecho de
gentes. De seguro los más optimistas no auguraban el im ·
perio de una tranquilidad verdadera para breve plazo y
habrían negado hasta la sola probabilidad de un estado
de cosas talcnal lodisf:utamosenlaactualidad. Hoy empero de tal suerte está arraigada en los ánimos la noción clarísima de que hay que conservar la paz á todo costo; aeha
normalizado en modo tal la vida del país encauzada ampliamente en la vía de un adelanto seguro / firme, que
las generacionee presentes gustamos qm1 se noa relate
la época de las revueltas, como si se tratase de una vieja
historia romRntica, cuyos contornoa y proporciones es·
fuma el pasado. El viejo iele de.la República, ajustándose el primero á 1a evolución -por él iniciada, olvida el estruendo de las antiguas bregas, ante el espectáculo nuevo
y cautivador de !" pro&amp;peridad nacional, cuyo incipiente
latido se escucha donde quiera, y con la glo1ia de sus canas asiste al pomposo despertar de un pueblo joven, lle·
n9 de latentes virilidades; ansioso de medir por sí mismo
el alcance de su obra, recorre la inmensa extensión de la
República, siempre para autorizar con su presencia, una
manifestación nueva de adelanto, y en tanto que be pueb_los que recorre lo agasajan y aclaman, souríe tranquilo
sm que la sombra del más mínimo temor embargue sn

l.a estaclón.-(Tomado del natural por nuestro dibujante).

ánimo. La capital le aguarda serena y une sus votos de como se arroja un traje usado y se muestran animadas
en pleno período de prosperidad, hormigueantea de mufelicitación á los votos del país entero.
chedumbre. ostentando sus grandes empresas comercia¡Oh! sí, estamos ya muy lejos de los azares de la reles. Tal Puebla y tal Guadal ajara que muy en breve recivuelta, cuyo relato caus'\ en los espíritus de las nuevas
birá también al Primer Magistrado de la nación.
generacioneE, la impresión de una vieja historia romántica!
Placentero debe ser para este el brillante testimonio
' *
que esas ciudadeb encierran; ellas le .demuestran con la
**
Las fiestas de Puebla han constituido una manifeRta- incontrovertible lógica de loe hechos que su obra ha sido
magna y feliz, difundiendo por donde quiera bienes sía
ción, una prueba má~ de lo que venimos afirmando. Tod?s los Estados aD9ían, si vale decirlo, para la consagra- · cuento, y acreciendo aun más s•.1 estímulo, dan vigor
nuevo á esa energía siempre en vela, á esa energía que
ción de su progreso, la presencia de! que lo inició y lo ha
robustecido, y la ciudad angelopoli:ana, con razones aun · jamás flaquea en el camino que se ha trazado.
más valederas que sus demás hermanas de la nación, de***
Holg.1ría describir aqu( las fiestas angelopolitauae.
bía l;'nhelarla. Ella vió brillar en todo su esplend,or la
Nue~tra tarea no es de información inmediata y además
glona del soldado de la Intervención y de la Reforma;
ya EL MuNoo diario y EL I.tPARCCAL llenaron sus colum•
sus muros veteranos aún conservan huellas del dos de
nas con oportunas y detalladas crónicas: U na ciudad T1er •
Abril. Justo es que ya reconquistada la paz definitiva,
viese también al héroe de ella discurrir por sus hermo- mosa, con fifünomía de fiesta; una multitud entusiasta de
sas avenidas, no ya en son de guerra, á banderas desple- todas las órbitas sociales, testimoniando de una manera
gadas y tambor bati~nte, sino como repres~ntante de estrepitoea,Ia popularidad del General Díaz con sus aclamaciones y vítores jubilosos; iluminaciones féericae que
una nación próspera, que pasa revista á las magnas obras
con vi~rten á. la linJ.a capital poblana en una ascua de oro;
de una paz por él asegu-rada.
Y qué mejor testimonio del alcance de su obra reinauguración de monument'os hermosos y de mE&gt;joras
dentora que el del admirable cambio que registra el
materiales de importancia; manifastaciones de eimpatía
hacia el Jefe de la Nación, provenientes aun de la➔ daGeneral Díaz en las ciudades que viaita. Pocas de la República pueden serle desconocidas; en los tiempos azamas más distinguidas que arojan flores á su paso, de las
rosos de la brega el distinguido jefe, en el activo servido
cuales él en un movimiento de oportuna galantería reco·
je algunas para prenderlas en el ojal de su levita; banque,
de su causa, peregrinó por todo el pa(;¡, que sacudido pOt"
continuada crisis,noh11labaesas treguas en que las naciotes op(paros, ofrecido~. no ya solo por el Gobernador del
Estado y por la Sociedad poblana, sino por las colonias
nes respiran y crean. Mas. cuántas innovaciones halla el
Presidente! Donde él dejó campo3 malditos de simiente
extranjeras que palpan como nosotros los inmensos reperezosa h r,y encuentra ubérrimos sembrados llenos de
sultados de nuestra paz fructífera; frases de afecto y de
aliento...... las múltiples formas, en fin, de un cariño unipromesas y de frutos. Son ciudades modernas las que
visita, que han arrojado airosaJ su aspecto de vetu9tez
versal. Todo esto lo saben nuestros lectores tanto como

�ELMUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDE'.\UALES EX l'L'EBLA.-Arco del .\rnntamiento, con esta inscripción: "El Ayuutamlento de Puebla. al heroe
de la. Paz.-1896."

nosotros y no aventajaríamos por ende nada reproduciendo un relato perfectamente conocido. Sí haremos notar,
porque de notarse es, que los fostejos de que nuestro Presidente ha sido objeto en Puebla, no responden al impulso oficioso de tal 6 cual grupo, de tal 6 cual gremio;
no son el resultado de la voluntad oficial, sino que tienen
el caracter de la popularidad más franca que pueda verse.
Con unanimidad notable, la sociedad entera de Puebla, festejó al jefa de la Nación, representada por todas
sus clases y aun por la i,,men~a mayoría de individuos
de que estas estáu formadas. Fué un movimiento general desimpatfa el que dió á las fiestas su mayor atracti vo:
esa fisonomía especial qne no hubieran podido darles to·
das las gestiones oficiales, porque su ronstitutivo úni•
es la espontaneidad.
Muy pronto luchará con rl recuerdo de estas fiestas el
de las que se preparan en Guada)aj~ra y que con eH_as
competirán en brillo. En tanto llegan y lea consagramos
su especial resella, vaya con estas líneas nuestra felicitación más sincera para el Seilor Gobernador de Puebla
y para la so&lt;liedad angelopolitana por el brillo de los festejos presidenciales.
,

Adán no pretendía formar oraciones, y menos pronunciar discursos. Si gustaba de que Eva se le acercase, ex~endía el brazo en dirección de aquella, y abierta lamano la 11gitaba dos 6 tres veces hacia sí, del mismo modo
q11e ahora se uRa para llamará alguno; si quería que la
mujer se retirase, resbalaba con fuerza la yema de su
pulgar sobre la del dedo que se llama de corazón, y pro-

29

NOVIEMBRE,

&lt;luciendo ese ruido con que se acompallan muchos bailes cuando no se tienen castañuelas, Pila perfectamente
lo entendía; si por alguna cosa se enfadaba con su mujer (necesidad en el matrimonio que no pudo faltar en
el primero), con enarbolar el brazo y apretar el pui'ío,
expresaba muy bien s11s intenciones; y por medios análogos pedía de comer, daba las bnena~ noches cuando se
iba á dormir y los buenos d1as al despertar, y no le faltaba signo para ninguna necesidad de su vida. Pero
Eva no se encontraba á gueto: sentíase parlachina antes
de poder serlo, como dPspnés se sintió pecadora antes de
que existiese e_I pecado; quería conocer los nombres de
todas las cosas, le importasen ó no, cantar en las fiesta&amp;
y escandalizar en las riñas, y á falta de dicciones ensordecía al pobre Adán coa gritos y con palmoteos.
Pensaba ella que sin PI uso de la palabra no significaban el hombre y la mujer co•a mayor que los 1111imales
inferiores, toda vez que éstoe se compr..nden de la misma manera que aquelios por P.ntouces lo hacían, y en sus
mímicas oracionPs rogaba á Dios que le otorgase el ha•
bla para utilizarla en HU obsequio, pnesto que en alabanzas euyas la había de emplf'ar; 1-xponfa como abono de
su rlesPo lo monótono de una vida en que se bacía todo
callandito, y afirmaba que, de prolongaree aqnella mudez, quedaría ijin cumplimirnto la soberana Voluntad
que basta entonces la libertara de la :~ue1te, y no habría más remt!úio que morir, porquti la mujer ó !Jabla 6
revienta.
No atendía Dios aquellas súplicas (El sabría por qué)
y Eva :rn,neutab&lt;\ sus solicitudes; pero como Re pasaban
los dfas sin rernltado para sus ruego~. probó, ein otro
concurso qne el ·de su voluntad, poner nombre á todas las
cosa~, con~truir verbos, expresar adj ~tivos y coorcünar ideas con el único medio dP que d1R1&gt;onía, que era el
Pigno, y á costa dP. traba;o trocóse en telégrafo ll" sefíalee, con tan ext,raño movimiento y tan sin tregua, que
Adán ee mareaba con aquellos discursos, sin comeguir,
no ya imitarlos, sino que entenderlos tampoco.
Viendo, pues, el Señor que el hombre P;nloquecía con
las diabluras de la mujer, porque se paeaba las horas recordando signoR y procurando hacerlos, y embrollándose con la complicación de aquella jerig,mza, y que Eva
contin11abi1 en su propósito de no callar así la ahorcasen,
determinó qne sin tales trabajos se entendieran, y otor•
góles por misericordia un lenguajo sonoro, armónico y
comple~. en el que se decían las cosas como Dios manda, y al pan se le llamaba pan y al vino, vino.
Pero no cayeron por eeto en desuso los escasos signos
con que primero se entendió la pareja, ni los infinitos ya
inventados por la mnjer, aunque con la palabra eran in•
útiles; antt-s Eva Pe obstinó en que habían de unirse á
los vocablos, sin duda para hablar por partida doble; y
a pePar de que Adán, inspirado por Dios, trató de persuadirla, no hnbo manera de que ella obedeciese: tan
orgulloea eetaba con su invento.
Conviniéronee, puee, en que á cada voz, ó por lo menos á carla idea, acompallase un gesto ó maniobra que,
Pegún Eva, Pxcusarfa palabras y facilitaría P.l buen sentido. Así fué, con efecto: la acción correspondiente á cada
frase, no sólo completó el sip:nificado, sino que aumentó
su valor y produjo gran claridad y mayor interés en las
con,ersaciones.
Esto duró muy poco: no más tiempo que PI qna tardaron en pecar: porque apenas comieron del frondoso
manzano y se les cerró el Paraíso. casi se les cerró también el entendimiento, en el que ya penetró muy e,casa
la luz de la razón. Y a~í como el divino man jar no trocó
á J11das en el mismo Jesús, sino que le inclinó más al
pecado por hallarse ya en él, así loa dones celestiales se

. Hablar por hablar.
Eva, la buena amiga de aquella condenada serpiente,
disfrutaba de los mismos dones celestiales que su marido. En la costilla falsa de que ella se formó ( porque nadie duda de que debió ser f · Isa la·costilla) entrP.meti6 la '
Divinidad todas sus dádivas, y la mujer tuvo bermoeu·
ra, habilidad y discreción, de igual modo que el bom·
bre. Una de las más útiles mercedes del Bacedor para
sus hijos en la ~ierra fué la facultad de entenderse, ni,
por medio de la gramátic~ como ahora se usa, ni tampoco con 110 número más ó men{)S grande de dicciones; la
manera con que explicaban sus deseos Eva y Adán fué
mucho más sencilla: algunas seilas, vario~ gestos, diversas actitudes y ciertos gritos; con esto les bastaba para ·
las neceFidades de su vida, muy sencilla también.
Este lenguaje primero que Dios les dió, en el que la lengua no intervenía para nada. se conserva aún entre nosotros como donativo esp{)ntá.neo de los cielos, y todo
hombre 10 sabe sin necesidad de maestro que lo ensefíe,
ni de libros en que se aprenda, ni de diccionario ( digámoslo asf) que lo signifique. Es forma de expresión que
nace al par de la criatura, porque con ella y para ella fué
formada, no ee olvidará nunca, y auxilia poderosamente
y constiiuye á veces el vocablo lo mismo aquí que en
China, mientras la eabiduría loca anda en busca de un
idioma universal cuando sin buscarle le tiene.

1896.

•

LAS FIESTAS PRESIDE~CIALES EX PUEBLA.-.1.dorno de la fuente de Sa!I"Ftancisco.

29

NOVIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN P UEBLA.-Adorno en una calle de la ~iudad.

-confundieron en el alma del pecador por no estar desde
tntonces preparada del toJ.o á recibirlos.
. Ya no se aplica,on loH 81gnos de ~va en perfecta re!ac1ón co~ lo_ que la palabra decía, sino que las más &lt;le las
Yeces s1gu1ticaban lo contrario, y un «Dios te guarde,"
ac,ompatia~o de mal gtsto, sonó peor aún que si se dijera:
«li:I demomo te lleve.11
l&gt;ejó, pues, de_sig1,i6.~arse con la voz lo que con ella se
decía,_y no se ~•Jo ya srno lo contra.río de 10 que se pensaba; mterpretose el valor de las frases tomó un mil!IDO
vocabl_o _diferentes sentidoe; y el recelo' de los oyentes y
la mahcia de los 01 adores dieron a l traste con la claridad
_y la pureza del leuguaje divino.
Por eso hoy sólo nos sirven fas palabras para que no
nos entendamos.
LUIS CALVO REV[LLA.

339
ro, y qnP Pn nuestro país está verificándoae ,.hora, al pa•
recn, co11 éxito inmejorable.
Lo qne produjo la impresión de extrañP1.a á que antes
mP. he referido, es la segunda parte del parrafo la cuaH gn nda parte. contenía lo siguiente:
'
«l'.ira la función inaugural prepara una reprise de La
Damn de la8 Camelias con una novedad intur..eante. Todo~ los artistas vestirán con arreglo á la mor!/\ de 1846.•
Y ¿á eso llaman ustedes novedad interesante? Y la ilustré Sarab, artista de ciarísimo entendimiento, ¿concede
importancia á esa niilerfa?
Porque, no lo duden ustedes, eso de que los artietas se
vistan ( como, en efecto, ee han vestido) á la moda de
1846 es una verdadera puerilidad: un alarde afectado y
como afectado ridiculo, de respeto al pormenor á la ~11.
nucia, á lo insignificante.
'
¿Qué bellezas añadirá á la obra de Dumas, hijo obra
que se sostiene hace medio siglo en todos los esce~arios
del mundo, la circunstancia de que loa actores !u.can
frac azul con botón dorado, y las actrices cubran su cabeza con la capota de toldo de tartana?
Esos lujos de exactitud, siempre y por necesidad in•
completos, pueden servir en algunos casos para ocultar
defectos de la obra literaria 6 deficiencias de artistas me•
diocree. Ni la obra de Alejandro Dumas, ni el deeempe~o de ~arab, necesitan seguramente eeos incentivos ant1artíst1cos para lograr favor del público. Quédese ese
afan de deslumbrar al espectador con vistosas decoraciones y c~m in~umentar\a extravagante para obras de eecasa cons1stenc1a, y escr1t-as acaso con el solo propósito de
qu~ ln_zcan sns dotes escenógrafos hábiles, y sus piernas
ba1 lar1 nas hnmosas.
La Dama de las Oameliat, drama pasional, es por eso
mi~mo dtl todos los tiempos y de todos l{)s paílíeS y tant? impresiona exhibido á la moda de 1845, como c'aracter1za&lt;io á la usanza del siglo XVII.
. Cuando el insigne y entusiaPta actor Emilio 1\far10, P~!le en esce~a El Caft y El Si de lasnifla8, El Viejo
y la 1, iña, comedias en que Moratín retrató admirablemente usos y costumbres, preucupaciones y vicios de @u
época. procede con gran acierto y suma cordura haciendo qui: los actort&gt;s vistan los trajes de la época retratada.
J~s sametes del ce)ebérrimo D. .Hamón de la Cruz, y caPI todas las comedias de B~etón, son asimismo cuadros
rle época determinada, en los cuales la circunet,ancia del
tiempo entra por mucho, por casi todo, en la composición.
A. SÁNCllEZ P.l!:REZ.

PUERILIDADES.
He leido en muchos periódicos la agradable la noticia
·dt- que Sarah Bernbardt, la eminente trágica francesa, se
i,_ropone _estrenar muy pronto la aplaudida obra del insigne D. José Echegaray, titulada Mariana.
Lo Cf:lebro por Sara BernharJ.t, q11e seguramente estará admn:able en ese drama: lo celebro por Echegaray
-cuyos trmnfos en el extranjero son triunfos de España'·
Y 10 celebro por 1~ literatura eepaflola, que acrecentará
de ese modo, g~c1~ ~I ~lento i1;1discutible del insigne
dramaturgo, su Junsd1cc16n y su mfluencia.
Pero los diari?s en que leí, hace Ja algunos días, con
.gran conte_ntamient,o mío, esa 11oticia, d.,cían alg&lt;&gt; más
qu~ nada tiene que ver con el drama espafíol y que pro •
a u¡o en mi ánimo impresión de extraf!eza.
. V~ase un párrafo de la noticia que publicaban los per16d1cos á los cuales alt•do.
«S~rab Bernbardt se ocupa actualmente en organizar la
pr6x1m~ ~emporada del teatro de la Reuaieeance, que ha
·de ser dmgldo por ella.11
Nunc~ me ha parecido bien que un actor tenga á su
cargo, sunultáneamente, el desemp.:ño de los papeles que
le corresponden en las obras dramá~icas y la dirección
del teatro en que esas obras hayan de rcpresentar,e. y
cuando el actor no es actor, sino actriz, la cosa me parece
peor todavía.
. Tengo el profundo convencimiento de que las atribuc10nes del c~mico y l~s del director Jel tl'atro son. rle todo en todo, mcompat1~les eu u_na pereonalidad misma.
á Y hallo más determrnada eea rncllmpatibilidad cuando
esas !'los personalidades se une una tercera: la del emP:esano......... Entonces, ent_onces, _cu~ndo empresario y
duecto~ y ~ctor se unen ¡11món casi siempre funes-ta! en
un solo md1 v1duo, es cnaudo pueden decir los amantes de 1
teatro: Nulla es redemptio.
;E11t1éndase que hablo en general y que esta reg'a, lo
mismo que todas, tiene excepcione~.
;Esto no obstante,_ com~ jamás me ha pasado por las
mieutt-wa pr~tensi-On r1dlcula de que estas opiniones
mfas, q11e considero razonables, prevalPciesen sobre las
.~enera1,nente admitidas, me explico y comprendo que
:-ia~b ~~rnb~dt sea. á un tiP-mp? mismo empresaria, y
~m~ra cómica, y duectora (6 directriz) del teatro de la
\ na1s~anre, y e61o me permito, en eon de tímida proes1ta, e11cogPrme de hombros y Jiecir para mi sayo· ¡así
sadrát-llo!
·
b ~ extraiieza! sin em:i&gt;argo, no. reconocía por causa nn
· ec o que he visto realizado vanas veces en el extranje-

LAS FIESTAS P.RESlDE:-iCIALES EN PUEBLl.-Arco levanta1o en la calle.de Zlrago2a.

�'

•
340

29 N OVIEMRRE, 1896.

· EL MUNDO.

29

NOVIEMBRE,

EL 1ffiNDO. •

1896.

1

[as fiesk15 presiaenciales en Fuebla.

El Consul alemán, Sr. Doremberg, entrega al Sr. Presidente una corona de 1aurel ofrecida por las Colonias.
alemana y suiza.

'Q'"onsue1afe . . . . no llores!
cuadro de Retttg Cleslus.

:Hl

�29

29 NOVIEMBRE, 1896.
EL MUNDO
~34~~~==========--=:A:::=~====·================~

t
HISTORIA DE UN PICAFLOR
cuento Invernal.

-¡Ah! sí, mi amable sei\~rita. Tal como usted lo oye,
tms de un jarrón de Pauloma y 11. Peo de ponerse el aol,
parlaban como ninos vivarachos, no se da?an pu&lt;1to d.e
reposo yendo y viniendo de un álamo vecino a. una ht•
guera deshojada y escueta, que esti!. más alta de donde
uett&gt;d ve aquel rosalito, un poco más allá.
¿Qné, quiere usted saber la manera, el có~o y el .por
qué entendemos esas cosas los poetas? ...... Facil cuestión.
Ya. lo sabri!. u~ted después que la refiera eso que le ha
infundido ligeras dudas, y que pasó.tal corno lo cu~oto,
una cosa muy sencilla: la confidencia de un ave baJo el
cielo llZUI.
.
.
Hacía frío. La cordillera estaba. de novia, con su m•
menea corona blanca y su velo de hruma; soplaba un
airecito que calaba. basta los huesos; en·las calles.se oían
ruidos de caballos piafando, de coc~es_, de pitos, de
rapaces pr~goneros que . vendían per1ód1cos, .de tran•
seuntes, ruido de gran ciudad, y pasaban. haciendo re•
sonar los adoquines y las aceras los traba¡adores de ~os•
cos zapatos, que venían del taller: los caballer1tos
enfundad;is en lwengos «paletots• y las damas en!ueltas
en sus abrigos, en sus m!lntos, con las manos metidas en
hirsutos cilíndros de pieles para calentarse. Porque ha•
cía frío, mi amable sell.orita.
.
Pues vamos, á que yo estaba donde usted ~e ha rech•
nado, en este mismo jardín, cerca ~e ese sil.tiro de. mar•
mol cuyos pies hendidos están cubiertos por las ho¡as d'3
la madreselva. Veía caer los chorros brillantes del sur•
tidor sobre la gran taza, y el cielo que se arrebolaba por
la parte de occidente.
De pronto empezaron ellos á garlar. Y lo hacían de lo
lindo como que no sabían que yo les comprendía su gar•
loteo: Ambos eran tornasolados; pequeñitos onix. Die•
ron vuelta por el ¡ardín chillando, Cl!-5\ imperceptiblemente, y Juego en sendas ramas prmc1p1aron su conver•
eación.
-¿Sabes que no me gusta, le dijo el uno al otro, tu
modo de proceder? No es poco el haberte sorpre_ndido
eata mañana cortejando á la hermosa duella del Jardín
vecino, á rieego de romperte el pico y quebrarte la c~be·
za coatra los vidrios de su ventana. ¡Oh! ¿haLráse visto
mayor incauto? Como sigas dejando las flores por las
mujeres te pasará lo mismo que á «Plumas de Oro,• un
primo ~ío más gallardo que tú, de ojos azules; tenía el
traje de tornasol amarillo, que cuando el sol lt arrebola•
ba le hacía parecer ll&amp;ma con ala.
-¿Y qué pasó á tu primo? repuso el otro un tanto
amostazado.
-Escucha, siguió el consejero, tomando un aire más
grave y ladeando la cabecita. Escucha y ecba en tu ~aco.
Era "Plumas de Oro" remozo, moníeimo. 1Qué mono era!
¡ Y au historia!
En esas bellas ciudades llamadas jardines, no había
otro más preferido por las flores. En días de primavera,
cuando las rosas lucían sus mejoree galas ¡con cuánto pla·
cer no recibían en sus pétafos, rojos como una boca free•
ca, el pico de'. pajarillo juguetón y bullicioso! Las "no
me olvides" ee asomaban por las verdes ventanas de sus
palacios de follage y le tiraban á escondidas besos perfu•
mados con la punta de sus estambres; los claveles se es•
treme¿ían si una ala del galán al paso les movía con su
roce· y las violetas, las violetas pudorosas, apartaban un
tani:i su -velo de hojas y eneefl.aban el lindo rostro al mi·
mado picaflorqne volaba rápido, luciendo eu fraquecito de

-Entre las estrellas y las mujeres son éstas las más tep 1u mas pálidas, cortadas por las
tijeras de la naturaleza: Pinaud rribles rivales. ¡ A.quéllas están tan lejos!. .....
-1.hora bien, wi amable sefl.orita, si quiere usted saber
de loe elegantes del boeque,
"Plumas de Oro" era un gran el cómo y el porqné soy sabedor de len.guas d~ p~jaros y
picaronazo......... Vaya ei sabía de flores, míreme usted, que ya se lo dnán mis o¡oe.
cosae.
RuBÉK DARÍO.
Bajo las enramadas, en las
noches de luna cuentan auras
UNA VENGANZA
maliciosas que ellas mismas llevaron en sus giros, quejas, t~La viuda de Pablo Saverini vivía sola con su hijo Annues y apacibles aromas, sub1•
tonio, en una casa pobre, situada sobre los baluartes de
tos y vigorosos aleteos.
Bonifacio.
A ver, ¿quién dice que ·'PluLa ciudad, suspendida sobre el mar, al pie de la monmas de Orll" no era un tunante? tarla, contempla por el estrecho, erizado de escollos, la
Ay! cuánto lo amaban las flores.
costa mas baja de Cerdell.a.
Pues ya verás tú, imprudenEl viento azota constantemente el mar y la pelada coste, lo que le sucedió, que es 1~ t-a, apenas ve&amp;tida de yerba, engolfándose en el estrecho,
que te puede suceder como s1• cuyos bordes aeola sin cesar.
gaA en tus malas inclinacione~.
Los penachos de espuma, adheridos á los 1,egn1zcos piDigo que una mafl.ana de pn- cos de las innumtlrables rocas qull rompen por doquiera
mavera "Plumas de Oro" esta• las olas, ofrecen el aepecto de girones de lienzos que floba tomando el sol. En aquella ti,n y palpitan en la superficie del agua.
eazón bajó al jardín una de esas
~a viuda Saverini vivía con su hijo Antonio y su perra
mujeres que parecen flores Y Capitana, hermoso animal de pelo largo y recio, de gran
que por eso nos encantan. Te- resistencia y acostumbrado á la custodia del ganado.
nía ojns azules como "campi!.•
1,na tarde, á consecuencia de una disputa, Antonio f:anulas " frente como azucena, verini fué muerto traidoramente de nn navajazo por Kilabio~ como copihues, cabellos colás Ravolati, el cual aquella misma noche ganó la isla
como las espigas y en conclu• de Cerdell.a.
sión, ¿paraquédec!r más? "Plu•
Cuando la madre recibió el cadáver de su hijo. que vamaA de Oro" perdió el seso. .
rios vecinos le llevaron, no lloró pero permaneció inmó¡Qué contfouo revolar; qué ir vil á su lado, contemplándole durante largo tiempo.
y venir de un lado á otr~ para
Ex:tendiendo después su arrugada mano sobre el cad,iser visto por la dama r•1b1al
ver, le prometió la i:endetla.
Ah "Plumas de Oro," nosa•
No quiso que nadie la acompañara y se encerró con la
bes !~que estás haciendo ...
perra en la cámara mortuoria.
Desde aquel día las flores se
La anciana derramó entonces abundantes lágrimas, y
quejaron de olvido, algunas se
y dirigiéndose luego al cadaver, exclamó:
marchitaron augustiadae, J no
-Duerme tranquilo, hijo mío, que tu madre te vengasentían placer en que otros de rá. ¡Ya sabes que cumplo siempre mis juramentos!
nuestros compafl.eros lleg11:ran
Antonio Saverini fué enterrado al día siguientt&gt;, y á loa
á beFarle las corolas, y m1en• pocos días nadie se volvió á acordar de él en Bonifacio.
tras tanto el rédomado pícaro
**
toca quetoca las rejas de la ca•
Antonio no había dejado*ni
hermanos, ni primos, ni
ea en que vivía la hermosnra,
hombre alguno que quisiera consagrarse á la vendetta. Sóno se acordaba de los jardines lo su madre pensaba en ella.
ni de la~ olorosas enamora.das......
.
Del otro lado del estrecho veía desde por la maliana
·No es cii:lrto que era un su¡eto azá; perdedizo? Ganas basta la noche un punto blanco en la costa. Era Longote~ía de llegarme á las rejas .por donde él vagaba Y de•
sardo, donde se refugian los bandidos coraos perseguido:!
cirle á pico lleno: caballero pnmo, e3 usted un trapalón,
de cerca y dona.e vivía Nicolás Ravolati.
¿Estamos?
La pobre viuda, al verse sola, enferma y próxima á la
Llegó un día fatal. Ello h'.1.bía de suceder. Yo lo ví con
muerte. no sabía qué hacer para realizar su venganza.
mis propios ojos. MientraJ «P.lumas de 9ro11 revo\aba, la Pero había hecho un juramento ante el cadáver de su hiventana se abrió y apareció riendo la pven rubia. En
jo y no tenía más remedio que cumplirlo.
una de su3 manos blancas como jazmine3, con las palmas
Una tarde, al oir ladrará Capitana, tuvo la madre una
rosadas, en la siniestra, tenía una copa de miel, ¿y en la
idea salvaje y feroz, que maduró durante toda la noche.
otra? A.y, en la otra no tenía nada: «Plumas de Oro11 voló
Al despuntar el alba, se dirigió al patio de su casa y
y aleteando ee puso á chupar la miel en aquel.la C?Pª, co•
ató á la perra con una cadena.
roo lo hacía en los lirios re~ien abierto3. M:1 pnm.o, no
Capitana est,nvo ladrando todo al día y toda la noche,
tornes tiso. r¡ue esta~ b~bien~o tu muerte ...... Y chilla Y signientes, privada de alimento.
chilla y «P1umas de Oro" siempre en la copa.
A la otra mañana llevóle la viuda un lebrillo de agua y
D., ;epente la rubia apri-!ionó al de3{raciado consuma• nada más.
no derecha .....• Entonce~ él chillab\ mis que yo. ~ero
A las veinticuatro horas tenía la perra el pelo erizado
ya era tarde ...... ¡ A.h! "Plumas de Oro» ¿n&lt;;&gt; ~e lo dec1.a?
y tiraba furiosamente de su cadena.
L'.I. ventana se volvió á cerrar, y yo, afl.1g1do,.suphqué
Entonces la Saverini fué en bueca de una buena canti-.
para ver por los vidrios qué era de mi pobre primo. En•
dad de paja, cogió un traje de su marido, que todavía
tonces escuché que......• ¡ D:os de las avt&gt;.sl Entonces es•
guardaba y construyó un maniquí que colocó cerca de Cacuché que la dama decla á otra co!llo ella.:
pitana.
-Mira, mira, le atrapé; ¡qué hndo disecado para el
La cabeza del mui\eco estaba representada por un lío
sombraro .....•
de ropa.
La vi..ja fué á comprar un pedazo de longaniza, y al
vol ver á su casa empezó á azar la á la parrilla, jnnto al sitio donde estaba la perra, que rabiaba desesperadamente,
azuzada más y mi!s por el hambre.
Después, la Saverini rodeó con la longaniza el cuello
del maniquí, y dió suelta á ('api!ana.
De un salto formidable, el anunal asaltó la garganta
del muf'leco y se putlo á destrozarla en busca del codiciado alimento.
La anciana, que contemplaba gozosa aquel especMr ulo, repitió varias veces el experimento con idénticos resu ltados.
El ejercicio duró más de un mes, hasta que la Saverini
logró al fin que la perra, sin estar previamente atada ni
tener hambre, se lanzara á una señal suya sobre el ~uil.eco.
Cuando todo estuvo 11. punto, la anciana se fué 11. confesar; luego se disfrazó de vieio, se dirigió á la playa y
contrató con un pescador sardo el paso del estrecho.
Acompall.ába!a su perra, y llevaba en un eaco una longaniza, que excitaba el apetito del animal, que no había
probado ni agua durante dos días.
Al llegar 11. Longosardo, la Saverini entró en una panadería y preguntó por Nicolás Ravolati, el cual había emprendido de nuevo su antiguo oficio de panadero.
El asesino trabajaba en el fondo de su tienda.
La anciana abrio la puerta y exclamó:
¡Horror!...... Comprendí la espantosa realid!'d ...... Vo-¡Eh,
Nicolás!
lé á reforírselo á las rosas, y entonces, las eepmosas ven·
Ea1e se volvió, y entonces la Saverini, soltando la pegativae, exclamaron como mecidas por el viento:
rra y seflalando á Ravolati, dijo:
-¡Bravo, que lo coja por bribón!
-¡Anda! ¡A.oda!.. ....
Días después, la tirana que asesin6 al infeliz, se pasea•
El animal saltó sobre su víctima, y se agarró al cuello
ba á nuestra vista por los jardines, llevaudo en el som•
del panadero.
.
,
.
brero el cadáver frío de «Plumas de Oro.• Ya lo creo, co•
El iofoHz extendió los brazos, lanzo un gnto y cay6
moque estibamos en moda, ¡cómo que estamos toda•
en tierra, no sin defenderse con extrema tenacidad.
vía!.. ....
Capitana le hizo trizas el pescuezo, y á loe pocos moVamos, ¿has escuchado tú, imprudente, la hi~toria de
mentos Nicolás exnalaba el último suspiro.
mi cuitado primo? Pues no eches en saco roto mis ad ver·
Dos vecinos, sentados á la puerta de sus casas, re.cortencias..... .
daron haber visto salir de la panadería á un anciano
¡Oh! ¡qué triste es la historia de «Picaflor!•
acompai'lado de un perro negro, al que iba dando de coY luego, mi amable sellorita, se fueron volando aquemer durante el cammo.
llos dos pica-flores del álamo á Is. hiBuera, de la higera al
La Saverini regresó á toda prisa á su domicilio, y dnrrosal, y del rosal al espacio.
Y oí que decían las flores en TOZ quedh, tan queda que mió admirablemtonte aquella noche.
Gov DE IlfA.UPr.AsA:-T.
yo solo la oí en aq11el:os imtantea:

NOVIEMBRE,

1896.

LA DUDA.

•

¡Qué cosa tan absurda me parecía el matrimonio!
La palabreja, si se quiere, es rudi1, pero así la aceptaba
entonces mi inteligencia en completo acuerdo con el cora•
zón: tenía veinte afios y en el romance de mis emociones
juveniles no recordaba la alegre all.oranza de un amorío,
desconocía las delicias y penas del noviazgo, y no guar•
daba en estrecha cajita de sándalo, un dimmuto bagsjede
-cartas, ni desconocidos ramillettls de flores difun~as, ni
medallitas de plata con inscripción al reverso y jeroglífl•
-cos de cándido simbolismo en el anverso, ni un ricito
a.ado á listón azul, destefl.ido, y oliente á Ixora, ni un
guante ( vestimenta de mano prócer), ni nu pafiuelo de
blondas ( leyenda de lágrimas ), ni un retrato con dedica•
toria, ni un anillo, ni una reliquia, ni un amuleto, nada.
Nin~uno de esos objetos que en su simplicidad evocan
paseos campestres en tardes de cielo claro, citas misterio•
-sas en cálidas noches primaverales ó dulces querellas de
enamorados, ninguna de esas remembranzas de alegrías
muertas que al viejo roban una lagrima, al joven un es•
tremecimiento y al escéptico una sonrisa, había ilumi•
nado con sus lontananzas de amor mi solitario cuarto de
-soltero.
Era algo romántico.
Lo somos todos en ese períe,do de la existencia en que
la vida es una aurora y la realidad una noche; además,
¿quién no siente extrafios anhelos cu.mdo aun no ha es•
trechado entre sus brazos un gentil y airoso talle de mu•
jer?...... ¿Quién no euefia si no ha bebido la miel de la
dicha en labios iremulantes ó desordenado con mano
avara la guedeja de oro, que, cauda de luz, chorreaba so•
bre el flanco nutrido y blondo de una harmosa?
Creía en el amor, en el mito universal, sin creer en el
-casamiento tal vez porque lefa mucho A Lord Byron y
me acordaba siempre de aqu1lla su expresión ea queafir.
maba que el matrimonio procede del amor como el vina•
gre del vino..... .
Engendré en la fantasía una mujer sin semejante en la
,tierra y nuevo Jason en busca del Toison de Oro, corrí
en la de mi amada del misterio, creyendo encontrarla en•
tre esa muchedumbre de beldades que hormiguea siem•
pre junto al que po~ee buenas tierras de pan llevar y mejores ganas de verlas engullidas á grandes bocados por
.bocas chiquitas.
Viajé.
Ví muchas bellas y 11. los piés de todas me rendí ena•
-m orado.
En mi atolondramiento, semejante á un vértigo, con•
jugué el verbo amar en todos sus tiempos, números y
personas.
Mi corazón, sin purificarse, se transformó al crisol de
.todas las metamórfosis amatorias.
Amé y odié, padecí y fuí feliz, dudé y creí, fuí cobar•
de y temerario, tirano y pordiosero: en mis voltej,.os de
't!altimbanco caí muchas veces con la cabeza hundida en
-el cieno y los piés insultando á los inmPnsos cielos; -:&gt;tras,
-de rodillas pidiendo á loa dioses misericordia, ó á las cor•
-tesanas una migaja de sus viles deleites para saciar por
un momento esa hambre de algo indefinible que m,:1 de•
-voraba.
¡Yo soñaba mucho!
Como el idiota de Ibsen extendía mis flacas manos á
un cielo trivial, y al columbrar el amarillo fulgor del sol
-enfermo, clamaba con voz de niño antojadizo:
-¡:\-!adre!.. .... el sol!.. .... el sol!. .....
No sabía que el que quiera remontarse al astro con
las alas endebles de !caro, debe ineludiblemente eetre•
liarse en la caída.
Compré una finca rural.
Al principio viví como Manfredo, en una torre som•
bría, testigo de mis dudas y diabólicas desesperaciones;
-después. me atrajo la naturaleza y pt&gt;neé en el Junfrau
escalando las reverberantes nieves de los volcanes, esos
monjes blancos que agujere,m las brunas nublazones con
el pico de sus capu~hae; entré á ~as cavernas, pas~aba.ba•
jo las arcadas crfpt1cas que fabrican las aguas cr1staltza.
das, y también me lancé á errar por los bosques, como
410 Hamlet, triste, á la hora en qne el Poi se di!!u lve en
los piélagos de hn y la casta noche enreda sus negros ca•
~ellos en las ramas de los árboles.
Cerca de mi retiro había uu pintoresco chalet, y de él
-era la hada, Genoveva; Genoveva es mi esposa; la quise,
..¿por qué? Lo ignoro aún; estaba sólo, mi cerebro era
algo igual á un nido de murciélagos, los pen~amientos
.que en él bullían eran tor vos como cuervos, elevábanee
-en macabro vuelo hacia un cielo estremecido por el eclip•
ee, sentía frío en el corazón, el ecepticismo me aniquila•
ba y en mi soledad de Prometeo comido por los buitree,
la sonrisa cándida de aquella criatura fue beso de sol,
iulgor auroral, perfume, eeperenza, amor!
La novela de mis locuras acabó en el principio de las
-de los demás, la adoré con todo el ímpetu de mi tempenmento impresionable y tres meses después de conol ~r•
J.., le ofrecí ante el ara del altar, mi nombre, mi fortuea
_y mi corazón.
Al afio de nuestra unión, como prueba de amarme mu•
--cl:.o dióme un niño sonrosado y rubio, cual riente ma•
flan'a de Abril. ¡Si viérais qué bebé tan pillo y tan bar•
hiánl ..... .
Desde entonces, soy feliz, asombrosamente, tanto, quA
..á veces me inquieta la felicidad.
Se me dirá que es extrafl.o que un marido ame á en mu·
jer á los dos afl.os del día de bodas, como quien dice en el
menguante de lo que llaman luna de miel. Ciertamente,
pero como ninguna regla es absoluta, creo contarme entre
las excepciones, ¿por qué no?........ ( se p asea tarareando).
J Qué recue!dos conjura en mi memoria esta musiq uilla!. ..
Un drama, el drama donjuanesco de aquel tiempo, cuan·
do era seductor y ca1avereabaen todas partes; mi ro~mo·
.-ia reconstruye por arte mági~o el arrur....bado kale1dos•
-copio, y veo mujeres, mujeres, ¡ muchas mujareel (re·
..flexionando). El tiempo, eso que. desmenuza e1;1 st&gt;gundos
fa waot:cilla i1lnMM&amp;~le d~-ffl&lt;•J, :es ~1m1.--ierr1blo:, y lat.l!-1

EL MUNDO

343

evolución ...... ¿por qué el dfaque va á llegar será siempre cia la arenilla que de11equilibra el fiel C,..e la balanza, la
go:a de ª"'u" que hace reoosar el recipiente, las a las cárun sarcasmo do:,l que ee fue?..... .
Surge el sol dEll!pués de la sombra, quita al planeta la denas dtlr9lámpago que azot!'ron el espacio a l desgarrar
túnica bordada de estrellas con que la noche lo enca~uzó la nube tempest1103a, conclusión: el derecb.o de lo peqaepara ,•estirle con la suya de ópalo y de grana, muerti ex• f'l.o qua p .&gt;r la ley ev...lutiva del movimiento se une a Jo
pléndido y majestu~o, y nace siempre altigre y bello co· grande y Jo transforma; total: nada!
¿ E'or qué apenarrnti?
.
.
.
mo un ensuefl.o ó una ilu~ión; pero los d(as muertos, e~os
¿Qué tl.i la criatura ante el mfiiuto? .....• Una birbaJa.
que se llevan una página blanca de la v.1da, ó la rúbrica
solemne de un juratnento, ó la sensac1ó~ de un placer de ll"Ua pira el bramante mu.....• !,Pvrque. bay ab.&gt;rreinocente de aquellos que no pagaron débito al ~eci1do, c ioo~nt.&gt;.i en mi pecho dejarJ. 111 LLerra d.i g 1r.4r sobre B11
no resucita!!, naufragan en las ondas eté_reas, call~das, ej.i"/.. ...• ¡ l\fl cólerill la cólera inügnificllnie da:. m.&gt;rl.ll,
del espacio infinito y misterioso! (Con. ansiedad) . ¡81 ?~· ¿~erJ. CA¡Jat de p3rt urbu la p.u ~oldmne. de 103 01e1(?3L..•
diera contenerse la fuga dei tiempo, esa carrera vtirt1g1• ::,i no pjdilmos nad.i e n los d;ist1nos un1 veraale3, s1 sólo
nosi. dtil principio al lin de la vida á la m.ierte!.. ........• somos humildes fantoches que mueve el ac,130.á ~u anto¡ Bah!......... ¡Ineensato ~fán! ( Revol~iend.o unas car~). jo ...... ¿E'.ira qué h1cer melodram&lt;1?.. ...• ¡ E.i nd1cul~t.. ••
¡\..Juatro canas! Famoso corrtio, en me¡ ,r t1e1Dpo, abnr1a• L.i aoej1 y la uorliliga, esas menuuas ol&gt;r&lt;1ras, ¿lldp1ra11
1as c,m ansiedad, c on emoción, poq_ud polnan traerme por venmra á el1fü:ar una B.ibel?...... ¡ N"u l. ..••• ¡ ld:3 la
la ci~a misteriosa de una linda enam&lt;Jrada, !03 reprochea Jey!. ....• La co ncha debe pe6 arde á la r.&gt;ca; e l ala, e1uen•
de otra ol vidada ingratamente!......... ¡ Pero ahora!. .......• der3e aoanico d e plumas, y volar...... ! ¡volar.....•. (cim
f1npet~) ¡ Pero si la razón es impotente! ¡Siempre estad11.¡Qué va á ser!. ...... .• Vé amos las firmas ( r omp&lt;los. sobres) .
¡ lirfgido Canseco 1......... ¡el fastidio31,1 arr,mdatano! ....... . d1 clilv.ida com.&gt; un venablo ell: mi corazón!:····· .l~ué
tué de m i a ltruismo?...... ¿Soy ta1 vez un teórico ncticu¡ A.ridtides B.~rruguete!. .... J el ab:,g..di llo picapleitos!. ... .
¡[nc,msable moscó n!. .......• H e aquí una carta.que no mil Io·?....... ¡Provlema, problema! ( abriendo u na ventana)
parece m uy pro3aica ( tomá,ndol"' por una esquw.a), b u el.e ¡ Q i é tardti tan btilla, tan rubia, tan tibia, ¡adorables crepusculos de otoño! D,jéra3e que las nub~ son los res~ de
á violetas, las letras son muy pequeña~ p&lt;H&lt;!Cen h o~mL·
gas cou dolor de riñones (observJ,ldola), f..,rnun la d1rec• una so berbia He~a~omplios que se derrumb1 en los aires,
ción cinco palabras y ca&lt;la uno tiene dos fa_ltas di-, orto· tis majestuoiameme gr.inde ase .s-&gt;.l qud ~e apaga folgerue
grafía; no hay duda, esta carta es de una mu¡er, y de una y espténdiuo ewbot !ladose en ttmebla impenetrable, _pa,1.0u¡er bonita; véamos la firmi qu.e es, s.ig ~ramdnte, un ra preparar e n una.l borils negras 111 epifanía de 1~ luz,
garabatito muy m o no (abre lu cubierta) . ¡lhll'l! n o está ¡Ob! para comprnnder nuestra 1mpotenc1a y mezqumdad
oasta rtimontar el pen~am1anto á .los ~110~03 que CO·
tirmadal.. ....... ¡ Una incógnita!. ........ Lé imos ........• léa:
mos ......... ( L ee) . ¡No; uo tis posi b1ti, nunca lo creree, mt mienzan á brillar trasponer con la rmagrnac1ón aquella
mujer. Uenoveva eno-añ1mne ¡ veuderma! ¡ tra1c10nar- fr11uj1 carm (uea que ciña las crastas de Jo3 monte,i con
me!.. ....... ¡Con l\fauri~io!. ...... '.. : .\ii mejor am igo!. ......•• di1uema dd rubfod..... .
¡CoutraJte midterioso!
.
.
Grosera 1Djuria de a lgún imbá.:il que á costa m1a quier&lt;!
Aquí ravol vié udose como un. ID:ano¡o de reptiles. las
divertirse. ¡M:e averi;-üenza que haya ~a~1do en m1 cere•
bro, aunque sea por un instante, tan s101astra y h&lt;;&gt; rren· pasione3 más b1jas, los ab.&gt;rrec1m1entos má~ tlaugul.Illr
da idea. ¡No puede ser! ¡no! ¡no! ¡no será!. ........ ¡impo- nos, las env1diai m.is arter"8, y, allí, en el tirm.11!1-eu.so
!lzul, impasible, sin manchas, con toda la tranqu1hdad
sible!
del costno3 la talma, imperturbable, abrumadora, eter¡Sospecha insensata!
na...... ! et~rna en las eternidades .....• !
¿Qué interés podrían tener en atormentarme?
¿Será mdntira?
¿i::lerá cierto?
¡Horrible incertidum]:&gt;re!
¿Mentira?
. .
.
¡Oh! ¡ma!Jíto! ...... 1Maldito el que calumnia...... !
¡Terribles conjeturas!......... ¡Cav1lac1onea de un ciego
en una noche!......... ¡(Jada palabra dé este papel es una
Cmo B. CEBALLoe.
gota de veneno que inyecta mi co~azón. y lo empo.zo.
Noviembre de 1896.
!la......... ( pausa ). Analicemos la s1tuac1ón, tran9ml~•
mente en perfecta calma· arranquemos de la conc1enc1a
contu;bada el manto del ~en tauro Neso, las pasiones son
más perju ciosas que la hidra de Ler_n~: e!iminémo.sl.as,
Aceptado que soy villanamente tra1c1~nado; adm1t1do
también que es mi viejo compinche el dtrecto responsa•
EN UN ALBUM
b1e de esa felonía......... ¿Estoy dE:sho~rado porque la
preocupación social. es decir, la címca h1p:&gt;cr~sía dé una
Cuentan que el fatigado caminante
n:iulti~ud coaligada, marca mi frente con demgrante es·
detiene su camello jacteante
t1gma? ........ .
al divisar en lontananza un huerto;
En qué precepto moral se sustenta esa peregrina ley
y i,t,u~audo en la sombra hospitalaria
quti acnHa al esposo del crimen perpe~rado por su co .....padeva á su profeta una plegaria
fl.era?. ..... ¿No como el romano estoico puedo pregonar
en medio del silencio del desierto.
también:
Martius me ha escupido?
Tu libro es un oásis, Y mis versos,
¿Ahora bien· los llamados culpables lo son realmente?
peregrinos dispersos
Afirmarlo d~ hecho es negar los derechos de lll psico·
que al acep.ar tu generoso abrigo
logia; la carne tiene fueros gene~iacos, til tempe~ament?
recogtsráu el aire que respi~as, .
es déspota; manda y la disyunt1 va es cru,:11: tnunfar u
cantarán el aft:cto que me msp1ras,
obedecerlo.
y cua.udo mueras, worirán contigo!
Vencen los héroes, sucumben los hombres: es lo hu·
ANDRÍ!S A. MATA.
mano.
Cada individuo posee un crite.rio y un instinto Bl!-YOS,
y, esas dos fuerzaa, las pr'mord1ales en el. ser, a! VIDCU·
larse en marital connubio le hace u concebir un~ idea BID·
BALADA D.EL AUU.
guiar y propia de la estimación, resultando de ahí que
tan honrado puedti ser un presidiario como el juez que lo
Cuando llora y se queja el arpa eólica,
mandó á galeras.
Contrista el corazón y lo desgarra;
Además resucitar á Otello en nue.stro tiempo es anaMas no vibra jamás tan me1ancólica
crónico, ¿por qué no decir!(??...... ¡~idículo!....... ~Vale
Como vibra en tus mano&amp; la guitarra,
acaso el podrido embeleso aoc1al la vida de un seme¡ante
aunque él sea el más odioso delos vivie,tes?...... ¡Ah!. .... .
Cuando hieres las cuerdas, se incorporan
¡Maloch existe aún!
Y aleteando las notas se levantan ..... .
A 1:sa voz que vibra en mi interi?r, s~ opone E:I grito
¿Q.ié oi.,,n.,t1? ¿un i,edar?...... pur et10 iloran,
pasional, siento fer01entarse y hervir odt(?B fo_r1I1:1dab les
¿&lt;.¿uién lo iuei,1ra? ¿d amor?... por eso caman.
en el pecho y el deseo de venganza enturbia m1 vista con
Yo te envidio ese dón; es dón del cielo
los pliegues de su inmeusa bander~ n~gra.
.
Que t.e hace traducir en melodía
Me embarga la volupt•1osidad cnm1nosa del mato1de,
'l'us tristezas, si tu alma está de duelo,
ese placer turbio y punzante de los puñales que solo se
Y si gozas también rns alt-grías.
aacia en la sa~gre, ante el cuerpo yacente y frtinte á loe
t,,rrores del rtiwordimiento!
Tu música me encumbra haeh el ensuellol
Y we han llecllo llorar tus notas de oro,
1Venganza!......
.
.
Diríase que en la bóveda so1i•.ar1a de m1 cráneo treme
.A. mí, que hace ya tiempo que no suell.o,
y clamorea una campana que repica 11. muerto.
.
.J.. mí, que hace ya tiewpo que no llorol
¿Debo tener la conviccion de que ella es una m1seraALllKRTO JIKÉNIIZ.
blo:,?
Tixtla, Noviembre de 1896.
¿Creerla inocente?
¿Este papel puede en sana lógica arraigarme el convencimiento ue su falacia?
¡No!...... ¡No!... ... ¡No!. .... .
INQUIETUD.
¿En~nces por qué estas gotas de fuego en mis mejillas?
¿el bronco bramido de mi pecho? ¿1a agitació n que se
¡Cre.1r ó no creer! ¡Fuera la ciuda
apodera de mi ser? ¿la tensión de mis ~ervi."e? ¿la fiebre
Que todas nuestras dichas envenena
q11e caldea mi cabeza? ¿el temblor de mis miembros?..... .
Y á su yugo implacable nos condena
¡Oh! ella me engaña, ¡me engafl.at. ..... ¡Infame!, ...... (&amp;
Mil:lntras crüel al corazón se anuda!
oye un canto de m ujer ) .....• ¡Aduerme a\ niño!. ..... ( br~a
Más vale siempre una conciencia muda
transici611) ........ ¡ Voy á verla, á arro~1llarme á sus pies,
Y al sentimiento religioso agena,
á pedirle perdón por haberme ~trev1do á dndar .de su
O la creyente que en su fe serena
amor ...... ( llega á la puerta y retroced e) ...._. ... ¡No, s1 fue:ie
J)el aguijó n de la impiedad se escuda.
verdad adornaría mi vergütinza con el ridículo, entraría
¡Qué dulce debe ser dejar sin duelo
á prodigarle caricias cuanrlo tal vez ese, el otro, m i ami.Aqueste mundo del dolor morada,
go, se esconde en algtí n mueble; entrando, debilitaría mis
Con la promesa mietica del Cie10,
certidumbres y aseguraría su descaro; no lo haré, si el
hombre cae que sea como los gladiadores....... ¿No es un
O rendir ein temores la jornada,
lncbador?....... (con melancolía ). Ayer estabil a legre, era
Sintiendo solo el infinito anhelo
venturoso, ahora soy dePgraciado, pues bien., esa meta•
De volver al reposo de la Nada!
rnó rfosis que tan sensiblemente pertur~a un organismo
i ,¡;ni fba que Ia ve Ieta q u.. JWU:CBt.a á .m1Blli'.r.te .u.o b.u.eo
1un b ,, ee ha aesvi 1co !Cin1qu ier c of a ! el aire qne arreNrn-ie rubre d, 1896.

y:

�EL MUNDO.

344

29 NOVIEMBRE, 1896.
29

MI SUICIDIO.
-Muerta ella; tendida sin movimiento en el horrible
M,aÚd de barnizada caoba que aún me parecía ver en sus
doradas molduras de antipático bri.llo, ¿qué me restaba
ya en d monde,? En ella u~nfa rui luz, mi ngocijo,, ll!i
íllll!ión, mi delicia toda ......... y desaparecer as1, de suh1•,
to arrebatada en la flor de 811 juventud y de su seductora
.belleza, t'ra tanJo como _dt-cirrne ?~n w~lodiorn v?z, la
voz mógica la -,,oz que vibra en m1 rntenor produciendo
acorde11 dh:ino~: "Pue!l·me ama8, sfgueme."
.
.
¡Seguirla! Sí; na la única rePoluc1ón digna de nu canfio, á la altura de m1 dolor, y que remedu~ría la ete~na
u-isteza á que me co~denaba !ª adorada cnatura: huir á
otras regiones. Seguirla, reunirme con ella, svrprenderl_a
en la otra orilla dd río fúnebre ......... y estrecharl~.d:ehnnte, i-xclarnando: "Aquí estoy: ¿Creías que v1v1ría
sin tí? ~lira corno he ea bido buRcarte y encontrarte y evitar qne
de hov más nos separe poder al·
guno."
Determinado ya á rt&gt;alizar mi ·
propósito, quise llevarlo á cabo
en aquel mismo aposento don·
de ee deslizaran inseneiblemen•
te tantas horas de yentnra, medidas por ,il suave ritmo de nueRtros corazones........ Al entrar,
olvidé la dt-8gnicia. y parec;óme que ella, viva y sonriente?
acudla como otras veces á m1
encuentro, le 'lantando la cortina paia verme más ·pronto, y
dejando irradiar en eus pu_1?ilas
la bien venid~. y en sus meJtllas
el arrebol de la felicidad.-Allí
estaba el amplio eofá donde nos
eentábamo~, tan juntos como Fi
fuese estrechísimo; ali! la chimenea hacia cuya llama tendía
l&lt;&gt;s piece~itos cucoR; y ·ri la cu~l
yo envidioso, losdisputabaabng~~dolos c0n mie manos, donde
cabían holgadamente; allí la butaca dond., seaislabai:n los cor·
tos imrnutes de enfado pueri_l
quedupliraban el pnciode laB
reco11c11iaciones; alH lll.-gorgonade iri~ado vidrio de Salv1ati, con
la'! últimas floret&gt;, ya H'_cas .Y.Páiidae, que PII mano d1Pp~1~1er~
a1t!sticamente para ft:stt-;¡ar llll
-nresencia ..... .
• Y allí, por último. como maravillosa resurecc1ón oel pasado,
inmortalizando su ador11ble forma, ella, ella mi8ma ... es decir,
su retrato, su gran retrato de
cuerpo entero, obra maest-ra del
célebre artista, que la rl;'prese:itaba sentada, vistiéndose uno de
mis trajes prderido~, la Pencilla
y candida bahi de blanca seda
que la envolvía en una nnbe de
eepuma. Y era rn actitud fami•
liar, y eran sus ojos ve.rdes y Ju~
minosos, que me fascrnaban, y
era su boca entreabierta, come&gt;
para exclamar, entre halago y
repren~ión, _el "¡q_ué ~arde _v_1enes!" de la 1mpac1enc1a carmosa· y eran sus brazos redondos,
qu'.e se ceflían á mi cuello como
la ola al tronco del náufrago. y
era en suma, el fidelísimo trasun'to de las lineas y coloree, al
través de los cuales me había
cautivado un alma; figura encantadora que significaba para
mí lo mejor de la existencia.....
Ali(, ante todo cuanto me hablaba de e•Ja y me recordaba
nuestra unión; a!H, al pie del '}Ue
rido retrato, arrodillándome en
el sofá debía vo apretar el gatillo de Ía ruagnítica pistola inglesa de dos cañones-que llevaba
en' su seno el remedio de todos
los males y el pasaje para arribar al puerto donde ella me
aguardaba.-As~ n~ se ~orrarfa
su imagen de mis OJOS m un segundo: los cerraría mirándola,
y vol vería á al,rirlos viéndola, ya no en efigie, eino en espíritu.........
La tarde caía; y como deseaba contempl~r á mi eabor
el retrato al apoyar en mi sién el cañón de la pistola, encendí la lámpara y todas las bujías de los candelabros.
Uno de tres brazos había sobre el •ecret,r de palo de roea
con incrustaciont&gt;s, y al acercar al pábilo el fósforo, se
me ocurrió que allí dentro eetarfan mis cartas, mi retrato los recuerdos de nuestri,. dilatada é íntima historia.
U~ vivaz deseo de releer aquellas páginas, me impulsó á
abrir¡sin dilación el mueble. Es de advertir que yo no po~ía cartas de ella, las que recibía, devolvfalas una vez
leídas, por precaución, por respeto, por caballerosidad.
Pensé que acaeo ella no había tenido valor par:, destruirlas, y que de los cajoncitos del secreter volvería yo áoir
alzarse su voz insinuante y dorada, repitiendo las dulces
frasee que no habían tenido tiempo de grabal'Pe Pn mi
rnemoTia. No vacilé-¿vacilar el que va. á mol'ir?-en
descenejarcon violencia el primoroso mueblecillo. Saltó
en astillas la cubierta.'Y metí la mano febrilmente en los
cajon.:itos, reYolviéudolos ansioso.

Sólo en uno había cartas ....... Los demás los llt&gt;naban
cuentas, joyas, dijecillos, abanicos y pañuelos pe1 fumados.
-El paquete, envnelto en un tro1:o de rica. seda brochada, lo tomé muy despaoió, fo pdlpé como se palpa la cabeza del eér querido antes de dtlpositar en ella un be110,
y acercándome á la !nz me dispuse á leer. Era letra de
ella: eran sus queridas cartas. Y mi espíritu agradecía á
la muerta el dtllicado re.fioautiento de haberlas g"Uardado
allí, co1,10 testimonio de su pasión, como codicilo en que
me legaba su ternura.
Deea\é, desdoblé. emI)f'cé la lectut'll ...... Al pronto creí
recordar las cantantes frases, las apasionadas protestas y
hasta las alu. iones á dt&gt;talles íntimos, de etos que solo pueden conocer dos per.onas en el mund,,. Sto embargo, á la segunda carilla, _u!1 i..&lt;;iefir~ible malestar, un
terror vago, crnzaron por m1 1mag1 nae1ón, come c1 uza la

NOVIEMBRE,

1896.

345

EL MUNDO.

ventura...... señalaban tan exactamente como la 1::rújula
eeñala el polo, 1~ direeción verdadera del corazón que ., o
juzgara orientado haéia--el mío! ¡Mas dolor, más infamiat
De los terribles párrafos, de las páginas surcadas de ren·•
gloncitos de una letra que yo ~ubi~ra reconocido entre
todas las del mundo, saqué en hmp10 que tal i·ez...... ... al
mismo tiempo ...... ó muy poco antes ...... y una voz irónica
gritaba al oido. "iAhora sí.. ..... ¡Ahora sí que debes suicidarte, desdichadolu
Lágrimas de rabia escaldaron mis pu;:&gt;illll'; me coloqué,
según había reeuelto frente al retrato; empufié la pistola, alcé el c11flón ....... y apuntando fríamente, sin prisa,
sin que me temblase el pulso...... con los dos tiros........ .
reventé los dos verdes y lumínicos ojos que me faeciuaban.
EMILIA p ARDO B ,ZAN,

DA.MAS DISTLNGUIDA.S.

El Gorilla.
El Gorilla es el mayor de los
monos ant1opóides. Como estos
artículos no se escriben para
los versados en los conocimien•
tos y términos científicos, rf'•
cordamo11 la definición diciendoqne autropóide quiere decir, á.
i11tit11ción del howbre. Este antropói,le es indígena dela región
~c11atorial del Africa occidental.
Fué t-1 doctor americano Mr. T.
S. Savage, quien por primera
vPz llamó la atención del mundo cit&gt;ntffico sobre este animal,
de~crfbiéndolo el afio de 1847
en Bo ton .Jáurnal of .Yatural
Jlislory. Su ost!'ología la describió el l'rvfosor Jdfries Wyman.
Al principio ee le incluyó en
el mismo genero de chimpanzé,
mono maa inteligente; pero más
tarde, en 1852 y 18~3 se le asignó su gé1,ero propio, habiéndolo hecho el natnralibta francés
1\1. Gt&gt;offroi St. Hil:dre. El Profesor Owen lo denominó T. Savegei, dejando lo en el ~énero chim•
panzé. Du Cbaillu fué &lt;.JI primer
blanco qne mató un gorilla con
sus propias manos. .Al volver ,i
los Estados U nidos en Agosto de
1859. de la región circunvecina
del Río Ga1Joon trajo unos cuan·
tos especimens ó muestras completas del macho ó de la hembra, pellejos y esqueletos en per•
fecto estado de preservación,
que se hallan casi todos en las
colecciones di, Lóndres. El cránP.o del macho el más largo y
más ancho, pero menos pesado
que el dehombre, y la capacidad de la cavidad que contiene
su cerebro es menos de la mi·
tad de la que corresponde á la
C9.vidad de las más inferiores
razas humanae.
El gonlla adulto tiene 5 pies
y 6 pulgadas de alto, su altura
natural, aunque d, @pués d.e
muerto es mayor. Algunos miden de 7 á 9 pies desde el extremo las manos extendida!!.
Du Chailnll tenía un espécimel
que tenía 8 pies, 11 pulgadas en
i-se sentid.&gt;. Su progresión fa.
varita ea en cuatro patas; pero
lleva siempre erguida la cabe•
za y mira siempre hacia adelante. A causa de Ja mayor longitud de eus brazos se inclina
ménoe que el chimpanzé. Los
gorillas se presentan generalmente en grupos de 5, cuatro
hembras y un macho; sin embargo, á los machos viejos se
Jea encuentra á menudo solos.
Aunque viven en la misma vecindad del chimpanzé, no se
t-ratan. Su fuerza es enorme, no
DE ouAYMAs, soNoRA.
sólo en las quijadas, que pueden
aph1star un cañón de escopeta,
[De fotografla de Berna l.)
ainó en las manos y los piéa que
bala por el aire antes de herir. RecLacé la idea, la mal- á la vez en los camino~ emplean para atacar defendije pero volvió, volvió ...... volvióapoyadaen los párra· der~e. Con suma felicidad quiebran los árboles de tres á
fos de la carilla tercera, donde ya hormigueaban raEgos cuatro pulgadas de diámetro. No pasa de ser cuento la
y pormenores imposibles de referirá ~i per~ona y á la idea dP. que llevan un palo en que apoyarse.
historia de mi amor ...... .A. la cuarta carilla, m sombra de
Se diferencian del chimpanzé en que no se lea puede d~·
duda pudo quedarml::: la carta se había eecrito á otro, y rnesticar, pues este, á lo ménos en su juventud, aprecia.
recordaba otro días, otras horas, otros sucesos para mí el buen trato que se le d:¡. Tampoco constr:uyen_, COIJ!O
dt'~conocidos..... .
el chimpanzé, techo en qde cubrirse; y en mtehge!1c1a
Repasé el resto del paquete: recorrí las cartas una por ~on muy inferiores. Es cuento también lo que se ha dicho
una que todavía la esperanza terca me convidaba á asir- de venir á los poblados para llevarrn las negras:
me de un clavo ardienuo; quizá las demlis cartas eran las
Generalmente es mudo. Al atacará su enemigo da un
mías, y sólo aquella se había deslizado en el grupo como grito terrible, que ee oye á gran distancia. A ~os nPgros
aislado momento de una historia vieja y relegada al ol- del interior les gusta mucho la carne del gonlla Y del
vido. Pero al examinar los papelee, al descifrar, frotán- chimpanzé.
dome los ojos, un párrafo aquí y otro acuyá, hube de con•
vencerme: ningun!'- d~ las epíetolas que contenía ~I .Pa·
quete había sido dirigida á mí.. ...... Las que yo rec1b1era
1\firé...... pero no he·vistoen parte alguna
y restituyera con religiosidad, probablemente se encontrl\ban incorporadas á la ceniz de la chimenea; y las que
ir del brazo la dicha y la fortuna.
como nn astro ella hab(a conservado siempre en el ocnl(;AMPOAVOR.
to rincón del secreter, en el aposento testigo de nuetrae

$rifa. Zaltarina ~berri

•

LA

l.NUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 6.-Yéanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

Redel, sentad&lt;&gt; cerca de la condesa, estaba hablando
de su última expedición, pero esta asunto no duró mu-cho tiemv.o, pues por medio de una transición muy hábil cambió pronto de conversación y abandonó aquella
en la cual la señora de Mossler había querido hacerle
brillar. Habló de música con Vignot y emitió con gran
,Sencille¡¡ ideas que encantaron al viejo artista. De un
salto y sin que nadie se lo pidiera, Vignot se apoderó
del piano y se puso á interpretar á Beethoven como él
sabía sentir al gran maestro. Después la conversación se
reanudó, entrecortada por piezas musicales á modo de
comentarios, y el recién llegado se encom.ró colocado,
con toda naturalidad, entre los .fieles de la condesa de
-OOutras, como si les hubiera pertenecido desde la fundación del cenáculo. Se manifestó buen músico y, con un
papel puesto sobre las cuerdas del piano, para amorti•
,guar su vibración, tocó algunos aires africanos de chocante originalidad y en los que parecía que una tropa de
.guerreros, armados de flechas y con sus carcaxea de cuero, danzaban cadenciosamente, para distraer al jefe, entre las palmeras enrojecidas por el sol poniente y sobre
la hierba de los krals.
Redel volvió asiduamente á casa de la condesa. Aquel
-salvaje, que huía del mundo y que no hablaba, al principio, más que de su fastidio de estar en París y de su
deseo de volverse á marchar, se mostró en los salones de
la condesa y aceptó en el ministerio de la Guerra un cargo que debía retenerle en París dos afios por lo menos.
Dió como pretexto que su madre, vieja y enferma, quería tenerle á su lado y dijo que tiempo tendría pa~a recorrer los desiertos cuando se quedase solo en el mundo. Se le escuchó, sin deacutir sus razones, y cada cual
~reyó lo que quiso. Los que siempre pretenden estar bien
mformados supusieron que el ministro quería tener á
Redel en el Estado mayor general, porque veía en él uno
-de los grandes jefes futuros del ejército. Los que pare-

cen no saber nuuca nada se dijeron entre ellos qut&gt; el coronel estaba enamorado apasionadamente de la condesa
de Coutras y que no podía soportar la idea de separarse
de ella.
Enriqueta siguió viviendo con su hermosa serenidad
intelectual, disimuland~ sus penas, si las tenía, poniendo ~uena cara~ sus amigos, amable é indulgente con su
mando Y pareciendo haber restaurado en esta sociedad
moderna, tan agitada y tan febril la ¡ntigua y deliciosa
quietud epicúrea.
'
El conde Valentín volvió á las locuras de su vida de
soltero con t.anto mayor empuje cuanto tnás tiempo se
había abstenido de ellas y más economías de buen juicio había realizado.
.A.caso un incidente que había disipado todo duda entre Celina y él, contribuyó á aquella vuelta á la mala vida. La g~~.rra que se hacían Celin'\ y Valentín con bastant~ fut1,1da!3, para que la joven tuviera el derecho de
contm~ar!a srn comprometerse á sus propios ojos, tomó
en los :0It1mos ~eses un caracter sordamente ofensivo
que hizo reflexiona·á la mujer de Federico. Va no se
creía segura en cuanto á Coutras. El camarada que, buen
muchacho, bromeaba con ella se había convertido en
un pretendi~nte atrevido de p~labras y que sólo esperaba un_a ocasión para pasar á vías de hecho.
Ce_hna comprendió claramente la modificación de intenc.1onea de Valentín y aunque podía acusarse de hab~r Jugado co!1 el fuego uo poco máj tiempo del que hub1e~a conv~mdo, se replegó prudentemente y ya no
arriesgó naaa. Se acabaron las antiguas conversaciones
esc!lramu~as co~teses á propósito de todo. Puso al cond~
á c1e~ta d1stal!c1a, y desde el día en que tuvo la impertinencia de decirla que era amante de la Corail porque se
parecía á ella, no le habló más que delante de todo el
mundo y en alta.voz. Dudó hasta si debería romper toda clase de relaciones con él; pero esto hubiera exigido

explicaciones á su marido, á su suegro y á la sefiora Mosler, y causa~ una nueva pena á la condesa, es decir, escándalo, odios y acaso venganzas por un miserable conc~pto que ~o podía tener consecuencia alguna. Retrocedió, pues, Juzgándolo prudente, pero estuvo tan fría con
Valentfn, que Enriqueta lo notó y preguntó á su amiga.
-No es nada, respondió Celina, El conde me ha contrl;-riado, le he puesto mala cara y él está enfadado conmigo. Ya se le pasará.
Y se le pasó, en efecto. El enfado del conde no duró
muc.hotiemp?. Lejos de eso, Valentín redobló las demostraciones amistosas respecto de la joven. .A.fectó hacerla
confidencias qu~ ella no solicitaba, pero que la divertían
aunque estaba s1~':11Pre á la defensiva y temiendo un~
vuelta á las ho~t1hdades. Jamás le permitía instalarse á
SI?- lado y sus. conversaciones se verificabrn siempre de
pie. Hab(a, sm embargo. un asunto que interesab i mucho á Cel10a y rP.specto del cual, si se hubiera atrevido
hubiera ha~ta estimulado al conde. Una noche, en qu~
el coronel Redel estaba en el salón, muy ocupado en hab.lar con la condesa, Valentín se aproximó á Celina con
ª!re de enfado, y se despidió de ella. La mujer de Federico pareció asombrada.
-¡Cómo! ¿se va usted de su casa teniendo gente en
ella?
-¿Cree usted que habrá quien observe que no estoy?
-La condesa, al menos, lo notará.
-¿Cree usted? Sus ojos están muy bien ocupados en
otra parte.
-¿Qué significan esas palabras?
-Pues nada que no pueda ver usted misma
Y con la mirada sefialó á en mujer y al coro'nel.
---;-iOh! Merecería usted que eso fuera cierto exclamó
Celma.
'
-Muchas gracias.

�EL MUNDO.

29 NOVIEMBRE, 1896.

29 N OVI.ElIBRE, 1896.

El tren de casa, en otro tiempo sencillo y poco en ar-Ha hecho usted todo Jo necesM"io para ello........ Pe- do se firmó la paz en Burdeos era subteniente y el único monía con la magnificencia de aquellos lugares, se conque había quedado vivo d~ todos los oficiales de su comro tiene usted una mnjn demasiado honrada.
pafHa. Su conducta, en todos )03 hechos de armas en que virtió en brillante y bullicioso. Las cuadras se poblaron
-Las mujeres empi ..zan todas por ser honradas.
de caballos, con su correspondiente tropa de mozos y co •
-Excepto las que usted trata, que son bribonas de na- tomó parte, !e valió tantas honrosas menciones, qu" la cheros, y los lacayos del conde de Contras fueron á asomcomisión de revisión de graclos tuvo que respetar la chacimiento.
brar con AU cinismo á los ..:ándidos servidores de la seño-¿Lo dice usted por aquella pobre Adriana Corail? rretera de aquel oficial de diez y siete años.
Desde entonces no hubo compo de batalla en el qne él ra Mossler. Un jefe de cocina se instaló con sus cuatro
Pues está usted E&gt;D un error; ya me importa poco.
i:to estuviera. Hizo todas las campañas y su raro valorre- pinches en las cocinas que sirvieron antaño para regalar
-¿La ha d1&gt;jado usted?
.
al señor de Choise11l cuando iba á visitará la favorita.
-El día siguiente de haberme usted indicado que m1 sult6 acompañado de altas facultades tlcticas. Siendo je· Todas las mañanas iba á París un [urgón con dos caballos
fe de Estado llayor del bizarro Negrier, en el Tonkin,
capricho por ell.i. le di~gustaba.
para buscar las provisiones necesarias á la alimentación
-¡Oh! Usted está loco. ¿Qué me importa á mí que ee salvó al ejército en Lang-Son cuando q11edó fuera de com- de los hué3pedes de la señora .Mossler, y ya es algo aliarregle con eea muchacha ó con otra de ,;u especie? Lo bate el general. V1rnlto á Francia, pidió servir en Argelia mentar un ejército de glotones con los manjares más suque me desagradó fué la inpertinencia de usted y eso es y, cansado allí de la inacción, se apresuró á aceptar una culentos. Satisfecha por tener á su alrededor aquellos
lo que medeaagrada de nuevo. En verdaJ, eu criado debe misión en el cent10 del A.frica. En el tiempo en que se alegres huéspedes, la señora Mossler puso la casa á la disdesarrol!a la presente narración, vi vía en París y aquel
estar mejor 1&gt;ducado que usted.
posición de Valentín. Pero se reservó, sin embargo, al-¡Adiób! Ya está usted otra vez atropellándome...... hombre apasionado del uniforme, con el que se le veía gunas invitaciones y de este modo Redel, á -pesar de la
No tengo suerte con usted. Cualquier cosa que diga ó const.1ntemente, vestía de paisano y hasta no desdeliaba hostilidad del dueño de la casa, pudo instalarse en la
la elegancia. Una mirada de mujer bastó para realizar
que haga, me juzga mal.
Chapelle-Sauvigny. La mujer de Federico era también
-Por que no c1ice usted ni hace más q11e inconve- aquella metamórfosis y para limar las garras del león. de las invitadas por la señora Mosler. Su marido iba á
Iba todos los sábados á l&amp;s reuniones del cenáculo, tomaniencias.
ba parte en las convenaciones estéticas, dibujaba en el París todas las mañana'! á traba.jar en sus negocios y re•
-Buenas noches, señora.
álbum vistas del lago Tchad y escuchaba con recogimien- gresaba. por la noche. Ferraud estaba haciendo el retrato
-¿A.donde va usted?
de la señora Mosler y Vignot componiendo, entre las coto las eonforencias &lt;le Baradán.
-Al círculo. Ese trovador del desierto me fastidia.
Pero encontraba compensaciones en las visitas de la lumnas del templete, á la orilla del lago, la música de su
-Va nsted á ponerse en ridículo. Quédese.
.arde á la Señora Coutras. Allí no veía al marido, «á ese oratorio la Resurecci6n. En cuanto á Valentín, se iba á
-¿Rerá usted buena conmigo?
odioso veleta,, con quien estaba unida la enca'(ltatlora mu- París todos lod día3, en el mail ó en el faitón, después de
-¿Qué es lo que entiende usted por 1&gt;so?
almorzar, y no siempre volvía á comer. A.eso de las seis,
-¡Oh! Poca cosa; darme el derecho de abrirla mi jer que tanta autoridad .había tomado sobre su pensa- el mayordomo sabía por teléfono si el dueño de la casa
miento. Se encontraba á veces solo con ella; podía gozar
corazón.
vol vería ó uó, y cualquiera de las do~ cosas que sucedieee
-Váyase usted al círculo y abra allí eu corazón almo• con cierto exclusiviemo del espectáculo de su gracia y de las horas se deslizaban pacíficas y dichosas.
su
belleza,
y
esto
era
cuanto
él
deseaba.
En
aquel
espírizo de la sala de juego.
tu léal y tierno no había jamás surgido 11na esperanza
Si hubiera sido posible penetrar hasta el fondo de IM
-Me voy.
.
.
Diferentes veces volvió Valentín á hablar con Celma torpe. No pensaba que Enriqneta púdiera pertenecerle couciencias. se hubiera acaso observado que Enriqueta
sobre el asunto, muy nuevo, de la irritación que experi · ni hrcía nada por agrada ria. Se contentaba con admirar- est&gt;lb.i. má,i tranquila cuando su marido no había vuelto
mentaba por la asiduidad de Redel cerca de la condesa y la, compadecerla y adorarla. No admitía que aquella cria- y que los hnéspedes miraban la ausencia del conde con
de la acentuada simpatía qutl ésta expresaba al corone(. tura perfecta pudiese caer y no hubiera querido que de- sonriente filosofía, lo que probaba cuán poco había Jojase de ser honrada ni ann con él mismo. $u propia dicha gr.i.do c.i.ptarae su'! simpatías. Algunas veces, sin embarCelina, un p:&gt;co impacient~, le dijo:
-Deje usted eso ya. Es usted ridículo con sus preven- hubiera sido una defección y el encanto de ser amado na g", permanecía dos ó tres días sin moverse de la Shape·
lle y, pa.ra didtraerae. organizaba expediciones á las qne
ciones. Enriqueta y el corond son dos espíritus puros. hubiera compensado la desilusión de haber podido serlo.
Enterado por sus amigos de la existencia deplorable convidabl á los propietarios de los alrededores. Y entonNo se ocupe usted más de ello~.
que arrastraba el condd, lti despreciaba profundamente ce&amp; empezaba i :as carreras furiosas por las calles del bos•
-Entonces distráigame usted.
y maldecía al destino que, cieio, h1b[I\ unido á semejan- qne, las reg.i.tas en el lago, las comedias imp1'1Jvisadasque
-No sabría.
t.? hombre una mujer como aquel ta. G'lardaba rencor al nunca llegaban á representarse porque el anfitrión se vol -Yo la enseñaré.
Celina le dejó, enfadada, una vez más y no le habló en Señor Eliphas y á la Señora .Mossler, á quienes acusaba vió antes á P.i.rís y suspendía los e~tudios ó daba contra·
ocho días La semana siguiente, l&lt;'ederico Clement y su d-, egoístas por haber ~acrificado á Eoriqueta al deseo de orden en toio3 los proyectos según que tenía el humor
mujer, fueron invitados al palco de la señora Mossler en corregirá Valentín. La mujer de FtiJ.erico le era profun- alegre ó triste, L:&gt;'I días que se quedaba en el campo, se
la Opera, donde se daba la primera r~presentació':1 d_e damente simpática y había hecho una íntiml amistad encerraba durante una hora eón la eefiora Mossler, y la.
Lohengrin. El banquero, que tenía una importante hqu1 · con su marido, pero jamás con uno ni con otro hablab.1 excelente mtijer salía de e3ta conferencia con lM facciodación que terminar, pidió á su padre, que había comi- de la condesa. Su discreción era tan completa que hubie- nes alteradas y pt\ida, como si acabara de sufrir una.
do en en casa, que acompañase á Celina, y prometió ir á ra muerto en el suplicio sin decir un palabr.i. que pudie- prueba. terrible. Eliphas no abría la boca en todo el día
y lanzab.i. miradas indignadas al conde, el cual no pensabuecarJa•á las once. El señor Eliphas, que no estaba ves- ra comprometerá la que adoraba.
Su c•llt,o, por otra parte. era tan resp~tuoso, que la Se- ba más qne en div.irtirse y no tardaba en echará corrertido para ir á la Opera, subió hasta el primer piso con su
nuera, preguntó á la acomodadora si la señora Mossler ñ.ora Mossler no le había notad•&gt; y ninguno de los miem• hacia á París.
H-1cia fin de septiembre. después de uno de esos conestaba allí y asegurado de que PI conde y la condesa de bros del cenáculo había entrado en 1nalicia. Cre(an naContras ocupaban el '(laico, con Vignot, hizo abrir la puer- tural que se amase á la condesa; todos ellos la amaban, ciliábulos entre laseñ'lra Mossler y Valentía del que am.:
desde Vignot con su barba blanc&lt;1 y sus ojos de éxtasis, bos interlocutores salieron, contra su costumbre, la m"\ta, se despidió de la joven y se marchó.
Valentín se levantó para ir á ayudar á Celina á qui- hasta F.irraud, atildado y moderno en su eleg,rnte correc- dre grave y firme y el hijo abatido y alterado, el conde,.
tarse el abrigo en el antepalco vasto y oscuro. En el pal- ción. Fné precisa la intuición perversa de Valentín par.i. presa de una especie de reacción nerviosa y como que•
co la condesa y Vignot hablaban, la orquesta, en su pues- descubrir la pasión en la asiduidad del coronel y algo riendo atur.lirse. mandó preparar caballos para después
to, no esperaba más que la señal de comenzar. El públi· también la iwtintiva antipatfa de aquel inútil desocupa- de almorzar y dispuso una expedición en grupo á visido hacia •m hombre desocupado y productivo. Sin ha- tar los Camanduleases de Saint-Frond, curiosa ruina del
co estaba recogido y atento.
blarse sino lo menos posible; 11buenas tardes,1, «buenas siglo XU. situada entre Senart y Brie-Comte-Rober. fa,.
-Así se hace, venir t!!mprano, dijo Valentíu.
noches», se habían conocido y si. odiaban mutuamente. señora Mossler no quiso ir y Elihpas, que -parecía todo
-La representación vale la pena, respondió Celina, y
Hasta la aparición de Redel, Valentín tuvo por su mu- regocijado, pretextó que su correspondencia le retenía
al mismo tiempo dejó deslharee su abrigo y descubrió
sus finos hombros, más blancos.que.nunca pot el contras· jer muchos miramientos. La engañ!\ba pero era en · en la biblioteca. E11.riqueta pidió una carretela para ella
te que ofrecían con un cuerpo de terciopelo negro. Se pu· cantador con ella; compensación tralicional que reci- y para Vignot; y Redel, Ferraud, Dauziat y la mujer de
so frente al espejo y con la punta de los dedos enderezó ben las mujeres de los maridos infieles. Pero, bruscamen- Fciderico montaron á caballo con el conde.
una pluma de su tocado. Ya se volvía, cuando vió, re- te, cambió de modo de ser. Como si hiciera responsable
Calina tenía blnita figura como amazona y lo sabía.
flejada en el espejo, la cara ardiente del conde que se in- á Enriqueta de los sentimientos que inspiraba al hombre Ferraud era un jinete [!1Bdiano, pero apasionado, y Reclinaba hacia ella. La joven permaneció inmóvil, estu- execrado, la englobó en su odio á R~del. E➔te cambio del aprovechaba la ocasLón de hacer un poco de ejercicio
pefacta, y en el mismo momento sintió que en su espalda, coincidió justamente con el recrudecimiento de sus ten- violento y Re proponía seguir al coche de la sel'iora de
debajo de la nuca, se posaban los labios de Valentín con t9.tivas respecto de Calina y el capricho que le impulsa• Contras. Valentíu podía, pues, fácilmente, si quería, en•
una sedosa caricia de su.bigote. Sin proferir ni un grito, ba hacia ésta acentuaba más y m·is la frialdad que mani.- contrarse á solas con la mujer de Federico, pero no pa8118 dientes se apretaron, cogió el abanico de encima de
festaba con su mujer. En el alejamiento de la vida de recía &lt;luida.rae de tal cosa. Emprendia al trote el camino
Ja consola y con ademán furioso quiso pegar con él al au- París la intensidad de esos stlntimientos era apenas per- del bosque, á la cabeza de la cabalgata, detrás del coc he
daz en la cara, pero el conde paró el golpe y el abanico ceptible aun para los mismos interesados.. Se veían una de su mujer. Embebido en su~ p3nsamientos v muy lú •
ee partió con ruido seco. La oeñora de Coutras y Vignot hora de vez en cuando y er los salones, terreno neutral, gubre, acortó poco á poco la marcha. y se quedó detrás.
volvieron la cabeza, á tiempo que la joven entraba ya con en el que los amigos hacían el efecto de un almoadillado, sus compañeros no quisieron, por poHtica, que -perecieque impedía los rozamientos directo3. Pero, tras de la se que le abandonaban y pusieron sus caballos al paso, á
los dos pedazos de su abanico en la mano.
-¿Qué le sucede á usted, amiga mía? preguntó la con- primavera llegó el verano. La Sel'iora Mossler se marcho excepción de Redel y Ferraud que marchaban -por los laá su posesión de la Cha¡:;elle-S.mvigny, cerca del bo~que dod del camino á las portezuelas del coche. Da11ziat hadesa un poco inquieta.
-El torpe de su marido de usted acaba de poner el pie de Senart, á ori,la del Sena, y próxima la temporada de blab1 con Celina, lo que oc11paba bastante á la joven pala caza, invitó á todos los amigos de Valent(n y de Eori• ra no inquietaras por la visible turbación de Valentín.
sobre mi abanico.
-Usted me permitirá, dijo Valentín con aplomo, en- queta. Allí, puestos los unos en presencia de los otros,
Al llegar al molino de Argentray, el coche tuvo q ue
viarla otro mañ.ana, para reparar mi torpe.a.
su hostilidad debía tomar un peligroso deqarrollo.
atravesar un arroyo. El agua. apenM cubría loR cascos de
El Castillo de la Chapell~Sauv1gny, edific.i.do por la los caballos y el paso se verificó con comodidad, pero es-No; no quiero nada de usted.
-Entonces, dijo la condesa, acepte este mío. Y ofreció seftora de P.:&gt;mpadour, es u::i.a de las m.í.s lujosa3 m Jradas tando ya. O.i.uziat casi al otro lado, el caballo de Calina
á la mujer de Federico un magnífico abanico Luis XV, &lt;ie los alrededores de París. R'ldeado de un puque que se resistió á entrar en la cerriente é hizo retroceder á la
pintado por Boucher y cuyo mérito artístico era ines- forma el centro de nna propiedad de tre5 mil h~táre.i.s,
joven. \Talent(n, que la segufa, gritó á sus compafl.eros:
se eleva en medio de suntuosos jardined, verdes y floritimable.
-Seguid; no hay '()ar.i qué exponerse á un baño de
-Guárdelo usted, amiga mía; muchas gracias, dijo la dos, rodeado de terrap1enes con artísticas escalinatas. Sus pies por este estúpido cabal 10. A doscientos pasós de
joven con alguna aspereza; reparat así las tonterías del tres alas de edificio afectan la form'l. de una herradura y
aquí hay un puentecillo. Nos reuniremos con ustedes en
conde sería incitarle á cometer otras nuevas.
ei,tán oruadas de cornisas coronadas de b1laustres y de
A.rgentray dentro de cinco minutos.
La señ.ora de Contras miró á su amiga, movió roelanfrontones de piedra tallada.
Y remontando la corriente, condujo á Celina á un ¡mencólicamente la cabeza y dijo, repentinamente entristecida:
Por bajo de la esplanada priacip \1 h!l.y un lag'l que co- tecillo rústiro que atravesaba el arroyo, á cuya orilla
-Celina, no debe usted quererme mal por las culpas munica con el Sena y qL1e está alimentado por ma.nantia· unos bueyes rumiaban pesadamente. echados sobre 111
del conde.
verde hierba. Durante este trayecto Valent(n no dirigió•
les. Uuas blancas barquillas permitenaborda.r á una isla
La mujer de Federico sonrió, aunque sus ojos estaban en cuyo centro un templete de columnas sirve de punto
ni una palabra á su C()mpañera y su frente preocupada
llenos de lágrimas, y cogiendo la mano que la condesa le de vista, rodeado de un marco de follaje, y algunod cis· y cargada de nubes indicó que continuaba su fastidio.
ofrecía, contestó:
Celina le seguía, inqL1ieta por aquel mal humor y sintiennes nadan majestuosamente por aquel espejo encantado,
-Tiene usted razón, miqueridaEnriqueta: deme usted en el que se l't!fl.ejan las altas copas de loa árbJlea aecu- do á pesar suyo una profunda lástima hacia aquel hom•
el abanico.
bra que, teniendo cuanto hace falta par.i. ser feliz, pare•
lares.
Aérea, profunda, misteriosa, la orquesta preludiaba ricía complacerse en auyentar la dicha.
La
señora
Mossler
era
muy
aficionada
á
aquella
gran
cas armonías. Las dos mujeres se callaron con recogiTenía grandes moti vos de rencor hacia él, pero casi no
casa
rodeada
del
silencio
de
vastos
terrenoi
p:ic0
frecuen
•
miento; Valentín, detrás de ellas, se recostó en el respaltados. Tan cerca de París que se podía ir en coc!\:i, se 03- se atrevía á coufesar,;¡e q11e no los recordaba, hasta tal
do del sillón y se dispuso á dormir.
punto aquel hombre ejercía sobre ella un flncanto no
taba ali(, como en el fondo de la provincia más lejana.
Hasta qne se casó su hijo adoptivo, la reina del oro pasa- sospechado. Llegaron á A.rgentray sin que Valentfn paIV
reciera advflrtir q1.1e Calina ib1 detrás de él; no había en
Hasta el día en que se le apareció la Señ.ora de Coutras. ba solamente algunas semanas en aque'1a sJledai que
en aquel momento galantería ni casi educación. Alel coronel Redel había vivido solamente para su carrera, ae¡radaba á la naturaleza grave Ele su espíritu, y recib(a él
Era soldado por tcimperamento y no pensaba más que en atlí á Eliphas y á uno ó dos amigos de Valentía á quie- canzaron el coche v el conde permaneció otra vez aparrodlr en su caben los mis sombríos peo·
el ejército ni comprendía safüfacción superior á la de nes éste convidaba en la t~mponda de caza. Con la jo· tado y dejando
Cu.,nd &gt; tle;pron c3rCl d3 S.1,int-Froo1 el c \·
. m"\ndar sus tropas frente al enemigo. Alistado como vo- ven condesa y su corte la animación sucedió prontamen- samientos.
lun.tario á los diez y seis años, hizo toda la campaña en te á la melancolía. Aquellas vastas habitaciones se pobla- lor era tan fuerte, en aquel día del fin de RepUembre, qu3
Vignot pidió hac~ alt.i bljo fil emp.J.rrado de una pJH·
el ejército del Loira y ganó los primeros galones en la ron, las faldas claras animaron el ver.i~ dd lo¡ b Hques,
da para babar y de,ca!B'-lr. L, c;¡niesa hizo sacu na,
b1taila de C0ulmierd. En la retirada de Vendome obtuvo antes desiertos, y la risa de la juventnd, hizo concurren- c~to de provisie1e3 que ib1 fln laza;pd31CJ~h3; y mierr•
la medalla militar; en el Mans el grado de oficial, y cuan- cia al canto de los pájaros.

•

•

tras la moza de la posada ponía las botellas á refrescar
en un culJ? de agl?-a de pozo, ~o el mundo se aplicó al
al!l1uerzo 1°:1prov1sado. _Ya comidos y bebidos y cuando
V1gnot se disponía, el cigarro en la boca á disertar sobre estética musical, comparando las d~griidacioneo de
color de las nubes con los semitonos y cuartos de tono
dijo Ferraud:
'
-Pero ¿y los Camandulenses? ¿No vamos ya á visitarlos? Me habian ustedes prometido una mara villa romana
y me eneelian unas botellas vacía.e..... .
. -:-¿Tiene usted. empalio en (~?. preguntó Valentín, fas·
11d1a&lt;1;0 por l~s discursos del vieJo compositor.
-S1, por cierto.
-¿Y usted, Dauziat?
-Yo también.
-Entónces acompaño á uetedea, dijo Celina. La condesa se q_uedar.i con estos señores que no parecen dispc.estos a moverse ..... .
-¡Oh! no, excl.1mó Vignot. Esto!! momentos están llenos de bemoles; permanezcamos en éxtasis.
Los intré~idos montaron de nueyo y seguidos por no
la~ayo destmado á guar~ar los caballos, se dirigieron,
gmados por el conde, hacia una colina, cubierta de árbolee y en cuya cima estaban las ruinas. Llegaron en un
cuarto de hora y subieron valientemente un abrupto sendero que les condujo á _una puerta maciza que daba acceso al claustro. Los .pilares tall~do• en que se dibujaban
todavía cabezas de diosas, atestiguaban el origen romano del templo. El cristianismo. allí como en otros lu"'ar~s sagradoe,. se había sobrepuesto, al paganismo. '.fos
dioses del Olimpo habían sido expulsados por el Salvador 9-el mundo y los restos de los altares pagan'ls habían
servido para sustentar el tabernáculo.
Los jinetes echaron pie á tierra. Ferraud se sentó en
un c~apitel cubi~rto de muego y se dispuso á dibujar.
Dauz1at pronunció algunas palabras de entusiasmo literario. Valentín y Ce ina quedaron absortos ante.la vista maravillosa que ofrecía el país. La sombra del bosque
~e Sen~rt ondulaba hasta el horizonte limitado por cohnas violáceas. El Sena, bordeado de pueblecillos sembrados en laa anchas llanuras, brillaba como una cinta
de plata. Del camino próximíl subían á través del aire
tranquilo el chirrido de las ruedas de invisibles carretas
y los penetrant~s cascabeles de los caballos. Era aquella
una soledad amma.da, encantadora y muy melancólica.
.A.l cabo de un 1:..stante de soñadora contemplación
Valentín se separó y se puso á pasear por la colina, gol:
peán~ose las botas con el látigo y sin prestar la menor
atención á su compaliera. Después se sentó sobre el césped Y estab~ allí hacia algunos minutos con la cabeza ba•
Ja y las facc10nes contraídas, cuandc, Celina se acercó á
él. Entbnc~s levantó los ojos con expresión de tristeza.
-¿Qué tiene usted? preguntó la joven; desde que le
conozco, esta es la primera vez que la veo tan aburrido
Valentín respondió, no con su ton.) zumbón acostum'.
brado_. ijino muy dulcemente:
-SL; tengo hoy una buena dosis de fastidio.
-¿Negocios con la señora Moseler?
-Y muy serios.
-¿No hace lo que usted quiere?
-No por completo.
-¿Cuestión de dinero·!
- Cuestión de dinero.
-Ella es muy generosa, sin embargo.
-Pero la predisponen contra mí.
-¿Quién?
-$u suegro de usted.
Hub&lt;;&gt; un silencio. Era visible que Valentín tenía en
los labios un río de improperios contra Eliphas y que le
contenía p~r respeto á Celina. .t&lt;:sta se lo agraJeció.
-¿Qué diablos ha hecho usted para que no le basten
loe recursos de que disponEe?
-¡Qué sé yo! Atrocidades; sartas de burradas. Soy
el animal más estúpido de ambos mundos cuando me
pongo á serlo. Y hace ya dos meses que se me va la cabeza.
-El darse usted cue:r.ta de ello es prueba de que se
vuelve más juicioso.
Valentín respondió rudamente:
-No lo crea u&amp;ted; no estoy absolut-amente nada dispuesto á enmendarme.
-¿Quiere usted, entóncee, a:flijir á todos los suyos?
-¿Qué les importa? Nadie me ama.
-¿~etá usted seguro de haber procurado que le amen?
-Bien sabe usted que eso no sir ve de nada. ¿Ha visto
usted alguna v~z que se quiera. á las personas por sus virtudes? A los v1rtu.:.sos se les rnsulta y se les desprecia.
En est~ mu_ndo vale más ser tigre que cordero; por lo menos se 10sp1ra temor.
-Triste privilegio el de bacer sufrir. ¿De modo que es
usted malo? Yo le juzgabi ligero, pero bueno.
_-¿Q~é sé yo lo que soy? Si bubiera sido pobre, si hubiera sido educado con dureza, como hubiera debido serlo d~spués de la mu~rte de mi padre, ee probable que me
hubiera ~ec~o un Joven honrado. Hubiera permanecido en .el e¡érc1to y hecho allí mi carrera, pues no temo
el peligro, no soy mas negado '!ue otro cualquiera y tengo un honroso nombre. Hubiera vivido para ascender·
fiara ganar cruces y estrellas, hubiera sido dichoso. E~
~gar de esto, he sido mimado como un príneipe en med10 de un lujo sin ejem p!o y no teniendo más qu~ concebir un deseo para que fuese realizado. He perdido muy
pron~o la satisfacción de desear antes de obtener, de soñar sm estar seguro de la realización de mi sueño. Me
be eetragado y las satisfacciones en que se funda la dicha del comúi:i de los m0rt:1les, no tienen ya atractivo
P.ara mí. El dmE.ro ha perdido todo su valor; he tenido
siempre la costumbre de arrojarlo á manos llenas. Cuando no tenía más, lo pedía y el manantial era inagotable.
¿~~é es lo que no se puede obtener, en el siglo en 9-ue
v1~mos, ofrecienJ~ sn precio? Todo se vende y es imv.os1.ble, cuando se tiene mucho dmero, conservar ni una
1lus1ón sobre n~da . .A.sí se llega al desprecio de los demás Y de sí mismo, al haftío de todo, al escepticismo
más completo ......

347

EL MUNDO

Yalentín miró á Celina y dijo:
-No.
La joven le siguió como una sonámbula. Dauziat bajó
el primero por la insegura es?alerill~, y mientras. Ce·
lina tanteaba con la punta del pie las pLedrascarcom1das
sintió que Valentín, con diestra mano, quitaba los fragmentos de musgo adheridos al paño de su ~sida; ligero
contacto que la hizo estremecerse; precaución tierna que
la apretó el corazón. ¿De modo que, en adelante, por un
instante de debilidad-porque había abusado de ella, la
había violentado; ella no había consentido.-aquel hombre tendría el derecho de ocuparse de el.la, de tocarla, de
darse aires de duefio? Eso no podía ser; no quería que
fnera. Y á ese pensamiento su cerebro se sentía poseido
de tal furor, que se sentía capaz de un estallido, de un in·
sulto público, de una violencia irrepanble.
Celina iba detrás de Dauziat dando vueltas en su cabeza á estos proyectos locos. Sin embargo, en el fondo de
su alma se h'lcía oir una voz que decía: Bien sabes que lo
que ha sucedido era inevitable. Te amaba, te perseguía
hacía mucho tiempo y tú no lo esquivabas sino lo estrictau,ente necesario para ponerte á salvo deun peligro inmediato y no para cortar de raíz toda tentativa. H~s jugado con el fuego, has sido coqueta y tas caido en el lazo.
Si agana acusación tienes que hacer, es á tí misma. Los
hom breP, bien lo sabes, no tienen ningún escrúpulo y no
se dejan guiar más que por su placer. No podías esperar
ninguna generosidad. ¿De qué te quejas?» Pero á pesar
de estas duras advertencias, Celina continuaba lamentan·
do-¡oh! en carne sometida, eu pudo1 hollado, su orgullo
v Jncido.
Preciso le fué desarrugar la frente é imponer un aspecto sonriente á su cara. L'egaban al eitio en que esperaban
los caballos custodiados por un lacayo. Calina se vió precisada á empapar su pañuelo en el arroyo y lavar ella
misma la herida qua había causado, y ante las miradas
de D.i.uziat, tuvo que di~imular su vergüenza, tragarse su
rabia y afectar dulzura é interés curando á Valentín,
cuando hubiera que1 ido asesinarle y huir en seguida.
-¡Bah! eso no es más que un coscorrón sin gravedad;
no morirá usted de esta, dijo el literato riendo. ·
Montaron á caballo y se volvieron á Argentray, donde
la señora de Contras y sus compañeros charlaban pacíficamente, bajo el emparrado, esperando los excursionistas. Acogieron con tranquilaconmisceración el relato del
conde, cuyo accidente explicado por él mismo perdía todo interés, y como tenían que hacer una larga caminata
para volver á la Chapelle-Sauvigny, emprendieron la
marcha. Por la noche Federico dijo que su mujer tenía
una gran jaqueca y se quedaba en su habitación.
-Eso es lo que tiene correr ácaballotodo el día con un
sol terrible, murmuró el Sr. ~liphas.
La culpa es mía, dijo la condesa. La propuse volver en
el coche con nosotros, y cuando no quiso debí obligarla.
-Puede ser que la señora Clement se alterase demasiado al ver caer al conde, en las ruinas, y levantarse con
la cara ensangrentada, dijo Dauziat.
-¡Ah! ¿mi nuera ha ido á loR Camandulenses?
-Yo también, y Ferraud. Yo soy quien encontró al
Sefior Coutras medio muerto v á la Señora de Clement
casi desmayada.
•
Eliphas lanzó una ojeada á Valentín, que permaneció
impasiole, y repentinamente taciturno, no tomó ya parte en la conversación que Redel sostuvo casi solo. La Señora Mossler había hablado de la guerra y de las empresas de su marido cuando era agente de Gambetta, y el
coronel había descrito el aspecto de aquellos ejércitos de
provincia, hambrientos. tiritando Je frío, á veinte ~,a.
dos bijo cero, con sus delgadas esclavinas de paño, mientra~ que los prusianos, vestidos Cílmo boyardos y hartos
de comer, •e calentaban en el incendio de las aldeas.
Después se habló de la retirada de Vendome con sus comb¡ites de la retaguardia, del cuerpo de ejército del almirante Jaureguiberry, y del viejo marino, trotando en un
caballejo entre sus líneas de tiradores, que se retiraban
dt30:
-Vamos, déjeme usted marcharme. Sea ust.idjuicioso. tranqnilos, intrépido~, imponentes con su incansable
Valentín se había puesto 1,my pálido v sus ojos brilla- firmeza. Federico Clemant preguntó, con aire de desconbfn, La joven ~rató de evadirse por de lante de él; pero fianza, si el país estaba mejor preparado en la actualidad
'\ alentín la cogió y la levantó en sus bnzos. Celina arro- y si la resistencia sería posible, y el coronel dijo, animánjó un grito que él ahogó con loe labios. Sintió á la joven dose:
-Sí. ciertamente; estamos en condiciones de defendergemir y revolverse en desesperada lucha cuando una ancha tal&gt;la ?abierta de líquenes ygr:imíne~ quemadas por nos. Todo dependera de los primeros encuentros. Si teel s?l, ~nt1gua mesa caída en el poi vo, les hizo tropezar- nemos ventajas al principio, estaremos antes en el Rhin
Celrna mtentó todavía desprenderse luchar pedir soco· que los alemanes en Nancy. Si somos vencidos al emperro, pero bajo aquel cielo abrasad~r. en 1~ soledad de zar ...... ¡Ohl entonces la lucha se1á sin cuartel. El alma
aquel lugar pacffic&lt;?, cerca de aq'.1el hermoso joven del francesa está mejor templada que el alma alemana y soque tanto había huido, una especie de locura se apoderó portará bier un gran peso de desastres. Lo ha probado
cte ella y con una embriaguez que indicaba tanto amor en 1871 . Jamás los alemanes hubieran tenido en la derrota la abnegación de semejante esfuerzo. La guerra fo.
como odio, se abandonó.
Cuando ae atrevio á a):&gt;rir_los ojos y se encontró en los tura será de tal modo espantosa, tan mortífera tan abundante_ en ruinas de tüdas clasto~, que no creo q~e nuestros
brazos de Valentín, se 1rgu1ó presa de un terror indeci1
ble. Los dientes apretadm no le permitieron decir una enemigos a soporten mucho tiempo. Y será preciso hacerlo
así.
Será
una guerra de duración, en la que se supalabra, pero una expresión de desesperación se pintó en
su semblante. De pronto se impulsó hacia el vacío hacia cederán los reveses y las victorias. Ahora bien, á los gela muerte, pero Valentía la contuvo y la estrechó con nera les alemanes les costó gran trabajo en 1871 llevar al
fuerza. Ent.?nces, desespera~a. \mpotente, no pudiendo combate unas tropas victoriosas; preguntadles lo quepomatar~e, quiso -~atará su tiránico cómplice y co.,.iendo drían esperar de sus soldados vel'.lcidas ......
-Sí, dijo Federico; el corazón no faltará, eso es sabiuna piedra le hirió con toda su fuerza en la cara. La sando. Pero ¿y el estómago? ¿Se comerá? ¿La intendencia
gre brotó. Valentín no había hecho ni un movimiento y
esperaba el segundo golpe. Pero aquel esfuerzo habfa cumpl;rá su deber que es alimentará las tropas y no haagotado la energ~a ~e Celi_na, que vaciló y apoyada en la cerlas ayunar?
-¡Bah! dijo Redel con de,cuido; los soldados franceses
pared, permaneció mmóvtl, estupefacta por en falta sin
com1;&gt;render lo_que había h~cho hiriendo á. Valentín' que se han batido siempre con el vitontre vacío. En Malplala mu-!'ba sonriendo y se en}ugaba la Hangre de la herida. quet se les acababa de repartir el pan en el momento de
trabarse la acción, y le tiraron para correr más aprisa al
Un rmdo de pasos en las rumas les volvió á la realidad
Era Dauziat que llegaba por el otro extremo de la roton: fuego ...... Esto no quita qne yo encuentre indispensable
da, con mil precauciones porque á cada momento roda· llegado el caso, fusilar al frente de las tropas uno ó do~
de esos señores, para dar exactitud á los demás.
ban 1~~ piedras bajo sus pies.
-¡Ah! Esas cosas no se hacen nunca......
-¡Dios mío! exclamó aproximándase· tiene usted la
-Napoleón no vacilaba en hacerlas y así estaba tan
frente llena de sangre, q,1erido conde.
'
-He caido al subir esa escalera, dijo Valentín. La ee- bien servido.
fiora Clement me ha creído muerto y oor poco se desma-Segurame_nte hay en alguna parte un hombre capaz
ya. He tonido miedo por ella más que· por mí
de hacer el mismo papel, pero faltan las circunstancias
-Bajemos, a~ajo encontrará usted agua f;esca. Poro en las cuales pudiera r~velarse. Para tal planta hace faldebe usted sufrir mucho ......
ta un terreno preparado. Nunca la democracia suspicaz

-Usted no puede, sin embargo, dejar de conocer que
la señora Mossler ba querido hacerle dichoso.
Yalentín prorrumpió en una carcajada nerviosa.
-Ha querido, sobre todo, hacérselo á sí misma...... Lo
que necesitaba era un heredero...... A.segurar b. suerte
de sus millones antes de todo ........ .
-¡Bah! Se los ha dado á us,ed.... ..
-¡Yo no se los pedía! Me ha dado guEtos absuruos,
necesidades imperiosas...... y ahora me niega el poder
satisfacerlas..... .
Celina movió la cabeza sonriendo.
-Vea usted el motivo de ese descontento; le han acortado los víveres por primera vez ...... ¿Qué ha hecho usted para merecer esa penitencia?
-Me acusan de que vivo mal, de que me aparto de mi
mujer...... Como si pudiera hacer otra cosa cuando es ella
la que se separa de mí...... Porque mi mujer no me ama.
No soy de lo:1 que pueden agradarla; hay que tener para
eso un gran talento ó un alma profunda y no es ese mi
género. ¿Sabe usted lo 41ue va á suceder si me dejan colrado enfrente de mis acreedore&amp; y sin poder pagarlos?
Pues venderé mis caballos de carreras y con ese dinero
me marcharé en mi yacht á dar la vuelta al munio y
dejaré plantados á mi mujer, á la señora Mossler, al tipo de Eliphas y :i todo el:;¡énerohumano ...... ¿Quiere usted venir conmigo?
-¡Está usted loco!
-Creo que sí. Pero no e3 culpa mía; he naéido razonable.
-Vuelva ueted á serlo.
-Es muy tarde.
-Con un poco de buena volu11tad ......
-Sería el único que la tuviera.
S11c fisonomía había cambi~do y ya no parecía desanimado y triste, sin•&gt; exhaltado y violento.
-¡Nadie se ocup,1 seriamente de mí! Creen habérmelo
dado todo dándome la riqueza; y la riqueza no es nada;
me doy cuenta de ello y la odio. Hay momentos en que
querría agotar todos esos millonee...... pero es imposible;
volverían á. venir otros tantos de allá. E,o es como un estanque que se le !tena en cuanto se le vacía; no puede usted imaginar ese río éle oro...... Y por algunas miserables
deudas tantas historias .... Eliphas tiene la culpa ...... Me
odia.
Se levantó.
-Venga usted, andemos un poco, ¿quiere usted? Visita·
remos las ruinas que no hemos hecho más que atrave·
sar...... ¿Dónde están Fclrraud y D.i.uziat?
Los llamaron y, de lejos, Ferraud con estó qne estaba
dibujando y que Dauziat le había dejado hacía un instan•
te. Valentín y Celina entraron en el claustro situado sobre el lugar qne antes había ocupado la capilla. Una escalHilla de et:.calonee desconchados daba vueltas 4 un torreón y conilucía á las celdas. Subieron y se encontraron
á ochocientos metros de altura en una pequel'ia rotonda
que daba al dormitario, aun bien conservado, con sus pi·
lares macizos que ya no soportaban la bóveda demolida.
-A.caso no es prudente permanecer aquí, dijo Celina.
-¿Por qué? contestó Valent,ín riendo.
-Puede desprenderse alguna piedra de las paredes.
-La misma piedr.i. las sostienE&gt;. Vea usted cómo sabían los frailes escoger sus moradas. ¿Puede verse sitio
más encantador? El río á sus pies para la pesca; el bosque á su alcanc,il para la caza, y en t"&lt;io alrededor pueblecillos que les pagaban tributo...... ¡Y qué calma! ¡Qué paz!
¡Aquí se vivía! ¿No es verdad?
·
-Renunciando á los bien.es del muudo....... dijo l!l joven sílnriendo.
-Yo renunciaría á todo meno3 á la mujer que amo.
-¡Oh! Cuandíl se tienen tantas, no se tiene ninguna.
-Bien sabe asted qué, en ese caso, no tengo ,uás que
una.
Se aproximó á ella y, al lado de la ventana en ruina,s,
19:.estrechó contra su pecho. Colina quiso rechazarle y

0

�EL MUNDO.
29 NOVIEMBRE, 1896.
348
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y celosa que ahora es dueña del poder, sufrirá que un ge• para acercarse á ella, mas la joven hizo frascasar todos principios en la vida y no tomaba en serio las exageraneral ee ponga en evidencia. Todavía está espantada con sus esfuerzos con un ardor que indicaba cuánto deseaba ciones del moderno escepticismo.
Boulanger. Sería precisa, pues, una guerra para que sur- evitar una entrevista con ¿1, Pero Valentín tenia sobre
Eliphas pensaba como ella y si hubiera sido puesto en
giera un hombre providencial que, en la locura de la ella la superioridad de la audacia y por un movimiento el caso de resolver en asunto tan serio com:&gt; aquel que
victoria producida en el país entero, ee apoderase de la· imprevisto logró bloquearla en un rincón del salón, 6ntre preocupaba á la t eñora Mossler hubiera mostrado igual
dirección de loe negocios. Y aún no es seguro que loe re- dos plantas, que lea ocultaban y una mesa llena de álbu- confianza. Pero su amiga estaba lejos de querer consalpresentantes del pueblo no intentasen derribarle ó supri- mes que impedía llegar hasta ellos. La tuvo allí prisione- tarle semejantes dudas. La hostilidad, ya grande, de su
mirle. Hay todllvfa eetis de las que mataron á Hoche...
ra, pero absolutamente duef!a de sí misma, como lo indi- ministro de la Caridad contra Yalentín, hubiera aumen-Hoche fué, en todo caso, envenenado por loe van- caban la arroganci de su actitud y la palidez nerviosa de tado hasta el punto de hacer imposible toda amistad con
deanos...... •
su semblante. Valentín no perdió el tiempo en preambu- ella. ¿Y qué hubiera sido de la Sef!ora Mossler sin Eli· -También ee h:,. dicho quP fué por Bonaparte.
los y abordando desde Juego la cuestión capital:
phas? Si aquel hombre de negocios admirable dejaba de
La conversación se de3carriló completamente y ee per-Celina, dijo á media voz y como si hablase de cosas prestarle su concurso, ¿cómo iba ella á salir i.delante con
dió en anécdotas poco auténticas. Al levantarse de la indiferentes, ¿por qué ha estado usted cuatro días lejos la administración de sus fundaciones? Diez secretarios,
mesa, Yalentín sintió un verdadero alivio instalándose de mí?
que la embrollarían sus asuntos y la robarían, no podrían
en la sala de fumar, donde pudo recostarse en una butaElla le miró de alto abajo con aire altanero y dijo:
substituir al benévolo distribuidor de sus beneficios.
ca y cerrar los ojos pensando en eu aventura. Su decep-¿Tengo que dará usted cuenta de !o que hago? He
Para cortar J.&gt;Or Jo sano cualquiera intrigacomenzada6
ción hBbfa sido grande al saber que no vería á Celina aquí una pretensión nneva é inesperada.
cualquier capricho nasiente, resolvió llamará Valentín é
aquella misma noche. Estaba ilusionado por la idea de
-Si usted no hubiese huído de mí, no tendría que interrogarle con i,eriedad. Sabía de antemano que le cosencontrarla en el salón, de sentarse á su lado y mirarla, prguntarla. La actitud de usted para conmigo me da el taría caro ser obedecida, pero no importaba esto con tal
respirarla y expresarla, envueltas en palabras ineignifi- derecho de hablarla así.
de obtener el resultado que se proponía. El dinero no era
cantf&gt;s, mil ternezas que ella sola comprendería. La au•
-Ni usted tiene ningún derecho ni yo he huído. La para ella más que un medio de asegurar su autoridad ó su
sencia de la joven le producía una turbación indecible; actitud que tengo es la que conviene.
rnsuficiencia, y ese medio había sido hasta entonces incomo una sensación de vacío; como si ae encontrase sien-¿Quiere usted, pue,;i, tratarme como enemigo?
falible con Valentín. Tranquilizada por esta conclttsi6n
do un extraño entre sus convidados; y sentía una desa-Sí, si trata usted de algún modo de limitar mi li- de sus meditaciones, se levantó, se despidió de sus hués·
nimación profunda, presintiendo que aquel propósito de bertad.
pedes, acostambrados á verla retirarse temprano, y al reevitarle era la primera manifestación de una resiatencia
-Usted, sin embargo, no podrá hacer que lo ocurrido cibir las buenas noches de Valentín, dijo:
que no podía vencer.
no sea un hecho.
-Si tienes intención de ir mañar.a á París, entra á verTodos sus amores, hasta entonces, habían sido fáciles.
-Está. usted en un error; lo haré.
me antes de marcharte; tengo necesidad de hablar contigo.
Tan sólo había conocido Señoras Bourdón que no se deComo hacía cuatro días qu';l la señora Mosaler estaba
A esta declaración tan rotunda y que tomaba más fuerfendían más que para capitular en mejores condiciones. za todavía dicha muy bajo y en tono joval, Valetín se es- eeria con su hijo adoptivo á causa de la terrible liquidaLas repulsas le dejaban asombrado, y acaso no había de- tremeció de cólera y replicó con los dientes apretados:
ción que había pedido y á la cual ella, por primera vez,
11eado tanto á Celina sino porque ésta le tenía á cierta
-¡Cuidado! Usted es mia y nada podrá. hacer que no se había negado, Valentín entrevió en aquella conversadistancia, Pero fuerte ya, después de haberla poseído, la lo !ea. Antes, destruiré todo cuanto nos rodea.
ción su vuelta al favor maternal; y pronto á aprovechar
deseaba con un ardor singular que nunca había sentido
Celina se levantó como impulsada por una fuerza in- las circunstancias, contestó muy amablemente.
y sólo pensaba en el momento de volverla á. ver, de ha- vencible, y dijo, mirándole con sonrisa intrépida:
-Pero, querida mamá, no quiero por nada del mundo
blarla, de hacerla conocer sus deseos y sus esperanzas.
molestarte temprano. Esperaré tus órdenes.
-Ya puede usted empezar.
La VE-lada fué corta. Todos los habitantes de la ca~a esLa sefiora Moesler le miró con complacencia, dulcifiY pasando impasible por delante de él, fue á sentarse
taban cansados por la expedición del día. Valentín se al lado de Señora Mossler. Valentín oyó este fragmento cada en un instante por su amabilidad, y movienao la
retiró pretextando sus contusiones y se encerró en su de diálogo entre las dos mujeres:
cabeza, como incrédula ante aquellas manifestaciones zacuarto.
lameras, dijo:
-¿Qué decía á usted ese loco?
A la mañana siguiente bajó á. eso de las diez y tuvo la
-Bueno; está convenido. Te haré buscaren cuanto es•
-Tonterías, respondió Ceima.
coutmriedad de saber que Calina se había marchado á
té dispuesta. Que duermas bien y trates de trBerme ma-De manera que ha salido usted derrotada ......
París con su m'lrido. Decididamente huía de él y esto le
-No, á. fe mía. No le temo ya. Solamente me cansa un ñana resolucioose juiciosas.
causaba un profundo descontento. Aquel nifio mimado poco.
Tomó el brazo de Eliphas y salió del salón.
•
á quien todo había sonreído, se irritó ante e pudor de
La rabia que se apoderó de Valentín al oír aquella braV
una mujer y no lo comprendió. Necesitaba la satisfac- vata
filé tan violenta, que se levantó para ir hacia Celición de su capricho, en seguida y sin restricciones. No na, pronto
La
habitación
que
ocupaba
la señora Moasler era la de
á cogerla en sus brazoe sin pensar en lo que la Pompadonr; ei estrado &lt;!e balaustres
le cabía e11 la cabeza que una mujer á quien había poseí- debía suceder.
dorados deetinaDió
cuatro
pasos
en
el
aal6n,
como
delido, pensase en resistírsele en adelante, y en la agitación rante y con la cara tan alterada que vi6 los ojos de la jo- do al lecho de la favorita había sido suprimido en tiemde espíritu en que las veleidades de Celina le ponían, ven agrandarse de eRpanto y temblar sus labios. El he- po del senador conde de Berland, bajo el primer imperio.
poco le faltaba para acusarla. de necia. Se prometió tedecoración, debida al pincel de Lancret, era la misma
de que tenía miedo y no le despreciaba tanto como La
ner con ella una explicación de las más terminantes, cho
y consistía en exquisitas pinturas de asuntos p!lijtorilea,
quería
decir,
calmó
repentinamente
la
exasperación
de
aquella misma noche.
Valentín, que pensó: «Ha querido afectar audacia, pero que han sido despu~s reproducidos en ttapices por loe
Pero no tuvo esta satisfacción. La mujer de Federico no está tan segura de sí misma que no pueda llegar un Gobelinoa. Sobre !a chimenea había un reloj y dos jarropermaneció en París con su marido, al que retenía en la momento en que la tenga á mi discreción. ¿Para qué, nes de mármol esculpidos por Caffieri y con guarniciones
de bronce. El mobiliario, compuesto de un ancho silJ6n,
caphal un importante negocio, y tardó cuatro días en pues, perderlo todo en un momento?» Se puso risuei'!.o y
volverá la Chapelle-Sauvigny. Ninguno de los huéspe- en I:igar de lanzarse sobre Celina en actitud violenta, co- dos cómodas de palo de violeta, una mesa de madera ta•
des pudo observar el furor que embargó á Valentín mien- mo su movimiento amenazador podía hacer temer, se liada y dorada y unao cuantas butacas y sillas de tapice•
ría, había sido comprado por la sefiora Mossler en la altras esperó á la joven. Mostró un semblante alegre y al apoxim6 con un aplomo perfecto y dijo:
moneda Bertin y pagado á peso de oro. El piso estaba
oír que la Sef!ora Mossler se extrafiaba de que permane-No se sabe, en realidad, cómo complacerá usted. Es- cubierto con uoa alfombra de la Savonnerie y las venta•
ciese tanto tiempo sin ir á. dar una vuelta por París, contestó con agradable sonrisa que la calma de los campos tá uno serio y se queja usted de que se la aburre. Está nas adornadas con cortinas de color de amaranto de un
tono delicioso.
.
le sentaba á las mil maravillas y que no comprendía có- uno alegre y protesta porque se abusa de su indulgencia.
Me parece que lo mejor sería, para agradarle, no volverA. eso de las diez, la señora Mossler, sentada en el bue•
mo no había goz.1do más de ella hasta entonces.
co de una ventana, estaba mirando á 1011 trabajadores que,
Por fin tuvo la satisfacción de ver que entraba en el se á ocupar más de su persona.
La joven levantó hacia él una mirada suplicante, como embarcados en dos lanchas y bajo las órdenes de un guarpatio del castillo el coche que había ido á buscar á los
diciéndole: sea usted generoso y, en efecto, no se ocupe da, hacían en el estanque una gran saca de peces y lle•
sef!ores de Clement y que bajaba de él, esbelta y ligera
naban con ellos grandes redes. Ferraud y Dauziai, á peaquella á quien esperaba hacía tanto tiempo. La observó' más de mí. Pero Valentín continuó:
-Pero entonces, ¿qué se pensaría de mí? Que era un sar del rocío de la mañana, presenciaban la operación
sin que ella lo notase, desde una ventana de la sala d~
fumar, y vió que no estaba nada cambia:la, que parecía grufi6n, un ser sin galantería. Es, pues, preciso resignar- desde la orilla y gesticulaban gritando á loe pescadores
muy tranquila y que vigilaba con entera calma la l-pera- se á sufrir sus sofiones y portarse como uno cree que d~ confusos consejoe. Bajo el cielo luminoso bordado de li•
ci6n de bajar del coche sus efectos. No quiso, por el be hacerlo, sin tener en cuenta sus caprichos. Así, acaso geras nubes y en aquel marco de veraor ya pálido, el
cuadro resultaba tan animado y pintoresco, que la seño•
pronto, presentarse delante de ella, pensó que su prisa se llegue á desarmar á usted.
Celina volvió á tomar sn aire de provocación:
ra Moasler le hubiera contemplaoo largo rato si la puerta
J&gt;Odría ser mal interpretada y se prometió verla en la ve-Eso
ne
es
probable.
de su cuarto no la hubiera distraído, al abrirse, de aquella
lada. Pero e l tiempo pasó lentamente sin tener en cuen-¡Babi
dijo
él
ligeramente;
yo
corro
el
alour.
¿Qué
divertida ocupación. Valentín entró sonriente.
ta la impaciencia de Valentín, y éste, que llegaba siempre el último al salón, fué aquella noche el primero y puede_sucederme peor que ser tratado como lo soy por
-Estabas mirando los pescadores, madre mía, dijo. Ea
usted.
di6 conversación á su madre, lo que la colmó de gozo,
verdaderamente extraordinaria la cantidad de peeca que
La
Sefiora
Mossler
los
escuchaba
con
asombro:
Lepahay en tus estanques. Han sacado en una hora más de
puee no estaba acostumbrada á semejantes favores.
A.l fin, á las siete se presenté Celina. Fué á besar á la recía descubrir un sentido profundo en aquellas palabras veinte redes repletas, y eso ~ue tiran loe peces J?equefi.oa.••
ligeras.
Los
examinó
con
aienci6n
y
los
vi6
poseídos
de
Sefiora Mossler, dió un ªfretón de manos á la condesa y,
V as á tener comida de vigiha para enviar el viernes á todos tus asilos.
al pasar por delante de \ alentfn, Je tendió la mano que una emoción que su diálogo no explicaba. Las frases
cambiadas
delante
de
ella,
¿tenían,
pues,
undoble
sentiél no sintió estremecerse en la suya. Estaba tan á sus
-He mandado hacer esa destrucción, porque, verdaanchas como si nada hubiese ocurrido. Miró con sus her- do? ¿Celina y Valentín estaban en seria hoaiilidad? ¿Y deros caimanes, los peces grandes han devorado loe bo·
por
qué?
El
carácter
y
las
costumbres
de
su
hijo
adoptimosos ojos á Valentín y éste no vió en ellos ni el más lenitos patos de Barbería que tú ma regalaste y que tanto
ve reflejo de cólera. Lo había ofviñado todo completa y vo ofrecían demasiadas explicaciones y eran éstas bas- me gustaba ver nadar ba¡o mi ventana.
tante
graves
para
que
la
sefi.ora
Mossler,
una
vez
despierprofundamente. El joven sintió nn acceso de furor.
-Yo te traeré otros. Uno de mis amigos, Saini-Gir6n,
«¿Creerá, pensó, que va á escaparse? ¿Imagina que tiene ta su desr.onfianza se contentase con las mzones que le tiene una especie verdaderamente rara. Pi:recen pintad01,
habían
dado
los
dos
antagonistas:
se
propuso,
pues,
obque habérselas con un idiota y que me voy á. dejar aturtan variados y tan vi vos son sus colores.
dir por sus malicias? Va á ver que á mí no se me paga servarles. Tenía un afecto sedo por Celina, y además la
La sefi.ora Moss!er, con el revés de su lánguida mano,
joven
estaba
bajo
sn
techo
y
la
Señora
Mossler
no
podía
con esa moneda; yo la volveré á llevar al punto en que
di6 un golpecito en ta mejilla á su hijo adoptivo, y exa•
admitir
que
un
huésped
no
estuviese
material
y
moralquedó nuestro asunto y no tardaré.11 Después pensó que
minando la seflal roja que tenía en la frente, dijo:
acaso aquel diaimulo no era más que táctica con el obje- mente seguro en aquella casa.
-Has podido desfigurarte al caer y eso hubiera sido
to de despistar acerca de sus sentimientos á las personas
Buscó á Federico Clement y le vi6 en una mesa de fatal, porque ¿que te hubiera quedado si perdías tu belleque loe rodeaban, y que, una vez sola con él, cambiaría whist con su padre y con Ferraud. Asoció en su pensa- za física?
de actitud.
miento aquel ~rave joven, de calvicie precoz, ojos fríos y
Valentín se echó á reir.
Se calmó y aplazó sus resoluciones, limitándose á obs- casi feo, si la mteligencia no hubiera suplido la ingrati- -Siempre me hubiera quedado tu carilio, supongo. Tú,
servará Celina que jamás había estado más bella ni más tud de su cara, y aquella fina, graciosa y seductora Celi- tan buena para loa desgraciados, no ibas á abandonarme
seductora. Una especie de lánguida dulzura parecía im- na. ¿Qué lazo podía unir aquellos dos seres que no supie- porque fuera desagradable á la vista.
plorar en ella indulgencia. Parecía decir: «¿Quién será ra roll)per ~l amor? ¿Estaba hecha para F~erico, siempre
-Yo no pero ¿y las otras mujeres?......
bastante duro, bastante brutal, para atormentará un ser
~upado, s1empr~ en busca de un negocioi aquella pari-Con O-l ocuparme más de ellas, estaría despachado.
como yo, débil y dulce? ¿Quién tendrá ese valor? decid: siense creada umcamente ¡,ara el placer y a alegría?
La sei'!.ora Moaaler examinó á Valentín y, en un tono.
me, vosotros, los que me estáis mirando. Y usted misPor una evolución de su espíritu, la Sefi.ora Mossler que no era el de la broma, contestó:
mo, Vale~tín, ¿cómo pu~e pensarlo?11 Detuvo por dos pene? en Enriquet_a y Valentín.. ¿No exis_tía entre ellos
-Pues bien; debes empezar inmediatamente.
veces la mirada en él y el ¡oven creyó leer en ella súpli- la misma deeeme¡anza? La mu¡er reflexiva, apasinada
El conde trató de escaparse con un chiste.
cas apremiantes. Se puso entonces frío y suspicaz y vol- por el arte, curiosa de sensaciones intelectuales, ¿no era
-¿Así, sin prevenirlas, sin preparación? ¡Las desgravió á todas sus desconfianzas. Pensó que Celina estaba el polo opuesto de aquel marido ligero, entregado á las ciadas! ¡Tú las quieres mal!
representando una comedia para moverle á piedad· no impresiones materiales, gran aficionado á los ejercicios
Al contrario; las quiero bien, 6, mejor dicho, quiero
compre_ndi6 las ai¡gus~i~ que la agitaban y no pensó' en violentos y á los placeres físicos? ¿Había existid'&gt; en . bien á una de ellaa.
el apasionado agradec1m1ento que era capaz de dedicarle aquellos dos matrimonios una equivocación deplorable?
Valentín cambió de actitud presintiendo un rudo aeal·
si se prestaba noblemente á aquel olvido de su falta que ¿Esas dos parejas, tan mal acopladas, prometían para el to. Se sentó al lado de la eeilora Mossler y dijo:
ella dC!'eaba imponerle. Ni por un momento hizo :a causa porvenir tem~estades y ~aufragi_os? _La Seiiora Mossler
-Madre mía no te comprendo. ¿:\le hablabas en serio?
de la joven contra sí mismo ni pensó más que en abusar no permaneció mucho tiempo mqu1.eta. Su conciencia Yo creí que bromeabas.
de la situación en que se encontraba.
-No; no bromeo. Te hablo seriament.e.
proporcionaba á ~u espíritu argumentos morales q11e la
Después de comer, maniobró hábil y pacientemente · tranquilizaban. Reconocía la influencia de los buenos
(Continuará.}

TOMOII

MEXICO, DOMINGO e DE DICIEMBRE DE 1896.

•

NUMBRO 23

•

lEL PRESIDENTE DE LA. REPU.BLICA. :haolendo laprote@tadcle . a
.
[DIBCJO DEJ. ,:\!. VILLA.SA~A],
~ ntc el Congreso, la inaílu.nn del l!del ooi.•íonte.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                    <text>EL MUNDO.
29 NOVIEMBRE, 1896.
348
===========================================================·~
y celosa que ahora es dueña del poder, sufrirá que un ge• para acercarse á ella, mas la joven hizo frascasar todos principios en la vida y no tomaba en serio las exageraneral ee ponga en evidencia. Todavía está espantada con sus esfuerzos con un ardor que indicaba cuánto deseaba ciones del moderno escepticismo.
Boulanger. Sería precisa, pues, una guerra para que sur- evitar una entrevista con ¿1, Pero Valentín tenia sobre
Eliphas pensaba como ella y si hubiera sido puesto en
giera un hombre providencial que, en la locura de la ella la superioridad de la audacia y por un movimiento el caso de resolver en asunto tan serio com:&gt; aquel que
victoria producida en el país entero, ee apoderase de la· imprevisto logró bloquearla en un rincón del salón, 6ntre preocupaba á la t eñora Mossler hubiera mostrado igual
dirección de loe negocios. Y aún no es seguro que loe re- dos plantas, que lea ocultaban y una mesa llena de álbu- confianza. Pero su amiga estaba lejos de querer consalpresentantes del pueblo no intentasen derribarle ó supri- mes que impedía llegar hasta ellos. La tuvo allí prisione- tarle semejantes dudas. La hostilidad, ya grande, de su
mirle. Hay todllvfa eetis de las que mataron á Hoche...
ra, pero absolutamente duef!a de sí misma, como lo indi- ministro de la Caridad contra Yalentín, hubiera aumen-Hoche fué, en todo caso, envenenado por loe van- caban la arroganci de su actitud y la palidez nerviosa de tado hasta el punto de hacer imposible toda amistad con
deanos...... •
su semblante. Valentín no perdió el tiempo en preambu- ella. ¿Y qué hubiera sido de la Sef!ora Mossler sin Eli· -También ee h:,. dicho quP fué por Bonaparte.
los y abordando desde Juego la cuestión capital:
phas? Si aquel hombre de negocios admirable dejaba de
La conversación se de3carriló completamente y ee per-Celina, dijo á media voz y como si hablase de cosas prestarle su concurso, ¿cómo iba ella á salir i.delante con
dió en anécdotas poco auténticas. Al levantarse de la indiferentes, ¿por qué ha estado usted cuatro días lejos la administración de sus fundaciones? Diez secretarios,
mesa, Yalentín sintió un verdadero alivio instalándose de mí?
que la embrollarían sus asuntos y la robarían, no podrían
en la sala de fumar, donde pudo recostarse en una butaElla le miró de alto abajo con aire altanero y dijo:
substituir al benévolo distribuidor de sus beneficios.
ca y cerrar los ojos pensando en eu aventura. Su decep-¿Tengo que dará usted cuenta de !o que hago? He
Para cortar J.&gt;Or Jo sano cualquiera intrigacomenzada6
ción hBbfa sido grande al saber que no vería á Celina aquí una pretensión nneva é inesperada.
cualquier capricho nasiente, resolvió llamará Valentín é
aquella misma noche. Estaba ilusionado por la idea de
-Si usted no hubiese huído de mí, no tendría que interrogarle con i,eriedad. Sabía de antemano que le cosencontrarla en el salón, de sentarse á su lado y mirarla, prguntarla. La actitud de usted para conmigo me da el taría caro ser obedecida, pero no importaba esto con tal
respirarla y expresarla, envueltas en palabras ineignifi- derecho de hablarla así.
de obtener el resultado que se proponía. El dinero no era
cantf&gt;s, mil ternezas que ella sola comprendería. La au•
-Ni usted tiene ningún derecho ni yo he huído. La para ella más que un medio de asegurar su autoridad ó su
sencia de la joven le producía una turbación indecible; actitud que tengo es la que conviene.
rnsuficiencia, y ese medio había sido hasta entonces incomo una sensación de vacío; como si ae encontrase sien-¿Quiere usted, pue,;i, tratarme como enemigo?
falible con Valentín. Tranquilizada por esta conclttsi6n
do un extraño entre sus convidados; y sentía una desa-Sí, si trata usted de algún modo de limitar mi li- de sus meditaciones, se levantó, se despidió de sus hués·
nimación profunda, presintiendo que aquel propósito de bertad.
pedes, acostambrados á verla retirarse temprano, y al reevitarle era la primera manifestación de una resiatencia
-Usted, sin embargo, no podrá hacer que lo ocurrido cibir las buenas noches de Valentín, dijo:
que no podía vencer.
no sea un hecho.
-Si tienes intención de ir mañar.a á París, entra á verTodos sus amores, hasta entonces, habían sido fáciles.
-Está. usted en un error; lo haré.
me antes de marcharte; tengo necesidad de hablar contigo.
Tan sólo había conocido Señoras Bourdón que no se deComo hacía cuatro días qu';l la señora Mosaler estaba
A esta declaración tan rotunda y que tomaba más fuerfendían más que para capitular en mejores condiciones. za todavía dicha muy bajo y en tono joval, Valetín se es- eeria con su hijo adoptivo á causa de la terrible liquidaLas repulsas le dejaban asombrado, y acaso no había de- tremeció de cólera y replicó con los dientes apretados:
ción que había pedido y á la cual ella, por primera vez,
11eado tanto á Celina sino porque ésta le tenía á cierta
-¡Cuidado! Usted es mia y nada podrá. hacer que no se había negado, Valentín entrevió en aquella conversadistancia, Pero fuerte ya, después de haberla poseído, la lo !ea. Antes, destruiré todo cuanto nos rodea.
ción su vuelta al favor maternal; y pronto á aprovechar
deseaba con un ardor singular que nunca había sentido
Celina se levantó como impulsada por una fuerza in- las circunstancias, contestó muy amablemente.
y sólo pensaba en el momento de volverla á. ver, de ha- vencible, y dijo, mirándole con sonrisa intrépida:
-Pero, querida mamá, no quiero por nada del mundo
blarla, de hacerla conocer sus deseos y sus esperanzas.
molestarte temprano. Esperaré tus órdenes.
-Ya puede usted empezar.
La VE-lada fué corta. Todos los habitantes de la ca~a esLa sefiora Moesler le miró con complacencia, dulcifiY pasando impasible por delante de él, fue á sentarse
taban cansados por la expedición del día. Valentín se al lado de Señora Mossler. Valentín oyó este fragmento cada en un instante por su amabilidad, y movienao la
retiró pretextando sus contusiones y se encerró en su de diálogo entre las dos mujeres:
cabeza, como incrédula ante aquellas manifestaciones zacuarto.
lameras, dijo:
-¿Qué decía á usted ese loco?
A la mañana siguiente bajó á. eso de las diez y tuvo la
-Bueno; está convenido. Te haré buscaren cuanto es•
-Tonterías, respondió Ceima.
coutmriedad de saber que Calina se había marchado á
té dispuesta. Que duermas bien y trates de trBerme ma-De manera que ha salido usted derrotada ......
París con su m'lrido. Decididamente huía de él y esto le
-No, á. fe mía. No le temo ya. Solamente me cansa un ñana resolucioose juiciosas.
causaba un profundo descontento. Aquel nifio mimado poco.
Tomó el brazo de Eliphas y salió del salón.
•
á quien todo había sonreído, se irritó ante e pudor de
La rabia que se apoderó de Valentín al oír aquella braV
una mujer y no lo comprendió. Necesitaba la satisfac- vata
filé tan violenta, que se levantó para ir hacia Celición de su capricho, en seguida y sin restricciones. No na, pronto
La
habitación
que
ocupaba
la señora Moasler era la de
á cogerla en sus brazoe sin pensar en lo que la Pompadonr; ei estrado &lt;!e balaustres
le cabía e11 la cabeza que una mujer á quien había poseí- debía suceder.
dorados deetinaDió
cuatro
pasos
en
el
aal6n,
como
delido, pensase en resistírsele en adelante, y en la agitación rante y con la cara tan alterada que vi6 los ojos de la jo- do al lecho de la favorita había sido suprimido en tiemde espíritu en que las veleidades de Celina le ponían, ven agrandarse de eRpanto y temblar sus labios. El he- po del senador conde de Berland, bajo el primer imperio.
poco le faltaba para acusarla. de necia. Se prometió tedecoración, debida al pincel de Lancret, era la misma
de que tenía miedo y no le despreciaba tanto como La
ner con ella una explicación de las más terminantes, cho
y consistía en exquisitas pinturas de asuntos p!lijtorilea,
quería
decir,
calmó
repentinamente
la
exasperación
de
aquella misma noche.
Valentín, que pensó: «Ha querido afectar audacia, pero que han sido despu~s reproducidos en ttapices por loe
Pero no tuvo esta satisfacción. La mujer de Federico no está tan segura de sí misma que no pueda llegar un Gobelinoa. Sobre !a chimenea había un reloj y dos jarropermaneció en París con su marido, al que retenía en la momento en que la tenga á mi discreción. ¿Para qué, nes de mármol esculpidos por Caffieri y con guarniciones
de bronce. El mobiliario, compuesto de un ancho silJ6n,
caphal un importante negocio, y tardó cuatro días en pues, perderlo todo en un momento?» Se puso risuei'!.o y
volverá la Chapelle-Sauvigny. Ninguno de los huéspe- en I:igar de lanzarse sobre Celina en actitud violenta, co- dos cómodas de palo de violeta, una mesa de madera ta•
des pudo observar el furor que embargó á Valentín mien- mo su movimiento amenazador podía hacer temer, se liada y dorada y unao cuantas butacas y sillas de tapice•
ría, había sido comprado por la sefiora Mossler en la altras esperó á la joven. Mostró un semblante alegre y al apoxim6 con un aplomo perfecto y dijo:
moneda Bertin y pagado á peso de oro. El piso estaba
oír que la Sef!ora Mossler se extrafiaba de que permane-No se sabe, en realidad, cómo complacerá usted. Es- cubierto con uoa alfombra de la Savonnerie y las venta•
ciese tanto tiempo sin ir á. dar una vuelta por París, contestó con agradable sonrisa que la calma de los campos tá uno serio y se queja usted de que se la aburre. Está nas adornadas con cortinas de color de amaranto de un
tono delicioso.
.
le sentaba á las mil maravillas y que no comprendía có- uno alegre y protesta porque se abusa de su indulgencia.
Me parece que lo mejor sería, para agradarle, no volverA. eso de las diez, la señora Mossler, sentada en el bue•
mo no había goz.1do más de ella hasta entonces.
co de una ventana, estaba mirando á 1011 trabajadores que,
Por fin tuvo la satisfacción de ver que entraba en el se á ocupar más de su persona.
La joven levantó hacia él una mirada suplicante, como embarcados en dos lanchas y bajo las órdenes de un guarpatio del castillo el coche que había ido á buscar á los
diciéndole: sea usted generoso y, en efecto, no se ocupe da, hacían en el estanque una gran saca de peces y lle•
sef!ores de Clement y que bajaba de él, esbelta y ligera
naban con ellos grandes redes. Ferraud y Dauziai, á peaquella á quien esperaba hacía tanto tiempo. La observó' más de mí. Pero Valentín continuó:
-Pero entonces, ¿qué se pensaría de mí? Que era un sar del rocío de la mañana, presenciaban la operación
sin que ella lo notase, desde una ventana de la sala d~
fumar, y vió que no estaba nada cambia:la, que parecía grufi6n, un ser sin galantería. Es, pues, preciso resignar- desde la orilla y gesticulaban gritando á loe pescadores
muy tranquila y que vigilaba con entera calma la l-pera- se á sufrir sus sofiones y portarse como uno cree que d~ confusos consejoe. Bajo el cielo luminoso bordado de li•
ci6n de bajar del coche sus efectos. No quiso, por el be hacerlo, sin tener en cuenta sus caprichos. Así, acaso geras nubes y en aquel marco de veraor ya pálido, el
cuadro resultaba tan animado y pintoresco, que la seño•
pronto, presentarse delante de ella, pensó que su prisa se llegue á desarmar á usted.
Celina volvió á tomar sn aire de provocación:
ra Moasler le hubiera contemplaoo largo rato si la puerta
J&gt;Odría ser mal interpretada y se prometió verla en la ve-Eso
ne
es
probable.
de su cuarto no la hubiera distraído, al abrirse, de aquella
lada. Pero e l tiempo pasó lentamente sin tener en cuen-¡Babi
dijo
él
ligeramente;
yo
corro
el
alour.
¿Qué
divertida ocupación. Valentín entró sonriente.
ta la impaciencia de Valentín, y éste, que llegaba siempre el último al salón, fué aquella noche el primero y puede_sucederme peor que ser tratado como lo soy por
-Estabas mirando los pescadores, madre mía, dijo. Ea
usted.
di6 conversación á su madre, lo que la colmó de gozo,
verdaderamente extraordinaria la cantidad de peeca que
La
Sefiora
Mossler
los
escuchaba
con
asombro:
Lepahay en tus estanques. Han sacado en una hora más de
puee no estaba acostumbrada á semejantes favores.
A.l fin, á las siete se presenté Celina. Fué á besar á la recía descubrir un sentido profundo en aquellas palabras veinte redes repletas, y eso ~ue tiran loe peces J?equefi.oa.••
ligeras.
Los
examinó
con
aienci6n
y
los
vi6
poseídos
de
Sefiora Mossler, dió un ªfretón de manos á la condesa y,
V as á tener comida de vigiha para enviar el viernes á todos tus asilos.
al pasar por delante de \ alentfn, Je tendió la mano que una emoción que su diálogo no explicaba. Las frases
cambiadas
delante
de
ella,
¿tenían,
pues,
undoble
sentiél no sintió estremecerse en la suya. Estaba tan á sus
-He mandado hacer esa destrucción, porque, verdaanchas como si nada hubiese ocurrido. Miró con sus her- do? ¿Celina y Valentín estaban en seria hoaiilidad? ¿Y deros caimanes, los peces grandes han devorado loe bo·
por
qué?
El
carácter
y
las
costumbres
de
su
hijo
adoptimosos ojos á Valentín y éste no vió en ellos ni el más lenitos patos de Barbería que tú ma regalaste y que tanto
ve reflejo de cólera. Lo había ofviñado todo completa y vo ofrecían demasiadas explicaciones y eran éstas bas- me gustaba ver nadar ba¡o mi ventana.
tante
graves
para
que
la
sefi.ora
Mossler,
una
vez
despierprofundamente. El joven sintió nn acceso de furor.
-Yo te traeré otros. Uno de mis amigos, Saini-Gir6n,
«¿Creerá, pensó, que va á escaparse? ¿Imagina que tiene ta su desr.onfianza se contentase con las mzones que le tiene una especie verdaderamente rara. Pi:recen pintad01,
habían
dado
los
dos
antagonistas:
se
propuso,
pues,
obque habérselas con un idiota y que me voy á. dejar aturtan variados y tan vi vos son sus colores.
dir por sus malicias? Va á ver que á mí no se me paga servarles. Tenía un afecto sedo por Celina, y además la
La sefi.ora Moss!er, con el revés de su lánguida mano,
joven
estaba
bajo
sn
techo
y
la
Señora
Mossler
no
podía
con esa moneda; yo la volveré á llevar al punto en que
di6 un golpecito en ta mejilla á su hijo adoptivo, y exa•
admitir
que
un
huésped
no
estuviese
material
y
moralquedó nuestro asunto y no tardaré.11 Después pensó que
minando la seflal roja que tenía en la frente, dijo:
acaso aquel diaimulo no era más que táctica con el obje- mente seguro en aquella casa.
-Has podido desfigurarte al caer y eso hubiera sido
to de despistar acerca de sus sentimientos á las personas
Buscó á Federico Clement y le vi6 en una mesa de fatal, porque ¿que te hubiera quedado si perdías tu belleque loe rodeaban, y que, una vez sola con él, cambiaría whist con su padre y con Ferraud. Asoció en su pensa- za física?
de actitud.
miento aquel ~rave joven, de calvicie precoz, ojos fríos y
Valentín se echó á reir.
Se calmó y aplazó sus resoluciones, limitándose á obs- casi feo, si la mteligencia no hubiera suplido la ingrati- -Siempre me hubiera quedado tu carilio, supongo. Tú,
servará Celina que jamás había estado más bella ni más tud de su cara, y aquella fina, graciosa y seductora Celi- tan buena para loa desgraciados, no ibas á abandonarme
seductora. Una especie de lánguida dulzura parecía im- na. ¿Qué lazo podía unir aquellos dos seres que no supie- porque fuera desagradable á la vista.
plorar en ella indulgencia. Parecía decir: «¿Quién será ra roll)per ~l amor? ¿Estaba hecha para F~erico, siempre
-Yo no pero ¿y las otras mujeres?......
bastante duro, bastante brutal, para atormentará un ser
~upado, s1empr~ en busca de un negocioi aquella pari-Con O-l ocuparme más de ellas, estaría despachado.
como yo, débil y dulce? ¿Quién tendrá ese valor? decid: siense creada umcamente ¡,ara el placer y a alegría?
La sei'!.ora Moaaler examinó á Valentín y, en un tono.
me, vosotros, los que me estáis mirando. Y usted misPor una evolución de su espíritu, la Sefi.ora Mossler que no era el de la broma, contestó:
mo, Vale~tín, ¿cómo pu~e pensarlo?11 Detuvo por dos pene? en Enriquet_a y Valentín.. ¿No exis_tía entre ellos
-Pues bien; debes empezar inmediatamente.
veces la mirada en él y el ¡oven creyó leer en ella súpli- la misma deeeme¡anza? La mu¡er reflexiva, apasinada
El conde trató de escaparse con un chiste.
cas apremiantes. Se puso entonces frío y suspicaz y vol- por el arte, curiosa de sensaciones intelectuales, ¿no era
-¿Así, sin prevenirlas, sin preparación? ¡Las desgravió á todas sus desconfianzas. Pensó que Celina estaba el polo opuesto de aquel marido ligero, entregado á las ciadas! ¡Tú las quieres mal!
representando una comedia para moverle á piedad· no impresiones materiales, gran aficionado á los ejercicios
Al contrario; las quiero bien, 6, mejor dicho, quiero
compre_ndi6 las ai¡gus~i~ que la agitaban y no pensó' en violentos y á los placeres físicos? ¿Había existid'&gt; en . bien á una de ellaa.
el apasionado agradec1m1ento que era capaz de dedicarle aquellos dos matrimonios una equivocación deplorable?
Valentín cambió de actitud presintiendo un rudo aeal·
si se prestaba noblemente á aquel olvido de su falta que ¿Esas dos parejas, tan mal acopladas, prometían para el to. Se sentó al lado de la eeilora Mossler y dijo:
ella dC!'eaba imponerle. Ni por un momento hizo :a causa porvenir tem~estades y ~aufragi_os? _La Seiiora Mossler
-Madre mía no te comprendo. ¿:\le hablabas en serio?
de la joven contra sí mismo ni pensó más que en abusar no permaneció mucho tiempo mqu1.eta. Su conciencia Yo creí que bromeabas.
de la situación en que se encontraba.
-No; no bromeo. Te hablo seriament.e.
proporcionaba á ~u espíritu argumentos morales q11e la
Después de comer, maniobró hábil y pacientemente · tranquilizaban. Reconocía la influencia de los buenos
(Continuará.}

TOMOII

MEXICO, DOMINGO e DE DICIEMBRE DE 1896.

•

NUMBRO 23

•

lEL PRESIDENTE DE LA. REPU.BLICA. :haolendo laprote@tadcle . a
.
[DIBCJO DEJ. ,:\!. VILLA.SA~A],
~ ntc el Congreso, la inaílu.nn del l!del ooi.•íonte.

�EL MUNDO.

350
''EL MUNDO.''
BBMANARIO ILUSTRADO,

Teléfono 434.-Calle de Tibnreio núm. 20.-Apartado 87 b.
Hi:uoo.
Toda la correspondencia, debe d1rlglnie
al Gerente de este periódico.

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y ee cobra por trimestres adelanti.dos.

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OOM0 ARTICULO DE SEGUNDA CLASE.

BBGISTRADO

di[entes exclusivos para los Estados Unidos y Cana·

dá Tiie Spanish American Newspaper Company, 136 Liberty ~ - New York, E. U.n

ilota, tbitartalt,.
&lt;fl .quinto ¡¡erioilo µre.sillendal llel &lt;15eneral Día1.
El día l? quedó inaugurado el nuevo periodo administrativo que debe terminar el 30 de Noviembre de 1900,
alto acontecimiento político que no ha pasado en silencio para los interesados en el porvenir de la República.
El General Diaz, después de 16 años de gobierno, comienza su nullva etapa con un espíritu joven y una
sólida energía, firme la cabeza y sereno el ánimo, para
proseguir y dar desarrollo al programa de evolución por
que ha encauzado al país, en medio de serios obstáculos
que se han arrojado á su paso.
El Presidente de la República, caudillo de una revolución triunfante, se encontró al inaugurar su política
con un grupo nacional influenciadc- por una retórica
aparatosa y repleta de ostentación, de la que se había
hecho un cuerpo de doctrina, inflexible como una varilla de acero. Estos rígido•, adormecidos en ene ideales,
autosugestionados por una suerte de misticismo dogmático, pugnaban con toda fórmula que der.ibara s.ue viejos
:ídolos vacilantes, Romper con aquellos procedimientos,
dar un adios postrero á aquelloa métodos-de loe que habían salido, justo ts decirlo, !os primeros alientos de Ji.
bertad-:parecía á estas conciencias algo así como una
profanación, un acto de iebeldía á las formas de Gobierno adaptadas á un pueblo redimido por el esfuerzo y el
carácter de un puiiado de ciudadanos ilustres.
Todavía hace nn cuarto de siglo un liberal estaba obligado á reconocer y aceptar errores que la fuerza de loe
hechos y los golpes sucesivos de la prensa se han encargado de desvanecer. El jacobinismo ha ido cediendo poco á poco su puesto á un soplo vivo de libertad, v á me•
dida que la.~ frases sonoras perdían su encantó se ha
oreado para la nación un sistema de gobierno que, ema·
nando de la verdad, se basa en la interpretación positiva
de nuestro estado social.
Los primitivos auxiliares del General Dfaz quedaron
sorprendidos al ver surgir de entre los épicos cantos de
las tradicionales epopeyas públicas, una fuerza desconocida, apoyada, no en grandilocuencias poéticas, no en
eofistiqueos jurídicos, no en la emoción, no en la inteligencia, eino en las necesidades de una sociedad, á la que
se habían servido los manjares de loe dioses, pero que
jamás había obtenido el alimento de loa hombrea. La
trasformación conmovió hondamente á los caducos po·
liticastros acostumbrados á cegar al público, desde la
tribuna y desde la prensa, con el po1villo de oro de su relampagueante oratoria. Todavía, cuando se arroja á la
crítica popular el balance de nuestro progreso, alguno
de estos espíritus raquíticos, momias acurrucadas en un
sarcófago, escribe en la primera página de un diario:
¡Pero el General Díaz se ha perpetuado en el poder!
Ahí está toda la razón de este criterio político que se
atrevería á renegar de la civilización porque dura mu.cho, que daría con gusto cuatro lustros de paz por el placer de conser rnr sus mitos, que no vacilaría en renegar
de la prosperidad nacional á trueque de seguiT entonando sus himnos sagrados! ¡La Democracia quiere la renovación de los poderes públicos! Y frente á este principio
inalterable, toda la obra del progreso se viene abajo!
Per,o _hay algo más só~ido que Jae declamaciones, algcmás ut1l que el dogmatismo, algo más sano que loe clarinazos jacobinos, 1' este algo es la obligación, patriótica y
de civilización, de ªl&gt;ºYªr un poder público en et que se
compenetran y palpitan todas las necesidades de la República en el actual momento histórico.

¡.$á1ueu.se la.s colonias aunque ¡1ere1can
los httere.se.s!
La~ nacione~ que han buscado en una política de expansión colomal, un apoyo al desenvolvimiento de la
r!queza pública-régimen que sólo ha servido para debihta~ á estos pue)&gt;lo~.~o~ienzan á preguntarse si ya no
es tiempo de exammar friamente el resultado del lujo
de poseer ~uera del natural territorio de la patria grandes extensiones de tierras que no están unidas por intei:es~ ni s~ntimi~ntoe á la metrópoli.-No es Espafia la
un~c~ nación l~s1C&gt;_nada por la política colonial, que ha
exigido el sacrificio de numerosas fuerz,¡s activas s11stra~dat! de la vida nacional; no es el tesoro español el
único que se des'angra ¡,or retener estos lejanos girones
de patria, constantemente dispuestos á crearse una
existencia propia; Francia también ha comenzado á
sentir que el fardo de las colonias es un enorme -peso
ª?n para sus poderoe!\s energías de pueblo rico y floreciente.

6

6

DICIEMBRE, 1896.

En estos momentos, la prGnsa' francesa discute ramo trastable, y nada son ante ella ni las astncias de la diplo
por ramo, el próximo presupuesto de la triunfante Re- macia, ni las nebulosidades de la política. ~e deseaba.
pública Europea, y al llegar al de las colonias, confiesa en Italia que cesaran loa estériles sacrificios hechos pa~
con honrada franqueza que el lujo de la colonización conservar una posesión que sólo costaba dinero y aanl?.'8"
cuesta demasiado caro al contribuyente.- ¿Cuál es, en y lágrimas y vidas, y la paz se ha ajnatado con Menehk,
efecto, la cantidad asignada en el presupuesto para cu• y la Erythrea, que era una colonia mil1t,ar en las apartadas
brir las negaciones coloniales? La cifra es respetable: tierras africanas, se convertirá en colonia civil, 6 se entngará á la insaciable rapacidad británica.
176.300,000 francos, suma en enorme desproporción con
los siete millones á que ascienden los ingresos vertidos
Ya se habla de venta á ***
Inglaterra; un periódico depor las colonias en las rentas públicas.-Hé aquí los efec •
tos alcanzados por esa política artificial y pomp'lsa que Londres ha sido el prim •ro en lanzar la especie, y no es
ha sustituido en los modernos tiempos al batallador es- difícil que trae los cruentos sacrificios que ha costado al
píritu de conquista que ha deegastado la fortaleza de las reino de Humberto su primera a ventura colonial, después
de las sumas invertidas para fundar inmensos cementeviejas sociedades.
.
Ya se explica por qné en España hacomenz'i!.do á reac- rios en las cercat;1ías de Asaowa. y de dejar los insepultos
cionar la opinión en el sentido de vigorizar las vitalida- huesos de los soldados de Baratieri blanqnear bajo un sol
des interiores, por medio de una liga contra la emigración, de fuego en las abrasadas soledades del desierto, se enpor más que ésta dependa en buena parte, sino en RU to- tregue á la Gran Bretaña lo q ne queda de la poca afortu •
talidad, de ineludibles leyes económicas. Ya hay motivo nada posesión.
Nada extraño sería unresultadoRemejante. Ya las despara dar la razón á los Estados Unidos rechazando la
anexión de las ialaH Sandwich, puesto que el protectorado dichas italianas en los campos da Abisinia dieron pretexamericano se traduciría, al final de cuentas, por un au- to á loa ingleses para emprender la expedición al Nilo Sumento en el presupuesto tederal destinado á ejercer una perior, que ha tenido por remate,la caotura de Dongola. Se
acción positiva en el nuevo territorio incorporado.-Pe- habló de ayudará Italia t-n s•1s conflicto~, se pronuncióro contra la invulnerable expresión de los hechos, el por lo bajo la palabra de di~culpa, y para no despertar
criterio popular se obstina en retener las colonias, y has• las suspicacias siempre ausctipti bleq de la.~ potencias euta se han convertido en un asunto de patriotismo las die· ropeas, se habló de escarmientos al fiero Menelik.
Vanas fórmulas, increíbles explicaciones qne apenas
cusiones á que pueden dar origen el reiterado y persia·
tente sacrificio de las naciones enclavadas en la política sirvieron para ocultar el gran proyecto de apoderarse de
colonial. El principio famoso: ¡sálvense los principios, todo el Soudán, prólogo no más da la colosal empresa briaunque perezcan las instituciones! se ha convertido hoy tánica de adueli.!rse del Contineuta NPgro, extendiendoen otro, tan rectilíneo é inflexible como el primero: ¡sál- su esfera de acción desde el Cairo h11,ta el Cabo de las
Tormentas, desde Sierra Leona á las costas de Zanzíbar.
vense las colonias, aunque perezcan loa intereses!
Allá van loa britanos, des¡iertando todas las envidias,
Los ejemplos expuestos puéden ser aprovechadoP por
lo~ publicistas defensores de la desastrosa solución Cuba· y envueltos en su «brillante aislamiento,» pero .firmes y
Jfexicana, que se ha presentado como única para lesionar seguros en la realización de sus aepiracionea.
Si Francia, apoyada en su temida aliada la potente·
á cubanos, espafloles y mexicanos.-Decididamente no
tiene cuenta á pueblo alguno el régimen de expansión Rusia, no se opone á esa marcha iuvasora, y exige comoexterior á costa del empobrecimiento y la anemia de las lo ha ofrecido la evacuación i11mediata del Egipto; si
Alemania, por el natural recelo que ha de despertar esa.
vitalidades interiores.
absorción indefinida, que pone en peligro sus extensas
posesiones africanas; si las potencias todas del continente europeo no detienen en su vue10 á la Inglaterra: ésta.
¡¡etta lle muerte 1J el .sistema µenitendario.
que ya tiene con el Soudán superior la clave de todo el
valle del Nilo, y con sus colonias del litoral y del centro•
Las legislaturas de varios Estados de la Federación se
han dirigido á la Cámara de Diputados, secundando la de Africa, base potente para toda~ sus operaciones, acainiciativa de la de Nuevo León, pidiendo que se reforme bará por sofocar todos los intereses que no sean los auyoeel texto constitucional en el sentido de establecer la pe· propioa, y pOI' ahogar en inmenso y apretado anillo á todos loa qne no obedezcan las tendtincias de la primera.
na de muerte.
No es la primera vez que nos ompamos en este asunto, potencia colonizadora del mundo.
manüestándonos partidarios de esta reforma, aun á ries***
go de lastimar sentimientos, demasiado generalizados,
Por eso vemos con profunda extrai'ieza y hondamPnte·
que rechazan esta pena como anti-humanitaria. Nunca,
es verdad, debe ser causa de regocijo la aplicación de un maravillado~ la nol.icia que da una agencia cablegráfica.
sistema penal, pero el verdadero concepto de los princi- de México, anunciando la posibilidad de una «Umón de·
pios humanitarios tienen su fuente de información en la Pazn entre Inglaterra, Rusia, Fraul'ia y Alemania.
Si no existieran las hondas rivalidades que divid&lt;&gt;n á...
sociedad y no en el individuo.
Según e~te criterio toda unidad que cause datio á los las naciones de la Triple y de la Duple Alianza; si no fuederechos del grupo, es un elemento nocivo y necesario es ran visibles á la consideración de tuuos, los odios tradiacudir á la defensa colectiva, operando una suerte de se- cionales de raza, los rencores fun&lt;l.amentales de organización, los palpitantes clamores d.i venganza reconcenlección artificial.
Pero claro está que la pena de muerte no podría ser trada que apartan á los pueblos que han poeti1.ado el•
adaptable á todos los criminales, y en tal virtud no ve- Rhin con sus leyendas; di no fuera tlé todos conocida la
mos la inconsecuencia que señala un colega, entre el ré- envidia que corroe á las dos poteui:iaa que se disputan\¿,
gimen penitenciario y la aplicación de tal pena. Esto supremacía política sobre los imperios asi~ticos, y se desafían en las tinieblas para obt,ener el i11flujo decisivo
equivaldría á caer de un error en otro.
El régimen penitenciario presta indudablemente gran- sobre los pueblos petrificados del remoto Oriente: bastades servicios á la criminología, y no hay que rechazarlo ría pensar sólo en las dificultad1-s que de un momento á,.
en absoluto. Claro ea que existen delincuentes á quienes otro pueden surgir entre los dueños reconocidos del Conno aprovechará la penitenciaría, en el sentido de la re- tinente africano, para negar enttramente la realización
ese sueño de unión que juzgarn&lt;.,B impnqible.
generación; pero el principio de la regeaeración no sirve deUna
alianza tal que asociara en comuuitfad de i nterede norma en la penalidad moderna. Lo que ésta busca
á la Gran Bretatia que extiende loi, cien brazos de
ea la eliminación absoluta ó relativa del reo, en grado á ses,
Bryareo, á donde quiera que hay un pal,no de terreno,
la cantidad del mal causado.
Por lo demás, l'etablecido el trabajo obligatorio en las baldío; á Rusia que la o¡,one barrera infranqueable en
prisiones, el régimen penitenciario no ofrecerá la des- Persia y en Afganistán corno en China y en Corea; á
ventaja de-que la sociedad trabaje para sostener al delin- Francia que no renuncia loa derechos que cree poseer sobre la tierra de loa Faraones, lo mismo por cuenta de
cuente, puesto que éste cubrirá sus gastos.
La pena de muerte no se opone, pues, al sistema peni • Napule6n que al filo de su ellpada alzó su tienda triunfatenciario, y la contradicción que se ha creído encontrar dora á la sombra de las Pirámides sagradas, que por cuenta de Leasepa, que al golpe de su azadón rompió el dique·
entre uno y otro principio, e~ perfectamente infundada.
que separaba dos mares, y abrió al mnndo el c11mino sofiado á loa países del oro y del marfi 1, y le mostró la.
anhelada ruta á las playas legendarias de 01ir y de
Golconda; y á la adusta Germanía que iría á auxiliará
su enemiga jurada en sus pretensioned de grandeza: una
RESUMES.-La paz ,ntre el rey Hnmberto y l'l negns 3fil- alianza semejante no puede ser tomada á lu serio, porque·
11elik.- La opmión pública triunfante.-Aband11nn de carece de todo fundamento positivo.
Roconciliar las potencias que por cinco lustros han ¡,a·ErythrPa.-S1empre Jnglaterra.-Uoa alianza imposiblt'.
-Enemigos irreconciliables.-Pronnnciamiento en Orn- tado frente á frente, y darlas por lazo de unión á Inglaterra que nunca se compromete, porque tiene bastantegnay.-ErroreM de raza.
habilidad para esquivar todas las responsab1lidadt&gt;e, y
A vuelta de las agitaciones violentas y de los sacudial poderoso imperio moscovita, que hien clara ha manimientos patrióticos que produjera en el parla:n&lt;&gt;nto y en festado su adhesión á la República Francesa, es pretenel pueblo italiano la catástrofe del general Baratieri, der una utopía hermosa pero rayaua del absurdo.
destrozado y roto por las huestes de Menelik en los cam
Si llegara á realizarse ¡qué alivie para los p11ebloe eu·
pos de .Abisinia, la nación ha recobrado su buen sentido ropeosl con qué satisfacción re~piraríau ya libres de la
en el asunto y la tranquili iad serena de su juicio, acep- abrumadora pesadumbre de la paz armada! con qué fruitando lo que en un principio se creía mortificanté para ción verían dedicadas á más ealudable objeto las podeel honor nacional y degradante al brillo de las armas de rosas energías que se consumen en loa innúrner&lt;.,e ejárci•
Italia.
toa y las formidables marina1,1! Significaría la paz univnEl pueblo que clamaba estrepitosamente en Roma y 11al eoiiada por los filántropo•. predicada por los moralisen Florencia, en Nápoles y en Milán, contra un gobier• tas y enseiiada por los filósofos, pero ante la cual se ha.
no que agotaba las fuerzas vivas del país por llevará ca- opuesto la triste realida&lt;I. de las coaai,, la tremenda, la.
bo de~astrosa empresa, tratando de sostener por la vio- implacable strugle for life de los hombres y de los puelencia la inutilidad de la colonia de Erythrea, y el parli.- blos.
mento que derribó con soberbio empuje, ent,re el encono
Hablar de unión y de paz cnando Alemania, temible
y la indignación general, al gabinete de Crispí, á pesar por sus ejércitos, se apresta á acrecentar su marina, impo·
de sus glorias tradicionales y su popular prestigio, rego· tente
ahora para la agresión, y cuando la Gran Bretaña,
cíjanse ahora de ver terminada una guerra por medio de temida por su marina poderosa, se prepara á aumentar
honroso tratado, celebrado por quien, al ascender al po- su ejército, incapaz para la reai11tencia; hablar de paz yder, no quiso asentar en su programa esa fórmula de paz
de concordia, es perderse en las nebulo~idades azules del
que palpitaba en los clamores de la multitud.
en~ueño.
,.
Es que, cuando la opinión pública toma consistencia y
se apoya en las legítimas aspiraciones del país, nada la
**
Otra vez la inquieta sangre lalina, que b ulle en nuea-r, siste: tarde ó temprano se impone con fuerza incon-

DICTEMRRE,

351

EL MUNDO.

1896.

cina, no ein haber deeempefiado antes
-tras venas con el ardor imprescindible
con lustre la cátedra de matemátic:ia en
di' la rdza, 1 a provocado el motín y prol¡,. Univoraidad. hasta que non, brado
d ucido la asonada que constelan con luapartador general de met&amp;les en la Caea
ces fatídicas los anales de los pueblos his •
de Moneda, logró conquistar cierta posi pano-americanos.
.
ción modesta, que lo sacó de una 1ex i~tenHoy que la República Argentina y la
cia llena de escaseces y de pereecnciones;
de Chile aparecen decididas á zanjar por
cargo que desempefió más de onct- uiio~,
medios pacíficos las dificultades que las
y con honradez inmaculada, «pm s hahan dividido por cuestión dé fronteras
biendo manejado tan grande cauJal. div Brasil entra en período de reposo,
ce el P. Alzate, ni en su vida, ui dl'R•
Venezuela mira concluido de honroso
pués se ha verificado reclamo que pe, judi modo su conflicto con Inglaterra, y las
ca:&gt;re á su conducta.»
demáa naciones del Sur de América ofreEl Dr. Bartolache murió en México el
cen un cuadro de placentera calma, po9 de Junio de 1790, y Beristáin, dHpués
co en consonancia con su turbulencia
de elogiar su constancia en el estudio df:
inagotable, se deja escuchar el olvidado
la física, de la medicina, de la qu fn,ica,
grito del pronunciamiento en el opulende la botánica, de la aetronomía, dice
to Uruguay.
«que como el Angel de la Piscina," rPmoEl pretexto, la disculpa del revoluciovió en México las aguas de las ci,•11cias
nario poco importan; la promesa de la re-·
para su mayor prospe,.idad y e@plt 11dor.
volución nada significa: es una a;mple
Bartolache fué también en México t-1 inmanifestación de loa defectos orgánicos
troductor del uso del fierro en la tera I éude nuestros pueblos y nada más. Hasta
tica, y al efecto vendían unab pattillas,
pasaríamos en sileucio esta explosión de
preparadas por él.
odios, achaque vulgar de loa pueblos neo •
Bien quisiera llamar siquiera la :itenlatinos. si en esta ocasión no se la hubieción acerca de sus obras; pero es pn ciso
ra visto acompaiiada de escenas de salhablar con preferencia d~ su periúdico,
vajismo, que parecían olvidadRP.
objeto principal de las líneas que ncriAun tienen mucho que trabajar esos
pueblos, si no entran de lleno en el ejer•PLAcA DE ORO GRABADA.-0bsequlo de 1a Colonia española al Seihr Pre,ide11te de la R?p1bll:!a. (v.!a,e; el.:_lar- bo.
Lo comenzó á publicar en la fecha que
cicio de una política positiva; todavía
ticulo relativo.) .
puede leerse en el facsímil, con ti título
verán sus campos talados y sus ciudades
a.e MERCURIO VoLAN'rE. El numero 2 se publicó el m,éralumbradas con los resplandores del incendio, Pi ·no Re
colea 28 de Octubre de 1772; y continnó semanaria mendeciden á cel'l'Rr los oídos á las canciones halagadoras de
te hasta el miércoles 10 de Febrero del aiguieLte aiio de
las Cirsea jacobinas, que les prometen cielos ideales y pa--La honra de haber fundado el periodismo científico en
raísos imaginarios, y loe apartan de las ret&gt;lidades de la México, y tal vei en la América, le cabe al ilustre Padre 1773, en que murió el periódico «de la enfermedad oraitierra donde qm1dan muchos ignorantes que enseñar, Don José Antonio Alza.te, cuyo nombre vive y vivirá naria,» como dijo García Icazbalceta; «la falta de smcri tores.»
mu~hoa m1serablea que socorrer, vicios que corregir y eternameme en nuestra historia.
paa10nea que dominar. Déjense de utopías imposibles
La colección del MERCURIO VOLANTE consta de 16 núme·
Fué él quien estableció el «Diario Littrario,» publicay suefioa nebulosos, y fijénse más bien en las condicio- ción que alcanzó cortísima existencia, pues sólo duró de
roe que forman un volúmen de 128 páginas en 4? comúu
n011 orgánicas de loa ciudadanos.
Marzo á Mayo de 1768: Sin desmayar. empero, continuó y es hoy rarísima. Cada número del MERcuo10 conRtaba
Ea en vano aspirar á la libertad que prometen los de- publicando de Noviembre de 1772 á Enero de 1773, los de 8 páginas, valfa medio real, se imprimía por D. Felipe
magogos, cuando no se ha vencido previamente á sus eter- «Asuntos varios sobre ciencias y artes;11 en seguida las de Zúñiga y Ontiveros, y se expendía frente al portal de
nas enemigas: la ignorancia y la miseria.
«Observaciones sobre la física, historia natural y artes Mercaderes.
útiles.11 y en fin el digno remate de estos cimientos cienEl Mercurio del Dr. Bartolche, se ocupó de varios as.un·
X.X.X.
tíficos, su «Gaceta de Literatura,» que se dió á la estam- tos físicos; pero particularmente de la medicina. Fué,
3 de Diciembre de 1896.
pa dPsde el 15 de Enero de 1788 hasta el 22 de Octubre pues, el primer periódico consagrado á esta ciencia en
de 1795.
México, y en él encontrará quien lo registre, curiosos esLa fama del Padre Alzate traspasó las limitadas fron- tudios acerca de Lo que se debe pensar de la Medicina, vaUna placa de oro.
teras de la Patria, surcó los mares, y corporaciones sabias rios artículos no menos importantes sobre el u.so y abuso
de Europa le contaron -entre sus miembros. Biógrafos del pulq:ue para curar las enfermedades, fnera de otros acer ·
Ofrec~mos á nuestros lectores un grabado que repre•enta diligentes han narrado detalladamente su vida; su retra- ca de higiene y anatomía, y en todos ellos resaltan idt&gt;as
una taneta de ~ro grabada, obeeqmo de la Colonia Espa- to se ha reproducido en diversas obras, y su memoria progresistas que colocan mny alta la just'l reputación
iiola al ~r. P~e•1dente de la Repú~lica, fAlicitifodolo por permanece indeleble en una sociedad que lleva con or- que mereció el Dr. Bartolache á. sus contemporáneos ilustrados. ·
su contmuac1ón al frente de la primera MagiRt,ratura de gullo su preclaro nombre.
la República durante el cuatrienio de 1896 á 1900.
Pero pocos se han ocuEntre los regalos que el Sr. General Díaz ha recibido y
pado en hacer resaltar los
los que se le entrPgarán en breve, ea éste uno de loa m~s altísimos méritos de un
hermosos y significat ivos.
contemporaneo y amigo
del Padre Alzate, á quien
éste tlogió como se mPrecía, llamándole «insigne
literato,n en una época en
CU RIOSIDADES .
que la adulación aun no
había corrompido y abn·
UN RASGO AD M IRABLE.
aado de los epiw.toij. El
augeto á que alud" fué el
C~ando los -prusianos, en la ~uerra de 1870. sitiaron á
die ti nguido guanaj uatt&gt;n•
la cmda&lt;l de Paría, Von Moltke resolvió el formi.dable Fe, Dr. Don José Ignacio
bombardeo, contra el cual 11n vano reclamaron smte Bis- Ba,tolach11, autor del pri mRrck el patriotismo y la diplomacia de Julio Fabre.
mer periódico dedicado
. En esa época, sometido á la suerte de los parisienses, en México á la medicina.
&amp;RE VARIOS 'ASUN'l'
vivía 11ncerrado en loa muros de la capital del mundo
y del cual reproduce hoy
Al célebre compositor francés Ambrosio Thomas, glori~ EL MuNoo, en facsímil.,,
¡t I MEDJC
-0el arte muRical. El autor de Mignon poseía en los aire· la portada del primer nú· dedorea de París un dl!licioao chalet, y estaba convencido wtro.
.
~OI~ BAitTot.:Aatt, 'D(&gt;{ior
de q~e el cafi~n prusiano ó la saña de loa enemigos de su
'# ld4 Rt4J ~11t'fltriulad ~
Bartolache nació en la
patria, destruiría aquel albergue de su genio, donde tan- ciudad
de Guanajnaro, l'l
tas veces le había visitado la inspiración, para que lega·
30 de Marzo de 1739, y
PAPEL ~ERIÓ
ra á la humanidad las admirables composiciones que in- fué
hijo de padrl'a po·
mortalizan su nombre.
brea,
que
como
única
hePasados el dnelo y la humillación de la &lt;&gt;ntrada de los
morll Id, aÍas peáilH!s t 1i1-gomqu_e
le legaron un taalell!anes á la antigna Lutecia, Ambrosio Thumaa ea en· rencia
lento
clarísimo
y
un
amor
S-omniferam sm»pfme m,zn11, tegiNJe1N{ut
~ami1;1ó á las cercanfaH de laciudad, paravercouel dolor
hacia el estudel bien perdido las ruinas de en querida quinta, y cuál constante
Hae_c 11bi1,Jis os11il atriá /(Yl}e nhllfS oh arte
dio.
..
no sería su estupefacción, al conternplat· que el chala es·
Protegido por nno de
t
taha allf, respetarlo, como propiedad inviolable.
Temei:oso. vacilante, IIPgó á las puertas y las abrió, sus paisanos vino á MéxiT • Cllll'lOfp
, r 1l•
•
convi:-ncJdo de que el estrago hal:Jría consumido lo que en co y estudió en el Colegie&gt;
el edificio se contenía. Nuevo motivo de extraodinaria &lt;le San Ildefonso, filosoSlf
.
~
~
,
1
cana
de-·
sus
alas
eorpi:e~a: todo se encontraba en · t&gt;l mismo sitio y en las fía; deRpuéP, teolngía, en
E1 ple i i ~ ~ tt W)C~a.
"'
condiciones Po que Thomas lo dejara. Sólo que en una PI SPmi1111rio rridentino,
l cmpuftaod• 'lit vara eacaacadora,
de lai, mesas halló una tarjeta que decía: El oficial ale- donde obtnvo una tieca
de ~racia por haber arr&amp;
Dec:iendé ttll 11b momCMO hasta la tierra
mán N., Bobrino de Beethoven.
··
'·
i Maia.
Aciuel militar, que llevaba la sangre de una eminencia glado la Biblioteca, y se
~ua1cal, había protegido. por amor á la memoria de su recibió de Doctor en Met10, _la casa de Ambrosio Thomas. Beethoven, ya fn 1a dicina en la Real y Pontum t&gt;a, hacía respttar las propiedades de su compaiiero tificia Universidad. Facil
ha sido á mi pluma enuen arte y gloria.
,
merar sus estudios; pero
Rasgo admirable el del oficial prusiano.
él, ¡cuántos trabajos tn.
UESTP.A AÍ.ér.ica Sctentdonal, csra ~r:in par
vo para l1evarlos á buen
,
/ del mundo,~ co~iable p6C sus ri'lut2aF; ~¡ no loba
El "g:oiemo es sin duda uno de los primeros factores término! ¡cuántas dispn. sido igúl141enre ptr t, 6om:eocia de las ltuas, esto es,
de la vida humana. Sin embargo, el altruismo juega un t~a con los ergotistas y
papel más importante de Jo que se cree, en la conducta peripatéticos de aquelia
de los elltudios l caeocw,,_iltilet,. cuhivadas por s~Uabide los negocios ptíblicos. El hombre está obligado á ab- época! ¡cuánt1s persecutaotcs
, .~ porque no ~
dos siglos i atiedio.
nega~e para sentirse realmente feliz, para estar bien con ciones rastreras y en vialJNl'li.0$ prop:$(1$
llelC.:U ~ S .
vencido de que existe y de que no pasará sobre esta tie- dias innobles, puestas en
juego para contener el di~
rra como una criatura inútil.
que impetuoso de sus
ideas avanzadas!
Se ~amparan las -flores á las ~ujeres: hay error en esBregando con !anáticos
to. Siempre existirá entre ellas esta diferenca; que las y empíricos colegas, con·
sagróse á eJ· ercer la medi- EL PRlll.EB PEII.IÓDICO DE MEDICINA PUBLICADO EN MEXICO.-El original t1ene UDa extensión de 19 por 14
ti.ores son bellas y no lo saben.
· ____, ~ . ·--'centimetros. (Véase el articulo relativo.)

y

Los primeros periódicos-científicos de México.

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~olítica Qitntral.

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EL MUNDO.

85:l

EL T RA BAJO
¿DEBERA O NO CONSIDERARSE COMO
CASTIGO?
El trabajo, se dice, es un castigo
para la humanidad~ pero desempefiando gran papel en los actos de ella,
vamo~ á ver á la !uz de la razón y
exaru.inándola económicamente, sitiene fundamento la aserción.
Empezaremos por definir: trabajo
es la acción del eepíritu sobre sí mismo y sobre la mat,eria.
Hay en el hombre un principio activo que se deearrolla espontáneamente, innato en el organismo y qµe nos
impele á ejercitar nuestras facultades.
Es tan poderoso, que jamás podríamos
sustraernos á él, porque claramente
se comprende que de él depende nuestra conservación.
Siente nuestra alma una sensación
de gozo indefinido cuando ha dado
cumplimiento á las aepirPciones de
esta actividad que los hombres todos
consideran como un deber; y cuando
guiada por el Ji bre criterio y la inteligencia se efectúa, nos proporciona
una suma de bienestar tal, que se
eclipsan nuestros males y necesidades
y que nosotros aprove~amos con
fruición. El trabajo, se dice, es un castigo: la humanidad equivocada le considera como un deber, siendo la socied'ad tan exigente que desprecia y arroja de su seno á quienes no le rinden
pleito homenaje: empero los deberes
nunca pueden s~r castigos. El trabajo
es un castigo; sin embargo, nos pro•
porciona tranquilidad de conciencia,
SE~ORITA EsPERANZA URBINA. (De Campeche).
goce del espíritu y vehemente deseo
de ejercitarle siempre, conetituyendo
en nosotros, después de su triunfo sobre la ignorancia,
Hoy la posteridad coloca loe mismos lauros sobre las
una segunda naturaleza; pero las penas ro son tan prove•
frentes peneador,1s del P. D. Joeé Antonio Alzate y d:el
chosas que deseemos se perpetúen, ni son tan llevaderas
Dr. D. José Ignacio Bartalache, fundadores del penod1s·
las creamos necesarias.
mo científico en México, en tiempos luctuosos para ellos, que
El trabajo, por último, no puede ni podrá ser nunca
porque lucharon no solo con, la falta de element&lt;:&gt;s mate• castigo, porque está desprovisto de todos y cada uno de
rial~s, sino con lo~que es má~, _con las preocu pac1ones se- loe elementos que constituyen aquél; porque ha pesado
·cul,ues de la época en que v1v1eron. ,
sobre toda la humanidad y en el tra~curso del tiempo y
Luis GoNZÁLXZ OBREGÓN.
sin interrupción: porque no nos causa ningún mal ni
ayuda á efectuar ninguna ~xpiación, P?rque ley como
Diciembre ae 1896.
es, interviene tan directamente en la vida del hombre,
como el aire en la vidr de los animales, como la atracción
en la vida de los astMs; porque lo ejecutó Dios, porque
Notas Teatrales.
vino al mundo cuando el primer rayo de luz se dilató en
la nada. Si lo contrario aseguramod, vendríamos á apoZARZUELA. -- OPERA. -- FREGOLI.
yar un estupendo error históríco, combatido con ventaja
El delicioso idilio de Camprodón y Arrieta,-la popu• por una consecuencia lógica, cayendo ~n u.na disyunt!va
lar .3farina--ha ofrecido ocasión propicia á un nuevo ar- ridícula, dados loe adelantos de la ciencia y la noción
tista mexicano para dar á conocer ante numeroso públi- cuasi religiosa que tenemos d~ nuestro origen.
Y abordando nuevamente la cuestión primitiva preco sus valiosas facultades líricas.
Ísmael Magafia, ta~ es el nombre d~l ca~tante á quien guntamos á los que opinan que el trabajo es un mal ó
nos referimos, es un Joven tenor á qmen e. porvemr re- un caetígo, qué bien ó qué recompensa dió el Creador á
la humanidad sobre la tierra: preJ?untámvs es también
serva merecidos lauros.
Hoy es una risuefia esperanza; mañana será una her- si su conciencia lee acusa de un crimtn tal que merezca
vivan eternal!lente bajo la coyunda; y si siendo Dios
mosa realidad.
Jorge, el amante capitán que busca en los ojos y brazos compasivo, bondadoso y bueno, no es más lógico creer
de Marina faro y puerto en las tempestades de su cora- que como salvación, como un remedio, haya dado á los
zón, fué cantado de hermosa manera P?r E!l debutante, la hombres el trabajo para librarles de las necesidades que
son sus verdaderos males.
noche del miércoles en la escena del Principal.
El público azás galante, acogió cortesmente su la~r
artística alentándole con benévolos aplausos; hasta d1s1parle el temor excesivo de que se hallaba poseído..... .

***

La ópera mexicana que se había trasladad~ á la ciu•
dad augelopolitana, ha tornado á nuestra ~ap1tal.
.
arbeu es templo donde desde el pasad,) Jueves Be rmde fervoroso homenaje á Verdi, Mascagni, León Cavallo y Donnizzeti.
.
.
Una nueva artista, la Srita. Elena Marín, ha podido
admirar esta semana el público mexicano.

***

Acaso á la hora en que estas líneas sean leidas, habrá
ya hecho Frégo~i ~u esperado debut. . . .
.
Anticipar opmiones ó aventurar Ju1cioa, es siempre
prematuro y nunca justificado.
Aguardemos, pues, á que su apar!ción sobre el proscenio del Principal, rectifique ó ratifique la halagajlora
reputación de que viene precedido.
Suprimamos la pena de muerte-bien está-pero que
loe sefiores asesinos comiencen.
ALFONSO K.um.

l 896.

~ DICIEMBRE,

EL MUNDO

1896.

Otro pagode $5,000., de "La Mutua"
EN P.A.CHUCA..

Pacuuca, Noviembre 11 de 1896.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.»-México. .,..-Muy señor mío:
Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y C\ y. ante el
Sr. Notario Público D. .Austreberto T. Am.lrae1"', hoy me
ha sido entregada la suma de $ 5,000,00 ( Uinco mil pe•
sos) valor de la póliza núm 765,222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
MeJ1a.
!Joy á úeted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido t:ste pago, autorizándolo para ,puolicarlo.-S11 atta. s..s.-Sofi.a Meiía..
GRUPO DEL SE~OR PRF.SIDENT&amp; Y SU COlliT!VA EN LOS l!OJ!ENT03 D&amp; VEIUFICAR3E EL SDfOL.lCR~.

UNA RECETA IMPERIAL
Paseábase una vez de incognito, por calles retiradas
de la ciudad de Viena el Ewpt,rador de Austna, Jirauc1eco José acompañado de un ayudante, cuando tuco.utró
una niila que 10 detuvo, diciéndole que su madre tlStaba
enferma sm auxilio alguno, y su padre en el hospual.
Uonm~vido el Emperador, uijo á la criatura que él era
médico, y pidiéndole las señas de la casa de la enferma,
i;e dirigió allí desoyendo el parecer del ayudante, que te•
mía alguna criminal emboscada c&lt;?ntra la vida dtl 80~r:.1no. La casa era una triste mansión del dolor y la mi~eria. Yacía en un lecho que inspiraba lástima y horror
la pobre ;,nferma. Al examinarla Francisco José, comprtlndió que su enfermedad no era otra?ºªª que hambre,
ese temible flagelo que hace tantas víctimas en la,; gran•
des ciudadae. Tomando un papel, dijo que iba á tscr1b1r
la receta con que se curaría 1a enfenua, y escribió uua
orden para que su t~sorero_particular emrega.ra una su:
ma equivalente á mil dosci"'ntoe francos, la cual i~a a
conht1tuir verdadera riqueza para aquellos deevahdoe,
que jamás habían soñado con poseerla. Entregó el Emperador la orden, encargando que fueran con 1~ receta á
alguna farmacia y dejó unas monedas para satisfacer las
necesidades inmediatas, retirándose después aquel mé·
dico imprnvisado.
Al día siguiente, habiendo salido del hospital ~l. esposo y padre de aquellas infelices, se enteró de la visita uel
suput!titO médico y fué á que le despacharan la receta.
El farmacéutico, al leerla, experimentó extrañeza y pre•
gumó quién les había dado ese papel. Enterado por
1a respuesta, mandó que le fuera señalad~ la tesor erla
p&amp;rticular del Emperador, y á la presentac1óu de la rece•
ta, fué entregada la medicina, consistente en_monedas
de oro, muy contantes y sonantes, cuya _posts1ón ~oro•
bró al infeliz desheredado, que veía lummoso y brilla nte el porvenir de su familia.
Médico famoso, que así curaba de
raíz el mal de .sus enfermos, F rancisco José de Austria, en aquel a rrabal
de Viena, donde firmaba 1a reden~ión
de una familia, era más grande que
en el trono de su palacio, brillando
con el poder de Jefe de un gran I mperio y de miembro de la T riple
Alianza.

El simulacro en Chapingo.

'

EL P UENrE FLOfANTE.-VISTA. T OlUO.l EN LOS .YO&gt;IENTOS DH VISITAR LAS OBRA.S &amp;L S&amp;SO!t
P RF.SIDENTE.

A la hora del Champagne, el attfitrión ofreció, cariño•
ea y respetuosamente, el banquete al Sr. General Díaz,
haciendo recuerdo, como hijo del Colegio Militar, . del
simpático plantel que tan decididamente ha protegido.
BI señor Presidente contestó el brindis con estas lacóaicas palabras: Brindo porque los alumnos del Colegio Militar sean para la Nación lo que la Nación ha sido para
ellos.

L1 prema'diaria informó con precisión del resultado
que tuvo el sim11u\cro v~rifi~ado en tArrenos de la Hacienda de Ch11pingo el 26 del pa9ado Noviembre, por los
alumnos del C.&gt;legio Militar n combinación con Artillería. Zapadores y el 2° Regimiento.
El señor Presidente d ➔ la República. en compañía del
lleñor General B ,rrioz.ibal, con su~ Eitados Mayores respectivos, estuvieron en el campo de maniobras. Pasaron
revi;ta á las tr.&gt;pas, visitaron la fortifi~ación sobre la que
El soldado español en Cuba.
debía simularae el ataque.
.
Los alumnos qne curaaron artillería hicieron Pjercicio
La campaña de Cuba llega á un periodo decisivo en
de tiro al ~!aneo á distancia de 1,000, 2,000 y 3,000 me- que van á ponerse á prueba todas las abnegaciones y totros, con piez3s de batalla y montaña, sistema Bange v das las virilidades. Terminada la tregua forzo$a á que se
·una pieu de mont,aña Mondrag6n, con la que hizo una
vió constreñida la mayor parte de 10s ejércitos ibéricos,
puntuía el señor Pre~idente.
la campaña de invierno se inicia vigorosa. '\Veyler se ha
Examinó el señor Presidente con toda detención loe puesto al frente de sus tropas; háblase de batallas campaaparaLos telefónicos de campaña, y en seguida el pue11te les y el público, las naciones americanas, aguardan anflotante, del que damos un fotograbado.
siosas el deBenlace de la tremenda brega, Hasta hoy, el
J&lt;;n la tienda de campaña del Cuartel General, se sir- · más seguro procedimiento babia sido para el beligerante
vió un lunch al señor General Díaz y demás personas cubano, la guerra en detal, que con tanto éxito ~e ha heque lo acompañaban, y en seguida se colocaron en un cho en nuestro continente y en España misma, y para
punto elevado, al centro del campo de operaciones, des- la cual está tan admirablemente organizado el soldado
de donde se dominaba perfectamente todo él. Damos un hispa!1o-americano. La perpetua sorpresa, el continuado
fotograbado de ese grupo.
catnbio de campamento, la utilización habil del terreno
El simulacro se verificó según lo prevenido en la or- conocido, el desconcierto de la sorpresa, la alianza con el
den del día, y los movimientos de la tropa, con especia• clima mortífero: he i--quí los grandes elementos de éxito.
lidad las compañías de alumnos, fueron hechos con preEn vano el enemigo poderoso destaca fuérzas, forja
cisión y regularidad.
planes y hace alardes de valor. Tras la derrota en vano
Terminado el simulacro, el señor PrAsidente hizo en- buscará despojos y priaioneros: el rival ha desaparecido,
trega del nuevo estandarte al 2° Regimiento y en segui- se ha evaporado como un fantasma, para aparecer de nued~ toda la comitiva acompaM al señor Presidente á Cha• vo más lejos; envuelto en la sombra que ilumina ainies·
pmgo, en cuya finca de cam~o. soberbiamente montada, tramente la llamarada del fusil. Si ha triunfado, sabrá
o~reció el Sr. T,miente Coronel D. Manuel González, pro- aprovecharse .le su victoria y luego vol verá á. perderse en
pietario de ella, un espléndido banquete. Tomaron asien- la sombra. La muerte llega para el soldado desconocedor
to e,n la mesa el Sr. G"'neral Díaz en el lugar de honor, á del terreno, con todo lo imprevisto de la acechanza, con
su frente el Sr. General Berriozabal, y en los asientos tadas las traiciones dd la noche, y la aliada poderosa del
restantes, loe Sres. Teniente Coronel Manuel González y
beligerante, la peste con su tremendo séquito de dolenFer!1ando González, MaJ or Francisco Díaz Rivero, In- cias, consuma la temida labor.
.gemeros Daniel Garza y González Gavito, Capitán BelTiempo:era deque el soldado español, inermeante:lodestrán, TenipntPs del Estado Mayor del señor Presidente, con~ci_do, buspase la lucha franca y· abierta donde la suDel Río, l\Ionwsi nos y Santa Cruz, y Sres. Vu lfrano Váz~er10r1d~d de .I~ disciplina y el exceso numérico cons,qmz, Jefe Político de Texcoco, y Gabriel Villanueva, tituyen mcond1c1onalee ventajas. Para obtenerla ha he.nuestro enviado especial.
cho el supremo esfuerzo, yendo á buscar al solrlado
0

cubano en sus propias madrigm,rae. Mas el esfuerzo hasta hoy ha sido inutil; el beligerante está bien defendido·
hay gargantas inextricables, hay inextricables bosque~
que lo amparan, y hay sobre todo una hábil movilización
que impide toda acción decisiva. Weyler empero no desmaya, lucha y el conflicto no ofrece un resultado defini•
tivo.
Entre tanto seguirán las acciones parciales y nuestro
grabl)do representa una de ellas, en que loe soldados espafioles, en lo más apretado de la refriega han formado
el cuadro, el invencible r.uadro, gran palabra de la táctica moderna: poderosa muralla de pechos y aceros donde
se estrellan todos los impulsos ..... .
Agi:ardemos á que. el porvenir dé su fallo, en la gran
cue~t1ón que se ventila en los ubérrimos campos de la
,_nt1lla.
Es lo único que podemos hacer.

Dos pigmeos.

El hombre de Estado tiene necesidad de dar su confianza á un pequeflo
número de amigos seguros y devotos.
Su vida sería demasiado dura en medio de las tristes máquinaciones de la
política si no sintiese alrededor de sí
algunos corazones fieles. Cuando ha
dado su confianza, no debe retirar!ª
ligeramente. Debe decirse que lladie
en este mundo es perfecto, que por escapar á loe defectos demasiado con~cidos de un amante, se arriesg&amp; á su~ir
los vicios más graves de un extrano.
Salvo el casó de traición comprobada,
es preciso tratar de marchar hasta el
fin de la carrera si abandonar las manos que ee estrechó al principio Y cuyo estrechamiento pareció leal. :El es•
fuerzo mismo que se hace para soportar los errores y las manías que tod~
hombre arrastra consigo, no ~e per~ido· da la costumbre de no irntaree ID
útilmente de las contrariedad.-s que
se encuentran en la vida pública. E l
que quiere obtener demaPi~do d_e loe
hombret- y de las cosn,, se fo• ¡a U!1
ideal que le difgusta d., ,as más eóh·
das realidades.
EUGENIO PrERRI.
S E.&lt;:ORITA A 'CR ELIA B ORQUEZ

353

Es un error creer esa fatal doctrina: no puede ser cas
tigo el aliento del progreso repr_e sentado por esa sobera
na fuerza:
«Que horada las montañas
Y arranca á sus entrailas
Piedras preciosas y metal luciente;
Que en m10l trasforma las pintadas cañas
Y el seco arrollo en bullidor torrente;
Que aprisiona las ondas
Von dobles muros en los anchos puertos,
Y cubre los desiertos
De blancos lirios y de espigas blondas.
Que apaga el rayo del Oliwpo adusto,
Que domina los viPntos y los_ mare~
Y á quien el hombre agradecido y Justo
Alea obeliscos y consagra altares.,,
JERÓNIMO J. RKYNA.

***triunfos escénicos continúa,
En el Nacional la serie de
sin interrupción ni tropiezo alguno.
.
La Africana esa dificilísima creación del gemo de Meyerbeer, ha p~oporcionado á la trouppe un brillantísimo
éxito.
Roura y Rovira- Vasco de Gama y Nelusco-han demostrado cumplidamente, ser al par que cantantes d~
gran valía, actores muy J?-Otables. La romanzaohpara.di80 del primero y la canción de La tempesta por el segundo han sido d~s páginas de gloria en los anales de su carr~ra artística.
Chole Goyzueta es a~reedora á menc.io.n especial. Nuestra simpática compatr10ta rayó á enndlab!e altura ~n la
-protagonista de la obra. Los aplausos, ruidosos y smceros, que con entusiasmo unánime le prodigara e! numeroso auditorio, lo~ recogen e~tas líneas pa~a reiterarlos
como modesta ofrenda á la taunfadora actnz.

DICIEMBRE,

. Exl;1íbense.actualmente en B~r!fn dos ejemplares cunosfeimoe, dignos del país de Lthput. Son dos pigmeos
de 70 centímetros de longitud el uno y de 65 el otro mujer "j hombre re1,pectiv11:mente y de raza de color'. La
mu¡er aparenta unos trernta añ.os, y veinte el hombre.
El grabado que damos los representa al lado de una botella de champagne ......... que no es mucho menor que
ellos!
Para comprobar la pu,reza del azu:t'.re.

d e Hermosillo (Sonora.)
SoLD.u&gt;OS ESP..!SOLE:S FORJIIA:!iDO EL CGADRO.

Se. toman 100 gramos de azufre, y colocado en una cazuehta de porcelana se pone al fuego, y como unicamente se quema el azufre, quedan sin consumirse lP.e· impurezas; se pesa luego ese re~iduo, y se sabe por eB'O el tanto
por ciento de adulteración que lleva.
·
Como á algunos nQ lt:s será fácil pesar 100 gramos por
no te~er esto~ pesos, pueden hacerlo con 100 perdigones
del mismo numero y les dará el mismo resultado Con
esta sencilla operación pueden saber los coeecher~ si lo
que se les vende es azufre puro ó con mezcla.
Deb~ empero, advertirsé, que el azufre tal como se emplea para el azufrado de las vifias contiene si-empre una
P;quefia can~idad de impurezas que _son parte de la gan•
g_ de este mmer~l, y s_e puede apreciar.por persona inteligente cuando dichas impurezae son debidas á la mi~ma
n.aturaleza del azufre ó cuando constituyen una falsifica?ión de loe vendedores. El conocimiento exacto de las
!mpurezas del azufre es lo que debe fijar en una compra
Importante el precio de dicho mineral.

�6 DICIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

854

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PlllNCIPE DE NA.POLF.8,

DOS 1UTRIMONIOS REALE~
EL HEREDERO DE LA CORONA DE ITALrA Y LA PRlNCHSA HELENA DE MONTENEGRO.-EL DUQUE DB ÜRLEANS Y LA
ARCHIDUQUJl:SA MARÍA DOBOTEA.

A lo que parece, la Reina Margarita de Saboya, que no

obstante sus cuarenta y tantos otofioe es aún hermosa y
gallarda, no dejaba de sentir inquietudes del todo maternales en v1Bta de la extrafia conducta de su hijo el
Príncipe de Napolea y heredero de la corona, que no daba trazas, como vulgarmente se dice, de enamorarse de
doncella alguna de lae nacidas en paflales re~ios.
. En vano su !"ugueta madre le propuso vanos partidos
dignos de aspirar á su mano, ya por eu hermosura incuestionable, ya por eue prendas morales. El Príncipe
no ee decidía y á loe apremios de la Reina contestaba
con un: «Ya veremos» problemático, 9,ue nada bueno prometía para la sucesión de la real familia.
Empero el Príncipe no dejaba el asunto para el otro
jueves, por más que las apariencias indicasen lo contrario. Profesando la hermosa y sana idea de que ea una
necedad grande que una testa coronada ee case con una
Razón de Estado, cuando hasta el obrero máe humilde
ee permite el lujo de matrimoniarse por amor, aguardaba
que el rapaz ceguezuelo
le vulnerase el corazón,
y esto no se hizo eepe•
rar. Elena, la hija del
Príncipe de Montenegro, que estuvo hace alglin tiempo en Roma
con motivo de unas
fiestas, era la llamada
á doblegar aquella vo•
!untad. Verla el Príncipe y prendarse de ella
fué todo uno, y cuando, no mucho tiempo
después, la Reina Margarita repetía á su hijo
por vigésima vez las
consabidas palabras, este pudo darle una reeeorona obsequiada por las damas rea- pu~ta más categórica.
llsta.s de Franela á Ja Duquesa
Nomtentaron Humberde 0rleans.
to y Sil augusta esposa
torcer la voluntad del Príncipe. Muy al contrario, regocijáronee con él, que aunque no se trataba de una princesa
cuya in.fluencia pesase en loe destinos europeos, era la
mujer que había acertado á mover el corazón del heredero y esto ya significa mucho, si no para la hegemonía de
nn país, sí para la felicidad de un soberano; así 1&gt;uee el
rey dió parte oficial del matrimonio¡ regocijáronee hondamente los montenegrinos por la honra que lee c•1po en
suerte y previos los requiaik&gt;a del caso, los novios acaban de nniree en la iglesia de Santa María de loe Angeles
en Roma, con asistencia del Re¡ y la Reina y muchos
alto!! dignatarios.

.
***que la bella montenegrina
Cae1. en Ios IWemos
dfae en
unía su suerte al heredero de la corona de Italia, el jef11
de la casa de Orleau.s, el duque Felipe uníase para siempre á la Archiduquesa Mi\ría Dorotea, sobrina de Fran-

cisco José, en una de las más
opulentas residencias de Austria y con asistencia del Rey,
de la Reina de Portugal y de
otros altísimos personajes.
Aquí tumbién, á lo que parece, el amor unió las voluntades. Ea María Dorotea princesa de altas prendas y de no escasa instrucción, de serena y
simpática hermosura y había
desdeflado muchos grandes
partidob, porque no lograban
interesar su corazón. Más que
ellos pudo el duque de Orleans, miembro c:&gt;mo se sabe
de una gran familia, de exte1 ioi agradable, hombre cultíeimo y que sabe el secreto del
sprüfrancés.
La boda como ea de imaginarse tuvo una esplendidez
inenarrable. en la capilla de
Hofburg. y la encantadora
novia fué obsequiada con magníficos presentes. Cuéntanae
entre estos una riquísima corona, ofrenda de las damas
realistas de Francia y un gran
aderezo ofrecido por el duque
de Aumale, de loe cuales damos grabados á nuestros lectores.
Se recordará que EL MUNDO
publicó no ha mucho los retratos de los novios con motivo de sus esponsales y por
lo mismo nos abstenemos de
repetir lo@.
Son estas de que hemos ha•
blado, las bodas más ruidosas
habidas últimame11te en Europa.
-·••tOPt•--·

Bien veo que el hombre perfecciona todo al rededor de sí;
mas no veo que se perfeccione
él úiÍBmO.
Alfo71J3o Karr.

Parecido de familia.
Hace observar Southey, en una carta dirigida á Sir
Brydges, que la edad acentúa el pare~ido d~ la familia,
de tal modo, que hermanos que en la mfancia eran muy
desemejantes, y que lo fueron aun en mucha parte de eu
juventud, se parecían extraor.dinariamente en edad. madura. El mismo observador dice que tenía en su misma
cafa un ejemplo de parecido muy notable con su padre,
mientras que afios atrás no ee le parecía ni aun remotamente.

MUERTA.VIVIENTE.
LA D O RMIDA DE THENELLES •.

Desde la Bella del Bosque durmiente no se había oído
hablar de un caso tan extraño como el de Margarita
Boyen val. A consecuencia de una crisis nerviosa que la
hizo caer sobre el suelo de la casita donde vivía con su
madre, la pobrecilla se durmió inmediatamente que fué
puesta en su lecho y no ha vuelto á despertar.
Han transcurrido desde entonces trece
afi.os cinco meses, y tal es el letargo de la
dormida, que se supone que pasará así toda e11 existencia ein haber recobrado jamás el conocimiento. Un curiosísimo artículo del periodista francés Chincholle,
que apareció estos últimos días en el Jil.
garo de Paría, nos refiere eu visita á Thenellee, pequefia población situada á cinco
ó seis lejtuae de San Quintín en plena Picardía. He aquí este artículo:
Origny-Sainte-Benoitte-Novbre.
Vengo, en fin, de ver á la célebre dormida, la que loe franco-picardee llaman la
marmota porque desde hace trece afios no
se ha logrado despertarla.
La he contemplado largo)iempo: fuí autorizado para examinarla como un médico
habría podido hacerlo.
Ahora bien, ei e1, mi larga vida de pe•
riodieta he sido testigo de muchas cosas,
jamás hubiera esperado asistir á espectáculo semejante y no me repongo aún del
sentimiento extralio, indefinible, profundamente rdligioso que hace experimentar
ese misterio que turba á loe máa sabios.
Pero comencemos por referir las cosas
como han pllllBdo.
El 29 de Mayo de 1883, vivia en Thenelles, pequefi.a población situada á cinco ó
seis leguas de San Quintín, una joven, en•
toncee de diez y nueve alioe de edad, Margarita Boyenval, que, costurera de oficio,
ocupaba con su madre una casita de techo
de paja.
La nifi.a entonces era, según me dicen
los que la han conocido, muy linda, muy
buena moza, alegre y bulliciosa, aunque la
maledicencia la acusaba de haber puesto
fin ilf•galmente á una historia de amor que
amenazaba tener coneecueuciae.

De pronto, un día, tomando el aire cerca de su puerta,
ve á unos gendarmes que parecen dirigirse á su merada.
Cree que la ca.lumnia ha dado sus fruto!!, y que van 'aprehenderla. Lanza un grito y cae presa de una oríeie
nerviosa.
Lo!! gendarmoll! pasan ...... no tenían orden alguna á . ·
eeie respecto. Póne.ie á la joven en su cama; ee duerme,
y desde ese día, aniver,ario de ,u nacimiento, es decir, desde hace trece afi.os cinco meses, no ba despertado.
Se ha hecho todo, loe más grandes médicos han ensayaao loposil&gt;le y lo imposible; loe magne,izadoree mis-moa han recurrido á loe medios más extraotdiaarioe......
La joven se ha convertido en mujl!r, durmiendo.
Para verla, se necesita ir por a linea del Norte á San
Quintín; ahí subir al tren de Guisa y detenerse en Origny-Sainte-Benoitte, de donde Ee put&gt;de ganar á pie Thenellee, un lindo pueblecillo que dl!eciende de un lado, á .
dos kilómetros de la vía férrt-a.
Ese pequef!o rincón de la Picardía ea verdaderamente
adorable, sobre todo en esta época del afio. Entre la bruma que sube del Oi11e se destacan los árboles de esencias.
variadas, de tonos multicolores.
Se cree atravesar un pais11je de Car! Rosa. La ruta única es muy frecuentada.
-Qué hay nn mercado importante por aquí? preguntoá las mujeres que llevan su et-eta bajo del brazo.
-Oh, no. Llevamos de comerá nuestros homb,.ee que-trabajan en la fábrica.
Hay, en efecto, en los alrededores numerosas fábricas.
de azúcar.
Y todas las mujeres á quienes interrogo -ine dicen:
- Va usted á ver á Margarita, de seguro?
Hago que me conduzcan á la casa de la marmota.
Entre dos ventanas estrechas hay una puerta sobre la.
que se abre la única ventana de un tapanco, encima del
cual se yergue el techo de paja.
Detrás de loe vidrios hay cortinas muy blancas, sostenidas por cintas d.i color y cayendo dobre vasos flori~L

t

Mi guía abre una puerta. Siempre desconfiado y temiendo algún chasco, entro rápidamente, atravieso con
precipitación la primera pieza alumbrada por dos ventanas y llego á otra cámara que tiene cuatro metros deprofundidad. Ahí me detengo entre dos lechos, el uno
colocado á mi derecha en ( l sentido de su longitud y el
oko á mi izquierda perpendicularmente.
Sobre el lecho de la derecha está extendida una mujer·
que, por su sólc, aspecto, responde coa demasiada elocuencia á las dudas que habían hecho nacer en mí.
Me inclino con el respeto que debe tenerse ante la.
muerte.
Con la cabeza apoyada en la almohada y loe brazos.
ocultos bajo las sábanas, Margarita Boyenval, muy pá·
lida y con las mejillas hundidas, tiene más bien el aspecto de una muerta que de una dormida.
La boca y loe ojos están cerradoa. Si se le abren é3tos-se ve que están muy hundidos y sólo se perciben dos
globos muy blancos. Las pupilas se han remontado bajolas arcadas eubciliares.
De pie, cerca del lecho, está el contraste indispensable
á todas las cosas: la vida exuberante, que sintetiza la.
Sra. Boyenval madre, una matrona de abultado seno,
menos abultado empero que AU vientre enorme.
Se explica viéndola cómo en otro tiempo Margarit&amp;
era demasiado fuerte. La madre y la hija se parecen.
La una y la otra tienen, al rededor de las mismas faccio•
nea, loe miemos cabellos de un castado vanl!ciano. Perola eeflora Boyenval evoca esas alegres comadree que·
Roybet ha puesto en algunos de sus cuadros, y Ma~rita, bajo su pequefio gorro blauco, con la expreet6n
extática que Ary Scheffer ha puesto á Santa Mónica, tiene el tranquilo y piadoso aepecto de una religiosa. Contemplándola largamente, murmuro:

'r 6 DICIEM13RE, 1896.
355
ELMUNDO.
. . - ----=-============================~===============================-==========-Ea hermosa ......
-Sin embargo, ha envejecido desde que duerme.
-¿Y aemejanteauefio vi·
no de un golpe?
-Ai principio solía tener algunos eobr1-ealtos durante los cuales yo creía
que iba á de~pertaree, pe•
ro el sueno la domaba al
cabo de ciaco ó seis minutos y ahí la tiene usted.
-Usted la nutre á lo que
se dice deslizando una cuchara entre los dientes?
En otro tiempo así lo
hacía, pero desde hace
ocho afios la nutro con lavativas, cuatro veces al día,
á las mismas hora¿. Sin
embargo puede decirse que
ella se ha nutrido de sí mis·
ma. Mire usted.
Y la Seliora Boyen val levantó las ropas. La camisa
dej,.ba adivinar un esqueleto. El vientre estaba hundido, las caderas salientes
como dos puflos.
Los brazos estaban alargados sobre el cuerpo.
Así nna de ene manos.
-¡Oh, qué caliente eetá!
-Sf, yo m ntengo su calor con l11drillos calientes.
Los dedos están roídos y
descarnadoe.
La madre le toma brus•
camente un brazo y lo le·
vanta. El brazo guarda la
posición y la actitud de
amenazar. Lo cubre con las
ropas y sobre eee brazo
que ha permanecido en el
aire aquellas forman una
promiuer cia.
El lecho y las ropas son
de una limpieza extrema.
Se ve que la &amp;-flora Boyen•
val aguarda siempre visitas.
Ea que los más grandes
médicos han · enido aquí y
han traido dE&gt;s¡;;ués á otros.
-Charcot ha venido cuatro veces: la primera, completamente solo y lae otras
con acompaftantes, ¡Ha he·
cho experiencias!. ........ ..
Crouardel tarr bién. Y des•
puée Berillon. Y más tarde gentes de tan lejos que
nadie conocía su idioma.
Yo únicamente esquivo á
loe magnetizadoree ...... Es·
LA
toe bacen demasiado..... .
Por lo demás, el médico de Origny, el doctor Charrier,
viene todos los días. Oh qué quiere usted. Ahora ya na•
da queda que hacer. yo ya no tengo esperanza ......
-¿Quién sabe? Yo he conocido li alguien que permaneció-solo medio día es cierto-en eP\e estado. Le que·
maban los pi•is y no ee movfa. Después, de pronto, se
despertó y refirió que había oido torio lo qne ee había dicho alrededor de él.. .... Acaso su hija de usted nos oye..
Los médicos creen en efecto que durante los primeros
meses pudo oir, pero ahora dicen que los órg11nos -,e,án
ddmaeia9-o débiles......
-Acaso mi amigo gritará esta noche: ¡mamá!

Aderezo obsequiado por

PRJ:SCESA HELE:SA DE :\1 OlITE:SEGRO.

el

duque de Aumnle
0rleans.

A ln

Duquesa de

-Ah, Dios dt'I cido, yo huiría!
Al principio t-1 pecho se levantal,a aún. Ahora la rt&gt;s·
piración no dt-ja mae que una ligera bruma en .,¡ espejo.
Sill embargo, las funci ,nea se cumplen lógicamente. Me
daría vergfü·nza, al recuerdo de la estática figura d.,_ entrar en detall~e demasiado técnicos. Me contentaré con
decir que ese sut-ño á cansa de eu duración es el caso de
catalepsia mas éxtraiio que la medicina hava vieto.
Y en tanto que la madre me babia, veo iiiempre á esa
pobre dormida, preguntándome si no euefia ......

grandes puntales de pino previamente impregnados de
parafina.
Terminada la semideetrucción de los cimientos, el empresario del derribo, eefior Smith, hizo prender fuego
á los soetenes de madern, que ardieron rápidamente,
gracias á la parafina, despidiendo nubes de hu:no negro,
yá loa diez minutos la chimenea emptzó por inclinarse
y terminó por venirbe abajo casi su misma base, como
si se hundit:ra en el suelo ó se plt&gt;gase S&lt;ibre sí misma
á modo de tubos de anteojo, cubriendo sus escombros una
superficie muy rldncida.
Por atrevido que parezca el procedimienot, su resultado lo recomienda, si ~e practica babilmente, para evitar la proyección de esco.. oros á gran distancia y para
simplificar y activar las operaciones semejantes.

La PrincPs... de lhimay y Caraman.
Un telegrama iecibido de París nos hizo saber que la
Princesa de Chimay y Caraman, esposa del Príncipe de
Cbimay, de Bélgica, se había huido con un múeico hún·
garo que acostumbraba tocar en _loe cafés cantantes de
París.
El Príncipe José ba enublado inmediatamente el juicio de divorcio en los tribunal.is de .Bruselas. La Priuceea antes de casarse era sencillamente la sefiorita Clara
Ward, de Detroit, Michigán, Estados Unidos, y se unió
en matrimonio con el Príncipe José en París, en el año
de 1890.
La Princesa al huir con ti ::riúsico abandonó ásu espo·
so y á ene dos niños.
Clara Ward, siendo todavía una niña de escuela, hizo,
en compafiía de la autora de sus día~, uu viaje á Niza.
Allí la conoció el Príncipe, ee enamoró di! ella y el casa·
mien:o se arregló en un abrir y cerrar de ojos.
La ceremonia de la boda fué un gran acontecimiento,
asistió toda la nobleza de París y d1ó la bendición á los
novios el Nuncio Monsefior Ratelli.
El Príncipe de Chimay desciencle de famiiia nobilísi·
ma, y entre sus antecesores ee cuenta á una mujer que se
hizo célebre bajo los nombres tle Mme. Thens.i de Cabarrus, Mme. de Fontenay, Mnw. de Fontenay, Mme.
Tallien, condesa de Caraman y Princee.a de Chiway. Fué
amiga de Mme. Recamier, de Hoche, de Napoleón, y
por su gra11 filantropía se ganó el justo título de «Notre
Dame de Bon Secoure.»
El padre del Príncipe de Chimay fué Ministro de Relaciones Exterioras en Bruselas, y el Príncipd pertenece
á la LE&gt;gación de .Bélgica en París.
♦

............ -

Se llama edad de oro á la época en que el oro era desconocido.
Hay dos cosas que las mujeres no perdonan: los negocios y el euefi.o.
No se viaja por viajar, sino por haber viajado.
¿La di&lt;'ha? Es esa casa con techo de paja cubierto de
musgo y de iris en flor. Es necesario ptrmanectr frente
á ella; si entráis, ya no veis.
PRJNCJ!SA DE CBU(.AY Y CARJ.JUN.

En la amistad todo es común ...... para uno.

Después, al recuerdo de la Bella del bosque durmiente,
me poPgo á pensar que bastaría acaso para que esa otra
bella Fe de@pertaPe que un nuevo príncipe encantador viniese á darle el beso que liberta.
CARLOS CHI~C'HOLLE.

Los poetas nacen en provincia y mueren en París.
El amor nace de nada y ee muere de todo.
El número de escritores es ya innumerable y va é irá
siempre creciendo, porque es el sólo oficio, con el arte de
gobernar, que se atreve uno á ejercer sm haberlo apren·
dido.

&lt;inriosa demolición de una
Chimenea.
En Mancheeter funcionó
basta hace cuatro años u na
fábrica do papel, que fué
i,bandonada despues, y
que so trató de derribar
con los ménos gaste•&amp; po·
siblee. Se comenzó el derribo por la chimenea de
la fábrica con la circunstancia de no emplear andamiaje alguno; y es de
advertir que esta chimenea, de forma de pirámide octagonal, medfa la reepetabte altura de 80 metros, un diámetro de an•
cho y ee calcul11ba su peso
total en 4,000 tonelad'le.
Toda esta mole había de
ser demolida de una vez
y de modo que no apla11tnee loe edificios de las po·
pulosae callee inmediatas
á la fábrica par la parte
Norte, es decir, que había
que dirigir el dt-rrnmba·
miento hácia el único espacio libre de construccio·
nea que se extiende al Sur.
Para conseguir este preciso
resultado se comenzó por
deshacer los cimientos de
la base de la chimenea co•
rraipondiente al lado hácia donde habfa de dirigirse la caída, sosteniendo la
construcción por medio de

lt:U.ERTA·VlVIE:&lt;TE.-LA DORltlDA DE TllENELLE8.

�356

A DICIEMBRE, 1896·

EL MUNDO.

6

DICIEMBRE,

1896.

El cocido de albañil.

Faare nuesfrc que esf~s

en los_cfo les ....

357

EL MUNDO.

-Mi sef!or. que ea el
amo de este palacio, me
manda rogar á ustedes
La casualidad hizo que el prócer se aeomara á la ven- · 1
que tl'ngan la bondad de
tana de su cuarto tocador en el momento en que aquel
suspender un momento
albafiil de la caea en construcción de enfrente se ampasu comida y subirse con
raba á la sombra del palacio para comer. El marqués
todos sus trebejos á alrepantigado en una na·cedora y fumándose un veguero,
morzar con él.
recién salt.ado de la cawa, bostezando á cada insLante,
El albañil y eu esposa
leía con aire aburrido los periódicos de la maiiana y lod
se quedaron atónitos y
diarioM franceEes de la víspera, cuando le llamó la a,en•
tan'a turdidos, que no acerción cualquier ruido de la calle; abrió Ja vidriera y vió
taron ni á responder. Toentonces al jornalero con eu traje blanco y su cara de
do podían esperarlo, in ·
clown embadurnada de yeso, eeutado en la acera y recluso que los echasen de
cc,stado en el muro, mientras la c,)Deorte ext.endía sobre
allí, menos semejante inla losa una vasta servilleta y colocaba encima del .man•
vitación. ¡C6mo! ¡Un títelillo UtJa honda fuente de losa ordinaria, r ibeteada de
tulo, un poderoso, des·
azul, una libreta, dos cucharas de palo y dos vasitos pa·
cendiendo hasta eu mieera el medio cuartilltjo de vino.
1 ia y elevándolos! ¿No so•
ñaban? ¡Sí, soñar! El mayordomo no había aguardado eu asentimiento, y
ya entraba en el portalón
con la fuente del cocido
y ia libreta, mientras otrG
criado, cargaba con el resto del ajuar. Siguióles entonces el matrimonio, sin
atreverse á pisar fuerte
por las magníficas eecaleras de marmol, guiado por
el mayordomo; atr&amp;vesó
varios rnlone~. en que re·
Faltaba muy singular la
figura blanca del obrero
refü•jada en las grandes
lunas, v al cabo se detuvieron 'en 11n amplio co·
mPdor con friso de roble,
sillas de cuero y aparadores cargados de plata antigua. En la rica eetan·
te1 ía ee deacu b~ía una mesa cubiert-a de rico mantel, con un centro abarrotado de flores y tres cubiertos.
El prócer sonriente y
enajenado, les aguardaba
de pie junto á un sillón
de loe preparados para
sentarse á la mesa, y al
verles exclamó:
- Perdonen ustedes el
·
asalto; pero he olido sus
U na curiosidad invencible le ató al prócer á la ventana. garbanzos desde la ventana; yo tengo perdido el estóma·
Requirió, pues, Le Fígaro para fingir que leía y no coar- go, sin apetencia alguna, y depl'Onto, sintiendo ganas de
tar á los comensales con eu atención, y apoyándose en comer unas cuantas cucharadas de su cocido, me be dicho;
el alféizar, les clavó el rabillo del ojo, dispuesto á no ¡puede que estas buenas gentes no se op~ng~n. Ellos.me
perder detalle. Desde luego, aquel amor y compañía del · harán partícipe de eu puchero, y yo les mv1taré á m1 al- ,
jornalero y su costilla, aquella complacencia que se les muerzo. Por eeo·me be tomado la libertad de interrum·
advertía en el rostro por hallarse juntos, le trajo á la pirles.
·
·
mente al ma'rqués la remembranza de su hogar suntuoLa alba1'íila fué la primera que se repuso, y con la noso, pero frfo y desie.rto. Su espoFa y· su hija mayor esta- bleza de corazón peculiar de la artesana madrilefia, reban ya hacía un mes en su villa de Biarritz, donde se reu• plicó.
nía toda la famil ia pasado el verano; su hija menor, la
-¿Y por qué nos hemos de oponer, SPfiorito? ¡Esto es
viuda que vivíá con ellos, hallábase instalada también practicar una obra de caridad y los pobres también las
con sus dos chicos en un hotel de las Arenas, su hijo hacemos cuando podemos!
único, viajaba desde principios de estío detrás de Gue-¡Pues á la mesa ahora mismo!
nita. sin perder ni una corrida del diestro, y él, aguar•
Loe pobres artesanos habían creído que sólo se tratadando á que hubiera cuarto en Sobrón, permanecía solo ba de que aquel señor que decía que no le pedía nada el
en Madrid, entregado á mayordomos y ayudas de cáma· estómago, "e comiera sus ga1 banzos. Pero sentarse á alra y refugiado en el Casino, donde paraba más que en su morzar con él!. ..... Reeistiéronse cuanto les fué posible,
cal!a, huyendo instintivamente de su soledad. Acordóse pero no hubo más remedio que ceder y colocarse ante el
el opulento del almuerzo que le esperaba, sin conversa- pi.a to destinado á cada cual, en tanto que el prócer se
ción, si.n risas, con el periódico apoyado en las copas, sin sonreía viendo eu aturdimiento y eu vergüenza.
otro halago que los lametones de Li1í, la perrilla ratone¡Vaya un hambre que se le había despertado de pronra favorecida de las niñas, que ya se consideraba como to! Sirvióse un plato de garbanzea enorme, pudiendo
de la familia, y por remate, sin apetencia, y se Je escapó afirwarse que se engulló él solo e l cocido, y á 3us huésun suspiro.
pedes hfzoles comer ave, pavo, salmón, una infinidad de
La albail.ila había llenado mientras la fuente de roda- manjarPs desconocidos para ellos :: todo por su alto prejas de pan y volcado luego en el cuenco el amarillo y cio, de los que no habrían soiiado CO'.! catar en su vida.
humeante caldo de un pucherete que sacó de una cesta Algunos les resultaron á sus paladares ineducados en la
y que empapó las rodajas en el acto, empezando todas á cocina escogida, poco agradables. El prócer harto de .,efiflotar, cuidando la mujer de refrenar la tapadera de la namientos, no los probó y engullóse 11n cambio el pepino
vasija, empujada por los garbanzos, de los que alguno crudo de postre de los artesanos. olvidando ante tales exmás atrevido escapó, á pesar de la vigilancia, precipi- celencias culinarias que no volverían á caer en suerte.
tándose en la escudilla.
En E:l almuerzo menudearon las risas, tímidas en el
El incitante perfume del caldado pan subió hasta las matrimonio y fuertes e"\ el anfitrión, con regular asomnarices del prócer y produjo en todo su ser como un ex• bro de los criados, no acostumbrados en su amo átales
tremecimiento delicioso. ¡Qué bien olía! Su estomago, jolgorios; de remate obligó al pobre albafiil á aceptar
averiado por los amargos medicina)eij y por las mostazas cinco duros por vía de indemnización que el infeliz reciincitantes, desabrido é inerte, combatido por la eterna bió con los ojos nublados por las lágrimas y aquella tardispepsia, y no ya inutil para la digestión, sino falto de de los socios del Casino encontraron á su habitualmente
gana, pareció resucitar, y el prócer, que basta odiaba ya hipocondriaco y triste compañero, regocijado y alegre,
al alimento, experimentó un deseo invencible de tomar- bajo los rosados auspicios-lo declaró él mismo- de una
se tres ó cuatro cucharadas de aquella a1omática !!opa. fácil digestión.
Pero, ¿cómo realizar!o? ¿Iba él, un título de Castilla, coY sin embargo, ni el faisán ni el rosbiff tenían mayor
nocido de todo el mundo, á bajarse á la calle·y á se'n tar- virtud que los garbanzos, sino eiue con aquel humilde cose á comer mano á mano con los artesanos, exponiéndose cido de albañil había subido al solitario comedor del arisá que alguien le viera y le cal_ificara de loco? Sólo el es- tócrata una ráfaga de mútua felícidad.-Sencillamente.
pectáculo de un caballero, trascendiendo á la legua á
ALFONSO PÉREZ NIEVA.
aristócratá, trágelándose un cocido en amigable armonía
con un obrero y apoyado en un muro, era bastante para
llamar la atención de los transeuntes. ¿Qué hacer?
Algún dfa, á peear de tus encantos,
El matrimonio habíase engullido mientras la Popa, y
te matará otro á tí cual tú me matas,
después de remojadas las fauces con un trago, libre ya la
que en materia de ingratos y de ingratas,
boca del J&gt;Uchero, precipitábanse en la fuente loe garbanvenimos á salir tantas á tantos.
zos, empujados por dos trocitos de carne y tocino. ¡Pulla
anda, que el cocido no olía peorl ¡Nada! ¡Que se lo iban
El amor es un himno permanente
á comer! El marqués entonces se apartó con un movique, después que enmudece el que lo canta,
miento brusco de la ventana y se entró en su cuarto. A
otra
nueva garganta
poco el albail.il y su mujer veían acercáreelea un mayorlo vuelve 1lTepetir eternamente.
domo de frac, corbata blanca y g r ~ t t u , que encarándose con ellos les deo~:
Ü.AMPOAMOR.

J

LA ULTIMA PALABRA.
No te nieg0 mi amor...... Siempre lloroso
A tus piés me arrojé tendiendo el ala,
¡Sugeto el rudo puiio del coloso
Por la mano suavísima de Onfala!
He apurado el amor basta las heces;·
Que sólo amor tu corazón destila..... .
¡Ante le clava de Hércules á veces
Valen más las tijeras de Dalilal
Lo que brilla y es. sol, como el sol muere;
Brilló mi amor un día y se hizo nada ......
Vencedor ó vencido ¡Dros LO QUIJIBE!
Repetía y repito en mi cruzada.
Como la rosa de Malherbe, un día
Ha vivido el ,.mor de mis amores.
¡Para amor, juventud ó lozanía,
Lo mismo son las a lmas que las floresl
Una ruina eres hoy de mi pasado:
Que el cristal por más terso al fin se quiebra .....•
Flores me diste. sf: ¡pero ha silbado
Debajo de esas flores la culebra!
Tú soñando tus sueiios de grandeza,
Me apartastes á un lado torpe y vana:
Hoy yergues con orgullo la cabE:za
Y con dolor la inclinarás mañana ..... .
Quisiera ser mny grande solamente
Para poder, con infernal ventura,
Preguntarte ei un lauro de mi frente
No vale mucho más que tu hermosura ..... .
Yo tP emplazn, mujer! Desconfiar debes
Del brusco cambio de la suerte impía:
¡ Yo beberé en la copa en que tú bebes,
O tú habrás de beber quizá en la mía..... .
Y hemos de compartir el mismo espacio,
Por esa ley de variación eterna,
Acaso en los sálones de un palacii;&gt;
O acaso en el rincón de una taberna!
Pero vano es que tu pasión me llame:
Ya de mis ojos se rompió la venda..... .
¡No sólo busco un corazón que me ame,
También busco un cerebro que me entienda!
JosÉ S. CrrocANO.

CROQUfS MODERNOS
EROTICA
No castas hermosuras ni rostros de .princesa
Ni ojos en donde brille la luz de la ilusión:
Satánicas beldades, perfiles de faunesa'
Y trágicas pupilas .d e angel en rebelión.
No bocas ideales de t.onrosada fresa
En donde tiemble el ósculo gentil de la pasión:
Boca seneu.al y lúbrica que muerde cuando besa
Con labios encendidos,-flores de,tentación.-:Amorea ardorosos, vibrantes y soberbios
Que hagan alzar el canto sonoro de los nervios,
-Hechos de fibra y fósforo, de médula y de luzy sea nuestra musa como un sucubo pálido

Que ahogue nuestrae vidas en un abrazo cálido
Mientras sucumbe el Suefio clavado en una cruz.

. . F . .M:.

DE OÚOUÍBEL.

Diciembre de 1896.

El Ferrocarril.
Lanzó á los vientos su pendón ae ·fuego,
rasgó, los aires su silbido agudo,
., • ·
su aliento de humo ea eJ· fecundo riego
que aniega.el seno del desierto mudo.
¡Miradlo! va tragando las distancias;
Parece apenas que la tierra toca;
y devorado por febriles ansias,
nubes vomita por su ardiente boca!
¡Miradlo! es el guerrero del presente,·.
el genio armado de la nueva idea;
La luz del porvenir brilla en. su frente,
y sú penacho de vapor ondea.
¡Miradlo! es el centauro det progreso,
es el audaz conquistador ¡:noderno,
está de sangre su pendón· ileso;
au gloria brilla con túlgor eterno;
La barbarie ee esconde- amedrentada
al divisar BU enseña orilladpra, .
corno las sombras de la noche helad\\,
. al centellear un rayo de la auroral
Los tiempos del futuro qui! dormitan
del desierto e'n'las' vírgenes entrañas,
á su acento despiertan y palpitán,
.cua} plllpi.ta el vóJcán en las montañas!
Es del progreso la primera aurora,
que irradia en esta íieira-bendeciaa,
en esta·t ierra eiempz:e vimcedora, .
' en esta t ierra hidrópica de v1da!
Es el acento de la audhcia humana,
que crece, se duplica, se agiganta;
que pone de la vida en la mafiana,
la!f alas del relámpago á su planta!
ÜLEG~RIO

Y.

J:
')

!'

• ••

A~DRADE..

• J

�EL MUNDO.

358
LA LIMOSNA,

6

DICIEMBRE,

18~ 6.

apasionada había ocasionado probablemente ia catástrofe que t~nto me afligía.
.
.
-Eres un bribónl-exclamé funoso.-No te quiero
¡vete!
.
b
.
Le prohibí la entrada en m1 deapac o para siempre, Y
sin rec: rdar que yo mismo había sido otro Pablo, de~la•
ré que los niiios eran inaguantables, torpes y el caet1go
de las familias.
.
Nos sentamos á 1a mesa. Como hacía _falta u_n castigo
ejemplar decidí que Pablo se acostase mmed1atamente
después de comer.
. ..
El nifío, muy digno, no lloró DI d1¡0 una sola palabra.
La comida fué trisLe, pues generalmente Pablo la alegra·
bacon su graci,,sa charla, y aquella v~z se vengó con su
silenci&lt;', resultando nosotros más ~.aat1gad?B que él.
Al llegar á los postr¿s, Pablo di¡o l.ieró1camente á su
madre:-Mamá, bájame.
No tengo hambre; quiero dormir.
.
La madre Jo bajó de la mesa y lo puso en mis brazos.
Yo lo oprimí contra mi pecho, un p~o turbado Y rete•
niéndome para no perdonar demasiado pronto. Después Alicia ee lo llevó á acostar.
N¿ tuve valor para acabar la comida si? él y me fuí al
salón. Allí, en medio del humo de un cigarro, me puse
á pensar en los nii'ioa.
.
No los ca-stigaremos á veces con dema~1~da crn~ldad?
No tienen la edad de razón, y ya los quisiéramos impecables, más sensatos que nosotros mismos. ¡Ah! es que
nosotros somos tan cuerdos?
Esta reflexión me trajo á la memoria ?na pregunta que
un día me dirigió mi bijo:-«Dime, ¿quién es el que nñ.e
á los pa¡;¡ás?«
• h.. ·
Tenía mucha pena por haber dejado á m1 1¡0 sm sus
postres así es que en cuanto mi mujer se puso á bordar
abando'né el s~lón muy subrepticiamente, atrí sin ruido
el armario del comedor y cogí un gran cucurucho de confituras que oculté como pu~e bajo la bata.
Cuando llegué á la alcob1~a de Pa~lo, .ví con desespe·.
ración que ya estaba dormido. Me mchné para beijarlo
dulcemente y ¡cosa extraflal sus mejillas se pegaban á.
TR ANQUILIDAD DE LOS P ADRES,
mis labios.
¡Como que las tenía embadatnfldas de dulce!
• Por la noche, cuando vuelvo de la oficina, Pablo con?•
La madre había tenido la misma idea que yo.
ce inmediatamente mis paeos en la antecámara, Y sm
darme tiempo á que deje el sombrero. y el bastón, se me
¡Oh' ¡las mujeres!.. .... ***
sube por las piernas y secu~lga de. mis hombros, lanzanA ~edia noche, Pablo tnvo una pesadilla, y sentándo·
do alegres gritos que anuncian m1 llegada:-«Aquí está se en la cama nos llamó co? voz aho~ada. Nos l~vantamos precipitadamente cornendo hacia él; nos muó c~n
papá l. .... . Buenos días, papá.11
.
.
E~ un diablillo de cinco aiios, dehcado, y tan travieso, 1:. voz extraviaJa y después, echándose del lado, se ~olv1ó
á dormir. Per&lt;' basta el amanecer su suefio fu~ ag1t~~o.
que trae 1a casa continoamente revuelta.
-Eso es efecto de la emoción de ayer, me d1¡0 Ahc1a.
La habitación no basta para conten~r ~l desorden .de
sus juguetea. Por nn lado yace un pohch1_nela, bocarr1ba
Por la maftana se despertó más pronto que de coatu!Dy sonriendo aún, á pesar de la ancha herida que le abre bre, triste y pálido; su cabeza ardía, su pulso latía vioel craneo· por otro lado se ve un montón de wagonee lentamente,
.
destrozados, como si hubier an chocado dos tr~nes; .más
Muy inquieto mandé llamar el médico.
allá un bo, rego de tres patas que despunta la h ierba imaEste, después de examinarlo, recetó, y apnrado por
nuestras preguntas; acabó ~o~ contestar que n o podía de·
ginaria del euelo. .. .. .
.
Desde la mitad de la escalera le oigo ya restalla~ su cir nada hasta la segunda visita.
látigo sobre el cabo de cartón, bombardear al ene~1go,
-Si11. embargo-añ.adió-espero qu~ n~ será ':ºªª de
conducir Bl asalto á sus solda~oa de plomo,. ~ gntar: cuidado. Trataa de que se levante y s1 veis que ¡nega Y
u¡Victoria!11 Y este alegre estrépito me tranqmhza Y me vuelve á eetar alt&gt;gre y turbulento, como de costumbre,
no me llameis, porque será seflal de que ea~á curado. Un
divierte mientras subo.
Pero cuando las travesuras de Pablo han t!aspasa~o niñ.o que salta y jueg"- está. bueno.
En cuanto se marchó el doctor me de11pedí de Pablociertos límites; cuando su conducta ha merecido _alg11;n
reproche, el mismo peso que tiene sobre eu .conc1enc1a que me parecíl!- muy. abati~o, y recom.endando á la ma,
modera sus ímpetus: en vez de sa.ltar á m1 cuello se dre que me avisara rnmed1atamente s1 ocurría algo graacerca á mí con timidez, con inq111etud, Y se conten- ve me marché lleno de ansiedad.
Siempre me acordaré de aquel día. Me fué imposible
ta con presentarme su frente para que la bese..
Entonces adopto yo un tono severo para pedirle cuen- trabajar r.i un miouto, y cada vez qne el portero me
ta de sus hechos; lo llamo useiiorito Pablo,~ le hablo de anunciaba á alguien, figursbame que me b~sc1.ban á ~anusted y salpicando mi reprimenda de ternbles frasPB, le sa del niño dándome el corazón una ternble sacudida.
A cuanta~ personas entrahan en mi oficina para habla~
prodigo que de no ser bueno, nunca llegará á ser un hom·
de asuntos de la administración, les aaba parte de m1
bre.
.
1
·
b
·
·
El me escucha inmóvil, confuso y con os o¡os a¡o~, Y pena, les rPferfa la aventura del jarrón, mi cólera, el. ca~á veces apenado profundamente su pobre coranzouc1to, tigo demasiado severo, sin duda, la entereza del cb1qu~tín...... Me trataba de estúpido, me acusaba de haber Bl•
amarga's lágrimas inundan 11us pupilas.
Entonces hacemos las paces, porque en aquel momen- ao un Nerón y de tener la culpa de su enfermedad.
to psicológico, estoy más a~urado que él y falta muy poco para que sea yo el que pida perdón.

En aquelloe tiempos, era Nicolás Nerli uno de lo~ más
afamados banqueros de la noble ciudad de Florenc1a.
Trabajaba sin descanso desde la mafiana hasta la no•
-che y prestaba dinero al Emperador y al. Papa, con la
particularidad de que no se lo pre!'taba al diablo, porqu.e
temía siempre hacer malos negocios con el rey de las ti-,
nieblas.
bí
d ·
fücolás Nerli era audaz y desconfiado y ~a ~ a om·
rido no pocas riquezas á costa d~ no pocos rnfehces, por
-cuyo motivo vivía en un palacio en el .que la luz que
Dios creó penetraba tan aó'.o por estrechí!'1mas ventanas.
Ya se sabe que la morada de algunos ricos debe de ser
-como una ciudadela y que los poseedores de fortunas
mal adquiridas están en el caso de defende~ por la fuer·
za lo que b.1n logrado acumular por la aPtuc1a.
.
Sio embargo, Nicolás Nerli hacía gala de su r!queza
por medio de fundaciones piadosas di, verdadera importancia.
.
f·
Había erigido á extramuros un hospital, cayo nao,~-culpido y pintado, representaba las más honrosas acciones de su vida.
.
Además en muestra de gratitud por el dinero que había dado para la terminación de Santa María la Nueva,
1iu retrato figuraba en el coro de la iglesia.
Era aquel hombre uno de los prif!leT?S ciudadan?B. de
la República, y en nada ~abía d1swrnm~o en la opm1ón
de los magistrados la est1ma que á su.a o¡oa se había con&lt;J.Ui,tado por medio de sus gra1;1des nquezas.
Al r~gresar un díaá su palacio más tarde que de costumbre, vióse rodeado ¡,,&lt;&gt;r un numeroso grupo de pobres
medio desnudos que le tendían la mano.
.
Nicolás Nerli procufó alejarlos, apelando á ciertas palabras duras; peré 1~ mendigos, acosa~o~ por el ham·
bre Je estrecharon en un círculo y le p1d1eron pan con
vo-l doliente y llorosa.
.
El banquero ee bajaba ya para coger_unas cuantas p1e·
-draa, cuando vió venir á uno de sus ~nados, que llevaba
en la cabeza una cesta de panes destmados á los dependientes de su casa.
Llamó al criado y repart,ió los panes entre los ~obree.
Después entró en su p¡ilacio, se acostó y se durmió pro·
fundamente.
En su aueñ.o creyó que era y!ctima. de u~ ata9-ue apo·
p lético, y vió junto al lecho á San Miguel, 1lumrnado por
una claridad que de en cuerpo ea!fa.
El arcárgel, con sus balanzas en la mano, cargaba loa
platillos.
Al reconocer Nicolás Nerll en el lado que más pesaba
las innumerables joyas que le hablan sido entregadas en
prenda y el dinero reunido, g~acias al fraud~ y á la ~aura comprendió que iba á morir y que San Miguel le a¡ustaba'las cuentas en aquel momento. .
.
Atento y receloso, exclamó al ~n Nicolás Ne.rh:
-Señor, si colocais en un platillo todas mis ~anan·
-ciaa hacedme la merced de colocar en el otro mis bue·
nas 'obras. No os olvidéis, sobre todo, de la cúpn\a de
Sarita María. la Nueva, ni del hospital que taot,o dinero
me costó.
-No temas que sea. injusto, Nicolás,-conteató el ar·
cángel.-Todo lo tendré presente.
.
Y con sus gloriosas manos colocó en el_Plat11lo deec~rgado la cúpula de Santa Marta y ~l hoep1ta.l con bU fnso
esculpido y pintado. Pero el p lat1\lo n? ba¡aba.
El banquero estaba sumamente mqu1eto.
-Señ.or San Miguel-repuso-buscad algo más ~oda·
vía. No habéis puesto en el platillo ni la pila bautismal
de San Juan ni el púlpito de San Andrés, donde está rep1-esentado al natural el bautismo de Jesucristo. Es esta
una obra que me costó un dineral.
El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hos·
pital en el platillo, que permanecía sin bajar.
La frente de Nicolás Nerli estaba inundada de un sudor frío.
.
-Señ.or arcángel-pce~untó el banquero-¿eata1s segu ·
ro de que vuestras balanzll!' son de buena lf:ly? .
San Miguel le contestó riendo que eran mmeJorablee.
-¡Cómo!-suspiró Nicolás, lívido deterror-¿no pesan
más mis bnenas acciones?
-Ya lo ves-dijo el arcángel-basta ahora, el peso de
tus iniquidades supera al de tus buenas c,bras.
-Según eso-exclamó el florentino-iré en derechura
al infierno.
-No te alarmes todavía, Nicolás-repuso el pesador
celeste-aún no hemos concluido.
Y el bienaventurado San Miguel cogió los panes que
el banquero había dado el día anterior á los po~res. ~e
puso en el pl.ltillo de las buenas obras, que ):iaJó al mstante, mientras el otro subía, y los dos plat1llos quedaron en el fiel de la balanza.
El banquero no daba crédito á Jo que sus ojos veían,
y entonces el glorioso arc~n~el Je ~ijo:
.
.
-Ya lo ves Nicolás; no suves m para el c13lo m para
~I infierno. Vuelve á Florencia, multiplica en la ciudad
la limosna de tus panes de anoche, por tu propia mano,
ein que nadie te vea, y lograrás salvarte.
La misericordia de Dios es infinita y ea capaz basta
de salvará un rico.
Nicolás Nerli se despertó de pronto. Resolvió seguir
~l consejo del arcángel y aumentar su caridad, para en·
trar en el reirro de los cielos.
Durante loe tres años que pasó en la tierra, después de
eu primera muerte, fué piadoso con loe deegraciados y
gran amigo de hacer limosnas.
AN'ATOUO FtuliCE.

•**

Pero la anterior semana el aunto fué mucho más grave. El «señorito Pablo11 ee reconocía .tan culpable! que
ni aun vino á mi encnentro, permaneciendo en un ~m.cón
del comedor, vergonzos.o y temblando como un cnmmal
que aguarda eu sentencia.
.,
-Espero, dijo mi mujer duramente, que por esta vez
lo corregiráe.
.Alicia se ernpeiia en que yo tengo la culpa de que Pa·
blo desobedezca, de que Pablo bea travieso, de que Pablo
lo rompa todo.
-¿Qué sucede? pregunté.
.
.
-Mira exclamó ella abriendo la puerta de m1 gabmete;-mi~. Miré y ví en efecto que. á la izquierda de la
chimenea había un vacío. De dos ¡arrones Japoneses que
adornaban la cornisa, faltaba uno.
-¿Y el otro?
-Roto en mil pedazos.
Aquello me ex~speró. Yo am~ba aquellos vasos como
un niñ.o ama un ¡uguete !argo tiempo deseado. Durante
un mes, habían despertado mi codicia desde el .fl~capa•
rate de un anticuario, y al fin 10s habf_a adqu1~1do, á
fuerza de economizar para reunir el subido prec10 que
por ellos pedían.
En sus paredes gioete fantástico, con el manto flotante y el eable en aito, perseguía desatinadamente á .otro
más peqneñ.o. Yo había inventado una fábula, matizándola cada vez más.
Mi hijo me esc11cbaba sentado en mis rodillas, y su
imaginación seguía sobre el ~acharro en los azulados hoLa belleza como los peces no se conserva bien sino en rizontes de aquellos fantásticos paíees, aquel desenfre·
nado galope á través de los bosques, de los ríos y de l!IB
el hielo.
·
montaftas.
.
Julio Lemaitre.
Algunas vt&gt;cea le había !'orprendid.J !1e P.1e sobre una
silla hablando en voz ba¡a al héroe v1ctonoso, tal vez
La esperanza y: el recuerdo tienen el mismo prisma: impiorando perdón para el fngitivo. y Fi.n duda, a9uel
día, un movimiento bru•co, una atención demasmdo
el alPjamiento.

Negros presentimientos me invadían . . V~í!" á Pablo
enfermo, con una pneumonía, ó una menrng1t1s, ¡qué se
yo! Sofiaba, aoiiaba en las largas noches, pasadas á. su lado en las lágrimas que corren silenciosas cerca de la cabe~era; y oía. á través del .11~ido de la. cucbarit~, removiendo la repugnante med1cma, los tristes gemidos del
pequeñ.ueio... .. .
*
** más y salí de 1a ofi.cIDa
No tuve paciencia para esperar
antes de la hora.
Al pasar por delante del bazar en donde me det~ngo
para comprar juguetes á Pablo, me cargué los bolsillos
de bibelota, y volví á correr como un loco.
En el portal de mi casa tropecé sin excusarme, con
gentes que subían; subí los Pecalonea de cuatro en cn~tro· llegué !Ulte mi puerta. Jadeante, eudoroao y allí, sm
val~r para seguir adelante, me puse á escucha~.
Escuchaba si oia á Pablo ju~, charlar, d~blear en
fin ...... Pero no, nada, un eilen010 completo remaba en
mi ca~a; nn Pilencio que me heló la sangre en las venas.
Abrí y l!Pgó mi mnj 0 r.

'6

DICIEMBRE,

369

EL MUNDO.

18~6.

-Y bienl... ...¿y el nifio?...... Mal, verdad?
Alicia me miro con aire extrafio, que no comprendí
..entonces, y después me dijo:
-Ha roto el otro jarrón!
-¿Dónde está.? ¿Dónde e,.tá?
Lo encontré en el salón, escondido detrás de una butaca lo cogí en mis brazos, lo besé con frenesí, y á través de mis lágrimas que ya no podía retener, le grité en
la misma cara.
-¿Has roto el segundo jarrón, querido mío?
-¿Has roto el segun~o vaso, ang&lt;!\ mío? .
Toma, mon[n, toma ¡uguetes, registra mis bolsilloe;
mira, para tí ¡todo esto para tí!
..
Y como mi mujer me miraba estupefacta, yo le d1¡e
aliviado de mi pena, feliz, completamente feliz:
-Acabaré por creer que la tranquilidad de lo~ padres,
.cousi11~e en tener niños que alboroten mucho, que rom_pan todo cuanto encuentren á. mano.
ENRIQUE MALIN.

cual atribuye madama de Hall un valor extraordinario.
Se trata de una garra J.e león, mo:itada en oro.
«Madame d,i Hall ha ofrecido tres mil francos de recompensa .í la peraona que le presente dich &gt;.objeto.•
-Cuidado J nlián-le dijo ·entonces un amigo que acnbaba de e11tr~r-hi lle1pd" el °:1'&gt;:nento de t~.g~atJia.
-Graci~-dijo de R~, armJando el per1?d1.co como
saliendo Je·•m eMueñ" y enjuJ,ind"se las lagrimas qoe
brotaban de sus ojos.

LA GARRA DEL LEON
El teniente de navío, Julián de Rez, había regre..,ado
,de Cochinchina en mal estado de salud, y cuan&lt;10 despuéa de tres meses de sufrimientos al lalo de. su madr.e
y de su hermana, entró en la convalescencia, experimentaba todavía escalosíríos ala•rmantes.
..
-Vaya usted á pasar el invierno á Pau-le d1¡0 el médico.
d. J d
Y por eso Julián de Rez contemplaba á me 1:l os e
Noviembre, desde su ventana del botel, el sublime pa.norama de los Pirineos.

***

Cierto día en que iba Julián de paseo, quedó sorp~endido al verá Oiga Barbarina entrar en el hotel Gazz1,n,
donde vivía en compañ[a de su wadre.
.
Eran las cinco de la tarde y regresaba de nna partida
de caza en compañ[a de algunos de sus adoradores.
Oiga tomó una taza de té en el veetibulo, saludó á sus
acompañantes y entró en sus habitaciones, azotando su
falda con eu látigo.
Tres d.ías después, Julián de Rez, que no ba~[a cesado
&lt;le decir á BUB conocidos: «¿Quién es esa mu¡er? Estoy
loco por ella, la adoro, etc.," era presentado á tas señoras
,de 8.irbarina y formaba parte del pelotón de amantes de
la hermosa ruea.
Julián de Rez empezó á amar apasion~dam_ente á Oiga,
y el mismo d[a en que f~é present!"do ~l temeote di, navío d1jole Oiga encendumdo un c1garnllo:
....'..¡ Ah! ¿E~ usted ese que está tan enamorado dti mí?
Ds,11pues le estrechó la mano como uu hombre. . .
O gil se burlaba cruelmente .de sus adoradores, s1 bien
dbtinguía únicamente al mar1~0. el cnal,.!"rrastrado por
la violenta pasión que le dommabl, 1~ d1¡0 en el saló :
-Mi licencia de con valescienti, termma dentro de ocho
,días; saldré mañana de Pan para irá pasar uuos días al
lado de mi madre, y embarcarme después en Brest.
-Adiós, pues, y buen viaje-contesto Olga.-Pero voy
.á pedirle á. usted un favor. Dtseo que me regale usted
-esa ~arra de león, montada en oro, que lleva usted como
.dije en la cadena, y que conservaré como recuerdo de
nuestra amistad.
.
Julián se quitó el dije y lo puso~~ manos de la ¡~ven,
~ue lut'go cogió entre las suyas, d1c1éndole con agitado
ac,mtu:
-La amo á usted Oiga; ¿quiere usted ser mi esposa?
O ga retiró sus manos, guardó la garra del leon y se puB" á mirar cara á cara á J ulián.
• -No-le contestó-no . ..... Y sin embargo, es ugted el
primero que me ama y me lo dice de bueua fa; pero por
-eso mismo rechazo la oferta.
-¡Oiga!-exclamó Julián con voz suplicante.
-U1game ustel-repuso ella interru,upiéndole con un
.ad máu-y sepa de una vez la causa de mi ut'gativa. No
me considero digna de usted, ni puedo per·en•!CLr á. una
damilia de la que sólo pueden formar _parte pórsonas bon•
,radas. Si usttd pi&lt;li.;se roi mano á. nu madre, se la nega,ría, porque no es usted un potentado
.
Mi madre ha resuelto casarme con un t.ombre mmen.aamente rico, y en caso contrario...... No dirá usted q.ue
.no tengo experiencia tratándose, COJD? yo, de una mña
,de diez y nueve años. El caso es hornble, pero exacto,
Ya sabe usted ahora porque pasamos el invierno último
-en Niza y el verano en Baden, y porque estamos ahora
-en Pan. Ya sabe usted por qué viajamos como bultos por
Europa, por qué no dormimos más que en h•_)teles y por
,qué comemos siempre en mesa redonda. M1 madre ha
sido casi princesa real y está empe~ada en que s.ea yo ar-chiduquesa a toda costa. Me avergmmz" d" decirlo y de·
-seo que no proteste usted; pero no es posib)e que presente ust.ed á su madre como esposa á una muJer qne, como
yo, lleva t.anto fuego ~n el corazón. Ademá11, yo no le at00
á usted m amo á uad1;,....... El ;.mor es una de las cosas
que me han sido prohibidas. Adiós, Julián, váyase usted sin volverme á decir una palabra. Me dt&gt;ja usted su
ga1r-.1 dfl león, qu me recordará al hombre con quien he
procedido como mujer honrada. No me vuelva usted á
-ver y abandouémonos para siempre ...... ¡Adiós!

*

**
Tres años dtspués, el transporte
de vapor El Cocodrilo,
¡&gt;rucedente del Stinegal, aoah.1ba de hacer escala f'D Ca·
narias para tomar el cJTreo y prosPguía su camino f'n
medio de una noche tempestuosa, cuando el contramaea·
,t,re entró en la cámara de los oficialt'S y dejó sobre la
mesa un paquete de periódicos.
Julián de Rez abrió uno de ellos, procedente de Paría,
y al cabo de pocos instantes leyó las siguientes líneas:
«-,e baila entre nosotros S. l\:I. el rey de Suabia. q11e
viaja de in.!ógnito con el nombre de conde de Au8burgo.
«Al llegar á la estación ocnrrió un incidente de~agra-0.able. La baronfsa de Hall, que acompal'iada de su ma•
-dre la condesa Barbarina, había hf'cho el daje con Su
.Majestad, perdió l l l l &amp; ~ de-eacaao va~ pero -á la

•

Li CARTA.

Cuando Agustín tiraba d~ la campanil!a, la .puerta .de
la caga de buédptides ee abnó, y una muJer!-J•J\'c:~, linda, pobrísimimente vestida de negro,-t1ahó cornendo;
i., atro¡,elló C&lt;illl; se l,rnz6 por los tramos altos de la escalera y desapareció en un mo~ento.
· agustín ije quedó sot'prend1do.
-¡ E:1 Dolorc:sl-se dijo.
F1t.1.NCISOO CoPPÉ■.
Ptlro en aquel instante apareció en la puerta otra mu•
je r, de bastante edad, obesa, colorada, cuyo rost~o se dt:B·
tacaba entre un pañuelo rle cuadros nt&gt;grns y ro¡os...... y
INTERIOR.
viendo á Agustín, exclamó:
.
-¡ Deténgala usted D A\;ustín! ¡Corra usted que se qme•
Como era el instante, dígalo la musa
re t1r.u desde la azotea!
A&lt;,ostín subió á brincos,
Que las rosas trae, que las penas lleva:
-iJesú:1!-ex:clamó la patron11-si no es por este coraLa tri ,teza pasa, ve lada y confusa
zón mío tan leal, ¡c,,taplum! te mata.
La alegría, rosas y azahares nieva.
Ea aquel momento aparecieron en lo alto Ag11stf_n y
Era en nn am:ible nido de soltero,
D olortis, apoyándose ésta en el brazo .dti aquel y cu':?néuDa risas y versos, de placer sonoro,
dose el rostro con el pañuelo, como s1 lad1tir.1 verguenza
Era un inspirado cada caballero,
de vol ver con vida á la casa de huéspedes.
De sueüos azules y vino de oro.
-Pasen ustedes, pa1;eo ustedes que ya ar~eglaré las
cuentas á esta aeñori,,a. Vayr, vaya, qnerer de¡arnos así,
Un rubio decía frases sentenciosa~
sin consideración de ningú11 géuer ), como s1 nad11 nos
Negando y amando las rou~as eternas:
debiera...... N" lo digo por los ocho duros......
Uu bruno dt!cía versos como rosas,
-¡S,i quiere usted C.illar, Doiia Ui1i.1ca! exclamó AgusDd sonante! rimas y palabra~ tiernas.
tín!
l d ..
Los tapices rojos, de doradas listas,
-No lo decía por eso, repito, pero aul!lque o_ 1¡era....
Cubría11 panoplias de pinturas y arma~,
Y cogie!ido dti una man? á la ¡oyen !ti cuuduJo a la eaQud bablab.111 de bella, pasadas conqmstas,
la · la hizo eeutar en el sofa y añadió:
Amantes coloquios y dulces alarmas.
'-¡Así, bija mía, así, llore usted fuerte; desahóguese
usted que eso es bJeno y consuela, Y. todati las h1e1ee de
El verso de fuego de D' Annunzio era
ese corazón se le saldrá11 cou las lágrimas!.. ...... 1Picaros
C,,mo un s6n div1uo que en las saturnales
h ombres malditos sean, que d ..jan á las mujere:1 en lil deGuiara manchadas pieles de pantera,
sesperación ... y sin un cuarto! 1:'&lt;lrnqué esesto,qué es e1 A fi ~dtas soberbias y amores triunfales.
to? ¡D. AgusLío, se me figura que la da un patútügl Lo d1·
E lb.in con manchada~ pieles de pantera
cho. ¡ se ha dt-smayado!
.
.
En efecto Dolores, después de un crís1s nerviosa, ha·
Con tirsos de flores y copas pa~anas,
b[a doblado' la cabeza, reclinándola, sin movimiento, eo·
Las almas de aquellos jóvenes q1ie viera
V tinas en su templo con p1lma:1 hermanas.
bre d resp"ldo del sofá. .
.
Doña C1riaca no nectls1tó pe.l1r socorro porque e3taba
Venus, la celeste reina que adivina
ya r Jdeada de gente. H ,,bia ~ntratlo pri~ero un cur:3,
En las almas, vivas alegrías francas
después un practicante di, .med1cma, tra:1 de éste una vieY que lea confía, por gracia divina
ja, en s~guitla un solteró.n, empltiado eu Lo~tidas, y por
St.1s ab3jas de oro, sus p.1lomas blaucas.
última un jo'7en depend1ei:ite de la !,t1.neraru.i. .
-¡Qué traigan agua y v1oagre-d1¡0 el pract1cante,Y aquellos amantes de la eterna Dila,
¡No debe ser esta mña buenacristiaua! murmuró el cura.
A la dulce música dti la regia rima,
¡ Un. cadaver menos!:-adv1rt1ó el de las poLDpa,s fúne.bres;
Oy,m la palabra de la vast.a I lea .
y ·et solterón no d1J nada ...... p~ro ~e act!rco, llevo eus
Pc&gt;r el compañero que rec1La y mima.
manos al pech,&gt; de la joven, y tanteando eobre el cierre
Y sobre sus frenles q11e acaricia el lauro,
d.:l ve;itido inten tó dtl&gt;!llbrocl.tarla ..... .
y lo hubiera 1.i~cho ai doña Ciriacil no le hubiese dado
Abril pone amable su beso sonoro,
un manotón en sus inquietas m.1uo:1, dici,rndo:
Y llevan gozoBos, sátiro y centauro
La alegría noble del vino de oro.
- ¡ ~30...... la~ s0::floras!
..
Y viendo q 1e de~rás del cura y de la v1~¡a y dP.\ pracRuBÉN DARío.
ticante y del solLero, y d .il em¡&gt;leado fu11ebre, hablan
Octubre de 1896.
entrad¿ los porteros, y lod dtlpónd1e11te:1 de l&lt;is tiiindas
que h.1b[a en la casa, y los vecmo:1 de ta calle. y algunos
transenntes y que al final del pasillo ~e alza\ an ya los
chacós d&lt;J v;rios guardias dti orden púbiico, gritó:
En la "liaría" de lsaacs.
-¡ Af11e1·a! ¡Afuera todo el muüdo! Aquí no ha pasado
nada! ¡ E➔ta señorita no lo hará más, no, señor, yo res¿Un libro? Aquí lo tienes, amor mío:
p ondo de ello!. ..... ¡ L:ngo, largo de aqufl
Y mientras el practicante y el cura con AgaPtín pret:1Ei el triste poema
Q11e en boras m,•lancólicas de ha-tío,
taban auxilio á DJlores, dona Ciriaca limpiaba la casa
Ha hecho rodar mi llanto, ese rocío
de curinsoa, diciendo: ¡ R spft.o al do,nicUio!
Que apaga el corazón cuando Re quema.
V,,lvió á la sala; DJlores se hab[a rt'pueato del accidt-11te· el practicante y el cura ee marcharon, y quedaron
solos Dolore~, Agustín y doña Ciriaca.
Es un ililio de tern'.!ra lleno,
Vaya-dijo ésta-vamos nosotras á su cuarto de nsSu dulce poesía
ted; B'lí, con to.ia calma, podrá usted gtimir desca11,1ar
No vierte ni una gota de veneno;
y r flexionar bi"n sobre el disparate que penijaba lldted
Es un libro bencli~o, un librJ bueno,
hic •r...... ¡Cójase usted de mi brazo y venga conmigo!
La historia de Efraim y de María!
D-lloree ~ti levantó del sofá.
-Pero-aiiadió doña Ciriaca-eupongo qne no se irá
Aquí los goces del amor primero,
ustt&gt;d sin d~cir una palabrita de gratitud á Don Ag,m.fn;
D,}l amor santo y puro,
á no ser por él, á esLas horas estaría usted en la calle he:
De ese amor inmortal y verd'\dero,
Que se arraiga en el alma, duradc:ro,
cha una tortilla.
1.,,, jove11 se pasó el pai'luelo por la cara, enjugando
Como la hiedra en el ruinoso muro.
sus lágrimas y revistiénd91a de dulce Eertmidad:
-Perdóneme usted, Agustín, que me haya olvidado
Aqu( al principio encantos y belleza;
Dllspués, ...... la negra suerte
de agradt&gt;cer á usted una vida que era una carg&lt;l insoportable para mí: al salvárm.-lil ~sted he vuel1,0 a •t:r
A Efraim alejando con dureza,
de~graciada. Mas usted .ha obecl.ec1do á un I oble senti
Y Marfa, ya sola en su tristeza,
mi.-11to y yo debo apr11c1ar ese favor en cuanto vale la
Celebrando aus nupcias con la muerte.
vida para loa que son dichosos...... Quiz~ me resigne á.
la vida, p1wsto que no basta querer w~r1r par.1 matar•e,
¡Abl Nosotros cruzamos entre flores,
nu ·ato q11ti hasia para matar~e es preciso tener snerteLa tlicha nos alegra,
y pues he de vivir, si usted en alg11na de ene dc:Pgraciae
No sentia1os cual edos los dolores,
y tristezas necesita usted una amiga, una b..rmana, yo
Ni rnmpe nueRtros diálogos de amores
1~ r,wg,, que se acuerde dti mí......
El fúnebre gra;r;nar del ave neg•a.
-¡ Ah Dolores!-exclamó el joven.-jIJ,ited no dt-be
11ad11! ¡Si usted eupiera el inmenso placer que me ha pr,,Toma el libro en tL1s manos, amor mío,
porcionado la casnalidad, poniéndome en ocasión d.- ~alToma el triste poema
var á nsted!. ..... ¡Oh, esta vez sí que el bien en sí wieruo
Que, en esas horas lánguidas de hastío
ba 11.-va&lt;io la recompensa!
Q 11izá te baga verter ese ro~ío
-¡Jesús. y qué fnego, Don Agm:Mn!- exclamó doñ•a
Q,.1e apaga e l corazón cuand 1 se queml\l
Ci, iaca. -Todas las cosas las toma usted aa1 !.. .... J Va u,.
JU.AN B DEl,GADO.
ted A morir un día dt&gt; combustión espontáneo!
Diciembre de 1896.
-Y ahora-prosiguió la patrona cambiando de tono y
91,cando de uno de loa b .;l~illoe de RU delantal una cartu,
la devuelvo á usted este papd.ito, que aupong&lt;&gt; 110 habr"
Al decirte hoy adiós. Hortensia mfa,
ya que entregar á ese don ...... don ...... (leyendo) «D-.,n
permite á mi amiat&gt;1.d que te declare
J ac111to Guvantes.11
qne, como el bijo de Sión, &lt;iecía:
Dolores tomó la carta, y fu é á guardarla entre el man•
«le m[ me olvide yo, si te olvidare.•
tón en q ue h1bfa arropado su pecho.
Agustín tendió la mano como para detener á Doloree
Hay quien pasa la vida
y doña C1riaca en su retirada, y dijo con v0z llena dt,
en eeti eterno juego
emoción:
de hacer caerá la mujer, y luego
-Dolores, voy á decir á usted algunas palabras ........•
rehabilitar á la mujer caída.
u~~d no ha repar11do en mí; pero yo be reparado mucho en ustt-d d.-sde que está en esta casa. Ninguno d~
CAHPOAMOll.
sna actos, de-sUB idas y"Venidas, dti sus tritezas, de 8 •• 8
escasecee, de las m~R-1"""'~•1!!- ~ l!U histl na t...

f

�360

EL MUNDO.

paeado deEapercibida para mí; he vieto que evita u~ted
el tratar á los huéspedes, que es usted pobre, que ee uskd buena y que ha prefe1 ido usted morir...... á eer ma1a.
Sus acc1cmee de usted me han impirado deede el primer
día Eirupatía, reepeto; una ttrnurn que yo no ca1ifica1é
con otro non,bre pmque yo miEmo r,o me atrevo á dt'finirla Comprendí dnde el p,imer m• mtnto, que era usttd deFgrach,da; rn tentati\·a de hoy no dt-ja duda de mi
fatal ac1t&gt;Jto, me ha p.-ometido usttd vhir; Enfa para
o•í un etnL0 nmo1dimiento h&amp;bula Fa hado á uFttd la
'l'i•fa Eólo ¡,ara prolongar eue ir,felicidad1 ~; yo tu ge, la
e blignció11 de h2cer á uHtd dicbou.&gt; ...... Ern cartP .... ..H,
@in duda, la cla~e de la hiEtoria de uEte , ¿quit1f' uHed
P&lt;'Jmit;rn E' que la Ita? ¿No Ee ha Jlan,ado UEh d a1,He
mi amiga, n:ii hermana? Pues bien, un sn1'go1 un Lnn ano, tiei e ¡,J dnEcl10 de cuidar, de amyara1 . de p!cMgE&gt;r.
-Bu1-no l'Há usted para protE ger á narlie-le in terru mpió d1,iin Ciriaca.
- ¡ Pe, mítame nsted, permítame usted que la len!-inEiFlió Agmtln con act-nto de bondadoEa fü DJfZa.
DoloHf titub1ó un momento, deFpnés Eacó la carta y
fijó 1os &lt;'ic~ ton t:l E.obre, con inddioible mirada; mirada
dt- dolc r y p1a,;:n, a"lgo así como se mira una lá¡,i'la sobre la cual hay floree.
Por fin c·.xclawó, alargándoeela al joven:
'
-Tóu1ela u~ted, léala usted, puesto que lo deeea y para ello 1nv&lt;'ca sus derechos ......... Y quiera Dios quectespué~ d• l1nb1 ria leído, quiua usted llamarme todavía su
amiga y sn hermánal
Y apo, ándose en el hombro robusto de doila Ciriaca,
ae dirigió lt-ntamente hacia su cuarto.
Agu~tín quedó solo en la sala.
&lt;:erró la I•Ut'rta, pa,a leer sin que nadie le interrumpit're, trfrnulo de emoción, como si aquet;a carta pudit,ra dtcidir deou suerte; rompió el Eobre y JPyó:
•Jaci11t(,:
•Defde uyer no tengo más deeeo que morir. No creas
que me du.¡,ido de la vida con pesar; todo lo contrario:
1:. n,u~1te t-b rui al,gría. Hace díae vine á Madi id rtpufHo ya el niilo t-n el pu"blo. Como una últio1a t&gt;Eperanza y tf'm blando, quirn que le conocieras, por Pi PU vista tt• abla1.daba el corazón, más que mi desventu1a y tus
ncundo~. Pri,ganté por tu aynda de cámara y le dije:
-«Bf.nitr•: traigo el nino para que usted Je vea. y para
que vié, dole usttd le diga lo lJermoso que ee y lo pálido
y tri@te que está.
•fünito me dijo:
-;-•S~iloTita: renuncie usted á toda eEperanza; ¡qné
qmere IIHf'dl Si uEtt&gt;d no fune hija de un zapstero. q1-i•
zás el sHior...... Pe,o ¿c(1mo ha de c:.EarEe con uHed? El
niflo le impc,rtarfa peco; Eabe usted que Drn Jacinto 110
l'f' mi•nahle......-Y !no nfcesita verlt&gt;! ¡le ha viFto ya!
H~ce dos ~ías, al paear~ guiancio, por la casa dona .. yo Je
d1Je qre Y1vía usted, m116, y en un balcón vió que había
un chiquitín de ojos azules y rizos muy rutios.-EFe
mi hijo-e:irclarnó.-Y me dijo al volver:-¿SabeP, BPni•
to que el chiquitín es muy mono y que me place? Pt ro
ya se ve me dijo Benito que dijiste luego-¿dónde iría•
moa á para,? Dolores 110 se contenta menoP que con caftree; deede que fué madre se avergonzó de ser mi que•
ride ...... Si conEiento en reconocerlo, si me Jo traen á
caen. si le V!'O con frecuencia, si me llora y me rfe, yo,
&lt;JtlR tn go el alma tan sm,qil,le, concluiría por...... ef, concluiría por casarme. ¡Jamás!. ..... ¡Sería un e~rándalol
Dolort-s es honrada, relativamente; ¡pero una ribeteadora! ¡,Si ella ,e muriera! Eso lfimplificaría la situación ........ .
huérfano el chiquitín........ : ¡Ah, el chiquitín es una
pt-r la!
•Esto me dijo Benito~ y eabiendo mi pobreza quiPo
darme un billete de cinco duros.-Puede usted tomarlo
Bt-fl•:tira, que eee din.ero no es del amo; es mlo.-¿Qué
me importaba de quien íueee? Sus palabras habían decidido df' mi suerte y de la de Jacintito.
•¡Si elln muriera/-habíae dicho tú.
•Puf-~ bien; cuando leas esta carta ya puedes eer padre
del cl,iquitín •..... Yo, habré muerto. Dios me perdonará.
•He sido mala; pero he sido mala por ignorancia, por
Cl!-r~fio, pcr fa~cinación, uo sé...... Las que no hemos re•
c1b1do .-dnceción aprendemos muy tarae que eélo hubiéral!!cs podido ser felices sieudo buenas.
«Muero contenta, porque sé que tú recogeráP al niflo. ¡Oh, Dios mío! ¡Con qné
gueto moriré para que él viva! ¡Que le
eduqu1-s, que le cuic'lee, que le hagas hombre y que le bogas dichoso! ¡No le eduques para que deshonre- á las pobres y
desdichadAb! ¡Que ee.l honrado para que
pueda creer también que ha sido honrada
su madre!
•Adió~, te envío un beso de perdón y
reza Jacinto, por la que fué- tu

"ª

6 DICIEMBRE, 18\-/6.

LOS L~ORTALES.
lAIITACIÓN DE liOBACIO.

¡Benditos aquellos que con el azada
sustentan sue vidas e viven contentos,
e de cuando en cuando conoecen morada,
e sufren pacientes lae lluvias e vientos)
('a estos non temen los BUE movimientos,
n!n eaben las cosas del tiempo paseado,
mu de las pre~entee se facen cuidado
nin las venideras dó han nascimien~e.
¡B~nditos aquellos que siguen las fieras
con lab grueeeas redes y canes ardidos,
e eaben las trochas e las delanteras,
e fierPn del a1 co en tiempos de bidosl
Ca eEtos por Pafia non son conmovidos
non vana cobdicia los tiene sujeto•, '
non quieren th~soros nin sienten affetoe
nin turban temores sus libres sentidoPI '
¡Benditos aquelloe que, cuando las flores
se 1UUestran al mundo, deeciben las aves
e fnyen las pompas e vanos honores,
'
e ltdo~ escuchan eus cantos süaves!
¡~euditos aqut&gt;llos que en pequei\as naves
siguen los pt:;;cados en pobres traynas,
ca estos non tt-men las hdes marinas
nin cierra sobre ellos fortuna sus lla;esl
EL M~RQUÉS DESANTILLANA.
O,TOS TRISTES.
A LIGEIA..

¡Oh, tu mirada de pasión!. .. quién sabe
que misterios ocultu! Ardiente y viva
un tinte de dolor pone en tu grave '
cabeza de l\linerva ptnsativa.
¡Oh, tu mirada de pasión, fu triste
mirada de mujer que arna y espera
y que el Ot&lt;.fio de la fe resiste
'
como una última flor de prima vera.
¡Oh tu mirada de pasión contriEta!
Es un toq~e de l~z que tiembla y brota,
como débil camb1a:ite de amati6ta
en una estrella pálida y remota.
¡Oh,. tu mirada de pasión !... ¿Qué esconde
de resignado y dulce y afiijido
'
que sólo dt&gt;ja ver el alma dond~
una inmensa piedad hace su nido?
'!DI alma que en tus ojos re~plandece
y tal ternura eobrehurnana toma
'
cuando me ve, que In inmortal parece
que á través de una lágrima ee 'asoma.
Sabes por qné se aPoma si la llamo?
Porque mi duda periinaz se aduerma·
y me dice: ¡oh incrédulo, te amo
'
pero ya ves, estoy triste y eufer~al
¿Qué existenciaP lejanas en mí evocas?
¿Qné Puel'ioQ nebuloeoe, entrevistos
dt&gt; altares áureos, de nevadaQ toca/
vírgenes castas y dolientes Cristoe?'
Rf'cuerdo no ee qué viPja pintura
de cuyo fondo de ideal criPtiano
surge la blanca y míetica fignra'
con el lirio @imbólico en la mano.
¿En q~é obscura y desif'rta galería
ví esa mirada de pasión piadoPa?
¡En qué semblante pálido lncfa
extática, celeste y dolorosa?.....'. ...

l~ERN A1' FLOR.

¡Oh! las rojas iniciale$
que ornais loe ealm.os triunfales
en breviarios y misales;
¡Ohl casullas que al reflejo
de loe cirios, en cortejo
-vais mostrando el oro viejo·
¡Oh! custodias rutilantes '
con topacios y diamantes,
¡ohl copones rebo@antes;
¡Oh! cristales policromos

361

EL MUNDO.

. ..... No sé ... Mírame más: á eso viniste,
de mis nublados sueños mt-nsajtra ..... .
¡Oh, ht mirada de pasión, tu triste
mirada de mujer, que ama y esp&lt;'ra! ..... .
'· Diciembre de 1896.
Lurb G. UaurNA.
LA. VENTA.NA ILU.M:TNADA.

. Era una. noche de la Canfcula, ~mpestucsa y obscura.
luna m estrellas.
Arrojado de su habitación por la inclemencia del calor
y por la fatiga, se ha levantado Lni~ de su butaca, y
despué3 de haber apagado la luz y baj,\Ju sus cuatro pisos, ha cruzado el desierto boulevard y 1,e ha Eentado
ante una llltEa exterior de la cervecería situada dela11te
de su casa.
Tamp, ?º hay fresco en la calle. y la insignificante ráfaga de aue que á wces se le\•anta es caliente como el
alitmto de un erfermo.
Luis cree que máij le hubiera valido no movnse de s11
domicilio, donde habría podido acostarse tranquilamen ·
te y dormirse, olvidando su mísera existencia tan monótona como el itinerario del tranvía que cada' diez minutos pasa por su lado.
Luis es un literatv que jamás ha c,btenido un regular
éxito, Y. q11e ~a cumplido ya tremta y ocho ai'\os, hab1en•
do perd1úo miserable oente su juventud.
Nada de grato y ti,,rno hay en t-us recuerdos y si existen algunos nombrt:s de mujeres en su corazón hao sido
escritos allí como hubieran podido serlu en ~o e8pt-jo
de restaurant.
.A.l levantar la cabeza para apurar la copa que tenía en
la mano, nota L~is .¡ue la ventana del q11i11to pirn de su
ca~a estliba 1luromada Era la unica dt:I edificio y aun
de l~s inmediatos, en que había luz, porque en aqtwlloe
barnos la gimte se acuesta temprano; y como á aq11ella
altura el remate de la~ cadas se pierde en la obscuridad
de la noche, aquella veutaua ilum nada resplandece en
medio de las tinieblas con el brillo reposado y constante
de un faro.
Es~á abierta, pero han ec~ado la cortina blanca, que
se agita _leve~e_nte cuando circula un poco de aire.
-¿Quién v1v1ra aht?-se pr..gunta Luis.
Y en aquel. mo.meuto se si..n&amp;e tao triste, tan abandonado, tao solitario, y la ventana il11minada resplandece
~n s~avemente, que, por un capricho irónico de su imagmac1ón, evoca "'Uestro ho111bre la~ existencias de los Eeres afort.una~o~ que podían vivireu aquella altura.
-¿Quién v1v1r~ ahí?- repitió para sus adentros Lu is.
Tal vez un trab~¡ador como él, un escritor, un poeta. ¡No
ha saludad.o varia- veces en !a .escalera á u!l joven pálido
y mal vestido, .que lleva casi @1e~pre un hbro en lama•
no? ¡Ee este, ll\11 du&lt;;ta. G,rnará por la mañana lo preciso para la subs1stenc1a, consagrando el resto de la jorna.
da al arte y la poesía. Indudablemente aspira á la gloria
pero desea conquistarla por medio de una obra maest~
en la que habrá derramado toda la sinceridad de su alma.
Respeta su pluma como un paladín su espada y tal ve:r
ee hab, á acostado para leer su libro favorito que le a brtt
nuevos é infinitos horizontes.
'
BID

*

•
* * quién puede ocupar esa
-;¿V.1 .F1• no vive
a b f un poeta,
hab1~ac1~n?-se pr~gunta Luis, siempre Ilusionado pcr
el m1s1er1oso atractivo de la ventana iluminada.
1.Unos amante~! Sí, unos amantes para quienes no
existe en el mundo más quP su inagotable deseo y que
no ven más allá de eus enlazadas sombras alumbradas por
la luna.
El habrá ido á comerá caea de algún deudo y ella le
espera palpitante de amor.

.. á en esa casa·?-piensa
***
.-¿Qu1'é o v1v1r
LUIS con loe ojos
fi¡os en la ventana.
¿Po.~ qné no ha de vivir ahí un buen matrimonio con
sus h1¡os? ¿El Otoño con sus frutos?
Hay gentes, ~e ?0razón humilde y resignado, dicho·
eas en el ouIT.1phm1en~o de sns deberes, como los dos
eepoFos á quienes Luis encuentra á veces los doming0&amp;
en aquel barr!o de patriarcales costumbre!".
Son ellos, BID duda, los que moran en aquel quinto piso, alt-gres y satisfechos. E l padre no se
habrá acostado, para enseilar 1a lección
al mayor de sus hijos.
. A peear de su miseria, Luis los envidia, .P~rque po.een grandes tesoros de
sent1m1e11to y comen su modesto cocido
con la virtud por compañera.

*·~.

DOLORJIS.~
-Pero ¿qué estrépito es este?-gritó
Dol'la Ciriaca en el cuartuchín de la joven. -¿Quién quiere echar abajo la puerta?
-:-!Abra 11Sted...... 1Abrá ustedl-cootestó una voz trémula.-¡Soy yo, soy
Agustín!
-¡Jesús! abriré; ¿qu6 paea?
Se abrió la puerta y Agustín se precipitó por ella, con la carta en la mano y los
ojos llenos de lágrimas.
( En aquel zaquiY.amí y en la única silla
que había, estaba sentada Dolores con el
negro pelo deatrenzado, que formaba un
cerco muy triste á su cara de Dolorosa.
tobre sus rodillas y entre.sus brazos descansaba nn niño como de dos sil.os. casi
desnudo, que alargaba sus bracitos.)
-Dolores ¿Quiere ud. oasan¡e conmigo?

6iDICIEMRRE, 1896.

filett•ados de plomos
que brilla.is Lajo los domos·
¡Oh! Di.e8 irw tenebroso '
¡oh! Misrrae lloroso,
'
¡oh! Tedeum.glortoso:
Me perseguís c,rnndo duerm,&gt;
me rodeáis si de,¡pierto·
'
tenéis mi espíritu yera{o
mu.y enfermo...... muy enfermo..... .
casi muerto...... casi muerto..... .

De pronto empieza á llover y Luis se
ve precisado á retirarse.
En la escalera encuentra á la portera
lf\ cual. le dirá quién vela tras de ague:
lla cortma ante la que ha soñado en todas
las venturas que están al alcance de los
pobree: el trabajo, ei amor la familia.
-¿Quién yive en el quin'to piso de esta casa encima de mi babitación?-pregunta Luis á la portera.
. -:-Nadie, señor...... Ahí vivía mi pobre
v1e¡o que debía dos meneuhlidades. Et
amo no se las reclamaba, porque el infeliz iba á cumplir Sf'tenta aflos v un día
de estos debían llevarle á Bicetré. El po•
bre ha muerto esta tarde á las cuatro y la
señora del principal me ha dado co~ que
amortajarle.
Como el desdichado no conocía á nadie, ni tenía parientes ni amigos que le
velaran, he encendido una vela al lado
de su cama. Y p11esto que ya están en
casa todos los inquilinos, voy á subir á.
rezar el rosario junto al cadaver del pobre anciano.

All.\DO NERYO.

F. C.

•

LA

1.NU TIL RIQU EZA.-Por Jorge Óhnet.
Número í·.-Véanse nuestros números desde el 2ó de Octubre de 1896.

-Entonces explícate, te lo ruego, porque no sé á dónde
Tas á parar.
-¿Serás sincero?
-Contigo lo soy siempre.
-¿Me confesarás la falta cometida y basta la intención
de cometerla?
-Pregúntame.
-Pues bien; he creido notar que, hace algún tiempo,
tus escaramusas hab·tualee con la mujer de Federico tomaban una forma nueva, más viva de tu parte, más irritada de la suya. Me ha parecido que el juego se hacía peligroso por que os exaltabais demasiado, tú, en el sentido
de la galantería, ella en el de la hostilidad; be creído que
~ hacías importuno y he tomado e! partido de advertirte:
lo. Sabes que quiero mucho á Celma y que es grande m1
adhesión á eu familia y por nada del mundo querría que
tuviese que sufrir una mol stia ó una contrariedad de mi
casa. No creo que estés enamorado de ella; os conocéis
hace tanto tiempo, que no hnbieras esperado hasta ahora
para desearla. Siempre habéis sido buenos amigos y si tú
te animas con ella algo más de lo razonable, supongo que
es por efecto de la ociosidad. Los hombres c~mo tú son
imposibles de ocupar en el campo. No tomas m~erés por
nada y cuando no se galopa, no se caza ó no se ¡uega, no
se puede sacar partido de tu presencia. Creo que es por
esto por lo que persigues á Celina, pero esas persecucio·
nes me atormentan y te agradecería que las pusieses término.
Valentín se tomó tiempo para r6flexiooa:r y contestó:
-Me has pedido que sea sincero al responderte; pero
tú, ¿me has preguntado con sinceridad? ¿Me has dicho
todo lo que debías decirme? ¿Me has hecho esas preguu,
tas espontáneamente? ¿Celina no te ha hablado?
Estaba muy inquieto al pronunciar estas palabras y las
aventuraba con grandes prec~ucion~s, p~nsando que con
ellas iba á esclarecer la cuestión. S1 Celma se había quejado á la Sefiora Mossler, de lo que la creía capaz, ~qué
había dicho? ¿Hasta dende había llegado su confesión?
Según que estuviera 6 no, descubierto por ese !ad(?, su
situación sería más 6 menos irave y él tendría necesidad
de poner ó quitar grados, á su franqueza y á su to~o pa~tioo. Espiaba en el semblante de su madre adopti':a el
efecto ql)e pro1ucían sus palabras, pero ésta no mamfeetó ninguna turbación y contestó redondamente:

-Nadie se ha quejado, ni Celioa, ni los demás.
Valeutín respiró y se decidió á negar.
-Me hubiera asombrado mucho lo contrario, dijo, pero hay que esperarlo todo. Así pues ¿eres tú sola laque se
alarma? Confiesa que pudiera quejarme de esa desconfianza. Porque bromeo con esa joven, la única de la casa
que es algo alegre, se me acusa en segnida de los peores
designios. Tienes, realmente, una mala opinión de mí,
madre m ia. Sé que no soy un modelo de cordura y que
te doy con frecuencia ocasión de intervenir en mis asan•
toa; pero si es justo que me castigues por las tonterías
que haya cometido, resulta exagerado regañarme por
adelantado y condenarme por aquellas de quo estoy ino•
cente.
•
-¡ Eh I querido hijo; no se presta más que á los ricos,
respondió la ao:iana con vivacidad, y cuando se ve alzo•
rro dar vueltas en torno de una gallina, no se supone que
lo hace por enseñarla el camino del corral, Has hecho
tales fechorías, que una más no sería grao cosa para tf....
Y tienes tan buena espalda, que me pasma verte protestar porque te cargan un poco más de lo qtie tú quieres....
-No coocib'&gt; que pneden tener de reprensibles mis
bromas con la eenora de Clement.
-Nada más que esto; que á ella le disgustan.
-E~o prueba que son inocentes ......
Su marido acabará por notarlas y se ofenderá.
-¿Y por qué Federico c:ement sería tan rigorista? To·
dos los días se ve un hombre hacer la corte á una mujer
sin que el marido se ofenda. ¿No tienes ojos1 querida ma •
dre, más que para ver el matrimonio del projimo y no lo
que sucede en el mío.
La señora Mosler se mordió los labios, sus ojos se pusieron más negros bajo aus cejas fruncidas y cou voz temblorosa respondió:
-No me ocupo de tu matrimonio porque todo marcha,
en lo que concierne á tu mujer, con una regularidad y
una dignidad que ganarías mucho en imitar. Por ese lado no hay vigilancia alguna que ejercer y sólo se podrían
buscar buenos ejemplos.
-Quisiera saber por qué, dijo V'alentío, pálido de có•
lera con~nida. ¿Cri:es la virtud de Celina más frágil que
la de Enr1queta, ó tienes más confianza en la prudencia
del Coronel Redel que en la mía! ¿Cómo explicarse q.ue
ese extraño goce de inmunidades que rehusas á tu hijo?

¿Consiste en el uniforme? O le crees inofensivo por haber envejecido prematuramente en sus campailas?
-Consiste, sencillamente, en que lo creo un hombre
·honrado.
-¡Buena es esal exclamó el conde prorrumpiendo en
una carcajada. ¿Qué tiene que ver la honradez en ein;e
asunto? ¿Crees que l,¡ honradez ha impedido jaI!lás á nadie apropiarse la mujer del vecino? ¡Ah! iealmente, ma•
dre mía, me buscas una querella sin fundamento. Si el
Señor Elipbas, que supongo es á tus ojos un dechado de
todas las virtudes bíblicas y teologales, concibiera una
pasión senil por una mujer, nada le detendría y se porta.
ría como un simple sátiro; lo que sería repugname'Dte•
¡La honradez! ¡Vaya una garantía que me das! No hay
nada más relativo que la honradez. Hay quien no rob!\·
,da veinte francos á su prójimo y no dud,uía para arrui·
narle en un negocio de intereses. Se puede devolver una
cartera repleta de billetes de b:rnco encontrada en la ca•
lle, y llevarse una bija menor del seno de su familia.
¡Honrado! ¡Buena broma! Todo el mundo es honrado
hasta el día en que deja de serlo. Si yo soy peligroso para Celiaa, qui~iera yo saber porque Redel n9 lo es pará
mi mujer. ¿E-1 porque es tn amigo? La razón será perfec .
ta para tí; para ruí es insuficiente. Una de dos; 6 110 me
atormentas más pGr estas bagatelas, 6 tomo en serio las
miradas lánguidas que ese miltar dirige á mi mujer, y no
tardarás en ver lo que resulta.
La Señora Moealer no había encontrado nunca en Valer tín resistencia á sus deseos y la actitud que tomaba de
repente la asombraba. Pero con su espíritu tranquilo y
lucido no tardó en tomar un partido. Pensó: Si le apr~·
mio ahora mucho, es capaz de tenermelae tieea':l y la situación se pondrá tan violenta que podrá hab'lr uoa ruptura. Hay que evitarla en interés de todoe. Yalentín ~e
refugiará en París y su mujer tendrá que ir á r~unírsele.
Nuestra estancia en el campo se turbará y no faltarán
los comentarios sobre el suceso. Conviene, pues, allanar
las dificultades y para empezar, dulcificar el humor irritado de este muchacho poco razonable. Si tuviera su ca·
ja mejor provista, no vería la vida tan negra y aceptaría
más dócilm'3nte mis observaciones.
-Comprenderás, dijo, qne no tomo en serio lasa'tlenazas. Creo que si tuvieras que ejecutarlas te habías de ver
en grave apuro pues hay personas que inspiran, por lo

�EL MUNDO.

362

6 DICIEMBRE, 1896.

La Setlora 1\foSBler recobró toda su seguridad; miró á me encargo de que él haga todas las concesiones........ .
menos respeto y hay que mirarse mucho más antes de
-¡Ah! No me respondes rotundamente, y cuando asf
su
nuera y dijo con voz tranquila:
atacarlas. No digo que tuviPraR miedo; sé que eres capaz
eludes la cuestión ea que mi marido no te ha dado nin-¿Es también un reéuerao que quieres guardar?
de habértelas con el mismo diablo; pero hay que tener el
-No, madre mía, respondió la condesa sin que su mi- guna seguridad ...... No es él el que desea la reconciliauudor de sus actos y los hay que cuesta t.rabajo el comesino tú, y esto me indica lo que debo esperar. Teterlos porqne se los considera injustos. Tú estás descon- rada ee turbase; este retrato estii destinado á la madre ción,
obedecerá, para captarse tu buena voluntad, pero el catento porqne te be tira&lt;lo un -poco de lás riendas esta se- del coronel.
La Sefiora Mossler tuvo el gusto de saborear aquella riño que me demuestre no 3erá s'ncero; antes de qniace
mana y haceR caPr sobre los demás la irritación que sien·
días habrá vuelto á las andadas, y yo no habré obtenidonoble tranquilidad y dijo después muy despacio:
te&lt;; contra mí. Si vo tuviera tan mal caráctar como tú
-Enriqneta, puede que hubiera sido mejor no empren- por .mi buena voluntad y mi indulgencia sino una humiiríamos ha11ta Pl P·xtremo de enfatiarnos y ¡bonito resulmá@.
tado para los do~!. ........ No te he llamade solamente pa- d~r eee trabajo. Vignot es un viejo, un hombre ilustre, llación
La Sefiora Mos~ler no respondió en seguida, pero sus
ra predicartP moral; tenía también intención dP ofrecerte tu amigo antiguo y hay todas las razones del mundo pa- labios
contenían con trabajo el argumento su!oque necesitas para liquidar tu Pituación. He querido ra explicar el gusto que tienes de hacer esta miniatura. premo trémulos
que, para ella excluía cualquier otro razonamiendejarte na p0C" en el air.e dnranteunos días para que tu- En cuanto á la de Redel, ya es otra cosa.
-¡Qué! madre mía; ¿me vituperas una coea tan senci- to. Por fin no pudo resistir y dijo, con los ojos bril!antes
vieras tiempo ile reflex10nar sobre tn conducta enterade apasionado deseo:
mente torpe. Antes eras más razonable y te contentabas lla y tan natural?
-¡Eh! qué vale todo eso si la reconciliación te propor-No te vitupero, Enriqueta, interrumpió la Señora
con pPdir las sumas qne te ha~ían falta, además de tu
la maternidad. Piénsalo bien, Enriqueta. ¡Un hipem1ión. Ahora contratas empréstitos y te dejas robar Mossler; primero porque no sería justo, y después por- ciona
jo! Un hijo que sería nuestro, que llenaría nuestra vida
l)Or los usureros. Esto Ps lo que me contraría. Tienes ac· que mi cariño hacia tí me lo impediría aun estando en que nos haría prescindir de todo ...... El no nos sen~
tualmente nn -pasivo de tres millones seiscientos mil mi derecho. Pero puedo somi&gt;terte una observación, sin
francos, pegún las cuentas de Eliphas, y estoy segura de vituperartP, y he expresa&lt;lo, con todas las atenuaciones traidor, le educaríamos á nuestro gusto y si era ingratoque no bl\S recibido en dinero contante más de dos mi- posiblt&gt;s, el temor de que nna intimidad demasiado apa- andando el tiempo, nos daría, al menos, la felicidad durante su infancia. Enriqneta mía, sabes que te quiero
lloneR, ¿E~ esto conveniente? nada me ~mporta darte rente con Redel puerta ~er obj..to de críticas.
La condeEa sacL¡dió su rubia cabfza y dijo con sonrisa como si fueras mi verdadera hija; pues bien, me serías
más ó menes dinero todos los afioF; no tienes más que
ci,en veces mas querida si vii&gt;ra .en tus brazos un querualtanPra:
pedirlo· pero no te dejes robar como un simple,
-Bien sabes, q11erida madre. con cnanta deferencia bm blanco y rosado...... ¡Oh! p1én!:'alo, esa es la sola aleVale~tfo, cuya cara Ee había dulcificado paulatinamenacepto todo lo que viene de tí. Si ju1-gas que bago mal, gría que existe para una mujer en el mundo.
te, diio Pn tono más amable:
Ante aq11ella ardiente confesión de sus esperanzas 88•
-1\fochas gracias madre mía. Estaba, en efecto, muy me inclinaré sin disensión. Pern si es otro el que tiene
contrariado por no podPr pagará los prestamistas que me que decir algo de mi conducta desdeñaré su opinión y ere as; ante aquella explosión de egoísmo sublime por ¡0 .
condesa se estremeció. El rubor subió á su
han dado im dinero. T,mía compromisos y era penoso seguiré haciendo lo que me plazca. Tengo por regla ab- sincero,y la
dijo, con voz en la que trataba en vano de apapara mí faltar á ellos. Cuanto más despreciables sean soluta no contrariará !o quP se venera y se quiere y con- frente
gar la indignada vibracion:
esas peraonai,. más creo que se debe exagerar con ellos la siderar nulo el juicio de los demás.
-Madre m(a, tratas de disponer de mí como de las ga-Hija mía, la independencia es muy hermosll, pero
delicadeza. No encontrarme dispuesto, en el momero to
preciso. á pa~ar á esos tunantee, era para mí el colmo de no llevada más allá. de lo qne conviene. Además de mi llinas de tus corrales. Un retoño, no importa cómo ni
persona, con quien aceptas amablemente una gran co• casi con quien, siemp~e que lo ter.gas. En conciencia, no
la humillación.
-¿Tn pensión no es suficiente? ¿Quieres que te la du- munión de sentimiento@, existe tu marido para partici- comprendo la matermdad como tú. Yo la quiero rodeada de lM_~tenciones y de los re!lpetos 11,el padre; pero tepar de los inconvenientes de la crítica.
pliqne?
~
Enriqueta frunció las cejas y dijo, con bastante emo• ner un h1¡0 de un hombre á qurnn desprecio, que habrá
-Te Jo agradecería roncho.
dejado una querida al venir á encontrarme y que me de-Está convenido. 1A.hl Si tú me dieras gueto en una ción esta vez á pesar de eu fuerza de carácter:
-¡Oh! J.,1i marido no es sensible á las cosas qne me jará para buscar otra, me harfa enrojecer como la más•
cosa; si rne presentaras un dfa un heredero de tu nombre, ¡qué caro te lo pauarfa! Podrías ponerle en una ba- conciernen; lo ha probado mu v bien, y le creo indiferen• degradante humillación. ¿Y qué sería ese niño, concebido entre dos caprichos galante@, al salir de una fiesta
lanza y vo ponJríl\ enºPI otro platillo su peso en bille~e te í Jo que yo pueda hacer de bl1eno ó de malo.
-Eso indica una gran amargura y un gran desconten- y no en el recogimiento tierno del amor, sino en la preo:
de mil flancos y af'íadiría todavía los más hermosos br1·
cupación venal de los intereses? Un corazón ligero una
to, hija mía..... .
liante~ qne se pn&lt;l;eran encontrar para la madre.
cabeza vacía y, más tarde, un libertino como su padre
-Muy justificado.
Valentín se echó á reir.
¡ Líbreme Dios de darle la vida! Prefiero permanecer ee:
-¡.Has recibido tan serios agravios?
-Par11 PSO hubiera sido preciso no darme una mujer
-Tu asombro consiste en que nunca me he qi:,ejado. teril, eola, abandonada, á ten•r que llorar un día por haque e_~ sólo espíritu y que no deeciende á la mat~ria. ~i
lnR hijos SP formasen en el cerebro, como le sucedió á Ju · Quería y auiero respetar tu tranquilidad. ¿De que servi- ber producido un desgraciado más.
-¡Oh: dijo la Sefiora Mossler con amargura· me nieniter con Minerva, podría usted contar con Enriqueta. rían, además, mis recriminaciones? La situación no cam- gas
lo qne era la suprema esperanzr de mi vida:
Pero ea una persona demasiado quintaeeenoiada para mí; biaría por eso. Con-:iene, pues, bajo todos aspectos ca-¡Bah! Si quieres absolutamente un nifio, exclamó
no estoy á su altura y se puede apostar que no lo estaré llarse.
La Sefiora Mossler inclinó ~u blanca cab-:iza y reflexio- Enriqueta arrebatada por la cólera, manda al conde de
nunca.
-Me parece. sin embargo, que podrías ocuparte de ella nó durante unos instantes. Del parque subían los gritos Contras que adopte uno. Así te devolverá lo que le has,
de los bateleros ocupados en sacar lae redes, y la activi- dado. P~ro no insistas en hacerme víctima de tus planee
un poco mw. Es joven, encantadora........ .
dad alegro del exterior hacía resaltar el silencio pesado de sucesión. Valgo más que el papel que tratas de impo-Sí. mamá. pero su encanto es frío.
de la habitación y acentuaba el contraste entre la vida nerme y no he entrado en esta casa únicamente para Ja.
L11 Seiiora Mossler movió la cabeza con desilusión.
.....•
-BiPr veo que en la vida no basta cuanto se hace pa- libre y descuidada de los pobros y la existencia llena reproducción
La Sefiora Mossler palideció, las lagrimas acudieron á
ra qne los sucesos ocurran de un modo satisfactorio. Es de sobresaltos de los ricos.
-Sé, dijo la Señora Mossler, que Valentía no ha sido sus ojos y di jo, acercándose á la joven:
urPCiPo contar r.on lo imprevisto, que descompone lo~ me-¿Tan gravemen_te te ?e herido, Enriq1;1e.ta, que mejorP11 ulanes. Uninndo un Joco como tú c;&gt;n esa joven ra- un modelo de cordura y que puedes dirigirle acusaciones
respondes con tal v1olenc1a? No era tal m1 mtención y
zonable, "reí mejorar tu11 disposiciones y volverte más por su ligereza, pero no esperaba encontrarte tan he- te
ruego que me perdones.
juicioso. T,odo ha resultado al revés, y las mismas cuall- rida.
A estas palabras, en las que brillaba la natural bondad·
-Es
que
me
creías
menos
enterada
de
lo
que
ha
hecho.
dades qne había buscado, sirven de obstáculo á mis deDesgraciadamente no me ha dejado ignorar su conducta, de la Señora Mossler, la conde~a sintió disiparHe todo su,
PeoR. Si tP hnbiera escogido una mujer tan frívola como
resentimiento y dijo, a rrojándose en los brazos de aquetó. acaso la hubieras adorado. Empiezo á creer que no pues ha hecho alarde de ella con tan completo olvido de lla generosa mujer:
r.onviene ~xa~erar la prudencia ......... Pero yo hablaré á lo que me debía y se debía á e( mismo, que le he encon-No; no tienes de que exc11sarte. Soy una loca al abanEnriqupta. Puede que, por su parte, sea más severa de trado con mujeres perclidas en pleno día y en los sitios donarme á este arrebato; pero es que, de todos los asunmás
frecuentados
de
P.arís
......
Nunca
he
podido
dudar
lo conveniPnte.
- ¡Oh! Yo no la acuso, madre mía, y me contrariaría que me engaliaba. Me he limitado á cerrarle la puerta tos, este que has abordado es el más penoso para mí. Sébien que negándome á tus deseos, engaño tus espeen extremo que pudiera creer que me he quejado de ella. de mi habitación, -pues soy demasiado orgullosa para muy
y no pago mi deuda hacia tí, que me has cogido-PuedPs estar tranquilo. No diré más de lo que deba. quejarme de sus infidelidades y deJJ?asiado delieada para ranzas
pobre y sin porvenir para pagar mi fecundidad con r iVal•mtfn tomó estas palabras por una despedida. En conformarme á a1ternar con las mu¡eres en cuyo prove- qu~z_as, con lujo. con eleganc~a. No pu~des, sin embargo,
realidad. habiendo conjurado la tempestad que empezó cho me era infiel. He recobrado, pues, mi libertad, y exigir de mí todas las concesiones y nmguna de mi m apor amenazarle y habiendo conseguido las sumas que pe• aunque estoy decidida á uear de ella, reeistiré toda tendía en vano hacía una semana, no tenía que hacer más tativa que tenga por objeto limitármela. Estoy rodeada rid.). No merezco estar á la disposición de tus fantasía&amp;
y an~~ que presta~me á ellas -preferiría alejat que marchara". Se aproximó á la Sefíora Mossler y dijo, de nnos cuantos amigos adictos que me hacen olvidar pasajeras,
con las satisfaccianes del espíritu mis decepciones del me de aquí y v1v1r en. la medianía, pero mdependienteJ
cogién1ola la mano:
corazón. El Señor Redel es de los mej.&gt;res, de los más respetada.
-,.No querías nada más?
Lo que pedía era tan justo y tan noblemente pedido, -,-Olvidemos las co8as desagradables; pero está conve- estimados, y no dirás que es di, los menos estimables; estaba
al hablar as( tan bella, con su pudor sublevado .
niiio q11e me complacerá:! en lo que se refiere á Celina. tú misma me Je has presentado; no veo, pues, qué se que la Señora
Mossler vió perdida sn causa. En el fondd
Valentín no reRpond1ó más que con una inclinación de- puede criticar en nuestras relaciones amistosas, y te pre- de su conciencia
se levantaba una voz que decía: «Esta
frentP; besó la mano á su madre adoptiva y desapare- vengo mny afectuosamente que no toleraré que se enmnjer tiene razón; la has comprado para tu hijo y ea él
ció. La Sefiora Mossler s,n perder tiempo, quiso realizar cuentre en ellas nada reprensible.
-Mi qnerida Enriqueta, nadie piensa en forzar tu vo- quien la ha desdeñado. Nada le debe por lo tanto. ReRu proyecto y se dirigió á la habitación de la condesa. Sená tus !)álculos, abandona tus proyectos; pero no
tada cerca de la ventana, al lado de una mesa, Enriqueta luntad y Valentín no me haba de tí sino para elogiarte. nuncia
hagas á es.;a ¡oven responsable. La causa de tu decepestaba pintando con gran atención una miniatura. Era Soy yo quien se qu.._ja de ese_ !\lejamiento que acauas de ción es el otro. el feroz libertino de corazón helado y caun retrato de Vignot, puesto en un marco azul celeste en explicar con tu claridad habitual y que tanto me comf'l q11e estaban bordadas las notas musicales. La cabeza placería hace_r c..sar. E~ cierto que las_ ~nipas de V_alen- beza vacía.» Y profundamente triste, la Setlora Mosalerde Padre Eterno d~l viejo ma~stro lla..uaba la atención tín para contigo son senas, pero yo, v1e¡a ya y que ¡uzgo se inclinó resi~nada bajo el peso de una nueva p ena y
A su nuera:
por su parPcido. Al ver entrará la Sefiora Mossler, En· fríamente las cosas, no me parece que son imperdona- dijo
-Tienes razón, Eariqueta, soy una egoísta. Jamás me
riqueta dejó su obra y se levantó sonriendo. Estaba vea• bles. A medida que avances en la vida, hija mía, compronunciar palabras semejantes. Vive dichosa,
tida con una bata de seda tornasolada, con adornos de prenderás mejor cuán necesario es mirar con indnlgencia oirás
punto de Venecia. y sus hermosos cabelloa dorados, de á los hombres en general y á los maridos en particular. querida hija, ya que la libertad substituye en tí á la.
naturales ondulaciones, avaloraban su tez rosada y sus Sé que e@ culpable, pero ¿eres tú inocente por completo? dicha.
La condesa ofreció su frente á la anciana y respondióojos negros. Resultaba de ese modo de una bdleza altiva ¿Estás bien segura, hija mía, de no haber sido con él deque daba un poco la razón á su marido cuando hablaba ma;iado indifereate y de haberle dado las alegrías que con ardiente efusión:
-¡Gracias!
de su frío encanto. Más que una simple mortal, parecía él ha querido buscar en olra parte? Bueno es que el esCon su paso silencioso y ligero la Señora Mosele• se
píritu predomine sobre la materia, pero es preciso no ha•
una diosa ó una reina.
cerse demasiado etérea, porque, entonces, el marido, alejó.
-1C6mol querida madre; ¿ya en movimiento?
vive sublimado hasta el cielo, busca á en mujer
A la misma hora, en el terraplén del jardín, al aire li-¡Ohl no eres la primera persona con quien hablo hoy quelanotierra
y, si no la encuentra, se va á buscarla Dios bre y al abrigo de loa indiscr,itos, .i quienes se pod,a Ter
J&gt;')r la mañana, mi hermosa Enriqueta; tu marido acaba en
eabe dónde. En suma, querida mía, de todas estas confi- venir desde lejos, Valentín logro coger sola á Celina, que
de tener conmigo una larga conferencia.
dencias resulta que entre tu marido y tú hay una difeLa condesa no pestafieó. Parecía decidida á no ocupar- rencia que te suplico con insistencia procures hacer había bajado con su marido para ver las peripecias de la.
pesca. Federico se adelantó hasta la orilla del eatanqua
se de lo que se refiriese á Valentín, y la reserva de su acá fin de contemplar los arg;,ntados peces que se agitaban
titud fué tan acentuada, que la Señora Mossler se quedó cesar.
Enriqueta se quedó, á su vez, pensativa. No podía des- en las relucientes mallas, y Celina se sentó, preocupada
algo indecisa. La anciana dió una vuelta por el cuarto y
conocer las buenas intenciones de la S..ñora Mossler y le y triste, junto á la ba:austrada de piedra. Un cálido ra•
dijo, al ver sobre la mesa la miniatura:
repugnaba deEcubrir su pensamiento completo respecto yo de sol entibiaba el aire y la joven, gozando de aqnel
-¡ A.hl Es tu ami~o Vignot ...... ¡Cómo se le parece!. .. .
de Valentín. Prometer una modiñcación en su actitud le dulce calor, miraba distraídamente el espectáculo que se
¿Es un regalo que piensas hacerle?
-No, querida ma:ire; estoy haciendo este retrato para parecía una debilidad y rehusarla un mal proceder. Su ofrecfa á sus ojos, cuando un ruido de pasos le hizo volmí. Quiero conservar un recuerdo muy exacto de este naturaleza leal no se resignó, sin embargo, á un engafio ver la cabeza. Lanzó una exclamación y se puso pálida;
Valentín estaba detrás de ella. La joven hizo un moviy quiso ser franca haPta el fin.
admisable artista.
-Madre mía, si no comprendo mal lo que me acabas miento para alejarse, pero él la cogió familiarmente por
-¿No tienes más que esta miniatura empezada?
Enriqueta abrió un cajón y tomando una hoja de de decir, lo que deseas es que reanude con mi marido el brazo, sonriendo y la obligó á permanecer sentada.
los lazos que él ha roto. ¿Me haces esta petición con su .!.l mismo tiempo dijo:
marfil:
-Cuide usted de no agitar3e mucho; se nos ve desde
·
-Tengo ésta, dijo, del coronel Redel ...... Pero no está · asentimiento?
-Dime g_ue estas dispuesta á una reconciliación y yo todas partes. Prevengo á usted, además, que si trata demás qne b'&gt;~quejat!:i.
0

6

DICIEMBRE,

1896.

-escaparse, la detendré á la fuerza suceda Jo que quiera
Me iratl;\ usted como enemigo; n~ le extrañe que hag~
yo lo mismo.
Celina_ perm~neció at~rrada delante de él fa11.a de aliento, los o¡os vacilantes, lll~J!az de tomar una resolución,
tt:mblando como un pa¡anllo fascinado por una serpiente.
-Es necesario a~solutamente que tengamos cinco minutos de conferencia. A solas no será usted acaso tan
osad~ como delante de testigoa, y en todo' C!'so podré
ex¡:hcarme claramente.
'
La joven contestó con voz ahogada:
-:-¿Pretende usted obligarme á escuchar lo que no
qwero?
-Más aún, Señora; pretendo obligar á usted á responderme.
.
-¿~eré libre de alejarme de usted cuando haya respondiJo?
-Perfectamente.
-:-Entonces pre~unte usted de prisa.
Vatentín mostro una sonrisa zumbona.
-No se puede ~cusar á usted de hipocresía ni de disimular sus 1mpres10nes. Ante tal declaración debía no
tener nada que preguntarla, si estuviera bien' seguro de
que n? se engaña usted á sí misma.
La ¡oven enrojatió de cólera sus labios se crisparon y
con una_fuerza de indignación que la p0nfa fuera de sí
respondió.
'
-¡Oh! no. Soy mur eincera, muy coneciente y estoy
muy segura cuando digo á usted que le desprecio y que
~e execro. Es usted el más miserable, el más vil y el más
msolente de los ho~bres, y si yo pudiera arriesgar mi vi.
da contra la suya, mtentarfa matarle con la más completa alegría.
Después siguió callada, llorando y con el pecho agitado
gor los sollozos, no queriendo rebajarse á reconocer que
abía allí un hombre que acababa de injuriarla.
VI
A consecue~?ia de estos inci.lentes, resultó muy claro
que la expeu1c1on ?ªrupestre de los sefiores de Contras
á la Chapelle-Sauv1gny n~ sería ya muy duradera. Los
seflores de Cleme~t volvieron á París y el conde cesó
completamente de ir al campo. Valentín se instaló en su
casa como solte~o, ~on un solo ayuda de cámara. Comía
ª!1 el club y se limitaba á pedir todas las mañanas notiCJ.aa por teléfono á casa de su madre. Enri;¡_ueta y Jase•
fiora Mossler retuvieron aún por una eemaua á Redel á
Vign?t Y á Ferrand y después se encontraron solas. No
les disgustaba esto, pues sabían cupar bien su tiempo y
~o c~nocían el aburrimiento. Pero la señora Mossler
lllqUJeta por lo que haría Valentín, propuso á su nuer~
el. regreso á París, á fin de octubre. La condesa no tenía
nmguna razón pa1a J?Brmanecer allí, puesto que no iba
al campo por moda m por economfa. El argumento de
que París está dE;Eierto en o~tubre no tenía valor alguno
para. ella, Y vol v1ó á la avenida de Friedland con toda su
e~rvdidumbre, lo que puso fin á la d :liciosa independencia el conde.
Hacía u_n mes que yalentín había olvidado por comple•
to que existía su mu¡er, pero no que no existieran las de
los de.más. En ma_t~ri_a de sentimiento, aquel caballero
rsencial!111:~te p0S\tlVISta, practicaba el sistema del simi•
is cum similibu.s y siempre se había curado una decepción
amorosa cou una nueva aventura, con lo que Je había ido
~rf~ctamente. Hasta entonce&amp; había vivido con la conb~cc1ón. de que una mujer vale tanto como otra y de que
1en mirado, con un poco de imaginacióa 88 consigu~
cd ómodamente olvidar á una infiel en ocho' días al lado
e otra bella de mejor voluntad.
'
d Esta homeopatía del amor fué enérgicamente practica. a por él desde su regreso :i París, y para curarse de Cehna l!!~ puso á punto de envenenarse con una encantadora p~ruana, la sefiora Semaraes, que pagaba la buena
acog.1da que le h!'bfa dispensado el mundo parisiense repartiendo reflexivamente aJ9unos favores. Va!entín, que
era de l~s que po~f~n ~er utiles á la buena extranjera,
~ué acogido con d1st1_nción. Imposible encontrar más lina morena qll:e ~osita Semaraes, por lo que Valentín
creyó, por yemt1c1;1atro horas, que había contraído, no
una fiebre h~era: SIDO un fuerte delirio. Pero, repentina"
ente, c~&gt;ns1dero á la peruana como la grippe y se decla~
r á E.Í mismo :iue era 1mpos1ble ocuparse por más tiempo de aquel br\llante y estúpido papa&lt;&gt;'ayo.
d
.día, Justamente, había encontrado á la mujer
e
er1co, que pasaba en coche por los Campos Elí·
Se fué á ~om~r 31 club, triste como jamás lo estuvo
es _e que nació, y no dijo esta boca es mía durante la
comida.. La facundía de Fleurichamp, un bolsista de
t'eg_1a magotable, no logró arrancarle una sonrisa. Em.uti o en uno de los anchos sillones del salón fumó un
cigarro, Y, como la partida de juego no empe;aba hasta
1as once, se fu~ á h~cer tie1!)pO á los Bufos, donde se ha~a una obra d:i ver~1da s!'lpiconada de mujeres desnudas.
ncontró la pieza maíp1da, la música nula y las cómicas
absolutawente repugnantes. A las doce volvió al círculo
ee puso á tallar sin dar á nadie las buenas noches á J.&gt;B'.
sar &lt;l;e que estaba rod~dc de amigos, sacó en vei~~icmco mmutos ochenta mil francosá los puntos petrificados
Y ~c~ando las fichas en el sombrero, se levantó sin deci~
1&gt;a a ra, después de haber causado aquel desastre.
Po_r la mañan~ se levantó con la cabeza mortificada por
una Jaqueca funoEa y, poco acostumbrado á sufrir se
sentó al lado del balcón, lánguido y disgustado. Su a'yuda dí dámara, James, que tenía toda su confianza y le
serv a ~ un modo muy agradable, se aventuró á reguntar s1 el setlor conde se ser.tía indispuesto y si qu~r(a
dea¡¡dn~s_e, :r Valentín se proporcionó el alivio de llenar . . e .mJurllll! J'. de amenazarle con toda clase de violencias s1 no le de¡aba en paz. El criado desapareció y
un cuarto de hora_ después el conde le llamó con furia
¡ara pregu1;1tarle s1 es~aba l'?()O al no traerle con qué vest lr ;para sal_ir. J~mes, impasible, ensefió á su señor siete
ra¡es see-wdos BID conseguir que eligiese uno· por fin el
octavo obtuvo su aprobación y, á eso de la u~a, Valentfn descendía los Campos Elíseos con el estómago vacío,

6

-\,4:iel
~eod

ELMUNDO.
las piernas débiles, la cabeza embrollada y á pie. Se detuvo en casa de .Mq.xim's, pidió un pedazo de pollo y una
~a de !,é, y reammad? por aquel refrigerio, se dirigió
mconsc1entemente hac1.a la casa de los señores de Clement.
. Ad v_irtió que había llegado antes de darse cuenta de la
dirección en que an_daba, ent~ó y preguntó si la señora
estaba en ca8a y recioía. El criado se alejó. Valentín es•
peraba que 1~ cerraría_n la puert;;, -pero con gran sorpresa ª1!-Yª, f~é mtroduc1do en el salón. Reinaba allí una
sem1oscuridad reposada y Valentín se conmovió ante
aquella tranquilidad y aquella penumbra. Le pa•eció
que todo aquello e~a el medio que conven fa á la delicada
Y. encantadora Ceh!la y se ªl?oderó .de él una especie de
~1erno. re~peto que ¡amás hab1a sentido por ninguna mu1er. S1.m1ó, á poco, el ruido de frescas risas y unas voces
mfant1les; la puerta se abrió y apareció la sefiora de Clement, con su hijo y su hija.
Los tres formaban un grupo de inocencia y de honradez que parecía indisoluble. ¿Cómo separar aquella ma·
dre de aquellos hijos? ¿Quién sería bastante audaz para
co~~rla en medio de ellos? Allí, en aquel terreno de familia Y teniendo por aliados aquellos ángeles de dulce
cara Y blond~ cabAllera, Celina tenía que ser invencible.
Este pensamiento cruzó por la mente de Valentín como
un r!llámpago. Comprendi6 que si le había recibido, lo
habia hecho para mostrarse á él en toda su fuerza y hacerle comprender que prefería á toda pasión por ardiente que fuera, la ternura de sus hijos. Así lo' expresó tan
clar:lmente con su sonrisa triunfante mientras avanzaba
hacia él, que Valentí!1 palideció de' dolor. Con mucl&gt;a
calma Celma lt:.of~ec1~ la mano, por vez primera desde
el día fatal, Y: d1¡0 md1cándole un asiento:
. -Iba á salir, p~~o no he querido perder tan buena ocasión de tener n?t1cias de Enriqueta y de la Refiora Mossler. ¿ Las ha de¡ado usted buenas?
-Me han ~icho _ellas mismas esta mafia na, por teléfon?, que todo iba bien en la Chapelle-Sauvigoy. Todo lo
bien, al menos, que puede ir una casa en la que usted no
está.
Celina sonrió con melancolía.
-¡Oh¡ "(o no no era una hué-;peda muy alegre ...... y
estos quendos pequeños me llamaban á París. Habían
vuelto ~e casa de s~ abuelo y se aburrían sin mí.
La mua, una rubia de t~es años, estaba abrazada á su
mailre Y con sus grandes OJOS azules miraba atentamente
á Valentín. Este le tendió la mano y con aquella voz á
!a que. sabía d_~r, cuando le convenía, tan acariciadoras
m!l.ex1ones, d1¡0:
-¿Q~iere~ venir á darme un beso. bonita?
La mñ_a hizo ~~ ~~vimiento para ir, perQ la contuvo
u~a pres.1ón casi mv1s1ble de las manos de su madre. Al
u•1smo tiempo respondió Celina:
-Es muy huraña...... No se deja acariciar más que por
su ma11:1á y su papá...... ¿Verdad, Ninette?
.
La mñ.a rodeó co1;1 sus bracitos el cuello de su madre
Y, camb1ad~s ,sus ideas por aquella afirmación que le
agradaba, muo á Valentín desde su sitio con un aire de
burlón desafío.
- Veo que es muy vbediente, dijo el conde no sin
amargura. Ama á usted tiernamente, como usted merece
ser amada..... .
Celina n? p~reció notar el doble sentido de la frase pero respondió sm embargo:
'
. -Por eso pro~ura no disgustarme. No se prueba el canfio más que evitando toda pena al que se ama
Valeµtín suspiró y dijo con voz ahogada:
······
-A11uí, en est~ cuadro de vida íntima, es preciso verá
usted para apr.eciarla. Lo_s que no conocen en usted más
que la elegancia· y la gracia que muestra en sociedad no
saben. todo el ~n?anto que hay en usted......
'
Celm~ e~ro¡ec1ó á estas palabras, que no disfrazaban
los aent!m1entos d~. Valentín, y se sintió mal para oírlas
en medio de sus h1¡os.
-Pero, ahora que me ocurre, interrumpió mi marido
debe estar todavía en casa y sentiría segu;amante no
ver á usted.
'
'
La jov~n t~ó C0!3- la mano en el hombro á su hijo.
-Dame), mira si está tu padre en su cuarto y dile que
hay ª°: el sal~n una -persona que le gustará mucho ver.
El n!fio sahó corneado. Hubo un silencio que interr1;1Jllp1ó e l conde diciendo casi en voz baja como á sí
mismo:
'
- ¿~I obstáculo n~ era s1lficiente? ¿Hacía falta ot.ro?
La J?Ven no pareció haber oído. Era evidente que eataba dispuesta á no hacerse cargo de lo que hubiera de
al.armante ó de escabroso en las .frases del conde. 1'.:ste
hizo un ademán de despecho y dijo:
-Pero ¿qué importa, cuando se estii decidido á vencerlo todo?
Aquello era una renova?ión de la declaración de guerra, á la que ella respondió por una mirada de cólera
¡Cómo! Ilpn su c~aosaba amenazarla todavia! ¡Cuand~
había tenido el cmdado de enseñarle cuanto podía hacerle ~omprende~ la loc~~a de su tentativa, persistía en ella!
Se mch_nó hacia su h1¡a y sumergienio sus labios en el
oro páhdo de aquelJa cabecita, preguntó:
-¿Qué se hl;We con los niños desobedientes Ninette?
-Se les castiga.
'
-¿Y si no se enmiendan?
-Se les deja sin postre.
-¿Y ei eso no basta?
-Ento~cea se lee mete en un colegio, como dijiste un
día á Dai:i!el, ~ra que no vean más á su mamita.
-Sí,_ d1¡0 Cehn:i, eso es; obedecer ó salir de la casa.
Y m1~ó tan altivameate á Valentín al formular esta
sentencia, que el conde no pudo dudar de que aquella era
la respuesta á su deeaf!o. Pero le faltó tiempo para responder, porqne Federico Clemententró con Sil hijo El
cond~ se leva~tó para ir al encuentro del banquero ·y puso c~1dado en rnd1car que ya se marchaba porque Ja presen~1a del marido le pareció insoportable.'
D1spelli!e 11,¡ted que le haya distraído un momento de
SllBh n egoc1os, p~ro no he querido marcharme sin estrec. ar1e la mano.
-¿Tan de prisa está usted?

363
-~a sabe usted que no hay gente más ocupada que
los ociosos ..... .
• .A.1 ~abiar estaba examinando á Federico y pensaba: Es
1mpos1ble que ella ame á este áspero y deslucido purita·
no. ¿0611:10 ha de gustarle este experto en contabilidad
que no piensa má!! que en sus liquidaciones? Venctrá un
JJ?0rdento en que la y,:ilveré ácoger á pesar de su resistencia, y qued:irá de~mt1vamente conquistada. De este modo toda la 1mpres1ón favorable del aparato escénico dispuesto P?~ Celina, ~e borró en Valentín, que aacó de
~uelia Vl8ltf;\ resoluciones más osadas fJ.Ue nunca. La mu¡er de Federico lo sospechó porque su semblante se. puso
B?mbrío y ~us. facciones ~elicadas tomaron una expresión de sufnm1ento. Suspiró y cogiendo á su hija como
para su_straerla al contr.cto del conde, -hizo un ade~án de
despedida.
-Ahora que dejo á usted con mi marido me voy porque es la hora ~e J!evar. á paseo á mis hijo~,
'
Valentín se rn.clrnó sm resl?onder y 6iguió con los ojoa
la encantadora s1!11et~ de Celma que se alejaba arreglando su paso al de. la mfia. La puerta se abrió y la joven
madre desapareció en la penumbra de la pieza vecina.
-¿Va uste~ esta noch~ á la Chapelle-Sauvigny? preg.nntó Feqenco por decir algo, porque se encontraba
s1.empr1: violento, delante del conde con el cual no tenía
muna idea comun.
. -No. por cierto, respondió Valentín. Las noches son
mtermrnable!: en el campo. Después de haber jugado una
docena de partidas de piqu_et ó de whist con la sefiora
~ossler, ve uno con angustia que no son más que las
diez. Las señoras se acut&gt;stan y se queda uno solo
compafüa de un cigarro. Es para morirse.
' en
- Y después. el círculo le retiene á usted
-¡Oh! no. M~ aburro allí y, fuera de la~ hora, de e0 _
mer, no voy casi nunc.a.
.-S~ dice, sin embargo, que talla usted bancas extr~ordmarias ..... .
-¡Ba~! historias antiguae...... ¡Eso se acabó!
-¡Me¡or! porque esas antiguas historias afligían á sus
buenos.amigos. Una.persona del nombre yde la valía de
usted tiene cosas me¡ores que hacer que manejar Jas cartas para gan~r ó p~rder sumas que no pueden hace ¡8
más pobre m más neo.
r
La f~en~e del conde se contrajo, pero hizo un esfu
Y cons1gmó.desarrugar el entrecejo.
erzo
-;-iAhl_ ~1ene usted mucha raz?n··· ·:· En adelante no
qmero v1v1r más que para las sat1Bfacc1ones intelectuales
Y morales .... :. Los goces del alma y del cora·.ón, esto es
lo que yo qmero. .... : Iré á los sermones y no me ocuparé
más que de una mu¡er ..... .
-¿La de usted?
-Si es posible. Hasta. la vista, querido. Anuncie usted estos buenos propósitos al señor Eliphas. Si ¡08 cree
le complacerán......
'
- ¿Y por qué no ha de creerlos?
-¡Ah! Es muy excéptico en lo que á mí se refiere
-Pe~o dese!' mu~~o cambiar de opinión.
•
-Ad1óe, adiós, di¡o Valentín alejándoee. La virtuosa
at~ósfera de esta casa obra sobre mí. Siento que me
me¡or~ á marchas forzadas ...... Un poco más y será ya
demasmdo..... .
Se echó á r~i~ y, abrien~o la puerta, bajó lentamente
la escalera, diciéndose: Tienes, amigo, un aspecto de
p_astor echanqo ser~ones que me fastidia hasta lo ¡
.
s1ble. Tu mu¡er me mdemnizará.
mpo
Se hizo 3!1iduo concurrente á los sábadoit de la condesa, que abnó de nuevo su salón á los amigos en cua t
!legó á París. Allí e1:1contraba á Celina, que no podía de~
¡ar bruscamente de ir á casa de Enriqtleta pero v J
tín n_o la hab:aba más que lo preciso para ~o parece:
polít1co. La se~ora Mossler, que seguía con la vista á
Valentín, se de¡ó enga~ar por esas apariencias y ere ó
firinemente que el C!'pncho del conde había pasado ~8
lo que se mostró satisfecha.
'
Valentín, siei'l.pre fiel á su sistema homeopático t
taba de ocupar eu fastidio con distracciones amo:os~:Un día_ en que se paseaba i,or el boulevard, encontró e~
la esquma de la calle de [,epeletier una muchachilla de
belleza. B?rprendente qu~ iba trotando sobre unas botas
muy v1~¡a~ y con una ca¡a de cartón al brazo, y la siguió
P?r cur1~s1dad, pues era una criatura qu., apenas tendría
diez Y s~1s afies y con lf:l más adorable cara de madona
que pudiera sofiar un prntor. La obrera Je condujo á 1a
ca!le qe Ramey, t:n Montmartre, ante una sucia casa de
sel8 pisos, decrépita y l~prosa, en cuya fachada unos tubos de plomo escupían las aguas fétidas de las coc·
La muchacha se metió, con listo meneo de faldas mas.
una puerta Y: se perdió ~n el obscuro corredor, mie~lt~!
Valentín, mirando hacia :lrriba y con los pies en el barro, buscaba en vano el p!SO en que podía vivir Ja enea _
tadora obrera.
n
. No ~e p~tó á o~servar, pues disponía de nn medio de
mvest1gación de rnfalible seguridad. Tomó nota en
de sus tarjetas, del nombre de la calle y del nú~erouda
la casa, y con el bastón debajo del brazo se volvió ai
centro de P~rís. Por la noche, en el círculo, antes de
empezar el ¡~ego, se hablaba de mujeres en l'ln
uefio
gr~po de amigos y el rechoncho Bache!et, para [~n no
e:ustía el placer como no costase de doscientos pesos en
ª?elante, esta~a tratando con calor la importante cuestión de los ba¡os refinados y lujosos, cuando de repente
Valentía, _que había.escuchado la convereación distraí•
damente, mterrumpió á su amigo y dijo:
-En resumen, toda esa argum~ntación consiste en
declar:lr que una fruta pasada, envuelta en encajes es
preferible á 111:1-3 fruta e~ sazón envuelta en un si~ Je
pa~I. Pues bien, se equivoca usted. -a fruta vale por
sí misma; la envoltura no se come. Vea usted hoy ph
El?Contrado u1:1a modistilla que llevaba unos ve'¡nte cén~
timos de vestidos en el cuerpo, unas chanclas en ¡08 pies
que hacía~ ll~rar y una toca de perro sabio en la cabeza
Pues la ch1qwlla era encantadora. Pueden ustedes
:
ner á su lado t?das las Bertas de Fontenoy y todas ~
Andreas de Taillebourg, y ve!án Jo que resultan.
-¡Oh.1 Nuestro noble amigo cae en el amor cana
11ezco.
-

i'.:~

�364

EL:M:UNDO.

6

DICIEMBRE,

1896•

grande era su emoción. Durante algunos segundos ofre•
colación publicó entre sus noticias estas líneas en apa- ció á Enriqueta, desolada, el eepecr.áculo de una vercla-No caigo tal. Os trado7.Co una sensación que he ex·
riencia inofenei vas, pero pérfidas en realidad:
dera agonfa moral.
perimentado, y ee, que la bdlleza lo ee por si sola, sin
11rn salón de luto.-Se dice que el coronel Redel ha
Quedó aterrada al penet.rar bruscamente en aquel al•
ninguna ayuda, y que vuestras pretensiones de elegan· sido designado para el importante cargo de jefe de Esta• ma basta entoncee cerrada y cuyas profundidades podía
cia le son mútiles, por no decir perjudiciales.
do mayor del cuerpo de ocupación del Tonkin. La elec• sondear en aquel momento, y sintió un dolor imprevisoo,
-¿Lg, moza de mesón, entonces?
ción no ha podido aer más acertada, pero ·¡cuánta pena una compasión no sospechada. Al fuego de aquella pasión
-No exageremos.
•
va á causar la partida del brillante oficial en el gan mun- sincera, se estremeció dentro de ella la mujer que nunca
-Oiga usted, Valentín: ¿sabe usted el efecto que me
había amado. DE&gt;jó de verá Redel bajo su aspecto a.coa·
do parit!iense!11
hace·.• ~I de un estragado que busca sensaciones originaEl mismo día, á las seis, se presentó Redel en casa de tumbrade y le pareció, de repente, q11e era otro hombre
les ...... Hace un momento nos hablaba usted de las fru- la condeea, que recibía generalmente á. sus íntimos á la y que s0 manifestaba con otra fisonamía, con otro aire,
taa pasadas; desconHe uated de las verdes.
caída de la t.arde. Introduciendo en el saloncillo que la con otros sentim1entoe. Después de haber permanecido
-Es muy peligroso ese gusLo. Su resultado más fre•
sef'iora de Coutras ocupaba con preferencia, encontró so• sola con él con tanta frecuencia, en el eapacio de algunos
cuente es el chanta9e¡ hay que huir como de ta peste ..... .
la á su amiga, que leía al lado de la alta chimenea de pie- meses, sin más inquietud que si ee hubiese tratado dt&gt; un
-¡Bah! Pero senores, ¿á dónde diablos van usledee á dra e~culpida, en cuyo frente figraba el retrato del conde hermano, se sinti(&gt; entoncee turbada y llena de emoción.
parar? ¿Por qué no me hablan ya de la policía corree• de Contras hecho por Felipe de Cbampaigne. El ancho
Hnbiera sido ya incapaz de disertar sobre la opinión ni
mirador que daba á la avenida de Friedlirnd estaba cu- de analizar la aocieda i, y sentía más deeeos de pedir per•
cional?
-Porque en la posición de usted no se va á. ella. Se bierto con una persiana roja. La alfombra ensordecía el dón á Redel 1&gt;0r haberle afiigidJ que de explicarle por
ruido de los pasos. Los tapices que mostraban en las pa• qué era necesario que sufriese su afücción. Le miró con
paga y se acabó.
-Si no se da con una familia de buenas pereouas de
redes sus eecenas de caza, las maderas de roble barniza· una dulzura que jamás bebía asomado á sus ojos y sin
la9 que no juegan en cuestión de costumbres y os rom- do, el techo, pintado á imitación de Berain, absorvían la duda resultó así mucho más bella ó mucho menos impo•
pen la cabeza para enseñaros á no perEeguir muchachas.
luz de las láooparat y daban á la vasta pieza un recogi • nente, porque el Coronel recobró en seguida el uso de la
-¡Oh! Ya "'nemos aquí la. historia del general ...... El
miento íntimo. Enriqueta, al ver ent.rar al Coronel, le
y dijo bastante inteligiblememe:
asesinato en la cueva de la casita de Chatillón ...... ¡Tie- ofreció la mano, que él besó, y le dijo, indicándole nn palabra
-Jamás tendrá.usted, sen.ora, servidor más fiel que yo.
nen ustedes una imaginnción!
Créame usted: daría sin vacilar mi vida. por evitarla un
sillón:
-Pero, qué, querido ¿va ust.ed á negar los í.&gt;eligros de
-Siéntese usted ahí. ..... Es usted muy misterioso, real- disgusto. Me acusa u~t.ed por no haber querido partir¡
los amores de contrabando? Los periódicos están llenos
mente, y tengo una queja contra usted. ¿Cómo es que,
pues bien, voy á. solicitilr un puesto que roe alejará para
de accidentes que parecen inexplicables. "Coa. mañana viéndole casi todos los dina, sé por los periódicos las no- mucho tiempo. Slcrificaré todas mis alegrías á su tran·
se encuentra en el Sena el cadáver de un hombre elegan- ticias importantes que se le refieren?
quilidad, dichoso por haber podido ofrecerle esta prueba
ie y )ove,, coo las manos atadas y un balazo en la cabeRedel enrojeció coma un niño cogido en falta; miró á
adbesión.
za. ~d sabe que el sei\or X ó Z ...... PdrO ¿quién le ha
la condesa con cierto embarazo y dijo después con voz de.Ante
aquella declaración tan franca, en el pensamien•
echado por el puente abajo después de romp1::rle la. aristo
de
la joven surgieron la doblez y el egoísmo de Valen•
algo
alterada:
tocrática cabeza? Allf tiene udted á Forcioier, que ha si·
-¡A.bl ¿Se refiere usted á esa estupida iudiecreción?...
t{n y se produjo uua terrible comparación eutre aquellos
do fücal; pregúntele ust~d si se descubre, siquiera, la
-~in duda. ¿~o es acaso exa.cta la noticia?
dos 11ombrea. El stintimiento de._la desp1oporci6n entre
cuarta parte de los autores de los crímenes cometidos.
Lo es y no lo es.
la sentencia que había notificado á Redel y las causas
Dirá que no. Pina ser cogido es preciso obrar con com-¿Cómo?
que Ja habfau producido se apoderó de ella rept:nt.rnapleta torpeia ó encontrar un conjunto de circunstancias
-He me ha ofrecido, en efecto, ese cargo, pero yo no mente y creyó ab~urdo y monstruoso ser tan dura para
excepciona.lee. La policía es tan insuficiente ..... .
quien tan poco lo había merecido. Ona extraila y tierna
le he aaeptado.
-Y además no se ocupa más que de los anarquistas.
La condesa levantó la cabeza y dijo, mirando fijamenparcialidad ae manHestó en ella hacia e: generoso iroldaM,
-Y eso muy mal.
pero, demasiado inteligente para no darae cuenta de ese
-Bien ea.ben ustedes que el Goliierno paraliza su ac- te á Redel:
cambio1 eso mi■ mo la llizo juzgar más necesario que non•
-¿Por qué?
ción y que tiene orden de no comprometer nada ..... .
H~ hecho ya la campafl.a en el Tonkin cuando había ca el alejamiento de Redel. No duieo, sin embargo. d&amp;-¡Yayt\ una novedad! Siempre ha ocurrido lo mismo.
allí que batirse. Hoy, ~ una verdad oficial que la paciEn t.iempo do la monarquía había con frecuencia dos ó ficac1ón se ba realizado¡ nada hay, puee, que bacer en la jar sangrar la herida que acababa de producir y se esforzó
en seguida por curarla delicadamente.
tres policías que se contrarrestaban la una á la otra y
colonia. Que se pelee ó que no se pelee, está con venido
-Me ha comprendido usted mal, dijo, ó más bien ha
p_asaban el tit::mpo en cogerse en falta recíprocamente ....
de anteooano que no habrá acciones de guerra ni, por tanEntonce!'!, los e&amp;Cdpa ios de presidio llegaban á generllles to, servicios que hacer ni hecbos brillantes que realizar. exagerado usteJ. mi pensamiento. No se trata de que usted se dest,ierre, ni siquiera que deje usted de visitarme.
en la Guardia Real. .....
El Tonktn resulta, en tales condiciones, una guarnición Extremar las cosas serla dar también materia á lama.eLa convereación, completamente descarrilada, eiguió como o_tra cualquiera, aunque más leJana, menos sana y
yersar:ido sob1~ lugares comunes sin importancia, u los más fastidiosa que las derruis. No he querido, pues, mar- dicencia. ¿Quiere ust.ed que se diga: «El coronel Redel
no va ya á. casa de la Senora de Coutra.s: deben ~atar re•
que \'alt•nt.ín no p1~tó más que una vaga atención. Pe•
gañados?11 No¡ es preciso ser para conmigo como todos
ro de s.quella discusión sobre los retinaruient.os exterio- charme.
E11riqu1tta conr.inuó con la vista fija en el Coronel, que los demás amigos, no distinguirse de ellu~ por ninguna
res y sonre la calidad de las seneaciones, sobrenadó en
bajab.i loa 030s.
exageración dt, eeutiwi~nt.ozi, ser razouablt, y juic1mo.
eu elipfrirn la idea de que lll muchachula de la calle de
-¿~s esa la única razón?
:Meaiante estas coucee.1oues al q.ué dirán, nada. habri\ re-Ram~y no sería, acaso, una conquista ordinaria y vulgar
Rt,Ciel, que no eabía mentir, respondió, sin embargo,
prens1b1e en nu1.:stta. amistad y t.L día en que, muural•
y de que habría en la aventura el atracth·o de lo impre•
eí, pero esa afirmación salió t.rabaJosamente de aus la• m~nte, el ministro le ofr~zca. un pot:.5tO ventajoto usted
visto. ~ promet.ió, pues, enviar á la joven la más ht\bil
bioa.
lo acepta y asunto terminado. Rusta entonce~ nada ha
de las corredoras de galantería.
-):le h~bían hablado de un Coronel Redel, prosigui(&gt;
de
cawbiar.
A la rniswa hora en que Yalentín, con el más desenfala condeHa, que sólo se complacía en las aventuras leja-Sí, replicó Redel con tristeza; tod.:&gt; cambiará. Entre
dado cinismo proEeguía su camino de placeres, la conde- nas, qne r~ziviraba mal en las ciudaóes y que no secónsa de Coutrn~, en @u orgullosa probidad, reflexionaba sid~raba verdad~ramente dichoso sinu en los vastos es- nosotros el velo est.á ya desgarrado y no podré vivir anti,
sus ojos en el misterio de w1s sentimientos. ¡Era tan dul•
eobr~ las obsenaciones que le había hec.ho la señora pacios, E::e Coront:I está muy cambiado.
ce para mí no pensar más que en usted, sin decirla nada,
Mossler y se preguutaba si uo hacía mal recibiendo fa·
Rtodel retipondió con voz tt,mblorosa:
y rdenrlo todo á us'8d, que era el único interéA de mi
miliarm..,nte al coronel Redel. Tenía ya dudas y la segu-Es q11e na envejecido. La civilización le ha recobra·
ridad de su eepfritu estaba turbado. Hasta que se le ha- do y encuentra ahora dulzur:is en la existencia que an- existencial El carácter anónimo de mi ~rnnra era una
bían sen.alado los inconvenientes de la int,imidad con el tes desdefiaba. Ha contraido aw1stad~H que le sería pe.. garantía para mi tranquilidad. Yo peneaba: Jamás la
nuevo amigo, jamás había penEado que nadie pudiera noeo romper y, en fin, tiene su madr" que ee vieja, á la confeaaré que la amo, pero la amaré á. mis ancbas, oscu•
juzgarla reprensible. Una vez advertida, est.ab1 menos que puede perder de un momento á otro y que no quiere ramente, y nadie podra im¡IBdírmelo.
i"ar~ce que m eet.a dicba me era permitido puesto que
segura de la completa inocencia de sus relacioms con dejarle marchar sin que la cierre loe ojos.
los demá.s me la prohiben y la viol~ntan brutalmente al
Redel. Por reservado que sea un hombre, es difícil que
La condesa Ee calló y con su hermosa cabeza inclinada revelar1a ...... Doy á usted mil gracia'!!, sef'iora, por haber
la tnujer no sorprenda loe sentimientos que ha inspirado.
sobre el pecho, se absorbiO en una seria meditación. Al
teni.io el Vi.l.lOr de sobreponerse á esas críticas y á eees
El amor se manifiesta de tan distintos modos, y todos cabo de un instante, suspiró y dijo:
acusaciones ofreciéndome el quedarme, pero eso ya no
tan claros, que el extremado reepeto es tan expresivo co-Mi querido amigo, va usted ó. ponerme en gran apu- e.a posible. Venir á. su casa rodeado de miradaa hostile11,
mo la más a~asi01,ada osadía.
ro, pues ¿qué responderá los argllfflentos que acaba us·
La adoración muda de Redel se bacía comprender co- ted de hacermei' No podría hacerlo má.e que con razonet1 sentirme espit1.do inicuamente, seda un suplicio intolera•
para mi y usted -.o querrá imponérmel~.
mo la más locuaz ternura. Enriqueta le veía, pues, enteinspiradas en mi egoísmo y nunca podre resolverme. ¡Ah! bleEuriqueta
se quedó callada, pensando en aquel rápido
ramente enamorado, pero no se cuidaba de ello¡ todos Sin embargo, si usted partiera, toC1.o estaría arreglado.
cambio de la situación que la impulsaba á retener á Re·
sus contertulios de los sábados lo e~taban ó lo habían esEl Coronel hizo un brusco movimiento.
del cuando é l no queria quedarse. Bu corazón palpitó vi•
tado, pero nunca la cosa había tenido consecuencias. La
-¿.Mi preeencia, dijo, produce á usted alg11na pena?
vamente al verse tan r~epetllda por el que amaba, por
condesa los había curado con ta1as de té y buenas pala•
-Amigo Redel, hay espíritus !_&gt;erversos que ven el aquel hombre que al declararla su tdrnura no eospecbaba
bras, y poco á poco, una sólida amistad babia sucedido mal en todo y están dispuestos á vituperar las acciones
11 eus inútiles ardores. Todos participaban de la misma más inocentes, y otros eepfritus débiles, siempre dispues- que ella pudiera pagiirsela, juzgándola basta ese punto
incapaz de una falta. loteligencia selecta, al dominar ll
suerte y ,,ivían en buena inteligencia. En cuanto á Re•
tos á creerlea, !Je la alianza de esa perversidad y de esa
del, era diferente, porque jamó.e había pedido nada. Se debilidad nace la calumnia, que no respeta ni áloe hom~ la materia, no sin algún despecho, sintió la alegría de en ..
contrar un alma pura, digna de la suya, y s~ encontró di·
contentaba con vivir dentro de la aureola de b mujer
bree leales ni á. las roujeree honradas ..... .
ch osa como no rocordaba haberlo sido jamás. -Todo la se•
amada¡ le bastaba verla, oírla: No era posible por tanto
.La caia marcial de Redel tomó una expresión terrible,
paraba, sin embargo óe Redel y no la apreciaba plen~·
ofrecerle compensaciones, pues no 11abía ocasión de rehu- y con calma más amenazadora que la cólera:
sarle nada.
-A la calumnia se la aplasta, dijo. Bt\Bta mirar frente menta más que en el momento de perderle. Su propio
Desde el momemo en que la Señora. Mossler llamó su
á frente á. los malvados para hacerles retroceder! Y si al- orgullo y su sinceridad se lo aconsejaban, pue~ en la confianza de !aa relaciones cotidianas aquel amor hu~ie~ re·
atención sobre este asunt.o delicado, Enriqueta le atribuguien
se permitiera.
yó una grande importancia, y para una mujer tan inteli·
La condesa levanto la mano y dijo, interrumpiendo al sult.ado vulgar, mientras que agrandado por el aleJam1en·
gente como ella, estudiar una cuestión equivalía á querer
to tomaría un raro valor.
-Sea, dijo¡ parta usted, pero basta entonces no me
resolverla. Pero aquí estaba la dificunltad. ¿Qué resolu- conde:
-¡Babi ¡Ya le tenemos á usted en plena guerra! El pa•
ción tomar y cómo motivarla? Enriqueta babfa dicho ladín no estaba tan cambiado como ueted pretendía ha- abandone. Dewasiado le echaré de menos para querer
.con toda la sinceridad de su altna que no consideraba pe•
ce un momento; ha bastaJo mostrarle loe molinos de que adelante usted el instante de separarnos.
Redel palideció á estas palabras; saboreó toda su dulligroso á Redel y que se sentía segura de sí misma y de
viento prra que embista c1Jntra ellos lanza en ristre, ..... .
él. Pero no era sola¡ existían sus amigos, el mundo, su ¿A quién quiere uete~ partir en dos:&gt; &amp;A. mi suegra, que zu1a, y dijo con profunda welancolfa:
-Es usted muy buena. En vez de castigarme por ha •
marido ..... .
me ha becbo, muy recientemente, observaciones acerca
Era evidente que Yalentín, con un interés cualquiera,
de su asiduidad. para conmigo? ¡A mi marido que, un día ber dicho lo que hubiera debido ocultar, trata usted de
había hecho confidencias á su madre¡ podía en adelante de mala fortuna en el círculo, puede haber expresado su ·consolar mi pena. Tiene usted razón porque es mu~
insistir y resuUar de ello muchas contrariedades para mal bcmor criticando nuee.tra buena amistaá? ....... ¿A.l grande. Basta abol"b habla yo vivido solamente para ~1
ella y para la Sefiora :Mossler, y un peligro serio, acaso,
mundo,-es decir, todos y nadie,-que no puede ver un carrera, sin incertictumbres y viendo claramente .el ooJe-y una gran amargura para Redel. Para el espíritu firme
hombre cerca de una mujer sin sospechar que existe en- to que me guiaba. Hoy, todo es turbación en mi pensa•
de Enriqueta todo asunto claro era sencillo. !So temía la tre ellos alguna vergonzasa intriga? No, querido Coro- miento. Todo lo Judo y t.odo lo confundo. Hastn la nodiscusión, por espinosa que fuera, segura de salir de ella nel¡ no se combate fácilmente tl tos seres vagos, incon- ción de mis deberes se ha debilitado. Me siento cap&amp;&amp;
bonrosawente puesto que no quería nada que no fuese sisten~s, anónimos, que forman lo que se llama la opi• de concesiones que, antes, por nada del mundo hubiera
honroso y bueno; su único cuidado era el de no dil!g'W!Mi corazón está muerto de tri=teza.
d
nión. Aisladamente, no son nada: en conjunto, son una hecho.
Está asted en un momento de abandono que no u·
tar á Redel. Hubiera consentido en sufrir el doble ella masa invencible. Hay que contar con ellos, no hacerles
rará, dijo Enriqueta. Usted recobrará su valor y la firmisma con tal de que el caballeroeo soldado no sufriese.
frente y, sobre todo, no-afect.ar desdén hacia sus eenten· meza
de su espíritu. Los hombres como usted no se deLas reuniones de los eábadoa seguían su curso. Sus
c1ae,
porque
esto
ee
lo
que
menos
perdonan.
concurrentes se habían vuelto á reunir con gusto y era
Redel permaneció silencioso, y haciendo un visible es• j:rn desanimar por mucho tiempo¡ la voluntad, su cua·
raro que no se encontrasen además dos ó tree veces ll la fuerzo para recobrar la posición de sí mismo, pero loses• Jidad dominant.e, viene :i su socorro en el momento el1
s~mana en casas amigas, bien fuera en la de Clement, tremecimientoe de sus músculos le convulsionaban P.} que la necesiwin y les hace sobreponerse á todos los obs~
bien en la de la Señora Mossler, y en las exposiciones,
semblante como un huracán agita un lago. Dos lágrimas táculoe.
en las ventas de caridad, en las repreaentacionea artrsti- brotaron de sus ojos para secarse al instante al calor de
(Continuará.)
caa. El cenaculo era muy conocido en París y ee habla- las.mejil1aa. No se at.revió d. decir palabra, por temor de
ba de él en loa periódicos con gran cortesía.
descnbrirse, pero acaso no hubiera podido hablar, bn
Una mafl.ana, sin embargo, un periódico de gran cir·

fl

DICIEMBRE,

1896.

365

ELMUNDO.

:!-~ira! !1)ira aquella bola de fuego que al hender el es•
pac10 deJa tras de eí, _como cendal finísimo, una estela
de p~at~: es la. me~s~Jei:a de las vírgenes que habitan lo
~zul, viene á inqumr si Belcebú ha agitado sus alas roJas 1:1obre tu palacio de frágiles bambúe11.
¡Oh esbelta, encantadora Gliffnéh! canta, canta! Y
al .par que tu~ dedos de nácar arranquen á la cítara rít·
m1~s cadencias, que tu voz -trino de ruisef'iores-al esparcuse en ondaa perfumadas, rómpa el encanto y ahu•
yente á los fantasmas de luto que han invadido tus ver·
¡eles.

···~~-~~~?:~~~ ¿lo ve~?::::::·
·~~~:
te~tar á sus plantas tus notas, convertidas en perlas,
t~! con. ellas y un brillante arrancado de su cetro, mag·
ní 1c_a gu1i:nalda para cef\ir iu frente inmaculada: las per·
las. simbolizan el poder terreno; el brillante el mágico
«F1at-Lux!,.
'

..

{¡··3e·~·~;:·~¡¡~¡~·ci~··~¡·

··············

;~~:i~iiiii~iiif~!~ui~~=:~:r·w~i:·rrii~~ii

li/:i~
emprender su paseo por la mansión infinita: qué régia
qué esplende'}~, con qué majestad se eleva! Las soro:
bras se han d1s1pado, como visiones fugacee al sentir el
contacto.de su manto; las linfas envían, en' espirales de
dosa, eóh?Os cantares áloe peneiles de Gyrah; las nerey•
as se agitan sonrientes, simulando las formas más be-~s Y caprichm1as¡ y Br_is!', la coque,tuela de ropaje gris,
sa 1a zaml?ona y acaricia el arpa suspendida 1-ntre el
es1 160 ramaJe ...... ¿Oyes? ¡Qué hermosísimo dúo!
EDUARDO

ELOY

.ÁNDBADZ.

SINFONIA
RECUERDO DE LAS FIESTAS DE PUEBLA.-Arco levantado en la Avenida JW\rez.

EL CON DE TOLSTOI •
El gran escritoi: r~s? co1ode Tolstoi, entregado por comteto á su ultram1stu::1smo, á sus contemplaciones moral'B Y á. sus preocupac1on.es socialee, parece que acarició,
no .ha mucho, _el prop6s1to de renunciar á las tareas Jiteranas Y de retirara~ del mundo, engolfándose má.s y má.s
-en la s~ledad y olv1dánd0fle por completo de la aureola
de gloria q~e le rodea d~sd~ hace tantos afi.os, y que de•
'b~ á su ge!3-l0, en la repubhca de las letras. Pero una cosa es pred!car, Y otra poder realizar lo que ae¡redica
En Tolsto1, á pesa~ de sus propósitos, se vuelve re:peti;
aquello del «Ju_ro, J~ro, paler .•.... 11 El puede prescinda de
t?lio lo que ~ 1magme, de todo menos de lo que está ín•
t~mamente hgado 11:, su alma, de lo que constituye la esen•
'Cta de su person~l~dad, de su inclinación irremediable
á pen~r y á escribir, en cuyo abismo cayó y del cual no
-e~ldr~ Ja~á.e, proyect.e lo que proyecte en contra. La in.e•
p1rac16n tIE~ne en él e;arácter de fuerza inextinguible, el
arte narrativo !e fascma y arrastra, la pluma y el papel
eon una tentac1ón perpetua. Contra estas fuerzas no hay
voluntad que v~lga .. To)stoi continuará. escribiendo, es•
ciavo de su. gemo, sm lograr nunca emanciparse de él.
Ahora mismo vemos una prueba de ello. Prop6nese
cruzarse de brazos, refrenar su fantasía y mirar af cielo·
y, en ~(ecto, así co~o de sus primeras abstracciones bro~
tó el hbro Amo y criado, en _medio de su misticismo re•
eente coge la. pluma, se deJa Jlevar por la inspiracfó
--yuelve á la tierra para describir los cuadr0&amp; de la vicÍi
c_on todo el enc~nto de sus mejores tiempos, y traza las
fig~ras y el con3unw 4e una obra magistral, aun no con•
-1?iutda que se den.ommará Domingo, y que parece que
igualará ó sobreP,uJará á la celebérrima novela SonaJ.a de
Kreul.zer, marav1llot1a como pintura realista inmunda e
su d~arrollo, y q_~e, como es sabido; no p~ede ser lsícb
por nmguna fam1ha decente.
En lo que hasta aquí ha tramado Tolstoi para argu~ento de su .nueva obra, según los que conocen las cuar"11llas bosqueJadas, ocurre lo siguiente:
Un caballero distinguido, próximo á caaarsP., constitu•
ye parte del J arado de la Audiencia, en la vista de una
caus~ formada por ro~o á. una mujer joven, degradada
perdida. Durante el 10terr~to~io de la acusada deecJ.
bre el caballero que. aquella 10fehz foé antigua amiga su•
ya, ya que en sus \.tempos de estudiante la conoció durante ~~ período de vacaci~nes, en la casa de campO de
su f~mtha, do~d~, como JeJana parienta, vivía rec ida
haciendo df'l s1rv1e~ta1 ó doncella, ó persona de co~an•
za de la senora prmc1pal. 9turrió lo de siempre, lo del
fu~o y la es~pa. El estudiante fué su novio como suele
dec1~, corr1ero~ eol?s por loe bosques y tropezaron
Volv10 él á la U:mvei:-91dad y q~e~ó ella con su pecado ·
sus co~secuencias, em que recibiera una sola respuesta~
las var!as cartas que mandó á su amigo contándole .su
desgracia.
Ante este?~ recuerdos, al verl¡J, en el banquillo de los
acusados, d1Jo para sí el caballero: •No es ella la que
ndta aquí i.u~gada y envilecida, sino yo, que fuí la ca::¡
de en ~rrli.c1ón.• Y. ~esde aquel momento sólo le preo•
cupa la idea de rehab1htar áaquella mujer. En efect.o después del j~icio e.n .que la joven fué condenada, romp~ con
eu prometida, v1s1ta á. la. presa en la cárcel, y la declara
·que E:Btá dispuesto á sacr1fica~e por ella y á redimirla de
11u nuaerable estado. P~ro el vicio y el cinismo han echa.
do tan hondas raíces en aquel1a mujer, que ella al oirle
11e burla de él y !e ae~ura que no se acuerda de lo que en
su caea le oc~rr1~¡ ni le guarda rencor, ni afecto de ning~n~ claee, m le importa nada cuanoo le dice, y, por con•
e1gu1~nte, Je ordena que la ~eje e!l paz. Aunque el arrepentido ~mprende que es 1mpos1ble reparar el dat5.o y
11ufre ~rr1blemente y se desespera por ello1 insis\e 'en
·cumplir eu deber y acooopafla á Siberia á la condenada
hasta que e,ita termina )a condena.
!-,- E:5te episodie parece q.ue llegan la.e cuartillas de Tola~
Mn, sm que sepan sus aIJl1gos qué rumbo ha de segoiren

dlas oigubientee, ni qué bar,l con la pareja de los pereona¡·ee
o ra. Algunos
á esu
Joe países
d I G a 11Oeguran que. traeladará el escenario
una c
•
e
ian ~Rte amencano, donde fttnJarán
o 1.onn ~uev~ basada en el patrón socialista u
: ~c~si6n qurn!érica y lamemab:e dH una novtila ~a~~
lo 1~ª¡ q~e, ludtend~ ser una obra de arte digna del CO·
ticsio !emol' E; Tolsto!, E!e conv~rLirfa en un recetario ficvulgar:S: iuca utopista, propio de unos propagandistas
R. B.

IDE.A.L.

DE

B.

.En la tarde gris y tri@te
Viste ~I mar de terciopelo
Y el cielo profundo viste
De duelo.
Del abismo se levanta
La queja amarga y sonora·
La onda, cuando el viento' canta
Llora.
'
Lori violines de la bruma
Saludan al sol que muere·
Salmodia la blanca espu~a
Miserere.
•
La armonía el cielo inunda
Y la brisa va á llevar
La canción dnlce y profunda
Del mar.
Del clarín del horizonte
Brota sinfonía rara
Como si la voz del hionte
Vibrara.
Cual si hablase lo invisibl~
Cnal s! fuese el rudo eón
,,
Que diese al viento un terrible
León.
RUlltl'f DABÍO.

------

M?chas gentes en el mundo, semi ere entes
.
d~~t1caa, e nsayan. c_onciliar las nrdsdee ~ue b~:e:1p~eee:
1 o con 1as tradiciones que han olvidai!.o.
n
H. Tain,.

REC'CERDO DE LAS Fll!:~TAS
..
DE PUEBLA.-(Adorno de la calle de l[ercaderes},

�6

EL MUNDO.

366

DICIEMBRE,

1896·

~lermelada de fresa.
Se toma fresca la fruta yse pasa por el tamiz; por cada kil6gramo de pasta, sepone otro de azuoar en un
perol; se cuece á la bolitl&gt;. ti
azucar; se sgrega luego el pu•
ré, y puesta á hervir la mezcla hasta que adquiera la
densidad llamada á la capa
y se encierra en tarros.

LA U0D1.
Como el invinno afirma sos
dominioevla moda-laeter·
na loca-t cha la casa por la
ventana eopretexto de la
nueTa estación, los .figurines
propios de ésta, menudean y
si hemos de seguirlos de cerca, debemos dar á nuestras
lectoras unos tres ó cuatro en
el mes por lo menos para que
anoten ]03 cambios de la en·
i::antadora hada caprichosa.
Dos modelos les damos
hoy, adecuados los dos á la
t:stación y de la más. encantadora factura, como que han
salido de ;as manos de
Worth, el modisto inimitable. El primero ea suma·
mente sencillo: dos rosetones borJ.ados en el corpifto
y adornos de cintas paralelas de terciopelo negro. E!
segundo es más elegante aún
aunque no menos sencillo,
tiene un severo corte y lleva
lindas solapas de pieles.
Ambos son nov(simos y pro·
píos para paseo.
0

❖LA

FRATERNAL.~

Compañía de Seguros de Vida y Accidentes.
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·Este aparato consta de los
órganos siguientes:
En el interior de un recipiente ó caja, en forma de
criba ó tamiz compuesta de·
aros fijos por medio de listo•
nea, hay montado un árbol
vertical apoyado en dos travesaños, y giratorio por medio de un manubrio.
En el cubo que forma el
extremo inferior del eje va
montado un disco ó rueda de
paletas.
Este aparato ó conjunto de
órganos va aloj ,do dentro
de un cubo 6 depósito lleno
de agua hasta cierta altura.
Los lisLones antes indicados
se sitúan espaciados á cierta
distancia entre sí, y en la cámara 6 recipiente formado
por esos listones y por el dis ·
oo de ¡_;aletae, se colocan las
patatas ó cuerpos análogos
que limpiar. Se hace girar el
disco de paletas por medio
del manubrio, y como que dichas paletas tienen cierta inclinaciór, chocan contra las
patatas que se hallan direc·
tamente en contacto con
aquellas y éstas últimas i~oTRAJE DE INVIERNO.
tan á su vez con las super10rea.
De este modo todas las patatas, á cualquier altura q~e
se bailan giran sobre sí mismas, y frotando con las vecinas las obligan á girar también. Frotan, puee, unas contra otras y contra los listones, y el agua arrastra fácilmente la tierra y demás impurezas adheridas generalmente á la pulpa Ele los tubérculos, frutos, etc.

Estas son una especie de
confituras en que se han cocido lo bastante el azúcar y
la fruta para que puedan
conservarse sin incon veniente alguno. Las mermeladas
son sanas y refrescantes, y
convienen por tales propiedades á los convalescientes
y á los niños.
)[ermelada de ciruelas
claudias.
Elegidas las ciruelas bien
madnras se les quitan los
huesos; se ponen en una cacerola con tres enartas de su
peso de azucar; se tienen así
durante algunas horas; después se colocan en un perol,
y se cuecen á fuego lento.
Cuando las ciruelas están
deshechas, se pasan por tamíz, se vuelve á poner el puré en el perol y se deja reducir la mermelada á la capa;
se echa en un frasco de boca
ancha; se cubre con un círculo de papel empapado en
aguardiente; después se cubre el tarro con papel fuerte,
sujt!to por un bramante.

TRAJE CERRADO CON ADORNOS DE ClllTA,

Mermelada de manianas.
Se recogen buenas manzanas, se dividen en cuarterones y se mondan; se ponen en una cacerola con un poco
de agua y un pufiado de azúcar molida. Se cuecen tapadas á fuego lento; cuando están cocidas, el lí9-uido debe
encontrarse reducido: se pasan por un tamiz; se vuelve
á poner la pasta en la cacerola con tres cuartas partes de
su peso de azúcar, un :pedacito de vainilla ó de corteza
de limón; se deja reducll' la mermelada, revolviéndola y
sin apretarla demasiado:

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11&gt;

Oficinas de LA FRATERNAL:

MEXICú-Calle ile S. Feli¡le Neri 7. A¡rn.1 ta,lo Postal 7:.11.-MEXICO

Vice Presidente, PASTOR DE CEus.
Vocal, A. PEYTON.
CONSEJO DE VIGILANCIA
F. R. GERNSEY.

NICKEBSflN.

F. B.

McxKRCIIER.

Director General, Eoo. \\".

BROWN.

WESLEY BRADLEY.

SOCIEDAD NACIONAL COOPERATIVA

De Ahorros y Construcción de Casas,
ORGANIZADA C02'""FORME A LAS LEYES DE MEXICO
--Capital subscrito

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150,000.00--

Se reciben exhibiciones de $1.80 á $ 300.00 mensuales.
Exhibición mensual de $
1.80 valor efectivo al fin de 9~ meses $
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)) 50,000.00
Pagado por $50.00 por acción tiene el 6 por ciento de interés por año, pagadero igualmente al contado al fin de
95 J!1eses $10,000.00.
Acciones de venta. Se solicitan agentes.
J}

))

))

)1

Dirigirse á EDO. W. BROWN, Director General. Oficina, Banco Hipotecarlo Núm. 5.

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Se recomienda á los anémicos, á las jóvenes cloróticas,
y á las per~ona~ debilitad,1s por una prolongada perma·
nencia en las re1?iones c.ífida~ ~ m'\:ga.1a;.
De venta en casa de 103 Sres.· E. Dutour y (',omp , Agen·
tes Generales; en el establecimiento de la Sra. \"iuda deGenin y Comp.,~ de Plateros número 3, y en lodos los
principales establecimientos.

Azucara-

Vegetales.

das.

detor.AYER

EL ESTREÑIMIENTO
afecta seriamente los órganos digestivos y asimilativos, in~luso__ los
Riñones, y en este esta.do no pueden extraer de la sanire el ámdo urr~o,
el cual, al ser introducido en el sistema, causa Reumatismo y Neuralgia.

DESARRECLOS

BILIOSOS.

Entre los sintomas indicadores de Bili_osidad h_ay la Na~1sea, Mar_1&gt;os,
Dolor de Cabeza, Flaqueza de Fuerzas, Fiebre, Vista Turb1_a, Amari_llez
de la. Piel, Dolores en el Costado, Espalc!a y J:Iombi:os, Aliento.Fétido,
Lengua Saburrosa Irregularidad en las funciones mtestmales, Vómitos, etc.
C1111.ndo ocurre el Estreñimiento el Tubo Digestivo se afecta Y sohre\'iene Indigestión ó

DISPEPSIA.
La. ~fala Boca, Dolores Gástricos, Dolor ele_ Cabeza, ~&lt;\.cicl~z del
Estómago, .Agrura, Nerviosidad y Depre~ión de Animo son ~y1dencia~ ~e
Dispepsia, enfe.r medad que tanta congoJa causa. Se hallara un Alivio
Seguro para las irregularidades del estómago y demás dolencias consiguientes en las

Píldoras del Dr. Ayer.
Estimulan el estómago,. descar_gan lo~_ intestinos, comunican_ salud
vigorosa al higado entorpecido y a los nnones, . y con sus propiedades
tónicas y laxantes fortifican y purifican todo el sistema.
Preparada por el Dr. J. C. Ayer y Ca., Lowell, Masa., E. U . A.

Con inversiones garantizadas.
Sociedad Anonima.
CAPITAL SOCIAL, $100,000.

Presidente: Serapión Fernández.
Gerente: Dionisio Montes de Oca.

El ahorro es la fortuna del pobre
Y la salvaguardia del rico.

El infortunado que puede dar no es mas que infortunado á medias.
G. 7 ournadé.

CONSEJO DE ADMINISTRAOION
Presidente, H. R.

Puramente

LA CAJA_DE AHORROS.

Ohallemel Laco'Uf'.

La actualidad, la atracción del momento, 1&gt;se frenesí
que ha poseído á París durante el paso del Soberano de
todas las Rusias, ha cambiado toda8 las imaginllciones y
operado una cuasi revolución en las cosa~ de la Moda. La
más pequefia insignificancia, el trapo más minúsculo,
más gracioso y más coqueto que nunca, revela ahora su
sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgraciadamente muy restringido reservado á las M-,da~ eu nuestro
periódico, no nos permite citar aquí los nombres termi nados en l&lt;OÍP ú «ow,, de que están erizadas las innovaciones; esta descripción por lo demás no haría aventajar en
nada á nuestras jóvenes lectoras, que sin duda preferirán
dejar en todo á las Srita-;. Huosioger Boas., e calle de
la Independencia 4., el cuidado de darles la explicación y
de satisfacerlas con su talento y el gusto excepcional que
ponen en todo lo que hacen.

Son

Se venden en las principales Droguerias y Farmacias.

El Evangelio es la epopeya de los sencillos, un himno
anticipado á la Jerusalem de los miserables.

Mermelada de frutos del Agraeejo.
Se desgranan bayas bien maduras; se echan en agua y
se las hace henir. Después de cinco minutos de ebullición, ee aplasta la pulpa en el agua; se afi.ade un peso
igual de azúcar y se remueve enseguida como en las demás mermeladas.

Son

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11&gt;

.A.pa't'ato doméstico•
pai•a lavar patatas.

:&amp;IERllELADAS.

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,.,,cxrc...~ .c.-,,~·•'-·',,:

Han sido objeto de los más Altos Honores en las principales Exposiciones
Internacionales, inclusas las de Barcelona y Ch1cago, dos de las , más
recientes. El abono dispensado por. 3:quellas autoridades con caracter
oficial á la.. excelencia y virtudes. med1cm~le~ de las Pildoras del Dr. Ayer.
C&lt;&gt;nfirma el juicio que han merecido del publico en general durante más de
una generación, de que estas Pildoras son las meJores del mundo.

J&gt;

11/fk1,/, l~;t/.

CI

Merm1&gt;lada de frambruesas.
De dos modos se pr.epara
esta mermelada: con pepitas
ó sin ellas. Eu el segundo
caso, se pasa la fruta por el
tamiz y se pone el puré en un
perol, con nn peso igual de
azúcar. y después se reduce
á la capa.
Para obtener la mermelada
con pepitas. se echan las
frambullllas en un perol con
una cantidad de azúcar igual
á tres cuartas partes del peso
de aquellae; Pe aplastan los
frutos con una cuchara; se
cuece la mezcla hasta que se
porga á la capa, sin dejar de
revolverla, y después se coloca en tarros ó vocales.

Las P(LDORAS del Dr. AYER

Molino para nixtamal para hacer toril/las.
Muele toda clase de Cereales a;.,í como Cacao, Carne,
.Azúcar, Chile, etc., etc. Muele mejor, y en la décima parte del tiempo,
que en cualquier otro aparato.
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SU MANEJO ES ENTERAMENTE SENCILLO
SIEMPRE SE PUEDE CONSERV.A.R EN PERFRCTO ESTADO DE ASEO,

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un puo por las de $500 y dos pesos por las de $1,000.
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proporciona asegurar una fuerte suma de dinero, para recibir la de "La caja de allorros" á determinado P,eriodo de tiempo, 6 ántes, según sus estipulaciones.
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o uT I N E

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Enfermedad ea efecto, no caur.a •. LleTa en_,
-.luna ■ u origen; llUI manlfestacione11 ■ on el[..

~=

=:::edad~:rc!!~!'J:t!:~er
c~!~:nc:~~:
y•eJocontrarlonlnguna enfermedad puedeaer
mrad•.

uwarner'■ SAFE Oure," funda ■u,i;ran
repataclon flll ese principio, Demue11tra que el.

96 POR CIENTO

•e tod- Iaa enfermedade. proceden de deeó-r•
•ene. en los rltion~• y del hígado 1 y ataca
jfnetamente la ral::r. de la enfermedad, ' Su ■
eomponentes obran directamente "'obre aquel lo•
61-ga.no•, t.anto eomo alimento eomo re■tauro.­
poniéndolos en buenas comliclones de
Nin afejan earermedades y dolorea del ■l1tema

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paeral.

Para la■ lonnmerable■ dolencia■ eanaada■ por
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CH. FA V, Perfumista, 9, Ruede la Pa1x, Paris
(Guardarse

de fas Imitaciones y Falsiflcac1ones. - Sentenci&amp; de 8 de Mayo de 1875),

F.UIUCA ESFECIAL de AFEI'l'ES de '1'OCAll0:R por&amp; :!'.6.SEO Y '1'EA'1'It0
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en cbnpew.
ROJO VEGETAL en polvo.
LÁPICES especlnle9 pnro. ennegrecer pestalie.s y cejas.

POLVOSparn empolvar loa cabellos. Blondo, bl::inco,
oro, pinta Y diamante.
BLANCO de PERLA en polvo, blanco, r6seo, Rache!.
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Los Productos de CH. FA.Y se encuentran en el Mundo entero, en casa de los Principales Perfumistas y Droguistas.

CATARR0j.!eCIGARRILLOS ESPIC
2 fr .Jil
6 el Polvo
ASMA Y[Cajita

Hace crecer el cabeHo

•

DESTRUYE LA CASPA,
Y con su uso el cabell•
a:ris vuelve á tomar su
color primitivo.

TOMOII

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer está

MEXICO, DOMINGO 13 DE DICIEMBRE DE 1896.

NUMBR0!24

!!a Romería él bonof!cio ao Jos españoles qoriaos en (:tuba, ofoctuaaa ol aomingo último on el 'I'it101i_aol.$lisoo.

compuesto de los ingredientes más escogido s. Impide
qlle el cabello se
ponga claro, gris,
marchito 6 rasposo,
conservando su
riqueza.,
,f=":'..~:,.#..:-r,· e x u be .,,
· __ _:· _ rancia y
f:
f
. eolor
""_ _ "'·· ::-.=~· ·_- .. · hasta un
~~."".:~~#~~-~~- __ '· periodo
avanzado de la vida.
.'Y/

'I'

'- ~,~ V1ct1n:..

Cuanto más se usa,1 más rápi•
dos son sus erectos.

1..~

ARANOEL
.

¡ li

~.

,.,' 'I

Medalla de Oro •n la E.posición de Barcelona.
Preparado por el nr. J. c. Ayer y Ca••
Lowell, l\Ja,;s., E. u. A.
t]r"Pilnga~P en J:'"Uardla. C'.OTitra imltacione~ barata'!, El 11omhre de--"AV'er"-fip:ura.
e•1 ht envoltura, y está vacia1o en el cr:ista.I

¡¡_

J. EBPIC, :;!;O, rue Saiut-La:a:ar-e, PARJS, v TOoA• FA'°'MACIAB v

Cabello

del
del Dr. AYER

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&amp;

~ ol cút.U

=-

APARTADO 189.

PATE EPILATOIRE DUSSER

de:struye basta lu RAICES el VELLO del roslro de las damas (Barba, Bigote, etc.}, a
Dingun peligro para el cutis. SO &amp;nos de Éslt:o,JmiJlare¡ de testimonios ¡;arantiu.o ia dcada
de esla preparacion. (Se ffllde en MJ•a. para h barba.. J eQ 1/2 oaJas para el bigote ligero), Paa
los bralos, empléesed l!ll6.f'OBA:. DVSBEB, l,rueJ..J,•Rouneau, parl&amp;,

2. Portada. del "'Coln1ado."
ts. ''La Ron1.erin.-. u

l . D11.lcc.·ri.a.
4. "Salud á los valientes.u

3. ToID.bola..

.6 . ''La.~Trocba .. ''

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>~
~

&amp;J:-._ b

Vigor

DANOS DE LAS DIOSAS,
~
CABELLOS,DE LAS NINFAS,
~
_.
CUTIS DE CLEOPATRA,

Ce!:&gt;

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1

o uT I N E

Antiguo v Eficaz. ~ ·

Enfermedad ea efecto, no caur.a •. LleTa en_,
-.luna ■ u origen; llUI manlfestacione11 ■ on el[..

~=

=:::edad~:rc!!~!'J:t!:~er
c~!~:nc:~~:
y•eJocontrarlonlnguna enfermedad puedeaer
mrad•.

uwarner'■ SAFE Oure," funda ■u,i;ran
repataclon flll ese principio, Demue11tra que el.

96 POR CIENTO

•e tod- Iaa enfermedade. proceden de deeó-r•
•ene. en los rltion~• y del hígado 1 y ataca
jfnetamente la ral::r. de la enfermedad, ' Su ■
eomponentes obran directamente "'obre aquel lo•
61-ga.no•, t.anto eomo alimento eomo re■tauro.­
poniéndolos en buenas comliclones de
Nin afejan earermedades y dolorea del ■l1tema

..,, l

paeral.

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TOMOII

El Vigor del Cabello
del Dr. Ayer está

MEXICO, DOMINGO 13 DE DICIEMBRE DE 1896.

NUMBR0!24

!!a Romería él bonof!cio ao Jos españoles qoriaos en (:tuba, ofoctuaaa ol aomingo último on el 'I'it101i_aol.$lisoo.

compuesto de los ingredientes más escogido s. Impide
qlle el cabello se
ponga claro, gris,
marchito 6 rasposo,
conservando su
riqueza.,
,f=":'..~:,.#..:-r,· e x u be .,,
· __ _:· _ rancia y
f:
f
. eolor
""_ _ "'·· ::-.=~· ·_- .. · hasta un
~~."".:~~#~~-~~- __ '· periodo
avanzado de la vida.
.'Y/

'I'

'- ~,~ V1ct1n:..

Cuanto más se usa,1 más rápi•
dos son sus erectos.

1..~

ARANOEL
.

¡ li

~.

,.,' 'I

Medalla de Oro •n la E.posición de Barcelona.
Preparado por el nr. J. c. Ayer y Ca••
Lowell, l\Ja,;s., E. u. A.
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e•1 ht envoltura, y está vacia1o en el cr:ista.I

¡¡_

J. EBPIC, :;!;O, rue Saiut-La:a:ar-e, PARJS, v TOoA• FA'°'MACIAB v

Cabello

del
del Dr. AYER

07\oau ■:RIA&amp;.

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APARTADO 189.

PATE EPILATOIRE DUSSER

de:struye basta lu RAICES el VELLO del roslro de las damas (Barba, Bigote, etc.}, a
Dingun peligro para el cutis. SO &amp;nos de Éslt:o,JmiJlare¡ de testimonios ¡;arantiu.o ia dcada
de esla preparacion. (Se ffllde en MJ•a. para h barba.. J eQ 1/2 oaJas para el bigote ligero), Paa
los bralos, empléesed l!ll6.f'OBA:. DVSBEB, l,rueJ..J,•Rouneau, parl&amp;,

2. Portada. del "'Coln1ado."
ts. ''La Ron1.erin.-. u

l . D11.lcc.·ri.a.
4. "Salud á los valientes.u

3. ToID.bola..

.6 . ''La.~Trocba .. ''

�870
EL MUNDO.
13 DICIEMBRE,!1896.
= = = = = = = = = = = = = = ~ = = = = c·~ = = = = = = a = = = = = ~ = = ' = = = =
«EL MUNDO."
8Bl[A.NARIO ILUSTRADO.

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Toda 1&amp; correspondencia, debe dlr.lgirse
al Gerente de este perlódioo.

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Todo pago delJé ser·precisa.mente adelantado.
BBGISTRADO COMO ARTICULO DE SEGlTh'DA CLASE,

e.Agentes exclusiVos para los Estados Unidos y Canadá Tlie Spanish American Newspaper Dom pan y, 136 Liberty St. New York, E . U.11

1.Ca preuisi6u i)e 5Juáre¡.
Bn la última correspondencia de D. Emilio Castelar, v
en el fondo de una robusta parrafada, encontramos estaS
línea.e que reclaman atenta meditación:
uTodav(a se disputan el desvanecido trono de Francia
cuatro pretendientes; los Hannóveres, arrojados de Alemania, y los Barbones, disminuidos por sus propias victorias; no se· conforma ningnno con dee-gracias impues·
tas por el progreso· á su poder y autoridad antiguos; en
cada reinecillo italiano, antaño existente, late una oposición oculta, presidida por dinastías destronadas que no
pueden á. su dee-gracia resignarse y q1~e dPtestan la unidad de Italia; los Karav peniruen á los Miloch en Servia; el príncipe que pueda recoger la corona y el tálamo
de la reinecilla holandesa, puede dar en tierra con la independencia en Holanda; á nosotros nos n1ortifica el cien
veces roto y rei;ihazado por la voluntad nacional Don Carlos, que alguna vez n~s arrojará la guerra civil encima é
inmolará. otra generación españ.ola ...... ),
Es decir 1 que las nacionalidades europeas no sólo llevan en su seno el monstruo de sus ferrflentaciones socialistas1 no únicamente sienten sobre su cabeza la amenaza de palpitantes conflictos internacionales, sino también
ven mnagadas sus instituciones y oscilantes sus gobiernos y en grave riesgo su tranquilidad pi¡blica 1 ante la audaz tentativa de uno de .astas cabecillaR, dispuestos á ha•
cer caer víctimas y provocar tragedias, empobreciendo
territorios y virtiendo á raudales Ja sangre humana, á
trueque de alcanzar un poder que se ofrece con'!taote•
lllente á sus ambiciones.
Y ante la espectativa de tales tragedias, no podemos
nosotros-joven agrupación, que apenas comenzamos á
dar los primeros pasos firmes en el terreno· de la naciocionalidad-dejar de convertir la mirada hacia el pasado,
y exhaltar una vez rná.s aque11a actitud de roca 1 aquella
impasibilidad de esfinge que frente á los cautivos de Querétaro, y en medio de la clamorosa piedad de un grupo
·de compasivos, desplegó aquel hombre de nervios de ace1·0, sereno y reposado, que sobre el patíbulo del Cerro de
la.s Campanas escribió las páginas máe elPcuentes de la
justicia nacional, mirando al porvenir y con la esperanza puesta en las generaciones venideras.'
Todas las súplicas y todas las att1enazas se estrellaron
en aquella voluntad so_steniQ.a1 que, siempre dispuesta al
sacrificio propio, no podfa en extraña al dolor ajeno.
¿Qué hubiera impor~ado una vida ahorrada, cuando ya
,el triunfo de In Rt&gt;plÍ blica se habia realizado?

energías en esa gran obra.
de laborcolectivaquelo coloca á la vanguardia del progreso.
Resuelto el problema po•
Jitico, tódo ha sido reetitui.
do á su normal estado. La
fiebre agitó _momentánea-mente este gigantesco organismo, cuya fuerzu estriba
en la regularidad de lns pulsacionei;. Todo en la Unión
Americana asusta por su
Illagnit"t1d, todo es mons truoso, pero todo también
está sometido á nna regla,
á una norma. á un denomfoador comtín.
Bryant felicitando á l\lac
KiulPy y sometiéndose á
las decisiones populares,
da la medida del espíritu
de este pueblo. De abolen·
go revolucionario, Bryant.
bubifse rechazado la derrota y se habría consagra•
do á la tarea de ,;alvador de
la patria, siendo uno de
tantos regeneradores que la
cosecha de• politicastro ba
arrojado en estos último&amp;tiempos en loe revueltos,
campos de las republicas
cen~ro americanas.
Pero Bryant sabe demasiado bien que en la Unión
Americana, el pueblo es an•
te todo un fiel observadorde los principios de justicia,
y que la fracción derrotada jamás se prestará á vu ¡.
nenr sus" instituciones,
que está.o por encima de
BllB miemos intereses, basey edificio de su poderíoNacional.
¿Y qué re'presenta esta
lucha para los dos partidos.
militantes?
La prensa americana nos.
proporciona curiosos pormenores acerca de la últi ·
Toodoro A. Dehesa, Gobernador reelecto del E;;tadó de Veracruz.
~
ma campaña electoral.
Según la Gorite:mporar11 Review pu~de estimarse en un,
Pero Juárez al suprimir al hombre, suprimía también
millón á 1.500,000 el número de electores que durante la
la idea que lo encarnaba¡ arrebatab'.l. la bandera que pocampaña presidencial han recibido un salario pagado por
dría servirá un partido _para provocar_ nuevas 11:Lchas fu.
la caja de su partido.
turas · quitaba toda oca'31Ón de conmoc1oned ven1der.1s.
A cada nueva campaíla preeidencial 1 los gastos electoY ~hora, cuando los o1ios se han extinguido y lag parales ascienden á mayores rnmas.
siones se han aquietad•&gt;, lo3 que entra 110:1 á la vida púEn 1880, el comité nacional del partido republicano reblica con un gran sentimiento de olvido, podemos mos•
cojió 450,000 pesos por subscripciones. Cuatro años más.
trarnos eternamente gratos á esa augusta sombra, á quien
le hubiera costado menos trabajo ser cowpasi vo que jus- tarde, el total de estae contribuciones Toluntarias llegaron á $500,0CHJ. En 1888 fueron de $800,000 y en 1892 deticiero!
$1.000,000.
A. medida que los intereses se acrecientan, las elec:cio•
nea reclaman más dinero en los Estados Unidos, lo que
prueba que el desarrollo de su riqueza pública sigue una
proporcion vertiginosa.
En estos últimos días hemos visto á tres Secretarios de
Y el sostenimiento de todos estos intereses, el equili Despacho asistirá las discusiones de iniciativas de leyes, brio de estas fuerzas, encontradas á ocasiones, hostiles,
pres~ntadas á 1a Cámara de Diputados por conducto de disímbolas y contradictorias, se halla en la médula de
sus respectivos departamentos.
_
este pueblo cuyos grupos se honran, en respetar el día de
Como los Ministros en México no están suJetos á la
la derrota al enemigo que atacaran la maH.ana de la baacción parlamentaria, la presencia de los Sres. Liman- talla.
tour Baranda y Fern:indez Leal debe considerarse como
Las nacioaes ricas son las que Terdadernmente se ejerun a'cto de consideración hácia la Cámara, ya que ésta no citan en el cumplimiento de la ley.
babia reclamado informe de estos funcionarios .
En las sesiones á que nos referimos, los :Secretarios han
tomado parte activa en el debate, siendo espectadores de
modificaciones int,roducidas por la Cámara á sus iniciativas-como las que eliminaron de la ley de Catastro el
concepto jurídico,-hecho digno de atención, puesto que RESUllEN.-El mensaje •1•1 Presid•nte Cleveland y la cnesrevela un deseo de establecer el acuerdo, previo un tra ti(rn cubana.-Ni tirios ni troyanos qnedan satisfechos. bajo preliminar, entre el poder Ejecutivo y el .LegislaExplo'4ionelil anti-hi-1panas en el Senado americu.no.-La.
tivo.
muerte de Maceo.-¿Heroe ó Cabecilla.
Nuestros viejos parlamentos batalladores habían hecho
dificil cuando no imposible esta inteligencia, ya que las
Con el ansia é impaciencia· con que era esperado el
pa~iones arrojaban á los partidos á los_ ex~remos m~s ra- mensaje del Presidente Cleveland al Congreso americano,
dicales. Esta costumbre del obstrucc10msmo nac10nal, ha sido comenta4o inxiediatarnente por los que pretenha podido servir para que un poder público, ~uertemen- den encauzar la pública opinióu en la prensa del mundo.
te constituido y anheloso de salvar á. la nación de sus civilizado.
tradicionales vicios políticos, haya procurado no expoMalos cálculoe hacían los. que esperaban encontrar un
ner á las pasiones políticas todas aquellas medidas de cambio radical en la política que ha informado una adtrascen.d encia y que un escarceo parlamentario ha podi - ministración en los momentos en que se acerca :t sus posdo muy bien echar por tietra.
trimerías. El gabinete que con tanta habilidad ha sabidoEn la actualidád, las circunstancias han variado y los surtear los escoilos con que ha tropezado ültimamentemiembros que forman las Cámaras parecen más preocu- en sn marcha; que salvó admirablemente la crieis electo •
pados por una legislación útil á la República que por una ral, en verdad sea dicho, más por la sensatez y_ sentido
campaña política. Las funciones de que él poder Legiti- práctico del pueblo que por la ingerencia del poder púlativo fué investido eu el anterior período, indican un blico en la tremenda lucha de los partidos; que en su eledeseo de dará este cuerpo mayores atribuciones en los vada concepción del novísimo monrofsmo americano, ha
futuros problemas políticos y la conducta de los Secreta- logrado imponerlo á la Europa mJnárquica por medio de
rioa de Despacho á que hemos aludido. es otro teetimo- la sumisión de Inglaterra, que ha tenído que someterse al
mo de la importancia especialmente concedida á la Asam- arbitraje temporal, y aun ee prepara al permanente, para.
blea popular en estos tiempos.
hufr da disputas como la de Venezuela, que la orillaban
Del buen juicio desplegado por la Cámara rlependerán á conflictos serios: ese gabit;.tte que ha sido prudente y
muchas de Jas cuestiones de orden público que el porve - cauto en la cuestión cnbanir, y ha procurado conserva_r
nir nos oculta en sus impenetrables velos.
en todo su vigor el mantenimi ·nto de las leyes de neutralidad durante la guerra sin cuartel que arruina la Gran Antilla, y preservarse de las reclamaciones de Ee-paña pot""
el filibusterismo incesante_ de los americanos, no ha podido cambiar su programa en un momento dado, y sa•
El pueblo americano, restañada. !a sangre de las heri- tie-facer las aspiraciones desmedidas de los laborantes
das que el combate electoral ha abierto en sus intereses,
cubanos que simpatizan con la insurrección, ó !as exigen•
reposado y satisfecho, vuelve nuevamente á emplear.sus
cias de los patriotas espaiiole:s, que ·q uisieran ve~ á. los

1.Cos ,fflinistros en d lJ)arlamento.

tlespufs i)e las elecciones.

GencmlJ, mu1::rto en el comtiate de Punta. Brava.

EL MUNJ)(l.

371

1

l9olítira Qííeneral.

Josét_Macro, General dél Ejército Cubanc,, (Vl'ase nuostra Politica

13 DICIElfRRE, 1891\.

LA{ROMERIA ESPASOLA EN EL T°iVOLI DEL{ELISEO.-TROFEO:ooLOCADO A J,A ENTRADA

rebeldes abandonados á. su propia suerte y faltos del au- repi;.esentan, ya se lanzan á las agitadas luchas parlamen
xilio de Dios y de los hombres.
• tarias que hicieron célebre el anterior periodo de ¡:::e~io
Ha satiflfecbo Mr. Cleveland lo que podíasatiafacer: ha
nea; ya llneven uno después de otro numeroso1- prny@c10~1
dejado intacta la serena majestad del. poder soberano no de simple reconocimiento de beligerancia á Jo,. cub.\·
de su nación que no se altera por reclamaciones ni se des- nos sino de declaración de independtmcia de la Repúbli·
vanece por amenazas.
ca de Cuba.
Apenas hablan como con una especie de ~arca'3mn de
los buenos oficios interpuestos por el gobierno ain.:&gt;ricaPinta con los colores de la verdad la situación de Cuno, para hacer cee-ar paaíficamente la tr~ménda h1ch l; se
ba y de· los rebeldes; no cree que exista un gobierno
lanzan á la política de aventuras, y se pretttndt&gt; ~ll tnnn
constituido emanado de la revolución, y por lo mismo
imperativo que l&lt;)s Estados Unidos con toi,,~ s11~ fo¡.,rz l'l
no considera oportuno conceder á los insurrectos loa derechos de beligerancia. Con eso halaga al gobierno y al de mar y tiura tomen posesión de la Isla, h l'!~a que t:l
pueblo espaiiol. Pero teme por lo porvenir; en nombre
del supremo derecho que le Ga la fuerza y de los intPreees americanos amenazados, y de las simpatías manifiestas del pueblo en favor de la insurrección, y de la Bf'gnridad de los Estados Unidos, empefiados en la contienda,
dice que si Espafia llegara á. hacerse imr-otente para restablecer la paz, habría que pensar en una inter ención
directa para hP.cer cesar esos excesos de sangre y de matanza . ...leí halaga á loe que sostienen la causa cubana.
Por esv es que el pasaje más importante en el mensaje
de Cleveland y el que con más ansiedad era esperado en
todo el continente y con más impaciencia comentado
era por los eepafioles 1 ha dejado contentos á pocos y hecho brotar recriminaciones en muchos.
Los rebeldes y sus eimpatizadoies aguardaban de la
moribunda administración algo más que la anodina autonomía que aconseja, para llenar sus aspiraciones. Apenas tienen razón: hnbiérase propuesto al principio de la
lucha, y cuando aun no se !:aabían desatado los odios y
fermentado los rencores; hubiérase propue13to cnando el
suelo no se había empapado en sangre, ni se habían alum•
brado 1oe- hermosos paisajes tropicales de Cuba con los
resplandores del incendio; hubiérase propuesto cuando
el abismo que separa á peninsurnres y antillanos no estaba _tan hond_o, y tal vez la hubieran aceptado los jefes de
la rnsurn cc1ón. HL y cree::nos que es demasiado tarde·
la lucha empo-ñadJ. es de vida ó de muerte, y los que eue~
flan con la patria cubana han pronu_nciado Ja fatídica
frase de ¡ Indepen.den.cia 6 muerte!
Y España qne por su parte está resuelta tambien á todos los sacrificios, no cejará en su empresa· no hablará
de reconciliación y de concesiones, hasta v~r dom,¡dos á
los jefes insurrectos: ¡Cuáatas y cuán tremeridas luchas
Is esperan en esa guerra encarnizada!

•
••

pueblo de Cuba se dé el gobierno y~la constitución pc;lí
tica qne qniera su soberana vohmtad.
Y allá van loe representantes de la Cámara federal de
lós Estados Unidos, estallando en proyectes y haciendo
explo~ión en estrofas elocuentes de oratoria agre.eiva.
No importa que, al solo anuncio de.loe candentes bills,
los fondos americanos bajen en las Boleas europeas; allá
van, armados de tropos de dinamita y dieparaIJdo como
pr yectiles explosivos la1:1 frasea de su elocuencia y las
metáforas de su doctrina Monroe, llevada al último ex -

1.ren1n.

Si la prudencia de Cleveland dejó el campo abierto y

•
••

Pero si Clev~land ha podido conservar la majestad que
le corresp_onde como Jefe de una nación poderosa y fuerte que qmere rPspetar el derecho ageno; si como magistrado responsable de e-ns actos y desde su alta in,•estidura, no ha qne-rido dE&gt;jarse llevdr de rns propias simpatías
por no e;'Cponer al país que gobierna tal ve,¡ á una lucb~
1nternac10nal; los senadores americanos que no son responsables de ninguna de sus opiniones, y tienen qne sostener las convicciones y basta los deseos del pueolo que

•

"LA CASCCA " FO.SDA .

�13 DICIEMBRE, 1896.

EL MUNDO.

GUADALAJARA.
L&amp;S fiestas inaugurales del ferrocarril de Amtra.

LA.ROMERIA ESPA~OLA EN EL TIVOLl DEL. ELISE0-"LA FoB.TUHA," JuEGO.-''EL Couuoo," I'A.LCO .ESCENico.

sin solución el problema cubano ·al gobierno que ha de
inaugurar Me. Kinley en :Marzo próximo; l_oe arrebatos
de los aeuadores, demócratas 6 republicanos, pueden lle·
nar de sombras el porvenir de la Unión Americana, de•
jan do como hf rencia á la futura administración las difiCultades de un conflicto internacional y basta las aventuradas vicisitudes de una guerra.
Necesitan hoy máfl que nunca de toda su prudente sensatez los gabinetes de la Casa Blanca y de Madrid, aquél,
para no dejarse arreba"ar por los entusiasmos cubanos de
loe senadores, y éfte, para sofocar las explosiones de patriotismo qne Df&gt;Cetariamente han de estallar en Eepafia,
como eco obligado ·ae las peroraciones en el Senado americano.

•
••

Imposible cerrar la preaent6 crónica sin decir una palaLra siquiera de la nottcia que acaba de transmitirse á.
la prensa diaiia Fobre la muertf' de Antonio Maceo, jefe
de altísima importancia en ]as filas insur:rectae.
No ha venido con el laconismo ordinario de los men•
sajes telegd ficoP; t uie tal lujo de det-alles y minuciosos
pormenores, que más airven para desvirtuarla1 qutl pa.ra
afumar en el ánimo la convicción y la certi:za.
Sea como fuere, el relato de ese hecho ha producido
relámpagos de tn1m,nda agitación que, como estremecimientos de alegría JIBra unos, como calosfrío de consternación para otros, Lan cruzado por todas partes donde
hay alguien que ee interese en la suerte de España ó en
~l porvenir da Cuba.
Verdadera ó íalFa, con:firmadaó desm1;:,ntida, 1a muerte
de Maceo f'S un acontecimiento que merece detenernos
11.npunto. La de!'&amp;,pa,ición deun hombre que por luengos meses ~e había adue:fiado de la provincia de Pinar
del Río; necesitando la consbrucción de la terrible trocha
y la concentración de Jo más florido del ejército español
en Cuba y haFta de la presencia del Capitán Gene,a1,
tiene que i;;er como un golpé de maza pa1a la cauFa insu•
rrecta. ¡Cuántos L1:1brá que desálentadoF y llenos de :u.guetia, al ,er caer al que era columna y faro en el campo
lli.e los rebeldes, se aparltan desencantados! cuántos que,
irritados por la példida que expnimentan, se lancen
«.esa.tentados y locos, y caigan heritlos E'ntre las fuertes
huestes espafiolas! J_a i,érdida es grande; su influencia
moral y maf'erial Ff' hará t:entir en la dirección que - tomen los asuntoe cubanOP.
Pero si Jos que eiwpatizan con esa causa, tienen razón
en sentir y lamf'ntar la muerte de Maceo, creemos que
tampoco lee falta cmmdo aseguran que la muerte d~ un
hombre no es la muerte de la idea que defendía.
Si por acaso ee confirmara la noticia que comentsmos,
ya tendremos ocaei6n de hablar nuevamente del cabeci·
lla aborrecido que puede ascender al pedestal del héroe.

Hasta hoy ee le llama jefe de chusm&amp;; si por algún evento el éxito coronara el esfuerzo de sus partidarios, la historia tendrfa que alzarlo á la categoría de caodillo.
Así es la historia, ó más bien, así somos los· hombres.

X.X.X.
10 d~ Diciembre de 1896.

'l'ElATRERIAS
Leopoldo Frégoli, el famoso excéntrico que ha merecido aplausos de todos los públicos, obtuvo en su de/,ut un
éxito brillante sobre toda ponderación. Loe cqncurrentee al Teatro Principa), benefactores intachables de las
zarzuelas en un acto, con tangos y vieajee de Obregón,
han aplaudido hat!ta dejarse rojas las manos y se hacen
lenguas de las habilidades del excéntrico.
Vndad que parece cosa de milagro eso de que un solo
hombre cante UD dúo y multiplique su persoua basta el
infinito. En otros tiempos, nadie hubiera quitado á.Frégoli ur,a crtmaci6n en vida, por lo hechicero. Hoy, es
diEtinto: eeae brujerio.s se castigan con ovaciones.
Se transforma el excéntrico con una destreza y una
prontitud que dan la castafía á loe más listos. Y no
e6lo cambia de traje; también muda de rostro y de vozen menos tiemyo que el empleado por cu~lquíer mortal
para quitnrse e sombrero.
Se presenta á usted, en la escena, Frégoli personalmente; como es, con su cara sonriente y sus ojos vivarachos, y todavía no ha concluido usted de enterarse de los
JaFgOS de su fisonomía y ya está el humbre, convertido
en una colegiala ó en un viejo.
El eepectador se queda con la boca abierta y gracias á
que transcurridos algunos minutos, pueda preguntarse:
-¿Y el otro?
Canta con voz de tiple, con voz de bajo, con voz deba rítono, cou voz de tenor¡ y si se lo propusiera, cantaría
con voz de Pardavé.
Sale á la escena, hecho un profesor de música, _par-feota-mente caracterizado con cara de mal humor, y eegri·
miendu á modo de palmeta, un rollo de papele9. No hace m~e que sentarse al piano y ya está saliendo en forma
de jonu rubia y gallarda, por el foro, A recibir una leccciqn de mó.eiea. Y canta la discípula y el maestro canta,
cada uno con au voz natural, si es que Trégoli tiene uua
voz y no una colección como loe órganos de las iglesias.
A .nadif:' asombrará que un hombre maravilloso que
cambia de individuo, tan artísticamente, sea aplaudido
con entuaiasmo. Ese hombre vale poi tod1' una cowpa·
l!íB.

•••

Para oir buena música y á. buenos arti~tas, en el Tea-

tro Nacional. -=.a compallía de ópera, no es, como otras
muchas que hemos oído á prueba de jaqueca: y que noB
costaran un ojo d.., la cara. Después de Michelena, en la
compafiía de ópera todo ha marchado perfectamente.
Cada día se refuerza el cuadro con artistas de la calidad de Angelina Gay, la Sri ta. Riera y he Sres. Roura y
Visconti. Y no cuento á Cbole Goyzueta, porque esa
adelantada cantante está al servicio de la Compañía desde el principio de la temporada.
Exitoa no han eticaseado. Poede asegurarse qué cada
función es un éxito. Africana lo ha sido para CholeGoyzueta; Trovador para la Srita. Riera y el Sr. Roura; A.ido
para la Sra. Gay.
Excepcional verdaderamente, el resultado de las and.
ciones de .Africana.. Esta ópera de Meyerbeer nunca h&amp;.
bía eido representada en México regularmente siq-1iera.
Compañías de ópera en que figuraban notabilidad~s, fracasaron siempre, representando .Africana; artistas consagrados por la fama que quizá en otros teatros cantaran
irreprochablemente La obra, nunca acertaron á cantarla
en los teatros de México. Por esto, el resultado obtenido
por la Compafila de Opera popular, llamó la atención y
ha sido un triunfo para los artistas.
Cierto que no necesitaban de este éxito para ser jussamente alabados. Su@ facultades no comunes hubiera&amp;
triunfado siempre. Para terminar: la Compañia Sotorra
ea buena, bonita y barata. ~o se puede pedir más.

El Sr. D. Teodoro A.. IJebesa.
Como saben nuestros lectores acaba de ser reelooto gobernador de Varacruz pura e1 c•1atrienio constitucional
que principia este mes. Con tal motivo y para continuar
la galería de Jeíee de los Estados quo ht!mos iniciado en
nuestro sc:manario, publicamos el retrato que hallará».
en esta plana nuestros 1-ectorP.s.

Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
EN P.A..CH.UCA....

Pacuuca, Noviembre 11 de 189&amp;.
Sr. Don Carlos Sommer, Director General de 111'\ Mu....
tua.)1-México.-Muy @eñor mío:
Por couducto de los Sree. Pérez Duarte y O'!-, y Rnte e1
Sr. Notario Público D. A.uetreberto T. Andrade, hor. roe
ha sido entregada la suma de $5.000,00 (Cinco mil pt,sos), valot de la póliza núrn 765.222, bajo la cual est;uvo
8SE1,'.Urada mi finada madre, la Sra. María Guz.mán de
lleJía.
D11y á. usted las debidas gracias por la eficacia. oon qne
ha sido atendido t,Ste pago. antorizándolo_ para publicarlo.-811 atta. S._S.-Soji,,a Meií.a.

ti~namente nos precedieron El :!fundo diaTio y El Impar·
C1.al. Nuei:;tros l~torf's saben con qué entusiasmo tan inmenso fué recibido el General Diaz, cómo todas lae clases,
todos .los gremios, t-odos loP grupos-socialeii sA dieron cita en la eet:ición para aclamarlo; el aspecto de viaje
t.riunfal que tuvo la excursión á !.meca; el entusiasmo de
los habitantes de esta ~impática ciudad que et,l;á. por fin
comprendida en la red ferrocarrilera de la República, no
rp.euos grande que el mostrado por li::ie pobladores de
Guadalajara; el baile dado en e1,ta ciudad por las clases
pudientes al General Diaz en un salón soberbio, iluminado pnr todos los eoles de la electricidad y por todas
las estrellas de loq ojoe; los mil agasajns y dewostracio•
nes de que ahí fué objeto ,Jnestro Primer .Magistrado, el
hermoso brindis del Coneul de España Señor Don Justo

Hay en la República una ciudad privileofada: Gttad1.lajara, capital_del_Estado má.s populoso y ~ás fuerte del
Jpaíe.
Es inferior á Mé:x:jco, li. este inmenso hormiguero b~mano dcmde concurren tantas energías, donde se recon-centran tantos esfuerzos, donde se advierte una pugna
tan ~remen~a. e~tre infinitos int?resee que batallan por
la vida;~ mfenor, sí., en población y en extensión, pe·
ro s~per1or en hermosu!a, un_a hermosura especial que
cautiva al transeunte y 10 detiene en sus redes y Jo mima
y lo domefia como Armida á Reinaldo,
En qué consiste tal hermosura?
Gusidalajara DO ae recuesta como México en el
lecho mullido de un valle
magnífico, no cierran su horizonte colosos 11evados: co_mo el Popocatepetl y el Ixtlacibuatl, no .espejenn en
la sabana florida lagos azulee. ni ee apifian en sue
;afueras gigantescos ahuehuetes floridos de le)'endas.
De dónde dimana su belleza?
No se ad vierte en eua
arterias el espectáculo de
una muchedumbre desbordante, á.vida de negocios,
·-que invade todo y cuyo clamor incesante sube al cielo.; no pululan, negros y lucientes, loe trenes aristo-c~·áticoe i no se yerguen formidables los palacios de
mármoles, ni las torres de
sus iglesias rasgan pompo•
sas ehnfinito como prodi,gios de piedra.
Por qué es hermosa, pues?
Ah! su hermosura no es tá en la pompa, Está en la
;gracia. Emana de toda ella
un hálito de poesía. El palio real de un cielo profunda, intensa, infinitamente
..azul, la ampara. Sus calles
limpio.a están flanqueadas
de casas que parecen nidos y que dejan ver á tra1Vés de lus canceles de ~ie·
,;rro patios sevillanos, llenos de macetones -de jazmines y de trinos de pájaros; sus grandes edificios
;son más que todo risuefi.os.
Ríen por todas sus ventana9 ante el sol relampa-gueante, ante el espacio en
que flotan mil puntos de
oro. Sus iglesias convidan
á rezar la oración alegre
,que da gracias por la vida,
no el salmo querellnso que
pide misericordia. Su catedral es blanca gracil y
.
.
.
Uena de júbilo e corazón
~~jt!;¡"~: LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN J ALISCO.-GENERAL LOJS DEL C. CURJEL,

1~ ~~oq~j!1~:,

con todas la9 comodidades apetecibles, está. junto al templo del Santmtrio de Guadalupe, fundada por el filántropo canónigo de aqu"'lla Catedral, D. José del Re(ugi.o Gordoa; el edificio es amplio y bien ventilado, con una apa•
riencia monástica: tiene extenea capilla, ambulatorios,
celdas, varios patios con fuentes, un jardín,- refectorios,
todas las demá1-1 oficinas que reclama un eetaQlecimiento
de esta naturaleza: en los muros de la capilla, hay gran
des pinturas que representan pasajes alusivos al obJeto 1
como la convt&gt;reión de San Pablo, la parábola del Hijo
pródigo, etc. Las otras dos, están, una en San Sebaetian
de Analco, y la otra, en el edificio que en un tiempo se
llamó capilla dt- Jeeús, En varias estaciones del aílo,
grandes grupos de di versas clases de aquella sociedad,
practican con frecuencia estos actos de fervor.
21 son las pJazas que existen en la ciudad, con estos
nombres: de Armas, Catedral, Soledad, Santo domingo,
Santuario, Alameda, Jesús, Universidad, Escobedo, Car•
men, Nueve Esqnin is, .Mexica\tzingo, Aduana, Son
Francisco, San Fernando, Venegas, Analco, San Sebastián, Alcalde, Hospicio y Santa Mónica.
La hermosísima Plaza de Armas, está limitada al N.
por un costado del Sagrario; que ostenta su arquitectura
dórica: al O. por el paJacio de gobierno, de fgual orden
arquitectónico: al S. por el portal Quemado 6 de Quintanar, y al P. por el portal de Bolívar.
Todos esos costados que limit'ln á la plaza, son de muy
bella apariencia, prin_cipalmente el del Sagrario, con un
majestuoso pórtico, ens gra01osae balauetradas, e:ua bientrabajados cornisamentos y la arrogante cúpula que corresponde li la dirección del pórtico, viéndose en segundo término, las elevadas y góticas torres de Catedral, y
por fin, &lt;1tra gallarda cúpula que corresponde al coro de
Ja matriz.
·
Guadalajara fué foil.dada por Nuño de Guzmán, el día
5 de Febrero de 152l, y se le dió este nombre en memoria de la ciudad que en EApaíla se llama así y donde Nufto de Guzmán nació. Compónese ese nombre de dos palabras árabes ll"adiladJara. La ciudad actual eR la tercera
que con el mismo nombre foé trasladada á diversos luga·
res. Hoy es, sin duda, la segunda capital de la República,
no sólo por su población sino por su importancia, pues
alberga en sus muros más de noventa mil almas, y es metrópoli de importantísimo Estado de la Feder:ición.
LA CATEDRAL,

La Catedral de Guadalajara se fundó á instancias del
segundo Obispo de la Diócesis, Don Pedro Ayala, ponien-·
do él i)ersonalmente la primCra piedra el 31 de Julio
de 1616.

El edlficio es bellfsimo y majestuoso, de tres naves y
está limitado al N. por el Palacio Arzobispal, al S. por
uno de los portales, al O. por edificios particulares y al
Poniente por la Plaza principal.
_ ET, HOSPITAL DE BELÉN.
Guar1alajara r{'cuerda con gratitud inmensa el nombre
de ~u Obispo el !Ilmo. Antonio Alcalde, providencia de
la cmdad, y al cual debe ésta innumerables institu(::iones
benéficas. Fué trasladado de} Obispado de Yucatlin al de
Guadalajara, Era originario de Eepafia y de la orden Domínica, cuya promoción vino á hacer época en loe fastos
de aquella ciudad. Con grandíeimoe poderes se presentó
á eu nueva diócesis, perq con más suma de caridad ee
dedicó á bene_ficiar al _público, á lo~ pobres en particular
y _á la humamdad dohente en general. Propicia oportunidad se le presentó al poJCC' tiempo, para ejercer sus filantrópicos instintos. El terrible año de 1786 llamado del
hambre, había comenzado con todo su burior.
~abido que t~l ~alamidad provino de que el año antenor, (lt85J ant1c1pándose las heladas á. la estación,
destruyero,1 todas las sementeras de maíz, preeentá.ndose el hambre de una manera imponente entre la claEe
pobre de toda la Nueva.EiJpafia, cuyo principal alimen~
to lo constituye el maíz. El Seíior Alcalde organizó de
tal !llaneraª': programa para ejercer el bien, que puede
decirse que hizo más que todos los que hubieran querido
hacerlo. Grandísimas sumas empleó en abastecerse de
víveres para loa indigentes: según aparece en su libro de
1';1-emori~s qu~ con respeto hemos hojea.do, gastó eEe af'l.o
ctento di~z mtl pesos a6lo en maíz que repartió gratis li
loe necesitados.
_Pasó el hambre1 pflo su caridad quedó en pie: se ded1o6 entonces con grandísimo afán á muchas mejoras que

:s

r

ro.aculadas. La catedral de México es formidable más
obscura, pesada y melancólica.
'
Se i.~ui? sobre.ídolo~ derrumbados y pareee llevar el
remord1m1ento de su victoria sobre una raza eminente·
men~e religio~a. !-,a catedral de Guadalajara es coqueta,
,gra01osa¡ nos 10v1ta á. loar al Dios bueno que tiñó losc1e!os de azul y los asperjó de soles, que di6 el amor á los
-l~venea y la esperanza á los viejos. La catedral metropohtana es como un adusto pre.ado inmovil {'n su mustia
y grave actitud hierática, la catedral de Goadalajara ee
~omo un_ monago rubicund0 y alegre que rfe agitando el
""Incensano.
Hay.en laci1;1,dad muchos templos y cuando se expan·
de en 10undac1ón rosada la mañana, e.n cada torrecilla
liay una esquila parlanchina que parece clamar aleluya
y en_ cada altar un cura blanco que eleva risueflo la
hostia. El espectáculo de las calles en las primeras horas del día es cautivador. Multitud de ht::r"mosas mu•chac_has de mantón de burato, diríjense al templo con andar mdolente de Reinas; en los mercados bienolientes la
multitud, una multitud que no muestra coooo la de México el repugnante espectáculo de su indigencia. anima
el amplio edificio con barbulla desconcertada; sopla un
au:3 fre~ca que roba aromas á todos los jazmines y las es·
•qmlas siguen ebrias de movimiento extrnmecitmdo el
azul.
_Encantadora es la tapatía, y más que encantadora gra. c10sa corn? todo lo q~e la rodea. Su garbo es incomparable, sus OJOS han sabido conservar uua soberanía indlsputable en la República. No ·hay ojos como los de las
mujeres de la Andalucía de América· cantan estrofas y
atraen madrigales......
'

373

EL MUNDO.

Gober~ador del Estado.

Ft&gt;rnández, cuyo retrato p-qblicamos, la brmante respuesta del Presidente que supo desgranar algnnae flores ante
las hermosas mujeres que le sonreían; todo, todo ese relato de fiestas df, alegría, de cariños y de entusiasino lo
conocen los que nos leen y no debemos repetirlo.
Debemos manifestar, sí, que como en Puebla, el elemento oficial no hito sino dirigir y encauzar el entusiaa·
mo general; y como pub1icacnos numerosos grabados de
edificios, debemos además decir algunas palabras de ellos,
prefiriendo naturalm~nt., ea~ampar algunos datos relati-voi:,.
LA. C}UDAD.

Comit nza á contemplarse mucho antes de _que el viajero llegue al PXLenso valle de Atemajac, pues destacan
las tor~es de C11tedral, de San Francisco, de 8an Felipe,
de San Agustf n, de San Juan de Dios, de la Parroquia de
Jesús; las bellísimas cúpulas del Hospicio y del Sagrario1 y la inmeaea pirámide del Sarcófago del Panteón de
Belén.

Sólo por las distancias á que ee refiere en su estadística el sefior Ingeniero D. Luis Banda, poedeformarseuna
idea muy exacta de la área de la ciudad: estas distancias
son las siguientes: de la garita de S,m P~dro, situada
al O., á la de Zapopan, que está a] P., hay 4 .800 metros;
de la garita de Bueoavista, al N., á la-de Mex:icaltzingo,·
que está al S., 3,570 metros; diámetro medio de la ciudad, 4,235 ni.¡ perímetro ócircuuferencia media, 13,3 O
metros.
Los templos en sel'vicio son 26; el de San José ee magnífico por sus dimensiones, bellísimo por su ornamen•
tación y exquisito en Lodos sus detalles: ee cree quepodrá estrenarse dentro de dos años, y que por su magniTal es la ciü~ad que acaba de engalanarse para recibir. ficencia ocupará el tercer lugar de los templos del Esal primer m~g1strad J de la República y de la cual EL tado.
MuNno pubhca hoy algunas hermosas fotografías que 1e
A.demá.a de los edificios en que existen loe establecihan sido enviadas especialmente por su corresponsal el ro.ientos de inst,r11cción eclesiástica y religiosa, ejerce
*fí.or Lupercio.
jnrisrlicción aquPlla mitra en tres casas de ejercicios eeHablar de es:as fiestas, sería ruda tnre::i., en la que opor- · piritual~s, una dij ellas, C◊nstruida para ese objeto, y

•

D. Ju.st:o Fernáodez del Y11lle, Prellldente de la Cámara de Comercio

de Gua.dalaja.ni. r Consul de E!¡pa.ña.

�•
EL MUNDO.

374
r~lama!&gt;a la ciudad. Por
Pn cuenta se conetruy6 el
hospital de San Miguel de Belén, en 1791, lo
,iliemo que el panteón que
hay en este local, dotando
con esvlendidez al primero. Edificó el Santuario de
la Virgen de Guadalupe y
un colegio para nifill.S pobres llamado uEI Beaterio1 11
dotándolo también con siete manzanas de casas q,ue

famO"!O

mandó C()nstruir.
Quitó el camposanto que
existía en el centro de la
ciudad, en donde hoy es la

plaza de Venegae. Hizo
donaciones cuantiosas á. loe
conventos de monjas de Jef:lÚS :María y Santa Teref:la.
Ministró fuertes sumas para el empedrado de las ca-

llee y la compostura de lo!=!

caminos; y más pródigo fué
aún para proteger la instrucción primaria., á. la cual
consagró siempre sus atenciones más eficaces.
El paso por Jalisco de este hombre extraord1nario,
foé señalado por una bue
lla tan notable de benefi ·
cios á Guadalajara, que han
hecho imperecedera su me·
moria, a] extremo que, un
notable plublicista jalis ·
cien:?e, dice que: &lt;1l.h1adalajara ver.fa con má.s gueto un
monumento nigido á. la
memoria de Fray Antonio
Alcalde, que á. la de todos
loa heroes de la indepen ·
dencia nacional. n
¿Qué monumento !\ su
memoria mejorqueese con •
jnnto de establecimientos
levantados por su munifi ·
cencia, los cuales durante
un siglo han lhnado cum•
plidamente los dee0&lt;'e del
fundador? ¿Qué corona votiva más estimable que las
bendiciones de mil lares de
indigentes que aun siguen
•
.
·
siendo objeto de la subli.LAS FIESTAS PRE~IDENCIALESEN JALfSCO -P~RRT~PRlNCIPAL DEP.A.LACIO.-Fotografia de Luperclo,
me caridad del Señor AlJll3ra EL M1,;Noo.
calde?
Ahora los cuantiosos bienes con que dotó al hospital tos: t-l primero, destinado para el tribu.nal, los juzgad~s
de Belén, uEI Beaterion y varias escuelas de primeras le• de lo criminal, de lo civil y demás oficinas de 18'._ admttras, ya no existen, paearon al dominio de algunos par- nistr~ción de Justicia; el ergundo1 para las celdillas en
que dtben vivir aislados los presos; y el tercero, para los
ticulaTes.
San Miguel de Belén es una intnenea construcción de talleres que fueren Ot'Cesarios. El segundo departamen aspecto grave y sevem, dotada de todos los elementos to contiene ademlis un l.:.zareto y el tocal bastante .Pª~ª
modernos para la atención debida de lo!:! enfermos. Su nn hospital con salas bien ventiladas. Todo el ed1ficto
planta general tiene la forma de un cuadrado, con 350 me- pu~de ampllamentecontene; tres mil docientas perso~as,
Gros por lado, y en la cual se halla el templo, el 'Panteón y hay en él considerable numero de talleres. ~xteriory el hospital, siendo su eituaci6n al extremo N. de la mente tiene el aspecto de una fortaleza y está s1tuado al
poniente de la ciudad.
ciudad.
En el afio de 1792, quedaron terminadas la iglesia y el
EL TEATRO DEGOI.l,A no.
hoepital, p0niéndose desde entonces al servicio público.
La existencia de eníerroos es por término medio de 275
Está consirlerado, y con razón, como el primero de la
calculándose una entrada y salida diaria de diez á doce. RepúhliC:~ Fué edificado en la antigua plaza de San
Los enfermos son auxiliados gratuitamente por un per- Agustín y ·su planta gene1al tiene la forma de un. cuadrisonal competente y basta para que sean recibidos la con- longo de 97 metros de longí1ud por 36..!0 de latitud: en
signación que de ellos se haga por cualquiera de las oficinas
de policía. La junta de Beneficencia Pública paga el presupue1,.to del establecimiento1 y atiende !\ los gastos de
aeeo y reposición del edificio.

13

EL PALACIO DEL GOBIERNO.

Debido á. los esfuerzos del Gobernador de Jalisco, Sr.
Vallarta, se llevó á cabo la obra abandonada por tantos
aflos de la reedificación de Palacio, animado por la e:x:pJo-sión de 1859. En ella se gastaron cuarenta mil pesoa. ~
el Palacio vastísimo edificio, de elegante arqmtectura y
cierra uno de los costados de la Plaza de Armas.
El Salto de Juanacatlán es una. preciosidad natural que·

•

Desde el Gobierno del General Cruz, el Obispo don
Juan Raíz de Cabañ.as, varon eminentemente caritativo,
emprendió la construcción de un ho~picio de pobres, obra
coloaii.L que es hoy legítimo orgullo de Guadalajara. Este
hospicio, edificio vastísímo que se ba!la situado al Oriente do la Ciudad, á ocho cuadras de la plaza de armas y
calle recta del Costado N. de la misma. Fué terminado
por el arquitecto D. Manuel G6mez !barra y l OEtó, únicamente á. la Iglesia, $12,000.
La planta general es U:n paralelógramo, cuya longitud
es de 185 metros por 170 de latitud, la entrada ve al Poniente en dond'3 hay elegantísimo pórtico con coiumnatn. de orden toscano. En su interior el edificio está. dividido en dos departamentos, uno para hombres y otro
-para mujeres, Hubdivididos á. su vez; cuenta 28 patios; su
iglesia ea admirable por 1a sorprendente cúpula que la
corona y tiene la forma de una cruz griega prolongada.
Hasta hace dos af'ios habfa en el departamento de nifl.aa pobres 147, y 12 ancianos que recibían toda clase de
recureos en el estableci niento.
En 1880 había en el orfanatorio 13 niños y 16 niñas,
éstas permanecían hasta la edad de siete años y después
pasaban á sus reapecti vos establecimientos.
En el salón de la cuna había en el año referido 13 nifios expósitos que llevan el apelliao d• Cabañas, el ilustre fundador.
En el departamento de horu brea había en 1880 188 niños que ncibían instrucción primaria y secun~ria y á
quienes se ensefiaban varios oficios.
El plantel continúa rindiendo ópimos frutos.
U

PENiTE"-OIARÍA

Este edificio com,,.nzó l'Í con'!Lruirse el año de 18!3 bajo el ptnyt•d,n y dirección del arquitfcto español 'non
,José R-wióu Cut!\'a~. Esiádividi:lo en tres departamen-

1

LAS FIESTAS PRE'=irDE~CIALES EN JA.tlSCO.-PEl'i'ITENCLUHA.

.13

1896.

altura total hasta la clave de la linternilla que cubre la..
bóveda del salón, es de 22 metros 50 centírqetros. Por sus.
lados N. O. y S. está circundado por altos corredore.s óportales cuya construcción está. separada por ~n calleJón
de 5 metros. La fachada principal está. a! Fomente y las
laterales N. v S. est!tD divididas en tres pisos ornamentados con coluÍnnas y ventanae: ]os dC's primeros que corresponden á los palcos, son de orden corintio, y el tercer
piso que está. dedicado para Hote 1, pertenece al orden
comÍ,uest.o.. El pórtico está.fo~mado por ocho colum_nas
arquitrabadas de orden cormt10, coronadaa por un át1co.
Pasada esta entrada verdaderamente regia, se encuentran
cuatro elegantes portadas don canceles d~ hierro, que dan
acceso á un patio con oorredor oval, en forma de rotonda,
que tiene 10 metros de longitud por 6 metro~ 50 c~ntímetros de latitud, con diez columnas que sostienen igual
número de arcos. A los costados, están: un restaurant,
cantina la entrada á las ePcaleras que conducen á. las
ef!caler~a que conducen á las plateas y palcos y demás
oficinas del teatro. La entrada al salón está. al O. d&lt;&gt;l patió descrito decoradas con columnaq de orden corintio:
entre la ent'.rada y el salón, hay por ambos !ados un _espacio de 9 metros ocupado por el ambulatorio respectivo
y los gabinetes de desahogo para cada platea.
El diámetro mayor del salón es .de 20 metros 60 cent~metros y el menor de 17 metros 9a céntí~uetros: eEtá. ~1vidido en cinco órdenes de palcos sostenidos por groc.10sas columnas de orden compuesto: sobre ellos dei:cansa
la atrevida«&gt;óveda plana construida con piedra póroez y
decorada con una b~llfsima pintura a.! óleo que rt&gt;presenta el canto IV de la Divina Comedia del Dante, t-jecutada· con maestría por Gá.lvez y el insigne pintor jalieci.ense Gernrdo Snárez.
El gran arco del proscenio tiene .15 n;ietros de ancho
por 14 de elevación hasta la parte rnfo_nor de su clave,
está sost.enido por cohimnas de orden comput&gt;tlto y $1ecoraao en su parte inferior oon diez caeetonef! el~ exquisita talla y un bajo relieve que representa el nempo y
las horas: en las pe&lt;'hinas que están sobre el arco, hay
dos famas en actitud de tocar sus trompetaf!, portando
en la mano izquierda coronas de laurel. Un ág11ila coloeal también en relieve de oro, está en la clave, soporta~do entre sus garras la bandera nacional.
Cinco entradas tiene este salón, una al frente y cuatro
laterales · la decoración toda es de estuco, fondo azul, y
las- cornisas, columnas, bases, capiteles, t te., etc., de
blanco y oro.
·
El foro esM. techado con hierro: su lorgitud c-s de 34
metros por 18 de latitud : á eus costados N. y S, -hay amplias galerías de orden toscano y después de ellas, una
serie de gabinetes para los actores.
Sobre una caja acústica están los asientos de la orquesta1 y el subterráneo de ella se prolonga con ascenso hacia
la entrada y por lo mismo,. la colosa! tarima que sin-e de
pavimento queda susceptible de nt velarsP. con el foro
para form~r un inmens0 s1.l6n de cerca de 55 metros.
Todos !os ambulatorios, gabinetes de desahogo y demás dependenciM de este grandioso ~eatro, son cómodas
y bien ventila.ias. El foro tiene una mmensa puerta parn la calle, por la espalda del ~dificio; en el caso de incendio, ka actores y dependientes de escena, tendrán,
una facíl salida, para qne no suceda lo que no h~ mucho
tiempo en París, en el Teatro de la 9pera Có_m1~a,. que
no pudieron salvarse los actores m demás rnd1v1duos
que había en el foro, por cuyo lugar comenzó sus estragos el destructor elemento.

EL JIOSPICfO.

•

DICIEMBRE,

DICIEMBRE,

1896.

•

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES E)l" JALISCO.-PALACIO

DE GOBIERNO.

la comisión de Instrucción Pública. Pereuadi:!o de l_a importancia de] ramo que ee Je confió, ~eede ese d_!a Y con
una constancia imperturbable, no deJÓ detrabaJar porla
inRtrucción.
.
. ·
Inmediatamente aumentó en la capital ee1s E'Fcuelasde
niñM y tres de niños¡ fundó para ambos sexos las -de
San Pedro, Mezquitán, Santa María, Toluqml'a y San
Sebastián.
Siendo después miembro de la Ju!lta. :pepartamental,
hizo el primer plan de ensei'ianza pnmana en el Estado,
y aprobado por el gobierno, se publicó el 28 de Enero de
1839. En este puesto se le preeeJJtó un camp~ más va.~to
para ¡&gt;0ner en acción sus deseos de elevar la rne~rucc1ón
á una altura extraordinaria, cqosigniE'ndo, dt•b1do á su
activi&lt;larl, que en poco tiempo no bubier~ en el Estado
ni un sólo pueblo, aun el má~ pfqueño, sm eecuel~.
Nadie mejor que el Sr. Cot11la conocía toda la impor·
t-ancia de que los maestros. que eervfa~ las eecuelas fu~ran ilust,rados, y á E'Fte cm dado Ee d, b1ó tenerlos en nu·
mero crecido. Los miembros de J9. Junta Departamental por iniciativa del Sr. Ootilla, cedieron sus sueldos
pa;a aumentar el de algunos profdflnres inte!igentes, Pntre otros, D. Julio Meyn, que eneeñaba Caligrafía y Te•
neduría de libros por partid.a doble, á los preceptores.
Más tarde fué nombrado Inspector general de ta instrucción primaria y se proµneo fnndar Una escnela normal de profesare;, comprendiendo qne cada prfceptor
import':lba tanto coi.u? una eF&lt;.mel.a y más que una eecueJa, no debiendo omitirse medio a~guno ¡,ara atender A 1:1
perf eta ilnfltraci6a del proíesora~o. Estos ?esvelos ~1eieron ver la lnz ií. 11n bello t,rabaJo que publicó en 18.Jl,
bajo el título de: uloforme que prest&gt;nta tl In.epec.tor gen~ral de instrncción primaria, á la Junta D1rect1sa de
Estudios dPl Estado de Jalisco.n Loa trastOTnos políticos
de 1852 ocasionaron que este gran pensamiento no se hubiera rf'alizado.
En 1859 tr::idujo é imprimió el .curso de Pf'dagogía de
1\fr. A. Renaú, con que- obseqmó á los profesores, por
cuyo progreso trabajó siempre.
.
. .
Veinte años consagró el Sr. Coulla 111 s~rv1c10 de la
instrucción pública, sin recibir sueldo en mngu_no de los
puettos que ocupó, an.tes de su modE'Ato peculI_o costeó
varias impresiones útiles para los proft&gt;sores y parn los
alumnos y muchas veces .. para estim~1!ar á los niño~, .de
su bolsa salían los pretJHOB que nc1bían por mano del
maestro.
. .,
El rápido progreso que la ensefianza ~dqu1r.10 en este
período, es incalculable, y la fama del Sr. Cotilla se .ex~
tendió por todas pai:te_s. ~n 184.1, ~~ una honrosís1ma
comunicación 1 el M1msterio deJuRticia, por acuerdo del
Presidente de la República, le pedia los rt&gt;;glamen~os por
medio de los cuales babia prosperado la instrucción en
Jalisco rogándole que loe remitiera al Sr. D. Juan Rodrfgue~ Puebla, secretario de la Junta de Instrucción
Pública de México.
Por fin sus enfermedades le hicieron renunciar en
1855 el cafgo de insp€ctor, con sentimiento unánime del
gobierno y de la sociedad.
.
Después de seia años de en~1erro en -a~1 casa, coneagra•
do á disponerse para la !'termdad, rr11~r16 el Sr: Cot1\la,
dejando sus pequeñoa bienes á _lo~. l o:.ires y u~a pens:ón
vitalicia á la persona que lo asistió en los últimt.s anos
de su vida.
Un elPganteescrit?r jaliscien.se, am~¡z~ del Sr. Cotilla:,
dice: uNosotros le vimos nc.b1r el V1á~1co de los moribundos y en nuestro interior deciamos: t(Si eea boca, cerrada por el recogimient,:&gt; se abriera de repente, cantaría como suspira un angel y gem irf~ C?mo cant':\ un m~~tal.n También lo vimos exhalar el ultimo suspiro y d1J1mos: ((dichosos los que mueren aRf: descanse en paz:u
ese día íué el 27 de Octubre de 1861.11
Entre sus papeles se encontró uno que dice: uMi ~pitaflo. Los restos mortales de un pecador arrepentido:
esperan aquí la res.urrección de. la carne,)J.Y después
uComo creo perjudicial á los vivos el entierro de lo.!!!

como sus protPgiclos, al E'xtremn de qnP. cnando llevaron
suprema belleza del agua que" desata ~us crencbas, en á. su casa los blandones impe1·ü\lE&gt;s d1-&gt; f'at,edral, no había
dinero para romprar los cirins qne ch•bfan arder ante f'l
caudal de espnmas.
Para concluir y como nota amen.a de este ~rtículo, pu- cadaver. I..,oQ ahorros de D. Jesús Ca.~tillo, ann antes de
blicamos á continnaci6n algo relativo á. la:_ vida del gran "recibirse de médico tenía algnnl\ client~!a, lloraron eeta
Obispo Alcalde, ta~ v~nerado en Gnadala1ara, y de otros necesidad y Fe pmolearon además en los .gastos del snn·
tuoso entierro qne se propuso hacer á su 1lustie benefacvarones no menos rns1gnes.
.
.
Era tan minucioso para hacer loa benefic10s, t-an am1~0 tor.
Lle"\"Ó R. su útima morada el Sr. A.rtf'aga un inmenso
del pormenor y del detalle, qne fijándose en la t~mdenc1a
que tienen todos los niños á comer alguna ~nlosm~ al sa- séquito, además del invitado para f!US fnnt!ralea: er~n los
lir del Colegio, dej6 una ca'!a con el exclus1yo obJeto de que comían en su casa, eran lof'lo hnérfanos y las v1u~as,
qua.la renta se ·empleara precisamente en b1zc~chos que que llorando, acompañaban hasta el sepulcro á su canta·
deberían distrib11iree todas las tarde~ á las mñ~s .de la tivo bienhechor.
eflcuela pública del Beaterio, al ealir Jel establec1m1ento.
A fines del afio último del siglo pasado, nacía ot.ro
1Qué grande era esa alma ocupándose de pequef'ieces de hombre admirable por su caridad para con los deegrac1ados y por el celo con qne se consagró ~l fomenti0 de la
estP género!
.
. .
Un ascendiente de la esttma\)le f~m1ha Palomar, er:' instrucción pública en el Estado de Jalteco1 era Don Ma~
amigo del ilustre prelaao, y conociendo su desprendi- nuel LópE&gt;z Cotilla. Quedó huérf1;\no de padre C?ando esmiento de cuanto poseía, al E'xtremo de que muchas ve tudiaba Filosofía en el SPminarm de GuadalaJara: esta
ce~ no tenía rO!Ja que ponerse, ac?stumbraba rE'galarle- circunstancia y la de haber perdido la mayor -parte de su
cada af'i.o entre otras \.-'rendas, vanas docenas de pafiue- fortuna en virtud de loa suceisos de 1810, o~as1onaron su
los de fido cambray: una vez 1 habiendo pasado pocos días salida 1el Seminario; sin embargo, en lo pr!vado se condel obsequio, fué á visit-ar!o: lo halló con un fuerte d.ol?r sagró al dibujo y al estudio de las Matemáticas.
de cab8za y que ésta la tenía amarrada con un andraJo
Su vida privada, era nn modelo por _su honradez, J:!Or
despreciable.
.
.
su condact3. para con sn madre, á qmen amaba apasto·
--¿Pero qué clase de t rapo tiene S. I. en la cabe'..a? le nadamente; por eu protección á los desvalidos y por su
preguntó.
.
desprendimiento, al f'xtremo de que poseyendo en ~s -Lo mismo aprieta esta pretma de calzones que cual• pafia un mayorazgo, hi.,.o de él 1~na ab~oluta donación
quiera. otra cosa, conteetó el Sr. A1calde.
de los frutos y de la prnpit&gt;dad al mmedta.to suces?r del
-¿P@ro loa pañuelos en dónde están?
.
vínculo remirciando hnóicanwnt,e á. las comod1dadee
-¡Ah! los pat'iuelos ...... pues ...... ya no recuerdo qu ien que pudo habn dif•frutado con aquella fortuna.
En 1835 fué no·nbrado regidor del Ayuntamiento co11
ee los llevó.
.
s,empre vivió así en la m=seria, s'3 puede dec1t, pues
sus pobres como él !'os llamaba (mis pobres), consumían
hasta el último centavo 11e sus sueldos, y esto que en esa
época eran muy respetables.
Mas tarde apareció el Sr. ~ura de ~ac_o~lco, D. M;anuel
Arteaga, quien en las _parro9-u1as q~es1rv16Jamás quiso co·
brar á. los pobres est1pend10 de nmguna clase, al extre•
mo de que cuando fué promovido!\ un asiento en el coro
de la catedral de Guadalajara, los vecino!tacomodados .d e
Zacoalco le facilitaron coche y recursos para hacer el viaje. Una nz en posesión de su elevado puesto, la_Cfarerúi
ó tesorería de aquel Cabildo, le h!zo un cor_to ant1c1po para comprar los muebles más premsoa del aJuar de su mo•
desta habitacion.
.
. .
Desde luego fué su casa e! punto de_ c1_ta de loa md1 ·
gentes, para los cua!es se disponían d1ariament~ abun•
dantes alimentos. Nuestró amado padre fué testigo una
vez de que á uno de tantos ancianos que comían en su
casa, le envió de la mesa un platillo especial q_ue se le
disponía por el mal estado de su dentadura.
-Señor, ¡por qoé manda usted su plato? le preguntó la
señora que hacía cabeza en la casa.
.
-He visto hoy á. un viejecito que como yo, no tiene
dientes, dijo el Sr. Arteaga.
·
-Es que ya no tenemos poyo para usted.
.
-Eso quiere decir, conteEtó, que mañana .s e d1~p_ondrá.
en mayor cantidad, para ese pobre queéegmrá. vm1endo,
y para mí.
Llegó hasta la dignidad de Dean, con aumento notable
de su sueldo¡ pero en esa proporción aumentó también
sus caridades ya entonces pagaba los lugares de algun?S
huérfanos en 'varios colegios, dió de a!ta en el refecto!lO
de Sll casa !\ nueuos indigentee y hacia otros beneficios
de importancia.
.
El Sr. Arteaga sostuvo la carrera del intelig~nte médico D. Jesús Castillo, que aun vive en Guadal8'.Jara gozando del aprecio y consideración. de aq?ella somedart: e.n la
&lt;:asa de su protector halló Cast1llo, mie_ntras ~ué estudian·
te, ropa, alimentos 1 libros y las cons1derac1ones de un
padre solicito.
LAS FIESTA..$ PRESIDENCIALES E~
Murió el Sr. Arteaga octogenario en 18481 tan pobre
todos conocen y que r..o intentaremos describir. Tiene ia

•

3¡5

EL MUNDO.

•
JAUSJO.-SALTO DE JOA...~ACATLL~.

�EL MUNDO.

376

13

DICIEJ\fBRE,

1896.

Los puestos estaban gráficamente clasificados y aparecían diseminados por los jardines tan variados en sufor·
ma como en sus adornos; pero sí tod~ los adornos estaban arregladoe con esa exquisita delicadeza que solamente p0see el bello sexo.
Los diarios han dado á. conocer durante la semana los
detalles pormenorizados de esta füista de la caridad y
nuestros lectores pueden formarse mejor idea con los fotograbados que hoy publicamos.
Las señoritas vestían los trajes peculiares á cada una
de las Provi11cias y la verdad es que había algunos verdaderamentP. lujosos y de much~ costo.
Lo más granado de la Colonia Española, mezclada con
su numerosa fracción comercial y· un gran número de
compatriotas nuestros, dieron esplendor á la fiesta.
Dignas de mención son las Sras. de Noriega, de Mijares, de Abarca de Hope, viuda de Moreno, de Ar.rutia,
de Roqueñí, de Sierra y Solaun de Onniso, Salas Puente,
de Quintana, de Torno, de Alvarez Díaz, de Do~al, de .
Vega y de Tanco, de Téllez, de Cabrera, de Borrego, y
Sritas. María y Lupe Noriega, Angela, Carlota y María
Barquín, Josefa Roqueiíí, Gabriela de Silva, Sritas. r ardo, Dfaz, Villa de Mora, Zayas, Antuflano, Isaei, Alcorta, Luna, Arroyo, Pontón, Villa, Pastor, Gay, Escandón,
Sobrino, Pefla. Farez, Herrera, Arcaraz, Abarca, Blan•
co, Romero, Hoppe y Meneson, y en general todo el gru•
po encantador, que con gracia y amabilidad desempefla•
ron eu tierna y delicada misión en honor de la caridad.

13 DrnrF.Jlrn R F:. 189R.

377

ELMUNDO.

. . ::r (;:'
v: &gt;'

Fué en li33 cuando obtuvieron los cultivadores en Francia, los primeros ananas.
8t1 consiguió hacerlos madurar en Veraallee, y Luis XV hizoservirloe en su mesa. En
los países cálidos se les prefiere á los mejores frutos de Europa; pero los ananas de
los rnvernaderos no pueden compararse con su perfume y sabor exquisito con los ananas de las indias.
E1 bajo el clima de fuego de los trópicos donde esos frutos se presentan en todo su
esplendor. Hay campos que contienen millares. Todos los sitios les convienen; se desarrollan en lugares escarpados; cerca de los arroyos ó al borde de las fuentes luce el
suave verdor de sus bojas y el suave fruto.
Este fruto facilita la digestión; se prepara con él una bebida espirituosa y espumosa, mezclando su corteza con agua y azúcar; se hace también una excelente ensalada, á la manera de las que se preparan con naranjas, con azúcar y licores fuertes. En loe
países donde el anana es muy abundante, se fabrica un vino por la fermentación de m
j11go; ese producto desconocido para nosotros puede rivalizar con los mejores vinos de
Eipaña por su fragancia y por sus propiedades tónicas: es muy parec'do al Malvaeia y
podría txpedirse en barricas ó en botellas; donde más se fabrica es en las Antillas, y
t!e vende á 2 francos 50 céntimos la botella.
Las largas hojas de anana, abundantes eR fibras blancas y muy fuertes se emplean
en los tt&gt;jidos de géneros delicadísimos, buscados por su brillo y su frescura. La Reunión recibe de la India esta fabricación ya en piezas, ya en pafiuelos. Los conocedores
en tl'jidos se sorprenden al verlos. Se hacen también líneas para la pesca y cuerdas
muy bólidas. Es sensible que la Europa no obtenga aún sino un escaso partido de una
planta tan rica de porvenir.
El aroma del anana es difícil de concentrar. es muy fugaz y se altera con facilidad.
En el J.enguaje de las flores tiene eeta planta el emblema de la perfección.
AGRICULTURA.
LAS SALES DE CAL EN LA Af,IMENTACIÓN DE LAS GALLINAS.

Medalla conmemorativa de La Paz.

LAS FIESTAS PRESIDEXCIALES E:!-. JALISCO.-PANORA)IA DE GUADALAJARA.

muertos, en gavetas, encargo que el entierro de mi cadáver sea en la tierra, es decir, un verdadero entierro.»
Pocos días después de su muerte «El Espejo,» periódi•
coque entonces se publicaba en Guadalajara, decía en
un artículo muy sentido: «El Sr. D. Manuel L. Cotilla
prestó muchos servicios á su patria y en lo particular á
sus semejantes. Prueba de ello es el sentimiento general
y ePpontáneo que ha causado su muerte: el duelo que
han manifestado los sujetos más distinguidos de todos
los colores políticos y el gran cortejo de dos ó tres mil
personas que acompañaron su cadarer hasta el cementerio de Santa Paula. Al depositar sns restos en el lugar
que se le tenía destinado, se oyeron varios sentimentales discursos sobre sus eminentes virtudes y relevantes
servicios, por varios ciudadanos preceptores, estando
presentes á 1a ceremonia una comisión del H. Congreso,
otra de la Junta Directiva de Estudios, otra del I. Ayuntamiento, el cuerpo de profesores de instrucción prima. ria de esta capital, un gran número de niños de todas las
escuelas municipales y particularee y gran parte de los
habitantes de esta ciudad que conocieron al Sr. Cotilla,
admiraron sus virtudes, palparon sus eminentes servicios y quisieron derramar una lágrima de gratitud, ante
el sepulcro de tan eeclarecido ciudadano. Si algún jalisciense merece llamarse benemérito de la patria, es el Sr.
D. Manuel López Cotilla; porque extraño á las disenciones políticas de los partidos, sólo se ocupó en los mejo•
res a~os de su vida, del bien de sus eemejantes.»
Un decreto de la legislatura del Estado, expedido el
mismo día, le declaró benemérito y dispuso que por tres
días llevaran luto por el ilustre finadc-, las autoridades y
demás emph¡ados civiles y militares de Ja::.l;;;is::.c.o~·~--Tal es Guadalajara, tales BUS inatitiícionea, tales sus
hombres eminentes. Baste esta leve reaefla para formarse una idea que sin duda mejorará cuando se contemplen
de cerca las supremas belle:t'as de la Atenas americana.
D. Dionisio Rodríguez fué otro hombre que prodigó
muchos bienes á Guadalajara.
_Fué rico y eeta circunstancia le proporcionó hacer el
bien en mayor escala.
Nació en Guadalajara el día 8 de Abril de 1810, y sus
pa~res se propusieron darle una esmerada educación re·
lig1osa.
Sus estudios los hizo en el Seminario, basta Filosofía,
pasando después á.·la Universidad, en cuyo plantel hizo
su carrera de abogado, obteniendo el título respectivo,
el 23 de Junio de 1835.
·
Nada era tan atractivo para el Sefior Rodríguez, como
el beneficio á la sociedad, y esto lo demostró de una manera elocuente con sus trabajos para conseguir que vinieran al país las Hermanas de la Caridad. Comenzó sus
gestiones en 1850, después de un viaje que hizo á Europa, en donde vió los beneficios que la humanidad desvalida recibía de aquellas admirables mujeres, y estas llegaron á Guadalajara en 1823, viendo el iniciador logrados
sus humanitarios deseos. •
•
Fundada~~ 1864 la !unta d~ Caridad, para atender
con más solicitud á la mstrucc1ón y beneficencia de la
nifiez, fué ~ombradc presidente el Señor Rodríguez, cuyo cargo desempeñó hasta su muerte.
Por fin murió1 como dejan la vida los hombres de al~a elev3:da, resignado con sus dolores y con la mirada
fi¡a en Dios, el día l ? de Mayo de 187i. Del Señor Rodríg~ez ee pueden decir aq~ellas palabras que la Iglesia dedica á les. confesores: «Bien aventurado el varón que es
hallado sm culpa y que no anda tras el oro, ni pone su
esperanz~ eu el dmero y en los tesoros. ¿Quién es éste,
y lo elog:aremo3? porque él ha hecho cosas admirables
en su vida.»
El mundv contemporaneo es un taller de mediocri•
dades.
Pattl Bourget.

LA ROMERIA ESPAÑOLA..

Pluma de Ave del Paraíso, empapada en tinta de oro,
sería necesario em pu fiar, para escribir con ella la cróni•
ca de la simpática. de la brillante fiesta organizada por
un selecto grupo de damas pertl'nPcientea á la Colonia
Espaflola radicada en la antigua capital del Icnperio Az·
teca.
El Sr. D. André~ Toriello fué el comisionado para dirigir el adorno, y á la verdad cumplió su cometido con
arte y gusto.
El Tívoli del Elíseo eetaba vestido de gala: pabellones
e~pañoles y mexicanos fraternalmente enlazados, festones de aromático cedro, flores á millares, lo mismo que
farolillos chinescos y venecianos que por la noche, con
sus variantes luces, daban mayor belleza á squel conjunto verdaderamente encantador.
~l Tívoli representaba á la Península Ibérica porque
allí estaban reunidas todas las Provincias que la forman
indicadas por sus escudos heráldicos respectivos.
El primero que al entrar al Tívoli se destacaba en lujosa cortina de peluche color oro viejo, era el León de
Castilla, que parecía sacudir orgulloso su encrespada me•
lena.

Los alimentos que se Puministran á las gallinas son generalmente insuficientes al
suministro de la cal que necesitan, sobre todo si están sometidas al régimen del galli
nero.
Por los análisis, sabemos que la cáscara de los huevos contiene gran cantidad de
carbona10 de cal, y por tanto cabe preguntar: ¿es en la forma de carbonato que precisa
modificar su alimentación?
E_n la naturaleza el calcáreo ó carbonat? es muy obundante, y las gallinas hacen
del 1msmo gran consumo cuando están en hbestad.
·
Y no obstante, no es indispensable q•1e la cal que se lee suministra, para que puedan producir la cáscara del huevo, sea precisamente en forma de carbonato, p11esto
que, como los molúsculos para secretar su cubierta y los crustáceos para formar su en voltori_o. poseen la facultad de fabricar el calcáreo, mientras la cal en cualquier forma
y el ácido carbónico loe tenga á su disposición.
Dudarfase de que la gallina fuese un químico muy hábil, y no obstante, es un hec~o c_omo lo ~n demostrado loF Sres. Irvine y \Voodhead, en las interesantes expenenc1ae publicadas en la Rel'!(e Scienti.fique, de las cuales vamos á hacer un resumen.
. _Una experiencia consistió en encerrar en un aposento, en el cual no había ni arena
m tierra, algunas gallinas y un galio. Cada ave recibió su correspondiente ración con
determin~d.a cantidad de ~gua destilada y una doús fija de sulfato de cal ó sea )'eso.
que se ad1c1onaba á los ahmento -. Por eRte método, se sabía con exactitud la cantidad
(8 ó 9 _centígramos) de carbonato de ca: introducid.i con los alimentos en el organismo
del ~mmal, carbonato que no hallaban ni en el agua ni en otra parte.
Se quería saber, si en estas condiciones, las aves conseguirían ~I carbonato de cal
del envoltorio de los huevos.

Vamos á referirá. grandes rasgos la historia de la medalla conmemorativa de lri Paz, que va á ser obsequiada
al Sr. Presidente de la República por los Estados de la
Federación.
La idea fué del Sr. Licenciado Melesio Parra, y comunicada á losseñoresGobernadorePde los Estados, laaceptaron con entusiasmo, ofreciendo al autor el contingente
que neoesario fuese para que ia ide.1 se llevara al terreno
de la práctica.
El Sr. Parra ha trabajado con verdadera constancia
hasta ver cumplidos sus deseos.
La medalla, cuyo grabado damos en el Jugar respectivo
ha sido grabada y acuñada por el artista mexicano D.
Eusebio Lezama. Es de oro macis.&gt; con Eólo anverso.
Será colocada la medalla en un estuche, al que irá
acompaflando una tarjeta de oro con la dedicatoria rea•
pectiva.
Tan valioea joya será entregada próximamente por una
gran comisión de Gobernadores de los Estados.
En tan solemne acto llevará la palabra para hacer la
entrega al Sr. Presidente el autor de la idea, Licencl,.do
Melesio Parra.1
El mal puede conducir al bien; sólo la necesidad no engendra más que la necedad.
Ibsen.
Es más facil arrepentirse que perdonar.

Jul,ea Lemaüre.

Vosotros habéis predicado el dogma aosurdo de la igualdad, quP. consiste, no en
elev~i:se _hasta los unos, sino en abatir 11. los otro5; y después hasta os admiráis y pre•
guntá1s rngenuamente: ¿Qué quiere la clase laboriosa? La clase laboriosa quiere simplemente no trabajar.
ALFONSO KABR.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES E\ ,TALISCO.-CATEDRAL DE GUADALAJARA.
De fotografía de Lupercio, para EL Mt'NDO.

CURIOSI DADES.
Las cinco vocales.
Encontrá~do~os hace algunos días en una reunión, un joven propuso á los circunstantes el que 1nd1casen alguna palabra que tuviese las cinco vocales.
Al principio.nadie podía dar solución al problema, y el joven se vió en el caso de
rPvelar sus conoCimientos en este género de entretenimientos, dando la palabra mur•·iélago como unica que poseía, todas las vocales.
Muy luego una sedorita dijo que hab(l!, otras con igual privilegio, y sucesivamente
1,e fueron nombrando por los presentes los vocablos siguientes:
Murciélago
Vulneración
Eufonía
Aceitul'.'o
Escu!l.lido
Estudiosa
Vituperación
Universitario
Emulación
Vinculaciones
Agr icultores
Duodécima
Publicaciones
Regulación
Feudalismo
Terapéutico
Buenos-Aires
Educación
Reva 1unación
Manuelito
Aureliano
Eucalipto
Evaluación
Deucalión
Neurología
Eulogia
Republicano
E L A.NA.NA,

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-HOSPITAL DE SAN MIGUEL DE BELEN.-T.&amp;ES SALAll.-Fotografla de Luperolo
para EL Mmmo.
•

El anana de hoy y el anana de otros tiempos; su descripción, variedades acHmatación y propiedades. Vino, hilo y tejidos de anana.
'
~I ~nana que ~bunda en los merca~osdePai:ís enciei:t,as épocasdelafío, se importa
-de d1strntas eolomas francesas. Con Cinco céntimos obtienen los niñot1 una tajada de
:mana, y se pnede comprar una muy regnlar por un franco; sin embargo hace tres
ó cuatro años que un anana de buena calidad costaba cien francos. Para eatÍefacer á su
esposa que_est.aba_ en cinta, el general !unot,. en esa época gobernador de París, ofreció
-en v:ino Vt&gt;mte lmse_a por unn anana: 1mpos1ble entonces procurárselo, ni aun por ese
prec10.-¡Qué cambio!
Se conocen detalles interesantes respecto á ese fruto justamente renombrado y
que pasa generalmente, por ser el mejor de! mundo.
'
Uomo vegetal el anana E:ª una planta vivaz, espinosa, de ~legante forma, sus hojas
largas, verdes, carnosas y sólidas, rodean un vástago que termrna en una espiga de flores
n_umerosas y violácea6, á las que suceden vainas tan apretadas que parecen no hacer
sino un sólo fruto. Es el tipo de la familia de las bromeliáceas.
El a~ana en su madurez es generalmente de un amarillo dorado· su carne es blan~a, a~anlla ó ro_sada, de un perfume y de un sabor exquisitos qu~ recuerda la fresa
da al 1!1-.ón. Su Jugo es muy refrescante, y posee todas las cualidades necesarias para
calmar las fiebres inflamatorias.
Se conocen algunas variedades dP ananas, de fruto rojo, blanco violeta y negro y
1) hay _que reune todos .esos colores. Hay una clase especial cuyo fruto es muy pequefio
•· n las 1sl_as de la Reumón; su carne es cuanto hay de más exquisito, tiene un gusto muy
llronnnciado á la uva moscatel.
. Para reproducir esta planta basta separar con cuidado el ramo de hojas verdes que
tiene el fruto y enterrarlo.
. Don. Gonzalo Hernández de Oviep.o, gobernador de Santo Domingo en 1535 fué
,quien hizo conocer este excelente frmo á loa botánicos de Europa.
'
Acosta nos hace saber que fné llevado de Sant&amp; Cruz á las Indias Occidentales y á
la Cliina. donde se conocía en 1518. Alg,mo~ autores afirman al contrario que esta
¡&gt;Jauta originaria de la Ind:a, ha sido importada á América.
'

LAS FIBSTAS PRE,II)E:S-CIALES E~ J ALISüO.-lGL"5L(DE:SAN Jon.

�378

EL:MUNDO.

LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.- TEATR0 DEGOLLADO.-Fotografia de Lupercio, para EL Mu1mo.

13

DICIEMBRE, 1896.

13

DICIEMRRE,

1896.

EL MUNDO.

LAS FIBSTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-H0SPIC!O CACA~A,.-FACHADA:PRINC;PAL.-Fotografla.de Lupercio, para EL Muimo.

LAS FmSTAS PRESIDENCIALES EN J ALISCO.-COSTADO SUR DE LA CATEDRAL y PLAZA DE Á.11.IIUS.- Fotogra.fía de Luperoio, para EL :Mmmo.
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-.A.VENIDA. DE SAN Fl!.ANCISOO.-Fotografía de Lupereio, Pllffl,EL MONDO.

379

�13 DrcrnMBRE, 1896.
··' ~ º = = = = = - = = = = = = = - = = ~ ~ = : - = = = = =·= = - = e - = = ~
º80

EL MUNDO.

-¿Le has hahlado de mí?
-No hago otra coea de3de
por la mañana hasta la noche.
El atñorit-o Felipe por aquí, el
Bt'ñoritoFelipeporallit ¡Cuán~ siento-le he dicho cien veces--:,ul' haya tomado un ayuda de cámara! ¡Le servía yo
tan á gu~to!. .. ¡Ese sí que ee
un j,,ven simpático, _guap~ y
cti,tinguido!.. .... ¡ Y s1 supiera
Udted qué talento tiene!. .....
-Para mí, ha jurado no te•
ner otro marido que usted.:
-¿ Y cuándo podré verla?
-P,1séese usted esta tarde,
de tres á cuatro, entre el bou•
Jevard y la plaza Vendome,
junto á los números pares. La
señorita saldrá sola conmigo.
Felipe no pudo ocultar su
alegría y Pxclamó:
-¡Ah, Juana!.. .... ¡Me parece que la amo ya con delirio!
Por la tarde, Felipe, que había invertido una hora en vestirse, difcurría por la calle de
la Paz, por donde pasaron en
poco tiempo máe de veinte
mujeres parecidas á Juan!.
Al fin se presentó 11. donce•
l!a, en compañfa de 1~ más sonrosada y angelical cnatura que
Felipe había ,·isto en su vida.
Juana exclamó enton~es en
tono de sorpresa:
- Buenas tardes, señorito
Felipe.
La señorita sintió una emoción que trató de reprimir;
pero :l!'eli pe no dejó de Rotar
que se había puesto encarna•
da como la grana.
-Yeo, dijo Fdipe, que ha~
renunciado á servirá hombree
mios•
-Sí, señor. Ahora estoy en
casa de l\1adame z...... donde
me hallo pe1 f&lt;ctaruente, por•
que la s.ifinrita es muy buena
para mí. Y á propóaito, ¿no
quería usted mudarse de cuarto? Pues vi,nga usted á ver una
habitación que está para alquilarse en la casa donde vivimos.
-Y ei 111e con viene, ¿áquién
debo dirigirme'/
--A mi ~eñora, la madre de
la señorita que es la p, opietaria.
Felipe ee mudó al día siguiente, y las cosas ocurrieron
con arrr&gt;glo á todo cuanto Juana había previsto.
La doncel la sul'!le casará ve•
ces á su señorita como leparece y con quien se Je antoja.
¡Desdich11do del que inten•
te luchar con tamaña influencia!

tasado por su criada.

Cil'rtP- mafiana dijo F.-lipe á
"
su criada, en t'. 1110111t'11to en
que ésta le e11trab,1 e11 ;u cuarto una taza de té y lo~ perió·
dico~ del día:
-Juana, me fJstidio sobe·
ranamente. l'arl~ me aburre,
Trouville me ellv.,nena Y l\ló
naco me saca de quicio. ·No eé
dónde refugiarme. La soledad
me pesa y c.1sí todas las mnje
res de mi trato me inspiran
una repugnancia invencible.
Hace siete aiios que m,. ~ir·
ves y nadie m~j,)r que tú conoce mi caracter. Nunca he sido injusto 1ii cruel contigl) y
deseo que me contestes con
toda franqueza: ¿Qué harías
en mi lng,u?
Juana era una mujer de muy
buen sentido, que había veni·
do sola á !'arfe á los diecisiete
años, que babia sen,ido en varias casa~ antes de entrar al
eervicio de Felipe, á quien cuidaba con singular esmero y
que conocía la vida y la sociedad cual corresponde á una
doncella de 35 afio~.
•.-,-¿Qué harías en mi lugar?répitió Fdipe.
Juana se encogió de hombros y dijo ,1 ~n amo:
-Mecasa1í1.
-¿A los t1;,111ta y tres años?
-murmuró Fdipe.-Esdemasiado pronto.
-¿~o se considera usted capaz de amar?
-Amaría,- repuso Felipe,
después cie un instante de reflexión - á la mujer que me
obligara á acompafiarla á misa
los domingos. Y á estas fecha~
no he dado todavía con esa
mujer.
-Pues no hay más remedio
que el matrimonio-repuso
,Juana.
-¿Pero con quién quierPs
tú q11e me case? lle vivido
siempre en uua eociedad en
que jam¡ls ha puest-o su plan•
ta una mujer honrada, y esto
e'! un ob-t,ícuh para que yo
pueda carnnne con qnien pudiera con :en irme.
-Puee bi-•n, señorito-dijo
.Juana-yo le casaré á usted.
-¿Tú?
-Nece~ito tres meses de
tiempo. dn1ante los cuales
buecaré d • casa en casa un
buen par ti 111, y cuando lo en•
cuentre, me encargaré dd arreglar el asunte.
Felipe abrió desmesurada•
mente los oj&lt;Js y ~xclamó con
AuRE!.lANO ScIIOLL.
entusiasmo:
LAS FIESTAS PRESIDENCIALES EN JALISCO.-JARDIN PORFIRIO Duz y PALACIO P'ED1!BAL.-Fotograf1a de Lupercio, para EL:MuNDO•
-Tienes razón, Juana. Sólo
tú p~edes abrir e_se cal_lejón sin paJid~ y serv~r de tema á
Juana no permanecía ~ás all_á de dos días en una caSi hay una edad en que las palabras agrandan nuestras
un hbro qne pnd1er11 titularse: De lainjluenci.a de las don• ea, bastándolt: este espacio de tiempo para conocer á las eensaciones hay una en que las disminuyen.
cellas de labor en el siglo XIX.
personas á qurnnes trataba.
'
Mi l
Al cabo de ocho días, presentóse Juana en el domiciUn día ee presentó radiante de gozo en el_ domicilio de
Hector a ot.
lio de su amo.
Felipe.
-lle een-idn ya en dos casas y no he encontrado na-Ya poseo el tesoro que apetecemos-dijo á su amo.
Las cancione~ de mesa son hechas algunas vecer por
da aprovechable.
-Es un angel, pnro como un manantial, hermoso como
-Díme. ,J 11ana, ¿y si no te salieras con la tuya?
un corazón, dieciocho aflos y trescientos mil francos de babedores de agua, y los epígramas contra el matrimonio
-Pierda ustrd cuidado, seflorito. La cos11. es larga y d?t~. Con eso, y con lo que á usted le queda, hay para por maridos muy buenos.
difícil, pero al fin triunfaremos en toda la línea.
v1v1r muy decentemente.
G. M. Valtour.

CEll&amp;l&lt;,.ERIO :'.\ll'NlCJPAL.-Fotogra!ia de Lup~rcio, para EL :Mt;NDO.

13

DIOIEMBJ.tE,

1896.

1-.

381 ....

EL MUNDO.
palidece cuando un hombre
de frazada se acerca y la llama; no le habla, le pregunta
con loe ojos señalando el
ataúd azul.
-Sí, es ella, mi hija, ella;
sí, se murió.
El canalla mueve la cabeza, y se rasca haciendo un
gesto indefinible, la atrae,
finge que va á llorar y la
abraza en presencia de it&gt;dos
cuando el wagón negro, de
cruz blanca, el wagón mu•
nici;pal comienza á tragar car
ne de pobres, que no tienen
para pagar un entierro, y ahí
va también el cajoncito azul,
sobre el ataúd de la beata
que'murió de insuficiencia
mitral, ahí va mientras ellos
se reconcilian, mientras se
oprimen las manos con
monstruoso afecto; ahí va
la pobre Gualupita sola y
sin flores, mientras el déspo·
ta arraetra á la madre que lo
sigue con el fatalismo animal del bruto golpeado, que
lame la mano que lo hiere.
M1caós.
_,,
Don Juan la ,,e pasar y
murmura: «¡Imposible!»
Los mendigos roban á los
pobres.
Byron.

.......-

ENTIERRO DE POBRES.
El sol como un espejo ustorio de cobre deslumbrador
-calcina las calles solitarias, iriza las burbujas del charco,
esferas de cristal donde se elaboran gérmenes de fiebre;
~l empedrado tiene facetas de onix, las moscas en nube
negra se abaten en una infeliz rata triturada por las rue•
-das de un carro, y á la sombra del alto paredón húmedo
y fungoso de no sé qué fábrica monacal, van llegando
poco á poco ........ .
Primero son tres artesanos de guedejas ensortijadas
11obre la frente y martillo 6 formón al cinto; uno sudando
·como una vasija de agua, otro lívido, con la lividez cadavérica de los tísicos cansados, el último llevando todavía en loa escoriados párpados laa huellas del velorio.
,¿Qué más pueden hacer? conducen á cuestas el cadáver
de un compañero de parranda, de un hombre elástico é
inquebrantable, que resistió todas las faces del alcoholis•
mo sin una protesta ni nna apostasía. Dejan el ataúd
de madera blanca al borde de la banqueta, se secan el
sudor y lanzan una piedra á un perro vagabundo que ee
detieneá oler las junturas de ese lecho de r.obre.
En seguida, y desembocando por el norte, chispea la
caja salpicada de marmaja, conducida por cargadores de
número y seguida por dos señoras de negro, que se enju:gan les ojos: la sobrir,a y la criada de una buena devota
que murió ¿de qué murió? de insuficiencia mitral; después, es la hora de la cita y hay que tomar lugar, una caravana de indígenas escolta, ya no un cajón de tablas
viejas, ya no una caja de madera blanca, sino un miserable envoltorio de esteras y trapos con pretensión de
angarillas, un lío que apesta. un muerto que no tuvo ni
la cal ni el sudario, y siguen llegando los grupos, sigue
poblando el empedrado un nuevo desfile de dolientes con
'flores baratas y secas; las mujeres lloran y pelan naranjas, los hombres fuman ciganos, lloran loa nifios de pe-cho y los de mayor edad rodean, husmean, espían des-confiados á ese infeliz viejo cuya caja no pudo cerrarse
bien y deja asomar un pie rígido y violado. No saben
1o que es la muerte, pero sieriten un miedo nocturno, el
miedo que sigue á los cuentos de aparecidos, pálidos,
pálidos, con ojos de lumbre. Pero ninguno me impresiona como esa mujer que viene sola, esa infeliz mujer es·caldada por las lágrimas, la que ~e abandona á una desesperación de enagenada y con ropas y cabellera desordenadas de bacante, grita, abulia, se bebe dos e:ruesos hilos de lágrimas. y el eollozo y la imprecación ee atrope•
llan en los lábios vibrantes de dolor, y lleva como una
cosa delicada, como una caja de violín, como un bulto
casi, el ataúd pequeflo, el ataúd azul, el ataúd de loa ni·ñoe.
Pobrecita, llega tan mal á la calleja triste, que dos 6
tres oficiosos la c:msuelan sin oono~erla dos ó tres mujeres que le ofrecen el trago de no ~é qué bebida, oculta
bajo los delantales, en una vasija de barro, le dan un gaio de naranja y le advierten que no es bueno llorar en el
;aire. .Agradecida, y con lenguaje incohereute, con esa
verbosidad que es una forma de locura efímera en los
grandes dolores, cuenta en voz alta, lo más alta que puede, sus desventuras, como si cansando sus pulmones
aminorara la deeesperación; cuenta que fué seducida,
cuenta que sus ganancias de planchadora de camisas de
.hombre las entregó al mismo que le produjo la c:catriz
de la sien, con un cincel de cantero y que no se quejó á
la justicia; cuenta que él bebe ruucho; cuenta que al !"l·
cer la niña, la niña que sa llamaba Guadalupe, la mña
que está ahí muerta ( paroxismo de ternura) muerta para no volverla á ver nunca, nunca; él, el hombre causa
de todo, la engafiaba; pero la sonrisa de la chiquita, sus
.primeras pitlabras, su3 gateos, como que la consolaban
del desvío; y el amor de eea inocente, que es angel á es'liae horas, lo volvió bueno, lo volvió un pooo menos vi-ci&lt;Eo, un poco más trabajador; ¡pero ese vicio! ¡ese vicio!
la golpea, la insulta, la roba, ¡y qué_ desgracia es ser mujer, todo se lo perdona, porque se dJTía que el moretón
del golpe ea un signo de pertenencia sobre la carne femenina, blanca ó negra, pero siempre esclava! Y súbito

No insultes el pudor en mi presencia
porque sabes.reír con inocencia;
porque si no mi intrépida mirada
tt&gt; dejará clavada
en !a trémula cruz de tu conciencia.

~

ÜAM::é'OAlllOR.

ADRIAN.A..
Dejé caer el periódico, exclamando con sorpresa dolorosa:
-¡Pero esa pobre .A.driana! Morirae así, del corazón,
casi de repente...... ¡Nadie sabía que padeciera tal enfermedad!
-Yo sí lo sabía-declaró el vizconde de Tresmes,-y
aun sabía más: sabía cuándo y cómo adquirió el padecí•
miento, y es cosa curiosa.
-Entért.noe usted-suplicamos todos; y el vizconde,
que rabiaba siempre por enterar, nos contó la historia
siguiente:
Adriana Carvajal, casada con Pedro Gomara, vivía dichosísima. Los esposos reunían cuanto se requiere para
obtener la felicidad posible en el mundo: salud y amor,
juventud y dinero, que son la salsa ó condimento de los
dos primeros platos, sin él desabridos y amargos á veces.
Faltábales, sin embargo, un heredero, un niflo en quien
mirarse; pero la suerte no había de mostrarse avara en
1&gt;sto, y les envió por fin el rapaz más lindo que pudo sofiar la fantasía de una madre, apasionada y loca ya desde antes de la maternidad, como era Adriana. Al nacer
el chico (á quien pusieron por nombre Ventura, en señal de la que les prometía su nacimiento) Adriana estuvo en grave peligro, y el doctor dedaró que no volvería
á tener sucesión. El delirio con que marido y mujer ama•
ban á su Venturita, fué causa deque oyesen complacidos
el vaticinio del doctor. ¡ Un solo hijo, y todo para él!
¡ Adriana libre ya por siempre de riesgos y trabajos! Tan•
to mejor...... y á vivir y á cuidar el retofio.
Este se crió hermoso y lozano como una rosa. Yo que
no soy nada aficionado á chicos-advirtió sonriendo el
vizconde de Tresmea,-confieso que aquel me hacía muchísima gracia. Aparte ds su lindeza-parecía uno de los
angelitos que pinta Murillo, morenos y de pelo obscuro,
-tenía un no sé qué simpático, una mezcla de inocencia y de picardía, una risa tan fresca, unas accione~ tan
imprevistas y tan originales, unaprecocidad-peronode
esas precocidades empalagosas de chiquillo Fabio y serio
que me revientan. sino la precocidad de un diablillo con
el ingenio celeetial,-que vamos, no había remedio, más
que llevarle j11guetes y dulces, por el gubto de sentarle
un rato sobre las rodi1Ja9.
De la cbifladu!'a de sus padres sería inútil hablar, porque ustedes lo adivinan. Estaban chochitos: no conocían
otro Dios que el tal muñeco. Adriana no se habf,. apar•
tado un instante de su cuna, vigilando á la nodriza,
arrebatándola el pequeño así que acababa de mamar,
vistiéndole. desnudándole, baiiánrlole y guardándole el
sueflo...... Y así que empezó á i'--'teresarse por el mundo
exterior, á tender las manitas y á pedir tochas, lea faltó
tiempo para darle cuanto deseaba y mil objetos más, que
ni se le ocurrían ni podían ocurrírsele. La hermosa casa
antigua con jardín que habitaban 1011 Gomara se llenó de
cachivaches. ¡Y bichos! El arca de Noé. Los caballos de
cartón andaban mezclados con loa pájaros vivos; sobre
un ferrocarril mecánico veríais un pulcro galguito de
carne y hueso; el coche tirado por carneros era abando•
nado por una gran caja de soldados autómatas, que hacían el ejercicio...... Crea usted que derrochaban dinero
en semejantes chucherías, y yo J., dije alguna vez á Adria•
na, porque tenia confianza con ella:
-Hija, estais malcriando á este pequeñín ..... .
-Déjale que ee divierta ahora, me contestaba; dema•
aiado rabiará algún dia...... Ojalá pueda ofrecerle siempre lo que le baga dichoso.

El repertorio de los juguetes y sorpresas se agota pron •

to y no sabía ya Adriana qué tlueva emoción dará Ven·

tu~a cuando el cocinero de la casa, que había andado
emb~rcado diez afioa, y conservaba amigotes en todas 18;6
regiones del planeta se descolgó un día regalando al chico un mono. Soy p~o inteligente en Historia Natural1 Y
no me pidan ustedes que clasifique la alimaña; sólo lee
diré que ni era de esos monazos indecorosos y feroces,
que nadie se atreve á tener en las casas, como el 0!3ngután, ni tamp~co de esos titíes engurruminados y frioleros
que se pasan la vida tiritando entre algodón oo rama. .
Más bien era grande que pequeñito; tenía el pela¡e
gris verdoso, y pj hocico de un rojo mate, como el del
hierro o:x:idado; veíase queeetabaen us juventud y fuerza,
y aunque goloso y travieso como toda la gente de su cas,
ta, no era maligno. Inteli,,ente é imitador en sumo _grad':l, no podía hacerse delante de él cosa que no p~rodiasey su agilidad y presteza nos divertían muchísimo; era
cosa de risa verle fingir que fregaba platos ó que rayaba
pan en la cocina; y saltar sobre el lomo de los caballos
para ayudar al lacayo en sus faenas de limpieza.
A pesar de la índole relativamente benigna del mono,
su inquietud y su vivacidad obligaban á tenerlo preso en
una caseta con fuerte cadenilla porque ya dos veces se
había escapado á corretear por árboles y chimeneas;
cuando se le soltaba había que vigilarle, y á Venturita,
que acababa de cumplir loé tres años y que idolatraba en
el mono, era preciso guardarlo también para que no desatase la cadenilla, pues lo hacía con habilidad singular,
U na tarde que había almorzado yo en casa de Gomara
y estábamos tomando café en un cenador del jardín-me
acuerdo como si fuese ahora mismo, porque hay cosas
que impresionan aunque uno no quiera-vimos cruzar co•
mo un rayo al mono; tan como un rayo, que más bien lo
adivinamos que lo vimos. «Adios, ya se ha escapado ese
maldito de cocer» dijo Pedro Gomara levantándose; y,
.Adriana, con sobresalto instintivo, lo primero que exclamó fué «¿dónde estará Ventura.» «Ese lo habrá soltado,
de fijo» respondió Pe1ro que frunció el entrecejo ligeramente. En el mismo instante resonó un agudo chillido
de mujer; un chillido que revelaba tal espanto, que nos
heló la sangre, y voces de hombre, las voces de los criados que nos servían y que corrían hacia el cenador cla•
mando con angustia: «señorito, sefioritos, nos obligaron á
precipitarnos fuera. Adriana nos siguió sin decir palabra: grupo, formado por los sirvieJtes y la desesperada
nifiera, nos rodeó, señalando hacia el tejado de la casa y
allí, al borde de la última de las tejas, sentado en el con·
dueto de zinc que recogía las aguas de lluvia, estaba el
mono ~on el niño en brazos.
,El padre, con ademanes de loco, iba á precipitarse al
zaguárr para subir á las guardillas y salir al tejado; yo pedía ya una escalera pacra intentar el desatino de subir por
ella á la formidable altura de tres pisos, cuando Adriana, muy pálida-¡qué palidez la suya, Dioa!.:..y con los
ojos casi fuera de las órbitas, nos contuvo, murmurando
en voz sorda y cavernosa, una voz que sonaba como si
pásase al través de pasos húmedos.
-Por la Virgen....... quietos...... todos quietoe...... no
se mueva nadie....... Y silencio. no chillar....... no chillar...... hagan como yo...... Quietos ...... ~i le asustamos
lo tira..... .
Sentimos instantáneamente que tenía razón la madre,
y quedamos lo mismo que estátuas. Era el mayor absurdo que intentásemos luchar en agilidad y en vigor, so•
bre un tejado, con un mono. Antt!B qu-i nos acercásemos
estaría al otro extremo del tejado y ei niño estrellado en
el pavimento.
Era preciso jugar aquella horrible partida; aguardar á
que el mono, poreu libre voluntad, se bajase con el niño.
Yo miraba á. Adriana: eu palide1;, por instantes, se convertía en un color azulado, pero no pestañeaba. El mono
nos hacía gestos y muecas estrafalarias, apretando y zarandeando á su presa, y de improviso se oyó distintamen•
te el llanto de la criatura, llamo amarguísimo, de teror;
sin duda acababa de sentir que estaba en peligro, aunque
no le pudiese comprender claramente. La madre tembló
con todo su cuerpo, y el padre, inclinándose hacia oií,
sollozó estas palabras:
-Trésmes, usted que es buen tirador...... Una bala en
la cabeza...... Voy por la carabina.
Idea sin pies ni cabeza, porque aun siendo yo un Guillermo Tell, al matar al mono hacíamos caer al niño; pero no tuve tiempo de negarme; intervino Adri•na con
un n6 tan enérgico, que su marido se mordió los puf!.os...
Y la madre, terriblewen1'e serena, añadió en seguida:
-Si le miramos nunca bajará...... Hay que retirarse .. .
Hay que esconderse qu,e no nos vea.
Nos recogimos al cenador, desgarramos la pared de enredaderas, y desde allí como se pudo espiamos al enemigo. ¿Les estremece á ustedes la eituación? ¡Pues estremé1.canse rnáb? Duró veinte minutof. Sí, 103 conté por
mi rt!loj. Eu esos veinte minutos el mono depositó al nii'io en el tej'ldo, le acarició como hal,fa visto hacer á la
niñera, le obligó á pasear cogido de la mano, le aupó sobre la chimenea y le llevó á cuestas, á caballito-un aainete que en otra ocasión nos haría desternillarno».-Durante esos veinte minutos, Pedro anhelaba; á Adriana no
se la oía ni respirar. Por fin, el mono miró hacia abajo,
hizo varios visajes, y cogiendo á Ventura, ee descolgó
rápidamente como un fumámbulo sin cuerda, al jardín ...
Entonces salimos con explosión todos-todós, menos la
madre, que había caído redonda-y el animal, asustado,
soltó al chico ileso y se refugió en su caseta ..... .
. Aquella tarde Adriana sufrió dos sangrías, que no sacaron más que gotas negras, y desde .entonces padeció
aet corazón. Pr.recía que se había repuesto mucho en estos últimos años, pero ¡babi la herida era mortal, y ella
no lo ignoraba......
.
-¿Y qué fné del mono?-preguntamos como chiquillos.
-Tuve yq que pegarle el tiro ...... ¡Si viesen ustedes.
que me daba lástima!-repuso el vizconde.
E.mLIA PARDO BA.ZÁN.

�•

EL:MUNDO.

382

LA

13

DICIEMBRE,

1896.

J.NUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.
Número 8.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.

,.,. Con frecuencia me he echado en cara, desde que
usted me visita haber contribuido ii retener~e en la
inacción. Usted :i.o es á propósito para nuestras peque•
nas intrigas sociales, porque vale usted más que a~uellos
con quienes tendría que luchar. Lo que ha sucedido no
es cosa nueva. Yo tengo por ust;ed una sincera amistad
que nunca será. desmentida. _Si usted, por_ ~u parte, ha
forzado un poco la_ dosis de s1mp_atía perm1t1da, confiese
quejamlie le he estimulado con w1 coqueter_fa· No le ~cuso
por ello, siu embargo, porque u~ bom~naJe, aun s1en40
excesivo, que viene de usted, tiene e1emp~e _e11 precio
para uua mujer que sabe lo que vale el sent1m1ento. DeJJJ0 usted pue'B la mano; mCreme de frente, y dígame
que me ~rdon~ la pequeii!\ herida que me he visto obligada á. roducirle.
Rede levantó la frente, dió á la condesa una ma1:10
que temblaba demasiado para ser la de un soldado, y sm
atreverse casi á mirarla, balbuceó algunaa vagas p_alabras
y se pronunció en una retirada que no se parec_1ó á. las
que para gloria suya había operado ante_ el enemigo.
VII

1

'

U na tarde á. eso de las eeis, salía Eliphas de una c~a
de la calle del Cuatro de Septiembre, de visitar por sí
mismo á. una familia de pobres vergonzantes que la se·
fiora Mossler le había recomendado, cuando vió que una
obrera encantadora que iba delante de él, subía vivamente en un coche de casino que estaba parado en la esquina de la calle de Luis el_ Grande. Miró m_aquinalmente al interior del coche y vió con estupefacción al conde
de Contras que estrechaba la mano de la joven. En el
mismo momento, el ca:chero fustigó al caballo y el coche
se alejó en dirección de la Bolsa.
Encontrará Valentín corriendo aventuras no era para
asombrar extraordinariamente al Sef\or Eliphas. Pero
aorprenderle con aquella chicuela de tan ínfima condición era. una novedad. Hasta entonces no le había conocido más que queridas de cierta clase, pero la sociedad
le impulsaba, sin duda, á. descender, y def!pués delos encajes y los perfumes de!icad.(?S, caía en el p~rcal y en el
almizcle adulterado, Sin deJar de andar, Ehphas.,pensaba todas estas coeas con una cuidadosa conmisceración
hacia eu antigua amiga. Hacía ya tiempo había previsto
que Contras, no contento con entregarse á todo género
de extravagancias, acabaría por cometer faltas que acarrearían graves consecuencias; pero, impotente para corregirle, estaba decidido á evitar á la Sefioca Moseler In
pena de conocer las locu~as de yalentín: De una vez para siempre había renunciado á mtervemr en los asuntos
d.el conde, más_ que en lo que pudieran referirse á Fede•
rico y á. su muJer.
Hacía muchos meeee le tenía muy inquieto la actitud
del cond~ respecto de Celina. La había encontrado al
principio poco conv~niente y deopués C0':1;1prometed'?ra,
y si no hubiera tevudo atornl:en~ar. á. su h1Jo, le ~ub1era
aconsejado que moder11.se la mtimidad de su muier con
el conde de 0outras. Pero tenía una gran confianza en
la honradez de su nuera y veín diariamente cosas tan
asombrosas en la mejor sociedad, que los manejos de Valentfn podían pasar por inocPntes. Lo único que agrava•
ba la situación E"ra la inmoralidad notoria del personaje.
A simple vista, Eliphas se sentía inclinado á juzgar malas todas las intenciones que aquel pudiera tener. Estaba, pues, aler!,a po_r naturaleza, por experiencia, y tení~
siempre los OJOS fiJOS en lo que ocurría en torno de Cehna. Hubiera podido descansar, por el momento, de su
vigilancia, viendo al conde ocupado por distinta parte,
pero esto no era, á. su entender, suficiente razón para tener confian a, pues para un diletta.nU como el conde, los
contrastes, aun los más acentuados, debían ser muy estimulantes.
La casualidad proporc!onó, sin embargo, al ministro
de la Caridad nuevas pruebae de que Valentín permanecía d1strs(lo con su obrerita. Uno de los agentes deetina(los á descubrir los infortunios ocultos que Eliphas se
complacía en socorrer delicadamente, le contó un día
que se hab(a encontrado de manos á boca oon el conde
de Coutras junto al número 26 U.e la calle de Ramey, en
una de cuyas aceras se paseaba sobre un barro infecto.
A los pocos momentos nna J!reciosa muchacb.a, sin nada
en la cabeza y con delantal negro de obrera, salió á la calle y con muchas precauciones. se reunió con el conde.
Pe~ no había empezado á hablar con él, cuando salió
bruscamente un hombre de un café y con espantosas injurias, abofeteó á. 1~ muchacha que, roja y_ llorando, se
metió en la casa, mientras se producía un v10lento altercado entre aquel hombre y el Se.fior conde de Contrae.
El asunto no duró, por lo demá.e, ni diez segundos, pues
el conde, de un magistral pu.fietazo, echó á. rodar á. su
adversario por el arroyo. El hombre se levantó penosa~
mente y aoompafió la retirad&amp; del Sefl.or de Contras con
amenazas de muerte.
Elipbaa mandó á su emt&gt;leado que guardase un silencio abRoluto eobre este incidente y apuntó con todo cui•
dado el número de la casa y el nombre de la calle. Aquella tarde comió encasa de la Seo.ora Mossler, con sus
hijos, y disfrutó del interesante espectáculo de la entrada del conde de Cout.ras que acompai'i.aba á. su mujer,
irsnquilo, sonriente, sin preocupaciones.
Por primera vez en su vida, el prudente Eliphas pensó
que acaso, en las diveraas perip~ias que ofrece la vida
de un libertino pudiera haber un interés violento. Comparó la existencia tan recta, tan tranquila da su hijo, con
el tempestuoso y devorador destino del con•te y pensó
que el hombre de mundo aventurero vive más que el pacífico padre de familia. Pero entre vivir mucho y vivir
bien 1 qué era preferible? En esto no tuvo dudas y sus

Después de estas palabras, dichas con sincera emoción:.
invariabld principios le dieron en seguida una resel Coront!I saludó á. la seflora .Mosaler, no queriendo darpuesta.
Sin embargo, sorprendió en. sf ~ismo~ durante una ho- le tiempo para replio3:r, y atra\•esandoel salón, fu~.A re?-ra, una benevolencia extra.ordinaria hacia Valentfn. Pen- nirae con el Señor Ehphas que hablaba con su hiJo, sin
só que acru:o no era enteramente ~ponsable de sus dejar de observar á. Valentín. Este, inclinado hacia la.
faltas teniendo en cuenta la herencia, las costumbres, mujer de Federico, había encontrado medio para aislarse
la edhcación, el temperamento, y estuvo t~nt~d? por con ella, en medio de veinte personas, y de obligarla :t.
considerar al joven conde como uno de esos rndiv1duos escucharle, i.o sin resistencia por parte de la joven, cuya
sonrisa, m1i"scara de su impaciencia,. se 3:venía mal co~
dela 1"31,a felina, in!tintivamente feroces, que la naturaleza ha creado para la destrucción de las razas inofen- la palidez de su semblante y con Ja rnqwetud de su m1•
rada.
sivas.
•
·
-El mes que vieno me voy á Niza, decía el conde, y
Una maniobra ~e Vale:1tín.
~ara ac~rcarse ál a ~uJer
de Federico cambió la&amp; d1spos1c1onf:la del Señor Ehphas. desde allí me embarcará en mi buque para irá Egipto.
Al ver al hombre que se había batido á. puñetazos en la Debería usted venir, con 1u marido, q11e según dice, tiene intereses importantes en Alejandría. Le dejaríamos
calle de Ramey, aquella misma mañana, inclinado s~bre allí
y nosotros remontaríamos el Nilo hasta la segunda
el respaldo de un sofá para hablar más de ~erca á. Cel!na,
el viejo puritano sintio evaporarse toda su mdulge~c1a y catarata. A mi mujer le gustaría mucho que fuese usted
ella.
no pensó eino en observar á. aquel galán cuya pehgrosa con
-La condesa no va á Egipto. Me ha cticho que este inactividad conocía. Pero ¿qné podía la sagacidad de Elise quedará en Paría.
phas contra la astucia de Valentfn? Aquella luc!1a era vierno
-Razón rle má.e para que acepte usted mi proposición.
muy desigual. La Sefiora Mossler, quec~nocíam~Jorqu_e Eso
decidiría á J,;nriqueta.
su amigo lo que se podía temer de su h90 adoptivo,. di-Cualquiera diría 4.ue desea usted llevarla.
rigió bacía la ~~nora de _Cl eD?ent sus miradas perepica•
-Seguramenta, si con su presencia consigo la de usted.
ces con mul d1s1mulada mqu1etud. Estaba ya COD?,O so·
-Renuncie usted á semejante cosa.
bre ascuas cuando veía al conde acercai:se á. la Joven,
-Entonces ·se acabó mi viaje. No le emprendía más
porque le parecía que en aquella pereecur1ón tenaz, des· que
por usted. Hubiera sido tan dichoso teniéndola á.
pués de sus advertencias y á. pesar de sus ruegos, había
mi lado, íntimamente, durante algunas se~anasl :····· Bann ultraje á todo cuanto había respetable en ella y alrejo aquel cielo nuevo, en aquel cuadro imprevisto, las
dedor de ella.
.
.
La llegada del coronel Redel dis~raJ? á. la anciana de ideas de usted hubieran, acaso, cambiado, y me hubiera
con más indulgencia.
su vigilancia. La Señora Moseler 1~ v1ó tan ~ombrío Y tratado
-No ea probable. Y en todo caso hubiera sido ir muy
preocupado, que impulsada po~ el smcero canfio que le lejos
para tener esa seguridad ..... .
profesaba le preguntó en aegmda:
-No pido más que int.eotar la experiencia más de cerca.
-¿Qué '1e sucede á. usted, amigo mio? No tiene. usted
Celina bajó la cabeza cou cansancio.
su :fisonomía habitual. ¿Le ocurre alguna contrariedad?
-Pero, conde, sea usted generoso; ahórreme usted esas.
-Mas aún, una verdadera pena. Abandono París para continuas
alusiones á un asunto que me es muy penono vol ver más.
so ...... Usted ve que no tiene nada que esperar de sus t.Pn-Pero ¿por qué?
. .
Tenga la delicadeza de no encarnizarse. MeApenas hecha la Señora Mossler se arrepmt1ó de su tati\•as .......usted,
me tortura ....... Tenga piedad de mí.
pregunta. Pero ~ra ya tarde y la explicación que exigía a.tormenta
Al decir estas palabras1 Celina tenía lágrimas en los.
le fué dada dolorosamente por Redel.
• Parece, dijo con sonriea contraida, gue me ha juzga• ojos.
Valentín no se conmovió y feroz en su sensual egoiedo usted peligroso. No me lo esperaba c1ert.amente, pero
mo, dijo:
la vida tiene esas sorpresas. Un hombre como yo debía,
-¿Por qué lucha usted?....... No soy yo, es usted missin embargo, no ser considerado como un galanteado~ de
ma quien se atormenta.
oficio· as( lo creia al menos, pero veo que me hacía 1lu·
tengo, entonces, el derecho de rechazarle? Ten·
sione~. Se me tiene por peligroso, y es preciso que me ga-¿No
usted cuidado de no obligarme á tomar un partide exaleje. Me alejaré, pues, pero confieso que esto me parece tremo
..... .
muy duro.
•
-¿Y qué puede usted hacer?
Al ver que Enriqueta babia seguido sus conseJos, 1a
-Decírselo á mi marido.
Señor.1 Mossler no se sintió tampoco muy segura de sus
Con irónica mirada Valentín le señaló á Federico que,
derechos. Como aquella, asoció en su pensa~ien~o al
leal Redel con el falso Valentfn y ee preguntó Bl era Justo encorvado con su alta eetatura, escuchaba con atención
lo que su padre le estaba diciendo. Celina vió tan claraafligir al uno para complace! al otro. ¿Ten.ta el conde ne•
mente le ineficac=a del socorro que podía esperar de aqnelcesidad de que se le protegiera? ¿No hab1a, realmente,
buen hombre de apariencia inofensiva; midió tan porun poco de ironía e~ defender .á aq~el seductor de profe·
sión contra tan tímido y cándido rival? Redel compren- completo la diferencia qne existía entre el marido, entredía muy bien lo ridículo de la oposición que se b hacía; gado á. sus negocios, y el amante, entregado á. sus cappia.si lo indicaba su protesta A la señora de M?saler, y ésta cbos, que se escapó de sus labios un suspiro de desaliento.
empezaba á sentir haber turbado loa tranquuos goces del Pero de no encontrarse defondida no se deducía que tuviera que abandonarse. Echó una mirada de desesperacoronel.
hacia el grupo en que estaba su marido. Fedrico,
-Conviene, dijo, no exagerar ni dará las cosas colores ción
abstraído con el Ssilor Eliobas,·no sorprendió la llamada
trágicos ...... ¿Para qué se va usted?
de su mujer.
-¡Oh! Porque así lo quiero! .Al menos, mis penas v~n- angustiosa
-¿Ve usted como la comprende? dijo en tono de burla.
drá.n en provecho de mi carrera. No me encuentro bien Valeotín.
cándida es u~ted al guardarse para un
paseando las calles de París tan sólo por el g11st? _de la homb1e queBuena
le hace tan poco caso.
vida civil. Desde el momento en que no pueda visitar á.
-Me guardaré para mf mi::11na.
usted y á la Sen.ora de Coutras libre y f~miliaimente ~o-¡Clláota dicha perdida!
mo haeta aquí, me aburriré hasta monr y será. preciso
Celina hizo un movimiento para levantarse, no viendo
que me vaya.
.
.
No:usaba ciertamente precauc1qnes para d1sfra;,;;ar su más que este medio para cortar la conversación, y buscó•
pentamiento. Iba derecho á. su obJeto y la p_ureza de sus vagamente á. su alrededor alguien que le sirviera de pre•
texto para dejar aquel sitio. Sus ojos se encontraron con
sentimientos no resultaba por eso menos evidente ...
los de Redel que, apoyadv en la puerta, escuchaba die•
-En un mundo, prosiguió, en que todo es perm1t1do,
en que toñ.o se sufre se excusa y se apruebs 1 bast.a los traído la conversación de negocios del padre y el lujo. Sin
actos más reprochabl~s, n;, hay aevéridad más que para duda fué muy elocuente aque:la mirada, porque el Coroun pobre diablo de soldado que ama ~petuosament~ á nel, sin vacilar, se ad~lantó hacia la joven y dijo incli•
una mujer de virtud perfecta.. Es preciso que me sacrifi- ná.ndose ante ella:
-¿Me llama usted, sefl.ora?
que y me resigne. Pero que uno de ~os buenos mozos
-Sí, Coronel. Me ahog &gt; aq uL. ....
que van á. continuar divirtiéndose á. m1s e~pensR9 no me
-¿Por qué no lo decía usted? dijo Valentín. Podíamos
dé pretexto para incomodarme antes de m1 marcha, porque IEI haré ver claramente que no soy tan cómodo como habernos marchado A habh,r al invernadero. Mi madre
ha hecho poner en él unos mármoles que valen la pena
parece.
de ir á. verlos.
Pero, querido Redel, dijo la Sen.ora Moesler con un
-Pues bien, el Sellor Redel me los ensellará.
principio de inquit1tud, no pr~_tenderá usted pro~ar~e
El conde sonrió, y, en seguida, como si dijes·e la cosa..
que amar á. la mujer de su pr611mo es un acto meritorio.
Hablaba usted hace nn momento de las facilidades y de más natural del mundo, replicó.
Esperen ustedes entonces; voy á. llamar á mi mojer.
las indulgencias de la sociedad; si usted las critica en los
Ya saben cuiinta es su competencia artística. Ella dieer·
demás, no las exija para sL
..
tará. con el Coronel y usted lo escuchará conmigo .... . .
-Redel se inclinó y, ya con toda calma, dt~o:
. .
Redel tuvo un pequefl.o estremecimiento: una llama se
-Tiene usted mucbísuna razón, seilora; mis recriminaciones no tienen fundamento. He empezado por decir encendi6 en eus ojos y abrió la boca para responder;peroque parto; ya ve us~ que no me sublevo y obedezco pa- Celina1 más rápida que él. repuso:
-Decididamente, prefiero retirarme. Corontil, tenga
sivamente.
-Hijo mío, replicó la Sefiora Mossler, me gusta menos usted la amabilidad de llamar á. mi marido ..... .
-Redel
dudó un instante. Su mirada se fijó en Valenlo que me dice u&amp;ted ahora que lo que ~e decía ha.e~ _un
momento. Comprendo bien su oontranedad y participo tía con exl?resión singular:nenteamenazadora, y se morde ella. Soy vieja, ¿quién sabe ai me encontrará. usted_ á dió loe labios como para contener las palabras que quesu regreso? No quisiera, pues, que nos separásemos baJO rían escaparse. Valentín le ex:1 ninaba con insolente
no.a penosa impresión. Vuelva usted á verme: aquí será curiosidad, esperando qu~ se deci~iese ha bablar,_y resulaiempr(-, bien acogido. Es U"'ted 11n hombre de corazón y iaba tan temible, que Cehna temió que se produ1era u~a..
cuando le haya hecho ver el fondo de mi pensamieate, colisión inmed.iata entre aquelios doe homores cnyood10
latente acababa de manifost.arse en un segundo.
me comprenderá usted y me perdonarli..
-Vaya usted, dijo empttje.ndo en U? ademán suplican·
-¡Oh! no tengo nada que perdonP:r Sefiora; siempre ~a
sido usted para mí enteramente benévola. 81 sufro algun te al Coronel que no se resol vía á. ale1arse.
-Ha bech0 usted muy bien en en"Q"iarle, dijo el Condeagravio, no es de ust.ed ciertamente. Créame; tengo para
asted el má.s respetuoso afecto y siempre le conservaré, á Celin!l.. Empieza á atac:irle los nervios vuestro Redel..

13

DICIEMBRE,

1896.

Que se ocupe de mi mujer, pase; no veo inconveniente
en ello. Pero no sufriré que se interponga entre usted

1 yo.

-¿Qué haría usted? preguntó Celina con emoción.
-Proporcionar un asceuso á. un jefe de escuadrón.
- Usted no es malo como quiere parecer.
-¡Más 1 mucho más, cuando se trata de uated 1 contesto
Valent.ín en voz baja. Todo me importará. poco, lo he di·
cho y lo he probado, para ob';enerla ... .. .
Se inclinó ante ella, con afectado respeto, y afiadió voll'iéndose:
-Buenas noches, señora; aquí tiene usted á. su marido.
Se marchó, acompafiada por Federico y por el Sefior
Elipbas, al que dt-jaron en su casa. Una tristeza profunda ee apoderó de e1la. Aqueaa tenacidad del conde, poco
habitual en un hombre tan ligero, la turbaba gravemente y empezaba á. tener miedo. Hasta emonces habfa pensado que sería sitmpre duef\a de sí misma y que defendida por su voluntad y por t-1 cariflo de los suyos 1 sería
inexpugnable. Ya tmpezaba A dudar. Veía á sus aliados naturales poco diestros y mal arruados para protegerla. Con dolorosa emoción, recordaba la actitud amena•
adora de Valentín en presencia de Redel y se decía:
Sería capaz de matar al hombre que le Pstorbase. ¿Podría
suceder que por mi culpa corriese Federico un peligro?n
Se estremeció ante la idea de que las imprndencias del
conde hiciesen necesaria una explicación entre su marido
y ella. J.Qné decir? ¿Cómo hacerle comprender la persecución furioea de que era objero y probarle que no había
hecho nada para íomentar]a·t
Sn suegro, tan formalista, tan riguroso, á. pesar del
afecto sin límites que la había dedicado, era el que más
la aterrorizaba. No tenía indulgencia ni para las senci·
llas ligerezas; bien lo había probado en ruuchas ocasio•
nea con sus crfticae; ¿qué sería cuando se tratase de hechos
serios que pudieran suponer un peligro para su hijo? Y
todo á. causa de aquel execrable Valentín ...... ¿Excecrable. A esta frase de su silencioso monólogo, juzgó nece•
eario interrngarse á. sí misma y precisar, aunque tuviera
qne avergonz:irse A suspropiae miradas, el verdadero estado de su corazón. &amp;Había, siquiera un imtante, amado
á Valentín? El lo afirmaba orgullosamente y aunque ella
Jo había nPgado con rabia, no estaba segura de haber dicho la verdad. ¡Oh! En el presente momento Je odiaba
ciertamente, pero ¿estaba cierta de que no le había gustado durante una hora lo bastante para animarle á. las
imdrudencias quti tan fatal resultado habían tenido?
Evoc6 en su pensamiento la imágen de Valentín y le
vió elegante, cariiloso, con sua ojos azuleH, su bigote rubio, su hermosa figura, su voz acariciadora, tan seductor,
en fin, que no podía tener duda de que le había deseado,
víctima de su carne, que eecapando por un momento al
yugo del espírit,u la bahía hecho traición en un impulso
de voluptuosidad. Tuvo vergüenza de sí misma y le pareció que con aquel ciego instinto que la había entregado ií los abrazos ae un macho, había descendido al nivel
de las bestias. Al mismo tiempo se preguntó con angustia si la ¡,ereecuci6n encarnizada de Valentín podría es•
tar justificada en cierto modo por su primer éxito. Y,
ht cho singular é ilógico en alto grado, el peneamientode
que Oalentín pndiera estar en su derecho deseándola, hique le odiara más mortalmente.
Stis vacilaci9nes cesaron, sus dudas desaparecieron y
decidió resistir A. Valentín, resultase lo que quisiera. Pero no baet.aba esclarecer su pensamiento; era preciso .fijaree en un plan para sustraerseaá. los ataq•1es de aquel
de aquel perseguidor peligroso y que ese plan asegurase
la tranquilidad de Celinb y la seguridad material de los
suyos. Comprendió desde luego qne no podría defendprse sola, le era1 pues, necesario un aleado. Pero ¿cual? Su
marido y su suegro del:íao ser desde luego deshecbados.
¿La Señora Mossler? En la ignorancia en que Celina se
hallaba acerca del paso dado por aquella cerca de Valentín, ¿cómo no desconfiar de la ciega ternura que hacía á. aquella madre esclava de su hijo?
Era, sin embargo, posible que entre un deber y una
afección la Seilora Mossler no dudase. Era puri,ana como el Sefior Eliphas y si la solidez de sus principios se
sobreponían á su indulgencia acaso estaría allí la salvación.
.
Pero las probabilidades de éxito resultaban muy débi•
lee, la infiuenciu del conde se pres~ntaba siempre formidable y Celina retrocedía ante Ja difícil revelación de las
tentativas de que era víctima.
Entonces se le ocurrió la irlea arrieegada de dirigirse á.
la Sefl.ora de Contras. Conocía la .firme razón de la joven,
por haber sido la confidente de bUS desilusiones, y sabía
que era leal, generoea y buena. En tomarla como auxiliar había sólo ventajas y ningún inconveniente. Entre ella y Valentín no existía ya sino. el vínculo social.
Llamada á su socorro por CeJina, no vacilaría en prestarla el más firme apoyo. Quedaba sólo determinar la
medida en que convenía confiarse á ella. ¿Quién obligaba á Celina á decírselo todo? Las pereecuciC'nes de Valen•
tfn eran bastante públicas para que la condesa no tu viese necesidad de pruebas.
A hora avanzad!\ de la noche y mientaas todo dormía
alrededor de ella con pacífico suefl.o, Celinameditaba sobre su grave determinación y cuanto más discutía su
oportunidad, más se afirmaba en la certidumbre de que
era necesaria, Se metió en la cama cuando la mañana
blanqueaba sus balcones y, muy resuelta á ejecutar el
plan que habfa concebido se encontró un poco má.e tranquila.
Al día siguiente, A eso de las cinco, se dirigió it la avenida de Friedland, sabiendo que Enriqueta eataba siempre visible para sue amigos antea de comer. Estaba, pues,
segura de encontrarla en su casa. Su contrariedad fué
grande cuando un lacayo le dijo que la señora condesa
había tenido que salir á las cuatro y no había dejado
órtlenes para la recepción. La mujer de Federico se quedó indecifa, pero el mayordomo, que apareció en aquel
momento, dijo que la seiiora condesa volvería en seguida, porque tenía una cita dada para las seis, y que, si

ELMUNDO.
la señora quería. podría esperarla. Celina convino en
ello Y, conducida por el criado, penetró en el saloncillo
donde la sefior:J de Contras recibía á sus íntimos.
La habitación estaba sombría v el olor amargo de las
orquídeas procedentes de las estufas de Sauvigoy bacía
pesado el aire. C,elina se sentó y permaneció durante
un cuarto de hora oprimida por aquella atmósfera y como aturdida por la semioscuridad. Un ligero ruido de
roce de cortinas la volvió á la realidad y creyendo que
118(!:aba la que estaba esperando, se volvió con la sont'isa
en los labios, pero se quedó petrificada al VPr entrar á.
V:alentín. Este se .acercó con la mano extendida y con
aire pacífico y Celma se repuso en un instante y recobr6
su sangre fría. ¿Qué podía temer en aquel hotel lleno de
criadoe, á dos pasos de la habiración de l1J condesa, cnando bastaría una llamada, un grito, para que viniese cualquiera? Así lo pensó y, arriesgada como siempre, en lugar de ponerse á. la defensiva, se preparó á hacer frente
á.su temible ad~eraario. Por el momento parecía éste
buena persona y, por muy tigre que fueJil, ponía pata de
tercíopelo y escondía las ufi.as.
¡Cómo! ¿Está usted aquí sola? ¡Y no me lo han advertido! Si la casualidad no me trae por aquí, no veo á. usted .........
-¡Gran deegracial
-¡Inmensa! ........ .
-¿Por qué prodigio se encuentra usted en su casa?
-Presentimiento3 de que vendria usted.
-No diga usted tonterías. ¿Sabe usted si su mujer v"en•
drápronto?
-Soy el que menos podría decírselo á. usted ¿Sé yo
nunca lo que hace?
-Porque no quiere usted.
-Seguramente.
-¡_Será usted siempre un marido deplorable?
-Tanto como podría aei un excelente amante.
Celina se puso seria. La conversación tomaba un giro
qne no le gustaba y comprendía que era por su culpa.
Valentín era un hombre con el que no se podía bromear
Y desie su llegada, ,t pesar de las razones que tenia para
desconfiar, estaba jugando con él.
-S11 mujer de usted no vuelve y voy á marcharlDe.
-Usted la esperab:i, ¿luego soy yo quien la estorba?
-Sf.
-Entonces la dejo libre el campo.
-Se lo agradezco á. usted.
.
-Verdaderamente es usted atroz conmigo.
-No hace usted todo lo necesario para excitarme?
-Adiós, entonces.
-Adiós.
Con cara de contrición y una prudente lentitud el conde se aproximó ti. ella y le ofreció la mano. !'ero ~l ir Celina á da:le la suya, trémula y fria, el Conde c,,n un ade•
mán osado y ritp1do, cogió á. la joven por la cintura la le·
vant6 y antes de que pudiera escapársele un grito' apoyó furiosamente la boca en sus labios. Con un bru~co esfuerzo de todo su cuerpo Celina trató de eecapar á aqne•
113: presión, pero ésta se hizo más estrtcha. Incapaz de
gr1~r1 emp.ezando á p~rder la _cabeza y paralizada por
una mexphcable langmdez, deJÓ de resistir. La oscuridad del e~ló.n le parPCia más espesa, el silencio más profundo. Srnt16 que Valentín se la llevaba é hizo un desesperado esfuerzo que la arrancó de los brazos que la
envolvían. De un sólo impulso íué hasta la puerta del
cuarto de Enriqu"ta, se agarró á. ella con fuerza y reuniendo toda su energía, lanzó un grito desesperado.
En este momento sintió que la pueria cedía y al Jan·
zarse p&lt;..1r ella para huir. se encontró cara á cara con el
coronel Redel. Este, muy tranquile, vió de una ojeada al
conde, pálido de furor, y á Celina temblando de espanto.
Se adelantó entre los do~ y, decidi~o á no comprender
nada má.e que lo que qmsieran decirle, saludó sin emoción alguna á Valentín y á. la joven, y dijo:
-Me pareció oir llamar ......... Me había equivocado.
Pero Celina, incapaz de moder&amp;r.!e, respondió indi·
cando al conde con un ademán.
-No, ha oido usted bien cab1llero: el sefior me ha
obligado á. llamar ........ .
Valentín mostró una sonrisa zumbona.
-¡Segunda vez, desde ayer! dijo; parece que con usted
el Sef\or Redel tiene 1a especialidad de lae intervencio•
nes.
Metido en causa cuando él ae esforzaba por desenten•
derse del asunto, el coronel frunció las cejas. Era demasiado cuerdo y demasiado valiente para buscar una querella, pero tenía muchos motivos de animosidad contra
Valentín. Replicó secamente:
-Acaso esto consiste en que con esta sefiora tiene usted la especialidad de las inoportunidades.
El conde se puso repentinamente muy serio, y mirando al corcnel con aire acusador, le dijo:
-&amp;itá. bien, seOormío. Yo procuro tomar las cosas
pacíficamente y usted es el que trata de agriarlas .... .... .
Pero confi2ae usted q.uetrueca los papelee ......... Yo hu·
biera podido asombrarme al verle á usted salir de un
cuarto que forma parte del departamento íntimo de la
condesa ......... Me limito á. bromear dulcemente y usted
trata de ofenderme,
-Redel palideció de cólera viendo á. Valentín cambiar
hábilmente el terreno de la discusi6n y crearle ofensas
donde era tao bueno su derecho.
-;.Soy yo quien ofPnde? exclamó; ¿yo?
-Sf, seilor, contestó Valentín con un tono sarcástico
muy propio para poner al coronel fuera de.sí; uetedapa:
rece, como un diablo que sale de una caja d.,, sorpresa
y afecta creer que ee tiene aq:.ií necesidad de usted. Tod~
eatoes muy ofensivo y si yo no fuera tan concialiador
podría asombrarme macho y l)f'dirle it usted cuentas. '
Antes de que Redel tuviera tiempo de responder, Celina se interpuso entre él y el conde.
-tiH una palabra más, dijo. No consentiré un altercado entre usted y el seilor por mi causa. Pero lo que no
debe oir de la boca de usted lo oirá. de la mía. El que ea
bastante cobarde para hacer violencia á. una mujer, no
merece ser castigado por un hombre. El que miente ba-

383
jamente para ocultar sus vergonzosas acciones, no merece que se haga caso alguno de sus palabras. Señor conde
de Uoutras, es usted un miserable, y si no le basta que
se lo diga en presencia del Señor, puede usted llamar á
sus criados y se lo repetiré delante de ellos.
Este violento apóstrofe no turbó á Valent.ín. Conservó
su sangre írfa y, saludando graciosamente á laque letra•
taba con tanta dureza:
-Palabras de mujer no ofenden, dijo con ligereza. Para darlas un valor es preciso que tengan la aprob'.lción de
alguien á. quien se pueda hacer responsable. Usted, Se~
flora, acaba de cortar, muy poco oportunamente la palabra al St'!f\or Redel, cuando se disponía á decirme su opinión sobre la cuestión que nos divide. Confieso, que hubiera deseado conocerla ......... Y si fuese tiempo todavía ..... .
-Aun es tiempo. dijo fríamente Redel.
-Yo le conjuro á usted &amp; no responder, t&gt;xclamó Ce•
lina.
-Señora, no Ee trata de usted1 interrumpió el Coronel;
demasiado ve usted que 1:1oy yo el interpelado y supongo
que no me cree nsted capai de retroceder delante del Señor. Puesto que le complace saber mi opinión sobre su
conducta, yo tengo el honor de declararle que es de todo
punto conforme con la de usted.
Valentía no hizo un gesto ni cambio de fisonomía, y
dijo en tono de triet+-za:
-¡Ab! Coronel, no puede usted negar ab,&gt;ra que sus
intenciones son verdaderamente hostiles para mf, puesto
que me ofende sin provocación alguna de mi parte, en
mi casa y delante de esta señora.
-Lo niego tanto menos cuanto con más empeño parece usted desearlo.
-~st,á. bien, Coronel, dijo el Conde; en adelante, este
asunto no me atañe. D.:is amigos míos se explicarán con
otros dos de usted.
E inclinándose ante Celina, añadió burlón:
-Reciba usted, seiiora, mis sinceras felicitaciones; es
muy ventajoso ser su amigo.
Hizo á. Redel una iraclinación de cabeza altanera y salió sin añ.a:!.i1 una palabra, después de haber sacado de
la situación to~o el partido que deseaba. Apenas sola
con Redel, Celma c~só de contenerse y, fuera de al, dijo
cogiendo las manos de su defensor:
-¿E!¡.,ta usted loco para haber respondido á las insolencias de eee miserable? 1.No ve usted que lo que quiere es
deshacerse de usted? Es el adversario máB peligroso que
se puede imaginar. Bajo ningún pretexto permitiré un
encuentro ent.re loa dos. ¡Le mataría á. usted!
- Ya trataré yo de impedirlo.
-¿. Y si no lo consigue usted? Por mi causa, ¡ Dios mío!
¡Correr tal peligro por mí, que no soy nada para usted y
que le he comprometido como una loca!
Se retorcía las manos al hablar as1 y sus pálidas mej illas se inundaban de lágrimas.
--Tranquilícese usted1 dijo Redel dulcemente. No, usted no me ha comprendido. Yo me he anticipado á. la
provocación. Usted odia. ¿no es cierto? al b.Jmb!e que
acababa de mostrar con usted tan brutal audacia ..... .
Oelina exclamó con furor:
-¡Oh! Sí, le odio!
-Pues bieo: ¡yo más aún!
-Sí, usted ama á. Enriqueta, dijo Celina sin cuidarse
de disfrazar su pensamiento, y debe odiar á su marid'.&gt;.
Pero tata cuest.ón entre usted y él le se!}ara completamente de la condesa. ¿Cómo podrá usted verla si sobre·
vive?
-De todos modos no la veré más, dijo tristemente Redel. La condesa me ha ordenado que me ausente. Mi
silen.cioso _amor la compi:ometfa, según dicen, y me es
preci~o privar~e de la dicha de su preseucia.
Celrna le miró hasta el fondo del alma y adivinó en
un instante las misteriosas resoluciones de aquel amante
desesperado.
-¡Uh! Usted quiere intentar librarla del conde ... Pero aun ~sí, persigue ust d un imposible ...... La muerte
del marido pondrá entre usted y ella un obstáculo insuperable ...... Arriesga usted su vida sin objeto.
-¿No.son nada, entonces, su d1cba y sa tranquilidad?
'.!'8s~ondi6 Redel gravemente. Está. unida á. un hombre
md1gno que le hace la vida muy dolorosa. ¿No habré hecho algo por ella devolviendolasu liberbad?
-Cállese usted, deegraciado, dijo Celina. No diga usted tales cosas aquí mismo, esta casa ...... ¡Si alguien nos
oyeia! No, lo que usted se propone es irrealizable y, en
todo cae?, basta que yo lo sepa para que me oponga con
todas mis fuerzas.
-Y cómo?
- Ya lo verá usted.
-Sea usted franca por completo y dígamelo.
-Pues bien, avisaré á. Enriqueta.
·
A estas ea.labras la fisonomía del coronel se cubrió de
mortal palidez.
-¿Quiere usted, dijo con voz temblorosa, que parezca
un &lt;:obarde que trata de eludir el peligro? ¡Hacer interve_n1r á la Señora de Coutrasl Realizar ese proyecto es lo
m1Smo que matarme en el acto, pues no sobreviviría á.
semejante humillación.
-Cálmese usted, contestó Celina espantada. No diré
p~eato qu~ me lo prohibe, pero usted tendrá en cuenta
mi angustia y me p10meterá no oponerse á. un arreglo.
-se lo pr.--1meto .... ..
-I.~h!. Demasiado veo que usted juzga imposible una
cone1hac1óo .. ... .
-En efecto. ¿Cómo había de producirse si el eefl.or de
Contras no la desea y yo tampoco?
-Se le obligará. á desearla.
-¿Quién hará ese milagro?
-La ~llora Mossler ..... . Mi marido á quien por fin
será preciso ..... .
Rede.l la miró fijamente y dijo, habland,1 con lent,itud:
-Cmdl:_ usWd_ de no comprometerse inút.ilmente. Nada podrá. 1m.pedir, esté segura, y puede en cambio hacerse á. sí m1s~a y á. loa demás un daño irreparable. No
se aferre á. la idea de que ha sido la ca1,1sa de la explc-

�/
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'

EL MUNDO.

13 DICIEMBRE, 1896.

estas circunstancias, cuando he salvado su tranquilidad_
La Señora Mossler apretó los labios y frunció el entre
Jión que se ha producido; era inevitable que así sucediecejo. Cuando se hablaba del honor de su familia, pensa• con un celo que sólo Dios sabe ... .. .
ra. El conde sólo buscaba una ocasión y yo también.
-¡Nada de discursos! repitió Eliphas. Al grano ..... .
Ambos nos odiamos; los hombrea no nos engafiamos en ba instintivamente en Valentín y sentía una ligera in-Pues bien, eigrano es este. Mi vecino, el honrado Seeste asunto. No está celoso, porque no ama á su mujer, quietud. Aquel era el punto negro de su horizonte y
:ñor Chabassu 1 tiene una hija encantadora y menor de
pero desde el primer momento se produjo entre nosotros siempre estaba temiendo una mala noticia.
quince años ... ...
-¿Qué convienA hacer? dijo á. su confidente.
una antipatía que debía producir este resultado. PrescinAl decir estas palabras, Bouscarés hizo una pausa y
-Cerrará ese hombre la puerta. Si le escuchamos no
da usted, pues, de intervenir en este asunto: haga votos
por mí si mi caue:a le es simpática, pero no trate de dete- será íacil desembarazarse de él. Ya ve usted lo que su- lanzó á Eliphas una mirada significati va. Este no pestaileo. Para conmoverle hacían falta pruebas, convencido
ner la marcho de los acontecimientos, que tienen más cede por haberle recibido una vez.
como estaba de lo que valen las palabras.
-Pero, ¿y si sabe realmente algo importante?
fuerza q ne nosotros.
-Menor de guinea años, repitió el ingeniero.
-Que 10 guarde.
El ruido de un coche que entraba en el patio interrum-Lo he ofdo; adelante, dijo fríamente Eliphas.
-¿Y si no se lo guarda?
pió al coronel. Desde el balcón, vieron entrará. la conde•
-Chabassu posee la prueba de que el conde de Coutraa
Se le envía un comisario de policía. Esos bribones tie•
ea y descender del coche elegante y ligera. Vió que !a
nen eiem pre bastantee pecadillos en la ccmciencia para ha seducido á la muchacha. El conde ha en vhulo á la joestaban mirando y les hizo con la mano un ademán
amistoso. Subió vivamente la escalera y dijo desde la que la intervención de un magistrado sea para ellos de• ven Matilde, en ausencia de Chabassu, una de las Celestinas más conocidas de París, y esta mujer ha cometido
puerta avanzando, con la cara sonrosada por 1a trescura cisiva.
la imprudencia de dejar en casa de mi vecino una tarjeta
-Sea, pero guarde usted sus señas pm: precaución.
del aire:
del señor conde, en la que éste había escrito de su puño
-No estaban puestas en el papel.
-Me han esperado ustedes, amigos míos; les doy las
La Señora Mossler quiso rogar á Eliphas que las hicie• y letra la dirección de la niiia y sus señas ...... No quiero
gracias. Vengó de verá mi pobre Vignot. que esM en•
fermo, y se me ha hecho un poco tarde. Mi visita le ha ra preguntar, pt!ro temió indicar sus inquietudes y se ca- decir á usted todo lo coroprome+edora que es esta connilló. Sin embargo, aunque Eliphas no había encontrado vencia del hijo de la Señora Mossler con la corredora
distraído y me ha retenido más de lo justo, ¿Me diapen•
las sefias en el papel, no le costaba gran trabajo averi- Blanchart para corromper una menor ...... Hay que recosan ustedes, no es verdad?
guarlas, porque tenfa en su casa un archivo muy arde• nocer que este sería un feo negocio. Pero no es eso logra--Hemos pasado el tiempo hablando la señora y yo,
dijo Redel. Pero ya suponíamos que cuando usted tarda• nado en el que todos los mendigos de profesión tenían ve; lm; peligros son más serios.
Eliphas, que esperaba una historia de este género, ha•
su expediente, como los bandidos en la prefectura de
, ba era por alguna buena acción.
policía. No practicaba alln la antropometría, pero no bía escuchado impasible; pero la imprevista conclusión
La condesa amenazó al coronel con el dedo y dijo:
hubiera hecho falta gran esfuerzo para decidirle. Ama- de Bouscarés le causó una sorpresa que no pudo ocultar.
-¡Adulador!
-¡Cómo! ¿Qué peligros más serios puede corr~r el SeSe quitó el abrigo y dijo, empujando la puerta por la ba á. los pobres, pero odiaba á los falsos nec,isitados y con
maravilloso olfato descubría á los farsantes que imploran ñor de C~utras?
que había entrado Redel:
-El más serio de todos, señor; el de la vida.
-Venid á mi taller¡ voy á enseñará usted su retrato la caridad, con lágrimas en los ojos para su pobre mujer
-Usted se burla, amigo mío, dijo Eliphas.
concluido.
moribunda, mientras ésta les espera en la taberna de la
-Nada de eso. Va usted é. darse cu.;,nta de todo en un
El coronel sonrió y repuso, con cierto deje de melan• esquina, dispuesta á brindar con un buen ajenjo á la sainstante. La pequeña Matilde, muchacha honrada hasLa
lud del tonto que paga. el precio del trinquis.
colía:
-Ha hecho usted bien, señora, en despacharse á con•
Al irse á su casa para almorzar, después de haber de- ese momento, es novia de un pariente suyo, joven y vi•
cluirlo.
jado á la Señora Mossltr, pensaba en la confidencia de garoso mancebo de veinticinco años, limpiador de meta•
Aquell&amp; alusión hizo correr un escalofrío por la espal• Bouscarés y, más cuidadoso de lo que había aparentado Jes. La pasión de ese joven por la muchacha es verdadeda de Celina, que al mismo tiempo comparó la tranqui• ante su antigua amiga, se propllso adquirir noticias exac- ramente rabiosa; es verdad que la chiquilla es un milagro
la y digna energía de Redel con su propia inercia. 106· tas sobre la!! relaciones que pudieran existir entre el con- de belleza, capaz de hacer pecar á un santo...... Usted
mol ¡Conociendo el peligro que él afrontaba, iba á dejar• de de Contras y aquel pobre diablo. Acaso no se trataba mismo, señor, no la vería sin quedar turbado ...... La sile expuesto á las implacables venganzas de Valentínl de una vana amenaza hecha á la mujer rica, medio clá- guen por Ja calle y no pasa día sin que algún caballero
Aunque el corone) aseguraba que ella no tenía nada que sico que da siempre resultados con las personas timora. respetable suba hasta aquí, para bajar rodando la escalever en el asunto, comprendía que su furiosa rE!spuesta ha- tas 6 que tienen alguna mancha oculta. Loa del ofu:io le ra, porque el viejo Chabassu no admite chanzas ...... ¡Ea
bía exasperado al conde y que si éste amenazaba peligro• ll~an ((el golpe de sonda.,i Si la persona sondeada da el honor mismo, ese hombre! Pues bien, hace un año ha
samente á Redel era por haberse interpuesto entre eUoR. sefiales de inquietud, es evidente que en el fondo de su decidido dar su hija por mujer á Emilio Ravet, que as(
Había querido demostrar con qué tenacidad la pe'rseguía conciencia hay un rincón misterioso que conviene regis- se Barna el novio de la chica, comprendiendo que sería
y los riesgos que podían correr cuantos pretendieran pro• trar. Por eso, como hombre de experiencia, Eliphas difícil de guardar, en Montmartre, una Venus como su
tegerla. ¡Para debilitar la resisistencia do la mujer que aconsejó la táctica desconcertante de no hacer nada y Matilde, cuando pasase de los diez y seis años. Pero hete
aqui que el otro dia, al volver de su taller, la muchacha
deseaba iba á matar un hombre!
callarse.
Celina sintió un vértigo de espanto. Le pareció que
Pero esto no impedía tomar loa informes necesarios. deja caer ante su padre una cajita de tafilete, de la que
estaba perseguida por un monstruo implacable, que no Llegado á su despacho, el viejo abrió un legajo señalad:&gt; Chabassu se apodera, y en la que encuentra un par de
descansaría hasta hacerla su presa, y se revolvió uontra con la letra B, y buscó el expediente Bouscarés. Le en• pendientes, de brillantes, que valian, lo menos, éeia mil
aquella tiranía y contra aquel peligro. Hizo un movi• contró sin dificultad y le ojeó buscando las señas de su francos ...... No hay que contarle nada sobre esto¡ ea comiento para lanzarse hacia Enriquet,a y contárselo todo, casa. Estas habían sido sucesivamente: cal.Je de las En- rredor de alhajas. Interroga á su bija á pufietazos .....•
pero vió á la joven sentada en la mesa, tan tranquila, en• 'llierges, 17; pasaje Raoul, 2¡ calle Popincourt, 103¡ calla Ella chilla, pero no confiesa ...... y entonces el padre fing ➔ apaciguarse y no habla del asunto, pero encierra á. su
señando á Redel la miniatura rodeada de su marco doraAumaire, 9¡ calle Ramey, 26..... .
do, qne le pareció que no encontraría palabras para tur•
El ministro de la Caridad cerró el expediente. Una hija, advierte á Ravet y se ponen al acecho. No habian
bar aquella serenidad. Y, sin embargo, era preciso hacer luz repentina acababa de esclarecer loa tenebrosos mane- pasado dos días cuando el 8efior conde de Contras se dealgo; cada hora que pasaba aumentaba el peligro.
jos de Bouscarés. ¿No era en la calle Ramey donde el Jaba coger hablando con la chiquilla delante de la ca88.
Su agitación se hizo t!l.n viva, que le fué imposible per- conde habfa sido encontrado en coloquios con aquella El tal Ravet, que estaba emboscado en la taberna, cae so•
manecer más tiempo inactiva enfrente de aquel hombre muchacha á. quien su padre, su hermano ó su amante bré su novia y sobre e! galán, pero en este punto bueno
impasible y de aquella mujer inconsciente. Se levantó y habían obseq.uiado con una bofetada? El chantage se di· es confesar que encuentra la horma de su zapato. porque
en algunas palabras se despidió de su amiga, mientras bojaba con una precisión absoluta y ((el honor de la fa- se retira con un ojo hecho una lástima, como no se había
Redel, que parecía contento, le recordaba su promesa milian deb1a estar amenazado por el individuo que inte- visto en la calle de Ramey, donde hay, sin embargo, escon un gesto silencioso. Celina movió la cabeza como pa• rrumpía las citas del Señor de Contras. ¿Qué tenfa de pecialistas en puñetazos...... Desde ese momento en el
ra echar de sí un pensamiento molesto y estrechando la serio la amenaza y, sobre todo, qué habfa en el fondo de cuarto de al lado se pasa una vida infereal y andan listol
mano de Enriqueta, salió del salón. Se detu.vo un ins- esta asunto? Esto era lo que importaba saber. Era peli- los golpes de la mañana á la noche. La chica quiere eetante en la escalera y, en la confusión de su espíritu, pens6 groso que la Señora Mossler recibiese á Bouscarés, pero caparse con el conde, que encuentra medio de verla no se
un momento en _pre~untar si el conde estaba en casa,
no importaba que el Seflor Eliphas fuese á casa del meri• sabe cómo. Ravet ha jurado que matará.al conde de Cou•
pero rechazó en segmda con horror esa idea.
dional. Iba á ella con tanta frecuencia 6 enviaba sus de- tras, y Chabasau habla de llevar el asunto á los tribun&amp;Salió, despidió su coche y echó á andu, dando vuelta pendientes, que una visita más no podía comprometer á les ...... Yo he conseguido hasta hoy calmar esos exage·
radas ardores. He obtenido de Matilde que se esté tranqui•
en su cabeza calenturienta á mil proyectos contradicto• nada.
la, de Ravetque no haga uso de su pufial y de Chabaeu
rios. Volvía siempre á la certidumbre de que era preciso
Se
puso,
pues,
en
camino
á
eso
de
las
dos,
y
con
su
as•
recurrirá Enriqueta y no á la SeíioraMossler, ni, mucho pecto de empleado de minis~erio, el paraguas bajo el bra• que contemporice ...... Y en este punto'estamos. Si usted
menos, á Eliphas. En cuanto á. dirigirse á. su marido hu- zo, su grueso levitón y su sombrero despeinado, subió la no cree, mi querido y rt:ispetable señor, que he servido
fielmente los intereses de i;ni bienhechora, será para desbiera preferido la muerte. Torturándose HSÍ la cabeza
empinada cuesta de la colina de Montmartre y llegó á la
descendió maquinalmente por elfaubourg Saint-Honoré casa que habitaba Bouscarés. En el estrecho descansillo animarse de impedir catástrofes.
Bomcarés se detuvo, no para tomar aliento, pues hu•
y se encontró, de pronto, ante una oficina de correos. Encuarto piso babia d;:,s puertas. En una se vefa esta in- hiera hablado todavía durante una hora, sino para saber
tró, pidió un telegrama cerrado y, de pies delante de uno del
dicación
escrita
con
yeso:
''Chabassu,
corredor
de
piedras
lo que Elipbae peneaba de su diplomacia. Se colocó en
de los altos pupitres y con la pluma de torcidos puntoH
mojada en el fangoso tintero que sirve á los hombres de finas. De nuevti á once y de tres á seis, tirad con fuerza actitud interrogante y esperó. F;liphas ensefió á. Bousea-de
la
campanilla.''
En
la
otra
había
una
tarjeta
clavada,
rés un semblante tranquilo y ex:.ento de toda impreei6n1
negocios, escribió: ccSe ha producido esta tarde un alter•
cado entre su warido de usted y el coronel Redel. El q~1e contenía estas palabras: ''Bouscarés (Mario), inge• y con acento indiferente dijo:
n1ero."
duelo parece inevüable si usted no se interpone. tJna
-Bueno; ¿y dónde va á parar toda esa charla?
Eliphas golpeó ligeramente con el pnfio de] paraguas la
amiga ee lo advierte. Obre ust.ed pronta y enérgicamen•
-¿Cómo charla?
te.)) No firmó y apenas se fomó el trabajo de desfigurar puerta de Bouscarés. Se oyó el ruido de unas chinelas
-Sí; ese folletín de porteria ...... ¿Piensa usted que me
eu letra. Pegó el telegrama, le pasó á través del ventani• que se arr~tran y apareció el ingeniero en persona, ro- conmueven semej;~ntee historias? Conozco ese género Y
llo de un empleado y salió. U na vez en la calle se sintió deado de una nube de humo de tabaco. Al reconocer al no me dejo coger por la niña pura, ni por el amante cecalmada y pensó: He :prometido al coronel no decir na- sefior Eliphas retiró la pipa de la boca y su cara de abu• loso1 ni por el padre ju.aticiero ...... Toda eso está muy usa-da, :pero no he prometido no escribir. Y, después, poco rrimiento tomó una expresión de obs~quiosá alegría. Se do, amigo, y no se cree ni en provinci~ ..... .
me importa; era preciso advertir á Enriqueta y librar á inclinó profundamente y dijo:
-¡Cómo que no se cree! ¿Quiere usted ver á. la mucha•
-¡Oh! sefior; sírvase usted pasar. No esperaba tan pron• cha? ¿Quiere usted ver al padre? ¿Desea usted que le
Redel. Ahora, veremos qué resulta.
to su visita.
presente á Ravet?
VIII
. -¿Pero us~ la esperaba? replicó con aire de arrogan-¿Con su puñal?
A la hora acostumbrada, la Señora Mossler estaba ocu• cia el seflor Ehphas, penetrando en un comedor y cocina1
-¡Ah! señor; ea usted demasiado incrédulo y Jo sien\o
pada en su saloncillo, con Eliphae, en distribuir las Ji. todo en una pieza, de repugnante suciedad.
por la Señora Mossler ...... ¡Ocurrirá una deegracia!
mosnas diarias, cuando entró un criado y er una bande•
-Creía que mi carta interesaría á. mi generosa proEUphas levantó la frente y fijando la mirada en Bou1j'l de plata entregó al Ministro de la caridad un papel tectora.
carés dijo de pronto:
sucio que tenía trazadas con lapiz algunas l!neas, Eliphas
-La sefiora Mossler no sabe nada de tal carta. La he
-¿Cuánto por evitarla?
tomó la misiva, la leyó, con la indiferencia de la costum- abierto yo, como las demás.
El meridional cambió de actitud y se puso preocupado
bre, y en seguida la arrugó y la echó á la chimenea.
-Pero, siéntese, mi respetable señ.or, dijo Bouscarés y frio.
-¿Qué es'! prEgunt6 la Señora Mossler, ¿una petición presentando á Eliphas una Pilla desfondada.
-Como usted comprenderá, yo no sé lo que habrá. que
de socorros?
-Es inútil. No he de estar más que un im~tante. Ven- ofrecer ..... .
-No, señora; una petición de audiencia.
~o á advertirá uste~, solamente, que ha emprendido un
-No ofrezco nada. Deseo sal:&gt;er, por curiosidad, lu
-¿Tan eolemne?
Juego que puede privarle de filU socorro mensual.. ....... Si
que pudieran producirEe.
.
-Más aú_n; amenazadora y con síntomas d~ chantage. es eso lo que usted se propone, puede empezar por de- exigencias
Bouscarés no respondió á la pregunta de Eliphas, como
-¿De qmén?
cirlo ...... .. .
es regla primordial de estos tratos, y babló de ntra cosa.
-Del hombre á quien usted socorrió contra mi volun-¡ Yo! protestó el meridional; yo, que sólo obro en in•
-El unico tuPdio de impedir un d~senlace trágico, setad, hace unos me1es.
terás de mi bienhechora .. .... Yo, que, por casualidad soy ría alejará. Ravet con su novia.... .. Elloe se casarían en
-¿Cuál? Entre tantos, no es facil.. ....
dueño de un secreto que, sin mi ini;ervenci6n...... '
e] extranjero, si querían .. .... Peró lo importaute es des•
-Un llamado Bouscaréa.
-¡Suprima usted los discursos! interrumpió rudamen•
-Creo recordar; un meridional que habfa hecho no Bé te Eliphas. Sé de qué se trata. ¿Me cree usted tan mal embarazarse de ellos ...... Le aseguro á usted que Ravei
qué descubrimienoos y que iba á. realizar una fortuna en enterado? ¿Soy yo hombre de intimidarse por SUB habla- es capaz de hacer una que sea sonada...... Está herido en
su amor y en su ojo, es decir, en su vanidad, ¡él! ¡Raveil
ocho dfas si se le ayudaba.
durías?
¡el terror del boulevard 0:-nano! ..... .
-Un trapisondista marrullero. Se le ha ayudado y no
-¡Ah! sefl.or, no se trata de mí.. .... No soy máa que mi
-Yo creía que era obrero ...... ¿Se tra~a, pues, de un
ha realizado absolutam-e nte nada, pero anuncia que co- intermediario adict~ .....
ratero nocturno?
·
noce un secreto que interesa al honor de su familia de
-¡Adicto! ¿A. quién?
( Continuará.
usted.
-A mi generosa protectora, de la que espero que en

13

DICIEMBRE,

1896.

La leyeil(la de la Capita Azul d~l Amor.
I
Nació la hermosa niña de cabellos rojos en una maña•
na de l)iciembr~, cuando la nieve caía lenta y virginal.
Hnboenel aire seiialesciertas que anunciaron la misión
dr- iltnor que venía á. cumplir: brilló e! sol, irisando la
blanca nieve; aspiróse en el ambient"' el aroma de las Ji.
h,s y resonó el canto de los pájaroa como en plena prilllll vera.
Vió el día en el fondo de un chiribitil, por humildad
fin duda, para mostrar que sólo deseaba las riqu"zas del
curnz6u. Tuvd por familia á la humanidad er,terl\: sus
brazos eran bastante largos para estrechar al mundo. Lle•
.:rada la edad del u.mor, abandonó la sombra donde se re·
~ogfa, y echó ~ aullar ~or los. caminos, bn~cando baro•
brientos, á. qutenes deJaba alutos con sus unradM.
Era una niña alta y fuerte, de ojos n.;,grns, de boca
bermeja. Su carne, de una palidez mat.e y cubierta de Ji.
gero bello, semejaba blanco terciopelo. Al andar, balan•
ceaba su cuerpo con blaudo ritmo.
Cuando dejó )a paja en que naciera. comprendió que
debía ve:itirse de blondas y de seda. Tenía como único
patrmonio sus dientes blancos y sus mejillas de color de
rosa. Pronto encontró collares de perlai;,, blancos como
sus dientes, basquiñas de color de rosa como sus meji ·
llM.
Ya equipada, ¡qué gozo era el encontrarla en laa sen•
das en las claras mañanas del mes de :Mayo! Su corazón
y s~s labio:! ~ataban abiertos á. todos los transeuntes. Si
vefn. á algún mendigo á la orilla &lt;le! camino, le interrvgaba con una sonrisa. Si se qufjaba de los ardores de
las fiebres ásperas del corazón, su boca le daba una li·
mmrna, y eH el acto aliviaoa I"' miseria del mendigo.
Así es que la conocían todos los pobres de la parro•
quia, y se apiñaban á su puert.a, el:!perando el reparto.
.h:l!a bajaba por ma1iana y tarde, como una Hermana de
la C:lridad, diatri~uyendo sus tesorús de ternura, dando
á c:.tda uno su ración.
Era buena y tierna como el pan blauco. Los pobres
d~ 1a parroquia la bautizaron con el sobrenombre de Oa·
pita azul del amor.
II
Por aquel entonces asoló la comarca 1111a epidemia es•
pantosa. Todos los jóvenes fueron atacados y muchos de
ellos murieron.
Los síntomas del mal eran terribles: El corazón cesa~
ba de latir, la cabeza se despoblaba de !deas, el n~oribun•
do se embrutecía. Los jóvenes, semf'Jántea á. nd(cl!los
manequíes l:!e paseaban con el barcasmo en los labms,
comprand~ corazones en la féria, como los niños compran
caramelos. Cuando el azote hería á algún buen m?zo,
traducfi¡.e en negra triat.;,za, en mortal aesesperaci6n.
Los arti»Las llo,.aban de impotencia delante de sus obras;
loe tunantes, no pudiendo saciar sus ansias1 se tiraban de
cabeza al río.
No hay para qué decir que la he:mosa niña tuvo oca•
sión de distinguirse en circunsta11crns tan graves. Esta•
bleció ambulancias: volaba al lado de los enf('rmoe, se
multiplicaba, cerraba las herida~ con sus labio_s, daba
gracias al cielo por la buena ocasión que la babia depa•
rado.
Fué una verdadera Providencia para los pobres. Sal•
YÓ ú m'lchus. Si de algunos no pudo sanar el cornzón, es
1)orque ¡a no lo t.;,aJan. Su tratamiento ~ra sencillo.
Acaiiciu.ba á los enfermos con eus manos milagrosas, les
hacía entrar en ca'or con en tibio aliento. Nunca pedía
rtcompema. Se arruinaba sin pena: su caridad era in?.gotable. Asf, loe avaros de la época meneaban la cabe•
n al ver que la joven pródiga derrochaba de aquel modo
103 t-P~oro.g de sus gracias. s~ decían unos á otros:
.
-Morirá en un rinc0n: da la eangre de sus venas sm
peear nunca laa gotas.
III
Un día, en efecto, al registrar su corazón, lo encontró
vacío. Se estremeció de terror: no le quedaban más que al•
gunos céntimos de ternura, y la epidemia seguía azotando.
Laniñaseindign6; nopeneabaen la inmen~ fortuna
que habfa d.isipadollJCamente:el punzante agmJÓn de su
caridader3-cadavez más vivo, au.me.mandoel·hozror. de

385

EL MUNDO.
su miseria. ¡Era tan dulce ir
en hueca de los mt ndigos en
las claras mafianas de sol!
¡ Era tan dulce amar y ser
amada! Yahoradebíaocultar
se en la sombra, esperando
á su vez la limosna, que aca·
so nadie le daría.
Por un instante peua6cner·
damente en guardar como
una reliquia los pol'os cénti•
mas que le quedaban é irlos
·gastando con gran prudencia.
Pero le entró tal frío P.n su
aislamiento, que ee lanzó at
campo para calent,arce al sol.
En el camino, en la primera
encrucijada, encontró á un
joven, cuyo corazón se mo•
ría de inanición. Ante eeme•
jante ei-pectáculo cleepertóse
su ardiente caridad. No podía negar sa mii:t&gt;ria. Y, ra·
&lt;liante de. bondad, máS llena
de abnegación que nunca, pu•
so el resto de su corazón en
sus labios, se inclinó dulce·
mente, dió un beeo al joven y
le dijo:
-Ten, he aquí mi última
moneda. Devuélvemela.
IV
El jo,·en se la devolvió.
_
Aquella roismatardeenvió á sus pobres una carta de
despedida, ma11ifestándoles que se vefa obligada á sus·
p~nder sus limosnas. Le quedaba á la querida nifia pre•
cieamente lo neceeario para vivir en honrada medianía
con el Mtimo hambriento á quien había socorrido.
La leyenda de la Copila Azul del Amor carece de moral.
E. ZoLA.

¡VIVA EL REY!
-¿Cuá11to tiempo l:ace qne estáis casado, Vilville?
-Hace seiE meses, señor duque.
En el monte de la Trinidad, donde estaba emplazada
la caballería, el duque de Grammont departía familiar•
mente con el capitán Vilville.
Era la mañana de Fontenoy.
Alzábase el sol sobre el bosque de Berry.
Mr. Grammont, dijo:
-Guardaos, querido Vil vi lle, de que vuestra esposa en•
viude á los seis meses de casada.
El duque sabía perfectamente que su interlocutor estaba enamoradíeimo de su consorte, la sefiora de Mallie•
res.
Los preceptores del rey, los ministros y la gente d?,;
iglesia, habían favorecido este matrimonio, inspir.ulo
por un &amp;mor tan puro como sincero.
El rey había dado de su peculio particular una dote
import,mte á la reciéd casada.
Con estos antecedentes, nada tiene de extraño qne el
capitán contestase la advertencia del duque, diciendo:
-Sefiol' duque, soy de Dios antes que del rey; pero soy
antes dtd rey que de mis amores.
Tenía aun en sas labios fresco el l1ltimo beso que le
dió su esposa al partir á la guerra: había pasado la noche en sus brazos y la pobre esperaba con ansiedad el término de la batalla, paraenviarásuespoao la cruz deSan
Luis, que el rey le había prometido.
La acción estaba próxima y las tropas del rey espera•
ban formadas en línea de ataque, apoyadas sus alas en
Escaut.
Todas las posiciones estaban tomadas por la artillería
y lo.a eoldados iban á batirse en breve.
-Me par:ece-dijo el duque después de un rato de si•
leocio, durante el cnal estuvo ob3ervando al enemigoque el anciano Koenigseck pretende acercarse á Cumberland; pero no estoy seguro de que mi tío. el de Noaillea, note el movimiento. Tomad el mando por un instante, puesto que voy á adyertfrselo.
·
El duque me~ió espuelas {i su caballo y Vilville le si•
guió.con la mirada, viéndole aproximarse al General hablar algunos :nin u tos con él y después abrazarle con' efu.
sión.
Pero cuando el duque regresaba al trote un cafionazo
surgió de las líneas enemiga.e. Una vez disipado el humo
pudo ver Vilville que el duque yacfa en tierra1 mientras
su caballo corría espantado por la llanura.
-Pues sefior-dijo el capitán sorprendido por tan ines•
pera.do accidente-ahora estoy ya en días de ganarme la
cruz.
Sabía que el duque de Grammont había querido librar•
se de la acometida de Det-Tingen y sospechaba que su
valor no f'Ob1epujaba á sus presunciones.
Hacia el medio-dfa, Vilville llegó á suponer que el Ge,
neral le tenía olvidado con toda su caballería.
Koenigseck y Cumberland habían reconcentrado sus
fuerzas, y tanto los ingleses como los alemanes formaban
una densa masa que parecía enfocar el centro del ejército real.
Llevando á cuestas loe cañones franquearon el barranco que les separaba del e•emigo, y de este modo evitaron
el fuego cruzadú de Fontenoy y de Berry.
Las compañías enteras caían muertas á izquierda y á
derecha, pero la columna no retrocedía.
So.a caftanes puestos en batería, amenazab&amp;n los muros
de Fontenoy. PasadA la mañana, Vilville recibi6 laordeu
de cargar con eu caballería contrn los cafiones enemigos
para· hacerles abandonar eus posiciones.
Vil ville arengó á susBOldados al grito de "¡ Viva-el rey!"
EL.e.onde-de éhavannea y el duque de Biron habían re-

cibido la misma orden y partieron á la vez, deteniéndose
a cincuenta pasos del enemigo, que hizo alto al divisarlos.
Como era necesario que una.palabra pusiese término á.
aquella situación, lord Hay, capitán de la caballería inglesa, gritó:
-¡Soldados franceses, disparad cuando gustéis!
-Disparad antes vosotros-contestó el subteniente A.o•
terochf'.
.
Vilville, que eetaba al lado de au jefe, vi6 cómo los soldados enewigvs preparaban sus fusiles para hacer ub fuego certero y previendo que estaba ce1cana la descarga,
se pmo á. ptme:ar instintivamente en su esposa.
De pronto gritó:
-¡Viva el r.;,y!
A esta voz-dada involuntariamente por Vilville a)
abandonar sus meditaciones cayó al rnelo la primera fila
de la caballería fraocesa, victima del fuego de los ad ver•
sariol:!.
-¡Viva ~I rey!-repitió el -valeroso capitán esta vez,
con convencimiento de lo que hacia-y pálido de coraje
lanzóse con los suyos eobre el contrario.
Cuatro horas deepués, ballábase Vikille ante la lil,era
del General Saxe, el cual, á pee:ar de sus graves heridas,
seguia mandando mie11t.rae los médicos le curaban.
-Capitán Vilville-dijo el General-¿cuántos hombres nos quedan?
-Once.
-Entonces estáis f'n libertad. Id á presentaros al rey
de mi parte, y decidle que la jornada ha sido nuestra;
pero que no se olvide de enviarme 10s ocho mil corace•
ros que le custodian. Le encontraréis en un molino, á
las puer'tas de Fontenoy, donde le ha visto Anché hace
una hora.
El rey había abandonado Fontenoy en el momento fin
que los cafiones de Cumberland comenzaban á batir la.
plaza, arrastrando en su retirada el enorme tren de coci·
na y de equipaje que le seguia en la campafía.
Entre tanto, esperaba el resultado de la lucha á una.
media hora del campo de batalla, rodeado de artilleria y
resguardado por no puente que le permitia refugiaree en
Enaut, en caso de una derrota.
Vilville no necesitó consultará Aché cuál era el cami•
no más corto para ir al molino, porque la noche anterior
habia acampado en aquel sitio.
Montado á caballo, franqueaba los barrancos y las al•
turas, y pasaba por encima de loe muertos y de los moribundos.
De repente se presentó ante sus ojos la silueta del molino.
·
,
Vilville galopó hacia ella. Una patrulla de soldados le
salió al encuentro, y pocos pasos después unos cuantoR
camaradas, ansiosos de noticias, le detuvieron; pero ét
contestó:
-¡Servicio del rey!
Y siguió su camino apresuradamente.
Los suizos que montaban la guardia en ]a eecalera creyeron que era un oficial de servicio .Y le ab1itrun paso
saludándole.
¡Qué gozo sentía el capitán al hollar aquellos recintos!
Quer1a entrar inmediatamente en el cuarto del rey y
llawóá la puerta de laci;;,oara real.
-Señor-dijo-es un meneajel'o del General Saxe.
Abrióse inmediatamente la puerta, y ...... ¡ob, estupor?
,,ió á su esposa al lado del monarca.
No, no se babia engañado.
Ern ella, ella, la eefiora de Mallieres, su propia mujer.
La sorpresa no daba lugar á duda, y menos la turba•
ción de la infiel.
Descubrióse entonces el capitán y dijo con temblorosa.
voz:
-Sei'ior, el Genual Sa'xe me ha hecho portador de la.
noticia de la victoria de vuestras armas, y al mismo tiem•
po ruega á vuestra majestad que le envíe los refuerzos
que tenéis á vuestro servicio, para emprender con ellos
la persecución del enemigo.
T~rminada su misión, empuñó la pistola que llevaba
al mntoJ levantóla hacia la sien, disparó y cavó en tierra.
gritando:
·
-¡Viva el rey!
HuGUES LE

Roux.

RISAS
Ríe que ríe; ta rosa
En el capüllo plegada1
Se asoma leve, riendo
Por el botón de esmeralda.
Ríe que ríe; en el lirio
Vierte la riB:l sus gracias,
Y de la flor las despliega
Sobre la copa morada.
Rfe qm!ríe; en el vivo
Clavel de encendidas llamas,
Revienta alegre la risa
En explosiones de grana.
Rfe que ríe; y minando
Bogar á dos por las aguas ......
Suelta su risa tt torrentes
La boca de la granada.
RUBÉX

D .\RÍO.

Pues que tanto te admira
el saber de los viejos,
voy á'darte el.mejor de los con!!ejos:
cree sólo esta verdad: (cTodoes IDentira.it
Es mi fe tan cumplida
que adoro á Dios, aunque medió la vila.
ÜAMPO!MOB.

�386
EL MUNDO.
13 DICIEMBRE, 1896.
==============================~-==================-===-=====Su perfecta nariz delicada
ALBORADA.
DESPI.i:!JRTA!
Causa celo á la Venus de }Iilo.
En su frente de grie~a escu!tura
Puso el lirio su ter,a blancura,
Sus megillas pintó la camelia,
Y en su tierna morada radfa
El pudor virginal d» :\la1ía
Y la dulce tristeza de Ofelia.
DibDjad esa curva elegante
Que traviesa, fugaz y ontlulante
Acaricia sns howbros de seda,
QL1e ~us brazoa de nácar circuye
Y como una culebra que bnye
En su leve cimura se enreda.
E9 su pie de condesa andaluza,
Y su mano patricia que cruza
Con capricho una red azulina,
Mano aerea de Espírita, pnra,
No la iguala el al'miño en blancura,
Ni la tuvo Ana de Austria más fin~.
Cuando ee abre eu boca sonriente,
Blancas perlas del más puro Oriente
Luce en toda fll limpia belltza,
Y cuando anda radiante y airosa,
Com0 un pavo real, orgulloPa,
Ya moviendo la altiva cabfza.
¡Oh pincel, en la mágica tela
Su hermosura divina cincela
Con tus toques v tonos más claro~!
¡Que la mire el ·ab~orto nni1·nao
Escnltada en el marmol d'"l verFo
Y cantada en estrofas de Paros!
E. REBOLLEDO.
Diciembre de 96.

Buscando en mi pesar algún reposo,
Avanzaba incon@ciente. Amanecía
Y á un templo penetré; bajo la fría
Y ancha n~ve quedéme silencioso.
Exangüe el Cristo, en su actitud grandioso,
Revelaba el dolor de su agonía,
Y del madero al pie la 11adre bacfa
:Más patético el cuadro y doloroso.
Ante aquella infinita desventura,
En mi mente surgieron del o! vido
}J is creencias más santas y sencillas;
En hondo sentimiento de ternura
Trocóse mi aflicción y conmovido
Caí, como en mi infancia, de rodillas.
JosE lLl.aíA OcHOA.
Diciembre de 1896.
EN .L.A SOMBRA.

Germina entre este capuz
el ver~o, y sale deepués
como de un vidrio al través
saliera un rayo de luz ..... .
clávenme sobre una cruz,
ei rebus"-n la palestra,
, así en Ja canción siniestra
que escribo hoy potente y bravo,
punto .tíoal será el clavo
que me sujete la diestra!
Querer decif" de redondo
lo que en mi dolo1· se fragua
es así como echar agua
dentro de un tonel sin fondo ..... .
e! dolor cuanto m,ís hon&lt;lo
menos en palabras fiuy,: ........ .
el suplicio no concluye
por miís qne Tántalo brega:
¡el agua, que nunca llega!
¡el fruto, que siempre büye!
¡Oh Insulto: no te levantes ..... .
¡oh Estrofa, signe dormida ........ .
¡la Suerte noee intimida
con signos amenazantes!
ya amenazas no; pmqne antes
que se funda el nuevo cuo.o,
se cicatrice el raegoiio
y vuelva el dardo al carcax,
¡ llt-gará á causarse Ayax
de ti,ner cerrado el puño!.. ...... .
Jos.i!: 8.

¡Oh poetas! ¡oh 1&gt;rtiatas geniales
Que vivís persiguiendo idl,alesl
¡Oh pinceles! ¡oh lira! ¡oh buriles!
Que en el mármol, el lienzo y la rima
Vuestro mágico mímen imprima
Sus correctos y puros perfiles.
Modelad sus profusos cabellos,
Aureola de brunos deEtellos
Que su rostro e ucaríatico bafia;
Y sus ojos de brillo de luna,
Astros negros que vela importuna
Con su sombra la riza pestafia.
Es un cáliz intacto su boca,
Roja y húmeda flor que provoca
A los besos, su cuello un pistilo
De azucena, y en nieve escultada

Fondo: $

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40.... ,,

100
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20.... ,,
200
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2 Aproximaciones de á $ l. 00;
una anterior y otra postenor al
número premiado con los ..... .
$10.000 .................... $
2 Aproximaciones de á $50; una
anterior y otrn p'J'Sterior al nú•

1 ,00(

2,001
2,00t

t.ArÑP. Pl

.Tno.,.,.pc,

lo&lt;

,$60,000
se verificará en el Pabellón Morisco,
á las 11 a.m., el Jueves

24 de Diciembre de 1896.

1 00

7 99

El próximo sorteo, con premio
mayor de

t.re!'! tie la.

l 00

20(

345 Premios que hacen un total de $ 1 7. 70&lt;

se verificará en el Pabellón Morisco,

loo

260
460
1 00

799
.

$eÍ~Jgct.~~~.~.~~.~?~........ $

Á. }i¡.f'!

Si entre la bru01a de loe er,euelios
Surge tu imagen y mi alma ve
Lucir tus grandes ojos risueños,
A 1bear tu cutis de rofa thé,
A un sol ardiente,-tus rizos de oro,Las aves blancas de mi ilusión
Tienden las 3Jas y en raudo coro
Yan murmurando: Ninon, Nioon.
Si te contPmplo, sí tu mirada
Como un efluvio crepuscular,
Baiia con tibia luz de alborada
J)e mis tri~tezas el hondo mar,
Las mensajeras de mi ventura,
-Aves azules de mí pasión,Mientrae se rasga la noche obscura
Van repitiendo: Ninon, Ninoo.
Cuando te alejas la sombra avanza
Y un sol mny debil se ve lucir,
El astro limpio de mi esperanza
Que en la tiniebla se va ya á hundir;
Pero aunqne lejos de tu belleza,
Allá en el fondo del corazón,
Las aves negras de mi tristeza
Diceu muy quedo: Xinoo, Ninon ........ .
F. M. DE OLAGUÍBEL.
Diciembre de 1896.

¡Están emponzofiadae mis canciones!
¿No lo han de estar, mi amor?
Tú mataste mis dulces ilusiones
con tósigo traidor.

TEODORO LLORENT.E.

La amo poco, es verdad. Mi alma rendida,

¿á quién dirás que adora?

El que subscribe, profewr en Farmacia de la E.scuela
-de .Medicina de Mfrico

San Francisco núm. 12.

--~ SALCHICHONERIA ALEillANA
DE .GERARDOlMEENEN.
COLISEO NUMERO 9.

MEXICO.
Esta ~casa: t1ene constantemente
un arand•-Y ,arlado aurtldo de tod•
cl ■ ae:de:salch,chon 'f carnea friaa.

?

Certifica: que habien.do analizado el

\)f&lt;\FICAc:::,

.

DE

"ESPJ&lt;:CIFICO AXTIYENEREO DE BELTRAN''
no ha encontrado en él ninguna substancia nociva al organismo, ni minerales de ninguna especie; su composi-0i6n es puramente vegetal y las plantas de que está compuesto son todas muy saludables y muy apropiadas para
la curación de las enfermedades de la sangre.
A pedimento de los Sres. Beltrán IIer manos, doy el pre•
sente en México, á 25 de Enero de 189!.

0

~

LA

¡SANGRE!
1

EL )L\.S EFICAZ

'

Qoe se coooce en 1, República.

•

56 AÑOS DE EXITO.

r.;:.2 oussaint.

-1)(PERRY DAVIS.)
Un remedio ver&lt;l!l.&lt;lero y ee¡¡uro par&amp; toda
claae y &amp;r• dos de enfermedades de !01
intestinos e• el

Esta medicina, además de ser infalible para curar c1ulquiera enfermedad que tenga por causa la impnreza de
la sangre, ya sea heredada ó contraída, y t'specialnwHte
las úlceras invnteradas, tiene la ventaja de no sujetar al
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicar~&lt;! á.
sus ocupaciones; pudiendo, además, bace1rn !a curaci6n
en absoluta reserva aun de la persona más allegada. 8u.
eficacia y méritos no necesitan eucomiaree, pues su nso
constante dnrante más de medio siglo y sn venta cada
año mayor, son claras manifestaciones de los excelentes
resultados que se han obtenido de ella; recomendación
indudablemente superior ,í cualquiera otra.-BELTRÁ!r
ilER)L\NOS.

DEPOSITO: Chavarrla 19.

~~

DES PACIIO PARA YENTAS POR MENOR, ~ DEL RELOJ, NUMERO

8,

.

- --

BAJOS.

CONSEJO DE ADMINIS.TRACION
Presidente, H. R. NrcKERSE&gt;N.

F. B.

McxERcH:m.

Vice Presidente, PASTOR DE CELIS.
Vocal, A. PEYTON.
CONSEJO DE VIGILANCIA
F. R. GERNSEY.

RECONSTITUYENTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA.

Se recomienda á los anémicos, á las jóvenes clorótica&amp;,

\\ ESLEY BRADLEY.

y á las personas debilitadas por una prolongada perma-

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LA CERVEZA FERRUGINA,

Director General, EDo. W. BROWN.

nencia en las re1?iones cálidas y m'.l:sa::ias.
De venta en casa de los Sres. E. Dutour y Comp., .Agentes Generales; en el establecimiento de la Sra. Viuda da
Geniny Comp., ~ de Plateros número 3, y en todos loe
principales establecimientos.

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1.80 valor efectivo al fin de 95 meses $
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6.00 »
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» » » »
" 1,000.00
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30.00 »
»
» » » »
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5,000.00
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60.00 »
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» »
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» 10,000.00
»
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» » 300.00
•
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Se venden acciones al contado á $ 50.00 cada una, cuyo valor efectivo después de 95,meses es de $100.00.
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Dirigirse á EDO. W. BROWN, Director General. Oficina, Banco Hipotecarlo Núm. 5.

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honra de participar á su numerosa clientela que ba traeladado su salón de Modas para ves~idos, á la calle de
Santa Isabel N~ 10, adonde recibe órdenes.
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Esto es verdad, y no se l)Uede upresu
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Toa,
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Dolor de Dienhlt
B.eumatiamo,

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Fiebre Kalarh,
t'unsadas 1 piquetes el&amp; al&amp;c~a,
llentopies 1 wmales polllOnoao&amp;.
Tenerle en c&amp;e&amp;. Guardarse contn 1u
falsiftcaoiones. Comprar 'lOlo el PWPEBBY DAVIS. En venta en toda.a lu ~
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Ap•rtado número 157.

MEXICO

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U. BASSETTI, Gerente.

-

De Ahorros y Construcción de Casas,

A la muerte, la sola poseedora
de todos Jo3 descansos de la vida.

2:761 Premio: que h~een un '1'o!i!de.. $ 178.560
p-Todos los sorteos est¡\n bajo !a vill'ilancia
y direcci6n persona les del Sr. D. Apohnar Casti !lo,
Interventor del Gi,bierno. v de un empleado &lt;le la
Tesorería General de la ~ación.

r

NO CONTIENE }IERCURIO NI IODURO

*

¡l\Iis canciones están emponzañadas!. .....
¿No lo han de estar, mi bien?
Llevo en el alma eierpee emoscadas;
te llevo á tí también.

Premio principat de ...... ,, 10,000
Premios de $ l ,ooo ...... ., 5,000
Premios de ., 500 ...... ,, 5,000
Premios de ,, 200 ...... ,. 5,000
Premios de ,,
1 oo ...... ., l 0,000
Premios de ,.
40 ..•... ,, l 0,400
Premios de,,
2_0 .. , ... ,, 9,200
Premios de S (1), aproximac10nes
al premio de S 60,000...•....•.•.$
6.000
Premios de 8 40, aproximaciones
al premio de 82~,000..•....•••.• $ 4.000
Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000............ $
2.000
Terminales de S 20. que se dete~minarán por las dos últimas cifras del billete que obtenga el
premio mayor de S 6(),000 ...... s l 5.980
Terminales de 8 20, que se dete~·
minarán por las dos últimas ctfras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000.•••g _2_5.980

Oficinas:

~,~~Concedida en Mayo de

Eugenio

CAXPOA~[OR.

FONDO:

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,

DE HEINE.

t Premio m ...yor de.......... S 60,000

1 Premio de .•.. $10,000.... $ l 0,00&lt;
1
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501

10 DE DICJ E~.JBRE DE 1896·

PARA NINON

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medlos: $ 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cents.
Vigésimos: 20 cents.

l
5
1O
25

Antivenéreo de Beltran.

Romanza.

1 Premio principal de ...... ,, 20,000

PREMIOS:

25

80,000 BILLETES.

ESPECIFICO

Dicie01bre de 1806.

PREMIOS:

28,000.

-~-

~s10,ooo

EDl,•.\RD0 1\-iELO Y ANDRADE.

Utl¡JO 6l .l)!t:l,ll 1:&gt;l~ult:H.Ht,;

14,000 Billetes á $ 2.00 cafü
uno, divididos en vigésimo:
de á 10 centavos.

El próximo sorteo, con premio
mayor de

Lluvia de perlas derramó el rocío
En el bello floral de la campifia........ .
Todo respira "amor." y el pecho mío
Te convida ágozar: despierta, niña!

EDUARDO CALCA~º-

bajo el plan siguiente:

GE3.EXTE G.l!:NERAL.

Despierta, nifia ! Con af iin, tu J.uefio,
Busca anhelante tu beldad que adora:
¿Por qué reposas en tranquilo suefio
Sí está incitando á despertar la aurora?

EL TELESCOPIO.

MEDALLON.

ELABORADORES.

A GLIFFNEH.

El a·ma iba peregrina por los caminos de la vida.
Abri6 los ojos y S6 bailó sin patria; abandonada á las
orillas del mundo-proscrita de un hogar ignorado,expósita llena de gemidos que se agita en la sombra y
tiende los brazos á lo desconocido.
La esperanza le dijo en secreto no sé qué palabras misteriosas, que así parecían murmurios de la brisa como
reflejos de la aurora: y levantando su mirada á lo más
alto de los cielos, el alma iba p• regrina ,por los caminos
de la vida.
.Buscaba á Dios.
Subió á la cumbre de las grandezas humanas, y gimió,
porque allí no había sino vanidad y vacío.
Trepó con paso trabajoso y cansado á la cima altísima
de la gloria, y suspiró, porque era sombra.
Ascendió á las alturru, de la riqueza y d deleite, y dee•
falleció, porque todo fué mentirr. que pa~a, ó ficción de
espíritu que queda.
Y andaba triste y peregrina por los caminos de la vida.
Detrás el vacío: á su frente lo infinito.
Un genio cruzó la vida. Hondíaima arruga surcaba eu
frente, quebrado el brillo de sus ojos y pálido el semblante.
Su mirada como lamento: su voz c_omo sollozo. Y la
habló:
-Buscas á Dios?
-Está muy lejos.
-Quieres verlo? Sólo yo puedo dar á tus ojos la lente
maravillosa que aleja las sombras y acerca el infinito.
Hazme tu compafiero y amigo.
El genio tomó una lágrima de sus párpados amortecidos y la puso en sos pupilas............... .
El alma, trémula, palpfoante y reverente, cae de improviso arrodillada ................. .
Sólo detrás de una lágrima se ve á Dios.

CHOCANO.

~~rmanos,

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NOMBRO 2511

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MEXICO, DOMINGO 20 DE DICIEMBRE DE 1896.

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Infalible contra las

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proporciona asegurar una fuerte euma de dinero, para recibir la de "La caja de ah..
rros" á determinado r,eriodo de tiempo, ó ántee, según sus estipulaciones.
"La caja de ahurros ' proteje al pobre, presentándole la mejor manera de ahorar, y ofrece al rico un negocio lucrativo y ventajoso, en que, con pequefiae iD•
versiones, pueda obtener una ~ran utilidad.
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Pila Seca núm. 8.) El Dr. P,1rra es Director de la Com ,
,..
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pañía de asistencia Médica y Cirüjano del Hospital Juá
M◄
rez. El Dr. Garay _e~ profe~or _de Anatomía quirúrgfoa en ~
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la Escuela de Med1cma y c1ruJano del Hospital Juárei ,.
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Nuestro folletín.
NU~IEUO DE X AVIDAD

No olYiclamos la promesa cont:raí&lt;la con nuestros lectores,
de darles el folletín que hemos acostumbrado. La circunstanci~ de e:3tar ensayando nuevos métodos de impresión no"han 1mped1clo ofrecérselos tan pronto como hubiéramos deseado; pero EL 1\frxoo cumple siempre sus promegas y un(}
de nuestros próximos número~ llevé:trá «el primer abono» di.}
la deuda.
Llamamos también la atención de nuestros favorecedores
sobre el número extmm·dinario de Navidad, que preparamos, con grandes novedades.

'.

•

-INoc~e ~uena," papaHc!
Dibujo de J. M. Villasana.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Higiene de la Cabeza * Belleza de la Cabellera

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Nuestro folletín.
NU~IEUO DE X AVIDAD

No olYiclamos la promesa cont:raí&lt;la con nuestros lectores,
de darles el folletín que hemos acostumbrado. La circunstanci~ de e:3tar ensayando nuevos métodos de impresión no"han 1mped1clo ofrecérselos tan pronto como hubiéramos deseado; pero EL 1\frxoo cumple siempre sus promegas y un(}
de nuestros próximos número~ llevé:trá «el primer abono» di.}
la deuda.
Llamamos también la atención de nuestros favorecedores
sobre el número extmm·dinario de Navidad, que preparamos, con grandes novedades.

'.

•

-INoc~e ~uena," papaHc!
Dibujo de J. M. Villasana.

�390

EL MUNDO.
8EMA.NARIO ILUSTRADO.

1'eléfono 434.-Calle de Tibnreio núm. 20.-Apartado 87 b.
M:BXICO.
Toda la correspondencia, debe dJrlgirse
al Gerent.e de est.e periódico.

• La B118Crici6n á EL JIUNDO vale $1.25 centavos al mes,
·y ee cobra por trimestres adelanti.doe.
Nó.meroe sueltos, 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.

Todo pago debe ser precisamente adelant.ado.
SEGUNDA CLASE.

BBGISTRADO COMO .ARTICULO DB

•Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Canadá The Spanish .American Newepaper Company, 136 Libeny St. New York, E. U.•

NAVIDAD.
¡Oh recuerdos hermosos de loe benditos tiempos demi
infancia! ¡oh ilusiones risuefias de mis floridos afios!
Llegáis á mi memoria como bandadas de palomas blancas con la magia de vuestros arrullos, como mariposas
dE' luz que traen en sus alas intangibles el polvillo de
oro del encanto. Llegáis como en dados del hada de los
sueños castos, y á vuestro poder hechiceresco se desentumece mi alma, siente hálitos de primavera, escucha
rumor de besos y estremecimientos de frondas; percibe
carcajadas alegres de niños y aleteos tiernos de aves; y
ya no es el invierno que mata los gérmenes y agota los
ma1Jantiales lo que reina en darredor mío, sino la ju ventud del afio, la etern11, juventud, palpitante de amor y de
vida, en la flor, en el nido y en el hombre.
*
* hogares crietia1ioe es siemLa noche de Navidad en *ioe
pre origen de encantos místicos y de sanas alegrías.
Entre nosotros, donde el aterido invierno apenas pasa
rozando con sus alas las altas cumbres del Popocatepetl
y el Ixtacihuatl, y las cubre con manto de nieve que desciende desde su frente sumergida en la región de los hielos eternos; entre nosotros donde la naturaleza prosigue
sin descanso su obra creadora, apenas sujeta á loe letargos solsticiales de las noches interminables, no tenemos
ese contraste de vida y muerte que ofrecen las estaciones
en los países del Norte.
Por eso adi vinamoe el encanto, pero no sentimos ni
podemos comprender la belleza de las leyendas septentrionales.
Crecidos al amparo de un clima que todo el afio engalana !os campoe, y hace correr presurosa la sangre en las
arterias, como hace brotar floree de todas las simientes
no acertamos á alcanzar toda la poesía que encierra eÍ
cuadro de un nii'io, nacido en humilde pesebre necesitan~o pa~ calentarse del vaho de las bestias, 'para no
morir aterido por las ráfagas heladas q•1e avientan las
pobres aristas de su cuna miserable.

*

Mas si no llegamos á la ~;cepción mística de la fiesta
cristiana, si no tiene para nosotros todos sus encantos, porque la naturaleza de nuestro suelo tropical nos lo impide, sabemos hacer tal derroche de profanos festejos que
la Navidad es tan alegre y regocijada como en los países
del Norte.
Búsquese ent~e ellos la ceremonia de las po8oda8, y no
se encontrará 01 en las pompas con q•1e ee celebra entre
las fllmilias opulentas ni en los sencillos goces que son
el patrimonio de los desheredados.
El rezo devoto, el canto melancólico con que se pide
la posada, la luz amarillenta de los cirios, el aroma pica[.lte de las flores tropicales, todo mudo al
palpitar v_iolento de los coraz:&gt;nee y al soplo de vida, de
amor, de Juventud, que cruza por entre la concurrencia
estremecida, hacen de esta fiesta una de las más característiczs de nuestra sociedad.
Busquen los filósotos la razón de ese consorcio míeticoprofano e~ nuestra educ:1ción religiosa, ~oderada poi' el
carácter picaresco ó relaJada en sus mamfestaciones por
el latir violento de nuestras arterias que llevan más de
un glóbulo de sangre andaluza y morisca.
.A nosotros nos b:ista con sentir esa influencia, y cuando ya cansados en la brega, nos apartamos de esos centros donde la oración devota se interrumpe por el suRpiro y el villancico inocente alterna con el epigrama retozón, queremos siquiera, vivir un mo:nento la vida ficti&lt;iia de los recuerdos.
PEPE.
Diciembre de 1896.

Los envía Dios cargados
De juguetes y de dulces.
Empínate, candorosa,
Y en el hondo eepacio hunde,
Sedienta de mara villas,
Tu mirada. ¿Ves las luces
De los cohetes? Semejan
Chispas de iuvisibles yunques.
Pues bien: allí d0nde hro~r.n
La alegría se difunde,
Y hay nifios buenos que aguardan,
La cita de los querubes.
Ma!' ...... ¿qué viste, virgencita?
;,Qué me sefialae que busque?..... .
Por la calle negra y sola,
Como una aparición fúnebre
Pasa un pilluelo, un mendigo,
No es fantasma, no te asuijtes.
¡Arrapiezo! ¿qué voceas?
Tal vez ninguno te escuche;
¡ Arrapiezo, canta copla~
Que ya vienen los querubes
A dar á IC's niños buenos
Risas, juguetes y dulcas!
Tú no eres bueno, muchacho,
Burbuja de podredumbre;
¿Pero qué sabe eeta niña
Del arroyo en que te pudres?
No tienes la culpa; el vicio
Es tu sostén y tu empuje;
Naciste en el fango, y eres
Flor sin matiz ni perfume.
Candorosa, ve á lo alto:
¡Cuánta nieve hay en las cumbres!
¡Cuánta estrella hay en los cielos!
¡Cuánta blancura en las luces!
Siempre arriba, siempre arriba
La virgen mirada hunde;
Arriba está lo que anhelas:
Angeles, sueños y nubes.
Ojalá, que así, tan pura,
El sombrío mundo cruces,
Que allá arriba están amores,
Ideales y virtudes.
Ño mires !a calle negra
Que puede ser que te asustes;
Y mientras a leg-re aguardas
El cortejo de querubes
Que ha de surcar el espacio
En sus esquifes azules
Cargados de luz, de lirios,
De juguetee y de dulces,
Yo, que llevo en las espaldas
Mi fardo de pesadumbres,
Yo, el desterrado del suefio,
Sin fe, sin amor, sin numen,
Pienso en muchas cosas tristes,
En lo que odia, en lo que sufre;
Pienso en los niños sin madre,
Y en los hogares sin lumbre...... .
LUIS G. URBINA.
Diciembre de 1896.

La Noche Mala del Diablo.

DE "i\11S VERSOS INOCENTES."
DOS NA.VlDA.DES.
PARA UNA NINA.

Noche Buena! ...... Mira el cielo:
¡Qué horizontes tan llzules!
El cristal de las estrellas
Inviolado y limpio luce.
¿VPs, niiia mía? La nieve
Brilla y blanquea en las cumbreo,
Y como cisnes que surcan
Claras linfas, van las nubes.
Abriste el balcón y e8peras
V!lr el milagro: que cruce
Por el aire trasparente
La parvada de querubes.
Tu madre te ha dicho: llegan
Esta noche, no lo dudes;

Pues señor, el Diablo es malísim~ y además muy envidioso.
·
Por envidia, más que por orgullo, le pasó lo que le
. pasó.
No Je bastaban los resplandores de su noble frente: envidiaba la corona de estrellas de su Dios, y la envidia le
secó loa rayos luminosos del argentado nimbo, y encontróse con aquellos áridos cuernos que por toda nna eternidad h.abían de agarrarse al endemoniado cráneo.
No le bastaban las dos hermosas alas blancas, que como dosel de plumas se elevaban sobre sus hombros;qu1-

20

DICIEMBRE,

1896·

so alas de oro y las acercó al aureo foco, con lo cual la~
sacó hPchas carb{m, y teudrá alas negr..is para volar entre las sombras por los sigloe de los siglos.
No le bastaba ~u cielo, quiso subirá cielos más altos, yel espacio ee le puso de reves, de manera que cuandocreía subir á la última esfera, encontróse el pobre diablo
cayendo por el último abismo.
No le bastaba su angélica grandeza y q uiRo crecer más,
crecer mucho, crecer desmesuradamente, llenarlo todo,
tropezar con su Dios y empujarlo hacia la nada: esfuerzoimpotente y ridículo; lo único que se dilató de todo su
sér fué la columna vertebral convertida en rabo de mono.
Y desde entonces anda el mísero por abismos sin fon•
do, con sus cuernos, sus alas negras, su grotesco rabo,
y sus ojos biliosos y recomidos por la envidia.
Todo lo envidia el amor, el bien, la alegría, pero sobre-•
todo lo que le pone mád v-irde de co3tumbre, las ulias,
loa dientes y los ojos, es la Noche Buena.
¡Oh! Esa noche de regocijo, esa noche de los nifios y
de los viejos, de pastorct!los, de zagalas y de reyes magos, de rabeles y pandeNtas, de ramas de pino y nacimientos de cartón; ¡oh! esa noche, es noche de torturas.
in fia y sin nombre para el diablo! A.un en las mismas.
negruras infernales, esa Noche Buena es para Luzbel otra..
mayor negrura.
De modo que se recome de envidia y se chapusa fre•
nético eu la desesperación.
Si asoma la cabeza por una grieta del infierno, y ve la
nieve que por lo regular en el mee ae Diciembre tiende
su mamo de helado armifio por la tierra, se acuerda de
sus perdidas alas que ya no blanquearán nunca y vuelvelas zarpudas manos y arranca á pu!iados su negro y Jus.
tro~o ¡.&gt;lnmaje.
Si ve á los niño~ jugar y á loe viejos reir alrededor deunos pedazos de cartón y de unas tigurillas de barro y
resonar en panderetas y tambores su alegría, la felicidad
de aquellos seres le roe ias entra!ias. ¡Ser felices con tan
poco, cuando él, el angel predilecto del Sefior, no pudo
ser feliz en todo un 0ie!o y gozando de todo un Dios!
Si ve al hijo de María en su pesebre, una desesperación infinita, que es el único infinito de qu.i dispone Luz-bel, penetra su sér hasta loM tuétanos infernales. E l quiso ser grande y se condenó: Dios se hizo pequeño, muy
pequeño, del tamaño de un niño y como no podía ya ser·
otra cosa, fué Salvador, y si hubiera podido ser hubiera
sido más grande que nunca.
Y al llegar á &lt;iste punto dice la leyenda cristi,ma d edonde saco este cuento, si no es que lo hs soñado, que
Luzbel tuvo una idea.
No, lo que es ideas, y sobre todo ideas diabólicae, n o
le hacen falta al diablo.
Hu idea de siempre: igualarse á su Dio8.
Luzbel, va qne no podía te11er su Noche Buena quiso
teuer su ,.Yoche m•,la, 110 la noche de Dios, sino la noche
del diablo: su nacimiento, sus pastores, MU~ reyes: todocomo el nacimiento de la noche buena, pero todo1·ematadammte malo.
Afí es siempre la envidia: siempre carece de originalidad: siemprt&gt; cae ó en la insulsa imitación ó en la grotes-·
ca parodia. ¡ Luzbel parodiando á su Dios con navidadesdel infierno!
Lo pensó y lo pnso por obru: es decir, quiso ponerlopor obra. ¡Pero qué dificultades!
Lo primero era unirse por conjunción misteriosa con
otro sér para dar vida humana al niiío diablo.
Y ¿quién había de ser la madre? Era preciso que en e!J
ser escogido todo fuese sombra, todo impureza, todo peca-do, todo corrupción. Si en él habla un solo ¡,unto de luz,
destello de ternura; si en el proyectaba el bien el más.
tenue rayo, la empresa diábolica era nn fiasco estu pendo,
porque el nifio-diablo resultaba indigno de su padre y·
con levadura de amor.
Y Luzbel se echó porel mundoá buscar alguna muj er,
alguna fiera, algún pedazo de tierra, algún sér totalmente
ptirvereo, en el que pudiera depositar como gérmen, la
mayor negrura de su infernal espíritu.
¡Quién pudiera cantar la diablesca odisea!
A las mujeres renunció bien pronto: ser débil, ser que
llora, cada lágrima es un peligro de redención.
Las fieras con sus garras, su~ dientes, su venenosa sa•
liva, sus repliegues estranguladores y sus egoístas voracidades, le infundieron cierta esperanza, bien presto desvanecid;.. Tienen amores y luego se encari!ian con sus.
hijos. ¿Qué pu11de esperarse, es dticir, qué puede esperar
el Diablo de un ser que ama y que se encarifia, que defiende á otro ser y que por él se sacrifica? Por brutal queese amor sea, por muy poco que dure ese carillo, esa chispa fugaz de amor puede convertirse en incendio uni- ·
versal.
Vió Luzbel en un peñón á la orilla del O~fano á una .
foca muy grande con sn hijuelo al lado. ¡Qué fea era con
su cabeza •• e gato, sus bigotes erizados, sus colmillos salientes y caídos, prolongación del idiotismo de su cabeza, su cnerpo abultado, negro y lustroso, toda ella vientre. y vientre sin igual para un hijo del Diablo!
«No, pues ahí dentro no estaría yo del todo mal»-pen• •
só el imbécil, y se quedó observando.
La foca quería echará su hijuelo al agua y lo empujaba torpemente, pero suavemente, con todo el mimo de·
que una foca es capaz. Y la foquilla traviesa, unas veces
le mordía en el hocico á la mamá y otras veces escapaba.
escurriéndose. Y vuelta á empezar su tarea la foca grande con inagotable paciencia maternal.
De este modo pasaba una hora y otra hora, sin que la.
foca chapuzase á su hijuelo, pero sin incomodarse con
las diabluras de aquel feísimo jirón de sru repugnantes entrafias.
Entre aquellos dos cuerpos negros, lustrosos, con cráneos de idiota feroz pegado á dos sacos grasientos, circulaba no sé qué misteriosa corriente de ternura bestial.
Aquellas, que ni eran aletas ni brazos, hubieran abrazado si hubieran podido.
La esencia sublime del amor, un átomo al menoe, penetraba como diminuta corriente de divino fuego por las,
capas aceitosas de los grotescos monstruo!'.

20 DICIEMBRE, 1896.
El Diablo apartó la vista con enojo, y se fué frenético
buscar por el mundo un pedazo en toda la creación en
que el amor no palpitase.
¡Imposible! ¡Qué torturas sufrió! ¡Las del infierno eran
goces celestiales!
Cae en los surcos de uno y otro campo y siente que la
madre tierra se filtra amorosa en la semilla con juegos
de vida. Quiere huir, ro1.a unas fl.orE's, y el viento le sacude al rostro el fecundo y caliente polen del misterioso
cáliz, levantándole ampolla de quemadura cada granillo.
como si le hubieren rociado CJr&gt; un surtidor de chispas
de abrasado horno. Se mete ciego por la arboleda, y se
detiene en ella encogido de i1orror y lamiéndose la cara
que le eecuese como un demonio. Descanso peligroso,
porque dos ruisefiores se posan en un cuerno, y mandándose suspiros, lamentos y requiebros, ciñen la cabeza del
diablo con guirnaldas de trinos y quejae y esperanzas de
amor.
Se sacude, arranca y escapa, y se hunde en el mar.
¡Pobre diablo! ¡Si el mar fué el primer semillero de la
vida! ¡ Adónde val
La vida es amor y hundirse en las solobres aguas, eternamente cuajadas de vida, es como hundirse ton una inmensa pila de agua bendita, de Jonde diadamente parece que brotan las estrellas como burbujas de luz y que
todos los ocasos envuelven en incendio8 de b ~lle~a.
No, en el mar no encuentra lo que bneca, que por todo
el cuerpo le cosquillean átomos de vida y le cllamuscan
futuros be~os. ¡Fuera! ¡fuera!
Y ya e, de noche y para secarse, como perro que acababa de salir del agua, se revuelca sobre la tierra y sobre
las losas de un cementerio. ¡Ay qué estupidez! el cemen•
terio está lleno de cruces y contra todos tropieza, y todas le hieren, que no parece sino que aquellos lefios san•
tos á. golpes arrvjan al potrervo del sagrado lugar.
Y escapa por los aires trazando círculos inmensos en
vértigo infinito. Pero allí también le persiguen las ale·
grías de la Noche Buena, que desprendidas de la tierra
como incienso de un pebetero, suben por el espacio. Ya
es el grito agudo y regocijado que le taladra los oídos; ya
los palillos de un tambor q11e le redoblan la magullada
piel, ya un pastor fantástico que le frota un cuerno como
carrizo de zambomba, llenándole el infernal cráneo de
roncos estremecimientos; ya son loe tres reyes magos que
vienen volando por entre las nubes y se le montan sobre
el rabo espoleando con espuelas de hielos la peluda cabalgadura; ya es la campana que llama á misa á todos
menos á Luzbel, y cuyas ondas v_lbrantes llegaban .al
diablo y en él rompen como la corriente del río en teJamar diabólico y de él se aiejan diciendo muy por lo bajo:
«á todos, á todos; menos á tí.»
Y Luzbel con delirio y desesperación como jamás sintió, aulla entre nubarrones: «Yo necesito un1noche mala, un nacimiento diabólico, un niño diablo y una madre
para mi hijo.•
.
.
.
'Y los espacios le contestan con voz triste y misteriosa,
ancha como la inmensidad, tenue como luz de estrella:
«pero desdichado, huyes del amor y pides una madre!
¿No veo que pides el mayor de los amore_s?«
•Es verdad,~ dijo Luzbel. Y se envolvió la cabeza en
las alas y hecho una pelota de pluma negra y erizada se
dejó caer en el abismo.
Después de todo buscaba Luzbel una ¡Noche mala d;il
Diablo! y la tuvo; porque mala fué, rematadamente mala
para el diablo, la Noche Buena.
JOSÉ EcHEGARAY.
~

El evangelio de San Perrault.

,.,,

-Entonces, prosiguió Simoncita, después de !1-aber
movido impaciente la rubia cabecita rebosante de ideas,
entonces...... No me acuerdo en qué íbamos.
-lbamos en la parte más interesante del cuento, cuando los tres Marqueses de Carabas fueron, montados en
.camellos á visitar al niño Jesús á su establo.
- ¡Sí, ~í! ¡Cuando los tres Marqueses de Carabas! Pero
tengo que volverá empezar.
-Como quieras, Simoncita.
Y entre tanto que el padre jugaba con e! buen párroco
-su partida de ajedrez; que la m~dre !~fa y qne la ama
-dormitaba junto á la chimenea, S1monc1ta, mfia de cuatro aflos no cumpltdos, para el gato y para mí, oyente de
alma ingenua y especialmente para el primero que había dejado su'puesto en la ceniza del hogar y que habh
venido al lado de la niña á aprobar con su rnm-rum el
interesante relato, Simoncita, dijimos, voldó á ~rincipiar su pasmosa historia, en la cual _mezclaba con rnfantil fantasía el Evangelio y las conseJas de la abuela, los
&lt;iuento azules de la nodriza y las lecciones del buen
cura.
-Mucho frío tenía el niño Jesús dormidito sobre las
pajas de su establo, y sin duda hubiera muerto si el asno
v ti buey no le hubieran participado su calor. ¡l\Iuy pobre se encontraba el niño Jesús!
Pern hé aquí que un hermoso día se oyó un ruido de
trompetas y de música. Eran los tres :\iarquese~ de Carabas que llegaban guiados por la estrella. Muy ricos que
son los Marqueses de Carabas. Regalaron al niño una lat,a de mantequilla, una torta, toda clase cte tPsor~s y un
lindo sombrero de paño rojo pa1a que se defendiese en
.-! verano de los ardores del sol. El niiio Jesús decía:
«Cuando sea grande repartiré mis tesoros á lo~ menesterosos, á fin de que no se vuelvan á VP.r en _la tierra nifios
ni viejos que sufran el frío que yo he sufrido. »
El sefior de aquellas comarcas. un ogro llamado Barba-Azul, tuvo celos del niflo Jesús, y envió en su persecución kombres malos para que lo mataran. Y entonces
María y José montaron al nifio Jesús en el asno y se lo
llevaron lejos, muy lejos, á las montaiias de Egipto, y
entonces.
-¿Y entonces?
.
A.l llegar á este punto la señorita ~imoncita vaciló. El
trabajo de su imaginación y el esfuerzo cerebral ae revelaban por el esfuerzo de la mirada y por el fruncimiento

391

EL MUNDO
del entrecejo. Al fin, después de algunos eegund?s de
esfuerzos. acarició al gato, perfectamente tranqmlo, y
reanudó así t&gt;I hilo de su historia:
-María y José habían dejado á la abuela en la aldea
b causarle RU avanzada edad y de que estaba paralítica.
El niño Jesús se detuvo cerca de un arroyo y se llenó los
olEilálos de guijarros blancos que fué dejando á lo largo
de la ruta. «De ese modo, se decía, hallaré el camino y
podré volverá abrazará mi abuelita.n
Un día en que sus ;,adres dormían y el as~o pach amarrado en un árbol tomó la lata de mantequ1lla, la torta,
se puso el sombre~o rojo y partió.
Después de haber andado mucho, mucho, el niño Jesús encontró en el bosque al compadre lobo, un lobo negro calzado con unas botas, gracias á las cuales cada paso q11e daba corre~oondía á siete leguas de cami~o. ¿A.dónde vas, niño Jesús, con ese lindo sombrero roJo?Voy á llevará mi abuelita e3ta mantequilla y esta torta;
tomé el camino del bosque porque sé que ~e encuentran
en la ruta unos hombres malos enviados por el ogro para matarme.
El lobo quiso devorar al niño Jesús; pero no se atre·
vió porque le tuvo miedo á un le!iador que pasaba armado de su hacha.
La fiera preguntó:-¿Y vive la abuel~ le¡os de este sitio?-Después de aquel molino que se ve allá ahajo en la
primera casa de la aldea.
.
.
.
El lobo partió y desapareció en seguida, gracias á las
botas de siete leguas: el nifio Jesús se alegró al verse
solo.
A pesar de que tenía hambre no quiso el niño Jesús
comerse ni la mantequilla ni la torta, reservadas .á la
abuela; se satisfizo con las fresas recogidas en el césped
y con las moras de los setos. Aqt1el era un alegre besque, bello como un parque. Las a~es cantab;in en todos
los árbQles; hal,ía en él flores, mariposas y lagartos que
hacían crujir las secas hojas.
El nií'ío corrió tras las mariposas, hizo ramilletes y
pretendió atrapará los ágiles lagartos.
Vió también al Príncipe Seductor c~bierto con su v_este color de sol, v á Piel de Burro vestido con su abrigo
color de luna. 'Encontró á las hadas en vía de hacinar
sus cargas de rarnas secas y jugó mucho, mucho, con _los
siete dorados hijos del leñador y de la lefiadora. El mño
Jesús había acabado por olvidarse de la abuela á causa
de tanto entretenimiento.
Cuando cayó en la cuenta, anochecfa; allende el molino, pi.sado el puente de la exclusa, la oscuridad era. coro·
pleta.
El nií'ío Jesús apresuró el paso, pero el compadre lobo
le había cogido la delantera, y ya estaba. instalado en la
casa y recogido en el lecho de la abuel~.
,
.
Tan-tam.-¿Quién es?-Soy yo, el mño Jesus, á quien
quieren matar unos hombres perversos y que os trae de
parte de los eefiores Marqueses de Carabas una torta y
una lata de mantequilla. Vuelve el picaporte y la puer•
ta ........ .
Simoncita no concluyó. Como suele suceder á _los niños después de un trabajo mental prolongado, la mtere·
eante narradora se había adormecido insensiblemerite al
escuchar su propio cuento.
.
Volvió á él, con los ojos ya cerrados y contmnó como
si estuviese sumergida en un vago ensuefio:-Vuelve el
picaporte y la puerta se abrió. A esta frase siguieron
otras incoherentes y seguidas de largas pausas.--«Pon la
torta en el arcón y ven á acostarte conmigo» ...... ~¡ nifio Jesús se desvistió ...... Abuelita, ¡qué grP.ndes ~1enes
los ojos!-Son para verte mejor, hijo mío.-A.buela, ¡qué
grandes tienes los ojos!-¡Son para comerte!
--¿Qué es lo que charla esa chicuela? dijo el cura, que
acababa de recibir jaque mate; ¡como que está mezclan.
de, según creo, la historia del Salvador y la de la Caperucita roja!
-Y entonces, replicó valientemente Simoncita, el lobo se arrojó sobre el niño Jesús y se lo comió!
Después de esta conclusión se durmió con los puños
cerrados; el gato, de un brinco silencioso volvió á su al•
bergue de cenizas.
Y yo dije al buen párroco:
-Los niños ven con claridad y profetizan ó su modo.
¿Está el seiior cura convP.ncino de que efectivamente el
lobo no devorara á Jesús? El trajo á la tierra la paz, y
los hombres se matan unos á otros. El quiso suprimir la
misel'ia y la miseria siguP. reinando. Simoncita tiene razón, sefior cura, el lobo devoró al niño Jesús; esa verdad explica muchas cosas.
PAUL ARENE.

CANTARES DE NAVIDAD.
A mi hPrmana Adela.
Fragmento.

¡Navidad, noche de t&gt;nauefios!
¡Navidad, noche sagrada!
Cada uno de tus cantares
F.'! un pedazo del alma.
Tú llf•gae, y todo el mundo
Re conmueve, se levanta,
Y es nn himno cada acento,
Y un beso cada mirada,
Y cada pecho un nectario
De recnndoa y e~peranzal'.
¡Navidad! flvr del invierno,
Poema cuyas estancias
Conduce de siglo en siglo
El tiempo, mustio, en l'UB alas:
Tu argumento es la leyenda;
Tu escenario está en 1as almae,
Y tu poeta es el pueblo,
QuP. en sus vihuelas te canta!
¡Navidad...... ya son las doce!
Ya te vas...... ya viene el alba!.........

T:.l vez ¡ay! cuando regreses
Ya no escuches mi guitarra!

*

* el bosque;
En Diciembre *muere
Y en la llanura abismada
El invierno tembloroso
Esparce lirios de escarcha;
La ciudad con eus palacios
Parece un nido ,1e garzas,
Y la&amp; casitas del pueblo
Un puño de rosas blancas ........ .
Y el sol se aleja ......... La tarde
Suelta el cabello de nácar,
Y el espacio es una tienda
Con claveles adornada.
La luna-virgen de hieloSe yergue en su azu ' hamaca;
Y en la sierra crece el frío,
Y en la ciudad ...... todo calla! ..... .
Y entonces, como á un conjuro,
Navidad, tú te levantas;
Entretejes tus cabello~
Con heno y flores de Pascua,
Juntas resinas del monte,
Cortas pino en la cañada,
Te cifies el ténue traje
Formado de verde lama,
Y atravesando graciosa
La llanura solitaria,
Sacudes tu pandareta,
Despedazas tu pii'i,ata,
Refrescas los corazr)nes
Con~¡ musgo de tu~ alas,
Y llora el puehln al oírte,
Y Fe arrodilla y te canta! ........ .
¡Navidad! ¡hendita seas!
Reina del invierno, ¡lw8anna! ........ .
Tal vez, ¡ay! cnanrlo retornes
Ya no escuches mi guitarra!

*

* * del sigloE! progreso -dios
Con su mano soberana
Tiende rieles en las cumbres,
Tiende alambres en las aguas.
El r,ensamiento, conquista;
Lo~ fieles dejan el ara,
Y María no halla lirios
DP. su santuario en las gradas!
Sólo tú sigues viviendo,
Navidad, tú nunca cambias,
Y es que tú nos prestas lumbre
Para la invernal velada,
Es que tú nos traes un beso
De las dichas ya pasadas;
¡Es que tú, torcaz de nieve,
Tienes tu nido ea el alma!
¡ Navidad!. ..... ya dió la una!. .... .
Véte ya...... tiende tus alas! ..... .
Tal vez, ¡ay! cuando retornes
Ya no escuches mi gtlÍtarra!
Josil:M. BUSTJLLOS.
México.

UIPORTANTISnIO A LOS LECTORES.
Estamos para concluir el año, y por consiguiente el segundo tomo de El Mundo; deb~mos .pues señalará nuestros numerosos lectores el cammo, siempre de progreso,
que seguiremos en lo porvenir.
La principal dificultad que no hemo3 podido vencer
del todo en este año, es la Je obtener buen papel, y por
eso nos hemos visLo precisados á dar varios números en
papel inferior al q,1e necesita El Mundo; pero creemos
haber vencido, y seguramente que desde el próximo to•
mo, el papel será. supremo aunque nos cueste un sacrificio.
Debemos á. nuestroil abonados el cumplimiento de una.
promeea: el obsequio mensual de una novela. ¡Con culto•
tas creces vamos á pagarla desde el afio entrantel. ..... Hay
que leer el anuncio relativo á las novedades que presentaremos el año entrante en el próximo número. Seguros
estamos de que nos excederemos en bien. de nuestros fa.
vorecedores.

El número de hoy, dedicado especialmente á 1~ Navidad, lo consideramos extraordinario, y por eso repartimos un hermow fotocromo, que hará penda&gt;it, con otro que
obsequiaremos en Enero próximo.
Los dos, en cuadros sencillos, forma-rán
un delicado adorno en el recibidor ó sala de
la casa.
' Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
'•

EN PACHUCA..

Pacirnca, Noviembre 11 de 1800.
. Sr. Don Carlos Sommer, Director General de •La Mutua.»-México.-M:uy señor mío:
. Por conducto de los Sres. Pérez Duarte y ry., y ante 01
Sr. Notario Público D. .á.ustreberto T. Andrade, iloy me
ha sido entregada la suma dP. $ 5.000,00 ( Cineo mil ptosos), valor de la póliza núm 765.222, bajo la cual estuvo
asegurada mi finada madre, la Sra. María Guzmán de
Mejía.
Doy á usted las debidas gracias por la eficacia con que
ha sido atendido este pago, autorizándoloJ para publi'f carlo.- Su atta. S._S.-Sofia Meif.a.

�39J

EL MUNDO.

~

20
20 DICIEMBRE, 1896.

DICIEMBRE,

1896.

EL MUNTIO.

PAGINAS DE NAVIDAD~

[a señorHa.

393

�20 DICIEMBRE, 1896,

EL MUNDO.

394
La Noche Buena del poeta . -

I

E mochos años (¡como que yo tenía siete!)
que, al oscurecer de un día de invierno, y des·
puée de rezar las tres .A.ve Marías al toque de
Oraciones me dijo nii padre con voz solemne:
-Pedro: esta no~he no te acostarás á la misma hora
q_ue las gallinas: ya eres grande, y debl&gt;a cenar con iua
padrea y con tus hermanos mayorea.-Esta noche ea Noche B uena.
Nunca olvidaré el regocijo con que escuché tales pala•
bras......................................................................... .

*
¡Dónde está mi n;ñez? * *

La mujer hermosa viene aqní á casarse ó á prostituirse.
La pasiega deshonrada á criar.
El mayorazgo á arruinarse.
El literato por gloria.
El diputado á ser ministro.
El hombre inutil por un empleo.
Y el sabio, el inventor, el cómico, el gigante, el enano;
así el que tiene una rareza en el alma, como el que la
tiene en el cuerpo; lo mismo el mos~ruo de siete brazos
ó de tres narices, que el filósofo de doble vista; el charlatán y el reformador; el que escriba melodías y el que
hace billetes falsos, todos vienen á vivir algún tiempo á
esta inmensa casa de huéspedes.
Los que logran hacerse notar, los que encuentran
quién los compre, los que se enriqnecen á costa de sí
miamos, se tornan en posaderos, en caseros, en dueños
de Madrid, olvidándose del suelo en que nacieran ......
Pero nosotros, los caminantes, los inquilinos, los forasteros, nos damos cuenta eeta aoche de que Madrid es
un vivac, un destierro, una prisión, un purgatorio......
Y por la primera vez en todo el año conocemos que
ni el café, ni el teatro, ni el casino, ni la fonda, ni la ter•
tulia son nuestra casa.!....
Es más; ¡conocemos que nuestra casa no es nuestra
casa!

Paréceme que acabo de contar un sueño.
¡Qué diablo! ¡Ancha ea Castilla!
.
Mi abuela paterna, la que cantó la copla, murió hace
ya mucho tiempo.
En cambio mis hermanos se casan y tienen hijos.
El arpa de mi padre rueda entre los muebles viejos,
rota y descordada.
Yo no ceno en mi casa hace algunas Noches Buenas:
Mi pueblo ha desaparecido en el oceano de mi vida,
***
como islote que ee deja atrás el navegante.
La Casa, aquella mansión tan sagrada para el patriarYo no soy ya aquel Pedro, aquel niño, rquel foco de ca antiguo, para el ciudadano romano, para el señor feuignorancia; de curiosidad y de angustia que penetraba dal, para el árabe; la Casa, arca santa de los penates,
temblando en la existenoia.
templo de la hospitalidad, tronco de la raza. altar de la
Yo eoy ya. ..... nada menos que un hombre, un hab~· familia, ha desaparecido completamente en las capiules
tente de Madrid, que se arrellana cómodamente en la v1• modernas.
da, y se engríe de sn amplia independencia, como solteLa Ca.sa existe todavía en los pueblos de provincia.
ro, como novelista, como voluntario de la orfandad que
En ellos, nuestra casa es casi siempre nuestra......
soy, con patillas, deudas, amores y tratamiento de usEn Madrid, casi siempre es del ca¡,ero.
ted!!!
En provincias, cuando menos, la casa nos alberga vein¡Oh! cuando comparo mi actual libert~d, mi ancho vi• te, treinta, cuarenta años seguidos ......
vir, el inmenso teatro de mis operaciones, mi temprana
En Madrid, se muda de casa todos los meses ó á más
experiencia, mi alma descubierta y templada como un tardar todos los al'los.
piano en noche de concierto, mis atrevimientos, mis am•
En provincias, la fisonomía de la casa siempre ea igual,
biciones y mis desdenes, con aquel rapazuelo que tocaba simpática, cariñosa: envejece con nosotros; nos recuerda
la zambomba hace quince años en un rincón de .A.ndalu• nuestra vida; conserva nuestras huellas ... ...
cía, sonríome por fuera, y hasta lanzó una carcajada, que
considero de buen tono, mientras que mi solitario cora•
zón destila en su lóbrega caverna, procurando que no la
vea nadie, una lágrima pura de infinita melancolía.. ..... .
¡Lágrima santa, que un sello de franqueo lleva al ho•
gar tranquilo donde envejecen mis padres!

por mayor y al por menor, y hasta se alquila en caso necesario?
¡La chimenea francesa! ¡He aquí el símbolo de una.
fa,nilia cortesana! ¡He aquí vuestro hogar, madrileñosr
¡Hogar sujeto á la moda; que se vende cuando está antiguo; que muda de habitación, de calle y de patria: hogar, en fin ( y esto lo dice todo), que se empeña en un
día de apuro!
_
He pasado por una calle, y he oido cantar sobre mi cabeza, entre el ruido de copas y platos y las risns de alegres muchachas, la copla fatídica de mi abuela:
La Noche Buena se viene,
la Noche Buena se vá,
y nosotros nos i remos
y no volveremos m i,,;.

-He ahí (me he dicho ) una casa, un hogar, una alegría, una sopa de almendra y un beau~o, que pudiera.
comprar por tres ó cuatro napoleones.
En esto, me ha pedido limosna una madre q 11e llevaba.
dos niños: uno en brazos, envuelto en su de~hilacbadomantón, y otro más grande, cogido de la maoo.-¡Ambos lloraban, y la madre también!

*

. * pues,
* como dicen
. los muchaConque vamos al negocio;
chos por eeas calles de Dios:
Esta noche es Noche buena
y no es noche de dormir,
que e~tá la Virgen de parto
y á las doce ha de parir.

;.Dónde paearé la noche?
Afortunadamente, puedo escoger.
Y, si no, vPamoe.
Estamos á 24 de Diciembre de 1855-en Madrid.
Conocemos por su nombre á loa mozos de los cafés.
Tratamos tú por tú á los poetas aplaudidoa,-semidiosea, por más eeñae, para los aficionDdos de lugar.
Visitamos los teatros por dentro, y los actores y los
cantantes nos estrechan las manos entre bastidores,
Penetramos en la redaccióu de loa periódico!', y estamos iniciados en la Alquimia que los produce. Hemos
visto los dedos de los cajistas tiznados con el plomo de la
palabra, y los dedos de los escritores tiznados con la tin•
ta de la idea.
Tenemos entrada en una tribuna del Congreso, crédito
en las fondas, tertulias que nos aprecian, sastre que nos
soporta..... .
¡S0mos felices: Nuestra ambición de adolescente está
colmada. Pode...os divertirnos mucho esta noche. He·
mos tomado la tierra, Madrid es país cenquistado. ¡Madrid es nuestra patria! ¡Viva Madrid!
Y vosotros, jóvenes provincianos, que, á la caida de la
tarde, en e! otofio, solitarios y tristes, sacáis á pasear por
el campo vuestros impotentes deseos de venir á la corte;
vosotros, que os sentís poetas, músicos, pintores, orado·
res, y aborrecéis vuestro pueblo, y no hablaia con vuestros padree, y llorais de ambición, y pe!1s.aia en suicida·
ro3 ...... ; vosotros. ...... ¡reventad de env1d1a como yo re•
viento de placer!

*

Han pasado dos horae. * *
Son las nueve de la poche.
Tengo dinero.
¿Dónde cenaré?
Mis amigos, más felices que yo, olvidarán su soledad
en el estruend• de una orgfa.
-«¡La noche es de vino!,1-exclamaban;hace poco rato.
Yo no he querido ser de la partida.-Yo he atravesado
ya sin ahogarme, ese mar rojo de la juventud.
-«La noche es de lágrimas))-les he contestado.
Mis tertulias están en los teatros. Los madrileños ce·
lebran la natividad de Nuestro Sefior Jesucristo oyendo
disparatar á loa comediantee !
Algunas familias, en las q 11e soy extranjero, me han
querido dar la limosna de su calor doméstico, convidán·
dome á comer,-porque ya no cenamos ...... -Pero yo no
he ido; yo no quiero eso; yo busco mi cena pascual, la co•
!ación de Noche buena, mi casa, mi familia, mis tradicio·
nea, mis recuerdos, las antiguas e.legriaa de mi alma ..... .
¡la Religión que me enseñaron cuando niño!

***

¡Ah! Madrid es una posada.
En noches como esta se conoce lo que ea Madrid.
Hay en la corte una pob:ación flotante, heterogenea,
exótica, que pudiera compare.rae á la de los puertos francos, á la de los presidios, á la de las casas de locos.
- Aquí hllren alto todos los viajeros que van de paso al
porvenir, al reino fantástico de la ambición, ó los que
vueiven de la miseria v del crimen ..... .

***

No sé cómo he venido á parar á este café, donde oigo
sonar las doce de la noche, la hora del Nacimiento!
.A.quí, solo, aunque bulle á mi alrededor mucha gente,
he dado en analizar la Tida que llevo desde que abandoné mi casa paterna, y me ha horrorizado por primera
vez esta penosa lucha del poeta en Madrid; lucha en que
sacrifica á una vana ambición tanta paz. tantos afectos.
Y he visto á los vates del siglo XIX convertido3 en
gacetilleros, á la Musa con las tijeras en la mano despedazando sueltos, á los que en otros siglos hubieran cantado la epopeya de la patria, zurcir hoy artículos de fondo
para rehabilitar un partido y ganar cincuenta duros mensuales!.. ....
¡ Pobres hijos de Dios! ¡Pobres poetas!
Dice Antonio Trueba (á quien dedic.&amp;&gt; e3te ~rtículo):
Hall., tantas espinas
en mi jornada.
que ~1 corazón me duele,
me duele el alma!......

¡He aquí mi Xoche-Buena del presente, mi Noche B ue•
na ae hoy!
Luego he tornad;&gt; otra vez la vista á las Noches Buenas
de mi pasado, y, atravesando la distancia con el pensamiento, he visto á mi familia, que en esta hora patética
me echará de menos; á mi madre, extremeciéndose cada
vez que gime el viento en el cañón de la chimenea, como
si aquel gemido pudiese s~r el último de mi vida; á unos
diciendo: «(tal año estaba aquí!"; á otros: «¿dónde estará
ahora?...... ))
¡Ay! ¡no puedo más! ¡Yo os saludo á todos con el al ma, queridos míos! Sí: yo soy un ingrato, un ambicioso,
un mal hermano, un mal hijo...... Pero ¡ay otra vez y a.7
cien mil veces! yo siento en mí una fuerza ~obrenatural
que me lleva hacia adelante y que me dice: «¡tú serás!"
¡Voz de maldición que estoy oyendo desde que yacfa. en
la cuna!!
¿Y qué he de ser yo, desdichado? ¿Qué he de eer?
Y

no!iotros nos iremos,

y no vol veremos miís.

¡Ah! yo no quiero ir me: yo quiero volver: i nmolo de•
masiado en la contienda para no salir victorioso: triunfaré en la vida y triunfaré de la muerte...... ¿No ha de
tener re..:ompensa esta infinita an~uetia de mi alma?
Es muy tarde.
La copla de la difunta sigue revoloteando sobre mi ca·
beza.
La Noche Buena se viene......

En Madrid, se revoca la fachada todos los años bisies•
tos, se visten las babitaéienea con ropa limpia, se venden
los muebles que consagró nuestro contacto.
Allí, nos pertenece todo el edificio: el yerboso patio,
el corral lleno de gallinas, la alegre azotea, el profundo
pozo, terror de los niños, la torre monumental, loa anchos y frescos cenadores ..... .
Aquí, habitamos medio piso, forrado de papel, partido
en tugurios, sin vistas al cielo, pobre de aire, pobre de
luz.
Allí, existe el afecto de la vecindad, término medio
entre la amistad y el parentesco, que enlaza á tolas las
familias de una misma calle... ...
¡Aquí, no conocemos al que hace r:iido sobre nuestro
techo, ni al que be muere detrás del tabiq 11e de nuestra
alcoba, y cuyo estertor nos quita el sueño!
En provincias, todo eq recuerdos, todo amor local: en
un lado, la habitación donde nacimos; en otro, la en que
murió nuestro be1·mano; por una parte, la pieza sin mneblea en que jugábamos cuando niños; por otra el gabinete en que hicimos los primeros versos...... ; y, en un sitio dado, en la cornisa de una cólumna, en un artesonado antiguo, el nido de golondrinas, al cual vienen todos
los años dos fieles esposos, dos pájaros de ,-frica, á criar
una nueva prole..... .
En Madriu, se desc&lt;moce todo eeto.
¿Y la chimenea? ;.Y el hogái-'l ¿Y aquella piedra sacro•
santa, fría en el verano y durante las auPencias caliente
y acariciadora en el invierno,-en aquellas noches felices que ven la reunión de todos los hijos en turno de sus
padres, pues hay vacaciones en el colegio, y los casados
han acudido con sus pequeñúelos, y los ausent'?s, los hijos pródigos, han vuelto al seno de su familia?-¿Y ese
hogar?.. .... decidme....... ¿dónde está ese hogar en las casas de la corte?
¿Será un hogar acaso la chimenea francesa, fábrica de
bronce, marmol ó hierro, que se vende e n lae tiendas al

¡Ah! ¡sí! ¡V~ndrán otras Noches Buenas-me he dicho,
reparando en rñie pocoe años.
Y he pensado en las Xoches Buenas de mi porvenir.
Y he empezado á formar castillos en el aire.
Y me he visto en el seno de una familia venidera, en
el segundo crepúsculo de la vida, cuando ya son frutos
las flores del amor.
Ya se había calmado esta tempestad de amor y lágri•
mas en que zozobro, y mi cabeza reposab~ tranquila en
el regazo de la paciencia, ceñida con las flores melancó·
licas de los últimos y verdaderos amores.
¡ Yo era ya un esposo, un padre, el jefe de una casa, de
una familia!
El fuego de un hogar desconocido ha brillado á lo lejos, y á su vacilante luz he visto á unos seres extraños
que me han hecho palpitar de orgullo.
¡ Eran mis hijos l. ... ..
Entonces he llorado..... .
Y he cerrado los ojos para seg11ir viendo aquella Ólari•
dad rojiza, aquella profética aparición, aquellos seres que
no han nacido ......
La tumba estaba ya muy préxima ...... Mis cabellos
blanqueaban ......
Pero ¿qué importaba ya? :,No dejaba la mitad de mi
alma en -Ia madre de mis hijos? ¿No dejaba la mitad de
mi vida en aquellos hijos de mi amor?
¡Ay! en vano quise reconocer á la esposa que compartía allí conmigo el nnochecer de la existencia ......
La futura compañera que Dios me tenga destinada, esa
desconocida de mi porvenir, me volvía la espalda en
aquel momento.... ..
¡No: no la veíal.. .... Quise buscar un reflejo de sus facciones en el rostro de nuestros hijos, y el hogar empezó
á apagarse.
Y cuando se apagó completamente, yo seguía vién•
dolo ......
¡E!'a que sentía su calor de~tro de mi alma!
Entonces murmuré por última vez:
La Noche-Buena se ,Ta ........•
Y me quedé dormido...... quizá muerto.
Cuando desperté, se babia ido ya Ja Noche-Buena.
Era el primer dia de Pascua.
P EDRO A.. DE ALARCÓN,

20

DICIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

�EL MUNDO.

396

20

DICIEMBRE,

1896.
20

C A p¡R I C H O S.
LA TRAGEDIA DEL JUGUETE.

Ya se ha hecho muy vulgar, y por vulgar nadie se fi~a
en ella la figurilla en yeso, cuyos contornos voy á segun
en un~s cuantas líneas: un nifio de seis á ocho años,
vestido de fantasía, con el jubón y las calzas de malla
tan ceñidas que se embeben en las suaves curvas de aquel
ángel de Tanagra amplificado, se lleva las manos al rostro para ocultar una mueca dolorosa é irascible. En el
momento en que va á tocarse r.on
los pufios loe párpados cerrados,
circuidos de arrugae, lo sorprendió el artista. En pie, y con las
piernas juntas, en una postura
acrobática, el chicuelo inclina la
cabeza, recientemente despojada
del gorro d~ saltimbanco y que
conserva aún en Jo alto de la frente el mechón enharinado. La risr: quedó en esos labios alirrota,
como un colibrí herido sobre la
copa de nácar de una azucena. El
relámpago de la alegría acaba de
cerrar su abanico de luz en ese
semblante de bambino rafaelesco.
Se ven en esa fisonomía, cómicamente apenada, las huellas de
los contentos fugitivos, los últimos besos que la dicha ingenua
estampó en los mofletes del ro·
busto muchacho. Los raEgos todos de la graciosa cara indican
la brusca rapidez del cambio inesperado: se armonizaban de un
modo placentero en aquella faz,
contraída por los cordones tensos de la risa, cuando, urgidos
con violencia por un súbito disgusto, tuvieron que deshacer el
gesto. Nada importó, sin embar·
go, porque están acostumbrados
á las transiciones: sirven á la al·
mita tornátil de un nifio lleno de
caprichos y veleidades. ¿Pero,
por qué tan presto el olímpico
enojo, y el dolor burafio fruncieron aquel ceño infantil y cortaron
las comisuras de aquella boca, con
el áspero trazo de las mejillas dilatadas? ¡Ah, vamos! Abajo, sobre el plinto, cerca de loa pun·
tiagudos chapines, un Pulcbine·
la perniquebrado, con la caeca·
beleada corcoba hundida en el
yeso por la fuerza del golpe, se
carcajea, á todo su sabor-atiriendo bajo la nariz borbónica la bo·
caza desdentada-de la insulea
contrariedad del chiquillo.-¡Torpel-parece decirle.
•
El sol, ríe también entre con·
movido y zumbón, acariciando la
blancura lechosa de la estatua.
-¡No llores, tonto!-le aconseja.
Cuando me detuve hace muchos afios, no recuerdo cómo
.
mo ni en dónde, á ver un momento la figurilla, suf~í una
impresión de refinada melancolía que ahora me viene á
la memoria, evocada. tarde por tarde, frente á los apara·
dores de la calle de Plateros. Lo primero que pensé entonces ante el muchacho, asaltado en pleno goce por la
fatalidad, fué esta frase qne á guisa de caja de listones,
encierra, bien enrollado, un hilo, sutil como una hebra
de luz, de filosofías frívolas y ligeras, de esas de que tan·
to gustamos los contemplativos nerviosos: -El Juguete
se burla!
En efecto: este PulchiLela perniquebrado es simbólico.
Se llama el Amor, se llama la Esperanza, se llama el
Ideal, se llama la Fe, según el caeo. ¿Quién no ha sido alguna vez el niño torpe, la figurilla de yeso. y ~ un des·
cuido, á una falta de tacto, á un aletazo del viento, ~o
ha visto caer el juguete que lo entretenía: una creencia,
una ilusión, un sueiio, todo eso que es una sola coa~, 9-ue
va tomando distintos nom bree, conforme vamos v1 viendo· que en nuestra alcoba infantil es el nimbo del Angel
de'la Guarda, en nuestras locuras juveniles es el r@?1pimiento de gloria del triunfo ó la promt:sa de la novia, y
en el frío lecho de la vejez es el ansia de la caricia amiga y el fúnebre devaneo del reposo? Nos sentíamos felices con ver en nuestros brazos, á la voluntad de nuestros caprichos, una mujer, una riqueza, una convicción,
unan helo. Un instante fuimos amadoa, fuimos podero•
sos fuimos buenos. Y cruzamos el munilo vestidos de
fantasía como el chicuelo. Despertábamos á los ecos
somnolentes con el bullicio de nuestr?e risas, coro alocado de ninfas desnudas. Creímos en el milagro, en la
corona de laurel, en el juramento. Retozábamos con
nuestro Pulchinela, lo sacudíamos con furor para hacer
sonar loe cascabeles, y despertar curiosidades y hacer
brotar envidias. ¡Aquí va-gritábamos-un amante, un
creyente, un poeta! Abrid paso al dichoso!
De improviso-¿cómo fué?-el juguete se nos cayó de
las manos y quedamos en cómica postura, haciendo ante
la muchedumbre, perversamente risueña, la mueca ~oliente é irascible, mientras abajo, en el suelo removido
y lodoso el grotesco mufieco, la esperanza, la ilusión, el
deseo, ~e carcajeaban con la irritante y eterna mofa de las
coeas arn alma!

jugueterías, á las barracas de la Plaza. Mayor, en busca
de la esfera brillante, de la rama de pmo{ de la chuchería de porcelana, del pastor de biscuit, de a piñata, pomposa de oropeles y mofios.
Loa aparadores están más fantásticos que nunca; feéri•
cos multícoloros, y diáfanoe, como los alcázares de loe
~tos de Hadas. A través de los cristales, como á través
de la gasa trasparente del ensueño, se ve11; Jo~ matizados
casfülos de bombones, las montañas de vidrio de las canastillas, los bosques floridos de las vel!is esteáricas. B!ljo
los triunfales arcos de'heno, pasa la abigarrada procesión

de Navidad: la Sagrada Familia con su celeste cus~
dia de ángeles con las alas abiertas y la espada de@nuda; la caravana tarda de los Reyes Magos, junto á la glauca palmera del oasis y la cisterna gris donde abrevan,
lenta y cansadamente, los camellos, la pastoril banda de
zampoñas y flautas surgiendo por entre la nevada del rebafio ó la pensativa vacada; y el delicioso anacronismo,
la encantadora y confuea procesión de los astrólogos egi pcios, de los centuriones romanos y de los príncipes medioevales. Eu el fondo, las vívidas estrellas kaleidoscópicas, las carnes sonrosadas de los querubines, los chalet
suizos, rasgando con los pic0s de sus veletas las marañas
de plata virgen de la escarcha. La imaginación de loe ni•
fios se emoriaga delante de todas estas maravillas, y sus
pupilas beben, incansables, las luces rojas, violetas, azu•
lee y verdes, que flotan, como plumajes de av~s muertas
en un lago sin ondas, en la claridad eléctrica de los escaparates. La chiquillería invade la .A.venida; corre, se
desliza, se escapa, como una bandada de Pulgarcillos,
perdida en el bosque de nuestras piernas.
Este es el mes del frío y de la nieve; no hay bodas en
las techumbres como en Mayo, ni luminosas tragedias
en el cielo como en Agosto. J ulieta no hubiera oído en
estas noches cantar al' ruiseñor bajo la fronda fosforescente del granado, ni Pablo y Virginia hubieran podido
sombrearse bajo la cincelada copa de los fresnos; pero
hay fiestas reales en lo!! corazones nuevos, recepción en
la corte de los espíritus puros, juegos florales y torneos
en las flamantes fantasías. Todo ee hace más nítido y se
purifica en Diciembre: las nubes, las estrellas, los volcanes, y los sueños. Es el mes de lo blanco. Theo labró su
vieja filigrana, su sinjoni.a de argentadas alburas, pensando en una mañana de Invierno. Por eso es el mes de la
infancia y por eso lo escogió Jesús para nacer. Cuanto en
la naturaleza tiene este inviolado matiz se mezcla y se
acaricia. Las brumas 110 tienden á descansar sobre las
nevadas cresterías de la cordillera: las manos de los nietos, acarician las guedejas de canas de los abuelos.
Estos días están destinados á los inocentes regocijos,
Las ambiciones infantiles loquean. Las jugueterías-fastuosas Babilonias-son saqueadas por el sabroeo batallón
de los chicos. Allá van en pelotones desordenados, con
bélicos ademanes, alzando los bracitos agitadores, ento•
**
*
Va!l cinco tardes aue miro ent_rar á un ejército de pe- nando sus extrafl.os himnos guerreros. comp•1e~t-ce da
q~1e!'i.os, aret.ai.-.:i,10, á lOS a,macenes, a .as t1~n.ias, a las ba,~u.:ece y ¡;ritoe...... Jamás se :-iride;:¡: ~owan por asalO

to las fortalezas de bombones, barren las columnas dejan
toches destruyen las barricadas policromas de juguetes
desea~ cuanto miran y quieren abarcarlo. Son ineacia
bles.
Y cuando repartido el botín, e~len con e_J orgull~so
continente del vencedor y la sorr1sa del fehz, los miro
aiejarse escoltados por la satisfecha guardia de honor de
las madres, y, por rara obsesión, no dejo de recordar al
muchacho de yeso, sorprendido por la fatalidad en ple·
no regocijo. ¡Cuánt11,e de estas criaturas harán dentro de
poco la mueca dolorosa é irascible!
¡Tanto esfuerzo gastado, tanta
energíacansada, para que Pulchinela ó Arlequín ó Pierrot caigan
y se rompan!
Yo les ayudo, Jea evito tropiezos, pido con la mirada permiso
á las madres, y me acerco á colocarlos para que ellos embracen
bien sus baratijas. Los ingratos
me miran como á intruso, arrugan el cefio y se resisten. Soy nn
entrometido, un importuno. Por
supuesto que sonrío impasible en
medio de sus cóleras. Siento qua
estoy ejecutando una hermosa acción. ¡ l'obrecillos! Es necesario
prolongarles la dicha del triunfo
y evitarles la amargura dA la caída. Que gocen, qne se harten.
Mañana se olvidarán de .Arlequín y desearán á Colombina.
Nunca es tarde par.i. el deseo. Y
de juguete en juguete llegarán á
ser jóvenes, á ser hombres, ee decir nifios grandes, y entonces sí
es inevitable que .Pulchinela se
les caiga de las roanos, y mientras llor3n angustiados por su intempestiva desgracia, verán cómo
el mufieco perniquebrado - el
Amor, la Esperanza, la Fe-ríe en
el suelo, á todo su sabor de la tor·
pezas y penas del desgraciado.
¡Qué punzante es el sarcasmo con
que nos contemplan los ideales
rotos! Ellos caen inútiles; ya no
podrán divertirnos más; pero
conservan aun caídos, su perpétua é irónica carcajada ante nuestro dolor, nuestra amargura,
nuestro desencanto. En vano lle·
vamos á los ojos, las manos convulsas; en vano pedimos misericordia y consuelo. Nos quedamos solos como la figurilla de yeso. A nuestros pies, destruido
por 01 golpe, yace el amor ingrato, el ensueño desvanecido, el
ideal muerto. No obstante, Pulchinela se carcajea. El juguete
se burla.
Lurs G. URBINA.
Diciembre de 1896.

DICIEMBRE,

1896.

397

EL MUNDO.

~

PAGINAS DE NAVIDAD,_.,...-•\~..,

0•

-""''°"'''·-- •

:d' ~ / -

La ilusión ea la Navidad del alma: trae juQ,uetea be~moaos que
el desengafio rompe.
- ..••••IOI••••-NOCHE-BUENA.

Noche-buena de niño, noche estrellada,
Noche de risas, flores y agua J.1evada,
Noche del pequeñito Dios de I~rael,
Noche del suspirado viejo Noel.
Noche•buena de joven, noche de fiebre,
Noche que olvida al Niño-Dios del peeebre,
Noche dormida en brazos de ardiente hurí,
Noche de Sulamita, de Noemí.
Noche-buena de viejo, noche sin euefio,
Noche perdida en a!as de un vago ensueño,
Noche pasada en vela por recordar,
Noche pasada en vela por suspirar.
Oh nifia mía!
Noche•buena lejana de mi alt&gt;gría,
De labios encarnados de girasol,
De cabellera rubia de haces de sol.
Oh niña mía!
Noche-buena radiosa de mi agonía!
Botoncito hechicero de resedá..... .
Qué lejos de mis ojos te has ido ya!
RoBÉN M.
Diciembre de 1896.

CAMPOS..

FRAGl\IENTO.

El.a~re frío qn.e a~ota nuestros rostros parececomoque
va diciendo á mis 01dos: "¡anda, necio!" La noche va á
ser helada; el aire congelado empaña los cristales· tienta
las hojas del rosal, están ya húmedas como los labios del
niño cuando suelta el ubérrimo seno de la madre· cada
cual se refugia en su casita, donde hay ojos azule~ y cabelleras rubias junto al fuego: esta es la fiesta del bogar
1~ .fiesta del abuel~, la fiesta de la esposa, la fit•sta de Jo~
h1¡os: la cen'.1 patriarcal que reune á todos bajo la tosca
mesa de encmo, es el gran símbolo de la familia creada
por el Evangelio; ¿no oyes los gritos de alf-gría que se es•
capan por las junturas de esa persiana mal cerrada? ¿no
ves laa llamas iqq:µi.etas de las velas, perdidaR, como fuegos fátuos, en el ramaje obscuro del árbol de Ni el? ¡Tristres de aq1~elloa qui' con e n las calles con su gabán abo. tonado, mirando por los ri•equicios de las puertas el fuego de 11n. hogar QUA e3tá de fiesta! ¡Tristes de aquellos
que no tienen un árbol de Noell

***

Qué triste el año que viene!
Qué triste el año que acaba!
Ya se acercan los recuerdos;
Ya se van las esperanzas ........ .

***

¿Ves entre dorada~ i:.r;aa
Sonreir al Nifie .!.,1c,sl
Así rie tu arr.v e nifio
Nacido en ::11 corazón.

f

La noche de Navidad es la noche de las resurrecciones
y de los n•cuerdos. Los niños al dormirse en sus cunas
quedan confiados en el espíritu mieterioeo que bajará
d.urante el suefio para IIPnar de dulces y jugu. tes los botrnee nuevos que han dejado á propósito en la chime·
nea. En .A.lt:mania, lejos de las grandes ciudades
en los pueblos de campf'.sinos y bu!'iueses, las mucha:
chas se asoman a.l son~r las doce tle la noche, al pozo,
cuyas aguas turb1_a s br1llan como una pnpila enferma,
par~ bmcar, trazada en su superficie, la imagen de sus
nov1?ª· La~ aldPanas qn~ vuelven á sus casas, después
de 01r la misa de la media noche, descubren casi siempre
entr~ la obRcur~ ~ronda de loa árboles, el cnerpo blanco
Y ágil de las w1ll1S, que se entregan á un wals interminable.

�T"

20 D!cmMBRE, 1896.

20 DrcIEMHRE, 1896.

398

La misa de Navidad.
-¿Dos cabritos trufados, Garrigú?

-Sí, reverendo padre, dos
cabritos; dos cahritos llenísimos de trufas. Y o mismo be
11yudado á rellenarlos. Su piel,
fuE&gt;rtemente r?etirada, daba traquidos de angustiaal entrar al
hornn.
-Garrigú ...... el sobrepelliz!
¡Dios mío! ¡Yo que deliro por
las trufas! ¿Dos cabritos, eh?
¿Y qné más?
/
- Lo más apetitoso y exqui•
sito. Desde en la mañana nos
hemos ocupado solamente en
desplumar faisane~, pavos y pichones. Una nube de plumas, danzando por el aire, nos
rodeaba constantemente. En seguida vinieron las anguilas las doradas carpas y las truchas.
..'....Truchas, ¿eh? ¿y de qué tamaño?
-¡Inmensas, reverendo padre, enormes!
-¡Dios mío! Si ya parece que las veo!.. .... ¿L!enaste
ya las vinajeras?
-Sí, reverendo padre, pero ese triste vino, no puede
compa]'.arse con el que apuraréis al acabar la misa, en el
castillo. Si viérais en e1 comedor los tarros y ~arrafas
que resplandecen, llenos hasta el borde de exquisito vino. ¡Y la vagilla de plata, las fuentes cinceladas...... y
las flores, loe candelabros!. ..... ¡Nunca, nunca puede haberse saboreado mejor cena! El señor marqués ha invi•
tado á todos loe nobles que habitan en las cercanías; c,iarenta, sin contar al tabelión, llegarán á la mesa. ¡Qué
afortunado sois, mi revendo padre! Sólo de haber sentido el humo de las trufas, su pícaro olor me sigue por doquiera..... .
-¡Vamos, vamos, hijo mío! ¡Dios nos preserve de la
gula, y sobre ~odo en la noche de Navidad! Enciende los
cirios y da el primer toque de misa. Ya falta poco para
la media noche, y es preciso no atrasarse un solo instante.
Sostenían esta plática en una noche de Noel del afio
de gracia de mil seiscientqs y tantos, el reverendo Don
Balaguer, antiguo prior de los Barnabitas, á la sazón capellán neneionado de los altos y poderosos sefioree de
Trinquelag, y su ayudante Garrigú, ó para decirlo mejor,
el que Don Balaguer tomaba por su ayu;lante Garrigú;
pues como más tarde se verá, el diablo había tomado
aquella noche la cara redonda y las facciones indecisas
del joven sacrietau para inducirle en tentación y hacerle cometer el feo pecado de la gula. Así, pues, interín el
que se llamaba Garrigú, (¡hum! ¡hum!) repicaba sin tregua las campanas, despertando los modorros ecos del feuda! castillo, el reverendo terminaba de revePtiree la casulla en la ¡;;equeña eacris~ía, ya algo inquieto por esas
tentaciones gaetrónomicas, y repitiendo para ~us adent.ros, mentalmente:
-¡Dos cabritos trufados! ¡Pavos! ¡Carpas! ¡Truchas!
-Entretanto, el cierzo de la noche se quejaba afuera,
desmoronando en el eepauio la alegre música de las campanas. Poco á poco iban surgiendo de la sombra, en la
árida pendiente de la montai'ia, vagas luces que se iban
aproximando á. la pesada fábrica feudal. Eran las familias de los campesinos que venían á la misa de gallo en
el castillo. Reunidos en grupos de seis ó siete. se encaramaban, cantando, por la ladera pedregosa, guiados por
el padre que, linterna en mano, iba 3lumbrando su camino. Los niños, acurrucándose juntr, á las madres, se
cobijaban C«?n sus holgadas mantas pardas. A pesar de
la hora y á pesar del frío, todo aquel pueblo iba regocijado y alegrísimo, seguro de que, una vez terminados
los oficios, hallarían en la cocina del castillo la mesa que
se seuía todos los años. De cuando en cuando, interrumpiendo la penosa marcha, separábanse los grupos para
dejar el paso libre á alguna carroza, que precedida de
cuatro batid()res, con antorcha en mano, hacía espejear
sus diáfanos cristales heridos por la luna. Instantes después, un obediente mulo, que hacía repiquetear los cascabeles, a~ravesó trotando junto á los aldeanoe. A la luz
de las linternas, circuidas de bruma, los campesinos reconocieron al sefl.or alca:de.
-¡Buenas noches, señor alcalde!
-¡Buenas noches, buenas noches, hijos míos! ·
La noche estaba clara; el frío avivaba el resplandor
movedizo de los astros; el cierzo raspaba duramente el
cutia, y una tenue escarcha, resbalando por los vestidos
sin mojarloR, sembraba como pequeñas cabezas de alfiler
en las pesadas mantas de lana, y conservaba fielmente
la tradición de Navidad, blanca de nieve. Arriba de la
montafl.a aparecía el castillo como el termino de aquella
caminata, con su masa enorme de torres y piñones con
el campan:i,rb de sn capilla gótica, incrustándose ~n el
azul del cielo, y con la m•1chedumbre de impacientes
luces, que pestafiablln, iban y venían agitándose en todas las ventanas, samejantes, sobre el fondo sombrío de
aquella fábrica, á las chispas que corren y se alcanzan en
las cenizas del papel quemado. Pasado el puent!l levadizo y la poterna, era preciso, para entrar á la capilla atravesar el primer patio todo lleno de carrozas, lacayos y
literas, y alumbrado por el fuego de las antorchas y el
rojizo resplandor de la cocina. En aquel patio se oía
constantemente el retintín del asador, el estrépito de las
cacerolas, el choque de loe cristales y la argentería. Todos los preparativos de la cena y el vapor tibio que llegaba á sus olfatos, trascendiendo á carnes bien asadas y
salsas de legumbres olorosas, hacían decir á los campe•
sinos, como al señor capellán, como al alcalde:
- ¡Qué bien vamos á cenar después de misa!

***

¡Drelindín...... LJ.~lin&lt;líu!

Ya comi,mza la primera misa de la media..ºC!che. En
la capilla del castillo, toda una catedral en m1matura, de
arcos entrecruzados y raros enmaderamientos de nogal
que suben por todo lo al~o de los m~ros se han des~~rollado todos los tapices y t-ncend1do . todos loe cmo~.
¡Cuántos devotos! ¡qué multitud de traJes! He aquí primero, arrell ·nados en la esc.ulpida sillería del cor?, á el
alto y poderoso señor de Trmquelag, con su vestid? d_e
tafetán salmón acompañado de 10s nobles señores mv1tados. Un poc¿ más adelante, arrodillada en grandes reclinatorioEt revestidos de espeso terciopelo, oran devotamente la marquesa viuda, con su traje de bro?ado color
de fuego, y la sefiora joven de Trinquelag, pernada con
una torre altísima de encaj~s á la última O'.IOda de !~_corte. Más abajo ee levantan, enlutados, con sus me¡11lae
desprovistas de barba y sus pelucas inconmensurables,
el alcalde Thomás Arnoton y el tabelión waese Amoroy;
dos notas graves extraviadas entre las sedas deslumbrantes v el damasco espolinado. En seguida se destacan
los mayÓrdomos, los pajes, los oicadores, los intendente~, Doña Barba con su manojo de llave~. colgadas de la
cintura por medio de un anillo de brufl.ida plata. Y hasta el fondo, en las bancas para el pueblo, los s1rvi&lt;l1:tes,
los campesinos, lo~ pecheros, eEcoltados todavía por ~na
multitud de marmitones, que en el extremo de la capilla,
junto á la puerta del alto cancel, que á cada rato _abren
y cierran, vienen á oír algún versículo de lC!s o~c10s y á
traer no sé qué vago olor d" cena á aquel la 1gles1a rev~stida de fiesta y cuya atmósfera caldean las llamas roJas
de Ios cirios.
¿Será. la presencia de esos mandiles blancos causa de
las involuntarias distr11ccione~ del oficiante? Lo cierto es
que la pícara campanilla movida por el sac!istán con una
precipitación diabólica, parece que va diciendo con voz
aguda:-¡Vamosl I Vamos! Mientras más pronto reces,
más pronto nos sentaremos á la mesa.-Y el hecho es
qn : cada vez que auena-¡pícara campanal-el capellán
se olvida de la misa para no pensar más q 11e en la cena.
Y se imagina el incesante movimiento que debe haber
en la cocina, loe hornos en donde flamea y choca el fuego de una fragua, el humo que dejan escapar las tapaderas entreabiertas, y á través de ese humo mira dos ca•
britos magníficos, con trufae.
O bien mira pasar hileras de vistosos pajecillos, llevando con prudencia platones circuidos de un humo tentador! entra con ellos al salón ya apercibido para la fiesta
y-¡oh delicia!-he aquí la inmensa mesa, toqa re~plandeciente, ya cargada con los pavos vestidos de sus plumas, los faisanes abriendo sus moradas alas,Jas botellas
color de rubíes, las pirámides de frutos destacándose entre las ramas verdes, y, por último, esos p_es~ados pr&lt;;&gt;digiosos de que tanto había hablado Garr1gu (¡Garr1gó!
¡Garrigú...... l ¡hum ...... !) extendidos sobre un lecho de
hinojo, con sus escamas, nacaradas todavía, como;¡si hubieran salido recientemente de las ondas, y con un ramillete de yerbas olorosas en su nariz de monstruo. Y
era tan viva la visión de todas estas maravillas, que Don
Balaguer pensó por un instante que aquellos platos suculentos estaban ya sen;idoa sobre eJ mantel bordado del
altar, y dos ó tres veces, en vez del dominu• vobiscum dijo el Benidicite. Pero dE&gt;jando á un lado estas ligeras
equivo.;aciones, el pobre padre oficiaba conforme á sus
deberes, sin ealtar una línea ni omitir una genuflexión.
Todo fué así hasta la conclusión de la primera misa.
-¡Y va una!-dijo por fin el capellán con un suspiro
de alivio. Incontinenti, sin perder un minut,o hizo una
sefia al sacristán, ó mejor dicho al que créía que era su
sacristán, para c;,ue llamase á la segunda rnisa.
¡ D1elindínl ¡drelindín!
Y he aquí que empie?.a la segunda misa y con ella el
pecado de Don Balaguer.-«¡ Más aprisa, más aprisa!nle dice con voz tipluda y agria la campana diabólica de
Garrigú, y en esta vez, el oficiante se abandona al dominio de la gul1l, devora las páginas del misal, con la avidez de su apetito sobreexcitado. Frenéticamente se hinca, se levanta, esboza la figura de Jp. cruz, apresura toJos
sus gestoe, todos sus movimientos para acabar más pronto. Apenas golpea su pecho en el Confiteor, cuando extiende loe brazos en el Evangelio. Entre él y el sacristán
se empeña una diabólica carrera. Versículos y respuestas se precipitan, se atropellan. Las palabras pronunciadas á medias, sin E.brir la boca, porque esto hubiera exigido un despilfarro inutil de tiempo, terminan en sílabas
incomprensibles.
Como vendimiadores aprnmiados, que magullan la uva
en )03 barriles, ambos estropfan el latín de la mi~a, despidienfo astillas desquebrajadas del idioma. Y durante
ese vértigo espantoso, la infernal campanilla, repicando
siempre, espolea al desgraciado capellán, como esos cascabeles que se cue:gan á los caballos de posta para hacerlos trotar cosquilleándolos. ¡Imagináos en qué breves
momentos teri;ninaría la misal
-¡Y ya van dos! - murrnuró el reverendo jadeante.
Pero sin dejarse tiempo de respirar, con el rostro flncen•
dido, escurriendo sudor de la espantada frente, bJja temblando lac gradas del altar y ........ .
¡Drelindln! ¡drelindín!
He aquí que empieza la tercera misa.
Unos minutos más, y el comedor se descubre, por fin,
ante sus ojos. Pero ¡ay! á medida que la cena se aproxima, el inft,liz Don Balagaer e.e siente más y m ás movido
por la impaciencia loca de la gala. Las carpas doradas,
los cabritos asadoR están ahí; ya los toca, ya los palpa ....
Los platones humean, los viaos embalsaman, y sacudiendo su cascabel aguijoneante la campanilla, dice sin descaneo:-¡aprisa! ¡aprisa! ¡más aprisa!
¿Pero cómo podría ir má'! aprisa? Sus labios apenas se
mueven; ya no pron'llncia las palabras. De tentación en
tentación, com~nzó por saltar un versículo y ahora salta
dos. La Epístola es demasiado larga y no la acaba. Tartamudea las primera3 palabras del Evangelio. ~u prime
el Paélre nueetro y saluda de lejos el Prefacio. Y así con
brincos y con saltos, se precip1t-a en la falta ei;pnle \do
por Garrigú - ¡vade retro Satanás! --que le secund,\ con
prodigiosa perapicacia, levantándole la casulla, vuhean-

EL MUNDO

do las bojas del misal dos á dos y cuatro á cuatro, derramando las vinajeras y repicaad() endemoniadamente másy más aprisa.
¡Era de vera;, la cara espantadísima de los asistentest
Obligados á seguir, g1üados por la mímica del padre aquella misa, poníanse estos le pie cuando !ns otros se arrodillaban, y en todas laA fa&gt;1es de ¡iqut&gt;I oficio nunca visto,
la muchedumbre se rev,,lví" en las -bu.uc!\s ,con diversas
actitudes. Las estrella de Navidad, qu.. iba avanzandopor el cielo, camino del p~queño eHLablo, palideció de
espanto y de terror.
¡ El padre reza dema~iado aprisa! -dice 11in detenersela marquesa sacudi.;ndo su cofia limp ia y blanca. El alcalde, con sus ante11j,)e de ac..ro cab,1lg&gt;1udo en su na-·
riz, busca inutilruente en en devociun ,río el pasaje quereza el sacerdote. PE-ro, Pn rigor de ver&lt;;laJ, aquellas
buenas gentes, á quit-nt's la esperanza de la cena aguijonea, no se enfadan por la precipitació,i irll'xplicable dela misa, y cuando Don Balagun, con la cara resplande•
ciente, se vuelve al auditori,1 y Pxclanrn ~on todas sus.
fuerzas: Ite, misa est, el coro á una voz di.ce: Deo yratias,
con acento tan limpio, tan alegre, que parece mezcladoy confundido con los priweros brindis de la cena.

***

Cinco minutos dePpués, aquella muchPdumbre, de seflores entran en Ji. grán sala y tomaba asiento en torno dela mesa, presidida por el capellán El ca@t llo, ilumiuado
de arriba á abajo, se poblaba de cantos y carcajadas y
rumores, y el venerable Don Balaguer hundió su tenedoren una ala de capón, abogando sus rem rdimientoe con
el vino del Papa y el sano jugo de las carnes. Tanto comió y bebió el asendereado padre, que por la noche murió de una tremenda aplopegía, sin tie.rnpo para arrepentirse, y en la mafl.ana llegó al cielo,- repercutiendo aún
los cantos de la fiesta.
-¡ Retírate, mal cristiano! le dijeron. Tu falta es sobrado grande para borrar toda uns vida de virtud. Pecaste diciendo indignamente la misa de Navidad. Pues.
bien, en pago, no podrás penetrar al Paraíso sino despuésde rezar tresciontas misas de Navidad, en presencia detodos aquellos que contigo pecaron por tu faltal

..

**

He aquí la verdadera leyenda de Don Balaguer, tal como la relatan en el país de loa olivos. Ahora, el Cll!!tillode Trinquelag no exist'3 ya, pero la capilla se conserva.
aún, erguida y recta, entre el ramillete de encinas verdes que coronan el monte.
El viento golpea y bate la puerta desunida: la yerba.
estorba el suelo, hay nidos 1,n los rincones del altar y en
las aberturas de las ventanas cuyos vidrios han desaparecido desde hace mucho tiempo. Sin embargo, cuentan
que todos los a0os, en la Noche Buena, una luz sobrenatural vaga por las ruinas; y que, yendo camino de la iglesia, los campesinos contemplan aquel espectro de capilla,
iluminado por cirios invisibles, que arden á la intemperie, entre los ventarrones y la nieve. Sonreíd, si os place: pero un vendimiador de la comarca afirma que una.
noche ite Navidad, hallándose en el monte, perdido en
la vecindad de las ruinas, vió........ eriza los cabellos loqua vió. Hasta las once, nada. Todo estaba silencioso,
inmóvil y apagado. Pclro al sonar la media noche, una
campana, olvidada tal vez en el campanario derruido,
una campana vieja, ya caduca, que parecía sonará quince leguas de distancia, tocó á misa. Después, por I apendiente del camino, el infeliz trasnochador vió sombrasindecisas agitándose y linternas opacas que subían. Ya
cerca de las ruinas, voces salidas de gargantas invisibles,
murmuraban: -Buenas noches, sefioi; alcalde.
-Buenas noches, buenas nocheo, hijos míos. Cuandola tropa de fantasmas penetró al interior de la capilla, el
pobre vendimiador, que es bravo mozo, se aproximó de
puntillas á. la puerta, y viendo á través de los maderos.
rotos, presenció un raro espectáculo. Todos los fantasmas que había visto pasar estaban alineados en derredordel coro y en la ruinosa nave, como si hubiese bancas y
sillones todaví... Y había entre ellos grandes damas vesíidas de brocado, con sus cofias de encaje; caballeros repletos de bordados, y labradores de chaquetas floreadas,
tales como debieron usarse en la época remota de nuestros abuelos; todos con aspecto decrépito, amarillo poiviento y fatigado. A cada rato las lechuzas, huéspedes
de la capilla, despertadas por la luz, hacían su ronda en
torno de los cirios, cuya flama subía vaga y erguida comosi ardiese dentro de una gasa. Y era · cosa de ver un
personaje, en cuya nariz acaballetada cabalgaban unosanteojos de acero, moviendo á cada instante su peluca
negra, sobre la Que se había parado una lechuza, batiendo en silencso sus enormes alas.
Allá en el fondo, un viejo de cortíeima estatura, puesto de hinojos en la mitad del coro, meneaba una campana
sin badajo que ya no producia sonido alguno, en tantoque de pie, junto al altar, revestido de una casulla cuyos
dorados estaban ya verdosos, parecía deeir mifa un sacerdote cuya voz no proiucia rumor ninguno. Era Don
Balaguerdiciendo sn tercer misa!
ALFONSO

.J

DAUDET.

¡Ay! ¡Como el cielo te ba dado
gracia, juventud y amor,
cuando te vPn á mi lado
parece que Dios- ya hs echado
sobre mi tumba una fl,,r!
Después que nos han hfCho
viejos la e&lt;Jad y tristes la e~periencia,
Eevarnos dos infiernos en el pecho,
que son el corazón y la conciencia.
CAMPO.U lOR"..

'

f;

Pág~~::T~:IA

:~:!::~as.

L objeto de mi cue nto es demostrar que la meor política es la Einceridad hasta en cuestión
de espectros.
.
Un día fatal recibí una carta de mi tío Franci~co, persona singularmente apreciada por mí y á la
cual manifestaba todas las atenciones indispeneables.
Entre otras, tenía el cuidado de abrir luego sus cartas y
contestarlas inmediatamente, cuando no telegrafiaba. La
presente se h allaba coñcebida en los términos siguientes:
1111:i querido sobrino:
Como te supongo enteramente instalado en tu nueva
casa en C...... pieuso hnrPrre nna visita. Llegaré ahí por
el l ? de Diciembre, si u, cvu\Ítne la ftcha, y permane-

399

· El resto del día lo pasé intranquilo. Cómo satisfacer
los deséllfJle mi típ? Y. pensa'I~que de.9tra man.e ra~e.,,~:: ., ..
dría una gi,:uel decepción para él. Y;::pafa mí, desti;,u
o
mieesper~zas•~ébei;edar.' Sin1mlbargo, no habí otra
.,
alternativa ijlle'eMinghfío.á \a confesión de la verdad.
,...
Después de cenar me encontré más_lijiimado y resolví
escribirá mi tío; en resúmen le decía que t_end,ría mucho placer en verlo para la fecha indica,dá, pero que desgraciadamente no tenia ningún fantasma que ofrecerle,
no precisamente porque hubiera desdeñado:,su recomendaci6n, sino porque el.añtiguo propieta~io.no qneria desprenderse de él sino e·n • co.naiciones que no me cenvenian. Esto era sén~ato,.pnes'sabia los escrúpulos de mi
tio.-en materia ele dinero.- .
Y a más trailquilo me puse á leer el primer per16dico
qnlí me vino á la mano y no hacia mucho tiempo,.muime
.,, _hallaba en tal tarea, cu!Olqo J,Pi 'v!sta cayó sobr~_un párrafo muy extrafio. Así d~ci~:;...:'
tcHemos examinado el magnífico surtido de novedades
de la afamada casa Skofi &amp; Cia., paa-a la.,próxima temporad;i:de Navidad, y debemos felicitar á ~este antiguo
establecimiento. Los espec•-roe y fantasmas' qde vende
son:(te' nuevo tipo y se hallará una notable variedad de
caractéres de sJglll,.!! at:rás y aún contemporáneos.»·
Me limpié"'!oá 0JQ!! cre)lendo engañarme; ¿cómo suponer semejante comercio de espectros y demonios? pero
en fin él anuncio-se hallaba ahí en letras de molde. No
vacilé'.má,s y rompí la carta de mi tio; puesto que quería ún fantasma, lo tendría.
Tomé el último tren que salia para la ciudad de S......
y ál dia siguiente á buena hora me hallaba almorzando
y revisando el directori..:. No me habría sorprendido el
no encontrar la dirección de los Sres. Skofi &amp; Cia., pero
estaba ahí: Calle del Archipiélago núm. 13. Comí precipitadamente y á los pocoa minutos me hallaba reco•
rriendo la calle indicada, en bubca dd número susodicho. No tardé mucl:.o t n distinguirlo; me bastó ver el
rótulo encima d.i la puerta, que decía: tcSkofi &amp; Cia., provedores de fantasmas y espectros.»
Entré sin vacilar, un hombrecillo vivaracho al parecer
turco ó griego me salió al paso. Qué se ofrece, caballero?
me preguntó con amabilidad.
-Deseo un fantasma, contesté atrevidamente,
A la orden, señor. Aquí tiene usted el catálogo, pero
si le parece usted pasaremos á dar un vistazo á las existencias y podrá hacer su elección.
- Sí, así lo prefiero.
En seguida me condujo por un estrecho pas'illo al extremo del cual abrió una puerta; entramos.
¡Vaya un espectáculo congelador! me alegré de que
el Sr. Skofi se hallara conmigo. La pieza estaba alumbrada con gas y replata de sombras y vapores extrafios;
habría como cincuenta individuoa de lo más variados,
pudiendo muy bien dis~inguirse la pared á través de ellos.
Me encontré sob!ecogido y ya iba á tomar la puerta cuando la voz del Sr. 8kofi me detuvo.
No hay temor, no hacen daño. Nada más tenemos
ejemplares inofensivos. Bien señor mío, ( dirigiéndose á
un aristócrata del tiempo de Luis XIV), ¿cómo os encontrais ahora?
Así así, amigo Skofi, contestó con vos cavernosa y sombría, - aunque en mis tiempos gozaba de otras comodidades y compañerc&gt;s más joviales. Después se volvió á mí
saludándome, lo que me heló la sangre, y dijo que de qué
podría servirme. Le contestó que yo deseaba algo más
antiguo, es decir, casi más espantable.
-Lo que sea de s•.1 gusto puede usted indicarlo, medí•
jo el Sr. Skofi.
--·Proseguimos nqestro camino á través de aquellas som •
bras, al principio, por mi parte con mucha reserva, pero
después de unos minutos me introducía en el espectro de
una duqneaa con tan poco miramiento como si fuera una
niebla.
Era aquella una mescolanza singular, no había distinción ninguna y lo mismo conversaba un caballero andante con un lagartijo, que un gendarme hacía el amor á
una princesa alemali.a. El grupo que más me llamó la
atención fué uno formado por una sombra al parecer de
Hernan Cortés y por un pastor protestante.
-Tiene usted una colección muy variada Sr. Skofi, le
dije cuando hubimos pas~ado por todo el cuarto.
-Si señor, lo reconozco. Al presente se haya11 agotadas algo las existencias, pero mi compañero me esoribe
de las Catacumbas que traerá con él algunos caracteres
raros de la antigua nobleza romana y aun espera contratar dos cardenales y un César imperial.
En esos momentos me llamó la atención un hombre
altivo de aspecto severo que se hallaba sentado leyendo
un periodico.
-Eso es mi hombre, exclamé.
- N .im. 432, dijo el Sr. Skofi, consultando su catálogo,
Lord Herbert Tumbril del tiempo de Jorge I, ejecutado
por alta traición. Precio $505.05, por noche $5.06. ¿Pue- do apuntarlo?
Ciertamente. Aquí está mi tarjeta. Deseo que esté en casa
para la noche del 1? de Diciembre. Lo tomo por un mee.
-Espero quede colocado permanentemente. Desea usceré hasta antes de Navidad. Supongo que habrás seguido
mi co~eejo de no elegir caFa alguna que n() t.-nga espan- ted que lleve una cadena?
-Sí y todo lo indispensable.
tos y pienso con plac, r Pn que pronto traba1 é conocimienHice un adelanto al Señor Skofi y salí, enteramente
to con el aparecido d&amp;tu man~ióo.»
La carta cayó dP, rnis manos; al comp rar esta ca~a ol· desahogado y tranquilo, á esperar el 1° de Diciembre.
Llegó la fecha y también mi tío; venía decidido á dividé la recomendación de mi tío, y por ,,tra parte no
vertirse á sus anchas y Juego me preguntó por el fan.
había eepant.os ni espt&gt;ranrn dP que los hnhiera.
lile calé t'i sombrero y Aalf á b11Ac11r á Antonio, mi tasrna.
-Espero que no será un fantasma moderno, me dijo;
criado, que vivía largo t iemro hacía en la casa y que deno hay cosa que más deteste que una sombra contempobía eaber ei habia f'Ppantnp ó no.
ránea. Loe espectros para adquirir su sabor necesitan
-Antonio- le dije-¿hay P-Fpantos &lt;&gt;n ePte lngar?
un siglo lo me nos.
-Qmi ¿qné? Feñor, replicó el otro ruuy asorado, inte- No, querido tío, no en verdail. Es Lord Herbert
rrumpiendo sn tarea.
Tumbril del tiempo de Jorge I. de trágico fin.
- Esp1rn10». ¿Sab..s lo qne es t,n es¡;anLv?
-Tienes suerte, Juan, ¿y cuales son sus costumbres?
-Pues, sefior, no; h!'! oído hablar de una sombra blan-Pues ...... anda de aquí para allá y arrastra ·una ca· ca que se aparece en :M: ...... pero aquí noha lh gado áver
dena.
·•
nirgnna.
- ¿Arrastra una cadena?. preguntó sorprendido mi tío.
. Eso decidía la .ouestiqn, no había eepantoe.

�20

EL MUNDO.

400
· -Sí; creo q ue todos los fantasmas tienen una cadena.

-Y ¿á.qué hora aparece?
- P ues Skofi promi,tió mandarlo á las nueve, contesté
inadvertida mente.
-_¿Qué dices?
-Que á las nueve aparece, repliqué ein vacilar.
-Pues iiobrino, me parece muy metódico tu fant:lsma.
Comprendí que mi tí&lt;&gt; se hallaba diEguetado por lo de la cadena y mi distracción.
Después de cenar, mi tío, más alegre,
me manifestó que aunque no entendía por
_ .quéJlli.ap_¡u-eci&lt;ig .us.l\ha..una_cad.e.l !a.n)o
aver iguaría. Nos hallábamos en eEto, cuando el criado se presentó todo pálido y temb loroso.
-¿Qué te p!lBa, A.ntonio?
Antonio seflalaba la puerta.
Salgo á. ver cual era la causa de su a:;oramiento y miro e l espectáculo má~ raro:
el espectr,, de un car tero se bailaba en el
dintel de la puerta sosteniendo e n una ma·
no su cachucha y una carta y e n la otra
una pesada cadena. En verdad que no esperaba yo á semejante i ndividuo. A¡;&gt;enaa
me vió, me extendió la carta y la iba á
abrir cuando oí la voz de mi tío.
-Sobrino, par~ce que t ienes dos fantasmas en caea.
-Ea un extra de Navidad.
En esos momentos había desaparecido el
cartero.
- P ues déjame ver la fe licitación.
- Tío, ea un asunto particular, dije ya
desesperado.
Salió mi t ío molesto y se metió en su
dor mitorio.
Me dirigí al comedor y me puse á leer la
carta; en r esumen, el Sel'lor Skofi, me decía que Lord T umbrill hab ía tenido un
compromiso para una exhibición de ganado en los antípodas, hacía ocho días, de la
cua l no babía vuelto, y que no teniendo
otro sujeto de q ue disponer me mandaba al
ca rtero.
-Sentí que se hund ía el mundo. B ab ia engafiado á mi tío y no quedaba más
remedio que sufrir las consecuencias. Me
dirigí á mi dormitorio, pero no haría media hora que dormía cuando una tremenda
algazara de voces y ruido de met a l me despt:rtó. Salgo á ver y en e l corredor los espectros de Lord Herbert y e l cartero empef'iaban descomunal bata lla, propinándose i nsultos y golpes. No Eé cómo habría
term inado la pelea, si mi tío no aparece y
h aciendo una sefia á los fantasmas, los llev11 á su cuarto.
~
Por mi parte me retiré al mío, seguro de
q ue ee descubriría la verdad.
A l día siguiente, a penas me vió mi tfo,
me dijo que se marchaba, que no quería est ar más con un sobrino ingrato que le ha·
bía engaií.ado con artículos alquilados.
Después no volví á ver le, pero supe coB
e l tiempo que había alterado su testamen·
to y , por consecuencia, mis esperanzas de
h er edar quedaban por loe suelos.
W . RrnBDON.
Londres, 1892.

~~~
r 0

SANTA CLAUS.
-

·-,.ANT.A. Claua ha emprendido su viaje anual con
la constar,cia perseverante que le es caracter1stica. Los días de Navidad se acercan, y los cbiqui•
•
llos d ejan ver e l regocijo de quien espera á un
amjgo fiel que no puede fa,tar á la cita. Porque Santa
Claus es solamente amigo de los n il\os: los más pequeffos, loa más d ébiles y t iernos, los en fermitos y delicados, esos son los preferidos del viejo consentidor que
trae la mar de juguetes para sus predi lectos. Y los ni ños
n o cesan en su inquietud, esperando con el a lboroso pin t ad o en la cara.
¿Cómo vendrá el carif'ioso anciano esta vez? ¿Bajará de
la montal'la helada, á piA, y agob iado del peso de tanto
y tanto dulce, de tanto y tanto paquete atado con cintas
de colores? ¿Conducirá su carro tirado por un aenito
egipcio, ó r esbalará en su trineo manejando por las riendas su doble cuadriza de rengíferos?
Algún chiquitín le ha visto en sueflos recorriendo trabajosamente la ciudad para recojer de los buzones la correspondencia infantil, y luego detenerse apoyado en el
1ondón, para leer, á la luz de un pico de gas ó de un foco eléctrico, las consabidas pet iciones. ''Yo qu iero un
polichinela," "Yo, aeftor Santa Claus, pido á usted respetuosamente, una caja de música," "A mí me gustaría
un li bro de cuentos de hadas con bonitas estampas de
colores;" y así de este tenor, millares y millares de cartas diminutas donde campean maravillosos eefuerzos
ortográficos en competencia con incipientes arranques
• de pendolista.
El bueno del vif'jo-aseguran los chicos-Paca su f'DOr·
me cartera y anota en interminable lista los antojos á
cumplir; y sacudiéndose los témpanos de su rojo kaftán
y de su gorra de pieles de foca, continúa su marcha de
cmd!¼i en ciudad y de pueblo en pueblo, siempre nona·
genario y encorvado, siemi¡,re rodeado de duedes que le
ayudan á acarrear el ambu,ante almacén de chucherías.
Aunque el tiempo es de perros, Santa Clao3 no pierde su
cara bonachona y sonriente.

Por f'l aspecto, parece un abuelito; pero hay quien diga
que bajo la luenga barba y la cabeza de algodonero, se
oculta una madrti carinoea: ¿quién si no una madre podría pensar en loa huerfanitoe que llenan loa hospicios, ó
en los pobrecitos que pululan por las calles, comerciando
en baratijas para asistir con la escasa ganancia á las madres desamparadas y á los niñ itos que aún duermen en
la cuna?

20

DICIEHBltE,

1896.

EL MUNDO.

E l día de Navidad- por- la-mañan-a - las- - - - gentes, bajo la impresión de un frío 'muy
intenso, p romovían por todas partes u na
especie de música a lgo salvaje, pero que
no carecía de encante, a l a rrancar la nieve
que cubría las aceras, y al arrojarla desde
las azoteas á la calle, en donde caía con
gran co?tenta~iento de los n il'los, á q:iienes hacia gracrn el ver tantos aludes artificiales.
Las tachadas de las caeae par ecía n m uy
negras y las ventanas aun más, á causa del
contraste q ue ofrecían con la capa de nieve compacta y blanca que cubría los techos y aun con la de la calle, por más que
no f stuviese tan virginal, por efecto de los
profundos surcos que en su capa ~uper ior
habían abierto las ruedas de las pePadas
carretee y de :os carruajes. Estos ca rriles
se cruzaban y entrec ruzaban unos por encima de otros, mil y mil veces, en el arroyo de las calles pri ncipa les, fo rmando un
laberinto inexplicable de regueros entremezclados eobre el fango amarillento end urecido en su superficie y d el ag1..a congelada por el frío. El cielo estaba sombrío;
las ca lles más estrechas desaparecían envuelta,, por una espesa bruma que caía im •
p regnada de gotas de agua congeladas, y
cuyos átomos m ás pesados bajaban rápidamente. Pa recía que todas las chimeneas
de la G ran Bretafia estaban encend idas y
P~ _enviaban unas á otras~¡ humo para felicitarse alegremente. N1 Lon dres ni su
clima, tenían nada de agradable. l pesa r
de ello, notábaae en todas p artes un aire
de aleg~ía que el día más h ermoso y el sol
:::náa b rillante se h ubiesen edorzado inútilmente en inspirar.
Efectivamente, los hombres que quitaban la n ieve de los tejados pa recían con·
tantos y de buen humor ; llamábanse de
u na casa á otra, y de vez en cnand o se arroja ba? a legremente una bola de nieve (proyectil en verdad muy inofen si vo ), y se
reían de todo corazón cuando acertaban el
blanco, y más aú n cuando no lo acertaban.
Las tiendas de loa vendedor¡,s de volatería estaban aun entreabiertas, y las de los
fr ut6r os brillaban en todo su esplendor.
Aquí grandes cestas redonda e, y con la tri•
pa llena de exce lentes castaf'iaa, ee desbordaban á la pue rta, como los anchos casa·
eones de los viejos gastrónomos se desgarran bajo el peso de su abdóme n, ó parecían prontas á cae r á la calle, víctimas de
su corpulencia apoplética; allí las cebollas espaf'iolas, rojizas y gruesas, recordaban por su excelente color las mejillas de los fra ilee de
su p ~ís, y a rroja~an desde lo alto de los ebtantea picarescas OJeadas á las ¡óvenea q ue pasaban mirando discretamen te las guirna ldas _de mus~o; a_llí peras y manzanas
a montonadas e n apetitosas pirámides· allí racimos de
u vas que los tenderos h abían te nido la ~te nción delicada
de colgar e n los pu ntos más lla mati110P á fin de que los
entusiastas sintiesen que la bo~a se les' hacía agua y se
r efreecasen grátia al paear ; acullá cestas dti avellanas morenas y gordas, que recordaban con eu perfume los paseos por el bosque, cuando los p iés se hunden en las cap as de hojas secas; los biffin~ de Norfolk con su color
oscu~o que bacía reealtar el dorado de las naranjas y de
los l!mones, los cuales parecían recomenda rse con insistencia por su volumen y su jugoFa apariencia, pa ra que
se los llevasen con su envoltura de papel á fi n de au mentar t-1 lujo d e los p ostres. Hasta los peces de oro y de
p_lata, encerrados en p eceras de cristal junto á los f'xquis1tos frutos, aun cuando pertenf'cen á una raza t,riate y
apática, parecían compren_der,. por !'1uy peces c¡ ue fuesen,
que pasaba a lgo extraordman o, é iban y venían abrien·
do la boca a lrededor de eu pequeño universo en u n estado de agita ción febril.
Y los especieros! oh! loa especieros! Sui-.tie.ndas.se h allaban casi completame nte cerradas, excepto una ó d os
tablas; pero ¡qué coeae se veían á tra,·é1 de estas pequefias lagunas! No era sólo el sonido alegre de loa platillos
de _la bahinza al c hocar contra t&gt;l m, e•rador, ó el c liasqmdo del br~!Dante al sentirse separado del carrete p or
las afiladas t1¡eraa para atar los paquf'tes· ni el ruido inCf'EB!1te dP las cajas de metal blanco que 'rn movían pa1a
servir el thé 6 el moka á los parroquianos· ni el pan)
pan 1 pRn ! sobre el mostrador; ni el aparece¡ y deFaparecer ~"' los bultos en manos de loR dependientes, como loe
cub1lt-tf's en manos de loe prestidigitadores· ni el entremezclado perfume del thé y df'I café tan 'agradable al
ol_fato; ni los secos racimos tan hermo~os y abundantes ;
m las almendras de deslumbraate blancura; ni loe palo1
de canela tan largos y tan rectos· ni las otras deliciosas
especif's; n i lo@ fru tos confitado; envueltos en blancas
capas d e Azúcar canae, y cuya s¿la vista mareaba á los
más indiferentes espectadores.

C..í.RLOS DrcxENS.

401

que Ca!fibia de tipo, Para variar de v e_stido, cuenta con sus c riados; para variar de semblante, sólo cuenta con su h abilidad con su arte La
fama universal de F régoli, la de be únicamen te á eee ~rte.-P1ERBOT'.

guntan en prosa y verso para qué sirve la vida; esos des
medraditoe y pálidos que ª"' consumen antes de crf'cer;
loe que proclaman el imperio del Hachisch, del mo1finismo y de los goces seneualee, ignoran cuánta felicidad
derrama t-n el he&gt;gar el viejo Santa Claus cuando deacitinde por la chimenea en Jas risuef'ias noches de Navidad.
San Francisco de California.
LAURA. MÉNDEZ DE Cux.-.cA.

p A GIN As ·o E NA Yl DAD.
NAZARETH.

:t'

La na,vid ad en Londr es.

Pero por ciertos por menores, no falta quien sostenga
que Santa Claus no pued e ser una mamá: se sabe que aunque á cada chico le satisface el gusto regalándole lo que
pide, es un tanto a dulador y orgulloeo que mientras que
á los hijos de loa p róceres lea llena la casa de dulces ea
cartuchos de rsiso y muñecas vestidas de seda, á la prole
de loa desheredados a penas si le deja ar tículos de juguetería corrien te; y e n h ospita les y hospicios dciscarga carretadas de caballos con las orines a rrancadas, mufiecos
con las 11arices desportilladas y vajillas de China i ncom·
pletas.
La naturaleza .del buen ancia no y su manera especial
de trepará los tejados p ara descolgarse por las cbime·
neas, permanecen en el misterio; nadie sabe cuándo en •
t ra ni cuándo sale, pero se le ve que causa lástima: ateri do de fr(o constantemente aunque se halle re pantigado
al amor de la lumbre, rodeado de s u inagotable montón
de dulces y juguetes.
Yo no recuerdo h aber visto en mi infancia á Santa
Claus, quizá porqu e este amigo d e tas nieves t eme los ri .
gores de los p aíses cálidos; pero allá iban, unos cuantos
días deapué1:1 de la PaPcua, t res reyes que no eran menos
renerosos que Santa Claus, aunque anualmente fueron
escaseando sus visitas hasta llegar á contarse por loP aedos el número de los favorecidos por los r eales hués pedes. ¿Por qué? Dígalo q uiPn sepa la causa. Yo de mí sé
decir que desde que los nif'ios fuman y los adolescentes
juran y se inspi ran en la musa verde de Musset para
cantar los ardores de la juventutl que se desborda, los
Sa ... tos Reyes no vienen á traernos dulces ni r&lt;&gt;galoa; y
deede entonces los euicidios se multiplican llenando de
.iolor á tas familias.
¡Qué lf'jos han q uedado las Poaada3, la alf'gre Noche
Buena y los festejos del último día del año. Las prima·
veras se han sucedido de entonces acá, cada vez más heladas y tristes, y ¡,) recuerd0-de aquellos clementes inviernc,s de la tierra natal, es el único fu¡,go que reanima
el corazón desolado.
Aquellos que en la infancia oc, se han calentado al
baho d~ 1~ Mula y el Bu.,y del ~acimiento; los que no
han u c1b1do los generosos dones de los Reyes Magos ni
levantado al Santo Niiio el día de la Candelaria, merf'cen
ser compadec idos. E sos pobrecitos adolescentes que pre·

DIC,IElIBRE,

189R.

_

('

~~.
........ ~
,

H~y mismo, Nazar_f'th es un asi lo ~f'lic ioso, acaso el ú nico l11gar de
Pal~t111a en do_nde se s1e':1te el alma sol_1viada de la pe@
adumbre que la
a~ob1a en medio df' eea &amp;m p ~r d~eolac16n . Sus vecinos son a mables y
r(PUPf\ oe; Yerdes y frePci:is.lo" ¡ardrnes. A ntonio Martir. a l espirare! siglo
'1, traz? un cua lro dehc10"0 de aqnella co m arca fertilfsima y compa rable, eegun él, al Paraíso. Algnnos valles dPl costadooccidf'ntal j11•tifican
p 1Pn11n1&lt;&gt;nt... la mPncinnaila º "~crin&lt;' ión. 1.n fnf'n te en donilP ant~i'ln con•

,.,
I

LEOPOLDO FREGOLI.
SUS TRANSFORMACIONES.
He leído frases en que se retuercen las palabraa liaciendo muecas. ¡Nunca hubiera creído
,que la mueca misma se retorciera en mil gestos!
El gesto se mofa de las acciones leriae, sti burla
-de la humanidad caricaturándola. Faltaba que el
hombreexplotara las contracciones de los músculos como un recurso artístico; que lo máe espanioeamente ridículo quedara trasformado en bermoeo.
Mllagr_o parece que la mueca resulte un valio80 elemento, un inagotable venero de arte; que
la1 contorsiones de los músculos de la cara ex- ..
preeen ideas, que tengan s~ literatura, especial '
füeratura en que el lengua¡e no hace taita alguna: una literatura ein letois, como quien dice.
Hay un hombre que realice ese portento, hay
un füeuto que escribe con g11Stos en vez de le·
iras, que ha sujetado la música á la contorsión,
que se b 1rla de la burla, que caricatura la cari·
catura y de lo espantosamente ridículo ha hecho
un arte. Eie hombre es Leopoldo Frégoli, el
exn-éntrico italiano.
Cuando a,oma de entre el lienzo rojo su roe·
iro casi cuadrado, sus ojo8 saltan y emprende su
boc1 la da nn de los gestos, encuentra uno la
cenirábans~ la vida y la alegría de la. alde huela, fué destruida; por sue
Iínea del caricaturista hecha carne y hueso, en
~anales agrietad &gt;S sólo corr" agua turbia. Pero la htlrmosura de las muel semblante del excéntrico. La cara de Frégoli
J~res que, á la_ noche, se congregan, esa hermosura ya advertida en el
es como el sombrero de un prestid:gitador: una
e1glo VI y conside rada, en aqual entonces como dádiva de la Virgen Magrao mueca de la cual van s11liendo otras, y otras
ría, cousérva•e po~ mane_ra ªº!~renden te. Ahí se mira, en toda su languiY otras, hasta que la vista del espectador se cand,.z ll~na de grac1a,_el t!Pº . amo. P,ua todos es indudable qUt, ta Virgt-n
■'-', Y aquellos ~estos reproducidos, cual si fueacudía á aquel para¡e diariamente, con el cántaro al hombro, igual que
ran estrellas d1eolventes de un Kaleidoscopio,
sus _ob1c~ras y descoooc1das conterráneae. A.ntonio Mártir observa que Jaa
agobian el cerebro, en cuya pantalla bailan sin
mu¡ere r Judías, deedeilosas eu otras p.1 n~~ p u a coa los crist iauua, en
descanso contorsiones increíbles.
fü difícil de cla1ific11r la habilidad
de Frégoli. ¿Es un
cómico? No, porque
el ~mico interpreta ideas, dando infleiriones de buen
humor á su voz, á
sus ademanes, imita personajes. ¿E~
un cantante? Tam poco, porquee l can•
to rlll!ulta secundario, ameniza los
guit'ioa de loe ojos,
las contracciones de
loe labios, la danza
varia:!íeima, coro.
puesta de mil liguraa, de las carnPs
del rostro. En un
cómico ó e n un can.
~ante resultarían
·• naoportahlf's las
muecas de rost ro
Y de voz con qne
Fré go li se h a ce
aplaudi r. Y es a l
~ismo tiempo. grac1.:iso actor y buen
cantante.
Aplaudan ot ros
el rápido cambio
de t rajes: admirable en el excéntrico
italiano, verdaderamente atlrnirable
~s la rapiiez con

Nazareth eon muy afables. Y, en loe aflos que
corren, el odio religioso es menos vivo ali( que
en los demás lugares.
. Limitado es el horizonte de la vil la; pero, Fil·
hiendo un poco, y en llegando á la altiplanicie
que~omina las caeas más altas, divisase la perspe_ct1va más expléndida. Al Poniente ee de3·
pliegan las hermosas líneas de l Carmelo; terminadas en abrupta aguja que semeja sumef$irec
en el mar. Más allá ee de@tacan la doble cima,
sefiora de Moggedo, y las montai'las de Sichem
con eus santos lugares de la edad patriarcal; los
montee Goboé, formando breve y pintoresco grupo, evocador de los recuerdos halagüef'ioa ó terribles deSulem y de Eudor; el Thaborderedondeada forma, comparado por loa antiguos á un
seno de mujer. Entre el Thabor y la montafia de
Sulem hay una depresi.Sn por la que columbra •
moa el Yalle del Jordán y las altas llanadas de
Per_eagueforman ru:riboal Este, una Hneadesoluc1ón de continuidad. Al Norte, é inclinándose
hacia el mar, las montaflas de Safed ocultan San
Juan de Acre, pero permiten que á la vista se dibuje el lago de Kaifa.
E se fué el horizonte de Jesús. Ese mágico
círculo, cuna del reino de Dioe, fué para él durante años, la cifra y represeniacion del m~ndo
entero.. Su Jida misma n~ tranApuso aquellas
domésticas hndes que en la 1r.fancia le cercaron.
Más allá, por el Norte, ee divisa apenas la Cesá·
rea de Philippo, extremidad de la cordillera del
Hermon que encaja ya en mundo gent{lico; y
por el S~, y tras loa montes menos repuestos
de 8al!lar1a, presentimos mejor que vemos, la Judea triste deseada por el viento quemante de la
abs~racción y de la muerte.
81 alguna vez la cristiandad, con superior conce pto de lo que constituye el respeto á los orfgenes de el,~, quiere reemplazar con auténticos
Sanioe Lugarea los
Santuarios apócrifos y
mezquinos á que la ha
vinculado la piedad de
edades incultas, en e 1
altar de Nazareth erigirá su templo. Allí en
el punto donde el Cristianismo apareció, en
el núcleo irradiante de
la actividad del fundador; alli debiera eri•
g ir la enorme iileeia
abierta á la oración d~
t odos los cristianos.
Allí, allí en la tierra
donde yace n el;carpintero José y millares de
nazarenos olvidados,
cuyos nombres no resonaron jamás fuera
del valle nativo; allí
más bie n que en part~
alguna de la tierra, po drá el filósofo contero.
piar la corriente de los
sucesos humanos, con.
solarse de las repulsas
que á la continua sufren loa más nobles instinto~, y te ner confianza en el divino fin que
persigue la h umanidad , á través de i ncootablea desa lientos y ápeFar de la t riste va
nidlld d e todo.
E R~E,TJ RUAN.

�20

EL:MUNDO.

402

DICIEMBRE, 1896.

,,,,r,.~

1.(
1

\

i

-

------ ... - ___
...

_

....

---~
LA

~

~--

INUTIL RIQUEZA.-Por Jorge Ohnet.

Número 9.-Véanse nuestros números desde el 2b de Octubre de 1896.
-¡Oh! no, por cierto. Solameute que, cuando se es jo•
ven, ¿verdad? se divierte uno, baila, diaputa, se da de
pufietazoe, y el que es fuerte y diestro encuentra siempre
admiradores que le hacen la corte.
-Y admiradoras que le mantienen ...... ¿La joven Ma•
tilde es rebelde á esas prácticas?
-¡La pobre nifia! ¿Qué sabe ella? Es una inocente......
-Que trata tranquilamente sus asuntos con las seiío·
ras 13lancbart......
-El padre es un hombre terrible. Hace diez af'ios que
quiso matará su mujer, en un acceso de cólera y si no se
la quitan de las manos......
. .
-¡Pero, ¡esa gente!. ..... Eso es un presidio
-No pretendo preetintarloe como ángeles....... Por eso
son temibles. Una vez pagada una euma, se estará libre
de ellos, creo, para siempre. Aquí están en la mieeria.
Si se lee facilita pasaje para América, con medios para
establecer un almacen de joyería, en Nueva York, por
ejemplo, quedarán muy reconocidos y no habrá nada que
temer.
-¿Lo han dicho ellos?
-No, no. Digo todo esto por mi cuenta, pero yo conozco el corazón humano. La desgracia da experiencia. Yo,
en su lugar, no vacilaría, y hasta dejaría á la chica quin·
ce días sola en París, como regalo....... ¡Una vez que el
mal estaba hechol.. .... Solamente, añadió con gravedad,
que habría que dar doscientos mil francos.
Una vez aventurada la cifra, miró á Elipbas y le encontró impasible.
-¿Qué ea eso para mi generosa bienhechora? continuó
con calor el meridional. Dejará correr tales peligros á eu
hijo adoptivo por una miseria, por una verdadera pe•
quefü•z?
-¿Cuánto lleva usted en los doscientos mil franc&lt;lt!?
-Y o, seiior, nada absolutamente. Yo no obro miis que
por adhesión á la Seiíora Moealer y para evitarla grandes
penBP.
-Pnes bien, Bouecarés, tranquilícese usted entonces.
La &amp;-iíora Moesler no sabrá siquiera que su hijo está
amenazado. Y como desde aquí me voy á la prefectura
de policía, nada desagradable ocurrirá al eefior conde.
No diré otro tanto de sus amigos de usted si insisten en

su proyecto; me prometo 3ntonces contribuir á su expa- rer.ho á la chimenea, delante de la cual se colocó para.
calentarse las piernas, y pre,,untó:
triación, pno no por los medios que usted aconseja.
-Ha deseado usted hablarme, querida mia. ¿Qué ocuA esta d~claración, Bouscarés permaneció al pronto
como aniquilado, pero volvió á co\f;rar valor y exclamó: rre?
Enriqueta, sin más explicaciones, sacó del cajón de su.
-¡SE'f'ior Eliphas, se iquivoca usted! Va usted á sacar
á eea gente dP sus casillas. ..... ¡La policía! ¡Bonita idea! mesa un papel azul y entregándolo á Valentin, dijo:
-Ocurre esto.
¡Cnandnd.. bíamos ponernos todos de acuerdo para eviEra el telegrama de Celina.
tarla! ¡Todo el mnndo tendrá que sentir si ia policía se
-Un anónimo...... ¿Qué valor tiene esto?
mezcla Pn t-1 rn gocio! ¡Que e11 muy sucio, compréndah)
-El que usted quiera darle declarando si lo que dice·
uPtE'd! Narla de policí.t ...... Eu cuanto haya metido la
es verdadero ó falso.
nariz Pn PI a,111nto, estaremos medrados......
Antes de responder, permitame hacer una pregunto_
-¡R,h! Ya verf'mos.
¿Sospecha de quién puede venir este aviso?
-¡.Tu,.ga t1ijted la vida del sel'lor de Coutras !
-No lo sospecho, lo sé de cierto. El despacho no está
-Usted me toma por un imbécil. Buenas tardes.
:firmado, pero la letra está tan poco disfrazada, que es
Cnando l!Pgaba á la puerta, dijo Bouecarés:
-S,fior Eliphas, si usted odiase al sefior de Coutras y imposible no saber la persona que le ha escrito.
-¿Y esa persona es?......
qniPina dl'shacenae deél, no obraría de otro modo.
-La Seil.ora de Clement.
El acento dP aqnel hombre era tan sincero, que el vieValentín sonrió dulcemente.
jo se estremeció. Aquellas palabras respondían tan sin·
-Yo también lo pensaba.
gnlarmente á su Porda animosidad, que se detuvo un
Enriqueta agitó con impaciencia su bella cabeza y di-instante y entrevió, en el fondo de aquella superchería,
un peligro s ➔rio y real. .,__unque decidido á no capitular, jo, vol viendo á su pregunta:
-Pero lo que dice, ¿es verdadero ó falso?
se propuso tomar medidas de precaución. Salió al des·
-Es la verdad.
cansilto y cnanrlo Pmpezaba á bajar la eecalera, Bousca·
-¿Ha tenido usted un altercado con el coronel Redel?
réa, inclinado sobrP la barandilla, le gritó:
-Sí. Redel me ha ofendido tan gravemente que he te•
-U@tE'd lo Pentirá, pero ya no será tiempo ...... ¿Quiere
nido que exigirle una satisfacción.
usterl qne lil rlPje hal'ta esta noche para reflexionar?
-¿Y qué tiene que ver con todo ~o la sefiora de Cle-No. dijo Eliphas desdf' el piso inferior.
ment?
-;,Quiere usted basta maiíana?
-Estaba presente cuando el coronel me ofendió...... Y
-No.
-Estaré en caea todo el dia por si cambia usted de conoce, por tanto, la cuestión. Por eso ha podido infor•
mar á usted de ella.
opinión.
-¿Con qué objeto? ¿En interés de qnién?
Eliphas no rPsponrlió, porque estaba ya en el portal.
-¡.A.hl querida mia, me pregunta usted más de lo que
Oyó solamente que Bouscarés se quedaba jurando como
sé.
un carretero.
-O m~s de lo que quiere decir.
A la miPma hora llegaba Valentín á la avenida de
-¿Porqué?
Friedland, deFpués de haber almorzado con los dos ami·
-Porque la verdad no le bonraria á usted.
gos que le representaban en el asunto de Redel, cuando
-¡La
verdad! ......... ¡Cómo! ¿Me acusa usted de oculel lacayo de servicio en la antecámara le dijo que la se•
ñora condesa le rogaba que entrase á verla antes de vol- tarla?
-Sí.
verá salir.
-No sé, dijoEnriqueta, lo que ha pasado; nadie me loValentin apareció sonriente, como siempre; se fué de-

20

DICIEMBE.E,

1896.

ha dicho pero estoy de antemano segura de que si el co•
ronel Redel se ha salido con usted, y en la casa de us•
ted., de la reserva y de la moderación que le son habituales, es queusted le ha obligado á ello con sue actos ó con
sus palabras.
-¡Muchas gracias por la buena opinión que tiene usted de mí! Estoy encantado al ver que entre su marido
y un extraf!o, no duda en tomar partido contra mí.
-Conozco al uno y al otro y sé cuál de los dos debe tener razón .
-Soy el ofendido, y esta condición no me será disputada por mi adversario; prueba de que la razón está de
mi parte.
-Eso es una prueba de que ha tenido usted la habilidad de excitar á un hombre· leal y franco, á :fin de reservarse todas las ventajas eligiendo el arma que máe le con•
venga.
·
Valentín sonrió.
-Más vale matar al diablo que ser muertos por él.. ....
-Usted no matará á nadie.
-¿No? ¿Y quién me lo impedirá?
-Yo.
-¡Usted! ¿Cómo?
-Si en est~ instante no se compromete usted á. zanju
el ssunto amistosamente, voy á buscar á su madre y se
lo cuento todo.
Valentín permaneció un momento silencioso y después
dijo, asestando á Enriqueta una mirada insolente:
-¿Ama usted mucho á ese Redel?
El semblante de la joven enrojeció, sus ojos despidieron llamas, y desafiando á su marido con la voz y con la
actitud, col'.ltestó:
- Tengo por él una estimación y un afecto sincero. Es
todo \o que yo hubiera querido que usted ft~ese: digno
y desmteresado. Le respondo de que no de¡aré la vida
de un nombre como él entre las manos de un hombre
como usted.
Valentín hizo slgnos afirmativos y dijo en tono ligero:
-Y hará usted bien, porque, pardiez, no la tendría
muy segura ...... Pero tranquilíce~e ust,ed; no tengo el
menor capricho ele matar á e~e héroe. Que se me dé una
sombra de satisfacción y probaré mi condescendencia
prestándome al arreglo que usted desea. Confesará usted
que no es posible ser más conciliador.
Enriqueta miró á su marido con desconfianza.
-Eso depende de lo que usted entienda por una soro•
bra de satisfacción ...... Precise su pensamiento.
-Voy áasombrar á usted por mi moderación. Nope·
diré nada al coronel Redel.. .... Es un soldado y le supongo puntilloso...... Le dejo, pues, á un lado...... Pero
hay un testigo de la escena, la Sefiora de Clement, y
ouiero que me tenga en buena opinión ...... Necesito que
ella me asegnre que no me juzgi.rá mal si no llevo ade!ante este asunto...... Ueseo verla......Ruéguela usted que
venga, déjenos hablar, y si ella me da buena11 razones
para prescindir de mis agravios, todo habrá terminado.
-¿Por qué no va uRted á su caea?
-¡Oh! Parecería que andaba buscando un arregle-. No.
Es preciso, por la forma, que me haga, al menos, rogar.
-¿Y si ella no quiere prestarse á esa combinación?
.La cara de Vatentín manifestó una resolución impla•
cable.
-Entonces, dijo, no espere usted nada de mí. Sucederá lo que quiere .,vitar.
Emiqueta inclinó la cabeza sobre el pecho y permaneció siienciosa un instante; después dijo con voz entre•
cortada:
-Leo en su pensamiento. Comprendo lo que quiere
obligarme á hacer y enrojezco por usted. Amenazando
~e muerte á un inocente, exige usted que use mi influencia para traerle á esta casa á una mujer que quiere usted
que sea su amada y le huye. Esto es lo que usted quiere, ¿no es cierto? Quiere usted proponerla un trato como
el que á mí misma me propone; la vida de ese hombre,
que probablemente la había defendido, á cambio de su
buena voluntad. ¡Oh! sel'lor conde. ¡Qué corrupción!
¡Qué vergonzosa cobardía!
De sus ojos rodaron lágrimas de vergüenza y de cóle·
ra y quedó aterrada delante de Valentín, que la miraba
con sorna, tan tranquilo ante eu dolor como lo había estado ante su enfado.
-Hay q11e Bi&gt;ber qué es lo que usted quiere, dijo. No
pensará que voy á renunciar á vengarme de un h,lmbre
que me ha humillado y á quien detesto, si no se me ofrece la compensación que pido.
-¿ Y puedo yo obligar á esa desgraciada á obedecerle
á usted? Ella es libre.
-Eso es cuenta de usted. Dígala lo que sea necesario
para que venga.
-¿Tanto la odia usted que quiere forzarla?
-M:e gusta por su misma resistencia.
A estas palabras atroces, la altiva Enriqueta perdió el
val~r. Se vió perdida, á merced de un monstruo que se•
ría mexorable y, débil por primera vez en su vida ex•
clamó torciéndose los brazos con desesperación: '
;--iNo! ¡No obedeceré! ¡No seré cómplice de tal infamia! ¡Pídame la que quiera, pie1·0 no eso!
V~lentín hizo un ademán de descontento y de can•
eanc10:
_-¡Bah! ¿Qué puedo yo pedirá uated? ¡Tantos aspavientos por una cosa tan sencilla! ¿Qué prueba que tenga Y'? tan_ negros proyectos? Procure usted creer que me
h_e d1vert1do con sus escrúpulos y con su ridículo rigo·
rieruo y que rui deseo se reduce sencillamente á enten·
d_erme con la seiíoFa de Clement p..ra llegar á una solución aceptable para mi adversario y para mí. No crea
usted nunca más que aquello que tenga interés en creer.
Y, además, confíe usted en su amiga; ella sabrá sacarla
del apuro. Es una persona un poco caprichoea, pero re·
suelt~, y no se trata ya de su primer encuentro conmigo.
-81 eso es verdad, es usted muy despreciable dicién·
dolo.
. -Supongo que no irá usted á publicarlo en los perió•
die os..... : La cosa ccurrió en Sauvigny. este verano, casi
ante la vista de usted...... ¿Es eso una flor de pureza? ¿La
defenderá usted ahora?

EL MUNDO.
-¡Oh! Dios mío, gimió la joven; ¡es á mí á quien defiendo! ¡Es á mis últimos pudores, á mis supremas ilusiones! ¿Qué he hecho yo, para sufrir pruebas tan duras?
¿Por qué es usted tDn egoísta, tan Qruel? ¿No puede usted
ser como los demás hombres, que son, al menoe, indife·
rentes, inofensivos? ¡Todo lo que usted hace es monstruoso! Pero...... ¡cuidado! Hay una justicia superior que
hiere en el momento en que u,enos se espera ...... No obli·
gue usted á los que tortura á dirigir sus plegarias á esa
justicia......
-¡Bueno! Henos aquí con leyendas y supersticiones
ahora, dijo Valentín andando con aire de fastidio por el
taller. Me va usted á representar el Don Juan: «Arrepiéntete...... ,, Es inútil, hija mía. Estoy decidido á no
cambiar mis planee y todas esas declamaciones me fati·
gan, sin provecho alguno. Resumamos, pues; usted quiere que I&amp; sacrifique un hombre. Yo q•liero que usted me
sacrifique una mujer. Toma y daca. Esta es la operación
despojada de todos los artificios oratorios.
Esta vez Enriqueta recobró todos sus bríos, á la fuerw
del ultraje. Se irguió de un salto, furiosa y soberbia, ante el conde y con el brazo levantado á la altura de su ca·
ra, como si fuese á abofetearle, contestó:
-¡Esta es ya demasiada infamia! Rehuso. ¡Suceda lo
que quiera!
-Como usted guste.
Enriqueta le sefialó la puerta con un ademán:
-A hora, estoy en mi casa; ¡salga usted!
Valentfn se inclinó con tranquila gracia.
-Esto es lo que estaba esperando. Adiós, querida mía;
hace ustei una tontería y se arrepentirá.
Abrió la puerta y desapareció. Una vez sola, la condesa se sentó al lado de la chimenea y, con la cabeza entre
las manos, reflexionó dol0rosamente. La situación era
clara, pero aterradora. La franqueza de Valentin probaba que estaba decidido á no retroceder. Pero ¿era cierto
que babia poseído á Celina? Entonces, una vez cometUa
la falta, ¿por qué la joven se resistía? ¿No venía todo el
mal de aquella resistencia inexplicable y estúpida? Al
pensar esto, Enriqueta no pudo contener un gemido. ¿La
corrupción y la bajeza en que se veía obligada á arrastrarse, la habían ganado hasta el punto de acusará la
desgraciada Celina por no reincidir en su falta? Sus ojos
se habían abierto á la razón y se había arrepentido. ¿Ha·
cí~ falta más? ¡Y era esa vuelta al bien l.:&gt; que creía un
crimen!
El recuerdo de las pruebas que Valentín le había he·
cho sufrir y que, poco á poco, les habían desunido, vino
á su pensamiento. ¿Por qué la amada babia de haber
sido menos sensible ó más acomodaticia que la esposa?
Enriqueta juzgó á Celina más deegraciada que ella misma, pOique sus penas no eran confesables. Pero no bastaba quejarse. Era preciso hacer algo, y ante todo, saber
lo que había ocurrido para deducir una regla de conducta.
. El conde había hablado vagamente de ofensas, sin pre·
c1sar en qué habían consistido. ¿No mentiría? ¿No ven·
dría de él el insulto? En este caso convendría cambiar de
•Orientación y dirigirse á Redel. Enriqueta resolvió to•
mar noticias del único testigo del incidente. Llamó con
viveza y pidió su carruaje. Suponía que Celina, después
de una e8cena tan violt,nta, estaría encerrada en su casa.
No se engafiaba; la encontró, en efecto, pero estaba en•
forma y babia dado orden de no recibir. Esta consigna
no podía detener á Enriqueta que pidió con insistencia
ser anunciada á la Sefiora de Ciernent. Pero en este momento llegó el Sefior Elipbas que venía de visitar á su
nuera, y él allanó todas las dificultades.
-Dejo en este instante á Celina, dijo, y realmente no
está buena, pero se alegrará mucho de ver á usted, estoy
seguro...... Si hubiera previsto su visita hubiera dado or·
den de dejar!!\ entrar. Justamente me hablaba de usted
ahora mismo y me preguntaba si la vería hoy ......
Sin más conversación, la condesa subió y, penetrando
al mismo tiempo que el criado que iba á anunciarla, sor•
prendió á la joven en el abatimiento moral en que estaba sumida desde el día anterior. Una ojeada bastó á las
dos amigas para adivinarse y comprenderse, y las primeras palabras esclarecieron la situación.
-Celina, ¿es usted quien me ha enviado anoche este
telegrama?
·
-1:lí, Enriqueta.
-¿Por qué no me habló usted en vez de escribirme?
-.Porque no pude. Eetaba presente el coronel.
-¿Y qué sucedió entre él y el conde?
Celina palideció y permaneció callada. Había llegado
el momento crítico para ella. Era preciso decir la verdad.
l Y qué verdad! La más humillante para la mujer á quien
tenía que decírsela y para ella misma.
-¡Oh! Hable usted sin reticencias, exclamó la conde·
ea con animación. No tiene usted nada que ocultar; mi
marido me lo ha dicho todo.
A esta revelación repentina la joven prorrumpió en un
ligero grito y cubriéndose el rostro con las manos seque·
~6 como desmayada en el respaldo del sillón, vertiendo
silenciosamente gruesas lá,;¡;rimas que se deslizaban entre
sus dedos temblorosos. Ante aquella desesperación y
aquel silencio, la condesa, movida á compasión y devora·
da de impaciencia, permaneció un momento pensativa,
Y después, no pudiendo dominar el deseo de conocer por
fin los hechos, cogió á Celina por ~1 brazo, descubrió su
cara, y dijo, mirándo!a con autoridad:
-No se trata de llorar. Es preciso explicarnos en pri•
mer lugar y obrar enseguida. No crea usted que tengo ni
13: apariencia siquiera de un sentimiento hostil. Pobre
mfia, usted es una víctima como yo y no puedo hacer
más que compadecerla. Pero el daiio que álas dos se nos
ha hecho es irreparable, mientras que el que se le quiere
hacer á otro, inocente taro bién, puede aún ser impedido.
¿Es usted una criatura ó una mujer? ¿Tiene usted valor
ó no sabe más que gemir? ¿Quiere usted unirse conmigo
para impedir que el conde mate al coronel Redel? Esto
es lo que vengo á preguntarla.
Ante aquellas enérgicas declaraciones, Celina pareció
reanimarse. Dirigió á Enriqueta SUB ojos, aún llenos de
lágrimas, y respondió:

403
-Mande usted; yo obedeceré.
-¿Por qué han regafiado el corosel y el señor de Contras?
-Porque el coronel me defendió contra el conde.
-¡Oh! Bien me lo figuraba. Sí, su cólera contra Redel
no es más que aparente, una comedia más, pero que puede convertirse en drama. Por medio de ese duelo quiere
obligarla á usted......
-¿A qué?
-.A. concederle lo que usted le niega.
-¿Cómo puede usted creerlo?
-¡El me lo ha confesado! ¡Ha oeado confesármelo y
pedirme que fuese intermediaria en ese repugnante convenio! ¡lié aquí el hombre de que se trata! Y es tanto su
poder de corrupción que, por un instante, he pensado
proponérselo á usted. ¡Sí! He deecendido hasta un pen·
samiento tan miserable! ¡Oh! Perdóneme usted, Celina.
No tiene usted que enrojecer delante de mí, porque ese
propósito me ha hecho tan culpable como usted haya
podido serlo.
-No se acuse usted, Enriqueta, ni me juzgue más se·
veramente de lo que merezco. Jamás he cedido á él en·
tiende usted? Si él lo ha dicho, ha mentido. Se me ha
impuesto por la violencia, por medio de una emboscada,
corno un ladrón, y mi horror hacia él es tanto, que preferiría morirá dejarle que se me acercara. ¡Ah! Le ex·
presé con rabia mi repugnancia y mi odio y Redel, que
acababa de librarme de sus manos, confirmó y agravó todas mis palabras. Por eso quiere matarle.
Enriqueta hizo un ademán de desaliento.
- ¡Oh! ¡Qué fatalidad le ha mezclado en todo esto!
-La fatalidad no ha hecho nada. Si el conde ha aprovechado la presencia de Redel para hacer pesar sobre él
la responsabilidad del insulto, el coronel, por su parte,
se ha valido de la ocasión para atacar á su marido de
usted...... Entiéndame bien, á su mando....... No ha sido
comra un hombrn que me ofPndía contra quien se ha
producido violentamente; ha sido contra el conde de
Coutras, cuyo nombre lleva usted y del que es usted mujer. Esta es la verdad.
La condesa se sentó, sombría, y dijo al cabo de algu·
nos segundos:
-Sí, esa es la verdad. Valentin me la ha dejado en·
trever con su audaz cinismo. «Usted quiere que le abandone un hombre; entrégueme en cambio una mujer,,,
Talea fueron !os términos del convenio propuesto. Ha
creído que yo amaba á Redel tanto como él desea á us•
ted y me ha ofrecido asociar nuestras dos pasiones por
un doble adulterio ...... ¡El miserable!
Celina aventuró una ojeada hacia su amiga y, sintiendo renacer su astucia y su curiosidad á medida que re•
cobraba la posesión de sí misma, murmuró:
-¿No ama usted, pues, á Redel?
Enriqueta irguió su altiva frente y asestando á la joven una ardiente mirada, exclamó:
-Si le amara, ¿no habría hecho todo lo posible por
conseguirlo? ¿Estaria yo aquí si no le amase? Sí, le amo
como merece ser amado y sabré defender su vida. Pero,
vamos á ver; usted debe estar informada de lo que pasa;
usted oye o.abiar á su marido, á sus amigos ......... Yo no
he visto á nadie desde ayer; todo el mundo se oculta de
mí.. .... Dígame ¿qué sabe usted?
--Sé que mi mamo tuvo anoche una entrevista con el
coronel y ha salido esta mañana muy temprano ...... Le
he preguntado y me ha respondido evasi vamente que se
trataba de un negocio importante para nuestro amigo...
-Es su padrino, no cabe duda, dijo Enriqueta. Redel
le ha escogido para hacer imposible toda explicación y
evitar que se arregle el asunto...... ¡Y si se bate con Va·
lentin, muere!
-¿Cree usted al conde tan seguro de vencerle?
-¡Oh! Usted conoce bien su sangre fría terrible y sus
fuerzas hercúleas ......... Es valiente, porque es de buena
sangre. Toda la superioridad que pueden dar en un duelo una fria fümeza, unos músculos incaneables y una habilid_ad consumada, la tendrá V_alentin sobre el leal, el
sen!)1llo, el ~on:fiado Redel, que irá _al terreno sin preparación y e s1 desarmado............ 81 se bate, es hombre
muerto.
Casi en voz baja, como hablando consigo misma, Qelina murmuró:
-¿Y si él matase al otro?
-¡Oh! Usted no ve más que una cosa; que la casualidad puede librarla de su perseguidor......... Pero yo no
quiero correr esa eventnalidad. Es preciso impedir ese
duelo; es preciso, ¿me entiende usted?
-¿Y cómo lograrlo?
-¡Eso ea cuenta de usted! Ya que es usted la causa de
todo, busque un medio de arreglar las cosas .........
-¿Aun al precio de mi seguridad, de mi reposo? pre•
guntó vivamente Celina?
-¿Valen esa seguridad y ese reposo lo que van á costar?
-¡.A.h! Es usted muy dura, respondió la joven. No
hay en todo esto más que un criminal; el conde.
-P•1es bien; venga usted conmigo á denunciarle.
-¿A quién?
-A la señora Moesler. Entre todos nosotros, ella decidirá.
-¿Será preciso no ocultarle nada?
-Tome usted consejo de su conciencia.
-Sea, dijo Celina con resolución. Vamos.
Tomó vivamente el sombrero y el abrigo y siguió á la
señora de Coutras.
IX
El señor Elipbas estaba en su despacho contestando
una numerosa correspondencia, cuando entró su criado
para decirle que una joven, que no gueria decir su nom•
bre insistía mucho e!l verle. Todos los dias el Ministro
de 1a Caridad recioia súplicas iguales y eiempre se mostraba accesible á ellas. No había hotnbre másabordablP
por lo wismo que briJlaba en el arte-de desembarazare~
de importunos y de impostores. Los más hostiles los
más tt-naces mendigos de profesion perdían el tie'mpo
con él.

�20
401

EL MUNDO.

-¿Dónde está ese ca.arto?
Un pliegue de deeconfianxt\ arrugó la frente mate de la
joven.
-¡Noaé si decfreeloá uetedl. ..... Pdro sí, el Sefl.or Bous•
seis af'l.oe y bonita como una gloria.
.
Eliphas frunció el entrecejo y u~ vago presentimiento caréa me 1.a dicho que tuviera confianza ...... t.egún él ee
usted un eanto ...... Pues bien, está en la calle de Stein•
Je agitó.
kerque¡ no hay más que atravesar la plaza de Saint-Pie-¿Dónde está.?
rre, se está. allí...... Es un sitio tranquilo y retirado, pero
-La be dejado en la antesala1 sefior. Con ~se mucha•
muy peligroso para Valentín si Ravet anda á. la hudma ...
chas hay que an.dar con cuidado. Acaso es una ladrona.
Conque, vamos, arréglelo usted. Parece que nos iremos
-Llévela usted al cuartito que sabe.
. .
El criado salió y el seiior Eliphas pasó á la habttac16n á ser ricos en el extranjero...... A mí me gusta el movicontigua á su despacho1 completamente desamueblada y miento ...... ¡Me muero por 108 viajesL .....
-¿Oeja:rá usted, entonces1 á Valentín?
en la que el visitante no pod1a tener idea de que estaba
-¡Oh! Yo sé bien que no esto-y con él para toda la vien casa de un rico. En el momento se abrió u.na puerta
da ...... No me hará ninguna gracia no volverle á. ver, pero
y adelantó hacia Elipbas una muchacha morena, asombroeamente bella, vestida con ropa miserable y sin nada ei es para serle útil.. ....
La cara de Matilde expresó una vi va emoción y sus ojos
en la cabeza. Hizo una seca reverencia y dijo mirando
se llenaron de lágrima!. Después dijo con aire resuelto:
al viejo con ojoe descarados:
-Sefior, ea necesario saberse sacrificar por las personas
-¿Ee usted el eeflor Eliphae?
que uno ama...... Y yo respondo á usted de que delante
-Sí, hija mia.
-Pues bien, sef'ior, yo soy MatildeChabassu. Ya com- de mí no toca Ravet á Valentín ... .. .
-¿Qué hará usted?
prenderá. usted lo que me trae.
-¿Qué? sacarle los ojos .... . .
,-No tengo ni la más ligeu idea, pero tome usted una
El viejo se quedó pensativo. A peear de sus prevencio-.
silla y exp1íquese.
EL viejo se colocó de espalda al balcón paTa ver á bue· nea y de su desconfianza veía que aquella muchach.i. dena lua la cara de la visitante, pero vió prontamente que cía la verdad. Se dió cuenta claramente del peligro efecla precaución era inútil porque la joven no tenia malicia tivo que amenazaba al conde de Contras y, queriendo
ante todo evitar á la Sefiora MJss1er nuevas penas, ee dealguna y toda astucia sobraba con ella.
-Sefior, comenzó, acabo ahora mismo de escaparme cidió á. intervenir en aquellas bajas intrigas.
-Bueno, hija mía, dijo¡ voy á. liquidar la situación
de casa de mi padce, ayudada por el sei'ior Bouscar~s.
para venir á contará usted lo que pasa. Hace tres d1as procurando poner á salvo nuestros intereses y la moral.
que estoy encerrada en un desván, sin más alimento que Prométame usted, al menos, enmendarse para el porveoiT.
-¡Oh! señor, si no tuviera una que ver más que con
unos mendrugos sazonados con bofetadas. Basta ya de
ese régimen...... Mire usted, mire, si quiere, cómo me buenas personas como usted, no harfa tontunas. Pero
cuando loa hombrea están siempre, siempre, detrás de una,
han puesto.
,¡cómo quiere usted que resista?
Se deaabrochó el vestido y enseiió un cuello de forma
Elipbas movié la cabeza y miró con láeti-ma á aquella
perfecta, lleno de ..:ardenales, y unos bTazos redondos,
frescos, nacarados, en los que se veian huellas de dedos encantadora niña1 flor parisiense apenas abierta y ya
marchita.
brutales.
-Yoy á volverá casa para decirqueuatedconaient.e ...
-¿Ve usted? Esto no me divierte.
¡Pero, l)Or Dios, no les dé usted chasco, porque después
-Abróchese usted, hija mia, dijo Iriamente Elipbas.
Comprendo que tales relaciones con las personas de su serían ter1ibles!
-Diga uetei á Bouecarés que antes de las seis estaré en
familia son penosas, pero ¿qué be de hacer yo?
-¡Cómo qué hade hacer usted! dijo claramente lamu- la calle de Ramey.
-¡Sin falta! ¿Eh? Porque entonces no doy contraorden
chacba. El senor Bouacarée_dice que usted puede hacerá Valentía
lo todo.
-¿Estaban ustedes citados para esta noche?
Esta respuesta en la que se revelaba de un modo tan
-Sí, y papá ha pescado la carta ...... Como usted comaudaz la intervención de Bouscarée, puso á Elipbaa aún
prende si yo hubiera encontrado aquí oídos de mercader,
más reservado.
-Sí, sefior¡ dice que si usted quiere, papá me tratará le hubiese enviado dos palabras para impedir que fuese .. .
como á una reina y Ravet no pasará el tiempo espiándo- ¡Hubiera corrido gran peligro! Pero una vez que todo se
arregla, podemos despedirnos amablemente.
me ........ .
-¡Bueno! ¡Bueno! No quiero saber nada de eso, dijo
-Dispense usted, interrumpió Elipbas; ¿quién ea ese
Eliphas. Vuelva usted á. su casa y que me espere BoUBRavet?
carée.
La joven miró tranquilamente al viejo y dijo:
-Gracias, eefior, dijo la muchacha.
-Ee mi amante.
Dudó un instante y por fin, en un gra~ioso impulso,
-¿Qué edad tiene usted, hija mía? preguntó Eliphas
saltó al cuello de Elipbae y, antes de que él pudiera desapiadado por a9:uella corrupción ingenua.
La joven Mat1lde tomó una actitud picaresca, sacó de prenderse, le besó en lob dos carrillos: se echó á reír con
su fresca boca una puntita de lengua de color de rosa y aire inocente y se marchó. Detrás de ella salió Elipbas
para irá casa de la Sefiora Mosaler.
con un gesto de pilluelo respondió:
No se creía con derecho á ocultarle la verdad, por do-¡Qué curioso ee usted! ¿Qué le im:nprta mi edad?
-Me asombran los precoces vicios áe usted y trataba lorosa que fuera, y estaba decidido á. provocar medidas
de rigor contra el con ~e. «Es imposible que esto continúe
de explicármelos.
-¡Esa ea buena! Si yo no tuviese á Ravet andaría así, decía mientras seguía su camino; ese malvado va á
arrastrada por todos los hombrea del barrio.... .. Él me deshonrará su madre adoptiva y á todos loa que tienen
hace respeta!', porque ea fuerte. Solamente que ea muy alguna relación con ella, de cerca ó de lejos. Con tal de
celoso y en este momento no me deja vivir á causa de procurarse sensaciones, no retrocederá ante todas las
monstruosidades y el día en que caiga bajo el peso de la
Valentm ........ .
Jey, no habrá dinero ni influencia que puedan salvarle.
-¿Hay también un Yalentiu?
-¡Hombre! Hágase usted el inocente ...... ¡Como si no Pero ¿cómo contenerle?' A un joven se le cortan los vívelo supiera! Usted Je conoce lo mismo que yo y basta di- res y se le obliga á entrar en vereda ...... A un hombre
ce el seflor Bouscarés que es usted de la familia ...... ¡Oh! casado, que tiene una posición social y relaciones, ¿cómo
Yo le quiero mucho á mi Valentin y para que no le su- desembarazarse de él? No se puede bacer una mina bajo
ceda una desgracia vengo á ver á usted. Parece que us- BllB pasos para aniquilarle. ¡Hay un Ravet!. .. ... Se debieted no ha creído al sef\or Bouecarés cuando se lo ha pre- ra dejar hacer á eee perdido y habría sangre, seguramenvenido. Ha hecho usted mal, porque es un buen hom- te ...... ¡Pero qué e1:cándalo entonces! ¡Qué fatal error cobre y IJ'IUy distinguido. Tiene mucho talento, según di- metió esa pob!'e amiga el día en que se echó á cuestas al
cen en la casa, y si tu,iese un poco de dinero ganaria el tal Yalentínl ¡;No tenía heredero? ¡Yaya una desgracia!
Loe que tienen hijos no cesan .d e quejarse, y loe que no
oro y el moro .. ...... .
-¿&amp; él quien envía á usted? preguntó Eliphaa siem- loa tienen ee lamentan también. ¡Contradicción, falta de
lógica; locura!»
pre desconfiado.
Mientra.a pen~aba todo esto, el viejo Jlegó á la avenida
-¡Toma! ¿Quién quiere usted que sea? Yo no conocía
á usted. El señor Bouscaré3 es el que me ha dado las se• de loa Campos Elíseos y entró en el patio del palacio. El
nas de esta casa y el que meha abierto la puerta del des- portero estaba á la puerta de su habitación y saludó al
ván ......... Anda, me dijo, y explica tú misma la situa- Sefior Eliphas con mucho afecto.
-¿La Sen.ora l!oel!.ler no ha salido?
ción al señor Eliphas ......... Si él no te escucha, no hay
-No, e~f\or; la eefiora ba tenido visitas después de alrecurso y bien sabes tú que Ravet matará á traición al
sefior de Contras. Y lo hará, sí, eefior¡ como hay Dios. morzar ...... La Seno~ condesa de Contras y la Sefl.orade
Si es que usted lo desea, bueno. Siga entonces cruzado Clement llegaron juntas las primeras, y ahora acaba de
de brazos con esa pachorra......... Pero entonces me voy entrar el seflor concle ...... Creo que la señora le ha llamado por teléfono.
á decírselo á su mujer, para que no le deje salir ....... .... .
-¡Ah! dijo Eliphas. Pues biel!, .v oy á las ofi~inas ..
Porque si el asunto no se arregla y él asoma la nariz por
Subió por una escalera de eerv1c10 'f, enel primer piso,
Montmartre, ea hombre mue;to.
entró en las oficinas donde ee admimstraba la fortuna de
-¿Usted le ama, cuando tanto le defiende?
-¿Si Je amo? ¡Toma! ¡Vaya una pregunta! Pues ya se la Sen ora Mossler,z. sobre las cuales ejercía Eliphae una acve que le amo. Ea un guapo mozo, y tan generoso ..... . y tiva vigilancia. va.si todos loa días entraba en el despatan valiente...... ¡No se acobardaría delante de diez Ra- cho que tenía desa.inado, contiguo al saloncillo de eu amivet...... Eso es lo que me da miedo...... El otro le espe- ga á fin de despachar con ella el voluminoso correo de
rará con sus amigotes ...... y le apalearán, como á una ga- la 'mendicidad.
llina ...... Señor, si uat-ed puede arreglar el negocio, arréAquel día, saabiPndo que el conde de Contras estal?a con
glelo ........ .
su madre, no se apresuró, vagó un rato por las oficmae y
después abrió la puerta de comunicación de su despacho
- Y si lo arreg 101 ¿qué TB usted á hacer?
-Irme esta noche á buscará :c:.i Yalentin donde yo y entró en la babitaoión particular de la Sei\ora Moasla.
La alfombra amortiguaba el ruido de sus pasos; la puerta
me Bé....•.
se cerró silenciosamente. Eliphas puso el sombrero sobre
-¿Y si no lo arreglo?
-Entonces yo sé lo que tengo que hacer...... Porque un mueble y se preparaba á. eentaree para esperar pacienvolverá caE!a á buscar una tunda .. .... No tengo loa hue- temente, cuando llegó á sus oídos ruido de vocee que venía de la habitación inmediata, separada solamente por
sos l&gt;aetante duros para ofrecerme ese regalo.
una cortina. La Sf'fiora :Mossler y su hijo hablaban con
-¿Y á dónde irá usted?
-A easa de la Señora Blanchart. Una buena mujer que animación y las primeras palabras que llegaron á Eliphas
le interesaron tan vivamente, que ee puso á excucharcon
admite pensionistas ..... .
extrema atención.
-¿De qué conoce usted á esa mujer?
-En resumen , decía l!J. Sf'fiora ~fossler, esa querella no
-Ella ee la que ha alquilado el cuarto donde nos vemos
tiene ninguna cauea seria ni qu 3 se pueda confesar y ea
Valentín y yo.
-¿Ha venido alguna otra. vez esa persona? dijo á su
criado, viejo zorro con un golpe de vista prodigioeo.
-No, eeiior. Ee nueva. F.e una joven de unos diez y

DICIEMBRE,

1896.

ELMUNOO.

405

20 DIOIE1LBRE, · 1896.
preciso que el asunto se arregle. ..... No quieto qne siga.
adelante ..... .
-Eso es fácil de decir, replicó Valentín-cuyo acent.J,
de ordinario dnlce, era pntonces agrio y rabloeo-pero
muy difícil de conseguir...... No ee á mí, que soy el ofendido1 á quitm hay que pedir ese arreglo, sino al Setlor
Redel... .. J
-Eres tú el que ha causado loe primeros malee, contestó viva.mea~ la Setiora Mossler ...... Lo sé.
-¿Quién se lo ha dicho á. usted?
,
Una sombra de vacilación se manifestó en el tono de la
Seiiora Mossler.
-¿Tengo yo necesidad de que nadie me lo diga? Bien
sabea que, hace mucho tiempo estoy enterada de tus malas disposiciones respecto de Redel...... La cosa viene
desde Sauvignj ...... SiPmpre me ha parecido mal esa hostilidad Qe tu parte hacia un hombre á quien estimo y cuya madre es mi amiga ......
-¡Bah! Yo no conozco á. su madre ...... La madre de
ese hombre de cuarenta años no tiiene nada que ver en
este asunto. Con el hijo solamente tengo que habérme•
la.a. Que tenga madre no es suficiente motivo para que
no me dé satisfacción de la ofensa que me ha inferido.
-¿Pero qué oíensa es esa?
-Me ha insultado en los términos más violentos ......
¡Pardiez! ¿Qué quieres? ¡Con lo que me ha dicho hay para matar diez hombres!¿ Y pides que retroceda? No puedo.
-No quieres, sobre todo.
-Seguramente que no quiero ...... ¿Qué pensará.o mis
padrinos?
-¿Prefieres su opinión á la mía?
-La tuya no está bit&gt;n ilustrada. No eabee de lo que se
trata. Y después, ¿qué entienden las mujeres de asuntos
de honor.
La voz de la Sellora Moealer tomó un tono eevero.
-Estás seguro de que en este caso se trata del honor?
--¿Qué eignificará.?
'
-Significa que el honor debería consistir para tí en reparar el mal que has hecho, en vez de procurar agravar•
le. Significa que en tu diferencia con Redel no eres tú
quien tiene la razón. Significa que te he llamado, no para pedirte como un favor que te prestes á un arreglo, sin 1
para mandúrtelo, esa es mi voluntad.
Valentín se echó á reír.
-¡ Eetit bien! ¡ Esto ea gracioso! Me mandas que retroceda ante ese eefi.or que hace la corte á. mi mujer, que
acaeo es su amante ......
-¡Mientes! y sabes que mientes ......
La voz de Valent!n temblé de cólera.
11-Me tratas muy severamente, me parece madre mía.
Mi respeto hacia tí es grande, pero le sometes á peligroea
prueba.
--Si me tu vieras respeto, lo habrías demostrado con tu9
actos. ¿Que valen las palabras? No me bago ilusiones sobre tu hipócrita dulzura. Te he querido mucho, pero has
hecho todo lo posible para apartarme de tí. Ten cuidado,
me has engañado muchas veces, pero no lo conseguirás
hoy. Supones que estoy mal informada y ..;onozco todo
el fondo de este miserable asunto, sé eue secretos resortes y precisamente porque no tengo duda alguna sobre
el papef que repreaentas 1 estoy resuelta á impedirte re•
presentarlo.
-No soy curioso, pero tendría empeH.o de saber cómo
piensas lograrlo.
-Vas á saberlo. Te doy mi palabra, y sabee que nunca
be faltado á ella, de que si orescindes de mi prohibición
no vuelvo á verte en mi vida.
Valentfn pegó con fuena con el pie en el suelo.
-¡No verme! Entonces desea.a que Redel me mate;será
má.s sencillo.
-¡Más sencillo y más justo! Pero no sucederá. Siempre loe malvados como tu, matan á los bombree honrados
como él. Por eso no quiero ese duelo. No eolameme t.e
prohibo balirte, sino te impongo qne desaparezcas durante un afio.
-¿Y á dónde voy? ¿A la trapa?
-No; te metes en tu yacbt y te vas muy lejos, entre el
mar y el cielo, para reflexionar, para enmendarte y sobre
todo, para dejar respirará las víctimas á quienes tort!!ras aquí; tu mujer ...... y la otra.
-¿La otra?
-Sí; la deegraciada á quien persigues con tus indignos
propósitos¡ á la que me habías prometido dejar tranquila
y te obstinas en perseguir.
-¡Perseguir! ...... ¿Qué eabes tó.?
-Ella misma me lo ha dich,&gt;, aquí, hace un instante.
Ella, que ha venido con tu mujer á advertirme, á confesar, á suplicar...... .
Al oir esto, una nuoe pasó ante loa ojos de Eliphas.
Aquel combate de palabras había tomado un desarrollo
tan rápido y tan violento, que el viejo había escuchado
con indignación primero, con estupor después, las explicaciones cambiadas entre Valentín y la Sefiora Moeeler.
En este momento, pd.lido, los ojod turbados, las manos
tremolas, no escuchaba ya y daba vueltas á la última
frase: 11Ha venido con tu mujer á advertirme, á confesar,
á suplicar.n Y despues, acudían á su mente las palabras
del _portero: «La Señora condeea de Contras y la Señora
de Clement llegaron juntas, las primeras ...... » Luego tila
otra» la víctima de Valentín, era su nuera, Ce1ina. Y era
él, ese miserable, e&lt;l;e infame á quien despreciaba, el que
estaba allí, haciendo frente á la Sen.ora Moseler, á su
bienhechora, el que se obstinaba en su feroz proyecto,
el qae contestaba con osadía, en '\"ez de murmurar hu·
mildemente excusas ...... Elipbas se -pasó las manos heladas por la ardorosa frente y lanzó un gemido. En el
mismo instante oyó á Valentía que gritaba con fl1ria:
-¡La amo! ¡La quiero! ¡Nada me impedir&amp; conee-guirla!
El viejo entonces se irguió con repentina enngía.
Avanzó con lento paso, alzó la cortina y mo,-trando á la
Sefiora Mossler y al conde, espantados, eu trému o sem•
blanle:
- Y yo juro á usted, dijo, que no la conseguirá..

-¡Eliphas! exclamó la Sefiora Moaaler. ¿Estaba usted co, salve á Valentín. No olvide que Je ha visto crecer
-¡Ah ! ¡sefior Elipbaa! ¡es osted! le esperaba •. ..... La
abí?
ante sus ojos, que le ha acariciado itiendo niño, que muchacha me ha dicho ..... .
- Sí, sef'iora, sí¡ estaba ah! ... ...
- ¿Está en la casa? preguntó el viejo entrando en el coMossler le querfa y que yo no tengo más que á él. ..... Le
- ¿Tiene usted el vicio de escuchar en las puertas? di- ,raeremos al bien. ¡oh! ¡su arrepentimiento será una medor,
·
jo Valentín tratando de burlarse.
-¡Voló1 la paloma, después de haber depositado su
hermosa ofre11.da que baremos á Dios! ¡El sólo debe he•
Elipbas hizo un movimiento tan violento hacia el con- rir:el ¿Con qué derecho se eubétiOuye usted á él?
rama de 0 livo en la casa paternal dijo el meridional cuo
de, que la anciana se lanzó entre ellos. Pero el viejo se
-Me limito á no desviar su cólera! Si él quiere salvar burda rlegrfa. Se ha marchado á casa de una amiga ......
b abia tranquilizado y sonreía con frialdad.
Su padre no queria otra cosa. En cuantoá Ravel, ha proá vuestró hijo, puede bacerio. Yo me incilnaré ante su
- Sí, seflor conde, escucho en las puertas para saber voluntad.
ttsta'do por fórmula ... .. . t Qué más puede desear ese a11i•
infamias é impedir que se cometan.
-¡ Pero yo, exclamó la sef5.ora Mossler, habré conocido m8.l? Se le pondrá un establecimiento de joyería en Nu~Extendió hacia Valentía un brazo amenazador y a.fla- el peligro ein haber hecho nada para defenderle !
va York, en cuanto llegue. ¿Va, después de esto, ~rec11dió mirándole con sombría energía:
- Yo juego limpio con ueted y la ofrezco una probabi- minar á la peque.na? ¡Se casa, ¿verdact? como 1:1e dice en
-Usted no se batirá.con el coronel Redel, soy yo quien lidad. Trate usted de retener á su hijo á su lado basta algunos contratos matrimoniales; después de ligera falta!
lo asegura, y usted deeaparecerá.
por la mafiana. Si usted lo consigue, Redel estará, pro- ¿Oree que por doscientos mil francos se le va á dar nna
-¿Para ruucbo tiempo? pregunto con sorna el conde. bablemente, muerto por la noche. Celina se verá impul• mujer nuevecita?
-¡Para siempre!
Bouscarés se echó á. reir, encant.ado de su facundia, pe•
aada á. cualquier extremo que ponga en peligro ls dicha
Valentín sint.ió correr por su piel un escalofrío. Pero de mi bijo. Enriqueta arrastrará una miserable existen- ro al verá Eliphas, que estaba ante él mudo y grave, at1
era valiente y quiso conservar una altiva actitud.
cia. Uettd misma será manchada por vergüenzas que no puso de repente ansioso y turbado.
-Ahpra, madre mía, debes estar t1anquila. El Sefior prevee. Pero ese seductor y precioso joven eeguirá vi¿Pero qué tiene usted, señor Eliphas? preguntó; cualElipbas va á librarte de mí. Hasta la vista, madre mía. viendo. Todas esas desdichas como precio de eu vida no quiera diría que los asuntos no marchan á. su gusto. ¿Hay
Caballero, tengo el honor ..... .
serán nada. ¿Verdad? ¿Ea eso lo que usted quiere? Pues algún inconveniente?
Elipbaa respondió con esta sola palabra:
bien, ¡atrévase á. cargar con la responsabilidad!
Hay uno.
--Adiós.
-Elipba@, usted me tortura. Pero su padre, al morir,
-¿rSerio?
-Valentín, volverás, exclamó la Sellara Mossler: no me le confi6 ...... ¡Oh! ¡ Sn padre! .... . .
-Muy serio.
renuncio á convencerte, á apacigua~ ......
-¡Ira de Dios! La combinación ha fracasado?
-Su padre, murió porque quiso s~u'ir siendo un hom-¿Para qué? El Sei'ior Eliphas te responde de mí, dijo bre honrado. Hoy renegaría del hijo que arrastra su
-Sí.
el conde con dureza. ¡Fía en su autoridad!
-Bouecarés se puso pálido y se sentó como si las piernombre por el fango.
Hizo un ademttn irónico de deferencia y ealió.
- -¡Elipbaa, no me abandone usteJ! Es usted miconse• nas se negasen á sostenerlo. Después dijo, i.:.chandoá.Eli
Elipbas y la Sefiora l\foss-ler se quedaron solos y du· jero, mi único amigo ...... ¿Qué_ debo hacer?
phas una mirada de eepanto:
nnte un minuto ee miraron sm hablar. El viejo se dejó
-¡Seflor Eliphas, cuidado, nada detonteríae! N? co -Ya lo be dicho, señora. Guarde usted á su hijo es,a
caer en una butaca y con la frente· inclinada y los brazos noche ...... Sifusted lo consigue, será que la no Providencia noce usted á. esa gente. Si se les da un chasco, anet:gn
colgando parecía aniquilad..:,. Su amiga le cogió la mano quiere que la honradez sea vencida y que el vicio triunfe. moa nuestra piel, usted y yo.
.
y preguntó:
• Señor Bouscarés, dijo el ministro de la Candad, por
-¡Ah! No pu~do dejarle expuesto á esos peligroe ..... ..
- ¿Ha oído usted todo lo que ha dicho?
Voy á tratar de salvarle de los demás y de sí mismo ..... . mí, no temo nada ni á nadie.
-Todo.
•
-¿Y por el conde? prf'guntó el meridionaU
-Inténtelo uster1.
--No crea usted que Celina ... .. .
-El conde eetá en salvo.
La condf'sa 1 febril, llamó á un criado y dijo:
-¡Ni una palabra de explicación! interrumpió Eliphae.
Bouscaré-ii dió un ealto y dijo con furia:
-M.i coche, al momento.
Sé que ella misma ha nnido á pedir socorro contra ese
-¿Eu salvo? Tiene cita esta noche á lae once con la
-Ett.á, enganchado en el patio.
miserable ...... Clnro eii que le aborrece y quiere huirle.
-Adiós, pues, señora dijo el viejo con tristeza. No chiquilla.
No puedo tener hacia ella más que lástima y misericor- nos veremos más, por mi1 v&lt;,luntad si usted logra lo que
-Irá acompafiado.
dia. Es una mujer honrada, una buena madre, y yo la intenta, porque nunca se lo perdonaré; por la suya, si no
Bouscarés miró á Eliphas con seria aten~il,n.
.
vengaré.
-¡Veamos! ¿Qué ju• go ea el de ueted? 81 no le conoc1e•
lo logra, porque la cauuré horror.
.
-¿Cómo?
Se inclinó y salió. Detrás de él la Señora Mosaler bajó se creería. que se habla ueted propuesto exasperar. el
-¿No ha oído usted lo que he dicho? El conde de-Con- impetuosamente la escalera y dijo al lacayo:
odio de loe que amenazan al stti'ior de Contras. Reflexio.trae no se batira y desaparecerá.
ne usted¡ no ea ya tiempo de Bromas ...... esa gente efpl:l·
-Avenida de Friedland, ¡Volando!
La Señora Moseler palideció.
Valentín, encerrado en su sala de fumar con sus anti- ra su dinero ......
-¿Cree usted, Eliphae, que lo que á mí me ha rehuea- guos inseparables Croix-Mesnil y Prieur, discutía las
-Puede usted decirles que !o esperen sentados ......... .
do va á concedereelo á uetud?
Han querido robarnos ...... Pues bien, que desistan.
condiciones de su duelo.
Eliphas se levaut6. Ya no estaba aniquilidado y
-¿gst.á. definitivamente resuelto? dijo Bouecarés con
-La pistola, á veinticinco pasos, fuego á voluntad, de·
caído, Fino imponente y terrible. Miró á. en amiga con cía Prieur. Vas á matarnos ese.artillero como un pichón. una voz en la que se empezaba á traslucir la cólera.
expresión nueva en él y con voz que penetraba hasta el
Definitivamente.
-Trataré de hacerlo.
corazón de la anciana, dijo:
El meridional cambió de actitud. Su dulzona manse-¿Has tirado dura11te este último tiempo? ¿No hae per-En este momento, su voluntad no le pertenf'ce ya.
dumbre desapareció y dijo con insolente rudeza:
dido la puntería?
Está en unas manos más ¡&gt;oderoaaa que las de usted y qne
-Yiejo chocho ¿ea usted el que ha.impedido á la seño-Hace un mee tiro todas las mañanas veinte balas.
las mías. Cuando he vemdo, la casualidad me había he- Nunca be e1:tado més corriente.
ra Moseler aflojar la mosca? Qué le importa á usted qne
cho dueño de su suerte. Podía, á mi arbitrio, salvarle ó
ella nos unte la mano? ¿Lo saca usted desu bolsillo? ¡Va-¿Por ern, entoncee, ¿no has elegido la espada?
perderle. Su baje~3;, su crueldad, su ingratitud, me han
-Querido, dijo Croix-MEanil, Valentía ha htcho bien. ya un grag,uja! 1Ya está usted eecurri_endo el bulto 6 yo
impuesto una dec1e16n. Le he condenado.
Cuando Je quiere un duelo serio, hay que escoger la pis- le daré los QScrúpuloe y la virtud ....... ¡Vamos! Largo de
-¿Usted? exclamó laSefiora Moseler aterrorizada. ¿Us- tola. De este modo no se sale del paso con arañazos en aqui ! El joven barbilindo recibirá not-iciae nuestras .......
ted Eliphas, el más dulce, el más generoso, el más in- loa dedos ......
Eliphae sacud~ó la cabeza como p~ra ech~rfuera t..&gt;dae
du!gente de los hombres? ¿Usted, el amigo de toda la
-¿Qué bacerr..c.e hasta la hora de irse á dormir e6ta no- las injurias que caían sobre él y, ern rephcar, ganó la
vida?
puerta. y se march~ En la escalera oyó los impropflti0!!
che? ¿No nos aeparawos?
-Sí, yo.
-Comeremos juntos y déspués nos separaremos. Me de Bouscarés y basta le pareció que otras dos voc.ee. fuer-¿Y si yo pido á usted que le ealve?
tes y i....UY violentas se mezclaban con la del mer1d1onal.
espera una preciosa mnchacba.
-Me neg'aré, pata evitará usted mayores dolores, más
--¡Cómo! dijo Croix-Mesnil; ¿la víspera de un duelo? Supuso que serían Chabassu y Ravet que expresaban su
pesados remordimientos.
.
descontento.
Eeo hace temblar el brazo y borra el golpe de vi•ta.
-Pero yo puedo prevenirle, ponerle en guardia, de·
-¡Bah! Si supierais ~o que es matilde Chabassu com•
X.
fenderle ....•..
que arrieegué un poco por ella .... .. Ea la
El Coronel Redel sentado ante una mesa, en su cuar•
-¡Oh bondad! ¡Eterno error! Conoce usted los críme· prenárendierllis
mas admirable flor del arrollo queee puede encoatrar .... to acababa de eecribir una carta. Eran las nueve de la.
nee cometidos por ese miserable, y tiPmbla usted por él.
betlttza id~l de la Joconda y el vicio alegre de un pi• n~che y bacía un momento había vuelto del círculo miAhora mismo le amenazaba usted, indignada, y buat.:aba .Iia
llastre de los arrabalee ..... . ¡Qué mezcla!
litar, donde había comido con el C~mandante ValJiere~.
un medio de castigarle, y cuando el castigo está. sobre su
-No se discuten jamás los medios de animarse, amigo
cabeza, procura protegerle. No ignora usted que si se mío. Las seoeacionea son de1"11asiado raras para deadef'iar ct_ue era au padrino, además de Clement, cuando el aon1·
do del timbra turbó el silencio de aquella casa. Redf·I
salva, será para la desdicha de los demás y para la suya.
¿Nos V a.moe?
que h'.\bfa despedido ti. su ordenanza, ~ruzóel ~alón_y fnt&gt;
Yo seré más firme que usted. Soy un hombre honrado, ninguna.
-Vámonoe.
á abrir la l)Uerta. En la escaler.i., débilmente tlummad:\
bien lo sabe usted¡ jamás he hecho daño á nadie y daría
En el mismo momtmto, se abrió la puerta del hotel y por un mechero de .gas v~cilante: esperaba una mujt".r
mi fortuna y mi vida por salvar á. un inocel').te. ¡Pues entró en él al trote largo el cocbe de ll\ eetlora Moesler.
vestida con un ampho abrigo, cubierta con un velo y dibien! Sin una duda en el fondo de mi conciencia, tomo Valentín se acercó á la ventana y exclamó:
fícil de reconocr por otro que no fuera el Coronel. Al verel partido de suprimir ese moni;1truo.
-¡Vamoe, bueno, mi madre! ¡Otra vez viene á. fasti· la arrojó un grito y ofrecié~dole las manos:
.
-Pero usted habla como si dispusiera áe un poder ee• diarme!. ..... Amigos mfos, bajemos parla escalera peque-¿Usted aquí, señora? d1Jo, dudando entre la quietud
creto, como si una orden suya bastase para decidir la vi· fl.a · saldremos por las cuadras ......
da. ó la muerte de un hombre ..... .
y la alegría.
Llamó á su ayucla de cámara y le dijo:
La dama no reapondió; entró, y dirigiéndose hacia ln
-Dispongo, por una hora, de ese poder. Al entrar en
-M.e voy, James; si le preguntan, diga que hace uua habitación alumbrada, atravesó el vestíbulo y el salón y
esta casa, me bastaba pronunciar algunas palabras para hora que he salido.
llegó al gabinete de Redel. Allí, con un ademán tran•
que el conde se salvase. Él mismo se ha perdido. E'"as
y se fué. E&gt;n el vestíbulo, la SeH.ora ?i:Jossler pidió que quilo,
se quitó el abrigo y el velo y mostró el noble y
palabras no las pronunciaré.
la
anuciaeen
á Yalentín, y James el ..ayuda de cámara inEl eem hiante alterado de la señora Mossltr se esclare- glés con flema un tanto irónica, contestó que el señor triste semblante de la Seflora de Contras. Rf'del perma•
ció. Crf'yÓ que empezaba á ver claro en aquel mil:!terio. conde habla salido, haría próximamente una hora, y al necía ante ella, trastornado par la emoción, devorándo la
loe ojos, dudando de su presencia~ loco con aque) :a
-¿Se trata del asunto de que hablaba ese Bouecarée
la sefiora Mossler á dónde había ido, dónde con
dicha iueaperada. La condesa le ofreció la mano y dtJo
e@ta meñana? ¿He:b!a, en efecoo, un peligro para el honor preguntar
podrfa
encontrarle,
el
criado,
impasible,
contestó
que
el
y acaso para la vida de Valent!o? ¿He adivinado? ¡Rba- seflor no había dado ninguna orden y que ignoraba sus con voz grave:
-No he querido que ese duelo se verifique sin haber•
póndamel ¡Infórmeme! ¡Debe usted hacerlo! ese secreto proyectos para la velada.
nos visto. Usted no podía ir á mi casa y no he vacilado
no le pertenece.
Entonces la sefiora "Moesler tuvo la noción espantosa y en venir á. la suya.
El viejo la miró fríamente y dijo con tranquila enerclara de lo irremediable. Sintió peear sobre ella y sobre
-¿Pero no teme u~ted qu~ la hayan espiado, que la h,a•
gfa:
Valentín aquella fatalidad que Eliphas invocaba, y se yan conocido? ...... 81 ~or m1 ca~ea corriese usted algnn
- :~fo r-abrá usted nada.
-¡Oh! ¡Está bien!"Yo encontraré á ese hombre, yo le jozgó impotente para pene~rarla, para combatirla, ~ara peligro mi dt:Sesperac1ón sería mmensa.
arrancarla su víctima. Se v16 enfrente de lo deeconoc1do,
Aqu~I cuidado por su tranquilidad, por su reposo, do·
hart' hablar, yo desharé sus proyectos.
oscuro y amena1.ador. Aniquilada, sin intentar más es• minando toda otra preocupación, conmovió tan proÍUn·
-X o tendrá usted tiempo.
fuera:oe, comprendiendo que nadapo.dría pr~valecerc~n- daroente á Enriqueta, que las lágrimas asomaron á su~
La anciana adoptó un adf'mán soberbio:
tra la sentencia inexorable del destlr'o, ba1ó la eefiorml ojos.
-¡ Por la vida de mi hijo, pagaré cuanto haga falsa!
-¿Dónde? ¿A qui én? ¡No! ¡Toda su riqueza será. im- eecalinata, subió en el coc~e y se volvió á .ªª casa.
-No pensemos e:n mí, dijo. ¿Quién se ocupa además en
Durante este tiempo Ehphas se encamrnaba á Mont- Jo que yo bago? ¿No soy la mujer iaás abandonada? Se
potente! ¡Su irresistible río de oro no servirá de nada.!
-¿Pero quién va á heril á Valentía? exclamó la Sefio• martre Era un hombre metódico y exacto1 que ba~!a las trata de usted, querido y leal amigo, de usted. que arries•
ra Mossler, alterada por la resistencia de Eliphas. ¿U s· cosas c~mo deben hacerse. Había prometido á :Matilde ga tan locamente su vida y á quien quiero defender con·
que iría á llevar respuesta li. BouEcarés antes de las seis, tra todos y con~ra sí mismo.
ted?
-No, señora, ni yo, ni mi hijo, ni nadie á quien usted y á. las 1:eis menea cuarto !.legaba á la calle de Ramey, á
-¡Oh! Yo se lo ruego, exclamó Redel; no nos ocupepie, con el paraguas (debaJo del hrazo. No ten fa el as- mos de eee miserab le asunto¡ ro turbemos esta hora, ts n
conozca ni á. quien él haya hecho dano. Un desconocido,
pecto
de
un
justiciero;
su
cara
era
pacífica.
81;1-bió
la
esun pobre ser, tan desmoralizado como él, pero más expreciosa para mí, con vanos debates. Déjeme usted oh·i&lt;Cueable porque es menos dichoso, ejecutará la sentencia calera infecta y grasienta cuyas paredes sahtroeas su- dar todo lo que no sea la dicha de estar en su preaencill.
daban
gruesas
gotas
de
agua.
Al
llegar
al
quinto
piso,
pronunciada. Agente Ol!CUro cte la fatalidad 1 matará, por¡Qué me habla usted de mi vida! ¡La hubiera dado ci l.'u
que debe matar. Usted quedará sinceramente afligida; llamó encasa de Bouscaréa y, bien porque estuviese can• veces por la alegría que ahora siento!
sado
de
subir
la
escalera;
ó
dominado
por
violentij
emoyo, libre de todo remordimiento. El destino se encarga
ción, tosió con esfuerzo: La puerta ee abrió Y apareció el
( C.,ncluirá) .
de todo.
- Pero usted puede aún perdonar. "El iphae, ee-l:o etrpli- ingc-niero.

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tilias, prúrrigo, psoriásis, lepra, pitiriásis, ictiósis, efélides (pecas,) cloasma (paños,) empeines, barros del rostro, sifilides.
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ciones estilo moderno y arsenal de rnstrumentos com pleto.
Para mayores informes dirigirse á. los Dres. Guillermo
Parra, teléfono 443, apartado 682 (calle de León núm. 9),
y Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1~
Pila Seca núm. 8.) El Dr. Parra es Director de la Compañía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital Juá.•
rez. El Dr. Garay es profesor de Anatomía qnírúrgica en
la Escuela de Medicina y cirujano del Hospital Juárez y
del Asilo Eapafiol.
I',.,

i8:::::: 2b:228
,000

una anterior y otra postenor al
número premiado con los .....•

DEPARTAMENTO ESP.KCIAL 'PARA ENFERMOS, D.K MEDICINA Y CIR.UJIA.

•

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2 Aproximaciones de á $ 1. 00;

La actualidad,la atracción del momento, ese freneeíqua ha poseído á París durante el paso del Soberano de todas las Ruaias, ha cambiado todas Jas
imaginaciones y operado una cuasi revolución en las cosa.~ de la Moda. La más'
pequefla insignificaocia1 el trapo más minúsculo, más gracioso y máe coqueW
que .nunca, revela ahora. su. sello slavo, lleno de originalidad. El cuadro desgra01adaD:1ent~ muy restrmg1do reservad&lt;? á las M.Jdas en nuestro periódico, no
nos perm1~ citar 1_:LQ.OÍ los nombres. te~mmadoe en o:ob ú «ow)) deque están eri
za.das las rnnovac10nes; esta descr1pc16n por lo demás no haría aventajar en
nada á nuestras jévenes lootoTas, que sin duda preferirán dejar en todo á las
Srita.§. H.unsinger H~as., l! calle de la Independencia 4., el cuidado de darles l&amp;
exphcación y deaatLBfacerlas con su talento y el gusto excepcional que ponen
en todo lo que hacen.

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1 00

260
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Premio m.,1,yor de .... .. . .. . 8
Premio principal de . . . •.. .,
Premio principal de, .... ...
Premios de $ 1,000 . .. ... .,
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Premios de ,. 200 ..•... .,
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1 00 . . .... .,
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Premios de .,
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1 00 Premios de 8

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al premio de S W,000. . . .. .•••••• 9
1 00 Premios de S 40, aproximaciones
al premio de 82),000..•.•..•••.• s

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20,000
10,000
5,000
5,000
5,000
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t 00 Premios de S 20, aproximaciones
al premio de B 10.CXX). ..• .. .••... 8
2.000
799 Terminales de S 20. que se deter•
minarán por las dos últimas cifras del billete que obteoga el
_premio mayor de S. 60,CXXI •• ••.. 8 t 5.980
799 Terminales de 8 20, que se determinarán por las dos últimas ci·
fras del billete que obtenga el
pre.mio principal de SW,00).••• s 1 5.980

-2.761 1:emioa ,;,ue h:a.cen un '1'ota.lde ..

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za'""Todos los sorteos están bajó la vigilancia
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Tesorería General de la Nación.

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�~ermanos,
GERENTE G5NE&amp;AL.

ELABORADORES.

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Antivenéreo de Beltran.

'
'l'OMOD

M EXICO, DOMINGO 't7 DE DICIEMBRE DE 1896.

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,
~.,~~Concedida en Mayo de
NO CONTIENE MERCURIO NI YODURO

-

--

El que subEcribe, profeEor en Farmacia de la Escuela
dfl Medicina de Jffríco

1

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1

Certifica: que habiendo analizado el

1

- -

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\.)~\FICAoo

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l)E LA

"ESPf.CIFICO A~TlVENEREO DE BELTR.A:X"
ha encontrado en él ninguna substancia nociva al or;g~nismo, ni minerales de ninguna especie; su composidón es puramºente vegetal y las plantas de que estácom1 1:esto son todas muy saludables y muy apropiadas para
-ia curación de las enfermedades de la sangre.
A pedimento de los Sres. Beltrán ller manos, doy el pre·
u·nte en México, á 25 de Enero de 1894.

¡SANGRE!

DO

1
1

EL MAS EFICAZ

'

Que se conoce en l.. Rep(tblica.
56 Aflos DE EXITO.

Eugenio L ' '.loussainl.

HERMANOS.

DEPOSITO: Chavarrla 19.

-- -

-

Apartado número 157•.

MEXICO

~~

lJll!l!PACBO PABA YENTAI! POR MENOR, ~ DEL RELOJ, NUMERO

8,

Esta medicina, además de ser infalible para curar cual-quiera enfermedad que tenga por causa la impureza dela sangre, ya sea heredada ó contraída, y especialmente
las úlceras inveteradas, tiene la ventaja de no sujetar al·
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicarse á
sus ocupaciones; pudiendo, además, hacerse la curación.
en absoluta re3erva aun de la persona más allegada. S11
eficacia y méritos no necesitan eucomiaree, pues su use&gt;
constante durante más de medio siglo y su venta ca:ia
año mayor, son claras manifestaciones de los excelente&amp;
resultados que se han obtenido de ella¡ recomendaciónindudablemente superior á cualquiera otra.-BELTRÁlC-

.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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          <name>Título Uniforme</name>
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          <name>Relación OPAC</name>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El Mundo, 1896, Tomo 2, No 25, Diciembre 20</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>Siglo XVIII</text>
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                <text>Siglo XIX</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Rafael Reyes Spíndola</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>El fantasma erróneo</name>
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                    <text>~H:L/rfM.N

~ermanos.
El, ABOR.U&gt;OREil.

GEREXTEO~

ESPECIFICO

Antivenéreo de Beltran.

'
TOMOD

M EXJC O, DOMINGO Z7 DE DICIEMBRE DE 1896.

CON LICENCIA DEL SUPREMO GOBIERNO,
~➔~~Concedida

en Mayo de

NO OONTIEKR MERCURIO NI YODURO
El que aubEcribé, prcfEl!Or en Farmaria

,te la .&amp;cuela

-1.e Jltdicina &lt;7,. Mé.mo

?

Oertitlca: que habiendo analizado el

u~\FICAoo

~

"BSPKOtrlCO A~'TIVRNEREO DE BELTR..L'\"

¡SANGRE!

.., ha enoonlrado ea él ninguna eubsiancia nociva al or•
,pobsmo, ni mineralee de ninguna especie¡ au compoeiriGn ea puramen&amp;e vegetal y las. plantae de que eetá com1•1:eet,o aon todu muy aaludablee y muy apropiada&amp; para
~h cmaci6n de laa eníermed:idea de la 'IIBDgre.
.A. pedimento de 108 Sru. Beltrán Hermano,, doy el pre·
fl-ate en México, , 25 de Enero de l&amp;l4.

EL MAS EFICAZ

Que se conoce en l.. República.
56 AROS DE EXITO.

Eeta medicina, además de ser infalible para curar cualquiera enfermedad que tenga por cauaa la impureza dela sangre, ya eea heredada ó contraída, y eapecialioonkt
lu úlceras invtJteradas, tiene la ventaja de no sujetar at
paciente á un régimen severo, ni le impide dedicaree ,
aoa ocupacionea¡ pudiendo, adem'8, haceJBe la curacióa
en llbaoluta reJerva aun de la penona m'8 allega.da. Su
eficacia y méritos no necesitan eucomianse, pues au aao
constante durante mitl! de medio siglo y su venta oa:la
afio mayor, son claras manifeat.acionee de 101 excelen•
resultados que ae hau obkmido de ella; recomendaci&lt;&gt;aindudablemeñte superior á cualquiera otra.-B&amp;LT&amp;ÁJI,
HKIW.\.1'08•

DEPOSITO:

Ch■,,arrla

Eugenio l. 7O'Ull-3ainl.

19.

A11•ru•o num•ro , • .,_

MEXICO

l). .~CBO PAIIA VP'US POR MENOR, ~ DBL Rzl.oJ1 NUJIBRO

R,

B.UOII.

Mosler, Bowen y Cook,· Sucesor.
(talle ae la Glcalcnia número ~f.
.A.NTES EN LA. LA. Jlel CA.LLE DEL &amp; DE HA.YO NUH. 4.. .

eo ■ pleto

Surtido

de las a ramadas cajas de seguridad · • M OSLE R"

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Ni.m. s,

Madame Ana CkesnPan. Sucesora de Mme. Clara Too•
seaini, de la callti de Plateros número 4, Méx ico, tit:ue 1&amp;
honra de participar ti. ea nnmero3a clientela que ha tra~ladado su salón de Modas para ves,idos, á la calle ót
Santa Isabel N~ 10, adonde recibe órdenes.
ÜORT~ ltl,J:aAXT Z. Y U.E l"LTI:11.A '.IIOOA,

Especlalldad en traje&amp;, pnrn no,·10•-

~el¿branao la Pascua.
D1buJo de carlo8 .Al&lt;-Ol&lt;l~.

•

NID4•º 26

�27

EL MUNDO.

410
''EL

MUND9-''

IIKllAlllAKIO ILUIITIIADO.
hlMHe 4S4.--Calle df Tib1mio n.im. 20.-.Apartado 87 ~.
ICUIOO.
Tocia. la co'"'"""ndenrl■, d•be dirl~
al eerencedeesie perl6dl.co,

:La iroacrici6o , El, MrN DO vule $1. 2.5 centav011 al mee,
oobra por trimePtffll adelanti.doa.
!fw:neroe l!tlt'ltoe, 50 cent-avos.
•
Á.TIBOII:, raz6n de Is~ plana por cáda publ;cación.
Todo pa,;o d•lie .-r pl'l'ti~amentl' adel11utad11.
&amp;Ell'TllAI&gt;O COMO ARTICOt,O D ■ SJl:OONDA CLARlL

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• ""-1'.enteft exclneh-oe para los Totadoe lJnidOI! y Cana•
cU Tlie Bpanieh American 11ewspa.per Company, 136 Liberiy SLNew York, E. U.,.

1:'11 ¡Jolitirn ilr í¼ltrico rn 18!HL
Al caer como un grano de ar.&gt;ns deeprt&gt;ndido de una
clép@idra para rodar y p&lt;'rdnee en la b i•lori" de loa tiempo!, el Yit'jO afto egonlz11nw, nos dPjll de ~11 pe~o por la
Tida r,11eionfll tma mela lnntino•a, que todavfa 'P""'i•te
en las v8g1tedades de la memoria, ames de eer ub orbióa
por la 81ltnbra que S'ie,·t-e la noche en lcrs e•pacioe. 1Ex•
trallo poder de la coneieocia humano el de •slir al encuentro del pon•i,uir y a1 rancar le s11A ,ecretnPl Pero mAravillo0a facultad la de convertir atrás la mirnda y penetrar en el santuario de los rronerdos, y volverá Yivir em
e:iis~enoia qn!' ya no e~ nue~tra, porqne al apsrtaree de
nueetro lado •e llevó artera.mente algo de no~tros mismos. Y frente l'f!tflB doo sombras que le aalen al l'ncnen,ro: Ja del seutido paeado y la dsl porvenir presentido,
el espíritu, in•troido en esas dos facultades que los Jógi•
cos ha.el'» pre•idir á kldo conocimiento-el acuerdo y la
diferencia-eetabl1&gt;ce sos graode, eínteeis, fnnda sna indeetracti bles premiao~. elabvra sus m,.cizaR generalizaciones, que Pn cuerpo rle ciencia ~on!:tituyen In base del
progrePo en la inacabable, imperecedera ley de la vida
eterna.
Y problemfl de vida era el de e,,t.a joven nacionalidad
hace poco más de nn cuarte de siglo; problema hondo y
fnnd~ment.al, porque en él se entreme1.claban v conÍlln·
día.u por modo di verso y en ca6L1co tropel, factores diefxnboloe y elPmentoe hf'tero({éneoi,, perteaPCientee á un
grupo humano. que en los primeros pw,op de e11 aut.ono•
mía, aparentaba ya loexplicablee debilidades, impenllll·
dae laxitndee, caneancioe extempd'ráneoa, eem1&gt;jante al
héroe del dramaLuriro noruego, herido en plena juventud
por triEte ley heredit.flria. L.i desconsoladom pl'('gnnta
que servia de e:xp!icación al programo pol!Lico colonial:
-,hay en eeta 111vupaci6n medios de existencia propia?
¿es viable e.te nucleo de eéres humunos para realiur los
alt-0s linPs de un Estado?-volvla á rtlllBCer en el fondo de
toda.s Las conciencias y renovaba laP dcdaa en todos los
ánin10P. Pera vislumbrar la tierra prometida, 111 República ha neceait.ado hacer lentamente una latga pertigrioa•
ci6n á través de la~ int.erminables l!Anuras del desierto;
para eoaLraerse á efe inexorable destino Jatalista. la naci6n ha tenido que someten.e 4 duras pmebaa. de !se qne
l1a aurgidn wmp1aday vigoroea;tan ciertotis que para las
eociedadl'6 como para los individuos, pasando por el cri,
sol de la deF¡!;racia, se a.scieude! Y nhoru, cuaodo buenos
ravo~ de sol han rlll!gado el sudario qneantaiio envolvie•
ra los horizontes nacionales, ya tene.woo razóu y ya tenemOB derecho para ocnpsr un J]tleat.o en el concurso que
ha abierto á lOll Estados la Ci vilizaci6n.

Diu ee, como hemoa ya indi&lt;:!ldo, •la agrupacjón de ~
dos loe derechoo contra el p.,hgro de un enemigo comun
que el' llawa la fuer&amp;a: lajuerw. cul derec/,,, rm,tra la Ju,r:11

*

.. *

.

.

Pero eEcrito está que IO!l latino-axner1oanos, rau 11naginati\•11 v aficionada á los altc,s -.uelos d4' la fantasía antA;e
que á la ri·ftexi6n y al au~lisis, han_ d~ procurar la reah•
zación del ensu~ilo de l\Iulas convutiendo en oro todo
cna uf.o tocan. Lógico era su poner q oe tras las palabras
de CleVl'land, el idealiscno ~e Atrope!laraen vehementes
impulaoe, forjando á golpe~ de entusiasmo º!' Congreso
Pon-americano. det!tlnado á dar fnrma práctica á la doctrina l\fonroe. Un gobierno_tomó á_sn cargo 1~ convocaci6n de tal Arnmblea v la diplome.c1a pueo en Juego toda$
!se nrmlll! de en ar!'enRI, repleto rle abnndan•e di11léctica
v copio!lll rect.órici.. Olddáronse los iniciadores de~ provecto q11e loe ínterewe llOD IO!! que ligo.ti á lo~ pueblos, Y
que el cambio de mercancfae ha sido el ':lu" ha '!ngendra&lt;.lo el cambio de idt-aP, ¿Q,w nmncon11101dad_demtereses,
qué 60hd:1ridad ,le lw~l10&lt;1 &lt;l~. ord .. n econótn1c~, qn_é con•
t.~ct.o de riqnezae púbhca~ exIStt- entre las nac10nahdndes
Jntiñ~am ..ricana..? Apenllll no grupo de p_oetas de?S~t'n•
ti~tllll ha rot-0 la~ fronteras purn compartir sus misuciamos y b&lt;'ber en la misma copa el opio de SU!! enaueiloo,
Afectos platónico~, Pimpstía~ idt'ales. comercio de e.iLrojM, tdficoe de ripios: h" aqui ,t r.odo lo q11e ~e redu~ el
material que había de een·ir de b~gazo ti la industria legielativa pan-1m1ericaoa Y con tlllee elen,entos, el proyecto debla iracnFar y [roca~ó.
En bases má,, •61Idae ,., apoyan las rela~iones soste_nl •
dBl! entre Mél&lt;.ico y loe Estados Unidos; nm¡¡una nación
como la nuestra en aptitud de apro,•echAr eeaa corritmtes,
que en forma de prod11cto~ utilizAblee para nueetro progre.;o en aumento, de cap!~!\le~ _incorporados. al trabajo
nacional y en forma tilmb11•n ~e msLruct1voe 11¡emplo_ ¡&gt;a·
r., nuestm nacieute deruocraCJa, no.q llegan de la nac16ncol0Ro. tfo es mucho que en la resolución de ijll8 problemas interiores fijemos allí nuestrAI! mirad11s, ~nando del
carácter de esta re•olnción dt&gt;pende buena Muma de loe
nue~trot!· no es mucho que 111 ca1upaña ell'Ctoral de la
Unión Aniericana baya tenido su reeona~ia en nue~tra
patria, donde, propsgilndose _en ondse, v10nen á repercutir esos rudos encuentros eoc,ales en el acto más tra~cen•
dental de los pneblos regidos por instituciones republicanas.

0

•••

de fo fuerza.•

Han tenido eet.a~ palpitantes tragedias patrias, eetos
giganteecoe esíuenoe para romper las férreas ligaduras
que parecían condenarnoe á lJl quietu.I y el reposo de loa
eneu,ñoe búhdicos, enérgierui reacciones, saccdimientoe
pod.er011os, informad06 y nutridos en la trabajosa labor
de Is lndependenci11 nacional. Ya est-&gt;e protoplaamas de
pueblos, como llamara 11n día Emilio Cl\et.elar á loa gro•
poe dieem i nadoe de este Indo de acá del Atlántico comienzl!.n á intt-grarae; Y" se ~,,. en ellos iniciandÓ e!I.II
labot preliminar que pre India la coneolidacwn de la libertad, como nna !unoión de la ley onivereal de la economla d,; la~ fuerzas; yn loe primeros gérmenes de ideas
sembrads.a por gloriosos ilusoe en el \'Seto tnritorio de
la República, bau 11mpei,ado á eet.tlllar b11jo la tierra que
conserva todavía las huellas de conmociones volcánicas
empapada á trechos de e ingre y agriet.ada por la sed in'.
mens20 del aga" de los &lt;lielos.-AI aalir de la rnda .ncba
que· 11.Bfgnrara eu segunda independencia, la naci6n se
~ penenad.o de la _en¡;rema inj11e~icia de que fuera -victima, Y á la evocación de eue desdiohJis, una idea-madre
una idea de propia conservación, ha anidado en tod~
loe eepíritus Y ha fermentado en todae lae concieocias:
la que, l11nz11da por el Presidente de la :&amp;&gt;.púltlica del
Not1e, ha tomado forma adecuada á nuestras cirennstanciaa hiet.óricas en laa declaraciones contenidas en el mensaje presidencial de 1? de Abril, referentes á la inf.erpretsción de la doctrina llfonroe.
Para nosotros-y lo hemos escrito en eeta~ columnaa
con ocasión de este debate-ninguno de 101! actuales Jefes de &amp;tado del continente americano más autorizado·
para alzar la voz en defema del principio de la li0bet11n!I\ nacional; ninguno co•,io este t&lt;11oldado de la democracia contr:s, la uaup:ici6n extrsnj_era, primero, dellpuéa como Pree1de0Le de una Re-púbbca que recoJociendo loa
derechos age•oe, ae ha hecho acreedora al reconocimiento de @ua derecboe propios,&gt;-La doctrina Monroe Bllf
interpretada, no constituye un acto agreai\'o haci~ ln,,
nacionee de la vieja Europa; no es un cartel de desafío
lansado á la raz. de pueblos a1wgos, no ee traduce en ac•
l.!&gt; alguno que tienda á IIDStraernoe de la eolidaridad que
hga il todos loa Est.adoedeJ mondo civili,ado; no ea eae estr~cho criterio que eepirn .á •~a 't'id.n trulloada 6 incoxnpl.,ta de la tribu primitiva que se inmoviliza en ea terruf!o: la doctrina americana eipreaada por el General

*

DICIEMBRE.

1896.

De ese modo hemoa d:,.do eoloción á ono de los problemaa más arduos y erizados de dificultades con laBc
que aun en países mejor preparadoe que en el nuestro
¡:,ara el ejercicio de la libt!rtád, se ha trop~zado en. el,
funcionamiento del ecíragio pupular.
En tales elementos apoya1a la A.droinieLmción que
comieuza ~us tareas en las postrimerfas del año de JIIDti,
la R~pública eépera poderosa infüu,ncia de nn poder público que ha sabido allanar los .obetáculos que le hansa•
lido al encuemro, y realizar la l1an~forruaci6n de un
grnpo yacente en los últimos peldaill1&amp; de la vida eocial,
para hacer de él una nacionalidad i,n pleno periodo de
desarrollo.

Ha J&gt;Odido ese gigantesc~ o~niem? dilapidar ~ndes
cantidades de riqueza soc111I con la rne11sta~c1ahdad de
nn hijo pródigo; las brechu abiertas 1\ su bienestar son
prontamente reparadas por la colosal tarea emprendida;
la sangre que m"ºª será bien pronto reEtañad!l y en los
propios eleme.ntoe qne determman eue dolenc1a.s, ee e~cuentran Jap fuent.es da su salud, el bálsamo que lo punfica v lo salva. No p.,demoe, no, nosotros someternos á
esa dura pmeba que marchitaría lae primenia floraciones
de nuestra lncipiente prospe,-idad, que, como e~aa plantas
de invernadero, ha menester todavía d.e no ser expuesta
á la intemperi~. A. est11e plllntas tropt?Bles, un brueco
cambio de temperatura las ~ace l11n~U1dl'Cer ~uaod~ to- .
davfa no circuh, en sus arterm~ sulle1ente eavu\ de nd11.
Así como al consumarse la epgunda república francesa
aun flotaban en In caldeada atmósíera tltomoa cüspel"l!03
de: principio revolucionario, difllodido, como dice en
oradc-r contemporáneo, por Tbiera en sus historias_, por
Qui ne~ eu sus disc•ueos, por lleraoger en PUB canciones
y por David en eqs cnadros¡ as( del fondo de nuestra de•
mocracia ~urgían las mal extinguida!! llamBradae de nnes•
t-ro~•incendios ci,.iles, amenazando nuevamtlnte devorarnOll c,:in eu beso de fcego.-Pero ya el pafe ba ea! vad_o
e!B dietaocia que meclía entre laa colectfr1dades hnndldaa en las primeras eta.nas deJa vid.a so:ial, eAtrecha y
míeera y las nacionalidades modernas ll~dss á.eu postrer ~{odo de des,nvolvimiento econ6m,co.
Todavía hace veinti&lt;linco aiios hubieran caido como
una ducha de Bglla fría sobre el cuerpo di' un febricitante
lu aignientes palabras¡ desprendidas del I~f&lt;?rme del General Día,, 11eerca de os actos de su admmistrací6n en
los JlfrfodOE conatitncionales comprentlidos entre 1~ de
Diciembre de J88! y 30 de Noviembre de I89fl:-•Los
pue'Jlos pobres no pueden, en _general, ~ instruiree, ni
moralizan!e' cuando no yacen 1nerte8 ba¡o el yugo del
despotiamo.' viven en lu estériles agitacíonee de la a_nar•
quia; ate:::tos á. las. diflculiades del presente, descn)dllll
preYer las eveutuahd.a dea del porvenir; lea están ce.si por
compli;to vedadas la autonoxnía y la libertad y con mayor
razón la democracia y la República; impotentes ó débiles
contra el enemigo exterior, lo son también contr~el !l»emigo interior; aus gobiero&lt;?B 80D ineets~ies y carobiad1zoe,
inca{)Jlcee de prote¡zer la vida y la.propiedad, y, ó acaban
por ,er absorbidos por un. pueblo po~ros!', 6 se consumen y deeaparecen sin de)ar en la b1st.or1a otra huella
que, á vecee, la.•de 811 miseria y 9118 snírimieotos.•-Estas verdades, expuestas con tant.a valentía y en las qne
encontramos ideas sastentadl\ll en estas columnas, nos
dan :i conocer la clave del movimiento evo1u,i vo iniciad()
pa.ra la República en eetos últi1?3oe alloe. .
Pero si la nación no podla 01 debía arrt!ll'g,\r 80'!_ con•
quistas á !OR embates de una gran _con.m0&lt;:16n política, ,
nnadee~astrl'mendascríeis que las mstLtuc1ooee democráticaR imponen necesariamente á loa pnebloe que por ell~a
se tigen; Bf podía. y lo ha hecho, agi-uparloa que.aoeotroa
bemoe llamado el.-mmtoo &lt;1rlirm, los que repre,,entan lasun:a total de los intereee8 nacionales y basar en ellos le.consolidnci6n del poder poblico. Y esto es lo qne hemos vis-to realizarse. Testimonio de este aserto es el. bat1quete
de Abril orgsoizado par promint!llt.eB peraonahdadeedel
mundo de loe negocios, en honor del General Díaz, manifestación altamen~e significativa, puesto que ella da á.
entender-dec{11moe entoncee--el abeolut-0 acuerdo entre
la ndministrnción pública y los hombree. directa~ente
inte.r8!!sdos en el ensanche de la prospe.ndaa nacional;
rnanife3tacionea repetidas en laa di ver.!88 excursiouee be·
'chae por el Jefe del Estado á variw, "eotidades_ politicas
· del paíe, y en las que eRtae han wmado pa.r te activa, y fae.
tuO!!a.

•*•

Todavía es menester qne estas institnoinnt'B ee ajuuen
á Mest¡ro eetado social, parn ello ªtl ha iniciado ya en
nuePtro C11erpo Legielatt vo uua eeri11 de rPbrmes cons·
tituoionaleg que será sometida á di8c11ei6n en l'I próximo
período parlamentario. LB Constitución de 1857 lué creada en medio de grandes agitacio,,eP pol!LiCIIB, y lo1J hombree qne en ellJI int,enin.iernn, de81Utnbrados por las
crl'acioues de momento, ar~raios por sus nobles im•
pnlsoa, l!11gestionado9 por los grandes ide11lea, hicieren
un código, no adaptable á loe rediu11dos ciudadanos que
en torno suyo se agrupabnn, sino á la medida de héroes,
tales como en eu conciencia loe pr..eentían. Eran adali•
dee de unn gran idea, porta-estandartes de noblea senti•
mient!ls, ~ro perdieron dll Viijta 111 tierra, y al colocar
eua princ1pioe en el cielo, firmaron un pacto de dioses,
no una obra de humanos. Y r.io p11dieron hllcer otra cosa; ha sido menester ona gran suma de hechos agrupados para hacer de ellos una Pímesis severa, y ofrecer sin
hipocresías á la conciencia público, loe puntOti negros
que tnchonnu la deslumbrai.te blancura de nuestra República.
Las reformas que ee i!'ician, y dA lM que ya se ha dade&gt;
cuenta en nuestras columnas, tiendi,_n, unas á concordar
anículoe con'!l.itucionalee qatl par.-cen en abierwi pugna;
o~ras, á reprímir vicios soci"l~s que nos exhibPn coxno
una colectividad en estado permanPnte de agreeión¡ otras,
á ha.cer de nueatro ej,~rcito una inetitnción lf'l?,il y bien
definida, qne no nece,iite de 111 ocu!La c'aza d,:l l1oml,r~,
ei.,mpre expuesta á aer 1rniqui1nda á ~olpes de amparos
v sirviendo de materia prima á politica,itros y leguleyos
para la elaboración de actos sensacionales. Si la na·
ción necesit.a. del ejéroito, qne es nna fnprza con determinados fines dentro del Estado, era tiempo ya de reorganizarlo y robustecerlo con la sanción de la ley y con el
acuerdo de loa cindadanoe.
La leva, que ha sido nn procedi111ientodecivilizar grupos refractarios al progrE'l!o, allegándolos á los centros de
población y poniendo ante ellos un cuadro de nPcesidades eati~feohBS, no pod(a eer, no era nn p•ocedimient.o
justificado de re&lt;1h1tación militar¡ ni los hombree arrancadoe por este medio del centro de loa boPqne~, el mejor
mat.erinl para formar ,m ejército. El servicio miliiar obligatorio es de alta justicia, ¡mee si debere~ tiene ,.J ciudadJmo para con su patria, naturol es que uno dl' !'!!toe primeros deberes sea el de e9tar prepararlo á ddenderl11.
Antano, se necesitaba nnmer&lt;ll'o cuerpo de ejtlrcitn y es,e no bastaba para las necB.l'idsdee de defensa nncional.
Podría ap1icáraéle la íraaede HerodotQ á la l!"ª" falaogt1
pel"'B:· "Son mucboe hombree, pero pocos eold:idoa ,,
El trabajo obligatorio en las pri~iones em 01 r,1 necesidad, ya que sobre los elementos &amp;anos pelll\b:111
Llrdos, yqce del fondo común babia que apau:1.r el valor
de la sub~istencia de ,eres que no devolvían 1&gt;n forma de
productos benéficos los aaorificios para ellos n-clamadoa.
El aentimen¡ali•mo penal ha. hecho ya sn ca.mino; en
el día los únicos que mereceu compaei6n p,ir pu tl;, de
los hombres huxnanitarioe son las víctimas. Dd nq•1í que
la sopr81!i6n de la pena de muerte, por 11n mnrn,mto recomendada por altruistas desconocedores de la verdadera moral social, permanezca todavía en loe codigos y qne
á ella acudan todos loe paíe8!1 ci.,1lizados en s11 tarea de
eliminar los miembros pe1'11icioe0ll del organie1110 colecth·o. Poro la collJ!ervacióo de la pena de mllt'rte no quiere decir qne ella eea aplicable á todos 1()1! 6r&lt;li?ne~ de criminales: la sociedad ha abierto su cuenta cr,rrimle nl a,-.
lito, y en ella va anotando las partidas que le fon favorables 6 adversa•. Se gradúa el delito y se grad1fa la pena: á
tal cantidad rhl rulp11. rqJ r.anti,llltl d.e CJt.•tigo, y dentro de este
crit.erio la creación de penitenciadas, como la q11~ dentro de poco eerií inaugurada en eata capital, e8 n na necesidad ingente recomendada. por todos los criminalistal!I
modernos.
Ya que nue,tros hábitos batalladores nos presentan
ante el mundo como nno de los agregados menos coexistentes .,n el c~ncepto pereonal de la justicia, ya q11e hay
que esperar un ensanche en el concepto de derechos y
deberes, transmitido por la inetrncci6n pública, qne al
meno, podamos contar con eetablecimientos penitenciarios dignos dd un pueblo progresista.

r

"~ºª

..•*

)&lt;otable e.s Is tmn@forma&lt;li6n ocurrida ".TI el pafe en el•
ti:anscurao de este at'l.o en materia financiera.
.-\.penas salvada la crisis que en el afio de 1893 noe puso á 181\ puertas de la bancarrota, y cuando todavía se
experimentaban temores de un desequilibrio fiscal motivado por una fuerte depresión en los impnes\o~; cnandoal terminar el primer año de nivelacjón entre l,ll! gasto&gt;!y loe ingresos pilblicoa, cerrado el afio económioo con un
.i1pm1bil de máe de cinco millones de pesoe, ee banpod,do suprimir lo,i descuentos que pesaban sobre loa eaeldoa
de loe empleados públicos{ particulares, y elaborar un
presupuesto que 1111Ciende cincuent.a mlllonfs, con un
sobrante calculado tímidamente en veinticinco mil peBOII,
y qne indudablemente SllCeoderá. á una surua mucho más
elevada.
Con este programa cierra el afl.o de lS!l(j, uno de los
máe fecundos y provecbo.soa para la patria, qn,i confiada
en sus elementos vitales, eepera yo la claridad del afio.
nuevo, q•e á ~andar esclarecerá. nue!tros horiY.ontes.
CARW:; Di.u DUF6o.

27 Drc,IEM:BRE, 1896.

411

EL MUNDO.

dad profllJlda di' snP f'O~brae invita á las nflex10·
nee nobles, grandes, tierna, y Foil.adoras ..
Y lo que Jo hacP. más
admirable, aparte de lae
ricas flores IitPrariea de
Bll talento pródigo, eon
eue Sf'lltimientos humanos. Frent.e á él hay qoe
dejarse arrebatar y ee i m•
pone grande y amante t.al
como se presenta. Como
un hermano.
MAmo GAllCT.\ KouLY·

POETAS MEXICANOS.
Juan d• Oloa P'eaa.

S11s obras lo revelan. El
re,•ela 8118 obrae.-Leyendo sus et'Uofas ~ll ama al
bombre. - Tratando al
hombre se aman sue es•
trofM.-Es uno de loe po·
coa casos que ofrecen la
literAtnra y la poesía.
En l\íadrid, en París,
en la Habana, cu.ando el
volumen, la hoja peri6dica 6 el álbum, coloca ante oueetroe ojos 6 trae á
CURI08ID1DES
nuestro pensamiento una
de las exquisitas ~ noblemente labradas mapira•
El inventor de la dinami!nciones de Peza, nne,¡tro
anhelo de conocer al poeHan sido tantos y tan'8 es infin.iio. Lo adrniratas la,, explo@ionea de dimOB tal como es, porque
namita ocurridas recienla entrevietB con +'I au,or
temente, quemuchasperde los C&lt;mt-0-, d,l Tl,,gtir no
aonas han llegado á peTha tenido rectificación alsnadirse de que la fabri•
r.1ºª á nuestro retrato
cación de esui poderoso
ideal: generollQ y viril,
e:rplosivo debería abolirawable 'f con fiado. sugesse por la ley . .A menudo
,ivo y digno de todos 109
destruye la vida de aquf'.
besoe que la Rima ha pollos contra quienes ee ha
sado sobre el mármol roempleado, pero ca•i con
111 de su frente bien dila misma !recueocia ha
bujada. LM frases por
prodocido fns tei-ribles
ligeras&lt;t,ne sean en el d ..s-efectoe en contra de loe
cuido de la conversación,
mismos que lo aplican
tienen ritmo y el alma la&amp;
confines sinie~tro•, com,o
eigne prenuida á allas cosucedi6 caa11do Norcross
mo á eee hilo de oro (de
atac6 al oapitaliFta Rnsque habla :Meet) imoosisell Ssge d., N~" \" ork.
Siempre que esta com•
ble
romper.~EI franco forjador de rimas es
poeici6n dl'!&lt;truct.orll. se h"'
lambi6n un cincelador de
empleado con mima malvadas 6 vengati\•as, hay
períodos.
¿Qué es m:\s admirable
un bom brll q 11e re irri.ts,
en Peza, el poetaó el homy ee aflige mtls que ninbre? El ha sido en eoa
g(1n oLTo, porque ea enepoeels.a algo así nomo la ·
migo de todo'acto de vioencamación del arte melencia. EPe hombre ea el
xicano. La edad ha salDr. AlirP&lt;lo Nobel, el inpicado de plata au cab.!geniero sueco que inven&amp;a, pero en el fondo ea el
tó la dinamita. Cuando
mi!mo qne inmortalizó á
Nobel pll~O esta maravilloa,· fuprza al @t&gt;rvicio de
Margot. La patria. el hogar, la libertad de en puela humanidad, sonaba de
blo, la vida con lodos eos
túneles que habían de
espejiexnoe del!lumbrado•
J\briree. ietmoa que corres han traído para el bart-ar, minerales que exdo.su laurel y la diadexna
traer~e de Isa mi ase, y
qne sus cieñes cilie es y
peñascos qne destruir
será siempre verde. Ninpara la construcción
11:una mancba afea el esde poertos eegoroe. No
pleodorde aus concepciopensaba él, por cierto, en
nes, así ea qne entramos
que lo3 hoxnbr~ desespeP.n sns obras oomo en un
rados, la em;&gt;learían !!º
jArdín en donde no se B8•
poner fin á su~ ~rop1as
piran más qne jazmines.
vida~. y los crimmales,
Qoédenee para otros los
en destruir lae ~ienas.
f,,ertes olnree, las eeoaa•
El Doctor ~obel es
e iones provocadoras; noe•
hombre como de 66 silos
otToe, en Pe1.a, preferimos
de edad, de mediana esSRJTA. CLl!:)(E.'H'CN'.\ ~L\Cl.l.~. DE;.r..u,;co.-Fotogral!a de ~lanud Torre1s
tMora y delgado, con ca•
Pl euave aroma del alelí
6 de la azucena.
tos de Byron. El divino cant~• n~ rr 1ydie tienle su m11- ra redonda y c11bierta con nna barba COJ:?1 Y algún tanto
En 1maépoca eicéptica y amarga como la nue,¡tra •en no á I&lt;&gt;. del divino cantor dti M ,rgot.
canosa: ojo• de un azul parduzco, ex.pre~,vn fisonomía Y
que las letra!' se han lanzado al arroyo y encenagado so
maner11s ~u•n.imente alibles y aimpátícas. Pero es al
clámide de luz ea un ejemplo envidiable, una enaef\an•
En Europa y América latin ~ tieM Pdzll a hradr:&gt;rP.s Y mi~m() tiemp ,, modesto, reservado, y trata de no llaza xnartana el' de un poeta sólo poeta querecoje la he- fanáticns. E,i todo• loi círc11loa 'literario• oc,,pau illij ver- mar la atenci6n hacia sí.
b
rencia del ~lma y de la patria, colocándola moy por en- 809 prefere11tes lugares y ~•\lao ,¡i ... mpr ➔ ft&lt;l3J,. Y ~~b &gt;•
Nobel es uno de los pocos inventores que poseen a ~ncima de tod'&gt;!I los fangos de la tierra y cel"l:B de todae zantee de vida en la •Plecc16n. E·1 el At..,11e'l :U 1•lril~i\o
Y en el antigoo Liceo JI iba 1ero fitur"' o&lt;&gt;m 1 ,,bli,{ 1cio1n dl\nte,¡ recarans pecuniarios obtenidos por sns propios
las i.rradiacionee del cielo.
esfuerzo,, puei h11n rendido pingü.es utihdadee su 48f!CD ·
Et poet.a-en el sentido griego de la palabrs-es el sa- impuesta por el mérilo t1n lo• progr~rn 1-; ~n• ml• h~rm'&gt;•
serdote augueto de manos inmaculadas en quien se ~e- sas composiciones, y ea las soirl:e$ lec ,u6.~nu lio l1a 0 ,1 • brimie11to Je 111 dinamita, m preparación de ielatLDB, Y
poeita la gr,.ndeza de todo un pueblo. Peza en M~uco b!Ulas perfomnn los pétalos roj,,s rt~ 11 ,n lah;,,~ o., 11 déci- la pólvora sin humo que lleva su nombre. . 1 no e~ el
único fabricante de es11. clase de nól vora, habiendo sido
1 Afoile.&gt;n
he. logrado'e•e prestigio. Cuando el gru~ alado de en~ es- maa y endecuílabo 3 del Autor d-e
el de..cribrimi.,nto de ella reaultaoo de una mera casualitrofas hiende el aire, todoe los ojo¡,.lo eit'D;Bn seducidos
~ mejore~ periódicos lit11rariri, &lt;l» Cub,: Et Figriro. dad. Un día ni, 1 la observación nn oficial de estadoma·
por el brillo que las alae tienen y por los ¡uego, de lnz LAJin.t,a,w. Eleyrintr, Iluslmci6tl d8 C,tl,·l, e~., se enn 1a•
yor del .,·iército [raocés nue un ejército que hiciera fuego
que matizan el azo!. Se rindb fervoroso culto al poeta Y nan con lae brillantes es.trufas de E'tlzl\, y la ~evera ll•U!·
.,_
b
1
traci6u
Es¡xi/1.Q/r,
y
.-iu~ri.crut'l,
proclama
6.rma
c
"º'&gt;
al
enemig, sin que lar ét ~ismo envue to en una ~u ':
811
ee ealnda al hombre.
.
de
hum,¡
11,•varí.i
la
venta¡a
de
tener
á
sus
contrarios
í&lt;
b
Í
b
La métrica de Peza es impecAble. P;ua él no ~~b,ese garantía para el lector 6 la lectora q,1e ·1sq•ie a,n ro'! a
la vista, ~in reqe)ar sue propias posiciones. Es pr~bable
escrito un Banville un Petit TraiJl. Pero ha ad1vmado en BU.!! satiMdas p~ginas. Y e~to sin ail ,.lir la polér&gt; 3a qne la pólvor¡l sin hnmo resultó :le esLa observación, Y
el libro qoe qniziis no haya leído y no ee desvía una lf. palanca del negocio editorial, qoe h:! bechJ dt1 au noruahor/\ la ,itilig , 11 to las 1118 naci-Jues europeas. Ll r-61vora
nea de loe preceptos del Maestro: Ovidio no hubiese tí- bre un eco pop,ilar.
·
del D &gt;ctor N,)bP.l es hecha de dinamita, ó. la que se agre·
tubeado en coacederle el premio. No le con90PmoB antePeza con Espronceda, Z,¡rrilla, Lopez G,uo(a Y B~- ga la propiedad de la comb~etión lenta. ~mpele los procesorea en la poesía castellana. Puede revelán-ele llD quer,
1a conelelación castellana de este siglo, afiayectiles crm esp:tntosa velocidad .
hermano en rimas: Campoamor; pero en Peza el vnelo diendoforman
el falgor de au brillo si d~ loi. otro,, t.tln grandes
ea mda potente y más alto. Casi. se presiente á Ten- como el; y oon Ancora, Ac•ü'h, ~ájera, \lirón, Príeto y
El D,ctnr es un cosmopolita que habla la mayor parte
oyeon.
,
tanLos otros eolea de primer,i. m¡gnit11d, con,Litoye la d&lt;i la'! IRng•rn.3 eurnpeas con igual facilidad. Su vida es
La nota viril pasa como nn relámpago, pnr la obra radiante pléyade que los ent11~i11%a.~ c~ntempla.,no, adideal. En el invierno vive entre las 6.ores de St. Remo,
-elllta v soñadora de Juan de Dios Peza. La inju•ticia, la mirados y que hacen á un p•teblo H"'ot1rae sa.L1•f.,cho y
en el m~di.,di.a de Francia, trabajando cuando le entra la
oprE'l!lón el relaje.miento moral de un timno arrancan de orgulloso del valer de sus hij'&gt;s, &lt;Unfole á p"B-u de la g111m, en a11 laboratorio. En el ,·erano, busca las sombras
Rn lira d~ oro, aeentOI' que inflaman y eetrem!'C~D- En Iwpública la mayor ejecntoría de nobleza: el talento.
y lo, t.ónicos aire.q (\e la Sniza, ó.hnce un viaje en en yate
de alúmino N',J teoiendo víncuíos de familia, ni eapo,a,
Polonia hobiese eido Kraciuski; en Espana, Qnmtana¡
Pero detrá• del poeta está el hombre qne se arielanta ni hijos, ni m·mceba, como él mismo lo ha declarado, va
en Ct1ba, Heredia. Todae las generosidades palpit~D Pn
y yi,ane ,l sn a b•rlrío, y un día se le encuentra en Pa~fs,
sn alma y todos loe sollozos euspinn en su coraz6n. Et sonrie.,te y tranquilo; su mano franca Y leal, ani,h un
bronce de s11e rim!II\ cae Cundido como de nna urna can- afl'Cto al estrroharae. Coml)1'eod" q 11e s6lo prn·ldn IIPgu y it ¡119 24 hr,l'Bs 6 ml.-1 t.atde, en B~rlín, Viena 6 San Peden te eobre todlll! lae infracciones 11. la jueticia y a! dere- á él almas dignas Y honradas. Y ese e.,co~~o •iecon6 inza ten1borg&lt;l. p JSée una bella ca11a. cerca del Bosque de Boloi'l~ en p &lt;rfA, 1,, cnal es oc•tpada por su único pariente,
cho nni\!el'l!al. !fo cólera ea en ese instante o61era ('le Je- no ha sido eog,1ñado. S,is amigos y atl•nir-tdores Ae Itasús [ quién conoció también las irae y las lágrimas.] En- man legión. Sus frasPa, en la converil8ci6n (ru.ims sa• uo sobrino q·1e ti•me dep,~sito~ de petroleum de inmen,o
len troquele.das, preci•as Y grá~cR~. So c'.'nvAiad?'! ee• valnr en el )hr O.ispio. Los Rothechilds también po,een
tonces el poeta se codea con Victor Rugo.
Pero ao pen~miento l)lal.oido, en lira harmoniosa se dnce, nítido Y ti.-rno en la dioci6n, d,;¡audo adivmar dep6,ito 8 de la rni,rna especie en aquella región, :: esos
magnates han lo'gr.,1&lt;&gt; q11e &amp;e estableciera 110 arancel eo•
aleja pronto de e,;as negrurBB que hacen d.? la ~ierra un eiempre al autor de su olm,.
La impn,eión que recibe el espíritu cuando ee b'.ll!ca y t-e la Francia y la Rusia que permitirá. la entrada en uno
infierno. Ese eielo interior.que el alma encierra nadie lo
esterii ioM mejorqu,, Peza y sns versos son girones de pu- encuentrs á Peza por primera vez, es la de •m paseo por y otro país del aceite, bajo condiciones tan favorables
rísimo a•nl desenreda.dos de :a cuerda de eu lira inimi- nn valle en donde árboles umbrosos arrullan SllS hoja¡ q•1e al firt ex:c!uid.n de esbs merc'.l.do~ el producto de los
·
ablea ¡ 1í riitJJID.llJJUl ~ptodos para ser comparad.os ;,cDll .con majestades dulcemente severas, mientras la severi- E~tado~ Onidos.

--

"ª

F,,.,·,.,~ ,

�27 DrcrnMBRE, 18H6.

EL MUNDO.

412

27 DrclEMl3RE, 189€.

EL :MUKDO

413

Las presentacion~ en este lenguaje especial son eiempre C&lt;fll y nunca ti-\" oy ti preaentarle can el aeilor Tnl.Pret&gt;énterne rrm la eeiiora Cual. Otros dicen: introducir
introdocción, por pre8entar 6 presentaci6n; y as! reeul'.
tan preguntas corno esta que oí en San s~baPtián á un
caballero ooPta• riqueno que tteibfa en .i,u casa por primera vez al Gobernador de In provincia:
-¿Paca?
·
-¿Qué hubo?
-Aqnf está el sei'l.or Gobernador. ¿Quieres que lo introduzca?
~¡YámonoP. v.l.mouosl- le dije á mi o migo. ¡ Yo no
qwero ver e,o!
Ecs&amp;1J10 BLASCO.

obb:88 el Gobernador. Don Pablo García, hizo que los traSJOS avanzaran rápidamente.
JoSe ~~uy6 en tiempo del primer gobierno del Lic.
a,anda Y ea nn .Tardln ameno, dood.i ee pasan
1 aq 1
veladas del verano gozando de verdadero

e~1:Z~ nrosas

PASO DJI LA CALLE DE ZARAGOZA.

Campeche agrade_ce al Sr. Coronel D. Fernando F. La·
~:,Ow!~l~d!er ~uebado. facili~r el tráfico entre la parte
. .danY os
rnos abriendo pasos en la mura.Un •
q ue comci
con las calles de la ciudad.
El pres~nte grabada representa eJ paso abierto en la
p_roJ~ndgaci6n1de la_ calle de Zaragoza que comunica á la
cm.,.. con e barno de Santa Ana.
Otra vez daremos las fotografías de la~ demlÍB.

UN1 .A.M.AZONA CUBANA.
Noh

"d

-

aef en ~ 8 ~c~oej:1!°m;~~a guerra separati•ta de Oaba,

cont.rar ente las filas d 1 ia_s como en las anteriores, enqne sin titubear hacen fr:t~ál~eb!r:s~~j:::;e~ animosos
zonas que comparten c 1
Id
• 'e a erae arnalidadea de las batallas. on 8 so ados las grandes pena-

°

t:Ina de eetas amazonas valeroelS Matilde \ ra
•h.
v arona es la que llo p
•
• g mon...,
- 'En la g~erra asa y r~sentamos á nut&gt;strn• lectores.
tual se preeanl111 c1:n~~~tiª~.~ll ;r/gr~ur'y en la ac~D sus tropas. 1faceo vacilaba en oíreo~eh&gt;
p_uesdto
« En sexo in·I• cnmo .- 1
•
, endien o
la jove~
111 fre~~
electuaHe una acción,
lile balas espaüolas.
e os rneurrecto~ r cayó anto

pú.s~;e

-

..,

RECUERDO DE LAS Fil-:.','!'.\$ PRE;¡{D"E-',CIALES E.'i Gl'.\D.\LAJ.\R,\,-EI Poloo!o y lu l'lu.a ele Arma,; i1uml11a&lt;los é

Aún mayor que su amor IÍ la ciencía 6 su intertl.a por
loa compneptos destrnctoree, ea el anhelo que abriga No·
bel de que reine la paz entre los pueblos. El Doctor pertenect&gt; á la i;.ocieda'd aristocrática que, fundó hace algunos
anos la baroneea de Suttner.-"La Sociedad de los Amigoa de la Paz''-pero no se bate la ilusión de que la humanidad vent un cambio tan radical en una sola genera•
ción.
-No eatoy descontento con el adelanto que ha hecho
el muodo,-dijo el Doctor Nobt,I recientemente en París,
-pero h.iy ciertas reformas que me gustaría mucho ver
estahlecídas, como por ejemplo, t-1 dl;'sarme de los e¡éroí·toe. T..as naciones 1:nropeaa tienen eoldadoe bastaotes,
teadidoa á lo largo de sae lrontt&gt;rnR pa.ra colocar tres
hombree en cnda yarda de espacio. EsLO ~e está haciendo
gr11v~. Lltgar.t el día en que en vez de ir á ~ornar té ó
calé con los amigos, dispondremos que nut-et.ros crialos
se maten unos ú otros, y convertiremoo en e•combros las
ciudades. con nu~etra !lrtillerfn de sitio, y así probaremos
11! mun:!o que enmos "graudee polenciW!."
El horror quP el l)octor Xobel Je tiene á la guerra ha
18!lllltado en parte de la láetima que li, cnuean loP p11fri•
m ientoa de la humanidad, pnes nunqne ee rico, bien eabe él que la miaeri .. existe, comprend,. que Ei lo &lt;¡ne pe
ha ex[&gt;(&gt;ndido eo preparativos para el o¡..eeinato uoi\·er..al, se aplioara á objetos pacfficoe, la raza 1,nmnna pronto lle~aría á una eituación en que lae necrsidades r la
mi2er1a desaparecerían, quedando ~nninad116 para Eiem pre las grandes cu~st.ion!'e Eociológicae.
Aaí, pues, au eoeflo se La rl!ducido á a'go como esto:
Ya que hlly hombres que utáo por la ,g u..rra, eP preciso
hacerle. imposible por los tremendoP golpea q•1e ll~ta bobría de cauBl\r, dando á cada individuo LlD tnPdi,, •~guro
de matar al prógimo sio que éate terga posil.iilida•J de
.,,5capar; crear talee instrumentos de carnicería qne no
hayo ielensa posible. 'Entonces, pme, como opilla el
doctor ee poodrán de acuerdo la.. naciones para que baya
pni; y buena volnntad eotre loa hombres.
¿Tiene razón ó no el inventor de la dinami~e.? Perso•
nas hay que deploran la existf&gt;ncia de 1m agente qne tan
g,aves males ha ocasionado. Pero ¿no si,rfo igu11hnl'nte
bien fundada Is idea de abolir el uso del vapor y de Ja
electricidad,. porque las calderas revientan, los trenes Ee.
descarrilan, loe a,ambres cargados de fluido eléctrico, y
los rápidos trolleyi c.1.u!!lln á. veces grandes estTagOA? Nos
pareee qne por Jae mielllllS razones deberíamos p dirá la
Pro,·idencia le. abolíci6n del ÍUl'go y aún del mismo ~ol.
Ee basu1nte probable que en breve ti~ILpo le sea da&lt;lo
al hombre diBJ&gt;Oner de elementos todavía. más fuerte$
qne los descubiertos haata el día. Están ya conocidos y
la ciencia sJ ocupa en buscar el medio de dominarlos. So
utilización costará iodudablemente algunas vidas; perJ
el mundo habrá de coníeeaT paladlnamen,e que loe hnm•
bree que hacen útiles y dieponibJijs ¡i¡¡tos agemes Fon
bienhechores de la humanide.d.
.J. A. McKs,mrr.

CONVERSACION
Eetoe americanos del Sor tienen un modo de hablnr
que me •acade quicio. ¡Y lo corioso es que muchos de
loa que me hJlblliI1 6 escriben del wodo que ~e verá, son
académico!! correPpondientee de la Eepnñola'
1Ab! si mis buet1oe amigos CaP,ro y Sena.no, Tamayo,
Oampoamor y Cal;l.ele.r les oyeran, habían de «dt~correspondientizarl09 (para uear un término por el estilo de
los que elloe n@an. ;
Don Fulano ea un académico correspondiente.
¿Quién lo •deeacademicorrespondientizará?•
El •deaacademicorrespondientizador ,• etc.

"'

\~n

.\I...\.J .Ut.\.-.~rcu h:VWltuJo p:&gt;r 1a Coh.m iu. .\..m.:rtt•:i.ua

•*•

La 1le:,ada deJ limo. Sr. Plancarte :í Campeche.

pi1,n10.

-No, no lmy idea de la ensal,.da ~ramatical que no 8
Pirven á diario eetoA caballeros y seffor11,R que converean•
( ellos nomen dicen hablar sino nconverear") con nosotros
todOI! los invi,.ruoF.
-¿Cómo f&gt;Bti mi ,,~enora?"
-'.\luy bieu: ;;y ueted, rní amigo?
.-Así, un poco resfriadito; con este tiempo se coge un
reefrfn en P~nída.
-¿Y sn senora de usted?
-¡Recién llega.!
Eeto del orecién" lo aplican á dieetro ,. aioieatro.-,,Racién• estuvimos lmblando de usted, le dPe{an á un aragonés amigo mío, y mi P"isano respondló:-¡Rediezl
"Tengo el honor de adjuntarle un .. jemplar de mi li•
bro,» me escribía un autor de por allá.
Ellos hacen 1m verbo de cualquier cosa y un aubetantirn de cnnlquiera otro.
-¿Qué le ha l)arf&gt;cido á n•t~d la ópf&gt;ra de anoche'? •
. Y d1oe la ee.f'iora á quien ee lo pregnnté:-¡Uua uprec1Qtlura!o
A. loe niños los llaman los •mnco~ito!'," 'lue es palabra
muy dulce. Lo,¡ ¡:,;mientas, en casa de mi amigo X, les
llaman •chiles.,,
-No los coma, no lo~ com'\-me dice un convidadomire que son muy •picoen~.• ¡PicoPos! •
-Mi marido Pe 11',antó rnny •b•,i.voo e~ta mai\ana,decfa una caraqueña amiga mfa.-S;empr~ está peleando.
¿Qué tiPne1&gt;, hombre'/ le dijP.
-• Déja rne In paz • estoy • viole ato" he perdido anoohe
un •plat-al •
-¡.\lire, eel'lor, no pndt' 111enn~ de 11carcajearmel•
E•ia ~ .. nora me com(¡ que había compre.clo en caen de
Wo,th 1111a •pollera• qne aa nna llndacosa, y sus niñne,
cu,11&gt;&lt;!0 :-e ponen colorada~. 11Jicen qne 11'!&lt; da pavo .•
-\\,nga ñ torn,1r-me nioe si,;mpre na boliviano que
suelo t'llcontrar "º el houle•:ard.
-¿A tomar qné"!
-¡A tomH! Y con eEt.o qniere decir 1i beber algo. &amp;te
mismo me 1\COllBPjaba el otro dfa qne no fnese de noch,.
por cierto.e b" ríos, porque me "embromarían.• A mi pri"
mo le embron .aron la otra noche. Y bien averiguado, ee
qne le dieron ui• µAloe nno~ ladrones.
•
En cierta oca~ivu ...e presentaron en un baile á un ae·
flor q 11e m.i o.•j·•:
Eu Am~rica lu Cflnocemos mucho, ~enor. (E~te tratamieuto de Dios ó de Rey me encreepó loe bigotes).
-En todoE los recibos hay verBOR de U9ted, sei'lor.
fLo contento que yo me p1rsel En logar del timbre ó
del sello que se pon• á los recibos en Francia, en aquella
Repúblicl\, se ponen mi~ versos!-exclamaba mi vanidad,
cuando ..-ino á interrumpirme un aruigo y me dijo:
-¡Xo hombre. no ~e b'.l. enterado usted: •reoiho• 8'J uoa
recepción, una eoirée.
¡Adios mi.e ilusiones!
¡Pues y aquella señora dof\a Encarn.'lci6n del Ecuador, q11e al bol~illo de ~n \'eetido le llamaba .\a manero.»
I&gt;e~puée de todo. por all,'i deben decir, donde e mete la
ma110, es una manera! ¡ u eaposo dice, qne le han sacado corla ,,la leva,• y qu~ no vnelv1&gt; ,t encargarle nada á
su •a~tre para que no 11 le [riegue,• E~te mismo fué PI qn..,
me dijo que no comie.se ciert.88 nvll8 porque estaban uchumina,, (es dt-cir, aLrogad~}. ,
-..
Uu mexicano me ~rio1a et mes' pasadn: •VPngo.•e á
comer; tenemos •poz-ole•'.y 1,gombo• y ut1"R •frij"Hto!!• que
Je gusuml.rt. El seiior aquel me quiere hlc.ir • ~C. .... •• pe·
ro oo liBbe qne si me poogo: .,vio!eoto• le doy •dos cortadas. \.erca de mi hacienda hubo «pron'Qncie.," pero a!
jefe le nmnrtiflcaron,, de,an machetazo. S1 llt&gt;go á eer yo
¡lo la•! Ponga en eu periódico que be perdido 110a mancuerna de oro, y 111 ealir lle una •pulquer.la, que hay en
1~ A venida de la Opera.

RECIJEltDO D&amp; L.\l:i l'IE.•TAS l'RF.r«n1-::-cr.\LE, EX •.l'.\D

d1z\'" e.e

·

~mo ~0111 complementaria haremos en
la h111tone. de algunos puntos 1· ,npor•antes
breves
ra~gop
•
de la cíudad.
PALACIO DE GOJJIEl!:SO

Se di vide en tres departame to,, El d
.
.
ocupa l,a Adoana marítima y ~ec ·.
edla 1zqmerda lo
paracio11ee.
eeJ.ta ya e algunas reEl central e.stá ocupado l.)O ¡ H A
.
Tribunales de Justicio y 61 /e
, yunta11,1ento y los
dandn á eatiefac ·6 F é unem&amp;J?te se- compuso qne0
GoberoaJ~r iic. u~i!~~li~~b~~ti~}jrente en tremno
eI?artamen~ de la derecb_e. ea el Pala~io de Gobierra eir¡1::n;1!8f:o~~!rtG:~~•sol dbsi,·oEl-etán la Jefatu•
ee hizo tod
. . . _ra e
•tado. Eo 1868
Pablo García ; 11d!~p~
G,~bernador Lio.
que le eubatituyeron.
r SI O meJorado por los
t
eab(ón de actos es muy amplio Y llena perfectamene e o Jeto á que está destinado.

PºE1eJ

:f:t:;:::eva ?J1

s¡

PL.\ZA DE tA '"UEl'E."IJESC'!A

REt:n:Kl•i&gt; f)F. I.A'i Fil!;;T.Hl PRRR!DE~CIAL'P'!I F.!i :nuDALA.
J A lt.\. - 't 1,munentn h·l·nntndn eu Iru.puato e-.n honor dc-l
~f1or fJcnera.\ Dhu

Nurstras refo1·ma para el año entrante.

:Esta plaza ae empt&gt;z6 11. co-;;
.
modelo que presentó ~l c..i stmu el niln tie 18.38 btljr, el
Y Espinosa. La decidida p~an~6nte l),,n J?aqu/11 t,lolfs
o~cc, n que le d1speoa6 á las

'up;;trn e111pr&lt;'~a e.s ,mlicient&lt;&gt;mente conoci&lt;la y o:amot; creer que excesivamente acreditada, y por lo mismo no j nzgamo~ necMit.ar
tlc rel'lnmos r•&gt;mposos para 1n11ncntur nue;-

tro n0llito. !\la::;" debemos á nueslruR fuyore&lt;'eJorPS una noticia hrevc de 1o c¡ue nos
proponrmnR hacrr, y empezamos por mauifü,,tark-; 1¡ue um"•t ro próximo tomo será. superior á losanterioret-, no sól•) por ht calidad
del pa pcl, dl:'l tipo y &lt;le los gra hado,;, en los
cuale. · se halla r.ín Y&lt;&gt;rd.aderii,., i;orp1·~as, sino
por la elegante noYe&lt;lad que i11troducimos del
obser¡uio ú nuc:,tro,i lector•·s &lt;l.e la Bi/,lioteca
1lii11iut111•a, en la que el texto y la forma serfo "electo::;.
·
'1/ fa~e t&gt;l anuncio que pu hlicamo,-i en la primera p:ígina rle uue8tro quinto pliego.
Otro pago de $5,000., de "La Mutua"
1-:..,, PACIIUCA.

l'.,c,111c:1, :S ,vif'mbre 11 de 1896.
~r. 11.,11 Curios S,,r11rn1&gt;r, Dirt'Ctor General de •La Mu•
rn,. •-'1i\xic9 -\l11v P1•0or niío:
Pur co,.d11ct.o el~ lo• .;re•. Pérrz Dnllrte y ~. y 11nte eJ
Sr. Xotarin l',ilJ'i,-.o 1,. Anatr .. berto T An,tr11dt-&lt;, hoy me
}13 siJo Plltrpg.1•la (,. euma d" $/í 000,00 (I.Jinco mil ¡&gt;11eos t. val,,r ct.. l.t ¡,óliu núm itl5 :Z:?-2, b.1j,) la cu1l estuvo
a•egnrada mi tinnda madre, la Sra. Maria Guzmán de
Mejía.
DoJ ll usted _las deb"das graoill8 por la elka~ia con
ha sido ateudido eete pagn , antorizándolo_ para publicarlo.--So. atta. S. _8.-Sa/la Jfola.

qn.-

lLXCUEBDO DE LAS FIEST AR Plff!ll nEKCI.AL~ R
~'Ola&amp;C[.U.tJ:S,

"-GICUL.:i:r~~:-rlfST~·~·."±"CO
L&lt;V4""-'00lll
•
Y PllDrU"41UOll.

L,l

CALI.ll l&gt;S S.U F.IUNCUQO l'OR Loa

�EL MUNDO.

27

DICIEMBRE,

1896.

delicioso concierto, habían al culto abeolllto de mis recuerdoe de niflo, por una tranhecho aiempregrata para mi sición lenta y penosa, me traelad:iba, México, al lugar
depositario de mis impresiones de jo,·en.
comzón esa noche bendita.
Aquel era un cuadro diverso. Ya no era la f~mili~; esRecordaba mi pueblo, mi
pueblo querido, cuyos ale· taba entre extraiios¡ pero extralloa que eran mlB aDUgoa,
gres habitantes celebraban á. la bella joven por qmen sentí la vez primera pslpitarmi
corazón enamorado, la familia dulce y buena que procuporfía con bailes, cantos y
modesloe banqu.,tes la No· ró con su cariño atenuar la auaencia de la mía.
Eran 1!111 po,ad.a., con sos inocen~ placeres y con eu
chebuena. Parecía.me ver
aquellae pobreB cat1aeadorna· devoción mundana y bnliiciosa; era la cena d11 Navidad
con sus manjares tradicionales y con sue sabrosas golo•
dascon susNacimitnlo~ y animadas por la alegría de la fa. einaa; era i'lléxico, en 6.D, con ea ~ente cantadora y entu•
ruilia: recordaba la ~queiia siaemada, que l1ormiguea es.a noche en las calles CQTr'ien.
iglesia iluminada, dejando do gallo· con eu Plaza de Armas llena de puestos de dul,er desde el pórt;co el pre- ce@· co.¿ eus portales re~plandl'cientes; con eas dalcer!aa
(J'jU!ceeas que mu~tran en los nparadores iluminados
cioeo Bden, cnriosamente levantadc en 111 altar mayor; con gas, Ún mundo de Juguetl's y dr confiturlll! preciooa.e;
pnrecfame oír los armoni0!;0$ eran los suntuosos palaci06 dnramando por •us vent-.nas
torrentes de luz y de armonía. Era una fieet.u que aun
repique~ q11e resonaban e!1
me caUS11ba vértigo.
l'I ca,u pnn11rio, medio derruilcNACIO :M. A.L·:.HoUlHNO,
do, con ,·ocando á loa fieles
á la míi,11 dt'y•dfo, y aun ei,c~chaba con el cornzón palp1tanl1&gt;, lo dulce voz demi po·
L! }U.VIDA.O EX USA ESQUl~A.
bre y 1·irluoeo padre, excitándonos ,1 mis hermanos y
Al Sr. Lic.. Don VJctorl.aino S.alado A1varez.
, mí t1 erreglnrnos pronto
T
para dirigirnos á la iglesia.,
,1 fln de llegará tiempo; y aun
Aun no cerraban la tienda dll aT,os dos :r.rundoe,• ubi•
Pentía la mano de mi buena cada precisamente eu la l'&amp;qllina (le la calle del ltome·
y sRnta madre tomar la mía ro. Los dependientes no dormitaban como otroe veces,
para conducirme al oficio.
ociosos y canPados, apoyado el codo eu el abollado plati·
Despuée me parecía llegar,
llo de hi p:rbanza y el frijol, t'n tanto que el encargado,
penetrar por entre el gt&gt;n- de lacantrnn, por falta de consnmidoree, echaba un pá•
tío que se precipitaba en la n-aíocon un capitán inválido que rnt,re plática y pl,tica
bumiltle nai-e, svanzar has· Je servía de compaf'lero en una partida de dominó, en I&amp;
ta el pie del presbiterio, r
mesilla inundada de alcohol y de ceniza. Aquella noche
allí anodillarme, admirando del :!J de Diciembre, notlibn~e inusitada animación en •
la hermosura de las imáge- el vecindnrio di,I Romero, tranquilo por lo común á lai,.
nt&gt;s, el portal re!!plsndecien- nueve de l:i noche:
t,e con la e!carcha, el sem •
Ser!nn ceroo de las diez, dPj6 en In ncera an tranvía al
blante risueilo de loe pruto•
,t los últimos pll!lajeros del barrio, cargados de en•
r...,., el lujo deslumbrndor de vapOr
vQltorioe v grande~ pBil11eloe llenoe de frutas ó goloeina&amp;IO!! Rt/11 ~ 1,1au"~, y la ilumi- y aunque ·habfan sonado ya en el cascado reloj de la Bon:&gt;ción espl~ndida del altar. tica lo8 tres caartoa, parecla muy temprano.
Aspiraba con delicia el free•
No había an zag11án cerrado y veíase á lo largo de los.
co y •abroso aroma de las ra- ol&gt;scuros callejones que de la puerta conducían li loa eemas di! pino, y del heno que 11:undos patios de las CBl!I\B de vecindad, ya la línea de los
ee f'nredaba en ellae, que
farolillc,s de papel múetiamente iluminados, 6 allá, en el
cubría el barandal del pres· fondo, la alegre luminaria sobre la cnat Mltaban loa pibitE'rio y que ocultaba el ;iie lluelos que, enrojecidos por el rdlejo pareo!nn festivos
• de loe blandones. Veía des- diablos retozando.
pu{•s aparecer al sacerdote
Vefanee tras las mallas de la.a cortinas las ealaa ilnmirevestido con ea alba bordanadas de las viviendas altas. Sombras chinescas proyecda. con ~u casulla de brocado,
c.lREctnmoo DE 1....s FIESTAS PRE3IDFSCIAL.ffiEN GU.\tl.\LAJAIU
tad!ll! en el visillo, denunciaban una buena concurrenciiL
y f!'gu ido de loa ac6litos, veeKla..,kQ levantado por la wlmtln E,¡pallola.
en casa de Peredo, el escribiente y de Abnecal, el vet.erit.idos de rojo con sobrepelli- naric ...... Y no se había ofdo un solo cántico á lo Jej01!~
LA. NAVIDAD.
ces blanquísimne. Y luego, i1 la voz del celebrante, que una not¡i de las música.s de onerda, el confuso v,cerío de
se elevaba Ponora emre loe devot-0s murmullos del conloa n1ucbachos de alguna l)OSada: probablemente 118 dejacumo, cuar1do coruenzaban á aPcender lBB primeras co·
EN LAS llONTAÑAS.
ba aquello para máa tarde, pues la N}vidad es de lae nolumnaa de iuci.. nso, de aquel incienso recogido en loe ches que deben pasarse de claru en claro.
•
hermOl!oe .Srb,,Jee de mis boaqaee nativos, y que metrafa
1
El Boticario, íaatidiado en apariencia, acabó por salir
El solee ooultaba ya; lae niebla! aecendfan del profun- con su perfume algo como el perfnme de la fofancia, re· del mostrador ni dintel de la puerta. Por lo visto, nadi&amp;
do eeno de los valles; deatacábanee un momento entre aonsban todavía en mis oídos los alegríeimoe eones popu- se enferma la Noche Bnena. y ant· a de la.e doce aqnel esloa Olicuroe bo~queR y 1!'9 negrae gargantas de la cordille- lares con quP loe wnedoree de arpas, de mnndolinat, y de tablecimiento de todo tenía aapecto, menos de expendio
ra, como un rebafio g1gantet1co; d.-epuée a,anzaban con flautas, .aludaban e-1 nacimiento del Salvador. El Gloria de enlad.
Loe enormes globos llenos de agua de color, lan&amp;aban
rapidez hacia lae cumbre~; ee desprendían n1agest;uosae in uulsi,, el'e cántico que la religión cristiana poét.ica•
de IN, 11guda.a copas de loe abetos 6 iban por último á mente ,u pone entouado por ángeles y por nif!os, ncom- un inmóvil relámpago verde brui~a en medio de la calle,
panado
por
alegres
repiques,
por
el
ruido
de
loa
petardos
,
la
intensa luz de loa quinqués•chiepeaban los dorados
envolver la soberbia frenf.e de las rocas, titániCOR guar•
dianesde la montuf'la que habían ó.esafiado allí, durante y por la frpeoa voz de los muchachos de coro, pareoía de loa botes de porcelana correetamen~ alineados, urnas
de rubíes y estalactitas de onix parecían laJ grandes comillares de 11igloa, 111a tempestades del cielo y las agi,a- trasportarmf' con una ilusión encantadora al lado de mi
madre, q11e lloraba de emoción. de mie hermanitoa que
cionea de la tierra.
pas llenas de azúcar candi; adquiría brillo de espejo la
reían,
y
de
mi
padre,
cayo
semblante
1ievero
y
triste,
pa·
piedra artificial del meatrador, y arriba de un aanto el
Los últimos rayos del sol poniente franjeaban de oro
reefa
iluminado
por
la
piedad
religiOl!a.
reloj columpiaba su péndulo rrluciente; en aquel recinto
y de pllrpura estoe enormes turbantes formados por la
niebla, parecían incend:inr las nubes agrupadas en el bo•
aseado, en que nado estaba fuera de lugar, parecía refuUT
rizonte, rielaban débiles en laa aguas trar.quilae del re·
giarse algo grave y tranquilo como la ciencia y sólo inteY
deepués
de
un_
momento
en
que
consagraba
mi
alma
molo lago, temblaban ni retirarse de las l lan,1raa invadirrumpía á la armooía del cuadro, un vago olor de vale•
das ya por la sombra, y deeap..recfan después de iluminar con eu última caricia la oecura cresta de aquella
oleada de pórfido.
Loe postreroa rumorea del día anunciaban por donde
quiera la proximidad del silencio. A lo lejos, en los valles, en las faldas de Iae colinai;, , orillas de los arroyos,
veíanse repo,ando quieta., y silenciosas las vsoadae; loa
ciervos oruzirban como eombrll8 entre loe árbolee, en
busca de 1111a ocnlt.aa guaridas; las ave!' habían entonado
ya BDS himnos de la tarde, y descanaaban en sus lechos
de ram88; en las ro:zm rn encendía la alegre hoguera de
pino, y el viento glacial del invierno comenzaba á agitarse entre lu hojas.
II
La noche ee acercaba tranquila y hermosa: era el 24
de Diciembre, es decir, que pronto la noche de N"avidad
cubrir/a nnestro hemisferio con eu sombra sagra'1a y
1101,"arí• á loa pueblos cri~tianos con BUS alegrfas íoti•
mas. ¿Qnitln que ha nacido cristiano v qne ha o/do renov1:1r ~a.da ano, l'n su inf!lncia, la poé~ica leye11da del
Nac1m1Pnto de ,Jesús no siente en semeJant.e noche avivar~e los mái! tiernos rec11erdos de loe primeros días de
la vida.
Yo ¡ay de mil al penl!llr que me hallaba, en este día
solemne, en medio del eilencio de aqnelloe bo$qu¡-9 ma•
gestuoeOfl, uun en pre&amp;&gt;ncia del magnífico eapt&gt;etác11lo
qoe ie pre•E'Dtaba á mi vieta abeorviendo mis sentidos.
embargadoe pocó há por la admiración qae causa la anblimidad de la n:1toraleza, 110 pude menos que interram•
pir mi dolorOBa meditación, y encer-rándome en 110 reli•
gioso rec,,gimiento, e,oqué todas las dulces y tiernas
memoriae de mis silos j11veoiles. Ellas se despertaron
alegte5 como nn enj~mbre de bollicioea11 avejae y me
tr1ll!p&lt;1rt-1&gt;ron á otro~ twmpoa, á otros lugnrea; ora al seno
de mi lamilia humilde y piadol!ll, era al centro de populoias ciudades, donde el amor, la ami!tad y el placer en
CO)í ~nrrvo L r: L .\ L!.E ¡ 1.D.l. DE: L ILU3TR1SlMO SE!:O R P L.\)í C,\BTE A CAllPEC IIE.-Pil.ActO.DF. Goen»•~O.

27

DICIEllfBltE,

1896.

EL l\IUNDO.

415

han mlls qne unas cnantas
Afuera, la noche plácida contrastaba con el incendio
aceitun11s en la salmuera del de puert.oe y balco11e¡,. En el oscuro fundo de loe cielos,
barril, y era un ir. y venir qué esplendidas eetrellas y qné luna tan clara, tar. lenta,
conHante de galopmas qae ta11 serena, derramaba su reflejo fo~forecente, fingiendo
pedían á grito abierto.
fuegos L!tuoa en loe a1;ulejo5 del cimborrio de IR iglePia,
-MPdio de alcaparras!
recortando llll! corrtctae sombra@ allá de un barandal,
-Favor de un real de chi- aguf de un poste, más lejos de uno cortina olvidada en
les en vinagre.
un balcón.
-Don SantiJigo, échese
En el eilenció ofaner clarísimos loe ruidos, '11 grilerfa
mis slmendrae.
de los muchachos del 7, que rompían la olla a1tn11odo
Un eujeto rt@peta ble olía una atroz al baraca; más lejos, loe acento~ de o.na!etanfa,
i1 grandt'll nar,ces nn Gruyé • 10~ escandalosos J)ilo~ de agua y.,¡ pandno, y á trechoB,
re qne exeudoba grasa, un deJiindose e~cnchar In vaga armonía de un -valse que
enorme queEo rebanado sin adquiría no 11é qné tristeza á eioaa hora•, con aqlllllla lupiedad, colocaba en hondo na, con aqnel silencio, con aqu.,lla eol~dad de la calle
tompeote las dos libras de desierta.
jamón, y la media docena
Por eso quizá . Entitnio Carretones est:iha triste y se rede Alicante.
fugiaba en el dintel dt,una puE&gt;rta, abrigado y friolento,
1C6mo reeonaba el dinero fumando cigarro t.rn~ cignrro y rnlo, poaque habla el
en el cajón del cambio, CÓ· mendigo, dadas las diez, logróMnmovl'r á un transeuntemo patinaban los pelones que le alargó una pesi-ta no so~adn.
iberos de catorce anee, y qué
alegría rPboeaba en loe br1n·
dis de la cantina, en la que
todoe se disputaban el derecho de pagar, Jacint-0Hilváo
el sastre; Figuerolae, el de
la bojalaterfa. y Eustaquio
'frompa, el músico, que ce·
taba violento porqne 1\ las
die:1 habfan citado y )'I\ iban
li sonar, acomodaba bajo el
p/«id 1t cuadros el pabellón
de su instrumento, nn pistón niquelado.
Fael'On haciéndose escaeoe loa transt:untee poce á
poco¡ el primero que cerró
fué el boticario, pero alguien
aeep;nra que tree de sombrero
ancho penetraron al lugar
cargados de botellas, y más
ta1de, por la puerta entornada, fe colaron dos mujeres
de íald11s de percal y tapa'ito.
Dos dtearrapadoe, cayén•
dose de ébrioe, un él y aun
ella, cobijados con la misma
frazada, fueron loe últimos
com pradorea de la tienda.
Espoh·orearon e.n un pnmbnzo cuartilla de afiejo, desmenuzaron un chile en vinagre
y dijeron al perderee en la
sombra:
- /.Pos por qoé no hemos
de celebrar también la Noche
IU' STR!~n!O !&gt;'E:SOR rRA!\CJH'O PlA:NCARTY.-PRJNKR 0111•-ro DJ,CAIIIPF.CllL
Buena?
Cerróee poco deE1pués la de
Y he~fa frío, e,e frío de las noche¡, sin nubes, ese.frío
LA LLEGADA Dfilill,USTRISTMO SEftOR PLANCATJI! A CAMPEC;E!E,-LA CATU&gt;IUI.
•Loe dos Mundos,• y due11o
y dependientes de fieltro y de Navidad qne reclama el hogar caliPnte y alegre.
riana que flotaba en los ámbitos y hacía evocar las más saquito, caminando como &amp;i tnv1 ·ran callos, arrBBtran-Sea por Dio1 ........ , e:xcan ó Eutimio rncudiendo:iu
inoportunas v pedestres imágenes.
do loe piég, se encaminaron ra.mbo á alguna ca1!a en que entumecidas pie1 ana, y al no tene1 tntiio, como otn1e
No escaseaban loe traneeuntea, que ein querer se dete• había [rneca.
....
noches le po~6, lo que acontece á nquelioa q11e Ee hallan
nían frente al escaparate de «Loa dos Mundos,• que seEntonces oyóse melancólico. medroso y largo silbido·
solos, enteramente eoloe, cmrndo il. en alrededor palpi•
gún expresión de una vecina, parecía áacua de oro, un era Eutimi11 Carretonea, el gendarme. que en un crucero,'
tan ecos df fiesta, JlÚEOEe á hacer esos recuerdos, esos
altar, un nacimiento. Habían pintado todo el edificio; jur.to á su linterna, envuelto en su capotón, y en una buobstinados reeuHdo¡, que atrae la tristeza, esas aves qlle
hasta aquella.e eferae sobre las que se reclinaban doa aíl· fanda de estambre rojo y blanco, daba la hora.
contrastan con las golondrinas, porque no boyen, sino
fidee de túnica griega que empu.ñaban al desgaire, resbu¡,can lQdo lo que eP dolor y cuanto es bruma.
II
pectivaménte, el pabellón eapafiol y el mexicano, cuyos
Bien triet!' fS tu Yida Eutimio, en eete México deeco•
pliegues caprh,hosoe cubrían parte del Asia y me•}io con•
. 10h 11oche de N widad! ¡Yo no sé porqué se rnoja11 109
uocido, y sobre todo, en t'fta noche qu11 del ric() al liltitinente americano. AeJ ea que el aparador parUcipó de Ol?f! ouaado se la rPCuerda, y ein &lt;¡uerer, tiembla una lámo deeherecfado •e liga 6. un titimo episodio de la vida.
los brochazos y aparecía embadurnado con un color cie• grima en la punta de la pluma cuando se quieren condenDejaste loa florPcient.-s campos de Guadalnjarapani. velo tirando á verde: colgaban de lo alto triples hlleraa de sar eaa fnti roo, recuerdos en nua Hneal
nirte en busca de tral,ajo aquí, y dl'Ppn~e de no haberte
v_elae -:le colores con su heno correaoondieute, que habfa
En la fiesta del h,¡gar y por eso eri la calle del R'lmecon!ronlado el dueflo de la caea donde servías, te memdo la materia prima más usada para el ornato¡ eobre uo ro se ve(~n. laq vidrieras ilumina&lt;ias y_se escapaba de totiete á gendBrmr.
lecho de dulces, paaaa, nneoea y avellanas, parecían pas- das la.e viviendas un eco de !a alegría mt,rior.
Siempre fueron tn flaco las apariencias, y te sed.ajo un
tear DnO!l bi-reochoa con formas de animales; levant.11.banse los caprichosos envases de distintas formas y colorea
ºde loa vinos y cremas; allá un Emperador Goillermo en
vidrio azul, de busto, encerraba anleete, que tenía salida
por la perilla que cot'onabn el ca.seo; más lejos una column~ de tranaparente vidrio parecía de ambar, gracias 11,I
•licor de Ol'&lt;rn que contenía; 110 faltaba un botellóu de Je rez y hasta un Le6n XII, que por irreepetuoao contraste
era cárcel del embriagante ejenjo.
Una verdadera columnata de latas de conservaa alimen•
ticiaa eub!a ha~l.a el techo, ornada, por supuesto, con recortes y Oores de papel; no omitirem06 al enjuto bacalao,
colipido entre doa diminutos faroles veneciaaoe, ui ,l. loe
illc1tantee picklea en snscárcPles verdee y l&amp;ipr1meB d' Eil•
u en esos codiciados y amplios barrilillos de cristal que
e_nvid.ian lee señoms parn g11ardar el azúcar 6 el.café molido en la despensa; por mero lujo figuraban los duraznoa
en conllE'rva y algo mel'mada se vefa la caja de pasas, roto ya su papel pioado y ba~tante hondo el cromo, efigie
de una manola, en rl lecho de 1118 prensadas 11vaa ........ .
ei!88 pobrea Aolteronae env¡,jecidae y arrugadas de la vid.
Como enorme fruta los quesos de boln, medias lunae
las srgentada,, c,jae de mortadela, juguetee los cajas plateadas del thé qne cenía una banda de papel azul snlpi•
ca~ de gNoglíficOI!_ chinos; todo esto iluminado por ámplro reflf'Ctor, 11dqmda un a•pecto extraiio, .BafiiibMe la
1oz en el oro del coflac de cinco ceros, en la onda verde
del Pil)E'rmint, en f'I rojo de un moscatel probablemente
d_elicio~o ó !'n el crit&gt;tal parfBimo del anisado .....• Proce111ón ordenarla de botellaa it caya cabeza se v2fan el tosco
tarro del c11r11~110 v una obeaa botella de champafta con
au embre:ido eal¡li'cado de oro.
Con razón t •,doe se detenían allf, hasta quedar en el
gran crista.! In huella del vaho de los cariosoa, que hacía!! comentarios y tentadQa por el apetito penetraban en
la tienda, donde no daban a basto; la atmósiera estaba aaliuada de las fu.ertes emanaciones del bacalao; no q11eda•
CON MOl'JYO DE LA. LLEGADA. Dl!.L ILOimllSlllo 811:flOR PLAlíCAB.TK .4 CilLP KCBE.-Loou. M.A.90!110,. y Cv.ur.Tm. lru.u..u..

�27

41 r.

ThC'IEMBRE,

1896.

417

EL MUNDO.

27 DIOIEMBRE, 1S96.

EL MUNDO.

CURIOSIDADES .
.El primrr corlt~ aulqmóvil en Paria.

•

r

CO:S- ~fOTIVO D~ L.\ LL}:r.A-D.\ DELlLl'S'lJUSlMO ~filOR PL&amp;NCART1' .\ C.\MPECIJll&gt;.-Pu7.4 l'RWCI1'AL.

dfa de revi~ta PI uniforme sznl, el gorro con eup!l.flo de
eol blanco, ll\ r,istnlot!l y lus polaino•; mucho t,e perjndic6, meridional imaginaoióJ1, la IPctnra de lU¡UPllas novelas, en las que netut-0e agentes de-la policía brit!lnica,
aprehendían á un eetmngulador ú á un criminal mister1oso, y t!l., lle,•ado de eee carácter ligero que ser,I 111
rui,na, te •oileate un pvlit,mum de novela. Y te pega~te
ohaaco. Ye en.be~ lo que 8B eso de Pstar@e todo el dfa en
una el!(lnina ,1 manera de gallu, sobre nn pie, ~ufriendo
asoleadas y aguBceros )' teniendo que andar dos calles
para conseguir qn.. Je den á un vieja la~ peeef.lle á. l'einLi•
&lt;:!neo centa.,o~ &lt;'11 la 1 ienda; para enarbolar el garrote eo·
bre doscargador~a que se p¡,gan de ,11ulazoi, y resulta
q11e no ri:llen, aino que eet(n jug=do.
Y en las nocnee, las grandes hazañas se reducen á lla·
mar al orden ,¡ los borrachos Pecandolosoa de una canli·
na, y es raro el caso de oprehender á un homicida que
ha perpebrado un crimen con vulgarúiimaa circnnatan•
cias. Te ha sucedido lo que ea nat.ural¡ exlra!'las el .Ag,u,.
.i:ul. e:rtruflas el jardín de ::ian Pedro. la Otra :Banda, y
sobre todo 1t tus parientes, y eobre tus parient8f!. ,L ...... .
aunque lo niegnee, EnLitnio; ee te conoce á legnae que
tienea desequilibra-lo el cQ¡'azón.
Siempre has sido carilioeo, y por eso ¡pobre novio
_1&gt;r6digol ya que no hijo, en esta uoche no eé por qu6 lill!·
r.áa medfo tristón, t.ecaasa. envidia Román tu amigo, por•
que se fué á bailar al Poent.e Blanco y solía platical't.e
cuando estabae de eerv:icio en la noche. QuiBieras paellr
la Noohe Buena rodeado de loe que amas. y no en ana
e~uina en que sopla el viento, congela el frío y solo .....•
Dé¡ate de imaginaciones y silba¡ que están &amp;mdo hu ho1'118.

Y Eutimio paróte en el crucero y lanzó la nota aguda

y t.r1±mll..la de su silbo.to á lo, cuatro vie,uoe, cogió la linterna y empezó á empujar puerliBa; era inútil llamará loa

para que cerraran loa wguane.s abiertos, porque
en eea noche ninguna caaa se cierra. ¡Qul\ algarabía se
escapaba de todW1ellasal compás de alguna pie1m c¡ue
tocaba ya un pobre aguudor en su arpa, ya una música
de cuerda en forma ó cuando menos no plano.
Veíanse por los \"idrioe pasar á las parej11S, y en nno
la sombra obinesca de dos enamorados. de perfil.
Rl discuUa y el lo lo amenazaba con su abanico; alguien
se asomaba á otTo balcón para tirar la pnnta de un ci1sarro, poniendo en fugo á un grupo de perros que retozaban en medio de la calle, mientras q11e el gato de uno
!onda se l!Sonrr!a ~gado á la pared y desaparecía por el
respiradero de una Bccemria, y en el silencio sólo ee oía
el intermitente cbini¡lo de la luz elktrica, que il.compáe
ee oracaba ó brillaba más intensa y pecdiéndoee de vista e gendarme, campnneando la linterna que enrojecía
los bordee de su copot.Sn al doblar una esquina........ .
Yolvía de nuevo al dintel, cabizbajo y fastidiado, en•
c:endia cigarro tras cigarro y al eecupir reapond.íale el
CIIS8J'08

pndian, IO!! invitados de lascasll!! 11egurameute eetaban
en el comedor: adivinábanee p&lt;'r las vidrieras las sillas
vaoías, en deeorden, ni un solo cohete, ni un solo ra·
mor, basta que. dnda la hora, se 1&gt;scuchaba un lejano
palmoteo, saludando un brindis tal vtr.:
Y Eutimio 11e Pstremooia hastfl. la médula. Llegaba eee
momento en que loe recuerdos ee recrudecen, IR emoción
nos invade por completo y la alegría de los otros contraetu con la tristeza de no eé qué nos embarga; Ee bu•
medecen loe ojos: seTeouerda á la ,,iaJre muerta, al her·
mano ausente, ii la novia, cruel, pero idolatrada, y ....... ,.
se murmura algo ....... ..
Resonaban muy cerca las pieadaedeun caballo, el del
oficial de lo~ l&lt;'endarmes, ee acercó é. Entimio, que aún
con foe ojos húmedoe, la voz descompne~t~ y saludando
militarmente con el garrote, dijo con un na:lo en la gar•
ganta:
·
-1No Liay novedad!

El b.o:rnbre poUttco.

Lo pasado ee horizonte rropio al historiador; lo porvenir al poeta; lo presente a político. Reunidos en una so•
la personalidad estos tres oficios, tienen quecompartil'll8
todos ellos á una entre sí miEmoe y que anol.ane algnno.
Grave peligro colocar al frente de un Estado, hecho
para dirigir lo presente, á un lil6sQfo, quien, acoetom ·
brado á 1:nirar la eternidad inmóvil y á. (JOncebir ideas
11bstrac1.as, que presoinden de toda limitación, npenae
tienen ojos para mirar lo corriente.
~ 1J u filósofo d1lndo ideal nbeoluto á. una generación
atrasada, ee parece d. loca nodriza que dleee al recieo na·
cido, no e11 teta, sino la carne con que s.e nutre un adulto, motando así de hambre al que debieri, nut-rir de vida,
por el empeiio en darle un alimento incompatible con
stta quijad.a.s sin dientes y au estómago ain fuerzas.
Setie1J1bre de ISH6.

Circnla por fin en Pari~ eJ primer coche automóvil 1
tenen.,o,¡ el placer de pre.entar ,1 nuestroe lectores Ja lieouoruís de es1, H,hfculo, dejándolos daeiíos de apreciar eu.
l'Bt,tica esencialmente perfectible. Es llinico aun en eu genero, pero rn lo de adelante hiPió1·ico bajo el punto de
vi~ta de la locomoción ontom6vil.
Cn cochero de fiacre, M. Bique,, l.a aido quien con al
concuc~o flnancii,10 de uu rndnel,l'ial parisiense, :\l. Del~BlioD, tuvo la idea de i.Jace1 ejteutar eAe fincre automóvil por )f. Uoger, constructor bien conocido, y la osocia•
eión de constmot,orea de caches íué la qui&gt; fabricó toda la
cnrrocería del nuevo vehlculo mecánico dtJ ~1. Roger.
.&amp;.tnblecido aef el lad-. histórico, de,oribamos rápidamente el coche en cuestión: pert.eoece al tip&lt;&gt; llamado
fandaulet, que tiene la nrrua de conpé y !a.ndau. Su Ion·
git11d emre perpendiculares extreru:1A ee. de unoa tree
metw, entru, to que un fiac1e con su caballo ocupa máe
de ci nC-O. Si como es de espemrsl.", la aplicación de lo■
ñacree nutoruóvllee &amp;e generaliza, ganarán ::::iucbo Ja¡¡ CÍU·
dalle~ en facilidad de oirc11laciOn.
El coche está. puesto en n10viruiento pOr un motor de
eFei.oia de pet.rol~o de un solo cilindro dispuest-o en la
coja que ocupa la parte -¡,oeterior del vehículo. E•t~ mo•
tor n,cibe una mezcla de :iire y de el\llllcia que prmienen
de 1m carburador. La inll11macióo de lo. rn,•1,cla ea eléctrica. El gss que proviene del cilindro ~e e~capa, detapoée
de s11 tr-abajo á 11n amortígnad&lt;1r y de ahí a t e,,pacio. La
-provisión de eseucia es de 13 litroP; el enfrlaminnto del
cjlindro mot,or eet.á Megur11do por 00 füroB d0 agu.aencenadoe en dos reservarios dil'pueetoe lateralmente en la
cajn.
El vapor proveniente del oilludro ,·a á circnlnr en una
c,unara tubulu colocado horizontalmente eobJ"e el cofre
del motot del vebicalo y produce automáticamente una
oiroolaci6n de aire rápida en el interior de esta cámara tu bu lor lo cual facilita ef eufriawient-0 y J:1 condensación
del vapor producido por el calentamiento del cilindro.
La potencfa del motor que puede llegar á 6 caballos, ee
transmitida á las ruedas rnotricos de atrás por un sil!temo
habil.
·
.Asistimos á los principios de una evolucion cuya importancia no pnede pre\'el'l!e. Las grandeB ciudades mercedes á ella, cambiar:ín completameote de aspecto y ga.
narán ai o duda en facilidades da tránsito.

:-iueva lámpara de incande~ceneia.
I)ice el Ekctrical Eng'itlur que se fabric11n por medio
de uno paeta de amianto higroscópico un nuevo filamento pam hlmparna de incandescencia, el cual, después de
inbricado bajo fo forma de bojae de 0.3 mm. de espesor,
se corta en tiras de ü cm. de ancho que ae impregllil.u de
una solución al 30 por ciento de cloruro de-platino. Luego ee introduce una disolución aatnradadesai amoniaco,
ae seca al aire caliente y se calienta in mediatamente en
una llamo Bunaen1 que transforma la disolución de platino en un11 eapon¡a de platino.
Se impregna entonces de u.na solución al 20 por oiento
de cloruro de magnesio y ée calienta, repitiéndose eete
procedimiento hBl!ta qne la placa ee hayo recubierto de
una capa uniforme de magnesio; finalmente, ee sumerge
en una disolución al 10 por ciento de nitrato de cerha.
EL megneeio proteje al platino, y como que 1811 propiedades de radiación de la I u?. de loe metales de cerita eon
más conaiderablee que lae del carbono, parece que estas
lámparas consmneu una C11ntidad de corriente menoa
considerable.

Las mujeres han perdido más mujeres quij 1118 que loa
hombree han extraviado.
P!P.lUlE \t:BER.
El espíritu revolucionario ee comunica por medio &lt;le
un trabajo obecuro que no puede seguirse: es acaso un
microbio.
Lura, !1110JIEL.
Cuando loe pueblos ee han
mezclado en la guerra ó la
pot, durante siglos, no ha:,
llllO que no tenga en las ve•
nas la Bll ngre de los otros.

•*•

El pensador puede morir
intestado, su sucesión no so
pierde jamás.

eco.

-•J Qué bonit.o debe ser tlBO de est.nr uno coo sus gentes eua amigos, muy divertida! Hace dos ailoe ¡qué
diet1Uto pasamos la Noche .Bnena en caae de mi compadre! iq•té cena, era de lo finol Y ll!!O eí, le metimos á lae
copas que full un gll!lto; y ó eeo de la una estaba yo á.
medioa chiles; nada más me daba vueltas la 1111111; pero
eso 111, no le falté á nadie ní armé ellOondalito, con ser
que P.-tronilo andu;-o muy neciop&lt;&gt;rRosalía, que la se•
guiamos e~a noche por todas partee, y la mny gurvia,
nado.m.S.e se reía de no!!Otro!I.• ¡Pobre Rosalial ¡quién le
había de decir que qlledaba Eutimio pensati rn, cual ei
recordl\Se alguna b il!l.oria delicad , !. ...... .. .A. !os anulla.dores ecos del baile ee mezclaban gritos y rieaa¡ muy clanue ola la voz de alguien que pedía •¡sala, eala!,, y trae
nn bnllicio infemal, lo m(wca más y más frenétwa, en
taMo que de UDa azotea, como unaSAeta de lumbre, con
en cauda de thispae, un cohete disparado rugaba el
cielo de la noche: ¡pum! y caían tre,i ,gotas lrunínosaa,
que 611tremecfan , u.n gato, qne sentado en alta citarilla
miraba de hito en hito el eepléndido disco de la luna.
Iban á dru:_lae doce; todo había callado: 10!! ruidos ae

G. .ll. V ALTOUR.

r

El am&amp;ote engañado piensa en el amor y el matri•
monio, como lOH enfermoa
piensan en so enfermedad,
Ob$ervando la de los otros.

J. H. ROl'~Y.
El porvenir es de loa paeblo! que sabiendo maderar
•WI gastos, b.yan manejado
mejor las íuent.es &lt;le vida de
so ríqueza.
!Roc.'JKB.

E.L Pann:11 OOCl\E AtJTOM&lt;JVIL E&gt;&lt;

•

pAZJS.

LA

INUTIL RIQUEZA.-Po1· Jorge Ohnet.

Número 10.-Véanse nuestros números desde el 25 de Octubre de 1896.
-Y sí le mota á usted?
El coronel respondió muy despacio:
-Ui oficio es desafiar la muerte. Aseguro á usted que
no la tengo miedo; me con:&gt;ee bien. Somos antiguo&amp; ca•
m.aradae. PR.l'l1 un soldado, _qne ha pasado por delante de
la metralla tautas veces Y em pestai'lear, ¿qu/i supone dejarse tirar aun por el más diestro de los adversarios? No
me matará tan c6modomer1te, esté usted eegurs. No tie-LoFÓ.
ne usted idea de Ja íacilidad con que no se acierta al ti-¿Q11ién se lo ha dicho?
.
rar contra un hombre.
-:Mi niarirln, en prim,-r lugar, y después Oehna.
Em:iqoeta permaneció aniquilada, oprimida por la cer-J Cóm,.J ¿lfan coruetido, él esa infamia y ella esa imtidumbre de un desastre, y el coronel, para arrancarla á
prudencia?
. .
-Sí· él ba sido infame ooturalmeote; y ella ha e1do un• sn eombría preooupo.ción, continu6 hablándola y contándola historias, como á los niiios.
prude.°itl'......
•
-Oiga usted; me acuerdo que en el sitio de Tuyen-Por mí c .. uell-, •ftoy ~Pg,iro......
.
, .
-Sr. DeAei&lt;pPrarln ni ,•~r á usted en pehgro, en 110100 Quan, cuando estábamos rodeados, con el comandante
cuidado ha hioio d• [~nd.-rlt&gt;, y en la alte,nati va de com- Dommé, por millares de chinos, un diablo de tártaro iba
promet,-rse 6 dP ab,rndooar á usted, uo ha vacilado y ee á ineultarnoe ante nuestras líneas, i cincuenta pBllos de
l!IEI avs.nzadaa. Estaba prohibido hacer fuego, porque em ha compro111(,t ido ......
pezaban á lalt.or las municiones, y el tunante, envalen-JU.•rmoso corazón! Pero ¿á quién ha hablado?
tonado redobh1ba sus fanfarronadas. El d,a en que el
-A la s.-flnni Mo,~ler.
-¿O., mrido q11~ Pll'.I pobre sefle&gt;ra conoce la miserable cai16n tle Giov11.nnine11i nos anunció la llegada de los que
venían il. libertarnos, el tl!.rtaro vino, más rabioso que
--condt1ct11 de su hi¡o?
nunca, con cara. amenazadora y gritos estridentes, á agi•
- La conocP.
lar delante de hosotros 11na bandera t1mo.rilla bordada
-¿Y q1.é ha hecho?
con llllll cabeza de Ugre. Noest-roe Lira.dores perdieron la
- Le ha llamado á Pll cl\E.8 y le ba rogado, amenazado,
sill cono ..g•1iT nade. Entonces me ha escrito para hacer• p&amp;eiancia y e11viaron á nue&amp;,ro hombre una llo via deba·
me s,iber e11 [moago y para suplicarme que aceche ll Va- fas. El tártaro 110 cayó y volvió á sos gritos, haciendo
lentín y, ai vuPI ve, IP 1u1pida falir esta .coche...... .No ha contoraionee y aullando como un demBDte. Una nueva
vuelto á c,,m..r ...... Eran lu diez cuando solL .... y no descarga le respetó también y él sigui(, con sus danzas
-volverá. h:ista muy tarde, según au costumbre. Ko lengo, y aus injurias. Entonces se mandó cesar el fuego y nuespues, para qné ocupume de él y, _por _otra porte-a es- tro hombre se marohó tranqnilnmente, d•ll!pués de haber
pantoso lo qmi voy é. dt!l)lernr-no pteD!lo más que en servido de blanco á ci.nc11enm tifos, sin recibir ni llna
rozadura. Ya ve oeted que no ee pone eiem¡,r.e llll8 bala
-,J5'ed.
donde ae quiere.
- Ya ve m1ted q11e tengo que pel'!!isLir en mi resolución,
Redel estaba tranquilo y sonriente y Enriqueta se le
1'PUeeiO quti é l pereis.w.
·

-Venmo~, amigo mío, es preciso eer razonable para sí
mismo; he veuido p~ro hacer uno tentativo suprema á
'fin de itnpetlir esP llu~lu .. ,...
-¿Y cómo? pr~gnnt6 Redel, que de pronto se puso
,grave.
.
-Baatal'á qne u~tPd ae pre.ate á ella para que eea_f~c1I.
-Si n•ted ~upii,rn lo ocurndo, no me haría tal pet1c1ón.

representabn en eu salón, contando entre sos amigos la8
peripecias de alg11n11 batalla. Una angustia iodec1ble se
apoderó de su corazón. Le pareció que oía por última vez
su voz vibrante y que ya no le verla máz. Tímidamente
dijo:
-Si eae duelo no ee verificase, e~ría más seguro.
-Sin d11da, pero ¿cómo impedirlo?- Yo he cargado
con todas las culpas, en apariencia, y prefiero mil muertes á presentar al Seiior de Contras excusas q11e no le
debo. "\'a ve usted que todoe sus cálculos son vanos,
que eus tent11ti vas son inútiles y que IBS coaas deben se•
guir su curso.
La juiciosa Enriqueta lo comprendió tan bien, que dejó caer la cabeza aobre el pecho y se echó á llorar no encontrando nada que decir ni o.ro co11su!llo á su dolor
que las Já~rimas. El coronel, sentado á sos piés, casi arrodillado y 1leno de emoción, trataba ful consolarla.
-Yo
lo ruego, sea usted más animosa; me tortura
usted coa su pena. Usted no es culpnble de nada ni tiene
responeabilidad alguna en lo que pa.a.
Enriqneta movi6 la cabe~a como indicaudo que sabía,
por el contrario, que tenía una gran parte, aunque oculta, en lo qoe sucedfa. Redel la comprendió y dijo, bajando :a voz:
.
-.En todo caso, 11Rdie lo sabrá. Nadie aospecbará que
la cólera de ver §. usted tan odiosamente tratada me ha
animado contra el coude. Sí; si yo no hubiera amado á.
usted tan religiol!llmente, no hubiera odiado hu marido.
Pero si muero, habré Pido feliz hasta mi último momen•
to, puesto que está usted a.qní, á mi la.do, tan afectuoea, que esto es mna de lo que prrdicra hnber eol1ado
en mis momentos de Oláa grande ambición. Cese uated
de liorar y déjeme decir In J;o,;,lo mi pensamiento. Estoy
condenado, s11ceda lo que qniern á no ver á lll!ted m'8.
Aoaso eea mejor para m1 desaparecer bruscamente, sentido y llorado por usted, que irme á. arrastrar lejos de

se

�•

-418
aquí una exist-emiia sin objet.o, puesto que se dettli%11ril.
le¡os de ueted. Esto es lo qne mtdito con infinita tri.ateza.
Enriqnet,a le dirigib una mirada desolada.
-¿&amp;-r,I. n~tt!d de~graciado basta ese punt,o si sepsral"l!e
de mi? :-í; jn,go u dolor por el mfo ......... 1,\h! Al venir
nqaí f'@f)t:raba obto,ner de UBled toda.s IM concesionO:l y,
nl e•cncharle, comprend&lt;&gt; que eon imposibles tn un hom•
bre dl' au carácter. Estoy di'se!!pernda y, ein embargo,
no querria que obra~e usted de otra manera. No: ei usted
DO luern tal coruo ea, \al como le admiro y le temo no
wndria yo por usted ........ .
S., detnvo oprimida, indeciEl. Redel cogió su mano é
implorb tímidamente:
-Puede Ulited decirlo ahora, ¡,no e@ \'erdadT
-¡Oh! Ya no hay en mf reaer\"a ni urg11ll0. Sí; Ei usted no foera como es, no le profesaría todo el amor que
ha merecido y que tendrú la ams.rga pena de haber podido darle ........ .
Redel ooj6 la frente hat!ta tocar la mano de Enriquelia,
y pm•terRado ante ella, oom.o delant.e de DiOI':
-1:eudita ,Bea usted, dijo, por el 11ncanto supremo que
me concede. )li corazón e~tá tao lleno de reconocimiento y de 1ern11ri1, que no hay sitio en él para la cólern y el
od10. lT -ted me ha purificado de todos mis malos rnstintOll. Ahora soy de usted, de usted sola. Su predilección me l'le,·a sobre el nivel ds los hombres. :-noeda lo
que,qu!era, puede u~ed éetarcierla de que me ba col•
mado de las delicfas más raras y más pnrRE.
Enriqoet11 qui1-o hablar, suplicar todavía, pero él la.
cerró la boca cot1 ademán acanciador.
-¡Oh! No pronunc:ie oet.ed ni uva palabro. Todo debilitaría mi goc" dh-ino. Est.0Y en el cielo; no me vuelva
oeted á IR tierra. Amo t'. n~tédcomo jawáll mnjer alguna
ha Bido amad.a, y soy dichoso......... \' áyaa~ 1L•ted. déje·
mt', vnelva á au ca~a y rect' por mí; e&amp; todo lo que pido.
r~nriqueta estab!l delante de él, presta á part.ir, tan
pálida, tan tort11rada, con sas hermosos o¡·os n~gros llenos de Mgrimne, tan bermorn, q11e Rede no podía, en
aquel in,tante aupremo apartar de ella su mirada. La joven le dió la mano y él la sintió estremecerse entre la~
soy~~. Los ojos cándido~ de Enriqaet.a despidieron un
fuegoaombrfo, sus labios temblaron yt&gt;xhalando un eo·
lloi11, ee inclinó Pobre tol pecho de Redel y le echó los
brDJ1:oe al cuello, iu~m de ef, loca, entregada, toda suya.
El coronel la separó dulcewentt&gt;, sonrió con ternura, co•
gi6 au encunladorB cabeza con laa msnO!' v dijo, depositando un beeo en lo• hermosos ojos que lloraban por él:
-En el umbral de lo. moerl;tt, no quiero nada de usted
máii que •u alma, Enriqneta. i 110 noe ,·emos mús, no
encontrar,t uet~d eu el fondo do su pensamiento "ino re·
cnerdo@ inmaculados de nueslra ternura, y comprt:nderá
cuánto la he amad&lt;.'.
Acaricí6 con los labios sus rubio@ cabellos y eu frente
altsnera y Bl\bore6 la exqoisit.a et1n•aci6n de tenerla en
ew, bra20,, y de no guardarla en ellos. Después, la acom•
palió hasta ls puerta con fraternal reepeto y la dejó marcharse.
Al dejará ene amigO!I en la calle de 8aint-11onoré, á
eso de 1118 di~z. después de la convereación amenizada
con licores y cignrros que 8i~i6 á la comida, Valent.ín
tomó un coche de plaza y,d 16 ar.den de que le llevase á
la plaza de Anvert'. Allí ee bnj?,, atravee6 el boule,•ard
Roclwcho11rt, se metió en Is calle de Steíokerqoe, &lt;!es·
-pnéf! de cruzar la de Orael y ee éncontr6 en la plaza de
l&gt;aint.·Pierre, en uoaosclll'idad que un pálido rayo de luna dieipab-,¡ por cortoe iastaot.es al fillraree á tra'\'és de
las nubes. Todo era alll eolednd y Rilencio . ...a maea de
la colil)a de ?ttontmann-, coronada por las pesadas construcciones del Sagrado Corazón, ae levantaba vaga y negra. Ni 110 transeunte, ui un guardia. Aquello era un
desiert.o.
El conde tocó en el bolsillo de eu gabálf la c1tlata del
revólver que llevaba siempre para irá aquellos sitios. No
tenía miedo, pero tomaba sus precauciouf'!'. Miró el reloj ¡ eran le,..~ once, y en el eilencio de la noche una campana repitió de léjos la misma hora. Valent{n ee pW!o 11.
pasear, impaciente por la acera; Matilde se retrazaba.
Bajó hasta la cal le de Oree! y, al ll~ar á la esquina vió
á la l11z coo[lll!a de un iarol que por lll oalle de StPinkerq ue llegaba la muchacha con paso rápido. Se arrojó en
sus brazoe, falta de aliento, y dijo:
-Te he h.:cho eeperar......... Me segufan y tenía
mi~do ........ .
--Snpongo que estarás tranquila, ahora qne estás 11. mi
lado.
-Sí, pero lo estaré má, cuando nos encontremos en
nuestra Clll!ll... ., .. ,. ¿t'or qué oo has subido, sencillamente, en lugar de esperarme abajo?
-Por lo mismo que acabas de deei.r ......... Te seguían
y no te ha parecido mal encontrarme aquí ........ .
-Deepachémonos. HAy malos pájaros por aquí esta
noche.
Se cfujgfan hacia la plaza, del brazo, á travét de las tinieblas de la calle, cuando un paso precipitado se oyó
deuósde ellos. Valeutfn sintió que la mano de la muchacha se crispaba en la auya. Matilde no haol6 y aceleró su marcb11, pero el que lee aego!a les iba dando alcance. Valentín cruzó la calle y el otro hi7.o lo mismo.
El coode entonces se paró bajó un farol é bi110 cara, El
hombre que lee perseguía llegó ba.•ta él tambaleándoee.
Llevl\ba una blusa, una gorra y grue!!Oa zapatos. Con la
torpeza de pronunciación propia de los borracho•, dijo:
-¡Toma! ¡La aenoritioga y su eilba.Dtel ¡Tú ereR de•
msaiado barbiana para este espantajo!
Y alart;ó la 1,11ano para coger á )latilde, pero Yalentín
de on golp&lt;1 seco con el brazo y con la pi~rna, le hu.o
caer de nuch9. contra Ja paréd. El hombre se levantó de
un falt, y ya sin apariencia algnna de borrachera,
dijo:
-Eepe ,a no poco, que te voy áarrfglar ......... ¡'Eh! Loa
bnenoe mezo~!
·
A eete grito, apal"ecieron por la esquina de la plaza
tres ho:nbrea, uno de )Oll cualee esta~ vestido de mujer. MaHlde exclamó con ,·ot ahogado:

-¡Sálrate, Valentfnl ;Ee Ra,et! ¡NO!! hao engallado! .•.......
E1 conde oo tuvo tiempo de pedir explicaciooe.a 11. la
muchacha. El hombre vestido de mujer cayó eobre él,
pufla~en mano. Hobo nna corta pelea; nna seca detona·
ción de re,·6h·er, un cuerpo qne cafa en la acera, un grideegarrador: El !aleo borracbodijo:
-Ravet está patas arriba; 1:I silbante tiene lo que neceai,a ...... ¡Loe guiriEI.. .... Cru-;uemos con la chica ..... .
)Iatilde, muda de horror, fue cogida por dos braz,os vigoroso, que la arrancaron de Yalentín, que eetab:i de
pie, pero apoyado en la pared. Una carga de los gmndia.s di~persó la handa en tu tinieblas, Y. en el logar de
la ocurrencia solamente qnednron Ravet, caído de broces
contra el enelo, y el conde, inmóvil, los ojos abiertos Y
fijos y el rev6l\'er en la mano ..... .
A laa siete de la mafiann riguiente, estaba Federico
Clement acabando de ,e,tir8e part&gt; irá caga de Redel,
cuando entró en su cuarto el oE"fior Eliphas. El banqnero,
asombrado de ,·erle nllf tan de maiiana, pregautó á eu
padr~ quP ocnrria, y el d~jo le contestó q11e había sabido
la noche antes, en cru&gt;a de la señora Mossler, que debía
,·erificarse ,m duelo eritre el coronel y el eellor de Contras, y quería ir al terreno para conocer ant.ee P.I resultado. Fedt!rico no t-enía costumbre de oponerse á los deseos
de en padre; pero no pudo, ein embargo, dejar de hacerle notar qne e;io sc;ría una incorrei:ción y que los padrinos del seflor de Couiras podrían oponerse,
-No t.illdrán para qu~. dijn Bliphftl'.
Federico xnirb á su padre con asombro.
-Puedes e~tar tranquilo, aiíadló el ,•íejo; no me ve, rán ...... !\1e q11edart' en ~, cochi.'. Pero quiero estar preseme para ir sin perder momento á informar á la seilora
Mo~sler de lo que pase.
-¿Te :o 11a tnnndndo ells1
-No; pero se alegrará de que lo haga.
Partieron y eran las ocho canlldo entraron en casa del
coronel. Acom¡:mílado por so compañero de escuela el
comandant.e Yalli~s, Redel e~peraba muy tranquilo y
con un aire d., Teaolución qne iinpreeio11ó vivamente á
Federico, va mny coumo"ido. ;Si hubiera oído al coronel, un mómeuto l\ntes, decir l\ sn amigo que estaba resuelto,. no tirar al conde y á e$perar sus tiros, cuál hubiera sjdo su emoci6nl Redel, qne se proponía no rom per con la fl'flora l\Ioa8ler, á fin de volverá verá Enriqueta de vez en cu,rndo al menos, había formado el proytcto de arriesgar Ell vida por ,la satisfacción de su amor.
· La llegada del seilor Eliphas e:s-traM á todos.
-¡Cómo! Fsted, el hombre de la moral y de 111 caridad, dijo Redel riendo, ya á 811,llCÍonar con Sil presencia
estas prácticas ~aoguinari!l!I .... ,.
-Las condeno, créalo neted, declaró Elipbae, pero be
pemndo que mi presencia daría á usteil buena suerte.
La respuesta de su paure el"'.I tan ~ingular, que J.'ederico le mir6 por eeguoda vez con asombro. Pasó por su
mente la idea de que sn padre 110 creía en aq11el d11elo·
pero ¿cómo no creerlo?, los padrinos e~tabau reunidos:
fas armns prontas, el coche esperando. Sin embargo, la
calma del viejo, aquella es~cie de &amp;t&gt;gnridad profética
que había manifestado por dos vecea, parecílli:1 indicar
qne Redel no corría nfogó o pe! igro.
-YamoP; es tiempo, dijo el coms.ndnnt~ Valücres.
Desde oquf á GeoneYilliera tenemos una hora de camino.
- \'amoe, dijo Redel. Y partieron.
Fedel'ico al oír hablar fi Redel de todo ,nenos del objeto
que llevaban en aquel viaje, empezaba ti.encontrar un poco
d&lt;1conlianza. ,,::,i no estuviéramos todoe·veetidos de negro, pensaba, y no sintiera debajo del asiento la caja da
las pistolas, creería que íbamos á casa 6 á almorzar ao el
campo.• Fuera ya d_e me fortificaciones, el coche rodaba
por la carretera, entre dos filas de árboles, y á lo~ dos lados se e:s:tendfan loij campo!! sombríos, baila.dos por una
luz. gris. Al,ljunos carros de hort~anoe ee dirigían bncia
Asuieres. Ni un trabajador en las tierrae. La soledad ero
complPta. A la i:quierda uu ancho mont6n de tierra cubierto de musgo amarillento1 recordaba el reducto de Gen.
nevilliers, qne foé construido en 18i0 para defender la
orilla del Sena y que formaba, melancúlico, un receptáculo á la belud.'\ y 11. la lluvia.
Aquel paieaje vell\do de tristeza pareció á Federico cua•
dro adecuado para \lD acontecimiento trágico. S'.!B temores volvieron y ee figuró aquel coche. vol viendo al paao,
lúgubre, con un muerto tendido eobre loe almohadones
ensangrentados. Levnnt6 con angustia los ojos hacia Redel, que continuaba hablando con la mayor tranquilidad,
y, en el mismo momento, el coche ee detuvo de pronto.
-¿Qué hay, pregum6 Elhipas? ¿Hemos llegado?
-¡Calla! Son los padrinas de nue;-tro adversarsario,
dijo el Oom.andante Vallieres, abriendo la portezuela.
E•oe sei'lores vienen á encontrarnos.
Redel eah.ó vivamente al camino y Eliphas, Federico
y el Oomacdante le imitaron. Prieur y Croix-Mesnil,
que habían,dejado su coche á poca distancia, avan;,;aban
con :iire pesaroso y eolewoe. S11 aotitod pareció tan anor•
mal al Comandante, que exclamó, sin darle casi tiempo
para llllludar:
-¿Ustedes solos, Seftores? ¿Y el Sefior de ,Coutras?
-¡Estamos solos, dijo en tono desolado Prieur, y el l:le·
nor de Contras no vend rál
.:..¿Por qué? ...... preguntó Redel con voz amenazadora.
-Porque está muerto, dijo Croix-Mesnil.
-¡,ruerto!
En lacarr~tera poll'orienta, en aquel paisaje de invierno, bajo aqnel cielo negro y triste, loe amigos de Redel
ee miraron con estupor. , 610 Eliphaa no pestane6. Prieur
afiadió:
-Le han llevado ú en casa, esta mailana, con una pu•
flalada en la e,q&gt;alda,
Al oi r eeto, Federico eintió un desvanecimiento, ante
la convicción de que su padre estt1ba informado del crimen y an~ la sospecl,a de que no la había impedido.
Le cogió del brazo, le llev6 h!ISta la euneta del camino y
dijo con ,az t.emblorosa:

27

27 DrmmmRE, 1896.

ELMUNDO.

-¿Sabías que Oontras seria ase3inado esta noche?
Elipbas le,·antó la cabeza hacia el cielo y respondió
con firmeza:
-Sf, lo eab!a.
-¿ Y hae dejado cometer eee erimen?
-He beeho cuanto dependía d .. mí para ealvar á ese
desgraciado de sí miemo. P.iro yo no soy más que un
hombre y no he podido oblig11rle á entrar en el deber.
Enloncea, he j11zgado en mi conciencia el mal que había
hecho y el que se preparaba á hacer, y le he dejado morir.
En aquella horn trágica, ¿penetró en la mente de Federico ua rayo de luz? ¿Se quebrantó la confianza. ímpt!rturbsble que tenía en eu mujer? Palidt&gt;Ci6, miró á eu pa•
dre con ojos lle11oa de angustia y dijo, apretándole la
mano:
-¿/l qné aludee? ¿Por quG has dido implaoable? ¿Quien
era el amenazado?
-Un hombre de bien, en eu vida, y una majer honra•
da. en su honor ..... .
FPderico btlj6 la cnbeza y no pr1&gt;g11nt6 nada más, En
aqnel momento Rffliel y el Comandante ,allier1:11 ee 88•
paraba u de loe padrinoR de! Sei!.or de Coutras y venían ,¡,
reunirse con eue amigo,.
-Ahí tienen ustedes un pobre diablo, que hll muerto
como había n,•ido, dijo el Coronel con desdeñosa compasión.
-RI. añadió Elipha.q, en el lodo.
-E~te paseo al llirelibre me ha abierto el 11petito. \'oy
á almorzar con . g,1eto, dijo el Comandante Vallieres.
Volvamos á Paría.
La eeiloru \\lolll!l'!r v au Ministro de la Caridad no se
han vuelto á ver. Como babia previsto Elipha~. la muerte de Valent!D rompió para siempre los Ja,,,os de en antigua amistad. 1 nconRolable y, ein embargo, resignada,
pues había dato en aquel !in trágico la irremisible sentencia de la fatalidad, la aef!ora Mossler pPrmanecio encerrada en su casa, cow,agrá11dose con m:l.s pasión que
nunca al alivio de las miaeris9. ~o recibia máe que á Enriqueta y, algunM veeea, al corooel Redto!. Laij dos mujeres pMaron el verano en la Chapelle-8auvigny, donde
permanecieron hasta fin de otofio. Caand1J la nieve extendió rn blanca alforubra eobre las praderns y espolvoreó de blanco loe árb,les del parque, vol vieron á Paría.
Emiq11et.a no quiso coutinnar en la a veo ida de Friedland, ee foé II vivir con la sefi_ora Mossler y fué para ella
11na hija adicta, tierna y tan buena, que nnn noche en
que fas dos estaban al lado df.'I fot&gt;go, perumtivas y me•
lancóliC11!!, la anciana rompió el silencio y dijo:
-)H querida I&lt;;nriqneta, te veo con pena llevar 110a
triste exielt&gt;ncia con una vieja como vo. No haa coooci •
do haeta aqn( la dicha y, ei11 emba,-gó, la mereces como
ninguna mujer del mur.do. Yo aoy responsable de lag
proluodas decepciones y de las cruelBll amarguras que
has sufrido, y quisiera reparar en lo poeihle el mal qne
te he c1msado involuntariamente.
La jovPn juntó las manos en ademán de súplica y dijo,
interrumpiendo ,t la señora i\Ioeslt!r:
-Por Di'os, no te acuses; bien eé hasta qué pu oto eres
excelente l' han sido !alFeadas tns int.enciones. Hemos
llorado 18.5 mismas penaa y sufrido loe miemos dolores.
Eres inocent.e y la vida la sola culpable de nnestros sinsabores.
La anciana '18 quedó un inFtant.e peDBBtiva y como impulsada por lejanos recuerdo~. afllldi6;
-Mossler me díjo UD día: ''TPngo miedo de que sea•
moa ricos. ¿Noe podrá eso eer útil? Pasada cierta cifra,
la fortuna es CO!!&lt;I fantástica y temo que sirva máe para
el mal qt1e para el bien. Dejemos todo esto v volvámo•
á plantar nuestras colee. Con oieo mil· francos de
renta tendremoa mil.e de lo que neoeaitamoA. Lo que exceda de eso será no estorbo y ¿quién sabe? acaao una
fuente de penas." ¡No estaba equivocado!
Se produjo un silencio. La &amp;l'ftora Mosaler eojog6 una
lágrima qne rodaba por su mejilla, y continuó:
-De todos mis dolores, el mayor es ver q11ebrnda tu
existencia y haber contri]:mido á ello. Pero felizmente
eres bastante joven para volverla á empezar. Aquel :1
quien has eido visiblemente destinada te ama y no espe•
ra más que uoa palabra tnya par-a ofrecerte su nombre.
Creo que vacilas en pronunciar eRa palabra por deferencia , mi La he pronunciado, pues, por tí, mi querida
hija¡ es el de:Equite que te doy y que con todo mi corazón
m~ alegro de J&gt;?der darte¡
.
-1Qné, querida madre. BC48t&gt; 9merea ..... .
-Que te cases con Redel, sí, hija mía; lo quiero porque
así asegoro tu dicha y la suya. Le he r.::gado que v,inga
esta noche á hablar conmigt&gt;.
En e~te momento resonó en el silencio del hotel el timbre que aauncio.ba las viaitae.
-¡Ahl estál dijo lo. sailora Mossler.
La puerta ee abrió y el coronel Re adelan!.9 ha.cía las
do$ m11jeree. Bes6 la mano de la señora :Mossler y se in•
clin6 ante Enriqueta,
-Yo preveo que me voy, amigo mío, dijo con indiferencia la reina del oro. A la edad que tengo y para lo
que hago ~.n este mundo, no e~ nna noficio_para trastornarse· pero ha,·aqui una mn¡Pr que no t,ene más que
veint~ anos y á la que el P'l"'enir debe reaervar jn•tae
recompensas. Teog&lt;1 empeñ'? en o[reeérselas yo misma
y quisiera, sin eaperar mil.e ttempo, rW.raela á no hombre
honrado que la ame como ella merece. No creo engailar•
me Redel, peneando qne ern hombre es uet.ed.
El coronel se puso pálido y dirigió 11. Enriqueta una
mirada interrogante. La joven inclinó gravemente la ru·
bia c4beza ~e levantó y faé :l arrodillarse delante de la
seflora ~Io~ale1. Abrazó á la anciana, que temblaba de
emoción, y murmo.r6 con uoa voz que le salla del almn:
-Gracias, madre mía.

°'ºª

FIN.

D10IEMBRE,

1896.

4l9

· EL MUNDO.
Entre eus cabellos caoos!
¡Amor que ennoblece y aaln.
\Ten pronto á mi hogar estrecho,
Que :,a, la miBll del alba
Estáu tocando en mi pecho!

*

**
?.Iie vinjeros pequeftitos,
Mis au~entea adorados,
Los humildes mnertecitos
Á mi cena convidados;
Y a regresan de la misa
Los devotos, los creyentee ..... .
¡Mis amigos, mis ausentes,
.Daos priaa, daos prissl
Dejad ya con planta breYe
Vneatro místico palacio,
Caminando tan dtepacio
Vendn'·is yertos por la nieve!
Mi esperanza qua os desea
Oomo niiia pobrecilla,
En la blanca chimenea
Puso ya la zapatilla.
Oir pienso vuestro paso,
Quiero ver y no we atrevo,
¡Dejad pronto sobre el raso
Mi regalo de nno nuevo!

\

¡~o doblan !as**•
oampanas,
No, que repican!
Plumas de alondra llueven,
No nieve fríal
Díoa ba nacido;
Jea11s no yace muertQ
Que está dormido!

•••

¡Casta ilusión que me alientas!
JSueflo de ilicha sereno,
Si á mi cena te preeent-as,
Seré bueno, seré bueno!
Ya no ,·acilo ni dudo;
No miro mi hogar desierto,
Ni viendo al ni!lo desnudo
Me imagino que está muerto.
Vive; con dL1lce sonnsa,
Entre sencillos pastores,
Ye :l. loa que vaelveo de misa,
Trayéndole mucbas flores.
No pienso con desconsuelo
En loe seres ya perdidos ..... .
;Mie m11ertecitos q11eridos
Estiin cantando en el cielo!
El alba tibia clarea,
Venus en OrieJJte brilla! ..... .
¡ Dejémos la iapotilla
En la blanca chimenea!
ll.IAlWJil, GllTfÉl!Rl:i

N ÜBRA,

LA ADOPCION.

l!!!eil.orlto. Enrlqueto. Airullnr, [d"San Luis Poto-!.]

A MANUEL UPATA VERA.

Acercaos á la mesa,
Mis n•cuerdos, porque os llamo;
ld eulit•11do de la huesa
Mu.-rt~mtos que yo amol
Oosus idae, CO&lt;BI! m.uertas,
llusion a ya perilidns,
Ac.-rl'ROB á mis puertas,
Coeus muntae, cosas Idas!
Jlt! lu eM1a ¡neparada
El ~111611 está vacío,
Cae m11y triste la n('vada,
T.-ngo uiit-do, tengo frío!
Condd11Jos á mi cena,
1\.1 u.. TtAcitoa que yo amo,
Acudid á rui reclamo
Que t-1-ta noche ea Noche Buena.
1'~-tá 3bi('rta wi ventana
Y la lluvia ta Ealpica,
:Mieul.ras 01go la campnna
Q,u, repica.
b111'11 a111igo, pobre hermana,
De n,i C3!á 1.,a ausentea,
V.-nid Lodos tan aprisa
C11n,o ll ~eta hora van á misa
Loa cr;,yentts.
..**que te fn.1@te,
¡l'obre hermana
Si 1ivi1iras todavía,
Cnand, si1iuto mi alma triste,
JI u,ln111s coeas te dirial
J\"1'11, y pronlo, 11e11 ahora!
Cuando 111-gui, la maílaoa
Y á la 111i,a de la aurora
),hu11i, lenta la catn pana,
Tt'rm i nada ya lo cllna,
P11dr1l~ ine, podrál' irte,
Y teudrea,os qne decirte;
¡llnsta la otra Noche Buena!
l'ero uhoia, mi hel'ma.oita,
R.-iua aú,1 la noche obecura,
ll•-jll, pu .. ~, ¡oh muertecita!
To callada sepultura.
Son Jae doce.

* nace;
.
j,*e:súe

Vuelvo el ro~tro al Nacimiento
Y In cera ee deshace
Combatida p ,r el viento.
Nadie cuida á loe pastoree,
Nadie canta villancic:os,
Ni :i la virgen llevan lioree
I,,s ancinuoe y los chicos.
En el heuo blanco y yerto
Está el Dios tt'Ciéu nacido,
Y al mirarlo allí dormido,
l'lfe parece que ea,á muerto.
¡Fe de nii'lo, ,•e11 al punto!
Que tu ,,oz me p11rifique ..... .
Y no viene .v me pregunto:
¿Por qué dobla ese repique?

***

Del árbol en las ramas
:!\lil vd11e arden,
¡Que no tardeo los niños,
Qae no se tllrden !
¿Por qoé no vie-nen
Si aq11( tantoa iaguetea
Y du lees tit"nen?
Esta espada de acero
Para el más grande,
Y soldsdoe dt' plomo
A quienes mande.
Y esta mulleca mbia
Tan bien vestida
Para :n niíla blanca,
Bien de mi \'ida.
Ya ver~is cómo gritan
Los n1ay tra vieeoa,
Y cómo lo, devora
So madre á besos.
Pero e I J\rbol Fe a paga,
füol(uno Ilegal
Y en la Jea ierta a leo ba
Nj au uiño ,.juega!

.=res
.
..
qne venís tan lejos

¡Cón,o nn!lÍan 1·upa~roe cariños
Los qu.e tienen padres viejos
Y no tlenPn hijos lliñoel
1Con qué impaciencia os imploro
Para mezc'ar con míe manos
Yueetroe ricitos de oro
'

DJSde haefo veinte atl.ae, JU8ll Yignol escribía cuentos
en los folletines de los diarios, narraciones en las que
no se ocupaba, como es natural, Bino de asesinatos y de
nifios auetitaidos por otros en sus cunas. Y ciertamente
no era más torpe que aue rivales eo esta especialidad.
Si alguna vez r,.travesáitt por una enfermedad peligrosa¡ Dios os !ibre!-y si no sabéis cbmo llenar 1lla horas de
fastidio de una larga convaleacencia, leed loe .ll'i1terio$ dr
Jlfcuil11101ila1J, qne llO tienen menos de veinticinco mil
lfneas. Allf encoutraréÍ1l todos los ingredientes habituales de edta cocina literaria.
El comienzo es "orprendente, sobre todo cuando aquel
malvado duqne del Castillo Viejo, á la salida de la ópera,
baja al alcantarillado subterráneo, eo donde tiene una
cita con un licenciado del presidio, amigo suyo, quien
debe eil.trPgarle unos papeles que puede.i hacer perder
su reputación ú la hermosa morques.a de las Dos Garitae,
la &lt;mal, por haber cambiado de nodriza, no es la hija de
un Grande de Ea paila, de primera clase, como la cree todo el barrio de Saint 1.iermaiu, sino la de un ebanieta de
la calle Popincourt, en otros tiempos condenado li muerte con motivo de un error judicial, y gnillotiaado, según
la costumbre, en ,·ez del presidiario con el que el duque
tiene esta cita poco confortable y subterránea.
Ya se "eri'l, por este simple ejemplo, que Juan Vignol
conocía perfectamente so oficio.
Sin embargo, el pol[0 hombre no obten fa grandes éxitos; ~ropezaba con mucaos obstáculos para colocar su original y vivfa, por eeta causa, muy mezquinamente. Y es•
to consistía ante todo, !'11 su poca ai¡erte, y después en que
era un modesto, un tímido, que oo sabía abrir11e paso,
recorrer el camino al mo:fo americano.
Naturalmente no bahía hecho sue comienzos literarios
por la novela de folletín. 0oll88rvaba siempre, en el fondo de su escritol'io, pero sin esperanza de darlas á la publicidad, eus dOll obrns juveniles, eecrítae por él en In
época en que conservaba todos sus cabellos y la ambición
del arl.l'. Primero, ei manuscrito de un volumen de ele•
gfas-Ffor,-, d,, un,,io-en donde el poeta se qoej11ba. apasionadamente de las infidelidades de una muchacha que
designaba con el poético nombre de Fragoleta, y á la que
comparaba 11. todas lns enamoradas célebrea, desde la más
remota antigüedad basta nu8-'!tros dlns. La verdad es
qne, en la realidad de los hechos, la inconstante señori •
ta se Hamaba Agata y era obrera en el taller de una florista.. El otro manuacr.ito, más voluminoso, conten111 na
drama terrorífico y medioe,-al, coa este eangrieoto títu •
Jo: Lru ,úaallndorc,¡, y en el cual lOd personajes cubiertos
de chambergos y calzados con alta.,¡ botas, se pasaban recforocamente sos es¡,adas á ~rn vés del cuerpo, en medio
de grandes tiradas lfriCBII,
Por deegracia, loe dramas en vel"l!o na son comestiblee, La•j(ores de ,·uteno no son 1\tile~ ni para ser adere-

�en

DICIEMBRE,

1896.

Club se ase de un barrote de hierro en su cn(da y 11&amp;
desli;a basta el muelle con la agilidad de un mono. Pasado mañana daní de p11118h1das á tres. guardianes del
orden público. ~apero que en esta ooal:llón 108 lectoret,
van r1. tener emoc1ones.
Repeotioamenteel peqnet'iocomienza_ágimotear. Jn~
Vignol di"ertido con rne nuevas lunc,onea, toma el biberón da de beber al m11chacho, notan mal, ¡áfemta!
para Eer la pTimera vez, lnego lo mece y lo c;ue~me.
Pero el novelista no vueh•e ya á so escntono. Qu6da&amp;e allí, pen.eativo, mirando ~ e~ie pobre eér cuya cabeza eAtá en el fondo de la almohada, apretándose las
dos manecillas i;obre su pecho.
Juan \'ignol cae en una 3oloro•a med:taci6n. No ha
muerto del oodo en él aquel poeta qu"' softó eer, cnando
era jov,m. Y ahora recut1rda que m .ñana aerá. Navidad,
y ante esta cuna, piensa en "' nifto qne do_rmfa eobre
paja de orc-, en el establo de B?thleem. El vmo al mun•
do para ordenar á los hombres q11e se ama@en los nnoa
,\ los otros, y allnqne las igle&lt;iilll' en laa que s.e predica ~u
doctrina doade hace dos mil anoe ~err~anez~an en. pie
todavía, los malee causados por la miseria ex1s$8111Uem•
pre.
El nilio mnt.erial y moralmente abandonado, tll ni!lo condenado, por una eRpecie de iatalidad souinl, al vicio y al crimen: he aqnf el libro que es ne•
ce~ario eEcribir, dt'jaudo que en
tíl corran t,)dllt' las caridsdes, toda~ la• terunrM, toda.a las indi·
gnacione~, todllB las cóleras de
su corazón. lle aqnf la novela
qne Jnan Viguol debería hacer,
sí...... ¿Puoen 11né piensa? Juan
Yignol no tiene tulento, nunca
Jo ha tenido. ~:1 lo Pabe dema·
silldo bien. Y si las liÍgrimas lo
ahogan en eete momento, llora
á la v.. zpor el infortunio de e&amp;•
te pobre niño y por su impotencia.
Sin embargo. la puerta ee
abre. Es la tía ..\Tathieu qr1e re·
greaa toda ~ofocada. ¡Oh, esqne
es~á cansada y cad01cal JY qué
roetm más lamentable surcado
de mil ar,11g&lt;1S, rode.1d\l de su
pa.ftuelo de luna!
Y bien, tanto p!!or! El buen
homl&gt;re cedll al deseo que lo
atormenta desde hace algunoe
minutos!
-E.•cm:be ueted, da ~Iathieu,
he pensado durante e•1 ause~·
cia ..... 1!:n 11.1 época en que v1•
yfa mamú, yo ganaba para _loa
dos ...... Bneno! pUt!fl me traigo
á neted con111igo ¿quitlfe us·
ted? ......... Ustetl se ocupará de
los q ueh:i.cere~ de la casa y yo
la ay11d11ré á criar al pequeño.
Y l11 pobre mnjer da un grito,
ee desploma sobre Ulla silla y se
cnbre el ro8tr0 con las wan011;
y como el niño, que se despj~ria
sobre,;altado, se pone tam b111n'
llorar, Ju:m V;gnnl lo toma de
en cuna, Jo mira d., Cl!rc_a y d&amp;poeita en su blanda rne¡tlla un
be.so ya paternal.
Xo es est,\ todo. ¿Sabt,is que
la generosa conducta de Juan
Vigr1olha tenidoparaélaus ven•
taja¡.'7 Comimía, natun,Lmente,
sirviendo lad wi~was clunlaia·
nerías ii su público eapecial;_pero sin emb1.1rgo l1.1y en sn. ultima novela-J::I /,uí'r(ano ,le JJeUe·
,•il/c-yo no h1 qué que no había
en laa utras y que hace s.ollozai:
á lae 1,rríRP.tlll!. 1-:1 tiro uel P,que•
;¡,., Prvlefario h:1 subido y el ea·
critor gana ahora sus vei nticinco c(:nt1mos por línea.
Y ::uín la obra ha sido reproducida pora!gunae hojas de pro•
Yiucia; y cuando hace pocos_(lfaa
J111111 Vignol llegú á la ca¡a de
l11 Socit'tiAd dt! Literatos á ~
brar sus derecho~, tuvo la_ única
alPgría d, su vida de e!!Cntor.
El más ih1stre, el prunero de
los uovelietus de estos tiempoe,
Je di6 un _golpecit.o en la eapal·
da, ante el despacho.
-DJgame eenor Vignol, he
leído dos 6 ~res foUetinee de uaY be sqn( á la anciana contenta! •¡Ah mi bueno, mi ted, en et1toe últimos di11s y be 1&gt;ncomrado en ellos
amable f&lt;'fior Yignoll• E inetslau la cnna cerca del es- mlly bnenae, mny einceraa, muy conmovedoras sobre
·
Mo
critorio del novE&gt;li~ta y la tia MaLhieu sale exhalando ni1ioe.........
Y el pobre hnmbre," ruborizado h!\Sta 1a~ ore1as:- nd~
por lo b•jo bPndiciones. Y ya solo con ol pequefto, el
eBCritor Htl echll á reir socarronamente entre su larga chas gracia~ mi querido ma?etro, contesto halbacea 'b
de placer. Pero ee qne ...... ah1_?rll••···· ... cuando eecn
barba.
·
algo eobre los niños ......... copio dd ,.af,ira/! ....... ..
- t'amoe héme aquí convertido en nodriza.
Y al~¡;re por su bnena acci6n, se instala bajo 'a lám•
Fa.1scs1co C-OPPEL
para y toma la -pluma. Porque dia~tre!-no _hay que
oi ri1arlo moilann temprnno debe envrar á la imprenta
eu foJl,.tf~. Toda la novela ha qnedado modificada con
Ahí, donde falta todo, la naturaleza se encarga de sil·
la rumrrPcción de Rouffe·Tou. Pero aqneUa noche el plirlo todo; Pila hace florecer y re\'erde_cer todos los hun·
cuPntista Pstll de yena.
dimientoe. Tiene la hiedra para las ru10M y el 111nor paSu f'TE'sidieri , precipitndo desde .la segunda _me@eia ra los hombres..
de la Torre Eíffol por otro tuno ele~ant.e, nn v1r,cnnde
que d8"ciende de las Cruzadas y 1D1ambro del Jockey

-Pero ¿cómo? ¿El único colchón delll!~? ........ .
-Es necee:uio ...... Figurese ostedque m1 hermana ~enor, ,-iuda como yo, acaba de caer en cama, Y no,ta_qu1eren en el hoepital á causa de una enfermedad croruca....
y naturalmente debo &amp;)·udarla. lla eido tan b~enu conmigo ...... Me acostare algunos días eobre la paJa. No se
muere uno por eso, ........ Porque cuento dl1iaell!~fiar el
coloh6n cuando reciba mi quincena......... Lo uo1co que
me inquJeta es el pequefio. Necesito cuando menos. nna
hora para ir al Monte d1;, Piedad y á 1a casa de m1 enferma. Siempre f!e Jo dejo á la portera, que ea una buena mujer ......... ¿Pero la ha vi•to usted? ~~ta noche, víspera de Na,-idad, tienen pu cena de familia en la porte·
ría, y á lo~ pmrt.res ya están e_n tono ~e cantar·:.......
¡Vivan los pobres! Juan V¡gnol tume &amp;ni! OJO!! de perro llenos de lágrimas.
.
.
-No hay cuidado, Ha Matl~1eul De¡e uRted la cama
quieta. Yo tengo todavía qmnce francos. Tome ue~
die,: . ....... Y vr1.yase , la casa de eu herma.na ......... En
cu1mto al rorro, l!Avelo usted. á mi. casa. D~erme como
un bieni.v~nturndo· oo me 1mped1rá t.raba¡11r......... Y
ademáe, si ee pone á hacer música......... bueno, no es
tan l)tlsado mecerlo un poco y darle de beber.

,;adaa como ensalada. Era preciso vivir allá arriba, en
Belleville, en un pt,queilo departamento de un qwn\O
piso. Allí habitaba, pues, .Juan V_ignol, ~ c?mpallía de
su madre cril!pada por el reumatismo y gJm1e11do de la
maftana la noche. Para ganar algún dinero-¡~h¡ _muy
pocol-i!I poeta seconvirbó en novelieta popular, a igual
que un pintor entrampado se hace íot6graío.
Dulce y resignado, act1pt6 el o6ci~, -y pu~o en ~I todos
sua sentidos, pero, como &gt;=ª hemos dicho, sm gran re9nJtado. Y eato era natural, ue~puée de todo, porque care•
cía de convicción, de sinceridad, n~ tom.ab~ b~tante'
lo serio sus marquesas bijas de ebametas gu11lotmado~ Y
eue dnques que Ee ¡,aaeabJJl por loe albaftales con abrigo
de pie&gt;1es v corbata blanca.
,.,
El Director del J&gt;¿qi1ei:co l'roktario, en donde Juan.'\ 1gnol publicaba sus bli!t.or,as capacee d~ bac~r dormu de
pie, ltt decía con toda crudeza: •Qner1do mio. se c~noce
que no siente usted nada de esto,,&gt; y no le paga~a stno á
diez céntimos la línea. El pobre muchacho fab1a que era
superior á au groeera tarea, y sofría dando~ men,udo pro•
fondos suspirot. Pero ¿y qaé? Era su ~estmo y para ho.-Oer cocer su escasa pitaoza ~e agotaba mventan&lt;lo aventuras cada vez más extravagantee.
Uno. \'ez, por ejemplo, no hubiese podido pagar dos arrendamientos atrneados y habría eid!)
indudablemente embargado, s1,
en el 1'iltimo extremo, no hnbiu·
ra logrado un anticipo del Dir€C·
tor ctel l'er¡u~,10 l'l'l&gt;letariu, ee·
ducido port-1 asunto de una no·
vela cuya anblltancia en el_ primer f C'lletín, era como sigue:
"'ºº músico de la orqulll!ta del
Ambigú, hijo bastardo, ain saberlo, de un par de Jnglaterr.i,
al volver il su ca,a, des.pués de
la lnnción, encut1ntrn un eequeleto en In C'\jn de su contrabajo.• Bit t'I 7,rói·imo mímtro conlinu«rá.
En tanto que vhió la mam,,
' Juan \'ignol, modelo de_ amor
filial, soportó bastante bten la
,·ida. Pero desde hace dos aftos
que se encontraba tiOlo en el
mundo, eiu parientes, con poeos amigos y con coRtnmbres
caseras, v se aburría enormementll
su piso alto de Ilde,· ille.
-¡Qu~ trabnjo! se decia una
uoclw ,·íepera de Navidad, 811·
biend~ con lentitud sos cinco
11isos porque ee había puesto al•
go as~ático. ¡Qué trabajo! Todavía dicen en el diario que mi
última obrn-.lfo:w, !1 Ou111{•{11iía
-no tiene bastantes p11fia adas.
Serú preciso que resucite á Bm,t/r 1'01\jmm, mi presidiario que
acabo de precipitar. no hace ocho
días de la Torre l,iffel, y que le
facilite víctimas ....... y dei,pués
d1: este rru-go de complao~ncia,
ya verán uot~des corno t!lguen
rehnsándon1e veinticinco centavos por Jlnea ......, ..... ¡ A.h perra
vida!
.,
Al entrar en su habitacmn, experiment{ialgllnOS pequetla11c01!trariedades. Después de una mi•
rada melancólica á su colección
de pipaa, eemejante r1. la d1:l ha·
rém de un sultú.n que ha renun•
ciado r1. este pa,at1empo, Juan
Yignol advirtió que su lumbre,
que babia, sin embargo, cubierto de cenizas antes de salir, se
había apagado por completo. Y
tn \'O necesidad de eneucilll'!!e
l811 manos para encenderla. la
pnrtera le habia preparado mal
la lámpara en ln mailana, y tuvo que cambiarle la rnecL.&lt;1; entonces sol:wieute vió que no tenla l!iuo dos ce1 illos en s11 caja.
-¡Rayos y truenos! exclamó
soltando su juramento favorito.
l'ueaestoy fresco si la lámpara
6 la ln'mbre se vuelvten iJ.apa-•
gar...... Y necesito de ·velarme
para resucitar a I presidiario.
iBoniwi Navid~, entre p9:réntesisl Y cinco pisos que ba¡ar y
subir otra vez por estos cerillos! ......... Pero no! voy á pedir
uno á la ,·ecÍilB.
La vecina ero la tía liatbieu, una pobre vieja, cuya hij11 recientemente aba.ndonada por an marido, babia
m'uerto de parto el me9 de J alio. La criatura t,eoia cinco meses; y la abuela que cosía á máquina, la criaba con
biberón. ¡Cuánta miseria en aquella covacha I El novelista que era un hombre de corazón. había entrado allí
algn~as ,·eets y dejado nna moneda de plata, aunque no
tuviPse rnnchas para él.
-Tunl tan!. ........ Buenas noches, tía Mathien. ¿Me da
usted unos cerilloA?
-Eb ! tía Mé.thieu, ¿qué hace usted a.hf?
-Ya lo ve usted, i:-r. Yignol, respondió la vi_Pja con
voz lacrimoss. Voy r1. llevar esto al ~fon,e de P1Pdad y
ea prreiso que me dé prisa, porque cif'r..-n lea oficinae á
JBB ocho ......... Siempre me darán diez francos ......... Es
¡sna buena, no crea Ul!ted ....... ..

4

•

2i

EL }fUNDO.

420

y

~a llegaaa ael año nuet?o.

º°fo:

°

27 Dwrnmnrn, 1896.

Balada de la .muerte.

EL NIDO DE GORRIONES.
Ancho, hueeoeo, atlético, con los ho nbroa robustos,
las piemne fuertes y el cuerpo encorvado por la edad, era
~I tio R(.que, un campesino llmgonét!, que llevaba con
~ergfa eus setenta y cineo allos y la adminiRtración de
elll! finca- y propiedades, calculiidas por los inteligentes
-del contorno en ciento cincuenta mil duroe; un capital,
diariamente l'igilado por su dueño, que recorría ene tierras sobre un caballejo de mala muerle para inspeccio•
nar y dirigir la siega en Agosto, la vendimia en Septiem•
bre, la si&lt;,mbra en invierno, el esquileo del ganado en
primavera, la recolección de irutas en otofio, y las múltiples faenW! de la ogricultnra en todo tiempo, sin cuí•
darae del calor, ni del frío, ni del aire, ni de la lluvia¡
atravesando uua at.móefera de luego cuando el sol aabrasaba los campos. y una eilbana de hielo cuando la nieve,
cayendo de las nubes, se extendía en forma de m·auoba
monótona deede los má.s hondos repliegues del valle hasta loa mál! altos picachos de la sierra.
Por9.ue el tío .Roqne no quería dejar nada á la inspecci6n a¡ena; la más i11significante semilla pa,aba por en•
tre stis dedos antes de caer sobre la tierra, aquella tierra
13Uya, completamente suya, á la que quería y amaba con
ternuras de abuelo y codicia de amante celoeo; tierra de
la que no se habla separ1.1do nunca y de la que parecía
hijo, y mejor que hijo, producto. A tal extremo se había
compenetrado con ella, por su aspecto, parte integrante
de ella misma.
Su cuerpo achaparrado, duro, lleno de ángulos -y nudo•
sido.des, asemej.ibale á una encina ano~a, dotada por un
-capricho de la Naturaleza de la facultad de transladarse¡
su rostro, corUdo por la intemperie, era del color de la
tierra labrad11, no parec(a sino que 11n solo arado había
hecho los surcos de la una y las arrugas del otro; como
crece entre louurcos lacizañn, desigual, reyuelta y sal{li•
cándolos á trechos, crecía la barba hasta su cabeza puntta•
goda, coronada decabellos blancos, que recordaba los pi•
-cos inacceeibles q11e se er¡,:uíao sobre la montafia, co bier•
tos de nieves perpetuas. El tío Roque era un pedazo del
terr11f10, las raíces de su ~·ida arranc:1ban de él,
:S-i so dineYo, ni sus hljos ( cuatro hombretones ya casados), ni BLB aiíos, ni sus fatigas, fueron bastante r1. ind11cirle al reposo, á la existencia c6moda, al vivir quieto
de un anciano pudiente...... Quebrantlibaae su ealnd con
el rudo trabajo r1. que ven fa entregado desde el amanecer;
algunas noches de invierno una tos seca deagarraba su
pecho: no pocos días de verano sinti6 un abogo, un prin•
-cipio de aefi:x:ia, que le hizo detenerse y buscar apoyo en
el tronco de llil árbol; aconsejóle el médico, multitud de
vect:s, que deecanaaee, que re· ,unciara á la labor diaria;
pero el tfo Roque se encogía de hombros, se burlaba de
-consejos. y de dolencias, y al romper la aurora se bebía
un Yaeo de agnardiente, ensillaba eu caballejo y al cam•
po, á ínepeccionarlo todo, á qae trabajasen los braceros,
tl que produjese la tierra, á que no estropeasen á su querida, la única hembra que había sabido pagarle con usura eus desvelos y eu constancia.
¡El reposo! ¡Entregará manos ajenas el cuidado y con·
servaci6n de lo suyo( valiente locural.. .... ¡No ver sus tierras sino á ratos y como un paeeante más! ¡Cómo si
aquello fuera posible! ...... ¡Como si él, acostumbrado r1.
trabajar sue terrenos y á dirigirlo todo, pudiera resignarse á vivir inactivo, á convertine en espectador, ::t no ver
-c6mo en laa maf!anas Irías del invierno desflora la reja
del arado la tierra húmeda y palpitante, para que lama•
no del sembrador arroje en su seno la simiente fecunda·
-dora; á no contemplar bajo los rayos abrasadores del sol
de Agosto cómo e! trillo desgrana la requemada el!piga
y la horquilla 11.1 recoge y la pala la avienta, para que el
trigo caiga convertido en granizo de oro sobre el ancho
mont6n que cubre la era y qne se eleva en forma de pirá·
mide; quedlll'l!e eu c1111a, bajo la sombra perezosa del empa•
rrado cuando la hoz arranca de la cepa el lozano racimo
v el carro lo traslada al lagar y los mozos lo pisoteu1 en•
t0Illilldo canciones hasta qne, conVf!rlido en mosto, lo
recogen las cubas y fermenta en ellas y de ellas sale trasformado en chori o rojizo que humedece los labios y calienta la sangre; no tomar parte en la recolección de los
frutos, en el esquilo de sus ovejas, en la labor harinera
-de sos molinos, en la confecci6n y refinamiento de en
aceite!.. .... ¿Era eso Jo que querfnn de él? P11~s que no lo
esperaran. El baria eiempre lo mismo, recorriéndolo to•
do, vigilándolo todo. A caballo mientras pudiera tenerse
:firme en la silla; en un car.ro si no pod!a andar. ¡ ~unque
fueee á arastrnel
¿Quién iba á hacerlo si no lo haaín él? ¿Sus hijoe? Tenían que cuidar lo de sus mujeres. ¿Un encargado? Como ei dijéramO!! un ladrón, un tramposo, q11e no podfa
querer 1uás que su provecho. Y él solo quieto, dejándose
Tobar en tllll! propias narices. ¡Que no! ...... ¡En seguida! ...
¡Apartarse de sos t-errones, no ealudo.rlos á todas horas!
¡Cómo iba á intentarlo; si 108 q11erfa tanto; si en verano,.
al irse á acostar, dejaba la ventana abierta para recoger
todoe los l'llmores de la noche, y no cerraba en tiempo
algú.Do las maderas para no desperdiciar ningún rayo de
eol, ninguno; ni siquiera el que 1,e bosqueja en el horizonte al amanecer, sin alubrar casi, como el parpadeo de
unos ojos que ee despiertan!
El que quisiera verle furioso no tenía más que hablarle
de ello.
Muchas \'eceB le habían propneet-0 sus hijos, cada uno
-de por sf y prescindiendo de los otros1 irse á vivir con él,
ayudarlo. Pero el tío Roque se neg6 wempre. Si bubie,sen estado solteros; bueno; con la recua de 111 mujer y de
los chicos no; el casado casa qniere. Saufa que de favorecer á nno se hubieran enfada.do los demás, y bastante se
odiaban al penpar en IIU' eventualidades dP la herencia
futlll'tl, para que af!adiese él leña al luego. :Xi un hijo ni
un adm10istrodor. El uno y el o~ro le habían de robar.
El eolo se bastaba para eu negocio.
Aaf pasaron at\os, y el tío Roque se fue poniendo achacoso y débil; ya no podía montar á caballo; apoyado en
nn bastón de nndoa, recorría sus propiedades y presen•ciaba las faenas del campo con toda la energía de su es-

421

EL MUNDO

En la mística noche callada
Una trémula voz desmayada,
A wi oldo, llorando, llegó;
En la mística noclie callada
Una extrafla y doliente balada
Con palabras enfermas cantó:
•Cabecitas cual pálido, lírios
Qne al incierto fuJgor de loa cirios
la medrosa tiniebla eW1alt.ais¡
Cabecitas cual pálidos Hrioe
Que las nocbel! de intensos delirios
En beata q11ietud esperaib;
Ojos turbios de vírgenes muert112,
Ojos de liondae pupilas abiertas
Dilatadas de frío y dolor;
Ojos tlnbios de vírgenes muertas:
¡Ya jamás en las noches de~iertas
Lucirels como estrellas en florl
•Manos láciae de mnertaP amadas
Que teneis las blancuras sagr.tdas
De la costa camelia imperial¡
Man.:&gt;s láciaa de muertas amadas
Que babeia sido en un tiempo, besadas
En la límpida noch.e estival;
·
.Lnbios muertos, que hoy sois de violeta,
¡ Ya no hay besos que alte:en la q.uieta
Contracción que la muerte os dt.-Jó!
pfritu, i&gt;mp•iia•lo 1•n •0~1.\lner y p11'!ear aqnel cuerpo ~ue
se tambaleaba sobre In ~umba. Pero como sus dolencias
le hacían quedarse en ca~a muchos días; come no lograba
inspeccionar o todo, ni los mozos iban tan derechos, ni
lae cosechas producían tanto como antes¡ como esto era
verdad y lo era también que el tío Roque ¡¡at11ba muy enfermo y el trabajo aoabab3 con él. y -u l!lllud tenía nece·
eidad-e11 opinion de loe médicos-de absoluto descauso,
resolvieron slll! hijos obligarle á cambiar de vida, y fueron á verle una noche y hablaron con él. senti\ndoee en
torno del si116n donde sn padre desc!llll!abs y oía eus proposiciones, contrayendo su boca sin dientes y fijando en
ellos ene ojos astutos de campe• ino.
El hijo mayor lué el rncargado de decírselo, y se lo dijo claro, ooo rudeza no desprovista de carino y lealtad.
-¡Padre, usted está inútil!.. ..... 1La vida que lleva no
le sienta bien! Es preciso que descanse usted y que arre·
gle la manera de encargar á &lt;1tro sne negocios.
-¡A otro! Y ¿á inién?-rep111!0 el viejo.
-¡,A un extraño.
-Eeo de ningún 1llodO,ccoutesbnon l011 hijo!! ácoro.
-Entonces, tá quién? ¿A uno de vosotros? ¿.Qaeréis
vosotros tres que se encargue Antonio de las fincas?
Los preguntadoe arrojaron ~obre el presunto favorecí·
do una miradn de rencor y desconfianza, ¡Encargarse
Antonio de t&lt;,do! Para aprovecharse de elb; para quedo.rae con lo mejor. Do ninglrna manera. Preferirían r1. un
cnnlquirra.
Leíruie eeto con tanta claridad en sus ojos, en las frases
ir6nicas y sutiles con que respondieron d. la pregunta de
su padre, gae el viejo les dijo sonriéndose con sonrisa
entre burlona y triste:
-Ya Yeo que eso no os conviene. Lo presumía. Noos
niego tampoco que estoy malo yqne el cnltivo delas tierras no anda tan bien 00010 a!los atrás. ¡Qué remedio! ...
Tendremos paciencia. Yo haré lo que me sea posible.
-No, padre. Usted necesita descansar. Se lo ha dicho
el médico y se lo repctimo@ nosotroe.
-Pues vosotros diréis cómo se arr¡,glll.
-Mire usted, como medio, hay uno.
-¿_Ontíl?
-Cédanos usted las tierrau, repár~laa entre nosotros á
su glll!to; de ese modo nos evit3remoa pleitear por lae
pMticioneB cuando ee muera usted; noEotros cuidaremos
cada nno de su parte, como usted mismo, y neted descansa, viviendo al lado de eus hijos, del que usted desee,
porque todos le queremo:, bien, y nos desviviremos por
complacerle.
-\'amos-dijo el tío Roque con voz 11ervioea-queréi11
here.::.arme en vida.
-¿Nosotros? ........ .
-Sí, no me enfado; es natural que penséis en ello; pero oídme:
,
Cuando vosotros érais muy pequeños cojí en el alero
de ese iejado un 11ido de gorrion81l; me los llevé it caaa;
los puse en una ¡au.a y la dej6 encima de la ventana.
Los padres, que h11b(nn venido detrás de loa .gouiones,
empezaron á dur-vueltas en rededor de aquella careel y
á pfar dolorosamente. .Por fio, uno de ellos se echó á volar, VJlvió á poco rato con un gran-o de trigo en el pico,
-entró en la jan Is, di6 de comer á una de las crías y mient:tas él prauticaba la operación, "e fué el otro gorrión y
volvió también ...... carg3do de trigo ...... en fin. que los
dos padres ma.,tuvieron áloe pajarillos, ni más ni menos qne cuando estaban e11 el alero del tejado.
«Creciecon .as crías, y ~charor ala~; ya revoloteaban
dentro de la jaula; loe padres seguían alimentándolos¡
cuando e11tuvieron los pequeños en dieposició:i de volar
por su cuenta, puse yo unoe espartos con liga delante de
la jaula; hice prisioneros á los padres y d( libertad d. los
hiJos . .A. los padres los encerré. ¿Y 1!3bliie ,•oBOtrOI! loque
pas6?-dljo el tío Roque con 11eento burlón y duro.-Que
lós -p~~res ee murieron de hambre; porque ninguno de
loe h1Jos se ocupó de 1arlee de comer.
-¿Y qué queréis decir con eso? exc1!Ull6 el mavor de
loa hijos.
•
-¡Qué) .Que no despedazaré mí tierra querida :fl!?T vosotros; que os vay11ie á. vuestra Cll88 y que me de¡éis en
la mía. Que no me qllÍero encerrar en la jaula.
Y el Uo Roque, riendo á carcajadas, se metió en su
enarto,

"IOh, Purezas! Dormid vuestro sueiio
En los brazos del último ensueilo
Que turb6 vuestra paz virginal
Y en loa brazos del último eosuefio
¡Esperad la llegada del d•ieño
,\ la cámara blanca nupcial!•

A través de las pnrdns neblinas
Muchas vi~enee ví peregrinas
Que la tráoca Reyna besó;
A través de las pardas neblim:e
Deegranando BllB notas mezquinllll
Lentamente su~ notas perdió......
ÁNTRl';OR l..EscA..'iO,

Diciembre 19 de 1806.

•

PAGINAS 'JE ALBUM.
r.
SU'.RPRISE.

-¿Es bella?, he preguntado.
-Oomo nn jar.mfn.
-¿Es inteligente? ¿Ea illll!trada?
-Hay algo en su st!mblante que recuerda el génio de
Corina, y de sos labios brotan conceptos dignoe de PIA·
ton.
-¿Es l!edactora, gracio!!ll y atractiva?
--Sus pasos son cadencias, sus movimientos ritmos,[.
al contemplarla se sueña en horizontes aurora.les, en ee.
vas perfumad6S, eu palacios de nácar, en cascadas de
perlas.
-¡Ahl entoncP~ he descubiert;o on misterio. Cuando
en estas tardes de Otoño, en la!! penumbras del anoohecer, bajan por la conj11nci6n celestial de los rayos de las
estre1las amiga~, r1. los vergeles cubanos, el Dios cupido,
y el Angel de la Carid11d, ¿sabéis á quien vienen á admirar y , bendecir?
Á. IILLA!!!

II.
SONIU8AS CREP[l;;CrALAR.ES.
A

EvA~GELINA ZAIBli.NA.

Eres-sobrina mía-tan dulce y tierna, tan bella y ruborosa, comi, lae vírgenes dibujadas por lllurillo 6 cantadas por Frédéríc, et artista prodigioso de EL Puoo11.
En el Otmio del aiio y en el invierno de la vida, la pluma suele arrastrarme hacia las oo~as triúes. Hoy, al declinar la tarde, la atmósfera eelá cargada de obscuridades
y de corrientes frías,
A 11esar de ello, me presentaa tu libro de recuerdos fn·
timos, y no quiero empaparlo en lágrimas, ni rodearlo de
sollozos, ni empequeñecerlo con decepcionea, Bino cubrirlo con divinales ea_peranzae, aignas de tu coraz6n sencillo, de tu mente cfarlaima v de tu so:-;nrsA cru:.PUS&lt;'n,AR;
de esa s.onriea de la ,ual decía )Iéoard que ,e siempre
diáfana, como el rayo de la luna que defc:iendeá baliarse
en el ambiente fresco del :ign3 dormida, en el p~rfume
enamorado de las fiores.
Acepta estos ap1111tu como un rocío de consuelos, ya
que, según exclamo.ha Brilland, en la Naturaleza es el
rocío la -ver.illdera yiili,·, 11u1ti11d.
Disculpa á IaJoconda,-pura, peromiateriosa. Continúa
siendo casta, con orgullo, ~o olvides !ns debilidades bumanaB, porque olvidar no e.i perdonar. Ama mucho, ¡,ara
que puedae defeJ)derte del amor. Eota1,. en la manan.a de
la juventud. En torno tuyo, toclo s,,,..¡;,,, lodo canta y mi
mayor anhelo es que jamás te veas obligada á repetir, con
el sublime trnvador &lt;le las inquietudes del alma:
¡,~v~. lncientc sol , &lt;"ampo d e flores,
ca,.,_,,,.¡a¡ c,elo azul, numlls!...... La vida
E., J1orrl ole tragoola entro c,.¡,leruloreol
Al&lt;'DRÉB CLO:Q'l'E

y ÁZQCXZ.

.

�422

EL MllTJ)().

27 DICIEMBRE, 1896--

ANATHEMA SIT.

Sin embargo, soy an poco hada y quiero probarle que•
fuf sensible a tu atención caritativa. En adelante t:iempre que abras la boca para pronunciar una palabra, saldrán de tolla. diamantes y pt::rlae tinas que podrá.a recoger
y que te hadn máe rica que una princen; de aaerte que
si el corazón te lo dice, podrás cnwrte con un príncipe,
porque poseenla una dote suntuo.a¡ circUDhtancia que nopodría diPguetar á ningllDo de los príncipes actuales, cu •
yaa tinanrGas están generalmente en mall,imc, estado.:, Dichas est.11s palabras la vieja desapar~ció y la joven emprendió de nuevo, muy proocupada, el camino de en ca•
ea, no ein haber hablado mucha:: nces en voz alta, para
no decir no.da y simple!llente porexperimentar el (abuloeo privilegio de que la vieja .la bahía invt'ati.io.

Si negare alguno qne f!anta ·M aría,
del Dios paracleto-paloma que albeaconcibió ain mengua de su doncellía,
ana~ma aeul
.Anatema el que recbua lo!' prodigios sin segundo
del botón intacto y úber que da fruto aiendo yelllJl¡
que los vientrea que conozca, como légamo iofeolllldn,
no le brinden 11ioo espurias floracionea .....• aoatemal
Si alguno afirmare qne Crieto divino
por nos pecadores no murió en .Judfa
ni su cuerpo fe!' hostio. ni su sangre vino,
anatema eeal
Aaat.ema los qne ríe11 de oblaciones celestiales
eh que un Dio~ -loco de amoret!--es In víctima suprema¡
que no formen para ellos ni l!U harina loa trigales
ni eus néctares l!Rbro~os loe vrñedoo...... anatema!'

Si alguno dijere que el alma no exli,te,
qne en lo~ craneoe áridos perece la idea,
que la luz no surge trne la sombra trnte,
anatema sea!
Anatema loa que dicen al mortal que temn y áude,
anatema los qne dicen al mortal que dude y tema;
que en la noche de Hlls duelos ni un carilio los escude
ni los bese la eeperanza de loe justoe ...... anatema!
Diciembre de 180/i.
A.YADO XKR\/0.

Las dos hermanos legendarias.

r-"~0

(' \.\..( 2
~~ -º)
,&lt;")

............,..

U11bía una vez (cuando menos yo dejé que me Jo contaran porque no fuí á wrlo), doa hermanas que habitaban con su madre, viuda proba~lemente, (porque no se
dice nua palabra del papá en esta historia) una casita en
nn bosq11e. ~.\unque no faltaban las casas en ese boaqne
.. acaso haya qnien 88 asombre de que tres mujeres sin de:
fc,nsa hubil'l!en tenido el valor de permanecer en medio de
la selva, sobre todo en nna Jpoca en que loa lobos y lo&amp;
jabalíes no andaban torpes y ee ignoraba en su ruavor
parte los neos mlia element.ales de la civilización. Ea" de
creers.e qne ell!lll encontraban Blt pequefio beneficio, sea
qne d1es!-'n do comerá loe lenadoree ó 11ea que eet11viesen
en connivencia con loa merodeadorée y loscont:ra:andis;ae y que au9 cuevBS eirriPeen para celar las mercPncfaa
robadas ó adquiridas con !rande. Este punto hn permanecido obecuro, pero como P.9 perfectamente inút.il para
la int.eligencia de nuestro relato, nos dispeoaaremoa de
c~clareurlo á 9ioruo.
Esas doe hermanas, como sncedediarinmente en nnestras ciadade;, más progretoiatas, no tenían la uoa por la
1Jtra mae que una simpatía mitigada. ~ns relaciones eran
,~xpotáueamente agrltlulces y máa agrias que dulce~.
En primer log_ar la hermana mayor era morena y po·
eo[a un par de OJOS nl'gros capaces de p :nerceloeoalaza•
b:1che y de de~concenar al ébano; en tanto que Jn menor
enorgullecía u.e u na cabellera rubill capaz deponer cau~tlloaoe á los trigos y ojoa azolea de un azul transparente
y límpido que t1vocaba los cieloa &lt;le l\layo v los marea de
Septiembre. Fácilmente comprendt:réis qu·e esas dos hermanas tu ties•n la nna por la otra e~ntimientos á~idos•
lal mayor e.stimaba que no se tenía el derecho de ser t~
insolentemente rubia como en bem1aaa menor y la me•
nor coD!lidera ba como iujurioso ser t.,a 'imprudentemente moren~ como eu hermana mavor.
En otro~ t.érmi no~, e11ta, eefiorltas .,floreetalee,n 11e deLMtaban cordialmente, lo cnal es muy t.rú;te pero tnás
común de ló que ordiuariam~nte se cree.
~\demás sus carac1.eres diferían de una manera tan
cierta y posith·a como el color de eue pnpilas y el tinte
do.i aus cabellos. La mayor, naturaleza espatl.ola, era tao
ardiente, pet.uh1ute y -v~inglE&gt;ra, como la menor, temper1lmeuto ei;ca11di01wo, era. plácida, tranquila y reposada
~o se pasaba caei dfn ~in que las dos hermanas antag~
nic:is no to,•ic_eo la una para la otra palabras vivaa y

"ª

prop6l!itos hiriente@; no ee eabe lo que h•biera paeado
en la.a noches si 110 hnbieern tomado el prudente partido
de conFagrnrlas al Euefio.
Sus di,cuejonea diurnne dtgpnarnban rora vez en que•
rellas caracterizada.• gracia~ íi la int.erl'ención Ealudable
de la mamá. Esta 1íltirua, como puede verse, ¡ay! en 1a
mayor parte de las familias 111odernaP, _no tenia por sus
Jos hijas una predi lecci6u igual; para la mayor que se
le parecía en Jo f(sico no mi;nos que en lo moral, dejaba
ver una \·iva preferencia . ..iaí, todas la8 ,·ecea que intervenía en ene eternos debatll\l tomaba con wui parciali•
dad deplorable el partido de la mayor contra la menor.
Esta, mny eutlcientemente reeign:itla respecto á los f:entimientoe maternalf's ni atm esperaba á que se maniit:atasen; para evitar di~goetos procuraba eclipearse dulcemente ~an luf'go como ofa los paeoR de i;n madre en la
escalera. En una palnbrn, la vida ee !e habla vuelto insoportable; pero la característica de la vida es dejal'l!e
soportar aun por lae personas que la juzgan insopor•
table.

!o!aturalmente, la madre •*•
y la hermano n1nyor hicieron
11oflama con el milagro. Eso no Fe había visto jamáe, diez.
veces se hizo reierir á la joven, con todos los detalles. loe
aconteciruientoe de la mariana, no 8iD haber tt•nido cuidado de colocar anLe ella una iumenFa ce~ta niáa habituada :i ,·erRe llena de putatae que 11: diamautee y de per•
las flnae. Eran aquelllll!, riquezar, incalculoble•: la madre
y la hermana quisieron apouerarsti dt&gt; el.al', pero con
gran decepción de su parte, apenas tocabon la cesta, las
piedras prl'ciosas de,;apancínn como por encanto. Acuearcn á la hermano menor de qne les traía mala suerte,
mas no por eeo dE&gt;jaron de ver deeaporecer, sin poderlo
remediar, innumnables te.eoroa.
Fu.; precieo reflexionar: «Hijo mía, dijo la madre, ea
probable que los diamantes no ee deevane1.can ~ino porque no no!! pertenecen. En sumo, no hay razóu para
que la hnda no t~ haga el mismo preAente qne :í tu hermana. Por qné había de eer ella la prderida? Ya e11bea
to manera do conducirte¡ no te es difícil, pul'P, rnlver
aqn!' de.~parramando perlas linBE; eiltonceR podrás ncogerla~. venderlas y constituirte una dote rnl que nn príncipe te demandti en matrimonio. Xo es per~pectirn que
me diegu~te volverme nu día la suegra de un soherano
auténtico. u
La hermana mayor con ,·ino en todo. - };~perando que
sn hija hablll.!!1• e11 dianm11te11 la madr,~ lmblnba de oroFuése puea In jo,•p.n 11011 rnaflima al bo!!t1ne, ee c,~loc6 eu
el paraje indicado por ~u hermana v el'pe1-f&gt; la b11enaven·
tura de la ,·iej:1.
·
1':~ta, no tard,í en aparecer, vacilante y de~fulleciente
bajo en carga de lelía. La joven ete 1•n•cipi1.6 á eu encuentro y Je ~uplicó quii la dejase ayudarla: uCon muchogus•
to-respondi,i la vieja; ahora eetoy extraordinnrian1t,ntefatigada. El amo q11e me emplea es cruel y exige qJe lle-

*** ee encontraba en una
Un día que la hermana menor
calle del bo~que ocupada e11 recoger cr~i01ples,11 vió venir
á una vieja 10da encorvada b-Jjo el pt:so de ramazones
muertas de que babfa hecho un h11z coosiderabhi, mar•
chaba ptmoeawente, apo¡ada BObre un bast.ón nudoso y
ca:ia ano de .e ns pasos hacía campanear w cabeza ,•aci•
!ante. Su rostro eftaba hollado por 1118 arrugae y sua pobre!! ojos grisas denunciaban una fatiga tal, que loa cora·
iones más seros hubieran moY(dose ti piedad.
Nuestra jo,•en no pndo tolerar Ain emoción la vieta de
11na vPjez tan wiBerable; ee aproximó á la carupel!.ioa y
le dirigió estas palabra@: ~~\ladre mis, soy joven y robaeta, no ~a conveniente que me ocupe de la M.cil labor de
recoger "eimpleP,'' en tanto qne ,·os pen11ie dolorOl!amente para llevar esa cargR¡ indicadme el paraje en 9-ue
debeie depoeitar esta le!ia y en tanto qne buecaie las hierbas en n1i Jugar, yo haré la tarea injusta que se os ha
impuesto; sí, inju11ta, porqne está por encima de las fuer•
ve yo una carga que excede en mucho :1 mis íuPT1.11s. Anzas de una viPja y buena mujer como Vlll'.•
hija mía, me haces 11u eervicio y Dios te lo recom•
La campeeina respondiú: -Hija mía, tienes generosos da,
pensar~...
aentimientoe y yo te probaré qne sé reconocer loe; no h~e
.Aquí 11e trata de Dioe-pens(, la joven. ;;eguramente
obligado á una ingrata. Pero tranquill!!ate: si cazgo mJB
viejas espalda~ con un fardo tan pet'ado, no es porque ee hay error; la otra vieja llevaba 1efia por gn~to: fleta tra•
me obligue; yo misma me he impue~to la tarea. He tra- ba~a porqne ~e lo exije en perra vida; me he eqnivocado;
bajado toda mi vida y me sería penoso convencerme de 901ero traba¡ar para una hada pero no para la primer vieque ya no soy buena para nada. :r-:n t.anto que el cielo ¡a 9ue se me presente: eeto sería estí1pido. Y arrojando
me cooeer\"e fuerzas suficientes para transportar mí lefla á t1Prra las ramas exclamó: ••Buena vieja, no me has midesde en medio del bosque hasta mi cnisita, estaré tran- rado¡ te imaginas acaso ~eri:ímente que yo voy á reveo•
quila v me re.iré de la vejez. No tengas, pues, remordi• · tar por tí sin provecho? Otro día si gasta¡,; lo qne es aho•
ra te comprometo á que vuelva.~ á car¡tar ta lefia sobre
miento!! y continúa buEcando tus simples.
Lua hombroeJ porque BÍllO muy bien podrfa quedarPe ahí
hasta el fin ae los tiempos, 6. menos r1ue le crezcan alas ....
-Te has bnrlndo, pues, de mí, repuso In vieja.
Te peeará, hijita: has nrado abandonando mi Iei1a
porque con ella me caliento. No tardará~ en arrepentirt/.
En adelante no podrás pro[erir una palabra ein qui'! balgan de tn boca víboraa v eapoa. Eeo te enseflarii á burlarte de las hadas, y eÚfriráe tanto más cuanto qne to
hermana menor continuará llo,·ienü.o perlas y diamantes.'•

,,-/~

*

\_\·'½

Á (
-

Todo p~6 com'! el hada fo ha~fa ordenado. Pero-1oh
de·senface unpreneto y además mmorall-Pucedió que la
generosa herrnnnll menor acabó sus días en la mi!!erin
porque á fuerza de haber •secretadon diamantes ,. perla~
no encontró Joyero que quisiese comprárselaP, e·n tanto
que la maligna hermana mavor, acabó loe ~nyos en la
opule!Jcio. ~or!lae á fuerza d_e expectorar sapos y vil.oras, d1ó naCJm1ento á bactrac1oe y á rP1&gt;tiles tan perfec•
cionadoa qne todos loe jardines zoológicos del mllndo se
los diepatabao á -precio de oro.

¡[

. 1
De aa antigua coquda la hermo,urn,
las ganas me qoitú de hacerme cura.
CA~IPOAl!Oll.

27

DICIEM:BRE,

1896.

El epitafio revelador.
¡Yo lo había amado perdidamente! ¿por qué me amó?

F.e extrailo no ,·er en la imaginaei6n sino un solo penea•
miento; en el conzón an sólo deseo, y en la boca un
nombrtl solo: an nombre que se sube ínce,,antemente,
que sale como el agua de I!.laoanti:ll, profnndidadee del
alma que se lll!Oman á loa labios, que se dicen, que ee re·
piten y que se murmuran sin cesar en todas partea á mo•
do de oración.
No contaré nuestra historia. El amor no tiene mils que
una, y siem·pre la wi~mu. La encontré y la amé. lié aquí
todo.
Y yo había vivido dnranta un año con su ternura, en
sus bra.tos, entre sns caricias, en sus miradas, en sus tra·
jee, en sus palabras. envuelto, ligado, aprieionado en todo lo que procedía de ella de un modo tan oompleto que
va no sabía si era de día ó de nacho, si estaba muerto ó
,·ivo, en el viejo mundo 6 en el otro.
Muri6.
.
El c61no, no lo ~é. Yolvió mojada una noche de lluvia
y al día siguiente tosín. To:sió cetca de una &amp;emana y ee
acoRtó.
¿Qué pasó? X o lo sé.
Loe mf•dicos venían, escribían y @e iban.
Trafl\n remedi~; una mujer se loe hscfa beber.
Sus :uanoe estaban calieotee, su frente ardiente y húmeda, su mirada brillantti y tribte.
Yo le hablaba y eils rne respondía. ¿Qué nos dijimos?
No lo eé t:uopoco. Todo lo he olvidado; ¡todo! ¡todo!
~iri6. :'tle acuerdo muy bien de eu débíl sll!pirn, PI
último ténae ~u.,piro.
J.a enf~rma dijo: "jahl• Todo lo comprendl.
No he sabido otra cosa. Nada. Ví un cura, y me habló
de ella, y lloré.
l\le comnltaron ~obre mil cosa!'. Me acuerdo i,in embargo rnny bien del féretro, del ruirlo de los martillazoa
cuando chwaron la tapa. ¡ Dios mío!
La enterrarou. ¡Eoterrada! Ella, en aqnel ag11jero. :\le
escapé. Cnrr(. Camiriil mucho th,mpo pór las calles. Oe8•
pu~a vol\'Í á mi casa. A.I día siguieote hice un viaje.
.Ayer regresé.
Cnando volví ti ver mi coarto, nnestrocuarto, nuestros
muebleP, aqnella cn~u que había qnedado, todo lo que
qoeaa de la vida de un ser despnés de ¡¡n mnerte, me vi
dominado por nn EentimienLo de peear tan violento, que
eetmJ II punto de abrir la ventana y arroJarme á la ca•

lle.

No pudiendo ya vivir cm medio de aquellas C-Osat1, de
aquellas paredes que le habían encerrado, abrigado y que
debían conserrnr en ens inperceptibles hendeduras, mil
átomos de elln, de rn carne y de bU aliento, tomé el soru•
br;,ro para rnlir.
De rPpente, en el momento de llegará la puerta, pMé
por delante del gran e11pejo del vl!eMbolo que ella había
hecho colocar allI para veree de.pil•s á cabeza cada día al
salir, para ver si I.Odo ea tocado estaba bien, si estaba correcta y linda d~.sde las botitas al Rombrero.
Me detuve eufrt&gt;nte de aqnel espejo qde tantas veces la
había reflejado.
Tantas y ta_!ltas veces, que por fuerza había debido
con!!"n·ar ~n 11n:igen.
Allí eRtaba yo de pie, tembloroRo con loa ojos lijos en
el criijtD l. profundo, vacío, pero qne Ía habfa contenido por
entero, po~eido como yo, tau to como mi mirada ap8l!ionada.
Me pareció qlle yo amaba aquel espejo; lo toqué, esta•
ba frío.
¡Oh¡ ¡ loe recuerdo!:'! Espejo doloroso. ea~eju abrasador,
eepej6 vivo, eepejo hornble que hace sufrir todas las torturlls!
¡Felices loa hombres, cuyo corazón, como un espejo
en el qne se deslizan y ~e borran lo~ reflejos, oh·ida todo
lo que ha pasado ante fl, todo lo que ha contemplado,
mirando con dilección Ru amorl ¡Cómo i:-nfrí!
Salí, y á pesar mío, ein saber, sin qnererlo. iuí ni ce·
menterio. En"contré eu tumba eenciltísirna, una cruz de
marmol con estas valabraB~
"Amó, fué amada, v murió,"
¡ALU estaba debajo de la tiura, putrefac¡a! ¡Qué ho•
rror! &amp;&gt;llocé. con la frF-nte tocando eL tierra.
Allí permanecí mucho tiemp.&gt;, runcho. Deepnée me dí
cuenta de que la noche iha cayendo. Entonces un deseo
extrano, loco, un deseo de aroante desesperado se apode•
ró dE&gt; ruí.
Qnise puear la noche cerca de ella, última noche para
llorar sobre s:t tumba. P1•ro me verían y me echarían.
¿Cómo hacer? Me ocurrió una Bt&gt;lncia. Me levanté y
me pu11e á rngar por aquella ciudad de loe deeellperadc.s.
Caminé y caminé. ¡Qué peq11ei\11 ern aquella cindsd ol
lado de la otra en que tié vi ,•él Y sin embar¡w ¡cuánto
más nim.1ero~oe son esos mn!'rto, Qne los vivo11! .Xo hacen
falta C&amp;Eas alla~. callee, mucho eep11cio para las cuatro generaciones que ven la luz, bebiendo al mismo tiempo el
&amp;gaa de Isa fnentee, el ,·lno de ln~ viii:111, y comiendo el
pan de las llauorru,?
Y para todas las generaciones dP. loa muertos, para toda la eHcala de la humanidad bajada haHa nosotros, casi
nado, l1ll campo. La tie1 ra los ..-uel,•e á tomar, el olvido
los borra. ¡A.dios!
En el extremo del cementerio habitado, \'Í repet1tinamente el cement~rio aba ... uonado, en el que los difuntos
viejos acaban de mezclnrae al suelo, en el que las mismas
crucer ee pndren, en el que Fe pondrá mailnna á lo,i recitín venidOl'.
Estii lleno de rosas libres, de cipreses Yigorosoe y negro¡,, un jardín triHe y ~oberbio. alimentado con carne
humana.
Yo el!taba solo, bien solo. Me acurruqué junto á un árbol verde. Jie oculté l'ntre sus ramM espeeaa y l!Ombríaa.
Aguardé embutido al trouco, como llll Jláuirago agarrado á un trozo de baque.
Cuando la noche estuvo negra, muy negra, salí de mi

EL MUNDO. ·
escondite y me p11Be á caminar suavemente, á pe.troa lená pasos sordos, sobre aquella tierra llena de mnertoa.
Yagoé mucho tiempo, mucho. ~o la encontré. Con los
brazos ext,mdidos, loe ojos abiertos, chocando en las
tumbas con las manos, 10!'1 pi.el!, las rodilla!!, el pecho y
hasta la cabeza, caminé sin hallarla.
Tocaba, palpaba como un ciego qua busca 811 camiuo;
palpé piedras, crnces, enrejado~ de hierro, coronas de vidrio, coronas de llores ajadas.
Leía nombre~ con mis dedol', pasándolos por las letras.
¡Qué noche! ¡Qné noche! Ya no la encontraba.
Nada de lona. Yo teuía miedo, no miedo espantosoent.re aqurlloa estrechos senderos, entre aquella línea de
tnmbas.
¡Tumbas! ¡Tumbas! ¡Tambas! ¡Siempre tumbael A derecha, á izquierd11 1 ante mf, eu torno mío, por todas par•
tes tumbas!
:i'lle semi sobre una de ellas, pue9 no po Ha ya andar,
de tal modo qut! ae me dob1aban las rodillas.
Oía palpitar mi corazón. Y oís otr11 cosa también. ¿Qné'i
Un ruido confneo, sin nomllre. ¿Estaba en mi alocada
cabeza, en la noche impenetrable 6 b1jo ia tierra mi8terioea, bajo la tierra sembradadecadáveres humano¡;? ~Iiraba á m1 alrededor.
¿CaLioto tiempo estuve 9.!fl No lo eé. &amp;taba paralizado
por el terror; estaba ébrio d11 espaotu, pronto á. ahullar,
pronto ,í morir,
••
De repente me pareció q1le la losa d!I mármol en qne
estaba sentado se movía. ~o había dudo.: se wov(a como
si algtlDll mano la levantara.
D~ un salto mP pnse en la tumba vecina y ví, sí, ví al·
1.arse toda derecha á la pi,.dra de que acababa de separarme y el rnnerro aparPció, un esqueleto de~nudo, que
con su Pspalda eocon·ada la re:hazaba.
Yo ,·efa muy bien, aunque la noche era profunda.
En la cruz purll' lePr:
•Aqn( reposa Santiago Olil'ant, muerto á. la edad de 51

tos,

I\Í\09,ll

u Amaba á lo. rn) oe, fué honrado y bueno y murió en la
paz del Seiior. ••

El muerto lefa tambí..ín lae inqcripciones de las htmbae.
Recogió deepné.a una piedra del camioo, unll piedrccitn
agud11. v ee puso ú raspar con cuidado las palabraR.
Lae bonócompletamente, lentamente, mirando con sus
ojos vacío!! el pnetito en que estnban ~rabadas hacía poco,
v con la punta d!'l hueEo q11e h11bía eido su fndicP, 8€cribió eu letras lnminoeas como esas lfneM que ae trazan en
las paredes con el,extremo dt" on fósforo:
«Aquí reposa Santiugo Olívant, muerto á la edad de 51
ai108,.

t&lt;Apresnró la mnerte de su padre, al que de@eaba heredar; torturó á su mujt!r, robó cuanto pndo y murió mise•
rablemente. •
Cuando hubo neo.hado de escribir, el muerto inmóvil
completó In obra.
Al volverme vf qlle toda!&gt; la~ tnmba.~ est.abao abiertae,
que Lodos los caclá.verea habían salido de ellas; que todos
tawbiéo habían borrndo las mentiras inecrit.as por los parient.e s en la piedra funeraria para eftnblecer la verdad.
Y yo veía que todos habían 1lido los verdngos de sus
prójimos, iracundos, deshoneetos. hipócritas, mentiroso~,
calumniadores, envidiosos; que habían robado, engaiiado,
realizado toda clase de actot1 abowinab1€'s, 11qaPlloe bne·
nos padres, aquellas espo~ fieles, aqnell8ll júvenea ca,q.
tas, aquello@ comerciantes probos. aqnellos hombres y
aquellas mujeree llamadas irreprochables.
Eecribfan todos al mismo tiempo, en el dintel de au vivienda eterna, la cruel, terrible y eauta .erdad qne todo
el mundo ignora ó finge ignorar en la tierra.
Pensé qne ella había d~bido trozarla !'obre su tumba.
Y ein miedo ahora, corriendo en medio de los féretros eotrenbiertoe, en medio de loe cadávere~, en medio de los
esqueletos, fuí hacia ella, seguro dt~ Pncontiarln inme•
diatamente.
Lit reconocí dei;de ll'jos, ein ver su roRtro, en el sudario.
Y Eobre la crnz do mármol en que hacía poco había.
leído:
«Amó, fné o.ruada y ruurió.~
Yí:
~salió un din para engallará su amante, tuvo frío con
la lluvia que caía, y murió. »
Seglio me dijeron después, rne recogieron inanimado á
la madrugada ~iguienie, cerca de una tumba.
GuY IJE lUAUPAss.u,T.

LA GUITARRA
Ramooa del Cabo era viuda de ItOEendo Tercias, cabe,
de carabineros, muchos allos, allá. en Andalucía; después
l11br:1dor. en calida l de colono, en eu tierra; un valle
muy verde y algo sombrío de la wontsila ~tnriana. Ro•
11endo había trn(do de Andalncía tuda la 9al que había
podido, qua era poca. porq11e á él Pe le pPgabau mal las
cosas de más alla de Plljart!s. Era t.,onachón, callado, muy
amigo del ordt-n y de la autor.idad y de las tradicioneé;
volvió de Andalucía con el nmmo acento de Piñola que
había llevado, y tan poco gracioso como faé. Pero eso
no quitaba que le llamasen el andaluz, ni qne cllllJldo
habla rmdr:d1n, labranza de vecindad grntuit.a, pero con
lo comida por cuenta del . beneficiado, "e le ~ase una y
otra vez que cantara eantare11 el.e por allá, c11e1 ca~i de la
tierra del moro. R1J?eodo no cantaba; decía que no ba•
bía aprendido; y si le apuraban, se levantaba con sn ración y salía á comerla á la r¡t.&lt;í11tana.
La misma Ramona. creía qae su Rosendo era pájaro
mudo, que no había aprendido cantares por el mundo

423
adelante. No recótdaba haberle uído coeae de aquellB.8'
que le pedían, ni á solas.
Pero nació Pepín, cua11do e I Cabo ó el Andaluz ya empezaba á ser vie¡o; y ea padre, que al volver del trabajo
al obecnrecer, la cogía en bra?.oe, e11 cuello, y ee sentaba
á zarandéarJe, delante de la puerta del corral de las vacas, muy por bajo, y como con cierta vergueuza, le cantaba, caEi al oído, cantares aodalnces, eiempre triste11, y
trasformados por el asturiano rdractario en monótono
arrastrador ae cndenciaP, prolongadas y eefumadas, al
ueo de sus montanas. Resultaba d.e aq111clla me1.cla nna
.Andalucía sin sol, peco no sía poesía. Hu.mona sorprendía á ,iu marido en aquellas R&lt;wdadr~ melódicas de eus
recuerdos ,t,idaluca, pero no le decfa nada; y, de eoslPyo
contemph,ba al chiqnitín, de ojos l'oiiadoree, que n,ira•
ba á su padre embobado, como si el cantar le hipnotizara dulcemente.
Ello filé que á loe tres añoP, Fepín, desnndo de medio
cuerpo ahojo, y de medio cuerpo arriba no mny vestido,
ee eentab:i sobre el eetiercol de la r¡ui11t111u, y cantaba, con
precisa imitación, al eetilo de ru seflor padre.
De..de entonces se empezó ,1 ajar la atención de la fa.
milia en el nrlc '!"~ p1111íf! el cliico pura coaaa de voi "
o.ido. El señor cura de la -parroc¡.uin ovó C&amp;JJW!r ti Pepe
cnando éste tenía seis aliu9, y di Jo que él, que tocaba bruatante bien el órgano, afirmaba que el chico podía ser
buen músico si le cuidaban la e lici6n.
ll.oRendo volvió un día de In ferfa con una ~uitarra y,
con gran asombra de lfalllona, f8 puso á tocar con algu•
na torpeza de mano, pero con ~mti(lo. Y en los ratos de
ocio que bien eabe Dios que eran pocol!, se empeñó en
dar lecciones á rn hijo. ~:~pectácnlo más extraiio no lo
habfa habido 'por aquella Lit:rra. l'n aldeano de aquellos
valles con la gui~nrm en los brazos, era algc, mrnca ,•iato.
Claro ek! qu1;1 Roseudo, qne FPgu[a siendo lila so~o como siempre, no daba explicazionee á nadiP. ni con~entfa
que le oyeran lo,s vPcinos cnntar y tocar. Si Je rnrpren•
dian en tal recreo, luego dejaba libre el put!st.o y se alejaba murmurando. Ni :1 Runona ni á nadíe babl6 jamás
de aquellas coeas que.eentfa car,t:\ndole airea andaluces
á su hijo y oyéndolt: á Pepín r,:petirlos con una vo.1 tri:1te, llena de lágrill)as, como la suva..
· .-\ los ocho al1os Pepe tocab:i todo lo qne Mbía rn padre; y lo t.ocaba mucho mrjor, con m,(s expresión 1• lln1pieza. Ramona entonces empezó á participar d11I encau.
to¡ y mientras iba y ,·tmfa por el honeo, atareada eon
BU'I quehaceres de matrona de aldea, ofa enibeléPadn al
m1ísico chiquitín, qne buscab¡¡ lo!! rincone!I obi;curoia para t!nsayar, creyéndose solo, nue,•ns melodía~ quo el iba
inven~ando &lt;&gt; combi\1:indo. Se habí~ hecho 0111y amigo
del gaitero del pneb ~• qne le adm1r:\b:1. Y lial.iía queverlos á lo~ dos deba¡o de la ¡1¡mrta entre pr90Uu$, coust.iu1ido~ en academia fllarwómc:1, imit:1ndo~e muiu·amente
El gaitero gu~ría que la gai~ tocase CO!)lO una. gaita:
rrn, y _E'epín 1m1taba con la g111tana la gaita. El intento
del ga1tero era vana empresa: Pepía solla '&lt;'encer grandes
dificultades. Sí; la guitarra ns~nriaua de Hoaendo y Pepfn tenía algo de gaita: lo que le comunical&gt;ao de su alma padreé hijo, que erau, como las nieblas dP s11 mon.
tafia, e~píritus de suave melancolla, sin brillo, no sin
poesía; de ensueños callados, comJ cantelo~o~.
RoPendo no pudo pree.,nciar los mayore~ prog•esos
mnsiculeA de su hijo porque le rno.tó nna vaca, wá¡¡ pacífica qne él, de una cornada, ab~olotameute ir1m/,,nt,,ri11
Fu? al corral; la vaca e~tab:i w1ridr1, el Cabo le ei;t~ba
prepar1'nuo la cena, ella creyó qne era otra co,a, volvió
la cabe:ta, asuBtada ...... y mutó t1l amo. Como e~te accidente l!e VPU algunos.
Por mucho tiempo e~tuvo la guitarra col!iada en e.l harreo, sin qne Pepfn, que y~ enbía qllercr 11. su padre y
maestro, se atrev1~ra á pedirle e t conrnelo de lo~ tristes
sooe3 para acompailar su dolor y el de J!U madre.

i&lt;/*

Iba crtciendo el rapaz y con él su aficiún á la m1ísica,
á la triste s.&gt;lm• t.odo. Como diría Cnmpoamor, a/,,,~aha
el(/ /JQ1·d,ll1 ,·11 1-0 se,u,iblt. Era pálido, delgado de pocae
palabr:is como su_padre. No ee animaba más que cantan•
do al son de la gu1turm1&gt;o1as crndulu:us, historias de amo•
res, nostalgfa~ del amo!'. mnterno. f!;¡ tenía manre· pero
á s.u modo, cada ,~z qne el cantar lrnblaba de la 'madr;
aoeente, de la madre muerta, Pepín trrul«d'I rl u~vo...... ,
ee acordaba de su padre, que era pora él como una ma•
dre también. Parecía qne no, y el Cabo tan callado y al
par&lt;:cer apático, llcwd,a , ,, cu~a. Se conocfa ohora ~n el
c,rcí'!. Ramona, qne era act:va, menos tncituroa, jamás
hubiera soepeclmdo que su Rosendo fuera t:in importan•
te en el ruando, como veia ahora, que le echaba de me•
nos. c'?n un d0lor como de ahogo.
.!!;J 1enóme110 t.'ll ~uy ~eneral. _Esos .espfrilus suaves,
pacíficos, de poco historia, que viven e1n ruido, cuando
se van del muo~o se convierten 1-n gritos coostnntea del
dolor de anstncrn pa,a loa seres m:1s ego!atru;, á quienes
amJ&gt;nrllraban con sn bondad, en paciencia, eu suavidad
car1ilosa y sin demostracionel! aparatoeas. &amp;l les olvida
mal á eeos mansos que i&gt;e llevan coneigo toda su bien•
a venturanza.
La gmtarra, q11e en los primeros meses de duelo Ramo~a prohi_bió !}Ue se toc~ra, llegó á ser C-Omo una' evo•
cac1ón mM1ca. Como quien cumple ritoe de u:i culto
primitivo d+J la religión familiar, hijo y madre ~e juntaban para tocar y oír, N'Spectitamente, la guitarra que
Rosendo había tmído de la feria. Los caotart e ·andaluces, que un andaluz no reconocería, les parecfnn la voz
del difunto que se comunicaba aeí con ellol!.
Pero además la 11adre estaba orgullosa de las facultades de su hijo para la múeica. Varias personas 1,eritae
habían confirm.1do el dictlÍmen del párroco. Pepín podfa
ser un bnen ml4ico, ei se le educaba el oído v la voz No
ae eabe cómo, ee fueron abandonando poco á poco loe proyec_toa de enseiianzn artística formal, metódica.
::-.o dejaba deber un dogma en la casa, hasta en toda la
parroquia, que l'epe el Cabo cantabo como un ang ¡ y bacía ha~lar y llorar, sobre todo llorar, á la guitarra; pero
ello fue que la educación musical se fué aplazando, y Pe•

�424
Pfn invoque aprender las labores' del campo como cada
liijo de vecino.
•
Signió tocando de alicióa, pero nada máa.
Lo peor no [ué eso. LO peor fuó que 6. lob quince allos
:Pepe no nparent.aba m{i.s de doce 6 Lrece, y II los diez y
nueve segltfa flacucho; pequello, débil, como criado á la
sombra. l siarupre tristón. eoñador de peuas. Loe cría•
dos tenían que hacer.lo qoe era superior á Ja,¡ [nenas de
Pepe; la ,·n,ieria, co11 esta carga, no daba lo bastante para
vivir; en los anos da mala cosecha R"mon:i. del Cabo tenla qne empeilat'l!e. ~o se quejaba, lltl ch1ro; pero el mal
estaba en que Pep(n no :servia parJ la labranza, y otros
que venínn é. enpli r 110 trabljo se comían gran parL~ de
la escasa hacienda. Esto deseeperaba al músiCQ, que ea•
bfa ruejor que nadie cnán radical era eu inepti,ud de labrador.
Para colmo de males, Pepe se ensmor6 como se ena•
moran loa tristes taciturno~, l'Olladorea y enfermizos, con
alma y vida; con iuerza y conetaocia. Y casi fuá peor lo
que á él le llenó de alegría; que Remedios del Capellán,
,s obrim, di' un clérigo pobre. u~ hizo caso, le corespondi6
porque era más fino en el querer que otros de la afdea, y
porque l~nfa aq11ella vo~ y aquel wodo de decir Lernezas
\ristea con In guitarra. Fueron noyios. Y como eran fieles ambos, buenos, serio~, firmes en sus amores, aquel
noviazgo pronw oleó á matrimonio.
Parecían marido y mujer que no podían Jnntarae por
pobrea. La bod:\ t1ra lo mi• natural.. .. .- pero Ramonn y
-e l Capellán ~o consenLfan aquella /flcrm1. Se iban á juntar dos miserias. Cnanrlo vinieran loa hijos ¿qué iba á. pa·
ear allJ? fü,medio,. y Pepe ae resignaban: comprendfan
que su pobr~za, el 1,oc;o art.e de él par i el c~mpo, los se·
pamba. Pero eeguían 11iendo novfoa, annq ue li ciert-a die.
ta.ocia, con relacione! eemi--clandestinaa. Xo se negaban
del todo, pero se procuraba no e.xbibirlas. Asf son ronchas Yeces los amaros de gente l)Obre, fiel y razonable.
Libre del een-icio militar, por la ley, Pepín tuvo un
día la idea de i•nfr~ I""" 11/yo, de no eer una carga para en madre; sentó plaza en nn batallón de volumarios
qne mny pronto debía salir para Cuba, donde la goerra
y la tiebre ardían.
Había \'ist.o en Is capital de la provincia á los reclntaa
hacer el ejercicio. Con aq11ello podía él. Loa había ali(
tan pálidos, tan trist.on~, tan desmedrados como él. Para irá morir alié. lejos, Dios sabía dónde, no se necesita•
ban tantas fuerzas como para llevar la yunta, cargar C.'\·
rroe yerba, etc., etc. El íusil pesaba poco, en el hospital
lo mismo ognan'8rfn él penas qnc el mrui esforzado. Po•
dr[a sufrir dolortll! como el mismísimo San.eón.
Ramona y Remedios protestaron, gritaron, rogaron,
lloraron; todo inútll. Llegó el dfa de embarC.1r, y allá Iué
Pepe detiapareciendo mar adelant-e entre la bruma y en•
ue la n&lt;&gt;ehe que ee abría en el horizonte como una boca
del abismo. l:iobre cubiertn había brolllll, alegría, más ó
menos afectada; eonal&gt;an guitarros y caetaflu,.lns ..•... La
gait.arra de Pepe con ~I iba, pero mnda por a.hora. Remedios la había adornado con cintas coloradas, de color
de san~re. Pep!n, cuando la pena le ahogaba, besaba, á
escondidas laa cinta que había manoseado füimedios.
Ramona guardó los billett&gt;s de B;\nco y las monedas de
plata que le dejó Pepe como ijj íneran reliquias. Lo m.iamo Lizo Remedios con un roaario y un guardapelo muy
pulidos que le entregt, su novic,. De lo que osó, eu cuanto vin? el Liempo. íué del papel de cartas, perfumado y
&lt;:on d1bu¡os, que le regaló Pepín para que en tan primorosas hojas le escribiera.
·
Y el volunt.ario ruin, enclenque, no mal recluta. einti6
como una muerte en vida cuando perdió de vistá aquellas montanas, que le tragó el mar; aquellaa que 61 abandonabá porno poder ~acarle á 111 tierra querida, á cada
instante mlie querida, el pan que nene en las entrafias.

•*

.

27

EL MUNDO.

Fueron y vinieron cartas. &amp;medica y Ramonn entendían muy mal qné era aquello de la trocha, y lo de estar
destacado. De lo qne no hablaba Pepe era de fnego, de
balas, de bayonetas, pero debía de padecer mUoho. Los
soldados, muchas veces, márl necesitan drtudes de santos que de héroee. Por el mayor enemigo era una cosa invisi_ble, y que tenía un nombre que apenas se podía repetu-: '!º s/; q,,t,.... :. paN&lt;li,;,,., deofa R~mona con t.error.
RemediOI! ~ra may devota, pero muy ignorante, á pesar
de ser parienta de un capellán; en eu opinión, contra
.aquellos malet1, que tanto tenían de martirio lo mejor
era encomendarse á Dios; y lo q.ue debía hace; Pepe era
pedir permillo para llegarae á v1eitaret Santo Sepulcro de
Jeruaalem, que debía de estar por allí cerca ya qne ta
Habana estaba tan lejos. Y para ella todo Lo' lejano era
camino de Tierra Santa.
Pep!n no entró en fuego hasta qne entró en el hospital y 1&lt;? n_bra.aó la fiebre. _Le curaba un médico que tenía
q_ne asistir á otros doscientos. Es decir no le caraba
porque por lo visto aquello no tenis cura.'
'
Desde el Hospital, sin mejorar de vel"lll!, al barco. Iba
á desembaacar en Santander. Yenia con otro soldado de
la misma parroquia que regresaba menos malo y podía
valerse, y hll8t.a co.idar del pobre Pepe.
Lae mujeres fueron sabiendo poco á poco todo lo qne
bncedi6 por el camino. Pepfn murió á los cuatro dfae de
navegación . .Al agua. ¿Qué remedio? Claro que dejó encargado ti. PachJn, su co.npafiero, que t.odo su haber ee
lee entregara 1Í tllat. El haber de P-,pe era, un baul que
oompr6 en Cnba, con ropa y ~!ganas coeillne de regalo;
unos cuantos pesos ...... y la gmtsrra.
Pachfn era. mny lionrado, pero algo to1 pe de mollera. :So se !abe lo que foé; acaso medió un timo; de todas manerss, á poder de lrut pobres mujeruecaa no
lll'g6 rop~ no llegó el baul, ni los peeos; no llegó IJláa
que la gwtarra. En vez de las cintas rojas que le había
puesto Remedioa, la guit-arra vafa m:inchae aegrMcaa de
eangre del hospital: traía las cuerdas rotas· venfa ·muerta, ein alma. Remedioe lloró sobro el pobre'instramento ·
1.a madre de Pepfn ae abraz{, á In gnitarra, sollozando;
muda por la pena.
De tanto amor, no quedaba más qne aqnello.
Hubo que eepararae; cada coal á su casa ...•.... ¿ Quién

lle.aba In guitarra? Remedios, dentro del corazón creía
eu derecho euperior 1t todos ei hubieºr an venido el haul y
el dinero, para la madre debfan ser; pero la guitarra la
illl&gt;lión, 1i:i música, _la ~fa, debían ser para el amor, pn·
~ la novia. Esto sintió ella, pero no hizo máe que sue•
p1ra_r,. sollozar;.~aando !{amona, mirándola, con ojos de
Jaatic1a seca, d1Jo:
-.&amp;l-0, lo llevo yo, ¡porque no me qnedaba otra cosa
del mio Pepe.

•"•

PasaroA días, Ramona supo que Remedios sentía en el
alma no guardar ningún recuerdo de Pepe· prenda que
le hubiera acompnl!ado lntimamente hasta '1a hora de la
muerte. No babia más que la gnitarra...... en que las dos
veía.n algo del alma del mísero ,·oln otario.
La viuda luchaba........ sentía impulsos de entregar el
único recuerdo ,1 la fiel amante ...... Pero ¿y ella? ¿06mo
quedarse tan sola? Aquél pedazo de madera era 1.·osa del
Cabo, cota del hijo, ¡q11ién se decid.fa li entregarlo[
Malas lenguas empezaron á decir, irin fundamento, qne
no faltaban mozos queeutraban enCBl!adel Capellán con
ánimo de ir consolando á Remedios, si tanto podían.
Ramoua sentía cierta corupan(a en el amor de Reme·
dios li p.,pe difonto; mien~ms le fnera fiel le parecía á la
11;1n.dre que oigo del ui¡·o quedaba por acá.' 1Pobre Pepín,
Bl quedo yo sola para lorarlel pensaba ella.
Y nna tarde, sacando lnerzns de flaqut ""'• pues el dolor la babia hecho decrépita, de repente casi, se fué paeo
trae paeo,. perezosa y mal h11mora~a. á casa del Capellán,
con la gn1~arm, asf, como amorta¡ada, debajo del brazo.
Y ent!Ó !n la ~lcoba de la casta Remedios, y eobre el
lecho. ,•1rgmal am duda, de la novia siempre fiel de Pe•
pln,__Ramo!la dej(1 caer In guitarra, qno se quejó nn poco.
Y d1¡0 la viuda, con voz úepera, sin querer:
-P,m,i/r, ; y lrni90/;: eso. Si ?"i~ al mfo Pepe, guárda·
lo ...... míralo l@B loe dlae ...... y r,zau po'l'a!ma.
Y sali_ó al caetsilar. Oscurecía. A loa paeos s~ detnvo.
Encendió yesca, rchl, un 7.ri/11, esto es, ua cigarríllo de
papel mny grneso, v chupó con fuerza. El !ttego ilnminó u1;1 momento el rostro avellanado, hnerndo, largo,
enérgu:o; ea~re las arrugas como de roble efloso, hahfll
una expreaióu de Dr,lo-rosa caduca, más digna por est.o de
lwitima.
Luchaba con algo que eentfa en la garganta. Dos l~gri·
mas Je ~ruaron á los ojos; y, entonces, pudo respirar.
Y lee di¡o á la noche negra, y al bosque sin hojae, encoglendo loe hombros:
-Yo, pa acordarme del mio ./iu hasta q_ue Dios me lla·
me na su co11pairu 1 non necesito de mu,•up1eM
0LABÍN.

DIOIEJ[BRE,

1896.

una hacienda de la costa. A propósito doy 8!1tos detalles,
pues no ea remoto que esta mal narrada historieta llegue
li caer en manos de loe béroes que aún viven, y que serán
los primeros en no dejar.me meniir.
Corría el ailo de J 74. Hasia este rincón del mundo
llegaban entonces loa revueltos y embravecidos oleaj011
de aquella tempestad formidable que se desencadenó en
todos los ámbitos de.la República. La rabiosa epidemia
de las pasiones políticas también nos contagióánoaotroa1
di6 al u-aste con nuesna vida patriarcal y aPncilla y s1
allá en el ;r,krfor nuestros probombree daban batallas
campales, nosotros por acá noB entendíamos á grit.oe y á
l!Orobrerazos, cuando no á garrot.azo limpio. En el seno
mismo de la familia aurgfan ln~ diFcensiones: el hijo mavor era lrrdi,la v el menor pr&gt;rjiri.&lt;ta, v ahí tienen ustedes
il la pobre hermana elabor,rndo cigarros de ¡)Bpel blanco
para el eefonado campeón del Seiíor Lerdo. y de papel
amsrillo pnTR el heróico defensor del General Dfaz, porque así lo exigfan las dietincioneP de partido.
Pero basta de digresiones, y que hable naestro valiente
negro.
«Entonces trabajaba vo en 111 bajera(]) como 7n111ll'ro (2)
de mi amo Don Gerónímo. Un día nos reunió á todos
los mo&amp;os (3) de la hacienda y nos dijo que era necesario ir al pelear contra loe pronunciados; ellos deoínn que
JX1reg, y nosotros deb!amos r~pondarlea que non,~, porque
éramOti más hombreci~ Nos armó de nneetros mache·
tea de trabajo y de alganas escoDetae, y deEpnés que aprendimos lo que quería decir: w,lta á la tl1•rtd1a y i-udta ó la
iz1¡11imla, cosa que, la verdad sea dicha, no dejó de costamos algún trabajito, nos pu,iimos en marcha á incor•
pornrnos con dos eenoree compadrea de mi pa~rón que lo
esperaban, con en gente también, en un lugar con venido
deantemuno. Cuando nos reunimos formábamos un total de treinta y cinco howbrPS.•
•Se Orgllonizó la tropa y 6. mí me nombraron tambor.
Es verdad que en aquel ttemt,o ya habla yo perdido mi
brazo, pero, á pes:\r de eso, creo que mi amo se había
fijado desde antes en mi peri;ona, pnea, aunoue me esté
mal el decirlo, lBB JlOches de Pasen" hacía yo primoree
con an pedazo de cuero tenso y bien asegurado á la boca d" un c•ntaro viejo. Caminamos dos días sin que oca•
• rrieae nada de panicular, y al tercero encontramos al
enemigo. 1Ah patrón! Era macha Ll. gente que teníamos
delante, y á mí me entró un endemoniado temblor en
todo el cnerpo. Sin esperar mlls, l'Ché á correr como un
venado. Recuerdo que Don Ohomo me gritó, furio@o, qne
era yo un ain vergüenza y un 11mm (-1) maldioo, perjno
11t-endf razon~ y seguí corriendo. .Al verme huir, los
C&lt;??JPBileroe hicieron lo mismo y los compadree tam•
b1~n ......... •
•Hacía tres días que andaba por el boPqne muriéndome de hambre. Dd noche me acercaba á las rancherías
pero en todas partee habla pro111.inciado• y el solo recuerdo de ellos me pon fa loe pelos da punta. Por fin llegué é.
Map88t(&gt;pec. Mafiosa.mente me acerqué á una casita de
las orillas del pueblo, y una buena mujer .me informó
que ,os únicos forastero~ que tenfan eran mm jefee: loa
derrotados. Oonsideré lo furioeoe qne estarían contra
mf por haber sido la caOSll princip:i.l de en. derrota, consideré la paliz.1 qae me darían si tenla la deegmcia de
caer en sus manos, '/ consideré, por último, el m1edazo
que ae '8ndrían encima ......... El hambre me apnraba y
tomé una resolución violenta. Terciéme el tambor, qne
no lo babia abandonado, y encomendándome al santo
de mi devoción, entré por la cnlle principal del pueblo,
repiqueLeando una nutrida marcha con toda la !uerza de
eete brazo que Dlos me ha dejado. Oí carreras de caba·
llos en tod!ll! direcciones, ladridos de perros, cacareos de
gallinas, exclamaciones de muieres allu~tadizas y gritoa
de chiouillos medrosos, un alboroto infernal, aeilor amo
Cuando llegué á la plllza no había una sola alma en laa
callee del pueblo."
De9pués, cuando pasó el melote, supe lo que había sucedido. Los pacfficos vecinos creyeron de buena le que
eran Ice pro,,,,ncimlo• los que llegaban. Loe amos estaban
h0$pedados en la capa del efior .Alcalde. Almorzaban á
esa hora, y cnando oytron el tambor, corrieron á un co•
bert11-o cel'Cllno en donde lo~ caballos almorzaban tambi~n ao~Pgadament~ su raci6n de zacate. l'.no de los prófugos montó con tal violencia, qne
á caer, de cab~a,
al lodo opuesto de la cabalgadura, el otro martirizaba á
talonazefs al pobre animal, batallando p,ir hacerlo andar
atado como e.taba á un horcón; 01 úl~imo -recibió un par
de coces al querer montar por el lado criador (5) á no retinto ¡,ajar,..,,.,, (ti), y IIBf, ,.,. pel" y sin sombrero, echaron
á .;orrer los tres compadres como almas que se lleva
el diabio ...... •
•Desde entonces abandoné aquellos lngares y por nada
de este mundo les doy cara á mis antiguos jefes. Sé que
n11nca me han de perdonar esta chanza, y eetoy sega.ro
también de que ei alguno de ellos me coge, no me suelta
vivo.•

Iu,..

RoDULl'O F1GUKBOA.

Diciembre de 1896.
Ol
(~l
!:ti
[41

LaCoolu.
Enca.rc'lldo de medir lo.s tareas.

l'&lt;OnWI ltdeudadOll.

Manco.

\f&gt;) tn.rll) de,.~,cht,, opuCJ!.lo nl de montar.
(6¡ .\&gt;nstAdl..,_

CUENTOS DE LA TIERRUCA.
1Los PRoM:.scunus i
Lo que paso , releTlr tiene el métlto de eer lti.E:tórico.
~e lo contó el mismo protagonista de 011te episodio: Ull
ne&amp;ro milp,-ro ( 1) á quien, por más s~ilaa, le falta el bra·
zo izquierdo que ee lo comió un trapiche, una vez que,
con una fuerte dósia de chica (2) encuna, molla cal'ia en
de J&gt;."e!erencla. trabaja en la,, labramaa.
11}~J P&lt;&gt;lln que
de Clllla fermenw.da.
,\g1l&amp;

A todo ser creado
le gusta, como á Dios, ser mny amado.

No puedo VI!? con ánimo sereno
Boriae, cual tó., tan pu.rae y apacibles;
pues juzgo, como hay Dios, menoe temibles
l.aa l3orjas del pull al y Jel veneno.
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'-A.§'f:• •e han calm~do, y Ju primaYem d., :-;iza adoran

; ~ con eu profusa tnagnitlceocia una d1, 1118 rnás
umbro.a,, •\'Íll11s" de Beaulieu, la Roser.lie. 1•ropiednd de
la iamilin La Freniere. Los almendroe, 8in llorecer to&lt;laYfa, de,,pliegan ~llij ramilletes de hojus ,·erd,,s, pero
Qos al~rohigos acaban de abrir.;it, y ,ua lloracionl!B se
lranepare11f11n, aqal y ullá, cowo un hnmo rosado, á
tral'?;; del íollage tt-nue de loe olivos.-Rajo aa pnbe11,,n de ro•ale~, que ~e nlza delante de la casa, l:'18 trff
;;etioritns La Freniere han l'enldo á eentan;e, deepués dél
•lunch• de las cuatro.
L·1 uiay,,r de ellas, Eva, tiene eo In mano un libro en·
,-n1e'1ieno, y ee balancea indolentemente en una 111ece-

dora, con hi cabeza ecl,ada ~obre el re~paldo, y loa pies
:i-umtÍndO!!el~, lrn~tn i,l tobillo, por debajo del VeHtido
de cnchemira blanca. &amp;ta actitud, llen·a de nbaudono,
realza ,·entajo;aruente La lJer1uosnra, y11 un poco en estado d., madurez, dt! snB veinticuatro al\os: au talle esbel•
to, la ~nave ondulación del seno, la redondez del cuello
hien unido á w1os hombros caidos, el delicado modelo
de una cabeza melindrosn, de nbuudantes cabellos casta00!', riz&lt;isos, y grandes ojat1 fijos en la aterciopelada bó·
veda del pabellúu, y en los que el cielo azul parece ri,fle·
janie cou tintt!fl casi color de violHa.
La segunda, Xancy, tres anos másjm•en, es una rubia,
alta, robusta, fornida como un muchacho, de \eZ clara,
de p11pilas azoradas de niüa y cobllllos ligeramente tor•
cidQS en un peqnefio nudo. Sentada á borcajadas en una
silln de mimbree, está ocupada en esculpir con un corta•
plumas el puño de un bastón de mndem de naranjo, un

bastón sólido con :mnndurn de hierru, destinado á las
excul'!iones de laa 111011taOae.
La últiwa de las treij, .\lado Teress., es toda,Ca lo que
los alemaneij llaman un •back-llecb." Delgada, esbelto.,
cuenta quince ni1o•. p~ro no se le darían catorce .. L:l cabeza es lindli, expr~aiYa, con masas de cabellos ornuros
cayendo en bucle~ w1brt1 su.s débiles eepaldas. Los ojos
de color caetaíío, orlatlo.s de largas pest.nnas, tienen una
mirada melancólica, que hace recordará 'lligncfu ,wflnndo en Italia.• E;t,I dl!lócuidadmnente ve6Lida, con un traje de eeJ.i p:i.Qada, de falda demMiado corta, que deja
ver más de lo razonable unns piernas finos. que cubren
á medilla unos botine.s amarilla,,. Con la aguja en la mirno, se o~upa en cambiar la cinta de un sombrero de paja
clara.
Por encima de ras mucbnchas, lagroE11s, que ascienden
por el pabellón, ~e abren en abundancia: rosas Niel, do

�2

-====,.===,,.....,=---==-=,------==-"'=-----======
ew;,rme boton de un m:irillo dt nzu(ro. rosa, azalrn•
nadn c:,lor Je n buicoqnl'. l~nl.u:is con 1rulllreo de mena "e-0rul dt• un bl neo de nieve. t'n Bt&gt;g11ndo P be11,\n, apoyudo perpendtculnrmen~ al que .for";1 v tfbn•
lo
¡,rol9ngn en toda la cxLen116n d 1 ¡ardm, y al e mo Ju,. te e nndite de rn11u111 tlorldM,
di&amp;tln~o el
n&amp;nl tlll\'e del ll ditern1noo, qne se extiende h lll loa
olh11ree
Ja pen(nsnl de n .loan, !itaada en frent
d lleaulfoo.

i:

e,,

====~E:;;L~M;;.UN;;.;·~l;:..)O~.=--,,:--=,:c=-=--==== ___ _

5

JULIO. H~~ G.

mltln en el /loül ,t,, P,1ra, ,•n lngnr de • rnos cono.lena&lt;ln.
- 1 •enlll.'. Hu·•
al guiea,lo ti • cnrnero Y .l IOtl ra, ioli de •""
d ías en i08qt1 1 cocl11a r. tema abnrn, eob(&gt;mnamen•
la
te; estoy en uno de esoe dina y de buena gunn me dec •

-E· m. qü linda: enc:uaadom, res~~dlú f.va en
•
.
,_ 1 ·º "onocí en I
aunct\ln. en tlo11de
,ure de mie11gencw..
- ~
lll!"lmii chica, ,. ¡¡ pe,¡ar de sns ulllneffl! s. I•
em como '' 1
•
,11jee, todo el mundo In qu...rfa ........ .
-En
caso, no tendn( sino prcsentar.; • paro atrapar

-raría en vacacionGt.........

wi marido ........ IYllyn nna suerte! ...... .

__ ,-.u rida, replicó dcsd fioenmente E,-a. ere11 de.n :u,. la·
do---..
el na ....••••• T n ll(lei ncia. lan n esf.amO!! u1,·1t~•
das ,t comer en ca de loe Maruvorno••••• Ali( te desqu1d 1
~rá d la.e malas comidas de ca •- ·· El duel\o e "
.,-illa• Olirnpla un artista y! mmu, eon l'xqui•itos.
-Es verdad,·=rosenin cesarlo pre1mntaree con nutra•
guantes H11ma11tes ••••.• Al Sr. ,fsr 11 .-erno
J·e nu vo ,. con ,..
•
le g t qu se ponga una guapa cuando'" t!. fil Cl\!8.. •••
; lfaa ol&gt;5en'!Mlo qn • El nbri(-ram, una cuenta d,• l&gt;d&lt;_ Y
•Jlal;n- de loe beneficios qu obtenemos de la•\• 111n 1in,.
•
J¡
1 n 1lrfkrtl
¡,ia y loe gaaios qut• no~ OCll/'Wna, lt'tl! r amc,v ,
_..,,, sí, e· res 111111 mu,ihncha prácticn, ya lo abcm=
-.- ·o me gusta que me eng11Den, e.so es todo.........
y registn', en su.a bol ill&lt;lf, de 1~ qua •ncó uu cu, de.rno

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d
¡ td:i•
t•n-~ ¡;-m
pbel
eg d•
..,. bri de mar mo,·I{, las rama.,
del pabellón. trayendo I mid ' «le rnodas Y ~~ca es
,_ la~ que pa.'illban por, I camino, drbn¡od •I tE&gt;rr.t•
10ft "'':'
d
d hojudas JloYieron obre PI c11 ..11.,
u. P.,talos e rosa~
d
e-

y d busto d EVR, qnc eegufn balance! 11 o,c en 80 m
La íimllia I FrenlE&gt;re. originaria de la Lul iana, cstil
dom. I.oe acu1i6 Ung11idamente, exten~16 etl.9
hermoCll"!DÜ'&gt;
d
I
Mldicad hnc mlis de veí11tenn02en In l!oe rnie. I.n~ dos
~~ brazos,• reepiró
¡,or un mom._ento e aire
.... ·.
_ y del'¡&gt;nés sigt11&lt;J en t.ono coufidencwl
lwnnana• m nor hnn 1111Cido oquí: 1-:va, únicamente, nnolorei&lt; marmo,,
•
·
d
c1 en • ·ueva Orl~na, lo que ee conoce en a llt'~a
-Aq11í, •'"'ffi nosotnlS,
la madre
urn ya un•
h.. crcoqne
Hny
en 1 mn
nlre&lt;lcdore
indo! r.cia de criolln. El padre, Hi=do La h&lt;'mere,
matrlmnnio ¡iara 11 1¡a ........ .
' - L' .mn d jóreues soltero~ umigo, nnestroe. qn.
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ves r, irr..gularcs npariciont&gt;l! ,m In Roeeraii,. ~lega lile!!·
-h rmanos .,int-P nEI exclam6 ·aney. ¿Cr_~•.
v. un lápiz y comen7.Ó ' l'f!Cribir.
- i. ,&lt;AJ:&gt;
1'
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peradanw111e y parte dl.ll u1I mo modo. I)e t1,.mpo en
U?
Y&lt;,
¡,o•tarfn
por
\'id
.........
muer
-'!lira, ahí ticn,11 el bnhrnce
;.Pero en •• •• ···
1,1 d Xizn no ei.•
t ,cmpn, ,·é 9 1 rg1r entro los naranjoe Y lae pal!neml! u.
es el mayor, Ira bel"{'(lado el Utulo...... or e•
olla eetntnra do yankee robui;io, en 0llbt'ta fntehgen~ de
A
IUrJlestarfa p()r llamnr e oonde!'a, y ln,--go, es un guapo
alPg,... ,,jne ní'gros, 1111 Rncha barro, cfllor de snl Y p1~•~0 •
muchncl,o moreno, enérgico, un hombre, en fin •.•••..•
tn, 1• c1 1.a11ute 11n11 semana ee oyen en la CllS:I~ 1 t.llCP oeio- l'or un excelente nlmuen:o, con
Al nombro do -=aint-l'ou ' ,laría Ter 'q11f', han:i en•
·d
buen humor. Elltoe on días de ne•tn pnrn 18!
d'muTt, /uié-f!ru•, rham¡••!l'•~,Jícotoo ces no lmb!a prestR&lt;lo sino un d ~bil oído á la oonvern,e
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1'('!!, ,t :,!., !mocos por penionu. ....••
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-:-e•¡ 11:p
l,;;v ,F',,u, \'idal es on hombre, en tanto que
,
y lut&gt;go, una bermO!l\ maf\nnh, se e'l"Bde p,'.r algunos ~m:'
¡
1n
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11
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lwrru:um mt!UM. llonorato, ca un
• •
n
l).,j:1 á la ra. La rrenlere, nnn amer1c11na del 1'i or- 1~ Po,· un pnr de guantee de eis botonifio ,•nclenqu • lento y miope d espíritu, ocupndo e
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wrpe amenn.:a echará perder.•••..
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._ deque se re1petc 811 placerdecol~cc10·
mo1 to, ' eon ..., 1
• •
t .
mei;a ,1, nlgún noble eslmnje.ro, ya
!librar lo doo preaupul'lltO!! y eubv~rur con una
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ean11g- • \"iolet.a le condnc1ril
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maduro,
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11nien
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Con el otro, tendrá que ser IÚ!tll y c:1m1nnr d~re1: 10, in
con el que ee coquetea fracamen•
ttt d" m11alca y, M&gt;bre todo, de les mo&lt;l,etn&amp; y costnre, .. dlLI tiene la monomanía de io,, Y1nj!'!I y qne,
ie, y que, ,1, la l1ora del ca!,\ !e
contar que 1
,
del
ha
ni
Fn verdad, no se wta. El mlÚ! evidenle resitl•
dn
l!D
capricho,
arrastrarla ,t 11n mu;
a rn
Ta.!!:4
•
•
pode
pn&gt;J!l'uta á unn au eeilora••••...••... (Con,·encíonnl) ee¡¡
do do u atareada exil!teucla, es q11e no tiene uem
• . 18 obligaría tt 11 campnr hnjo 11nn tlendn,
_ ___ _
l'olo • orie,
la
· ra de
::upnne en la educnci6n del!Us hijW!. E~n, • ·•n.r,y Y ::'llll•
á acOEtan! en el camarote de un barco y
prn:nr '.
TOT.\L. •••••••••••••.
ria Tercaa hnn crecido t!. la buena de Dios, ümcamente
í2 ínrncos todos IDA plllcerea socia.lea •....•.•• Yid11l ea an~on1.11~1() y
gui. das por eus caprlch011 y 1!118 impnll!QII.
f tútico· tiene obre la condici6n de las mu¡eres 11ie119
-Ya Vet!, la cuenta arroja un Fnldo d .. pérdida.
ln"IS dos mayores nbusan de liaría Terei;a, :\ 111 q_ne tra;Pncast,ell~no d, la Edl\d l\ledin, y trat.uría 11 lnmya corno
-¡ 'ltJXJ:i,1g/ exclama Eva alzando los boiobr011 .....
tan como' nicienta, y la explotan d1:eenrada01l'nt • Ln
•-lides ....._qfvn
una cspec1e d e G r..,...-•v resignada ...... 1lluchas
iomnn en p ~ tamo ti.ti eemanarloe, t: por todo ~º• la vida.e el placer d.- preBCaciar el ~rlanlo de Marfa TerllSI,
gmclaaL...
....
· J
JS"l!!n.11 • lis• •!Ombreros ufndos, sne n,et1doe d tellldo:i, de presentada en libertad como un 1&gt;ro.digio, ante hl cremn
-\'a ·a en gracl ! la interrnmpU, )forfa Tere~a, p,ca :i.
1 qn11 la pobre ,;clima aaca partido, t!. dura• pena•, nrro-- 11" 111 sociedad dt1 ~in y del e ·tranJero.
hnbl.as Jbien de &amp;111 nm ¡g01, •••••...•.. F'I
' "~
~ • Vid I e IUU\"
•
-Ya bee que la ml'i1lca rne aburre, nnn conndo la
glánd,.\Ol! como pnE'de, con ayuda üe la reca1DJ1rera. laoenr-·
pn"•
buwo,
muy..
•~,
i - lo bnce roncho c:ruio ...... ..
e¡ne ejecute e11 de la íarn ilia. •.•..... E~ cnnnt.o 4 la crema
. •r- a no tiene jamlle la alegría de lle,'11r un
,
Miren á la muco•a. nwzcl,in,.o•e
n11 .,,.
J t\50mbre\ • ti1 1O adOT'l\ll,......
• ~
ro nne'l"o, ni la 8lltief11Ceión de Cfeoger un trs e ~" gu: do la -.iedad de X iza y del extran¡ero, ¡1,uml •.••.••.• á
uzgar
t!.
llll'
personnal
¿Pienros t.•\I \'l'Z casarte con ,.J •••
J
,. CC!! esti nn J)C)('O mer. lada.
~
l•tc de de&amp;ochoe que de antemano la han abnrn•
n -•]Oh!¿.\ quién 11e Je ocurre 1..•.••• pro·U!!ltó !II11ría T,•ré•
to.
• h
b
d &amp;n
-El r, Mam,·erno, por l!U !ltuaci6n ¡,ol[tlca, es~:t o~hdo yn, ,!, fuerza de hnbt'rloe ,·isto en 1011 om ro
•
mboridnd!&gt;ltl. ¿Acuo qu rría él t!. una muchacha co•
que obedec1e• ,gndo ti. abrir a11s ~alones ,t mucha gente; pem_ los 111,·1tn• B8,
1,ermanae. Con cate trat.o ' una muchlll'bn
"~tam1.&gt;nte es quo m • pnrecéis inju•tns con los
.d
rtldo
moyo~....... .,,,
dOII de I jué,·ea eetAn eecogitlOl' entre lo me¡or, Y conl.-r.1' maloe in11tin•oe. se hubie.ee riip1 amen~ conve • .
• lnL-Pone.
d
agria v enddiollll. Por fortuna, :\larín Tem!ll tume l!llnls que loe Maruverno son los m amaLI d 10!! an.Eva airo loe hombroe y concluy6 con tono que no n •
II
el
co-:0, 0 • tierna abn..aada, nunca se manffil'!lta co- :tltrionee .•••••••
1uen
•- •
•
...
•
¡ d
• t
-De acuerdo: el marido ee un perfecto caball 0 ro Y la mltlll replica:
qneta y mue ho m •11()8 egoi ta. la m1\ len la
• IC· n~ue a e
_ y bien, yo no querrlll ni ti uno ni ,i otro. ~ bllm espiritual, hut111a, indnlgeme, 11 ~ el cxcca~.
t.odo. Excepciooalmenh• dotlllla, t.oca el ,·10 n con nna mujer
•~na
I'tJnl no tienen fo r ..
, , y adeo1's • no son sulk1e11temen•
--Con
todo.
replicó la pclmogénita, loe ju~ws de•~ •viº6
y
un
sentimiento
que
call111
M&lt;&gt;mbro
enc.onmir
~p-1n
.d
te
dceorntÍ\"0'!.
•
lla• ()limpia 2 011 muy conocidos.......... L."\ nri tncrac1a de
en una n1·n a de qnince alloe·• 4 pet!llr des~ ,,·esLI
, 09 cor.
-Eres dillcil üe eontent.Pr, replicó irónu:n-nente :i.n•
• 'iza md.s ent._¡nuda, llevá ahí li. 1u.s hiJ •.•. I.n pniob~
tot! ,. UI! corpill011 \'ncogicl05, ob~lem•n en publico \:1at08
cv· por lllJÍI q_ue tteas lo qm• se IIAma o~11 •guapa chl•
ue· con~rarfoo notablemenle 11 Eva y , ·ancy. En, 110- es qoe 11lllfiann \'ialeta Cast.cllar hará en pnmern npar••
••
1113 qaizú de,nasilUlo tu preetiglo .•••.•.•••.• Te
ca,• exnge
I
q,1,t
q todo, no """"rta
que sn hermnnilla mono_pollee
brc·
•~r~
1 '1e cióa.
ulvidn lle que nosotrua t.amp&lt;&gt;eo tenemos ortunn, y .
t llar
-Como 11ristocrar.ia, J.'fl mucho.. • El abuelo
- mod o Ia a nci6n -Je loe bombtt· 8óbrc
este
. , . qu ent'S
t
en eEte pals IMj(,\·ene,, ein d&lt;.•t.e ~n ,·atore■ mal couza•
• ar ºXclusiVl\m
01,e, y le t&gt;el1n 1ron1;:111w11 e \'endí11 ncelte.
pretend .!! rern
~
l'~ l.1 •01nch:1cltn
-Es ~iblr; pero I Cn~-tellar t1~ne11 inilloDf.&gt;11, YYio- do•.
lo
deen carn 1111 ta1• nlo d •"=rani.a.
''b'"
-Prec • mente porqu • no tengo doit-, e~ por qne
.
Preoc11¡,:1· la mú8ka la leva Eobre b llerru, muy 10•t ll'ffl roude!n cuando 111 tleeee.
eeo casarm(• Drlll..ttntement.e y con muchn nque.1.11
. ..••••edªlllt&gt;
-¡ Pa-.liral c&lt;m e11 fort11na, In h~tm a \·iol,-tn, ahns
~: d• laa peq~efiecu de 1a ,-id~ dfori11, linci., 1111 rr,1111Co!IOZCO v !{, que jam,ti. me llCOl!tumbrnr{a a la m
i:1·
ele h ilaa,
•Flor de ~iia,• p11ede comprar nn mnrc¡u,'.-,. y nuu 1111 dc1•
do t"llC.'l nta d o, t?D do nde como en I cn~nlo
•
;
A•
1· qtlª nrunr mi~ tllas 4¡ 1alendo con 10! ¡,ro•
u
" ...• •
e convierten"" túmcne color uu ol.
qur, ei (a bi II lo tiene ...... !,o que me Porprtmd.., t•s que 111a.
1!U8 \"PB t .d
1 08 a¡·ado
·-···• • _
udo en los m&lt;m,.. de lns comidas Y pnv;in•
\ =uOr , "'• 1
f •J
la 61,norn c.,l!te.l:ir lmya renrrnciado &amp; 11u11char por MIi
d
•le ,. utl, . wmo nn t,rn pobre mamá, pre cnr n
pro¡,ia cuenta. y ee decid."I 1' conf •-:ir :ti pñblle11 qm• tiene
om eomo novicin
'
entr:ir
rn l:i .\111nc1"6 o····· p ero tengo fo en
En tanto qn laa tn::"8 hcrmn
p("rmnm:c;en eil 1:,Cio- una ltij d , vcintc ol\o...
ll• ,. ,0 ,. n,•reuadida qu,- on dfa ü otro pC!C!l·
tre
-,Ah! J'ª bf11 .•.....•• a ha tenidnta11 jo1·1,n' ..... 4 lo• 1111 t'fi
• •
• , r
r do1' Y
,A .. -cv l111ce, olr, en dlrecc1ou d.- \ 1llt •
sas, un r11111ur 1eJ+l-n
r el mnrido de J111• sneiios. ;' y l1er010!a po . •
. · esn
¡ 1\ O!' •.,... y lo ~nenia
ú todo c•I c¡m• q111rre o!rlo.
~
1 ca, v c,mienu. 4 • prosin 111 r e, eultec rindo por d wct
'11 el c:ipfmlo uc cu lidadea fíeica~ no Eóy muy éX1¡:;~nte.
rai~
~b·d . mnv pronto, detr.l de Ln n~enm•, E.ur• l'reciumeutc porque •Flor de :--17.ll le cstorb:i, es por lo
11
1
·o pediré para ml prometido ni In gullardín de ntmóo.
agu
08
•
• •
•
•d
llrt'Cé hajo la
que
desea
caEUrla
.•••.....
Xo
ea
mny
ogrndnble
!'ª~una
,w un t n·u, con 11 n r111do de trueno, l
P
~¡
las virtudea de Gr ndison, t'• imagino quo con p:,cten·
Yi-lda co,¡ueta y llena de aspiniclone, tener 111111 Ju¡a tan
bó\'Clla del tontl de F.z. •
cia v habilid11d encontrure rui ideal. un ¡;1110 eeii~r m1•
-¡El t.ren de las cinco! !OSpira •MCy, echando e 1 • liudn A su I do.
•
1 ¡· ·
· bello p11lm1to.
_ rero C!I acaso tan lindn? murmuró .·ancy, morl&lt;•n· llnnnrlo ií «111hm uó11111re a o ir1tar m,
cia atrás, para examinur el efecto d II b:l~tóu, en el que
-,
~
!
contat.6
nl&lt;"gremente
•
·ancy.
En .cuanto á mi¡
de rv•rro·
lta efil:U1p,.do un a -bcu
.,..
' 1pnp5 1uv1 e aquí, do la cabe1.,: nqu{ re I brican reputaciones de hcnn08tlrn
poco
me importa que el mañdo CA do, mtlvo, con ti
nos lievar{ ' MontP-Carlo, y \endrlamo! u11n buena co- 4 poco COll\ó.

f,,,,.

?'

.

,,¡.

5 Juuo, 1896.

fUNDO.

que nu• proporcione un hogar confortable y me deje vi•
,·irá mi albedrío.

-~o las comprendo, s ntre, i~ ,l decir Marín Teresa,
l'!!cancl.Alizada. lle ca
di:!
k&gt; lo que ún diciendo•••
Yo eé detil'QII que n,, me casaría nunca ai no ÍDl'!le con el
'hombre á qui&lt;'n qni iua.
""u 1,fmitl prol.ei!ta 11 • inru diat.am1•nto ahogada por
y loa Ell.l'Ct\Smoa dft sn dos benut.U!IS.
-Qnífrea callarte, inocente! 1;u11rda 111, P.ermone~ para
t·1 muiieea.

IR!! rl!!

-llo aquí, nnadi6 iníniC!lu1ento Eva, el dc·plorable
..Cec1-0 de h1s novelas inglta.:18 de la@ qnt1 se llt'na-.... Yo
har:qoe m11n.á w- prl)hibo n.s lc-&lt;;turn que te pervierten
el gueto y el juicio.
)Jarfn Te.re5ll e voh·iú como una nbaj irritada. y fijlln•
do en eue hermana una miradu inclign11da:
-)J[s lecturas , len mlÚ! que llll! de net.e1les, replio{,;
cnandlJ 111 nos, no echan ,i per!ler el corazón.
Luego. em·olviendo en 111 delantal Bll •nec
íre- de
ro~ura y 811 sombrero. di6 media vuelta y ,~ ene:unin6
r.ipida1nent1• hacia e I hal,itaci(,n.

El 8C•l ya oblfeuo. arroja myO!! m.ts irnprrgll!l:io• de color t!. tnw de 111 v,•rclnni do lo., pabell,.ne11. Dt-1 flanco
cle la montana baja una sornbra ,·io!eta, im-ndiendo 109
boeqnes de olivo,, en tanto r¡ue, (1.11 Indo del mar, una
luz temblorosa bana con un tinte ,le oro t•l a1.11I de la., li•
¡:l'r&amp;s ola!!. Xancy cierrn su coriaplum1111, lo ~nanla en
u boleíllo, y de pie, npoyacln en el hn•tón, mim con
loe oj09 entrecerrados ,i En1, que e pone !U Pombrero y
..:1 alfiler de ca bo.-w.
-T.-ngo ¡¡a111u1 cl111111b1r hu~ta loo &lt;'110/r•l 1,,nii1m•. ¿,!,?
acompafla8?
-Gntcin , prom••lí á la Sm. Mnrnvuno y i1 ~11 •obrinn orr&lt;&gt;glar con ul
el programa d In lil.'sl.a ,Je ma llana.
Me voy á la ,,i/la Olimpin. E.~tr, m,• eel'l'ir,1 üe pa,eo ante, de la comidll.

-Sr, obscrv6 bnrlo11ame11te E,·a, y como .,1 yat~ ,1,.1
barón 8pieler est.á a.ncladoen el p11erto ele l-.1n .luan. lendnúi la probabiiidod de l!DContrar al hidalga bE'rnt ~•&gt;,
:i quien tus ojos hn.n seducido, y de e le mndo 1n11tarj&gt;.
dos pájaros con una sola pedrada .••.•. UuicamPnte '"" ct1Í•
dado, porque tienes 111111 terrible rival en la ruleta dP.
?tlonte Cario.
-Querida mfA, responrliú E&gt;·n, mirando ,i Xancr do
•oelayo, yo no t.e embmmo cou motivo de tn~ gasmo11erilll!, pnrn cngawzar al ,·ii,jo príuci¡,o ~iruaco ...•.• Imita

111i roserva y deja al bar6n l'pielN en paz ..... .
Y dicho, t..~, ae e111pi11ó obre l:\ pnntn tle Jo pie , cor•
tt, una roen 'iel del follaji-, la prendi6 l•n sn cint11r611, y
1 lt'gO, con la 5ereniJnd de 1111 animal elegante, eon•cien•
t · de 811 impecnble bellez , se nlejt'., lentrunenl e por el
1•nbell6a lnnndaJo de 811!, en direceiún del oc{·nno enro,ie:ido.

lI
l·:i. ju H'l!. La ,·illa ~laru,·1 rno l,11 abir,tn, cuan grPqc)C'!
...... sn, ,·erjas de hierro forjado; lO!! 1,rrabi da co~cabelr•
~•111oros, IOII COChl'8 de nlq11iler, lo. l,mdfwA l1111hm,loe de
lil.umn ee eucNlen á lo largo üe la ¡;ran cRII,• d., ilrboles
•i•lll•&gt;Ell. entre las "11h•ia,i roja•. ht~ polygala~ y los li111n11e•
1·u~ en flor. I.oa Cl\rraaje,, Fe ddienen, uno dl"l!¡1111!• de otro,
•h·b.nte del 'l"eetlbulo de dubll' e,calinoto ele nuir111ol, en
,1, nde dos lacay09 de liurt'B mBrrón, :1l,n-n l [IOrll'JUe
l•e. El Yt'Stíbulo da acc,'Po &amp;! nna amplia terraza, plnnla•
,LI dte cipl'Cl't:J!, qlle precede 4 la J1abi111ci,,o :, n&lt;eorta en
.. , c1elo la bl:lncora Je •u urq11i&amp;ec111ra it liana. Oons•
lrnidn en la cre~ta de la colina. la \'illa Oiimriü domina
a 111 r.-z l•I pueblecito de8nn ,Tun y 111 co&gt;1u d1tl llunllien;
in.id allá do Jn,i pla11oe horizomalc3 u,•
cedri,,. y lll~ pi••UII, 14 mirMae recrea e,, nn nidio paie:1Je I MÍÜmo;
1-.11 nna rnú ica arrulladora, lns olas ci;p11111111t~ ""' ~11\'llan contra loe cantiles r00111lo,o d,• 1111 cnmino de
ufa.·meroa que rodea eJ p:irqnr, y mú 11:1 l!I .Medit&lt;irrú1:eo, cun cinlilacionea diuroontinns. extientlc su ,·lll!ta lla•
11nr:1 Ct•rdlea. cortada 11. In dereehs. por la p •oírumla ~t.
llotpice, llena de eombrfos pin011 y limitada il la izquier•
tla por l:is montallas de la Ct,ted'azur, empolradll! de nna
lnz de plat.a, hendidas aquí y allí por grandes 80mbru
vloláce:u, y C!!Calonnodo en pert1pcc1.i va ~W! promontorio.•,
en cuya extremlda:f el cabo Iartln :perfila n pnnta bosCO&amp;n., y Hordigbern sus Cll!aS rosada8 y vnpor ·ae.

'°"

•

n las dCl'! dr la 111rdc y el nlmneno ha conclnido. Loe
El • r. Bautüit.-i .Marnverno se mul&amp;iplicn coru(I ('11:i,
romenwle-. '1el jueves comienzan 4 reunin&lt;e en el gran ea• p,•ro con una cordiwidad mwr b~cadn y n1en09 difu~a.
Ión, b:illailo 4 treehos por
zonas nu~ del eol, deco- Ee an l!f&gt;pt.:agenario, l!C(".O, a\'isado y rob:l!to, muy COTrt"C•
mdo cou tnpicerlas antiguas, y en donde, ncimn de los t,:, y m-iy cuidndo~o . .'us C!'j11$. negras ann y tupida., re
Cri os, nmorcilloa rnbicund s, ¡1intados al ÍreECo, baila• unen por enci,us dtJ sos doe ojn&amp; negrOI!, de mirad."\ enér·
ban una nle¡n-e ronda ea el fondo el azul daro. Ix, rnn• gic:i. ~u n!IMll tiene In nri1tta fin.a¡ ene labios firrru:, d.tnna~ opuen:i,, ábrense, obre on pai,¡:¡je completamente sonrí8ll ligeramente chocarrrra, acuean al hombre d, ddi•
di!tlni.o. l'or 1A IIDII &amp;C d cnbre una fuga df! mar azul,
do II ir icmpre adt-lante y á qnlen los 1'.SCrúpul d,· ~1'11con el animado , pect~culo de la• lanche~ pe.-ca&lt;lome y
slblerfa nn han detenido j11n111s en eu mn.rchn 11•cend,•11lOll yntes anclado &lt;'11 el peqat'.fto puerto de Nin ,1 us n.
te. Ha rCJ1liuidn grnnd _ 11egoci09 indo•tr,:i
en In.
l&gt;or la otra e eu1re1· un boscajt! d oli\"I)!!, eombn"anrlo glnterra, e ha enrhuecldo, y d pr.,~ ha vuelto 4 ,u par~
Wrdl!I! Jlr1ld0!', ralpicado~ ele anémonas rojas y &lt;¡ne evOCá
natal, donJe po 1.-e una hrrmo,;11 íortunn territorial. y ,Ion•
la idt'a d., 1111 antiguo y ~agrado boeq'le, l&lt;L-cuenu,do 1•or d,,, ll peJ!llr ti,, su edad. espera hncerse nombrnr •nn,lor
J&gt;~liJa~ ap,tricioneF. de 11i11fns.
en In, próxima el~ccio11e;,. !'ara reafüar et!~e 1ilth110
la multitud de invitados tleorden cnmpnl'f!to, y
sueno ambiciO!!&lt;I, y no ,por jng r 4 lh-ee11 {&gt; por amor
rPnne,·a en parte 011 cada estaci(m ¡ ))ero d pe~ar u,• E'l'1l8
ni arte, obrt&gt; todo~ los ;uc,·es ~ns puertas lrn11ca111e11t-t' y
mod1fic."leíones nnunles. con,.., ..n 1'11 e•eneia la mi@mn d á lo,s conviJ.:irlo,, elegido con eag:1cldad, los ,ncnlen·
fi.onomía original y los mismos grupos Mlracterí ticos.
tos nlmuer•os lllabad'l5 por Evn LA Frcniere.
Ahí, codean los persouaj,'e nouibl~ de !a oocie&lt;lad loj,O d,15
¡&gt;08os .\li1Tu1·crno .. on !ec11ndados fn -n tare:i
cal y los elementos mú,·il.- de la colonia extran)em. Los
f'(lr una eobrína de treinta an , In .·ra. "" tlircllc•, q11e
foncionario• de la adminiAtrnció11. 1111! c,tlcial~ de las
vino ií l1Rb11ar ul l:1tl,) de ellos d!' p11 ,l lmber,w l!t"pa•
gunmicionffl! de las cercanf· y 1:imhién el Jll'r!Onnl equírndo tempe,tu
mente de sa tnllrldo. l'..-qoenu. more•
,·('Co de lo~ n,h-ene&lt;lizo,, veniJ rl,: .:-.iz.1 ú dr: )Jnnt.e Carun, \'irnrnchn, con 11n cnsco tle cab llo• negrus y :ilr••vi.
io. TAl! grande dama~ 1111~11ticas e• WP'Lcliu, con a,·en&lt;hs ojoe fo•forll!ICentes, rnny e.~bt'lt..'I, muy co111111, ic111 h·a,
turem.•, cnyos nombre y títul,,, eon t.nn dudos,,e C&lt;'•ioo
'~.1bina de l,irelle l'l'prese~i.a en la ,·ill:i Olin1pia ttl matiz
loe nldu,•, que l1,s d:111 una apariencia d,• j11w11111d •. in
fin de si,¡I", com pondli,nte á lu caliJn&lt;l 1l nd
,te cier1•mblrg11, e•• mundü dislmbólo no ,;e me~clu •ino en 111
ta~ catP¡;,1rfa., de iul'itado _ qne han 11cali1&lt;10 por irtil•
eupi,rficiP, ¡,ue, ,¡ne ni cabo dt! un enarto d11 hora ee p11P•
tra1110 ,.11 el &lt;&gt;alón de lrn, ínrn ,·..-rno.
de obs,r1-arque re opera una 11elecci6n. En e111l:1 riucón
A í, In jME&gt;n Lú eP.peciahnente enC3rgada de rf'C bir ,
ee forman pe111enos
,Ir&amp; m,is hn,OI! entre
que la
e¡o rxtranjerus y de im¡u•dir q:11i la sociedn,1 ~t•l~rt;1 •l~I
cordial amcniJad de loF dudio• d11 la CMn, qn,: r,rodigRn
j11,,1•i,, l"• ponga e~trictanwnt en c1111r1mtcn11: l'"rtine
por todM park! Ínllk•a dti bit-n1·cniJa, grnduíudolng ,in
.. n la ophlon Jel p,ilftico n,111ti ~n l\Iarn.-erru,. "&lt;'nnn•
embargü, "·gnu la ruuyot 6 11,enc,r r,.,.pt.,tal,ili&lt;lad d., CD•
d" ae admite il hu gent.-e en eae11 de uno, e" llt·b~ ú los
da in1·ít11Jo. l1.,¡,¡;~ dd piano, loe Cntiwu~ de la c:IPA, jóotr(l8 y á ,r mi@1no la focult.a,J &lt;le ,;npor,..r q11ij t.it'u.-11 tov.,,w,. de nmbos FIIXo • coq11c1t•nn ,•, murmnrnn. La~ jf,.
do •·I gr11do d,· rtlllpet.1bilid111I reqnerhla.•
,·ene!, toJae con 1rnj, cllll"Ol!, cnchicltean detnl&amp; de los
En el momento 3c-tual. 111 "ra •.. bim, do Girelle está
nl&gt;:u1iCOf'. disllngni6m.lt e entre ~ne \·OC&lt;-11 snsnrmntee lll
ocupa·ill en t~•mir :11 rededor dl'I piano ,lo11dt1 se halla
ri•n bo11uclw1111 de :-;ancy La Frcuicre y •·l ti111bre más
una r1rt11,,,., J,: ;lliu, .¡ IRi jj,·en ~ q•JC dt'hen &lt;'jl-cut11r 11n
agndn de E1·a, quien ec prodiga r al cad:1 momenu, atra•
coro di! I" J:o1nn ,/~ · dxz,
l'I snlón cun la co11tl11nza de q11i.,11 e encuentra en
E11 un orden harmontoso, c;,•i ktdns linclas y ,·ei;ti,lll•
e•1 ca.qu.
cnn trnjt'! dE&gt; 11rlma,·era. ee alinean en emicfro 110 y
Teniendo por principio Rer amnblecon t.odo PI mundo,
e ,eran la ,enal de 111 . rn. de &lt;..iirelle, 1111e, 111 frente do
,·isit.aeadn gmpo snc ,. irnment,• Yésela di•tribulr aprecllw ,'COn an rollo de mtl-ica en la mnno, 11 na 11111 fun.
ton.,, de 111:1110 ,i lo repre1:entn11t,• d., In nüblt•zn regiocion d director dt! or1¡11e~tn. Con un tono an'°ritario,
nal. q,w 8e m1111tie11en 11n lejos de In pue•ta y q11e pueden
el ~r.•\1arun.&gt;rno impone silencio y las voces Ireacats coconoce?Fe iacilmente, los hombres por ~11 tt-z cnn ida y •n
mienun 4 ~u~urmr nMe la gran n~amblea atenta.
talante 1·ústico. la~ muj&lt;'res por Fn ucent.o rneridioual y
L:i· ,·oct,, ,on preci8llS y agrndubtes; el conjunttJ et I!.'!·
~UF .. ,,,.tido! ¡\ la moda d • la e~r.ación nntepa-atl.&amp;. ~lari•
ti•lic.u,rio y, Jei,pn,~ de
ejecoci(111 d1!1 coro. n¡,luw;OI!
po~l'a c.lln al 1·ededor a~ IOII ollci:lles uniformndos qui!
imlnlgellL~~ h11lag1111 el amor ¡,m¡,io de lu~ j6nme cr,ris.
convenian gra,·enienw di., ¡,i.-, 1'11 111edio del •alún y lea
ta,. lt!!tnc·nan ann 111.s última• palm!Ula!! cuundo 1111 oyn.
dÜ;pen@a •U! SUR\"efl 11onri81l8; cle!!pu,:~ ,-a 11 hacer cerem,,- d,, de c!,n; ra 11111mci., :
nio~M reve1·encias ,¡ las persona, principales de lus colo-L:i 1,i1orn y IR sci\orit:i de C&amp;11tellar!
niae extranj1·rrui, lw/i,,,. y grandt!l! cl11qnt,1:a, que la ~!'fiorn
Inmediatamente se didtrae la atEnciúu de las cantaut.es
)laru,·i,rno ha ine1.ni.\do en mng!'11tn~.. os ~il,1,n1, , ír.--J1te
para fijars;, eo las q11, lh,gun.
d. pni!ll],)S h,·rm&lt;lllOI! y en loa sitios de honor.
!.a •nora Uistell11r e,- un11 riibia ya marchita, pero que
Frt•nte al único grupo de in.-itadoe (le origen dudorn,
ha con~er1·11do cierto :llre juvenil y ,·oporo•o r1ue esaje•
pllF,1 eeqni\•a, dPllddloea, recogit'ndo cun In mano, con
r.1 uo usnndo mál! que trojes di! muchnchn. Milaneea
mo,·lmiento de ecn11itiva, ••~ í.alth~ de eeda, como 11nm
de origen, ,·lucl:i desde hace cinco nl\&lt;,18, tt ne aan, d. peno cont.aminsrlllB. La extremicLid del i;all,n eet.1 eeparad:i
r d., &lt;118 c1111re11ts, grandes prelenslon • de agradar. y
de nn peristilo qu,11·e hacia los parterre , por grandes
en 11rnbicij11 se cifra en pasar por hormunn dt1 611 hija,
cri~Lale. ~in madern. Entre las colu111na de e!ta roton1'11 traj~ :uul cek,te 4 mil ray~, con &lt;'Rll&lt;lte cuadra.Jo,
da •xterior, ¡101pliat coruna de a id,1 roja lnterc&lt;1ptan loe
d&lt;')a ·er nn:i plel blanca. l 'na ancha cintn de terciom1·0 ti ••na~in io lll'&lt;li ·nt~!S de un ol primaveral. E;.as tep~•lo nzul, oculta los plieg11.,a ue un cuello enflaquecido.
1~ flvlantee, ya aí-,lpan con '" n sombra variable los grn•
~ 1e oj , de p11pila., pequei'las, re ull"ln grantle!! con auxiJ&gt;O! c,,parcid, , ya hacen llo.-er sobre dio. manchu de
lio d.il Kuhl y u11,11er,,so rizo• de oro p:llido, for111ando
luz. H,-g1í11 1 caprichos de estile int-errnitencil\l! lnn1i110•
bucle.• BI r~dedor de su frente. le dan el 11•• pcctode una
ens, 11: perciben loe abnnicoe que palpitan COIII'&gt; :ilu, d., •
mufieca cnyu 11wjilla~ hubi " dej:ido ,lescolonda~ la
m11ripo•n;aqní y allí 11na lindaCJbeim ,,merge di, la pe- llu vi11.
n11mbm ,. • • mne!'tra en pl,·110 eol; n!pidrw rel.t111pago,,
\"íoldta Cn.•tcllar es n1bi.1 como •1 maclro, pero ahí. e
hacen ci~tilar lo, bordad•&gt;e de los nniíurme~. fi.1mear los
u,:aba d parecido. U• talln 111edi,11111, flexible, ondul11njoyelPS rle dinmantCI!, cambiar di! color los rt:!rnolinos df!
te, con lwrm?!!'-"! hombros y un pecho de 1111 wodt!lo muy
la,; l'd .. naa telas de mati
suaves. Y.-~ nn placer entre
puro, tiene tn vimientos !len , d gmcia y 111111 aen•nl•
aquello• j,wgos d,• luz, l"llr 11gir.ar,1• di,.erol.nrnenw la 111(,.
ciad 1•irgi1111l que lncr: µen,ru 1•11 el nlba Je nna J,ermf)l!a
,·il tlg11m d, la nma de fa rn• . Id efülm ~foruvt!rno. pe•
111ailnnJ1 tl,, etltÍO •. :u b!oud cab~ll- _ncre,pad01,, forqm•nn, regordeta, sencillamente ,·estida cuo un tr.1je dt!
man Rencilla11wntc 11111tgrue a trenza que reLit-ne nnn flt'Í·
J'll80 negro cuyO!i lneng
plit'glle agrandan 811 estatura,
neu, üe carey. El tejido dte 110 pj,il blanca tiene algo de
tiene una p."llabra amable para cada uno. Ilermo-;.o~ caniarmvr : ,.,,~ labiod abicrt , d" roju carnncion , 11relx•lloa blanco~ encuaJran su rostro que(l(•rmanecc Írt&gt;.SCo,
e11t.an cuanau rPpu 1111110 e•pecle d« cnudorKCnRual. y
y en el cual, 106 límpidos ojos azules, Is nariz espiritual,
euaudr, ooríen, nn ligero Riri, de burln en los eslremoe
la boca de bueno! labio onrien1ee, penen como un ful.
de la, comi~11ra• . ..;u grandes oj,,s estdn, como ,m boca.
gor prim:wcml. La setiom Maru ,·erno po,-,w t"s.'1 ex pre•
b:iiindos rlP un11 E0ile&lt;lom placid!'J: pt1r doud pa..van, 4
1&lt;i6n de índnl¡:;ento bondad qne bnbs;-te C(Jmo un encan.
oc ione!, rúpidoa ful;:un.-, d1• ,-~• te' l., wr;11111• l!t-tlfj11t-0 en las mnjl.'re1l qnc han vivido la viJ:i del coraz.6n.
e ea Pila Ull!I original p,•rsoualidau, ¡....ru uu E&lt;: F!lbría
0

r.',,,,,,

,r

,·i \

'ª

�EL .MUNDO.

4
decir con preeil!i6n lo que h:iy en el fondo de esa alma
Yeladn. s ..,bre e,as pupilas de 1111 azul grimeo, ,·agn. nn
mi8terio encantador. como 10'! tran~parl'nll'!l rnpore so•
bre la super6cie de nn lago. Trtl c•lRl •e •'xhibe en la
ireeca expan,i(rn de sn• ,·einte níio,, \'iotew. Ca;,tellar
m~rece el ,.obrenombre de •Flor de Niza,, que ~e le da en
la inti111idl\d ¡ tiene el ntercfopelndo, el perfume y la ti•
bia palidez de la• roslll! eabrOJ1as nacidas e::i Abril, en eee
¡,ni~ del $ol y del placer.

Cill!i inmediata:uente después de la aparición de In.•
se,,ora,i Ca,r..itar, el ugier anunció :i lqs s.eflore• \.ida! y
1fo norato de :,;,ünt-l'ons, y los dos hermanos fueron á saludar ,i !a se11ora ;l[arnrnrno, en tant,J q11e ella ,e ocnp,l&gt;a en coloc.ir ,¡ loa recién !leg.tdos. \'id,\I "1! el tipo del
g~ntil-hombrn de Xiza, que ha ,•iato ti mundo y ~e ha
de•oojado, \·iaj:mdo, de la rusticidad y de la i&gt;x11h~ranciu
nnt.ivas. E, moreno, más bien delgado. s6litlamentecon•tituido. Su barba, negra y rizada, harmoniza con 811 tez
act&gt;itunada: 8U voz es sua,·e y bien tío, l&gt;rada.. ~us ojos,
&lt;:olor cnfi;, 1111 poco bun:lidos, tienen esa sedncciún pecllliar dt&gt; ln,; gentes que han \'inj:ido inucho, y cnyns pupilas se han embebido del ardor de lo, ~ules y del color de
IOti pal!es que han \·isitado. J,03 pliegnes verticales de la
frente, por encima de la raíz de la narir. aguilefla, denotan enérgic:1 volnatad. Tiene el ge3to ~obrio, la~ maneras
gra,·es y corteses de un gran s!!J1or espaiiol.
i;n l1erma110 Ho11orato es mny di,tinto, de tal suerte
diierente, que no se les creería de la misma sangre. El re1rar.o que h'!. hecho de él 1&lt;:1•a La Frenier~, a•rnqne un poco exagerado, es perfec~amenle exacto. A los \·eintiocho
aílos, l!onor.ito de &amp;lin~-Pons pareced~ más edndquesu
hermano maynr. End.-ble y euoorl'ado, tiene los cabello8
claros á intervalos, la barba mnlhecha y un tinte de papel m:ll!cado. .su cuerpo llllcO, tlota en nn chale&lt;:o y una
levita deeeminarieta. Este traje ridículo, unido :i la des•
graciada elección de una corbata de 11n azul de pizarm, le
bacía parecerse á un comerciant.e al pormenor, endomin•
gado. FnfOBe á esto eu timidez y amaneramiento, su pa.
h1bra vacilante y au gesto neryioso. En su faz triste, úulcamenie los ojOI' atenuaban la fealdad de las facciones:
dos ojos osc11ros mllv salientes, pero ti~rno~, que tenían
la pacieute dulzura de los ojos de un buen peri-o.

.

.

J..s duración del intermedio ocasionado por nqoella doble llegada de visita&amp;, excita al Sr. '.\Iarn\'erno, el cual
l:!e cuida de que 110 ee ÍllStidíen sos invitados, y rl'clnma
la continuaciúu del programa mosica\. l•:utonces J:1 @t&gt;nora Maruverno se ,·ueh·e amablemente hacia \'ioleUL Castellar:
-Qnerida niiia, la dice, sé que tiene usted 1Lna voz om•
eanLadora y me ha prometido cantar en mi casa. ¿Ha
traído nsted música?
-sr, sei'lora, "ºY á blll!carla ..... .
Con su fle:xible andar se desliza entre loa grnpo~ masculinos, deeaparece en el salón c:intiguo y ,·u,¡I ve muy
pronto, trayendo 1111a página de m(tsica mami.,crita, qt•~
coloca eobre el pupitre, murmurando una recouwudación
al acompaifante.
De pie, en el lingnlo del piano, vlll!tirla con un modesto
truje gris, comienza á ca.uLar una copln, con una ,·oz ale•
grey clara, terminado el cuál, los oyentes se mimn al
principio admirados y decepéionndo,.
Se trata dl' nna migar canci6n de ~ir.a, bien conocida
en la calle de Francia y en toda la vieja ci11dad. en simple
,·ondel qrie lod niños cantan "cuando vuelve Mayo,• ante
la1 eonri"11l! de la prima\'era, y ese rústico canto ¡,opular,
&lt;li~usta á las h~rmosas damas habitllada:s tt las wúsicn.~
i,abias, 11 los trinos complicados de las C'irtw,sa.; de la Ó¡&gt;e•
r.l; pero en su manera expresi de cantar, Yioleta Cast..,llar pone tantas cosas inesperadas ¡¡ara los asistentes;
,11 "º' es tan tl~xible, tiene notas tan 1.ibilll!, tan :r.alameins, tan alt&gt;gre$, que desde la segunda copla la sorpresa
st&gt; l,ruec:i. en nn simpático interés.
O,, (l!!e cnnto á los oye~tes la sensación de la prima,·era
m~ridional, cnn sa e'-uberancia de rosal', ellli olorea de
Yinletas y de llores de naranjo.
l.ae •ílab:is 111113icalea del Jijlfois rle la canción, vu11la11
ut&gt; sou; illbios como golondritllll! que se ciernen en el pro•
fondo 112111 del rielo, por encima de uu mar de azur. 1':COS
&lt;lees&amp; al~,gría popular de Niza, q11echiepea como un moa-

"ª

ó Juuo, 1~96.

cate! e!!p•tmOl!o, evocan la alegría de los festines rú.stico~
b.1jrJ los emparrados encapullodoe, el libre rnelode las cancinne,; de lilayo; 1, caricia de Las serenatas resonando dnrnnte las noches iluminadas por la danza de Jaa luciérnegas, &lt;-1 sabor dt- los besos en pleno~ labio5, bajo lo~ olivos.
Ese m:m:mtial de franca pot'i,Ía del terr1111o, se di!o nde
d~ pronto, en m,;dio de nquelln sociedad refina® y e~tra•
gada, reir-,f!Ca los cora7.onea cumo ta ch11·idnd de ta ma•
fiana que ptinetro bru•camente en una tlllla de b:i.ile, ar·
dil•nle y llena de hu artificial. Aú.n aquellos qne no
comprenden la lt!tra, se maral'illao y los bra,·os e~allan.
Las gentes del país se conmueven m,ís directamenw; ese
i.riunío de una de ,,us canciones J&gt;&lt;Jloi.,-, los halaga.
Entre los más conmovidos y expansil'os, se di~ingue
Honornto de, aint-Pon~. La admiración le hace oh•idar
su timidez. C&lt;;m el cuerpo inclinado hncin adelante y los
oj,)S dei;mensuradam1U1te abiert-08, batepnlmas. Tan abstraído rstit, que ad\"ierte de pronto que lo&amp; otroe loan
cesadodt-aplaudir y qne él l'8 el único que manifiesta su
entusiasmo. Entonces, mboriulndose, turbado, baja la
cabeza y va~lv!l il la sombra como nn carneo! á su concha.
Tocúle su turno á Mula Teresa.
Yestida con su trajecillocolor de lila de fald'ls medio
cortas, los ensortijado@ cal.ellos cayéndole en bucles al
rededor de la e•palda, IOc! delgados brazos surgiendo de
la amplia manga abllllonada, fné tt colocarse delante del
piano, y con 1111 brusco 1UO\'imien1,0, hfzo,e para atrás su
cabellera. euji,t6 su violln contra su l1o~l&gt;ro y, en tanto qne el acorn¡¡ailunu, dejab1 oír algunos acordlll!, atac6
con exraordin11.rio brío las primeras notas de la ,,zigeonertanz »
La extrai\a melodía comenzó á ascender como un que•
jido, y muy pronto llenó el salón con sua eo11oridades.
Bajo el arco de la niña, el violín cantaba con yoz encantadora.
Con ei cuello inclinado, la cabeznechada hncia adelante y los ojos impregnadoa de brillantes fulgores, María
Teresa parecía no Yer ya los objetos que la rodeaban, y
tocaba eusim ismada, cual si se eacontra~e sola en el [oudo de un bo.sque.
La ejecución, aunque muy hábil, no aparentaba el me•
nor eJ![uerzo. L118 notas más penetrantes, los suspiros más

tiernoe, lae fmses m:l.s complicadas, iban snliendo de su
arco, tan natmalmente como lae rosas de un rosal.
Por de;;gracia, el mundano auditorio !,a gnstado ya too&amp;
sa resen·a de entusiasmo y se mneslra cli~trafdo.
Las P.elloras se dtldic.in a estudiar los tocados de ene
wcinas y cochichean detrás de slll! abanicos; llli! seilor'tas se dejan hacer la corte, dengosa.-. y coquet11el11S, p .. r
los oficiales, que l!e inclinan &amp;obre sns espalda•.
f:e respira nuevamente en el salón nna atmósfera de
banalidad y de indiferencia de buen tono.
Asf, á pesar del talento de la eiecutante, la fa!La dA
atención ee ha hecho casi general, y la pie•a termina cm
medio de discretas mue!&lt;tras de aprobación.
En tanto que la joven guarda el instrnmento en un~
cnja almohadillada, dos persona.o, únicamente, llegan ,¡
íelicitula: \'i0Jet11 Castellar y Yiclnl de Sninl•Pons.
:Flor de Xiza besa con efusión las mejillas de María Tt&gt;•
resa; '\"idal, posando familiarmente su mano morena ele
ilrnbe sobre el hombro de la much:chuela, la dice con
YOZ expresi\'a:
-¡Bra,·o Teresiaa\ Ha tocado usted con toda su alma.
Es pr~'Ciso que esos viejos bueno&amp; mor.os y esaa coquet.-is
no tengnn nhora oídO!!, para que no la hayan ap:audido
con mayor entusiumo.
-¿De ,·era.•'' ¿Le ba gustado á usted? respondió )laría
Teresa cuyos ojoa se iluminaron. Bueno, at)Bdi6, puea eso
me basta.
- í al usted tambi(,n, seflorita, continuó \'ldal, volviéndo~e á \'ioleta Cil8t~llar; á usted tambié.1 tengo qne
dirigir mis [elicitacionea ......... 8u canción del •Ruisellor•
me Ita traído 111 cora1.60 una ráfaga de jul'entod. ¿$al,.,
usted que ha demostrado un verdadero valor al permn•
necer siendo una hija de ~iza en medí o de todos eelul!
cosmopolltaa?
,
Uoasonrisa tina se dealiz6 en los lnbios de la joven; delineo una rápida re,·erencia y replicó con su tono tran•
quilo:
-.Xo es g111.D. mérilo ......... Prometí cantar, y como no
sé sino aires del país, fue preciso que esoojiese uno de
ellos entre rui r~pertorio ........ .

J 2 ,J ULI01 1896.

EL MUNDO.

5

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( l·onti111wní.)

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-~~=::t::..r;;.:;,-j_""s,:-

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~ ..,LOR DE NIZA
POR ANDRES THE:URJET.
('J:'ruducldo c8pc&lt;•loltncntc 1&gt;ora ••.El Mundu."';-Dustraolouc8bccha.s en nuoet-rostallcres,

N1ím. 2.-Yéase el ú!tiruo número.
Entre tanto, llll movimiento general se había producido
Liget'll y m.1.s jo,·c,n que nunca, la Sra. Caetellar se lan•
en el ealon. Todoe esLaban C&amp;Madoa de música, cnnl!lldos
za d1:l br.uo dti un capit,ín di;! b.ttallón de lo3 Alpes.
de inmovilidad; habla llegado la hor.i en que se org,mi&amp;l•
La :;ra. dt&gt; üírelles arrastra II en vez al pr!ncipe Kabala partida de brincos eema,1.a.ria, y ,í uua sella) del ¡.:r.
menskí. Ser1oras Y Eei'loritas tienen sus cab.tlleroa ex.Mant\'erno, se retiraron loa sillone3 y lns eilllll! ú. lo largo
cepto María Teresa y Violeta, que se quedan olvid~das
'
de Isa paredee, para dejar eitio á los luil:1ri11ee. t:na ,•ie• • cerca del 8r. de Saint-Pon!.
ju ee sentó frente al piano Y· ¡,ri ncipiú á tocar lln regocija&amp;te contempl.i, u1oa p;ir una, á tod118 l&amp;a parejas que se
do,, aire de dan.za.
deslizan por el pavimento, levantando aJ compá5 las
Eva 1,J Freniereee apodera del bJ1·6n 8pieler-un auEpiernas, y loeg11 á las dos ab.1ndonadaa, y, brlll!camen•
te, pregnntl!. :i Violeta:
lria.co alto, con grandee pat.illa.i! rubi.¡.s, mirad.l turbia
y mejillas e 11pedrad.as de granos;-le hace un 1raa nú•
-Dispense usted, ¿pero no es sa mamá la '-!ªª l,aila
allí?
mero de zalamerías para que él ª"' de:ida á ser su comp:ií'lero; }' por último lo atr;ipa, triun[almeute.
-Ella mi.ni&gt;.a, reapoode ~lor de Niza, con ana sonrisa.

iunil'a, que dibuja unos hoyueloe en sD.B mejillas.
-Ahl wnrmara \'idat, ahora las mamás son las ·que
bailan, en tanto que 8118 hija• bordan ......... ¡El mlllldo
al revég! ......... Sefloritas, no puedo ser su cabaJrero, por•
que no entiendo una silaba de estos bailesamericanoe;...•
pero lae invito ......... á dar una vuelta por el jardín, en
donde respiraremos mejor que aquí y podremOfl hablar
, nuestras anchas ........ .
Y loe tres se evadieron detrá8 de 1~ barrera de •mokiuyi
y levitas negras, atrave~aron el vestíbulo, y de3paéa ba·
jaron la eEcalioata.
La tarde tibia moria. El sol iluminaba con nn euave
tinte color de roea la cúspide de las montatlas de E.za y

�6
de la Tarbia, La brisa del mar habla caído, ni nn aoplo
mo,ia el lollllie Iu~troso de los limonero;; ni las cinU1S de
IM sah·ia@ y los gern11eoe rojo!.
Un :elleocio períamado reina en lo, jardines AOlii.ario•.
Los nes re embosc:m por una larga n,•enida de lindero,o
ealr,icadoa con profoaiún de grandeii ,·iolel.as rul!llS, }'
en cuya exlremidad se ve a,,11 lenr el Oceann.
\'idal de í-llln~ P.ifü abrn la marcl,n, teniendo ¡mter•
nalmente 111 mano de )forfa TercY y hablando coa ella·
oon familíaridnd: Ylolern Oastellar los sigue ti corta dis•
tanci&lt;1, examinaudo el llSpecto varoall de Vida!, visLo por
la espalda,
I..a cintura bien rnoddnda en eu ,,chaquetle,, 1u11l oo.cnro, los hombto\ cnaclmdo~, el cuello de mo,·imientos libree, la cabeza cubierii1 por un lleltrecillo que deja Yer
le. 1111cu to&gt;Utdl', y los t•abellos cortados en forma de cepillo, el primogénito de lo~ Saint Poas se le aparece como la emanación d~ estn naturaleza robusta y generosa
que se m&amp;nillesta en t-Orno snyo.
&amp;,,pecha ,·ng:1.,n,mte que s11 madre de!'ea cnsarla con
uuo de los dos hermnn,1s: pero Yiolet.a ha decidido inwriormenw ,111e e6lo ~1 mayor es un candidato serio. Xo
tiene para el mo:nor sino 11na dt'l!denosa indiferencia;
Yidal, por lo contrario, la· interesa y la atrae. Dlce!e
para 8111' adentros qne estaría orgnlloim de ser su mujer.
En secreto, su cornzón se inclina ya dulcemente hacia
él, y se pregunia: ¿!,e gastan\'/
Y, COUédente de ~u indieculible .hermos11ra, con la certeza de la ju ,·entud que no duda de nada, se responde:
¿Y por quó no?
L&lt;:! parece que vé cnminar delante de ella á su propio
defltino y !e itlente Ion conmovida t,omo Psiquis tratando de conocer ni misterioeodios á quien ee le reserva por

12 Juuo, 1896.

EL MUNDO.
esmaltaban cwidros de cl¡veles. En un myo de sol, las .!:!oreP, blaDcas, cnrmes!es, nmarill~, color do carne abrían
BtlB ~talos rfa0608 y recortadoo. Un olor ,le claYo ema•
m1.ba de eflta pro!usil,n de plantas en plena floración .
-¡Oh, quG hermosos clav~le¡¡I eirnlamó la seflorita
Castellar. Es mi flor predilecta ..... ¿Podrécojer algunos~
-Hum! cont.eetó \'id.al, crno que M est.!. perinitido..... ,
El Sr. ::"ltaruverno es m11y celo¡io d,• sus coleccione,¡, y el
j11Tdinero cuenta los claveles mat.n por muta.
-Tanto peor, porque ~e me ant-0jan, y dPsde el mo·
mento en que "" íruto prohibido, la tentación es mayor
todavía.
-¡Oh! Oh! mnrmnró el Sr. de :'laint Pon", "º tanto
que,e nnían los pliegue, de t11 frente. \"amo~, aguarde
Wlt~¡ agregó tocando á Yioletl\ en el brazo; quiero, cuan·
do menos, dejar en paz "u conciencia y cargar con el pecado.
Y se arrodilló á orilla del t·•rndrr,, cogió una docena de
clan,les de colore.~ ,·ariados y se lv~ ofreció á la joven,
cuyOI! ojoe tuvieron corno una sonrisa. Parecín encnotada al ver realizado eu d~eeo, y mil,¡ aún, por hab11r Ím·
puleado A \'id.al ll Her eu cómplice. Este había i&lt;lo ,1 reunirse con .Mnr!a Terel'a, que durante este tiempo, se detÜYo, bajo los olivoA, ti hacer un ramillete de anémonas
silvestres.
-UMt,e.l es máij r:,zonnble, Teresi,, la dijo alegremente,
r se contenta con llores qne están 11 disposición de to•
dos ......... Y bien, para recompensarlo de ,m di~1·eción,
la iavito á mere11dar ~n la Reeene, pasado mañana, y
luiré que oiga usted algunas cauciones napolitanM .......
¿Le conviene'!
-¡Oh, 8eflor Yidall replicó la muchacha, encantada,
ya lo cri,o ......... Deede el l'Íaje de papá, 110 he sido muy
feliz en el capítulo de la• distracciones, y ¡me gustan tan•
to las cancionvs napolitanas!
-.Aaunto arregludo; Honorato y yo iremo,; á buscarla,
el sa.bado, 11 la Reeemie .........
Qu¡¡dóse un '"omento penl!Btivo, y l11ego, volviéndose
hacia Violeta, que IU'piraba sensualmente el ramo decla•
velee, afladió:
-Si la eeiiorita C'lll!tel1ar quiere 8er de los nuestros, la
p:irtida eera1 completa.
Con mucho placer, respondió Flor de Xiza, pero ....... ..
yo no soy enter11mente duei'!n de mi persona ......... Si mi
madre .........
-Bueno, mal'lana iré á in\'itar á la mamá de usted.
Los olh·os y los pinos prolongnban, poco á poco, las
sombras de sus copas, y, allá lejoe, el mar se empapaba
de tintes de tlZul pálido, 8111picados de oro viejo. En lontananza se l1acía olr el ch.irrido de unas ruedas ~odanclo
sobre la arena.
Ern la l1ora en que loe salones de la .,.illa•• Olimpie. ee
iban quedacdo desiertos. Repentinamente, desde lo a1to
de la terraza, resonó una ,·oz de timbre agudo de soprano:
-¡Yioletal ¡Violeta! ¿En dónde eatás?
-1\Il madre me llama ......... ¿Vtimonos? dijo la jo,en á
Yidul.
Yacll(, un momento, y después, tendiéndole la mono:
-Adi6s, sellar, y grncia9, exclam6.
-Hasta el sabado, repitió Saint Poru1, en tanto que
ella, recogiéndose laa Caldas, se lanzó apresuradarne,,tti
en dir¡,cción de ]a "villa• ...... ,..

\'e rano á lo~ habitantes de :N'iim, y en el in \'ierno, enc:intnba ú. los ingleses ntlcionados A las excursiontll! ti&lt;!

caza Y pesc:1.

P&lt;!ro aquel al\o no se había preaent.ndo ningún inqni•
lino, y la viud!\ j11zgó m.is económico iostaiaree en ella
deede los comienzos de la primavera. El anticipado verane. lo. permiti.", eu•pel}der su, recepciones de la cnlle de
S.ta Francisco de Paula y vivir m,ls aencillnmen~e, obu,niendo los beneficios de las distracciones que la o!rec!nn
la vecindad de lo;¡ 'Maruyerno . .Adem.ts, uu moti,·o mis
!!erio había. en e•t.a ocasión, determinado á la seilora Cas·
tellnr :1 dejar Xiza, anticipadamente.
Ln. •\•illa• de lo~ Lentiscos no estaba separada del •vlllino,, de la Fouiin, perteneciente á loa Saint Pons, ~i110
por un cenLenar de meiros. Este •Yillino• y alguna~ hec·
táreas de olivart,seaparcidas en terrenoddel cabo Ferrat,
constituían la única fortuna W!rritoria.1 de los dos hermanOI!. Pero ei en\n pobres en dinero, lo~ Saint Pon~
pertenecían tl l.1 m.ís a11téntica y ti la m,\s nnLlgna nobletlll del país. E,La.b:m emp1uenta.doa rica y brillantt••
mente,
La sel!ora t'll.l:lellar tenía dos •desiderata:• ca.ar prontamente á su hija., cou el fin de poder, á su ,·ez, ~enlizar
,más fácilmente un eegnudo mMrimonio; y CMarln en l.1
sociedad nrist&lt;&gt;crát:ca, para crearse por sí mi.stllll b11ena:;
relaciones, lo que halagaba su vanidnd de buena burgue,;a.
No se fijaba en el dinero. puesto que \'ieletn posefa.
heredada de en padre, una bonita fortuno; pero des1:uba.
que su hija entrase en una familia noble y qne In introdnj~e, á en l11do, en un mundo que, h!\llta entonces, hnbín estado cerrado para ella. Conlqoierad., los Saint Pon!!
pod!a realizar e•te euefio ambicioPo.
:,e preocupaba muy poco, por otra parte, de que Cue~e
espoi!O.
el pri111ogénito 6 el segundo de los hermanoe; lo que la.
interesaba er11 que Yioleta fueee oondel!a,f&gt;vizcoud..sa en
-Senorit11 Castellnr, dice de pront.o Yidlll, volviéndoültimo caso, para ro1.tll'8e con Ita Ai!premont, loe 8al111.
se ¿en dónde aprendió lli!ted EU canción del •Rui,ellor'!•
•leannet, lo.~ Spinetta de ColomotA, y otroH hidalgos de la.
-La conocía hace mucho tiempo ...... l\1uy niña In oía
vieja cepa de Niza. Y en an vanidoo" egoi.sr.Jo, oo fe pre•
ce.ntar todns ias ma!lnnll8 11 loa vendedores de flortrl! de
guntabn ~i uno ú otro de eetos partidos aetía del gusto de
la calle de 8an Francisco de Paula, bojo nuestras venta•
Yioletn y ei la joven profesaba la misma indiferencia quenae. El afio 1\ltimo, ,í mi r.cgreeo de la A~anci6n, la maje:
ella en materia de elección de m:trido.
de nnl!l!tro jardinero de loa Lentiscos medió la letra ....••
Conquistar uu Saint Pone, le parecía el punto esencial
Yo ta anoté, compuse, bien ó mal, cOlllO pude, un acomy aún ei la hubiese preguntad.o en 1&gt;pinión, Tlonornto hn·
pal\amiento ...... y esto es todo.
brfa sido el preferido, porque lo estimaba mál! maleable
-¿~o ha ealido usted nunca d~ 1nza?
que Vidal.
-a·o, Ael\or, en :Niza he nacido, me educaron en elcou
Sin embnrgo, el regreso do este último había aún ePti•
vento, l11ego regresé á clll'll y en ella me he quedado.
mnlado eu ardiente deseo de llegará nne. pronta conclu••
-Bueno, pues es ustro 11n11 bija de Niza, de sangre
sión. Así, desde su inRtalación en los Lehtiscos, manpura. Le. eepecie se hace cmln dla más rara .•.•.. ¿Y quie•
tenía con 101j huéspedes de la Fouan relaciones diplo•
re UBted á au tierra?
máticas de buena vecindad. ,
-La encuentro muy hermosa...... La quiero por in&amp;•
.Al dia siguiente de ll'A encuentro con los Saint rons, en
tinto, aunque no tengo muchos puntos de compara•
la ,·illa Olimpia, ,ioletll se despertó alegre.
ción ...... Usted, que ee un viajero infatigable, puede á lo
La mnflana, muy límpida, prometía un di.a t.nn radioEocomo el de la \'lspera; el mar resonaba melodiosamente
menoa compararla al otroe Jugares y admirurla como inabajo de las rceas; se veían salir las barcas, nna después
teligente ........ .
,_SI. ........ cada ,·ez que vengo á ella, le encuentro un
de otra, del puerro de San Juan; desplegar aus blancas
velae; luego, correr medio inclinada.~, eobre lae olae de un
encanto que no hallo en ninguna oua parle.
-Entoncea por qué la dt:ja usLed7 exclamó Yioleta
azul diamantino.
•
con un asomo ele burla.
En frente, la COSW! de Beaulieu extendía la vnriedad de.
-Porque los extranjeros me In echan á perder...... Me
sue ,villll.!!,• expnrcidas en la verdura, en medio de IU!'-·
horrorizan los coemopolitwi qua ClWil aqaf como nubes
rubiail hojn.q de olivos y esbeltos ramos de palmeras.
de langosw. Lum~nto el tiempo en que Xizn no ee ex·
Atrás, las montailas tef!idaa de un color de malva y de
tendía sino h~ta Paíll{,n y m1eetra propia alegría noa
violeta pe flncadenaban hannonioi;amente, entre sus onblll!tnba, sin que nos vi~emoa obligados á l\lezclar en ella
dulaciones :iterciopcladas, se distinguían ,·agamente lae
III
el vino :id11lterado de loa placeres exóticos. ¿AcRSO le
construcciones ~arracenJlil de Eza y los perfiles de lae ca•
gusta á usteu la .ociedad que hemos dejado allá arribo?
81\~ de la Turbi11.
-.·o sé ........ Ee la primera ,·er.que la veo ......... Estoy
•\1 reipirar IM 1'0888 dAI Inrclln, Violeta ae sentía feli~.
La •\·ill:10 de loe Lentiscos, propiedad de loe Castellar,
como un bai\ista que mira él mar d,r.¡de el cbrredor de se hallaba situada más allá de '1n alde.a de San Jnan, á ¿~:ra In influencia dees41\ clarn muilana 6 el recuerdo dr.
loe ba11oe r ie pregunta; ¿:\[e arroju•.• .:so me arrojo? ......
su triunfo en laca'!ll delos '.\Iar:.véruo, lo que la ca11saba
medio camino de la t.orre Snint Hospiee.
Yi afición, muyor ó meuor, d. la fOCiedad, dependerá de
1':di6cada en medio de bo:;quecí!IOI! de pinos y coronan- esta íélicidad int~rior, fresca como el agna virgen de 0110.
1118 gentes que me rodean ....... y en quienes tc,,ga con• do un grupo de rocae cortauns á pico, eUBpendín ~n8 jar- fuente? ........ .
Todo ..e mezclaba, evidentemente, en la compoi!ición
!lanza.
dines, en forma de carniza voiada, por encima del :",fo.
de en alegría; pero también había en esta otro precioso
· -¿Realm&lt;'nte?
ditemneo, en frente de lns montañas d., Beaulieu.
Y los ojos lumínoFos de Vida! se lijaron con curio., íGeneralmente IR eel\ora en~t.ellar, qoe, no ob:;tnute eu~ elemento, oculto como una pepita de oro fina en la!! prodad en lod de su imerlocutora; parecía un poco impacien- gustos mundanOE', pOl!e!a nn ePpírim práctico y sabia ha- lundid.'ldes di:' este rnndal de pl-r. A fuerza de inclite al no poder leer nada claro en 1118 m i:;Leriosos pupilas cer bien HllB cuentas, la alquilaba durante el invierno ,\ nnrre cnrio~11mente eobre esta agua misteriosa, la joveu
grises de la joven.
loa ~tranj~ que acudían á pa!!lll' en nq11ell11 comnl"CII había visto en el fondo la imagen de Yidal de l:'a.int Pone.
Yoh•ialo á ver cubierto con su sombrerillo do! fieltro ,fo
-8!, proeigui6 ella aonriendo; siento dentro de mí la
la e8t.ació11 de los frio'!, é iba á habitarla tn los mel!&lt;'s de
alll!! estrechas, pisand,1 con planta resuelta la aren:,. de l.1
facultad de eer m11y bnena ó muy mala, según lain!luen. Junio y Julio.
cia que sufra ........ .
Aquella parte de la península, orientada hacia el Xortti o.venida limitada pór las ,·loletas rusns; luego, ae lo rQ•
Dieron vnelbl: á un bo..,squecillo de oll voa y continaa- y balladA por la bri5a. fresca del mar, ofrecía una doble presentaba arrodillado ante el nlailro de cla,•f"lcs mulliron la marcha. á tru,és de nn jardín, cuya tiena rojiza vent.:ija: en la época de los cnlottl!, servía de ~lal"ÍÓn de coloree, tendiéndolo el ramo de ll.ires con aroma de cl.1rn.

12 J uuo, 1896.
Aquello:, claveles los había puesto ella cnidadoP11t11en'te, la víspera, en un vaso de agua, )' por la manahn loe
prendi!'., en su corpil'io de lana blanco. :--,1 perfnme penetrante la acariciaba voluptu09amente el olfato.
De pronto, la causa de esta íelicidad, q tte brotaba dentro de ella, ee le apllreció con to&lt;.lo su resplandeciente
claridad: era. feliz porque Yidnl la había imitado á co•
mer en la Reserve.
Pero ¿y qné? t.nmbién había inYitado á Moría Teresa, y
aon antes qne á ella.
¿Qué tenía, pues, de extraordinoriament~ halagadora
esta invit.acióo, que \'ioleta compnrtín con la pequeña
La Freniere?
En realidad, l\Iada Tereiaa no er:1 más qne una ni,1a á
loe ojoe del conde de Haint Pon1¡ ¡.pero acaso tendria ella
n1isma mayor importancia para él'/
En el espíritu de este hombre que habfa posado de los
treinta niíos y que había visto t.a.ntas personas -y tantas
cosas ¿exist.ía una diferencia sen~ible emre uno mucha•
cha de quince aiios y otra de veinti;? ¡),o las trataba á
las dos con la misma paternal indulgencia'/........ .

EL ~IUNDO.
eu cuerpo en vuelto en la ligera caricia. de In" aromáticas
v~getaeiones.
Caminaba de eete modo, ~in pensar en nada, dejándose
arrullar por el ritmo del mar, dichosa en medio de un~
beatitud puramente animal.

7
-¡Qué original ea su historht! dijo Yiol!'ta.
•Y se qnedó mirando la mnr re~plandeciente y la nmci•
za torre redonda, y por m~s qne hacía, no podía dejnr de
penear en In entrevi~ta de la falsa duque~a y del galante .
corsario.
In,·olnntariamenw ~e representaba á Occhiali con las
facciones enérgicas de Vida! de ::-aii1t Pons. Cna nga.
sonrisa retozaba en 8UE labio~, fornurndo lloy.uéloa en sús
mejilllU',
-Péro, replicó Honorato, alen1:tdo por la respueetn de
In joYen, hay en esta historia puntos qno com·iene diln•

Muy pronto abandonó el lindero de los pinoa y \lomen•
zó á subir un ribazo, en el qué noas viejas bigneral! enla•
%aban sus rama.«. &amp;te abt·upto sendero condncla al antiguo fuertt: piamontés, del que no quedaba ya sino una
torre yentruda.
A lcanzn ba ya la plataforma, cubierta de ci&gt;sped, deade
cidar.
donde ~e dominan In bahía de Beao.lien, las montailas de
-¿Cuáles? dijo \'iolet.a, pensando EÍ mpre en !a dnma
\'illafraaca y el Mediterraneo, hru;tn la &lt;:xlremidad del de honor.
-Primero, sería m11y in~rt-nnt" saber con exacli111d
cabo Bordigheru.
Por un in~tante •e cletnvo ,í tuuiar :1liento, y regocijar en qné. punto de la escarpado costa pndo dcsembarcnr
su mirado. con la dl't'lumbradora cn11t .. mplación dd pni- Occhiali.
-¡Bahl exclam~ elh, contrnrindn.
1,aje que ante ella ee extentlfa-,•l •1111r color de zafiro, 1as
Ln importancia que parecín atribuir Honornto á eHe
recortad11rn~ plai,-nd11• de la cn•tn, la• cim:is color de lila
detalle
insignilicante, le pan-ció como indicio de un eep!·
y de nieve de las montal1aB-cna11tlo la cin,bradn puerta
'
ritu
ru!n,
y volvió ,¡ caer en 811 iudiférenc-ia.
de le. torre se entrenbdo. y eobre In obscuro sombra del
-Ya
encontré
el tiitio; es allá, eu una pequeña rnda
pórtico se destacó, e11 pleno sol, ladelgadasil11etu de Ilo•
arenoso; pro,;igui6 con un aire de triunfo el menor de los
Su orgnllo seeuble\'6 repentinamente ante la idea de qne norato de i-:aiut-Pow.
Saint l'ons. Quiero enseillÍrs~la. ¿1:ustn 118led?
podía eer puesta por Yidal a.l propio nivel que oqnella
~o le fué n~ce~m io al recien llegado mucho ti ..mpopa-\·amCII!, ~nspirú ella con reaignacit,n.
colegiala de vestido corto, y tratú ele e:.'tplicnree ingenio- ra ad vcrtir que no &gt;11 hallaba. HOlu. El \'estido blancc. de
J\ajnr&lt;m en p!eno sol por 11n "''ndero de cabras.
samente loa derechos que podía tener paro una preíe· la Pel\orita Castt-llar, formaba una mancha re~plnnde•
Honornto la guiaba hnda la playa 11renosa. donde el
rencia especial.
ciente en la tuyida copa de una hig11era qne la Eerv!a c1e mur iba ú morir en ondulaciones susurrnntei,,
Ante todo, ,. idal no estt1ba de modo alg1mo obligado á
fondo.
-A1¡11I tiene uHt-d, dijo él, el ancón donde úcchinli y
incluirla en ll\ inviti\::ión. Si babia procedido de otm
El primer movimiento del joven fm\ ocnlt.aTSe en loe st1 gente pudieron atracar sin en viaLOe.
manera, íué, sin d11dl\, porq1ie nna excnrHión con la se• tiniebla~ de la b6veda; pero luego, desp11ésde haberse coPero ella no lo oía y caminaba distraída sobre In arnna
llorita La Frenitire por toda compañía, le pareció 11n mo• locado Hls lentes de ,·idrios obscuros en sns ojo• qnegui•
tivo da placer bastanti, me1.,tuino y pensó que sería e:ii:, i\:tbn ein cesar, reconoci6 á Violeta en la pt:rsona que lo ll\icá.:lea, mirando con preocnpacióu infantil las bw:llas
C6lente 1a gregar á la partida onn compnl\era más agra- había tnrbado. y entoncl!!! se dtcidió á snlir ,1 ij~ encuen- que dejabun su~ menudos pies.
En el ijilencio de In plnyn Rolitaria, p/,lo se oía el ru•
dable.
tro.
mor
de Jss olal' y el murmullo musical de la brisa, rom ·
Adem:'u,, ¿no a.e 11abín arrieiogado e1 selior de Saint Pone
Acercóse, ealndú torpemente, y en tanto que la joven piéndose á trav(-s de los piuares.
tl incurrir en el diegusLo del l-r, .Maru,·eruo al forml\r contesiabn á su saludo con nna sonrisa enigmática:
llonornto se había quitado sue lentel! de vidrios azulee
aqael ramo de claveles, y no era hta también unn muel!•
-Dispense u,ted, eel1orit-a, ninrmnró, no ...... In había y guardádolos cnidndosa.mente en el bolsillo del chaleco.
tra de especial aleuci6n?
conocido al principio...... Es ...... (•e una sorpresa ......
Con mirada t(midn, seguía la elegante si lnetn blanca
Estas meditaciones oc11paron la imeginaoión de Yioleta
:So en~ontrando el calificath·o que buBcaba, terminó Sil de la dei'ulriu.1 C..stellnr, y se cavaba el cerebro pnra enhuta la hc•rn del almuerzo. En la mesa, á la que acudió di&amp;curso con un gesto ner\'ioso.
contnir en él algúu otro tema de eovert'uci6n.
á sentarse so ~Adre con un descuicb1do vestido de ma.-Cna sorpr!&gt;tia agradable, concluyó Yioleta, qae tuvo
nesgué$ de un laborioso registro, alladió por lin:
llana, no se habló de otra cosa ei110 de la fiesta de loe Ma- liíetima de su timidez,
-Yi·lal debe ir hoy mismo ú ver II la aefiora Castellar
rnverno.
-1Es usted demasiado buena, exolawt'i llonornto, en- ,. hablarla de la excursión Jo mnnana ........ .
La viuda había guard.'\dO !!US·encajee rizndoa en la caja ludándol&amp; de nuevo. Y ......... ¿\·iene ueted á menudo á
· -¿El sel'ior Vidal piensa permanecer macho tiempo
de los días de guln. Envuelta en una bata mny ajada, la paeeal'!!e á Saint..Hospice?
todavía en la Fouan?
Sra. CMtellar aparee/a, con la cara mal lavada todavfa
-Algunas vl'Cea. ;,Y oeted?
-¡Oh!...... con \"ida! no se ,abe nada nunca ...... lne1de lo~ cuitladosJI! menj urges de la víspera, y el cerebro
-Yo? ......... Todos los d/1111 ......... Uogo oqní in,·estiga- pt!radame11te hace su mnleta, me da un abrazo, y se vu. por
poco limpio también de las quimerae de que ae había cionee nrqueol6gicM, con objeto de ......... 11n estudio que
algunos meses.
llenado.
1
dedico ii ......... la Sociedad de Letras de ~iza.
-¿Se nburre tal \'~Zen 11! cua?.
Durante el almuerzo, no habló sino de su triunfo y de
-¿8~rA posible?
-Xo ......... Xo es que se aburra mucho conmigo; pero
las felicitaciones y cumplidos de qne habla sido objeto.
-Sí, sefiorit:1. Se trata de determinar un punto hi.stó• se encuentra poco á RUS anchM, delllnei~o inacti YO en la
-Verdaderamente, decía, bajando, como nna pollae- rico muy importante ...·...... Sin duda ha de conocer UB· Fonan ..... ~-· Xo eabe, como yo, tomar interés en QCupala, sus ojos de piirpadOll arrugados, verdaderamente, to- ted los sUCe!OJ que se yerifirnron en éste sitio, en In Gpo- ciones sedentarias ......... Somos dos espúi~wi muy ....... ..
dos estos hijos de los Al pes, son uno11 locos. :So me que- ca en qne Filiberto Manuel de :4nboyn Yigilaba la construc- 111uy.........
·
rúm dejar; todos me pidiéron permieo para venir.á ealu• ción de esta torre?
-Di8tintos, sugirió Yioleta con impaciencia.
darme en los Lentiscos. Por fortuna, el ptinaipe Kamena-¡Dios 01fo! no! confesó ella con una complet.a indiíe·
-Ello es ......... Xo~ queremos tiernamente, pero no teki me arrancó de sos brazos y me llevó al b11jf,I. Baila- rencia.
nemos el mismo modo de @entir ......... El menor cambio
mos juntos toda la noche, y la senara de Girelle estaba
-Paee bueno, una noche, el duque !né sorprendido eu mis c~tumbres basta parn que me dé jaqueca ....... . Y
Yerde de celo8, Hasta el mismo Honorato de 1¼tint-Pons por nnos corsarios al mando de un renegado de Gfoovn,
ll él, le cau~a horror la regularidad ......... ~eceeita, todos
Rali6 de en abstracci6a, creyéndO!!e obligado 4 venir ,t fo. llamado Occhiali, y sólo pudo escapnn;e merced ,t In adhe- loP día!!, algo imprevisto, algo que lo conmueva y lo halicitar me por tu talento de cautunte ......... Tu voz ha sión de dos de sus hidalgo¡,, que quedaron prisioneros. gn sa.ir de ~í mismo.
eau8ado en él una viva impresión. ¿Pero, pnr qné escojis- Entre parént.e~i~, uno de estos valientes caballero~ ee 11a·
-iA. dónde fué 0/SLe in\·itrno?
tes 01!&amp; antigualla del Ruieellor·/ ¿~o podías haber 1,lt'jido ma.b\ Maurici,, \'idal de S1\int Pom,, y íutl uno de miij
-Desp\¡~a de pasar el otono en el Tirol, se uirigió á
en tu repertorio algo menos vulgar? ......... Xo vale la pe• anll'ce~orea. Ya ~e ueted, eeilorita, qne estoy personal- Vent'cfa.
na haberme nrrninndo 11n lecciones de canto, ¡¡j no eres mente interesado en estudiar este problerna histórico ......
-¿Y estuvo mucho tieupo allí?
capnz de ~jecotnr nn trozo de ópera ....... ..
-Hasta Marzo ........ TifnCl por \"enecia unn afición de
Para salvar ,l. loe cn.itívosde las garras de Occhiali, fu~
Mole,ita por esta charla int.erminable, \'ioleta se li• indi;penpable entrar en nEgocineionea con el pirata, y qne yo no participo ......... Esta ci11dnd rodeada de agua,
mitnba ,1 mover la cabeza, sin n,;;ponder una !'alabrn. aquí et! donde la aventu.m se hizo resgorn. Occhiali e:.'ti- debe ser un 11ido dt reun'lBLismo~, y yo no qui.!!iera verCuando e.u madre se levantó de la ml.'~a, se aprovechó de gfa, para. devolver 1Uoe prisioneros, un re~cnte de dos mil me en ella ni ea pinturn ......... Pero á \"ida! le gusta e~t.'\
la hora q11e Jet.a consagraba á l.'\ siesta, para pasear sus eecudc.s de oro; pero ponfa además por condición, que la vida de vagabundo en la." lagnnns. Ya hacealgun&lt;,e ailoa
eusuei1os íuern de los jardine8.
duquesa en pi'rsona se l9s entrl.'gara y le permití"~ bt!- que pasa loa indemoe en \"enecia.
Ex~rirn;;ntaba In nece~idntl de caminar ,t tra,·és de los sar su blanca mano.
Yioletu tenia en la ¡rnnta de los labios un.a pregunta
can,pos, pum sacudir el mal humor pro\'C,cado por las
Al llegar aquí, Hononu.o se p11so rt•jc&gt; come los géranios que hnl.,iern de;ieado dirigirle.
Iri volitlade~ dti In l!t't1ora 011.tellar.
Un escrúpulo la detenía, el temor de cometer alguna
recién abiertos que •e vela~ á poca dí~tancin en el hneco
En íreme de la •villa,, un bo~q11e cnbrfa !ns dos ver- d., unR roen.
íncorrecci61;, 6 cuando ménos, de pas11r por indiscreta.
tieutl.'s de ·a·penínsnla, elevándose E'n una cuesta sua\'e
-Figúrese usted., seí\orita, coutinnó, las vacilacionea
Hnbiera deseado saber ei Vida! no sería IU'ralltrado á vihasta llegará la nmsn de roca!! dt• la forre ~int-Hospice. de la doqu, ~a, ante h~ idea de hallarae (rente á frente de ,·~r luera del país por algún interés de un orden puraLa joven se hundió en plena mnleza, re,pirundo el olor e.que! cor,;nrio sin ley ni llíoe. Se trntú di, hac.,r nneV0M • mente sentimental.
de resina mezclado A lo~ exhalaciones m:irinaa. Camina- am·glo•; pero Occbiali '!º cejaba nn sola punto en sos
Al eecuchar á Honorato, llllbíala ocurrido la ide:i. de
ba á la ventura; la tierra, bpizada de pü111; de pino, cru- pret('n.l!iones, Ent.-Onces se recurrió 1l una ariimaiia: se que un romántico afecto podría muy bien atraerá \'ida!
jía bajo sus pies; matorrales de mirtoe Bilvestrei¡ y de ee• sustituyó ú la duquesa por una dama de honor, q11e se le cada inviernu ll la cindad de los Duxe,i. Caldeába1e en
piuoe le eubían hasta la,¡ caderae, rozándole los brazoe.
pareciera, y fué esta última In que permant&gt;ció toda una imaginación, y un violento dese,i, muy femenino, se apoCon incon~&lt;;iente voluptuosidad se cornplacfn en sentir aocue á EOlas-con el coreario ....... ..
deraba 4e ella· hacer hablar l\l hermano menor.

��10 JULIO, 189~.

EL MU::-.iDO.

10
ladas en una DlC'S:l rF&lt;londn, no IE&gt;jos de la pequclia or•
que&amp;ta quil. desde !!l m~dio.tfn l1a;;t.a. las cinco de lo. tnrde, ejecaw para los cli,mt...~ un conciento, en qu~ loF niree del yals altemnn con !ru, canciones po_p ulares l~li111rne.
Esta orqurua eftaba con,puP~ta d d08 violine~, de nn
contrabajo, d" una flauta ~· de g11Ílarrn~. Des cantore:, de
corhnia~ clara,, fmokings )' pant.alones n.-·gros, llamaban
aobre todo la ntenci6n y formaban la~ ilelicil\8 del 1111dítorio: uno &lt;le ello,;, pt&gt;qnef,o, rubio, con la ca~a peluda "
rape, Ja• orejas s,dit-nle•, l:.tS mE&gt;jillo~ lnmpiíilli!, de boca
.ntreYid11 y de ••jos cllispeantPB de malicie; 1•1 otra, muy
moreno, bi~otudo, con ¡,upilaR rdocientl•ij y dient-es mny
}¡\ :\nC09.
Cantaban csnc.ionee y b,irrarola~ y la,, acompm1aban
con mlmjca, que duba 11mrn\'illo,n mo,·ilidad á sus facci,mes, con pet11fa11ciny In lento d,1 g•,st-icnlndore~, de nna
gracia cómica irreeistibl.-. A\_11mae vece~. arrn~trad011 por
d ritmo .. ndiahla.do d1• In l1•tm, se zarandeaban ·y h11c!s.u
cabr;olas, ral!C'lrnio In gmt.nrra.
l'onfan tnnta iurnginación, nna alP@TÍ!I tan infantil, en
sn tarl'a, que más parecfrm r.nmar parte en la Jiestn para
atorilirse pura En propia s:1tisfacci611.
La ee1'1.ora C•stellar Lomaba po•turas de éxtasiE; balnncenlla dulcemente rn cabi!za rizada. y lle\'aba el comp:18
con eu aoanico.
l\larín T.-l'l'l!ll, con 10!! ojos brillantes, aplnndía estrepito&amp;arnente, .. n t1mto que uua loca .risa sacndí:i sue bom•
bros. lr:lgilllS y EO~ riz&lt;ll!! oscuroe.
\"idal Re uh-ertfll con In alegria de fil umiguita. En
cuant.o ,\ Honorato, que na entendía gmn COl!ll de mÍlsica
y d quien esta, gracPjada!' di;;tralan muy poco, a61o ee
di\·ertía me&lt;liam1menw, }' no miraba más qnt&gt; á Yioleta.
Esta, con eu tn,je de lana blanca, en el talle del c110I se
11hrian unas cla,·eh•a rc,jO&gt;l, e!!Cllchaba, de codos eobre la
inern d., m:lr,11111 y la llllrba apoyada en la mano. Los
contornOP. de BU~ hombros y de su talle flexible, ae t\CU•
,aban cou inflexiones vol11ptoosns, bajo ta luz diíuea de
:n tienda.
SE&gt;gún c•l carácter jO\·inl 6 zalamero, zumb6n 6 l\pnsionadu de la másica, 6\11! pupila. grises ~e encendían ó se
,·elnban.
Las wéloilín~ it.31innae le sng&lt;&gt;rfan visiones sonrientes
(, melancólicus, curas imágenes ee re8ejnban en ,ue pupilll!! de col()rt'l! cr11,,bia111e~.
Los drn, cantort•s acabn bun de inicÍAT una canción Vt&gt;·
neciann bien c~1nocld11:

En una mc,ia vi,ciaa, 1111 grupo de hcmbre~ y de F&lt;•uor~ que aeabab.o de instalaree, interpeló a 1 canwr di' Jo,
mOl!rnchoo n&lt;&gt;gros y de lo• diente~ blancos. Los reci~n
venidos penell&lt;'cúm á la flor y nni.a dl' la colonir. ru~a y
entr&lt;: ello&lt;, Yioleta distingui/j la eleg1111te cabeza y lo~
ojQ, color de ncn·m del príncipe Kamen•ki. Uabínnpedido champagne y en t.i.ntoq"ct'I mozo la serda, el príncipe pu~o ,·einLe franoOfl en la numo dt•I ;músico oapolitano y hi dijo:
- E~l..'U! eei\orn desearían qne canta•e u~teJ. o:,.¡,¡¡.

Los dn, napolitan011 habfao tenninado ya eu cnnci.'.ín y
lnM úll.ima;¡ \'Ít.Jracione., de las guitarras se habían extin-

clitnu'11.,

tienda.
En el horizonte, teiiido yade rosa, Tn penfn~nla rle :san
,Tmrn, con rr.lie,·es tuás precisos, dest-0ca!1a ent&gt;grt'Cida,
eu prolongada gmpa que tcrminaba, como burdn e:&lt;cr.,_
cencia, la r..choncba torre •le S11int Uo~¡,ict&gt;.
Desde la terra,n ya silenciosa se percibían máF diatlntameote los rumores esparcid&lt;lfl en la bnhía: los chas11nidos de lns olas ni herir las rocas, la caida cadencioi:a de-.
las ramM, lo.~ reclamos lle loe peticadc,re8 en el pnertrcillo, y loe lej11nos tintineos de In campana qne anunciaba.
alguna ceremonia religiosa.
\'ioleta permant&gt;eia de codos soim, el m6r111ol de l;1.
mesa, con las mirndas·vu&lt;.&gt;lta~ li-1ci11 t•I mar y corno bi¡,noti1,ada por los, relampagueos di:unantinos d{') ngua.
Tenfn aun en los oidos 11&lt;:l zala111~ras i,11:l.,, de la C,111r•61, d,· //4 '~Í"·' y la repetfn para ~i cmuo u na mú~ica
armlludora,

,,Yieni, la barcn i• pronhl ...... :.. •

--Oh! \'tneciu; exclam6 la eefürra Cruitellnr, p&lt;•11ienilo
loe ojos en bla11co y arreilartán&lt;lo.,e en su eilla, cuánta poe·
Ffa t La PlllZII du&amp;in 1\ló.rcos, con s11e joyeros. y BllR aimscP..
ne~ decrist.alería, los aarbet.es del calé Flori1m, las e:xpediciouca encautadol'lll! al Lido ...... &amp;ta roú~ica me recner•
da mi~ primeros años de matrimonio ......... ,·.,neci11! ......
¡Cómo dt'll\'nrm vol vH y enco11trar la tierna r al~gre ,·ida
de otrOl! tiempos! ......
Uun irónica rnoripa \'ng6 por los labios de \"ida 1, y Yiole!A hi1.o nn le,•p mo,'imiento de liomlirO!' . .El Hrtificial
,·ntn,insmo de ,u madre, la e.1u:itnba los Til'rvios como
una nota folPa y lu turbal.Ja en medio dt 811 ensuel\o.
J~n tanto qn~ 1oa mii~ic(,a cantaban an barcnrolll, ella
inlllginr,\JJi oira Yl•necia bien di~ti111a:-l.a Yent'cia prt'forida de Yidal¡-ve!nse con~¡ dl"l!)izAndosesobre lns ,•er•lt!s lagunW! eilencio~a~. y BUS oj06, agrandados por el hr.rnaie, ¡,arec/an rellej11r lodo un enjambre de góndolna il11111inadaa y ll~nqs de cnntos.
Levantó la cabt-1.a y en mirada encontró la del condt.
,1-, Raint l'om•. l.oe njos o~uros y atentos de \'ida! fe
,letu,·ieron en l~ ~uJ·OI!, y pcr nn mnment.o aquella~ tloe
i-i.preeivas miradas se í11ndiera11 la nnn i-n la otr.1, como
Fi tratasen de leer sos mmuos pe~~amienl011; dt'l-pués el
cvnde, ¡,rimero quo ella, L3jú sus párpadae de color
¡,lomizo y pnreoi&lt;, abrnrbersl' en una cónuernptación inh,rior. Los visit.nnl-es iban llt&gt;gando en grupos, la terma En aquella hora en que la clientela .de la R.'Serva
&lt;'S má&gt;! mrnwrosa, oiause las 1'1"l(}aa de lo, coch,ejj rechi11ar sobre fa arena. del patio y piafar loe caballos. A cada. instante emergían de la •veranda• pnrejas que. bmcaban un eitio vacío en el balcón.
Lolil músico;,, de bueu humor !l caw;a de onn colecta
Irnct.l10,a. templalnn de nuevo Elll! inairumemoe.

F.ra é~i.a nna cancioncita roen mny en boga. entrl' 10!!
parroquiano~ de la H~Eer.-e y á cnyo aire hnbfan adaptado loo cnntores pal11bra~ iranoefas.
El ,,¡,1,w,o d,· lo,, dient-t,~ blancos ee inclin6, con nna
ob,1-qniom sonrisa; ilespn.SH fu~,! buscar IÍ ~u catnal'llda
el rnbio de lus on,j.18 larga. y los do,, acompailados por
Jo¡¡ otros ejecntant"~· comenzaron la Omd611 de /fJ~ njo~:
1JI, &lt;1t!lit11üR vj,,i 11tffrúll &lt;Ú 1,rnyuida ¡,r, 1iat/o,,

()_¡011
Ujvs

I["·

,,.,,,¡ /ic-01n,

""~ d&lt;feii• ,mbriagmlóe,

'i"' aduro 1111wfHJ

l""louo m1.b aw, ........ .
lldlo~ ojoi lu11hu1os en dias ti,· ,fo'Jui1:t,.d:
CüN11' por .f,m.dl) ni(í.gi.1•r1 '11, itim1t m,1,rm1·ridrt•
l'ir RUlt ¡,rrlu,uli1ladr.1i ~•r,lí (,Ira, r w.i rula,
1· mi almo 11,·r1 leré
Por 1&lt;er ¡., /la Ql'I hfm111~n
Qne io1lct 1ue d• t't,tti

1~•l corca:cín ltiml;i/·nJ·

"

1·,, m, ;mpo,·far, ua.tjn mi&amp; ,lirtl4 (U_• ret·(t1.'.s,
.\'i l,u ,111uir11&lt;0 lúgrím,tk rtrlidu.x ta11l&lt;1-11 'rru.1¡
Lo ,,,., 111, ,,..,. lot !,ad&lt;&gt;&amp;
De ,1 urhi 6 d, &lt;Jl,grfri,

Lo 11&lt; ofr,·rido á ,·s&lt;&gt;R u io.&lt; ado1·a1fo1;.
La tonndn con la cual los do~ múeiccs cantaban esta,,
palabras, tt-nfa un ¡,:,;t.raf'io carácter de J&gt;tl,ión ac.ariciadorn y ealvaje. E.staba llena de sollozos con dejos de melosa ternnrn, con repeiiciones de frases tri&amp;f.t&gt;~, cuya lánguida r.,ouoton ía producla In een~aci611 de e8lll! grande~ espirale~ de agua qnP giran lentamente en rededor
de n n remolí no.
Aqu.,l)a qnerellosa caricia de la mí,¡ma !mee musical,
«&gt;i"TCÍU p'lCO á poc.o en el alma una amoro~a íaac,inaéión.
Oe,,(le 111.• primeras nou1s, Yioleta e:xperiment;ó el eu,lx•le,,o de uqut-1 Yol11pt110l'o e¡,canto. De nnevu s11s ojos
wla.dl'&gt;8, fijúr&lt;&gt;nse en los de Yidal.
Furti\'l\meut.e, dl~imulando su mirada bajo laa Cl'ja~
[nmcidae, e!itoéliaba el tibio matiz de aquellns pupilas
proíundaP. cuyo ir's est.nba ~alpicado de punto• di, oro.
En e~os ojoe de profundidades huninosaP, .-efa tran~parentane Encesivamente la• cualidades y los dt&gt;fectoe
de ese hon,bre qne eetaba en cftmit,o de ~er su héroe;
la fineza y la (!ignidad lle\'adns hasta una eepecif&gt; de
Bal\'agiemo ferot¡ mia fuer?.a de volnnilld que l!Pgaba,
cuando era preciso, hm,ta la dureza: máE' todo ei,to ar.empemdo por nna 8enaibilidB.d tierna y una generoeídad
c,1 bu.lit re fea.
.\ mediila q11e hacía eetae observaciones, Violt&gt;la een•
tía creeer su admiración pnr Yidal )" como en la cnncioncita rnPa. aclwrtía en aqnet!oe ojos profundo~ el iintln
qu .. atrnfa ~n alma y la chíepa que iba á quemarle el corazl,n.
&amp;taba abFortn de tal snerLe qne todo lo que pa.&lt;abn al:rededor tle ello. le ibn 11iendo indiferente.
Ko tenía couuiencio alguna de 1,er 11 au vez objeto de
ll!H\ ntención y de una exaltación nn,llogaR.
•
~" ,·ela hrs ojos enternecidos de Honorato, rijos en en
¡&gt;&lt;&gt;1·,onn y ll\'enlnriindoee á sorprend,•r el misterio de bUP
oj,,s grial'!! \'i:ladOP.
La!! palo.br1111 di! la romanio p;recíe.n liaber despertado
la imellgencia udonnecida del menor de lo~ Sruntl'ons.
~as pnpila.~ húmedaa ~e volvlan ob!ltinadnmtnLe hacia
el blanco rOl!tro de la Sritn. Castellar.
!l,lirúbaul11 con el fervor de un de\"f,LO en éxt11~í,¡ ante
una iuuig~n ·ennta.
So admir11ci(,11 mostrábaae con tal ingenuidad que Yidal y la ~ertora Caatellnr la notaron desde luego.
l~'I viuda no oculto su impresión; en cuanto nt conde de
Saint T'ons, más reser\'ado y duerio de sí mÚ!mo, marufest.6 únicamente su sorpresa con una ir.quieta sonrisa rápi•
dnmeot,e reprin,ida.

guido.
Ya lo, grupoa se aclaraban; OÍB8&lt;' en el jardín la ,•oz.
del huji&lt;'r lla,oom!o á los cocherus,
·
lino á uuo los coches tomal,1111 l'I camino ue Mont.,c~rlo: '\"\'Íaseles muy pronto, en medio de 1111n pol\'Ureda de
oro, rodar sobre In rnUI que costea la pt.'qneila A frica.
• El sol descendía hacín los olí ,·ores dd cnbo 1""1rat y
slll! rayos oblicno~ ,.,mpurpumban lns mú,iles lo11a~ do la

Lo 'JW "'f &lt;lm los l,,;id'J8
JI,• dw'1r. /1 rl( 11(,gr!ri,
[,1.1 /,e 11/r,eil/O rf •'/IIS Ojf&gt;3 at/or,iJu/1, .....

-Ea? Violeta, no 'yienee? ...... Ya :.os vamos!
Robresaltóse la interpelada 111 oír lns agudas inflexiones de la voz maternal.
-Ya! rnnrmnró, qué Já!;tima!
Yoll·ieron ú acomadaree en la barca que lo., h11bfa 11,,.
,·ado J' Ct)ndujeron nueyamente ,t ~tar[:i. Tert,eo liastn la
playa de la H~•ser&lt;lie.
De 11ue,·o la b.1rcn atnwes6 lentamente la bahía lnrni,
nosa.
Sdatada en la proa, [rent.e de Vida!, que remaba, \'iolet.n, ddando qne el agoa mojase una de eu,e man~ y con
los ojfl~ medie cerrtldoa, consideraba á Lrav,:s de sus P""·
tallas '" ti¡¡nra \'Íril del remero, bal'lada por la luz roea&lt;ln
ael sol roniente.
Flor de :Si?.a permanecía silencioba. llnicanwnte l:1
Bl'ilora Cu~ellar hacía el gaet.o de la conversuci6n; M"'rín T.,resa no agotaba el wma d" lo agradable de est.a ••delicioBll" tarde, y maniieat.áhaae ,¡ Hon ra~ 1rna amabilidud -,xajernda.
Al llegar al puerto de San Juan, l~B dos herm!IIJO!!acom ¡,afiaron á las seiiorftll hast.a. la \ erj4 del jardín &lt;le
los Lenti,coa.
Lt1 seflora Castellar inaistmpara quii se quedasen á comer y llouorato se disponía á contestar aflrmativame11•
t?, cuando \"idal se adelantó, y, co1·~11dole la pnlabra,
formuló nna negativa oorré.:ta, pero firme.
Una vez que se encontraron eolo~, el conde de &amp;lintPona paa6 el brazó debajo del de su hermano mep0r, y, t&gt;n
lugnr de dirijitHe directamente á la Fou,ín, se encamiui'.&gt;con 111 ú lo largo del bo,¡q1:1ecillo de pinos, hacÍJI la pla_ya
c1 ..1ierta.
-E~t:.J~señoras son muy amables, obserYÓ para em•
prender conver8aci6n.
-Muy um~ble!!, replico Uonorato. La ~Iiorita Yioletn e8 realimente encantadora y en madre nos colma de·
~gal!llj,'l!' ......... Pero ¿¡,or quú no qnisiat,e ncept.ar-sn in\'i•
t:.ción ~ coroer7
-Porqne hoy ciertas invitacio11es, queaceplarlas, eqni\'Rle 1\ un compromiso táciLo, y antes de comprometernos
hasta lo último, deseaba hablar contigo beriame11te.
-¡,De qné ee tTIIWI, pues? preguntó el hermanó menor,
volviendo hacia \' idal 8llH ojos extremadament,e abierto!,
-DtJ un mHtrimonlo, sr,gún creo...... Yasnhes, mi buen
hermano, que nuestro_~ negocios no marchan muy bi~n.
La Folt1án está l,ipo~cada en mi1s de Jo que vnle; cualquier IJUlliana de ést!ll! nos rnmo~ á ver obligado~ 4 liquidar ]a¡¡ tierrns que han permnnecido inJi\'i~as entrl! lo•
dos, y será nna operación deeagradnble, porque lfllcnt 1111
descrédit.o ¡,ara nuestro nombre ........ Yo r.111Jr·•i,io,mpri:
bien ,·éndmne ú .-ivir al extranjero,11 algún rinrón obs,
cura'. ~n el que encontl'llréla tajad11 y la cubiert• ........ .
0

19 J uuo,

1896.

EL MU~TDO.

No tengo necesitlaJ.es, y deede hace mncbo tiempo he sa de un nil'lo mimado ......... Pera tienes razón, soy no
adoptado In. divii:,a. Tll,i /Je,i,, ihi pfllria; pero para t.í, que
loco ...... lile aturdo, me extnn·fo, ~in saber solame11t.e
tienes gustoi&lt; caseros y te baii aficionado á tos costnm- Ei seré de ~n agrado ...... y eiento que nunca me atreveré
bres, á tus libro~. á tus relaciones con tus colega$ de la á pregnutárnelo......
'
Sociedad de letras, nn cambio de vida y de medio, sería
-En cuanto á ésto, yo ~ lo que hacer...... 8enl to heun pesar mny graude. ¿No e,, \'erdad?
raldo y, en caso de una negath-a, no tenrlráa ln mortlfi•
-;Dioe míol -exclamtÍ Honomto asnHado, solamente cación de recibirla cara á cara ...... í ahorn, ramos á ca·
.de perumrlo, siento frío en la médula de los hnesos.
en ...... La \'iej,1 'felisn debe consumirse en la cocina es-Y ein embargo, es preci~o p1&gt;nearlo ...... Pren.•o el mo- perándonos ...... Vamns á comer...... Tienes t,oda la nomento ea que, para ~eguir \'iviemlo aqol, te 1·11~ á \'er che pal"8 pensar y si rnailanas persistes en tn idea, iré d
-0liiigado á solicitar un empleo, algo como una r1'cep1,0rfa. los Lentiecos á pedir parn tf In mano de la señorita Ca.e•
-0 una ruiminístmción de rentas mnnicipal,:-~. Pero, adt!- t.ellar.
más deqlle no me parece bien que un ~a.int-Pnflll ae con•
vierta en un oficinist.a, ea poco probahle que el gobierno
y
actual no:; conceua fiUS úwores, en ra1.6n de nuestr.uo opiniones religiosas y políticas ......... En esta sit.unción, nn
Yioleta era m □ y estricta en,,! cnmplimiento de ,ms dematrimonio rico podrlB únicamente poner en orden beres religiosos y nsíst!n cou aurua r ..gnlnridad á, las cerenueatros negocio,; y de\"Oh·ernos un !J•illo del "qne tene- monia$ de¡ domingo.
mos nec.-&gt;!idad. En e~te pafs ~e e11cuent.ran, de tiempo en
A I dín. siguiente de su excursi611 ,i la Reserve, oyó mi,
tiempo, buen número de herederos q\l.b no Fe runlestarlan sn mayor en In parroquia de ~ ,luan, que domina el
al oírse llamar coude~a.i. y que, eio vacilar, cambiarían puerta, deijt.'\cándo~e, completameut,e blanca, sobre la
eo~ millones por un título ...... Sin ir más ll'jos, conozco,
verdura de los oli,·artt.
,t a.lgnnos pasos de aquí, ú una viuda que cnl!llrfa ,í e11 hiPero aquella mnflatm, mientras que In~ vocee gnogoja en el:!ta.~ condicione~ ......
sae de los acólitos y de lo!! cllantr"s entonaban el t;lo,·i&lt;1,
--;.La ,ei\om Castellar? exclam(; TTonorato. ¿Crees7., .• su penaami®to ~e encontraha muy l11jos.
-Esioy con,·encido du ello...... Me lo lm d~jado comSus ajoR no leía o el d"vooionario entreabierto fobre sus
pren aer, y es(-0 e8 lo q11e te ,~xpliC'\ ella atenciont&gt;R ha- rodillas, sino que contemplaban por el p6rtico abicrtl) el
cia nosotros ........ Ya expl1eeto el asunto, hermano, se mar ealpicado de diamantes que se exumdfa re~pland,..
trata de tomarse el pu.ll!o y pr~gunt4lrnos si nos dPjarín- cient.e hnsi.a la cost:\ de Reanlien.
mos peECar en la red.
Su espíritu, atrustrado por loa yÍ\'oces recuerdos dt: la
-Pero, objetó Honorato, cuyo rost;ro pálidfl t&gt;xpres:iba víspera, erraba sobre la@ ol:\8 b~iladae por el soló en las
una \'ivaangll,tin y cuya voz temblaba, en tí es, sin du- orillas de Isa wrraziu; de la Reserve.
da en qnien se han fijado, y tú eres quien debes decidir
Sus oídos no escuchaban la salmodia del evangelio; toAi.. .......
davía resouaban en ellos lae [rasea de las canciones na-¿A. w'1, ..... Te olvidaa c¡ue no tengo vocación para el politanas:
matrimonio. ~o, quiero mucho mi libertad; soy domnu¡Oh ardientes ojos negroo, de languide~ bañados! ...... •
siado salvaje, ó detlllll!fudo egoú;ta, como qaierae, para
Vol vía á Yer á \'idal de ~aiut Pons apoyado en los copen1!4r. en tomar estado......... Adem(u,, poseo 1111 orgullo dO!', bajo la blonda luz de la üenda de cutí, 6 ya remantonto, ~;¡gurameute mal lundndo, pero, "n fin, q11e me do vigor()Snmente en ír1:nte de ella, en tanto q11e la barrepugnaría casarme con una muchacha tnllcho m,ls rica ca se deafomba sob:-e la bahía cubiert.a de púrpura por el
que yo ......... A tí te toca, pues, ei no tienes iguales preo- sol en en ocaso.
cupaciones, pesar el pro y el contra, y resolver ......... En
Hecordabn sus ádemanes, sus inflexiones de voz, los
cuanto á la 11enora Castellar, no tiene prefercncina, á lo menores detalles de su fisonomía original, y se complaque supongo, y aceptará ,i 1mo 1\ oLro con los ojos cerra- cía en d an,llisis de los rasgos expresivo~ de su roetro;
dos ...... \'amoe ¿te sientes de la fuerza de contrn.cr ma- trataba de sorpreuuer en elloi, h1s re,•elnciones de su catrimonio con la seil.oríta Violeta Castellar?...... ¿Te gusta? rácter, de adivinar, siguiendo las lineas dt:1 eate rostro
-Ah! prorrumpió Honorato con un acPnto apasiona• enérgico, el S\llltimiento Intimo de \"ido 1, y, sobre todo,
do, ¡me parece adorable!
lo que pensaba de ella.
-¡Oh) jOhl exclamó Vida!, mirando ,i BU hermano en
.La frente enérgicn tenía algo de dura, pero los raslos ojo.,; ya había yo sospechado algo al ver el modo con gos firrues de la boca ~e anavizaban con una eonrim Ueque obsen·abas hace paco tl la joven, y por eso he queri- uá de bondad; los ajos obscuros, ¡&gt;rofumios, atracth·oe,
do !Jablar contigo, ant...,s de que fuésemos más lejo~ ........ s\ncerOI!, reflejaban un almo lt&gt;al.
¿A si, la hermosura de la seilorita Flor de :Niza te ha trasAlgllnn,¡ veces había sorprendido esta negra mirada lija
tornado la cabeza?
en ella, y se preguntaba, con un temblor interior, si esta
-¡ La quiero ...... como un bruto ...... como un loco ...... observaci6n persistente sería caurnda por unn curiosidad
En tanro que departfan de este modo entre el lindero banal ó por una secreta 8illlpatfo.
del 1:Josque de pinos y In playa arenosa'. el c,epúsc•llo
i Estaba tan orgullosa al interesar este coraz(m vicafa; el sol ~e habla sumerjido en el Mediterráneo, y en
ril, bacía el que ae sentín irresistiblemenw arrastrada!
el sitio en que acababa de dosap,uecer, ee amontonaban ¡Deseaba con tanto ardor ocaporlo por encero, que solauubecillus de un color de rosa muy vivo en el fondo de mente á la idea de la r!llllización posible de en quimera,
n n n1.nl pálido.
una voluotuosa angUBtia la eofocnba!
El innr, de un tono de turquesa verdosa, tomaba, al
Cuando se desea algo violentmnente, se ijiente una inacercar~e á la tierra, matices de ópalo.
clinado á persuadirse que este de~P.O es de un orden tan
El ngna morfa en 111 arena con susurros aeml'jantes ,í excepcionnl, que debe ser necesa riamenb satisfecho. Se
un sW11·e cant-0 de sir=.
ha acariciado con tanta conat.ancia este deseo, se han aliA la• tiltimas claridades de la tarde, Yida.l examinaba
mentado can tal minuciosidad las probabititlndea de ro
la wt-~quina silueta de •u hermano, s11s hombros eiotre- reallzución, ee las ha tan temerariameuteelimínado, que
chos, su rostro seco, sus ojoe húmedos en los que la cuando te acerca la hora decisi\"a, se ha puesto ye el cerpasión y la ansiedad hacían aparecer una claridad do· co y marcha uno á la gaerra con la convicción de que ll&lt;I
luroi~.
s,• pu.•d,, ser vencido.
P&lt;&gt;r parLe euya, uo podía ~IJRlraerse á un escrúpulo y
J, fuerza de concentmr todas llll~ facultades en e I misun11 ti.,tna comp:l.\;ión, ante la idea ele la peligrosa aven•
mo invasor deseo, \'ioleta Cai!t-ellur había llegado á el't..!
tura en que Honorato &amp;e había arr¿jado.
m{Ptico estado. de alma, e'n el qne,,í la tiebrede la incerti-Hubiera preferida verte menoe ~namorado y más dumbre, Figne unu maravillosa eegruidad. Sufría eeta
11ereno, diio gravemente...... Ten cuidado, herlllAilo, esta alucinación interua, que da á nuestros snei\o,¡ la consis•
Violeta Ca~tellar es muy •eductora y me explico que te tencia de la realidad.
haya hucbizado ...... ¿Pero crees que sea ella la mujer que
Al salir de la ceremonia, se detuvo un momento en· el
te c1111,•iene'/ ¿piensas que loa gustoe de nm bo, y eua ca• atrio de la iglesia, tratando de 1•er si, entre los fit&gt;les que
racteres simpnticen?....... &amp;ta muchacha ti~e en los se agolpaban en el pórtico, descubría la enérgica silueta
ojo,¡ algo impenetrable que me causa inquietud...... He- del conde de Saint-Pons; luego, de~pnée de cambiar aleflexiona bien antes de doblegarte :l. un yugó que- podría gres 1illludos c&lt;;&gt;n algunos vecinos-de los ahededaree, bajó
pesarte máJ; tarde ...... pero demaeÍlldo tarde!
la escalinata y se enc.'\min6 lentamente bacía el muelle,
-¡La quiero! exclamó Honorato con la voz quejumbro- qut e! sol iluminaba haeta cegar.

11
Doscientos pa.~oa ~eparaban á pena¡¡ la iglesia de San
J unn de la uí/fa de los Lentiscos.
Hizo el trayecto aín preoipitar11e, esperando siempre
di6tinguir ,1t Vida! en un recvdo del eamino.
Pno no ,.;6, entre los extensO!i oli\'area qne es(endían
SUE rubio, ramajes por encima de la tierra tapiz'lda de
verde, sino alguua.• excelentes mujeres, con 1:'!IS enagnll!!
encamada,, que regresaban .,t paso vivo :i eus casa•, esparcidas en el follaje .
.Aunane muy cmólico, y de una .~oci1edad que pens11ba
bien, el primogénito de loa Baint-1'011s, se habrfn contentndo indudablemente, con olr un,1 misa de pri 111ern hora .
Al enlr.lr en IOH J.Amtisco~, encontró, eu c:•mhio, in~talada ,t la ~eiiora Custellnr, qne se hablo cau,biado su
viejo peinador matinal por 1.,11 ,·estido de Ealir de colores ohillone~.
La \'ioda tenla la mirada bril!at1te y 11na sonri~a de
júbilo en los labio,.
-Llegae :1 bueu tiempo! exclam6 á ,·oce,, al ""r :l s11
híja, ¡Hay noved.-idee!
-¿Qué ~ucede?. murmuró Yioleta admira1n.
-Antes de nado, 110 te quedes ah! plnnt-ada como 1111
árbol, y ven á sentarte cerca d11 mí. ..... Figlírate qtwdes•
de illl! diez de la maiiana He encoutmba aqní \'i&lt;lnl de
8aint-P1&gt;11s, eolicitnndo nnn t&gt;ntreviarn.
-¿Será cierto? balbuceó la jo\·en.
8entía qu.e lo~ labin~ se le ponfon írioa ,Y que el corazón ntennaLa SUR lt1tido?.
-Ya compreud~rús mí eorpreso ...... Xo estaba ni Yestida ni peinada, porque no aguardaba 111111 ,·iHita tan de
inafüma ...... Corro á mi tocador, llnruo á Fi;ibtlrta y me
arreglo apreauradnmente ......... l)ebo haber ~atado mal
1&gt;erjeilacln hasta dar miedo ......... Pero, en fin, :esto no
es. lo i111-ere~ante. Blljo al saU,n en donde rue encneotro
li \1d.il en mom~nroe dll ejecutar un ,al&lt;, de tambor en
las vidrieras. )fo snplica que lo dí,penst: poT presentarse
en la ca,;n á no.a hora tan insensata, y de imp•oviso, sin
advert-t'ncia preliminar, me explica el objeto de su vieit&lt;i ...... ¿yu adivinas·?
-Xo, mamil, no, reepondi6 Violeta llip(icritamente,
mientras aus mejillas se enrajecfan.
Con la afluencia de la sangre, unll a)Fgre embriaguez
le subía á la cabeza.
¿Así, pues, Blll! deseos iban á. realízarsll? ¡Vidal la qu"r!a! Xo l-t'nia ya ninguna decepción que sufrir.
No obstante, en mtldio del regocijo que resonnlia en
elln, experiment.6 un ligero ext.-emecimiento de t.emor,
ante la idea de una realización tan súbita .y completa de
ena sueíloR,
-X o te hagas la inocente...... Ya soepechaa perfecta•
mente de qué se trata. ..... Míe lelicitacionea q11erid11: Ne►
hru; tardado mucho tiempo!. ..... El conde de Saint Pons
ha venido á pedirme tn mano ..... .
-¿Y ,qué bas Teepooclido? replicó Flor dt. Niza crnzándose loe brazos sobre el pecho, como pn.ra ocultar suR l'i\'1111 palpitaciones.
-Xnturo.lmente, le manifel!lé cuán encantada y halagada me &amp;entía can su petición; luego, para cu1nplir con
188 fórmulas, prometí coosnltarte en CUADk&gt; llegarlll! ......
Se fué, dándome la;i gracias, y afladiendo que \'l!ndría•
esta misn,a turdl' á ~aber tn respuesta ...... Aquí para nosotTRs, yo sabía ya á que atenerme y habrfo podido hacé?'l:!ela. saber...... P_orque supongo que no vaci1114 un eo•
lo momento ..... .
-Xa, mamd, nepondió Yiolet.a con voz firme en la
qne sonaba una nota de triunfo; \'ida! de Saint Pons me
ngrndn y me consideran\ muy íelii ei~ndo su ...,.posa.
-;,Vide!?...... ¡P~ro si no ee trata de Vidal! exclamó
la \'iudn. Acaso, olviM decirte que el conde pide tu
mnno, no para él, síoo para sn hermano llononuo ........ .
'-¡lionorato! repitió Fiar de Niza con estupor, po·
níéndase tan blanca como las rotma BanksilUl que ae,
abrían en las \"entaaaa.
Se había levantado bruscamente y arrojaba it su madre una mirada 111::nn de desolación y reproche.
-¿Eb? sí, llonorutol. •.• ¿Por qu,' me mil'lll! con - .
cara azorada? ...... Honomt.o está enamorado de tí ....••
Haní u.n exceleute mariilo, y, en úfümo nrulliBí~, ~erá&amp;
vizcondesa ...... lo qu.e no _dejo de 11er bonito!
-¡Xo seré nada, porque no me caearé con Honoratol
tlecln.ró coléricameme In R.rita. C!l,l!tellar.
-¿Y porqué'/
-Porque no me agrada. ..... Porque no soy una mujer
que se caae con uu hombre á quien 110 quiere.

�12
-¡Qué tonteria! ...... ¿Es posible que seas t11nnec.iamen-

te romdntica~
-: Romántica, ó no, no quiero á Ilonomto'.
Con la frente arragRd11 y la mirada trágica, fonnnlaba
,i;11 declaración en ,·oz ~pera.
La ECliora Cutcllar la miró de soslayo y tuyo miedo.do
6U irritaci,m.
Oomprendí6 qne !t.l había obstinatlo y rt&gt;~ord6 que
~ll~nrlo Yioletn era uinn no~ obtenía nada de ella lu~h.1ndo frenwá frente contra su obstlnnciün.
&amp;gunrd!. muy bien 9e exns¡;,,rnrla y juzgó ruás prudente f.oma r P&gt; usuuto de lado.
-Como gustes ......... eres dnena de tLI voluntad, ....... .
l'ero ptmníteme que te diga qtw prooeull!' como unacriatnra ......... Oierto qne \"ida! es más aprc•pósito para agra&lt;br r que hnfagnria más tu amor propio; pero priruernn,~nt~.(-1 no se proocupa de matrimoni09 1 J' luego, nun en
el caso de qne cambiase de pn r('Ccr, ;,;,ería por eso un par1 do ngradable? l,o dudo m{!cho .•. , •. F'.,,; autoritnrio, mt•.
tr.&gt;.niganfr, egoieta. Có.n él nQ realizarías todos hll! deseoe, pobre hija mfa! llientnt$ que con llom,rnto .......••
-¡1 lonorato! intermmpVi éllu del!deiiQ8amentt-. F.F. feo,
de e~píritu estrccl,o y ridíct~lo ...... )."o quien¡ unírru"' to&lt;i:i In vidaii 1111 ser que me repugnada.
-{¿neridn, tienes ideas de otro m1111do y de otros tiem·.
¡,o~.... ,. ¡Eid,i,e una hermosa edad en la 1¡11e ya 110 scc:,.sa una por amor! Lo importautc, para una muchacha, es
~ncontrar un marido con 1ma poeicióu brillante, que le
traiga una l111ena fortuna ó un hermoso titulo......... Tú
t•res rica, y solamente te falta un nombre. Se te o(rnce
•rno, n,tt&lt;,ntiN, que ha de.abrirte las puerta~ n1ns hennéticnmentc cerradas, y lo re.nea.~ tontamente.
-;Gracias! me costaría den,nsiado caro.
-¡.'iernpru fra~eE! ...... 'fén In bondad, ¡,or un 1nome.nto, de nbnndonar el pal11 de las quimeras y t-xaminar las
eosasoon los iniemOli ojoe que todo~ . .,, .. ~lirn :i tu :ilrede- .
dor• .,En donde -ves esos llllltriu,,,nior; pnr inclinación?....
.¿.\caso )"adia G11g11ine ha ,·aciladq un minuto en unirse
con el ,•fojo conde .de Solies-.Aubagn.-, qne tiene eeseuta
y ocho alios c11111plidos? ¡_Tal Yet ~ilvia La Gun·ig-ue se
nrrepicnt{l de hnber escogido por l'Bpo~o al barouc'illo de
Oarnoule~, tnerto·y mal\co~ ...... Por lo contrario, siempre e;,t,í de fie~tn y IIC consiclern ent-,rmi1ente f.-Jiz ...... Y
tu a:-nign E\·a La Freni••re ;,érees que torcería el gesto ~i
ÍJJeae pedida JlOr el bar.Su :,;pieler, I&gt;&lt;'r má.s que t&lt;?nga la
n,pntacií,u de pasan,e la@ nochee tn l11 ruleta ó en el Ca·
sino .Mnssena'! -···· Querida mía, esa es la vida, el'a! .....
En loa mejores matrimonios loe n.suntoe de s,.mtimient,o
son accesorios ......... Es nece..ario tomar nn parlÍdo........ .
Y coutinnó por mncho tiempo ~n ert« tono, tratando,
¡,or medio del contagio del ejei11plo, de modificar, poco l'i.
poco, In rebelde rnluntad de en hija.
La at:lc,\ba p&lt;;r su lado debil, tratando de herir su amor
propio, de excitar 911 orgullo, ~•on el objeto de 1le,·11rla 11
acept11r, por despecho, unn solución qne la repugnab:I.
-En •frn, ngregÍ&gt; ,t modo de conclufií,n, prrJnto '"•'6 lÍ ser
mayor de eclad, \· te d€'jo 111 res1iomabilidad lle tus actoa,
de igual modo que moli\'nr tu nfg,uirn 4 Yidal, cuando
,1st" \·enga. Confiad;1 en tu buen ·sentido ya cusi me l,:ibfa
comprometido en nomlir~ tuyo, y me poneB en 111111 situación may ,·iolentn ...... Á tt te toe., 8:tlir de ella como
puedas ...... Yo 1110 la\"o lils mano~ ...... TTnicnmenté tengo que dar~ un co11sejo: procura que no adi\i1,e, ni r:n
to upect.o. 1,i en 111 lt!ngusje, •¡ni, tiene, 1111 capricho pur
~l. y que tu respuesta habrln sido muy dietíntu ei (•I se
J,obilll!e presentado ...... \'idnl ea Mtuo como tocos los
eg•&gt;!~tn.~; !'$ prt-Ciíl&lt;&gt; que no salgll de éasn con la conviccif,n de haber oLi;enido una victoria en un asunto en el
que su hermano obtn\'o una d&lt;'rrota ...... Derrocharía en
,-anidad á cxpemma tuyas y la sociedad ae reirlll á grandes carcajadas ......... }-;r¡ lugar tuyo, yo me casarfa con
llonorato, n11nqu.e no foese ,ino para hncer \·er á e~te caballero que pued1, una paear$e ein fl y qm.• por falta dtJ
l]n monje no se cii;rm Ju n1Jadín .........
~o 1-,gró \·encerl.1, pero lo.. dej~ mortiticadn, 1lena de
acritud y Lnrbaeión.
A hnorz~ron y como la di,;cu~ión no podla prc-_guir d,;Jante de l\)s crin.los, se limitarou li un cambio a'. frases
b:mllle!I.
1
Yiolet,a a¡,enn, comi,5 y, dee,m6s de los postrl!S, se retiró á s.: piezQ, en donde pudo, por fin, abandonarse¡¡.
bremen1e ,t sn dolor y med·i~~¡: la extensl(m de eu desWJtre.

EL MUNDO.
¡Con &lt;Jllé rnpidez; había sido brutalml!nte precipitada
desde l:i. al~uro de 808 sueliOP.!
,Al aentfo adolorida, atrozmente. e.ngniílldn, y, l!in embargo, no podía creer qne todo hobie~e acabado.
:;u orgullo su rebelaba contra la idea de que el hombre
,t quien de!!de el primer momento babfaentYeg11do euconu6n, 11 la hubiese hed10 cnso.
Puesta de codos sobre la mesa, con las llHl no• en loe
caoollos, registraba sus íntimnM prof,mdidndee para hacerse cargo del miserable llstado de en ulmn.
Durante el tiempo qne duró s11 descuidada infancia,
1·i,·i6 mrry solitaria y en PU .aiRlamiento, se había acostnmbrutlo á reconcentrarse dentro de s.r mÍllma y exnminiu·s1: minncíosamente.
· En 11q11el fflomento, cuando comenz,, á nnaliiar ens
!'l'nSJldones, ee qued,i a•ustada al ratificar el poderío que
d atractivo de Yidal ejercfa sobr.. de ella.
·
¡Lo quería! :'\o se trataba de un romántico capricho de
colegiala;ern un impulso apasionado, en el q1le todas las
vanidades, todas las ~pimcione, y todos los deseos de
su .corazón femenino, entraban como elemcnoos.
F..ste hidalgo a.ut.orit.aiio, ell'ganti, y un poco salvaje, le
encantaba por su sinceridad, su independt:ncia de t'.tipÍ•
rita, por la originalidad de Mll caracler y taru bién por s11
robu~ta y vuronil hermoeurs;-porque ella no se precia•
"ba do ~er nn e~pfríLtt puro: dt'sde el fondo ele la ,·i VIIZ y
,'irglnal •Flor de. "iza• si.: exhalaba 1111 perfume de sen•
snalismo ~ntil. ,\ Yeces sentía que el caprichr&gt;so úálit.o lá
envoh·fa y la embriagaba.
\'iolet11 se coníesab11 il. sí misma la futuzn d" B11l:1 pa•
sión, y al pTopio tit:mpo, se rebelaba c~ntra la idea de
que en primera iforaci6n de amor e~tuvieHe condenada ú
una t.cmpraun muerLt'.

26
19

JULIO,

JULIO,

1896.

13

EL ~fUNDO.

18~6.

~fo se resignaba .t admitir la ¡•osibilidad de un naufragio tan completo. ~obrenaclaba en ella una espcranz11, ,.,.
mt-jsnte it una última pave,a tiotaado en nn maragitadu.
Pensaba t-r. qne·\'i.:Jnl tle, aiut--Pon~ iba ó volrnr á lu!J
Lentiecl)S. dentro de muy brc\·e plaro, que ee enc,;ntrarh
ásola., con él y que toda,·ía leqoe.daba una debil prolabilidnd de ,educirh y conqui!mrlo en eeta entreyfota dl!•
cisin.
Violetn Cnst-t&gt;llaJ"6e dirigió aliocador con la fl'bril e,rn 1tncifiu de aqneHas sentenciadas ó moerte del tierup" d,·I
terror, qne 8t' ndorualJan al ~alir del tribuual rerolncinuario para estar seductorna haets en lna gntdas del en-•
d11lso.
Queda estar bella, at.rllcth·a, sednctora.
Se puso nua bata azul clara, r¡ne harmonir.alm:,. m:1111villa con su c:lbellern rul.iia, la blancura de su ~7. y e11
ojos cerúleo,:.
Para marcar más la tonalidad un poco tit•rna di! a.u traje, Bl' prendi{1 en el t'~cot,e 11n ramo de geranic,~; lul'go ~t
plll!o 11 ei;pernr, estremecida, la llt-gada de \"ida!.
.\11:t, como¡\ las tres, sonó la campanilla del en,erjado,
_v un criado vino á anunci:irlaque&lt;ll couüe de::-aínt-Pons
acababa dt- llegar.
Lenta.mente y ~sforzá.ndose por recobl'Br toda so sangre fría, ba.j6 la e.ecalera, y p:llida, con ojo~ de color d-,
tempestad, ~ntró si enl&lt;',n donde Yidal estaba de pie, CH·
ca de I piano.
:-,e cree qne en los crepúeculos ardorosos del eetín, ci~ri.as flores~ e1wuelven "n nn halo fosíoreF.cente que 1,~
da un lirillo mi~terioeo. La pnsi6n ponla tamhi,ln um,
fosforescencia al rededor Je lo~ ojos de Yioleta Castellar
y hncfa su tinte rnáa resplandeciente.

( Cv11tini,ttr6. l

FLORDE NI ZA
POR ANDRES THEURJET.
(T1 •o.duclda es¡&gt;oc1a.1';11ente paro. "El Mu.n.do."J-Ilu,-,t.rnolon.esheohns en nuestros talle.res.

Núm. -l.-Y,anse nue!!troe números desde el 5 de Jalio de JROO.

.A..I verla, el conde de Saint-Pons no pudo esquh'llr un
movimiento de adroiraci6n, y por una especie de choque
en retrocesG, tuvo miedo por llonorato. Se extremeci6,
pensando en su inexperiencia y en los riesgos que corrfa
el poseedor de aquel pro\·ocativo tesoro de belleza.
-Bnenos dlns, sefiorita Yioleta, dijo adelantándose
I.Jacin lajovao. ¡Cuánto me alegro de poder platic11r un
momento 1l eolas oon usted!

Y la tendió la mano, que ella apretó con un movim iento convulsivo, y se!l.n.lando un sillón á Yidal se eentó t'i
corta distancia.
El fué derecho al WJun~.
-La mamá de usted ha debido informarla ya de la
comisión que desempeño.
-SI ee!lor, y le confieso que me ha sorprendido mn•
cho. Crea usted que no esperaba 1wa proposición de es-

ta n11turaleza ...... en•&gt;re todo, yiniendo de una pereoua
que apena• me conoce.
-)fo ee necesita mucho tiempo para enamorarse, li lo
que parece .....• ¿Sabe usted lo que es el rayo? preguntó
en son de broma.
Ettt.a pregunta y este tono de cbaoi.a aumentaron 111
nerviosidad de Yioleta.
-No dejo de saberlo, replicó con una Eonri~n enigmática.

�14

i6

EL MUNDO.

-Pues bien, el nl)'O no deja a!. lo; hombree ni un mo- na de despecho, se acordó del coneejo de eu madre y remento pam la retlexión . .Basta una mirada y queda uno sol vi{¡ seguirlo.
prl!~o, sin pode~ ya ja1rub desprender...... Por lo menos.
;Se se11tfa inflamada del repentino deseo de desquit:iraaí supongo que el! el amor, porque nunca me he visto ~e, aunque tuviese q11a haceTSe mde dallo á sí mismfl que
en ~emejante&lt;! ca.eo, .•••
á lo, demá.•! El miM.eriOl'O demonio que de ella se hahía
- .. í, murmuró Vio)i,ta contrariada. E~ usted inrn!neapoderado, le eugiriú la idea de que c!IS&amp;lld0&amp;e con Ho·
rable. Se conoce á primera vista.
norato \·ivirín en proxi111ídad íntima con est.e df~delioso
Había en la vo1. de Yioleta Cilst.ellar tal acento de de- Yidal, á quien quería, ~in embargo, á pesar de todo...... .
ealfo, i,n sus ojoa tal claridad pro\·ocativa, qu" cau~nron
.\lz,S la cabez.a y mirando á rn interlocutor con aire de
en Vida! una viva inqnietud.
l\"to:
l~'l miró 1ljnment-e¡ pero élla sci;tuvo estl\ mirada y ee
-Xo sei1er, repiicó.• ·o 80 ha engaiindo ueted y me
echó á reír, dirigii}ndole, á tra,·é.! dé su., p,,ftafllll!, nna ci,nsidero muy honrada entrando eu eu familia ...... Ya
ojt&gt;ada tierna 6 irónico, 11 la ver..
que ha uido U8ted por ~u hermano un abogado tau eloAquel loo njo;, acariciadores impregnodOEt de malicia, pa- cuente, puede d..cirlt1 que coneie11to en ~er sn esposn.
recían decir: •Ya bn.~la de Honorat-0, .... ; ni usted ni yo
Fijando por un momento sus ojos lumino,;os en lns , ....
lo hemoa tomado á lo et.!rio ...... Hablemos de nosotros, y
ladas pupilas de Flor de ~iza, \'ida) trataba .. n rnno dt.!
veamoe lo que hay en el fondo de naestroe comzones, lo adh·innr In que pal!llba eu el fondo del alrua d~ la j,i,·cn.
-¡Oh! respondió con 11 n rulem,fo de desco1n lianza, pre•
que será de mayor interés ..... ····"
&amp;l.InPjante teniati\•a de al!&lt;lucciún, que le endereznbn
fiero que Pea uoled misma la quo, •e lo amincie. Se contan directamente, l!Obr~altó al sei'lor de Sain~• PonA.
iiderant muy í.-liz al eacucharlo de ,;m, propioe labios.
-¿Se le hnbr,\ ocurrido á ei&gt;ta muchacha Lan rllrs co-¿P~rn estii aquí? preg1111L6 ella con unn \"Or. rr11.mo• ~.,.
quetear ahora conmigo? dijo para eus a&lt;:lentrqs.
gura, nmiptntlda 1111 tanto d., ~u impnlso.
Y pflrs. anlicipanae ,t t.oda tn.11la inteligencin, respo11dió
-Lo hi, clejndo delant~ de la verja. t-n d&lt;&gt;nde ~e i.mpacasi Mn dur~a;
cil'nta¡ p.-ro voy á bn!!C,trlo......
-:ifo, no goy invulnerable¡ pero poseo la prndencia de
Y atrnvee6 le11tnmt.!nLe el jardln, y al [ranqnear el e11un hombrosensato ..... , En alguno~ Clll'Os, no hay otro ca- \'erjado, distinguió ú. su her1n:rno eu el ,linut:rn del bo~mino sino el dA la fuga ...... C11111ulo el cielo amenar.u t.or• c¡ ne d., pi no~.
menta, no ¡¡gpero el relámpago, eino que hago la maietn
Con la cab,•za b:1ja y In c~palda inclinadd, Honornto se
y parto.
paseaba en un e~Lrl.'cho espacio, arrnllando su irnpaJien-¿AC8l'o será esto lo qne ha ues))l'rtado EU nflcibnú los cin con los .-onido, del estridente ll'i',rto/.ü d.: la.• cig,nras.
,·iaje$?
Teui11 el color más ob~c11ro y l:t'l facciones m,,s arragn•
-Quizái! .... ,. Prefiero mi libertad á todo, Es egoísmo, das qnt&gt; de costu,nbre.
Ee dice, pero ¿qu~ quiere u•ttJd? Así estoy hecho y no su
-Hennnno, -,xclnm6 Yidal yendo hncia e1 r poni~11puede uno volv.,r á hncer ...... Pero no se tn1ta de mi; se dole 111 mano en &lt;'i hombro, hemos gnnado la b3tnlh1 y
trnt.n de mi hermano HoMroto .....• La mnmádemted ha te casará.ti cfln la se1lorita Ca.~tellar.
debido decirla cuán enamorado eat.i..
-¡Ah, mi qnaridu Yidal! Ya ara tiempc,! ...... Comen-lfam,! me ha dicho ....•.....
zaba á dese~perarme! ......
-Y usted ha sido tan amable que me ha otorga&lt;l.o es1a
Y semej11nt.e á 11n11 ligera arruga que corriera @obre l11
entrevista; la doy las gracilll! ...... Quiero 111ucho á mi snperficie de un lago, una débil sonrim se desli1.ó en sne
hermano; es el 1ínico afecto serio qne tengo en el mun- ojo~ y en su,; labio~.
do. Permít.ame, pues, qne le hable de él. l'fted lo cono-\'amos! Cflnte,,t,6 Vida!, rltur 11¡1, como dic;:11 los ince poco, me lo acaba do conf&lt;!ear hace un momento ....•. g1Nei . .\cut"rdute de c¡ne eres 1111 i:aint-Pons y que honDéjeme que ee lo dó á conocer mejor y la informe de to- ras mucho,\ ll:&lt;ta hija de un comi,rcinnte en aceite ni dar·
do lo q11e vale. Bajo una apariencia debil y un exterior In In mano.
1&gt;000 brillante, oculta un corazón de primem, generoso,
Y lo arnuitró al jardín de lo~ Lentiscos.
de unu delicadeza y de una seneibilidad esqui~it-ns. Des·
Al 1mcontrarae cercu de la puertu del 8lllún, le murmn·
&lt;le iliertos lll'pt'Ctos ee 1111 nii\o d.,bil y torpe, que será ró al oí,lo:
precÍ!io g11iar, alentar, aruoldar á. los osos del mundo; pe-¡Yt\rgnet.e, pnrdie1.! ...... Xo pongas la cara de- recibir
ro no es un nii\o mimado, y por la que ti. él Be una, tt'II· una merceJ, cuando á tí es á quien deben dar lus gradrá 8iempre una adhesión, un aíecto, un reconocimien- cia!'., ....
to ein lfmite•. ¿~ siente uawd capaz de e&lt;'r la mujer
Lut•go, lo empnjí, ,t In pieza y se quedó di~cretamenle
ar;ianre, la iniciadflr&amp;, la que le imparta la educ3ción quo fnern.
tanloo necel!itu? Conaúltese usted ac..rca de eele punto,
Al \'er entrar ,1 Honorato, \'ioleta se puRo mny páliua.
con tolla sinceridad, antes de adquiría· un comprr.m,i~o
Pur su parte, el menor de los Saint-Pone l1abía perdi&lt;lE-finlti\·o. Esta eetraila eeneibilidad, que ea la cunlidad do nuevamente el mínimum de aplomo q11~ le habían
dominante de Honorato, lo pr~di~pone ú. ,ufrir mucho, dadu las alent,,dorns palabras de pu hermano.
en caao de que no encontrara en R\1 matrimonio la eimBalbnce(, ,:on torp,,,-,a:
patfa qne le e!' tan necesaria como el pan cotidiano...... .
-Sefloritn, nslt.!d ha maniiestndo el deseo dP ... .,.
Si u ~ Jo hiciera de¡,graciado, no se lo perdonaría nun•
-SI, i.;t.enumpi6 precipitadamente \'ioletu, le promeca, eeilorital
tí,¡ su hel'mano ser In espooa de usted. ........ He aquf mi
-DÍBpt~nseme, intemm1pi(1 sarcásticamente \'ioletn, n1ano,
pero habla usted de este mnt.rimonio como si fu.e,,e )ª
-Alt~ró,wla la voz, y con una doloroea dnlzura, ter•
una CO!III. arregl:uln y hasta me impone condiciflneb!.. ... . minó;
)le parece qua los papeles ¡¡e han trocado, ligerameutt&gt; ... .
-Haré todo lo posible porque usted ~en feliz.
\'idal hizo un mo\'iruiento.
~~t~ modo de prometer la dicha, no era en nirdnd muy
-Perdone U,;téd ...... Pero la ~cffora Cal!tellnr me res- expre,irn; ~in embargo, Honorato se sint.iú conmo\'ido y
pondió en tal Iorrna que me dejó creer qne eetnba cinta alt-grl'.
del asentimiento de llljl,ed ...... ¿:\le he engaliado? ailadió
'us ojo~ m 0 1anc(,licos se ih1minaron como las rnntD.nll!l
Irinment.e. En tal cnao, lo sentir,• mucho por mi pobre dtt nna t"8~9., en la que se prepara una 6est.a.
Honora10, J no me queda sino expresarla mi Eentimien-¡Felir-! exclamó, lo ~oy ya, lo soy .........
t-0 y ..•.....••
Y como la emooi.'.,n le cortase In palabra, ex pre..ó ~11
E;ie touo de glacial'correceión fué el último gol¡&gt;e da· gr:uituu e.st rech:mdo In mano de J,, !eilorit.n Castl'lbr y
do ú \' lolet~.
cubil.'ncfola de besos.
No tu,·o h1 fnen.a de llern.r md-. lejn~ rn quimér-im tenEn t:111t" q11e él se inclinab.1 sobrtt s11 "'""" helacL1,
tati vn. ;.C-011 411,• objl'UJ? Ya sabfa ahora JI qué nt.11, r;c
,-,,,lt'tll 11,iraba ¡,orla nmt11n11 I\I c1111&lt;le 8.. iut-Poue, pa•
Te!'peeto de In~ St'lltirnil'ntna de Yidul.
senndo ni lado de la Heflorn (;1l!lt.ellur.
El tono d,·spreci:lti\"o con que hnb/a hablado dP ~n
Trujo trietementetl su memoria IR tarde aquel In, en
amor, sn ace1.to de frialdad personal, el cuidado con que qnt.!, ~n la llorida avenida i.le l11 uvilla. Olimpia, Yidnlc11prucuri&gt; colocarse fuem de tod11 discusión, demo ·tr-.ib:w 111in:100 &lt;l.,Jante de ella, prúxiqio tl. lllllrfo Teret&lt;a, y r~cor,ckuamente q11e j~rnils había peru;ndo en la •eilurita Cns- dú q ne se había preguntado si nn se rin él el o~u&lt;lo comtellar y que le era en absoluto indiíere111e,
pail-,ro d&lt;! cuyo brazo emprenderla el camino de la vid:t.
¿Se podía 6nf1ir por 1rnie tiemp•&gt; 1111 deel.'ngallo mbs
¡Ay! Sn hermoso ,:uei\o no Labíadnrauo mucholiempo
cruel, nna decepción más humiliunt..?. ,., Irritada, '.le- y su suerte calaba irre\•ocable1nenle definida........ .

JULIO,

1896.

Sn de&lt;:tino ~e encontraba en adelante unido 111 mísero
per-.onaje, qne en aquel mflmento le besaba. la mano ..... .
llna secret.ll nngu~tin la hizfl temblar en el interior dtrn !!f'r, y más alli\ del jardín, bsilado por el sol. sn mira,.
da tij:1 dist.ir,g•tiú. comn nn desolador e!'!)f'jis1110, In ima.
g.-n de ,u propill inft!licidc1&lt;l nnida 1, la dti llonorato de
&lt;:aint,. Pone.

!SEGUNDA P.\.H.TE.

l

\'i&lt;,lern hnbi"m qut&gt;riJo retanlar indoflnidamente el
~rrible plazo del matrimonio; pero es~o uo entr;iba en
los c llculos de IT,rnoruto. impnci,mte por po•eer comple1a111ente ii la qne le hal&gt;fa pro111etido ser su mujer, ni en
!,,e de la o~iiorita C11~tellnr, que temía el fastidio y los
rit!&gt;'gO~ dt: lo~ n~1·iazgos muy prolongados y tt.!ufa ¡;riea.
de r.-cQnqui~tnr lo m.í/ pronto poEiule la libre disposición
desu perriona. ,·ulal Ln1ul&gt;ié11, deReando partir ínmt.!dín•
t.n1m·11te d.ipue., que hubieRt! serddo de te,;tigo r1. &amp;u hermann, i11~i$tla p:Lr,l que se proc~dies-e lo miis pronto posible ,1 h1 eer.,mooi.J. nupcial. Dd suert-e que á de8pecho
del •ttpilrsticioso proloquio prnvenzal: «Bodas de )layo,
bodas morUlles," ~1 rnalri111unio se ñjó p11111. el 1;; de :\layo.
En el i 111,ervaln. el pens:11nient.o de \'iolcta se diot.raj11
forzos1u11ent1• por llld lndi~pensable• preparalivoM: vi•itas
p:1ra dar p11rt" &lt;l.el ~uc1esfl, elecciún de la r.'l.naeLilla dt! bod11. e•tacio1u!s múllipl"" t!ll cnsa dl• las coetureras y los
joyero~ del m'lelle :'.\Iasséna. Trarnba ella, por lo d&lt;:tná~,
de 11turJirse., y las prc~entuciunea á !ns familiaP. ari8LO·
cráticrua emparentadas de lejou ó de cerea con los Saint1'011~, no la dt&gt;jaban tiempo pu.ra ent.rt&gt;gar,,e .. n,tlexiones
desconsoladaP. Ha.bí1111se instalado en .\.izn, donde debía
ten11r lugar el matrimonio. Los díus ocup:tban•t.! en visitas ú la• tienda•; lnA nocli~P, en couúdns do b'81a entre
loP parientes y amigos Una aemann ant.l'S de In boda, loe
pe,·iódicoij nicenseij empezaron á llenar sus columnas cc,n
la ennm~1·,1ciún de lo~ ri•galos ofrecidOl! á la novia, lae
clescripcione• de los trajes y loJ detalJ¡-e anticipados sobre ln bendici{m nupcial qne daría en la iglesia de ~an
Francisco de Paula )fonseilor Pianznno, ob~po de fiion
i,, ¡xuti&amp;,,,.
El día t.an impacientemente esperado p&lt;lr unos., tnn poco deseado por Yioleta, ll,ogó p,,r fin, y desde las tliez de
la mnn11Dn, In~ campanas de la p:trroquia lhmaron el barrio de alegre~ tintineos.
El c111uino dd hotel 0.ietellar ú 1-au Francisco, apenas
tiene cien pM0P de longitud.
Om ostentación, la sei\ora Cnst.ellar lo bahía hechosembrar de pln.nt38 florida•, que las medas de los coche~
y los ¡wzullait de los caballo~ aplruatnb,,n al paso y qui.!
exhalaban olores morib~ndos. MM blanca aún qne sns
velos y su t.raje de 1'1180, ~'lor de :S-iza, cuando pllBo el pie
sobre el ntrio cubierto de rosns y respiró el aroma de las
cor,,las, vió en i&gt;llna un emblema, dt.! los nsesinoe de sn
propio conm&gt;tt, y foé pref!a de un extremecimitnto al
entmr á In iglesin repl!'ta de ct1ri011oe, en tanto que t•I órgano gemía una ma1·cha triunfal .......
D.isnnés de la mi:ia y lJ carga dtl fastidiOSllS !,!licitaciones en l11 s:icriatía, un snnt110,o alrnnerzo reunió en f,011•
don-Ho11«:; ú. los esposo•, lo• testigo• y los parientes más
próximos. B,tas e,ipeeies de comid.is ofici11les no tienen
at.ractivoo, siuo para los indiforente8 cuyn alegría de encargo, •in·e para enma,c:1rar la ngit.aciúu 11ervios;1 y la.
fatiga de los principales interesados. Cuando se pa,;ó ú..
un Palón veeino dondd se habla ~n11id&lt;l el café, la tlespo~ada se 111,1ro,·echó de la coyuntnra para ~qnivarse con,
llooorato. Tenían prisa por cambiar u.u trajll, porqne debfau inslalOrrie l,1 mi;u1a tar,le i,u la uvilla• de los l,entisC1.),.1 pne."'tn H su dis¡&gt;0".6iciJ11 por la sefiora Catst~llar, ~n
tanto qne se arrt&gt;ilaba n 11 \J1!'111eño hotel, :1 lquilado en el
bul~,-ar C'arabd~el. E11 l11 antec.1mnr.i se les nniú \'iclal,
q11e il&gt;:i tnmbiéu ,¡partir,¡ Ja,¡ cuar.ro paro el Tyrol.
-Ue aq,1í el instiut,. de la dll&gt;!peditl,1, dij, \'uLJl bruscamente: creo que baremo• bien en dtspeJirnos 3quí.
-Por qué·: protestt. [1,rnnr.,to; nosutroe vart.ireu,os en•
el mÍJ!•no lren qut wi, y ue h.tehu uu IIUi ~Ppar;1rem0l!
haHa !kaulieu.
-Sunee, no quiel'oímpe&lt;lir ,u lr'e•&lt;Í·l#r; por otra parte, apos1.aria JI qu~ no l'St:lr.io uateJes füt.os, y como DO•
quiero perd~1· el twn ele Italia, mtl.9 va.le ucscaruos recí,
pro~amenta buen \'iaje y buen éxito...... .

26

JULIO,

1896.

EL MUNDO.

15

Besó tiernamente á llonorato; después, volviéndose ti. do s11 •villa," donde est3remoe C&lt;.1mpletament.e solos, bien
Decíase que más nllri ee extendían otras playas bai1neu cunada, le dijo:
lejos del mundo, y donde podré testificar á usted toda da.a por el oleaje, otras moles recortad.as, ot.ras puntas en
-Permít.nme usted besarla también, querida niila.
que se encendían faros y que Vida! paseaba sucesivamenmi ternura.
-Ya empieza! pensó Flor de .·iza con un impercepti- te á lo largo de ella.•, en el tren que lo llevaba hacia Gé-Entonce¡¡ ...... es un adi6s, murmuró Violeta entre
ble extremecimient-0.
-dientes.
nova ..... .
-Querida Violeta, prosiguió, deme usted sil mano.
-Mi querida Violet.a, murmuró de nnevo Honora to,
Asió las manos de Vidnl y letendió su rOl!tro, perocon
Ella le abandonó una mano inerte que él estrechó en- ¿no teme ueted constiparse? El aire es fresco y la hu meuna vivacidad tal, que los lobios del conde, en vez de
dad del mar nos cae sobre las eapaldae ....... ..
posaree en R\18 mejilla~, desfloraron sus ojos entrecerrn- tre 8118 dedos tebricitantes.
Permítame que ponga en ella nn beso, que le expresaLos músicos 110 habían callado. Yioleta dejó el apoyo
dos. Extremecióse ella ante esta caricia impremeditada
rá á usted toda mi grniiLuu, todo ......•
del balcón y ,·olvió ti. la pieza, dejándose eaer sobre un
y se irguió para que no se notase su turb11ci6n.
Fné interrumpido por un mur11urio de invisibles gui• cana~.
-No, hasta luego! respondió él, hasta el aiio próxi.Al mismo tiempo, Honor:ito se arrodillaba tl.suspieF, y
mo ...... Yo hago votos por la dicha de usted y le reco- tarrae, y de pronto vocee de hombres, muy puras, entoLodo tembloroso, iniciaba una Cflnle~i6n de su onriño innaron en coro una barcarola.
miendo la de mi hermano ....... ..
-F..!'cucbe usted! exclamó Violeta conmovida y sor- menso, que le llenaba el alma, intentando hacerla sentir
Separároliae bmecameute y un coupé recondujo á loe
prendida,
es deliciosa esta música en la noche ......... Ea como él, envfllyerla en el efliH'io ele su cariiio; roas ella,
esposos al hotel Castellar. Tal cnnl Jo habla pre\"isto Yieaqui l"a, iumó\'il, 110 le oía; su pensamiento e~taba tlln
que
usted
tuvo
In idea de esta serenata?
dal. llegaron retardados y
pudieron tomar sino el tren
-~o, confesó humildemente. debe St.!r una última ga· lejos ........ .
de las seis.
-SiénteE" UtJted, dijo por fin, casi con acritnd ...... no
En la estación de Beaulieu los esperaba un coche que !antería de Vidal. .....EI nos ba enviado esos guitarristas
me
agradan las ternuras exceai \'11.1!.
de
.Menton
.•....•
Sé
que
él
los
hacia.
venir
algunae
velos llevó hasta los Lentiscos. La proximidad comenzaba
Obedeció
él y •e ~entó ú su lado.
ces
á
la
Fouan
para
so
propio
placer
y
que
los
trataba
para ellos.
Veíanse
sna
ojos húmedos brillar en la noche, y con
como
ó.
camaradas
........
.
Todo atnrdido aún por !ns emociones de la maiiana.
Ella retiro In mano qne él rozaba tfmidame;te con 8118 voz enronquecida, murmuraba palabras entrecortadas
Honorato DO hallaba hada que decir. 'En aque·l foi,d.au
de suspiros:
deei:ubierto, la vecindad del cochero impedta su expan- lnbioP.
-Ya lo ve a@ted. yo hago lo que usted qui~re ...... Per-Su herruano ha adivinado mi gueto por los aires
sión; contentábase con estrecharse contra 80 mujer y
popa lares italianos. Esos cantores tienen voces qua lle- dón si la he ofendido inconscie11t-emente. S(,y un salrespirar el olor de ens Vef!tidos.
gan al corazón....... Yo quiero que aenn tan bien trata- vaje é ignoro eso que en el mund&lt;' se 11:..ma buenas mauePor aa parte Violeta pensaba con angustin en lae evendos en loa Lent.l,,cos como en la l~ouan ...... Tenga nsted rae ......... pero la quiero á usted tan sincerrunente, tan
tualidades de aquella primer velacla pasada en compnllia
la bondad de decir al mayordomo qne les dé una buena apasionadamente ...... Si no hnbiern podido tener:!. 112te&lt;.I
de lll¡uel muchacho miserable y amanerado que era sa
coloción.
por mujer, creo que me hubiera vuelto loco ......... No la
marido ante la ley y ante la iglesia, y cnyo solo contacto
Honornto cumplió dócilmente con esta pre\•enoión. pido á usted que me ame, sel'fa exigir mnchfl y ueted no
provocaba en ella un exuemecimienlo de repngnancia.
CUAndo se lné, Yioleta p1\sooe de codos en el balcón y podría......... t'nicomente la suplico que me permita
Y no es que temiese de su parte exigencias d,;1i111aiado bebió con delicia aquella melodía que se exhalaba disquererla, que me soporte cerca da usted, que no rechnimperiosas ni abuso alguM de la autoridad marital de cretamente de los obacuros lotes del jardin.
ce mi cnriilo ........ .
que úl se cre!a inve.tido. Sentíase ella sobrado íuerte
Hnmedeciéronse sus ojos al pensamiento de Vida!
Habíase arrodillado de nuevo y daba riendA auel!a al
y duefla de sí misma para mantenerlo reepetuoeo é ilu- qne la habla dispuesto aquella sorpresa, y que ahora ca•
caudal, reducido, por lo dem,ls, de sns frases de ternura,
pont.!r eu voluntad.
minaba lejos de ella, en la dirección á las playas geno- de sus miradas húmeda.~, de eue sonrisas cnriiiosas.
Pero ese hombre la amaba con una obstinación infanvesne.
Violeta, conmovida involantarinmeMe por la humiltil y ella sentía teclio de antemano de las adoraciones torSucedfnnse los airee, á las veces triste$, alegres otras, dad de aquel discurso, s• no queriendo responder con
pes, de lati obsesiones halagüeilas, de las wiseral.lles es- y r1. oca~iOn(•a lánguidfl@, y la jo\"en epperimentaba una
una dureza demasiado significativa, re~olvió t.ratarlo con
cennq de.ternura que iba á veree obligada á sufrir. De- angustia pnnznnte y eío embargo, muy dulce. Había aún
oarii!osa piedad, y le suplicó;
cíaee que ese primer /,il&lt;' ,) tllr serfa seguido de diae igual- algo de in personalídJld de ese cruel Yidnl en aquella mú-J&gt;or favor no prosiga ......... Estoy horriblemente d,\.
mente perndos, de veladae igualmente insoportablee, y sica.
bil y fatigada, y le suplico que me permita retirarm1, r1.
que e~to sería uef, siempre, siempre...... Entonces sentía
Al pensar cuan divionruente bella hubiernsido aquella
mis habit:iciones.
nauserui d6 h11•ida. Trataba de aturdirse, de hipnotizarse, nocne de Mayo~i en lugar de ll&lt;lDorsto hubiese tenido por
Honorato sintió qne una inmensa oleada de trist.eza J.,
fijando hasta el deslumbramiento sus ojos sobre las poi• eFposo el mayor de los f:aint Pone, In anbian los sollozos in vadfa el alma.
vareda8 doradas qel camino, sobre la oblicua irradinción ú. la garganta y, mentalmente, imaginaba ln alegría ,·o·
:Xo le querill, pues ......... Este triste convencimiento
del sol en el m3r. Deseaba c¡ne el dia 110 acabase, que el Juptuoea de apoyarse con \'ida! en aquel 111ismo balcón, le mataba. Ah! él ¡¡o esperaba ciertamente una corres·
coche no llegase j,un:ís ti. los lentiscos.
de oír las palnbras de amor, acariciar sus oídos al mismo pondencia apMionada á ese amor inlinito qlle hacia \'ioLlegó no obi&lt;tante con gT&amp;n satiefucción de Honorato tiempo que un brazo afectuoso rodeara su cuello. Lasen- leta le bahía impul11ndo, á esa ternura incontr:i.rreetable
que contaba con la i 11Li midad bien dil!creta de la .,,ma,• saci6n del fraternal beso del conde, pos,tndose sobre sus que :i ella le unfa. Ptldir tal cosa, babrfa sidfl pedir decon In alegria de la ceno, pam adquirir de nuevo suaplo• ojoa en la antecámara del L&lt;,,ul1m-llo1111e, volvióle fortí- masiauo, pero cuando menos, ee creía con derecho it 110
mo y triunfar de su timidez. Fueron recibid&lt;&gt;a por un sima, casi real y por un m'.lmento tuvo la aluoiuación de poco de carhio compasivo: á que, sin tolerancia amisto•
ujier discrel&lt;&gt; y una n:camarera comedid:,, contratados que se eucuntroba ó su lado ........ .
ea Sl' recibiesen sue demost.raci&lt;&gt;nee de nmor, y encontm•
pata el eenicic• de los Tl'Cién caFadoe merced ,t la solici •
-Su encargo está cumplido, mmmuró ll sus espaldas ba á su adorada fría, !int.iendo tedio nnticiplldo de aq nern&lt;.I de la Sro. Cru.tell.r.
111 voY. mul segura de Hunoral-0; los músicos de usl.ed se lla unión, deseando el alejamiento de él!
•
nin tratados como príncipes ........ .
Media hora deepnés, lavadoa del polvo del camino y
Tritite amor el suyo; triste ilusibn In qu" le habfa alenElla se extremeció sin vpl\•er la cabeza, sin hablar, con tado sugestiomíndole co11 la eeperanza de que na din se
ya freecoe, encontriiron~e en al comedor donde fa cenn
loe e.iperaba eobre una mesa florida. Ahí aún la pre!!en- los ojos pero.idos en la contempiaci6u de la mar obscura haría amar de Violeta, á fuerza de abnegación y de tucia de los criadOB que il.lan y venían al rededor de ellos y de las montaflae de Bea.ulieu sobre llls cnalee parecían mua, con un amor semi-jante al que llenaba su espfri~u.
intimidó á HoMrato de Saint Pone. Uabr/a querido danzar Jae estr(:llas.
l'or qué no? peoeabo••\caso una eolichud perpetua,
Honornto se hubla aproximado y trntabn de aair de una devoción continua no 11c11barían por hallar eco en
deapachnrloe y alc'rvir él mismo ti. eu mujer; pero en el
mome11t.o lle manifosLar esta veleidad, una !alea ver- nuevo la mano que \'ioleta le habia indulgentement-e aquel e~pfrita noble y lleno de fuego? Sí, ain duda. El
gGenza, el teiuor de que se riel!en de él, le retu\·ieron y abandonado; pero &lt;Jurante su ausencia, no rival qne es- amor cuando llega ó. ln inlemidnd con que ella eeutfa totaba muy lejos de suponer, habia tomado su eitio y lo do i&lt;? vence: consume todos loe hio,loe, pulveriza todos loa
no osó despedirlos.
Violeta, al contrario, sintiéndOfe más á sa gusto en su ocupaba victorio~amente.
obi&gt;táculos ......
La joven para impedir tod!L nueva tentativa de intimiMás ahora aquel las consolndoros reflexione~ no le a lenpropia casa, y tranqniliznda por el vaivén de las gentes
dtl servicio, rerulqnirfa poco á poco lasungre fría y espe• dad, cruzaba enérgicAmente sus brazos contra eu pecho. taban ya. Presentía en 181! miradBI! duras de 611 amad,a
l'n poco aturditlo, m11ntti1•&lt;&gt;ee él á eapu.Jdna de ella, dan- un desamor eterno y, sollozando casi, exclamó;
raba con menos a1111i.,daJ la l.iora inevitable del tíiu: á Mlt.
-Usted, cu.ando accedió ó ser mi eepo$a me promePor fin Jevnntárunse Je la mesa; HonoraLo ofreció el do como compensaci6n 11 eus ojos el regalo de aquellas
brazo á eu mujer y emraron al ealóu, cuyas vent.aoas 0e:idblee lineaF del cuerpo de \'iol .. ta, vagamente entre- tió hacer todo lo posible para que yo fuese dichoso y
ahora ........ .
abiertas, comunicaban cou nn balc~,n Yolado sobre el vietae á la cl,iridad de las eatrellns.
mar.
-Sí, sí, reepondió ella con desaliento: lo haré todo ..... .
Con el cuello inclinado, Honorato contemplaba como
Lila cortinas, baja.s, los aislaban del re.to de In casa.
:ihls ahora permítame que me reLire ...... i;atoy muerta
en extaeis aquellaflguro.eiegante, JleJ:Ja de flexibilidades,
El creptí~calo b, bí.1 lltgado con sus in8inuant!:l! com • que inmovil ante la noche primaveral, eamergíaee en la de cansancio, y le estrechó friamente la mano.
Así, lamentablemente, sin placer y sin ternura pesó
plicidnd.es, eas últ.imoa empurpurawieutos del cielo, ene m11da contemplación d&amp; 8lll• bellezl\!!, dejando que el esmurmurios de olas amodorrada~, SUB primeras ap11ricio- píritu vagase lejos, muy lejos.....• y Honorat-0 sentía que aquella primera noche de bodas, ú la cual Eiguieron otras
noches igualmente tristes, reeigmuiae :r 4istimoeaP, al sinee do estrellas sonrientes. Honorato, aun cnando fuese s11 admiración aumeutaba.
guiente
de las cuales, se despertaban, él eon un diPgneto
poco sensible,¡ 111s bellezas naturat~d, juzgú, sin embarLa múoica de las rncea y de !ne guitarras duraba aun,
go, que el encanto de nquellna veladas d., primavera le pero mtÍl! á la sordinn, más lejana, como si los músico&amp; al amargo, ella con una decepción mtis amsrga aún.
Por oíegameute enamorado que ei;Lavie,;e, Honorato
servirían de auxiliar y condujo á Yioleta al baleó u.
retirarse, hubiesen temido romper súbitamente el enno tardó en adquirir la conciencia de la falta de amor de
-Qué hermOl!a noche! s11Spiró él eou voz alt.erada. canto.
Ella nos promete una sucesión de días espléndidos pará
Violeta continuaba :fijando sU8 ojos húmedos en la pnn• 11u esposa y de lu absol11ta impotencia en que se encon•
nue&amp;tra permanencia en el e.ampo ...... Yo e;il.oy muy re- ta de llordighera que, completamente lejana, avanzaba trabn pnrs conquistar su coraz6n, obstinadamente cewnocido á la seüora BU IDAdre, por L.:ibernos abandonarrado.
yaporosa en '1a mar.

"º

�EL MUNDO.

16
.A.divinaba con v:ig11ed:1d que entre Yioleta y él se interponfa una espeeiede ob!!Láculo moral, la rivalidad de
una idea exlraila, y no ae eentla con baetanto autoridad
ní cr,n bastnnte energía para combatir á este fantnsma
intnngible y ~ub;tituirae á él.
Reconocfa que habla hecho rnny mal, de .. de un principio, dejándo•e otorgar por compui6n él sentimiento
qut- hubil•ra debi,jr, hacer despertar ella ron su prestigió
de enamorado. Pero débil de caract('r cnant,1 lo era físicamente, se atemorizab .. ante la lucha ~• se desalentó
muy pronto. Adem!Íl1, al Igual que t.&lt;&gt;dos los d.lbiles y
tímidos, se reeoucentmb11 dentro -de sí miemo al menor
choque, como una sensith•J, ob1mdoná.ndose á robiet.'lS
de niiio enformo.
Cnando ae diú cuenta d~ laij muda~ repulsiones de \'ioleta, 8U car11cter se agri6, r oin explicaci,'\n, sin recrimi•
naciont'f!, ocultando eu humillaci6n y sus ~uirirnientos,
se !!llCerró en uu n.íslawiento feroz, dul que Flor de Xiza
no trnt&lt;'.• de hocerlc Falir.
Y de este ruodo, poco á poco, se abrió entre lo~ esposos una sima que fué ensauch:índo,e, ó. medida que ee acn•
saba.n las mieantropfaa del 11110 y las repugnancine de la
otra.
llonorato 1,abía imaginado, al ¡,ri 11cipio, q11e Pu mujer
llega.ría it experimentar remordi..tuiento~ y acuilida por
sf niisma ,¡ arrancarle ,l., su melancolfa; pero Violeta permanooió impasible y el lago de indiferencia q1w los , .. pamlr., extendió m.i~ y m.\s sus aguM adormecedoras.
Entonct'8 ~I st' empared.'i en su cuarto de tmbajo, en
mlid.io dij loa librog viejoa qne lrnbfa hecho traer ele la
Fouán, y t-rató de dietrae1'!le de F.Us pBl!a.res domér'licos
abPorhiéndose en minucio~os_ detalles do estadística local
r de cronología, que él ll:11naba •808 eetudiús hiat,,ricos.•
Al c:iho de un mes, los esposos no se 1•eflln sino á las
horas de IM comidas.
En un ¡,rincipio, la. joven aceptó con eatisfacci,~n este
modo de vi\"ir que la. libertal,:\ de las liip(icritiis obliga·
ciones de un matrimoni,:, por conveniencia, d1n·olvi,Sndo•
la Clllli su libertad de 8Qltera.
Se npro\·echó de ella para vol verá etts costumbres de
otroo tiempo~, formándo,-e la ih1si611 de que era todavin
Yioleta Ca.~tellar.
En 11\S a1.ulea mañana, de Junio, eu tanto que llonornto, inclinndn sobre sus pnpele~, anotaba cilr.u¡ 6 con•
sultabn ,·iejoe volúmenes, Flor de !ii1.a se fogaba, como
en diat! pasados, del jardin de los Lentiscos é /ha,¡eá errar
á lo largo dtil triar 6 bajo los olivares de f,!an Jna1L
Pero no podía consen·ar su~ ilusiones mnch&lt;&gt; tí~mpo,
los menoreij incidentes la recordaban d11rameute las tristezas de su estado actual y el cambio que el matrimonio
había introducido en su destino.
Autailo en sus perezosas excursiones á tra,·éa de los
boeqnee, lle\'aba con ella una nidada d11 espern11zas y de
sueiios qne tomab:l libremtente su vuelo más allá de los
árboles y del mar; ahora el campo de sus espemn1.as y
de sus fantasías se encontraba estrechamente limit,udo
por un alto muro contra el que iban t!. estrella,-.:., sns
alas.
:;u d~ino se había determinado, el camino de en vida rigi:rosamente trazado, un camino mon61ono \' sin
accidente, en el que podfa elegir 6 caminar al lado
un
compoftero qne le era ine&lt;&gt;portable, ó arnuitraree, con el
corazún vl\cfo, eo una árida soledad.
Una mun:ma, había ido ti gental'!le con uu libro en las
extre111idade11 de una umbrosa plataforma que domina la
bahía de Bealieo y en la que ae descubre el lugar en qne
se a.Jz11ba un castillo, arra.s.'ldo ha.:fA alg•mos eiglo~.
Con exc.,pci6n de un riuc6n eo que se elevan rústicos
paredones sobre pedazos de b6veda medio de,plomadaa,
y en donde estrechas l"entanas se adornan con roaarios
de tomates afillnzados á los alft&gt;ízares, lus orillas de esta
plataforma aparecen casi corl.adas á pico, por encima de
una ruina de jardines y viiledos.
El terreno sembrndo d~ montículos, en los que crece
una yerba ruda y rara, e!'tá plantado de nudosos olirns
de copas grises, 11 través de los cuales se distinguen laa
aguas del llfed iternfoeo.
En dlrecci6n de San JW1n, entre follajes dfc encin~
verdes, laureles y ci9resee, ee dejan entrever las dorada.~
paredes de una ruina rnmaoa y la fachada de 11.D&amp; 1·ifla
color de rosa.
Cuando la bri,¡a del mar murmnraen los llrbolt:e, cnando la luz inllllda de tintes aterciopelados las cimas de lea

montañas que cierran el hori,;onte, surge en este p1·0mo11torio la ilueión de uo pa.i@aje antiguo.
~iolet-a babia gustado eieU1pre '\'l'nir d sofiar eobre es•
te obsen·at&lt;&gt;rio predilepto, en la tibia atmúsfora de las
claras m:iiianas de prima ntrn.
Ague! dfa In~ avei; gorgeahan, las cigarras parloteabnu
en toe troncos de los ¡,inos; á los rayos re.~laudecientes
del sol, el aire caldeado parecía ondular sig¡ti~ndo el ritmo de e~tas mú,icas de ¡,:ljarop y di! iusect-0e.
\'ioletn ee había tendido sobre la yerba y las plantas
aromáticas, hoJladn• por el 1)(',o de eu cnerpo, exhalaban eu torno de ell:L fnigancias de salvias y romeros.
,\lgunnf! cabra~ e8calaban las faldas pedrego,as, esmaltando nno de (05 ladoP de la plataformn,
J\ló~ qne nunca, ante esta Umpida maftana, en frente
de est.'19 colinas de una gracia un poco severa, I)l'TO de
un rolor t:1n suave, se de,,pertó en ella In conciencia del
contraste entre 1111 desencanto Intimo r el regocijo de ea•
te paiEaje idllico.
Parucla que 1!e respiraba amor en el aliento de las
planta..~ y en In briea del mar. En medio de esta ex1.'tbera alegría sentfa m:ls cruelmente el peso de su soledad.
En la ,·entana de una de la~ construcciones reag11ar1Jadas de contmfuertes del viejo castillo arruinado, se ele·
\'Ó la voz de una mujer:
-¡Doria! Ten cuidado de las cabras y no te myas ,t correr por los campo~.
Al propfo tiempo, de un alt-0 macizo de euforbio~, vi6
surgir Yioleta., ,¡ plena luz. aquella Doris á quien acababan de hablar,
Ern una muchacha como de veinte aiios, de cabellos
¡iegro~, le'"antados sobre la frente en forma de casco, de
mejillas tostadas, ojos brillantee y boca ampliamente
abíert.a!.'n la que relucía unadoble hilerade b\ancoedien•
tes.
Tenla el busto encerrado en un:i blusa de lnn:i encarnada y su falda color de ro8a cou JJ.o-res, muy corta, dl'S•
hilachadn por In parle baja, dejaba al dei,cubierto Í!u11
pierna;¡ y sus pies desnudos.
Sin cuidarse paro nada de IIIS yerbas eJapino,rns y de loe
piedras ogudns, corría por las oriJln.q de la plataiorma
para im¡x&gt;dir :i !ns cabras que bajasen por las abruptas
pendientes; l.'19 lll\tm1ba dllltd;iles nornbrel! estraiios.

26

JULIO,

1896.

2 ÁGOSTO. 1896.

17

EL MUNDO.

Las amenazaba con la,¡ manos, ee hacía á un lado para
evitar Stll! cornadas, y luego, bruscamence, se revolcaba
en la yerba con grandeR carcajadas y permanecía ali l
tendida, con una brizna de salvia en toa labios.
De nuevo nr, adormecedor silencio reinaba bajo loe rayps brillantes. del sol, y el trémolo de las cigarra,; volvía
d. comenzar en los troncos reeinmus de los pinos.
En medio de eeta arrulladora mú,,ica unida al calor de
la atmósfera, Yioleta ee dejaba apoderar, poco á poco, de
un ligero @opor y ya estaba ~uruergidaen un ~uet1o t( medL.'l!l, en el q11e le parecfa oír el sonido de una flauta rlÍI!·
tica.
E~ta melodía escuchada entre sueños se hizo muy pronto t.an perceptible y t.an ~onora, que acabó por deRpertarln.
Entonce, ~e dió ct1ent.a de que su suelio no era sino la
prolongaci6n de nna senrnción en realidad percibid.a.
-Una ,·oz acn.riciadora subía de los huecos de las rocas,
y con gran sorpresa, la joven advirtió qne esta voz cantaba la popular canción del R11i#f'HDr, aqnel ronde! Utn
conocido en .'iiza que l11 había valido, en la casa de loe
l\Inruverno, los cnmplimentos de ,idal.
Entonces, inclinándose por encima de la cornisa, distinguí(, á un muchacho como de \'einte :tiios, cubierto
con un sombrero de paja en forma de campana, y ve!!ti•
do únic.'\ment~ con una cttmisa y un pa11tal6n ele driLatt·
geto á In~ cadera~ por un cinturón.
Estaba ocul1'&gt;·rn un grupo de mirto!! ~ih-estres y cantaba, á plenos pulmoues, como un himno á Eros.
Al sonido de esta canción, Doria ee bahía incorporado
y se balanceub11 como uoa amapola en su talla.
La c:mcióo lanzada á toda \'01. bajo 10!! encino3, era,
indudablemente, w,a. eeñal.
La muchacha se eeperez6 con inaolencia, ealtó entre
l.ae piedras que rodaron y ee eeq11iY6 á través de las
roca@.
Yio'cta vi6 sn cabeza y su blusa roja desliiaree en•
tre los accidentes del paienje, y poco después, el rumor
de 1111 be,.o la hizo saber qne loe enamorados se h:ibfa.n
reunido bnjo las encinas verdes.

de

FLORDENIZA
POR ANDRES THEURIET.
(Trnd uclda e&amp;pcolnlmen1:e pnrn ••El l\1 undo. ·•)-Yl UF!traoloneshe&lt;ihns en nuest:ro,i tallere•.

Núm. 6.-Yéanse nuetitros númel'O!l deéde el 5 de Julio de 1896.
Ocultos entre los matorrales como doe palomas en so
nido, cambiaban breves palabras entrecortadas de silencio~.
LaR cahrru!, ya familiarizada&amp;, probablemente, con esta pareja, ha.b{an seguido á eu cuidadora.
Balta.bnn, una después de otra, por encima de la cor·
nisa, corrian en libt&gt;rtad con diecretoe balidOI! y la duro
pezoila de sus pat.M ttsonaba en las rie&lt;lr s.
Una larga medía hora transcurrió durante la cwnl la re-

l'lora de Saint Pons permaneció con el corazón p1lpitante y los oídos en acecbo, completamente dominada -por el
mil!f.erio de este rústico dúo de amor.
El sol a.s~ndfa por encima del mar bordado de lelltejnell\8. Los mstorrales, Isa cimu de los cipr- y de las
enci.naa ee plateaban bajo los rayoe que caían en lfnea rt'Cta y el círculo de lae mont.ailAS se esfumaban en la lluvia
de un polvillo d~ luz azulada.
La campana de la iglesia del!gl"anó eue ecoe, anUllcian-

do la oración de medio día, y, al mismo tiempo, la vo:a
ágria de la mujer, que ya se había dejado oír, se elevó
del fondo de la casucha:
-¡Eh DoTisl ¿Ylu cabras?
Hobo un ligero extremecimiento entre loe mirtos sitvePtree y Doria surgió bruscamente de la enramada. Escaló la plataforma y volvió á aparecer m:ls encarnada que
BU blwia.
Seguida de las cabrae, que saltaban, atra ve~6 d t.odo co-

��9 AoosTo, 1896.

20

2

EL MUNDO.

AGOSTO,

EL MUNDO.

1896.

21
•

-Y ei no se 4eja couveJ1cer, ei rehni&lt;a? ........ .
-Entonces, querida mía, daren,os un golpe de Esta-

do ..• Yo vendré 4 llom1.rte y en sns burbas saldri~ con•
migo. Ya verlis que excelente rodiig6n seré ...... Tti in•
traduciré en nuestro e!rculo de amigo,i y no te fastidial'lls, te respondo de ello! ...... Conozco en hombres y en
mujeres la flor y náUl tle la colonia extranjera y medikl
pars ee:te Invierno una serie de peouefias fie@tas de las
cuales ea hablar, en todo el lil.óml: bailes d~ traje!!,

euadros vh·os, comed_iae d.eealón, piqne--niquea...... Yo
quiero que en. esa atmósfera de placer te ensanchee plenament.e, como una deel11mbradora •Flor de Niiau que
el'l!S. ••.••• Francsmente, exclamó arrastrando á Yioleta
h!ICia un t'l!pejo, una berrno@a muchacha como ttí, no
ee ha'hecho para languidecer en 1111a cueva ...... Yo te
BILC&amp;ré i luz, yó, en un medio e11 que serás f~tl'jada,
mimada, admirada•...•. Ee cosa convenida, ¿verdad? y
tu me autorizas á .IP'rebatarte á ta marido.
Ün relámpllgo de deeconflamia pasó por IO!! ojos vela•
doe de la aeftoT11. de Saint, Pona.
~ munnlll'Ó, in~ntalo!
--l&gt;erfec:wuilente y para comenzar te llevo maJ\ana á
comer conmigo en pdit-romih!. Ponte 1:Íonita, porque tenclreínol ahI al príucipe Kamén8ld, lady Snowdrop, loe
Soliee-Aubllpe y dos 6 tres periodiel.88.
Violeta la aoompat16 hasta la antecámaT11. donde el
Jaeayo ·ia pw,o eobre laa eapaldaa una pelliza del Thi·
1-. Envuelta en el largo y aedoeo abrigo blauco, Eva
pieler, con ,su cabeoita adamada con una minñaeula capota de marabá tenra el aire de una hada burloun y

poco desarrolladas, abría di&gt;11me1mradamente 11ue ojilloe
azules. llenos de perversa-curiosidad, al escuchar ú Fo.nberi qne la deslizaba al oído dos ó ire9frru,esarrie~g11dli@,
yaet&gt;gunibale qm~. en sucalldadde herética, se ,·ería obli•
gada á besar 108 pies desnudos del padre prior á fin de
obtener permiso de enirar áJa iglesin.
Detrás de ellos, Nadia de &amp;&gt;lies-A11bagne frt'fca, re•
donda, apetitosa, como un &lt;l11m,:11n, caminab:i un tanto
sofocada ni lado del pintor )fario J..¡&gt;grand.
Al llegar de París 1l l'tfont.e•C1ulo, con objeto de abrir 1-l
Exposición de pinturas, Legrand se habfo. qued11do allí
para hacer e! retrato del anciano o onde de S&lt;llies- A11 bng•
ne, y, sobre todo, para coquetear con l!II jQ\'en esposn.
En tnntc que duro la subida, no dejalYd de cont~mph1r el
pecho redondo y palpit.ante de su compaiiera, y felicita•
ba 11.Nadia acerca de las perf~ciones plllstiom1 de sn blll!•
to. J..a morena seiiora de Soliee-Aubagne reía, bajando
eocarronameute los ojos.
La última pareja, la que fermu.ba In retag1mrdia, est.'lba
constitnída por el príncipe K1'menski y Yioleta de Sain~
Pone.
Desde aqa,.lla tarde de Octubre en qne Eva Spieler la
encontró en su salón desierto, sola, encerrada y dispuesta
4 un acceso de locura, Flor de Niza se hablatransJignrado
notablemente.
Eva había obt-enido de Honornt.o 11na victoria completa. El marido, RSaltado de improviso, se babia primeramente encerra.Jo en un obf!tinado :mutismo, limitándose
á eVBl!Ívne respuestas. Pero la baronesa Spieler había sabido herirlo en lugar sensible: deepnés de una hábil nJu.

sión 1í la redonda fortuna que Yioleta C«l!tel!ar había lle-vado 111 IIllltrimonío, dióle á comprendf,r que eiota hij11ela
pro,110rcionaba :i la jo,-en el derecho de \'ivir según eue
guat-0s y ~n poRición ..
Jlonorato, ln~tiu,ndo en 1,u dignidad y en ro orgullo de
hidalgo pobre, se mordió los labioE y contestó @ecamente:
-La¡,efiora e.le Saint-Püns ts libre de gastar su dinero
y vh·ir ñ su albedrío. Tolt:re usted, sin embargo, q11e yo
110 participe de ens pl~cercs y qne le di!je la responeab!lidad de en~ actos.
Y á re11gl1111 ~guido, ee l,abía encerrado nue,·amen•
te en •tno e.le sua t•OÜdOI! inf,rntilee, en tanto que la baroneBa Spieler se apoderaba ,·ictoriM~mente de Flor de

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).jz.n.

Yioleta se d~quitaba ahora con usura de los prirueros
meses ,fo su matrimonio, pasado~ en la reclusión ¡ en el
tedio.
.f:3ta agua trn.11qnila ~e había repentinamente removido; ahora ee agitaba esp11rciéndose con estrépito fuera de
su cauce.
Al ver la repentina exhnberancia de sus caprichos, ·e1
ardor que desplegaba en l•H phlceree organizadOt! paracelebrnr su aparición en el mundo, la fecunda imaginacióu
con que inventaba cada día emociones nuevas, no se ha•
brfa reconocido ya á la joven phi.cid.a y reconcentrada en
sí mi~m •, qne e~cnchah,-i con 'lparente indiferencia lllil
mercnrialPs de In .. ef\oro.de $:únt-,J eannet y las malignidades de la sei\orita de Colc,mal'I!.

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( Crmti11 ,iará. )

temadora.
-'Valorl~jo, beaando ti la aeilora de Saint Pons, y
mallan&amp; nos lallicamoa!... ......

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~ eapitd1f1.ej1rd, del 2? batallón alpiuo, en traje de
l!XOUT8lónleta-~ de pai'lo escocés, lmirl:ab(,&lt;'l,r.rx,

blua c1e tela gris gorra blanca,-fu~ el primer&lt;, que ba·
j6 di,! enorme 1,,-,icsk qile acababa de parlln!e dclaniti de la
pWaforma de Un&amp; poa¡t,da.J'ÚIIUCL
-Beftoraa, exclamó dirigiéndoae :l las cuatro jóvenes
que reían, aglsiindoae en el lmeriordel velúculo, aqn! r.e,.
mirla« camino de cochee¡ áhora, ser, precieo qne suban
u"8dee , pie hasta Lag~¡ a¡,enae rtondra\n q_ue andar un
cuarto dé hora, y deede aquí pueden ver loe jardines del
IIIOIUlflerio•.• :.• : ••
~ 1- lDUI&lt;!, ayndólas j salir del breuk, una despuét de ot.ra,
Loe hombrea hablan ecbaclo ya pieá tierT11.y l!llCndían
aae piernas ento.mecl.du por dOII horas de inmovilidad.
En tome de IOII ueuraionime, loe coetadO!! pedn-goeoa
élel valle de la Trinidad V-iccor se esirechaban, coronadoe
de delgadoe pino, ailveeU'el!¡ ante elloe, un centenar de
'msroa ~ aniba, al conyento d\l Nuestra Se.llora de LairW alzaba en un clelomayuul su grisácea conetrucclón
caadnda, n campanario cubierto de una ~bumbre
pan\iapda y 8IJII ~,embradoe en eep,smoeu tena..., en donde, al lado '!le IQ1ciprea811 florecían los aunen•
droe, blancoec1&gt;1npl8'iuntlme i\ loe rayoa de un sel de

.r

•

!'-i

1úno.

Xay pron&amp;o toda la buda ae deeparram6 alegremenie
, lo largo del • ~ de cabras que coeteabll. el lecho rocslloeo de an ~ en 41,p nn hilo de agua caía en
caMWJjl)u, bariede mA\orral('II; eepin011 y matu de li·
riolviol~
Sobre 118 ¡mdu de ea&amp;e verde montecillo ee inban las
pareju: laa corll8I faldu claras, la confnai6n de loa corpilloa-de coloréll dvQI, la ,-anidad de loe aombrero11, grandel y redondos, oon gnlrlláldae primaverales, laa notas
enaroadae y amarillu de IOI! parasoles, MOCllbll.u el coaaro de un viaje plante, Ci&amp;eria.
Eva Spieler, ror.agau~ y en plena belleza, abría puo
, la marcha, apoyada en el brazo del capit.án Lejard.
Faube~, el periodista veterano que, en el segundo im•
perio, hábfa gozado de una reputación europea dé espiritual bromista y que aún divertía con sue 1!18lidae humoTiñicaa á la sociedad coemopoll&amp;a de Nh:a, eecoltaba 4 lady Snowdrop.
Eeta, delgada como nn mncbachuelo, veat.ida con un
,raje entallado que oprimb sn seno lil!o y sue caderas

FLORDENIZA
, POR ANDRES THEURJET.
(Traducida espoclahnonte para "El !Hundo ••¡-nust.rª~ione h
•

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ec.,

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·

as en nuestros talleres

Núm. ll.-,éanse nnestroe números deede el 5 de Julio de 1896.

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Nunca se hubiese podido cambiar de piel más rápidamente y arrojar lejos de sí las muletas: La sei'lora de Saint,.
Pone se había convertido en una semana en la proft1túmal
/,,_•iwty á la moda, en la eoberana de lae fiel!tas de Niza.
Su nombre aparecía todos los días en las crónicas de
ecoe mun.dAnoe publicadve por la prensa. Se daban mi•
nucioeos detalles de su~ tocados, ee alaba!:&gt;a BU audaz originalidad, lle ento1nban loas á su talento de cantante y
de actriz; loe peri6dicoe se hacían líricos al hab:ar de s119
•ojos aofladorea y sus hombros lilialea.•

Se la veía en todas partes: en las carrt1raa de caballos
en el Tennis Club, en lae representaciones de Monte-Car~
lo Y de la Opera 11:nnicipal, en donde ten fa s11 palco. Con
excepción del lunes, que recibía en la calle de Carabacel
á lo mejor da la sociedad mundana y bulliciosa, ae encontraba eiempra foera de su casa.
Hubiéraae d}cho que trataba de recobrar en peqnelias
monedas de placer, la suma de dicha que en vano había
~dido al amor. 8e permi~fa 1-88 m'8 eM:abrosae incoueecuenciae; desafiaba aarcál!ticamenteel qué dirán, y arras-

•

traba á 1118 más oaada@ correriae á las dam8! y á los cab&amp;ller~ de su intimidad. Se aeegurabaquedurante las fiestas del Carnaval, al salir de una maecarada, había ido á
cenar con sus amigos, al R,1&lt;t,wra11t hmwai, proxima de
J_uliana de Domfront y Cristina de G11rg~, ~ que habia
EJU rnbor tocado su copa en la de u110. de estas dos cortesanas de moda.
A ella íué, naturalmente, á quien le ocuni6 la idea de
ee~a peregrinación galante al Mona,terio de Laghet.
Habfala parecí.fo ingeni080 pasear á. SU8 amigoe y sus

�9

EL MUNDO.
Deepués de un nito tn la abovedada lh•nda en donde el
coquettr íns á tr:1\· to de loa clilnstros poblad01! de conlepadre
Cipriano v...ndin ro~ariue y me,fallM, mezclando á
eionarios, d los qu acud!an l0t: peregrino ú 11rrodillarst!
1,119 o{('rui; comercia le,, conEide~ctm,e~ polltica y tlm.y hacer peniu-ncia.
dns cont n, los re,·olacionnrios, la b.inda so lan2ó po1· el
Debían comer en la pnsndn qne se encuentra !r nte al
con,e11to, jntcrnaree d pie en lB Turbia y desde allí, re- el'¡;undo \'estftnlo, y al deFembocar t&gt;II el atrio, BP dt:tu·
\'O ante un placa de mnrmol negro, e,npotrada en la pagreear á .Monte-Cario por el camino de hierro funico.lar.
red, y en la que ~e leía, gnibR,la en estilo lapidnrh,, una
~Oonlleee asted, decía Violeta ni príncipe Kameneki,
, r¡ne caminaba eolicitamcnt.e á pu Indo, contieeo nste&lt;l qne larga iJ1cri¡,ci6n italiaua:
he tenido WJa feliz ocurrencia y qne el'ta "xcursíón camQ11i
pestre re•nltJ\ verdaderamente encanradom ........ .
La maltirvz ,Trl 6 ,o,1r:o JB.;!1
El joven eslavo, de esbelto cnerp&lt;.&gt;, apa@ionndo y die11CARLO Al.ttERTO
tro, nJihibase la punta de un dedo en eu bigote rubio y fijan•
Lmciatí
i
t:&lt;ll11pi fu/ali di 1\·00·,mi
do en so compañera una aznl minida arrulladora, la re•·
•
Soitara, i~1Mt" t~•tlanl'" ...
pondiú con una voz ligeramente gangoi;a.
(jui
~señora, cualquier pa!!eo al lado suyo l't.'Sulta encanta•
PianAe h cnmmuni ~t·ia[)~tr,·
dor, y por mita que el camino ~ea en extremo pedregQSo,
E
111,hand""ª'"lo
c-0/T,. ¡,r,sn,w. r I~1lii,
e~ una delicia subirlo con nsted, y todavía será más de•
.Ye rm:t·mnm,,nc.lcu'n i dr$li.I1i
licioeo ei acept.ara mi brazo.
, ll J&gt;afrodt,i&lt;&gt; d,[1., J'ergin,· i\fo,lr,.
-Gracina, prlnci~. me gusta tener en libertad mis
monmientos, y adem1íe, he obser\'ado que cada \'eZ que
-¿Qué significa ~sto·t prfgnnt,6 Violéta al capitán l.ehe aceptado sn brazo, ha abo~ado ueted para estrecharjard.
me el mío mis de lo razonable.
-&amp;!ta.placa ha Eido conPagrada á la memoria del re,y
-¡A.y! Ea el único modo que me queda de expresar mi
CarlOll·Alberto. ~puée de la derrota de Novara, cuya
ternura, ya que Wlt.ed me prohibe hablarla de ella.
[echa aparece, :?6 de Marzo de l!W·), el mooarca pw-ú ~11
-¿Para qné? Las declaraciones de &amp;mor son necesaria
última noche en tierra italiana, l'n el mo11aijterio dt! Logy tontamente banales ......... u~ted miemo, Knmenehet; comulgó aqd y partió paro. su destierro voluntario,
ki, cuando habla sin esa preocupación, es interesante y
deBpués de halll'r abdicado en favor de \ícwr Manuel.
hasta ei-piritn&amp;l; pero tan luego como le ocurre \'Olver d
La explicación del capiuln habla puest-o 1l. todos scrioo.
las andadM, se h11ee neted estúpido .•....... No me tenga
Sus ojoe contemplaban 11111 paredes grisen del com·ento
rencor sl le impiJo expreenr tan necias vulgaridades.
y el am;ter,, rnlle que domina el monte Ag,-1.
-¿Entonces, no cree neted en el amor'/
La imagen de aquel rey cabnllere,co, arrodillado en la
-81, pero pienso qne es una Horrara que no nace en
soledad del claoetro y bebiendo en él con resignación el
los caminos carreteros.
-Gracias por la comparación ...... En fin, ¿no cree us- caliz de la derrota, pasaba delante de sus mirada.e y melancólicas relll'xionee snbíAn á ene cabezll!! ligerae.
ted que la quiero?
-¡Pobre príncipe! auspir6 la seneible Nadia de :,olies
Lo miró de soelayo y sonrió irónicamen'e.
Aubagne.
-Creo que le gneto, lo que es muy distinto.
-Abdicar, dijo fl pintor, es ley qne se nos impone ú
-Llámelo usted con el nombre que guste, pero dígame
todoe, en cierto del!Ceneo de la vida¡ abdicar á tiempo, es
lo q ae es preciso hacer para pgradarilL
la B&amp;biduría de loe reye •.........
-¡Oh! Sería precieo reallzar set.os heroicoe, inespera-Y puede asted anndír, continuó Fauhert, r¡ae ei,ln
dos, inverosfmilea.....• Por ejemplo, cuando nOII enconve&amp;
se habla puesto realmente grave, que es tambi.--11 la
tremos allá arriba, pedir un padre franci8C8no y confe•
sabiduría de loe artistas y de las mujeres...... Sl, agregú
sanie ...... Quizú entoncea me viera yo tentada de comegninando los ojos detrae de sus párpados enrujecido~, sus
ter alguna locura .•••.• por imitaci6n!
--..'.:e burla~ siempre! ......... Ya sabe qne soy cis- tristes ojoe en lc.,s q11e flotaba, con el recuerdo de los
triu11ío11 de otróll tiempos, el CSD88ncio de las mismas alemático.
-¿Y qué? .•...• Ael reeallaría más l.'jemplar., .... Por lo grías repetidas haeta la saciedad; 11(, renunciar antes de
demils, yn hemoe llegallo, y precisamente veo á un fran- que es~é noo camado y ridículo, cesar de producir antes
de 4ae el público eet.é ahíto de nuestras obras, retirarcisoano bajo el pórtico ...... ¡Coneúlteee ol!tedl
Habían llegado en efecto á la plataforma que se extien- se de la escena antes de las primeras arrugas y los pri ·
merOll desdene11, esto es lo que debemoe hacer todOB .....•
de anti.' 188 doe posadna y el monasterio.
Ya las primeraa parejas se internaban por loeclauatroe, y Jo que, sin embargo, no h.acemoel
Violeta de Saint Pons lo eEencbaba con un reflejo de
guiadae por Fanbert que ae habla improvieado ('icerone.
Laa part)dea de la capilla, loe tabiques y las b6vedall de irritación en 101! ojoe y un pllegneaarcáetico en los labioel
-¡ Abdlcarl peueaba, cuando se siente venir la ,·ejez y
ambos veat.íbnloe lMIDli circulares, ae hallaban cubiertaa
de aencillaa ofrendas que recordaban los milagros reali- la saciedad, sea! Pero experimentar 8Bta necesidad en el
dintel de la ju,•entud ea inicuo ........ .
zadoe por la Virgen.
Tal era EU suerte, no obstante .•.•.. ¡,No había abdicado
.Algunos peregrinoo habían 1uanile11t.ado lll1 gratitud poT
:medio de riCOII regal011: corazonea de oro macú:o, coronu ya SUB e11peranu,, de amor y bebido prematuramente el
engarzadas de piedras finne; otro11-máe pobres ó mcn08 calis de loe amargos desalientoe?
Sus miradas, deseucantadBB, tan pronto erraban hacia
agradecidoe--i!e ~1ablan limitado :t colgar modestamente
de los muros inútiles muletzui 6 manos y pies módeladoe el fondo de la garganta pedregoea cnyos delgados olivares ilumiuaba el eol con un gris roeáceo, tan pronto aeen cera.
En medio de un arco, entre empoh·adas estampas y
cendlan hacia la árida desnodez de l111! colinas, en donde,
pequeilaa embarcaciones, el pintor ee!lal6 á Bue compa• de e11pncio á eepacio, la esbelta eilueta de un pino se desf\er&lt;&gt;11, un011 botines de mujer, dOB sapatitos de terciopelo
tacaba sobre el a.zul del alelo.
granate bordadoe de oro, de altos taconea, y tan diminn•
Se preg1rntnba extremecida a.i BU exietencia e81.arín cont-0!! qne .ié1,dolos se pensaba sin querer en loe lir,doe piedenada ó otras obdicacioneB más crueles t.oda\"ía, y si,
cesllóol! que debieron ocuparlos.
como Carlos Alberto, subirla nn dia este escarpado cal-Hoto ,irtmgeJ eeclam{, Lndy Snowdrop.
vnrio para ir, antel! del destierro, á depositar 8UB postre-...4¾.&gt;norae y S{'l!ores, dijo graYemeote .Faubert con to- ras iln&amp;ioneH ll lo,i pin.utas de la virgen de Laghet ..... .
no de ,.,r,ro»c, el rol-O que ueledes contemplan y que les
Do nnevo un ímpetu de rebeldía la conmovía ...... Si el
parece tan mnnclano cuant-0 inesperado, CR la oÍl"(&gt;ndn de porrnflir era dudoso, tenía cuando menoa el prese11te en
una liermoea y honrada dama: la condel!a Raroni. Es· eue manos ...... ¿Por qué no apro,·ecb:u lna horas que !al·
w z-spatill1111 de Cenicienta han tenido su papel en nna t.aban pnra extinguir el plazo y tomar parte en 10! plaa,·~ntura galant&lt;-, y para dar grnciat al cielo, cuya gra• C:,..ffi! y en lns P112iont'a de tJSte mnndo? ........ .
cioea intervención la libertú de 1m gra,·e eecándalo, 1A
-Sefloree, intem1mpi6, nada tan mal sano como·filo·
condvsa ofreció humildemente :l. Nuestra Eeilora de Lag- eofar en aynnl\$.,.... Me patt'ce que deberíamos almon:a.r
Jiet el cuerpo del delito.
y tomar fuon:as para snbir hRl!l4 la Turbia ...... ;:;iganme
-¡Oh! ind,cd! murmur6 lndy ~nowdrop, /10,11 •/1!J("l:inp! los s~ru-at.c,sl
-¿La pArece d ll8ted .-xlrailo·:· replicó Hencillamente la
La siguieron 'lodos, tan cADsados parecían de --haber
.1,ellora ele Jolie&amp;-.1.uhagne¡ yo encuentro todo ello mor peru;Anecido e"ríos por tanto tiempo, y ee instalaron rui;o:it ural y hobi!/',e hecho otro uin10.
dosiunen\e bajo el eenndor de la poenda.

.A.GO~TO,

1896.

l..'\ barotwsa , pieler maniíestó qne se encargarla de
1~. llabia traído s11 máP perfumado ..-i-&lt;1-J.iz!,om, y en tanto q11e se qnitaban !06 pasteles y los M1,dwichs, corrh\ ~
IA cocina, se nrrnbujú en un delantal blanco, y oons:igr6ei, concienr.udamenle ,t \'igilar la ebullición del ogua qne
mnrmurnba en una tetera eu.•pendida encima de. una candela de encino verde.
Ev1t l'!'taba encantada de hacer el papel de ama de c,asa; pero cuando YOI viú á aparecer, con fa.q m~jil!as encnrnmlas, loe cabeUos re\'oloteándole en el aire y hubo llenado en redondo !na tazas, aiotieron qne su té sabía horriblemente á humo, y por unanimidad ee declar,, intu•
wable.
Por fortuna el vino de AI'Li del hostelero era exquisito,
y 1:slo 1110,cat,, dorado quechi~penbn en loe rn~os, los com•
pensó awp)illmente. Una bnlliciosa a]~grla f'e ele.-ab:i.
del ci,nador. .Las copas y las risas r.-eonal-an, mientras
qne en 101! alrededores los aldeanvs agrupados, eepiauan
con ojos rnaliciosoe á aquellos sefiores de ademanes lltre•
vidoe y tí eqnellns hennosas damns q11e tomaban por cort.e11anB.i-l., ....... .

Acababan de dar las cuatro en el reloj del convento.
LM par&lt;'jas et desparramaban de nuevo por el camino
qne conduce ,í In Tnrbia. E,·a Spieler &lt;'harla con el capi•
Lfo Lej.ud. Ln morena y de~cocada scllora de Solies-Au·
b!lgne M, apoya más tiernamente en el brnzo ele Mario
Legnmd. L.'ldy Snowdrop, de piernBB 11.ac.."\8 é infatigables, l!C ~ien.ta en cnclillae y se pone ,í hacer un ramillete
de 111,.,.,,.¡u.,,; abandona muy pronto al \•iejo Fauhert, qmt
n&gt;nuncia ti seguirla y se va dando zancadas b:-,jo l~a rayos del sol pcmient-e.
Cuando ae encuentra solo consigo mismo, d antiguo
,ividor piérrle fiOJo eu brío; 51111 faccione1! se alteran, anda
cou paeo YBCilante y cae en una eepantO!!a trieteu.
El príncipe Kameneki se acerca á Violeta, que camina
solitaria:
-1..!I co~ta es larga, insinúa socarronamente, ¿quisiera
asted nceptnr mi brazo?
-¡Siempre la mÍftma canción! cont.e!lta ella contrariada. ¡,Me trae uet,ed el certificado de confesión?
-No, respondió en el miKmo tono; prefiero confol!arme con nP.l,ed. Me permite que In abra mi coraz.So?
-jDioe me libre! l\ie daTla mucho miedo enredarme
allf con lasenora de Girelle ...... ¿No ee de ella el coraz.in
de usted? ......... Se me fignrarla que iba á trasegar en ..1
cajón donde guarda eus misi \'al! amoroana.
-Mal~Yoln! ......... Bien eabe usted que ya no la voo.
-Ent.oncee ¿ya no le gnsta at usted?
-Ya no existe para mí; la he bastado á usted aparecer en mi camino, para borrar absolutamente lwn.a la.
sombra de en recuerdo.
-Esto significa, en buenas palabra&amp;, que un clavo saca otro clavo ......... ¿Sabe usted que no las tengo t.odait
conmigo?
-¡Ohl usted ea otra C06d muy distinta)
-sr ......... yo? Llamo la atención por la novedad; soy
la flor cnyo perlume no ee ha desvanecido, el fruto qu"
pende ele la rama, ya maduro, y qne nadie bu. tocado ...•.•
.Adivino las variaciones de net,ed sobre nn téma qne 1.,
es tan agradable, ¿Por qm• quiere usted que me arriua•
gne á correr la misma euert.e qne la señora de Girellc?
-l'orque, exclamó el príncipe poni~ndo~e eerio y co1&gt;
11D resplandor más tierno en sus ojos azules; no l!8 1111e11pricho lo que usted 1ne inepira, sino amor, un amur en•
traft.able y p roíundo ......... ¿!-lecesita Ul!ted pruebas? S.•}"
libr .., p&lt;&gt;..eo nna mediana fortuna en RWLia, d.Í\'1írcie-i...usted de su marido y la prometo hacerla mi espos:1.
Su acento era apasionado y sincero. Violeta se •iuti ·,
conmo1·ida con eu8 palabras y dulcificó nn tanto nu w1•
mda.
-¿01 vida neted, dijo, qne entre nosotros no se ro,np
el matrimonio sino por In muerte de uno de los cú11y11•
ges? .Ade.m:ls, somoe cat.6licos, querido amigo, y 110 ~-1mitimos el divorcio ......... Y luego ...... y luego (con ge,..
to de niña malcriada J 1&lt;1e. baat.a con la experi~nciB q,,.,.
tengo del matrimonio.
Los ojO!! de! jo,·en expresaron un aaombro mezclad,,
de tristeza y deseoe.
-¡~le deéeepua u~ted! murmu.ró! ~~ué bo¡;o eHLtm•
~es?
-Vuelva UBt.ed con la senora de Girelle. Tiene el h.-•
bito de e,;as coe~, y será con W!ted mny indul¡;ell\.,.

9

AGOSTO,

1896.

-¡Pero si ya no la quiero!
-¿Entonces la ha ouerido usted alguna vez? Creí que
había aido sólo un cnpricbo.
-¡Dios mío! Era un afecto externo, á Flor de epider·
miB, si me atrevo á decirlo llllÍ. Ve.'l ust.ed, 8abina tiene
el diablo en el cuerpo, ee muy talamera, muy seductora....
-¿De veme? replicó Violeta con la vo~ alt~mdn, y un
relámpago pasó por SW! oj&lt;J8 grif!es.
Después, continuó muy animada, casi con tierna en•
tonación:
-t::et.ed me hn prometido confesarse conmigo; puee
uien, cuéntemelo todo. Dígame usted cómo comenzaron
sue amores y cómo terminaron.
La misma curiosidad pu111,ante que antee la. impulsaba &amp; espiar los n\sücos amores de Doris y ea mú~co, la
11tormentaba en eee momento y la excitaba ,t provocar
IM confidencias de Kamenski,
H11y en todo hombre un fondo de fatuidad que cualquiera mujer intelígent.e puede con facilidn&lt;l explot1&gt;r.
Parte por \'anidad, parte también porque pieusa despertar así el deseo del pecado en el corazón dormido de
In eeilora de Saint-Pons, el joven eslavo se deja arrancar poco á poco hasta loe cletalles de sus int,imidad~e con
la eeñora de Girelle.
Ha logrado tomar el brazo de Violeta y In cou\'ersación
la interesa tan vi\'amente, qoe no Be opone il ello. Estrechamente unidos, cnai tocándose las cabezas, van por
las calles de la Turbia, pnenn inad,·ertltl:lmente debajo
de la torre de Aagusto yie unen á aue coi.1pbñeros cercs
ya de 1~ estaci6n del funicular.
Nadie se detiene en la terraza para n&lt;lmirar 10!! ptnto•
reecos recortes de la costa, ni las montafins niv011a.• que
se escalonan por encima de \'intinilla, ni la regia majestad del mar empurpurado por el sol poniente.
Todos está~ saturados de pai@ajes; el espect,ículo de
las bellezns naturales loe hace indiferentes, y se apres11m11 ,i subir al primer tren que regresa á ~Ionte Cario.
A eu llegada, mientras el capitán y ful.menski se apre•
auran á ap&amp;rtar una mesa y pedir l'\ comida, las eefioras,
acompafiadna de Mario Legrand y de Fau bert, \,In á dar
una vuelta por el juego.
En lne sal \8, en donde los sofoca un olor acre de ema.n11eionE'8 homanll6, ee ve Botar nn polvo impalpable bajo
la luz de las J,imparas.
Lna mesaa eetdn rodeadas de trip!ee filas de j11gadores.
En confusa barahunda resuena el ro ido de monedas mezclado al repique de las bolas rodando en la ruleta y se·
guidos de la voz ronca y maquinal gurrupil'II que anuncia el número.
I..adY, Showdrop y la seflora Solie11-Aobagne, que son
eupersticioeaa, apuewtan un luis al rei11ti1&lt;ri1, fecha de la
enLrada de Carlos Alberto al convento de Laght, mientrae que Violeta y Eva van en busca del barón de Spieler.
Por fin lo encuentran eentado i1 una mesa del centro,
apo~tando febrilmente á la columna del 82.
Eva Jo toca en el hombro con el extremo de e11 mano
enguantada; él se vuelve nerviOBamente, 9115 ojos gris08
reconocen il en mujer, y una mueca de deBBgrado contrae
BllS labiOI! pálidoe que, como un paréntesis, encuadran
Bll.8 palillas rubiu.
-¿Qué haces ah!? pregunta Ja baronesa.
-Déjame, gritó con impaciencia; me \'88 :1 eepantar la
,suerte.
Rueda la bola y sale el 36.
-¡Ya vee lo que te decía! grufi6 él volviéndola las espalda!!.
-Ya sebes, replicó Eva impertnrbable, qne coruemoe
en el Grat,d lfoi&lt;l . .Allá ooe encontrará&amp;, si re acuerdas
de nosotras.
La con ven;oción de los dos recién caeados, terminó des•
puée de est.aa breves palalira.!.
Violeta, canPadrl y loca, se l!Cnt&lt;'i en el diván central y
le.a palmerna, cnyBB ramae empolvadas han sido tel!tigoB
de tao Yariados lances, ,'"Bu á presenciar ahora una Eerie
de meditaciones desconocidas para. ellns.
La seilora de ~aint-Pons, indiferente :1 cn,into la rodea,
cierro los ojo,, se reconcentra eu sí misma y Ye desarrollanie el cammo blancuzco de la Turbia, donde, herido
por el sol poniente, el prfocipe Kamen.ski, elegante y artero, la murmuru confidencialmente al oído la historia
de e-us relaciones con Sabina Girelle, tan zalawem y t.aH
eeduck&gt;ra,

EL MUNDO.
Con un amargo dejo de trist.eza, la B!&lt;carba el cora1.6n
el torcedor de los celos. Se compara mentalmente con
Sabina, y encnentra con íntima Mtiefaceíón que posee
una indiscutible superioridad sobre la que la ha precedido en el corazón del príncipe, a1ín juzgada puramente
destle el punto de \'Íl!ta del extedor y del aparato.
Está convencida de que, l3i lo pr..,tendiem, podría atar
11! joven Kameneki c.on cadenas más firmes y dnraderll!!.
Pero ¿á qué aepira·1
Según eu costumbre, sondea \'alientemente el fondo de
su corazón y en él descubre nn germen minúsc11lo, como
el embrión de un de-co, de emociones no s.en~iila&gt;!..
¿ror qué no había de dejar que e;e obscuro germen se
desarrollara libremente? ¿Por qué ae había de detener
ante escr1\p11!oe quaá la, otras no a9ustan?
1
~o haría ni mú~ ni menos de lo que ellae hacen. Por lo
pronto, la maledicencia no ha de respetarla en esa sociedad donde b.aenrrado, y donde nadie resiste 11 la~ t.entaciones y á los caprichos.
llasta ahora ee ha limitado á inocentes coqueteos, y sin
embargo, indudablemente ya le se.iialnn un amante.
Si corre los mismoa riesgos que 8118 amigas. e~ jnl'to
que se aproveche de los beneficios de en sitnacion, que
satisfaga intrépidement.e aa deseo de emocione~ nuevos,
y que apure hasta el fin, sino la alegría de amar, por lo
menos lt\ \·oh1ptnosidad de ~er amada.
Con verdadt&gt;ra ob,,esión, la imagen de Kamenski, elegante, 7,alamern y solicitada por toda~ la,, mujere~, se
yergue ante sns ojoe, y lrnll sonrisa misteriosa e.e dibuja
en sos labios.
-¿Q11é. al1cede, Yioleta, te eeth riendo con los ángeles?.. .... ¿\'ienes? Ya eon lae siete.
Flor de Xiza, estremeciéndose, abre loa ojo~. Eva está
cerca de ella, yatráe se ven Mario l..egrand, L,,dy :Snowdrop y ::,;'adía, que In sefialnn btirlouamente al _periodista
Taubert. Este la toma del bra:r.o y todos ae dirigen 11!
atrio.
Media hora deepué11, la banda ee encuentra en uno de
los salones del Graud Hot,l, al rededor de una mees
oblonga, cuyo mantel está salpicado de florea. Lna rosas
de Niel y los usrcisOP, después los nnrdoe y IBB ,ioletn,¡,
los claveles y las madreael\'11!!, regocijan la vieta con la
gracia de sua talloe gráciles y la harmoniosa gama de sus
colores dillCretamente fnndidoe al resplandor de.las luces.
Un perfume suave y embriagador se exhalaba de eua
corolas esparcidas al eca.~o.
El barón Spieler ba faltado á la cita, pero decidleron
que no se le eeperar!a y nadie parece lamentar en ansen-

cia.
El mmií, diee~rnmente arreglado por Kamenski y I.egrand, es il l., vez sustancioso y exq11i6ito.
En lae garrafas helada.e, el SparHi119 Mo.•&lt;lle, alternando con el R11·rl,rrr. Las mesas de los tres salones están ocupadas; lae e&amp;pel!as alto1n brae apagan los pnaos de los ,miitres ti' /tot,l.
Al extremo de las piezas y separada por biombos lumin08-08, una orquesta de zlugaros ejecuta rordiú y valses.
La música, una veces snlvajemente fogo53, otras hlnguidamente Ppasionada, llega por soplos lejanos; los acordes, o(doe como en s11eñoa, afiaden nn l'Xtraflo sazón
e;;;ótico á la embriaguez de los vinos espnmosoe y de las
flores esparcidos.
·
Las mejillas de la~ s~norae Re encienden; sus ojoa toman
un brillo fosforeecent"; sus risas tienen enton11eionespro•
\•oeati VllS. Sólo la cara de Lndy Snowdrop, amarillenta
como la de un papagayo, permanece imp!ISiblementen..•
mlitica.

)lario, estimulado por lo esquhlto de loe manja,u,
aventuro. gobre el amor y el artll paradojas brillant.es, qne
contesta el pr(ncipe Kamenski.
El jo\'en eslavo ha advertido que el tono elegia.co y eentiment.al no le farnrecía en llU n~gocio y ha cambiado de
tácLíca.
Platica ahora con cierto abandono é. la vez familiar y
alti-rn. 811 bnmorismo, medio astuto, cáuslico y lleno de
imágenes, poético con sus puntas de per~eraidad, ejerce
en loe convidedoe, y principalmente en lae mujere~, una
especial seduccjóo.
'
A cada momento \"ioleta P.e fijnen él y lo e;;cucha, mascullando una [lor con los dientes. El velo de bruma que
eclipsaba ~us ojos griaet!, se dt!dmnece poco ii poco, y ya
dirije ol príncipe una ~onriea alentadorn.

23
Se sirvieron lt,s postrH.
Fauber~ que quiere tnmbi~n tener ~u parte de oración,.
emprende una de sue ordinariW! tarells: se le\•anta, y co1r
gra\'ednd briMnic11, pronuncia on brindie campnesto de-"
sílabas incoheremes, pero qne por la mímici\ y las ent&lt;••
naciones prndeutemente elegidae, i111ita con socarro,~eria
espiritual los ,1,;-,:ch que los ingleBes acostumbran ·en ~n••
banqnt&gt;tes oficiales.
Animndo por los aplanaos que e~tnllan, sigue con un
brindis alemán, dentro del mismo estilo y con la misma,.
serie de onomatopeyas. Gt!~Llcula con tal arte la pedante·
pt&gt;sadez, el ~nfasis estirado, el senlimentali.mo lloro~oclel teutón, qne cnalqniera creeria e~tar oyendo ,t un pro•
fesor de Bona y de Heidelberg orengnndo á su~ colfg:te·
t:n una ceremonia univen-itaria.
t:'1111 exploei6n de rie.ae premia al orador, y con la ayn•
Ja det rl,,,mpag,1, sube la alegria á Sll m1ie alto rliopaoÚ!l
y una racha de locnra smta á aquellaa cnbezas excitadas.
L.~s ,ocra se eleYan, las 111irada~ ee buecnn. Eva Spill•
ler lnnza un puiindo de roeas á In cara dE-1 cnpiti1n L,,¡¡rand, qne conteEta con un manojo decla\'eles.
A poco entra u tl. saco en los llores de mantel¡ los mudos, laa anémonas y los clavelt:a Be cruzan por encima,le
In m~sn, y aquello es un comuat~ de ilorei, en toda regla.
A fa1·or de este uimulto la señoTa de 8aint Pona tomn
el ramo ele ,•ioletas qne ma.qcullaba y lo arroja bruscamente,\ Knmemki en mitad del pecho ........ .
Es tarde, los salones eet.í.n casi desiertos y rnn i1 tomnr
el café al 11ire libre.
La noche está tibia y azul; el cielo hormig'.lt&gt;tl &lt;le ~sLrellas y la bnnda muy alegre corre á lo largo ele los jaTdines
i,mbal•amados.
Mnrío L~grand toma del brazo á F1111bert y lo felicita
cordialment.ll por so buen éxito.
-;.Se burla usted? replica el periodista con tono enli-e
lisonjendo y mohíno ¿O'.nno puede neted creer, u,;ted, nn
verdadero artista, que doy algún valor á eeo1 jng1ietes
paRndos de moda? Me avergüenzo de' ellos cuando eetoy
solo. Pero bah! mi rl!f!Oluciúu está t-oruada y prccuro hacer mi oficio de payn.l!O y sirvo ,t eatas locas, dh•ereiones
qne están á. la altura de eu gusto y de su escBl!o entendi1.1..dtmto. : No tiene usted idea de su l'l!lética! Acaba 11Sted
de oír aus converaacionea¡ ea un montón 11.t, · oropel, in•
consistente y hueeo; eRpllJlla para hacer bnrbujt\S. Sns
espíritus corren parrjas con el medio en qne 1·iven. Vaya
usted á su casa y verá de cerca en elegancia y su lujo engallador. Todo es allí decoratív:., y aparatoso; el marmol
eti emico, loa emulros de maestros son infectas copi1111 ita•
lianas, el mobiliario de pacotilla y loe t,ihi'/()f3 f11l@os parecen sacadoe de un bazar de ocasión y 1\ "ªº e.-t.íu de~• i ·
nados, al bazar! Y además de esto, lamonomaníu ficticio,
la habladuría insaciable de gentes que solo tratan del buen
parecer y de engrandecerse mutuamente por vario,i arLÍ·
flcioe. Podría deciree que ln coloración subida del mt&gt;dio
día excita los cerebros y los conduce á ~•xagerar el valor
do 1118 peraonna y 1811 cosas. Es necel!lll'io, ámigo mío, oo
ver l'!!n sociedad &amp;ino de prisa y á dlawmci.a, como los
fref;(;os italianoe con que decoran eus villas los senorea
de ~i2a......
'
Llegó la hora de t-0mar el tren de Niza y los Pxcnrsioniet.aa ee dirijieron por parl'jlll! á la estación, :i. travé• de
loe jardines cuyos camellones de plantas rnra~, por miedo á las escarchas nocturnne, estnhau cuiJadosameate
cubiertos con lona embread:\.
Kamenaki tomó el brazo de la el'ilora de &amp;ii11, Pone y
poco á poco se (neron quedando atrá,.
El enamorado pl'lncipe, que vive t'II )lunle Cario y Ye
acercarae con temor el woment.o dti lu ije¡¡umcipn, no
quiere despedirse de Yiolet11 sin i;alJi:r dtfiuiti ramenl&lt;l
,, qu; atenerse.
--UNtedsal&gt;e, murmuró, qne guardé car1ílo,u.111eute su
ramillet.e. Permitame c,·eer que nu lo dehu sulome1,te ,,
la casualidad.
Flor de :S:za pensaba que la culocab,1 en ,ituncióu dt!
dar un paso peligroso y "" primer muvi 111i.,11Lo iusUuti\'o
fué de resroccder, pero t-Od,wfa .-stuba bajo la iufluencin
de las excitnciones del banquet~.
Lo tibio de la noche, el mist.erio de los jardín~~ qui,
at.ravesaba apoyada en los brnzos clt1oq111:I jn\'en, la u,ú.
aíca de una orquesta instala&lt;ln en la terraza ~ la.galería
Carlos HI, la inclinaban á moslr-,1,-,,e clemente hllcia el
ena"llonldo, coya \·oz arrullatlora acariciub1 rns oídos.

�-.·01&gt;rofood1Cemoe nada, repllcól.aclirUcamente. ¿Tic•
nen~ mi• violet.aS? G~rdel11s.
-Pero ¿dlgamo w.ted iqniera que con ~l fiol'et! que
la han dAdo l!1l nombre, me llcwu tamblt!n algo de au conu6nT
-Pide ust.:d demasiado ...... Y llegamos , la tnci611
y el eiuo poco aprop6!1t.a para semejantes oonfidenclae.
-LA ruego que me indiqao un din, una horu en que
¡IOdamoa llablnr tranqullllmeni.e.
-Los lunll!, en mi Cll!!:l1 me bailará 11eted siempre á
us6rdenes.
-~!, exclnmó monitlcndo y dej1111do el brazo d Yiole•
ta; con e, mont.6n de tontería d u ,·iai1Jl8,
Y lnego, nrrebatándOIIC la LOmú la, dos manos que a pre•
ap11.5ionndamenteen la sombra.
-;o, continuó, quiero una hom qoc · pam mí 1!01o,
y no permitiré que ~ted ee ,·aya, untes q11e me In hnyu

9

EL MUNOO.

24
0011901:i,

y

rlbió en la capa de polvo:

eoe carnctéres.

nio• en grue-

AGOSTO,

1896.

J6 .AGOSTO, 1896.

ELMUNDO-

-E la terc ra vi&gt;z qnt! ,-engo á tu casa, sin te.ner el
gueto de encontrarla, dijo la condesa.
-Yiolet.'\, respondió él aturdido, lamenl.llrá vivamente que usted n•) In haya encoutrado.
-¿Lo crees7 l'ue!I no lo parece, porqn~ no ee apteitura
á pagum la., ,·islws. , \!ncho (18
tn mu.Jerl
-~í, suspirv él, con frecuencia eattl íncrn de CIWI,
-¿1 w pareee conveniente que la vea por todas par-

El regne I del 13c. yo la sorprendii'.&gt; cuando terminaba
esta opcmcl ,n.
-El eeftOr niega 4 la eeno1a qne tenp la bond:ld de
pnur á la bibliotecn.
Hijo mío, pregunu',
rcástic:imente la eeflom de
.~atnt.Jeannei, ¿cuánto glltlll9 aqu!?
te$ eln ti?
-Ochc11ta francos al m
IIOJiorn conde,ia.
-Ya le he hecho ~ obser\"11ción, pero inñtilm nt.e.
-Y bien, tunante, to aador c1i&gt;~t11 bien caro , mi 80ra.ra tener pu, he pref.,rido confiarla II una amiga, mebrino..... · lira la coneol11, nlll nnie lo qu pienso yo d
jor qne acompanarln ti Clllll\ de gentes que me CAstldi11n.
ta n·icio.
-Te acornad fácilmente. 1~ lá!\iw que la sociedad
,, guida del criado corrido, ae dirlgi6 h:icla 1A blb 1ioi
no
proceda como tú.
ca y entró en ella eilencioeamenl.t'.
-¿Qm~ qniere u;;tcd d~&gt;eir? pregunt6 Jlono"llto ruboriC..•1-cn de 1rna vent.nnn, ante una mem d trabajo, llena
de r.ontl'llscllll!!, de legaj0&amp; y de libro!, Jlonornto
in· ,: nd
-Qui~ro d..clr qnP. tu lnlta de pre\"ieiún y tn debili·
clhmba, &lt;'nvuclto, extremecldo de írio, ,·n 110,1 bata obe•
dad, han tenido clecl.o8 deplorable!!, y cotnlenUI! ynáeer
cul'11 que le enyejec13, dándole la •e111ejanzn de nn (rulle.
J&gt;rmnetido
1.,n se.11om de ~aint.JCl\nnet conlt•mpl6, nlzanclo loa puto d~ h1 murmuración.
F.eta Tiolencia sacudió voluptu mente il In •eflora de
-T'.. ro tia .........
hombros, ta ¡;run hnbltación autrtem, tnpit.nda de libr06,
i11t Pons y con.una voz tan dnlc" como el gusorro d,• la
1, q erido sobrino, la voz g nrrnl d&lt;1 la ciudad.
y á ea eobrino pálido y arrn ado, que ee levantab pcua
mÚ!ica, que saepimba á los Hl)S, m allá d loe árboles
acost111nbro -ponenne entre la padi1 y ta paren, ·peenlirl11 al encuentro.
•
n'8J)Ondló:
ro el honor de la familia, al cual me dello anle todo, me
-llut!11oe
dlas,
tfa,
inurmur!,
Hon rnto. ¡Qué foliz \'i-E'.&amp;4 uat.ed in90p0rtable. E.!lnn1 n mi en.ea el martPs
obliga ahora a\ Yl!nccr lo&lt;ln mis r pngnnncln~ ..... Clllln•
ci,trc cinco y 10!1! ..... ¡\'ayl\' /.' t.! uated con tenlo? Y ~itat ¿Como c•tá Ul!ted?
dn se me ha chillado en lae orejlll!: ••como Tlllll&lt;le el ma-Buenos día.•, Ilonomto, buenOI! díns ...... No te pre•
ahora bhi me usted la mano.
rido l!O¡,ortar esos ,l ,•foa?•, he respondido ul e~ilor de
gnnto
por la eflora de " io1,}'oll.l!, porque como ha eali•
[.le\'6 u u man d ngnantad:18 6 loa lnbios y e••
• 'lllut. Pon• na&lt;la l!She y me 1,e lmpu • w el dt:ber de aiJTlr•
dt&gt;, en pongo que ~e t!ncm•ntr11 perftctument.e.
w b&lt;.11ó locamente.
lfonoraw a,Jelaut6 un sillón, donde IRBeilorn d aiot• lt• loa ojos,
Cmrndo llegaron eolr.cndOl! ni unJén, ,.¡ ucn ya cst.ab:\
,ll.'wtnet se inetal.'.o m:igLtrnhuente, mienlrlll! que c-1 \"oln la taci6n y tomaron los a~iento~ ¡,or nenlto.
l·.11 m ,&lt;!10 d I· confu11U,n, e lnn.znn tápidna deepedí• ,·la li su sitio. 4 110 ui3I d • trnrojo.
d ú Kamemki y t!e ootoenn rnlirlecb011 en IOII ae\entoe
del "ag,'.,n ya completaml'nte ocnpado.

,o

F.n en vitjo 1,, ¡d,. .. de color rArmdlta, la cond
de
'nio t Jennoet hnbfn s:slido de su s\·illnadc f'an l~rto\0111(,
y era ar1'118tr11da por d cabo.llOII da pt-t;lldOI! caeeOI!, qu
ni trote corl,o Ju hnclnn rodar por la a,·cnidn de a11 '1an•
rício .
.ugaida y olemne, ,. stlda de negro, cubill1'ta c-on un
1;ombrero empennchado, de lormn noti¡i;na, sostenlu sn
, "~t1tJ•ftl• como nru,. espnda y su eac.o de terciopt!lo como
11na balanu, IL!leml!j4ndO!e , una rígida Themia bajada
4\el limpo parn pronnnclnr nnaeentencill inapelable.
;u frente orgull05ll se encontraba cargad11 de nul&gt;e!, ba•
jo 10$ oJoe brillantt-11 !alguraban amenazndorea reh\mp• •
¡¡os, 111! meJillaa se le enrojecían de an11 tlr1uoea inillg•
11nci6n y su labio bigotudo se arquraba como t&gt;Ara lau•
zar DD11 reqnleh&lt;,ria.
flin entrar en la a Yen ida de la estación, el lrmdo.u, dan•
do bl'U8Cllmente una vuella, la lu¡uierda ganó la calle
de Caral,acel y
detnvo ante la casa de loe
iot Pon~.
ApoyadA en el brazo de eu criadCI, 111 c&lt;&gt;ndesa bajó ma•
jestaoumenie del ,·ehículo, montadoaobrealtos reaortt!s,
aubi6 @In eer anunciada por el timbre la aaave rampa que
conducll\ á la termu y en trando como na huracán en,_,¡
vmtlbolo, aorpreodió al lacayo agradablemente ocupado
en abrazará la reeamarera, que hoy6 4 todo correr.
-A tal ama, t.ales criada&amp;! marmur6 la eeñora para l\lB
adenil'OII; y luego con eu mas dura roz int.errogó al delin•
cuente que se inclinaba ante ella, con la cara 90('.llrrond y
azonula:
-¿La eellora de :-aint, Pon, no ha d estar en casa, In•
dudablemente?
-."o, 11el1ora condesa; la senora vizcondeu ha 11111ido.
-Buenol bueno!...... Pero nsi aobrino debe e,,tar en caea. ..... Avíaele a ■ted y digame d paenl puede reclbl rme.
Y pasó por delante del tuno, tadsv!a no repu to d la
ll(lrprellll, atraveeó la anL&lt;.--la, empujó 111 puerta del es Ión
y, votvi ndose, anadl6 imperiOl!llmente:
-¡\·aya usted!
En las habitaciones del piso balo todo DCUmlba la incuria de loe crladD!:, abandonad011 compleuwente á au
antojo. l,oe eiH011 pcnnanec1an aún en los mi1moe lu•
glll'ée en que fueron ile¡adoa la noche de la última recepción~ 1 lunes. Marchit.ns y oh-idadas en loe jarrooet!,
11111 floree e.xhalab:m 110 olor rancio. , •o e l,abfa dAdo ni
011 plumer.uo.
La !L,f!om. de lnt.-Jennnet x min6 el mannol de 011:1

FLOR DE NIZ.é~
POR A N DRES THEUR/ET.
(T rnd u c lda 011 p e clnhne11.tc
pnra " E l 1'tundo ... )-TIUat:rnolon ehcolu\.&amp; o n
.

n u ot!ltro ■

ta ll oro8•

~dm. 7.-Yéanae naeetroe oúmeJ'Of! deede el .ó de Julio de 1690.
- Por Dioe, ¿de qné ae trata. tía?grít.6 Honoratocon IA8
ÍJCCiones al'8rudas por dolorosa ansiedad.
-To muje1 eet.á en ,•lae de pel1ler ao repntnción v tn
,·11¡,eru de J&gt;(lr&lt;lcrlo ~o, abf!olutamente todo, c;e;po y
alma, lo que ancederá muy pronw i,l no la ponea en orden. 1-'recu,mta una sociedad ain principio , l!!ÍD morali·
.Iad Y eln escróp11l011; tiene por diaria corupaflia ti una
loca come, la ,;e!lorn .,plcler, , mnjeffl! equfrocaa como
Lady i,;nowdrop, 6, la chiquilla Solie11-A11w¡;ne, áutiltr.as,
-'ge1ttessin ,11lor ,~id.la qni~n g•~ di, d6nde. :;e arrui.

na gutaudo en t.ocad0t1 extra,•agantee y compromu,o ao
fortuna, que es algo tuya, puesto qae ere!l el administrador. ¿&amp;bes lo que 1Upe ayer tardl'? Qae d.,be diez mil
íranCO!I á la modíirta, diez milá Ja C01Jturera, mil quinientos
, la Oorista de San Juan y muehodioero 4 todocl m11ndo.
Tu caaa e&amp;U abandonada 4 los criadoo 'y 10 ,-e de arriba#.
abajo un abandono, nna incurÍJl, de que acabo de t.ener
pruebas hace un momento. Eotre tanto, Lú &lt;le nada te
cuidM, á mula atiendes, y no ve, que ei eigue ei;ta eiicaodal0f3 manera de -rh·ir, si durP un poco más eaw d r-

den, eerá el deshonor y la minad,) lo,, dos.
Cuando hnboconc1niito con ~rllgicoadem:1n Cl!ta pri
raparte de eu requieitorla, la eenora de. ·alnt-.Juaone::
dHu~·o para respirar y eaL11di11r el eled.o producido en
611
eobnoo,
• El_d~rnci11do !l,inoraLO ec hal,fa qnetlado como quien
n Tia1ones; conlf'mplaba á 811 tia con oj()S como de náu,
trago fü~lad~, se morJ/a ''" l1tbios Y eedaarticnlabfl loa
dedot en mov1mientoe ton rn li!i vo
-¡Oh, tfaL ..... balbuceó trabajosamente. En verdad

�26

16 Aoosro, 1896.

EL MUNDO.

que estoy confuso, mucho mt'll08 por la re\'elación de esoe
del!órdenea en loe g1111t.os, que por la gravedad de los dtlllvíoe de conducta atribuidos á Yioleta. Pero, en fin, las
acusncion~ de ruted "ºn, me parece...... un poco vagas .. .
Eiipero ..... en fin ...•.• creo que se las han exagerado.
-¡Ah! repuso la conde8a un poco mortificada, ¿preten,;1ee que ponga yo loa pnuto~ sobre la.a i0&lt;1? Puu bien, aqnf
tienes algo más concreto: el otro día In eenorn de SaintPone lia e1!candalizai.lo de modo cruel á loR reveren&lt;los
padree de. 'uestra ::,enora de Laghet, lle,'tlndo en !!11
q uir.o á la. capilla y á los cl:iuetro3, une. bnndn de jó,·enes
cnyo aspecto era incon,·eniente y lo~ propósit-08 ~ncrflego•. En el último Carnaval llevó sn audacia haeta ir á
cenar i la fonda, confundiéndose con lns m,le desvergoniadaa 1nujerzu1-la~. Roqncbillere lo ha sabido por algunas persona~ de su conocimiento que ee encontraban allf,
y no podían creer lo que ,·eían con sus ojod.
-¡Dios tufo! snspiró Honorar.o, ¿ea posible·!
-Hay nlgo peor t-0da,·fa, replicó la implacable acnwdora. Tu runjer no etJ com.enl!\ con aparLal'll&amp; de su caBD.
llennrse de d~ndas y exponer su repuuición. Se deja ' cortejar por un alocado, nn tal príncipe Kamensld, con quien
,;e In \'0 por todas parte~.
-¿Knwensk ¡·:
Honorato ee había pue8t-0 pillido y le temblaban loe labios. 8e ac,¡rdaba perfectamente de haber visto al prfncire en caua de loe ~nrm·erno, y al recuerdo del joven ruBo, Plegante, Reducrrir y robnsto, los celoB Ae le cla,'llron
en mitad del col'82ón como una hoja de acero.
Lanzó una mirada t.errible á la eefiora de Saint Jeannet, y la dijo con voz sofocada:
-¡Querida tfa, i.enga usted mucho cuidado! Pes3 uet~
bien sus palabraP!.. ..•. ;.;¡ lo q11e acaba ueteJ de decirme
es cierto, no vacilaré un puuto:.iré inmediatamente á abofetear II ese millerable, y en cuanto á en cómplice, yo ......
-Escúchame tranquilamente primero, interrumpió la
condesa.
Mentalmente comparaba al príncipe, que era de p1·i mt1m laerza en todos 106 tjercicios corporales, con aquel débil y tort,e llonorato, que en su vidahabfamanejadouna
pi~tola 6 un florete, y este desventajoso p.iralelo la inclinaba á una solución más pacllinl.
-:fo se traLR, continuó, de dar un et&gt;eándalo en plÍ blico. l'!aldrfns el ~or librado y te cubriría., de ridfoulo.
Adernáe, entiéndelo bien, no creo q11e tu mujer sea, eu el
fondo, culpable. .Aunque ha sido muy mal educada, la
creo&lt;lemasiado altim y orgullosa para tener un amante.
rero las apariénciaa la condenan y eeto ya es mucllo. Es
tiempo de qDl' recobres tu autoridad y que la lnb!es como
marido. Sobre todo, nnda de ruido ni de eecil.ndelo; la ropa aucia ae lava en C8l!ll. Haz venir nquí á la senara de
i-aint-Pons, y aou autoridad solemne coll\•é11ce!a de aue
faltae. !:li no te ~ientes con el coruón ba~tante luerte ó
con la mano b1111tante ,•jgnrt1f!3, aquí estamos nosotroE para ayo.darte. Celebraremos contigo un consuju de fa1Di•
!ia, delante del cual tendril que comparecer la deecarriada y hacer el propósito da enmiende.
Esta idea deaentarse ert una espl.-cie de tribunal familiar y notificar ella misma el veredicto de aquel jurado,
sazonándo!o con una acre amonest.aoión, hacfa BODl'llírde
011 modo particular ti. la señora de Aaint•Jeannet.
El papel de justiciera li,¡onjeaba su mal humor y sua
priucipioe ll.lltoriLari&lt;.:a.
Además, habría expe-rimentado fntirua eatiefacción en
abatk el orgullo d~ aquella joven, cuyu bellezu uasperaba 8115 rencorea de t11r,u¡ca.
·
-¿Quiere,;, ru1adió, que seila!emos el dí..? Convocaré ,l
Hoquebillere, al primo Darberis y á Catalina de Colo•
mare.

e,~

-Xc,, gritó Honorato aauet11do, yo me basto A m( mismo para esta tnreJl. Qnerida tía, me hace falta e~tar eolo.
IHgame nsted ía,·or de dejarme para pon1,r !!D orden mis
ideas. El golpe habido &lt;kmiu.iado rudo.
Y apretfodoro In cabeza con 188 mauO!!, comenzó ,t sollozar sordamente-.
-¡Pobre hijo mío'. dijo la C-Oodel!a le\11ntándo8e. Nada
de sensiblerías. Aprende,\ ser hombre. Pien:aa que eres
responeab!e delante de Dioe del alma de tn espo8a y que
debes hacer r~petar el honor de tu nombre. Impón tu
vo!uotnd áesn locuela y hszlaaodarderecho. Porúltima
ve,~ si necesita&amp; de txti ayuda, una palabra y me tendrás
á tu lado. Ahora valor, y buenas t.ardes. Inútil 88 que

quiera,; acompanarme. Conozco bien el ca.mi.no y sabré
1:ncontrnr á mi gente.
Ella ealió magestuosa y él quedóse estremecido, ante
la pnert.a cerrada.
Las palabras de su tía le 2umbabao en loe oídos; la.,
piernas le flaqneab!u,, y se encontraba en el estado de un
hombre que acaba de sentir temblar la titi1·ra bajo eus
pies, y á qoien paraliza el temor de una sacudida mucho
más ,. iolenta.
Dió algunos paaoe vncilante,; en la e8paoio,a pieza, que
ibll ya ensombreciendo i,I crepúsculo y llenando de brumas los irieoe y los rincon~$.
A la caída progresiva y kmta de aquella obscuridad grie:icea, tenía cuncieueia m,is cierta de su aislaDliento y su
miioeria.
Aun cuando no hubiera querido dejarlo sospechar ,t la
~ef\ora de Saint-J.,annet, presentía hacía tiempo que sus
debilidades respect.o t1 Yio!eta, tendrían funeRt.n~ consecuencillB; 1!61o que, como todos los débiles, ee figuraba
que tapllndoae loa ofdos y los ojos, retardnda la ei;pantosa cat&lt;i.strofe, Y sin embargo, ~st.n bablu venido, y más
desast1'08a de lo que ee la había imaginado.
Ya no se trat.nba ahora de losde.eórdeoee en sn cruia. de
la vi~ disipada de sn mujer, gastadora y am.ojadiza¡ su
honor de marido estaba amellllzndo; Violeta alentaba los
Cortejos a!!i iuos y el amor de otro hombre.
A la eo!a idead" que un extraño gozara al lado de su
mujer de e8llS menud,mciU8 familiares que á él le habían
eido rehtl88dna tan duramente, Honoreto grilnba dt: dolor y de celo~. Se decía que aq11ella inclinación databa
quizJs de m,\a lejos, de antes del mBtrimonío y que, sin
duda. el recuerdo de aquel príncipe Kamenski, era !oque
se hAb/a interpuesr.o entre Yioleta y él desde 11, primera
noche de boda. Y en esr.os momentos se veían constantemente y compartían las mismas dulz11ra.s!
En esns reuniones mundanas que tantas ocasionesoírecen á las intimidades culpables, oon la complicidad de
nn medio Jieolnto y demasiado tolerante, la caíJa pa.r ecía Inevitable. C11alquier día sucumbiría Violeta, si es
4110 no había sucumbido ya!. ...... ..
Honorato se detenía aquí bruscamente, y cm rstremecimiento ner ..ioao lo 11t1cudfa de la cabe,a á los pies, y
nua contracción ang11s~iosn le atenaieab.i el cor:\z.ju como
en una crisis de nr.gina de pecho.....•
La biblioteca se había ent1:nebrecido comple~amente;
laa \'idrieras de la ventana formaban !Ólo como una mancha lechosa en la ob:Jcuridad. En medio de t!Mtas negraa
proíundidades, le mezquina silueta d11 Houorntc se movfa
lentamente y apenas distinta.
Se dirigió 11 tientas al sillón y se sentó agobiado de dolor.
En rn ct-rebro, donde las ideas se 11gitab1n confos111nente, llabí;\ tantas sombras como en la sala de e~tudlo.
¿Qn~ hacer? Yioleta iba ,¡ entrar de nn moment.o ,l
otro para cambiar de traje, porque comía fuera d,i casa.
y además era día de abono en In ópera.
·
¿Seguiría los consejos de la sellara de Saiut.Jeannet?
¿La mandaría llam-u A la biblioteca, y di&gt;,poés de reprocñ11r!a con frase dura •u conducta, la daría orddodeq11edarse en casa? ....... ..
Pero sólo á La ide11 de esta conversaci6o, se estremecía
,·iolentamente y un sudor frio le humedecía las eiene!.
Su debilidad de eBpíritu le quitaba toda volunt!Ul eoérgic.'l ~· le aconsejaba términoe medios cobardes.
En sos anteriores discusiones Eiempre habla cedido,
retrocediendo aute la lucha y con la conciencia di, en
iuíerioridad moral, de s11 falta de pres~igio como marido.
8in embargo, la hora eru decisil·a y er-o1 preciso olJrar
re•uelt.nmente, ó tcSigna.reeá una caída humillante,,¡ una
Yergonzoza abdicación.
Trataba de reanimar,¡e, de erg11ir.e, pen..oando en su
dignidad ultrajrula, en su liouor comprometido, en 811
nombre expuesto al ridícnlo. Sí, la haría comparecer; la
expondría sus justos moth•og de re&gt;!entimieot.0, la haría
ruborizar de sus locuras, y la inUmnr/a enérglca-nenLe IR
orden de volverá la senda del deber.
;.Enérgicamente? ¡A.y! ¿DJnde acodiríll á tomar ei!B
Yictoriosa energía? ~o la encontrab:\ ni en so palabra vacilantl!, ni en sus ademanes torpes, ni en en dtlbil corazón!
A la primera mirnda caída de lae pupilaa cambiant.es
de Violeta, perdería todaeu eangrefr[a, t.odaeu presencia

de ánimo. Suponiendo que llegara á dominal'l!e, y á decirla: •quiero,, ¿qué sucederfa ei ella se encaprichaba y
obstinada en su locura, rehu~aba doblegorse y lo amenazah.l con ruido•o rompimiento'! ........ .
¡Ah! !o sulJía de nntemann. F, i era el que se doblegaría,
el que retrocedería ante rl extr~mo de una separación,
porque lo. amaba á pesar de ,me desprecios, de ens friald!ld.es y de st1s falta,; '&gt;Orqut! preferfa sufrir por ella antes que perderl;1 plr;J. siempre.
Pe0Pru1do en esLe dl'oeol11ce po~ible, en nn cltercado
con su esposa, era pre"3 lle nn terror de 11h10; ae le oprimía el cor:\z6n.
h:1medt&gt;cfan sus ojos y senL!n que sus
rBSolociones s~d~elizabrn Mili? el ng11.1 ,m un vaso roto.
¡Sí, ,-¡,fa¡ t-enr. razón en otro ti~mpo! Violeto. Castellar habla de ht!Ohízarlo y él 110 ten(a lu~ tamalioa pura
luchar contra l•llnl
Y se acordaba de la~ p·l:ibra. tle •n humano, de In&amp;
ad,·ertencins qui! le habin prodig11d,1 aquella noohe, .i la
sombra de 1111 bo,que de pino,, mit,11trac el mar iba á ~xpirar sobrt.! la arena con e11s11rros ¡ arl•cidoti á canloij de
sirenas.
De improl'i,o, en su l'l:!1ebro tlceor le11ado brilló un resplandor como un faro e11 medio de la nQche. /.Por qué no
recnrrir :t \'idal'! ...... t1 le ha\Jía servido de iutermtuinrio
para pedir In n,nno de Y1ole111, la cnno::la mejor que él y
subi:I hablar co11 las mujereF. ~,a el jefo de la familia y
poseía la autoridad que &lt;l11n 1111a n,lnnt.nd Jirine y rt'Cta,
1111 espíritu superior y d lrnto ~ocinl. Su intervt:nci6n
mol.,starla meaos it Flor d11 :'.\ü.1 qne 13 mediacit,n intrusa de los otros mii,niliro~ d.., la fomili11. Respetaría el
runor propio de la jo,·en, y .,,·itaríu entre loa eeposc,s esOB
mutuos reproches qne ne:, brn ai,·111 pre por oíensas irrep11rables.
Yi&lt;lal con su tacto, su g~unoeitlai.l y &amp;u energía eerfa
al mismo tiempo un árbitro u,·ero y '.In podi,r&lt;&gt;so pacificador. ¿Cómo Ilonorat-0 nó había pe nudo desde el principio en Eolicitar la aymfa de sn he1111:1110?
La coEa era tanto má!i facíl de reali?.ar cuanto qne, halldndose \'ida! actnahneule en J&lt;'lorl!ncia, podía acudir 'Niza veinticuatro horas dcs¡mée de hab~r recibido una
carta 11n poco apremiante.
Honorato decidió escribire&amp;ta carta inmediatamente, y
hs~ta la llegad:&amp; tle au hi,1111a110 r¡,1t.Jar rePpecto á Yioleta en el cas., de-"""' quo "'"" bt'/Lu.,,,.
&amp;te expt:tlienle líijo11je11b;1, 11"""• s11 debilidad, en alto
grado le concedía algu ""~ &lt;lías d~ ..,pera antes de la explicación Et1 prema y ~aLi,i.icía ~W! tl luurc~, dt-jando tranquila eu coociencia.
Llum6 á un criado q11e trujera lnC&lt;'s, y tllu pronto como e,turn la l,liupara enci,ntli&lt;la, "" si,m-0 ante su escritorio, ma.sculló un momento el poruip!uma y escribió
lut-go la ca1·1a ~iguii,ute, á lua n,c,·s interrumpida por
paw;as meditabumins y dolorogo• tiUSpirm,:

ª"

0

•Mi querido hermano:
•A pesar de que no nos escriui.noij ni á menudo ni lar·
gamente, •é cnúnto rue quien,,,, y con cuúota seguridad
puedo contar contigo! Así, pue¡,, no \·n, ilo en 11cudir á
tu lid cariilo, porque tengo gr:111 uec.,siJnd de tu au.xilio.
•Soy mny dl'8gr11cia,lo, ¡ VidJl.11 y d~egracwdo por caua.
mín. Pi,ro antt-9 de decirte ~, nuxilio que de tí eepero.
debo l.iaet-rte una ,;incera confoHiÍlu, y es ésÍa: Record&amp;•
nla con q11é insillten.:ia t,e eupliquéque fue,es mi ab&lt;'gado
ante la ·ra. Cnste!lar y q11é pl'i~a w.i daba por con,·ertir•
me en s,1 yem,¡, ú dlll'pl!Cbo de tu~ t.1:mor,s y de tus objeciones aíectuoEUs. SalJt.s rau,bi,:n, con qué palpitacio•
D"8 d .. alfgrf¿ conduj., si n!t:1r á In mujer que había escogido, p&lt;&gt;rqne la amaha epwionndiune•,te. ¡Ay, amigo
mío! .Mi ah•g•la h.1 sido cort~ y pu111.11ntt:s deeengafloa
la hau ~•·guido. T.-nía.s rezón: cnn:cíu. yo de los tamano,
para crumrmecun \'io!.,ta Castellar. Loa hombres como yo,
cuya debilidad 1norn! et! ig ,ul á ~11 debilidad físíca, no deberían nunca pensar en e-1 uu1trimonio. DE'l!de la primera noche comencé rual; me había imagiLado qu11 basto.tia
amar ar&lt;lient.ementu á una 11,ujer para eei- amado por
ella. Xo sospecha ta que la explosión del amor más ardo•
roso resulta ineficaz si no está uuida al dóu de agradar.
lle cn.m!ado á \"ioceta con mi ternura de=iado humilde, Y solamente .i. aufatiga ó :1 eu compaei6n la deboesu
moei,tra.@ de cariiloqne no son deliciosas sino cuando son.
concedidas en virtud de un impu!sode! cora1.6n. M.i mu•
jer no me ha perdonado este wo1•imienk&gt; de com~i6n,

16 Aoosro, 1896.
yo he hecho otro tanto con su desdeilosa condescende.n•
&lt;:ia, y nuestros mutuos rencores han abierto entre los dos
nn abiamo. Herido en mi amor propio, me he aislado,
dejando á Yioleta que !anguideci011e en la soledad.
•Entregada á e! misma, se ha cansado más pronto de
sil aislamiento que yo de mi enfado, y ha buscado die·
tracciones fuera de su casa. Ha freeuentado la sociedad
abigarrada de la colonia extranjera; se ha lanzado en ella
como un torbellino, y ha perdido la cabeza. Se ha hecho
mlia disipada y má,¡ excéntrica que las aventureras y IBS
!ocaa que la acomprulnn. Ya adivinas el resultado de este
nuevo género de vida: el bogar desierto; la casa entregada á l011 criados; las prodigalidadea desproporcionadas y
las deudas. A la primera observación, me cerró la boca,
dicifodome que ern libre de gruita-r á su albedrío el dine•
ro que había aportado al matrimonio. Lastimado porest.a respuesta ofensi\•a, resolví en un principio sufrir en
silencio; pero sus excentricidades hacen ahora demll8iado
ruido, y no pnedo callar por más tiempo.
u Esta miserable sociedad cosmopolita me la ha robBdo en
cuerpo y alma. La han \'tlelto loca, la han mimado, alentado, basta llegar á las m!L! rnidosas a~•enturas ..... .No creo
q11e todavía haya llegado hasta el extremo de ol\-idaree
de sus deberes; pero está 0ll una pendiente fatal y me
hace d~aciado. Sufro, Yidal, sufro como un condenado, porque la quiero á pesar de todo, la quiero como el
primer dia . .A las amargurlll! de un amor uo comprendido, :1 las torturas rle loe celos, se une la rabia de no po·
der hacer nada para cambiar lll!t.e estado de cosas. La
veo que se pierde, y tengo la conciencia de mi incapacidad para salvarla. Lloro de vergüenza, penaando que me
faltan energía y autoridad pllrlL obligará la infeliz á volver por el camino recto.
•En esta angustia, querido hermano, mi querido hermano mayor, no tengo esperanza sino en tí. Tú conoces
la ,·ida, eres fuerte y sagaz, tierno y enérgico; únicament~ tú puedes eah•arme y conducirá la senda del deber
eeta alma. extraviada. ¡Socorro, Yidal, ven pronto! Toma el primer tren, y acude directamente A mi casa. Te
espero como una providencia. Apresúrate; cada dia lle
tardanza hace más peligroen, más irremediable, quizás,
la situación de tu pobre llermano menor que tristemente
te abraza.
Hoxo11..,'!o."
Cnando J¡ubo cerrado la carta, Honorat.o, envuelto en
un abrigo viejo, con el sombrero de fieltro hundido hasta los o¡oe, cerri6 á llevarla al correo, con objeto de tener
la certidumbre de que sa!drla aquella misma noche.
Por uu moment.o la mantn\'o soapendida encim:1 del
buzón, luego la hin1.ó en la abertura.
Y rozando lu" paredes, corriendo en la calle pob!aclu de
tinieb!ai,, como un la.dr6n qnc se oculta, entró furtivamente en la caea, y fné A refugiarse en su bibli.oteca.
• Sé dejó caer si.u respiración en un sitial, en tanto que
afuera oía un ruido de ruedas deslizándose sobre el em•
baldosado, y luego la voz enronquecida del cochero, llamando al conserje para que llbriese la.e verjas al ,x,11p11
de la eefiorn de S11int-Pom1.
TERCERA l"A.RTE.

Tres dills delJ])uéa, como á las siete de la tarde, bajaba
Yidal de Saint Pone del tren de Géno\'a y se hacía conducir á la calle de Qirabace!. Se habfa put'ato en camino
sin a,•isar á nadie, pretiriendo llegar intempestivamente
á la casa de su herm11no y dan!e cuenta mejor de la situación.
Desde que echó pie A tierra quedó desagradablemente
impresionado. El portero no ee encontraba en au pieza;
ni en el piso bajo, ni en el primero de la casa brillaba una
luz¡ en cambio el gaa flameaba en loe :iótanO!! di, la servidumbre, y ti juzgar por el rumor de la ,•ajiJ!a, acompaf\ada de risll3 ma.'!Culiuai, y temenioas que ascendían de
las ventanas de la cocina, no se debían aburrir mucho
allí.
\'idal tuvo necesidad de t-ocar tres veces el botón an·
tes de que ee d&lt;.&gt;Cidieeen á. cont.est.ar al sonido del timbre
eléctrico.
Por último la puerta del vestíbulo íué abierta por aquel
millillo lacayo que había irritado la bilis de la aeflora de
Saint-Jeannet.

ELMUNDO.

27

-Ah! ¡ru¡&gt;O'llt'J! murmuró ir.ónic:amente Vida!. ¿Y no
El tuno, con lne ojos inflamados y la boca mal limpiada todavía, midió con una mirada cínica al importUDo has hecho ninguna observación á tu eapo~a, que ha abandonado de este modo au Clllla y eu marido?
que venía ,¡ molestarlo á miud de la cena.
-¡Dios mio! Xo he juzgado prudente decirla nada an-¿La eenora de Saintr-Pons? preguntó Yidal.
tes
de tu llegada ...... lle preferido eepe~rte para dar nn
El criado qne jamás había visto al primogénito de loa
gran
golpe ......
Saint-Pons, conservaba la. hoja de la puerta entreabierta,
-Voya! l'llo has reservado el pa!)el de hermano terriy respondió con tono malhumorado:
ble ...... Muchaa gracias!
-La sel'iora vizcondesa no está en CMa y el eenor viz-Perdóname, querido Yidal, reconozco que he hecho
conde no recibe á nadie á esta hom.
mal
y mi cobardía debe causarte lá8tiwn ...... Pero qué? ..... .
-l.Iam uua excepción con su hermano ...... Soy el con•
de Saint-Pona ...... Lamento mucho, aiiadi6 sarcástica- Me siento tan torpe, tan deprimido! ...... He tenido miemente Vida!. intennmpir!o á usted. en su comida, pero do de ceder, echándolo á perder todo ...... ;\lira, cuando
me ve con sus hecbicerne ojo• grise~, pierdo lo cabeza,
me conducir!\ al lado demi hermano, y pronto! ...... Des•
balbuceo, y d"jo que se me escape11 ta.lea tonteríl\8 ......
pués har:1 usted que tomen el equipaje que he dejado alhi
-Mi boen hl!rmano, te encuentras en peor ~itnnción
abajo, en el coche...... Yamos, estoy á sus órdenes.
Dominado por el tono en.;rgico del recién llegado y no de lo que presun:íu ....... ¿No comprendes, de~graciado,
sabiendo con qnién teula q11e entendél'l!Clas, el criado se que cada nu.,vo acto de debilidad te hntá bajar más y
inclinó obsequiosamente y encnminó á Vidnl hacia la más en su eoLimación•t Los ni11o,; mimados no sienten
biblioteca, cuya puerta abrió, después de haber tvcado cariilo hacia los padtea que los conaienten¡ las ruojeres
proceden de igual modo con loe 1n:1ridoe demasiado incon discreción.
En un rincón de la pieza ilwninnda por uua sola lám- dulgentes ...... Los desprecian á medida que ellos concepara, lronorato cenaba eolita.riamente en una mesilla co• den, y se atreven entonces á cometer las moyonis loculocada cerca de su escritorio. La modesta luz, atenuada . rus ...... ¿A di'.mde has llegado con tu &amp;istema de bPnevomás todnvfa por una pnmalla, dejaba en una melancóli- lencia'I Todo, en tu ca.~a, se lo lle,•a la corriente. Tu muca sombfll el resto de la biblioteca, concentrando toda jer deserta dt.i su hogar, tue criado~ entran á saco, en tansu claridad en el pálido semblante de Ilonomto y el ex- to que, relegado en 1111 rincón, cen11• como un desgracia•
do, en el extremo de una mesa ...... Cuando, hace un mot.remo del mantel en donde se había pue!'to el cnbierto.
El menor de los Saint,-Pons levantó la cabeza, se puso mento, he visto todo esto, me l,11 ~ubido el rubor t'. la
frente, y me Lte arrepeutido mortulrneme de haber inlos lentes)' reconociendo á su hermano:
tervenido
en este maldito matrimouio! ....... ..
-Ah! exclamó, querido Vidnl, qué bien llegado!
Trngó algunos bocados, vació de un tn1go el vaso deviY luego, dirigiéndose al criado:
-Hagn usted snbir el equipaje de mi hermano y pre- no, y rechazando su plato:
-Y ahora ¿qué vt\8 á hacer? exclamo. Me esperabas papá.re!e una habitación cerca de la mla...... Que tmigau
ra
dar un gran golpe; muy bien: pero es necesJ1rio eaber,
otro cubierto, y salga usted en seguida.
además
cómo has pensado proceder y hasta dónde quiere,;
Cuando estuvieron solos, Honorato se arrojó al cuello
que lleguen lo.s cosas!
de su hermano y lo abrazó conv11l!ivamente.
-Yo había pensado, dijo tfmidnmente Ilonornto,
-¡Cuán bueno eres en haber venido! ba\bnce6. Yo no
que
consentirías en l.iab!ar á Violeta, en hacerla "er el
dudaba, por lo demáe, de tf, y te aguardaba con impacamino peligropo 1::n donde se ha arrie@g'!do ...... Creo que
ciencia.
tn autoridad bastan! para hacerla volver hacia la e~nda
Y ida!, al devolverle su abrazo, había fruncido las cejas.
del deber ........ .
Contemplaba con aire de diegusto aquel pobre alum-¡llnm! ...... Eso es muy delicado y te engallas tal vez
brado, aqne,lla mesa descuidadamente ser"ida, e::i:travia~
acerca
de la eficacia de mi intervención. Supón que Vioda en la amplia pieza lle11a de tinieblas.
leta,
mal
aconsejada, ó contenta de su nui,va vida, me
-¡Pobre hermano míol murmuró.
manda i!. paseo, ¿estás decidido á llegar basta el ext?emo,
La eorpreea y la c6:era le cortaban la palabra. Al cabo
y separarte de ella?
de un instante, continuó:
-N61 exclamó con temor el desventurado, n6I eeo nó!
-¿!caao cenas á menudo de un modo tan fúnebre?
-Y
sin erobargo, rt-plicó Vitlal impacieute, no puedes
Honorato moYió tristemente la cabeza, y lnego, como
permanecer
eternamente en la falsa eituación en que te
la puerta se volvía,\ abrir, se llevó precipitadamente un
encuent11J.a. Es necesario qne tu mujer Ee someta l, que la
41.edo á loH labios.
El criado eutr6 de nue,·o, trnyendo un aegUDdo cubier- dejes ...... ~ o hay otro remedio.
-¿No te he dicho que la quiero á pee.ar de e.us !altas?...
to y un plato de tagliiui11i que, con un troio de jamón,
Si
la pierdo, me volveré loco y seré más deegraciado cien
constituía todo el mrmí.
veeee que hoy.
-Esto está lúgubre! dijo Yidal con su tono de mando.
Vida! alzó los hombros y se levantó brUBcamente.
Encie11da usted otra !ámparn.
-Si
hneta ese punto estás fanatizado, uo hay más sino
El e:r\'iente obedeció, en tanto que 1,I conde se paRearesignarse
y df'jar rodar la11 cosas ......... Pero entonces, te
ba con iwpacfoncia por la pieza ob.curn. Cuando la sepregw:¡to,
por
qué me bae becho venir de Florencia?
gunda lán1para estu\'O enceutlida, Yidnl agregó con su
R~inaron entre IOB dos algunos minutos de profundo
misma ,·oz imper&amp;LÍ\'8!
-Ahora, ,Jfjenoa UBted. í'a lo llamaremos si lo nece- silencio, int~rrl.llnpido únicamel}te por los p118os del hermano mayor que se paseaba malhumorado en la bibliocito.mos.
teca.
Cuando la pnerta E0 hubo cerrado, atrajo eilenciosaDe pronto, en 111 amplia pie.za a.lumbrada á medias, ee
meote hacia él el plato de lngliari11i, sirvió á en hermano
dejó oir la vo1: quejumbroea de Honorato como el lameny después se llenó su pinto:
-11.,rmano, suspiró Ilonomto, vas il ce11ar bien mez- to de uoa criatura enferma:
-Te lo suplico, Yidal, no me abandones ......... ! No te
quínament-e.
-No te preocupes por mí¡ no tengo hambre ...... Todo tengo siuo ii tí en el mnndol.. .... Eu medio de mis anguslo que desde hace un cuarto de hora esto:" viendo. me ha tias c&lt;.ontn.bacoutigo como con una providencia ..... . ¿Quéquitado el apetito....... Ante todo ¿en dónde está tn va IÍ. ser de wí, si rebmas ayudarme? ...... ¡á..h Dios m:Co!
¡Dios mío!.. .... soy muy desdichado! ..... .
wnjer?
Lloraba con la Irentt! oculta entre ambas man O!!. Los
-En Saa Juan, e11 casn de los M:iruverno.
espasmos
de IIUS dolie::itee sollozos traspasaban á. Yidal;
-¿Se ltnn eepara&lt;lo ustedes (fügustadoe?
reaonaban
en SUB oídos como el rumor de un eco que @e
-Nó; nuestrne relaciones conlinúan siendo las mismas ...... ni mejores ni peores ...... Anteayer, me B\1isó que propagase en la bóveda de un puente, evocando tierno!!
había sido in,·ihtda á pBtar nr.os días en la l'il/a Olim- recuerdos.
El hermano mayor 1·olvía á ver áHonorato niiio, aconpia...... Debe repre8entarse nll( no sé qué comedia en la
gojándO«e
por un juguete roto, lo volvía á enco11trar en
que ella tiene un papel. La llurnabnn pare el ensayo geel
patio
del
colegio, en Mónaco, perseguido por camaraneral.
das deseosos de jugarle una mala paaada y ar.rojándo..ecu-¿Y esta ausencia"ª,! durar mucho tiempo?
-No eé; la reprel!eJltnción debe efectuar&amp;e esta noche bierto de lágrim&amp;s en loe brazos de su hermano como en
y supongo que Yio!eta rt&gt;gre~11r-.i dentro de dos ó tres un refugio seguro ....... ..
¿Por qué no había de continuar hoy m papel de prodías ......

�28
tector, como en otros tiempos? ¿Por qué retirarle la mano
en el n1omento en que el infeliz s.i encontra.b a, más qoe
110noa l!in amparo, tnás que nunca víct.ima de m debilidad y de lllB durezas de la vida?... ...... Si .e n aquel lna·
t.snte Honorato suíria cruelmente !l ca118l1 de on matrimonio mal B\'enido ¿i.o era Yidal en parte reepom,able
de aquellos anfrimantos? ¿Acaso no había procedido con
alguna insuetancialid.ad al consentir en la unión de dos
eerei, que no fueron creadoe para entenderse? ........ .
Se echabe. en cara au egoíamo y su acritud; luego e..ts116 denlro de él un rno'o•imiento de cóleni contra aquella
\"ioleta Castellar que tan cruelmente atormentaba ii su
hermano, y juróse haC('r entrar en rBzón á la rebelde criatura, qu11 tan pronto había dado al oh•ido •lll! prometa~.
\'olvw~e con presteza hacia llonorato, lo tomó gua,•e·
mente por los hombros, y ahradndolo: ,
-~o llores herwano mío, le dijo. ¿Quien habla deobandooarte? ¿:',o estoy aquí, por lo comrario, para auxiliarte
y sostenert.e? ...... \'amos á yer ¿no acnbo• de decirme que
tll m11jer repre~;,nta eet.a noche una comedia 1m ca~n de
los 1\Iaru v~rno·?
-Sí, In representación estaba anunciada para esta noclte.
-E,pera, calculú \•idal escando so reloj; ,·an á dar las
nneve ...... ?i~esito cuarenta y cinco minutos psrn irá
E~n J unn, treinta ¡,ara cambiar de trajo ...... .Así, puedo
lls,gar all:í á lru; diez y cuarto. \'eré á tu esposa tan pronto como deje la escena y te ¡1romcto trll.erl11 aquí antl!ll de
las doc,·,
-¿llará!! &lt;'HO tú, mi buen \'idnl? murmuró el hermano
menor e11jugándoae l&lt;J~ ojo! y conl'emplando al oLro con
ndmiraci6o,
-Lo haré .......... {. c11audo meno~ lo intPntaré todo por
alcanzarlo ...... Llama ú tu criado paro que me conduzca
á mi habitación y- em·fn111e á buscar un buen carruaje....
Ah! como es oeceEnrio prevtierlo todo, ordena que lle\·en
al carruaje uno de los abrigof! de Yiolt&gt;ta r nna manto. de
\ iaje bnsL11nte grue,;a.
-Hennano m!o, ruurmurú \. ida! salt,lndolll ni cuello,
me sah-aa J¡¡ vida!
)ledia liora despn:,, \"idal; de frac y corbata blanca,
entraba nue\·amenle en lo. biblioteca.
-El coche eslá füt&lt;&gt;, le dlir&gt; sn l1ermauo.
-Yaya, 110 perdámos tiempo ...... lluenna noches, her•
mano; no te impacieute.s y confla en mf.
m vehículo lo E'sperab11 abajo de la rompa. P~spué~ de
al,QtonBN&lt;e su abrigo y enceader un cigarrc, Yidal dió
ortlen al cxhero: •San Jaau, t•UI" Olimpia; aprisn.!"
Partieron. El carruaje atran'l!Ó rápidamente Paillón,
cost.e6 ,.¡ puerto y 8Ubió el camino de Montborún.
La noche estaba tibia; el cielo límpido y eernbrado de
estrellas. Eu la sombro transparente se vela el blanco camino suependído ¡,or encl ma de las roc!l!!, r m,is allil, en
el fondo, el tnar, en donde punzaban las luces móviles
de los fnroe de Antibes y del cabo Ferrot.
Hundido en un riric6n del coche, íumab3 Yidal preguntá.ndose como se arreglaría para arrebatar á Yioleta,
en plena :!!esta, decidi~ndola á que lo siguilltie. Se había
comprometido un poco al prometer ll su hermano este
pronto régl'E'.SO de la O\feja extraviada. Ante todo, había
pretendido eert'nar á Honomto, pero aliora le era preciso pll88r revista !l los medios que tenla ante eí para e\"1tar no Ha.,,co deplorable.
-¿Qué e•pecie de mujer Yoy á encont.rar? se decía para sue adentroS, r volví• á ver con el r~uerdo ála enigm:ltica y encantadora joven que habla conocide&gt; UD afio
ántes.
En verdad sus ojos color gris de acero ocultaban algo
que lo inquietaba. Pero á pes!Lr de esa impenetrabilidad
de eu mirJda, pareda tao ingenua. tau natural, tan poco
i ,ifü:iooada de h malaria contagio.a en que se agit.-i.ba por
primera vez!
¿C6mo podo cambiar y corromperse en tan poco tiempo? ¿Cómo? Ah, Dios mío! era mujer, y por lo mismo ma•
rm·illommente apta para sufrir la inftuencin del medio
ambieat., ........ .
Y idal fué e.! primero en reir!e de la inCOlll!iJ:i~aclo. (de
su W30mbro, rllCOrdando CJn quéfacilidad!;lnaoampesi!!a
cualquiera, saüda apenas de su aldea, unn vez lanzada en
el t&lt;,rb~lli no, llega á da.r se el aplomo, la el\gancia y el
aira de gl'!UI ~eüora. ¿Necealtaría m.1.6 tiempo llnll mujer
honrada para tomar el .aspecto y hu .aflciones de 111111 ao•Cii:d.ld ~uC,,.oca?

16 .A.oosTo, 1896.

EL MUNDO.
f!e JIC!Ord6 también de las palabras que ~e le escapa~n
á Flor de Niza junto á loe c:amellonee de claveles de los
Maruverno:-,,Siento en mí lo. fncultad de hacerme muy
buena ó muy perveran, eet:ún la influencia que reciba. • '
Desde entonces Yidal había d~confui.do de ella á canea de esta declaraci6a. Iloy tenía impaciencia por apre•
ciar hasta dónde ee había pervertido aquella jo\fen, bajo
la det.etltable influencia de stUI amistades.
-Si 1:l mal no existe más que en 111·suJ&gt;'!rficie, se decía,
eer i facil obtener la CW11Ci6n. Pero ei el \·irne ha contaminado todo el organiemo, ¡cuiint&lt;• lo siento por mi po·
bre hennnno! ...... &amp;,gún mis recuerdo~, "Violeta me parecía tan "olnntario,n. como reconcentrada. Eu nnturn•
le¡;;as eemejaates, nada es superJloia;; la pasión qne laa
inYade, perturba el alma l1asta sus más intimas profundidades. En fin, pronto lo ,,eremos ........ .
Y lo iba ó. \'er pronto, en efecto, porque ya ee acercaba
al tkrmino de su ,·iaje.
Los persiRtentee perfumes de los naranjos en flor y de
lo,, matorrales rozados por las ruedas y la cubierta del carrnaje, indicaban que había lraspMado In verja de la rilla
y que rodaba por la avenida. principal.
Yidal distinguió luces fugitivas entre el follajp ; lnego
\'ÍÓ, al dar la última vuelta, desplege.rae anlc su \'Í•ta la
iacltoda del gmn palacio, proíoumente iluminado y proyectando ii tro,·é~ de lae amplias ventana.~ toda ona irradiación !osforesceote sobre los jardinee sombrfo~.
Nuweroaos trenes se estacionaban en el lado de IM caballerizas; grupo9 de cocheros se de~partamaban bacien
do rui~o por divewui partee. Al apeanie, Yidal supo por
uno de ellos que 111..iorn se penetraba al palacio por la rotonda exterior cuyos intercolumnios se habían tran~formado cm bastidores.
Co~t.eó In terraza, y no sin trabajo, se deslizú por entre
las profundas masas ne ci\!!acns negma hast.a la últi m11 fi.
la de Isa aillas ocupada A por lus seflora.•.
Cnnado le pasó el deelumbran1iento que le cauBftrn el
pe.so brusco de la sombra:\ la plena claridad, Yidal not6
m!ÚI allá de los fil.as movedizas de lw; e,,pectador115 entraje de baile, un teatrilo al fondo, eu la parte de! salón que
comunicaba con el !'E'sto de laa lmbiro.ciones; y del otro
lodo de la rampa, reeplnndeciente y cubierta de flores,
distinguió loa per¡¡onajt&gt;a qne ~e moví~n en escena.
Hacía liempO que la representación había comenzado.
Yiendo á la ligera un programa que bondado~arnenLe le
prest,l, un yec;ioo, \'ida! supo el Lltulo de la pieza que se
ponía en escena ,,Cnpricho11 de Mariana."
La escena representaba 111111 caUe de Xlipolee, con un
ernparrado de host.ería á la izonierda y en (rente In casa
del juez Claudio. Oot.nvio-el príncipe Kamenski-con
justillo color de ro a, bordado de plata, hablaba con un

AG!~TO,

1896.

29
EL :MONDO.
--========== =.==~ =======================

'
!~cayo. Se oyó entre bastidore~ el repique de una campana de igll'Si.a y, luego en la sala, resonó un aplauso general saludando la entrado. de Violeta de Saint-Pone, A
quien ee había confiado el papel de Mariana.
Sé adelantó con loa ojos bajos, llevando en la ruano en.
devocionario. Su traje y su tocado estaban copiados de
una de las figura~ de la Pri,ria rna de llot~icelli. La ena•
gua de largos pliegues, ligeramente recogida de un lado,
era de brocado de seda blanca bordada de rosas. La cbaque~a, e.ecotada en redondo, adornada con ramilletes de
cla\'elesenc:irnadoe descubría ru.uplinmente el cuelío y nna
parte del seno. Los cabellos rizados camn en tirabuzones,
cubriendo las orejas y las mejillas.
Oct.a \·io, coa vo?. un poco gangosa interpelaba á 3Iariana. Entre los dos, el diálogo ee cnnaba \'ivo y animado.
.\mi.los parecfnn plenamente posesic,nadoR del cnrácter
de loR pen¡onajes, y desempenaban en papel con tant&amp; lDás
naturalidad, cuanto que la exq11i~ita prosa de ~Ias~et lea
servía admirablemente para expresar sus propiO!! sentimiento!!.
El prlncípe Krunenski Rl'guía siempre euamomdo de
Yioleta, pero sue eaperanza8 hablan qnedado casi en el
mismo estado q11e en el día de la excnr~i(w á Lllghet.
Un momente, en \·erdad, la senora de 8aint Pons, por
curiosidad&lt;&gt; por osadía, Lu,·o la veleidad di' abandonarse;
pero al día signieote, al examinarse á fondo, se lrn.bía reprochado su capricho de la ví~pem.
Pronto ae rehizo. El principe, cuando acudió á la cita
indicada, e61o encontró 'á una seilora perfectament11 dnefla de eí misma, dispuesta aan á coquetear, p~ro decidida
á no llevar !ns co;;as más adelante.
Kameneki 110 se desalentó por tun poco y se dedic{, á reeol.rar el terreno perdido.
Halagadora unas vece8, deadeñat&gt;n otras, Flor de Niza
no .sentfa cm su corazón eHe no sé qué, que arrastra á la
mujer, á cederá lo~ arrebat,os de una verdadera pasión.
E □ los instantes en que IR adoración empalagosa de Ka.meoeki la llrgaba :í lo \'ivo, uno. de~contianza de él y de
sí mi;mn, 11n térror ~úbito la defendlan cnntra uaas ca•
ricias deOUlttiado stiductorae. Tratal,a entoncee de desviar
el peligro, moflindosi. de la, pasión de su enamorado.
Ouando lo veía más conmovido, miil! elocuente, arrebatador, procuraba rechazarlo con punzante!! burlas, 6 con
una aíect.'\ci6n de indi!erenci:1.
Cpntrlll"iado ¡1orque no se t.omaba á lo serio su amor,
el príncipe, qoe no era tonto, replicaba con etipiritual vi\'acidad ,1 lo broma lll«! nLrevida; se punzaban mutuamente.
Renovadas sin cesar e~tn~ e!fcammuzas, daban por resu1tado la sobreexcitación de ambos, y ener\'ándolos ha.cían la @ituaci6n más delicada y peligrosa.
• ( Conri,murá.)

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~~~.~--- ·~ ..f.•;-;. -=-

FLORDENIZA
POR ANDRES THEURIET.
(T.raduc1da eepeclalnient:e para "El M ...1.ndo ... )-D lll!l'tr&amp;Olone"-' hechas en nue.. troor talleres.

Núm. 8.-Yéanse nuestros números desde el 6 de Jolio de 1890,
Da auer~ que en aquel pequeno escenario de lo. 11ifla
'()limpia. Kamenski, bajo el traje de Oetin·io, decl'll con
perfect.a sinceridad:
•Yuestra. nodriza ha vertido en \'UeBtros labios generol!Jlmente la leche de la indiferencia¡ aún guardáis en la
boca algnnM gotas que humedecen TIJeatraa pahibras.. ....
No podéi!! ni amar ni aborrecer, y sois, !lfarinna, como
lae roaaa de Bmgala, 11in espinas y sin perfumee.•
Y enand•&gt; Yioleta, con loe ojos púdicament.e "eladoa y
'la boca desdeflosa, exclamaba:

.

,,¿Qué;eaen último resultado la mujer? El entretenimien-

to de un i astan~ una fr.i!gil copa que se acerca 4 los labios )' Ee arroja por sobre el bombro. La mujer ¡ babi un
adminículo inJu:l!cient~! ¿No puede deci1'8e al encontrar
A alguna: Ah( va el vencido de uo dfa? Sólo nn colegial
en talee materias, bajaría ante ella loe ojos, diciéndose
muy bajo:
-A.111 va, quizá.a, la felicidad de una vida entera y la
dejo puar.
lnfu.ndia ella tal acento de l!IU'Clll!mo y de ver ]ad 11. sns

palabras, que el auditorio la escuchaba extasiado.
OI1111e mu.rmnrar por todas partes:
-¡Es nno. maravilla! Represent.a oomo una comedianta consumada!
Y todos aplaudíao ti rabiar.
De en medio del grupo, en que permanecía inad..'f/rti•
do, Vid11I no apartaba loe ojos de aquella admirable euoamaci6n de Mariana. E:ncontraba il \'ioleta muy bella.
y comprendía mejor el encanto que ésta ejercía eohle el
den-enturado Hooorat.o.

���EL MUNDO.

34
Todo le 1 nttctu Jigcro, nlaorn que Et' npcjllbn en el l;n1-

io de\ idAI.
III

,·¡

Tr,
r n:i d r = m, ju~ e ·:u,lo,
'ct.-i, \' .. li•
,fa de d.iro. y C6 1 rn, · ml,rrro c. ¡1rim:l\·cr:1, ·1,,11 ido
ni cCJr¡,iai un r.m i lelt d r'&gt;!;l' 11:;t11r:ilcQ &lt;'ntr:1L1 CO'llO
un rnyo d so: en l:i ullJliot~, n dom.le 11 nuratc, y Y1•
dat In ~¡..-tnblu í.Jmnr: lo ci,r"lrrtll •
-, n r,., dij j ,n lnwnt , 1 1:nc r,quf t rnc•trn di
po~j 1",n.
.\\·ni.:..(. ,,:,.el 1 , d • l1c n.1:11: •, hizo 11:i pi. c·ul.Cm
rc1·e1Tnci:1 y ~gr&lt; g~:
- .11111D\'11

me ha q11i111Jo rmc:lio IÍ~mlJQ ,•••.• ¿r.'I

del ti,;:to ele n~trdl'f\'/
-I:u 's cr.clr lnl;im, rcspor 1i,; 1J inar.ito. .
O giú I m:11;, ,fo E I i-,mj, r, ec inc'ln!,, y r,o~ó en el:a
J~r~nrnrnt ua ' U .
01.! 1•1 ni C'lrt .to de too,,.¡ ro Yid:ilea j 1r1. mtl.q
Ec,·cr-1 .........11 •l,'C' 11 tetl, ecfior, ~ho kv,;r:ido a6 rndlrlc y

m · cnc,1 ulr-l 11- !ed snllcicnhnnente enciln"
-V,•I modo 111ás r11°rírc10, 1't'plic6 ñ rn v 7. el eOJ1d1 : el
ramilktr
ne o un p!):o ,i,tos p:uu d lugar á donde
,·nm~, pcr:i rl ¡ll1c1&gt;lo ~. 'i1.n nmn llll! flor, y hl quedan
,¡ 11 d tun i,ien que los cs¡mctadorl.'s de In 1'&lt;1,i611 nodo
pcidr.1n decir.

Tk11tl n rn ltn d In ifl,1 Oli'Ilpin, Violeta de SalntI\,119 cumplln ,. lientcmcnte la, ¡,romc.."!IS hechas á f.11
cnliado.
LA nocl,e mismn de im vndln sfl omclib ti. la op&lt;'r&amp;cl6n
ruls clclirndn y pcnom: la rPConcilinción con r;u mnrido.
P&lt;1r lo dfmás, f'Ete último, dema!!iado foliz con el (.xito
n1camndo JH;r \'idal,
rn!'ll!tró grn •roso.
• "i slqnkra 1ll'jó 11 flor de Nlza I enojo dt1 íorm11l:it
trn neto de cont.rici6n, y le C!'rró In LOCA con efaE.i6n El
ptibr mnnc Lo no&lt; 1nb:l lnn irritado y elntténdf')8c a¡;rn•
decido n11lc o&lt;¡•ll'lle. 1·c pcnliun eumie16n, ncogln á !mizos
abiertos 4 la lt!j. ¡wódig:i.
~\I aig11ic11t • din, 1 E !iorn de S.'llni l\me d6llll carln
lllnnl'il &amp; l u cnna lo pnm ponl'r L'n decuelún Jns reformns
proytctndu y In mg1111izzndón ,te II JJU YII r-xi lenci:i.
\"ida! cornu 1.nlia limplnndo la casa y reduciendo el
personal de 1(18 dom6i1ico ,¡ non cocinem, on laC11yo y
unn &lt;ktnccll:i.
Drj \Jll ti su cargo ul dcse:nbrol'nr !ne cnenl:ie, y :iqoi-

dar 41, ,a pronicdort•e,
Por un. Jlllrt~, \'lolN f.rtte.t.lnbn la prm,:inilJad del
tiempo de l'dl'cua r:ira eu~¡1endt•r eus lu11et!, relum.1t toda
ln\'it:11:lí,n y t'crnmm [lU rtn á su• artigu &gt;:1c-.1m11rndll!de
holgririo,
I.n con ígna &lt;'rll 1111¡,!:imlJkmenL&lt;' r ¡;pelnda por un nnelmLfu 11:imndo de :,&lt;au-.l11An y l"l'II·
pondíu Ei11 d~tinci611 at c111111tns ,·isiw fil pl'escn111lx111:
l.n Hfior&lt;-l c!ilá lndi!_pncet.a y no puede recibir.
El ¡iríacipo Knmr•i,tki. dt•f¡,lleB do ÍT,útíl&lt;-s tentulÍl'll~
clc~rn1pci.'..1, tuvo c¡ue b:ltin&lt;i ,•n rt'ltr lln, y I· mi ID1!.
Ern f-:;nl'I r ~ ¡ ~Ellr de su lu.sistuncin, uo c,111~!guit, rrnn•

"º ¡&gt;011ero que Yhl:11

c¡u, r la,. rjn 11\ iln:idam •111.C &lt;:lm:dn.
\ iolt·ln ac~ptnb:i todo con ¡rerlllt'tn rl'tiignnciúo 11 la qoe
co11tribuf11 ¡,odcro 111cnlc el de,C•l de ngrndnr nl oondC'.
Le p:irecfu Ucll) dul~ romper con •ns 11,.\~ queridos
li:íb,10~ ren11ncl11r 11. los rdinnrnf nto~ de tocador, 4 o,
1riu1 fos de i.ertul1:i, ron tal de routentnr ñ nr¡nel Ee,·cro
\"idal, quo o hnbfa tornndo en cons, jcrn ) amigo.
¿&lt;lutl recc,idlld tt•nía t&gt;II nh rn &lt;le ruidotos plnccr _
p ..'lrn dicll, cr Ell l,nEtf,,•
füs1nbn la ¡!re ene in &lt;fo Yid.'\I p:1r11 !ter.ar d() encnnl , y
de eol rns lnrg~ dfne, ¡mm n'lge,nr l11- pc-~:id:úi liorna de
1n l:itd&lt;-'
Oliedcclrndo ñ tu• c:u~rnci:le, d jt.a.:lc e ¡;uínr _por ,•,1 y
pro ,rnro• &lt;-'u4n dic:tz 1~ ra HU cc11cun;o, coulla clln
~-11 qtuHu mig,1 11rolo11g11r. .s ¡,crmnnc1,cla (; . .' iz:i, en
qnc qn,z:b 110 ,e cconlllrla m'I! &lt;le, ,:ijar.
·¡ se ponía i Jwmar ~iq11im1 ,1 don " ilí11 al pnmr
nq11cllt1 ir,umiJad. do d en dfo uda I urecl.m , tnáa ¡m,~

eiL -.1.

Je pt 'igroEo hu\Ji ra &lt;'ni re nq - 1 cur. .Jo en) n
mí,u, da tn11to la l111'ttgil'&gt;11 ~ nquel 111t1r.d e¡ ~ r. ClOm·
¡,rcu:.lía tnu 1, 1bg· •JS:I Lnlll~lorn, !:1(111 1 ro ll 1nducl li
i-eíltxi..n nlg•rnn.
Fe (mll&lt;·ga n á 1;,-1r rn aquel.a e.u,.6~f,¡rn c!emc nlP, Ea•
borrardo: ar, c1b! e:,;••• r~i e I m. , cu qn~ cada
~1.0 ec 1u f'1J.b1 ,._ tif,
o e 1 EU tucllc..
1..o

íJllt!

Go:r..'lb:i c,m nqnel:a vidn como con bs trbiO! días ,le
ot1&gt;üo, tnn clu r , tan igu le•, tan tra-quilos, que se lle•
¡¡a 4 J)l?nurqi,e no 1t bar'n m1•1C!J
11 norato se enlÍ-' edi11c..11io d ,·erúrnmnjer t:in concilind 1m y n is.i, t:in d',c I J Pns gn•t cal'en.&gt;!.
\"idal sontfn 5ccrctnn 11tc Cl'&gt;n'llovido dll la obcdil"nci:\ d su e ~ .icl y. l.1'" z, d&lt; btdo ,1 l. couJi.1•ui mt midad dctcnbrín l'II di,\ á 1'1a mQnwrto c•1:iliündes 111'3
m,18 f •d lllOr gr::ct;u..
lío podf:I mcn q 1 :11ribni!'Eo to in In glorL. de tnñ r-5·
pidn conwrel:,n, y 1 11:nor pr 1,io ~ ertln n¡,,'T:id.ible-

=·

ltle"nto l;nlogndo.
~ :no l. , madres qu • tienen md! marc:i,1" predilcccl..ín
por I hij,, d í1oiles tl cd~r, ntn:1b:i m-!s .111q 1elln nm:iblc C-OqllCÍII •In e,1yo nrrfpl.'nLlmi IHO lanl,fa llíOYQC!ldo.
::-in dnne caerh1, á n nfccto p11mm&lt;'nl ír:ilcrnni
íb'.lto !11~1cl:1ndo une. incllnación m:18 vi\"11 li ndmil',,r l::i
uellcin de Yioleta, 1111 dl?!leo m~ nrclreut de I1•1~crla

111n11r l:1 nu- vn Ndewnefa q'JI! lo hnllín imprie!!.to.
ll:cf qc ti eí rniwio qu• tlcspuf,• de nrrnnclr d In st'!io
rn de i's:li11~·P&lt;1re de lll!! di•ip3ci 1,es mund!l.nns, dehfo í,t•
cim,.rlé I,\ trnris;c•'..in d, tm:i vida d e:strepitosO!! p!ncs11!9 4 Olr.1 por fu !'%3 1&gt;1,t:inlt .\15!1 y mo'lÓIOIUI,
Con 1m cmpcCi de q'l, se m:irnvill, b:t su i-gofemo, in•
gtr•iálJ:ise en encontmrp:ir11 l:l j ven di. Lmccioncs cnp:i•
ces d intere,nrla, procuro 11llo ni mi ln'l ticm¡10 ndnplnr•
l!lll al c..1r:icter roh'nje y tí los hnbilos de reposo de llononto,
1~11 es.te orden d i,ll'as, tr.itnl,a de des:porUrlc gusto
;por In&amp; fie&gt;fl:is populures y In~ cercm'&gt;nins esr~cinles del
pueblo de Xiza.
Tal ¡¡énern d dlver•ionc-s cru á prop(1:!lto p:\r:i agra•
dará llonomto q'le esinb1 pr,.. p:,.rando un estudio hiit.6
rico ,le lu tr:idic:one~ y el l:is costumbres de la nntlgun
Niza.
,
Ad n, , H~ 1 flgumlia 11 YiJnl que foicÍllml A \•ioletn
en 111€ bcll Zll! y usos origint!.l s de II pro,,1 cb, logr:ir!A
inspirurl:i mejor, j11n1n111&lt;'n~e oon d nm,¡r 4 l.i licrrn nn·
tal, el odio n ,. n soci,,darl com1opolh:1 t1 qno aturdido•
lltt'nte se ltnbí 1111.Ud..l.
Día por din nlían I tr,1 en bu.;c..'l ele un ~llio nne\'o,
d nlg(m villorrio pinlol'C5C!lmente ei1m1Jo; dual cual
peregrionci6n curl~::i.
Aqu,•I juens e:1nto se h,bínn f rm:1do el proyecto d•
neistlr junto~ r. u,m roprcsent.'ICl6n de In •rJJ!ión
El put:lblo de S,za tiene dos r;ran•l e íll'slne rcliglosa~
•oehe ny n:i y l' •ocn.
An,b:is 1~ sil'Vl'II, 110 eC,I,, p. ra m:111Hc~:..,r sns aei:.tl•
mienl0311indosos. ,,no l.llmbi n p:im llsíncer sn gnst
p'lr las proce,si ue!, l.\!l coJTet'Ílll! y lo~ (&gt;'9(lCCL,icn'o,.
"oclt li,.1en. con e·1s pes bres, E'19 naci,nlentos den !~o. dc,11de ijtl rq&gt;reiu11a, E&lt;'nc1llos mi~l.ério.1, eom jan•
Les á los de rn l•d,\d u,cdm, la 1'4\lCUR c~u 8\1!1 rt"prcsentll•
e iunel! de, la l 'a ión.
n 1rantc In semau11 E:ima, no hay m, trutro hnouo 1,i
mnln, que no el ti ws 11b n:u.fos n'lll p1e;r,, • cada de los
rcl111os ,1rnngfüco,. L'II que EO-Cclebn rl dnun:i del &lt;,úl·
gol.nen it..,liano (¡ en fr. ucés pora~tor~~ d, carne ~- h.ic••
o y t11mb1{n 11or simple@ tít~s ó nut6m:1Ut!,
El tcntroqne \'idlll hnbfnelrgidn r,lm 1: ,·u hu c•1f,ad:i y !t &amp;u h~ruuno, era. u-: 1 mú h•1mihle@, de cnracter
0Dlt•111111cnte local, cuyos cmpr('s:irius ~r:in 16re1,l'8 de :.1
ciudad \'lf'ja.
Alll
repr &lt;tnttbn 1:1 Pi11,lt'i11cndi:1I ~pnwlnci.1 d·
Niza y 10!! p r o::.ajc;, em11 i.111 ilncos mca.1111Col'.
llnjo 111 delo d., tru:nnn e:inta, m:.r ~ rulo Je grun•
dc::i 1 uh s IJll\ncne, los tre · inL-l&gt;ons orui11r•&gt;n lenta•
1nentc el tray cto dl'I boultmud
rnb:lcd ul muelle dt!I
l'i:cnk \"il'j&lt;J.

1extremo lle 1111 estrecho e:111(,J.jn cerrado, ee nbría
l'l rnlón d Bplct..kulo ::il Jils d I píso de l:i. calle.
Ln_ dc.-comcione,, eran por tod , ~tremo ex igaa~.
Entre I p:1n: L'E encalnd:is, ve! • i II
n•intcna d.:
b:incos de mnd •m, en el ciclo nlgnnn gnirn:i tl.is de pal I d~ chi1111 nzul y bl;rnc.i COll\'ergfnn b:,.cb el ccnlro en
dcmdr. 1!&lt;1 bn.!UICeaL:1 un:i IAmparb de petroleo.
..\ b c.ntmda h.J,1~n min nicsn con nn::i b:1nlll'JS dcstlnad:i li rtcibir d prcc de 111 cntl'¡1.
y CElo era lod ,.
r~ ei;cenn enfirfonl mrnt nito p:11,1 c¡u
y
m1u¡ui1ti!ta. vi:..tl•es n ru&lt;Jl'enu tms nnn c•irtin:,, C!!t.!lba
ne I '• '.Tl~111c1,l d l1'"11lllU e n un cu:11l ro de i.:.us o 1¡nClldu e fl¡; c,11 \t' , rtil. •..1t&lt;s. El n'lm 11).n auditorio

b-

G SEPrnrunt.t, 1898.
pre•entnln tnriuda~ muostms ,fo 111 pCJblnci6n de In ciu•
d.i.3 ooti¡;ua.
.Allí podían ,-e-rso p~sc. dorcsd 1 pocrto, jo\'l!ncitoecon
10! c:iue'los su lto!, j6\·en de bigote lUlclcnte, chle12cl011
d r&lt;1jll! mrjill,u, m11tron:13 con 111 cría en brazos.
Entre aqnellos CfIIE:Ct •lorce, \·1 al y Honor~t.o con
,m¡¡ ~e J! y , iol t:I em l!tl clrganUI i.rn] desüedan nn
poc ,, y nto-,r.e• compre adió l:t jo,·¡¡n porqnó hauía criU~do u cunad&lt;&gt; l rnmlllct a rtrE:11! con qne había
adoro,1do su corp1no.
::;'.u cml,:irgo, como tod
oj esl IJ:m atent08 111 te•
lvu que C'lbrln l:l C'&amp;ccn:1 1 r.adae parí, mit!ntcs en llllo, y
por otra p:irte, el pueblo ele • ·;,.n C3 l\mnble y ntento; nadie p•rcció ¡mlll! inquietnnm coa 1 ¡,rosencia ill' ~oellos
c,"tn1'io~.
D g-.1ibrri L'ls que co:nponfnn lod'l I orq•1&lt;:sla 1 e¡c·
cutaron nua ,1:ir.,h:i rélig1o!ll y 1m alzó el tcM:i 6 In cm•
lrndll tic Jernerl~i.o y d ~ tus flisc:ípulos en Jerusnlén.
Ins coroB u,cond1dos dtb,}? cntODlTOll el Gl ,, a iJi U•
e,l

i,.

E•lu ennto llnno, ,~ IJ. wz nk¡¡rc y grn,·o, c:rtn h:irmoniznc,(,n d \"QCC,'! ,·ibrnutcs, fr:111c:is, y cllrna, que pare•
elnn rn'ir do b p;¡red, pro;lncla.n una i,npresíún d~ IJ Eiu•
ecr:i y p&lt;'.11etrnnt-e.
I-:n :iqucl .1 pobre ub !,1ja, S(.lbrc nqucl C!CC11nrio ru•
dimc•nl:irlo, entro nquelfos obrcr&lt;l! \'estldos con sn ropo
de trulJ:tJn, ¡ort'cfn correr un soplo b!I.Jlico.
Jlo..&gt;b nl.í, m h qne In! dce.&gt;mciones de nn teatro nrtt3ticnmcnte mo,·illo, In llu!ió, de Jcsú! de ~unrot, pc11!lllt1·0 y dul:o, c:unlnnndo sobro su nmo 4 los r:tyos de un
sol ponlE:nlc, por 111!1 c.'lllcs d ,lcnunlén cubicrl.lu de 1iallllll! y do rnmt\ d olh·o, mientms los llombres y laa rnujeres lo zco!t b1n srlt.'lndo:
"Ilo,:i11n n.l liijJ d" D.1viil! ho 0 aoa en lo mAa prolnnd&lt;J
de I e! ,,., ''
1,a nqnl'I teatro primitn·o, con eoncill&lt;'i. l'xlt·em:i de me•
t'li()~, los actor~ impro\'i . d onc1ntr.1lnr, por iu tinto
el :Irte 11&lt;- conm1Jrcr C&gt;II re'igio?o c•'re:,iccimlento &lt;-1 a!m'l e!ementn1 do lo csp~-0l:tdl)rCS.
~ntndo en b odr.?mlJ d lle 011 banco, rgnín Ilonorato oon Jllelic111os::i ntr.nci ·,n lo, menores a •t11lles de
lar;, uci611 y I • peripccl del dr.unn; la trnlcl(,a de Jo•
d•e, In Oenn, In noch;) en t)l U,terto de los Olh·os, el pre•
i.orlo de roncio Plinto ......
Anotaba Al111rt·,dillas líl• oriiin:i!e 1ocnciollíl3 del diálogo y lusi..'I los iudignpcl011!'l! inl.i11tilee del nu iltor!o que
injurl:ib:i II Jnda.q lscnrlol.e.
Uctr.is de GI, Vid:il y Yaoletn et&gt; inleres:ibnn t:mto en
1 s llsouomíns expr ivw de lo~ c•pl'cl:idorcs, comocn loa
:1du11111nes nngnlo,O!!, en In mímic:i sobri de 11'8 m11/icl'Qe.
Flor d Siu tenu en los ojos y en los labhs HU! más
limpid:u, sonnsu.
,\qnel CIP!!C~áculo popubr des;icrL:ibl en ella recuerdos de In in ínncia y tnrnbi ·n obscuus n!minll!Cenci:l!l nr..I•
YÍC:t!!..

Lt1 puec; q11e cu exl tenclas nutcriorcs hnLfn r~iuiilo
ya irnpre 1011 e id"nUcos y comparti,Jo lo, &amp;cncil! goces fo :1&lt;¡•1cl p(iblic·i tle pe;catl,1rcs y nlircrc~.
Ll com) el eludido t' cennrlo de 111 Pa~:ón• so hnbfa
tr:iatulLiJo, e •i ln vnri:1r, de gencr,1cil,n en ¡;encrnciún,
n,f, durnute nnos y olios, lna mo:ion
QDO euccn•
d[an l&lt;ll! qo~ de lo, oyeut[' de hoy, hnbr!un d••bido n¡;ilar
nntiguameme el corar.ón d~ nun I rga serie de cspccuidor 1IC:l:lp r ;cldo , cnLrc lo; qne prousblemcntc. cont •
b:in nntep:i~mlos do \'ioletn.
I 'COrJ.1bnque81111bu loOastel!Ar hnbía nacido y con1C11zr,do tu forlnna en el bari IQ del pul'rto.
•nLfa d re¡iente qn PU \'Íeja sangre nieensc corrfa m:18
nrilie.ntc porans venns y eo avh·ab:i 811 TCcOn()dmient,, ha•
ch \'i:1111 q•te In h11.bf.1 procnrado C!:IS('nfncion 111la 110 ex•
¡ en mcutudo.

· s ·•1 .Un. ldiz nl eneont rare á e11 l.1do y ni ndi rioa r qnc
t-n nc¡ne.l mi6mo inHante, e.mre nc¡uellúl! pobres ¡,;irrol'S
dc1mudll!, hajo IICJUelln. 111.mpnm l111mo311, Ell! pen..-:unlen•
tos, aue lmprea.onC:'s y su.,; prcdileccionee El' compcudrn•
bn'.l h11nn6l!icamcntc.
J~ut-rctanto el d!llJllll wcabn á fll íll~
L11 C!Ct!nll d 1 0.11\'llrlo h:ibf:lnrrnnc:iifogril08 d t(:rtor
y lúgrl1111e llblllldante Jll nuditorio.
El último cnadro, el qae repr(-sllfllnb:I 111 lt 'llllrrecciun,
ter1111r. • en m Jio d b.s nlcluya1, de loe cori!t-ns y los
11plau.•o de: pñblico.
J.n o, los mprN nos egit:iron u ror.J j-1 en la que
elida :islstcnte depositó EU óbolo.

EL MUNDO.

85

Empujndos par la ololda de capcet~,lores, 1~ !Saint L1·g1i, hd1-::¡n estrechnc.1llejuela,rn c1y11 CBquinn
l'vos llegar.:in á 1.1 cntrnth del ca1lej(., 1 y qaedáron l!Dr·
nbrfa á \"fa pública -us ulmncen
bo\"edadoa nn deprendidos ni lmlbrso b:1jo la de.3lll"nbr.111tc luz 11.!I rumi· • p,,sito &lt;lo ,·inos.
lle bal!. de¡ de l!OI.
t'n:i '"inn sos•eni,ln por dos pértig:is, formaba Eobre 1
..;:on lns C'Jlltro, dijo Honor:ito consull4ndo su reloj;
puerta enr,•jad:i, eeilicln de, b:trrotes, nna l'5pccfo d tonel,
dejo 4 ll!lcdes p:ua dirigirme á l:i Sociedad de Lel.rn:;,. ....
en l'!ondo se entremczclnb:111 nno_ E!lrmienws ,·ne n reI'roe!gnn el pa~co; yn nos reuniremos aL'\ noche en cnsa
~~
.

u

Cn:indo C'¡lledtiron solo~. VIIUll y ,·iolcta ee mimroo nn
momento indccls01.
-,;,\ déinde des® nated ir? preguntó el conde tí l!ll cn-

flada.
-Dvnd.c nsted g~tc.

.En el interior, á In írc~carn de nn l!Ótauo, •eet-llban los
barriles !llpcl'IJueatos contm lns p:ircdl'l!, tmpt ¡;Milos de
un olor á vino.
Vida) pldró Nli l1irrlwrp 1k Cipro y ¡r.is~~•e!!.
I.cs sir1•iero11 en gruet;as cop:is c•I Chipre do purÍllwe

B 1 ,los boaqueci los ncari~i:idos por los oblicuos rayos
del ol poniente, c:intaban los risuefiores.
L: flornci6n ro;-a de los t!rbolee de Jnden, foa tiraos de
13.l! H!as se coníon!nn enlrv el duro follaje meltltico do las
eocillllS ,·erdes y los r.6 121.loiqmOnlesdo los agavcs.
~\q11elln mezcln do graci:1 y d.i mdez¡¡, de \"fgelllelones
de•nrrollndas nmelleme1,t.e y de feroces plantas espino•
w, parec!:i como un símbolo &lt;l I c.;tndo del nfm::i do Yí-

dal.
Toüavfn imprt'l!ionado ¡ior l:i rl'penLlna revelnciún, era
prl'!!:I de sentim,cnLos muy complexo.: Wl!l inquietud
t&lt;Jm)?i?atnosn, una pied:id l!nternecida, nnn ~conlia111.a
eri1:ad11 de púas Y,tnmbién nna melancolía .0l11pi11~. e
espnrcían por él como onda tibill y r,;,11 ftll.
-(iueridA mín, replicó oprimiendo m:11! estrechame11te
el brazo de ,·iolcl-:I, me siento desolado de que mi ergue1hd, mir ltn do pre,isión, hnynn producido esta equil'o•
cación íun i, ...... A fuen:u du vivir 111.110 conmigo miamu
Y de desconfinr &lt;lo todo nrr~b:ito do eutnsin.smo, me he
conrertidoen un oso muy poco eentlmentnl. llace un
ano eet.:ilxl yo 11 cien k,gWla do suponer que llllted pcmmnl en mí......... Pt•rd6n me mi estupidez ...- .... A 11ora
qao la conor.co mejor y qne e~ touo lo 11110 usted vnle, me
siento t.enl.ndQ do d,c!r á mi ,·ez. como l11 buena muj!'r
que nos servia el Yiuo de Chipre~ •;Quó Msllmal•
Alzó ella In c:nbez:i y ,·olvi6 lmcin .'JI ens ojos tiernnruente.

-¿Qaiero ~ted qne '°"lvamo.9 i\ la ciudnd? ....... ·o me rtsinOl!o.
rlisgustarln mostrnr rt ll5t d nlgunos rir.cones c111:i0!:os,
Mientras Yioletn dnh:1 mordiJaa nl pn,101 y so hnque sin d!i&lt;l;i no C(,noce.
medl'Cía
con sensualidad los lnbíoe en t•I licor generoso,
- Ynmos ...... sigo á usted con lo oJos cerrados ......
l:i r:1tron::i, nna 11lta lignrbna, J1ombruna, de Cllrn n•goY m, eíecLo, lo hul;icr:i ue¡;uldo h!l!!ln In cn,nbre del
cijndn, exnminab:i curiosnmentl! :1 lll llntln &lt;lama y ni c:i]ilontc Cal\·o, !1 nlU bubicm él desendo 11,-v,nln..
billlero de hermoso rostro y de corteses lllllileru, y co.
Liger:i, al\'grc, feliz &lt;le rozar con m br.izo el do \'idlll,
rrfa
una eonrisa por ~u nnchn boca d de11t11da.
openns p1rcofa pis:ir la ticrrn.
Qnando
\"idnl p~gú el gast.o, dijo elln con lamiliori·e perdieron de nuc,o en el d&amp;ialo de calles nec •nd ... ndnd it.:11in11a, dirigiendo ,i la pnrejn non mirn·ln plncentes, empcdmdns de "ncha.s h:udoS!lS, demnei do odrc- tcrn:
che.al, p:irn que lo c:irrn:ijcs pndie.sen tr.rnsitnr por ella!,
lo cwil rhbl mis 81.'t,'llri.hd á 811 excnreión.
-No; replicó nlt&gt;gremenk• ~Joint-Pons, cuilndo y cuEn nquellns c.11lcs eorubrln,, ¡,:ir¡,cidns d largo9 y eolilb•dn.
t:iri011 pnsiUol!, l. s e:isa,, el1m1n muy nltas sru: f. chadn.
-¡Ali! .., .. quú lcistimn!
¡;risCll 6 nmnrilleut:1.9, tllladmtln dr• muaerc,sns v,m11111iLoo ncornpanú h:i!la In. pt1ert:i 1 y loo salulló con el Ea•
llAs, eobre I cnales, nnn nn¡¡oela foj:i de cielo nzul apaIndo hnbitual üe loo d&lt;l :'\Iza:
Aquella miradns húmedn!, c1ue tenían el enc:into de
rece ent.re Jns cnprichoons rccortiltlOJras de los techos en
-,\diós! ..... l'asenr bien!
la~ lloreA dcep11&amp; do hi lluvin, ae fnndi.eroo en 1118 de \'I·
declive.
-:lle siento m&lt;&gt;jor, nJinu6 Violeta, el yino &lt;l Chipre d I y le llenaron de pcligro!!D emoción.
Los dm pn5enntcs l!O compl:ld:w con 1:n pinwreecn
me
reconforta 'Y me eirnto cnpa:: p:ira 11ndnr hn~t.ll mnnn-Por fin, dilo ella Slll!pimndo, somos buenos amigos
Eor¡:rcroe qac ti.cada !netnule Ec ,fncucntrnn cu 111 vi,•jn
na ...... Di vertido alto hicimos en lo.s uodegna de l!.'!11 bue- y !!t'g11iremos sit!ndolo ¿no es \'erdad1.. ... .Me trnt.ara 11!Niis.
ted como camarada )' tendrá co111IanE:1 en mí?
Di 1·criianso con el ~-spectácnlo cfo los ro pus colgndus de nn majerl
-~í, esto roo ha recorcudo 11. Yenecio, que tiene un es-Lo promcr.u.
·
gnnch y q11e eular.ab:in, n.11:i arrlb:i, á IOl! rayos del sol,
tablecimiento ecmejnnte en In callu de Yallar0&amp;a, on
-Pnra comenzar, dígnme usted ei es1á contento con
sus flotantes hilocl108 multlcolori'S.
donde t-1 Chipro es exqnisito.
lllis progresos y me encuentra uetrd mejoracla
Acá y allit, dehuuc de oll "!!e le\-nutnb:in antiguos pnIban aublendo }'a 14! gra1fa~ que IIPgnb:in hll!tn la ram-Extrnordinnriamcnte...... Ilnstn confesare que admi•
lncios ele bnlconoe Cl!tulpid•~, oc11pndo! ahor.1 por comerp:i del casi illo.
ro e11 doéilicfad y 1,11 prudciicia.
ciantes al wr menor, cuyos znp:itos I dotu.&gt;S rnyub!ln P""
- -¿';o llj6 11&amp;lf•d, agl't'gú Ylolela, con ie.~ mejilllls ligel'l\-J&gt; puéa d \'ermo 6 f!ll mel!!l tan ditipada y t.an fr.í•
Endurucnte las c,calerns de 111:lrmol
rnentc sonro~ndu, en qt1!l In \'f.mdedom nos tomó por .re- ,•ola n In C:l!!l de los 1'lnniver.no, ino le ha ocurrido á
A lo largo de los piso~ bajo~ abo\'elUltlo?, alguims tiau•
cién &lt;!Al!ados?
,nEted l.1 id ~ que cr:i el único hombre cn_paz de operar
das bosteznb;in por su2 anchas pnerw, d&lt;'jando llegar las
-¿ Y no le demgrndó :t usted? interrC1gó él tonriendo,
esta convcn116n?...... ,No lm podiclo usted adivinar qué
mim'.lllll á todn !llliisfacci6n hn ta In 111riedad de "foctos de,
--Xo,
Tt'plic6
cll11
bnjlllldo los ojoP; pero me hn dejado
inllucncin 1.1:nla sobre mí desde lin much'l?
BU~ arwazoae!: baratlll,•s replel,()! de cobres vh•joe¡ carpe.nse.th11 ...... llfe acordé de qne bien pudo C!to b:iber su-• 'o...... tengo muy poca confianzn en mí mismo para
niceríll.l! en cl,&gt;nlle las rnlllll9 de n:ir:injo con frui.a c,o)gn.
cedido ...... Y cu:mdo In itnlinnn nnndió: •Qué Jástimnl•
~er l.nn preeen~uusn.
bau entre trozos u,! CllrnP. anngrie11t11; pnnnderfas en cuhnbfn dentro do mí una 1-oi BOrda que repitió como nn
· l~ 11s1.td demnaiado modesto! cuchlch&lt;&gt;l• elln, pero
yo fondo se dh-i~nb:t In llnmn dlnznntc del hom&lt;),
eco la mifma &lt;¡\1t'ja.
tan bajo, que pallo él op11rentar no hnberlo oído ......
A cadn boenc:111,, les a;:iltnb:t á lo. vista 1111:i nue,n sor-:.Q11'1 qni.,re usted &lt;lE cír? exebunú él con lurbn¡:i6n.
il ncio d m1c1·1&gt;.
presa.
~ confidencia tnu inc~pemda de Violeto lo EOrprendm
Ya era n na c.1llt'juela Et!(';lrpaJa, en dunde 1mn fll::i de
Yi,fal sentfa el brazo de flor de •"iza temblar obre el
ei ngnlnrment-e.
pcnitcnt.es 111;nle~ trrpai,a ltael:i nlgun convento¡ ya nnl\
uyo, }" ú peenr do c!tn modestia de que ella J lncnlpabn,
A !u eorpresa ae merclnba la lisonjera e.1tisfac:ci6n que no podía dl'j:lr de 6Cl\Lir cowplnc ncia en pensar sobre In
p!az:i trinngulnr cou so mcrc:l'lo de ,erlus y 1m fuente Je
nl«&gt;gres rnniclorc~, en do11rle los ,·cnd¡,doras h1 rnlJan el e.l hombre m.b inltusible e:i:perim~ntn ie111pre ni eaber coníe i6u &lt;1t1c, 11cnbali1 do hncerfo Violeta.
P"..SCndo; más h•j'&gt;S, el pór1íco 1le un:i i¡;lesin do r2tilo •ro-- que bn Bido distinguitlo por una mujer bonit:i.
En eu nlmu a.,condla como ann el1:ive claridad de albornd:i.
-Dios rufo! coutiuuú elln, con~on·nndo su metro obs•
coco,• d11ndoeutrnd:1 á un:i nt1\'e dornuda &lt;lo telas roj:i•,
tlnnd~mcutc inclinnilo; nhorn qae ~·a no h11y remedio
.::ihorenlm l11 re1·elaci6n &lt;le J1q11clla t.emorn femenina
C!!lrellr.dn d,, ciri0$ y rurn.'.lrosa de dt!VOl.oa arr,1,1ill11do.•.
Aquel Juevcs ;'Jnlo torh In poblaci/,11 !t.'\bl en la en• pueuo confel!llrlo ......... Durauto trea dfo,, trPa d/llB Rola• qne inrndin l!:!.Íbitamento la rn,Jiosa tnrde de primnvern.
mente ra¡! ...... he creído...... he espero&lt;lo que .,J
lntlle.
,-;u : ::iltnd ee crispnbn, ularm:lbase su conciencia, yeiu
l,os homLres, rechonchos, ntcz11dos, bigotudos, :ilgu- l'on- con qnlen ib:i á ca~:mne era WJled ...... Cuando vino cmh:1rgo, nquell:i floración inesperadn uh11l11bn un pernos calndn la b;)in:1 catalan:1, EC ngolplb:m cu Jn.3 cncn1CEted 11 [lcdirmc para...... ~u hermano, el golpe lué muv fume tnn exr¡,Jhito, que se l!ntrvga.bn a! rC!pirnrlo ilvhln•
.
cij:i.d.ss, y lnnZAblD entre gcsto1 exprcsir ! 001101115 cnrca- ruuo.
mente.
jadas.
YiJ41, rofoc:i&lt;lo y conmoviuo /i In vez, fruncía 111! coIlobían lll"g:i.do h_wi In pfataformn. pl:u1t-11d.-i do e11ciI'11rrnda! de cbiCOl! ehilllib..'ln cm mcdío de In c:i!le; las jas,
uns, que rs el puado culmioAnle d\ 1 p:iseo.
,·erdulcraa cocinab.'\11 ni nlre libro; s.Jlaa mujenuela.!, ,1
-,.Por qui(, dij,&gt; con se\·eri1lnd, no l1nbl6 tJsted entonLn nLran'l!nro11 y fueron á ponerse de codos en el paúld;u dudOSás, tl!! cabd(og negro!, ¡,einaüoe h:.ci.'I 11trá! ceB?..... I'or qué no me conlesC, usted entont(!S que nci,p•
rnpc~o que dominn In n~iorn y In vieja ciu:iud,
ú rizados sobre l:i frente, recu,,pdA eu l,1 columna de ni• tnb!\ á Hooorato contrn El! voluntnd'
FJ sol .e ponín ir~ el macizo del Es~rel, y ea dl'Clinng1fo pC,rtico, hncían CJ.l::eta, con I homl,ros resg,1ard11¿l'or qnM...... Porqníl la docepcir.u y el de•pc:ho me ción enrojedn b5 nn!Jeclt .11 ncumulad11s, mdl:indo como
dos ll:tjo el cft!ll d lnn:i enrmce!.
ahogJb:in ...... Y lul'((o, cl1~&lt;10 t•I mo,nento ,en que le ern nurcola en oi rielo ,·enloso, mientras el mar muv tranYid.if y VloleL:l tlIBcurrI:tn loLrúpicbmente á trn,·l•3 ti~
á u ted 1d liereu~, ¿')11.t me importaba lo demás?
• quilo loo tcmando 1.:n color de Tino.
·
In marnnn de c:ill, mcrcida,; 6 abrnpl:ls, de donde l!O
-Per,, en fin. ropurn él conín11dido, yo no podfa ndiAl 11orte, un triple :u16tc-:itro de montnl1:l.!, de nrÍs&amp;a.9
1:xlmlalµ11 fuertt'S o!oree de epccila y pe ~:ido.
1·lnar nada .... , i ni men?l me hubiem usted indic:iclo.... nendns y col;
nborregndas, sembmd35 de Clll! do
..:in e111b1rg'&gt;, en ciert-O momento \"IJnl oot6 que 811 el yu hu!&gt;iern nbido!
cnmpo color de roBll, se t.endfa ci1 torno do Xixa.
co,11 p:ifü•ro nnJ:ib:i con menos solLurn y p..'llldccfa ligo•
Ella l!ll.t:mlió 111 e bezil, y con ;onrl,:i nmnrg-J ¡,leg{i los
Mbre loe t&lt;eho~ de tejn ó do piznrm, necendlnu hnm:i-

r.imcnt.e.
-¿Qué tiene U!lc11 In pr¡,gnnl6. l'.irccc ustml cansda.
-Ah! rcsp,rndiC, ella Je&amp;e11ifo1lose; no eé ti hi deh~ it
In cnrn1111tll, al sof do Abril ú 4 ln prh':ici~11 do mi té de
c1:atro; pero mi, tiento rn poco atnrditln.
-1:...pcr u kd, COnl.'~Co nqu[ un: tienda en llond~
venden \'inc,s de C.ttcio y de ft11lia. El sitio no e11 uada
c(,modo, p ro cunmlo 60 Hllle del tc:ilro d la Pllliún, no
tiene 11110 d recho .i ~trn.ne dcacooteutadizo ..... To• m11rá :stt.'CI 1111 poco do Chipre con un pasteh,lo, ¡ l!L

.J~

reanim:mt

:nbfos:

-\'amll!', rellc:rionc u•t.oo ........ ¿l'odfn yo, ona joren,
dcclnrar 11 usted mi pr terencin"..... Y nd~mllt, acui-rdcEe n~ted ...... no ce moslrnb:1, muy nlentn&lt;lor' T,mfu u~ted
uu mod d~ fiogÍf!'e el insensible; ec bnrlab:i u~tcd tan
o•plritn:ilmcntc de los ru111&gt;a y ue lo~ ennmor:icloa?••• Corup1t.Jnl1,\ yo t.amb in q¡¡o ni un l!Ólo mlnut0 h:ib!a pen~atlo t:!!ted en mi! ...... en üa, yn esU hecho, ¡ de n:11b Eirwu 'as l!lmt&gt;11lllcioue ---·
-Si, munnurú él sobrinmente..•.. ea irreparable.
Oayú cl l!ileucio entre unn y otro, mientr11g rcmontab u a.e e:illee de verdes úbol~11 del c1millo.

rccl:i9 azulndll.l! y ~, .!11ydw, resounb:i en los lef:mos eam¡mnnrio~.

Yiokta y \1&lt;.lnl, r.in haubfl!C, contemp!ab:tn el lllllr
bi!rmrjlll!, 1:ie Hncn~ pur115 tle l:is monlnllne, In ciudad vnporoea; escuch:iban los chasquiJos del4 C:1SC11da quedescolg~l.1."1 ú s11s pies sus corLin:I!! de agua, Eemejnntee, al
dcuznn:e, 4 In~ hol'!I!! de fa ,·id!I que corren y corren to•
dal!, IJUenns Y n)alu, con la misma p1,1cicu rrgularidoll.
- I&gt;rgame usted, preguutó brtIScnml!nte la jorco, ¡nunca ha t&gt;!tndo u ted ennmornü·"
- ·r, u.n:i \-ez, y In experiencia nomo e:i.l!ó bien•• ,... pur
calp" mí:1..

�18 S•i'Jb.m, 1896.

87

EL MUNpo.

--.,;6n.

n m
y
de lll hermauo; mny mlafeoho tatnbi6n de ta .-16n de
la 8óoiedld de 1-ra,. e.:i. donde había leído 1U1a memona toltn Ju Am1N .da Cinúf., y en .donde •1111 oolegaa
le ~'1&amp;11 fellctt.1o ca:u-~

t.iicl611

DUlq

um,i.booa.
Lea pilabraa de III benaano aonaban en 1m oídoa ~
mo 1UD1bido.ele aUAbla OODiau,,
Vloleia, porel contml"', blí.- 4 impuible, cJD es:•

4léio.
~114 tnevereme 1ron·a le bacía mat
~roebliblee el coaít, bllberb autor.&amp;lllo e
modo con eu pr:&gt;pla debillcJü; é llldtgniln 'lote r

�38

13 SEPTIE&gt;lllRE, 1896.

EL MUNDO.

A eu vez, pretextó una 111íbit.a latip, ge despidió lle Niza, pe11sando en el deaencanto y la decepción qne i~
lla cioroplicidad cruel, cansA.base di!gusto i aí mismo.
á verse obligado 4 caru;n.rle por segunda vez.
Habfn emprendido el rescate de aquella o\·eja, la la· Honorato y subió á a.u apo&amp;ento.
¿QuJén sino fJ era el verdadero C!llpable?
L'na veir encerrado a!U, sintió primero una 11enirnci6n
rende ,·ol,·erla á su.a deberes, y ee.hac{a o&amp;mplice deeu
El,
ciertamente él lo era.
pecado! ........ .
de afüio.
Con
eu experiencia de la vida y eu hil,bito de EO!lleterComo se dt'!!poja uno de un vestido demasiado pteado,
Su~ ojo. encolerizadoé se alzaban bacia In Beflorn de
f:aint-Pon~, como pru-a manifef!tarle su indignació~ y pudo aligem1'8e de la opre11i6n que lo angustiaba y des- lo t,odo- á un frfo y sonenido razonamiento. hubiera debido pre,·er laa t-enlneio.nei. inevitables y prevenir el dettnudafl!(! el alma.
llUB mir&amp;daB se euoontrarun un momento.
No era de lo~ qoe se engofta.n 4 sí mi11m0!!, y ee enlre- 11.rrollo ú que b:ibf11.n ~ucumbido s.mbo!I.
A la irradiación de aquella&amp; pupilas griBes, vuelt..u B\Í.•
La. falta, en realidad, no ero. aún más que venial, pero
bit:i.mente tiernas y acnriciadonla; al Mpécto dt aquelloe gó con t.ada einceridftd á un examen de conciencia.
Yidal
no dejab~ dsver c.\aroy noerei11, en loe Ll,.moresqu&amp;
El
primer
dteto
de
eu
i!lepecei611
moral
rué
un
prolabiOlil, rojO!I ll\~D por lUB betoe, la cóll:rlL de Yidal ea di1e
detienen
á medio =ino.
fundo
desaliento.
tipuba.
Los besoa ya gustados traer!an otros, y así, insengi..
Su lealtad, ru deHaaden, ru r,nergfa, de que tan orU,:cordabo la penetrante dul:m.&gt;u de lila conlidenciae
blem1mte, llegnrfan ha&amp;ta el e:i:;treU10 de su pasión.
murmuradas entre 106 4.rbolee del castillo, lne delicias gullOl!o (•i;t.aba, t.odo ello babfB rodado como una rama
l\lafl"!lllfl al \·t:.r de nue,·o el cuerpo eabe!Lo, ID atractiva.
verde
uroj!lda
al
lodo
del
c4mino
y
jt:,:pne&amp;ta
á
las
pisadel rt&gt;grno, 111 hora del crepúfcttlo, el éxtMi11 e.xperimen•
belleza
de Yioleta y SUB ojos encant.ndort!i! y llenos deea-das
de
hombres
y
1ulima\es.
taifo ni ,e.! talón al rodear cor, l!ll!! b.razoe la cintura de
El, que lrnbía acudido para restablecer el orden y la riciM, ree.istir!a mal á la te11taciión.
Yiolda, y de nnevo se le iba la cabeza.
Se conocía bien. A pesar de i,u aire de reserva y au dll·
respetabilidad 1;:n cae11 de su hermano, asestaba precis:\·
lfabf1t t.erminado la comida, y Honora.to continuaba.
reza
premeditada, era tierno y Rpw!ionado.
ment-e
el
golpe,
más
~r1:ible
al
honor
y
a!
repoi.o
de
llodil"ertando.
Conocía
t:imbi¡ln i!. su cuii.ada y aB acordaba de lo que
norai.o.
.La een.ora de Saín-Pone declaró que ~e ee-ntía iatigada
habfa dlcl10 junto á la cascada:
Desgarraba traidoramente 11quel pobre guii'lnpo ele fe&lt;fo! paseo, y se despidió par11 reiirnrse t'i sus habitaCÍl)llell,
aLa pMióu Yi:rdadem no tiene ni fnlsa \'ergüenza n¡
licidad de qne JIU hermano menor t&gt;stabll tan cont.enl.o.
ITonot'lllll le bel!ó la roano y Je dió J11a l&gt;uenaa nocbee.
Hacía el peor pl'lpel y el nuh Ignominioso: el J.d man· prudencia timornta.,
Terminada eefa formalídad con~·11gal, Flor dE' ~in ~e
El nue,•o encuentro traerla consigo inevitable:nente 111
,•nlvil&gt; hflCin. Yjdal, que ee m11.nten.ía aparte en ln pe11um• datario lnfü,l, el de médici&gt; felón que so pret,exto de
cnrar al enfermo, lo enrenl'.na cada dfo á peque11aa irremediable caída, y adiós hoc.or y felicidad de BonoLe tendil, ignalniente una mano, que IO!! labios dt1 Ho- dOE!iS.
La i1onradez · de \"idal es rebelo.ha á la idea de aquel
¡,Cómo habría podido llegará tal grado de olu!!.C~cifui
norato no bahfan t.ocado, íY tembló á \11 co.lurom mtricil'.
vergouzoso
deaeu!ace.
y
de
\·illllnfa?
........
.
de aquella c.JJid11 pre1lón que p!\recfa npoderare.i de toAquella. uocihe 11e 8entía atin bastante du~o de afmiaEEcrut.n.be,
sn
memorin,
ee
remontnha
con
el
penaamien•
da Y! pe.nona.
-Haetamañana! murmuró ln joven tiernamente y ie to hMta trff ,seninn1u; antes y deBcubría poco d poco la mo -pera impedir iremejante dl&gt;SWltre.
Era preciso totJar una resolución eni!-rgicia y ejecutarla
.huelh1 de fo.r~ivoa (li'~oe, de ligeras cobardfll!!, de tími•
alejó.
sin
dt&gt;mora.
dol!'
compromi!!Os
que
le
habían
enciwlinado
\eutamente
Caandoquednron sol0,1!, los dos hermanos 110 dirigie•
Uab!a
juiga,do siempre q\te en eemejaute ca,o no exi.a•
poi'
la
tiei,dn
del
pe&lt;':tdo.
Ton liacia la terr1u.a, sobre la cual 11c abrla una puerlu
tía máe que un sólo remedio: la fuga.
¿:So había mfr!do, dced« el pdmer momento, con de·
ventana.~• ambo!! pu11téronsede codos e:n la balaustmdn.
Tomó eeta determínncii6n.
D9jo su vista dei&gt;eend!.a en a.nave pendiente d jardín maSiada complacencia el encanto de Yiolet.a?
¿'No ec había mo~lrado de1nru;iado :ndulgente y dem.a•
Como su marcha debla electuaree lo mJls riipid11mente
ba.i;t:1 la verja \•e Inda d« jru:mioC!l y mndr1.,o&lt;eh·tls.
posible, e11 decir, la mafü1nn 1nisma del dfa siguiente, le
Má1:1 a!JA, loe pUtanosde la u.venida entrecruiaban 1119. ,jado familiar en lug11.r de tralarh1 aeveramente?
Se !lCOrdó del regre110 en el l:mdú durnnte aquella no• CJJle.l}a el Uen1po matsdal de preparar su rei.nsr.a.lación
lnr¡;lls hojo.15, ai1iando, por decirlo al!i, nqudla l'illn.
A tal !Jora, por lo dt,mia, la calle esUt,b:l, casi defierta cihe tibia, al Indo de su eeductorn cuftad~ J lrui eenmcio- inmedíata en F!urencia.
.Por lo demú, ese viaje brusco ti un país lejano le bu•
ne.s que Je ltabía11 lnguidecido.
y 2ólo turbaba 111. tranquilidad de la noche el tardo ffi..
¿No debía haberle puesto sobre sC aquel deefalleci· biel'a parecido extrall.o é. inexplicaWe á RonoraOO.
dM de rnroe carruajes,
PodCa 111 menoe refugiarse momsntaneamente en la
JTonorato encendi4 un cigarro r recobró t-Odn su ex• miento puramente carnal é im1pirnrl.: un te,nor pru•
Fm.1,tn,
y n\lI preparar deaeansadnmcnte eu aepnrtleión
dente?
1.au!iU1n.
Pero
no,
demMiado
eegnro
de
eí
IOÚ!lll.O,
l.11\lagado
en
definitiva.
-?ili buen Yidal, uCllarunba, me siento completamen•
l!U a:::::ior propio, cedie11do á una necia ternura, 11e Uabfo
Sin l'l!'fü,:ionar más, reunió en una ligel'i\ maleta loe
te lefü! ..... .
''Cuando piemio que hace ~Mo 11n mes, me11entía aqu! 1 dejado miniar, l,abía ace,pt:i.do el peligrOlio papel de con· objetos m,l.:! indi~peoeab\es y luego l!l!cribi6 4 su herlllA·
en e~le mi!!mo lugar, ton miserable, tan abr.udou(ldo: rejero y n1tntor, forjáudoae illll!io11e&amp; sobre ~u fuerza de 110 el bil!ete 11iguiente:
mmndo 1ne Muerdo con qué sentimiento de deprei;,i6n resistemi,in.
•:\Ii querido bermnno:
I-Iabfaoll'idado el ,iej'&gt; proYerbio espaiiol: •El bow{!!Cllchnba el mido d1:1 loe coobes en In calle, nie pareee
«Sti. me ohid6 decirte o.noche qn&amp; babr.a recibido 110\i•
bre C8 hlego, IR m11jer e8 topa, ,·iene el diablo y wpla.~
cQJllO que despierto de una pel!adilla. Todl)hCl cambiado
cills d.., ln Fouún y qae rol preseucia alU es indlspeoaa•
Ilabfo dis.frni:ado bajo e! bello ,iombre de nrnhltad fra·
.\J1or11 me levant¡o con el cioraz6n ligero, me pongo á tra.
ble por algún tiempo.
bajar si11 preooupaciones y fos df&amp;I:! me parecen demal!ia• ternal h1 sorda Mrncción que le !'.lrl'lllltrab!\ hnciá Yioleui.
,,TLJ sabea que Cfitoy eroprendlendu impi)rl,a,ntes trll
El tnto famili:u de todo~ los dfaa le h11bfa l"f!l"elado
dooortol!.
baj0-9 en aquel lugar.
inse11siblemente la gracia, la comunicativa 11ensibilldnd,
"Goao 1•erdnderamente de lo. ,,rna. Se me óírece tl\!
,,El mae~tro de obrsa reclama mi presencia y me be
cual la de!!e11oba; las mnñanBll ocnp11das en eeiudi0:8, las la belleia dominadora de la mujer.
.re1!uelto il partir mni'iaon para San Juno.
La 11.miHad 11e babia co1werüdo en ternura, la terRum
tardes paBadas entre mi mujttr, q11e ha 1-uelw á ser cari•
•E:i:;cú~aioe con tu et1po~a y eodame el reato ds mi
fiO!!a, y tú ctue h1111 regres.ado al nl,lo; enbroea~ CQnYerm· l1nbfa11e cnmbiado en un eeutimie1Ho mil~ tiro y 11u soliequipnje.
cioo(lj! p,ntre tres personaa por lua nocbllt.' ...... .Jamful ha- citud ¡~r loa int.ereses de. Honorato l.!abí11.4uedado rele, lgnoro aU11 cuantos dle.e durar,i mi all!encin, pero no
gado al tercer término.
bía nmoicionado felicidad mayOJ'.
le inquieta por n1f; soy acitivo y ba.r,i de mxlo di'! esW
Aquella uu·de, durante el p.~~eo en el cas~illo, cu:mrlo
.Y ena. felicidad, amigo mío, á tí i,i 1.n ae:bo, tú eree
me u!lú. lo menea posible.
r¡uién me 111 bn devutlto, ee ob!!equio tuyo. Ha¡¡ puesto Yiolet.a !ti bahía coníeudo que le am:lbft ya ante11 de ca□ aslll. la vi!l.tl. Te abr.iz:i.
orden nntvamente en mi cmm. y restllblecido la buena sarse con sU: hermano, en lugar dl' cierrar la boca de la
Ytni\.L.•
1nreligeneia e11 mi hogar. Has tido mi sa.l;ndor, mi pro- jO"f&lt;'ll, y acab:tr t.erminani.emente con tnn peligrOl!a con·
,•erl!ación,
ee
hnbf~
entreg(lQO
ii
inútilee
latnl:'ntacio11es
Fe
mttlú
á
1::1
camn,
apenrui
duruii6
y
se
levantó
ni ra1·ide.ocia!., ...... .
yar el dJa.
•~o puede!!, puea, ni imngloar cuán lleno de gmtimd que i.micionabnn eu debilidad.
Tan pronto !!orno loecrllld0-9e.stuvieron en pie, se escapó
Juntoa hablan jngado con !a llama f ee halifan que113.cía tl tengo mi oom6n. No lamento m:is que una cosin ruido, entrt&gt;gó al nyuda. de d.m:i.ra el billete destinado
1111., y ea el Ber inc11pa1. de ro011trt1.rte huta qué punto te mado 10! dedoe.
El amor, que nuncu se eroca en \"lino, se les l1abfaapa· á en herumno y se dirigió !igeramonte al Pueute Nuevo'
e11tpy agradecido! ........ .
en donde pamba el ómnibus de San Jnan.
recido, arrojándolos il. !a una en bt!UOB del ot-ru.
..Te qnerla cuando ern desdichado; ahora, la felicidae.
C na bon1 d011puéa, descendía hacía el pequef.iQ puerta
¿Quá haría él ahora?
inJande may.or fuerza, más 1udien1,eca!or á roi ef~to..... .
Su pensrunient.o !e toml) indn!gentements hnc.fn Yin• y 11e encnmionll:t bajo loa olivares eon dirección t1. la
'fe quiero oon lódll. mi alma, hermauol
Cogió la mano de Yidal y luego loeetrcchó contrnsn pe- Jeta qoeá aquel!ns horas., aún profondamenw conruo;í, }~ouán.
Enconlr6 el viejo dominio pat.ernalen, el eetado en qne
da Por aquella bru!lCA exp!oeiór, apaqiouada., maboreabaein
cho co11 la eíueión de un nino.
Cada una de aquelhw conmo,·idns palabra, ee cilavaba dudn la primera etuOrlllg11e1.1 sin t•xperimentar ni et!CrÚ· lo habla dejado 1,&lt;] allo anterior, tomó nuévnmen.te poae•
ei.'111 ele ~u antiguo BpollOUto de paredl!S enCD.ladas y sen•
tomo una ei&gt;pina en el_cora:Wn del hermano mayor.
pul09 ni remordimíimtm!.
LIL jnzgabn infinitame??.te menó!! culpable qne él y cillO!I mnebles rñ~tic-ot&lt;.
Aquella n:pl\llaión de ternura de que el conde !le senCuando corri6 1115 persian;u;, largo tieuipo csrradaa, pa•
C!l.!!.i la alHOl\•Lo,.
ü, tan poco digno, le cau,,;ab1 nn m11.le111ar indecible.
radar 11n poc:o de aire y eol á la pieza hllrnedn, \"ió bajo
Eo efecto ;cuánta!! excmnui no podia inn~ar ella!
.!.I oír á Honore.to regocij11rse de U11a dicha cuya. iluso•
ria eolid~1 conocía Yida1 mejor qne 111tdie, vol da á nn
Prim~ro, !u torpeta11 de Honorn·o, su ma.Lrimonio iin de él la vieja Mrin cu11.drada de agua ,erdoéa, la calle
lado la cabeza y no respondía eino oon turbad,ie -pro· amor, BU ju,·entud1!olit11,ria y aobre Loo.o aquel ,·irginRI cubiertn de yerba en donde loe limoneros alt.uoabancon
test.a:;,.
aleé\.o que Vida! no lmbta adh•inado, nquellt1. u,rnura an• ]119 roerui .Su/r&lt;JM.
Profunda piedad y d~~radora nngwitia lo oprimían.
tttrior á la época de w matrimonio, secretamente guar•
Lo~ gallos cantaba.u en el fondo de 10! gallineros; lot
~o balJabn el momeruo de poner término á aqu_ella tor• dada en el foudo fü1 eu corazón y que IE'gltimaba á 101 dora~nos en plena fbraci6n alegraban con 11u pohoreo
1nm, ~P ~oh~tra~"'"' Á aq,wlla. gratitud de!!bordnnte que oj".»l de la j&gt;JvNt l1t p11sVm á qnencah11ba de nb~nd,i1•:n•sfll r.JS8.. In verdura oscnrecida de lOII prados
·e 1:eu~la,lt:n•1¡J1,,.z:J.
Ei coud .... H: Ft'l,!fa r•••nf'tl'll&lt;lo clt ¡iit&gt;&lt;lud í&gt;"r Flor dl'
El n u,gimi.-nr.o ~- 1:1 ~n"nid11d C:e 1¡ut-1 rincón ilt'-Cftm-

....

"''°·

EL MUNDO.

31 SEPTIBill!RE, 1896.
Po contrastaban casi cruelmeute con el dt'l!orden de ideas
de \.idnl y lt\ agitaClión que en ru pec.ho albergaba.
Más lejo~, por sobre los oli vag b.líladQI! de pacífica luz,
Ja,g almenas de In ri!W. de 10!:I .Le.ntiW1$ ee dibujaban l:O·
brn el mar uzul.
Blaspect.o de IQ. antigua morad.a de Flo:r de :Siza, vol•
,·ió eu pensamienOO h11eía los hahitnutee de la ea.lle Ca•

rabacel.
HS3ta. eaE' mom('rtt-0, fa precipita~io'.ln de la marcha, la
violencia qM se lw.bfo hecho para huir taÚ r,'lpída.mente,
le h11bían impedido i11quieta~~e del efo.cw producid.o eo·
bre Ylo!et.n por l!\1 brosc., det..ern1illflción.
PeN en aq_ue.lla soledad ll.i1l•11cioea, entre aq11ellns :fr•
bole;i y n1uellos sendel'QB q_ue le l111bh1ban de ln joven,
80 operaba una evolución eu él.
Experimentaba, 110 el dolor de ll.u sacrificio, ll.L-o un
aentimiento de ~ierna solicitud por nqul.'11:t d. quien flCA·
babn de sacrittcar.
En eaoa momentoa, eetarin dC$pierUl Bin duda; procederJ'n trnm:¡_uilaroent.e II EU loil,lt,, hu,go dei:eenderfa con
In cer~idun1bre de encontrará Yidid 4 la me.&gt;a p11r11 el
deaayuuo.
L¡¡, víepern, ni dejarle, Je habfa murmurado, con km
imperturbable conf!amm:
¡Hü¡,a mañana!
Cuando le comunicJ1r11 Houorato !n. i.JJe!l:peradn nue,•11
¿cn,í!ea serÍl.ln eue re.fie:ii:io11b?
¿C,jUJ.o interpreUtrin din nquel ml.&gt;!terioso r11·-0eedimient-0 de batil'!le en retirada'I
i,\·erta e.n ello e.im¡.&gt;lll.men'W un 11,cto lll' ni.lar 6 el deseo
ele. ..-sea par por medio de is fog11 {[ m111 caidu inevit.Bble?....
En edte caso, era de ternen,t- que t'&gt;'t.i idea, lej05 de
calmcu- á \'io eu1 1 la irrirnnt profubclii111e11te y la hiciera
tonsiJertl.L' la ri,&gt;peutina ml\rchn r1;1mo evidente demoetra•
ci(m del amor q11e habia ine-pirndu.
Y eot0Me11, \·1tl'ltn más nud8z por !!~a tácita coníi!ei6n
dedebilh:llld, serla capu, de coucisrtocou el en e:11:tremo
conlll\du Honor11t.o, ele nmir á sacar dt la .Foúan á ¡;u Cll·
nado .
Saint-Pone se es~remcei(, al pens-ami~nto dt&gt;. Y!.'rla Rpa,
recer lllltes del auochecer bujo los oliYos de J::11u Juan.
Lo..go refle,:ion6 tm que em o,a:ullu1&lt;a.
!,;]poniendo que 3dh·ínR.ae 111 verd:,dern cao~a de su ÍU·
ga, E"I seutimi~nto de la Jignid:,d y to! amor propio la re•
tendrían en 'Ni%n.
Preferirfa eufrír 4 e:xponene á una nue\·I\ muestra de
desd(ln.
~e la tlguró de pront-o doJoro~ameute humillada, de.
ee~per11da qnizli.!!. y s:e le conmo\·ió ('l cor117(m.
Heprocb6s-eel haOOr eido demasiado dnro, dema~iado
ymmt.o en alarmanie¡ poco faltó para que no ~e mirase
ridfculameot-e presuntuoso por ht10er tomrulo um d. Jo trñ•
giconn:'I mani!.;stación de tllrnnr:t, un poco viva 11in duda
,. f•ttl'll de las conveni~ncin", pero que no implicaba ne·
ceaar!ainente intenciouee eul pablee .
&amp;! acnf!'.6 de dar neciamem.e u.n:i gr&amp;Y'ld.'ld peligf'O!a á
uu mero atnrdimient-o.
Cnrioso seria si 111,1 intempC'!'tiva precipitación irrit.nba
&gt;'i Yiotet;tt., exM:peril.ndola f. impn!~;tndo!a á entn.-garse nue,·anwnte d las di11ipacionea del inderno y ae vengab:i. en
111&lt;11M~otl~I ab1t1d1n1 en que Yida\ 1ad,,jaba.
~.\qnelJOJ! pen~amleuw comradJct.orioe se eutreme~cla•
han chocándOf!e nn&lt;J!!•eontra otros en el cerebro del con•
de, durante el frugal slmueno q11e !e preparó la nrnjer
del campe,iino ene.lrgado dt'I c11ltivo del dominio.
Cuando hobo terminado de nlmonar, fné á rumiar eus
pe.rpltgidadee luera y á p,l!lear por el calllpo, ú. ln an:11t.ul'I\ .
El ailencio profondo del cámpo (era el de Yi('rnes
8.:i1uo:) lit dulzurfl dtil cielo Rembrado de nubes blaueas- y
algrl(lonadili!, la culcnn dd m,ir ter30 y !ecboso, el paii,aíe
1·irgi1ia110 en medio del c1m! pa~aba, adormeciaro11 e.us
agitaciones é i11clin:i.mu BU t:l!l"piritu hncla un blBudo en•
l:iUl'IIO.
n.~rrió el muro de loe Lentiseoa y cnntempló á tra•
véii del tM'erjafü,1 el jardín desnt-t&gt;ndido en donde 1119 TOeas ,Je .\bril rlor~e/au en CO!llpleto abandono;
F.,1 aquellos oaminos recorridos t!\nl~ ,·ece&amp; en com•
paiiía de Ilonorato y de Violeta, en tiempo de loe es-pon•
eald, la sombro enca.nu.dom de Flor de ~iza vagaba ó. eu
ludo.
Pero uo era ya la jo1·en, reservada aún y enigmática,
1:\ q,1e se evocaba en su recue.rdo: era la mujer tmnl!for.
mada por el mat,rimonio, la dulce y sednctora criatura
&lt;! H• 11:ibfal tenhlu In l'i~¡,1.•1'8 \'11 sns br,,t••s.

Tolvfala á ver ya revestida. con su traje l,eaMal de la
,,ciada en casa de Ma.r1werno: los br-.izoa deg:nu_doe, !nmi•
nasos los ojos, el blanco pl\Cho eng11irnaldado de clavel&amp;&gt;; ya !!el! aparee/a con su traje prima verJ.! del Jue\•ee
Sant.o, encerrado el bust.o en pálido c,irpiíl.¡¡ de r,1yll.!I CO·
lor malva, cuya tela 2edoeil exhalaba un pe[lt"Lr,1nte per•
fome de ,·erbena.
Bajo cunlquier:i forma que 11e le moitr:1.ee, le p:i.reo:fa
mcts wm..adora qu¡,, nanea.
Voh·iase para mir'.lf la vüla de los L~oti,iCOS de pel'!lia•
na.s corridas.
Aquella cua cierrarh ero c:omo el 11ímbolo de eu propio
destino cierrado al amor y en dóude no entraría ya la
únic~ pen!.ona qne hubiera podido esparcir en su torno
la alegría _Y el encanto.
C.OIDO melnncólico rebafio, lo!! dolores Be apretaban en
~u rededor: dolorl.!ll de la OC!ll!ión lallida, de. ternurlUI no
adiviURdas ,i tiempo, de la hora parn siempre Pa!lada eu
qul' \·iolt,ta hubiern podido p~nen~erle it'gitimnmenk:.
Doloree tambián de una resolución demasi,1dt1 heroiet\•
mente tomada y q_ne nada remediarla. d13 aquella siLna·
ciún excepcional.
Pi&gt;neando en r¡ne la Srn. de Sa.in~Pons podría en 1111
arreb11,1.0 d~ deepecho nrrr&gt;jarse Oll'a vez en mediQ dit
la sc,ciedad de donde él la hab!n sacado, y que por
vengania ú hastío c1arf11 al príncipe K!!.menski ó áctml•
quiera.otroaqnel e.mor que él h,tbia reh11l!.lldo, \'hl.ll ss
sentf:t im·adido de negra tri~teza y sordos celo¡¡.
Fn cambio @llbito se operab11 en til.
Deseaba yanhora. que sus suposiciones de la maílana
2e reali1.aaen r qne \"i(¡Jein se decidieaeá venir á sorpren•
derle para lh:sílr~elo de nuevo 4 Nll'-a aq11ella mi,imn
noche.
Impnl~n.do por 11nn e¡,-pemnn quimérica, ro1vió preci•
pitn&amp;!mente hncia San J1.1nn, Manió hnst.:.i. las primeraa
e."U!na de la aldea y He prl'glm~aba ti cadn vuelt.a del camino 11.i no surgiría de pront.o uu carruaje colli.luoieudo á au
hermano y li. sn culla.d.11. R la Fou(rn ........ .
De
en c11nu1lo1 entr~ ,ma nuOO de poh•o, aparecía
un landii en el camino ll~no de sol y ento11ce11 el corazón
de Vid:.i.! latit1 precipitadamente.
Pt1snbn el carruaje, lle,·irndo lrncia SJn Juan á n!g:ún
grupo de extranjeros que iban ÍlCQ1Mr al hot,el Victnria
ó{&lt;. ."1,lini.-Hospicio, y !.!I conde ex{)ll.rhnentaba un brtüCO
deecont.ent.o.
Avtirgorumdo de su debilidad y para evitarle todo pre•
texto¡¡ @u rid!cnla eit:peeta1iva, 14m6 el eendero de Jns
saminant-ee á pie que sigue á lo lurgo del mar, en di·
reeciún ú Beanlitu.
A 11{ .no podía 1·er ya et camino de Si.za, ni [orjarse C!!·
t,lrilee ilu~ionEI!.
Cnmi116 co'l m~~ ea!m11, tratnndo de no pt,11sar m:lB,
hipnotüándole ni ruido de In@ ollle que c.hoenb,i.u c,:.mtra
l:la rocfle.
Como pasáse 1,ajo !ns t,err117,as de la ,·ill« Olimpia, oyó
que ee abr'la un:1 pul.'.rt:~ y vulviéndn!e, eeenciontr6 !rente á frenM con In seliora ~Wruverno, que b.1j11b.l loe e11•
calones con prteipitllCióo.
Al punto notó Vid~l la nlteraoión del semblante ordi•
nariamente enmble ~· riweño de la buena sefiom.
Su tiut-e b~bfa ¡mlidecido, susojOll t ,rtaban húmedos y
le iemb!nbun IOll labioe.
-Ah! ea n~ted, 8,,.i11t·Po11~, murmuró con \"ot entrecortada. ¿Tambil•n UMed ,,¡1, allá? ¡Q.a(i le parece 1\ usi.ed&lt;1ué
de~gracia!
El conde la rnirV con aire de sorpresa y nltty inquieto.
-Pt!rdón, &amp;!iiorn, rep11110. U..:t,ed pan:ce muy conmo'"id.s .••••• ¿QnJ es lo gue pn¡;a?
-Córuo ¿no lo sab~ usted? ...... El pobre La l~renilirs ba
mue.rt.n.
-¡Ricardo! excl11.mó Yiaal, pa\efüciendo á su vei:.
-Sf, mueri.o i!Úbilamt&gt;nte, haee una hora,. .... Acahan
:le durme la eapautosa noticia ...... Precigiment.e Ba.utittia había s;1lido cou el coche ...... Me he pue.it.o el pdmer
sombrero que tuve á D'lano y corro á la lh.seraie, al 1.,,do
de esas deedichadas mujtJrea que pierden la cabeza.
-La acompano á lll!tt&gt;d, dijo Vida! conster11adC1.
Le ofrl.!Ci6 el bm,.,o y !le alejaron r.ipidainent.e hacia
B!\ltlieu. Yaeii C3.1.I1in.:,., la sei'lora Maru1•eroo refirió lo
que ~nbfa.
-Rioordo La Frenii:re estaba en la lfoseraie de3de ha•
c{a algunos dfas. Ayer llciv6 á N!lncy y á Marra Tetesa
al teatro de Mone&amp;Carlo y cenaron al~remente. Se di_e..
1) 1 In II pntl hy pt1a ra,:'.1&gt;, dnp1l@dtl 11hn:frn· ••...•

,·et

39
En el momento en que alzaba la maleta para dársela •·
criad,,, se dzj6 eaer, quej.1.nd!)8a de un do!or agudo y cin.co milmtoti W'l!pués todo hnbiancabado...... ¿No ee horrible?
-¿CA ruptura de unn nmmri~ma? •.....•..
-Ea la opinión del inHieoque llegó de!!pué~ de OOtt·
rrida la mnllrt.e .....• L1 .FrenWre 1mfrfa fr&lt;:leuentemeni..t
deaórdene&amp; en la r&lt;!gi&lt;ln del coraz.-'.m, y :'ldem!~. aunque
eso -no lo dt&gt;j"'3e 1·er, tenía difi~uJt111les de dinero, sus neg1cios eoLab.un embro1\ado;¡; IM inc('.ietudes morn\e9 han
inlluído 11in duda en el pro_gre;¡o de ln enfermedad.
-¡Pob!'l' D.ck! 1111~pfró Saint.-P,me.
-Oh ell rep!ic6 la seliora de ~foruverno! Pero no es 'él ,i q,1ien cu1up'\dezci1 ml;i, ..•.. Prev,:io una 11nc~si6n muy
di6Jtü,osa .....• H.1y grJ.nlc'! d~n Ll~, y probiib!eineu~ habrá ne::l:!gid id de vender ](I R ,ser.,io pal'l\ p·1g:1.r intt&gt;rases
á lo'l m•1chos acreedores ....... ¿(¡ 1é ser..\, s11 medio de
tan~o! embrollos. de tre! d~dieh11:.I.M muji&gt;l'e. q1Je e;i~n
muy ajenas de esperar s,s,uiejame Üi;!.!ta&amp;\.re?
~F.,liz.meot.e, tienen alg111os buenos nmig,13 en. torno
,nyo.
-Ay! dijQ la b·Jena m11jt&gt;r mo-oi~ndo la C!l.beia. u~ted
a.'lba, como yo, lo qlte J!&gt;;igan II ser loe buf'no, ao1ig09
cnando la d,Hgrs:ia eotr,1, en nna e 1,a ...... E11 e,te país,
snbre to:lo, In, amistadef! eon mriy auperftcfale~! tfo ~
p'.lrlen condolencia, n.ds 6 ut~noa sinee.r,1&gt;. l11~g•1 sesien•
te pronto la foUga de IM l:ígrim 11', y cada qaieu vuel'78
pronto lÍ eu, negocios y ,l. Bllll p!oct&gt;res...•.. E I lo qus lttl8
concierne, '.\hruverno y ro, hnrernos lo ¡1,,~ible por suayizar lfl tran!licióo, pero no por eso ser,\ ui ;ooll inevitable In ruiua...... ...
·
A la idea Wl nq11el lag 1-re!I m11jt1re,, ayer :1.(1n rodetul:w
de todas las aparienciál! de nnn \·ida. ,1~ hijo r red.u•
eidll! dentro de poco 11. C:\recer dtt fo nece.~ari•l, q,u"1.l.:~ron.
tri!~wenoo tacitar.003 y a~.:ibuon el traye~m ~ilenoiosamente.
En Jo1jnr.lin!!!de la Rl~er,,ie. nadie h&lt;1hi~ra p:l.iiJo
adi1·in11r la de~gracie qne scabnb.1 de dt•~ca.rgMse 110bre
los. rnoradnree de aquella cn~a.
Los ro~a\es, baJ\adol ele &amp;01, 0st.ent.ab:io glorioimnumte
b, ¡:rof11slM1 de SUB flor~/1.
Bajo el corredor, halJ(a dh·ereo1 objetos el!parcidos s(),,,
bre la mes:i y las sillAA: l!bflll! entrenbiert-0!!, cna&lt;l1:1ruoe
d~ música, mq_uetas ¡nra j11eg-:is dt, pelota, hab!ab:i.n de
una mRfi:rna. ¡,:igadJi .iu ru1d11S&lt;)I eniretenimleoto.s y dulceq jnegoa.
}'"'ro luego que ae p.!!nP~ralm en el interi,:,r o.le. la eiisa, se
&amp;t:'nlfo yR pL'E!ar unaMmó,for'a de dnelo.
Un lúnebre olor H:11ico irnpr~~nab:i el aire.
r..os criados ntaread.J11 iban y venian, ensordeciendo
su~ J')ll!(IS y exogerando au11 earai&gt; const.-ruad:LB".
,.ida\, de~pt1éa de ltaceue !\1111nciar, elgui,i ,i !a ~eilora
1,lam~erno ,t la piez:i ,•11 dom.le la ~eüora de L:t l~l'l;lui~re
e1-taba en compaliia de Xancy.
Ifab!an en1•in.do á toda pri~a ,!. 1whmr ,\ la blronasa de
S¡¡lt&gt;ll.'r; pero como est,a,ba en u oa exéursil)n Uü rcCl'OO, no
se la eneontró tin la ca~I\.
&amp;&gt;ntadn en una sil!!\, con lo'l brazo3 enti:i.do,i, Nancy
nbrfa cuan grandts ertlu ~11s ojlffl de nifia, eu loll que se
leía niae es~upor qne dl'Sohteión.
La ,inda, postrada eu una rh•ü~~•lo11g•.1r. sucudíll la ca.beza entre ene manos y puecíll enlocl'11,cida.
Se lel·ant6 un poco pam recibirá la eeilor'.l Maruverno..
y de~puós, ni verá \"iJal qn.; había aidu el m1,jor amigo,
del difunto, Jau1-ó u c1 ¡;rir.o quejoso y vol 1'16 a caer presa
de una crfsie nMviou.
Sll.int• Pone se retiró di,crel:1.mente, dej,\nd1J á fa desolada mujer ni cuidado de lns seíloral! qna J,i. rode.alnn BOUcitamenle y pa.eó á la cáman~ mortuoria.
A pemr de 111,l!•persil\lla!I, un r11yo de ~ul se ñltmba en
la ¡lí;,&gt;za y ei1p:1rcla mu\ luz diinaa.
Ricia.rdo La. l~reni~re yacía cobre e! k-cho cou un c111cillj&lt;'.I e1,lre las mao~.
Su pálid'o y eimp,hico ro~trn con loa -piirp::iilos eermdo!, t&lt;.'nía la sereuid..11 que itnpriiue la um~nc en 111.11 fac•
cio1we de lo'J qne ha tl)Z.1do, cowo sí uibolo Jt.!.I i;uprtmo
reposo dt: que \·an ,l: go:tn.
Medio aCfllllt:tda á. tra,·t'i del lecho, !\luía Tc.reea, eaeo,.
dj¡]¡l,. JJl')r fuertes Mllt,Ml15, poSILbJ ln bxa ctl IIIS n\l\11011 de
ll!U padre, y parecía adherirGS á él éOmJ vur.1 reten.:de toda\·fn en eete. mundo.
El ruido de loa p!l.303 d~ Vilal In hiM t:aLrernccer y ~
vnh'if1 [Prn,;mente, cnmo irritada d ! que l:1 di,trcje.;¡euds
1111 fi tinl •lfffaper ci.'n.

�EL MUNDO.

....~---,.... -

Bia emllup; lorma\a . . . .pa.$.a.l lliliiim1o. .....
to,, ;w ..... .--. . . ,,...,,. ...,., ,.,_.

........ kiil
►.

~-.....-..-....lillllll;

1Jliliít..~ t
lliila~~
;jiiaiallefara ladlft\ren•
ea p,9famla; y én ella•
piM.

~

•

Nllilbr, podo_., pensaba-en ~1a.

p

eom-

Jáili&amp;,Jl'.ljta~--

lol......,

1o. . . . . . . . ~a._.., ofreóía, lamldM1a lle

~.,,..,.ere••

;. . . . . .

"',,..
•t•la11111Q111dll~~

~ 11a ~

mgillalpclr - ~

de

�EL MUNDO.

42
A pesar del ~I que ncariciabn eu cráneo cah·o, perruanec!a con la cabeza deseubierta; elll! pirpadoa pleg:idos
,·el11ban sue ojos uaturalmente apagados; stlll lnrglll! patillns .rubia:; dallan cierto nire deplorable &amp; su rostro flemático.
Al encaminar~o con paso ceremonioso á la cabeza del
cortejo, el barón meilitaba en lae molestias de aqnella
muerte ines-p&lt;:r:ida y en lll!l eventualidades, amenazado·
ras para sn bolsillo, que~" pre~entarían Bin duda, d. can•
~a de Is de&amp;1pariclón del jefe de la familia La Freni~re.
En el ca;o mny probable en que la suceeión fuese ruinosa, él no podrla, •in herir las conYeniencias, n: perjudicar su propia n:•spetabilidad, dejar en la mi ería d. su
suegra y 11. 505 en fiadas.
Esta obli¡,,acilin de atend~r 6. mujeres habituad:ls al lujo y al bienestnr, contribuía sensiblemente á alargar sus
facciones y á darles nn sello de gra,·edad apenada que
los asistent.es interpretaban como la expréaión de un do•
lor reconcentrado.
Marn,·erno iba penRnndo en l:i.s próximas cleccionlll! al
Senado y en l:i reFonRncia del di•cuTeo que pronunciorfa
dentro de nn momento onte .,.J féretro del diiunto.
Sólo Yidal pen~aba en su amigo muerto y acnlfa en el
fondo de ~u cora,,6n unn tristeza verdade-.-a.
Ln pec¡U!'fia iglesia de Beanlieu er:1 demasiado estrecha
para recibir aquella multit11d de concurrentes.
Mnchos sil q11edaron fuera y de ello se nprovechoron.
los nuoe para e.•qnimraP, los otros para ir á eepernr el
fin de la ceremonia, bajo el emparrado de In Re~er..-a, cuya verja se abría precisamente enfrente.
'.\Jíentras el órgano acmnpai1aba con ene modulaciones
sollozante11 el tra.•porte del ata1íd, Vida! ocupaba uno de
los asientos rc,,ervadOB á la familia.
En el momento en que se pamba para inclinarse ante
el catafalco, eHrel1ndo &lt;le cirios, de donde ee exbaloba
un perfurnr. de floree moribundas mezclado al olor do la
cera fundida, advirtió, no sin eetremecerse de inquietud,
d. su hermano y rt su amada en el fondo de la nave.
·
Habían llegado retardados y se abrían pBl!o difícilmente á tr:n-cs de la concurrencia.
Snin~Pons habla supuesto q11e Yiolet:i. no podrfa dejar de pree,mtan,e en el en~ierro de Ricardo La Freniere,
pero se había figurado qne gracias á la multitud hallaría
medio de evit.ar coalqnier encuentro.
Ahora, la posibilidad de elndíree le parecía menos evi·
dente.
Honorato y 511 mujer hablan logrado avanzar hBJ:ta el
crncero, en donde •e- mantenían en pie, no lejos de
''ídal.
Los ojos •lel conde eran invenciblemente al.raídos hacia
el pilar junto al que e.etahn Flor dll Niza.
En cnanto ,1, ella, hojeaba distraídamente su devociúnario y á tra,·és de las llamas humeantes de IOB cirios,
Vidnl1listingnfa aquel eednctor semblante, cuya blancura resaltaba más por lo npgro de eu traje de duelo.
Hubo un momento en que sns mirada!¡ ee encontraron
y la lenta caricia de los ojOI! grisee de la joven pareci,, significar d. Saintc-Pons que no habfnacudido d. Beaulieu máa
que para verle.
De nuevo ee ~nUó oprimido de BI1guetia á In idea de
que era ya inevitable una entreYieul.
l'ío se !!ngallaba Vida!: Violeta contaba con que el ser•
vicio ftí nebre del pobre Ricardo le proporcionaría ocasión de ..oJver á encontrar nl [ngili..-o y de pedirle razón
de su brusca partida.
Aqnelln fuga la había ca\tllado contrariedad, pero ni la
habfo 80rprendido ni irritado.
Co11ocln lo bastant;e á Vidal para que no la admiraran
loe cornbates que tlllCudirfan sn alma.
Sabfa que era detnlll!iado escrupuloso y ilemaaindo leal,
pam q•1e no pre\'.iem la energía con que resistiría rt la
atracción que ella ejerciera eobre él.
Por el conLrario, le eeLimaba m'8 por la rectitud y delícade1.a que mostral&gt;a alej!Úldose de ella y por eeto le
amaba con m,18 paeión.
En aquellareeoloci6nsúbit.amentetomada, veín la prueba de la i11f111Pncia que ejercía enél.
i huía de ella, era porque la amaba y temfa que sucumbiera á la tentación.
A tal idea exp&lt;!rimentaba l:i. joven llllA alegría que lo
ilumi1111ba todo á l!D Alrededor y la impedía considerar
las cosa~ desde P.U verdadero pllllto de 'listli.
Por lo demá!i, penetrada ya de la moral más que in-

duJgente del medio tan libre en que había vivido todo el
invierno, y no sintiendo por Honorat.o má.q que una. ironica conmiseración, no la deienían ni los mismos escrúpulos ni los mismos remordimientos que á ,ida!,
A sus ojlli!, el tr&amp;11POrte que la habís arrojado en bra,.os
de sn cm1ado, y había unido sus labios, oo era más qne la
mrni!.,etación de 1m afecto muy ti&lt;,rno, sin cnlpaoles in•
tencione:.
Yivfa en la atmó~fera deliciofia del amor que comienza.
H,íllabase en &lt;'S:l primem hora en que t-0do es límpido
y yirginal como el alboréar de la mal\ana, en que las
emocionee de In carne eon inconcíeotes y como ilumin:ida- por las puras emociones dtJI nlma.
Xo ~e preocupaba po•qne nq•1cl estado durara siemprP.,
ni pcnl!'lhll en qne IIP@Pos ;-,¡Is impetuo~oe pudieron turbar aqu&gt;!lla ijeal corriente de ternnra.
Amaba, era feliz amando y nada le importaba lo
demás.
En aq11el momento, miPntms las plegnriae e11bfan con
el incienso, en torno del féretro, el gota de vi,·ir cantaba
en ella y an~ ojos b11.5C11b:m 101; do \'ida! para endarle nlgo :i~í o:imo un eco de nqnel c.íntico interior .......•.
El ~acerdote hnbfa saimodindo el tlltiwo R,,¡,1ir11C&lt;t1 in

pace.
La multitud relluyú hacia el pórtico f el c.&gt;rtejo, volviéndose á formar con menos orden, subió el camino del
cementerio enf.re declives en donde florecían grandes geraneos rojos,
Las ruedae del carro chirriaban sobre la calzada reciont.ement,e empPdrada.
8scudido por loe mo..-imientos, el atahnd oscilaba con
en Cl\rga de flores.
A.vanzáblll!e lentamente sobre la vertiente bañada de
sol, y los hombres se enjuban la frente húmeda.
Por último, llega1on.
El carruaje de duelo de las La Freuitre habílL tomado
la delanteni.
Cuando el cort11jo Jli,gó al lugar en donde ee abría la
fo~a, el grupo de las tTes hermanll!l ~e deet.acaba negramente sobre lns tumbas de m,l,rmol blanco.
Maria Tere,,a, :1 la vista del ataúd que depositaban á lo
lar¡¡o de lo abierta eepnltnra, se sintió mal y tuvieron que
retirarla.
Entre tanto, Marnverno con la cabeza descubierta, agi ·
tando unas hojna de papel con la mane sin guante, co•
menzaba con ,·oz eonora el discurso que había prep;uado laborio~amente y que eeperaba ,·erlo reproducido en
los 1)0riódicos del dfa Riguiente.
El ll11jo de su elocuencia parecfa inagotable á los oyentes á quienes ei sol leB qnemaba la e,pulda r ln nnca.
Acogieron con un murmullo de aprobación y de bienestar In patética peroración del fin~! y en segnida loa gr11pos se dümminaron.
Mochos asistentes, yol\"iendo de p•isa á su carruaje
{ueron d. acabar el día á Monte Cario y con las nubes de
polvo levantadas -por los caballos, voló de sus ligeros ce•
rebros el recuerdo del muerto.
Yidal quedó pronto solo con il1 familia, cerca de la fo.
ea en donde loe paletadas de tierra roja cubrieron presta·
mente el ata1íd.
Todo estaba conolnido.
Snludó al bar{,n Spieler, estrechó la mano de Era y de
~ancy y se dispuso á a.Jejaree.
Al franquear la reja, 1)0rcibiú d. Honorato y á Yioleta
1ue le eepiaban, on pie cerca de su land6.
Habla contado algún tanto, con que IOI! dQ8 esposoP no
viéndole ,·olwr, hubieran ya tomado el camino de Xiza.
Ahora no podía ya evitarlo.
Se adelant.6 con pMo firme y pre.sentó yaliente.mente
la paz al enemigo.
-Y bien deeertor, comenzó Honorato estrechándol~ la
mano, ¿es así como nos abandonas?
Violeta ee había acercado á su yez y tclldía la mano rt
su cni'lado.
-¡Córuol dijo Vidal eefordndo~e por tomar en tono
deseniac1ado, ¿aún no se habían marchado ustedes? ........ .
F.11 mucha amabilidad haberme esperado al eol.
-Teníamos erupeflo, reapondió Flor de Niza con acento irónico, en recibir noticias de usted ...... Como la mC'ntalia no venía á nosotros, hemo, ido hacia la mont.al!a.
--'-En Jin, ogregú Honornto ¿están termin~dos eiioe fam08os 'traoojos? ...... ¿Vol ,·ede pronto?
--·o sé, replicó el con evaah·::. Los carpinteros la

20

8:EPTIEJlBRE,

1896.

han emprendido con el techo y se cntregadnn ,1 la holganza si no esto viese ali(.
-Pero, objetó Yioleta. con aire de inc1edu!id.ad,supongo que los carpinteros no trabajarán por las noches?..... ~
~o podrfa rutoo venirse á cenar y oi dormirá ~iza?
-:~fo, declaró él con firmeza, no insistan ustedes ........ .
Ell~ le miró nn poco turbada por la energía d,• aqcella re,,puel!ta negati\·11, y luego agregó B11rcásticame11te:
-'En ese caso, nosotros vendremoi 1\ ,·erlo.
-Sí, añodió Ilonorato, te re.ien-am,:,e nnn rnrpresa..,.
-¡Qué ocurrencia! protest-0 Yidal inquieto, bien sabes
que la Fonán no es habitable para 1111 matrimonio jonn.
Pienso que no tendran ustedes la intención de instalarse·
allí?
-En la F&lt;.11:fo, no! repuso Violeta lanzándole una
ojeada maliciosa; pero sí muy cerc.i, en los l,entiscos ..... ,
Como nos ha abandonado usted tan pfonmmente, no 81!·
t:1 nsted al corriente de nada ...... Sepa usted, pues, que
mi madre está de ,•uelta y que h"mos hecho las pacee.
Ln liemos proltletido pnsnr unos días en loA T,entiscos,
en donde ha vuel~ ella á poner su!:' cuartele,¡ de prima-

,·era.
El rostro de Yidal se había obscnrecidl),
-Diríase que esto lo contrnrin! prosiguió ella con u11
tono en qne se tran~lncía al pnr que un reproche, una
vaga amenaza .....• Xo per~i6ta asted, pnes, t-n su mal
!.tumor úcTeeremoaquP nos ocnlfa .Jgún terrible secreto ...... Ea todo caso, ~eremo~ Sllg v,•cinos de nqnf á poco
y nuestra primero visita •erá para uneJ ...... ¡Ilastamuy
pronto!
Y s11bi6 al carruaje sin voh·er;;e á mirarlP.
Honorato abmi6 rt su hermano, repitiendo dócilmente:
-8í, basta muy pronto!
Se sentó, en seguida, al lado de su mujer y partió el
land6.
Ya había de!&lt;apnrecido tn1~ la cun-a de la rampa.
Se ofa el trotar de los caballos resonando mát&gt; y m:ls,
sordnn1ente en L'l carretera, y Yidal permanecía inmó,11
cerca de 10!! geranios bailadoA de sol.
Se entristecfa y se irritaba de la ineficacia de sns ealuerzoo para alzar una barrera entre él y la seíiom d&amp;Saint-Pons.
Contra lo qne él esperaba, Violeta no parecfll hnber-·
c01nprendido los seri09 motivo~ de su conducta, 6 si los
había adivinado, no los tomaba ~n consideración.
~o quería ella ver el peligro, no apreciaba los senti •
mientas de 1..altnd y de honor q11e insl,igaban .1 su cuila•
do ti de¡¡empefiar el tonto papel de .T º"~·
¿Qué 8Ucedería si se instalaba ella en los LentÍE.cO!' y
si Honorato, que no eabfa ,,er nada ni sospechar unda,
se obstinaba en en ceguedad?•.....
La sitnación se tornaba á cada instante más peligrol!ll.
Yidal, al pie del moro, se preguntaba con angustia
qt1é partido tomaría entre aquelle. mujer apasio ada, capaz de entn,garse á las mayores imprudencil\8 y aquel
marido sumergido en una engaíladora SE'guridad?, .....
¿Abrirle loe ojos á Ilonorato?.. ,...
Eso no era ni generoso ni pmdente, y adeuuls, el remedio serfa peor que la enfermedad.
¿Esperar la ocru,ión de una entrevÍllta con la set1ora de
"8int-Pons y tratar de hacerla entrar en raT-ón?..... .
El éiüto parecía muy dudoso.
Además de que en semejantes circunstaneiae, el papel'
de razonador es soberanamente rid!colo, no se ftabn mucho Vida! de SllS propias ÍUt!rzaE.
Era hombre, y cerca de aquella criatura tan Eeductora,,
hacia In cual ee sentfa secretnmenLe arrastrado, terufa
carecer de la fortaleza y sangre fría necei:arias.
Bastaría un accidente, un moviruient.o d11 senaibilido.d
para que su debilidad quedaao de.cubierta, y en t.UI c~so
la calda serla tanto más pronta cuanto mt1s émptfto,a.
hubiera sido al principiQ la resistencia,
El único remedio verdaderamente 60bemno era b
fuga.
Era preciso partir silenciosamente, interponer cente·
nare~ de leguM entre él y l6 mujer de su hermano,
"Pero tampocoest.o le era posible hacer.
Ln muerte de Ricardo La Freniere hacía momentanea
mente impracticable aqu1:l l!Rl1"a.dor l)l0yeclo.
En el t.o!stamento, redactado un nno anti!!!, instituía el
difunto al ~de Saint,.Pom; ejecat&lt;ir de ~us úMma~ ,·oluntadee, suplicándole que ayudase con eu nmistad á 11u
,·iudll y su,, hljo@,

20

SEPTIEMBRE,

1896.

EL MUNDO.

43

'\'ida! no podía., sin ser tachado de egoísmo y de infil. simo hacer más, pero desgraciadamente no eoy liltre pa1In fulgor muy tierno, pero más serio, balil1b1 sus granferencin, traicionar la confianza de un amigo y eyadirse ra obraré. mi arbitrio. Creo, sin embargo, , poder afirmar des ojos garzos.
Había desaparecido la. ndolescente para ceder el pueeto
de nn deber tanto más imperi_oeo, cuanto que el porvenir que el barón no ;-aeilarli e;:i ofrecerá mi madre nna habide la sef\orn La Freniere, y de Maria Teresa eohre todo,
á una esbeltn joven, perfectamente formada y encantatación en nuestra l'illa de l\1ontbor6n ....... ..
dora con la severa sencillez de su traje de duelo.
parecía gravemente compromPtido.
La señora La Freniere volvió hacia su hija mayor su
M1entr111 repoanba todas estas díficnltadee en sn cere- Tostro enel que aún se Yefan los párpados hinchados de
Se enjugó los ojos llenos de lágrimas y alzando hacia
bro adolorido, ee encaminaba el conde d. pie al pueblo de lágrimas, y respondió con voz débil:
el conde una mirada confiada, murmuró:
-Ohl señor Vida], desearfn convel"l'ar nn lllC'mento
San Juan.
-Te doy las gTaciae. qaerida, pero he tomado ya otras
Seguía lenta y tristemente el sendero de los aduaneros,
con o!lted ...... ¿quiere usted que demos unn vuelta por el
disposiciones. Al ,eigniente día de nuestra desgracia, Mr
á orillM del mar que murmuraba con suave mnnsedum· legra.fié á mi hermana, que habita en Nueva York, y su jardín?
bre.
Se inclinó él en seftal de aquiescencia y le ofreció el
r~pnesta no ee ha hecho e5¡&gt;erar. Por telegrama me inYidal dirigía ans miradas distraídamente hacia fa azubrazo.
vita ,1, que vaya á instalarme á su CMa con mie hijas y
lad11 superficie del medit.errtlneo, bncin la coloreada ende- esto ea Jo que haré tan luego cowo pueda elllir de BeanCuando estuvieron Juera, bnjo la enramoda que se prona de montafia.• de la coeLa, á la movediza verdura de lieu. :\H herman1,1 el! rica, me ama mucho y gracias á ella,
longaba asta oril!ns del mar, María Teresa se detuvo.
l,ls oli Yos bru1aJo~ de eol, como buPcando q11ien le diese ~ancy y Maria Tere~a podrfan allá casarse ventaj08ll-SC!!or de Saint Pam,, comenzó á decir ella; cuando
un consejo ó nna inRpiraci6n.
vivía mi padre, usted era muy J,ueno conmigo, y ahora
mente .......•.
Pero en el desarreglo de nuestra propia naturaleza, el
que él ha partido ...... pnra eiempre, usted es el único
Durante toda esta con,-enmción, )lnría Tere~a tenla los
mundo exte·ior perman~e c1 nelmente impasible.
amigo q11e mequeda. El amaba rtusted mucho y usted J.,
ojos obstinadamente fijos en la!! Y'lrd urae del jardín.
El mar pru~eguía «n canción indiferente, lns montañas
~o ~e podía ver su rostro, pero se adi..-inaba en el es- amaba igualmente. :lle parece que encuentro en ueted
ee expolvoreaban racliosnmente al sol, los olivos eegn!an
tremecimiento de soa hombros, que llorab11 silenciosa- algo de lo qne había en él y ea lo que me anima i, pedirmoviendo desc\Jidadament;¡ sus ram!l.s y parecf:in deciTle
le un constljo ...... Me siento t.an desorientada, tán inexmente.
á Vida!:
perta,
tan sola!... ... Tengo tanta necesidad de que me
En cuanto á .·oncy, tan luego como en madre hubo
•¡Nada podtomos!n
gafen
y
lo obtengo tan poco!
acabado de hnblar, se paró y dijo sin deteMree, con
Y la Ju mi nasa pa7. de In~ cosas no hac(a eiuo exasperar
La
voz
húmeda de la joven ascendía como una plegllacento firme y resnelto:
la angn~tin de aquella alma atribulada.
-:María., :lfarfa Teresa acompat1nrá á usted solamente, ria bajo laij l)almel'UI! de la terraza' y sue hermosos "jos
JI
porque yo estoy resuelta á no expatriarme ...... Ayer el sinceros se voh·fan hacia \"ida\ con una expresión de
En el salón de la l:oseraie, la sef!ora La Freniere, sus
príncipe NirBECo me ha pedido una entrevista y me ha confümt.a que le conmovió:
hijns y en~ amigoH, se e11contrBhl\n reunidos en una es-Querida nifla, respondió él, tiene u~t.ed raz(m en condirigido una proposición de matrimonio qne ncepté ..... ..
pecie de con@Pjo de familia.
tar coll'nigo y estoy enteramente á su disposici6n.-DíEl príncipe y yo estamos comprometidos y nos casarePor primera vez, desde hacía ocho días, había salido
game ns~d lo que la inquil'la y trataré de aconsejarla.
mos tnn luego como usted baya dado su conaentimien•
la vi11d11 de su habitación y ee ha!Jfn sentado en un largo
como lo hubiera hecho mi pobre Hicardo ...... tAs111,ta
t-0 ...... Espero que no me lo negará. usted. ,erdad?
canapé, entre la b:uone,m 8pieler y llfar(a Teresa.
Al o!r el nombre del viejo príncipe Nirasco, la señora rt usted la perspectiva de esa partida para la América?
Nancr se hallaba un poco apartada y pareeía sumida
-Si ...... confesó ella, yo no qui~íera salir de Beaulieu
l\lnru..-erno no había podido reprimir un gest-0 de desen tétrica meditación.
en donde he nncido y que tanto amo.
aprobnci6n.
En frente, delante de una mesa cubierta de papeles,
Sus ojos hú.me~os abrasaron con miradu amiga el cie:\timba con espanto á aanella rosaganLe y fresca joven
:\{aru,·erno corumltabn una hoja borroneada de cifras y
lo,
el mnr diamantino, las montai'tas eefumada~ y cooLi-.
de veintidos afio,¡ qne hablaba de casarse con un eeptua•
co1wer~aba en voz baja con Yidal de aint--Pone.
nuó
reprimiendo~ sollozo en la garganta:
genario como de la cosa m:!s natural del mundo.
El bar,'.,n Spieler ee había excusndo, vero la buena eeflo-Aquí
es donde he vivido con ml padre; aqu! es don-¿E•o piens0.8, Nancy? exclnmó la viuda, Yisibtemenra :Man1vemo no había acompai'lado ásu marido, se había
de
él
ha
muerto
...... ~o tendré fuerzas jamás para abante contrariada. El pr!ncipe ~iraeco tiene cincuenta nlloe
colocado j,rnto rt María Teresa, ti quien le había tomado
donar
este
rincón
de tierra en donde el reposa y en donmás que t(tl
una mano q ne guardaba afectuosamente entre las suyas.
de he pasado tan hermosas boros á su lado ...... Si me ex-Me place que así sea, replic6 terminantemente NanPor las vent.anae abiertas enviaba el jardín á la pie?.a
patriara, sería como una pobre planta arrancada que no
cy; me ofrece una posi11i6n honorable y prefiero caearme
en~ombrecida por los trajes de loto, eua olores de primacon ~¡ á \'Ívir como parienta pobre á expensas de urm p11ede ya i!Char ralees en ninguna parte..... .
vera y lo~ gorjeos de 108 alegres pajnTilloe.
-Pero su madre me parece resuelta á partir...... ¿Tentía desoonocida que me deeagradarli y ti la que tengo muBfütieta ~ 1oru ,,erno, rlespués de toser para limpiarse
dría nsted la intención de separarse de ella?
chas probabilidades de de!!Bgradar igualmente.
la voi, so aseguró IB!l gafas y comenzó á habla.r en estos
Permaneció un in,;ta.nte silenciosa y como ..-acilante, y
La sefiora La Frenii're alzaba loa hombros y Yidal mitérioino6:
luego
afladi6:
raha d.laseñora.Uarovemocon un movimiento poco apro-•Seiiorne, el conde de Saint-Pone y yo hemos pasado
-Sellor
Yidal, vo"y .t hablarle á usted con el corazón
batorio.
la i;emana en disponE'r la sucesión de nuestro pobre amiabi.,rto
....
Ciertamente
le tengo prof~ndo afecto á mi ma-Nancy tiene razón, dijo Eva Rpieler sofocando nn
go Ricardo.
bostezo, yo le apruebo que tome m11rido, por maduro qne dre, pero sé que no le soy indiapensable. Allá encontrará
Con gran pesar de nneatra parte, nos encontromos fren•
sea, antes qt1e someterse á la férula de parientes extra- elln de nuevo sus hábitos de la ininncia, amigos, á su herte de un;¡, situación mala y creemos de nuestro deber pollos ...... Mamó, estoy cierla, no Re opondrá á un matri- mana ...... Se acostumbrará pronto ánoverme. Xole karé
nerla en &lt;:onocimiento de ustedes desde lnego ........ .
monio que asegura le. independencia de sn hija y que la falta, en tanto que il mí me faltará todo si ,·oy á vi viT
El activo se compone únicament.e de la rilla de la Rodescarga al mismo tiempo de
gran reaponsabilidad. entre extraflos...... No, no tengo valor para irme á lo
Eemie y del mobiliario que la guarnece; no menciono, si-Obl ciertamente, protestó la viodaqoe aborrec/a lBB desconocido!
no por simp,e formalidad, la frtbrica de "Parla de que el
-Sin embargo, usted no puede vivir eol&gt;1, Teresita;ver•
discusiones; no abrigo la intención de contrariar ó. Nandifunto era mero locatario y cnyo material no le pertedad
es que tendría usted á 808 hermanas...... Pero, créacy ...... Es libre y se baila en edad de saber lo que leconnecía.
me
usted
suponiendo que consieI?tan en recogerla, no devenga mil.e.
La ó/fo, comprendiendo las dependenciBS y el mobi-¡Que sea en buena hora! agregó irónicamente el se- be usted contar macho en en solicitud ...... Son demasialiBTio, puede ~aler unos trescientos mi! francos, y de heflor Maruverno metiéndose las gafas en la bol~a del cha- do personales, nv tienen sus mismos gustos y no deseacho tenemos ya un compmdor que consentiría en tomarleco; y nhom que todo está Bl'reglado ásatis!acción gene- ría yo para ll!lted q11e fnese á. adquirir los de ellas.
la en esta suma ...... pero la propiedad está gmbadn de
-Oh! no cuento con ellas, protestó Turfa Teresu, su
hipotecas hasta doecientos mil franooe y las deu&lt;ias de ral, creo que podemos levantar la sesión ......... .
modo
de vivir no me agradaría ...... No, yo había pema:-alndó, se despidi6 y salió con la. seflora Maruyerno á
eecritnras, gastos jodi&lt;:iales, etc., se elevarán d. unos
do en otra cosa y 80bre eeo deseo consultar á llllted ......
quien la viada ncompnñ6 hastu el carruaje.
ochenta mil. ....... .
Yidnl 111 miraba con sorpresa y se preguntaba con inEva Spieler y Nancy aprovecharon el moment-0 para
:-;i nstede,i ee resnelven á vender, cosa que les aeollllequietad á dónde iría á. parar.
retirarse
j=las.
jamos, quedará á la sucesión una ~ama de veinte mil
La ja,•en prosiguió:
La baronesa subió á la habitación de 80 hermana d. fin
francos, á lo más ........ .
-Me
va á juzgar oated muy presuntuosa! ...... pero, en
Permftaseme indacir á los herederos á que cedan, bon- de interrt&gt;gll.rle acerca de su brueco matrimonio q11e pi•
fin,
soy
buena múPica y me conceden cierto talento como
dadosamente á so madre lo que lee corresponde, que por caba extraordinariamente au curiosidad.
yiolinista. Pues bien, hab(a pensado en utilizar ese taUna
ve1,
solo
con
liaría
Teresa
Vida!,
le
estrecbóami8lo demás, 1.,s sería insuficiente para Yi\"ir ...... Y con este
lento y en gannr mi ,'ida en Niza, dando lecciones de
moti va, lamentamos la an~encia del se!!or Barón Spieler toeamente las manos:
acompaftainiento
........ .
-Y usted. dijo, mi pobre Teresita, ¿qué será de usted
que seria .,1 único que pudiera darnos algunas luce6 res-¡Cómo!
interrumpió
el Conde, ¿daría oated leccior,es
pecto de las medidas que debieran tomarae para ll8egu- en medio de todo esto?. ..•.. Veo que han consult.ndo rt topor
las
casas?
rar el porvenir en lo que respecta á la. eeftora La Freni~ do el mundo, except.o á UBtei.
Al mismo tiempo examinaba con afectuoso imerés il la
-Quiero, replicó ella gravemente, vivir de mi_ trare y sus do~ hijas menores ......... •
bajo.........
¿No ea más bonroso que permanecer e11 la
joven
y
ae
maravillaba
de
la
rápida
traneformación
que
Eet.a alusión á su marido det!J)t'rL6 la at~nción de Eva
0&lt;aosidad y §. cai-go de los demá.,?
Spieler, que hasta ent.onces h.ab(n escachado muy dis- se habla operado en ella en un ano.
-¡Pobre bija mía! est.o es insensato! ......... PrimeraTiabín perdido eu delicadeza gracil del OOl:'k-_Mh.
• traidamentt- el discu.t110 del Sr. ;llaruveruo.
mente
á la edad de usted, no p11ede quedar sol4l, y desS11
talle
se
había
ahtrgado
y
el
hU!to
se
le
habla
desAlzó su bonita cabeza, adornada con una capotita nepaés,
no
808pecha las miserias del oficio que llllted quiere
arrollado.
gra cuyos larg08 creq&gt;onte hablan sido ya ajustados de
Sas abundantes cabellos obscuros, ant.dadoa en gruesas emprender ......... sí, usted es excelente música, extraormodo qae cayesen elegantemente hacia atrás.
guedejas, daban á su rostro más lleno una expresión me- dinaria violinistll,; pero la amable acogida que se ha be,
-En cuanto á mi parte, en eso6 veinte mil francos,
cl10 d. su talento de aficionada, se -0ambiada en dtlllcondijo, la cedo con la mejor voluntad. ..... De.searfa mucbí- nos juvenil.

""ª

�27

44
fianza cuando tratara de sacar partido de ese taleoc.o
para la ganar In \·ida ..... ,.. TendNI. usted, además, que
luchar contra una comp,,tencia sin piedad. NÍI.a estii
llena de artistas que ee disputan l!\6 leociones. La oferta
es superior·, la demanda ......... Usted no anpondr,i que
los alumnos acndirá.n en m11ss desde el principio .... ,., ..
Será. preciso e~perar largo tiempo la clientela, y entretanto, ,\cómo ykir! usted?
-Ya había reO,,xionado en todo eso, l'e8pondió ella
con toda calma: me habla dicho que si umed aprobaba
ml proyecto, ,orfa usted balltl\nte bneno para facilitarme
w ejecución .. ....... Desde luego le habría rogado que me
buscase en .·,111 Juan un cuarto, en casa de alguna.e perao1111S honradas y respetables que me eirvieran de sombra ......... Xo soy ni de"contentadizs ni animada, ocupo
poco Jugar r creo que mis hmlspedes no tendrían por
qué quejar,;i, de mí...... Además, esperaba que gracias á
las relacioneF de UEted en la arist-ocracia de Niw, podría
procurarme atgunos buenos discípulo~ para comenzar....•
Xo me forjo ilusiones ace1ca de los encantos del otlcili&gt;,
pero ya otras lo han hecho n.ntes que yo; estoy dispuesta
ú soportar muclias co~as con tal que llegue ti ganar bon•
rada y 111odefflam1&lt;nt-e mi pan. Querer es poder y me
sienLo cap:u. 111! qnerer con firmeza, sobre todo, Eri putido
contar con la ami~tad de usted.
Yidal esonchaba con admiración.
firmeza ele vohmlad, la madurez de juicío de aque•
lla niüa de diir;; y seis aílOH, tie la hac{an núo más ErimIM°l

pática.

Le oonmo,·in eneontrnr ea ella tanto bue11 sentido y
espontll.Ile.idnd, tan ,·ah,roso modo de mirar la ,,ida, juntamente con una gracia t.an ingenua y tan confiada P.ere•
nidad.
AJ mismo tiempo se sentla tra~pasado de com:pasi6°u
al pensar en la, miserables oecepciones, eu loa peligros
! que iba á lanzan;e tan impe~UOijlUllen.tll María Ten-sa.
-Y bien, preguntó ella, alzando l1aci11 él sus ojos síncaros y co111enznndu á sentiri,e í.nti.midada por s11 aílencio,
¿cuál es la opiniC,n de oated?
-JIU opinión es, repuso el conde, que tan \'alientes
intenciones mereeen examinarse detenidamente ........ .
\'oy A pensarlo eat.a noche y le prometo á usted que
ID!'-fiaua por lo. ma11an,i. lo diré francamente lo que
pienso.
Ln faz entristecida de ~arfo Teresa se iluminó y la joven iendió eu• n,nnos al amigo de su padre.
-G rncias, e;eñor \' icLt,l, esperaré á neted mu iiana ..... .
P11ro ¿no l'!l verdad, agregó con infantil entonación, que
dirá usted que Lengo raión y no me ddará lle\'ar lejos de
todo Jo que amo? ........ ,
-Yeremoe, replicó él con gra\'e ,onri~a. Hasta ruailaua, Tercaital..., ..
La atrajo hacia él y la besó paternalmente en la frente.
-Es usted mm \'aliente muchacha, murmuró, v la
quiero mucho.
•
Se ~apararon y Yidal se dirigió pensatil·o hacia el camino de San Juan.

20

EL MUNDO.
Siete días habían pasado desde an corta entrevista con
Ilonorato y Yiolet.a.
De eupouer que esta última penñst1ese en su proyecto
de ,eraneo, su llegada á loe Lentíetieos se bacín inminente.
Cada \'e7. que ,Tidal viol\'la á. su casa temblaba temien•
do encontrarse en el111 ,i sn hermano y á su cunada.
Aquella misma noche la vista de 1a fachada color de
rosa de la vi lla, despertó sus temores no momento ador•
mecidos, y le volvió al estado de angul!ti.a que enfría desde la maílana del entierro.
Franqueó el wnbral de ea casa eintieodo on estremecimiento nervioso, y nn ee tranquilizó hasta que no supo
que nadie habla ido á preguntar por él.
Sin embargo, su agitación Yol,ió, y toJÚ! fuerte, cuando
vi6 desde las ventanas de su habitación los techos de IQ.
quinta de loi; LentiRcos,
Púsose á pensar en la eventualidad de la llegada de
Violeta, en los riesgos de la lucha qae podía volver áempezar de 110 momento á otro.
El menor rumor de puos ó do voce.a que ascendiese
del fondo Jel vestíbulo sonoro, le bacfl\ estremecer y le
CBlll!a ba fiebre.
No pndo soportar largo tiempo aquella enervante
aprensión, y pw·a librarse de su ruale~iar, dt•j,í de nuev6
flU habitación y se fué á vagar al campo libro.
Atra\'tll!Ó el bosque de eabinos que borda. la ribera meridional de la penínsnla, y se dirigió haoin San Hospicio.
Caminaba sin v-er nada, pell88ndo alternativamente y
con la misma inquietud, en los aveutunldos proyectos de
la pobre J\Ia~ía Tere.'!B y en el dolor1Jso amor de Flor de
Xiza.
Le in\'adla la tristeza á medida qne pensab1 ou,in mal
ordenada eatl11a vidn, entregada ti los poore, azares.
Cuando llegó á la platn{orrua dti In torre not.6 que el

SEPTIEMBRE,

SEPTIEMBRE,

45

EL MUNDO.

1896.

1896

aspecto del cielo ae habfu. modificado brngcamente.
Bien qoe ine.~eu las seis apenas, la luz tenía ya a1p e
crepnscu hir.
Una cortina de brmnn fuliginosa se extendía hacia el
Sur, y el)lediterr:tneo l-0maba los mismos tonos plomizos;
de suerte qne en el horizonte, el mar y la nube se conlnndían por completo.
Sobre aquel fondo de una tonalidad sorda, una vela solitaria ponía ú.nicamente una mancha blanca, mientras
qne al Poniente lns mor:ta!la~ d"1 Estere! 11e destacaban
vigorosamente como masas color de tinta.
.\l Oriente, por el contrario, una luz difusa se traDHparentaba á. través de la nube, coloreaba las costas y la sá•
hana de agua con gris lechosa, permitía distinguir cla•
ramente la punta de Bordighera.
En un campo contiguo al terraplén de la 'T'orre, doa
campesin011 cavaban l\presuro.damt,nte la tierra alrededor
de las cepas torcidas de on pequeüo vil\edo.
El choque met,tlico de In~ picaa l!obre el suelo guijoeo
turbaba solamente el silencio profundo de aquel paisaje

r

..:

!

I

/

adormecido.
.\ \'eces los dos campesinos levantaban In eapalda en•
encon·adn. y entregándose á una contemplnción calnl'o~a,

1•olvfa11 los ojos hacia el mi"mo punto del ciclo.
lnstinti\'amente lru; miradas de \'icbil signiuon la miB•
mn dirección.
8obre los bosques de pinos, á mucl1a altura, centenares y centenares de estorninos se cernían, eemejant.es ,i un
enorme y 1101'--oriento enjambre de abejn.s.
Ya giraban perfectamente visible~; ya se enruergían en
la bruma y reaparecían en masas, dllt'graoándose en aegnida poco á puw.
El revoloteo eilenc.ioso.de aquelh1s ave~ d~ paso, la calma tr,!gica y la triP.teza íeroz de aquel paisaje crepueca( C011ti111uuá.]

¡_
1

r

•· .

,,&lt;;r, se repetía, es una 1·aliente joven y eerfa cruel aban•
donarla!"
C',omprendíu que temiera Ju jo\'en deHterrarse á un país
en donde todo le sería ertrai\o.
Sabia que á p~aar de sus serias cualidadeM de seiiora de
caea, la señora La .Frenit.re había de~cnidado invo•
luntariamente la educación de sus hija,¡ y que éstas no le
ha.rían mucha falta en el nue,·o 1rnme que eligiera.
Excusaba, pues, A .María Teresa, de que sintiese repug•
nancía por aquel viaje á Nne,·a York.
Pero por otra porte, le espantaba verá nquella nida
entregada á. l!Í misma en mtid io de los peligros de la eociedad de =-:ita y obligada ,i emprender, para ,ivir, un
oilcio lleno de riegos y sinsabores.
"Para arr._.glarlo todo, pensaba, serfo preciw que se ca•
e ira. Se neces..iL:nfl que un hombre honrado se enamo•
r&amp;.qe de ella y ee l•mpeilara en hacerla feliz ...... Y quedaría recompensado, porq oe )Iaría Teresa se ha puesto
encantadora. ..... ¡Qué irrisión! ·u~ doe hermanas, que no
nlen loq11e-ella, h1n encontmdo maridos, y esta adomble
1úlia se \'eftl condenada á vestir Eantoe ...... .. ¡Qué de~gtaeln!»

:!,Iuy eonmo\'ldo con la enternecedora situación de su
amignitn, &amp;int- Po11s olvidaba EUS propias preocupa-

&lt;:ionee.

F LORDE

NIZA

POR ANDRES THEURIET.

i• .~

(Trdouolda espeolabnente para. "El :Hu.ndo.")-Ilustra.olonesheobas en nuestros talleres.

\~,~j
..::;:•.t·--..r.....

Núm. 12.-Yéanee nuestros nú.meros desde el 5 de Julio de 18ll6.
1or, rn nrmonizaban con el estado da ánimo de Yldal.
n~ pronto, súbitamente Je sacó de sn érlasis contem1'1, ¡.i\·o e1frú frú de noa falda sobre él césped, i la Yez
&lt;tlll! 11 1t irlinico timbre de voz le liizo estremecer:
-1 la•ta qne encuentro á nsled l.... .... ,
\"o'.\· iÍJs~ Í' l con precipitación.
Y io ll'l:1 i.le Saiot-l'ons estaba j unro á él, ligeramente
l!oíocada.

El tinte rosado de eo.s mejill:ia y la¡igitnei6n de su pecho bajo la 1111ave tela del corpiño, traicionaban la precipitación con que había. ascendido la montaiia.
Yidal hizo un violento es.fuerzo sobre sí wismo, y pu•
do decir con voz may tranquila al parecer:
-Buenos tardea, sei'lora . .. ..: ¿C6mo supo uste:l qne me
encontrab :\ agu i?
- '.lluy eencillo ... Llegamos esta tarde á los Lentiscos y

11uestra primer visita fué para UBted. En la Fouán nos di·
jeron que l!l!laba paaeándo~e por la playa; seguí el miamo
camino, y be tenido la idea de su.bir histaSan Hospicio.,·
-¿Y Honorato?
-Lo dej ~ al laio de la vieja Thelisa, pero estad, con
nosotro antes de media hora. ........ .
Yaciló ella un momento, r agregó luego con entonnción snrcástica:

�27 SEPTIEBRE, 1896.
EL MUNDO.
46
==-=============================================================

nr
yo~? ......... Ya nunca bormrá nated, \'ida!, la huell.s de
Tranqnil!cese ueted, nue~tra conversación ti solas no
Desde las nueve de 1a mai'lana eiguienle, ~!arfa Tere~:\
será lnrga ...... Perrnftnme aprovecharla,. al menos pam aquellos btS-Os ...... Lo que sucedió aquella noche puede
esperaba en el jard!n de la Roseraie la prometida yisita.
pedirle uua brt-vto explicación ..... . ¡,Por q•Jt' partió usted suct!der otra ,·e:,;, ........ YamOP, no hay que jurar nada!
de \'ida!.
-Y yo. protestó él con energía, le prometo 6. neted que
tan precipitndameni.e d~pué.,, ..... de lo que habla pBBR·
r;mpalidecidru! por la pena y la ansiedad, sus mejillas
obMlT&lt;Í de modo de no tener que reprocharme una nueva
do er,tre nosotroe, la tarde de la P&lt;mlm!
tenían el tono mate de 103 j11zmines y ens ojOll lije--Le escribí ti. Honorato y él le l.i:ibrá mO!ltrado i. usted
falta.
-Sí, ya lo Fé! repuso elln, burlona; el srBD recur!kl, la ramente circuidos parecían dilatl\do&amp; p&lt;&gt;r la fiebre de la
la carta.
-Sí, ya sé, replicó la jo,·en nerviooamente......... Los fuga ...... Pero no He net-ed en eF.o!
el!pera.
peones qne bahía que vigilar ...... l'sted me jazga wtan.Apoyábaee de codo~ en la comiza de la terrru:a espianAl mismo tiempo le em·oJ..-ra con una mirada apasiote inteligente ¿no e~ Yt&gt;rdad? para suponer qne me ba en- nada y casi provocath·a.
do la venida de Snint-P?ns y s11s miradas inquietas eecugUlado e ·lJ pretext-0...... ::,;ada de e11ganoe, @e lo supliPara no sufrir de nuevo el atmct h·o de aquellas pupilas drii1aban unas veces el camino polvoroso y ot.ras la SU•
co: ...... Cuando usted me ha oprimido contm eu corru:óu grises imprt'g'. □ ndas de amor, &amp;ünt•Pone se puso rígido,
perdcie brillante de la uabfa.
y me ha be~ado ...... de un modo m11y di~tinto de como se irritó contra el mi~mo y prorrumpió con c{,lera:
I.ae brumas de la víspera se habían dir.iparlo y la atee lwFa ,luna cnfladn, iPra mnnifestnción de ternura ó so-No té á qué rne reeolnsré; pero le jnro :i. usted que mósfera, l!mpida de nuevo, permitía distingo ir !ns me•
lnme11te un jnPKo·!...... Un j,wgo crntl, en est.e caso, por- pondré entre nOl;útroe 1111 obstáculo tal, qne ni usted ni ¡¡ores relieves de la co~ta de San Juan.
qne pt'rd! en ,H ...... UEted e~taba convencid,¡ de que yo yo podnmoa íranq11enrluJ ........ .
)íarfa Teresa vió nna \'ela hlB11ca que Aalía del ppqaele amaba, puesto que hnbta tenido la debilidad de confeAl acabar de pronunciar eetns palabl'lll', la delgada si- flo puerto y &amp;e dirigí.1 en línea recta haciii Beaulieu.
aá~lo, yu u~ted demaQiado serio para nobauer pell~ado lueta de eu hermano surgió al borde de 111 plataforma.
Poco á pocó, la embarcación se aproximó.
en que yo interpretarla eue be80e como un comrromi-Ah! aq,ú 1!€tiln uetede!!? .,xclamó Honoratocorriendo
La joven pudo ver, al fin, al lado del pescador qn~ mn•
eo ...... ¿Por qué, entonces, h11yó usted al dín siguiente? hacia ellos, temía no llPgar á encontrarlO!! ......
niobraba, nna silueta negra, cuyo hÓlo 88pooto le latió.
.r:1 momento tf'mido habla llegado y se trataba ahora,
Se detuvo sorprendido de la animación y al mismo el corazón.
para Yidal, de en!rir aquella prueba, ein dejaree enterne- tiempo del eobresalt-0 de loij dos interlocutores, cuyaconUn cuarto de hora después, la barca atracó casi ,mfrencer.
te
de la Roseraie.
ver,.ación
acababa
de
interrumpir.
Espanbdo ante la eobr,excitaci6n de Violeta, miraba
Yidal salt-0 ligeramente sobre el muelle y franqueó con,
Por
primera
vez
sospechó
ooafueamente
que
pasaba
almaquinalmente en torno suyo y se fentfa tranquilizado
,lgil pa~o la calzada que le separaba de Je. verja.
por la presencia de loe dos campe!!inos, que cavaban, á go mieterioso y anormal, y de prouLO se sintió m,úi intiMoría Tere11a había bajado á l!ll enooentro y pronto sn•
midado
que
ellos.
un centenar de pasos de ali r.
Entre aqnf."110!! trefl personajes hubo un momento de ab- bieron ju ni.os la eitcalera que condnc/a á la telTI\ZR.
AqaellOI! hombres le pareclan una salvngnardie, una
soluto silencio, durante '11 cual se percibía claramente
Yidal también llevaba las facciones alteradBB y la pa•
especie de garantía contra las debilidadee (l&lt;)@iull!S.
el
ruido
de
los
arodos,
cayendo
á
inten'lllos
regulares
en
lidPz
pref!tllba al color de an cara nn tinte aceitunado.
Entouces respondió con ml!s seguridad:
Un
fulgor a lave,; enérgico y enternecido brillaln en•
fc]
eu1:lo
pedregoeo.
-¿Quiere usted que le hable francamente? ......... Pues
-A prop(1sito, comenzó por fin torpemente dirigiénsus ojos, en loe que se lefa la gravt!dad conmo\'ida dé un,
yoy á hacerlo ...... Sf; aquella tarde cedí á un arrebato,
doee ,l su hermano, Violeta t2 habrá dicho que almorzahombre que está resuelto 6. 11n acto decillivo ein di~imuá nn impuleo de locura, de que pido humilaemente per•
remos
mañana
en
tu
cash?
......
larse lae eerias responeabiliclades q11e tal acto entrall.a.
dón ...... En mi calidad de bomure, debiera habfrme doSe
detuvo
de
nuevo,
adivinando
en
la
cara
sorprendi-Gracias por haber venido tan pronto! dijo liaría Te•
mi1111do y no cometer un acto ofeneiYo para mi herma•
resa tendiéndole la mano.
no .••... y para usted ...... Cuando tuve conciencia de mi da de Yldal. que no sabía una palabro de aquel proyecto.
-~o, dijo brevemente la sef\orade Saint-Pons, he queGuardó él en la euya durante todo el ascenso aquella.
culpa, el mal estaba hecho, pero dependía de m! el no
rido
dejarte
el
placer
de
BDonciarle
á
tu
hermano
esta
manecita
que temblaba y no la soltó sino hasta qne esagregar nutvae falt88 á la primera ...... ,.. por esta razón
tuvieron
bajo
hll! palmas de la terraza.
sorpresa.
hu!.
-!fo
te
moleat,ee
en
lo
JllWI
mínimo,
agregó
Ilonorato,
Ent6ncea
reclittó
la eapalda en el muro, á pesar de In
Una irónica sonrisa crispó loa labios d., la jo,·en.
instancias u.e la joven que le indicaba un lugar en el ban·
-Entonces, exclamó, usted se imsginaba que una vez no senimos ni exigentes ni descont.entadizo~ ...... Par lo
aquí ceearia todo peligro, y que, deepués de dicir me,, ru.l- demá@, yo mismo he dispuesto el 111.,mrl con Thelisn ....... . co rústico en e 1 que se hnbla sentado.
- . •o, dijo, le doy á neted IBR gracias, prefiero perma·
Pnrante elite tiempo, Vida! se habla repuesto, y sin
1'ª• todo había acabado'? •. ,...... Yidal, ¿me ama usted?
necer
en pitl ........ .
mirar
á
\~ioleta.,
re8pondió:
Ella se apróximaba á él con las manoa tendidas
Se
detuvo
un momento para recogerse, y continn6 luego~
-YP
encantará
ser
el
antltri()n,
con
tal
de
que
se
muesUn geeto de su cnf\ado la detuY&lt;&gt;.
-Querida
nilla, he pensado m11cho en usted desde ayer
tren
ustedes
indulgentes
......
Pero
no
\'ayan
1ll!tedes
á
la
Con nn brusco mo,·imiento de cabeza le sef!alaba , los
y,
mucho
he
reflexionado en el proyecto de que me
Fohnán
antes
de
las
las
doce,
porque
tengo
necesidad
de
doe trabajadores que habían int.el'1'tlmpido su trabajo, y
irá
la
Roseraie,
en
la
matlana
y
me
será
impo;iible
YOI·
habló.""""
apoyados en au barreta miraban curiosamenre.
-Usted lo desaprueba, interrumpió ella; lo adivino en.
vf."r temprano ......... .
-Seré sincero hast.a el fin, replicó él; sí, amo ti ruted! .. ,
Tomaron lo~ tres el camino de los Lentiscos y no cam ·
SU Bspt'Ct.o.
8i hubiera yo podido saber hace un afio lo que nsted pen-So lo c~11snro; revela un corazón altivo y una alma
saba y lo que usted "alfa, hubiera eido el primero en biaron en el trayecto más que alguna~ p~labras insignivalerosa;
pero sí me parece tan laudable y conmovedor,
ficantes.
ofrecerle el compartir mi vida, y creo que bubiésemoe
peraisto t'll creerlo poco práctico, máe bien peligroso, y
Cuando llE-garon ,t la verja, Honorato quiso detener á
vivido felices junto!! ......... He sido un ciego, y ahora que
su hermano 6. comer, pero este se defendió con vh•acidal:
no puedo aconsejarle á 1ll!ted que lo siga.
he abierto loa ojoe, es demasiado tarde.
Mar/a Tllreea bajaba la cabe~ y 8118 laoioe temblaban
-Xo, le dijo, tengo que trabajar esta noche...... Tl1 &gt;m·
Sacudió ella la cabeza, recorrió con mirada e.u,ltada
bes,
además,
que
la
eeñora
Oastelar
y
yo
no
simpatÍY.ll•
como
los dtl alguien que va á llorar.
el mar brumoso, el cit,lo negro y los pájaros atorbellina-Xose
de8coneuele t11ted, Te1esita, oontinúó Vid.al
moe
mucho
y
nos
molestaríamos
mutuamente.
dos, y murmuró en seguida:
-VamOR, Palvoje, no insistiré! dijollonorato empujan- con tono más tierno. Si mi alooto se opomi , que fomen-Dewuiado tarde! ......... ¿Por q11é? ......... Usted sabe
te yo e11s ilnsiones, quiero sin embargo, intentarlo todo.
qne le amo y oonfieea que me ama ......... El amor ea una do la verja.
Ant.ea
de
seguirle,
Viole~
tendió
la
mano
á
stl
coila•
para que no !IS vea. usted obligada , expatriarse
dicha dem&amp;11iado rara, para que no ee goce de ellaá pesar
A Izó ella hacia él sus oj08 pref\adoe de lágrimas y le•
de todo ...... Cuando se ama, Yidal, no ex.ieten obetiicull)8 do diciéndole con acento de reto:
dirigió una interogaoión árida y muda.
-Hasta mailanal
imuperables...... Como dicen los ingletee: •En donde hay
-HBl!ta mailana, repuso i,l con t,ono flr01e, como para
-Hay un medio de B!!egumr su indeper.dencia y 811
voluntad, ali{ está el camino.
bieneH1ar
material, sin condenarla al destierro.
significarle
que
aceptaba
el
desafío.
-Ohl exclamó Yidal con repulsión ••
-Oh ¡dígamelo nsted! gritó ella juntando las manos ....
Y se separaron.
L:i mir6 ee,·emmente y prosigoi6 con anargw-a:
\~Ida! con~inu/i pBBeándose solo h11Sta la caída del cre- ¿cuál señor Vida!?
-Ea posible que se ,azone a,f en la sociedad en donde
púsculo.
ptu11) usted el invierno; pero en la nuestra ...... e.o la mía,
-CB1'anne ...... aqní.
::,;o entró á In Fohuán sino hasl.a que habla cerr.1~0 la
no tenemos lns llli&amp;mae indulgenciB.l!. Honorato es mi
Movió ella la cabeza desalentada y asomó su semblanhermano; ~i le e11gB.11áee tan odioeamente, me deiopre- noche, ceuó rapi,fam,mte, y deeprréa de dar instrucciote una sonrisa incrédula.
nes para el alwuerzo del dla siguientf.", se retiró á su liaciaríK 11 m! mismo, y el despn.«:io mataría al amor.
-¡Ayl murmuro, su proyecto me parece at\n menos·
bit.acilm.
0 Q11ién habla Je engaií:1r ni de mentir? reepondió ella
realizable que el mío., .... Pobre como aoy, las gent.ee que
Durante largot.iempo, 'l'helisa, que dormía en .,¡ riso p11dieran agradarme no me querdan ...... y en cuanto haalth·ument.e. Yo no tengo, lo mism• que usted, el menor
dt'flt'O Je degradarnoH de esa füerte ...... Pero, agregó en uajo, cerca de la cocina, oyó sobro su cabeza los p:1,0:1 dti cer un matrimonio semejante al de mis bermalllll!, jamtl!!!'
en rnz m:ts baja, hay otroa medios....... llay la fuga. .... . eu amo que se agita golpeando el piso de la pieza.
-l'sied me conoce bastante para estar conYencida de
Era la marcha de un hombre que necesita morir pan:L qne yo no le aconsejaría dar BU mano sin su corazón ..... _
hay ...... el dinero ........ .
-~o por eso ddatla mi hermn.no de ser traicionado y ¡¡eguir In sucesión precipiw.da de sus pensamiento~.
No, no ee trata de un vividor, gastado como el barón
.A. intervalos ae detenía, como si ee le hubiesi, inter- Spieler. ni de nn viejo coruo el príncipe Nirat'oo..... El
aLrozmeme infelii&lt;, ......... ·o, eso jamás!
l.n misma amarga ronri,m reapareció en los labios de pue11to ali,ina ebjeción; luego \'()lr(a á su l0J1to é i~rro&amp;rido qoc le propongo á usted ....... ..
flor de Niza, y wirando_:i an cuñado ñjamente eu los mimwle pru;eo
-Que usted me propone! ......exclamó ella estupefacta..
Dru-ú aquello hasta cerca de media noche.
ojos, replicó eu tono de deealfo:
-SI.. .... el marido en cues~ión, sin ser un jov8JI, aún
P&lt;1r último la marcha se hizo más lenta; ce,ió del todo
no llega á loe cuare11t3 a.ilos ........ .
-No pronuncie ueted esa palabra •¡jlllllás?. y no esté
-¡Ah! ........ .
tan seguro de ei mismo ........ . ..\ EU regreso de Florencia y prom,o meinó un profundo ei!encio en la vieja morada
Fijaba\ ella en él sus grnndes ojos puros, en donde e&amp;huuiera n t-ed pénSlldo, que uua noch., me es~arfa de la Fol11w1.
n{a nna creciente .orprt:.sa mezclada de inquietud.
entre eue bra~s y que wb labios 1:e a;ioy~ en b bU•

27

SEPTIEMBRE,

1896.

ELMUNDO.

47

Nueva angustia se a-pod~ró de él, nl pensar que Re haque permanecer en la Fou:1n hoy hasta acabar el dfa; pe-bía
hecho responsable de la íelicidad de aquella ni.lla.
apasionadamente amado, tiene el corazón bastante ar- ro mañana "endré á pasar con usted la tarde ...... Maflana,
•El
pasado ha pasado, 68 rlijo, ahora se Lrrta de no desditnte para mostrarle§. W!ted un grande afecto Y, para Teresita, y todoe loa demás días ...... Pero hoy mi herma·
mayar. Bastante es ya haber turbado h existencia de
no
y
mi
cnf\ada
almuetza.n
en
caso
y
tengo
que
hablar
ganar el suyo.
Flor de Niza y de tu hermano, para que tu cob:uJía haga
largamente con ellos ...... Escúseme usted!
Yidal había pronunciado estas últiml\8 palabras con
-Ea usted verdaderamente demasiado bueno en excu- una tercera víctima inocente ......... •
más animación.
La barca continuaba vagando 'hasta que al fin !ué á atra.-\ medida que hablaba, la fisonomía de María Teresa. earee ..... . Yo no ·qaiem quitarle de su tiempo, mtls que
car
al pie del muelle de San Juan.
las horas en que no esté ocupado ......... Además, estoy
0e i]uminabn y el rubor le n,¡cendia á la.~ mejillas.
,,altó
\'ida! á tierra y marcb6 á. paso resudto hacia la
-Su fortuna no es coneiderable ...... á lo más para una tan contenta, que yo misma tttngv neceeid3.d, "ntes de
verja
de
la Fouán .
verle
otra
vez,
de
habituarme
á
mi
dicha
.........
Voy
á
pa,nodeata con.modidad; pero sabe cuán sencillos son loe
Cllllndo hubo ascendido la calzada de limoneros Y In
sar
el
resto
del
d!a
preguntándome
si
soy
yo,
l\Iarfa
Te·
,:uat.oe de asted, lo vnleroea que es y está persuadido de
escalera de In terraza, descubrió bajo loa oli ,us á Hono-1.ne á pePar de sus eRcasas rentas, podrá asegurarle una resa, quien ha sidoescogidaporelcondedeSaint---Pons! .. •
rato ,, á eu mujer.
txistencia apacible y leriz ...... Agregaré que es de buena 'Bien puedo confeenrlo ahora, hace nf!oa que amaba á
Co~o el tiempo estaba tibio, Theliea b.abfa dispuesto
familia que -pBSa por espirito serio y hombre cortée ...... usted en secreto. ~o se lo descubría á nadie, porque t~la
mel!a luera, e ,t.re los 1hbole•, cuyas bojas movedizas
-Dice 11Bted, se atrevió ella ú murmnrar, muy coruno• nia muchísimo miedo de que me tratasen dl'I loca y de or•
hacían !101,er manchas de oro sorbe el blanco rnnntel.
gullosa ......... Me parecía nsred ton lejos de mí, tan fuera
Jida, qne vive aqul'!
Violeta, para oolmar eu inquietud nervio~a y ocultar EU
-Espere usted ...... .Antes de dt'l!ignarlo más claramen• de mi alcance, á la altura de las estrellas! A.hora la es•
turbación,
ayudaba á la ~irviente ñ poner la mesa.
te. debo manifestar que él no intenta absolutamente pen- trella baja hlll'ta mí y me siento deslumbrada ........ .
Cuando ae acercó Saint-Pon!, le tendió silenciosamen•
Yidal
escn.::haba,
ent.ernecido,
las
cándidas
efusiones
ear en la determinación de ust-ed y que cuando lo conozte una mano helada.
c~, si experimenta la menor vacilación, de~ea que ningin de aquel corazón amante y ee reprochaba no ser bastan- Ya lo ves, dijo Honorato, estamos instalados como
te
dÍl(tlo
de
aquel
afecto
tan
puro.
tr,mor de apenarle, ninguna consideración de convenienen
nueetra cnl!ll ......... Te esperábamos con impaciencia
-Teree.ita la dijo sonriendo ó inclinando bacf• ella la
~ias influya para nada en la voluntad de n.eted.
porque nos morimos de hambre!
cabeza,
no
me
pon¡ra
Ullted
demasiado
altv,
110 sea que la
-¿Su nombre? ualbuce6 ella tu:rbaC:a.
Pusiéronse tt la mesa, pero á pesar de la afirmación del
decepción sea grande ......... Veame usted tal cual eoy:
-¿No loadivinaueted?
hermano menor, ningrino de elloa parecía con apetito f!
un
fiel
amigo
de
en
padre,
deseoso
de
amarla
y
de
baeer-Pero ......... sei'lor Vida!, yo 110 sé .....• yo creo ..... .
hiciE"ron poco honor al almuerzo de The.lisa.
-Querida niila, el marido que le propongo á usted...... la leliz ...... Hasta mañana, querida niftnl
Ilonorato mismo no comía sino á medill!i Y parecía
Saltó la barca, que se deslizó lentamente á lo largo de la
,,y yo!
atormentado
por nna preocupación penosa.
bahía.
-Usted, eei\or de Saint-Ponsl
\'ida! nd l'irti6 eu fisonomía entristecida y por primera
Moría
Teresa
permanecía
en
pie
y
seguía
con
los
ojos
El lindo rostro de Ma.r!a Teresa se había iluminado, le
vez le 1-ino 11, la mente, qne la extraiia manera de ser de
orillaban los ojos, juntaba las manos, como en éxta- la embarcación que saltaba á ;os choques de las olas.
'Violeta
hubiera podido despertar una sospecha en el alYidnl agitó el sombrero; bru~camente la joven llevánfie ........ .
ma
inquieta
de sn hermano.
-Yo, respondió el conde ruborizándose á su vez ...... dose la mano á lo~ labios le envi6 nn belio, y Jnego aver.Aquel pensamiento lo alarmó y le afirmó más en !U ingonzada
de
aquella
demostración
demasiada
vi1·a,
huyó
¡e, que tengo la ambición un poco presuntuosa de llegar
tención de poner prontamente térrniuo á esa situación
J ser el compaf\ero de su vida...... Quisiera ser para ns- hacía el camino y desapareció bajo el p6rticr, de la terraza.
cada vez mil.e peligrOFa y eqnl\•oca.
De
codos
á
la
orilla
de
la
barca,
&amp;\int-Ponsmimbacon
t..,cl nn guía y al mismo tieml)O un 1&gt;migo sbnegado y seEn torno de aquella mesa abundantemente servida, en
guro ...... A.hora, U'Bted eabe nueetrae condicionee...... No pesar ensancharse la ce.padeagua azul que le separaba de
medio
del campo bañado de sol, bajo aquello~ árboles, tí
.:onsulte más que á sn corazón y dígame ei á pesar de loa la Roseraie .
través de los cnnles se contemplaban pednzos de masa
CoUBultó
s11
reloj
y
vió
que
eran
más
de
las
once.
1·einte afiOH que tengo más que usted, mi -proposición no
Tres cuartos de hora faltaban solamente para que llega- azul, una frialdad ineólita paralizalia la expB11ci6n de los
la asusta!
tres comensalee, tan unidos deordinario y tan familiarEst.aba ella tan confundida, tan emocionada, que la era se á !-lanJuan y se encontrase con eue huéspedea.
mente
comunicativos.
Habla salido por la mañana valientemente re1uelto á
impo!!ible articular nna palabra ........ .
La
conversación
se arrastraba entre lángoidns banali•
Yidal, de eapaldas contra el muro, !a contemplaba con elevar entre Violeta y él aquella infranqueable barrera
dadee.
de
que
le
había
hablado
la
víspeTa.
cxi,reai6n de melancólica ternura.
A peaar de su~ esínerzos por parecer alegres y jovial~P,
Acababa de ejecutar la primera parte de su tarea, pero
-Vacila nsted? murmuró.
los tres parecían hablar, no para cambiar sus peneamien•
-Oh! no, setlor Vidal! exclamó ella. Me siento tanor- presentía que le [altaba la más e!!Cabrosa.
tos, sino únicamente para disimuln.r sus íntiruas preoc:i•
Su compromiso con Turía Teresn quedaba cerrado.
gnllosa...... tan leliz, que el gozo me corta la palabra ..... .
paciones.
Tenla
conciencia
de
baberae
portado
como
hombre
.\hl si mi pobre padre estuviera aún cou noaotrosl
Da vez en cnan:lo, Violeta, chwnnd.:&gt; nna mirada anhonrado.
Le teadi6 las manos y él la tom6 dulcemente en sus
siosa
en el roet.ro de Yidal, tratab\ de adivinar 188 reso•
l',e
eentla
capáz
de
dar
á
la
hija
de
Ricardo
la
felicidad
brazos y la besó en la [rente.
-Mi querida Tereeita, elijo gravemente, trataré de que y el afecto que mPrecfa; pero ahora era preciso anunciar h1cionee que hubiera tomnclo y la natural~za tle aquel
su resolución irrevocable á Flor deNiza, y preciso tam- obst:lcnln qne intentaba elevar entre ambo~.
110 se arrepienta uated jamás de su determ:nación ........ ..
Destle la noche de la víspera, la a1ue1111z:\ de Saint• Pone
Quiere usted que vayamos ti dar parte il la Sefiora La Fre- bién hacerlo en presencia de Honorato.
no le salía del cuerpo, y 11 fuerza de rdlexionar había
Penosa y delicada era la empresa.
ni,•re? ...... Ser/a d,i desear qne nos viese caaados antes de
La notillcaci6n debla formuJar,¡e de tal modoqne el ma- acaba lo por perdnodirse de que el ob,t,lculo en cuP..sti6n
partir para ~neva York.
debía eer algún l~jano vinje, tal vez sencillamente uno
La olreció el brru:o, y loe doe lentamente, bajo las enra- rido no advirtieae nada, y sin embargo era necesario que
brusca vuelta á Florencia ó á Yenecia.
fuese
b88tant.e
categórica
para
quitar
toda
ilusión
,
la
mBdas cargadas de rO!II!, se dirigieron al salón á donde
Recordaba la teor[a del conde sobre la necesidad de la
i.nfeliz
Violeta.
JaSeiiora LaFrenicre, prevenida de la visita matilna\ de
fllga,
único remedio eficaz en aquel caso.
A
la
idea
del
golpe
que
iba!
darla,
Vidnl
experirnflnSaint-Pone, se apresuró á bajar.
Mientras más ahondaba en esa dirección, más Yeroeímil
La viuda, tranquilizada reepecto á la suerte de Nancy, taba un sentimi0J1todeoonmiseraciún y una penetrante
le parec!a t~l hipóte~ie.
y estimnlada por la perspectiva de su próxima vuelta á triswza.
Con la impetuosidad que daba ella á todas en~ dl'ter·
Reflexionaba
con
el
corazón
oprimido
en
la
injusta
in·
América, babia recobrado ya su actividad y humor bamino.cione@,
inmerlialamcnte imaginó burlar loR c.llculo~
felicidad
que
se
abate
sobre
ciertal\
vidll8
humanB!I.
bitnal.
de su cuñado, tornando la delantera é inculcánclule á. HoSi un Bl1o ant.es hubiese él BBbido conocer mejor á la
Tan luE'gO como Vida! le bobo dicho que deseaba canorato la idea de p:isar la prinmvern y eJ verar.o viasarae con María Teresa, que ésta coneent!a en ello y que eeilorito Cal!tellor, si ee hubiese mostrnd'l menos alti. vo,
jando.
no eepera ban máe que la autorización materna, la eefto· menos egoístamente ciego , cuanto pasnba á su rededor,
De este modo pasarla el golpe y ee procurarla In oporra La 1,'reni.lre Ealto al cuello del conde y le beeó las \'ioleia habría recibido la prnpoeición de matrimonio
tnnid11d
de encontrar á Yictal en Italia 6 en Clllllquiern
dirigida
aquella
mrulana
á
)lnrla
Ten,¡a.
dos mejillas.
Hnbiérru&gt;e ,mprimido entonces toda una fatal serie de otra parte.
-Ah! exclamó, gracina, mi querido i::iaint-PoUB! ..... .
~Ii hija eerá ciertamente ietz con usted y ratifico con ale- faltlll' y clt: dolores en germen.
Este último no Jlúdía naturalmente ocnltarle á eu her•
Honorato habría sufrido al principio, pero poco , po- mano el lugar donde se instalaro, y costase lo q11ecostnse,
gria en compromiso ......... A !abado Dios sea! exclamó con
sencilla explo~ión de ego/smo anglo-americano, en m11dio co se hubiese couformado.
ya ha.llar/a ella el medio de reunlrsele.
Violeta no hubiera ,-iet.o fu juyenlnd irremedillble.J.e mi duelo, me dagmndee consuelos! _.\hora qne~ancy
.A.ventura llena de rieegos era esta y llena de alJlrosas
y MaTfa TereH están eetablecidoe, poilié p-0r fin gozar mente destruidA por una facesi6n de desencantos, ni su complicaciones; pero Violeta había llegado á on grado de
y ida hubiera sido tan cruelmente trnnc11da.
&lt;le un reposo bien merecido! ....... ..
eobreexcitaci6u en que nada le parecía imposible.
¿Y él, Vidal, habr/a sido m,ls felii:? ........ .
Quedó com·enido que los dos matrimonios se celebra811 pasión, irritada por lo~ obstáculos que encontrab~.
¿Hubiera sabido mantenerse á la altura ele aquella pa· la bacía perder el st&gt;ntido de la realidad.
rían lo más pronto posib:e, á .fin de q-:?e la b11eDa sefiora
sión que babia sabido inspirar y q11e más tarde debía e!!l)lldieee en seguida partir para Nueva York.
Cuando, después de haber ser\•ido el caf~, ThelÍ.Sl\ qe
Se despidió Juego Vida!, y Marfll Teresa le acompafió 11lllnr tan tempe;;toosamente? ........ .
hubo retirado á la cocina, \'ioleta alzó bruscawenk, Id
~Yo! siempre yo! ee dijo con irritación; ¿no coUBeguir~ cabeza peneativa y con las narices dilatadas &amp;.Spiró ilvi•
basta el dique en donde la embarcación eetaba amanad:i.
.Antes de atravesar el camino, los dos novios se bab{An llegar ti desprenderme un momento de esta egoísta preo- &lt;lamente el aire freeco de la hriea del mar.
dado su primer bt!!o baj;, el pórtico del jardín, y In joven cupación? ......... •
un momento ~uvo los ojos fijos en nn ag11jero ht&gt;cho
apoyando la cabeza en el hombro del conde le había dicho:
u pensamiento se YOIYió hacia aquella dulce, amante eu el follaje, por el cu:il se descubr!a on rincón de la ba-Noe veremos pronto, ¡,no ee verdad?
y aincern 'lllarfn Teresa, que depositaba en él toda mconhía, y á lo lejos el penacho humeante de un yate !)lle
-Lo más pronto que puedn ...... ProbablemeDte tendré fiann.
partía á todo 1·apor hacia Italia.
-Le digo á usted, p1·osigaió, que sin que pretenda ser

�48
- ¿S::ibes t-n qué pienso? dijo dirigit-ndo:;e á Hononúo;
pieneo en que á mi edad no he ei;i;ado mde allá de Oannf!l:!
ó de 1.font,e Cario, y me vienen deseos de ver pnfses desconocid . Esta ee la estación en qae todo el mundo se
\'ll. Niza se pone in•oportnble. ••...· ¿Por qué no hemo"
d,: bacn nosotros como Los demás y pasarnos el verano
, ·iajan&lt;lo'•.••..
-¿Hé'.' exclam6 llonorato, cuyos guei.-Os eas1;&gt;.ros se re, Piaron á t!•"tll propo!!ici6n de vida nómada...•.• ¿D · d6nüc k viene, qnerlda, tnn repentin.amenu.1 e~e deseo de
Yiajar?
-~o lo et&lt;, repuso ehn con su enigmática sonrien; ein
duda del deseo que hay en no~otros: de romper la monotonía de In vida ordinaria, de ver coea.g aun no ,·ietas y
ex);K!rimentar aens:asiones nue...-ns y nue\·na emociones.
-Es singular; :l mf jamtb me han acudido e~oe deseoe...... l&gt;ormir en camas de posada!&gt;, comer en mesa
redonda, rodar en ÍL•rrocarril, son placer~ que no he
apreciado nunca .....• )le parecen intinitnmente más mon(,tonoe que la existencia c6rnoda que llevamoe aquí.. ....
¿, ·o crees tú lo mismo, Yidal'/
El conde miró i1 eu cullsda y a11 ¡¡orprendió e-·traol'Cl,nariamente ante la expresión singnlar de mi fJPonomfa.
.Aquel repentino capricho de ,·iaj!lr le puso en gunrdia,
y con intuitiva pen&gt;picncia Ley{. clarament.é en vi pensa•
mieut.o de Vio!eta.
aldivin6 que creía haber encontrado nn prettlxto para
Fegnido, en caso de que él se dccidit~e á huir, y al motJ1ento resolvió alenULrln en s\l~ proyectoli de excursión
leja.na.
-1 lh! yo, re pondió á Honorato, tengo ideas que ya
tú c;,noc~ ...... Soy :imante de yiajes y correría por
montaiius y por valles...... Xo puedo, pues, sino aprobar
d d1:seu dt! m mujer...... Xo hay que ser demn!iindo
egofeta, querido hermano. I'il".nsa en que durante todo
ese i1l\"i1:mo, Yioleta se ha habituado á nna vida activa.
l'oesto qui! por agradarte hn. renunciado ,t las disLraccioll(,B ruido a.s y , eus gost.oll Rocialee, ha lll'gndo tu Yez
nhorn de ncriflcarla algunos de tn,; hábitos domé8ticoo....
Rs deber tuyo eutwi:i;ar laa trnnsacciones y agregaré que
un cambio de régimen no podría dejar de ser muy pro,·echoso á loe dos ......
-¿Lo ctePs asf!
F:atoy H-guro de ello...... ,\.dviertt&gt;, ad~mrui, que u11a
aasenci:i nn poco prolongada permitirá romper radical•
mente ,. sin deacortcafo con esa soci1:1do.d coamopolito
&lt;1ue Yi~ll'ta no puede frecuentar ya.
-Es verdad, :repuso Ilonorato ponMndoee pensatÍY0.
-"Ninguno de 11s\ede11 conoc.e la Italia ...... ¿Por qué no
6e aprovechan de la primave111 para ,·i@itar flor1'ncia y
Yenecia?...... ::\Iarchnrfan 111 Tirol durant · el vernno y en
la hLcirm 1nala irían á invernar en Corló 6 en l'nlcrwo.
~ ¡Hum! murmuró Jlonorato espantado; eer&gt;in nmcba&amp;
ciudades y nos q11it.arán demasiado tiempo...... Siu emLargo, lrui razones que me dat. son . serins, y como dices,
es precieo 110 ser egoftrto...... ·¡ Violeta persiste, pul'I!, en
ene idelll! .••..•
-Segur.unent.e! exclamó ella con Jo;¡ ojos ext.r11ordinariamente brílluntea; Florencia, Yenecia, el 'Iirol, Palernio; es demasiado her111060 mi proyecto, para que renuncie á él. ..... Segnire111oe ea it..inera~io, Yidal, ¡,ero con
una condición ..... .
-;.Cuál? pregw1t-0 el conde con el corazón repenünaU1ente oprimido.
Ju.tgaba que el momento terrible se acercab!l, el inetanttl en qu~ había que asestar el golpe, y,¡ pesar de sua
rl!!'oluciout!S, se sentía. dominado por tierno movimiento
de piedad.
-Que usted nos 11cowpafie, dijo Flor de Nfaa. O~ted
conoce tau bien todos loa país~, qul' nos ea del todo indi.pensaWc......
Al escuchar estll propoeici6n, Honorato vol\'i•~ á po•
nerse inquieto.
'ua ojos hóroedos miraban altemat.hnmente á su mujer y á •u hermano con doloro mirada.
Una multitud de peuow aoapech118 cruzaban por su
cerebro con fulgurante rapide:i:, ,q ue súbitamente Bll había
llenado de sombro.
Pensaba:
•¿Será capaz de aceptar? y si 11Cepta ¿lo hace 1ínica.mente, causa del interés que me tiene? ¿."o experi•
wentn más bien, t!. su Yez, el peligrOBO encanto de Yiolet-a, como lo experiroento yo miemo? En las nat11rnlezas
emá noblee hay lugar p.'lra I tentación y la debilidad?

EL MUNDO.
El noto peca eiet.e veces ni día, y la estreche. intimidad
q11e ee la establecido entre mi mujer y Yidal h:i podido
hncer nacer un seniimiento rnú!! vivo qne lll ee11cill11 y
bonestn amimd. D ~pn(,,; de haber !'llirido la htdiferen•
cia de Yioleta ¿estaré expuesto ti ~ufrir-y curu1to mát.
cruelmentel-la t-rnici6n de mi propio hermano? ...... •
--Oye , \'id.al: bo.lbuceó temeros.1roente, ¿cree. quepo•
drá,, acornpa.na.rnos?
-Lo de!!(laria con toda el almo, pero me es imp!)!Oible.
-¿Impo~ibie?...... prorruinpi6 la joven, ¿por qué?..... .
¿.·o ea uat.ed libre?
-:-;o, no lo eoy desde estn mai1ana......... ;\fo ,·ay 1t
cnsar.
•
-¡Vsted.l dijo ella enfocada.
Y lo miraba iucn-dulamente, eeperando a11n que se
trataría de una iiimple bromn.
Pero .e11s ojos encontraron la mirad.a entriel-ecida y firme de \'id.al, y adivinó que era aquella una resoluci6n
impl:u:ab~e.
Entoncei; un desvanecimiento se apoderó de olla; lo.
parecía que eu cornzon .s e rompía, crey6 que iba á morir
bajo aquel golpe tan brutalmente ns88tado, y cel"l'Ó loa
ojOI!, bendiciendo aquella muerte que la libertaba de tan
bumillant~ y bárbara tortura ......
Ayl ee engafiabll: el dolor no mata tan pronto.
La horrible herida la exponía sólo á descubrir eu de•
bilidad á loe ojos de en verdugo.
Xo quiso darle este espec~úculo.
~u orgullo la bi1.o recobmrse, y trn!' un violento esflterzo panl no desfallec('r, apoyó pe~adam1mte los codos en
la mesa y ocultó en sus manos la parte inferior du 11u
rosLro.
-Te ,·ae á casar túl exclamó á ea vez Honorato desconcertado; ¿y co,1 qni6n t.&amp; CM~'!
-Con :María Teresn La Frcnii:re...... Somoa prometi•
dos desde eatn maflann, ó iba ti dar á ustedes la noticia
en el momento en que eurgi6 la cuestión del futuro viaje
que proyectan.

27

SEPTIIDfBRE,

1896.

4

ÜCTOilRE,

J )1(1,

EL MUNDO.

49

-Xo ncab~ mi P.orpresa, repetía Honorato; tú, nn f \il
terón empedernirlo!
- - i, Y", 116r106 Yicfal ...... He reflexionado inncho y
be roconocido que hacía mal en permanecer i!Olt-cro......
l:"n c:Jlibe-, agregó con energía ~ignificativa, es nn ~.~,
inútil, f,1nest-0 a1 e! mismo y á los dem4s; lo he alherl.idu
desde hace alg1ín tiempo -, he reaulelto acabar con e,.1
vid. de egoista...... En su tef;tamento, Ricardo L'l Frc·•
ni.-re me habfn recomendado ú su ,·inda y 4 eu~ hij11~.
Ew e'ltá casada, ,:ano~ e prometida del Príncipe Nira •co, y la •eñora La rrenicre pieusa pa.rtir pronto p, rn
Nue,·a York...... María TereF.11 illa ri qnedáree ~ola 4 lt1
die.z y eis años ...•. Me b&lt;: dicho q11e no poclín ~l'r para
ella UD apoyo p,:isiule, si no era haciéndola rni e"po,a.
Y.o. he oírecido casarme con !.!lln, .\[arfa Tere1,a 1111 cousentido, y nos casaremos notes de un mes, sin ruido, m uy
eenci !lamente.
- ~li querido hermano. e-xclamú Uoaorato, yn ~ereur, ;
tienes un valiente corazón y haii obrado COlllO Yerdadero
Saintrl'une...... ¡Déjame qlle te abrace!
Y se arrojú en brazo, dl' t&lt;U hl'rmnno mayor.
Flor de .Niza e• había. pue~Lo en pie, eapantbl!alllent"
pálida.
-¡Todn mis felicitaciones! mnrmnr6 entre CMentcs.
Perfectamente hecho!
Con geiato nen·io~o consultó su lindo relojito, prend ido
á eu co1·,iilo.
-La~ dos yal ...... He prometido á mi madre acom1iaílarla y DO puedo hacerla esperar... ,.. Di,péuseme......
liasLn luego!
La jl")VE"n ~e nlc&gt;jú precipiu\dnmeute y la rieron entrar en
la calzada de limoneros.
Ronornto la miraba huír y movía In cabeza.
-Perdona su braaca :,ialida, le dijo 1\ Yidsl, l'l!iá mny
nerl'ioFa de~de hnce Yarios di,ui .........
con pena CJllú
vuelve '1 ea caprichoso humor de antes ......
Saint-l'om permanecía ellencioso.

,·eo

( ~11cluirá.)

FLOR DE NIZ.A
POR A N DRES THEURIET.
(Tnulu.olda e!o'peciabucnte 1nu ·a "El lU u ndo
). úUL

T enía conciencia de la desol adcra agonía que causalr.l ti
aquella desdichada mujer.
SenLínso ,u1gn0tind11mc11te conmol"ido en eu corazón ,.

en t-odo su ecr.

.

•-\quella adorable criat~tn á quien acab.'lbn de herir

•

•·&gt;-nn ..-•~ c1one
Lic~

h

1

e c1.aE1cnnu.ci:;t1.·o s t nUcrc.-.

1;,,-Yé!inse nuestros n11meroa dej,de el 5 cll' Julio de ISOO.

mor La !mente, le lrnbfo dado su priml'ro y ferviente auior.
El t a1ubien ln hnbfa amado, un mom,mto, cu !ndo la
tuvo c onmo,·icla y temblorosa en sus brnzoe.
~ientras elln se alejaba desfallecida, él sentía despertar.e de~ ternura y seg11ía con los ojos llenos ae pie-

dad y de pena la fag:i de&gt; Y ioleln entre bs lim.o:1eros
Hubiera querido corre1 tras ella; oprimirla coutra su

pecho, enjugar con fraterno.le~ bc~os las ldgri mas que q u~
mabau sus mt'jillas ......
Pero un deber impl'rio~o le tenía cla,·ado en su sitio.

�EL .MU.NW.

60

4

ÜCTUBRB,

l~~-

Pero no obstante qae temía 131! emociones p e ~ de
bierta de eepu mn blanca. y ahond&amp;reé luego en profundos • la deepedida, no pudo rehuir la obligacién de acampanar
Se babia jll!'alo no desf.1.1\ecH 'I ee sen~ía conl eoado
y blancos torbellinc,e.
á 80 heri:o11no y á eu cuñada á \a estacibo, y fa~ á reunfrá practicar hast.'\ el fin su cruel ope~i~n.
.
Pensó que no tendría más que arroja":e al vac(o pa~a e~les á los Lenfücos después dol almuerzo.
--¿Sabes dtl qué tengo miedo? contm110 Honora to, de desaparecer p!11'11 tiempre bajo las olas agitadas y dorn:11r
Por lo demás, la señora CasM!l.lar debía acompañnr
qne se canee de11u bondad y vuelva á la\! and.ida!! el pr6-- con eterno eueflo sobre un lecho de arena Y de algas.; .
hasto. Bes.u lieu á su yerno y &amp; f!U hija, r eelimaba que la
ximo invierno.. ...
. .
El ·vértigo del abismo In in,·adía ya, pero cuando qui- pr~eencia y la fri\'ola cLarla de la l!eñora, servirían de
-Rn,Sn ds m ís para peui!!tir en el proyecto de na¡c so franquear la b.1laui:,trada, la paralizó d terror.
deri\'a\iyo á la ansiOl!a inquietud de las últimas horas de
de que bablábamo~ hace un moment,o ...... En 1.u logar
Terui6 ensr el golpé, ca..r sobre las puntas agudas de
espera.
partiría yo lo mlis pronto posible, •
las rocns, en lng'ir de sepultan;e en el mar.
.
Todo eftaba listo.
-Sin duda...... pero puesto que te casas, no podl'mos
'Iu\'0 la visión de su cuerpo tendido entre las p1edrll.!!,
La viuda, con tmje blanco y rosa; Violeta, con cubre
dejarte antes de la ceremonia.
mutilado, f:mgrando, e:i.:puesto á todllll las miradas y su poi vo azul, entran á la barca que se bal~ba al pie de
-Note inquietes por mí ...... á cauea del duelo de la carne sintió repugnanciu á aquellll muerte.
las rocas de la 61/a, y que deben manejar Honora~ y
Freniilre nos casnremOI! en la mi\s e;;tricta intimidad ......
D~jú .,1 balcóu y ~" n,íugió de,;olada y 11.:n&amp; de horror
\'ida!.
Parte, p~e~, sin remordimiento!!, yei me atiendes, lo roa! en el rincón más obscuro de su pieza......
Flvr de Siza se sienta al lnd.o de eu madre, frente á
pronto po1ible será. lo mejor.
. .
PueEto que el temor de sufrir la espantnba ii tal grado Honoro.to, que tom:i. pose.sión de los remos, en tanto que
-Pllea bien, pasa porcas:i. mai\ana, ant.es de ir a Be:m- v la hacía retroceder ante la muerte, no !P. quedaba ya
Vida! se enca~a del timón.
lieau, y te dire to que haya,oos decidido......
.
~á.s c1ue un medio de desap:lTec~r
Con sil traj11 obscuro y bajo su gran sombrero n~gro
•
· lo s olivos
En tant.o
q11e ellos coovel"!!ab au •·=lº
•
'. VioleEra prec:so hufr lejos, e:i.patnarse.:··-guarnecido de Jlorecit.att, el rostro de la joven ap,•uece de
ta:llegaba á. lo.s Lentiseoe, en medio de un rndec1ble deSe itnponía imperiosamente el deet1e~ro.
una blancura. de m1.1rmol, y sus ojos gri.les brillaban con
sorden moral.
.
~o se senthl con fuerzas p3Ta presenciar aquel odioso
un fulgor febril.
F&lt;!lizmente para ella eu madre había eahdo ya.
.
matrimonio.
Permanece taciturna; si.In tese que teme dejar nd.i vinar,
La casa estabJ. eolilaria y pudo encernm1e en su bab1taNo qoerfasufrir el suplicio de oír hablllr de los deeposi babia, los l!Ollozos que se anudan en su garganta.
ción sin hnblar ii. nadie.
,
sorios de \'ida! y ,,eral novio salir todas las ma!\anas paFelizmente la eeilora Castellar está de vena, y su lo·t arrancó j!!I sombrero qne arrojó lejos de Bl Y se puso
ra la Roseraie en donde pasaría. JargaP horas al lado de
cuacidad dispensa á loe d$!máe de pronunciar u na palabra.
de rodilla! contra su lecho.
Maria Teresa.
Et cielo ofrece á la \·ista un azul aterciopelado.
Se soiocaba y no podfa 1lorar.
.
No; prefería destroza.rae el cora,.óa dP. . mi ~~lo golpe,
El mar, liso como un espejo, relli.•ja no azul inmacuLa pa,ecia que una mano de hierro la apretaba IMs1epartír le, mds pronto posible y no volver ¡amas .......,,
ne~ y c¡•ie sn coraión ae había convertido en un bloque
)la.ría Teresa amaba ó. Vidal ...... ¿Podía no am1.1rle ....... lado.
Aquí y nllf, ni paso de la barca, remolinos adin.mantade hielo.
.
.A. esta id ..a, di~ rienda suelta á sos lágrimas.
tados cintilan al sol.
La pieza en que ac11b1\u de refuiiarse era precisamenSus ojos ~e llenaron de agna, lloró abundan~ment~ y
En !renw, las montañas, delineá:ndooe á la luz, ostente su apasent-0 de doncel'.a, aquel en que un o.no antes poco á poco aqne\lae bienhecborae lágritn3S la d1stend1e•
tan sus m~as lilasealpicndaa de polvo de plata.
bab[o. recibido el primer golpe de Vida\.
ron los crispados nervios.
La brisa trae á oleadas el olor de .los nnranjos y de los
E;ta vez la l.J.erida era mJis profunda y la agonía mlis
I'aenron mucbns horas
limoneros, ve.stidos de azahar, que creceuen los jardines
11tro1..
Ei sol poniente alumbró con eu lui;ob\~cua la desgarr~de la quinta 1&lt;O'.impia.,,
El año anterior al saber qne querían casar In con llono- doru desesper1.1ción y l:\s úlfüuas sacudida¡¡ de aqutlla
Diríase que el cielo, la tierra y el mar, se ban concerrato había sufrido, sobre todo, por la c.úda &lt;le ene suenlrna mortalmente l1erid:1.......
tado para acrecer el dolor de la despedida.
flo~,' pero le qnedaba mm V:.\gll e. peranza.
g., oyó en el vestíbulo la \'0Z de Honorato, que e:itra_ba,
La barca ee encamina lentamente sobre la cerúlea suHoy todo estaba lastimado, todo sangraba.. .
Violeta se levantó precipitadamente, se secó los o¡os,
Despué:; de haber tocado con su m !no la íelmdad, des- se lavó eon agua fría el rostro trastornado, Y bnjí, resu~J- perficie¡ pero por lentamente que marche, se aproxima
sm embargo, y abrevia la distancia entre ella y la costa
; de h·''·er
gU6tado nn momento la suprema alegría
pue~
úV
•
t~ li inmolaree, á. romper el último hilo que la unía au11
de Beaulieu.
de sl'ntir~e amada, le era p,·ecLqo eufrir 11011 torturn aphcpn Yidal.. .......
Ya se descubren claramente los ramílletea de palmecada con 'birb:\r0 refinamiento por aquel miemo qne la
ras
que se yerguen sobre las terrazas, las rOC3ll rojizas y
llabía deslumbrado con ese goce ....... ..
A la mañana sigu'ient.e, cuando el conde de S11int-Pona, la rm1n,lá de la Reserva.
Oh! qué cruelmente ingenioso había aido en la elección
La seftora Castellar consulta un minúsculo reloj, ensegún Jo babia prometido, entró áloe Leutiscoa, le introdel medio destinado á separarlos para. aietnprel. ..... •· •
No era posible qne amase á aquella María Teres~; no la dujeron al salón, en donde se hallaban ya su hermano Y gastado eu el macizo brazalete que adorna en pm1o, y
dice:
babia bcc;icado mis que p1r.1 elevar entre ello~ 110 muro
su cuñada.
-Llegamos con adelan~o, y tenemos todavía nws de
Yatllt9 maletas estaban eeparcidas en el netíbulo, Y
inlmqueable.
una
hora la~ antes de que pase el tren ......... Prop0ngo
encontró
;i
Honoruto
en
vías
de
hojear
un
B
..
deker,
Y lo hab(a conseguid,•!
Yiolet-a se eentía impotente para impedir aquel matl'i- mieotr,,s que Violeta, sentada á un pequeño e~critorio, emplear el tiempo que nOll queda, tomando el lw,ch
en In Reserva.
monio cuyo brusco arreglo indicaba en Yidal la inten• escribía apresuradamente.
-Eij buena idea, dijo Honorato aprobando; me agracióa preconcebida de arrancar de s11 propio corazón un
_:-; 0 s sorprendes en plenos preparath-m, exclam~ el
da,
t.nnto más, cuanto que comeremos mal en Vintíruille
menor
de
los
Saint-Pone;
partiremos
pasado
maf!.ana,
¡ueamor qne juzgaba culpable.
y non~ diegutará tomar un bocado antes de partir. ¿No
Le había ella. amenazado con separarse de l!onorsto, é vee, por el exprese de las cuatro!
inmediatamente había tratado él de reemplazar coa un
-Si, agregó Yioleta, sin alzar lo~ ojos de s11 papel; he es y1,rdad, Yioletn?
-Como gul!teb, murmuró la seílora de Saint,.Pone; peobstáculo más sólido el que ella meditaba destruir.
reflexionado en nuestra convel1!ación de ayer, Ycomo UB•
;.Qué podía intentar aún contra aquella voluntad tao ted, he penfado, que cuando se toma una resolución, es ro el temblor de sus labi011, el est..remecimiento qne corre
por sllil hombros, hacen temer &amp; Vida! qua eBa eslación
duramente expresada? .........
preciso ejecuta1 la sin dar tiempO á pemarlo ....... ..
en la Reseva, despierte en ella dolorosos recuerdos.
No la quedaba ya más recurao que abdicar y sufrir....
Se delu\'O un momento y se vohió hacia su cuiiado.
Quiaiera evitar aquella inútil prueba.
Repentinamente, como eeae percepciones extrannmen\'ida! estaba muy pifüdo; pero ea slll! ojos se lefa una
La ve ya tan desalentada, tan llena de desesperación
te clnras que se tienen en plena fiebre, 'se preEentó á voluntad inflexible.
!!ll imaginación el recuerdo del monasterio de :r..,ghet.
-Es más prudente ¿no es verdad? afladió lajo~en con ante la separación que se aproxima, qne ee 6iente invaYió coa penetrante lncidez los muros del convento ir- aspereia, y usted nos dist&gt;eneará qutl no asistamos á ...... dido de una piedad tierna, y se ingenia en provocar obgniéndose en el de.sien.o de un valle pedregoso, el campa• PU maLrimonio.
jeciones.
De~graciadamente tropieza á la vez; con el capr:cho de
nario deetacándose sobre el cielo azul, la fachada bnilada
-No sólo los excuso, respondió él con firmeza, sino
de sol en donde resaltaba sobre negro la placa co11111emo- que felicito su decisión ...... Hay circunstancias en qne la seflo1a de Castellar, encantada de lucir su vestido, y
tJ1ti va de la abdicación de Carlos Alberto.
no ee debe vacilar jamáe, y eeto sucede en loe casos de lo terquedad de llonorat.o qne se apega á aquel:a idea,
Se ,,e obligado ti ceder y abordan á la estrecha playa,
Se acordó del presentimiento que la había entristecido maroha y de separación ...... Hay que precipitarse ....... ..
que dominan las te/razas del restaurant.
á. la lectura de aquella inscripción melancólica.
cueste lo que cueste.
Recordó haberse preguntado con a_ngustia ai en vida esy como si hll biese temido deseo brir la secreta emoción
Como el 11.iio anterior, la Reserva eatit llena de gente,
taría destinada á 11.bdica.ciones más dolorosas aún Y si no que le apoflaleaba, ee apr~ur6 á despedirte, prometienBajo l1.1 ti~da. de tela, los mozos,lcon ciisaca negra y cormcenderia algnna \·ei ella á un ca.l\'ari0 más árido ....... .. do acompai1arloe el día de la partida á la estación de bata blanca, se apresuran obseqniosamente al rededor de
Ese dia de desgracia bab!a lle¡¡ado.
las meeas, casi todas ocupadae.
Beaulieu.
Después de su locuxa del invierno último, despufs de
TI
.Aunque la estlición está ya muy av1.1nzada, la conculna hol'll8 más breree aún en que el amor había parecido
rrencia es numeroea y elf'gante.
Ha
llegado
el
día
de
la
marcha.
nacer para ella, era preciao renunciar 4 todo y, á los veinEn una de Lss extremidades, Tioleta reconoce la banDesde por la maflana, loe eq•üpajes se habían mandado
tidós años, hundirse en las tinieblas de la noche, muy 1~
dada
alegre de sus amigos de antee:-i'l príncipe Kaá la estación, á donde los Saint-Pone peneaban dirigirse
jos de los paraísos apenas entre•:ietos.. ....... .
melll!ki,
la seflora Je Girelle, la peqneíla &amp;-lics-Aubagne,
Hubo un momento en que pensó termínarlo todo dan- por la tarde, atravesando la bahía, á fin de ocupar más
lady Snowdrop y el capitán Lejard.
agradablemente
1118
horas
pesadas
y
enervantes
que
predo un brnsco salto á la mu.,rte.
Eva La Freniilre, retenida en su CBl!a por su recienta
Se precipitó hacia la ventana y pasó al balcón que ceden á la salida.
duelo,
es la única que falta á la fieeta.
Yidal estuvo invi.Bible basta el último momento.
avanzaba encima del mar.
Como
el ano anterior, t..mbi.ln los músicos tooe.n sus
Juzgó que lo más prudente era evitar Loda event1ialiA unos veinte pies. bajo de ella, veía el agua lanzare~ al
Yalees
más
arrebatadores, entrecort.:idos por dúos popo•
am'to de las rPredee rf"jiza!! de l1.1 roca, ,·oh·er á caer cu- dad de una nueva con vereación con Yioleta.

4

Ü&lt;.,'TU.8.HE, ];)l:Jtj,

lares, qne 10$ doa ca.i.toree napolitanos acompru1an con
su música y su verbí. acostumbrada;
Hayan momeutofn ~ue le parece á Flor de Niza que
el tiempo no l1a marchado, que &amp;Ódo lo q11e ha sucedido
sólo fué una horroró!!ll pesadill.i, y se ha.!la de nuevo en la
época feliz en que ~eeía todJí su libertad y todas sus es•
penunas.
//
El cuadro es el miamo,
/
En torno, aquel.lA mesa en que está sentada, la acompaO.an los mi~moe ro/ros familmree---excepto uno, ¡ay!...
liaría Teresa-y i;,fu sola reflexión basta para acab.u
con su brev1- ílu~n, colocando de nuevo, ante 8118 ojos,
la dura, la ine:ibrable reatidad.
En tanto ~ loa violines, clarinetes y goitarras eUBpiran los úlloitnos compases del vals de la QQirina, escucha
ella maqninalmente d volar de las notas sonorru. y el rumor dé las conv~reaciones.
Se figura que es como una muerta que vuelve á aeietir
ú lns alegrías y á la~ agitaciones de los supervivientes.
Esi:a mú~ica de fiesta, esta alegríll ligera y pronto evaporada como la espuma del champague, le parecen de improviso vacfrui, ficticias, estériles,
Pienaaque no hay en la vida m.ís qne una cosa buena
y ,,erdadera:-amar sincera y profuu:lamente á on hombre, sobre cuyo corllzóa se puede repo;111r con dignidad y
.:alma;-touo lo dem!Úl, no ee mil.a que hWDo ........ .
Y esta delicia pura, eeta única. alegría del amor comP artido, ro lae conocerá. ella jamas!
E:;tá muerta para las únicas alegría'! humanas, que valen la pena de ser saboreadas!

•**
T realmente, en medio de aquella ruidosa alegría, tiene el aapedo da nna muerta.
s~s mejillas, pálidas como los lirios tronchados; sus entrecer.rados párpados, sus labios adelgazado~ y su nariz
a.til11Ja, la dan la. expresión de un rostro que la vida acaba de abandonar.
Vidal sient-e piedad del dolor que sulre, y trata de dis•
traerla habl&amp;ndo del viaje á Italia.
-¿ffas trazado ya tu itinerario? le pregunta á ffoaorato. ¿En dónde piensas de~enerte?
-Visitaremos primero á Florencia, reepondi6 é3te, saborean.lo su té, y luego nos instalaremos en Venecia.
-En Yenecia! exclama la señora Ca:!tellar; alójense
lllltedes en el Gran lllJl,:l, en. el antig110 pa.!ncio Terro;
allí se ve la mejor sociedad .........
-No soy de su opinión, seilora mía, replico Vidal, y
aconsejo á sus hijos que alquilen una habitación amue•
blada en el Gran Canal. E,tarán con más libertad y podrán comer en donde mejor les parezca ...... Hay na pe•
queno restaurant que les recomiendo, y que está situado
en la Mercería. Es un Jugar íntimo qllll les a.gradará.....•
Cuántas veces be almorzado allí, en la pieza del fondo,
mirando las góndolo.s deeliza.rse:SObre el agua ob,curecida,
entre dos negras fachadas de ventanas, en donde florecen
claveles rojos!.. ....
Violeta le escucha como en un sueflo.
Ve allá en lontananza, bajo la bruma, á lu vieja ciudad
de los Duxes, y le parece que jamás tendrá faenas de Hegar hasta ella.
La penetra una hoja aguda en el corazón, á la idea de
que antes de aquella noche, se hallará lejos de los objetos familiares y de los rostros amigos que la rodean.
No p11ede creer en esta cruel y bárbara separación.
o.ot1S ojos ae abren de súbito para contemplar el paisaje
amado que va á abandonar, para penetrar.se de él y llenr coneigo los menores detalles.
Aquella larga mirada de degpedia.a circular la causa un
inmenso dolor, y con Ealvaje refioamieuto trata de wírir
más aún.
Cuando uno de los cautautea, en vías de hacer la colecta ae acerca á la mesa, le deslíza nna moneda de oro y le
pide la Cimcíá11 delos ojos.
El napolitano, de blanca dentadura, Je responde con
una amplia sonrisa de aquiescencia; luego vuelve junto
á la. orquesta, é indica con su gn.itarra los primeros compllllll:l de la dulce melodla.
De pronto, bajo la tienda bailada de sol, lae dos vocee
l!Ullvel! de los can$antes entonaron 1a primera copla:
Oh ardientes ojos negros de langnidez preíladoe
Ojos que cual licores, nos dejáis Hnbriagados
•
tljos que adoro mucho
'

EL .MUNDO.
Y temo más aún......
B.illos ojos hallaios en días de inquietud:
Como por fondo mágico de sima adormecida,
Por BUS profundidades seo.U atraer mi vida
y mi alml.l perderé
Por ver la llama hermosa
Qoe lenta me devora
El corazón también.
Ya no me importan nada mis dílll! de rev-t!l!es,
Ni las amargas lágrima~ vertidas tantas veces;
Lo qne me den 109 hados
De duelo ó dP, alegría
Lo be ofrecido á eiios ojos adorados.
La triste canción llena de sollo:i;os, con sui repeticio-

Gl
una úlLima mira..ia de desesperación el mar y la costa de
San Juan¡ lnego, maquinal, pasivamente, sigue á sus
compafieros y atraviel!a la iierandá. sin ver siquiera el r;mpo &lt;le sos antiguos amigoe-Kamell6ki, la seilora de Soli~s-Aubagne, lady Snowdrop-que la eep,an al paso y
comentan malignamente su palidez y lo.alteración deeue
facciones.
Ascienden ahora en silencio 1.. rampa que conduce ó. la
estación.
• Cuando Uegan, se hs dado la sefial de la llegada del
tren.
Yidal, para ocupar en algo su imaginación, se encinga
de comprar 10!1 boletos y registrar el equipaje.
Apenas ha satisfecho estas formali,des, cuando hega
el tren con formidable rapidez.
A última hora, In señora Castellar &amp;e resuelve á acompañar :t los viajeros hasta )Ic&gt;ute-Carlo, en donde ternunará la velada.

n"5 llenas de zalamera ternnra, snbe como un encanto
en el aire laminoso.
•~
- d
. d
• .
Oh! pe oet. ra n..,
y engana. ora mag1B e esa, ml1S1ca~
oídas ba tiempo en las e.il.aciones felices, y q ne resuenan
de pronto á nuestros oídos durante los días del iufortu- • Honomto abraza á sn hermano y llega luego el inetan&amp;e
niol......
temido, en que Vid.al debe despedirse de su cufiad&amp;.
Ellas 009 dan un instante la ilasión querida de lo! g&gt;•
Honora.to y la viada han eubido yaal vagón. El Conde
ces difilntos, luego nos hacen sentir, con implacable dureY Flor de Niza ben permanecido eoloa cerca de la porteza, la amargura de las renunciaciones, el duelo de lo qoe
z11ela abierta Y sos miradaa se crnzan.
no volverá ya nunca.
-Valor! murmuró Vida), tendiéndole ln mano á la
E~ como una oleada de sol aparecida brevemente en la.
joven.
bruma y que ee desvanece, dejando 80 lugar á una nos'C'n eeg110do más y la hubieran traicionado 8118 fuerzas,
tálgica niebla, cuya bnmsdad helada 003 peoetra eu el
Y se hubiera arrojado sollozando en los brazos del qne
corazón.........
bn.bfa despedazado su comzón.
,
Pero han dado la señal de mal-cha; el cond11ctor empn•
Flor de Niza se h:i.bía puesto de codo1 en el p1rapeto
ja vivamente á Violeta, obligándola á entrar en el ,•agón,
de la terraza, coa el rostro v11elto hacia el mar, pnra qne
cierra brutalmente la port-ezue\a y ni siq11iera le dl'ja
no Je vie.sen los ojos húmedos de lágrimas.
tiempo de decir u Adiós !11
A travé3 de estas lágrimrui, mira el círculo de verdura
que se redoniea muellem~nte hasta la extremidad de la
El tren parte con su rnhiosa premura, y algunos instantes después se hunde bajo el túnel de Ju Peq11eña Afrípeniosula de San Hospicio.
Todo el poema trágico y duJce de 811 javentud, estl
ca ...... y lentamente, coa una angustia que le sofoca el
pecho, Vidal ee dirige hacia la Roseraie.
contenido en los repliegues de aquellas colinas bajas, on•
•••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• .. •••u••• .. •••••••;••
dulosss. c'.lbiertas de pinos y de olivos.
Y.
Allá, lejos la quinta «O!impia", alarga su fachada de
marmol y su terraza plantada de cipreces.
Lt Seilora (le, :iinl-Pnn., al f'midr. f"icud &lt;k Sni&gt;.t-j'om, m
En frente, el &lt;nodesto campanario de la iglesia ae yerl,i &lt;¡ui11t,1 de la Fuuári, E,",m Jwm de Vi/lajranoo, .Alpu
gue sobre el pequeilo puerto adormecido.
.ltfal'itimCM.
L'&gt;S Lentisco,¡ y la Fou.án, ee descubren como minú~•Venecia, 23 de )!ayo de 1_89....
culas nuncbl!l, color de rosi!., en las verduras d~slnmSé
que
va
usted
.t
casarse
el día 2:; y he querido que
brantee.
recibiese
esta
carta
la
víspera
de sn matrimonio-no para
lfás lejos, San Uospicio levanta su torre ma«iza, como
que
perturbe,
ni
como
queja
ni
como reproche, la bon
marcando el límite de aquel rincón de tierra. en que Vioen que va usted á pertenecerá otra, sino para que Je Ueleta ha amado ........ .
:'.'II.ts allá est:1 lo del!conocido, las lejanías brnmosas é ve·Ja expresión de apasionada ternura de una pobre extraviada que lo amará Qiempre á pesar de todo.
indecisas del destierro.
Su mirada ee Vllelve con -aspanto, y se desvía desesperadamente bacia la deelumb.rMorasuperficie de la hahía.
El cielo, de un azul exquisito, desciende como una clricia vol11ptuosa sobre las cúspides boscosaa de las montallae; el mar llamea; abajo de la Reserrn, encima de :aa
olas azules con frnnjll9 de espuma, dos m~riposae blancas se persiguen amorosamente.
Toio aquel p~is~je encantador se ensancha en 11na inmensa sonrisa.
Guanh una irónica impasibilidad frente á. la agonía de
1n joven, y piensa ella qne mi.flln.a, cuando e, halle lejos, aquel paisaje tendrá. !As mismas sonrisas, los mismo~
colores de fiesta.
Aquel rincón de tierra es·Ja imagen reducida de toda
la costa azur, ea donde los extranjeros, sin cesar renovados, \•an y vienen, siembran en los senderos floridos sus
alegrías y sus penas, y luego desapiarecen sin turbar la
impasible serenidad de la nata.raleza.
Y es también el s!mbolo de la sociedad cosmopolita
acampada en las ciudades del litoral, aquella Canci6n de
fot ojua, con eu melodía. ardiente, voloptu()!!a y trii:te, que
expresa bien las pasiones azarosas, loe placeres perturbados y el vértigo sensaal......
Oh ardientes ojoe negros de languidez preftados,
Ojos que cwü licores, :nos dejáis embriagados,
Ojos que adoro mucho
Y temo más aún ......
Bellos ojos hallados en días de inquietud.

..

**

-Vamos, mi querida Violeta, exclama Honorato, ea la
hora ......... Apenlle nos queda tiempo para llegará la estación.
SJ.cude la joven dolorosamente la caben, abran con

Cuando nos separamos, pudo usted haber crel(lo que
partía con incurable rencor dentro del corazón, y no
quiero qne comience usted su nueva existencia con ningím resabio do inquietud ó amargura ......
No, Yidal; mi dolor es inou.rable, pero yo no conaeno
ningún resentimiento.
He comprendido la repentina determinación que le
impulsaba al matrimonio como hacia un refugio y séqne
ha debido s11úir bastante, porque ha. habido una hora en
que usted me amó de veras, y que le ba sido preciso recurrir á un valor cruel para levantar este obstáculo entre
nosotros.
Yo no hubiera tenido ese valor si hubiese sido Vida!;
pero me he dado bien cuenta de que nuestro~ dos caracteres son absolutamente diferentes
En usted, Ja raión domina á todos los sentimientos; y
yo coloco la pasión por sobre todo.
Ella me po.see en cuerpo y alma, y todavía ahora, pene-ando en UBted, la siento 1¡11e me abrasa y que me trítun
el corazón.
Por ser su.ya, Vid.al, hubier1.1~isoteado toda chse de
consideracionef!, de honor y respetabilidad; y por ei&gt;to tt0T
tan profundamente. desdichada, porque ei.periment-0 la
necesidad de clamar á usted desde el fondo de mi desventura y de mi abandono .
Oh! qué agonía la que !lllfrf en la terraza de la Reserva! tOialil que jamás conozca usted nada semejante!
Todo lo qr.e veía, todo lo que sonaba en torno mío, en
como un peso más agregado á la agobiadora cruz que llevaba á cuestas......
iY aquel crepúsculo en el vagón, mientras el tren me
llevaba más lejo11, siempre má.e lejos de usted y de mi
querido San Juan.
Me mord!a los labios para no eEtallar en ~ollozos, por-

�BRE,

que bu l,1:rllillUJ c,,Lllba allí, [rentt: de mí, y, por wrnum

¿ ""~ me uab:a prometido á mí misma, no d"'jatle adi•
,·iuar nada.
D,lrmimos en Génova y pasamos el día siguiente allí.
Jt[e dejó llev11r al Acqua .:-ola, 11. San Lorenzo, á loe pa·
tacios de la vla Garibaldi y me violentaba para aparenur
que hallaba interé11 en el!llll C08a!!.••••• era preciso, puesto
que yo bahía deeeado haef:f ti viajd, .....
Jgual enplicio en }'lorencia, pero mil!! largo y m'8 ineoportable aún, porque babfll más obras mael!trus que
admirar.
)tiraba yo sin ver y admiraba con los lablos.
llilbía dejado en 5au Junn mi entusiasmo y mi gusto.
llí 1ínica al~ría eta errar por las calles por donde ueled había debido pasar. y bu~cnr entre los alojamiento&amp;
4e Lirngarmo, la caPa en ,¡11e u~ted hubiese habi~do.
Abora nO!i tit-ne ust.ed en Venecia, y en esta ciudad
que usted am~, mi pena es acaso máe amarga todavía,
porque comprendo aquí mejor que en otra parte, lo que
hubiera podido eer mi vida y lo que ya nunca podm

eer.
Oh! maldecidos errores del dettinol
Si hace un año, en lugar de C88arme con su hermano,
me hubiese 11sted pedido, qué delicioso hubiera sido vi9ir aquíl
.
Sólo usted hubiera. podido hacer de mí una verdadera
mujer y deearrollar lo que ha~de bueno en mí.
Con uated la pobre Fior de Niza hubiera podido abrinie
, la claridad y al amor.
Me repito esto á todas horas del día, y en medio de esta
ciud\d mágica, Lan armoniosamente creada para que
paedan aaborear loa amantes lo que hay de mlÚ! Intimo y
aqnieito en el placer de vivir, me siento más soliwia
dn y miserable. ·
Babitamoe en el Gnm Canal, en un rincón del palacio
antiguo, cuyo piso bajo lo adorna un emparrado.
BonorKtv pua largas horas en las bibliotecas y loa
mnaeoe; yo permanezco sola pensando en U8led.
Cuando aalgo, lóe nnmerOl!Otl detalles del exterior me
ftCUerdan ou'-nto ee iniereaaba 11eted eu ellos y con qué
emcan'4&gt; me loe pintaba.
En la mafia.na, cuando atravieso el f"ampo que se extiende inís el palacio, el patio resuena oon el ruido de
ehanelos de las mujeres qne ,iencn á llenar en cántaro
al poao.
Bajo loa pórticos, los aldeanos, desembnrcadoa de la

1896.

tierra firmf", euienden sus cestna llenas de nardoe que dad del crepús~ulo, en aq11f'I hermoso iewpo en que sen
e&amp;parce la priuiaver.i.
tia su afect.o envolv1:rme má!I y más tiemamente y en que
Un movimiento inatintivome impulea l. comprar un yo me e;;iorzaba por huceni'ie mt-jor! •......
ramillete para prendérmelo al corpil!o, y al punto me
Son mucho!!, allora, log pr9yecws de :reiormn, inútiles
digo: o¿Parn qné?• y pi.so adelante.
las hermosas resolucione,o!.....,
Todas las alt&gt;grías de Yenecia son para mí como estas
Y mis veintidÓ3 aílos han sido con4enado3 yo á la
cestas de nardos.
muerte, cuando me q1iedan toda'lfa largos y numerosos
El encanto de las flores, la poesía del agna y dP los aüos de juvent11d que vivir! ......... ,
viejos palacios, la fiesta de loa color~s. L'\ alegría de esas
¿Cémo los emplearé ahor.1 que se me h:i retirado la
I
multitudes qn~ ee codean por la noche alreledor de lrui mano qne me sostenía?
mú~lc::e en h plaza de &amp;in :'l[arcoB, nada de todo eet&lt;, me
¡.\.y~ ¿se lo confernré á usted?., .......
conmt1e\·e, porqu~ lo que habría dado :i todo vida y sabor,
Presiento que seré mlÚ! que nu11co. juguea,¡. de los aconse La alejado de mí para 11ierupre.
tecimiE&gt;ntoe.
Las ilnsiones, los ardores, los pensamiento.s generosos
)IenUrfn si le prometiese !egnir ~iendo la mlljer seria
que me apartaban de la tierra, cunnd.:i en otro tiempo é impecable que usted l'oilo.ba.
vagaba alegre por los c:uupos de nnrcisos de nuestra p~
Me conozco¡ no teng,1 tenlperamento para la resignanínaula, todo me abandona ahora.
ción y par,1 la rirtud por o.mor ,t la virtud misma.
Loe siento 1111.lir de mi conu-ón como de una casa en rui·
Lo bnbiera t,enido para agradar 1i usteJ, pero ahora
naa; los veo como se van y se pierden como esas góndo- que hemos llegado á serextraiio3 el uno para el otro, dilas iluminadas y cantantes que seguía ayer con la vista go comu cuando los nardos iP.ira qué?..... .
en el Gran Canal y que deeeparecfan una tras otra en el
La sociedad que he conocido:en Niza,'puedo·enconLraln
recodo de una lognna obilcura.- Aún mis trf!,nsportes de eu YeneciR, en Nápoles 6 eu Palermo¡ lo.a disipaciones
piedad me cansan y se vuelven ca4&amp; vez más raros!. ..... á que 11sted me ha arrebatado, se apoderarán nnemmenHubo un momento en que quise buscarla devoción pa- te de mí alguna vez y quizás me dejaré arra~trar......
ra desechar de mi espíritu la rebeldía que siento que ruEn ese mundo no enLregaré jamas mí coraz.;n, porque
ge eordamente dentro de mí.
usted lo poseé mín y nadie n11ts que usted lo poseerá; peUna maiiana, impul::!ada por eldeaeodeencontrar con- ro le pediré á lll!e m1m lo lo que puede darme; el medio
suelo en lae prácticas piadosas, fuí á la iglesia de San Za- de aturdirme y de olvidar mi pena ........ .
nípolo.
Odiosas palabras son las mías y á usted le lastimará el
Me esforzaba en despertar de nuevo en mí la fe y el ferque
las diga; pero de todas mis cualidades de antee, la
vor que tenía de niü!l.
única
que he coneervndo intacta, es la franqueza, y usLa na,•e·principal ea taba solitaria, silencio~a y obecura.
Con sue magníficas tumbas en d,&gt;nde dlll!rinen los du• ted es el único hombre q11e pudiera tener derecho á mi
completa y sincera confesión.
xea, antes gloriosos y soberbios, hoy aniquilados y olviAhora, Yidal, adios!...... y una s\'ipHca ntín!•.•...
dados casi, la iglesia invitaba á 18.11 rneJi~acionet&gt;, ni caeti·
Csted que tan d11ra.rnente ha rechazado mi amor, no
go de la carne, á la humildad de corazón y me sentía imrechace el de@eo de una mt1erta, p11est.o que Flor de Niza
pulsada á arrodillarme en el fondo de un confesionario
el! 11hora una muert.a para usted!
entrevisto en la sombra.
Le suplicó qttecuando ee haya casado, busque usted
Repentinamente, nlÍentraa vagaba en busca de un iacerdote y al ntraveear la capilla del Rosario, descubrí un un pret.e::ir::to para ealir de ~iza ........ .
Algún día tendré que volver allá fatalmente ...•.•
adorable bajo relieve que representaba la vida de NnesAbórreme, siquiera, la tortura de verle gozar con otra
tro Senor.
Al punto me acordó de las sencillas escenas del teatro una felicidad que me ha negado........ )' que le deseo á pede la Pasi611, en la vfojn ::S-iz:a, y todas mis ideas de pie- ear de todo.
dad y de penitencia se desvanecieron.
\"JOLET.\,»
Ya no pensé sino en usted, en nuestro paseo por el vie•
Fin de Flor do :Slzn.
jo castillo, en aquel regreso tan dulce, 1í la eemi-obecuri-

....,..ec:.o ~,.._ -""'~•co

-PA.~

"'C.L MUNDO"' POt J . A:-;.,._~Ye"-•

GE.NERA!t D. P0RFIRI0 DIA.Z,
~E: LA F OTOGRAl'IA

-FO NOO
RICARDO COVARRUBIAS

BUSTAMN_T E- PREMIJlDA .

,ese)

l

•

�6.!
taue bU l.1,rwau..1 ljO:Laba allí, freotte de mí, y, por wmui;a

tierra firm.-, extienden sus cestas
esparce la pri1JJavera.
viuar nada.
Un movimiento inaUntivo me i
Dormimo! en Génova y puawoe el día siguiente allí.
ramille!Al para prendérmelo al cor
Me dejé llevar al Acqua Sola, li San Loren110, á loe pa· • digo: .-¿Para qué?n y p¡.so adelnute.
lacios de la vía Garibaldi y me violenLaba para aparentar
Toda■ las alegrías de Yenecia ao t
t¡ue bailaba interés en f'8lll! coeas....•• era preciso, puesto ceetas de nardos.
QUe yo había dtteado haetr 1.-l viajl-1. .....
El encanto de las floree, la poee
Jg11al euplicio en Florencia, pero más largo y mú in- viejoe palacios, la fiesta de loe col
eoponable aún, porque había m411 obras maestras que multitudes qne ee codean por la n
admirar.
múeic::.1 en b plaza de San Marcos,
)tiraba yo ein ver y admiraba con 106 labioe.
conmueve, porque lo que habría da
Il11bía dejado en San Juan mi entusiasmo y mi gul!t.o. ee ha alejado de mí para aiempre.
lli única alegría eb errar por las callee por donde usLas ilusionee, loe ardores, los pe
led había debido plll!ar. y buecar entre loe alojamiento&amp; que me apartaban de la t.ierra, cu
61 Lunprmo, la oál!a en que uet.ed hubiese habi~o.
vagaba alegre por los campos de n
Ahora noe, t.jene usted en Venecia, y en esta ciudad nínBU.la, todo me abandona ahora.
,¡ue uated ama, mi pena es acaso mú amarga todavía,
Loe siento ealir de mi coruón co
porque comprendo aquí mejor que en oira parte, lo que
nas; loe veo como se van y se pierd
bbiera podido ser mi vida y lo que ya nunca podrá las iluminadas y cantantes que aeg
en el Gran Canal y que deaeparecí
Oh! maJdeoidoe errorea del dedinol
reoodo de una laguna obacura.- A
Bi hace UD afio, en Iogar de cau.rme con 10 hermano, piedad me cansan y ae vuelven ca
me bubleee oned pedido, qué delicioeo hubiera 11ido viHubo un momento en que quiae b
-.ir aqoll
ra deaecbar de mi espíritu la rebeldía e
1
Sólo ueted hubiera podidb hacer de mí una verdadera ge aordam1m$8 dentro de mf.
•ujer y desarrollar lo que ha~ de bueno en mi
•
Una maftana, impnlaada por eldel!eol
Oola oeted la pobre Fior de NI.Ja hubiera podido abrirse euelo en la&amp; práoticaa piadoaas, fuí á la
nfpoio.
, la claridad y al amor.

i uPsed, me habfa prome~ido á mf misma, no dejarle adi-

....

Jle repito~ , &amp;odas hora■ del dia1 y en medio de eeta
eiadlld malgioa, tan armonioeamenMi creada para que
pattlan aaborear loe aman• lo que hay de mú ínLimo y
aqawto en el placer de vivir, me aiento más aolitaria
a6n 7 milerable.
Bahitamoe en el Gran Canal, en un rincón del palacio
ami¡ao, cuyo ¡,tao bajo lo adorna UD emparrado.
HonoN"1 pua largas boraa en lae blblio&amp;ecaa y loe
a118e01; yo permanezco aola penando en uaed.
Oaaado atJ¡ó, lóe númel'óaOI detalle■ del uterior me
ft!Ceerdu oún&amp;c&gt; ae mtereeaba oeied en elloe y con qué
aioaalo me loe pintaba.
En la ma!laaa, euando atravieeo el O:impo •que ae ex•
tieDde ,rila el palacio, el patio reaoena oon el ruido de
ehanelot de lu lii"ujeres que vienen á llenar 10 c4ntaro
.i po&amp;o.
llaj~ loe p6nlcoe, loa aldeanos, deeembarcadoe de la

Me esforzaba en deapertar de noevo en
vor que tenía de nin!'.
La nave-principal eetabaeolitaria. silel\
Con sna magníficas tumbas en d,&gt;nde «:
xee, a,iiea glorlOIOS y aoberbioe, hoy ani.
dados cul, la igleeia inviMlba á lae meditll
go de la carne, , la humildad de corazón l
pnlaada á arrodillarme en el fondo de u~
entreviaio en la sombra.

Repentinamente, mientraa vagaba en :
cerdote y al atraveear la capilla del Roear
adorable bajo relieve que repreeentaba 1~
tro Sellor.
Al punto me acordé de Ju sencillas eeu
de la Pa~i,fa, en la vieja Ni.za, y todas mis
dad y de penitencia 1e deevaneeieron .
Ya no pensé Bino en IJ8ted, en nuestro pu
jo castillo, en aquel regreso tan dulce, lila~

\

-t-teC:-t-10 l!,Nt. h \ ~ C O ..PA~

""~ L MU"DO"" POlt ,J. • -~t't'l!!flt.; ..

GENE~ D. P0RFIRI9 BIA~
-

-FONDO
RICARDO COVAt RÚ

(o~¡v.

l'OTOGRAl'IA

l!USTA,..NTE- PltEMIAOA -

,ase)

•

�ó.!

J&lt;.:L MUNVU.
u

üerra lirmP, e:.:tienden ce■ taa llenaa de nardo&amp; que
eeparce la prlwavera.
Un movimien&amp;o inMin,ivo me imp1Jl• , comprar un
,rioar uda.
l).Jaaimos en Génova y paumoe el dfa siguiente allí. r■mlllet.e para prendérmelo al corpiAo. y al pun&amp;o me
lle dejé llevar al Acqua So'-, , Sen Lorenao, , loe pa· · digo: •¿Para qué?• y pe.so adelau&amp;e.
lacioe de la Tia Garibaldi y me violentaba para • ~ l a r
Toda■ laa alegría&amp; de Venecia eon para mf como esm
. . . hallaba ínteré8 en eaas ooeae...... era preelao, pueao
41'18Yº había det!eado baeer t-1 viajtl ....••
J¡pa1 1nplicio en Florencia, pero mú largo y IDÚ! ina,ponable aún, porque habfa m'8 obra■ ~ r u que
41ae bU l.unw111.J t111Laba allí, frentt, de mí, y, por &amp;ernnra
&amp; 11Pred, me habla promdido, mf misma, no dejarle adi•

mmirar.
)tiraba yo ein ver y admiraba con loe iabioe.
B11bía df'jado en San Juan mi enioeiumo y mi guao.
lli áirlea alf'l(l'ía eta errar por laa callee por donde uaW había debido puar. y baecar en,re 1m alejamieo'°9
41e Lungarmo, la - en que uated bnbiele habi\ado.
Ahora noe ~ne um,d en Veneeia, y en e8'a oiadad
. - nned ~ . mi pena l'II acaao JÚII amarp t.odavía,
, . . . . comprendo aquí !Mjor que en ova parte, lo que
lmbiera podido 18r mi vida y lo qae ,a mmca podn

....

Ohl maldfeid01 eno'NI del cleülnol
8l 1'1ce 1lll aao, en lapr de caaarme Gil hermano,
- lanblNe lll(ed pedido, qué ~iciOIO hubiera aido vi-

w aqull

•

86lo uted bu~ ¡MiC1ldb hacer de m(

verdadera
• • 7 cJearrollu lo 41J41 haAde bueno en mí.
•
Cala lllle4 la pobre Fklli'«é la habMra podidoabrirae
olarkla4 7 al amor.
11118

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,Jrerepbo.-O*t:odllhonlldeld&amp;, yenmediodeeela
creac1a pua que
~ •bolear lo■ amantea lo que hay de mú fmlmo y
~ en el placer de "1m1 me aiemo 111'8 IIOlliarla

~ _..., lul VIDODloament'I

...., .............

PaNtaem • el Gran Cual, en ua rino6n del ¡ialaolo

IÍIÍlll'IO, cayejtiioba,lo loaclorna un empurado,
BODOrlillJ pua lalpi hona en lu blbliQ&amp;eoaa y loe

-;yo,e,maneaooaola~• -ed.
OlllallC1á -.l¡á; lclll DilllHINll!CII de&amp;allea del ederior me
UD a•dp·aúnto ae ln&amp;enlll,a a8'ed en; elJoe 'f 00D qo4
•• , ..... - . lo■ pbtahl.
&amp;a la mellent, eando Ura'fielo el Ontpo que ■e u:•
. . . .,_ el,-.,lo, el
reeaena ron el ruido de
■hlí ■tJoe de liia anjene qae vienen , llenar 111 cwitmo

.....

.j.j, Jaa ~

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loe alcleuoe, deaembarcadoe 4e la

.FONDO

RICARDO COVARRUBIAS

dad del erepúuulo, en -.nel hermoso Jempo en que aen
\fa a.t\ afee$() envolverme~ y m'-8 tlefamente y en que

yo me eefotzaba por haee~e 111ejor! .....•.
~n mucboe, ahora, los p~yelllol de forma, ind,Ue■
lu hermo■a11 reaolucionee! ..... ,
Y mis veinlid6t años han a¡_do co,nienadoe ya i1 la
muerte, cuando me quedan ~
y numel'OIOII

~ U111A1Qtud-Au,

•

=.:_:.¡;,:.::...o.¡.--•

�EL AR]N.IXJ.
. -.... ~ wcaba alll, frente de mi, 1, por wrnma
• ..-.., 111t1hab!&amp;~do i 181 miltma, aod$,i'lel4i•

waaruda.

Jle,_
._..ele•

tien-a 4flllf", e s ~ ea ceetu llenu de nan1Mqa,
•parce la prlmaYera.
Ua morim&amp;mlo inmnliYO me impulea , oom,-. 1111
ramillek para pa-eacM.melo al ~ y al pmto me
i1flo: ey.Plláqa6111, puo ~
Toclu Jaa alegra de Venecia ama~ mi como . .

&amp;nalmoe ea Góo'I'&amp;., .,...._ er cVá ~ • -111.
lleftr al.Acqoa:SO~ ,a.a~ l Jc.¡,aTia Garlbaldl~.e:riOleaWIIII paraapllt'lll&amp;a,:
~llllllaba 1-"V8 ... --······ en. pNCJac,,,.. ..... de ......
llallfa4el!eWo i....r el 'ffajel••• _.
Bl.....,cle•.8oiw, la poilla del .-1 dlt ioe
l i á o e a ~ pere mú luJO 1
Ja. -~~Ja . . . . u.teoJoiñ!e,1&amp;...,r,.11e . .
,a111111,1111n--. fOIIIGe liáhfii. lble obrar ..._.... c¡ue · malt#u&amp;II qu¡e
ele Jaa
1 tToa•uh:)llasa4&amp;8an__,D'íllac1ttodo811eme
lha ffl' 1.iamil'abl COA ICll ~
~pon¡-.loq,eNabrlac1Jido410do'tfda7 ....,

•10

m

.....

4UJ;&amp;mlaa

..
...........

•--.""·

-~por•~--~

.-,,

,'balear ....
..a

dad ctel erepda.sulo, en
U..-,i allc&amp;o eavolver-~~
:,o,meeefonab&amp; por baoe

Sola smich&amp;e, ahora, los DIID1rMllóOII

l a ~ reeolueionee!.....
Y mia vebUid61 dos hart;-. ...,~¡p4&amp;:
muerte, cauclo me qaedau
alloa de jumaklclqqe rivir! .•,••.•.•
¿C.m~
lot ~ ahora qoe
•I
maao qae me eoilte1ila'
1A,! :¿ee lo ,cm,-nU ~ ?.......,.
beeleoloqaearf ID•·• DQIIOa:..:::~~~íall:~ -

~_,.ft. ._¡p

€0MP.Affn.E.NF&gt;e EL. B.ESAYuN0.

7-erJ . . . . . .

I

(

(o&amp;&amp;. NATU114L_)
J . WIS ltfQUENA, ~E•
l!N l!I. CDNCUJtS0 ~OTOM•-co ~ CON 111 ~

fOTOMArlA Dfl LIC.

-•

""' ~L MUNDO"./

0l 01!0

.

�DetE, ll:S96.
-·-....:..:;-='-=-==-=== ====-== -=== ===-=========== =""F'-== = ,~-==
==
que bU l,crwnu.&gt; .,.1,u1,m allí, írenh: de mi, )', por \f'rnura

i 11,ted, me hab!a promeiido ll mí miarna, no dl•jarle adj.
vit,ar nada.
D nnimo., en Gé.nova y paaamoe el día eígnil'n~ allí.
Me de,jé lit.ar al .!\cqua !:iota, ti San l,oreoao, , foa pa·
laeí!JS de la vla Gnribaldi y 1ne \"iolenLaba para nparent.ar
~ue hallaba Interés er, t't!U COl!ll! ...... era pl't'Ciso, puesto
c¡1.eyo había dtt ado haei:r t-1 vlaj1c!.... ..
Jgual eupllcio en Horencia, ¡1e,ro múe largo y 111'8 inllOporlal.Jle aún, porque babf:i mú obru waea~raa que
admirar.
.Miraba y11 sin ,·er y a&lt;lmirabn con l011 labioe.
Uabía df'jado en Ñln Ju.·rn mi l'lltueiMmo y 11,i gn!to.
lli única a!l'gría eta errar por 1118 callee por donde W!·
W habín debido J&gt;&amp;!Br, y b1m-:ir Pntre los alejamientos
4e Lungarrno, la Clll!B en que lll!ted hubiese habitado.
Ahora 0011 liene ll!led en Venecia. y en esta ciudad
c¡ae uated am~. mi pena Pll aC3Bo mJ1a amarga toda\•ía,
porque comprendo aquí ml'jor que en olra parte, lo que
hubiera podido ser mi vida y lo que ya nunca podrá

•r.

Ohl maldecidoe errores del dl!l!tinol
Si hace un ano, en lugsr de CMllrme con so hénnano,
- hubll'Be w,ted pedido, qué dellciOIO hubiera sido vi-.ir aqull
Sólo utted hubiera podido hacer de mí una ,·erdadera
aojer y deearrollar lo que ha7. de bueuo en mi.
Oon uat.ed la pobre F;Ol' de. ·1ia hubiera podido abrirse
, la claridad y al amor.
lle repit.o ee&amp;Q , toda horae del día, y en medio de eeta
clud.\d. mlglca, tao armonioeAmenwi creada para que
p!Hdan tabort&gt;ar loe amanW!tl lo que hay de mú fnlimo y
aquleito en el placer de \;vlr, me eient.o mü aolitaria
dn y mieérable.
llabitamoe en el e ,ran Canal, en un rincón del palacio
nli¡no, curo pl110 bajo lo adorna un emparrado.
Honol'l\w pas largas horas en lu bibliot.ecaa y loe
auae&lt;le; yo permanezco sola pennndo en neted.
Cuando aalgo, loe numeroeoe detalles del exterior me
ftClaerdan odnt.o se Interesaba 11ined en elloe y con qu6
encanlo me loe pintaba.
En la manana, ouando atravieso el G11mpo que se exlieode '11111 el palado, el patio resuena con el ruido de
ehanelos de l8IJ mujer-ea qne l"ienen á llenar eu cántaro
al poso.
Bajo loe p6nieoe, loa aldeanos, deaembarcadoe de la

ilerra tirnw, "xtienden soe ceetas llcr.M w, nardae que
csparoe la priuia,·era.

Un mo\"imlento insUntivo me impu! á compMU' un
l'llmilietu paro prenMnnelo al corpillo, y al puo&amp;Q me
digo: •~Para qué?• y p..eo adelaor.e.
TodBl! lu al&lt;'gl'fl15 d Venecia son p:1rn mí como eetas
c.. tru, de nardos.

El enca11CQ de las O res, In poesía del agua y di' loe
viejOI! palnci011, In llesl4 de loa colores, 1s al,:iría de ee:is
mnliitudes qne ee codean por la noche alreJedor de las
músic::e en b plun de &amp;n Marcoe, nada de todo celó me
conrnneni, port¡n,; lo que habría dauo al todo ,·Ida y sabor,
ee ha altjado ile mí pata eiempre.
la iln lonts, loe nrdores, lo! pensamientos generosos
que me apartaban de In til!l'ra, connd,, en olro tiempo
ngaha nll-cre por Jo campoe de narci!oe de nuestra p!!r1ful!U.la, lodo me abandona ahora.
!.os siento aalir de mí coru6n como de uon casa en rui•
nas; loa veo como ae van y se pierdt&gt;n como esa~ góndolu iluminadas y cantantes que 8t'~Ca ayer con la viata
l'n el Gran Canal y que deeeparecfan una traa otra en el
recodo de una logirna obacura.- .Alin 111ie transportes de
piedad me cansan y l!8 vuelven cada 1-ez más ral'09! ......
Hubo un momento en qoe quise b11scarla de roción para deee,;har de mi eapíri~n la rebeldía que aient.o que ru•
ge i,ordanum~ dentro de mf.
Una mallana, impolsadn por el deeeo de encontrar con11uelo en las prácticas piadoeRI!, luí á la i¡;le@in de San Zanfpolo.
Me eelorzaba en despertar de nuevo eo ruf la fe y el fer.
vor qoe wnía de niti:l.

La nave·principal ecJtaboeolitaria, sllencioen y ob@curn.
Con sua magnífica! tumbas en d,mde duermen loe duxea, ante. glorioeos y soberbios, hoy aniquiladoe y olvidados caai, 111 igleaia Invitaba 4 lae meditaciones, al caetigo de la carne, 4 la hnmildild de corni(m y me seoUa impulsada 4 arrodillarme en el fondo de u11 coo{eslonario
entre\·iew en la eombra.
Repentinamente, mientraa vagabR en bnsca de un ,a.
cerdo~ y al atra,·eear la capilla del lloeario, deecubrl un
adorable bajo relieve qoo repreeeotalu la vida de Xnes-

tro Senor.
A I punto me acord6 de laa sencillas escenas del teatro
de la l'&lt;ui611, en la ,;('jn Xim, y todas mis ideas de pie•
dad~· de penil.('ncia ae desvanecieron.
Ya no pen!é elno en ns~, en n11ee1.ro J)beo por l'I Yiejo castillo, en aquel regreso tan dulc!', ti la aeml•obecuri•

d.ld del crepúoJUlo, en 44,1,I hermoso 'empo en que aen
tea &amp;A afecto en,·olvermem:1 y máe tle r.smentey en que
yo me íorzal por hacl•r111e mejorl ••1, •••
::Con m11ch011, ah•lra, los pr yec1os de ireformn, indtilee
las hennoeus reaoluciont!! !. ••••
Y mi veintiMu n11os hnn "{do codenadoa y:i. á la
mnerte, cuando me quedan toii4 fa largos y nuwel'O!!os
anos de juventud que vh·ir!........ .

¿C(&gt;mQ los emplroré ahor.i que ~e ma hn ret Ir.ido la
mano
' qne me sosten raft,
¡ y! l,se lo confofaré 4 uated? ........ .
Presiento que e~ más que n1111C11 juguel,! de los acoo•
teciml ntoa,
MenUrla 11i le prometiese epgnir deudo la n'1\jer ~ria
é impecable que u ted l!Oilaba.
Me conozco; nu tengo lt&gt;mperamemo pam In l'ef!lgna.
c:ón y pan, 111 vlrrnd por a111or :l la ,·irtud mism:L
J.-:, hubiera tenido para ngratlnr 4 uateJ, pt•ro nbora
que he111Q lll'gacJv ,l aerextr11no3 el uno p:irn el otro, digo cnmo cimndo lo~ nardo ,!P.ira qué? ......
La socieda&lt;l que he conocido:en. "lzn/puedo'encontrala
en Yeuecil\ 1 eu .'idpolei, ó en Pal~rmo; las dieipaciooee
a( q11e usted me ha arrebatado, se apodernr-.ln nue\-nmen•
t.e de mfalgana vez: y qoi&amp;:la me dejaré arra~trar ......

En ese mundo no entrpgaré jamB8 mí corn.zún, porque
nsted lo poeE'é adn nadie mde que o '8d lo poseeril; pe•
ro le pediré úes man lo lo que puede darme; el medio
de aturdirme y tle oh·idar mi pena ........ .

r

( &gt;di,&gt;1111 palabrns son las mfae y tl ullted le la!!timaril el
que las diga; pero de toLIM mis cualidades d aut~, la
1ínica qne he co1111•rvado intacta, 4lCI la franqueza, y usted es el 1ínlco hombre qne pudiem tener derecho 4 mi
completa y 1dnc,.ra eoofeel6n.
.~hora, \'fdat, adios! ... , .. y una sY!pllca aún!••••..
Usted que tan duramenlll ha rechazado mi amor, no
recl,ace t!I deeeo di.! una muerta, plll'll'&lt;&gt; q11e Flor de Nin
es al,ora una muerta para uste:l!

Le 8Uplicú que cll.lUldo se · baya casndo, busque usted
un pretexw para salir de Niz:n .........
Algún día tendré que ,·oh·er a114 fatalmente ••.•.•
Ali6rreme, siquiera, la tortura de \'erle gozar con olra
UllJl felicidad que me ha negado.~ ..... y que le de,eo 4 peear de todo.
\'101.F.TA.•

'I·•ln do Flor do.

f'

-FONDO
RICARDO COVA RUBIAS

·rzo ,

�</text>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>BIBLIOTECA UNIVERSITARIA
''A LFONSO REYES''
f ó~oo k l CARDO _COVARRUSIAS

.-

TOM9 l .

MEXICO, ENERO 3 DE IS97.

S!a limosma

ae Gtño Nun,o.

-i&gt;lbujo de J. :u. -Vllla-,.onn.

FtlNDO
RICARDO COVt\FlRUBIAS

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EL MUNDO

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DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

3

EL MUNDO

DOMINGO ' 3 DE ENERO DE 1897

=====----====-==~-=~
"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
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MEXIOO

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}htlfti!tt ®.cnerttl..
Al hundirse un año en la noche sombría de la eterni·
dad, creemos generalment&lt;' que hemo~ wncido una etapa
del camino. ,. CMi jnzgando inkrnunpida la snceFión de
los aconcecimient-0s E'n el espacio y en el tiempo, nos detenemos nn mom('nto á contemplarlos como si hnbiera
soluciones de continnidad en el curso incesante de los
días v de los siglo~. Es que, impotentes para abarcar en
una sola mimrla lo pasadoqne se aleja presmoso, lo presente que Fe desvanece como un soplo. y lo porvenir que
no nos pC&gt;rtE'nece. nos fingimos esa,; di\'isiones para que
nuestra limitada int&lt;&gt;ligencia se alivie, como el fatigado
caminante Feñala Fus jornadas cabe la fuente sonora ó en
el risueño oasis que han de dar de!'C.'\nso y cpnsuelo :t
1us miE'mbros qne han quebrantado las asperezas de la
sierra ó los ardoreR enervantes del deRiC'rto. Es que, acosados por el miFterio que ten&lt;&gt;mos delante, y envuelt-0s
por la sombra que dejamos atr,ís, abandonados por el
a¡¡er que huye, y atrnídos con magnética fascinación por
el mañ,ma y Fil!' espejismos seductores, queremos un pun•
to de repoiso µara coordinar nuestros 1'C'&lt;.'uerdos y en ellos
fundar nuestra is predRione!', las más vece!'&lt; inconsiFtentes
y fi-Jgiles, como rreacionefl m,ís bien de la fantasía arre·
batada que•del criterio sano y reposado.

...
*
t'\.* *

Una-nube negra de tormenta se cernía sobre el ,·iejo
mundo y reMmpagos de tempeFtad alumbraban con cárdenos fulgores los horizontes americanos, cuando lució la
primera aurora del año que hoy termina.
,La concurrencia vital que coloca frente 1í frente pueblos
y nacionC'8, por virtud de eFa serie de luchais infiniL'\Fque
por ley implacable han de dar la victoria :í los m,íR aptos
y conceder la supr&lt;'macfa ,í lo!' más fuertes, era ignahnente manifie1&gt;ta en t~da la ext('nflión de la Europa civilizada,
v que en el Asia legendaria en el' Africa abierta ,í todas
laR ambicionei;:.
Cuba R!lcndida por volcárnca erupci(m buscando su independencia y libertad, Venezuela refugiada tra.q la doctrina "Monroe. para p-0der reFistir á Ja.q pretensiones brit:ínicaF, y ERtados T"nidos amparando á la República flndamericana bajo la.egida dC' su diplomacia, daban ocasión
,í que los ánimos se inquietaran, al comenzar el año do
18!l6.

Hondos"clamores de dolor atronando los aires, rumores
snbterr.íneos anunciando eRtremecimientos genesiacos:
esa era la herencia legada al mnndo civilizado. Hambriena de ideal&lt;&gt;s nuevos, anhelnnte de consnelo en la suprema angu~tia que la aflie;e, d&lt;&gt;?eosa dC' C'ncontrar alivio ií
l:i. infinita rl.olencia qne la ag-obia y claridad en las den"ªs tinif'hlaR que la cercan, la humanidad alzaba a ver sus
manos dolientes al cielo, buscando sus íd,,:os rotos y sus
dio~es c.'\frlo~.
Hoy nada en el con¡unt-0 ha podido cambiar. La reli·
gión con !'lns aue;ustmi mi;.:terios, la filosofía con sus Jnminozas f'ns&lt;&gt;ñanza!'I, la ciencia con sus aRotnbrosasconquiRtlR, al art{' con sn'I bellísimnc; creaciones, la poesía con
"ªs inefabl&lt;-&gt;~ ternnms, no han podido darla en la bre\'e
&lt;lnraci,m rle nn afio los conRnelos que no lograron en 'la
inroenFa:cadena de los siglos paRados.
~

,. .,,

guesía explotadora, de un cesarismo armi"(?otente; obli¡r,idos á sostener sobre sus hombros el comJ;&gt;li~do andamiaje de la paz armada, que man_ti~nen las rivahda~es d.~ los
poderosos y los rencores tradicionales; constreñidos ayer
perecerá sus hijos asfixiados en_ el taller q?e el capital
explota, envenenados en la mma subterranea que ha
abierto la codicia, ó marchitos en el cuartel que ha multiplicado la venganza; ¿.i dónd~ vo~verán lo~ ojos angus•
tiados1 cuando sientan el corazon sm creencias, y lamente sin ideales? á dónde querrán dirigir la_planta vacila1;1te,
errantes peregrinos, donde alzarán la tienda movediza,
si ven extinto el fuego sagrndo de los altares, rot-0s. Y des•
ligados los lazos de la familia, y helado y en ceruzas el
amor patrio ...... ?
.
¡Ah! ves tanta la angustia infinita de esas agrupac!O·
nes sociale~. fa1&gt; hondo su dolor y tan devora~ora sn
aflicción al contemplarse y comprender,-e ca_l'!)om1das de
podredumbre por arriba_ y roídas de, corr~pcu!n por aba•
jo, que no ha faltado qmen declare a la c1e1;1cm en bancarrota achacándola todos los male~. y eqmvocando sus
fines q~e ~e dirigen todo~ al conocimiento, atribuyéndola
hecho:, y consecuencias que no son de rn dominio.

***

Y all:í van esas mít&lt;eras agrnpacione~ Fociales e~fermas
de decadencia. en medio de su grnndeza, hendas de
muerte, en medio de sm; pa,;mosos triunfos; alhí van, os•
tentando sns vestiduras de ptírpum cubierta~ de oro y
pedrería deslumbrante, pPro ,í t.nwés de las cuales se descubren las tílceras qne la devoran y los achaques que la,;
debilitan, los males que las amenazan, frutos naturales
de su estado de progreso, que si ha servido para. el . de,;em·ovimiento dt' su;; fuerzas activas y para la difl'renciación evolutirn de ,-us elementos. por ley ineludible ha
dado naciment-0 también ,t producciones morbosas que
110 se ven en los organismos jíiwnes, donde hi ·avía nue;
va lleva. :í las sociedades que atraviesan las prim.eras etapas d&lt;? su evoluciún. oleadas de sentimientos puros y corriente~ de aspiraciones noble!'. capaces de ahogar en
germe~ los producctos del egoísmo y los engendros. de
las pa~1ones t-0rpcs.
AJl,í van, desgraciadamente, confiadas en que una catás·
trofe de e,-a.s que conmueven ,í la humanidad, esperando
que una general conflagración, un fiero cataclif&lt;mo, de
esos que sacuden las ba.ses y fundamentos de la sociedad,
las hagan salir de ese estado do turbación enfermiza, que
ha de ser pasajero como las grandes crisis de la humanidad.
f
¿Qniéncs caer.ín en el tremendo juicio? ¿Qni,~nC's ser.ín
derribados en las convul~iones apocalípticas de e~a metamorfosiR? ...... ¡Quien sabt•! pero ha de 8er terrible ese cna•
dro de desolación y de ruina, que habremos de presenciar
en no lejano día.

*

* *por los odios tmdicionale::;
Devorada Europa, no tanto
que han dividido ,í las razas que la pueblan, cuanto por
la ruda concurrencia vital qne se hacen en las diver:a!ls
regionef; de la humana acti\'idad; amenazada de un crecimiento de "den;;idad dernógrafica muy superior al que
puede sn~tentar Rll estrecho territorio: no s6lo son los añejos rencores no sati,,fechos, ni las injuria,:i enwjecidas no
ven¡mdas aún, lo que la haC&lt;' aparecer com0 sobre la cima de nn volc,in príixiino ,t entr-a.r en erupci,rn. Form:tda por Est,idos que no alcanzan todos el mi,=,rno grado de
cultura, ni han corrido con iguales sacrificios los periodos de su evoluciún, ni Ee han constituido sobre las mismas ba~e~, las in-&lt;tituciones difieren y las competencia-;
de nación ,í uaciún se ahornfan en ol orden político, como se agigantan en el econ{unico :v social.
Por c~o nada consie;ue en favor de la paz europea esa
marcha triunfal del Czar omnipotente ,í tr-av~s de las capitales. que lo reciban en medio de festejos y lo aclam'\n
en medio de las pompas y entusiasmo de los pueblos. Todos comprenden la supremacía del aut6crata moscovita;
todos saben que en los pliegues de su mant-0 imperial
lleva ocultos auras de paz y rayos de exterminio; pero
por lo mismo que la diplomacia lo acecha y la astucia lo
rodea, parn obtener cada cual en ijll provecho los fiivores
de su omnipotencia, vuelve ,í sus palacios de San Peter~burgo. deflpués de presenciar cauto y pmdente las maníestaciones de Breslau v las ostentaciones de Chalons.
En vano se han rcnñido congresos y se ha,n celebrado
concilios de sabio,; y filántropos para resolver el problema social y para desatar el nudo de la paz armada: sus
notables a:-piraciones han sido estériles, sus resolucione!I
no han encontrado eco en las esferas del poder, y su voz
se ha ahogado por las aclamaciones de mnúmeros ejércitos, dispuestos ,tentrar en combate, sin~ular ála primera
señal de alarma y á la primera explosión del rencor que
los ha levantado.

***

&lt;.,uanrlo al salir el mundo d&lt;&gt; la edad antigua, al empuXi i,iquiera el problema turco que ha recla,¡nado por dos
ie asolarlor de los pneblos j!;ermánicos. se encontrfi, entre años la atención del mundo cil'ilizado ha alcanzado t-0los escombro" de ar¡nel inmenso cataclismo, hechas peda- davfa satisfactorio desenlace, ni lo obtend.r,í tal vez en
r.os las tC'ogonías, derribado!! lo!' Partenones v vacfos to- breve plazo.
nos los Olimpos. pudo á la voz de los apóstoles desnudos•
La crueldad del ~ultán ha corrido parejas con sn a~t-nv ne loi;: :rnacoretas hambrient.os que predicaban la auste- cia refinada, y su tolerancia rayana de la complicidad ha
ridad y en!'t&gt;ñabnn el martirio de la materia, ir :t bn.,car igualado en m:ís de una oc.'l.~ión á la barbarie ciega y al
••n los rlesiertos v &lt;&gt;I ascetismo la realización míl'tica de la , salvaje fanatismo de los que no se han hartado con la
idea cristiana que lo arrullaba en ensueños ultra-t.errá- sangre de los míseros armenioB. ·
queos.
Como si bastaran ,í reivimlirar lo!S Ílll'ros de la civili?.aCuando abnimado nor la pe~ndumbre del antiguo régi- ción concnlcadn~ por la perfidia ,. el oclio rdi&lt;&gt;io~0 )a-.
men. Yeía al sier\'o ile la gleba perecer al peso de las aris- ~rotest~s p!:ít&lt;:&gt;n_ic.t-&lt; de las_potenéia~ y la.:; not:1s~dipl~m·ítocracias, martiri:i:arlo por los privilegios, r agobiado uor t1cas de los m1mst.ros, nadie :,e ha atrevido .i ~ofocar con
tl)das las e-:,rplotacion&lt;&gt;s, pudo el mundo mode: •10 ~entir~e férrea mano esos esc;índalM, nadie hao::1atlo poner lamacomo regenerado por las candentes llama.s de ia Revolu- no sacrílega s?bre el hijo del Profeta, ni ha habi&lt;lo quien
ción Francesa que almnbraban los derech0s del hombre
pre~nda arro¡a~ del suelo europeo esa mezquina .sr,111',m
p_udo c0nfiar en las promesai;: de los jarobinos que annn: de n_,,1.i .sril,rl' la t11'rm, que mancha con sns tini(•blas v f'srmban,una nueva ley, clicts'\da como la. lry antigua entre ca~n~ce con sn pre~encia las claridad~s de la ci vilizaciún
los relampngos y tmenos de las iras populares estallando cristiana.
Pn ~ganwsc.-i exp)Mii,!1, de odios acumulados en Riglos de
Es que tod0s se inclinan ,í una inbn·encii',n armqu.a
,;erndumhrp v ah\'C'C'&lt;'1nn.
pero nadie quiere tomar sobre si la re,ponsabilidacl ile 111~
Pero agobiácln~ lnc n'lPblo~ de ese mundoqne fué 1 con conflict-0 9-ne habrfa d_e oc~1!-rir á la ]~ora del rep.irt, d·J
la peF'ada carga el(, un f&lt;·ndalismo anticuado, de una bur- los despo¡o.s y la d1~tnbnc1&lt;Jn del botin; es que el m:sJra-

ble Abdul Hamid que comprende las disidencias q_ue
apartan y los odios que dividen á las grandes potencias
que lo amenanzan, confia en su astucia solapada, sé deja llevar de ciego fatalismo y dilata y transfiere indefinidamente el cum-¡&gt;limiento de sus promesa.'!.
Y la sanrge crrstiana vuelve á empapar la tierra europea, y los lamentos de lM víctimas vuelven ,í formar concierto doloroso, y el m;sero Sult.in ii vivir y .l. perpetuarse
en el poder por la comp \SÍ ín que inspira á unos, el asco
de otros y los recelos de todos.

-----------

***

El A frica, tierra fecunda donde se han d'ldo cita todas
las ambiciones y donde se han acumulado todas las
concupiscencias, es todavía hoy como era ayer causa de
temores y motivo de sobresaltos par-a la -¡&gt;az universal.
Allí la Gran.Bretaña que aspira al dommio de !continente, desencadena odio~ y desata tempestades con su expedición del Soud.in y sieml;Jra rencores y engendra nuevas rivalidades con las tendencias de Cecillo Rhode8'
á quien proteje sin embozo. La l'ruz británica que ha,
de extender sus formidables brazos desde Alejandría al
Cabo de Buena Esperanza. y desde Mombaza y Zanzíbar á la desembocadura del Gambia v las costas de Sierra
Leona, tiene construidas ya sus estribaciones primeras.
Allí Alemania, soñando con un imperio colonial, que
sirva de esc~pe al exceso de ,;u poblacif1n. Allí Italia, humillada µorlas hordas ·del fiero Menelik. Allí Francia,
olvidando sus tmdiciones republicanas y sembrando rn
)fadaga~car el exkrminio por medio de aventuras que la
debilitan, yaspinmd0 en vano á la posesión de Egipto, que
con~erva Inglaterra en nombre de Gordon, annque,la !~pública Jo pretenda en nombre de Napoleón de Lesseps.
Allí, en fin, todos los que arrastrados por la neCE&gt;l'&lt;idad, urgidos por la ambici.'m ó aguijoneados por la fiebre colonial que los aco~a, tratan de ~erlos primeros ocupantesd&lt;~
ese innlC'nso territorio abierto .i la ciencia para que lo PX', plore y ,í la civilización para que convierta la.'3 agregaciones prot-0plásmicas de sus pueblos en i,ociedades diferenciadas, capace,; de evolucionar y de entrar de lleno en el
conci&lt;&gt;rto de las naciones.
Pero para que llegue ese anhelado. día, ¡cu,'lntos choques, qué tremendas competencias ha de presenciar antes
la humanidad que trabaja en la obra inacabable del progreso!

1

.*
**

América, por su apartamiento natural y su particular
organización no forma parte de ese cuadro donde, si hay
ráfaga.&lt;i resplandecientes de luz, acabamos de sorprender
el lado de sus tenebrosas sombras.
Al proclamar ante el mundo su doctrina Monroe qm,sostiene Cle,"eland y que predica Díoz, se ha puesto fuera
del alcance de esas ambiciones, y protegida por la fuerza
de su derecho propio, se ostenta resuelta á defenderse con
el derecho de s11 fuerza. L:i vieja Europa monárquica ha
tenido que inclinarse ante esta magestad, y la solución
final que ha tenido el conflicto anglo-yenezolano es prueba inequívoca de que no somos vi~tos ya con el desdén de
los pasados días; ya no se nos considera valdío~, expues•
tos ií la conquista de los aventureros y :i la rapacidad de
las Ol'adía~. Ya somos dtleños legítimos y no hay quien
se atrev¡\ á disputarnos la posesiún del territorio que no"
pertenece, y est.í a salvo de hoy en m,ís de agresiones in¡ustas y pretensiones audaces.
Ojal í se consolide esa unidad continental conservándo•
se incúlumes las unidades nacionales, y la Am(&gt;rica republicana y libre y prósper-a y felíz, siga siendo la tierra
prometda á donde se convierten con asombro los ojos do
los pueblos fatigados en busca de una tierra virgen, libres
de los achaques que aflijen ¡Í las civilizaciones cadllca~.
No importa que, nacidos ayer, a:í.n sintamos los estremecimientos que sacuden á. los mundos en vía de formación; no importa que las influencias atávicas muestrt:n
acá v alhi sus morbosos engendros, y todavía se manifiesten las inquietudes dolorosas y la.'3 alucinaciones engaña- .
dora.s que afligen á los pueblos jóvenes. Hay en nosotro~
vitalidad suficiente para evolucionar en sano desarrollo;
hay poderosa.'3 energías que nos libren de vicios ingénitos
y nos impulsen á corregir los errores tradicionales.
;.;f.Ahí están los E~tados Unidos y )Iéxico al ~forre, y bue•
na parte de las repúblicas del Sur que, dispuestos los
primeros por su admirable estructura social, y resueltas
las segundos á olvidar sus hábitos de raza y sus defectos
de educ.'\ción, y decididas á emprender nuevos caminos de
paz y de progreso, dan testimonio irrefutable de la potente fuerza que poseemos para mostrarnos al mundo dignos
de nue~tro deFtino y acreedores al papel q ne nos toca des•
empeñar en el concierto universal.
Felices si logramo.s con~rvar el fruto de una expcrirncia dolorosa.
Dn. CoxsTA.XCIO PE~A. lDrÁQUEZ.
31 de Diciembre de 1896.

NUESTRO OBSEQUIO DE ANO NUEVO·
Llamamos la atenci~n de nuestros lectores sobre el nuevo cromo que acompañamos,
á nue4ro número de hoy y que será como el
prólogo de Jo:-; obsequios que en el nuevo
año nos proponemos hacerle~, entre los cúale::; se cuentan los doce iomo.-; de la BrnLIO-·
TECA MINIATURA.

El Transporte "Oaxaca" en el Varaúero Nacional de Guaymas.

"CLARO-OBSCURO."
De ·ciro B. Ceballos.

Patriciado Liríco.

Yo había soñado con cuatro libros, de esos para la biblioteca íntima, para el librero que est.í junto al lecho,
en la alcoba, al alcance de la mano y que guarda los tomos queridos; los que despiertan en el espíritu fatigado
de la trivial literatura. que nos inunda, invade y rodea,
, sensaciones ha mucho tiempo dormidas, senthnientos
acurrucados en lo m,is oculto, en Jo más hondo, en lo
más inviolado.
Serían esos cuatro libros, de factura extraña, un si es no
es arcaica, breves, m,ís pletóricos de exóticas eFencias: el
Oro y 11egro de Paq,uito Olaguíbel, el Fforil~giu de Juan
Tablada, la colecc1ón de versos de Balbino D,tvalos y
el Claro-obscuro de Ceballos.
Oro y negro: un eleiante. C?f~ de laca ~ oro, joye~o de
lises hechos de amatistas hturg1cas, topamos misteriosos
y esmeraldas episcopales: una pedrería elegantemente
taciturna.
El Florilegio: un baudeleriano · haz de flores enferma~,
de aroma penetrante y exquisito, muy semejantes á_ las
&lt;J,;Je la mano larga y amarfilada de la marquesa ~e\ ~1glo
X:\11I dejó en su libro de horas exornad~ de m1cmles
rojas y estrellas de plata; flores de todos los mvernaderos
patricios, hechas para el corpiño de terciopelo de la gran
duquesa ó para el ojal de la casaca del Rey Sol.
Lós versos de Balbino: desdeñosos señores de talante
altivo, vestidos de negro frac irreprochable, Brummels
de buena cepa,_ Lanznns caballerescos con S!,1-S puntos de
filósofos peS1m11-t.'l.!!, des~mnadores de ma~ngales_finos y
religiosos observantes ae la forma gentil, donairosa y
grave. Príncipes de Rohan de la literatura.
Claro-ob.•curo: atleta rndo, de grande mirada abierta, de
amplio torax é hinchados bíceps, que desprendería una
estrella del saten brillante de la noche y no recogería una
florecilla matizada, por miedo A deshojarla; prosa bien
constituida con mucha sangre de glóbulos ricoit, con nervios complicados y vibrantes y vigor de pugil; un_ gran
burgrave de florida testa, que ama el cáliz henchido de
tockay real, y no el cristal bohemio en que hace visajes
tétricos el ajenjo.
.
Cuatro libros ......... y acaso uno desp~és, con la lit~mtura exquisitamente anéu1ica y estragada de un ruño
que crecerá mucho: Bernardo qout&lt;?--· qinco libroJ, ~inco petalos de una mra flor de h~ d1i:i,,tst1ca y hernldica:
cinco hoja.&lt;i de un trébol kabalfstico, 1mpre~uado de prestigio oriental; cinco artist~ q~ntae~enciados que !yo
.cóngregaría bajo esta denommac10n:
«Patriciado lírico.~
•
8ofl.at&gt;a con esos libros.
Y lleg,í A mí el pewíltimo: y vibN hiriente y limpia'la
diana en la torre señori:\l de mi burgo. ¿Vendr.ín los
otro'!? 1Av! quien !!:\be; m'\'! qué importa después de todo si los que los leerctn ya los conocen, los aman 'y los
recuerdan?

•* -

vi CL \R() ()B'lCUR'&gt; V

**

h-ill ~ en ~l to·h" h" impnrffr.a'I
del or.&gt; vir"'fln v t'l h~ 1'" vi,.ilid'\ie'l ilel H •ra11le;¡ niño.
En J0q eqcrit.0rf'~ h-1.v qie'llwe al~o fem:lnin'&gt;: fibra&lt;! de·
licarh,; v vihrítiles q•1e "" estreme~n :í toi'.t« Jaq -iur,vi
de h vi,h; en Ciro B. C,lnllos n•1 exi,:ten e,·i-i fibra~:
moldearía iarron~s f'tru'l&lt;"~~. no p0rcelana9 de 8fl\Te!'. En
la cuna le dió la leche de su~ pechos robustos el natur.l•

lismo desnud0 v libre: la leche de lo~ fuertes. Tolst-0i, el
conde formidable ~· Zola, ol inmen~ri demoledor, fueron
sus progenitore;.:; amó :i Gautier por la vi 1•eza retadora
de los matices de su paleta; no sabe, pues, de esas tonalidade~ media;i en que se funden (connubio de luz!) las
zonas del arco-iri~. Su numen va del contmste al contraste: de la altura ,t la sima.
A pesar del vigor de su cerebro, Ceballos no ha encauzado a(m su eRtilo v sus tendencias por un canee definí•
tivo; es \'ersátil con la yer;.:atilidad de los númenes adolescentes: la frase lo seduce, el exotismo lo de,..lnmbra y
sufre el alma de su prosa del atayío heterogéneo con que
la viste,
F,íltale adernáA observaciím; no ~abe hacer hablar :t
sus hijos; préstales nn verbo t-0do suyo: sobrado pompo~o
6 sobrado rudo; más apenas ha traspnesto la linde de los
veinte años.... .. il fun son cl11'mi1t: hL~ madureces de su
otoño eAtar,in henchidaA de jugo, prsar.ín en los ramajes
y atraer.ín .i las aves del cielo.
Esperemos ,t que rl Yerba se haga carne y luz y medula......esperemos.
·
Y soñai:é entre tanto en los otros cuatro amigos que
acaso llamen un día ¡t mi parca biblioteca, todos enfermizos, próceres t-0clofl, todos hechos para lo;; lt~illla !/ .•ei.&lt;1
del viejo Barbey...... Soñaré en e;.:e A1trióado lítim, unico
que despierta mi» fibras y aceler-,1, mi pulso y sabe b1ticar
como el arquero habil el nndo de mis nervio!':! pttra herir
allí produciendo la convulRióri. voluptuosa que anuncia
al arte nuevo, al arte )Ie:-:ías, al arte Rey!
~UDONERVO.
Diciembre de 1896.
UN FII.,A1'IENTO DE CARBON.

Ya el título es extraño.
Hav, v .todo el mundo conoce, filamentos de cáñamo,
filamentos de algodón, filamentos, en suma, de diversos
jegidos vegetales.
¡Pero 1111 fil111,u•11/o de cn,·ú611! ¿Qué quiere decir esto? ¿y
para qué sirve?
¿Y quién para mientes en engendro t.an baladí, dado
que exista, y cuyo nombre, en todo caso, má~ que otra
cosa parece un atrevimi&lt;&gt;nt-0 de la gramtítica y una impropiedad del lengnaje? ¡El carbón en filamentos!
Todo el mundo conoce el C.'\rb/in; pero lo ha visto, y se
lo figura en forma de ma~a, más ú menol'compacta; como
el carbón de encina que viene del monte: como el carbón
de piedra, arrancado á pedazos del fondo de una ruina.
Pero, ¿,quién ha visto ni dónde i;c encuentra un filamento de mrh611 en el ¡;eno de la naturaleza, á pesar desertan
pródiga en a~ombros y aun en caprichosas combinaciones?
En la naturaleza podrá no encontrar~e. ó se encontrartí
difícilmente, porque á pesar de rer tan rica y t.an poderosa, no tiene el ingenio sublime del hombre. Es la natura•
leza un rico torpe 11 ,rutinario: siempre lo mismo.
Jam:ls la naturaleza ha fabricado una locomotora ni un
dinamo: habd mina.'&gt; de carbón y de hierro; pero no hay
minas de donde se saquen ya fabrirados dinamos y JOC-Omotoras. La acciún directriz, la furrza combinatoria, la
luz divina del espíritu humano son neceFarias para reali•
zar los portento&gt;&lt; de la ciencia Y dr la i nrlnRtria.
·rn./ih1111mlo d, rarMu procede de un filamento vegrt.al
ordinario; por ejemplo, de nna fihra de bambú. de nna
mecha de algodón, de nna e~pecic de cinta UL' papel, qrn.:

celnlorn es al fin y al cabo, y por lo tanto de origen vegetal.
Si estas :fibras se colocan en nn molde de metal y se som&lt;'t~n al fue~o, ee carbonizan, es decir, todo lo que noes
tarb&lt;m, el hidrógeno, pongo por caso, se ra, y no queda ·
m:ís que un hilillo de moléCt1las de l'arbono. A esto es t lo
que llamamos filamento de carbón.
Que, por lo aemás, puede obtenerse de muchas manerns, y hasta del carbón directamente, sin pasar por las
fibras vegetales,
Pero nqestro objeto no es explicar los procedimientos
que emplea la industria para obtener filapientos.
· Rúlo nos proponemos un fin :filosófico-científico, dig:lmoslo así. Sólo nos proponemoe,·repito, ponerant,e nuestra vista un hilillo de ¡mraculas de carli6u y quedarnos en
meditación profunda delante del insignificante y ruin y
negruzco sér. ¡Un hilo de carbón! ¡Para qué sirve! voh·emos á preguntar.
Es que á. veces los seres m:ls insignificantes, más ruine!!,
más despreciables, son por lo menos gérinenes de sublimes grandezas y de luces maravillosas.
•
Cruzad el campo y ved sobre el terruño un pobre labrador, tosco, prosaico, sucio; tierra cuajada y ama~ada
con sudor; un grado m,í~ alt-0, sólo un ~rado, que las bestias qúe trabajan junto ,í él ó que van delante; un último
y modestísinio escalón en la e6cala zoológica que empie•
za por el homo .wrµinui y !&lt;igue bajando. ·
Ene!' ¿quién sabe? Quiza en ese rudo y to~co y, embrutecido sér est:í el gérmen diYino de un gran artista, de un
gran poeta, de un hombre de Estado, de un sabio, de un
general victorioso, de un gran inventor. Él fué tosco carbón vegetal, negruzca masa que rodó por aquel surco,
que sus bueyes arañaron en la tierra con la uña del arado; pero su hijo ó su nieto recoger.in en el .robusto Í\ sutil cerebro, flor de aquel campo los resplandores de la idea
y las palpitaciones del e~pír1tu humano.
· Que aquella fibra yegetal la carbonice la sociedad con
su fuego y la electrice &lt;!on sus corrientes y brotarán torrent.es de luz.
Purs eso hace el fi[m,11·11/0 de cmb6n.
Pero con su cuenta y razón brilla. .
•
Si se le pone en la at-mÍ&gt;sfera, en contacto con el aire, y
se hace pasar por el hilillo de carbÍ&gt;n una corriente eléctrica, arde sí y luce breves instantes, pero pronto el oxígeno atmo~ffrico lo ro11x11.me: el carbón se quema: su luz
se apa.,.aa: su vida es breve: sus re;;plandores efímeros,
)fas si se le protege con una e11mfreute cri~talina y dentro del espacio protegido se hace el vacío, sigue ardiendo
días v días, meses y meses, qlúzá ochocientas horaF, quizá miís: ltu·c _,¡ no .•e cm,.,,,111e, o se commme it la larga.
Así el sér humano, así la más noble inteli~encia, el cerebro más poderoso. Si se etntrega ¡t la acción corrosiva
del medio ambiente, si so deja quemar por el oxígeno do
-las pasiones que le rodean, pronto es triste silencio, fría
cemza, fúnebre sombra. Es forzoso que algo puro, cri~talino, una coraz,t transparente le proteja; que á él llegue
la vibración etérea, no la acción combustible; murallas
protectoras cristalizadas: pase por ellas lo que pueda ser
luz, !,)O pase lo que ha de ser humo; fórjelas la idea del
deber y el amor al bien.
Todo esto es explicar por símbolos del orden moral
una de las más portentosas maravillas de nuestro siglo,
tan Fencilla como prodigiosa.
A saber: la lámpara d1• inraiulescenóa.
Y en rigor ya la hemos descrito: un globo de cru:tal,
en cuyo interior se hace el vacío, un vacío casi perfecto,
y en el cual se coloca un filamento de carbón.
Por un extremo del filamento entra la corriente elC&gt;ctrica, por el otro sale, y al pasar por el hilo de carb6n lo
hace vibrar y lo ilumina. :No m,íH.
Lo ilumina, I&gt;orquo la luz nb es m,ís que vibración del
eta, comunicat a al eter por los cuerpos vibrantes, cuando
la rapidez de las vibraciones es suficientemente elevada:
como el sonido es la vibración comunicada al aire por el
cuerpo ~onoro.
E,:ta es la explicación que da la ciencia, y la realiclacl
sed de este modo, ó de este modo podrá ser simbolizada.
La verdad es que nosotros no conocemos las cosas corno
ellas son, porque no estamos dentro de ellas y con ella;,
confundido~, sino por los símbolos que despiertan en nue~tro cerebro.
Pero, ¿cómo la corriente eléctrica hace vibrar las partículas del hilo de carbón?
Válgame otra imagen, que sobre símbolos é imágenes
trabaja la imaginación y funcionan las potencias intelectuales: sobre rl'presentaciones de las cosas, dicen los aut-0res de psico-fü&lt;ica.
.
Cuando un arrovnelo de poquísima profundidad corre
por un lecho lleno de piedrecitas, ¿no es cierto que al
choc.'\r con estas se cubre de blancas e,soumas la corriente?
,
Pues algo así sucede cuando la corriente eléctrica pasa
pQr el hilo de carbón, cuyas moléculas son como las piedrecillas del fondo, en el ejemplo precedente, Sólo que
aquí la fuerza de la corriente es tan grande, que las moléculas vibran y engendran la luz, viene á ser como la luminosa espuma de aquel arroyuelo eléctrico.
Y si la comparación no vale por sí, val!? al menos como medio mnemotécnico para fijar el fenomeno en la m&lt;:moria.
De suerte que hav .una diferencia radical entre las lámparas que se llamañ de urco-voltáico y las hímparas de i11cande.•cmcia.
En a,¡vella-•, el carbón, que es una barra rclath·amente
grue~a dividida en dos trozos, 6 mejor dicho, dos barra!-,
vibran al aire libre y el otdgeno las quema y las barra~
se consumen.
En htns, es decir, en las de incandescencia, el hilillo
de carbón vibra en el ,·acío y no ~e quema ni se conswne,
ó se consume lentament&lt;'.
Y hé aquí como nada, por humilde que ~ea y despreciable que nos parezca, es despreciable, ni en rigor humilde. ¡en hilillo de carhr'm! ¡Qu(&gt; nrgro, qué ruin!
¡l'n filamento de carblln! ¡Hilacha carbonizada!
f.:i una hilacha vale tan pQCo ¡cu:ínto menos yaldr.icuando e,.t(· rcd1wi1la
. á carht,n!
~

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897
- - --=-~

EL MUNDO
4

de treinta ailos de asiduo concurrente á lª
casa de la calle de Valverde, se ve obligado á prc~idir una jnnta, es Tamayo y Baus,
el Secretario perpetuo de la Corpora·
ciún, quien, por lo bajo le indica las pr.íc·
ticas reglamentarias :í que ha de cet'l1n;c.
Ca~poamor es de los pocos hom}ires
que viven content~1s con ser lo que son y
que nada aro bicionan. Hecuerdo que cuan·
do rehusó el título de Castilla, con grandeza de España, con que el Gobierno creyó honr.ir al egregio poeta dijo, justiciera·
mente, un diario de l\ludrid:-Nos explic.1mos que para honrar un grande se le
dieran los t1tutos de Campoamor; pero
darle á Campoamor el título de grande
l;t•ría un ycrdadero colmo. Camponmor
cst:í p11r encima dtl todo lo grande, y tod_o se puede engrandecer, menos su gloria.
Xo ha faltado quien pretendiera crear
algo a...í como antag&lt;mi!&lt;IDO entre Núiiez
de Arce y Clunp,1amor1 como si eso, llámese rivalidad ó antagonismo, fuera posible entre do,- astros qutl brillan con luz
¡,ropin y que giran en órbita distinta. Don
Hamí111 encontr:i recientemente la o:portnnidad de npla.,tar :í los que lo cons1dernban capaz ele mezquimlad envidiosai
c~cribiendo este preciow autógrafo en e
al bum con que los literatos cspat1oles aga~ajaron, en el día de su ,Htimo cumplea·
fios, al poeta del Vi:rtiyo v de Rni11w11do

J&gt;ue,- 1•,&lt;:\ hilar}rn negra ¡tlsJuz!~¡Luz aclmir.1blc que hnll.'\ de-de la mod('sta vivienda ch•l nwnt•titn\l al palado del m:i.g·
nak!
Con 1,í/oduu couwrtiilas 1•n rarb~m !'C
alnmbrn h•i)' el g~nero humano.
E-. qm• en el unh•ef:',1 no existe lo n1i11,
ni lo d,·,predable. ;-(,Jo e- ruin lt, que l':-·
M ¡,,,,, ,,.;,, porque entonce~ ,e confundt•
'con la 11mla.
Pero lo que 1aá...; r1d11 no~ parezca, como
F(l ugite, como ,;e mneva, como trabaje, no
con agitaciím tle-onlenada que se tlestruyn á si mi,.ma, sino &lt;'un ci;a ordenadaagi-·
• tllciún &lt;tlll' ~e llama ri/,mr; que en l'I ;iustnunent"mu-ícal es 11n11r,11ía, y en eteres
luz, V l'll literatura l'l' llama
en el
ccl'('bro ncompaiia al ¡,emiar, y en· e l mar
e...; oll't¡j•, y en foH e:-p.H•in" celestes e~ eter• m\ tmyactoríu elíptica; e~o, repito ,que
i:e no~ antoja llltÍS ,·11i11, engendmr.í '{11z v
IITIIIOIIÍf/1' )" ~'l&lt;t_rojall )' ]lell_'lllllJÍ(llitNl y t,/t'ajrs
y,/, m&lt;,,. 11111kl,·11s ¡ot ,u!,n,·t111 t•n las profundi&lt;ln&lt;lc, de los ciclo&gt;&lt;,
.\"o exbt..• lo ruin: cxisti• lo p~n•zo:-o.
Exi~to /11 ~11111hr;,, &lt;¡U!.! es la i,111111l'ilid"tl
clt•I eter¡,,yel1&lt;i/nwio qm• es la i111,wri/i,/,1,/
del air,•¡ y el Hue,i" e', In muntr, quo Hm In
;,,,,,,,,.¡¡¡,¡,,,/ dl'I pe11sa111iP11to.
Tom:1ll carb',11 y l ' ' negro, feo, sucio,
i;rnnbr,1 cuajada, n.•cucnlo infamt• de las
tinit•bL1s clt• 1111 abbmo; hacl•d que pa~c
J&gt;Or él In ('Orriénte t•léctrica y vibrar.í y

r,r~tJ, \"

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F&lt;'l'~Í luz.

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4

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•

-

De pie, en actitud reverente y sombrero en mano, dcoo habh1r,c del hombre

que encarna en sí la doble realeza del 1;ah1•r v del tal&lt;•nto.
Cuando IIPgué :\ )fadrid ,-e hallaba Don
'!'ollas 1•sta,- co&gt;-a.• y otras mucha pienso
)larcdino l\lenénde:r. y Pelayo, el cerebro
c1uu11lo n,o lucir una Límpamde int·an1le111,ís enciclop~dieo tfo la E,-paila eontemf'Cencia, y en ella el filame11tu de carbJn
JIOr.ínea, veraneando en :-antandér. Los
hecho luz.
t re!-&lt; ú cuatro me~t•s q uc pasa en ~u tierra
_f.í,,,·'.1 f,,·i/1011/t que llnje no sé qué signos
11al::ll 1 son 11:1mél ¡.,,. día,;_ídicl•s dt• f'll exis1111,-teno➔O•.
tencia. a\.llí tiene "u ca,a y su biblioteca,
l'orqne ya ha~ta la luz ,-e ha espiritua:\ h1 t¡uc, i;egún afirman lo,- que la han vilizado, si \'alP la palabm.
i:it:1do1 ,s~lo hi de U.inov:~" puede a.~pirar
Ya m• t'" hogm•ra alPgn•, J&gt;ero hnmc,,-n:
a t•ntiiblar la compct-encrn. ::iantnnd1•r es
ma.sa y volumt•n dc luz ~· fuego.
l'l tímioo que el 1&gt;r1d\'1xi,o cerebro de llon
Ya no P&gt;&lt; tosca\' volumiun,a mecha mal
)farceliuo necc1-ita para trabajar &lt;lumnolitmw y carbonizada, c¡ue con el pfüilo
te Jo.,; ocho mese~ que l'ft.Í obligado á re,i(•st1 hal'i1•mln ,,scarnio de sí misma.
tli r en la capital del reino.
•
Ya no 1•,; mt&gt;chero &lt;le !{ª" rernlido &lt;'11
Que nuestro amigo, en )Iadrid, no se
ahiert~, abanieo; pem mm•n 1zan1lo con la
tiene por un vecino i:;ino por mi. huesped,
expln,iím :í cada instnnte.
lo pmPba el que habita en una modesta
.\"o f-&gt;! ní rol11111r11, ,ii ,.,,,,, i:,'iri,· d,, /11;: es
!onda de h\ ralle del An'n:11.
''''" ltiu•,1, no 1l~lÍ~ quP ,,,,,, ltw'rr, que no da
Diiít'ilmente se l•ncontmr..í un Iiwrato
humo, quo casi no da ealnr.
"'-,...__ ..,,_ _
---::, m(IS l:ibnri_oso qne :Men,1ndcz y Pclayo.
La geomct_rfa de· !ª luz ~1· ,·,1 ~implifical•:~crihe cada aiio por lo nwno,- un libro;
mlo: sn var1Pda1I se ,11 l'On1lc11,ando NI
Srita. Elena .:&gt;rtee;a· (de Tapa;hula. ]
n:dactn extcmlt)~ informes :sobre asuntos
u na u nidaii c:ula vez 111:í:s bri llantR..
á él encc1111cnla1los p. ir Ju;; cuatro .\.endemias :t que per.Jc,,(EcnEG.\11.\Y.
v gric~o. lo:-- t;txtuninailnn-~ !":(• ocuparon ,•n t•lo~iar ~u ro- t{!11&lt;.•t•t•; da lecciones cu la Univen;idnd; concurre á. la» i:;ehu_sJcz. su \1Crspi1·acÍI\ tle vi:-t.a ~- ;.u np:ud~za de oí~lo. Jfo• Hiotit·H del i'-rnado; va al t&lt;•atro, :í tertulia.~, á paseo; :í tofirw111lo,1• 11 c,te t•xamcu 1lt•1•ta J)on Hamon: Lo!-&lt; Jl'~mlas do aticndt• y para t,.,&lt;lo tiene tiemp•&gt;, hasta para leer
lmsl'ab:m unte t,,.10 t'i ho111hn·. p,.,,-pu~,-. :-i lt',- c·onvenía, cuanto d1• nuevo é interesante se publica en Europa y
RECUERDOSDEESPAXA
Por Ricardo Palma.
harían el ,-aoio. el 1,olda&lt;lo, PI predicador ú el come- Amí-rica. El hombre es de una actividad que parece indiante.
verosímil.
ESBOZOS.
Tr:1t,índnsc ,Jt, la exi,-t(.'ncia dt• Dios, dice Campoumor
I~í:-icamcnte no luce una organizacion robusta ,-:á prueque (•l no ransti su 1·1•1-cbru hul'cando razom•:- ni argumen(' \~{ PO.\MOR.
to~: qne (•! croe en llio:-, ¡10rqttl' ~í. Eso,¡,. &lt;li,cutir ,í ]lios ba tic fatigas; pero bajo apariencias dclirnda.~, ·su orgaQuien pa-amln por In !.,'arrcm de San .Jcr:mimo, en hls ,-e hizo par:i Jo,; holgazmws qm· no ticn\·n \'ll que ocu- nismo es t1m privilegiado como su inteligencia. De mediana estatura, delgado./ p..ílido, en sus ojoM que· son
última.~ hora...; ilt• mui lnr&lt;l,• 11,• invierno, Pntr,! en la libre1&gt;an~P.
hermoso:; y en la sercniaad de su mirada, be retlcja su
ría de Feruando Ft\ 110 podr.í mt•110, d,• fijare&lt;• en nn anJ~studiú dos ailo:- medicina y l:\ deje'&gt;, pon¡ue no act•rta- gran espíritu. Cu:mdo yo lo conoeí, acababa ~l de cum~iano dt&gt; ojos azule:; y c·alx1l\o c·:111111 cara. ancha y r.'.!¡.(nciba :í explkarsi• la worfa tlel e:-tornudo. He tlpdicti otros plir trerntn y seis años, reproi:;entando tl,Lad inferior á la
Jada, enc..rracla cntn• patilla"' bl:tnca.", gon:lura Ütl eani'1tlo" uiios tí la jurisprmlencia, y \a,- l'andcctas lo hicieron qne le asigna l'lu fe de bautismo. •
11i~n. que vi,-ui d,· g:lb.Ín tic piek~. y ú 1¡uicn rodean, t\':-·
bo,-tczar y aburrin;c.
l'na cmilitlad que embelesa en )Ienéndez y Pelayo es
pet:ímlolc y 111i111:imlolo m·ns,1 m:í~ que :í un monarc:L los
.\lguien le dijo una tanle almlieudn :í sn focn11tlidad .su mode"tia, no dirc; si réal ó simulada. Desde el primer
cort&lt;'snno&gt;&lt;, mucho:; li&lt;' los liter-.itos qm• hoy dan honra :í
poética: hay que reconocer en nstcd, Sciior Don Hamún, momento en qtw e&lt;mH•n&lt;ais con (,1 os trata con exquisita
las letra., t·spailol:\,;. Ese t un venembll! como simp.~tico v
el mí•ritn tic la lnborio,-ida,l; traba1a u,-tl'd ba~tantc. Pues llaneza, º" in,;pim confianza, di~cute tranquilamente y
queTi&lt;lo ancian11 e,- I&gt;on Homún de Campoamor.
•
est.i u:-ted t~ni\'ocado; porqutl la hija del capataz de mi
Entre lo!&lt; má.-; a.,icluo" ,lt• los que forman hi tcrtuli:\ hat·it•nda, ,í quien hicieron creer lo que m;tcd pien~a, ex- i:;in dognultizar, y dista mucho de acalorarse, como Tavefpertina del creador de lt1&gt;1 Do/11r11,,, se Vll :í )Ianuel dt'l damú al concx•omm;-;.:\.ntla! ¿,Cómo dicen que el !-Cilor mayo Y Ban~, ('liando~ le contradice. ~o pert('nece Don
::\fan·elino ,í la &gt;'llCta de los infalibles, y sabe ~er toleranJ&gt;al:icio, el poeta lle la~ clii,peant,.•s agudeza.'i¡ á En:(enio
trah,1ja mucho·: ¡Y no i-e puede agachar!
C(&gt;n los hombre!-' y uon sus doctrinas y opiniones por
~11(&gt;:;, el aplaudido autor th•l Snd11 yonli111w, cuy:\ candiCampoamoc po:-ee nna tortuna que le permite• vivir con te
ab,-unlas que ella,- liéan. El no habría condenado á Gadatura para la n1cant,.• de Zurill:\ en la Aradt•mia :eatrohol,znm y sin ¡,reoc11¡&gt;an-c ,!el mañana. Le e:; del todo in·
t·inaron, con calor á qne no 1·orre,pomli{1 el éxito, ~ "iiiez
.
dif,•n•nte el qm• ,e r,• Pbren (¡ no tratados sobre propiedad lileo.
~o rreo :í ::\Icní-ndt•1. y Pt•layo posccd0r de gnmdes cuade ~\rce, Castro Sermno, Taim\yo y Campoamor; Jo,;~
l_iternria e~tre 1•'.spaiia y las l!ep·.'iblica&gt;&lt; ameril'anas; pues
omtoriiL•, tÍ pet-ar de lo tacil y correcto de su paA lcal:í Galian11, el es(·ritor qne, en lo~ versos'llc ~11 libr,l
1·1 rn&gt; se cnula tlt- reclamar de lo, editore" de sns ubm, de- lidades
labra. }LiK qtw hombre de fantasía es hombre de criterio
Ka/, iduxm¡,io y en sn~ artículos l'll pro:ll\, sobre to,lo, luce
rechos ~ll' au_tor. Rus ami~o~pue1lcn n.•imprimircnanto&lt;-1 l'laro y ~en•no, y :-nbru todo de mn\' singular y admirapor lo. especialidad de la forma humorística, y de q ,Jicn
ha c,cnto, sm quP ,... ,•nnje pon¡ue ha van ol\·ida,lo soliciValera aspira á hacer un ac:ulémico; Ricardo do la Ve-~a.
·
tar s11 aq nies,:euria. ( 'olabora t•n la ¡-;,,,,a,;,, Jlml, r11" t·on ble pcrcq&gt;eión c:;tl-tica.
el tan ju,;tnmente popular isainetcro; P,,ña y Goiii, \'icen•
:-us ll1w111r11tl11~, nada 1ná~ que p&lt;&gt;r cariilo á p,,¡w L.ízaro.
te (',olorndo, X1warrek•, Pin:\ Dmnínguez, ,1oa9.uín DiccnEn una palabr:1 1 ,•s Pi único e,;crltor dt• fama ,í quien su
OTRO PAGO DE$ 5,000 oo DE "LA MUTUA"
tn, 10,- Sepúlveda, el C',oncl,· de la,- ~a,·:\s y chez íi doco
EN GUANAJUATO.
pluma no prollm-e dint'ro.
cHcritore8 más. Ctist~lt\r y ¡,;(i¡¡ez ele Arce no deH,leñan ir,
Iloy non Ramún tributa culto :í la pere1.a~ Ya no lee
de vez en cuando, :í ~olazaN· en la librería de FJ, oven&lt;;u:umjn:it-0 :t rn dP Dicitlmbre de 1800.
ni cstudiu. Dic-1• q1w á :'.\fonéndt•z 1\•laYo ll' tiene pncodo contaT chn~arrillo:; :í Don Ramón, que es el reg.,cijo
t-,r. D. Carlos :-ommer Director General de "La )Iutua."
me,!dado qne ka .Y estudh• por 101:1 do~. ':I..o que en Es¡m)léxico.
hecho homhn'.
fia ignore :'.\fan·ehno, aiiatlt•, tle &gt;&lt;egnro q1w nn hay t•spa• . La librería de Murillo, en la calle de .\.lcnl.í, es tnmbii:n,
fiol t¡ue lo :-epa. ¿A qn{- fatigarme·: ( 'irnndo me hac,\ falta
:'\In,· •t•iior mío:
&lt;lc,-pué~ di' las cinco de }a t;1n.le: otro centro de gente de
llur m,· ha t&lt;idn pagacfa la suma dt' cinco lllil pesos
aprender algo H' lo pn,¡tnnt-0 al 1-&gt;1bio por excelencia, Y
]1,tra.o.;. l\lenéndez y· Pclayo, Barhieri, Catalina, Zarago:r.a,
trabajo hecho. Por :'.\lené11dc1. l\•Jayo tit•nc Campo;1nuir ($:1,&lt;XlO) importe dt• la p',liza nÍlm. :.lH-\\l~:.l bajo la cual
Colmciro, el padre l'ita, .Jilué1wz de la Espada, Fern.inestaba a,e¡?11nulo mi fin:uln hijo liuilll'rino (-loorne.
adoración.
·
dcz Duro y otros aca,lémico~ de la Ili~torindeparten allí
J,a actividad~- t'licaria t·on que ha exl)l'tlitado lasprueY e;ae conver,-1\d.or, tan pl.ícido y variado en l:l t('rtulia
l\'po~mcnte, 1:1in la animación y ha...;ta el bullicio de
de la Carrera de $a11 ,len',nimo, t·s otro hombn• rn 1:i~ ~e- !'."'' tl,• mt~•·.r.te el :-r. n. _1,:nrique }ley1:nbl•rg, Agente de
los tertulio:! de la cam•ra. d,· ~n Jer.'.mimo. No es raro
La )l11tua eu e~ta &lt;':l¡ntal y la prontitud con que se me
sionl'" de• la AcndPmia Espaiiola. Xo :1hfl.' fa l&gt;&lt;K·a ,iuo
,•ncontrnr en e.-ie círculo de gente gravti á C.ínova.~, á ~ilha ht•cho 1•! pago, confirman tll :merecido crédito de que
pl\r.l decir •i ú ,, í, cuan.to 1'11 nna vot,11·i.',11 es i111&lt;•rrol{:Ulo.
•·vela, :i l'idnl, y al man:¡ué" de la Vega de Armijo.
l'an•ce que hnbit&gt;m h1•cho ,,,t,, dE&gt; ,ilenci11. :-:i por cnit'T- ;¡nza es:i benetica y pc:xlem,;a institución que u~wd dignal'ampoamor hizo ~u" primeros e,tudios tlll un colt•gio
•
me&lt;lad del Conde de Ghe~w·ó de l)ün .\ureliano 1,·,•m.tn- mente rupre:&lt;enta en Ctita Repúbli~
deje,m1ta.&lt;;; pero sedisgu,;tóde ello:sporqucen un examen,
De vd. atto. s. s.. -L. GOEllNJt.
dez Uucrra á quien sigue en antigCe,lad, puei; cuenta m.í~
en que el alumno soñaba lucir por sm; auelantos en latín
lt1R

EL MUNDO

-- ==

T,rnto I\U menta la glori&amp; su estl\tura
Quti ,, ese genio glgaut.e,
l..c llamarnn el grnnd~. alll\ en la attur&amp;,
sh111&lt;.,,,pearc, Ano,to, Caldtirón y Dllnte.

Tomad carbono, azol', hidrógcno,'oxíge110 y pol·o,- cuerpos m,b en mínirnas eantitlades, y hit•n poco yaJ,lr.í to'1o dio.
]'ero c,nnl)im\&lt;l\o dt• C'icrto modo, colocadlo Pn l'l l't•ntro 111' esa U!-'ombro,-a lárnpan\ 111• inr.ah,le-cenciu, que ,-1• llama cen··
lirn hmnnno, haced que pase la corrientt•
(•,-piritnal pc,r la:- hilarha,- de In mafl\ v
la ver,~is iluminar,;t• con lo~ ,., "í,f,1111!,,rc11
,fr

DOM1NGO 3 DE ENERO DE 1897

•

-----

~

-

&lt;

~n iailio ae pobre.
Dibujo de Martinez Co.rrlón.

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

6

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

.

*

LOS HUEVOS FRESCOS
Cuento Alegre.

Como tú, como yo, como
Luis XIV y como el d!f~nto
Toupinel, el señor.Jerommo
Gautrelle tenía dos cai:as Y
se hallaba bien con las dos.
Todas las mañana!' se
arrancaba al legítim? a~to
de la señom Eufemm (,autrelle abandonaba hts alturas d~ 8 u quinta don?-e la
paz de su hogar !'e abri~ba
ba·o los muros de ladnllos
relract.arios v se dirigía á la.
capital por el tn;n de 8 h. 4 7
ro: que llegaba a las 12, momento preciso en que Jerónimo se encontraba con Ida
(la otra).
Id.'l. se ve~tfa entonces con
una toilet.te discreta; la. pareja se instalaba en un coche de sitio (sus 8,400francos de sueldo perI!litfan al
jefe de Jo Contencioso este
lujo) y cada noche, esperando ¡1; 1 mañana épico, el
señor Gautrelle hacia arr~.
. te ml
~~ssJiÍll~~!:tl Sríta~ I~tiqse loJ1;!f~ú!~~:1iiiE~
á la estación de San Lázaro Y
ra. . . .
1
pe~~!t
h~b~ós~bhl:;:~!:a.:~~:;~g·la hipocreta
eocial y desenvolYirriient? hbre de sul
y
1i°1ga-azr;
doblP se inflamaba alternativamente a ca or e o

ti!

~!

J

yr, a81

i~i

al ~cendi¡°3e1
~t;:/{~í~~~ Rugo, su culpable dicha
í¡n30: afos y nada la había turbado, cuando una
~n
tarde la Srita. Ida ,.0 mprome~ó al Sr. Gautrelle á
~u':t llevase el día siguiente media docena de blan-

quiW~!édico la había sujetado á un régimen (la neur~=
. ! 1 fatiga' la anemia!) y ordenaba huevo~ frescos, pe
:1\os\spendedores del barrio no le proporc10naban miis

el sobre la frescura exquisi~ de los huevos 9-ue la c~in~m les babia servi~o. Al oir ésto, una so~r1s.a ma~ma:
él"1 alargó silencrosamente la boca de Je1ommo, Y fué
goce que declaró á su cónyuge quP, a.pesar de sus
treinta años estaba tan fresca &lt;:Orno los ~ue:·9s ...... d . _
Des ués como á eso de las cmco de la rn.rna.na, e¡au
do / jFufemia que ~ustase de un reposo muy b1e~ ~nado
el
Gautrelle bajo al jardín y ..i:ienetró subre_Pticm~ente al gallinero, hizo su prov1s1011 ......... y toda la s.ie;-ta
s coro afieros de oficina se l?reguntaron que trainan
bolsis del sobretodo de Jeronimo pue se ahuecaban
con redondeces sospechosas.
. , ,
Cuando á eso de las cuatro de la tar~e depositó a los
·é de Ida su media docena de huevos ~rreprochables, e~
~c~nocimiento de la jóven no tuvo línntes; ~auto fué as1
que al Sr. Jerónnno se lepasó el tren y llef.l:Ó á su casa
con hora y media de retardo.

;al ii
S~.

f:S

·X-

Pasó sinie;~ente la semana, durante la cual el Sr.
Gautrelle se abstuvo de yer
á Ida y pudo así comproba~·
que no le era posible vinr
sin ella y que desde que n~
la veía en nada apreciaba m
su piP,a de eSJ?Uma,. ni s~ perro m su mu¡er, ru el 24. to- ·
mo' de su novela.........En su
injusta ira odiaba á la Sra.
Gautrelle ( que por su pai.:te
aplaudía ingenuamente la fecundidad de RUS ponedoras,)
y hacía amargas reflecciones
• sobre las alegrías ridículamente insuficientes del hombre que suelen depender ·
hasta de unos viles hueyos
fresco~.
El sábado síguíen~, cuando se dirigía, al ~lir de s~1
oficina, á la estacion, meditando sobre las desconsoladoras desproporciones de l?~
efectos v de las causa~, se dio
uu fuerte golpe en la rodilla
contra uno de esos puestos
ambulantes que los expendedores colocan en el borde de las aceras.
. .
«Todas son desgracias en este mundo,n clamó, y 3:l mchnarse para reconocer el obstáculo tropezaron sus OJOS con
este letrero: «Huevos frescos del día," que, como el maná
:i los hebreos, lo llenó de gozo.
.
«He aquí la solución,,-ex:clamó alegre°:l?nte el Jefe ie
lo Contencioso y en un decir Jesús camb10 una pieza e
cuatro centavos por una media docena. de aquellos ~uevos providenciales; cuya frescura no vaciló en garantizarle, impúdicamente, el expendedor. .
. .
Vuelto ~í su casa con su paq_uete bien disimulado en 1a
bolsa de sn 11UU'jerland, J erómmo Gautrel]e mostró du~nte la comida w1a alegría infauti]: Eufemia no recon?c1a á
aquel alegre marido y se regoci¡aba de poseerlo as,, tan
vibrante y bienhumorad.o.

l

~'

,,

ue huevos hueros é Itla contaba con la amabilidad de

innuevecitos.
Jeronimito que le lle\·aría del campo un~s grande~ Y
Diciendo e~to, la cnca:n~dor3: criatura ale¡aba con su manecita d C'ran~o ad1mmstrat1Yo del Sr. Gautre1trefe de lo contencio~o en la A. C. EJ;. F., prometió
todo lo que Ida quiso y partió con el corazun lleno de esperanzas en vag-as .recompensas.
.
.
Ma.'l ay! lainvestigaci'ún ele las prun~ras !!3USas Y d~Jo~
primeros principios pue~e parecer casi un J.uego ~e mno~
en comparación de media docena de huc,?s fr~scos for:
zosos. Después de haber vagado dos horas. a tra, é~ ele la:,
callejas de su. c,ol,.mia, clesp1~és do haber sido_Yíctmm ~~~
escepticismo 1romco de dos o tres honestosexpend~dorc ,_
de blan9,uillos que acon-ieron su demanda con sonrisas de
compru,íon, y del tmnq"'uilo ci~ism,o de todos ~os o~ros que
le juraron por sn honor qne ¡amas habían \ emhdo huevos frescos, el :-:r. Gautrellc volví.6 desolad? á su co~yugal do_l!lícílío. Al día siguiente, Ida lo acog16 con acritud
y le d1¡0:
·
y ·
-No ei; por tn bella cam por lo que te qmero.1 :ii me
relrn,-,:1!:! ese pequef10 gu"tº··;···
. .
El 8r. Gautrelle se enredo en explicaciones d~sesperad.a,:I. b'n yano intentó consolarla, en vano mqstr" nua galantería agresiva; tuvo que volverse ú su ca,a desolado Y
¡;in esper~rn7.a.
•
d
Jm;tmucut~ ci,a noche·, en tant-o que pl~bcaban es~re mesa, la Sra. Uantrclle atrajo la atencion de rn man-

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1/-.....

contencioso aventuró ante los barruntos de tempestad
deshecha, una sonrisa tímida.
-Sr. Gautrelle, esclamó bruscamente Eu.femía, usted
me oculta algo.
-Yo ocultarle algo? pero estás loca mi quPrida Eufemia..... .
-Entonces que significa est-0? preguntó la e~posa irritada abriendo sus mane citas en las que había dos hueyos
cuya corteza llevaba esta den uncía.dora inscripción con
lapíz azul: cuatto centavo~.
-Que quieres que te responda, elijo el Sr. Gautrelle
aplastado por la evidencia, veo el hecho pero no lo comprendo ..... .

mtr

jándose caer sobre
•las rodillas del Macbiavelo de su esposo. ¡Pobrecito
mío! ¡Y yo que lo
cafomniaba! ¡Qué
bestia soy Di?B san
to! ¡Como si esas
m11jerzuelas se
contentasen con
huevos frescos ..... .
Estaba loca!
El Sr. Gautrelle
triunfaba modestamente. Ella le
miró con sus hermosos ojos húmedos y convulsa aún
por los sollozos le
preguntó:
"•Terónímo, mi
.Teronimito, ¿me
perdonas?
El jefe de lo contencioso no respondió sino estrechando contra su pecho
á la coniiadísima
Eufemfa. Y 1;oda
confusa en medio
de sureconocínÜen
t-0, la Sra. Gautrelle comprencli6 que
CRtaba perdonada.

"Eu fico!"
Estas dos palabras dichas en el
idioma de Til'admles, fijaron un día
la estabilidad de
un imperio. ¡En
qué insignificancias suele estribar
:t veces el porvenir
de las naciones!
H,unvroN.

\1

Pa8ªt

-·

f I \'
""-=--y/

***

Al día siguiente, muy de mañana, Jeróni~o bajó al corral con su paquete de «huevos fresc?s del d1a,» Y los sustituyó á media docena de los acabaditos de poner.
Orgulloso del éxito deslizó su hurto. en. la bolsa de su
macferland v subió de nuevo á su hab1tac1ón.
.
A la hora el.el almuerzo, frente á f~nte de su mu¡er ~o-da fresca y linda con su vaporoso peii:ador, el Sr. Gau~1,elle se exaltaba silenciosamente á la idea de la :ecepc1011
ue le esperaba en la casa de Ida, cuando fué m~rrnm-qido en su ensueño por un grito agudo de Enferma que
icababa de hundir su naricita en la cáscara de un huevo.
-Pero esto es espantos~lamaba-este ~uevo está:_po-drido, completamente podndo, y lo acerco á las nances
de su esposo.
.
l h , era
El Rr Gautrelle debió convemr en que e
ue'- o
perfe~t~meute nausea~~1do. Eufe~ia se puso funosal
al acompañará la estacion á su mand~, qu~ le.as.egu¡-a a
ue se retardaría uu poco porqt~e ~ba a asistir
un
§anquete dado por w1a Aociedad tec.ruca_ para ,Protest~
contra la supuesta bancarrota de la. c1enc~a, ~otó con so1 presa que J erónímo lleYaba un abrigo de m.v1erno ~
del calo1· sofocante. El Sr. Gautrelle se vió precisa o 1
pondemr la frialdad de las noches.
'
. d
La aleo-ría de Ida ante los seis huevos fué demasia o
demostr~ti~a para hacerle ol\i_dar todo: La muchacha
declaró que no había hombre mas cumplido en el mundo•
el ·efe de lo contencioso fué el más q.ichoso de los m?:fulesl felicitándose de haber encontL-ado por fin el eqmhbrío de sus dichas par-alelas.

* después,
*
Algunos días
cuando el Sr. Gautrelle, al fin
de la comida conyugal se
preparaba á pasará su gabinete de trabajo, para fum~r
su J?Ípa leyendo el tomo vigésimo cuarto de los Jfüterios
del Pueblo, Eufcmia, con un
gesto .gentilmente autoritario le ordenó que se s~nta~e
y con voz llena de misterio
le dijo:
--Jerónimo, creo que nos
han robado.
-Que nos han robado? Y
quién, Dios mio?
,
.
-Lo ignoro, replico la vi·,
gilante esposa, pero es seguro que, desde hace tres días
la criada no recoge más que
~
dos huevos cada mañana, en
lugar de siete ú ocho que teníamos en otro tiempo..... .
Esto no es natural.
-Pero hija-se atrevió á
decir el culpable y astuto
Gautrelle,-sí no recogemos
tantos huevos como antes,
***
La visita matinal al gallinero se renova~a diariamente
será porque las gallinas ya
y el Sr. Gautrelle vivía confiado en su ardid, cuando una,
no ponen..... .
Esta explicación, sin emJ:mrgo, no pareció
convencer tí Eufemia que movió la cabeza sin
replicar sí bien
es cierto que por la mañana el Sr. Gautrelle
no se atrevió á bajar al jardin por temor
de despertar nuevas sospechas. Así que,
cuando llegó á la casa de Ida con las i:1an~s
vacías y el corazón lleno de. amor, fue r~c1bido como lo sería un escritor naturah~ta
por la. Academia Francesa. Ida, decepcionada no quiso oirlo. Para colmo de desgi-acía, el doctor O. que f\té á hacer!e . una
vísít-a, gruñó en _prese!1cia. de J eron11~1?,
prediciendo á la m~ócil cliente. que s1 se
obstinaba en no segmr sus conse.Jo,s, norE;spondía ele nada. Después se re~1ro, no sm
haber prescrito de nuevo un régunen au~tero: «v sobre todo, huevos frescos, mueb.os
hue;os frescos!" clamaba su voz profes1011al en la escalem.
-;,Ya lo ves, Jerónimo? ¿ya lo -:es?
-Bien lo veo, ¿pero como quieres que
me• proporcione huev~s. frescos ahora q1.1:e
mi mujer se ha apercibido de la desaparición?
,
-E~n no es cuenta mía. A.rreglate como
puedas súlo que sí no hay huevos frescos, •
no hay amor ¿eh? ¿lo entiendes?
tarde al volverá su ca.sa, con el corazón lleno todo do·
El Sr. Gautrelle quiso protestar á lo menos,por ge:;tos, Ida r;conquütada, distinguió á su mujer, 9,ue, apoy~daen
pero la escena. fué tormentosa. Ida. l~• reco~o su calva, la barrera ele! jardín lo esperaba en 3-?titud h?st1l, con
su vientre, y el Sr. Gautrelle s~ ret1r0 maldiciendo.
las narices palpitantes y 1as cejas fruncidas. El Jefe de 1o--

-~
;._ :;:.~!

',

7

Al pie de una eminencia de frente lenmtacla
que hiende por su altura la bówda infinita,
despliega el verde mant-o la fértil hondonada
con el sereno aspecto de un lago que dormita.
Sobre una cortadura de dpida vertiente,
cercana de la cumbre que altiYa la. cororn1,
se yenme una cabaña muy pobre, pero ril•nk,
en cuyo techo el cielo las nubes amontona.
Airosas nubecillas errantes y sii1 senda
agrúpanse formando como azuloso grumo,
y del hogar que m1ima la rústica viYienda
asciende por los aíres en hélices el humo.
De abajo, desde lejos, enlaza aquel retiro
al valle esplendoroso tendido en horizontt\
la línea de una senda que con incierto giro
escala por las faldas el término del mont&lt;•.
Cruzando las pi-aderafi, ribazo¡, r repc•cl1os
que en trazos desiguales diseña la :Xatura,
el á$pero camino conMmplase por trecho~
corno una roja sierpe dormida l'ntre yerdurn.
Abajo por el valle sin quiebras~• sin ln111á~.
las cúpu'las de un templo de góticas arcada~
parecen en lo blancas dos cándidaR pa!om:1~
entre árboles espesos al par acurrucada~.
)Iás lejos una sombra de azul monotonía
encumbre con sus slibanas el horizonte vag, ,,
y míranse las chozas allá en la lejanía,
así como albos cisnes dii:ipersos en un lago.
En tanto que sin orden sus techos ag!onwra,
en medio ,í la verdura, la soñolienta villa.
formando los mil cortes de una ,íspera cantera
que de rojizo pórfido con los esmaltes lwilla.

~
Pasillo en prosa.

El pasillo, señora, hermosa niña es como un lento y rosado valR. Yea usted cómo aquellos dos enamorados pueden llevar el compás en medio de la mii8 ardiente conversación. El dice que los lindos ojof&lt; de una mujer valen
por todos los astros, y los lindos labios por todas las
rosas.
Como ella quiere demostrar lo contrario, le mira con
los bellísimos ojos suyos, le sonríe con sus inefabk•s labios, que son en un t-odo iguales á aquellos con que la Reñorita Abril dió el primer beso al caballero de Mayo. El
pasillo, sel1ora, hermosa niña, es como un lento y rosado yals.

***

***

-Ah! no lo cmnprenfü, n~t('(l? replid la Sra. Gautrelle,
con la voz ya falsa por la8 l,ígrima~. Pues bien, yo temo
comprenderlo ...... Hace quince días Yengo notando que
los huevos tienen nn gu~to in~oportable y annqne usted
&lt;l.í.ga lo que quiera la CO&amp;'l eF C'lara. Quien me prueba que
uo e;; usted quien se lleva lo¡:: hue,·os fre8cos :t ese París
{aquí la Sra. G.autrelle most.r6 con el puño la silueta lejana de la Torre Eiffel) y para dar;:e!os aquien, á quien?..... .
tt mujercilla~ probablemente..... .
Esta insinuación acabó en i;ollozos; el Sr. Gautrelle comprendió que Fólo un golpe de audacia podía salvar la situación y atrayendo á su corazón á la pobrecill:1. que resistía su abrazo, le dijo:
-Eocucha, qucridn, voy á confrsártelo todo.
-Ah! gimió la Sra. Gautrelle, lo babia adíYinatlo, me
engañabas...... y lo confiesas ...... ~í, lo confü·sa8!
-Pero d(&gt;jame.cxplicart('-suplicú el jefe de lo contencioso, cuya voz se vol da temblorosa v _¡wr,aua~íva........ .
Pues bien, sí, soy yo quien trae los hi1e\·o:s que encuentras tan malos. Te veía tan trisk de~de qu&lt;• la;; gallinas
no ponían que quise consolarte á todo precio. De~de en-.
tonccs, tarde por tarde, compró en Parí,; huevo~ c1ue pongo en la mal1ana en el gallinero y e;,1:-0 á riesgo de atrapar
un reuma. Tú has interpretado mal esta atención-añadió amargamente:-- y me acusas de una infamia...... .Ah!
me haces muy desgraciado!
Y Jerónimo se dejó caer sobre un banco, llevfodose el
pañuelo á los ojos, perfectamente secos.
«jTtí has hecho eso!-exclam6 la gentil Eufem.ia, de-

Opaca transparencia dífúndese en el .cielo:
bajando por las faldas de montes y colmas
la brisa desparrama su gris y tenue velo
en forma de inconsútil y diáfana cortina.
Natura sus cendales recoge con pereza;
sus miembros ateridos entre la bruma esboza
y sólo un pico escueto sepulta la cabeza
en el difuso pliegue de nube quP lo emboza.

A tJ'NA BOGOTANA

¡Oh! sí, sí. La fuerza de una pasión es mayor por infinitas veces, que el empuje de ese enorme y poderoso Tequendama. ¿Usted conoce la catarata? Dicen que sus
aguas saltan de un un clima á. otro. Que allá abajo hay
palmas y flores; qne allá arriba, en la roca que conoció
las espuelas de Bolívar; hace frío. ¡Que delicia estar allá
abajo, dos que se quieran! La soberana armonía de fa, uaturaleza pondría un palio augusto y soberbio al idilio. Al
ruido del salto no se oirían los besos. ¡Idilio solitario y
magnífico! Sabe usted, señora, que tengo deseos de que
se casen dos amables solteros, al comenzar á florecer los.
naranjos? Efraín Isaacs con Edda Pombo. ¡Qué envidiable pareja! ¿Está usted agitada?...... El pasillo, Reñora,
hermosa niña, es como un lento y rosado vals.

.·

PAISAJE DE ENERO

-En cuanto las heridas alas de mi pegaRo me lo permit.an-¡beridas, ay, por dolores hondos y flechas implacables!-iré señora, :t la vía !actea, á cortar un licio de los jai·dínes que cuidan las vírgenes del paraíso. Al pasar por la
estrella de Venus cortaré una roRa, en Rírio un clavel, y
en fa enfermiza y pálida Setene una adelfa. El ramo se lo
daré ií una gallarda y pura mujer que todavía no haya
amado. La rosa y el clavel le darán su perfume despertador ele ansias secretas. El lirio será comparable tí Rn alma
cándida y casta. En la adelfa pondré el diamante de una
lágrima, para que sea ella ofrenda de mi esperanza ........ .
Bien se conversa al compiís de esta blanda música. El pasillo, señora, hermosa nuia, es como un lento y rosado
val!'.
·

*
**

Conqu&lt;&gt; i;e rn'! Feliz, muy feliz viaje! Así sucede en la
vida...... el alba que abrP los ojos en una diana de liras,
dura un mopwnto: jlliclwso el monje que oyó por largos
siglos cantar al miS&lt;'fior de la lPyenda! Adio,-., golondri11a; aclios. paloma........ ¡]&gt;ero, ¿,quiere hacernw nn favor?
Cuando llegue mtecl á ~u giganteRco Tequrndama, deshoje, á mi memoria, la flor que lleve en rn corpiño, y arrójela en las locas ei,pnma", que all:l abajo, sobre las rocas,
junto á las palmas, hacen temblar su iri::;........ El pa~illo,
srñora. hermosa niña.. el" como n-n lent-0 y roi-ado Y:\ll-'.
R um';~ D.\1t10.

f

EN INVIERNO.
NOCHE DE LUNA.

Es una noche fría en que el vientecillo besa á cada momento nuestro rostro. La luna se pasea majestuosa poi· el
cielo, escoltada por millares de luceros; y un porpétuo
enamorado de los llenos de luna, lánza~e á la calle.
No ha caminado-mucho cuando so encuentra con nn
recíntc, construido, tal vez, para que las diosas del amor
vengan allí ,t traer á los corazones rocío ·vivificador y los
enamorados querubes re~alen á las bellas con coloraciones celestes para sus mejillas.
Es un largo patio sembrado de roi,ales, margaritas, geranios, claveles, jazmines, y de todo lo que en ri~s plantas posee nuestm flora; y allá y acií como guardianes de
lós peños arbustos, la selva colosal de tupido y verde ramaje¡ el cedro·alto como el del Líbano y el pino del Norte, el perpetuo subidor, el que nunca se cansa de escalar
los aires para lucir allá arriba en su débil punta. que á impulsos del viento se mueve suavei.nente como la espiga rubia del trigo.
Los altos muros del jardín, los árboles corpulentos y el
color verde obscuro de los arbust-os, hace que algo asf como claridad de vesperLíno crepúsculo invada aquel bellísimo lugar. En distintos puntos, bancos de madera, kioskos primorosos en los que la enredadera parcha ha entrelazado sus largas guías y para regalo de los ojos de lo~
paseantes ha dejado colgar caprichosamente hermoRas
combas de verde claro, tan lindasytan bien formadas como las de una amazona helénica.
En una lagunilla del centro en que .J?Ol' el día pint.ados
ánades toman su baño y hacen ejercicios de natación, la
luz de la luna cae de lleno; y una :r,rofu:sión de myo~ luminosos viene á refugiarse á la pupila del cau,inank de la
luna llena. Por el lado del Oeste, entre el claro que dt•jan
las mmas de la ceiba, recibe toda la luz amarillenta dl'l
astro de las noches; y mudando de lugar, á pequeiios pasos, estableciéndose corto tiempo en ellos, va la luz ele la
luna perdiendo dimensión y al chocar con el vl'rcle obscuro &lt;le las hojas, forma millares &lt;ll' estrellitas qnc alegran
el alma, y que cayendo l'n el suelo producen sornbnis caprichosa8 y fugaces.
Xi los pasos de lo~ caminante,-, ni la alg1lzara de la.s
gentes alegres, ni la música del organillo q1w recr¡rr&lt;• lai&lt;
callPs de la población, nada llega hai,ra aquel rinc'&gt;n dt•liciorn; y el caminante de ):1,-; noches de luna signe 1,;olitario y l'rrante, recibiendo en la~ m ejillas 6,culos mil rlt,1
airecillo helado, sofümclo con las coHas bt'lla~, ,í mil leguas dt' di,.tancia del m1rndo, st&gt;ntfodose en los banto&gt;',
ai,,pirando el aroma ele las rosa,, tronchando 1111 cbn,1,
tan blanco como L'l.B enorme;; masas que el viejo inYierno
forma allá en las regiones polares, y el cual ha de morir
en el pecho de su amada; recogiendo en diversos µuntos
hojas de todos los matices con que hacer un capullo; le-

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

, 8
vantandu la vi!'ta pam alcanzar la alta punta del J?ino
que lanza rítmicamente á la luz de la luna como queriendo dibt1jar en el centro de ella alguna de las hermosas
cosas que ha nsto ad en la tierra, y el roble, gigante
dormido, que apenas mueve sus hojas, y el cedro que descansa impasible esperando la mano del artífice que ha de
sacar de su carne el sinnúmero de artef¡u:tos.
l mpa.'-ible, sin fat.iga al parecer, continúa su paso, luciendo rosas en el ojal, las manos cargadas de colores,
recibit•11do á cada momento caricias heladas, hasta que
ya cansado se entra en un kiosko á dormir sueño feliz y
:1 esperar que el señor de la mañana y la multitud de avecillas cauoras que en la ceiba reposan, vengan á darle su
~aludo matinal, concluyendo así con aquellas horas pasa&lt;hlll en bm7.08 ele las haclas.
AXGEL C. RIV.\S.

AZUL Y GRIS

Bajo un ca,taiio en toda florescencia, bajo el amp~·:o
ele Wl cielo turquí que se teñía de sangre al morir el sol,
he be~ado en la boca 1í mi amada.
!Oh! .\1 chocarse los labios tembloros, llenos de fuego,
se ha producido algo como un rumor de alas_que se baten
presurosas ...... .. .
-Me amas?
-Te amo!
En íntima phltica, los ojos de ella que se clavan persistentes y serenos en los míos, mi mano que juega con
las suyas, mórbidas, suaves ...... Así, así pasamos la tarde, hasta que vino la noche, negra, tétrica; hasta que en
el cielo, en soberbia eA--plosión, se encendieron las rosas
de oro. Ella se despidió de mí:
-Adií,,-;!
-Adiós!
Y se perdió entre los árboles, y yo, triste, meditabundo, bn,qu(, consuelo en el fondo de mi cuarto, donde,
dentro dl'~ rico cuadro luce el lienzo el busto de mi
amacla... .. .

***

¡Oh niña!dl' los ojos verdes! ¡Oh niña de las mejillas:de
rosa! ¡Oh niña de los labios de frambuesa! Dónde estás?
lle abierto mi balcón t ras lare:as horas de dolor tras
largas honi..,; nostálgicas en que te llorado y pens~o en
tí. Con los ojo~ fijos en lo profundo del cielo obscuro be
busradn rntre el titilar de las estrellas la luz de tus ojos
de gacela. Dónde estás? Estoy sufriendo por tu ausencia.
Niña mfa, musa mía; te busco eu todo y no te encuentro en naua. Para tí es mi verso sideral, para tí mi prosa
llena ,te 1·iqnezas. Por qué huyes? Vienes?..... .
-"Oll, niño! No la busqueis! Es inútil. Ella era tu
mus¡i. llien! ~ ha ido. Ha volado mientras dabas tu
mnoT á otra mujer que no era ella. Tuvo celos y se venga de tí buscando otro amante ..... ....... Desde hoy tu estrofa sideral, tu prosa llena de facetas ricas, se tornarán
pfüdas y enfermizas........... .
Y la voz se ha callado, he (cerrado el balcón y desde
&lt;mtoncei, guardo avaro, en el fontlo del pecho, el poco de
amor quP me queda.
ARTURO A. A~rnROGI.

(rxÉPIT.A.)
De "El Jardín de la Muerte."

Llegu(,. La luz be~-aba
la, flon's.rojas y los blancos lirios..... .

··ii~g~~i..n~t~;~·e"i· p~;~:~~~·P~º· ·········
y

YÍ

ut; jardín de lágrimas cubierto;

yo cre1 que eran gotas ele rocío,

pero eran ¡Oh, Dios mío!
gotn~ de llanto que caído habían
en la tumba de un muerto.
Lll'gné, ...... toqué muy quedo ........ .
Iba en busca de un sfr que quise mucho;
y la!" puertas del triste cementerio
abriéronBe, dejándome perdido
entre las frías sombras del misterio
á que llaman olvido.

............................................................
' de Dolores 1893.
)léxico, Pant&lt;-ón

~Jt.6.:.::"~.!~•~j1.6.:.::"~.!~
"$.

l~goísta y falaz, siempre he creído ·
que el velo te pondrás de desposada
tan pura como el día en que has nacido
má,; pura con el alma desflorada.
'

EL ZAPATO BLANCO.

LAS CANA.STAS

...... Registrando, sin saber por qué en el fondo de una
Ent,re hacer un pequeño servicio que se olvida pron~
ó un grave claño que deja honda huella en la memona gaveta he encontrado, entre otros objetos ajados y mardel perjudicado, elegid. Os contaré lo que me pasó ~ chitos un diminuto zapato de satín blanco. Unzapatotarde de invierno con un pobre hombre llamado Yass1e- dije, c~mo esos que las i_nujeres acostumbran llevará los
lich. Os juro que yo soy bueno, soy un bue~ padre de fa- bailes, arqueado, monís1mo, adorable. Se le supondría un
milia mas es en días que hay sol sobre este cielo brumoso. escarpín de marquesa ó el calzado hechicero que perdió
Oh 1~ bruma me mata y me hace malo. Si yo fuera sa- una noche entre dos minués la bella Cenicienta. La blancerdote, en verano rendiría culto á Dios ':( en invierno ~ ca seda había t0mado en el cofre los tonos del ámbar,
diablo· en invierno le amo, siento que se mtroduce en nn á igual de esas antiguas telas que pertenecieron á nuesser, estruja mi espíritu y avfra mis malos instintos, en tros abuelos y que exbumanos de vez en cuando de los
invierno me siento nihilista y me creo capaz de ser ladrón profundos baúles.
y asesino; moral~ente lo soy, amo lo ~ojo, y lo afi}ado y
***
punzante me ena¡enan. Cuando empiezan las primeras
Es una historia feliz la de este zapatito blanco! Los deheladas mi mujer me dice:
talles acuden á mi memoria uno á uno con su encanto
-Marcof, padrecito mío, las malas ideas comienzan á nostálgico. Lo que voy á referiros aconteció en una nopintarse en tu cara. ·Mira, no te alejes de la estufa porque che de invierno; debíamos asistirá un baile en casa de la
el fríu te hace malo........ .
l\ficheli ne.
Decía que iba á contaros una historia y ya lo olvidaba. condesa
Nos habíamos entretenido basta el último momento
Escuchaudme:
saboreando el gozo de estar juntos en una habitación herIba yo una t~de, por un puente muy e!ltrecho,co.n .mi méticamente cerrada, en la que ardían los tizones, se
pipa en los labios. Un carretero sordo llamado V as1elich marchitaban los ramilletes de violetas y las lámparas iluse~uía el mismo camino que yo y conducía en su carro minaban cada objeto con una vaga claridad amarillenta.
vemte canastas de pescado de d-i.íerentes dueños que le Es tan delicioso charlar así en las horas avanzadas en que
habían encargado las llevara al mercado para la ,enta París al fin duerme y en las que á penas se oye el monódel siguiente día. El carro á causa de la cun,atura del tono roclar de los fiacres!
puente se inclinaba hacia el borde de este, pero no había
No pensábamos en la invitaci(m aceptada por mero
peligro de que putlicra caerse al río, pnes eI pretil era suficientemente alto para impedir la caída. Con todo, hu- cumplimiento. 1\li adorada se había sentado en mis robiera querido clarle un susto al buen Yassielieh. Creeme dillas y apoyaba en mi ho1nbro su cabeza despeinada.
que que no ~oy malo, pero lo deseaba con toda mi alma, Charlábamos. Charlábamos. Ah! los bellos proyectos,
y aunque fuera algo más que susto, como por ejemplo, los deseos, las promesas que se sucedían i nterrumpidas
enviarle con carretón, caballo y canast.'\S al río, lo hubie- pór largas tre~uas de besos, por ri~as alegres, y esas palara hecho con mucho gusto. ¡Y el pobre Vassielich jamás bras, ¡esas palabras, siempre las mismas, que se repiten
me había hecho claño y era un buen hombre! Yo iba un sin motivo cuando se ama! El reloj daba las horas y se
poco más atrás ele la carreta. De repente la cuerda que burlaba. Nosotros no las oíamos adonnecidos por ese ensujetaba las canastas se rompió 6 desató. A fe que sentí torpecimiento inevitable que nos sujeta en la tibhi paz
un yuelco de gozo ·en el corazón. E l puente es largo y es- del hogar cuando son elos, completamente solos!
Pero ,í media noche fué necesario decidirnos y p&lt;'BRar
trecho, la carreta caminaba despacio y saltando mucho;
y del centro ÍI los bordes del puente hay una inclinación en la partida. Un gesto ele fastidio i;;e dibujaba en lo!&lt; labios murmuradores de mi amada. Bostezaba desesperabastante sensible.
A loR pocos momentos ¡pum! una de las canastas cayó damente y nada ei, tan contagioso como un bostew de
al pn•til del puente y ele allí se precipitó al río. La vícaer, mujer bonita, e~pecialmente cuando no se tiene el menor
y una voz muy débil me nmrmuró aquí dentro algo así deseo de trajearse de etiqueta ni de ir {L fastidiarse ducomo: «avisa á ese infeliz carretero que su carga se ,a al rante largas horas en un salón. Pero qué pretexto enconrio» pero e l invierno me gritaba más alto: «cállate, ¿no es trar para decir "no" cuando está hecha la toilete y hacurioso ver caer veinte canastas una tras otra como una beis jurado á vuestra mejor amiga que no tendrfai~ la
manada de carneros?" Y la verdad es que preferí esto. más leve jaqueca en el.momento supremo? ..... .
-si yo hubiera sabido! ...... cxclamó ella suspiramlo 1fo
Cierto que Yassidich_ iba á sufrir mucho con su de¡:gracia,
pero ¿.y á mí qur me ünporta eso? ¿Perdía yo algo con la pesar.
-~o volver.In á. cojernos más! dije yo en YOZ baja.
desgraci,i de VaRsielich'/ No, al contrario, ganaba la diMi adorada se extendió sobre la silla de extensi[,n. y
versión durante el paso del puent.c que tiene más de cien
metros. Ya os lo be dicho: el invierno babia muv fuerte cariño.samen_te, rncalc~ndo las p3:lab~s, me preguntú:
-Dime! S1 no llamaramos 1t D1orusia, serías tan galanen mí. Callé y yf caer la segunda canasta y luego la tercera y la enarta y la quint,a y otras muchaia. Sólo cuatro te que me calzaras tú mismo mis zapatos de baile?........ .
Cojí en mis manos ~us pequños piés. Ella reía burlfocanastas poco car&lt;r.1da.-; no quisieron seguir el camino de
sus compañeras. El pobre Vasl"ielich como era un poco dose á boca llena de mi torpeza y envia11do á rodar hacia
sordo no oía l'I ruido delicioso que hacían las canasta~ al el fondo de la alcoba, con un movimiento travieso el zaromper la suprrficic ele! rio fragmcnt,ínclofa en chorro de pato blanco. Este juego duró largo tiempo, y, por último,
espuma. El caballo adYirtiú mejor que Vassielich lo que cuando el zapato estuvo calzado, aquello fué otro asunto.
pa.~aba, pne!" al ii.cntir la c'.l.rreta menos pesada apuró el Su pié bailaba la gamite en aquella prisión espaciof'aen
paso. Cuantlo acabamo~ el puente corrí hacia la carreta. demasía. Y la querida coqueta se desolaba rebusamlo salir así. Luego, como para seducirnos miís aún, el :perfume
-Eh, Ya."~ielich, ainigo mio.
de las violetas volviáse por momentos más embrii1~ador,
-Qué qu.iercs? Tengo prisa........ .
-Ay padrecito, ya no la tengas porque voy á comuni- las lámparas cubiertas por las grandes pantall-as coJoT de
rosa e1wolvían el cuarto en esa media luz mistesiosa tle
carte una cle~gracia.
las alcobas y la tibieza de la atmósfera impregHaba nues-¡Dios de Dios! Ha muerto lvanowna, mi mujer?
tro !'ér y nos dejaba sin fuerzas.
-;i!o, te juro que es-algo peor.
-Ila muerto el Czar?
Ella me había atraído poco á poco á su lado sobre el es-:Xo, hombre, así 1·eventaras!
trecho mueble..... .
-Habla, habla.
-No vayamos, ¿quiéres? Estamos tan bien. Suplicaba
-Bueno, detén el carro porque es grave la noticia que ella.
voy ¡Í darte........ .
Y se bailó sin nosotros aquella noche en casa de la Con-Pero va á anochecer pront&lt;:&gt; y tengo prisa por llegar desa, quien no nos lo perdonó jam")is.
á la ciudad que clista aún dos verstas ..... .
*** como una sagrada reliquia
-No la tengas.
Yo apreté contra mis labios
-¿Porqué?
el querido y diminuto zapato blanco, reliquia santa don-,.&lt;;encillamente, porque el señor río se ha enguillado de queda algo de una dicha que no existe.
una traR otra las canastas de pescado, sov testigo ocultar.
RENÉ ]'.IJ.AIZEllOY.
Vassielich volvió vivamente el rostro·y al asecrnrarse
de su desastre se puso pálido como un cadáver. Después
enrojeció y se puso á dar de gritos desesperados. Apeóse
de la carreta y se asomó al río.
-Eh, amigo, -piensas ver los lmeoos que han hecho en
tus canastas al agujerar el río? Y a se taparon.
Vassielich se puso á llorar. No tenía dinero con qué·
pagar; le embargarían sus casas; lvanowna y sus hijos
sufrirían la miseria y si no alcanzaban á pagarlo todo, le
meterían á la cárcel. ¡Y el invierno era tan crudo!
FAT1JM.
Creí que le entrara la tentación de arrojarse de cabeza
al río. Si lo hacía, quizá su caballo se animara á hacer lo
mismo, y si no, le habría obligado. Pero el muy necio de
Vernal la mafiana. Nimbada de brwnaa
V assielicb se contentaba con llorar amargamente. Su eserigen al lejos los montes sus·crestas;
tupidez me dió cólera.
trinando las aves alisan sus plumas,
-Pude avisarte, padrecito, desde que se cayó la primey forman sus trinos alegres orquestas.
ra canasta. Mas ¿para qué? Mañana habrías olvidado el
pequeño favor que te había hecho. Cuando Ivanowna y
~ul está el cielo; la mar sosegada.
tus hijos estén llorando y te lleven á la carcel os acordaYa hsta la góndola aguarda á sus dueños .
réis de mí. }le maldeciréis· no importa.
'
En ella se embarcan amado y amada,
Va.ssielich no me rospoudió; aturdido como estaba con
el bardo y la musa que inspira sus sueños.
su desgracia no me atendía ó no me oía: no hacía sino
Tendidas las velas, la góndola parte
llorar. Yu me encogí de hombros y continué mi camino
rasgando ligera la lámina verde.
fumando mi pipa.
Va en busca del máp;ico imperio del .A.rte
¡Qué diablo! El sitio de los peces es el agua y no las
y e~ la amplia, temblante llanura se pierde ..... .
canastas! He restablecido el equilibrio de la naturaleza.
CLEMID.'TE

p ALMA.

*

~, lector,
* *por tu conciencia,
Cunoceras,
que allf donde hay amor, no hay inocencia.

.

***

La amé el año pasado
y ya hace un siglo, ó dos, que la be olvidado.
CAMPOA.MOR,

uQuieh sabe de dolor, todo lo sabe!,,
Decididamente, los sábios más ilustres de la humanidad, deben hallarse entre los volunta rioa de nuestros cuarteles.
G. GARCÍA fu.MEIJl'ON.

¿Hallólo?...... Una noche de luto, sin rumbo
la góndola, en medio de un mar foriniclable,
deshechas las vela.s1 en lúgubre tumbo
hundióla del Odio 1a ola implacable!
DABIO fuRRERA.

DOMINGO 3 DE E°NERO DE 1897
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EL MUNDO

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EL MUNDO

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

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Prodújose un gran tumulto, to~as las ~opas se tendie- de lobo; oy0 entonces un gemido en un rincón de la es
ron hácia Bernarda, todas las m1radas, 1mpryg~adas d: tancia.
-Quién ;:e queja? pn•gun_t:, el p!tdre M~teo.
.
afecto, y todas las sonrisas, .l}enas .de reconocumento, se
-8..ñor eov vo-c:ontt•st, una voz lastnnera de mu1er,
dirio-ieron á ella. Y respondrn sencillamente:
aqní 1~1e tienl'·n °l'SOS rnalrnt~os, que ~e quieren matar ~e~--"liracias señor Eustaquio, gracias á todos.
y ct~ndo' volvió ú sentarse, &lt;l:ijo á la rubitn de los Pre- pués que me hay.1 pne~to_bw,n con.Dios. ¡Esto es una 1111quidatl! Padn', por i\Iaria Santísima, por la ~angre da-chasse, vecina suya, á su prefenda:
Cristo ~ue~tro 8Jíior, por los pechos que lo criaron, pa•
-Yo no sé hablar, naturalmente. .
.
.
y la niña abriendo sus grandes OJOS admirados, se re- dre, s ',h-erne vd!
-Hija y ¡c0mo podré yo salvarte? respondió el padre
co;;tó en ell~ y la dió un beso.
Pero el F:r. Bigot, joven, se había levantado, á su tur- llfateo ¿qué puedo yo sólo contra tres hombres, armados
no v acarició por un momento su barba ~dosa; era un y sin ~ouciencia?
-En primer lugar desáteme vd., dijo acongojada h
jo,:en abogado de talento, muy dulce, con OJOS de un azul
mujer.
· 1 d., ,
soñador.
, .
d. • · /. Be
El padre :\Iateo se puso á tientas, y como D10s e 10 a
-Ahora, dijo, tengo una.suplica que mgir a rnarda. Deseo que nos proporcione U? gran )1onor: E&gt;spe~- entender á desatar los nudos de las cuerdas que le ata-mos-y sonrió á su esposa-un qumto beb~ el mes próxi- ban ,t aq~ella infeliz las manos y los piés; pero 1:staban
mo. F:uplico á usted, •Bernarda, que c01is1enta en ser la apretados y no se vcfa, y el tiempo volaba como s1 un toro corriese tras él.
madrina de este niño.
.
Llamaron á la puerta.
Resonaron entusiastas aplausos; pero la pobre.anciana,
-No ha despachado vd...... padre? preguntó uno de los.
dei;pre,·enida, porque e,¡to no es_taba en el progra~a como
el brindiA annal, no sabía en donde ocultarse; pusose ro- hombre~.
-¡Cá! no dar prisa, contestó el padre, que ten~a el coja, després p,ílida, con unas grandes ganas de llorar.
-Cosa hecha, ¿no es verdad, Bernarda? 1-:sted ser:í la nt7.Ón puesto, pero no acertab_a como salvará aquella inmadrina de Jn;mito-á menos que sea Juamta. Todo el feliz que temblaba como una azogada y lloraba como una
fuente.
mundo ~e lo pide.
-Qué hacemos? decía el pobre señor, condolido y asom-•
y un amistoso coro encareció estas i:ialabra~; aun los
mismos criados, halagados, dando al ol,·ido sus celos, mo- brado.
Como las mujeres son ~apacc.s de discurrir tretas has!a
vían las cabezas.
.
con un pie en el hovo, discurrió ésta esconderse debaJo
-F:í señor Enrique, dijo débilmente Bernarda.
- y' yo seré el padrino! exclamó el bueno del doctor de la capa del padre.)fateo, que como ya dije, era un hom(~onín, gozoso y rejm·ene~ido. D_emc usted la mano, co- bron que no cabía por la puerta.
-:\lal medio es-dijo su merced;-pero á no haber otro,
madre v ved usted qué bien .hacemos las co~as.
-¡oh·! balbuceó la anciana; y enternecida, pen1&lt;ando en preciso es valerse de él, y salga el sol por Anteqnera.
Púsose cerca de la puerta llevando á la mujer debajo do·
toda su vida pasada, en sus dolores, pensando .en su ~d:td
EN EL PRIMER DIA DEL AÑO.
avanzada, en que un día ya no estaría hom-ada.Y íes~Ja- su capa..... .
-Acaba wl., padre?-preguntaban los desalmados.
da en aquel lugar tom6 en sus brazos á su rubita vecma
-Acabé,--contestó el padre.Mateo al que no le llegaba
~inguna familia más unida q~1e la familia Rigot_.. Com- v ~brazándola lo~mente, con desesperación, se fundió en
la camisa al cuerpo.
,
.
,
ponfase de la bisabuela, Sra. Bigot R;~zon~, su h,1J&lt;?, Sr. una oleada de sollozos amargos y dulces, á la ver..
-F:eñor, no me desampare Yd. -gemia la muJer, m,isc
13i"ot la mujer de éste y sus tres h1Jos. Ei;tos ultimas,
muerta que Yh-a.
un°h~mbre y dos mujeres, estaban cm:ados y á su vez te-¡Calla! encomiéndate al Seíior de los Desamparado~
nían hijos. Incluyendo, pues, á estos tres matrif!1onios,y sea lo que Dios qt~iera-ro1:i.t&lt;'staba éste.
.
cl 8r. y la Sra. Bigot, jóvenes, el Sr. y la 8m. Rigourd, y
-¡A wndar~e y ligero!-dl¡eron los hombres, volvienel Sr. y la Sra. de Prechas~e,-ran dieciocho á ht mesa,
do á cubrirle los ojo~; r crrrando la puerta co1_1 llave,
el día primero del año, y contando a.l qoctor Gonfn, un
bajaron lo~ tres custodiando al padre, no f.uese q ne mtentaviejo ~go de la casa, se llegaba. á checmue~·e. .
. .
se quitarse la yeuda y conocer el para¡e en que se haPero el número siempre era ve1n.te, y la y1gé~~ma 1nnllaban.
tada no era otra que la anciana Bernarda, la antigua donDespués de dar las mismas vueltas y revueltas, se hacella de la Sra. Blgot-Rezons, la bisabuela. Sus servicios
llaron en la cal le dt&gt; H:m Francisco; entonces los tres echa&lt;le veinticinco años, su adhesión á toda prueba, hacían
DE HEINE
ron á correr ,. desaparecieron como por ensalm J.
que, en aquel dfa, se la 3:dmitiese en la comida de famiApenas ~e hubieron ido, cuando le dijo el padre ,t la
lia. Y se sostenía muy bien, completamente derecha, con
En las mejillas de mi amada vive'.
mujer:
su vestido negro, muy sencillo, y casi monástico, su vieja
verano abrasador,
-Ea, 'ahora, hija mía, pon los pies en polvorosa, y vecabeza de campesina, de pómulos arrugado~, como manen tanto que el imie-rno, el frio invierno
donde te escondes. que Yo no pnedo llevarte al convento.
zanas sonrosadas, dentro de un gorro de tul negro. Vervive en su cor-azón.
No me de~ la~ gl'aéias, sino á Dios que te ha libraclo; 1m•
dad es que se sentía un poco cortada, y que no desplegaMas luego, espero en Dio~, en sus mejillas
te detengas, que aquellos foragidos conforme se hallen
ba los labios, por más que se le dirigiese continuamente,
un día no lejano
con ,iue voló el pájaro, yan ií venir á alcanzarme.
con bondad, la palabra; pero la. anciana se ocupaba de
el invierno esta.rá, y en su alma pura
Dicho est,o, ella echó ,í correr, y el padre en tres zanca,;us preferidos, una fresca rubita de la familia Prechasse,
habitará el verano.
das se planti 6.cú en su convento. Conforme entr:i se fu í
y un mofletudo de los Bigot, jovenet', entre los cuales, y
á la celda del padre guarclián y le cont6 cuanto le había
por un sentimiento delicado, la habían colocado.
pasado, aiiadiendo que aqnella gente de cierto vendría al
La coinida tocaba, á su fin;-preciso es decir que esto
cOJwento á preguntar por él.
acontecía desde la fundación de la vieja familia Bigot, y
No bien lo hul)o dicho, cuando se oyú llamará Ll p:tC'rta.
por más que parezca complicado 1 os ase~uro que todo el
El guardián fné el que bajó y se presentó.
mundo se encontraba alü muy oien ;-1a comida, pues,
-¿Qué se ofrece, caballeros? preguntó.
llamaba ií su fin; se había tomado una sopa de puré, un
-Acá venimo~, contestaron, en busca del parlrc )late ,,
pescado nQrmando, un filete de ternera, guisantes, el tra:¡ue estaba ahora poco confesando á una mujer.
dicional pavo trufado, una ensalada, un pastel de fram-:N"o hay tal: el pa&lt;lre }lateo no ha confesado esta n Jbuesas, y se escanciaba el el champagn,,, estando las demás copas agmpadas en fila, por tamaños, llenas de vino
che á ninguna mujer.
-¿Que no? ¡pues si se la ha traído aquí por 111 ~~ s(':hs!
derl-füm, Chambertin y Chateaux-lllarganx.
CUEXTO POPULAR.
-¿Qu6 f-Stáis diciendo, deslenguados? ¡U1u mujcr al
El Sr. Bigot, padre, un hombre alto y graw, tomó
Hay en uno de los pueblos de Andalucía que al.za sus com·ento! ¿cúmo se entiende, quitar de esa m tnera la esla copa; establecióse muy luego un completo silencio,
merced á los enérgicos ch11ts y ií las palmadas que las ma- blancas casas bajo un cielo que crió Dios, sólo .para cobi- timación al padre :\fateo é infamar al conYenh?
mt,s aplicaron á los niños en las manos; y todas las lnira- jará España, desde Despeñaperros hasta la ciudad que
-:~fo, no señor, no lo decimos con esa intenci.;n, ~in.,das i,e convirtieron sobre la anciana sirvienta, quien lle- defendió Guzman el Bueno, un convento abandonado co- que..... .
-¿Sino qué? preguntó cada vez miis enojado el guarna de confusión, pero comprendiendo que no tenía razón mo todos, ~acias al progre.~o de la.~ ruina.~, situado ~ob~e
de ruborizal'!'e, fijaba sus ojos, á través de la mesa, en una elevación del terreno, al fin de una ancha y solitaria dián. ¿Qué motivo honrado puede acaso haberpara traer
una de las criaturas, en la pequeiia Renata Rigourd, con calle, á la que dió su nombre San Francisco, y es hoy, más de noche una mujer al convento?
esas 1niradas tiernas y serias, de una hermo~ura son- propiamente que nunca, la última casa del lugar. Eleva
-Bien te dije yo, murmuró el uno, que esto no era coriente y algo fatigada, que tienen ciertas mujeres del el convento su grandiosa puerta hacia al pueblo y eA--tien- sa natuml, sino milagrosa.
de su huerta en el campo.
pueblo.
·
-Sí, se dijo el otro: esto es obra de Dios ó del diablo.
Hubo en estas huertas muchas palmeras, hay ancianos
Un soplo de simpatía flotaba en torno suyo, se fijaba
-Del diablo no, porque no se mete á impedir lo que le
en su rostro-¡debía haber sido muy bella y sufrido mu- que las recuerdan; pero sólo quedan dos, unidas. como tiene cuenta.
cho !-bajaba á lo largo de sus espaldas encormdas por hermanas. Hubo en el convento muchos religiosos; pero
-Id con Dios, mal hablados, dijo en voz campanuda
veinticinco años de una servidumbre digna é irreproclrn- ya no queda sino uno sólo. Las palmas se apoyan una en el guardián, y guardaos de acercaros ií los conventos con
blc, y se hacía prcceptible en sus mano~, unas manos de la otm: el religioso eu la caridad de los fieles. Todos los malos fines; ni tendáis lazos, ni levantéis calumnias á sus
trabajo y de obediencia, surcadas de cicatrice,:, hincha- martes viene ií decir una misa en aquella magnífica igle- pacíficos moradores, que como el padre Mateo, descansan
das, echadas á perder, muy encarnadas, pero muy lim- sia abandonada, que ya no tiene campana para llamar á tranquilamente en su celda; que nuestro Santo Patrono
pia~, y que tenía el orgulloso instinto de no pretender los fieles.
vele sobre no,;otros.
ocultar bajo los manteles.
Cuentan las crónicas antiguas que en aquellos tiempos
-1fo te quede duda, dijo el más encogido de los tres,
Así, pues, el Sr. Bigot se levantó con la copa en la ma- en que el convento hallábasc ocupado por monjes, que- ha sido el iniFtnO Ran Francisco que ha venido con nos-•
no; á su lado, la bisabuela con una sonrisa en su amplio dábase todas las noches un padre velando por si lo re- otros para Falvar con un Inilagro á aquella mujer.
semblante pálido que generalmente no sonreía ya, hizo querían. Una noche que le tocú la vez á un padre muy
-Padre )fateo, dijo el ·guardián cuando se hubieron
un movimiento con la cabeza á su anciana, á su fiel sir- conocido y bien visto en el pueblo, que se llamaba el pa- ido, se han sobrecogido mucho y os han tomado por S,u1
vienta, como para alentarla, y con su medida voz de ma- dre Mateo, vinieron á llamar tres hombres á la portería, Francisco. )lás vale asf, pues son gentes telnibles yestfü1
gistrado dijo muy sencillamente:
requiriendo á un religioso para que fuese ú auxiliará uu fnrio~os.
-a\.ntes de beber al nuevo año y á las egperanzas de di- hombre que se estaba muriendo.
-Mucho me homau, contestó el padre Mateo; pero.
cha que puede traemos, creo que tenemos que hacer un
El portero avisó al padre Mateo, que bajó al instante.
deme V. P. permiso para marcharme esta madrugada á
brindis: hay entre nosotros una anciana, una fervorosa Pero apenas se había cerrado la puerta del convento, 108 un puerto de mar, y de allí, en el primer barco que salga,
amiga, diría casi una parienta nuestra. (Bernarda, en tres hombres le dijeron que era preciso que á buenas ó á las Indias, no sea que piensen mejor y me cuelguen á
efecto, hacía recordará una tía pobre de provincia). Du- ámalas dejara vendarse los ojos. .Al padre le hizo aquello mí el inilagro de Ran Fr-ancisco.
rante veinticinco años ha rodeado de cuidados á nuestra una gracia como si le sacaran las muelas; pero ¿qué había
F. CABALLERO.
madre (y se volvió á la bisabuela) ha hecho bailará lnis de hacer el santo varan sino agach3:r las orejas? porque
dos hermanas y á mí sobre sus rodillas, y ahora consagra. aunque er-a un mocetón como un trinquete, y tenía bues~ ternura á nuestros hij.os: por vosotros hablo, chiqui- nos puños para defenderse, aquellos er-an tres, em gente
tines míos; un día, sabre1s cuán buena, noble y desinte- del bronce, y venía armada.
resada se ha mostrado Bernarda, qué ejemplo de sencilla
Además, tampoco podía su merced desatender á su iniprobidad y de fidelidad ha dado. Y por esto, Bernarda, nisterio, y sólo Dios sabía cuales eran las intenciones de
bebo á. la salud de usted y le ruego que alet&gt; su copa con los que la llamaban. Así fué que se dejó vendar y dijo:
nosotros. Todo el mundo, aquí, quien• ,í n~tl•d y la res- ¡A Roma por todo!
peta. Pennítame que la desee que. corno basta ahora, se
:Kadic puede 1mber las calles que le hicieron andar, por
coneerw animosa. y fuerte, y decirla que un día beber,¡ esta me entro, por esta otra me salgo, hasta que- llegaron
Terne á las ill.llliones;
ust-t•tl, así lo espero, á la salud, no solamente &lt;le e::;tas á un casucho, lo subieron por una escalera, lo empujaron
que es peor la ilusión que las pasi&lt;;mes.
J1e.atnra, que hn visto nacer, sino á la de los hijo,; de sus en un cuarto y ~ encerraron.
C ,UI.POAMOR.
rijios!
Quit6se la venda pero todo ~~-taba obscuro como boca

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MU?-lDO

PRELUDIO DE INVIERNO.
A Manuel Gutiérrez Nájera.

á Rosa.lía, la garrida muchacha de los tiempos de Sant-a
.Anna,yero en qué estado!

Sus piernas estaban báldadas, su cabellera blanca había desaparecido casi, y s-'&gt;lo er.i. un copo de nieve sobre
su cabeza venerable. .Apanas me record:&gt;, y después de
platicar un _P,OCO de los tiempos que habían hu,do, me
despedí haciéndole un pequeño regalo ...... Su corazón se
abrió á cariños apagados y muertos, bien se veía ésto en
sus ojos que brillaban de alegría, y no hallando cómo
obsequiarme, volvió los ojos y señalando un pequeño(altar de Belén, me dijo gozosamente:
-¿Te acuerdas?
¡Oh, sí! Allí estaba el ~iño Dios de Rayas1 en su Jecho
de pajas, con sus ojos pensatiYos y su bracito pidiendo
un cuello amigo para estrecharlo ..... .
La anciana se arrastró penosamente, lo bajó con su mano trémula y haciendo que me inclinara, lo puso en mis
brazos ........ .
Entonces sentí algo inexplicable en tni cor-azon; un paisaje que aparec;a. al volar las. brumas que se habían acumulado sobre m1 alma prec1ta ...... algo que me sacudía
hasta lo m1is hondo ele mi sér y_me derrumbaba al golpe
espantoso de Jo invisible..... .
El paisaje de mi niñez apareció radiante y vívido y al
sentir el .abrazo sagrado que tantas veces me había' dado
la felicidad, una voz dulcisíma arrullaba en mi alma con
arrullo de palomas:
-Tú eras bueno y eras humilde, no eras ambicioso ni
la maldad te había manch'.1do ...... ¿Por qué te has olvidado de IJ?f?...... Ya ves ci.ue siempre, en cualqtúermomento
de tu vida, soy tu ~mugo, porque mi inocencia no sabe
nada de lo que me has ofendido ...... tu comzún E's un abrevadero de pesares porque )",e .ha faltado mi abra.za &lt;le año
nuevo...... y~ ves como la uruca felicidad_consi~te.:._en volver_á ser muo ..... .

&lt;Jomo reina viuda, su crespón inmenso
La enlutada noche por el cielo extiende,
Y la luna, enferma, tras el velo denso
De pluviales nubes de la mar asciende.
8obre la baranda del balcón marmóreo
Reclinado, sólo, el poeta medita;
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Con sus recias alas sollozando agita.
Su flotante clámide al lejos la bruma
Desenvuelve en Yagos, nostálgicos limbos
Y fosforescente, vibrátil, la espuma
Nimba el oleaje con argénteos nimbos.
Febril el poeta siente en la cabeza
De insomne nenrósis la caricia cálida,
É imprime en su alma la musa Tristeza
El doliente beso de su boca pálida.
Y sombríos versos su cerebro labra.,
Donde las ideas simulan espectros
Que bailasen danza trágica, macabra,
Al compás de extraños y siniestros plectros.
¡Ah la alegre musa de las ilusiones
Que el cerebro enflora con azules sueños!
Ella ya no rima triunfante canciones!
Ya no pinta cnadros de tintes risueños!
Ya, oh triste poeta de los versos negros,
Ante los altares del amor no invocas
El bendito beso de dulces alegros
Que unían dos almas al unir dos bocas!. .....
La enlutada avanza, y al balcón marmóreo,
Solitario, insomne, el poeta medita,
Mientras sus cabellos el viento hiperbóreo
Can sus recias alas sollozando agita
DARio HERRERA.

11

la guija, hace locas
-Yirntas del agua.

El alma revive,
y el sol elabora con rayos de oro
la flor en la rama.

*

* * de colores
Su muestrario
despliega la mariposa,
y por el verde capullo
asoma, vi va, la rosa.
***

Rondan las abejas los frescos rosales;
echan sus penachos los cañaverales;
dejan los reptiles su sueüo tranquilo,
y baja la araña pendiente del hilo.

***

Inquieta y movible,
pequeña y rédonda,
es duende del agua
la b(irbuja loca.
El iris la pinta,
el aire la sopla,
su origen la crea
pupila graciosa.
Es punto de randa,
lunar de la toca,
brillante movible
que tiembla y que flota.
Borda las ori!las,
engarna la roca,
las florns salpica,
y el musgo corona.
Dejadla que brinque,
dejadla que corra,
la idea del agua,
la búrbuja loca.

*

* el
* estanque,
El pez en
deshecho el duro hielo
desliza bajo el agua
su góndola de fuego.

***

De fimbrias vistosas recámase el prado;
El lirio enarbola su hisopo morado;
enredan las zarzas sus velos obscuro,:,
y van las madreselvas sobre los muros.

***

E L ABR AZO DE AÑO NUEVO

Había en el hogar que abrigó mi infancia, bajo cuyas
alas me acogí como un polluelo abandonado en la noche
de la vida, una anciana que había sido hermosa en su juventu~, que había brillado entre la garzonía de los buenos tiempos de Santa Auna, que había sido cortejada
por brillan_tes jóveu~s ci.ue ahom sorbían su rapé en las
frescas mananas de mv1erno, rodeados de sus nietos.
Recuerdo vagamente que Rosalía, á quien nosotros llamábamos la madrina Rosa, tehfa una sonrisa de luz en
sus ojos que eran a(m hermosos, y una trenza de nieve
que hacía palidecer de envidia á las muchachas.
Pero la pobre no tenía más...... ¡ah, sí! poseía un tesoro, un amuleto sagrado que quitaba de su corazón los pesares como un sueño bienhechor. Todos los años Rosa
ponía su «nacimiento,» su po1ial de Belén donde ;costaba un Niño Dios adorablemente hermoso, el Niño Dios de
Rayas, que en lejanos tiempos había sido el encanto del
rico mineral guaaajuatenre.
Era un Niíio Dios que había sido esculpido maravillosamente por un artista ignorado, en una actitud de supremo consueloi cuando lo cogíamos en brazos como á
los niños pequeños, su bracito ebúrneo quedaba sobre
nue~tro cu~ll?, ap~isio!Jándonos en un abrazo que 11uestra mfant1l imagmaci6n tenía por celestial. Ese Niño
Dios era la única joya de la madrina Rosa, y por eso, como una prueba augusta de su cariño, todos los días primero,i del año nos llamaba á nosotros los niñosnadamás
á ~os de corazón puro t alma límpida, y bajando al Niñ~
D10s de su lecho de paJas lo ponía en nuestros brazos sellaba ~~estra alianza con él por medio de esa encantlidora ~·ic1a, y luego nos daba un puñado de caramelos y
colaciones, con el orgullo de habernos hecho dichosos
por todo el ai1o..... .
Los tiempos volaron, lni corazón se abrió al amor y al
mal, lni espíritu se ennegreció con la nublazón horrible
de la duda, mis esperanzas tendieron el vuelo..... .
Y con el ahna enferma emigré á otras regiones y perdí·
los últimos destellos de amor que había salvado.
Después de diez años vol\'í al hogar querido y lo hallé
:triste, porq_u~ lasp~iones habían despertado en los corazones que yo había dejado niños..... .
Volví á htúr acaso para siempre· la lucha me llamaba
con gritos fatídicos y atronadores yo cerré mi corazón
á las viejas afecciones y desaparecí......
'
-Cuando pases por Guanajuato, haz una visita á lamadrina Rosa.
Prometí hacerlo, y apenas llegué á la orgullosa ciudad
corrí por una callej~ela de Tepetapa, pregunté, inquirí,
con el corazón palpitante llamé á una pue1tecita hulnilde. Entré y en la unica pieza que era alcoba y sala, hallé

y

y

Sobre los hombros gr,íciles cayeron blancas pieles;
la parda golondrina marchúse á otras regiones.
Policroma paleta no tiene ya Cibeles
ni los castaños bojas, ni fre~as los gorriones.
.Aliento gris del Norte ya emlxu1a el manto azureo
y las nudosas r-ailllls como cara es blancos
reflejan débil rayo de opaco sol purpúreo
que en la penumbra deJa los cincelados banco~.
Sobre el asfalto y teja y plomos y pizarra
la nieve lenta cae. Ya la paciente hormiga
triunfó de In travie~a, monótona cigarra.
Hambriento aulla el lobo \" el pobre un pan mendiga.
Llegó el augu~to abuelo ·de los cabello~ canos,
con sus awles pieles y sus harapos negro!:'.
En su capullo sueñan con alas los gusanos
y el ruiseñor prepara sns místicos alegrns.
Ya sobre el glauco vidrio de linfas que se duermen
surcos de plata deja la audaz patinadora.
El fecundante polen y el impalpable germen
no vibran en e viento que gemebundo llora.
Las cárdenas ojeras y los semblantes pálidos
son de ese cuadro tintas, son de ese cuadro arpegios.
En su rincón oscuro ya gimen los inválidos
y se embriaga Yenus en los festines regios.

···:.;¡·¡~-~~~;:~~t~·p:Üid~·a.~·¡;;~·~~¡~;·¿j~~······················
por el desierto campo va en vu1:-ca de su leña.
Aunque los piés desnudós se hie1·e en los abrojos
sobre la nieve avanza: la pobrecita sueña.
De: pron~ se detiene. No hay nadie que la escuche;
Suplica-pide y llora-No hay nadie que responda.
Sobre ~l sudario frío de virginal peluche
sus lágrimas parecen diamantes de Golconda.
i. .Al fin rendida cae. Sucumbe la materia
y la paloma blanca va en busca de su nido. .
¡Cuán triste es el invj.erno! ¡Cuán triste es la lniseria!
¡Cuán fría es la nieve! ¡la nieve del oh.ido!
Emn:s-ro O. P..c1.LACI0.

El ave humann, la golondrina,
se cuela, sin permi~o por las ventanas;
lanza píos ~nnoros ba¡o los techos,
ruido de abanicos forman sus alas.
Recostado en 1&lt;11 cuna la mira el niño,
que tr-as su vuelo errante la vist:i vaga;
á la madre le pide que la detenga
y ella finge ademanes para alcanzarla.

**·*
La que llevó lazo azul,
vuelve con lazo de. grana:
¡Es el querido recuerdo
de otros seres y otra patria!
***

Forma la lluvia sus chasquidos huecos,
desfleca el aguacero su cortina,
y una línea de Rol rubia y divina
brilla y tra~pasa los brillantes flecos.
Alzando el agua susurrantes ecos,
imita en el rosal su carntina;
el i·umor de llls trompas en la encina
y ecos de caja en los arbuBtos secos. '
Cubre el agua los términos distantes·
Abril baña sus tintas y colorns,
'
para lucirlos luego más r-adiantes.
Joyas son los capullos y las flores,
y de un tropel de chispas de diamantes
los empiedra la luz con sus fulgores.

***

Estación hermoSa',
dulce primavera,
¡á tu impulso florecen las almas
y es nido de amores la tierra!
E&gt;"TlO.

Doctor es el higo chumbo,
estudia ciencia de espinas
y en el ilustre birrete
'
le sale borla amarilla.

***

El t~onco echa sus gomas del sol al rojo:brillo;
la abeJa unta en las flores sus patas de runarillo ·
la rana da en la peíia, dejando el agua rota
'
y tiempla el grillo negro su lira de una uo~.

***

SINFONIA DEL AÑO
Fragmentos.
PRIMAVERA

El germen re,ive
y horada la tierra;
el cesped despunta.
y el suelo recama;
las bardas de hojas
deshacen sus brotes
mostrando en sus puntas
La.s lilas moradas.
Cepillo de piedra

Pendiente entre flor y flor
de un hilo leve de araña
el gusano se columpia '
como un mecedor de plata.
Sueña en la esfer-a redonda
de la teñida manzana
que habrá de darle m~ a,;ilo
entre su carne aromad.a.

.,.

**
Tit-nden las palmeras

sus arcos flotante:;
como laberint-0 '
de columnas árabes.
Sus mil abanicos
refrescai1 el aire

�DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

12

DOMINGO 3 DE ENERO DE 1897

•

PLUMAS Y LAPICES.

•

•

.

EL MUNDO

I

Te "º tresIPlumas en el carcaj de cris~l de Bo~~mia.
. que ~rillanta el escritorio de nogal ?ubierto de diJes y
erfumado por las violetas que trae mi buena ama.
p Una es de acero, otra de oro,..amarilla como el ala del
canario y la blanca es de ave taJada por el am.a~o. .
La de acero escribe los artícul,os rudos J'. obh~ados del
periodismo en las horas de hast10 de la existencia, horaa
grises en qne la ley del ~rabajo hace inclinar la frente para llenar deberes contra1dos.
Escribe con tinta.
Escribe con hícl.
Escribe con sangre!

a.~ .gi~:

·á.~·

· ..i,~ ~~~··¡;;~~{¿~;·pi~;;~· a.~·~¡~. t;~¡~;;i¿~:· ·~·i·~
rias literari~, que la amo y la acaricio .coruo á. la co~pañera en las tenaces batallas del pensa~1entq Y. de la idea;
ella traza los libros en cnyo. fondo vierte 1~ fantasía ~alentnrienta, los colores ya vivos,. ya sombnos de la vi.da
real, y aspira á conmover la sociedad provocando la 1!ª
santa del presente para ganar los galardones del porvemr.
Sí! yo q1úero viv~r para despn~s!
La amarilla, escribe con la savia del cerebro roba\1do !a
vitalidad del amor material con el hielo de la eJt..-penenc1a
que paraliz:¡, las fogosidades del alma.
Ella trabaja!
Y la blanca!
La de paloma, qne modula cantos en la copa ~ecedo~
de los sauces esa suavecita pluma que resbala sm rechinar sobre el papel como la de acero_, ni mostr.ándose ~ura
como la de oro; esa viene del carca¡, entre nns nerviosos
dedos, cuando escribo al amado; cuando recuerdo la .Patria á mis hermanos; cuando el alma llora en pobre r.una
de mal perueñados
versos, los más de ellos escou~dos
0
tras la gasa de nombres ficticios, por mí .sola conoci?-os
en el torbellino de los vivos, porque son cipreses y epita•
ti.os puestos sobre el cadáver de los recuerdos!
Mi suave y nevada pluma.
.
.,
Imagen de la Felicidad; de la Resiguac10n; de la Espe1·anza! es decir: ayer. hoy, mañana!. .....
Ella le ha dicho al amado todos los secretos grandes y
¡equeños, aprensiones y niñerías, angus~ias y, con.g&lt;!jas.
Y él ha sonreído tal vez!. ..... ¿Qué sonrisa mas divma?
l\Ii nevada :pluma, la de pal?ma,. escribe ahora con el
jugo del corazon que asoma cristalmo y tembloroso á la
pestaña ora con la núel encerrada en el cáliz de las amapolas, beleño del alma que al alma vá!
Oh mi blanca pluma! Yo la enristro como el gladiador
1·omano qne se lanza a la arena, repitiendo con el poeta:
«Hay plumajes que cruzan el pantano. Y no se manchan.
ll'Ii plumaje es de esos!»

···N;·¡;;;j;¿;t~·;¡~¿·i~~·i~;~~~~·~;~¡~h·b;i¿·¡~·i:¡é~:;;;q~~·~i
escritor pisa, si la pisad.a es firme!!
II.

Tres lápices gmirda la zapatilla de lana, puesta á la derecha sobre el escritorio de nogal, sostenida por dos angelito~ de rostro radiante y risueños ojos.
.
Rojo, como la flor del granado, como los ke~1:5 de loa
soldados de mi patria; es el primero y echa tarJaduras y
hace raya;; sobre los periódicos que leo y marco en la faena del periodismo.
Señala transcripciones qúe enrojecen algunas mejillas -,
azotan algunos rostros; y el lápiz rojo vuelve á. la zapatilla de l?orcelami.

•
Sra. Mercedes Barajas de Diez Gutiérez ( de San Luis Potosí).

y arrullan la siesta
con ruidos vibrantes.
En los verdes bosques
simulan encajes
y templos soberbios
y selvas de alfanjes.
Alzándose enhiestaa
en rocas distantes,
se entienden, y besan
por medio del aire.
Vigilan el amplio
desierto gigante,
y velan el sueño
gozoso de 1 árabe.
A la carabana
dan sombra inefable,
y oyen del serrallo
las zambras brillantes.
La esfinge coronan
con palio flotante,
¡y á Cristo celebran
del templo en las naves!

***

En el intenso rayo de lintas foscas
bailan sus rigodones las pardas moscas;
sacuden y apalean, batiendo el ala,
los átomos que, viva, mueve la escala.
Una mosca se cierile y otra se agita;
otm en el rayo de oro se precipita;
ésta zumba, da vueltas y se alboroza,
y aquella que la sigue sús alas roza.
El aire caprichoso la cinta orea
y en ver el raro baile se rigodea,
hilsta que hace, soplando loco y sin tino,
con chispas, sol y °¡oscas un remolino.

* de llamas
Rendida al* mar
que baja de la altura,
la sombra busca todo,
la sombra y la frescura.
Y sólo los lagartos
se asoman al boquete,
vestidos con casaca
del siglo diez¡ siete.

**

Brillan los relámpagos,
la tormenta,
brulan los granizos
en las chimeneas;
el chubasco alegre
de redondas ~rlas
pica en los cristales,
bota en las monteras,
vibra en las campanas
y el campo apedrea.
Unas formán tímpano
sonando en las teJas,
otras por las ramas
del arbusto ruedan.
Allá va el chubasco
de crugientes perlas,
haciendo al ganado
correr por la vega,
dejando tan sólo
tras sí como estela,
el acre perfume
que exhala la tierra.
~

~-**

Sacude el tridente
la parva en la era;
la paja se huye
y el grano se queda.
Al revés sucede
con alma y materia;
el cuerpo sucumbe
y el alma se 1;.1cva.

*
d e una espiga,
.
Sus élitros moYiendo,* colg-ada
preside la ciuarra.sus fiesta6 estivales;
11u canto no ~onoce fa lánguida fatiga
y son en la natura. sus ecos inmortales.
Su voz cascada y bella madura los racimos
templados en la tierra del sol por los calores;
y tiñe de los frutos espléndidos y opíruos
la _piel iluminada de vívidos colores.
Es ella la que canta la música qne escribe
el rayo del estío sobre la fuente rota; .
.
es la que entre las frondas y los rama¡ea vive,
es_el verano ardiente metido en una nota.
SALV.ADOR RUEOA'

*

** hago las anotaciones marCon el azul, simp,ítico lápiz!
ginales en los libros que leo y él me acomfaña durante
largas horas del día y de la noche junto a atril de lec-

tura.

Trabaja el hipiz azul cuando las campanillas florecen
en la maceta y se alegra el corazón.
;. Sus rayas, puestas aquí y allí, se muestran como girones de cielo detr.ís de las viajeras nubes que se amontonan, se esparcen y se van.
Ay! azul fué la sortija que el amado puso en mi dedo!
He visto que de azul se engalana la aurora al nacer
Azules han sido los más queridos sueños de mi vida.
Por Cllo amo mi lápiz azul!

***
Barnizado por fuera tiene el cora-

El tercero, es negro.
zón de carboncillo.
Tétrico, pero simpático.
Con él hago la lista de la lavandera y rubrico los recibos del carbón y del cocinero.
¡Pobre lápiz!
Negación de colores ausencia de luz.
Mas, él es obediente y callado, marca el aseo de la casa y la vida de la familia.
:Mi lápiz negro es el mejor.

III
¡Plumas y lápices!
¡Ay! Yo que amado tanto y qne tanto he sufrido; pido
al Destino que, al llevarse la juventud, me deje mi lápiz
negro y mi pluma blanca.
.._ ¡Quiero ahogar recuerdos!. .....
CLORINDA

l\1ATTO DE TuR~ER.

A todo va la inmensidad unida,
si entre el ser y no ser media un instante
tiene el Jlllnto presente de la vida
un infiruto atrás y otro delante.
CAMPOA.HOR.

EL SIMBOLO DEL INMORTAL ESPOSO.

Cuento de Invierno,

I
El no la había visto durante la eternidad ele cuatro
ru1os que habían transcurrido lentos y amargos después
del matrimonio. No había querido encontrarla en tanto
que ella pertenía al otro, al que l.t había tomado muy be·
-lla, á los dieciocho años, virgen..... .
La última vez que vió sus ojos negros y oyó su voz du lee, fué la víspera del matrimonio, cuando los fríos tlc
Enero. Hacía una simple visita, al azar, Yiajando, y como nadie le babia advertido, se sorprendió mucho de
(lncontrar en el viejo castillo una reunión nwnerosa y
mezclada de amigos é invitados.
Recordaba ahom su dolor mundano de entonces; palabras vacías y gestos convencionales en Jugar de poder
abandonarse al sufrimiento que le invadía, febricitante
y agudo. Los padres de la joven reunidos en nna terraza
sombreada1 después del almuer.lo, consideraban su llegada con mquietud, porque estaban informados de sus
sentimientos y con miradas amables lo despedían dulcemente.
A pesar de esto, permaneció más de lo que convenía á
fin de verla. Y ella apareció con la alegría en sus movimientos y el orgullo en sus ojos,-la alegría y el orgullo
de la desposada. Se aproximó á él sin asombro, como si
le esperase y le present.S al marido del día siguiente, un
desconocido que le saludó fríamente y luego yolvió el ros•
tro á otra parte.
Ella llevaba una toilette rebuscada y se mantuvo cerca
del otro inconscientemente.
Eso le hllb.ahecho mal, á él que llegaba sin saber nada,
con recuerdos y con una esperanza, y partió muy triste,
perdiendo todas sus creencias.
El visitante había vuelto todos los años, cuando los fríos
&lt;le Enero, para encontrar las sensaciones llenas de
frescura que cantaban aun en él. La vieja abuela que va•
gaba en la soledad en tanto que los otros habitantes del
antiguo castillo halLbanse diseminados en villa, de placer, la vieja abuela que lo comprendía, le hablaba de ella y
le mostraba retratos que él no se cansaba de ver.
Cuando part.a no podia evitar YOlYer la cab&lt;'za para mimr una Yez más las torrecillas engnimaldadas de yedra y
el jardín en que la joven le había ofrecido una rosa blan•
ca cierta tarde á la hom del crepúswlo..... .
Se llamaban Arme! é lvona: nombres de novela y de
poesía que han tenido nna influencia misteriosa sobre la
Yida y que son frecuentemente retratos que se parecen.
IJ.
·-i\.rmel, elegante joven de treinta afios, esperaba, pues,
en el gran salón sombrío del castillo romántico; volvía,
&lt;"Orno todos los afíos, ,t la peregrinación de sus primeros
pensamientos; pero esta vez iba por fin ii encontrará su
amiga. Iba ,t encontrarla con traje de viuda, porque había recibido una carta de duelo, con la letra trémula de
la abuela sobre la cubierta encuadrada de ne!ITo.
Y e,l:&gt;eraba aún, como en otro tiempo, o!via'.-indo el matrimomo en sus ideas de soñador; por que no tenía en su
mente la imagen de e.~o; porque no había visto á Ivona
cuando era la mujer del otro; porque no había sufrido con
la realidad; porque había vivido de la frescura de sus re•
cuerdos, en la juventud de su alma, en el aislamiento de
su indepen.dencia de hombre libre.

De suerte que en la oleada de sus ensueños, ese rnatri•
monio se volvía al~o inmaterial, algo no real, cuya amargura se caracteri7,aoa solamentf por el cuidado que él to·
rnaba de no pensar en ello.
Un paisaje claro aparecía entre los pesados cortinajes
de las altas ventanas estrechas, con mucha luz blanca y
el debil sol d!é' Enero.
Arme! respiraba el aire frío de los campos que se insinuaba entre el moviliario solemne del salón. Estaba sentado frente á las ventanas, en el rinc6n deun canapé de tapicería severa que le traía recuerdos enternecedores. Sus
ilusiones volvían ahora qne iba á verla de nuevo y pensaba qne acaso, como antes del matrimonio, se sentaría
en el otro rincón del canapé.
Como buscase con los ojos el retrato de la joven, el re•
trato de la viuda, notó cerca de sí, en el mármol ~is de
una pequefia mesa redonda, nn estuche &lt;le pergammo co•
lor de marfil, cifrado con iniciales entremezcladas, que
tom6 y abrió, encontrando dos retratos gemelos: el de
Ivona y el de el otro-con una mirada fría.
III
Oyó un crujido de sedas y ella entró mostrando su sencillo traje negro de viuda joven, con el rostro empalidecido, la fisonomía fatigada, el andar lento.
El se levantó bruscamente, teniendo en la mano torpemente el estuche de pergami,no que no supo poner en su
sitio. Ella vió eso y le cansó una impresión inopinada.
La aproximación de esos jóvenes que se amaban acaso
tanto el uno como el otro, era tan conforme á las leyes de
la naturaleza y estaba tan bien en el orden de las cosas,
que se encontraban, después de cuatro años de separación,
como seres que deMan volverse á ver.
Sin fórmulas triviales y sin frases, se cogieron las manos un instante y se colocaron en los dos rincones del canapé de tapicería, á distancia. Antes de hablar, él contemplaba á la mujer convertida en madre, con una beldad
diferente y la mirada más profunda; y ella le contemplaba también, pero sobre todo para saber si la encontraba
cambiada, si la estimaba menos linda.
El la contemplaba y se entristecía porque no era ya la
joven que hab,a dejado un día·la víspera del matrimonio. Después de los vagos ensuefios, encontrábase frente
de la realidad brutal. Se sentía languidecer observando
que las formas vacilantes cuya visión fon(a aún, mny :pura, estaban animadas de una vida nueva, de una vida
extrafia ...... y sorprendía un pensamiento profano en los
ojos agr¡¡ndados de la mujer.
Como era morena y bien desarrollada, y su persona y
su ros.tro tenían un caracter apasionado, esas cosas
acentuaban más aún, de suerte que ~ufría mucho.
-Qué ha hecho usted durante este tiempo? preguntó
ella Rencillarnente, con una voz blanda que él no le co11ocía.
)fas como continuase hablando, aquella voz blanda turbaba extrañamente al jqven¡ veía de otra suerte aquello
que al principio le había afligido y una sensación p 5rfida
se apoderaba de su voluntad.
Respondía sin pensar, con palabras que significaban
que no había cesado de amarla. S.'.&gt;lo que ella parecía no
oirlo, y, muy femenina, desviaba la conversación, en un
.ff.irt involuntario, para llevarla á las pláticas que habían
tenido .otras veces.
Decía con su v-iz bla nd:l cosas lindas y encantadoras

se

Sin embargo, Armel se ponía más. y más ~riste porq,ue no
reconocía ya las ideas ingenuas é irreflexivas de la Joven,
q ue era tan amablemente crédula y no encontraba ya su
naturaleza im~ulsiva, abnegada y .gei:erosa. ~abla~a ella,
hermosa é insmuante y evocaba 1mugenes 11npreS1onantes; pero él sentía en todo esto la educaci.ún del otro, del
que la había tomado para formarla á su imagen y semejanza y la poseía hoy todayía-después de s~ i:nuerte.
El hombre de mirada fria le había transnut1do una segó.uda naturaleza, preciosa y disimulada, que razonaba y
:;e contenía; una naturaleza ficticia, que sobrevivía al esposo. Este se· había asimilado sn mujer, dejándole una
huella t-enaz, de suerte qne era aun el otro quien pensaba
y hablaba en ella. Las contradicciones de la viuda parecían ser lá rebelión del marido contra el intruso y el desacuerdo de la converBacióu representaba el símbolo de una
lucha entre los dos riYales.
En su melancolía, Arme! dijo á Ivona:
-Usted no es ya la misma ..... .
El hizo un ge¡,:to de renunciación.
Entonces ella tuyo la intuición del sufrimiento del joYen y dúcil, se aplicó á ponerse en comnnión de pensamiento con él. .
.
Esta era para Armel .una esperanz~ de quitárs.ela al otro
Y de volYer insen~iblemente á su amiga á su primera natnraleza, expansiva y entu$iasta, que se aliaba t~nbién
á la suya, en otro tiempo, cuando se ca~entaban ¡m1~s
al mismo sol de imierno, bañando sus miradas en las mmacnladas blancuras del paisaje ........ .
Permanecían $entados, en una semi-intimidad1 E:n los
dos ángulos del canapé, ante la~ altas ventanás abierta,
qne dejaban entrar un poco de mre al departamento ausstero.
Arme! oía hablará Ivona, y como mútuamente re~n•tían el eITor ele aquel matrimonio y él hubiera que:1do
rehabilitarla de haberlo desdeñado, le pregunté cl\s1 en
voz baja: .
-¿Por qué hizo usted eso?
Ella respondó:
-Yo no sabfa ..... .
La languidez de f'us ojos profundamente negros decía
lo demás y el joYen que se ctesesperabaá.la idea brutald.e
la realidad irremediable, que imaginaba locamente la visión del pri111er abrazo....... cobardemente se echó á llorar.
Er1tonces ella comprenu.ió el pensamiento que lo ~esolaba y se arrojó generosamente en sus brazos, angustiada, cony u lsa, para consolarle y .rara ser perdonada. A b.an•
donáronse á largos abrazo,aapaSionados y cerraron los OJOS,
olvidando el pa:"ado, olvidándolo todo para amar y ser
amados..... .
Cuando se abismaban en la eiusión de su ternura, en•
tr.'.&gt;, saltando, 1111 nifio, por la puerta abierta del jardín.
-¡)Iamá! ¡mamá! exclamó riendo.
.
Y ella desprendióse de él, sobresaltada, muy pálida,
trastornada, en tanto que Armel quedaba con la muerte
en el alma.
El niño se detuvo asombrado, inquieto, vacilante y quedúse núrando obstinadamente á aquel extranjero qne
usurpaba su puesto al lado de su madre y á quie~ él no
conocía. Y durante el silencio sólo se oía el suspiro del
Yientecillo le,e de invierno en el jardín.
El joven y la dama permanecían inmoviles, com:o unos
culpables á quienes se SOrJ?rende injraganti.
-¡:Mamá! gritó aun el mño, irritado.
Y repitió:
-¡Es mi mamá.!
Lanz61SC hacia ella y en tanto que Ivona la besaba furio:;i.mente y la estrechaba contm sn seno, toda ~.?nmovida, dominada toda por el amor maternal, la mna obserrnba al joven y parecía desafiarlo con sus ojos azules.
Volviendo de su ensneño1 Arme! notó como se parecía
la hija al padre v encontro en aquella maligna mirada
que se le clavaba· en el rost,ro, la mirada fría del es:poso
que le había tomado á su novia para formarla á su imagen; la mirada del muerto cuya alma animaba aún á la
viuda y re,ivía en la niña; la mirada del prirne:ro del inmortal r,,po.;o.
En tanto las campana¡; de la aldea sonaban el angelus de
medio día que tintineaba alegrernentc--y Arme! comprendió que la vida le llamaba á. otra parte, ,i él, elegante
joven de treinta afios.
ROBERTO CAZIN.
CROQUIS DE ENERO.

Era un mocetón de seis pies de alto y manazas hercúleas. Se llamll,ba Miguel y vendía flores en uno de los
boulevares. Varias veces prendióme en el ojal del jacquet, pálido crisantemo 6 escarlata flor de terciopelo.
Entre el I\),Ontón de mujeres elegantes, envueltas en
pieles, que husmeaban los rasos de los escaparates, emergía la voz chillona del vendedor de flores.
Frente á su puesto, una vitrina incitaba con sus sombreros de colores, sns plumas y sus frascos de aguas de
escandalosas etiquetas, y en el centro un busto de cera
giraba mostrando el último y ridículo peinado de moda.
Miguel adoraba ese busto. Por runchos años saludaba
todas las mañanas á su novia virgen, que en vueltas eternas, enseñaba ya la nuca donde caían miles de rizos de
oro, ó la frente blanca donde morían bucles color de sol.
Sentía celos cuando la chicuela del mostrador enredaba ó deshacía los cabellos, enseñando las miles de vueltas ,l la vanidosa parroquiana.
1\Iiguel vivía en los suburbios de un barrio bajo, y bien
de mañanita, en el crudo amanecer de invierno, resbalando sobre la nieve 6 desafiando el aire del polo, llegaba
el primero á la ancha acera para saludar temprano á su
amada insensible, que en su giro, miraba vagamente con
sns ojos sin luz y sonreía tristemente con sus labios de
cera coloreados de bermellón.
Un amanecer muy frío, Miguel sintió que una bocanada de aire le corría J?Or el pecho, y ardiendo en :fiebre, y
con ún dolor agudísimo en la espalda, vociferaba, brin-

I

�EL MUNDO

14

dando á las damas el gajo de diez centavos d_onde t.emblaban las violetas y sonrosaban los claveles. .
.
Y Jleaó una tarde en que las pocas personas que circulaban huían de la nieve, la cual blanqueaba los te chos y
empaí\aba los cri1-tales; )ligue! respirimdo apenas, gruñendo bajo la bufanda escoce,a, ofrecía.sus flores con _los
ojos cerrados por la fiebre, el andar vacilante y t.emblon,
recostado á la vidriera donde la bella cabeza de cera, el
divino busto, de facciones finas y ojos rasgados, parecía
en una sonrisa, coquetear con el único tnmseunte de la
ancha acera.
Llegó la noche lfvida, pfü~a.
.
La nieve formaba montec1llos y '.\I1guel clesploma~o
veía cubrirse sus piernas de motitas blancas, con los OJOS
desmesuradamente abiertos, fijos l'll el busto, que. en su
delirio creía tener cerca, balbuceando frases ard.ientes,
dialogando con la m uda amada, y así solo, tranqup.o, fué
muriendo, mientras que el busto de cem Fe~uía guando,
de1,cubriendo ya la nuca donde caían los rizos colqr de
sol ó la frente b la nca donde donnían los bucles color_de
luz.

*

Y o acompañaba el cadáv:r*de un amigo Yiejo, el~ miFmo día en qne l\Iiguel rodó á la fosa de los pobres; y la
vuelta detenido en la cantina donde los cocheros calientan su; miembros congelados, ví al conductor clE;l carro
donde fué Miguel, alzar su copa de a)cohol y vaciarla en
la boca enor me, murmurando sarc,isucamente:
-Eh, copero, á la salud del pobre muerto!

:i

FRA:-C'IRC"O

G

\HC'.\

C1s:-ER0~.

LA FLECHA, EL ALA Y E L CORAZON,
( Sobr~ un pensamiento de Catulo Mendez).

Tuvo una apuesta mi hech iceramniga,
la de gentil belleza;
es una apuesta extmfüt
q ue la ingrata ganú. Nada mitiga
desde entonces la fúnebre triBteza
que tenaz por doquiera me acompaña.
Un arquero decfa:-En este m undo
nada existe más raudo q ue mi flecha:
en menos de un segundo
atraviesa el espacio velozmente
y al b lanco llega rápida, derecha.
¿Hay algo, por ventura, más ligero?Asf dijo el arquero
y m i amiga sonriose alegremente.
Dijo una golondrina:-Bajo el cielo,
bajo ese cielo de un azul profundo,
donde e l astro ful~ura.
brillante, envuelto en lummosas galas,
nada iguala á m i vuelo,
al vuelo raudo de mis negr-as alas
que atraviesan en menos de un segundo
de un extremo l1asta el otro la llanura.A.sí repuso el ave,
y alzó los h ombros desdeñosa, grave,
1ni amiga, la ele explén dida hermosura.
- ¡Pues qué! dijo el arquero,
¿algo á mi flecha en rapidez iguala?
¿qué existe que mi flecha más li~ero?
-¡Pues qué! también la golondnna agrega,
¿algo existe más rápido que el ala
que con el viento ;i su destino llega?
-Sí, respondió mi amiga sonriente,
mi d ulce amiga-sueño del poetahay algo m,ís veloz que la saeta,
más r,ipido que el ala en el ambiente.
Apostaron. Partió rauda la flecha,
partió dpida el a la,
veloz como la bala,
veloz como los vientos silbadores
que en las ramas entonan triste endecha;
pero antes que la flecha vibradom
el blanco hubiese herido
con lúgubre silbido,
y mucho antes que el ala voladora
rozara. sin esfue rzo ni fatiga
de• la pradera las fragrantes flore;,,
c•l corazón de mi hechicera ainiga
volado había en pos de otros amores.
C .\llLOS ÚRTIZ.

DOMINGO 3 DE ENEROrDE 1897

Nuestro rey D. Felipe Ill tiene en mucho su dictamen.
-Pues en los Trinitarios Descalzos de la calle de San
.Al comenzar el siglo XVII, la calle que hoy, se llai:na Agustín hay un joven qne no ha de valer menos con el
del _frp Jfaria. se llamaba calle de l Barranco: aun á prm- t iempo. Lee en el pensamiento de los demiís como en u11
cipios del si~lo pasado existía en la de la Esperanza una · libro.
-¿C6mo se llama?
ima«en de ~uestra Señora. de este título, colocada por ~l
-Fray Tomás de la Virgen.
ven;rable siervo de Dios fray Simón de Rojas, Y q~e dió
-La verdad es que hay mucha gente mala, pero t:unnombre á esa calle. Cuando aquel sant-0 varón .vmo ,t
1[adricl reinaba ya Felipe III y el lupanar que existía en bién hay ·en nuestro tiempo muchos santos.
-¡Ya se llevan el cuadro! Dicen que es prodi~ioso.
~1 Barrlnco estaba convertido en la callej11:ela de la Rosa.
-Es una grandísima desvergüenza-respondio una vieLos vecinos del Barranco, en unión del virtuoso fundador de la Congregación de Esclavos del Dul~ Nombre de ja-esa mala mujer se había h echo retratar en carnes vi)Iaría, pusieron bajo el patronato de la ' 1rgen aquella vas.
-¡El nifio se ba salvado!-g_r:itó una mujer asom.índo~e
calle, para hacerla perder su malafa!?ª• colocando estampas del Ave María en sus puedas, é rngresando en .la her- á ht ventana.-Yitor al padre .Kojas.
-Yitor al santo-repetían las gentes.-Yitor, vitor!
mandad en que era obligatorio á los cofrades decir Ave
)faría ,e'tenta y &lt;los veces diarias, y servirse de aquella
~Entre tanto. en uno de los extremos de aque l trope l
salutación siempre que se encontraban. El venerable Ro• de gentes forcejeaban dos hombres; uno ya anciano, vesjas fué el autor de aquella reforma en las costumbres:. t-0- tido pobreme nte, de rostro noble, nariz aguileña y fo~nte
do )Iadrid, desde el Consejo de Castilla y el .Ayunt_a~1en- despejada, oprimía la ma110 derecha de un arrogante joto hru,ta el pueblo que derribó la,: puertas de la Tn1;ndad, ven, impidiéndole qne saca,:e la espada.
pira hacer reliquias con. los hábitos del Padre R;o¡as, el
-Dejadme, ¡vive DioS:!..,....:decía el joven- ese cuadro que
día de su mue1te, le tuvieron por santo: y los ve.cmos del se han llevado es mío, y á cuchilladas han de dcvuh•¿rbarrio del .Ave ) l a ría, le consagraron un,~ calle que sella- melo.
1mt de San Simón en honor suyo: es decir, le proclama-Sólo sé que váis á desenvainar la espada contrn un
ron santo ciento diez a ños antes ele que Roma 1~ declara- trinitario, y no ha de ser; he sido cautivo, y ellos ma resFe venerable: tuvo gran influep~ia el ilust~ valhsoletano:
cataron.
~u con,ejo pe,:ó mucho eu el ,mnno c~e Feh~ I~I para la
-Pues eYitad con la otra mano que saque mi daga.
expulsión de los moriscos, y en el rc1~ado s~gmente p~ra
-Eso ya no podré h acer; la otra mano me la estr~peaimpedir la boda de la hermana de :fel1pe I\ con el pn'.1- ron los turdos en Lepanto.
.
cipe de Gales, luego Carlos I, á qmen s.us vasallos cortaEl pintor, ya sosegaclo, miró con curiosidad al anciano,
ron la cabeza.
y dijo:
I
-Os doy las gracias por haber contenido mi arrpbatn;
_\.unque la calle del , lre .Jfrida estaba ya purificada con pero no pude contenerme cnanclo me contaron lo quepasu título no transitaban por ella todavía carrozas elegan- sa. Sabed que esa Yenus que me arrebatan es mi me)or
tes, togados con garnacha, ni hidalgas serYidas por un pintura.
tropel de pajes al uso de la époc_a; era Cll;lle basta~te con-El paclre Rojas sólo aprecia el arte piadoso; sm: p¿1b
currida por archeros, mozos de sill~, frailes mendica1.1~s, samientos vuelan por encima de nosotros.
laca~·os con libreas de felpa y terciopelo, soldados v1e¡os
- ¿También pintáis?
con la ropa acuchillada por los flamencos y los sastres,
-Pinto con la pluma; acaso hab3is oído hablar ele un
pícaros de cocina y caballcrns del milagro. De _vez e1! librejo mío intitulado El ingenioso hid&lt;ilgo don (¿11ijote de lii
cuando atravesaban alg unas buenas mozas, que iban a Jf mu·luc.
callejear en vneltas en sus mantos, y dejaba1;1 ver en tre el
-Luego sois ) lig ue! Cerl'antes? M.uy buenos ratos os
embozo ó l ucían e n la cabeza, un Agnns Dei, 6 cruz, 6 a l- debo.
gún otro capricho con guarnición de esmeraldas y d ia- Pnes pag,ídrnelos, no re,:catando e l cuadru por la
mantes· ó beatas jóvenes, qne sólo apartaban la vista de l ft1crza, sino p or la i nd ustria. Y pronto; antes que el PJ.rosario 'para fij_arla en un galán; ó viejas con hábitos d.e d re Rojas lo destruya.
estameña que, desamparadas de la carne, habían ofreci-¿Tendd valor"?
do al Señor sns esqueletos.
.
-Oíd-dijo tomando a l pintor por un brnzo y ap::trtínXo se Yeían cle~cle la calle en las moclestas casas, m los dole ele aquellos sitios-oíd lo que me dijo su reverencia,
trofeos mil itares, ca.seos, petos, lanzas y arcabuces q uE: hablándome un d(a del Quijote. El arte que no f'e dedic,1
adornaban en otros barrios los palacios de los nobles; m
á Dio!', no pasa ele l as esferas inferiores. lle leido u n c:1los tapices de Bruselas y cnadros italianos y fl ame ncos, pítulo del Quijote y admiro vuestro estilo; pero quem:ul
que pagaban á peso de oro los indianos; sino hnmilcles esa obra frívola y mundana y escribid libros clevotos.
colgadu ras de tafetán, en las más ricas, estampas de Fant os ó im,lgenes de bulto, y en las más de ellas, fraguas,
-III.
bancos de carpintero, telares y patios con emparrado, en
El convento ele la-Tri nidad estaba entonces en reparaclonde h ilaban y cosían las vecinas. Sólo en alg nna que
otra casa ro veían , atisbando por las celosías y enrejados, ción: los muros i nteriores se habían desmoronado, y rota
ricos espejos, escritorios, vitrma.s en que br ilfa.ban la p la- la clausura, se comunicaba el convento con las casas i nta, y el oro, v pabellones de rizadas telas florentinas.
mediat.c•ts. En la misma noche de los sucesos anteriores, e l
Un grupo de gente apareció por la calle de la )lagdale- pintor Vicente Carducho esperaba, en compafi fa de otw
na, rodeando á un fraile t rinitario, q ue avanzaba con di- embozado, e n el patio de una casa contigua, dispuesto :t
ficultad entre los que le besaban la mano ó le pedían ben- t raspasar el m uro, aún de escasa altura, que le separab:t
del com·ento.
diciones.
- Padre Simón-decían unos-reparta rosarios y estam- ¿Decís que está el cuadro en la p arte de ht izquiercla'!
- Sí: en aquel rincón. ¿Entramos'? llace w1 buen ratll
pitas.
· -Padre Rojas-repetían otros-que estoy en ayunas. q ue se acabaron los maitines y la comunidad estará ya re-Lea, p or caridad, el E vangelio á esta criat ura que es- cogida.
t á. enferma.
-Quedad aquí: yo basto para descolgar el lienzo, sepa-A mí, á mí primero-repetía llorando u na h ermosí- rarle con la daga y a rrollarle: m i calzado es m uy fino y
sima mujer con el traje descompuesto y suelta la eeclosa mulie ha de sentirme. Yos me guardaréis la salicla.
cabellera: ¡mi pobre hijo se está ahogando!
Dicho esto, traspasó el muro, y apoyilndose e nla paree!
-Sí, sí; á. ella pr imero-dijeron todas las madres em- del clauHtro, marchó á tientas hacia mia imagen alumbrapujando a l religioso hacia una casa i nmediata, m odesta da por una lámpara ele acC'ite. Cerca de ella distin uía un
9 ser e l
en la fachada. pero que dejaba ver e n su interior moldu- cuadro sin colgar y nielto ele! revés, que reconocio
ras de ébano y dorados. El fraile entró, seguido de otro suyo por lo nuevo del lienzo y la armadu ra. E l artista se
compañero, pero retrocedió a l momento hacia la puerta. detuvo para cerciorar~e de la soledad del cla ustro: luego
-¡A.ve :\Iaría! No h e de entrar-dijo-mientras no q ue- sad la daga y avanz6 de p untillas hasta tocar su tesoro
men afltes ese cuadro.
con la mano; entonces se persignó delante de la ima 0 én v
- ¿C6mo he de quemarle si no es m ío?-respoml ió la su~ r odíllas flaquearon ele terror. H abía oido un su~piro ·
mujer con desesperación.
m uy cerca, como desde una a ltura, y no se atrevía .t a lzar
-lle visto vuestra cara, vuestro cabello y niestra i m- los ojos; cuando se determinó :1 levantarlos, cayó ele ropureza en esa pintura desvergonzada.
dillas aterrado. 1In fraile, sujeto en una cruz e levada é
-¡Oh ! Que mi hijo se muere..... .
i~climtda sobre la pared, gemía y le miraba tristemente.
-Dios quiere salmr á este ángel, arrancándole de esta Solo después ele un buen rato y ele.haberse encomendado
casa. No le mata su enfermedad sino la desnudez tle su á Dios, pudo reconocer en el fraile al Padre Simón de R::imadre en ese lienzo. Marchémonos, fray Bartolomé.
jas.
-Xo, no-dijo la mujer arrodillándos-yo vivo ele mis
-¿.f¿ué hacéis así?-le dijo.
pecados, y u11 pintor me pagó para que le siniese de mopenit.encia portf-respondió el fraile-parn q ue
delo; esa Yenus n o me perrenece, pero vo la echo de m i tu-llago
mano, creada pam Rervir á Dios, no sin·a al denonio.
casa y os la ent rego; vos habréis de de,:olversela.
Aquellas pálabra.~ atmjeron al lego R1.rtolomJ, que e,:- Que tapen e~e liens.o deshonesto-dijo el Pad re Sirt punto de pedir isocorro, al encontrar un hombre
món á fray Bartolomé-y lo lleven ,t la Trinidad. ¿Quien tuvo
ante la crnz.
es el pintor?
-Descolgadme ya-dijo el Padre Simón.
-Yicente Carducho.
El leao-~esató las muñecas y tobillos del prelado, c.1r-¡Cúmo! ¿El pintor de cámara? ¿El hermano del virtuoso Bartolomé? ('ubran la pintura de modo que nadie denos éhmchados por el peso del cuerpo y la presiím d~
pueda verla y que la lleven aJ·claustro bajo. Y o respondo los cordeles. E l Padre i,imón se arrodilló con trabajo.
- Dad ,i este hidalgo las &lt;;!.isciplinas-dijo descubriendo
de ella ante str autor. Y ahora entremos á pedir á Dios la
salud de ese niño, si le conviene. ¡Ave l\faría! ¡A.ve la espalda-y que me castigue con ellas: he prometido 1·ecibir. cien azotes d iarios hasta que queme esa figtH'&lt;\ q uc
~Iaría!
hapmtado.
·
II
El pintor rehusó el manojo de cordeles.
-Azotadme vos, fray Bartolomé.
La gente esperaba en la calle con gran curiosidad,
- radre, ya habeis sufrido much o.
agolpada á la puerta de la caFa.
- .\.zotadme por obediencia, dijo con firmeza frav :-si-¿Creéis que sanar,l al niño el tri nitario?-decía un
món.
•
zapatero á. una vecina.
-No que nó; ha resucitado muertos y, entre otros, diEl leg'? ~esc'.1-rgo'.J los cordeles sobre la espalda acribi lh1.cen que á su médico..
.
da del truutano. Pero Carducho le arrancó las discipli-Sin embargo, yo qne la madre, hubiera llamaclo á nas.
Mariana de Jesús, la 1rn' rcenaria; plantó u :u rama seca
.-Padre ~1ío-lc dijo-prometo no pintar sin o cn:tllros
de oliva en rn huerta .d e la plaza de Santa B írbara, des.- piado~o.s, s~ me petm1tís conservar ese lienzo.
pués de bendecirla, y se hizo un ftrbol. Por algo la con-Siga rn1 pemtencia-dijo el fraile.
sultan las señoras ele la corte.
-Nunca-exclamó el pintor besándole la n1u10- le:;-¿Creéis que .al Padre Simón no le piden consejoF? tru.icl esa Venus: no puedo resistir este espect.í.::~ilo.

DOM I NGO 3 DE ENERO DE 1897

EI. SACRIFICIO D E VENUS

EL MUNDO

El lego descolgó la. lámpara, sacó el cuadro al patio, y
aplicándole la flama,lasllamas se a~eraron de la pintura. Yic¡¡nte Carducho, pálido y casi lloroso, veia arder el
cuadro: al resplandor de aquel incendio viú por última
wz la Yenus de q'ue esperaba eterna fama.
Parccióle que se despedía sonriendo y que un coro de
amorcillo~ volando por encima de las cruces del convento, la espemba para conducirla á las esferas donde Ganimedes sirve e l néctar á los dioses, ó hasta la concha don. de Y ~nus se columpia sobre el agua en el archipiélago de
ürecia.
JosÉ FERNÁNDEZ BR_E:llÓN.
ACU AREI,AS DE E NERO.

Tarde ele invierno.
E l cielo, plomizo, cobreado de franjas blanquecinas,
derrama una claridad turbia, dudosa, inquietante. En el
oriente Fe extiencle la curva policroma del arco-iris; ha-

cia el Gccidente, salpicaduras de escarlata y de violeta
subido revelan el ocaso del sol.
El mar, gris. crespo, flordelizado de esl?nma, semeja
una inmensa pizarra rugosa, donde un gemo formidable
hubiese trazado con tinta de perlas caracteres misteriosos.
L a playa, extensa, solitaria, con su superficie blonda
mojada por el recie nte flujo. Sobre la arena un bote volteado dibuja su lomo bruno, brillante de limo.
Allá, ep. el linde de la arena, á. la entrada de µn bosque, se alza una choza de paja, con paredes de barro rojizo. Un viejo moreno de cabellos y barba de armiño,
vestido de gruesa tela azul; está sentado á la puerta de la
casucha, bajo el dintel, sobre una troza de madera, fumando en una pipa de yeso. Cerca del viejo un muchacho adolescente, flaco y desmelenado, zurce una red de
pescar que se agruma :í. sus pies. En el interior sombreado de la choza, en un rincón del piso terroso, resplandecen, como luminosas manchas de sangre, las brasas de un
fogón.

La tarde declina. El muchacho zurce v canta monótonamente; el viejo fuma, signiendo con la vista el h umo
de la pipa, que asciende p or el aire en círculo~ cándido~.
El muchacho :
- Papá, ¿la comida?
.
-Sí, ya es h ora.
Se levanta el zurcidor flaco y desmelenado, r arga sobre
sus hombros la red y entra en la casa; el viejo, solo ya,
continúa fumando.
En tanto, el crepúsculo se extingue; cie lo y mar vélanse con tetricas brumas, y la sombra cae, cae r.ípiclamente,
en copos espeso~. Los contornos de la caiaa se e~fuminan;
e} cuerpo del viejo se borra, quedando sólo visible su cabeza, en que albean los cabellos y la barba de armiño.
Y en el hueco cuadrado y sombrío de la puerta, aquella
cabeza de nieve se destaca vigorosament&lt;', cual si hubiera. sido pincelada sobre un clarobscuro rembrancltesco.
D .\RÍO IlERllERA.

E l amor {1 los niños y á las flores,
!'on amoreR tan dignos de los cielos
que Ron tal vez los únicos amoreR
&lt;¡ne nnnca dan á los amanteH celos.
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J.

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VILLASA ■ A.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                    <text>Al Puerto de Veracruz.

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Extracción garantiz!Mla de la Solitaria. ¡36 A·~OS DE PRACTICA!
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Este peri6dico está impreso con las tintas fonas
de la Oasa LORILLEUX y COMP.
Paris.-Unicos Agentes en la Republica:LBWIS y BLOCK, MÉXICO.
D&amp;L ■ ATURAL, POR

J.

■.

VILLASA ■ A.

�DOMINGO 10 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re~ión, debe ser dirigida al
Director, L,lc. RaCael Reyes Spíndola,
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RÉGISTRADO COMO .ARTÍCITLO DE SEGIIXDA CLASE.

•Agentes exclusivos para los Estados Unidos v Canadá
The Spanish American N ewspapei· Company, i36 Liberty St. New York, E. U.»

Matas rMh,rittlr.s.
¿ C!fl lih.erttlisnttr st utt?
Alármese un renombrado publicista francés ante la
aparici?ri d~ un hecho_&lt;\ue cree de enorme importancia
e_n la h1sto:m de 1~ poh~1':3 contemporánea: los partidos
liberales t1_e1:1den a debilitarse en los países constitucionales del v1e¡o mundo.-Y en apoyo de su afirmación cita las tendencias de soci~lismo. de Est:ido del partido
)íbera! en Holanda¡ las pos1ble:i d1sgregac1ones del partido
liberal bel~ y las que se acentúan en el francés hechos
que están a la vista de todo el mundo.
'
Creemos nosotros que e~tas alarmas son infundadas y
~ue en la apreciación de tales sucesos hay un sofisma que
mte~sa _desentraflar.-Desde ]u~go la desapar~ción del
partido liberal no es la desapanc1ón del liberalismo co~~ la desap~ricjón del profeta que predicó un sistem~rehg1o_so n'! s1gmfica la desapar1ción de su doctrina. Los
partidos liberales pueden morir y el grupo de principios
que con~t1tuye su programa penetrar y desarrollarse en
una sociedad. Y esto es lo que está sucediendo.
Hace algunos años un _amigo nuestr? provocó un tempestad de protestas publicando un articulo titulado: 'No
existe el partido liooral."-Y sin embargo nuestro amigo asen~ba e~ aquella ocasión una verdad indiscutibfe.
Lo~ part1~os liberales se debilitan precisamente porque
el liberah~mo va en~ncl~ando St) esfera de acción, porque y_a la idea reacc1onana ha ca1do en el desprestigio y
lo~ mismo~ grupos conservadores se han visto obligados
á mt~oduc1r e~ sus pro~mas hechos y principios de la
fracción _enem1ga.-De igual modo que el publicista francés ba d1ch? que los ~art~dos liberales tienden á desaparecer, podria haber auadido que con los partidos conser•
vadores está sucediendo lo propio.
¿Qué separa en la _actualidad un.partido de otro, en algunos ~aíses? Cu~stiones ec~&gt;nóm1~, controv-!rsias sob~ detalles. A~í ¿es_necesar10, por eJemplo, el fnncionanuento del partido liberal en los Estados l'nidos? Claro
es q1;1e no, porque la República entera pertenece· á este
par~~do. La )uc!J.3: polftica no tiene allí por objeto la discus1on de prm~1p1&lt;!S a(?Cptados por el pueblo¡ nadie se alz:i frente á las mstituc1ones y por lo tanto no es necesano un grupo encargado de sostenerlas y alentarlas.
Y tal es, en efecto, ~o que car.1cteri1.a á un partido O •
lítico como fuerza social: la necesidad de salir al encu~ntro de elementos antagónicos y de propagar sus doctrinas; pero una v~z aceptadas éstas v sin enemiuos al
frente, no,se explica esa ?rganización de grupo militante
~ue tendria mucha seme¡anza con la descomunal batalla
el hér0t: manchego contra los molinos de viento.
Los pa1ses q;1e en sus constituciones han logrado alcanzar todos los fines propuestos por el liberalismo pueden
t~q1fa10:ente observar ~orno desaparecen lo; partidos
raes, s~n ~mores de nmguna especie, porque en este
caso la extmc16n de.los partidos liberales más se traduce
en un fenómeno social favorable :i la libertad que en
síntoma de retroceso.
'
un

tbre ttño.s lle .2(11111ini.str,1dón.
Acaba de da:9e á conocer del P,úblicoel Informe rend'.
do por el Pres1~ente de la Republica á la Nación sobr~
actos¿¡:¡ su gobierno en los períodos constitucional~s compren . os entre los años de 188-1 á 1896 -Forma este
trabaJo un volúmen de más de 160 pági~as en el
ramo por raro.o, se pasa una compendiada ~vista áqli~
pdrot~resos rea hzados en el país en este fecundo espacio
e 1empo.
robra de _la. prosperidad nacional, lentamente elabora a, en medio de los obstáculos que se arrojaban -í. su
encuentro queda fijada en breves términos sirvi~nd
como de nece~arias funciones de los músculos'de un r 0~
grama, enunciando con notable claridad y energía )¡;
~uzar todas las a¡¡piraciones latentes tod 1 . - n1~eales que flotaban en el ambiente dei' país 1sla: v~gos
ción de la últ~ma guerra civil, ha sido una rud::~~:J)?T_que estos ~deales y estas aspiraciones pugnaban co~
i~m~i=~• ~~ :trrnigados prejuicios que formade largas generacio:es.c10n en que se apoyara el criterio
Pero para reunir y enea
¡
1
contaba la Re , bl.
~ r os e ementos con que
to
pu ica, era prec1so, ante todo conocer es
d sdeIementos, hacer un ba½tnce de Jo que h;bía operan=
o espués sobre esta matena prima -El balan'
·
na! presentaba en 1876 un saldo muy raquítico~ nf3:;i;

;:,~1!

· del pafp: un sistema arterial ferrocarrilero de poco más
de 600 kilómetros ( 3.48 k. por 10,000 k. c. J; una potencia
productora apreciada por una exportación que no llegaba á treinta millones de pesos; una potencia de adquisición medida por una smna de importaciones que á duras
penas alcanzaba á veinte y seis millones de pesos; una
arteria 1elt•gr.ífica de 8,000 kilómetros en todo el territoriu.-He aquí, en sub!'tanciosa sinópsis, tomando las manifestaciones de más I'(')ieve de la vida de un pueblo, el
acti1·0 que figur.iba en este balance, en los momentos, como
acabamos de decir, que una nueva corriente, todavía
caótica y mal interpn:tada, arrastraba á la nación en
otras direcciones.
El progreso nacional exigía, pues, del programa político
que ei:i a_quel momen«;&gt; iba á desarrollarsE&gt;, un perfecto
con,,c1m1ei:i~o del med1u, ~omo pnnto de partida, y una
exacta noc10u de las nece~1dades de ese medio, como detérmi no de toda iniciativa. Sin estas dos condiciones la tarea de la ad1uinistración no hubiese respondido á Íasterminantes que la llevaron á e¡ercer el Poder público.Ningnn:i o~ra publicación como el_ Mundo ha apoyado esta política rnformada en las neceSJdadeseconómicas· ningunos con mayor claridad que nosotros, en estas co'lum•
nas, hemos amparado y sostenido esta función administrativa informada en el bienestar social, derrotero trazado en el Informe á que estamos haciendo referencia.
Hoy, frente á esa artería ferrocarrilem de GOO kilóme•
tros, podemos presentar una extensión de 11,469 kilóme•
troe; haciendo pendant á una exportación de 26 millones
de pesos, nn total de envíos al extranjero ,•alorizando en
42 millones; al la~o &lt;le 1~na red telegrafica de 8,000 kilóDletros, otra de 4a,OOO kilómetros; y en oposición de nna
cifra de exportaciones equivalente á 30 millones otra
que se elevó al último afio fiscal á 105 millune~. '
'
La transformación se ha operado, el compromiso contraitlo-d_e_lan_za~ á _la_Rep_ública en el camino de la properid~d m:rnrnméndofa ]~ bnellas del progreso-se ha cumplido. Como comenta.no de la tarea administrativa de
que da cuE:nta el lnfort?e Presidencial, pueden escribirse
en las 1;&gt;ágmas qu~ la. historia consagrará á estos doce ai10s
de gobierno, las s1g111entes palabras, desprendidas del notable ~ocumento que sirve de explicación á las funciones
de gob1erno desarrolladas de 18$4 á la fech11: «La fuerza y
la grandeza de los pueblos modernos, fundadas principalme~te ~n el trabaj'! pacífico, radica actualmente en su or•
garuza~1ón económica y se mide por el desenvolvimiento
de su nqueza y por el estado floreciente de su erario y
y de su crédito público."

Jalftktt &lt;!&amp;tntrttL
RESUMEN."-EI problema cubano.-Rumores alarmantes y versiones contradictorias.-La autonomía
prometida y la intervención americana.-Ni España la ofrece ni Cuba la aceptaría.-No hay solución.
-La Gran Bretaña y la política africana.-Claridad
ante todo.

De~pnés de los alarmantes rumores de desavenencias
próximas quE: amenazaban quebrantar la b11ena harmonía que ha remado entre España y los Est,1dod Unidos
no obst~ilte la mauifiest.a simpatía del p•teblo american~
po-r los msnr_rectos cubano~ que luchan des-&gt;s~radamente en la man1,qw1 con el ansia del gobierno propio y á pe·
sarde laR exaltacio~es patrióticas de los espa1i~les, q1re
en ~&gt;is de nna ocas16n han estallado en verdaderas ex:•
plosiones tle hostilidad contra los yankees, por esas simpatías hechas patentes en reuniones públicas y privadas
ei:i !a pren"'~ y en la tribnna, y rrl'Ís que todo E&gt;n las expe:
dic1onPs fl:hbustern~ que á la continua parten de Ja.&lt;,costas
de la Florida, para ir ~ prestar au.xilio á los rebeldes cubanos¡ d~spués de quE: esas murmurnciones se hicieron
más conSJstentes, crecieron y se agigantaron entre los que
P;et.enden en lo~ periódicos ser eco fiel de la ptiblica opimón. y llegaron a toma!' l_a~ proporciones formidables qne
correspondían á la po¡¡bih~ad _de una guerra interconti·
nental, á raf9, de la publicación del mensaie remitido
p_or Cleveland á las C,lmaras federales de la U ni6n Americana y de las proposiciones presentadaR por varios se·
na~ores, á efecf:o de reconocer no ya la beligerancia, sino
la mde~ndenc1a de los rebeldes, y de exigir en general
del ¡¡-obiern? ui:ia política más activa, más en consonancia
con la~ a~p1ra&lt;'1one~ populare~, que piden en todos los tonos abierta protección para los revolucionarios que sue•
ñan con. la uest~lla solitaria¡,, después de todo esto, que
han podido considerar con relativa calma los periódicos
l"~añdoles, Y ~an podido_ estudiar con laudable tranqnilia , !)S version~R. persistentes han corrido en los últim~s d1as. tranqm1t1das por las agencias cablegráficas, sen:i1JJero fecundo de noticias no pocas veces contradicto•
riaR,
f:!o~ tomadas de diversas fuentes, son apoyadas en
op1ruones contrarias de la prensa europea y americana
Y por eso capaces de dej~r perplejo al que, siguiendo ei
curso de los Sl~cesos, gmado por los diarios telegramas
pret-enda a~engnar lo cierto, y formar idea cabal de 1~
vberdadera situación política de la Isla de Cuba y del rumo que toma la re,·olución.

***

Set~ cteondinsi"_tenc_ia que ha habido un acuerdo entre
1os ga . me s ~ '\ as_h11:igton y de Madrid para hacer cesar Iams\irrecc1ón; s1rv1endo aquel de intermediario en•
tre 1fob1rno español y los jefes rebeldes, CJnovas del
Mas ° 0 rece la autonomía á la revuelta colonia y
d r. dey se compromete á convencer á los insmrectos
e que. ebei:i- S(!mete1:5e á las condiciones impuestas
Con_ 1g11al IJ?Si_stencia se ha dicho que el presiden~ del
~nseJo de Mm1stros en el gobierno de Madrid ha prot-e~tado una .Y ot_ra vez .contra tales aseveraciones dándo~e la apariencia de nota oficial, se ha repetido' ~e EsP61na. no rdía ~n solo punto e~ BU primitiva artit~d- que
s o imp antana reformas políticas y económicas e¡{ Cu-

f

01

b1, cuando estuviera sofocada la insurrección por la fuerza ~e lail armll;S ó por 1a sumisión de los jefes; que rechazaria como siempre ha rechazado toda intervención
extraña, siquier se cubra con el pomposo título de buenoi
oncio3 internacionales; y que ni. de los Estados Unidos ni
de nación alg11na toleraria el que se mezclara alguien en
los asuntos interiortis qae s.Slo competen á su soberanía.

***

¿D~ d6_nde pacten ~S(!S_ rumores? ¿por qué persisten con
~panenc1as ?,e v_eros\m1ht~d, cuando los que se refieren
a la pr~tend1d.1 rntehgenc1a entre los gobiernos español
y americano, carecen de consistencia? E11 vano se ale(J'a
que el_partido lib~ral de España ha declarado por medio
de su ¡efe reconoc1~0 el Sr. ~agasta, que deben implantarse las reformas a la mayo!' ~re vedad posible, y aunan.
tes que las arm:1s hayan decidido la contienda· en vano
la pr,ensa madrileña se desata contra la administración
del General ~Ve.vlE:r y censura de modo acre la direc~ión
de la campana. N1 los conservadores que están en el poder ~i .~os libE:ra.les que se sientan en los bancos de la
opos1c10n ser,an los que habían de atraerse las iras populares, que soplarían, probablemente; al saberse que se en•
traba en arreglos p.ira aceptar una intervención extraña
por todos recha7.ada.
. P0r lo dem_.ís, no cr~emos que fuera. la in~erencia del gobierno americano_ mas aceptable á los insurrectos qne•
por ce~ca de dos anos han luchado por su independencia,
Y prec1:iamente apresuraron la hora de la insurrecci6n
porque temían que las concesiones que ahora se les ofre'.
~n, decret.'.1das por las Córtes españolas al comenzar E&gt;l
ano de 189a, fueran b&gt;l.Stantes á regfriar el entusiasmo delos com~rometid..s eu la revolución proyectada.
¿A. que lucha_r c_on e~ brío que los ha arrastrado á de·
sesp~r~d-~s sacrificws? ¿ 1 q11é_ la sangre, la ruina y el incend_w. ¿a. q~é es~ sacud1m1ento que ha conmovido la
pr~c1ada Anttlla, s1 t,~do liab:a de parar en obtener aespu,~ de la tremenda }tri. 1? que al prrncipio fué rechazadoc~n rndomable.ene_rg1a? S1 las reformas prometidas no satisfacen las asp1mc1o~es de lo ne beldes, no es m 1is de'acep•
tarse ~ara. ellos la misma autonomía, y así lo declaramos,
por m.IB que nosotros hemos creído y seguimos creyendo
que esta era la única solución al romperse las hostifülades.

***

No es la autonomía que se promete suficiente·á dejar al
pueblo cuba~o e_n _ciert l libertad, capaz de educarlo y prepararlo al e¡ercic10. de su soberanía é independencia; y
aunque lo _fuera, s1 ;ie !'esuel ve así el problema político
queda en pie el econom1co y la colonia autónoma que hoyBJ halla abrumada a) pes!) de la deuda antigua, sucumbina á la pesadumbre mmensa de la nueva que tendría que
~ r sobre una agrupación dtibilitada. empobrecida, ani1
qm_ada,
por d'?~ años de ~na guerra de exterminio.
S1 la revoluc10n ha t:emdo, como es indudable, cau~asde ~aturaleza econ6m1ca, no es la autonom(a la que Ja
hara. cesar, á l:t :iltura á que ha llegado la lucha. El nudo
no ~ desata fac1_lment:e, y no es la intervención de un
gobierno extran¡ero m la garantía de un ministro de blle•
voluntad lo que puede dar pacífica solución á la lucha
e tan ~puestod y encontrados intere,;es como radican en
1a cuestión cubana.
El asunto es en la actualidad de vida ó de muerte
Plleden loa íil.intropoa soñar en 1&gt; 1cíficas mediaciones·cr~emo:3 qne, h:i pa8,1do la oportunidad de las lamentaci¿:
n~s, Y hoy_:! _'lo hablan la espada con sns tremendos golPvS Y el c.~n m con su horrísono estampido.
Desgrac111d,unente, no vemos otra solución que l:1 que
puedan d.1r los azares de la campaña.

:t

***

Un cél~bre inglés cr1e en el Africa del Sur ha re resen-ta lo los ~ntereses coloniales de la Gran Bretaña,p
or
m\1c_h~ tiempo ha sido el pl)rta estandarte· de la p6Úfica
br1t.J.mca, a~~IH de hablar con claridad meridiana y ha
prtisentado SLn embozos las aspiraciones de los cartagineses modernos.
En reci~nte banquete ofrecido á Cecilio Rhodes, des llés
~~ ~u g\orio~a cam~añaco1~t1:3 los rebeldes matabelef ha
o e ant1g11_0 primer mm1stro de la Colonia del Cabo
1to orgamzador de la rnvasión del Transvaal el re;
~
_e oro en los c~mpos d~ Kafir, ha dicho que siendo limi•
tada la superficie de la t1erra, la mejor política sería la de
apoderarde del mayor ttlrritorio posible.
Eso .e~ hablar en plata¡ eso es decir la verdad de la~
exped1c10n_es del So?&lt;;ián, de los ataques á Zanzibar d~
~s prtketdidos aux1l1os á_ los italianos humillados' por
_en~ ic , e 1os levantamientos de .Tameson y de las aspir~cwnes de la principal colonia sud africana
St el Marqués de Salisbury no da solemne ~entís á t.-il~s ~everac1on~8, prep.lrense á la lucha todos los que de•
aNgun modo se rn~resan en la poge.iión del Continente
egro. Ya saben a.que atenerse.

:C

rll

7 de Enero de 1897.

X.X.X.

OTRO PAGO DE $5,000.00 DE "LA MUTUA"

:E;N GUANAJUATO.

Guanajuato á 19 de Diciembre de 1896
Sr. D. Carlos Sommer Director General de ;,La Mutua.,,.
México.
?lluy señor mío:
J!oy 10:e ha sido pagada la suma de cinco mil PºSOQ
($o,b000) importe d_e la p'iliz~ núm. 285,9-12 bajo la ~ual
esta a a~egurado m1 finado hijo Guillermo Goerne
b ~actividad Y eficacia con que h&lt;1. ex:peditado 1~ prue"as e mue::e el Sr. D. ~nrique Meyenberg, Agente d~
h LtMhtua en esta Cap1tal y la prontitud con que se m-'
a ec o el pago, confirman el merecido crédito de u·,
gozatesa benéfica Y poderosa institución que usted di""~H:_
men e representa en esta República.
"' ·
Da vd: atto. S. S.-L. GoRE~E..

DOMINGO 10 DE E'NERO OF ,897
La aJ)Ot~osisde Sarah Bernhardt.

¡Sarah!
¿Quién no la conoce?
¿A qué cortijo, á qué hogar por humilde é ignorado qnP.
sea no llega su nombre y el eco de su gloria sin ocasu?
Ha mucho que la gran trágica se desposó con la fama y la
historia del arte la ha colocado )'ª en el templo de los inmortales al lado de Talma y de Rache!.
Vistoriano Sardou, el viejo dramaturgo, el rey del artificio escénico ha escrito para ella sus roejores obras. París y América. han delirado de entusiasmo á sus plantas
y la manifestación que el gran mundo intelectual de la
metrópoli de Francia acaba de hacer á su gloria, á nadie
sorprende.
Nos ocuparemos de esta manifestación efectuada el 9
de Diciembre último, porque la reputamos casi como un
acontecimiento local, primero, y luego porque es el asunto del día en la ciudad cerebro de Europa.
¿Un acontecimiento casi local? dirán ustedes -Sin duda, responderemos: Sarah Bernhardt estuvo en México
no ha muchos años, en todo el apogeo de su gloria. Trabajó en el teatro Nacional henchido de espectadores locos de entusiasmo. Nuestros poetas la cantaron y uno de
ellos, Peón del Valle, recibió su beso, el beso de aquellos
labios gloriosos. como premio de los versos que dijera en
su loor. Todo el México artístico y literario aclamó á la
gran trá¡ó.ca y en su camino de luz muchos corazones mexicanos la han seguido.
Un acontecimiento europeo.?
Sin duda tambien: Desde luego los acontecimientos parisienses son acontecimientos europeos y Paris ha deliraq.o de entusiasmo como el sabe delirar.
El nombre de la divina actriz ha volado de boca en boboca y aun se habla de un fabricante ingeiúoso que ha
ideado un jugete de sorpresa que recuerda el chasco que
se.lle.v.a.ron los admirad.ores de Sarah cuando intenta.ron
que el gobierno la condecorase. con la gran cruz de la Legión de Honor, honra que no podía naturalmente discernirsele en razón de su sexo. Este jugete nos recuerda las
mil pequeí'las invenciones del mismo género á que dió
lugar la popularidad de Boulanger y· si ambos nombres
pueden asociarse en el recuerdo de los grandes entusiasmos parisienses, se verá desde luego que no exajeramos al asentar la frase arriba leida: ·'Paría ha delirado
de entusiasmo ante Sarah.»
Pero reseñemos y para esto, demos á continuación debidamente traducido el eiguiente artículo de una revista
francesa:
"Rache!, dicen los murmuradores. no fué festejad:\
así. Rchel, no ¡;canó tampoco los dollars que Sarah ha
obtenido en América: Los tiempos y las costumbres han
cambiado. En gloria como en dinero el fin qe este siglo
paga más liberalmente qne se pagaba en sus medianías.»
"La fiesta del 9 de Diciembre no exaltó empero á Sarah
Bernhardt por encima de Rache!. Sarah Bernhardt se ha
beneficiado de la prodigalidad de una época que no sabe ya
casi contar ni medir; he aquí todo el alcance de las mur,
muraciones de los eAcepticos, á los cuales podría responderse. "Si Rache] vi viese sería festejada así"
Y además, bien mirado, cuales han sido las exajeraciones que marcaron esa fiesta organizada en honor de la
primer artista dramática de la actualidad, por sus amigos?
El número de los amigos de 8arah Bernhardt fué por
ventura excesivo? Sin duda había ahí al lado de los admiradores sinceros, SnobR: los hay en todas partes.-Se
abusó de la publicidad? Dirijír este reproche á Sarah
Bernhardt y á sus ad1niradores del mundo dé la prensa,
no sería serio.-Fué demasiado esquisito el banquete dado en su honor en el gra.i llotel donde se efectuó la manifestacion? y por último, en el Teatro del Renacimiento,
en la función de gala, Fedra fué demasiado elocuente en
sus maldiciones, y Posthumia demasiado trágica en su
dolor? Ser(an dignas de risa tales críticas. Samh merecía una manifestación semejante y le fué discernida.
· Cuando la gran trágica descendió del primer piso del
Gran Hotel á ia sala del 7..odiaco donde se habían levan•
tado las mesas llenas de flores del banquete, los quinientos convida1os qu_e la_ e~raban batieron palmas frenéticamente, S1 hubieseis visto á Sarah con su luenao traje
blanco guarnecido de encajes de Inglaterra, bordado de
chinchí11a, recamado de oro, deslizarse á lo largo de la
rampa de la escalera con la flexibilidad harmoniosa que
es su secreto, vosotros también la hubierais aclamado, como aplaudís en el teatro lu imprevisto de sus nobles gestos v la gracia de sus nobles actitudes.
. Victoriano f3a:rdou, coloc_ad~ á la derecha de su gloriosa
mtérprete, elogió en un brm¡hs (véase el g:abado relati•
YO). 11á la artista sin rival, á la soberana indiscutible del
arte dramático, á la grande y buenaSarah.» Podía Victoi:fano Sardou escatimar el elogio á la que ha sido Fedora
La Tosca y Gismonda?
'
La i?ventad de )as escuelas ofreció un laurel y dijo un
cumphdo á la actriz; fué este el homenaje de ,.Ja juventud
efímera á la juventud eterna,,-Por último los académico~-poetas (véase la ilustración relativa) que habían escrito versos para el Czar y la Czarina, recitaron 1í Sarah
Bernbardt sonetos:
¿Qué hubo de excesivo en todo esto? El homenajé fué
grande, pero la actriz es inmensa!
EL PRINCIPE KHEV:E;NHULI.ER
El jue!es en la mañana llegó á esta Capital el príncipe
Kevenhuller que hace ya treinta años combatió en México, con valor á toda prueba, al lado de Maximiliano ?.\o
trae el príncipe: misión alguna oficial; su viaje es de· me?"? recreo y le acompaña su esposa, distingtúda y hermos1s1ma dama.
Muchos recuerdos deben encontrarlo por todas partes
en un-país donde pas6 el épico periodo de las tremendas
luchas entre el Imperio y la Rep1íblica y donde tantas
veces puso á prueba su brío y su denuedo.
Ese país por su parte lo recibe afectuosament-e
Sea bien venido y halle en la vieja México todo lo que
pueda hacer su estancia agradable.

19

EL MUNDO

EL PRINCIPE KHEVENHULLER.

El "Three Friends."
Aunque El Mundo diario publicó va el grabado de este
buque al cual tocó en suerte sostenér la primera escaramuza naval con un buque espaflol en aguas de Cuba, damos la fotografía que inmediata hallarán nuestros lectores, J?Orque está más detallada y mejor hecha que la
anterior.
PAGINAS FILOSOFICAS.
LA GUERRA.

Sólo con pensar en esa palabra, la guerra. me conturbo
todo, como si me hablasen de brujería, de inquisición, de
una cosa lejana, acabada, abominable, monstruosa, contra naturaleza.
Cuando oímos hablar de antrop6fa~os, sonreímos con
o~ullo, proclamando nuestra superioridad sobre esos salva¡es. ¿Cuáles son los salvajes, los verdadPros salvajes'?
Los que pelean para comerse á los vencidos, ó los que
pelean por matar, nada más que poi matar?
Los soldados que corren entre los pinos, por la plava
están destinados á la muerte, como las manadas de car'.
neros que un carnicero conduce por la.s carreteras. Irán
á caer en una llanura, con el cráneo partido de un sablazo ó el pecho agujereado por una bala; y son jóvenes que
p_odrían trabajar, producir, ser útiles. Sus padres son anCl~nos y pobres; sus madres, que por espacio de veinte
anos los han a~ado y adorado como las madres, recibirán dentro de seis meses, ó de un año tal vez la noticia
de que su hijq,_el hijo cria_do con tanto trabajo, con tanto gasto y carmo, fué arroJado á un agujero como nn perro muerto, después de haber sido despanzurrado por una
bomba y pisoteado, aplastado, hecho jigote por las patas
d 0 los cab~ll?s· ¿Por qué han matado á su hijo, á su buen
mozo, su umca esperanza, su orgullo, su vida? No losa- .
be. ¿Por qué?
¡La guerra! ...... ¡Batirse! ....... ¡Matarse!...... ¡Asesinar
~om~res! ...... Y ~ºY,. en nuestra época, con nuestra civilización, con la ciencia y el grado de filosofía á que se cree
llegado el genio bumanu, tenemos escuelas en las que se
aprentie á matar, á matar desde muy lejos, con perfección,_mucha genw de un golpe, á matar miserables hombres mocentes, cargados de familia y excentos de toda
co'ndena judicial.
Y lo I?ás asombroso es que el pueblo no se alza contm
los Gobiernos. ¿Cuál es la diferencia que existe entre las
mona~qnías y las Repúblicas? Lo más asombroso es- que
la sociedad en masa no se subleva á la sola palabra de
guerra.
¡Ah! S~empre gravitará sobre nosotros el peso de antigui1:S y odiosas costumbres, de preocupaciones criminales
de 1de3!! feroces de n_uestros b_árbaros ~buelos, porque so'.
mos an_1m3:les y segmremos siendo arumales dominados
por el mstmto y que nada transforma.
¿Nos~ ha1:&gt;ría apedreado ,í cualquiera otro que Víctor
Hugo s1 hubiese lanzado este soberbio grito de libertad y
de verdad:
«Hoy día lhima.se la fuerza violencia, y comienza ájuzgarse; la gll:erra esrá Pncamiada. 1:3- civi~zación acudiend~ á la queJa del gé_nero humano. mstru)e el procesocrimmal de los conquistadores y capitanes. Los pueblos lle·
gan á comprender que el engrandécimiento de un crimen
no represent,a su diminución¡ que si matar es un crimen
matar mucho no puede ser la CÍl"'unstancia at-enuante'¡

que si robar es una vergüenza, invadir no puede ser una
gloria.
.
«¡A.h! ¡Proclamemos estas verdades absolutas; deshonremos á la guerra'?n
Cólera vana; indignación de poeta. La guerra se venera más que nunca.
Un artista Liabil en esta materia, un matador de genio,
.M. de 1\foltke, respondió un d:a á los delegados de la paz
las singulares palabras que v,in á leerse:
'·La guerra es santa~ imtitucic',ndivina; es una de las sagradas leyes del munao: mantiene en el ánimo del hombre todos los grandes y nobles sentimientos: el honor, el
desinterés, la l'irtud, el ,·alor, y, en una palabra, le impide caer en el nuís asqueroso materialismo "
Llega la guerra. En seis meses los Generales han destruido veiute a.iios de esfuer.ws, de paciencia y de genio.
¡Eso es lo que se llama no caer en el m.ís asqueroso materialismo!
Así, pues, reunirse en rebaños de cuatrocientos mil
hombres; andar de día y de noche sin descanso; no pensar en nada, ni estudiar nada¡ no aprender nada, ni leer,
ni ser útil á nadie; pudrirse de suciedad, dormir en el
fango, vivir como las bestias, en continuo atontamiento;
saquear ciudades, incendiar aldeas; esquilmar á los pueblo:,¡ dar luégo con otra. aglomereción de carne humana,
arrojarse sobre ella, formar lngos de sangre, llanuras de
carne machacada, mezclada con tierra fangosa y ennojecida; montones de cad,íveres¡ quedarse sin brazos ó sin
piernas; perder el cerebro sin provecho de nadie, y reventar en un rincón del campo, mientras vuestros padres,
vuestra mujer y vuestro:, hijos se mueren de hambre.
¡Eso es lo que ,e lla¡na no caer en el más asqueroso materialismo!
Hemos visto la guerra. Hemos visto á los hombres
convertidos en irracionales; enloquecidos, matar por gusto, por terror, por altanería, por ostentación. ()uando el
derecho iio existe, cuando la ley ña muerto y ha desaparecido toda noción de justicia, hemos visto fusilar á inocentes, hallados en un camino y considerados como sospechosos, porque tenían miedo. Hemo visto matar á los
perros encadenados a la puerta de sus amos, para ensayar revólYers nuevos; hemos vistó ametrallar, por distracci ·m, unas v11cas tendidas en un campo, sin razón alguna, por disparar tiros y divertirse.
¡ Es&lt;.1 se llama no caer en el más asqueroso materialismo!
Entrar en un país, matar al hombre que defiende su
casa porque está vestido con una blusa y no lleva un kepis en la cabeza; incendiar las habitaciones de los miserables que carecen de pan¡ romper muebles 6 robarlos;
beberse el vino qm~ se encuentra en las bodegas; violar
á las mujeres que se encuentran en la calle¡ quemar millones de pesos en pólvora, y dejar en pos de sf la miseria y· la cólera! ¡Eso se llama no caer en el más asqueroso materialismo!
¿Qué han hecho para probar siquiera un poco de inteligencia los hombres de guerra? Nada. ¿Qué han inventado? Cañones y fusilería náda más.
¿No ha hecho m,ís en favor del hombre el inventor de
la carretilla, con la sencilla y práctica idea de ajustar una
rueda á dos palos, que el inventor de las fortificaciones
modernas?
¿Qué nos queda de Grecia? Libros y mármoles, ¿Es
grande por haber vencido ó por haber producido?
¿Acaso la invasión de los persas le impidió caer en el
más asqueroso materialismo?
¿Fueron las invasio11es de los bárbatos las que salvaron
y regeneraron á Roma?
¿Continuó por acaso Napoleón I el gran movimiento intelectual que comenzaron los filósofos al finalizar el siglo
pasado?
·
Sí, sí; ya que los Gobiernos se arrogan de tal modo el
derecho de muerte sobre los pueblos, nada de particular
hay en que á ve~s los pueblos se arroguen el derecho de
muerte sobre los Gobiernos.
Se defienden, están en la razón. Nadie tiene el derecho
absoluto de gobernará los demás. Sólo puede ha&lt;:t!rse en
bien de aquellos á quienes se dirige. Sea quien fuer.i el
que gobierne, tie11e el mismo deber de evitar la guerra
que el capitán de un buque el de evitar el naufragio.
Cuando un capitán ha perdido su nave, es juzgauo y
~onden~do si se le reconoce culpable de negligencia ó de
rncapacidad.
¿Por qué no juzgar á los Gobiernos que declaran una
guerra? Si los pueblos lo comprendiesen; si ellos mismos
hiciesen justicia de los poderes mortíferos; si se ne¡m11en
á dejarse matar sin ra1.6n; si empleasen sus armas contra
aquellos que se las dieron para matar, aquel día haoría
muerto la guerm...... ¡Pero ese día no hade llegar!
G. deM.

EL THREE FRIENDS.

�DOMINGO 1'&gt; t'E ENERO DE 1897

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EL MUNDO

DOMINGO 10 DE ENERO DE 1Sg7

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(V6aac el Articulo ralatlvo.)

�DotllNGo·,o DE E"t!·t&gt;· OE i8sn

EL MUNDO

22

DOMINGO

EL SPORT DE MODA:
1

DAMAS FLORETISTAS.

Hace pocos años aún el
Bp&lt;rrt en México era algo exótico de lo que tales y c~a~es
individuos que habían via¡ado por Europa, tenían sólo
noticia. Viósele después con
•.
cierta prevención, como tarea de desocupados, impropia de gente seria. I.a prevención y el desagrado aumentaron cuando el entusiasmo por los diversos ~jercicios deportivos extendió su
esfera de acción á las mujeres, y los moralistas adustos
y-los teorizantes rígidos lanzaron su anatema ,sobre las
jóvenes que con el apasi~namiento de la edad y cautivadas por la hermosura de los
ejercicios físicos, dedicáronse ó. ellos. .
.
.
Hubo qU1en ¡uzgase mcompatible la delicadeza y
recato de una seíiorita con
su dedicación á los pasatiempos deportivos Y. la despe~tiva palabra manmacho salió
de'muchos labios que se plegaban desdeñosamente.
Han variado los tiempos
desde entonces. Em.pezóse
por pensar que dadas las ac--·"'=::A•
tuales condiciones físicas de
~
~
las razas, de la latina sobre
todo, que es la última flora~~
ción pomposa de una rama
próxima á marchitarse, era
-mdispensable para restablecer el roto equilibrio entre el
sister¡my la parte moral, la
regresión á aquellas hermosas costumbres de los antiguos que daban al César lo
que es del César y á Dios lo
que es de Dios, es decir, su
adecuado pasto al intelecto y
su pasto no menos adecuado
al cuerpo cuyas energías acrecían los juegos atléticos
en el glurioso curso de las
heroicas olimpiadas. Fueron
aquellas razas duras á la adversidad y á la lucha, y así
potentes para &lt;'~grimir las
armas en la batalla como para contender en la liza de las
escuelas filosófiras.
I.a fuerza, la belleza de la
forma, las ciencins metafísicas y las ciencias natµra!es
fueron, con la pot&gt;sía línea
y el poema grandioso, sus
cultos, y no descuidando ni
el justo tributo al espíritu
ni el justo tributo á la materia, conservaron la sana
alegría de vivir, de sentirse inteligentos y ágiles, alegrfa
que ,y,n•t!~·1.ye u~o de los más hermosos dones de Dios y
que después perdieron los humanos.
Más substituyó el Dios de sacrifüio y abnegación á los
alegres dioses del Olimpo enamorados de la plástica, que
apuraban con sus divinas cónyuges el rico jugo de las vifías en los banquetes célicos. Predicaban los sacerdotes
el advenimiento y el reinado de un Dios lleno de dolores,
muerto en la cruz, al cual debía imitarse, y la alegría
emigró de la tierra y al hambre .de vigor substituyó el
hambre de penitencia. Empero la guerra siguió siendo
la ocupaci6n predilecta de los pueblos; se peleaba por un
ideal nuevo, pero se peleaba en fin y los penosos ejercicios que las grandes bregas épicas exigfan, continuaban
vigorizando los cuerpos, continuaban criando atletas. Llegó empero un día en que Ja faz de las cosas volvió á cambiar. La ávidez del placer se apoderaba más que nunca
de los ánimos, la literatura aguijoneaba las imaginaciones, la orgía mataba las virilidades y una reina pálida,
una triste desconocida, la Neurosis, extendía por doquiera su f(inebre imperio. A la moda de ser fuerte substituyó la moda de ser debil, de languidecer el~ntemente
y hubo lozanas hembras que recurriesen al vrnagre para
atenuar los frescos colores de su tez y que anhelasen la
tisis como aristocriítico desenlace de una vida valetuciinaria de palpitante actualidad.
Nuestra generación es hija de esa generación que se
-desesperó con \Verther, que blasfemó con Don Juan, que
se embriagó con Musset y lloró :ficticios dolores con Espronceda. Nuestro&amp; padres y abuelos derrocharon la herencia de salud y de vigor que les cupiera en suerte, y como en la vía del derroche nadie se detiene, dilapidaron
también la nuestra y henos aquí á los latinos vueltos
unos mezquinos seres, cuyo cerebro at-0rmenta la anemia,
cuyos nervios azota la neurosis, cuyo estómago mata, la
dispepsia: míseros legatarios de unos capitalistas que hicieron derroche de la herencia de centenares de genera,.
ciones...... Henos aquí, hombres impotente~, mujeres
anémicas, procreando para dar al mundo un continuente
impuro de mezquinos -seres......
ºI.a considerarión de tal miseria debía acabar por influir en los animos y lo consiguió: el único remedio esta. ba en el ejercicio fícico, en respetar de nuevo los fueros
de la naturaleza y los moralistas austeros acabaron por
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Es reina del mundo. Sin perder su belleza ha conquistado
la fuerza; b:i.jo S? enagüilla
negra a van za hrpierna firme,
y bajo su~ hombreras los brazos redondos se extienden
potentes.
Aun no se ha desvanecido
en sus labios la sonrisa que
saluda, aparece una morena
. vestida de la misma suerte é
igualmente esbelta y gallarda, y el a."alt-0 da principio
con el encantador preliminar
de la m1m1lla. Manos fuer~
tes son las que i;;ostienen l~s
aceros, q ne ya avanzan, ya se
inclinan, ya se levantan, ya
culebrean como centellas, ya
chocan chispeando. Por los
rostros corre el sndor, brillan
los ojos, el rosaestallaen las
mejillas y en los labios.
.
Hay en rededorungrans1lencio alte:rado sólo por el
chasquido de lashojasdeaceero ó por el «tuu,che» pronunciado breve y secamente por
alguna de las contendientes ........ .
Cuando después de saludarse clavan sus floretes en
tierra, es uno é indescriptible
el ¡hurra! que cien bocas rosadas de espectadoras lanzan
al-viento.
Las dos divinas amazonas
desaparecen tras el pesado
purtie:r y las substituye una
más, sola, sonriente como
ellas. Esta entrégase á ejercicios de florete y á gimnasias diversas con no menos
atingencia y brío. Clava la
punta de su acero en el blanco movil, alardea de firmeza de pulso y á cada triunfo
saluda.
Y surge la contendiente
mefistofélica, vestida de rojo retador, que lidia con ella
y que tras poderosos asaltos
reposa olímpica con la espada en la diestra, y á ambas
reemplazan dos nuevas luchadoras que, disputándose
el premio de la fuerza, se agitan sin descanso hasta que
rueda una, vencida, á los pies
de la otra..... ... .

*

EL "SPORT" DE MODA.- Tregua.

deponer el ceño adusto, y el sport visto antes de reojo
penetró triunfante en las costumbres.
A la amazona gallarda que paseaba su anemia por las
alamedas en alas de un brioso troton, substituyó la ciclista esbelta, enemiga del reposo. Vino con esta la patinadora ágil y donairosa, asomó después la miembro de un
club atlético y llegó por último la esgrimidóra. El hombre que habfa ya recorrido estas etapas, enamorado nuevamente de los colores sanos y de las formas robustas,
tendió la mano á la compañera de su vida y la ayudó á
iniciarse en la gran vía de la regeneración.
Y ahora........ .
El invierno llega envuelto en sn jaique de brumas,
blanqueando prados y matando savias y hojas ........ .
Mas no veréis por eso á la elegante señorita, hundida
en somnolencia vaga en el tibio rinconcito del budoir.
Mas que buscarla ahí para el /t'/e á téte confidencial que
cuchichéa entre sorbo y sorbo de té, venid conmigo, lectores, y os mostraré un espectáculo del todo nuevo y cautivador.
Dónde eetamos?
En México, en Paris, en Nueva York.?
Pschel Qué importa! Donde querais.
Es un salón espléndidamente :.luminado. A lo largo
de un muro corre una ancha cinta de madera, especie de
plataforma que deja una zona paralela donde hay alineados numerosos asientos ocupados todos por encantadoras
damas.
En los muros, grandes trofeos de armas rutilantes. En
sitio preferente del fondo del salón un estrado para jueces con faldas, y cerca de él una puertecilla velada por
elegante portier.
Vibra agudo un timbre y el po11ier se le,·ant.a y una
j6ven alta, divinamente esbelta, vi~tienclo sencillo pero
hermoso traje de esgrimidor-a, avanza y se coloca enmedio de la plataforma sonriendo bajo la rejilla de su visera á los aplausos entusiastas de la concurrencia. No esya
la anámica marquesita á quien el melenudo doctor del
ano de 30 recetaba reconstituyentes. Es una rozmro.nte
rubia, á través de cuyo peto blanco en el que se d~taca
un corazón, late el de carne, -pletórico de vida. Calza
guante mullido de asalto, amplia manopla que arroja al
suelo con garbo. Quítase la VIsera y sonríe complacida.

**
¡,Fantástico'?
No por cierto, lectoras
mías; la esgrima gana terreno entre el btlllo sexo, y en
México mismo hay en la actualidad hermorns y distinguidas damas que son sus
devotas.
Por lo demás ( y esto os lo
digo confidencialmente) no
sólo fortifica, no sólo vigoriza y distrae...... es enemigo
de la obesidad, como podéis verlo por las siguientes líneas de una pluma verídica, que he separado para vosotras:
Jacquarina, la famosa profesora de florete y sable, en
uno de los clubs atléticos de Chicago, dice que cualquiera
mujer gorda que quiera perder la obesidad, no tiene más
que dedicarse á la práctica de la esgrima.
La simpática tiradora es esbelta, bien formada, no parece pesar más de 140 libras, y sin embargo, pesa 193.
Nada le produce cansancio, nunca ha temdo un dolor
de cabeza; su cutis tiene la suavidad de la seda y la blancura del mármol, y sus mejillas están teñidas de suave·
carmín.
Jacquarina nació en la Baja California, y desde muy
nifla gustó de los placeres del sport. Ha tomado parte en,
muchos asaltos con muy buenos tiradores, y la Yictoria
ha estado siempre de su parte.
Actualmente se prepara para un asalto con el capiMn
Javier Orlofsky, excelente tirador del ejército ruso, siendo la apuesta de mil pesos.
-l;a e ~ es el mejor ejercicio para la mujer-dice
Jacquarina-y dedicándose á ese género de .~p&lt;1rt, se evita
la mala conformación del pecho ó de la espalda. Lá esgrima hace á la mujer graciosa, bien formada, sana y elegante; hace la respiración fácil y evita las desagradables
arrugas que algunas veces aparecen en la boca y en la nariz. Una mujer que tira el florete, economiza seguramente dinero en polvo y colorete. En una ocasión visité una
escuela donde había 300 muchachas, todos las cuales se·
dedicaban al ejercicio de la esgrima. Ni una sola de aquellas jóvenes tenía el semblante pálido ó los ojos tristes.
Todas tenían muy buen color; estaban muy robustas; en
:fin, rebosaban salud.
Cuando cumplí nueve años-continuó Jaoqnarina-estaba yo tnuy delg.ada, muy pálida, parecía que estaba yo
amenazada de tísis. Los médicos recomendaron á mi madre que me mandara al Sur, á pasar el ill\'ierno · pero mamá dJjo que nó; que con ~ esgrima me iba á 'curar. Y
efect1vamente, antes de seIS meses estaba yo en vías de
restablecimi!lnto. Mire usted, tiente aquí, no le dé pena_
Tpda soy musculos, y por más que usted quiera no podr,í darme un pellisco.
'
Miss .Jacquarina tiene una academia para señoritas, á.

•

10

DE ENE.~R=O~D:E~•:_:8::9!7========,;===========E;,,,L=M=U=N=Il0
=~======="==================:a
=3~

Al darse cuenta de esta
particularidad, se retira,
miray sonríe......
.
La herida que habíá
besado, inocente, era, vista á travéz de las transparencias de la camisa, la rosa tinta del seno de Marieta..... .

h-::--"=

• 1

¡_

}~':I-

•. ,,:·~\ ~;~ ~ 't. ~- .

-....ot-

Una

cueatión impor•
tante.

El doctor Audiffreut,
uno de los continuadores
de Augusto Comte, ha
consagrado al desarme
universal un estudio interesante. Un periódico
de San Petersburgo no
vacila en asociarse sin
restricciones á la idea de
la neutralización de Alsa...
cia-Lorena.
.Ese periódico admite
r:, "'
con el Doctor Audifftent
; ,~
:; .....
que al estudiar los antece,''ff:_..." ~
dentes hisóricos y las cos' .. ~· ¡~) ;;. ,,
tumbres de los pueblos
anexados á Prusia en 1817,
~~";-1-~:;....
se ve claramente que Alsacia ha sido siempre una
de estas pequeñas nacio- .........-~-....
nalidades con caracter
acentuado y vida propia.
bi-las -necesidades- defensiYas que presidieron
~~
·'
"
""i""
á la form!lción de los gran......-- J;.,,.,.
des Estados han impedi....
ho á veces el respeto á la
autonomía de las peque,
\.--~ .,. :.
íias nacionalidades, tal
·.'/,\''!.----vez ~ea llegado el tiempo
en que la conveniencia general vea en ese mismo
f~respetó la garantía de una
paz duradera.
Así se llegaría á suprimir en la política europea
• ' ... h•-••, , .•,;,r, ... ,.,., •~" ,..., ..
un factor de ininteligen,
cías y odios y·nna fuente
EL "SPORT" DE, MODA.-En guardia.
perenne de conflictos internacionales..
Es indudablemente un síntoma que verán con buenos
la que asisten más de 50 jóvenes de la mejor sociedad de
Chicago.
ojos los hombres de progreso, la difusión y la aceptación
La simpáticafeacing mistre.qs, dice que vale más un mes generalizada caba vez más de estas ideas antes considerade esgrima, que cien botellas de Emulsión de Scott.
das como paradojales y absurdas.
~

r~

.

~~:-;

•

rante 160 6 180 añ~ nos ha tenido engañados como á mi•
serables chinos.
Dijo y afirmó el célebre escritor francés que el elefante
no reproducía mientras estaba cautivo, y ahora salimos
con que una seil.ora elefantina, que no tenía mucha más.
libertad que la que gozan las oposiciont&gt;s en ciertas provincias de ciertos países, y algunos periodistas independientes de otras ciertas localidades rurales, ha dado á luz
un pelón, y digo pelón, porque, según he sabido, el E!lefante es en los paquidermos casi lo que el célebre Cristmo
Marto¡¡ era en la raza de los de¡¡cendi.:ntes de Adan, un
barbilatt1piil.o.
No he de ocuparme, ciertamente de los usos y costumbres de estos apreciables paquidermos, por más que
su vida pacífica y honrada lo mereciese, y much9; no:
este no es un párrafo de Historia Natural, ni á mis lectores les interesaría mayormente el que yo les contase lo
que de sobra olvidado tendrán, respecto á ese animal que
si en la antigüedad fué casi un semi-dios, hoy sirve para
que con sus defensas nos entretengamos, eehando unas
carambolas y haciendo un casin.
Quiero, unicamerite, apoyándome en un artículo que
encuentro en La Nature, desvirtuar la opinión erónea del
primero de-los naturalistas franceses y volver por la reputación y dignidad de nombre del elefante, que lo IDÍs,.
mo en la soledad de los bosques como emnedio del bullicio de las ciudades, cumple con ~l precepto evangélico:
crescite el multiplicamini.
.
·
¡Pues no faltaría mas, sinó que la dura suerte del cautiverio le obligase á perder su nombre, á extinguir su raza teniendo que pasar á la historia como ha p~ado el
megaterio y oros animales prehistóricos: en calidad de
estampa zoológica,
.Dnm lex sed lea:: Dios lo creó, Noé lo recoleccionó, y el
paquidermo sigue cumpliendo á mara.villa su ruisión.

~f.;~::

_M&lt;#""

···i;f
f

MUERTE DE UN NIKO PRECOZ.

.••

.

*

**
¿Ya lo veis?
Valía la pena de que EL MUNDO os ofreciera. los hermosos grabados que encuadran estas lineas y ahora, para
concluir, ahí va un primoroso cuentecillo de Catulo Méndes que parece escrito para remate de notas como las
pnlsentes:
Y resolvieron, 1.1arieta y Mariana, terminar la querella
con un duelo ,í muerte. ·
La situación era por demás insostenible.
Puesto que el amado no quería renunciar ni á la una ni
,í la otra. (¡Oh! cuánto le elogio y le envidio...... ) y puesto que no· podían resigna~e á la cruel compartición, lo
mejor era recurrir á un término sangriento.
A )Iariana ó á l\farieta pertenecería por entero el viudo de Marieta ó Mariana.
¡Todo está acordado! ¡Armas, el florete! ¿Sitio? este
mismo bud&amp;ir; testigo, la Providencia; y por padrinos,
las imágenes de las dos combatientes reproducidas en los
efpejos de Venecia, enguirnaldados de verdes ramas donde se ven las colombinas besar las máscaras de arlequín.
J◄:n un instante estuvieron desvestidas.
Mariana no conservaba más que su fina camisa de Alenzón y su pantalón de seda azul.
En guardia....... .
Las hermosas combatientaa se consideraron antes de
cruzar los aceros, y se encontraron, con los hombros y
brazos desnudos, bellas, deliciosamente seductoras!
¡Oh! y una de ellas, dentro de un momento, estaría
eonyertida en forma inerte y fría, á la que ni aun los besos harían estremecer!!
A causa de su misma belleza, la rabia les llenaba el corazón, aunque menos violenta en Mariana, que admirando ·í su adversario reflejaba en sus ojos la ternura.
Eu guardia..... .
Cruzados los hierros, el combate empezó feroz, encarnizado, encantador.
L,,s diIDÍnutos pies calzados con elegantes pantuflas
golpeaban el tapiz.
Los inflamentos producidos por el aire exageraban la
anchura de los pantalonee.
Los brazos de nieve y rosa se tenq.ían, y el resoplido
de las gargantas anhelantes se oía.
¡}1ari:ma lanzó un grito!
Había creído ver sangre en el pecho de su rival.
:--in duda la había herido: matado tal vez..... .
Lanzando el armase precipitó sobre Marieta, y llena
de arrt&gt;pentimiento se puso á besar, llorando, la herida
qué había ocasíonado.
Puede ser pensase ella,_á causa de ciertos recuerdos de
lectura,. que cu.raría_á..su víctima, aspirando-Ja ·sangre de
lá herida!
Y su creencia en la eficacia ael -remedio ~robu...c:t.ecía
ar obse:rvarque.. Mari.eta ·áét.ualmente parecía no experin,entar dolor alguno, respirando á gusto, un poco
fuerte.
U na cosa sola sorprendía á Mariana, y era el no sentir
bajo sus labios la humedad de la sangre.

Procreación del Elef"ante,
¿De quién va á fiarse uno, ei hasta los príncipes de la
ciencia nos engañan?
Buffon, con Plinio el joven y Linneo, es el naturalista que con más renombre ha pasado á la historia, y du-

No ha muchos días falleció en Springfield (Illinois,)
E. U., un niñito, hijo de los esposos Tilson. Este niflo.era nn prodigio. Aunque-no tenía sino 16 meses su
estatura era de tres pies ingleses, y su peso de 57 libras y
ya sabía hablar.
ERRORES EN LOS 00:IIPUTOS.

El cósto del canal de Manchester se calcul6 en. ···••d·
$28. 750,000, pero se habían gastado cerca de $80.000,000
antes de que estuviera listo para utilizarse.
La comisión internacional informó en 1856 que el costo del canal de de Suez no pasaría de40,000,000; pero había costado cerca de $94.500,000 sin contar la construcción gratuita por el Kedive de Egipto, de Faros, la limpieza de puertos, dinero adelantado sin devengar interés,
y donativo de trabajadores forzados, que por todo montó á $20,000,000 más. Los ingenieros estuvieron un año
entero recogiendo datos para su informe sobre el ferrocarril en el Congo, (Africa). Dijeron 9.ue se podría C'Onstruir la lfnea por $ ó.000,000. Ahora dicen que se necesitará de 12.000,000 á 15,000.000.
Los equivocados cálculos sobre el costo.
del canal de Panamá,
por poco hacen fracasar la empresa antes
de que el robo por mayor completara su ruina. Las fortalezas del
río Meuse, :gresupuestadas en $4.500,000,
costaron más del triple de esa cantidad.
El canal de Corinto
'Í J
costó $12.000,000 en
I /'
vez de los $ 6.000,600
!
que se había tenido
·'
por suficientes para el
caso. Un puerto y 1m
camino de hierroen la
\
isla de la Reunión consumieron $13.000,000,
cuando el costo se hab r.Qa ocultado en
$6.800,000. El ferrocarril del Senegal que
debía completarse por
$ 2.600,000, absorvió
$9.000,000, y el otro de
Langson en .Tonquin,
Asia, que no debía de
pasar de medio IDÍllon de pesos, costó
á la Tesorería de Francia $4.367,790.

\

.

:':¡;~

..

EL" SPORT" DE MODA.- Vencida!

Las setent.a. y dos razas que habitan el
mundo se comunican
en 3004 lenguas diferentes, y profesan como 1000 religiones. El
número de hombres y
mujeres es casi igual,
y su longevidad media
de 38 años; como una.
tercera parte de la población muere antes,
de alcanzar 17 años.

�DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

==

~a apctecsis de $aralt {@Hnltardt.

&amp;l Jtom~no_ge ae los poetas.
El Brindis de Victoriano Sardou. (Véa~e el artículo relativo)

25

�EL MUNDO

DOMINGO 10 DE ENERO DE 18971

sobre su lira. La araña como una mmensa ploco; multitud de zancudas costado
mada de cristal se descolgaba largamente .del techo, y
de espigados tarsos salta- cada
vez que u~ carruaje estremecía el salón con su esban locamente persi- candalt
,so rodar sobre las piedras de la calle, interrumpía
guiendo langostas de río; el
silencio con el tintineo de sus prismas ~onoros..El r~una nube de pajaritos de
Pleyel, abierta su bocaza !1e made~, reíasm rm~ua se abatía sobre los quísimo
ribazos ó erraba á flor do haciendo ju~ar sobre su 1 ~ hilera de dientes ese átomo de luz que siempre existe disuelto en t&lt;?da &lt;:bscur~dad.
de agua en vuelo sesgado Parecía
una inmensa cabeza de hptentote nsueno. Le3anos
y raudo, y esparcidas al relojes daban
campanadas cuyos ecos se colaban por lasaca.so, como flores vivas junturas de puertas
ventanas, y resbalando sobre la alde la fauna acuátil, estó- fombra de Bruselas X
iban á perderse en las demás habitalidas y pensativas, er.
guíanse á lo lejos las gar- ciones. Luego...... nuevamente el silencio.
Dieron las tres, y una de las puertas se entreabrió y pezas de cuello enhiesto y netró
en el salón una sombra, lentamente, arrastrándoselírico, garzas blancas, garzas azules, gartas rosa- como un gnomo curioso que camina con precauci6n para
das, garzas morenas de no hacer ruido. Subió al piano, y caminando .sobre el tedelicioso tono plombagi- clado, P,rodujo una escala im~rlec~·t;, Probableme~tt: le
no, todas hermosas, indo- disgustó al gnomo su poca disposic10n para la mus1ca,
porque inmediatamente se .alejó y fué á esconderse á un&lt;&gt;
lentes y solitarias.
En el cielo nublado es- de los sillones.
Poco después se estremeció el aire encajonado del salón.
plendía una encantadora
semi-luz de luna. Las nu- con unos ruidos extraños que venían del sitio en que sebes desenrollaban hasta había ocultado el gnomo: un frou-frou constante y desesel in finito su ropaje de li- perado, sollozos ahogados, gritos de dolor que se revolno gris, y la claridad hi- vían en un gruñido sordo. Se hubiera creído que el gnoperbórea daba una seme- mo, herido de muerte, se revolcaba sobre la seda en una
janza de ensueño al pai- agonía lenta y dolorosa.
Dante hundió su mirada de águila en la obscuridad y
saje. El golpe del ala del
viento fresco deshebraba Petra.rea levantó la cabeza; pero no se veía nada. El silos rizos hechiceros de las llón estaba á sus espaldas, y en la imposibilidad de ver,
jarochas y la contempla- volvieron á su actitud meditabunda.
En la habitación· contigua una muchacha, rubia como
ción había dado á sus ojos
una tristeza apasionada y los trigos, estaba en un lecho adornado con angelitos,
á sus bocas bermejas una temblando de miedo. Se despertó á los gritos del pianodulce sonrisa. Su alegría mortificado con las pisadas del gnomo.
-¡Oh, Dios mío! peffsó; ladrones.
había huido. Se diría que
Y se quedó fría, inmóvil, conteniendo la respiración,
su espíritu se había inundado de la diafanidad de sin atreverse á hacer el menor movimiento para no atrae~
las aguas y su pensamien- la atención de fos ladrones. ¡Si se movía, la matarían patode la inmensidad del ra que no avisase!
De pronto llegó á sús oídos un prolongado gemido, excielo..... .
Los viajeros iban tam- tra.humano, como los que la imaginación popular supone
bién silenciosos; cada uno que salen de los labio., de las almas en pena. La mu()hase había trazado un rum- cha se estremeció, presa de indecible espanto; quiso gribo al vuelo de su imagi- tar:
-¡Abuela, abuela...... luz ...... están penando en el sanación, y embebecía sus ojos en la hermosura lle las coTRA..VESIA EN EL PAPALOA..PAM
sas sin alma, en la perenne belleza de las salvajes- ve- lón!
Pero se le ahogó la voz, movió los labios; mas la lengas Las costas cantaban el poema de la vida inconscien[De mi novela "Sangre jarocha."] te, el abrevadero de la savia y la lujuria de las fuerzas ple- gua ni la garganta quisieron obedecerla. Con los cabellos
tóricas que suben en un empuje poderoso á la cima de erizados y los ojos desmesuradamente abiertos, esperaba
Cuando me embarqu¿ en Alvarado, á bordo del Tenoya, los cocoteros y brotan como pubertad de la flora en gra- á cada segundo sentir la impresión de frialdad de una calavera que se acostara S(_)bre su misma almohada; veía en
pequeño vaporcito de río, el ciclo estaba deliciosamente nos gigantescos henchidos de agua aljofarada.
Las jarochas entrecerraban sus ojos soñolientos; inun- el aire canillas que se cruzaban, largas túnicas por cuyas,
nublado. En el embarcadero se agitaba una multitud de
boteros, jur·ando con su gracioso ceceo jarocho, embar- daban su imaginación voluble de la sensación fresca de mangas voladas salían brazos y manos óseas. Aterrorizacando fardos y pasajeros en lo:, vapores que atracaban en las brisas impregnadas de rocío, y al ir desapareciendo da se tapó la cabeza y se estuvo así, escuchando gemidosel calor sofocante de la tarde una deliciosa laxitud ener- y rodeada de horribles visiones, hasta que por el tejido deel muelle.
Cada uno fué zarpando lentamente, creciendo en velo- vaba sus cuerposJ desmayados de haber bailado toda la la sobrecama vió colarse un estirado rayito de luz matinal como un alambre de oro.
cidad á m(:dida que se alejaba, hasta doblar la rada y noche ..... .
Se diría que al reclinarse unas en las otras, fingían
desap:.uecer. Solarnent,e el TPrw1111 se había rezagado, coEran l~s seis de la mañana. Se aestapó medrosa ,aún,.
mo esperando algo. Y en efecto, una alegre banda de abandonarse al abrazo amado y descansar sobre un hom- pero poco á poco se tranquilizó: de día las ánimas en pen:mchachas bajaba ,í la playa, agitando sus chales vapo- bro joven al ritmo de la música.
na vuelven al cementerio. A las siete su abuela, una vieSúbitamente nn estremecimi"ento corre por mi espina jecita de andar ligero á pesar de sus setenta años, estaba.
rosos á semejanza de nna parvada de gallináceas blancas
dorsal y ~e produ~ frío: una de lru, jarochas, enfermiza- ya levantada y caminando por toda la casa.
que huyeran :.í. flor de agua con las alas abiertas.
Pedían por señas que el barco las esperara y llegaron mente pálida, de o¡os negros como el mal y tristes como
-Buenos días, hija, iá levantarse!
parloteando y riendo, dando las gracias al patrón por su el hastío, me mira, me mira, hondamente, lntensamente,
-Buenos días, abuelita, contestó la·linda rubia, besanamabilidad, y subiendo velozmente, sentáronse en las esplen!1orosamente, con sus ojos .de tísi~, sin pestañear, do la mano de la anciana.
·
bandas de estribor y partimo~. Y-olvían de un baile á abstrmda y soñadora, y aquellallllradarumbada de intenTenía la muchahca quince años y unos labios frescos y
Tlacotalparn y todas est11ban deliciosamente tocadas, con sas ojeras parece decirme:
rosados, bajo los ,iue había una nidada simétrica de per-¿Quién eres tú? de dónde vienes? tan joven y tan pen- las.
sus cabelleras negras 6 rubias empenachadas sobre la nu_Sus senos virginales, duros y redondos, comenzaban,
ca, ó caracoleando en crenchas sueltas por la es,palcla. Hus sativo, á dónde vas? ..... .
darla aspecto de mujer y levemente levantaban la alb a,
Y· una oleada de alegría cunde de pronto, una agitación ácamisa
trajes eran vaporosos, blancos ó de matices pálidos, y calde dormir, menos blanca que su piel suavísima.
invade el Teno¡¡a, los viajeros se aprestan á recoger sus El miedo
zaban primoro~os za.patitos de raso blanco.
y el insomnio de la pasada noche habían dejaSus manos estaban cuajadas de cintillos y en sns bra- fardos, sus cestos llenos de cocos y racimos de plátanos
una línea azulada bajo sus rasgados ojos de cielo. La•
zos lechosos y mórbidos, descubiertos ha~ta el codo, lle- una algarabía de aves que se despiertan garrulea entr; do
not(&gt; las ojeras de la doncella y se lo dijo; ella iba
vaban brazaletes de coral y dé oro. La fatiga de la carre- las jarochas, un silvidoagudo del vapor me hace volver abuela
la cabeza y miro nn puertecito pintoresco empenachado á referirla lo de las penas, pero se contuvo: sabía que su,
ra había encendidos sus palmitos casi siempre pálidos, y
se abanicaban precipitadamente con abanicos de sándalo de cocoteros, puesto en la bifurcación del 'Papaloapam y abuela se reirfa de sus miedos y no la creería ..... .
Levantóse, y después de bañarse, entró en el salón á
y palmera. Su parloteo se hizo vivaz y melodioso; contá- el San Juan ~omo u.n palomai: al marg1;11 del agua,'y sienbanse sus prisas para despedirse, sus ansias por no per- to un J?lacer mexplteable al .01r este gnto que me anuncia repasar una lección de piano ..... .
El salón estaba claro, muy claro. Grandes haces de luz.
der el vapor, y al oír algún detalle cuchicheado, sus ri- un oasis:
se precipitaban por las ventanas teatinas en el afán de pe-iTlacotalpam!
sas sonoras volaban gozosamente entre el jadear de la
netrar todos á la vez. Luego se desbandaban sobre lo&amp;
máquina que hacía rehiletear la hélice entre las olas verRuBEN 1\1. CAMPOS.
muebles haciendo brillar la seda. Los espejos se hacían
des........ .
todos ojos y, ansiosos de ver, reflejaban en las lunas veIbamos entonces á doblar la rada y contemplamos las
nencianas los buques chinos, las mesas, las chucherías
gigantes olas del Atlántico levantar estallantes copos de
que llenaban los chineros, todo, todo cuanto podía caber
nieve al chocar contra la corriente del río. \'iramos á
en sus colosales pupilas. Dante, bañado en esa inundación,
babor y apenas pude ver los buques que nos habían prede luz que daba tintes y brillores amarillentos á su gran
cedido, perderse como pequeñitos pájaros de mar que se
túnica de bronce, continuaba en su actitud hierática, con
zambulleran en las aguas.
el índice recostado en su labio inferior, y Petrarca se preLa brisa errante del mar acariciaba mi cabeza que haparaba á tañer la lira. Sobre los cuadros de las paredes,
bía descubierto, y me eché á soñar en medio de las risobre las alfombras y los muebles celebraban la fiesta de·
sa.'! de las jarochas........ .
La vegetación iba acumulándose prodigiosamente en
la luz, la apoteosis del Sol, una infinidad de espectrillos
las márgenes anchurosas, y la lujosa flora de la tierra casolares despedidos de los irisados prismas de la araña,
liente abría su palacio encantado de selvas vírgenes esque revoloteaban inquietos como alegres pajecillos de
MIEDOS.
trelladas de flores. Los cocoteros erguían sus pebeteros
Febo vestidos con túnicas policr6micas, en tanto que el
desmayados de savia, los plátanos salvajes bebían la vipiano, con la risa congelada, dejaba juguetear francamenda y la desplegaban en radiados alfanges.verdes, y la mute sobre sus dientes de marfil la luz que se precipitaba dechedumbre de lianas que abrazaban locamente los tronEl sa16n estaba obscuro, las ventana ..... .
cos de millares de árboles desconocidos v verdehermosoe
muy obscuro. Los espejos
Entró la rubia con la cabecita despeinada y humeda,
,
semej~n~o su ramaje la malla !mpenefra~le hilada po~
cegados por la obscuridad de la que caía sobre sus espaldas una muda catarata de·
los ar.1cmdos, danzaban en el viento, meciendo sus guirno reflejaban en sus colosa- oro. Había olvidado ya sus terrores y sólo pensaba en, .
naldas floridas como hamacas flotantes en que durmieran
les pupilas los buqes chinos repasar su lección: una linda melodía de Godefroy, que
las hadas del hechicero río.
de marfil, los dorados mue- debía saber á las once, cuando viniera el profesor. Se·
Las olas irisadas de luz fosforescente rielaban en pebles, las sedosas cortinas
sentó en el banquillo de altura variable recorrió el teclaqueñas escamas doradas y plateadas, como ramificaciones
ni las caprichosas licorera~ do y comenzó á brotar del marfil un rau'.dal de armcmías•
centelleantes que corrieran sobre un haz de luz verde y
y chucherías que adorna- encantadoras. ¡Oh! el hotentote estaba contentísimo, y·
·, ·~
se espaciaban, se multiplicaban en innúmeras trasfordiaban los chineros.
al sentir la caricia de esos blancos dedos diminutos y ágiciones hasta lamer los estrechos ribazos de lég-amo negro
En la puerta del salón, les rompía en la más-melodiosa de sns risas.
y · ¡,&gt;
en el qne había estampadas las huellas de millares d~
como dos hujieres medioe.-¡:Miau! ¡miau! ~yó la rubia á sus espaldas, y giró ráa,·es acu.!ticas.
vales, estaban refle:i.-ionan- pidam~nte¡ luego dió un grito de repugnancia y sorpresa,
En los girones de isletas salpicadas de nenúfares, entre
do, de pie sobre sus pedes- y corrió gritando:
~l verde brillante de las algas henc~das ?-e agua y los
tales de mármol envueltos
-¡Abuela! abuela, venga usted á. ver!. .....
Jw1cales apretados de saetas como m1eroscopicos tulares
en la ~ª8:1' .intangible de las tinieblas, Dante, ~n su actiSobre el s1llóJ_1 estaba echada una gata dirigiendo ií to-corrían la~ 7,arc('t:1s grises y los mirasoles de buche blan~ tud h1eratica! con el dedo sobre los labios, y Pctr.m.:a redas partes la mirada de sus redondos ojazos amarillos-

-·~~

EL MUNDO

DOMINGO .10 DE ENERO DE ,897
· = == = == = = = ==

Tres gatitos con los ojos
cerrados; grises, cabezones, estaban prendidos por
el hociqtúllo rosáceo de las
hinchadas ubres de la ::llirriña.
Regresó la rubia con su
abuela y una sirvienta. La
señora refunfuñó, riñó á
la !,,1irril1a por sucia y sin
vergüenza, como si la gata
pudiera comprenderla; la
amenazó con arrojarle los
hijos á la alcantarilla, y á
punto seguido la buena
viejecita ordenó ií la sirvienta que la llevara á otro
cuarto, con sillón y todo,
para que no se maltrataran
los hijuelos. El lujoso
asiento de valiosa seda y
talladuras trabajosas sirvió en adelante de lecho mullido
á la ::lfirriña.
Sigui6 la doncella tocando su melodía de Godefroy,
después del incidente. De pronto, la idea de la gata se
asoció al recuerdo de las penas y terrores que no la dejaron
dormir: entonces se sonrió, y dos hileras de perlas se reflejaron en la charolada caja del piano,
CLEME.l;TE p .AL..'1A.

·=---=-~

na con gran exactitud y fría cortesía, pero sin cólera y
sin denuestos.
Los·seis desgraciados que la suerte había señalado, fueron entrl!gados á las cinco de la tarde y encerrados en la
sala de la escuela, en el piso bajo de laalcald:a.
El oficial prusiano autorizó al Cura para q ue les llevase
los consuelos de la Religión. -Tenían las manos atadas ,í
la espalda, y una misma cuerda unía los piés de todos.
· El sacerdote encontró á todos aquellos hombres en tal
estado de postr-aci6n, que apenas comprendían sus palabras.
Dos de ellos parecían sin sentido, otro era presa de la
fiebre y de delirio. Al extremo de la cuerda, con la cabeza erguida y serena en apariencia, había un hombre de
cuarenta años, y padre de cinco uilios, de los que· era el
t1nico sostén.
Al principio escuchó cort resignación las :palabras del
sacerdote, pero desesperado luego, prorrumpió en las más
horribles imprecaciones.
)laldecía ,i la naturaleza entera, lloraba por sus hijo~,
que quedaban expuestos ,í la mendicidad y tal vez á la
muerte. Entonces quería que sus cinco hijos fueran entregados con él ,í. los prusianos: y con risa sarcástica exclamaba: "Si señor, fué Bernardo, el chiquitín de tres
ruios el que disparó contra esos miserables."
Todos los esfuerzos del sacerdote fueron inútiles para
llevar la paz al alma de aquel pobre desesperado. El Cura sali6 y marchó lentamente hácia el reten donde se encontraba el oficial. Este fumaba en una gran pipa de por-

~l Cnra le había !)amado la atenció.n. El capitán le ex¡¡&gt;hcó la cosa, que no pareció al supsrior tan natural e•n 110
a su subordinado. lfand&amp; su~peuder la ejecución, y &lt;lirigiú una información al general. liste hizo comparecer al
1:;acerdote.
La explicaoi6n fué corta, el general era un hombre de
corazón, que lo comprendió todo, y dijo al Cura: "Señor,
yo no puedo ·hacer una excepción , en favor de usted, v
~in enbargo, no quiero que. .usted muera. Váyase, y digi\
á sus feligreses que por usted perdono á todos. Pero que
sea la primera y última yez." .
Cuando el Cura Sklió, dijo. el general á loe oficiales testigos de e8ta escen1t: 'fSi todos los franceses tuvieran el
cora.zón de es~ senciHo sace:ttdote, no . permaneceríamos
mucho tiempo del lado acá del Rhin."
'
.Gi-; XIIIUI. AMllERT.

«El amor es el sublime arquitecto de la naturaleza."
Sin embargo, los monumeJJtos que eleva á la felicidad,
raras veces resisten í1 los vendavales del tédio ó de la in~
constancia.
~ . . . ~~~ . . ..R..,i¡"!t.d2b

LAS IDEAS.

EL CURA DE HORTIES.

un· terriblf' romb~te se libraba á algunas leguas del pm blo de llorties: el ruido Jlpgaba
confusamente, Aobresaltando á todo ser viviente. La metralla desgarraba el aire, el cañón
despertába los ecos, y en lontananza se distinguían las humareda~ de pólvora.
El cura estaba en la iglesia rogando por la
patria.
A sn alrededor, con la frente en tierra y p,ílidos de terror, se encontraban los vecinos, pidiéndole á Dios que los protegiera.
El ruido. de los clarines y trompetas se oyó
al mismo tiempo que algunas sombras alemanaR se deslizaban por el valle corriendo á la
batalla.
f;u número era grande, y precipitaban el
paso para llegará. tiempo.
L.os alemanes querían tener su parte de presa. ya que llevaban hierro y bronce para destrn ir ií los franceses.
8u:3 soldado~ eran ya tres ~ontra uno y era
preciso ser mas numerosos aun.
Antes de entrar en el círculo de fuego, reunieron todas sus fuerzas, haciendo alto en la
encrucijada de Chataigáiers.
Una línea de centinelas protegía un descan,o que debía ser corto.
· Por muy pr6ximos que estuvieron estos centinelas, no pudieron impedir que dos jóvenes
f'C aproximaran entre los matorrales acercándose sigilosamente, y tirasen sobre los alemane~.
:4onaron cuatro tiros, y se vió á dos jóvenes
h1.1ir como venados y meterse en un campo de
trnro.
Yeinte balas silbaron á sns oídos; perouo se
halló en la tierra ni una mancha de sangre.
~fochas vec:es en su fuga fueron vistos; pero
eran m_uy jóvenes, ágiles y valientes, y lograron huir.
Debemos añadir que tiraban hábilmente,
porque tres prusianos rodaron por el suelo heridos en el pecho, la cuarta bala fué á coronar
el ,íguila de dos cabezas que adornaban la placa de un casco oficial.
-Escopetas de caza de dos tiros, dijo el
oficial.
F.ntonces un destacamento de soldados alemanes se
diri.~ó al pueblo; al entrar cogieron á los primeros seis
vecinos y los llevaron á la alcaldía. El jefe del destacamento dijo al Alcalde:
-\sted es la primera autor~dad, y vengo en nombre
de m1 augusto soberano á decirle que han sido muertos
a\gunoe alem3nee cerca de este pueblo, y siendo sus hab1ta ntes los más cercanos al lugar del suceso ellos son
re;.ponsables. Es preciso, pues, que se nos entreguen los
culpables, y si no, seis vecmos serán fusilados. Dad vuestras .órdenes, qne yo esperaré hasta mañana á las once.
J?eb1endo tener lugar la ejecncióh al medio día, no hay
• hemJ:?~ que perder; entretanto, el :pueblo quedar,í ocupado-rmhtarmente, y guardará los seis rehenes.
Imposible es pintar la desolación .d e la pobre gente del
pueblo.
, Las m.ujeres gritaban desesperadas, los hombres quenan !:1U1r, pero los alema1;1es guardaban las avenidas.
Reumérouse todos los vecmos y convinieron que la
-snerte sefialara las víctimas.
'
Los que habían disparad&lt;&gt; contra los alemanes no pertenecían al pueblo, seguían la columna prusiana para escog~r el mo!"llento favorable. ¡Puede que su padre hubiera e1do asesmado, su madre hubiera muerto de dolor ó
su casa incendiada!
'
. rasó aquel ala entre diecusionelf; gemidos y desesperac1on.
El Alca~de, el CJ_ura M:. Gerl, y dos a_ncianos más, ya
octogenanos, suplicaron en vano al oficial prusiano que
perdonase; se le probo que los del pueblo no habían tomado parteen aquella traición; las mujeresllorabanásus
piés. Todo fué inútil, El Cl\pitán hacía ejecutar la consig-

,

Srita. Agustina Larrañaga ( de Oaxaca ).

celana. Escuchó al Cura sin interrumpirle, dejando entretanto escapm· de sus labios ligeras b&lt;&gt;&lt;:anadas de humo.
-Señor capitán, dijo el Cura, se les ha entregado á ustedes seis rehenes que dentro de pocas horas serán fusilados. ~inguno de ellos ha tirado sobre vuestros soldados.
Habiéndose escapado los culpables, vuestro fin no es más
qne presentar un escarmiento :í los habitantes de otras
localidades. Poco les importa, pues, fusilará Pedro ó á
Pablo ó á Juan, Además, que cuanto más conocida sea la
víctima, m~s saluda_ble será el ejemplo. Vengo, pues, en
consecuencia, á pedir á usted el favor de que me permita
ocupar el lugar de nn pobre padre_de familia, cuya muertehundiráen lamisJria á cinco niños. El y y,, somos inocentes, pero mi muerte aprovechará mas que la suya.
-Bueno, dijo el oficial.
Cuatro soldados condujeron al Cura á. la cárcel donde
fné atado con las otras víctimas.
'
El padre de los cinco niños abrazó á su Cura y corrió á
su casa para consolará sus hijos.
No pintaremos las agonías de aquella noche. Solo diremos, que cuando amaneció, el Cura había reanimado el
espíritu de sus compañeros de infortunio. E~os infelices,
antes embrutecidos por el terror, habfanse transformado
en gloriosos mártirf's sostenidos por la Fe cristiana y la
esperanza de una vida eterna.
. A las once, una escol_ta esperaba en la pnerta y los pris10neros se pusieron en marcha. El Cura iba á la cabeoera recitando el Oficio de difuntos. Por el camino los vecinos arrodillados dirigían á su pa~tor su ú.l tima mirad¡l.
Se acercaban al lul?r de laejecnción, cuando un oficial de
Estado mayor prusiano, que pasaba con sus asistentes se
detuvo.
'

Surge á veces en el llano;
Y en la loma á veces brota
Susurrando mansamente
Como de una arteria rota,
Cristalino manantial;
Mananti al ii1agotable,
Cuya linfa fresca y pura
Se desliza misteriosa
Bajo arcadas de veTdura
Como sierpe de cristal. · .
'
Dánle sombra con sus ramas
los arbustos de la orilla,
Y despiega ante sus plantas
La balsámica gramilla
Su magnífico tapiz.
Ya se vuelca en un ribazo,
Ya se arrastra en una hondura,
Y a parece desde lejos
En la faz de la llanura
)Iisteriosa cicatriz!
Pero avanza, siempre avanza,
Deja el llano, cruza el monte,
Y. al murmullo de sus pasos
Se va abriendo el horizonte
Como el velo de un altar.
Lo saluda el ave errante
Con dulcísimos gorgeos,
Y le cuenta el aura. tímida
Sus amantes devaneos
A la luz crepuscular.
La onda leve se agiganta,
Su rumor se torna en grito,
Como el pecho en que fermenta
La ansiedad del infinito,
La in~uietud del porvenir.
Y creciendo y avanzando,
El raudal se torna en río,
Y va el río tumultuoso
Impertérrito y sombrío
Con el mar á combatir.
As( nacen las ideas,
Manantiales de onda pura!
Las ideas, que no tienen
1'-1ás escudo ni armadura
Que el escudo de le fe!
Pero avanzan.silenciosas,
Se retuercen, forcejean,
Y se allanan las montañas
Y los páramós chispean
A los golpes de su pie!
ÜLEGAJUO V. AXDIUDE.

CANTARES MARINOS.

Cuando salto á tierra,
¡adiós mis ahorros!
Pues á mí, lo mismo que al barco,
me limpian los fo11do8.
VrrALAZA.

*

** las olas,
Estoy mirando
que siempre vienen y van;
Estas olas me trajeron,
no sé si me volverán.
CE= Ln:10.

***

Todo el que sin que le enseñen
quiera aprender :i rezar,
que se meta á marinero
y que corra un temporal.
FELIPE

PÉREZ Y GoNzÁLEZ.

..

�EL MUNDO
28

DOMINGO

- - - - ------~-- .. ·-

..

1

Gn ~ailio

Nomántko.

10

DE ENERO DE J897

DOMINGO

10

DE ENERO DE 1897

'UN "VIAJE A P ARIS.

-Papá, ya soy un hombrecito.
-Es verdad, hijo¡ ya tu padre está viejo. ¡Cómo pasan
los años!
-Papá, yo quiero ir sólo al teatro.
-Pues ve, hijo. Toma para que compres la entrada.
-Es que yo quiero que usted me diga lo que debo
bacer. Y o quiero echarla de hombre, papá.
.
-EntonceR, hijo, tienes que estar en los usos del buen
t-ono.
ÜY.e, pues, y toma mis consejos: entras de rondón, das
-el billete á la entrada; sigues á tu asiento de anfiteatro;
no te quitas el sombrero, te dás con el bastón unos cuantos golpes en la pierna; te haces el fastidiado; te levantas,
sacas un cigarro, -pides el fuego al m,l.s viejo de los concurrentes, y te fumas tu Honradez 6 tu Hidalguía con gran
desembarazo. teniendo cuidado de echar el humo sobre
-el policía que se pasea, que con eso dormirá más á su
gusto.
-¿Y si me-hablan de música, papá? ¿Si me preguntan
qué me parece la 6pera?
-)-!ala, muy mala, niño; tú dirás echando bocanadas
de humo del cigarro; ¿Campanini? ¡bah! ¿La Dactri? ¡oh!
.¿Abrameff? ¡uf!; y as( agotas las interjecciones de despre•cio. Luego te llevas la mano al bolsillo y dices: ¡vean ustedes! ¡aquí traigo el pito para silbarlos esta noche! Aun•que no tengas el silbato ni tales intenciones, esto da mucha importancia.
-¿Y si me preguntan dónde hay artistas mejores?
-¿En donde? En París, en MiJán, en......
-¿Y si roe preguntan si yo he estado alguna vez en París, Papá?
-Les dices con cierto aire de autoridad: «Yo no he es1tado nunca en París, amigos míos, pero un tío mío estuvo para ir ahora dos años.»
-Se reirán de mí, papá, y á mí no me gusta que se rían
-en mis barbas.
-Tú no las tienes todavía, hijo.
-Pero·tengo quijadas, papá.
-Pues bien, si lo que necesitas es un viaje á París,
.ahora te llevaré. Harás de balde un viaje como el que ha-cen nuestros jóvenes en el día gastando mucho dinero.
Te aseguro que sacarás el mismo provecho que ellos.
-Partiremos ahora mismo, sin movernos de nuestras
butacas.
-ff c6mo? ¿por obra de encantamiento?
-1io, hijo, por obta de la imaginación.
Imagínate que vamos ya rodando por el camino de la
·Guayra, metidos en uno de los cajones rodantes de Giráldez y Compañía. Llegamos ,i Guaracarumbo; comemos
.allí pan viejo, bebemos ron nueyo y fumal)los Yirginia ni
nuevo, ni ,·iejo: de la edad media. Estamos en la Guayra. Sudamos, comemos .pescados y mameyes, y nos embarcarnos. A los pocos días, en Saint Nazaire: venga el
t,r en y á París.
¡París, hijo! el gran mundo, la capital del universo!
-Papá, yo qniero que tú me lleves á l\fabille. Todos
los que vienen de París dicen que es lo mejor que se ha
,isto.
-Pues á :M:abille, hijo, á Mabille. ¡Qué expléndidojardín! ¡qne damas tan hermosas! Mira, hijo, mira aquella
·de los cabellos rubios, que lleva colgando á un inglés de
frac verde y patillas de azafrán; ve la otta de más allá, de
·cabellos negros y perrito blanco, y la otra, y aquellas, y
todas, hijo, todas, ¡qué bellas! ¡qué hermosas!
-Papá, yo quiero verlas más de cerca.
-Las verás, hijo, las verás.
~¿Y no me darán su retrato? Luisito tiene un paquete
-de retratos de ellas en todos trajes.
-Sí, hijo de mi alma, te darán su retrato y los llevarás
á Caracas, y eso te dará importancia, y te harás adorar de
los papamoscas. ¡.A.y, hijo, qué alegría! ¡cómo te va aprovechando el paseito! Pero ahora vamos al jardín de plantas, r dejaremos para otro viaje el ver los Museos y las
Bibliotecas, y los monumentos y las oficinas y todo ese
.fastidio. ¡.A.l jardin de plantas, Pepillo, al jardín de plant.as!
-Papá, yo quiero ver el oso.
-M1ralo, míralo, hijo, aquel que anda en dos patas como alguno de tus amigos; aquel es el oso. .A.rr6jale peda:ir.os de pan. Uno, dos, tres, ¡allá va! ¿qué divertido!
-Y aquel otro animal tan largo, papá, ¿quién es?
-La girafa, y el otro el le6n y el otro la zebra.
-Y el burro, papá, ¿dónde está el burro?
-Ya lo verás de sobra cuando regresemos á Caracas,
hijo. Vamos ahora á los títeres.
-Papá, yo quiero almorzar con Víctor Rugo.
-¿Para qué, niño? ¿Para poner el¡ugo á tu país? pues
no lo nec~sitas; aprende á decir 01ü: a pedir pa,-don, y sobre todo ( y ahora que digo sobre todo, acuérdame que te11emos que comprar un surtol.11;) y sobre todo, hijo, apren-de ,í despreciar todo lo que no sea de esta tierra deliciosa.
-Papá, ya me voy sintiendo muy suficiente; pero quiero ver los títeres.
-Ya llegamos, Pepito, aquí están los mariano/e.•. Aquel
-es Pierrot, el otro Arlequín, y el otro Polichinela, mira
dimo bülau, c'.)ln") s.1lt:in y c5mo brincan, ¡qué felicidad!
-Papá. yo me quiero ir para Caracas; aquí no hay nada que ver. Todo lo hemos visto, y todo lo hemos apren-dido.
-Pues vámonos, hijo.
-Yo quiero llevar algo para Caracas, papí.
-Eso es muy justo. Toma, aquí te he comprado
lo que debes meter en tu maleta, y con lo que hads furor entre tu,i amigH. Un sombrero á la bom'1é, un pantalón ,i. 1ajlaut.é; un paletó ,í. la.farolé; unas botas á. la grillé;
un chaleeo á la car.~é; una leontina á la pl':rré; un cuello á.
la degollé; y una corbata á. la mrangulé. Los guantes gri-3
perlé, el bastón de vista microscópica; los lentes que cuel
gan y los puños flotantes. Unas fotografías profanas;
un albumen cuir, y pomada hongroi:i.•e.
-Pap.í, parece que se me quiere olvidar el francés.
-Con tal de que te quede el ouije t'Ous aime, pardon,
~st:ís fresco, hijo.

EL MUNDO

•

fªPá.

evitar hasta donde sea posible colisiones en tiempo bru-Pues ya podemos marcharnos,
-Ahora mismo, metámonos ene wagón. Yalle~os moso.
La Comisión Internacional de abordajes de mar estuá. Saint Nazaire; ya tú ves, hijo, en menos que bautiza un
dia la cuestión y es de esperarse que pronto, gracias á su
cura looo. .A. bordo y sobre la marcha á la Guayra.
-Papá, ya estamos allá; mira, yo conozco á. aquel Señor intervención, se inscriba en los re~lamentos y se aplique
universalmente este sistema gemal y practico-y esta
que está en el muelle es el. .......... .
-Calla, hijo, calla; no debes conocer á nadie; y cuan- idea humanitaria.
do entremos en Caracas, me deberás preguntar en la calle "mon papá, ¿es que tú sabes donde demora la Librería de Monsmr Emeterio Hernández? ¿Da.ns quelle place
queda la botica de Monsiur Rocha y la confitería de Monsiur Poguape fils?"
-Pero s1 yo sé donde viven todos esos señores, papá.
-Debes fingir que lo has olvidado, niño, para que puedan creer en tu importancia.
EL HADA DE LAS PERLAS
-Oui, papá.
,-Ya tu ves, hijo, lo que es un viaje áParís;cualquiera
de eSQs que te discutirán sobre la ópera y te hablarán ~Jentan que allá, en las poéticas playas del Cantábrico,
primores sobre música y verán con menosprecio nuestra. donde los antiguos trovadores llegaban á cantar al comcompañia lírica no han visto na&lt;h más de lo que tú aca- pás de las enfurecidas olas sus galanos poemas á. la bellebas de ver en este paseo fantástico, vete, hijo, al teatro, za, se abrieron un día las turbias ondas y dieron paso á.
vete, y cuando te hablen de Tiberini, háblales de Mario, un apuesto doncel, que bajo el brazo llevaba su bandolín
y cuando te vengan con la Patti, arremételes con la Nil- sonoro; medioeval trovador, sin duda, que bajó al fondo
son, y si te echan alguna que tú no hayas oído nombrar, del mar en busca de divinas sirenas á. quienes cantar sus
inventa una de tu caletre, que con tal que la hagas termi- poéticas trovas.
;;!,En la orilla y casi á flor de agua era esperado por regia
nar en ini será italiana, en off rusa, en aó portuguesa.
escolta de delfines, señores del mar, que á su paso se ha-Papá, ya son las ocho y yo me voy para el teatro.
-Vete, hijo, y no eches en saco roto cuanto te acabo . cen tocar-alegres marchas por las músicas reales compuestas de tritones.
de decir.
;:: Llegó al fondo donde fué saludado por bellísimas Ná-Y el sombrero, papií?
yades, Hadas y Sirenas, y del espeso follaje de lumino-En el cogote, hijo, ese es el tono.
sas algas se desprendía el suavísimo rumor de una orquesta de sonoras cornamusas, que le volvían loco, y se
N. BoLET PERAZA.
sentía desfallecer por aquel medio ambiente saturado de
los ricos perfumes que las perlas, al abrir sus nacaradas
conchas, exhalan.
,- -¡Canta, poeta, canta! le repetían las náyades y sirenas en medio de las más dulces caricias que jamás mortal
alguno recibiera.
«Canta á nuestra belleza.»
«Canta á nuestras riquísimas perlas.n
«Canta y pide nuestro amor.n «Canta, y serás amado.n
"Canta, y te daremos ricos palacios".
"Canta y te haremos gozar placeres paradiasicos"
"Canta y te pondremos ricas vestimentas de brocado y
oro" y esto decían locas de amor, sedientas de placeres,
Náyades, Hadas y Sirenas.
Era imposible; nadie podía sacarle de aquel sopor, y,
poco ,í oco, la.!! Náyades, Hadas y Sirenas, cansadas de
rogar a apuesto doncel, se fueron retirando.
Habíanse ido casi todas, y no quedaba ya más que una
hada hermosa, de ojos negros y cabellera de ébano, que
le dijo:
-Quieres venir á mi palacio?-Mi dueño, mi señor, ven
conmigo, ven.
El poeta le diri~i6 una mirada desdeñosa que decidió
á la encantadora a seguir el camino de sus cempañeras;
más de pronto díjole él:
•
-Espera-¿quién eres tú?-dónde está la estancia perfumada que sin duda habitas?
-Soy el Hada de las Perlas y mi palacio es_tá hecho de
una sola perla negra, junto al del opulento Rey de los coDEL LIBRO "EN LA ALDEA."
rales-quieres que te diga algo más?
No, basta ya; cuando la luz del nuevo día bese la onda
PROBLEMA.
inquieta, iré á cantarle la serenata de mi amor. Y el Hada, loca de pasión, se fué á su palacio, á espefl!,r al apuesComo en la misma iglesia vive el cura
to mancebo.
Al primer resplandor de la mañana '
La luz de la alborada que las ondas reflejaban, como de
Le vísítan en turba soberana
'
un diamante en las finas facetas, corrientes de vivfsimos
Niños de seso y niñas de hermosura......
colores, recordó al trovador su compromiso de cantar y
El les deja jugar á su ventura;
se fué al palacio hecho de una sola perla negra, junto al
Y al par que uno sacude la campana,
del Rey de los corales.
Otro hecho fraile en levantar se afana
Par6se frente al rico alcázar del Hada de las perlas, al
El cáliz sacro á. la divina altura......
pie de una ojival ventana hecha de coral, cuyos ricos araSi el cura al cielo lo mirada tiende,
bescos parecían encajes de Bruselas y soberbias bordaduTodos los niños en alegre coro
ras de Damasco; templó su rico bandolín y empezó á canAnte el altar de Dios rezan y cantan......
tar su sentida trova, y la hermosa, á los dulces acordes
Diga el cristiano si el Señor deciende
del bandolín sonoro, abandonó el lecho, y calzando eus
Cuando el cura levanta el cáliz de oro
menudos piés con unos primorosos chapines de seda se
O cuando aque\los niños lo levantan!'
acercó á. la ventana, y á traves de la celosía, espiaba, inquieta, al mancebo gentil.
J osÉ S. Crroc.A.~o.
El Rey de los Corales, viejo de luenga barba y ojillos
vivos, eterno adorador del Hada, despertó á los acordes
de aquel extraño instrumento y dispuesto á. av-eriguar
quién lo pulsaba, abrió la ventana y vió al doncel; vistióse con precisión y bajó para vengarse de su rival, áquien
encontró todavía cantando al pie de la ojival ventana hecha de coral.
Mudo de coraje, arrebató al doncel de las manos su
precioso instrumente, el que rompió contra una de sus
rodillas, y al reventarse la última cuerda, el poeta cay6
ALFABETO DE SEÑALES.
exánime, y con la postrera vibración, el poeta expiró.
Y allá adentro, se oyó un grito débil y doloroso: el Hada de la.~ perlas había muerto también.
Los siniestros marítimos causados por colisiones de buDe aquel tiempo data la carestía de las Perlas Negras.
ques han sugerido á M. Brunei, de Rouen, un alfabeto de
I. G. FuENTES
señales que sería conveniente y aun ind.ispensable hacer
obligatorio por medio de un acuerdo internacional.
Lo que debe preocupar ante todo en esta.materia no es
NO SE DECIRTE MAS.
tanto el alcance de los sonidos cuanto la precisión del
significado que se les dé y la facilidad de su comprobaGloria. tiene que haber mientras aspires
ción. El ideal sería que todos· los buques de todos los paíAl bien eterno que alcanzar esperas;
ses al oir las señales de alarma maniobraran en conseEn el mundo hay amor mientras tú quieras
cuencia tan rápidarn,mte corno un soldado aloir el toque
En el cielo habrá luz mientras tú mires.
'
de derecha 6 izquierda.
Las puras auras mientras tu suspires
Es este el sistema de señales ideado por M. Brunei es
Besarán á las flores hechiceras,
excelente y producirá los mejores resultados al aceptarse.
Y habrá virtud hasta que tú te mueras,
En substancia á esto se reduce:
y habrá belleza mientras tu no espires.
Dos sirenas, una de voz profunda y otra estridente coQue por tí que eres causa del anhelo
mo si dijéramos una contralto y una soprano. Un silbido
Que siente por la gloria el alma mía,
~ye y otro agud&lt;? ~rá Norte; la maroha hacia el Sur se
Tienen: elpecho amores y commelo.
indicará con dos silbidos graves y dos agudos; una serie
La noche estrellas, claridad el día,
de sonidos graves significará la dirección Poniente y la
Y si no hubiera por desgracia un cielo,
de Oriente una serie de silbidos ~udos.
Cuando murieses tú se formaría.
Este sencillísimo sistema de facil inteligencia, aun para las más obtusas, pone á un capitán en condiciones de

1

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...

�•

DOMINGO

EL MUNDO

30

EJ:.·KOSARIO

Dos son los pri.ncipales recuerdos que conservo de la
noche que pasamos en Orgiva.
Es el prunero (en el orden cronológico nada más),
nuestra comida.en la posada, reunidos los diez viajeros
en un ¡.i:npo digno de Velázquez ó de David Teniers, ála.
pretendida luz de los candiles (¡y eso que eran dos!), y
celebrando y sellando recientes amistades con el placer
de yantar juntos......... no así como se quiera en mesa redcnda, sino ni sartén red011da, todos á. una, con militar
franqueza, á fin de que la paella de ri~or no perdiese su
,irginal perfume al pasar por el trámit~ de la vagilla..... .
¡Cuántos.banquetes precedidos, de programa de divertirse mucho en ellos, y muy preparados, muy costosos y
muy opíparos, no han resultado tan alegres, tan cordiales, tan apetitosos, tan gratos al alma y al cuerpo, como
aquel improvisado y humilde festín, sazonado de hambre, de novedad, de indulgencia, de carifio, de confianza,
de pimientos picantes y de aquella cortesía del cora7,6n
que vale más que todos los primores del ingenio!
Sin embargo, confieso que no nos hubiera venido mal
otro par de candiles.

***

:Mi segundo recuerdo se refie:r:e á unas religiosas campanillas, á unas grandes farolas, á unos santos estandartes, á muchas ramas de tejo y á más de cien indescriptibles caras de chiquillos, cuyas alzadas bocas cantaban en
coro y á.vozencnello: «¡Dio.~teSa11•e, Reina.11 .1Iadre...... !»
Porque ha.beis de eabér que todo esto y algo más penetró de golpe en la posada, cuando estábamos en lo más
profundo del arroz; dejándonos suspensos, atónitos, embelesados y sin saber á qué atribuir aquella súbita visita
de tanta luz, de tanta inocencia, de tanta piedad, de tan
sencilla y tierna serenata á la Reimi y Jfadre de los desterrados hiios de Eca ........ .

¡Ah! La voz de los niñ.os tiene algo del cielo; y cuando
esta voz canta y reza á un tiempo mismo, cuando"en medio de las bórrascas de la vida, óyense sus puros acentos
en son de mística plegaria, más que los hijos de los hombres empezando á geinir y llorar en este valle de lágrimas,
pare&lt;;en ángelee que desde la gloria intervienen por nosotros, .repitiendo como suyas nuestras preces.
Los que conserveis la buena costumbre de ir á la iglesia, habréis sentido esto mismo oyendo á los se~~es niños
de coro de nuestras catedrales, alzar sus francas y agudas
voces sobre el concertado estruendo del órgano dA los sochantres y de todos los instrumentos y cantores de la capilla; como se perciben claros los trinos de atribuladas
aves sobre el ronco estrépito de majestusa tempestad. Y
los que solo vayais al teatro, habréis experimentado también algo parecido ( ya que de manera a1guna lo propio),
durante el cuarto acto de El Profew, cuando aquel los otros
sei,ies (4,ue por lo regular son los mismos), cantan el grandioso villancico:,
Le voil!\ le rol Prophete!

I,e voil~ l'clu de Dieu!

¡Oh! ¡Los niños! ¿Los niños!. .....-cc¡Lá.~tima que se conviertan en hom.brea/»-exclamaba Lord B yron-ccNo tenemo8
padre!»-gritan ellos en el místico poema de Jean Paul.«No escandeliceis á estos peqiteñuelos.»-dice la Palabra di-

vina.
·
Por todas estas razones, y porque st (que es la gran razón de tejas abajo), nos quedamos embebidos oyendo la
fervorosa Salve que cantaban los muchachos de Orgiva.

Por lo demás, pronto supimos que en aquella sublime
escena no había nada de insólito, sino que era el mismo
Rosario que se recita todas las noches, en aquel santo
tiempo de Cuaresma, ciertas en y ciertas casas de la villa
cuidando de no olvidar las :¡¡osadas, donde siempre hay
fieles transeuntes más necesitados que nadie de los consuelos de la religión.

*
**
¡Oh vida segura, :a mama ¡,ooreza,

dAdiva. santa desagradecida.!,
: [Juan de Mena].

¡El Rosario!.........Veinte años hacía ya por 19 menos
que no !o ve~amos rec?rrer á aquella hora y de aquel modo (segun la mmemor1al costumbre) otras ciudades villas
ó aldeas de la proverbial Tierra de .bfaría &amp;nt!sima.'
¡Y qué ye_inte años! Durante ellos, los mismos que solía1!1os felicitamos de la desaparición del antiguo orden
social y -político de España, si bien no hayamos llegado
ni creamos posible llegar jamás á poner en duda la bon~
dad abst~cta de las n~bles, justas y sinceras ideas de
nuestro siglo, he~os vemdo á reconocer, -en cambio, á fuerza de crueles lecciones ( ¡o.h desengaño.! ¡oh conflicto! ¡oh
pi:oblema para~~ porv:en~r!Jque esa libertad y esas ideas,
leJos de domesticar, de .c1v1ltzar, de dignificar más y más
cada día ,\ las cla.~es baJas ( como nos dignifiicaron á nosotro~ )_. las !:ian hec~o retrocederá la priinitiya barbarie.
Inutíl, ocioso, necio, y sobre todo peligrosísimo (señores del cent.ro de todas las C{Lmaras del mundo\, fuera
cerrn:r lo~ OJOS á esta verdad que palpita en el fondo de la
conc1enc1a de c~ianto• hemos dirigido la voz al Pl!~blo
(creyéndonos susr-edentores) desde al periódico ó ~de
la tribuna, desde el libro ó desde la c,í tedra...... ¡Imposible escapar á nuestros ~m~rdiini~ntos! Los espantosos
resultados dE: nu~stras bien mtencionadas, pero imprudentes predicaciones, están harto á la vista de todas
partes. .
1\Iirad: los ignorantes de ayer se han tro:'.l.do en los insensatos de hoy. La antorcha da la filosofía moderna en
lugar de iluminar la mente dé los desheredados por la'fort~a, la ha incendiado, dejándola llena de humo y de ceruzas.
Quisimos enseñarles mucho, y les hemos hecho olvidar
lo poco que sabían. &lt;:reían algo, amaban algo respetaban
algo, ad_oraban al~lÍ. u ideal, y h?Y no,creen, 'aman, respetan m adoran smo lo concermente u sus sentidos corpor&lt;lles.
·
·
Tenían fá, p1cien~ia, esperanza, y los h~mos exasperado y des~spemdo. Er-,m, cuando menos, seres sociales, y

los hemos convertido en enemigos de la sociedad. Eran
ya hombres, y los hemos vuelto á hacer fieras.
Así pudiera continuar mucho tiempo á. riesgo de que se
:¡ne considerase neocat61)co, ultraJ'.!'.lon?1no, retrógrad&lt;?,
- obscurantista, per€a, carbno y partidario del feroz Tnbunal de la Inquisición.
:Mas creo haber dicho ya lo bastante para explicar la
profunda complacencia que nos causó aquella noche ver
al pueblo orgivense, representado por sus hijos, hacerpú•
blica profesión de su fe cristiana.
~P. A. DE ÁLARCÓN.

Una noche feliz, en que la luna,
toda envuelta en la túnica opalina

de vaporosa nube,
por el azul purísimo ascendía,
cual virgen desposada
que :¡iudibunda, tímida,
al misterioso lecho
de la nupcial alcoba se encamina,
en el jardín, que al soplo fecundante
de llayo, florecía,
posado en la corola de una rosa,
cuyos -pétalos rojos se entreabrían,
cual labios de muíer adolescente,
al aura de la risa,
Puck, mi amigo Puck, el duendecillo
vagabundo y travieso, me decía:
«Queda cumplido tu deseo, he visto
á la adorable niñ.a,
que del país lejano
en que dichosa habita,
para su album, precioso florilegio,
una flor de tu musa solicita.
Asomada esta tarde en la ventana
miraba,, pensativa,
al sol, que desde ocaso,
como mágico artista,
por el azul profundo derramaba
de su paleta las rojizas tintas.
Y o, oculto en el alero,
absorto la veía.
¡Qué hermosa estaba la gentil doncella,
la virgen pensativa,
con su níveo corpiño, que escorzaba
sus formas exquisitas;
con su sedeña cabellera obscura
sobre la airosa espalda descogida:
con su edénica boca,
al beso ardiente del amor propicia;
con su cutis_ moreno y transparente
como la teD:ue sombra vespertina,
y con sus o¡os negros,
do irradian las pupilas
cual dos vívidos astros desde el fondo
del cielo en noche lóbrega y tranquila!
To~o en ella es hechizo subyugante.
Te ¡uro, á fe de Puck, que no es más linda
la esposa de Oberón, ni más hermosa
la blanca, rubia y triunfadora Cipria.n
Calló Puck; de la rosadirigiose
á un boscaje de lilas;
mientras que yo, meditabundo triste
y con la mente fija,
'
'
al través de la niebla del ensueño
en vagas, idealea lejanías,
'
quedé envidiando al vagabundo duende
que en el país que habitas
'
una tarde te viera en la ve'ntana
mirando pensativa,
el sol, que desde ocaso,
como mágico artista.,
por el azul profundo derramaba
de su paleta las rojizas tintas.
DARÍO HERRERA.

UNA MUERTE DICHOSA.

. -Ha leido usted-me dijo el doctor encendiendo, un
cigarro-el. relato de l~ejecución de Damperier?
•
-~umanamente. Siempre es lo mismo. El sentenciado
á 9m~n preparan para el trance fatal; la bruma la descnpc1ón de la ~laza, las lamentaciones de los ~eporters
que no h~n podido acercarce......Es una desconsoladora
monotoma.
-L~ que usted no :=,a~e es que el reo ignoraba que iba
á ser e~ecutado. Cam1n•&gt; hacia el cadalso con la sonrisa en
los labios, ~e suerte que el golpe fatal fué para él el 1mo de la dtcha.
co
-¿Y cuál fué la causa de esa ilusión?
El doctor ~o~rió m"t.liciosamente, y dijo con s~ncillez
-:He supr1m1do. la pena de muerte por medio de h su:
gestión. La sugestión es el apoderamiento del hombr~
el hombre.
:-, por
Y aquí se encuentra justificada la confirmación de esa

•

10

DE ENERO DE 1897

fecunda ley de la selección natural, tan maravillosamente formulada por Darwin.
Aquél q_ue fué mejor dotado por la naturaleza1 aquél
cuyas aptitudes de combatibilidad son más enérgicas, es
él más propio para llegar á ser uno de los hombres que
dominan y dingen ásussemejantes.
La sugestión puede crear las alucinaciones más variadas.
Por parte de la vista, se puede su~erir una apreciación
fatal de la forma, el color y la situación deun objeto; producir un error sobre la identidad de una persona que setoma por otra; evocar la presencia de una persona ausente.
Por parte del oído, se puede hacer oír un espantoso ruido en medio del silencio más absoluto.
Por parte del sentido del gusto se puede hacer comer
un papel que sepa á jamón, y beber agua de mar que sepa á Champa.,crne.
Y así, en los demás sentidos.
Yo me interesé por Damperier, que ha pagado hace pocos días con su vida, su falta.
Mi profesión me permitió verle en su celda; no le abandoné sino cuando ces6 de latir su corazón en el patíbulo.
Nadie ha podido ver mejor que yo al pobre Damperier
én sus últimos momentos.
Pues bien: Damperier ha escapado al castigo; ha muerto dichoso, bendiciendo la justicia de los hombres!
Vea usted, caballero, cómo se ha realizado este fenómeno.
La pena de muerte no es, como es sabido, puramentefísica.
Desde este último punto de vista, la piedad de los sabios cree haber dicbó su postrer palabra.
La sección de la espina dorsal y la evolución del cerebro por la sangre, parece que aseguran inmedi?tamente·
la cesación de la sensibilidad. Resta que calcular un snfriiniento moral, difícil de apreciar por razón de temperamento y de tiempo transcurrido.
La espera del momento supremo aplastará á un sanguíneo, torturará á un sensible, no hará huella en el idiota.
Mientras que el trance fatal está lejano, el reo vive y se·
sostiene de la esperanza. 8610 en el breve paso de los últimos instantes, es cuando el sentenciado a muerte sufre
el castigo en todo su rigor.
Ha esperado; ya nada más puede esperar.
Toca con.el dedo la muerte.
Ninguna evasión es posible.
Este tormento dura media hora, pero es atroz.
Pues bien; la ciencia viene á transformar la angustia.
de estos treinta últimos minutos en una beatitud incomparable.
La víspera de la ejecución, el abogado de Darnperier·
pudo introducirme en la celda del reo.
Facil me fué dormirle, y como yo conocía por las sesiones de los Tribunales la historia trágica de su crimen, le
dije:
-Mañana por la mañana vendrán á buscarle; Matilde,
á quien creía usted haber matado en un momento de celos, no ha muerto, y se va á casar con usted.
La sugestión se verificó, y vea usted cómo ha tenidoefecto en la práctica.
En el momento en que el verdugo fué introducido en
la celda del reo, Damperier se adelantó hacia él con las
manos tendidas, excla.mando:
·
-¡Gracias á. Dios!
-Luego, mientras la gente le rodeaba, él hablaba con·
un gozo infinito:
-¡Qué mañ.ana tan hermosa! ¿Verdad? Voy al patíbulo contentísimo...... No perdamos un instante en vanas
fórmulas._. .._.. Va~os, amigo verdugo...... Por tu mano•
V?Y á recibir ~a dicha más grande que he tenido en la
vida...... ¿Quieren ustedes beber algo? ¡Regocijémos!
Ninguno de los asistentes sabía lo de la sugestión.
Estupefacto el director de la prisión, hizo servir un vino blanco, no del todo malejo.
Se bebieron unas copitas, y ya iba á secundarse con,
otras, cuando el reo se opuso.
-¿En que piensan ustedes?-dijo -¿Y esa multitud
que nos espera en la plaza? Vamos; seamos exactos
Se le.vistió; él lanzó un suspiro de satisfacción!
. ~a vestido, se dirigió hacia la puerta de la celda, y recibió á las personas que entraban como á otros tantos invitados.
Llegado el momento se lanzó fuera, diricriéndose con paso seguro hacia el lugar de la ejecución. "'
-¡Ved qué hermoso está! N"o he visto altar más ornadode flores. Los cirios ardiendo, parecen estrellitas por cima de la frente divina de mi novia.
~ en el momento en que ee le apretaba el cuello Dampener exclamó con sonrisa inefable:
'
-¡Es el primer beso!
¿Por qué no se persuadiría á los sentenciados :l muerte·
de que el último suplicio contiene la felicidad suprema?'

DOMINGO

10

LA.MODA

Desprendemos de nuestro cambio
extranjero algunos ds los figurines
más hermosos de la estación, en los
que se ha dado campo la fantasía de
los modistos y las modistas. Son trajes de paseo y de calle de encantadora
novedad, el buen gusto de los cuales·
apreciarán sin duda nuestras lectoras.
No entraremos en descriJ?ciones tan
enojosas como inútiles, lim1támonos á
mostrar los modelos más elegantes y
que nuestras lindas favorecedoras elijan.
MERMELADA DE. MELOCOTONES.
Mondados y hechos trozos los frutos bien maduros se echan en una cacerola· se calientan á. fuego moderado
hasta que se desbagan, sin dejar de
removerlos, y se pasan luego por el
tamiz. Por cada 500 gramos de puré se
toman 350 de azúcar; se cuece esta á
la bolita; se agrega después la pasta
con un poco de vainilla, y cocida la
mezcla á la capa, se la encierra en bocales de cristal ó de gres.
lfERMEL.ADA DE PERAS.

Se toman buenas peras, se dividen

.,,.

MERMELADA DE ALBARICOQUES.

ponen los albaricoques en una cacero•
la, se los hace disolver á un fuego mo•
derado, removiéndolos sin cesar: después se pasan por un tamix.
Para cada kilógrarno de
puré se toman 500 gramos
de azúcar en trozo; échanFe estos en un perol, se
afiade un poco de agua y
se cuecen á la bolita. Después se agrega el puré y
algunas almendras de albaricoques, mondadas y
blanqueadas; se cuece todo á la capa; se vierte en
vasos, cuando está frío;
Traje de recepción.
se cubre primeramente
con un círculo de papel
humedecido con aguardiente, después se cierra el vaso
..con papel sujeto por bramante ó con vejiga reblandecida.

~~-=:~rr~.::::::!!5f~.=9-r~~ ~

Ya, al pretender ser tierno,
sale del pecho mío
un aliento más frío
que una ráfaga de aire del invierno.
Para una señorita.

RICARDO~P.ALlU..

Si te casas, Inés, ten por seguro
que todo novio es un traidor futuro.

***

Te morfas por él, ;pero es lo cierto
que pasó tiempo y tiempo, y no te has muerto.
CAYPO.illOB

;., '.,.

Por H. W. Longfellow.

¡Ah! ¡No! No me digais con voz doliente
Que la vida es un sueño;
Que el alma muere donde el cuerpo acaba,
Que es nuestro fin incierto.
Polvo que vuelve al polvo es la sentencia
Funesta para el cuerpo;
Pero el alma que es luz, en luminosa
Región busca su centro.
Placeres y amarguras no son sólo
De la existencia objeto;
La vida es acción viva, afán perenne..... .
La vida es lucha, es duelo.
La obra del hombre es lenta y el tiempo huye
Rápido como el viento;
Y el corazón la marcha del combate
Sigue siempre batiendo.
¡.Alerta! en la batalla de la vida
Reposar un momento
Es torpe cobardía: la victoria
Es hija del esfuerzo.
Da un adiós al pasado, y del mañana
No busques los destellos;
Pon la esperanza en Dios, mira el presente
Y lucha con denuedo.
La historia nos lo dice: la constancia,
El valor y el talento
Engrandeeen al hombre-Fe y audacia!
También grandes seremos!
Y inás tarde ¡quién sabé! si otro hermano'
.AJ cual agobie el peso
Del infortunio, revivir se sienta
Siguiendo nuestro ejemplo!
Tn\bajar es luchar. A la obra, á la obra,
8in desmayar, obreros!
Grabemos esta máxima en el alma:
Trabajar...... y esperemos.

Para una matrona joven.

(:'.,°

El Salmo de~la Vida.

Al mostrar ,í esta niña encantadora
suele decir su madre embebecida:
'
«A1uí teneis la Aurora
de os días más bellos de mi vida.»

CAMPO.UIORr

en cuarterones; se mondan y se ponen
en una cacerola con un poco de agua
y un pufiado de azúcar; se cuecen á un
fuego moderado. Cuando se ha reducido su humedad, se pasan por un tamiz· el puré se vuelve á poner en la
cace'rola. Por un kilógramo de puré se
aiiaden tres cuartos azúcarmohda, un
trocito vainilla ó una cortecita de limón. ~ hace reducir~ fue~o vivo, revolviendo la pasta y sm de¡arla hasta
que eeté en el punto de á la capa. ~
encierra últimamente eµ tarros de cristal ó de loza.

Se eligen maduros los frutos; se parten en dos suprimiendo el hueso. Se

AURELIANO 8cHOLL•

Por no ser ·natural hace, cuando ama
de cada paso de comedia un drama.
'

31

EL MUNDO

DE 'ENERO DE" 1897

r.:,
,t '
«..

Traje de casa y de calle.

�DOMINGO

EL MUNDO

DE ENERO DE 1897

En ella producía ana felicidad sin límites el constante
entusiasmo, la misma amargura de no poder realizar su
absurdo deseo.
•
Ll~ó en esto á la ciudad donde habitaban Leonardo y
Ameba, un médico famoso ya en todos los países del mundo, por sus extraordinarias curaciones.
Devolver la vista á los ciegos, el oído á los so:dos y la
palabra á los mudos, era la cosa más sencilla para aquel
sabio incomparable.
·
·
Se aseguraba que nunca dejaba de curar radicalmelrle
á cuantas personas acudían á su consulta, y Leonardo sintiéndose penetrado de la fe que animaba á todos, abrió el
lecho á la esperanza y resolvió ponerse en manos detdoctor.
-Curadme, le dijo, devolvedme la vista y tomad ne
cambio, entera, mi fortuna. Haced que contemple _al fin
la más bella de las mujeres nacidas, a quien adoro mil veces más que á mi propia existencia. Y Leonardo siguió
hablando y dando cuenta al famoso doctor de sus deseos
y de sus angustias, y dejándole ver entero, _con el institi.vo afmi de conmoverle y decidirle
más y más á procurar su curación,
el profundo y agitado fondo de su
alma.
CASA DE SALUD
El doctor escuchó á Leonardo
DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE con
interés y con pena, y le respondió sonriendo amargamente:
-¡Dios me libre de abrir tus
Par enfermos dementes en general
ojos á la luz y Dios te libre de conseguir jamás tus deseos! ¡Amas coENTLALPAM
mo á nadie has amado en el mundo y anhelas ver el objeto de tu
DIRECTORES: A. de Garay y Gulllermo Parra.
amor!. ........... ¡Eres un niño! El
cielo te ha concedido el suprema
Edificio con&amp;truido con todas las reglas de la higiene bien de alcanzar la posesión sin
inmensa huerta y jardines, amplios corredores bafios ea'. agotar sus alegrías y pretendes
Iones, recámaras espeéiales para todos loe enÍermoe 'de- sustituir á tu ilusión hermosísima
partame~t&lt;;&gt;s independientes. Se cuenta con todos lo~ úti• la verdad siempre árida y fría. ¿No
!ee, med1came1:1toe é instrumentos necesarios. Médicos comprendes, desventurado, que á
mternoe, practicantes y enfermeros inteligentes. Decen- causa de ese mismo misterio en
te y nueyo mob~liario, asi~tencia constante y eficaz y que para tí está envuelta tu amada,
buena ahmentac1ón. Especial para el tratamitnto de la lo- la imaginas mil veces más bella de
lo que realmente ;puede ser. auncura por el hipnotismo.
DEPARTAMENTO ESPECIAL PARA .XNFERKOS, DE MEDICINA Y CIRUJU
que sea, como tú crees, la mujer
Para los enfermos que vienen de los Estados, loe hom- más perfecta del universo? El mobres. solos ó l:19 personas.de ambos sexos que tengan que mento de verla sería siempre pa1mfru cualquiera ?Perac16n, les .es muy_ ventajoso este ra tí úna espantosa decepción, pordepartamento. Tienen loe pacientes aire puro clima que el sueño, aun el susceptible
exc.elente y no malsano como en México, recámara ~special de ser realizado, no está libre nunmeJor que ".n un hot~l, bañ.os! .ropa limpia, peluquero, ca de desencanto sino á condición
buena comida, médico, med1cmae y asistencia médica de no llegar á í·ealizarse jamás.
constante, y todo esto por un precio muy inferior á lo Confórmate con tu ceguera y acosq~e gasta!án en otra parte mal atendidos. Sala de opera• túmbrate á considerarla como el
cwnea estilo moderno y arsenal de instrumentos com- origen de tu felicidad, el eterno
pleto.
entusiasmo en el amor, y compaPara mayores informes dirigirse á los Dres. Guillermo dece al resto de los mortales conParra, tel~fono 443, apartado 682 (calle de León núm. 9), denados á ver la imperfecta belleY_Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1~ za de los séres y de las cosas sin
Pila Seca núm. 8.) El Dr. Parra es Director de la Com- que las lágrimas que tan á menupafiía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital Juá• do nos hacen derramar nublen
rez. El Dl'. Garay .e~ profe~or .de Anatomía quirúrgica en por completo nunca la claridad de
la Esc1:1ela de Med1cma y c1ruJano del Hospital Juárez y nuestras miradas.
del Asilo Espafiol.

!agro de que yo pp.eda llegar á imaginarte tal cual eres.
-No me atrevo á intentarlo, contestaba ella con encantadora modestia. -¡No te atreves! Dí que no me amas como yo te amo y
que no quieres complacerme.
-Interrógame y trataré de contestarte.
Y á cada pre~nta de Leonardo sobre el color de los cabellos de Amella, sobre la claridad y pureza de f?US ojos,
sobre los contornos de su cuerpo, contestaba ella con frases en que se mezclaban por partes iguales la sinceridad
y el pudor, y que colmaban al pobre ciego de nuevo orgullo y de nueva y desesperada amargura,
La idea de la hermosura de Amelía crecía, se agigantabe
en su espíritu; su confusión y su impotencia, al tratar da
precisarla con líneas y colores, eran á cada instante mayores.
II.
El amor de los dos esposos no era el que se extingue, ni
de los que se disminuyen, ni siquiera de los que con el
tiempo se modifican. Era siempre el mismo.

A l'tl EI,IÁ.

Amelia, la enamorada esposa, estaba en los brazos de
Leonardo, el fiel compañero de su vida, quien, ciego desde su niñez, sólo podia verla con los ojos del alma.
-¡Adorarte y no contemplarte jamás!-exclamaba Leonardo. Si yo te hubiese conocido en aquellos primeros
afios de m1 vida, cuando aún podía contemplar el azul de
los cielos y el resplandor de las miradas,¡ los rojizos matices de las rosas y de los labios, tendría njos en mi memoria los rasgos todos de tu belleza, y tu imagen se destacaría sobre la negra noche que rodea á mis pupilas. Pero cuando mi corazón se abrió al amor ya ebtaban cerrados
mis ojos á la luz, y nunca, nunca, podré admirar los tesoros de la hermosura que poseo y desconozco. ¡Amelia mía,
fuente de todas mis venturas y del dolor que me agobia y
me mata: refiéreme tú, con ese celestial acento que para
siempre supo hacerme esclavo tuyo, las perfecciones de tu
idolatrado sér. Descríbelas una por una, detaJJada y minuciosamente, y acaso el encanto de tu voz realice el mi-

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REMEDIO VEGETAL.

10

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14 DE ENERO DE 1896.

28 de Enero de 1897.

bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
uno, divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

-DE LA--

Beñittciócia-:
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=

El próximo sorteo, con premio
mayor de

"$10,000
ea verificará en el Pabellón Morisco
á la.s tres de la tarde, el Jueves
•

II Premio
de.... $10,000....$ 10,000
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1,000.... ,, 1,000
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2 Aproximaciones de á $ t 0O·
nna anterior y otra posterior ai
ndmero prelDlado con los •••...
$10,009 .................... $
2 Aprox!mactones de á !1¡50; una
antenor y otra. posterior al nú.
mero premiado con los
- - $ 1 .000...... ................ $
n

FONDO:

S 320,000.

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medios: $ 2.00
Cuartos: $ t.00. - Décimos: 40 cante.
Vigésimos: 20 cents.

PRE~IIOS:

PREMIOS:

-

baJo el plan e1gwente:
10,000 BILLETES.

500
200
200
500
1,000
2,000
2,000

200

1 00

M5 Premios que hacen un total de $17. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$ 60,00·0
ae Terül.cará en el Pabellón Morisco
i la8 U &amp;. m., el Jueves
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Premio m-:1-yor df.......... 8 60,000
t Prem!o pnnc!pa de ..•••• ., 20,000

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Premios de,. 500 ...... ., 5'000
26 Premios de ,, 200 ...... ., 5' ooo
1 00 Premios de ., t 00 ...... ,, to' ooo
260 Premios de ,.
40 ...... ,. l 0'400
460 Premios de .,
20 ...... ,, 9'200
1 00 Premios de 8 60. aproximaciones
'
al premio de 8 60,000............,
6 000
100 Premios.de 8 40,_ aproximaciones
•
al premio de 820,000. ........... 8 4 000
1 00 Premios de 8 20, aproximaciones
•
al premio de 810.000... . .... . .. . 9 2,000
T99 Terminales de 8 20. que se determinarán por las dos dltimas cifras ~el billete que obtenga el
prem,o mayor de 860,000 ...... 9 t 6.980
T 99 Terminales d~ 8 20, que se determinarán por las dos 11\timas cifras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000 ...., 1 5.980
1 PremLO principal de ...... .,

6 Premios de$ t ,000 ...... ,.

to

2. 761 Premios que hac~u u. 'rotal 4t. .$ 178.560
Jta""~odos loo sorteos est:i.n bajo la vigilan,·,a
f direcc1ó.n personales del Sr. D. Apolinar Castillo
Interventor del G1,bit'rno. v de un empleado de la
Tcsorerla General de la Nación.

Oficinas: 1' San Francisco núm. 12

Necepdón ael $r. Presiaenfe ae la Nepúblka 1 ae su esposa
En el baile dado en su honor en Minería.

U . BASSETTI, Gerente.

(Del Natural por Carloa A.loahte.)

•

NUl'tlER.03•

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>Fondo Ricardo Covarubias</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Damas floretistas</name>
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        <name>El cura de Horties</name>
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        <name>El hada de las perlas</name>
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        <name>Príncipe Khevenhuller</name>
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        <name>Travesía en el Papaloapan</name>
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        <name>Una muerte dichosa</name>
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                    <text>DOMINGO

EL MUNDO

DE ENERO DE 1897

En ella producía ana felicidad sin límites el constante
entusiasmo, la misma amargura de no poder realizar su
absurdo deseo.
•
Ll~ó en esto á la ciudad donde habitaban Leonardo y
Ameba, un médico famoso ya en todos los países del mundo, por sus extraordinarias curaciones.
Devolver la vista á los ciegos, el oído á los so:dos y la
palabra á los mudos, era la cosa más sencilla para aquel
sabio incomparable.
·
·
Se aseguraba que nunca dejaba de curar radicalmelrle
á cuantas personas acudían á su consulta, y Leonardo sintiéndose penetrado de la fe que animaba á todos, abrió el
lecho á la esperanza y resolvió ponerse en manos detdoctor.
-Curadme, le dijo, devolvedme la vista y tomad ne
cambio, entera, mi fortuna. Haced que contemple _al fin
la más bella de las mujeres nacidas, a quien adoro mil veces más que á mi propia existencia. Y Leonardo siguió
hablando y dando cuenta al famoso doctor de sus deseos
y de sus angustias, y dejándole ver entero, _con el institi.vo afmi de conmoverle y decidirle
más y más á procurar su curación,
el profundo y agitado fondo de su
alma.
CASA DE SALUD
El doctor escuchó á Leonardo
DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE con
interés y con pena, y le respondió sonriendo amargamente:
-¡Dios me libre de abrir tus
Par enfermos dementes en general
ojos á la luz y Dios te libre de conseguir jamás tus deseos! ¡Amas coENTLALPAM
mo á nadie has amado en el mundo y anhelas ver el objeto de tu
DIRECTORES: A. de Garay y Gulllermo Parra.
amor!. ........... ¡Eres un niño! El
cielo te ha concedido el suprema
Edificio con&amp;truido con todas las reglas de la higiene bien de alcanzar la posesión sin
inmensa huerta y jardines, amplios corredores bafios ea'. agotar sus alegrías y pretendes
Iones, recámaras espeéiales para todos loe enÍermoe 'de- sustituir á tu ilusión hermosísima
partame~t&lt;;&gt;s independientes. Se cuenta con todos lo~ úti• la verdad siempre árida y fría. ¿No
!ee, med1came1:1toe é instrumentos necesarios. Médicos comprendes, desventurado, que á
mternoe, practicantes y enfermeros inteligentes. Decen- causa de ese mismo misterio en
te y nueyo mob~liario, asi~tencia constante y eficaz y que para tí está envuelta tu amada,
buena ahmentac1ón. Especial para el tratamitnto de la lo- la imaginas mil veces más bella de
lo que realmente ;puede ser. auncura por el hipnotismo.
DEPARTAMENTO ESPECIAL PARA .XNFERKOS, DE MEDICINA Y CIRUJU
que sea, como tú crees, la mujer
Para los enfermos que vienen de los Estados, loe hom- más perfecta del universo? El mobres. solos ó l:19 personas.de ambos sexos que tengan que mento de verla sería siempre pa1mfru cualquiera ?Perac16n, les .es muy_ ventajoso este ra tí úna espantosa decepción, pordepartamento. Tienen loe pacientes aire puro clima que el sueño, aun el susceptible
exc.elente y no malsano como en México, recámara ~special de ser realizado, no está libre nunmeJor que ".n un hot~l, bañ.os! .ropa limpia, peluquero, ca de desencanto sino á condición
buena comida, médico, med1cmae y asistencia médica de no llegar á í·ealizarse jamás.
constante, y todo esto por un precio muy inferior á lo Confórmate con tu ceguera y acosq~e gasta!án en otra parte mal atendidos. Sala de opera• túmbrate á considerarla como el
cwnea estilo moderno y arsenal de instrumentos com- origen de tu felicidad, el eterno
pleto.
entusiasmo en el amor, y compaPara mayores informes dirigirse á los Dres. Guillermo dece al resto de los mortales conParra, tel~fono 443, apartado 682 (calle de León núm. 9), denados á ver la imperfecta belleY_Dr. Adrián de Garay, teléfono 1344, apartado 778 (1~ za de los séres y de las cosas sin
Pila Seca núm. 8.) El Dr. Parra es Director de la Com- que las lágrimas que tan á menupafiía de asistencia Médica y Cirujano del Hospital Juá• do nos hacen derramar nublen
rez. El Dl'. Garay .e~ profe~or .de Anatomía quirúrgica en por completo nunca la claridad de
la Esc1:1ela de Med1cma y c1ruJano del Hospital Juárez y nuestras miradas.
del Asilo Espafiol.

!agro de que yo pp.eda llegar á imaginarte tal cual eres.
-No me atrevo á intentarlo, contestaba ella con encantadora modestia. -¡No te atreves! Dí que no me amas como yo te amo y
que no quieres complacerme.
-Interrógame y trataré de contestarte.
Y á cada pre~nta de Leonardo sobre el color de los cabellos de Amella, sobre la claridad y pureza de f?US ojos,
sobre los contornos de su cuerpo, contestaba ella con frases en que se mezclaban por partes iguales la sinceridad
y el pudor, y que colmaban al pobre ciego de nuevo orgullo y de nueva y desesperada amargura,
La idea de la hermosura de Amelía crecía, se agigantabe
en su espíritu; su confusión y su impotencia, al tratar da
precisarla con líneas y colores, eran á cada instante mayores.
II.
El amor de los dos esposos no era el que se extingue, ni
de los que se disminuyen, ni siquiera de los que con el
tiempo se modifican. Era siempre el mismo.

A l'tl EI,IÁ.

Amelia, la enamorada esposa, estaba en los brazos de
Leonardo, el fiel compañero de su vida, quien, ciego desde su niñez, sólo podia verla con los ojos del alma.
-¡Adorarte y no contemplarte jamás!-exclamaba Leonardo. Si yo te hubiese conocido en aquellos primeros
afios de m1 vida, cuando aún podía contemplar el azul de
los cielos y el resplandor de las miradas,¡ los rojizos matices de las rosas y de los labios, tendría njos en mi memoria los rasgos todos de tu belleza, y tu imagen se destacaría sobre la negra noche que rodea á mis pupilas. Pero cuando mi corazón se abrió al amor ya ebtaban cerrados
mis ojos á la luz, y nunca, nunca, podré admirar los tesoros de la hermosura que poseo y desconozco. ¡Amelia mía,
fuente de todas mis venturas y del dolor que me agobia y
me mata: refiéreme tú, con ese celestial acento que para
siempre supo hacerme esclavo tuyo, las perfecciones de tu
idolatrado sér. Descríbelas una por una, detaJJada y minuciosamente, y acaso el encanto de tu voz realice el mi-

-~IIIAIIATll■AIE
REMEDIO VEGETAL.

10

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. Cada fra~ co va acompa:ñ.ado del plan curativo y las instrucaones para usarse.
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«La mujer es un angelsin alas,,.
Las hay que, sin tenerlas, suelen alzar el vuelo!

Se recomienda á lo.s .anémicos, á las jóvenes clorótic88.
y á 1~ personas ~eb1htad;as por una prolongada perma:
nencia en las regiones cáhdas y ma:sa::ias.
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MlB ~enerales; en el establecimiento de la Sra. vihda df
G~n~y Comp.,~ de Plateros número 3, y en todos lot
prmc1pales establecimientos.

14 DE ENERO DE 1896.

28 de Enero de 1897.

bajo el plan siguiente:

14,000 Billetes á $ 2.00 cada
uno, divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

-DE LA--

Beñittciócia-:
~• ~.Pú_!&gt;l~cl
CIUDAD DE MÉXICO.

=

El próximo sorteo, con premio
mayor de

"$10,000
ea verificará en el Pabellón Morisco
á la.s tres de la tarde, el Jueves
•

II Premio
de.... $10,000....$ 10,000
.,
.,
1,000.... ,, 1,000
u

1

.,

"

600 .•.. ,,
2
"
u
u
200.... ..
,,
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100.••. ,,
10
26
.•
.••
50.... ,.
100
"
n
.,
40.•.• ,,
200
n
••
20.... ,,
.,
.,
1 o ......
2 Aproximaciones de á $ t 0O·
nna anterior y otra posterior ai
ndmero prelDlado con los •••...
$10,009 .................... $
2 Aprox!mactones de á !1¡50; una
antenor y otra. posterior al nú.
mero premiado con los
- - $ 1 .000...... ................ $
n

FONDO:

S 320,000.

PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4.00.-Medios: $ 2.00
Cuartos: $ t.00. - Décimos: 40 cante.
Vigésimos: 20 cents.

PRE~IIOS:

PREMIOS:

-

baJo el plan e1gwente:
10,000 BILLETES.

500
200
200
500
1,000
2,000
2,000

200

1 00

M5 Premios que hacen un total de $17. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$ 60,00·0
ae Terül.cará en el Pabellón Morisco
i la8 U &amp;. m., el Jueves
'

t

Premio m-:1-yor df.......... 8 60,000
t Prem!o pnnc!pa de ..•••• ., 20,000

to 000
5'000
Premios de,. 500 ...... ., 5'000
26 Premios de ,, 200 ...... ., 5' ooo
1 00 Premios de ., t 00 ...... ,, to' ooo
260 Premios de ,.
40 ...... ,. l 0'400
460 Premios de .,
20 ...... ,, 9'200
1 00 Premios de 8 60. aproximaciones
'
al premio de 8 60,000............,
6 000
100 Premios.de 8 40,_ aproximaciones
•
al premio de 820,000. ........... 8 4 000
1 00 Premios de 8 20, aproximaciones
•
al premio de 810.000... . .... . .. . 9 2,000
T99 Terminales de 8 20. que se determinarán por las dos dltimas cifras ~el billete que obtenga el
prem,o mayor de 860,000 ...... 9 t 6.980
T 99 Terminales d~ 8 20, que se determinarán por las dos 11\timas cifras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000 ...., 1 5.980
1 PremLO principal de ...... .,

6 Premios de$ t ,000 ...... ,.

to

2. 761 Premios que hac~u u. 'rotal 4t. .$ 178.560
Jta""~odos loo sorteos est:i.n bajo la vigilan,·,a
f direcc1ó.n personales del Sr. D. Apolinar Castillo
Interventor del G1,bit'rno. v de un empleado de la
Tcsorerla General de la Nación.

Oficinas: 1' San Francisco núm. 12

Necepdón ael $r. Presiaenfe ae la Nepúblka 1 ae su esposa
En el baile dado en su honor en Minería.

U . BASSETTI, Gerente.

(Del Natural por Carloa A.loahte.)

•

NUl'tlER.03•

�EL MUNDO

34

"El. MUNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburc:io núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reiacción, debe ser dirigida al
Director, I.lc. Kaf"ael Reyes Spíndola,
Toda 'la correspondencia que se relacione con la edición
debe se} dirigida al

Gerente, I.lc. Fausto Moguel.
La subscripción á El MUNDO vale $1.25 centavos al

m~s, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pa¡o de.be ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE.

«~entes exclusivos para los Estados Unidos y Ca~adá
The Spanish .American Newspaper Company, 136 Li.berty St. New York, E. U.»

llltotas tbitarialts.
QC.ónttr nactn los ¡rnrtibtJs µoliticos.
Recient.emente se ha ocupado la prensa de la creación
de lo!(partido! políticos, discutiéndose si la oposición nace al fu.flujo de los partidos, ó los partidos, toman cuerpo
á impulsos de la oposición.
.
.
Es interesante investigar cómo nace un partido político en un Estado. El partido político no es un producto
de generación espontánea; se informa en_ una agrupación de hechos, que propagados en una soctedad, forman
un cuerpo de doctrina común á un grupo social. En términos más precisos: el partido politico se crea en virtud
de necesidades, ?,e intereses, dE: a_spiracio~es, de tend~ncias de una porción de la colectividad. ~fientras los mtereses no han tomado un gran desarrollo, mientras las
necesidades no se dejan sentir con demasiada violencia,
el partido político no surge: es necesaria una etapa superior á la vida económica de un pueblo, para que aparezca.
Claro es que una oposición que no representa intereses
de ninguna especie, que no ampara ninguna aspiración
social, que no estit apoyada, en suma, en algo positivo,
no es tal oposición, en el sentido político que de be darse
á esta palabra.
Un género de oposición últimamente desarrollado, ha
sido el obstruccionismo; y el obstruccionismo es un combate de guerrillas, una guerra de alfilerazos que no está
informada en ninguna disciplina, que no obedece á ningún programa: su función es la de hacer daño á toda costa, su tarea la de no hacer concesión alguna al poder público. El obstrucionismo no puede tomarse como Ja característica de un partido serio fuertemente constituido; y
si renombrados hombres de Estado se han aprovechado
de eE=ta arma, ha sido como un procedimiento, como un
medio; nunca como fin de una agrupación política sólidamente organizada.
La oposición nace con los partidos: porque como se ha
dicho muy bien estos últimos días, estos son el órgano y
aquella la fwición. Pata que nazca un partido, se necesita que haya un grupo de intereses que lo determinE',
pues lo que da fuerza y consistencia á los grupos militantes, no son las estrofas de los poetas, no son las
ideas de los filós.ofos, no son los discursos de los oradores, no son los artículos de los publicistas: son las necesidades sociales en -lucha constante por ser satisfechas.

i,t suµ-crstición ilel ltilóntdro mailrttbu.

mitiva piel de horda que vive de-larapii\a) BUeña en alcanzar por la conquista lo que por el trabaJo no lo~. .
La nueva superstición amenaza minará las nac10nahdades contemporáneas en las bases de su bienestar Y su
riqueza sociales.

QEl Qfota~tJ tJ las µrofes iones.
"Gn diario de esta Capital acaba de inaugurar ~ne. seria
campaña contra la instrucción p~ofesional gratwta, aduciendo en favor de su proyecto ideas que, no O?stante
haberse calificado de poco nuera.~, merecen ser temdas e_n
consideración. En materia de progreso hay qu~ rec~rrir
en ocasiones á viejas verdades todavía poco difundidas
en nuestra sociedad.
Hemos sido nosotros, los que no hace aún una docena
de años hemos escrito con motivo del tema puesto al debate: En M:éxico hay oferta de sabios y_ demanda-~ alimentos! Faltan cosecha.3 y sobran ilustraciones! Existe una
plétora de hombres profesionales en medio de una _inID:ensa extensión territorial de la que apenas una v1gés1ma
parte está cultivada, y entre la actual riqueza pública _de
las naciones latino-americanas y su equilibrio económico
se opone el legislador, el jurista, el político, el poeta, el
abogado...... una enorme cantidad de ciudadanos superiores robados á la labor de la tierra. Estos constituyen un
obstáculo en el desenvolvimiento de los elementos naturales de cada nación americana.
En los Estados Unidos, el hombre no se preocupa por
obtener un título pagado con los sacrificios de las clases
trabajadoras. Allí, el ideal e'J llegará ser una fuerza más
agregada al conjunto de las fuerzas sociales. El yankee
cree que se prestan los mismos servicios y que se es tan
útil explotando un pozo ele petróleo como pronunciando un
discurso en el parlamento.
Los latino-americanos pensamos que el hombre es útil
por su le1·ita, por su título, por su müie en scl&gt;ne. Hay un
culto hacia las grandes palabras, hacia las botas ele chcirol,
hacia los galones de jefe, la dialéctica del diputado, el
bastón del médico y la gravedad del jurisconsulto. Y
como la materia prima de nuestra riqueza social no ha
avatlzado paralelamente, se observa un notable desequilibrio, una laguna inmensa, imposible de colmar hasta
que las corrientes de los espíritus no émprendan otro
más saludable derrotero. Para nosotros, el problema consiste en que el aumento en la producción no se encuentre por debajo del aumento en las profesiones: que cada
nuevo representante de una carrera compense para la sociedad al obrero perdido, que un sabio sustituya al agricultor que se escapa!

***

Se ha dicho muy bien: el Estado no está interesado en
formar sabios, sino en formar ciudadanos, y la sociedad
civil, tal como los gobiernos modernos la preparan, acabat"á por parecerse según frase de un ilustre economista
(M. l'. Leroy Beaulieu, El Estado moderno y su,¡¡ funciones)
á uno de eeos viejos ejércitos centro-americanos, en los
que el número de los generales y coroneles es superior al
número de los soldado~.
Preciso es instruir á las masas, ya que la instrucción es
la base de las instituciones y del bienestar de un pueblo,
y que ese gasto salga del fondo común, puesto que á todos aprovecha. En este sentido ha podido repetir un diario la frase lanzada por un pedagogo de este lado de acá
del Atlántico: Gobernar es imtruir.-Pero que los sacrificios hechos por países, que apenas comienzan á dar sus
primeros pasos en el camino del ensanche de la riqueza
social, no sirvan para favorecer á una clase privilegiada
que puede, por sí so1a, procurarse armas profesionales
para triunfar en la lucha por la vida.
Tal vez no esté lejano el día en que esta reforma se realice y entonces ya no veremos ahogarse en la atmósfera
de las antesalas á esa avalancha de,i6l'enes de carrera, en
solicitud de una frondosa rama del árbol-presupueRto cuya sombra cubre amorosamente á tanto ciudadano.

No hace muchas semanas discurríamos en estas columnas acerca de eea extraíia locurd de los pueblos modernos-postrer reducto de un criterio formado en el período
de conquista de las agrupaciones humanas--eonsistente
ei:i procurarse la mayor e~tei:isión de territorio, y sostemendo á costa de los sacrificios más graves esas lejanas RESUMEN.--Historia del arbitraje general angloameric:ano.--la Gran Bretaña y los Estados Unitierras disgregadas de la patria, procedimiento del que
dos. -- Exaltaciones de ayer y sensatez de hoy.
surgen necesariaD1ente esos confhct-0s coloniales que en
la actualidad se desarrollan.
--la doctrina Monroe.--Enseñanza elocuente al
mundo civilizado.
Precisamente las líltimas publicaciones europeas se han
apode~do del asunto a~plificándolo y tobusteciéndolo . Cuando hace un año los _d?S pueb~os anglo-sajones que
con el impulso de espíntus superiores y el auxiliar de Juntos representan una misión altísima en el mundo ciabu~dante doc~mentación.-La tendencia á que hemos vilizado y vincula~ !as tendencias _de una raza y los inaludldo, la pasión á que se ha hecho aquí referencia ha terei,e~ de una fam1ha, parecían onllados á un serio romsido encerrada en los términos de una nueva frase qu~ ha pimiento por causa del conflicto venezolano, en que uno
venido á enriquecer la por hoy exhausta nomenclatura pretendía defender la fuerza del derecho contra las asde la ciencia social: la kilometría ruadrnda.
pi raciones del otro q11e sólo se apoyaba en el derecho de
La kilomtlría cuadrada-es decir el deseo inmoderado la fuerza, nunca pensamos en qne terminaran esas difide ~propiarse nuevos girones de te~torio, arrancados de c'.lltades de otro modo que como resuelven de ordinario
no importa cual comarca lejana de! planeta el anhelo de sus problemas las naciones prácticas v como sortean los
aumentar ~l suelo nacional incorporando te;renos arreba- escollos qne á su paso encuentran la Gran Bretaña y los
•
tados á qmen sabe qué tiniebla¡¡ del Afrfr·a el delirio de Estados Unido•.
C~ímos que á pesar de la exaltación malsana de los
aparecer grande, con lll1a grandeza no fundida en la cuantía de una producción desbordan'te, no en el desarrollo britanos ~ercantiles y la excitación m0rbosa de los yan~e. los ele1~entos de actividad, sino apoyada en la 8Upers- kees Jabonosos, todo se arreglaría pacíficamente y no tentwi6n del kilóm.c_tro c11adrado, extravagante megalomanía drfamos que presenciar una guerra, que habría siclo forq~e C&lt;_msum~ riquezas y agota esfuerzos y despuebla te- midable entre.los vástag?s d~ una misma estirpe, ligarntonos y siembra de cadáveres los más apartados rinco- dos por comumdad de aspiraciones y atados íntimamennes del planeta.
te coi; el fuerte lazo de los inteseses económicos y comerciales.
En vano es q~e se haga verá los pueblos que la tietra,
Y así su~edió: á la explosion patriotérica anti-americana
cuanqo el tr_-abaJo humano no se le incorpora no es uri
producto cotíza~le, y que si esta tierra representlÍ una suma que produ¡o en In~laterra y alguna de sus colonias el
mayo! de sacr1fi.cios que de ~ndimientos, su i-alor resulta ~ensa¡e del Presidente Cléveland, definiendo la casi olnegativo; todavía la humamdad no se despoja de su pri- vidada doctrina Monroe y ofreciéndola como ~&lt;&gt;ida protectora á la República Sud-Americana, contr: los des-

l]alftirtt ~.entrttl.

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

manes·dAl gobierno británico en liµ¡ codiciadas riberas,
del Uruán y en las fértiles márgenes del Orinoco; al entusiasmo anti-brit~nico que estalló en los Estados Unidos provocado por las palabras del Presidente, exajeradopor las excitaciones del jingoi81no de algunos senadores y
enardecido por las rei;istencias_que en un :principio ofreció el gabinete de Salisbury y la actitud idéntica de la
prensa inglesa, siguió muy luego la calma sensata y la
serena meditaeión. Los hijos de Albión pronto recobraron su tranquilidad y los buenos hijos de Penn vieron,
desvanecidos sus impulsos hostiles.
_
Pudo mis en ellos la consideración de los intereses que·
resultarían náufragos, caflu de nn rompimiento, que el halago engañador de la gloria, en el evento indeciso de un,
triunfo problemático. Y se estudió, se discutió, se hizo á
un lado patrióticamente la envidia y rivalidad que aso-·
maban entre naciones del mismo origen, y quedó deci-dido el arbi~raje en la cuestión anglo-venezolana, soln-ción que en vano había perseguido Venezuela ensu debilidad y había rehusado constantemente Inglaterra, en
su grandeza. La doctrina 1\fonroe recibió así firmísimo
apoyo y el mundo occidental qPe-ló desligado. de estrafias intervenciones y libre de las rapacidades de la :E;uropa monárquica, que _por más de cuatro centurias había.
ejercitado en él el imcuo derecho de conquista.

Son veinte también los arcos de la parte alta; pero de
orden jónico, y lucían cortillilj;s de raso: color blan~ los
del lado Snr, amarillo los del :'.'lorte, verde los de Oriente
y rosa los del Poniente, yendo también sus doolt:s columnas revestidas de palmas y guías de flores. .
.
El cielo raso estaba formado por un gran henzo pmtado de colores, formando cacclonex en su tota:idad y
pendía del centro un respland,,r circular, de cuarenta y
ocho rayos y un gran candil dorarlo, de fantasí~.
.
Las dos extremidades del corredor Sur, del prtmer piso,
estaban cubiertas por dos graneles cuadros que reprei::e~t.an
perspectivas: uno, las ruinas de "'ortenstein, en Zur!ch,
Suiza; y otro, nn la!;" d~ azuladas ondas c~e la Bavier~
Superior, cercado de flondos arhnstos y te111endo al fondo una cadena de m,rntai'ías rocallosas.
Estos dos cuadros fuerun pintados por el señor Jesús
Herrera Gntiérrez.
Las regias escaleras, hechas para todos los desfiles hidalgos, par.1. qne por ellas discurran
el vizconde rnbin rle los rtesafios

y el abate juveu de los malrigales,

ostentaban tambUn un adorno vi4oso y delicado. En su
parte alta, cubriendo el tragalnz de cristales, iba. un gran
bastido: cuadr,i.do, cubierto de cresp6n "'erde, azul. rosa
v amarillo formando abullonados y contenía 400 luces.
tucía en i{1 centro un cogín de razo blanco que llevaba
una corona de luces.
Diverso era el adorno del vestíbulo; p~ro no menos
notable. En las partes más visibles hab:a dos bellospas·
torales: una aldeana y un zagal.

***

1\ías no bastó á la diplomacia anglo-sajona haber zanjado esa dificultad, y conjurado la tormenta que enturbió
su cielo con sombras amenazantes, para precavers6 de
nuevas tempestades y ponerse á salvo de otros choques
que en un momento dado :pudieran arrastrarla á excisiones verdaderas en su propio seno: acaba de concluir un
tratado de arbitraje que deja todos los disturbios futuros
á la decisión de jueces sereno~ que alejen para siempretodo posible rompimiento.
Y he aquí que esa raza fría y calculadora, que comenzó.
por sentir el latigazo de un cáncer que pudiera corroerla,
que se estremeció á los asomos de la envidia que pudiera dividirla y se exaltó 4 los primeros vajidos de un•
rencor que pudiera apartarla de la misión que desempeña en la obra de la civilización moderna, vuelve sobre sí,
reflexiona, y da al mundo el grandioso espectáculo deuna tendencia bendita hacia la paz universal.
La Gran Bretaña y los Estados Unidos tienen y representan poderosa vitalidad y poseen en los elementos desu organismo suficientes energías para sostener sus derechos de nación soberana, y abdican de esaJ fuerzas, olvidan esas energías, para entregar sus futuras disidencias
al frío raciocinio y seguir siempre unidos por los lazos-.
del interés económico y de la comunidad de aspiraciones.
que los han guiado en su camino triunfal.
No podían ser como no fueron, los problemátic.o s derechos á un territorio reclamado por Venezuela, causas
que interrumpieran: todo un programa de tradición y de
abolengo; no podía ser la interpretación de una doctrina
internacional americana, vista con supreiuo recelo y mal
disimulada prevención por la Europa entera lo que apartara á los dos grandes pueblos de habla inglesa. Si necesitaba la doctrine l\fonroe la aceptación de parte de una
potencia del viejo mundo para recibir su sanción perfecta en el derecho positivo que informa las relaciones delos Estados modernos, el tratado preliminar qne ha terminado el conflicto anglo-venezolano es Ja mejor demostración de que esa doctrina, presentada como salvaguardia de las jóvenes repúblicas latino-americanas contra las,
rapacidades de la conquista, es acatada por una nación
poderosa del viejo continente.
Vean en ese tratado los Estados rivales que sólo escuchan las insinuaciones del rencor y atienden á las torpessugestiones de la envidia, de qué manera se establece la
harmonía y la concordia, y se échan las bases de la paz
universal. Comprendan también cómo se sacrifican hasta.
lar rigideces de un amor propio mal entendido para hacer que la política, libre de los movimientos pasionales,
ajena á los arrebatos del entusiasmo séntimental, ocasionado á ofuscaciones y devaneos, sea siempre el resultadodel razonamiento sereno y luminoso.
Desgraciadamente, todavía está muy distante el reina·
do de la paz sobre la tierra, todavía tendremos que ver·
á las naciones rodeadas de todos los elementos refinados
de la guerra para vivir en paz con sus vecinos, y habremos de presenciar esos sacudimientos apocalípticos que·
conmueven los ejes del planeta, envolviendo á los pue,
blos en caMstroíes espantosas y ruinas asoladoras.
Pues aunque llegmmos á presenciar una política deconciliación que momentáneamente nos librara de losgrandes armamentos sobre los-cuales descansa el trabajoso equilibrio de la paz actual, siempre quedarían palpitantes los antiguos rencores, ,. en el fondo de la aparente
calma quedaría la hiel de los amargos recuerdos, el fermento de las venganzas, la levadura de atávicas morbosas rivalidades.
14 de Enero de 1897.
X . X. X.
OTRO PAGO DE

$10,000.00

DE "LA MUTUA"

EN GUADAi.AJAR.A.
Guadalajara, Enero 8 de 1897.
8r.'D. Carlos Sommer, Director General de "La Mutua."
MfSxico.-M:uy apreciable señor mío:
Tengo el gu~to de manifestar ,t usted que hoy recibí de
esta sucursal del Banco de Londres y 1\Iéxico con mi caracter de tutor leaítimo de mis menores hcr~anos l\Iaria
Concepción. ::\Iaría de la luz, Elena y Salvador Brambi-Ja, la suma de (Sl0,000) Diez mil pesos, valor de la Póliza núm. 769,546 constitnida á favor de mis expresados-.
herman&lt;;&gt;s en la Mutna &lt;le New York, compañía de SeguroF de vida 9ue uste~ dignan_:iente dir~ge. Con la expresada suma recibí tamblén doscientos veinte pe8os diez centavós como ?E:volución de premios respectivos.
Por la actividad y eficacia con que usted se ha servidoproceder en este asu?to,. tengo el g~sto y la satisfacción
de dar á usted las mas smceras gracias en nombre de mis.
expresades hermanos.
Tengo el honor de repetirme de usted su más adicto y
S. S.-JosÉ I . Bn.nrnru..

***

t

ESTER TAPIA DE CASTELLANOS
el día 8 del actual en G;1adala;ara á la edad de
anos.

35

EL MUNDO

DOMINGO 17 O.E ENERO DE 1897

s7

¿Las damas?
¡Pecador de mí! Desde el momento en que recibido por
numerosa y elegante comitim el Sr. Presidente de la
ReplÍblica se presentó en el ealón, hast:~ e1; el que e,mpe·
zó á palidecer la luz de las estrellas, as1st1 á nn d_n'1no
desfile de ojos tropicales, de ojos de Jago de Es~ocm, de
ojos fulgurantes, y abora que querrm pronu11ciar nom-

brea, no puedo. ¡.Quién ha contado todos los diamante&amp;
luminosos de la Yía Láctea?
. .
E,;perad también. Y entre t~nt?, leed loa siguiente&amp;
datos que anticipo. El .lfundo Dwri.o:
El traje de la Sra. Carmen Romero Rubio de Díaz es de
riquísima seda con gran cauda y adornos de azabache.
_¡,,¡ traje de la Sra. .A.ro~ Díaz de la Torre,. es de co!t:r
rosa con hermosos adornos. El de la Sra.. Pnda de .N uñez, color violeta de piel de seda. El ~rp1ño lleva_ ~ort&gt;s
sobrepuestas de color amarillo, es~e~1e de margant1¡1as,
que lucen mucho. El de la señora'\\ hith, blanco con a&lt;lornos color rle rosa y encajes de. pu~to de Inglaterra. El de
la señora Tagle. de .Rivas, de tt:rc10pelo negro con pasamanería bordada de plata.
.
Señora de Choussal, traje azul pálido con _ricos enc:,ws
de Inglaterra. El corpiño es de color amanllo narau¡a,
de terciopelo.
,
1-\eiiora C'oncba Rivas de Torres, enagua de broche, r:~meada de tonos a,uarillo y crema, chaqueta. de mu~chna bordada de µ!drería é hilo de_ oro.
.
8et1orita L.&lt;iurn Enr.quez, vestido verde Nilo con eucajes y flores.
Reñorita .Aurora Eoríqllez, color rosa, de raso L'ilmty,
con muselina.
~ñorita :\Iaría Luisa E nrfquez, de raso blanco con
leutejelnas y flvn&gt;s. ,
.
8et1orita .Adela 1'ernández, color rosa, salpicado de
•perlas y lentejuelas de oro.
. .
Señora Brier, vestido negro con aphcac1ones de avalorío y bordados de oro.
. .
.
.
La sei1ora esposa del Mm1stro. !nglés, traJe de fondo
blanco realzado con rosas de fims1mo oro, ador_nos : m~rillo paja de gró é hilillos ele pequeños y vahosos bnllantes.

*

* * que ~l sueño, ese pastor
Y ahora hasta luego; dejad
silente vu~h·a mi esp,ritu al redil; de¡ad que duerma.....
Mañana o:; diré tantas cosas...... .

La aplaudida poetisa m\choac:ma, cu~o r,•tr~to,d;mns
arriba, vió la luz en .\lorel1a, y por los a~os de(;(} a 6- [ué
á residir en Guada ajara, &lt;!onde colaboro C?~ aceptación
en las revistas literaria~ de la t&gt;pn&lt;'a, en umon d~ los me·
jores escritores jaliscienCE'S y pn_bli-:ó dos cole~c1~nes de
versos muy conocidas: «Flores silvestres" y «Canticos de
los niños.»
. .
.
Era socia correspondiente de varias d13tmgmdas agru•
paciones literarias.
.
Su muerte ha sido verdaderamente sentida.
Halle su espíritu la p11z.
EL HAii.E; EN ltIINERIA

~_)¡

Por fin llegó esa noche maravillosa, esa noche de cuentos de hadas esa noche de encan!,o indescriptible tan locamente e~per'.,da por mil comzones¡~venes. Efectu~se por
fin en el edificio de :Minería-el primero de :\léxico-el
gran baiie que en obsequio del Sr. ½'ral. Diaz organ_izaron
las principales clases denuesta sociedad, con motivo de
la nueva toma de posesión del poder y á la hora en que
~sto escribimos mal alumbrados por el velón cuya luz
lucha con las p~imems claridades trémulas del alba, ya
&lt;;aliaron las harmonías, ya se extinguieron los focos, ya
descendió sobre los p.í rpados fatiga~os t'l suet10, ya •e desvanecieron como no eecncharla queJa las notas de lamagistral orquesta del Conservatorio y el recuerdo espera
acurrucado en los 11.iveos cortinajes de los lechos á que se
despierten las lindas pupilas negras y azu:es para extender ante ellas el divino espejismo de lo que fué.

***

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.

N{&gt;, no me pidais nota completa de lo que vf, de lo q~e
oí de lo que sentí.. .... E:i aun muy pronto. Las sensacion~s se a&lt;&gt;olparon en mi Ct'rt:bro en confusión caótica y aun
revolote~n locas en él; dejad que el orden suceda al c~os,
mañana os lo diré todo, cuando el sueño como un tnste
pastor.vuelva n:ii_espírit_u a] redil. Ahora sólo os daré notas
aisladas ras~os 1mpres1omstas, algunos nombres y algunas obs~rvac10nes breves...... Aguardad á maíiana..... .

***
¿Las luces? Se llamaban legió~: 2,,'&gt;10 p~CC? masó m~nos,
proporcionadas por las compat1Jas electricistas ~ac10nal
y Knigh. De esos focos, setenta de gran tamaño, distribuidos, 40 en el centro de cada uno de los arcos de ambas
regias series de corredores y los otros en los salones y en
el vestíbulo.
Ya podréis imagina1os aquel desvarío, aquella locura
de esplendor.
¿El adorno? Baste decir qué el ¡;;r_ Ignacio Bejarano lo
tuvo á su cargo para que nadie duJe de su exquisita elegancia y buen gusto.
Leed empero las siguientes notas que de\:&gt;o á un compafier0 discreto:
·
Una combinación feliz de estilos producía el más cautivador efecto.
Los arcos de la parte baja, que son de arquitectura toscana, ostentaban cortina¡es Lle expléndi&lt;_lo peluch_e, de
varios colores formando ondas en la parte Eupenor y
caían con natu'ralidad hasta el piso. Para que nada quedarn descubierto de la cantería, se cubrió el resto de los
arcos cou una decoración flor-al apropiada. Las columnas
estabim elegantemente vestidas de palmas y gnfas de
rosas.
.
Los muros de los corredores, correspondiendo á dichos
arcos, ostentaban grandes bastidores forrados de raso,
también circuidos de flores. Sobre pedestales de un metro de altura se coloca.ron artísticos macetones dorados,
• conteniendo 'plantas exóticas.
.
&amp;m veinte los arcos de que hablamos. Los dos céntricos de los corredores Xorte y Sur, mostraban lunas de
Yenecia, hiseladas, en las cuales reflejábansecomo en _un
la&lt;&gt;o encantado de diafanidad incomparable, el rítmico
m~vimiento de las parejas, el frac ~evero y el pomposo
y crujiente raso de los trajes fememles.

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El baile dado en Minería en honor del Señor Presidente.-las invitaciones.

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�EL MUNDO .

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

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37

Y la Ristori contestoba:
Dejadme, dejadme.... Os lo ruego.
A la original y hermosa fotografía
¡Xo puedo aún deciro:1 nada!
que publicamos y otras que lo son
II.
no menos, con que engalaneremoR
Concluido el primer acto, ee dirinue:-tras páginas, nuestro especial
gió la Ristori aT ¡,aleo real acompaamigoelSr. D. Mariano Salas, de Gua11ada por Barbieri.
temala, que.tuvo~ bien haremos la
La Reina la esperaba: varios )lidonación s1mpát1cs, acompafió ~~
nii,tros rodeaban :i !'U )Iajestad.
nota en que expl"el'aba la conv1cc~on
La gran actriz, sin vacilar un insde que nuestros poetas no podnan
tante, se arrojó á los pies de Isabel .
menos que inspiran;e, ya que no á
II, pidiendo gracia para el po?re solla Yista del original, cuando meno;;
dado con no menos elocuencia de la
:l la de la copis, pam.de!'gl"llnar 1l los
• que la había hecho triunfar de Xarpies u.e e•as herino.•uras lo~ claveles
vaez.
rojos de sus cantos ~róti.co,- y las ro-Cálmese usted-le dijo la Reina,
sa;; reale" de ~\u&lt; hl'on¡as perfumalevantándola, sin po&lt;lerdisimularsu
das. La presunción em justa·······:·
emoción.-Yo accedería, pero el pripero nue;;tros poc~~ ya no eantan ~1mer )1inistro...... .
110 t•n los rntoP. perdidos, y, homl,rt·K
La RiHtori, olvidando toda etiqueni fiu dd ~iylo di,·cinuue, .procuran
ta interrumpió á Su )[ajestad.
pn,ler los menos. La curia, la me'.:...Sei'iora, dígnese preguntárselo.
dicina el periodbmo, los empleos y
Y o conozco "U!'l "entimientos humaaun eÍ comercio, preocúpanlos m:1s
nitarios, y no persistid en su rigor.
que el Ideal m:is 6 menos hecho carXarvaez, que se hallaba pre~enne en alguna hermosa. Xo, nuestros
te, "E: incJin/, ante la Reina sm propoetas ya no cantan á la donosura
nunoar palabra.
v gentileza de la Eva eterna, porEsta entonces exclamú conmovida:
que hancaído en la cuenta de que la
-¡Pues bien, sí, sí; concedemos
belleza que premia con miradas y
el indulto.
&lt;:aricias, demanda para poseerla hoY la Reina pidió una pluma y firm,:-ta v legítimamente un cuadro de
mó Ja ~rac.i.a desead.a. .
.
opule1Ícia )! a.•piran ellos de;;de lueDcspucs d1¡0 á la R1~tnr.1 sonriend&lt;?:
go á adqmrir el cuadro, para con-lle aquí una t~ag"Jia que termi•
quistar después la belleza_.
na bien: guarde usted e~ta pluma,
Xo cantan y es de sentir;;e porque
que será para u~ied y para los imyos
hermo~ura.~ como la que hoy engalaun rec11erdn bendito.
ana nuestra revista, hechas son p~ra
Con esa reliquia en la mano v el
reeibir el perfume de todos los lll·
corazón desbordando nlegrfa i-alió
dl'n~o~ y la fre~cura de todas las flola actriz del palco real, y atrave."? la
I't'S. :-::on nermosums hermanas de
concurrencia que e:-pemba ansiosa
las nuestra~, que Et. ~lcrno ha preel resultado de !'U tentativa.
st•ntado con orgullo en opulenta ga-¡m indulto! ¡Tengo el indulto!
1..,r:a desde su fumlaciún hasta ahogritaba fuera de sr.
m á' sus lectores, herruo~unis hech11x
Algunos instantes después. aparet1e'8ombra y luz que divin11.a el trópicí{, en la e!'Cena, y era acogida pnr
co v que hacen recc,rdar los ver;;os
una inmensa aclamnciún. Los vivas
dei cantor de Luzbel:
y aplausos n•sonaban intermi~'lbles,
......1'\'egr~ sus ojo,~, negro su cnhcHo;
uniendo los nombres de la Reina y
competir en su n,,tro ¡:,arecla
el :myo.
Ja nO&lt;'he t·ouel tlta:
,\.quella noche obtU\·o la Ristori la
¡&gt;&lt;:ro aca.so el crc¡1\1sculo no es 1Jcllo7
ovación más grande(&gt; imponente de
l1ermosuras, en fin, que asl hilan la
su vida.
meca llena de copos hícteoi; en el hoYI
gar escondido y dichnso, como. e~Apenas
se
supo
la fausta nueva
plenden al :íuroo sol de las arañas l'll
cuando los tres jóvenes autores del
lo~ ealones del gran mundo.
&lt;·0111¡&gt;/"I nobilí!'imo, abandonaron el
¡Sombra y luz!. .....
teatro y uniéron8e al lira!. Enríquez,
*
avudante de Xarvaez, para ir á las
Y nosotros
b'emos dc•slumbrapn~iones militares.
do tantas pup~as jóvenes, mostnínEn ellas aguardaba la hora de amadoles los rostros ideales de las bellenecer el condenado á muerte, ya
zas mexicanas, debíamos, rompil·nperdida la 1ná~ remota e,peranza.
do fronteras ( que para nuestra cinuEnríquez mostró al liobernador la
Jación no existen) asociar :í mtebtra
real orden y acordaron comisionar
galería las bellezas guawmaltecas,
al Cura Berrocal para que revelara
también hispanas y deslumbradoras
al reo la noticia gradualmente.
también.
As( conveni&lt;lo, entró aquel á la
Hacémoslo así, con agrado, inicapilla: los tres jóvenes se quedaron
dando hoy la nueya galei:ra, y pm·sen la puerta asomados á la mirilla
to que nuestro i;emanano, que ya •
Señorita Concepción Zivión y Saravia. ( En traje de fantas1a.)
enrejada.
•
circula mucho en centro América,
•
El•preso
sentado
y liaba
,•mpíeza á extender su esfera de ac(De fotogmfia cnylada por nuc,tro ami~'&lt;&gt; el l:'r. D&lt;m )Iarlnno S11Ja.s rle Guatema1a.)
. hallába~e
d
v hizo
roo
un
c1~arn
11
o
e
pape
I
.
,.,o
dón á la America del Sur, á las bevi
miento
alguno
cuando
dietinguió
al
sacerdote,
y
éste,
-)fa¡,, usted puede salvarle la vida.
llezas centro-americanas, haremos suceder las surianas
esforzfodose por disimular su aleiría, le dijo:
-¡Yo! ¡Ojalá!
.
.
.
-donairosas y así habremos logrado que con el movimil"Jl·
-¡Hijo mío' ¿como tienes el ánnno? ¿Esperas aún?
-El indulto ha sido ne17&gt;ldo :i v,ma!! d1putac1ones; pe·
to político1 literario v científico ele América, rn?,el'tra r1:-Xada Padre: bien Jo sabe usted.
vista refleJe la alma luz de la hem10Hura feme01l del pri- ro sabemos :¡m• el arte ht~ido omni.potente.; ~auemos que
-Yo ;J que la caridad cristiana nunca se rinde. La essi usted implora tí la Rema y al pruner :lhmstro, alcan-vilegiado mundo de Colón!
znr,t la victoria; ambos se hallan eu el teatro; llame usted peranza no debe abandonarse hasta el último momento.
á Xarvat&gt;z, ahora mismo, y al terminar el acto primero No eet:ís ol\·idado...... y ¡quién lo ~abe!
Chapado miró fijamente al Cura: cayósele el cígarripreséntel:e en el palco real.
llo de sus m:lno~, que temblaban, y preguntó con YOZ
-I'ero, señores, ¿llamar al mini~tro? ¿Ycndría?
ronca:
-Es un caballero espal1ol.
-¿Hay algo?
· Entonces dispongan ustede~ de mí: intentan&gt; lo que
-Sf, hi¡o mío, sí! ¡Dale gracias á Dios!-repuso aquel;desean.
la Reina acaba de firmar tu indulto.
II.
. El reo se puso de pié y dió un grito estentóreo diEl Duque de Yalencia fué avisadn, y no tardó en acu- ciendo:
dir.
La
Ristori
le
invitó
,i entrar en su cámara, encerr,ín-¡Viva la Reina!
TRES PERIODISTAS Y UN REO DE MUERTE.
dose bajo llan&gt; para no St'r interrumpida.
inmediatamente cayó desplomado y sin sentido á
:IIariscal-le dijo con rnz preñada de lágrimas-varias losEpiés
del sacerdote.
veces
me
ha
ase~urado
u~ted
qne
nada
me
rehm-aría.
I.
V
Le pido la vida oe ese pobre soldado que se merece cleEn el mes de Septiembre de 1857 hallábase en Madrid mencia.
Los tres jóvenes llorando de emoción ;,e miraron y se
fa famosa trágica Adelaida Ristori, repre~ntando con
-:::ieñora, respondió el duque-¡es imposible! Lo la- estrecharon las manos; parecían darse la enhorabuena
-éxito excepcional en el Teatro de la Zarzuela.
mento mucho; perore iwponc un ejemplo duro. N'uestras por la hermosa obra realizada.
Una noche tre!' jó\·enes pcriodistaio, cMi dc~conocidos, rE'voluciones comienzan en el ejército; la di~&lt;'iplina esttí
Pocas veces se unieron, tres manos á, mpul~o de tan
llamaron á la puerta de su cuarto, en ocasión que la ae- relajada. Todo el Municipio ha implorado ií la reina el santo motivo.
'triz iba á transformarse en la Jfedea de Legouvé. ·
indnlto de ese soldado, y yo me he opuesto. En estos insPocas veces logró tanta fortuna una in~piración ju-¿Qué queréis, seftores?-pregunt6 entreabriendo.
tante, la clemencia sería peligro~a.
.
venil.
,
-Hablarle cinco minutos.
Entonces la Ristori apeló ,1 todos los recursos de su ma. Inspiraci6n hija no del acaso, sino de la grandeza de
-Perdón, ahora es impo~ible. Yue)yan en el primer ravilloso arte para conmover al Yiejo guerrero. Gna in- corazon y entendimiento que atesoraban aquellos jóveentreacto.
terna lucha se revelaba en el rostro del duque; las higri- ne~, que al1os de•pués serían verdad&lt;."ras glorias de la
-Sería tarde, señora. De vuestra conferencia dl•pendc mas con~iguieron triunfar, y t-0múndole una. mano:
Patria.
.
la vida de un hombre.
-¡Ah, señora-exclamó, me ha vencido u~ted! ~i la
sr, porque los tn.,;:: periodistas, rcdactorec de La Di,-¿La vida de un hombre? Entonce!' pasen u~tede~.
Reina consiente, no me opongo. Pídale usted una audien- cusi611 y de El Pup/Jlo, y salvadore,i de un semejante, fueY la Ristori, maravillada, los invitó á que esplicasenel cia; será usted recibida en un entreacto; arr6jese á las r-0n D. Pedro A. de Alarcún, D. Gaspar Xúñez de Arce y
· planta!&lt; de su majei,tad; sea u~ted tan elocuente como con- D. :\fanuel del Palacio.
-enigma.
,,,. . d 1 .6
ste.. ta •
-Sei\ora--..u¡o uno e os J venes-en e
ID~ nte se
migo, la Reina quedará perpleja. nira á ui;ted que el Pre¡Envidiemos e:-as páginas de sus vidas!
halla en capilla, para eerfusilado al amane&lt;:er, un soldado ~idente del Consejo se opone á la gracia ...... )le hará llaPXDRO DE X ovo Y CoL'ION.
que se llama ::O.icol:1s Chapado; contaba once afü)R de con- mar...... yo acudiré...... ¡Espcremo8!
duct~ irreprochable en el i;ervicio, pero un Fargento
Una emoción verdadera ahogaba á la Ristori, no podía
~J_~-::::.c,J_~-::::.c,j~-::::.c,A,_~
cruel lo golpeó sin causa, y aquel tiró del sable para con- hablar, e~trechó l11t,nnno de ~arraez con gran efusi6n,:Protenerle, aunque sin herirlo. Por este solo hecho se le ha metiéndole seguir l'!Ul'l con8Cjo&gt;&lt;.
Cualquiera que sea el techo ó la bóveda que un nilto
'COndenado á la ültima pena.
Apena~ se marchó éste todo~ la rodearon preguntándo- t-enga encima de ~u cabeza, el cielo siempre se refleja en
-¡Dios mío! ¡qué horror! ¡qué hístima!
la: ¿Ha rehmado? ¿Ha con~ntido?
sus ojos.- l'. Ilv.go.
Srita. Concepclón.Zivión y Saravia.

G&gt;

EL MUNDO

ut

DAMAS GUATEMALTECAS.

�DOMINGO 17 DE ENERO DE 189T

EL MUNDO

DOMINGO 17 DE ENERO DE

,ssn

EL MUNDO

39

E:L "DONA.TO GUE;R.KA,"

no; est-0y muy lejos de los ojos negros que es como quien
dice: estov helado en la noche inacabable del Polo ~orte. Pero tengo los ojos vueltos al cielo, guardando la postura de esos cadáveres egipcios que enterraban de cara al
Oriente en espera de la resurrección; y cuando luzca el
eol, leeré de nueYo el libro casto de mi adolescencia. Por
ahora lo ~uardo en el estante honrado de mi humilde biblioteca, ¡unto :í la Jlaydalena de Sandeau y los • Cv.e11to.1
de Cárlos Dickern,.
En otro armario veo la pasta vinosa de Xana y la cubierta negm de. ~1usset .E~parcidas en mesas y sillones, ·
yacen los ejemplares de la noycla encanallada. :Mientras
no salgan estos de mi gabinete, "Jfaría" no volverá, coma la esposa permanece au~ente mientras no se despide
la querida.
•
¡l'ubre libro! Tus p~ginao; son blancas como los azahares, como el vestido de las novias y como el cútis de los
niños rubios' •Ya tengo sed de leerte. Es la sed que se
siente cuando se ha bebido mucho vino. ¡Cuánto bien
hace entonces un humilde vaso de a~ual
¡J?ios mío! ¿Cu,lndo leeré la historia de Jlarfo?

UN BUQUE LUJOSO.

"El Tepoz:teco. "-Frente del monumento mostrando el atrio del segundo piso.

".EL TE:PO.ZTE:CO"

coral rojo, y mostrando la otra el n,qilli que coronó al
rey de Tepo:rllfl. En uno y otro recinto, adosados al muro,
Un monumento de nuestras antiguas razas.
hay asientos de pied111 1 cuyas caras tienen multitud de
inscripciones geroglfficas perfectamente conservadas.
Ahora que el Ferrocarril de l\léxico-Cuernavaca-Pací- Los muros están preciosamente decorados con estrías,
fico est:i para llegar á esta ciuo.ad, creemos oportuno dar dentículos, perlas, grecas, etc. toda esta decoración es
á conocerá los lectores de EL l\Immo todo aquello que polícroma y de muy hermoso efecto artístido. Llama la
pueda parecerles agradable ó interesante, del hermoso atención del visitante la solidéz y magnificencia de la
valle en que tuviera su primera morada en Nueva Espa-- construcción, que revela prafundos conocimientos de arfia el conquistador Cortés. Cuernavaca, por la benigni- quitectura.
dad de su clima, por su proximidad á la Capital de la
De las fotografías con que ilustramos este artículo, la
República, (poco más de 3 horas de ferrocarril) y por nú1:nero 1 es la del,frl'llfP del monumento, mostrando el
sus hermosos paisajes, atraerá, en época no lejana, mul- atno del segundo piso en donde está la piedra de los satitm~ &lt;;le touri,,t,:~ é invernadores. Xos proponemos, pues, crificios; la escalinata que conduce al tercer piso,
escribir una serie de artículos ilustrados, en los que da- los restos del altar, los asientos de piedra v fragmentos de
remos á conocer todo aquello que, bajo cualquier concep- la decoración mural. La fotografía númPro 2, muestra
to, pueda atraer la atención de los viajeros. A título de una parte, la más pintoresca del pueblo de Tepoztlán, y
c~osidad y por el interés que pueda despertar entre los la montaña en cuya cima está situado el monumento. La
aficionados á la arqueolo~ía, damos hoy una descripción, número 3 esM tomada de una part.e del camino que conaunque somera, del curioso monumento llamado «El duce al «Tepozteco:n el lector podr,í form11rse una idea
Tepozteco.11
.
de lo imponente del paisaje, teniendo en cuenta que la
más pequeña roca no mide menos de diez metros de al***
Has~a á mediados del año de 1893, «El Tepozteco11 per- tura.
maneció aban~onado: &lt;_:on e_xcepción de algunas perso~s viajeros ten?~,ín. antes de mucho tiempo, grandes
nas de la locahdad, casi nadie conocía el interesante mo- fac1hdades para v1s1tar el curioso é interesante monunumento, de cuya existencia, aun ahora muy pocos mento que hemos descrito, pues el ferrocarril de Cuer~iene~ noticia. Cubiert_o de escombros, c~mpletamente navaca pasará precisamente por Tepoztlán.
mvadi~o I&gt;&lt;?r la vegetac161!, •El Tepozteco,, hubiese desL. E. GUTIERREZ.
~parec1do_ Bl el Señor Presidente de la República, que se
Cuernavaca, 189i.
interesa siem¡&gt;re por todo aquello que pueda influir en
el adelantacmento del país, no hubiera nombrado al Sr
Ingeniero Don FrancibCO :II. Rodríguez para exhumar eÍ
magnífico monumento.
' 1
Los vecinos de Tepo_ztlán, ~nta Catarina, Santiago y
San Andrés, con entusiasmo digno de encomio concurrier:on á trabajar, gratuitamente, en las obras de exhumaCJón; y es tan~ más laudable este hecbo, cuanto que
la ascensión á la c1_ma en que tenían lugar los trabajos, es
muy larga .Y exces1v~~~nte penosa. La conclusión de las
obras, hábilmente dirigidas por el Sr. Ingeniero Rodríguez, fué celebrada con serenatas é iluminaciones y desde en~nces «El Tepoztecon ha sido visitado por U:ultitud
de toumtr-' y ~o fué por algunos miembros del Congreso
de Americarustas.
He aquí una ligera descripción de «El Tepozteco·11 situado al N. de la villa de Tepoztlán, sobre una peña~norme. ~l monumento, de forma piramidal, tiene una altura
de ve1~te m~tros y está construido con /¡,zontle y piedra
basalt1ca: Tiene tres c~erpos, '! en el primero por los
lados E. Y S. hay amplias escalinatas, bastante bien conservadas, de las cu_ale_s, la ~el 8. conduce al atrio, frente
al altar de los sacr1fic1os, situado en el eje de la escalera
que conduce al 3er. piso.
~n el interior ~el Z! Cuerpo, cuyo piso está á nivel del
atno, está depositado el cadaver del rev tepozteco que
ordenó la construcción del soberbio moñumento, v aJ~unos otros que ~ supone_ sean de miembros de la familia
real, ~ persona¡~s pro_mmentes de la Corte: entendemos
que aun n&lt;? ha Sldo bien explorado ese sarcófago. Al acabar de ~l~bu la escalinata que conduce al 3er. piso, ee halla el v1s1tante frente á l~s tres puertas ( que ven al o.,)
que d:in acceso al grandioso Tt0&lt;'Xl.lli. Tiene éste una superficie de 48 metros cu.1drados v está dhidido de v ,
.
6 recintos,
'.
~,. t•
•~:, en d_os grand es secciones
uno de ' mayores
d1mens1ones, en cuyo centro se encuentra un hueco recta_ngular, que era donde se mantenía el sacro ju,go segun lo_ demuestran los fragmentos de carbón vegetal' • de
(!opal,li que ~11~ fueron encontrados: éste recinto era des
tinado_ al publico que asistía á las ceremonias. El se undo recmto,_ al que sólo tenían acceso los eacerdotes, fs el
más pequeno; en el c~ntro y junto al •muro, se encuentran lo~ restos del altar en donde estaba la divinidad ne
allí ~c1bía culto,_y de la que sólo quedan dos pied~as
preciosas, una primorosamente esculpida y decorada, de

Damos un fotograbado con detal1es completos del nue"l"'o
vapor guarda-faros «Donáto Guerra," hecho construir por
nuestro gobierno en el puerto de Filadelfia.
Ann cuando las ediciones diarias de esta casa han pu·
bhcado el grabado del nuevo buque, creemos conveniente darlo en EL Mu.Nno semanario, primero porque la fotogrnfía que aquí ofrecemos es naturalmente mejor que
u_n ~buio hecho á l_íneas, y segundo porq1;1e nuestro periódico es de_colecc1ón, en tanto que un diario se rompe
6 descuida una vez leido.
El «Donato Guerra,, acaba de zarpar de Filadelfia y estará muy en breve en \'eracruz donde la gente de mar
se apre;,ta tí recibirlo con grandes festejos. Elógiase mucho el lujo de este buque y para que nuestros lectores se
formen cabal idea de sus comodida:les y confort transcribimos las siguient.es notas de uno de nuestros redactores
á• este respecto:
El salón principal, independiente de la cámara de ofi. ciales y de~tif!ado á comedor? P.S de madera fina, pt-rfectamente barmzada y con relieves doradoe; el piso es de
mosaico de madera y el techo, pintado de color cre111a
tiene también relieves de rosa y oro. En el fondo ostent~
un elegante aparador de nogal con tapas de marmol para
guardar la vajilla y la cristalería del servicio. L1. mesa
que ucupa el centro puede servir para doce person11s
De este salón se pasa á los departamentos de los· inspectores, decentemente amueblados, y que constan de alcoba y cuarto de bafio y por su pasadizo se llega 1t la des•
pensa y otros sitios accesorios.
Por una escalera de caracol se asciende á lo que se llama el cuarto de cartas,que es el Yerdadero lujo del vapor
Consta ~ste de una alcoba lujosamente decorada y d~
un salonc1to con una estatua de marmol, muebles de muy
buen ¡n1sto: y ostenta en las paredes los retratos del General Donato Guerra, que dió nombre al buque del Presidente de la República, General Porfirio Díaz del General :.\Iena, actual _~Iinistro de Comunicaciones. E~tos
retrato~ son obsequio de los señores Samuel Hermanos,
C?nt~t1stas para la construcción del navío. El saloncic1to tiene las paredes de caoba labrada y pulida con realces dorados.
Todos los demits departamentos del buque esMn arreglados con ~rdei:i y buen gusto, mereciendo mencionarse
el de l';\ marmeria, que es cómodo é higiénico.
Los mstrumentos del vapor van en un cuarto especial
sobre cubierta, para utilizarlos facilmente en los momentos del se;rvicio.
El «Dimato Guerra,, ser,í, pues1 un cómodf&gt; alojamiento
para los empleados que se destmen á la mspección de
faros y su 11_1:gada :í las ~ua.s ~exicanas debe ser motivo ~e regom¡o, p~r9-ue v1en!l á maugurar una importanto
me¡ora en el serv1c10 marítimo de las costas del Golfo.

y

«Educar es redimir.,,
Así también lo entienden los cacos, y por eso se educan en el arte de prestidigitación, para redimir al prójimo de la pesada esclavitud del dinero.

l

G.

•

e?'

"El Tepozteco"-EI pueblo de Tepoz:tl.in.

GARCÍA HA:IIILTON.

M. GcTCÉRREZ NAJER.\.

BASTA Y SOBRA.

"El Tepozteco."-Fracción del camino que conduce al monumento.

PAGINAS OLVIDADAS
CON PRETEXTO DE "MARIA"

Este es un libro que yo guardo en el estante honrado de
mi humilde biblioteca, junto á la Jfa!{&lt;lalena de Sandeau
y los Cuentos de Carlos Dickens. Este es un libro que
leeré á mis hijos, cuando los tenga, y que ha pasado ya
por las manos de mi novia. Este es un libro casto, un libro sano, un libro honrado.
·
l\Ie parece que ya han corrido muchos años desde que
lo leí por primera vez. Fué en el jardín d~ una hacienda,
¡t la hora de la siesta, bajo el nogal hospedador, donde
anidaban tantos pájaros cantores. La tarde fué cayendo,
y los rayos del sol en el poniente teñían de color de rosa
la nieve de los volcanes. Apenas se veía. Hasta el lugar
en que yo estaba, tendido mdolentemente sobre el musgo, llegaba el balido de las ovejas que volvían ó. sus rediles y el retintín de las esquilas.
Los bueyes mugían entrando á sus establos, y los peones, sudorosos y cansados, regresaban al caserío. De cuan.
do en cuando dejaba el libro abierto sobre el césped, y
veía el cielo aaul, color de «no ,r,e oli-ide.~. 11 Luego acabó la
luz, volví á la casa, y tí la indecisa claridad de un gran
velón, terminé la lectura. :Kadie estaba an la sala: era
víspera de una solemne fiesta religiosa, y amos y criados
habían ido á la capilla para adornar los altares y confe•
sarse con el padre cura. El jardín olía ó. flores nuevas y
la casa á incienso. Dios estaba allí.
Me parece que ya han corrido muchos años. Acaso nun•
cavolveréálaquietud reparadoradeaquelcampo. Tal vez
no vuelva á leerte, pobre libro! Ya estás viejo, tu pasta
se ha desteñido; muchas de tus hojas tienen dobladas
una de sus puntas y hay en los márgenes de otras, apuntes, fechas, nombres, versos manuscritos y figuras dibujadas con lápiz. Así trato los libros que más quiero. Pero allí estás, en el estante honrado de mi humilde biblioteca, junto á la Magdalnw, de Sandeau r los C11n110.~ de
Carlos DickenP. ~le hablas de ese horizonte soberano
que divisaba desde el jardín en que te leí; del silencio
sonoro que reina eternamente en ese valle; de la capilla
con sus blancos cirios y sus flores frescas y sus imágenes
toscamente esculpidas; del amplio confesionario á áonde
iban, con los ojos húmedos y la voz compun~ida, las devotas penitentes; del rosario, rezado en comun poco antes de la cena; de aquella calma, de aquella eerenidad, de
aquel contento; de la mujer que m,is he amado y de las
horas en que más he creido! Tú fuiste el (mico libro que
leí en aquellos días, si no es un libro la naturaleza, y otro
libro más admirable aún, el corazón.
En varias ocaeiones he querido leer de nuevo la.historia de María. Ocúrreme, sm embargo, lo que pasa tal vez
á los avaros, cuando presumen que álguien abrió sus cofres y les robó su oro. El hombre avaricioso, pálido de
emoción, mira los cofres entreabiertos y no se decide á
levantar la tapa para cerciorarse de sí ya el x;obo se ha verificado. Pues así pienso yo cuando toco ese libro que, á
manera de urna, guarda tantos recuerdos de cari!io. ¿Se
habr:t evaporado la esencia? ¿Yolveré ti sentir las tiernas
emoci911es que me produjo su lectura? No quiero conocer
la húrafia realidad; no quiero sujetar entre mis dedos las
alas de la mariposa, desmenuzando su polvillo de oro.
, Las sensaciones mudan, el griterio varía, los años pasan;
tal vez el rostro de la mujer que amamos está ajado por
la vejez, pero el corazón terco no quiere creer en esas lógicas mudanza~, y los ojos del alma siguen mirando hermosa y joven á la pobre mujer cuya sedosa cabellera ha
encanecido y cuyo• cutis de durazno han arrugado los
años. Xo veáis á la novia de ha veinte afios, sino ·queréis
perder las delicias del recuerdo. Xo le:iisellibro que tradujo tan bien el poema de vuestros primeros amores.

·*

. Xo ~é si ha dicho alguno,*ó*lo digo yo ahc!3, que la música encanta porque ponemos en ella nuestros propios
sentimientos. Con efecto, lo que nosotros queremos oír
es lo que oírnos. Una misma armonía aumenta nuestra

tristeza si estamos tristeF, ó nuestro regocijo, si la alegría nos baña el alma. Las notas son como cápsulas huecas, en las que ponemos la miel de la dicha 6 el ajenjo del

.

~~~

Pues cosa parecida á esto gne digo de la m1ísica, puede
tambien deCJt-se de "María." Es un libro que poco ó nada
significa para aquellos que no saben leer entre las líneas,
esto es, en el corazón. Como pintura de la tierra americana, posée, es ,·erdad, grandes bellezas; pero.estas ya estaban comprendidas en la oda milagro~a que escribía
Don Andrés Bello, y en muchas otrns piezas peregrinas
de la literatura americana. Quien busque tales excelencias en el libro, puede ocurrir, si es por ventura artista,
á los pintor&lt;'s; si es hombre de ciencia, á los tratados de
botánica y á las obras de historia natural. Todo eso no
es más que un paii::aje, el cuadro, el marco. Si buscáis el
idilio, el drama, el poema, bajad á vuestro mismo corazón. Ahí est:\ otra Jlaria tan hermosa como ésta y que f!e
le parece mucho, como se parecen todas las estrellas.
Por eso leemos con deleite la obra del narrador americano. No leemos á él: nosotros mismos nos leemos. Y
como la memoria es siempre un libro nuevo, cada vez encontramos detalles más delicados y episodios más tiernos
de la semilla historia de esas dos buenas almae, que se
aman, sufren v mueren.
Cuando rrie ·han dicho al¡rnnos aristarcos q ne Núflez de
Arce plagió á Isaacs, en su famoso «Idilio,11 he soltado á
reir. De ese modo plagian todas las a,·es que se abrevan
en la onda azul del mismo arroyo vuelan en la misma
atmósfera y ren el mismo cielo. E 11mor es mon6tono,
desde que el mundo es mundo; los hombre~ no han encontrado para expresarlo m:ls que esta sola frase ¡te amo!
Lo que constituye cabalmente el mérito perep:rino de
«Marf((,11 es la llaneza de la fábula. Ese es un libro que
todos ha bría100s escrito, si tuviéramos tanto talento como
Jorge Isaacs. No encierra nada extraordinario· es la historia de los amores inocentes, la novela mía, 1~ de usted
y la de t?doP. El autor no pus? de su cosecha propia miís
que el ~ilo _dorado con. que ciñe y cose esas palabras y
esos ep1Sod10s que ha dicho y ha sufrido. Lo demás viene de arriba y su autor es Dios.
Producir un sacudimiento de terror trágico es más fa.
cil que enternecer. Cuando se logra esto se 1{aencontrado la juntura de la coraza por donde rn '1a espada al corazón. En la novela de Jorge Isaacs, no hav gran esfuerzo de i~a~inación; pero las~lmas buenas lloran al leerla,
como s1 Erraín fuera su nov10 y :\Iaría su hermana. La
verdad es que lloran por sí mismas: esas escenas y esas
frases son el perfume d~ una cabellera qne 1iuestros dedos ya no pueden de~pemar, y la~ notas de un vals que
se escuchó hace muchos afios.
•
Hay mucho propio de nosotros en la historia de esos
pobres enamorados. Es un libro nuestro.
.

r

¿Tú piensas que te quiero por hermosa,
por tu dµlce mirar,
por tus mejillas de color de roi:a?
Sí, por eso, y por buena nada más.
¡,Que entregada á la música y las flores
no aprendes á danzar?
Pues me alegaa, me alegra que lo ignores:
yo te quiero por buena, nada más.
¿Que tt1 ignorancia raya en lo -sublime,
de Atila y Uenjis-Khan?
¡Qué muchacha tan ciega ...... Pero dime:
si lo supieras, ¿te querría más?
Bien se están con su ci&lt;'ncia los doctores,
la tuya es el bogar;
los niños y la mi.laica y las flore~,
bastan y sobran para amarte máe.
RAFAEL

ÜBLIG.rno.

E:1 amor en los distint os pueblos.

El español tiene el ª'!lºr franco, lleno de abnegación y
de celos. La e_spañola tiene 1:I amor ale~ y voluntarioso.
. El trancés tiene el an:ior vivaracho, mg-enioso y comu-·
mcat1yo. La francesa tiene el amor irresistible encantador é mconstante.
'
El inglés tien~ el amo~ frío, preciso. La inglesa tiene
el amor romántico, veleidoso.
El itali~no_tiene.el amor apasionado, receloso y rencoroso. La italiana tiene el amor ardiente, devoto y dispuesto á romper.
El aus~riaco_ tiene el amor profundo leal y positivo.
La au~r1aca tiene el amor anti-platónico seductor y
tranquilo.
'
El ~meric~no tiene el amor atrevido y apasionado. La
~hoe~~na tiene el amor provocatibo, tiránico y capri. El ruso tiene_ el amor misterioso y fantástico. La rusa
tiene el am~r vivo y ardient.e, embriagador.
El turcf&gt; t1ef!e el amor despótico, sensual y cambiadizo.
La ondahsca tiene el amor pasivo, resignado ó ardiente y
arrebatador.
. El alemán tiene.el amor pesado, crédulo. La alemana
tiene el am~r sentimental, dulce y desordenado.
. El belga tiene ~l amor honrado y profundo. La belga
tiene el amor seno v sencillo.
~l s~izo tiene el· amor tímido, bueno y cándido. La
smza tiene ~l amor apacible, Yirtuoso y creyente.
El sueco_ tiene el amor reservado, poético é inalterable.
La sueca tiene el am9r casto, tranquila y fiel.

Y todo en In no,·ela ocurre fncilmente
·•Como la 1wclteUl'[1U cuando ú.t lu= .~ ra."

································································.. ,, ............ .
¡Asís~ ªn:1ª Y. así se muere! Xo ~ay complicaciones ni

engrana¡es mtrmcados. Esa máquina es tan sencilla como la máquina q~1~ más á menudo se rompe: el corazón.
Sería Yano tamb1en buscar en la novela un minucioso
am'ilisis p~icológico. ¿Para 111{·? Basta narrar los hechos:
el lector ha ~1echo ya el anali~i_s y lo r,one por su cuenta.
E~tas cosas ¡amá~ pueden expltcar~e: se sienten y se ven.
Hablando de "Jfaria,• podría decir perfectament-c aq uell~ frase que 8:iint Bem·e aplicaba al soneto: ••es una higruna dentro de una gota de rocío.u
.

***

Si busc:iis _un ex:ímen mt\s prolijo, no q uer,lis pedírmelo. Ya he dicho que no be vuelto á leer la historia de
".lfaría." ~ubiera necesitado apercibirme á esa lectura,
c~mo los mños se preparan para hacer la primera comumón. Cuand? tenga una casa, y en la casa una cuna, y en
la cun'.1 un mño, volveré á deletrear en mi corazón quiero decir, volveré á leer la historia de "Jfuría." Ahora

~ej_ando al tiempo que ande,
y v1nendo en un extasia risuefio

como fü•cía Calderón el Grande '
voy tomando la vida como un sueño.

***

llfo hay mujer que no sea
al huir de algún hombre, G~latea.

* .

**
Merced á tus encantos sobrehumanos
no pueden retr-atarte los pintores
porque, al Yer de tu cara los primores,
el pmcel se les cae de las manos.
CAYPOAl!OR.

�=,;4~º=======================¡=====
E=L= MUND=O= = == =~ = = = ~ = = == = =·=D=O=M
= IN=G
=0= 17~ D=E= E=
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EL MUNDO

DOMINGO 17 DE ~NER0 DE 1897

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Por Faul ~ourget.

A...

un sitio tan aparte en nuestra escuela contemporán&lt;&gt;a, vidia hablada 6 impresa le hacía reir, con su alegre risa qu~
desde su ProBerpina cogiendo la granada de su primer sa· descubría sus dientes blancos sin una mancha de oro enlón en 1877, hasta su Tumba de Alba Steno, expuesta en tre sus labios de un rojo tan sano, y repetía:
"Los envidiosos miden nuestro talento como la somMayo IÍltimo. Sí, tenía una persistente, una insol0 nte
buena suerte. Haber sido hermoso á los veinte afios, con bra mide nuestra estatura."
Por mi parte creo no haber experimentado ante esa aduna hermosura de joven patricio del renacimiento italiano y á los treinta y cinco serlo aun al grado de llamar la mirable fortuna el vil. crispamiento de la envidia odio
atención de las mujeres en las calles y en los teatros;- sa en la cual !ves no erraba al reconocer una especie
haber tenido al salir del cólegio la más amplia indepen- de homenaje. Xo: p or extraño que deba parecer estemadencia pa:a poder evitar 1í su talento, todas las servidum- tiz de sentimiento después de lo que acabo de referir,
bres del oficio y que ese talento, delicado y robusto, sutil lves Clouet me inspiraba, al contrario, una aprensión,
y potente, baya sido de los que seducen igualmente á la un terror, casi una piedad. De todas mis experiencias de
multitud y á los refinados;-haberse casado, joven aun; las cosas humanas ninguna ha sido más constante que la
por amor, con una doncella, de la gracia y del esplendor de la ley encarnada por los antiguos en el mito de Nemede una Venus antigua y que esta Venus h ayaposeido al eis, la diosa de las compensaciones. Yo creo profundamismo tiempo todas las difíciles virtudes necesarias á la mente, absolutamen,te, en la universal igualdad de la
esposa de un gran artista: la absoluta abnegación, la in- suerte y en que toda alegría se paga con un exacto rescateligencia reconfortante, la modestia sumisa y esa delica- te. Cuando e ncuentro una personaá quien el destino pa·
deza de amante que da á. la hoi:iestidad del hogar la que- rece conceder todo lo' que desea, haría con ella voluntariamante pol}sía de la pasión !...... Muy ámenudo, hablando mente lo que el rey de Egipto con el fabuloso Polícrates.
de Clouet, entre viejos camaradas, nos hemos dicho:
«Yves es el único de nosotros que no ha frustrado su
Habiendo sabido la historia del anillo arrojado al mar
vida ......,,
por el tirano de Samos y encimtrado en el pez, rompió
Y como la dicha de otro no es siempre una sensación su amistad, no queriendo, d ice Heródoto, asociaren moagradable, seguía luego algun comentario picante:
. do alguno su suerte á la de un hombre al cual una dicha
«No es dificil tener éxito cuando ee es el mimado del tan insolente destinaba á horribles catástrofes...... » Capúblico», decía uno, severo cronista de á cinco luises la da vez que yo pensaba en Clouet, me venía está leyenda
invectiva en un periódico de chantage financiero, finan- á la memoria. Esperaba, no sin angustia, el giro que tociero y mundano ..... .
maría la fatalidad· para herir á ese gran artista á quien
-Se llega á. todo cuando no se tiene un céntimo de co- yo admiraba en tise tiempo, lo confieso, más que lo amarazón..... n decía otro, un mlÍsico, cuya mujer murió de ba. Lo que distingue en efecto la manera de ser de Clouet,
miseria y de abandono.
es un paganismo dichoso y fá,cil como su destino;al cual
-Ya venín ustedes lo que quedará de éso dentro de verdaderamente ha faltado, hasta en estos tíltimos tiemveinte años», concluía un tercero, un esteta de cervecería pos, esa "leche de la humana ternura" de que habla un
que jamás ha expuesto una tela ni publicado un volu- poeta. Su ideal manifiesta una alegría de fnerza y de samen, pero que se i ntitula él mismo por imitación de: in- lud, una adoración de la naturaleza libre, un animalismo
glés William Blake, del cual sereno, en exceso contrario á mis propias aspi raciones.
..,_, _
.
ha leído vagos estudios, el Se creería que ese muchacho que vive desde su juventud
et&gt;-,
pintor poeta!
en un cuarlro de esplendor, entre las maravillas de una
Estos epigramas y otros casa colmada de obras maestras como un museo, no ha
miís crueles redactados en supuesto jamás ni siqiuera lo que es el sufrimiento.
forma de artículos, llegaban
Cuántas veces al verlo vestido de terciopelo en su taal vigoroso tallador de már- ller y exaltándose al mostrarme algunos de sus hallazmoles sin turbar su sereni- gos de escultura toscana: su A nunciación, de Nino de Fiedad. Teníaesa buena fortuna, sole,-su San Sebastián, de Ch1tale, réplica exquisita
superior á todas las otras, de del de Lucques,-su San Juan, de Michelozzo, sí, cuánser infinitamente sensible á tas veces me he dicho que tenía, artísticamente hablanla alabanza y perfectamente do, como un sentido menos; un sentido, el de la pena,
insensible á la crítica. Los el patético puñado de lágrimas; la idea de que hay en el
artistasmuy convencidos son mundo otra cosa que formas elegantes y robustas, telas
frecuentemente así. La en- suntuosas, armas cinceladas y delicadas orfebrerías. Cuan-

Durante quince años todos habíamos envidiado la fo:i-"tuna persistente de !ves Clouet, el estatuario. Cuando
-digo todos me refiero á un grupo de escritores y de artis"tas, cada uno de los cuales dice ahora yo. Sólo que cuan"&lt;lo se ha codeado uno en la intimidad más estrecha de un
·cenáculo, en )a dura época de los debut.~, no cesa uno de .
a.compañarse en espíritu, si no con benevolencia cuando
menos con un interés siempre muy personal y muy vibrante. Para Ives Clouet, por otra parte, los más olvida..a.izos tenían un motivo de no olvidarlo: la serie no ini;errúmpida de nobles obras que han asegurado al escultor

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DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

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riosidad para leer en él mi dre, usted tiene ei corazón más tie~no· que un hombre,
primera impresión al verá su más delicado, Ein duda,. más expansivo sobretod?·········"
Cuando baya usted visto á Clonet en presencia de su
hijo; y nunca. olvidaré la.e!&lt;·
pecie de claridad que brilló hijo respondió la madre, verá cuanta razón tengo.•••••
en sus ojos cuando vió en ~í Esc~che ru:ted, c,::,ntinuó con una aspereza ?,e acento c~m
un moyimiento para acari- la cual se desahogaba una larga desesperaci?n Y.al nnsciar los bucles de la cabeza mo tiempo su voz se hacía mas baja como s1 temiera que
del nifio, en tanto que decía el niño pudiese oír y comprender..Est? le p_!lrece á u~ted
pata gamfrmelo: "Yamos, se- monstruoso;·no esderto que una misena tan grande tan
ñorito Alberto, no da us- injusta debia enternece á un padre? Un~ pobre. cnatuted los buenos días á su nue- rilla no ha podido nacer: !1-ª~e. Una f:itahdad qmere que
vo amigo? Ya verá usted có- sea desde el dia de su nacimiento he~ida por uni: prueba
mo yo sé jugar también co- que debe pesar sobre toda su exitencia. Pues oien, &lt;·sta
es una razón pnra amarla dos veces, n,o es e~~? y para
mo cualquiera otro.''
de antemano en ternuras la alegria de vivir que le
"¡ De suerte que nsted re- darle
siempre rehusada. Y sin embargo ...... no! Yves no
cuerda su nombre!" dijo la •erá
podido perdonar jam:ls esto...... Yo que le conozco tau
madre. "¿Entonces !ves lo ha
bien cuando entra á la cámara y ve al niño, léo er. sus
menciona alguna vez en sus ojos
'una especie de horror que me hace mal.. ....:Ah! mu- •
cartas?"
cho mal! ..... Es como si al lado del pobrepequeu.u~lo que
Podía yo responder la ver- no es culpable, distintamente, realrnen,te, apercibiese al
dad á una pregunta así for- otro, al que había soñado ...... Recordara usted qu~ noso~
mulada con ese acento de sú- tros habhibamos como de un .~ér presente. Dios ~ío.
plica p~r medio del cual las habíamos amado juntos á ese b1Jo que ~o nos ha J?,ac1do.
mujeres infortunadas pare- Pero si él no nació éste ha venido ...... Diga usted s~. no es
cen implorar que se las eng¡a- una locura, una crueldad, un crímen no ~mar al hiJo que
ñe"/ Y podía así mismo resis- está ahí, que ¡:ufre en su carne, q1!e. respira, qu~ es nuestir al deseo de saber en de- tro? y porql!-é? A ca!ls~ de una visión, de una idea que
talle el drama moral del cual jamás ha viv1d?······"Y bien! ..esta loeura es la de Clot'.et
veía la huella en todospar- desde el nacimiento de su h1¡0. Esta crueldad es la SU} a.
tes, impresa en el rostro de Este crímeu lo comete todos los dias, todas las.horas..... .
la señora Clouet y al rededo1·
-CálmeEe usted, le respoudí; puesto que tiene tan.ta
de ella y cuyacausaadivi1;1a- confianza en mí, le prorr:eto ensayarba blarle, r~conq_msba? Comencé, pues, por mtarle voh'erle en sí mismo ......... Yo le he conocido si~rnterrogarla sin dudar d~ que pre t~nta genero;,idad &lt;:n ¡,l c9razón! Acaso ~s víctima
iba á provocar así á m1 vez de una idea fija ......... c1~~.spenas prod!-lcen Justamente
un interrogatorio de .st) yar- e~te efecto sobre las l:'ens1b1lidades de artista como la rnte horriblemente dificil de va ......... Y además, el tiempo vuelve á poner todo en Fn
soportarse. «Pero, dije; es iugar; el tiempo y el trabajo.
.
.
muy natural que !ves me
-«Ilace tres año!t que nada ha hech_o," mterrrump1ó la.
hable de su hijo, ¿por qué se señora Clonet, y mostraba al pronunciar esta frase, miís
admira usted de eso"/
aún en sus ojos profundos,
-¿Porqué'? ¿Por qué?-re- tristeza
Yo que la había conocido tan enamorada del tal~nto
pitió ella con una vo1, pro- de su marido, tan ingenua, tan absolutamepte asoc~ada.
tunda-y minindo.me con una al esfuerzo feliz del noble artista, comprendm dema~iado
mirada que me l11zo mal_, m~ cuanto dolor representaba para ella una ~r~se semeJante
interrogó: ¿Y qué le d.1ce a
y había así mismo admirado mucho, envidiado mucho el
usted"? Y como yo vacilase, entusiasmo constante de !ves Clo.~et, sus :ilegres. fiebres
desconcertado menos por esa de creador facil el atrevido regoci¡o de su i~vención, paiuquisición directa qu~ por ra no permanec~r confundido ante el misteno de esta rela visible fiebre de la ¡oven pentina importancia.
.
.
madre: ¡Oh! dijo, usted es
«Tres años en que nada ha hecho, repetia yo. Pero eso
bueno. Usted no quiere, us- es imposible.
ted no puede repetirme lo
-Y sinembargo cierto, insistió ella..Ha ensayado traque yo sé demasiado: ¿Qué bajar. Lo ensayará siempre. Pero se dufa que está atacanecesidad tengo de que me do ahora de una enfermedad que le disgus~ de todo
lo digan?
aquello que emprende antes de ha~rlo conclmdo···:··En
-Y
le
aseguro
á
usted,
señora,
le respo~dí, que Cl?uet otro tiempo,. usted lo recuerda, tema como una magia en
O
ño hotel al escultor célebre, como 1~ envid:aban su celeme ha escrito jamás nada que no pudiese repetii: á sus dedos.
.
bridad. ¡Ay! nuestros celos sobrevive!l m.uy frecue!lte- no
usted. Yo comprendo muy bien lo que la ~tormenta, anaJamás hubo ide¡¡ que no tomara forma, Jamás un suemente á la dicha de aquellos que nos los mspiran Y se.siente una amargura más cuando es uno mordido por ciertas dí, pero sí comp:endo que he tocado sm querer en un ño que no se realizara......... Cuando comenzab~ un gruenfermo y pido á usted perd61_1. •·: ••·· •
..
po con un proyecto determinado y después.se d1sgus_taba
iras al ver que han sido desenca~enadas contra nos- sitio
-¡A.b, dijo ella con tono de abatimiento, no hay sitio de él cambiaba su proyecto sobre ,a marcha en el mismo
otrds por una felicidad que ya no existe!
enfermo'. El enfermo es todo mi coraz~m ......... Desp~és, batr~, en el mismo mármol. Un día le ví acabará gol~
Ives Clouet no estaba en casa.
Pregunté si la señora Clouet se encontraba ahí_. E 1 con una gracia encantadora en la sonnsa: .Soy yo. qmen pes de cincel un Baco en una estatua que había comencriado vaciló un segundo en responderme.. En ?trotien~- pido ,í_ usted que me perdone; de~d.e la pnme~ visita le zado en Xinfa; es la del Parque Monceau, su obra maes0 la puerta de la joven esJaba s1~ml?re abierta a los ~mi- inicié en miserias que usted ha adivmado demasiado pron- tra acaso .........Ahora parece que esta confianua se ha
pos de su marido y esta sola vac1 !ación pr9baba un ca~- to, continuó mirando sus hom1?ro~ adelgazados, Y sus agotado en él, ó mejor dicho se ha roto como un resortio en las costumbres que yo había,conocido tan sen~i- hermosas manos, cuyo enflaqu~cimiento podía yo reco- te .........No vaya usted á creer que tenga ahora me~os tallas caracterizadas por e8a bonhom1a un poco bohemia~ nocer en lo holgado de las sortiJas que adorna~an sus de- lento ...... Cuando vea usted los bosquejos que ha ido supor'ese encanto incomparable de las coi-t1pnbre!&lt;. de los dos, se posaro~ am~as sobre la ca~z~ del mñ~ que la cesivamente abandonando, lo comprobará por sus proartist7'.s cuando va unida á ellas la hone.stidad. 8m. em- miró con sus o¡os tiernos. ~lla le di¡9. «Vete á Jugar,, Y pios ojos no ha perdido nada, nada más que esta fuerza
bargo ~l criado tomó mi tarjeta y volvió oara decirme en tanto que el chicuelo ho¡eaba un hbro de estampas en de rema~r sus obras, de la cual decfa ~iempre, usted lo
ne ¡~ señora me recibiría. 1.'na mirada me bastó, apenas un ángulo del salón, con esa docilidad tacit1;1rna ~e los recuerda, que era el gran deber del artista..... .
demasiado razonables en los que n~ hie~ve Jamás
Si supiese usted cuán ~cuentemente .he ensayado
~ntrado al salón, para conocer que en efec~o el ~ma .1e niños
la coqueta morada no era ya la que yo habta de¡ado. a la exhuberante fuente de la vida, c~1ó el s~lencio entre la reaccionar sobre él. No por cierto en el 1,&gt;nmer año;. yo
y yo, silencio que ella rompio la primera.
.
era entonces tan desventurada como él, smo en SegJ?,ida,
sonriente y serena criatura que parecía tener en su. es· madre
«Debo á la vieja amistad de usted por n~estro matri- cuando caí en 1a cuenta de que su cará?ter cambi!lba,
plendor como una placidez vegetativa, la gracia fehz Y monio,
una explicación, dijo con una es~ecie de solem- que no estaba él sobre sí m~smo, que ~e dis~ustab:; siemsemi-inconsciente de una flor crecid~sin esfuerzo en u~ nidad esta
vez; pero no pienso que. ~ndrm la fuerza de pre y siempre más, y también-pareció vacilar un segunnatural hanuonía con la tierra.y el aire, y los días lluv10·
sos sin hacer jamás otra cosa que crec~r ~' ensancharse. hablará usted sino esperase un servicio que sólo usted pue- do-que buscaba distracciones in¡lignas de él...... Hubo
El dolor había tocado á ese séi: adunrable, y á través de prestarme, prestarnos, insistió. ~a hace meses que ten- un tiempo en que pasó todas sus veladas en el ':Í!Culo,
del dolor, el pensamiento. Era sieml?re be~la; pero con go la idea de escribirá usted y resisto á ella..De t?&lt;l,os jugando ......... Pero yo le perdono todo, ~do, rep~~i6 ella.
una belleza de otro !$énero, mortecma, violada, com.o los amigos de Clouet usted ~sel que h3: prefendo siem- con más pasión aún, todo, menos que odie á su hi¡o...... .
-Eso que usted me refiere es muy extraño, respondí,
enternecida porla existencia. Dos pliegues cruzában!e pre y además los otros no vienen ya casi ahora.»
«¿!ves ha cambiado, ~ue~, mucho?» PrE;gunté.
pero ha tenido usted una explicación con Clouet? ¿Le ha
en las esquinas de su boca, en l~s c~ales po?Ja yo leer a
Esa tristeza, esa nerviosidad, esas que1as mezclada.s de hablado como acaba de hablarme•á mí?
contracción de los ensueños solttar10s y tnstes, prolon-No he podido, respondió. Lo he intentado. Pero ~l
ados durante largas horas. Sus párpados estaban aba- reticencias, acababan de volverme 1!1~ obscuro el rmsterio de la tragedia moral que el nacimiento del pequeño me respondió 1~ primera vez bromea.n~o, con esa especie
tidos y sus ojos habían llorado. Todo su cuerpo parecía Alberto
provocado entre los dos esposos, y yo con- de juguetona hgereza, que es tan hinente para una ID?·
asimismo haber experimentado el choque de la ~cna que siderabahabía
á la eeñora Clouet demasiado infortun_ada para jer. La segunda vez bromeó aún. La tercera permaneció
~e adivinaba en su fisonomía. Yo la había conocido opu- no tener miedo
i t de talla casi pesada, como esas robustas ve- confidencia. al presente á que le causase, algun mal su una semana sin hablarme palabra.._...... Y~ no osé proseguir...... Tuve miedo ...... A la cuarta vez se iría, me abai:::Ci~'nas que Bonifazio y Giorgone evocan en sus Con«Bien cambiado, respondió, yporqué~on?... Usted sa- donaría...... Y sin embargo, continuó después de un s~ciertos campestres. La idea fija la había co.mo afinado,
be,
y
su
voz
se
hizo
más
&amp;?:da-cuán
apas10nadamente
hacomo espiritualizado. Por último, algunos htlos blancos bía deseado tener un h1¡0. Recordará usted como espe- lencio· he vuelto á esperar en estos últimos tiempos. S1,
lucían en la espesura de su cabellera ne¡r-a. Estaba sen- raba, como esperábamos la llegada del niño!.. ........ . desde hace quince día~ ha comenzado de nuev.o á trabajar con un poco de la fiebre que usted le conoció.
tada aunque ya estábamos á fin de Abnl, cerca del fue- Yo
he reflexionado mucho desde entonces y he COlJ;1prenEn lugar de salir todas las mañanas y todas las tardes,
go j~mto al cual jugaba el pobre pequeñuelo en .otro
dido
que
teníamos
demasiado
orgullo
de
nuestra
Juvencomo lo hacía desde hace meses, se encierra de nuevo en
tie'mpo esperado con tanto orgullo; era este t~na especie d.e
tud
de
nuestra
fuerza
y
de
nuestro
amor.
He
comprensu taller......... Sólo que la puertaestá.con~enada...._.. U!Jnomo de ojos demasiado grande;,, demasiado expr~~ique yo estaba demasiado orgullosa, 1:'&gt;ien puedo de- ted querría que yo tuviese una exphcación co:r_i é,? . '\ a
~os en un rostro ya viejo, una.de esas ~ás.caras de mn.o did~
cirlo
ahora
que
la
pena
ha
blanqueado
mis
cabellos,.
sí,
usted á medir el rencor ~ue me guarda por mi última
enf~rmizo donde hay un infimto de m1sena el prese_ntimuy orgullosa de mi belleza-y aun n~ e~tábamos satisfe- tentativa...... No me ha dicho una palabra de la obra á la
miento co~pleto de un destino de aborto y de h~!mlla- chos,
aun
pedíamos
á
l.a
suerte
el
h1¡0
ideal,
qu~
el,
me
cual se consagra ahora...... ¡Ni una palabra! Antes de
ción. A la edad de tres afios, Al~rto Cl~uet, el h1.Jo. del
expléndido atleta cuya fuerza vital babia yo ~nvidiado describía con un entusrnsmo que yo compart1a. ¡Ah. es.o ayer como al almorzar le advertí su mirada de otras :eera
demasiado,
demasiado!
Y.
~sted
sabe
como
hemos
sices~¿se acuerda de sus hermosos ojos brillantes de geruo,
tan frecuentemente, y de aquella Venus de )Iilo, todacastigados por nuestr-.1 felicidad. ¡Ah! hemos pa.,,aado cuando había roto el molde y rela ya su estatua?-me
vía hermosa en su melancolía, era apeo~ más alto bte do
todo
en
un
momento;
cuando
yo
le
ví
tomar
en
sus
maaproximé en el momento en que se levantaba de la mesa
un nifio de un més y el cuerpo en que su mmen~aca za
á ese pobrecillo sér, verlo, verme y devolv1nnelo con y le pre~unté: «¿Tienes un nuevo trabajo en obra?...... Sí,
e~taba encajonada, era tan deforme, que ~aba pvna ve~- nos
un
movimiento
que
casi
me
mató,
ahí,
e~,
m1
lech0;-y
respondió, y ví que se ruborizaba un poco.-¿Ungru~.ó
y con esto, el tímido impulso que á ~t entrada_le hisu mano en mi brazo que movio conyulsi~a- una figura aislada? insinué.-Vaciló: No lo sé aún, ~1¡0
zo replegarse contra su madre, me mostro el prec?z des- apoyando
mente
la
esposa
del
escultor
añadió
con
voz
casi
e&gt;,.i,mpertamiento de la facultad de sufrir ~n ese embnón de guida ~n tanto que se llenaban sus ojos de quemant.es lá- por fin.-¿Y no me most~a:ás el b~squejo'? ¿No ~e d1r~s
jiboso, así como la caricia de la mano de la mad:e en el . grimas: Acababa de ver que Ives odiaba á su hijo. «Pero el asunto ...... ?-Se ruborizo más aun y respondió: «Mas
rubio oscuro de su cabello, su única belleza, ate~t1gu~ la
es imposible, señora,» exclamé. «Permítame usted tarde.»
profunda la apasionada ternura de esa muJei:. om- eso
( Concbtirá en el próximo número ).
decirle
que su imaginación la atormenta. Usted es maprendí q1;e espiaba ella mi r,:istro con la más ansiosa cu-

r

do nos acontecía discutir juntos algún problema de estética-porque ese gran realizador es también un teorizante,-cuantas veces le ví con,.luir la conversación con un
movimiento de sus anchos hombros y añadir: «Todo eso
es literatura ....... El dolor y el pensamiento constituyen
acaso el dominio de ustedes los escritores, aunque lo dudo. Nosotros los artistas tenemos el dominio de la belleza, algo que proporciona placer al espíritu á traves de una
caricia de los sentidos.»
«El Cristo no murió por tí," le decía yo bromeando.
«Creo que no,» respondía, pero con una voz casi seria.
Porque en aquella época había realmente en su adoración
por la Belleza pagana como un extremecimiento religioso, casi una idolatría. Y atm su gravedad misma, ese fervor de su paganismo, lo ennoblecían á pesar de su excesivo orgullo de la vida. Este orgullo se vuelve fácilmente
vulgar. Pero se puede acaso nunca ser vulgar cuando
ama uno su arte como él amaba el suyo, hasta pasar seis
horas de labor sobre el agotador trabajo del modelaje, encarnizado en la perfección é indiferente al éxito después
de haber conocido todas las embriagueces? Este es el heroísmo más raro de que un ~rtista sea capaz. Tal nobleza
le era empero tan natural al artista como tener sus pupilas claras y su tez morena de árabe, sus cabellos negros,
su corta barba rizada, esa aristocracia de fisonomía que
le hacía un hermano moderno del célebre retrato del
Louvre: el Hombre del guante.
..¡Oh!» decía algunas veces con la magnífica fatuidad
instintiva á los artistas que ven en su propia persona un
modelo de pintura como otro cualquiera: «Si Ticiano me
hubiese conocido!. .. ···"
Y esto era talmente verdadero que se olvidaba uno de
sonreir.
Hace cuatro años este hombre venturoso tuvo una suprema felicidad. Su mujer estaba en cinta. En los primeros años de su matrimonio habiáme él repetido frecuentemente que se regocijaba de no tenor hijos. Temía
las deformaciones de la maternidad por la admirable
criatura cuya belleza soberaM era el orgullo de su hogar.
Esta impresión se avenía perfectamente con el resto de
sus ideas y el conjunto de su carácter, para que yo dudase de su sinceridad. No fué menos sincero en la alegría
profunda é ingenua que experimentó cuando tuvo ante
sí la perepectiva de ser padre y él mismo medió la razón
de esta aparente falta de lógica en una carta que he guardado y de la cual me contentaré con transcribir aquí un
fragmento sin afiad.ir otro comentario que subrayar la
fecha.
Esta acabaní, mejor que todos los análisis de explicar
las singularidades, las anomalías de alma, si se quiere, de
este hombre que se equivocó eviaentementede siglo. Debió nacer en la corte de un Ludovico el )foro ó de un Alfonso de Este. Esa carta permitirá asimismo medir la

profundidad de la herida que la eterna Nemesis iba á inferirá un corazón tan hinchado de un·a esperanza tan
apasionada. Por último, hará m,is inteligible el e_xtra.ño
procedimiento de consuelo por el cual nuestro amigo i?tentó engañar la más dolorosa de las pruebas. Pero c~p~o
sus propias frases: ...... "Voy á cd~fesar~-me escnb!a
pues, un sentimiento que encontraras mediocre y 9-ue sm
embargo no lo es. Xo puedo soportar verme enve¡ecer y
mucho menos ver envejecer á mi mujer. Ella ha sido y
es aun tan bella que la sola idea de una marchite;Z en su
belleza me inflinge el mismo dolor que he experimentado ante tí, en Londres, cuando visitamos la sala del Britfah donde se encuentra la procesión de las Panatbeneas. Y yo mismo, bien lo sabes he tenido por mi cuerpo un culto desde mi juventud, he practicado todos los
ejercicios, he sido sobrio, casto, regular, para hacer de
milo que l9s atletas antiguos hacían de sí mismos: w1 l,ermoso animal humano. No temo que sonrías ante estas confidencias. Xosotros nos envanecemos frecuentemente de
los esfuerzos merced á los cuales se desarrollan y se
mantienen nuestras energías cerebrales. Porqué no me
envanecería yo de mis esfuerzos para mantener mis energías ff~icas? Pe_ro contra el tiempo, q1;1é remedio? Ya á
los treinta y cmco años no tengo n:ii oomba de . o~ros
tiempos, esa línea de los riñones flexible, alerta, divma,
que ciertos pintores del siglo 9-uince copiaron tan atrevidamente: te acuerdas de los Signorelli del Monte Olivete
y los Fiorenzo de Lorenzo de. Perusa?...... Dentro de diez
años Laura y yo no seremos ya más que la imagen degradada de lo que hemos sido.
"Ahora bien, he aquí el verdadero motivo por el cual
~ngo ahora un apetito de paternidad igual al temor que
esta perspectiva me inspiraba en otro tiempo. En este
niño que va á naeernos vamos á. revivir, á rejuvenecernos, vamos á durar en él, compréndeme bien, no solamente con algo de nuestra sangre, de nuestro pensamiento, de nuestro corazón, sino con nuestra forma, ese yo no
sé qué de misterioso que en el hombre es más que él mismo, puesto quP. es la raza, esa raza d~ la cual .él no.forma
más que un momento. Cuando memiroenrruespeJo, veo
á mi padre, afinado por mi madre. Mi hijo,-porque tendré un hijo, lo siento-será yo mismo, afinado por mi mujer. Yo quiero que sea mas aún. Quiero que todos los
grandes artistas de todos los tiempos hayan conspirado
á esta obra maestra viviente. Desde que sé que el niño
est:í ahí, no puedes imaginar que preca'.!ciones tomo pllra
que la madre no tenga al rededor de sí masque impresiones de belleza. Pasa ella sus horas en el taller, donde he
dispuesto, cerca de los mármoles que conoces, los ejemplares más nobles del arte antiguo. El IIemi.e.~ de Olimpia, los Caballeros de Fidias. Cuando salimos es para ir
al Louvre. Las veladas las empleamos en oir müsica, p:íginas de maestros, de Beethoven, de Gluck, de '\Yagner,

que ella ejecuta para ella, para mí y pm·a él con la solemnidad sincera que tú conoces en su ejecución. Leemos
versos de Hugo. de Gauthier, de Ronsard, de Shakespeare también y de Homero. Quiero que no lleguen basta
ese niño, á través de los sentidos de su madre, sino las
altas y delicadas vibraciones de la vida y que le quede
una gracia en los ojos, en la sonrisa, como·un halo de ensueño alrededor de su belleza. Es una estatua como cualquiera otra, pero viviente y yo la habré animado ;_como- ,
un Pigmalión...... ,,
Esta carta que tengo á la vista lleva la fecha del 9 de
Mayo de 1891. El 14, exactamente, cinco días después,
cuando Laura Clouet bajaba la escalera de cinco á seis escalones de mármol que lleva del taller al pequeño Jardín, se le deslizó un pié. Cayó-tan desgraciadamenteque dió á luz algunas horas después, antes de tiempo, un
niño que valía más no hubiese vivido porque es ahora, y
han pasado ya cuatro años, un pobrecillo chicuelo deforme, un enano que lleva una gran cabeza hundida en
espaldas gibosas, infeliz aborto que no crecerá más, y la
Nemesis ha herido dos veces al padre: el médico que sacó•
al mundo á ese monstruo, ha declarado que la mujer no
tendrá ya hijos.

***

Cuando torné á ver á Clouet habían transcuri:ido tres
años completos desde el nacimiento del pequeño Alberto-así se llamaba el pobre niño que había frustrado de
una manera tan cruel la exaltada esperanza del artista.-Y o no había hecho durante este período sino
una brevísima estación en París, entre un largo viaje
á Oriente y uno no menos largo á América, y durante
esa breve permanencia, Ives estaba ausente. Había per-·
manecido todo este período sin escribirme, lo cual no me
asombró, conociéndole poco aficionado por naturaleza á
escribir. Y o comprendía por otra parte que había debido·
sufrir singularmente con una catástrofe semejante, sobrevenida después de una esperanza tal y no había osado
cuestionarlo. El amigo común que roe había anunciado•
el accidente de la señora Clouet me dijo que nuestro ca·
marada no se consolaba de ese hijo deforme. Yo había
pensado que E:Bº significaba .simplemehte una de esas penas de los artistas, como nosostros las llevamos en•lo íntimo del corazón, por una cosa muy hermosa que debió
suceder y que no sucedió. Sabía que era tan L'obusto tan
enérgico, tan profundamente poseído de su arte sob;e todo, y me decía: «No hay pesar del cual no pueda consolarle una hora de escultura...... » Iba empero á experimentar cuanto me ·engañaba, en mi primera visita al hotel de la
avenida de Segur.donde !ves habita desde que le conozco:
adorable asilo. de trabajo y de ensueño, oculto entre los
árboles del otro lado de los Inválidos. Muchos entre tnuestros camaradas envidiaban sin duda el lujo de ese peque-

1;.

�44

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

terés 6 edad crítica; 1 por
amor; 6 suicidios; 326 representaciones teatrales ( sin
contar tandas); 1 derrumbe;
2 _apariciones;_ 2 env~nenam1en tos casua.es; 2 ludrofobias; 3 moti~es; 625 colisiones entre simones; S,IJl escándalos entre decentes; 1
autopsia; 20 entierro~ con
bio~raffa y coronas.
:l\o me considero una potencia, pero modestamente
me gano la vida; ocupándome
de la ajena.
Sé lo reporwrilmente necesario de inglés, francés é italiano, escribo muy mal el español, pero muy bien el ca16 de la calle y el dialecto de
las bartolinas; tengo tres chavetas con sangre y una bala
de fusilado; leo [,&lt;1 Ga1·et11 de
Policía, Lo-~ Jfi.•lrrios de lo 111quixición, y las nn,,.a.• &lt;'fle:
l,reR, puedo bailar mis lanceritos, danza y hasta valse con
gentes de confianza; no se me
suben los ponches; conozco
el nombre de las telas feme1
ninas; conozco la parroquia
de las cantinas, esa Bolsa de
'
la noticier(a callejera; tengo
1
tarjetas con y sin luto¡ sé
\·,¡ '
en qué pren&lt;lerías alqmlan
! il;;I
fluxes para días de campo,
¡ \ 11 )
casacas, trajes de luto, cor. ; I lii
batas y guantes para una 6
-· \ '
varias noches; como por abono; ando á pie varios kilómetros; puedo montaren bicicleta; me subo y bajo por
las plataformas delanteras;
promt'to recomendar con
Eduardo Yelázquez ií todos
los gendarmes; trato de 111a11i.~l'R á todoP los empleados
de comisaría; oigo misa de
doce cuando puedo; conozco
á los de la re.•ei·rnda, ¿quién
no los conoce? esos pobres
muchachos se ríen conmigo.
Carballeda se para á saludanne; echo medias suelas á
mis zapatos y me guarda
muchas consideraciones Xacho Bejarano; debo dos reaEL R11:PORTBR Muus Cc-11P1.100.-Unico sujeto que desde los tiempos de Daute haya t~nido el valor les á una corista, carezco de
de explorar las reglones infernales.
novia, tomo Ja.~ once con militares y vivo por Tepito, en
EL DANTE EN MEXICO.
casa de una Sl'íiora paralítica, á quien leo cuando el
tiempo lo permite, algo del Año Cri,,turno que es para mí
VIAJE DE UN REPORTER.
el rade mPc11m de los reportal!gos de la antigüedad.
Y en caso como el presente, sin equipaje, vengo en un
Y lo soy por vocación, porque así me nació.
Pullman con puros periodistas, sin que me cueste un
Comencé mi carrera. desde soldado raso, enfajillando, centavo y lo que es peor, sin equipaje, y lo que es suengomando recortes y direcciones, poniendo títulos y numerando cuartillas; llevando y trayendo el correo del apartado;
persiguiendo subscriptorci; morosos en el pago y acompafiando
á la ama de llaves del DirectQr
,al circo, los jueves, con boleto
de prensa.
Pasé á la gacetilla y supe inventar párrafos de aquellos qué
no comprometen, como por
ejemplo a..c:egurarqueen un pueblecito de la Siberia, había fa- ·
llecido un pastor de frío, que era
notable el número. de perros en
la calle de las Damas; qut' SP había i:oto la crisma un asno en la
calle de la Canoa; que un coche
estuvo á punto de atropellar á.
un tranvía en el crucero de Santa Isabel; que el vecindario de
las Mo~cas no podía resistir á.
l&lt;?s cilindreros y destruían el pavimento los coches de sitio de
la calle de Gante; despu(&gt;s me
mandaron á los jurados é hice
sus crónicas; íuí adquiriendo
facilidad enumerativa, aventuré mis comentarios y me metieron á la cárcel, y en e~a escuela del crimen obtuve el título profesional de reporta· un
mes entre los pericos, es la' mejor recomendación que puede
presentarse para ser adn1itido
en una redacción.
De entonces acá me río de las
escabrosidades de la carrera, he
comentado 30 robos; 25 homicidio!" en ri íia y l:? fuera de ella·
2:1(&gt; le,;iones agn!n\daspor prac:
t~cantes de conusaría; 820 agre1-1onC's á la policía; 1400 ebrie- .
&lt;lades escandalo~as; 30 adulteri_os; :?S,9-10 raterías; 5 infantici&lt;l1os;_2 muerte~ l"('~otinas; 4jncend1os; 5 fust!am1entos· 3 violaciones; 48 matriiuonios por in-·

perlativamente peor, sin boleto: porque entrar invita do
todos lo hacen, pero como yo, sólo los muy ñnos, los
IUUY linces... ··· ········
Éso sí, mis apuntes van al pelo; cuatro cuartillas que
remitiré por el prime~telégraf_o con descuento; d~scr1!:Jo
qui&lt;lnes vienen, qué dicen, qm&lt;-nes traen puros ) q.ménes caldos, cu,Ues brindan y c_u:íle,; adulan; qué ~u¡etos
peroran y qn(I personas no clustan, íntegra c~ms1go. la
di~ertación de un literato sobre e~ta frase cursi uá y1sta
de pájaro » ~egún el orador: un águila no ve lo uusrno
que una !~chuza, ni una gallina de_i$11al manera que un
huitlacoche, de lo que han deduc1ao que hay cotorf8;S
p&lt;'riodísticas; igualmente be tomado cuenta de las opiniones sobre los carros salones qu~ se han_ expresad~ y
de los ~anüwirl1-•que prefiere la graciosa, deltcada Y esp1ntunl cronista :\Iab.
Pero el necrro del Pullman no me quita la vista: habla
al oído del c~nductor, me mir.in, siento que el suelo se
me hunde, que el vino se me sube, que vo&lt;:es airadas
me delatan como intruso; que me hablan en mgles, que
piden el ¡&gt;a&amp;, que no entiendo, que me toman del cuello
de la levita, me sacan á la platoforma, l)lC_ suspenden
por los aires, me sueltan, me arrastra el wrt1go ......... y
no sé más de mí.
( Con/ i,mará),

DOMINGO 17 DE ENEROlDE 1897

_E_L_ M_UND,,,:O= = == = == ======== = ~ = = = = = = - ===~
4=5=

•

l

RIMA.

Por cada beso tuyo me· decía,
se enciende un astro en la región va~fa!
y entoncos no creí sus frases bellas,
porque pensé que hubieran ese día
faltado cielos y sobrado estrellas.
l\las tarde-cada lágrima vertida
mata un astro, me dijo conniovida;
y no creí sus frases de quebranto,
porque pensé que hubieran en mi vida
faltado estrellas y sobrado llanto.
Muerto ya el corazón comprendo ahora
de aquella alma sensible y soñadora
las frases de pasión 6 de reproche,
pues de mi triste vida en el derroche
yo tuve noches de color de aurora
y hoy tengo auroras de color de noche.
FEDERICO

Rn-AS FRADE.

Odiando el matrimonio,
¿te casas? Pues mejor para el demonio.

El ~ucesor del señor Daute cae de un tren demw;lado rápido.

CA~1roA~roR.

i!uz 1? sombra.

�DOMINGO 17 DEENERO DE 1897

EL MUNDO

LO QUE ME DIJO UN ESQ~'ELETO

···&amp;~tí·~~·~;t~;;,;~~¡~¡~·~~·~·~·¡~··~~·~b~ y

oí un~. voz
ue me dijo:-«Lev,íntate, hoy tendrá~ muchas v1s1tas,
ioy es el d.ía de todos 108 Santos. Despierta, polvo vano,
hace mucho que due.rme~!11 • ,
•
Una luz indescriptible tlummo de pronto el homble
recinto en que me hallaba.
.
A mi derecha, acurrucad.e y tirit.•mdo Je frío, fE;Í~ un
esqueleto, húmedo y amanllo, pero reía con una n~a es;
pantosa, fatal!
¡,En dónde estaba yo?-:¡En la t~1mb:11..
De pronto pens~. )'. á_m1 memoria vm1eron los recuerdoA terrible~ de n11 ultuna agonía.
.
Después do recibir una grave ofensa de la mu1er que
había sido en el mundo el st&gt;l, el bello ~ol de m1 alma,
me enloquecí, y úna noche muy negra llegué á su casa,
con el pecho henchido de amargos sollozos.
d ..
Temblé al mirarla. La soledad era profunda Y l~ •Je
estas palabras, bañado en sudor frfo:-«:\Ie ha~ herido el
corazón de muerw. pero ei&gt;t:1 sufriendo mucho y vengo
delante de tí á acelerar su inmensa agonía.u
Agarré con mi mano temblorosa una arma fría que llevaba en mi bolsillo.
•.
Una nuhe roja me empañó los OJOR. .
.'1i arene~ ;;e tambaleaba, como queqtllf!O hablar.pero se
le heiaron las palabras en la boca, línda como su rostro......... ¡Ah! si hnbie~ hablado ......... tal vez .... ..
Hubo una detonación.
.
)fi cuerpo cayó al suelo, como una mMa 1!1crte, bañado en sangre, y aquella mujer c:1-yó sobre m1 cuerpo como una loca, empapada en lágrimas.
Convulsa1 me besaba en la boca, me pedía perdón Y
apretaba co n sn manecita pál\da 8J.1 cabell~ra blonda, como un río de oro Robre la henda que en nu cabeza manaba sangre á borbotones, queriendo con las delgadmi he:
bras de sus cabellos detener esa sangre que se llevaba m1
vida.
, cuand o d e¡'é d e resSu boca descan~aba sobre la mia

pirar.
b? ~ J
¿Cminto tiempo hacía que estaba en la tum a. • o o
·sé pero mi carne había ~ido devorada por los gusanos.
lle llevé la mano á la frente, como te,~ero~o de que
aquello no fuese m:1s que un sueño, pero m1 mano ti:opezó con el agujero que la bala había formado en m1 cabeza.
Una lluvia de oro resbaló lentamente por entre mis dedo~. Em una mata de pelo.
-Es de ella, exclamé con voz ronca. ¡Tantas Yeces la
había acariciado!
-«Sí murmuró el esqueleto que tiritaba 1í mi lado.
EUa, d~sesperada por tn t1uicidio, cortó ~us trenzaR }; rogó que las colocaran en tus manos al deJarte para ~1empre en esta cueva.•
-¿Y quién eres tú, esqueleto horrible? pregunté al
montón de huesos que me hablaba.
~c::ov tu retrato, me replicó, porque soy la muerw, la
misma.que te despertó-y se echó ,í reír.
-Y bien, si eres la muerte, ¿por qué le devuelves ahora la vida tí un ei,queleto'?
-¿Xo recuerdas que la noche en que te suicidaste dijiste al eRpirar estas palabras: devuélveme la vida?
No em posible devolvért.ela entonces, pero ya ,,es que
hov lo hago.
irace cinco año~ que moriste y hoy es el día de todos
los Rantos. Hov te vendrán á visitar.
-Y ella vendd, ¿no es cierto?
-Ya lo creo. Como que por aquí tiene un pedazo de
sus entrañas. Y continnó:-¿Ves esta rendija, aquí detr.ís de la lápida'? Por ahí podremos ver :1 los visitantes;
a.~ómate y mira.
Acurrucado como pude me asomé y reconocí aquel sitio del cementerio.
- Los :irboles se mecían bamboleando sus copas macilenta.~. Un perfume delicioso de flore., recién abierta.~entraba por aquella griet,ecita. El sol ya estaba un poco alto.
Oh! qué hermoso me pareciíi el mundo, y eso que no miraba m,ís qne el cementerio!
Entre ditenmtes grupos de personas que paseaban, reconocí á muchos amigo~ míos que charlaban bajo los triste8
cipreces; sentí ímpetus de abrazarlos y esperé con paciencia que alguno decllos se ncerca.qe ,í mi pobretmnba;
pero ¡oh decepd6n! 1í poco se despidieron sin lanzar una
mirada 11 mi desteñida 1.ípida.
•
De c11ando en cuando llegaba hasta mis oídos el ecl)
triste de los responsos qne cantib:m los clérigos.
De rep!nte por entre las tumba.~ vieja.~, nna mujer de
ojos grandes y quemadores apareció ante mis cuencas vacías, como una visión celeste; mis hue~os tiritaron y estm·e á punto de empujar la piedra que me impedía llegar haRta ella; pero mi compa11ero me detuvo.
Traía una ~orona de flores blancas y azules y se dirigía
al lado &lt;le m1 tumba.
Era mi amada.
¡Oh dulce fruición la de un esqueleto, ver 1í la mujer
por quien se h:i dejatlo la vida! Ya llega, decía yo, ,·iéudola acercar,;e, ya llega. ya est:í aquí. Pero ¡Dios mio! ni
una mimda t~mpoco. Pasó airosa con la linda corona.
Entonces un estremecimiento poderoso pasó por mis
hueso:;, y &lt;lo,- got.'I:, de sombra quemante cayeron de la,
cuencas de mis ojos. ~ntí rabia y quise de nuevo deHprender la lápida, correr tí ella y arrojale tí la cam aquel
montón de cabello,; rnbios qne en e,ce in~tante rompía
entre los hue,os de mi~ manos, pero tan sólo pude murmurar: ingmta!
·
)li compañero volvió á detenerme.
-DJjnla, me dijo, pobre e"queleto. Ella va á visitar lt\
tumb.l de su hijo, muerto hace un año, y á dejar esa .corona que lleva; v rió como de costumbre.
-Ah! la infame, exclamé, ¿con que ha tenido un
hijo?
-Como que hace tres aíios qne se cas(11 balbuceó la
muerte,rien&lt;lo todavía.

Al oír estas últimas palabras, me desplomé como un

saco.
•
De repente oí la misma
voz, que !°e decía·
,
•
.
-umíntate y mira; no t~ pesar~; tu eres ~l mgrato.
-;fo, maldita muerte de¡ame, déJame_dorm1r.
-Lev,íntate, que alguien solloza al pie de tu tumba.
Ay! podía ser ella; hice un e~fuerzo aobrehumano, me
enderecé v miré.
bel! bl
Una mujer con la cabeza cubierta de ca
os ancos,
ve,.tida de negro y con una corona en las manos1 de ~diilas sollozaba sobre el césped. De repente alzo los ºl.ºj
ue!Ía mujer y un muda! de lágrin~as resbaló por_la pie
~ una cara a;rugada y triste, ~ abr1ero\1 unos labios p,ílidos en aquella car.l, r con el ~•.mbre ~as puro que hay
en la vida, sonú esta frase;-¡h1Jo mío.
.
d re.'
¡Era mima
Jt:uo FLÓREZ.

por una mis tristezas. Por eso voy á escribir~e, para queleas mis pobres cartas junto á la ventana, y J?lenses en el
ausente que jamá11 ha de volver. Las ~olondrmas vuelven
después de larga ausencia, y se refugian en 1~ ramas del
pinn. La brújula señala siempre el Norte. :\11 corazón te
bueca á tí.
b
·d d
¿De qué quieres que te hable? Dej~afuera la o scun ~
v haz que iluminen tu alma las claridades d~l amor. Somos dos islas separadas por el mar; pero los viento~ llevan
á tí mis palabras y yo adivino las tuy~~. Cuando la ta-r:de·
caiga v las estrellas comiencen á brillar en el espacio,
abre tú los pliegos cerrados que te envío, y escucha l~s
ardientes frases de pasión que lleva el aire á tuq. oídos. F1t'1rate que estamo!! solos enel boRqu..., que olv!dé to&lt;'!oel
!año que me has hecho, y que ~~ el fondo del. c1J11pe capitoneado te hablo cie mis amb1c1onps y de nus suenos.
Oveme como escuchas el canto de la~ a\'eS, PI rumor de
las ag11~s, el susurro de la briHa. Habl~mos ambo~ de la~
cosas frívolas, esto es, de las cosa~ serias. La tarde ".ª a
morir: el viento mueve apenas RIIR alaR como un p:iJai:o
cansado; los caballos qne tiran del carruaje, cor!'en hacia.
la casa en busca de descanso; la sombra va cayendo lentamente...... aprovechemos los instantes.

***

MISTICA.

I
P,ilida estrella,
flor del O&lt;'aso,
fúlgida im.ígen, casta hermosura,
¡cuán dulcemente, con leve paso
hiendes el aire, celeste y pura!
II
Sobre la tumbt\
del sol prmiente,
blanca te ele,·as, muda v piado81l,
como una llama resplai1deciente
sobre la piedra de humilde fosa.
III
Por el espacio
trémula sube.",
con invi~ibles alas movida ......
y resplandece sobre las nubes
tu cabellera de luz ceñida!

I\'
Cuando en el aire
tu luz se in/lama,
La flor del campo se abre anhelosa......
suciia la virgen en el que ama,
vuelta los cielos la faz hermosa!

,i

V

Y á tus fulgores
blanda armonía
vibra en el harpa del sentimiento;
miimtras con honda melancolía
suspira el agua y arrull:\ el viento!
YI
.\y! cuando mires
desde esa altnra
la hora "nprema de mi agonía,
ra.ciga en el áirc la noche obscura
y alumbra el vuelo del alma mía!
MILK.

CUENTOS TRISTgs,

¿Por qué me pides versoR? Hace ya tiempo que mi pobre imaginación, como um\ flor cortada demasiado temprano, quedó en los rizos negros de una eRpesa cabellera,
tan tenebro~a como la noche y como mi alma. ¿Por qué
me pides versos? Tú sabes bien que del laúd sin cuerdas
no brotan armoní.1s y que del nido abandonado ya no
brotan los gorjeos. Yino el invierno y desnudó los árboles; se helaron las agna.q del río donde bafiabas tn pie breve, y aquella casa, oculta entre los fresnos, h~ oído _frases de amor que no pronunciaron nue8tros labios y risas
que no alegraban nuestras almas. Parece que un amor
inmenso nos separa.
Y o he corrido tras el amor y tras la gloria, como van
lo~ nifios tra~ la coqueta mariposa que se burla de la persecución y de sus gritos.
Todas laR rosas que encontré tenían espinas, y todos 108
corazone:; olvido.
El libro de mi ,·ida tiene una sola página de felicidad,
y eqa e~ la tuya.
No me pidas ,·er,os. )fi aln11. e~ como esos p.íjaros viejos que no saben c:mtar y pieruen sus pluma~ una á una,
cuando sopla el cierzo &lt;le Diciembre.
Hubo un momPnto en que creí que el amor era absoluto y único. Xo hay m b que un amor en mi alma, como
no hay má~ que un sol en el ')ielo-decfa entonces. Des
pués supe, e~tudinndo A~tronomfa, que lvs roles son muchos.
Toqu~ á la puert:i de mncho~ corazoneR y no me abrieron, porque u.entro no había nadie.
Yo vuel\'O ya &lt;le tori0&gt;&lt; los pa:,es azules en que florecPn
la~ naranjas de clllor de oro. E,toy enfermo, tri8te. Xo
creo más que en Dios, en mis padres y en tí. No me pida.'l versos.
Preci,o es, sin embargo, que te hable y te cue nte una

Hace muy pocos días paseaba yo por.el parque, J?Cnsando en tí. La tarde estaba nublada y m1 cora1.1in triste.
¡C.'.&gt;ml) han c"mbiado las cosas! Los carrua¡cs que van
hoy al paseo no son los mismos que t1í y yo veíamos. Veo
caras nuevas tras de los cristales y no encuentro las qu_e
antes distinguía. ¿Te acuerdas de aquella que encontr,ibamos ~iempre en troiil quart ií la entrada. del pas~o? .Pues
voy á referirte su novela. Amaba mucho; las 1lus1ones
cantaban en su alma, como nna parvada de rnisei\ores; se
casó y la engañaron. Todavía recuerdo la impacie';lcia C?n
que contaba los días que faltaban para su ma.trnnomo.
La noche que recibió el traje de no\'ia creyí, voh·erse loca de contento. Yo la miré en la igleRia al día siguiente,
coronad:\ ele blancos azahares. trémula de emoción y con
lo~ ojo~ henchidos de hlgrimas. ¿Qttién nos hubiera dicho que aquel matrimonio era un entierro'! Se .a maban
mucho los dos, ó por lo meno•. lo decían así. Iban~ realizar suR ilusiones; la riqueza les prepar:i un palacio espléndido v los qne de pie en la playa la miramos partir
en barca de oro, dijimos: Dios la ilev:\ c0n felicidad!
Pnos meses después, encontré á su marido en un caf~.
-¿Y Blanca?
-¡Est,t algo mala!
Era verdad, Bla11ca &lt;&gt;staba. mala; Blanca Re moría. Enrique la dejaba por ir en poq de los placeres f.íciles,.y
Blanca, sola en su pequei\a alcoba, pasaba las noches sm
dormir, mirando como se per1&gt;iguen y se jun~an las aguja&lt;1 en la carítula del reloj. Una noche Enrique no volvió. Al día siguiente, Blanca estaba m,ís p:tlida: parecía
de cera.
Hubiérase creido que la luz del alba, que Blanca vit'.&gt;
ªfarecer muchas veces desde su balcón, ie había teñido
e rostro con sus colores de azucena.
¿Por qué no viene?-Preguntaba ~ondeando con los ojos
la obticuridad profunda de la calle.
Y graznaban las lechuzas, v el aire frío de la madrugada le hería e! rostro, v Enrlqne no volvía. De l't'pente
1,menan pasos en las báldosa.q, Blanca se inclina sobre el
barandal para ver si venía. ¡ l~speran1,a frustr-ada! Era 1111
borracho que regresaba tí su casa, tropezando con los fa.
roles y las puertas.
Así pasaron los dia!l, semanas, meses: Blanca cada día
estaba peor. Los médicos no atinaban la cura de su enfermednd. ¿ACMo hay médicos de almas?
lína noche, Blanca le dijo ,t Enrique:
uNo te vayas. Creo que voy á morirme. Xo me deje3,11
Enrique se rió de suH temores y fu.Sal círculo donde le
esperaban b\1'1 amigos. ;,Quiénsemurre,í los ,·einteaíios'?
Blanca le vió partir con tristeza. Se puso después frente á un rspejo, alizó sus cabellos y comenzó 1í prender entre sus rizos diminutos botones de azahar.
Dos grandes círculos morados rodeaban sus ojos. Llamó en seguida tí su camarera, se pusll el traje blancoqne
le había servido para el día del matrimonio y se acostú.
Al amanecer, cuando Enrique voh-ió ti su ca.•a, vió abiertos los balcones de su alcoba; cuatro cirios ardían en torno de In cama. Blanca estaba muerta.
-¿Ya Jo vei,? L'\ vida munuana, tan brillante por f1wra, es como los sepulcros blanqueados de que nos habhi
el Evangelio. La riqueza oculta con i,,1 manto de arlequín muchas miseria.".
Cierra tus oídos á las palabras del eterno tentador. Xo
ambiciones el oro que es tan frío como el corazón de una
coqueta. Se buena, reza mucho y ama poco.
~I.

GUTIÉRRE7. X.í..JllRA.

HECES,

~iento una mezcla extraña
De pena y alegria:
Crepúsculo del alma, ton•a nube
Que un lf,·ido relámpago ilumina.
¡Oh, tengo ganas de reír! 11:i tiempo
Que no reía yo con esta risa,
Carcajada de loco que se burla
Del íntimo dolor que lo asesina.
Ahora desprecio el llanto,
De1&lt;precio al que lo vierte en ~u agonía ..... .
¿Pues no es mejor reír? ¡Oh amor, qué amargas
Las heces de la copa de la dicha!
Is AÍAS G .\ )!BOASan :-ah·auor-IS9G.

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1897

¿CARA

Ó

SF;LLO?

(TRADICIÓN)

En cierta noche del afio de 182-1 hallábanse en un mezquino cuarto de poRada, en la ciudad de Huamachuco,
en conversación íntima, sazonada con sorbos á una taza
de té y besos á una copa de ron de ,Jamaica, dos caballeros que vestían uniforme militar y que, por su fisonomía
y acento, denunciaban de á legua su nacionalidad inglesa. Eran los coroneles irlandeses Arturo Sandes y Francisco O'Connor, ambos al servicio del ejército colombiano.
O'Connor había llegado en la tarde á la ciudad, y como de larga data no veía á su camarada Sandes, ya supondrá el lector que tendrían mucha tela por cortar, muchas
confidencias por hRC'en;e, y muchas añoranzas que compartir. Llevaban una hora de espansiva charla cuando á
un discreto golpe á la puerta, anunciador de visita, contestó O'Connor:-Adelante!
El que venía á interrumpir el coloquio de los amigos
era nada menos que el General Antonio José de Sucr:e,
cuya frente orlaban va los laureles de Pichincha y ;¡ue,
en breve, obtendría t.'lmbién los de .Tunín y Ay~•~cho.
O'Connor llamó al ai,istente y le ordenó que 81rviese taza de tk y copita de ron al General.
Reanudó~e la convel'l'ación, que fué toda sobre política
y planes militares de campaña; y 1\ propósito de un expreso que, pocas horas mas tarde, debía 8alir del Cuartel-general con pliegos para Quito, dijo Sucre:
-Aproveche usted de la oportunidad, coronel Sande@,
si quiere enviar alguna carta. Y o sé que no le falta :í
quién escribir.
-No tengo urgencia-contestó lacónicamente el irlandés.
-HablamoR-&lt;:ontinuó Sucre-con franqueza de soldados y de caballero~. Sé que usted protende, en Quito, á
la hija del marqu&lt;-s de Holanda. Yo también pretendo
ca.qarme con esa sei\orita, v como nue~tra sangre no ha
de derramarse por otra cau.o.'l que por la de la libertad
americana, me permito proponer tt mted que confiemos
,t la suerte nue~tra pretenf'ión. Tiremos un peso al aire
para ver quien gana la mano de la marquesita.
-Convenido, General~ontestó Sandes con la genial
flema irlandesa.
-Ea! O'Connor, saque usted un peso de su bo!Rillo-frO!'iguió 8ucre.-Elija u.~ted, Sandes.........¿cara ó
sello
-No, mi General. Elija usted como mi ~uperior.
-Precisamente por eso no debo Rer el pnmero en elegir. No es asunto de servicio militar......
- Sino del !'Elrvicio del dios Cupido - interrumpiú
O'Connor-~cnicio en que la igualdad es ab8oluta, que
en levas de amor no hay tallas. Déjense de cortesías y
acuérdenme el derecho de elegir.
-Muy bien! Aceptado!-&lt;:ontestaron á una los ri
valeP.
-Cara pam el General y sello para mi paisano-dijo
O'Connor, y lanzó un peso fuene hasta la altura del
techo.
La suerte fué ad versa pam el coronel irlandés.
Ah! Los Libertadore.q! Los Libertadores!
En los tiempos de la capa v la eF¡i'.lda los líos amorosoa
se desataban á cintarazos. 'Los Libertadores supieron,
ha.~ta en eso, romper con el mncio pasado, y jugaban la
posesión de la dama á cara ó sello. Fueron muy hombres
y ...... muy cunda.•.
Siendo ya Presidente de Bolivi:1, el General Sucre envió poder á Quito para su ca.&lt;oanuento con la marquesa,
ceremonia que se efectuó en el mismo día en que el esposo era herido en un brazo al sofocar un motín revolucionario contm sn gobierno.

EL MUNDO

47

Es la hora de los tristea pensamientos,
de los rumores hondos y lejanos;
, la hora de la plegaria de las hojru&lt;,
la hora en que gime y se estremece el árbol;
la hora en que las flores que se cierran
se coronan de lágrimas, temblando;
la hora de las ansias melancólicas
en que sueña el ¡&gt;Qeta enamorado
con una mujer p,ílida y hermosa
que en el alto balcón le está e,;perando!
VICENTE

ACOSTA.

PARAFRASIS

Amensé, la esclava etiope de lo!.' castos embelesos,
Amensé, la virgen núbil de las francas alegrías,
Por las férvidas caricia.", por la ausencia de los besos,
Siente amargas y profundas, voluptuof'as nostalgíM.
Faraón ya no la adora. E!1, sns brazos tien_e opresos
Xuevos talles que &lt;:ol11mp1a, al sonar la!I smfonías
Que otras veces la arrullaron del placer en los excesos,
La arrullaron en sus noches siempre tibias, nunca frías. 11
¡Oh, qué triste! ya no adorna 1~ esplend~nte flor ~e Loto
Ni las carnes de sus senos palpitantes é mtranqmlas...
¿Para qué si el lazo e:;trecho de cariño ya el'tá roto?
¡Oh, los celos! Algo apura: es el néctar del demoni,o ...
Y al morir queda una im~en retratada en las PUJ?1las
De sus bello11 ojo11 tri~tes circundados de antimomo.
Qumr:-10:0.anÁz.

1tlim el cielo qué gris!
Las brumas pálidas

de otoi\o tienden sus crespones blancos
sobre el dormido espacio donde apenas
parpadea una estrella; sopla un hálito
de muerte qne entumece lo~ botones
vírgenl's y hace enmudecer los pájaros.
En vez del soplo tibio del {&gt;0rfume
que emerge del rosal, va el nento helado
cerrando con su,; dedos temblorosos
los cálices en flor.
Los rojos labios
1•n su carcel de púrpura aprisionan
la enamorada música del canto
y el tropel argPntino de la.'! ri~;
~obre los hombro11 blanco, torneados
cae el sedoso abrigo, y las arañas
derraman de ~11 luz el oro p:ílido,
en un florecimiento cristalino
por la callada estancia donde el piano
espera ~ilenciOijO que de~ate
su carcajada rítmica el teclado.
E11 la hora misterio.ea en que los sueñOI!
~acuden, al pasar, el suave ra~o
de ~ns tem blnntes alas en la frente
de la dormida virgen, que, en letargo
&lt;ll• amor, entreabre la camelia roja
de su boca que oprime un beso alado.
mieutrns ::ueña qut' estn.&gt;cha dulcemente
:i un amado in,isible entre sus brazos..... .

(Cuento Oriental).

I.
El viejo Alí habitaba con sus hijos en una opulenta
ciudad de Asia..
Su palacio brillaba como el sol; porque sobre sus muros
de marmol brutiido se reflejaba por la tarde el astro del

~
. .d
Las numerosas joyas que cubrían las neas vest1 uras

de sus bellas esclavas, semejaban las estrellas del firmamento.
El número de sus rebafios jam,1s llegó á contarse; y el
polvo que levantaban sus yeguas en el desierto, ~ra CO,I?,·
fundiio por la temerosa carabana, con el del terrible uS1moun.•
II.
Una noche, en que la.luna negaba sus p:ilidos !tlfiejos
á la tierra y en que el rmdo del trueno y el _estalh&lt;;i~ del
rayo llenaban de terror el ánimo del extraviado viaJero,
tocó á la puerta de Alí un pobre peregrino pidiendo, por
amor de Dios, un abrigo contra loselementosde;;encadenados.
. ~
.
Alí escuchó su voz; pero ninguna orden d16 a sus cnados. La :puerta permaneció inmó\il.
.
-¡Abrid, por Dios, hermano! repitio, y su voz no obtuvo respuesta.
.
Cansado de fqtiga, aterido de frío, cayó de rod1llas sobre las baldosas de la calle. y en un momento de dese~peraciún y &lt;le an~ustia, exclamó:
-¡Oh! tú á qmen he demandado un asilo contra la t?rmenta; tú, qu~ hai, per!nanecido ~ord? :i la voz de la mdigencia, confundate Dios, y que el fr,o &lt;le tt1 co~ón se
apodere de todo tn cuerpo, y no encuentres calor m en tus
riquezas ni en lo~ rayos del l'Ol.
III.
El sol de la ma11ana iluminó con su dudosa, luz de los
cristales del palacio de Alf. Este se levantó y miró hacia
la calle.
Un cadaver yacía tendido frente 1í la puerta. Era el
cnerpo del pobre peregrino.

n-.

DE HEINE.

Iluvó la risa de mis labios trist.es,
hermosa infiel, cuando te ví partir;
escucho sin cc.~ar bromas y chistes;
¡y no puedo reír!
El llanto huvó de mis cansados ojo11,
hermosa infiel, cuando te ví marchar:
rasgan mi corazón duelos y enojos
¡y no puedo llorar!
TEODORO LT,ORE\'TE,

PARA UNOS OJOS

RICARDO PAI,MA,

CLEMATIDE,

LA A V A RICIA.

Ojos de vi\'os resplandores
Y languidez crepuscular,
Astros de efluvios soñadores
Y de brillante claridad;
Ojos tan claros como el cielo
Que un mieterioso y castv anhelo
Llena de albores y de luz,
Ojos que cruza en lento vuelo
Un yagaroso sueño azul.
Ra~gad el velo que sepulta
El mii;terioso porvenir,
)lirad si tr&lt;-mula v oculta
La blanca aurora e,..pera allí;
Las ilusiones que en la noche
Del alma duermen, despertad,
Y con espléndido derroche,
-Aureo florón que rompe el brocne,Rurja el sol vívido y triunfal.
Como luceros en la altura,
Pupilas trémula.~, brillad!
En la tediosa noche obscura
Tremen lo~ sueño!' y se van......
Loco el esp·íritu se lanza
Tra~ nn d\&gt;stello de pasión ......
A lo,; anhelo:; dad l'onfianza,
Marcad sn ruta á la esperanza,
(;uiacl lois pa~os del amor.
La turbia imagen del pasado
Es un crep1ísculo ototial, ·
&lt;,irón de cielo sepultado
En la profnnda ob~cnridad.
:Flore, marchitas de~hojada.'!,
Recuerdo odioso, ya dormid! ......
...... La.~ espemm:a.-.; en bandadas
Re van, la~ alas desplegadas,
Al mi~terioso porvenir........ .
FRAxc1e&lt;eo

~r.

Ya en los salones del palacio de Alí no resuenan _grit-0s de alegría, ni si&gt; oyen en él los aconles del armomoso
laúd pulsado por las bl'llas esclava.". La sen-idumb~ toda se agita por las habitaci~nes c~mo si una desgracia tuviese ht!rar en aquel soberbio recmto.
AH, eY rico, el podero~o AH, sufre en aquellos momentos la m:ts atroz enfermedad.
PreRa de un frío que traspa&lt;oa sus huesos, sus miembros
se tuercen como serpientes enfurecidas, y en vano clama
pidiendo calor pam sn aterido cuerpo.
..
-Ponedme mis más ricos vestidos,-dice á sus h1Josarropadme con las mt&lt;o espesa.&lt;; pieles, y que todo el brocado de mis tiendas sirva para darme el calor de que carezco!
Y los hijos de AH envuelven á su padreen multitud de
telas precio~as. Pero ~l les dice:
.
-Aún siento frío, quemad el ambar y las recmas de
mis almacenes y formadme una atmósfera de fuego, porque muero de frío.
Una nube de arom1ticos Yapores llena lac1ímara donde
fi0 halla el enfermo.
·
-;Aún Eentfs frío, padre?-preguntan los hijos de aquel
desgraciado.
-Sí, qu('mad todos mis muebles, el palacio mismo paro. morir m:l~ bien abra~ado por el fuego, porque lo que
siento es horrible!
Y una llamarada inmensa se levantó de aquel opulento edificio.
V
Al siguiente día, una carabana fúnebre caminaba hacia
el desierto.
.
Eran los hijos del viejo Alf que conducían las yertas
cenizas de su padre.
En medio de las movibles y candentes arenas del desierto, !'Cpultaron aquellos despojos para que el sol los
calentase.
Pero también t•l sol negó sus rayos á loR huesos de
Alí.
Cuentan que una negra nube oscureció de~de entonces
aquella parte del desierto, y que jamás los rayos del sol
pt1dieron traspasar su espesura.
IA maldición del peregrino Re había cumplido.
:N. Bou:r PERAZ.\,

A.ZRAEL,
Now I must sle~¡,.
Bvro11.

Azracl abre tu ala negra y honda;
cobíjeme su palio sin medida
y que á su abrigo bienhechor !'e esconda
la mcurable triHteza de mi vida.
Azracl, angertr-.igico, angel fuerte,
angel de redención, angel sombrío,
Ya es tiempo que consagres á la muerte
mi cerebro sin luz: altar vacfo!
,\zrael, mi eRperanza e:a una enferma,
ya tramonta m1 fe, llegó el oca~o;
ven ...... ahora r.•pr,•ri10 q•ie yo duer,na. ..... .
,lforir.. ... dnrmir..... , ,,,,ar..... tol1ar acu$0 ..... .

DE 0LAGUÍBEL.

.huno NEavo.

�MEXICO, E~R.O 24 DE I897.

•

NUMER.04-

=~==================~

Necueraos ael ~ail'e

••
-ce

ªªªº en lblinería en honor ael $r. ~resiaenfe.

1

CIUDAD DE MÉXICO.
~

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,000
ee verificará en el Pabellón Morisco,
i6. la.a tres de la tarde, el Jueves
U DE FEBRERO DE 1896.

baJo el plan siguiente:

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de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
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~C:&gt; l\~B¡~

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PREMIOS:
1 Premio de.•.. $ 10,000.... $ 1?•888
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2 Aproximaciones de A $ \ 00;
una anterior y otra pos tenor al
número premiado con los . .... .

1,000
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200

$10.000 .................... $

2 Aproximaciones de A $60; un.a
anterior y otra. p~stenor al nu•
mero premiado con los

00
$ 1 .ooo. ·····················$- -1 -

84,5 Premios que hacen un total de $

1 7. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$60,000
ae Teriftcará en el Pabellón Morisco,

• 1u 11 a.m., el Jueves

28 de Enero de 1897.
ba.)O el plan Slg'Ul8nte:
ID,000 BILLETES.
FONDO: $ 320,080.
PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4 .00.-Medlos: S 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cent■•
Vl&amp;"éslmos: 20 cents.

PREMIOS:

m..tyor de .......... t 60,000
Premio principal de ..•••• ,. 20,000
lt Premio
PremLo principal de .••••• ., 10,000

6 Premios de $ 1,000•••••• .,

1 o Premios de .,

600 ••••••.,
26 Premios de ., 200 •••••. .,
100 Premios de ., 100 ••••.• ,.
260 Premios de .,
40 •••••• .,
460 Premios de., · 20 •••••. .,
t 00 Premios de 8 60, aproximaciones
al premio de 8 &lt;,0,000••••••••••• ·•
100 Premios de 8 40 aproximaciones
al preoiio de a20,000••••••• ·•···•
100 Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. •••••••••• ·•
788 Terminales de S 20. que se determinarán por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio mayor de 800,000 ••.•• ••
788 Terminales de 8 20, que se dcter•
minará.n por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000. .•.•

6,000
6,000
6,000
10,000
10,400
9,200
6.000

4.000
2,000

115.980

115.980

8,761 l'ftmloa q111 hacen u 'l'ot&amp;l «... $ 178.660
..-Todos los sorteos est:l.n bajo la viirilancia
~ íl'uección personales del Sr. O. Apolinar Castillo,
Interventor del Gobierno, y de 11n empleado d"e la
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Apartado N? 84 B.

Se reeomienda á loe anémicos, á las jóvenes clor6tieae,
LIC. EMILIO VRLASOO, PRESIDENTE,
y á las personas debilitadas por una prolongada perma•
JHON R. DAVIS, VICEPRE!!IDENTB.
nencia en las reefonee cálida!! y ma:sanas.
JULIO LIMANTOUR, TESORERO.
De venta en casa de los Sres. E. Dutour y Comp., A.gen·
PIDASE PROSPECTO N? 6.
iee Generales; en el establecimiento de la Sra.. Viuda de
Suponiendo que las presupuesto accione11 monten .á
Geniny Comp., ~ de Pisteros número 3, y en todos loe
$100. 00 en 96 meses habrá. pagado como derecho de admiprincipales ee\ablecimientoe.
sión y exhibición $58.10 ganancia 41. 90 6 sea 18 1 /9 p8 . _

PATE EPILATOIRE DUSSER

d~lnlJe ha.&lt;ta lu RAICES el VELLO del rostro de ll$ damas (Barba, Bigote. tle.), da
n1ngun peligro ~ el cutis. 50 Años de Éxlto,y mlllam de teslimooios garantizan ia eflcada
de esta ¡m,paraw,n. (Se ,ende en oaJaa, para ta barba, J en 1/2 aaJu para el bigote ligero). Pn
tos bruos, emplée,e d l&gt;I.LI. fOBE. D"O'SSER, l,rue .J••.J.-l\ouaN&amp;u, Parilo

$1 General $scobeao introauce á la $ro. Doña (!armen Romero Rubio
(Dibujo de. J. M. Villasana.)

ae Diaz al $a16n.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 3, Enero 17</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Baile en minería</name>
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        <name>Concepción Zivión y Saravia</name>
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        <name>El Tepozteco</name>
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                    <text>MEXICO, E~R.O 24 DE I897.

•

NUMER.04-

=~==================~

Necueraos ael ~ail'e

••
-ce

ªªªº en lblinería en honor ael $r. ~resiaenfe.

1

CIUDAD DE MÉXICO.
~

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$10,000
ee verificará en el Pabellón Morisco,
i6. la.a tres de la tarde, el Jueves
U DE FEBRERO DE 1896.

baJo el plan siguiente:

14 000 Billetes á $ 2.00 cada
uno: divididos en vigésimos
de á 10 centavos.

Fondo: $ 28,000.
-~-

.1
'

~C:&gt; l\~B¡~

~
-,.

~
·º

~· .. ,1;

VooN .

PREMIOS:
1 Premio de.•.. $ 10,000.... $ 1?•888
1
u
,,
,, 1 ,000.... .,
'500
600 ···•u
11
u
"
,.
200
200 .... ..
2
"
,.
::
1 oo.... ,,
200

1O

"

"

,.

50.... ,.

600

26
::
::
,,
40-.. ...
1 00
..
..
"
20. .....
200
,.
,.
•.
1 o......
2 Aproximaciones de A $ \ 00;
una anterior y otra pos tenor al
número premiado con los . .... .

1,000
22'º088

•

200

$10.000 .................... $

2 Aproximaciones de A $60; un.a
anterior y otra. p~stenor al nu•
mero premiado con los

00
$ 1 .ooo. ·····················$- -1 -

84,5 Premios que hacen un total de $

1 7. 700

El próximo sorteo, con premio
mayor de

$60,000
ae Teriftcará en el Pabellón Morisco,

• 1u 11 a.m., el Jueves

28 de Enero de 1897.
ba.)O el plan Slg'Ul8nte:
ID,000 BILLETES.
FONDO: $ 320,080.
PRECIO DE LOS BILLETES:
Enteros: $ 4 .00.-Medlos: S 2.00.
Cuartos: $ 1.00. - Décimos: 40 cent■•
Vl&amp;"éslmos: 20 cents.

PREMIOS:

m..tyor de .......... t 60,000
Premio principal de ..•••• ,. 20,000
lt Premio
PremLo principal de .••••• ., 10,000

6 Premios de $ 1,000•••••• .,

1 o Premios de .,

600 ••••••.,
26 Premios de ., 200 •••••. .,
100 Premios de ., 100 ••••.• ,.
260 Premios de .,
40 •••••• .,
460 Premios de., · 20 •••••. .,
t 00 Premios de 8 60, aproximaciones
al premio de 8 &lt;,0,000••••••••••• ·•
100 Premios de 8 40 aproximaciones
al preoiio de a20,000••••••• ·•···•
100 Premios de 8 20, aproximaciones
al premio de 8 10.000. •••••••••• ·•
788 Terminales de S 20. que se determinarán por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio mayor de 800,000 ••.•• ••
788 Terminales de 8 20, que se dcter•
minará.n por las dos últimas ci•
fras del billete que obtenga el
premio principal de 820,000. .•.•

6,000
6,000
6,000
10,000
10,400
9,200
6.000

4.000
2,000

115.980

115.980

8,761 l'ftmloa q111 hacen u 'l'ot&amp;l «... $ 178.660
..-Todos los sorteos est:l.n bajo la viirilancia
~ íl'uección personales del Sr. O. Apolinar Castillo,
Interventor del Gobierno, y de 11n empleado d"e la
Teaorcria General de la Nación.

OAcina.s:

r

San Francisco ntun. 12.

U. BASSETTI, Gerente.

"HUMBER"
Hilario Meenin tiene la honra de partimpar á su numerosa clieritel.a y al púhlico en g,tteral, que acaba de recibir el nuevo catálogo inglés

DE LA HAOU!NA ''!~HIEi,"
~ara 189'1, y q:ue rw,"be desde chora pedi,dos para trasmitirlos á Inglaterra.

BICICLETAS "HUMBER,'' "STEARNS," "TURIST" "RECORD."
GRANDFSTALLERES DE COMPOSTURAS Y MAGNIFICO SURTIDO DE
A~V~~úR 10~.

AVENIDA JUAHEZ 4.

M. l-~Xl:CO.

APARTADO 189.

La Uompañía de Uonstrucciones y préstamos.
t-n ~léxico.

LA CERVEZA FERR06INA,
Bll:C0NSTITUYENTE, EXQUISITA Y DIGESTIVA,

1~ DE S.Al',i FRANCISCO N? 12.
Apartado N? 84 B.

Se reeomienda á loe anémicos, á las jóvenes clor6tieae,
LIC. EMILIO VRLASOO, PRESIDENTE,
y á las personas debilitadas por una prolongada perma•
JHON R. DAVIS, VICEPRE!!IDENTB.
nencia en las reefonee cálida!! y ma:sanas.
JULIO LIMANTOUR, TESORERO.
De venta en casa de los Sres. E. Dutour y Comp., A.gen·
PIDASE PROSPECTO N? 6.
iee Generales; en el establecimiento de la Sra.. Viuda de
Suponiendo que las presupuesto accione11 monten .á
Geniny Comp., ~ de Pisteros número 3, y en todos loe
$100. 00 en 96 meses habrá. pagado como derecho de admiprincipales ee\ablecimientoe.
sión y exhibición $58.10 ganancia 41. 90 6 sea 18 1 /9 p8 . _

PATE EPILATOIRE DUSSER

d~lnlJe ha.&lt;ta lu RAICES el VELLO del rostro de ll$ damas (Barba, Bigote. tle.), da
n1ngun peligro ~ el cutis. 50 Años de Éxlto,y mlllam de teslimooios garantizan ia eflcada
de esta ¡m,paraw,n. (Se ,ende en oaJaa, para ta barba, J en 1/2 aaJu para el bigote ligero). Pn
tos bruos, emplée,e d l&gt;I.LI. fOBE. D"O'SSER, l,rue .J••.J.-l\ouaN&amp;u, Parilo

$1 General $scobeao introauce á la $ro. Doña (!armen Romero Rubio
(Dibujo de. J. M. Villasana.)

ae Diaz al $a16n.

�EL MUNDO

50

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio num. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re•~cci6n, debe ser dirigida al
Director, Lic. Raf'ael Reyes Spindola,
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel . .
La subl!cripci6n á EL MUNDO ,ale $1.25 centavos al

Irles, y se coóra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centa\'Os.
. .
A visos: á razón de $30 plana por cada publicac16n.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE• .

«A;;;s

excl~sivos para los Est~dos Unidos y Ca~adá.
Tbe Sp!\nisb American Xewspaper Company, 136 Liberty St. New York, E. U.»

tt,tas ebihtrittlts.
&lt;el nueuo µlttn tlr rstntlios ilc l I Q;srneltt
l,lrrrnrntoria.

matemática, diplomáticos sin idiomas, ~ubli?istas s~n 16gica: toda una colosaloleada de eminencias, srn ~uficiente
bagaje para resolver los problemas de orden social Y político que les estaban encomendado_s. .
.
El nuevo plan de la Pr4;1p~rato~m , \'l~ne_ á realizar e~
pen~amiento que la Adrmmstraci6n pubhca ee ha, ~ro
puesto en materia de_educaci6n: fo1:"?ªr hombres utiles
á sí mismos y :i la sociedad en que vnen.

&lt;El rrpublirnnisuu1 ~d Diabla.
Un periódico de Fra~cia, cnn moti\'o del en~nsiasmo
provocado con la estancia del Czar en aquella nación, pre•
guntaba si las manifestaciones á que se entregó el puebl&lt;?
durante la recria visit.a lo acreditan como demócrata, 6 e1
los herederosºde la Revolución ocultan tras el velo de_ las
instituciones una suma tibieza hacia la forma republiCk·
na de gobie_rno. _El perió~ico qne así ~e produce ha caído
en el error Jacubmo de suJetar los mas graves J&gt;roblemas
políticosá un jnego de palabras, y ante un: u¡\ 1va el Emperador!n declara muerta la Rep1íblica y se alarma frente
á las manifestaciones _hechas en favor del soberano de un
país amigo.
Estat&gt;xplosiún revolucionaria prueba una vez más cuán
lejos se ·hallan todavía muchos espíritus del verd~dero
concepto que debe informará los grupos hu~anos dignos
de ser libres cnando una palabra se les antoJa que pone
en gmve rie~go 111s instituciones. Para los jacoLinos, en
efecto débese vivir en odio mortal contra toda ¡nanifestación1 contraria.¡\ su programa de exterminio, y por rencor á la tiranía son capaces de proceder como los más feroces tiranos.
La República francesa ha podido, en virtud de nna regla de cortesía, manifestarse respE'.t.llO~ hacia el Jefe de
una nación amiga, sin que el testunomo de este respeto
pueda traducirse como un acto de desafecto hacia su forma de gobierno.
. .
.
En realidad el verdadero TPpub/1rrmm110 rlel dmblo, como lo llama 1~ publicaciún ú que aludimos, consiste en
ampararse tras un ideal que trata de establecer s1is cimientos en la libertad, para dar muestras de la m,ís escandalosa y terrible opresión de las conciencias.

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1Ssn

}aguerra, ya se presume claramente la. Inisi_6n del Canciller austriaco en la corte uel emperador Guillermo.
Nada importarii ni ha de influir en sus decisionos la resistencia que en el Reich~tag_ alemán haI?- de opo_ner á los
nuevos créditos para el eJérc1to y 1~ ~a.rrna los hberal~s,
los católicos y los ya poderosos soCJahstas; nada, las difi-.
cultades financieras de Italia, que aun no se repone de las
catástrofes de Abisinia, y apen~ va. trabajo~amente restañando las heridas de su erario empobrecido; nada la
actitud semipasiva del Austria-Hungría, mal de su grado arrastrada en la corriente que la señalan los vencedores de Sadowa y los aspirnntes al Trentino, después de la.
adquisicion del Lombardo-Véneto: contestarán los soberanos al reto mal encubierto de la República. francesa, y·
los pueblos, que no tienen más que una válvula para el escape de la opinión en los campanudos parlaJ?lentos, tendrán que aceptar la nueva carga que se les 1_mp?n~, por
cuenta d~ rivalidade~ y rencores, y que segmr gmuendo
bajo la pesadumbre de los presupuestos de guerra, cada
vez más abrumadores, cada vez más agobiantes.
No es, pues, ésta la mejor º'l?°rtunidad, para que se prediquG por algunos la. concordia aparente 6 real de que
acaban de dar prueba la Gran Bretaña y los Estados Unidos en su tratado de arbitraje; no es la presente la mejor
coyuntura, para proclamar el general desarme que en utópicos delirios, aconsejab:ln el pa~ado ~ño el congreso FO·
cialista en Londres y el mternacional de la Paz en BudaPesth.
**# .
Ya era tiempo de que las tantas veces prometidas reformas turcas, para remediar la triste condición de los
súbditos cristianos, se hubieran llevado á efecto y renaciera la c11nfümr.ii que su implantación debiera inspirar.
Tiempo era va de que la intimación categórica del ministro francés en la corte de Constantinopla y las declaraciones formales del embajador del omnipotent,e Petersburgo, hechos {1 nombre de las potencias oc~idP.n~ales,
surtieran sus efectos, v los asendereados armemos de¡aran,
de ver suspendida sobre su cabeza la ci?3itarra. del. mt~sulmán mil veces manchada con el asesmato y env1lcci•
da en 1~ barbarie. Pero eotá escrito que el Sultán no ha
de ceder en sus odios ni cejar en sus persecuciones, mientras la fuerza y la violencia no lo obliguen á contrariarlo que )Ir. Gladstone ha llamado instintos de fiera y
hambre de asesino en~¡ pérfido Abdul-Hamid. Está. visto que escurridizo ante las amenazas pacíficas de la diplomacia, y perjuro contumaz en todos los compromisos
que no contraiga al filo de la espada, se ha de burlar de·
todos los ardides de los embajadores y ha de romper la
red de todas sus combinaciones, con los inagotable recursos de su audacia en las pavorosas sombras de su perfidia.
Como lobo acosado en sn guarida, pareció descansar·
para tomar aliento, no para abdicar de su sed de sangre
y de matanza, y recobrado de sus vanos temores, cuando
comprendió que no estaba marcada!ª hora de la.. expiación, por falta de acuerdo en sus Jurados e?~m1~0s, el
Califa de los Creyentes ya vuelve á tolerar las miqwdades
de sus famiticos sectarios, ya se registran nuevos asesinatos cometidos en indefensos cristianos y se anuncian
nuevas explosiones de odio entre los salvajes muslimes,
estallando horribles contra los aborrecidos armenios.
Contados están los momentos de ese reinado de la injusticia; no ha de ser larga la tregua qne se conceda al corrompido Imperio otomano, roído de podredumbre en las
entrañas y amenazado de disolución en sus elementos.
y llegarán del Xorte y del Occidente, armados de todas armas los pueblos cristianos; entrarán á sangre y fue go en las ciudades malditas, y la nación musulmana, que
por tanto tiempo ba manchado con la sombra de su caduca civilización y el vapor caliginoso de su Iniseria el
cielo de la culta Europa, de!&gt;aparecerá para siempre del
cátalogo de los·pueblos soberanos.
Así debe ser: ya no la defiende el escudo de Bayaceto ni,
la ilustra él Magnífico Solimán. Anatnna sit.

En el presente año escolar se han introducido varias
reformas en el plan de estudios de la Preparatoria de
esta. Capital, siendo la más'importante la _unificación de
las asignaturas antes de comenzar cualquiera carrera.Era una necesidad esta unificación, si habíamos de contar con hombres profesionales, sólidamente ilustrados,
sin brechas en su educación y poseedores de un método
eficaz para la. investigación de las verdades científicas.
Ha.y que tener en cuenta que la ciencia contemporánea
tiende á la. unidad, que los conocimientos se apoyan los
unos en los otros, que la solidaridad ~s mutua y que los
ramos del saber humano van rompiendo las fronteras
que antallo los separaban, para for.nar un solo cuerpo de RESUMEN.-Recelos de la Triple Alianza.-EI nuevo
Canciller ruso y las reformas militares francesas.
doctrina. La educación preparatoria ba de re~ponder á
-Las perpetuas rivalidades y el arbitrage anglo•
estas exigencias del espíritu moderno, ansioso de encontrar relaciones de causalidad, enlace en las ideas, coheamericano.-Otra vez la barbarie musulmana.sión en las verdades adquiridas. Y esta educación no
El Sultán siempre pérfido.-"Anatema sit." -Las
p&lt;&gt;!_Irá alcanzar tan altos fines si no está coordinada por la
Cámaras francesas y el Parlamento inglés.-Temflexible disciplina de un método, que es lo que realiza
mores y esperanzas.
el nuevo plan de la Escuela Preparatoria.
Un hombre de carrera debe ser necesariamente un
Después de la gran excitación que reinó en los pasados
hombre ilustrado, y jamás puede pasar por ilustrado el
individuo que desconoce nociones generales que informan días, con motivo del anunciado aumento del efectivo en
el criterio de la moderna intelectualidad. Todavía nos el ejército francés y la reforma general de la artillería de
causa risa. la res~uesta de aquel licenciado y doctor y campaña; después de las alarmas quP. tales medidas ocaMinistro de Justicia, de quien se refiere que al discutir- sionaron entre las naciones que forman la Triple Alianza,
se las bases del tratado de Guadalupe, y al oír que los que ven en ta.les preparativos amenazas terribles para lo
americanos pedían que se les concediese hasta el grado porvenir, y se miran obligadas por modo indirecto á continuar en esa interminable senda de odios y rivalidades,
treinta ,, lre.~, decía: «Jamás pasaré por semejante cosa, á lo
más, á lo más, que se les dé ha...ota el !ll'ado diez 1, 1¡11i,1ce." Pe- que se manifiestan en los ejércitos cada vez m{I.B formidaro, se dice, ¿qué falta hace al abogado el estudio de la Geo- ble¡¡ y las escuadras á cada paso m¡ís poderosas, ha.y en esgrafía, y al ingeniero el estudio ne la Historia1 y al Xota- tos momentos un hecho nuevo, que viene como 1t agregar
rio el de la. Química? En el estado actual de U\ civiliza- combustible á esa inmensa hoguera que brilla con inmi•
cion, todo hombre que aspire á pasar por culto, está obli- nente riesgo de envolver en sus llamas fatídicas á la Eugado á adquirir los conocimientos que la civilización re- ropa entera en general conflagración: se trata del nomclama. ~o son Rolamente ignorantes los que no saben bramiento de Secretario de Estado en el gran Imperio
leer y escribir; lo son también los que no saben moscovita.
interpretar los hechos que desfilan ante su vista.
La repentina desaparición del príncipe de Lobanoff*
La Escuela Preparatoria-'Je ha dicho muy bien en es- Rostowsky, muy conocido _por sus sentimientos anti-ger**
tos días-es un plantel para la ge111e de lerita, para las cla- mánicos y por ende, contrarios á las aspiraciones encarCon las solemnidades de estilo acaban de reanudar sus
ses más elevadas, y en este sentido tenía razón el inolvi- nadas en el emperador Guillermo y sus devotos a.liados, tareas legislativas las Cámaras francesas y el Parlamen-dable Don Gabino Barreda: ''cortar la oorrera á un alumno, dejó un vacío en el gabinete del Autócrata. ruso, que cada to inglés.
en el antiguo sistema, era, casi con toda seguridad, con- cual deseaba ver colmado según sus propios intereses.
Como una especie de aprobación á. la política que sidenarlo á llevar uua vida obscura y Iniserable; hoy, sólo Larga. fué la zozobra y prolongada. la ansiedad con que to- gue el gabinete presidido por Mr. ~Iélline, y como proserá cambiar el rumbo de su actividad, pero dejándole dos esperaban ese nombramiento; de modo que, al anuntesta contra las utopías socialistas, que en días pasados y
siempre abundantes medios de asegurarse un bienestar ciarse que el favorecido por el Emperador Nicolás II es bajo la dirección del radicalismo m¡is avanzado, amontoindependiente y de hacer honradamente su fortuna.n el Conde de )Iouravieff, ministro plenipotenciario de Runaban negros nubarrones en el cielo azul de la. Repúbli·
Con el método adquirido en la. Preparatoria y los conoei. sia en la Corte danesa, unos han experimentado las palca francesa, el pueblo en las recientes elecciones de Semientos que forman los peldaños de esta escala todo pitaciones del entusiasmo, en tanto que otros sienten los nadores, ha dado su voto á los candidatos moderados, á
h_?mbre, al salir d4;1l establecimiento, _podrá cooperar al amargos dejos del desencanto.
los republicanos que, igualmente ap!lrtadoa de las ilubien de _sus ~oasociados y al suyo :erop10, cualquiera que
Es que el elegido conde de Mouravieff se ha formado siones momu-quicas como de los delirios radicales, son la.
sea la dlrecc16n qu4:: tome su espíntu.
al amparo del panla.vismo más puro, y ha crecido al abri- mejor garantía para 1a paz y la tranquilidad del país.
go de los que sueñan con extender la influencia moscoviOjalá y el Senado, ese cuerpo conservador por excelen***
donde quiera que ta reclame la raza, y cualesquiera. cia, instituido precisamente para moderar las impacienEn nuestro pais, esta falta de conocimientos ordenados ta
que sean los intereses que se opongan á la realización de cias de unos y evitar las metamorfosis reaccionarias, los renos ba llevado :!.cometer una interminable serie de erro- estos propósitos.
·
trocesos morbosos de otros, llene debidamente su Inisi6n,
res que han ca.usado lesiones graves. Alguna vez hemos
Con gran apresurainiento ha marchado á Berlín el Can- y sea como Jo fué el año pasado, con su entereza, la roca.
dicho que se ha procedido en ~léxico por medio muy se- ciller
del Imperio austriaco, conde Goehowsky, á confe- mamovible donde se asiente la República, amenazada de
mejante al de Boul'ard y Pecuehet, los dos célebres maja- renciar
con el augusto Hohenzollern sobre las cuestiones anarquía en el ~eno mismo de la representación nacional.
deros de la obra de Flaubert. Hemos soñado con la cría que amenazan
empañar el cielo político de Europa.
No así tranquilo se anuncia el período legislativo en el
de avestruces, con la propagación de los camellos con la seotro lado de la ~lancha. La oposición liberal que un
f}Cicu ltura, con la piscicultura; imaginando que nuestras
*
puntoseainti6 debilitada, falta de jefe reconocido, por
tierras son ap~ para toda clase de cultivos, se ha intenNo :eueden las potencias **
que forman la Dreilmnd dejar
tado el del ramié en gran escala, el de la vid, y a.sí sucesi- pasar madvertidos esos armamentos nuevos que proyec- renuncia de Lord Rosebery, tiene ya su leader en la persona de Lord Kimberley, que se apercibe ála tarea. Los.
yamente.. Y á cada. uno de estos ensayos, el presupuesto ta Fran:cia, ni menos ser indiferentes al aumento del ejérabría. cop10samente sus. mezquinas C0;1:Íentes, laborando cito francés en medio de la paz engañosa que á nadie mismos conservadores, dóciles á la disciplina del :Marde este m&lt;&gt;&lt;lo á la D?agrutud de una cris111 que posteriores convenc~ ni tranquiliza. No pueden considerar sin so- qués de Salisbury, aun pretenden quebrantar la mayoría .
fenómenos. económicos acabaran por determinar.
. bres.-ilto!l la exaltación de un ministro, que anuncia una Ininisterial por asuntos de política. interior. Veremos si
Hemos Sldo educados precipitadamente, nuestras infor- política que puede hacerse agresiva en un momento da- la excisión tempera! se efectúa; en ese caso, se apelará
macim1es han estado prendidas con alfileres, y mientras do de v.arte del Autócrata del Neva, cuando mire comple- probablemente ¡i nuevas elecciones, no dando el especel progreso acrecentaba el caudal de conocimientos en ta la cifra asombrosa de sus soldados que todos creen se táculo de un cambio de Ministerio, en los momentos en
n_uestra República nos ha bastado saber que éramos'muy elevará de modo fabuloso en el ¡&gt;resente año. Xo pueden que el gran Imperio británico se prepara á celebrar en
neos,. m!'Y hombres l:' 11111y demócratas. De nuestros es- contemplar sin recelo la posibilidad próxima de que Ru- solemne festival el sexagésimo aniversario de la inaugutablec1m1entos p~ofes1ona.les ha salido una juventud re- sia reclame, en medio su expansión hacia todos los rum- ración de este reinado, el más dilatado, si no el más.
pleta de _errores, impregna.da de falsedades, con enormes bos, las provincias esclavonas que aun viven sujeta&amp; á la glorioso que hayan presenciado los pueblos modernos.
Iagunas mf.E:lectual~, con conceptos equimeados.. )Iinis- tutela germánica.
X. X. X.
t~os de Haci~nda BJn saber sumar, criminalistas sin noY como todo esto está en la conciencia de los .q ue diri •
ciones de ps1colog1a, estratégicos desconocedores de la gen á estos pueblos ligados en la paz y apercibidos para.
21 de }::nero de 1897.

l'Jo-liti!a &lt;6tncra1.

DO~INGO

2

i

DE ENERO DE 1897

PAGINAS ESCOGIDAS

LADY OLARE
· «Era el tiempo en que florecen los lirios y en que las
nubes se agitan en lo más elevado de los aires."
Lord Ronald, al regresar de una cacería regaló á su
prima Lady Ciare una. cierva blanca como una azucena.
Enamorados y prometidos los dos primos, debían unirse en matrimonio al día siguiente.
·
¡Que Dios bendiga ese hermoso día!
-~li prometido no me ama ni por el orígen de mi cuna, ni por los vastos dominios que poseo. )le ama por lo
que soy y esto es lo que m:is me satisface-pensaba Lady
Ciare c1ia ndo partió de su l!ldo Lord Ronald.
En eso entró en su estancia la anciana. Alicia, que habí;, sido su nodriza, y la pre¡:mntó:
-¿,Qnién ha salido de aquí?
-}li primo-contestó Lady Clare.-)lañana se celebra nuestra boda.
-¡Dios sea beudito!-añadi6 Alicia.
1
Todo sale á medida de mi deseo, y puesto que tu felicidad está. asegurada, ha llegado el momento de qu., te
haga una re,·elaciún. Has de saber que tú no eres L-idy
Ciare y qne Lord Ronald no es tu primo y sí el :egítimo
heredero de todoi&gt; los dominios que posees.
-iXodriza, nodriza! ;,flas perdido la. razón? ¿Qué ' cosas son e~as que estás diciendo?
-Te digo la verdad, como se la digo á Dios que sabe
todo lo que pa8a en nuestro corazón. Eres mi bija, la
hija del viejo conde, á qnien has considerado como padre, murió en mit:i brazos; pero como tú y ella apénas
habían C'nroplido el primer mes, enterré á la niña, á
quien criaba como si fuera mi hija, y á tí que eres la bija de mis entraña.9, te puse en su lugar.
-Obraste indignamente. :-&lt;i es verdad todo lo que
cuentas, madre mía, cometiste una gran iniquidad, privando por tanto de su legítima fortuna á Lord Ronald,
que es el hombre miis bueno de la tierra.
¡Rah, bah!-interrumpi6 la nodriza.-Déjate de esas
cosa.,;guarJ.ael secreto, y como vas á unirte con Lord Ronal, sin que él sepa el engaño, le de\·uelves de un modo
indirecto su fortuna.
-Xo, madre. Si nací pobre, como odio la mentira, revelaré el secreto qne has tenido guardado.
Quítame el broche de oro y separa también de mi cuello el collar de diamantes.
-1:fo, hija. O.ve mis súplicas. Guarda el secreto. l\Iereces &amp;'r feliz y lo serás.
-De ningun modo. En medio de mi profunda pena,
revelando lo que acabo de saber, conseguiré dos cosas: no
manchar mi conciencia con la mentira, y averiguar hasta d:m,ie puede lle~ar el cariño de un hombre.
-¡El cariiio!--01jo Alicia.-Xo esperes gran cosa del
carifio de tu prometido en cuanto sepa que la fortuna que
posees es suya.
-,1. la recibirá de mis manos-añadió la j6ven-aún
cuando muera de dolor por perder su cariño.
-Ten presente, hija mía, que si he cometido esa fa\.
ta hll sido por tu bien; al menos perd6name, y para que
la de;esperación no me mate, permfteme que imprima un
beso en tn frente.
-¡Ah, nndre! ¡Cuanto dafio me has hecno! Pero no
importa. Besa mi frente y recibe con otro beso en tumanu
la mue,tra de mi respeto.
La bel la jóven se despoj6 de sus galas, se vistió un traje de alelen na, prendió una rosa en sus cabellos y se alejó del cu~tillo dirigiéndose al parque.
La cervatilla que retozaba, al verla, corrió á. su encuentro como para implorar sus caricias; y Lord Ronald al
cont:emplar aquel hermoso cuadro desde una de las torres del castillo, bajó tambien en busca de su amada, diciél)dola:
-¿Por qué te has disfrazado de ese modo? ¿Por qué te
has convertido en humilde aldeana, cuando eres la reina
de Pstos contornos?
-Si me v~is vestida de aldeana-contestó lajóven-es
para presentarme con el traje que corresponde á Ini humilde condición; porque habéis de saber que no soy Lady
Ciare.
-¿Qué significa esa burla?-exclam6 sorprendido Lord
Ronald-¿Xo sabes que soy tuyo en &lt;!uerpo y alma? Explícame ese enigma.
Entonces ella.con arrogancia y haciendo un gran esfuerzo, refirió á Lord Rooald el secreto que poco antes le
había confiado la anciana nodriza.
Lord Ronald, después de oirla la tendió los brazos, y
estrechándola con efusión:
-Si no eres Lady Claro-exclam6-eomo mañana van
á unirse para siempre nuestras almas, serás Ladi Ronald.
La jóven no se había engañado. El verdadero cariño lo
puede todo."

~ ~~J.~~J..~~~s~=·~ ~
VALLES
Y MONTES
,

Los mares cubrían casi todo el esferoide terrestre.
Bn el seno de las aguas se cuajaban los continentes,
como inmensas cristalizaciones.
Hervían las entrañas del globo, como calderas titánicas de un infierno geológico.
Y J?Or el espacio cruzaban en todas direcciones manadas sm fin lle nubes, que al caer la tarde empujaban el
sol hacia los negros establos de la noche, punzando sus
e~ormes lomos con rayos de luz á modo de enrojecidas
aiJadas.
Cayeron en la. nada esas gotas enormes del tieml?o, que
se llaman siglos, y por entre los océanos empezaron á
surgir lus continentes, como séres titánicos que se aso~n á. ver las estrellas y el sol: la naturaleza, como muJer, es á veces curiosa; pero sus curiosidades son curiosidades enormes.

EL MUNDO

Estn murinuraban los aires, y valles y llanos se extreSubió una planicie inmensa. inmensa cnmo el Asia,
como América, como wd:i la Enrop!i; pero al principio . mecían.
Y lu, montes estaban tan arriba qne na&lt;la de esto pusubió mu v poco, quedó casi al nivd dé los m.m!s: parecía un már petrific,ldo. L\ alta marea la cubría, la marea dieron oir.
Pero otras voces dulces y consolador.Is se mezclaban,
baja la.dejaba én seco; era como una marism:l estnpenda.
Y aquella mas:\ de tierra, aqnel continente achatado viniendo no se sabe de dónde, á los amar6os y penetranestaba en sus glorias con su iguakhd ni veladora y edté· tes acentos del monstruo de la envidia.
•AbaJo está, decían, la renovación, la fecundidad,. el
ril Em feo todo aquello: era de~olador, era de una moamor, la vida. Arriba ésta y debe estar la majestad del
notonía mortal, pero estaba todavía al nivel.
Aquí quedaba al retirarse la marea una lagnna á modo silencio, y del sacrificio.
La corona de nie\l'e que brilla en las cimas, se derrite
de charco; all.í. brotaban unos juncos, mis lejos se enredaban unas algas ,í las asperezas del terreno. La llu,ia para alimentar las fuentes y los ríos del rnlle.
E_1 sol no juguetea en las crestas para baiiarlas de luz,
batía por igual :i toda la planicie: por igual la abu~aba el
sol como lluvia de fnego, y el viento la barría toda ella sino para fundir sus diademas.
La tierra sustanciosa y fecunda de las regiones bajas, y
como rasero flotante del espacio.
Como todo estaba ig1ialmente muerto y dPsolado, nin- de los flancos de las montañas, vino arrancada por las
gún pedazo de la llanura en\'idiaba. el pedazo de más torrente~. y de los altos· montes no quedó más que la osaallá: la misma marea, el mismo cielo, los mismos de,ier· menta. Esqueletós son coronados de espinas de hielo, no
soberanos triunfadores.
tos horizontes, la uiisma miseria de vida.
· Fre~cura da su sombra mientras el fuego dt:l cielo cal-.
Pero desde el interior del globo fuPrzas gigantescas
•
y misterinsas empezaron,\ empujar hacia arriba el centro cina su~ cúspides.
La vida vibr,\ en el valle mientras la muerte y la solede la planicie, fajas caprichosas y ¡1ririler,irl'{a~ comenzaron á. subir lentamente, empinándose en el espJ.cio y dad se envuelven en la altura en sudario de niebla.
El riachuelo que alegre serpentea sobre arena y guijo;
acerc¡fodose ,t las nubes.
Ya toda. la planicie no era igual: iban dibujfodo!'e la" la savia que rebol"a en ramajes y hojal"; la flor, que es M·
llanuras, iban arrng.indo"e las montañas. iban quedando Jamo de silenciosos amores; el pájaro que es todo pluma
los valles entre arruga y arruga del monstruo de piedra, y trinos; sombras y luces que se mezC'lan sobre la hierba;
brisas y aromas que perfuman los ve_rjeles, todas estas
que trepaba por los aires.
explosiones de vida y amor, todas estas reverberaciones
Y entonce, sucedió una cosa extraña.
Desde el orígen de aquel continente, cuan•lo tod'l él de color y luz, ,J; arrilm ,:il'r1m, de la. majestuosa é inmóvil
estaba :\nivel y era corno prolongación del !n!lr, WF_1 y,·,w montaña, "",.¡,,, que dió su carne y su jugo, 1:,u sombra y
reflejo al valle y á la llanura.
so111bm de extraños contornos lo había cubierto cas1.
Edtaba en alto, debió sacrificarde y sesacrific6; por eso
Una sombra parecía; algo así como si se proyecta~en
abajo los infinitos nubarrones de arriba. PérO en h som- el sol naciente la acaricia con besos de color de rosa: por
bra colosal había un contorno parecido á nna cabe;r,a en eso el sol poniente le presta al morir diadema infinita de
que dos charcas dibujaban los ojo~ amarillentos con :13- ra.yos ele oro: no adula la grandeza, glorifica el sacrificio."
Y valles, llanos y oteros se estremecieron de gratitud
peras y verdosas pestañas de juncos. En la sombra había
dos contorno8que semejaban á. dos brazos con zarpas de Y Iamor. · 1·
. , d e env1'd·ia; se encog1'6 mueb o,
,·1 enru iri se encogh&gt;
roca, hundiéndose en la marisma v desgarrándola con
mucho,
mucho
y
peus'.,
«con la ,wturaleza ,w pW!d-0_.»
·
sus desgarraduras rellena,;de sal. En la fant i,;tica som·
Y por la floresta y abrazados amorosamente vi6 vebra había otros dos contornos mayores. que imitaban la.i
siluetas de dos piernas apovadas en los lindes y playas nir dos hermosos mancebos: se llamaban Caín y A.bel.
«Con la naturaleza no puedo, repitió; veremos si puedo
del mar, y como rechazando á patadas FU poderosg oleaje; diría"e que era el asno monstruoso de lanada co~an- con el hombre. ,,
Y aquella.•()m/,ra in,w,i.•a que había cubierto todo un
do contra lo infinito.
al brotar de los mares, ahora muy encogida,
Pero, en fin, mientras la planicie no se desnive\6, continente
chiquita, muv reconcentra.da, se posó sobre Caín: la
aq11rlln ,•omb,'l'l fué sombra caprichosa no mfa; fingía una muy
boca y las zarpas ·en el corazón, las extremidades intecabeza, unos miembros desquiciados; en suma, una silue- riores
80bre la frente.
ta fantástica apagada v desvanecida.
Y Caín se puso verdoso; y el corazón se le llenó de sal
Pero :í medida que iban creciendo los montes con sus y de
amargura; y las olas de azul y plata que venían de
robustos espinazos encorvados, que se iban tendiendo los lo infinito
sobre su frente, se vieron rechazadas por el collanos con sus verdes praderas, y que se iban ahondan- cear del monstruo.
do los valles con sus fuentes y sus ríos: la som~ra fwdá~Y la envidia pensó: en ésta ya hice presa, que me la
tica empezó á esp~sarae y á tomar relieve; pare~ía una
inmensa ostra negra apegada al terreno. Y sus miembros qniten.,,
Y todavía no ha soltado su presa.
se agitaban lentamente, y sus piernas rechazaban el oleaje blanco y azul de la costa, y sus manazas se hundían en
JosE EcuEGARAY.
la sal de la marisma, y las dos enormes charcas eran ya.
dos ojos sin pupila avahados de vapores biliosos.
.::~rtcz::.~t'cz::.~t'cz::.~t'&lt;i!::::..
Al fin todo se snpo: brisas murmuudoras lo iban conNOTAS E IMPRESIONES
tando por las cañadas: era el espíritu de la envidia; lr1 ml'idia mi..,llf1, que había estado aplastada y durmiendo soArte y crítica.
bre la planicie muerta, y que dispertó al fin con las trepidaciones ascendentes de los montes y con el nuevo caUn excelente crítico sería un artista que tuviese mucha
lor de la vida nueva que comenzaba á fermentar en los
ciencia y gusto, sin prejuicios y sin envidia.
valles.
l"oltaire.
Y á medida que se hinchaba el monstruo, susurraban
por los valles y por los llanos voces apagadati y amargas,
***
rnspirando á todo lo que estaba bajo, á todo \o que era
Para ser un maestro en su arte se necesita ser un hom
modesto, á todo el que se tenía por humilde, ideas tris- bre habil en su oficio.
tes y dolorosas: veneno invisible esparcido por la atmósAle.e Dumas hijo.
fera.
***
n¡Pol,re terrulio, qué flojo eres y qué bajo estás!-decían
La multitud no comprende la belleza, la siente.
aquellas voces.-¡:\fira, mira aquellos monte~ como tocan
Beulé.
con las nubes! ¡t,í, tierra que se deshace; ello.•, roca; ellos,
granito; ellos, pórfido!
*
**
¡ T'alle, que entre montañas te hundes, bien les sirves
El artista necesita conciencia., confianza y perseverande alfombra! ¡t,í, arrastrándote con tu río y ellas mirando cia.
de cerca al cielo y coronadas con diademas de plata.
¡ Llano.• humilde~, bien 0s anega. la inundación; aquellos
picachos como están en alto se ríen de aguaceros y tor'menta.s, toman las nubes por dosel y hacen del rayo un
cetrol ¡La inundación...... pero si de aquellos montes
BIBLIOTECA MINIATURA
viene, si ellos son los que la mandan!
Bosque.~ y sclrrr.s, ¿qué os han dejado? La sombra, la huRecor .iamos á nuestros lectores que en el
medad, la charca infecta; ved en cambio en aquellas cordilleras, cómo el sol por la mañana. y por la tarde dora presente mE's repartiremos á lo3 sub.i!criptolas crestas, y las corona de rayos, y fabrica prodigiosos re~ de ~L M:u:NDO lLusTRADO el primer tocortinajes de gasas y brocados con flec"s de plata y oro.
¡Sí, terruños, llanos, bosques, valles, hondonalias, oíd, mo de Ja Biblioteca .11:liniatura.
todos loR que extá11 abajo: esos montes que están arriba con
J...a obra que elegimos-muy interesante
armaduras de ja8pe, coronas de plata, aureolas de luz fa.
bricadas por el mis1no sol, mantos de escarlata, dosel de y amena-vale un peso en las librerías de la
nubes, y que si suben un poco mús van á. t-0car con el cielo, á 1·UP.•tro nird e;,turJ,,,·r,n, fueron como vosotros, de la. Capital. ·
misma tierra que \'Osotros estan fabricados, no os miraban desde las regiones del sol y del rayo, no os escupían
OTRO PAGO DE$ 5 1000.00 DE "LA MUTUA"
con espumarajos de torrentee, no os pisoteaban con estribaciones de piedm, no os quitaban la luz del sol que
EN GUADALAJ'AR.A.
nace ó del sol que se pone con sus miembros gigantescos
que se calientan de cerca al fuego del cielo.
Guadalajara, Enero 16 de 1897.
P111~1ri,• i{Tlwles, y ahora, ¿qué sois vosotros? ¿qué son
Sr. D. Carlos Sommer, Director General de «La )Iuellos? Vosotros en la hondura, comidos de gusanillo y de tua. - )léxico.
alimañas; ellos, en el espacio azul, adulados por !as águiEstima.do señor:
Iloy he recibido ante Notario Público, en esta Sucur•
las. Para vosotros torrentes de cieno; escurriduras de Jo
alto; para ellos enormes coronas de nieve, que centellea sal del Banco de Lóndres y l\I~xico, ($5,000.00). Cinco
como plata en reflejos rosados. Para ellos el día es más mil pesos valor de la p'iliza baj0 la que el&lt;taba ~ d o
largo y los horizontes más anchos; para vosotros la noche en 11La )lutua• el señor 11,i Pi&lt;p ,w Don Ramón F. de la.
se prolonga con la sombra en esos montes, y el horizon- Mora, que falleció hace tiempu.
te se estrecha ent°'re matorrales. Ellos son los poderosos,
Por medio de esta carta doy ;i usted y al Sr. Don Milos soberbios, los felices: vosotros los humildes, los piso- guel Serrato v Durán, 9ne ¡?e;;ti, ,n,, ncti vamente el pago,
teados, los ruine!'. Y fuisteis iguales cuando :µu, la ,wu, .
como agente ·de «La ~lut na," las debidas gracias y los aubrn d, · los ojos l'trdw,.,, os cubría abrig.indo pori6 ual vues- torizo l)am que la publiquen.-8. :-&lt;. CONCEPCIÓN C. N. DB
tra miseria!"
LA Mo1u.

~.l~~J..~~:~ ~.1~

�DOMINGO

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4 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 18517

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EL BAILE EN MINERIA

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El Sr. General Escobedo ofreció el brazo á la Sra. de
Díaz. el Sr. Bejarano á la Srita. Luz del mismo apellido,
y el Seíior Presidente, acompaiiaao de los demás miém;
bros de la comisión, se dirigió á la sala.
La presencia de la distinguida sefiora produjo verdadera admiración por la sencillez y elegancia de su traje, confeccionado en París con riquísima tela de seda negra y
11dornos de azabache, que hacían resalta: su reconocida
belleza.
En la parte alta del J?Elinado, lucía la seíiora tres grandes brillantes en artístico broche, no menos valioso que
los broqueles, el magnífico collar de perlas y -brillantes y
las soberbias pulseras que completaban su toilette.
La señora saludó, estrechando la mano á sus amigas y
en !ll'guida, acom:{&gt;aíiada por las Sras. González de Cosio,
de Cbavero, de L1ceaga, de S,incbez, de Zaldívar, de Casasús, de Camacho, v otras que no recordamos, fué á tomar
asiento ante el espeío cubierto con plantas exóticas, colocado en el arco central del edificio.
.
El seíior General Díaz se situó cerca del ángulo ~.E.
del salón, donde permaneció algún rato conversando con
sus amigos.

S3

Has: de estrellas blancas, de estrellas rubias, de estrellas
azules, violetas, esmeraldas........ .
El cosmos se despuebla......... y al comp:is de un himno
di vino envía sus luminares á un punto dado ........ .
Llego, lectoras mías, cuando la prensa diaria ha YolcaPero, pedís nombres ......... ya os escucho ......... Nomtlo ya, de prisa, ante vosotras, el caudal de ~us notas J\ibres. :\Iuchos nombres...... y os los daré todos. El Mm,pidas, cuando lo que fué mz, esplendor, ruido ...... vértiDO DuRro ha facilitado mi tarea y solo tendré que añadir
go, tiene ya la apacible y soíiadora hermosum del
algunos.
recuerdo; cuando el comentario sutil ha agotado ya todo
Leed pues:
-el manjar de novedad que nos ofreció una fie~ta inolviSrita. Josefa :r.Iéndez Rivas, traje azul claro con adoroable. Será preciso empero que me escuchéis por breves
nos blancos de encaje.
momentos.. Yo os había dicho en mis anteriores notas,
Sritas. Andoquio Sánchez, y Cagigas con elegantes y
-en las escritas cuando el alba que sucedió á esa noche
costosos traj1:~.
feérica, teñía apenas las vidrieras de vuestros balcones,
Señora Luz Acosta de González Cosfo, lujoso traje neque mi cerebro era un caos de emociones de donde en
gro y oro, Doña Guadalupe Camacho de !caza, lleva
vano intentaba que brotai,e la luz. Iloy, esa luz ha brobonita toih·tte verde Nilo; Doíia Dolores Jauregui de Litado; es"pálida y tenue y se llama recuerdo; á su espl enreaga, tr.1je negro y ricas joyas, y Doña Leonor Rivas de
dor suave voy á conduciros por el regio salón y leeréis,
Rivas, cubre su airoso cuerpo con regio traje de terno la noticia que, árida y comentada, holgaría, sino las
ciopelo guinda:
impresiones dt! un amigo que desea conYersar con vosoSarita Chayero, hermosísima como siempre, viste de
tras acerca de una fiesta ansiosamente esperada y realiamarillo; su hermana l\Iagdalena viste d.- 111-1, con granzada con brillo iuusitado.
des rnoíios púrpura en los hombros; Luz D,az viste de CO•
lor rosa con flores de terciepelo salmón, y Conchita Las*
*
cur.íin viste bonito traje~azul.
* * hermoro edificio de l\Iéxi*
*
Minería es sin duda el más
Momentos después empezó el baile. Aquí, lectora, el
Emi lia González Cosío lleva elegante toilette crema y ro-co, así por la harmonía de su sobrio y elegante estilo co- caos vuelve á reinar en mi mente: estoy ante el vértigo ea, Elenita Ituartt, de azul pálido; Juana Herr,ín, de amamo por BU regia amrlitud. La elección no podía, ptll'S, una yez más; paréceme que un torbellino armonioso ha- rillo oro; lllaría García, traje también amarillo¡ Juanita
ser mejor para una fie,ta en que las clases sociales pu- ce presa en mí; que giro, que giro sin descanso, sin alien• Torres Rivas, de blanco; Leonor, su hermana, de color
dientes intentaban ofrecer un homenaje de respeto y ca- to, y que caigo ó me remonto á regionee extraíi11s donde rosa; Anita Arrillaga, de blanco y rosa; Angelita Escuderiño al Prt:sidente de la República. El adorno en tan be- anida el éxtasis. La harmonía y Pl color me dominan co- !"O, de azul p.ilido; Dolores Castillo, de blanco, y Carmello edificio debía lucir notablemente más que en cualquier mo dos genios poderosos, hácenme ascender it su carro de lita Mariscal, de azul.
,otra parte y la concurrencia femenina, moviéndose en un cristal tirado por cuadriga luminosa, y me parnan á traAntonieta )forales est&amp; encantadora con un precioso
cuadro tan vistoso y rico, producir debía el efecto más Yes de un mundo arcano. ¿Desciendo ó subo? Lo ignoro. traje color de rosa; .i\Iar&gt;iana Iglesias, viste de lila con
encantador que darse pueda.
P,ísame lo que ,í los febricitantes: las nociones de lasco- adornos de terciopelo guinda; .María Sagaceta, viste de
Esto supuesto y más que todo la incuestiorosa pá.lido; Yirginia Alcalúe, de amarillo;
nable habilidad y buen gusto de nuestro inC11mn Gamboa, de azul pálido, estaba lllUY
teligente amigo el Sr. Diputado Don Ignasimpática y elegante.
ciQ. Bejarano, que tuvo á su cargo el adorno,
Lupe Arrillaga vestía toile/U color lila; En~
nadie extraí'iará que éste, que pasamos á desriqueta Sánchez, color de rosa, y Carmen
cribir, haya dejado las más bellas impreUrueta de blanco.
~iones.
La Sra. Camacho de Landa llevaba eleganAnte la puerta del centro del edificio ptíte traje negro floreado é hilos de perlas¡ la
Fose un gran.portier de madera cubierto de
Sra. Manuela Acevedo de Castillo vestía de
lienzo á rayas vivas, el cual protegía á las
azul pálido, y la Sra. Catalina Cuevas de Esdamas desde el momento en que descendían
candón portaba riquismo traje de piel de se&lt;le sus carruajes. Grandes y primorosos mada color de rosa, y llevaba collar de perlas y
cetones flanqueaban una calle que conducía
bri liantes.
al salón que no se percibía desde el exterior,
Doña Paz Barroso de Hanh llevaba hermogracias á un gran cuadro, representando un
so vestido blanco con flores rojas en el corrnosquetero, que cubría el 11rco de la entrapiño; Doíia .Beatriz Redo de Zaldivar, realda. Una vez que la mirada se aventuraba por
zaba sq éhísica Jiermosura con un lindísimo
el salón, el efecto era indescriptible. Parecía
traje de raso roju obscuro adornado,con cresque á un conjuro mágico el salón se había
pón de idéntico color.
transformado. Del centro de cada arco penDoíia Carmen L. de Baz llevaba rico t.oilette.
día un gran foco de intensa luz y aquí y
de piel de seda amarillo, adornado con ter.allí, bordando los arcos, prendiendo diaciopelo verde esmemlda, bordado de oro; en
mantes en los muros, multiplicándose hasel cabello ostentaba estrella de brillantes.
ta lo increíble en todas las posiciones, veíanDofia .Elisa Linch de Oamacho vestía rico
Pe centenares y centenares de lámparns intraje verde nilo y llevaba hermoso collar de
candescentes. En la planta baja, el adorno
perlas y brillantes.
consistía en cortinajes inmensos de peluche
La Sra. Hampson llamaba la atención por
de vivos colores, que formaban un portierá
su hermosura, y vestía sencillo y á la vez ele-cada arco y que dejaban ver, en las galerías,
gante traje de raso blanco; no llevaba ni una
grandes figuras decorativas en bronce, de sejoya.
veroefecto.
, La Sra. Guzmán de Ramos cubría sus forEn los dos arcos principales, el que vé á
mas delicadas con bonita costume de piel
la escalera y el que á este se opone, dos giseda amarillo y llevaba collar de perlas.
gantescas lunas biseladas, encuadradas en
La Sra. González Cosío de L6pez, vestía de
fiores, multiplicaban en su diáfano é inal~
raso blanco á rayas negras; diamantes en d
terable seno la esplendidez de aquel recinto.
cabello.
En la galería Sur, en las extrl:!midades, adD.' Concepción Cardona de Iglesias vestía
mirábanse dos hermosos pai¡;ajes de que hade amarillo; D: So tía Osio de Landa, de blanblé ya á mis lectoras en mi nota anterior.
co; D: Clementina Osio de Lerdo de TejaCorrespondía á este espléndido adorno de
da, de amarillo; p.• i::,oJedadGamboa de Sala planta baja el de la alta. Escaleras tapigaceta, de oro viejo, y D~ Laura Formento
:zadas: aquellas regias escaleras! flores por
de la Torre, de azul.
donde quiera, en los pasamanos, en las coLolita Liceaga estaba ideal con un eleganlumnas, en los muros, gasas, guías, maÍnífite traje crema, no menos hermosa su her-cosguardarropas, tocadorelegantísimo, uffet
mana con bonita toilette azul.
espléndido y severa sillería.
La Sra. Sara Guzmán de Ramos, lucía eleEl conjunto único deslumbraba la migantísimo traje de seda broché, con ado~os
rada, asía la admiració.n, domefiaba el espíde encajes y perlas, magnífico collar de briritu... ... Aquellas encantadoras historias de
llantes y artístico broche en el peinado; las
la adolescencia, aquellos cuentos mágicos
Sritas. Lucrecia y Delfina Jiménez, vestían
de palacios que relampaguean como ascuas
sencillos y lujosos trajes de crespón crema y
de oro, en medio de bosques encantados y
blanco, respectivamente, adornado el desco&lt;!onde brindan con fiestas y saraos el Prínte y las hombreras, crisantemas artificiales;
cipe Azul y la Princesa Blanca, aquellos enla Srita. Amelia Ecbeneque, estaba bellísima
t:ueíios de
fantásticos que sobrecogen
con su traje de crespón amarillo, adornado
-t&gt;l alma de niíio con sus narraciones maracon finas blondas y flores artificiales; la Sra.
villosas, parecían haberse realizado ahí, en
de Yélez, traje de raso de la India, color creel gran salón, por no sé qué mágico poder.
ma, y valiosísimas alhajas, pulsera de qriA las nueve y media de la noche comenzó
llantes, pedrer1a en el abullonado .del cor-el gran desfile de invitados que instantaneapiño, collar de muy claros brillantes y no
rnente poblaron Pl palacio, y media hora des-RECUERDOS DEL BAILE DADO EN HONOR DEL SR. PRESIDENTE.-Sra. Hampson- menos rico broche en el peinado; la Sra. de
pués, á los acordes del Himno Nacional y la
Una de las reinas de la fiesta.
D. Trinidad García, hermoso traje dt: terciomarcha de honor, presentóse el Sr. Presidenpelo negro y buenos brillant1:'11; la Sra. Matilte de la Repúbilca.
eas pierden en mi cerebro su proporcionalidad; naila sé ile Castellanos, hermoso traje de 8eda blanco con aplicaAquel momento de mudo, pero elocuente entusiasmo de nada, salvo que navego en un mar de fulgores, en un ciones, ·salpicado de piedras; la Sra. Mariana Enríquez
-dice á este propósito un compaíiero mío que describe m11r sonoro, en un mar que brilla y canta......
de la Mar, traje crema, corpiíio con encajes aleru¡6n y un
·
la escena-fué indescriptible. ( Y tanto, que creimos c ,11ramo de flores en la hombrera izquierda.; la
Poco :i poco torna el f quilibrio á mi espíritu y Yeo, ,eo precioso
veniente elegirle para asunto de uno de nuestros graSrita. Luisa Zubieta y la Sra. de Lancaster J ones, lujos(entonces un enjambre de bellezas qne en brazos de caba- Fi moa trajes, color claro el de la señorita, y negro el de
bados.)
Damas y caballleros sin previo acuerdo, sin que nadie lleros radiantef', van, vienen, se balancean con languidez lai,eñora; la señorita Dolores Defis, crespón rosa pálido;
lo hubiera indicado, se levantaron de sus asientos, y ocu- tropical, :waman y retroceden, sonrientes, dej11ndo cada las Sritas. Watson y Fitcher, m'.ly elegantes.
1,ando las sefioras la. primera fila, formaron á la entrad:1 una en mi retina la impresión de un color, y en mi ofdo
La señora Castillo Negrete de Arroyo de Anda,
-del salón, una deslumbrante valla, como homenaje de una harmonía t~nne, como la oída por los poetas cuando traje negro adornado con blondas cremas¡ las señoras
Iris mariposas agitan sus alas, y la seda de los botones se
cariñoso respeto á la Sra. Romero Rubio de Díaz.
Barron y :Moya, trajes negros también y en el cuello trihin-::ha al sol.. ...... .
F.n la puerta del edificio, la comisión nombrada, qne
ple collar de brillantes, sobre un listón de terciopelo qm,
~~tuvo compuesta de los eeí'iores Sebastián Ca.macho, GeAun no he apreciado un color cuando me sorprende hacía resaltar el valor de aquellas alhajas.
neral Escobedo, Coronel Tovar, .Tosé Sánchez Ramos, Jootro; es una locura de matices ........ .
Srita. Lupe Riva, vestido color p'lja, adornado el talle
f'é "\V. de Landa y Escandón, León Signoret, Lic. AlfrE&gt;rlo
Aun no he acabado de aspirar el efluvio de unos ojos, con bordados de colores, oro y le11t-,jue1a, dejando salir
'Chavero, "\Vright y Bejarano, habían recibido ya al seíior
cuando
otros
ojos
p11Fan
.........
Por
no
sé
qué
extrañ.a
asonn bonito encaje de muselina; lazo de cintura, azul pá•
Pre~idente, á quien acompañaban la señora su es¡v&gt;sa, la
ciación de ideas piens" que asisk&gt; á un~ lluvia de estre- liJo.
:Srita. Luz Díaz y el Estado Mayor de riguroso uniforme.
IMPRESIONES

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EL MUNDO

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EL MUNDO

54

•

Sra. de Riba, vestido color heliotropo, con adornos de
abalorio negro y encajes fi~os de guipure.
.
Srita. Lupe Villada, vestido de crépe de China, todo
bordado de seda de colores; el talle lleva encajes y ramos
de violetas.
Srita. Carmen de la Torre, vestido santin Liberty; el talle va todo plegado de muselina con bolero. Componen el
adorno abalorio y perlas blancas.
Srita. Luisa de la Torre, vestido satín Liberty; el. talle
lleva una draperfa de muselina salpicada de lente¡uela;
cintura de raso, y en un lado guirnaldas de flore:3. .
Sra. Izunza, vestido de raso gris perla con un r1quí~mo
peto bordado de blanco y oro y perlas; cintura del m1smo
color, y además ramilletes de rosas.
r
.
Sra. Castañeda de Dutour, vestido verde Nilo, cubierto
todo de encaje cogido con flores á lo largo de la falda; el
talle lleva también encajes con cintura verde y flores.
Recordamos además á la muy encantadora Srita. Dolores Belauzarán Lola Santa Cruz, con traje de gasa blanca, Amada Día~, joulard morado, Sritas. Marg~:ita y Matilde Blásquez vestidas de tul y blanco 'respectivamente;
la Sra. de Rodríguez, raso verde y crisantemas; la Srita.
Paz seda color rosa pálido; la Sra. Ester )Iurúa de Gonzále~ Suárez, traje blanco, cris:intemas y va~ioso collar;
la Sra. de Izunza, precioso tra¡e de seda maBtlC. _hombreras de listón y peto adornado con perlas; las 8_r1tas. Ortega Reyes, vestían trajes oro adornados con cnsantemas
y blondas; la Srita. Luz Pasquel, sencillo y elegante ~raje de seda crema; Srita. Enri~ueta Sánc~ez, rosa¡ Snta.
Elisa González Suárez, también rosa pálido, lo mismo la
Srita. María Mur1ía; María López y María Zamacona, trajes de gasa blanca floreada; la Sta. Terreros de Algara,
soberbio traje de terciopelo verde obscuro, con adornos
color salmón.
El traje de la Sra. Amada Diaz de la Torre, -::olor de
rosa, también de seda, trafdo de París.
Señora de Flore!, de razo azul pálido con encajes de
Bruselas.
Sra. Murphy, de trciopelo negro, con golpes de avalorio.
Sra. Prida de Xtíñez, color violeta, de seda; el corpi.110
iba adornado con flores sobrepuestas de color amarillo, y
pedrería.
Sra. Whith, blanco con adornos color de rosa; llevaba
encajes de punto de Inglaterra.
Sritas. del Río, color lila, de gasa, adornado con flores
y abalorio.
Sra. Tagle de Rivera, de terciopelo negro, con golpes de
galón bordados de plata.
Sra. de Chousal, traje francés azul pálido, de piel de seda, siendo el corpiño de terciopelo naranja; llevaba riquísimos encajes de punto de Inglaterra.
Sra. Cbncha Rivas de Torre~, enagua de cola de braché
riquísimo, á ramos de dos tonos, amarillo y crema, dejando ver á un lado un riquísimo bordado ele oro y piedras, sujeto por un lazo de muselina, también salpicado
de pedrería y un ramo de crisantemas de dos tonos; chaqueta de muselina, cintura de oro con bordados de piedras; hacia el lado izquierdo se veia otro ramo de crisantemas.
Srita. LauraEnríquez: vestido verdenilocon enrajesy
flores, cintura de terciopelo del mismo color, bordada de
piedras de dos tonos verdes.
Srita. Aurora Enrfquez color rosa de raso Libertty, con
muselina. El talle llevaba pliegues con acordeón: á un lado
una crisantema lila, cintura de terciopelo bordada de piedras de varios colores.
Srita. l\Iaría Luisa Enríquez: vestido de raso Liber/1¡
blanco; iba cubierto el talle de gasa salpicada de lentejuela, cintura de listón blanco y flores aprisionando la chaqueta.
Srita. Adela Ferná.ndez: vestido color de rosa de dos tonos; en el talle un encaje que formaba el corpiño con adornos de ante, bordados de perlas y lentejuelas, á un lado
ramo de rosas té y el otro graciosamente adornado con
terciopelo verde nilo: cintura del mismo color.
Seilora Victorina de Rivas: vestido li1a con faldas de
color; el delantero todo bordado de flores de metal de
varios colores: el talle tenía un peto de terciopelo verde
bordado también de piedras de colores, cintura verde. '
Sra. Brier:vestido moiré antiqu~, negro, con cola, abierto de los lados, dejando salir un plegado de muselina color naranja; el talle llevaba un corselete negro con aplicación de abalorio negro y oro; hacia la parte de atrás subía
un cuello á la Medicis, también de abalorio negro y oro
lo mismo las mangas.
'
Srita. García Ramfrez: vestido color de rosa cubierto
de gasa, la f~lda iba adorn_ada de v_arios listones salpicados de lente¡uelas, el corpiño graciosamente cojido con
flores, cintura color de rosa.
Sra. García Ramíre7, vestido negro de piel de seda con
adornos en la falda de finos encajes chanülly, y el corpiño
llevaba golpes de abalorio blanco y negro.
~Sra. Carolina de l\Iac l\:Ianus, riquísimo traje rameado
de broché lila y verde nilo; llevaba una gran cauda el talle erd de muselina, co~do con ancha tour de ceritu~e bordada de pieles y abalono de todos colores: en la parte de
arriba lleva encajes finos y un ramo de violetas.

***

A; las doc~ de la noche sir vi.ose la cena, en la que los si-

bantas pudieron recrearse con la más completa rima de
salsas francesas de que un cordon bleu puéda ser autor.
El Sr. Presidente y Carmelita, comieron con varios
amigos en el ga~inete q_ue l_es estaba reservatlo, y el eco
de las conversac10nes hson¡eras, de los brindis ir:timos
de las rieas francas sucedió al gran bullicio del ba1 le ei::.
los diversos grupos formados en derredor de las me'sas.
~ las dos de la ma~ana e_l Sr. G~neral Díaz y su esposa
de¡aron el salón, mas el baile babia reandudado su curso
Y: s6lo cuando cayó la som?ra vencida, cuando la explosión rosada del alba rompió en Oriente, cayaron las notas y la plfyade de beldades se dispersó-aves fatigadas en busca del tibio nido del hogar.
'
El homenaje al Jefe de la Xación había superado á to-

da'! las esperanzas. Superará
el recuerdo de tan hermosa
fiesta á todos los recuerdos?
¡Ah! la vida está hecha de
memorias que se van y memorias que llegan. Una impresión brillante sucede á la
ya pálida de ayer mas, de todas suertes, la remero branza
que hoy llena todas las me·
morias luchará potente y formidable contra el olvido!

DOMINGO 24 DE ENERO DE

,s,n

DAMAS GUATEMALTECAS

ADRIANA BUSQUET

-Convengamos-me decía
mi amigo Laboulleé, mientras se nos servía el café y fn.
mábamos nueetros cigarrosconvengamos en que todos
esos hechos que se atribuyen
á un estado no definido aún
del organismo, la doble vis·
ta, la sugestión á dist:i.ncia,
los presentimientos confirmados y otros fenómenos
por el estilo, no han podido
estudiarse, la mayor parte de
las vece&amp;, de modo que satisfagan por completo las exi•
gencias de la crítica cientí·
fica.
Hay muchos testimonios
que certifican de la veracidad
de est?s hechos; pero por
muy smceros y muy respe·
t
tables que esos testimonios
sean, la ciencia no puede ad!
mitirlos, porque la ciencia
solo se nutre de demostraciones.
Yo era también de los que
dudaban, hasta qne tuve en
mi_poder las pruebas, deque
existen estos casos, con el
estudio de uno qne vov á
contarte y que he presenciado yo.
-El matrimonio Bnqnet
-continuó mi amia&lt;&gt;--1!ra
una pareja sencilla y ~-ulgar,
cuya sola ambición para el
porvenir era la de procurarse
una rentita, y cuyo sólo anhelo al presente era el de obtener, de regalo, cualquier teatro. Buquet era un hombre
bonachón, de carácter completamente débil; su mujer
era muy guapa, de un temperamento bilioso, y nervioSeñorita Rogelia Jáuregui.
so, en el cual la vida ~itada
de Pa:fs, que se infiltra hasta en los hogares más
-No estoy tranquila; tengo el presentimiento de que,
tranqmlos había hecho que predominaran los p;caros á Géraud le ha sucecido algo.
nervios.
:-¡Qué ha de sncederle!-gritó Buquet, y continuó co-El matrim¡mio Buquet tenía muy pocas relaciones y
m1e_
n do.
u_na sóla a1;01stad: la del amigo Géraud, como ellos le deSe levantaron de la mesa sin que se pronunciara una.
signaban siempre, _un mo~o de 30 á ~ años, qne por na- palabra más.
da del mundo hubiera de¡ado de asistir á la oficina de
-Ve á vesti~, A~ana-dijo el marido á la mujer,
la casa de banca en que trabajaba, ni de llegar un minu- que permanecta mdec1sa.-Yo no nece,.ito más sino poto_ n:i~s tarde de la hora señalada para la comida en el do- nerme el paletot. Aquí te esperamos.
micilio de los Buquet, que á diario le recibía carifiosaAdriana salió y nosotros nos quedamos fumando y
mente, señalándole con una sonrisa su puesto en la charlando.
mesa.
Apenas habían transcurrido cinco minutos desde la saliMi:chas tardes iba yo ?mbién á casa de los Buquet, á
da de madame Buquet, escuchamos un grito de espanto,
h misma hora de la comida, para llevarles unos billetes seguido
del golpe que produjera un cuerpo al caer sobr.e
de teatro.
Uno de estos días, encontrándome con unas localida- la alfombra.
Buquet y yo nos precipitamos hacia una habitación,
des, de las que no sabía que hacer me fuí á la calle de
vecina, donde encontramos á Adriana tendida en la alGrenelle, á casa de mis amigos. '
Llegué un poco más tarde, y cuando entré en el co.me- fombra con el rostro lívido y el pecho convulso y jado:i: ya e~taba servida la sopa. Noté con sorpresa que el deante.
Entre los do_s la transportamos á la cama, donde haam1go G1:raud no estaba·
El bueno de Buquet rabiaba de hambre y quería sentar- ciéndola respuar unas sales, la vol vi.Inos al conocise á la J!lesa, pero su mujer se oponía, diciendo que era miento.
-¡Ahí, ahí!-fué su primera palabra-¡Ah!-continuó
ne:esano tener un poco de paciencia hasta que llegase
señalándonos un armario de luna.-Le he visto. Le heGeraud.
visto en el espejo.
-_¡Acomer, á comer!-dije al entrar, para interrumpir
Me volví á verle, creyendo que se encontraba tras dela disputa que empezaba.-Hay que acabar pronto si mí,
y al observar que no había nadie, comprendí y casí
quere1s aprovechar este palco para los Franceu.q Esta noche se representa Dl'1,ise. Es preciso ver comen;ar el pri- desmayada.
-Pero querida mía-preguntó el esposo ¿que diablos.
mer acto.
visto?
Se pusieron á la mesa. Buquet comía de prisa, tragan- has
-Lo he visto á él, á Géreud.
do á grandes sorbos sus cucharadas de fideos, y recogien----¡A
Géraud!
do con la l_engua los 1:ilos que se le caían en los mosta-Sí, lo repito, le he visto y él me ha mirado tamch?s. Adriana, la mu¡er, v1síblemente nerviosa é intranbién.
qmla apenaR podía pasar bocado.
Buquetme miró asustado.
. -:-Las mujeres son extraordinariamente nerviosas-No te alarmes amigo mío-le dije.-Estos accidentes.
dice de _pronto ~uqu~t.-Figúrate, querido Loubelleé,
que Adrrnna está mqmeta porque Géraud no ha venido á son muy explicables, y no tienen ninguna gravedad.
co~er esta tarde. E~toy seguro de que está pensando mi Adriana está mejor, y no hay inconveniente alguno en..
mu¡er en algún accidente; alguna desgracia. algún ab- que se vista y os vayais al teatro. Y o iré con vosotros.
-Sí, sí-dijo Adriana pricipitadamente-vamos: pero..
surdo.
'
de que pasemos antes por casa de Géraud.
¡Qué tiene_d~ paryicular que Géraud no venga! El tie- á. condición
-¡Pero si no hay necesidad!-interrumpió el mane sus n~g_oc10s, e~ ¡óven, le atraerá cualquier asunto..... . ndo.
En defimt1va, es hbre y no tiene á quien dar cuenta de su
personal
-Iremos-dije entonces,-La casa de Géraud está cerca; no nos entretendrá la visita y con esto quedará Adria-•
Por otra parte, Géraud nos dedica iodas las tardes y
ha_y q_u~ concederle un poco de libertad. Y o profeso el na completamente tranquila.
Poco después entrábamos en un carruaje, dando orden..
pnnc1p10 ~e que no debe uno preocuparse nunca de lo
al cochE:ro para que nos llevara al número 5 de la calle
que lo~ am1~os hacen.
del Louvre.
-l\11 mu¡er, por lo visto, no piensa de la misma ma. Estas eran las señas de Géraud. Este vivía solo, atennera.
dido por la po:tera, que tenía uoa llave de su habitación:l!adame Buquet respondió con voz en:ocionada:

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

Apenas llegamos á casa de Géraud, Buquet saltó del
coche -y penetro en la portería.
-¿Y el Sefior GiSraud?
-En su cuarto. Yino á las cinco y no ha vuelto á. salir.
-¡Ya ves, qnerina mfa!-dijo Buquet volviendo al carruaje.-Géraud e~tá en su cuarto y no le pasa nada. Tus
presentimientos no tenían sentido común.
¡Cochero! A la comedia Francesa.
-No, Buquet-gritó su esposa.-No nos vayamos aún
hay que verle. es preciso.
'
-¡Subir cuatro pisos para nada! Adriana, por tn culpa
vamos á llegar tarde al teatro. En fin, subiré. ¡Cuando
una mujer se empeña en una cosa!. .....
l\Iadame Bnq uet, y yo quedamos solos en el coche. Y o
miraba á Adriana, presa de la más grande aaitación con
los ojos muy ,;.biertos, fijos en la puerta por la que había
penetrado su rnarido.
A poco rato reapareció éste.
-He llamado tres veces y no conteFta-nos dijo.-El
tendrá sus razones para encerrarse á esta hora.
Creo que va podemos irnos al teatro.
:Miré á Adriana y ví en su rostro una expresión tan
trágica que, yo mismo comencé á experimentar seria inquietud.
Después de·todo, refleccioné, no es cosa natural que este Géraud, qne nunca come en su casa hava faltado á la
de sus amigos para estar encerrado aÍlí desde las cinco
de la tarde.
-Esperadme-dije al matrimonio-voy á preguntarle
á la portera.
A ésta también le había parecido extraño que Géraud
estuviese en su cuarto tanto tiempo.
-Esperad-me dijo-tengo otra llave de su habitación
Podemos subir y sabremos qué le-pasa.
·
_Penetramos en el cuarto de G~raud. Xo había luz por
runguna parte. La portera llamo tres ó cuatro veces sin
que le contestara nadie.
'
Llegamos á la habitación de Géraud caminando á tientas, d:tndo tropeznnes y siempre en medio de la mayor
oscundad, porque no llev,lbamos cerillas.
-Sobre la mesa de noche debe haber una caja de cerillas-me dijo la poi tera, que comenzaba á temblar y que
no podía dar un naso.
Me _acerqné, l)alpando sobre el mármol. De pronto sentí
en mis dedos algo que me hi10 una impresión profunda
algo que me anunciaba no sé que drama espantoso.
'
Seguí buscando hasta encontrar las cerillas. Cnando
en\:endí luz, ví á Géraud tendido en su cama, con la cabeza destrozada de un balazo.
Junto al cadifrer hallé una carta manchada de sangre.
Géraud se despedía en aquella de su amigo Buquet sin
decir las razones porque se mataba.
'
Reconocí ~l cadáver, apreciando que la muerte debió
haber ocurrido hacía una hora. La misma precisamente
en que Adriana Bt1quet tenía la siniestra ✓isión en el es~
pejo.

***

-Esta es nii historia-concluyó mi amigo.-¿No es
bastante para confirmar la existencia de esos casos de
que te hablaba, los cuales hacen trabajar á. la ciencia con
más celo y más conciencia que buen exito en sus estudios.
A.JUTOLIO FRANCE.

L O S MAESTROS
N UÑ EZ DE ARCE

Entré al salón y mi jefe me dijo señalándome á un
hombre pequeño de estatura, de barba recortada en pnnta, con una cabeza semejante á la -de algunos retratos de
iconnografíashakespereana: «Aquí tiene usted una visita del señor Núñez de Arce.» La sorpresa fué grande y
agradable. Después todo fué afecto, cariño, franqueza
cortés, y de parte mía un aumento de admiración agradecida.
Por allí, entre varios papeles y libracos, alcanzó á descubrir una.Sages.~e de Verlaine. «Eh,» exclamó, uno de
los de plaga! Verlaine, Rollinat, Richepin...... ... ¿Qué
piensan ustedes de ellos?
-«Algunos, señor, enfermos.........»
El prosiguió entonces, lleno de fuego nervioso, vibrante, con su sonora voz personal que resuena simpática.
«¡Sí! esa es la palabra: enfermedad. Toda la literatura
francesa está enferma, está decadente, en el legítimo sentido de la frase. Esos neuróticos, esos diabólicos, están
demostrando que la Francia contemporánea ha caído, en
lo que á la poesía toca, después de la muerte de Víctor
Hugo.» Y en seguida de un apasionado y hermoso
ataque contra «La Plaga» de París, pasó á hablarme de
la poesía americana, con una brillantez y un entusiasmo que hubieran regocijado á Gutiérrez Nájera. Dijo que
era aquí, en nuestra América, donde para la lengua española estaba reservada la gran poesía de nuestra maravillosa naturaleza, «que todavía no ha tenido cantor digno de ella.» Poesía robusta y sana, rebosante de savia y
de fuego. «Eso debéis hacer vosotros los poetas nuevos
&lt;ie América, inspiraos en las grandezas naturales del
Nuevo Mundo, escribir versos, poemas, que rengan el
aliento de aquella tierra ubérr1ma: señalar un nuevo
campo á las musas. Nosotros, los peninsulares, no tenemos aquí sino los gloriosos recuerdos del pasado, los mo·
numentos de piedra, la historia. Vosotros sois el porvenir,» Así hablaba el poeta. del corazón joven, el forjador

55

EL MUNDO

de ven;os de acero, el que con
sus endecasílabos bien templados--endecasílabosde Toletlu,-hace ya tiempo se
conquistó el alma de la juventud americana, nueRtra
admiración y nuestro carií1n.
Se notan en él una agilidad de espíritu, un chispear
de ideas, un brillar de ojoR,
que hacen pensar en que algún cordaje metálico se halla
bajo ese cuerpo, y alguna divina electricidad tiene en
ese cerebro choques, relámpagos y súbitas auroras.

DAMAS GUATEMALTECAS

•

Sn casa es la morada de un
poeta, de nn poeta elegan·
•te y acomodado. Estamos le·
jos de la opulencia de Cánovas, del lujo de Castelar y del
nido calient-ito. confortable, burgués de Campoamor.
Al entrar, un salón con biblioteca, muebles de muy
buen gusto, mesa central con
libros de lujo y objetos de
adorno. En el centro de la biblioteca un vaRo antiquísimo
de la. India Despuéi&gt;. otro
saloncito, antes del gabinete
de trabajo, qne es chico,
lleno de objetos de arte, una
arca antigua, Ji bro~, siem•
pre libros, libros por todas
partes; dos poetas de bronce
sobre la cbimene va en las
paredes. por todos ·1m, cuatro
pnntosdel recinto, dibujo~,
fotograbados, pinturas, todo
irradiando algo de la gloria
del ilustre trabajador. La
admiración le ha llenado la
casa de ºtributos. Hay uno,
doP, tres, cuatro Xtí.ñez de
Arce firmados por distintos
pintores. Uno hay, obra de
un escultor, un Xúñez de
Arce de metal, materia que
más á propósit-0 es parn encarnar al fuerte poeta. Luego, asunto de sus poemas, moti vos de sus versos traslada·
dos al lienzo, al papel, por la
mano de egregios artistas;
obras con la firma original 6
reproducidas en los talleres
de Goupil, en París. ¿Está el
faro de La Pescal Xo estoy
seguro. De lo que estoy seguro es de ciertas escenas del
Señorita Adela ida Jáuregui.
Vértigo, &lt;lel Jrlilio y de la l'isi6n de Fray Jlartín. De esta
-Hernán el Lobo no lo concluiré jamás, lo que he pu•
última hay un grupo escultóricó, de tamañ/J uatural. Y
una composición admirable-un Rops menos oscuro-la blicado con ese título fué un simple capricho literario.
escena de la tentación, qne deja en las imaginaciones re- Ei3 un fr-agmento de un poema que no escribiré nunca.
Aún le veo reclinado en su sillón, pensativo, como
vuelto conjunto de grupos blancos de mujeres y capupreocupado siempre por algo, como poseído de una inchas de fraile.
En ese saloncito de trabajo, una tarde otoñal, el gran vencible tristeza. Xo le ví reír jamiís; sonreír, varias vepoeta tuvo la bondad de leerme lo que tiene inédito de ces. Así es el poeta que ha hecho resonar en la España
su poema Lnzbel. Leía con aquella voz suya, profunda del siglo décimonono, el más tremendo de los misereres,
v emocionada. El fragmento publicado del poema es al cual hace comparecer los secos esqueletos de los Césares,
grandísimo; pero es superior lo que guarda el poeta para que duermen en el E,corial. Página que solamente es
más tarde. Es el mismo soberbio i,antor; pero hay en la comparable con la del poeta alemin de la revista macaobra nueva del maestro, coloreando los endecasílabos, bra, en que, caballero en la osamenta de su caballo, un
un rayo que supera á todos los de la gama conocida. Su Napoleón espectral contempla su ejército de sombras.
demonio no es el de Milton, estirado y discursero: ni el N úñez de Arce ha sido, sobre todo, poeta de las grandes
del Dante, trágicamente subterráneo; ni siquiera e1. dia- batallas morales de este siglo. Es el luchador. En medio
blo moderno de Richepin, parecido al hermano del poeta de la campaña ha lanzado sus Gritos de Combate.
Desde los comienzos de su gloriosa vida clamó con su
Bouchor. El Luzbel de Xúñez de Arce con el que tiene
mayores analogías, es con el Satanás póstumo de Víctor robusta voz: «¡Despierta hierro!» Ha cantado en el fraaor
0
Hugo, aquel enorme ángel abatido que medita, siniestro, de revoluciones intelectuales y políticas, y ha sido en
sobre el picacho espectral, viendo apagarse la chispa sus intermedios de descanso cuando ha dado vida á alguna delicada flor de poesía, tributo al amor, al eterno y
agonizante del astro postrero.
avasalladorfemenino-algún sano y fresco ramillete, co·
el Idilio. El grupo legendario de sus personajes atraLlaman á Xúñez de Arce, el cantor de la Duda, por los mo
el campo de lamoderna poesía hispana, soberbiaversos famosos á esa oscura deidad. l\fas es de ver cómo viesa
A la cabeza el caballero dantesco que hace resoen la copia de cantos que forman el caudal poético suyo, mente.
las baldosas del templo bajo las herraduras de su cano existe ningún negror de pesimismo. Hay queja, deses- nar
ballo; Raimundo L11Zio. Después el tempestuoso fraile de
peración delante del misterio, desconfianza de lo ideal.
Reforma; el asesino que corre en la noche siniestra,
Pero no le ha dado jamás con su verso ninguna p11ñalada la
por la conciencia: «delator, juez y verdugo.» En
á la esperanza. Llega álo gris, jamás á lo negro. Tiembla castigado
La S elra Oscura. se oye un clamor como escapado de la
delante de la terrible Isis; clama ante los ojos implacables boca
del Dante. Y en un fondo de noche, á lo Doré, se
de la pálida y solitaria esfinge. Pero siempre Dios resur- percibe
negra mancha enorme del monasterio; las toge: siempre la esplendorosa dificultad de lo supremo ilu- rres del la
los picos del risco, las grandes rocas á la
mina esa lira, que en veces, ya en sus magnas escenas de orilla delcastillo,
mar.
la edad media, ó en sus versos claro-oscuros claustrales,
suena con són de órgano, con ecos de anchas y sagradas
RUllÉN DARÍO.
naves de basílica.......... Y con todo, le hace falta
al poeta la pura y salvadora fe cristiana, le hace
falta la piedad sincera conque en su primera edad
se arrodillaba en las viejas catedrales. Siente la más
amarga de las nostalgias de la Fe.· Quiere él roco•
brar su tesoro, y lo logrará porque Jesús está siempre á
la entrada de la eterna Jerusalén, con los brazos abiertos. Confíe, espere el batallador en la estrella de Cristo,
y así guiado, Rey mago de harmoniosa magia, l legar.'i al
reino deseado, donde, no en pesebre, sino resplandecienComo te amaba tanto,
te de virtudes y de prodigios, en una infinita apoteósis,
el curso se torció de mi destino,
encontrará á quien impera por los siglos de los siglos. El,
pues iba para santo,
el hombre de la tormenta y de la brega en el océano de
y después que te ví perdí el camino.
nuestra edad, sálvese en la barca que cruza. las olas vencedoras, y cuyo barquero es Pedro el pescacador.
C.uIPO..UCOB,
-Y ¿Hernán el Lobo? le dije.

'

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EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

.56

EL MUNDO

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DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

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de ;,,¿Jav1,{)
Gn
'1

seaba saber tambien la Señora Clouet. üuardaba vo una
impresión tan profunda de su
melancolía que por primera y última vez en mi existencia traicioné la gran causa
de la fracmasonerfa masculina. Le envié la carta. de su
l!larido, á la cabeza de la cual
escribí 11Yalor.. . ... n v era
este verdaderamente ui1 grito de mi corazón hacia el de
la pobre mujer, ese corazón
de madre y de esposa cuya
ensangrentada llaga había yo
podido sondear. Desde lue·
go pude.ver que esa llaga estaba más envenenada aún de
lo que yo vensara. Fué ella
misma qmen habiendo es·
piado mi llegada por la ventana, me abrió la puerta toda
pálida, toda temblorosa, y
rne suplicó juntando las manos:
uNo me ocultad usted nada de lo que lediga,aun cuando .hable de Alberto. ¡Yo
quierv saberlo to1o!»
Entré ai taller, con el corazón uiuy conmovido por esta últlma y querellos.1 invocación de la 1J1adre 1 y sin embargo, e~ preci..:o que lo con •
fie.se, ll1;ÍS intt'r~satio aún por
el mistnio moral que provocaba e~a invocaci1)n. Que
el amor apa~iunado de la belleza pc,s~e 1í. dertos artistas
hasta el punto tle alterar en
ellos alg.unos de los sentirnientos ti.e la hmnanidad,
lo 1::a.b:a yo hace algún _tiempo, pero que esta alteración
llegm,e h,t~t:i de::in •tu ra.lizar
una alma de hombre al pun•
to de abolir el amor paternal, al puntor sobre todo, de
reemplazar este amor por el
odio de que hab:a hablado

la Señora Clouet, ¿era eso posible? ¿Era también posible
que la decepción de esta paternidad frustrada hubiese
paralizado :1. un grado tal eEa fecunda imaginación de
un creador tan facil y repentinamente herido de esterilidad'? Esas preguntas se oprimían en mi pensamiento y
el aspecto de lves Clouet, tal cual me apareció en el
vasto taller, no era á propósito para apaciguar mi curioeidad. Si había yo advertido un cambio profundo
en su joven mujer, en él la metamórfosis era más evidente atln.
Hab!a dejado un atleta tranquilo y sonriente, orgulloso de su fuerza y que parecía iuvencible á la ,~ida y encontraba un neurópata, inquieto1 incierto, envejecido diez
años, C&lt;&gt;n la pupila initable y el gesto brusco.
A él también le habfan blanqueado los cabellos, su rostro estaba hollallo. Por la primera vez, ese hombre feliz,
ese colmado, había encontrado ante éi algo f:en'ro, y yo
que tenía tai:i presen~es en mi re~uerdo f:US ~111 .;i,s de otro
tiempo, las msolencrns de su dicha soberbm de pagano
moderno que desafiaba la suerte1 comprendí cuan dura
prueba había sido ese mentís dado ,í t.od"s sus orgullos y
se Jo dije sencillamente. Por cambiad.o que estuviese,
I ves debía haber permanecido el mismo reRpecto á un
punto: el horror de las finuras é indirectaf. El más seguro, el único medio de conocer lo que pensaba de su hijo,
era preguntárselo. Con cualquiera o~ro el procedimiento
hubiera ~ido brutal, 'Con él era una delicadeza ahorrarle
lu que detestaba mús en el mundo en otro tiempo: las
alusiones y los equívocos.
(( He sabido que has sid.o muy de"sventnrado-comencé
-y si no te hab:a escrito es que no hay frases con que lamentar ciertas penas.u
-iiY yo, respondió él-si. no te había ei:crito por mi
pdrte, es porque no hay frases tampoco 1&gt;:1ra·eXpresare-a::1
mismas penas. Laura roe dijo que lrnbías venido antier ...... ¿Viste al 11ili&lt;J?,1 ..... .
:FQrmuló esta pregunta con una bru:--quedad apaeionada que me desconcertó con todo y lo qu~ esperaba de su
franqueza.
uSJ que le he visto,H respondí sintiendo que enrojecía, y
añadi:
-¡ El pobre pequeñuelo! Cómo debes haberte apiadado
de él, mi querido Ives. Qué 1?rueba para un ser humano
recibir Ja vida en esas condicione- ..... .
-Piedad ...... piedad ....... repitió él, y vf enternecerse
sus pupdas, y expresar todo 'su rostro ese sufrimiento
contraido y s.eco de los rencores injustos, en que hay á.
la vez cólera y remordimient0a. Y continuó:-8í1 ti ► nes
raz :m, es el solo sen~imiento q·te pueda inspirar este ni11.o, mi hijo ...... Pero si supieras cuan duro es p~ra un pa~

1

Flor F'aul @ourget.
(Concluye).

uDe,:pués ~e abandonó bruscamente como si mi pre.:gu-0ta le hubt_ese ~ect10 m_,1» ........'. u¡lJiud mío! continuó
la_ pobre m11:Jer Ju □ tandp las Jfütnos y mirJ.ndome con
nnrad,a s~pJ_icante, ya comprended usted cuan herido

tendr~~ m1 corazón, ahora que !:abe el silencio de Clouet
-sobre su nu6va obra, que me espanta ...... Es insensato
lo que voy á decir á usted, pero me parece que en el momento en que me respomliv urnás tarden miró á Alberto
con una mirada tan cruel.. ....... ¡Ah! Prométame usted
,q_ue ensayar1.t Yer ese bosquejo-á mted se lo mostrará
a1p duda~y que rne d-rá que obra es y si usted le ama le
.ayudará, le alentará p,ira que la acabe. Si l!egaá acabar
algo, ac.:1.so nos salvaremos ...... n
Oiert~mente yo he re_cibido en mi vida de novefü.ta un
gran numero de conf~srnnes, y algunas muy singulares,
de tal suerte la necesidad de hacer confidencias divirtiénd?se-6 divirtiendo á los otros-es natural á ~Ue!-tra
·t-spec1e. En las épocas de fe profunda, las almas, cargadas del peso de su desgracia 6 de sus faltas iban ú donde
·debían continuar yendo: hacia Dios y sus r~presentantes
N_osotros hemo~ cambiado todo eso y con ayuda de la va:
mda_d, _los escritores se hacen un oficio de ·analizar los
sentumentos de los enamorados y de las enamoradas sob_re fi?do y despué~, del inmenso rebañ.o de egoístas imagma~1vos, pa:a qu1_enes las emociones no serían complet~s s1 no se dt_fund1esen en braYatae. Sí, cuántas confer:;10nes he de~1do escuc.har así, de _las cli.ales no me quejo
J)Orque de mil acaso, bien ha habido seis 6 siete sinceras
y tres 6 cuatro rnuy conmovedoras. Pongo en primer lugar entre estas úlLimas la que la .Eefiora Clouet acababa
de liacern~_e, no para darme un asunto de novela sino por
una eSJ?t:Cie de confianza desesperada en mi imperio sobre
.su marido. Este imperin era bien quimérico, por que si
·el escultor me había mostrado, durante toda nuestra juventud1 una ferviente afección, era justamente porque
)~O acep~~ba su absorvente personalidad sin discutirla.
Esk~ no 1~pedía qu_e ~a invocación de la sefi.ora Clouet
hubiese sido demaSiado doloroi:a para dejarme indiferf'nte; por lo demás la asombrosa anomalía sentimental des~mbierta así en casa ele mi antiguo camarada, bastaba á,
Interesar I?roíundamente lo curi0s0 de 11atura humana
·qne v~ld. sm cesar en todo letrado. Y he aqllí por qué
d,is ~ms después de esta primera visita al .hotel de I~
avenida de Regur, volví. Pero esta vez había pedido á
·Ulo1;1et t~D; rende~-1io(18 por medio de una carta en que le
&lt;l~cia m111npac1enc1a por ver las obras nuevas que lobab1au ocupado. ?,urante nuestra. larga separación y, detalle
q_i~e me paremo de.un favorable augurio para la informa-c~,m á la cua_l deseaba entregarme, el me había respon&lt;ltdo prometiendo mostrarme su taller:
0 encontrar:'ís
·g;an C?sa de nuevo, co!lc.Jufa ese billete, sin embargo, seria feliz de saber tu opinión respecto de una estatua que
cuento con aoabar noy mismo.&gt;1
úEs_la sol,a c~sa completa que haya hecho desde hace
'tres ano_s. En.veJf'Ce 1~n.O.ll Y había subrayado estas palabras
'trazadas, c~moel ,?il!et.e, con una escritura menos firme
:Y más nen•1osa. ~o importa. Yo iba á saber lo que de1(~

Pensafii,a,

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�EL MUNDO

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dre decirse esto, que su hijo seni siempre, ha~ta su muerte, el objeto de la caridad pública...... para un padre como yo, que he tenido siempre. un extremecimiento de
rebelión al pensar que se pudiera compadecerme, fuese
por lo que fuese ........ ~sto es orgullo si tú quieres, pero
un hombre no se mantiene de pie sine por el orgullo;
prefiriría todo en el mundo á tener que sufrir la piedad
aún de nn amigo, aun de una mujer.
...... Me enoja recibir esta limosna y ¿qué quieres? es
monstruoso esto, es inhumano, pero'yo tampoco puedo tener piedad...... No puedo compadecer ni aun á ese des·
venturado Alberto...... Xo puedo ...... Xo quiero ...... »
Habfa arrojado esta profesión de fe feroz en la que yo
encontraba bajo una forma cruel su paganismo indomable, con una amargura demasiado punzante para que yo
desconfiase de ella. Pensaba en realidad eso que me decía, sus rebeliones eran sinceras c011tra la más cristiana
de las emociones, la más extraña al orgullo de la vida, la
menose,tética también y la menos intelectual. Pero el
hombre no es todo orgullo, no es tampoco todo idea y
por encima del artista descepcionado que no aceptaba la
humillante enfermedad de su hijo, la fealdad ele esa carne, palpitaba en Ives el ser instintivo. El grito de la sangre oíase bajo el clamor de su orgullo.
. Este mismo odio que experimentaba contra el niño,
maldad monstruosa, abominable, traicionaba combates
interiores, una lucha apasionada, la pO$ibilidad de que
un día, una hora, aquella alma herida reaccionase por
completo.
Esperándolo continuaba sus confidencias que eran como una contrapartida conmovedora de las de su mujer.
Iba y venía en el taller en medio del cual una forma envuelta en lienzo mojado atraía mi atención. Era la misteriosa estatua de la cual tanto deseaba saber la Señora
Clouet, si la acabaría cuando menos, y á medida que el
eECultor hablaba, esta especie de fantasma de arcilla y de
. tela, comenzaba á animarse para mí con una existencia
más enigmática aún. Ives decía:
"Tú no ves nada nuevo en el taller, cuando en otro
tiempo hubiera tenido tantas obras nuevas que mostrarle. El hombre es atacado, cuando sufre, en su fuerza fn.
tima. _La fil:ía estaba en mi arte y durante tres años;.haa OJdo b1en~-t~es 9-fios, h&amp; conocido la impotencia.
Tu no has se~t1do Ja';llás esto, esta to:rtura de la idea fija
que no se de¡a sacudir, como una ho¡a de puñal roto en
la llaga y que no nos permite ir en pos de otro placer, de
otro ensueno, de otra voluntad. Y además, ha habido en
mí desde este nacimiento un sentimiento extraño: el de
que debía pagar toda mi antigua ventura, que ninguna
ero.presa, en ad~lante, se me lograría, que tenía una fa.
tahdad sobre m1 edad madura...... Xo comprendes e¡;to?
qtros más grandes que yo han sido rotos por estn. creencia de :¡ue una vez concluida la juventud ha acabado el
talento. M11sset no escribió nada después de los treinta
a~os....... \ aw1 aquellos de entre nosotros que continuan traba¡ando con los cabellos grises, te imaginas tú
que no han atravesado por esa crisis de duda cuando han
sentido partirá la juventud, á la juventud santa...... .
Esta crisis la he experimentado yo más que ningún
otro, yo que he sabido que envejecía, que no lo he creído......... A.caso me tomes por un insensato. Pero durante qui~ce años yo he sido como se pretende q11e son tantos onentales, no he sabido rni edad.»
H~bía subrayado estas palabras con un acento tan conmovido, que no pensé en sonreír. Toda la traaedia interior de que era víctjma se e~?lareció para mí poco á poco.
«Te comprendo. bien, le, d1¡e, esa desgracia ha sido dos
vece!3 una desgracia, por s~ misma y á causa del periodo de
tu vida en que te ha herido. La has sentido más aún
po1:4ue á travtis de ella has. sentido el resto: la inevitable
huida de los a~o~, la necesidad de aceptar, de organizar
la bancarrota_ c1ert:i: Pero en cambio ¡guardabas tantas
cos:is en la nda! D~sde luego tu cara .nujer ..... .

-¡Ah! eso es lo peor, interrumpió vivamente. :Xo ee
más razonable que el resto.
Yo la he súfrido que fuese á
caer, ahí á dos pasos.
Y me mostró la puerta que
iba del taller al pequeño
jardín. ¿Era una ilusión? me
pareció que la tapicer{a que
ocultaba esa puerta en aquel
momento abierta ante el hermoso clía de verano, se removía, como si alguien se ocultase detrás. Pero I ves continuaba:
-La he sufrido que no lamentase demasiado al otro hijo, al nuestro, al verdadero.
La he sufrido que ame tan
profundamente á éste...... la
lle sufrido también que envejezca; he sufrido con sus
palabras y también con sus
silencios ...... ¡Cuando te digo que durante tres años he
sido tan miserable! Ni una
obra...... Ki una...... Estos
años son cumo si no los hubiese vivido..... .
-¿Y ahora? le pregunté; y
le mostr¿ la masa blanca de
la est:ítua velada, á la cual se
había aproximado hablando y hacia la que se levantaron también sus ojos. Un relámpago de órgullo los iluminaba de nuevo. Por uno de
esos milagros de instantítneidad que son habituales á los
organismos eminentemente
nerviosos, la fisonomía del
artista había cambiado de
golpe. Volví á encontrar al
Clouet de mi juventud, á aquel visionai-iode belleza, con
las manos del infalible obrero al servicio de sus visiones.
Sincero, ferviente, casi solemne y con una palpitación
de culpable ahora en sus palabras que me pareció muy
extraña, respondió:
«A.hora he podido trabajar por fin. He hecho lo que
vas á ver, lo que vas á ser el primero en ver.. .... Hace un
mes, cuando acababa de levantarme y me paseaba completamente solo en mi jardín, el so: radiaba, cantaban los
pájaros, se extremecían las bojas, las rosa~ comenzaban
á abrirse en mis rosales. Tuve, durante un minuto, esa
impresión de la fuerza irre~istible del renuevo que, en
mi juventud me emborrachaba algunas veces como un vino. l\Ie senté en el banco de marmol, en el fondo, que
esculpí yo mismo, y me puse á acariciar con mi mano
los amores que jugaban con guirnaldas y que servían de
brazos á ese banco. El recuerdo de la época en que había
yo ejecutado esa fantasía se apoderó de m[ con una precisión increíble y en el mismo momento la vergüenza de
mi decadencia. Sí, tuve vergüenza de mí en aquel sitio,
ante aquellos viejos árboles que echaban aún hojas, ante
erns viejos rosales que proyectaban otros botones, ante
ese rincón de la naturaleza eterna en que la vida universal continuaba trabajando, luchando, creando ..... Caí en
uno de esos ensueños que deben parecerse :i lo que pasa en
las ramas precisamente cuando circula en ellas la savia,
sin que el tronco presienta la fü,r que se elabora en él,
que se forma bajo su corteza desnuda aún, que va á estallar...... Una idea de estatua acababa de aparecérseme,
vaga al principio, imprecisa, indistima; después tan clara,
tan desprendida ante mis ojos como aquellos follajes y

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

aquellas :r_psas. Hubiera surgido en medio del cé~pecl, sobre su zócalo blanco y no hubiese sido m:ís visible ,í mi
mirada: ..... Esa estatua era la del hijo que yo había deseado tan apasionadamente ver, que hubiera tenido sin
aquella horrible caída.
Estaba ante mí, de pie, á los quince años, esculpido en
mármol en la magnífica desnudez de una adoleecencia
de joven Dios. Tenía todas las formas de mi cuerpl) con
las curvas, los piés y las manos de su madre. De su madre tenía el óvalo del rostro, la barba, las orejas, la fren·
te, la sonrisa de las mejillas, y aquella boca un poco
crecida, la sublime boca de las cabezas griegas del siglo diez y seis donde hay un algo de egipcio. Sus cabellos se rizaban sobre su frente y tenía ahí, bajo la arcada.
subciliar, esa noble profundidad que da á la mirada de
Laura, una expresión tan grave y tan dulce...... En fin,
era nuestro hijo, y yo iba á ensayar modelarlo realmente...... ¿Cómo no me habfa ocurrido antes este pensamiento? No lo sé. Pero sí sé que me levanté de ese banco con las manos temblorosas y el corazón palpitante.
Entré al taller con una emoción que no puedo traducirte,
de tal suerte estaba mezclada de embeleso y de espanto,
de deseo y desconfianza. Iba yo ,í encontrar por fin para
esa obra que estaba ahí, en mi cabeza, tan presente, tan
clara, tan bella, mi vigor perdido? ¿Ese hijo que la suerte no me había permitido tener, en ·carne y en hueso,
iba á tenerlo por fin, en esa i;nateria que parecía muerta?'
:i\las cuando la forma se ha impreso, Yive, con una Yida
superior á la otra, pues que desafía la muerte. Y comencé á modelar la arcilla piadosamente, religiosamente. ¡.\ht
las primeras sesiones de ese trabajo único! Tú note ima~
ginas las zozobras, los entusiasmos, los desalientos, y
cuando estuvo él en pie, en realidad, ante mí, ocupando
el espacio; cuando palpé sus músculos, toqué la delicadeza de sus miembros, encontré su mirada!. ..... ~lira,) o m ➔
quejaba de mis penas hace un momento; pero esas alegrías las han pagado, te lo juro...... Pero vas á verlo.»
La exaltación lo poseía todo entero, al presente sus
manos temblaban de nuevo, en efecto, para despojará la.
estatua de sus lienzos húmedos, y continuaba:
"Lo he alegorizado en David ,í causa de la frase de la
Biblia. He leído no recuerdo dónde y he amado la frase
apasionadamente Eral cmtern rufus, et pulclt.er a.Bpect1i decoraque fa.cíe et aü Do1!1inu,~: 8urge ungue eum, ipse. est ;,,,im.
(Ahora bien, era rubio y hermoso de actitud y ele un no·
ble rostro. Y el Sefior dijo: «Levantaos y ungidle, porrp,e
es él.)» Estas son las tres palabras que yo quiero grabarsobre la base: lpse e.it enün Porque es él1. ..... Ven, mira...
El último lienzo había sido desprendido v la estatua.
apa~ecía ya en esa sinceridad del modelage di.rect&lt;? en quese siente el de~astador, la 1:11ano del artista, su espíritu,
su fiebre. Jamas en ·sus me¡ores días el escultor se había
aproximado tanto á la belleza perfecta, como en esa.
obra, de la cual me había referido el extraño y doloroso
génesis. El Triptolemo del célebre obelisco del museo.
de Aten,a.s, entre Demeter y Persephone, no es de estructura más elegante y de posición, como lo era el sedicente David, simplémente de pie sobre su pierna derecha y
con la izquierda un poco hácia adelante, como en las estátuas arcaicas, y la gracilidad vigorosa de las piernas la
comba gallarda 'de los rioones, la flacura apenas mu;culada de los hombros, la linea delgada del vientre, daban á ese cuerpo de adolescente, un caracter incomparable de esbe)J,ez vit:il y de energía, en tanto que la finura de sus manos y p1és, y sobre todo la delicadeza de
sus rasgos, el rostro encuadrado en los bucles de una cabellera rizada á la manera de Leonard adornaban á esesér delicioso de una languidez del tod~ femenina. Era
realmente la fusión de las dos bellezas que el artista había ~o!iado y obtenid~. Para mí que sabía de cuánta melancohca fantasía as1 el logro el David en el que reconocí~ yo algunos d~ los gestos de Clouet, su estructura,
su actitud, y la sonnsa, ]agracia, la mirada de su joven
mujer, esa estatua tenía.
algo de aparición, y-¿debo decirlo?-casi de sacrilegio. No, ese no era un
David, elpríncipe que debe vencer y reinar¡ era la
imágen del joven héroe
que:no vivirá: un Eurialo,.
al cual su Nisus llamad
en vano, un Icaro que zozobrará en el inapaciguable Océano, un Orpheo á
quien desgarrarán manos
crueles de Ménades,-una
figura sin promesas de•
porvenir, pero tan heróica, tan tristemente bella...
Y yo podía apenas, de
tal suerte estaba conmovidó, expresar mi admiración, de la cual gozaba el
artistacon esa ingenuidad
de orgullo tan natuaral
después de una creación.
semejante. Nosotros no
hacemos tales obras. Se
hacen ellas en nosotros y
casi á pesar de nosotros ...
Callábamos.los dos, cuan-.
do oímos venir de fuera
de aquella puerta, al salí{·
de la cual la madre del
pequeño Alberto había
caído al ti.n de su embarazo, una queja sorda al
principio y contenida;
de.spués más alta, un gemido entrecortado por sollozos, la más desesperada
lamentación que haya jamás herido el corazón.....
Ives y yo nos miramos.:

59

EL MUNDO

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

Por aquel rostro que acababa de ver transfigurado de
nuevo por todas las fiebres del entusiasmo, pasó una
pena y como el remordimiento de un crimen. No teníamos ·nece!5idad de ir y levantar la tapicería para comprender que era Laura la que lloraba así. Rabia ella venido impulsada por una curiosidad in-esistible. No había
osado franquear el dintel y lo había oído todo-su lamentación decía con qué sentimiento.-Subía esa lamentación, crecía siempre y el rostro del eEcultor se contraía
más y m:is aún, hasta que hubo un momento en que dos
gmesas !~grimas .l~ brotaron de los ojos y rodaron sobre
sus h:nnd1das ~e¡1llas: Y de un golpe, sin cuidarse más
de mi presencia que s1 yo hubiese sido un personaje de ·
uno de los moldajes fijados á los muros, se precipitó hacia la puerta. Vió, sentada sobre las gradas de la escalera á su mujer que sollozaba apretando contra ella al po-

bre pequ~ñuelo abortado y disforme, para quien el padre
había temdo durante esos tres años un odio tan injusto
y con una so.rpresa que á mí también me puso las lágr¡'.
mas en ~os o¡os, ví :í aquel hombre arrodillarse y apretar
á su mu¡er contra su corazón y abrazará su hijo diciendo: «¡.Ah,, perdóname!. ..... perdóname...... siento que lo
amo. T~ ¡uro que lo amo y que no suErirás ya. Mir-a..... .
pero mira!.. .... »
Y cubría al pequeño Albert? de besos apasionados, en
tanto que la madre, desfallecida por la sorpre~a de encontrar en su marido una piedad que ya no esperaba
apoyaba la cabeza sobre su hombro con un iremido qu~
fué endulzándose, endulzándose aún, y coi:prendí-los
hechos me han probado después que tenía razón ....:Comprendí que el escultor era sincero y que podía rellmente
amar al pobre aborto, ahora que posía en su taller al hi-

jo con que había soñado tanto. Tenía yo ante mí, en el
grupo de aqneltos tres seres reconciliados, á algunos pasos de la estatua de arcilla inmóvil sobre su pelestal, el
símbolo de los beneficios del arte, y pude verlos aún mejor algunos instantes después, cuando la madre levantando la cabeza sin dejar de estrechar al hijo viviente contra su pecho con extremecidas manos, sonrió al otro, al
hijo que hubie-ra debido !f podido tenP,r, á la obra libertadora que le había restituido á su esposo.

GRANDEZA Y DECADEN CIA DE LA HOJA DE HIGUERA

centuplica lo que oculta. ];l pudor es la coquetería m1s
segura.
Una nueva hoj~ de higuera sólo sin•e para obtener otra
por la buena gracia que sabe darle y el nuevo saborcillo
que añade á su belleza.
·
"A~í.n no es eso to~o, dice E\:a á Ad.in, si al pronto y
en primer lugar os pido esa ho¡a de higuera por pudor y
á fin de resen·arme para voz, podréisob5erva.r qu:i os pido la que es~ en la pa!te mis 3:lta del arbol.. L,is que están en las _ba¡as llenanan lo mismo el objeto, y no os
expondríais á romperos la cabeza. Pero quiero que digan al verme:
, «Yed á Ev~: su hoja de higuera ha sido cogida en la
cima de la higuera más alta. Preciso es que .Adán sea
hombre muy fuerte, muy valerosl), y permitidme añada
que es preciso que Adán ame mucho á Eva.,,
'
Adtin contesta: "Es cierto!" y trepa lleno de gratitud
á lo más alto del árbol.
.Además de las .modificaciones sucesivas de las hoja de
h~guer~, Eva ha mventado accesorios, y sirviéndose háb1lme~te del cuarto de hora de inteligencia que lleva de
venta¡a al homb.re, le ha presentado bajo un aspecto favora~le la n~ces1dad de estos a~cerorios. "Amigo mío, le
ha dicho; sois el más fuerte, solS el amo, sois mi señor.
M~ env~nezco con ser ~·uestra, y quiero el distintivo de
ID! servidumbre. AsuJereadme la naríz y las orejas en
testimonio de. esclantud y poned me eslabones de cadena.
Ponedme caclenas en los brazos, para recordar á los ojos
de tod, s que sólo soy vuestra criada."
De aquí 1esultaron los pendientes y los brazaletes.
Algunos adanes dejan q.ue les per~u.adan de que así como hacen trasportar los vmos exqms1tos en un barril doble, sería prudente hacer enterrará Eva en una envoltura doble, ~n clos h(!jas de higuera: la segunda se llama
un carrua¡e, y va tirada por dos caballos.
En fin, todos esos hombres que se agitan, andan, corren, se codean, se baten, se matan unos á otros son
adanes á quienes sus Evas han dicho: "Amigo mío: coje
para mí ésa hoja de higuera," Hoy en día la moda no
admite miis que las bojas de las ramas más ; Itas Jo cual
hace que casi todos se desuellen las manos y las rodillas
para alcanzarlas, y que muchos se rompan los huesos.

PREGUNTAS SIN RESPUESTA

He aquí lo que me contó un rabino:
«Cuando ~l primer huésped del Edén despertó, vió al
lado suyo, en vez de su costilla, la carne de su carne y
los huesos de sus huesos, J. su último sueño fué su postrer descanso.
Había nacido la muj~r; la serpiente, que es la más astuta entre todos lo;; amrnales, se acercó á elia y le murmuró al ?ído: «¡.Cuiín hermosa sois!» Luego le aconsejó
que com1em la fruta del árbol de la ciencia
-He ahí, dijo la mujer, un sér que m~ inspira gran
confi~nza por su franqueza; es e\·idente que no querni
enganarme.
Cogió la fr°'ta y dió la mitad á .A.d,ín.
Pero este hizo en aquella primera vez lo que siempre
~a hecho despu_és; en vez de comprender que, puesto que
iba á ceder Y :'- obedecer ~,ntonces, tanto valía hacerlo
gustoso, regateo, se defendio, se negó, y luego concluyó
por morder la fruta.
. Pero E\·a había empleado todo el tiempo de su vacilación en roer su ~anzana con sus lindos dientecitos blancos; tenía ya .la ciencia del bien y del mal, cuando Adán
estaba to~ ~1a tal como le habían amasado. Luego, cuando se dec1dio, cuando comió su media manzana cuando
4su vez se enteró de la ciencia del bien y del m~l, la mu¡er le llevaba un cuarto de hora de v~ntaja, y siempre lo
~a conservado. ~st;o ~s .lo que constituye y constitúirá
siempre nuestra rnfenondad relativa.»
. Compre~dió la m~jer en se.guida, con el auxilio del
diablo, la 1mportanc1a de aquel cuarto de hora y se apresuró á emplearlo en dar bases sólidas á su imp~rio. Hizo
que. ~dán ~e avergonzase de la desnudez de ambos y le
~ugmó la. idea de coger ~ojas de higuera para salvar tai
rnconyeruente. Los rabmos que lo saben todo v con frecuen~1a suelen saber mucho más, hubieran debido decir°:~ª ?orno se adaptaban aquellas hojas. Aun no había penod1cos de modas en aquella éooca, y la tradición nada
nos ha. co1;1servado acerca_ de tal materia. Lo cierto es
que al decir á Adán: «Amigo mío, sois más alto y má~
fuerte que yo, alcanzad y cogedme una de las hojas de
ese ár~ol, os lo ruego,» creaba á la vez el pudor y la coquetena, los celos y la supuesta superioridad de las fuerzas dPl hombre.
Desde aquel momento quedó fijada la suerte de ambos
así como la de todos sus descendientes. La mujer conser:
v~ ha conservado eEe adelanto de un cuarto de hora
T o lo sabe CU!_l~do menos un cuarto de hora antes qu~
n?sotros. Un 111110 no es mas que un galopín que sólo
piensa en e.l aro,, la pelota y la peonza; una niña no es sino una mu¡er mas pequeña.
En cuanto al hombre, bajo el pretexto de que es más
gra~de, .más fuerte y más inteligente, no ha dPjado á la
mu¡er nmguno de los trabajos de la \ida. Por lo demás
sus fu~rzas, su val?r, suenergíaentera se han gastado e~
todo. t1em~o del mismo modo. Eva dice siempre á Adán•
«AIDJgo uno, cogedme esa hoja de hiiuera,» y Adán 8 ~
condena por.alca~zarla. La hoja de lnguera ha ofrecido
grand~s mod1ficac10nes desde la primera Eva. Mi amigo
el rabmo me ha comunicado algunas de las variaciones
de la m?da duri;\nte los antiguos tiempos.
La p~11:11era higuera á la cual se pidió su hoja fué el.ficus 11.iú.,yuwsa, al cual sucedió el ficus bengaUnsis y Juego
e~ .{icu$ i-u·e1~s Y el jicWJ mauritana. Hacia la cuart~ generación se pusieron en moda las hojas pequeñas del ficWJ repem. Esto se llamaba e~tonces vestirse ó ir escotado como hoy al ponerse ve~~1d?s casi sin cuerpo.
'
repe,tB suced10 e, ficu.s mympha:jolia· se adornaron espués con !as hojas inmensas del mac;ophilla· luego volvieron al. .ficas repen~ bajo el nombre dejicu/~candens; luego aljicus elá.~t,ca;, y luego pasaron á la seda y el
brocado.
La hoja de hig~~ra no tiene en el día me1,10s de catorce
~e~ros ?~ extens10n por razón ele los volantes, y Eva cont1~ua diciendo á Adán: «A.miO'o
mío d!ldme esa ho¡·a de
0
h11{,,-uera."
,
hAd:in, para dar la hoja de higuera trabaja pasa las
noc es en vel3:; roba, saquea, asesina se cond~na.
. ~ny ~e los s1gnosd~ su orígen que ha conservado la hoJa e ll{~era en medio de sus transformaciones es que
se .m~r . 1tt, cae Yes sustituida por otra hoja; sólo que la
pmm. 1va, a que se ve todavía en nuestros jardines no
cae m se renueva mas que una vez por año mier:tras
que dehprogreso en :pro.greso, la que emplean Ías mujeres
ca~ Y a de ser sust1tmda todas las semanas. Las nuevas
n~lan de árboles muy al.tos, espinosos y difíciles.
n v~c1 a 1gunas veces. ".Amigo mfo &lt;ii"o Eva á
Adán; s1 os ruego que cojáis para mí esa ho'ja d~ higuera
no es tanto por J:?i como poi: vos: es para velará las mi:
~~
los demas estos débiles atractivos que han teni0 ~ ortuna de agradaros, y que debo y quiero conservar vuestro amor." Y Eva lejos de pensar en conser.~aradeAdánd, arregla Y coloca la nueva hoja que ha
m o,
mo o que la imaginación libre adivina y

.1l,cu.,

y

1~s

fe

~b:i

•

PAUL

BOIIRG}::'I'.

(de la. Aea.demia. Francesa]
[ Traducido para EL MUNDO. J

-r-

( Poema en cuatro sonetos.)

I
FILOSOFIA

¿Qt1~ es el hombre? Un misterio-¿Qué es la Yida?
Un misterio también-dijo un poeta¿Esta vida á otra vida estl sujeta
O en el no ser concluy.- la partida?
¿Ser.i el alma una antorcha combatida
Del viento vario de J,i duda inquieta
O, cerca de morir, una secreta
Voz nos revela la verdaú temida?
¿Aquello que llamamos desventura
Ed nuestra imperfección que nos consiente
El que hagamos cantando la jornada?
¿8erá la Eternidad frígida, obscura
O lá hoguera del sol resplandeeiente?'
-Hágale las preguntas ,í la almohada.
II
PATRIA

¿Acaso de Xer.Sn el ri~orismo,
Cercenando cabezas vocrngleras
O entregando á las fauces de las fieras
A los que predicaban •Cristianismo
Un reflejo no fué del patriotismo'
Que á la revolución 1&gt;one barreras?
¿Del dios Exito rojas las banderas
No glorifican siempre el egoísmo?
¿Y patriotas no son los lenguaraces
Que en carne de cañón á la obcecada
Turba convierten, en matanza impía?
¿Los programas no son siempre falaces?
¿Cu:fodo la patria no quedó burlada?
-Respuesta á todo te daré otro día.

III
AMOR

ALFONSO KARR.

TIBI REX

¡Oh mi príncipe encantado de la tez de nieve v rosa!
Yo conozco ha mucho tiempo tu mirada misteriosa;
A su lumbre, el alma mía nuevo aliento y vida toma
Y amorosa se adormece como tímicla paioma.
'
Yo conozco hace ya tiempo esa noble frente altiva
Como blanco lirio roto si se dobla pensativa·
Como nube orlada en fuegoi¡ue en la altura ~lbea sola
Si del blanco lirio se alza la magnífica corola.
Al sentir las radiaciones de tus ojos soberanos
Me he.cubierto deslumbrada el semblante con las manos.
¡Oh m1 mago, más hermoso y más dulce que unensueño!
Yo te he visto, ¿en dónde? ¿acaso fué en el mundo·! ¿fué en un sueño?

Si no existes en la tierra, ¿cómo en sueños me visitas?
En mi frente siento el roce de tus reales manecitas
Y mis manos, en los pliegues de tu necrro ferreruel¿
De tu daga el puño tocan bajo el tibio ºterciopelo. '
Y o te siento palpitante y percibo tu perfume
En la lurcbre de tus ojos toda mi alma se cons~me
Y sedienta de inmortales, de divinos embelesos '
iHe apurado sin saciarme, todo el néctar de tus 'besos!

¿Del Paraíso la primer aurora
Es idilio de dicha, ó quizás Eva
Al someter á Adán á dulce prueba
Cedió sólo á la sierpe tentadora?
¿Es el amor la fuente redentora
En que su sed el peregrino abreva?
¿El mal ó el bien en sus misterios lleva?
¿Es arca de saludó de Pa.ndora?
En fin ¿es el amor rayo divino,
Dos epidermis en contacto acaso
O una expansión del alma sober~na?
¿Astro que alumbra nuestro erial camino
O el abismo en que se hunde nuestro paso?
-Quede la solución para mañana.
IV.
SUICIDIO

Xo más vivir! Salgamos de la escena
Que á tan imbécil sociedad me obliga..... .
La carga de la vida me fatiga
Como al pobre galeote su cadena.
T•Una ho~ de placer no ví serena,
~~ hay necio que .sus ?uitas no .me diga;
N1 hombre leal m canñosa amiga
1\[e ha~ consolado en mi insondable pena.
Escrito estaba!!! Cúmplase mi sino!
Con la carne luchar es necesario
Y Yencida la tengo en el combate.
• Adiós vida! \'aliente el peregrino
"\ a á romper del espíritu el sudario ..... .
-Pero antes tomaremos chocolate.
RICABDO P.\l,~l.\.•,

¡Oh ~¡ prín~ipe encantado de pupilas misteriosas!
Son roc10 de diamantes tus palabras cariñosas
Y en el campo yermo y triste que las penas ag~staron
A su influjo hermosas flores sus botones reventaron. '
¡Oh. tú, ::\fago de mis noche~, el de negro ferreruelo!
Necesito adormecerme bajo el tibio terciopelo
Y apoyando mi cabeza en tu pecho noble y filerte
Brote el ósculo supremo de mis nupcias cgn la mu~rte.
JULIA.

}1érida, Yucatán, E,nero de 1096.

w

Te ví una sola vez pero mi mente
te estará contemplando eternamente.
Purifica el olor de la opulencia
cuando huele ,í tomillo la indigencia.
Es tu historia en mi vida entremezclada
una sombra, en la sombra conden.zada.
C.DfPO.\MOR.

�60

DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

.,

EL DA)(TE F~'- 111EXICO.-Eu camino para el lnfierno-:\Iatlns Cum¡,li&lt;ln ,e aproxima.

~ L DAN T ~ ~N l'tIEXICO.'

ahí encontraba un iª alas de sombrero. Ko dudé un punto, al avanzar unos
manzano ceñido por cien metros más, llegó hasta mí un ª?~do rum&lt;:&gt;r de colserpientes en cuyo mena un condenado vocer.ío de maldiciones y Juramentronco se veían gra- tos c~smopolitas y políglotas; una manecilla negra señ~la•
bados estos nombres: ba con el índice un rumbo, el de una vereda protegida
Adan, Bm, entre un por alambres con puas, c;inta crugiente tapizada con polcorazón traspasado vo de carbón, en cuyo extremo mirába_se una e?trada copor una flecha? El mo de caverna, y en los postes del telegrafo ~t1zados_ por
árbol del Paraíso..... el humo.se encontraban los primeros auuu~1os y avJijos,
y juntq una vid en- en un marco de canillas fósiles y con un tunbre c~rresdrina sin racimos: poñdiente cancelado"º? e~ sello de S~lomón se avm'.ba
la deN"oé quizas; más · al transeunte que un smdicato americano, había; 1\t-cho
lejos un arbusto con contrato COJl el ciel-0 para entender se con la admm1~tra·
marañas de cabellos ción de los Infiernos; de ahí, pues, que todos aquellos
de Absalon; y otro anuncios estuvieran en Inglés, de ahí que al acercarm_e
con una cuerda de más y más á la mansión triste_y súcia oyera palabrota~ d1 ·
ahorcado: la de [Ju- chas por soeces negros, de ahí que ~e _asaltara un su¡eto
das; y la encina real de camisa roja y tirantes de luto ofre.::té_ndome un carro
de Luis XIY; v el de Express porque aunque corto el cammo era muy peahuehuete de la·xo- noso.
che Triste; y un po·
Quise retroceder pero ya no.me dejarón, un vigía h~bre leprdso acribilla- bía (:lado aviso de mi presencia; dos agentes, en obseqw.o
do de heridas de ma- de la verdad muy comedidos, me hablaron algo que no
chete y puiial y arma entendí; comprendiendo mi origen me llevaron c~n un
de fuego; un infeliz intérprete que me tomó del brazo y me preguntó s1 ~nía
leproso sin corteza á boleto. Este amable sujeto me hizo favor de traducirme
trechos, con colgajos los letreros fijos en los árboles, en los muro~,. en las fa.
de oropel y depúrpu- chadas y en algunos puestos cercanos, me d1J_o ll~J?arse
ra y de paño militar Torquemada, ser inventor de no sé cuántos suplicios y
y de piel humana: el me dió pormenores.
.
,írbol de la libertad
Había que dejar toda clase de abrigos; al Infierno, porsin duda, mal trecho
que en el Infierno estaba, no podía irse sino en paiios
á través de los simenores. A últimas fechas se había creado la guardarroglos.
8i hubiera olido á pía y se toleraban pe9-neiios co_mercios como _por ejemazufre, á pez hirvien- plo el de trocitos de hielo, abamcos ~e palma, !1monadas,
te ó plomo fundido naranjas, con tal que no se llevara s1110 un e~emplar de
quizá me hubiese su- cada cosa. Podía á precios módicos entrará pie, tomar el
puesto en el territo- descensor, ó una líuea muy incómoda de montañas rurio infernal, pero:nó, sas; había 9-ue firmar en el registro, retratarse, ser idenla ráfaga tan pronto tificado, fi.hado, pesado, esculcado, numerado, etc.
Ya no es el Intierno lo que era antes amigo ~o, estaheladacomo:Un viento polar, tan pron- mos á la última moda. Ya usted á ver co~as curiosas coto quemante como mo no las alcanzaron 'Dante y sus imitadores. Aqui nos
anuncio de simo1m, paramos porque tienen que recibirnos los delega~os del
arrastraba olores di- Consejo Superior de 8alubridad por aquello del tifo y la
versos de éter, de desinfección 6 la falta de vacuna y habremos de esperar
cloroformo, de taba- á los vistas de ,\duana. Quítese usted el sombrero por
co, de ajenjo, de tru- que ese es uno delos Jefes. Y no hay más novedad-dijo
fas, la más insi~ne é el recien I-legado-que esta alta mi Coranel.
ilógica asociacion de
( Contin11ará),
emanaciones disonantes, seguí avanzando, y él calor crecía, el cierzo tomaba
otro rumbo pues me
hería el rostro una
bocanada de hornaza; mirábanse en el
lodo carbonoso huellas delatoras, pisadas humanas, zureos
Todo en amor es triste,
de rvedas, veredas
mas, triste y todo, es lo mejor que existe.
ah ondadas por bicicleta y signosvisibles
C.A~IPOA~10R.

l&gt;OMlNGO 24 DE EN ERO DE 1897

A la niña Sara Moguel y Rosas.

CAPULLO

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¡Cómo deben reírse de Leonidas nuestros gobiernos!

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clt&gt; luchas y arrastramientos pues mirábanse aquí y alhí
botones. de paletó, trozos dti tirante, puño;; clti camisa,
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( CO:-TJXUA,)

No podía orientarU1e; desperté, ó
más bien dicho, volví en mf, aturdido y magullado entre las madejas
de un breiial; las ramas tenían escrecencias color de a.mfre: busqué
á diestra y siniestra, ni e I rastro siquiera de una vía ferrea; ví al cielo, neirura impenetrable; quise retroceaer, una valla de malezas coronadas de púas Ille cerró el paso,
y á pesar de la profunda noche yo
veía, díjerase que cuanto me rodeaba tenía una luz propia, si es que
luz puede llamarse á la fosforescen- ·
cia extraña que baiiaba los objetos:
árboles, árboles inmensos, siempre
árboles, pero de forma tan bizarra,
con actitudes tales, que más que
ejemplares de una flora parecrnn
producciones en las fronteras del
mundo animal, porque aquellos inmensos colosos teníall. fis~&gt;llonomfa; en sus ramas se adivinaba la
anatomía de un trazo inmobilizado, negro como el miembro convertido en carbón por súbito cataclismo; en sus troncos· el escorzo
violento de un hombre que pugnara por desasírse ó huir de tremenda
eujeción; en sus raíces la contracción de un pie deformado cuyas
uñas hincadas en el suelo hubieran
siilo afianzadas por la roca; algunos se elevaban al cielo sin una hoja, .como manoJos de nervios petrificados por el dolor; otros lloraban
madejas cano~as; muchos desaparecían bajo un follaje enfermo que
parecía azotarlos, y en cada uno
se pintaba la escena final de una
tragedia, y ,i medida que mis ojosfatónito~ ~e fija'&gt;an en
t?dos, _de5&lt;?ubría más y más pormenores, pensaba t·n cn~11c1denc1as rnesperadas ¿que b"sque era a;¡nel, Dios mio?
¡qué bosque terrífico! qué bosque de expiación, pues que

Po;r .A.. C .

10anza de sa lón para piano.

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VIAJE DE UN REPORTEA.

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EL MUNDO

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�DOMINGO 24 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

I,A HADA AMOROSA.

Dime, Xinón, ¿escuchas cómo bate en los vidrios la llu•
via de Diciembre? Qutsjase el viento en el largo corredor.
Noche es desapacible, una de tantas en las que el pobre
tirita á la puerta de el rico que el baile arrebata en sus
danzas baJo las domdas arañas. Deja tus zapatitos de ra·
so, ven 1i sentarte en mis rodillas cerca del encendido
atrio. Deja tu preciado prendido, que he de contarte
esta noche un hermoso cuento de hadas.
Sábete Ninón, que era en antiguos tiempos, en lo alto
de una montaña, un vetusto castilllo sombríó y lúgubre.
Yolvíase todo torreones, murallas, puentes levadizos cargados de cadenas; hombres cubiertos de hierro velaban
noche y día en las almenas, y únicamente los soldados
recibían buena acogida del sefior del feudo, el conde Enguerreando.
Si hubieses vistv al anciano guerrero, paseando sus extensas galerías, si hubieras escuchado la pujanza de su
breve y amenazadom voz, temblado habrías de espanto,
cual de espanto temblaba Odeta, su sobrina la piadosa y
linda damisela. ¿Xo reparaste nunca al alba cómo se abre
una margarita á los primeros besos del sol, entre ortigas
y zarzas? Pues así se desarrollaba la joven entre aquellos
rudos caballeros. Cuando siendo nifia, se le presentaba
su tío, á lo mejor de sus juegos, deteníase v los ojos se
hinchaban de higrimas. Ahora que era ya esbelta y bella;
llenábasele el pecho de vagos supiros; y espanto más
hondo la sobrecogía siempre que aparecía á su vista el
sefior Enguerrando.
Moraba en separada torrecila ocupada en bordar lucientes pendones, descansando del trabajo en la. oración,
contemplando desde su ventana. la esmeralda. del campo
y el azul de los cielo!'. ¡Cuántas veces, abandonando el
lecho por la noche, había mirado las estrellas! y 1cuántas
su corazón de diez v seis abriles se había eleva.do hacia
el ceruleo palio, preguntando á sus radiantes hermanas
lo que de tal modo podía agitarla! Tras estas noches sin
sueño, tras estos transportes de amor; tentaciones tenía de
suspenderse al cuello del anciano caballero. Pero una pa·
labra dura, una fría mirada la paralizaban, y, temblorosa, recogía la. aguja. ¡Oh! Ninón, ¡compadeces á la pobre
doncella! Era cual fresca y embalsamada flor que ve su
brillantez y aroma desdefiados.
Un día, la desolada Odeta, que seguía con la vista dos
tórtolas errantes, ovó u na voz suave á los pies del casti•
llo. Inclinando su trente vió á un apuesto doncel que reclamaba la hospitalidad cantando. Escuchó, sin lograr
comprender las palabras, pero la dulce voz la. oprimía el
seno, y el llanto corría, lento, por sus mejillas humedeciendo una rama de mejorana. que tenía en la mano.
El castillo no se abrió y un hombre de armas gritó desde una almena:-,,Retiraos, sólo hay aquí guerreros.» Seguía mirando Odeta, y dejó caer el tallo de mejorana.que
fué á dar á las plantas del mancebo. El cual, alzando el
rostro, viendolla cabecita rubia, besó el ramo y se alejó,
no sin volverse ¡Í cada paso.
Cuando hubo desaparecido, echada. en su reclinatorio,
oró largó tiempo Odeta, dando gracias á los cielos sin que
supiera por 9ué¡ sentíase jubilante, aunque ignorase la
causa de su jubilo.
Hermoso ~ueño tuvo aquella noche. Creyó ver el tallo
de mejorana que arrojara. Con despacio, de las trémulas
hojas surgió una hada, una hada toda gracia, con dos alas
de llama, corona de miosotis y larga falda verde, color de
esperanza.
-Odeta, dijo· con harmonioso acento, yo soy la hada
Amorosa, y yo te envié esta mañana á Loís, el doncel de
voz suave: yo soy quien vió tu llanto y ha querido secarlo. :\Ii sino es andar el mundo recogiendo corazones y
uniendo lo~ que suspiran. Yisito chozas y palacios y á
menudo me ha encantado unir el cayado al cetro de los
reyes. Flores vierto á las plantas de mis protegidos y los
encadeno con tan brillantes y preciosos hilos que sus corazones tiemblan de gozo. Moro en las hierbas de las
sendas, en los relucientes tizones del atrio, allá en invierno, en las cortinas del lecho marital, y allf, do poso el pié,
brotan los besos y las cántigas tiernas. No llores más,
Odeta; soy Amoro~a, la hada amable, y vengo á secar tu
llanto.
Y se ocultó en la flor que, cerrando el broche, fué de
nuevo capullo.
Bien sabes tu, ¡oh! Ninón, que la ha.da Amorosa existe.
Mírala bailar en nuestro hogar y compadece á los pobres
que no crean en mi hermosa hada.
Al despertar Odeta, iluminaba el cuarto blanco rayo
de sol, a.lz,ibase en los aires el cantar de un pájaro, y el
viento matutino acariciaba sus doradas trenzas, perfumado con el primer be~o que dado había á las flores. Levan•
tóse la vírgen contenta, pasóse horas cantando, confiada
en lo que la dijera la hada. De vez en cuando contemplaba el campo, sonriendo á los fugaces pajaritos, movida por
arranques que la hacían brincar y dar palmadas.
Al caer la noche bajó á la grande sala. del castillo, donde, junto al conde Enguerrando, un caballero escuchaba
la voz del viejo. Tomó la rueca, sentóse ante el atrio donde cantaba un grillo y el hueso de mar.fil giró con rapidez
entre sus dedos. Metida en su trabajo, dirigió la vista al
caballero, descubrió entre sus manos el ramo de mejorana y reconoció á Loís el de la voz suave. A punto estuvo
de exhalar un ¡ay! de júbilo. Para ocultar su rubor se
inclinó hacia las cenizas y removió los tizones con larga
vara de hierro. El brasero chisporroteó, retociéronse las
llamas, luminosas chispas crujieron, y de pronto entre
ellas, apareció Amorosa, solícita y sonriente. Saciidió de
su falda verde las partículas inflamadas que corrían por
la seda, cual lentejuelas de oro; de un vuelo entró en la.
sala, yendo, invi"i ble para el conde, tí situarse tras los jóvenes. Y allí, mientras el viejo caballero refería tremebundo comb:\te contra los infieles, díjoles blandamente:
Amaos, 1:riatur-.1" mías.. Deja~ los recuerd?s á la vejez
austera, de¡adle la,; narraciones Junto á los tizones rojos.
Qne sólo el rumor de vuestros besos se mezcle al chisporroteo de la llama. Tiempo habr-á luego de endulzar vuestras penas recordando estas tan dulces horas. Cuando se

ama. á lo&amp;diez y seis años es inútil la voz; vale un largo
discurso una mirada. Amaos, criaturas mías, dejad que
hablen los viejos.
Y los ocultó con sus alas de tal modo que, el conde, que
explicaba como el gigante Buch, Testa de Fierro fué occiso con un tajo terrible de Giralda, la pesada espada, no
vió que Loís besaba. por primera vez la. frente de Odeta,
trémula.
Tengo que hablarte, Ninón, de las hermosas alas de mi
hada. Amorosa. Eran cual el cristal transparentes y ténues
como de abejorro. Pero, cuando dos amantes se hallaban
en peligro de ser vistos, crecían y se tornaban tan obscuras y tupidas, que detenían las miradas, sofocaban el ruido de los besos. Así fué que el anciano prosiguió mucho
tiempo su relato y mucho tiempo acarició Loís á Odeta,
en las barbas del malvado conde.
¡Oh! ¡Dios de Dios, qué hermosa.e alas eran! Ha.nme
dicho que, á veces, las hallan las doncellas, y más de una
vez se ocultan así de sus parientes. ¿Será verdad, Ninón?
Cuando hubo acabado el conde su tan largo relato, desapareció en las llamas la hada Amorosa, y se marchó J;,oís
dando gracias al huésped, enviando á Odeta un último
beso. Tan feliz durmió Odeta aquella noche, que soñó con
montafias de flores alumbradas por millares de astros,
más fulgentes que el sol cada uno de ellos.
'-Al~otro· día bajó al jardín, btL~cando las gl;;riefas-obscu:
ras: encontróse á un guerrero que saludó, é iba ú. alejarse
cuando vi6 entre sus manos el ramo de mejorana bañado
en llanto. Y de nuevo reconoció á Loís, el de la voz suave, que acababa de entrar en el castillo merced á otro
disfraz. IIízola sentar en un banco de musgo cercano de
una. fuente, y los dos se miraban exMticos de verse en
pleno día. Óantaban las currucas v sentíase en el aire
que por allí vagaba el hada bondadósa. No te diré cuantas palabras escucharon los discretos robles; era gozoso
ver charlará los enamorados; tanto duró que it un piíjaro
en un zarzal vecino, le sobró tiempo para hacerse un nido. De súbito resonó en la senda el paso del sefior Enguerrando y temblaron los dos amantes. Pero cantó más dulcemente el agua de la fuente, y Amorosa salió solícita y
sonriente de la clara linfa del manantial. Rodeó á los
amantes con sus alas y con ellos se deslizó ligera, pasando
junto al conde, sorprendido de haber o ido dos voces y de
no ver á nadie.
Meciendo á sus protegidos; les decía:-Soy la que pro·
tege los amores, la 9,ue cierro los ojos y los ofdos de los
que ya no aman. Nada temais, enamorados: amaos en
pleno día, en las sendas, junto á las fuentes, de quiera os
halléis. Y o velo por vosotros. Dios me ha mandado al
mundo para que los hombres, burladores d., toda. santidad, no turben vuestras puras emociones. }fa ha dado mis
prestigiosas alas diciendo: «Anda y que los pechos jóvenes se regocijen.» Amaos, yo velo sobre vosotros.
Y libando el rocío, su único alimento, arrastraba en
ale¡¡;re ronda á Odeta¡ Loís, enlazadas sus manos.
Me preguntarái qu hizo de los dos amantes? En verdad amiga, no me atrevo á. decírtelo. Temo que te niegues á creerme, ó que celosa de su sino, no me pagues
mis besos. Pero te veo curiosa y me será forzoso contentarte. Sabe, pues, que la hada corrió así hasta el caer
de la noche. Cuando quiso separar á los enamorados los
vió tan tristes de separarse, que les habló en voz baja.
Parece ser que les decía. algo hermosísimo, pues sus semblantes irradiaban dicha. Y cuando ella hubo hablado
y ellos consentido, tocó lea con su varilla en la frente.
De pronto......... ¡oh! ¡~inón, que ojazos abres de
a.sombro! !Qué patadita5 darías si no acabase!
De pronto Loís y Odeta fueron convertidos en ramas
de mejorana, mejorana tan bella, &lt;J,Ue sólo un hada puede hacerla igual. Estaban tan reurudas que sus hojas se
confundían. Eran maravillosas flores que debían permanecer abiertas, trasmutando eternamente sus perfumes y
rocío. En cuanto al conde Enguerrando, se consoló, según dicen, contando todas las noches cómo el gigante
Buch, Testa de Fierro, fué occiso con un tajo terrible
de Giralda, la pesada espada.
Y ahora, vNinón, cuando ayamos al campo buscarémos
as mejoranas encantadas para. preguntarles en qué flor
se halla la hada amorosa. Tal vez amiga mía, existe una.
moral en este cuento. Pero sólo te lo he dicho sentados
ante el atrio, para hacerte olvidar la lluvia de Diciembre
que bate los cristales, é inspirarte esta noche, un poco
más de amor por el joven entusiasta.
EMILIO

ZoL.-i.•

AI. OI.VIDO

¡Oh! tú, girón del tiempo que sombrío
Ocultas los placeres del pasado...... !
¿Por qué también, olvido, no has borrado
La pena que tortura el pecho mío?
Onda negra de un mar inmenso y frío,
Si en tu seno profundo se han ahogado
Mil recuerdos de amor ¿pcir qué has dejado
Vivir los del dolor en m1 albedrío......?
¡Cuán d11lce fueras si á. la vez que matas
Las memorias felices de la mente,
Con tus sombras cubriéra.slas ingratas!

}las, ¡ay! tu honor en agotar estriba
De los recuerdos plácidos la fuente,
Para dejar la de los tristes viva!

c.

CASTILLA,

DOIWlGO 24--0E ENUO DE 1897

EL MUNDO

hardilla con tanta grandeza como
en el campo de batalla.
No desde el principio Cervantes ha
alcanzado la perfección de semejante tipo. Se comprende qu~ lo ha concebido en una carcajada y que lo ha
terminado con eternecida sonrisa.
En la primera parte del libro, el poeta maltrata cruelmente á su héroe.
Pero luE&gt;go el artista se enamoró de
la creación, la purificó y la perfeccionó en todos sentidos. Mientras
más a,·anzaDon Quijote en su noveleeca campaiía, más crece en honor,
magnanimidad y justicia; los grotescos relieves que afeaban su noble perfil, se suavizan poco á poco; sus intervalos de lucidez aumentan: pa.rnn
días enteros sin accesos. Entonces
par&lt;'cc que Yernos á. Alfonso el sabio,
recorriendo Castilla, reformando leyes y pronunciando sentencias.
En la antigua Gr!'cia, cada isla, cada comarca tenía una divinidad especial, guerrero ó campesino, agricultor ó marino, adecuada al país y
moldeada sobre el canicter de sus habitante~. Este dios indígena le llenaba con su presencia y su influencia.
Sus est:íua.~ surgían en cada encrucijada, en cada cima; su leyenda estaba mezclada con la historia, sus
oráculos llenaban las grutas, allí se
respiraba su aliento con el aire.
Ideal 6 imaginario, como los dioses de la Grecia, Don Quijote como
ellos, ha tomado posesión del país
que le ha dado el s(,r: ahí está como
la divinidad del lugar. Su largo as•
pecto no abandona al viajero que
recorre la ~lancha y las dos Castillas. La aride-.i de las grises llanuras
recuerda la flaqueza del caballero
andante; el ,lspero perfil de las rocas
que erizan la e:;treéha vereda, represéntalo en pie sobre los estribos de su
flaco corcel. :No hay molino de viento
que no parezca provocarlo, ~e busca
su lanza en el ángulo obscuro de la
posada, en que atroces maritornes
sirven el rancio jamún y el vino con
sabor á cuero que constituían sus
sobrias comidas; se cree reconocer
su bizarra silueta entre las sombras
que la humeante lámpara recorta sobre la pared. Y parece que al descorrer las cortinas de sarga de la desvencijada cama á que os conduce la
hostelera, vais á encontrar á Don
Quijote sentado allí, con los ojos
fijos, el bigote atuzado, el rostro
vendado, envuelto en su sábana, co•
mo en una mortaja, tal como apa•
reció á doña Rodríguez, ó más bien,
tal como está el Uid, sobre su sepulcral sillón.
"En San Pedro Cárdena está
embalsamado el Cid, el vencedor
invicto de los moros y de los cristia•

I.AMODA.

AUNA NIÑA.

Al&amp;unos

Purísima: las estrellas
tachonan el firmamento,
y mustias las hojas huyen
arrancadas por el cierzo.
Puro, casto y esplendente
irradia tu pensamiento
como las estrellas blancas
que brillan alla. en el cielo,
y como las hojas secas
arrastradas por el viento,
a.sí se secan mis d:as
al soplo de los recuerdos.

modelos de tocados.

Peinados y corpiños, hé
aquí el asunto de nuestra plana de hoy, lectoras. No siempre hemos de mostraros la
elegancia. y riqueza de las faldas: habríamos al&amp;una vez
de ofreceros la nota ilustrada
de los caprichos de últin,1a
actualidad, respecto á los
peinados, y ahora encontraréis modelos que de fijo satisfarán aun á las más descontentadizas. Holgaría toda
explicación viendo los grabados y por lo mismo nos
abstenemos de darla, advirtiendo sólo que hemos hecho
la mM escrupulosa selecciól)
entre los tocados más bellos
que en este invierno están en
boga en Parí~. Acompafiamos á los modelos en cuestión varios figurines de 'corpifios de la más encantadora. fantasía.

***

Yen, oh Pura, y estas hojas
darán á tu pie pequefio
pobre alfombra, si la pisas
no escucharás un lamento.
Ven conmigo, y en la playa
juntos perlas buscaremos,
y te adornaré con ellas,
y con ellas te haré versos.
Ven conmigo, ven, oh nilia
purísima.; sólo quiero
ver la risa de tu boca
que es un botón entreabierto.

*

* qué no vienes?
¿Y por qué, *
por
¿Es que acaso tienes miedo?
¡Si solo vivo la vida
punzante de los recuerdos!
Tú eres virgen, yo cansado
ya por el mundo atravieso.......
¿Es que acaso te detienen
lejanos presentimientos?
No Purísima; más tarde
cuando en tu frente, de besos
lleves el surco, haz que entonces
n unca. más nos encontremos.
Porque, entonces impelidos
por huracanes opuestos,
cual dos llamas forman una,
dos fuegos harían un fuego.
¿Por qué huirlo?...... Es que hoy ignoras.
que ese a.mor se a.paga luego
y que quedan, torturantes,
las ceruzas del recuerdo .... .... .

DON Q U IJOTE.

«Si Don Quijote no fuera
más que una caricatura, no
hubiera conqui8tado tanto el
afecto de la humanidad. L'l.
imaginación humana es, en
el fondo, triste y seria. Entre
los séres ficticios, no admite
en su intimidad máR que á
losquelaconmueveny laen•
noblecen. Los bufones, cuando tienen ingenio, son á menudo apreciados de ella, y como los reyes de la edad media, ella. les concede toda licencia y se complace en su
compañía. Pero si permane•
cen sus favoritos no vienen

.
;:

***

Hoy no temas; ven conmigo,
ven con ánimo sereno;
tú eres virgen, yo cansado
ya por el mu ndo atravieso.
Ven, la. playa nos espera.
Ven oli Pura, y dir,1: creo
q_ue hay quien viva, que bay quien ría
sm tenaz remordimiento.
J. SÁNCIIEZ AzcóN.\,

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Algunos toc ados d e a c tu a lidad.

NOCTU RNOS TROPICAI.ES.
¡DIES IRJE I

Vago rumor desciende de la sierra
Al valle solitario,
Y una nube gigante crece, crece
Y cubre todo e1 sur en vuelo raudo.
Un relámpago lívido serpea
Y azota el negro espacio,
Y un trueno inmenso su fra"'or difunde•
por las cavernas de rugiente~ antros.
De jaguares hambriento~ la jauría
Lanza aullido lejano:
Po! la terrible noche protegida,
BaJa, cobarde, al indefenso campo.
En el aduar la escucha la. vacada
y mugiendo de espanto '
Sacude la cabeza formidable
Irguiéndose y un círculo estrechando.
Anchas gotas de lluvia se desprenden,
De los cúmulus bajos,
Y despedazan su cristal vibrante
Al chocar en los áridos peñascos.
Presto desencadena todo el cielo
.
Sus aguas, que silbando
Barridas por los vientos, culebrean
Y su oleaje aéreo causa espanto.
Vuelan gemidos hondos, penetrantes,
De clamor funerario:
¡Es la danza macabra de las brujas!
¡Esel coyotl, que se lamenta aullando!
Y en medio á la terrible sinfonía
Se oye el lúgubre canto,
En la barra.oca. estrecha y tenebrosa.,
Del órgano salvaje de los cactus.
RUBEN M.

CAMPOS~

Pein ado d e Soi rée.

á ser nunca sus amigos. Cierto desprecio se-mezcla á la
· ªlegría q ne inepiran: regocijan el espíritu pero el corazón
les queda cerrado. La. desgracia que el viejo Falstaff sufre
no enternece á nadie; puede Panurgo ahogarse con sus
carneros sin conmovernos; y la agonía de Scapin, en la
comedia de Moliére, aun cuando fuera real y no fingida no
entrietecería ni un momento la alegría de sus Embmtes.
~1:1 Quijote, al contrario, nos conmueve á la vez que nos
divierte¡ se hace respetar al hacernos reir, y los burlones
•endurecidos compadecen secretamente sus infortunios.
Es que e l valiente Caballero de la :\lancha oculta. el
alma. de un héroe bajo el saco de un loco, y q~e sus actos mM ab~urdos no son más que la desviación de una
idea sublime. Protegerá los débiles, castigará los malva·d?s, enderezar entuertos, desfacer agravios, ejercer la. magistratura del acero vengador en todos los caminos reales
de la v~da hum:llla: he aquí el programa de su empresa.
Sus qmmeras tienen el vuelo de las águilas su locura se
cierne sobre él con las alas de la victoria. '
Tal es Don Quijote, el ideal hecho carne, la abstracción
hec~a hombre. Sobre la visera de su grote~t-0 casco está
escnto un desafío al mundo exterior: •¿Qué hay de nueV!) entre ':ºs&lt;;&gt;tros y yo? La realidad se,venga del desprecio que pubhcamente, tiene para ellas con crueles repre-

,

salias: detiene con los más
viles obsMculos sus más
arrogantes empujes: vuelve poh•o sus más hermo·
sas visiones. Todos sus
sueños se derrnmban, sus
fantasmas se désfiguran.
Toma una sórdida venta
por un magnífico :palacio
y á horroro!'as ::IIaritomes
por una deslumbradora
sultana. Cada hazafia termina en revuelta indescriptible: conquista una
bacía, pro,·oca uno~ molinos de \'iento, revienta
unos cueros, hace pedazos unos manequíes, vence clérigos y monje~. El
peligro, aun cuando es serio, no lo toca: los leones
de quienes abre la jaula,
le vuelven desdefiosamente la espalda, los toros lo pisotean sin darle
conloscuernos. "Veáque
te maten á otro parte!"
Así parece que le dicen
las cosas ó los séres provocados por él. La fatalidad corresponde á las
estocadas con palizas.

.

M odelos de prendas pa ra rec e pción.

Es~ es ~do: s.embrando absurdos beneficios, recoge inmerec1da mgra.t1tud. Las falsas víctimas de que se declara defensor se vueh•en contra él con irritados semblantes. Sancho sólo se engaña durante una hora. Don Quij&lt;;&gt;te desde _el principio hasta el fin de la. cruzada, salta hacia lo sublime y cae sobre el ridículo.
Y sin embargo, el Ca.ballero de la ::lfancha sigue siendo
noble Y grande en medio de las decepciones que lo abru•
Il;lan. BurlM~o por todos, es in\,ilnerable ante el desprecio. To~o miente en su derredor excepto su valor. Con
el heró1co furor de un valiente de Romantesco se baiia
en la sangre de los cueros; cae en el piso d~ una bo-

nos. Está sentado en su sillón; su noble y valiente persona ha sido vestida y adornada; su rostro lleno de gra.vedad, esta descubierto. Tiene á su lado su famosa espada Tizona. No parece muerto sino vivo y muy honrado.
PABLO DE SAIXT VICTOR.

Vivimos con nuestros defectos como con los perfumes
que llevamos encima: ya ni siquiera los sentimos; y sólo
incomodan á los demás.
.Mad. de Lambert.

�EL MUNDO

PAGINAS CURIOSAS
EL POLVO EN LA NATURALEZA.

Sin polvo no veríamos azul el firmamento; el cielo estaría más negro que en noches sin luna. En ese fondo
obscuro brillaría el sol con aguda intensidad, y la superficie de la tierra estaría caracterizada por vivos contrastes
de luz intensa y obscuridad profunda. La luna y las estrella&amp;--viaibles durante el día-apenas podrían mitigar
un tanto esos cambios bruscos. La iluminación de la tierra sería semejante á la que se observa en la luna, cuando se la mira por un telescopio; porque en nuestro satélite no exie:te envoltura atmosférica y no hay, por consiguiente, polvo en suspensión.
Al polvo que flota en nuestra atmósfera debemos del
todo el goce de una luz suave y uniforme-para la cual
están nuestros órganos visuales adaptados especialmente
-y nada contribuye más :í la belleza y varied~d de los
paisajes que ese mismo menudo polvo.
- Acabamos de ver cómo el polvo hace luminosa toda la
bóveda celeste. pero falta explicar por qué se reflejan de
preferencia los rayos azules de la luz blanca del sol, mientras que los verdes, amarillos y rojos casi no sufren esa
perturbación. Todo depende del tamaño de las partículas
de polvo que flotan en el aire. Las corrientes aéreas, apenas tienen fuerzas para llevar á todas las capas atmosféricas las mils menudas partículas, y solamente éstas son
las de significación en el fenómeno eri cuestión.
Basta en efecto, considerar el mecanismo de la luz y la
brevedad y ~quefiez de las olas del éter, que constituyen la esencia de aquella. Esae olas varían muchísimo en
longitud, aunque todas son de tamafios microscópicos.
El menudo polvo atmosférico contiene muchas partículas
suficientemente grandes para reflejar las olas cortas del
éter, características del color azul, mientras que se encuentran pocas apropiadas para reflejar las olas correspondientes al verde y al amarillo, y más raras aún las
que podrían quebrar las largas olas etéreas del color rojo.
De aquí que la luz roja pase por la nube tenue de polvo
que nos circunda y nos envuelvei sin que sufra mayor alteración. Los rayos azules, por e contrario, son interceptados y esparcidos y se vuelven visibles. Por esta razón,
el más menudo polvo, y así también la atmósfera, aparecen azules.
Pocos habrán dejado de observar que la corona de humo que se forma cerca de la parte encendida de un cigarro es azúl, al p~so que el ~u~o que se exhala y pasa de
allí es blanquecmo. En el ultimo caso, "las partículas ya
unidas pueden reflejar la luz blanca. Así también, en los
campos, en días despejados, el cielo se presenta de un bello color azul, mientras que la atmósfera de las ciudades
se ve.blanquecina, ácauea de las gruesas partículas en suspenS1ón.
El intenso color azul del cielo se observa especialmente en las grandes alturas de las montañas, porque la atmósfera, enrarecida ya, apenas puede soportar partículas
de po1vo muy menudas, y si se lograra ascender lo suficie nte, hasta que desaparecieran casi por completo, se vería n egra la bóveda celeste. Cuando se dirige la vista á
0

las capas inferiores de la atmósfera, en el horizonte, todo
palidece.
Pero cabe preguntar: ¿por qué el cielo de Italia y el de
los trópicos es de un azul más intenso que en otras ~rtes? ¿Será que el pol,o es más menudo en estas localidades? A la verdad que lo es; no porque allí no se levante
pol'l"o grueso, sino porque en esos climas las partículas de
polvo pronto se saturan de humedad y se vuelven más
grandes y pesadas. Al contrario, en las regiones cálidas,
el vapor de agua no se condensa tan presto en los polvos
flotantes, y solamente se convierte en nubes cuando ha
sido arrastrado por las corrientes de aire á grandes alturas.
Réstanos considerar, sin duda, el papel más importante que desempeñan las partículas de polvo en la Naturaleza: su influencia para terminar las lluvias, por la condensación del vapor acuoso en torno de ellas, como núcleo. Se puede aceptar como hecho comprobado, que de
toda el agua evaporada por el calor solar de la superficie
de los mares, ni una sola gota vuelve á descender sin que
haya sido condensada sobre una partícula de polvo. La
demostración es sencilla. Tómese un vaso de regular tamafto y llénese de aire filtrado por un filtro grueso de algodón, hasta que todas las particulas de polvo que existen
en el aire hayan desaparecido. Diríjase luego una corriente de vapor de agua al mismo vaso, y se observará
que permanece completamente transparente, y por consigruente imvisible, sin la apariencia nublada familiar á
todo mundo. Se notará, sin embargo, que las paredes internas del vaso principian á bumedt&gt;eerse, porque el vapor se condensa ~ n ene caso á medida que se enfría. Pero si en lugar del aire purificado, se sopla aire ordinario,
cargado de polvo, inmediatamente se tormará una nube
de vapor, y poco á poco principiará 1t caer en el vaso una
lluvia menuda, debida á la pronta condensación sobre las
partículas de polvo.
Así, pues, sin polvo atmosférico no tendríamos nieblas, nubes, lluvias y nevadas; no gozaríamos de brillantes y hermosas puestas de sol; no agradaría nuestra
vista un cielo profundamente azul. La superficie misma
de la tierra; los árboles, las casas, los animales y hasta el
hombre, serían los únicos objetos en donde el vapor
acuoso vendría á condensarse, y tan pronto como el aire
ll~ra _á enfriarse lo su~cient~, todo quedaría empapado.
En invierno, todo estaria cubierto de una costra de hielo. Nuestros vestidos seeaturarían de humedad y de nada servirían abrigos y paraguas. El aiie, cargado de humedad, penetraría basta el interior de nuestras habitaciones y los muros y muebles se humedecerían contínuamente. En una palabra, el mundo que habitamos
sería enteramente distinto, si no existiera el polvo en
los espacios.
Apenas los hombres de ciencia principiaron á darse
cuenta del papel importate que desempeña el polvo en la
Naturaleza, se apresuraron á poner los medios para contar el número de partículas en un espacio dado. En Londres y en París, en la superficie, se ha hallado que un
centímetro cúbico de aire, contiene poco menos de un
cuarto ?e millón ele partfc;~las de polvo en suspensión.
En la cima de la torre de E1ffel se cuenta apenas la mitad de este número, mientras que en las cumbres más

DOMINGO

24

DE ENERO DE

1asn

el!lvadas de los Alpes, no hay sino doscientas partículas
por centrímetro. Gran parte del polvo que se encuentra
en las altas regiones de la atmósfera, es polvo cósmico,
compuesto de hierro y carbono, como los demás meteoritos.

J.

DB LA

C.

•

POSADA.

=== === ===== ==- - -

NUMERO 5.

TOMO 1,

CHA.RITAS.

A Yicente de Paul, nuestro Rey Cristo.
Con dulce lengua dice:
-Hijo mío, tus labios
Dignos son de imprimirse
En la_herida que t:l ciego
En mi costado abrió. Tu amor sublime
Tiene sublime premio: asciende y goza
Del alto galardón que conseguiste.
El alma. de Yicente llega al coro
De los alados Angeles que al triste
2\fortal custodian: eran más brillantes
Q~e los celestes astros. Cristo, sigueDi¡o al amado espíritu del Santo.y e entonces la región en donde existen
Los augustos Arcángeles, zodiaco
~ di:1-mantina nieve, indestructible
EJército de luz y mensajeras
Castas palomas ó águilas insignes.
Luego la majestad esplendorosa
Del coro ~e. los Príncipes
Que las d1vmas órdenes realizan
Y en el humano espíritu presiden;
El coro de las altas Potestades
Que al torrente infernal levantan diques·
El coro de las místicas Virtudes
'
Las huellas de los mártires
'
Y las intactas manos de las vírgenes·
El coro prestigioso
'
Delas Dominaciones que dirigen
Nuestras almas al bien, y el coro excelso
De los Tronos insignes,
Que del Eterno el solio
Cariátides de luz indefinible,
Sostienen por los siglos de los siglos,
Y el coro de Querubes que compite
Con la antorcha del sol.
Por fin, la gloria
De teológico fuego en que ee erigen
Las llamas '\ivas de inmortal esencia.
Cristo al Santo bendice
Y así penetra el Serafín de Francia
Al coro de los ígneos Serafines.
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ED.PINIUD

loe grandes artistas son poco habladores.

En Zuric~ ha podido yerse al gran poeta G. Keller, y
al célebre pmtor Ronckm, sentados uno junto al otro en
el café, pasar horas enteras sin pronunciar más que diez
ó doce palabras.
Mr. A. Zullivan refiere lo mismo de Rubinstein.
-Una noche-dice-fuí á visitará Rubinstein al hotel
donde se hospedaba. l\Ie dió un apretón de manos salimos á una galería, me dió un cigarro de papel, nos ~ntamos uno fren_te al _otro, en cómodas. mecedoras; después
de un largo silencio pregunté á Rubmstein:
--Os agrada mucho Beethoven, ¿no es verdad?
-Sí.

-¿YWagner?
-No.
Lu~_go seguimos meciéndonos y fumando; á las dos horas d1Je:
-Es tiempo ya de retirarme.
-No, no--conteetó Rubinstein.-¡Se habla tan á gusto
con vos!
. Me quedé y continuamos meciéndonos y fumando. Hacia la madrugada me levanté y exclamé:
-Me marcho: hemos hablado ya bastante.
Rubinstein sacó su reloj, y viendo la hora afladió:
-¡Las dos y medial.. .... ¡Es extraordinario lo pronto
que pasa el tiempo cuando se está en agradable compañía!

PARIS-37,Bou}ddeStrasbourg-PARIS

ESENCIA CUADRUPLA

Cft~ ~t/za
PERFUME ])ELIO.A...DO y PERSISTENTE

"~Iuerto á la libertad, nació á la historia
Y es eu sepulcro el templo de la gloria!n'
Un aerolito:
-Id y preguntad al mundo de que yo formé parte; que
hizo de los sepulcros -de sus sabios y de sus héroes.

G.

GA:RCIA HAM!LTO~••

crrcrkicnes

ae

Gmor.

�</text>
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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>EL MUNDO

PAGINAS CURIOSAS
EL POLVO EN LA NATURALEZA.

Sin polvo no veríamos azul el firmamento; el cielo estaría más negro que en noches sin luna. En ese fondo
obscuro brillaría el sol con aguda intensidad, y la superficie de la tierra estaría caracterizada por vivos contrastes
de luz intensa y obscuridad profunda. La luna y las estrella&amp;--viaibles durante el día-apenas podrían mitigar
un tanto esos cambios bruscos. La iluminación de la tierra sería semejante á la que se observa en la luna, cuando se la mira por un telescopio; porque en nuestro satélite no exie:te envoltura atmosférica y no hay, por consiguiente, polvo en suspensión.
Al polvo que flota en nuestra atmósfera debemos del
todo el goce de una luz suave y uniforme-para la cual
están nuestros órganos visuales adaptados especialmente
-y nada contribuye más :í la belleza y varied~d de los
paisajes que ese mismo menudo polvo.
- Acabamos de ver cómo el polvo hace luminosa toda la
bóveda celeste. pero falta explicar por qué se reflejan de
preferencia los rayos azules de la luz blanca del sol, mientras que los verdes, amarillos y rojos casi no sufren esa
perturbación. Todo depende del tamaño de las partículas
de polvo que flotan en el aire. Las corrientes aéreas, apenas tienen fuerzas para llevar á todas las capas atmosféricas las mils menudas partículas, y solamente éstas son
las de significación en el fenómeno eri cuestión.
Basta en efecto, considerar el mecanismo de la luz y la
brevedad y ~quefiez de las olas del éter, que constituyen la esencia de aquella. Esae olas varían muchísimo en
longitud, aunque todas son de tamafios microscópicos.
El menudo polvo atmosférico contiene muchas partículas
suficientemente grandes para reflejar las olas cortas del
éter, características del color azul, mientras que se encuentran pocas apropiadas para reflejar las olas correspondientes al verde y al amarillo, y más raras aún las
que podrían quebrar las largas olas etéreas del color rojo.
De aquí que la luz roja pase por la nube tenue de polvo
que nos circunda y nos envuelvei sin que sufra mayor alteración. Los rayos azules, por e contrario, son interceptados y esparcidos y se vuelven visibles. Por esta razón,
el más menudo polvo, y así también la atmósfera, aparecen azules.
Pocos habrán dejado de observar que la corona de humo que se forma cerca de la parte encendida de un cigarro es azúl, al p~so que el ~u~o que se exhala y pasa de
allí es blanquecmo. En el ultimo caso, "las partículas ya
unidas pueden reflejar la luz blanca. Así también, en los
campos, en días despejados, el cielo se presenta de un bello color azul, mientras que la atmósfera de las ciudades
se ve.blanquecina, ácauea de las gruesas partículas en suspenS1ón.
El intenso color azul del cielo se observa especialmente en las grandes alturas de las montañas, porque la atmósfera, enrarecida ya, apenas puede soportar partículas
de po1vo muy menudas, y si se lograra ascender lo suficie nte, hasta que desaparecieran casi por completo, se vería n egra la bóveda celeste. Cuando se dirige la vista á
0

las capas inferiores de la atmósfera, en el horizonte, todo
palidece.
Pero cabe preguntar: ¿por qué el cielo de Italia y el de
los trópicos es de un azul más intenso que en otras ~rtes? ¿Será que el pol,o es más menudo en estas localidades? A la verdad que lo es; no porque allí no se levante
pol'l"o grueso, sino porque en esos climas las partículas de
polvo pronto se saturan de humedad y se vuelven más
grandes y pesadas. Al contrario, en las regiones cálidas,
el vapor de agua no se condensa tan presto en los polvos
flotantes, y solamente se convierte en nubes cuando ha
sido arrastrado por las corrientes de aire á grandes alturas.
Réstanos considerar, sin duda, el papel más importante que desempeñan las partículas de polvo en la Naturaleza: su influencia para terminar las lluvias, por la condensación del vapor acuoso en torno de ellas, como núcleo. Se puede aceptar como hecho comprobado, que de
toda el agua evaporada por el calor solar de la superficie
de los mares, ni una sola gota vuelve á descender sin que
haya sido condensada sobre una partícula de polvo. La
demostración es sencilla. Tómese un vaso de regular tamafto y llénese de aire filtrado por un filtro grueso de algodón, hasta que todas las particulas de polvo que existen
en el aire hayan desaparecido. Diríjase luego una corriente de vapor de agua al mismo vaso, y se observará
que permanece completamente transparente, y por consigruente imvisible, sin la apariencia nublada familiar á
todo mundo. Se notará, sin embargo, que las paredes internas del vaso principian á bumedt&gt;eerse, porque el vapor se condensa ~ n ene caso á medida que se enfría. Pero si en lugar del aire purificado, se sopla aire ordinario,
cargado de polvo, inmediatamente se tormará una nube
de vapor, y poco á poco principiará 1t caer en el vaso una
lluvia menuda, debida á la pronta condensación sobre las
partículas de polvo.
Así, pues, sin polvo atmosférico no tendríamos nieblas, nubes, lluvias y nevadas; no gozaríamos de brillantes y hermosas puestas de sol; no agradaría nuestra
vista un cielo profundamente azul. La superficie misma
de la tierra; los árboles, las casas, los animales y hasta el
hombre, serían los únicos objetos en donde el vapor
acuoso vendría á condensarse, y tan pronto como el aire
ll~ra _á enfriarse lo su~cient~, todo quedaría empapado.
En invierno, todo estaria cubierto de una costra de hielo. Nuestros vestidos seeaturarían de humedad y de nada servirían abrigos y paraguas. El aiie, cargado de humedad, penetraría basta el interior de nuestras habitaciones y los muros y muebles se humedecerían contínuamente. En una palabra, el mundo que habitamos
sería enteramente distinto, si no existiera el polvo en
los espacios.
Apenas los hombres de ciencia principiaron á darse
cuenta del papel importate que desempeña el polvo en la
Naturaleza, se apresuraron á poner los medios para contar el número de partículas en un espacio dado. En Londres y en París, en la superficie, se ha hallado que un
centímetro cúbico de aire, contiene poco menos de un
cuarto ?e millón ele partfc;~las de polvo en suspensión.
En la cima de la torre de E1ffel se cuenta apenas la mitad de este número, mientras que en las cumbres más

DOMINGO

24

DE ENERO DE

1asn

el!lvadas de los Alpes, no hay sino doscientas partículas
por centrímetro. Gran parte del polvo que se encuentra
en las altas regiones de la atmósfera, es polvo cósmico,
compuesto de hierro y carbono, como los demás meteoritos.

J.

DB LA

C.

•

POSADA.

=== === ===== ==- - -

NUMERO 5.

TOMO 1,

CHA.RITAS.

A Yicente de Paul, nuestro Rey Cristo.
Con dulce lengua dice:
-Hijo mío, tus labios
Dignos son de imprimirse
En la_herida que t:l ciego
En mi costado abrió. Tu amor sublime
Tiene sublime premio: asciende y goza
Del alto galardón que conseguiste.
El alma. de Yicente llega al coro
De los alados Angeles que al triste
2\fortal custodian: eran más brillantes
Q~e los celestes astros. Cristo, sigueDi¡o al amado espíritu del Santo.y e entonces la región en donde existen
Los augustos Arcángeles, zodiaco
~ di:1-mantina nieve, indestructible
EJército de luz y mensajeras
Castas palomas ó águilas insignes.
Luego la majestad esplendorosa
Del coro ~e. los Príncipes
Que las d1vmas órdenes realizan
Y en el humano espíritu presiden;
El coro de las altas Potestades
Que al torrente infernal levantan diques·
El coro de las místicas Virtudes
'
Las huellas de los mártires
'
Y las intactas manos de las vírgenes·
El coro prestigioso
'
Delas Dominaciones que dirigen
Nuestras almas al bien, y el coro excelso
De los Tronos insignes,
Que del Eterno el solio
Cariátides de luz indefinible,
Sostienen por los siglos de los siglos,
Y el coro de Querubes que compite
Con la antorcha del sol.
Por fin, la gloria
De teológico fuego en que ee erigen
Las llamas '\ivas de inmortal esencia.
Cristo al Santo bendice
Y así penetra el Serafín de Francia
Al coro de los ígneos Serafines.
RUD!l:N D..uúo.

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ED.PINIUD

loe grandes artistas son poco habladores.

En Zuric~ ha podido yerse al gran poeta G. Keller, y
al célebre pmtor Ronckm, sentados uno junto al otro en
el café, pasar horas enteras sin pronunciar más que diez
ó doce palabras.
Mr. A. Zullivan refiere lo mismo de Rubinstein.
-Una noche-dice-fuí á visitará Rubinstein al hotel
donde se hospedaba. l\Ie dió un apretón de manos salimos á una galería, me dió un cigarro de papel, nos ~ntamos uno fren_te al _otro, en cómodas. mecedoras; después
de un largo silencio pregunté á Rubmstein:
--Os agrada mucho Beethoven, ¿no es verdad?
-Sí.

-¿YWagner?
-No.
Lu~_go seguimos meciéndonos y fumando; á las dos horas d1Je:
-Es tiempo ya de retirarme.
-No, no--conteetó Rubinstein.-¡Se habla tan á gusto
con vos!
. Me quedé y continuamos meciéndonos y fumando. Hacia la madrugada me levanté y exclamé:
-Me marcho: hemos hablado ya bastante.
Rubinstein sacó su reloj, y viendo la hora afladió:
-¡Las dos y medial.. .... ¡Es extraordinario lo pronto
que pasa el tiempo cuando se está en agradable compañía!

PARIS-37,Bou}ddeStrasbourg-PARIS

ESENCIA CUADRUPLA

Cft~ ~t/za
PERFUME ])ELIO.A...DO y PERSISTENTE

"~Iuerto á la libertad, nació á la historia
Y es eu sepulcro el templo de la gloria!n'
Un aerolito:
-Id y preguntad al mundo de que yo formé parte; que
hizo de los sepulcros -de sus sabios y de sus héroes.

G.

GA:RCIA HAM!LTO~••

crrcrkicnes

ae

Gmor.

�"EL MUNDO"
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MÉXICO

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cuadro palpitante, impregnado de obscuros manchones,
que no ha agradado á. los chauvini8teS franceses, y que tampoco será del agrado de ciertos periodistas extranjeros
residentes en nuestra República.
Es cierto, dic.:: Fouquier en las columnas del Fígaro, este
cuadro se horrible. ¿Pero por qué rehusarse á verlo? ¿Porqué atenuar los colores? El patriotismo no consiste en
ocultar los defectos de un hombre, los desalientos de un
ejército, de un pueblo entero. Xegar la falta es propio de
la debilidad de los niños. Lo viril es reconocerla, expiarla y repararla.
Estas enérgicas frases indican que ya principia á abrirse
paso, it través de arraigados prejuicios sociales la voz de
la verdad, que es la única que debe informar al patriotismo de buena ley, sincero y robusto.

QH cDl.cta10 bd gigantr.

Es indudable que la proximidad de los Estados Unidos
ha de influir por modo poderoso en el desarrollo material, económico y político de nuestra República. La nación vecina no es solamente un amplio mercado de conRÉGISTRADO OOMO ARTÍCULO DE SEGt:XD.\ CLASE.
sumo para los productos nacionales, sino también un foco de aonde recibimos buenas ráfagas de luz. )Iéxico se
«Agentes exclusivos para los Estados Unidos y Canadá encuentra füicamente colocado en condiciones ventajoThe Spanish American Newspaper Company, 136 Liber- sas para aprovecharse de una civilización que, dígase lo
ty St. New York, E. U.»
que se quiera, y hecho el balance entre las cantidades positivas y las negativas de la cuenta corriente abierta por
esta nacionalidad al progyeso, siempre arroja un saldo
favorable.
Inyecciones saludables de capitales americanos han venido á. difundirse por nuestras arterias sociales, que de.Sitmpre tl jocobinhnno.
vuelven en oleadas de riqueza pública las energías que
les han sido transmitidas. Las enseñanzas de un pueblo
Un diario de esta Capital acaba de acusar de inconRe- fortalecido en el trabajo, repleto de actividades, diligente
cuencia á otro colega, que, habiendo elogiado sinceramen- y luchador por la existencia, al ponerse en contacto con
te el nuern plan de estudios de la Escuela Preparatoria, nuestra anemia tradicional, ha de arrancarnos de ese maha expresado sus temores de que el tiempo asignado á. ca- rasmo en que yacemos, y en la lucha de la competencia,
da materia no baste para adquirir un conocimiento com- el trabajo mexicano ha de salir fortalecido y sano.
pleto. Es un vicio de nuestro caTácter no admitir sino
Y este fenómeno ya lo estamos observando: al alicienuna aduú1•r,1·i6n inrondicional ó una feroz intolcranrin hacia te de una demanda creciente de productvs mexicanos
toda mate1iade opinión por la prensa. Los periodistas es- hemos visto ensancharse la labor de los campos, los sala:
tán obligados á mostrarse de un horrible radicalismo, sea rios ameritan su tipo, se incorporan nuevos capitales á
en pro ó en contra de determinada idea, y el que se per- la tierra, y los cuadros de exportación acusan una alza
mite el lujo de desviarse un cienmilímitro de esta lfnea constante.
de conducta, trazada de antemano por una ley inflexible,
Y si en el campo econó1nico la influencia americana se
como una varilla de acero, corre el riesgo de ser envuel- traduce en un movimiento en pro de la .i:iqueza pública,
0
to en un proceso público como üico11. cc1u11te con sus en el terreno de la política llégannos excelentes suplos de
ideas.
un pueblo robustecido en el ejert.:icio de las instituciones
En el fondo de todas estas explicacione¡, aparece el jaco- liberales, severo admirador de las leyes y exacto en el
binfamo &lt;,on su criterio de sect¡¡rio y su programa de per- cumplimiento de sus deberes. ¿Cómo han de pasÍlr inadseguidor. Así, los partidos políticos ban sido, durante vertidos estos hechos para los que, como nosotros, colargos años, instrumentos de odios desenfrenados, de menzamos á hacer nuestros primeros aprendizajes en
n:,ncore~ interminables, ima~inando cada uno para su la Democracia?
adversario planes de extermmio, fórmulas de tortura,
Como fenómeno digno de mención, recordaremos que
irreconciliables, no ya en sus elementos constitutivos, mejoras de la importancia de la instalación del teléfouo
sino en hechos y principios comunes á la especie huma- y el alu,m~rado eléctrico se han util\zalo en la Capital de
11a. Un buen liberal no debía estar nunca de acuerdo con la Repubhca, mucho antes que eu importantes capitales
un conservador sobre niiiq11m( materia, y un buen conser- europeas.
vador se encontraba en el debn de no aceptar ninguna
Como en los tiempos de Yoltaire, la luz l'iene siempre del
afirmación de un liberal c1ud1J11iem 911e ella (uese. De este Xorte!
modo se era fiel al grupo á que se pertenecía, aunque se
desertase de la verdad y de la justicia.
Semejante criterio es el que ha creado el sistema de la
condicionalidad absoluta é indiscutible, sólida como una
pirámide igipcia y resistente corno un muro de gr-anito.
En virtud de esta doctrina, lo ac~ba de decir un periódico, el hombre que protesta guardar y hacer guardar una RESUMEN.-EI Senado americano y la cuestión de
ley, jamás tiene el derecho de juzgar esta ley, ni presenCuba.-Denuncias y acusaciones.-España y Estatar las observaciones y las modificaciones que este juicio
dos Unidos.-EI fin de una adminis\ración.-EI Conle inspire; todo el que haga conocer las deficencias de una
de Mouravieff en París, y el Presidente Faure en San
legislación á la que se halla sometido, sení considerado coPetersburgo.-¿Esperanzas ó amenazas?
mo un ap6R/&lt;Ila y_ un traidor. y aunque hasta en los concilios se ha discutido la infalibilidad de los Papas, los liberales pertenecientes á esta escuela, han hecho pasar el óleo
¡Cuánta actividad la desplegada por el Senado americasanto .de los_ungidos del Señor á la cabez-a de los legisla- no en estos últimos días! La cuestión de Cuba, palpitandores.
te de interés, el tratado de arbitraje general cou la Gran
En virtud de este criterio también, un escritor públi- Bretaña en el que están fijas las miradas del mundo el Caco 9-ue se muestra conforme con. el espíritu de un prin- nal de Nicaragua, donde se puéde decidir la predo~inancipio cualquiera, esM forzado á mostrarse igualmente cia de los Estados U nidos sobre el hemisferio occidental
conform~ CO? la forma en que se aplique este principio, han sido las tareas preferentes á que se han dedicado en 1l
y el partidario de la pena de 1twede debe aplaudir que se alta Cámara. La proposición de l\Ir. Camerún que al
principio de este periodo legislati v0 fué como el 'botafueaplique ésta á los inocentes.
Tan absurdo ra~ical_ismo es impr~pio de _hombres que go que incendió en patrio~ismo los corazones e~pañoles
pretenden haber limpiado sus espíritus de irritantes pre- ha 1:ido el asunto principal, y sostenida por otro senado;
J';lici~s políticos y f~ndir en una harmonía general con- que en elocuente frase ha estudiado el asunto desbordánciencias entenebrecidas por pasiones deprimentes ya dose en acusaciones contra el gobierno y la dirección cipor fortuna calmadas y adormecidas en la nueva e'tapa vil y m_ilitar de Cuba y ensalzando á los rebeldes que en
la mamgua luchan desesperados por la soñada indepenque ha comenzado á recorrer la República.
dencia, ha sido el odjetivo de la pasada semana.
Y no es sólo el orador americano el que en los pasados
días ha lanzado tremendas acusaciones contra el General
\\'eyler, periódicos españoles de no escasa importancia se
han atrevido á desc':lbrir la llagaq~e _la corroe, han mosEn Francia, como en México, se ha comenzado á hacer trado en toda su honble desnudez nc10s y miserias en la
una saludable campaña contra ese sentimiento malsano administración pública de la Gran Antilla, denunciándoq'!-e, piet!lndiE;ndo tener sus orígenes en el amor á lapa- los á la Nación señalándolos al Gabinete responsable
t!'.'Ja, se me~ a reconocer todo hecho que acusa una debí - para que acuda su remedio.
Mas así como los hechos denunciados por El Heraldo y
h~d, ~n v1c10, un defe?to, ó una vergüenza nacional. Un
periodista francés, ~nnque Fouquier, acaba de defender El Imparcial de Madrid, causaron en los primeros momenco_n mucha eloca~nc1a y mucha lógica, un libro de un es- tos p!"ofunda senP.ación en los círculos sociaies y políti~:ntor _mso, relativo á las guerras napoleónicas en el gran cos, y lueg,1 se desvanecieron las. acusaciones se demostró su falseda_d ó se_ e~contró decidido el ap~yo oficial,
imoeno.
. ~~tural~~i:te, ~l public_ista ruso, desprendido del pre- para que laP co•as s1gmera11 su marcha señalada así tamJU1c1~ patnotic&lt;?, ha escrito páginas que, naturalmente bién en los Estado_s _Unidos,. ,í la gran excitació1{ que protambién, h8'.n. disgustado á un grupo de espíritus un el vocaron las proposic10nes prnneras, presentadas en el ¡;;eque el chauvmWM ha hecho profundos estragos. ¡Qué mu- !1ado para el reconocimiento de la beligerancia 6 de la
?ho que e~to ocu~ á ?-n escritor extranjero, cuando el mdependencia de Cuba, á la explosión de sentimientos
1~ustre Tarne se v_1ó obligado á expatriarse en el centena- francamente favorables ,í la insurrección, sucedió una
no de la Revolución-ídolo derribado de su pedestal por discusión meramente doctrinal en la prensa y en la triel Maestro-ante el temor de ser víctima de alaún
atro- buna sobre las limitaciones que pudiera tener el Concrre0
pello!
so, según laCon~titu_~iún, en s~s facultades sol.ieraná~, y
El escritor ruso ha hecho ele la campañá. de Rusia un sobre la detcrm10ac10n de qmen debía hacer el reconoTodo pago debe ser precisamente adelantado.

Nota, tttitorittlcs.

•

DOMINGO 31 DE ENERO DE 18!n

EL MUNDO

66

lJtrlítiCtt ®tncraL

l)atriotisma lJ "1i)ntriottrismo."

l

cimiento y la declaración de beligerancia, si las C.lmaras
Unidas 6 el Presidente de la República.
rt., ,
Y pasó el entusiasmo; la actitud de Cleveland y de su
Secretario de Estado moderó los ardores, y ahora apenas
si la voz de Mr. Turpie ha podido despertar los arrebatos
populares que hace un año estallaron á las puertas mismas de la.representación nacional.
Es que el gobierno americano, práctico ante todo y
enemigo de aventuras, ha manife6tado francamente su
plan de conducta, y en las postrimerías de una administraciónnohabíadedejaral nuevamente electo, las nebulosidades de un conflicto internacional, cuando en su opinión
no juzgaba prudente intervenir en Cuba como lo había
prometido. Es que también,-cualquiera que .sean las
declaraciones de la prensa oficial y oficiosa de las dos naciones comprometidas en el embrollo cubano-ha habido
alguna inteligencia secreta, oculta, y cuidadosamente reservada entre los gabinetes de Madrid y de la Casa Blanca, y ya puede considerarse bien recompensada 1a actitud asumida por Cleveland con las ofrecidas reformas
de tarifas, favorables al comercio americano en Cuba y
Puerto Rico.
De seguro que esas promesas han debido influir más
directamente -,n el aspecto_ relat~vamente tranquilo q~e
actualmente ofrece el conflicto hispano-americano ayer
candente y-amenazador, que las noticias propaladas repetidas una y otra _vez, ?ºn más ó men&lt;;&gt;s f_undamento, sobre
la completa pac1ficac1ón de las provmc1as ocidentales de
Cuba y _el cuasi aniqu~lamiento de la inmrrección;
Seme¡antes afirmac10nes en los momentos mismos en
que la prensa no cesa de publicar relatos de combates
con varia suerte y ~iversa importancia, podrán seducirá
otros que á los americanos que por de pronto, parecen ha-.
ber conseguido ventajas de consideración en sus relaciones mercantiles. Después, si l\Ir. Kinley quiere cumplir
con la plataforma republicana que lo elevó al poder podrán_ a_spirai: á los idealismos de r&lt;:dimir esclavos y' man_um1tir naciones, á. trueque de serios conflictos internacionales.

y

*

* nombrado un Secretario
No. contento el Czar con *haber
de Estado, que despertando "elos y envidias por una parte, es prenda se~ura de la firmeza de la alianza franco--rusa, por otra, qmere dar á entender á la culta Europa que
son falsas todas las versiones que han circulado sobre la
harmoní~ y cordialidad qui: l&lt;;&gt; unen á. la Gran República'
y que, le¡os de haberse entibiado sus relaciones y relajado los lazos que las uní_a;n, hoy más que nnnca, pretende
ostentar. la e,trec~a umon que hay entre Rusia imperial
y Francia republicana.
Por eso ªl?ª~ª~ exaltado al poder el Conde Mouravieff,
ei_nprende v~a¡e a P~r,s p:ira sellar esa alianza y para invitar al Pre~1'.1ente 1: aure, en n?mbre del augusto soberano, á un!l v1s1ta o_fic1al ~t la capital del Imperio moscovita
en la pr0x1ma primavera.
. A?nqve todos con~e~an la circunstancia eli\Pecial que
distingue al rn~evo mims~ro, y es su tradicional sentimien~ ant1ger1_nám?o, no qmeren confesar que su viaje á Paris pueda rnfh)1 ~ en ti: conservación de la paz; no quieren
v~r en, est~ v1s1ta m:~s que un efecto de pura cortesía,
a¡eno a to&lt;;i-a p~evenc1on que altere la buena amistad, que
en la ap:menc1a es la base de las relaciones de todas la8
potencia,¡ enropea8.
Ahicin:1do~ con FU op_timismo digno de alabanza, apartan lus o¡os de los formidables elementos de guerra que
va acum?lando Rusia á las orillas del Ponto Euxino, sin
q?e exphqne esa con_centraci6n de fuerzas la solución pacifica que las potencias han dado al parecerá la cuestión
armema.
_Ojalá s~s esperanzas sean fundadas, y no resulte ningun_confücti:i. :Nunca han estado más cerca las tempestade~ internacionales, que cuando los gabinetes se han eropenado en darse mutuamente pruebas de cordial confianz~. N u nea aparece más sereno el piélago, que cuando los
yientos callan_ y las olas se abaten hasta convertirse en '
rnmenso espe¡o azul, como para prepararse á la furia desenfr_enada de 1?,ª elementos en cercana borrasca.
•
O¡alá esa umon del Imperio del norte con la República
d~l centro de Europa, 9-ue sancionará de modo solernne
é rnduda~le la presencia de M. Faure en San Petersburgo, C?nst1tuyendo fuer¿a incontrastablf,, sea en verdad
nunc10 ~eguro de paz y no heraldo fatídico de guerra y
exterm1mo.
X.X.X.
28 de Enero de 1897.
OTRO PAGO DE $3,000 DE "LA MUTUA"
El'tI l'tIEXICO,

Sr. D. Carlos Sommer, Director General de «La Mutua.-México.
Presente.
Muy señor mio:
«Tru~agradec~da á. usted como digno representante de.
e u~uaf Life Insurance Company of New York» en
esta Rel?u~lica le dirijo la presente para manifestarle mi
reconocim1emo_ por la eficacia y prontitud en el pago de
~$1!,0f) tres mil pesos, valor de la póliza núm. 518,748'
Da¡G ~llual estvo asegurado ~ mi favor mi esposo el Sr:
1t er!D-0
;
nno~, Y cuyo importe recibí hoy ante el
8
~ - t O ano D. Damel Castañeda en la oficina de «La. ·

N

1

J.l U

ua.)&gt;

Para C?nocimiento· de los asegurados en la referida
Compañia Y por creerlo de interés público autorrzo á
uste,d para dar publicidarl. ,t la presente.
'
Qt1edo de usted coa tod:l C)nsideración á sus órdenes.
JOTITA

;u. DE Se::s:soR.

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

El CONCIERTO DEL LUNES ULTIMO

Nota postrera y brillantfaima de las fiestas con que la
Sociedad Mexicana obsequió al Presidente de la Repúblic~ con motivo de sn nueva elevación al poder, fué el
eonc1erto daio en el Teatrí) nacional el lunes de la actual semana.
Yaliosos elementos se agyuparon para hacer de esa fiesta el clou d'or del obseqnio afectuoso de que se hizo objet-0 á nuestro primer ~Iaiistrado y entre ellos debemos
mencionar con predileccion al grupo artístico que tuvo á
su cargo la parte mnsical. Estaba constituido este grupo
por las Señc&gt;ras Virginia Galván de Nava, Isabel Watqon
de Gibbon, Srita, ~milia Gonz,ílez Cosio, Srita. Paulina
Zurita y ~rita. C.trmen Munguí!l. y por los Sres. José Xava, Alfonso García A.bello, A. Hermosa, Cárlos Menes~s
y Pablo de B,ng.\rdi, aquellas, h ermosas, distinguidas é
mteligentes; éstos hábiles y verdaderamente artistas.
El programa elegido con sumo gu•to fué el siguiente
que reproducimos como nn recuerdo de la fiesta.
I
Nñm. l. 2? acto de «Rigoletto," Verdi.
Reparto: Gilda Sra. Virginia Galv,ín de Nava.-Duca
Sr. José Nava.-Rigoletto, Sr. Alfonso de García Abe:
llo.-Sparafucile, Sr. A. IIerrnosa.-Coro.

II

~úrn. 2. Prúlogo «I. Plaglaci,n Leoncavallo, Sr. Alfonso dE&gt; García A.bello.
Núm. 3. «Mero et filie,» Gustavo Dampa, Sra. Isabel
Watson de Gibbon y Srita. Emilia Gon?.áloz Cosío.
Núm. 4 .. «Dio posente,» «Fausto," Gounod, Sr. Osear
Braniff.
. Núm. 5. «Snite » Gran Orquesta, Grieg. ( A) Le mantrn.-(B) Mort d 1Ase.-(C) Danee d' Amitra.-(D) Daos
le baile du Roi de llfanta~ne.
Núm. H. A.ria de las Joyas, «Fausto» Gounod, Srita.
PanUna Zurita.
Núm. 7. 2? Concieto. Piano y Orquesta, C. Saint Saens,
(A) Ali? Scherzaudo. (B) Presto, Srita. Carmen l\Iungufa.
Núm. 8. «C'est la» «Mignon," A. Thomas, Sra. Isabel
Watson de Gjbbon.
Nóm. 9. «I¡ Profeta,» Meyerbeer, Srita. EmiliaGozá.lez
Co~ío.
10. Obertura «Tanhauser,» Wagner, Gran Orquesta.
III
Núm. 11. T~rcer acto de«A.ida,n Verdi.
Reparto: A.ida Sra. Virginia Galván de Nava. - A.mneris, Sra. Isabel Watson de Gibbon.-R'\damés, Sr. José
Nava.-Amonasro, Sr. Alfonso de García Abello.-Ramfis, Sr. A. Hermosa.
IV
Núm. 12.-Ilimno Nacional.--Coro de señoras. señoritas y caballeros.
Director de orquesta, Sr. Carlos Meneses.
Director de escena, Sr. Pablo de Bengardi.
La Sra. Galvfo de Nava obtuvo en su parte de ejecución fervorosísimas muestras de aplauso, y {L fé nuestra
con sobrada justicia, pues posee cuanto es necesario para
enloquecerá un público inteligente: Voz dulce, bien timbrada y de amplia extensión, admirable escuela de verdadera maestra, belleza suma y elegancia indiscutible
co~5&gt; lo probó con los riquísimos y hermosos trajes que
luc10 en la escena. En cuanto á la Sra. ,vatson ele Gibbon
atrajo todas las miradas por su elegancia también y por
su consumada habilidad artística y las Sritas. González
Cosío, Zurita y Munguía formaron la trinidad más aaraciada que d~rse pueda.
º
La colabora&lt;;ión d-e los Sres. García, Abello, Hermosa,
l\Itneses, Nava, de Bengardien sus diversasatdbuciones
fué verdaderamente preciosa y la Nota· final, el Himno
coreado por encantadoras señoritas de nuestra buena sociedad, contribuyó al más cumplido remate de tan encantadora fiesta.
Al surgir aquellas notas marciales de bocas tan delicada.'!, de bocas de viva fresa, los santos Ideales de amor y
de patria, en di vino oonnubio fraternizaban en el alma! ...
Tarde lleg~mos para hablar del adorno. Ya los periódicos diarios le consagraron toda su atención. Empero no
podemos pasarlo en silencio y le consagraremos algunas
líneas que completará el grabado que publicamos.
1-:l adorno del pórtico fué sumamente sencillo: leves
gnías de laurel y encino sobre el cornizamento y parte de
111~ paredes. En el barandal rectangular de la parte alta
una cornisa elegante; abajo, artísticamente distribuidas
1111111erosas plantas, y algunos detalles decorativos del
JnPjnr gusto. Las escalera.a, tapizadas de rojo, estaban
tan, bién exornadas de plantas. En los muros laterales
grandes cortinajes de peluche y oro con bonitos lazos· á.
la l•ntr.i.da del patio había \lll busto en bronce del ob~e.quiado, en el centro de aureo disco y circundado por cor,ma de laurel y al pie del zócalo que lo sostenía, un guerrero trofeo de admirable vista.
En cuanto al salón el efecto qne producía con sus cuatrocientos cinc11enta focos incandescentes, veinte más de
arco y v~intitrés estrellas de siete focos cada u·na, era indescriptible. Los palcos y plateas sencillos pero habilisinrn mente adornados, eran grandes corbeilles de flores a ni•
rna~as y el -ealco presidencial, adornado de magnífico
terciopelo gumda obscuro, coronado por ,inn•a :íguila,
apoyada en amplio pabellón de seda, era de una scwra
-Opulencia.
La comisión de ornato presidida por el Sr. Yalleto pne·
de estar orgullo•a de su obra.
En_ cuanto á la concurrencia nada &lt;lirfamo• 1111e diera
una 1deJ1, aproximada de la eleganci·i., del b rillo, de la
h~rmosnra que de~plegó lo mejor de )léxico re unido ahí.
C1~remos los nombres ·qne hemos porl.ido anotar y bas~ra esto par-a que el lector se de cuenta ue lo que decrmoa.
~f'\orita Manuela del Villar; señor Doctor Oca!llpO. y
familia; señor Doctor Ortega Reyes, F ernandá y l\Ianue-

EL MUNDO

la del mismo apellido y Soledad de la Cagiga. Señoritas
Ana, Luisa, .Julia, Lupe y Elvira Arrillaga, iamiUas L'lvista, Collado, Marrón, Virginia Gavito, Sagaceta, Dr.
Gayón, Fernández del Castillo y señora, Sánchez de Lara, Montiel y familia, General Loera y señora, Coronel
Ramos Cadena y familia, Gobernadores Martín González •
y González Cosfo, Lic. Patiño Suárez, Manuel Larrañaga
Portugal y esposa, señor General Don Rosendo )Hrg_,uez
y familia, señor Ricardo Trejo y familia, Trinidad García, Aspe, Aldasoro, Paz, señora l\Lí.riscal de Morán, señora Lynch de Camacho, señor Julián Herrera y familia,
señor Bernardo Urueta y señora, sellor C.irlos Rivas y
señora, señor García Ramos, señora Juana Rivas de
irorres, señoras de Arista, Juárez, de S1nohez, Escudero
de Ortega, S.ínchez de Lara y señora, Lic. Rebollar y (sefiora, Sr. Ingeniero Tuteo Plowes y señora, Sr. Francisco González Cozío ( hijo ), señoritas i.\faría, Emilia, Luisa, Concepción y La11ra Fischer, señorita i.\Iatsson. de
blanco; Josefina G. de la Vega deZevada, Sritas. Ana,
Marta y María González Cosío
Entraña este concierto de tan brillante éxito gran sianificación; más acaso que ninguna de las anteriores fie~tas dadas en honor del Sr. PresidPnte. Fué una fiesta
ofrecida por la clase más elevada de l\Iéxico y concurrieron á. ell~ con sobra de expontaneidad y entusiasmo, todas ó casi todas nuestras familias distinguidas, que si hubo alguna que no estuviese ahí, fué debido ó á lutos ó á
falta de tiempo para prepararse ó alguna otra circunstancia de segundo orden. Las clases pudientes han mostrado pues con esa fiesta que aquilatan y apre'cian como
la gran masa del país, los beneficios de la actual administración.
La señora del Presidente, comprendiendo cuanto hubo
de expontaneo en est~ fiesta dedicada á su esposo, así
por parte de los orgarnzadores del concierto como de los
artistas, ba manifestado á aquellos su gratitud v la ha
testimoniado á estos que-las señoras sobre todo-con
tanta gracia se presentaron, luciendo traj•s elegantísimos
y del mejor gusto,-con delicados presentes hábilmente
escogidos.
. Concluyamos enviando nuestros plácemes á la alta sociedad mexicana y á los inmediatos or-anizadores de la
inolvidable fiesta.
º

.::::::!i&gt;1"~ ~q(@:....._~'f~~-rcz::::.
EL ECLIPSE DE MAÑANA

Notas instructivas.

M,iñana tendrá veri ficati vo un Eclipse anular de sol visible como p'lrcial en ~-Hxico, y que- principiando á las
2h. 27m. 393. de la tarde, terminará á. las 4h. 14m. 48s.
de la misma.
Par-éceno:; oportuno con este motivo dar á ntie5tros
lectores algunas notas científico-recreativa~ acerca de los
ecli~ses, debidas á la amenaé instructivaplumadeF!ammanon.
Todo objeto iluminado que no es traqp:irente prod11ce
una sombra en dirección opuesta á la de la' luz que
lo alumbra.
Observamos este hecho en nosotros mismos, ya nos hallemos al sol, ya estemos á la luz de la luna.
Por lo tanto, el globo terrestre prodnce constantemente detrás de él una sombra que se halb situada á la par·
te opuesta del sol. Ya hemos visto que la noche no es
otra cosa más que esta sombra.
¿Qué forma tiene y cuál es su lonaitud~
Si examinamos la causa que produce la luz 1 es decir el
sol, y nos fijamos en su magnitud y sn dista ncia, cdmprenderémos perfectamente la forma de esta sombra. Como el sol es mayor que la tierra, la sumbr,i producid'\ -por
ésta tiene la forma de un rastro cónico.
Este cono de sombra producido por la tierra. tiene en
la proximidad del globo que habitamos un diám&lt;&gt;tro de
3,180 leguas, como la.tierra misma. Va disminuyendo
poco á. poco, y se extiende hasta 108 veces el diámetro
de la tierra, es decir hasta 3'17,000 leguas y 'al llecrar allí
termina en punta.
º
•
Como la luna circula á 96,000 leguas de la tierra, le sucede algunas veces que pasa á través de esta sombra. Esto es lo que produce los eclip8e8 de luna.
El eclip,e es total e:uando la lu~a se sumerge enteramente tn la sombra arro¡ada por la tierra. Es parci.al cuando
pasando más lejos del centro de la sombra, no e~ á oculta la luna má.s que en parte, y se halla, por decirlo asi,
cortada por el contorno de la sn!!odicha sombra
Esta sombra de la tierra se halla rodeada de ~n anillo
menos obscuro, que se llama penumbra.
En efe~to, al_rededor de este cono de sombra los puntos
del espacio reciben la luz del sol, pero no en su tota idad. En las inmediaciones del cono de sombrn, se ve 1;11
poco de eol y solo un poco, porque la tierra oc11lt,\ lo demás, que es casi tod~ .. Un poco m.ls lejos se ve m .is todavía. Hasta llegar al s1t10 en que ee ve al di.seo enlero del
sol, la Ju~ no es completa: hay por lo tanto pen11mbra.
Los eclipses de luna no pueden tenC'r lng,lr m.:R que
c_uando la luna está. llena, pnP~ Pólo entone...,; &gt;&lt;e pnne la
tierra entre el sol y la luna. S1 la luna pasase jubtamente
detrás de la tierni., habría eclipses todos los meses; pero
no es así: porque al mo~erse, tan pronto pa~a por encima de la sombra de la t1~rra, como por debajo, en cuyos
casos está llena y no echp~11d;1.
El.eclipse no puede tener lugar más qne cuando pasa
precisamente por la parte opuesta al sol.
Quince días después de la luna llena viene la luna /lll f •
rn, ~ todos los meses pasarí'.1- la luna por delante del sol,
prec1Pamente ent,re /il y la tierra, Pi i&gt;n cur•o fne•e inv,iriablf:: pero l)a~a del nii1'1110 m,1,lo tan pron to u1i poco
por,Pnc1ma co1110 111~ poco pnr debajo riel sol.
Sólo cuando p!l.':'a ¡ust.o por delarHe-de l sol, Jo eclipsa.y PSto e_sto E&gt;S lo Ql\P se llama eclip.,e de .~ol
.
El eclipse es lotn l cuando los 3 centros del sol de la lu~a y de h, tierra P4,ín en línea recta, e~t-and0 ~! mi~mo
tiempo la luna suficientemPnte cerca , d~ uosotroi, par-.i.
parecernos mayor q ne el sol, pue1:to ·que la distancia de
la tierra á la luna varía.

Cuando sólo la primera de estas d os condiciones se
cumple, se verifica lo que se llama un ecli p¿e aimfor.
Cuando la luna no pasa precisamente delan re del sol y
no lo tapa m,ís que un p oco, el eclipse es 1n rcial.
Como se ve, la causa que produ~e tanto los eclip3es de•
sol·como los de lun:1 es muy sencilla. B.\Sta con')cer perfectame nte el movimiento de la luna al rededor de la
tierra para p oder anunciarlos con anticipación. Los astrónomos conocen tan píen este movimiento, que calculan el momento en que va á tener lugar un e~lipse, muchos años antes y sin equivocarse en un cent¿~iuw de ~e!
gundo. Por supuesto los fenómenoe estos tiene lugar
siempre precisamente á la hora anunciada.
Los eclipses más curiosos son los eclipse¿ t'lt·\le-1 de sol,
y es este un especticulo no solamente curioso llino solemne é imponente. En medio de un día herm•Jsii,imo,
con un cielo claro y transparente, sin una sola nube, umpieza de pronto el sol á. perder una parte de su lu¡¡. t-lu
disco que antes estaba tan resplandeciente, se va ocultando detrás de un arco negro que avanza in~eusiblemente y que le quita al astro del dfa una :parte cad,i vez
mayor, hasta que no queda más que medio disco. Desde
este momento en vez de la luz clara y brillante del sol,
no hay más que una claridad pitlida y triste. La natur.deza entera pierde su color. Los pajarillos interrumpen sus
melodiosos cantires, y van á rec@gerse co1n J ,í. la ciída
de la tarde; las flores extrañando la falta de luz, cierran
sus cálices; las ovejas balan en el campo; los polluelos
van á. guarecerse bajo las alas de sus madres.
Ya no queda más que un trozo de sol que va disminuyendo por momel}tos, hasta que desapar,,cc del todo. Es
de noche en p leno día! Las estrellas brillan como todas
las noches; la temperatura baja hasta el punto de sentirse
un fresco desagradable. Todo,interrnmpe su curso habitual. Reina un profundo silencio en la naturaleza; los caballos se niegan ,\ seguir su camino; los -eerros :uorados, se
echan á. lo:o pies de sus amos, como s1 temiesen algo: y
hasta los hombres, llenos de·emoci.'.&gt;n, aunque ya lo espt1raban, no piensan más que en el eclipse; des le el más rico al mis pobre, desde e I mis instruido hasta el m,ís i"'·
norante. Porque efectivamente, ¿qué suceJería si él s~I
se apagase para siempre"? Pero no; el lugir que ocupa el
sol está siempre marcado: alrededor del disco ne&lt;&gt;ro de la
luna, se distingue una especie de resplandor, y cJando los
ojos se van acostumbrado ,í. la oscuridad, se nota que la
n?che no es tan profu:ida como había parecido al principio. ¡Ah! exclaman de pronto mil especta lores que eFt&lt;t·
ban inmóviles y silenci-0sos hacía cinco minutos, ¡va rnle
el sol! Y en efecto, un rayo de luz sale de detrás de la luna. Es que ésta ha llegado al segundo contacto y deja escapar un rayo de luz que poco á. poco se va convirtiendo
en una parte del disco solar.
Toda la naturaleza, hombres y animales, sonríe de gozo al vol verá ver la luz del sol.
El eclipse de sol ya sea total, va sea anular no lo es
completamente más qne para los puntos del giobo situados dentro de la sombra lunar; y para los puntos vecinos
no es m,ís que pa,.cial. Si están demasiado separados de
la sombra proyectada por la luna, los habitantes de esa
región no tienen eclipse.
No sucede lo mismo e;on los eclipses de luna, .pues éstos se ven en toda la mltacl del ~lobo en que era visible
la !un~, momentos antes de eclipsarse. De manera q,1e
un ecllpse total de sol, no es visible m.1s que en un 11Ú·
mJro muy limitado de puntos, pnesto que la sombra de
la luna, _á. la distartcia á. qne nns encontramos de este ast~o, no tiene más que unas vdnte legnas de ancho. Ed un
circulo negro que pasa sobre la superficie del globo tanto
sob~ el mar como sobre fa tierra firme, lo mismo por los
desiertos que por los bosques y por los países habitados.
En definitiva, es un fenómeno bastante raro para un
punto determinado del globo.
. Siempre hay por lo menos dos eclipses al año, y lo más
siete para la ti.erra entera. Cuanrl.o no h1y má.s que dos,
am_bos son echps..:s de S\)l. Cuando hay siete, cuatro son
echpses de sol y tres ue luna. P&lt;!ro aunque los eclipses
de luna no son tan frecuentes en general, tienen lugar
m.ís á_menudo en un ln6ar determinado, pues como hemos visto se pueden ob~ervar desde un hemisferio en.tero.
Al ca?o de 18 años .Y 11 días se reproducen los eclipses
en el mismo órden, srn que por esto se repitan las 1r:is1uas
fases de ecli_p~e\ J?i los ~ismos. sitios de la tierra para
pnntos de v1s1bd1dad. En este rntervalo hay 70 eclip:oes:
29 de luna y 41 de sol.
L'&gt;s antiguos conocíH.n perfectamente este periodo y
por lo ~anto la causa de los eclipses. Así es que se cue:1ta
de Perir:Ies, que estando un día en un navío y viendo
que el piloto se asustaba de un eclipse que comenzaba en
~.quel mom~nto, le tapó los ojos con su capa, diciéndole;
"~➔ta es la imagen de ~n eclipse; no hay por lotantomot1vo para asusta.rde, nt para creer q_ue esto anuncia al"guna desgracia." D&lt;lspués d~l descubrimiento del :N"uevo munrio, Cristóbal Colón estuvo á punto de morirse de
hambre él y sus compañeros, porque los indios se negaban á pagi\rle el tributo. Reunió á. los diferentes jefes y
les declaró que les privaría de la luz de la luna y después de la del sol, si seguían empeñados en n0 obedecer
sus órdenes.

El primer tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura."

El mí_mero excesivo ele ejemplares que hemos impreso
de la primer novela de nnestra serir, nos impide hacer Pimultaneamente e l rerarto de ellos y del rnmanario y organizar it la vez el despacho del correo; así pues, terminaao eT envío
éste número, procederemos á arreglar
la encuadernacwn de la novela y el juéves 6 yiernes
p róximo haremos la distribución it los suscriptores de la
ca pital, procediendo en seguida á la remisión álos suscritores de los Ktados.

ª~-

�68

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

-

EL MUNDO

DAMAS MEXICANAS

· &amp;1 concierto efeduaao el _lunes ú1fimo en el Nacional.

do en sus grandes líneas. El estudio eijtácasi terminado. Para que
se den lo~ curiosos plena
cuertta de[ efecto arqui·
tectural de este palacio,
se ha hecho un modelo
en yeso, en el cual puede aprecian,e el valor ar·
tístico del monumento.
En cuanto al puente
AlcjandroIII, el proyecto hechopor ~l. M. füsal, ingeniero en jefe, y
Alby, ingeniero ordinario de puenteH y calzadaQ. ha :-ido aprobado
definitivamente.• Este
puente tendrá un solo
arco de 110 metros de
longitud y LJnol'li metros
de flecha. Tendrá 40 metros de anchura y el ar·
co llevi1rá tres articulacione~. La obra será de
acero colado.
Ya ,e vé por e!'tos preparati voi:, que la Exposición U ni,,ersal de París, tcndr.í la mngnificencia que de ella se
e~pera.

•

.,

LA GUERRA EN CUBA

Lo que es la manigua.

...,

Glspecto

ae

los principales palcos.

( Del nat.ural .vor C11rlo• Alcalde.)

....._

............

ARTILLERIA AEREA

A pe,:nr de los pesares y de ta~tos y tan excele~tes deseos, los maridos, _hermano@¡ pri_mos y deJ?l:i-9 parientes y
vecino" de los ciclistas y de O!&lt; hgul'roR y hgueras de la
paz continúan armándose hasta los d_ientes.
..
•\umentan los ingleses de día en d1a rns aprestosm1l_1tares, y no satisfechos con los que pO8l'en para C?mbat1r
en la tierra y en t•I mar á sus futuros enemigos, discurren
la manera decombatirloH en el aire.
A e"te fin tienden los ejercicios de artillería que se es·
tfo practicando en :-choeburyness con objeto ~e atacar
y destruir los globos que se lancen á los espac_1os para
obsen•ar los movimientos del ejército, para i:;ahr de una
plaza hitindn, par;l hacer señales 6 para dejar caer proyectileti explosivo~.
Idénticas experiencias se han realizado ya en los campos de tiro de Alema1?ia y de Francia, logr:in~o bombard&lt;'ar (sic) globos cautivos y en pleno mo_v1m1ento, ?')ll
sujeción á un cable, por electo de la.~ cornentes de aire.
situado" :l alturas de !lOO á t).j() metrOti.
Parece que los resultados son satisfactorios para la ~rti llerfa, aun dado un movimiento del globo en el espacio,
de 20 á :!:¡ kilómetrOf!, que etilo :¡ue puede llamarse calcular y apuntAr bien. . .
.
Los efectos dl'I espíritu de~tructor se extienden ya,
pnes, á:la región de las aves y de la snubes, y aseguran para las víctima.~ ,í c¡uienes alcance,n si no la muerte por el
de;trozo de los cascos de una bomba, la pulverización por
aplastamiento contra el ~uelo por la caíd_a; otra n~evu
conquista bienhechora debida á los progresos de las c1enrias aplicadas á la guerra. Y como complemento de las
maravillaR de la artillería del momento, oportuno es. el
registrar los en~vos del cañón sistema Fred~rik Laduhp,
de Siracusa, eEtado de Nueva York, que también se practican hoy en el polígono militar de Sandy liook. ¡Tráta•
se de un cañón, no de acero ni de bronce, sino de cuero!
En efecto, la parte esencial y principal de la pieza es una
capa ó faja de tiras de cuero colocada~ entre dos tubos dt:!
cuero, y á la cual debe su formidable resistencia.
El cuero, sin secar, se moldea en el agua, y cortado en
tiras se Pumerge en una disolución concentrada de amoniaco, v luego ~&lt;' somete á otras manipulacionei; y bañol!
químicos, hasta que adquiere el máximun de rei;M.encia.
Cuando las banda~ de cuero así preparadas recul:1ren el
tubo interior y qnedan adheridas á tl-1 mediante un cemento eEpecial, se les envuelve en una e!'¡&gt;eeie de cápsula ó funda de acero. En el canón que hoy se ensaya, y
que tiene un metro y iO centímetros de longitud, el grueso de la envoltura de cuero es de 0,024 metros en la boca
y de 0,08 en la recamara, y de 0,02 y 0,04 el de los tubos.
Las prc~iones que resiste ~n increíble.~: de 210.000 kilógramos por centímetro cuadrado. La noticia í, ra11ard,
digna del íclásico país del 1Iumb11g, merece también
210.000 anos de cuarentena.

Dedicamos hov dos
planas á la CUCl'tión cubana; la una que representa dl·talles 1U1portantes de la campana; la
otra que nos mtll'!&gt;tra un
trozo, una fracción lujuriosa de la )Ianigua.
Hay, entre la inmensa
mayoría de los lectores
qne "e intere-Qan en los
a!'untos de la Antilla
una completa mala inte. ligcncia respecto de lo
que es la manigua y
quien con pasmo, quien
con irónica ,;onrisa ve
como He prolonga esa espantosa lucha entre un
gran l·jfrcito aguerrido
y mal &lt;füciplinado8
hombre,.. sin armamento, durante m(•~es y meses sin dar tr111.as de
llegará un reimltado deflnitiYo. El mismo Pi y
l\1argall, en un momenSrita. Mercedes Quesada, de Gua dalajara. ( Fotagrafia de Arturo Jorge González.)
to de pasión, clamaba
no ha mucho: «Tenemos
en la Antilla un ejército cnatro vece:&lt; más numeroso
LOS PRIMEROS TRABAJOS
que el Cubano y no vencemó;. Cada cuba.no, pues, vale
PARA. J,.L
por cuatro españoles!u
~ XPOSICION 'UNIVE R SAL DE PARIS
Tal es el criterio de mucha gente y convengamo!len que,
quien se deja llevar de las apariencias más ó nwnos iluHa. comenzado el año de 1S9i. Tres años nos separan sorias, no puede l'XplicaI'l!e el fenómeno de la prolonga-apenas de 1!lOO. Los proyectos hechos para el gran certá- ción de una lucha en que los beligerantes son tan des·
tUen han sido -por fin adoptados, y entramos en el perio- iguales.
do de ejecnción. Algím tiempo más y se habrán olvidaCómo, se dice, e!'e formidable ejército perf('ctamente
do los prep"rativos. Así, nos yarece bneno conservar por pertrechado, sujeto á una diHciplina habil, provisto de
algunas línea.'!, el recuerdo de primer acto de esta em· todos las n·cursos, nada pnede contra lo~ puñados de inpr~sa colQ¡¡aJ. Ya se sabe bien qne esta vez se han aumen- surrectos mn.l organizados y débiles?
tado notablemente las superficies útiles. El recinto comEmpero quien gusta de penetrar al fondo de las cues·
prenderá el Cours de la Reine, los muelleH, la explanada tionés, no incurre en este error, ni de esta snerte piensa.
•de los lnYiílidos, el campo de ': \farte, el Trocadero. La Ese ejército perfectamente disciplinado, pertrechado y
~ntrada principal se encontrará en los Campos Elíseos, provisto de recurso8, no lucha solamente con la inferio•
cerca de la plaza de In. Concordia, casi en pleno Parfs. rielad nnmérica de los rebeldes¡ tiene como antagónicos
Puede decirse que la inauguración de los trabajos data otros dos elementos formidables: el clima y la manigua.
Yirtualmente de la colocación de la primera piedra del Respecto del primero, poco tenemas que decir para que
puente Alejandro II I, por el Emperador de Ru~ia. De nuestros lectores convengan en la Yerdad de nuestros
hl!Cho los primeros golpes de pica no fueron dados sino los asC'rtoS.
liltimos díaa de :N'oviembre, para establecer el túnel que
A nadie se le ocn lta la total carencia de analogía que
durante los trabajos ligará el Rena á los palacios nuevos existe Pntre la tórrida Cuba y la peninsu laespailola, v cuan
-qne hay que construir. ijObre_ el siti&lt;;&gt; actual del Jardín de f.tcilmente el palndi8mo en todas sus formas debe.·hacer
l'nrís. Para no impedir la c1rcnlac1ón Mbre el mnelle, presa en un ejército rojeto á influenciai; del todo diver~e ha tomado el sabio partido de hacer llegar los mate- sa.~ á las que va á afrontar.
riales de c¡onstrucción al pie de la obr11 y de llevarse lo
:i\Iás bn.¡as causa la fiebre en las filas el!pañola.'! que las
in~ervible por una vía subterránea de comunicación con sangrientt1s batallas en que al plomo sucede el hierro pa•el río. Los buques llevarán al muelle las piedras v los ra producir el exterminio. Y aquí no cabe el arrojo ni
iierros, y desembarazar.in la~ canteras de los diversos i:;upone nada el valor. El enemigo es omnipotente y
dl'sperdicios. AlgunoH días dcs1,més de las fiestas rusas, hiere en la sombra sin piedad. Xo parect• sino que se ha
~e había comenzado la instalación de lai&lt; palizadas quP. aliado con el insurgente para luchar por el triunfo de su
limitan ahora el emplazamiento de lo~ trabajos de cons- cansa y que le presta con celo no de,mientido sus fortrucción y Aemolición. Esta~ _palizada~ debían permane- midables servicio~.•\hí donde no llega la bala mortífera,
cer en su ~1t1O durante largo tiempo y por eso se las hizo ahí donde no alcanza la metralla pre11ada de muerte, ahí
t•h•ganteP. Re va á proseguir Rimultáneamente la demo- está la liebre, solapada é inwncib1e. A veces, aun no ha
licii,n del Palacio dti la Indul'tria y del palacio de la ciu• recibido el bizoiio soldado el bautismo de sangre, no ha
dad de París para hacer un !"itio detenmoado, y abrir la oído !=&gt;iquiera el l'ilbo de· Ja.q balas y yace ya postrado por ·
11:ran arteria que .; ,e prolongará por el puente Alejandro profundo1lopor en el lecho de un ho~pital!
1I I hasta los InválidoH. A fine~ de Febrero se habd deEn cuanto á la eegunda, la 11wnir1•m, sí debemos enrnolido ya wdo el frcnté X. O. del viejo palacio de 18.55. trar en algunas explicaciones con nuestros lectores para
La!&gt; sálas consagmda.• á la Exposición de la~ artes de- que se den cuenta de todo lo que supone: Lal\Ianigua
corativa.a no existir.In ya. Xo se conservará sino la nave no es una región masó menos ngreste, ma.Q ó menos agria
y la parte opuesta del edificio para dar un último asilo al y dificil: e;; nna verdadera maraila de vegl·tación escanda,c,)ncurso hípico y al salón de 1~tl7.
losamente Injuriosa: un seno tan intrincado y misterioso
-'l. Girault tennina los últimos ei:,tudios relativos al como los bo~ques vírgenes del Brasil: Gargantas. hondas
gr,mde y al pequefio palacio de Dellas ,\rtes. El palacio en que las lianas se bu.-;can de un lado á otro y se unen en
pe&lt;¡ueño será ejecutado según el proye':to premiado, con firme red¡ malezas pomposas propicia;; á todas las oculta- Los primeros trabajos para la Exposición Universal de
Puia.-Vista de la entrada del túnel subterraneo.
muy p&lt;)CyS modificaciones. El gran pal \Cio se ha dcteni- ciones, donde eliuerrillero y su bestia se ocultan á la mira-

.·

____ ____ _____

da más avizora· laberintos inextricable?, dédalos de rama!', troncoR y parásitas ...... un vegetal laberinto de Creta,
inexp11cr11nble á todo!' los e~foerzos. Ahí, en el dcsfiladero,en ¡¡¡ c,1wrna, en el pajonal enmarañado, entre los
pefü1RCM agrios. en el enmalezad:&lt;_&gt; "ºto, en todos lo,_
hierbaz11l.-ti, en todos lus escondr1¡os, ace_cha la muerte......... El espía bien puede agazapase, bien puedE: hi
a,·anzada immrrecta atacar; para toda sorpre"a 81D ex1to,
para. todo combate en detall, mal afortunad?, hay el i:ecurso de la manigua protectora donde los cnolloe se dispersan y ocultan impunemente. Ya se vé pues que no es
el valor b."lstante para vencer en sitioH tales. Nul!le~ l_a
superioridad numérica, nulo el arroyo, nula la disciplina.
.
.
.
El insurrecto sabe que e~ para él de ntal unportan?1a
la economía de hombres y de sangre, y hace de su mtrincado campo de operaciones, una sal\·aguardia y una
compensaciún! Y a~í pro:-igue la lucha, de esta suerte
equilibradas las fuerzas y el triunfo permanece incierto.
El porvenir decidirá.

�.

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

Rl- MTJNPO

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

-"'=º--======== ====== === ====~=======~==~==============~====;='"""'======'""'"' = = --

EL MUNDO

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= =---,---.-~-=.....--------~-~-~=--....
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LA GUERRA•EN CUBA.-OPERACIONES EN PINAR DEL RIO
,: Guerrillero montado.-2. Pueblo de Viñales, centro de laa últimas operaciones del general Bernal contra Maceo.-3. Devuelta de forragear.-4. Transmisiónde un parte al general en jefe, desde las lomas por medio del Heliógrafo.-5. Vista generill de Guane.--6. Soldado de infilnteríil en campañil.

·

(De fotografías de Cuba.)

LA VEGETACION EN CUBA.-Manigual en el salto de agua de los Bilños de Soroa (Cilndeluiil.)

·

( De_fotografia de Don Rafael Rosell6. )

71

�,.=========~=====~===~====~~E:L~MU:::~N:D:::O~=======:=====~=~~====:~=:==~=::::::
DOMINGO 31 DE ENERO DE 18L6

7!

cia con i ncrnstacionPS de ópalo, una cúpula decorada por
cuatro figuras simbólicas enlazad~ P?r susCal~dddsplf
adas· v representando la Fe, la Ciencia, la an ª. Y a
Tospe~ñza. A la derecha y á la izquierda,. vastos henzos
de mármol paonazzo muestran sus soberb1a9 arborescencias natorales así como las tapicerfas en que se leen con
letras rÓjas lo~ descubrimientos memorables. de Pasteur.
1848, Di.simdríf! molec1d11r.-1857, Ji'em~fnla~ione.•.-1867-:
Gmual'ioneR dtclwu.rpm1tánea.,.-J86S, Bstudios sobre el
no -186:j Enfermedades di' los g1mmo.s de seda.-:-1871, •Indios rob~e la rerrezn.-1877, J,;1!.ferr!u:dades t·i~ulentas.-

1;;,'

1880 rir&gt;rn 1·ac1male•.-1885, ProjilaJ·1a de la rabw. .

E~tas inscripciones están encuadradas por follaJes de
lúpulo v de parra.
d
l
\'iene en seguida un segundo arco, deco_ra o CO}DO e
anterior de motivos tomados de l()S trabaJos del il~tre
sabio sobre las enfermedades virulentas: bueyes, gallinas,
corderos, en tableros, entre los cuales serpea la decoración floral.
.
,
Los dos arcos dobles reposan de cada !ado sobre tres
columnas de pórfido, de-capiteles y mosaicos de mármol
blanco. Estas doce columnas se levantan á la ?abeza Y al
pié del sarcófago, como una guardia de honor imponente
de majestad.
.
· t
t'
-Una pequeña capilla ocupa el ábside .de la crip a Y es ..1
e.nriquecida, como toda la parte supenor del monumento de mosaicos sobre fondo de oro.
Por encima del altar, en el encuadra~iento de un arco
de círculo, una paloma celeste que desciende á _vuelo rápido hacia la tierra, proyectando un haz de .rayos de oro
sobre flores primaverales, forma el más admirable efecto
sobre el mármol. La bóveda del coro Pstá?rnada de una
larga cruz que flaméa sobre fondo de amatista.
A la derecha se destaca en letras negras esta conmovedora inscripción:
«E.,te .llonummto fui elerado en MDCCCXCT'I á .~ª me- ·
maria de Pa8teur por la piedad de su 1'it1da !I de sus h1JOS.»

~ ~.:::~it~-=~rr~~-r~~~
FLORES Y PLANTAS LUMINOSAS

la tumba de Pasteur.

LA TUMBA DE PASTEUR

El sábado 26 de Diciembre último, tuvo lugar la trans•
lación del cuerpo de Pasteur, de Nuestra S1;ñora al· Instituto de !acalle Dutot de París. Puede decir~ que Francia entera asistió con su corazón y su ¡&gt;Pnsam1ento á esta
imponente y conmovedora ceremonia. Paste(1~, como en
un~ apoteosis tomó sitio en su morada defimt1va. Todo
lo que lleva un nombre en las ciencias, en las letra~, en
la política había ido á llevar un supremo homena¡e al
que no fué solamente e) más ilustre sabjo de su tiempo,
sino que quedará también en la memoria de los buenos
como uno de los más grandes benefactores de la humanidad.
.
El cortejo, al salir de~uestra Sei!,ora se ba1:Jfa formado
en el orden siguiente: Sir Joseph ~1ster, presidente de ;a
~ciedad real·1 Sir Jobn Evans; Sir Dyce Dukwort; Sir
W. Priestley; 1\DL Sterlin1t Crookcbank; el Consejo de
Administración del Instituto Pasteur: el General Tou~nier y el Comandante l\Iorean, represen~an-lo al ~residente de la República· l\IM. Loubet y Bnsson, Presidentes del Senado y de la' Cáma-r:a de Diputados. 1'!..l\1. l\-Ieline, Presidente del Conse¡o; Rambaud, l\Im1stro de

Instrucción Pública; los representantes.de otros. ministros: los &amp;nadores y Diputados, ~te; el Conse¡o de la
Universidad· loe miembros del Instituto: e l Prefecto de
la Seine; Pl Prefecto de Policía; el Presidente de.l Cons~jo General de la Reine; el Presidente del ~nseJo l\Iun~cipal · los miembros de la Facultad de l\Iedicma; el Comité c~nsultivo de Higiene; l?s repres~~tantes de la
Asistencia Pública; la Acade!Ill~ de ~ledicma; la Escuela
Normal Superior; la Escuela Pohtécmca; 1.a Escuela ve:te•
rinaria de Alfort; la Asociación de Estudiantes y los mvitados.
Los periódicos parisienses han dado los ~etalles de la
ceremonia y reproducido los nui:n1;rosos discursos ~ronunciados por M. Rambaud, mm1stro de Instrucción
Pública por Bertrand, Legou vé, Sir J osepb Li~ter, Cornu,
Bergero~, Perrot, Parry, Perrier y Duclaux, director del
Instituto Pasteur. Nosotros no nos extenderemos acer?U
de esto· tratamos simplemente de conservar por medio
de la pl'uma 7. del lapiz el recuerdo de ese supremo homenaje discermdo al gran Pasteur. Nuestros lectores desearán saber algo de la cripta y la reproducitn?S aquí tal
cual fué fotografiada la víspera de la ceremoma.
La cripta donde acaba de ser deP?sitado el cuerpo de
Pasteur fué construida en la extremidad de la plantabaja del Instituto Pasteur, bajo la escalera y el vestfbulo
que preceden á la sala de la Biblioteca. En lugar muy
visible, entre delicados arabescos, se lee:
AQl.'I REPOSA

lianas fosforescentes.

Quien en ciertas regio1;1es del mar océano viaja en noche lóbrega en que no brilla un lucero, obsery3: que al
olpe de la hélice sobre las aguas, brotan minadas. de
~hispas de plata. De dónde proceden? El ma: es lummoso dicen los poetas; el mar es fosforescente, _dicen los observidores. La ciencia esa ilustre ent~met1d~, no podía
quedarse con la curiosidad y ech6se á mvest1gar las causas de ese fenómeno lnminoso. A lo que p3:rece hay en la
superficie de ciertos mares infinidad de animálculos que
fosforescen en la noche, 6 mejor dic~o que en l~ noche
pueden hacer visible su fosforescencia y de ahí dimana el
hermoso fenómeno.
l\fás no solo hay fosforescencia en cierto~ mares, tarobien la hay en ciertas plantas y de estas vamos á ocuparnos. Los fulgores fosforescentes que producen en las
tinieblas ciertas flores ó plantas, constituyen, hay q~e
reconocerlo-, uno de los fenó!Ilenos ~as extra?ºª del reino vegetal. :Fué el ilustre Lmné quien, el pnmero, _atrajo la atención del mnndo sabio sobre estos hechos smgulares no observados ó desconocidos basta entonces.
Paseándose en una tibia y hermosa noche de estío en
el Jardín de su padre, qu.edóse muy .sorpren!1ido ante nu
macizo de '1'rop&lt;l't11m m,a,p,LS/a capuchina comun, que p~recía tener flores resplandecientes de coloraciones irisadas en medio de la oscuridad.
.
Cautivado por la novedad de un espectácul? semeJante, que tan inopinadamente se ofrecí~ ~ sus oJos, el fnturo sabio renovó muchas veces sus VlSitas nocturnas. y
cada vez bajo la bóyeda sombría de los cielos adormeci ·
dos, pudo darse cuenta de que hasta el alba, esos peri:grinos fulgores se escapaban de las_ flores de .1a cap.uclu ·
na. Un electricista de la época, ,v1lcke, á qmen el JOV~n
Linné había dado parte de sus interesantes observaci&lt;?nes. atribuyó esta parti?~laridad ~ un f1:nómeno eléctrico, opinión de que participaron mmediatamente nu}Derosos escritores que se ocupaban entonces de esta curiosa
propiedad.
Sin embargo, no todos e~ban de ac1;1e:do sobre este
punto; algunos de ellos ~mit1eron la opmió? de que esta fosforescencia no pod1a y no debía ser smo aparente,
fundándose solo en una ilusión de óptica. Sea cual fuere
la certidumbre de estas opiniones, divergentes, la verdad
es que como la producción de luces tiene pr_i~cipalmente
verificati vo durante las noches que la electricidad !ltmos·
férica predomina en el estado· late1;1te, la afi:mU?ión de
"·ilcke ha e11contrado siempre ardientes part1danos.

p A,~TEl'R.

La bóveda rampante que domina las g~adas.PO! las cuales se desciende á la tumba, lleva como In5?npc1ón, de~tacándose sobre el fondo de oro d~ )os mosaicos, el pasa¡e
!'iguiente del discurso de .recep~10n del. maestro en la
Academia :Francesa, especie de mvocac16n que saluda
deFtrle el dintel al visitante:
.
.
Feliz ar¡uel q11e llera en sí !'11 Dio~, )111 ~"l'&lt;fl dP Belleza1 ,1/
qu, le obedece, ideal de Arte, 11/eal de rirnc,a, ideal de Patrw,
-ideal rie /ax rirtades ernngí:lil'll.•.
A la derecha y á la izquierda, á lo largo de las superficies murales cubiertas de ese magnífico marmol de Cararra llamado «paonazzo.11 hay ~rau~es grupos de flores
de donde !'urgen, como un corte¡o triunfal, palmas .ten•
didas hacia la imcripción. Después ~bátese un pnmer
arco ornado de composiciones decoi:a,t.l\·as que recu~rdan
los trabajos de Pasteur sobre la rabia. A la iz~merda,
en paisajes claros, hay perros, ,¡_ la derecha cone¡os, y e~
el centro de la clave de la bóveda. e~ recuerdo de las primeras inoculaciones, el Pastor Jup1l extrangulando c,on ,
su fuete a un perro rabioso. l\Iás l!-llá de este arco, levantase, sobre el sarcófago muy sencillo, de pórfido de Sue·

DOMINGO 3t DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

EL PINO

Desde aquí, desde el pie de mi ventana
y en medio de las sombras, aquel pino,
tal parece un cansado peregrino,
á quien atrás dejó la caravana.
Será delirio de mi mente insana;
pero'á veces, mirándolo, imagino,
que espera junto al borde del camino
alguna hermosa aparición lejana.
¡Arbol agreste y funeral! Tus hojas
sqn menos que mis íntimas congojas,
menos que mis pesares ignorados.
¡Ay! el dolor me advierte que tú existes,
del mismo modo que las almas tristes
y que los corazones desolados.

LOS VF:NCIDOS
A Amado Nervo.

I
Es el bosque, huraño y grave,
de regazo siempre virgen,
re~io tálamo de fieras
y Jaula de iíguilas libres!
.A.! gran dombo de esmeralda
son los troncos ejés firmes;
por ellos bajan los rayos
como eléctricos reptiles.
Y son las ramas robustas
brazos de atléticos biceps
que sujetan las tormentas
por las erizadas crines ..... .
En medio de ese derroche
de fortalezas viriles,
¿que haces tú, doliente tronco,
qué haces tú, tan solo y triste......?
Cuando tu garrida prole
con arreos juveniles
el vernal soplo e..nbalsama,
¿qué pesadumbres te oprimen?
¡Oh, veterano del bosque!
¡Oh luchador invencible!
Cuando rugió la tormenta
¿qué anhelos sordos sentiste?..... .

II
Es de la playa riscosa
en el oculto arecife,
donde se hendió el duro casco,
al chocar, del viejo esquife.
En el légamo arenoso
echó profundas raíces
el domador de tormentas,
el burlador de las sirtes!
Y allf, en la costa desierta,
doliente, ohidado y triste,
si el mar ruge, desparece..... .
Si su furia amaina, se irgue t.•.•••
Cuando en cóleras estallan
los aquilones terribles
y los relámpagos raudos
sus alfanges de oro esgrimen,
allí en tus huecas entrañas
¿qué hierve, qué ruge ó gime?
¡oh, domador de tormentas!
¡oh, burlador de las sirtes!. .....

c2vocact·dm

III
.A.llá en el mundo desierto
alza sns paredes grises
-agrietadas de los siglos
por la guadaña impasibleel pobre templo en que ayer
se elevaron las sutiles
espirales del incienso
á las mansiones felices.
Allí el réprobo calmó
sus pesadumbres horribles;
halló grata paz el bueno
y consuelo dulce el triste;
subió al cielo la plegaria
y al conjuro irresistible
de las salmodías del órgano,
bajaron los serafines..... .
En las losas ulceradas
hoy serpean los reptiles
y en el viejo campanario
moran buhos irascibles..... .
Cuando pasa el peregrino
que sin rumbo el viaje sigue
y ante la cruz olvidada
se detiene y reza y pide,
¡oh despojo profanado!
en las grietas de tus grises
y carcomidas paredes;
en las manchadas efigies
de tus, frescos ya borrados;
en tus bóvedas sublimes,
¿qué tristezas se estremecen?
¿qué nostalgias hondas gimen?

Por $milia Parao ~azán.

IV.
¡Oh, tristezas! ¡Oh, nostalgias
de los viejos adalides,
de los vencidos ideales! ..... .
¡Xo estáis sglas! ¡Xo estéis tristes!
JosÉ I.
Flores y pJ antas fosforescentes.

73

Mérida, Enero de 97.

XOYELO.

El Marqués de Zaldúa, era al entrar en la edad viril,
Secretario de la Embajada, garzón cum{&gt;lido y apuesto,
con una barba y un pelo que parecían siempre acabados
de estrenar, manos tan pulcras como las de una dama,
vestir intachable y conversación intachable y en general
discreta: e? suma dotado de cuantas prendas hacen brillar en sociedad á un caballero. Y en sociedad brillaba
realmente el llfarqués: sonreíanle las bellas, y de buen
grado se refugiaban en su compañía á la sombra de una
la'ntana 6 de un gomero, en una serre, á charlar y oir historias, á desmenuzar el tocado ó á comentar los amoríos
de las demás. Su bmzo para ir al comedor, su compañía
para el rigodón, eran cosas gratas; su saludo se devolvía
con ·halagüeiía cordialidad, de igual á igual; ramo que él
regalase se enseñaba á las amigas, previo este comentario: «De Zaldúa. ¡Qué amable! ¡Qué bonitas flores!"
En vista de estos antecedentes, no faltará quien crea
que nuestro diplomático es un afortunado mortal. :N"o
obstante, el ::IIarqués, que por tener buen gusto en todo
hasta tiene el de no ser jactancioso ni fatuo, afirma cuando habla en confianza absoluta,' que no hay hombre de
menos suerte con las mujeres.
Si me pasase lo contrario; si fuese un conquistador me
lo callaría~uele añadir solll'iendo.-Pero pu~sto 'que
~ada conqwsto, .no hay razón para que me haga el mistenoso y oculte mis derrotas. Soy el perpetuo vencido: ya
he desesperado de sitiar plazas, porque sé que habría de
levantar el. cerco prudentemente, para salvar siquiera el
amor propio.
Reflexionando sobre el asunto be dado en creer que mi
mala ventura es !tija de lo que llaman mis éxitos de salón. ¿Ha observado·usted que las mujeres menos amadas son esas tan festejadas, esas reinas mundanas que al
pasarlevar¡ta°: rumor de admiración y á quienes todos
los bombJ'E;s tienen alguna insustancialidad que decir'?
Algo parecid~ nos debe de sucederá los que en los círculos al~o escogidos no hacemos papel del todo desairado.
También creo que me perjudica ....• no vaya usted á reír-

se...... la buena educación de familia. -:\!e la inculcaron
desde niño, y soy extremadamente cortés eón las señoras: imposible que nadie las trate con más respeto, con
más delicadeza. .A.l hablarlas las incienso; al aonre.írlas
les dedico un poema. Y aunque parezca extraño...... á
veces se me ocurre que las mujeres, por la depende.ncia
en que vive su sexo desde tiempo inmemorial, tienen un
flaco inconfesado por los hombres insolentes y duros, reconociendo en ellos al amo y señor. Los que e3tamos
dispuestos á descolgar la luna para complacerlas, quizás
pasamos por sandios ó por débiles, dos cosas igualmente
malas.
Cierto día, hablando así el Marqués á un amigo suyo,
el amigo le preguntó si era posible que tanta galantería,
tanta corrección, no le hubiesen valido algo más que simpatías, si nunca se. había creído dueño del corazón de una
dama. El ::IIarqués, después de algunos instantes de perplejidad conteetó:
-En fin, ya ha pasado tiempo; la interesada no existe,
y si usted me permite callar el nombre, contaré 1a única
fortunillti que tuve...... Después de que usted se entere,
no me hallará alabadizo por haberla contado...... es una
victoria negativa, que concurre á demostrar lo mismo
que decíamos antes, (y aquí el ::1-farqués sonrió con cierto humorismo triste), que no eclipsaré yo á los Tenorios
ni á los l\Iaiiaras.
"Una de las veces que viví en España con licencia para
verá mi madre, encargóme ésta que al regresará París visita.se á una Duquesa amiga suya, á quien no había visto
en,mucbos años, porque vivía retirada, desde la muerte ·
de una bija muy querida, en soberbia quinta, á poca distancia de Bayona. Resuelto :i cumplir el deseo de mimadre, resolví también no aburrirme, ó al menos no demostrarlo, en las horas que la visita durase. Me bajé en la
estación más próxima á la quinta, donde ya me esperaba
el capellán de la Duquesa con un break.»
«A fuer de señora fina, la Duquesa me recibió con muestras de contento, y salió á saludarme al vestíbulo, toda

�DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

7S

EL MUNDO

---~ - - = = = = = = = = = = = ~ ~ = = = = = = = = = = = - e = = = =

· 74

EL SOMBRERO DE CHISTERA

\

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·'
11,'

de luto, sin más adorno que nn')~ penlientes de perlas de
inestimable precio por lo iguales, lo gruesos y la hermosura de oriente ......»
-¿Cómo aquellas dos perlas que usted lleva en la pe·
chera muchas noches?
-«Justo. :\Ii primer movimiento al verá la señora, fué
tomarla la mano v bes,freela con devoción v viveza. No·
té sorprendido qtie tan senci !la atención le·hacia salir el
eolor á las mejillas. ¡Cuánto tiempo que n:idie le besaba
la mano! No sé por qué, al advertirlo, me ocurrió lisonjear un poco á la pobre señora, tratándola como se trata
.á una mujer joven, guapa y digna de un muchacho de
hncna sociedad, con habil mezcla de respeto y galantería.
L:is primeras :palabras de la Duquesa fueron para notar
mi gran parecido con mi madre, y lo dijo con la tierna
tnrbación del que recuerda afectos y alegrías pasados.
D&lt;!spués añadió que, comprendiendo lo que son muchaehos, me rogaba que me considerase en su casa enteramente libre, y que sabiendo las hora,; de comer, y enterado de que en la quinta babia coches y caballos á mi
di~posicion, podía arreglar los días á mi gusto. Respondí
eon calor que no me había desviado de mi camino sino
para verla y acompañarla, y que ella no sería tan cruel
que no me permitiese gozar, r.unque solo fuese por breve

tiempo, de su conversación y
trato. Xuevamente se coloA no ser porque los voraces ratones se lo llevaron en
reó su cara, y como hiciese
una indicación al , capellán claro así como otras partes del interesante manuscrito,
paraquememostraselaquin- yo p~dría decir ahora mismo el nombre del afortunad&lt;&gt;
ta, la supliqué,-s.ino la era pueblo en que nació la moda del sombrero de desaforada.
molesto-que me la enseña- copa que generalmente se conoce en España con.el nomse ella misma, á la hora que bre de «Chistera,» y en otros países de nuestra babia le
tu viese por más conveniente, llaman sombrero de pelo, sorbete, bomba, ¡pumpá! Y deporque el recuerdo de aque- otras varias y chistosas maneras.
:Mas es fatalidad perseguidora de los abnegados varolla finca se uniese al de su
dueña en el santuario de mi nes que nos dedicamos á la gloriosa tarea de escarbar en
memoria. Al punto la Du- apolillados archivos para ver de desentrañar los orígenes
quesa pidio su sombrilla, su y principios de cosas no sa~idas p~r la hist?ria, t:l que,
sombrerito de jardín, y sin si á. dar llegamos con algun prec10so lega¡o, qmera el
dilación quiso que fuésemos mezquino acaso que resulte trunco en aquello que más
á recorrer arriates, estufas, interés encierra, ora porque el olvidadizo narrador se lo
bosque, río ó granja ó caserío dejó en el tintero, ora porque lo escribiera con las heces
de los colonos. La presenté el de la tinta, y en la dicha substanciosa parte, con p~febrazo y la sostuve con alma, rencia á otras de mayor desabrimiento, ee cebase el diencon la tensión de músculos te de iliterata bestia ó de golosa musaraña.
No reza, pues, el vetusto papel que á la vista tengo,
que en un baile desarrollamos para pasear por los salo- cuál fué la galardonada villa ó aldea en donde por priJ:nenes á la rema de la fiesta y os- ra vez se miró lucir, sobre la cabezas de criaturas del género másculo, el sombrero, betuto ó cesto que ha llegado
tentarla.
'1 uDnranteel paseo lafuí ani- á ser de uzanza universal, vistoso ,ípice y supino ornamando, á fuerza de atención, mento de la humana estructura.
... . .;r·
De que fuera pueblo de Españl~, no queda la más l~ve
á que hablase mucho, y dos ó
duda; no tanto por estar en puríS1ma lengua de Castilla
tres
veces
la
hice
reír
y
conf' ~ ' :
testar en tono chancero. En escrita la memoria que me porpongo extractar, como por
el invernáculo nos paramos constar en ella muy prolijamente los nombres y señas de
.
delante de una flor rara, el las personas todas que, á la historia, siempre tardía per!)
jazmín doble, y alabando ~u á las vegadas justiciera, se recomendaro~ e~ grad~ emiaroma, laroguéquemepus1e- nente como promovedores de tan peregrma rnvenc1ón.
l'uerto de mar era, y ha de serlo todavía el pueb_lo en
• . «::.
se una rama en el ojal. Consintió declarando que era yo cuestión, y asi lo podrá jurar sobre cruces el lec~r impamuy caprichoso: y mientras ciente; si refrenar logra las ansias de su curiosidad Y se
me su¡etaba la rama con sus deja conducir á las conclusiones luminosas á que derechadedos torneados aún, la mi- mente pongo proa en la presente exploración de tan imr¿ al fondo de las pupilas, co.n portante arcano indUIDentario.
Era el ignoto pueblo famoso entre sus vecinos por la
una gratitud risuef'ia y, ... no
sé como diga...... iba á decir abundante pesca, por la hermosura de sus mujeres y por
amorosa...... en fin, con un no la celosísima disposición de éstas, que sólo podia ponerse
sé qué, que la hizo bajar los en parangón con la traviesa inclinación de los hombres;
y muy particularmente los de estado casado. Y dicho _sea
ojos ...... ¡Sí, bajarlosl
uYolvió de laexcnrsiónal- de paso, que el á veces irreflexivo autor del manuscnto,
go fatigada; subió á arreglar- acaso por echarla de imparcial, se permite decir que si
se para comer, y durante la mozos y viejos eran dados á algo más que á chicolear la
comida procuré seguir entre- mujer del prójimo, no se andaban ellas por las ramas en
teniéndola, sinque la conver- punto á correspondencia; y va el muy osado hasta querer
sación languideciese un mi- probar, con desusados escar~os y distingos psicológicos,
nuto. A. los postres, volví á que el celar mucho no excluye en la mujer el cojear un
ofrecerlael brazo, y ya lo to- poco; con lo que se viene á poner en claro que el tal era
maba para pasar al salón, de los que por aliviar su propia alforja echan en la del
cuando el capellán, asombra- sexo debil los pecados gordos del suyo fuerte, y sostienen
do, la recordó que faltaba dar que no enlaza el ladrón la vaquilla, sino que es ésta la
las gracias. Rezamos, y ya en que se va tras la soguilla.
Costumbre era ya en los maridos el venirse á casa pael salón; me senté al lado de
la Duquesa é insensiblemen- sadita la media noche, y en no raras ocasiones al despun ·
te la traje á hablar de su ju- tar del alba; permaneciendo durante esas mortales horas
ventud, de sus triunfos. A.l las pobres esposas en constante vigilia, contando y torcontarme que en un baile de nando á contar las vigas del techo ó pasando unas tras
casa de Muntejo llevaba tra- otras las avellanas y nueces del rosario, no tanto para disje rosa salpicado de jazmi- traer su pena en este monótono ejercicio, como por ver si
con el afán del rezo alcanzaban de algún compasivo sannes-justamente de jazmines~xclamé co1~0 ~nvolunta- to la merced de sacarles á sus maridos de los malos pasos
riamente:-¡Qué hermosa eetana usttd!-\ olv1ó la cabe- en que andaban y se les trajesen á casa á la hora en que
za, hubo nn silencio eléctrico d~ al_~~os segundos ..... . se recogen las personas decentes y cristianas.
y noté que su respiración se hacia di_t1c1l.
.A.lgo zumbón parece ser quien quiera que escribió los
«Al retirarme á mi cuarto, recapacité, Y ~e alarmé, l? apuntes que voy siguiendo, pues que dá él en la flor de
confieso; ví en perspectiva Ja_r~diculez pos1~le de una si- atribuir la poca ó ninguna ayuda que á las afligidasespo-tuación hasta entonces tan ongmal, tan graciosa, tan cul- sas lograban sus continuos rezos, á que no los endilgaban
ta...... y resolví marcharme á coger el tren que pasa al á los patronos especialistas que á su cargo tienen en el
amanecer por Bay0na. Dicho y hecho: ealté de la caro~, cielo el iluminar con luces de arrepentimiento la concienme vestí, bajé i"i la cuadra, mandé poner el break, Y de¡é cia de los pecadores maridos, ó que los santos ponian ore1111a cartita para la Duquesa, donde P!esentánd?la to- jas de mercader á sus ruegos, por ser muchas y á un tiemdas mis excusas, indicaba que las despedidas son Sl~mp,re po las que pedían el mismo milagro.
melancólicas, y que mi deseo era qn:e no quedase mngun
Dejando á un lado las nada ortodoxas deducciones del
roa l recuerdo de mi breve estancia.
.
preocupado cronista, las cualee indulto yo por conside«El día de año nuevo recibí en París una c~Ja. No co~- r~rlas como picaresco adorno de su ~nteresan~ relatA:!,
tenía más que jazmines dobles. El ~ía de m1 !anto, reci- diré de una vez que los maridos contmuaban mcorregi·
bí otra. Igual contenido. Al cumph~ u_n ano-d1a por bles, y así ponían ellos mientes á los edificantes sermones
d[a-de mi llegada á la quinta, más ¡azmmes. Ya ~o pu- de sus lastimados cónyuges, como pudieran ponérselas á
de dudar de la procedencia. La Duquesa !os cnaba á lM arengas del rey que rabió; y ya quisiera yo que me
precio de oro y me los enviaba en toda ~s~ac1ón.
muy sarraceno del cronista, para espetarle las
uDespués nada recibí... más que la not1c1a de la muerte oyese el que
á este punto de su historia se me ocurren, y
de la Duquesa y á poco me entregaron esas perlas que razones
que todo lo que en el ingenioso mundo en que habita·
usted sabe-s~s pendientes-que en su testamento_ me es
sucede, no és sino en bien de lo mejor, como lo palegaba á título de recuerdo del día en gue nos conocimos. mos
~ntiza el presente caso; porque muy á las claras está que
Así rezaba la cláusula: en r¡ue nos conoc-imos.
s1 aquellos extraviados maridos hubiesen vuelto al redil
uEa. ya sabe usted mi conquista-:····"
. .
-¿Y usted cree-preguntó el amigo con suma cunoSl- de la honestidad, no hubieran :podido verificarse los graves sucesos que por resultado dieron la invención famosa
dad--que la Duquesa no enfermó de pena de no verle?
-La Duquesa tenía sesenta y cinco años-dijo por vía de los sombreros de betuto, que es una de las cosas de
más primor y utilidad que en el cuasi expirante siglo en
de contestación Zaldúa.
que vivimos se han podido ima~inar.
• EMILIA PARDO BAZÁN.
Escrito estaba q'.le la paciencia de aquellas eantas mujeres _había de llegar al límite que todas las cosas humanas tienen señalado; y una de ellas, de temperamento más
sulfurable que las otras, se decidió á dar por fin el escándalo gordo que todas deseaban.
Frondosa y musculada era la moza, y aunque mansa,
no por la índole sino por el mucho amor que á su marido
tema, en trascendiéndole á la sangre la pimienta de los
celos, la borreguita se revelaba, y como ella misma decir
solfa: se le alnmbraban los faroles y se le subía á lamo·
ller~ toda la injundía vizcaína de su propia eerrana.
Por burlarse tal vez de lo que es santo,
Cierta noche en que como de ordinario aguardaba descreo que fué el demonio
p_abilada, y no parecía por puertas el tarambana del maquien llamó al matrimonio
ndo_, arrojó á la mesa el rosario con que rezaba, y ya con
la noble institución del desencanto.
el vizcaíno en el moño dijo:
A paseo se va ahora mismo toda la santería del calendari~; que yo soy muy mujer para barrer los vicios de mi
***
En guerra y en amor es lo primero
propia casa.
·
el dinero, el dinero y el dinero.
Que lo de barrer no lo dijo como simple tropo de su celosa ira, lo probó echando mano á la escoba que por ah(
CA:Yl'OAXOR.

~:,.

pa,s:;.do y mugiente. Venía hacia mí, arrastrándose, erinera de chisteras de pescadores, puestaE á modo de mo- zada, cieslizándose entre mis piernas, ó bien me saltaba
rrión,
que
parecían
como
de
encargo
para
resistir
la
mumos3: señora detfÓ:s de una hoja de la puerta, aguardó al
al hombro, se restregaba en mi cuello y trataba de ocul_perdido, en la actitud en que se espera á perro ladrón pa· jeril paliza, siendo maravilla que las acometedoras no tarse debajo de mi barba. Nose atrevía áiraesin mí; al dar
hubiesen advertido tan desacostumbrado como desmedi- yo el primer paso hacia la casa, corría precipitadamente
ra derren~lo de un solo palo.
El perdido no apareció hasta que el sereno hubo canta- do ornamento, que á quienes lo llevaban les impartía allá, al llegar á la puerta se detenía, me aguardaba y rue
apariencia de verdaderos espantajos.
do las cuatro en punto, con tiempo nublado.
mil caricias como ~radeciéndome el regreso.
Hermana melliza de la fama es la deidad éxito, como lo hacía
l\Iás nublada tenía el alma la infortunada mujer· así es
Era tímida, delicada, tierna; todos la querian; desde la
que al entrar el infi~l, levantó ella el vengador ~rrote, pantentizó muy bien la voluble y servil opinión pública prisión se impuso por el afecto; los ladrones detenido~;
.Y descargó á su marido en la cabeza (para que le librase de aquella idea, .tornándose en cobardes risas los aplausos que eran nuestros criados, se guardaban bien de hacerle
J)ios de los malos pensamientos) tan soberano cachipo- que antes daban todos á la espartana determinación de &lt;iaño. Se nos encerraba á las diez de la noche; un enorme
rrazo, que le dejó tendido por el suelo, bañada la faz por las egregias II,mjeres. Corridas se quedaron las agraviadas, cerrojo atravesaba la férrea puerta de la celda, hasta las
~norme caño de sangre, como si por a111 se le derramase pero no del todo tranquilos los del agravio, quienes, te- siete de la mañana, por más que enfermase alguno. A. vemiendo un nuevo y mejor concertado ataque, continua- ces, en el momento en que se nos emparedaba, Gris, que
la. vida.
Testarudo era el libertino, y lo era de ambos 'preceptos, ron por muchos días llevando en la cabeza aquella rarísi- no conocía del todo las costumbres de la cárcel, no hab111
lo que para él resultó sn grande fortuna, pues el palo ha- ma montera, coraza ó capirote, á que debían la sanidad entrado aun: los guardias nocturnos la encontraban maubía sido como para abrirle en canal, y así lo declaró él de sus molleras.
llando á mi puerta y faltando á la consigna corrían el ceQuiso entonces él acaso ( lo más derecho es creer que
fí!;ico llamado de p:isa á socorrerle, al ver que necesitó
rrojo para que entrase.
hasta tres pulgadas de emplasto adhesivo para tapa¡- la fuese providencial concidencia), el que á ese tiempo
Jersey gozaba grandes privilegios. Comía á la mesa,
arribaran al pueblo unos marinos de la América del Nor- enEn
brecha que el paciente en el bautismo tenía.
la cual tenía su plato en un ángulo, manejándosA de
Curóse al fin de su avería el buen señor, y cándida- te, los cuales se maravillaron de tan excelente usanza, y modo que á nadie incomodaba. En mi habitación era somente creyó su esposa que curado hubiese también del dando por cierto que era moda novísima que hasta allí se berana: tenia derecho á: la mejor poltrona, y como á los
viciejo aquel. Pero muy lejos de arrepentirse de su pe- había corrido desde los centros de la Europa, al :punto lo gatos les gusta el lujo, una encantadora dama la había
-caminosa afición, en cuanto puso patitas en la calle, vol- noticiaron á sus armadores de Filadelfia, enviándoles bordado 1·ico y muelle cojín. Durante la noche, para ca• vió á las andadas, y con redoblado gusto, pues en come- también unos muy bien pergeñados diseños con su indis- lentarse, se acostaba en mi cama; en el invierno se metía
xones de este jaei la privación aviva el prurito muy lejos • pensable escaJa de proporciones á la margen, de aquellos dentro de las sábanas. Cuando sentía demasiado calor,
flamantísimos sombreros que ellos no encontraban modo sacaba el cuerpo ó la cabeza fuerade los cobertores; yo_me
de aplacarlo.
Hacía~ entre tanto todo lenguas el desocupado pueblo, ni palabras para decir lo bien que les parecían, acaso por sentía penetrar complacencia cuando, al despertar, en,comentándose en corrillos de ambos sexos el escandalo- antojársele á su ingenio mecánico de raza, algo así como contraba su cabeza al lado de la mía.
.so caso, y ya se puede imaginar el lector si se pondría cajas ó fundas protectoras de la máquina de pensar.
Era la dulzura personificada. Un día, sin embargo, se
Esta carta. en que además se decía que al referido para- tornó feroz. A poco de salir volvió trayendo entre los
por las nubes en los corros femeninos el valor y la prutlencia de la viril esposa, á quien de Juana Robles, que peto sombreril se le llamaba uChistera,n fué á manos de dientes algo que colocó en medio del cuarto. Era un
mondo y lirondo se llamaba, dieron en decirla Juana de unos sabius que ála sazón componían una Enciclopedia,
ratón.
.Arco, aludiendo en lo posible á la doncella de este y lus tales sabios, con exactitud digna de loa, dieron en
Allí estaba el infeliz ratón, inmóvil, silencioso, fija la
su
libro
la
definición
ilustrativa
del
invento,
verbigranombre.
mirada, estupefacto. Gris hizo que se alejaba; su víctima
-Pues no tiene sangre de rana la Juani"a,-decían las cia:-"Chistera:-Sombrerero de mimbre en'forma de ces- trató de huir con presteza, pero una zarpada violenta la
-demás mujeres en coro.-Así: ¡por la cabeza! que por to alto y angosto, de11cubierto en Espaíia 'por marinos detuvo: volvió ásoltarla y el ratón intentó una nueva huidonde pecan paguen, y muy recio que de alcornoque la americanos.»
da, pero fué tan desgraciado como en la anterior. Así
Cayó en poder de cierto sombrerero cuákero la ya dos paso
tienen los muy pillos!
un cuarto de hora, Gris cojiendo su presa y soltánDado como estaba el ejemplo, naturalmente encontró veces mentada carta, con los diseños y todo, y dióse ma- dola, permitiéndole por instantes alejarse un poco_y salña
para
fabricar
con
láminas
de
hojalata
muy
febles
un
imitadoras. Y ¿quién dijo miedo?
·
tándole encima con increible agilidad, recogiéndola de
Refiere el no muy escrupuloso narrador de este verídí- molde 6 armazón, sobre la cual montó en seguida fajas nuevo mils y i;nás ensangrentada y moribunda. .
eo caso, que las mujeres del lugar acudían en tropel á de cartón encoladas, y por último la aforró lindamente
llnbo un momento en que el ratón comprendió que su
procurarse escobas flamantes á las tiendas en donde esta con unas bandas como de á cuarta, de velludo muy sutil; enemiga se burlaba de él; desistió de aquel peligroso juego
elase de artículos se tiene, y hasta dá por cierto que las y todo con tan exquisita arte rematado, que primero por y se quedó iumovil. Gris se alejó un poco, luego más,
docenas y más después por cientos, llovíanle los encar- volvió la mirada hacia otro sitio, contemplando con atenamotinadas compradoras al perplejo vendedor decían:
-Un comino se nos dií de que sean ó no buenas para gos de la famosas chisteras. Con una de ellas acertó áha- ción una mosca que revoloteaba en la vidriera; con todo,
un barrido, pues para un fregado es que se han menes- cer su entrada á París un diplomático yankee. Burláron- este olvido no duró sino cinco minutos. Recobró alientos
ter. Búsquelas vuesamerced bien recio el palo, y de lo se al principio los currutacos parisienses del sombrero el desdichado ratón y aunque corrió velozmente hacia la.
del americano, más á la postre ·10 adoptaron, conservándemás no se cure.
puerta, yl\ tenía encima la inevitable garra,
C0sa que, bien mirada, no ha de tenerse sino como dole el primitivo y chusco nombre de Chistera, que de
Desde aquel momento, por más que Gris se alejara al
España
le
viene
como
de
perlas.
&lt;&gt;xageración de la pluma desbocada del primitivo autor
extremo del cuarto y se entretuviese cazando la mosca ó
Sostienen
algunos
arqueólogos
exJ.mios
que
el
nombre
de esta crónica, porque, ¿cómo habían de carecer en sus
haciéndose al descuido la toilette, el ratón no se movía. Al
easas aquellas hacendosas señoras, cuando menos de un de Chistera cuelga su origen en el hecho muy probable fin, la gata se percibió de que aquello.era un ardid; emde
que
fueron
reales
y
efectivas
cestillas
de
:pescadores
veterano escobón: ni cómo habían de irá hacer novillos
las que los maridos de marras se colocaron á gu1Sa de blin- pleó la violencia y saltó sobre su víctima, hundiéndole
de aquel secreto plan que concertaron?
dientes y uñas en las carnes. El ratón, en efecto, corría
Con mucho tiento ha de irse el que la dá por escribir daje protector en la noche de la fracasa.da paliza de las tratando de fugarse y lanzando chillidos dolorosos; pero
escobas;
en
tanto
que
otro2
no
menos
profundos,
resuelhistorias, pues que no es para esta rama de las letras el
en vano; Gris lo perseguía, lo mordía, lo arrojaba ataire,
dejarse llevar por los caprichos de la imaginación, lo cual tos á no dar á torcer su brazo en tan intrincada materia, Jo recibía entre las uñas, lo volvía á lanzar, Jo apretaba
se
aferran
con
ingeniosísimas
razones
á
la
versión
que
sJlo cuadra en las ficciones del arte poética: así como
quiere que el tal nombre tenga por fuente ó raíz el juego contra la pared, lo arrastraba, loca, ébria de sangre, es~mpoco_cabe e1;1 los sucesos verídicos que se cuentan, el de
los vocablos o&lt;chiste-era,» aludiendo á lo del chasco pantosa, soberbia y colérica. Erizada de frenesí, brillarntroducir donaires que alterar puedan la .esencia y verban sus ojos como brasas y parecía la tigre que había en
en
que
por vez primera figuraron aquellas extravagantes
dad de lo que se va relatando; prurito muy censurado á
el fondo de la gata! Los chillidos de la víctima fueron
fábricas
en
cabeza
humana.
Herodoto, quien siempre confundió lo cierto con lo fa.
Mengua fuera de las resplandecientes luces que en el debilitándose, al fin cesaron: lanzada casi hasta el techo,
buloso, por lo que, con ser escritor tan ilustre, no logró
presente
siglo alumbran, si por incuria ó por cualquier cayó inerte. Hábía mue1to. 1
ser historiador fiado; y ningún crédito se dá á sus relatos,
Gris la consideró un momento, como dici~ndo ya!, la
mientras que á Tácito y á otros de la misma laya nos los 11tro motivo, permitiesen las muchas y buenas academias arrojó con desdén á un rincón y fué á tomar el sol.
que
en
las
varias
ramas
del
saber
tenemos,
el
que
quedaponemos sobre la niña de los ojos, por eiervos de la verPresencié aquella tortura con horror, pero sin intervese sin el debido esclarecimiento este principalísimo pundad que en todo fueron.
nir, gozoso de poder reprochar á la naturaleza aquella
to
de
la
historia;
que
á
otros
habrá
de
tocar
la
no
menos
Lo que debió decir parcamente, y se habría quedado
agonía abominable, diciéndome: uEso concierne á Dios,
en lo verdadero el narrador que ahora seguiremos sin gloriosa empresa de sacar en lim:pio comprobanzas irre- que así ha dispuesto las cosas; no seré yo quién las enfutables
del
hecho
ya
patente
casi
de
que,
el
(
como
ahora
cejar un punto, es que había conspiración general en las
miende: allá se los haya!» Sin embargo, me arrepentí
mujeres casadas del pueblo. Y en efecto, (y sin que nos se estila llamarle) vertiginoso progreso moderno ó alto luego de haber permitido aquella atrocidad, y siemengolfemos en averiguar cómo y en dónde hubieron ellas vuelo del humano ingenio, débese, en no exigua propor- pre que he visto un ratón presa de nn gato lo he protelas homicidas escobas, ó si algunas las suplieron con for- ción, á la influencia del sombrero de Chistera sobre las gido.
midables porras ó con descomunales estacas, que todo r~giones del intelecto, las cuales es sabido que el suHoPero ¿qué les habrán hecho los ratones á los gatos en
cabe en lo posible si en cuenta se tiene.el desesperado dicho aparato protege, refresca, acondiciona y corro- épocas anteriores á su existencia?
tranée de aquellas ofuscadas matronas), el hecho es que bora.
Naéen con ese odio hereditario, y si acaso no lo sienten
N. BoL,ET PERAZA.
concertado se hubo el trál!:ico plan de que, en una noche
lo bastante, las madres se los inspiran. Recuerdo que.la
-dada, cien esposas ofendiclas debían de caer á rompecagata-blanca de la Conserjería se instaló en mi pieza con
"::;;c)j_~~i1.~-~,,~ ~~-~
bezas sobre sus trasnochados maridos, con el loable y
sus pequeñuelos y que no tenían aún cinco semanas de
muy santo fin de volverles á la olvidada devoción de la
HISTORIA DE UNA GATA
nacidos, cuando una noche la madre les tl'llj" un.ratón
sola mujer 9-ue les entregó la Iglesia, con exclusión de
que colocó sobre una losa. Los cuatro gatitos se aproxitoo.a pecammosa promiscuidad.
En mi destierro de Jersey maron tímidos y curiosos; la gatitcomenzó su lección de
Cuenta el minucioso describidor de estos sucesos, en
tenía una gata por la que me tortura cogiendo y soltando alternativamente su presa;
tono que por alzarse á lo épico se extrema en lo hinchainteresaba vivamente y la pero como las celdas no son tan espaciosas como las aldo y altisonante, que eran siniestras las intenciones y
que,-antes de ser mi com• cobas, y como la madre, atenta á sus hijos, no vigiló lo
p.1.vorosos los aprestos de la conjuración; lo cual pudo
pañera de proscripción-lo suficiente al ratón, éste pudo escaparse de prisa,
,quedar dicho con la requerida propiedad y menos cauEl de;;contento y la humillación de la gata no tuvo lífué de cárcel, pues había nactal de pasión, pues no era aquello tenebroso plan catilicido en la Conserjería cuan- mite; sentía sobre sí las miradas de sus cuatro hijos que
nario ni cosa parecida sino desesperado recurso de podo estuve en ella; hija de parecían decirla: y bie1d Su dignidad de madre y su odio
bres mujeres agraviadas en el más peliagudo precepto
unagata blanca qne un pre- de gata estaban comprometidos y ultrajados; movía la
del decálogo.
so político llevó todavía pe- cola airada, y como uno de los gatitos se acercara para
Y tanto fué así, que las presuntas víctimas olfatearon
quefla y que había visto cre- acariciarla, y le pisase la cola, le dió tal arañazo que lo
la celada, y con grande di:igencia y mejor guardado secer allí. La preferí á tres her- hizo rodar deba¡o d.:i la cama.
-creto, diéronse prisa á apercibirse para el lance.
El ratón se había escapado por el intersticio de una
manos que tuvo, por su
Despuntaba ya en el horizonte el lucero de la alborada,
mansedumbre, por su sedo- plancha de metal de la chimenea. La gata se colocó frente
-c•1ando los esposos correntones asomaron las narices por
sa piel, por su actitud inteJi. á'.aquelaiujero, fija la. mirada, absorta, inmóvil; cuando se
Lis puertas de sus re~pectivas moradas, y apenas hubiegente, por sus grandes ojos convenció de la inutilidad lle su vigilancia, pues el ratón
rnn dado un paso, cayó sobre sus cabezas, con toda h
de vi vas miradas que tenían no salía, resolvió entretener,e con sus liijos.
agigantada fuerza de los celos, el palo vengador. Más
algo de humano. La obtuve
Transcurrieron tres días ,iPspuésde esta aventura que
eou sorpresa y grande desaliento de las confabuladas esde su dueño, quien me la ce- ya había olvidado, cuando v1 aparecer al borde del aguJl ,sas, los garrotes no produjeron daño alguno en la cúdió de buen grado; la cobré jero á un ratoncillo de amorti~uados ojos, que parecía
1mla pensante de los refractarios maridos, antes bien reespecial afección_y al salir buscará alguien. La gata maare acababa de ealir y los
'b ,taron sordamente. de la ~opia n:¡_anera que si hubiese
•&lt;lado contra almohadicas de pura estopa ó guarda-infan- de la cárcel, Gris,-pues llevaba el nombre del color de su cuatro gatitos dormían en un rincón sobre una piel de
camero que se les había comprado. El ratoncilló adelanpiel,-me siguió al destierro, á Jersey.
tl'S de flexibles juncos.
Extraña impresión sintió aquella gata nacida en un pre- tó las dos patitas delanteras, luego su cuerpo enflaqueciCorramos un velo, dice el socarrón del cronista, sobre
prob&gt; á dar algunos pasos con lentitud;
·-c~ta escena de drama trastrocada en salida de entremés sidio, viajera de cien leguas en el fondo de una cesta, al do y estenuado;
sobre el dorso y expiró. Riñ duda el agujero no lle' h.\gamos como que nn vemos el despacho de las adolori- encontrarse de repe_nte al aire libre, en pleno espacio, á cayó
gaba hasta la pared ó ésta era demasiado maciza y n o tedas mujeres y la burlona risa de sus empedernidos con- todos los vientos, entre el océano y el cielo. Acost umbranía grietas en donde ocultarae: el ratoncillo había pasai'nrtes, y digamos tan sólo la causa del deplorable fraca- das sus pupilas á los sombríos pasadizos y á las celdas do
allí tres días sin comer, prefiriendo morir de hambre,
obscuras en las que siempre fué noche al mediod ía, no pn'l'O, que no fué otra sino q11e anverthlas las víctima~, del
riesgo y peligro que corria la integridad de su bautismo, día explicarse los explendores de la. luz solar sobrn las antes que tropezar de _nuevo con el terrible felino.
::icomodáronse sobre de él, en vez de !:ombreros unas co- aguas. Le espantaba el oleaje tnmnltnoso, su azotar inAuGUSTE_YACQUERIE,
~a; huecas y flexibles de más que mediana altura, a roa- cesante sobre los bancos, el inmenso ,·aho océanico, acom-

:se estaba como previniendo el caso, y ocultándose la ahi-

�DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

EL DANTE EN MEXICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CO.XTINUA.)

... Y no sé cómo, sin darme cuenta,
llegué á la curo bre de un acantilado, desde la cual Fe dominaba una plazoleta,
cuyos términos de pellones cortados á.
pico y escarpaduras espeluznantes, finf?Í3Il en el f&lt;;mdo negro de. ]anoche fatídicos y capnchoEOs h~eam1entos: u:1 torso diabóljco, una esprna dorml g1gan ·
tesca un monstruoenorme, un bipopótiuno' leproso, una sal_n[!landra c'?lérica.
A lo_ lejos, en las bmeblaf', brJih1ban
los astros como chispas de fragua.-Busqué un tanto extremecido y confuso-cosa rara y perjudicial en un repórl&lt;rá. mi Virgilio........ pero r,,efioree, saben
m:tedes quiénes mi Yirgilio? :Ko t-Eaquel
buen_poeta latino de las églo_gaf=, el que
adoraba la Naturaleza y cant6 las proezas de En€as 1 el que sopló con alientos
del Helicón y amor del Pindo en el
caramillo de Pan, el que amaba á los
pastores y se c'on::placfa en seguir con
la niirada las palpitaciones iracundas
en el pecho de Juno; no, mi Yirgilio,
menos chí.eicoiy quiz,1, quizá, miis hu·
mano es un travieso espíritu, malérnlo
por c~ndíción y por temperamento1 que
á semejanza de Puck. hace cuantas diablur,1s puede, y it ililitacion del fam0so
Cojuelo levanta los techos-las rapern·
zas de las casas-para so1 prender el secreto de las coetfimbreE&gt;, el misterio de
las vírtudes y el escondite ·de los Yicios.
Mi Virgilio sabe muchas cosas-no_tm!tas como fas que sé yo-y, aunque rnnsible se pasea todas las mañanas por
Pla~ros para recoger la nota del día en
las deshilachadas com·ersaciones callejeras: sabe del ab:a y baja de fas minas,
por los coyotes; del alza y baja de la Política, por los diputados, y del alza y baja del honor por los irresistible!{.
En Plateros, de doce á una, se fiende
el e'jército de los desocupados, si es que
todavía se entiende por ocupación emplear el tiempo en algo honorable y honrado. A primera vista 1 tal parece que
los cábaUeros de boulcvard están ocupadísimos¡ el rumor de las convereaciones
parece ruido de monedas; todos los pa1ique13 son juegos de bolsa; el air~ esM,
lleno de transaccione8 ....... En el fondo,
y bien mirado, la calle de Plateros e,s
un centro de banqueros de pega y de
prestidigitadores mercantiles. Hay también sus rateros de reputaciones y ms
calumniadores de profesión. Mi Yirgilio
es un espíritu punzante que conoce al
dedilló los círculos y vericuetos de este
infierno. El me indicó, desde ltJe'J'o, ,t un grupo de!condenádos que1 á paso fatigoso, se fiftraba por el estrecho
tajo de una pefia.
Frente á ellos, en el extremo opuesto, sobre el altar
salvaje de unas rocas, un gran libro abierto, se despanzutraba,encadenado á. las piedras como un Prometeo lleno
de desesperación ..... .
A su lado un tintero colosal y una gran pluma de águila hacían las veces de las oce,ínides consoladoras.
Saqué mi carnet y me dipuse á tomar los apuntes de
este extravagante ri.portage. Mas ¿qué ví que me intimidó
é l:íizo temblar el lápiz en mi mano?
Por encima del libro, en un banco de taberna, en actitud hiératica, con las membranosas alas extendidaJ, y
con su bidente en la diestra, estaba socarronamente sentado un diablo cuya cola retorcida descansaba por la punta en la oreja izquierda1 tal cómo suelen llevar los porta~
plumas, cinco horas por lo menos de los siete obligatorios,
los escribient-es de los ministerios. Al principio tuve Wl
TODO ES ASI.

Un cielo azul, un horizonte limpio,
Doude brilla la luz de la esperanzai
Un enjambre de bellas ilusiones1
Un pebetiero que perfumes manda,
Un raudal de inefables harmonlas,
Un ensueño que lánguido desmaya,
Una alfombra de flores por camino1
Una deidad por la mujer amada;
Flores y luz, aromas y cadencias ........ .
Es muy bello todo eso ......... ¡pero amarga!
Aspifar el perfume de las flores,
Escuchar arrobado lo que canta;
Saborear los encantos de este mundo,
Lo poco que en la vida nos halaga;
A.h.1.mbrar del espíritu la tarde
Con el ténue fulgor de la esperanza,
Sentirse amado y apurar la copa
Con que nos brinda la mujer deseada,
Vivir en medio del festín, contento ....... . .
Es muy bello todo eso ......... ¡pero cansa!
No ver las cosas á través del priema
Que con bellos cambiantee nos encanta,
Alejarse de influencias seductoras,
De la hermosa ilusión que nos engaña,
Trocar el mentidor kaleidoscopio
Por el cristal que la verdad retrata
Y aceptar de la vida el prosaísmo ... ..... .
Es muy bueno todo eso ......... ¡pero amarga! •
TJN Pm,'To.

-A.Mateo$. 0

,,,

•rd.S.C.~..
1 Joa

uin

' a
tio

•iarano.

EL DANTE EN MEXICO-EL REGISTRO.-"No se hagan bolas.

miedo cerval; mas conforme fu( mirando el rostro impa~
sible de eE&gt;te sér infernal, entré en sosiego: no era mal
mozo. Se parecía un poco á Nacho Bejarano, y tal vez
al simpático Luis Galván: tenía los bigotes finos y retorcidos, los ojos entrecerrados y la fisonomía apacible y serena. Así es Nacho cuando se pase!!. por los salones del
Gobierno del Distrito y Galv:in cuando suspira, en conciertos selectos, sus exquisitas y aristócratas romanzas.
¡Oh, Conserje de las profundas y aterradoras simas,
atractiva mezcla de Bejarano y de Galván, en tu plácido
semblante se adivinaba la satisfacción, el bienestar de
los fávoritos ~- de los mimados; Lucifer, probablemente
debía de tenerte mil consideraciones y de premiar con su
ilfecto tus servicios decorativos!
Poco á poco la banda de condenados llegó hasta el libro. ¿Quiénes eran? Me restregué los ojos con un movimiento de impaciencia1 procurando penetrar las sombras
con el rayo de mis miradas. ¿Los conocía? Ah, ¡Sí!. ... ... .

***

ooMrNGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

Allá va Juan 1\fateos, el furioso jacobino, defensor de pasados ideales y de u~opias sublimes; allá va Terrazas, catóhcn volcúni_co¡ maniático de santidad y
quizá también de idolatrías y de egolatrfas extra,•agantes; allá va un: obispoo
cuya mitra, vista de lejos, semeJa en sus
contornos la silueta de un gorro frigio;
all,t va Orozco, el buen mozo, el bell ami,
t-'I et.erno domador de las hermosuras'.indómiws· allá. va tl General Rocha cargado d~ 'cruces y de gloria.-Y tomando
not:1, rne preguntaba: ¿por qué estarán
aquí, por qué irán á per.i.etr3:r ene) laberinto de los hondos mistenos estos céJebres personajes?
• Mi Virgilo invisible murmuró:
-Porque la opinión los ha condenado. Ya sabes; la opinión, esa locuela
que hoy ama lo que maña~a desdeñará
v que acostumbra confundir en un moinento dado·clases, condiciones y méritos, cua11do así le parece. Juan Mateas.
tiene mucho talento, Rocha mucho va-•
lar, Terrazas mucha fe: pues el discursodeuno, el rasgo heróico de otro, y un
art:Culo del Reino Guadalupano, bastan
para que en un momento la opinión se•
ponga á. discutirlos, ácensura.rlos y ú
condenarlos á las llamas eternas.
-¿Y quién es esa señora la opinión á
la-cual no he lo grado conocer?-meatreví á interrogar tímidamente.
-Pues Chico-me contestó Virgilio
--estás atrasado de noticias: no. t,e mefiguras reporter; la apini6n 1 esacasqnivana, es hija de muchas madrea, principalmente de la prensa, una coWrrona
muy encopetada que en todo ee mete,
sin conocer1 por lo común, nada deaquel1o en que se mete. La opinión, la
haces tú, la hace el parlachín de café,
la hace el mozo de restauranJ., la hacecualquiera: el caso es que tenga un pooc de auditorio; la opinión, como las
tragedias griegas, necesita un coro. La.
humanidad marr· ha en manadas, según,
dice la vieja mrtáfora. Un día, Mateos,
Rocha y Terrazas están en el pináculo de la gloria, no es difícil que al día.
siguiente hayan caido.
Pero1 y bien, ¿á qué los condena la.
opinión? pregunté con cierta violencia.
-Los condena á ser siempre los mismos: los condena á inmovilidad perpetua; los obliga á cargar una cadena deforzado. 1\Iateos no puede quitarse et
sombrero para saludar á un carruaje portemor deque sopeche la opinión que en,
ese carruaje iba el Dfriní.simo; Rocbai ·
no puede dar explicaciones por haberle
p1sado el pie á un ciudadano, porque laopinión sospechara de su valor; Terrazas no puede asistirá una comedia casera por miedo de que le señalen como un hereje; Orozco no puede claudicar cuando le duela una pierna por-no perder ·su fama de elegante. La opinión condena á.
los hombres que se distinguen entre la multitud, á no
variar, á conservarse inmóviles, á ser de una pieza.
-Tremendo castigo-exclamé, bajando de mi trono derocas.
Mientras iba meditando, por la i-uda pendiente, encontréme con una escalera que se delineaba en el fondo deuna caverna. Estaba decidido á hacer un viaje provechoso; así es que venciendo mi timidez, penetré, subí, columbré en la penumbra, un rótulo, alumbrado por lll~s
fosfóricas que fingían parpadeos de luciérnagas: Oficina·
:Primda de Sat.an(ls, decía.
Toqué, y como nadie me respondiera:, (¡,mpujé el portón de hierro: la placa humeante me quemó la mano. Entré sin vacilar.
-¿Da usted su permiso?
( Continum·á.)

EN MAYO

(De "Místicas.")
¡No te amaré! 1-Iuriera de sonrojos
antes bien: yo que fnf cantor maldito
de blancas hostias y de nimbos rojos¡
yo que sólo he alentado los antojos
de un connubio inmortal con Jo infinito!
¡No te amaré! mi espíritu atesora
el perfume suti 1 de otras ,edades
de piedad, de esperanza redentora,
y ese noble perhnne se evapora
al soplo de burguesas:liviandades.
l\Ii mundo no eres tú: fueron los priores
militantes, caudillos de sus greyés;
fué la edad en q_ue~omním.odos sefiores1
fulminaban los Papas triunfadores
su anátema fatal contra los reyes.
Fué la edad singular en que la musa
llevaba al talabarte la tizona,
la edad del burlador y la reclusa,
la edad en.que la negra caperuza
forjaba el silogismo en la Sorbor '·
Y no sé de pasión. Y me cont··, ta
pulsar la lira del amor precario ..... .
Sólo brotan mis clá.usulas de artista
al beso de Daniel, el simbolista,
al ósculo de Juan, el visionario!
AllADO NERVO.

Es el mes de las rosas. Sus copas
Al sol balancean las lilas floridas,
Azahares gotea el naranjo
Y en oro se bañan lg_s verdes· colinas.
¡Oh 1 mi amada! ¿no oís cómo en torno.
En. Jira se cambia la rama que vibra1
Y se enarca y columpia, y nos manda
Un soplo de esencias en ráfagas tibias?
El Amor es quien pasa y·nos dice:
uEn la copa bebed sin medida,
Que enardece á los tristes poetas
Y hace amará las pálidas niñas.))
VICEXTE .A.COSTA,

o

oV9 •

·o

)------~-~k:)~-~
El arte y la vida se sirven recíprocamente de modelo,.
yen nuestros días no se sabe cual de ellos pierde más.
G . .Jl. Yallow·.

*

**
En arte es preciso tener éxito.

DOS ESPOSAS.

Sainte-Beuve.

77

�DOMINGO 31 DE ENERO DE 1897

EL MUNDO

corazón á los asesinos.... :. pero que Consuelo no se en·

LAS TIJERAS

tere.»

-El m;trimonio--decía el padre Olivier, terciando sin
asomo~ de .intransigencia en una diecusión azás profana,
-el matrimonio...... se parece á las tijeras.
-¿A las tijeras, padre'?.. ....-exclamó uno de los presentes manifestando extrañeza.-¿Sabe usted que es una
comparación original?
-:\I,ís que original, adecuada-declaró el padre _rehu~·mdo con una sefia la segunda copa de K!fmmel de Riga. La~ tijeºras, como ustedes saben, son un mstrumento que
consta de dos partes iguales ó muy yarecidas, unidas por
,meje y un clavito del mismo meta. Aunque cada_parte
de las tijer,1s sea fina y bien templada, si falta el eJe......
hs tijeras no sirven. Unida~ por ese clavito pu~den hacer primores y cortar divinamente la tela de la vida.
-Entendido-dijo otro de los que escuchaban al padre, hombre experto, algo. marrullero y escámón.-;:Sólo
falta que usted nos diga s1 cree qne abundan las tiJeras
excelentes.
-Lo excelente no suele abundar nunca ...... 6 al menos
Pomos tan descontentadizos que siempre nos parece poco, respondió sonrien~o aq)tel hombre evangélico, y. al
p ,r ( hermosa conjunción) bten educado.-Aunque el mtríngulis del matrimonio consiste en el eje ...... también
la calidad de las mitades importa mucho ...... Entren ust-etles en una tienda y pidan tijeras. Les sacarán dos do&lt;·Pnas, todas al parecer iguales, todas del mismo costo.
f-;&lt;&gt;lo llevándose las dos docenas á su casa y us,\ndolas,
p&lt;&gt;drían hacer verdadera elección: al uso se descubre la
&lt;·&lt;&gt;ndición de la tijera. Las costureras están tan persuadidas de esto, que la tijera que les sale b111mn no la darian por una onza. Y&lt;&gt; he encontrado tijeras de oro! ¿Qué
tiene de particular? ¡El amor natural, acendrado por la
1•v divina! .... Voy á referirles á ustedes un caso que preFe·ncié y que me conmovió ...... aunque no pasa de ser un
drama vulgar, y sus héroes gente llana y prosaica......
HalHndome en el convento de S...... , para restablecerme de unas calenturas que cogí en Tánger, y que se agarraban como lapas, tuve ocasión de conocer, entre otras
muchas familias, á un matrimonio, tenderos de paños,
franelas v colonias, establecidos en los soportales de la
Plaza Antigua, no lejos de la Catedral. Sose confesaban
romnigo, sino con el cura de su parroquia, pero gustaban
ele consultarme, amistosamente. Ella se llamaba D:Con~11elo v el esposo D. Andrés. .Acomodados y bien avenirlo,, podrían ser dichosos si no tuviesen un hijo de la misma piel de Barrabás que les daba un disgusto cada mañana y un sonrojo cada tarde. Pendenciero, estra.,"!\do y
derrochador, ni las l:í~rimas de Sil madre, ni las repnmendas de Sil padre, m las exhortaciones que á ruego de
ambos le dirigí varias veces, consiguieron que renunciase á una sola de sus malas mañas; y en vista de que parecía incorregible el mo?.o, mi consejo fné que le enviasen
á una tierra donde la necesidad y la falta de arrimo le
obligasen á mirar por sí.
Cuadró bien la idea al padre, y la misma madre vió que
era el único recurso, y habiendo preferido el desterrado el
viaje de Oceanía al de .Africa y América, á Manila se le
despachó, con muy apremiantes cartas de recomendación
para el rector de un convento de nuestra orden.
A los seis meses empecé á recibir gratas noticias de la
conducta de mi recomendado: alababan su laboriosidad,
Ru despejo; iba enmendándose; los viejos, al saberlo, no
cabían en su pellejo de gozo. Era el rector el qne me trasmitía tan buenas nuevas, pues el muchacho no acostumbraba tí escribir.
Así pa.~ó algún tiempo, hasta que un día la carta del
rPctor, en vez de felicidades, trajo una terrible novedad:
el hijo de Don Andrés había sido muerto á cuchilladas,
en riiia, al salir de una gallera. Yo quedaba encargado
de ponerlo en conocimiento de los padres.
Triste era la comisión; pero de tristezas andamos rodeados siempre, y juzgando que el padre tendría más
fortaleza en el primer momento que la madre, llamé á
· mi celda á D. Andrés, y trasteándole lo mejor que supe,
le hice beber el trago. No estuvo rehacio en comprender: m,ís bien parece que adivinaba. .Apenas indiqué herid·1.•, tradujo muerte. No lloró, pero la expresión de su
cara era como la del reo cuando, al abrirse la puerta de.
la prisión, se encllentra al pie de la escalera del patíbulo
-y me sirvo de esta comparación, porque he auxiliado
á algunos infelices en tan amargo trance .......
Así que D . .Andrés pudo respirar, cruzó las manos«P,idre, tengo que pedirle á usted un gran favor. Entre
los dos, vamos :í que no sepa Consuelo lo sucedido. Mi
mnier era hace pocos años rolliza y muy fuerte; el tósigo
del hijo la ha matado; -pronto cumplirá los sesenta, y
pa,lece una enfermedad grave, una especie de consunci:in. Si sabe la desgracia se r(1 detrrí&lt; en seguida. Si logrnmos ocultarle que han matado al nifio ...... (le llamaban así aunque pasaba de los yeintisiete) puede que dure algo m,is. Yo corro con todos los gastos que allá se
hayan ocasionado ...... entierro, justicia ...... Perdono de

r,.,._

~ .Í-.
V

¿IDce bien 6 mal en acceder? Xo lo sé; el alma me pedía complacerá aquel desventurado. Cada quince 6 vein-te días iba á la tienda con cartas forjadas que suponía haber recibido de )Ianila, en que se hablaba del ausente y
se alababan sus progresos en el trabajo, la formalidad y
la virtud.
Dofia Consuelo, en quien el mal avanzaba á ojos vistos, y que ya tenía una tos incesante y una fatiga cruel,
se reanimaba con la lectura; la celebraba con extremos
pueriles, y exigía que D. Andrés compartiese su regoci¡o.-«Ves, .Andrés, cuántos favores nos hace San .A.ntonio?n exclamaba con los ojos Yidriados de un llanto que
yo atribuía al exceso de content&lt;&gt;.-«¿Ves qué fortuna?
Ya e~ bueno el niño; ya se porta honradamente. Así que
pase allí algunos afias...... volver,í aquí y le· pondremos
al frente de nuestro negocio. Padre Oliver, voy á darle
un poco de dinero para que allá se lo entreguen: bien sabemos lo que es la juventud ...... y yo no quiero que le
falte nada al hijo mio!•&gt; Y su marido, ahogándose, poniéndosele la cara de color de violeta, contestaba: «Bneno,·mujer, tráele al Padre aquellos treinta duros...... pero
para eso no es menester afectarse, ¡qué tonta!»
.Aquello era una cosa de compadecer: los duros que me
entregaba la madre para que los disfi u tase el hijo, me
ordenaba el padre secretamente invertirlos en sufragios
por su alma.
Yo no me apartaba de mi papel un punto; pues veía á
Dofia Consuelo empeorar; cada día hubiese sido más peligrosa ia puñalada de la noticia. D. Andrés, ó temeroso
de una indiscreción mía, 6 por deseo de no apartarse de
la enferma, siempre estaba presente cuando yo ibaá acompafiarlos un rato. Los encóntraba juntos como pájaros
posados en la misma rama, y que se aprietan para no sentir tanto el frío: ella tosiendo y afirmando que «no era
nada,» él amoratado, semiasfixiado, asmático, pero sacando fuerza de flaqueza para bromear con su mujer y
hasta para echarla flores, lo cual, en otras circunstancias,
me parecería cómico y risible, y eu aquellas me enternecía.
Y adelante con la farsa de la.~ cartas, que producían tal
efecto en la pobre madre, qne hasta creí notar que me
hacía sefias cuando su marido no nos miraba; señas de
aprobación, de súplica, de agradecimiento. Yo las interpretaba así: «Aunque el muchacho baga una tontería, siga usted diciendo á Andrés que se conduce como un ángel.» Esto no pasaba de suposición mía, pues repito que
jamás encontré sola á Dofia Consuelo.
Una tarde me llamaron á deshora. D. Andrés venía á
decirme que su mujer se moría ó poco menos, que tenía
el capricho de confesarse con migo precisamente, y que
era indispensable inventar una carta con nuevas de que
llegaba el ni,10 ...... «A ver si así la sacamos adelante por
unos días,» añadió, tan tembloroso, que no supe rehusarle este último favor. Apenas entré en el cuarto de Doña
Consuelo, ésta miró á su marido, y D. Andrés salió, no
sin hacerme un expresivo gesto, advirtiendo é implorando.
l\Ie acerqué al lecho de la enferma, que movía los labios apresuradamente, como si rezase; me senté á su cabecera y la dirigí esas frases afectuosas que son cucharaditas de blílsamo y que ya por costumbre decimos á los
moribundos; pero fué grande mi sorpresa al ver que volviendo hacia mí su rostro en que brillaba el agradecimiento, y co~iéndome la mano para besarla, me dijo:
-Padre Ohver, ¡que Dios le pague tanto, tanto tiempo
como hace que está engañando á mi marido! ¿Prométame que no lo desengafiará después de que me muera!
-¿Qué es eso? En~añar?......-pregunté, creyendo que
desvariaba con la deoilidad y la calentura.
-Si no fuera por usted-J¡&gt;rosiguió sin atenderme-Andrés estaría también agoruzando, porque sabría lo del
niño...... ¡Qué no lo sepa nunca!
-¿Lo del chico?-exclamé recordándo mi compromiso
con Don .Andrés.-¡Si el chico está perfectamente, y va
á llegar, y le abrazará usted pronto!
-Sí que le abrazaré...... en el otro mundo ...... conmigo no se moleste, Padre, que lo supe al momento y hasta me lo daba el corazón. ¡,'C'sted cree que no tenía allá
persona encargada de escribirme cuanto le pasase á mi
hijo? Las cartas venían ,í nombre de una amiga, y así
.Andrés no podía enterarse si le sucedía algo malo ...... y
como yo le había escrito al Padre rector pidiéndole que
sólo le dijesen á mi marido las cosas ~nenas y alegres.....
cuando usted venía con las cartas fingidas, de que el niño
vivía y traba.jaba...... le ayndaba á usted á ';)ngañar al
pobre .Andrés...... que no está nada bueno y que no le
•convienen las desazones...... )le ha costado trabajo disimular, Padre ...... porque en tantos años de matrimonio
no le he callado otra cosa
Aquí cortó su narración el Padre Oliver, y mirando al
rededor, vió nuestras caras animadas por la simpatía
más vehemente.
-¡De manera que los dos lo sabían y mutuamente se

ouTINE
eola IJ.ecompen:ada

111

Pol,odeArro, espectal preparado con Bismuto.
HIGIENICO,
ADHERENTE,'
INVISIBLE

DE "IRIS V PETALOS"

Si todo concluyó, si de esa historia
los nom brea se borraron de tu pecho,
y aquella imangen que formó tu encanto
como fantasma huyó de tu ce1el::ro; ·
Si ya todo acabó, si con el nido
las hojas se llevó también el cierzo
y en la marchita fronda no se escucha
batir de alas ni rumor de besos;
Si la rama está mustia y no da flores,
si no ~1ay savia en el arbol y está seco,
si ya en tu corazón no hay esperanzas
y ~e halla solo, abandonado, yerto:
Déjame que yo riegue con mis lágrimas
el pie del arbol que se encuentra muerto
y acaso, acaso-¡te he querido ta.nto!podrá dar aquel tronco brotes nuevos.
ÜCTA\'IO B.IBRED.A,

Enero de 96.

Las probabilidades de casamiento para una mujer_

Si representamos por 100 las probabilidades de matrimonio tratándose de una mlljer, los mí.meros siguientes.
marcarán la proporción de las probabilidades que tendrán en las distintas edades de su vida:
De 15 á 20 afios, rn por 1000.
De 20 ~ 2.3 ,, 52
_ ,,
De 2,í a 30 ,, 18 ,,
De 30 á 35 ,, 15 ,.
De35á40,,
4,,
""
De40á4,5
3,,
De 45 á 50
5 ,, 1,000,
De50á55 ,,
3,,
,,
De 55 á 60 ,,
1 ,,
,.
El anterior c,Ucttlo demuestra que hasta los 2.3 años
puede elegir.,e libremente entre varios pretendientes; que
de 25 ÍL 35 no hay mucho tiempo que perder en andat·
eligiendo; que de 3,:; á 40 hay que de1,idil'.•e por el primero
que se presente (si se presenta alguno, que suele ser difícil) y que de 40 en adelante es preciso nr,-e/Jalar (si alguno se deja arl'ebatar, lo cual es más difícil).

.

~ ~~J1.6:::'~j_6:::'~j_&lt;5:::•~ ~
"LA CASA COLORADA"

Publicamos en otro lugar algunas vistas de la gran refinería de alcoholes, conocida universalmente bajo el'
nombre de «Casa Colorada.»
Este histórico edificio se halla situado al Poniente de
la ciudad de )léxico y cerca del castillo de Chaµultepec
(á la izquierda del Paseo de la Reforma). Fué edificado
el afio de 1705 para casa de campo, haciéndose célebre en
la época de la invasión americana, por haberse establecí•
do en él un hospital de sangre, y en sus alrededores se
conservan muchas pruebas de los sangrientos combates
de que fué testigo. Posteriormente desde el afio de 1880 •
fué dedicado ií varios usos industriales, y definitivamente el año de 1885 á la refinación de alcoholes.
Esta importante industria fué establecida por el finado.
General Sr. D. Ramón Corona y el capitalista espaJiol :.-&lt;r.
D. Francisco 11. de Prida, quienes encomendaron lag-erencia al Sr. D. Prudencia Gutiérrez Pérez, ácuya inteligente·
y acertada dirección se debe el estado prós-pero de la negociación, al pasar, el año de 189-!, á poder de sus actuales propietarios.
Los productos de esta f.íbrica son muy variado~, y su
especialidad son los aguardientes y sus múltiplPs rlerirndos, como Cognac de varias edades, Rhums, Ani:;ados .•
Ginebras y toda clase de licores.
·

LA CERVRZA FERROGINA,
RECONSTITUYENTE, EXQUISITA Y D-IGESTIVA,

la ,l:rpost&lt;ió11 gniversal d.e 1889.

O~. FAV, Perfumista, 9, Ruede la Paix, Paris
(Guardarse de las Imitaciones y Fals1ñcac1ones. -

Sentenc1J de 8 de Mayo de

18?5),

FbIUC.A. ESPECIAL de AFEI'l'ZS de 'rOCADOil. pa.ra. l'.A.SEO y TE.A'l'~
CREMA CAMELIA, CREMA EMPERATRIZ.
ROJO y BLANCO en chapeta•.
ROJO VEGETAL en polvo.
LÁPICES eapeclnles para ennegrecer pest.al!as y eeJas.

lo ocultaban! ¿Qué drama interior!-exclamó el que primero había hablado.
-De esas tijeras, Padre-dijo el escéptico-bien puede
usted afirmar que eran de oro puro, con incrustr.ciones
de brillantes.
-Puedo afirmar que las he Yisto abiertas en figura de-•
cruz-contestó el Padre intencionadamente.
E.r. B.

POLVOS pnl'a en,polvar los cnbellos. Blondo, blanco,
oro, pinta y diamante,

BLANCO de PERLA en polvo, hlnnco, roseo, Rachel.
POMADA ROJA para los lablo1, en botes y en rollos.

Los P•oductos d, CH. FAY se encuentran en el Mundo entero. en casa de los Principales Perfumistas y Droguistas.

Se recomienda á los anémicos, á las jóvenes clorótica~
y á las personas debilitadas por una prolongada pem ~u.encía en las rel!'iones cálida@ 'I" ma:ea:ias.
De venta en casa de 1011 Sr~.·~. Dutour y Comµ., Ag~ntee Generales; en el establecmuento de la Sra. Viudb •J•
Genin y Comp., ~ de Plateros número 3, y en todoe loP
principales establecimientos.

�•

. NUJIER06.

~nauguración ael l1?mplo

ae

San ~elipe

°{:)isla del ~nterior.

ae ,Sesus.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>•

. NUJIER06.

~nauguración ael l1?mplo

ae

San ~elipe

°{:)isla del ~nterior.

ae ,Sesus.

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

82

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
TelHono 434.-Calle de Tiburcio núm.

20.-A partado

87 b.

lfÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Reoiacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola,
Toda 'la correepondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto l'tloguel.

.

de martillo v á golpes de audacia, y por ella y para ella s~
conserva 1a ·República. En los fondos de nuest~o e~tado
social, se agitan los apetitos, ferme!1ta la barbarie, se ama
el pulque y la riña, se odia la propiedad y se apedrea al
gendarme.
¿Qué rayo de luz se deElizar.í en medio de este antro?
Un artículo constitucional al descender en el interior de
estas conciencias no abrirá en ellas mayor brecha que
la punta de una pluma pretendiendo perforar una mon•
taña.
Tras el atentado á que se ha referido la prensa en estos
día~, existe una profunda mancha que obscurece 1:i, ra•
diosa claridad que esparce nuestro progreso nacional:
hay una mayoría de seres. ideal~ente redimidos.. por
nuestras leyes, áquienes la rnmorahdad y el salva¡tsmo
mantienen aún en la escla,·itud más oprobiosa!

La subE¡cripci6n á, EL MUNDO vale $1.25 centavos al
qs y se cobra por trimestes adelantados.
N6.meros sueltos, óO centavos.
A.visos: á. r:izón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO CO~fO ARTÍCULO DE SEGU~-UA CLASE.

«Agentes exclusivos para los Estados rnido.s v Ca~adá.
The Spanish American Newspaper Company, f3G L1berty St. New York, E. U.»

Qfl

anitur1ttrio ~f la &lt;Constitndón

La promulgaciún de la Carta Fundamental de 18.'.&gt;7 re·
presenta para el país un enor,ne progreso en materia de
libertades públicas. Obra realizada en breve espacio de
tiempo, en medio de una_lucha política, cu_and? las p~•
siones vibrantes se desbordaban, la Comt1tnc1ón deb1a
contener en su cuerpo de doctrina imperfecciones que
sólo la práctica habría más tarde de dejar Feñaladas. Hi•
cieron mucho los legisladores de aquella época, procla•
mando valientemente doctrinas recharndas por la opinión é inspiradas en un ideal extraño á laPtendencias y
á. las aspiraciones de la sociedad en que fueron difun·
didas.
.
La Constitución americana fué la expresión de un pue•
blo y en ella quedó encerrado el espíritu de un grupo
hu~ano. La Constitución mexicana fué el código de una
minoría ilustrada, oprimida y entusiasta, que sin tener
en cuenta el medio que la ro~eaba soñ~ con alzar de sus
miserias á, una multitud sumisa y abatida por legendarias desventuras, para colocarla en el pede~tal de los
hombres libres. Los constituyentes, como todos los soñadores, como todos los videntes, como todos los apósto·
les han sido 1-&gt;s porta-estandartes de un ideal noble y
le;antado, y á título tal, su l!lb0r merece la gratitud de
la patria. No se gobierna.A los pueblos con ideales; pern
entre la aspiración y la realidad, traza un reguero lumi•
noso la esperanza.
No hay que olvidar, por otra parte, el carácter
educativo de toda legislación, y que en el curso de
cuarenta años se ha ido progresivamente abriendo paso.
Principios que antes·eran objeto ae abierta hostilidad y
cuya simple enunciación provocaba ~mpestades de ira,
circulan en la actualidad sin despertar protestas y van
día :í día, momento á momento, ensanchando su círculo
de acción.
Hemos combatido nosotros ese cQncepto dé infalibili·
dad que un grupo de liberales ha pretendido dar á la
Constitución, y hemos indicado las imperfecciqnes á que
ya van acudiendo las reformas; pero nunca dejaremos de
reconocer, expresándolo muy alto, la gran trascendencia
de un código en el que se proclamaron las primeras Ji·
bertades nacionales. Esperamos que algún día el pveblo
se encuentre á la altura de s_us instituciones.

espantoso e•truendo, arrastrando tal vez en su caída pueblos y estirpes, glorias y tradiciones.

***
Hace poco nos anunció el cable con su pérfido

laconismo la aparición de la revuelta en la vecin:;i república del
Sur, en la siempre agitada Guatemala. Sin detal'es, sin
pormenores, con la concisión acostumbrada, se daba.
cuenta de una invasión efectuada en territorio ¡tuatemalteco, por fuerzas organizadas en el Salvador. No decía
más el mensaje ni explicaba si los invasores eran ciuda•
danos guatemaltecos qne pretendían una revolución localó si, más serios en sus pretensiones, eran las avanzadas
de un ejército extranjero, dispúesto por la República l\Iayor de Centro América para someterá. la nueva federación la odiada rival que no ha querido junto con. Costa
Rica someterse á las decisiones aprobadas en las conferencias de Aroapala.
Aun no se confirma debidamente la especie propalada,
ni siquiera se han comunicado nuevos datos; pero aun su(El
~t
poniendo que fuera un canard de esos que con lamentable frecuencia inventa la preasa norte-americana, no
En estos días, con motivo de la consagración del tem- por eso perdería importancia la noticia. Basta pensar que.
plo de San Fe_lipe de Jesús, C(?mO no ha~.e todavía _dos está en el orden de lo 'posible, para juzgar de las dificulaños con motivo de la coronación de la \ 1rgen de Gua- tades á que están sujetas esas minúsculas nacionalidades,
dalupe la ficrura del Padre Plancarte se ha destacado vi- inquietas por temperament'l y tornadizas por costumbre.
gorosa:üenw, colllo la personalidad directora, alwa de Basta recordar que no ha mucho se hablaba de ligas se•
cretas y alianzas ofensivas ce1ebradas entre el Salvador,
estos dos acontecimientos religiosos.
Cuando un hombre cun enemigos tan poderosos, aún Honduras y ~icara¡i;ua, que hoy forman y constituyen la.
dentro de la congregati.'.&gt;n á que pertenece, triunfa de to· llamada República ::'tlayor, para vengar añejas ofensas
dos los obstáculos que se aJTOjan á su paso, es que posee recibidas de la apartada Costa-Rica, y calcular que esas
notables cualidad08 que lo hacen apto para sosténer con uniones deleznables y efímeras no se han efectuado al
calor de la concordia ni al abrigo del material interés,
ventaja todas las luchas.
Y así es en efecto. El Padre Plancarte es una energía sino al amparo de rivalidades que rugen, de odios que
poderosa, ~no de esos caracteres de una sola pieza, sosteni- _ matan, de morbosas fermentaciones que envenenan.
La unión centro-americana celebrada ahora, do"tI-de faldos por una voluntad inquebrantable. Estealien!,&lt;J, encau•
zado en dirección de una prupaganda de otras ideas, ha- tan Guatemala que es casi la fuerza y Costa-Rica que sigrían de él un elemento altamente útil en favor de la Re- nifica la paz, ha nacido con escasa viabilidad, y amasada
con rencores profundos y ambiciones sórdidas y mienos
pública.
En la obra que ha emprendido, los liberales no ¡,ode- asustadizos, tiene que.dar en no lejano día el amargo frnmos obsen·ar el desorrollo de estas actividades, sin pen- to que nos acaba de anunciar el telégrafo, si es que ,í la
sar en el porvenir y lanzar la voz de alerta: ¡No hay que hora presente no hagerminadc, ya la semilla de esas vi/)•
lentas manifestaciones enfermizas, achaque común de
perder de vista á este hombre!
pueblos en períodos de transición.
¡Puedan los hechos desmentir nuestras palabras!
Ojalá y en esta vez resulte falsa la anunciada crisi~, y
puedan esas naciones hermanas buscaren positivos i&lt;l,iales la base de su grandeza y la realidad de su política consolidación. Ojalá sean vanos nuestros temores y faltas de
fundamento nuestras zozobras, y logremos verlas, fuer•
tes y unidas. marchando sin intermitencias en la ancha
vía del concierto universal de los pueblos cultos.

Laprensadiaria nos ha dado á conocer últimamente
un hecho revelador: un hombre comete un delito en la
vía pública, un agente de la autoridad trata de aprehenderlo, pero un grupo popular, que ha presenciado el su·
ceso, acoge bajo su protección al delincnente y lapida al
• guardián, en medio de delirantes manifestaciones de entusiasmo. Esta página negra de nuestra vida social, repetida con extraordinaria insistencia, pone de relieve
una de las enfermedades más características de nuestr,1
incipiente democracia.
El gobierno del pueblo por el pueblo reclama una agru pación conocedora de sus derechos, pero también fiel observante de sus deberes, inteligente y apta para coopemr á las necesidades económicas, políticas y morales de la
colectividad. Cuando un pueblo desconoce esos intereses,
cnantlo su acción tumultuosa no se ejercita en amparar
garantías sino en -proteger culpables, este pueblo dista
mncho del nivel mdispensable para, gobernará una so·
ciedad.
T.,o cierto es que con esta masa se ha fabricado una entiJad abstraetn, repleta de heroísmos y pletórica de vir•
tndes. y ¡de~g, ,,..:ia&lt;lo del que se atreva á dudar de la clari•
viuencia y de la sabiduría de _esta divinidad {le nn:i. épnca que, después de haber dernbado to-los 10d dioses, se
complace en mantener el último ídolo!
Sobre estos abismos de la ignorancia y de la inmoralidad populares, se ha tendido un puente aéreo por el que
pasa vencedora y triunfante una clase ilustrada y
fuerte, inspirada en las necesidades de la civilización.
Esta minoría es la que en México, como en otras partes
del mundo, ha reali:tado la obra del · progreso, ,í golpes

lJérot

ll)alftira

ltJ jornaba-.

®tncral.

RESUMEN.-EI Transvaal y la paz europea.-Revelaciones nuevas.-lngleses y alemanes en el Africa
austral. -La revolución en Guatemala.-La República Mayor y la desunión Centro-americana.-Nuestros deseos.

Parecía que con el juicio y sentencia que recayó sobre
el infeliz Dr. Jaméson, que en hora infausta acaudilló la
npedición inglesa contra la República del Transvaal,
destrozarla por las'tropas del presidente KrLi~er en lo~
campos de Joahnesburg, habrían terminado la➔ complicaciones europeas qne provocó esa iualaventnra sud-africana; tollo hacía creer qne hasta ahí acabaríaelodi,, anti•
brit.ínico que estalló al comenzar el año pasado entre los .
l,o,r,, y la excitación ruanitiestamente hoetil para Ale·
mania que alter.'.&gt; la impasibilidad inglf•~a, por virtud de
las simpat:as visibles del empera•for Guillermo en pró
de los qne h,ibían logrado triunfar de las maqt1inaciones
y domeñar las rapacidades de los ag1:mtes brit,ínicos en el
Africa austral.
Pero nuevai: sorpres'.1.s noR reservaba el porvenir, y todavía habremos de presenciar de nuevo el espectáculo de
ver frente á. frente las rivalidades de dos pnt'blos, y los
intereses de dos naciones; aún habremos de obserl'ar dis•
puM.ndose influencias en aquella~ apartadas regiones al indomable Ho henzo llern, q ne sueña á todo trance en ex pansiones colonialef', y al gabinete responsable de su augusta
abuela la reina Yictoria.
Como quiera que resultaban responsabilidades eviden·
tes en aquella frustrada invasión con~ra el antigno pri·
mer miniFtro de la Colonia del Cabo, }Ir. Cecilio Rhodes,
como aparecía clar.1 y evidente la culpabilidad del om·
ni potente aventurero que ~e ha hecho oaladfn de la política inglesa en el sur del Continente Xegro, se le ha llamado á.contestar los cargos formulados, y para justificar•
se acaba de hacer importantes revelaciones que está dis•
puesto il probar con documentos irrefutables.
Dice que la invasión .il Transvaal fué un acto encaminado á frustrar las maquinaciones de Krüger, que, en conni vencía con el Emperador de .Uemania, trataba de librarse de la tutela británica á que está sujeto por ley, y
pretendía independerse de toda extraña influencia qu&lt;i
no fuera la de su protector sucitado. Y como los centinelas avan;,;ados de la primera potencia colonial no podían tolerar el menoscabo de su soberanía, organizaron
y llevaron á cabo con éxito desgraciado la aventura dei
Do&lt;tor Jameson.
Si se logra averiguar la complicidad de Guillermo en
esas sordas agitacioues que ee tramaban en la sombra,
¡cómo habría de estallar en Inglaterra el sentimiento antigermá.nico que presenciamos un año ha, que llegó al
extremo de quemar en efigie al arrebatado emperador!
¡Y cómo también contestad el patriotismo alemán, dispuesto siempre contra los ri v,1les de su grandeza y los
denunciantes de sus ambiciones.
~o creemos 9.ue el asunto alcance laa pr0porcion°s d"
un conflicto, m tememos qat&gt; p:1se de lo" fneg )'! artificiales de la p!'E'n~a; pero su simple anuncio no, ha::e c Jmprender la in1nin0ncia de futuros choqu&lt;::8, y nos da iL ::.,.
nocer de modo evidente cómo la E11ropa, asent.~a en la
cima de un volcán, se ve expuesta. ,, cada p~, y por
los motivos más fútiles y baladíes á verse envuelta en
vora;,; conflagración. Todo eso nos indicar.í. que el artificioso andamiaje sobre el que se asienta la paz universal
está. amenazado á cada momento de venir al suelo coi:.

X.X.X.
5 de Febrero de 1897.

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

OTRO PAGO·DE

$2,000

DEL fl!UEVO TEMPLO DE SAN FELIPE DE JESUS

En otro lugar hablamos de la solemne consagración de
€ate hermoso templo, dedicalo al proto-martir mexica·
no, y destinado á la gran obra de la expiación.

Tócanos ahora decir algo acerca de la inauguración
dectuada antier y describir el interior del notable edificio, de cuya belleza puede enorgullecerse y ufanarse con
razón el padre Plancane. al cual se debe el digno coronamiento de la magna obra.
Hermoso golpe de vista ofrecía el suntuoso templo el
último viernes á las nueve de la mañana. l\eLis de seis•
cienta.s damas severa y elegantemente vestidas, ocupaban la nave central, en la cual hallábanse congregados
asimismo, innumerables caballer,&gt;s y sacerdotes, instalados cerca del altar. El !Ilmo. Sr. Ar.:obispo ofició de
Pontifical con toda la pompa del caso, y la ceremonia
transcurrió pausada y augusta, á los magn!ficos acentos
de músicas y cantos sagrados, de3empeñados por nota•
bles cantantes. L-, misa fué especialmente compuesta
para la solemni'lad. El serm&gt;n e3tuvo it cargo del Illmo.
Sr. :'.\Iontes de Oca, y fué un bello panegírico del santo
titular, en el cual el inteligente prelado depur6 algunos
errores históricos y tuvo notables rasgos de elocuencia.
Concluida la solemnidad, el templo fué visita.do hasta
el obscurecer por innumerables fieles.
Ahora digaU1.is algo de su disposición y ornamentación.
El :N'uevo templo de San Felipe. Se vino á decretar
baP-ta el año de 1861.
•
En 1866 se colocó la primera piedra es decir, hace
treinta años.
La construcción del nuevo templo ha costado más de
s:~00,000, de la cual cantidad, asegura el Sr. Plancarte, ha
pt1E&gt;sto de su peculio más de $100,000,
El templo está construido en la parte que ocupó la capilla de Aranza;,;ú en el templo de San Francisco.
Tiene la forma de una cruz latina en sn planta. Consta de tres naves; las dos laterales mucho m,ís bajas que
la central, lo que permiten proporcionar al interior gran
cantidad de luz.
El edificio está embovedado en su parte supenor.
En el fondo de la nave central está el ál,~ide de planta
semicircular y cubierta por una bóveda esférica.
La sacristía está situada al lado del Evangelio y tiene
comunicación directa con el templo, y además otra en·
tracla por el exterior.
Nuestros lectoreA pueden ver en este número un grabado que representa la fachada del nuevo templo; es de
cantería, estilo romano, lo mismo que todo el templo.
SuR labrados son severos.
Tres puertas de roble con adornos de hierro dan entrada al templo.
Las tribunas están colocadas en la parte posterior é
inmediata á los brazos de la cruz. Esas tribunas reemplazan al coro de los antiguos templos.
La tribuna del lado derecho se destina á las orques·
tas, etc., y la de la izquierda al órgano moderno.
El decorado es de estilo bizantino puro.

BOURGET.

DE "LA MUTUA"

EN COSCOl'tlATEPEC,
Coscomatepec, Enero li de 18fl7.

Al Señor Ricardo Sommer Director g lll'Jral dJ "L 1 )I.i•
tua."
)Iuy Seiior mio:
Hoy me han sido entregados por PI Sr. D. Jos§ D n1ínguez Fernández, banquero de esta Villa de la respet.tble
Compañía, cuya sucursal en nue'!tro p 1ís con tanto ,1cierto como eficacia dirige vd., los ($ 2.0JJ,OJ) dos mil p~so:;
~lata, suma en que estuvo ase~urado mi finado esprH&lt;J el
Sr. D. )fariano i:lolís Loyo, ba10 la p'.&gt;liza m'.!m. 72 ), 77:3
que había solicitado y obtenido apenas hacía do~ aD-)s.
· Con mucho gusto cumplo con el grato deb~r d~ hacer
presentes, tanto á vd. como á las persona'! q11eforman la,
Junta Directiva Suprema en la Ciudad de Nuev,\ York
mis agradecimientos por sus bondadosas atenJiones y e~~
pecial eficacia en este asunto.
Faltaría á un deber de ju~ticia si no hiciera también
p•'ihlica mi gratitud al caballeroso agente Sr. D. )Ianuel
.-\.lcérreca, quien luego que supo la irreparable pérdida que
me afligía, ~e presentó en esta población á levantar la~
pruebas de umerte de mi esposo, no obstante lo penoso de
nuestros caa¡inos en la estación en que vmo.
Que Dios perpetue la gran institución en que todos u•tedes colaboran con tanto acierto en sus respectivos car•
gos, son los fervientes votos de quien se suscribe de vd.
Señor Director, atenta y agradecida servidora.-JOSEFA
DoML.&gt;sGUEZ DE Lovo.

Las pinturas se deben al pincel de Bartolomé Ga1lott
y el resto del decorado á. Claudio Molina.
.
El enverjado íué hecho en los talleres de DonFranCIB•
co Pozo.

IN A.UGURACION

Hay séres á quifnes enternecen los recuerdos de&gt;&lt;pur-s
de haber permanecido-casi indiferentes ccH1 la realid,td;
que se ena,uoran de las mujeres á quiene~ han ab.indouado, y que echan de menos con pena lo,; lugares en que
antes viv1an aourridos; ra7,a levantisca que del presente
sólo conoce los hastíos y para la que el pasado re,·iste un
encantn sin igual y conmovedor ¡sólo por 'ser pasado!
-Existen almas que no solameRte e~tan muertas, Eino
que extienden á su alrededor el contagio de la muerte.

P.

83

EL MUNDO

Emilio Dondé. Ingeniero arquitecto que dirigió los
trabajos del templo de San Felipe de Jesús.

Los cristales de las ventanas están grabados con caprichosas guardas, cuyas márgenes forman mosaico.
La linteruilla de hierro y cristal es un modelb de grabatlo.
Las bóvedas laterales tienen pinturas de tintas ligeras
a:ml y rosa, verde nito y oro, y tanto los arcos como la,
pilastras, tiene_n guardas de refría y oro, pintadas direc·
tamente sobre la cantera.
El altar principal es de mármoles de Carrara, rojo cie
.-\.frica y Tennesse.
El sagrario tiene cinceladoa.rx:i.b~de la puerta,. d.e..me.tal. un cisne alimentando á tres polluelos.
Las tres gradas están cinceladas con primor y tienen
incrustaciones de mármol, lo mismo que los ornatos de
la'mesa.
Es notable, no solamente por lo artístico del trabajo,
sino por ser de una pieza, y pesa dos mil kilos.

PAGINAS ESCOGIDAS
LA MUJER NUEVA

Pbro. José Antonio Plancarte y La bastida.
( Débese á él la erección del templo de San Felipe de
Jesús. )

Esa plancha descansa. sobre cuatro columnas de má.r·
mol rojo de Africa, y en ':ll fondo de la parte baja del altar, hay cincelado un buen bajo-relieve que representa
un cordero sobre el libro de los sacramentos.
Las ~radas que conducen al presbiterio, son de marmol gris de Orizaba.
E3ta obra fué contratada por la Compañía de }Iármoles :\Iexicanos; los trabajos tanto prelirni nares del altar
comG subsecuentes, incluyendo los artísticos, fueron hecl¡os por obreros mexicanos y sólo dilataron veinticinco
dtas en labrar los mármoles y armar el.altar.
En su parte inferior y á derecha é izquierda de la :puerta central, se ven pintadas al óleo las armas de las cmda•
des de México, l\forelia, Guadalajara, Oaxaca, Durango
y ~uevo León, donde residen los seis arzobispados.
Abajo de cada escudo están grabados en planchas de
piedra los nombres de las diócesis que dependen de cada
arzobispado.
En los otros muros de las naves laterales, lo mismo que
en la parte alta de la nave central, hay imágenes pintad:;s al óleo, que representan á, Santo Domingo, Santa Catalina de Sena, San Pedro Alcilntara, Santa Clara, San
Ignacio de Loyola, Santa Brfgida, San Juan de la Cruz,
Santa Teresa de Jesús, San Felipe Neri, Santa Coleta y
otros.
Cada una de las imágenes allí pintadas, representa á,
un fundador de las órdenes monásticas en l\Iéxico.
La bóveda central tiene la particularidad de que siendo esférica, cubre una superficie rectangular. El fondo
de e:ia es dorado, y está dividida en cuatro arcos que
amparan á. los cuatro evangelistas.
En el lugar de honor del templo, hacia su fondo hay
un cuadro al óleo que representa al santo patrono del
templo.
El tabernáculo fué obsequio del Sr. Saviñón. Es de
metal dorado: su base son cuatro columnas, y un capitel
labrado que sostiene la cúpula.
En el centro queda encerrada entre las cuatro columnas, la gran custodia, sostenida en su base por iíngeles
de bulto.
El disco de esa joya está formado con piedras muy bien
trabajadas, pero falsas.
Los nichos están colocados á uno y otro lado del ábside. Son de medio punto, y en ellos se colocaron imáge•
nes de bronce.
En los muros laterales hay otros dos nichos.
En las capillas del fondo hay dos altares de nogal muy
bien tallados.
La balaustrada que sirve para ministrar el Pan Enea•
rístico, es de encino.
El púlpito es de nogal labrado; se sube á, él por dos es•
caleras qua tienen pasamanos calados.
• Los confesonarios son de bonito gusto y también de
madera de nogal.
Al destruirse la iglesia de la Merced, el Ingeniero Don
José Joaquín Arriaga seencontrólasreliquias quesepu·
sieron al consagrar aquel templo y las obsequió al Padre
Plancarte para que sean colocadas en la mesa del altar
del nuevo templo.
Para concluir: He aquí los nombres de las personas que
han dirigido los principales trabajos de la obra.
Ingeniero Arquitecto, Sr. Emilio Dondé.
Sobrestante, Sr. Víctor Rodríguez.
Maestros de albañilería, José 1\-faría Yargas y A.nacleto
Arenas,
Sillería v ornato en piedra, Remigio Fuentes.
Modelaa.or, Antonio Romero.
Carpintero, Encarnación Ramos.
Hizo el púlpito el tallador Manuel Esparsa.
Los altares laterales, Joaquín Torres.
Grabó los cristales de las ventanas Francisco Licéaga.
El mosaico y el pavimento son obra del italiano Luis
Pesseto.

Cualquiera que, abstraído de toda comunicación con
las razones y necesidades á que obedece el continuo
cambio de aspecto de las sociedades, se a3omase.á mirar
,í la gran escena, como un sordo-mudo que tiene das de
sus sentidos ausentes del espect.tculo, le parecería el
mundo una farsa compuesta por algún bromista, en la
cual no hay plan ninguno, y cuyos personajes aparecen
inopinadamente sobre las tablas como si fueran disirases de mascarada.
Así ha aparecido en estos momentos cómicos de fin. de
siglo, un extraño tipo, .í cuyo derredor se agrupan los
curiosos, murmuran los malévolos, sonríen los críticos,
hacen frases irrespetuosas los rcµorter~, se sulfuran los
moralistas, y el socia.lista filósofo filosofa. Ese tipo advenedizo es la niujer nuPra, como lo ha clasificado la historia natural de gacetilla; y aparece en traje masculino, á
horcajadas sobre el moderno bipógrifo de acero, que
también ha cambiado de sexo, pero á la inversa, pues
antes de ser úiric!fta fué t·eloc!pedo.
La mujer en calzas .es una provocación que se presenta á tres autoridade~: á. la Sociedad, á. la Higiene y_ á la
Estética. La Estética, es por ahora, la más ofendida de
las tres. Dice que la mujer ha ido á copiar moda salvaje;
que ha ido á copiar el traje de las mujeres Esquimales;
dice que las formas femeninas, 6uyo mérito escultórico
consiste en ciertos pleonasmos de contorno que no caben
en el prosáico vestido del varón, pierden todo su encanto
natural. Y la Sociedad ale~a que los pantalones yel sport
en la mujer ladesenfememnan y hombrean; y por último,
la Higiene abre su gran libro estadístico, para probar
con resultados de observación, que el traje masculino,
cuando no viste formas U1asculinas, tiene sus inconvenientes, y como quiera que la mención de esos inconvenientes se la guarda la Higiene para exponerlos en la
Clínica, resulta que los profanos nos quedamos en ayn•
nas de inconvenientes.
•
A mí me estan dando ganas de despedir de este jurado
á la Estética. ¿Qué género de fe pudiera darse á la opinión de una autoridad tan tornadiza y versátil, Madre
de la l\Ioda, que es como decir, abuela del capricho? Que
comparezca ahora mismo la Estl2tica á prob~rnos, con
argumentos h elénicos y aún con sus propias opiniones de
hace tres años, la gracia que encuentra en las mangas
desaforadas:que actualmente impone como ideal de lo
bello y de lo elegante en los vestidos femeninos. La

Bartolomé Gallotti. Autor de las pinturas del templo
de San Felipe de Jesús.

cuest~ón de Est~tica no e~ en caso C&lt;?mo el presente, si no
_cuestión de óptica. La primera muier que usó ampoll,1s
en los brazos fué silbada. Hoy, que todos los brazos and:in en sus vejigas, nos parecen las tales la quinta esencia del buen gusto, ~or ~ás que. sean un estorbo insu perable para la aprox1mac1ón de los seres en la efusiva
institucióu del abrazo.
Si la moda llegase á cundir, ( de ello nos libre quien
pueda), y todas la_s mujeres cambi~sen el traje talar por
los arreos masculmos, nuestra retma, habituada al espectáculo, llevaría á los órganos sensorios una impresión
normal, que luego se convertiría en sensación grata y al
fin despertaría la emoción estética. Nos harfam.os ~ po•
co turcos e."!! cuanto al ide\ll indumentario; y acaso, como los h1JOS de la fehz Arabia, auoptariamos · pa.ra

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 18s,7

DOMINGO T DE FEBRERO DE 1897
LA CONSAGRACION
DEL

1

1 •

cubrinos, lo que la mujer quic&gt;rc abondonar: las ropas
tala,es. ;
.
.
,
b t d
Sbakespeare, cuyo instmto estétl?o est':' por so re o a
crítica, nos demuestra con personaJes animados, puestos
á vivir por su genio, que el amor,. poeta y astut&lt;&gt; consumado no se resfría, iüno que más bien se exalta ante la mujer ve;tida de Lo que no es. O.rlando, el caballero bardo Y
atleta que ama á Rosalinda, y que cuelga los árboles con
madrigales en loor suyo, y escribe su_ beJlo nombr!l_en la
corteza de Los olmos, y se la pasa haciendo otras m.nerfas
de amor por ella, la encuentra en E:l bosque vestida de
paje y aunque no la reconoce, se siente ~rrastrado por
sec~ta simpatía hacia el pajecillo, Y. consiente en de¡arse sanar por él de su amor por Rosalmda; r~sultando de
este üsimilia similibus curantur," Jo contrano de lo prometido· .i saber: que más se enamor:i Orla_ndo de Rosalinda u{ientras más quisiera olvidar~ Rosal~nda, Orla~do.
A esto se dirá que resta por avengu.ar s1. lo~ Gammedes de ahora no llegaran á perder el aire m1~rino, la gracia felina que Rosalinda supo conservar baJ.º sus ropas
de paje. Resta saber si 1.os ejercicios calistémcos, el .~pu,-t
vigorizador á que la mu¡er se entr~~ actualmente, con
tan buen éxito para su desa_rro_llo. f.1~ico y hasta .Pª~ su
temple de ánimo, no llegaran a v1~ihzarla demasiado, en
cuyo caso témesc que )a mujer pierd.a. un cons1d~rable
tanto por ciento del poder que su deb1hdad y su mimo le
dán sobre el hombre.
. .
.
Y o no consiento en que se me considere part1t1ano de
la tramutación aparente de la mujer en. bomb.re; ~ero
examinando el caso desde el punto de vista fis1ológ1co,
me resisto 1í creer que la ley de la naturaleza, que nada
tiene que ver con lps caprichos de la moda, .detenga las
atracciones imperiosas de los sexos por Ct!est1ón de pura
moda. En los tiempos bíblicos, todos, mu¡eres );' ho.mbres
vestfan talares ropas; y. valgan l~s f-:a~i:adas :bscnturas,
se amaba lo mismo y d1z que a_n~ mas que al~ora, q~e
nos diferencían pantalones y re.ta¡oi¡. I:os.s~l;~Jes de.tierras cálidas no usan sino una misma pnm1t1v-1_s1ma toilette
para ambos sexos; y por allá l!nda el ~mor hac1e~do de las
suyas cómo er todas p~rtes. C\1est1ón de óptica; nada
m1ís que coFtumbre del organo visual..
,
.,
Recalcando siempre sobre la anterior ?ec.aracwn de
mi neutralidad en el asunto, no puedo de¡ar dt: expo~er
aquí un cargo contra mi propio s~xo, reo de ciertas ~njusticias en detrimento de la mu¡er, )'. una de estas mjusticias viene á ser, en parte, agente im¡mlsador para la
reforma en el ve~tir que proclama la 1111111,r nuf!'a.
Citaré un caso de ayer no más; crónica de hace pocos
días. Un operario de los que componen. el alumbrado elé~trico en las calles de Brooklyn, tocó acci_dentah_nente un hilo vivo de la luz eléctrica. El choque fué terrible, y el pobre mozo cayó al suelo com,o muerto.. Acudiú pronta~ente la ambulancia se,lo llevo al IIosp1tal, se letendío en
la mesa de exam~n, y·al irle 1í amcultar el co_raz6n el facultativo recibió este á su yez un choque rnesperad?·
Ko fu~ pbr cierto, choq~e de electricidad lo que sac?"d1ú
al búeno del Profesor, smo un choque de sorpresa. ,Había descubierto que el paciente era una mu¡er! Vuelta
en sí, la infeliz confesó Jo que ya n.o podía ocultar, agregando que había adoptado los veEt1dos cte hombre porque con los de su sexo ganaba men?r salario, pues el trabajo de la mujer, por más que sea igual al t1el hombre,
i;e considera inferior, á la hora de pa,,,aarlo. .
.
Resun.1iendo: la Estética, en punto á ves~idos no tiene
leyes permanentes; la higiene se contradi~e á menudo,
y la Societ1ad no sabe las más de las veces lo que se pesca, pues en ocasiones va coi:·iente arri.ba cua.ndo el espíritu el!:! progreso echa corriente abaJo, hacia la ancba
1:i;iar de las amplias ideas..
,
.
Queda la cuestión de gustos. ¿No le parece bien al lector la mujer vestida de hombre'(
Estamos de acuerdo; pero si todas se pusiesen los pantalones, no por eso habría yo de calarme el habito y meterme á f.raile.

:X.

TE1'IPLO DE SAN FELIPE DE JESUS
Notas curiosas.

BoLET PEIUZA.

~/~

'

',

'
l)omadores de serpientes.

Tetuán, la ciudad blanca. Era la primavera, el crepúsculo de Mayo, la paz de las inmóviles tardes color de rosa. Robre las terrazas, sobre las viejas, pequeñas· cúpulas, sobre el conjunto de las viejas casitas centenanas,
se extendía la blancura infinita de la cal; por doquiera
se extendía el misterio de esta misma sábana blanca.
Lentos paseantes, vestidos de exquisitos matices, pasaban mirando sus suefios, y sus ojos negros, magníficos,
no parecían yer las cosas de la tierra. El ocas.o alumbraba dorado, alumbraba color de rosa, y, en los recodos de
las viejas caAAP sin forma casi y sin edad, la cal poco á
poco tornábase azulada como nieve entre sombras.
Había transeuntes de oro viejo, de verde pálido ó de
color de salmón: transeuntes de azul y iranseuntes de
rosado; otros que habfan escogido los más raros é indecibles matices; todos majestuosos y graves, ro~tros de
bronce y mirada intensamente negra. Aquí y allá brotes
de fre~cas plantas primaverales: mastuerzos, resedas,
botones de oro, reventa~o nacidos y floridos al azar,
sobre las viejas tapias. Mas la muerta blancura de la cal
dominaba todo; parecía al-u.robrar, reflejando luz atenuada, el profundo cielo dorado, ya luminqso. Ni sombras
duras, ni contornos precisos, ni colores· sombríos; sobre
esa blancura de todo, los seres vivos, en lento movimiento, sólo hacían pasar tintes claros, extrañamente
claros, frescos como visiones ultra-terrestres, todo atenuado y amalgamado e~ la tranquila luz; no había de
negro más que todos esos grandes ojos soñadores ........ .

Inauguración del templo de San Felipe de Jesús.-Vista del exterior.

A lo lejos se oía preludiar la flauta muy triste, muy
triste y el sordo tamboril de los domadores de serpientes. Entonces los lentos paseantes, que antes caminaban
sin rumbo por el blanco dédalo, se dirigieron poco á popoco·hacia el mismo punto, respondienlo al llamamieuto de aquella música.
En una amplia plazuela, en el linde de la ciudad, habíanse colocado los domadores. Desde ahí en las profundidades que tomaban tintes azules, veíanse sucesiones de
líneas blancas y casi Rin contornos, que eran terrazas,
algo como un desprendimiento de blocs de nieve, que
era Tetuán semi-perdido en los vapores de la tarde de
Mayo.

Yo permanecfa allí entre ellos, sin apreciar las duraciones, embebido cn1110 ellos, y reposándome un poco
por ca~na lidad, en medio de aquellos inmóviles, ignoran~es de laR ltor~s qne pa~an.
·
Y lo~ tamboriles, las tristes flautas-y toda esta Afri&lt;'a ejercían s, bre m( su encanto arrullador, tan .magn(fieamente como otra vez, en m~s lejanos años juveniles ..... .
Yerdaderamente, eq Riempre este país el que me can•
ta, con dulcísimo ritmo, la universal canción de la
muerte ..... .
PIF.RRB

LoTr.

Sus hombres de largas túnicas hacían círculo en torno

á los domadores. Y los domadores desnudos y salvajes,
cantaban y danzaban agitando su rizada cabe}lera, danzaban como sus serpientes, retorciendo su busto leve al
compás de au música de flautas. Y todo era bello, desde
el cielo hasta el más humilde camellero de brazos bronceados, que miraba soñando, sin ver.

El que no está preparado á la desesperación, no está
preparado á la ,·ida. '
Goetlte.

EL MUNDO

del báculo, diciendo aquellas palabras de David. Atol/ita., portas príncipes i•e,•trae,
etcétera.
Hace lo mismo segunda
y tercera vez; con esta diferencia, que en la primera
rocía los cimientos, en la
segunda á medio cuerpo,
rocía las paredes, y en la
tercera rocía á la mayor
altura posible las mismas
paredes. Toca á la puerta
'rn forma de cruz dos veces
nuís y el Diácono abre.
El señor Arzobispo ~·
rns ministros entran diciendo Pa,,· huic domine rte.
y puesto en el medio de
la iglesia, comienza el Himno Vi·ni C'rrntm· E~¡J!ritu,q
l'Lc., se rezan las letanfas
y entretanto uno de los
miuistros esparció ceniza
por el suelo tormando una
cruz. El consagrante escribe en ella los abecedarios
grieg0 y latino para significar la unión de las dos
iglesias griega y latina.
En las paredes dd templo hay doce cruces de latón. teniendo luces enfrente de ellas.
Después de la cruz greco
latina se bendice otra agua
con sal, vino y ceniza, se
co.,sagra el altar, da el oficiante tres vueltas á la igle•
sia, se ungen las doce cruces '.Y se colocan las reliquias en el lugar que estíL
reservado en la mesa del
altar.
17 na vez puestos los manteles el celebrante dice mi•
sa revestido con flamante
ornamento.
Dispuesta la urna en que
se encierran las reliquias
del Santo bajo cuyo título
se dedica la iglesia, y cuyo
nombre se invoca en casi
todas las or,tciones y bendiciones, se preparan el
Santo Crisma, el óleo de ca-

85

El miercoles último, en la mañana, efectuose la solem~e cons~ción del nuevo y herI?o~o templo de San Felipe de~ es1;1s: una v~rdadera prec10s1dad artística situada
€n la prmc1~al avemda de la capital y destinada sin duda áconvert1rs~ en el re.ndez vous de las damas piadosas
de 1~ buena soc1~dad. :[J:izo esta consagración el Señor Arzobi~po ~e l\Iéx1co, ante escasa concurrencia y revestido
de riquísimos ornamentos.
El acta de la consagración, escrita en pergamino decía así:
'
. "En el día 3 de Febre~o de 189,, yo Arzobispo de )lé:inco, consagré esta Iglesia y Altar en honor de San Felipe de Jesús, encerré con él las reliquias de los santos márth:es, y conc~dí á los fieles cristianos, que hoy visiten la
misma, uu ano, Y. á los que lo hagan en el día aniversario
de e~ta consa~rac1ón, cuarenta días de verdadera indulgencia, en la forma acostumbrada por la Ia-lesia
"
0
Este documento' está sellado y firmado.
•
Com&lt;? se sabe, el rico ~mplo f_ué inaugurado con toda
solemmdad y pompa el viernes ultimo. Ahora bien á reserva de ocuparnos de esa suntuosa inauguración de la
cual hallarán nuestros lectores nota completa en otro lugar, vamos á dar aquí al~unos detalles celativos al origen
y forma de Ias con~~rac1ones para que se formen ide3 de
la ceremoma del rruercoles y conserven en un periódico
que como el nuestro es de colección v recuerdos datos curiosos é instructivos como estos que· en seguida' transcribimos:
Es de tradición apostólica la consagración de los templos, pues se inició en los primeros tiempos de la ialesia.
L()S apóstoles y primeros cristianos v su sacerdotZs hacían sacrificios en casas y pretorios v niás tarde se eAa-ieron templos haciéndose solemnes fiestas en s'u dedicación.
En la antigüedad, dicen los Padres de la Ia-lesia que
hubo una sombraó figura de esta consaa-raci6ir en Íos siguientes episodios:
º
'
El Exodo dice que Moisés, por orden del Señor consa:
grú no sólo el tabernáculo sino también el altar, los vasos
y los instrumentos usados en el sacrificio.
En la ley natural se habla de laeticala de Jacob qnien
.al despertar de su sueño tomó la piedra donde' ha':&gt;ía
reclinado la cabeza, la ungió y la consao-ró, llamandole
lugar santo. También á su vuelta de }Ie~opotamía junto
á Btithel, cuando el Señor lo bautizó cun el nombre de
Israel, bendijo el lugar donde se verificó ésto, y sobre él
-ofreció sacrificios.
Siempre han concedido los cristianos gran impcrtancia
El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Cabecera opuesta al altar.
á la ceremonia de la consagración, diciendo que ella representa la santidad q.ue consiguió la Iglesia por la Pa,sión de Cristo, haciendo
tecúmenos, dos libras de incienso, y cuya mitad está
tan solemne esta ceremo·
en grano, el incensario con navecilla, un bracerillo con
nia como la de la dedicabrasas ardiendo, un vaso grande con cenizas, otro con
ción de los templos, que
sal, otro con vino, un aspersorio de yerba de hisopo;
dura ocho días.
manteles de lienzo grueso, otra cubierta de lino encerraEn Roma se celebran las
da, cinco cruces ~queñas para el al~r, hechas de pequededicaciones de los templos
ños cerillos; espatulas de madera; cal y arena para hacer
de Santa María la Mavor de
la mezcla ó composición con que se forma un cemento
la iglesia lateranense, de
y cerrar el sepulcro de las reliquias y las junturas de la
i'lan Pedro y otras. La iglemesa del altar; dos cirios encendidos y vasija,con agua,
sia Hierosolimitana celemiga de pan, toallas, otros dos vasos con agua que han
bra anualmente la dedica·
de bendecirse, y los ornamentos y vasos sagrados que han
-ci6n del templo llamatlo
de pertenecer al culto en la igleeia, además de los J.&gt;ªra
«El Gran Martirio," que fué
mentos que ha de usar el Arzobispo e n la consagración.
-edificado por el Emperador
Al presentarse el Arzobispo consagrante, reconoce la
,Contantino.
iglesia instalándose en un sitial bajo, que estará en el
Las iglesias de 'I:oledo,
centro de la nave central. Después sale de ella con los
Tarragona y las otras prinque le acompañan, quedando solo un diácono revestido,
cipales de España celebran
y se cierran las puertas.
la dedicación de sue temEl Arzobispo con sus auxiliares, va al lugar donde esplos, y en Zaragoza se cetán las reliquias, reza los siete salmos penitenciales, se
lebra el 12 de Octubre, la
reviste de amito, alba, cíngulo, estola y capa, pluvial; la
dedicación de la Virgen del
mitra y el báculo, vistiendo los paramentos el diácono y
Pilar, en su metropolitana
subdiácono, y sobrepelliz los acólitos y familiares.
iglesia, con solemnísimo
Terminado esto, se dirige el Arzobispo á las puertas de
octavario.
la iglesia é invoca á la Santísima Trinidad, pidiendo al
Los judíos también conSeñor que :prevenga y ayude sus acciones, se postra so-sagraban y dedicaban sus
bre otru sitial de cerca de la puerta, en la parte de afuetemplos.
ra, mientras en el coro se entona la letanía de los santos.
rara justificar estas con Se levanta, bendice el agua y la sal, se rocía con ella á sí
sagraciones de lo inanimamismo y á los circunstantes.
do, los creyentes se apoEl arzobispo oficiante penetra sólo con los ministros,
yan en textos de San Aguslos cantores y los que han de cerrar la urna de las relitín y Salomón, diciendo
quias, dejando á los demás asistentes fuera del templo
-que aunque la iglesia y
y volviendo á cerrarse las puertas. Luego que entra el
i.emplo sea inanimado, por
co~sagrante anuncia la pRz á aquel lugar y los cantores
la consagración adquiere
la mvncan con una antífona.
una espiritual virtud, que
El Arzobispo se postr 1 y los cantores prosiguen las
hace aquel lugar apto é
letanías qué comenzaron afuera. Antes de concluirse el
idoneo para el culto dioficiante se pone en pié y dice: «que te digne, vi;itar
vino.
este lugar." El coro responde: «te rogamos óyenos.» Y el
La ceremonia es tan imArzobispo dice: «que te dignes establecer en él la guarda
ponente como larga y de
de tus ángeles.n
-€lla daremos solo la fisonoDespués, haciendo la sefial de la rruz con la mano demía principal.
;-echa sobre el templo y el altar, dice: «que te dignes
bendecir esta iglesia y este altar que se ha de consagrar
En el momento de laconá tu .honor y bajo.el título de San Felipe de Jesús."
·~a~ración que es secreta,
Hmcado el oficiante ante el altar mayor, pronuncia las
·wa.a la gente desocupa el
palabras:
templo, quedando adentro
"El señor se~ en nuestro auxilio," y el coro responde:
·el diácono á puerta cerraSeño.r, dáos. prisa á. ayudarnos." Dice por tres veces el
da. El prelado consagranGloria Patri y comienza .á exorcizar y l&gt;cmlecir la sal y
te bendice el agua y la sal,
e~ agua, y des~0:és la ceruz!\, con exorcismos, preces, ora·con bendición ordinaria y
ciones Y bend1cionesprop1as, mezclando la sal la ceniza
con un manojo de yerba de
y el ~g_ua con el vino que bendice, é invocandd el auxihisopo, rodea la iglesia por
lio divtno.
•
fuera rociiíndola con agua
El oficiante hace después otras muchas ceremonias y
\iendita. Llega el consareza oraciones, llega á consagrar el altar, sobre cuya megrante á la puerta y la
El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Arcos d: la nave central.
sa hace ~ señal de la cruz, y después pone cinco cruces.
biere, con la parte inferior
Conclwdo esto, el consagrante dice: «vió Jacob una

�86

eH·ala, cuya extremidad tocaba á los cielos, Y
á los ángeles que bajaban, y dijo: verdaderamente este lugar es santo.n
Siguen á esto dos oraciones y un prefacio
que canta el conFagran!e, c~m bendici_ones_, todo lo l"!'lativo á la dedicación de la 1gles1a, á
los divinos misterios que en .ella se han de
celebrar v á las gracias que el Señ&lt;•r dispensa
á los fielés en el lugar •anto, se llega al altar
v en él hace con la misma agua bendita, cal y
arena la mezcla con q'Je se han de cubrir las
juntu:iis de la lápida bajo la cual quedarán
las reliquias, sale en procesión al luga: el! que
la víspera quedaron reservadas las rehqm:is y
se llP,·a el Crisma hasta las puertas de la 1glesía.
Re cantan los «kiries» y se leen los decretos
del Concílio Tridentino.
Se levanta, en presencia ?el. fundador, el
documento ó instrumento publico que corresponde.
El consagrante se dirije después á las puertas de la iglesia, las un¡ze, mojando el dedo
en PI Santo Crisma y haciendo con él la señal
de la cruz por fuera, diciendo: "En el nombre
del Padre y del Hijo y del.Espíritu Santo, seas
¡oh puerta! bendita, santificada, con~agrada,
consignada y encomendada al Señor Dios, seas
¡oh puerta! la entrada de la salud y de la paz,
11eas puerta pacífica, por aquel que se dignó llamarse Jesucristo Nuestro sefior.n
Después de pronunciadas las anteriores palabraR, los presbíteros levantan el. féretetr? de
las reliquias y entrando en procésión á la iglesia el coro entona esta antífona: ,,entrad Santos' de Dio~, pues preparad_a está por el Señor
la habitación de vuestra silla, el pueblo fiel,
con gozo sigue vuestro c~mino, para que roguéis por nosotros á la }Ia¡estad del Señor.
El Arzobispo, al cerrar el sepulcro en que se
depo~itan las reliqias dice: «sea consagrado Y
santificado este sepulcro: en el nombre del Padre, del Hijo y clel Espíritu Santo. Sea la paz
para esta casa.n
El consagrante recorre después todo el templo y frente á cada una de las doce cruces que
están en las paredee dice: «Sea santificado y
consagrado este templo: en nombre del Padre
v del Ilijo y del Espíri tu Santo, en honor de
Dios y de la gloriosa Virgen María y de todos
los San tos: al nombre y memoria de San Felipe de Jesús. La luz sea para tí.,,
·l\Iientras el consagrante se lava las manos,
los subdiáconos limpian la mesa del al~r,
presentan los manteles con que ha de cubrirse
y los vasos y ornamentos destinados al culto,
para que sean bendecidos.
Tales son las principales ceremonias, cada
una de las cuales tiene su significación espe·
cial, que no trascribimos porque nos extenderíamos demasiado. :Merced á ellas el hermoso
templo dedicado al proto martir Mexicano es·
tá en aptitud de amparar bajo sus naves las
plegarias de la piedad y de la fe.
)léxico cuenta con un templo más, y el arte
patrio con una nueva obra que lo honra.

Datos biográficos de San Felipe de Jesús.

Los que van á leerse son entre los más reputados como exactos, por haber sido escritos por el cronista de la _orden de San Francisco Fray Baltasarde }Iedina.
.
San Felipe
Según todas las pruebas recogidas, Felipe de
Jesús nació el 1? de }layo de 1575, en la ciudad de México, siendo sus padres Alonso de las Casas
y Mariana Alvarez, naturales de Illescas ( Espai'ia.)
Pasaron á Nueva España y Don .Alonso enriqueció por
medio de su trabajo, dedicándose al comercio.
Fué este señor uno de los primeros familiares del Santo Oficio y del Tribunal de Fe en el año 1571,
Del citado matrimonio nacieron además de Felipe, cinco hombres y cuatro mujeres de los cuales Juan de las
Casas que salió en busca de su hermano, murió martirizado por los bárbaros en Filipinas y Francisco tomó el
hábito de Agustino, y de su muerte, dícese que acaeció
la coincidencia de que fuese el día de la fiesta de San
Francisco.
El Padre de Felipe murió en 1599 y por su testamento
se ve que el santo, áquien estamos biografiando nació en
una casa de la calle del Arco de San Agustín, que Don
Alonso dió en dote á Doña )far(a de las Casas; hermana
de Felipe que casó con un comerciante rico.
No hay constancia en los libros parroquiales de la fecha en que se bautizó Felipe de Jesús; pero la ptla bautismal que hasta la fecha se conserva hace creer que tal
ceremonia se verificó en los primeros días del citado mes
de }layo.
Felipe, á la muerte de su padre, era fraile menor y tal
vez por esta circunstancia que lo incapacitaba para la herencia, no hay en el testamento de Don Alvnso de las
Casas ninguna cláusula que á él se refiera.
Felipe era el primogénito de la familia según todas las
proh11hilid1v'IPQ,
.\..c,•rc,1 de .,,ta no se con•erva sino datos cómico~. pn
los qne se hace af)arecer :í. San F"lipe como un chicut&gt;lo
muy travieso de quien su cuidadora, una neira, decíaqu"

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 111~7

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1Sg.7

EL MUNDO
JONATHAN Y SU CONTINENTE

só, trocando su apellido de las Casas, por el
sobrenombre de Jettús.
En la profesión de pobreza, renunció Felipeá todas las posesiones y riquezas.
Desde que volvió á ingresar al convento, su
vida-dicen los cronistas-varió enteramente
y se distinguió notablemente por su humildad, virtudes y penitencia asidua.
Reconcialiados los Padres de Felipe al Sl' ber
que había profesado, gestionaron lo necesario
para que regresase á Nueva España y el prior
de su convento de Manila, le ordenó que se
embarcase en el Galeón San Felipe, en 12 de
Julio de 1596.
Acompañaban á San Felipe en este viaje
siete sacerdotes más, y todos admiraban las
virtudes y energía del recién profeso.
Apenas dado á la mar el Galeón San Felipe,
se desataron-dice el cronista-terribles tormentas, en el cielo apareció un cometa cuyo
núcleo tenía la forma de cruz, grandes y monstruosos peces rodearon la embarcación y por
fin, después de muchas fatigas y larga navega·
ción, llegaron á las playas de la provincia de
Tosa.
El galeón encayó y como .si esta contrariedad no fuese bastante, el Gobernador de la
Provincia previno á los navegantes que no saldrían de allí sin orden del Emperador.
La lPyenda cuenta muchos y muy grandes
prodigios que procedieran al martirio, la tierra tembló, los templos de los japoneses quedaron destruídas, llovió ceniza etc., pero esta
crónica ya es demasiado larga, para que nos
deten~amos á narrar tantos episodios de la
tradición; así es que llegaremos al momento
del martirio.
'El Gobernador de la Provincia permitió que
seis religiosos, entre ellos Felipe, fuesen á
J\Iecao en busca del Emperador.
En el camino predicaron, . catequizaron á
unos dieciocho japoneses, y esto, unido á los
informes que habían dado los favoritos ambiciosos del Emperador Taycozoama hizo queel cargamento de la tripulación se embarcara,
y el tirano, en la creencia de que la llegada de
los sacerdotes era presagio de arribo de conquistadores, resolvió matarlos, condenándolos primeramente á sufrir la amputación de
las orejas y después á morir en una cruz,
atravesados por bárbaras lanzadas.
San Felipe fué el primero que murió de los
veintiseis mártires ejecutados, recibiendo treslanzadas en los momentos en que ya lo asfixiaba una de las argollas de la cruz, y aseguran
sus panegiristas que murió dando muestras de'.
regocijo y bendiciendo á Dios.
Cuando Felipe murió tenía 25 afios deedad.
La beatificación de Felipe fué decretada por
el Papa Urbano VIII, el afio 1627 y su canoni ·
zación se verificó en 1861.

"'-¿f~,i&gt;·~~~~~
PAGINAS OLVIDADAS
ANTE El ANFITEATRO DE ROMA

...... Y o, para distraerme, empecé a fingirme
allá, en la mente una fiesta del Anfiteatro. No
era la inmensa mole este inmenso cadtíver.
Aquí se levanta unaestátua allá un trofeo, acullá un monolito traído del Asia ód" Egipto. El
pueblo rey entra por los vomitorios, después
de haberse baíiado y perfumado en las inmennsas termas, subiendo hasta la cima, para des•
de allí repartirse en las respectivas gradas quede antemano le estaban señaladas. A un lado se veía la puerta sanitaria por donde viede Jesús.-Proyecto primitivo de B. Gallotti para e l gran cuadro nen los combatientes; á otro lado la puerta
mortuoria por donde sacan á los muertos. Los
del altar principal.
gritos de la muchedumbre, los agudos sonidos
las trompetas, se mezclan con el aullar y el rugir de
sería santo cuando retoñara la higuera que aun exi8te en de
la casa núm. 5 de la calle q ue hoy lleva el nombre del las fiera~. }Iientras llegan los senadores y el César, algu·
mártir mexicano y que fué la habitada por sus padres en nos empleados de baja esfera municipal, reparten entre
el vueblo garbanzos tostados, que llevan, como nuestros
aquella época.
en esportillas. El suelo reluce con polvos de
Ya en la adolescencia se sabe que sus padres lo dedica· fenantes.
ron á aprender el oficio de plntero, sin duda por inclina· oro, de carmín, de minio, para disimular el color de la sanción de Felipe, pues su padre era bastante acaudalado gre, mientras templan la luz grandes toldos de oriental
púrpura, que entonan todo el espectáculo con sus ·encenpara necesitar hacer de su hijo un artesano
Pocas constancias hat de esto, y los biógrafos comien- didos reflejos.
Los senadores van ocupando las gradas más bajas. Tras
zan á seguir :firmememente la vida de Felipe de las Casas,
desde que ingresó al colegio .lfáximo dé San Pedro y de ellos colócanse los caballeros. }lás arriba los padres
de familia que han dado al imperio cierto número de
San Pablo con el fin de estudiar latinidad.
hijos. En las gradas eu périores el pueblo. Y por último,
Del colegio citado. San Felipe pasó al convento de San· coronándolo todo, las matronas romanas, vestidas de lita Bárbara, en Puebla, donde tomó el habito de los fran- geras gasas, cargadas de riquísimas joyas, embalsamando
ciscanos de la orden reformada de descalzos.
los aires con esencias que vierten de pomos de oro, y
El carácter inquieto de Felipe toma más grandes pro• enardeciendo los C()razones con sus palabras de amor y
porciones en la adolescencia y antes de profesnr. abando- sus voluptuosas miradas.
nó el convento, causando con esto tan grave disgusto á
Mientras los espectadores aguardan al César, que debe·
su padre, que éste, con férrea energía encontró en tal dar la seíial del comienzo de la fiPsta, entréganse á toda
deserción, motivo bastante paro confina1lo á. Filipinas, suerte de murmuraciones. ~fira aquel glotón. 1\.yer se Je
donde lo consignó con recursos y recomendaciones para quemaron los jardines de Pompello, y es tan rico, queno
que se dedicase al comercio, aunque hay algunos que sos• eabían fuesen suyos. Lolia Paulina lleva sobre el cuerpo
pechan pasó á Manila con plaza de soldado.
en esmeraldas, sesenta millones de sextercios, pequeña
Si esto es así, ó si simplemente obedeciendo á las cos• suma en comparación con las infinitas robadas por su abuetumbres de la época, Felipe, mercader, se disfrazó de lo á las opresas provincias. Aquel que acompaña siempre
soldado ·alguna vez, lo cierto es, que joven, apuesto y al C.~sar, hurtó en cierta cena de Claudia, una copa de
de carácter rápido, se adiestró en el manejo de las armas. oro. Estos calavera¡ saludan al orador Régulo, l)orque
En :Manila el bizarro mancebo, gastó gran parte de su temen el veneno destilado de su vípera lengua. El tiecaudal en verdaderas calaveradas, hasta que hastiado de ne honores, mientras generales que han vencido á los
aquella vida de disipación, volvió á tomar el hábito en bárbaros y han muerto en defensa de Roma, están hace
PI con \'ento &lt;le Santa María de los Angeles de Francisca- diez afios insepultos. El médico Eudemio llega, no tardarán ciertamente en aparecer sus pupilas de corrupción
nos dese lizos.
Pasó el año de prueba y en 22 de )layo ele 1-:íO-l profe- y tle .1m:mcebamient1. )íira aquella nifia: tiene ocho

años y no es virgen. Su ilustre madre, con
peroonecer á u nade tas familias romanas máe
nobles, se ha borrado de la lista de las matronas y se ha inscrito en la lista de las prostitutas.
Pero viene el César y el pueblo lo aclama,
siempre agradecido á las fiestas, .Y, sobre todo, á las matanzas. Los sacerdotes y las vestales consagran sacrificios á los dioses protectores de· Roma. La sangre corre; las entrañas de tas víctimas se consumen y se disipan prontamente en el fuego sagrado, suenan
los coros y la música, vocifera nuevamente
la muchedumbre; á una sefia imperiosa aparecen los gladiadores, que saludan á todos
con la sonrisa en los labios, como s1 les aguardara festín sabrosísimo, en vez de la implacable muerte.
·
Divídense estos infelices en varias categorías. Los esedarios guían carros pintados de
verde. Los mirmillones se ocultan trás redondos eecudos de hierro, por uno de cuvos
lados muestran afiladísimos cuchillos. Los
requiarios tiran al aire y recogen con gran
habilidad sus tridentes. El traje de éstos,
vistosísimo, es: túnica roja, borceguíes celestes, casco dorado, que,:emata un luciente pez.
Los ecuestres recorren con gran agilidad en
sus caballos el circo. La luz se refleja en los
petos de acero y en los collarfs y en los bra•
ir.aletes. Sus túnicas son multicolores y recuerqan los traje~ orientales. Los bestia•
rios vienen los últimos, todos escogidos entre los más hermosos, todos desnudos, todos ~
imitando en sus actitudes, artísticas posiciones de clásicas estátuas, todos saludados con
mayor frenesí por el pueblo, porque son los
más fuertes, y los más expuestos y los más
valientes.
Han nacido en las montañas, en los desiertos, entre las caricias de la naturaleza, respi•
rando el aire puro de los campos y la sagra•
cla libertad. La guerra y solamente la guerra
ha podido arrancarlos á su patria. Ya en Roma los han cebado para que tuvieran sangre,
sí, sangre que ofrecer en holocausto á lamajestad del pueblo romano. Allá en la ergás·
tula, quizá muchos de los que ahora van á herirse ó matarse entre sí han contraído estrechísimas amistades. Quizá muchos son
hermanos por la naturaleza, hermanos por
el sentimiento, y habrán de herirse, habrán
de inmolarse, cuando unidos en los mismos
afectos, podrían hundir las espadas en las entrañas del César, y vengar á su gente y á su
raza.
Pero ya se acechan, ya se buscan, ya se
amenazan, ya se enredan y se empeñan bárbaremente en cruentísima pelea. Si alguno,
movido de miedo por sí 6 de compasión por
su contrario, retrocede, el maestro del circo
le clava un botón de hierro candente en las
desnudas carnes. La roja sangre cae y bumea por todas partes. Uno se ha resbalado en
ella. El pueblo grita creyéndole muerto, y
le silba cuando se levanta vivo. Este se des•
maya después de esfuerzos gigantescos para
sostenerse de pié. Aquel cae desplomado de
una sola herida sobre su escudo. El otro se
retuerce en dolores infinitos, y tiene el estertor de una agonía epiléptica Dos se han he- ,.·
rido mortalmente entre sí; pero al caer, soltando sus espada, se han abrazado para sostenerse y auxiliarse en la muerte. Miem•
bros mutilados, tripas rotas, sollozos de agonía, estertores de moribundos, rostros contraídos de muertos, últimos suspiros mezclados con quejidos, gritos de rabia ydesespeSa n Felipe de Jesús.-Proyecto de B. Gallotti adoptado y llevado
ración; todo esto es grandioso espectáculo para el pueblo romano, que grita, palmotea, se e1.0 briaga, se tadoreP, sino morir humildemente en ignominiosa cruz.
enfurece, sigue con nerviosa atención el combate saltán· De al lf han salido estos confesores de la nueva fe, par!l
clole los ojos de las órbitas como para ver más la' matan· sellarla con Qu sangre sobre las arenas de este mismo cirza, abriendo las narices y el pecho para recoger los va- co. El anciano, el joven, la tierna doncella han oído sin
pores de la sangre.
estremecerse el maullar del tígre asiático, el rugir del
La cólera, sí, la_cól~ra flotaba como única pasión sobre león africano. Las fieras hambrientas ban ealido de las
toda aquella carmc~na. La escult!lra antigua, general- grandes jaulas que todavía en los cimientos del circo se
!nente de_una severidad tan olfmp1ca, nos ha dejado la ven, v han clavado sus garras y sns &lt;lientes sobre los
imagen viva de esta cólera en la escultura del gladiador cuerpos indefensos de los mártires. }fientras se reparcombatiente. Dilátanse sus ojos, sóbre los cuales como tían las panteras, las hienas, los tfgeree, fos leones sus
qne extienden tempestuosa nube las fruncidas cejas. Sus restos palpitantes; mientras bebían con furor insaciable
miembros robustfsimos adquieren una infinita tensión. la sangre, los romanos aclamaban al Cérnr, creyendo
La cabeza se avanza hácia adelante inclinada sobre el que con aquellos miembros devoraban lae fie1aq una supecho, á fin de parar los golpes. Su cuerpo está en acti- perstición, y con aquella sangre se bebían la~ fieras una
idea. Y los césares han muerto, y los pretonanos se han
tml de lanzars~ á 1~ pelea sostenido sólo por el pie dere·
cho. El brazo 1zqmerdo amenaza, en tanto que el pufio dispersado, y las piedras del Coliseo_ han. caído y nna
derecho, fuertemente contraído, se apercibe á dar un nneva ideaba reemplazado á las ant11$11as 1dt-a!:': qne conJ:("lpe mortal. .Aquella estátua es la imagen viva del odio. virtiéndose de perseguidaen perseguidora, ha mtentado
Y el odio continuo ha engendrado en torno de Roma es• á su vez destruir nuevas sectas. ahogar nueyascreencias,
pe~ísima_ nube &lt;l;e cólera, de maldiciones, que tuvieron su no purliendo llegar con sus excomun_ionP_s, ni con 81(_ insat1sfacc1ón terrible en la noche apocalíptica de las ven- quisición ni con sus to!mentos, al d18CO rnmortal dE:1 esganzas eternas, en la noche de las victorias de Alarico, y píritu humano, que brilla eternamente entre las ruina y
de las orgías de los bárbaros, los hijos de los esclavos y entre los dioses entre los pueblos que mue1'E'n y los puede los gladiad"res.
blos que empie;an, entre las creencias y los dogmas, co¿Quién, quién puede extrañar los castigos de Roma? mo el sol penetra entre los coros de los mundos.
Toda su fuerza, toda su majestad, toda su grandeza han
sido def:ltruidas por una idea. Allá en las catacumbas se
Emuo CAb-rELAR.
-ocultan oscuros sectarios que quieren oponer al sensualis1I_10 antiguo el espíritu, á la religión pagana y al Imper10 dogmas que Roma no podía admitir sin perecer.
Esos sectarios huyen de la luz del día y se encierran te·
merosos en las catacumbas: Allí pintan el Buen Pastor
Todo lujo juicioso constituye una e5PE:cie de reserva
que les guía á la eternidad, la palma que les anuncia el
término del gran diluvio de lágrimas en que se ahoga para las circunstancias imprevistas y los tiempos de nenuestra vida. Allí entonan himnos á un tribuno obscuro, cesidad.
Paul Leroy-Beaulieu.
pobre, débil, que no ha sabido matar como ~os conquis-

(Fragmentos.)
Am:nrCA cuenta en la actualidad sesenta
millones de habitantes...... la mayor parte
de ellos coroneles.
Si la tierra es pequeña, la América es grande, y los Americanoe...... 'inmensos!
Este gigantesco pa1s fué descubierto, en el
siglo XV, por CriHobal Colón, que había dado ya prut-bas de un genio de invención extraordmario, haciPndo que los huevos se mantuviesen de pie sobre las mesas.
He !lquí, el decir de un célebre humorista
americano, como realizó el descubrimiento
de América.
El rey de España charlaba una noche con
Cristobal Col6n. Repentinamente, sorprendido por una idea luruinosa, dijo Su Majestad
á Colón:
-Colón ¿por qué no vas á descubrir la
América?
-Iría, Señor, si Yuestra Majestad me diese un barco.
Cristobal Colón obtuvo un barco é hizo vela hacia el sitio en que imaginaba que se encontrabalaAmfrica. Los marineros, al cabo
de algunos días de viaje, comenzaron á que·
jaree y declararon que no creían que huuiese tal América.
Colón se mantu\'0 firme.
Después de largaK jornadas de navegación,
el piloto vino á decir al gran navegante:
-Colón, veo tierra.
-Debe ser América, contestó Colón.
-¿Estás cierto?
-Nada más sencillo que confirmarlo, dijo
Colón con calma; Yeo en la orilla una gran
cantidad de indígenas y vamos á pregm.társelo.
Colón desembarcó inmediatatamente en
una lancha con algunos marineros y se diri•
gió á los sah·ajes.
-Eh! amigos ¿es aquí America?
-Exactamente contestaron los salvaje1,.
-¿Y vosotros sois todos americanos, supongo?
-En efecto.
En seguida llegó la vez de preguntar el jefe de ellos á Colón.
-Y tú ¿serfas por casualidad Cristóbal Colón?
-El mismo! Lo has adivinado.
Entonces el jefe, volviéndoe á sus camaradas les dijo:
-Amigos míos, no tenemos que ocultarle:
estamos deseo biertos.
Colón, encantado por el excelente éxito de
su empresa, volvió á España á dar parte al
rey de su descubrimiento.
Un inglés se jactaba un día ante un francés de la iameneidad del imperio británico:
-Sí sefior, exclamaba á modo de pen,ración, el sol no se oculta nunca en las pos, siones de los ingleses.
-No me maravilla esto, respondió tranquilamente el fránces; el sol se ve obligtdo á
tener abierto siempre el ojo sobre estos tunantes.
El sol puede, sin embargo, hacer en la ac·
tualidad el viaje de Nneva York á San Francisco é iluminará su paso una nación libre
que, en 1776, suplicó ú Inglaterra que tuyieee la bondad de ocupa11:e en sus propios negocios.
LA mérica se extiende de Este á Oeste, en
una longitud de diez mil kilómetros, y 11quí
á cabo.
es llegado el momento de prevenir al lector,
para el caso de que Jonathán llegase á dirigirle una de
~ns prPguntas favoritas: ¿Dónde está el cent1 o de la América? Podríais, en efectn, imaginaros, que partiendo de
Nueva York y avanzando hacia el Oeste os encontraríais
Pn la extremidad de América, al llegará 1'an Francisco.
~ada de eso, allf es donde os espera Jonatbán. Sabe que
v!lis á engañaros, y si queréis agradarle, engañáos, porque
le haréis llegar al colmo de la dicha, ofreciéndole u ria oca·
sión de rectificar nuestro error. En San Francisco parece
que no os halláis ni á la mitad del camino, y qut&gt; el centro de la América está en realidad en el Oceano Pacífico.
Jonathán no ha hecho más que duplicar la extensión
de 8U continente en 1807. época en que compró el terñtorio de Alaska á la Rusia, mediante la suma de cuatro
millones de dollars.
Xo contento con estas inmensidades, Jonathán se complace en contemplará su pafo ?. t.11-rvés de vidrios de aumento y es preciso acimirar su patriotismo, qi:e lo hace
uer todo doble.
población, progreso, civilización, todo aquí avanza á
paso de gigante. Las ciudades parecen salir debajo de.
la tierra. Tal población de veinte mil almas, con sus
iglesias, sus bibliotecas, sus escuelas, sus bancos, era hace uno ó dos años, un pantano ó un rincón de bosque.
Hoy se siguen allí las modas de París, como en Londres
ó Nueva York.
Todo es grande, inmenso en América: el justificado
orgullo de los ciudadanos en la joven República, esta. alimentado por la grandeza de sus montes, de sus desier•
tos, de sus cataratas, de sus puentes suspendidos, de sus
ciudades babilónicas.
Jonathán pasa su vida extasiado ante todo lo que es
americano. No puede volver en sí.
Pero ~-o vuelvo de América y tampoco vuelvo en mí.
Me siento sofocado. trastornado. Es pura fantasmagoría,

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE ,Sen

EL MUNDO

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(* ) Parecía
bueno! ¡ Limp,o, muy cepi'
l ladito, con su
águila á guisa
de alfiler y ca•
minando siem
pre por el lado
de la sombra,
para dejar al sol la otra acera! No tenía mala cara el
muy bellaco y el que sólo
de vista lo huhiera cono•
cido, no hubiera vacilado
en fiarle cuatro pesetas. Pero... crean ustedes en las
canas blancas y la plata que
brilla! Aquel peso era un
peso teñido: su cabello era
castaño, de cobre, y él :por
coquetería, porque le dije·
ran:-Es usted muy Luis
XYI, se lo había empolvacio.
Por supuesto que era de
padres desconocidos. ¡Es,,
tos pobrecitos pesos· siem. ,.
presonexpósitos! A.míme
•
inspiran mucha lástima, y
de buen grado los recogería;
l(&gt;ero mi casa, es decir, la casa de ellos, eI bolsillo de mi chaleco está vacío, desamueblado, lleno de aire, y por eso
'llO puedo recibirlos. Cuando alguno me cae procuro colocarlo en alguna cantina, en una tienda, en la contaduTÍa de.un teatro; pero hoy están las colocaciones por las
·nubes y casi siempre se queda en la calle el yobre peso.
No pasó lo mismo, sin embargo, con aque de la buena
facha, de la sonrisa bonachona y del águila que parecía
-de verdad. Yo no sé en dónde me lo dieron; pero sí es-toy cierto de cuál es la casa de comercio en donde tuve
la fortuna de colocarlo, gracias al buen corazón y á la
mala vista del respetable comerciante cuyo nombre callo
-por no ofender la cristiana modestia de tan excelente sujeto, y por aquello'de que hasta la mano izquierda debe
ignorar el bien que hizo la derecha.
Ello es que, como un ben.eficio no se pierde nunca, y
•como Dios recompensa á los caritativos, el generoso pa•
dre putativo de mi peso falso no tardó mucho en hallar
á otro caballero que consintiera en hacerse cargo de la
•criatura. Cuentan las malas lenguas que este rasgo filantrópico no fué del todo puro; parece que el nuevo proteci;or de mi peso-y téngase entendido que el comerciante á
quien yo encornenclé la crianza y educación del pobre ex0
P.ósito, era un cantinero-no se dió cuenta exacta de que
iba it hacer una obra de misericordia, en razón de qne
repetidas libaciones habían oscurecido un tanto cuanto
,su vista y entorpecido su tacto. Pero sea porque aquel
hombre posefa un noble corazón, sea porque el coñac
predispone á la benevolebcia, el caso es que mi hombre
recibió el peso falso, no con los brazos abiertos, pero sí
1,endiéndole la diestra. Dió un billete de á cinco duros,
devolvióle cuatro el cantinero, y entrt! esos cuatro, como
amigo pobre en compañía de ricos, iba mi peso.
Pero ¡vean ustedes cómo los pobres somos buenos
y cómo Dios nos ha adornado con la Yirtud de los
perros: la fidelidad! Los cuatro capitalistas, los cua•
tro pesos de plata, los aristócratas, siguieron de pa·
rranda. ¡Es indudable que la aristocracia está muy
,corrompida! Etste, se quedó en una cantina; ese, en la
Concordhi, aqnel en la contaduría del teatro......... ¡Sólo
el peso fal~n, · el pobretón, el de la clase mE:_dia, el que no
,era centavo ni tampoco persona decente, siguió acompaiiando á sn generoso protector, como Cordelia acompañó
al rey Le,ir. En la Concordia fué donde lo conocieron;
allí le echaron en cara su pobreza y no le quiseron fiar
ni servir n11da.
·
La única moneda buena se escapó entonces con ~l
·mozo-no es nuevo que una sef'íqrita bien nacida se íu-

..

El nuevo templo de San Felipe de Jesús.-Un detalle de la nave central.

es Roberto Iloudin, es á ocasiones también Roberto
Macaire ...... pero no anticipemos nada. Concededme el
tiempo de respirar y poner en orden mis ideas, que dan
una voltereta en mi pobre cerebro de europeo. No hay
ya nada imposible, y los cuentos de hadas son aventuri·
llasinsignificantes al lado de lo ql}.e he visto. Todo es
grande, al vapor, á la electricidad, todo vertiginoso, y
no me sorprendo de que los americanos no empleen otro
adjetivo que el superlativo.

Un pueblo que tiene apenas cien años de existencia y
compuesto de los elementos más di versos, no puede te•
ner rasgos caractiríscos muy acentuados.
Hay americanoe, pero el americano no existe todavía.
El habitante del Noroeste de los Estados Unidos, yankee, difiere tanto del americano del Oeste y del Mediodía,
como el inglés difiere del alemán ó del español.
Por ejemplo, llamad á un yankee «embustero» y saldrá
de su habitación diciendoos: «Lo que dice usted, caballero, no prueba nada.» Pero id hacia el Oeste y llamad
«embustero» á un americano de Pensilvania, y os dará un
bofetón. Id al :\Iediodía ó al For lVest y allí tratad á un
habitante de embustero y sacará su revólver y os levan•
tará la tapa de los sesos.
Que un ministro se permita en el púlpito algunas observac,i,nes más ó menos hetorodoxas: el americano del
Este se contentar,t con alzar los hombros y, al domingo
siguiente, irá á orar á otra iglesia. Cuando no está contento con uno de sus proveedores, lo cambia. El americano de Pensyh-ania abrirá una violenta polémica en los
periódicos de la localidad; el americano de Kansas aguardará al ministro á la puerta de la iglesia y le administrad un·a buena rociada de bastonazos.
El carácter del americano es inglés, desde el punto de
,ista de las contradicciones y de los contrastes, que en él
están más acentuados que en el inglés. ¿Hay, por ejemplo, algo más delicioso que el modo con que Jonathán ha
sabido conciliar lo profano y lo sagrado? Ea aún más hábil queJohn Bull y esto es quizás la clave de su buen
ixito.
Teníamos á bordo del paquete cinco americanos que
pasaron los ocho días de la travesía jugando al pokar. El
salón de recreo se extremecfa de la noche á la mañana,
con los juramentos que soltaban cada vez que arrojaban
una carta á la mesa. Tenían un caudal de estos juramentos tan inagotable, que rara vez el mismo salía por dos
veces de su boca. El domingo, después del almuerzo, vino una joven á sentarse al piano y se puso á tocar con
acompañamiento de.unos_cánticos monótonos. ¿Qué sucedió entonces? Pues que los cinco jugadores fueron á
colocarse en torno del piano y durante dos horas entonaron cánticos para la edificación de los pasajeros que se
hallaban reunidos en el salón. Yo estaba asombrado.

El nuevo templo de Sa n Felipe de Jesús.-Nave lateral.

En Francia tenemos personas que juran y personas
que cantan salmos. La raza anglo sajona es la única que
suministra personas que hacen una y otra cosa con igual
aptitud ..................................................................... .
J\fax O.

RE1,L,

El nuevo templo de San Felipe dejesús.-EI Púlpito.

Cuando pienso que el mundo en que estamos es un inmenso navío, que «sin cesar navega por el piélago inmenso del vacío,» como dijo el poeta, no me extraña que haya á bordo tan gente mareada.
José Echegaray.
La primera mitad de la vida se pasa deseando, y la segunda echando de menos la primera.
Alfonso K arr,

LA VIDA Y EL ARTISTA

Los míLs grandes pintores de la naturaleza humana,
los que han escrutado profundamente sus misterios, y
más elocuentemente traducido sus alegrías y sus dolores,
¿fueron acaso hombres que vivieron vida apasionada y
cargada de dramas del corazón?
Nú, sino más bien artistas de profesión, de corta experiencia, de deEtino casi sin importancia y de monótona
vida, retraídos del mundo, y cuyas important-es aventura, fueron sencillamente sus obras.
¿8n qué momento Shakespeare, por ejemplo, ha podido vivir y dejarse arrebatar por la multitud humana, él,
que durante treinta años tuvo apenas tiempo para desempeñar las laboriosas funciones de autor dramático, de
actor y de empresario? ¿En que época Moliére, á quien
su profesión tenía separado del mundo, pudo experimentar el amor en condiciones tan mediocres y casi
ridículas'? ¿En qué época Balzac, ese presidario, ese forzado de la literatura, que antes de 1829 había ya compuesto una bibliotec&lt;l entera de novelas firmadas con
seudónimos, 1 que de 182!) á 18-19 concibió y realizó los
cuarenta volumenes de la Comedia lnimana?
El desvío es demasiado notable en esos maestros eminentes de la observación entre la obra y la experiencia
pasional, para que pueda atribuirse á tal efecto semejante cat1s~; por el contrario, la ~iteratura expontánea de
memonas y de correspondencias, que tanto interesa á
nuestra generación y que emana con frecuencia de personas que han vivido mucho y con vida muy intensa,
¿sobresale, con raras excepciones, el nivel del documento? El don de expresión es allí infinitamente raro infinitamente raro también el don de dar colorido á eie~ vida
de la cual !03 autores han :participado, sin embargo, y á
la que se encuentran todavm mezclados por el rencor los
pesares, el amor propio ó el entusiasmo. Concluya'mos
pues, que la mejor condición de nacimiento y desarrollo
para el talento literario, es una existencia mediana mas
bien reflexiva que agitada, y más de contemplativ~ quede hombre de acción.
P.wL BouRGET.

. Cuando se ha sufrido mucho no se piensa ya. La estuplllez es el golpe de gracia de la miseria.

Anatole France.

~

* Como un homenaje i la memoria de Gutlérrez Nl!.Jera. en el segundoanlver.-arlo rle su muer~, publlramo&lt; este cuento uno rt~ los
mejo= que sall~ron de su fecunda y r le1mnte pluma. y q u,• fué e,r
,crito para noootros é impreso en lascolumua., de E l !°11frersal.

gue con algún pinche de cocina-y allí quedó el pobre
peso, el que no tenía ni un real, pero sí un corazón que
no estaba todavía metalizado, acompañando al amparador
de su orfandad, en la tristeza, en el abandono, en la miseria ......... ¡Lo mism!) que Cordelia al lado del rey
Lear!
¡De veraE enternecen estos pesos falsos! Mientras los
llamados buenos, los de alta a lcurnia, los nacidos en la
opulenta caea de·moneda, llevan mala vida y van pasando de mano en mano como los periodistas venales, como
los políticos tránsfugas, como las mujeres coquetas;
mientras estos viciosos impenitentes trasnochan en las
fondas, compran la virtud de las doncellas y desdeñan al
menesteroso para irse con los ricos, el peso falso busca al
pobre y. no lo abandona, á pesar del mal trato que éste le
da siempre; no sale, se está en sn casa encerradito; no
compra nada y espera como sólo premio, de virtudes tan
excelsas, el martirio, 1a ingratitud del hombre; ser aprehendido, en fin de cuentas, por el gendarme sin entra·
ñas ó morir clavado en la madera de algún mostrador,
como murió San Dimas en la cruz. ¡Pobres pesos falsos!
A mí me parten el alma cuando los veo en manos de
otros.
El de mi cuento, sin embargo, había empezado bien su
vida. ¡Dios Jo protegía por guapo, sí, por bueno, á pesar
de que no creyera el escéptico mesero de la Concordia
en tal bondad; por sencillo, por inocente, por honrado.
A mí no me robó nada; al cantinero, tampoco; y al caballero que le sacó de la cantina, en donde no estaba ·á gusto, porque los pesos falsos son muy sóbrios, le recompensó la buena obra, dándole una hermosa ilusión: la de contar con un peso todavía.
Y no sólo hizo eso ...... ¡ya verán ustedes todo lo que
hizo!
El caballero se quedó en la fonda meditabundo v triste
ante la taza deté, la copa de Burdeos, ya sin Burdeos, y
el mesero que estaba parado en frente de él como un
signo de interrogación. Aquella situación no podía prolongarae. Cuando está alguien á solas con una inocente
moneda falsa, se avergüenza como si estuviera con una
mujer perdida; quiere que no lo vean, pasar de incógni·
to, que ningún amigo lo sorprenda...... Porque serán muy
buenas ]as monedas falsas ...... ¡pero la gente no lo quiere creer!
Yo mismo, en las primeras líneas de este cuento; cuando no había encontrado un padre putativo para el peso
falso, lo llamé bellaco. ¡Tan imperioso es el poder del
vulgo!
Todavía el caballero, en un momento de mal humor,
que no disculpo en él, pero que en mí habría disculpado,
luego que quitaron los manteles de la mesa, golpeó el
peso sobre el mármol, como diciéndole:- ¡A ver, malvado,
si de veras no tienes corazón! ¡Y vaya si tenía corazón!
Lo que no tenfa el infeliz era dinero.
•
El caballero quedó meditabundo por largo rato. ¡Quién
le había dado aquel peso? Los recuerdos andaban todavía por su memoria como indecisos, como distraídos, co•
mo soñolientos. Pero no cabía duda, el peso era falao! Y
lo que es peor, ¡era el último!
Su dueño entonces se puso á hacer, no para uso propio,
todo un tratado de moral.-,l,a verdad es, se decía, que
soy un badulaque. Esta tarde recibí en la oficina un
billete de á veinte. Me parece estarlo viend...... Londres•
.llí:.l'Íco ... ... el águila...... Don Benito J uárez ...... y ...... una
cara de perro. ¿A dónde está el billete?
En los 14r1.ales de la vida deja
alguna cosa cada cual:la oveja
su blauea ! .. na; el hombre su virtud!

· Y lo malo ~s que mi mujer esperaba esos veinte. Yo
iba á darle quince ......... pero de ¿dónde cojo ahora esos
quince?
El cabal !ero volvió á arrojar co• ira el peso falso sobre
el mfrmol de la mesa. Por poco no se le rompió al infortunado el águila, e l alfiler de la corbata! La única ventaJa con que cuentan los pesos falsos, es la de que no podemos estrellarlos contra una esquina.
¡A la calle! La Esmeralda que ya_no baila sobre ta-píz
oriental ni toca donairosamente su pandero; la pobre Esmerelda que está ahora empleada en la esquina de Plateros y quP, como los anti1?1tOR ~¡,rmo.•, &lt;la las h ora«, moi:t.ró á nne.;tro héroe su relój i luminado: eran las doce de
la noche.

A t al h ora no h ay dinero en la calle. Y era preciso
volver á casa.
-Le daré á mi mujer el p eso falso p ara el desa yuno, y
mañana ......... veremos! Pero nó ! E lla lo suena e n el buró y así es seguro que no me escapo de la riña. ¡Maldita
suerte....... !
El pobre peso sufría en silencio los insultos y araños
de su padre putatjvo, escondido en lo más oscuro del
bolsillo. ¡Solo, tristemente solo!
El caballero pasó frente á un ~arito. ¿Entraría? Puede
ser que estuviera en él algún amigo. Además, allí lo conocían ...... hasta le cobraban de cnando en cuando sus
quincenas.......Cuando ménos, podría abrir los créditos
porcincoduros...... Volvió la vista atrás y entró de prisa
como quien se arroja á la alberca.
El amigo cajero no estaba de guardia aquella noche;
pero probablemente volvería á la una. El caballero se
paró junto i'ila mesa de la ruleta. No sé qué encanto tiene esa bolita de marfil que corre, brinca, ríe y da y quita dinero; pero ¡es tan chiquitina! ¡es tan mona! ¡Se parece á Luisa Theo! Los pesos en columnas se apercibían
á la batalla formados en los casilleros del tapete verde.
¡ Y estaba cierto nuestro hombre de que iba á salir 32!
¡Lo había visto! ¿Pondrfa el peso falso ...... ? La verdad
es que aquello no era muy correcto...... Pero aleaba, en
aquella casa lo conocían ...... y ...... ¡cómo habían de sospechar!
Con la mano algo trémula, abrió la cartera como bus
cando algun billete de banco- que; por supuesto no estaba en casa-volvió á cerrarla, sacó el peso, y resueltamente, con ademán de gran señor, lo puso al 32. El corazón Je saltaba más que la bola de marfil de Ja ruleta.
Pero, vean ustedes lo que son las cosas. Los buenos mozos tienen mucho adelantado... Hay hombres que llegan
á ministros extranjeros, á ricos, á poetas, á salJios, nada
más que porque son buenos mozos. ·y el peso aquel-ya
lo había dicho-era todo un buen mozo...... un buen
mozo bien vestido.
jTREIXTA YDOS COLORADO!

La bola de marfil y el corazón del jugador Ee pararon,
como el reloj cuya cuerda se rompe. ¡Rabio. ganado! Pero...... ¿y si lo conocian ......? ¡No á él.. .... al .itro...... al
falso!
'
Nuestro amigo- porque ya debe ser amigo nuestro
este hijo mimado de la d icha- tuvo un rasgo de genio.
Recogió su peso desdeñosamente y dijo al que regenteaba la ruleta:
-Quiero los otros treinta y cinco en billetes.
¡No lo habían tocado! ...... ¡No lo habían conocido...... !
Pagó el monte. Uno de veinte...... uno de diez ...... y otro
color de chocolate, con la figura de una mujer en camisón y que está descansando de leer, separada por estas
dos palabras, Oinco pesos, del retrato de uua muchacha
muy linda, á quien el mal gusto del grabador Je puso una
águila y una víbora en el pecho. El de á Lliez y el de color de chocolate eran para la sefi.ora que suena los pesos
en la tapa del buró. El de á veinte, el de Juárez, el patriótico, era para nuestro amigo...... era el que al día siguiente se convertiría en copas, en costillas á la milanesa; X, por remate, en un triste y desconsolado peso falso.
¡Qué afortun:;dos son los pesos falsos y los hombres
pícaros!
Los que estaban al rededor del tapete verde, hacían
lado al dichoso punto para que entrara en el ruedo y se
sentara. Pero, dicho sea en honra de nuestro buen amigo, el fué prudente, tuvo fuerza de ánimo y volvió la espalda á la traidora mesa. Volvería, sí, á dejar en ella su
futura quincena, ó propiamente hablando, el futuro imperfecto de su quincena, pero lo que es aquelia noche se
entregaba á las delicias y á los pellizcos del hogar.
Cuando se sintió en la calle con su honrado, su generoso peso falso, que había sido tan bueno, y con el retrato de Juárez, con el busto de un perro, y con el grabado
que representa á una señora en camisón, rebosaba alegría nue:itro querido amigo. Ya era tan bueno como el
peso falso, aquel honrndo é inteligente caballero. Habría
prestado un duro á cualquier amigo pobre; habría repartido algunos reales entre los pordioseros. Caminando
aprisa, aprisa por las calles, pensaba en su pobrecita mu•
jer que era tan buena p ersona, que lo estaría esperando ...... para que le diera el gasto.
Puu;, l'epvux volage
rentrant au logis
pour paraltre sage
P.rend des airs coullits.
11 pense á sa femme
-seule dnns son lit et ele chez madame
un galan s'enfuit.........!
Volci !'nube vermeille,

Etc.

Esto cantan en una opereta que se estrenó en París á ·
fines del mes pasado Y.qu~ se llama E l H uevo Rojo; pero
esto no lo tarareaba s1qmera nuestro predilecto amigo,
porque no lo sabía.
Al torcer una esquina, tropezó con cierto muchachito
que voceaba periódicos y á quien llamaban el inglé.~. Y
parecía inglés en verdad, porque era muy blanco, muy
rubio y hasta habría sido bomto con no ser tan pobrePor supuesto no conocía á su padre...... era uno (le tan.
tos pesos falsos humanos, de esos que circulan subrepticiamente por el mundo y que ninguno sabe dónde fueron acuüados. Pero á la madre, s.í la conocía. L os demás
decían que era mala. El creía que era buena. Le pegaba.
Ese sería su modo de acaric iar. También cuanct., no se
come, es imposible estar de buen humor. Y muchas veces aquella desgraciada no colllÍa. Sobre todo, era lamadre; lo que no se tiene m,ls que una vez, lo que siempre
vive poco; 14 madre que aunque sea roa'a, e&lt;, buena á ratos, aquella en cuya boca no suena e l tá cumo un insulto...... la madre, en suma...... nada m,ls la madre! Y como aquel niño tenía en las venas sangre buena-sangre
colorida con vino, sangre empobrecida e11 las noches de
O!f:Í!', pero sangre, en fin ~e hombres qne -pensaron y
s111t1eron hace muchos anos-amaba mucho {L la mamá ...... Y :i la herm;1nita, á la que vendía billetes ...... á
esa que llamaban la f rrwcel!&lt;i.

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EL MUNDO

DOMINGO 7 DE FE.BRERO DE 18!,17

DOMINGO 7 DE.FEBRERO DE 1897

• -="'==== = = = = == ===--===;==========--,=========,==== = = = = = =
.Además, el ingle.,ito quería
soñar despiert,r,, hablar en
voz alta con sus ilusiones.
Primero, el desayuno ......
Bueno, un real para los tres!
Pero los pesos tienen muchos centavos, y hacía tiempo que el inylc.,ito tenia ganas de tomar un tamal con
su chnmpurrado: Bueno, real
y tlaco. Quedaba mucho,
mucho dinero........ No,. él
no diría que tenía un peso ...
aunque le daban tentaciones
muy fuertes de enseñarlo,
de lucirlo, de pasearlo. de
sonárselo, como si fuera una
sonaja, á la hermanita; de
que lo viera la mam,í y pen-

siete, pero con un tostón para la madre, con manta, con
un bizcocho para la francesita y con un tamal en l·l estómago. Iba á esperar ,í que abrieran cierto tend,1jn. éll el
que vendían todo Jo más hermoso, todo lo m,ls útil, todo
lo más apetecible para él, velas, indianas, santw tle barro, madejas de seda, cohete~, soldaditos de plomo. caramelos, pan, estam¡;&gt;as, t:teres........ Cuanto se nerl'oituba
para vivir. Y precisamente en la puerta !e sentaba una
mujer detrás de la olla de tamales.
Fué paso á paso, porque todavía era muy ú.•mparno.
Ya había aclarado. Pasó por San Juan de Letrán. De la
pensión de caballos salía una hcrmo!!a yegua con albarJón
de cuero amarillo y llevada de la brida por el mozo de
se dueño, aleroan probablemente. Frent€ á la imprenta
de El Jlo11itor y casi echados en las baldosas de la acera,
hombres y• chicuelos doblaban los periódicos todavía
húmedos. Muchos de eso¡¡ chicos eran amigos de él, y
el primer impulso que sintió fué el de ir 1í hablarles, en-

lices. No dudo ya de tu cariño, y mientras llega el día
en que coloque sobre tu frente de inm&amp;culada la blanca corona de azahares, espero me ob~eqoiarás nuevas
violetas que substituyan las
Ja marchitas de mi florero.
,JcAX B. DELGADO••
Febrero de lC'.&gt;7.

tJt
E1 propio de la juventud
art-ptar las ideas con docilidad y ddcndcrlascon violen·
cia.
Etienne Lami.
El haz"devioletas.

•

La madre, para él, era muy buena; pero le pegaba
cuando no podía llevarle el pobre una peseta. Y aquella
noche-¡la del peso falso!-estaba el chiquitín con El Nacior111l, con El "Jíem¡,o d,· 1,u¡ñmu1, pero sin un centavo en .
el bolsillo de su desgarral.lo pantalón. ¡Xo compraba ~riódicos la gente! Y no se atrevía á volver,\ su accesona,
no por miedo á los golpes, sino por no afligirá la mamá.
Tan pálido, tan tri~te lo vió el afortunado jugador, que
quiso, realmente quiso darle una limosna. Tal vez le
habría comprado todos los periódicos, porque así son los
ju~adores cuando ganan. Pero dar cinco pesos á un perilhtn de esa ralea, era demasiado.. Y el jugador había
recibido los treinta y cinco en billetes. Xo le quedaba
m1\s que el peso falso.
Ocurriósele entonces una travesura: hacer bobo al muchacho.
-Toma, i,1gl{:.~, para tus hoja.~ con catal1l.n, ¡anda! ¡Emborr.íchate!
¡Y allá fué el peso falso!
Y no, el muchacho no creyó que lo habían engañado.
Tenía aquel señor tan buena cara como el peso falso.
¡Qué bueno era! Si hubiera recibido esa moneda para
de volver siete reales y medio, cobrando El Xucio1111/ ó El
'l'innpo de maiianrr, la habría sonado en las losas del zaguán, cuyo umbral le servía casi de lecho; habría preg1rntado si era bueno ó nó, al abarrotero qu"' aun tenía
abierta su tienda. Pt!Co ¡de limosna! ¡Brillab\ tanto en
la noche! ¡Brillaba tanto para su alma hambrienta de
dar algo ú la mam:t y á la hermanita! ¡Qué buen seflor! ...... ¡Habría ganado un premio de la lotería!. ..... Sería muy rico! ...... Quien sabe......
¡Qué buen señor era el del pe8o falso'
•
Le había dicho:-Anda, ve y embombhate! ........ Pero
así dicen todos.
.
Recogió el arapiezo los periódicos, y corriendo como si
tuviera fuerzas, fué basta muy lejos, hasta la puerta de
s11 casa. No le abrieron. La viejecita-la llamo viejecita
aunque aporreara á ese muchacho, porque, al caboe~a infolíz era padre, era madre-se había dormido cansada de
n~uardar al fo«tesito. Pero, ¿qué le importaba á él dornnr en la calle? ¡Si lo mismo pasaba muchas noches! ¡Y
al día siguiente no lo azotaría! ..... ~. ¡Llegaba rico! ........ .
¡Con un peso!
.
¡ Ay, cuántas, cuántas cosas tiene adentro un peso para
el pobre!
.Allí, en el zaguán, encogido como un gatito blanco, se
quedó el muchacho dormido. Dormido, sí;pero apretando con los dt&gt;dos .de la mano derecha, que es la m,\s segura, aquel sol, aquella águila, aquel sueño! Durmió mal,
no por la d11rcza del colchón de piedra, no por el frío, no
por el aire, porque á eso estaba acostumbrado; pero sí
porque estaba muy alegre y tenía mucho miedo de que
aquel p:\jar,, de plata se volara. ¿Creen.ustedes que-ese
muchacho ja,nás había tenido un pe~o suyo? Pues así
hay muchfuimo!!.

sara: "Ya puedo descansar, porque mi hijo me mantiene."
Pero en viéndolo. en tomándolo, la mamá compraría un
real de teqnila. Y el muchacho tenía un proyecto atrevido: gastar un real, que iba á ser de tequila en un billete.
Y sobre todo, recordaba el granuja que debía unos tlacos
ei::. la panadería, otros en .la tien~a........ y ei:a, imposible
que la mamá los pag~ra si él le diera el pedo. ¡Reales menos!
¡Xo! era más urgente comprar manta para que la hermanita se hiciera una camisa. ¡La·pobrl'cilla se quejaba
tantísimo del frío! ...... Decididamente á la mam1\ cuatro
reales un tostón....... y los otros cuatro reales para él,
es dec'ir, para el to,,ml, para el billete, para la manta......
¡y quién sabe para cuantas cosas más! ¡Puede ser que alcanzara hasta para ir al Circo!
•
· ¿Y si ganaba ,trescientos pesos en la lotería con ese real?
¡Tres cientos pesos! ¡~o se han de acabar nunca! Esos
tendría el seiior que le dió el peso.
Vino la luz, es decir, ra estaba para llegar, cuando el
muchacho se puso en pie. Barrían la calle....... Pasaron
unas burras con los botes de hojalata, en que de las haciendas próximas viene la lec~e. Luego pasaf?n vaca~··;
En Santa Teresa llamaban á.misa....... -¡,Taletmas!, gntó
una. voz áspera.
El rapazuelo no quiso todavía entrar á su casa: Necesitaba cambiar el peso. Llegaría tarde, á. las seis, á. las

señnrles el peso....... pero ¿y si se lo quitaban? El cojo,
sobre todo, el cojo era algo malo.
De modo que el pillín siguió de largo,.
Yael tendajo estaba abierto, y lo pri,nero, P"1· o.e·contado fué el tamal.. .... y no fué uno, frwron do,: ;al fin e::taba rico! Y tras lo~ tamalP~, nn bi-cocho tlt&gt; harina y
huevo, un rico bollo que sabía á glnria. Q11erían cobrarlo adelantado; pero él ensel1j el ptisocon maje.-tuosadignidad.
-Ahora que compre m:inta, cambiarr. Y pídi(1 dos varas de manta; compró un gr,ina&lt;foro tle barro qne valía
cuartilla y al que tuvo la desdicha de pertl.,r l'll m más
temprana edad, porque al CO"'erlo, con la mano convulsa
de emoción, se le cayó al sueio; le enl'Olvieron la manta
en un papel de estraza, y él con orgnlln, con el ademái~
de un soberano, arrojó por el aire el limpio peso, qne al
caer en el zinc del mostrado~, dió un grito de franqueza,
uno de esos gritos que se escapan E- n lo~ dramas al traidor, al a.'!esino, al verdadero delincuente. El e:;pañol ha•
bía oído y atrapó al chiquitín por el pe~cuezo.
-¡Ladroncillo, ladrón! Yas 1í pag.írmelas!

·················································································

¿Qué pas,í? El muñeco roto, hechn pl•dazo~, en el suelo...... la india que gritaba...... el gachupín estrujnn,lo al
pobre chico ..... .la madre, la hermanita, lafrw11·tsitu, all,í
muy léjos...... m,\s léjos todavía las ilusiones......_y el gendarme muy cerca.
.
Una comisaría......un herido ......
borrach11 ......gen tes que le vieron mala cara ...... hombres que le acurnron
de haber.robado pail.uelos ¡á él 'q ne se secaba las lagrimas con su cami~a! Y luego la Correccional. ..... el joro•
badito que le en~eil.ó á hacer mala~ co,a~ ...... y afuera la
madre, que murió en el hospital de diarrea ulcohólica ...... y la hermanita, la francesa, áquien porque no vendía muchos billetes, la compraron, y á poco la pnbrecilla se muri6.
¡Señor! Tú que trocaste el agua en Yino; ttí que i,iL'iste
santo al ladrón Dimas: ¿por qué no te dignaste convertir
en bueno el peso falso de ePe niño? ¡,Purqn&lt;' en manos
del jugador fué peso bueno, ven mano~ del des\'alido fué
un delito? Tú no eres como fa esperanza, como t&gt;l amor,
como la vida; pe~o falso. Ttí eres bueno. Te llama~ caridad. Tt't que cegaste a Saulo en el camino de D.unasco,
¿por qué no cegaste al español de aquella tiemla'!

,m

MA:Si:EL Gt;TIÉHJU::7.

X,üi:11.1

•

Llegué á casa con el
haz de Yioletas que me
obsequiaste y que yo
prendí con orgullo en el
ojal de mi levita. :\li
humilde cuarto de estudiante fe tornó de pron·to en camArín oriental,
Juego :¡ne las hube colocado en el florero de
porcelana azul único
ornato de mi mesa. Allí
quedaron como en un
trono, húmedas, lozanas, fragantes y exquil'itas, las florecillas que
ataste en manojo con
la.~ hebras de tus cabellos; allí quedaron tiritando de frío,
:\I contacto del agua, que gimió al recibirlas, y se desbordó en gruesas lúgrimas; tu;, predilecta~, tus consentida!', las violetai: que cultirnste con esmero en tu jardín
y que arranM tu mano más tarde para que las llevase
Fnbre el corazón como un trofeo y engalanara mi estancia. ¡Bien hayan esta.1s flores que se rebujan en chales de
esmeralda pura ocultarse á los besos de Céfiro, que á veces acaricia y á veces deshoja ...... Bien hayan estas niñas
tímidas que no pre~tan oído á las lisonjas de silfos enamorados ...... Bien hayan las violetas que se parecen á
tí! ......
Y cada día las amo más: por la noche abro la ventana
de mi aposento para que puedan respirar mejor; el aire
penetra en rMagas silbantes, las columpia con balanceo
de hamaca, y azotando las alas en los desnudos muros,
las empapa en oleadas de perfumes y se aleja cantando.
Entre tanto ellas duermen, !aluna las baña en tremulante claridad, esparce en torno de ellas su luz de cirio,
les da livideces cadavéricas y mientras derrama en la atmósfera átomos luminosos y arranca 1l la vidriera relampagos, las mira callada y sonriente como el ángel de la
guarda, puesto el dedo sobre los labios, á los niños que
duermen en la cuna.
Cuando amanece, las violetas tienen aspecto enfermizo;
en vano trato de reanimarlas con el calor de mis besos....
¡están anémicas! Empero repongo el agua del florero;
nace el sol engrandeciendose, enhebra en las ondas, se
tamiza por la enradera-malla verde de la ventana-y
filtrándose hasta ellas las baña en menudos chorros de
luz, haciéndolas adquirir tersura de raso y lozanía de
vírgenes. Hay mometos en que merced á una alucina·
ción, me parecen las violetas tan aromadas y tan frescas, como tan frescas y aromadas las de los florestales
en primavera. Sin embargo, ¡cuán distintas unas de
otras! .Aquellas son urnas rebosantes de miel que se disputan rondas de mariposas y enjambres de abejas; aquellas tit!nen gotas de rvcío, donde la luz quiebra su colores de iris corno en las facetas de un prisma-perlas c;¡,ue
ruedan lentamente por cada pétalo, como en la mejilla
de un niño rubio,• hilenciosas h\grimas...... -¿Y éstas?
¡pobrecitas! Aunque aparentemente hermosas, van perdiendo el perfume, que es el alma de las flores ...... ¡Cuánto amo tus violetas y cuánto lloraré su prematura muerte! Cuando vivían contigo eran felices; ellas me lo han
dicho, eran felices ...... ¡:Si supieras que son indiscretas¡
Una noche me despertaron de mi sueil.o cuchicheos misteriosos, voces ahogadas: eran ellas que se lamentaban
de vivir conmigo. Y una decía: "Oh, mis hermanas, cuán
triste es estar lejos del suelo donde brotamos y envueltas en esta atmósfera densa de sufrimiento, sin ver revolotear en torno nuestro el enamorado colibrí, sin eentir en nue~tra frente el beso de las brisas y sin poder perfumar la mano que nos cultivó, ¡ay! aquella mano que
nos cortó para que viniésemos á vivir al lado de un pobre poeta, del soñador por quien suspira ...... ¡Si ella supiera la suerte que nos ha tocado! Aquí todo es tristeza;
ya Jo véis: á nut&gt;stro lado volúmenes de versos, revueltos sobre una mesa borradores de artículos literarios y
contrastando, junto 1í nosotros, la esfinge de la muerte-'el frío cráneo dorde nuestro dueño y señor estudia ana-.
tomía.»--Después calló la flor; sobresaltado me senté al
borde del lecho exclamando á solas: «¡Sueño despierto!
¿Conque h1s flores hablan?........... Y como intentara
acercarme ,í ellas para oírlas méjor,-pues que empezaron á conver~ar en voz baja al escuchar mi grito de sorpresa,-permanecieron muda.~.

*

El ángel bueno pone un poco de perfume l'n cada rosa
y un poquito de amor en cada alma.
EL DuQuE Jon.

EL MUNDO

= ==========~==-~=

**
· Yo sé por tus violetas-mensajeras
de tus suspirosque me amas con la pasión infinita del primer amor; que
las tristezas se condensan en el fondo de tu alma en nube torn1e11tol'a, y que á veces suele esa nube subir ú tus
p~pilas par.1 resolverse en lluvia de lágrimas ...... ¡Si pud,1era en¡ugarlas con un beso! Pero ya llegará el día en
que nni&lt;lus, en la casit:i b'anca que soñamos, seamos fe-

Porque no estorbe para el contento,
Porque no enlute con su pesar.
· i',alve viajera de lontanama,
Consolador:1, dulce esperanza,
Balve si vienes á mí esta vez;
Xo te amedrentes, que no te exijo
:\i la alegría, ni el regocijo
:\i las quimeras de la niñé;. ·
Quiero en un pecho sencillo y sano
Posar mi frente, poner mi mano,
Y sus latidos con ansia oír;
Cuando ya el seno de amor no salta,
¡Para el descauso qué poco falta!
¡Qué poco falta para morir!
LAUIU )l:baiEz DE

Ct EXCA.
0

&gt;***
Arte moderno, belleza mnderna, son vanas palabras: el
uno y la otra son eternos C')llO la verdad.
Ch. r:a111wd.
INVERNAL

ETERNO AlUOR

Tengo novia que es en el mundo
mi única dicha,
y soy joveu y creo y adoro:
¿por qué me asesesinan?
¿Porque siempre retratan mis ojos
su imagen querida?
¡Ah! si acaso esa luz fulgurante
os hiere y lastima,
ya sabéis, mis eternos verdugos,
¡cegad mis pupilas!
Y si aun ese holocausto no puede
saciar vuestra envidia,
con la ne¡:ra ponzoña del dolo
qmtadme la Yida.
Y perdón si bendigo, verdugos,
la dulce agonía,
y perdón si en el trance postrero
me ahoga la risa.
Pues sabed; nunca tocan el polvo
las frentes altivas,
y en la noche los astros del cielo
emergen y brillan.
¡Oh, cuan torpes! es luz en mi alma
su imagen querida,
y doquier y por siempre la lleva
el alma infinita.
Absorved esa luz ¡oh, vampiros!
con 1\vida inquina.
Aquí está de mi pecbo la arteria,
¡quitadme la vida!
:\Iás perdón si en el trance postrero
me ahoga la risa.
Q¡;¡ru XO 0RDÁ.Z

Febrero de 96.

SA.LVE

¡Qué triste Enero, pálido y frío!
El viento zumba, cuaja el rocío
Que brilla en perlas en el maizal;
Desnuda ramas, deshoja flores,
Arranca nidos y á sus rigores
Tiemblan las cañas del carrizal.
.A.dios los nimbus de oscuro manto,
Rayos que truenan metiendo espanto,
Alegre•lluvia de otra estación;
Desde que flotan blancas neblinas,
Del techo huyeron Ias golondrinas,
Las ilusiones del corazón.
Adios ardiente noche de Junio;
Vierte hoy sus galas el plenilunio .
En luz de nieve por la ciudad;
Azul ropajP. la noche viste;
¡Ay del enfermo, ay del que triste
Devora cuitas en ·soledad!
PrimaveralPs brisa de :\farzo,
Tornad velocee, romped el cuarzo
De estas entrañas que encierro aquí;
Que cuando vuelvan los ruiseñores
En cruz fas alas, cantando amores,
No hallen invierno dentro de mí.
Alma doliente ¿dónde está el mimo
Conque soñaste? ¿dónde el arrimo
Que ni en la cuna dado te fué? ......
Valle de penas, mundo de sombras ......
¡Oh dicha! dicha de miel te nombras,
Y eres de espinas. ¿Por qué? ¿Por qué?
Del pecho fr-anco la endeble puerta,
Por esperarte tengo ya abierta,
Abierta, abierta de par en par,
Y con cadenas el pensamiento

Dónde están las bandadas de ruiseñores
que en tu copa dejaron alegres trinos?
¿Dónde está aq11el ramaje lleno de flores,
cuya sombra fué madre de peregrinos? .
En dónde, árbol de~nudo, tu pompa agreste?
¿En dónde están tus flores tan olorosas,
'aquellas que ostentabas por regia veste?
¿Oué se hicieron las rondas de mariposas?
Sobre la tierra todo tiene mudanza,
Pero tú, si te inclinas mustio, sombrío,
huérfano de tus hojas verde-esperanza
y sufriendo el azote del cierzo impío;
Sabes que pasajero será tu daño,
que ha de volver tu pompa tan lisonjera
como las golondrinas año tras afio;
¡sólo es triste el invierno·del desengafio,
porque despues no vuelve la prirnavera!
YJCEXTE DAXIEL LLong:-TE.

EN EL CAMPO

Tengo el impuro amor de las ciudades.
Y á este sol que ilumina las edadades
Prefiero yo del gas las claridades.
A mis sentidos lánguidos arroba,
l\las que el olor de un bosque de caoba,
El ambiente enfermizo de una alcoba.
Mucho más que las selvas tropicales,
Plácenme los sombríos arrabales
Que encierran las vetustas capitales.
.A. la flor que se abre en el sendero,
Como si fuese terrenal lucero,
Olvido por la flor de invernadero,
Más que la voz del p:\jaro en la cima
De un árbol todo en flor, á mi alma anima
La música armoniosa de una rima.
Nunca mi corazón tanto enamora
El rostro virginal de una pastora,
Como un rostro de regia pecadora.
Al oro de la mies en primavera
Yo siempre en mi capricho prefiriera
El oro de teñida cabellera.
No cambiara sedosas muselinas
Por los velos de nítidas neblinas
Que la mañana prende en las colinas.
Mas que el raudal que baja de la cumbre,
Quiero oír á. la humana muchedumbre
Gimiendo en su perpétua servidumbre.
El rocío que brilla en la montaña
No ha ~dido decir á mi alma extraña
Lo que él llanto al bafiar Ulla pestaña.
Y el fulgor de los astros rutilantes
No trueco por los vívidos cambiantes
Del ópalo, la perla ó los diamantes.
Ji;u.i:s DEL CASAL.

Se perdona mucho al artista dominado por el ideal· en
el más humilde de los devotos se adora á Dios.
·

,.w.,.
Fre.cuentemeote basta haber tomado un partido para
ver bien las razones que bal:¡ía para no tomarlo.

I . .l[. ele foltmir.

�EL MUNDO

g2

EL DANTE Eh MEXICO.-La oficina privada de Satanás.

esto no lo pude averiguar, y-detalle bizarro--un cuello
de percal á rayas, una corbata de plastrón y una chistera
VIAJE DE UN REPORTER.
completaban la poco atrayente indumentaria. Sostenía
horizontalmente con ambas manos un bidente al cual se
enroscaba su cola-hermoso apéndice terminado en agui( COXTIXUA.)
¡Adelante! dijo una voz que, con gran sorpresa mía no jón y desgraciadamente remendado áconsecuencia de alera la de los Siete Truenos, no extremecía los Illonolitos, gún percance-y en uno de cuyos extremos se posaba un
dentados qu¡i _me rodeaban, ni retemblaba en las bóv¡idas buho de fosforeecentes ojos sobre el cual bacía equilibrios
de la informe gruta.
un murciélago.
Con la rapidez dE&gt;l pensamiento que hasta ahora tiene
Satán extraía de su puro la más sabrosa bocanada de
el i-ecol'll de las rapideces magüer la electricidad dinámi- humo, al presentarme y á mi saludo respondió co~ ligeca y la luz, púseme á pensar con extrañeza que aquel ra inclinación de cabeza, merced á la cual su ch1stera
timbre de voz no convenía al príncipe de los infiernos: cónica se ladeó con cierta gracia hacia el apéndice cartiera en efecto una voz medianamente ronca y familiar, laginoso de la izquierda, y mascullando las palabras con
nada mett\lica y de intensidad común y corriente, po- el puro, me preguntó:
co propia del enemig0 personal de Dios.
-Usted deseaba .........
-Como engañan á uno las nodrizas y los libros piadoAntes de procoder á explicarme observaba yo sµ rossos, pensé y con resolución digna de un reporter avesado tro atezado en el que babía mucho de la :fisonomía de
á todas las interviews dí dos pasos al frente.
Juan Mateos y un poco de la de Bejarano y que exhorUn personaje de alta talla, perfectamente musculado-- naban negrísimos bigotes y pera no menos ne~ra y bien
no desdeciría ante Romulus--presentóse á mis ojos. Yes- acondicionada. Hubo de caerle en pandorga llll atención
tía un caprichoso traje de verano: calzón de bañista, sá- sin duda, pues clavando en mí sus ojos con cierta durebana leve á guisa de capa ó capa á guisa de sábana, que za, profirió:
-1\Ie obsérva usted bastante. ¿Por ventura
no soy demasiado decorativo?
-No mucho si he de decir verdad, respondí.
Si hubiese tenido el honor de entrevistar á usted hace doscientos años, confieso que la impresión recibida sería gratísima, dados los antecedentes que acerca de su figura se tenían
entonces; antecedentes demasiado espeluznantes que no concuerdan con lo que veo en estos
momentos; m,ís la concepción moderna del diablo, á lo menos según lo que yo sé, es JJ1ás aceptable-si no ha de herirle mi franqueza-que la
realidad de la cual me es dado juzgar......
-Expliquese usted......
-Con mucho ~usto. El diablo del siglo ~
es Me:fisto-un diablo encantador, no agraviando lo presente-personaje de mucho mundo, de
:fisonomía espiritual, de hondo, pero alegre escepticismo Muy dado á los madrigales, buen
surcidor de cuentos, maliciosl' orfebre de frases
intencionadas, de :finos-quid-proquos; dadivoso
en extremo y calaverón como él solo. Su buena
suerte con las mozas es incuestionable porque
conoce la psicología del sexo y calcula con pre' cisión por ende, el cuarto de hora; el número de
sus satélites y corileos es excesivo porque puede
mucho y sabe hacer favores, y se le admite con
agrado en los salones, porque ni hay forma social más cultivada que la su:ya ni corrosivo más
mordente que su murmuración ... Es un Brummel satánico con visos donjuanescos, del mejor gusto.
- Y decía usted ......
-Que su señoría no realiza ese tipo. Es usted un diablo deD1asiado bourgués, un poco marcial, es cierto, pero también un pocg comistrajp, si vale la palabra.
Temí haber dicho demasiado y me puse inquieto, pero mi real interlocutor me tranquilizó en
breve con un suspiro de fuelle cansado y las siguientes palabras:
-Que quiere usted...... el romanticismo ha
EL DANTE :EN JIIJ;X1CO.-l:ata11ás, llamadoaiehl-encmlgo de Jn hi:rrr.r.lena. muerto y el siglo no tiene más ideal que la aritEL DANTE EN lUEXICO

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 18!n

mética. Con el tiempo me he trasfor"
mado y las circunstancias me han obli•
.gado á descender del pináculo de m
prestigio á ciertos detalles poco ele·
gantes. La influencia americana, hijo,
la influencia americana...... Estos endil;\blados yankees en su afan de establecer empresas han mercantilizado
mi reino donde hoy por hoy tiene usted grandes fábricas de azufre, baños
termales, canteras en explotación, luz
incandescente, bicicletas y qué se yo
cuantas cosas, y he debido asumir actitudes y :fisonomías de acuerdo con la
actual índole de mi país donde no queda una pisca de lirismo....... ('o$i ra il
11wndo.
-Pero-objeté-cuando menos en
los tormentos sigue usted los antiguos
sistemas penitenciarios de que nos hablan algunos libros tales como Gritos
&lt;le los condenados y otros que he visto
por ahí.. .......
-Diré á usted, el sistema es el mismo pero los procedimientos de aplicación varían. Al caso mocho hemos
preferido la sartén y á la leña la gasolina, como puede usted.ver-y Ueván&lt;iome 1í la entrada de la caverna, me
mostró no lejos un individuo á quien se
asaba concienzudamente, conforme lo
indicará el apunte respectivo. Son más
expeditivos, continuó y hemos debido adoptarlos. Para los descoyunta-mientos nos servimos del Interoceánico, ferrocarril que debe usted conocer,
y así sucesivamente...... Ya ve usted
que en esto el cambio es accidental. ..
pero me dispensará usted-concluyó
-si le dejo. Debo hacer hoy una visita á ciertas dependencias que, según
informes, han sido descubiertas en
desfalco, y estoy urgido de tiempo.
Como supongo que su viaje es de observación y sin tiempo fijo-pues me
informan que es usted reporter de un
periódico caracterizado-aun tendremos oportunidad de vernos. Entre
tanto prometo á usted todos los datos
que pueda necesitar.-Y sin aguardar mis frases de agradecimiento, desapareció por una salida secreta.
Y o aun permanecí algunos momentos en el gabinete,
contemplando el moviliario y sin dar mucha importancia á los ímpetus de Cerbero que pugnaba por hacerme
una caricia. Junto al escritorio de neta factura americana alumbrado por un globo de luz incandescente, hallábase el teléfono, del todo moderno, y sobre la tarima, en
grato desorden yacían algunos periódicos eutre los cuales
distinguí al .Monitor Rep,iblicano, al Nacional, al Tiempo y
algún otro. En las paredes, varios retratos-el de San Pedro en lugar preferente-Y dibujos de másó menos buen
gusto. En suma, salvo taló cual detalle maeabro-la habitación era alegre, confortable, limpia y muy americana.
-Decididamente-repetí-esto pierde su prestigio y
su aureola de extrañeza.
Los satani8tas parisienses se llevarían aquí un chasco. El
Satanás moderno es sobrado burgués. Preferiría en todo caso una :fisonomíá mefistofélica: la de Bengardi por
ejemplo......
Sería más decorativa.
(Continuará.)

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

93

Morían las luces de la tarde
En el cristal de tu ventana,
Y sus fulgores temblorosos
Al despedirse acariciaban
Tu cabellera color de oro
Que en ondas rubias, ~epultaba
El alabastro de tu seno
Y el níveo marmol de tu espalda.
¡Qué embriagador era el perfume
Que las gardenias exhalaban!
¡Qué deslumbrante tu blancura
Y qué amorosas tus miradas]

si·~~-~¡-~~é¡;¡~-d~i-~i~id~- ............
Todo recuerdo al fin naufraga;
Si la lui muere, y se marchitan
En el jarrón las rosas blancas,
¡,Por qué en mi boca se estremecen
Todos los besoll que me dabas,
Y no se borra en mi memoria
Este recuerdo que me embriaga?
FR.lNCISCO M. DE ÜLAGUIBEL.

Las mujeres son celosas de su dominación y los hombres de sus placeres.
Henry Fouquier.

•

***

La. delicadeza es la sonrisa del corazón,
Edouard Galloo.

iGl ·fin sola!

�EL MUNDO

94
SINFONIA EN GRIS MAYOR

El mar como v11sto cristal azogado,
refleja la lámina de u11 cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruftiuo de pálido gris.
El sol, como un vidrio redondo y opaco,
oon paso de enfermo camj.na al zenit,
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almolU1da su negro cojín.
L:1s ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muellr, part&gt;cen gemir;
sentado en un cablt:. fumando su pipa,
eskí un marinero pensando en las playas
de 1111 v,1g,11 lejan,&gt;, bnnn·&gt;so país.
E~ ,·iej,, eee lobo. Tostaron rn cara
103 ra,os de fuego del su! del Brasil,
los recioH tifones del \far de la China
.
le han visto bebiendo su frasco de gin.
L:~ eRpuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabello~, su gorra de lana,
su!&lt; bicep• de atleta, su blusa de dril.
En me1lio del humo que form,\ el tabaco
ve el Yiejo el lejano brumoeo país,
de donde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín..... .
La siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gama del f;ris¡
parece que un suave y enorme es!ummo
del cun•o horizonte borrara el con6u.
La siesta del trúpico. La ,·ieja cigarra
ensaya su ronca guitarra eenil,
v el grillo preludia su solo monótono
én la única cuerda que est1 en su violín.
Ht·nt:-i DAmo.

RE)IORDDIIENTO

A las diez, el tío Gourlot entró, se acostó sin desconfianza, y dando un soploá en bujía, no tardó en dormirse.
Llegadoerael momento. Tiré de uno de mis bramantes, una
silla rodó sobre el suelo con ef'trépito, en dirección á la
cama. Despertando con sobre~alto por tan insólito ruido,
incorporóse el anciano en la cama, i.t6nito; una segunda
silla siguió á la primera, y después el sillón. La culebra
atraída por el calorcillo de las sábanas, se deliz6 desde la
almohada arrastrándose á lo largo de la espinadorsaldel
anciano. El infeliz exhaló entonc&lt;!S un grito terrible. Su
lecho crugía y se balanceaba como nave en mar revuelta.
El tío Gourlot empezó á aullar con una voz agudíi;ima,
entrecortada por convulsivo hipo; pero nadie podía oírle;
el gerente del hotel dormía en la planta baja, y los camareros en los sotabancos. Durante un cuarto de hora saboree el espectáculo de su espanto; regocijándome de an ·
temano á la idea de la narración de la aventura á mis
camaradas, cuando regresaran .............. .
El anciano había cesado de gritar. Un rayo de luna,
filtrando ,t través de las cortinas, iluminaba su descolorida faz; sus ojos, singularmente abiertos, lucían en la
FOmbra de modo extraño; roncaba tendido de espaldas,
inmóvil de terror......... .
Entonces tuve mi!'do yo á mi vez, y no queriendo llevar demasiado lejos la broma, cerré snavemente la ventana.
Dormí mal, aguijoneado por una inquietud, por un
sentimiento. Al clarear el alba, corrí á la ventana. El tío
Gourlot continuaba en la mif'ma posición, la faz terrosa,
los ojos en blanco......... Salté á su cuarto y me acerqué
á su cama. Toqué sus la~s manos secas, crispadas sobre las s,tbsnas: estaban frias ..... .
El anciano había muerto de susto.
Por algunos instantes permanecí allí, estúpido, aplomado en una silla, comprendiendo apenas toda la extensión de mi necedad: acababa de cometer un crímen, ¡un
crímen!
Era preciso ocultar para siempre el secreto de aquella
muerte repentina, en un abrir y cerrar de ojos quedaron
los muebles en su primitivo orden; hice desaparecer la
culebra y vol\'Í á mi cama ..... .
A nadie le pasó por las míentes acusarme...... Atribuyóse la muerte del tío Gourlot á la ruptura de un aneurisma. Pero. desde entonces, un espectro ha venino á
perturbar mi sueño: en alucinaciones vengadoras percibo los rasgos de mi víctima, oigo sus agónicos estertore~
y siento helarse mi sangre con escalofríos de espanto.

.........Síseñores, soy un asesesi no!
Yeinte aiios tenla cuando cometí este crfmen. Ahora
tengo sesenta; soy notari9, alcalde en mi pueblo · natal,
condPcorado, rico, venerado. Y, sin embargo, maté á uno
de mis 1&lt;emejantes.
En.vano me repito que este homicidio fué involuntario, que me hice inconscientemente homicida; siento
unos remordimientos tan vivos, como si hubiese premeditado la muerte de mi víctima. Y el rt:cuerdo de tan si·
Diestra aventura coloca una nube negra en el azul de mi
felicidad.
Ko siempre he sido el personaje frío, acompasado, 80lemne, austero que soy en la actualidad. Hace cuarenta
años seguía yo mi curso tle Derecho en......... y puedo
decir sin vanidt\d retrosperti va ( pues por lo demás he
expiado muy cruelmente tan triste honor) que era yo el
mayor bromi~ta de la facultad. A la verdad, en quella
época nuestras distracciones no eran muy variadas y nos
veíamos obligados á amenizar con travtisuras de nuestra
invención aquella monótona exktencia de estudiantes de
provincia. Xnestro amor propio estaba interesado en distinguirse por las más extravagantes mistificaciones; y cada noche, en el café, entre dos partidas de billar, cada
uno de nosotros refería sus hazañas.
Hallábame yo aposentado á la sazón en el hotel de Bretafl.a, ruidosa colmena llena de est~diantes, donde resonab m desde la mañana á la noche nuestras canciones y
nuestras risotadas. Dícete que hoy día los jóveneq son
taciturnos, nosotros no habíamos leído á Schopenhauer,
y nos dábamos una vida jovial.
Por casualidad y quién sabe si de intento, como para
calentarse :Ua llama de nuestro buen humor, un anciano,
empleado retirado, había elegido domicilio en nuestro
hotel.
Setenta aftoscumplidos ~nía el tío Ciourlot (así le llamábamos) y ocupaba en el segundo piso un cuarto
contiguo al. mío. Ambos cuurtos estaban !!eparados por
un delgado tabique en cuyo centro se abría una ventana.
Abríala él cada mai'i.ana para darme los buenos días, y
todavía me parece estar viendo en aquella abertura su
bonachona faz, rosada y regordeta, con dos ojillos pardos, vivos y sonrientes.
.
Su vida era ordenada como un reloj. Salía á las doce
para irá almorzar y no volvía en todo el día al hotel. La
mayor parte de su tiempo la pasaba en el café de los
Tre&amp; Re!¡es jn~ndo al Chaquet con dos ó tres pequefl.os
rentistas, amigos suyos. A las diez de la noche oía recbinar yo su llave en la cerradura, y al breve rato se
acostaba tranquilamente.
¿Cómo se me ocurrió la idea de perturbar aquella alma
sencilla, de aterrar aq,uel pobre sér pacífico é mofensivo?
Era durante las vacaciones de Pascua. Todos mis camaradas habían salido ......... y·como mis padres se hallaban
viajando, habíame quedado yo casi solo en el hotel, sólo
con el tío Go\Jrlot.
U na tarde entré en su cuarto por la ventana intermedia y preparé un in~enioso sistema de bramantes y poleas, hábilmente disimulados, que me permitían hacer
mover en todos sentidos su sillón v sus sillas. Dos cuerdas atadas á los pies de su lecho, Ún lecho desvencijado
que cruj fa á la menor sacudida, corrían á lo largo de la
pared para terminar en la ventana. Empleé en mi tarea.
una paciencia, una conciencia de artista; en breve todos
sus mueble3 quedaron· armados con la decoración de una
magia. Por remate, coloqué bajo de su almohada una
larga culebra que había cazado yo la víspera á la orilla
de un campo. Después apagué la luz y esperé.

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

JASPES

"

95

*

"*aftos, es el rocío de ventura, que Dios
Tu risa, adorable seilorita de.quince
envía sobre mí todas las maflanas.
Cuando penetras en mi cuarto, atravesando la sábana de luz que el sol hecha por mi ventana, tranquila, blanca, risueña, oloros.a á lilas y á no sé q~1e otro~
aromas; flotando al aire tus dora&lt;.los cabellos, henchido el seno de susp1roF: m1
alma se llena de una inmensa alegría y la esperanza de mejores días vuelve ,í
mi corazón. Entonces me siento casi feliz, y tus besos confortan mi espíri[u que
desfallece.
Tú tapas mis ojos con tus manecitas de muñeca, y después me besas, después
ríes sonora, cade11ciosamente como el correr de un arroyo cristalino...... .
Y pasar el día conmigo, ayudándome, saludándome, tú la más linda y espiritual de todas las mujeres!
*
·

I
Un rayito de luz meridiana,
va á quebrarae en el rojo tapiz,
refractando su p.ílida lumbre,
como una mirada de un nuevo zenit,
sobre el busto de un negro que ríe
most--ando sus dientes de blanco marfil.
II
Sobre un marmol con venas azules,
hay dos vasos con vino del Rhin
que inyectados los ojos de sangre
parpadean del viento al batir;
y al rodar un cupido de bronce
~e rompen los vasos y acaba el festín!
III
En su seno turgente brillaba,
simulando ser ojo de un león,
un brillante de tautas facetas
como hilos de fuego se ciernen al sol;
ella. puso la mano en su pecho,
y la piedra. sobre él se durmió! ........ .

Yo te adoro toda entera. Amo en "tu*cnerpo la pureza de sus líneas de eRcul·
tura griega. Amo el inimitable sonrosado de tu carne jol"en; la luz de tuR c,jos
negros como un dolor; el tinte de tus bucles rubios, con,o un haz de hilillos de
oro, y la perenne belleza de tu faz tranquila y pl.ícida como lade Venus Yictrix.
También adora en tí la sutileza de tu e8piritu pulido como el de un filósofo
epicureo, tu sabiduría, la que te lleva á gozar de todas las venturas de la vida.
Porque tú amas la naturaleza como á única madre de todo lo que eitiste, le das
todo el amor de tu corazón y consagras á ella todo el valor de tu cerebro.
¡Ah! también amo en tí más que todas tus perfpcciones, el timbre argentino
de tu voz semejante al tintineo de las monedas de oro, y adoro sobre todas las
cosas tu risa que parece un gorgeo de pájaros felices en una mañana primaveral,
cuando el padre sol nos da vida y alegria y esMn floreciendo todos los árbolei; de
nuestros bosques.
)lwt·E1, lz.\Gl"IRRE \.ALERO.

IY
La camisa ras~ada en el t6rax
el puño reluce de un fino puiial:
en el rostro un visaje, en la boca
una injuria que quiere tronar ........ .
Así yace el campeón sobre el puente
del ruinoso castillo feudal.
D. l\lARTi:irnz LcJAN.

..

El mundo tiene el aire de un pensamiento frustrado.

"* Universo.
El cielo estrellado es la fisoaom¡a del
*

* * colonias con un banco, los españvles
Los ingleses comienzan siempre sus
con una iglesia y los franceses cen un café concit:rto.
ARNAOJ.D G.U,OPlN.

LA.S FLORES
( De Alphonse Karr.)

Hay muchas maneras de amar las flores. Los sabios las
aplastan, las disecan y las entierran en cementerios llamados herbarios, para ponerles lu~.;o pretensiosos epita- '
fios en b,írbaro lenguaje. Lo;; aficionados, por su parte,
sólo aman las flores raras, no para verlas y aspirar su perfume sino para mostrarlas con nrgullo. Todo su af.1n eonsiste en poseer ciC'rtos ejemplares que no tienen los demás. De aquí el que desdeñen ot:as flores ricas y galanas
que la bondad de Dios haihecho comunes como el cielo y
el sol.
·
.
Cuando en un bello día de Febrero descubrís al pie de
un matojo la primera florecita, un sentimiento dulce y
l\ú.RCEL R1IÉTY.
jubiloso se apoderd de vuestro espíritu: es la primera
sonrisa de la primavern. Entonces despertais entre sombras de árboles y cantos de pájaros y os sentís bajo el influjo de la calma, de la inocencia y del amor. Tales impresiones obedecen á que no sois un amtitr.ur verdadero.
Hilo fueseis, no os dejaríais sorprender así, de improviso,
por esas impresiones falaces y poéticas ...... Pronto recordaríais que en plena primavera los est1mbres se levantan sob~ el pistilo. Si, por el contrario, el pistilo se yergue sobre los estambres, el verdadero aficionado no puede
Versos de Jorg-e Isaacs.
sentir placer alguno ante una flor tan incorrecta-le produce el mismo efecto que los guijarrod del camino-y si
Los sauces alineados del camino
semejante flor se permitiese brotar en su jardín él las
dejaban softolientos
arrancaría, arrojándola á sus pies.
sus verdes plumajes peinará los vientos,
La rosa cani1111 es la única admisible para el sabio. La
jugar en sus sombras á un sol mortecino.
Y a nada nuestros labios se decían
rosa doble, la dt: cien bojas, la de espuma que ostenta
cambiados en pétalos sus estambres, son ejemplares monsmas sus ojos buscaban
mis húmedos ojos, después que miraban
truosos, al igual de ellos-los sabios-que siendo simple•
los últimos rayos del sol que morían.
mente como los demás hombres se duplican y triplican
por la ciencia.
Vencida por mi amor y su ternura
El am11tl'ur no admite en sus colecciones la rosa de cien
reclinaba inocente
entonces en mi hombro su pálida frente,
hojas ni tampoco la de espuma. Las considera vulgares,
porque para él no son flores, son bow¡uct~. «Allí tenéis-turbando su peso mi marcha insegura..
Yegas del )ledellín ¿qué se juraron
os dice-el resultado de mi obra: ese rosal. Soy el único
que ha obtenido sus semillas y jamás ha querido florecer.
su corazón y el mío?
Llevadme á las vegas que bafla ese río;
Mis amigos han hecho esfuerzos imposibles por un in~erVolvedme esas noches que nunca tornaron.
to de este arbolillo extraordinario; pero yo seguiré siendo el único que lo posea."
Hay otras gentes más felices y sencillas que deben á
las flores sus m,l.s puras alegrías y que aman á tadas las
que las hacen el honor de brotar en su jardín. Sin embargo, es preciso distinguir entre esos individuos los que
aman las flores por sus recuerdos ocultos en las corolas
como las hemadriadas en la corteza de las encinas. Ellos
recuerdan que las lilas florecían la primera vez que seencogtraron, y tal vez evocan el cobertizo de madreselvas donde, sentados el uno junto al otro, cambiaron dulces juramentos que ¡ay! sólo uno de ellos ha cumplido.
PAISAJE
Quizás, queriendo formar uu ramo para ella lesºhirieron
El oriente semeja re~io palacio
las espinas, y su amada puso sobre la herida ei pedazo
por cuyo pórtico ampho de azul y rosa
de tafetán inglée, después de pasar la bienhechora tela
se asoma la mañana con faz de diosa
sobre sus labios de rosa. Y así mismo evocan el día en que·
extendiendo sus bucles en el espacio.
junto~ cogier&lt;:&gt;n wergi1&lt;.,mei~ en la orilla del estanque y
En irisada capa de estambre lacio
tamb1en los tiempos ya leJanos, cuando crecían los pálise envuelve, en sus paseos, la mariposa,
dos aleliés en los viejos muros de la iglesia de su pueblo•
y en las frondas y el musgo brilla radiosa
en donde se encontraban todas las maftanitas del domin·
la gota de rocío como el topacio.
go. Así, en cada primavera, brotaban de nuevo sus reAlláen la cumbre enhiesta, blancos y az\lles,
cuerdos, lo mismo que las flores.
como banderas, flotan rizados tules,
Pero hay un momento en que se evocan estos dulces sen·
y acá, el vergel esparce gratos olores;
timientosengendrados J?Orgalanas ilusiones, un momento
cantan los colorines en el follaje,
en que cl'!-lemos convertirnos eu sabios porque empezamos
liba néctar la abeja de rubio traje
á convertirnos en muertos; y es que PUtonces empezamo~
y el valle es todo lluvia de luz y flores.
áentregarnos, sin saberlo, á otras ilusiones. El punto de
L. TORRES ÁBA:,.ERO.
vista del anteojo que achica los objetos, no es m,l.s verdadero que .el punto~e.vista que lo agranda. Al llegará esta reflecc1ón defimti va, se aman las flores por ellas mismas; se las ama porel cuidado que nos exigen· se descubre que todas las riquezas de los ópulentos no' son más
que imitacione~ imperfectas do la salud de los pobres, y
se ve que los diamantes que tantas vergüenzas causan y
tantos orgullos provocan, ya quisieran reflejar el brillo
de las gotas de rocío á los primeros rayos de la aurora.
Compréndase, al fijarse en esta idea, que Dios, en verTal, que pobre no sería m,Ú! que un hombre ordinario,
dad~rna á los oob~ y que les deja acercarse á él como it
rico es un necio.
los milos......... ¡Dichosos los que aman las flores! ¡FeliOctai·io Feuillet,
ces los que no tienen otro amor que el de las flores!

"

* * tle varias almas; el canto llano t•l de
El acorde expresa el dolor ó el placer
un individuo. ¿Cuál es el más estético?
Una orquesta es el llanto ó el himno de una multitud, el del pueblo judío,
porejemplo, al avistar la tierra prometida; un 1·i11loncelloexpres~undolor&lt;&gt; una
alegria no compartida, una duda no escuchada; uu duo parece la amistad: Crbt-0
y María; Belisario y su hija.
)l.\CED0!-.10 FEBNÁNDEZ.

Fl&amp;ura ,.-Traje de recepción, de brocado.

LA MODA.

.;'?i';:·

Como el invierno es el tiempo en que la aristocracia europea diseminada durante el estío .Y _parte~~! otoño en las estaciimee balnearias, en las L·illaR de placer, y en la d1 vma reg10n montañosa de Smza, torna á sus confortables habitaciol}eB .d~ las capitales é inaugura una serie de ~cepciones muy hermosas, los
penód1c11s de modas no nos traen hoy por hoy mas que figurines adecuados á es·
toe saraos familiares ó rumbosos. Escogem1 s dos de loe más bellos de estos figurines atendiendo á que en Jlléxico rige la misma costumbre europea de que hablamos y confiando en que nuestras lectoras corroborarán nuestm elección.

·/

La risa.
Tu risa, oh! mi novia,
eil cristalina como el agua
de los arroyuelos.
Tu risa es un canto de
cadencias adorables, y
toda ella forma en conjuuto un inimitable himno á la alegría de la vida.
¡Y aun hubo un filósofo antiguo, que aconsejaba no reir nunca!
Tú has de reir siempre.
Porque tnscarcajadas palían mis amarguras.
Adt-mt1P, no hay nada
ianadorablecomo la risa.
Espalda de la Fl&amp;ura núm. ,.
Yo la creo uno como
saludable rocío, que re·
fresca nuestro espíritu cansado de este hondo batallar, y que viene de no sé qué
ndo~~le lugar, donde es perpétuo el reinado de la primavera, á donde nacen flores
de divrnos aromas.
Si supieras. Yo también río las más de las veces.
. ~ero no me sale. la. risa de adentro, sino que río sólo con los labios, y por eso
m1 risa es una salva¡e ironía.
Una vez un.a ~n~jer jngó con mi corazón: Deshecbó mi amor, corno se deshec11a un mt1ebTe mutil, y .llenó por sie~pre mi alma de negros sinsabores.
Ya lo veo pasará m1 lado y ...... rio. Oh! más bella qne nunca con aquellos
sus ojos replet-?e de luz ';f de vida, grandPs y de largas pestailas, y ~ío, me río de
su orgullo néc10, con qmen poseyó su corazón.
Y o e~ el fondo no siento sus perfidias, y veo que en mi alma ella sirve de pábulo á mis odios por todas las miseria11 de la Tida.

I,

Fi&amp;ura 2.-Traje francés de recepción.

�DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

96

Un J:n.úsico inspirado.

TOMOI.

MEXICO, FEBRERO x4 DE x897,

•

NUMERO 7•

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de esta preparaaon. (Se ffllde en

F'reakanao en aesierto .. ..
[Dibujo de J. M. Vlllaaana.]

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>DOMINGO 7 DE FEBRERO DE 1897

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. .
Avisos: á razón de $30 plana por cada pubhcac1ón.
Todo pa¡o debe ser precisamente adelantado.
RÉGIBTRADO COMO ARTLCULO DE SEOUNDA «?,ASE,

~otas tilitoriales.
&lt;C11rn,terísticas lle un vrogrcso i11tclcct11nl.

Según datos qne trasmite la Administración de Rentas
Municipalee, existen en la capital 346 carnicerías contra
í89 pulquerías. Este dato es instructivo porque revela la.
siuatción de un grupo humano en una ciudad montada
con todo el aparato de la moderna civilización.
Hay bajo los focos de nueetra luz eléctrica una clase
social qeu lleva tres siglos de hambre, y aniquilada por
le anemia acude al licor l&gt;lanco para reparar ms fuerzas¡
existe en la orgullosa capital un núcleo de habitantes
que incuba sus riñas frente al fermentado vaso Y sale
del antro, ébrio de licor, ébrio de sangre, lacerados los
intestinos, con un puñado de tinieblas en la conciencia
y un. girón de energía. arrancado á su yacilante organiEmo.
En este círculo dantesco se mueve nuestro excelente
pueblo: carece de acthidad para el trabajo porque su
alimentación es escasa, se embriaga porque esM mal nutrido, y se enferma y se mata porque se embriaga.
La megalomanía cortesana ha llamado á :\l(•xico l_a ciudad de los palacios, pero si palacios no hay, se registran
7!)8 pulquerías en las que se despanzurra un ciudadano
cada veinticuatro horas.
Nuestros legixludores de la l'alle de Pla/1'1'0.•-como los
ha llamado un escritor distinguido-pretenden que la felicidad nacional se hace con una ley, y olvidan que
una población en que el hambre, la ignorancia Y la embriagez, forman el trípode sobre el que descansa una
porción de los ciudadan0s, no puede jamás presentarse
como el modelo ideal de un agregado humano que en
vano pretende ajustarse á los moldes del progreso con-

DOMINGO 14 OE FEBs:!ERO DE 1Ss,7

tantea de Cuba y se les dá facu:tades para nombrar los
Ayuntamientos, organizar las Diputacio11es provinciales Y
tomar en cierto modo alguna parte en la dirección general de los asuntos de la Isla, al elegir veintiuno de los
treinta. y cinco consejeros que han de fonnar el Consejo
General de Administración; si al establecer este Consejo
ee ha pretendido levantar como una forma de parlamento, dándole atribuciones y asignánlole prorrogath·as que
hacen de él un remedo de Asamblea Legislativa; si de algún modo se han menoscabaJo las omnímodas facultades
que ha ejercido el Capitán General y parece que sobre él,
estarán además del Gobierno s.,berano de la metrópoli, lasdecisiones del Consejo, no est.í resuelto el conflicto en
armonía con las aEp:raciones de la9 clases ilustradas deCuba, que anhelan á mayor repreeentación en el ejercicio
de la soberanfa y no se conforman con la parte que toman sus representantes en las Corks, ni pueden quedar
satisfechos tampoco con la existencia de ese Consejo m.ís
,parecido á un cuerpo consultivo que á una asamblea de-

Como hecho que demuestra un progreso constante en
deliberante.
.
el movimiento intelectual de la Repúbica, consignaréEsa autoridad snprem ,, repreEentada por el Capitán
mos el que acaba de darnos á conocer el gerente de una
General, que nombra la metrópoli, y compartida con los
de las más importantes librerías de esta capital: hace un
empleados superiores que seguirán viniendo de España,
buen período de tiempo, los balances anuales de dicho
continuará en sus funciones á pesar de tod.:&gt;s los consejos
establecimiento arrojan un aumento invariable de veinte
generales y diputaciones provincia.les, ejeiciéndose sin
111il pesos en las ventas de obras sobre el año anterior.
más responsabilidad que la que quiera exijirle el GabiEste desenvolvimiento corre paralelamente al que ha adnete de :Madrid.
·
Con razón pues, denunciaba el Sr. Cánovas cuando de
quirido la prensa en estos últimos.tiemp&lt;?S·
.
Un diario que alcanzara uni circulación máxima de
este asunto se trataba, qne nunca llegaría España al gradiez á doce mil ejemplares, pasaba antaño por ser un pode' do de conceder á Cuba la solicitada autonomía en el senroso vehículo de publicidad; actualmente un colega, El
tido británico de la palabra. En vano se hablaba de reJu1parcial, hace un tiro diario de más de treinta mil núformas liberales y de amplias concesiones; en vano semeros, y todavía no parece restringido á este periódico
decía que para eatisfacer todas las aspiraciones no necetemporáneo.
el campo de circulación_.
. .
.
sitaba el gabinete comervador más que desarrollar el
El año de 1892 escribimos en un periódico de esta ciuprograma de la ley votada por las Cortes en :Marzo de
dad: «llegaremos á tener reinte mil ejemplares de circulación
18%: ni esa ley dió derechos autonómicos á la colonia, ni
diaria.» Han transcurrido cinco años y el progreso del RESUMEN.-Las reformas de Cuba.-Cómo son recípudo el Rr. Cánovas concederlos, ni los hubiera concedipaís ha permitido que nuestros deseos, siempre basados
bidas.-Entre los partidos españoles y e_n,tre los
do el partido liberal; la masa del pueblo español habría
rebeldes.-EI problema político y la cuest1on ecoen una labor sostenida, hayan llegado á mayores altunómica.-llusiones que se desvanecen.-La deuda
prowstado en nombre del patriotismo, en nombre del
ras: la empresa editorial deEr, )Iu~mo, en las diversas pude la guerra y el abismo.-Esperanzas frustradas.
honor nacional.
-La causa de la revolución en pie.
blicaciones que lanza al público, ha alcanzado la cifra de
***
Aunque todavía no puestas en vigor, por fin se han pucuarenta tí cuarenta y do8 mil ejemplares diarios, y los doY si el problema político de Cuba no puede consideblicado
las
prometidas
reformas
que
venía
ofrecie~do
el
mingos este tiro se eleva de cincuenta á cincuenta y dos mil
rarse resuelto con las reformas aplazadas todavia indefiejemplares, que cualquiera persona puede comprobar Gobierno español á la revuelta Antilla, hace dos años le·
nidamente en su aplicación, mucho menos puede deciracudiendo á nuestras oficinas los sátados, de 10 a. m., á vantada en armas contra la metrópoli, y hace dos años
se desatado el nudo gordiano apretadísimo de la cuesenvuelta en los horrores de una guerra tremenda Y des·
lae 6 de la mañana del domingo.
.
tión económica y financiera.
Todas nuestras predicciones se han realizado, y nos es
tructora.
Danse al Consejo General de Administración facultagrato estamparlo en estas columnas, no ya con el objeto
Si hemos de creer las notas que diariamente nos comude la propia satisfacción, sino como una prueba notable- nica el telégrafo sobre la impresión causada por la obra des de señalar los impuestos, y concédensele atri buciomente halagadora del avance de los espíritus en un tan del Señor Cánovas del Castillo, fruto de árdua labor Y nes que á primera vista lo constituyen soberano en el
ejercicio de un derecho primordial: el señalaioiento de
producto de meditado estudio, en los círculos políticos
breve espacio de tiempo.
.
. .
Habíamos, pues, adivinado la evo! uc1ón del periodis- de Espaüa.; si hemos de dar crédito á las opiniones de las obligaciones publicas más trascendentales, la indimo nacional, lo que indica que teníamos una idea clara personas caracterizadas y á lo que dice la prensa y nos cación de los tributos. Pero está esa facultad tan limitadel impulso que recibiría el país, fijados ya sus elemen- trasmite el cable sobre las reformas de Cuba, habremos da de por sí, con las trabas que se la ponen, queda tan
tos de desarrollo, como las consecuencias salen de las de convenir en que han logrado el triste privilegio de no sujeta á la suspensión ó veto del Capitán General y ,t la
revisión del Gobierno español, y puede ser tan hondapremisas en un silogiemo.
contentar á nadie, dada la acerba crítica que se las dirige,
Decíamos el citado año de 1895: «Hace algunos años,
mente, tan radicalmente modificada por las decisiones
aun en las filas del partido conservador que ocup l el polos que se preciaban de conocer á. fondo el periodismo
de
las Cortes que discuten los tratados intern!lcionales,
der y encarna. sus aspiraciones en la persona del hábil
mexicaµo, pretendían arrancarnos lo que estimaban coque
se hace ilusoria y desaparece corrio por encanto toda.
que las ha formulado,
.
.,
mo una ilusión irrealizable: la estrechez de límites que estadista
No hablemos de los corifeos de la msurreccion que por facultad, entre la nube halagadora de pomposas promesas
se marcaba al periódico, parecía oponerse á la empresa. boca de Estrada Palma en Nueva York, han rechazado que forman el fondo de todas las reformas.
Se nos señalaba como ejemplo la larga campaña empren- con incontrastable energía toda idea de avenimiento que
Además, ¿qué es de la abrumadora deuda cubana'? ¿á
dida por algt'm diario, para dar como resultado un nú- no se funde sobre la base de la absoluta independencia quién corresponden los cuantiosos gastoe, de la presente
cleo fijo de lectores, imposible de ensancharse por ley de la Isla, y por declaración de l\Iáximo Gómez en el guerra? ¿hasta dónde se piensa comprometer el tesoro cuº
inexorable, por algo así como un fatalismo intelectual.
campamento mismo, han deseautorizado los rumores de bano, que sólo cvn el servicio de:intereEes quedaría arrui«No se nos convenció. Creíamos y seguimos creyendo, conciliación pacífica que últimam~nte han circulado. No nado y en perpetua bancarrota?.. ....
que si esas viejas hojas no han llegado á obtener un pú- pretendamos referirnos á los cabecitlas y directores de la
Ni una sola palabra sobre asunto que es por sí mismo
blico numeroso, es por su apatía, por su falta de volun- revolución que mal pueden aceptar hoy, después de tan- tronco y raíz de todos los descontentos, fuente de todos
tad en complace~ á. ese público. El Monitor Republicano ta sangre derramada, después de tantos sacrificios, lo que los odios y orígen de todos los movimientos insurreccioencastillado en su vetusta tradición, con sus procedi- ayer rechazaron emprendiendo la campaña antes de co- nales; ni una palabra.que rasgue ese velo sombrío que enmientos de hace treinta años, no llegará á conquistar wi nocer las concesiones que discutían las Cortes españolas. vuelve con tupidas mallas el porvenir financiero de la
solo kctor má.~ y habrá de contentarse con un grupo de Todas esas opiniones son parciales, se han engendrado Isla, y encierra su problen:a económico, que es su problesubscritores subordinados á la disciplina de la empresa, al calor de la pasión y no deben tomarse en cuenta.
ma de vida y de verdadera autonomía en el antro pavoque se ha propuesto publicar un periódico á gusto de ella
*
roso del misterio. Y como habrá de suceder probable*
Son de tal naturaleza las *reformas
según el texto pu- mente, como en la anterior revolución, que se deje caer
y no á gusto del público.»
¡Dígasenos si nos hemos engañado!
blicado, que apenas comprendemos, cómo es que unos
El ,Monitor Republicano acaba de perecer, por no haber las tachen de excesivamente JiberaleE, y en arrebatos de sobre el tesoro cubano la pesadumbre de la nueva deuda
entrado en la evolución periodística-según confesión de lirismo ministerial, las consideren superiores á cuanto de guerra, con más la inmensa suma de indemnizaciones,
su editor-y los que con fe hemos tomado parte en esta pueda conceder una metrópoli á su colonia, sin romper que en esta vez tienen que ser más cuantiosas que nunca,.
las reformas que tienden á la pacificación, dejan en pie
contienda, hemos logrado ya la primera victoria.
Hoy, como ha.ce cinco años, decimos al porvenir: ten- del todo los lazos de la natural dependencia; en tanto las causas que han empujado á los rebeldes, y mas honque otros no vean en ellas, sino concesiones platónicas,
drémos citn mil ejemplare~ &lt;le citc11lw·i6n diaria.
do el abismo que separa la Colonia de la :IIetrópoli.
Con razón, pues, decíamos, que la obra del i:::leñor CáEl día. en que hayamos realizado esta aspiración, la halagos ilusorios, que poco han de servir en la obra de
novas ha tenido el privilegio úe contentar á los menos,.
la
pacificación,
y
poco
han
de
alcanzar
de
los
que
luchan
República estará de enhorabuena, porque habrá alcanatraerse la crítica de muchos y ha dejado sin satisfacer la&amp;
zado un nivel mucho más alto en el termómetro de su por la libertad y sueñan con la independencia.
aspiraciones de la mayor parte.
Si se ha procurado resolver la cuestión política, conceinstrucción, auxiliar fundamental de todos los problemaP.
Febrero 11 de 18\J7.
diendo algo como el derecho de sufragio á los babique se desarrollan á nuestra vista.

~111ítira (!ñ)encnll.

O'OMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

~-== = = = = = = = = = = = =

EI. JAPON EN E~ AÑO DE I597•
Por qué crucificaron á San Felipe.

Los mexicanos de los tiempos modernus s6Jo debemos
á los japoneses distinguidos, consideraciones que satisfactoriamen~ nos condujeron á tener y estrechar relacione.,'!
oficia.les notables por su cordialidad. Oficial y _peraonalmente debo atenciones 4 japoneses de todas las clases sociales y sin tocar al valor, á la fe y á. los méritos que para
la causa cristiana tuvo nuestro compatriota Felipe de Jesúe, declarado santo por la Iglesia católica; creo de oportunidad hablar del Japón del año de 1.397, época del
martirio de San Felipe, con el objeto de hacer precisa la
impresión hietórica respecto de los japoneses en la conciencia de~mis compatriotas.
El edicto imperial de expulsión de los extranjeros es
de 1637, y dice:
l? Ningún navío ó embarcación de cualquiera clase,
ni japonés alguno podrá salir del país. El que viole esta
disposición ser.í castigado con la pena de muerte y el navío con tódo y mercancías será secuestrado.
2? A todo japonés que vuelva al Japón procedente de un
pa(e extranjero, le será aplicada la pena de muerte.
3'? Toda la raza de los portugueses con sus madres y nodrizas, será remitida á Macao con todo lo que le pertenece.
4? Al que se le encuentre una carta de país extranjero
ó que vuelva después de que se le destierre, será condenado á muerte con toda su familia, y á los que se atreviesen
á pedir por ellos.
5? Nadie podrá comprar ni vender mercancía ú objeto
alguno á un extranjero, bajo pena de muerte.
6? Aquél que descubra un sacerdote tendrá una gratificación de 500 Schults de plata, y al que entregue á un
cristiano, se le gratificará proporcionalmente.
Al leer eete edicto hay que preguntarae: ¿qué odiaba,
no el pueblo sino el gobierno japonés? ¿el cristianismo ó
los extranjeros? Del documento publicado resulta que las
dos cosas, bajo la evídente preferencia del odio al extranjero.
El Japón no fué conocido de la A ntiyiiednd chí.~icrr. ni
de los cristianos de la Edad Media. Alejandro el Grande
se detuvo en la frontera de la India sobre un~ gran montaña y preguntando qué país se extendía á sus piés le fué
dicho que el Olimpo ele laR Divi.niclnd&amp;i terribles dPl .,fundo.
Según se cuenta el conquistador respondió: «Como dios
soy su igual, y como terrible nadie ignora que lo soy más
que ellos; este bello país mi espada lo tomará como jardín de invierno.» Pero Alejandro murió sin su jardín de
invierno y la conquista romana tampoco tocó la India.
Marco Polo en el siglo XIII, no vió, sino que oyó hablar del Japón, bajo el nombre Chipang11, como de un
país lleno de oro, de hombres blancos y de mujeres be·
!las y cariñosas. Los filólogos modernos alemanes han
descubierto que desde el siglo X, los árabes conocían el
.Tapón, bajo el nombre de Nafoun y como la mayor de
las islas Afortunadas y Eternas, llenas de las cosas más
bellas.

***

99

EL MUNDO

el Japón, hasta que no obstante las hazañas y la bravuEspero poder contestar satisfactoriamente:
Los japoneses no eran en 1597 intolerantes en mate- ~ de su lugar-teniente Ilide-yoshi, fué al fín vencido.
rias r~ligiosas como no lo son en la actualidad. No hay, por el cuartelazo del general Aketi-1\fotsu-hide. Xobunaga.
ni ha habido, ni puede haber gobierno, ni pueblo intole- se suicidó entonces, por medio del ham-kiri, operación
rante en los países donde hay dos ó más religiones libres, que consiste en abrirse el vientre con un sable.
Hid~yoshi lugar--teniente de Nobunaga, continúa. la
dividiéndose casi por partes iguales el culto de la total población. Cuando hay intolerancia, hay fanatismo, y este campaña, vence á los traidores á su jefe suicida, les corocasiona la agresión mutua que tiene como resultado la ta la cabeza, y gobierna con acierto hasta 1591, en que
destrucción. )lientras hubo fanatismo en Europa, no pu- abdicó para ceder el trono á su hijo adoptivo Hide-tsugu,
quien contaba con toda la simpatía de los jesuíta.s, y padieron subsistir dos religiones, más que privilegiada una
y perseguida y encadenada la otra, como en Inglaterra ra probarles á su vez su afecto, y conociendo las ri validadesde Isabel hasta principios del siglo. En Francia., des entre jésuítas y franciscanos, ~andó quemar á los
Alemania, Hoiancla y Suiza, hugonotes, católiClos, lute- tres más notables franciscanos, en la ciudad de Xagaranos y calvinistas nunca· tenían paz sino treguas. Dos saki en 1.5\)3, precisamente cuatro años antes del martireligiones s.'.&gt;lo pueden coexistir en paz libremente con rio de San Felipe. Hide-tsugu desconoció á su bienheclases directoras y pueblos ilustrados ó escépticos. Sólo chor, que habla guardado la soberanía espiritual del .~ittuna alta idea de la justicia ó la nada del escepticismo toi.smo, quien castigó la traición del hijo adoptivo, degollándolo en 15\J,j, dos años antes de la muerte de San Fehan podido hacer posible la libertad religiosa.
Los japoneses tenían por religión el .~ird1Jix11w cuando re- lipe. El vencedor.hizo emperador al general japonés vic•
cibieron el budi.,mo. ¿En qué fecha? N .:&gt; se sabe la época pre- torioso en la campaila contra los chinos eu Corea, cuya
cisa, pero ya en el siglo XIII, el budismo se diviJía con paz fué firmadad,\ en 1597, y Taiko-sama, emp,m\Jor,
el sintoi~mo la población japonesa. El púlpito ha va- murió sin que hubiese terminalo la campaña el 1,3 de
lido poco á las religiones positivas; los misioneros cat.5- Septiembre de 1:'iH8.
De manera que si San Felipe de .Jesús íué martirizado
licos trabajan en China desde hace quinientos años, y
en
1597, Taiko-sama era el emperador. Pero hay un heapenas hay un millón de católicos e,it,·r cuat,·ocimto, dos
millones de dtinox. El hemí1smo militar, espada en mano, ha cho extraño, Lavisse y R:1suband, compiladores de los
sido siempre el gran ap.&gt;stol de cualquiera fe. En poco mejores documentos, diC&lt;ln que en el ejército de Taikotiempo la Europa, el Asia y el .\.frica se vol vieron cristia- sama había muchos soldados crbtianos, y que algunos
nas, con las armas del imperio griego, de los reyes b.ir- historiadores reputados de la Iglesia aseguran que dibaros, de los reyes francos y sob:e todo de emperadores chos soldados fueron enviad.:&gt;s á la campaña de Corea,
como C.irlo-:llagno. El islamismo convierte el Asia, el precisamente para deshacerse de ellos, sin que nadie
A.frica y parte de la Europa, durante una gloriosa mar- pudiese notar persecuciones. Entonces, ¿cómo considerar
un martirio público como el de San Felipe?
cha militar, b:1jo el alfanje de :Mahoma y cuatro de sus
De todos modos, el Japón, después de la expulsiju de
sucesores kalifas¡ la América se convierte inmediatamenlos extranjeros laicos y eclesiásticos, quedó en paz hasta
te ála fe católica con poco citequismo y mucha arma e3pa·
ñola. Los p:1ladi nes de la religión de Brahama fueron los 18H8. Los ¡ap.:&gt;neses han sido un pneblo militar muy alguerreros vedas, el paladín de la rtlligión egipcia la javali- tivo, y han dado prueb,\s de saber defender su nacionana de los héroes nubioF;el paladín de la religión caldea fué lidad, y lo que es m,ís admirable, han demostrado que
un pueblo puede civilizarse sin misioneros ni conquistala pequeña lanza de los Césares de Assur y de Babilonia.
La flecha persa lanzó la religión iraniana hasta las fron- dores. Jam,ís ha sido conquistado el territorio japonés
teras de la India; los terribles guerreros mongoles sirvie- después de eu organización como nación, y siendo toleron de campeones del l,1u/i.~11io, frente á los guerreros tár- rantes, cuando lus conoció la Europa en 15-12, y no pu·
diendo ser intolerantes, pueeto que ya llevaban m,ís de
taros que habían convencido á millones en la religión
tres siglos de practicar la libertad de cultos, cuando lledel taoísmo. David fu1 el gu1:rrero del judaísmo¡ sólo
Grecia, C.utago y Roma no llevaron en sus banderas una gó San Francisco Javier, quien elogia las maneras afafe. Grecia presenta en sus estandartes to~o lo que es be- bles de los japoneses y su tolerancia, quiere decir, que si
llo, Cartago todo lo que es útil, Roma todo lo que es in- los japoneses han matado misioneros, no ha sido por fanatismo, no ha sido por odio á otras religiones, sino por
moral.
La flamígera espada mongólica picó el ~orazón de los odio al yugo extranjero, por odio á la conquista, por odio
japoneses, introduciéndoles la semilla celestial de la re- á la suerte de todos los pueblos conquistados, que dan
ligión de Budha, y cuando San Francisco Javier llegó en hasta su porvenir para ser rabiosamente explotados en
15-19, encontró viviendo en paz y dividiéndose el culto de nombre de todos los apetitos. Los emperadores japonela población á las dos religiones que hasta el día domi- ses hicieron bien en defe•der su trono, su autonemía y
nan: el xir,toiR1110 y el budismo. Como lo he afirmado, una la paz de la nación atacada, no por la religión, sino por
nación que como sucedió con el Japón en Ví49, llevaba la polít¡ca de conquista, de intriga y de exterminio de
más de tres siglos de tener dos religiones libres y flore- su raza, de su tradición y de su libertad.
cientes, era imposible que fuera intolerante, y en virtud de
*"
este hecho, fué bien acogido, bien escuchado, bien atenLos libros que para escribir este artículo be consuldido y regresó :í Goa, altamente satisfecho de su estan- tado, no •hablan de San Felipe, pero aun cuando nuescia en el Japón, San Francisco Javier.
tro compatriota haya hecho religión y política en el Ja-

Los cristianos tuvieron noticia. de que existía el Japón
hasta 15-12, con motivo del naufragio del navegante poftugués Fernao Méndez Pinto; una ola lo arrojó á la costa
japonesa en Tane-ga-shima. El primer misionero que
pisó tierra japonesa f11.é San Francisco Javier, quien llegó
al Japón el 1.3 de Agosto de 1549. El misionero jesuita
venía de la India, y según sus más fieles historiadores, el
grande éxito que alcanzó en el Japón en sus trabajos de
catequismo, le inspiró dirigirse á China. Alentados por
San Francisco Javier á su regreso á Goa, partieron más
ardientes misioneros para el Japón.
De estos hechos de origen jesuíta, al relatar la vida del
insigne misionero, se deduce que los japoneses no eran
intolerantés en materia religiosa en 1549, puesto que sin
moleetarlo en lo más mínimo, llegó á catequizar á soldados y oficiales del Slwgowi (emperador ) con el conocimiento de este. San :Francisco Javier de vuelta á Goa,
envió otros misioneros al Japón, no al sacrificio sino á
un éxito fácil y seguro como él lo había obtenido. ¿Por
qué los japoneses no martirizaron á San Francisco Javier
en 1,550 y martirizan á San Felipe de .Jesús en li'i07? Por
qué acogen bien al santo europeo y ejecutan al santo mexicano, cuando la fe que los dos profesan es la misma?

..

¿Qué pasó con San Felipe de Jesús?
Según la historia del Japón, hasta I:;65, había reinado
en paz y sin interrupción la dinastía fundada por el
shogóun (emperador) Taka-Udjí en 1334, hasta que el
usurpador 1\fatu-Xaga, príncipe desleal y ambicioso¡ instigado, seducido y dirigido por los jesu(tas, se rebeló
contra su señor en 156i'i y lo arrojó del trono. Un bravo
guerrero, :Sob1maga, hijo de un simple daimio (hidalgo)
deshizo la obra política. de los jesuftas y repuso en el
trono al hijo del emperador legítimo, Yoshi-aki. En 1582
los príncipes de Bungo, de Arima y de Omura, enemigos
poderosos del emperador legítimo, enviaron una embajada {L Roma, presidida por el Padre Jesuita Alejandro
Yalignani, reconociendo su autoridad, y tal embajada fué
recibida con gran solemnidad por el Papa Gregorio XIII.
No se sabe si el emperador legítimo Yoehi-aki, aburrido de la tutela de su protector Nobunaga, ó al fin seducido ó convertido pcr los jesuítas ó los franciscanos, desconoció á su protector y se puso al lado de sus enemigos.
Nobunaga, jefe del partido militar, no se conformó, y
arroj,j del trouo al ingrato príncipe, Xobunaga, sin tomar
el título de shogóun (emperador), gobernó algúu tiempo

pón, cumplió con el deber que la época imponía á los misioneros: atacar la fe pa.,"ltna y á sus Césares; la política
era una consecuencia de la misión del sacerdote, cuando
la Iglesia había presentado una serie de Papas guerreros
de la fuerza de Alejandro YI y Julio II; San Felipe fué
siempre el mártir de su causa, aunque ésta haya sido mitad política y la otra mitad religiosa.
Pero los emperadores japoneses cumplieron un deber
al defender su poder y su patria de la ambición de los
conquistadores¡ creyeron entonces lo que ahora afirmau
que la tolerancia religiosa no es la toleranci; para conspirar contra la paz de un pueblo y la estabilidad de su
gobierno.
Los católicos mexicanos celebran actualmente la gloria
mística de un compatriota; los japoneses celebran anualmente la gloria de su civilización anunciada por un emperador, cuando se le presentó la juventud del Japón
frente á la augusta antigüedad de China. «Convengo, dijo, en que por lo mismo que no nos corresponde el pasado, seremos los dueños del porvenir.»
·
F. B ULN~.

�DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

100

. DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

==~==================
LOS GRANDES CUADROS MURAL~S DEL TEMPLO DE SAN:FELIPE DE JESUS.-Santos fundadores de Ordenes.

( Al óleo por B. Gallotti.)

Jarrones de Sevres obsequiados por el Señor Presidente de la República
á la Señora Isabel Watson de Gibbon.

Valiosos regalos.
Para completar la información, adecuada á. nuestro
periódico y relativa al concierto que en honor del Si:- Presidente de la República se efectuó en el Teatro Nacional,
publicamos tres fotogafías que tuvimos la fortuna de adquirir y que representan los re~alos hechos por el Sr.
Gral. Díaz il algunas de las apreciables personas que tomaron parte en el expresado concierto.
.
Según dijimos todas recibieron del primer Magistrado
de la República ricos presentes y los que fotografiamos
dan fe de ello.
Tres son nuestras fotoarfías; representan: un par dejarrones de Senes, ofrecidos á la Sra. Isabel 1\'atson de
Cibbon; dos ánforas, de Sevres también, ofrecidas á la
Srita. Fmilia González Cosío y una corona de plata, ofrecida á la Sra. Yirginia Galván de Nava.
Los jarrones y las ánforas, de esa magn(fica porc~lana
preciada tanto en Europa, son verdaderas ¡oyas de riqueza y arte. La base y el remate son de bronce dorado, con
primorosos esmaltes, y el dibujo de la porcela?a es a4mirable. En cuanto á la corona, no es menos nea y delicada. Está hecha de hojas de plata, y de bellotas de oro.
Los lazos que graciosamente la ciñen van ornados de pedrería, y en el centro dela regia corona se levanta un águila notablemente trabajada.
Xuestros lectores pueden formarse una cabal idea de
esos presentes por estas notas, y los grabados que las
ilustran.

Anforas de Sevres obsequiadas pol' el Señor Presidente.á la Señorita
Emilia González Cosío.

En cuanto i\ las damas he aquí algunos nombres:
Señc,ra R,,mero Rubio de Díaz; ve~tía traje negro; adornaba su cabellera un broche de brillantes, y llevaba al
cuel'lo valioso collar; señora de Gonsález Cosío; lucía traje negro, y llevaba magníficos broqueles de gruesos brillantes; señora duquesa de Arcos, llamaba la atención ron
su preciosa diadema de preciosas piedras; señora de Yélez; lucía traje negro con peto gran~tt&gt;, una media luna
de brillantes en el cabello, y magnífü:o collar; sefiora de
Dorantes, traje negro, peto esmeralda y gruesos brillantes; señora Lynch de Camacho; vestía un traje amarillo
caiia, con adornos rosas, y llamaban la atención su flecha
de brillantes; en el peinado, su collar era de valiosísimas
piedras, sus pulseras no menos lujosas, y también los cintillos que lució al caer la manopla de sus guantes debanquete.
Señora de Dering; ves~fa traje blanco adornado con
vistosa lentejuela de acero; señorita Pauncefote, de crema con adornos rosa; señorita González Cosfo, de terciopelo negro con adornos de encajes; la señora de Mariscal,
de azul piilido con hombreras formadas por preciosas amapolas rojas; señorita Adela Fernández; señorita Luz Dfaz,
con sencillo traje crema con adornos rosa y señorita l\Iariscal con precioso traje rosa.
El l\Ienú fué exquisito y á los postres, la cordialidad,
verdaderamente cautivadora. No hubo brindis.
La música de Zapadores y la orquesta del Conservato•
rio, encautaron las breves horas del banquete, que terminó á las once.

_'9'f~.:~5f&lt;Z::..::::::~5t~-=~5f&lt;Z::.
BANQUETE DIPLOMATICO

Nuestros lectores saben ya por los colegas de la prensa
diaria, que el Senor Presidente de la República obsequió
al Cuerpo Diplomático de esta ciudad, con un banquete,
efectuado la noche del jueves último en los salones de la
presidencia.
Ofrecían estos un aspecto de inusitada pompa. El gran
moviiiario de nogal, roble y piel de Rusia, lm1 hermosos
bronces, los grandes jarrones, los regios tapices, la multitud de plantas tropicales, eran, á la mtíltiple luz de incontablesfocos, de un efecto prodigioso. El salón comedor,
tapizado de guinda, era verdaderamente feerico, con sus
magníficos espejos biselados, con sus chinu~m-ies exóticas,
su gran ·mesa llena de flores, admirablemente dispuesta.
Los grandes cuadros enviados por la Academia.de Bellas
Artes, consagraban al Arte augusto el magnífico salón.
Detalle fué digno de mencionarse en el servicio de mesa, el de los menús, impresos en tarjetas pintados á. la
acual't'la por el genial Ramos )Iartínez con una fantasía
incansable. Cada tarjeta llevaba asunto diverso y la elección hubiera vacilado ante todas.
A las ocho y cuarto dió principio el banquete, congregándose en el salón las si~uientes personas:
Sefü ·r Presidente de la República, de etiqueta.
St!ñ, l' MinistFo de Relaciones, Mariscal, de etiqueta.
Señort&gt;s l\Iinistros Baranda, Mena, González Cosío y Señor !'residente del Ayuntamiento, de etiqueta. Señor
Lic. D, rantes, Presidente de la Suprema Corte de Justicia y ~•ñór Gobernador del Distrito, de etiqueta. Seflores Ministros de Inglaterra, de España, de Francia, de
Rusia y del Japón, en uniforme diplomático.
Sefü,r Ministro de Guatemala, de et!queta.
Señor General Vélez. Señor General Berriozabal, Ministro de la Guerra.

La mujer que se masculiniza para probar su igualdad
con el hombre, prueba que no se cree su igual perUJaneciendo mujer.
Mme . .Yelly Lieutier.

***

Los hombres admiran en sus semejantes las bestialidades que los animales rehusan cometer.
Roberto de Flers.
Los santos del templo de l San Felipe de jesús.

COPIA,

Recibí de «The Mutual Life Insurance Company, of
New York,» la cantidad de $1,000.00 ( un mil pesos ) en
pago total de cuantos derechos se deriban de la póliza
número 652,019, bajo la cual estuvo aB¡!gurado el tinado
mi esposo D. Gerónimo Aguado y Lares, y para la debida constancia, en mi carácter de madre, en el ejercicio
de la patria potestad, sobre mi menor hija Elvira Aguado y l\Ioreno1 beneficiaria nombrada en la póliza, extien•
do el presente recibo en la misma póliza que se devuelve
á la Compañía para su cancelación, en Acapulco á 21 de
Rnero de 1897.
(Firmado) Carlota .J[oreno, viuda de Aguado.
El C. Lic. Domingo Zambrano, Juez de 1~ Instancia de
este Distrito, y por ministerio de la ley encargado de la
Notaría Pública del mismo, certifico: que la Sra. Carlota
Moreno, viuda de Aguado, suscribió á mi presencia y de
su puño y letra la antecedente firma y rúbrica, que dice:
«Carlota Moreno, viuda de Aguado,»
Y á pedimento de la •misma interesada, lo hago así
constar para los efectos consiguientes, en Acapulco, á
veintiuno de Enero de mil ochocientos noventa y siete.
-Damos fe.-(Firmado. Lic. Domingo Zaml,ra1,o.-A.
(Firmado) Gilbtrto J. Martínez.-A. (Firmado) Y. Orozco.

Uno de los mejore~ ornatos del templo de San li'elipe
de Je~ús que con justicia ha llamado la atención del público inteligente por su belleza, es la colección de grandts cuadros murales que se alinean en los muros de las
naves laterales, y que representan algunos santos y santas fundadores de órdenes. Fueron pintados estos cuadros, por el Sr. Bartolomé Gallotti y es notable la corrección de su dibujo y la verdad de su color.
Están en ellos representados Santo Domingo de Guzmán, gran fundador de la órden que lleva su nombre y
que fué fecunda en lumbreras teológicas, dando á la Iglesia al inmortal Tom,1.s de Aquino; Santa Catalina de Sena, la excelsa virgen, Santa clara, que sígui6 las huellas
de San Francisco y fundó una órden rica en virtudes;San
Ignacio de Loyola, padre y fundador de la militante y
sabia Compañía de .Tesus, Santa Brfgida y Santa Tereea,
excelsas doct,oras; San Juan de la Cruz, el eximio Aposto!,
San Felipe Neri fundador del oratorio; Santa Coleta y
otros.
Damos nquí cinco fotografias de estos Santos de los
principales cuadros, y enviamos al Sr. Gallotti nuestra felicitación por lo bien acabado de su trabajo.

Leemos en los periódicos que acabamos de recibir
de París y bajo el título "Ultimos ecos de las fiestas Rusas:"

Corona de plata con brillantes,
obsequiada por el Señor Presidente de la República

á la Señora Virginia Gálván de Nava.

Los cuartoe de tocador de S. 1\1. la Czarina y de S. l\f.
el Czar y del Presidente de la República han sido surtidos exclusivamente de perfumería, de la casaEd. Pinaud.
Una indiscreción nos permite informar á nuestras lec•
toras de que había en ellos perfumería «Violette Pre•
ciosa,n esencia, jabón, agua de tocador y el agua de Colonia «)!arfa Louise,n añadiendo que nos consta que sus
Majestades quedaron sumamente complacidas de estos
preciosos productos de la perfumería francesa.
Aprovechamos gustosos esta feliz circunstancia para
anunciar á nuestras lectoras que bajo este mismo título
de «Precio•a» la perfumería Ed. Piriaud, acaba de intro•
ducir en México sus más finas y exquisitas esencias, ta•
les como: «Preciosa Vi.olete,» «Mimosa,» «Muguet,» «HéJiotrope,n «Peau d'Espagne,n «Iris,» «Rosa Mousseuse,»
«Lilas.»
Ya se admiran en nuestros elegantes salones esas ex•
quisitas preparaciones, y sabemos que el pol\"o de arroz
«Preciosa,» el que tiene la gran ventaja de dar á la piel
un brillo y lozanía incomparable y de quedar al mismo
tiempo invisible, tiene alcanzada la más lisonjera acep
tación entre todas nuestras sefioras y señoritas.

Las exequias del Sr. Gobernador de Ourango.

Como saben nuestros lectores, el Sr. Gobernador de
Durango, que había ido á Santiago Pa_pasq11iaro á inaugurar algunas mejoras, resultó repentrnamente enfermo
y murió el Sfüado 80 de Enero último. La noticia causó
gran sensación en Durango donde el Sr. Gf'neral Flores
era muy querido, y la Diputación permanente rtunióse
con premura decretando duelo oficial.
El día l? de Febrero, el cadaver del alto f11ncionario
fué conducido con los honores debidos á la ('apita) d~l
Estado, y ahí se le consagraron exequias dignas de su
memoria.
Nuestro corresponsal se eirvió enviarnos dos foto~rafias que muestran el aspecto de la calle de la Conetit.ución al entrar la comiti va•fúnebre que conducía ~l cadaver. Nuestros lectores las hallarán ilustrando eEtas
Hneae.

'º'

�DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

'ºª

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

103

EL MUNDO
DEL "LIBRQ:DF.MIS VIAJES,.

[Fragmento.]
"¿Por qué has creado ei infierno •Alláb? ¿No habías
creado ya Chamb?»-Exclaman los afghaneses.-Y9, imitando á los indígenas de aquella.a~ra.sadora. comarca,
modifico la frase y digo en buen cr1st1ano:-¿Por qué has
creado el infierno, Dios mío? ¿no habías creado Cuernavaca?
.
Bien sé que puede sudarse más en otras partes; bien sé
que el inmenso desiertojextendido, como un arco &lt;re círculo, entre las islas del Cabo Y erde y la gra~ murall~ de
la China, el Est€ y el Norte de Sabara, el pie d~l H1ma.laya, el valle del Sagrado Ganges y las estepas SI!} fin del
Afhganistan y la Bukaria, son los hornos de la tier~.
Sé también que sin salir de México, podría sufrir la
tempE&gt;ratura de Iguala y los chorros de plomo derretido
que vierte el sol de Texas. Pero mi ?arne es flaca y yo
no quiero enflaquecerla más. Para mis pecados pobretones y vulgares,. con UD; infierno como Cueraava~a basta.
Xo me arrepiento, sm. embargo, de haber vemdo feste S11dalorium con honores de ciudad. Abro el balcon y
admiro extasiado el horizonte incomparable de nuestra
tierra caliente.
Cuando se baja á Cuernavaca por la rápida cuesta de .
Ruitzilac este cielo cuyas últimas líneas color de ópalo
van ií perderse en las montaña~ donde empiez~ la gran
Sierra del Sur, produce en el ámmo una sensación parecida a la que causa la contemplación del mar en la hora
del alba. Hay algo de Mediterráneo en ese azul fluido.
Es el mar como lo soñamos antes de conocerlo, el mar
de los dioses griegos, el mar de A~fitritt&gt;.. En e~a~ ondas
se ocultan las sirenas quo oyó Uhses. Si de sub1to surgiera en esa quieta superficie una vela latina, sin duda
nos parecería un hecho tan común y natural como la aparición de una ave ó de una nube.
La inmensidad es una como Dios. Ya la admiremos en
el mar ya en el desierto, ya en el cielo, produce siempre
en nu~stro espíritu el mismo sentimiento de dilatación.
Por eso, desde el rústico basta el sabio, todos comparan
el desierto con un mar, y ven el cielo como un océ~n(! superior surcado por la «góndola de plata.» Este sentimiento no lo determina el color, sino la extensión.
El horizo11te que tengo ahora ante mis ojos, puede parecerse al mar que inventa la fantasía; al mar que canta
en los versos de Homero; al mar que pmtan con vago colorido los pintores trasparentista.~. Pero el mar verdadero
no es así. El azul que le damos sólo puede encontrarse
en ciertas aguas, y en la cinta donde confina con el cielo.
El mar es verde acá, negrusco allí, gris en aquellas vastas
lontananzas, aceitoso, pesado y duro en todas partes. Es
grave, adusto: es el Titán insomne, agobiado por un inmenso remordimiento.
·
En las hondas de azul purísimo, de ópalo fluido y de
ámbar en fusión, que tengo ahora sobre mi cabeza, deben
- navegar los ángeles en góndolas de pluma. Si no fuera
un absurdo, diría que la mirada siente, al perderse en
esas C' las de luz, la sensación de bienestai que dan al cuerpo los bañ.os orientales.

LAS EXEQUIAS DEL SE~OR GOBERNADOR D&amp; DURANGO

Calle de la Constitución al entrar la comitiva.

LA PRINCESA Y EL TSIGANO

. La princesa y el tRi~ano ......... se necesitaría habit:ar las
altas planicies del Tibet, encerradas por montes de eeis
y ocho mil metros, para preguntar que Tsigano y que
princesa.
Son ya dos sin embargo, las princesas que han tomado
uria tras de otra, el audaz partido de arrojar sus coronas
cerradas, por encima de los molinos. Xo se ven ya reyes
que se casen con pastoras, en revancha hemos visto, desde haC'e menos de dos mese~, á El vira de Borbón, princem por la-sangre, huir E'n compañía del pintor Jolchi; y
á Clara de Caraman-Chimay, princesa por alianza, raptarse al violinista teiga no JanE'Fi Rif,!o.
Pt:-ro la eecapatoria de Emilia de BorMn, v de Jolchi,
fne relat.ivamente discreta. La princesa dE' Caraman•Chirnay y su Tsigano, han adoptado otra act,itud: han escojido para abrigar allí sns amores, una de las má-s agitadas
capitales de Europa, Bnda.Pest; viven en el hotel; reciben á los reporters; y si no comen en la sala comun, se

( Véase el artículo relativo.)

La misma Calle al pasar el féretro.

,vard; desgraciadamente se supo bien pronto, qu~ se había enriquecido en la explotación de un café fals1fi?ado.
Estan&lt;io así las cosas. el príncipe de Caraman-Clumay
Conoci{i en París á )lis Clara v á Mis Ward. La madre y
la hija quedaron fascinadas añte el blason del príncipe.
Est~. aunque mny enamorado no decfa esta boca es mín;
víctima de una timidez y de una reserva extremadas, bajaba los ojos ante la provocativa americana, de tez deslumbradora, y dP ojo, de fuego. Esto pasaba en }farzo de
1890, :\lis Clara Ward supo coa una decisión d~l todo
americana, precipitar los acontecimientos. y el vemte de
)fayo de 1890, el príncipe de Caraman- Chimay la conducía al altar.
La princE'sa de Caraman-Chimay, tenía su puesto marcado en la corte de Bélgica, allí fué acogida de_sd~ luego
con solicitud, pero se produjeron algunos mc1dentRs
azas misteriosos; con ocasión de una Garden Party en
Laeken, hubo un escándalo; en suma. el príncipe y la
linda princesa, abandonaron la capital del rey Leopoldo
y se instalaron definitivamente en Francia.
.
En París, la pridcesa á pesar del nacimiento de doP_ lujos, adoptó un género de vida singularmente excéntnco,
é independiente, pero su última exceutricida~ ha hecho
o!vidar todas las otras. Fué en el restaurant Pa11lard donde encontró á Rigo, quedirigia la orquesta de Tsiganos.
Ya se sabe lo demás.
En Buda Pest ha mostrado á uno de sus visitantes, su
brazo tatuado de una serpiente, «Emblem~ de su . amor
eterno por rn J anesy». J anesy Rigo por qwen la princesa
de Caraman-Ch.imay se ha tatuado, tiene 35 años. Con
su pE&gt;qreña talla, su cara picada por la viruela, los cabellos lucientes de pomada y el chaleco atravesado por
muchas cadenas de reloj, es un specimen crimpildo de la
raza Tsigana.
Casado tambien Rigo, podía temer una venganz_a de su
mujer, pero esta ha preferido ~ejor á lo que _se dice, dar
á la cuestión un desenlace cómico, desapareciendo á su
vez con un galan.
·
.
En estas condiciones es probable, que los tribunales de
Charleroi y Stuhlweissenburg, votarán bien pronto un
doble divorcio.

cámara de explosión est:i situada en medio del cilindro.
Este motor es de cua~ro tiempos. D&lt;i un explosión por
cada dos vueltas del arbol motor.
E~te sistell).a ·permite atenuar en g_ran inedida las vibraciones desa0 radables qtie se resienten, sobre todo
cuando el vehículo se detiene. Ea efecto, esta disposición
aplicada á dos pistones q11e se desplazan en un cilind~o
comun y que obra eobre manivelas caladas á 1S0° prod_uce un equilibrio en todos los puntos del curso de los pistones, lo que suprime las vibraciont-s y los choques que
provienen de la putencia viva del sisteU1a en movimiento.
El sistema de arustre es novísimo, pero noentraremog
en descripciones t.ícuicas que serían tedios.is para muchos de nuestro,: lectores. Baste decir que en este vehículo y en la ( fiJ. 2.) -le ingenier.i., no mdllos aventajados que el que nos ocupa, la periecci:iu eu el m~canismo
es notable. Mu v en bre-ve veremos en nu~stras ciudades,
el reinado del automóvil.
.
.

La princesa de Caraman-Chimay. (Véase ~l artículo

relativo. )

divierten cuando menos mucho si se les refiere que un
zapatito muy mono de la princesa, obtenido merced á
una recamarera infiel, ha dado de mano en mano la
vuelta. á la mesa del hotel.
En los interwi,w, obtenidos por unestros colegas húngaros, la princesa dP Caraman-Chimay, ha referido complacientemente su vida juvenil, su matrimonio, su hui•
da, sue impresiones nuevas y sus proyectos para el futuro. De esta suerte hemos sabido que Clai;:a "\Vard, hija de
un riquísimo americano del Estado de Michigan, no ha
tenido menos de trece hermanos y hermanas: hay que
convenir en que es dificil hacer la desesperación de una
familia mas numerosa. Clara era la más joven. Cuandó
su padre murió heredó por su parte millon y medio de
dollars; y fuese con su madre á residirá Europa. La dote
era. llamativa; pero las actitudes emancipadas de la joven americana., asustaban á los pretendientes. I'or otra
parte, no tenfa más que diez y ocho añoe. Un gran propietario alemán se presentó; ~u físico sedujo á Clara

;; - .

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La pesca de la Ballena.-EI vigía en lo alto del mástil avistando al cetáceo.

El automovilismo:rey del porvenir.

Los elegantes carruajes tirados por soberbiostroncos y
guiados por vistosos automedontes, en los cuales se da
ancho campo para su refinamiento la fantasía de los poderosos de la tierra, están llamados ádeeaparecer: ~l automóvil ligPTo, silencioso, nípido, empieza á sustituirlos
ya en algunas capitales europeas y el aspecto de las grandes arterias, cambia, se transforma, adquiere fisonomías
extrañas.
".\fochos son los modelos de automóviles ea uso ya en
París. De e! los damos dos que nos han parecido más hermosos. El primero es un vehículo moVJdo P&lt;?r petróleo
(fig. 1.) de M. Darraq, extremadamente curioso, tanto
por la 11ovedad de la. transmisión como por el mecanismo
entero.
La directriz no lleva ni engranajes ni correas, ni conos
de fricción ni aparatos de cambios de velocidad. Suprime pues todos los pequeños inconvenientes inherentes á
esos diversos mecanismos.
.
Estos son remplazados por un órgano único, que permite hacer variar las velocidades por grados insensibles,
desde la suspensión de ella hasta 30 kilómetros por hora,
y que permite al mismo tiempo hacer recular al coche.
· La ventaja de poder avanzar tan suavemente como se
desea, se comprende con facilidad por que los parajes más
dificiles pueden así ser franqueados con facilidad.
El vehículo que representamos aquí es del tipo Petit
Duc de dos asientos. La c,irrocería ó estructura es muy
elegante y el cohductor tiene en sus manos los órganos
necesarios para asegurar la marcha y la dirección del
coche.
·
El motor difiere esencialmente de los construidos hasta el dia.. Dos pistones traba.jan en un cilindro único, la

\!::~
\

Janesy Rigo. ('Véase el artículo relativo.)

LA PESCA DE LA BALLENA

Las ball~nas no están aún á punto de desaparecer de
)a superficie de los mares; basta para convencerde viaJar ~n los océanos que se avecinan de los polos. En eqa;¡.
reg1onE;s se encuentran diariamente; pero perseguida;¡.
con ah1i:ico! se han vuelto más y mis desconfiad'\s. mis
y más dtffc1les de cazarse, y se ha necesitado m&gt;-iificar
completamente los útiles de pesca de esos grandes cetáceos.
En otro tiempo un navío ballenero era, en general, un,
gran buque de tres m.ístiles, de quinientas á ochocientas
ton~ladas,-algi:n~~ veces más-muy sólidamente construido, para res1st1r á la presión eventual de los hielos y
armado de una tripulación numerosa. Se partía p~ra
largas campañas, que duraban algunas veces uno ó dos
año!!. Cuando se encontraban ballenas los botes del navío a:cercábanse á ellas y las atacaban 'con arpón y con
lanza, no sin grandes peligros para los asaltantes Cuando la béstia era cazada, se la ataba á lo largo del ca.seo y
se la despedazaba po_r una maniobraespecial, que consistía en pelarla en espt.ral, como se pela una. naranja; esa

piel cargada de una costra de veinte á treinta centímetros de espesor, era fundid!! á bordo del navío, momentáneamente trasformado en caldero) Las barbas, que
constituyen el producto más precioso de la \:¡aliena, eran
recogidas cuidadosamente; después el gigantesco cada·
yer, desdentado y descortejado, se abandonaba á la descomposición. Así se perdía una. maza de carnes y de
huesos que constituyen, sin embargo un cierto valor.
Ahoi'.a esa pesca se indiMtrializa mucho. Si existen aún
unos cuantos balleneros que proceden ~gún acabamos
de decirlo, el mayor m'.tmero de ballenas Cl!-Pturadas 1:ian
sido cazadas por pequeños navíos construidos especialmente para este uso.
Esos pequeños balleneros, del todo minúsculos en comparación del gigante a! cual tienen la_ misión de persE;guir, miden apenas vemte metros y tienen una capacidad de 40 á 80 toneladas.
Se concibe que con tan débiles dimensiones esos balleneros no puedan emprender las grandes campañas de
sus predecesores, que eran á la vez viajeros, cazadores,
preparadores, y trasportes de productos. Ap!icando los
principios modernos de la división del trabaJo, los balleneros modernos no han conservado mas que el papel
de cazadores. ' El taller está en otra parte, en algún para.je donde puede hallar la fuerza motriz ó cuando menos el agua necesaria para sus calderas.
.
Esos talleres se instalan naturalmente en los para¡es
frecuentados por las ballenas. Hay muchos en las islas
Lofoden (costas noroeste de Noruega), otr~ existe en
los alrededores de Vardoe, pequeña ciudad situa~ ~n la
costa de Laponia, al Este del Cabo _norte. Por ultimo,
cinco existen actualmente en Islandia.
Los productos que se obtienen de la ballena, son los
siguientes:
Las barbas, conocidas en el comercio con el nombre
de ball,ena.•, van siendo cada d(a más caras. Sir,•en para
corsés, paraguas, abanicos, biombos y otra multitud de
objetos.
El aceite, que se divide en dos calidades: la primera,
obtenida por la fundición en el baño-maría, de las cortezas; la segunda por la ebullición de las carnes. Estas
se cortan con una guillotina á vapor, de movimientos
muy rápidos, é impresiona verdaderamente verla funcionar.
.
Las carnes, desembarazadas del aceite que encerraban,
son desecadas en hornos especiales, después quemadas
y trasformadas en un polvo oscuro, casi inodoro·•y que
se vende como abono para la agricultura.
Por último, los huesos encuentran un empleo, ya en
su estado natural, ya por su conversión en negro animal.
En Onondar-Juord se benefician hasta doscientas ballenas por año. Cada una de ellas mide veintiocho metros por término medio, y produce unos tres mil francos
6 sea un producto total de 600,000 francos; pero los

gastos son muy elevados; el material es considera.ble, y
se concibe que el personal sea exigente en el monto de
los salarios; sin embargo, la remuneración del capital invertido es aun así muy satisfactoria.
Volvamos á los ballener'ls, de los cuales nos hemos
apartado un instante. Esos pequeños buques están provistos de poderosas máquinas que les imprimen de 12 á
14 nudos de velocidad. En la proa va instalado, como lo
muestra nuestra grabado, el cafión que lanza el obúsarpón. Este proyectil, en efecto, está destinado á matar
á la ballena. al mismo tiempo que á capturarla. Así el
obús arrastra consigo una larga cuerda, gruesa como el
pufto, y sin embargo, blanda "Omo la seda-una de estas cuerdas cuesta 2,000 francos-va unida á una polea
y se lava con sumo cuidado.
Este pequeño aparato es una simple maravilla mecánica. En tanto que la ballena se debate furiosamente, el
hombre que maniobra deberá conservar la. cuerda siempre tendida en su parte intemediaria, ni demasiado, ni
Inuy poco. Tendrá que conservar durante la agonía, á
veces larga de la bestia, su sangre fría, para enrollar ó
desenrollar su cuerda en un momento dado. La suerte
del buque depende de este instante.
Los balleneros q ne describimos son todos de construcción noruega; inútil es decir que los tripulantes son hombres de una energía y de una constitución excepcionales.
En sus expediciones, un hombre va de vigía en un pequeño tonel colocado en lo alto del mástil. Luego que es
avistada una ballena, el buque se dirige sobre ella; lo
más frecuentemente huye, y en ese caso la persecución
es inútil. Algunas veces se tiene la suerte de encontrarla dormida en la superficie de las olas; entonces puede
el buque aproximarse á buena distancia y dispararle.
Si el golpe fué bien dado, la ballena muere por la
explosión del obús en sus órganos vitales; pero esto es
muy raro. Otras veces se queda como aturdida algunos
instantes, pero lo más frecuentemente se sumerge á pico
con espantosa rapidez, arrastrando al ballenero, al cuaÍ
remolca con el cable del arpón. En este momento crítico, un falso golpe de barra del timonel, una falsa maniobra harían sozobrar al buque sino se cortase á tiempo
la cuerda.
Una vez muerta la ballena, vuelve á lasuperficio. Después que se está seguro que no hay nada que temer de
sus últimas convulsiones, se la ase de la cola por medio
una cadena especial, ásesela asimismo de la cabeza y se
pega á lo largo del buque y se la lleva así hast&lt;\ que se halla un remolcador que la lleve al sitio donde debe beneficiarse
Como se ve, son por demás curiosos los procedimientos empleados para la caza de eae mónstruo que acaso
pronto desaparezca para siempre de nuestros mares hiperbóreos.

Cuernavaca es la reina de***
este infierno que se llama la
tierra caliente: es Proserpina! Se ha detenido al borde
del inmenso caldero, como la joven que, encontrando
hirviente la agua de su baño, encoge la pierna que iba ya
á sumergir en la ancha tina de alabastro. El vapor del
agua en ebullición se cuaja en su rostro. Es la sultana á
quien sumiso esclavo nubio, abanica con plumas de faisán! El esclavo nubio que mueve el abanico de Cuernavaca es Iluitzilac.
Allí está el monte obscuro, coronado de pinos silvestres, pensativo y triste como el esclavo que ama :::in esperanza á la mórbida reina del harem. Sus celos se llaman tempestades. Junta las nubes negras, las enreda en
las torcidas ramas de sus arboles, las agrupa en terribles
escuadrones, y con impulso formidable los arroja sobre
el valle. Pero, á poco, su cólera se extingue; el pino enhiesto que pugnó en vano por desenraizarse y correr á la
llanura, yace en tierra; los rabiosos alaridos del titán
desahogaron su pecho: tri;;te y docil, sigue el nubio agitando su abanico, mientras duerme en silencio la sultana:

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La pesca de la ballena.-Proa de un ballenero mo-

derno.

�DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

104

De un monte del Norte helado.

Sueña; la nieve y el hielo .
Lo envuelven con su sudario.
Sueña con una palmera
Que en el oriente lejano
i:,e alza solitario y triste
tiobre un peñón abrasado.

***

Ap~rtando la vista del frío Norte, partamos «de cara ~l
aol » como el Byron de Núñez de Arce. ~ntes de examina~ la población miremos á vuelo de páJaro los campos
amenísimos que '1a rodean. Podeis .subir á la to1!e de la
,,ieja iglesia ue franciscanos ó al 1mrador de\ ant1gu&lt;? Pª¡
lacio de Cortés: Desde la torre tended la vista hacia e
Poniente. Bajo tupidos boeques de g11:1yab_os se oculta el
caserío desparramado, de San Antomo. ~o pueden verse las c~sitas. Diríase que están desnu~~s y q!-le ~ ocultan pudorosas detrás de los árboles. Solo la 1gles1a emina su torre por encima de los guayabos, como para
fnirar si el cazador que sorprendió e!l su blanca desnudez
á las traviesas campesinas, se ha ale¡ado. .
El paisaje que se descubre desde el palac1? de Cortés,
exige en el artit:ta que se proponga descubrirlo, el colorido, lleno. de sol, de Eugenio F~omentín. Los campos
de caña ostentan su verde claro, mtenso, deslumbran~
en los liltimos planos del pai.saj~. Pare.ce~ ~rsos, sm
arrugas y sin pliegues, como s1 gigantes rnv1s1bles ~ entretuvieran en restirarlos durJnte la noche. En primer
término, bosquecillos de plátanos .muev~n sus largas
hojas......... ¡los celiidores de la rubia Ev~. Al No.roeste
los cerros se aproximan á la ciudad y al Sur la vista se
pierde en la extensión de los campos sembrados cuyo
término apenas se cofümbra. Los eev.:ros bueyes, tas g1:C1;ndes rktima~ riel Cl1¡tu111110, no aparecen en la llanura. ].i~ngún tropiezo encuentra la.mirada en _el cuadro tranquilo
ue recorre. Las cimas de las montanas rerno~s parece~
de Japizlázuli. Una cinta de singular ")! armó:111.co colorido une la tierra y el cielo, por gradación casi msenslble
de colores,
1
¡Cuaín grandioso es el espe.ct~culo de .la p~Psta del so
en este sitio! Indecible sent1m1ento de rnqmetud ~ apodera del espfriu1- En los montes boscosos, el crepusculo
es trágico. Los árboles cobran vida y voz humanas. Las
montafias se calan sus ci.ipuchos colosales. El venado huye y en las ondas del viento suenan las voces y las escobas
de las brujas.
La muerte en este sitio y á tal hora, debe parecer1!os
menos dura. Así murió Sócrates contemplando la m mensidad del océano en cuyas ondas los rayos del ~ol poniente iluminaban la popa dorada de la !lave -que regresaba de la isla de Delos, en tanto q.~e baJaban los rebaños de las cimas del Taygetes y el U1tceron nadaba en
un mar de oro.
Inconscientemente ante el grandioso cuadro qui ilu~ina una luz fuerte, intensa como la que alumbra los pa1sa·e.s de Claudio Lorena, se recuerdan l~s grandes perspeclivas de la babía de Nápoles con sus nbe:3s bordadas de
naranjos, las mon¼,ñas de la Apulla, la isla de Capre.a Y
Ja costa del Pausylipo. El espíritu encuentra ~l parecido
sin poder preeisar en dónde está. Un vapor v10leta rodea
las colinas distantes. No hay un iitomo opaco en el Acre.
El verde claro de aquellos grandes llanos bebe luz.
Aqui el escrúpulo es la muerte, sin dolores, de una niña cuy~ alma se va al cielo. La naturaleza no se enne. grece, se duerme. Dulce m~Jancolía nos. rode~ en sus gasas, y pensando en la celeridad de la existencia, record~mos el (hrpe diem de Horacio; el Te -~p.ectem supre"!ª. 1mhicwn renerit lumra de Tibulo y el ad~ir.a!lle Invalidisque
tibi te11d1'8, ken! ho11, t11n, palmas1 de"'\ 1rgiho.
Cuántas veces pasaría pensativo Hernán Cortés por este mirador de paredes desnudas y anchos arcos! Sentado
aquí, podía admirar en todo su e~plendor la t~e~ra prometida á su codicia. Y cuando fat1g~~o de amb1c1ones se
-entregaba en brazos del amor ¿qué slt10 más hermo~o para desatar·voluptuosamente las trenzas negras de la ¡oven
india mientras el valle duerme, el sol se oc~lta y lle.na
el ai~ de sonidos metálicos el coro de las c~1charras m·
visibles? La campan¡¡ que da el toque de o~ac10nes ape~as
suena. Las ondas sonoras pasan muy arriba y el sorudo
enervado por el calor y la pereza, cae ~ plomo. La l~na
brota y su claridad amarillenta se difunde en el a1~e.
Blancas nubes simulan en_ las crestas. de los montes diademas de-nieve y en el zemt rebafiosg1gantescos.
EL DUQUE JoB.

Agosto 21 de 1891.

Los nuevos automóviles, Figura
relativo.)

1~.

(Véase el artículo

105

~ ===== == = == == = =

t!UINCE AÑOS DE CLOWN

Un pino se alza en la cumbre

EL MUNDO

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

No tardarán en cumplirse los quince años del díamejor de la noche-en que Ricardo Bell se presentó por
vez primera al públicc:&gt; de México: por aquel entonce~ la
troupe de ~Ir. Orrin semejaba más á aq1;1ella descolorida
comparsa de Tomaso Bescapé, melanc(&gt;l1camente t.razada
or Edmundo de Goncourt, que al bnllante séqmto del
Circo Molier, iluminado 6 giorno por la elegante frase
complicada de Fe~iciano ·champseur, en una de eus encantadoras narrac10nes.
Entonces el Circo era poco ~ás que.una _barraca Y ho.Y
es más que un teatro-dígalo s1 no la mtehgente cubamta Luisa l\Iartínez Casado;-el clo11'n can.~?,º ya P?r T~odoro de Banville, (Polichinelle et clo!""• J ai,qi1, r_¡u o_ns en

J

souvienne-joindre a l hume11r angla u la i•erre· 1talleime

no había roto aún el tosco perfil del bufón de la Eda
:l\Iedia: era aquel buen, tradicional payaRo len.to en s.u_s
movimientos de andar torpe, desgarbado, reCio Y fornido Hércules 'enharinado, con traspiés de beodo, enredado'en figura de cotillón; de éstos una buena puñada había atravesado las pista.~ de nuestros barracones; de Inglaterra nos venía la mayor parte de ~)los, ,Y es que Inlaterra-ba dicho el autor de Les .Jr?res Zemgai~no-;-~a
deado asociar el in~enio á la materialidad del e¡erCICl?
de fuerza, la gimnasia se ha transfor1;1Jado en p!ntom1ma: siniestra se ha vuelto allí. la graCia_ del paya.o Y la
caricatura se trueca en fantástica pesadilla.
.
Ah! es que el humo,· se padece_cada vez con ma_yor tristeza· es que desde Deburau-el 1lu8tre, el apolog1ado por
Teófi.lo Gautier, el amigo de Julio Janin y de Ca~los Nodier, el eternamente triste,-hasta aquel, l\Iazuner,-de
quien dice un biógrafo que en Yocko, ~ac1a .reír con sus
muecas v llorar con su muerte-Mazuner, rival de Talma
y de la :\Iars..o...todos han podido repetir la fr:1se sacramental de los payasos ingleses: Here ,,,e are gam-all of a
himp.'-Ho1,. are you?

r

hay un espacio azul; y allá mucho más allá, ¿cómo-ha de
faltar un rincón de Cielo para el que ha llen.ado alegremente su tarea? ¿No equivale todo esto á un sistema completo de filosofía?
.
.
•Quince años! En este espacio de tiempo, ¡cuantas em1ne'ncias han pasado de prisa y corriendo .al lado de Bell,
mientras el ceoun, firme en su puesto, ha ido noc~e á noche luchando á brazo -partido contra este gran mconstante que Ee llama el público!
.
.
•Quince años! Sabeis que ninguna.de esas emmenc1as
h~biera resistido á esta t.P.naz persistente ~atall~? ~osotros, que á la segunda temporada que nos sirve Siem !In
mismo tenor ya comenzamos á murmurar. contra el. irnpn~ario v cada "ez que Coquelín ha r~pet1do una p1~za,
no he~o·s acudido á la ci¼., hemos mimado! consentido,
glorificado :i este hombre, y cu!!-ndo ~nunc1a .dos bene~
ficios; aun nos parece poco ype~1roos ~empre\ ,más, más.
¡Sí, más, máe! es decir otros qmnce anos.más.
y siempre victorioso, siem~re alerta, s1emp~ en lo alto, flotante al viento 'el ampho pantalón d~ abigarrados
colores la chaquetilla de bordados fantásticos, el gorro
puntiagudo, la boca prolonga_da en cuad!o, d~ oreja á
oreja, la nariz avanzando al aire p01: atrevido pmcelaz?,
los grandes lagrimones negros, los o¡os encapotados b~¡o
enorme aglomer:1ción de cejas1 el semo~a~te de muda m:
terrogación cómica, de cur10s1dad ru~hc1osa, una perso
nalidad de arte que se ha paseado triunfadora de uno _á
otro extremo de la República y á qmen debemos las neas más frescas que han asomado á nuestro corazón ~nel
que resuenan como puñado ~e mone_das de oro arro¡ad?
en vaso de cristal de Bohemia, las risas de nuestros- hijos, las más amadas, las D?ás suaves¡ las más refrescantes Tas más ansiadas. ¿Cómo queréis que no tengamos
gn{titud á este hombre? Gracias señor Bell, muchas gracias!
.
Un niño que piem,a en Bell, es casi un angel que suen_a
en el cielo. Para estos pequeños amados seres, .bell es SI•
nónimo de bondad, de perfección absoluta. B~ll debe poderlo todo: hay bebé que lo mezqla en sus oraciones, Un.a
niña dice á su hermanito: no seas malo por que te cast1a Bell. Y los padres: si eres bueno te llevo a ver á Bell,
tell ¿ha hecho el mundo? Mi hijo lo cree fi;me.mente .. ~o
creo que si no lo ha hecho, no_ se opuso. Nadie le P\dtó
su opinión; de habérsela pedido, vota por la afirmativa,
estoy seguro.
El mundo ¡vaya! y los demás planetas, y el sol, ).' las
estrellas, y en cada una de estas lucesitas que nos muan,
un circo con grandes cartelones en la puerta: «Esta. ~oche Pantomima Acuática,» muchas luces, coches, _mn.os
que ríen y un Míster Bell en ca!1a una de es~as bab1tac~ones celestes! Porque si allá arriba, muy arriba, no hub.1era un Míster Bell, la creacción no sería completa y Dios
ha hecho bien las cosas, porque el es bueno, y Bell ..... .
también.
.
d á
ó 1
Figúrense ustedes, después de esto, ¿Bl ten ! raz n e
clown de l\lr. Orrin para importársele un ardite de Bakounine y de :\farco Aurelio y de todos.

..

los muchos sabios que en el mundo han sido?

Pero ¿y el Arte?-Un momento caballerQ: Yo no me
explico á esos buenos sei\ort&gt;s que creen firmemente q!-le
cada vez que se habla de Arte, hay que ponerse serio:
Estos tigiao.~ son capaces de cerrar las puertas á todo lo
que no sea mármol d~ J.&gt;haros y por amor á ·wagner arrojarían á Offembach del reino de los cielos.-El Arte, señores míos, se roza con los de arriba y se ?Odea con .los
de abajo. ¿Cuál de estas dos poesías bucólicas es me¡or:
Ja Charogne de Baudelairé, ó el Idilio del Padre Pagaza?
preguntaba Urueta á Tablada, no hace mucho. Pues..... .
el Arte se queda con las dos. ¿Por qué? Porque en materia de Arte yo no conozco más géneros que dos: el bueno
y el malo.
Queda el regular.
Peor que el malo, creanlo ustedes.
Después de la Loca .de la Cas~, de Pérez Gl;\ldós, se puede asistir á la Pantomima acuática, y yo he visto á la Jane
Hading aplaudir con convicción á Bel!.
Edmundo de Goncourt, á quien arriba cité, se com:(&gt;lace en dar públicamente las gracias á Víctor F~ancom, á
León Sari y á los Hermanos Hanlon-Lees, uqmenes-escribe el maestro en la p, rtada de sus Prere8 Zemganno;aparte de sus de;treza gimnástica, son capaces de .raciocmar acerca de su profesión como sabios y como art1s~s-"
-Hostia es el A.rte que pasa de mano entre los elegidos.

*

Qninc:e años de Clown.-Ric:ardo Bell.

Bell ha hecho fortuna porque es un buen reidor, porque detrás de aquella máscara blanca 110 se descubre la
sombra de esa punzadora enfermedad que re~ulta, según la expresión de Bourget, de «la despr~porc1ón entre
la realidad y el deseo;» porque en su carca¡ad!\ fr:anca no
hay nada del amargo dejo de ese emponzoñado lrnor que
apuramos todos..... , todos, hasta el payaso,. porque el ve•
neno ¡ay! se ha infiltrado, más qu_e entre nmgunos otros,
entre los que ríen; porque de la risa de Be]! podría decirse Jo que de la risa de Shakespeare ha dicho Carlyle:
es una oleada alegre que nos refresca el corazón.- Hé
aquí todo el secreto.
Bell ha tomado la divisa de d~sempeñar alegremente
su oficio ya recomendado por M1rabeau, y se le da un
ardite Jo' que haya escrito Marco Aurelio en sus Pensamientos, 6 Jo que Bakounine haya consagrado en sus Cartas á loR oficiales rus~s. El.ac~pta el mundo .tal como es,
no pretende corregirlo s1qU1er~; la humamdad n~ es tan
mala como opinau algunos misántropos, pero siempre
conviene que haya Código Penal; el IU?mb7:~ s6lo, ensalzado por Rossean no le causa gra~ a?,mirac1on: la~ masas
suelen ser dominadas :gor un sentlmiento, como d~ce Mr.
Taine, pero es más fac1l do~arlas por ~na carca¡ada; la
dicha la desgracia abstracciones que viven dentro -de
nosot~os mismos puntos de vista, nada más; al través de
todas las tristezaii de la humanidad _se descubre_un punto luminoso, como en esos días lluviosos de Primavera,

* *un mérito: todos los año■
Ricardo Bell tiene todavía
deposita un hijo en el mundo.
¡Ah! Y los arna entrañablemente.
.
.
¡Figúrense ustedes si tendrá el hombre motivos suficientes para mi admiración!
CARtos Dfaz DoFoo,

Los nuevos. automóviles. Figura

relativo.)

2~.

(Véase el artículo

Goulab-Soubi, ó Rosa de la Mañana, era pura y bella
como sus hermanas las•vírgenes, en medio de las cuales
vivirán los elegidos de Mahomet en sus «Jardines de las
delicias.» Nacida en el recinto de la pagoda de Sriringam,
dedicada desde su nacimiento al culto de Vichnou, R'J.~a
de la Mañana era á los quince años la más instruida y
la más graciosa de las .Devada,:¡sis, las bayaderas que sir. ven á los dioses.
Apenas, ~i ·con largos intervalos. para correr como una
gacela en libertad, entre los bosquecillos de almendros
que rodeaban el templo, había franqueado las puertas
sacras coronadas por pirámides de piedra de quince pi·
sos de altura. Jamás había atravesado el puente de veinticinco arcos del Kavery, para salir de la isla sobre la
cual se eleva, en medio del río uno de los más prodigiosos monumentos de la India. Sólo los fit les admitidos en el
santuario cerr-ado para los profanos, la habían admirado
cuando al son de las campanas de bronce y de los tambo·
riles, en la atmósfera de las flores y de los perfumes,
danzaba ante los ídolos dorados y salmodiaba con BU voz
dulce como un canto de ruiseñor las alabanzas del Dios
de amor de la trinidad hindu.
Nada de fuera había llegado hasta ella; sus hermosos
ojos de pupilas agrandadas por el kohol, no conocían
otros horizontes que los grandes árboles de las riberas de
la isla santa, y sin embargo, cuando con BUS dedos agu•
zados hacía vibrar las cuerdas de su sitara, gorgeando alguna poética canción indostana, BU corazón palpitaba
más fuerte y sus miradas se velaban á medias como en
una aspiración inconsciente hacia lo desconocido.
A pesar de esto, permanecía sorda á los homenajes más
exaltados, á las declaraciones más ardientes. Seder Ali,
hijo de uno de los ricos mercaderes de perlas de Tanjora, usaba en vano de todos los medios de seducción.
Gracias á sus ofrendas había ganado á los brahmines, y
la pagoda le estaba siempre abierta; pero Rooa de l,a, Mañana no le respondía ni aun cuando deteniéndola al paso, Je murmnr-aba palabras de amor y no aceptaba ninguna de las joyas que le enviaba.
Sdder Ali, era, sin embargo, un soberbio malabar, joven de facciones regulares, de ojos llenos de fuego, de
fiero andar, y adem,í.s, generoso, presto á consagrarle su
vida entera. Pero Rosci de la Mañana se inquietaba poco
de eso. Su compatriota no era el héroe de BUS sueños de
virgen, y cuando lo distinguía en su camino, se escapaba
como dominada por el terror.
Entonces SeJer Ali, no reprimía un gesto de cólera;
sus labios tenían una mala sonrisa y con una mirada á
la vez odiosa y apasionada, la seguía á través de los jardines y de las galerías de la pagoda, basta que desaparecía.
.A.hora bien, una mañana, en el momento en que ella
adornaba con perlas su lujuriosa cabellera de ébano, el
jefe de los brahmines le dijo que se pusiese sus más brillantes trajes,.que se advrnase con sus más ricas joyas,

que se acord 1se de sus dan1,a~ m ís ligeraq. El radjah de
Tanjora, Silvají, dlba una fiesta á lord William B~ntick,
gobernador de M:adr.í.s y había expresado el deseo de que
las más lindas sacerdotisas de Vichnou se dirigiesen á su
palacio para encantar al noble representante de Inglaterra.
Este deseo era una orden, así es que el misml) día, luego que habieron cedido los grandes calores, Goulab-Soubi
y sus compañeras se pusieron en camino, recostadas sobre
los cojines blandos de sus palanquines de madera de
sándalo.
L!\ noche bastó á los báhi.s, los infatigables p1rtadores,
para franquear las doce leguas que separan Sriringam de
Tanjore; las Devadassig pasaron el día en la pagoda, y en la
noche, á su !Jegad.1, bajo la larga verandah del p.i.lacio
de Silvaji, cuando habiendo preludiado los m ~ísicos, dejaron caer su.s largos velos de muselina blanca, con un
triple hurra saludaron los ilustres ingleses la graciosa sorpresa que les da ')a el radjah.
En uno de los extremos de la galería había sido reservado un largo espacio para las danzas. Alfombras finas y
suaves, como los tejidos de kachemir, tapizaban el suelo;
ma.•salchi.s, portadores de antorchas perfumadas desnudos hllsta la cintura, se mantenían contra el muro. iamóviles, semejantes á las estátuas de bronce. Lord William
Bentick ocupaba el puesto de honor, cerca del príncipe;
d~pués venían á la derecha y á la izquierda de esos dos
principales personajes, los dignatarios de la corte con
trajes cónstelados de pedrería, y en gran uniforme los oficiales de la comitiva del gobernador de Madrás, entre
los cuales se distinguía su sobrino, sir Albert Stanley, uno
de los más jóvenes y de los más hermosos oficiales del
ejército del Bengala.
Sir Albert tenía apenas veintidos años; desde la edad
de cuatro años vi vía al lado de su tío y hablaba correctamente el indostano y el bengalés, los dos idiomas más
usados en la península indostana. Soñador y romancesco, arrullado con las melancólicas baladas de Ossian, co•
munícando poco con sus camaradas del regimiento, vi·
viendo ca,i aislado sobre esa tierra cuya historia está hecha de fantásticas leyendas, se había enamorado de esas
costumbres extrañas. de esas religiones peregrinas, de
ese medio de supersticiones.
Así, pues, la aparición de las lindas Deradrt-•••Üi le pareció la realización de uno de sus sueños, y cuando Rosa, d~
la ,lfañana se adelantó sola hacía el frente del estrado,
radiante de belleza, en la gracia de sus quince años,
creyó que era la que su corazón esperaba y todo su sér
se lanzó baciaella.
Cierto es que la sierva de los dioses era adorablf'. Su
piel estaba apenas bístreada; sus muñecas y sus tobillos
eran de una delicadeza extrema; sus grandes ojos Rombreados por largas cejas negras, tenían miraias tímidas
y quemantes á la vez; su sonrisa era á la vez voluptuosa
y casta.

•

Su traje se componía de una ca"!lisa diáfana de hilos
d~ ananas, de largos pantalones dd seda q•1e caían hasta
sus tobillos rodeados de oro; de un za'{lllejo corto y muy
ancho, hecho de una tela finamente bordada, y de una
pequeña veste desaten rosa, que n &gt; se unía al zagalejo,
deteniéndose por encima de los senos, sin ocultarlos. Sus
puños estaban ornados de preciosos anillos, y los dedos
de sus piecesitos combos, estaban c1mo los de sus manos, pequeños, cargados de sortijlls chispeantes. Un pesado collar de piedras rodeaba su cuello, y en los lóbulos
de sus orejas balanceábase una multitud de pequeños
sequins.
S.'.&gt;lo respecto :i un detalle de su a lorno había abjurado de la moda hindu: no tenia en el cartnago de su nariz
anillo alguno sino únicamente eil la ala derecha, trasparente y rosa, una perla de un incomparable oriente. Se
hubiese dicho que la graciosa criatura no quería entre
sus labios y los del amado ningún ob3t ículo para el beso.
T.1mpoco mascaba betel; eso se veía en el esmalte nacarado de sus dientes; pero sobre su frente se extendían de
través las dos líneas blancas cortadas p:&gt;r una linea roja,
de los sect.arios de Vichn:&gt;U. Por últim ), su larga y sedosa cabellera caía hacia atrás en dos pesada3 tr.iuzas,
salpicadas de perlas, que descendían más abajo que sus
caderas flexibles.
Rosa de l,a, Mañawi, al principio danzó para la masa de
los espectadores, yendo sus dulces miradas del uno al
otro, acariciadoras, inquietas acaso, aca~o investigadoras;
de pronto sus ojos se fijaron en los de sir Albert, com)
si algún fluido de magnetism) los hubiese atra(do, y sus
pasos se hicieron mis las~ivos aún en su embriagador&lt;1
castidad. Con un movimiento d~ una gracia exqui~ita se
envolvía la cabeza y el rostro con su largo velo, y de
pronto, dejándolo deslizar hasta sus piés, se echabl hacia atrás descubriendo las riquezas de su talle fino y
combo; algunas veces se alejab.i lentamente con los ojos
bajos, en una actitud de defensa pidica imposible de d3S·
cribir; con los brazos sobre su pe~ho com'&gt; p.i.ra oprimir
los latidos de sn corazón, desliz í.ndose coro J una .sombra
li~era. En seguida volvía lent'.\m3nte, p.lrtlciendo luchar contra un espíritu invisible, lllnzando á través de
su velo miradas suplicantes; despu~3, repentinamente,
pueciendo cederá una p otencia irr.isistible, se lanzab i
de un salto, yendo á caer de roiillai ante el estradJ, c in
J()s labios húmedos, 103 ojos brillantes, la sonris, lle1n
de promesas, los brazo3 extenlid.)s ha.ci1 el sobrino d~
L1rd Bentick.
E1talló un lrnrra frenético. En cuanto á Sir Albert,
-pe rm!l.neció ahí inm'ivil, fascinado, llamando aún con
103 ()j03, con el coraión y con los sentidos á la linfa
sierva de los dioses, cuando arrastrada por sus compa.ñe•
ra'3, R w 1, de la M añxna hlbía desaparecido yll hacia larp tiempo.
Eiannhe elenim1radooficialvivió más á su lado
que nun'.:a; y cuando abari:lonó los salones, fu:í plr.i. ron.

�dar en los jardines alrededor donde las Derada&amp;'IÍB reposaban.
·
Al día siguiente muy temprano, acompañado de eu
doméstico malabar, Rouwi, galopaba sobre el camino de
Tanjore á Tritcbinapal). Sabia que las valladerasbabían
partido al alba para vol ver á Sriringaut y tenía prisa por
unirse á ellas. Cuando lo logró, el sol llegaba al zenit,
el calor sofocaba, y la~ bijas de Yichnou se habían detenido para sestear, bajo un bosquecillo de bambús, en las
riberas de un pequeiío lago que bordaban los bananeros
y cocoteros.
El paraje era encantador, :leno de frescura y de poesía.
Sir Albert echó pié á tierra, y se deslizó basta el campamento, á lo largo de una calle perfumada por almendros
en flor. Nadie le había visto venir, y se había aproxima·
do demasiado para no perder nada de lo que pasaba. Repentinamente tuvo que comprimir los latidos de su corazón, al mismo tiempo que prestabamllsatentooídoyque
á través de las ramas, sus miradas se detenían, embelesadas, sobre Rosa de la .Maíl,,na, á quien acababa de descubrir. Acurrucada sobre los cojines de su palanquín y
acompañándose de su cítara, la adorable niña come1:-zaba
,ma de esas canciones indostanas que son obras maestras
de imaginación y de gracia. Cantaba los amores de
Krichná. Su voz era á la vez dulce y apasionada, sus senos se levantaban, sobre sus lábioa carmineos erraba una

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 18~7

EL MUNDO

106

mordimientos podían apercibirse pronto de la patrida de
pensionista, la perla de su joyero, y perseguir á su
raptor. Se atrav(,'SO, pues, ~in ruido, el barrio de Tritchinapaly para ganar el camino de Yaradatchilamu, que llevaba directamente á Pondicheri. La comitiva se componía de treinta individuos; los dos equipos de seis babis
para cada palanquín, y de una media docena más de hindus cargados de bagajes, de provisiones y de tiendas. Dos
guías arruados marchaban á la cabeza, después venía
Roumi, á caballo y llevando de la mano la montura de
su amo.
1'iendo los babis por tradición fieles servidores, bastaban ellos para no temer á los ladrones de los grandes caminos, ni á los thugs aislados que iban siendo cada día
más raros.
.
Extendido en su palanquín y con !os ojos fijos en el de
Ro.•a de la .Jfañar..a, Sir Albert no pensaba, pues, mtls
que en sólo sus amores. No tenía noción alguna de la escena de que había sido teatro, pocos instantes antes, una
casita frente á la cual había pasado con $US gentes antes
de abandonar la ciudad.
Desde la terraza de aquella mansión aislada, donde no
brillaba luz alguna, dos hombres habían espiado la caravana, y cuando esta pasaba, habían descendido á la planta baja.
Uno de esos hombres era Seder .Ali, el rico y hermoso

E&gt;U

•

cargados como mozos de cordel; aquellos, inclinados sobre los elefantes y seguidos de numerosos servidores: los
otros, extendidos en pesados carromatos arrastrado.e pol'
bueyes; cipayos que se dirigían con paso alerta hacia sus
regimientos; yogis, peregrinos ha ves, descarnados, m~ertos de fatiga, pero siguiendo siempre rectos y ergmdos
hacia la pagoda del dios venerado, y por último, mendigos acurrucados al borde del camino.
Esto duró hasta el momento en que el sol, levanM;ndoEe por encima del horizonte, dardeó sus rayos oblicuos
sobre los babis agotados por diez horas de calnino. Entonces Sir .Albert echó pie á tierra, corrió hacia :f!,osa de
la Jfañana, que le recibió con las dos manos tendidas y
con una sonrisa, y ordenó que hiciesen alto.
A cien metros de cammo, en medio de un bosquecille
de majestuosos bananos, se levantaba un bungalo de un
aspecto muy agradable. Nuestros viajeros no iban á encontrar allí más que un abrigo y agua: pero no pedían
más, pues que Roumi había cargado á sus portadores con
todas las provisiones necesarias.
El viejo cipayo, guardián del bungalo, las puso pol'
completo á la disposición del oficial inglés, y cuando la
linda tránsfuga del templo de Vichnou descendió de su
palanquín, con la cabeza envuelta en su largo velo de
muselina, adivinó sin duda en parte la novefa de amol'

..

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

107

EL MUNDO

térlnino de su viaje. De suerte que mandó á los babis que esperanza de arrancarla á su sueño mortal, le hacía beber que había sido la más linda de las Demda.,.ri-8 del templo
café ardiendo, que el cocinero de loe babis había hecho de Sriringam esperaba tomar posesión de la rica tumba
apreS11rasen el paso, lo cual hicieren cantando.
La rnta era muy bella y bordada de árboles centena- á toda prisa. Y permanecía inclinado sobre ella, supli• que sn amante había dado órden de levantarle en el cel'ios cuyas espesas sombras temperaban los últimos calo- •dándole con la mirada, con sus caricias, con la voz, que menterio hindu.
res del día. Atravesaba campos de arroz y de caiías de
le reconociese y le respondiese.
*
Entonces, al cabo de algunos momentos, como si ella
azúcar, separados por pequei1os arroyos y estanques, que
El desenlace tr:ígico de la pobre bayadera y del oficial
no pudiese resistir J. su plegaria, á sus lágrimas, á sus inglés ee extendió rapidamente por la India entera, descuando venia la nocbe parecían manteles de plata.
Por fin Roumi, que había tomado la delantera, volvió besos, ó mas bien, como di la vida, parecidaá una lámpa· desde el cabo de Comorin hasta las riberas del Ganges1 y
á anunciar que no estaban más que á tres millas de '\Vo- ra que arroja un fulgor postrero antes de extinguirse, se bien pronto el drama se hizo t&gt;Oética y dulce leyenaa.
diarpoliám y que bien pronto iban á llegar al sitio más despertase momentáneamente en ella, sus miradas per· Yo la oí diez años después de labios del guardián de la
dieron su fijeza, se animaron; sus labios se entreabrieron, necrópolis á quien pregunté quéquerítl decir aquella misfavorable para acampar hasta el día siguiente.
Menos de un cuarto de· hora después, en efecto; Sir murmuró con un inexplicable acento de amor y de fata· teriosa inscripción grabada en tamcn,l y en inglés sobre el
Albert pudo juzgar por sí Jnismo que su guia no se había lilimo: «Yo te amaba con toda mi alma Sahib, peroBrah· mármol de un hermoso mausoleo que sombreaban majesengañado. A cien pasos de un pequeño rio y en medio de roa no ha querido que fuese feliz contigo! ¡Qµe él nos tuosos mangueros:-Gou1,,rn-Sotm1-ALBERTO; 15, 22. . ·
un collado, un bosquecillo de majestuosos mangueros, perdone! ¡No olvides demasiado pronto á la pubre DeraNadie habría podido referírmerla más exactamente que
ofrecía el abrigo más encantador.
dax.~fa infiel á sus dioses por amor á tí!n
ese guardián: era Ro_u mi, el antiguo servidor de Sir AlBastaron diez minutos ,i los mozos para levantar la
Sir Alberto desesperado, mantenía contra su pecho la bert Stanley, y cuando hablaba gruesas lágrimas se escagran tienda encima de los palauquines de sus amos, y no cabeza de la pobre niña, pero no podía pronunciar una paban de sus ojos.
había llegado aún la noche, cuando la tropa estaba ya palabra; sus lágrimas hablaban pur él, cubría de besos
Esas cifras indicaban la edad de los dos infortunados
instalada para pasarla. Acostados bajo sus pequeñas sus labios va heladoe.
que la muerte sola había unido, y su tamba, lugar de petiendas, los hindus formaban una especie de muralla viDe pronto, ella echó eus brazos al rededor de su cuello regrinaciones para las amantes europeos é hindus, estaba
viente al campamento, sobre el cual iban á velar, levan- y se pegó más estrechamente contra él, repitiéndole:
siempre cubierta de flores, no de aquellas flores malditas
«¡Que frío tengo y cómo sufro......... ! ¡011, sí, estrécha- con ayuda de las cuales Scanda había ganado sus cien
tándose de dos en dos horas, centinelas designados por
el jefe de los babis.
me contra tí! 8iento que voy á morir. ¿El amor es pues rupias de oro, sino de las flores sanas y perfumadas, como
Era esta, á lo que parecía, una medida inúW; porque la muerte? ¡Entonces no echo de menos la vida, puesto las que los brahmines hacían regar en las losas del sanel país gozaba de p:;.rticular seguridad, y no existian en que voy á morir por haberte amado! Tú me harás elevar tuario de la pagoda, cuando, ante las estatuaP. de los diola región ni fieras ni reptiles. Además, el tiempo era ma- una hermosa pira, para que Indra me reciba ain cólera. ses venerad9s, debía danzar Rosa de la Mañana.
ravilloso, el cielo cintilaba de estrellas, la atmósfera es- Cuando pases frente á la pagoda de Yichnou, le ofreceRE1'É DE PoxT JEST.
taba embalsamada por las flores abiertas de los mangue- rás flores y frutos en recuerdo mío. ¡Oh, el fuego, el fueros, y los cocuyos estiraban de ;puntos de oro las ti- go que me.devora!"
Traducido para EL l\fo:rno.
nieblas de los follajes. Bajo su tienda, alumbrada por
Se retorcía con atroces dolores, con el pecho levantado
una antorcha de recina perfumada, de nuevo Roxa de la por espasmos nervü,sos, con los grandes ojos abiertos,
~\Iaiiana y Alberto, estaban solos; pero la linda Devadapero ya vidriosos, tratando con su1:1 manecitas de disol•
ssis no temblaba ya; saboreaba con delicia las dulces pa- ver las tinieblas que se formaban al rededor de ella, y
labras que se escapaban de los labios del bien amado, y repitiendo con una voz silbadora palabras sin conexión:
cuado este, despues de un beso postrero, cerró las corti- «¡Ah, lo r.oruprendo ......... es Kali que me llama ......... el
nas de su palanquin para que pudiese dormir, ella Je veneno........ ¡Te amo! ¡Te amo!"
.
repitió veinte veces «Hasta mañana, te amaré siempre»!»
Después reinó de pronto la ca,ma en su l'Ostro, sus laY él enamorado, loco, ee dirigió á su lecho, donde se bios sonrientes parecieron peqir un beso, y echó dulceprometia no cerrar los ojos sino á medias, á fin de velar mente la cabeza hacia atrás. ¡ Estaba muerta!
EFECTO DE BLANCO Y ROJO
el sueño de la que adoraba.
La escena entonces fué horrible. Albe1to extendió el
Roumi se había extendido en el piso de la tienda cuerpo de la adorada sobre las alfombras, y arrodillado
Cuando ,·iene á misar el padre cura,
cerca de ella, con las manos juntas y lus ojos extraviados,
frente á la puerta, despues de haber atado sus caballos á
á la nave risueña y aliñada
las ramas de un almendro. Todo reposaba en el campa- lloraba como un niño y repetía: u¡Hasta muy pronto,
penetra con el sol una parvada
mento. No se oían m,ís que el murmurio:de las aguas que amada mía, hasta ruuy pronto! ¡Soy yo quien te ha made palomas- ,iue anidan en la altura.
ro'an las cafías de la ribera, el canto del bulbul, que en- tado: sería un cobarde si viviese sin t1!"
Desata el piano su oración alada
Agrupados ante la tienda, los babis, profundamente
viaba á los ecos en notas estridentes, la relación de sus
y del gótico altar en la blancura,
amores, el roce de alas de las palomas dormidas. en los conmovidos, participaban del dolor del extranjero; las
diáfana, leve, inmaterial y pura
grandes,árboles, y el silbo del gaya, ese pájaro pequeño grandes palomas azules volaban rastreando para cazar;
se levanta la Forma consagrada.
que alumbra su nido con gusanos luminosos y lucientes, el gaya mataba los gusauos lucientes de su nido; la flores
Canta entonces el Blanco sus cantares;
abrían suij corolas á las abejas, que comenzaban su tarea
y del cual los hindus hacen un servidorcillo alado.
blancos son: alas, naves, luz, altares,
Largas horas habían pasado así, la antorcha se había cuotidiana; el bulbul saludaba, con sus cantos harmoniohostia, cura senil, incienso vago........ .
extinguido y Alberto tan completamente había sucumbi- sos, al sol, imagen de la vida, cuyos primeros rayos, desY en esa nitidez que al hielo enoja,
do á la fatiga, que el día come,nzaba ya á apuntar cuan- lizándose á través de los almendros, nimbaban de oro la
agresiva, vivaz, llameante, roja,
do abrió los ojos. De pronto, bajo el imperio de un te- cabeza de la muerta.
se destaca la veste del monago...... .
rror inconsciente, reprochándose haber cesado un sólo
·ÁMADO NERVO.
instante de velar sobre el séT adorado, se levantó á medias para lanzar ásu derredor miradas inquietas.
Perotodo estaba en calma; se tranquilizó. Entre la
abertura del portier de la tienda, reconoció á Roumi
que, siempreacurrucado·sobre el suelo, fumaba tranqui..._l:_.,
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r
I,~
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,
lamente su houka; reconocía el ir y venir de los bindons
1
que, hechas sus abluciones en el río, preparaban el desayuno, el arroz de kari; y de las cortinas del pálanquin de
üoulab•Soubi, salía una de Bu8 pequeñas manos de dedos
,cargados de sortijas. Entonces souriendo, se puso de pié,
TOUJOURS FIDELE
se deslizó sin rnido y fué á rosar con sus labios ávidos,
aquella mano que acaso pensaba él, la dulce niña le habla instintivamer,te ofrecido durante sn sueño,
,omo la flor marchita que ya perdió el prostrero efluvio de esperanza
Pero apenas dado aquel beso, _el enamorado experiY que at\n as! la novia coniervaentre las cartas del pérfido traidor,
mentó una sensación dolorosa; la mano de la bayadera
Tl1 guardas en la urna de todos tus recuerdos la dulce rememb:-anza
Del paralso de oro que se perdió en las sombras con tu primer amor.
estaba helada; no había respondido á su caricia con una
débil sacudida nerviosa. Lleno de sorpresa, recorrió las
cortinas del palkee, se inclinó sobre la joven y arrojó un
Era el instante amargo en que las flores mueren y las estrellas lloran
grito de espanto.
Las lágrimas ~rillantes, las lágrimas sentidas, las lágrimas de Dios;
Los ojos de Rosa de la Mal'!ana. estaban desmesuradaEra el amargo mstante en que el Destino hiere dos almas que se adoran
mente abiertos, y sus extrañas miradas fijas, expresaban
Y rompe sus cadenas de blancos eslabones con el fatal ¡Adiosl
el sufrimiento y el horror. Cuando él la llamó tiernamenAdlos, horas fehces .. Adlos, diálogos tiernos... Adios amantes citas.••
te pol' su nombre, ella agitó los labios, pero sin pronunEl iba al \'iejo mundo siguiendo los fulgores del sol del porvenir,
-ciar nna eola palabra. De su lecho se escapaban efluvios
Mientas que t11 quedabas como la triste Ofella cortando Margaritas
de perfumes acres y penetrantes.
Y viend:&gt; la esperanza como angcl de consuelo bl'I.Jlar en el zatlr.
Entonces, en el colmo del terror, él la tom5 entre sus
brazos y la llevó afuera de la tienda, donde la acostó á
Cuando se desasieron sus manos de las tuyas, turbado y afligido,
pleno aire, con un cojín bajo la cabeza, sobre el tapíz de
Algunos minutos después, 11ctivando los preparativos Como apurando el cAliz que le ponla en los labios lacruel adversidad
-donde el vigilante se había levantado al ver aparecer á
de la partida, Roumi descubrió el misterio del atentado •· For ti, por tt me ausento-te dJJo-&lt;'ree y espera, no temas al olvido/•
Y fueron sus vehemenres, sus 11ltlmas palabras: ¡amor! ¡fidelidad!•...
su amo cargado con su precioso fardo.
de que Ro.~rr di' In J[ufürna había sido la victima.
.Aunque la atmósfera estuviera ya caliente, porque el
En el sitio en que su palkt&gt;e tocaba la pared de la tien·
Contaste tl1 las bo.ras de los eternos d1as de interminables año.s
día llegaba con rapidez, Rusa d-e la Jfllñmm temblaba de da, se había hecho en la tela, con ayuda de un puñal,
cuando los sombrios crespones de la ausencia el alba desgarró,
frío. Además, estaba horriblemente pálida; sus labios te- una abertura demasiado larga para dar paso al miserable, Y
Alzaste las llorosas pupih,s ¡ay! y viste tan negros desengaños
nían, como sus narices, un tinte azulado, y llevaba sus que no habfa tenido más que abrir en ese mismo lado las Que tu alma, como lirio cuando el Invierno llega cruel, se marchitó.
pequeftas manos á la frente como si allí estuviese el mal cortinas de la bayadera dormida, para sembrar al derre-que la atormentaba. Roumi la envolvió en una sobreca- dor del cojín de seda dond:-reposaba su cabeza, las bojas,
Perdona si el secreto que tl1 me revelaste en breve confidencia
ma de seda, en tanto que Sir Albert le frotaba las sienes las flores y los frutos malditos cuyas emanaciones deleSe escape.de su caree! y para no perderse se imprime en el papel.
y los puños para restablecer en ella la circulación de la tereas debían envenenarla.
sangre, que parecía interrumpida. El jefe de los babis,
Y as( fué como, sin violar la ley de la secta que le pro- Yo quiero que Ilumine y rompa el tnsondable capl1z de la conciencia
,q~e se había aproximado, examinó atentemente á la pobre hibía extrangular á una danzante y verter su sangre, Del lnfldente ingrato que tedectacon dolo: "toujours, tou)ours lldele"
Febrero de 1597.
mfia, y se lanzó hacia la tienda de donde ealió casi luego
Scanda, el secretario de Kali, había ganado las cien rupias
con las manos carga~as de hojas de un verde sombrío, d~ de oro que Seder-Ali le había prometido si su rival no
ABTUBO L. CASTA.~ABES.
flores amarillas, de bayas de un rojo vivo, y exclamó llegaba á )ladras sino con el cadaver de aquella á quien
.arrojando á tierra con disgusto aquella horrible mezcla: había sustraído á su amor y ,í sus dioses!
«Flores de upas y frutos de manzanillo¡ la pal kee está lleLa caravana se volvió á poner en camino en la misma
na de ellas! ¡La han envenenado, la han perdido!11
mañana. Goalah-Soubi reposaba su eterno sueño en el
.Al oir esas palabras, el amante de Rosa de la .Mañana palanquín del oficial inglés, que la escoltaba á caballo
,pensó volverse loco de desesperación, ¿Quién podía ha- ~udo, y con el rostro lívido. .Al día siguiente llegó á Pon:
•ber cometido un crímen tan cobarde? La víspera ella se d1chery, donde, después de haber sido purificada según
había dormido tan dulcemente sobre su hombro repitién- los ritos y envnelta en muselinas blancas el cuerpo de la
-dole: ¡Te amo! ¡Qué celosa ira había podido herirla así? joven, siempre adornada con sus joyas, fué encerrada
La vid~ es un bostezo continuado,
.¡Aca~o los brahmines de Sriringam, para castigarla por en una ataud de sándalo y transportad~ luego á Mapues al neo y al pobre, á juicio mío
haberse escapado? ¿Pero cómo un emisario infame había dras.
les hace bostezar, según su estado, '
podido penetrar á la tienda? ¡El no la había abandonado
. Y vei.nticuatro horas después de s~ llegada, la alta sopobres el hambre y ricos el hastío.
ni un instante! ¿Y ella debía morir, morirá los quince ciedad mglesa sabía con dolor pero srn demasiada sorpre:afios, ella, la adorada?,.¡No, eso era imposible, había que sa, porque se conocía la exaltación de Sir Albert Stanley
CAMP&lt;&gt;AHOR••
-salvarla á todo precio!
que fiel al juramento que había hecho á la bien amad~
Y le decía todo esto estrechándola contra su corazón. rnoribunda de no sobrevivil'le, el hermoso oficial se ha3'..e había rodc-ado la frente con un lienzo húmedo; con la bía matado de un tiro sobre la fo~a provisional donde la

*"'

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41.1.,•4· .,,,,.... ~.,,_.
.. •

sonrisa de ternura infinita. Irresistiblemente atraído, Al·
bert Stanley buscó un escondite apartando las ramas de
los almendros, y llegó así hasta muy cerca de la joven
que, ruborizada, se detuvo al re.conoCE;rlo. Ento1;1.ces, suplicante con un acento conmovido y tierno, le d1¡0: «0a·
na sada, 'ma"in i.an ashik, gana sada! u¡Canta aún amor mío,
canta aún!»
Inmediatamente con sus hermosos ojos fijos en el ex·
tranjero cuya imágen, desde la víspera, vivía en ella, Ro•
.•a de la Mañana. prosiguió el relato de las aventuras galantes de el Apollon de los Hindous.
U na hora después gracias á las generoras ofrendas, el so·
brino de Lord Benti~k había obtenido todo lo que deseaba
de los brahmines, bajo la dirección de los cuales estaban
las Deoodassi11. 1/'ué aceptado como un compañero de caJnino, y cuando la &lt;?Rravana se volvió á poll:er en marcha,
quiso eBC-Oltar á pie el pala~quín de la bien amada, !~s
bahis del cual marchaban, aislados del resto de la comitiva sobre los flancos del camino; y cuando, en la noche,
las bayaderas atravesaron el Kamery para volver a~ recinto de la J?agoda, los dos enamo1:1dos habí~n cambiado
tan tiernos ¡uramentos, que largo tiempo vacilaron antes
de separarse.
Al día siguiente y los que vinieron después, el oficial
inglés no abandanó la isla sagra.da; pasaba ahí ~o~ enteras con Rosa de la Mañana, bajo los ramos de ¡azmrnes;
despues una noche en que el sitio estaba desierto y en
que la l~na había abandonado el horizonte, dos palanquines de viaje se detuvieron á la entrada del puente de
los veinticinco arcos. Diez minutos más tarde, la linda
!jierva de Vichnou desaparecía con Sir Albert.
Largo tiempo la estrechó él sobre su corazón y ella, en
tanto que arrojaba una última mirada hacia las pirámides de la pagoda, que se recortaban sobre el cielo y que
lu estrelles parecían festonear de oro, le murmuraba al
oído, con tel'nnra infinita:
«¡Ya ves si te amo: por tí abandono á mis dioses!»
Entonces, inmediatamente, como si hubiese telnido que
le robasen á su adorada, la l1evó hasta el palanquín que
le estaba destinado, la extendió allí dulcemente, tomó
sitio en su palkee, y dió orden á los portadores para que
se p11Biesen en marcha, sin encender antorchas, ni salmodiar los cantos acostumbrados ,í los cuales arreglan
sus pasos. Intentaba él alejarse lo más pronto posible de
la pagoda, los brahalnines de la cual, presas de los re-

malabar cuyos homenajes había rechazado tan duramente Rosa de la .bfaña1&lt;a; el otro, igualmente hindu, estaba
miserablemente vestido, era joven, bien musculado y de
aparieRcia robusta. Su fisonomía era feroz, su andar el
de un felino. ::lus ojos brillaban con un resplandor extraño, y examinando su frente se habría podido descubrir,
aun cuando estuviesen casi borradas, las huellas de las
rayas horizontales de bermellón, por medio de las cuales
se distinguen los servidores de la sangrienta Kali, la
diosa de la muerte.
«Scanda, le dijo con voz iracunda, el amante despechado, cuando estuvieron en el patio de la casa, uno de los
dos palanquines que acabas de ver, lleva una mujer que
se ha burlado de mí por amor á uno de nuestros opresores, qu~ se la roba. Yo no quiero que ese extranjero salga vivo de la provincia ó si Brahma le proteje, es preciso
que no llegue á su {}alacio sino con una amada muexta
entre sus brazos. ¡Ella ó él!
-Al raptor yo le conozco, respondió el Hindou, tú me
los l¡as nombradn: míll! si le acontece alguna desgracia, el
gob~rnador de Madras vengará á su sobrino. En cuanto
á la mujer, quien es ella?
-t"na de las Deuada.~.~ill de la pagoda de Sriringam, la
más bella de todas, Goulab-Soubi.
-No sabes acaso, que las danzantes están al abrigo de
nuestros golpes? exclamó Scanda vivamente. Kali las
protege contra el paño sagrado y nosotros no tenemos
el derecho de verter su sangre.
-Qué me importan vuestras costumbres! qneel uno ó
la otra mueran de cualquier modo! he aquí cien rupias
de plata. Corre hacia ellos, úneteles, y el día en que me
traigas la prueba de que estoy vengado en ella ó en él, te
daré cien rupias de oro.11
El thug asió la bolsa que le tendía el malabar, refle•
xionó un instante, después suB ojos arrojaron un relámpago de baja envidia, y ganando la puerta de la casa:
«Hasta luego Seder-Ali, dijo; prepara tus cien rupias
de oroln
Y flexiblec)mo una fiera, desapareció en medio de la
noche.

***
Entretanto, la caravana prosiguió
su marcha bajo el
cielo estrellado, en la soledad del earoino que, solamente
al alba, se pobló de viajeros: comerciantes que se dirigían
hacia el Sur; estos, modestamente, á pie, pesadamente

de que era la heroica, porque sonrió, inclinándose, y llevándose las dos manos á la frente.
Un cuarto de hora después, los babis habían terminado sus abluciones y su frugal almuerzo de arroz, y se extendían sobre tapices, bajo la verandah, para tomar un
reposo que habían ganado bien. El fiel Roumi pidió ásu
amo permiso para imitar á sus compatriotas, y bien
pronto Sir Albert y Rosa de la Alañana estuvieron solos
en la gran sala del bungalo, medio reclinados sobre los
cojines de los palanquines, con los cuales se había hecho
divanes, y cerca de una mesa cargada de sabrosos frutos.
Porque no tenían sueño ni ella ni él. ¡Deseaban decirse
tantas cosas! Su amor era demasiado profundo para no
ser casto, y en aquel largo camino que acababan de hacer
juntos, no habían en l'ealidad estado solos un instante.
Y ahora que estaban el uno cerca del otro, con las manos entrelazadas, callaban. Alberto, que se daba cuenta
de la responsabilidad que asumía y cuya alma era digna,
no podía ser un amante vul~ar; quería que aquella á
quien había sustraído á sus dioses, com~rendiese que sería su compañera adorada para toaa la vida, y, en la expresión de su rostro, había aun más de entusiasmo, más
de ternura que de pasión.
En cuanto á la adorable niña, parecía no explicarse
como y por qué se encontrabatan lejos de la pagoda donde había pasado su infancia, tan lejos de sus compafieras que debían llorar su ausencia, tan cerca de aquel extranjero, c11yas manos apretaban con fiebre las suyas, y
cuyo mutismo mismo, más elocuente que las palabras y
el fuego, turbaba todo su sér.
Temblaba pareciendo temer algun terrible J?6ligro desconocido, y, en un extremecimiento de embnaguez, cerraba los ojos, como si quisiera escapará las cosas extel'iores para interrogarse más seguramente. Después, tol'naba á abrir las pupilas; sus miradas volvían á Cencotral'
las miradas de aquel que la había hecho olvidarlo todo;
emrojecía un poco y dejaba caer su cabeza de virgen sobre el hombro de su raptor, que entoces le repetía:
«No temas nada, serás mi esposa bien amada: te amo!»
Así pasaron el dia en sus sueños de pol'Venir, y cuando el sol comenzó á descender, la caravana se preparó para la marcha.
Por tranquilo que estuviese respecto á las consecuencias de la aventura, el joven oficial tenía prisa de llegar
á Pondichery, de donde se dirigiría facilmente á Madrás.

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.. ,...

.

�•

108

DDIIINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

•

-Nadar entre dos aguas en esa urna de cristal que vé
usted.
-No me es desconocida la fison•omía del que fija los
programas en las entradas. Se servirá. usted decirme
quien es?
-Otro editor, hijo, otro e ditor que lle vó á Mexico una.
especialidad: tirar periódicos á dos colores: café desteñido y azul celeste. A ese lo ejercitamos en los programas
y demas remiendos.
- Y aquel ojfio que se encoje como para reducirse á la
raíz cuadrada de sí mismo.
-No es niño, hombre, que mno va ser. Hizo oposición en un periodiquito de á centavo y como el :público
quería noticias, el periódico perdió ventas y se fue empequeñeciendo como las barajas en manos de los prestidigitadores ...
-Precisamente en este momento juega al toro con otro
niño que embiste ...
-Precisamente. Ese nif\o tu€ tambien editor. Tenia la
monomonía de las embestidas. Se embestia á sí mismo y
muri6 de indigestión tambien. Parece que Spencer y Le
Roy Beaulieu y Stuar Mill se le indigestaron ...
- Y en general que opina usted de la prensa de México?
-Le diré á usted.-Y el diablo se rasc6.la cola en actitud pensativa, en general está aun en el periodo cuaternario: gases densos y lodo espeso; plesiosaurios, dinosaurios, ictiosaurios ...... mamouths.... abortos indefinidos .... .
Acaba de salir del periodo del tarro de cola y las tijeras
y aun no puede definirse bien. Por lo demás es inofensi va: juega á la zancadilla y al burrito. Con el tiempo ya
veremos ..... .
-¿ Y quiénes le son á. usted más útiles aquí?
-¿En el circo?
-Sí.
-Pues hombre, hay algunos alumnos muy aventajlJ,das. D. Juan Pedro Didapp, por ejemdlo. ¡Hace cada

DDIIINGO 14 DE F~BRERO DE 1897

EL MUNDO

plancha? ........ .

EL DANTE EN MEXICO.-Los periodistas en las canastas.

EL DANTE EN MEXICO
VIAJE DE UN REPOR7ER.
(CONTINUA, )

Así reflexionaba cuando llegó á mi oído desconcertado
rumor de aplausos :y gritos:
Dejé el gabinete de Su Majestad y aventurándome,
guiado por los ruidos que á mí llegaban, por un dédalo
de obscuras galerías, me encontré de pronto con el abismo á. mis piés, pero un abismo alegre, ruidoso, lleno de
luz.
Em nada menos que un profundo circo rodeado de ariscas rocas, _en las cuales estaba tallada la gradería.
En la parte más visible levantábase un estrado de madera y frente á él un elevador de grandes proporciones,
por donde bajaban, en gran.des canastas individuos cuyas fisonomías no me eran desconocidas.
Las cabezas asomaban como pidiendo suscripciones
(por lo que se verá después). Al primero que conocí fué á
Don Gregorio Aldasoro, embutido con un cesto con el
duque Juan, barba y todo.
¿Qué tal amigo Don Gregorito?
-Sufriendo la pena negra Fígurese usted que la única distracción quema permiten. es la lectura de los versos de este duque 6 de los recuerdos de la Revolución francésa, obra y gracia de Don Antonio García Cubas ... .. .
A medida que cada ·una de aquellas canastas llegaba á
tierra1 los que la ocupaban, haciendo ·contorsiones y
muecas se desparramaban por la arena, donde una espe•
cie de capataz armado de recio látigo los ordenaba en gru•
pos Y les iba marcando las suertes que les tocaban en
ldem.
El amplio local estaba á. reventar y a,enas si con es-.
fuerzos supremos logré penetrar é instalarme cerca del
palco de honor. Satanás acababa de llegar y acertando á
ver~e tuvo la bondad de llamarme á su lado con un expresivo guiño de rabo.
-Este es un espectáculo de encantadora novedad para
usted-:--me dijo.
-Sin duda-respondí, pero no estoy alln muy al cabo
de lo que se trata. ¿Quiénes son esos individuos que des ·
cienden en amplias canastas y luego cirquéan en la arena?
-Periodistas, hijo.
-¿Periodistas?
-Es claro, debía usted conocerlos en sus contorsiones.
-En efecto, y se les condena ......
-A hacer suertes, equilibrios, chistes, á dar volteretas,
á maromear...... en fin á continuar, más á lo vivo sus ta reas usuales en la tierra.
-Hombre, no me parece mal.. ....
-El castigo es apropiado, ¿verdad?
-Sin duda.
-¿Ve usted á aquel individuo que se empeña en andar
para atrás y en obstruir el paso de los otros?
-Aquel que hace gestos avinagrados?
-El mismo. Pues bien: es un Señor García Torres á
quien debió usted oir nombrar por alhi arriba.
-En efecto, no Die es·desconocido el nombre.
-Aquí se .le considera como el tipo del pesimismo
gubernativo. No crey6 jamás en un gobierno bueno, tenía la monowa.níadel ataque y me cuentan que se combatía así mismo cuando no tenía á quien combatir. Pasó
cincuenta años diciendo á un gobierno lo que lehabfa dicho al anterior, y murió el día que tuvo que convenir en
que había un gobernante aceptable.
-¿Y aquel que después de cada maroma toma carbonato?
-¡Abl Gil Blas ........• ese murió de una indigestión de
faltas de ortografía. Ne lejos verá .usted probablemente á.
un individuo jovencito él, delgadito él, esqueleteadito y
de cara un poco agarbanzada, que prepara el trampolín ..•

-Lo veo en efecto.
-Es un editor de periódico que se indigestó á su vez,
pero de vanidad. A lo que yarece se hat:iía cl~ificado á
sí mismo como gloria nacional y como el público no lo
tomase á lo serio ..... .
-Ya, Ya ...... ¿y mi amigo el de luenga barba que saludaátodos?
-Ese pa.s:6 su vida saludando á. nnos y otros ...... al go bierno y á la Iglesia, al elemento oficial y al clero ...... á
todo el mundo. Fué incoloro y por inofensivo se le con•
denó á una suerte facil.
-Cual?

-¿Promete, verdad?
- Y no sólo promete, cumple á las mil maravillas¡
me he fijado en él para Director de El Urdversal .
-Y de lectores, ¿c6mo anda usted?
-}:ro del todo mal, y eso que no entran aquí los q11e
leen artículos de Torito y versos de Manuel Caballero.
-¡,Por qué?
-Porque esos van al cielo.
A. la saz6n el espectáculo. concluía con la pantomima
acuática desempeñada por varios editores y periodistas
conciliadores y Satanás dejó su palco dando la sefial de
dispersión.

( Continuará.)

EL DANTlt EN Ml!:XICO.-Los periodistas en el circo.

Un ·francés que cita oportunamente un verso latino,
está. muy cerca de la verdad.era felicidad.
Teójüo Gautier.

•••

La 1:1abiduría consiste en da.r á la vida, ya sea moral,
ya física, un poquito menos de lo necesario.
Pérez Gald6s.

•••
Una violenta encefalitis, esa especie de apoplegía de
conocimient.os positivos, que fué el proceso de la educación de C¡¡rlyle y de Mill, d~ Taine y de· Rená.u, es la en fermedad de casi todos los maestros de la filosofía contern por:ínea.
Puul Bourget.

•

Toda pasión sincera es egoísta, lo mismo la pasión intelectual que otra cualquiera.
Paul Bourget.

•••

Mientras ya me dan pena
el oro y los diamantes
envidio esos instantes'
en que van, agachándose en la arena
á coger caracolea dos amantes.
'
¡Cuántas home felices y tranquila.a
pasará de tí enfrente
el que pueda vivir e~rnamente
asomado al balcón de tus pupilas!
CAMPOAMOB.

ti!na belleza italiana.

'ºº

�EL MUNDO

DOMINGO 14 DE FEBRERO DE 1897

eq·1(voco, el General nl'lnd\: ''¡SJamosprudentesl" ylaa
op •raciones si~uier0n adelante.
II ,cía veinte minutos por lo menos que registrabñ.mos
Perdido en el cen1 ro rle la cordillera inaccesible á los
las Psquina.i y los rincone~ del E:1tudio 1 sin éxito, cuan•
hombre!", rl vif'jo vulcJn era el @itio más propio pam cedo P•ltvín tuvo la idea de abrir un enorme armario.
lebrar el 11q1lt'iarn•. 8u enorme crater, apagado desde siEr.1, sombrío y hondo; adelanté el brazo que llevaba la
g\011, paree.a e11tn1r de nueyo en actividad, tan grande
luz y me eché pa.ra atr.ts estnpeíacto; un hombre est,aba
t'ra el rniito q111:: altí metían todl)s aquellos eeres fantást.i~
allí, un hombre vivo que me había mirado.
c1F. reunirlos t•11 npant&lt;si saturnal, con objeto de pracInme1iatamente volví á cerrar el armario con doble
ticar ú. favor de la claridad de la luna misterios hovuelta de llave, y tuvimos otr&lt;.) con...&lt;.ejo.
rrendos.
L'\S opinionef! estabao.. muy dividida&lt;;, Soriol q11erfa.
El conjunto del E&gt;specMculo era indeecriptible, digno
a.hu,nar al ladrón, Potvin quería reducirlo pnr el ham.•
del !neo pincel de Goya; una mast'arada eepeluznante en
bre, y yó propu"!e hacet volar el armario con pólvora.
que fignraOOn vieja1:1 desgrefiadas y lúbricas, al lad•• de
El \'Ot() de P&lt;.)tvin prevaleció, y mientras hach la
hermo.,¡as j.'&gt;Vetwi; en lascivas actitudes de bacantes. Feos
g·tar lia con st1 gnn fu3il, fuimos á. bn'3C 1r los restos del
gnomo!ó'I, barbudos v deformes, retozaban haciendo sonar
p ,nche y nuestras pipas. Luego nos instalamos delante
los ca."cabt-les de sÜs gorroii, en tanto que horribles bru•
U.e la puerta. cerrada y bebimos á la salud del prisionero.
jas, sentarlR.s en cuclillas al rededor de grandes calderos,
Al cabo de media hora Soriol dijo:
llenn-i de filtros y ht:bistmjos abominable@, atizaban las
"Xo importa, pero deseo mucbo verlo de cerca; ¿si nos
hognt&gt;rf!fl .con ~ns dedos flacos, ttrmados de largas uñas
apoderíramos de él por la fuerza?"
encon·adas. :Multitud de sabandijas, á las que se mezcla•
Grité: "Bravo," y cada uno se precipitó sobre sus ar•
han g:thipagos y culebra8, iban arrastrándose pQr entre
Ya el fuego ha muert-0 y• las tres hadas P.e aproximan mas. Ll puerta del armario fué abierta, y Soriol, armanlas pab\1 de monstruos e~trafalario~, parecidos á. los que al caldero; llenas de esperanza. Sacan rlf•l fon,lo al corn· do l'-U pistola que no eq-t;aba cargada, se lanzó el primero.
se ,·en en las g,írgolas de las catedrales góticas, sin que zón, ¡Oh, dolor! ¡está p('trificado! todos los fueg,&gt;s del in·
L~ seguimos aullando. E.3to fué un atropello tremendo
narlie !ó!e cuidase de ellos.
en la osculidad. Y después de cinco minutos de una Ju.
fierno no han podido ablandarlo.
El t-nrnnlto crecía por instantes con la llegada de nne•
Entonces con el pecho lleno de sollozns ~' cnnja,ln de cha estupenda, sacamos á. la luz una. clase de viejo ban
vos asistentes, ansiosos Je ocurrir al S:íbado. Los hechi• lágrima::i los p1rpados, alzan tambien el vnelo: y al lleg.lr dido, lleno de cana.91 a...qq_neroso y harapiento.
cerna y nigromantes volaban por los aires agitando sus á la ctÍspide del cráter, el primer rayo dd sol n·,ci,mte
Le ligamós los pies y las manos y le sentamos en un
negra.&lt;i. alas, semejantes á.enormes murciélagos, y las brn• puso en flUB negros cuerpos un reflejo sombrío como el de sillf,n.
jas cahalgaban sobre pa:os de escoba. En un extremo,
No abrió la br&gt;ca.
las perlas.
rodt'ado de sombraR, alz,íba.&lt;-e el trono rústico de S. M.
Entonces Soriol, penetrado de una borrachera solemRxc.,nno
FERXÁxm:z
GL".ARnr.~.
SaMn, el soberano todopoderoso, cuya silueta siniestra
ne, SP. di rigió á nosotros.
se destacaba indecisa en la penumbra, cubierta la cabe-\·amos á juzgará e~te miserable!.
za por un sombrero empenachado con plumas de gallo
Yo estaba en tal estado de embríaguéz que esta propo•
negro. A su lado estaba su compaíiera, la más joven y
siciím me pareció de lo má.s natural.
hermosa de las brujas, desnuda y coronada de flores sil•
Potvin fué encargado de presentar la defensa. y yo de
vestres.
SOFtener la acusación.
-¡Abracax, abraca:r., abrarax.'-gritó la bn1ja de pronto.
Fue condenado á mnerte por unanimidad de votos,
A eeta. voz todos enloquecen, y llenando el aire con
menos uno, el de su defen.3or.
aullidos frenéticos, se precipitan á adorar al soberano
-Yamos á ejecutarlo, dijo Soriol.
Su compañera le acaricia en medio de la a 1gazara gE&gt;nePero tuvo un escrúpulo:
ral. Hecbo esto comienza el banquete, inmunda orgía
Este hombre no debe morir p.rivad'l de los socorros de
ESCENA DE LA VIDA DE LOS ESTUDIUTES
en que todos se embriagan con un líquido infernal, á. la
la religión; hay que bu&lt;1car un sacerdote.
ll1z vacilante de las antorchas y de los cirios verdes que
Hice la objeción de que era muy tarde; entonces Sol'iol
El ladrón.
hlanden al~unasde las brujas. Todos se aman ein pudor.
me propuso desempefia.r e1 oficio y exbort6 al criminal
l'brios de vmo y de lujuria.-A l banquete sigue la danza;
I
para que se confesase conmigo.
-D~sde el momento que les dtgo que no me ,an mtelas manoe se unen, suenan las flautas y los tamboriles y
El hombre bacía como cinco minutos que meneaba los
todos µarten en una fadndula vertiginorn, vueltas las des á creer!
ojos con el mayor espanto y se preguntaba con quf clase
t·spaldas á SaMn que ee iergne fatídico en el centro, ba•
-}fo importa. ¡Cuenta hombrer
de seres tenía que habérselas. Entonces articuló con voz
-¡Bueno! Pero tengo obligación de m'\nifc-starleR que caverno!:a, quemada por el alcohol: «Ustedes bromean,
ii.ado su velludo cuerpo por el resplandor de· los fuegos,
por encima de los cnales van saltando los danzantes.
mi cuento ~s verídico en toda.~ sns partes, á. pesar de su sin duda!u Pero Soriol le arrodilló á. la fuerza y le dijo:
Llega despuéE:1 la hora de la misa negra y la bruja se inverosimilitud. S61o los estwlia.nte~ no extrañarán,
11Confiésate con este caballero; tu última hora ha soprosterna para que sus ancas sirvan de altar. Ln demo- principalmente los viejos, que han confJridn e:--ti\ época nadoh&gt;
nio se aproxima en adem,ín de oficiante á. consumar el en la cual no dejábamos el cultivo de la br0m:l aun en
Aterrado el viejo bribón se puso á. gritar~ uSocorro!•&gt;
i-acrilegio. La escena es terrible, pero de una belleza sal- las circunstanciR.s más gran!@.
con tal fuerza que tuvimos que ponerle una mordaza pa•
vaje que impone y sobrecoge. Un grito de alarma inte•
El viejo estudiante se puso á. cab:illo encima. de un ta- ra que no despertara al vecindario. Entúnces se revolcó
. rrumpe de improviso la siniestra burla; cesa el bullicio, burete y empezó:
por el euelo, tirando patadas y retorciéndose, derribando
al cmil sucede un momento de espectante ansiedad.
muebles y rompiendo cacharros. Alc.~bo de algunos moII
-¿Quién osa turbar esta fiesta?-pregunta Sati'ín con
Habíamos cen!)do en casa de Snrio1, hny mnerto. el mento3 Soriol 1 perdiendo la. pJ.cicncia, gritó: «Aeabevoz ronca y amenazadora.
más endiablado de todos nosotros. Era.,no~ tres no m.í.s: mOFI!,,
-Señor-responde Ariel, uno de los demonios favori• Soriol, Potvin y yo.
Y apuntando al misera ble, echado por tierra, apret.S
to~,-son t~s hadas negras que desean verte y probar el
Basta decir qne habíamos cenado en ca~'\ de Soriol pa- el gatillo de su pistola, el que cayó c Hl un ruido seco.
alcance de tu poder.
ra quecompt'f'ndan que est:.íbamo!:' ébrios. Pot,·in s..ílo ha. Arrastrado por el ejemplo tiré á. mi ve ✓.: mi fusil, que era
-Tráelas ,t mi presencia.
bfa conservado su juicio, algo turbado pero lúcido toda.• de eslabón, brotó una chispa que mes ,rpri:mdió.
Desaparece Ariel y vueh'e luego con lais tres had11.s que vfn.. ¡Eramos jóvenes en aquel tiempo!
Entonces Potvin pronunció con svleurnidad estas p:1tiemblan de pavor it la vista de cosas. t.an horribles. Ro•
Recost,ados sobre alfombras, disentíamos locamente en labras:
c,¿Tenemos el derech.o de m'\tar á este hombre?,)
dean las gentiles, elfos y gnomos, codiciosos de su be• el pequeñ'l cuarto que daba al estudio.
lleza.
Soriol, estupefacto, contestó: «¡D~sd&lt;J ol momento que
Soriol, de espaldas en el snelo, las nierna~ en nna Rilla,
-J.Quién sois y que pretendéis de mí't-interrogó Satán. hablaba de campaffas, pintabn lns nniformPfi del primer le hemos condenado :í. mnerte!,i
Pero Potvin replicó: 11No se fusilan Jo:, civiles; este de•
-Poderoso monarca de las sombras-re2ponde una de imperio, Y de reoente, lE'lvanMnrlose, descolJ:(l nn uniforellas, la más hermosa,-venos aqui postradas á. tus plantas, me completo de húear del gnmrle arruario dondP. colee. be ser entregado al verd.ugo 1 cond1JZC.Í.1umilo i.t la C.Omisa.en demanda. de una gracia qne no hemos podido obtener rionaba los desnojoR de lo!i ejércitos pasadnq y se lo puso. rfa de Policia.n
El argumento nos pareció conchiyente.
de ninguno de los misterioso3 espíritus del mundo. Pero Luego obligó á Potvin li. vestirse de gÑ\n!\dPro, v como
Levanté al hornbrt!, y como no t&gt;odia caminar, le colotú, cuyo poder es infinito y para cuya volunt..a.d no existen este f'IP, resistía, lo agarntmo!il. y desonés de haherlo &lt;lesobstáculos, has de lograrlo si te mueve á compasión nues• nndado. ]P. encajamos un vestido enorme, en el cual que• qué sobre una tabla de dibujo, sólidamente amarrado y
me lo llevó con la ayuda de Potvin, mientras que Sori~l
tm desgracia. Somos hermanas la tres, nacidas en un dó hundido.
armado hast.'\ los dientes cerraba la ru lr .;ha.
'
mismo día y de uns. misma madre; y aunque ahora ves
Yo mismo me vestí de coracero. v Soriol nO!i hi?.o eje•
Enfrente de la guardia el centinela n')s d&lt;:?tuvo.
nuestros cuerpos negros como el azabache, éramos al na- cutar maninbras v ejercicios cnmolicados. Luego hizoesEl comisario llamado nos reconoció, y com l cada día
cer más blancas que los :pardos. De cien leguas á. la re- t,a nroposición: nYa que eRtamos vestidos como veteranos,
era testigo de nuestras bromas, d1~ nue3trns t&gt;X ;entricida•
donda venían gentes á conocernos, tanta era la fama que bebamos como vetern.noR!•i
.
cundía de nuestra gentileza. Esta fué la causa de la des·
Al efecto, un ponche fué prepararlo v behido. y lneg-o des, de nu~~tros inventos increíbles, se ri.i y rehusó
gracia que nos aflige, porque una hada muy poderosa, ene• por segunda vez la llama ardió sobre la palangana llena nuestro prtstonero.
Soriol insiHtió: entonces el centinela nos ordenó con
miga y rival de nuestra madre, resolvió vengarse de ella, de ron.
severidad
volviéramos á. nuestra casa sin promover esdestruyendo lo que era su mayor orgullo: la singular
De repente Potvin. que qnedab~. ii. peAard"I toilo, duP.hermosura de sus hijas. Vanos fueran todos los cuidados f'io de sí. nos hizo callar: y después de un silencio de al• cándalo.
Nuestra tropa se puso en marcha y volvió .í la sala de
y tiernas solicitudes que se emplearon para sustraernos Jr11noR segnndos, diio á media voz: 11¡Estoyseguro que hay
estudio.
de la maldad de la rencorosa enemiJVl. Un d!a se le pre- a.hmiPn en Pl eflt.nrl.io.u
Pregunté: «¿Q"Jé hacemos del preso?,&gt;
sentó la ocasión que tanto deseaba. Dormía nuestra ma•
Soriol flP ]PvantA como r,nilo y gritó:
Potvin 1 enternecido, aseguró que el p'"&gt;bre hombre dedre sobre la hierba fresca á orillas de un río y nosotras
)):Un
hu'lr6n!
¡QuP
s11ert.P!1•
b(a estar muy cansad): en realidad p1.r~cía a, 1niza.udo
flotábamos sobre una cuna de hojas de nelumbo. eseonY
siguió entonando La Jfarscll,wr.
asíligado, amordazado, a.marrado sobre la tabl:t.
'
d1da en medio de los juncos, cuando sobrevino el hada.
Al amparo del traidor silencio con que se fué aproximan•
l\Ie agobió tambié-n á mi vez, una Lifltima inmensa de
"Aux armes cltorcns!''
do, burló la vigilancia de nuestra madre, la cual no pud'l
borracho, y quitándole la mordaza le 1Jregu11t~;: "l Y cómo
impedir que nos cubriera con un pérfido velo que poseía
Tom6 armas de una panoplia pegada de la pared y nos te va, mi pobre viejo?»
Gimió: 1(Basta. por la. Virgenfo
la virtud de ennegrecer la más cabal blancura. Todos los arm6. ~Pgtln nuestros uniformef.l.
médicos han sido agotados para destruir el maleficio. Los
Entonces S ,riol se volvió paternal; le solt ·1 det&lt;)d 1s la,
Rt&gt;eibí 1,n mosquete- ,. nn sable. Potvin nn · gig,nt.eRco
hábiles encantamientos han fracasado ante su misterioso fnRil con bayone-ta. v Roriol. no encontrando la. qne ne- li~uras., le hi~o sentar1 le tuteó, ypJ.ra. repor1erlo, nos
poder; negras nos hemos queda.do y negras seguiremos cesitab~., se apodPr6 dP una ni~tola. de genrla.rmerfa que pusimos inm~d1atamente á preparar un no ivo ponche.
siendo si tú no lo remedias. Oh, Satán, señor omnipoten- ene:ancho en su cinturón y de una hacha de aborda3e que
El ladrón so3~g1du en su sillón, nos mirab·~. C,rn.ndo el
te de las tinieblas, sé generoso, compadécete de nosotras, a~taba encima d_e su cabeza.
líquido estu\'O á. punto, le alargamos una cop.l y bebimos
y devuélvenos nuestra piel de lirio.
á su salud.
tnPe:O abrió con precaución la. pw•rta del estudio y el
-Accedo á vuestros megos-replicó Satán, y vólvién- ejPrcito entró en el territorio sospechoso.
El preso b~hió tanto como un regimiento, pero como
dose al concurso, añadió con acento imperioso.
Cnando ostnvimoa en la inmPnsR oieza.. nbst,n1ida. &lt;le empe~~ba 1í amanecer, se lev:a~tó y con un aire muy for-Acudid á. -mi voz, negros espíritus de las sombras, cuadros enormeR, de mnebles, de objetos extraños é im• mal d1Jo: ((}!fo veo en la preclSlón de dejaros, porque ten•
bFnjas y hechiceros, gnomos, elfos y lutinos. Obedeced pn:-vistw, ~riol noR dijo:
go que volverá. casa.n
lo q 1e- o~ mnndo. Juntad vuestra ciencia infernal y preXos qnedamos muy afligidos· quisimos detenerlo r.n
")Ie nom hro á. mi mi8mO General. Formnmos Consejo
pa1·.nl uu nitro que á estas hadas devuelva su blancura.
de guerra. ~lÍ, lns rorn,.t&gt;ros, te vas á cort,ar la retirada al poco mis, pero so ex~us0 con C,mot::3Ía.
A este llamamiento del amo1 todos se aproximan en ac- enem:ig-o; es decir. á dar una vuelta á. la llave de la puerEntonces nos apretamos las mano.:1 y Soriol lo n,.ln 'llbró
titud humilde.
con la vela ham.a. el zaguán, gritando al último: ((¡cuiJ.ado
ta: tú, l1JA grn.naderos, vas á servirme de escolta."
-Señor, exclama una bruja. centenaria, horrible v des•
Ejecut:.P el movimiento ordenado, y luego me junté con con el paso de la puerta!n
dentada, el filtro que ha de obrar esa maravilla yo lo .co• _ el !JT'lll80 del ejército que efectuaba un reconocimiento.
IU
nozco, más para hacerlo, se necesitan, entre otras, dos
En el momento que iba á meterme detrás de un gran
Nos reíamos á carcajadas al rededor del autor del cuen•
co~as indispensables: la sangre de un ·recien naciJ.o y el hiombo. estalló un ruido .furin~o. "'fe- Ahnlnnr:o'i llPvAnd"I oo. Se levantó, encendió su cachimba y alladió p!antán·
car.1.1.ón·de un a.varo.
1:1iempre la vela en la mano. Potl;'in arnbaha. deatravesa'r dose enfrente de todos nosotros:
-Yen aquí, Puck-llamó SaMn 1 -t6 1 el más listo de rle un J?"Olpe de bayoneta el pecho dP un m~niquí, al cual
lt
lo mejor de todo es que mi historia es la pura ver•
mis demonios, parte en el acto y traenos lo que esta vie· Roriol descalabraba la cabeza á hachazos. Reconocido el dad. 11
GuY DE MAUPAs.,;;A:-iT.
LAS HADAS NE;GRAS

jn pi te. R')ba IS la madre fe}i,1; sn tierno hijo y r;15&gt;g-1. con
tu puñal el duro pecho del aviH'ü.
Puck, desnparece en una espiral do hnmo. Ante 0 &lt;le un
cuarto de honl vuelve triunfante co11 lo pt'did,1. E 1ton·
ces la vieja prepara los ingwdientes y pronnnci:\ Jo .. conjnros. DdSpués lo echa todo en un caldero y rl•vuulv~ los
tizones para cocinar el .brevajri, m t~culll'l.n lo form \~ cabalístiCM. Brilla la lnmbre y ,co:nienza de nnu,·o Id. ronda infernal en torno de la hoguera. CJ.da vez son má:3
violenta, la.&lt;; llamar11.das; pinos enteros se retuPrcen con
e-stallidos lúgnbres, y la vieja no cesa. dd ntiim.r el fuego.
El cr.l.ter tiembla. de placer como renaciendo!'. nna. 1111ev;\
vida; los diablos mismos admir;m la inten~itlad dt!l in•
cendio y es milagro que no se fundJ. el cahll:lro, que ya
está casi blanco.
-¡El alba, el alba!-exclaman varias D"OCes, y por encanto desaparecen todos. L!\ vieja, ya montada en su escoba. les grita desde muy alt.o:
-Si el corazón del &amp;\'aro ee ha ablandado, el filt.ro es
bueno, y beb.éndole, re~obraréis \'Uestra blancura.

••

4

r

LA.SFRESAS

I
Una mailana de Junio, al abrir las ventanas recibí en
-el rostro una ráfaga de aire fn:-sco. Durante la noche había estallado una violenta tempestad y el cielo azul pa•
recfa·renovado y embellecido tras la furia de la to1•
menta.
Loa techos y los árboles estaban mojados todavía por
la lluvia, y de los jardines inmedia.t.os se exhalaba un
marcado olor á. tierra húmeda.
Vamos, Ninon, exclamé en tono alegre, ponte el sombrero. hija mía.
Ninon batió palmas y acabó de vestirse en diez minu•
tos1 lo cual es muy meritorio, tratándose de nna coqueta.
de veinte afios.
II
¡Cuántos enamorados han paseado eus amores por
aquellos bosques!
Son allí interminables los senderos, y la tierra está cubierta de una alfombra de finísima hierba, sobre la cual
el sol, penetrando por el follaje, lanza vivísimos reflejos
de oro.
Y hay caminos estrechos y sombríos eu los cuales es
preciso estrecharse al pasar, uno contra otro.
Ninon, que había abandonado mi brazo, corría como
una cervatilla, muy satisfecha al sentir en sus tobillos el
cosquilleo de la hierva. Luego volvía ámi lado y se col•
gaba de uno de mis hombros, fatigada y cariñosa.
El bosque se extendía como un mar mfi.nito en el que
se agit.aba un inmenso oleaje de verdor.
-¡ Fresas! ¡Fresas!. .. exclamó Ni non saltando una zan·
ja como una cabra fugitiva y registrando la espesura.

III
Pero no eran fresas, sino fresales Jo que había visto.
Ninon, sin miedo á los insectos, por los que tanto ho•
rror sentia1 paseaba sus manos por entre la hierva, levantando todas la.e hojas y desesperada por no encontrar
en parte alguna el fruto apetecido:
-¡Se nos han adelantado!~jo haciendo un mohín de
despecho.-Busquemos bien y encontraremos algo.
Y nos pusimos á. buscar con una conciencia inrreprochable.
Con el cuerpo inclinado, el cuello extendido y los ojos
fijos en el suelo, íbamos andando despacito, sin proferir
ni una palabra' y olvidados del bosque1 de la sombra, del
silencio y del camino que recorríamos.
No pensábamos más que en fresas.
Recorrímos así más de una legua, encorvados y diva•
gando de izquierda á derecha. Pero no se veía en parte
alguna ni una sola fresa.

IV
Habíamos llegado á un ancho talud sobre el cual caía
de plano el sol. Ninón se acercó á. el, resuelta á. cesar en
sus investigaciones, cuando de pronto lanzó un agudo
grito. Acudí asustado, crey~ndo que se había herido, y la
encontré sentada en el suelo.
-Mira-me dijo sefialándome con el dedounadiminu•
ta fresa del tamaño de un guisante y madura por un só~
Jo lado-cógela.
-No-le contesté sentándome junto á ella-tú la has
encontrado y tú debes cogerla.
-No cógela tú.
Tanto y también me defendí, que Ninón se resolvió á
cortar el tallo con sus uíias. Sin embargo~ después surgió
una nueva dificultad cuando se trató de aecidir cuál de
los dos se comería aquella fresa que tanto nos había cos•
tado encontrar.
Ninón quería que fuese yo el elegido¡ pero me resistí
con entereza. Luego, de concesión, acordamos partir la
fresa en dos.
Ninón se la puso en los labios y me dijo sonrriente:
-Vamos, t6ma tu parte.

111

Así lo hice sin saber á punto fijo si la fresa fué partida
fraternalmen'te. Tampoco sé si llegué á. saborear el delica•
do frllto, por lo bien que me supo la miel del beso de
Ninón.
V
El talud estaba cubierto de fresales pero de freeales de
verdad, la cosecha fué abundante. HS.:bíamos puesto en
el suelo un pañuelo blanco, jurándonos solemnemente
depositar en él toda la fruta, sin probar de ella m un só•
lo bocado~
Después de terminada nuestra. tarea, nos dedicamos á.
buscar un sitio apropósito para almorzar y á. p0cos pasos
de distancia descubrí un precioso nido de ho1arasca.
Dejé el pañuelo en tierra y nos pusimos á admirar la
belleza del paisaje.
Xinón me contemplaba con ojos centellantes, y al ver
reflejado mi carifio en mi mirada, se inclinó hacia mí,
.tendiéndome sus manos con un ademán de adorable
abandono.
El sol brillaba en todo su explendor sobre el follaje,
lanzando reflejos de oro á. nuestros piéa.
Almorzamos al fin; pero cuando buscamos las fresas
para comérnoslas, notamos con gran eetupor que nos ha•
bíamos sentado precisamente sobre el pañuelo que las
contenía.
EMILIO Zou. .

El desprecio es el recurso del os paruenu.R, de los preten·
siosos, de los feos iraciosos y de los tontos; la máscara
bajo la cual se abriga la nulidad y algunas veces la vileza, y que dispensa de todo talento, juicio y bondad.
A.Li,-o:sso

DAUDEJ'.

LAS TRES HA.DAS

Todas las hada~ habfanse reunido alrededor de la
cuna ..... .
. El padre y la madre escuchaban enternecidos y silenciosos.
-Nin.o-dijo una de ellas-tú serás apuesto, hermoso,
gallardo. ¡t-;erás héroe! Cefl.irá tu frente doble corona de
oro y laurel. A tu presencia estallará en _entusiasmo la
multitud. Innumerables admiradores seguid.u el carro
de tus triunfos. Harás reír y llorar, provocarás en el af•
ma de los pueblos ya la ternura, ya el espanto. Desga•
rrarán los poetas sus perlas á tus pies. Acordarán los
mtlsicos sus lires para cantar tus alabanzas. Serás amado por cien heroínas ......... El pw1al y el veneno no po·
drán nada contra tí; tu renombre salvará Océano y mon•
tañas .
La madre cayó de rodillas dando gracias á las hadas;
pero la puerta abrióse de pronto y apareció el hada de las
glorias eternas.
-No puedo-dijo-compartir ese agradecimiento. )le
habéis Olvidado, y en castigo, he aquí mi predicción:
Las coronas de oro serán de cartón; reirá, amará, llorará.¡ pero á voluntad de otro. Los que le aclamen, rehusarán luego su íntima estimación. El pueblo, del cual
será ídolo, lo romped un día en cien pedazos ó lo encadenará al carro del nuevo triunfador. Las coronas ele
laurel SP cambiarán en coronas de siemprevivas, y morint en el olvido y pasará. sin deJar huella.
-¿Qué será entonces mi hijo?-gritóel padre aterrado.
-8erá cómico.
Pero el hada de la muerte se apreeuró á exclamar
-'No te importe. niño infeliz; yo t;e vengaré ... ... Des•
pués de tu muerte yo me valdré de tu recuerdo para ha.•
cer difíciles los Primeros p_asos de cualquier otro artieta.
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Es un mar de pizarra, con una multitud de florecimientos de nieve¡ es un mar gris oscuro, en mil puntos
en donde estallan copos de espuma,
Chente Quiroz me llamó poeta niílo.
No me subleva el adjetivo. Victor Hugoda ese nombre
al formidable ancianQ Homero.
Pero en el Océano me siento·· nifio. Siento siempre
aquella primera impresión de las potentes aguas inmen•
sas. Siento io q'Q,e tan admirabiemente expresó Pierre
LotL Me miró chico y pobre ante tanta grandeza y tan•
ta riqueza. Una onda me canta la Pterna canción de la
espersnza1 y otra me repite la salmodia misteriosa de la
muerte.
Me acuerdo de los tristes poetas, de los p,ílidos soñadores. Me acuerdo de los que van sobre el mar 1 de los
que tienen su pensamiento y su corazón expuest.os á los
golpes del ala de la tempestad ..... .
Allá va una nube. ¿A dónde va? Es caprichosa como
una mujer. Son tres hermanas: la mujer, la onda y la
nube. A la primera la increpó el Padre Eterno; á. la sesegunda el poeta Shakespeare. La tercera, es la polifonne
errabunda de la región azul.
Se mueve como el corazón esta gran miíquioaque arras•
tra el navío. Es un organismo esta casa flotante. Tiene
aorta, nervios, pulmones: yalláenloalto del mástil, la
bandera de las estrellas, la bandera dela Libertad.
¡Bendito ~eael Dios de los errantes, la Providencia de
los viajeros!
¡Bendito sea El que manda it Tobías el arcángel, á Colón los líquenes de América, á Dante la soberana figura
del dulce Virgilio!
RUBÉN DABfr;,.

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LAIT ANTtPBÉ.LJQIJI: -

LA LECHE ANTEFÉL
pura 6

mezclada con aguil,

dial

PECAS, LEN'TEJAS,TEZABOLE
SARPULLIDOS, TEZ BARBOS
A.fl,B.UGA.B PRECOCES

EFLORESCENCU.B
ROJECES
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Industria Nacional.--Vistas de algunos departamentos de la Gran Destilería de Alcoholes ••La Casa Colorada."

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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Industria Nacional.--Vistas de algunos departamentos de la Gran Destilería de Alcoholes ••La Casa Colorada."

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§
6--

•

�EL MUNDO

114

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.
TelHono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se re1acion.e con 1 la Reiacción, debe ser dirigida al
• Director, Lic. R.af"ael Reyes Spindola.
Toda 'la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
.
Gerente, Lle. Fausto Moguel.
La subscripción á EL MUNDO vale $1.2ó centavos al
JIJ4:?B, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos, 50 centavos.
Avisos: á. razón de $30 plana por cada publicación.
T o do pag o debe ser precisamente adelantado.
. RÉGIBI'RADO COMO ARTÍCUW DE SEGUNDA CLASE.
~~~

tto-ta, ellitttrhtle,.
fa alimentación g d trabajo.
Se ha puesto en esto~ días al debate un viejo tema,
siempre de interés pSlpitante: la escasa alimentación de
nuestras clases populares. Reveladoras estadf.sticas han
demostrado que existe un desnivel notable entre la suma de sustancias nutritivas de que dispone la población
de la Repóblica y el esfuerzo reclamado de un pueblo
q•e pretende alcanzar un cierto grado superior en el desarrollo de su riquez:.. póblica.
Los pueblos trabajadores son losqµe poseen una nutrición completa y el nuestro no se encuentra en este caso.
Así, para no referirnos sino á la ciudad de México, vemos que el consumo de carne no 11ega á, cinco onzas por
habitante, promedio muy lejos de ser satisfactorio.
Observaciones prácticás hechas en las fábricas, han
comprobado que el obrero que mayor cantidad de labor
arroja es el mejor alimentadQ, y que así como en algunas
naciones del viejo mundo hay una relaC'-ión constante entre el precio del trigo y el número de defunciones, de
igual modo existe un enlace de causa á efecto entre la nutrición y el trabajo.
Este problema de la poca energía del trabajo nacional
será una de las rémoras con que ha de tropezar siempre
nuestro problema econórilico. Necesitamos fortificar esta
red de nervios lacios de nuestro organismo social.·
Es hecho que llama la atención de los modernos sociólogos cómo el trab.:i.jo de ciertos pueblos y de ciertas razas ofrecía proporción superior en el periodo de la esclavitud que en la époM moderna d9 la libartad de las contrataciones. El pueblo.que const.ruyú las pirámides yace .~n un sopor de eiglo:3, no siendo ya estimulado por el
látigo.de los faraonee.
As·usta verdaderamente la magnitud de tal obra, cuando se piensa de que dos mil hombres fueron empleados
durante tres años eti trasportar una sola"piedra de E lefanfantina á Sais (Herod.oto), y que paraedificaruna pirámide fué necesario el esfuerzo de 360, 000 hombres en el espacio de 20 años (Diódoro de Sicilia ).
Pero en aquellos tiempos el trabajo humano era derrochado insustancialmente, con locas prodigalidades; mientras que en la época moderna, cada unidad humana es
economizada prq.dentemente. El hombre se ahorra la
actividad vital no se desparrama en disparatadas em~resas. Cada existencia tiene su c,uenta corriente abierta én
las fuerzas activas de la creación, y la suma anotada en
el Haber de sus funciones musculares ó intelectuales, tiene su contrapartida en el Debe de la reparación de las
fuerzas perdidas en ·l a tarea general.
Lo que el trabajo impuesto arrojaba con estériles .mcrificios de vidas, la civilización lo realiza en virtud de
la ley de _la economía de la naturateza, que quiere que
las espe~1es no puedan desempeñar las funciones que les
están asignadas, síno bajo la condición de conservarse y
multiplicarse, según una frase de Molinari.
En tanto que una reparación vigorosa no fortifique la
extrema debilidad fisiológica de nuestras clases ¡ n ferio•
res-es decir: en tanto que la alimentación sea como has•
ta hoy deficiente-la total adición del trabajo de la Re~ública, se arrastrará penosamente aplastada, á semeJanza de las víctimas fanáticas del Indostán por el carro
del ídolo deJagrehnat, por el p_oderoso motor de nuestro
progreso.

1~

1
1

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fas nlarioncs rnmcrrialrs mire .ffiffiro q Jog
l!tslabog Hnibos.
Ya se han iniciado en la vecina Rep_ú blica las reformas arancelarias que el triunfo dél partido proteccionista habría necesariamente de traer consigo. Hasta ahora
las dos cuotas que de algún modo pueden afectar á nues•

tra producción nacional, eon laR que se se refieren á las
frutas y elganado. En cambio, los nuevos derechos que
se anuncian á los minerales no harían otra cosa @ino
alentará los industriales americanos dispuestos á fiiar su
residencia en nuestro país.
Como hemos dicho ya en otra ocasión, al prepararse la
lucha electoral en los Estados Unidos, la situación de
M€xico es bastante ventajosa "()ara ser influenciada por el
triunfo de cualquiera de los dos partidos que se disputaron el poder, y no es hacia este lado ciertamente por
donde se descubre peligro alguno para nuestras finanzas
nacionales.
Se ha hecho observar en estos días que la tarifa Mac
Kinley, vigente en 189t, no afectó al tráfico entre los dos
países, y solamente &lt;lió por resultado la creación de industrias nuevas, que han aumentado por notable modo
la suma de nuestra rique1a pública.
En la tarifa americanade 1891 quedaron libres de derechos los siguientes productos de exportación mexicana
á los Estados Unidos: café", henequén, cueros, fibra y hu•
les, que forman la base de nueftros envíos á la República del Norte. ¿~fodificará el actual Presidente su &amp;nterior políticaeconómica?
A juzgar por las reformas que nos anuncia la prensa del
otro lado del Bravo, el movimiento proteccionista será
detenido en sus avances por laopínión popular que en la
última campaña del sistema se mostró muy descontenta
por el enorme aumento que habían sufrido las mercan•
cías destinadas á satisfacer las primeras necesidades. No
es de ~reerse, por este motivo, que la administración que
debe inaugurar sus funciones el mes de Mar¿o próximo,
extreme la nota de.su programa fiscal.
Por otra parte, el sostenimiento del talón oro, seguirá
proporcionando á nuestros exportadores una buena pri ma-suerte de proteccionismo creado por los países que
han adoptado el metal amarillo-en favor de los Estados
de moneda de plata.
Las próxiroas sesiones del Congreso Americano nos dirán ¿entro de breve espacio de tiempo, si nos equivocamos.

lllttlítica &lt;Thtneral.
RESUMEN.-La r evol u c lón d e Creta. -lmpaci enc ia d e
los cristian o s y c rueldades de l o s t u r cos.-Et Rey
J o rge y sus nobles am b i ci ones. -La paz e urope a y
las disidenci as de l o s g a bin etes. -Pri ncipi os del
fin en el Imper io Otoman o . -Concl usi6n .

Pacieatemente esperaron los habitantes cristianos de
la isla de Creta las prometidas reformas que las potencias
europeas habían impuesto á la Sublime Puerta, para hacer cesar el estado de excitación y de anarquía en que por
largos meses se agitaron el año pasado. Las hondas heri•
das que abrió la cimitarra musulmana se iban cicatrizando; los pechos se dilataban con la risueña esperanza de
mejores díM-; la,g madres sin ventura secaban el llanto de
SUB ojos, y todos sonreían al halago de un hermoso porveQ.ir, libre de sombras y salpicado de arreboles, aunque
fuera bajo el yugo otomano que no habían logrado sacudir, pero que haría mis suave el manifiesto amparo de los
árbitros de Europa.
¡Vana ilusión é inútil esperanza! En medio de la gene ral espectación queansía el remedio á los males tradicionales que aqui:!jan á 103 súbrlitos cristianos del Sultá.n,
estalla un u nevo motín, forjado probablemente en las antesalas de palacio, ó engendrado en el tenebroso corazón
d"el tres veces pérfido Abdul-H::i.mid, y la sangre vuelve
á correr á torrentes, y el fanat.ismo turco y la crueldad
salva.e de la soldadesca vuelven :i regar de· cadáveres las
calles de Canea, y la infeliz Creta se retuerce en las convulsiones del martirio á que la sujetan sus infames verdugos.
¿A. dónde volver los angustiados ojos, si la civilización
cristiana permanece indiferente y muda ante esas escenas de horror y de matan?.a? ¿:í quién pedir auxilio cuan•
do se ha visto que no bastan 1as manifestaciones platónicas ni las protestas pacificas, para desarmar el br.1zo del
fiero otomano que hiere de muerte al infeliz arm enio?
¿dónde encontrar '.\mparo contra las hordas desenc.ide nadas de fanáticos que no conocen freno ni obedecen au .
toridad, ó son el ciego instrumento de los que mandan? ..... .

La sangre helénica hierve y acude "por sus fueros, los'
cretenses se levantan en armas contra sus enemia-os devuelven golpe por golpe, :t su-3 inícuos opresores, ºy fa' isla arde presa de general conflagración .

DOMINGO

21

OE FEBRERO DE 1897

Desde la cumbre del monte Ida, tumba ciclópea del di..
vino Hércules, se descubren las playa9 del Peloponeso,
se alcanzan á ver las costas griegas, y allí se agitan bra-zos fratefnales preparados á recibirlos; la insurrección
estalla, se proclama la indo?pendencia del dominio turco,
y en los campos y en las ciudades se habla de anexión al •
reino de los helenos. El rey Jorge ha escuchado sus clamores: lo que no han podido las grandes naciones que •
tienen la omnipotencia de la foerza, porqne el odio las
a.parta, y las rivalidades las dividen y los recelos las .
alejan, lo hace eJ soberano de un pa(s pequeño, lo inteii·
ta un príncipe que no ha mucho congregaba á loa pueblos•
para rocordar las glorias·inmarcesibles del eterno helenismo, por más que comprenda que la vida autonómica
de su reino depende de la magnanimidad de los poderosos, y apoya abierta y dtcididamente á los insurrectos •
cretenses, tratando de engarzar un nuevo y ,brillante
florón en su corona.

•••

Mas ¡ay! que si en su noble ambición e1 rey de Grecia se lanza á nuevM y atrevidas aventuras; no ve el abis•
moque se abre á sus pies; no ve que puede dar ocasión,,
á la temida guerra continental, y que al arrancar el primer gir6n del suelo otomano, amenazado de próximo é
inevitable repartimiento, despierta codicias dormidas,
"Oncupiscencias ocultas, que han. de oponerse á sus designios; pues ni se han puesto de acuerdo antes para el
descuartizamiento del suelo turco, nis~ han consul'tadolos intereses de los poderosos, pendientes de solución en
el viejo conflicto oriental, semillero d~ discordias y locode z~zobras continu.:1.s para loe gabinetes euro~oe.
Es verJa-l que Grecia parece alentada por _la Gran
Bretaña, y que no se puede comprender que so1a y aislada, contando con sus débiles escasas fuerzas, se atre- ·
viera por sí misma á intentar lo que ha menester del con curso de t0dos para lograrlo; es cierto que debe poseer·
algún fuerte apoyo para pretender romper á viva fuerza.
el tratado de B.~rlín que garantiza la integridad de Turquía; pero no ha ba.stado ese apoyo oculto ni esa simpatía manifiesta.
Si el golpe de audacia no ha llegado hasta el extremode provocar abierta guerra entre el reino helénico y el
imperio caduco de los Califas, es porque á tiempo las potencias han tomado pose'3ión de las ciudades principales,.
mientras las tropas enviadas por el rey Jorge desembar-caban y se apoderaban d-" los campos de Creta. Hubieran,
dejado á los contendientes abandonados á sus impulsos.
y ya la Tesalia hubiera sido invadida, pero también loaEstados Balcánicos, prestos ,t sacudir el yugo musulmán,
se hubieran levantado en armas y habrían dado nuevo
motivo-y ocasión a.l general di:3turbio.

•••

La revolución cretense viene á poner una vez tná.s demanifiesto, no las crueldades legendarias y pro~erbialesde1 Sultán, no su perfidia y mala fe de todos conocida, no _
sus maquinaciones torpes y sus astucias groseras para esquivar sus compromisos, si no l"a dificultad invenciblelas más veces que hay para que se pongan de acuerdo las
naciones poderosas del continente europeo1 siquier se trate de volver por los fueros de la civilización cristiana, villanamente hollado:. por los turcos, ó de apresurar la hora en que deaaparezca del mapa esa mancha que se llama.
el otomano Imperio, baldón infamante de la moderna
cultura.
Por un momento pudo creere-e que la chispa que brotaba en Creta, y que atizaba abiertamente Grecia y á hurtadillas como siempre la Gran Bretaña, incendiaría la
Europa en llama abrasadora, y al fin presenciaríamos Ja.
temida guerra _continental anunciada para la primavera
del pre~ente ano. Af?rtnnadamente para la cauea de la.
humamdad no ha ~ido así, y el sólo hecho de haberseabrogado las P?t.E:ncias el derecho de resol;ver el contlicto,
coa el consent1~uento del gobierno turco que se deja lle-var por su fatahsmo mahometano, es 1;1renda segura de·
paz.
Ya se habla de autonomfa concedida á Creta por unos,
ya se murmura "le aceptación de hechos consumados á ,
pesar de que aun no se llevan á cabo; ya se sabe de p~otesta~. de Inglaterra oponiéndose al bloqoeo de los puertos griegos que proponía Alemania, y al fin sucetlerd que
contra todos lo_'!! t~ados, com9 la RumelÍa Oriental se-s~gó hace diez ano.11 para um_rae al principado de Bulgaria, tendrá:n al fin q1;1e sancionar lo¡ signatarios del1
pacto de Berlrn la aneXLón de Creta al reino helénico.
:Un paso_ más Y~ COfflmma el anhelado desmembram1~nto, s1 Francia. acepta la ocupación británica del·
Egipto, :y no_ hay q111e1:1 se oponga á que el estandarte dell
ágmla b1cíp1_te de Rusia flote orguUoao , sobre la BasHi.ca..
de Santa Soha.
X.X. X.
18 de Febrero de 189,.

EL IDEAL DE LA MUJER EN LOS DIVERSOS PUEBLOS

Según el clima, la raza, la educación y las constituciones de cada pueblo, la mujer se forma del hombre un
ideal diferente y lo acaricia é incuba, hasta que puede 6
-oree poder realizarlo. Ama ó aborrece, se entrega ó des•
defia, se casa ó se condena al celibato, según que encuentra al paso ese tipo supremo, que en sus ensueños se ha
forjado, ó que no tropieza sino con adoradores que chocan con él ó lo contradicen.
La mujer americana es el más viril de todos los tipos
íemeninos. Sedienta de libertad é independencia¡ refractaria á las esclavitudes del hogar; anhelante de los dereGhos y funciones políticas; tendenciosa al trabajo persona.} y al ejercicio de lM profesiones que el hombre ha
querido reservarse; su idea es análoga á. los ideales masculinos, SUB aspiraciones, las aspiraciones de hombres; sus
prefe..-enc!as, las preferencias varoniles. De ahí que profefi!6 el culto de la fuerza y del éxito; de la fuerza económica representada por la riqueza, de la política representada
por la posición social; de la fuerza física, representada
por la estatura a1&lt;entajada, 1a estructura atlética, la salud y la exhuberancia de la vida en general y del trabajo
en particular. Pocas mujeres como la americana, gozarán
con ios espectáculos atléticos y los ejercicioi exportivos;
pocas también se alucinarán á. ~nto extremo con los
títulos nobiliarios y académicos ó militares y con 1as condecoraciones de sus pretendientes, manifestaciones todas de fuerza personaló social, más ó menos real. Una
caricatura típica representa á una millonaria yankee en
busca de m_arído. ¿Qué le exige? ¿amor? ¿virtudes? ¿sumisión? ¿ternura? ¿b!;!lleza? No¡ le exige una proeza, un
tour de force, una hazaii.a especial. Los pretendientes ponen manos ,t la obra: el uno inventa la navegación aérea,
el otro un buque submarino, el de más allá. da la vuelta
al mundo en cuatro pies. La divina yankee no se muestra eatisfecha, é imponeú como condición ltirna paracon~
ceder su mano, el obtener pronto y bien la comunicación en el teléfono. Los heroicos aspirantes se retiran
desalentados ante el imposible que de ellos se exige. A
parte de la fisga á Jas sefioritas de la Oficina Central, la
caticattira pinta todo un estado de alma y todo un fondo
de carácter. Para conquistará una americana, es neceeario ser alto, robusto, colorado, sano; es preciso además
ostentar un título nobiliario 6 social¡ ser mayor cuando
menos, ya que no conde ó marqués; es iadiepensable invocar una hazaña cualquiera, un ayuno de cuarenta. días,
un viaje al polo, un golpe de bolsa, una función pública
elevada. Y ;ay de aquel que se arroje á sus pies palido,
moribundo, extenuado.de amor! puede estar cierto de ser
desairado y basta deepediio. Más probabilidades tienen
de éxito Fitzsymonds, auDque burdo, 6 Roberto Lee,
aunque ancian"O, que todos los Romeos y todos los llarius
de la tierra. Esto no impide que sean las esposas más
fieles y abnegadas que pueden darse.
La mujer inglesa, como tambien el inglés, buscan ante
todo y sobre todo la corrección. Una juventud arreglada,
u.na vida laboriosa y metodizada, la consagración de la
existencia á un fin'noble y útil, modales y continentes
irreprochables, tales son las dotes que e:x:ije á su esposo
y tales las cualidades que impone á sus pretendientes.
Los espasmos, las expansiones, los gritos, los gemidos, la
melena hirsuta, el traje desarreglado, la ociosidad ó el desaseo fracasan invariable é inevitablemente ante una inglesa. Quiere que la amen de un modo tranquilo y apacible, prevee las exigencias del hogar, sueña con él y as·
pira á él y busca la forma de las manifestaciones del afecto compatibles con la fundación de una familia, y con la
educación de los hijos; huye, por consiguiente, de todo
·1• excesivo, de todo lo teatral, de todo lo trágico; quiere,
en suma, un jefe para la familia y no un galán joven para el escenario. Lady Byron, inglesa, jamáa entendió á su
marido ni pudo vivir con él, y la condesa Guiccioli pudo
soportarlo y fué feliz á su lado entre los gritos trágicos y
las crisis nerviosas, que el uno y Ja otra se procuraban,
y se hacían mutuamente lanzar. La conquista de una inglesa supone cualidades y medios peculiares, circunspección, modera~ión, corrección, y hasta algo de respetuosa timidez. El matrimonio inglés es monótono:y serio,
pel"Q....idealmente feliz, y fecundo .
En Italia, las cosas pasan de otro modo. La italiana ea
ardiente, tumultuosa, apasionada. Tiene en :el espíritu
un declive acentuado hacia lo trágico. Ama y quiere ser
amada entre torrentes de lágrimae y explosiones de ira.

115

EL MUNDO

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

Es celosa hasta la locura, riñe _c on su amante y con su
marido¡. buscaén ellos antes adversarios que compafieros.
El tipo físico preferible para ella es e_l del condollieri 6 el
del contrabandista. Ojos negros como la noche, cabellera
selvática, traje descuidado y rico; nada le importa que
su preferido lleve negras las uñas, si con ellas puede desgarrará su enemigo; cuando está á su lado, disimulada·
mente le busca el puñal en la cintura, como buscan las
ingle~s laorquideaen el ojal del frac de sus prometidos.
A la italiana se la conquista como á u na fortaleza, por
asalto. U na audacia la encanta, el peligro la atrae, la
contrariedad, la estimula. Hay que pasar sobre las resistencias de la familia, sobre los celos de los rivales, sobre
las convencione3 sociale3 y enamorarla tocando safarrancho, á tambor batiente y bimdera desp lega.da. El matrimonio italiano es turbulento, accidentado y extraña los
atractivos y 103 gocas de tolo lo pintoresco.
La francesa es en materia de amor es esclava del buen
gusto y del qué dir,ín. Generalmente no escoge su marido;
se lo escogen sus padres. Pero para amar á un hombre lo
primero, lo principal, casi lo único que le exige, es que
no sea ridlCulo. La cualidad que las domina, que las
subyuga, es el sprit¡ es el buen gusto del talento. Elegan~
cia en la persona y los modales, aventuras de juventud
finM, discretas y de buen tono; posición social visible
dentro del buen mundo, son atributos indispensahles pa•
ra seducirla. Ya casada y madre de uno 6 dos hijos, vive
sin cuidarse de su esposo, como él sin cuidarsese de ella,
y &amp;iguen siendo dichosos si el marido observa las buenas
formas y delante del público la trata con finura y distinción.
~ Para conquistará una mujer mexica:na se necesita saber inspirarle compasión. Es fuerza aparentar sufrimiento físico ó moral, aparecer desgraciado ó perseguido, presentarse á sus ojos como buscando protección y amparo.
Los aires de conquistador le repugnan, las suficiencias
de fatuo le chocan, le. ostentación de poder, de riqueza,
de fuerza en cualquiera de sus formas, la dejan fría. La
mujer mexicana comienza á amar en cuanto empieza á
consofar; la forma fnndamenta.l de sus afectos es la termua; una lágrima es para ella mál!l elocuente que un poema; hay que suplicar, que~mplorar compasión, que l)Cdir
gracia. Los fanfarrones, los vanidosos, los fatuos, fracasan y sorprende á cada paso ver á mexicanas bellas y vigorosas como Juno, casadas con seres enfermizos ·y enclenques; á herederas ricas como cresas unidM á escribientes de juzgado menor; á aristócratas intransigentes
fundando hogares con bohemios y advenedizos. Y es que
la mujer mexicana nació para madre y es el modelo de '
las madres; que es toda abnegación, sacrificio, martirio;
que sólo aspira á proteger al debil, á, amparar al desvalido, á consolar al desgraciado y que es una síntesis de las
más altas y excelsas virtudes femeninas.
Por eso no hay madres ni esposas como las mexicanas
ni hogares má3 tranquilos y felices que los nuestros.
DR.

M.

FLORES.

Febrero de 1897.

No se habla jamás tanto de cuestiones coloniales como cuanao se las ignora.
, Eugenio Etienne.

**•

En el curso de los destinos humano.s, el caracteres de
mayor peso que el ingenio y la tenacidad del genio.
Andrés Lebon.

•••

Para colonizar, no Vasta tener el suelo, el fierro y el
oro, se necesita cabeza, corazón y brazos.
Un Africano.

•

**

Un pueblo que trabaja, con las funciones públicas y
las pone á su fa.vo:c.en.almoneda,.. no merece Bel' lib.re.
G. B_oi$sier.

*
**

Se necesita ser religioso para cambiar de religión.
Conde~n Diu.ru.1 .

Sección clentifica y recreativa.
He aquí la lista de loShombres públicos más notables
que han sido asesinados durante el presente sigla: el Czar
Pablo en 1801 ¡ el Sultán Selim III en 1808; el Presidente Kapodistias, de Greccia, en 1831; el Duque Carloe de
Parma, en 185-1; el Presidente Salnade, de Haytí, en 1860;
el Presidente Lincoln. en 1865; el Príncepe Obenowich,
de Servia, en 1868; el Príncipe García Moreno, del Ecuador, en 1875; el Sultán Abdul AsisChan, en 1876; el Pre·
sidente Gardfi.eld, en 1881; el Czar Alejando II, en 1881;
el Presidente Carnot, en 189-1 y el Shahde Persiaen·1896.
-Asegura un filósofo, que la materia no es más que
energ:ía mental convertida en masas susceptibl¿s de ser
percibidas por loe sentidos, así como el agua es el resul
tado de la mezcla de gases invisibles.
-La planta del Espíritu Santo ó peristtria ala.ta, es wia
planta originaria de Centro--América. El tallo de la flor
tieue de 5 á 6 pies de alto y en su extremo superior tiene
numerosas flores blancas y fragantes de figura de Tuli_panes y que se asemeja~ á pak1mas con las alas extendidas.
-Se da el término genérico de humus á una agrupación de sustancias muy aliadas entre sí que forman l:t
materia orgánica del suelo. El color del humus varia en•
tre gris amarillento y negro, y contiene principa1men1e
carbono, hidrógeno y oxígeno. Su cualidad principal
consiste en poder fijar la armonía que resulta de la des·
composición de las materias vegetales.
-La tinta de China se fabrica de hollín del humo de
sesame mezclado con goma animal; tambien cont,iene un
2 p8 de alcanfor quemado y una pequeña cantidad de
perfnmPt.
-Desde el punto de vista comercial los únicos páíses
que produ.cen el añil son la India inglesa y la América
Central. El distrito de la principal producción en la India es el de Bengala, cuya coseeha no baja de 80,000 quintales al año. El añil puro es de un color azul obscuro, casi purpurino. Su gravedad especifica e~ cerca de 1.50. E3
insoluble en el agua. Cuando se restrieg~ algun 1. suhs•
tancia dura con un cubito de añil, deja una huella bri~
llante color de cobre. No tiene olor ni sabe&gt;r.
-El metal 11amado Indium fué dr::scubierto en 1863, por
Reichter y Reich. Se encuentra en el chistNfüa de S.1jonia y en Maine. Puede también prep:-1.rar.ie con el zinc
crudo por medio del ácido nítricj y am )nia. Su peso
atómico es, de 113,6, Su gravedad específica es de 7,421.
Se derrite á los 349° F. El indium tiene un lustre de plata azulado y parecido al plomo, el cual se· asemeja también en suavidad y ductilidad.
-La Ravenala de "Madagascar se conoce también con
el nomb~ del arbol del viajero. E3 una planta del orden
de las musaceM y difiere. del plátano común en la circunstancia ie qne las hojas, que tienen de 10 á 1-! pies de
largo, sólo crecen en dos Hneas opuest9.s del tronco for mando un ab'l.nico gigantesco. El tallo de las hojas c0ntiene, en toda época del año,_mis de dos libras de agua
pura y agradable, de suerte que donde quiera que crecela Ravenala no hay peligro de padecer de sed, por árido
y seco une sea el terreno.
-C,:mstantinopla tiene una población de 680,000 habi•
tantes.
-La. primera miquina de escribir fué Rogistrada en la
oficina de patentes de W áshington en 1858.

L'l- isla del Halcón, en el grupo de Tonga, ha estado
jugando escondite con los exploradores ingle~e s y franceses desde 1889. Algtrnas veces aparece sobre el mar cu~
bierta de verdura, con costaselevada'3 y bien definidas y
á los pocos años se hunde, sin dejar el menor rastro tras
de sí. En otras ocasiones asoma solamente la punta de
una roca sobre 1~ que se estrellan las olas y derepente
vuelve á aparecer en to:lo su esplendor, vestida de arbustos y de flores.
El pueblo de los Estados Unidos emplea 900,000 personas en el servicio de sus 1,890 ferrocarriles. Este ej¿rcito de la paz es igual al ejército permanente de A.lt-mnnia. Según datos exactos, en-1890, esos ferrocarriles tr:tsportaron 600 millones de pasajeros y 800 millones de toneladas de carga.
Teóricamente hablando, todos los súbditos ingleF@".
e.at.á.n..Qbligados á servir de verdugos, siJuesen llamri&lt;l•·~
al efecto por la autoridad correspondiente. El sueldo d, ·
que disfrutarían es de una libra esterlina á fa Ff'-mMHjl,
con el aditamento de dos libras esle¡lina deepués de rn~a
ejecución.

�,
DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

EL MUNDO

116

Generaljuan Manuel Flores, Gobernador de Durango.

Ingeniero José N. Rovirosa.

UN ALMUERZO CON CASTELAR

D¿sde que he sabido que la admiración franca é ingenua es de mal gusto, y que la señora de Lockroy se reía
con todas ganas de los que llegaban á casa de Victor Hugo temblando del sagrado terror del dios, tengo ya mncho cuidado en enfrenar mis nervios, y suelo hacér ti. los
grandes hombres ,t quienes con placer besaría la mano y
daría un fuerte abrazo, saludos bastante correctos. Castelar ...... ¡cómo sallaba yo, desde el principio de mi ju,ventud, en llegar á ver aigún día la faz del hombre de la
maravillosa lengua! Oírle, mirar los vivos ojos suyos·
bajo la gran fretite y sobre los · grandes bigotes que la~

ilustraciones han multip:icado por todos lo~ puntos del
m1M1do: esa era la esperanza que alguna vez debía cumplirse.
Venir á España á. no conocer la Alhambra, y el Museo
de Pinturas ...... y á Castelar, es no venir á Esi;&gt;aña. Hay
que ver á. este pontífice, y hacerle la reverencia y oír el
acento de esa voz que ha resonado por toda la tierra. A
Ja verdad no íué poca fa impresión que sentí cuando, al
llegará mi fonda ayer mañana, encontré una esquela, de
letra que me era muy conocida, y que decía así:
&lt;(Mi querido Darío: tengo encargo del Señor Castelar
para invitará u•ted á que vaya mañana eábado, á las do ce y media, Serrano 40. Le he dicho que yo no puedo
acompañará usted, pues me resiento del reuma.-Su
constante admirador y buen amigo,-R DE C:.\.MPOAMOR.
Con gran sentimiento de no tener la honrosa: compafüa del ilustre poeta y bondadoso amigo, fuí puntual á la
cita. A las doce y media subía las escaleras que condu·
&lt;:en á la morada del monarca iutelectual. Soy franco en
decir que al ve1 de pronto en la puerta, sonriente, afable,
á Castelar, que me tendía la mano, me poseyó la emoción
aquella de Ileine delante de Grethe, y de Amicis delante
de Víctor IIugo; y mi saludo fué quiza suficientemente
correcto. Al~o extrahumano estaba delante de mí; veía
por fin al divmo parlante, al mago rey de la oratoria.
:Felizmente eetaba cerca de él un Diputado liberal, de
barba grie, mortal como yo, y hubo la presentación del
caso, durante la cual mi ánimo se calmó y pude contemplar el genio con tranquilidad.
Deseo á las personas de mi cariño, en especial á mis colegas que hacen versos simbólicos y son nerviosos y vehementes, que cuando hagan sus visitas á los hombres
gloriosos que conmueven, se encuentren siempre con diputados liberales de barbas grises.
Muerto Víctor llugo, - Carlo Magno, Emperador de la
barba florida!-no hay testa coronada que el mundo- admire más: Castelar es de aquellos predilectos cuya sombra alcanza á toda la tierra.
Famas de poderosas alas y largos clarines, han sido las
badasde su cuna. Su nombre y sus victorias se han es•
crito en todas las lenguas. Nueva York pesa en balanzas
de Oro su frase pletórica, y París que le ha hecho pariaiense, como ateniense le haría Atenas, le llama cher mmtre; canción lisonjera que el gallo de Galia no can~a á
ningún otro extranjero en nuestros días.
El estudiante inglés solicita su lección; el diario alemán
que le combate lo hace con el caeco en la mano; Roma le
t1onr.íe; por su escalera suben todos los grandes de España que se d;scubren ante la luminosa realeza de ese republicano que ha hecho que 'miren con ojos simpáticos
su República, tanto el viejo león monárquico, cual él sa,cro cordero pontificio. El orador es lo primero, fero no
es todo el orador en Caste lar. Su fuerza principa consiste en su organismo de apóstol, en que encarna un ideal,
-en que pocos caballeros de los pueblos han podidn escribir en su escudo con más verdad y brillo qu é l estas pa·
labras: LlBERTAD. El sinfonista de la histor ia, el evocador
de épocas y el analista lírico de imperios y reinados¡ ese
lo conoce toda la humanidad contemporánea qu e ha
:abierto los ojos á la constelación espiritual que ilumina
-este siglo.
Jamás ha brotado la palabra humana con mayor can-

Rt:BE:s-DARÍO.

EL MUNDO

117

j

Muerto últimamente.

dal¡ jamás la idea ha teni&lt;lo órgano de tan enormes fusiles1 sonoros trompetas, tubus inauditos, armonías excelsas y pasmosa~.
Castelar ciega . Leído, es como leer el Niágara: un Niá·
gara prismático y musical. ¡Qué oleaje de pensaruientos;
qué espumas de adjetivos; que corriente soberbia de co·
lores.
. Queda su obra, su prodigirnm producción, confusa,
enorme, como una selva. El mundo seaüwira de que haya habido boca humana por donde haya brotado tal
oceano de ideas y de palabras 111:ígicas. Este hombre de
cuerpo pequeño y voz que al oirla por primera vez no
agrada; este exquisito conversador, en G1·ecia hubiera
sido divinizado, cuando junto á los blancos pórticos de
.márinol ..... .
-Pero coma, coma usted esas perdices que están ri"cas!
me dijo él, interrumpiPndo mis callados soliloquios y mis
ocultos pensares. Son regalo de mi amiga la Duquesa. La
Duquesa de Medinaceli.
Y~ 83:bfa yo que el rupúblicoeraamigomuyquerido de
las hnaJudas damas, de las más ricas 1::iembras de la Corte. Y aún no faltaron quienes me dijeran: ((Bah! Fiese
usted de la democracia de Castelarl Si él pudiera ser
Rey ... !n Como á Hugo, ¿le tacban que le guste lo bello,
lo noble, lo rico, la poesia de la vida y la poesía de la historia?
Su rostro es fresco. Su eepíritu es jovial; la salud sonrosa la piel; la sonrisa y Ja risa son frecuentes- en sus labios. La anécdota abunda en el curso de la charla familiar. Tras un a-potegma, un chiste; luego una lección;
luego una censura, una alabanza, una espina, un ramo
de laurel, un hachazo; vive con lujo, el lujo que le da su
Lla~ajo: Castelar es un trabajador que maravilla. A propó.1:1~ ~e su labor, le hablé de La ..Yacio n.~Sf, me dijo.
Mi diana. Usted va á. hacer una cosa, Dano, que le pido
yo. Escriba á los americanos la verdad de la libertad en
España. lJigales cómo aquí eomos ribres con todo y existir la monarquía.))
Ah, y cómo lo eon los españoles! Y cómo comparar esta libertad con la de las Repúblicas nuestras, da tanta tristeza y truita vergüenza!
El tril;&gt;nn0 s.1.be nuestra deegracia, y como yo le quisiese narrar algo de ellas, demostróme que está tan bien enterado como nosütros.
El almuerzo ibaá llegar·á su fin. Castelar come admirablemenle. Kar-:abal, ull revistero madrilefio que le ha
retratado en su vida íntilu,1, ~e qnedacorto e~ ponderar
su buen diente. Yo pondero á_plena voz el comedorcito
mo1,1ísimo, la vajilla, _los tapices; pondero al maestro cocinero que rima salsas como un parnasiano versos· pondero el áureo vino poatifical que le ·envían de boéÍega espléndida, y del que dan cuenta y fin , principalmente, los
hijos d~ lnglater~a que visitan e_l coloso; pondero, en fin,
el ambiente de d~cha. y de gloria que s~ respira en la
casa.
Comenzando por hablar de Vicl;or Hu.,.o, 1\eo-) la conversación á. b. Pedrq del Brasil, áquien ~on u~entusiasmo _decidido y e n el elevado ton o apologético, dediqué
un imprudente recuerdo, :ay de mí!
.
S!, ay de mí: porque Júpiter arrugó el entrecejo; porque toqué el panal de las sagradas abejas. Tuve la pena
de ver que no saliese muy en buen pie el Emperador de
los bras1lefios. La verdad es que olvidé el desafecto profundo queCastelarprofesa á los Braganzas; y aprendí
una vez más cómo es el castigo de los inmortales, y cómo
hiere y raja el cuchillo con que A polo desuella.
Para nota final, y junto con el cbart.reuse, una mala
noticia. Castelar no piensa ir nunca á A.méric'a.

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 1897

El Sr. Lic . Don Francisco Martínez de Arr~do,do.

Tenemos el gusto de publicar el retrato de este caballero, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación.
El Sr. Ma.rt(nez de Arredondo llegad dentro de breves
días á esta Capital, de regreso de Yu catán, su Estado natal, donde es muy apreciado, y á donde fué á pasar una
corta temporada, y los numerosos peninsulares residen ·
tes en esta capital, se aprestan á recibirlo con el cariño y
entusiasmo que en ellos ha sabido despertar.
Por nuestra parte deseamos un feliz regreso al estimable viajero .

El Señor ln¡eniero José N. Rovirosa.

. Este señor cuyo retrato tenemos el gusto de publicar,
VIene hace tiempo llamando la atención del mundo cien•
tífico por sus profundos conocimientos en bot~nica, en la
cual ha hecho vastísimos extudios. Es autor de una amplia obra que, ilustrada, eatit ~n prensa y que· se refiere á.
1a flora tabasqueña, y miembro de la Sociedad cie11tífica
de Historia natural. El Sr. Rovirosa es nativo de Tabasco; vi6 la luz en )facuspana y tiene en la actualidad 47
años. La ciencia espera, pues, aún mucho de él.

OB SEQUIO A NUESTROS LECTORES

Con este número reinaguramos la série de novelas ilustradas que con tanto agrado han recibido siempre nuestros abonados. Hilda, la que empe~amos ú. publicar hoy,
eé una preciosa narración deexcepcioual interés dramático, que irá ilustrada con primorosos grabados, Los que
hoy la acompañan, darán fe de ello.
No se olvide que aparte de esta novela incluida enel
cuerpo del periódico, seguirémos repartiendo un tomo
mensual de la Biblioteca Miniatura.
COPIA.

Recibí de c&lt;The Mutual LHe Insurance Company of
New York,)) la suma de $2,43--t-A0. Dos mil pesos 'suma asegurada, cuatrocientos treinta y cuatro pesos' cuarenta centavos, devolución de premios, en pago total de
cu1;1ntos derecho_s se derivan de la póliza mlmero 546,237
baJo la cual á mt favor estuvo asegurado mi finado esposo
D. Ger6nimo Aguado y Lares, y para la debida constan cia, en mi carácter de beneficiaria nombrada en la póliza
extiendo el presente recibo en la misma póliza que sede~
vuelve á. la Compañía para su cancelación, en Acapulco á
21 de F.nero de 1897.
(Firmado) Carlota Moreno; viuda de Aguado.
El C. Lic. Domingo Zambrano, Juez de fa Instancia de
este Distrito, y por ministerio de la ley encarga.do de la
Notaría Pública del mismo, certifico: que la 8ra. Carlota
Moreno, viuda de Aguado, suscribió á mi presencia y de
su puño y letra la antecedente firma y rúbrica que dice:
«Carlota More.no, viuda de Aguado »
'
Y á pedime nto de la misma inieresada, lo bago así
co~s~ p.ua los efectos ?unsiguientes, en Acapulco á
vemtrnno de Ent&gt;ro de mtl ochocientos noventa y siete.
-Damos fe.-( Firmado. Lié. Dominpo Zambrano.-.A..
(Firmado) Gilbm oJ. Mart,nez.-A. (Firmado) V. Oro,eo.

&amp;ntr~ el munao ~ el claustro.

•

�EL MUNDO

118

EL M .U NDO

DDIUIIG0-.&gt;-1 DE FEBRERO DE 18i,7

mas costumbres y en el delta del
1'ilo, las ferias de Tantah, bajo el
aspecto de peregrinaciones pervetúan :fielmente las tradiciones luJnrioeas de Canope y de Bubastis.

--~~~ r· ' :°.::,· _ -.
t -. ·.~:j,.-~ ;

J . ,, -..

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Al

El amor es como la fiebre: nace y
se extingue sin que la voluntad
tenga en ello la menor parte.

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•

Stcndhal.

•*•••
Tomad del amor lo que

de vino
toma un hombre sobrio, pero nunca os emborrachéis.
Alfredo de Mussel.

*

-

**
Para un hombre
extraviado,
creer en una poisada, es creer en
Dios.
Victor: h.ugo.

r,¡(,**:

El mifticimo del honor puede
hacer víctima e, como toda crisi1
puramente cerebral.
Emilio Zola.

•*•

El progreso debe reepetar lo que
remplaza.
Risard.

COSTUMBRES CURIOSAS DE LEJANOS PAISES

La Feria de Tantah.

•

Tantab, tercera ciudad de Egipto por la cifra de supoblación, situada en plena delta, entre los brazos de Roseta y de Damieta, sobre la vía ferrea de Alejandría al Cairo, es célebre por su triple feria anual, á la vez peregrinación y mercado. Tantah tiene, pues, algo de la .Meca
y de Nijni-Novogorod.
En Enero, en Abril, en Julio, una multitud enorme
invade la ciudad santa del bajo Egipto, la ciudad de las
catorce mezquitas y de los inmensos y magníficos bazares. A decir verdad, las ferias religiosas ó m,ouleds de
Tantah, conocieron días más tumultuosos y más brillantes: aquellos en que el tráfico de lo3 esclavos era libre.
Su prohibición ha dado la señal de un lento declinar.
Además, cada vez que el cólera ee ha abatido sobre Egipto, ha hecho de las suyas en Ta.ntah, en la época de la
feria ,de estío. De suerte que el rnouled de Julio fué suprimido el año último por las autoridadeR anglo-egipcias.
L&lt;t Meca es la ciudad de .Yla.homet; Tantah es la ciudad
de Sald---el-Badaoui.
Hay acerca de esto dos leyendas.
En elafio596de la hegira, dice la una, Sai"d-el-Badaoui
nació en Fez, y su padre, un santo hombre de )faugrab,
á.quien ·el dedo de Dios había conducido á Marruecos, tuV? in1;11ediatamente la J.&gt;rueba ~e que un destino e.xtraordrnano esperaba al recién nacido. Este, en efecto, tenía
ya todos sus dientes. En mantillas recitaba el Koran á
sus padres, en presencia de vecinos que acudían para ver
el prodigio. Y la leyenda cuenta otros cien rasgos sem':'jantes.
Sai:d--el-Bedaoui tenía treinta y ocho años cuando. de .
regreso de Q.n viaje á Medina, se detuvo y se fijó en T.:Lntah, donde su origen extranjero le valió su nombre, que
significa el beduino. Murió en el año de 675, después de
haber vivido cuarenta años sobre la terraza de la mansión donde había recibido hospitalidad.
Sobre su tumba, Abd-el-Aly, su pariente, elevó á su
costa una pobre mezquita, y los amigos del difunto creáronse la costumbre de ir á orar ahí. Este culto piadoso
creció poco á. poco, y las ferias actuales no son sino la
continuación de aquellas peregrinaciónes que tan humilde principio tuvieran.
La mezquita edificada por Abd-el-Aly, se ha convertido en la principal mezquita de Tantah y los descendiente@ de Sai:d-el-Bedaoui, como los sucesores de Mahomet, tienen el título de kha/,ifas y son venerados como
tales por los fellahs.
·
Según la versión segunda, Sai'd-el-Bedaoui, era un francés, un desertor de la cruzada del rey Luis IX. Refugia·
do en Tantah, utilizó su conocimiento de los simples y
supo adquirir una reputación de curandero y de santo.
~aturalmente, abandonó su nombre de cristiano y se
convirtió en el Bedaoni: el Beduino, el extranjero. Sea
como fuere, al mieterioso Sald-el-Bedaou idebe Tantah su
larga proeperidad religiosa y comercial. Un beneficio tal 1
bien vale una procesión.

•*

•
Asistirá la procesión del Khaliía,
del sucesor deSai'del-Bedaoui, es el deseo ardi,mtedetodo fellah. Esta fiesta
cierrá la feria de Tantah. La víspera, después de la ma·
ftana y toda In noche, hasia la mañana del gran dfa, pueblm~ c-uteros hacen su entrada á la gran ciudad en to·
dos los instantes. En la noche, eobre todo esas Ílegadas
forman cuadros singularmente conmovedores de un encanto raro, betlhémíco. El viejo jefe del pu~blo va del~nte, llevado por un asno gris,_ con las babuchas pendientes y el aspecto de un patnarca que condujese el
éxodo de una tribu.
Y la tribu sigue á lorr:o de camello, en pollinos y
á pie. He aquí, bajo el cielo estrellado, el domo de la
mezquita de Sald-el-Bedaoui, que hizo milagros y fué un
santo. En su honor los jovenes toc:1.n aires en sus flan-

.~-·~J
J ~•.

·~'

...~ ~ - . .,.:

La Feria de Tantah.-Llegada de una caravana fellah.

tas y sus tambores, y las jovenei:i, instaladas en cofres,. á. derecha é izquierda de ta jiba de sus .camellos, cuyos cascabeles tintinean, salinodian oraciones.
Sigd.mosles á tra\!és de la.~ calles estrecha&lt;i.
Tantah es la ciudad árabe por excelencia. No
hay casas ni vías europeas. Por un instante se vive un ensueño encantador de un
Egipto antiguo, no turbado por las avaricias
de los occidentales.
Y luego, de pronto, surge la barahunda de
un desembarque inglés en el andén de una
estación de ferrocarrilcuya existencia se ha·
bfa olvidado. Son los turistas ingle, ses, ale•
manes, franceses, egipcios1 del Cairo, etc.,
que vienen por ferrocarril á mezclarse con
los creyentes y con los campesinos que se
encaminaronhastaaquí con el b:tculo en la
mano á horcajadas sobre los asnos.
Pasado el puente del camino de fierro,
el camino aparece radiante de iluminaciones y de fuegos de artificio con que ~e extasían los fellahs, peque.ñas y grandes. Por tvdas partes conciertos, orquestas, rllido. Más
lejos aún, se extiende el barrio r~servado :t
los placeres de los ricos, indígenas ó extranjeros. Ante todas las casas hay puestos de
pasteles y de fruta; por encima de las puertas se ven guirnaldas de lámparas iluminadas; en los umbrales de las puertas, en plena
lnz 1 hay mujeres provocativas y sonriente!'!.
Y los ritmos que acompañan la danza de
vientre de las egipcias y de las maugrabinas, llenan todos los cafés cantantes donde
se oprime una multitud sin cesar renovada .
El espectáculo es m,ís curioso aun para el
extranjero en un barrio má, sombrío y mJs
pobre. Ahí se regocijan los negros comerciarites llegados del Sondan en caravana~
ó los esclavos manumitidos, tiradores dei
Egipto. Al _fulgor de qu_inqués hum?sos, hay
rondas funosas de muJeres y de niñas qre
se tienen de la mano. En el centro, un gran
negro, vestido solamente de una camisa, con
la cabez&amp; cubierta por una larga peluca de cri
nes dé cabal101 lanza gritos guturales ejecutando una mímica de un efecto único.
Así se pasa la noche que precede al gran día
el día de la clausura de la fie1:ta.
'

1/

La feria de Tantah.-Una danza en el barrio negro.

•*•

Tantah no 1:e ha dormido, y 1,in embargr,
en la mañana hay una impresión de despertamientn. Oleadas humanas se desparraman
en todos sentidos. La Kermesse estú. por todafp:utes. La multitud hace círculo alrede-

Domadcr y su mono sabio.

dorde los relatores, esos troveros del Oriente, de los titiriteros, de los domadores que la (livierten con la malicia
de los pequeños monos, la falta de destreza de sus osos
sabio&amp; y la docilidad de sus serpientes magnetizadas. El
calor es intenso, sofocante. El sol está en el zenith ..... .
Unextremecimiento corre por la multitud, el joven
Khalifa, el descendiente del Said·va á. pasar.
Gritos de alegría se elevan y de la cabeza del cortejo
■ urge en medio de un remolino de la multitud.
Una música ú.rJ.be, timbaleros, un destacamento de infantería, abren la marcha. Después avanzan las corporaciones religiosas: estudiantes de las diferentes mezquitas;
cheiks mendigos y ciegoE!¡ sacerdotes de los diversos ritos
musulmanes, con la frente cefiida por el turbante, y el
rostro oculto por velos de lana. Inmediatamente detrás
de ellos marcha un grupo inesperado. En número de cinco, con yelmos ó cascos, el uno acorazado, el otro vestido
de una cota de malla, este provisto de brazalés, todos encadenados, con sus armaduras incompletas, mal ocultando las túnicas de fellahs, representan á los cruzados
vencidos.
Han muerto demasiados caballeros cristianos, franceees principalmente, sobre la tierra de Egipto, para que
pueda creerse .. Los egipcios excépticos y bien infor·
mados afirman, sin embargo, que los despojos verda·
d~ros de los cruzados han ido, no se sabe en qué
fecha, á. enriquecn alguna colección pública ó privada y
que han sido sm;tituidos con piezae de fantasía, ·Poco importa. Esta conmeración de la derrota en Egipto de Jos
cruzados que conducía San Luis, es uno de los lados más
curiosos, para los europeos, del Mouled de Tantab. Los
vencidos de laR cru}'.;adas preceden al Ctlballodel Khalifa.
El sucesor de Sai'd el• Bedaoui va cubierto también de un
casco que parece recordar el origen que una leyenda atribuye á su auteQasado, especie de marmita vuelta al revés, que llevaban numerosos soldados de Luis IX. Un
fino tejido de fibras de palmera oculta el fierro pero el
rudo babero! aprisiona el rostro del Khalifa.
El h erede ro del S.mto cuya tumba atrae á · Tantah á
todos los peregrinos de Egip:to, es muy joven. El papel
que representa es abrumador. P&amp;rece aplastado bajo

el peso del manto que o envuelve
este fué el del Sald venerado, y la tela
entonces era ligera, pero una antigua
tradición quiso que cada califa la recubriese con una nueva seda; poco a poco, gracias á los tegidos superpuestos
la veste se ha converüdo en una verdadera carga. Bajo P.l doble fardo del
casco y del manto, el joven khalifa
oprimido, casi desfalleciente, se aplica sin embargo á llenar hasta el fin su
cruel y divina mísi6n. Sacerdotes
cheiks,ttocadores de tambor y de tim~
bales, le rodean. Los abanicos de Plu.
mas, los estandartes, se balancéan 6
se despliegan por encima de su íren
te; y á la derecha y á la izquierda, mu·
f'
jeree, hombres, niños, anciands, seatropellan impulsados por atroz curiosi dad.
El Khalifa ha pasado; el cortejo no
termina atín. La costumbre quiere
que detrás de los fantasmas de los cruzados caídos en la delta del Nilo, haLa danza sagrada.
ce seis siglos y medio, detrás del
Khalifa en fin, desfilen á su vez las
Los dramas de la conciencia tienen muchas veces una
cortesanas. A este bizantinismo se mezcla un moderintemidad muy aguda. Cuando el mundo ve una mujer
nismo raro.
A caballo, vestidas de sihgnlares trajes masculinos ó que deserta de sus deberes, pronuncia casi siempre un
extendidas en coches descubiertos y adornadas de toiltt- juicio apresurado, sin estudiar las circunstancias excepWl donde ami modas y las europeag se confunden de una cionales que han precedido á. la caída. La opinión no se
determiua nunca según la falta; la•situación social es tomanera sobrado orjginal, pero de mal gusto é indecente,
mujeres muy hermosas, y otras horribles, pasan ,en des- do. Para las mujeres ricas y que se creen sostenidas por
sus aliadas, el mundo tiene tesoros de indulgencia: reserfile interminable.
va sus severidades para las humildes y las débiles. Y en
Como acaba la ñe~a, facíl esadivioarlo ...... En el Egip- estas ejecuciones sumarias, la cobardía de los ho'mbres
to antiguo las ciudades de Bubastis y de Canope fueron no iguala sino á la perfidia de las mujeres.
célebres por su licencia; cada año las fiestas reliofosas
Alberto Delpit.
eran-pretexto para e:xces?~-y orgías, de' Jas cuales ef Tiejo
Heródoto nos ha transm1t1do el. recuerdo. La tierra de
Egipto no tiene ya los miemos dioses, pero tiene las mie- ·

�.OOMINGO
DOMINGO

EL MUNDO

21

21

DE FEBRERO DE 1897

121

EL MUNDO

DE FEBRERO DE'"18Q7

CL"EOPATRA MUERTA

Scott tenía¡-.,¡; años cuando empezó el estudio del hebreo·
Wat.e, en la imposibilidad de leer las obras que trataban sobre mecámna, publicadas en francés, se puso á estudiar eete idioma á lo&gt;! 40 ailos.
A Roberto Hall, cruelmente atormentado por el deseo
., la imposibilidad de comprender el pamlt'lo escrito por
~lacauley entre )lilton y Dante, se lo encontró un oía
e~tudiando el italiano en su ancianidad, acostado en el
suelo.
~pelmao comenzó el estudio dt&gt; la ciencia ú los fiO aiios.
1-'rank lin á los ;J() arios se dedicó de lleno al estudio de
le filosofía natural.
B &gt;ccacio ten[a 3'.J años cuando empezó su carrera literaria.
Alfieri á lns •1i&gt; ailos comenzó á estudiar el griego.
8cott y Dryden se hicieron conocer por lllll! :recientes
obras, después de los cuarenta anos de edad.
Entre nol!otros, el general ;\litre aprendió bien ~l la·
tin con la traducción de Horacianas, trabajo de aliento
potente reali1.a1o á la edad increible de i5 años.
Andersen entr:i á la t&gt;séuela primaria ú los 10 ailos. Antes de epa etlad no conocía ni las letra!!. A los 23 a11os ingresó la uni\·ersidad de Copenbague. Y fué, como ,;e 88·
be, autor de los célebres cuento~, de nov.-las, dramas.
comedias, tragedias, artículos periodísticos varios, •·te.
Tiziauo Yecellio, el glori,,so pintor del renacimiento,
uel más íntimo confidente de la naturaleza," como lu lla·
maron, sólo dejó el pincel á los ~l años.
Tintoretto (Jacobo Robusti). discípulo del gran Tizia·
no, produjo admirables obras ha~ta la edad de 82 ailos.
Tuvo e1widiable perseYerancia. 811 mae~tro, Tiziano, observando un día que su discíp•1lo tenía dotes extraordi•
rarias y que podía lleg~r :í superarle, I&lt;_&gt; de~pi~ió de la
escuela. ...:~te hecho av1 vó d amor propio p.e Tmtoretto,
que se propuso igualar :í su maestro, consiguiendo con
pel"!'en-rancia y lab-Jr, sobn•pasarlo en el dibujo é igualarlo en la pintura.
•

riano el que, bajo la presidencia del emperador decidió la erección de esta~ capillas ambulantes;eehabfa hecho notar que la mayor par•
te de lo~ empleados de las
ei;taciones !'ecundarias y los
que se alojaban en las barra•
cas intermediarias, para la
vigilancia y el mantenimiento de la vía, no podían frecuentar las iglesias de la.~ ciudades ó de las ahleasque es·
Un naturalmente m11v diseminadas á lo lar~o de la li•
nea. Se necesitaba, pueF, á
tin de sati~facer sus 1wcesi·
dades religiosas, hacer circular un vag(m co1l\'ertido en
capilla y proYisto de todos
)Qs objetoH necesarios al cu 1to ortodoxo y serYido por
un padre que nombraría el
Santo Sínodo.
Damos do11 fotografías de
una de estas capillas rodantes, mostrando su interior y
su exterior y una del interior de un vagón bar 100m.
Exteriormente esos co·
ches-capillas no ee distinguen muv netamente de los
vagones ordinarios; se puede
notar, sin embargo, que las
ventanas alectan una forma
v los ornamentos cararterís·
Íicos del eeti lo arquitecturalbizanti no. llay nna puer•
ta en una extremidad y de
cada lado del vagón, ~in con•
tar una abertura que permite
la intercomunicación con el
rtisto del tren. Encima de
El va¡ón cantina, vista Interior.
las puertas de entrada hay
una arcada de la cual está suspendido un juego de
LOS VA.GONES CAPILLA~ Y LOS VAGONES CANTINAS
camr"nª" rlt&gt;Ptin11das á llamar á los fielPS del rito griego. En cuanto al interior, es bastante elegante y de·
La prodigiosa línea férrea que los rusos hao estableci- coract,, ,egun los motivos demasiado brillantes del an.e
io á. través de toda la Siberia, se ejecuta rápidamente, á ruso. Los muros están cubiertos de pinturas que repre•
pesar de las dificultades que se encuentran. Es este un
sentan l11s imágenes santas; por í1ltimo, no se han olvi•
trabajo formidable que pondrá el extremo Oriente á al- dado el altar, el tabernáculo y los candeleros para los
r;uno1 días de Euro\&gt;ª· La construcción no es solamente oirios. Y el ¡&gt;0p• va de estación en estación, en eu caoa
mtereeante por la mmensidad de la empresa, sino m~a rodante, para celebrar el culto divino ante los p.&gt;bresais•
at\n quizá por las condiciones del todo especiales en las
que se encuentra. Lo11 rusos son reputados maestros en lados de la gran linea asiática.
la creación de esas vías ferreas que nacen como por en•
c:aoto sobre loe territorios más ingratos, en medio de lae
planicies de arena, de las vastas soledades: todo el munA través de
¡randes vid••·
do ha conservado el recuerdo del famoso camino de hierro tranalpino, que ahora se trata de prolongar más aún.
lius procedimientos son particularmente interesantes en Jl.'Los genios no han desperdiciado ni los momentos de
11na época en que se habla tanto de lanzar líneas ferreas
la ancianidad para estudiar. La perseverancia, el espíriá través del Africa. Todo hay que inventarlo, así para la tu de detalle y las ocupaciones múltiples los han carac•
explotación como para la · construcción del ferrocarril terizado.
transiberiano: la travesía del continente asiático, que forIliindel no publicó ninguna de sus grandes produccio1:0l'amente durará días y días, necesita un material ro- , nes antes de los 48 ailos.
dante del todo especial, así como instalaciones propias
para asegurar la existencia de los agentes del camino de
hierro, ií lo largo de la línea, en las estaciones frecuentemente aisladas del todo de los pequeños centros habitados.
Todo este material está en vías de crecer, á medida que
wa avansando la vía, porque desde ahora los trozos demasiado considerables entregados á la ('xplotación dan
lugar á. una corriente enorme de viajeros; no solamente
los obreros y el personal en geueral que se dirije á las
c:anteras, Bino también á una multitud de hombres, de
niñoe, todos gentes robustas que se van alegremente hacia las tierras vacantes del &amp;te, á colonizar la Siberia
y ponen á provecho el nuevo medio de transporte tan
ilómodo que se les ofrece.
No diremos gran cosa de las estaciones, construcciones
•e ladrillos, demasiado agradables de aspecto, á las cuales ettá siempre contiguo el reeervario de agua, montado eobre una torre de granito; no se ha olvidado un jardín y muy frecuentemente se encuentra un buffet donde
18 utilizan las largas detenciooee que hace el tren á cada
inewite.
Estos trenes se componen de tres clases: algunos vagones de segunda clase que provienen aún ahora de lae
red~ ferrocarrileras propiamente dichas; luego coches
de tercera de un excelente tipo, establecidos expresamente para el transiberiano y que en la noche se transforman en dormitorios de tres l!neas de camarotea. Hay,
por último, la cuarta clase, compuesta únicamente de furgones, en las paredes de los cuales se ban abierto algunas
ventanas y donde se han di~puc~to bancas rudimentariae.
·
Pero este material rodante acaba de aumentar con vagones de un tipo absolutamente nuevo. 8e conocían hasta aquí loe vagones-lechos los vagones-restaurants, los
-yagoi:ies-cuadras, los vagone!l;salae, y el tren especial
1magmado para la construccron del transcaspiano, contenla un vag6n-dei;pensa, donde los obreros podían comprar cuanto necesitasen. Ahora se tiene el vagón-capilla, además dt1 un vagón-cantina. A decir verdad, hace
ya cierto tiempo que en los Estados de la Unión Americana, donde la población esti\ muy desparramada, en la
Dakota septentrional con especialidad, se había imagi•
nado poner iglesias sobre ruedas, y trasportarlas de es•
tación en estación, para taló cual de los cultos que abundan en el territorio de la confederación. Pero los vagonee-capillas del transiberiano, son mucho más numerosos, mejor instaladvs, y en esta vez forman realmente
pa,\9 del material de explotación de un camino de fierro.
Vai&amp;ón-c:apilla, visbi exterior.
Fué el comité ordenador de la_construcción del transibe·

I••

Vista de conjunto de un va¡ón-capilla.

Preguntósele un día á Lord Palmerston á qué edad
consideraba él que un hombre se bailaba en la plenitud
de la vida, y contestó en seguida: 11á los 79 ailoe." 11Pero,
a¡regó 1t1.1iñaodo un ojo, como yo acabo de cumplir mia
80, puede ser que me halle un poca más allá.11
Bernardo de Palissy murio 1í los 78 años, en medio de
su ruda labor¡ llena de luchas y sinsabores.
.
El hombre de trabajo no tiene ocaso en la vida.
La acción de los gtnios ha sido múltiple. Voltaire decía que el verdadero espíritu
de 111 literatura es el mismo
que el de los negocios, porque la perfección áel uno y del
&lt;,tro consiste en la unión de la
energía y de la previsión, de la
inteligencia cultivada y de la eabidur1a práctica, de la esencia
activa y conCemplativa.
Así Milton, el sublime ciego
que veía con el alma las claridades espléndidas del arte, fué
maestro de eecuela, ocupación
que tuvo en mucha honm yque
áeeempeñó con diligencia 1
amor.
Shakespeare fué un mediano
actor de teatro. Representaba
SUB propias producciones con
muy poco hito y se preocupaba m:í11 de sus ganancia~ peou·
niarias que dt1 sus triunfoe artísticos.
· Dante fué químico ydroguiata; y con Bocaccio y Petnuca
,er,tuvieron muchos años ocupados en embajadas importan•
tes.
Andersen, que sufrió en su
ni1lez y juvemud penalidadea
sin cuento, fué comediante, bai·
larin, aprendiz de fabrica, carpintero, cantante, etc.;
Ciceron fué un trabajador
abnegado. A pesar áe su diapeps1a aguda, puáo vivir mllcho, gracias á su sobriedad, en
meáio de una labor l!ÍD interrupción. No cobrabanaciapor
sus trabajos, porque sólo am•
bicionaba la gloria. Parece haber sido el primero á quien 119
le concedió el título de opadn
de la patria.,, Tenía una verruga en la nariz, en furma degar,banzo. Dil allí 11:l proviu" el
nombre ( cict&gt;r, eu huín.) Y 89
firmaba así .'.\1im:o Tulio y e•
seguida un garbanzo.

N? creaie, distinguida i&lt;efiora, que lo que YOV á relatar
,es Hmplemente una caprichosa farándula urdida en la
fantas1a . • •
Tampoco i~aginéi,a qué embrollo y hago la historia de
lo no acont.ec1do nunca por más que ese defecto St'a una
mala costumbre en 111 que confieso fraucamente iocurrimo~ todo_s los despe~iciadores de papel.
'
~o, Heuoryi mía, Silv~stre Pxiste, os digo más, somos
íntimos a1111goe, tan íntimos, que nunca nos hemos pedi•do prest9do un duro.
. 'oy á referir uno de ~us dCEeognños, el m:11! amargo tal
,;ez, pero antes, permitidme hacer, no la anatomía de su
corazfm-que esa sería tan•a prolija v superior á 1.nis fuer·
Z!l5-!!ino una brevísima digresión que os ponga por de•c1rlo ~sí en verdadero conocimiento del temperamento
de m I héroe.
i:\o hagais una muequecilla encantadora pma decirme
•9ue ya no hay hfroes ni en las novelas por entregas; no,
rnterel'ante burlona, aplacad compaiiva vuestra mofa
porque t,i;toy bien seguro de que mi atolondrado joven es
muv merec¡,dor del calificativo.
. Sllvestrt: lsi I':' queréis) podrá ser un joven bien parecido, su f1s1co mteresa poco y no dará motivo á una
disputa, lo q~e sí ~e imporLa asegurar es que al tropezar
con él,. podre1s fac1lmente confundirle con l'Ualquier pa•
,cífico taqui_n, lo cual no quiere significar que vista con
burgués ah1i_o y lleve en la truculenta testa un sombrero
de seda_ acepillado al contrario; no, discret!sima señora,
ea tan hmpH? y pulcro, co.mo un gato molondro, babia bien
d~ loe qu_e piensa mal, escucha sin sentirse acometido de
h1d_rofobra todas las sonatas con que le obsequian 8118
~nu~e, paga puntualmente á los acreedorel', bebe gín vie•
JO y_t1~ne amor fanático á una buena copia del l'erseo de
-Oothm modelada en bronce florentino.
Como podría haber sido carbonero, millonario ó gen·
&lt;larme, rePl!lta pintor.
En su oiicio, odia cordialmente todos los simbolismos
de sus col~~ de Municb, las complicadas refinaciones
-del Henacrnnento, las apopléticas y beodas rubicundeces
flame_n&lt;:39 y basta las blancuras desmayadas de esa escuela ,:ehg1osa que se inicia en moto yt.ermina en beato An·
gt'-hco.
En los esbozos de que está atestado su estudio ha visto
.al ~or atormentado y pervertido basta lo increíble.
¡No_eé de qué extra~a.orquestricaarraocaeseendiabla•
do art1s~ las estrambot1cas actitudes de sus figuras!
Intenta un claro-obscuro á ia Hops, y sobre fondo ne·
gro_ como techumbre de fragua, amontona matices amortec1~0s y humosa, penumbras para retratar la cabeza del
1w_c1da en. cuya lengua colgante y coagulada por las san. gu1!1olenc1as del veneno se clava un dardo de Juz muerta.
E!] !as fisonomías que pinta, está rediYivo v palpitante

j
[ Damas ¡uatemaltecas.-Srlta. Jesús Monteros.

~e ~na caricia no pagada á puntapies 6 con monedas in·
¡ur1antes.
Finada la misa aurea de aquellos eepo,nsales, llegado el
tenebroso D~-Profundis te sus ardorosos deliquioe, cuando la razón ( el cuervo insaciable) comenz6 á morderla
las entrañas, ocurriósele al pintor que In tierna enamomda
no s51o iba :tentibiar su t:tlamo en las veladas invernales,
sino á hacerl(' la revelación suprema, ú encarnar el verbo de su genio con la pristina v gloriosa l'pifanía.
¡Hu obra maestra!
·
Creyó encontrar In verídica icónira del ideal colum·
brado en muchos días tristes é insomneR noches.
Con mirada de iluminado tzorprendiú todas las patri·
cias perfecciones del privilegiado cuerpo de su amanw.
~) VICIO.
•
Pasaba el tiempo, olvidado de los pinceles, de su canYeréi~ en ellas la mirytd!l torva del be~d9r de ajenjo, timplora de ailejo gfn, de la.enorme pipa turca que le
laanebhnada del h118Cl11chmo ó la del neurui1co consumí• brindaba opiaceos vapores poblando su mente d sueilos
· do po_r el morfinismo; observaréie los visajes de la deses• de s:ítrapa, de la gatita coquctuela, de las pindáricas esperactón asomándose por dientes rotos v amarillos incrus- trofas del poeta favorito ó los crisanth&lt;&gt;mos que cultivatados en encías violaceaa recocidas por el alcohol ma- ba en el jardín.
nos velludas ost.entando una ramificación de ne'rvios
Vi\·ía, contemplando absorto el grano seder1o de ague
atrofiados por el agotamie'?to, las piernas anquilóti"as de lla piel que tenla heroicas nitidtce&gt;1, pasmado ante ese
l?s q~e mueren.en el_ h?sr1tal ó los cadáveres de los vic- bélico himno de la carne que se reveli,,ba en curvaturas
•t~mar1os del odio art1fic1a con su torax acribillado de he- de inaudita gallardía.
ndas sangrantes como bocas de odaliscas embadurnadas ~ Jlesaba con sus pupilas inmensamente dilatadas las
•de kobol.. ....
combas rebeldes del seno de su amada, los nevados homSu mundo eetá en lo más opaco y negro de los antros.
broe, la flacnra egipcia de la cadera, la mano de monja
Como al D,mte parece que lo bao tragado las fauces del taciturna, el rostro bíblico, serenanente expresivo, cirAverno, l,Mlro menos afortunado que el viajador florenti- cuido por negrísimos cabellos que chorreaban como due·
no, eale siempre del foco del Mal sin haber llegado con lo sobre el témpano hiperboreo de los hombros.
.Beatriz al Primer l\Iovil.
Su primera pesadilla sensual junto á Teresa no fué el
. Como profesa idt&gt;as brutalmente pesimist.M! r tenden· vil sasiamiento del deleite impuro, antes bien, la resu·
•ciae morales maleadas hasta el peor grado, sus mstintos, rección de un Mito muerto, la encarnación ingenua de su
· de suyo generosos, padecen lamentablemente baci(-ndole futura gloria artística.
•descen~er á las vulgaridades más innobles.
La humilde bohemia había llegado al abandonado tugu1?' mJeántropo porque con todo el encarnizamiento y
la 1mp1edad de loe verdaderos pen·enios ha picoteado
· con el escalpelo del análisis sus cariños más sinceros.
Un día llegó á su taller solicitando jornal de modelo
una pobre mozuela de esas que se hunden en los lodos del
• arroyo ~n la casta inconciencia de la "primera embriaguez pae1onal.

Después de mucho vacilar, aceptó Silvestre á la desvali~ obrymdo así, Ú!]icamente porque era bonita y le insLPi~ba cierta conme1era~ón ~uy semejante á_ la que expenmentaría un compasivo mirando una gaviota anidar
en la zahurda.
Y, no es que fuera redentorista de los que creen q11e to-da mujer caída pue!le convertirse en aogel y lle¡tar al cie·
lo con las _alas sa!p1cadas por el eslibazo farisaico de la
,p~upac1ón social; tampoco es un romántico de 1830
m s1qui~ra un inofensivo imbécil de los que degradan l!~
· sex~ deific:mde á la hembra en altares idolátricos.
fü~da n:iás lejos que eso; comprendía muy bien que Eva
ha e1do siempre malvada por capricho ó tontería v no se
• escapaba á su observación que todos los Yicios que anidan
•en el corazón de una perdida pueden también prosperar
en la beldad más buena.
•. I )ireos :a verdad plena, mi querida sei1ora: ~il\'eetre re•C1b16 á la muchai:ha porque en su embrutecimiento de
ioltero ~mpede~nrdo ~ despertaba con gruñidos feroces
.a necesidad ammal ~ imprescindible de una compailera.
l\le hac!l dail_o la nsa que oe produce mi crudeza, sin
duda me ¡_uzga1e mal ~ducado, pero reid mucho, mucho,
os lo suphco...... ¡tenéis tan bonita dentaduu! •
Cuand:o las mujt&gt;res lindas rien l1asta ajar las blondas
•del corP.1ño y romper las :arillas del corl!é, antójaseme
• ~ue anba ofi&lt;:1a el buen_ D1oii y 1~ querubineeca chiqui•
1 ería de los limbos repica con v1brantef! campanitas de
•oro..... .
Teresa se abandonó al protector, enamorada porque
• creía gallarda su presencia; agradecida, porque había en·
cont~o un amparo en su abandono, humilde, porque
,ad;'lllrnba con entusiasmo el talento de su amigo y era la
wnmera vez que sentía en su piel el calorcillo voluptuoso

rio para ofrendarle el mas 1mblime de lo~ amores, el de
las musas que chien la corona de e~pioas tan codiciada
por los que ~aben que sobre las mezquindades de la vida
corriente, flota un ianta.~rna, que solo prodiga sus besos
de fuego :1 los raros, :\ loll ungiJos por el gran sacerdocio
del J\rte, ¡¡ eso:; cJaudicautes que desprecia el vulgo por-·
que son los desertores de la lucha perenne de las ambi•
ciones de la ralea común.
¡Su obra maestra!
Sentía apro:ximar5e el momento de la concepción.
~ co~ard!a del [!e6fü.o, le intranquilizaba llevando á
su 11_oagmac1ón un infierno &lt;le preocupaciones.
¡S1 no ten!~ ~siento, si era un pobre ernb8durnador, si
detopués de nY1r para un ensueno lo vefa convertido en
cruel fracaso!
Ante la primera audacia sentía el miedo del ladrón que
roba la custo1ia, el trágico pavor del quo nunca se ha
visto cara ,í cara ante la l\l uerte.
¡:3u obra maestral
¡La que eleva una muralla entre el necio y el vidente!
Trabajaría cen asiduidad incomparable, trabajaría, sí,
mucho, tenazmente, liaeta ver sus ambiciones resueltas
en el triunfo al tran~ladur :í un lienzo aquella fiebre de
calenturiento que inflaba sus arterias..... .
Preparó con 1ent,itud el trabajo, puso varios colores en
las paleta.➔, colocó el caballete en la mejor posición y
despufs l!evó á '.feresa á un lugar del aposento donde tocla la claridad diurna bar1ara sus formas con polvillo de
sol.
Pintaría á ( 'leopatm muerta.
Por largo tiempo fué un dPvoto de la grao reina te·
bana.
. Am(&gt; furio-a~ente s_us_obscurosojossombreados deant1momo, B!1s lu¡osas tnmcas bordadas de grecas capricho·
sas, sus fet1ch~s de alabastro y lapizlazuli, á J11isy á Nepbi•
tys, á Sumaut1 el de lu cabeza de cinocéfalo y á llater con
su airón de plumas de avestruz.
Respetó tambifo los animales sa~rados que adornaban
las columnatas de sus palacios faraonicos sus amores formidables, sus glorias cortesanas y su m~erte tan gran•
diosa!. .....
La brocha lamió la tela dándole al momento colorido.
Después de un trabajo fatigoso y complicado terminó Silvestre el cuadro aquél.
Lo contempló un instante.
~u mirada se enturbió y llevando las manoa al rostro
demud.'ldo lloró copiosamente.
La producción le avergonzaba.
Era odiosa.
Car!1es magulladas y de amarillez ictérica, expresión
estúpida en la faz, Menos de nodriza, músculos exan•
gues y contornos acentuados con una grosería viril.
Cualquiera supondría que estudió frente á la plancha
del anfiteatro, ante el cadáver de esas impulsivas que
truecan al fin su lecho de placer por el horrendo y exclusivo de la. l\Iuerte.
Cuando se aplac', un tanto su estupor sintió que-nue
yo Lasconte -le atormentaban• las serpientes de un furor
msano, y, en un rapto de cólera bestial, se arrojó sobre
el modelo con el ímpetu de los leones del Atlas sobre lu
m,trtires cristianas.
L'.l lucha fué breve.
Las manos atenacea1on el cuello de Teresa dejandoazu•
la&lt;la huella! .....•
¡Singular fenómeno!
Frente al despojo mortal de la jo\•en comprendíó el
asesino que la inspiración bajaba á cubrirle con su velo
ingr,ívido......
Pintó de nuevo con rapidez vertiginosa y después de
muchas l11m1s de trabajo vi(i coronados sus erupe11os por
la victoria tan deseada.
•
Entonces sintió una inmenM piedad por la que fué su
víctima; compremlió que la amaba con locura pero se resignó 1t su suerte porque no ignoraba que cua~do la faipa
anuncia con su estridente claridad el. trinn fo de un artista es porque le ha matado el corazón.
N~ creaiedistioguida señora que lo que os he relatado
es simplemente una caprichosa farándula urdida en la
fantasía .
Crno B. CEllALLOII,

Febrero de OO.

DELICTA CARNIS
D• ••• "llístlcas."

Carne, caree maldita que me apartaa del ciele
carne tibia y rosada que me impeles al vicio
'
ya rasgué mis E:Rpaldas con cilicio y tlagelo '
~or vencer tue impulsos ... y es en vano! te anhelo
a pesar del flagelo y :t pesar del silicio!
Crucifico mi cuerpo con piadosos enojos
y se abmz!\ á mis p\antas Airodita la impura;
me sumer¡o en In meve; mas la tibian sus ojos·
me revue_lco en un tálamo de punzantes abroj¿s
y
labios lo iruecnn en deleyte y ventura!
Y no. encuentro refugio, fortaleza ni asilo
y en m1~ noche~ pobladas de imposibles quimeras,
J.De persigue la 11nagen de la Venus de Milo
con sus lácteos inufiones, con su rostro tranquilo
y las combas tnuofales de sus amplias caderas!

s1:~

···¡oh·,·~11~;j~~;¡~ri·~;,;;,·~r~~-~-¡;¡,·~-¡~·;~~~---······
de~roteros del justo; ya no turben con locas
avideces la cslma de mis puros afectos
ni el caliente alabastro de los senos ere'ctos,
m el marfil d~ los hombros, ni el coral de las bocas!

Damas ¡tuatemaltecas.-Niña Mar¡arlta Novella.

�l".L MUNDO

amor. Ni más ni menos que si
ün ciego escribiera de óptica;
porque Don Prudencio conocía el amor grosero y primitivo del Yiejo Testamento, el
panteísta y simbólico de los
poemas del antiguo Oriente,
el meramente sensual que pinta Longo y que cantó Lucrecio, el caballeresco y platónico de los paladines andantes,
el licencioso y pervertido del
Aretino y de Boccacio, el pastoril incoloro de Sannazaro y
La Gala/ea, el venal y cortesano que entronizaron los Rors
bones franceses y bast!f el amor
envilecido de los que hoy buscan la reputación por el esdndalo; pero todo ello fantaseado, desvirtuado por su propia
ignorancia de la realidad, por
su carencia de seutido artístico, vi~to siempre á través de
su criterio mezquino, de su falsa idea de la moral y de aquella eterna manía retórica, eterna sofocadora de la verdad
de la \·ida.
El caso fué que á fuerza de
leer y e~cribir tanto del amor,
sin disfrutarlo ni entenderlo,
con tanto trabajar, comer tan
HIDROTERAPIA Y AMOR
poco, dormir tan mal y digerir peor, comenzaron á alterársele las fnnciones todas de su organismo, hasta caer
Don Prudencio Farf¡ín la Higuera, de cincuenta y tan- enfermo, i;,ufriendo juntameBte .ven alarmante desorden,
tos años soltero, con ama de llaves setentona, bonachón inapetencias y empachos, cólicos é indigestiones, formany de mediano entendimiento, vivía enteramente cons'.1-- do todo ello un cuadro. sintomático capaz de volver loco
grado al estudio, si no con gran ~ruto, con pe~se".erancia al médico m:ls sereno. l\Iientras pudo trabajar lo lle •6 con
admirable. Era de aquellos á quienes los periódicos ca- paciencia; mas cuando t,uvo que prescindir de papelotes
lifican, si son catedráticos, de docto si senadores:deelo- y libracui;,, d.-terminó ponerse en cura.
cuentes, si publicistas de ilustres, y de eruditos cuando
Comultó primero al docter Garda, quioo tras minulea hacen académicos; pero el dictado que más le conve· cioso reconocimiento de toda su persona, le dijo lacónicanía era el de laborioso, porque si á fin de aj'io se pusiera mente:
en balanza el pan que comía y las resmas que emborro-)falas digestiones por exce~o de sedentarismo. Va•
naba, de fijo pesara más el papel que las libretas.
ya usted á &amp;úud, s y beba aquellas aguas. No hay otro
Cuando en bibliotecas y librerías solemos ver los plú- remedio.
teos como dice el gran libro de la calle de Yalverde, carTan insoportable le pareció la idea de separarse de su
gados de muchos tomos iguale.'! debidos á una sola pluma biblioteca, y st1s apuntes; de tal modo le horrorizó la
y en cuyo tejuelo se lee Fulano: Obra.~ Completas, ó ,'tfenga- perspectiva del viaje. que resolvió hablar con otro memu: Opera Omnia, nos causa maravilla que pueda un dico. Dirigif•se al docLor Gómez, el cual, luego de hacerle
hombre producir tanto, y nos decimos que para el Tosta- muchas preguntas y tentarle en muchos sitios, le habló
doy Lope, por ejemplo, debía tener el día miís de vein- así:
ticuatro horas; ó ellos por arte de magia las multiplica--Hipertrofia del hfgado. Si quiere usted conservar el
ban; mas conociendo tipos como Don Prudencio, nos pellejo, vaya usted :í. Ja Charca y beba todo lo que
convencemos de que la constancia lo vence todo, y que pueda.
cualquiera podría llegar á ser Lope y Tostado, si todo
No contento con esta opinión que también Je exigía el
consistiera en devorar vol(tmenes, tlimar apuntes, evua- apartamiento de la biblioteca, procedió Don Prudencio
cuar citas y llenar cuartillas.
á tercera consulta, dan&lt;l_o lugar á. que el doctor González
Levantábase con el sol en todo tiempo, lavábase apele dijese:
nas por no perder minuto, y sentado ante su mesa de
-Vaya usted á las aguas de Cerraja-S y tómese usted
despacho. donde se alzaba nn mediano monte de tdmos cuatro vasos al dfa.
en rústica, pasta 6. pergamino, muchos apolillados, alCreyó qne se burlaban dn él. ¿Cuál de los tres tendría
gunos malolientes y loa m,ís sin otro mérito que la rare- razón? ¿Dónde e~taría su mal? Ni asiento de colonia féza sorbía el chocolate entre dos párrafos, y aun á veces nica, ni imcripción de lápida celtíbera, ni vocablo godo
te~ía que mascarlo, porque de puro frío se le quedaba corrompido por átabes, le preocuparon tanto'como aquehecho pan de hígado. Almorzaba apoyando en la copa llos t.fes nombres; Saln,/,)8, Charcas, Cern~jr1s. Entre tanto
del agua algún catálogo, en seguida, vuelta al despacho, su mal avanzaba de manera que, imaginando su fin cerdonde nadie podía entrar sin excitar su ira; :í la horade cano, y disct1rriendo como quien era, se dijo: «Los médicomer engullía sin paladear, leyendo entre plato y pla- cos tanto sabe uno como otro ...... Veamos qué historia
to y al acostarse, colocaba en la mesilla de noche papel tiene cada uno de esos pueblos. Saludes está en el riñón
y Íápiz, por si le desvelaba la comezón de apuntar algu· del antiguo califato, y Avicena no habla de sus ao-uas.
na idea soñada. Sus paseos eran desde el bufete á la es- Poco valdrán. No voy á S 1l11des. L'.1 Charca es pueb1o de
ta-ptería y vicevert&gt;a; la calle casi no la pisaba; y la ma- orfgen latino: los romanos construían thermas; allí no
yor suma de ejercicio que hacfa era recorrer á zancadas las hay, luego no consideraron que las aguas fuesen bueun pasillo de pocos metros. Sus relaciones con el mundo nas. No voy IÍ Charca, En cuanto á Cerraja.,, esotra cosa.
exterior se reducían á escuchar los cautos cocineriles de Créese qne allí hnbo en el siglo XIII un monasterio de
la vecindad, 6 leer algún trozo roto de periódico en el jerónimos, los frailes que más se cuida.dan y mejor cocuarto más chico de la casa, y sus goces, que él llamaba
mían; viéndolo bien comerían mucho, tendrían indigespurísimos, era ver impreso su nombre en alglÍ.n boletín
académico y oírse llamar sabio benedictino por un ahijado socarrón v perdido que iba de cuando en cuando á
visitarlo olíáteando herencia, para calcular lo que Je
quedaba de vida.
Habiendo consagrado toda ella al estudio, era Don
Prudencio sapientísimo en letras sagradas y profanas, y
en cambio ignorantísimo en cuanto á la realidad y á la
vide se refiere; y como la esencia de la realidad y la vida és el amor, claro está que de esto no sabía palabra.
Pam él el amor era en parte impulso pecaminoso y en
parte elemento literario. Nunca lo consideró sino como
arma de Satanás ó pretexto para ficciones poéticas. Esto,
en cuantn 1í las causas; pues por lo que se refiere á los
efectos que el individuo puede estudiar en sí mismo, su experiencia amatoria era poca y adquirida en
malas condiciones.
El amor es escenario de ópera donde cada hombre
busca tiple para cantar su dúo: el más dichoso conquista
á la primadona; otros nacen predestinados á partiquiquinas, el mayor número no pasa. de figunmt~ y co_ristae,
en una palabra, asfcomo hay qmen no estudia, prnta 6
describe más que las últimas capas socialeF, DonPrudencio no conucía más que las últimas en~guas: el proletariado del amor. Además nunca llegó ácelebrar con mu·
'91 alguna un verdadero tratado; jamás pasó del mod11~
rit·ewti momt&gt;nt.íneo y grosero que despoetiza la pasión.
No sabía lo qne era una señora, ni vió en su vida ba¡n
fino~, ni pies bien calzados, ni oyó una frarn delicada, ni
pudo formar idea de lo que es la honesta coquetería del
pudor. ni se halló en situación de apreciar que la ,olup·
tuosida&lt;l. intelectual es cien veces más noble y deleito,a
que la de los sentidos. Pero como el hombre es un animal que se contradice, á Don Prudencio Je dió principalmente por estudiar lo que no podía comprender, y todas
sus di-&lt;qnisiciones, ensayos y memorias tenían por objeto
puntos de historia y de likr~t1:ra relacionado~ con el
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DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 18117

tiones y padecerían del estómago. Hasta el siglo XI nohablan los autores de aquel manantial; la fundación del
convento es anteriór; de modo que los frailes no Jo conocían indudablemente. Sin embargo, ningún individuode la comunidad lo menc!ona: prueba evidente.de que se
re~ervabán su uso; es decir, las aguas son buenas.,,
Y determinó ir 1t Cerrajas.

···~v1~~~·~;~a.·~;;;úiiú"~i~·d1j~·~i··~éii~~-ii~i~~~~i~:
-Coma usted bien, paseee moderadamente unos días,
fortalézcase algo y luego comenzará usted á beber.
Hízolo así y en pocos días se puso como nuevo; pero
en cambio, sufrió un de~engaño tremendo, porque traaa
mucho hablar con gente del lugar, supo que ni allí ni en
treinta leguas á la rtldonda hubo nunca frailes jerónimos.
¿Poro qué iba tí hacer sino beber?
El primer vaso le puso á morir, haciéndole pasar tan
mala noche, que juró por todos los libros de su biblioteca no volverá tragar gota de aquel agua infame; y comoá la madrugada se sintiese aliviado, tornó á discurrir sobre lo del convento, pareciéndole absurdo admitir que
aquell@s indoctos patanes supieran más que los autorespor él consultados. ,.Cómo no había de existir ó haber
existido el monasterio, si lo citaba el padre maestro fray
Martín Trolero en una nota de su libro JJ,spaniarwn regio11e incognita, edicióu de Amberes, 159,5, al folio 42vuelto? En vista de lo cual, ya que la Providencia le
condujo átales parajes, resolvió aclarar la duda, averiguando si en la décimaterciacenturia hubo 6 no hubo en
Cerrajas convento de frailes jerónimos.
Comenzó, pues, á hacer excursiones, recorriendo la.
comarca en todos sentidos, visitó cuantas ruinas había
en los contornos, inspeccionó libros y registros de ::\Iunipios y parroquias, no escatimó gasto ni se perdonó fatiga
y anduvo tanto que con el mucho ejercicio le volvieron
las ganas de comer; el no trabajar le facilitó las digetiones, el cansancio le devolvió el perdido sueño, y todo
ello junto le restituyó la salud, sin que hablase segunda
vez con el médico, ni tomara un segundo sorbn de agua.
U na tarde ·que se alejó mucho del pueblo, di visó en la.
falda de un cerro dos grandes muros de granito, sobre
uno de los cuales se alzal:¡an varias piedras que á. él se le
antojaron base de torreó parte inferior de campanario.
Apretó el paso para llfgar antes que tramontara el •
sol, tocó por fin el muro, y como descubriese argollas de
hierro entre la~ junturas de los sillares, dedujo, ébrio de
gozo, que aquel fué convento, porque allí era donde se
suje~aba la cadena á que se agarraban loscriminalespersegmdos cuando se acogían tí sagrado. Di6 en seguida la
vuelta al p~red!'.&gt;~ y entonCE;s fué su desencanto; porqu&amp;
en lugar mas v1S1ble y admirablemente conservado sin
injuria del tiempo, ni cantazo de los chicos habí~ un
escudo, ilustre jerpg\ífico, en que, alternaban perros
calderos, cascos y dragoñes, admirablemente conserva:
~os.y ceñido el conjunto por inscripción con mote nobil~ano, parademos~rar que aquel no fué jamás convento,
amo morada de senores guerreros. Grande fué la desilusión del erudito, pero aún le quedaba al bueno de Don
Prudencio Farf~n la Higuera otra y más estupenda sorpresa que experimentar.
Deseoso de ver si se conservaban habitaciones en el
interior del ángulo formado por los muros, dió la vuelta.
á uno de ellos y cuando esperaba hallar vestigio de cuadra aban~onada ó señal de orat~rio derruido, contemplaron sus o¡os el cuadro más heclucero que pueden admirar
los nacidos. Restos de patio, lozas contorneadas de musgo, comizas con colgaduras de piedra arranque de una
escalera.con balau~trada gó~ica, dond~ el mármol parecía enca¡e, una est.itua medio hundida en tierra y sentados sobre la escultura rota, como la juventud y '1a muerte, una mujer y un hombre estrechamente abrazados y
hablando, á pe~ar de hallar~e solos tan baji½J, que no podía saberaerse s1 lo que el viento arrebataba de sus labios
e!-"8 rumor d~ besos ó simidode palabras. Don Prudenc10 les conoció en segm.da. Eran unos recién casados que
se ho~pedaban en su llllsma fonda: ella elegante y hermosísima; él, enamorado y ~allardo; ambos jo,•enes. El
sol parecía detenerse en la lrnea del horizonte para dorar los cabellos algo revueltosde la muchacha, y una ráfaga
de aire se había ido IIHando
lejos la sombrilla abierta, de
seda roja, que parecía una flor
descomunal nacida entre la
hierba, Ellos de nada se cuidaban.

···········································

Volvió ti ::\fadrid sin hallar
rastro del convento v sin beber las aguas; pero cu-rado. La.
misma noche de su llegada se
encontró al doctor García,
qnien al verle fuerte v de buen
color, le saludó diciéndole:
-Ya sabía yo que en Salude.,
se pondría usted como nuevo•.
Don Prudencio riéndose de
todos y aún de sí mismo dijo para sus adentros:
'
-La ·\'ida del campo, el aire puro, la comida sana, trasladar el cerebro desde el encierro del estudio á la libertad de·
la Naturaleza...... ¡esas sí que
son a:ruas minerales!
Y iuego burlándose de las
pasiones retóricas y del falso amor de los libros, se acordó
de la pareja de recién casados,
añadiendo para completar su
pensamiento:
-¡Aquello sí que era poesía!'
JACl.:STO ÜCTA\"IO PICÓN.

12

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 1897~============== = = a:E;,:;L~M~U~N-aaD~0= == = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = = ==3=

.

., ~\
u~

- ~7

Entre mis manos Já lira estalla;
Mas aunque lejos de tí me -,,aya,
Te dejo todo mi corazón!
Cuando mañana levante el.vuelo,
Lejoe, muv lejos me perderé ..... .
Y al contémplarte bajo otro cielo,
C'on honda angustia, con hondo duelo,
l'or tus encanto~ svspiraré.
JUAN B. DELGADfl.

(

f'lemenceau acaba de recoger en sn reciente obra •·L.a
ml\lée sociale » nn hecho dernlador, nna dolorosa p8¡nna de e1&lt;te ca;ndo fin d,, ,,ir¡lo: el Fuicidio de un niño de
doce añoe. La triete enferinedad ya mina las blancas
conciencias, las almas diáfanaF: Iª no hay niños P~ esta
etap~t'le la vida humana; la deeesptran~a enturbia los
primPros '3Ueñoe ven la amada ctimta las blondas cabezas ee mecen en ~in deseo de escaparse á la vida, en un
febril anhelo de huir mnv lejos, al viaje sombrío. al irreparable, en nna nect'eidad de reporn ete:r:no. N~1estros
niños fon viejos, nacen al 011111.do con tremta an?s, en
sus S"nrisas hay rastros de l1ígr11uas, y en rns mira~as
húmedas punza nn amargo &lt;l~sc&lt;.&gt;Dsuelo. Lescom,un.icamos por inexorahle ley hereditaria. el acerbo sufnmwnto de una sensibilidadenft&gt;rmiza. ¡Oh bellas auroras, de
serenos horizontes y límpido aznl de cielo! Ya no ilumi ·
nareís más los mrnientE&gt;s eneueños de nuestros hijos?
Una inmenFa fatiga ha agt~,ado !1uestro s!etema n~rvioso, Jo.ha depurado, y las impresiones, qmntaesen.c1adas, repercuten en nuestro organ smo con extraordinaria viveza. El golpe de rechazo hiere á los a~ados .Pe•
queñueloe, á quienes condenamos :i torturas rnexplicables á conmo~iones extrañm,. Hemos condenado á muerte á ~sos queridos sérE&gt;s, qne llevan invisible cade.na qne
los aprisiona.-Cnando el Oswaldo de les Apar1ci1o~ de
lbsen. se siente dr·primido &lt;&gt;n toda la fuerza de sn ¡uyentud, en toda Is energía de las primeras luchas, acude á I.a
cienciaqne le ,u~e: «tiene~ algo ••enwHtlit desde tu nacimiento ,, 1:&lt;~l virn~ ponzoñoso cox:re en la sangre fresca,
bajo la suave epi,Jermi~, ~alta y b.ulle en ol~a~as negras.
La vida qne dl'rrochamos con la m.Ft1stancia.hdad de ,n_n
pródigo, va acortando l:\ de estos mñ_o~ abatidos y pahdos que Fe sienten profundamente tristes, en eeta ¡zran
renovaciún de fuerza&lt;; que palpita e!l !ª natnraleza. Llevan con~igo un Jeo-ado que lo, martmza, y un día en que
las rosas h»n com~nzado ll abrirse y los alientos de la primavera e~parcen sn so pin reparador y saluda ble, el angel experimenta la nnst,tlgia ..ie las comarcas lejanas y
abandona sn lecho tibio, en donde los labios han ido á
colgar su nHo de beFos.
·
¡Ah bhmca u mita cuhierta de flores, que atravieeas la
ciudad en un vuelo rlpido! Alhl van nueetras pasadas orgías ó nuestras honrla➔ crisis. :Xo hemos rodido, no, ofrecer una vi,fa sana ,í_la nue1•a simiente, e grano brota del
surco debil v ~in fuerzas.
Pero los q·ue qnedan, ¿tendrtln las.ce1las risas, las francas, las qne Htlt'nan como chnrros de monedas de oro ca·
yendo sobre ,lnf11r:t de cristal? ¡Que rían, Señor, que dejen correr la bnl liciosa corriente de sus fre~ca!' carcajad.,s!
Y quisi/\ra. no~ arrancar tinieblas de sus almas y arrojarlas al antro de &lt;lnnd,, salieron. ¿Por qué no hem'&gt;S sido más f..-licPs p,,ra que ellM lo fneran mí1s? ¿Por qué no
hemos gozado 111:is de la existencia para que ellos sufrieran meno•?
•
Y á ca,!a nuevo am'lnecer·sondeamos la infantil cabe·
cita de onda~ tlMa,,las para de~cubrir si e~tallan dentro
de ella lo~ gfrm,•nt;&gt;s dl'l mal que padecemos, si dE&gt;trás de
la tenue chri h I qne prelnJ.ia al día se anuncian las
'violentas tormenta~ que nos conmueven. ¡Ah!· si nos
fuera dable dt&gt;fterrar la idea de aquel cerebro que vibra
suritm0de,·i-ia y al quela cnriosid&gt;1rl-la gran pérfida-se asoma por momentos~ Inmovilizar aquella con·
ciencia. s11,pen,!er aquella emotividad en un sueño de
hadas, en un sopor vago é indeciso, ¡qué ideal imposible!

No te enfrentes jam,ís a1 problema, niñq de los •
blondos cabellos, no te acerques ¡Í la esfinge que ba
desgaitado nuestras energías y debilitado nuestra
fe. Y pensamos tenerlos todavía en nuestros brazos,
arrullarlos en una caricia ¡,al ,·adora, conservarlos
en esa etapa de somnolencia inconsciimte que los
aparta de la vida.
.
Pero el niño se pone triste, ya en s~1s pupilas se
condensan las Jllgrimas y hay veleidades en su
sonrisa, y entoncE&gt;s ¡oh Dios! protestamos con~ra
esa lev de dolor por la cual se perpetúa la especie,
larva de humanidad arrojada á travJs de todos los
tiempos.
.
¡Oh, mi nií10, mi buen ni!'lo, no estés nunca triste! Que yo pueda saldar m1 an;mrga cuenta. con la
vida, pero que nopa~e nunca a tus tranqmlas n~ches, que el tnígico fantasma no cruce en tu c.'\mino que no turbe una arruga el ee-eno lago en que
na~·egas. Cuando en la noche oigo un grito tuyo
rasgando la tiniebla, siento acudir llanto :í mis ojos;
y me pregunto gné nuevo sacrificio, qué otra tortura será neceeario que padezca, para desvanecer
la visión aterradora. Sinieslr,t leyenda, eres cruel,
eres implacable: los pecados de los paires pasa~·,ín
á los hijos. Y tít, poeta, tenías razón? «Dar vida
as( ¿no es un crimen?" ¿,Somos todos culpables
de ese gran delito de perpett1ar la vida9 Y ellos,
los condenados de antemano ¿nopmlie:ancomo el
Segismundo de L&lt;i vida e-~ ~ueffo pedirnt&gt;s cuent~ de
nuestro crimen?
•
Pero ya su respiración se ha calmado, ya no oigo
el ruido de las hojas de ro~as que produce su cuerpecito al agitarse bajo las s,íbana~, ya reina una inmensa quietud en su alcoba ...... ! El nuevo día lo
sorprenderá .riendo.-RíE&gt;, ríe todavía, mi buen ángel. Aítn no vive~, puesto que atín no sufres, puesto
que al'tn no lloras.
C.rn1.os D1Az DcFóu.

,

DURANTE EL CREPUSCULO

I
Aun del alto balcón la luz discreta
En hilos de oro pálido caía,
Y aun la canción del último poeta
Temblaba en la marmórea ga1erfa.
Dudé; temí.. .... confuso y vacilante
Detuve en el umbral la incierta planta,
Y un dulce acento murmuró: «¡adelante!»
Y una voz juvenil me di¡o: «canta.»
Entonces penetré: cobarde y mudo
Olavé en el tondo del rnlón los ojos,
Y ví brillar el esmaltado escudo
Bajo un dosel de cortina¡es rojos.
II.

Y la miré...... Sobre el sitial obscuro
Lo inmaculada faz resplandecía,
Y se bañaba el tapizado muro
En la azul claridad que la envolvía.
Herrnosa aparición! ...... Doblé la frente,
Pulsé el laud y medité un momento .... . .
Y empecé á d~satar tímidamente
:Bl ala entumecida al pensamiento.
Canté: «Yo soy el nuncio do la pena;
Yengo ele las comarcas del olvido,
Y, bardo errante, mi palabra suena
Con algo de sollozo comprimido.
Señora mía, ya fragantes flores
Los caballeros á tus piés regaron;
Y a en el rojo escabel los trovadores
Par!!' verte y cantar se arrodillaron.

En -vísperas de viaje.
Cuna de Allende, tierra de amores,
Nido de ensueños, bendito hogar:
Entre mujeres, aves y flores
Deja á la alondra que sus dolores
Eche en olvido para cantar.
Eres el huerto que yo soñaba
En mis delirios locos de amor;
El mismo cielo que contemplaba,
El mismo albergue que yo buscaba
Para ocultarme con mi dolor.
Yergel risueño, m ,nsión de calma,
Oasis que en vano triste busqué:
Aquí reposa tranquila el alma..... .
¡Tú eres la sombra de aquella palma
Que en mi desierto jamáf\ hallé!
En tí residen vírgenes bellas,
Cutis de rosa, talle gentil,
Y ufanas lucen estas doncellas,
Como en el cielo lucen estrellas
Y lucen flores en el pensil.

Hizo verter tu mágica belleza
Raudales de armonía á los laudes,
Y ciñe, como el nimbo, tu cabeza
El "fulgor celestial de tus virtudes.
El áureo manto de tus hombros rueda,
En blandos pliegues por la rica falda,
Hasta el chapín, que bajo el brial de seda
Despide sus destellos de esmeralda ..... .
¡Conserve Dios tu vida y tu abolengo!
Yo me alejo de aquí.. .... noble señora;
Qne soy el nuncio del dolor y vengo
Del lejano país donde se llora!

J.Iorir debieran en el aire mudas,
Las pobres notas que mi lira arranca;
Yo sólo sé cantar amargas dudas,
Y trovas tristes á mi musca blancal. .. ···"
Después ...... colgé el laud, la ví un instante,
Holló mi planta la tupida alfombra,
Y tímido, confuso, vacilante,
Dejé el salón y me perdí en la sombra.

Lurs G,

URBl~A.

Cuando las miro desaparecen
Las tempestades de mi dolor..... .
Ora se encienden 6 palidecen:
Son sensitivas que se estremecen
A la primera frase de amor.
¿Y las esposas? ......... ¡Qué gran fortuna
Guardan los hombres en el hogar!
En esas tíbias noches de ¡una,
Yo las he visto junto á la cuna
Durmiendo al niño con un cantar.
Eden florido: no bien asoma
Por el Oriente vivo arrebol,
La madreselva te da eu arnma,
Te arrulla el canto ,de la paloma,
Te incensa el aire, te be~a el sol.
Y así despiertas, después te aliñas,
De nubes de oro formas tu chal;
Y de Guadiana por las campiñas,
A cortar flores lle,,a á las niñas
No sé qué genio prima~eral.

.

·······························································

······ ..... ······················ ·················· ············
Adiós ...... me alejo y el labio calla,
Tiemblan las notas de mi canción,

Mártir en lo pasado, ya inclemente
aspira á ser verdugo én lo presente.
*:...~*

•

¡Falsa! Al hablarme, una hilación extraiia
me trae á la memoria
que á mí solo me engaña
cuando me dice la verdad, la historia.

*.,.
*
Tal vez hallar consiga
1 mis grandes errores un consuelo,
viendo que, á veces, por bJndad del cielo,
el rayo que va i.l. un rey, da en una hormigi.

........

¿Es sueño, 6 realidad, lo que he vivido
No lo sé; pues, yo q11e hablo, no estoy cierto,
si al juzgarme despierto, estoy dormido,
ó al creerme dormido estoy despierto.
C..urPOs\)IOJ!.

�- - -=-= = -

DOMINGO

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 181n

= = ===========-==~-====--'---

rapidez del sueño. Hnbríamo,; andado veinte millas cuando, naturalmente,
el tren descarriló, de,boc.índose hasta irá hun&lt;lir"e en la arena de un vallecilio árido en cuyo centro
espejeaban aguas fofect11s
y pe~a&lt;la~: una e~pecie de
mar muerto oliente á petroleo. Dirán ustedes que
. cómo pude darme cuenta
de la topograíin del terreno HUpucsta una catástrofe, y les responderé que yo
gozaba de inmunidad merced á un paet• firmado por
Sa~n:b.
Con prontitud salté á tierra, y apenas afirmado en
ella, me ví rodeado de un
inmen~o grupo de ciudadanos &lt;le sombreros de petate y ciudadana&gt;' de rebozo de hilaza, que esperaban la lll'gada del •Donat.o
liuerra,• tripulado por un
Ci1rón de agua dulce, para
que loR transport.'\Sen á la
ribera opue~ta: eran las
EL DA:o;TE E:-;' ~IEXICO.-El dcscnrrilamlento hahltual del Interoceánico.
víctimas de Temamatla, é
impacientes
por
la
tardanza
del
vapor, se dehquitaban
EL DANTE EN MEXICO
diciendo pestes de México.
-Figúrese usted, iwñor Cumplido-que hacE: meses y
meFes que ebtaruos aquí, condenados á no pasar el lago
VIAJE DE UN REPORTER.
hasta que la cmpn'"ª del Interoceánico indemenice á
nue~tro:; deudos...... (',-0mo esto no habrá de sucedr por·
( CO:S'TIXt:.\
quu la~ pierna:,;, brazos y demás adminículos do nue~-iras
plebeyas humanidades no se cotizan á precio alguno;
Ya era tiempo de continuar mi explo~ación. ~i quería dc~esperados, hicimos ayer una mani(e~tación á Satanús,
,ue mis notas fuei;en completas. Las reg1011e~ mfcrnall·il el cual, compadPcido al fin, nos penmtió que nos embar110n vastas: ~anta Teresa, en uno dl' sus l'xtas1s co11s11l'tu·
cásemos en d ,,Donato,,, pero estamos tan de malas, que
dinarios vió c ,er al infierno tantos r(·probos, quP, ni
aun no llega. Como en este país no se tiene noción ele lo
volver e'n ~í, m,• admiré-dice,-de que aun quedasen
que vale l'l til•mpo ..... .
hombres en el mundo. Ya EL' comprendl'rá pue8, que es•
te·cuarto seno de las ánimas, no l'B una casa de vecind_ad
'1e México. Los departa111entes•d1· hombres est11n en lll·
mensa mayoría respecto &lt;le los de mujeres. Esta, al pare·
ccr anomalía me la l'Xplicó un diablo oficio¡;o, corpulento, ventrudo~• muy seml'jante en lo achocolatado )'.. simpático, á &lt;,abriel Villa!1Uevn: Los hombre~, me_d1¡0, se
pierden habitual y contmnadamente por las mu¡ere~, y
ellas se pierden ...... cuando quieren y, sobre todo, cuando han echado dl' cabeza á dil•z varoncitos por lo menoR.
-Pcro,-obsl·rvé-¿uEted no ha léído las redondillas de
Sor ,Juana?:

DOMINGO

21

125

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 1897

didos de grúas hincadas en la roca y c:isi á flor de agua,
estaban varios individuos haciendo visajes y contorsiones para e1:,quivar el ataque de lo~ mgrl's mon!&lt;tn,0R0!I,
•Lle~o de curiosidad que me hizo olvidar mi• su8to, pregunté á un peladillo de los de Tt&gt;111amatla que estaba cerca de mí: ¿Sabe usted qué ~ignificacso?
-Son ,-otos, me conteH,6 desd!'ilo~amente.
-¿Pero qué cla~i¡ de rotos?
.
.
-Reportera, mi Jefe, y están camelados á todas horas
por los '1'(19ru.
•
-Pero y lo;; vagres.
-Son lo¡¡ noticiones que le dieron al público......
-¡Ajá!
-Mbté: ese que se retuerce ahí fu(, el que inventó un
brínd.i;; precidencial con m"tivo de una convivialidá diplomática.
-Ese otro del pantaloncito rabón, dió crónica del baile de )linería la vf~ pera de que em ()('Zara.
-Hombre, ¿y cómo'!
-Pos dicen que viú el adorno de Bejarano..... .
-De 'Minería, dir.í. uRted ...... ..
-E~o es, de Minería, y picli5 lbta de invitaciones. A~.
pudo de~cribir el :&lt;alón, mencionar invitado•, que alfit.
no fueron-algunos por no ga8tar los quinientos del
ve~tido de ~u mujer-y lo dcm¡\s se lo imaginó ..... .
-:'.lle gu~ta el procedimiento.
4
-Dicen que así se u~a hoy pala oportunid,í.
-Es una oportunidad laudable.
-¿Y es&lt;· calvo de bigote de alero que guiña el_ojo?
-:::ie llamó Don :'.llodesto Costa, y no etitli aqu1 por reporter mentiroso, sino pqr calumniador.
-Explíquese usted.
-Yo nada sé; pero me&lt;licenque calumniaba á la antigüedad; fué esculcadorde biblioteca~ y les colgaba á
los reyes, á los santos, á los héroes y á_la gepte antigua
en general, uno~ milagros que daba miedo ..•...
-Si, ya me acuerdo ......
Loi, desgmciado, en tanto se debatían presas de paTor
frente :í las fauces de los monstruo8.
lle aquí lo que cuesta lo sensacional, dije- pero en
fin, eso es lo que el público quiere...... l'eor para el público y peor para lo:: reportan!
El peladillo me miró con zocarronería y soltó á modo
de comentario;
·
-~li jefe, si el piíblico
Rrmos nom:ls nosotros, estú bien dicho, pero Pi son
también uswdes lo!' rows,
¿por qué no !'C civilizan?
( Cor,timurrá.)

..

l •

l'n literato que entra
en la política, es como un
~ibarita emmndo en una
fonda china.

Hombres necio, que a~usnls

El mejor crítico musical pería un hombre com·
pletamente sordó.

A la mujer Hfo, ra:ún!

-¡Qué bien ee conoce qmi es u~kd mexicano por lo ·
lírico y verserol Lo~ hombres El'rán necios, no me opongo· lo traen de abol1•ngo; pero las mujl'res no til•nen disc1,1lpa. Qtw, ¿no clama al l'ielo esa legión de emple_ados
cuvas hijas les convierten el suddo en telas que lucir en
Pláteros? ;.Esos míseros oficialeH que uean uu uni,forme
roto para que sus conyugcs H' uniformen eegun las
prescripciones de la andante cul'l!ik·ría? ¿Que no le dan á
vsted lástima eso!!' maridos ricos, viejo8 (• insensatos, esos
maridos in paliibui&lt;, que pagan á peso de oro la ridícula
vanidad de unir sus e ntusiasmos s1•niles, manidos y averiados, á la casquivana juwntud de uua p~eudo-bonita?
¡Ay amigo-y el diablo hacía tambor en su vientre con
los dedos:-1,.se :'.\léxico l'Stá peor que Dinamarka en tiempo de Hamletl
Y á fe que tenía razón. :'.\las por lo mismo que la tenía,
tocábame apn•surar mi expedición para conocer todas
las regiones donde los hombres pagan el cuarto de hora
que las mujerl·S les llevan de ventaja.
•
Dispúeeme, pues, á partir. El Interoceánico 6 /,flT&lt;&gt;Nl,-ril terror pasaba cada cinco minutos por la estación más
próxima, con el fin de que los que quisieran suicidarse
lo hicieran á horas fijas y tomé un carro de primera.
Pronto el gran dragón de hierro partió, agitando al
aire su cimera griRacea, y la.~ hurañas per:&lt;pecti vas de un
camino erizado de rocas, desfilaron ante mi vista con la

21

ne aquí á eincur.nta
anos-si sigue el sistema
de ducación á la moderna-son los hijos los que
reprenderán á los padree
y los que los pondrán á.
pan y agua.
Co),HE KOSTIA.

La familia no es solamente para comer junM&gt;B.
IJOUJSOD.

w

EL DAXTE E..'- )!ExtCO.-El suplido de los report.crs mentiroso.~.

-Hija es usted más bachillera de lo que parece ........ .
-Cla~, como que nací de buena enea. :'.\Ii padre fué1•
diputado, pero como tuvo que dejar la cur~l en un
periodo en que entró Íl la cámara toda una fam1ha de ?t~éxico, fuimos descendiendo la e6cala social, y aquíme tiene usted ..... .
Un agudo pitazo del Danato, que por fin llegaba, la
interrumpió:
Fué de verse entonces el
alboroto y la zambra de
aquella gente. l'or fin iban
á pasar el charco, y en nn
vapor nuevecito .....
Como pude, me embarqué á travrs de aquel maremagnum de zarapes y
enaguas de estampado y
busqué un rincún donde
echar un tabaco y estar á
Pah--o de la charla general.
Quiso mi buena .fortuna
que Jo encontrara, pero
apenas 1mboreaba las de-.
licia8 de mi instalación
cuando: ;cataplmn! ...... El
buque diú con una draga y
empezó á tragar. líquido
por una abertura. de proa,
enorme.
Cuando volví en míque tam birn los reporters
· !.'edesmavan-estaba tendido, cúan largo era, la
borde de un río, en el cual
nadaban rngres enormes,
i nvero,ímiles. En la ribera
opuesta que formaba una
especie de cantil, suspenEL DA.',T e: E.,; ME.XICO.-Caron conduce l. las vtctlmas de Tcmamatla,

EL PADRE-NUESTRO DEL DANTE

Canto XI del Purgatorio.

•Padre nuestro que te hallas en el cielo
No circunscrito, pues tu amor benino
En lo infinito 1:Je difunde al suelo.

~

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·_re
.

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;.:_·

i ·_

_-_

-~ .

. •E.~ta última plegaria, padre amado,
l\o es por no~otros; son nuestros clamores
Por los que ali.len el mnndo se han quedado.•

..

...

"·

-·-~€:~~f~ ~-

•Tu voluntad que el sacrificio enciende
Y tus ángele~ cantan en su Jlo!JQn1111,
Se haga en la tierra que tu amor comprende.

«Xuestra Tirtud que debil ee abandona,
Del amigo güarda y del p&lt;.,cado,
• Y líbranos del mal. que nos baldona.

,

----~.. -..... ·;.;.,...,

«Yenga en paz el tu reino de ventura,
Porque ei de tu seno no desciende,
No alcnnzan:mes solos tanta altura.

"y así cual perdonamos de concierto
Recíprocos agravios, tú perdona
Las culpas del humano desacierto.

-/'

',i!.. "-

«Sea alabado tu poder divino
Y tu nombre, por toda criatura1
Que grata te tributa incienso dmo.

«Danos del pan ]agracia cotidiana,
Porque sin ella en árido desierto
:'.\Iarcba hacia atrasuquel que má.s se afana.

, ./

IIILD~~--No-oela por Gauaara ae ~ind.
•
l~l Ca;tillo de Cbnrlottemburgo esU. pintore:;carnl'nte
~ituauo entr&lt;! lo.1&lt; la6 o~ \\'ettern y lloren, sobre una emi'ilencia cubierta de espeso bosque, al pié de la cual serpentea el l\lotal:i. ü-te riachuelo, que une á los dos lagos,
y ten&lt;lrú :1 lo sumo tres ó cuatro kilúmetros de longitud,
:;e desliza :i. tr.ivé,; de una de las.más bellas comarcas de
la ~necia. Sas aguas son limpias y claras como cri!'tal de
,roca, y su corriente, en la apariencia tranquila, inspira

la ,eguridad y In confianza. Pero eBta calma e.• en reali- recodoe. Xo puetle formarse una idea contemplándolo á
dad engaiiadora, pues si bien la navegaci(m á remo es dbtanc,a, del ímpetu y violencia de estas trasparente:;
allí practicable, nadie puede, .s in embargo, aycnturarse aguas, mo,rada favorita del salmón, y admira ver los essip. tener gran experiencia y conocimiento de lo,; nume- fueno8 musculares que el pescador tiene qne de~plcJar
ro~os escollos, rápidas y remolinos ele ésta falaz:corrrien- ¡,ara cortar esta ma~a líquida.
A su salida de Wettern se ve obstrniuo el ~río por la
te, cuyo encanto y hermosura ~on tales, que se siente un
deEeo casi irre,;ilitible de explorar en canoa su~ ondula- compuerta de un molh10 y por rápido" que hacen la naciones caprichosa~ Y. costear sus pintorescos y sombríos vegación imposible en este parajl}; pero un poco más

�126

abajo puede intentarse eu navegación en lae condiciones
indicadas, y así continúa hasta el lago Boren donde ee
precipita, disminuyendo su empuje á causa del ensanchamiento. Su punto de reunión con el pequeño lago ee
oculta á la vieta de los bejucos, á través de loe cuales se
filtra con un ligero susnl'J'Q.
En la época á que se refiere mi relato, el río, que al~za eu mayor anchura frente al castillo de Charlottemburgo, tenía en leyenda, la cnal se.perdía, como todae, en
la noche de loe tiempos.
Había, j08tamente enel centro de la corriente un escollo de forma circular al cual era puntos meno que imposible aproximarse, debido á la violencia de las aguae.
Producíanse állí remolinos tan extraftoe, y saltos tan desordenados que parecían ocasionados por la acción de algún fuego eubterraneo que hubiera puesto el líquido elemento en ebullición, más bien que por la conftgunción
submarina de los arrecües. Se podía percibir claramente
desde la escarpada cima de la montalla que en el centro
• mismo de este hervidero había un pequello espacio, como de dos metros de superficie apeD&amp;II, en donde el agua
se mantenía tan tranquila que parecía un espejito colocado en medio de una caldera hirviente.
Po; eso se designaba este eitio con el nombre de «La
Oaldera,, y la tradición pretendía qre en el tiempo en
que los rios tenían 11us hadaa, el Motala albergaba una de
admirable belleza, naturalmente, pero caprichosa y porfiada como los aguas que gobernaba. Había elegido el sitio que acabo de describir para su gabinete de toiktt.e; asilo impenetrable donde nadi_!! podía sorprenderla. La linda hada había acabado por.desaparecer como lo hacen,
:ay! todaslashadae. y todas loe leyendae, ahuyentada
por el diecorJante silbido de las fábricas movidas por vapor, que vienen, establecerse ,cortadiatancia, trayendo
consigo el ruido y el movimiento en una comarca hasta
entonces tranquila y apacible. Sin embargo, el antiguo
boudoir de la hada eicistia, lo mismo que ella lo había dejado. El peqnello espacio de agua, con su superficie clara
y tranaparente, era el espejo donde se contemplaba en
-Otro tiempo, y allí estaba siempre, intacto y cintilando ,
loe rayos del sol.
Loa ancianos del logar record¡lban perfectamente habar :visto á la hora del creptisculo, en las hermoaaa tardee de verano la preciosa aparición, sentada sobre una
roca en el centro de la Caldera, peinando su larga cabellera y contemplando BU imagen retratada en la onda
cristalina, como la Soreley q la balada alemana. Aseguraban que aun podía verse el rostro de la linda hada, animado y sonriente en el fondo de su estanque, donde pa- ·
recia estar indeleblemente iinpreao, reposando allí como
en un marco argentado, al abrigo de la mirada sacrílega
de los hombree, protegida en el fondo de aquellas aguas
- bulliciosas; rodeada de aquellas inaccesibles rocas que
la protegían con sus agudas aristas.
.
Llegar hasta el centro del arracife era, segun se decía
nnaempreea di1lcil y peligrosa, sin ser imposible. Existe
en efecto cierto sitio por donde podía hacerse penetrar
una pequella embarcación tripnlada por una 1;10la pereons, y una vez traspuesto este paso dificil, se llegaba con
relativa facilidad , la piedr.1 que la leyenda titulaba
~ taburtü de la hada», al pie del cual 88 encontraba el
espejo. No obstante esto, aun para el remador m'8 diestro y conocedor de los obstáculos del escollo, la menor
vacilación, el más ligero descuido podían ser fatale2. Si
el frágil esquife se desviaba tan sólo una pulgada de la
línea que debía seguir, era envuelto por una especie de
ciclón snbterraneo que lo hacía girar tan n•pentinamente
como una peonza durante un segundo, para sepultarlo
deepuee en el hondo abismo, apareciendo al cabo de ocho
ó diez días loe restos de la emblt"cación y del atrevido navegante, que flotaban, merced de la corriente ó yuradoe
entre las cañas del Boren.
Como podrá suponerse, esta hazana no ecdncia por cierto , ninguno; sin embargo la tradición del país mencionaba los nomores de algunos audaces que la habían efec•
tn'ldo, 11 M• cnn buen éxito, y otros que habían perecido
"" BU tt,mel"l\ria empresa; y aunque todas estas relaciones eran consideradas tan e6lo como legendarias, lo cierto era que desde hacia muchos anos nadie había intentado repetir una proeza ~n inútil como peligr~sa.
El castillo y la poeeción de Cbarlottenburgo eran propiedad por aquel tiempo, del barón Hammarbielm quien
la habitaba en col'flpañía de su única hija Ililda. Hacía
bastantes aiic,s que bab::: q·1r d::&lt;10 yindn, y 'l"frín en el

DOMINGO

EL MUNDO

retiro y en el aielamiento. Se le tenía por un hombre de
carácter duro y violento, por lo demás poco se hablaba
de~!,
Tales eran loe informes generales que yo pude obtener
acerca de esta región que me era conocida desde
hacía mucho tiempo, , cansa de loe relatos que 83bre
ella se habían compuesto , cansa de sus sitios pintorescos y románticos, y por eso formé el proyecto de visitarla y estudiarla , fondo durante el verano.
Así pues en la primera quincena de Junio, provisto de
buena éantidad de telae y coloree, desembarqué c-&gt;n mi
hijo Raul, recientemente llegado de Düsseldorf, donde
había e;;tudiado la pintura, en la pequella ciudad de Motala situada ai' la desembocadura del río, cerca del lago
Wetem.
Casado desde muy temprana edad, y á consecuencia do
una calaverada de aquellas que únicamente se hacen en la
primera juventud, con una mujer que solo me había cautivado por eu belleza corporal, pronto llegó el día en que
lamenté amargamente mi elección, y sobre todo la precipitación con que obré en acto tan trascendental; el nacimiento de un primer hijo, al cabo de un ano, costó
la vida , la madre y con la viudez recobré la libertad.
Aunque e6lo tenía veintiseis alloe, había ya esperimentade tantos sinsabores durante mi vida matrimonial, que
esto me hizo formar la inquebrantable resolución de no
casarme por segunda vez, en cuyo propósito he permane•
cido firme po(completo. En consecuencia, todas mis afecciones las concentré en este hijo único.
._.En la ~_poca en que se desarrollan loe sucesos que voy
, referir, era yo joven aún y como R1ul, de veintiun
alios, estaba demasiado crecido en proporción de su
edad, se nos hubiera podido tomar por dos· camaradae,
que por padre é hijo.
Encontrándome por primera vez en ese país, convenimos en consagrar los dos primeros diae , recorrerlo ,
pie, con el objeto de estuiiarlo antes de ponernos , trabajar.
- A tout ,eigneur, tout honntur. Nuestra primera idea, al dia
eigoiente de nuestra llegada fné el irá visitar la «Caldera,,,
cuya historia había yo referido á R1ul, tal como acabo
de relatarla.
Nos impresionó sobre manera la hermosura del paisaje
y la rareza del fenómeno. A nuestros piés una superficie
de agua cristalina que cintilaba iluminada por el sol, como una gasa de plata, agitándose en toda su extensión;
tan nuiforme era el movimiento del agua en eat.e lugar.
En el centro de este campo perfectamente unido, elev,baee algo como una marmita cuyos bordes se hubieran
mellado, y cuyos flancos obscuros se distinguieran apenas
á travee de loe millones de burbujas que formaba el agua
que le rodeaba.
En la misma linea, sobre la orilla opnestaerguíRBe altivo sobre la colina el castillo de Charlo,temburg cuyas
torree se destacaban en toques claros sobre la espesura
del follage sombrío que lo circundaba.
Raul estaba 11obrecogido de admiración, y sólo pensaba
en el modo de reproducir fielmente sobre la tela esta grandiosa escena.
Descendimos bien pronto por. la pendiente escarpada
y cubierta de maleza, , fin de examinar el fenómeno algo
más cerca y darnos cuenta de la perspectiva que ofrecía
el paisaje al nivel del río.
La vegetación en este valle es extraordinariamente exhnberante para nn país tan septentrional como la Suecia,
y en tal abundancia q ne hacía dificil el acceso de la riben.
Lleg ,mos, sin emb1r~o. á la orilla del agua en un momento, conversando y bromeando, como se hace cuando
es uno joven, sin cuidados por el porvenir y crey{-ndo5e
solo en un bosque.
Grande fné nuestra admiración ni encontrarnos de s:íbito, al desembocar de un grnpo di} sauc\ld que baiiabnn
sus raíces en el río, frente á frente y tan cerca que hnbié•
ramos podido tocarloc1m la mann, en un hondo botecit-1
guiado por nna joven :í q•lien nuestra aparición repenti•
na no pareciú sorprender en mayor grado, y aquien sin
duda había anunciado nuestra llrg:vla el ruido de nnestros pasos y el animadodiálogoqueso,tcní:11nosen el camino. Probab'.ementt&gt; la habianws sorprendi,lu mientra~
se ocupaba en copiar de la naturalez:1, por que estaba precisamente acabando de colocar en su b:irco, un caballete
y otros varios utensilios de pintor.
Flalu-lamM y balb·1~Pa~0s algnnas escusas á las cuales

21

DE FEBRERO DE 1807

DOMINGO

respondió sólo con un ligero movimiento de cabeza, si..
volverse, y aun sin dignarse honrarnos con una mirada.
Luego que terminó sus preparativos, con toda calma asi~
sue remos y nos indicó por medio de un ademán altivo éimperioeo, pero tan expreei vo, que era imposible dejarde interpretarlo en en verdadero sentido, la cadena quesujetaba su embarcación al trunco de un sauce.
Obedeciendo á esta orden muda, me apresuré á desenganchar la marra, lanzándola sobre el banco, hecho lo
cual, impulsé suavemente la barquilla para ponerla á flote. Una sonrisa casi imperceptible fué mi recompensa;:
después la linda batel~ra cuyo roetróestaba vuelto de lleno hacia nosotros, 118 alejó apoy,ndose muellemente sobre eus dos remos.
Dirigía su embarcación con una gracia y una perfección notaMe, y el movimiento cadencioso y regular del remo hacía poner de relieve en admirable talle, flexible y
esbelto así como las bellas proporciones de en busto. Nada de apresuramiento, nada de inquietud en los movimientos que indicara la joven colegiala, gazmona y torpe.
sorprendida y huyendo sin saber porqu~. Al contrario,
nos miraba cara , cara con esa mirada franca y discretamente interrogadora de la mnjerde mundo, quien nnea-- ·
tro continent.e un tanto cuanto encoiido proluJia su piz•
ca de ironía.
Sin duda estaba habituada á navegar en estas agn&amp;&amp;
pues se dirigía en línea recta hacia L, C.ddera, sin vol verpara nada la cabeza y sin permitir que la corriente desviara una sola línea en embarcación; r.Jdeó el escollo y
la lanzó rápidamente en dirección de la orilla opuesta
donde la vimos abordará un peq11ei!.o deeembarcaden&gt;
formado con planchas de madera; dejó eu b.&gt;te y desapareció por la pendiente boscosa que conduce al castillo.
Pudimos eegair con la vista aún, dnrante un minuto, Iu
ondnlaciones de en ropaje blanco que aparecía y desaparecía alternativamente , través de loe arboles.
S.&gt;lo haetaentoncea recobramos el uso de la palabra,
volví la vista hacia Raul y vi que parecía despertar de un,
suello.
-¡Qué encantadora aparición! excll;.mj. Sin duda e&amp;
una de las damas del castillo, pero, si yo estuviera dotado de una imagin¡ción romintica, haría dJ ella la hada
moderna de este río; casi, casi la veo penetrar en la Caldera. ¿Td fijaste en sus ojos Ranl? Q:i~ extr.&amp;lio color t i~
nen, exactamente el matiz verlosode estas honda~ p!rB.da~ y de una expresión tan singular. Todo el ra"sto del •
día me pareció que Ranl estaba m'8 sombrío y preocupado de lo que yo hubiera querido verlo. Exploramos las
orillas del río hasta el lago Borea, lo que nos entretuvo
por todo el día y e61o ya muy entrada la noche, fatigadoa
pero encantados con las bellísimas perspectivas del paisaje que teníamos en la imaginación y que nos proponlamos reproducir en nuestra cartera, bullQ&amp;mOB el abrigo.
Habíamos convenido en principiar 1118 operaciones al
día siguiente con un estudio de la Caldera tomado desde
el puesto en que la habíamos contemplado por la vez primera. Nos dirigimos, pues, con nuestros avíos.
Después de unos inetant.ee de trabajo, Raul, que estab3,-.
pensativo, me dijo:
-¿No convendría que fueramos, hacer una visita
castillo, aun cuando no fuese más que para presentar
nuestras excnaas , la sei'lorita , quien perturbamos ayer't"
Eetáhamoa en sus posesiones y por consecuencia, somos
verdaderamente unos intrusos en 808 dominios.
Esto era el principio de lo que yo temía. Conocía bienla naturaleza impresionable y el caracter apasionado deRaul. Tenía el culto delo bello y el gueto de lo rom:lntico. Yo presentía que si él volvía á verá esta mujer-se enamoraría perclida111ento de ell 1; lo había leido en sn mira&lt;la, pero ni mi81llO tiempo pr,jveía que este amor no s:ilo
~ería una intcrrupciún puasus estudios, sino que lo haría ,!~agracia l •&gt;, cumo no lograra sustraerse con tiempo á

al

i;u rnflujo.

-Haul, ledij_e, ayer despu.!e de la cena, cuando subiste á acostarte y yo me disponía á seguirte, el anciano propietario de nuestro hotel me invit,, á fumar un cigurr.:i
en la terrasa. Nos pu~imos 1í platicar indidtintamente, y
de asunto en asunto, al l!Pg:1r 11! modo con el cual cumpliamos nue~tr.&gt; &lt;lía, 1ne \'Íllo la iuea de interrogarle acerca del lur:,n t.lu ll.unmarhiehm y su familia.,
Bien, seiior, me dijo, sabr.i u,teu que la baronesa.
muerta hace 20 años
veinticinco menor que su muido. Era una mujer de admirable belleza, algo altiva, como conviene á una castellana. Montaba perfectamente á.

era

21

EL MUNDO

DE FEBRERO DE 1897

caballo y tenía pasión por la naturaleza y los ejercicios al
aire libre, en loe cuales sobresalía. Inmediatamente después de su matrimonio, que se efectuó en el estranjero,
·el barón y su esposa fijaron eu residencia en Charlottemburgo. Durante los dos primeros allos de su vida conyugal todo fné á maravilla y la j1&gt;ven baronesa parecía ser
relativamente dichosa. Pero ¿conocía ella loe antecedentes de su marido, al consentir en unirse , él? todo indica que no. Como lo había conocido en el extranjero,
fné cosa facil ocultarle que era viudo y que en primera
mujer había desaparecido de un modo tan extrano como
misterioso.
·
Esta infortunada joven (hablo de la tilt.ima) me scuertlo perfectamente de ella, continuó el duello del hotel pa·
u.ndo su mano por la frente, porque en aquel tiempo ha·
bitaba yo en el caetillo, donde deeempellaba las funciones de mayordomo loe días de recepcion, era sonámbula,
y muchos la vieron, como yo, pasearse cubierta de un
blanco peinador, por la orilla del río durante las noches
de estío. Cierto día se comprobó que había salido de ene
aposentos dnrante la noche y que no había vuelto. Se le
bnecó por todas partee: en el bosque, , lo largo de la co- •
rriente, y después se notó que el pequello bot.e en el cual
acostumbraba la baronesa coáear los bordee, faltaba
igualme:ite. Se continuaron las peeqniaaa hasta el lago
Boren y se encontró enredados en las callas parte de loa
reetoe de la embarcación. Ya no podía haber duda sobre
la suerte de la deagnciada mujer; era evidente que se
embarcó en un aooeao de sonambulismo, y habiéndose
acercado demasiado al escollo, había encontrado alU la
muerte.
El pesar del barón fué ruidoso, pero nadie lo creyó sincero, todos sabían que estaba sujeto, ataques de una ea•
pecie de demencia hereditaria, tanto mú peligrosa,
cuanto que eabía ocultarlos con simbólica aetncia 4 todos,
menos , su víctima. Nadie le había visto nunca q ne maltratara á su mujer, nadie le había oido proferir amena,ae ó injurias, y, sin embargo, eabíaee que le amargaba
la vida con ana malos tratamientóll y ene brutalidades.
•El río uo devolvió jamás el cadaver. En cuanto , loa
restos de la.barca, puedo hablar deelloe con conocimiento de csusa, porqne ful uno de loe que loe recogieron: no
ofrecían •n nada el aspecto de objetos d9 nallfragio que
han estado hundidos en las profundidades del escollo.
Por otra parte, hay un hecho bien comprobado, y es
que la CAidera nunca devuelve antes del enarto día los
cuerpos que en ella caen, y aquellos de que nos ocupamos
ftleron hallados en la maflan.a misma qne siguió , la noche de la caUstrore. El barón ordenó que inmediatament.e loe quemaran, pre'8:xtando que verlos le hacía
daiio. Nótese además, que loe oadáveree siempre 118 han
encontrado, más ó menos tarde, en el río ó en el lago.
Así, pues, el caso de la baronesa sería tinico en la hl,toria del fenómeno natural de nuestro vall~
En aquella época, eegtin contaban en la comarca, el islote que formaba la C.ldera estaba en comnnicación directa con el castillo por medio de un subterráneo qne paaaba por d1:1bajo del lecho del río, y cuya entrada estaba
ea det.erminado sitio simulado con moataflas de espinas y zarzales, que ahora colmaban las zanjas. Dicho
subterráneo miaterioeo terminaba en una especie de bó·
veda arruina-ta á medias, la cual estaba inmedlatament.e
debajo de la C.&amp;ldera.
«Como este hecho se mencionó en las diligencias jndicialee, se mandaron hacer pesquisas por loe alrededores del
río, con objeto de establecer el mayor ó menor fundamento de aquellos rumores y con 11 débil esperanza de
tener algún medio que permitiese , la jueticia establecer
de una manera cierta la canea de la desaparición de la
baronesa.
.
•Ahora bien, la nochemiamaqueprecedióaldía seiialado para el exámen de aquellos sitios, prodújose un derrumbe súbito debajo del lecho del río, entre la Caldera
y la ribera del castillo.
"El único testigo que pudo dar algtin dato sobre este suceso era un campesino viejo llamado Svensson, que habitaba en una chozita en la ribera opuesta. Sta lo que fuere, á la mai!.ana siguiente, notábaee muy bien una depresión en el lecho del río.
uL'ls pcsqui~as produjeron, en efecto, el descubrimiento del orificio del subterráneo en loe fosos del castillo, y
hasta pudieron penJtrar y seguir avanzando hasta cierta
distancia. Después el paeo quedó de repente completamente obEtruido por la tierra del reciente derrumbe y se

127

•

hizo imposible seguir adelante. Entoces se abandonaron templar mejor eu tela, en la cual apenas había intentado
las averiguaciones, y la desaparición de la baronesa se un bosquejo general.
registró como muerte accidental. El barón salió para el
-Todo es muy interesante, me contestó; pero nada
extranjero y no se le volvió á ver sino al cabo de diez veo en ello que pueda estorbarnos cumplir con un deber
allos, cuando trajo á su nueva esposa.
de co rteeía hácia la señorita Hammarhielm. Me parece
•A poco de su llegada á Charlottenborg, la nueva cas- que le somos deudores de esta atención.
tellana mostró viva curiosidad hacia el fenómeno natu-Muchacho querido, repuse, eetáe en libertad para
ral que se verificaba en los dominios de su marido. In- hacer lo que quieras en este particular; te he referido senquirió todae las particularidades legendarias y reales que cillamente la historia de nuestro huésped para ponerte
se relacionaban con el fenómeno, se informó del nombre en guardia contra loe riesgos que ee te esperan ei pereiede algunos atrevidos , quienes el rumor ptiblico designa- t.es en querer conocer á una persona, en cuya familia
ba por hab:ir penetrado en la Caldera y por haber vuelto
hay evidentemente nna especie de locura ó de monoma, subir vivos ó en el estado de cadliveree, é hizo que le nía, que quid sea hereditaria. Sé lo que vas á contestarexplicaran la disposición exacta de lae rocas y las manio- me: que no te enamoras con tanta facilidad. Está muy
bras que tenían que ejecutarse para salir , buen paraje.
bien; muy posible ea que yo exagere loe atractivos que
•Cierto día, ~prov,chando la ausencia de su marido, esa doncella puede ejercer en lo euceei vo en tu corazón.
se embarcó ella en en pequeno yole, remó en derechura Lo que yo quiero tinicamente, es recordarte que hemos
al escollo, penetró en él, sujetó su barca al Taburete de venido aquí , trabajar y estudiar. Tienes un cor:azón
la hada y se inclinó ávidamente sobre el espejo de lae tierno y dado nn tanto al romanticismo; eres nn entuaguas. Nadie la vió llevar á cabo aquel audaz capricho, siasta y un artista. Desconfío de tus sentimientos y de
, excepción del viejo Svensson que la siguió con la vista tus impresiones. Como acabas de oírlo, la locura heredidesde su caballa, de tal manera estupefacto por el miedo, taria reina en esa familia, y lo que acabamos de saber de sn
que no pudo articular palabra ni hacer un sólo adem,n pasado, no uie da gana de conocerla con más intimidad:
para a,raer la atención de su mujer, ocupada en esos mo- Creéme, no tratemos de cultivar las relaciones que ayer
mentos en la cocina.
contragimos por una mera casualidad. Por lo que , mí
•-De repente, refirió el campesino, vi que la baronesa respecta, te lo declaro de una vez: ir'8 solo al cast.illo.
se echaba para atrás con un ademán de indecible horror, De ninguna manera quiero perder el tiempo en hacer vien seguida volvió, contemplar el espejo, inclinlindose sitas. Adem'8, la joven, como acabas de oírlo, ea orgullo•hasta donde le fué posible, como para penetrar mejor el sa y altanera, por lo que es m'8 que probable que se tenmisterio. Al cabo de un rato, vol vio, subir, en barca. ga por oriunda de una estirpe social superior , la nuessaliendo del eecollo con la misma ventura con que había tra, y que, por lo mismo, tenga en muy poco el trato de
entrado; remó hacia la ribera, volvió, entrar en eu mo- doe pobretones que por azar se presentan ante an paFo.
rada y se encerró en su aposento. Loe criados que la vieSin embargo, , pesar de todo lo que podía decirle-y
ron pasar cuando volvía de en excursión observaron que estuve hablando todavía por largo tiempo- noté muy
sus facciones parecían alteradas por el terror y que esta- bien que no lo disuadiría de en proyecto.
ba aobrecogida por una vi va emoción. Cuando el barón
Aeí pues, después de la comida, se pnao en traje de
volvió, nadie supo con precisión lo que entre ambos pa- visita y se fué al castillo, mientras que yo me instalaba
só, pero en lo sucesivo le notaron la misma mirada som- bajo loe álamos para hacer algunos croquis.
bría y huralia que tenía en los tiltimoa meses de la exisEstaba de vuelta en el hotel y fumaba un puro en la
tencia de su primera mujer. Lo que sí es seguro, por el balauet.nda, cuando él volvió. Había estado ausente todicho de loe criados, es que hubo una violenta escena en- da la tarde.
-¡Ah, padre mío, qué encantadora muj~rl Figúrate
tre loa dos cónyuges , causa de este suceso, que la baronesa gnardó cama por espacio de seis semanas, y que en q ne ea artista por el entendimiento y por el corazón, colo sucesivo la existencia de la pobre dama fué un verda- mo tti y yo, y que tiene un verdadero talento de pintor.
dero infierno.
Me llevó , su estudio, amueblado y decorado con el
gusto de nu Macqnart, y situado admirablemente en una
o.Algunos meses después de su expedición á la Ci&amp;ldera,
dió A luz una nifta, la misma que usted encontró esta ma- de las torrecillas del castillo. Me eneelló buena cant.idad
tiana, sin que poreate suceso mejorase en nada la con- de estudios, de bocetos y de telas, realmente notablea
tratándose de una persona tan joven y que no.es pintora
duca que con ella observaba el marido.
•Eeta vida de miseria 88 continuó por algún \iempo to- de profesión. Su conversación es de las m'8 interesantes
davía, hasta qne en una hermosa tarde de yerano, la porqÚe ha viajado, es muy instruida y ha visitado loe esdeevent.urada castellana emprendió una segunda e:xpe- tudios de varios reputados artistas.
-¿Entonces te recibió bien?
dioi~n , la Caldera, la cual le fné funesta, si es que pue -¡Con la graciosa amabilidad y loa modales fáciles de
de emplearse tal expresión, cuando noalibrade unaexietencia amarga. Hallaron en cuerpo , los ocho días, en una castellana de la Edad Media. Me dijo de rondón y
las aguas del Boren, así como loe pedazos del yole. ¿Fné sonriendo, que deepué, de nuestra brutal irrupción , BU
santuario ayer, esperaba nuestra visita, y me pregwd6
este nn suicidio ó un accidente? Nunca se ha podido
por qué tti no habías venido conmigo. Ah! no, no hay
mas que formular conjeturas en este particular.
ni asomos de locura en aquellos hermoeoe ojos, radiantee_
-Como ya ae había notado después de la muerte de en
primera mujer, el barón recobró cierta calma y ene ojos de inteligencia y de vida, nada de incoherente ó anorperdieron su expresión hnralia y maligna. Hízoee m'8 mal en su palabra elegante y vívida, nada de extrafio ó
taciturno y m'8 retraído, y ahora vive en nna soledad equívoco en B08 pensamientos llenos de originalidad.•..••
Sn enmeiaamo me hizo sonreír. En todo eeo lo reconocasi completa.
·
«Su hija Hilda, qae tenía dos alloa , la muert.e de su . cia como hijo mío.
-¿Y qué te has hecho toda la tarde? ¿Has visto al bá"madre, fué educada por una aya inglesa, que hace pocos
alioe murió. Al contrario de lo que era de esperarse, su rón?
-¡Oh, no! La eellorita Hilda me hizo comprender despadre la idolat.ra, y para él son órdenes SUB deseos más
de
luego que la quebrantada salud y la provecta edad del
insignificant.ee. Es muy inteligente, muy inetruida y
caei siempre en BU
muy diestra en todos loe ejercicios corporales, como lo barón, sn padre, la forzaban
era la madre. En cuanto , en índole, nunca he oído ha- aposento, y que ella representaba, en suma, todo lo visiblar mucho, si no es que por este lado, más bien lile pare- ble de la familia Hammarhielm. Despnés de haber eet,a..
ce á su padre, de quien ha heredado loe modales orgullo- do como dos horas en el taller, haras que ee me figuraron minutos, porque ella supo hacerlas interesantes, me
808 y altaneros, moderados no obstante, á lo que se dice,
por cierta amabilidad llena de encanto, que era la dote propuso que fuéramos, dar una vuelta al parque, y en
natural de la madre. Una sola vezó dos en estos últimos seguida me llevó, la orilla del río, en donde nos paseaalioe, me la he encontrado por estos rumbos, y, , la vez mos un breve nto. Por el camh;10 llegamos á un pequeque rindo homenaje á en altiva y aristocrática hermosu- no desembarcadero en donde se ve anclac'io el yole qne
ra, debo confesar que tiene en la mirada un no sé qué, tti conoces. Me convidó entonces á dar una vuelta por e 1
que me recuerda demasiado , su padre, para que ello río en barca, y como iba yo á tomar loe remos, ella me
dijo:
pueda agradarme mucho.»
-Si usted conociera como yo la perfidia de este herII
moso río, seguramente que no habría aceptado desde lueRaul, que había escuchado mi relato con suma aten- go y con tanta facilidad mi propuesta, y después no
ción, se levantó, retrocediendo algunos pasos para con- f recería usted tan , la ligera sus eervicios para dirigir la

,estarse

�DOMINGO

EL MUNDO

21

DE FEBRERO DE 1Ss17

128

mientos, y la nota vivá que mezclaban en el sombrío fo.
barca. Tenga usted entendido que, si le dejara obrar, habría nueve probabilidades contra diez de que dentro de llaje el vestido blanco y el quitasol rojo de la Señorita
cinco minutos estu viésemo3 los dos en el fondo del agua Hammarhielm.
-A11í como el hijo de usted, Señor Lagni~res, se lo haluchando con las angustias de la muerte.
brá dicho, dijo ella, yo no puedo pretender el título de
Yo interrumpí á Raul.
-¡Yamos, le dije para echar una poca de agua fría so- artista, pero al menos me he ocupado suficientemente en
bre la entusiasta admiración que con zozobra veía yo que pintura para que se justifique mi interés por el arte, y
para que usted pueda comprender en qué grado la prese desarrollaba en su interior, esa jovencita romancesca
sencia de un artista de fama en nuestro tranquilo valle ha
pretende hacer el papel de una hada de río! ¿Y tú has
podido inspirarme el deseo de ver más de cerca al pintor
consentido en dejarte guiar por una joven evaporada, y
bien conocido, cuyas producciones he admirado con fredejarla hacer esfuerzos de torax y de blancos brazos,
cuencia en Stockolmo y en otras capitales.
mientra11 que tú, noblemente sentado en la popa, recoYo hice una respetuosa inclinación.
gías nenúfares ó le recitabas versos?
-Pues bien, sefiorita,-dije, con un tono agridulce, por-No te burles, padre mío, contestó él con un tono un
que de antemano le tenía mala voluntad por las divagapoco perplejo. ¿Qué era lo que yo podfa hacer? ~i rehuciones que iba á introducir en nuestras ocupaciones, pasaba, después de lo que ella acababa de decir, habría
ra no decir nada de los temores más serios que yo expecreído que tenía yo miedo! Así pues atravesamos el río
rimentaba á propósito de ese entusiasta de Raul;-debo
y desembarcamos precisamente en el sitio en donde yo
le habfa dicho que tú habías ido para hacer tue croquis. decir que ca.si no me esperaba una intervie11• en los floriPero acababas de haberte ido, y todavía estaba la yerba dos bordes de este río, y estaba en la firme creencia de
pisada en el lugar en que te habías instalado. La reconduje at castillo, me despedí de ella y volví por el camino
real y por el puente.
Al día Eigniente, estábamos ocupados en continuar
nuestro estudio del Chandrón, y de tal suerte estaba yo
absorto en mi trabajo que no pensaba en ninguna otra
cosa, cuando repentinamente vt que Raul se levantaba.
Escuchamos un ligero roce de vestido en las zarzas y ..... .
Hilda de !Iammathielm apareció.
Como antes lo dije, había tenido ocasíón de arrepentirme cruelmente de haberme abandonado á la impresión producida por la belleza física de la mujer, y la experiencia que de esto tuve en mi corta vida conyugal, me
había vuelto singularmente receloso respecto al bello
sexo. Yo temía para mi hijo las seducciones de una cara
bonita, porque sabía muy bien lo que todas ellas encubren y ,í lo que pueden conducirnoe. Yo mismo las evi·
taba porque me sentía aún demasiado joven para estar
pÓr completo al abrigo de su influencia y porque mi afecto á Raul me había inspirado la inquebrantable resolución de no reincidir.
En consecuencia, había yo adoptado en mis relaciones
de sociedad, con las mujeres todas, y sobre todo con las
más hermosas, una actitud cortesmente escéptica y ligeramente burlona, á propósito para alejarlas. Era esto como una especie de coraza que impedía toda conflagración
que una.sola chispa, al llegar á las partes más inflamables de mi corazón, habría podido producir.
El ser que dentro de mí vibró, al inesperado aspecto
de la hechicera criatura que de aquel modo SP. me presentaba, con la sonrisa en los labios, de ningún modo era
el hombre tal como usted lo comprende y ama, mi que~ ~~i
rida lectora, y como lo·habría usted encontrado en Raul,
....-:: --:·
·~'- ..
sino sencillamente el artista, es decir el práctico experto,
~=:.~· '=.''- ~~-~
cuya conocedora vista abraza los contornos, aprecia los
matices y pesa los valores estéticos comparándolos con
modelos bien definidos. Inmediatamente vino á mi imaginación el recuerdo de Van Beers: «He aquí de pies á
cabeza una de esas deliciosas criaturas que tienen á la
vez algo de mariposa y algo de flor y que constituyen la
delicia de su pincel,n decíame á m1 mismo, sin detener•
me desde luego más que en el buen gu2to y lo nuevo de su traje, la gracia y la .flexibilidad de sus movi-

que al venir aquí, ibamos á poder, con plena seguridad,
mi hijo y yo, recogernos en el sosiego de los campos, y
hacer, á solas con esta hermosa naturaleza, é inspirados
por ella, amplia provisión de temas de estudios.
Pero semejante salida, poco cortés, convengo en ello,
no alteró. para nada la serenidad de su mi rada y de su
hechicera sonrisa.
-Est,i usted en un error, señor, contestó ella festivamente. En estos lugares me reputan un poquillo la hada
del rio, y, como ustedes han venido á instalarse en mis
dominios, creo que debo aprovechar las circunstancias y
acortar un tanto cuanto las alas de vueet1:1 independencia. Pero, fuera de bromas, ardo en deseos, mezclados
con temor, por escuchar la opinión de un maestro sobre
mis débiles ensayos, y espero, señor, y al menos usted
lo reconocerá sin demasiados subterfugios que le debe
usted una visita á la castellana de los sitios que usted se
propone entregar á la posteridad en las ilustraciones de
su pincel.
( continua reí.)

•
TOMO l.

MEXICO, FEBRERO '.Z8 DE x897.

$scena5 me~kanas.

•

---· . ,

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y D::i.oau&amp;Rl&amp;.a.

G galo -oiejo •••
( Dibujo de J. N. Villaaana.)

NUMERO 9.

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          <description>The Dublin Core metadata element set is common to all Omeka records, including items, files, and collections. For more information see, http://dublincore.org/documents/dces/.</description>
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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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              <text>https://www.codice.uanl.mx/RegistroBibliografico/InformacionBibliografica?from=BusquedaAvanzada&amp;bibId=1752362&amp;biblioteca=0&amp;fb=20000&amp;fm=6&amp;isbn=</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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        <name>Alimentación y trabajo</name>
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        <name>El Dante en México</name>
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        <name>Feria de Tantah</name>
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        <name>Hidroterapia y amor</name>
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        <name>Ideal de la mujer</name>
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                    <text>DOMINGO

EL MUNDO

21

DE FEBRERO DE 1Ss17

128

mientos, y la nota vivá que mezclaban en el sombrío fo.
barca. Tenga usted entendido que, si le dejara obrar, habría nueve probabilidades contra diez de que dentro de llaje el vestido blanco y el quitasol rojo de la Señorita
cinco minutos estu viésemo3 los dos en el fondo del agua Hammarhielm.
-A11í como el hijo de usted, Señor Lagni~res, se lo haluchando con las angustias de la muerte.
brá dicho, dijo ella, yo no puedo pretender el título de
Yo interrumpí á Raul.
-¡Yamos, le dije para echar una poca de agua fría so- artista, pero al menos me he ocupado suficientemente en
bre la entusiasta admiración que con zozobra veía yo que pintura para que se justifique mi interés por el arte, y
para que usted pueda comprender en qué grado la prese desarrollaba en su interior, esa jovencita romancesca
sencia de un artista de fama en nuestro tranquilo valle ha
pretende hacer el papel de una hada de río! ¿Y tú has
podido inspirarme el deseo de ver más de cerca al pintor
consentido en dejarte guiar por una joven evaporada, y
bien conocido, cuyas producciones he admirado con fredejarla hacer esfuerzos de torax y de blancos brazos,
cuencia en Stockolmo y en otras capitales.
mientra11 que tú, noblemente sentado en la popa, recoYo hice una respetuosa inclinación.
gías nenúfares ó le recitabas versos?
-Pues bien, sefiorita,-dije, con un tono agridulce, por-No te burles, padre mío, contestó él con un tono un
que de antemano le tenía mala voluntad por las divagapoco perplejo. ¿Qué era lo que yo podfa hacer? ~i rehuciones que iba á introducir en nuestras ocupaciones, pasaba, después de lo que ella acababa de decir, habría
ra no decir nada de los temores más serios que yo expecreído que tenía yo miedo! Así pues atravesamos el río
rimentaba á propósito de ese entusiasta de Raul;-debo
y desembarcamos precisamente en el sitio en donde yo
le habfa dicho que tú habías ido para hacer tue croquis. decir que ca.si no me esperaba una intervie11• en los floriPero acababas de haberte ido, y todavía estaba la yerba dos bordes de este río, y estaba en la firme creencia de
pisada en el lugar en que te habías instalado. La reconduje at castillo, me despedí de ella y volví por el camino
real y por el puente.
Al día Eigniente, estábamos ocupados en continuar
nuestro estudio del Chandrón, y de tal suerte estaba yo
absorto en mi trabajo que no pensaba en ninguna otra
cosa, cuando repentinamente vt que Raul se levantaba.
Escuchamos un ligero roce de vestido en las zarzas y ..... .
Hilda de !Iammathielm apareció.
Como antes lo dije, había tenido ocasíón de arrepentirme cruelmente de haberme abandonado á la impresión producida por la belleza física de la mujer, y la experiencia que de esto tuve en mi corta vida conyugal, me
había vuelto singularmente receloso respecto al bello
sexo. Yo temía para mi hijo las seducciones de una cara
bonita, porque sabía muy bien lo que todas ellas encubren y ,í lo que pueden conducirnoe. Yo mismo las evi·
taba porque me sentía aún demasiado joven para estar
pÓr completo al abrigo de su influencia y porque mi afecto á Raul me había inspirado la inquebrantable resolución de no reincidir.
En consecuencia, había yo adoptado en mis relaciones
de sociedad, con las mujeres todas, y sobre todo con las
más hermosas, una actitud cortesmente escéptica y ligeramente burlona, á propósito para alejarlas. Era esto como una especie de coraza que impedía toda conflagración
que una.sola chispa, al llegar á las partes más inflamables de mi corazón, habría podido producir.
El ser que dentro de mí vibró, al inesperado aspecto
de la hechicera criatura que de aquel modo SP. me presentaba, con la sonrisa en los labios, de ningún modo era
el hombre tal como usted lo comprende y ama, mi que~ ~~i
rida lectora, y como lo·habría usted encontrado en Raul,
....-:: --:·
·~'- ..
sino sencillamente el artista, es decir el práctico experto,
~=:.~· '=.''- ~~-~
cuya conocedora vista abraza los contornos, aprecia los
matices y pesa los valores estéticos comparándolos con
modelos bien definidos. Inmediatamente vino á mi imaginación el recuerdo de Van Beers: «He aquí de pies á
cabeza una de esas deliciosas criaturas que tienen á la
vez algo de mariposa y algo de flor y que constituyen la
delicia de su pincel,n decíame á m1 mismo, sin detener•
me desde luego más que en el buen gu2to y lo nuevo de su traje, la gracia y la .flexibilidad de sus movi-

que al venir aquí, ibamos á poder, con plena seguridad,
mi hijo y yo, recogernos en el sosiego de los campos, y
hacer, á solas con esta hermosa naturaleza, é inspirados
por ella, amplia provisión de temas de estudios.
Pero semejante salida, poco cortés, convengo en ello,
no alteró. para nada la serenidad de su mi rada y de su
hechicera sonrisa.
-Est,i usted en un error, señor, contestó ella festivamente. En estos lugares me reputan un poquillo la hada
del rio, y, como ustedes han venido á instalarse en mis
dominios, creo que debo aprovechar las circunstancias y
acortar un tanto cuanto las alas de vueet1:1 independencia. Pero, fuera de bromas, ardo en deseos, mezclados
con temor, por escuchar la opinión de un maestro sobre
mis débiles ensayos, y espero, señor, y al menos usted
lo reconocerá sin demasiados subterfugios que le debe
usted una visita á la castellana de los sitios que usted se
propone entregar á la posteridad en las ilustraciones de
su pincel.
( continua reí.)

•
TOMO l.

MEXICO, FEBRERO '.Z8 DE x897.

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•

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( Dibujo de J. N. Villaaana.)

NUMERO 9.

�EL MUNDO

EL MU~DO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

130

"EL MUNDO''

Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
MÉXICO

Toda la correspondencia que se relacione con la Re•
iacción, debe ser dirigida al
Director, Lic. Rafael Reyes Spíndola.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ser dirigida al
Gerente, Lic. Fausto Moguel.
La subsc~ipción á El MUNDO vale $1.25 centavos al
mes, y se cobra por trimestes adelantados.
Números sueltos. 50 centavos.
Avisos: á razón de $30 plana por cada publicación.
Todo pago debe ser precisamente adelantado.
RÉGISTRADO CO)lO ARTÍCULO DE SEGU:s'DA CLASE.

illota, tbitoriales.
&lt;El "c~inaco" ile antaño 1J d libmll ilc lrog.
Hace treinta y cinco ó cuarenta aflos, un liberal era nn
hombre sospechoso para la sociedad, que veía en él un pe·
ligro para los grandes i,lierese.~ con.•tituidos, una amenaza
contra lo existente.
Las generaciones liberales de·aquella época se lanzaron
á sostener sus idea~,.en m~dio de violentas tragedias domésticas, siendo objeto de acres recri~inaciones por parte de los padres, bañados de lágrimas maternas, cau~an ·
do profundo horror :t los deudo3 y e,cindalo inusitado á
la srrridumbre.
Un chiw1co era entonce!! un penonaje terrorífico, un
sér impregna~o de m'.\la~ pa9iones, perdido para el bien
y para la patria. El joven de familia respetable que se
pasaba á la mala cau~ri, cometía, según la opinión sensa·
ta reinante, un acto digno de reprob:1::ión.
El parUdo conservaior-justo es decirlo-reclutaba la
mayor parte de 103 h&lt;'mbre3 de m~rito que contaba el
país, y el que se alejab'.\ de estas filas reñía con la sociedad, con e_l hogar, con el porvenir y hasta con la mujer
que amaba.- La generación libe,al á que nos referimos,
fué verdadera.mente heroica. al arrostrar los anatemas que
sobre sus soiiadoras cabezas se descargaron; al romper
los lazos que los ataban á los afecto3 m.ís tiernos, dieron
muestra de sus nobles energías.
¡Cómo han cambiado las corrientes!
Hoy, ningún padre-aunque sea conservador-se indigna por las opiniones liberales de un hijo suyo; la ma·
dre, que lo eil3eña á rezar de niño, no se alarma ante la
evolución de su espíritu y la sociedad le abre sus puertas.
-Entre el chinrido de antaé\'l y el liberal de ahora, media
toda la distancia que hay en el progreso, de las ideas.
El mismo partido conservador ha acabado por aceptar
doctrinas y principios con los que parecía en antagonis·
mo eterno, en tanto que el grupo liberal, poco á poco curándose de su radicalismo exagerado, ha tomado el lugar
de honor que le corresponde en el avance de las clases
ilustradas.
El chinaco ha muerto, pero su hijo, el liberal, ha comenzado á vivir una existencia nueva, compartida y vivifi·
cada por la sociedad m 1xicana.

que hoy ocupa de respeto y consideración por parte de putrefactas el cielo de Europa, ha sonado ya la hora del
imperio de los Califas, que falto de virtud y de justicia
Ja3 clases actirns de la República.
¿Se iO'.lagina acaso que es tan fácil improvis;u 1:na per· debe desaparecer de la haz de la tierra.
Dice bien un diario liberal inglés: antes que ver á las
sonálidad provista de tales atributos?
potencias
cristianas defendiendo la iniquidad, que estalle
La h istori" nos demuestra que los -~uc,~ou.~ de los granla
guerra
desde
las márgenes del Rhin hasta las cimas
eles gobern.rntes, hacen fiasco en.todos los tiempos y dentro de todos los climas. Son és!os á modo de eso~ cuerpos nevadas del 'Gral.
No opinan así los árbitros de la paz del mundo, los que
opacos que no tienen más luz que la que reciben del sol,
lle
\Tan en los pliegues de sus mantos qe púrpura rayos de
cnya·órbita recorren; desaparecido el foco que les pre·
exterminio
y brisas de bonanza; no opinan asi:, y poresotaba claridad, se pierden obscuramente en el ala inmenvemos
el
contraste
inconcebible de que se defienda Ll
me11•a: del infinito.-Los príncipes herederos, peligrosos
siempre, no son jamis los continuadores de los grandes sombra en nombre de la luz, la tiranía en nombre del
derecho, la opresión en nombre de la libertad. Obscurireinados.
El Generrl Díaz no dejará detrás de si un sucesor; b~s- dades inex p1icables de la diplomacia; mistecios augusto,
·
tantes personalidades ha impulsado en el camino de la de los gabinetes.
política, sin que ellas, en contacto con las necesidades de
***que en los campos de 8-li re
Dos años han pasado desde
la vida ptí.blica, hayan logrado alzarse sobre el pedestal de
los estadistas. Sobrados ensayos de esta edncaci6n tene· un grupo de ciudadanos que rechazaban con eneqía L\,
mos al frente, que hemos visto hundirse repentinamente reformis políticas y administrativas que las cortes espaá impulsos de pasiones exaltadas, de impropias ligerezas, ñolas prometían á la si,emprefi,el Isla de Cuba, lanzaron el
de cóleras desbordantes, de orgullosas intolerancias, a.tri- • grito de iniependencia, y buscaron por m~dio de las
butos que no constituyen la madera en que se tallan los mas y de tremenda lucha la re!llización de su, herm?3 &gt;,
sueños de libertad.
hombres de Estado.
Dos años han pasado y á pesar del derroche verdadero
El General Díaz no tendrá sucesor; pero como ha dicho bien el Jfwulo diario, ha acudido á resolver el pro- de patriotismo y energía de parte del pueblo hispan')
blema, procurando, no formar wi hombre, sino formar un que ha acudido á sofocar la insurrección que le arrebat.\·
p11eblo, por medio de la creación de intereses y también ba un pedazo de territorio, la revolución está en pie.
Da ambos lados se ha peleado con desesperación. E,·
por mefüo de reformas á las instituciones.-El Presidente lo ha dicho en el eloc:J.ente Manifiesto dando cuenta al paña ha visto sacrificada buena parte de su vitalid.1,d
país de los actos de su administración: «De hoy en ade· ahogada en el abismo de la manigua que consume hombres y riquezas sin cuento; ha visto sin desmayar, que
lante, sólamente serán fuertes 102 gobiernos legales.»
Dejar un pueblo, es.algo más que dejar un hombre; de· sus fuerzas vivas eran devoradas y que sus hijos perecían en aras del Moloch implacable de la guerra.
jar institttcione8 es más importante que d"jar s-ucesor.
No busquemos en las lejanías del porvenir la unidad . Cuba ha visto caer ásus mejores paladines, y su entuque ha de poner en movimiento el organismo; busque· siasmo no se agota. Ni promesas, ni amenazas, ui innú •
mos esta unidad en los esfuerzos coordinados de todos meros ejércitos, han logrado abatir sus bríos ni podidopara hacernos dignos del único legado que recibirá la Re- desvanecer las ilusiones de los que anhelan ver libre la
patria cubana. ¿A. dónde van? El capitán Ganeral, sempública: la legislación de un pueblo libre.
brando la ruina y la desolación para acabar ·con todo lo
que sea refugio de rebeldes; los rebeldes extendiend &gt; la
desolación y la ruina, para cegar las fuentes de riqueza,
allá van haciendo de lo que ayer era vergel hermoso, un
RESUMEN.-Mlsterios de la diplomacia europea.- triste páramo, un yermo escueto alu m')raio por la clariEuropa á favor de Turquía.-Grecia en la sombra_
dad indecisa de un sol moribundo.
-Paz que no engrandece.-EI grito· de Baire.-Se•
¡Qué oscuro porvenir! ¡qué lastimon presente! Tar.ie
gundo aniversario.-la insurrección cubana y lo
ha
llegado la promesa de una autonom(a. trunca; por eso
porvenlr.-Conclusión.
ha sido rechazada, y allá van todos, re;pndo de cad.iveImpoEible prever confunda.mento y predecir con tono
res el suelo, y estremeciendo el aire con los clamorei de
profético cuando se trata de las sombrías profundidades una lucha que no acaba. ¡Infeliz Cub.i! cuánto tiempode los gabinetes; imposible desenmarañar la madeja que
necesitarás para cicatrizar tan hondai heridas!
guía sus pasos y seguir el hilo misterioso que los conduX.X.X.
ce á través del dédalo de sus argucias. Pérfiia como la
Febrero 26 de 97.
onda, y caro biante y tornadiza como las nubes, la astu •
ta diplomacia tiene flexibilidades de serpiente y nos re·
BIBLIOGRAFIA
serYa á cada momento sorpresa• de gn9mo.

(El grnn problema.
La prensa diaria se ha ocupado últimamente del problema siempre obscuro y nunca deseado de la. sucesión
del General Díaz.- ¿Qué horizontes se descubren en la
vida nacional fntura, cu.indo-y el país anhela con noso•
tros sobornar al tiempo-la gran energia que hoy anuda
y encauza todas las actividades patrias, no se encuentre
al lado de la República pll'".l ampararla y sostenerla? ¿Dón·
de se halla ese hombre desconocido que ha de reco•
ger la herencia del Presidente? ¡Y bien! Ese hombre no
existe ni puede exietir y pretender formar uno, es un des•
cabellado p&lt;&gt;nsamiento.
Un hombre de Estado, de superiores tamaños, con ap•
titudes aceptadas y reconocidas para desempeñar funcio·
nes tan excepcionales como las desempeñadas por e I ac·
iual Jefe de la :Nación en la presente etapa evolutiva, no se
.for,na en un día, ni en un año, ni en diez años. U na personalidad de tanto relieve es el producto de infinidad de
circunstancias anteriores, de hechos eslabonados que yan
lentamente determinando su prestigio, su influencia ysu
poder. En la figura del General Diaz se ha gastado una
vida de actos salientes, de episodios palpitantes, que por
aglomeraciones sucesivas lo h~n colocado en el puesto

a_,

l30Htiítt Qirnerttl.

Nadie hubiera creído que la Europa cristiana, que en
arranques platónicos y arrebatos sentimentales, ha pro•
testado por cerca de dos años contra las crueldades·salvajes de los turcos, nadie hubiera creido que esa Europa, que alardea de culta y humanitaria se pusiera del lado del Imperio Otomano en el conflicto que ha provocado Grecia en los campos crentenees, sacudidos hoy con
volcánicos extremecimientos. Y sin embargo, esas potencias que ee hacen los porta-estandartes de la civilización
y ee declaran los paladines de los oprimidos, han hecho armas contra los griegos que significan la libertad,
en fayor de los musulmanes que encarnan la tirania,
la persecución, la intolerancia, el odio de todo lo inmutable del pas.ado contra todo lo que se mueve y se agita·
al soplo del progreso.
Los buques extranjeros surtos en la bahía de Canea
bombard~ando al campamento de los insurrecV&gt;s creten:
ees y dando abrigo á los que ayer ensangrentaron las comarcas de Trebizonda y de Erzorvum, y hoy deegarran
el seno de Creta infelíz, están fuera de su misión, han
defraudado las esperanzas de los hombres de buena voluntad que confiaban en que bllos se colocarían al lado
de los m,írtires y nunca ser!an empleados en defensa de
los verdugos.
Es verdad que Grecia invade ageno territorio, cierto
que sin consultar con los poderosos, se ha lanzado á una
aventura peligrosa, y pretende una anexión que comienza el desmembramiento de Turquía; pero ya es tiempo de
qne C')mience ese reparto, ya debe terminar esa historia
de crímenes y sangre que manc!1a con sus emanaciones

OBRAS ESCOGIDAS DEL PENSADOR MEXICANO

La emprendedora casa de 103 Sre3. J. Ballesc t y su~esores, dará en breve al público, en edición que se repar·
tirá por entregas, impresa en buen papel y con profu·
si6n de grabados las obras del Pen3alor }Iexicm1. H l·
mos recibido los seis primeros cuadernos del «Peri~ni·
llon Y podemos asegurará nuestroa abJnados q 1e la forma tipográfica y las ilustraciones3on verdaderamente sn·
gestivas.
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)1éxic'l, Febrero 22 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director creneral de "La 11utua "
-Presente.
º
·
)Iuy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de manifestar públicamente el
pago de las pólizas de seguro, me es grato hacer constarpor la pre~nte, que hoy, en la oficina de «La 1\-lutuan del
digno cargo de usted, recibí ante el Notario, Sr. Lic.
D. Diego Baz, la suuu de ($5,000.0D) cinco !llil p;:)sos, importe de;la Póliza 6 certificado de seguro número 36:2,934que á m1 favor solicitó de esa Compafiía mi esposo el 8r.
D. José :\I. Pérez Rivera.
Estoy muy ag~decida por las atenciones que del personal de esa Cvmpafiía y de usted he recibido con el motivo e~presado, y q•1edo de usted afma.' atenta y S. S.R o.~o n o O. de Pú-ez R frem.

Recomiendo á los turistas gastrónomos (bellísima cualidad que es el anti:doto de la gu la, al grado de que en
NOT.AS A TODO VAPOR
vez de «contra gula templanza» como reza' el catecismo,
deberíamos decir, ,,contra gula gastronomían) les recoNEW-ORLEANS
miendo, decía yo, los manjares deN. Orleans. ¡Qué bien
Entramos en una ciudad vieja, achacosa, súcia de humo comimos!·En lagargof e de una vieja alsaciana, legitimista,
de carbón y de tierra. Es una de esas ciudades del Golfo que por más señas, y cuyos manteles albean más que la bandeparecen hermanas todas, pero muy grande, muy desarro- ra de las lises, en lo alto, en lo más alto de una casuca
llada; en ella caben Tampico, Yeracruz y Campeche, y al· que tiene ventana sobre el río y se yergue en un extremo
go tiene de todas ellas, de Yeracruz sobre todo; la impre- del negro y tortuoso barrio criollo; entre una abigarra·ia
sión primera es desagradable, por el desaseo; ¡una ciudad clientela de antiguos obreros franceses y viejos pilotos en
costeña que no se lava !acara! ¡Horror!-Las calles muy receso, y á flor de cocina, eso sí, saboreamos un pescado
estrechas, tanto, que un wagón-pullman, atravesado en maravillosamente guisado, una morcilla aderezada por
la extremidad de la calle por donde vamos, oculta sus mano de hada y unos cam1rone3 delicadamente amortados plataformas, recortado por las aristas de la,; esquinas; jados en sus rosadas cornucopias de nacar. ¡Y t,n el
las casas en este barrio son verdaderos tugurios infectos, aristocrático reSl'J,11,·a11! de )lor.'la'.l. ¡Q 1~ ostras! ¡qu3 demedio ocultos por montones de basura, de t¡_ablas, de ba- licado pr1pe botte! qué truchas supremas, capaces de enflarriles, de papel viejo, hacinados por donde quiera, á la ori- quecer de envidia al gordo cacique de las piscinas de
lla.de las aceras de piedras partidas y disparejas. A medi: Chimalhuacán! Con decir que solo en C.1,mpeche se coro e
da que nuestros coches avanzan, las casas van siendo muy mejor, está dicho todo, y eso que _Pronto hará treinta Y
altas, lo que hace más sombrías las calles; algunos edifi- ocho años que no como en Campeche!
cios su ben á siete y ocho pisos, con balcones que son por
Un tren de vapor nos condujo á. orillas del lago desfi·
sus proporciones, verdaderas galerías de fierro apoyadas lando por entre los suntuosos edificios de Canal-St. que
en columnas metálicas en los bordes de la acera y que se parecen hechos de yeso pintado; al salir de la gran calle
unen de piso en piso por sus arquerías llenas de arabescos entramos en un barrio de casas de madera, primorosas
y adornos; de donde resultan fachadas enteras de fierro • algunas; después bordeamos un vasto cementerio, verde,
calado. En esta esquina y en la de más allá); en muchas de cesped aterciopelado abajo, verde obscuro arriba, en
otras, unos enormes armatostes de hierro que parecen donde balanceaban sus grandes h.oja~ lustrosas y sus
abortos de la torreEiffel, estorban el paso y hacen cavi- enormes copas de perfume los árboles de magnolia; en el
lar al transeunte novel ¿para qué puede servir esto? Para claro que dividía las dos zona11 verdes, blanqueaban los
lo que sirven tantas cosas; para nada. Después supimos sepulcros de marmol y de piedra, simples estelas fúne·
que estos adefecios iban á servir para los tranvms elécbres, la mayor parte; uno que otro hermoso, con la hertricos y ahora sirven para anuncios. ¿Hay algo en los Es- mosura del arte industrial. Luego costeamos una ancha
tados Unidos que no sirva para anuncios? parece que hu- esplanada, pavimentada de madera, salpicada de kiosbo en todo un negocio medio bizco; en todas partes cue- kos medio m•riscos y medio chinescos, como todos los
cen babas y por aquí á calderadas.
kioskos que desde hace un siglo cubren el planeta con
Desembocamos en Canal-Street; muy amplia vía, bor- su vega~acion de fierro colado; v.imos con cJmplacencia
dada de construcciones de grandiosa arquitectura, sin las casitas de baños instalando confortablemente en el
proporciones, pero con dimensiones casi enormes; un río agua su frágil y caprichosa arquitectura, los miradores
no muy raudo de gente orientada hacia el negocio, el ele!l.1\ntes desde donde se domina el lago, los bats que en·
b1snes (/,u..sRine.•) como dicen tolos con singular energía cie;ran un lago venenoso en sus millareH de botellas mul•
de acento, llena !acalle; este río se abre y cierra al paso ticolores y .etopamo.,. As( se dice en el castellano de la N.
de los carros eléctricos que aturden con su perenne cam · Orleans: el lector está en su derecho p1ra leer: y para,Ms.
paneo y distraen con sus largos dedos de hierro que van
Cruzamos 'u n puente sobre un ancho canal; cuando llepellizcan-to el alambre trasmisor de la corriente que sugamos al otro lado, un chiquillo movió una palanca y el
jetan otros alambres frecuentemente conectados con los
puento semi-giró sobre un piñón de hierro y tomó una
hilos del telégrafo ó del alumbrado. De cuando en
posición vertical á la que antes tenía; una gran lancha de
cuando un tren de vapor llega arrastrando dos 6 tres
• wagones de pasajeros, por el centro mismo de la ave• vapor, remolcando cuatro 6 seis balsas formadas por magnida, y pasa cerca de una estatua que parece esculpí· níficos troncos de abeto, pasó; el chiquillo movió de nue·
da no con el cincel, sino con el hacha y que descansa su vo su palanca y el puente se form'&gt; en cinco minutos.
El lago este, es un mar color de violeta bajo nuestros
cuerpo de plesiosauro parado sobre la cola, en unos bloques rudos y mal acondicionados, que forman un pedes- ojos, lentamente azul á compis de la vista que se levanta
tal no tan malo....... como obra de albañilería ....... hasta sobre él é inmensamente azul en su horizonteelegantísi·
la estatua parece hecha por un albaiíil. Ea ( descubrámo• roo de oceano dormido. Dám')nos el lujo de un crepúsculo
nos) la del gran Henry Clay. Nosotros los mexicanos ins- vespertino aquí, meciéndonos en una ro~kinJ ·rln.ir, flan.•
cribiríamos en ese pedestal estas palabras que el gran queados por un vaso de líquido helado ( meda vergüenza
.,pea ka dirigía á su amigo Channing. «/I(Cy crímenes que por decir que era cerveza) y acariciados, sin metáfora, por
.,u enor,~iclad rayan en lo sublime: ta adquisici6n de Texas una brisa de esas que murmuran ~í través del ventalle de
por nuestros compatriota.~ tiene derecho á este honor. Los tiem · las palmas en lo3 versos de mi pobre Alfredo Torroella ó
po8 modernos no o.frecen otro ejemplo ck ,·api,ia cometida en que vagan perfumadas de azahar en las confidencias de
tan t·afút escala.» Cito de memoria, pero eso es poco más Lamartine. Sobre el raso joyante del lago una cúpula de
raso sin mancha, el ci~lo; el pomo infinito de aire zafi.rió menos.
no y la ilimitada placa de cristal no se confunden, se to*
**
can en una curva de lapizlázuli y los dos matices del azul
Nos alojamos en un lujoso y confortable hotel en la
parecen dos aspectos de un solo ensueño. Un solo celaje,
esqmna de Canal-St. y Carondelet y salimos en busca del
Consul mexicano, de Manuel Gutiérrez Zamora, nombre encima del sol que en el ocaso
EN TIERRA YANKEE

deslustrados; enfría la brisa-y-el alma sale de su anestesia como si acabara de ser creada: Pienso como si pensara, por vez primera; pienso en ellos; pienso en la que
nos defó. Yolvamos; mientras volvíamos cantaban en mi
memoria los versos del martir J uan Clemente Zenea:

0

que su ilustre padre hizo h1!!tórico. ( 1 ) Esto nos proporcionó el gusto de ver algunas calles feas, algunos enormes efidicios, de marmol y granito rojo uno· de ellos, no
destituido de majestad. Un banco en construcción, tiene
en su pórtico cuatro ó seis columnas de mármol purpureo
de cerca de un metro de diámetro. Mucho comercio y
mucha gente, esto se notaba al primer golpe e.e vista pero nada extraordinario. Poco gusto para presentar las
mercancías en los escaparates. Un sastre ha colocado en
la entrada de su establecimiento una serie.de muñecos
que representan personajes de la historia de los Estados
rnidos, vestidos con muestras de la rnpa hecha, que
allí se vende; de modo que puede uno ponerse los calzones del general Sherman, hombre de muchos calzones indudablemente.
(11 r.utiérrez Zamora murió hace algunos me.,;es. Cuanto mexicano haya e,tado en Nue va Orleans en es-tos afios últimos, habra de¡,1orado ~u muerte, como no:::.o tro~.

Ferme les b,·anches d'or de son rouge erentail;

una sola nubecilla de encaje tram'.\do de luz y teñido de
amatista purisimo por arriba, flotaba lentamente en un
segmento verde del cielo. El sol escarlata, pero de un escarlata absoluto, como si saliera de un baño de sangre
humana, se deetaca ovalado y deforme en el vaho violaceo de la atmósfera; del otro la&lt;lo la luna, oxidada, con
una cristalina palidez de histérica, viendo el sol al sosla•
yo, t'On grandes ojeras azu)osas de desvelada, una luna
dulcísimaé impura, en fin, que denunciaba en su luz enfermiza, en su mirada lánguida, la sensualidad suprema
de sus amores tormentosos con el mar. A veces un soplo
que viene del Oriente y que parece el h álito de la luna,
hace correr un estremeciento de plata por el lago que en
el ocaso semeja un disco de acero que el sol damasquina
de arabescos de oro.-,-Los faroase encienden en las ribe•
ras y la luz eléctrica crepita y azulea entre los globos

E l sol al ver la luna acorta el paso
y quédanse mirando frente á frente,
un globo de oro y sangre en el º?aso·
y un globo de alabastro en el Onente.

.,.**

A trip to Chinn-toirn.-Un viaje á China-town, es un i;audeviUe ú opereta funambulesca en que se caricaturizan
ciertas costumbres de la gente de trueno en N. York; la
escena pasa en Bowery, la famosa calle ó avenida popu•
lar y de malísima fama nocturna en la ciudad imperial ;
pegedo á ella hay un barrio chino; ese es China-Town.
Una serie de escenas ridículas y risibles, iguales ií las
pantomimas que organiza y anima Ricardo Bel!; un rosario de interminables canciones, ensartadas en airecillos
graciosos, pero infantiles, como el del valsecillo americano que cantan aquí y en México todos los chicos: después
del baile; una colección de habilidades, silbidos. mugidos
de locomotora, qué se yo, ejecutados á maravilla por uno
de esos hombres que se disputan los empresarios de cir•
co...... Eso es el famoso rir1jc; algunas bonitas decoraciones, algunas luisianesas bonitas, muy airosas, muy gran•
des de ojos y de boca, ¿inglesas? ¿francesas? ¿españolas?
~o sé; algo de todo eso con una gota de esencia africana
en el fondo de la mirada negra y &lt;le la sangre roja.

*

* bañadera de marmol lleDormí un poco dentro de* una
na de agua tibia; pero ya en mi cama; me tuvieron des•
pierto los campanillazos incesantes de los trcwurny.•. La
civilización como el crimen de l\Iacbeth ha matado el
sueño; para dormir cual un patriarca precisa volver al
tiempo de los patriarcas. La civilización ha in ventado rui ·
dos nuevos ó ha hecho nuevas combinaciones de ruidos
viejos. Por eso me aparece en mi insomnio como una joven yrmkee con una corona de estrellas eléctricas, unas inmensas alas blancas de algodón fenicado y dos frasquillos
májicos en las manos: uno de bromuro de potasio y o"l:.ro
de cloral.
Muy de mañan::., después de tomar algunas frutas helada2 y un poco de té, salimos ií vagar por las calles; el
jefe de la caravana, una primilla mía de diez años, esbel•
ta y graciosa como una luisianesa, otro excelente compaliero de viaje que habla en español un copioso inglés de
Ollendorf y vuestro servidor. Una brisilla fría y sabrosa
nos convidaba á andar y vagamos...... vagamos. Los
bloks ( nosotros diríamos las manzanas de habitaciones)
se suceden en las irregulares casillas de interminable ta·
blero. En unos domina el rojo, el color instintivo de la
fabricación yankee, otros son amarillentos, y grises y color de humo todos. )lark Tw:iin dice que desearía para
Nueva Orleans uno de esos colosales incendios como los
de Chicago 6 Boston, para que en la ciudad nueva hubiese un poco de arquitectura; no la hay, en verdad. Lacé·
lebre Bolsa del algod6n con su jactancioso estilo del rena·
cimiento francés, sus cariátides y su o:r'namentación profusa, me pareció de papiermriché. )Iás me gustó por dentro;
su confortable instalación, su movimiento, no extraor•
dinario, pero constante, revelan la gran importancia de
la mercancía-reina en la metrópoli mercii.ntil del bajo )fi.
ssisipí.-En una inmensa carta de los Estados -Unidos es•
tán marcadas las temperaturas diarias de las ciudades
prin~ipalee. Las líneas de balcones de fierro calado, se
interrumpen aquí y allí por alguna enorme construcción
de muchos pisos, acribillada de ventanas; es una fábrica,
un edificio de oficinas, una colmena humana. Por la calle Laffayette, fea y obscura, pasamos á. la calle St. Char•
les, amplia y hermosa, en torno de un jardín lleno de
copudos árboles, una iglesia gótica, un edificio público (la
casa de ciudad ) con altas e1,.calinatas y enormes coluro•
nas grises en su fachada; del otro lado un templo masó•
nico.
El tranvía eléctrico nos condujo á Carrolton; el frío pi·
caba y mordía á su gusto ; eepléndidas avenidas de árbo·
les, apenas despojados de hojas en los primeros días de
su toilette de Otoño ; casas de madera, algunas grandes y
hasta suntuosas, rodeadas todas de jardincillos ordena•
dos á la francesa; grupos de niños y niñas muy limpios y
muy alegi:es que van á las escuelas. En una plaza, sobre
altísima columna blanca, la estatua del gran rebelde Ro·
bert Lee.
*

* *pero lo Yolveré á h acer )
Lonchamos ( perdón Peñita,

�DOMINGO 28 DE FEBRERO DE •1~1

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1S97

132

y salimos á pie para el barrio criollo, en compañía del
buen Gutil•rrez Zamora, á quien entregué una carta que,
por eu delicada amabilidad, llevaba desde la primera lín~a la firma del seílor ::\Iariscal. Entramos en la catedral,
vet.ueta, insignificante, fea; las naves laterales e~tán cortadas en su parte superior por grandes galerías 6 tribunas; algunas pinturas ba!!tante malas; dos \'iejas mulatas
rezan deyotamente junto á la reja que cierra el ábside, Por
fuer.1 nna fachada vuigar rematada por dos torres pira·
roidales.
:-;alimos al parque Jackson¡ me acerqué con viva curio·
sidad ni bronce ecuestre que le sin·e de centro; la estatua
de .-\n&lt;lr¿s Jackson. Nueva Orleans debe la vida á este
hombre~ en 1815 la eah·6 de los ingles:es que la amenazaban y la salvó de él mismo, porque cuentan que estaba
resuelto, en caso de derrota, á reducir la ciudad á cenizas
ante~ que dejarla en poder del enemigo¡ enérgico, iracundo y brutal como era, habría ejecutado su propósito.
Y de mucho más era capaz el bilioso magistrado duelis·
ta dd TenneEsee, el rabioso exterminador de los indios
del rndeste americano, el soldadón sin escrúpulos1 que es
se6uramente el mtí.s notable hombre de guerra que pre·
senta la historia de los E~tados U nidos, á la par de Sherman y Lee y el te1uperamento de soldado más radical que
la mJs turbia, pero la más exaltada de las popularidades
haya sentado en la silla prei!idencial de Jorge. w·ashington y del impecable república J. Q. .-\.dams. Sólo Jackson
y Ulises Grant, han seguido siendo soldados aun en la
presiU.encia; ·washington, Tylor1 no fueron más que ciu-

y el francés que hablaba, ligeramente arcaico, pero con
modulaciones tropicales de música tan marfilina y suave,
que todo nos bacía creer que la f.rancesita de Luieiana se
había escapado de un paisaje de abanico de raso de los
que usaban las lindas damas del primer imperio y que
hoy consen·an todavía en sua pliegues ligeramente marchitos el divino perfume de las flores muertas. ¿Ibamos
á oír de sus labios la llorosa protesta de las criollas de
Nueva Orleans contra la infame venta de la Luisiana á
los Estados U nidos? No; mi patria, nos decía, es los Es,
tados U nidos y México.

FISONOMI.I.S MEXIC.1.N..I.S
A GATO VIEJO ....•.
(\"\.'ase nuestro grabado.)

Por idiosincracia, por atavismo, por todas esas cosas
que hoy se mencionan con palabras nuevas, ó por lo que
ustedes gusten y manden, los mexicanos no podemos
verá una mujer1 guapa 6 fea 1 con tal que sea Joven, sin
derretirnos de amor y-lo que es. peor-sin decirle que
nos derretimos. De abolengo los latinos somos,lloreadore8 y
enamorados; pero á. los mexicanos nadie nos gana á que•
rendones. Yer una hembra y dispararle todo el surtido
de exclamaciones sentimentales ad hoc que tenemos en
Mas tarde hicimos el vi:je
1a [;,,ü acompailados de
_la mollera, es todo uno.
un joven mexicano muy lieto y muy amable, hermano de
Tan nutrida llegó á ser la granizada de piropos que los
nuestro excelente amigo el Director del i,~,iirersal. Lasca- desocupados de Plateros lanzaban sobre las muchachas
Hes que llevan á C'ri:1M'eu1 ('ity (la ciudad media~luna) son paseantes, que D. Pedro Rincón Gallardo, de pía memo•
animadísimas, incep,antemente surcadas de tramways1 de
ria, ó D. Eduardo Yelázquez (no lo recuerdo en estos
carros y carretones, bordada de grandes casas, de enormomentos) penaron con retención y multa á todo lagar•
mes cubos de piedra gris ó roja, perforados de centena- tijo que florease ó. una mujer.
res de ventanas, como el Corl'to, la .·tdwrna, una refinería
Las damas, por su parte, aunque enamoradas de la lide azúcar; el Correo es magcstuoso, con sus cuatro pórsonja, detestaban y dete¡::tan las triviales flores callejeras,
ticos y su aire severo. De una ventana de este edificio hi- y si en un baile, respondían y responden al clásico: f'R 1t8·
zo colgar el proconsul Butler á un energúmeno borracho ted 11l!l?1 li11da con el cursi e1rnstrd m11y yalmite, en Plateros
que había arrastrado la ~andera de la Unión por las ca- se enfullinaban y se enfullinan aun á. la hora en que esto
lles de la ciudad, después de haberla hecho capitular el escribo, ante una palabrita melosa.
heróico Farragut en 1862.
Las biliosas euelen responder con ef:ta exclamación:
Llegamos á la ler~e, inmenso dique de tres ó más millas
¡grosero!
Las nerviosas con una mirada que querrían tener todos
en forma de arco y cuajado de muelles, que defienden
los fuegos del Cosmos para aniquilar al molesto moscarla ciudad de los caprichos del padre dt lax agua.a, del viejo
Mescbasebé. Colocados en uno de tantos muelles en me• dón; las anémicas mueven desdefiosamente los hombros
y las linfáticas prosiguen imptí.,·idas su camino. Pero sean
dio de un ver&lt;ladero laberinto humano, tratamos de ver;
cuales fueren las manifestaciones de las doncellas florea-:.
arriba una nube espesa que se nos metía por las vías resdwJante eljfort'ad,,r, no cabe duda de que este constituye
piratorias en forma de moléculas de carbón, producto del
una calamidad social, una melrna de género diverso á la
aliento de las chimeneas de los vapores que llegaban y
salían¡ primera rube negra. Otra abajo; ésta la compo- que reina en Oaxa.ca, pero no menos atroz. Ha llegado
nían algunos centenares de negros y mulatos que grita- hasta entorpecer el movimiento de Plateres y es frecuente-merced á él-oir diálogo! como este:
ban, juraban y saltaban como goriUas en asueto, yendo
-¿Xiña, no vas á hacer tus compras?
y viniendo de los muelles á los vapores por medio de
-Sí, mamá, pero en coche.
puentes volantes de tablones, con fardos y carretillas
-Ko, ú. pie, que te sirve de ejercicio.
haciendo un ruido diabólico; le faltó al Dante, para un
-Sí, pero me florean ..... .
cuadro al carbón de los que componen su galería infer-No haces caso.
nal, una ,·ista á Creseent City.-Entre esas dos :g.ubes ne- Ay mamá! parece que no conoces á los lagartijos ......
gras había una faja clara que permitía ver en último térLa sellara suspira pensando:
mino la opuesta orilla cubierta de casitas ( todas iguales)
-¡Hace tantos años que soy vieja!
y de fábricas humeando; de esa orilla se desprenden los
Y la niña pide el coche para hacer sus compras.
ferryR, cargados de coch~, de caballos y pasajeros. El río

dadanos.
Nueva Orleans ha hecho bien en cobijar con su manto
azul maculado de humo, :í. los dos irreconciliables enemigos, al soberano orador Clay y al semi-Cezar Andrew
.Jackson. ¡Y pensar que si Clay hubiera ganado al gene:rnl la. presidencia, nuestros negocios con los vecinos habrían tomado mejor y m:í.s cristiano y honrado camino,
y que probablemente hubiéramos economiza.do la guerra
que hace medio siglo nos dilaceró y nos mutiló! Esta presidencia de .Jackson costó mucho¡ en su tiempo quedó
pla"nteada y for1m\lada por el fanatismo elocuente y som·
brío de Calhoun la cuestión ~e los derechos de los Estados que había de resolverse á eangre y fuego en la guerra
de secesi6n¡ en su tiempo se inauguró el sistema de dexpo•
jos, que ha convertido las luchas electorales en combatea
por los empleos, que ha convertido á la democracia americana en un ejército mandado por los politicians; ese sistema. que ha hecho impopular la. honradez de ~Ir. Cléveland, el valeroso presidente que ha reobrado contra él y
contra la tJ()lítica de corrupción y de injusticia que entra·
11a. Xo importa; esta democracia, no presentará.1 sino muy
de paso, el horrendo especMculo de una democracia eecla,·a; hay en ella fuerzas form.idab1es almacenadas que
la sahTartin en caso de peligro; un glóbulo de sangre de
los dejos padres peregrinos de lll Ffor de Mavo, basta pal'a encender en el corazón del último ya11kee el amor indómito y ~agrado de la libertad.
~ada de esto me decía la vulgar é inexpresi,·a fisonomía de la estatua delgeneralJackson .... .. y seguimos. Feo
barrio éste; en el centro de las calles apenas corre el negro y mal oliente arroyo, oculto por basuras, papeles,
restos de barric~s¡ las casas cubiertas de yeso, descasca·
radas, ennegrecidas; el teatro de la Opera francesa, galerón que se abre eobre un pórtico de pilastras cuadradas,
blanco embadurnado de humo, E"S ignominioso. Mas no
sé qué olordeviejo1 de historia, de costumbres crueles, pero pintorescas, de duefios de escla,·os, reina allí v encanta; y luego los nombres del as calles: i·tu Bourb6n: rue Contí_. ..... hacen un efecto dulce y melancólico sobre el espí·
ntu y remueven la arquilla de los recuerdos ......
Habéis leído alguna de eeas delicadas novelillas luisianesae de Jorge Cable? allí pasan con las timideces de las
razas aristocráticas y los estupores de la elegancia caballerezca ante las brutalidades de la civilización del carbón
Y del fierro, algunas mnj~res de la antigua sociedad criolla Y francesa de e~ta comarca. Todavía hay representantes de ella aquí; entramos á una casita modesta y confortable, Y un amigo que nos acompafiaba, nos presentó á su
esposa. Era, una joven madre ligeramente opul-=:nta de
formas, pero tan elegante bajo la ondulación rítmica de
su vestido de mU8elina; era la suya una encarnación lac·
tea Y rosad.a tan muelle, tan fina, con tan delicadas vela·
duras de ámbar sobre la sedefl.a tez; y el peinado recogido en lo alto de la cabeza en una apret.ada diadema de
Wnos dorados, como los tocados de principios del siglo-

•á

¡

describe frente á nosotros su espléndida media luna (de
donde el nombre de Cre11•er1t City) El ~lississipi, el río
más grande del mundo (4,300 mi11as agregándole su tributario el ~Iissouri) tiene la particularidad de irse angostando á medida que se acerca á su Delta. El capitán)Iarryatt le ha dado el nombre de cloaca má.l'ima por la prodigioea cantidad de lodo que arrastra ( más de cuatrocientos millones de toneladas, depositadas cada ai'l.o en el Golfo de México). Así sale, entre estrechos y tortuosos ca•
nales y pantanos, al mar y algún día llegará al canal de
Yucatán y dejará. convertida en una charca gigantesca la
parte occidental dd Golfo; si esta fuera la solución de la
cuestión cubana, habría que esperar un poco, unos millones de años tal vez.
Los vapores blancos de dos ó tres pisos de camarotes y
puentes, que remontan el río, recogen sus pasajeros al són
de la campana, izan sus banderas y parten describie11.do
una airoea curva. ¡Y pensar que esta inmensa arteria de
la circulación mercantil del planeta1 descubierta por So~
to en 1542, no íué explorada por La S,üle ha.ata la.a postrimerías del siglo xv·n y que no ha sido empleada en
el tránsito mercantil basta después que Napoleón vendió
la Luisiana á los norte~am.ericanos eJJ ..l.803, en ochenta

..•

'
Empero,
por atroz que sea la erotomanía en un joven,

tiene disculpa.
Lo que no la tiene es la erotomanía en un vieJo.
La et.cena que ha servido de asunto al pincel de Villasana, es, sin embargo, común, acaso porque lo bueno es

lo raro.
¡Oh! los tenorios seniles! Asomaos por las noches á las
dulcerías, pastelerías y salones de re[reecos servidos por
muchachas, y sorprenderéis más de media docena de 0808
valetudinarios, de esos que ya ni pecar pueden SÍI\O imaginativamente, de esos faunos cincuentones de vientre
exageradamente combo y piernas exagerad.amente fla•
cae, ó del tipo que queráis, desgarrando sus anejas y
averiadas lisonjas insinuantes al oído de una burlona
muchacha, entre vaso de soda 6 de vichí y pastillita de
chocolate ........ .
Los yankees, que según la feliz expresión de P1ml Bourget, ven en la muJer al individU:o y -no al sexo, capacea
son de convivir con lindas mexicanas en una pastelería,
sin mengua de la integridad moral de unos y otras, mas
que entre al establecimiento un viejo alifajado de eeos
que en el otoño de la vida refinan su paladar, y adiós
claustral y pura. fraternidad, adiós paz eucarística del esmillones de francos!
tablecimiento: las solicitudes cautelosas se tocarán en el
El día siguiente lo empleamos en visitar al maire de la aire, estarán en la atmósfera, y los deseos estragados burciudad, hombre excelente y campechano; en dejarnos
bujearán con la soda, en las copas de cristal.
reportear por un amable muchacho de Mazatlán, redacEn México ni el reuma crónico, ni el asma, ni la debi•
tor del Picaywu; en hablar mal de los irlandeses y de
hdad senil impiden i un Don Juan de dentadura poetiza,
los negros que se disputan la riqueza y el trabajo en la
y macierland abrigador, buscar la fruta del arbol prohi•
reina del Mississipe y en vagar .......
bido.
Al obscurecer del día tres de Octubre, partimos.
¡Oh! comodinos gatos viejos que durante el día ru1tru•
Jusro SIERRA·
neais en la silla de cuero de la oficina 6 del despacho,
entreabriendo apenas un ojo para firmar minutas 6 reci•
Febrero de 1897.
bos de renta. y merodeais en la noche á. caza de ratones
tiernos; gatos viejos que engendrais hijos escrofulosos,
Las cuestiones políticas y militares agitan al mundo; epilépticos y maniacos, en trabajoeoe horas de idilio ......
vade retro.' ...... retirad 1.•u.estra bandera ....•• Di08 lo qu.Ure y .
los intereses económicos lo conducen.

G. M. _Valtour.

el diablo .....os desecha.

,.

Señorita Julia Novclla, de Guatemala.

133

EL MUNDO

principalcampea algo en escorzo, elescudode lm Reye~ Católic08, que en un
mo11umento dedicado al descubrimiento de América, no puede ni debe fal·
tar el recuerdo de la Reina magnánima, JK&gt;r cuen~ de cuya corona se acomet10 la considerada como temeraria
empresa. Corta el escudo la faja ecua·
tonal y anima con sus minuciosos detall~s y artística ejecución un gran espacio que de otro modo resultaría
poco agradable. Sobre la superficie de
la esfera ee dibuja en relieYe la masa
de continentes é islas que co¿stituyen
el mundo moderno.
La ejecución del monumento es es·
merada hasta en sus menores detalles.
La figura de Colún es dos veces al natura! próximamente. Ella por sí Fola
trae toda la atención, por su majestuoso aspecto por su expresiva actitud
y por su belleza. La cabezt1. es ver&lt;la·
deramente hermoea: impreso en ella el
Eello de su época, retrata al pensador
y_al hombre de carúcter firme y enér¡pco, que dió remate glorioso rí. In empresa llena de dificultades. Atrae y
hace pensar. Sus líneas Eeveras no lo
son hasta t-1 extremo de hacerla anti•
ptltica, antes bien expre@a la bond:itl
del hombre v la inteligencia superior
del ge!1ío. A Su lado el simbólico quetzal, hendt: suR alas como para remontar su vuelo.
Las tres figuras de los atletae son
magníficos t'!:!tndios del desnudo en
los que('! Fel1or )fnr ha hecho gnl~ de
sus º~"e!,·aciones anatómicas y de su
con?&lt;:1,nnento de las reglas de la compo!-1c1on, para harmonizar entre RÍ
tres figuras eeme_jantes, v ql~e ein embargo, t'x~re!!8n ideas y hábitos enLernmente distintos.
El_ruonurnento, en su totalidad tiene diez metros de altura; y está ro&lt;lPa•
do de una verja, estilo del !óliglo XY,
colocada sobre base de mármol, y todt1.
el la bronceada.
En el frente del zócalo se ha coloca-

d!) una., loz~ s._encilla y elegante, con la siguiente inscripc1frn: u~e erigió este monumento por decreto de 12 de
"&lt;~ctubrc de 1892, siendo Presidente de la República el
11 (,eneral D: .José )laría Reyna Barrios. Inaugur6se el
« 30 de Jumo de 1896.,
_El costo total del monumento no baja de ;:-40,000 segun los datos que he recogido.n
'
• De ~rtíst_ico liemos calificado el proy('cto del sefior Mur
y la eJ~cuc16n que ha flabido darle. Y en efecto: si bie~
la cr~t1ca severa puede hallar repetición de motivos e:n el
dupl_1cado de las esferae, para nosotros em redetición
precisamente es la que merece nueEtro calificativo pues
?om:pleta el ~nsamiento concebido y realizado 'por el
1nsp1radoart1¡::ta.

•••

Como n~ta curio~a i:elati"a á la Exposición de Guate~ala, dan,,mos la F1gmente: La primera instalación orgamzada, correfl~nde á la casa de Krupp.
La_gran fábnca de cai\,1nes, fusiles balas y corazas
fon!ndable. e!1 la gu.erra '.: tem_ible. en 1~ paz, n0 se apre~
suro áexh1b1n:::e m en 1-nincm m enChicugo, y se apresura ii. hacerlo en ( iuatemala.
¿A q~é obedece esto? lmagínomt• quP. el Sr. mmmger de
la fonmdable empreEa aleumoa ~e ha dicho para su coleto: Los rrnnc~ses co? dificultad se lanzarán á una nueva
empretza béhca. Tienen grnndes intereEes indllftriales
que ?,roteger y pocn_s_g:,mas de gastar sus milh:,nes en ba·
las, ,i pe~ar de las lml'as declamal.'iones de la Rerm,,.J1i
L?s yankees ......... ufi! ee-os no pelean. Tienen much¿
dinero y .m.uch~. calma. ¿A qué enviar, pue&amp; cai\ones con
tanta a~1t1c1paC'1011, :í esos ~efi_ores? !~n G_uatemale. ya es
otra co.-,a .... ~. L1s Repubhqmtas latinas tienen lo belicoso e~ los gl\lbulos. de la ¡,;an~re .. \.llf no Fe concibe la vid_!l e-m cneshones rntP.ruacionale~ ......... Yayan pues mi~
h.rupp. ¡Los venderé bien'
'
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! las formidabl~!-i m:íquÍ nns han lle~ado á la cita las
pmneras Y bof=t.Pzan ya en su instalación, por su amplia
bocaza, preiladJ de muert.t-.

•

+.

Eng:ala_namos n11efitn1i:i colnmnas con una belleza más
d.e la capital de Guatemala. \'icne f:u h~rmosura de Francia; h_ay rafgo_s galo¡:i en l'Se rof:tro ilnminado por la in·
m~ns1dad radiante de dos pupilns obf:curns.
• e llama ...... paia no!!otros la mujer bella no tiene sino
~ombres \'ago!-':. es ~1114e!&lt;tello _de la hermosura eupremu.
8e tiama en!lueno. 1\us1ón. caflll0, e!ólperanza ....... ..
~. comopor~sta Yía el Pegazo de la imaginación pudiera irse muy leJos, ponemos punto.
.

GU..I.TEJll:..1.I,..1.
!Monumento á Colón.-La primera in•talación para
el certamcn.-U na belleza.

C~mos no tener necesidad de re¡:etir que, circulando
amp!1amente_nuestro semanario en la vecina República
-del :sur, es natural y justo que de vez en cuando consa,gremoe parte de ■ uestras columnas á la descripción de be·
IIE:zas y monumentos dignos de toma.rae en cuenta. Cumpltendo, pues, con este prop{Jsito, damos hoy un grabado
del hermoso monumento á. Colón erigido por decreto de
12 de Oct_ubre de 92 é inaugurado' el :30 de Junio de 00
·en la capital _de la República, en el parque de la plaza d~
-a1:mas. Reftnéndoee á ~se ?1onumento, nos dice un crom!™1 goa~m.a.lteco lo s1gwente1 que puede servir de am·
.pha descripción:
Eleeflor D. Tomás )lur ha dado vidaá una hermosa idea
-enel monn~ento,_ en el que no hay accesorios inútiles de
or_namentac16n, m detalle alguno supérfluo, y que no contribu:ra por~oruM:Cuencia, al desarro1lo de aquella. Página
artística é h1Bt6r1ca, todo se une para formarla y para
-d_arle claridad y expresión.
EL basamento.es de baee cuadrada: todo él de mármoles blancos y TOJ08, tiene J&gt;róximarnente dos metros de
altur_a. ~bre él, una semi-esfera representa el antiguo
hem~efeno, s&lt;;&gt;bre el cual ~san sus plantas tres figuras
atléticas en d~ferentes actitudes, pero que contribuyen al
-esfuerzo coman de eostener y elevar en sus hombros el
mundo completado por Colón, cuya figura se alza de pie
sobre el globo en actijud tranquila, sefl.alando á sus pies
:el, ree~ltado de eu ob_ra. Las ~tres figuras representan la
C1enc1~, hiConstanc1a y el\ alor, y tienen de altura vez
y media el natural.
La Ciencia tiene á. sus pies las columnas de Hércules
rotas, a.plastando en su caída la tradición del no máa allá.:
·en una ma1;1oalza un 1milado de laurel pues el sef\or
Mur ha hmdo de coronas y de ramas bien colorarliN~
para repre~ntar unas hojas cogidas al acaso y ofrecid~
•en el e~tm1a_smo del primer momento. En la otra empufia la s1mb6hca palanca, con la que sostiene el mundo· el
· extre.1?0 de la palanca se apoya en Ja Constancia, flg{ira
de ~ct1tud ~posada, que sostiene en su mano izquierda
antigua ántora de la que se desprende una. gota de agua
· 9-ue c:a,e _sobre 1¿na peña deegastada, en la que se lee la
1nsct1pc1ón latina t1!Jt1Ua cai:ot lapidem.11
-La teTCE:ra figura representa al Yalor: figura muy movida, d~ actitud _arrogante, se apoya en el timón de un bo·
teca&amp; sumergido en las olas, como desafiando á la tempestad; pero empui'i.ando prudentemente un cable ues
•el valor no ha de ser temerario sino inteli ente
'p
Las tr~s fi~uraa sei\alan cualidades que filstin.guieron á.
Colón. Ciencia, Conetancia y Yalor
En la semi-esfera de la base hay ~uatro coronas de lau•
rel_que descansan en otros tantos pedestales de mármol
umdos al b~eamento,.con el que forman parte integr.m'•
~- En la fa1a ecuatorial está. escrita 1a leyenda-dedicato·
,~1a: "~uatemala á. Cristobal Colón,,, en caractkresantiguos 1
-ue relieve y de bronce dorado.
En la esfera superior ee dibuja en la misma forma el
f"IDOte ,Plus Ultra, 1:? de Octubre de H52,• y en su rrénte

Guatemala.-Monumento á Colon, .,nau&amp;urada el 30 de junio de l8g6.

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�134

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE J8!17

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

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EL MUNDO

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Bombay.-Torre del silencio.

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El flsunto de palpitante actualidad en Europa es la
cuestión cretense que ha tomado un aspecto del todo
nuevo é inesperado por la intervención del Rey Jorge de
Grecia.
Fresca aún la sangre vertida en las espantosas matanzas de Constantinopla, y un tanto apenas tranquilizados
los ánimos por la intervención de las potencias que exigieran algunas reformas al sultán; la revolución estalla en
l,Teta, la gran isla del azul mediterraneo, y se repiten
las escenas de exterminio, en las que familias enteras
caen bajo el yagatán del turco ebrio de sangre, clamando
en vano piedad y misericordia ......
Como en Armenia, el horror de la tragedia es infinito y
los cretenses cristianos, hartos de la tiranía turca, y caneados de sus crueldades, han contestado á los furores musulmanes con explosiones de fanatismo cruel, y buscando un nuevo refugio han proclamado su anexión al reino
de Grecia.
El re'[ Jorge, inspirado en las ideas de su pueblo, que
aspira extender la influencia helénica, ha aceptado la
declaración de los cretenses, y hace lo posible porque
triunfe la revolución, desafiando al pérfido sultán y exponiéndose ~t las iras de las naciones poderosas, que no
se atreven aún á herir de muerte al infeliz caduco imperio de los Califas.
Por el tenor de los telegramas, parecía que las potencias, con excepción de Alemania cuyo Emperador no es-tá en buenos términos con el gobierno de Atenas, favorecían la anexión de Creta al reino de Grecía; pero el
bombardeo hecho por los cruceros extranjeros al campo
insurgente y laFJamenazas del Almírante inglés, nada menos que á un Príncipe de la casa real de Grecia, quemanda la floti11a de torpederos en las aguas de Creta, hace
pensar que tal vez á última hora las potencias han deci•
dido contener las ambiciones del Gobierno helénico.
Estremece contemplar ese cuadro de horror1 donde el
fanatismo cruel y la supersticion salvaje chocan en convulsión trémenda.
No es sólo el odio tradicional entre los adoradores de
la cruz y los sectarios del Corán lo que produce esas explosiones; se ven allí como los espasmos de un pueblo
moribundo que en su desesperación hiere 1 mata y destruye antes de hundirse en el abismo.
· ¿Cuándo querrá la Europa cristiana borrar para siempre á la Turquía del catálogo de sus pueblos? ¿Cuándo se
librar1i de esa úlcera que la avergüenza?
Damos varios grabados que ayudar.in á nuestros lectores á formarse una idea cabal del teatro en que se desarrollan los sucesos á que nos referimos. ·

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LA REVOLUCION DE CRETA

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EXOTISMOS DE LA INDIA
La peste y los pa~sis.

El asunto que va á inspirar estas notas juntamente con
la cuestión cretense que desfloramos en otro lugar, son
hoy por hoy los asuntos de interés en Europa. No hay
revistaex:tranjeraquedeellosno se ocupe, y si EL ~ItTNoo
ha de reflejar la fisonomía europea como la americana,
justo es que á su turno les consagre algunas líneas.
H echa esta breve salvedad, pasemos al asiento. En
189-i, la peste ó trhmnw1,. que venía de uno de sus focos
endémicos de la China, de las altas planicies de Yun- Nan,

donde diezma, desde 1850 á los habitantes durante una
parte del año, stalló bruscamente en Cantón. En algunas semanas hizo más deú,000 víctima.e.
De Cantón, la plaga no tardó en pasará. H()ng- K~ng.
En 1805, cuando los foco~ de Cantón y de Hong-1\..ong
estaban au!l en t&gt;lena actividad, la epidemia se extendió
á los alrededores de la ciudad y í$anó en Reguida la ciudad de Macao. Hace un año la isla de Forinosa estaba
contaminada .
A fines de 1896, Bumbay, uno de los centros ro.is populosos de la India Inglesa, estaba infe::¡tad~ y pagaba á la
peEte, desde el primer día un esp~ntoso tributo. Da B_ornbay, por último, la peste se embarcó con los peregrrnos
hindus y ha desembarcado estos últim9s Jías en CJ.marararos en el }./far Rojo.
Se han atribuído los estragos de esta plaga á cau~as
bien diversas. Ba~ta, para comprobarlo, mencionar esas
Tor/'es rlel silencio que debieran llamarse m,fa bien torres
de la muerte.
Las Tor-rn del lrilencio, en número de 115 en la India,
sirven de lugar de sepultura á los par:,;is. Ya se sabe que
esta secta. una de las más curiosas y rle las más ch•ilizadasde la India, profesa el culto del Faegl) Sr,,qrado.
En Bombay, donde su colonia llega á. 47,458 habitantes, han hecho sucesivamente elevar siete torres que sir·
ven para la inhumación de sns correligiona..ios.
Estas torres ó Drtl.:mas esMn agrupadas en la cima de
una colina, .Malabar Hill, que domina la mar á algunos
kilómetros de Bowbay.
Al contrario de lo que pudiera suponer¡:¡e, ~!alabar Hill
es un barrio lujoso donde se agrupan deliciosas quintas,
á. las cuales la vecindad de los Dakmas no asusta en ma•
nera alguna.
Estas torres están -por lo dem,í,q rodeadas d~ jardines
magníficos; para dominarlos. basta estar autorizado para
subir á la terraza de uno de los tres Sagris;-se llama así
las capillas en la cual es mantenido el fuego Sagrado.Desde esta eminencia, la vista se extiende á lo lejos hasta el mar. Bombay y su maravillosa rada aparecen en
parte ocultos por plantaciones de cocoteros; á lo lejos, la
cadena de los Ghates, alrededor un parque inmenso que
circunda los Dakma.s. ¿Son estas verdaderamente torres
como se las ha llamado? Su altura no guarda proporción
con su diAmetro. La más grande de las cinco tiene 90 pies
de diámetro por 35 de altura. Son masas enormes de manposterfa demasiado resistentes para durar siglos, construídas de granito negro y duro1 revestidas de una capa
de cal Llanca.
En el centro, un pozo de quince pies de profundidad v
de 45 de diámetro, conduce por un agujero practicado
en la mampostería á cuatra canales dispuestoc, en ángulos rectos el uno del otro y terminados cada uno por
huecos llenos de carbón. Un parapeto de µiedra de catorce pies de altura, rodea la parte st;tperior é impide ver
al exterior. Este parapei;9 es el que, visto de Jejos, parece formar una sola masa con el aparal;o de pierira, y á
causa de sus revestimientos de cal, da al conjunto la apariencin de una torre aplat1tada.
La plataforma está dividida en setenta y dos compartimientos 6 cajas abiertas que parten del punto central y
están dispuestas como los radios de una rueda y se hallan repartidas en tres filas concé ntricas, separadas las
unas de las otras por estrechos conductos de piedra que
sirven para llevar la humedad ,í. los pozos y los canales
in feriares.
Es bueno hacer notar que el número tres es el emblema de los tres preceotos de Zoroastro, y el mlmero 72 el
de los capítulos del Yasne, una de las secciones d el ZendAvasta.

Cada línea de ataudes de piedra está separada por un
pasadizo, lo que viene ó. hacer trs pasadizos circulares¡ el
último rodea al pozo central. Estos tres pasadizos están
atravesados por una calle que conduce á la puerta única
por la cual entran los portad.eres. En la primera tila están colocados los cuerpos de los hombres, en la de en medio los de las mujeres, y en la última, la más pequeña,
cerca de los pozos, los de lós niños.
Sir Monier ·williams, que ha asistido á. los funerales de
los Parsis nos los describe así:
Eu tanto que yo me ocupaba con el Secretario en exami ·
nar el modelo de la torre, cierta agitación llamó nuestra
atención: una centena de pájaros reunidos sobre uno de
los Dákomas, comenzaron á moverse, en tanto que otros
se dejaban caer pesadamente de los árboles vecinos. L'3
causa de este movimiento nos fué bien pronto revelada;
Un convoy se aproximaba. El cuerpo sea cual fuere el
rango del difonto: rico ó pobre, y así esté próxima ó lejana su morada, es llevado sierµpre por los nasasalars, que
forman una clase aparte en la comunidad. Las personas
que siguen el convoy van después, Como los cargadores
son supuestos impuros á causa de sus funciones, vi ven
completamente separados del resto de la comunidad y
son ampliamente retribuidos.
Antes de llevarse el cuerpo de la casa donde están e~
asamblea los padres y los amigos, se recitan plegarias
que contienen ciertas Ghatas· ó preceptos morales, y el
cadaver es expuesto á la mirada de un perro que los Parsis consideran como un animal sagrado. Esta última ceremonia se llama Tr1.g-did.
uEl cuerpo, envuelto en trapo blanco, es colocado en
seguida sobre un ataud de fiero, y los cargadores, vesti·
dos de blanco también, avanzan hácia la.a torres.
uLos padres y los amigos, igualmente vestidos de blanco y unidos de dos en dos por medio de un pañuelo siguen á la distancia de unos treinta pies.
uLa torre elegida para la exposición contenía ya 10!,
restcis de muchos miembros de la familia. Los dos Nasasalara abrieron la puerta rápidamente y llevaron respetuosamente el cuerpo al interior; después, con detalle3
invisibles para todos, le depositaron, según los ritos en
uno de los Knh Cinco minutos después reaparecieron
con el atand y el sudario blanco, Apenas habían cerrddo la puerta, una docena de pajarracos, rápidamente se·
guidos por los otros, se abatieron sobre el cuerpo. Bien
pronto volvieron á aparecer y volaron á los árboles: no
habían dejado más que los esqueletos ..... .

r***'
¿A qué atribuir las causas de esta enfermedad infeccio-

sa que los parais niegan haber provocado por sus usos fu.
nerarios? .Al contagio, que no debe confundirse con la
epidemia. L1:1. peste es contagiosa y se comunica por el
tacto. Se desarrolla también por la suciedad de Bomba.y.
E:ita hermosa ciudad contaba con 800,000 habitantes.
Ahora ha quedado reducida á la mitad
En la India todo es extraordinario......... ¡hasta la
muerte!

Las naciones no tienen grandes hombres sino á pesar
de ellas.
BAUDELAIRE.

•••

Un voto en tiempo de paz, vele tanto como un .sablazo
en tiempo de guerra.
8m J OHN LUBROCK.

�EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1!97

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primera lección.

�EL MUNDO

tas. Era, en fin, un constante lector de novelas de aventuras y dramas sangrientos, y un habil orador en todas
las reuniones públicas de obreros.

•••

EL PARRICIDA

El abogado alegaba como circunstancia atenuante 1a loenra de su defendido. ¿De qué modo, si no, podía expliearse tan extraño crimen?
Habíanse encontrado una mañana, en un cañaveral
cerca de Chatou. loS cadáveres de un hombre y una mujt'r muy conocidos por su posición social, casados hacía
11n'año1 después de tres meses que llevaba de viudez la
tlama.

Nadie les conoda enemigos que hubieran podido asef.inarlos, y sin embargo, los dos cadáveres presentaban
,evidentes señales de un crimen.
Hieiéronse varias investigaciones para dar con los ase--:
Fi11os y se interrogó ,t. los marineros de aquella ribera; mas
todo resQ.lt6 infructuoso.
Cuando ya se iba á abandonar el asunto por imposible,

El abogado alegaba la locura.
¿Cómo pod,ría, de otro modo, explicsT'Se que este o'?rero hubiese asesinado á sus mejores clientes, gentes neas
v podf"rosas que le habían dado á ganar en dos años más
de 3,000 francos, según constaba en sus propios l!bros? .
Esto sólo tenía una explicación: la locura, la idea fi.Ja
del desheredado que descarga sobre dos personas su
vengan.za por odio á una clase.
Aquí el abogado hizo una oportuna alusión al sobrenombre pue:;to por las gentes á. este sér abandonado, exclamando con vehemencia:
-¿No es esto una cruel ironía, capaz por sí sola de
exaltará.este desgraciado muchacho que no tiene padre
ni madre?
El es un ardiente republicano, ¿qué digo? pertenece á
ese partido político que la República fusilaba y ?-epor·
taba haíle poco y que hoy ac?ge co~ los brazo~ 5:b~ertos;
á ese partido para el cual el mcend10 es un prmcip10 Y la
muerte un simple medio.
Estas tristes doctrinas, aclamadas en las reuniones 1)~blicas, han perdido á este hombre. Ha oído ;t los republtcanos, á las mismas mujeres, pedir la sangre de Gfl.mbetta,
la sangre de Grévy, y su.espíritu enfermet, ha querido la
sangre de un burgués.
¡No es, pues, á él á quien debéis condenar; es á la Comuna!
Estas palabras fueron acogidas con murmullos de aprobación. que hacían l)resumir que la causa estaba ganada.
El )iinisteriopúblico guardó silencio.
Entonces el presidente hizo la pregunta de costumbre:
-Acueado, ¿tenéis algo que alegar en vuestra defensa?
Levantóse el reo.
Era de pequeña estatura y ten~a el pelo mbio ')Omo el
lino. Los ojos eran grises y de mirar profundo.
Comenzó á hablar, y su voz fuerte, franca.. y sonora,
cambió bruscamente la opinión que de él se había formado.
Hablaba cOn acento un tanto declamatorio, pero tan
claro, que todas sus palabras se oían hasta el fondo de la
sala.
-SeiiOr presidente, dijo, prefiero la muerte á ir á. un
manicomio y voy á declararlo todo.
He matacÍo á aquel hombre y aquella mujer, porque

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1Si,7

defensa, y no tuvieron piedad. Debían amarro.e y me rechazaron.
Yo les debía la vida, ¿pero la vida es un bent- ficio? La.
mía en todo caso, sólo era una desdicha. Despn s de su
vergonzoso abandono, sólo les era ae:reedo.r á la venganz~.
Ellos cometieron contra mí el actomás111human o, masinfame más monstruoso que puede comett::rsec ..mtra un
sér, y Yo tenía que vengarme.
Un hombre injuriado, injuria; un hombre rolmdo, re•
cupera por la fuerza lo que le pertenece; un honibroengañado, burlado,escarnecido, martirizado y de~ho11rado mata. Yo he recibido todaseetas ofensas y me he Yengado matando. Era mi. legíti1;llo ,derec~o.
.
Les he quitado un vida feliz a cambio de una bornble
existencia que !Ile habían im~u~sto.
.
.
Se me dirá que se y un parricida, no lo mego¡ ha sido
por culpa de mis padres, que considerándome como una.
cat¡a abominable, porque mi nacimiento fué una tai.;ha,
de rnfamia y una vergüenza, m~ arrojaron. de su lado ...
Ellos .buscaban un placer ego1sta y tuvieron Uf!. J11JO
imprevisto que abandonaron; ahora ha llegado m1 0easión y he hecho lo mismo con ellos.
Y sin embargo1 yo estaba dispuesto .ri amarles.
.
Hace dos años, cuando él fué por primera yez á. mi c'.t.:
ea, .no supe nada. Me hizo diversos encarg?s Y volnu
con frecuencia 1 pagando siempre cop. esp~end1dez Y _c, induciéndose de modo que comencé a sentir pur él c1t:rm
afección.
A principios de este año llevó consigo á mi madre en
una de sns visitas:
Cuando ella entró en mi casa temblaba de tal n,1o&lt;lo,
que la creí -presa de un ataque nervioso.
Aceptó una silla y un vaso de agua que le o!recí; f)('.rOpermaneció sin decir nada_. Contemplaba nns trfllm]O~
con aire extraño, y sólo contesta?a por monosilabo~ :l
cuantas preguntas le hacía su ?1ar1do.
.
,
Cuando partieron, me ocurrió pensar s1 aquella runJer
estaría trastornada.
Yolvieron al siguiente mes, pero entoncf"~ ya era due:
ña de sí. Permanecieron hablando largo tu,mpo en nn
casa, y me hicieron bastantes enca~os, . .
Después los ví otras tres veces, srn ad1 vrnar nada, l1as•
ta que un día comenzó á hablarme ella de mi v,idu., de
mi infancia y de mis padres, á lo que Y? reepond1:
-Mis padres, señora, ~ueron unos miserables que meabandonaron.
Cansáronle tal impresión estas palabras, que llevándose las manos al corazón cayó sin conocimiento.
-Esta J?Ujer €5 mi madre, pensé en aquel im.tante.

-¿Sois mi madre?
Retrocedió tres pasos al escucharme, y ee tapó los ojos
para 11.0 verme. Sostú v,ola su marido entre sus brazos, y
~xclamó, dirigiéndose á. mí:
-¿Estáis loco?
-No, respündi; bien sé que sois mis padres y que no
me equivoco, Reconoced.lo, guardaré el secreto; no os
pediré más: siempre seré lo que soy, un pobre carpintero.
Hizose atrás con ánimo de salir, sof-teniendo á mi madre, que sollozaba; pero yo me apresuré á cerrar la puerta, guardando la llave en el bolsillo.
-Contemplad la, le dije, y negad que esa mujer, es mi
madre.
Palideció espanta.do, sin duda ante el temor al esciindalo que presentia, y que babia evitado durante tantos
años para salvar su buen nom
. bre y su reputación, y exclamó con ira:
-Sois un miserable que sólo quer~is sacar el dinero.
¡Lástima de beneficios los que se prestan ¡¡ estas gentes!
Mientras esta escena se desarrollaba, mi madre sólo
acertaba á decir:
-¡Vámonos, vámonos de aqui!
Pero como la puerta permanecia cerrada, gritóme mi
madre:
-Si no abrís, inmediatamente os mando encarcelar
por violencia.
· Estas palabras me hicieron voh•er en mi, y en el mismo instante abri la puerta, dejándole:; partir.
Al verme solo roe pareció que acabab.i. de quedar huérfano, de eer abandonado. de nueYo ..4.poderóse de mi una
ee-pantoea tristeza, mezclada con ira; senti así como un
sublevamiento de todo mi sér, y corri tras ellos á lo largo
del Sena por el camino que tenian que seguir para ganar
la estación de Cbatou.

\

'

-~__;,"'--~.:_.._
Pronto los alcanc,í. La noche era obscura. Yo caminaba con paso de lobo sobre la hierba para que no me
sintieran, y procuraba oil'les.
M.i madre seguía llorando en tanto que su esposa le
decia: ·
-Tuya ha sido la culpa. ¿Por qué has querido verle?
Esta ha sido una locura. Hubiéramos podido hacerle todo el bien que hubiésemos querido¡ pero desde lejos y
sin mostrarnos. Si no le podemos reconocer á qué venían estas visitas?
'
Cuandoescuchéestas palabras, ptíseme entre los dos
manifestándoles:
-¿Me negaréis a.hora que sois mis padres? ¡No no me
lo neguéis! Ya que me rechazú.::oteis una vez no' lo ha·
gáis la segunda!
'
Entonces, señor presidente, levantó mi padre su mano
os lo juro por el h(!no:r:, :por la ley, por la República y m~
cruzó el rostro. Qwse suJetarle¡ mas élse desasió y eacó su
revólver.
Al ver su movimiento n? sé lo que senti; ello es que
recordando que llevaba mi compás en mi bolsillo losa·
qué para hundirlo en su pecho no sf cuántas vece;.
Mi madre comenzó á gritar: ¡socorro! ¡asesino! Yo sin
darme cuenta de lo que hacía, la herí también.
'
Cuando ví sus cadáveres por tierra, los arrastré sin reflexionar. Esto es todo. Ahora juzgadme.

*

' o1v1º6 á sentarse el acusado,
• * y ante las revelaciones

que
' acababa de hacer, quedó aplazada la sesión.
Si_n?sotros íuésemosJurados1 ¿qué hariamos con este
parricida?

&lt;3:uy
constituyóse preso voluntariamente un joven de un pue•
blt-'cillo vecino.
Era un carpintero llamado Jorge Luis, conocido por el
eobrenombre del cBurgués,&gt;i quien respondió á cuantas
preguntas se le hicieron, diciendo:
- Y o conocí al hombre hará unos dos ai'íos y á su esposa la conocí hace seis meses. Como paso por habil en
mi oficio, solían encargarme la reposición de muebles an•
tiguos.
Y cuando se le pregunta.ba:-¿Por qué les habéis dado
muerte? re~pondía con terca obstinación:
-Los he Ulatadoporque he querido.
Y no hubo medio de arrancarle otra respuesta.
Era el joven nn hijo natural, criado en el país y abnn-donado después á sí mismo. No tenía más nombre que el
de Jorge Luis¡ pero como á. medida que se fué desarrollando se iba haciendo más inteligente y mostrando gustos más delicados, pusiéronle sus camaradas el sobrenombre del «Blll'gllés,n y no se le conocía de otro modo.
Tcnfaaele por notable en su oficio, en el que hacía
obras de verdadero mérito, demostrando grandes aficio•
nes -á la escultura en madera, y considerábasele como un
exaltado y acérrimo partidario d" las doctrinas comunis-

Mas me guardé de dar á entender lo que había conocieran mis padres. Escuchadme ahora; después me juzgado. Quería verla venir. Una vez hecho este descubrí ·
réis.
Una dama tuvo un hijo legítimo y lo dió por media- miento, decidí informarme acerca; de sus antecedente!!!,
y supe que sólo estaban casados desde el mes de Julioción de su cómplice á que lo criase una pobre mujer.
anterior y que mi madre había enviudado hacia tresAquel serrec1én nacido, venido á. la vida, era inooonte,
pero estaba condenado a la miseria eterna, á la vergüen• años.
Luego era indudable que se habían ato;idO en vida del
za de un nacimiento ileg~l¡ más que esto, á la muerte
misma, puesto que se le abandonó, porque al no recibir primer marido; .más no existía una prueba concluyente.
La única prueba era yo, que nada poiia decir, por es•
la nodriza su pensión mensual, pudo, como hacen muto decidi es~rar.
~has, dejarle verecer de hambre.
Nuevamente volvieron á visitarme, y el dia en que esPero la muJer que me recogió fué honrada, más honra•
da, más grande, más madre que mi madre, y me cuidó y to tuvo lugar pareci6me mi madre m{t.s emocionada que
de costumbre. Estuvieron un rato en mi compañía, y al
crió en vez Q.e abandonarme.
partir me dijo:
Crecí con la vaga impresión de que llevaba sobre mí el
-Yo os quiero bien porque me parece que sois un liomdeshonor. Los muchachos que conmigo jugaban me llamaron un día bastardo. No sabían lo que esta palabra bre honrado y trabajador, y como supongo que acaso penséis en casaros algún dia, quiero ayudaros ·áelegir libre·
significaba. Y o también la desconecía, pero la presentí.
mente la mujer que os convenga.
Era entonces uno de los más inteligentes de la escuela,
Yo que fui casada una vez contra mi corazón, s6 lo
puedo asegurarlo, y hubiera. sido un hombre superior, si
mis padres no hubieran cometido el crimen de abando· que se sufre con esto. Así es que tengo gusto e• ayuda•
ros, y como soy rica, .sin-hijos, dueña de mi fortuna, quienarme.
ro dotaros. Y me entregó un sobre grande cerra.do.
Este crimen fué cometido contra mí.
Yo la C(?ntemplé un momento fijamente, y la dije~
Yo fuí la víctima. Ellos fueron los culpables. -E staba sin

139

EL MUNDO

DOMIIIGO 28 DE FEBRERO DE 1897

DE l\IAUP.As.SAN'l'.

S I NFONIA

Aun no baña la luz nuestro hemieferio ... ..... .
Y no tafien los vientos escondidos
de la selva el magnífico ealterio ........ .
¡ Están aletargados los sonidos
,en brazos de la sombra y del misterio!
La bruma, como ~n palio vaporoso,
pren~e su manto baJo el hondo piélago ,
del cielo SMH-, y- sobre-el bosque hojoso.; ....
¡Turban sólo el silencio temeroso
el repentino vuelo del murciélago
y esas fl~bilea voces-de una ga:na
-como notas confusas-esparcidas
en la hoja seca, en la menuda grama,

en las grietas del tronco, entre la rama,
en un inmeneo acorde confundidas!
La tierra duerme ...... á trechos se espereza
y un solemne rumor llega al oido,
como si algón gigante que bosteza,
postrad.O de cansa.ocio y de pereza,
revolviera su cuerpo entumecido.
Mas viene á despertarla de su rneño
el Noto que apareja su cuadriga;
que con tenaz y formidable empeflo
del negro campo de los aires dueño,
sus corceles indómitos fustiga.
La bruma en mil girones destrozada,
huye de la ventisca que alborata
el aprisco, el cubil y la nidada
y que con furia indomeñable azota
el dorso de la férvida cascada.
El huracán con poderoso empuje
las moles de las nubes disemina;
y cuando el trueno como fiera ruge,
el grueso tronco de la recia encina,
treme, y la rama vacilante cruje.
Crece el fragor en la extensión inmensa,
que es pavoroso carnpo de batalla;
el eléctrico fluido se condensa;
corno alarido de titán estalla,
y el monte asorda y la llanura extensa.
Por la rápida racha conmovidos,
de un lado y otro lado cabecean,
como juncos, los árboles fornidos,
cuyos robustos gajos eacudidos
parece que al chocar se abofetean.
Se oye el clamor del gárrulo follaje
y descifrar no sabe el pensamiento,
abismado ante el lóbrego paisaje,
si el ramaje con furia azota el viento
ó el viente azota al trémulo ramaje.
Se rompen y dispersan y confunden
los gruesos hilos de la lluvia al fuerte
empuje del turbión; y se difunden
por los aires los présagos de muerte
del cií.rabo infernal que miedo infunden!
Como un dragón de resonante escama
se retuerce en su cauce el hondo río
que raudo arrastra la rompida rama,
su voz uniendo en el tremendo drama
de la a Ye herida al doloroso pfo.
Las fieras, entre zarzas eepinosas,
se arrastran de su cueva en dereCh ura;
y del rayo las llamas sulfurosas
acrecen el horror y la pavnra
de esa explosión de la ira de las cosas.
El duro bronce de la pobre eruüta
la tempest;id indómita golpea;
rn voz solemne en la tot menta invita
á orar, y de las chozas de la aldea
sube basta el cielo la oración bendita.

Santiaguito la vió por vez primera en una tienda en díª
de Navidad: esperó que saliese y sin más rodeos nuestro
héroe, con su lenguaje peculiar de conquistador decidido,
le propuso un noviazgo en toda forma; ella se hizo un alm[bar, y sintiendo que la sangre le bullía como dicen que
le bulló :.í nuestra madre Eva cuando lo del Paraíso,
no puso·reparos al insólito afi.tn amoroso del (1mancebo.i1
Estas relaciones de tres aiios de paseos, balcones, dulces
y muñequerías vino á turbarlo la indiscreta presencia de
Julio. El coraje de Santiago no tuvo límites, y, claro, como él era «boJ..Dbrel) de resoluciones decisivas, y en asuntos de t&lt;horior,&gt;no hubo en jamW. quien l_e pusiera el pié
adelante, deeafió para un (1encuentron guerrero á su adversario.
Y ya es hora de que sepámos el resultado de tan Qélica
jornada.

•*•

Era tal la algarada de los valientes soldados, que los vecinos salieron preci-pitadamente ú los balcones creyendo
que algo muy grave acontecía. Las mujeres sobre todo se
impresionaron mucho, y hay quien habla de alguno que
otro síncope y tal cual upataleta.11 sin más grandes ni terribles consecuencias. Pero enterados al fin de lo que se tra-:taba, acabaron po:r tomar en broma aquel ejército de gente menuda cuya indumentaria de plumas de gallo, _cintas
de colores etrabiosos,&gt;• faJas y bolsas para cargar piedras,
era de lo más curioso. :Nada faltaba allí, hasta un pequeñito seguía el regio paso del jefe, haciendo &lt;le tambor,
el cual tambor era una vieja lata de petróleo que metía
más ruido ella sola que toda la turba voceando.
A poco andar, y cuando el entueiaemo es,taba en punto de locura, encontraron al enémigo atrincherado, y
allí fué el repartir órdenee: el valeroso caudillo, poseido
de su papel, mand6 rodear el barranco casi inaccesible
donde se refugiaba Julio, y sin intimidarle aquellas ventajosas posiciones, exclamó con su voceeita enérgica.
-Hala, muchachos, arriba ...... Tambor, paso de ataque ..... .
Un redoble formidable, y empezó una lluvia de pedra das, vidrios y cascotes que era una delicia. A ratos do~
minando la horrenda algarabía de la pelea, ee escuchaba
la voz del jefe:
-¡ Hala, ruucbachos, al barranco!
El chico tuvo impetus de héroe. Con el cabello en de•
sorden, el rostro inflamado y el cuerpo er~uido, avarizando sin titubear, apostrofaba {L los de arnba y les llamaba: c1¡Cobardes!)) En lo más crudo de la refriega, en
medio de las vociferaciones, de los golpes de lata y de
los estrépitos de los cascos rotoe, hecho, no ya un héroe,
sino una furia, emprendió la cuesta de la altura mientras
sus compalieros empezaban á retroceder agobiados por
la lluvia- de piedras: ya se dispereaban, flaqueban los
primeros bríos, la derrota era segura, y, algunos creyeron
propicio el instante para tomar el olivo ...... Apenas se
oía entre el espantoso jaleo del combate, como jadeante
alerta, el golpe del tambor. Pero el temerario Santiaguito continuó impávido la ascensión del barranco entre
piedras y terrqnes que ee desmoronaban bajo sus pies.
··························"·········································
Así, por la senda tortuosa, dando saltoei, agarrándose,
Se aplaca el vit:nto. La ventie.ca abate
braceando y encogiendo el éuerpo, trepó al fin con passu rabia destructora, y el estrago
mosa agilidad. Y íué aquel supremo esfuerzo tan audáz,
cesa ya en la paleftra del combate.
que cesó como por encanto la batalla. Ambos ejércitos
!Y la aurora gentil al suave alhago
quedaron inmovi les. Santiaguito y ,1 ulio estaban frente
del aura mansa, las gt1edejas bate!
tL frente.
Surge de pronto el luminar del día
bajo el limpio zafir1 sus rubios lampos
Salvada la distancia que durante la reyerta separaba
derramando la paz y la alegría
á los encarnizados ad \'ersarios, el primero, sin más vacisobre la vtrde alfombra de los campos ......
laciones, puesto en jarras y con la voz un poco tembloroY dejan los pastores su alquería.
sa por el esfuerzo que acababa de hacer, gritó con mal
Y comieuzan á erguirse, recelosas,
contenida rabia:
las ramas del arbusto en la floresta,
-¡Ya estoy aquí, Julio! ......
á discurrir las lindas mariposas
-Y yo tambien, ¿qué quiere&amp;?
de flor en flor, y á preludiar su orquesta
-¿Qué quiero? ¡Pues vaya una pregunta!. .. ... Que me
las aves por los nidos y las rosas ..... .
dejes en paz ú.. la Sofía ...... y luego pa, que no te burles
de los hombres ..... .
JOSÉ L NOYELO.
-¿Qué? ...... fMe ibas á matar?
-/l1 uede., .... quizas!
Y durante este feliz diálogo se acercaban lentamente
el uno al otro.
-Mira que falta i-erlo, Santiago.
-¡Pues míralo!-grit6 enfurecido el muchacho y lanzándose sobre Julio lo agarró violentamente por ~¡ cuello; pero Jnli(! era de lo_s que no se huian por golpe de
ENTRE C HICUELOS
más ó menos 1mportancm, y contestó á la agresión estreComo se ingenió Santiaguito para escaparse de casa. chándose á su enemigo. Entonces aquellos dos muchaaquella tarde, á pesar de la vigilancia que sobre él ejercía chos1 con lo_s brazos y las piernas enredadas, rugiendo,
bomita.ndo ms!l-1tos, arran~ándose los pelos, forcejeando
su madre, es cosa no averiguada todavía.
-Lo que á ese se le ocurre-decía la buena señora-ni con desesperación, con rabi&amp;, con verdadero odio de c,hombres,n rodaron por el suelo hechos una bola. Unas veces
el mismísimo demonio es capaz de llevarlo á cabo.
El tal Santiaguito, según ella, era peor que el santo de e.raSantiaguito quien intentaba incorporar$e, yotrasJusu nombre, y la culpa la tenía el difu11to, su esposo que ho; ambos caían nuevamente, pero sin ceder continuaban en su espantosa lucha, y rodando, rodando al borde
le dió una educación desaetrosa. ¡Como que una n&lt;khe
cuando apenas contaba seis años el pequeño, se lo traj~ del abismo ..... .
-¡Qué os vas á caer!-gritaron de ambaspart:.es los chiborracho como una cuba! En suma, que el muchacho
cos llenos de espanto¡ pero el :.viso llegó tarde: al primer
llagaba á pillo por el más corto de los caminos.
grito se unió un l!egundo alarido de cien bocas un sólo
U:n _día que lo enco.n~ró desplumando v_ivo á un pollo,
decidió meterlo defimt1vamente en el colegio y al prin ci- alarido que repercutió sonora y tristemente e~ todo el
campo.
pio todo iba bien; pero ya fuera cuestión de te~peramento
Santiago y Julio, arrastrados por aquellos decisivos esya de costumbre, es lo cierto que Santiaguito &lt;lió al tras:
te con la formal ídad, y como era bien quisto y precóz en- fuerzos de la lucha; llegaron á la orilla ...... y enioscados
tre loe suyos, logró formar de sus condiscípulos &lt;1Una par- y retorcidos, brazos, cuerpos y piernas cayeron rebotantidai'. que alborotaba á todo el pueblo cuando salia, en do por la pendiente hasta el fondo, do~de se oyó sordo é
medio de atronadoras algaradas, á espantar animales al ingrato e~ chasquido de dos cráneos que se rompían de
un golpe ..... .
campo y á robar nidos de pájaros.
La escapatoria del chicuelo obedecfaesta vez á un compromiso de honor: su ejército, ese temido ejército capaz
de conquistar el barrio entero ú. pedradas le esperaba en
Poco después de este suceso, una encantadora niña de
~posi~ión de librar una batalla con las Íropas del seiioaños y un joven de su misma edad se despendían
11t? fulw, un. caballerete de doce años, que ee había per• trece
de esta suerte en el balcón:
m1t1do corteJar á Sofía, la novia de Santiago.
-Cumplirás tu ofrecimiento? ¿No volverás á hablar
Porque Santiaguito tenía novia, y guapa, ¡Pues no fal- eón Sant1aguito? ..... .
taba más!
-Ni con Julio; con ninguno de los dos .
-¡Bueno! ...... Hasta luego, Sofia.
• que aquella niña de trece
En efecto, nada más hermoso
-Adios 1 Juan, hasta luego.
años, con sus líneas gloriosas de talle esbelto que acusaban proyectos de hem bra--eteg&amp;ntí'.siró.a ' ··
MIGUEL EDUARD~ p ABDO,

••

�DOMINGO 21t DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

vían sobre aquellos infelices, me aventuré por
ún pasadizo, del _fondo
del cual surgían aullidos
de dolor. Dicho pasadizo
se abría sobre una meseta
plana y tersa, de alguna
elevación conforme lo indicaba el declive del talud, y sembrada de tachuelas cuyas puntas
veían hácia arriba, en
atroz profusión. Ahí dan·
zaba con piruet,as que daban lástima, una multitud de cariacontecidos
sujetos, pugnando en vano por acertar con sus pi•
eadas en los intervalos
--:~
donde las tachuelas eran
más escasas. Un dia' ·,
blillo, desde la cornisa de
¿
una roca frontera á la meseta, pinchaba con un bi-.
/
dente á los remisos, y hacía continuar 3in inte·
rrupci6n aquella danza
tremenda de gestos y conEL DANTE EN MEXICO.-Los aduladores.
torsiones.
A lo que parece y por lo que pude coleg~r, se penaba
EL DANTE EN !UEXICO
ahí á los aduladores serviles de todos los tiempos, á los
Rigolettos de todas la~ épocas, á los que b~ilaron y sonVIAJE DE UN REPORTER.
rieron perpetuamente ante un señor á qmen velaban las
m.iserias del pueblo y de quien ob~enían grandes concesiones. Leve era en verdad el castigo para maldad tama( co~;TINÚA.)
ña-y perdone el que leyere si Matías Cumplido se echa
á filosofar- poca una eternidad para compurgarla. Loe
No lejos de las tumultum1as agua~ donde los r~porters gobernantes, como las mujeres hermosas, suelen no ver
mentirosos purgaban de tan extra.no modo su ligereza, más que el lado bello de la vida. C_uando no son comb~ abrfase amplio estanque de hirvientes. aguas, al cual tidos cuando el monstruo Revoluc16n, no lanza sus rugisurtían infinidad de llaves de grueso cahbre. Dentro, _ba- dos á. sus pies, son víctimas de un optimismo consolador
ci.endo visajes, tomaban un baño poco agr:ad~bl~, . á Juz- que coloca frente á sus ojos prismas rosados de encantagar pi:&gt;r la expresión de sus fisonomías, vanos md1v1duos,
doras facetas . A veces, el adulador procede con tan poca
de aspecto monacal unos, otros de fisonomía mofletuda maña que su dios penetra pronto el más ':elado engallo,
y vulgar.
mas así y todo es criminal, que el m~l éxito de una acMe aproximé con el somb_rero en ;a mano á un dem~- ción en nada.influye sobre su moralidad, y merec~ por
nio que afilaba en un m?lleJÓn mo_v1do ~ vapor el agm- ende, bailar sobre tachuelas per sec!Lla se~loru~.-Filosojon de su rabo, y él me informó, sm deJar su tarea, del fía de reporter-dirán ustedes, y dirán bien. }1losofía de
objeto y destino de aquel departamento.
reporter,que luego echa á perder las mejores publicacio-Aquí hallará Uili!ted á los que no se lavaban.
nes, pero ¿cómo había de sustraerme-yo al achaque co-No creí que eso constitu_yese un delito. . .
.
mún de todo reporter mexicano? Po_rque el repfrter me-Y grande, amigo Cmnph~o; todas las rehg_1ones bien
xicano es de suyo filósofo, romántico y u~ s1 es n? es
11acidas 'Prescriben las abluc10nes como predlsponentes lacrimoso. El reporter americano eTtsarta diez mentiras
á la eant1dad, y en los tiempo"' modernos un pecado con- en un entrefilet, el mexicano diez lirismos: aquí nacetra la higiene es el más feo pecado que puede darse. No mosen redondilla y ay nos moriroos·en endecasílabo!Muve ust,ed que estamos en la época de la microbiología?
chas veces, tras un juicioso editorial en que se flagela,
-Y me diría usted én· qué gremios son más numerosos
pon~o por caso, el protieccionismo á ovtrance,.un repórter
los enemigos del jabón?
sen~1mental se queja á. propósito de ~ualqm~r cos~, de
que los mexicanos no protegemos la rndustna nacional
vistiéndonos de casimir del país.
He visto en un diario tras un tonante artículo contra la mendicidad la gei'.oebunda declamación de un reporter sobre la d~eza de corazón de los ricos que per•
miten que las pobres criaturitas ~e k 1_s mend~gos, esos
angelitos de Dios, anden con loe P.1eces1tos_al aire, .cuando con unos centavitos que se le d ieran al llmosnento se
remediaría ...... ¡todito! Oh, sentimental, pío, azucarado
y tierno corazón de los reportera ..... .

tes; comprar material el miércoles y trabajar jueves y
viernes.
-En efecto, es usual eso.
-¡ Y tan usual!
El artesano mexicano cederá. su puesto al extranjero,
no porque éste tenga más aptitudes aun cuando entr"'
nosotros no andan escasoij los cretinos-sino porque ti~ne más formalidad. Emborracharse los domingos es-en
los tiempos que atravesamos,-casi legitimo; curársela el
lunes tempranito muy disculpable; pero gastar tres cuartos de semana ed «operaciones,1 tan sencillaf!, es illlpasable,
Además, el artesano mexicano, deja el aprendizaj~
cuando aun no gana ni tres reales diarios, y por sí y ante sí, se proclama maestro. {Aqní, todos son maestros,
desde el remendón de zapatos hasta el remendón de rnazurkas). El artesano yaukee, se retira del taller cuando
ha concluido su enseñanza y es hábil.

EL MUNDO

···-.:::.·.

~¿=!: :~

- ---::='~

~

-

--~

•••

'\!} 1
'

-Y ese individuo que con una vara de paraguas en 1a
mano resiste el chaparrón más deshech&lt;,??
.
-Es un mal artesano justamente castigado. Fabricaba
paraguas y seguía el procedimiento común á los artesanos de México á muchos de los cuales hallará usted pel1'Jdos por donde más pecado han habido.
-¿Qué procedimiento, si usted gusta?
.
-Uno muy complexo por sus componentes: pedir
para material caro y comprado de mal~ clase;_ prometer
bajo palabra de honor entregar el tra}J~JO tal d1a y entregarlo ocha día.s después; suplicar anticipos todos los días;
emborracharse sábado y domingo, curársela lunes y mar-

·.·. .

··-

' 5ti?J.i~~,~;~":~ ~
EL DANTE EN MEXICO.-Por mal artesano.

El artesano mexicano no aspira á traer pantalones. ~o
le importe mostrar (puntos suspensivos).... lo que la decencia Prohibe. Así,;pues, en habiendo pulque .. ¿Y cuándo nos regene_raremos, preguntará usted? Pues sencillamente, (con perdón de Terrazas y de Agüeros) cuando
merced al cruzamiento de razas se haya transfundido á
nuestras venas algo de la vigorosa sangre sajona, que mejore la empobrecida sangre que corre por las venas de los
cinco millones de alcohólicos, de los seis millones de
histéricas. de los quinientos mil epilépticos1 de los eeiscientos mil alucinados, de los cien mil enfermos de males venereos, etc. etc., que constitu/íen la mayoría de la
población, y vivifique loa doce mi Iones de impotentes
de la voluntad, que entran á. la k•tería y sueflan místicamente en herencias y en tesoros escondidos ....
¡ Ohl cuántas cosas más me dijo el di_ablete mi interlocutor, á propósito de aquel otro pobre diablo .... ¡Pero no
las digo!
(continuará.)

~- :~~~:tti! ~

f•"i-~

;.'~~~.

.="t=..="t=.-="t=;.-=ti=.
Para una sociedad de pícaros, la virtud no es más que
la impotencia de 'tener vicios.
Alexis Chavanne.

•••

La desconfianza es el alma del régimen parlamentario.
T,.aeberl.
Cuando ~e acaba de ver
á la mujer amada, la vista
de cualquiera otra no es
~gradable; físicamente ha•
ce dafio :i los ojos: ya comprendo el por qué .

•••

El imperio de las mujeres
demasiado grande en
Francia; el imperio de la
mujer demasiado limitado.
PS

EL DANTI!: E.."i MEXICO.-Por "remendón" de música.

-Ay amigo, y el diablo untaba un poco de saliva al
filo de su aguijón, en todos! La limpieza es casi un mito
en México. Si pudiera usted penetrar los misterios que
ocultan muchas pecheras de lino almidonadas y muchos
calcetines de hilo de &amp;cocia! Si las faldas crujientes de
Eeda dijesen su secreto! Naturalmente el pueblo de México tiene el record de la suciedad; pero, á ese no lo traemos aquí: hay para él un gran estanque con legía. Aquí
nos Y1enen sólo los sucios copetudos, en su mayoría gentes de iglesia: monjas capuchinas y teresianas que jamás cambian de habito y allá por campanl6.a de vacante de ropa interior; curas ventrudos que llevan la sotana
hecha una babilonia de rapé, ceniza de puro y residuos
de ensaladas; y abarroteros al por mayor, y militares
y ...... cuanto usted quiera. En general hay ·en México
un santo horror á. la agua fría.
-Y esas duchas lavan la conciencia?
-El diablete sonri l filosóficament.e, y prosiguió su tarea. No creí oportuno insistir y escapando cowo pude de
los duchazos de agua á di vera as temperaturas que llo•

•*•

La imagen del primer
amor es generalmente la
más conmovedora; ¿porqué?
porque es casi el mismo en
todos los países y en todos 1
los caractéres. Por lo tanto,
~f:te primer amor no es el
más apasionado.

••*

Tener firmeza de carácter; es haber probado el
efecto que hs demás producen sobre uno mismo;..
por consiguiente, necesitamos de los demás.
8TENDHAL.

•**
Como los individuos, las
EL DANTE EN MEXICO.--Castlgo de desaseados..

naciones tienen sus ane•
mias.

HILD.,~ •-Novela por Gauaara ae °0ind.-Núm. 2.
•••-·◄•&gt;--~"--~¡¡;CI~.Cambiamos todavía unas pocas de banalidades; se pu'BO á. examinar con mucho interés nuestras telas, y en seguida, declarando que no quería ser importuna por más
tiempo, se despidió de nosotros y desapareció.
-Vaya una pe1'80na amabilísima, y que no peca precisamente por el lado de la timidez, dije con sequedad á
Raoul. Ya DO me extrafia que la tarde que pasaste con
ella en el castillo, te haya parecido tan llena de encanto.
Sin embargo, yo habría preferido que esa hada de río 6
esa diosa de los rosale1i11 según como le convenga apelli~

darse, hubieee tenido una poca de 1a reticencia que enga•
lana, según dicen, sus modeloe, y que fuese no poco
menos sociable. Hénos aqui con una invitación que tiene
aires de una orden. No parece sino que n&lt;;&gt; puede uno
pi1mr la yerba de este valle sin irle á pedir permiso á esa
eeilorita.
-Padre mío, eres un ingrato, me contestó con aire
sombrío. Mlle. de Ha.mmarhielm ha tenido contigo uha
amabilidad del todo singul!\J'. Hay por allí muchos que
se tendrían por felices si tan seductora peraona les mos-

trase tanto int.erés. ¡Ni siquiera te has fijado en que t,e
mostraba tantas atenciones, que apenas si tuvo una mirada para mí.
Creo realmente que el pobre muchacho estaba celoso.
Este descubrimiento me preocupó porque no hacía
más que confirmar y aumentar mis recelos.
-Ella tieue sencillamente el deseo de aprovecharse de
mí para aprender á pintar; pero si está. en la creencia de
que voy á. divertirme dándole lecciones, se equivoca,
contesté con gesto enfadado. Bien veo que estaré obli~

�EL MUNDO

una expreEión más seria, como deben provocarlas la evogado á hacerle una visita, puesto que ella nos pone la
cación de un recuerdo de duelo en toda persona bien
pistola en el pecho; pero después...... si ella se imagina
educada. Sin embargo, como apenas tenía yo dos años
que me volverá á ver con frecuencia! ..... .
cuando sucedió esta desgracia, no puedo decir que el asAmbos fuimos al día siguiente.
pecto de la Caldera evoque en mi alma ningún penoso
M:e sorprendí al ver en la~ telas y bocetos que Hilda
recuerdo. Al contrario, me he acostumbrado á considede Hammarhlielm me ensefió, un verdadero talento, por
rarlo más bien como una especie de monumento fúnebre
más que pecaran en general. por el defecto de casi todos
erigido á la memori.\ de mi madre, que como el instmlos l)rincipiantes ó aficionados, la falta de acabamiento,
mento de su muerte.
y ciertas imperfecciones de dibnjo.
-¿Y desde la imprudencia que costó la vida á la baroBajamos después á la orilla del río, porque yo tenía
nesa, dije, na·lie ha tenido la temeridad de intentar pect1riosidad de ver la Caldera p'&gt;r aq11el lado. Yeiásele
más de cerca, sedestcaaba m~jor en un horizonte miis cla- netrar al escollo?
Ella desvió la cabeza con una imperceptible sonrisa.
ro, y tenía algo de más grandioso y de más característi-¡Qné interesante sería conocer á fondo y con todos
co. !mediatamente form~ el proyecto de hacer los estudios necesarios para mi cuadro principal de aquella re- sus detalles la historia de este escollo! dijo ella, aparen gión. El taburete de b, hada se presentaba á descubierto hondo no haber oido mi pregunta. E~ indud.lble que esy, si se hubiese p')ilido C')!OCC\r allí un modelo ó un ma- t:i íntimamente ligada á la de este castillo. ¡C11ántos dranequ(, la leyenda habría p,)dido reproducirse en la tela, mas horrioles han de haber pasado allí! Usted ha de saber qne en otra época había un eubterr.ineo qne lo unía
por decirlo as(, d; apr~ Mture.
Pareoe que la eefiorita Hilda, que estaba á mi lado; adi- con los calabozos y que partía de los cimientos mis•
vinó mis pennmientos, porq11e repentinamente me dijo: mos de la mansión. ¡Imagínese usted cuántos sinies-¿Usted necesitar.1 su had.\ allí, eentada en su ta· tros Barba·Azul de la Edad Media, de los que hacían desaparecer á sus mujeres unas después de otras, ó cuánto
btirete, verdad?
-Esto facilital'Ía mucho lM cosas, contesté; sin em- galán trovador de los que arriesgaban sns días para com·
bargo, no e; enteramente indispensable; más tarde puedo placerá la hermo$&amp;, yendo quizás por indicación de la
a~regaTla hada, en mitallf,r: lo esencial es representar cruel castellana, á cantarle un lied de amor en el tabure.
bien este espectáculo único y el paisaje qn · lo rodea. te de la badal...... ¡Yo tengo adoración por aquellos tiem¿Querría usted permitirnos, sei'iorita, que viniésemos por pos heroicos! ¡cuánto desearía haber vivido entonces!
-Démos gracias á Dios de que os hizo nacer en un sia.1uí una série de mafian.as? Usted eabe que casi no es
glo
menos romancesco, seiiorita, interrumpí, para cortar
posible trabajar en el mismo sitio m.í.s de una hora seesa
retahila de frases sentimentales y necias que yo de•
guida, á causa del cambio -le los efectos de la luz.
testo
y que me sorprendía escuchar en aquellos labios.
-Yalocreoquesí, sefior, vengan ustedes tantas ve•
Yo no pongo en duda que ueted hubiese enviado á la
ces cuantas quieran. Hucho guito tendré en verlo á usted trabajar, y espero que me permitirá que lo vea mane- muerte docenas de trovadores, y que el lago Boren hu·
jando el pincel y mezclando los colore~, cOl!a qne será biese exhalado torrentes de harmonía al recibir y al fromuy ventajosa para mi. ¿El caballero Riul vendr.í. tam- tar contra sus rosales tocias las guzlas que la Caldera
.bién ó preferirá continuar sus estudios por el otro lado hubiese devuelto sin echarlas demasiado á perder.
-Mi señor burlón, dijo ella riendo con toda gana, ten·
del río?
-Si usted lo permite, sefiorita, dijo Raul ruborizán· ga usted entendido que es usted un oso y un excépt.ico,
lo que sólo ee excusable en los arList.as de su reputación
dose un poquillo, acompanaré á mi padre. Como he vey mérito, que por sus ol)ras manifiestan que son idealis•
nido para trabajar bajo su dirección, tenemos la costumtas entusiastas, al mismo tiempo que aparentan sefialarbre de estar siempre juntos.
se como tarea el protestar constantemente, con sus pala-¿Cómo es posible, sellorita, le dije en seguida, para
bras crudas y hasta cimcae, contra su temperamento arisllevarla pooo á poco al capítulo de la mieteriosa Caldera,
tocrático y las tendencias elevadas de su conciencia.
que se halla dejado subsistir un escollo tan peligroso,
que aegún se dice, ha cau•ado m ís de un accidente, cuanIII
do sería tan facil por medio de algunos cartuchos de
dinamita hacerlo desaparecer? No alcanzo á creer que
Así, puéP, volvimos ai castillo al día eiguiente, y vimos
laJ autoridades lo conserven eimplemen te por amor
otra vez á Mlle. Hammarhielm, y en la tarde cuando tuá lo pintoresco y por respet() á una novela romancesca.
-Desde luego, sellor, contest,S ella, le haré á usted no- vimos que ir á pescar cangrejos con ella en el río, y aif
tar que las autoridades nada tienen que ver en esto. El sucesivamente, y día á día por espacio de semanas ene~collo está en propiedades de mi padre y nadie tendría teras.
A menudo, no pudiendo decidir á Raul á que renunderecho á quitarlo, supuest&lt;&gt; q11e no es un obstáculo 2ituado en una vía de navegaci 'm pública. Soy Ein embar· ciase siquiera por un día á aquella sociedad, hice rancho
g&gt; de la opinión de usted, la Caldera está como un perro aparte, y, creyendo haber dado con un sitio solitario en
r.i.bioso y encadenado en Dlleitr.&gt;s dominios. Y no basta donde poder trabajar á solas, lo dejaba que fuera á incorp:uaaeguridad del públlco, que se sepa que debe evitarse porarse con Hilda. Pero era muy raro que al cabo de un
sa proximidad, porque m:1y ·p Hible es que con él se instante no los viese llegar á ambos á mi retiro.
Me daba cuenta perfecta de que lo que yo había prechocase por casualidad. Por otra parte, pueden venir algunos extranjeros que ignor,m estai particularidades; por vi~to y recelado para mi pobre Raoul había sucedido, y
lo que creo que el escollo ,fobia d~Hparecer. Sin embar- que él estaba profundamente enamorado de la joven, y
g,.,, un día que hablé á mi p \ lre, proponiéndole que ca- aun me había yo visto tentado á abandonar aquellos luvase una mina debajo de la C.11 lera para hacerlo saltar y gares, y substraer á mi hijo, por medio de la fuga, á las
desembarazar de una vez por liO• lai el rio, se mostró sin- consecuencias de un amor que, según eran mis creencias,
gt1larmente opuesto al proyecto. 0&lt;' esto tuve que inferir no podía tener otro término que una cruel decepción paque tenía particular cari ñ l .i e~t~ f~niSmeno de la natu. ra el muchacho.
r.ileza que la casualidad tnv•&gt; ,t bien poner en sus propieSin embargo, la joven había hecho tantos progresos en
dades. Ya usted sabe que á la ed.1 l que él tiene se arrai- mi estimación, se mostraba tan modesta, tan natural, tan
ga uno á lo que posee, no se amlln los cambios y se tiene franca y de tan buena índole, que era imposible dejar de
un re,peto innato por las tr, li..ii,mes, aun cuando confi- amarla, aun haciendo abstracción de su belleza y de su
nen con la leyenda. Estab.\ 1n·1y agitado y observé que gracia, si esto hubiese sido posible. Así pues, había yo
no se calmaba sino cuan-1, le ofrec1 que ·nunca volveria llegado á preguntarme si no era posible dejar que lascoá hablar del asunto.
sas siguieran su curso natural, con la secreta esperanza
Ella hablaba con wno tranqniln y jnicioso, sin el me- de que ella acabaría por corresponder á su carifio; pornor embarazo y sin qne nada en su voz ó en su mirada que, en mi fatuidad de padre, me parecía aveces imposipndiese traicionar la agitación qne involuntariamente ble q~e la joven no llegara á compartir los sentimientos
de Raul.
1&lt;-:1iau que 1Jr.&gt;ducir los penosos recuerdos. De esto deduje que ella ignordba completamente las terribles sosDe8graciadamente, y eeto con alguna frecuencia, el
pechas que sobre su padre pesaban.
amor que exige el concurso de dos seres, dice un refr-.ín
- Es indudable que usteu Pabe que mi madre perdió de un cruel realismo, quiere que uno de ellos ame, mienla vida en estos pfrfidus torbellinos, continuó ella, to- tras que el otro se deja amar. En este caso particular,
mando su voz una inflexión mas grave y su fisonomía evidentemente Raul conjugaba el verbo activo y Hilda

DOMINGO

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el verbo pasivo. Lo que más m~ impacientaba era el verque, realidad ó ·afectación, ella aparentaba ignorar porcompleto los sentimientos que inspiraba.
Yo, sin embargo, no me atrevía á inducir á Raul á..
que se declarara; había algo en aquellos hermosos ojos¡
de matiz indefinible, que yo no comprendía y que me ponía inquieto. Sin embargo, yo esperaba siempre; Raoul,
que se parecía á su madre, era un hermosísimo muchacho; era joven y de índole excelente, aunqne un pocoblando de temperamento. Por último, no tenía ningún
concurrente. «Preciso sería, me decía á mí mismo, que
esa joven tuviese un cor.izón singularmente duro y frío
para que al fin y al cabo no se dejase impresionar.,,
Trabajábamos ora casi todo el día juntos, ora en un
paraje, ora en otro. En la noche, conveníamos en el lugar en donde nos encontraríamos al día siguiente en la.
maflana y en el sitio al que consagraríamos nuestros estudios. Si llegábamos los primeros, Raul y yo á la cita,
Ililda, seguida del criaJo que llevaba sus aperos de artista, uo tardaba nunca mucho en aparecer. Ella iba ha·
ciendo notables progr&lt;'BOB bajo mi dirección y se mostraba discípula aplicadJ, inteligente y llena de talento.
El estudio de la Qlldera, que yo había principiado desde la orilla del castillo, había tenido sus interrupciones,
y las sesiones que yo le había cousagrado no habían sidomuy seguida!!, porqu~varias mallanas las ocupamos en
otras coeal!. Por último, convenimos un día en volver á
aquellos sitios para seguir ese estudio y terminarlo.
Habíamos llegado y nos disponíamos á instalar nuestros caballetes, Raul y yo, cuando vimos á Hilda quellegaba sola y con las manos vacías.
Ella explicó que no se encontraba en esa maliana con
ganas de pintar, y que prefería vernos trabajar.
Se sentó un rato á rui espalda, sobre la yerba, con sti
sombrero en la mano, y parecía absorta en verme trabajar. Derreperite, seflalando con la punta de sn sombrilla..
el Taburete de la hada, al qne yo estaba dando algunas.
pinceladas complementarias, me dijo:
-¿Qué, no podría yo servir á usted de modelo para la
hada que desea poner sobre esa roca?
-¡ Yaya, si nól Esa es nna excelente idea, contesté. Sería usted una hada encantadora, quizás un poco moderna, pero tanto más interesante culinto que ~ destacaría..
por el contraste con un paisaje eevero y · accidentado..
¿Pero tendr,I. usted paciencia para conservllr una misma.
postura? Vamos :i escoger una piedra ó un11 roca, lo más.
semejante que sea posible con el asiento de la bada, y en
la cual pueda usted instalarse con toda comodidad. Por
otra parte, la postura no tiene para qué ser cansada, ybasta puede adoptarse cualquiera. U na bada sentada con,
naturalidad y cierto abandono, eso es toJo lo que yo exigiré, ¿Se siente usted con fuerzas para imponer esa violencia á su vivacidad natural, sellorita Hilda?
-Ya se ve que sí, ei ueted lo desea, contestó ella.
Al cabo de algunos minutos se levantó, y, dejando su
sombrilla y su sombrero en el suelo, se dirigió á su barquita azul. Se embarcó y ee puio á bogar con aire negligente é irresoluto.
Tan amenudo la habíamos visLO proceder de aquella
manera, tan acostumbrados estábamos á verla atravesar·
el río costeando el escollo, ó remontar su corriente, Ó ·
bien bajar con ella, que ni Raul ni yo teníamos la menor·
sospecha de lo que pasaba en aquella preciosa cabeza, in-•
ya cabellera ondulada era agitada por la brisa.
De súbito mi hijo, que la devoraba con los ojos, se le-vantó precipitadamente, llevósti las manos á las sienes
con ademán de espanto, y gritó con ronca voz:
•·
-¡Padre mío ...... está abordado el escollo!
lle levanté de un salto.
En lugar de seguir al contorno del arrecife, según lo •
acostumbraba, ella acababa de dirigir la proa de su embarcación contra la primera línea de los rompientes.......
Vímosla que daba dos ó tres vigorosos gol pes de remo que elevaron la embarcación á la mitad de aquella línea, en,.
seguida ella se levantó, tomó uno de los remos con las dos
manos Y lo apoy!) contra una punta de roca que venía á
estar detrás de su bajel.
La yole se alzó de a ielante para atrás, como un caballo
que se encabrita y desapareció por un segundo á nue3tra
vista, con la intrépida joven, detrás de una peña.
Un instante después, trepaba ella al Taburete de la hada agitando su pañuelo.
Aunque al alcance de la voz, el rumor del agua no ha- ,

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DE FEBRERO DE 1897

EL MUNDO

1

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bría permitido que nos comunicáramos; así pués, era inú· de Raul. ¿Pero qué cosa y de qué manera? Yo sentía muy vía á donde todo la impele, la felicidad de otro y la suya.
bien que si hubiese pertenecido al sexo que se recrea en propia, paréce, á guisa de formidable arco á la entrada.
ti! tratar de entendernos por medio de la palabra.
El tiempo que había corrid0 entre el inetante en que este género de intrigas, habría cogido hábilmente la pe· del camino que la conduciría á la ventura, resistir riényo la había visto allí, al lado mío, y aquél en que acaba- lota al vuelo, para hacerle comprender cuanto la amaba dose á todo lo que uno puede hacer para inducirla. Y
ba de verlo aparecer sobre aquella roca maldita era tan él y qué excelente marido se1ía para ella. Por desgracia basta parece que, presa súbitamente de ese deseo inetinti•el tiempo urgía y el joven al incorporarse con nosotros, vo de seducción que existe n:iás ó menos en todas las muje-corto que me pareció estar soñando.
Aquel capricho audaz me heló de terror. ¡Si por lo me- me obligaba á aplazar para mejor ocasión mis proyectos res y las inclina con frecuencia á ejercer.el poder de sus en•·
cantos precisamente sobre los seres más refractarios, panos estuviese ahora fuera de riesgo! pero todavía faltaba de intermediario en operaciones matrimoniales.
rece, me decía á mí mismo, que esta joven, cuyo car.icter
la vuelta, y la salida de la Caldera presentaba exactamen-¿Y es la primera vez que usted lleva á cabo esta hasencillo, recto y digno me era tan amable, quiere repente el.mismo peligro que la entrada. Y qué podíamos hazaña? le preguntamos los dos.
tinamente ensayar en m( el poder de la coquetería. ¿Secer nosotros para auxiliarla? No teníamos á nuestra dis-Nó, contestó ella, ya lo he hecho dos veces, sin que
ría posible que ella quisiese, al ver que los sentimientos
posición ninguna bares, y, aun cuando la hubiéramos te·
mi padre lo haya sabido, se entiende, porque nunca me
que me había inspirado no eran más que los de un carinido ¿de qué nos habría servido?
perdonaría esta imprudencia, si llegara á saberla. Por lo
fio paternal, y con el ahinco súbito y culpable de camRaul estaba lívido; iba y venía por la ribera gj!sticudemás, se ha exagerado mucho la dificultad de penetrar
biar su índole, inaugurar una nueva y odiosa táctica y
lando como un loco.
en la Caldera; se trata únicamente de saber en qué
tratar de hacerme creer que á mí es á quien ama? Debía
Entretanto la joven acababa de sentarse en el Taburemomento preciso hay que levantarse y empujar la canoa
conocerme lo bastante ahora para saber cuán inútiÍ sería
"te de la hada y comprendí al verle que permanecía ente•
hacia adelante manteniéndose uno de pie hacia atrae, una tentativa semejante, aún cuando mi carillo á Raul
ramente inmovil, en una actitud graciosa á la vez que na:
porque el paso por este paraje es demasiado estrecho no me la hubiese hecho odiosa.
tura!, que ella había llevado á cabo aquel totir deforce
para que puedan emplearse los remos horizontalmente.
Así me hablaba la voz del amor paternal, que yo calipara colocarse como modelo, y que no abandonaría aquel
Así escomo se salva el punto crítico, y esto lo ensena la ficaba de razón y que procuraba darle toda mi atención.
sitio maldecido hasta que yo le hiciese sellas de que ha·
tradición, y la noción se trasmite del uno al otro como Pero al lado de ella escuchaba otra voz mucho más incobía terminado mi boceto.
un secreto. Es también preciso saber que no hay más herente, pero que evocaba dentro de mí una !rensación
Así, pues, volví á tomar mi paleta y mis pinceles, y me
que un sólo punto en la roca en donde la punta del remo
puse á satisfacerla, con el corazón tort.urado por la antan agradablt: y tan dulce que me subía del corazón cose fije sin resbalar; si no · se toca ese punto, es uno mo embriagadoras bocanadas de júbilo supremo.
gustia, imaginándome que esa sería quizás la última vez
Estábamos entonces en la primera quincena de Julio.
que yo la contemplaba viva, y figurándome la desespera- perdido!
-No ví que se quedara usted contemplando la límpi- El veranó estaba en eu plenitud, ~ las plantas se
ción de Raul si la Caldera se tragaba á su víctima.
Cerca de media hora estuve trabajando febrilmente y da corriente, le dije; &amp;in embargo, la tradición dice que abrían en la íntegra madurez de su'fl.orecencia. Las flologré hacer, á pesar de mi agitación, un estudio muy se- todavía se vé allí el bello rostro de la hada de otros tiem- .res brillaban con sus más hermosos colores y exhalaban
pos. ¿Nada tiene de tentador para usted tal espectáculo? sus más delicados perfumes; los insectos zumbaban y las
mejante á mi modelo.
Sin
emb irgo no hay que temer la comparación poniénd&lt;t · aves cantaban en el denso follaje con una unanimidad y ·
Y a había terminado, pero no me atrevía á. hacer ·una
al
lado
de aquella la imagen de la hada de nuestros día@.
un ardor que parecía demostrar la breve duración del essena, y cuando pensaba que aquello seríaquizas la muer•
-Ese
es un cumplimiento, tanto más agradable para tío escandinavo y que, aguijoneados por la naturaleza,
te de aquella hechicera doncella, mi corazón se oprimía
y las lágrimas subían á mis ojos. Me causó sorpresa des . mí cuanto que no estoy acostumbrada á recibirlos de ue- trataban de suplir la brevedad de·la vida por su mayor
cubrir de repente el lugar que ella ocupaba en mi cora- ted, sellor mentor, contestó ella sonriéndose. Por lo de- intensidad.
más, algo me debéis para que os perdone vuestra imperzón y el vacío que su muerte me dejaría.
Todos los seres que me rodeaban, vegetales, insectos ó
No sé ei ella adivinó lo que pasaba dentro de mí, pero tinencia de hace un rato.
pája~os, ~e parecían revestidos con galas de fiesta, y creía
-Y bien señorita, usted no ha contestado á mi prede repente ví que se levantaba y que desapareció detrás
yo O1r sahr del campo de trigo dorado, de la espesa yergunta:
¿cómo es que usted no ha tenido la idea de mirar
del T¡!.burete. Estaba sin duda ocupada en desatar su
ba ó del follaje de profundidades misteriosa!! como una
barco para la peligrosa vuelta. ¡Mi corazón había cesado á la fuente del hada?
multitud de acentos gozosos que se harm;nizaban en
-Porque sé muy bien lo que se vé dentro de ella, conde lafül
un coro para cantar el himno de amor á la naturaleza.
Vímoela pasar como ftecha por el pasadizo fatal, des• testó con tono seco, y, según me pareció, con un ligero
-¿Y ei realmente fueras tú el amado? murmuraba la
pués detrás de la roca...... Hundióse la proa de la yole, extremecimiento, y ningún empello tengo en volver á voz pérfida. ¿Te opondrías á tu propia ventura cuando
levantando la popa com!l en un adios á la Caldera!. ........ mirar. Pero observo, agregó ella volviéndose al caballete, viene ella misma á ofrecéraete? Si ella te ama, es porque
después y súbitamente la vimos fuera de la zona peligro· que loe temores que me lisonjeo de haberos hecho sufrir no le ama á él. ¿Por qué, pués, ese empeflo en lanzada á
sa. Un instante después, desembarcaba, un poco pálida no le han impedido á usted pintar una hada á la que me sus brazos, cuando ellacreequesu dicha está en los tuyos?
todavía, pero con una sonrisa de triunfo, aunque tuviese siento orgullosa de haber servido de modelo. Yo no que-;-Es demasiado joven para tí, decía la otra voz; no po- ·
una ligera expresion de niño que se espera lo vayan á re- ría pecar contra la modestia, pero hasta me parece que dri.a amarte por mucho tiempo, si· cedieras á este capries un retrato y de los más parecidos.
ganar.
cho, nacido del gusto por la contradicción. Ee w1a conRaul se había preciptiado á su encuentro y la ayudaba
sentida de la fortuna; quiere el fruto que no puede atraá que saliese de la barca.
VI.
par Y del que en breve se disgustaría, ei llegase á obte-¡Ahl senorita Hildal ¿cómo ha podido ueted exponer·
nerlo No cedas, no te pongas en ridículo, tú el hombre
se de este modo? empegó á decir estrechándole las maAl día siguiente, como no tenía disposiciones á la so- fuerte Y excéptico. Recuerda tu experiencia matrimonial
nos y mirándola con los ojos llenos de lágrimas, en los ciabilidad, declaré' á Raul que mi intención era dejarlo abandona est?s lugares, deja á Raoul solo con ella y tod~
que se pintaba DIUY bien la pasión para que ella pudiese ir sólo al castillo, cosa que no pareció disgustarle mucho. tomará el me¡or pase para bien de todos.
ignorarla por más tiempo.
Necesitaba estar sólo para poner una poca de calma en
Raz~nando de esta suerte, iba yo andando, un poco al
-Vamos, Raul, cálmese usted, contestó ella con un to- la agitación de mis pensamientos y para analizar algunas azar, Sln pi:eocuparme gran cosa de los sitios y de los
no que me pareció un poco seco. Como este río ha de ser sensaciones desconocidas que parecían ser la consecuen- puntos de v~sta. Había yo salido para pasearme, y, como
algún día de mi propiedad, fuerza es que lo domine.
cia del sacudimiento moral que dentro de mí había pro- no me een~1a con ganas de trabajar, no había llevado ·
llientras que él amarraba la embarcación en su lugar, . ducido el acontj:lCimiento del día anterior.
más que m1 bastón. Casi sin notarlo, no tardé en salirme
ella corrió hacia mí y, mirándome con esa singular miraSentía una secreta ira contra m( mismo y más aún con- del camiuo, y me entré por unas praderas pántanosas,
da que siempre me desorientaba, se inclinó sobre mi te• tra esa joven, cuyo verdadero carácter me aparecía más pintadas de árboles y de zarzales, que están cercanas al
la, murmurando,,al menos hasta donde pude entender: incomprensible que nunca. ¿Pertenecía ella á esa catego río en la ribera opuesta á Charlottenberg.
-¿Y bien comprende usted ahora?
Al desembocar en la pradera, divisé una modesta caría de personas cuya característica parece ser una necesiYo había tenido tiempo de sosegarme y de limpiar al- dad innata de hacer precisamente lo contrario de lo que bafia medio oculta entre los árbolee. Erase la casa habigo que me hacía ~uillas en los párpados. Mi angustia
uno querría que hiciesen, y cuyos actos parecen produci- tada en otro tiempo por el viejo Svensson, que ya había•
había desde luego cedido ante un corto instante de en- dos por un sentimiento de oposición, que flexible siempre muerto hacía muchos años y al que habrá sucedido el
ternecimi~nte y de júbilo al verla fuera de peligro, pero en apariencia, pero obstinado y terco como un resorte de arrendatario de la pesca de salmon por toda la parte que
ese corto instante de emoción había sido seguido de otro acero, no sólo opone á los buenos oficios de parientes afec- corría en las tierras del barón de Hammarhielm.
-de colera y de indignación qne duraba todavía.
Resolví inmediatamente hace~le una villita. Me lo entu.osos ó á los consejos de amigos sinceros una invencible
-Sei\orita Hilda, le dije, con gesto severo, si tu viera la fuerza de inercia, sino que parece ingeniarse en hallar contré e.n un cobertizo fuera de la casa, ocupado en orde·
honra de conocer al padre de usted, iría inmediatamente algo de contradictorio para encolerizarlos y hacerles sen- nar sus instrumentos de pesca. Me recibió con los modaá decirle ,ne su hija no se halla todavía en estado de seles corte,ree Y hospitalarios que caracterizan á los Suecos
tir hasta donde se burlan de sus buenos consejos?
p ~ de su nodriza y que, si ya se despidió á ésta y
-Est.a joven, decíame, que se halla por decirlo así so- de todas las clases de la sociedad. Era un hombre de unos
q uit-re conservar á eu heredera, es preciso que se procure
la en el mundo, sin amigos, sin parientes, sin consejeros, cuarenta años, de expresión seria y benévola. Declaró
una buena aya, una mujer de peso, cuyos ataderos de de- se da perfectamente cuenta del interés que me inspira. que rne conocía mucho de vista, porque nos había ob:1erlantal sean bastantes fnertes para que resistan las ca- Fi.nge que aprecia mis consejos, que está agradecida por vado, á Raul Y á mí, pintando ó .paseándonos con la
briolas de una IJ-ill&amp; indisciplinada é imprudente!
m1s deseos de contribuir á su dicha. Ella misma debe se~orita del Castillo. Platicamos un rato de pesca y sal- O mejor un buen marido, capaz de satisfacer las missentir que necesita de alguno que la ame y que la dirija. mon, Y este tema nos llev.'., con toda naturalidad á la Calmas condiciones que la ama de gobierno, añ.adió ella Su soledad y su juventud deberian predisponerla á con- der.i.
riéndose y mirándome de hito en hito, aunque un poco testar con ahinco á la voz del amor. 1Iuy bien sabe ella
-¿Ifa intentado usted alguna vez penetraren ella? le
ruborizada.
que mi mayor placer sería verla compartir con los senti- pregu11~ ·..
Esta r espuesta me impresionó; me ocurrió de súbito mientos de &amp;mi, sabe perfectamente que despreciándolo
-U11a ~ola ocasión, me contestó. Trabajaba yo entonque aq11ella era ocasión excelente para decir algo á favor lo haría desdichado.. Y, lejos de dejarse llevar por una ces pum t:I viejo Svensson. Aunque muy joven todavía,
0

�EL MUNDO
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ya conocía todas las dificultades de la navegación por este río y ardia en deseos de t,entar el golpe de la Caldera,
de ir á. ver lo que había de hermoso en éea decantada
fuente de la hada. El viejo Svens!On, que gustaba mucho de charlar, sobre todo cuando había bebido, me descubrió una noche tan menudamente la maniobra para penetrar en el escollo, que resolv( hacer un ensayo al mismo día siguiente. Llevé las cosas perfectamenté¡ pero
nunca he vuelto á. hacer ese alarde, y nada ni nadie podrá decidirme á. volver allí por segunda vez.
-¿Y qué vió usted en la fuente de la hada?

DOMINGO 28 DE FEBRERO DE 1897

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de un cada\"er dentro de la fuente de la hada, y además
este estanque, según el dicho de los que lo habían visi•
tado era tan profundo, que no eepodfa ver el fondo. Ahora bien, como acabo de decir á ueted, el cadaver, cuando
yo Jo ví, tenía las piernas metidas entre las piedras del
fondo, el cual se distingue muy bien. Así pues todo inclina á creer que el espejo de la hada, que evidentemente era una especie de chimenea natural, comunicaba más
6 menos directamente con la bóveda 6 más bien con la
cueva en la cual terminaba el subterraneo. L'l presión
del aire producida por la explosión de la mina debió proyectar todo lo que 58 hallaba en la gruta, y eeta quedó
obstruida basta cierta altura por los escombros y fragmentos de roca, y entre los cuales el cadaver quedó apri.
sionado y detenido en la posición que acabo de describirEn cuanto á su estado de conservación por espacio de
tantos años, nada tiene de extraordinario si se considera
que estas peñas son de composición calcárea y que él
agua del estanque, constantemente renovada por las infiltraciones, está. siempre muy !ría.

-Pues yo, senor, contestó el pescador después de ,,.a,_
cilar algunos segundos, lo que allí ví me inspiró tal terror, que estuve :i punto de perder la sangre fría para salir sano y salvo del escollo. Pero supongo que usted
eslará al corriente de lo que se refiere sobre el pasado del
viejo barón, y que no es ya un misterio para nadie.
Yo le probl' en pocas palabras que no ponía excepción
á la regla.
El continuó:
Dí las gracias al pescador por su interesante relato; en
-)Ii curiosidad era grande, como puede uizted imagiseguida,
despidiéndome de él proseguí mi paseo, que me
ná.rselo¡ a3i es que, una vez que entré á la Caldera me
llevó
haete
~l punto donde se reunen el río y Boren.
apresuré á. amarrar mi barca y á subir al troio de piedra
Imposible me parecía ahora cret&gt;r que Jlilda ignorase
que Jleya el nombre de Taburete de la Hada. Me incliné
l.Lvidameure sobre la superficie límpida y sosegeda, espe- el terrible episodio que figuraba con caract.(&gt;res de sangre
rando que vería algún reflejo extrai\o ó algún juego de en la historia de la vida de su padre. Ella había visto el
la natur~J{'zn que fingiera el rostro de una mujer. ¡Retro- cadáver y no le causaba el menor asombro. ¿Era por secedí lleno de horror! Lo que en un principio tome por quedad de corazón ó por fuerza de caritcter?
No volví al hotel sino hasta en la tarde, y encontré á
un informe paquete de hilaza y por vestidos manchados
Raul solo en nuestro aposento. El pobre muchacho em·
y hechos trizas, se precisó muy pronto ante mis ojos,
dentro del agua transparente é inmóvil. Era el cadáver, pezaba á revelar los signos exteriores de la pasión que lo
6 mejor dicho Ja parte superior del cad:lver de una mu- consumia. llabiaenflnquecido y babia perdido, con el gusjer. Lo que yo había tomado por hilaza era su larga ca- to y con el interés por el trabajo, toda la alegría y el enbellera. que flotaba en desorden sobre la superficie del
agua. Los pies y las piernas desaparecían en el fondo
del estanque. La cara. ó más bien dicho lo que de ella
quedab.'l, parecía vuelta al cielo. Las carnes, aunque
blanqueadas por el tiempo y privadas de color por su
permanencia dentro del agua, cubrían aún aquella calavera cuyas órbitas, dos agujeros negros, parecían implorar piedad, mientras que un horrible «rictus&gt;) que descubría la blanca dentadura hacía un gesto de risa del que
me acordaré toda mi vida.
¡Y érai;e en semejantes cercanías, ante un espectáculo
tan repulsivo y casi tan espantoso como lo era el mugien•
te abismo que ella había tenido que atravesar, en donde
aquella joven extraordinaria se había expuesto durante
media hora para servirme de modelo!
-Evidentemente ese es el cadaver de la infortunada
víctima del barón, dije. ¿Pero como se explica usted que
haya quedado allí?
-Eso se explica muy bien, senor. Usted. sabe que el
barón, cuando supo que se habían ordenado pesquisaa
judiciales en los alrededores del castillo para saber si había ó no un subterraneo en comunicación con el arrecife,
parece que llevó en la noche una buena cantidad de p6l·
vora al subterraneo que el hizo saltar aque11a misma noche; quería impedir con la destrucción de ese túnel que
alguna vez pudieran llegar hasta el misterioso reducto
en donde probabl'emente había ocultado el cadaver de 1~
infortunada degollada por él en un momento de furiosa
locura. La explosióñ.
de aquella mina no sólo destruyó
,&gt;
la parte del sub~aneo que estaba debajo del lecho del
tj.o,. Bevandose la corriente hasta el menor vestigio, sino
qu8 debe haber producido algún cambio en la disposición de las rocas que forman la base de la Caldera. En
efecto, nunca, antes de estos sucesos se había hablado

BR01'1CE FLORENTINO

~u pelectro no es de oro:
de fierro y formidable.
~u eepfritu ño es suyo:
lo trajo un avatar.
Su acento ea el de BJrea.s.
Su afán es indomable.
Su goce es el martirio,
y es llanto au cantar.

Ama lo tenebroso,
Busca lo inexcrutable.
Quisiera por regiones

de sombras divagar.
O de encrespadós maree,
el piélago insondable
en noche sin estrel u,s
impávido surcar.
No for,a Ja áurea rima;
la endecha afeminada
que lleva los recuerdos
de amores á la amada
ó armónica difunde
en música sutil.
El es bardo guerrero,
él es robusto atleta,

tusiasmo que en otro tiempo haclan de él un excelent.&amp;
compai'l.ero.
Al verlo sentado, pálido, abatido y meditabundo, en
un sillón, con la barba en la mano y la mirada (ebril, fija
en el vacio, mi corazón se oprimió dolorosamente.
-Raul, querido hijo, dljeleofreciéndolela mano, creo
que debemos pensar tn irnos. Ya tomamos un número
suficiente de bocetos y de estudios para trabajar en el taller, y podriamos volver á. Stockholmo dentro de dos ó
tres dias. ¿A. qué fin quedarnos aqui más tiempo? Veo
muy bien que Hilda no te ha dado ningún estlmulo que
te permita abrigar la me.nor esperanza. Asl pues, prolongar nuestraestanciaaqul, sólo nos traerá.dailos, mientras que, si volvemos á la ciudad, tú tendrás trato secial,
y este trato, unido á tus habituales ocupaciones, pronte
te hará olvidar tu pena.
-Como quieras, padre mio, me contestó. Sin embargo,
concédeme aún tres dias. Como tú mismo Jo habrits notado, cada vez se patentiza más que los sentimientos de
Ililda hacia mi no son sino los de la amietad, y de diaen
din estoy perdiendo la esperanza de que cambie, aunque
á veces se me figura que, si ella supiese cuánto la amo,
esto podria tener influencia en ella y traer un cambio en
sus impresiones. Aparenta ignorarlo tan completamente,
que en ocasiones pienso ...... En una palabra, yo no quiero irme sin intentar ..... . sin haberle hablado. Deseo,
cueste lo que costare, hacerla salir de esa amabilidad altanera y fria¡ pero la misma siempre, que parece ser su
nonnade conliucta para conmigo. Quiero que ella eepa
todo, quiero averiguar por mi mismo si conoce mi amor,
6 si únicamente finge que lo ignora.

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( Omtinu.ará.)

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que quiere con el verso
que con el símil ret.a
y esuda con la estrofa
su pecho varonil.
CAnLes P10 U1mBACH

~=:--:::::;.;,J_=:--:::::;.;,J.=:-~~
Hay muchas cosas en política á las cuales ee resigna
uno sin estar convertido á ninguna de ella.a.
Thierl.

El peor efecto de nuestra.a enfermedades morales es el
de quitarnos los deseos de curarnos.

G. M. Valtour.

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Guillermo Priet.:-. i· el i ael actual.
cnc:rotografia de Torre:. hcrma llOl!I.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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Guillermo Priet.:-. i· el i ael actual.
cnc:rotografia de Torre:. hcrma llOl!I.)

fYé ,u1c ;u u estro] urticulo_ c~1torJnl.)

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�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO ~E 0897

"EL ldVNDO"
Semanario Ilustrado.

Teléfono 434.-Callc de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
ll.ÉXICO

Toda la correspondencia que ee relacione con la Relia.cción, debe eer dirigida al
Director, Lle. Rafael Reyes 8pindota.
Toda la correspondencia que se relacione con la edición
debe ~r dirigida al
Gerente, Lle. Fausto noguel.
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NúmeroP. eueltfl!&gt;. 50 centavoez.
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aquí, dada la tendencia de los espíritui:, no gozan de
crédito.
De aquí dependne en la m:1yor parte 1le los e-a~•)!!,
esos arrebatos explotados por la p,dri11ta11t reinn•1t.e
en españoles y mexicanos, puedan ftlciltaente U~¡¡;e11lr.1r
en un conflicto que todos lamentaríamos.
Nunca como ahora se hace indispensable una gran dü-

eis de sangre fría.
En vista. del estado de ánimos, debe hacerse el e.'1Crifi cio de obtener halagadoras victorias tras i~ empeñadas
polémicas. En este asunto la razón 1a tendrá e.iempre el
más correcto.

Todo pa110 debe acr "precisamente adelanUdo.
Ri:GJSTRAOO COXO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLA.~E.

l{(tttts

ti\itorittlt;.

&lt;!5nilltrmo ll)rido.

gantes~a entre enrontradas concupiscencias y contrariasdoctrimH', el co111batt-- 8angriento entre fuerzas y activid:11h•~ po,l,•ro!la!I que parecían irreconciliables ti.perpetuidad; lio~, la nniúu Je todos loe ciudadanos y la liga pa~
c.fiea Je lus eleml'..!ntO!~ más disímbolos, para acatar la autorid:1J supr~m:i, y prestarlJ. cada cual su contingente.
unos aceierando y otros retardando la m:ucha resuelta.
en loe comicios, pero cada cual en su puesto en el admirable mecanismo del complicado aparato gubernamental.
Ayer la pasiün y el prt'juicio, el odio y el rencor, empw.jados A podero~3 lucha y ocasionados á choques espanto¡;os; hoy ln calma tranquila, la fría serenidad rindiendo
pleito homenaje al elegido del pueblo, sometiéndose de
grado ú. la voluntad, mnnifiesta entre relámpagos y true•
nos en la hermos:1 tempeF-tad de los c'omicioe.
¡Puebb viril y grande el que así combate con energía.
republicana, y esgrime todas las armas de su vital c,mstitncióL1 plutocr.'itica en los días de discusi611, en las ho•
ras del sufragio, para eeguir después, sin asomo de domédtica~ rencillas, sin resabios de las pasadas luchas,
majestu\JSO y altivo en el c.lesa.rrollo interminable de su
soberana grandeza!

•*•

Acaba de apartarse de nuestro lado una de la~ figuras
Y no esperemos que la. a,¡lwinistraci.ón que hoy se ina.u•
n:~ui¡,z genuinamente oacionale1,i, una personalidad distingur,\ cumpla en t,xlas sus partee el programa de la Conguida c¡ue viene il compendiar el caráctor, el espíritu, el
vención S.1cional Rtpublicann, dictado en las horas de
modo de ser de toda "una ~poca. Con Gnillermo Prieto
exitaci:m política, cuando los cerebros caldeados al rQjo
desaparece, en efecto, un pedazo de vida naciona 1, de
en la. anitn ,d.i discusión. trataban de deslumbrar
esa vidaque, con sus vicios y sus virtudes, sus triztezas y
con la. pompa de sus declaraciones.
sus glorias, sus entusiasmos y sus depresiones, ha aniCon una prndenC'ia. aEtuta, el candidato elegi&lt;lo que_hoy
mado y resumido la típica leyenda patria.
se coloca en la primera magistratura de la gran nación
¿Quíén no conoce en la Repll blica la historia de esta
americana, aceptó el puesto que ee le ofrecía, pero nunexistencia? ¿Quién ignora loe títulos que amparaban á.
ca se comprometió explícitamente á. seguir al pie de la
Guillermo Prieto para ocupar un logar predilecto en el
letra las decisiones lanza.das en el calor de la refriega por
corazón de loe mexicanos? Rodeaba al ilustre anciano
los convencionales de Chicago. Conocidos como enm sus
una como aureola formada por la gratit.ud y el carino po·
ideales políticos, reputado ya ante la nación entera como
pular. Iba él de este modo protegido, á semejanza del
el paladín de un programa emine11.temente econ~m1ico,
héroe de Horacio, por una triple coraza. de afectos, que
basado en laR consideraciones del proteccionismo más radical, quiso lle Kiuley que así lo aceptaran. Y ai,;í, sin
la muerte ha, por fin, hecho pedazos.
Los hombres que sobreviven á eu tiempo y logran
sin compromisos previos, sin recibir condieoneA de nadie,
conser\"arintact.a y de una sola pieza su personalidad, es
sin escuchar insinuaciones de ninguno, sin
proque poseen dotes superiores. Guillermo Prieto, en quien
mesas es como ha ascendido al poder.
se traslucía un iigero dejo de amargura hacia las nuevas
Esto no significa qne su adminiet.ración vaya á. camigeneraciones, supo, sin embargo, darJas la mano y forti nar sin rumbo fijo. Si alguien se deja penetrar fácilmen•
Ge neral Gu a d alu p e L6 p ez,
ficarlas. ¿'Qué importaba que la~ idea, hubieran sufrido
te en sus planee y propósitos, es sin duda el célebree8taJefe d e la s ~ Zon a Milita r. ten Gu a d alaja ra el
actual.
una transformación completa, cuando la conciencia nadista de Ohio.
cional había tendido un puente entre el porvenir y el
No seguirá la política agresiva que en las relaciones con
palado, entre la realidad y la esperanza?
las potencias extl"'.-\njcras le aconsejaban los republicanos
De aqne1lossoftadores entusiastas, de aqoellos espíride la Con\'t;&gt;nciú11; probablemente, desatendiendo á la&amp;
tus apasionados, de aquellas alr;nas desbordantes de iiea• RESU MEN. -Mc Kin ley en e l pod er.- La exalt a c 16 n de
ardientes i;imp,1ti,1s que han manifestado loe partidarios
ayer y la p a c ifica c oncord ia d e h oy. -EI p r o1rama
les, somos hijos nosotroe. A elloe lee corresponde un pri·
que lo eligieron, y eiu fijarse platónicamente en la tremenrepubli can o d ' Ch icaco y la n uevaadmlnlatrac l6n .
-La doctrina d e Mon ro e y el protecc ionismo. mer puesto en la historia de nuestra jovea. nacionalidad;
d1\ lucha que ha.::e dos ai)os Eacude con eetremecimientosPaz de nom bre y c u crra de tarifaa.-EI p o rveni r de
para elloS ee toda la gloria y todos los honores. Hombre3
Ue volc,í.n los C.'\mpos antillanos, no ha de tender la. maMCxi co.
de lucha y hombres de emoci6n 1 sirvieron á s11 ca•1s:\
no i'L los tenaces insurrectos de Cuba¡ vera con gran ea•
c9n· la espada y con la lira, con el lamento de .Job y 1a
tieiacciün
qu~el trat.ado de arbitraje permanente con In·
Si con profundo interés Bf'guimos el ano paeado los moimprecación de Isaíae, con la serenidad del martir y la
vimientos de la poHtica americana, preparJndose á. deter- glaterrJ. ponga á los Estados Unidos al abrigo de formi energía del guerrero.
minar por el ejercicio del sufnigio, el más eolemne de lL,8 dable choqu~ entre &lt;los poderoea.s naciones; dejará en el
A. este heróico grupo perteneció Prieto, y más que nin·
olvido, ó porlo menos no irá. á.desenterrar del poh·o deactos en los pueblos democráticos, disponi~ndose á fü,fi
guno otro contribuyó á. e!parcir el credo de la democra·
nir por medio de las urnas electorales la marcha admi- los ar.:hi vos para renovarla: la debatida doctrina )fon roe,
cia, disponiendo de eee aparato laminoeo y -vibrante que
nistrativa en el nuevo periodo presidencial que hoy tan sujeta á. provocar conflictos como ocasionada á des•
le ponía en comunicación con la conciencia popular: su
pertar envidias y rencores¡ no pretenderá., como lo !:!vlla•
se inaugura; si nos fijamos con singular atención en el
poesía naéional,.eedesbordante deentnsiaemo, ingenua y rumbo que tomaban los partidos, las fuerzas que desple· ban sus defensores, que la Unión americana ee entrome·
burlona, haciendo del chiste una epopeya y convirtiendo
gaban y los programas que discutían, y vimos cuidadosa- ta en la politica europea, favoreciéndo armenio8 perse·
cada harapo en un pabellón de victoria; poesía que sale
mente cómo se iba formando la pública opinión en el guidos 6 amparando cretenses insurrectos, exponi¿udosede lo hondo de esepu~blo, que ee mira en ella como los club, en el meeting y en las grandes convenciones nacioJ· á dificult.ades que lo aparten de sus propósitos.
Pero si en su p'Jlitica extranjera activa dejad fatis{eastros en la móvil onda de los lagos.
nales, á favor de las fuerzas vivas y de las clases direc·
Guillermo Prieto vivirá eternamente en la memoria de
chas
las aspiracionl!s pacifi:.!as Je la nación, es segur\\, es
toras de la nación, á impulso de los grandes intereses
los mexiéano!: su nombre será conservado como una reindudable
qu~ inaugurar.í. una guerra, mis_íormiJable
puestos en juego, del poderoso ahento democrático que
liquia legada por la Libertad á. las nuevas generacíon es agitó todos los espíritus y despertó las latentes energías quizá. que la que s~ hace al resplandor fatídico de 101:1 disnacionales. ¡Hagamos un alto ao1emne en el b~rJ~ d~ esparos y al ei,truentl•&gt; ruidoso de los callones: la guerra depolíticae de un pueblo que vive sólo de su riqueza y su
te amado !!epulcro!
trabajo, ajeno en general á. los ensuefiee herma.sos y be- las tarifas, c,.mtr&lt;\ todo aquel que se quiera oponer á las
llas utopías que seducen á otros: no debemos, aho- ~xigencias de un pu:-blo compuesto de setent!t. millone.3
ra que comenzad á poneti!e en práctica el resulta- de estómagos aco&amp;tutnbrados á. uo.a substanciosa y nutriti ·
do de esa agitación, dejar de del.licar uno mirada á. la ad- va alimentaciúu.
Esa será. la poíllica republiC'ana que ha de conmover i1.
ministración republicana que hoy ·e ntra .i funcionar bajo
En estos días y con motivo de un hecho desagradable
la vieja Europa..
la dirección del célebrd campt..'t'.111 dd proteccionismo,
ocurrido en Puebla1 y en el que intervinieron unos súb ·
AfortunaJa1nente para )I~•xico, su admirable situaci..':,n
·wmiam
E.
)fo
Kinley.
rl i l,o!I ri~ Es pafia, ha tratado la prensa diaria de los elemen•
lo
pone al a:npan.&gt; Je csas_conmociones. y lejos de temer
••
tos que cons\itnyen la base de las relaciones entre mexiLo primero que d-:isde luego llama nuestra atenci.Jn y
por su creciente bienestar, mira confiado esos uuerns de·
caei nos asombra, á. nosotros inquietos latino@ acoi;tum- rroteros, que 1í. hl postre nos ponen en condiciones de concanos y españolee.
bmQos á escuchar m,is las Eugestiones de la paeióu, .i. aten- tinuar sin zozobras nuestro progreso iniciado ya con firLa colonia española representa una p1r~ irnp'lrtante
en la explotación de la.riqueza na~iooal y por ~'.I a~li~·iUad der más las insinuaciones seUuctoras dd partido, es yer mez~, al abrigo rni:!mo du ese proteccionismo americano ..
la absoluta sumisión de todo un pueblo tí. las: decisior:es
y sus energías ha sabilo collqui,;tart.e un:\ po::ici:m q:1e
X.X. X.
eancionadas
de las mayorías. Ayt!r la agitación en masa,
la enaltece. Hay, es Yerdad, entre aliuno3 de sus miero•
4
de
llirzo
de
!S:li.
el choque formidable de ir.U.-re&amp;-e opucetm=, l:l lucha gi •
bro~, re~t'ls de idea~, qne si tienen razón en Sll patria,

"ªºªª

11'0Htica QiJtneral.

Qfa;µañolts lJ 11trrirntt1J!i.

coqueteado para saber coquetear, y ei ha sido esposa fiel
y leal ni conocerá ni podrá. interpretar los arrebatos, los
terrores, los remordimientos del amor desleal. Con meAnimado debate se sostiene en estos días en la prensa
nos razón aún podrá. llenar su delicada misión si han aniparisiense, respecto á la delicada cuestión de saber si la pudado en su corazón ]as blancas palomas de h:s virtudes
reza y la inocencia son compatibles con la profesión de
femeninas y no las víboras de las malas pasione.-11. Cuanartista dramá.tica. No versa la discusión so!.:&gt;re loe pelido una mujer no ha hecho otra cosa qne suspirar y songros que corre entre bastidores la virtud femenina, ni soreír, cuando no ha sof\ado más sueños que los de Graciebre las tentaciones que dimanan de la ficción del amor,
la, ni experimentado otros anhelos que los de Oíelia, ni
del remedo de la galantería de las caricias y frases ardienentrevisto otros horizontes que loe del velo sobre el altar,
tes en el escenario y del trato de los Don Juan y de los
le están vedadas las frivolidades de Frou•Frou, las pasioLovelace fuera del teatro. Tampoco está á. diecrisión si es
nes de Lucrecia y las venganzas de la Tol!ca;eetá fuera de
ó no una neceeidad para la actriz el recurrir á la galantecuadro en el teatro moderno y1 madura para fundar un
ría para bastará las cuantiosas exigencias del desenfrehogar honrado, fecundo y feliz 1 está tierna y verde aún
nado lujo de trajee, joyas y atavfos que impoqe la escena
para fundar nna escuela dramá.t.ica 6 interpretar no permoderna, que imperiosamente exige el público, y que no
sonaje del teatro actual. Pero que esa mujer llegue :í. vibastan ti. cubrir los honorarios, por suntuosoe que sean,
vir, que engafie al marido, que se escape del tibio hogar
de que se goza en la privilegiada profesión. Sobre estas
para cenar en alegre compafiía; que su amante mate en
materias hay estudios serios, y Alejandro Dumáa, hijo,
duelo al marido, que la justicia le arrebate á. sus hijos 1
pronunció la última y siniestra palabra levantando el oroque escale el calvario de todos los dolores y baje á. la lepel que cubría la úlcera. Que él con la 11Dama de las Ca•
trina de todas las degradaciones, y entonces, y sólo e.-nnieliBkl," había contribuido á gangrenar.
tonces ser1í. artista, podrá. pisa'r con aplomo el escenario,
La cuestión palpitante y actual es diferente 1 m:is prohabrá en ella materia prima para representar los per·
funda y menos circunstancial Que las otras y de cuya sosonajea; con el vicio habrán llegado hasta su espíritu la
luc16n está pendiente el público
¿La pureza y la
luz, y hasta su corazón el fuego del genio y Sardou y Zoinocencia de la actriz, pueden permitirle la expresión
la é Ibeen habrán encontrado la intérprete ideal de sus
perf~ta y completa de las pasiones, de las tempestades,
El teatro contemporaneo•*•
ya es otra cosa .. C.:,mo todo el obras y la representación viva, palpitante y sincera de
de loe ímpetus qne el drama moderno pone continuamen- arte de nuestros días, como la pintura, la escultura, la litesus personajes.
te en acción? ¿Ee poeible la interpretación en el teatro
ratura y hasta la música1 propende á la imitación de lo real.
Así como ant.iguamente se fingían en cartón los leones
de las inquietudes de la mujer adúltera, t ipo favorito del Aboca eu objetivo fotográfico sobre los hombre&lt;i, lascoy panter.i.s del Circo Romano, cuando las necesidades del
drama contemporáneo; de las volubilidades de la coqueta, sas y los sucesos, y saca clichés sorprendentes de exacti•
teatro imponían su presentación al público, y hoy se al•
de los éxtasis y transportes de la mujer e:namorad.a, cuan- tud, impregnados de \"ida efectiva, palpitantes de emoquila.o las fieras reales y efectivas del Jardín de Planta!!;
do se tienen la conciencia limpia y el alma inmaculada,
ción verdadera. Ya. no .~n mufiecas descarnada'3, ni ma. así el mezquino teatro antiguo llevaba á las virgeúes á re•
cuando no se conoce del amor sino la apariencia, y cuando
nequies automáticos loe que desfilan sobre el escenario,
pret'entar prostitutas, y ya es tiempo de que esa conven ·
~e es tan sólo un teórico de la mú intensa de las pasio- son hombrea reales y verdaderos con todo el conjunto
ción acabe. Los fueros del ante teatral moderno reclaman
nes? ¿O ee, por el contrario, indispensable haber vivido,
complexo de sus múltiples atributos; ya no son tési s es- que cada personaje encarne en un profesional de la claEe
haber amado realmente, haber apurado hasta las heces el
colásticas las que desenvuelven en figuras de retórica correspondiente.
·
caliz de hiel yde ambrosía, queee llama una pasión, pata ante el espectador, Bino amalgamas de suceeos 1 de episoTal es el alegato; no hemos disimulado ni su apariencia
aírontarel fuego de la rampa, para poderprel!entaral púbJi. dios históricos ó biográficos. Los personajes viven y
seductora ni mitigaclo'Su fuerza intrinseea. Yeamoe ahocola ·imágen viva y palpitante de la pasión· sentida y vi- sienten, pertenecen á su raza y á eu medio, hablan el
ra la r{&gt;plica y la refutación. Ese modo de razonar, no sóvida, sus ansias, eua trances, sus delirios y sus tormentos? lenguaje de todo el mundo, viven la vida general, dialolo produce escá.ndalo y casi provoca nauseas, sería esto lo
Est.a última opinión tiende á. prevalecer. Directores de gan como financieros ó como cocheros, respiran la misde menos, bien que triste, si el argumento fuera sólido y
teatro, dramaturgos, artistas y pensadores, consultados ma atmósfera y se nutren de los mismos jugos que la
la conclusión verdadera. Inclinaríamos resignados la caal efecto, han opinado en ese sentido y Claretie, Zola,
humanidad. La intriga se burla del tiempo y del espacio; beza si estuviera demostrado que es una fatalidad humaC09uelin Cadet y otl'08 muchos, afirman excá.tedra, que los sucesos se desenvuelven en todos los contmentes; las
na el que sólo por el camino del vicio se llegue á la met.a
hay incompatibilidad radical y absoluta entre la pureza acciones se mezclan y atropellan como en el mundo real .
del
arte dramático .Pero, lejos de ser válido, el arg\lmeny la inocencia y las manifestaciones elevadas y supremas
La imitacilm exacta y pl'eCiea va hasta el extremo; la to es vicioso y conduce al mayor de loe abeurdoe.
del arte dramitico. Para aoatener e:!ta tésis, se citan pre- in Jumenta.ria se inspira en la ar4ucología y en el üabiEl principio, si es verdadero, tiene que ser general¡ si
cedentes, se invocan textoe, ae exponen los ueos y cos- nete de las Estampa,; se mandan hacer el pufial 6 el
vale
para una pasión, el amor impuro, va!e para todas las
tumbres. Zola, consultado á. ese respecto, estudia la
de veneno del modelo auténtico y adecuado; lae
cuestión en todos aus aspectos, y después de meditarla Joyas, los accesurios y el moviliario son objeto &lt;le los demás, y ei ee prueba que la mujer necesita para repremucho, y de extenderse en considerandos de todas cla- más profundos y detenidos estudios; las decoraciones re- sentar haber sentido y experimentsdo personalmente las
pasiones y ejecutado los actos que las provocan 6 que aon
eee, acaba diciendo: 11¿Pero á qué ocuM_rnoe de estudiar producen ex8ctamente :os panoramas, las perspectivas,
su natural consecuencia se hab1' demostrado que el
la pureza de las actrices, si no ha de presentarse el casof»
loe accidentes del paisaje en cuyo seno ae supone pasan
hombre está. en el mismo caso. Veamos á cuanto desatiy se cita, por último la frase de Agust.ioa Brohan á una
loe sucesos.
no conduce esa opinión. Desde luego, si una mujer noea
aspirant.eal tablado: 11Tienes mucho talen~o, no hay duEn estas condicionC's autores y actores v1aJan, descimadre, no podrá representar la ternura, la abnegación, el
da; pero te"ea&amp;orba tu iooeenci&amp;.•
fran manuscritos, estudian psicología, filosoífa é hiato •
sacrificio maternal; luego toda actriz neceaita ser madre
ria¡ observan personalmente; visitan, vestidos de frac,
•*
necesita igualmente haber tenido hennanoa y h-berlo;
De aer real y efectiva eea incompatibilidad, resultaría
los palacios y concurren, revestidos de blusa, á laa ta•
amado
y haber conocido y venerado á sus padreepara repre•
un hecho completamente deeconaolador, el de que el bernas y áloe tugurios.
En loe hospitales observan las ansias del agonizante, sentar los papeles que le exigen estas diversas especies
ejercicio de una de laa artes más nobles y elevadas, y una
los hipos precursores de la muerte, las demacraciones de de afectos. Esto esfacil de allanar. Peroentoncee¿quién
de las más características del siglo XL-X.. trae aparejado
la, tisis, las convulsiones de la histeria y las actitudes de podr.í representar el papel de Fedra? ¿Es de suponeree
neceaariamente el vicio, y de que no podrá. admirarde en
la
catalepsia. En loe anfiteatros estudian la facies cada- ni por un momento que la Ristori ó la Pezzana, ó lta•
el escenario un talenW femenino, aia que quede el rea.vérica, la rigidez de la muerte. Con loB grandes médicos chel 6 Sara Bernardht hayan sentido esa pasióii repugbio de que aquel genio es pura y simplemente una munante y antinatural por en propio padie? ¿O vamos áad•
aprenden á distinguir el asma brónquica de la cardiaca.
jer perdida.
¿En quá puede fundarse opinión -tan desconsoladora? El corazón humano loestudiau en el mundo y en la so- mitir que Fedra no ha tenido intérprete, contn la opiPues en consideraciones de un card.Cter profundo y cuya ciedad, frecuentan todas las clases sociales, se codean nión uná.nime de la crítica universal? ¿Si la artista ha de
!.Olidez no puede ponerse en duda. El teatro antiguo yel igualmente eun los magnates y con los obreros, con representar el tipo de una infanticida, necesita haber daarte dramá.tico correspondiente, eran eeencialmente artifi- la virtud y con el vicio, con la riqueza y la miseria, des- do 1;0uerte á sus hijos ó haber experimentado impulsos
hacia ~an nefando crí~en? ~as mujeres qu~ matan¡ deben
ciales y convencionales.. Paeiones decorativas, personajeJ tilan de todo el basurero humano, como un elixir, todo tener
1Dtérp!'8tes a&amp;eSmos; 1nM:rpretee ebnos, las mujeres
inventados, lenguaje especial, estilo declamatorio y dia- lo que la vida tiene de típico, de característico y lo sir- que beben; 1Dtérpretee ladrones, las mujeres que roban.
Loe hombres están en el mismo caso. Para representar
ll-ctico, la regla de las tres unidades: la de acción, que ven al público en forma de drama 6 de novela.
á un banqu,ero hab_ría qu~ ser millonario)'." jugar á la bolsimplificaba la intriga; la de tiempo, que forzaba los
Desde este momento, nada má.e natural que exigir del
sa. Napoleon sertt 1mpos1ble en el teatro smo lo interpreacontecimientos y precipitaba los sucesos; la de lu- artista que para representar un papel, haya vivido la !\'i- ta el General Saussier por lo menos y como para repre·
gar, que reducía á su más simple expresión la mise en da del personaje; que haya experimentado sus mis~as sentar monarcas se necesita haber reinado, sólo las te!ltas
coronadas podrán interpretará. Luis XI ó á. Enrique IV,
~,.;.11e; la proscripción de las pasiones bajas y de loe pa.si.ones, corrido los mismos riesgos, profesado sus mis- y en las p~ertas de los teatros habrá. que poner camiones que digan 1,Se necesitan asesinos,1 y en ninguna par·
personajes vulgares, hacían de las tragedias de Racine y
mas ideas. Y siendo este;, así, no hay lugar en el teatro
te representará el drama meojr que en los presidios.
de Corneille, modelos del género, verdaderas [.Q{IA acom- moderno para la inocencia y la pureza de Jas mujeres.
Ante tanto y tan colosal absurdo los más fervientes
pasadas y majestuosas en las que, como dice Taine: 11perpartidarios?e la d~scabellada tésis ti~nen que I'Ctroceder,
*
** moderoo, de toda prefe- y ante la disyun~1ya de negar la posibilidad del teatro
eonajes de cartón, sentados en aillones clásicos, discu•
La mujer figura en el teatro
tendrán quead.m1t1r que son compatibles la pureza y el
tían cuestiones generales, en un salón abstracto.n Nada rencia, como coqueta y como aJúJtera. Para traducir en talento dramát1~ y que se puede á. la vez admirará. una
de preciso ni de concrete, ideas generales en vez de per- ace_ntos :erdaderos, en actitudes apropiadas, en gesticu- mnger como artista consetvando el derecho de respetarla
sonajes vivientes¡ todos los pormenores característicos Jac16~ vigorosa, las pasiones que el teatro le atribuye, como dama.
enprimidoe. Julio César no es un hombre, es la idea im- neces1t-a haberlas experimentado. Le es forzoso haber

LA PUREZA V EL ARTE DRAMATICO

1......,.•.

peri.al; Bruto no tiene sangre ni carne, es el principio
democrá.tico; un grupo sin carácter ni tipo definido, representa al pueblo; á. cualquiera, á todos, á. ninguno.
Como decoración, un pórtico ó un jardín; como mobiliario, unas banquetas forradas de sarga roja¡ como indu·
menta.ria, la peluca empolnda para los actores y el peplum y el.velo para las actrices.
l:'n teatro de este gJnero no exige ni impone al actor
la obsen·ación de la&amp; pasiones, ni dP- los caractéres, ni de
lae actitudes, ni de la gesticulación humana. Ciertas en·
tonaciones de pacotilla para la indignación, la ternura ó
la ira; a~titudes copiadas del Museo Vaticano; ademanes
calcados de los altos dignatarios del Estado, ó de la nobleza, 6 del rey mismo; gemidos mitigados y aprendidos
por imitaciún del director de e9Cena; explosiones de pól·
vora mo1ada encauzadas en el bien parecer; grupos excé•
micos imitados de Rafael: tal es el arte dramático que
exige el teatro clásico. Claramente se comprende que la
m,í.s inocente petisionista del Sagrado Corazón pueda represent,arcon éxito las Cleopatras, como lasJimenae de la
tragedia clásica. Para morir como ~Iitrídates 6 como Julio
Céear mueren en ese teatro, bastan tan sólo un buen
maestro y muchos ensayos, y no se necesita ni la ob-Jervación directa, ni menos aún 1a experimentacion en materia de dolores ni de pasiones reales.

!rasco

,

�EL MUNDO

=

....

DA.MAS MEXICANAS

COMO SALVO GUILLERMO PRIETO
AJUAREZ

Mis compañeros quedaron en el
despacho del !:lr.. Juárez, y yo salía
con mis í1tiles de escribir ea la mano.
Estaba remudándose la guardia,
había sóldados de uno y otro lado
· de la puerta: por la p1\rte de la ca-·
lle; al entrar yo en el.zaguán, para
salir, se volvian dentro d~él los soldados: t'i. mi me pareéi6, no sé por
qué, que eran arrollad«;&gt;~ 'por una
paTtida de mulas 6 de ganado, que
solía pasar por allí: me embutí roa·
terialmente en -la pared y me co·
loquétraa la puerta; pero volví los
ojos para .el patio, y vi, ensangrentado y en adet,nan espantoso,
al soldado que custodiaba la pieza:
grit:.os, mueras, tropel y confusion
horrible, envoh-ieron aquel espacio.
El lugar en que yo eRtaba parado era la entrada 1'i. u nade las oficinas del Estado; allí íuí arrebata·
do, á. la vez que se cerraban wdas las Yentanas y la puerta, quedando como en el fondo de un 1'i8•
pulcro.
Por la calle, por las puertas, por
el patio, por todas partes, los ruidos eran horribles; oíanse tiros en
todas direccioneP, se derribaban
muebles, haciéndo estrépito al
despedazarse, y las tinieblas en que
estaba hundido exageraban 1í mi
mente lo que acontecía " me representaban escenas que.felizmente no eran cil'rtas.
En la confusión horrible en que
me hallaba, ví que alguno de los
que estaban encerrados conmigo
en aquel antro, salía para la calle
impunemente: yo no me atreví á
hacerlo, pendiente de la suerte de
mis amigos, tí quienes creí inmolados al desenfreno de la soldadesca feroz.
.
Los gritos, los ruidos, los tiros,
el rumor de la multitud, se oían
en el interior del Palacio. Como
pude, y tentaleando, me acerqué á
la puerta del salón en que roe hallaba y daba al patio, apliqué el ojo
á la cerradura de aquella puerta, y
vi el tumulto, el caos más espan~
toso: los soldados y parte del populacho corrían en todas direccione!;, disparando sus armas; de las
azoteas de :palacio á lüd corredores
cnh:i.n 1 ó meJor dicho, se descolgaban aislados, en racimos, en grupos,
los presos de la cárcel co.ntigua,
con los cabellos alborotados, los
vestidos hechos pedazos, blandiendo puilales, revoleando como ar•
roa terrible sus mismos grillos.
En el centro del patio de Palacio,
había algunos que me parecían jefes, y un clérigo de aspecto fe-

DOIIIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

r

~EL MUNDO

149

=-=~-===-==

subyugaba, que desbara~b9'. erpeligro, que lo tema á m1sp1es ..... .
Repito que yo hablaba, y no puedo darme cuenta de lo que dije ... .. .
A medida que mi voz sonaba, la
actitud de los soldados cambia~
ba ...... un vfojo de barbas canas
que tenía enfrente, y con quien me
encaré dici(,ndole, «¿quiéren san~re? ¡b{,banse la mía ...... !11 alzó el
t11sil, lus otros hicieron lo mis- •
mo ...... Entonces] vitoree á Jalisco.
Los soldados 11oraban, prote0 tando que no nos matarían y as1
se retiraron como por encanto ..... .
Bravo sepuso de nuest~ lado. .
J uárez se abrazó de mi...... mis
campaneros me rodeaban, llamándome su salvador y salYador de
la Reforma ......... mi corazón estalló en una tempestad de lágrimae.
GL:lLLER'.llO PRIETO.

Nuestro grabado suplementario
y el 2~ tomo de nuestra "Biblioteca Miniatura.••

Acompafiamos á. ef:lte número de
nuestro Semanario un precioso grabo.do á. colores: 1cLa Reina del Carnaval* y el 2° tomo de nuestra Bi·
blioteca Miniatura, conteniendo
hermosas páginas de lectura, de
cuya amenidad é interés respon•
demos á nuestros lectores, á. quie•
nea esperamos complacerán mucho
ambos obsequios.
OTRO PAGO DE $5,000 DE
"LA MUTUA"

EN1MEXICO.

--,
México, Febrero~2 de 1897.
fieflor D. Carlos :SOmmer Director
general de ·'La Mutua."-Presente.
Muy Señor mio:
Siguiendo la costumbre de mani!estar públicamente eJ pago de las
pólizas de seguro, me es grato ha&lt;.!er cons~ por la presente, que
hoy, en la oticina d1;, i(La Mutua..
del digno cargo d~ usted, recibí
ante el Notario, Sr. Lic. D. Diego Baz, la suma de ($5,000.00) cinco mil pesos, imporw de la póliza
ó certificado cte seguro numero
3t32,934 que á mi favor solicito de
esa Compañia mi esposo el Sr.
D. José 1\1. Pérez 1üvera..
&amp;toy muy agradecida por las
atenciones que uel personal de esa
Compaf\ia y de u..eted. he recibido
con el motivo expreaado, y quedo
de usted afma., atenta y S. S. Rosario O. de Pi:rez Rivera.

roz ...... .

Algunosmein~tar.Jná huir; á mí
medió vergüenza abandonará. mis
amigos. Luché por abrir la puer•
ta ...... la cerraba una aldaba, que
después de algún esfuerzo cedió: la puerta se abrió y
yo me dirigí al grupo en que estaban los jefes del motín
.\ uno de ellos le dije que yo era Guillermo Prieto, l\.1ini1't.ro de lhcienda, y que quería seguir la suerte del Sr.
,Ju,lrez.
Apenas p1 (nuncié aquellas palabras, cuando me sentí
atropellado, herido en la cabeza y en el rostro, empujado
y con\"ertidoen objeto de la ira de aquellas furias ..... .
Desgarrado el vestido, lastimado, en situación la más
deplorable, llegué á la presencia de los señores J uárez y
Ocampo. Juárez se conmovió profundamente¡ Ocampo me
1·econvino por no haberme escapado; !?.ero hondamente
impresionado po'r i:¡ue me honraba con,.tierno cariffo.
Apenas recuerdo, despu(•s de los muchos an.os que han
transcurrido, las peraonas que me rodeaban.
Tango muy presente el salón del Tribunal de J uaticia,
sus columnas, su dosel en el fondo. Estoy viendo en el
cuartito de la izquierda del dosel á. León Guzmán, á
Ocampo1 á Cendejas junto á Fermín Gómez Farfas; á
Gregario Medina y su bljo, frente á la puertecita del cuarto; á Suárez Pizarro, aislado y tranquilo¡ a.l general Refo¡zio Gonzltlez Si!pliendo al Sefl.or J uárez.
Re había anunciado qu.e nos fusilarían dentro de una
hora. Algunos, como Ocampo, escribían sm disposiciones. El Sefior Jnárez ee paseaba silencioso, con invero•
símil tranquilidad: yo salía lt la puerta á ver lo que
ocurría.
En el patio la gritería era eaf,antosa.
En las calles, el $eiior Degol ado, el General Díaz de
Oaxaca, Cruz Abedo y otras personas que no recuerdo1
~ntre ellas un médico Malina, verdaderamente heroico,
se organizaban en San Francisco, de donde ae desprendió al fin una oolumna para recobrar Palacio y liber-

DOMINGO 7 O€ MARZ DE 1891

Señorita Elisa Corona.

El jefe del motín, al ver la ix&gt;lumna en las puertas de
Palacio, dió orden para que fusilaran á. los prisioneros.
Eramos ochenta por todos.
Una compañía del 5'? se encargo) de aquella orden b1rbara.
Une. voz tremenda, salida de una cara que desapareció
como una visión, dijo: 11Yienen á fusilarlos,it
Los presos se refugiaron al cuarto en qne estab'.l el 8eftor .Tuárez; unos se arrimaron á las paredes, los otros como que pretendían parapetarse con las puertas y con las
mesas.
El Señor Juárez avanzó á la puerta; yo estaba á su espalda.
Los soldados entraron al salón ...... arrollándolo todo:
á su frente venía un joven moreno, de ojos negros como
relámpagos: era Pera.za. Corría de uno á otro extremo,
con pistola en mano, un joyen de cabellos rubios: era
l\Ioret. Y formaba en aquella vanguardia Don Filomeno
Bravo, Gobernador de Colima después.
· Aquella terrible columna, con sus armas cargadas, hizo alto frente á la puerta del cuarto...... y ein más espera, y sin Ra}:)er quién daba las voces de mando. oímos
distintamente: «¡Al hombro! ¡Presenten! ¡Preparen!
¡Apunte•!,1 ..... .
Como tengo dicho, el Sefior Juárez estaba en la puerta
del cuarto: á la voz de 1,apunten,n ee asió del pestillo de
la puerta, hizo atrás su cabeza y esperó ..... .
Loe rostros feroces de los soldados, su ademán, la conmoción misma, lo que yo amaba á J uárez ...... yo no sé ...
ae at&gt;Oderó de mí algo de vértigo ó de eo.aa de que no me
pueao dar cuenta ...... Rápido como el pensamiento, tomé al Seilor Juárez de la ropa, lo pueé á mi espalda, lo
cubrí con mi cuerpo ...... abrí mis brazos ...... y abogando
la voz de «fuego11 que tronaba en aquel instante, grité:
tarnos.
A eee amago aullaban materialmente nuestros apre- •¡Levanten esas armas! ¡los valientes no sseeinan!~...... y
hablé, hablé yo no sé qué: yo no sé qué hablaba en m1,
hensores: los gritos, las carrerrs, ·el ®rrat de laa puertas,
Jo nut.rido del fuego de fusilería y artillería, eran indes- que me ponía alto y l)Oderoso, y ,·eia, entre una nube de
sangre pequefl.o todo 1o que me rodeaba¡ eentía que lo
crip\ibles.

e "la: Caja de Ahorros.••

Nos es grato dará conocer al público el rer,umen ~ae
los Boletines números 4 y.~. en los que la naci('nte institución que encabeza estas líneas, informa acerca de sus
operaciones correspondientes á. los meses de Diciembre
y Enero último.
EL número de pólizas expedidas hasta el 31 de Enero,
eran las siguientes:
l ~ Serie 8,86.'3 por valor de $ 300,300
:?~
,,
3,56i
,,
,, l.7S:l,500
:l.'
"
5,342
/1
11 2.342.(.100
17,772

$ 4.521,800

En igual fecha la reserva ascendía á. $7,253 72.
Durante los meses de Enero y Febrero se han amortizado las siguientes pólizas:
1! Serie números 6, 8, 5, 10,12 1 i 1 1-l, por valor de$ 700
2~ Serie números 4, 3, H, S por valor de.............. 2,000
3~ Serie números 4, 3, O por valor de.................. :11000
Total ............ $ 5,iOO
Sumas amortizadas antes............ 3,400

Total amortizado hasta el 12 de Febrero .......... $ !\100

Los pagos han sido todos hechos por medio del Notario -público, Lic. D. Rafael Párez Gallardo, quien ha ex•
pedido los certificados correspondientes.
Dichos certificados así como los recibos de los tened.o-res de pólizas, eat.án PO la oficina de la Compai'i.i'.a, calle
de Vergara número 12, á disposición de cualquier per3o•
na que desee cerciorarse de su autenticidad.

El Polo Norte.-EI "fram" entre los hielos.

EL POLO NORTE
CONFERENCIAS DEL DOCTOR NANSEN

El Doctor Nansen ha sido en est:os días. el asuo~o de
-todas las conversaciones en el Re1Qo Umdo. Los rngleses muéstranae un si es no e~ orgullosos, porque según palabras del audaz explorador, uno hubiera logrado nada,
sin los derroteros que los expedicionarios ingleses de
varias épocas le habían marcado de antemano.n
Raza de audaces es la escandinava, que, viviendo en
Yecindad con la eterna esfinge de hielo, no se da punto
de reposo en perseguir su secreto. De ahí las continua·
das tentativas que n? son
parte á. impedir los mil pe·
ligros, los arcanos riesgos
-que acechan por todas par•
tes al navegante.
El Doctor Xansen no se
sustrae á la influencia ambiente, y aun e~ más PT?Picio á. ella. Sabio Y -!llª"n?,
temprano sintió con 10tens1 ·
dad mayor que muchos otros,
el afán de reeol\·er el eterno
problema. Su biog~afí_a, en
breves raBgos, es la s1gmente:
J..lega ahora Fridtjo. :Saneen ti 37 af\os. A los 19 rngi:e·
s6 á la l .. oi veri;üdad de Cnstianía con la intención dede•
dicarse especialmente al. estudio rle h\ zoolog{a. Temenclo Peto p1&gt;r fin, ingresó en
IS~:! á luA vapores noruegos
de los mures de Spitzbt-rgen
y ~corrió !ó!ucesivamente las
co~t.as de Islandia Y (-iN:M¡n·
Jandia. A su regreso .ué
uombni.dn Director del Mu•
seo de Historia ~ atural ep
I',ergen, y t"n 1s.~s, de~pu1·s
de rt&gt;-eihir sn g1ado de Doc·
tor en filoF-ufia, ~e em~a;CÓ
con e:u íamotia exped1c1ón
de Groenlandil\ que fué deA·
crita en un volúmen publicado hace seis años. A rn
vuelta permaneció en su ca@a
tlurante no per[odo en qnt,
por nombra.miento dl:'I c:ouierno fué Director dd :'-11!·
seo de Anatomfa comparativa, en lar niYersidad de Cristanía.

feren~ias relativas á. su viaje en la 8)cied.1d R~al d,i lioo
graíia. y ha Eido objeto de mil atenciones, no st \u de
parte del mundo científi~, sino de la noblez~. L., Sociedad en cuestión agrac16lo con su gran premio Cll! medalla de oro qne le fué entregada en el City Hal1,. p,,r el
Pnncipe de· (,is.les, enmedio de las de01ostracio11t:~ dt,
aplauso de la alta sociedad inglesa. Xotable era 1·1 as·
pect.o que preseutaba el salón la noche de esa et~t.regu.
memorable, y sigtJifica~ivas las muestra~ de aprec111 re·
cibidas por el sabio. Tiene ~ate una muJer encant:u.l.ora!
q 11e con estoicismo verdaderamente noruego, aguardo
eu regreso_d_urante tres añ~s, ~n que nadie daba nvticia."i
profundd.:
El Doctor Nansen fué á. Londres con el fin de dar con- suyas ' repitiendo con com·1cc1ón
-El vol\"er.i.
Es además padre d~· un.\
angelical cri,1tura, y le e11bra11
las comhleracion~s sot.:rn.le~
y_los mt-&lt;,l;o¡;, de subeisteucia.
Y sin embargo, deja au ho·
gar paru lanzarse áformid.e.·
bles aventura'\ geográficaH~
Singular y poJeruso esp1ri¡u
el escandinavo que se nos
aparee~ á tnl\·l's Uel trem11n•
do vieJo lb3cn .....

Pero la tendencia del explorador eta fuerte en él,
y cuando la Asamblea noruega votó un crédito para
costear una expedición al Polo Xorte, él aceptó con
ngrado. En 1892, el Doctor Nam~en acab5 1~ constr~1cción del famoso buque 11Fram,• '/ en 24 de Juho de ~8.)3,
salió con doce compaderos, iniciando la larga y pehgrosa serie de aventuras, que concluyero., basta el ?tono
del ano último. Cómo se salvó de la muerte gracias al
feliz encuentro de la expedición Jackson Harmworth,
será. capítulo de la historia contemporánea.

•
••

•••

El Polo Norte.-EI sol de media noche.

Describir lo que vió el audaz noruego durante su larg l
expedición, sería digna tare.1.
de un poeta de numen pt•·
deroao. l:iautier hubiera hallado en las blancas prnJ, ·
rus polar~s la realización d~
su inmortal Siflfoni,a e11 Bla11 ·
e,, Jlo!lor; hubiera encontra•
do al tia.da blan::a que la in~piró; Alarcún eec'ri1,0 hubi1·ra una nue\·a. J/,xlorin tMXmdiWH"a, y .Tu-lio 'Verne imaginado una nueva novela.
U no de nueetros grabadnii
represeuta una escena Polar:
El sol de media noche...... .
¿El eol de media noche?
-Rí, incomparable lector;\.
rsted sabe deflde la escul!·
la, que en determinada ép,J·
ca del año, en las regioneii pt.&gt;lares no ee pone el ~l. Ifay
días que dnran meses, ~ro
no diasradiantf"S, inundados
de clalidad y dé calor, como lvs q11e nsted cnntempla
t'U ee~ valle de bendición
de donde nunca se va la pri-

�EL MUNDO

·-·,
·~

~

~

-.~

Docto(Nanscn.

mavera., ainodfas misteriosos semi-alumbrados l¡&gt;Or el astro opaco que describe una curva sobre el horizonte y
une á veces los crepúsculos con las auroras.
Imagínese usted un pafsaje blanco, de un blanco irritante, inmaculado, implacable, feroz ..... . Arriba, un cielo gris, de un gris uniforme. A lo lejos un ~lobo rojizo
que parece enfermo ..... . Un barco aprisionado por enormes masas de hielos. Algunas siluetas se mueven como
algo de e:xtramunde en la infinit,a sóledad del paiEaje ....
Finja usted luego muchas luces; la luz rosada de la anrura, 1a cárdena luz del crepúsculo, la refracción de los hielos ...... y por .fin que extienda en el horizonte su abanico
de llamas una aurora boreal! Qué paisaje tan hermoso
verdad? Creeríamos estar en Selene la pálida, ante una
pomposa naturaleza muerta ..... .
Oh linda amiga mía; usted que ha pa!:!ado muchas na·
vida.des en la tibia sala iluminada donde el piano canta
y campanillean las risas infantiles; oiga como describe
el noruego las noches buenas de su destierro:
-Llegó, dice, el veinticuatro de Diciembr6 de 9-i y nos
aprestamos mis diez compañeros y yo á celebrar los
Christmaa. Una nube de tristeza empafiaba lossemblan•
tes . .Aquellos hombres de hierro, inquebranta,bles Ftiem•
pre, pensaban hoy en el jubiloso movimiento de Christiania, en las amplias calles invadidas por la multitud
regocijada, en los cafés de donde escapan llamaradas de,
gas y gritos alegre~, y, sobre todo, en el Saloncito tibio
donde se adereza el pavo, donde esparce husmos sabrosos la salchicha, y van y vienen la esposa de cofia blanca
y los niflos alegres. Escogimos algo de lo mejor de nues•
tras provisiones; cone:ervaa y vinos. El Fram yacía muellemente sobre los hielos, y para alegrarlo, improvisa•
moa en los mástiles farolillos de varios colores. El frío
era tremendo, nuestras pieles apenas bastaban á guarecernos un poco de él. En el cielo brillaban como diamantes pá.lidos algunas. estrellas, en la sábana blanca
que nos rodeaba, ni un rumor fuera del gruñid{) leja•
no de los osos, ni un movimiento, e:alvo el de las fo.
esa que penosamente se arrastraban sobre los témpano!':
Cenamos y bebimos á. la salud del lejano hogar, y cuando terminaba nuestro ágape modesto, una aurora boreal
desplegaba, como serpentrna misteriosa, su tela sonrosa•
da en el horizonte!
Verdad que esa descripción es una balada de las nieves? Que prestigio tienen para nosotros esos países de lo
blanco, para nosotros que coTitemplamos los abanicos de
las palmeras y los azahares perfumados!

y las costmn hres funerarias
de la secta indja de loe Parsis á. la cual pertenecen la
m~yorfa de los habitantes de
Bombay. Estos, según dijimos no entierran sue: muertos, 'sino que depositan los
cadáveres en las famosa.e Htorres del silencio,u una de las
cuales, en su parte interior,
reproduce nueetro grabado,
't
con tal fidelidad, que nos ex•
cusa entrar en Iargasdeecripciones. Apenas la familia ha
dejado el cada.ver en la pila
correspondeinte, numeroeas
bandadas de buitres ee arrojan sobre el muerto y dejan
de él solamente la oeamenta
pelada que á poco tiempo
pasa ai pozo central, dejando
el sitio vacante para otro
cadpver. Lae eroanacionee de
estas i&lt;torrrs del silencio))
eon, como puede suponerse1
causa constante de imalubridad y peligro manifieeto
en tiempos de epidemia.
La ciudad de B&lt;mhay.
y eeto lo expresamos también , contaba ha\'.e unos
cuantos meEes la rep.petable
suma de ocho cientos mil ha•
bit.ante!:!. Hoy, merced á las
defunciones y á la emigración, ha quedado reducida á
la mitad. Los pobladores fe
desbandan llenos de terror.
Como si el tnmendo note
de la peste no baetara, el
hambre reina también en la
India y las escenas de dernlación que se contemplan,
son verdaderamente laati masas. Uno de nueetros grabados represenU\ una de
· ellas, en que una turba de
hambrientos ee lanza sobre
algunos víveres.
Los ingleses procuran remediar males semejantes en
cuanto¡meden, pero su tarea
es débil ante la magnitud
de los desaetres.
Los precios de los granos
~on mu y crecidos en los mercados locales y el Gobier110
británico, para proporcinarlos brinda trabajo á todos los
que se le presentan; pero aun hay un n6:J:?ero excesivo de
habitantes que por enfermedad y deb1h~ad suma, no
pueden desempeñar tarea alguna, y éstos arrá~transe en
los caminos, agrúpanse á las pnt·rtas de las ciudades y

DOMINGO 7 DE MA11ZO DE ,a97

ofrecen J?Or donde quiera el espectá.culo de~garrador de
su miseria. En sólo una semana, según cifras qne tenemos á la vista, los ingleses propürcionaron la subqist.en•
cia á dos millones y medio de mdividuos: 1.254,000 en
h1s provincias del Noroeste; 327,000 en la PresiLlf"ncia de
Bombey; 339,000 en Bengala; 97,000 en el Pu.njab; 28,oo:&gt;
en las provincias centrales; 2ó,OOO en Rajputana; 69 en
los territorios_de la India r.entral, y algunos más en la
Presidencia de Madrás y Burma. Por fortuna las lluvias
empiezan á declararse v el precio de los granos tiendeá declinar.
•

.DO ■ UIGO

7 DE MARZ.O DE ,a97

EL MUNDO

•

.

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Nansen indi c ando la ruta que sigui6 en-su expedición. ante la Sociedad Real de· Geografía,
de Londres.

Lo que sí no cesará, es la causade la terrible epidl'mia,
que, como decimos, se atribuye á. la manera de entcrrilr
sus muertos, que tienen los parsis.

Notas é impresiones.

La tradición de la revolución es como una mina quesus fieles guardianes hablan siempre he haC'er sah a'r.
G. M. VAT,TOl:lt.

••

• los padres son,
Las necedades de
perdidas para los hijo~¡ cada generación hace las su~·as.
}"e(lerico I l.

•
••

En todo país las costumbrt&gt;sson.
inferiores á. la moral que predican las reJigiones ó las filosoftas.
Gabi·iel Compafr('.

•••

Evolución: Ci)mplaciente i:;in6nimo de variación.
·

.

.•.

Más se hiere á los amigos por·
la moderación en el elogio, que á
los enemigos por el exceso en la.
crítica.
G. M. raZtour.

•*•

La verdad domina todo; no se·
la desprecia impunemente. Solo,
ella presta servicios definitivos ..
Berihelol.

*
••

La verdad en el caracteres la
sinceridad, la verdad en el ingenio es la naturalidad.
Félix Himún.

***

Nuestros jueces absuelven al·
borracho que golpea, hiere y mata: en la actualidad el vicio exeu~
sa al crimen.
G. M. rallour.

•
••

Si los gastos continúan como
hasta hoy, vendrá. un dfa en que
los franceses no serán más qne nn,
pueblo de me11digos ante una fila.
de cuarteles.

*••

Torre del silencio en Bombay.

Gambefla.

No es el remedio de la miseria.
avivar los odios.
Las plagas de la lndia.-Torre del Silencio en Bombay. (I nterior. )

0oNBE DE fiAl'S.S.XYI.LLE.

,

-;.

' t.

Las plagas de la India.

Ls higienistas, que con tanta razón se preocupan de la
peste que aflige este invierno 1i los habitantes de la India
mglesa, estiman como una de las cauaas indudables de
tanto estrago, la falta de higiene en toda aquella región

.

'

.

'

,,
.

�l52

EL MUNOO

DOMINGO 7 OE MARZO DE 181,7

,53

EL MUNDO

DOMIIIGO 7 DE MARZO DE 1897

EL CARNAVAL EN MEXICO -Por Oh·cra.
LÁ. CAR.C.AJADA

En el cementerio que rodea Ja iglesia, eiempre fresco~
lleno de dores, y dorado por el eol, yi una muchacha le
diez y siete anos, aún no cumplido@, apoyada sobre una
tumba y riendo á. carcajada tendida.
No ea posible imaginar nada máe hermoso que aquella
.criatura. angelical, esbelta, agraciada, con sus cabellos
rubios, DO muy largos, sus ojos' eentellaDtes y sus labiOB
de coral.
•
Pero me di@guetaba que no dejase de reir, porque DO
está bien e80 de most.rar a1egría junto 1t lae tumbas . donyacen los muertos.
Ji.fo acerqué y no pude resistir á la tentación de hablarle en estos términos:
-Hace usted mal en reírse, eenorita. Estoy seguro de
que no ha conocido usted siquiera al qne descansa bajo
t&gt;s&amp; losa.
-¿Qué no le he cenocido?-dijo la joven.-¿Qué no le
he conocido? Era mi n01.·io, que me adoraba con delirio
y á quien yo corres_p&lt;mdia con pasión. Mi felicidad era la.
1.-uya; corrían pareJas nuestras esperanzas, y cuando mi
amado murió, ere! morir yo también.
-Pero el caso es que usted se ríe-repuse yo.
-¡Ah!-contestó la doncella.-Me río para rendir un
tributo á. mis recuerdos de ventura.
-¡Xo comprendo! ..... .
-Cuando vivía, estribaba su mc.yor goce en verme
alegre y contenta, y si me pusieseá. llorat sobre su tumba,
estoy eegurade que habría de producirle un profundísimo pesar.
CATDLLE i\bSDD;.

LA OR.ACION

Yo que amo la existP.ncia por el goce de mirarte,
Por la dicha de quererte, por la gloria de ~sarte;
Yo que adoro lo qne t;oca,e y_ bendigo lo que pisa~:
Diera todos mis deleites, diera todas mis sonri!.la3
Si pudiera efl tus momentos pesarosos consolarte.

Gratas memorias del hogar paterno,
Que aciLrician mi mente cuumorada,
Yoluptuosae c11.:'acione:i del prosc.;_to,
Fragantes com¡&gt; Jloreij de m1 patria! Venid conmigo lÍ. la. colioa trh,--te
Por arrebole8 pálidos bronceada,
Y escucharéis el cant-0 Jaetimero
Que inspira la onlcióu al extranjero.

Que no llueva en el obscuro firmamento de tus ojos,
En el búcaro de flore!!, es mentira., no hay abr,1jos:
Oh, estrellita de mis oie-los y sirent1. de mis mares:
Tú no sabes los enojos que me causan tu~ pesare:J.
Tú no sabes los pesares que me cansan tus enojos.
ARTt:.R1)

L.

Rentado allí¡ sobre la piedra grande
Que va escalando la espinosa ,:arza,
Sobre mis manos mi cabeza débil
Melancólicamente reclinada,
Miro la noche que de orienti:, impulen
~ )bre lo3 cielos su luctuosa gasa,
Y ~cucho del lejano campanario
El són, en roi paraje solitario.
Acentos quejumbroMs de la tarde,
Snapiroe que venís de la monUlüa.
Los balidos trayendo del rebafio,
Con los cantares que el labriego ensaya;
Rumor confm:.o de aonora fuente,
Helado cierzo qne silbando pasas ......
Me alivia vuestra fúnebre armonía,
Murmullos que al morir modula el dio.

C.\ST.\~_\JlES,

)larzo de 1897.

CANCION

Alma blanca, mh blanca q11e el lirio,
Frente blanca, más blanC·\ que el cirio
Que ilumina el altar del ~~í\or,
Ya serás por la aurora encendida,
Ya serás sonroij8cJ_a v herida
Por el rayo de luz dél amor.

OfJ.me, ¡oh sol! tu Jí,:ida lumbrera
13añe desde las cumbres azuladas,
Cual la antorcha de un féretro los valle~
Donde las sombras de la noche vagan,
La espuma argente del lejano río,
Del templo abandonado la cruz parda,
~[ient.ras llegando la tiniebla impura
Te arroja su enlutada vestidura

Labios llenos de sangre divina,
Labios donde la risl\ argentina
Junta el albo marfil al clavel!
Ya veréis cómo un beso os provoca
Cuando Cipres envié á eM boca
Las abejas sedient.ui de miel.

VIE:NDOLA Ll.,OR.AR.

¿Por qué Hueve en el obscuro firmamento de tus ojos?
¿En el búcaro de flores encontraste los abrojos?
¡Ob! estrellita de mis cielos y sirena de mis mares:
'fl1 no sabes los enojos que me causan tus pesares,
Tu no sabes los pesares que me causan tus enojos!
¿Qu_é irlron de niebla esfuma tus azules perapc.--ctiYas?
¿Qué mfernal caricia. agoi-ta tus fragantes siempre vi vas?
¿Qu6 reproche palidece tu ideal color de rOf!a?
;.Es la duda, eee fant.ssma, esa nube tempestuosa
Que atraviesa por el cielo de la, frentes pensativas?

c,r-

Yo no quiero que en lbs nidoP del jardín de tus amores
Haya tórtolas enfermai y dolientes ruisef'iores;
Cuando sufres y 1a iJJclina'! me parece tu cabeza
lna estrora de Lord Byron emoapada de tristeza:
jlo no quiero que tú sufra.~! ... ¡ Yo no quiero que tú llores!

En vano busco los hermosos eit.ios
Do las tardes pasaron de mi infancia,
Donde á la luz del arrebol lujoso
Las sencillas leyenda!! me contaran:
No escucho la cast.ruera melodiosa
Del labriego al volverá. su cabaña,
El cuerno del pastor, ni los graznidos
Dd aves que buscan su:J ocultos nidos.

)[aoo~ blanca..~ como hostias benditas
Que sa~is deshojar margaritas
Junto al fresco ro'lal del pensil,
Ya daréis la canci6n del amad()
Cuando hiráis el son()ro teclado
Del triunfal clavicordio de Abril.

Hora de arrobamiento doloroso,
Indiferente al lloro que derrama
Rn silencio ante tí la desventura,
En él tu vela de crespón empapas;
Toma también el llanto de mis ojos, Y á saludarte volveré mana.na,
Sobre el negro peñón de la colina
O entre los cardos de la triste rllina.

Ojós bellos de ojeras cercados,
Ya veréis los palacios dorados
De una vaga, ideal Stambul,
Cuando lleven las harlas á Oriente
A la bella del bm!que durmiente
En el carro del príncipe Azul.
Blanca flor! de tu c:.Uiz risueño
La libélula errante del sueño
Ya alzó el vuelo veloz; blanca flor!
Primavera su palio levanta
Y hay un cor.&gt; de alondras que canta
La canción matinal del amor.
Rt'BÉS D.\RÍO.

JORGE lsAAC!:!.

,
Aunque véque la engai\an con frecuencia,
No se quiere curar de su inocencia.
C.Ul'.POA.)(0.R.

�EL MUNDO

154

AMOR INSUl,SO
Se conocieron siendo todavía mny jóvenee.
Desde el primer instante atrájolos una viva aii'.l11?atía;
pero nunca lograron ver prosperar sus deseos,. debido á
la tenaz policía materna que á. ella perseguía y á. la suceptibilidad quijotesf'.a de él.
.
La primera :floración del amor que había de conaurmrlea toéla una vida, fué desde muy temprano asperjada
por las lágrimas.
.
Su idilio era misterioso y mudo, con el mutismo cobarde que se posesiona siempre de las grandes afecciones.
Cortábanlo á.grandes intervalos viajes veraniegos 6 enojos originados, ya por una mirada grave, ya porque él
observó con pecaminosa insist.encia á. otra mujer 6 ella
fué perseguida por cualqnier mentecato; ora porque pasó él por los lugares donde acostumbraba encontrarla y
no la vió; ora porque un día pluvioso se asomó ella al
balcón en un momeato triste y no pasAba él por la calle.
t~l Cuando se columbraban en algún lugar, su fugaz vistazo era un simpático saludo.
Ella parecía decir:
fi '-Ha dormido poco ó le aniquila algún dolor interno;
si, debe ser de loe que sufren solos¡ la tristeza tiene una
fisonomía cuyas demacraciones solo perciben todos los
que han padecido alguna vez..... Esos ojos de mirada
torva, su semblante sañudo, la mueca desdeñosa, me lo
dicen claramente;•¿será pobre?
Por su parte, divagaba al contemplarla él:
· -Yot.e quiero; un!} voz si~ilosa me dice aq,uí dentro que
me estás predee-tinad.a y debes unir tu destmo al mío con
cadenas inrompibles; junto á tí mi existencia sería paradisiaca; muchas noches cuando me hace temblar el frío
de la soledad, reconstruyo poco á poco el cuadro imaginado: una casita blanca en el campo, arriba mucho azul,
abajo primavera¡ los dos muy solos nos besaríamos bajo
el emparrado, contemplaríamos la muerte del sol en los
crepúsculos campestres; al llegar la noche sentiríamos el
pavor del .Angelu., al oír tremer broncamente los cobres
del campanario; después la cena, un ágape de enamrn-ados, laego ull!l visita á los pobres dd t.ohío y por último

el descanso, pensando en un nit\o rubio y blanco como tú.
Otras veces se veían en el teatro, y sus observaciones peregrinaban en el desbocado Hipógrifo de las congeturas:
-¿Seré un simple?...... ¿Cómo pude colegir las opulen·
..;ias de esta nifia ......... ese vestido ne acusa á la heredera la tela es barata, su confección deja mucho que de-se~r las flores del·sombrero se han ajado y veo en todo
su c~ntinente no sé qué desgaire de mal tono ...... ¡parece distraída!. ..... ¿será. to!lta? ...... creo que sí, porque se
ríe de las simplicidades de este Talma de la legua.
Ella cavilaba al ma•riposear de su abanico:
-Xo es un hombre vulgar; me enrunara su elegancia
por lo severa y soberbia; sus modales son impertinentes,
pero de una altivez muy di@tingui':1-a ...... ¡parece un burlón de gran tamaflo!. ..... ¿tendrá. dinero?......... probablemente· la miseria y el orgullo no han podido nunca desposa~ ...... ¡me está mirando!. ..... ¡Dios D?ío y con qué
fijeza! ...... quisiera corresponder á e~ m1~da, hacerle
comprender de algún modo que me simpatiza¡ pero no,
es mal visto creería. que soy coqueta...... procnraré estu•
diarlo con e'1 rabillo del ojo ...... ¡Así!. ..... Al disimulo ... .
Oiras veces se encontraban el uno frente al otro y la
idea que incubaba en su pensamiento era idén~ica:
-¿Quié-n será?
Y sucedía también con frecuencia que al verse pasaban
de largo como dos viejos camaradas que. por conocerse
mucho no tienen ya nada nuevo que decirse.
-El.
,
-Ella.
Sus vidas por un largo periodo de tiempo se deslizaron
sin accidentes acariciaodo u.na esperanza que acaso porque estaha lejos lo, hacía dichosoe.
Maria estaba segura de que Lociano n.1:1nca se vería
impresionado por los encantos de otra muJer que no fuera ella.
El, con una candidez, impropia de varón, ~aba incondicionalmente en la fidelidad de eu desconocida.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovió
ceniza muchos in'\"iernos y hojas de rosa otros tantos ve·
ranos.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

Tornóse María seria y hura ña por parecerle el racato
llevado al puri~"anismo, la. meJor prenda de u_na mujer_
discreta, y Luciano, o[end1do por lo que supoma un desdén inmerecido fué hosco y brutal con la doncella.
¡Singular [enómeno: mientras más empeño ponían los
dos en convencerse íbtimamente de la antipatía que se
manifestaban, más omnipotente y grandioso se revela■a
en sus corazonel' el carifio; llegaron it odiarse de una manera estúpida, porque los amores cuanto más grandes,
más próximos al aborrecimiento está.o¡ sus miradas, aquellas miradas que se besaron voluptuosas y tiernas en otros
bellos días, JI cruzarse, chispeaban como puntas de espadas, eran algo semejantes al reto provocado por una injuria inolvidable.
Concurrieron cierta vez á. un baile, y él, después de infinitas vacilaciones decidióse á solicitar un vals de su
enemiga¡ ella por toda respuesta extendió tr.é mula y vacilante la etiqueta. Luciano apuntó su nombre con letras
incomprensibles, y después de D?uchas ceremonias lrív?las viéronse estrechados por furioso abrazo y confundido~ en el turbión de los bailantee.
La imprevista emoción de aquel encuentw, entorpeció sus sentidos embotando la sensibilidad de los dos en
una atonía que ee acercaba mucho al idiotismo; el joven,
que no era tonto, dijo aquella noche todas las patochadas que podría decir decir un cretino de bue•
na cepa desperdició ridículamente la oportunidad que
el acasd le deparaba; no osó estiecbar un poco el talle
que r;e quebraba entre sus brazos, ni ella supo alentarh
a las licencias que en el caso especial en que se encontra•
ban, hubieran sido lícitas por atrevidas que íuesen.
Al despedirse sus manos se estrecharon bruscamente.
Fué todo.
En poder de Luciano habla quedado como prenda inestimable, un guante de l\Iana, que conserrnba el perfumd de su manecita imperial, y en el que las arrugas no
conseguían deshacer el modulado impr1::so por los dedos
á la cabritilla.
Fue el amuleto del maniático, lo guardaba siempre
junto al pecho creyendo en su nunia igualada locura que
al poseer esa baaatela de Maria fa llevaba siempre consigo y se encontr:ba junto á ella escuchando alelado el aureo campanillear de sus rie~B inocentes.
. ..
Su pasión se quintaesenció en el egoísmo y prmc1p1ó á
padecer los celos insensatof.l del amante sin ventura, odió
ferozmente a las hermanas de su amada, á. su mamá, esa
señora enluta.da con perfil de cariátide que siempre la
acompafiaba1 á sus amigas, á los nécios que ~a saludaban, y á todos aquellos seres que merecer pudieran alguna manifestación amable de la joven.
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida, llovi6
ceniza muchos inviernos y hojas de rosa,otros tantos veranos....
Luciano y }faria asistían á. la agonía de su juventud;
en las más secretas reftexiones, apareciá.seles el cadáver
de su amor, y frente á él, aentfanse abrumados por
toda la vergüenza de la simplicidad al comprender que
si no les tocó una parte de dicha en el terrestre abrojal
era por que se rez~!ºº en la car~ra haciendo pompas
de jabón y deeperd1c1ando oportumdades que sólo en raras ocasiones se presentan al mortal.
El ímpetu que vivificara sus afectos juveniles estaba
ya debilitado por la edad, el fuego sagrado de apagaba
lentamente en sus corazones y el épico entusiasmo de la
edad moza, había cedido sus trofeos á la torpe displicen cia de los años ..... .
Los hilos de lino que se espiraleaban en sus cabelleras
eran los dolores que extrangularon las maripoeas dor_adas de la ilusión, difuntas y enterradas ya en el oear10
de sus recuerdos.
En sus arterias no correrá más la sangre encandescida
por las fiebres interiores, porque.-amadores líricos-en·
cendieron piras al Amor Humano y no supieron coronar
de pám_panos sus frentes......
.
Es tnste sentir la aproximación de la Exterminadora
Taciturna cuando aun no se han aburado los labios con
el quemante vino del deleite!
El tiempo, ese viejo alado de la barba florida llovió ce•
niza muchos inviernos y hojae de rosa otros tantos ve·
ranos ..... .
Los amantes esquivaban mútuamente su presencia,
com¡,rendiendo que sus fisonomías serían en el futuro,
una implacable burla del pasado.
¿Se debe amar cuando la calenda de las pa·siones ha disecado los músculos y el rostrd es sólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más incóg_nito del alma?
¿La atracción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á travás de las distancias y las corporeas metamórfosis
cuando se ha plantificado en lag más sensibles placas de
lamente?
¿No?
¡Sí!
La airacción psíquica 6 animal de la mujer prevalece
á través de las distancias y las corporeas metamórfisis
cusndo se ha plantificado en las más sensibles placas de
la mente.
Podrá estallar la lujuriosa poma en el terreno reque-mS:do por las lavas de cien cataclismos.
Se debe amar cuando la calenda de las pasiones ha disecado los músculos 1 el rostro es eólo la máscara gesticulante de los padecimientos condensados en lo más in•
cógnito del alma
¿Qué importa que el tiem_Po1 ese viejo alado de la barba florida haya llovido cemza muchos inviern~ y hojas
de rosa otrns tantos veranos? ..... .
Luciano y María, ancianos ya, mortificados por la co~sunción y el reuma, sintiendo el frío de una vejez soli~
taria y la necesidad de algún amor comprendieron q_ueen el período trágico de preparar ei bagage del matenal
embeleco para consignarlo á. las •entrafl.as de la madre
tierra, debian acoplarse santificando en santa unión el
martirologio de su vida; pero en ese momento solemne
un pudor infantil que fué su última timidez, los separó
hasta que marcharon claudicantes á. la sombra ..... .
llarzo de 97.
Crao B. CEB-'LIAS. -

D!)M INGO 7 DE MARZ DE 1897

Permaneció inmóvil, con el brazo izquierdo tendido
á lo largo del cuerpo y el derecho apoyaao en el alfeizar

de la ventana de Ja ~uardilla. Había cesado la lluvia,
pero el cielo estaba a.un cubierto por deueas nubes de color de plomo. Allá abajo, en la calle, todo era luz y alegría. Los faróles del aluwbrado público y los mecheros
de las tiendas enviaban á las alturas oleada'! de resplandores¡ al ruido de los earruaje8 y el que producía la muchedumbre taconeando fuertemente sobre las losas de
las aceras, uníanse el eco de canciones alegres y los gritol!; de los vendedores de periódicos y baratijas: de los
balcones de un piso segundo salfa un raudal de notas cancanescas, arrancadas al piano por los há.biles dedos de un
futuro Rubinatein ......... Allá arriba, en el espacio ineon·
mensurable, todo era eombra y tristeza. Las compactas
nubes, impulsadas por viento huracanado, pasaban velo·
-0es, atrol)ellándose, como pelotones de un ejército que
huye á. la desbandada, y formando en sus mil capricho•
sas combinaciones, .6guras extrañas de gigantescos monstruos.
Raimundo miró al cielo, miró á la tierra y recordó su
pasado. e~ el que había también luces-muy pocas: las
de la11 1luSiones-y sombras-mucbas1 las de la realidad.
Recordó su pasado ...... El pueblo que le vió nacer y en
el cual había vivido hasta que vino á. la corte; sus estudios de segunda enseñanza interrumpidos p1 r la muerte de sus padres; su triste, su penosa existencia al lado
.de un hermano de su madre, de aquel vjejo avaro que
gozaba fama de rico y que se negó rotundantemente á
que el huérfano continuara sus estudios.
Y si únicamente hubiese tenido que sufrir esta mjustifioada oposición ... .. . Pero no fué esto solo: el huérfano
vióse precisado á apurar basta las heces la copa de la humillación y el sufrimiento. Su tío no perdonaba ocasión
de martirizarle, no se cuidaba ni mucho ni poco de renovar sus destrozadas ropae, su mugriento sombrero, sns
botas torcidas y agujereadas. Su tío solfa decirle con
frecuencia: «¡Holgazan, vete al campo y coje un azadón,
ei quieree comer! ¡que equivocado estás si crees que tengo obli~i6n de mantener á sefloritos ganduleE!n
Y llarmundo sufría en silencio aquellos brutales insultos; se retiraba al cuarto más obscuro de la casa, y pasábase allí las horas llorandó, maldiciendo su delicada naturaleza y la educación que había recibido: esas dos cosas
que hacían de él un sér rnservible para el trabajo cor-

poral.

¿Y luego? .._. rranscurrieron tresaifos .Y c.onsiguió una
plaza de eacnb1ente en· el Juzgado, retnbwda con doce
pesos al mes. Entregaba once á. su tío y el peeo reetante
lo invertía.en comestibles que devoraba ansioso todas las
nocQ.es al encerrarse en su habitación, porque el infeliz
jamás pudo satisfacer por completo las exigencias de su

estómago.

Fué entonces cuando empezó á sentir un afán de glo- ·
ria creciente, avasalledor. El sentimiento de lo bello
inundaba su alma de artista, de poeta, de sér privilegiado que olvida en sus locoil devaneos lo material para
pensar en lo intangible. ;Oh, qué ratos tan deliciosos
aquellos en que podía sustraerse á las miserias, d. las impurezas de la realidad y dejar que vagara su espíritu en
una atmósfera de luz sonrosada y deslumbradora! En tan
hermosos sueftos, las amarguras y privaciones del presente desaparecieron por completo de su imaginación y eran
reemplazadas por fa felicidad de un porvenir que brillaba ant.e sus OJOS con todos los bellos colores del arcoiris
Aquellas ilusione~ halagüeflas, engendradoras de una
.alta fiebre intelectual, dieron el resultado consiguient,e.
Raimundo rompió la cadena que le tenía sumido en la
más insufrible de las esclavitudes y ee presentó en la capital, en ese gffi!l- palenque do.n~e rifien ~n _batallas encarnizadas las virtudes y los VICIOS, la fil.Ben&amp; y la opu•
lencia las ambiciones nobles y las ambiciones mezquioas, 1~ lealtad y la apostasía 1 el talento y el descaro.

... y· ·t~é 'ci~~¿~~-·. ü~·~. a.~·~~~ d~·;~~t~S ·&lt;¡-~~·¡;;~·a.~~~·~~
,el espfrit11 dél que las sufre, primero temor, después pá.-

EL MUNDO

155

nico y, por último, de~aliento; una de esas derrotas que cierran el camino de la esperanza y que
colocan ante los turbios
ojos del caminante la palabra ¡atra.,.' escrita con
caracteres de fuego sóbre
un fondo negro oomo el
de insondable abismo.
Y el huérfano veía la
en~rgica palabra, el mandato imperioso, aIJá arriba, en
el espacio lóbrego sureedo por gigantescas masas de
vapores ...... Hubo un momento en que le pareció que él
formaba parte del tropel de nubes que corrían empujadas
por el huracán sin Eaber
cuál sería la •duración del
termino de su viaje.
Nubes que ruedan por
el espacio arrastradas por
unafuerza euperior, irre•
sistible...... y luces que
caen vencidas en la lucha
por la existencia.......... .
Hay entre unas y otras
exacta semejanza. Piér·
dense aquellas de vista
tráa el horizonte; desaparecen estas del palen•
que social. ¿A dónde han
ido? ¿Quién eabe ni á
quién le importa.?.......... .
~Iientras hay a oleadas de
luz que deslumbre1 y voces alegree y acordes y ar•
moniosas qne impidan
oír el grito de angustia
del infeliz vencido ........ .
T0)1A8 C.\llACllO.

Y fervo~ ante el blanco ea~rario
A suplicarte mi amor se arrodilla.

lle acuso, puesto á tus pies, ¡oh mi Diosa!
Como una tierna plegaria repito.
Que de mi sueíio tu imagen radi orn
Miro surgir, y tu nombre beudito,
En mis insomnies, con voz temblvroea.
Que de tu templo al un:ibrnl, taciturna,
Llora en silencio la pobre almti miti,
Y melancólica virgen nocturna ,
Te va á. dejar de la rima en la urna .
Mis peueamientos: la triste ele-gia.
Escucha, ¡oh pálid,a y tris-te princesa!
Esta pasión tanto tiempo callada.
Y abre tus húmedos labios de frt&gt;ea
Para que cum.Plas la grata pro11 eea
Que hizo á. m1 amor tu apacible mirada.
Mas Ei es un suefi.o no más la ,·entura.
De ser tu esclavo y amarte de hinojos,
Si no ha de eer para mí tu ternura,
Si he de olvidar mi infinita amargura
Yiendo la dicha en tus lánguidos ojoe,
Sellara, el búle-amo dulce derrama
De tu perdón en mi pecho que te ama,
Y contemplando tu regia belleza,
Ante tus pies, abrasado en la Jhma
De mi pasión, moriré sin tristeza.
EFRÉN REB01.LF.DO.

Marzo de 1899.

PRE:DE:STINADA

Está tu rostro transparente y flébil
De tus muertas virtudes ante el túmulo,
Y tu sonrisa-cual lamento débilFlota de tus recuerdos sobre- el cúmulo.

SUR LA BRECHE

,

*

. la herencia atroz,
* * era
' el estigma
Era
Cumplido; al fin, como un conjuro mágico;
Y-descifrado el oprobioso e.nigma¿A qnien sorprende el desenlace trágico?

I
Si vivir es luchar,-cuando la pluma
vibra en la mano del poeta ardiente,
debe el poeta levantar su frente
y sacudir el miedo que le abru~a ..... .
Si escribir es luchar,-laglona suma
es azotar al crítico insolente;
que al estallar la ola prepotente
cubra su sien en delicada espuma ........ .
Re,·iente el verso al roce de la chispa:
y zumbe de la gloria de las palmas
con el tenaz zumbido dela avispa ..... .
Que por la ley eterna de las cosas,
y por la ley eterna de las almas,
¡los versos sin espinas no son rosas!

•*•

Aún tus blancas inocencias duermen
En el nido sin luz de tu modeetia';
Tornando en sangre el clande~tino gérmen
Habló en la sangre la iracundia be~tia.

*

*••

¿Tu calma te condena ó te prestigia?
¿Te entristece tu mal ó de él te alegras!
¿Acaso tu alma atravesó la estigia
Sin enlodarse con sus ondas negras?

II
Para vengar mis íntimos agravios
lucharé con el mundo, cuando el mundo
me arroje ese desdén torpe é inmundo
conque ¡infeliz de mí! manchó áloe sabios ...
B:Ultame del dolor estos resabios
para sentirmeexcéptico profundo¡
y saber desplomarme moribuado,
con la frase de Bruto entre loe labios: á virtud
-Yirtud, necio: eres un nombre ..... .
gritaré flajelando altivo y loco
el espíritu crédulo del hombre ..... .
Y envuelto en mi bandera ensangrentada,
he de irme muriendo poco á poco,
¡con la mano en el puiio de la espada!. .....
III
Hoy, ¡oh mundo brutal! mi alma te mira
con lástima y desprecio¡ que tú mismo
vas á ocultarte al fondo del abismo,
aun impotente en medio de tu ira ........ .
El sacro fuego que á ca•tar me inspira
resistirá tus soplos de egoísmo:
No insult.Ps mi doliente excepticismo1
no profanes el culto de mi lira! ........ .
¡Vano es que quieras apagar mi fuego!
tenaz y altivo,-al modo de aquel griego,
ya que nunca tu aplauso me concedes,
...... Saldré á encontrar el carro del destino,
y arrojándome en medio del camino,
gritaré á toda voz:-Pasa, si puedes!
JC&gt;sE S. CnocANO,

CONFI.TE:OR

Si acañciar un sueño es delito,
Si es un pecado est,e amor infinito
Que aquí en mi fiel corazón vive opreso,
Caigo átu planta Ymurmuro contrito:
¡Oh Diosa mía! yo á tí me confieso.
Pequé. y co"ntigo me acuso turbado
Que tu recuerdo querido he guardado
En mi memoria cual santo awuleto,
Y que 1uil veces mi pena he calmado
Con el placer de adorarte en secreto.
Que te he formado en mi pecho un santuario
Do la esperanza, inmortal lampad.ario,
Vierte su luz, do la fé siempre brilla.

.

** en vano
Nubló la carne tu razónt
ContenPr el impulso pretendiste
Y, al fin, al sucio fondo del pantano
Como una rosa tropical caiste.
•

*** desequilibrio
Si un profundo y fatal
Ha encarnado en tu cér, desde su origen,_
¿Cómo han de merecer torpe ludibrio
Las inconscientes faltas que te afiijen?
*

*
¿Qué culpa tiene el* hurac:in
violento
Que azota al valle, con estruendo ronco,
Si cae-herido al soplo de su alientoDel roble hospedador el viejo tronco?

•
••

Y sin embargo, ¡oh pecadoras buenas!
Desesperad del anhelado puerto:
¡Hay en el mundo muchas :\Iagdalenas
Pero Jesús, el redentor ......... hamuerto!
M. Bou,gos CAcno.
liarzo de 1897.

ORIGEN DEL NOMBBE DE ALGUNAS FLORES

'

La J11~ia tomó su nombre de Leonardo Fucb, un sabio
botánico alemán.
La begonia, fué llamada así en honor de M. Begón, bo•
túnico h:ancés.
Jazmín es corrupción de la palabra árabeysmim.
El vlttmbngo se llama así, porque los médicos antiguos
suponian que era eficaz para curar el tnvenenamienc.o
por plomo.
El nombre de la lila ea casi igual al que esta flor tie-ne
en persa?
Atthea procede de una palabra griega que significa c,curar.»
La dalia tomó su nombrd de un célebre botánico sueco,
Andrés Dahl, que fué discípulo de Lineo.
El amariti.8 fué llamado así en honor de la ninfa de ea· te nombre cuya historia refiere Yirgilio.
Cuenta Ovidio que un joven bien parecido llamado
...Yarcüo se convirtió en la flor que lleva su nombre.
Lirio Ee deriva de la palabra célica li, que significa
blanco. Esta flor ha sido considerada siempre como em•
blema de la pureza.
Pedro Magno), Profesor de Medicina en la Universidad
de :Uontpelier, Francia, dió su nombre á la magnolia.
El adoni.~ tomó su nombre ~del hermoso joven de so
nombni, muerto en una cacería.
Desde wuy antiguos tiempos se ha considerado &amp;l pensam.ie11to com un emblema de recuerdos cariI1osos.

�EL MUNDO

OOMIN/;0 7 DE MARZO DE 1&amp;~7

¡

¡,:

-Con quién hablo?
-Libertad!-gente de paz!
-Viva México!
-Quienes son ustedes'?
- l' n soldado y su galleta.
Que entren, respondió Peri•
co Nieto desde adentro-y cierra Pedro por que va á empezar el conce"rtante de Tronos y
Potestades.

,

·'/

/

if~

/'

·r:..:·
) ..

I

157

EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 0897

•••

Y heaquícomprobado, concluyó el diablete rascándose la
cola, que un casado vale por
doa .!-Olterones ......
-No quiere usted á los célibes.
-Porque los conozco. Ovando vea. usted. en un .laridou á.
una vieja de bigote marcial y
fa!deri l lo al ranto, santigüese
usted Cumplido. Yestirií. desedas al falderillo y no dará. &amp;gua
al gallo de la paF-ión. EEO!.I cincuentones qne llenan el vacío
de eu corazón vano con hipotecas de casas, pericos de colima, perrillos de Chihuahua
y paliques con clérigos, son
rnaloe, amigo Cumplido... La
vida que no ee vive un poquillo
para I&lt; s dem:ís, es nociva, crimina I á. inútil.
- Y usted dice eso! proferíusted. un enemigo de la humanidad? Yamos, es usted un
pobre diablo.
-Amigo, desengáfieee uet.ed,
hoy por hoy hasta el diablo es
un ente vulgar .

*••):-

EL DANTE E:N MEXTCO.-El esposo de sl mfsmo.

.ll;I. DANTE: JJ;N 111:E;XICO
VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTISÚA,)

Y érase que se era un individuo de aspecto duro, ventrudo, qne de la manera más infeliz llevaba un mal pergefio de mujer y á quien un aatanacillo trnvieso y otro que
no lo era menos ponían como nuevo-pues era un viejoentre las risotadas de un grupo de diablejos espectadores.
No me fué prnciso inquirir que mala persona era aqueUa: un letrero prendido al hombro y Otro donde dijimos,
lo explicaban claramente: uEl eapoeo de sí mismo n ea decir, PI ególatra, el egoísta, el que ha hecho de su~ comodidades, -de su bienestar, un culto.

Campoamor en una de sus más bellas doloras, explica cómo el hombre casado empieza por amar sobre todas Iaa·cosas á. la mujer, continúa por querer más que
á. su cónyuge á su hijo, y concluye por amaree á sí mismo
más que_ á eua hijo~ y á a.u c~nyuge; pero este -postrer egoísmo ha sido prece~tdo e1quiera por abnegaciones, y
no se pena en el mfierno, porque el amor antiguo,
anticip.ada_mente lo redimió. El figurón que yo tenía
ant,e mte OJOS, de tan eriraña manera vestido y penado, era un solte~ón ( casta de víboras) que. pagaba
cal"O~uautoadorac16n, su egoísmo y su sequedad de
espíritu ..... .
-¡Ay de los célibes! exclamó un Belial de enroscada cola, qne mascaba chicle no lejos de mí. Sabe
usted, aíladi61 entre nuestros vecinos los· del Paraíso, se tiene por hombre de pro al caeado.
-Pero hombre, si h~y algunos matrimonios que....
vale más no hablar del asunto.
-Con todo y eso patrón, un mal marido,. cuenta
m~ ant.e el Amo que dos solteros y para probarle
m1 aserto, allá va una hietorieta,
-Suéltela usted, hombre, pero no maeque chicle,
que parece usted galleta.
-Entre galletas anda precisamente la cosa-respondió. Oiga usted:
Acertaron tt llegará las puertas del parniso un soldado y una monja, jóvenes ambos y no mal encarados. La monja que se había anticipado al recluta
llev~ba ya un buen plantón enel sardinel de la puerta smlo~rar mas que \rn .-aquí no entran la!:linútifes, •
Pf?nunciando entre sorbo y sorbo de jarabe balsám1co, por San Pedro, y le refirió sus cuitas al soldado:
-¡A.y! mi alma, exclamó éste, pues si á usted
que es una palomita sin hiel que se aplicó saraban
d:1s en pemtencia toda la vida no la dejan entrar
qué eeráá mi, triguefia de mis entrete1ai:?
'
. -Pero qué ha hecho usted? preguntó la monja, deJando ver una mueca de púdica alarma?"
-La mar de cosas. Yo florecí en :\léxico en la époc.a de las_ 1du~as i~testinasn ( que eran verdaderos c6hcos de mvagrnación) y me pronuncié con diez generales .Y luego contra loe diez, robé tlacos de haber á. mt compañía, introduje tripas al cuartel y dfa
lo que era de otros para los onomásticos del jefe.
-Pues ahí es 1;1ada, ¿y ahora que hacemos?
-Tengo nna idea exclamó el soldado 1 dándose
una pH-lmada en la frente como todos los héroes de
las non~la.."1 \Ylr entregas, v 8in más decir tomó en
sus brazos á la 1.. blata y 5e la echo al hombro como
si fuera fasíl 1 tras de lo cual llamó con garbo á la des•
veneijada puerta del edén.
Abrió Pedrito, que d.e glutial una sopa · de chocola,3, y en~ar.tndose con el intruso preguntó.

~

1111111111// u:

Aún debía encontrar motivo de asombro aquél día. Al
regresar al rentro porque era. tarde, encontré
en el recodo del camino el más peregrino
grupo: uno de la Comparsa infernal extraía á
tirabuzón, la entraña principal de un viejo
verde que fué el Don Juan averiado-pero
rico y dadivoso-de todos los salones.
·
-A7, amigo, en punto á tirjos verdes se yo más que usted. "'\ áyase por Plateros y verá ...

(Continuará.)

A tí, ducha en amor, yn te da risa
una loca de atar como Eloisa.
CAMPO.A.MOR.

J

EL DANTE EN '.\fEXICO.-En la tierra.

LA LINTERNA

Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento;
Le lleva el santo eacramento
A un moribundo á. la taberna.
Ante su paso, una cisterna
Finge un bostezo descontento.
Entre la zarza y la caverna
Un cura va, solemne y lento.
Mas en la opaca noche eterna
Súbita estrella, en un momento,
Rueda del alto firmamento
Y hace las veces de linterna
Entre la zarza y la caverna.
MAURICE ROLLINAT.

BALBI:-.0 D.\Y.\LOS.

:\Iarzo de 1897.

W~lJ:~~
SU.ll;ÑOS

De mi alma haré una gota de rocío
Para regar con ella tu corola;
Haré un sublime altar del pecho mío
Y en ese· altar te adoraré á tí sola.
Bri11ará en las tinieblas de mi suerte,
La luz de eol de tu mirar divino¡
Será un períune para tí mi mnerte
Y mi vida una flor de tu camino.
Te creí realidad y eres fulgente
Ilusión de mis días halagüefios;
Te vf, Sefiora, y coroné tu frente
Con el lampo inmortal de mis ensuefios.

•

·:,..

Ven, dejemos el lecho del proscrito,
Del mundo impuro, que tu planta toca,
Ven conmigo¡ yo haré .del infinito
U na copa de amor para tu boca.

;

L; triste noche plegará sus velos
Y tu voz en mi lira de poeta
Agregará al cTe·deum .. de los cielos
El mtígico nocturno de J ulieta.

..

• •

0

EL D AXTE E..", MEXICO.-Dentro de poco tiempo.

¡Feliz si en tu semblante 1,1,ún vetu esposo
la materia en estado luminoso!
C.-nrPO. \M OK..

. .~

1/

Ven, yo te amo¡ la lur. que tú destellas
Será. mi eternidad, y en santa calma
Tú buscarás 1i Dios en las estrP\la~. '
Y yo ló encontraré dentro de tu alma.
Jn-4TO Srnnn.\.

Aspiré á. verte un dfa,
pero dePpnPR de verte
corno dijo .Jesús, Dolores rola,
"mi alma quedó triste haeta la muerte. "

. -:'". ~1'-:.,

HILDA.-}Jo,;,ela por 6auaara ae °0ind.-Núm. 3.
~

,•• r ;

V

~údada me falt.aba una sesión para completar el estu.,¿uo d~ la Caldera, que había emprendido. Raul y yo re$)lviwoa ponernos á la tarea desde el día siguiente.
.Así, puéa, á la mañana siguiente, :i la hora acostumbra-

'

.

.~

da, estábamos sentados en el mismo sitio, en donde ha•
biamos asistido al rasgo de fuerza llevado á cabo por
Ililda.
Esta no tardó en aparecer. Si Raul ae había resuelto,
en virtud de la conversación que habíamos tenido Ja vfaper:l, á precipitar los acontecimientos y á. hablar á la

•

joven de sus sentimientos amorosos, en ésta se veía aquel
día algo q¡¡e parecía indicar que también había tomado
una resolución, que había formado un proyecto cuya naturaleza era difícil adivinar.
:Maniíesta,ba un aire agitado y nervioso que no le era
habitual¡ su mirada tenía algo de más profundo y hasta

�EL MUNDO

•

DDMINGD 7 DE MARZD DE 1897

~¿Qué es le, que ustéd piensa de rrii sue.üo, me pregun
una expresión de gravedad, que su encantadora sonrisa cuestion, tenga ueted entendido, de una vez por todas, tó ella?
que profeso mucha amistad y estimación á Raul, pero
no era capaz de disimular por completo.
Entregado por entero á lo que acababa de saber y á. la
nada que pueda parecerse al amor. Si usted no estuviera
Sinembargo,estabajovial como siempre, y aun aquepesadumbre
que por ello resentía, no había yo escuchalla mañana se mostró más amigable que lo de costumbre tan cegado por el amor paternal, continuó con un tono do las últimas palabras de Hilda sino distraidamente, con
de deepecho, usted habría podido observar esto desde
,con Raul.
el sentimiento vago y confuso de qne re trataba únicaCuando le dije que empezábamos á pensar en nuestra hace tiemoo 1 y, habiéndolo .observado, usted jam:is ha- mente de una tentativa de coqueter:a, tanto más odiosa.
partida, ella me pidió como favor especial que le hfoiera bría alimentado la esperanza de que IIilda de Hammar- cuanto que seguía inmediatamente :i la declaración tan
hielm pudiera consentir alguna vez en casarse con el hi un pequeño estudio en tinta de china del pórtico del casjo
de usted, por cualquiera consideración que pudiera ser. categórica, que echaba por tierra las esperanzas de Tiaul
tillo que estaba del lado norte, es decir, en la fachada
y las mías.
Y ahora, permítame, para cambiar de tema, qne le reopue2ta á aquella en que nos encontrábamos.
~Nunca he dado á los sueños ninguna importancia,
cuerde que mi pregunta ha quedado sin respuesta. L~ contesté, dando principio á recoger mis efectos, poque
- Este será un recuerdo &amp;e ustedes que me traerá á la
memoria las agradables horas ch trabajo que hemos pa- repetiré: ¿Cómo es que usted que sabe defender tan elo- estaba demasiado agitado para continuar pi atando y me
cuentemente la causa de la~ personas casaderas, Iiunca
disponía :í retirarme.
sado juntos, dijo etla.
ha contraído u:;ted nuevo3 víncul11s? ¿Ninguna mujer,
-SJñor de La.guiéres, repuso la joven al cabo de un
Como el ornato y el dibujo de arquitectura eran predesde la que usted perdió, ha hecho latir su corazón? rato ¿alguna vez se le ocurrió á usted, en el cuno de su
cisamente los ramos á que Raul se había dedicado, es¿Así, pues, ninguna mujer existe que pueda inspirarle viudedad, que usted y su hijo hubieran podido enam &gt;·
peciri \mente durante el invierno, lo designé como más
amor? ¿O quizás, sintiéndose usted tan superior .í las de- raree de la misma mujer?
califi.ud') que yo, para aquel gBnero de trabajo, y la jobilidades de eete mundo, ha hecho un pacto con la musa
-Jamás, contesté secamente.
ven, volviéndose hacia él, le preiuntó si tenía buena vode las bellas artes y le ha jurado que jamás se dejará dis-¿Pero si eso hubiese sucedido, qué había usted he·
lunt:\d para ejecutarle aquel trabajo.
traer del culto que le ha consagrado, por un amor á mucho?
-Cm muchísimo gusto, señorita, contest6 el joven.
Ella bajaba la cabeza al pronunciar aquellas palabns y
jer terrestre? Un día me contó ustied que su amor paterReunió inmediatamente sus efectos y partieron juntos
nal babia sido una especie de preservativo contra el aparentaba eetar muy ocupada en reunir algunas bri.,mas
para el paraje desde donde Hilda deseab:i. que se hiciera
otro. ¡Yaya! ¿Acaso no vemos adonde quiera que dirija- de yerb:i. que arrancaba una ,tuna con una precipitación
el estudio.
mos los ojos, ejemplos que nos manifiestan que hacen febril. Aquella preciosa mano blanca, de dedos finos y
Al cabo de un rato, ella volvi6 sola y se sentó al laaristocráticos, que tanto había yo esperado ver entre las
buenas migas juntos?
do mío.
Si hubiese estado menos absorto por la idea de la de· de Raul, hacia cintilar el diamante del dedo anular con
-¿Ha com3nzado R1.ul su bo3q•1ejo? la dije.
sesperación que no dejaría de apoderarae de mi hijo tanta vivacidad que pare"ía que salían chispas Ue la
-Está en"pleno trabajo y más ab3orto en su asunto de
cuando le refiriese las palabras decisivas de la joven, hayerba.
lo que nunca he estado yo en presencia de= su caballete,
-Si eso hubiese ocurrido, nadie lo habría sabido-dije
bría notado la amargura y la vehemencia con que fueron
contestó ella.
yo-Jamás me habría interpuesto como un obstáculo papronunciadas
aque1las
irónicas
palabras.
-Esto consis!ie en que le h'.l. tom'.\do gu3to al encargo,
Fuera lo que fuese, las burlas ae Hilda me volvieron
ra la felicidad de mi hijo.
contesté.
en mi v me hicieron ver que estaba pr5ximo á hacerme
Ella levantó la cabeza:
-¿Y por carifio á vuestro hijo, señor de V:1gieres, us·
ridícu~~; sin que por ello ganase algo la causa de Raul.
-¿Pero ei el objeto del amor de ustedes dos hubiese
ted, viudo á los veintitres años, no ha querido volver á.
-Tiene usted razón, señorita, contesté. Debería haber amado al padre y no al hijo?
ca.sa.rae? me preguntó ella de repente. ¿S~ría pqsible que
conocido á usted lo bastante para saber que usted, la
La voz que había yo escuchado la víspera durante mi
el amor paternal llevara á cabo tales sacrificios?
hada de ese río pérfido y de esa roca insensible y cruel,
pa~eo
solitario, esa voz que sólo el aspecto triste y cabiz-Yo no comprendo lo que este sacrificio pueda tener
debe tener en buena proporción los elementos que entran bajo de Raul pudo hacer c.\l.lar, se hizo oír de nuevo. Senpara usted de extraordinario, contesté, casi lastimado,
en la composición de los objetos con los cuales usted se tí ruborizarme y puse los ojo3 en Hilda. Sus mejillas hapor el tono en que se m~ hacía la pregunta; cesaría realidentifica. ¡Empresa vana es intentar evocar en usted bían palidecido y su ansiosa respiración por sí sola me
menoo de serlo, si mteJ c·rno~ier.i. m ~jor á. mi hijo, si use:entimientos que no es posible que experimente! ¡Sería habría hecho comprenJ.er la importancia que ella daba á
ted supiese qué corJ.7..Jn t.m abnegado, tan ... .. .
lo mismo que pedir á ese río que cesará de correr 6 á esa mi contestación, ei su mirada intensa y la expresión de
-De ninguna manera pongo en duda que ~l posea to ·
das las cualidades posibles, interrumpíó ella con tono ee- roca que derramara lágrimas por las víctimas que ha he- sus labios entreabiertos no me lo hubiesen reve,ado pa·
eo. Sé per.fectamenlie que es un joven apreciable en to• cho! Así, pues, con permiso de usted y para no perder el tenteruente.
¡Y como estaba hermosa, exponiéndome su corazón
do3 conceptos; he tenido tiempo sobrado para convencer- tiempo, vuelvo á mi trabajo, sin contestará las pregunme de ello, y creo que conozco al hijo de usted casi tanto tas que usted me hace y que consideraría simplemente con menoscabo de todas las conveniencias! Sus mejillas
como sarcasmos bien merecidos que no exigen contesta- encendidas, su mir.ida chispeante y como agrandada, pacomo usted mismo.
ción.
recían manifestar lo que costaba ,t la altanera Hilda de
-Pues bien, señorita Rilda, usted debe saber,· en tal
-Muy bien, señor de Laguit!res, replicó ella sonriendo, Hamroarihelm humillarse hasta el punto de ofrecer su
caso, que el muchach1J la am1 vivamente, dije yo, decihasta que ví que volvía usted á ser el mismo que he co- amor á un hombre que no se lo demandaba.
dido á aprovechar aquella ocasión para hablar un poco
nocido. ¡Cuánto más prefiero las respuestas incisivas de
Ella estaba apoyada en una de sus manos, con la trenen favor de Raul y tratar de averiguar si él podía tener
usted á las melosidades sentimentales de los jóvenes á. la za medio deshechá de sus cabellos negros que caían en
alguna probabilidad de hacerse aceptar por la joven.
-Yo sé que él me ama, coi-itestó ella sencillamente; si moda! ¿)fe permite usted que le cuente lo que la hada cascada'de sus hombros sobre su pecho. Tenía el rostro
tiene la intención de pedir mi m!lnO, usted podría prestar- de ese río, supuesto que así me llama, sofió la última no- vuelto hacia arriba y su mirada audazmente ñja en rn í.
le un servicio de amigo y excusarle un paso cuyo resulta• che? Soñé que amaba á. un oso, continuó sin esperar res- En aquel caluroso día del estío, ella iba vestida con un
traje blanco que dejaba libres los antebrazos y el cuello,
do le seríá muy desagraiable, dándole á entender que puesta, un bueno y corpulento animal, que no quería
comprender que yo lo amaba y que sólo respondía con
que un cálido ru.bor acab~ba de invadir como si todo su
mis sentimientos h!:Lcia él no son de ninguna manera los
patadas y grufi.idos á todas mis caricia@. Era extraordi · ser protestase contra el atrevimiento de sus palabras. Yo
que él querría. lfe parece que he demostrado suficientenariamente distraído mi oso, perv yo tenía la persuación veía que todo su cuerpo estaba temblando por el es fuer~
mente, en estos últimos días, que nada tenía él que espe•
zo que hacía para contener su agitación.
rnr. añadió con un tono duro y recargando la voz sobre de que sí lograba separarlo del objeto de su distracción,
no permanecería por más tiempo insensible tí.mis encan·
Un segundo de vacilación, y yo quedaría vencido.
esta última expresión.
Al decir: ((Hilda, yo te amo, sé mía)) yo la hacía feliz.
Yo me había impresionado tan dolorosamenlie el día tos y que había de hacer de él lo que quisiese. Así, pues,
-¿Y yo? ...... Oh! yo sentía que el amor sería aún para
anterior por el estado de sombría desesperación en que resolví hacerle sufrir una dolorosa opei-ación que me lo
ha.bí1\ encontrado á Raul y del cambio físico que aquel entregaría sumiso y abnegado. Me lo llevé un dia álu ro- mí muy dulce. Ahí estaba, muy próximo á. penetrar,. Y
muy pronto,me hallaría invadido y domefiado.
fatal ;\mor le había acarreado, que aquellas palabras me ca de la hada1 terreno en el cual, siendo la hada del río,
Pero, en aquel momento supremo, la imagen de mi pocau'3:tron un vivísi.mo dolor. A pesar de todo, él había estaba yo dotada de una fuerza extraordinaria. Luché con
coniervado alguna e3peranza, sus últimas palabras no me él, lo derribé y le perforé la. nariz, por la cual pasé un bre hijo no me abandonó. Al amar a aquella mujer, agrehabían dejado duda alguna.sobre este particular. Las pala- anillo. El expresó su dolor con lastimeros gritos; en se• gaba á la desesperación de Raul los tormentos de los cebras que Hilda acablb:l dJ oronunciar, sonaban como el guida la herida se f ué cicatrizando poco á poco y cesó los y del odio. ¡Raul tal vez me habría odiadol Esta idea.
doble fúnebre de todas nue3tras esperanzas, las mías y de hacerlo sufrir. Rntonces pasé una cuerda por aquel fué para mí como el dique que detiene el torrente é imanillo y presto mi oso fué todo mío, y en lo !¡ucesivo ee pide la inundación.
las de él.
La sangre, que á. mí me parecía que había abandonado
-¿Pero por qué no podría usted amará mi pobre mu- manifestó el más tierno, el mis amante yel m.ís feliz de
mi semblanlie, refluyó con fuerza. Me desvié y respondí
chacho? le dije, quizás un p&gt;CO aturdido, y movido úni- los osos
Sorprendido del tono profético de aqueilas pa.labras con un tono tranquilo y resuelto:
camente por ese sentimieoto que nos impulsa á defender
que
no sé por qqé me causaron desagradable impresión,
-Yo no habría correspondido á ese amor.
palmo á palmo un terreno que sabemos que esta perdido.
Hubo un momento de silencio1 du,rante el cual no me
Todo p:t.rece ma'nife3tar que él es el marido que usted ne- involuntariamente volví la cara hacia mi interlocutora.
cesitaría, y tiene todas las cualidades que deberían com· Ella alzó la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. El atrevía á mirarla. Yo sufría por ella, sentiaque debía excalo.r habitual de sus ojos se había cambiado en un ma- perimentar, aunque quizás en menor grado, lo que Raul
placeros.
-Señor de LaguiCres, el oficio de corredor de amores tiz glauco como ciertos reflejos del río y parecía que bri- iba á. sufrir y adem,'is los t.ormentos qu_e su altivéz y un
es indigno de ~ exclamó ella sonriéndose. Cerrando llaban con una llama singular que podía indicar la pa· temperamento nervioso debían causarle bajo el latigazo
de la humillación y del amor propio herido.
los ojos, creería uuo estar oyendú á una tia vieja tratan- sión, pero también quizás la locura.
No obstante, aquella extraf'ia expresión no dur0 n;iás
Y tales tormentos no debían ser bagatelas en aquella.
do de acreditará su sobrino. Realmente lo veo á usted
en un papel tan nuevo y que tan mal le sienta, que me que un instante, y casi inmediatamente recobró ella su joven de sentimientos romancescos y exaltados, habitua•
da :i hacer lo que se le antojaba, colmada de todo.q los
cue&lt;Jt.i -trabajo reconocerlo ~á usted. · Para terminar esta ñsonom.ía habitual.

DDMINGD ? DE MARZO DE

,asn

bienes de la fortuna, tanto como dé los de la naturaleza.
Pero era demasiado dueña de sí misma y demasiado
mujer de mundo para dejarse influenciar en apariencia
por la confusión y la perplejidad. El penoso silP.ncio que
siguió á mis palabras, no duró más que brevísimo ra0,
lo preciso para permitirle qne se repusiera, y con su aire
jovial y la sonrisa en los labios dijo irónicamente:
-¡Es usted verdaderamente sublime, señor de la Lagniéres!
-Y hasta podría usted decir que he salvado el paso
que separa lo sublime de lo ridiculo, dije para mis adentros, porque á pesar de todo, y aunque no hubiera siquiera permitido al amor paternal que entrase en lucha con
el otro, sentía dentro de mí algo de ese sentimiento doloroso de desgarramiento que produce el sacrificio y al
que siguen los remordimientos.
Después de esto, le tendí la mano en signo de despedida,
como todOs los días lo hacía, sin decirle sin embargo que
era mi intt:nción no volverá verla.
Estaba resuelto á llevarme á Raul al día siguiente sin
'pretexto alguno. Ya no había para él en aquellos sitios
más que nuevos sufrimiéntos que esperar. Y yo corría
un grave peligro.
Sin embargo, por más que hice por dar á mis faccio nes su habitual expresión, sentí que mis ojos se humedecían, y observé que una lágrima brillaba en los de ella,
pero una lágrima que ee quedaba en el fondo, y que ella
no permitió que se asomase á -los párpados. Ella debió
adivinar mi pensamiento, porque me dijo:
-A.dios, señor de Lagniéres, ó más bien hasta la vista,
porque usted volverá á verme.

YI
Yolví directamente al hotel, y me puse á esperar con
impaciencia á Raul. Tenía yo el presentimiento de que
él hablaría esa misma mañana ú Hilda, y me puse á. pen·
sar que después de todo \'alía más que así fuese, y que
escuchara su sentencia de labios de aque·lla misma.
f'.tra esperarlo, me occrpé en poner en orden nuestros
efectos, y empecé á empacar.
El llegó clerepente, y entró á nuestro aposento con el
paso precipitado de un hombre que viene .i buscar un
objeto olvidado y mostróse muy sorprendido de encontrarme allí. En efecto ,t esa hora estábamos por lo
común casí siempra ausentes, ocupados en trabajar al
aire libre, seajuntos1 sea separadamente, ó en excu.rsiones de exploración en busca de moti vos de estudio.
-~!Ya por aquí, padre mío! Yo te creía en el Boren,
conclnyendo tu estudio de rosales.
Yo me lo quedé mirando ávidamente. No tenía de
nioglina manera el aspecto de un hombre que acaba de
sufrir un desaire de la mujer amada. Tampoco le veía
yo con ese aspecto sombrío y desesperado con el cual lo
vf¡lía yo volver del castillo casi diariamente . .Al contrario, más bien parecía contento, aunque su, aire preocupa·
do y cierta agitación febril mostrasen hasta la evidencia
que había habido alguua explicación entre los dos.
Como ante!! lo he dicho desde que el caracter de Raul
se había formado yse había transformado en un hombre,
las relaciones que nos unían habían sido más bien las de
dos buenos amigos íntimos y carifiosos. Nunca teníamos nada oculto el uno para el otro: él conocía todo mi
pasado, y yo conocía, no solo el suyo, sino también todos
sus pensamientos. Cada alegría, cada disgusto que acon tecía al uno, era inmediatamente comunicado al otro y
compartido con él.
-¡Y bien! Raul, le dije bruscamente, ¿Has hablado
con Hilda?
-Ya le hablé, me contesto, y lejos de repelerme deñnitivamente, como nos lo esper:Ibamos,_ me ha pedido algunos dias de reflexión.
Esto se hallaba tan lejos de lo que n1e esperaba, que la
sorpresa me dejó mudo por algunos instantes.
Sin embargo, mirándolo con más atención 1 ví inmedial&gt;3mente que él trataba de ocultarme algo. Sin hacerme ninguna ilusión respecto de lo que podían ser los sentimientos de Hilda para con él, ví inmediatamente una
mira torcida en esta esperanza que la joven le había dejado y su inesperada respuesta no me pareció en con.
sonancia con la conversación que conmigo había tenido.
Tomé entonces á Raul por la mano, y, abligándolo á
que se sentara al lado mío1 le participé todo lo que ella
me había dicho. Le dije todo ..... . exepto que ella amaba á otro y que este otro era su padre mismo.

EL MUNDO

Habría temido, al hacerlo, despertar sus celos, habría
temblado si me enajenaba el cariño de mi hijo único, de
aquel por quien yo viviría únicamente ........... .
¡Ay de mí! ¡Cuánto me he arepentido de esos temores! Xo ocultándole nada, desc~briendole toda la verdad, quizá él habria podido amarme men(."181 pero habría
quedado mejor persuadido de que aquella pérfida mujer, al
hacerle esperar su a.mor sin condición, solo quería su pérdida. Habría comprendido que ella no lo consideraba
sino como un obstáculo por suprimir, ó quizfls únicamen·
te como el mejor instTumento de su venganza.
El me contestó inmediatamente que, como su conversación había tenido lugar despues de mi partida, podía
ser muy bién que antes de venir á verlo ella hubiese hecho reflexiones cuyo resultado le habría sido m¡ís favorable, y que él no quería todavía abandonar toda esperanza. El se daba cuenta perfecta, me dijo, de lo que se deducía de mi relato, y también de lo que ella le había dicho. Así, pues, si ella consentía finalmente en casarse
con él, era porque tenía otro móvil distinto del amor.
Sin embargo, estaba tan seguro de hacerce amar en lo
sucesiv&lt;.,, que estaba dispuesto á aceptar todas sus condiciones, resuelto á todo para obtener su mano.

,

El pobre muchacho estaba tan poco -acostumbrado :í
ocultarme nada, que yo le arranqué, por decirlo, así á pedazos toda la verdad. Sin embargo, me obligó ú que le
prometiera antes de contar todo, que yo no me opondría
1-Í. su proyecto si él me comunicaba la condición que la
joven había puesto para otorgar su mano. Esperaba yo
tanpoco lo que iba á.decirme que se lo prometí, con la
condición de que yo quedara bien convencido de la imposibilidad para él de llegar á la realización de sus deseos de otro modo cualquiera, y de que lo que fuese áser
nada tuviese de reprensible óque pusiese su \'ida en peligro.
A esto me contestó que amaba tanto á Hi!da, que el
mayor peligro que pudiera amenazar sus días, em tener
que renunciar á ella, y los signos exteriores del mal que
lo devoraba, eran tan visibles que acentuaban enérgicamente sus palabrns.
He aqui, pues, lo que le hice decir.
Hilda después de haberse separado de mi lado, se ha•
bía reunido con él y se babia mostrado tan afectuosa y
tan amable 1 que él por último se había encontrado con
ánimos para decirle qu~ la amaba y para solicitar su
mano.
Ella le contestó inmediatamente lo que me había dicho, es decir que le profesaba mucha estimación y amistad, pero no amor. Sin embargo, como en ella no mostraba que quisiese hacer de aquella objeción un obsticulo insuperable, él estuvo más elocuente y persuasivo,
mientras que ella aparentaba dejarse conmover poco á
poco. Le habló en seguida de su madre, le refirió lo que
ya sabemoe, que la baronesa probablemente se había precipitado voluntariamente al escollo fatal para dar término á una existencia intolerable.
Después agregó, en la forma de confidencia íntima,
que la aya inglesa, antes de morir, babia rendido esta
declaración: una recamarera de la baronesa, que había
visto á ésta en la roca de la hada pocos minutos antes de
su desaparición en el remolino fatal, había observado distintamente que ella hacia el ademán de una persona que
arroja algún objeto al estanque conocido con el nombre
del Espejo de la hada. Este objeto, según el dicho de la
aya, debia ser uoa cajita sellada_ ó un frasco que contenía un papel en el cual la pobre mujer escribió sus 111timas instrucciones á su hija y algunas revelaciones sobre su marido, pero que ella había juzgadó en sus últimos momentos ó presa quizá; de vacilaciones ó de escrúpulos, no deber publicar. En consecuencia, la baronesa se
babia decidido á ocultar aquel documento en un paraje
en donde, sin condenarlo del todo al olvido, sería muy
difícil llegar.
-Para encontrar y retirar ese objeto, dijo Hilda, es
por lo que, dos veces antes de la llCgada de ustedes á estos parajes, he afrontado los riesgos de la Caldera, pero
inutilmente. Y sin embargo, la caja sellada allí está, visible en el fondo del estanque, pero hay un objeto tan
horroroso que habría que tocar para llegará la caja, que
nunca he tenido el vafor para hundir mi brazo en el
agua. Usted, Rau1, conoce mi carácter un poco roman•
cesco, añadió la pérfida sonriéndose, y así es que no le
extrañará que le diga que el que quieiese obt.enermi ma-

no aumentaría mucho sus -probabilidades de lograrlo
trayéndome esa caja.
El pobre muchacho se había declarado inmediatamen•
te dispuesto á hacer la tentativa, y la joven había fingido explicar muy detalladamente la maniobra que se
tendría que ejecutar para llegar hasta el centro del esco•
llo con las mejores probabilidades de éxito.
El efecto que este relato produjo en mí, antes es para
imaginado que para descrito. El proyecto de aquella mujer se me apareció en toda su atrocidad, yel sueño que ella
me había contado y que yo había escuchado distraídamente, como una impertinente charla, vínome derepente á la memoria con una singular claridad. Era una alegoría profética y una amenaza lo que aquella singulir
mujer se disponía á poner eu pn'tctica con un ingenio
yerdaderamente diabólico.
Déjase enteder que yo eetaba absolutamente resuelto á
impedir que Raul ejecutase aquella insensata tentativa, aun cuando tuviese que emplear la fuerza.
:Xo había tren para la capital antes de las ocho. Tomé
inmediatamente la resolución de partir con mi hijo en
aquel tren, y 1 como no nos quedaba mií.s que una noche
que paear en aquel lugar, me prometí no perder de vista
á mi pobre loco, aunque parnÉe toda la noche en vela.
La pasamos en efecto platicando y razonando. Yo le
expuse con tanta calma, como la pude afectar, las pocas
probabilidades de éxito que tenía consigo por no tener
ninguna experiencia de la manera de proceder para navegar en aquel río. Yo le hice ver que uoa mujer capaz de imponer semejantes pruebas, jugando con la vida
del hombre que la amaba, no podía ser más que una mujer sin corazón é indigna de ser amada; que aun logrando traerle el objeto en cuestión nada lo autorizaba á
creer que ella le otorgase rn mano.
Apelé ~n seguida á mi afecto paternal, recordándole-que
él era el único sér que para mí representaba á la familia
y la ventura ·en est.e mundo. ¿Tendría corazón para exponer así sus días con rÍeiigOde emponzoñar el resto de la
exístencia que yo tendría aun que pasar aqu[ abajo?
Hablé por mucho tiempo, y con una emoción tan ere•
ciente, que acabé por conmoverlo.
Yo me reprochaba amargamente el haber dejado que
las cosas llegasen á ese punto. El sentimiento de la desgracia que podía herirme me había invadido por entero,
comunicando un calor y un acento de perimación á mis
palabras que acabaron por hacerlo llorar.
Se echó á. mis brazos y dE:claró por último que renunciaba á su funesto proyecto.
Era media noche, yo lo obligué entonces á que se acos tara, cosa que ejecutó cuando le di la seguridad de que
yo no tardaifa en hacer lo mismo.
·
l\!e ocupé t,Qdavfa algunos instantes en nuestro equipa·
je. A poco, el rumor regular de su respiración me aseguró
de que se había dormido. Yo mismo estaba fatigado y
me arrojé v.estido en mi cama, prometiéndome velar muy
bien hasta la salida del día á mi pobre hijo, hechizado
por una hada maléfica, como á. mí mismo me decía contemplándolo en snencio. )Ie parecía que se había vuelto niñ.o. Al menos yo sentía por él, en aquellos momentos,
ese sentimiento que más bien se parece al amor maternal, formado de ternura emocionada, con el cual se mira
en la cuna al nifiito que se ha tenido en una esposa muy
amada. Yo no tenía suefio, á lo menos según me lo parecía. Exitado y agitado como estaba, me habría parecido
imposible dormir.
Y sin embargo, así sucedió. ~Ie dormí profundamente
y tu ve un espantoso ensueño!
Estaba sentado en la roca de la hada. Hilda estaba á
mi lado, rodeándome con sus brazos el cuello. En torno
del escollo, cuyo abordaje parecían custodiar, velase com(' un círculo arremolinado de horrorosos cadáveres.
De repente ví aparecer, fuera de aquel circulo á. Raul
embarcado en el bajelillo azul. Hacía violento~ esfue/
zos para salva1 el círculo fatal y llegarse hasta mí.
Yo quise tenderle las manos y dirigirle palabras de estímulo, pero en aquel mismo instante, mi compafiera me
enlazó tan estrechamente, que no pude hacer un sólo
movimento.
Yí que el pequeño esqui-fe hacía un supremo esfuerzo
para pasar el obstáculo 1 pero el remolino se apoderó de
él, y Raul y la barca quedaron devot'Rdos, mientras que
la hada cruel, que me retenía en su poder, murmuraba á
mi oído: «Está consumada la operación, tu corazón cesará de estar distra!'.do, serás mío para siempre.))

�Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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                    <text>Desperté sobresaltado. Eran cerca de. las cuatro de la
mañana; el sol levante iluminaba todonueetro cuarto con
sus oblícuos rayos, y cuando hube pasado la mano por
mi frente ardorosa y húmeda, mi sueño se desvaneció y
toda la realidad volvió :i mi conciencia perturbada1
lle incorporé sobre un codo, bus:cando con los ojos á
mi hijo dormido.
¡Su cama estaba vacfal
Una ola de 8angre se me subió á la cabeza y puso como
una nube ante mis ojos, mientras que un inexplicable
espasmo de angu~tia me laceraba el corazón. Sin detenerme para tomar mi sombrero, me lancé fuera de la casa para correr en pos del desventurado. Era indudable
que se había dirigido al escollo. Iba á intentar penetrar
para dar gusto á aquella mujer que lo estaba engañando
y que lo tenia bajo su dominio, para obedecer á ese demonio que querfa arrancármelo y despacharlo á la
muerte.
¡Oh! ¡Cómo la maldecía á esa pfrfida sirena que lo te·
nía sujeto á su encanto peligroso, que lo había hechizado
como por medio de un poder mágico, ha~ta hacerle olvidar que al arrieegar sus días, arriesgaba también la vida
de su padre, 6 al menos su dicha; maligna hechicera que
habla hecho de mi Raul, tan cariñoso, tan abnegado, tan
alegre, un desesperado egoísta, un fanático del amor!
Las calles de la pequeña ciudad estaban todavía desiertas; únic~mente algunos labriegos que llegaban lenta·
mente del campo, sentados aomnolientes é inertes en sus
carretas, levantaron la cabtaza al verme pasar de aquella
manera, sin sombrero, el semblante azorado, como loco
evadido de su celda.
Yo sah·é en pocos minutos la distancia que separa
la ciudad de la propi~dad &lt;le Charlottenbourg, y llegué,
sin aliento y temblando como una boja al lugar desda
donde habíamos contemplado, mi hijo y yo, la Caldera
por \'ez prirnera.
El estaba ahí. Por un prodigio acababa de llegar sano
y salvo á la roca de la hada y amarraba su barco, la pe·
queña yole azul de Jlilda, antes de subir al Taburete.
Algunos segundos de!-puéi:., se hallaba sobre aquella roca
y lo veía que ee asomaba ávidamente ,í. la cuenca para
buscar alguna co~a.
Pero de repente lo ví retroceder como sobrecogido de
horror, y algunos minutos pasaron antes de que fuese dueflo de sí mismo parn. afrontar de nuevo el espectáculo que
acababa de honorizarle.

DOMINGO 7 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

t6o

cuencia los había visto juntos ó separadamente en el rio
y por más que le llamase la atención de verlo tan de manana, no fijó la atención sino cuando lo vió acercarse al
escollo y penetrar en él. Era ya demasiado tarde para
impedln,elp.
El me había visto en la orilla, y había venido á procurarme los primeros auxilios, y deeput'is me había puesto
desmayado en su barcas y me babia transladado á sumo-

Sin embargo, el recuerdo de lo que había venido á hacer á aquellos sit.ios1 volrióle sin duda y con él las fuer
zas, porque ví que se quitaba el saco y que arremangaba
sus mangas basta el hombro. En seguida metió los bra·
zos en aquella agua helada, tocó y volvió á tocar aquel
cuerpo en descomposición registrando el fondo de la cuenca, pasando sus manoe por las piedras resbaladizae, por
los trapos viscosos; por las carnes flácidas y blancas de
aquel cadaver cuyos cabellos debían tocarle el rostro,
porque, como apenas podia tocar el fondo, se bajaba hasta el punto de que su carrillo parecla tocar la superficie
del agua.
Por último ee levantú 1 mojado, aterido y lleno de dolor, porque nada había encontrado, y quizás comprendia
ahora que todo lo que aquella mujer le había dicho á prop6sito del objeto que él babia de llevarle, no eran más que
mentiras. Se sentó un momento, agotado sin duda por
sus esíuenos y por la desesperación de su fracaso.
Ya estaba allí, en la ribera, á pocos pasos de él, medio
oculto por loe álamos y sin atreverme á gritar, ni hacer
un ademán, temiendo que mi vista le quitara la sangre
fría necesaria para su vuelta.
Cuando por l.Htimo, renunciando á. proseguir en sus
inútiles pesquízas, ví que se disponía á volver al barco
para salir de la Caldera, caí de rodillas y dirigí una ferviente plegaria á Dios para que se sirviera devolverme á
mi hijo !:!ano y salYo. Yo le representé que creía haber
sido un ~uen padre para aquel joven, que todo lo había
sacrificado para hacerlo feliz, y que creía. haber formado
un hombre honrado. Me acusé de no haberme manifestado bas:tante cuidadoso re!:!pecto á sus sentimientoB' reli ·
giosos y me comprometí á hacerlo en lo de adelante, siempre que no me iuera arrebatado. En una palabra, recé
como un hombre que ve la muerte de cerca y que lanza
una mirada retrospectiva sobre su vida pasada, comparando lo que ba hecho con lo que habría podido y debido
hacer. ¿Acaso no se trataba de un hijo, de una parte de
mí mismo?
Pero mi plegaria no íué escuchada. Yí !:!úbitamente que
la canoa giraba sobre sí misrna, como una hoja seca arrebatada por el torbellino. Y1 á Raul que se erguía á me·
dias extendiendo los brazos hacia la playa, y después todo desapareció y yo caí con la faz en el suelo.
Cuando recobré el eentido; me encontré en la cabaña
del pescador. Este babia ·visto á mi hijo cuando se embarcaba en el yole de Hilda, pero como con tanta fre-

.

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rada.
Yolví en mí con un violento transporte en el cerebro
que puso en peligro mi vida.
Como lo hacía con todas sus víctimas, la Caldera devolvió el cuerpo de mi hijo al cabo de cinco 6 seis días. Estos restos, desgarrados y cárdenos, fueron recogidos por
mis amigos, avisados por telégrafo de lo que acababa'de
ocurrir. En cuanto á mí, no llegué á saber estos últimos
detalles sino mucho tiempo después.
Más de veinticinco años han pasado desde que tuvieron
lugar los hechos que acabo de referir. Ahora eoy un viejo y rápidamente me voy acercando al término de mi ca·
rrera en este mundo. Sin embargo, debo completar este
relato por algunos detalles complementarios que quizás
podrún interesar al lector simpático que me ha seguido
haeta este punto.
Ninguna repugnancia de amor propio tengo en decir
que pasé los cinco primeros aiios que se siguieron ú. esta.
catástrofe, en una casa de locos.
Pero cuando sané y volví á pintar, me apercibí de que,
de mi brillante carrera de artista, ca.si no me quedaba
mas que el recuerdo, y un poquillo de reputación. Ya no
vol vi á producir sino obras medianas. Parecía que el sentimiento de lo bello me había abandanado completamen·
te, el idealismo me parecía ridículo y me lanc(&gt; con ardor
en la escuela realista que entonces estaba floreseiente. Por
,·arios años me complaci en pintar el cadaver, y en la.
Morgue y en las clínicas iba yo á buscar mia modelos. 8in
embargo, estegfnero acabó por cansarme y lo dejé por el
paisaje.
Entonces vino un violento deseo de volverá ver el valle de ~Iolala y escribir esta narración.
Pero el dolor que yo creía, si no extinguido, por lo
menos suficientemente amo1tiguado por el tiempo y por
el prolongaQ.o vacío que m1 enfermedad mental había
puesto en mi exiftencia intelectual, para permitirme trazar estos hechos sin demaeiada conmoción,· se ha desper·
tado punzante y amargo, :i medida que los detallesdeest,os sucesos se desarrollan bajo rui pluma, y ya se me hace tarde por terminar.
Si el azar de los viajes llevaá mi lector al ñermosocanal ·
de l~n•lka que ahora enlaza las dos ciudades principales de
la Suecia, Stokholmo y (;othembourg, puede, dejando la
barca tl la salida del lago Yettern 1 en :\Iotala, aprove chando un descanso de dos horas que le impone el pa~o
de las esclusas, ir ú. dar un vistazo al teatro de• los sucesos que acabo de contar.
, El risueño valle, el pérfido río, el castillo de Charlo•
ttembourg, est;ín ahí, ahora como antes. Solamente ha
desaparecido el escollo de la Caldera. Después del fata l
accidente que causó la muerte á. mi hijo, las autoridades
ordenaron que el perro rabioso1 como lo llamaba Hilda,
íuese por fin abatido. Se armó- por fin uua mina bajo el
lecho del río y algunos cartuchos de dinamita hicieron
desaparecer muy presto basta el menor vestigio de la
Caldera y de la 1'"uente de la hada.
¿Y Hilda? ¿Y el viejo barón?
También desaparecieron.
Las gentes de la comarca aseguran que, al s1guiente día
de la explo1iii6n de la mina, vieron salir del patio del castillo la vieja berlina de viaje del barón, cargada con baules y efectos de viaje .
Iba herméticamente cerrada y con los visillos echados.
Los criados recibieron á poco la noticia de que el castillo acababa de cambiar de propietario. Sin embargo,
el viejo mayordomo que arregló las cuentas, no pudo dar
ninguna explicación á este respecto, habiendo recibido
él mismo esta noticia del banquero de la familia Hammarhielm, domiciliado en París.

v. GAUDARD DE Y1NCI.

-[e contesto que sí . ... ó mejor me confieso .
FIN

(~lbuJo de José M. VUiasana..)

•

N'OMER O U,_

�EL MUNDO

"EL MUNDO"
Semanario Ilustrado.

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MÉXJOO

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Rt&lt;JISTRADO 00\10 ARTÍCULO DE SEGU?.'DA CLASE.

Qfota~hitirn sinir5tra.
Se está comentando por laprer sa a·aria un horripilante
hecho social: el ahmento del homicidio en la ciudad df'!
Yéxico. Las estadísticas que con este motivo se han pu•
blicado, demuestran de un modo indifcutible que la ca•
pital de la República ea una de las poblaciones más cri•
minales del mundo. La relación entre la criminalidad
homicida de París y la de México, es de u1to á trrir1A1, ]!
seis. Esta relación es enorme y debe sériamente preocu•
parnos.
El profesor Sighele de la Uuiversidad de Piza ha da·
do á la estampa un instructiv.,, trabajo sobre la crimiDA ·
lidad de Artena, aldea italiana, considerada como una
gusanera de delincuentes. En comparación con la.:i demás
comarcas de Italia, Artena arroja. en efecto. un notable
coeficiente de criminalidad. Aeaí, mientras todo el reino
da un término medio annal de R38 homicidios por cada
100,000 habitantes, la aldea citada no proporciona menos

l

_J·
Señor Cipríano Gu errero.
(üandidato al Gobierno de Durango.)

de 52.50 por cada 100.000. Esta cifra parece al Profesor
Sighele en extremo alarmante y llama la atención sobre
esta localidad infesta.da por el delito.
Y bien, este promedio resulta insignificante junto al
contingente que el homicidio nos ofrece en el Distrito
Federal, en donde el término medio es de ciento ocho por
cada grupo de 100.000 habitantes. Cómo llamaría el Profosor Sighele á este grupo humanoJ cuya delicia parece
ser degollarse concienzudamente?
Cuando una sociedad arroja perfiles tan negros, es que
el mal se encuentra dentro de los elementos que la constituyen, que corre por su red arterial, qoo punza dolorosamente en cada celdilla del organismo. La extirpación
del cancer no se logra entonces con una ley, ni las convulsiones sociales desaparecen con un decreto; enton•
ces hay que mirar más hondo, que escudrifiar más profundamente, sirviéndose de los hechos para hacer una
desoladora inferencia. Y los hechos está.u allí á nuestra
disposición, como materia prima, palpitante y terrible,
de un a.te ato análisis.
Precisamente en los momentos en qne se debatía este
obscuro problema del homicídio, la prensa. de información nos ha.cía saber que en una de las calles de la capi•
tal un de!:conocido asesinaba bárbaramente á un transeunte, porque éste le había negado un cigarro. ¿No es
esta una re velación aterradora de un estado social?
Un pensador ilustre ha dicho que el delincuente no es
sino el instrumento de un crimen preparado por la

sociedad. En el fondo de ella están loa fermentos de esta
descomposición. La parte sana y útil, representada por
el Estado, ha salido al encuentro de esta oleada negra, Y
ha necho lo que en todas las naciones del mundo: se
considera eficaz para redimir conciencias: abrir escuelas Y
favorecer el desarrollo de los elemeutos económicos. En
esta acción combinada está la solución de la siniestra dolencia cayo diagnóstico nos ha revelado la estadística.

QH compaiirrismo rn la prrnsa.
SP ha invocado constantemente en las discusiones pf'I·
riodísticas, comp(l11erisrrw. Esta hf'lrmosa palabra ba sido
rimada por los gacetilleros novicios y ha servido de escudo á. un grupo de vividores que se han aprovechado de
la prensa para sus fines particulares.
En virtud de este principio, existe en el periodismo
una solidaridad obligatoria, una responsabilidad mt'ítua,
una mosoneria neceearia, que estrecha á todas las con•
ciencias-la del hombre honrado como la del cowloti.ero
del periodismo-á vestir una túnica de Neso, de la qne
nadie que eegrime una pluma podría desprenderse sin
arrancarse pedazos de su propia carne.
Esta te.aria es insostenible: el compuñerismo, tal como eae
pret.ende reclamar de la prensa, ese compañ.. rurm.,-, fundado en culpables amistades, en tolerancias vergonzosas, en
sumisiones abyecta!'!, no existe en ningua profeeión, en
gremio alguno, y más se asemeja-dentro del criterio que
lo sostiene-á nna complicidad repugnante que á un sen·
ti miento basado en la franca y lib~ investigación de los·
actos, que debe normar las relaciones entre los hombres
honrados.
Diremos más todavía: mientras existan en la prensa nacional periodistas que se sirvan del vehículo de la hoja
impresa para denigrar á. otros periodistas, el decantfl.do
compañmsmo constituye un sarcasmo irrisorio que dudamos mucho que sea aceptado por los escarnecidos.
El compaivri8mo se explica entre personas de una mis•
roa condición social, de una misma educación y que se
guarden las mismas consideracion~s. ¿Pero se encuentra
la prensa de México· en estas circunstancias?
Esa marca def(ihrica con que se quiere sellará. todos los
espíritu~, es un yugo oprobioso é intolerable queestiem·
po ya de despedazar.-El tompafferismo .en la prensa representa la peor y más humillante de las tiranías, impuesta por el más tenaz y arraigado de los prejuicios sociales.

DOMINGO ,4 DE MARZO DE 1897

brutal soldadesca romana y dispersados á los cuatro vientos al soplo devastador de los adoradores del Cor.in. Y
vimos renacer sus glorias y brotar aua tradiciones de entre aquel montón de ruinas venerables á la humanidad
entera.
Los bosques sagrados resuenan otra. vez con la risa alegre y juguetQna de ninfas y gnomos de luz, y se deja escuchar el canto no olvidado de Pan y de Dyonisos; las
ondas del Alfeo y las aguas del Eurotas fingen de nuevo
cofl sus arenas de oro y algas movedizas, cuerpos de driadas y formas de silfos; parece que de nuevo los dioses se
mezclan con los mertales y que ·1a tierra inmortal de la
eterna belleza convida á las naciones á beber en el vaso
desbordante de poesía, donde apagaron su sed las generaciones que fueron. Mas ¡ay! que si la madre común de
los helenos que extendió su influencia soberana desde
las remotas playas heladas de la Cólquida hasta las abra
sadas regiones de la Tebaida, y desde las riberas del sagrado Gar ges hasta las rocas abruptas de la fenicia Gadee, pudo cobrar su libertad, aun quedan muchos de sus
hijos gimiendo bajo la coyunda impía que á sangre y fue go les ataron las hordas de Bayareto y las hueetes de Solimán. Todavía entre otros muchos que llevan en su frente la marca imborrable de su divino origen, el pueblo
cretense sufre los vilipendios de la dominación muslímica.
No faltan en.sus anales ni los heroismos de los snlio tas que en la terrible danza ,te lu muerte se arrojan á un
abismo con sus hijos en los brazos por no caer en poder
de los albaneses, ni las hazañas de los canarísque luchan
desesperados por la auhelada libertad.
No faltan en sus esfuerzos sobre humanos hechos glo~
riosos que los acreditan ú. los ojos del mundo que los
contempla absorto, como dignos de su raza de:titanes y
merecedores de la grandeza de su estirpe, vinculada en
la historia de sus insurrecciones. Menos afortunados que
sus predecesores del Atica y del Peloponeso, los creten•
ses han pe learlo sin esperanza y sucumbido en su demanda por·vírtud del que se llama concierto européo.
No lograron nada en la guerra de independencia de ...
1822, que creó la nacionalidad griega; nada en las rnbse•
cuentes insurrecciones y nada con las promesas de las
potencias que aparentan socorrerlos.
Han visto con asombro constituirse los Estados balkánicos, arrebatados al territorio de sus opresores¡ han presenciado una y otra vez el desmembramiento del caduco
Imperio de los Califas, donde cada uno de los poderosos
congregados en la tarea de librar á Europa de ese cuerpo
podrido, infecto y carcomido de gusanos que se llama
4

· {11 i~rn lfürral.
Con motivo de los acontecimientos de Creta, la prensa
ha comenzada á interesarse por la suerte de esta isla que
lucha hace más de setenta ai'ios, por sacudir la dura do•
minación musulmana, y de la prensa ha pasado al pÚ·
blico una corriente de simpatía hacia el territorio rebelde.
Es que en nuestro pafs se manifiesta un movimiento
favorable á las ideas liberales y de independencia, y á
todo pueblo que lucha por soslenerlas. Todavia, es cierto, el verdadero concepto de la libertad no ha llegado ú
penetrar en todas las clases, pero la tendencia existre muy
marcada de uno á. otro extremo del país.
Hemos dicho en más de una ocasión que el pueblo mexicano no se encuentra todavia á la altura de sus intituciones; pero también hemos manifestado que toda ley
tiene un carácter educativo, este caracter ha ido pene•
trando poco á poco en la colectividad. Aún en las clases
inferiores-masa inerte que ha servido de materia de explotación it los viejos odios de los viejos partidos ant&amp;gónicos-se advierte este impulso perceptible cada vez que
se presenta la oportunidad de externar sus opiniones.
La. educación completará y perfeccionará estas ideas
que hoy se agitan informes, pera que acaso en día no lejano tomen una dirección más util y conveniente para la
causa liberal de la República.

cruzada se organiza por loe poderoSOB de la tierra, se concierta una liga despiadada que hace olvidar los místicos
horrores de la Santa Alianza, y no es para socorrer al debil, ni para consolar al opreso pam lo que se congregan
-escuadras, y se levantan ejércitos y se enarbolan estandartes: estremezcámonos de santa indigoaci6n, todo ese
aparato bélico y ese clamoreo es con el objéto de defender al infame Sultán que abito de sangre y de matanza
de cristianos en el Asia menor, en Creta y en las calles
mismas de su imperial ciudad, olvida en las delicias del
Harem, la historia inicua de sus crímenes de lesa civi•
lización.
Las naciones se congregan por medio de sus representantes en las aguas de Canea, pam oponer la égida pro•
tectora de sus acorazados á los golpes que asesta el heroismo helénico al miserable otomano; se juntan en conciliábulos y discuten en confabulaciones, no el modo de
extirpar para siempre de Euroya esa úlcera corrompida
que se llama por un sarcasmo mconcebible la Sombra ík
Dios sobre la tierra, sino la manera de evitar que un rey
digno de los tiempos legendarios, capaz de sostener en
sus robustos brazos la espada de Leónidas ó de blandir
la lanza de Filopemén, se apodere con buen derecho de
esa isla infeliz, que ha manifestado abiertamente el deseo de constituir parte del reino helénico.
Y el Pireo es amenazado con los cafiones de las potencias, y las santas playas de la divina Hélade se miran en
el riesgo de verse profanadas por la planta de loe que se
llaman defensores del helenicismo.
Incomprensibles secretos de la diplomaci:i.! obscurida•
des tenebrosas de los gabinetes. QU1eren la paz, quieren
prolongar con su poder una vida miserable que se acaba;
quieren galvanizar un cadáver que ya apesta. Y como los
Estados balkánícos se aprestan á recoger su parte de bo•
tín, y se temen levantamíéntos en Macedoma, insurrecciones en Albania y rebeldías en Rumelia, esperan, ilusos, conservar una paz que se desvanece, y sostener con
mistificaciones que todos reprueban el artificioso andamiaje en que se asienta la ruin existencia del imperio
otomano.
Asustadizas las potenciss ante la perspectiva de una
guerra universal, menos costosa quiza que la abrumadora paz armada, ponen el veto á la anexión de Creta, y le
oponen como un consuelo mezquino la prornésa de una
autonomía, menos consistente quizá que las reformas tanveces convertidas en humo y pavesas.
No import.a: los que luch9,n por su libertad é independencia, tarde ó temprano alcanzan el anhelado triunfo; y
los cretenses, que hoy parecen los proscritos de Europa
y los cristianos griegos que en sublime arrebato se aprestan á morir por sus hermanos} llegarán á la soñada meta de verse cobijados por el mismo estandarte que el rey
Jorge tremola ya en los &lt;lesfiladeroR de la Tesalia.
El grito del oprimido sube al fin al cielo en contra del
opresor, y los asesinos de Trebizonda ydeEstambul, los
tígres carniceros de sangrientas fauces, hartos de carne
humana en Armenia y en Creta, se verá.n muy pronto
expulsados, no sólo de la patria del justo Minos y del
astuto Dédalo, sino también de toda tierra donde pueda
fructificar la idea grandiosa de la civilización occidental.
Ya es tiempo de borrar esa mancha que salpica de lodo
el mapa de la culta Europa.
X.X.X.
Marzo 11 de 1897'.

'ªª

deveras. Como estaba desnudo, desperté helado, á la
vista de Mongomery, que es una gran ciudad pintorescamente asomada á orillas de una gran barranca en cayo
tondo corre el Alabama.-Costeamos esa barranca, pasamos el río, corrimos á todo correr por entre bosques
que nos hacían suspirar de envidia (¿en la mesa central
hay otro bosque que ese bosque de museo que se llama: el
bosque de Chapult.epec?) atravesamos plantíos de maíz
perfectamente ordenados, saludamos las consabidas casitas de madera pintada y entramos en la estación de
Atlanta.
í***
Malo; el jefe de nuestra caravana, que ve mal, quiso penetrar de prisa en la estación en el ro.omento en que el
guarda vía, que era un agente de policia á la vez, bacía
seña á los traunsentesde que se detuvieran. lo que ni vió ni
podí.a ver nuestro compañero¡ entonces el agente lo empuja bruscamente, el mexicano, como era natural, le dió
un bastonazo é instantaneamente se sintió asido de la
mano y encerrado el puño en una cadeneta de fierro; el
viejo polic~w.1,n estaba furioso y quería llevar á su ofen ·
sor á un puesto de policia. Un amable truchimánqaepor
ahí andaba, explicó al agente que su prisionero no veía
bien y que eramos espaiíoles: nAhl dijeron los ojos del funcionario, con razón entonces; los españoles no saben lo
que es la policía.n Y nos dejó en paz refunfui'iando. El
Estado entre los sajones, dicen los teoristas de derecho
público, no es más que un juez y un gendarme. ¡Pero
qué gendarme!
.
Malo, dijimos al entrar; peor, exclamamos al mata.lar•
nos en el Hotel, abriendo un telegrama del consul mexicano en N. Orleans: dos ó tres horas antes había muerto
el Sr. Romero Rubio.-Grande y dolorosa fué mi sorpre·
sa; pensó en un grupo de cordiales amigos míos que le
eran profundamente adictos; pensé en su familia desolada, pensé en la mujer, noble entre todas, que fué la com•
pañera de su vida y algo así como la inmacuiada vestal
del ara doméstica. El distinguido muerto era mi amigo
también ¿de quién no lo era? Era la amabilidad misma,
la exquisita aunque un poco difusa amabilidad social de
México, traducida en la sonrisa, estereotipada, por decir·
lo así, en sus labios. No, no em un comparsa en la comedia seria de nuestra política, era un actor; la experiencia le había dado, ya en los años maduros, una aptitud
singular para conocer á los hombres, facultad política de
· primer orden. Hombre de ambición y de placer, amaba
la lucha, el combate era para et una voluptuosidad y, á
pesar de es.o, sabía ser tolerante y conciliador, por bene•
valencia y no por miedo, por que ese gran epicure1Sta
era un valiente y si creía poco, creia firmemente. En suma, la historia, que se ocupará de él, la historia en medio
de sus severidades tendrá. en cuenta que Romero Rubio,
fué la personificación de la burguesía mundana de México, con sus defectos y sus cualidad~, sus intrepideces y
sus indolencias, sus comp1acencias y sus audacias, en el
grupo de hombres de temple superior que nos dió la Re ·
forma.-Y pensando en ésto iba yo por las calles de la Ca•
pital del Estado de Georgia, muy alineadas, muy amplias, muy bien servida_s por los tranvi.as, á encomendar
al hilo telegráfico mi péfflme al Presidente y á su familia; y pensando en ésto me dirigí al Hotel en que estaba
alojado mi antiguo y fraternal compañero de colegio Car•
los Diez Gutiérrez.

EN T I E RRA V A NKEE
NOTAS A TOOO VAPOR
A NEW - YORK POR ATLANTA

1!}alítica &lt;Thtneral.
La insurrec ción de Creta y la cuestió n de Orie n te:.

Imposible apartar la vista de ese cuadro de heroísmo
que se desenvuelYe en una isla legendaria, bañada por
las ondas azules del mar del Archipiélago!
Un pueblo pequeño, en cuya ascendencia se cuen•
tan los héroes y los semidioses de la Fábula, pero sobre
el cual han llovido todos los horrores de la implacable
Némesis, se debate en angustia suprema por sacudir el
yugo ominoso que le impusiera en días de duelo, hace
más de dos siglos, la barbarie y el fanatismo de los otomanos. Una y cien veces ese pueblo que parece proscrito
por la deidad crnel que en la teogonía helénica preside
los destinos de los hombres y de los dioses, ha iotent&amp;do romper sus cadenas y arrojarlas al rostro de sus ver•
dugos ó convertirlas en espadas para luchar por su li·
bertad. Todo en vano: su viril esfuerzo se ha estrellado
contra la fuerza inexorable que le han deparado de con·
auno sus crueles señores y sus despiadados amigos.
Pudo la magna Grecia resucitar al estruendo de los ca·
ñones que atronaba.nen Navarino y aparecer ante el mundo transfigurada y soberana al ensalmo mágico de la.
poesia caballeresca• del mártir de Missoloughi; pudo recoger y embrazar el olvidado escudo de Palas Athenea y
ostentarse bajo el pórtico derruido del Pa.rtenón, coronada con las rosa&lt;\ de sus canéforas y la sagrada encina de
los bosques de Dodona; pudimos admirar por la acción
voluntaria y concertada de Rusia, Inglaterra. y Francia
en el primer tercio de la presente centuria. al pueblo inmortal de Salamina y de Platea. regenerado y libre, entrando al ejercicio de sus derechos pulverizados por la

EL MUNDO

DOMIIIGO 14 OE MARZO DE 1897

Do n Francisc o Góm e:z: Palac i o.
(Ce.ndldat.o al Gobierno de Dnrango.)

Turquía, ha ido tomando su parte de botín; han visto desgajarse, la Moldavia y la Valaquia, la Herzegovina y la
Bosnia y hasta la mezquina Rumelia, y ellos no han podido hallar una mano que se tienda en su favor para sacarlos del hondo abismo de la esclavitud.
¡Pobre Creta!
Sus gritos de angustia no han encontrado eco ensu desolación, y Hécub.1 infeliz ha visto degollados en su presencia á sus hijos más queridos, Laoconte maldecido, la
sierpe del fanatismo musulmán, los ha ahogado en sus
apretados anillos ante el ara de sus altares que no había
profanado; y miserable Prometeo, se ve atado con cadePas de diamante á la roca del martirio, mientras el bui•
tre de la tiranía roe sus entrañas que sin cesar renacen,
al influjo mágico de su heroismo inagotable.
Y cuando tras largas lucha~ y tremendos combares, en
que la victoria ha estado más del la'1o del opresor1 tras
prolongadas vigilias en que ha acariciado el suefio rmposible de su libertad, ha hallado en su camino la figur:t
caballeresca del rey Jorge que como el Teseo de Ja antigüedad pret,ende libertar á la nueva Ariadna de las garras
de su señor; que como los heroes medioevales se apoya
no más en Dios y su derecho pani. hacerse el campeón de
los que lloran, de los qne gim 3n y trabajan; una nueva

Apretones de manos, since~os y cariñosos ha1Jta luego11,
campanadas, humo, y vamos ya á todo E-sea.pe; el arco de
la ki,ée se dibuja en la noche por la inmensa guirnalda
de los faros eléctricos que el rio reproduce y deshace en
temblores diamantinos. Losjt:rrl/8 continuan su tráfico y
cuajados de farolillos, parecen góndolas colosales que se
bal!1-ncean ~obre el Mississipi que duerme con una respiración de mño. -Calor sofocante, enfermador africano1 capaz, si durase, de convertirlo á uno en n~· y ese calor
pega?o á las alfombras, á los terciopelos, á ]~ serlas del
glt;eptng car, es desesperante. Salimos al balcón de nuestro
carro q~e era el último de una larga serie y abrimos los
ventamllos: un hombre estaba escondido en la escalerilhl; el conductor nos dijo que estos viajeros clandestinos
suelen establecerse en los techos y aun abajo, en los
trucks de los carros¡ aquel incognito dió un brinco y se
puso en S4lvo en la vfa.-Una nube de polvo arenoso nos
hizo entrar; los dobles cristales de las ventanillas apenas
guarecían el interior del dormitorio: una hora duró aquel
tormento; pudimos entonces observar la negra y espesa
veget~ción que bordaba la vía; todo ello lodoso, pantano•
so, miasmático; el miasma se convirtió en una nubP. de
mosq11itos, peor que las de México; una de esas que envuelven y saturan las casas del noroeste de Tenoxtitlan
en Agosto es una bendición, comparada con la que estaba llevando á. cabo la succión de nuestra sangre y de
nuestro sueño; esta nube deJmoecos era bíblica. Pasó-todo pasa-sólo el calor reinaba en la tierra· sólo la luna.
-en el cielo. -Cruzamos por lagunas ó estua;ios que bgrdan esta comarca bajísima sobre largos puentes de esta•
cas que, en el agua inmóvil, parecían cepillos colocados
por las cerdas sobre una mesa de acero. Más allá de Mobila ( en donde hay un colegio de jesuitas en que se han
-educado en }a. virtud tantos jóvenes mexicanos, como
Pe~e Echeverría). me invadió 110 el sueño, sino una es•
pec1e de sopor fatigoso de que me sacó la algarabía infer•
nal de u.na murga de diablos, en forma de ciudadanos
negros ~ ci1;1dadanas negras que_ en la estación H (¿no
era en L1bena?) celebraban el arribo feliz de un candidato para presidente municipal de la ciudad cercana. Bajó
el candidato muy tieso, muy digno, muy necrro• no
aquella escena nome pareció ridícula· en ml&amp;O'Oitia (est&amp;~
ba muriéndome de cal or ) sorprendí s~ fado trágico y dantesco, y esa pesadilla n p ri1ri me trajo el suefio, un sueño

•
••

Estas ciudades americanas, que come, Atlanta, tienen
apenas medio siglo de vida, empezaron por unas cuantas habitaciones de palo, pero luego en su nucleo van ad quiriendo robustez y el palo es reemplazado por la piedra
y surgen á compás del desenvolvimiento de los recursos
agrícolas de la comarca ó de la situación topográfi~a de
la población, en la encrucijada de varias vías naturales
( ambas cosas se realizan en Atlanta) los grandes edifi•
cios, el capitolio de piedra blanca1 la Universidad de
granito y ladrillo, el hotel monumental de ocho ó diez
pisos con grandes fachadas decoradas de columnas ciclópicas, y revestidos de sillares perfectamente tallados é
imperfectamente pulimentados, (lo que suele ser feo, pero fuerte y da, por ende, una especie de formidable mas•
culinidad á las construcciones) hoteles en cuyos- halls
vastísimos y confortables se da cita, para conversar, to •
da la sociedad de negocios de la ciudad, entre el Rata.u·
ram y el bar; las calles se alinean, iguales unas á otras
por las casas que las bordean, por los coches que las surcan, por la gente que las transita compuesta de seres que
se muevan velozmente como á impulsos de un mecanisinterior, que llevan en el rostro marcada la seriedad,
la preocupación, el ensimismamiento de quien está á pique de perder la fortuna ó la vida si llega cuando la manecilla del reloj haya pasado de un punto fatal. Yme ex•
plica el sillón americano, ese sillón de cuero ó de rotín
compuesto de pequeños lechos para las piernas, para las
nalgas, para las espaldas, para los brazos, para el cuello,
para los zapato!:!, para los sombreros;. esos sillones de que
no quisieramo~ los gordos levantarnos nunca, sillones
ideales, digo, reales, con la más cómoda de las realidades, y que permiten á ese terrible judío errante de su
casa, que se llama el pueblo americano, descansar tanto
en cinco minutos, como un emperador asirio descansaba
en una noche.
*·. *
. Para irá la Exposición-tiene Atlanta su exposición na•
cional, que no es una feria del mundo como la de Chica•
go, porque Atlanta tendrá doscientos mil habitantes
cuando Chicago tenga dos millones, lo que no tardará
mucho, pero que sí será muy concurrida-para irá. la Exposición. decía yo, hay q11e recorrer seisó siete kilóme tros, por un terreno en parte ondulante y quebrado. Se
llega, se paga yse entra por un torno que gira con sólo
que el que se coloque en una de sus secciones eche á.
andar. A un lado de la entrada un boceto de barracas y
sobre una estaca un letrero: m u:ica.,, viUage-:muy bien,
ahí habr.í dentro de unos días mole y tortillas y tamales
que algllnos vankees diC'='U que son muy de su gusto;
sospecho que é:.to es mera urbanidad internacional.

m•

-En In cuenca de un laguito artificial rodeado de fina
arena y de un cesped bien peinado -Y joyante como
una franja de seda verde, se levantan los edificios de la
Exposición, unos caei al nive~ del agua, otros en la
falda de las pequeñas lomas mrcunstantes. Todo muy
bien dispuesto, con cierto 1ujo de arena fina en las
calzadas, y de faroles elegant.es y de bancos muy cómodos y de platabanda.a d~ flores y de arbolillos
muy lustrosos y frescos. Visitamos el departamento
de labore.a de mujeres (más inferior á. lo que a9.ui
puede presentan:e ) y los de muebles, de carruaJee,
de maquinaria; el palacio de la electricidad, el pabellón
chino, el japonés, etc. De todo esto tenemos muestras en
las tiendas americanas de México¡ la exposición nuestra
aun no estaba organizada, pero estaba en muy buenas
manos. Sentados al borde de la rampa que rodea por un
lado el lago y sube al departamento del gobierno fede~
ral está.u l~s edificios de algunos,E~tados: algo semejante
á 1~ que las fotografías de la feria de Chicago nos dieron
á conocer.
Bajamos al lago, formado por dos vasos elegantes uni ·
dos bajo un p11entecillo de buen gusto¡ .uno de l.os dos va•
sos tiene en el centro una fuente con vistosos Juegos de
agua.-Unas chalupas de nogal, barnizadas como un
mueble de salón, y movidas eléctricamente, giran en de·
rredor de aquel doble estanque conduciendo viajeros¡ entramos en una de ellas y pasamos un rato delicioso; todos los edificios de la exposición se veían en derredor,
con sus fachadas pintorescas y J?resuntuosas, desde el
templo de las Bellas artes allá arnba, con eus inmensas
escalinatas y sus pórticos griegos de yeso, basta la falsa.
porcelana del kiosko chino. Allá al frente la mar y todos
los baques de guerra de los Estados Unido!:', sombríos,
torvos, con sus torres de hierro y sus cañones gigantescos y sus torpederos á uno y otro lado, 6 sus mallas &lt;le
hierro tendidas en derredor, para cortar el paso á los tor·
pedos enemigos. Sí, ...... sí, ... ...todo eso estaba allí, pero
pintado en unos enormes tablones que prolongaban la
perspectiva del lago y que remataban la exposíción en
algo así como un mirífico anuncio de circo.
En nuestro paseo tuvimos el gusto de recoger á bordo
al Gobe}rnador de San Luis Potosí, apuesto y campecha·
no como siempre, que, acompañado de algunos amigos y
de los comisarios de la Exposición, visitaba los edificios.
Pronto lo perdimos; una chalupa en qne navegaban al·
gunas elegantes y amables señoras de Atlanta nos abordó y en un santiamen lo hicieron trasbordarse á su b~rquilla, y á fuerza de amabilidades y sonrisas lo retuvieron cautivo, en compañ.ía de un intérprete, hombre muy
acrradable por cierto. Díaz Gutiérrez quiso arrastrarme
cÚnsigo, pero resuelto como estaba tt pou.r ca.us,. á. no
ocuparme en la gente, sino en el país, me resistí y le
dije wtfos.
La iluminación del lago, de los edificios, de los árboles,
fué un espectáculo encantador de veras; todo Sd refleJaba en el agua, que parecía hervir en diamantes y zafirus,
y las notas de las músicas instaladas aqui y allá, convertían aquellas multiplicadas sensacion1::s, _en cierta ine•
fable emoción de placer y melancolía.

•
••

Volvimos en la mañana siguiente, deseá.)Jamos ver el
departamento de Bellas artes. Desde la monumental escalinata que parecía tajada en ,la rbisrba colina con sus
magníficas balaustradas, sus está.tuM de piedra artificial;
desde el pórtico de simili•mármol que la corona, se do·
mina todo el contorno de la exposición¡ mO.cha luz, gran
cielo de día de fiesta aereo, los celajes como velos de tul
transparente y sin color. Detrá.s del p6rtico un vestíbulo;
es el salón de e~cultura. Muy bien. Los dos marinos gigantescoe, eebeltos y arrogantes que llamaron la atención en Chica~o, ahí están, en yeso. Admiramos un bus to de viejo, mmucioso, pero concienzudo y real á maravilla; Ull Falstaff de barro, soberbio de veras, tratado á.
grande1:1 planos, en la manera franca y atrevida de nuestro Jesús Contreras, y guardande en la pasta cocida la
huella cla1a del l!lic y del dedo inodelador.-En derredor
del salón de escultura, los salones de pintura; primorosas acuarelas, dibujos que, vistos de prisa, parecen muy
buenos y algunas espléndidas telas; muchas de estilo
primitivo, pero involuntariamente modernizado y ama·
nerado por ende; en suma el artificial pre-rafaelismo de
la escuela inglesa, que causa la impresión de un arte falso, pero seductor como ninguno.
No sólo los imita:dores del semi-bisantinisme de los primitiv,s están aquí representados, hay también impresionistas; de ellos son estas pequeñ.as telas, sin dibujo y
sin colorido, tratadas por 111edio de un pincel cargado con
todos los colores de la caja, que manchan Pin orden aparente; pero vistas de lejos y en cierto ángulo, hacen esta•
llar ante los ojos un conjunto de objetos que procuran la
sensación misma de la unidad ó hacen creer en ella; esto
no es pintura, es prestidigitación óptica al oleo. ¡Cosa
singular! Ví allí unos paisajes de árboles morados sobre
estanques blancos en que nadaban flores azules, que era
lo más irreal que puede concebirse; aquello parecia un
paisaje de ensueño, pero hacía sofiar. Sin embargo, ha ·
bía pintura de veras, en esa improvisada pinacoteca. Un
bautizo de San Juan de Faircbild pasmoso de relieve y
de verdad, aunque de colorido convencional;estonosparece al menos á los que estamos acostumbrados á una luz
muy cálida, pero menos matizad.ora que la de las regiones
frías v húmedas. Una danza de nifiosde Mad. DénvoutBretou. pintada (corno todo lo de esta bija de un gran ar
tista) con la intención de traducir la realidad y no de
parafrasearla; aquellas cabecitas de oro y rosa en relación
con el tono verde del prado, producen un efecto sabroso
de plenitud, de vida y de verdad. U na gran tela firmada
¡oh! ¡extrañeza! Madeleine Lemaire; ignoraba que la in•
comparable acuarelieta de L'abbé Co,,~tantin pintara al
aceite c-on tanto brío. Aunque bien visto, el cuadro resul ·
ta por la suave trasparencia de las tintas, algo así oomo
una tela pintada al oleo. con procedimientos de acuarela.
Es nna Ofelia, en escorzo, con la cabeza en el primer
plano y en el último los desnudos pies de campesina fia•
ca, que viene Tesbalando en su marco de yerbas locas
4

�EL MUNDO

DOMINGO 7 DE MARZO DE 18g7

y de flores multicolores, por una corriente d.i!ifana y negra, el rfo de la muerte. La impresión total es embargadora; intensa la sinfonla del colorido, aunque compue1::ta.
con pocas notas de la. gama cromática, pero esas notas r~corre n todos los tonos, desde el alto hasta el Velado y sordo; y aunque la tonalidad es azulosa, no resulta fría; la
muerta vive. ¿Pero es de Lemaireel cuadro? Muchos bobos, yo de ellos, contemplan largamente· un cuadro de
Checa: [',,a "Mau1na11uia. Nosécuantasobjeciones pueden
haceroe al colorido, al dibujo, á la arqueología &amp;el compositor, aunque ya hoy puede restaurarse sin un sólo
anacronismo una galera y un ciréo romano, desde la estola de las vei!tales hasta las acróstolas de los barcos en lucha sobre el improvisado lago. Lo que sé es que toda
aquella masa enormesti movía, Insolas, las velas, los combatieotes feroces, los espectadores más feroces que los
combatientes, todo, pero todo como presa de un vértigo
convulsivo. t-,o!o el tmpuatrn- está inmovil, impasible,
inconmovible como una institución, fastidiado como un
dios. lTn hallazgo este contraste.
-Se nos va el tiempo, apenas tenemos el neces'U'Íu para lh•gar al hotel, tomar algo y marchar.
-Pero hay mucho que ver aquí todavía .......
- Bueno, pues nos alcanzar:ts en .\'ueva York.-Partí.

DAMAS

LA CUESTION CRETENSE.

: En _eetos momentos, el mundo entero tiene fijos sus
d1lata~os por el aso~bro, e_n la cien vaces gloriosa
y legendana ma~re Grema, y as1ete con doloroso interés
á un drama her01co cuyos actores puede1.1 sucumbir de
un momento á otro bajo la aplastante omnipotencia de
los colosos europeos.
.
La historia de este drama es tan 6Cncilla como conmovedora: Hace runchos anos que un hermoso país de va.
l_i~ntes, )a iela de Creta, cuyo mapa damos en otro lugar,
.gune baJo. el poder a~olutista de los turcos. La tiranía
de la media luna ha sido ahí, tan ominosa é insoporta·
ble á las veces que eee pueblo se ha levantado en armas
-contra sos opresores y entonces las escenas terribles
de asesina~os y matanzas _cometido@ por éetos, ha cla~ado· al c1e_lo._ Las _poten.mas europeas que anhelan hace
tiempo suprmm al 1mpt'rio otomano del mapa de Europa, no tanto para volver por los fueros de la civilizncion
y de la humanidad ultrnjadas1 sino para repartirse fos giro~es de _esa tierr~ vasta y hermosa, cohibidas pvr su política sutil de gabmete y por la misma promiscuidad de
sus deseos, limitáronse entonces á pedir al saltan las reformas que los creten@es legit1mamente pedían y el soltan las prometió y una paz siempre momentan'ea volvió
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.:•.'!~/;':,:'·!
::_r:} :::,1

Amaneció: las poblaciones, la9 ciudades, las estaciones
con sus grandes letreros en los salones de espera: wai.lm!J
room for wlute people, se su'c edfan con cierta rapidez. En
los bOsques, en los campos, en las ciudades, tlorecía el
mu.mcio, la flor postrera de la naturaleza americana, profanándolo todo con sus enormes cartelea abigarrados y
-sus letras hechas para ser leídtis :í seis leguas J.e distancia: /lohh, Ca¡¡toria, 1lluü, 1Yulri11,1, be aqm los ejempla1es
más notables de esta flora de cart.ón pint.ido. ¿SerJ. éste
el objeto último de la actividad dee:,te gran pueblo? In. ventar anuncios, poner anuncios, propagar anuncios. Eso
parece: las ciudades, que son aglomeraciones de paloma•
Seriora Julia Schmidtleln de:Bermejillo. (Fotografia Valleto.)
res, ¿titrnenotro objeto que mostrar anuncios en las veot!mas, en les tej,,dos, en las chim~neas? Un amigo mío,
hombre de empresa, agricultor entendido, premiado en
americano, me decía que muy frecuentemente la inven- muy bien, p:&gt;r.:¡ue las chim~nea:i de las casas no humean,
di versas expo3iciones, y benefactor de los pobres. Resición del anuncio precede á la de la co.m anunciada! ¡-Oh! ni hay g¿.nte-eu las avén idas: es domingo.
L0s barcoi llenau él río, 103 coches eléctricos pasan dió en Estados Unidos, en otro tiempo, siendo miembro
tierra del h•.w ib«.'l, bendita seas!
com) crust:tcaos fant.istic,H por las calles; la impresión de nuestra Legación, y en la capital de la Repúbltca, deEntre treinta anuncios de .,..Vutrina y c~t?ria divisa- de la grandeza de ests.ciudad es formidable, los btokx ro• dicó gran parte de sus energías al periodismo y al magismos esfumado. la !Jiiw~t,i, de la cúpula del C.lpitolio de jizos, se extién:ien ha3ta el horizonte y escalan el cielo.
terio.
""asbington 1 en una niebla tan ténue, que p.irecia un Ctlpulas, torres, chimeneas inveros(milmente altas, de
El sefior G0mez Palacio, tiene en la actualidad cuasimple d&lt;!slustramiento del cristal bruñido del cielo. En fá.bries.3 mudas, r¿.m1tes monumentales, puentes de
renta y cuatro afios.
el fondo de una avenida erig(a el ObelUJCo su piramidión fierro por donde quiera, eso es lo que resalta en aquel
El señor Don Cipriano Guerrero, hermano de la inspi•
de granito. Y seguimos. Una ciudad intensamente coló- océano arquite"ctural. Nue-Mo tren corre furiosamente rada poetisa Dolores Guerrero, e" también hombre de valer
. rada, pero enorme; con grandes manchas verdes de árbo• ·media hor.1, · para en otra estación y Filadelfia sigue, si• y de energía, que ha servido á. la políti..:a de Durango en
les aqui. y allí: dos, trest cinco, ochocientos, mil alina- gue, sin t(;rmtno.
varias épocas, mostrando siempre un nf)ble desinterés y
mient.os de casas coloraaas; las manzanas, diré block1J1 de
Salim()s p )r fin; continúa de un lado de otro la pro- teniendo como solo punto de mira el bien de su pahoy en mis, muy estrechas\,como cajas de puros de 30 6 cesión de pJblaciones y cas.i.s; llegamos Jeuey-City: es tria.
40 varas de alto, p.iradas so .re uno de sus lados peque- la misma ciudaride siempre, lo que hemo3 visto en todas
El señor Guerrero nació en 1844, contando por lo misños, y cuajadas de ventanas de arriba abajo, con sendas partes.
mo en la act.ualidad cincuenta y dos años.
persi¡¡,nas verdes. U nas cuantas puertas de campanarios,
.TomarooS' el.far_l¡, bogamos en dirección de un hacinaAmbos caballeros son muy apreciados de la sociedad
por entre los tejados¡ eso es Baltimore. Hasta luego.
miento indefinido, que llega basta donde llega la vista,
de Dnrango que ha sabido aquilatar sus relevantes mé·
He aquí las selvas de Pcmsilvania; hijas ó nietas de con~trucciones que manchan el cielo puro; todo eso rit.os.
de las que encontró el gran cuákero Guillermo Peno. acaba delante de nó:mtros en una punta; á ella nos vaSon magníficas; aqui la lucha entre el bosque y el ·mos acercando. LQ que nos fija é h1pnotiza, es una cúpuOTRO PAGO DE$ 10,000 DE "LA MUTUA,.
campo cultivado ha terminado por una transacción. la de de cobre dorado. muy alta ¿qué es esto, un templo,
Los árboles, dorados ya por los primeros besos gla• una torre? Es la. cúpula de la caqa del JVorlr.t, roe dijo el
EN TAPACHULA.
ciales de la estación, empiezan á no ser verdes, son amigo que nos había recibido. Y elj,rry atracó en NueRecibí de ciThe Mutual Life Insurance Company of
rojoij y amarillos1 parecen flores inmensas. Un pue- · va York.
,
New York la suma de {$10.00000) diez mil pesos plata
blito pintorescamente desbarrancado allí enfrente de
Jc~To Srn1uu.
del cui"io mexicano én pago total de cuantos derechos se
las riberas del Susquehanna; más allá, á. la dereMarzo de 1897.
derivan de la póliza núm. 566,701 bajo la cual y á. mi facha, las playas de la bahía del llm•re de Gru.cia, lleno de
vor estuvo asegurado mi finado esposo D. Agustín Escogracia, es cierto. Pasamos el rio: debajo de nosotros los
bar. y para la debida constancia, en mi car.í.cter de bevaporcitos surcaban lentos y airosos. Más allá, \\'ehnCANDIDATOS Al GOBIERNO DE DURANGO
neficiara nombrada en la póliza, extiendo el presente reington, una ciudad fiibrica; después Cbester, y desde
cibo en la misma póliza que devuelvo á laCompafiía para
aquí laa lineas férreas, admirableruente construidas, se
multiplican y coll\·ergen hacia una formidable esv.lanaE notro lugar publicamos Jos retratos de los Sef\ores Don s11 rancelación en Tapachula á 15 de Febrero de 1897.C,1ruu11 H,. de Escobar.
da literalmente pavimentada de vías fé rreas, .A..rnba de Francisco Gomez Palacio y Dm Cipriano Guerr~ro, per•
noaotTos pasan otros trenes como sobre teclados de gi- sonalidades ambas muy prePti_g.iadas, á quienes la. opiLuis G. )layen, E~cribano público del Estado Libre y
gantescos pianos; el aliento de las chimeneas, los pitazos, nión pública señala como candidatos al gobierno del EsSobdrano de Chiapas, certLfico que fué puesta en mi pre•
el campaneo incesant.e, forman en nuestro sensorio una tado de Durango.
especie de telón de fondo obscmo, tramado de acero y de
El Seflor Palacio, es hijo de Don Francisco del mismo sencia la firma de la señora Dofla Carmen E. de Escobar,
humo. A.bajo de nosotros hay otra estación mayor y más apellido, Benemérito del Est.ado y que desempefió altos por ella misma.
Tapachula, Febrero 15 de mil ochocientos noventa y
cruzada de líneas férreas! que la que atravesamos.¡ á su puestos en el país. Ha prestado el valioso auxilio de su
nivel se extienden las ca les sin fin de Filadelfia; ae ven. cooperación á la marcha administrativa del Estado¡ es siete.-Luia G. Mayen.

l

165

generoso, estaba que las potencias europeas pondrían nn
veto á Jas iniquidades de los turcos y admitirían la anex•
ción siquiera fuese provisoria de Creta á Grecia¡ pero las
potencias europeas piensan de otra suerte. Ante la cuestib11
capital de su.inestable equilibrio, nada vale Ja agonía de
un pueblo. Ay del que tome la inicia.ti va para desmembrar
á Turquía: el oso rm,.o, el jabalí germano1 Leviatan y el gn•
llo galo, se contemplan y callan. Impedir la acción iuopinada de Grecia era el sólo camino posible y Europa para no perder un problemático pedazo de tierrá. nefanda
en Torstuía, para no dar un choque al edificio de s11 política dificil, hizo camm común con los turcos..... .
Sus buques de guerra arra@arán á Candia y á Canea y
reducirán acasoá pol,·o, la trunca maravilla del Partenon.
Grecia que es el arte, la inteligencia; Grecia que es en estos momentos la humanidad; perecerá acaso, y el rny
Jorge como un nuevo Temírtocles irá á. pedir hospitali
dad á un enemigo lejano, después de haber asistido heroicamente á la agonía de su reino y á la ruina de rn
casa.
Tal sucederá si la decisión inapelable de lae potencias
no varía · mas entretanto, ¡qué sublime tragedia la que Ee
desarrol 1a en las playas doradas, donde habitaron los
dioses y ee hicieron marmol! y cómo levanta ras simpa•
tías del_unive~o, ese hombre que ha dicho á la orgullosa ommpotenc1a europea:

La Heroicidad del debil.

A pique estuvimos de perder el tren, unos entramo~

en unos wagones, en otros los demás¡ nos reunimos pur
fin y partimos hacia la Carolina meridional dejando :í.
Atlanta, la puerta del S,,r, comu la llaman los georgianos.
Con devoradora velocidad ealváb.imos una en pos de otm
las ~linas erizadas de espléndidos bosques de coníferas
que forman aquí las ondulaciones más bajas de los Apalaches y me dormi narcotizado.peramkn sUc11tire lu'M'. Al
despertar poco después, escuchando el ruido de los trenes
que pasaban y pasaban como visiones espectrales de reptiles antediln\'ianos. El rumor de las campanas de las máquinas, llegaba vertiginosa,nente· tocando un doble frenético y en el instante se perdía en un grito trtígico como
si se lo tragara un rezumadero del viento. Aquella rica CO·
marca que alumbraba Ja luna:
eRe nenvf,tr de pluta
t tt el lago de la noche,
había sido testigo de la postrera lucha, de la suprema,
en la guerra de Sece,1;ión. Aquí se babia preparado el dPseulace del drama¡ aquí Sherman después de haber traldo su
ejército desde el valle del Mississipí á. Atlanta por el ca.·
mino de fierro que él mismo const.rufa, había efectuado
• En marcha napoleónica hasta Saranah en la costa del
' Atllmtico y había subido deshaciendo canlinos é incen•
diando poblaciones, para impedirá los separatistas 1ehacerse, basta Richmond, en donde Grant tenía acorralado
al general Lee, como una jauría á un león: llegado Sher·
man, el león tuvo que rendirse. Aquí se jugó en esta formidable campaña el destino de la República americana
y del imperio mexicano. 1,Señores, decía Maximiliano ú
tres 6 cuatro de sus Cone:ejeros de Estado, con el parte de
la toma de Richmond en la mano, el imperio está ven&lt;::ido.»

t EL MUNDO

MEXICANAS

Príncipe Nicolás.

á. loa ánimos después de las t-remendas convulsiones de guerras sin cuartel.
Pero las reformas no vinieron nunca cual
se esperaban y si fueron en auge siempre las
tropelías de los turcos1 hasta hacer imposible la situación de la vejada isla. Esta tornó
á. levantarse en armas enarbolando la bandera de la libertad, y las escenas de terror,
imperan de nuevo en el sangriento campo
donde no sólo se veD.tila la cuestión de nacionalidad. y de autonomía, sino que luchan
á muerte, sm tregua y ain cuartel dos credos religiosos: el .I!;vangelio yel Korá.n, Ctis•
'to _y Mahoma.
Escalaron los insurrectos cretenses sns al•
tas montañas, coronaron sus profundos desfiladeros; sus mujeres y sus hijas desbandaron ·por todas partes, huyendo del al•
fanje sarraceno, deE!piadado y cobarde y no
hubo región del país donde no llamease la
lumbre del vivac, ni recóndita guarida donde no se ocultase uoa familia pere:eguida ó
acechase al enemigo un patriota resuelto.
?ero ¡ay! los insurgentes, los vejados1 los
justos oontendientes del derecho son pocos
ante la formidable avalancha musl1mica
que pasa como las antiguas tropas de elefantea cartagineses, dejando en su camino
arroyos de 11angre y mierubros palpitantes.
Los creten1es, que proclamaban su
anexión á Grecia como único medio de salvación, sucumbían sin remedio, ante la
cautelo1:1a impasibilidad del oso ruso 1 cuya
zarpada poderosa bastaría áaniquilar la.Su·
blimePuerta, ante el Leviatan inglés, sefl.or
de los mares, 11.nte el jabalí alemán de poderosos colmillos y ante el gallo de Galia
de recios espolones ......... .
En tan angustiosas circunstancias dejóse
oir una voz, y ee&amp;. voz no era la del joven
Czar omuipotente, no era la del Kaiser gimnasta y guerrero, ni la cascada de Lord t-:aliabury, ni tampoco Jaque ha cantado Ja
l\laniellesa en las callea de París. Era la
voz de un rey pequeño, humilde y pobre,
que ha poco hacía resurgir el explendor de
las olimpiadas gloriosas en el standium prestigit: do donde sucumbió el guerrero del\Iara•
ton. Bete rey no tiene más que dos millones de ,•aE=alloe y tres hijos heroiCOSj no
posee flotas poderosas ni ejércitos innumeros; pero debil y toda su voz llena de reproches se oyó en el Continente porque h~·

blabaen nombre del derecho y en nombre de la humanidad.
Puesto que un pueblo de heroes sucumbía ante la faz
inconmov1bl~ de la Europa "ivilizada, y puesto que esa
Europa ommpotente, como las vestales senudas inclinaba el dedo ...... permitiendo á. los victimarios musulmanes rematar su obra odiosa, él, el pequen.o, el debil saldría. á. la defensa del ,oprimido.........
'
Y Grecia movilizó sus tropas, alistó su flotilla de torpederos que puso á. las órdenes del príncipe Jorge, y est!ecbando en fraternal abrazo á su hermana opresa, sahó con ella á. la mitad del camino y gritó al muaulman
carnicero y á. la Europa formidable .
¡ Pasa 8i puedes.'
Ro el criterio popular llevado siempre de lo noble. y

Duque de Espart..

-Yo soy más grande que tú, porque
soy noble y buenoT

•••

El Príncipe Jor¡:c.

La familia real de Grecia hacia la que el
mundo enterovuelveahora sus miradas no
es una de las viejas dinastías de Euro~ El
re_y _Jorge I nacido en Copenbague el 24 d(,
Diciembre de 1845, hijo de Christian IX.
rey de Dinamarca, tenía dieciocho afiot
cuando fué llamado, por el voto de la Aaam.
blea Nacional griega, á ocupar el trono dt•
los belenos1 en virtud del protocolo firmad&lt;,
el 5 de Junio en Londres, por las tres gran
des potencias protectoras: Francia, Inglate
rra y RtJ.sia. El 27 de Junio, era declarad.1,
Mayor por la Asamblea Nacional, y comenzó á reinar el 30 de Octubre de 1863.
Había servido antes de su advenimiento
al trono, en eJ regimiento de infanteríaJru.
sa del Neva, del cual es ahora coronel· du
rante eu estancia en San Petersburg~, S&lt;·
e_n amor6 de _la gran duquesa 01~ Constan
tmona, nacida en 1851, y. con la. cual ee casó en 1869EI príncipe here tero nacido de estematri•
monio el 21 de Julio de 18ü8, lleva el nombre y el título de Constantino,duque de JIA3
parta; se casó en Atenas, el 27 de Octubre
d~ 1889, con la pr~nceea Sofía de Prusia, 11actda el 1-1 de JuDJo de 1870 y católica gdega desde el 2 de Mayo de 1891.
De este nacimiento nació el priocipt" Jor
ge (1 O Julio de 1800) en el castillo de Dee,-Jia, cerca de Atenas, propiedad que habite.
actualmente el P.rincipe heredero.
. El segundo hijo del rey de Grecia, príncil&gt;E: Jorge, nacido en Córfú, en 18U9, t s
cap1tá.n de navío en la marina helénica· eu
hermano menor, príncipe Nicolas, n~cido en A:-tenas en 187_2, llev.a en el ejército
las f!1nc1ones de capitán de artillería. La
partida del príncipe Jorge para Creta le ha
da~o de la noche á. la mafiana u■a p&lt;)pular1dad muy grande en su país y diríamos
una celebridad casi universal. '
_H~ aqui la silueta que traza él de un pe•
n6d.1_co europeo:
1
• T1ene veintisiete aHos y es uno
de los
má.s hermosos hombres de la Hélade como l_os guerrerüs antiguos esculpido; en
los fr1sosdel Parthenon.
Grande, sólido, ejercitado en todos los
sports, acaso también en 1¡1, palestra, est.i

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 189T

EL MUNDO

166

DOMINGO 14 DE MARZO DE

,11.0~

Fl. MUNnO

escuad_ras, siguiendo ~ 1-lidra.
y al Mi K adi en su camrno hacia el Sur y operando un nuevo
d€sembarque sea cerca tl.e•
Sphakia, sea en loa alrededores de Se1ino-Kasteli, sitiado,
ya por los cretenses.

dotado de una fuerza:'maravillosa, y los súbiitos de su padre
le llaman con admiración alhle·
ticos.prinkys (el prfncipe atléti•
co. ) No lleva barba para mayor
semejanza con los antiguos; es
robio, de grandes ojos azules
y frecuentemente á su paso
por las calles de Atenas, aparecen discretamente hermosos
ojos negros en las ventanas semi-cerradas.
Marino de corazón, ha seguido los cursos de 1a escuela naval y ha obtenido regularmente sus grados, aunque con rapiqez. Es capitán de fragata,
comandando la primera división de la defenE!a móvil.
El príncipe beredero de Grecia, duque de Esparta, ( el
Dioda(]W!, como ee dice ahí) es
muy amado, muy apreciado
por sus sólidas cualidades; el

actnal de la escena. Los sucesos en que enreda sUBargumentos Sardou, son una imitación exacta de la forma
que los sucesos aná logos siguen en la realidad; pero ~ta
semejanza es sólo en lo superficial, en lo más somero P.e
la forma: la verdad de estas ficciones dram~í.ticas no está
más que en el modo de las apariencias, y aún falta mucho
para que el interés que sólo puede nacer ante la contemplación de la vida humana ·representada, se produza en el ·
público, cansado ya del hermoso juego de las tablas, donde sólo se ofrece al espectador una convencional trabazón
de sucesos que, por artística combinación de fingidascua·
lidades, produce en breve cu!l,dro ·una especie de microcosmos, :representativa de mucha más vida y realidad de
las que cabrían naturalmente en tan estrechos iímites de
espacio y tiempo, si todo aquello sucediera en el mundo
real. Si eEto se nota en el teatro de Sardou, que, en lo
que se refiere á la verosimilidad del movimiento escénico
y de las fonnas de la acción, es quizá el. que más se acerca á las exigencias de la realidad, ¿qué diremos de los demás autores que, dando una importancia, ó exclusiva 6
predominante, á los distintos elementos del drama, ora
al carácter, ora á la elección moral ó la tésis filosófica
y jurídica, tienen tan eecaso esmero al inventar la trama
de su fábula 1 y menos aún al darle la vida, la forma dra•
mática? Dumás, por ejemplo, es hoy el gran lJ).flestro de
cuantos entienden que el teatro puede Ser escuela de tras·
cendentales filosofías. palenque, como el Agora ó el Foro, de cuestiones de Derecho civil ó Economía política.
Para Dumás el argumento es un pretexto para la tesis;
cualquier ocasión, cualquier hora, cualquier sitio le sirven para hacer hablará sus personajes del a,sunto que él
tenía entre ceja y ceja. Cada personaje, por ajeno que su
carácter propio sea á. todo discureo de probanza, va ex•
poniendo algo de lo que el autor piensa acerca del punto
de debat,e que traía preocupado á París por aquel enton·
cee: sea el divorcio, la situación eocial de la mujer extraviada, 6..... .la cuestión de Oriente. Nifios, ancianos, menestrales, pordioseros, cómicos 6 potentados, todo el mundo tiene en los dramas de Dumas algo que decir á la rnciedad para que no sé olvidA: y al efecto, se lo dice siempre con ingeniosa frase, en que la paradoja, la antítesiF!,
la hipérbole 6 el popular retruécano sirven para dorar la
píldora que ha de tragar el respetable público, representante de la sociedad entera cerca de Alejaodro Dumás.
Esta censura que escribió Zola en otros términos, es
justa; y así, el teatro de Dumas se acerca á la .""epresentación de la realidad aún menos que el de Sardou. Los
caracteres, las relaciones de éstos y los móviles porque
obran, están mejor estudiados, con más verdad y máa
profundamente, en el teatro de Dumas que en el de Sardou; pero ese teatro, como tal, como imitación de la vida en forma dramática representable, es más falso que el
de Sardou y más que PI de Scribe: lo convencional entra
por más, la abstracción se proclama, ó tácticamente se reconoce ser legítimo resorte del dramaturgo; el_ artificio
de la acción es más transparente, la ilusión menor, y todo esto hace que ante obras de este género, el público se
crea enfrente de un mundo aparte, que no es el suyo, que
tiene leyes especiales de tiempo, espacio y combinación
de sucesos: leyes que es preciso conocer de antemano pa•
rano pasmarse al ver tanto prodigio de casos fortuítos
que desempeñan providencial destino, y para poder interesarse con la suerte de aquellos comediantes disfrazados de personajes que en realidad no existea en ningu.na
parte. No, no existen, porque conocemos á runchos que
tienen aquel carácter, que obrarían así en tal caso, pero
que se diferencian de todo lo demás, porque éstos son
hombres y aquéllos son personajes de Alejandro Dumás;·
es difícil verlos y no acordarse de la primera página del
drama, que dice: «Personajes ...... Actares (fl.tP han creado

-11,t0a11-

Refraccione8 extraordinarias.
Conocidas con el n~mbre
de Hada Mor&amp;ana.
[l'ta se-=nuesiro grabado.]

M. Forel, el sabio profesor de

Laueanna, ha llamado la atención sobre las diferentes re•
fracciones que se rproducen en
la Puperficie de los Iag:os, y una
de las más extraordinarias de-las cuales, observada desde hace mucho tiempo en el estrecho de Mesina, es conocida.
con el nombre de Hada Mor-

príncipe Jorge es quizá,má.s ·po-

gana.

{)Ular, por sus ímpetus,su buen
humor y su vida externa.u

Está, de una. manera p:eneral, caracterizada por el hecho de que los objetcis situados sobre la ribera opuesta
del lago, parecen siJ;1gularmente estirados en el sentido vertical¡ las rocas, los muros, lascasas, parecen transformadas
en• inmensas construcciones,
de las cuales los itali-anos han
hecho los palacios del Hada·

*

A. las notas* *que damos en
otra parte sobre la insurrección cretense, y á los grabados
de Creta y de Canea, punto de
concf'ntración de las íuerzas
navales y militares puestas en
movimiento, nos. parece útil
flñadir una carta para recordar
Mm'gano.
•
:í nuestros lectores la situación
Los Hada Morgana son1 un fep:eografica y la configur;ición.
nómeno extremadamente inde esa isla.
estable y que no dura, en gene•
Los griegos que hasta aqnf
ral, más que unos cuantos mi~
obedeciendo las sugestiones de
nutos.
Europa, habían prestado á. sus
Cuando cesa, el objeto, cucompatriotas de Creta socorros
yas dimensiones verticales espuramente oficiosos, han entaban tanagrandadas, tomafre•
viado oficialmente dos acorazacuentemente proporciones exdos, el Hidra·y el Psara, seis
tremadamente reducidas. Cotorpederos, una corbeta y cuamo M. Forel lo ha comprobatro trasportes, de los cuales el
do, los Hada Morgana no ocuMi Kadi ha llegado el último á
-pan más que .un segmento-li, las aguas cretenses. Han desmitado y perpetuamente varia-embarcado en la bahía de Koble del horizonte; inuy cerca de
lvmbari y desde el convento de
ello a •Be producen frecuenteGonia, el coronel Yassos ha de
mente refracciones de un orden
cretado en nombre de rey de
completamente diferente. Y&lt;&gt;
Jí)s helenos, la ocupación de la
no los he observado en el lago•
isla, especificando que «proLéman sino en tiempos tranmetía proteger la vida, el hoquilos y cuando la temperatunor y los bienes de todos los
ra del aire es notablemente
habitantes de la isla sin distinmás caliente que la del lago;.
ción de religión.»
marzo, abril y mayo son los;
Francia, Rusia. Inglaterra,
meses en que tales fenómenos
Italia, y Austria Hungría, disson más bellos. Reproducimos
ponen en las proximid'ades de
en el grabado adjunto una foCanea de nueve acorazados,
1,0grafía que fué hecha por los
diez crac.eros y tres torpederos~
Sefinres Picard de la Cllauxssin contar con los refuerzos
de-fonds, á fines de 1890, y que(tUe están enviando.
nos muestra un efecto de miraLa cuestión cretense,-lnsurgentes de Creta haciendo fuego á una columna turcaL~s montañas.
Los periódicos europeos di·
--_..
Je obtenido con una barca socen · que aun cuando se senEl resto de la isla escapa á su acción y el bloqueo total bre el lago Leman. Se notará la desproporción de la8'
tiría uno tentado á creer que el proceder de los griegos
es una locura, quien así pensara.. no conocería la auda· es imposible. Asf, de una parte es probable que los in- velas del verdadero buque y de su imagen. Cuando se tocia prudente de ese pueblo. Todo lo que pueden hacer surgentes tomarán sucesivamente las plazas importantes mó la fotografía, el cielo estaba un poco nublado.
M:uchos eabios, entre los cuales citaré á Humboldt,
las potencias es ocupar las ciudades de la costa _Septen- y arrojarán de eJ-las á las guarniciones turcas. En cuanto
Woltmsnn, Charles, Dufour, han hablado de los Fataa
á la flota griega, bien podría evitar un conflicto con las
-trional, 6 sea la Canea, Retimo, Candfa y Sitio.

estos papeles.u

LEOPOLDO AJ.AS (Clarín.)

La cuestión cretense.-lnsurgentes encendiendo señales en los montes.

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Mapa de la Jala de Creta.

Morgana; -pero hasta el presente no se ha dado, que yo
eepa, explicación satisfactoria, porque en el caso en que
el aire ee más caliente que el agua del lago, observamos,
ya loe Hada ;Morgana, ya, y esto es lo más frecuente, el
miraje conocido con el nombre de míraje sobre agua jr'la
y que ha sido muy bien estudiado por Bravais, en este último miraje los objetivos apartados tienen eus dimensiones verticales reducidas. Parece singular que lae mismas
condiciones térmicas pueüan dar nacimiento á dos mirajes diametralmente opueát.os. He aquí cómo creo poder
explicar eeta anomalía aparente.
Observando muchas veces loe Hada Morgauacon una luneta poderoea, he testificado que, como en realidad, los
objetos no ee agrandan eino que se producen muchas imá·
gene~ superpuestas del mismo objeto? que son ya directas,
ya enrevesadas. He contado hasta cmco, como esas imá.genes están en general, muy aproximadas, y aún á veces
tocándoee unas á las o\ras, es muy dificil separarlas á la
simple vieta y producen la ilusión de un objeto agrandado. Algunas veces una parte solamente del objeto, da nacimiento á imágenes múltiples. Aef, yo be vjsto frecuen·
temente barcas con dos espolones: las velas no presentaban nada de extraordinario; algunos instantes después
no quedaba más que un espolón y las velas parecían gigantescas.
Parece resultar de estas observaciones que los Hnda
Morgana no son mas que un miraje de imágenes múltiples.
El análisis metálico puede por lo demus dar cuenta de
los hecho!! observados.
En su noticia sobre el miraje, Bre.vais demuestra laposibilidad de tres \mágen~, enel caso enque~U:Ba--cap&amp;d&amp;
aire caliente vaya á superponerse más ó menos bruscamente á una capa de aire frío y cuando la calma subsecuente de la atmósfera permite á esas dos capas subsistir
algún tiempo en su estado.» Pero eeas son precisamente
las condiciones que se llenan durante la aparición de laa
HadaMorqana, puesto que, como lo he dicho más arriba,
es necesario para que el fenómeno se produzca, que el aire

esté muy tranquilo y notablemente más caliente ~que el
agua. Esta existencia de tres imágenes no es más que UD
caso particularmente simple de las Hada Morgana. Yo he
ensayado explicar el análisis, la producción de cinco imágenes que yo he observado, pero me he detenido por la
complicación de los cálculos.
Bravais muestra también, cómo, en el caso de tres imá~enes, ciertas pQ.rtes solamente de UD objeto, dan lugar á
imágenes múltiples: este fenómeno se-produce igualmente, como se ha visto.
Por último, si se reflexiona que dos capas de aire de
densidades muy diferentes no pueden permanecer largo
tiempo superpuestas, la una á la otra sin mezclarse, se
dará. uno fácilmente cuenta de la instabilidad del fenómeno y se comprenderá por qué los Hada Mvrgana y el
miraje sobre agua fria pueden sucederse tan rápidamente
en la misma región del lago.

PAGINAS DE; AR.TE;
EL TEATRO FRANCES CONTEMPORANEO

SARDOU Y DUMAS

Hay un teatro contemporáneo, el francés, que algo tiene de lo que el nuevo drama necesita; pero que por vicio
inveterado y de herencia en todos los teatros latinos, no
puede, si continúa con los dogmas de su tradición, llegar
á las condiciones necesarias de una obra dramática digna
del tiempo.
En las obras de Sardo u y de Dumá s; se ve la vida

Una barca sobre el lago Léman.-Efecto de espe•
jismo.

�EL MUNDO

pOMINGO ,4 • Ol MAltZO OE •&amp;91

r

DD■ l ■GO

,4 Dt MARZO Dt 111117

BL MUNDO

&amp;n la fuente.

�DO■ l■N

, DOMINGO 14 DE MARZO DE 189?

BL MUNDO

170

in,•eroeimilee y ·decreY.do que einC1lea1a cocodrilos eeco
gfdos entre loe más sensibles del Nilo, airJesen s~ fune ...
ralee y llon.aen en cadencia; un prfnet~ de Hungría
acababa, por despecho de ser rehUBad.01 de ccal'l8 con
une; bailarina cuya reputación no era menoa ligen que,
lae guas azul~ y I088daa que flotaban alrededor de ID
cuerpo; por úlmno, doe condes y algunOR viscondee, aetevaronee, nueve chambelanes y cienM&gt; diez y ocho enudianlel ( de derecho, medicina y_ aón de &amp;eologla) oe morían de amor por ella Bin remedio. 1A Bella ~m'iauecia
impaaible ~ d o 4 ID prlncipe encan'8dor, y el viejo rey conlmuaba ganando á an cbambelan •-nnade
aln experimentar la menor oorpreea de eu vena inago'.
lable.

..

•**

la pnnoesa tenla el Mbilo, en laa lardee de enio. de ¡,aeearae en el parque del t..Wlo. Bajo el cielo claro y hor-mlgneante de eolrella•, eradelicioao relardane ul oen,a
de loa parlerrell y de loa ,,bolea.
Y be aquí qne uDa noche, en hmo que lllOOrrfa la ca·
lle principal an llnamen'8 81llll'8Dllda que oo llé eicuchaba piada algnnL vló levan- an'8 ella 1111111101Dbn pisada y luerle.
-Qoi~n eolá ahl'I exclamó L4 B,11111, qalfn e,ü abl?&gt;
. Pero ninguna vos reepondló, la bermooa prinaelll, ein$16 B01amen'8 doo bnzoo vellndoa y potenlel al rededOI
Je en cuello. ·
.Oh! Dioo mio-murmuró; aoy m'!'!""I B, una bealalo
Era en efecto una enorme beatia, de piel -eedoa 1:aaa.... &amp;lrecbaba á la princeoa Bin hllcerle dalló, mente.
•Acaao eo una boMia eDamonda de mí• 'D81116 ¡.,..
dialamenle la pñ noeoa. Y
oe -u:,mquilfs6.
Eo$a ideo en al nada lenla de lllamla, paell!&gt; que Lfli.:.
Batia, deepoéade habAroolooado nnap,1111 ~
'8 aobre kle lahloo de la pri-lemann
-1&amp;1 palabrae llenaa de ..nlido. •Yo ll9rteneJ9o al""animal; no lo probaré pero 101 hombreo 7 todlll!lolll ralillM dipoe de fe oa lo aaegtl?&amp;ñ'!, y
me A!""la, porque yo oa "'I'º como 6ingml
ea

1,,.

T..?::.-

am6Jamú.•
la vos era melodloaa, la Plla--,erftun,-la 7 ~

ye,.'

onrioaa, en lugar de oenfü el maigo brmal
ella el !ria delioaclo. Pero LJ Bella no 11e ~ en
delalle¡ ~DO que oe ain,i6 mi,y_
\ia lan ni nata I formidable hubiera
ID
111 hermooura. bula el JM!n'8 de Ir, e ~
4_ hacerle en ~rmlnoa eipblklaloo, 111111 deá1I tffn ,,...
monada.

• I&amp;

t:he~~.:,;=

14 H

JU. IID!IDO

IIAII&amp; 11&amp; ~

-

alguna .... copiaroe•no babéia vialO,
. como enceale lompo,
en la pupila de una jo,en virgen .
que ea de ..,. padree y 1111 hogar e ~ ?

l
A11' en la AuYemla, oaal oculta enk'e tao nubeo, habla
una chOBa babllada por una mujer y un nlllo de clnoo
alloe.

Rioardd oe llamaba el llillo 7 :'lbrla m mad!e.
.
AmbOB oanofan de lo máo .....-rio; -1-n tao no•
obee abrazado• a!11_11t&amp;loaamen'8: &amp;l frío era lnlenoo 7 no
'8nfaa oon qué ahripqe; '8Dlan hambre r lat fallaba ua
mlaarable ~ de pan, ,
la madN .......,. meclend&lt;&gt; al hijo;
oanlaba oon
TOS doloriaa; ID caldo era UD himno fa.oerario; Ull ¡ayl
ilel alma; Hlenaado por el bambra, el nlllo
ceMlia el canio de la maire; lae &amp;lnlebtao lo
-:ool'flan tocl,,, '/ oa!a 1t. nleft y aullaba el lobo en 811
-madrlguen,.
.
l'u6 eUlempo: la mama. oe lnolluba 1-jo el peao de
· loa 'f el nlllo cftlOfa á eu llldo, como crece la verde
rama ja•lo al oaroomido
lUeízd&lt;&gt; '8nia 111111 lllarmola á la que bab!a enaellado
mil lliaClu 7 11ue ballt.ndo al 16n de-piado orpniJlq, léeprnporol!laaba el a,llleBIO, •
. J.A mildm 111 8.n m11rl6 t el nillo al aolo cogió 811
~ '/ IU IDakatmnlO 1 abandon6 la oaballL
-Yllp,lldo llf)r 1\111 lllOúallali hacía ballar 4 811
711. . .olo UepDa lt. noebe 110 '8Dla m4a leoho
ni m la oarlclauú arrwlo, que el
. - , .:' - '
1tlrqirdelaellerao á lolejoe.

pan&gt;

le

uonco.

e

!!!l~¿,!t'!:

ll.

üinlrDo,
l::t!•Mo
-. i.. ~ nnbea•
~

• ,;e-: batfa 11,ll &amp;fo IDlenoo;

JI~• la ~ 111 rfclda ma-

~• rc:iolpi:.,...,. ~
!In, qae dejaba
« !~ kll lilllmóe._ vlbraa en la

_,¡¡.,...

............, ....,_,.do,
nadie •ifa' el lafalla.,. bambre, tenla
Y oon - n o ~ ~ ua:que dalla, l a ~ -.

,_

t,¡alen'ldc,a aólodad.

¡ilérnaa 7 oay6

n -

¡ ¡anri6a.

....~o,¡-+•········.......................

Y-'°•en"'""'""•""

Si '911881n alma ha podido
an'8lo pu-,,
aenUdo babd tambiéa goce Inefable
á1 no haber periorbado
la oahna de la !neme o,iolalina •
áqnéhrinaabaam~
la aeln OOD &amp;IDO?, ni la pu dÓloe
del corao6n laoamo
de la lnooan'8 joYen, de IDO padra■
O'l"llo noble y de 811 h&lt;&gt;PII encanto!

;.rban como 4 inlrnlo viellanle de

)Jabla111111no 111111~ qne era hermooa como el

4fa;eraUDniábermooaqneeldla, porqueeeleúl\imono
ele caando en cuao4o, de levan- grie
1'_1Rlviolo,_en""'° que la pñD088&amp; oe levanlaba siempre

"'Cptbe

~,-ie.
Ella JWh&gt;ówai.mfa

-.~lle

p o r ~ ' an 'fiejorey,muy perepil&gt;aba.toilu 8118 . - e n ·jugar pokar oon
118-iietan' elle 6111mo no ncilaba en portier • - . - lle cioda oinoo; 111 ee que el viejo rey enoonlraba,
al pobr el dl'l81ildo"de eae Jaegoe y al cbambelao
,1muiQtrl$M!de 8118 fanclonailoe.
B1 lt. pnD088&amp; oe hubiera Gallo , BU real padre para g:ne
~ en médúe8ol6n, babrfa llevado elgrap chúcO;
-111111pr!nceanomenoeaneadaqae bormooaymuy
i tiempo, IOm6 el IIBltiio de dlriglne por 11 milma, ro·
clé6le ele ......,..,1.e loe 1114' U - aprendi6eldibQ\O,
plm6 en pottelana, ejecm6 n i - brillamee y oe con,nr¡¡c, en nn,..... de la •ocali-i6n.
Oaando hubo lllqalrldo $ocl¡ie 1M perfeccioneo, locluai •
....._1Jtm6 '- 111 padli, '1 le babl6 en eo1e 1....,..¡e,
hermooaoomo el ella,- eo cooa.oon..,nlda; '8n·
1111 7D aola mú """lldadee 4"" IOdu tao mocbachu del
reÍÍIO ¡ . - Qa6 ~ bilcar de. ml?•
~ I l'l!lll&lt;liidl6 dllUllidomenle el viejo 1ey.
-Ah! eao eo $oda lo ln'8rean'8 que '8néia quo propynaunet
~I
'-'llell.rilll, I R ~ Oonquo _,,.., eb? y sin ras6nl P!Rll"" no Nn6ia la menor razón para caaarme. Reeponded......
.
-Tengo 111111 ru6n u:celen'8 y eo _ , He llegado ,
kle - • 7 alloe. Tú \ieneo vein'8; eoMi• en la
• edad en que lle tao majeree; yo, _,y en la edad
en qoe nno tao deja; no qalero dejarle 101&amp; y abandonada
• •u eale 11111ndo, e n - que me lamo á conocer el °'ro.
Ene doncella, eree nóbil; no fallan por ahl prlnoipeo he•
n,clerQo; eerú reina; eao 1ormará parle de ,u carrora, y
• no pc,dria rehDBUlo.
·
· ~ n peidón . . - , m e ~ eer reina, peto no ser
la mu¡er de nn rey que me ~ - Aceptaré el malriioónlo IR • preeenla 1-jo un upeclo eeduclOr: lind01
ojoo, labloa llnoa, diacnnce liernoa f elepnle aa¡,ecl&lt;&gt;;
pero oa preTengo que no me casaré 11no en esu condi•
clones; quiero ~ á mi amo.
-BaeD!)J boeno, dijo el viejo rey, obrarás, WanM&gt;j'?;
no has le1ao mncbaa novelas y no semo que hagas nece·
dadee. Pero ai qnieree darme guolO deepacha pronlo. Por
ahora es preciso que te deje; mi cbambebin me eepera
hace \iflmpo y como-~ mú jugador que hU cartas, me te'!10 que haga ~na bilis y se ponga mb amarillo que los

-

.-r

•••

"'"'''·

limones.
Dicho esto, el viejo rey dirigióse á la cámara vecina

y ganó la pan1da.

•
••
Cuando se mpo en el mundo
.que la

prioceea, la que
era llamada L,,•JJdl,a, estaba deeeosa de contraer justas
y RUiituosae nupcia!I, todos lo9 príncipes, duques, seftoree, ee rascaron simultáneamente la oreja derecha, y.

-¿Dó•

fa~-•

,

m

la lnna, oomo ho■$1■ oe eleva en el Orlenlol; la8 llaa, como UCrlmaa oe lllOID8D en el cielo; lao olaa, como
qlieju, eollolim en laa pla,- Y la lnna 11.no 18 eleva, 7
tao el&amp;reltao qm, lloran y !u o1aB que lll8plnln, ¡qaé-°"'I
OOOI 110D, lino Plepriaol
IV
BI e8urió de tao llora■, el mormullo de 101 b,e¡1191¡ el
-DIO de la lira, ta,, ......... del poela, el hamo de loo
t-ioo; In qne -,Ira, IOdo lo que aolto.a y &amp;o•
qae eepera. IOdi&gt; lo qne • nrdad, y ■mor 1 gloria,
•ete111á Dice: todo eol'leprial

:i:

. ..,........
'-~~e~delaba-=t..

......, aol de l a ~ y aajapla¡
elal-1, la~ylatJONU!
~ m lieMDioa f11UtL.
•

¡Ah, q~ rlaa"' . . . . , lllellOlpncJ¡o
la eocie&lt;WI, que-elé.. biqano ~
á MI lalea Ylilnd '1 bOIIQÍ' ~ ·

&gt;odm

El cielo de aquella larde en eapl4ndido, imponen'8: en
el horlaollle llbi:uado de lnmenoo 19Jo. 11e 4iat&gt;lomaban
loe _,,,,broa de un mandq incendiado la Tfapera.
~ lt. noehe, eDlri mil aml¡oo alO&amp;lé de la

ución.

•
••

.

-¡Oh! onánlO ,iempo he ngado lejoe,-é, lncban·
4o con la fatalidad empellada en retardar el ownpli•
mienlO de mi m• ardlen'8 deleo; siempre ta recneido
ha,i4o el ideal, el alma de ooru6n qae le peneoe. Ven, dime que me mnobo, que.,. nadil podri,
IIOllMU"OI en la vida!
~ • - . -'fflima, la rnb)a cabes&amp; '" lnolin6 aobre
mi homht,,¡ deepnéa nn beao de fnego nnl6 n-raa
almaa.
.uf, en dnl- coloqnloe de amor, de promeaaa quo oon_ . lae lipimaa de A:lke, oorrleron tao iw-......
lndndahlamenle, niDgón morlal ha aldo má dlchoao
que :,o en 8IOI JDOlll8llkllp 11Upremoe. Juro que u:la'8 la
felicidad,
.
Quisá el dJa oe ooercabL
-Tengo eed, dije, deoeolOmar abro qne refreaque mi
p,pnla; la lli,bre me lnftde: ...,., , _ ,
•
-¡Aqnl no hay aguo; ftJ&amp; 4 IOlnarla i m oaAI me grl•
'6 nna voa eolenlOrea.
LA PLEGARIA
Abrl 101 ojos proluadamen'8 uutado, 7 vi delan'8 nn
lodivldno lonado en _,..ób611 ,peme íalraba elapel .
lallar...... Era un Gcmfiffl J; ta - ·
•
No aolamen'8 lieae ánplea el cielo,- también hay nn
-yt ,.....nw. ¡Qué , . t,o,,;r ¡,1.11ee
d6•
anplenelooruón;elangeldel ooru6nee la Plepria.
de ei,W?
•
¡Ay! .lOnúlo habla deliiadol
'
11
Al
1&amp;1tr. del Oafé. ml edOl'J!'! IIO;P!!do ~ r "''" ,...,_
Al _ , la larde hay eipllmu que oe quiebran en Ju beu penll6 el ~lúllbrlo y éll en ilerla:
olu. h•r nubea que • dlafar¡lait en el eier y rayo,, 4J18 mó 7 me d4DOllii6 en el l ' i ~
.. - - D e n lo a!IO. F.aaesplllDIII, , .... Dllbee; y
Buenoo dlaL·
9101 rayoa, ¿qué Olra OOOI aon, lino ple¡pmu'I
VtmoalpíJe.

¿Qnlén oaad decir q,w t a , ! , ~
Ml 1188- eepleadQr 1 kl■udll
cubren una al1111&gt; 81J1illadora, lrta,
nido de la tnlei6n J la la,....nt

inurmuramn , coro; "Dlablo!t!• La prinoeaa oonaitufa
nn admirable parlldo; en primer ¼ugar era de una bellesa radianle, de una belleza tal que cerca de ella, d&lt;,llaa y mujeree gaa(llll pu,,ofan ie&amp;B, de \in'8 anémico 7 de
ojoe •In luz; en ,egnndo lnpr ~ temlOrioa tan IOI que la8 ren'81 11.ubi-n bailado para la manulenc16n
de m,1 puebloa; -por 61\imo, era indudable que 811 marido no oe laalidlarla Jamáe. porque lll llllenlO '8nfa doneo
maravilloaoa de am!lea y de riilela; lldemAa &amp;ooala ni•
- brlllanlea y oe excedla 1 11 milma en lt. vocallTolee coneideraeionee explican qae 4 l"Utir de elle
momenlO la _capital del reino de 1A Bdlu vleoe aeud1r
prlncipeo aegllid01 de noollaB · deelumbramee, eelloree
qne conduelan un ,ren labnl~~ ~lanee y emirel - -palladoa de elefan'81 7 de bayaw,rae.
Diéro111e lleelaB estnordlnariu en que ~
lluéepede1 diapu'4ronee el lujo y rivalizaron enlllllgÍ!l!I• ·
cl6n. La prl11C8111 asiRió , ee1o1 rel!GCIJoo oon nna pme,¡1&amp; Indiferencia y cuando 811 padre fe OÚJI~ gue deletml·
naae algo, eeoogiendo en,re tanlOI dioünpidOI oandldalOI, reepondi6:
.
-Me. apena no poder aliu IMiellce""'; pero nin•
gano de 8IOI oe11oree ha eabido ~ Tod/31
·aon genlel 1in lnlerea; 10n nécloa qno cleoeal1 mla ble·
nea y mi corona; no hay uno, lo he comprobado, que me
baya mirado de o,ra manara que como 4 uaa meroancla
de precio. Pl98ero no cuarme 4 oer la oompallera, por
no decir la eeolava, de uno de eaoe rldlcnloo mamarra·
choe. Esperad, mi qnarldo padre, '8ned ~ a ; __,
vendrá el fam010 prlnclpe encanlador; en IOdo caao, para malar el $iempo . y oonoolaroe lendréll litlDlpre , , , _
lro chambelán; acaao eelé, de lanlO -raroo, en a¡onfa,
mu no ba d&amp; eolar difuDlo alln.

encanlada dei·.

Neoeel~ alannoo inllan$91 y annoé luego hacia ella.
-El cielo, la dije, 18 abn, delanle de mil ojoe. ,Porprl·
mera'Y9S.,,.
·
-SI, por primen no, repi\ió levanUndoee y wndl6n·
d&lt;&gt;me oilrlll- la mano de marllf, la eolllllaDOia noa

hLIP■ TuEBA.

LA 81LI.A Y. 1A BESTIA

811

,~

cledoll ~..
lamumoiaq,'8

:icm'lo¡ 11B iuldo

•J6

~

detlenaliilbrelu

tmllfk\

'.eJble•nn llruole¡n-

■ 1 do an llank,,
M.LÍIIIIQIIOD'.nor.

Noo JIIOPODWDOI leáejar el ú!IO faYOnble de nn Jan- de amor. nn S, mil - ~ c o n anhelo ln4nllO.
X. llbacicmes .. l1108dleron oondemuiada lreoaeaeta•
lt. ooa.......&amp;6n ex-1va, onimailfllm•
elevó al
mejor grado deentaef:emo;el pnnnme-,,,;,-denrllami•
~ 4 cada paoo
can:ajadae, pilOI de
lJ:uM;I• a-.,ia: baalamol nn mido do mil demonloo.
Jll e■beoa era DD votoin, la oen$la , pnnlD de eelellar·
enravladOI ......- ~ la lm en lbÍ
.
. -joll ....neotanoo q• piaban en •priobOIIB
NOCloaee; Indo
rico muebla]e del (Jalé :oobNba é1l
derreclor m!o; :,o m181DO -.bfa-nder de mi Ji,reo- •
aal -bllida&lt;L laa plernaa oe i...i.tan , _ _ el pe., de nn can,bro donile aa ogllaba la '8mpeelad.
En M oon la copa rebOBante del oltampallr, en la ma•
no, gril6, miB ami8"I' •Porellal Por la rabia - ·
~ me eaparal• SI, beWmoa lodoa por Alicel ";8"

.=,

•rooaa

es:-

Y mi lD8IIO ~mola llév6 , loa labioll la birvlen'8 bebi-

"':'.;:e'.:;

U DO á uni&gt;, 101 prlnclpee deepechad01, oe ..iraron,
muy hendoa en BU amor propio y enfadad01 de haber becho 1!111'°' considerablee sin el máB ligero pro~o. Su
única ooneolaclón filé, para cada 11no, haber eldo recba- .
rado como IOOOB loo olroe. y no haber vlMO preferencia
por nadie. Ra¡¡reeabaD aviD81'a40B del carácler y la ODI·
nlóD que ahora lenfan de la princeaa, le era,_ mnoho
menoo favorable que el dia de su llegada. AdmirAbanoe
de que eo la hubi- llamado La &amp;114, como si fuele la
10la mnchacha bermoea de la "\ierr&amp;; enimaban 111 talen~
k&gt; vulgar, au conversación sin brillo, aua ap&amp;itodee llricu comunes; no tenla más que 81l8 im,ortan'88 riquezu; ··:«Y, bien1 ···oea 'Iºª
reepeclo 4 eellB la ideo de los prelendienlel DO babia va- di~ un di&amp; ila pnboesa, deopuéa de un dóo amorooo,
riado; persistían en jmgarla con complacencia, y habrian el 1,oven eenor, que acaban de de•P'!larae de eu oabeza experimen'8do un placer sincero en adjudicárselaa.
de,.oeo ytenfa enire 109 mll.llOBSO diafru per!!imado.
La prlnceBI ee burlaba de !u hablillM y rumoreo ma:-i Ah! respondió L'l. Bf!l.li,, decepcionada. Esto ea ho,.•
licioeos aobre en conduela y BU caracter; abfa que ata mble! Mae na hnbiP"' valido ser bestia que flngirlo. Yo-•
d,,maeiado bella y demaaiado buena para hacer la alegría estaba del tod.o decidida á. acordaros mi mano cuando voe
del hombre que amara y eaLe pensamiento baetaba á me o~~Mie vuestra pata. Pero ahora .. , .. .-... Todos mil
mantener en sus labios una eonnsa maraviHosa. Sin em- c~mphm1e!}to8 para vuestra piel, querido mío¡ lo hicí..,
bargo suspiraba un poco, el príncipe encanUdOI' se bacía . tieis muy b1en.1J
esperar demasiado,
Y se faé á encontrar á su padre, que acababa de ganar·
Pasó un ano. IA Bella permanecía insensible; no obs- so o,~ partida de pókar.
tante, un rey de Eitipto acababa de malaf'l!e por amor á
RoHÁN Cooixs.
ella, después de ha~r cometido cierto número de locuras

·;~·;;;¡;;·~--~·;;;;;¿~

·~

(111: Elm.■ DK Voe.)

Yo amo la■ beH■e lloree que DO han .ido
toaallaporlamano
de mdle; 7 me p■re'l8 9ae ee BU eeencia
mnobo má ..,.. oaanclc&gt;
no _,.,..i,,a. Olllénlanoe aáD ergnidaa
· aobnt 811 prODlo tallo.
Dejad tao """"' al ñ,eál f - l e ;
• deDIIO 80 • nido amado,
dejad loe paiarllloa que oe arrollen,
_dejad en pu loe ooraronee oHt&lt;Jo.
¿En alguna ooaal6n no habéie '8Dido
·
COIO0 un eapejo el claro
y profundo raudal de limpia fuente
onyo recodo blando
seln apacible oon amor eombrea?
·
vuee1ra:imagen acaso

~-,hrela mea demirmoL
Vtmonoe, leedije, y ..U .... mi tan.laempaa6 , ,.._
&amp;ar por l'l!ldoneo - - : ..8:ria-; nep.roa ea OOD•
falo uopof no e é - vilioDell Impalpable-. movléndoae ffllipnOIIB; semi alao da ignoloa oomp,ílleroo de la
~ que liaban....,. 7 ltrrOjaban IUllft freeoor oobre
D1l8 · - oálidaL

Jw,Qr.llmiM,

"°"

d a ; ~ ~ t a o ~ el vallo da baoarú rod6 ea
Al!, pnee, onando La. Iksli4 andas ta:oo elaéevlialenwde poa8I' aohre el de ta priJlOl!IIII""
do, La. 1kUa jnzgó lnoponunu enfadmee y ..., •
•
oe deJ6 hacer,,Y onando dlp que oe dej6 ~ . entlendÓ
'l"" oe_1o volvió.
Eale .,. original proalgnió por mnobaa nocbel• La. JI,;
11a eolaba muy enamorado de La B~~faé 'la no le&amp;igo y có:l"'!de eeoenaa
con,
moredorao; 1181111
que el jardín oe casa 4 veoeo oon el
eorral ...... LJ Bella qae babia re¡,huado dellilatloaamen·
'8, loa hombreo 1 eno hom:.:\:¡ lltl!rla muy :oolnnlariamente, LJ Be,oo y á sr•d•dee ..................: ...

1Rle, di-lelir, qne el IDdlldi&gt; ~
noveelllD~déblouey!IÍ'IJ
el blae6n da mil lriun!oec~p,#

• Y OODMIDl'kl l""I!&lt;)' la Jo,en rabia, ¡ la bl.... - uva, ohjelo ele mis euuelloel Oún bella - b a con 811
llojll bala lila, inclinada -,Jm, una peqaella - ,. meditando delanle de tao ))llalnaa del libro predileclO: taeepe1&amp; cabellera dorada, ea¡iarclda por aobre loo hombroo, cn'brla 1aa ■obarblaa lonnaa del pecho; 111 llna upalilla de
Ferry dejaba , la vlBla la media color de carne, que oprimfa lae tomeedaa panlOrrlllae.
.
¡Jamú babia vino nada mú arrebalador· lenla delanla hermoanra •11 lll1KlÍleelaci6n eopléndi&lt;Ía, lenladoral
En mi analedad, dudaba si era ella realmen'8 6 '81 vez
un Ideal, una fanlalla, la exoeloa creac16n de un alma de
poelll! ...... Abl 11,-era ella: yo oa lo ........,.
El ealón eelába bailado de una !ns pálida, oomnolientu1 de, lOB enormea cuadloe ae dMteeeban penonajee 10mhn01 en ademán de eocuchar el diálog&lt;! de amor qno iba
4 empesa!'F· Por una ventana enve&amp;blena, el aire agita,.
ba el cqrmlaje qne el ~jo del frenle repródncla en forma de mODHrno ébno; loa amorcillos del cielo.raeo-me

A UL'l'llaTU■U
lfo e1 m -1ie ala lln, helal1a, lntrfe,
Loqaeme~en\~...-.
8lnci el m i - de ........ dolóteo
Do laaban brazo , biuo -ricia , maene.
Dl01 qnlto 11■11 an v e l o ~
Y enél ~ Uvldoo---,
~ el o a b é ~ ~,:;:¡"" hóu,,,.
Ah! qae oi el hombre Bin dnlclr .muriera

o ..... DO dnloe lecho en n,¡ palaoloa

Tn fu ..1ee1e y m Inmortal a...,;;;¡.:'
la humanidad oe 1Dléldan enlera·
Y la $lern, lin alml\, en IOd
l!ooarl snoda, ababdonada,

Ti

CAB1.o8

1

A.

SAL.lVBIBY,

'°

BeWn! pira el"•mor no hay imposibles.
Lo mleiñó qne las palmu
á vecee nuestnu1 almas
se encarnan , dillanciaa i11crelblea.

•
••
Te morlaa por él, pero ee lo cierlO

·
que pas6 \iempo y liempo, y no te bu moerlO.
OAJl1"0A.110&amp;.

�DOMINGO 14 D"E MARZO D"E 18~7

EL MUNDO

172

EL D.L~TE EN :MEXICO.-Los discurserq,;.

E;[, DANTE; .E;N M.E;XICO

VIAJE DE UN REPORTER.
( CONTINfA.)

Un tranvía de los ferrocarriles del Distrito me condujo
con parsimonia y seso á las oficinas de Satanás. La Yerdad es que aquel agitado viaje, comiendo en malas fondas--que esto ni en el Infierno mejora-y durmiendo en
lechos más problemáticos que loe de los grandes hoteles
de México, me tenía calenturiento y débil.
Anhelaba un poco de reposo y conversaciones amenas
con el patrón de aquellas regiones, que, á pesar de su aspecto vulgar, debe saber mucho, por viejo si nó por dia·
b10, 6 por diablo si nó por viejo.
-Tan pronto 'de vuelta, Don Matías? Qué ha visto us ted de bueno por ahí?
-Diré á usted, los suplicios que he presenciado tienen
más de cómico que de trágico.
-:--Seguimos en esto el espíritu nacional.
-Cómo el espíritu nacional!
-Es claro, Don Matías, cuándo ha visto usted que los
mexicanos tomen algo á lo serio?
Es un pueblo de Qromistas. Porque no me negará mted
que hasta sus pronunciamientos y cuartelazos han sido
bromas de muy mal gusto ........ . ¿Qué toma á. lo serio eea
gente? vamos á ver: ¿La Religión? Pero si no saben ni
lo que creen, Cumplido. Se va á misa lo mismo que á una
logia masónica, por fantochada, por vanidad ó por costumbre... .... Se habla de política por monomanía y se
trabaja maquinalmente, por necesidad. ¿Dónde están los
hombres de convicción? No me vaya usted á decir que en
el peri(!dismo porque le pongo una lavativa de jabón ..... .
¡E! penod.ismo! ¡Bueno eslá el periodismo!. ..... Se habla
mucho, pero mucho de los grandes problemas sociales. y
e_stos Be: gastan de puro viejos sin que un pseudo-editoriahsta amerte á resolverlos¡ se defienden ideas descabelladas, por capricho, por necedad ...... ni siquiera por rnteré~ propio, porque para el chantage, sépalo, Cumplido de
IDIB entretelas, se necesita talento; se inventan mentiras
burdas, se calumnia neciamente al compañero cuando
gana más, et voila tout. Ese es su periodismo de ustedes ...
¡Y_qué ge1_1te recluta) -.A.~tes se decía: 1cEstudiante perdulano, sacristán 6 boticario, u hoy hasta los sacristanes y
los perpetradores de carmelitanas son periodistas líricoembusteros-mmtimentales ...... Los I\Ue escriben algo que
pueda leerse son pocos y tienen que defenderse de una jau-

EL DANTH: E.r."l" "hIEXICO.-Los licenchulos.

{"Íade sietf:mesinos, que ladran á. to_:lo lo que es levita limpia y sentido comun ...... ¡Uff, amigo, uff!. ... . .
Y Satanás estornudó.
-Yenga usted, continuó, venga usted por aquí cerca y
verá el suplicio á que he condenado á todos los. habladores, á los que gastan la palabra en infiernitos, á los que,
desde una tribuna, desde un periódico ó desde una cáte·
dra, pronuncian apotegmas fantástico@ 6 necedades sentimentales.
Y cogiéndome por el brazo me llevó en un santiamén á. un salón donde muchos individuos alineados
frente á otros tantos fonógrafos de bocina, escuchaban
sin cesar sns propias arengas_.
Allí estaban los patrioteros que excitan al popul~cho
con estúpidas palabr.ts altisonantes, en las fi~stas cívicas;
allí se hallaban los par;amentaris1,a~ en embrió~, q~e P!edican jacobinismos del terror, ahora que las mstituc10·
nes se basan en la conciencia del país y no se bnmbolean
con el airecillo que agita, al pasar, una sotana; ahí
se encontraban los. que tras de ca,fa banq11ete infligen
vilipendios !mngrientos á. la palabra, para adular las orejas de 110 magnate; ahí se veían lo,3 poetas melenudos
que asaltan Jas tribunas para rim~r majaderías. de c:t-jón,
ante una multitud que no sabe m qué es patria, m qué
es libertad ni qué es derecho; allí 1 por último, penaban
los frailes presuntuosos que envo lvieron en. metáforas,
recortaron con Plipses y estiraron con paradoJas, la palabra de verdad, para proporcionar frívolo pasto á esa aristocracia romántica que exige para ir á los templos que
el gendarme retire á la gentuza, porque apesta y lleva
rotos los vestidos ...... allí está.han todos los que han be ·
cho del verbo infiernitos de pólvora y luces de artificio,
cariacontecidos y gestosos, con e~pción de D_o~ Joaquin Redo, que escuchaba con deleite la repet1món de
sus brindis pintorescos, echando sólo de menos los cal•
dos respectivos ..... .
-Venga usted, venga usted, exclamó de 1;1uevo el jefe,
y empujando una puerta, me mostró en la cintura de una
roca, al borde de un precipicio, á una.~ cuantas docenas
de amordazados.
Estos, me dijo, son abogaios, chicaneros y parlanchines, sofistiqueros y ladinos; aquí están todos los que pro•
ba.ron que lo blanco era. negro, los que desde la barra de
la acusación lanzaron anatemas contra reos inocentes por
lucir la fuerza de eu facund(a y la energla de sus após·
trofes; los que desde la barra de la defensa, voc iferaron.
sincf)nvicción en bien de un pillo q11e les pagaba mucho;
los agentes del MinU,terio público queexpect&lt;?r:iro1;1 foimidables requ1s1torias con•
tracien pobres diablos,
con el único fin de que el
Ministro se dijt:se:
-uEste muchacho es
de provechan ...... todos,
en fin, todos los que en
nombre de la elocuencia
y en virtud de la ambición, conculcaron los
fueros del derecho, los
fueros d.el deber, los fueros de la conciencia!

•••
departalD.ento

EL DANTE EN MEXICO.-Los a.utores de medicinas de patente.

De un
inmediato llegaba. á ruí
un rumor como de fuen•
te surtida porgruesa linfa de agua. Satanás leyó
en mi rostro la curiosi dad, ymurmur6:
-Los envenenadores!
Venga usted á verlos.
Y fuimos.
En amplia corriente de
agua se debatían, bañados por grueso chorro
de .... medicinas de patente! los intoxicadores
de la humanidad. Los
médicos de todas las épocas. Del espacio llovían
píldoras, .pastillas, cápsu.-

las, y de un ~ran·canal de hierro, emuleionee, aceites,
ungüentos, vmos, emplastos, cuanto la fantaaia ha inventado para explotar, intoxicámtola impunefllente, á la
humanidad.
Nunca un castigo me parecio má.~ idóneo que aquel,
presa de una exaltación impropia de mi carácter flemático, exclamé:
-Rabiad por los siglos de los siglos!, descomp'lnedores de estóma~oe, altt:radores de bílis, envenenadores de
sangre, casta infame de forjadores de píldoras homicidas y de dinamitas higiénicas que habéis· causado· más
males que la P.i1.z Europea ... Ribiad por siempre!» Trás la
cual antífona, Satanás y yo tomamos una taza de choco-

r

late.

( Continuará.)

ETERNAS.

Quedóse para siempre
vagando mi tristeza
dentro del alma herida
por un dolor aleve:
,
como un huérfano aroma
de virginal pureza,
cual pájaro que agita
sus alas en la nieve.
La musa de mis versos
tornó la faz soro brfa
y altiva desde entonces
mis dudas no consuela:
huyó de mis estrofas
la trémula harmonía
y su himno apasionado
no canta Filomela ..... .
De mis recuerdos gratos
al mágico conjuro,
surgieron de la sombra
mis cándidos amores:
y ví tu rostro de ángel
tan pálido y tan puro,
cubierto por las rosas
de tímidos pudores.
Y al sol de tus pupilas
hermosas y eerenas
que el llanto de la ausencia
tal vez obscureció,
tornóse en blanca aurora
la noche de mis penas,
se fueron los pesares,
mas la tristeza no!

Y ha sido desde entonces
mi ilulce compafiera,
de todos mis ensueños
y mi dolor testigo:
y así dentro del alma
mis novias, cuando muera,
al fondo del sepulcro
podréis bájar conmigo!
J89i.

F. Tiraorna.

Háblame más ...... y más ...... que tus acentos
me saquen de este abismo;
el dia en que no salga de mí mismo
se me van á comer mis pensamientos.
CAMPOAJlOS.

DOMINGO 14 DE MARZO OE 18.a-,

EL MUNDO

'73

-Tenías un complot preparado contra tonce!=, á falta de su persona, tenía nna reserva de buenas
mi, decía, cuando lleno de confianza yo p'.llabr&lt;l..~, de buenos consejos, de afectnnsas demostram(dirigía· á casa de ella para tomar una cione!:',
Ganó una reputación de bondad, de criterio y de pntinocente taza de té.
La Señora Fourneron eRcuchaba levan- dencia· se convirtió enel oráculo de los unof", la pro\"itando los hombros y amenazando con el dencia1de los o·tros y una autoridad para todo?. Pero la
casa que amaba con predilección, la casa donde reinaba
dedtt al recalcitrante.
-Paearás el trago, le decía. De m:is le- como autór.rata, era lade su sobrino Fernando ])uvernoy.
Ahí la hacía de bienhechora. No había casado ella á
jos he llevado á otros al pie del altar.
Fernando? :So fué merced á sus enérgicas reprimendas
Y en voz baja añadía:
-¿No ves ú Fernando lo feliz que vi ve como rompió él con París donde vivía, el diablo sólo sa-,
be cómo? Xo se encontrú, gracias ¡1 ella, á Elena de Aucon su Elena?
-Feliz, feliz, repetía Jacobo; no me bian en su camino?
Elena de Aubian, huérfana, ·educaba. con maternal ;'8r·
opongo á ello, pero recuerde usted que
los hebreos se dejaron de la roano celeste nura á un hermano menor que ella algunos año~; acaso
y echaron de menos las cebollas de Egip- habría rehusado casarse para consagrarse á él, si una ire•
sis.ti ble vocación de marino no se hubiese revelado en el
to.
Entonces la Sel1.ora Fourneron se en· adolescente y si Fernando no la hubiese dicho:
fada.ba no admitiendo que se tuviese la
-Mi casa será siempre la suya si usted me hace }agra•
mellor duda sobre la felicidad de las unio- cia de aceptarla. Felipe encontrará en mí un amigo, un
nes que ella había aconsejado.
verdadero hermano.
Casar á los unos, bautizar á los otros,
Bajo la influencia de la tía Fourneron, deseaba él apaenterrar ú estos, ver nacer á aquelloe,
sionadamente serle agradable á Elena, encontrándola coconstituía para ella un círculo de ocu· mo la encontraba tan linda, con sus ojos de un azul propacionesexquisitas que parientes y amifundo, sus ligeros cabellos de oro pálido, su alta talla gra•
gos estaban obligados á proporcionarle. ciosa y fragil; y sobre todo, tan sencilla, tan dulce, tan reElla escogiá. los lutos y la ropa para el posada, euemiga de lc,s caprichos, de las intrigas y de las
futuro niflo, ella discutía con la comadro- grandes _pasiones.
r a ó con el enterrador, enloquecía á los
Elena vaciló largo tiempo, dudando de sí misma, te•
médicos con interrogaciones múltiples y miendo no saber retener en la tranquila vida del hogar
no había proyecto de matrimonio del cual doméstico á ese parisiense recientemente convertido.
no recibiese la confidencia, ni un enamoPor fin, después de largas indecisiones cedió y no tuvo
rado que no implorase su socorro; sabía motivos para arrepentirce. Era plenamente feliz desde
la cifra de las dotes, la edad de los padres hacía dos años, cuando dió á. luz una niña.
en linea directa y en línea colateral.
El día en cuestión, era, pues, día Ce bautizo.
Cuando desees casarte, acude il la tía
La t'ia Fourneron, resollando recio, atareada, corría de
J'ourneron.
una pieza á la otra, abría los grandes armarios, sacando
Ese incorregible bromista de Jacobo porcelanas de Saxe, les crista.les y la vieja argentería.
parodiaba así los mandamientosdeDios,
Por donde quiera reinaba la agitación, la zambra inhecon gran escándalo de las piadosas se- rente á esa clase de fiestas, pero, en la cámara de la joven
ii.oritas de Lezines¡ pero qué podían las madre, todo estaba tranquilo y silencioso.
bromas 6 las buenas palabras contra una
De codos sobre sus blancas almohadas, mhabaellacon
influencia tan bien establecidai
una ternura infinita al bebé, todo envuelto en linos yenLos bromistas ·estaban con Jacobo, los cajes1 que dormía á puiío cerrado, en su cuna.
serios con la señora. Fourneron. Ella
Por la v·entana abierta, entraban 1a brisa de Abril y los
1
aconsejab3i dirigía y juzgaba én último olotes de la primavera.
Elena aspiraba con ;aelicia ese aire embalsamado. rnn.
caso.
En otro tiempo había sido casada, rica · emoción de alegría inundaba su corazón: ¡Ah! cuán fácil
y joven¡ las bancarrotas se llevaron la for- es·ser feliz y qué dulce es la diéha!
PRIMERA PARTE.
tuna, la enfermedad al marido; los años, la juventud; sóLa sombra de una tristeza pasó por sus ojos: tres meAquella mañana, la Señora Fourneron se sentia extre- lo los gustos por el derroche y el lujo permanecieron. $es transcurridos ya desde el nacimiento de la querida
Esos gustos, ella no podía satisfacerlos sino en casa de pequeñuela y aun permanecfa, ella, ]a madre, condenada
madamente dich0€a .
Hacía que preparasen la mesa para la comida del bau- otro; en casa de otro solamente, volvía á . encontrar las . á la reclusión y al reposo.
comidas suculentas, los caballos, los coches¡ pero para
1 ismo, conferenciaba. con la cocinera, amonestaba á las
La ceremonia del bautizo había debido ser diferida
j\Jvenes sirvientas, dirigía toélas las coeas á su antojo en sentarse á esas mesas ricamente servidas1 para montar para esperar, con la8 vacaciones de Pascua1 la llegada
la casa de su sobrino, el pintor :Fernando Duvernoy.
ií. esos trenes, comprendió bien que necesitaba. e.rea.rae de•
del padrino, ese hermano tan amad!), ese Felípe de Au ·
- j :--;ueetra buena tía Fourneron! ¡ Eea excelente tía
rechos: esos derechos fueron los buenos oficios.
bian, retenido por los estudios de la escuela naval. Oh!
To oficiosidad convirtiúse para ella en una profesión sobre este pullto ella se mostró firme, resistiendo :'i. fas
Fourneron!
Así exclamaban, en un concierto universal de a.laba.n- Iucrati va; se hizo oficiosa como se hace uno abogado ó lobjecíories de a madrina, la Srita. Aglaé de Lezines1 y á
z::i.s, no solamente sobrinoe, sobrinM, primos y primas,
médico.
las observaciones de la tía Fourniron. No, Do cedería;
«Usted no piensa jamás en sí misma, buena tía ]:'ourt-ino los amigos, los enemigos, los extrafioe, la ciudad
era preciso que Felipe sacase de pila á la. preciosa chide Pontarlier toda entera. Porque era de notoreidad pú- nerón; usted se olvida de sí misma por los otros, decían quilla. Además, eeperaba estar de pie, curada¡ esperaba
blica que la Sefiora. Fourneron: se mostraba para tea.os las gentes de corta vista. Modérese usted, porqu.e se seguir á la i'glesia al dulce cortejo y tomar su· parte y s•
Rmigable, oficiosd, maternal, como decía ese pícaro bro- mata.n
sitio en aquella. cara reunión dE:&gt; familia.
Ella.-nó se.moderaba en efecto, sino en las ocaaionee· e:e:
rnista de Jacobo de SommereF, que no le perdonaba que ·
Ahora bien, Felipe había llegado la víspera; el bau~i•
que un pariente pobre la llamaba á su socorro; pero enbubieEe por tres veces pretendido casarlo.

�DOMINGO 14 DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

174

zo debía celebrarse dentro de algunos instantes, pero la
voluntad del viejo médico la retenía aún en su lecho ó
en su chai.ae-longue,

- :-fo, no, mi querida enferma, seria ut1a imprudencia;
usted no puede aún ni salir ni andar.
Y de aquel arresto inexorable, era de lo que la joven
madre se entristecía.
En aquel momento un golpe muy ligero hirió la puerta. Una voz níaacalina que se suavizaba al suplicar, murmuró:

Tafilbién hizo fracasar la perapiciacia de la señora
Fourneron y realmente creía en su curación próxima, aún
cuil.ndo sus fuerzas tardasen en volver más de 10 que había supuesto.
Un poco de anemia, había dicho el médi.co.
Esta palabra tan dulce de anemia, que oculta cosas tan
graves, adormecía las inquietudes y arrullaban las ilusiones de todos los que la anu:1.ba.
Por fin un día pudo levantarse y apoyada en el brazo
de Felipe dtscender al jardín.

-¿Puedo entrar?
-Sí, sí, dijo ella vivamente, con un rayo de alegría en
los ojos¡ entra, Felipe.
l""n joven de dieciseis años que llevabr el traje de los
educandos de la Escuela naval, penetró al cuarto, de puntillas¡ tenía entre sus brazos un enorme haz de lilas.
-Las he cortado para tí, Elena, ¿las quieres?
Y como se aproximase al lecho, ,ua le tomó la cabeza entre las marn~s, y mirándole hasta el fondo de los
ojos:
-La querrás mucho, le dijo, no es verdad?
-¿A quién? preguntó él sorprendido.
Ella le indicó con un gesto á la niña.
-Ciertamente la amaré, pues que es tu hija y va á ser
mi ahijada. A propósito, ¿qué nombre le pondremos? Te
has decidido por alguno? El tiempo urge. Aglaé, como
tu prima Lezines,_ su santa madrina, ó Fllipina, como yo,
su indigno padrino? ¡Dos nombres muy feos! Pobre chi·
quilla. Un nombre feo es como una etiqueta grosera que
le colocan á uno sobre la frente. Yo amo los nombres de
flores: Rosa1 Margarita; 6 más bien, pues que es bautizada en el tiempo de las lilas, si quieres, Elena, la llama1-emoe Lila.
Ella dijo sonriendo debilmente:
-Lila es lindo¡ ¿pero qué dirá nuestra tia Lezines?
No hay Santa Lila en el Paraíso.
-Bah! Santa .A.glaé y San Felipe bastarán para la protección celeste; déjame llenar con ella mi primer deber
de padrino, que es el de pone1·le en la frente una linda
,etiqueta, elegante y perfumada.
-¿Y la querrás? ¿no serás celoso?
-No seré celoso, aunque bien comprendo que va á robarme una parte de tu cariño; la más grande, la mejor¡
la amaré en tí, te amaré en ella. Bendigo á Dios porque
te envió á esa niñita en el momento en que tu hijo grande va á partir.
Después, viendo el terror maternal que pasaba por los
&lt;&gt;]os de la recien parida1 y reprochándose la emoción que
le causaba:
-Oh! exclamó, esta partida es bien lejana; no pensemos en ella¡ pensemos más bien en hacer aceptar á la
madrina el lindo nombre de Lila.

DOMINGO 14 DE MARZ DE 1897

quienes la ternura fraternal sea la afección dominante:
Elena era de estas.
Ese niño á quien había ,,isto crecer cerca de ella, le era
caro infinitamente, y ahora que se convertía en hombre,
se sentía orgullosa de él, orgullosa de sus brillantes estudios de oficial de marina, de su belleza, de su audacia,
de la franqueza de su mirada, de su conversación alegre.
Le parecía ver revivir {!,l padre tan largo tiempo llorado.
Ciertamente amaba con ternura á su marido que no la
contrariaba jamás y no la comprendía¡ per.o adoraba á.

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II
l.l'ué llamada Lila, no en las fuentes bautismales acaso,
-pero en la intimidad del ho~r.
Yanamente la madrina, la señorita de Lezin.e, insistió
para que el nombre de Aglaé fuese preferido¡ todos los
,otros miembros de la familia se ligaron contra ella, sobre todo M. Duvern.oy, que amando como artista todas
las cosas que salieran de lo trivial, pronunció como Ultima rrttio que el nombre de Lila le agradaba.
-Quiero dibujarle-dijo-armas parlantes.
En efecto, cuando se decoró la camarita que la joven
madre llena de gozo organizaba al lado de la suya, para
iustalar al niño, el artista pintó sobre las blancas tapicerías, sobre las maderas, en todas partes, graciosos r~mos
de lilas.
Complacíase en esta tarea de la que Elena se mo!ffra.ba
.reconocida.
El tiempo de las vacaciones pasó para Felipe, ese afio,
&lt;:orno pasan las horas benditas de las cuales se guarda to•
da la vida un recuerdo conmovedor.
Aun cuando la convalescencia de la enferma fuese larga
y algunas veces el viejo doctor tuviese sobre la frente un
pliegue cuidadoso, nadie pensaba en inquietarse. Elena
permanecía sonriente y á las preguntas de su marido y
de su hermano, respondía invariablemente:
-Voy muy bien, ae los aseguro á ustedes; me cuido
por exceso de precaución; siento que cada día vuelven mis
fuerzas; pero como soy muy prudente, no me muevo
aun.
Esto es todo.
Los dos hombres se dejaron engañar.

ces de hacer reventar de envidia á Pantagruel de Gargantua.
«Tu me estimas demasiado, Eegún lo espero mi querido
muchacho, para pensar que es de mis bodas de lo que
se trata. ¡No! ¡No! Yo he tenido la fortuna de despistar
haeta hoy loa satánicos complots de la tía Fourneron.
c,Buenas luchas me ha hecho; el otro día me hizo acorrerla porque había caído de un coche¡ como comprenderás, no cayó sola; iba con ella una viuda encantadora, pero no me rendí¡ el expediente, de verdadera ópera comica, es ya demasiado viejo.
u Yo resisto á. la viuda y resistiré á todas las huríes del
profeta si me piden que las lleve :.t la alcaldía.
11Ese funcionario del Estado civil á quien yo venero
sinceramente, me hace el efecto de un jarro de agua fría
luego que una mujer me habla deél.
uOh! esa _tía Fourneron! La casamentera rabiosa! Dios
padre hará bien en prohibirle la entrada al paraíso, si desea, como se afirma, que los hombres permanezcamos
célibes.
uAsí, pués, no es de mí de quieri se trata, sino de un
amigo mío, llamado Leódice Martín. Se casa en Brest con
una de sus primas; debe poseer tambien alguna tía contra las maniobras de la cual no supo guardarse y me ha
pedido que sea su gar(Jon d'hon_neur.
c,Con una imprudencia indigna de mi edad, instado mucho, he consentido. Parece que ese:: puesto glorioso de
[J(irro1t d'honneur encuentra dificilmente candidatos. El
celibatario se haca raro con esta m.anía que tienen todos
de casarse; con la leche en los labios. Los reiractarios1 los
que desatan todas las redes en que se les envuelve, si no
se en.san con la mano derecha, se casan con la izquierda.
La libertad nada gana con eso. En suma, el infortunado
se encontraba en grande apuro y acudió á mi solicitud.
uEs un gentil muchacl10, muy chic, muy hiyh lije, uno
de mis m,is agradables conocimientos en el mudo parisiense. Yo quería complacerlo, agrad9.rlo, y prometí lo
que quirn.
11;:.;i. mipequeño, prometí:el acontecimiento era aún
muy lejano; se cree neciamente que lo lejano no llegará;
además1 yo soy de aquellos que no detestan los proyectos, que adoran los viajes en perspectiva y que, llegado
el momento ...... En fin, si hay que oír la confesión entera de tu viejo y respetable primo, te diré que tengo en
estos instantes una aventura imprevista cuyas probabilidades no quiero abandonar¡ los aueentes siempre pierden, ya lo sabes.
11Por solícito que sea yo, ya compranderás que no voy á
.atravesar la Francia cuando la caza está abierta, cuando ......... cuando ......... cuando te11go mejores coRas que
hacer aquL ....... ¡demonio!
uPílades. en ocurrencia semejante, no hubiese hecho
por Orestes más de lo que yo hago en este momento; él
le hubiera escrito á su pequeño Felipe:
e&lt;Ocupa mi lugar, esto, casi no te molestará; hazme el
,servicio de acompafiar á la vicaría y al Registro áedeimbécil que se deja casar. Acaso te diviertas, acaso te adjudiquen una seílorita de honor aceptable, que responderá.
modestamente á tus ensayos de conversación: uSí señor¡
no sefior1 0 enrrojeciendo mucho de su atrevimiento. A
tu edad, se debe amar aún á esas pollitas, pero para un
viejo zorro como yo .. ...... . que pobres liebres!
Envíame rápidamente tu consentimiento, espero que
no tendrás el corazón demasiado desnaturalizado para
J"ebul!;ar 1i un pariente apenado, esa prueba de respetuosa
deferencia.
uTe eetrecba la mano.
J AOOBO

Las vacaciones del joven marino iban á espirar¡ unos
días más y se iría¡ dos aflos más que pasaría sobre el buque escuela y luego haría su primer viaje marítimo. Entonces vendrían las largas separaciones y las angustias
mortales!
¡Cómo sentía ella en ese momento toda la magnitud
de eu ternura y el amor-casi como el que profesaba á su
hija, por aquel joven que partía!
Ciertas muj_eres han nacido para ser madres, otras para esposas, otras para ~ante&amp;¡ aquellas sacrifican el hijo al marido; estas el marido al amante. Hay l)OG~ para

Felipe qae la C.&gt;ntrariaba frecuentemente y la comprendía siempre.
El tiempo de la escuela naval transcurrió para Felipe
ain incidentes notables.
Esperaba con impaciencia la orden de su primer em ..
barque, cuando recibió de Jacobo de Sommeres la carta
siguiente:

1,M.i viejo Felipe:
u¿Te agradaría ser gar~ d' honrumrJ ¿Sí?Pues no tienes
más que decir una palabra; te prometo unas bodas capa•

DE SmDlER&amp;s.11

P. S.-A propósito, en tu casa van bien, tu ahijada
balbucea y aun cuando su vocabulario sea reducido1 no
por eso se admira uno menos de la elocuencia de sus día-cursos. Su padre la adora tanto que se vuelve idiota.n
Por el correo siguiente Felipe respondió:
((Mi querido Jacobo:
uEstoy por completo á vuestra disposición y feliz por
presWlr á vuestro amigo el ligerísimo servicio que reclama.is de mf.
11Deseo también prestaros ese servicio á vos personalmente, cuando la hora del \riunfo de la tía Fourneron
haya sonado, y esa hora eonará sin duda alguna.
«En cuanto á las sefloritas de honor que responden enf"Ojeciendo: nsí eeilor, no eeñor,l) censtituyen en la hora

EL MUNDO

presente, como los plesiosaurios antidiluvianos, una especie perdida. Las jóvenes de nuestro tiempo eon sabias y amigas de disertar, capaces de ponernos en aprietos, de los cuales no c;iem pre salimos bien.
«Si yo encuentro en el fondo de la vieja Bretaña á la
ingenua de las antiguas novelas, bendeciré mi buena estrella, y me caearé y ,ros seréis mi gart;on d lzonnmr.
&lt;&lt;Esperando esto, quedo todo vuestro: enviad á vuestro
amigo.. T~ndr..i buena acogida.
FELIPE.&gt;1
La visita de S tn 1\.fut(n no se hizo esperar y la inteligencia fué rápida ent1 e los dos jóvenes.
-Os estoy muy agradecido Señor de A,ubian, del servicio que consentís en prestarme.
Parece que nada vale ese servicio y sin embargo, entre
mis numerosos amigos ninguno ha tenido la abnegación
de venir ú. fastidiarse durante cuatro 6 cinco días.
Los amig._is pariE=ienses, mi querido Seiior de Aubian,
son unos famosos cobardes; si les proponeis que ós sigan
illás allá del café Riche ó el BJsque, desertan. Es cierto
que los amigos de provincia no son más valerosos. Yo tenía la promesa de vuestro primo de Sommeres¡ pero él,
cuando menos, si falta á última hora, proporciona un
reemplazo y yo no pierdo en el cambio. No lamento,
pues, á los malos amigos que me han engañado y mesentiré muy orgullorn de presentaros á mi noviayá.mi futuro suegro. ¿Sabéis que me caso con mi prima? ¡Oh! un
matrimonio de conveniencias de familia: no soy roman·
cesco. Además, conozco á Valeria desde la infancia· ella
es dulce, sencilla, buena bija. Yo no amo á las mujere~
complicadas, y vos? Solo que os pido para todos mucha
indulgencia. ¡Ah, no son brillantes! Han vivido siempre
en provincia. El tío l\-fartín 1 todo ocupado con sus nego~
cios, que á fé mía prosperan ........ .

Ideas a.bsurdas de muchacha.! Desgraciadamente mi
tío, por otros motivos, se ha declarado contm mi. Ama
su i•it[(i y tiene placer en recibir ahí á sus invitadoE.
En suma, querido sefior, si os dignais el lunes próximo tom,ar el camino de fierro y descender en la estación
de San Thegonnec, encontrareis un coche y á vuestro
servidor que os esperarán.
Se levantó y despuee de haber una vez más dado las
gracias á Felipe, un poco más calurosamente ,de lo que
las &lt;"ircunstancias lo exigían, se despidió.
Felipe de Aubian a la Señora Elena D1n•mwy en Pontarlier.
ttMi querida hermanita.
Alea Jacta e1,t, que quiere decir en buen francés que voy
á ser gar,ón d' hann'!ur de un señor á quien no conozco.
ttTu debes tener por Jacobo la explicación de eete
enigma. El me despacha :i uno de sus amigos, un guapo
muchacho de veintiséis aii.os, muy chic, muy elegante,
demasiado elegante y demasiado chic neas: muy adulador también, el cual me abordo, y me habla poco menos
en este lenguaje:
¡ Eh/ Buenos dí.a.s .~n1or Cuervo,
Q11í: guapo e1stá usted.

Qué buen mozo me paree,'.

Yo no tenía en mi pico un queso 1 pero hubiera podido
tenerlo sin inconveniente alguno, porque el diablo ,me
lleve Ei roe dejó hablar una p3labra.
«Vino luego una tentativa para de1:lumbra1me con la
enumeración de sus hermosas relaciones en ese mundc
donde no penetramos nosotros, los pobres as.pirantillos
de marina, destinados á vivir como salvajes en lejanos
países. Yiendo que no me producía deslumbramiento
ni envidia, cambió de gama y entonó un himno en honor
Aquí M. Mar ti n hizo una pausa, se frotó las manos una
de la prosperidad de la casa Martín. "C"n poco más y
contra la otra, hizo sonar su lengun contra sus dientes y ·
me hubiera hecho palpar la cifra de la dote, pero no camiró á su auditor, esperando sorprender en sus ojos alrece de finura y bruscamente se interrumpió.
gun signo de envidia. Pero no vió smo la política resignación dde un hombre que escucha una historia &lt;lema·
siado larga, en la cual no toma gran interés.
-He &lt;libido fastidiaros con todos estos detalles de fami:ia; pero vamos á vivir como amigos, casi como hermanos, durante algunos dias1 y es conveniente que nos
conozcamos bien. Vos, señor de Aubian, vos sois de
aquellos áquienes se adivina de una ojeada¡ la carrera que
habéis abrazado tiene pordivisa: itlfonor, lrabajo, intrepidez.u
Basta vero$ para comprender que no faltareis á:esLadivisa. Pero nosotros, gente de fiinanzas, gente de bolsa,
somos más dificiles de penetrar. He aquí por qué, puesto
que me haceis el honor de asistirá mi matrimonio, procuro explicarme con vos.
Yo soy lo que el mundo llama un buen muchacho, pero soy tambien un hombre honrado en todas las acepciones de la palabra. La mano presta siempre á estrechar la
de un amigo ó á cruzar la espada con un adversario¡ (todos lo saben y me hacen justicia.
Ah! yo he teni~o de esas r.uestiones de amor y de esas
cuestiones de hónor! En fin, todo eso ha pasado, me or•
deno, puesto qus me caso.
Dios mío, es fuerza que os prevenga: Yaleria no es una
hermosa¡ algunos os dirán que yo be sido tentado por los
bellos ojos de su dote, pero me desolaría que me juzgase
mal un hombre por quien tengo tanta simpatía y tanta
estima.

Me caso por dar gusto á mi padre, en primer lugar y
en segundo para estrechar los lazos que unen la casa
l1artín de París á la casa Martín de Brest; pero me caso,
sobre todo, porque Valeria me ama: tiene por mí una
adoración tan vi va, tan profunda, que la pobre muchacha se moriría de seguro si yo la desdeñase. Hablo con
un hombre de honor, vos me comprendéis, caballero.

Y ahora lo he dicho todo. Mi matrimonio se efectuará
dentro de ocho días; se celebrará en el campo, e~ Keroech, donde mi suegro ha hec'1o construir una villa.
Yo hubiera preferid,&gt; á Erest; habría i.iJo mas cómodo
para todo el mundo, no es wrdad? Pero no han querido
ceder á este respecto.
Mi di[unta tía está ooterrada en el cementerio de Keroech y le parece á Yaleria que su madre, desde el fondo
de su tumba. nos bendecirá.

11:~t-~~~1
..,4,

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):,-..

uEntonces se mostró buen muchacho, dedic{rndose á.
los intereses de la familia, casándose con una prima por
que tiene por él una vi va afección.
nY bien, que te diré yo, hermana! Ese señor no me
agrada y he lamentado haber consentido en servirle &lt;le
gar,ou d' h011:new·.
uEn fin, acabaré como he comenzado: la suerte esLi
echada., y es demaciado tarde para desdecirme.
1&lt;Pongo á. los pies de mi querida reinecita Lila tocla la
admiración de su padrino:

Felipe.11

( O,,itin'-"'rá)

�EL MUNDO

-

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DOMINGO 04 DE MARZO DE 0897

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í!a nota ae la moaa.
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capota parisienses.

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$ombrero

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ae flores.-'larro

"Gtbanico''.

ler. premio, otorgaao por "$1 rounao."-(~amilia Na1'arrele.)

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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�EL MUNDO

"EI, MlJNDO"
Semanario Ilustrado.
Teléfono 434.-Calle de Tiburcio núm. 20.-Apartado 87 b.
HJl:xrco

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RtGiln'RA.DO COMO ARTÍCULO DE SEGUNDA CLASE•

Matas tbitarialts.
por qué uiue d "rl]antage."
Un grupo de personas resueltas h.a querido penetrar
en ese pudridero que mancha la prensa de todos los paf•
aes y que se llama cha,itage. Se ha pretendido realizar lo
que designó un colega con la !rase: la dMinfecci6n dtl perwdilmw, analizando actos y desentrañando hechos de
dudosa moral id.ad social. La tarea es más trabajosa de
lo que á primera vista parece, porque el mal tiene raiees
muy hondas, porque la plant.a se nutre del jugo extraído
de la tierra que la rodea.
El clu:,,ntagista, pícaro .fir. de siglo, que ha cambi rulo la
capa raída de Guzmán de Alfarache por el traje de etiqueta del caballero de los salones, y la rapiere de Satabadil por la pluma del publicista, encuentra en nuestro
medio un apoyo real, una base sólida, un escudo que lo
ampara y lo hace invulnerable, en la complacencia social, en la falta absoluta de va'torcivil para afrontar con
energía las vociferaciones de estos asltantes de la honra,
tolerados y sostenidos por las víctimas.
Esta tolerancia se traduce en una viabilidad positiva
de semejantes industriales, que encuentran mercado á.
propósito para colocar sus productos averiados. Si el
hombre amenazado con el escándalo tuviera suficiente
corazón para afrontar el siniestro golpe del flamante
bandolero; si se alzara á. un nivel superior, penetrándoee
bien de que dentro de los términos de ciertos pactos, tan
graves resultan para la moralidad social las proposiciones
del asaltante como la aceptación de estas proposiciones
por parte del asaltado, estos microbios perecerían.
La energía personal mexicana se derrocha en acciones
violentas, en actos impulsivos, pero nunca en actitudes
serenas y reposadas, jamás en tranquilos estadgs de conciencia, inspirados en el cumplimiento de un deber.-El
chantagista puede explotar canallescamente á hombres
manchados, puede fustigará impuros, puede acometer á
bribones; pero el hombre honrado que se deja envolver
y e:irtrangnlar en esa red infamante, y cei'iir su cuello por
eee dogal, es responsable de contribuir á la explotación
cín:cay desvergonzada de todos suscoasociados.
Es preciso fortificar ciertos músculos, vigorizar ciertas
fibras. inyectar energías en nuestra voluntad, siempre dispuesta á desfallecer en actos de suprema defensa social.
¡ Los hombres honrados que cgntribuyen al sostenimiento de los picaros, no cumplen con su deber!

Qfnfermebllbes sociales.
Juzgan algunos que el publicista está obligado á cerrar
los ojos, mostr.indoae ciego voluntario, á todo lo que no
es agradable. Imaginan que la prensa y el libro están
destinados á engañará. losespfritus con el polvillo de oro
de la mentira y las elocuentes estrofas de la adulación rimada.
Par.i estos criterios, tener la osad la de enfrentarse con
una dolencia social y escu:lrifiarla, y diagnósticarla, constituye un delito; en la conciencia humana, hidrópica de
saber, debe perpatnar.!e el error, antes de sembrar la
alarma y mantener en constante jnfancia á los cerebros,

arrojando sobre ellos pufiadoe de tinieblas y suaves pét.aloe de ro!!as.
lY nó! El publicismo moderno se dfatingue precisamente por su gran tarea de analizar enfermedades orgánicas, de desentrañar miserias, de destruir prejuicios, de
preparni: el porvenir con el estudio concienzudo y valeroso de los hechos. La ciencia, la gran impa~ible., como la
llamó Goethe, se difunde democráticamente entre las
multitudes1 revelándolas sus prolcngadas anemias1 descubriendo sus violentas convulsiones, dando á conocer al
hombre donde los idealistas y los cortesanos habían colocado al ángel.-No es preciso que una verdad i:ea agradable, ha dicho el ilustre Taine;¡ba..sta conque sea verdad/
Pero se nos dice, hacéis un mal á Ja sociedad en que vivís, haciendola saber de quá masa está fabricada. ¿'Mal
se llama sacará los hombres del error, ensefiarles sus vicios, sus defectos? Creemos nosotros que antes por lo
contrario, hay en la sinceridad de estas revelaciones una
gran ensef'ianza moral, un principio de alta conveniencia colectiva y de higiene social. Los pueblos se redimen de sus vicios por la ciencia, y hacer de ésta
una eterna cortesana, mercenaria que respeta todas
las cobardías y se inclina humildemente ante todos loB
caprichos, es desconocerla, prostituirla.
Pero todavía es más monstruvso el criterio que sostiene
que la exhibición de estas enfermedades desprestigia á.
los gobiernos. ¿Qué culpa tienen Josgobiernol!I de los productos morbosos de un estado social? Si el hijo de un alcohólico y una histérica tiene noventa probabilidades contra cien de ser candidato á. un delito, ¿se puede arrojar
el cargo al poder público de esta ley fatalmente necesaria,
y fuera de los límites posibles del Estado?
El Estado no dispone de las facultades extraordinarias de convertír el agua en vino y la concieñcia del culpable en el santuario de una virgen. La obertura del
Tannhauser no obtendrá gran éxito en una tribu de canf bales; nunca serán culpables los ejecutantes sino el auditorio.
Todo lo demá.s son extravagancias impropias de escritores serios, y que.tienen en algo sus deberes de educar
al público.

Jalftica &lt;l&amp;tntral.
RESUMEN.-La Cámara francesa en la Cuestión de
Oriente.-La última esperanza • .-......Aislamiento de
Grecia.-EI acuerdo de las potencias. -Aun no es
tiempo.-Concluslón.

Nube negra y sombría se cierne aún en el azui. cielo de
la divina Hélade. L1s grandes potencias ea ro peas en su
incesante afán de mantener la paz, y desoyendo los clamores de los infelices cretenses que rechazan la autonomía ofrecida, y anhelan sólo formar parte de la nación
helénica, han decretado oponerse por medio de la violencia á. las aspiraciones del rey Jorge, que ya soñaba en
la incorporación de la isla de Creta á sus Estados.
La actitud de la Ciimara Francesa adhiriéndose, de
buen grado, á la política &amp;.el gabinete que preside M. Mélline, y ahogando el sentimiento público que se inclina
en sus arrebatos romancescos á todo lo que es noble, á
todo lo que es grande, y rinde el tributo de su admiración
y ofrece el homenaje de sus simpatías á. los que luchan
en Creta por la santa causa de la libertad, ha venido á
desvanecer las ilusiones de los helenos que esperaban
encontrar si nó apoyo decidido en el pueblo francés y
material auxilio en el Gobierno de la República, por lo
menos una resistencia á los designios de los poderosos,
que indirectamente sirviera á la cansa del débil, á la aspiración justa del oprimido.

• •*
Según las manifest.aciones ruidosas á favor de Grecia
en las calles de París, según la opinión de buena parte de
la prensa, más dispuestJ á celebrar la desmembración de
Turquía y á. salud.ar al rey Jorge como paladín de la
idea cristiana, que á secundar las exigencias del emperador Guillermo, más que ninguno empeñado en reprimirá c&amp;f'ionazos lo que se h.a dado en llamar temeraria
aventura del gobierno griego: había motivos para creer
que la Cámara ::re interpusiera entre las potencias decididas á hacer valer la omnipotencia de sus re.soluciones, y

DDMINGD

21

DE: MARZO DE

1897

DD ■ INGD 21

los míseros súbditos del Sultán que han pretendido desJigarse de su -ominoso yugo, buscando el abrigo y acogiéndose al amparo de la madre común de los helenos.
No ha sido así: cualesquiera que sean las simpatías que-personalmente abriguen los diputados franceses por 1acausa de Creta, que es la causa delajusticia y de la libertad, han
debido sofocarlas y afirmar con su voto el lugar que Francia ha obtenido en el concierto de las naciones. Han debido pesar en su conciencia, no tanto las consideraciones
de amor á. la noble aspiración de los cretenses y al heroísmo de los griegos, que quedan abandonados á sus propias
fuerzas y expuestos á las iras fanáticas del Sultán y á la.
feroz barbarie de los musulmanes, como las conveniencias políticas generales, la necesidad de conservar un
puesto de honor en el trabajoso equilibrio europeo, y la
esperanza de atraer en favor de la República esa unidad
que no debe romper, cuando se trate de la evacuación
del Egipto, hoy sujeto á. la tutela britá.nica.
Parece que el sentimiento público se ha sacrificado en
aras de la alianza franco-rusa; no hay tal: si algún sacrificio se ha hecho, ha 8ido en aras del buen nombre y del'
prestigio de la nación francesa, llamada á desempeñar misión muy alta en no lejano porvenir.
Por lo domis 1 al garantizai: la autonomía de la revuelta isla, al comprometerse á su pronta paciflcacióñ, y al
desprenderla del dominio directo de la Sublime Puerta,
creen las potencias y con ellas Mr. Hanoteaux, ministro,
de relaciones de Francia, que se atiende lo bastante al
clamor de los pueblos, hartos ya de la dominación muslímica.

X.X.X.
Marzo 18 de 1897.

EL MUNDO

EL DOCTOR JUAN B. HIJAR Y HARD

( Apuntes para un estudio.)

Acaba de morir en esta ciudad uno de esos hombres
ameritados, á quien su excesiva modestia no dejó bri •
llar tanto como merecía, en las esferas altas de la política, de las ciencias, de las letras y de la diplomacia.
Me refiero al Dr. D. Jnan Bautista Hijar y Haro, nacid•)
-en Guadalajara el 24 de Febrero de 1830, muerto en México el 5 del actual.
Condiscípulo de Don Ignacio L. Vallatta, &lt;}.el general
Ignacio R. Ala.torre, del Lic. D. Emeterio Robles Gil,
fué, como estudiante, de los más notables en el Seminario de Guadalajara. Cursó con brillantez la medicina,
siendo uno de sus maestros más amados, el Dr. Clement.
En cuanto obtuvo el título, dió la cátedra de terapéutica
en el Instituto de Ciencias, é impulsado por sns convic·
ciones, salió á. campaña. como Jefe del Óuerpo médico
militar, á las órdenes del general D. Santos Dt:gollado.
La gravedad y muerte de Agustín Degollado, hijo del ge·
neral, le retuvieron en Morelia, en los días en que sus
compafieros fueron fusilados en Tacubaya (Abril de
18-59.)
Este triste suceso y el fusilamiellto de su íntimo amigo Herrera y Cairo, le infundieron más brío para combatir, en unión del señor su padre, en deíensa de las leyes de Reforma.
Su caracter bondadoso, su lealtad á. toda prueba, le
conqu.istaron amigos, como el heróico general Antonio
Rosales y el mártir Leandro Valle, que cargó su camilla
en Zapotlán, cuando Hijar y Haro, atacado por Daniel
Gómez, cayó del caballo con la pierna rota en cuatro pedazos.
Siendo muy joven el general Corona, trató y estimó á
Hijar y con él se fué á Espafia, llevándolo de Primer
Secretario, al reanudarse nuestras relaciones con la antigua madre patria, en 1874.
En Madrid fué donde conocí al Dr. Hijar. Tratábanlo
con cariño y con respeto los literatos de más nombre, y
yo, escuché la lectura de su poema 11Roberto y Laura,,i
en la casa de D. Pedro A. de Alarcón, la noche en que
allí se oyó por vez primera al gran tenorJulián Gayarre.
Manuel del Palacio leyó el poema. de Hijar que fué saludado con sinceros aplaueoe. Al conocer en Espai'la la
obra 1(Historia del Ejército de Oriente,u que escribió por
encargo del Sr. Juárez, y en la cual están descritas todas
las campañas del general Corona, se le nombró ccmiembro
honorario de la Real Academia de le Ilistoria," como se
le nombró también por sus diversos escritos 1&lt;miembro
honorario de la Asociación de Escritores y Artistas españoles,)) que presideNúfl.ez de Arce.
Intimo amigo del general D. Antonio Ros de Olano,
de D. Ventura Ruiz de Aguilera, de Castelar que lo distinguía constantemente, de Grillo, etc., asistfaá las veladas literarias, y sus versos cautivaban á. los más selectos
auditorios.

'***
Pero si la Europa juzga cumplidas sus obligaciones yllenada su misión, en pro de los esclavos cristianos que se·
debaten en convulsión treménda, por darse en Creta el
gobierno que ambicionan; el Rey, el gobierno y el pueblo de Grecia, inspirados por un solo aliento, empujados por la misma idea, y aguijoneados por el mismo deseo.
no se someten ni quieren inclinarse ante los designios
del más fuerte.
Retirarán su escuadra de las aguas cretenses. p:Jrque
sería inútil la resistencia y est.éril, ante los formidables.
buques que allí han amontonado los defensores del Sultán; pero las tropas que hace un mes alientan á. losrebeldes en el interior de la Isla, y que al mando del CJronel
Vassos han tomado posesión del territorio en nombre de~
su soberano 1 esas quedar.in en su puesto, y sólo cederáfu
el paso á. los soldados extranjeros áquienesdesafi~n á singular combate.
Ya se rumora seriamente el rompimiento abierto entre
Grecia y Turquía; ya ee anuncia esta resolución como la.
única que ha de dará Grecia libertad de acción, y que
espera la exima de la tutela que sobre ella han preten-dido ejercer los poderosos. Va.no intento: Europa que en
aras de la paz ha sacrificado sus tradiciones, y, aunque so-lo en apariencia, ha organizado una cruzada en contra
de los campeones de la fé cristiana y en defensa de la
oprobiosa Media-Luna; Europa quedió vida á Bulgaria,
á. Servia y á la misma Grecia, segregando después la Bosnia y la Herzegovina del patrimonio de los Califas, no
permitirá. que Greciaquede envuelta en una guerra que
tan costosa fué á. Rusia en 1877; no tolerará que, después
de sus gestiones y el unánime acuerdo que ahora reina,
se perturbe la mentida tranqu.ilidai de las naciones, por
la aventura peligrosa de un rey que quiere apresurar con,
sus escasos elementos, y aun á. pesar de los apuros financieros de su tesoro, la caída del secular imperio otomano,
cuando todavía los augustos sobenmos que lo asisten en,
su lecho mortuorio no han azordado en sus altos é ines.
eruta.bles designios, administrarle la extremaunción:
Y habrán de ceder ante la fuerza, habrán de calmar~
sus ímpetus los impacientes. Hoy es la autonomía de
Creta¡ mañana ser,t su anexión. Todavía no está maduro el plan que ha de hacer efectiva la cláusula más importante en el testamento de Pedro el Grande¡ el águila...
moscovita aun no se decide á extender sus robustas ala&amp;t
sobre la baailica de la Santa Sabiduría.

DE MARZD DE 1897

Educado con exquisita delicadeza, era de los que ae
captaban un amigo desde el instante en que lo saludan y
que logran con la buena forma seducir á los más tenaces
adversarios.
Hijar fné Miembro de la Real Academia de Medicina
de Roma, y Delegado de México en el Congreso de Americanistas de :Madrid (1881 ), de Higiene y Demografía de
Ginebra (1882), Penitenciario de Roma (1888) y Conferencia Sanitaria de Roma (1885 ).

•

En la época en que estnvo en lt.alia como Encargado
de Negocios, recibió muestras de consideración de la Reina Margarita, y presentes afectuosos del Rey Humberto .
Veinte anos sirvió sin descanso, en nuestras Legaciones y cuando regresó á la patria fué electo, primero Vice
Presidente y después presidente del Senado.
Como poeta, sus versos son dulcísimos, tiernos y delicados. PerteneciAndo á la escuela subjetiva¡ cantor de
sus propios sentimientos; admirador de la naturaleza ea
1odas sus grandiosas manifestaciones; tienen sus rimas
todos los encantos de una imaginación cread.ora y de una
sensibilidad incomparable.
Como médico le vi hacer curaciones sorprendentes; había llegado á establecer un trat.amiento para la curación
de los cálculos biliosos y otro para combatir la ataxia lo•
comotriz. Sus estudios sobre la lactancia aon de interés
muy grande.
Fué un hombre muy honrado y muy sano de espíritu,
Idólatra de sus hijos, puso todo empefio en educarlos é

JUAN B. HIJAR Y HARO
( De retrato pintado por su hijo el Sr. Alfredo Híjar.)

ilustrarlos, y logró ver realizadas sus esperanzas, pues
ellos corresponden con su talento y sus méritos á. los afanes de su padre. No son estos apuntes un estudio sobre
la personalidad de Hijar y Haro.-l!e reservo á. escribir
algo má!'I detenido y más en forma.-El dolor que me
causa su muerte no me permite todavía estndiar las tases
de su vida. Acabo de acompañarlo á. su última morada,
donde un buen amigo, Don Juan J?uentesSolís, hizo breve pero sentida sinopsis de lo que f~é Hijar para su pa·
tria.
¡Duerma en paz el noble amigo! ¡Duerma tranquilo el
que siempre guardó en su corazón las excelencias sublimes del sentimiento!
Hijar y Baro no deja un enemigo¡ practicó el bien,
honró á. su patria, sirvió de mil modos á. sus amigos y ha
legado una memoria sin tacha á cuantos le conocieron y
trataron .
Yivió como sacerdote del bien y murió com&lt;• un justo,
-Poco antes de cerrar para siempre sus ojos,-ya privados de luz por una ceguera inesperada que abatió su espíritu y entristeció su suerte-todavía recitaba alguna ertrofa de la alegria, que escribió para un poeta.
Hijar y Haro cruzó la tierra sonriendo y consolando.
Ya entró á ese reino en que solo la Historia perturba el
sueno cou sus aplausos ó sus anatemas. ¡Dichoso él que
solo encomios recibe con las coronas que cubren su
tumba!
JuAN DE Dios PEZA.
Marzo de 97.
PAGINAS ESCOGIDAS
DEL LIBRO

un

DESIERTO" DE PIERRE LOTI

Domingo 25 de Febrero.
Al espléndido amanecer; nuestro campo se despierta,
se estremece, se repliega para la partida. Sobre las rocas
que formaban muralla detrás de nosotros, se mantiene
la luna blanca que con su llpagada pupila en el cielo azul
nos ve partir.
Al punto, basta el mediodía quemante, las soledades está.n sembradas de guijarros negros, como espolvoreados
de carbón, y estos guijarros relumbran, brillan bajo el ardiente sol dando una ilusión de humedad á los sedientos
que pasan. Durante horas enteras,.desfilan las negras
soledades, llenas de espejeos¡ en algunos lug&amp;rt:s loe salitres y las eflorescencias de sales forman vetead('B grises. Nada canh, nada vuela, nada se mueve: Pero el silencio inmenso, está martillado á la sordina por el andar
incesante y monótono de nuestros lentos camellos.
A medida que se atraviesa una región menos muerta, al
borde G.e alguna cosa que debe ser el lecho deseado de algún torrente, crecen incoloros tamarindos, y pálidas florecitas blancas y hasta dos altas palmeras. Unagolondri-

'79

na gris croza con vuelo azorado, y Jas moscas de nuevo
ee posan en los ojosJlorosos de nuestros camellos! 1.."'nensayo de vida. Y dos grandes pájaros negros, los señores
del lugar despliegan sus alas arrojando su grito en el silencio.
Nuestros beduinos de escolta al ver las palmera!'i olfatean que hay agua bajo su delgada sombra y conducen á.
las bestias. En efecto, en una hoquedad de art::na, hay
una poca de agua y los camellos con gruñidos de alegría,
se aproximan, é intentan sumergir dos ó tresá un tiempo
sus hocicos mezclando sus largos cuellos extendidos.
Después el desierto comienza de nuevo, más seco y m,í.s
estéril. Nos alejamos siempre del Mar Rojo, desaparecido desde ayer, internándonos en las comarcas montaiiosas del interior. Cuántos valles lúgubres y grandes circos desolados atravesamos todavía antes del reposo de
la tarde! Nuestros camellos siguen siempre con el mismo .
balanceo rítmico que adormece, siguen casi por sí solos
las imperceptibles sendas del desierto, que han seguido
ó trazado durante innúmeras edades bestias semejantes
de las que descienden, en esa misma dirección, la t"tnica
un poco frecuentada de la arabia sinai"tica.
Hacia la tarde, pasan tres mujeree impenetrablemente
veladas sobae camellos jóvenes de hocico al aire. Un momento después, un muchacho bronceado, que parece inquieto de su huida, sigue la misma dirección que ellas en
la soledad donde nuestros ojos las han perdido. Su camello adornado con bordados, tiene franjas y borlas que flotan al viento en su carrera.
En torne nuestro, ámedidaque el sol se aleja, las montaiias se elevan y los valles se ahondan. Las montañas
son de arena de arcilla y de piedras blancas: aglomeraciones de materias vírgenes acumuladas al azar de las
formaciones geológicas, jamás movidas por el hombre1 y
lentamente deslavadas por la lluvia, lentamente caldeadas por los soles desde el principio del mundo. Afectan
las más extraHas formas y se diría que una. mano ha tenido cuidado de colocarlas, de agrnparlas, con aspecto
casi idéntico, durante una legua son 1:eries de conos sobrepuestos, escalados como con una intención de simetría, después las puntas se apJAnan y se convieTten en
series de mesetas cíclopes, en seguide se ven los domos
y las cúpulas como restos de ciudades fósiles. Y se permanece confuso ante lo rebuscado é inútil de esas formas de las coeas, mientras que todo desfila en el silencio de la muerte, bajo la misma luz implacable, con las
mismas partículas brillantes de moca de que esttt sembrado el desierto, en esos lugarEIB, como un monte de parada. A ratos uno de loscamelleros canta y su voz nos eaca de una somnolencia ó de un sueiio. Su canto es más
bien una serie de gritos de llamada, infinitamente tristee, en los que el nombre de Allah suena sin cesar y despierta en las paredes de los valles, claros ecos, sonoridades casi espantables que dominan.
En la tarde, á la hora en que la magia del poniente
desciende nada más para nosotros en el desierto, acampamos en un gran circo melancólico y todavía sin nombre, y todo él de arsilla grisásea rodeada de una muralla
de rocas gigantes.
El lugar carece de agua¡ pero para dos ó tres días todavía, tenemos con la del Nilo yel cheík, nuestro guía,
promete acamparnos mañana cerca de una. fuente
Tan luego como se mont.an nuestras tiendas, los camellos, desembarazados de su pesada carga se dispersan por
el camino en busca de raras retamas y nuestros árabes de
briznas secas para hacer fuegos, semejantes entonces, á
brujos de luengos trajes, recojiendo yerbas, al caer la tarde, para los maleficios. Y durante una noche, nuestra
pequef!.a ciudad nómade lleva la ilusión de la vida á. ese
lngar perdido donde no volvera jamás y donde mañana
reinará el silencio de la muerte.
Hay una desolación más y más grandiosa, en ese lugar, á medida .que el sol se abate y se apaga. Circoinmen•
so rodeado como de desplomes de ciudades¡ cosas caóticas derribadas, exfoliadas, ahondadas por fisuras y cavernas. Y todo ell,i como nuestras camellos, C(\mo nuestros
Beduinoa, como el suelo y como todo. es de esos tonos
grises, cenicientos 6 moreno ardientes que forman el foneterno, el fondo neutro y por lo mismo intensamente c1í.·
lido, sobre el cual el desierto arroja y despliega todas sus
fanstasmagorías de luz.
He aquí la hora del poniente, la hora mágica; sobre
las cimas lejana.e aparecen, en furtivos minutos, las violetas incadescentes, y los rojos de brasa; todo parece despedir fuego.

•

�O-OMINGO

EL MUNDO

180

DE MARZO DE 1197

escarpaduras, hacia arriba, y mirándome con el cuello
tendido, con aire de íntimo conocimiento; nuestros dromedarios que reflexionan sin dnda, en el medio de bajar
hasta el agua apetecida, y que gozan también quizá, á. su
manera., de la mañana suave.

Entre tanto el sol se ha ocult.ado, pero aunque todo se
en:.ombrece un fuego latente, un fuego que tarda en apaga1 se, incuba aún largamente bajo esos morenos y esos
grises que son los verdaderos colores de las cosas. Después, pasa un estremecimiento y súbitamente el frío desciende, el inevitable frío de la tarde en el desierto.
encendido en cielo inmenso, y nuestros beduinos, como
de costumbre, se han sentado formando rueda en torno
de sus luminarias de ramas-siluetas negras sobre llamaradas amarillas-doce de ellos r,e desprenden, vienen á
colocarse ante las tiendas, rodeando á uno que toca gaita,
y comienzan á cantar en-coro. Y segtin la cadencia lenta
qne el gaitero les marca, balancean la cabeza. El aire es
,·iejo y lúgubre, tal sin duda, como se oía eu el desierto
cuando Moisétr pasó. Más triste que el silencio es la música beduina que se elev:a, inesperadamente, gemebunda
y que parece perderse enel aire, no habituado al ruido,
ávido del sonido, como esas arenas están ávidas de rocío.
Jueves 8 de Marzo.
¡Oh, el Oned-el-Aln, el valle de la fuente! ¿Con qué palabras, con qué imágenes de frescura tomadas de los poe•
tas del antiguo Oriente, pintar ese Edén escondido en los
granitos del desierto!

A NUESTROS LECTORES

Con nuestro próx:imo número repartiremos el-tercer tomo oe nu¡,¡¡tra B,bliot"ca MiriWh,1,ro, correspondiente á Mar•
zo, é incluiremos aderD;ás, un suplemento relativo al Car·
naval en Mérida, para el cual tenemos aún hermosos
grabados.
E1, ::\-luNDO prepara una notable reforma.
OTRO PAGO DE$ 12,082 DE "LA MUTUA"

ENME:XICO.

\

•

1

El carnaval en Mérida
Qriental.''-Señorita Clementina González.
(De fotografia tomada en 10.&lt;l salones de ·'La Unión.")

rocas á plomo se deslizan y vienen á danzará trechos en
el hilo del agua remOvida.

•••

En una hoya profunda de paredes puliJas, que parece
algún sarc6[ago ct~ rt!y, suspendo mi paseo para bañar•
me;"Cntoncesal levantar lo~ ojos, apercibo graudes bt'S·
tias de asp~cto antidiluviano inclinadas al borde de las

'

'

México, Marzo 11 de 1897.
Señor D. Carlos Sommer Director general de "La Mutua.''
-l'rest&gt;nte.
Muy Señor mio:
Hoy he rt&gt;cibído de uLa ?t-Iutua,n Compai'íía de Seguros
de Vida de New York por conducto del Sr. L. Goroztia•
gay t&gt;n Presencia del Notario Sr. Diego Baz, la cantidad
de (10,000.00)iiez mil pesos imporlie dela póliza número
071,958, bajo 1a cual estuvo asegurado mi finado esposo
til :Sr. D. Ftiderico S;:1nche.
Además, me ha sido eutrega'1.a la suma de $2,082.40,
importe de la devolución íntegra de todos los premio1::1
que mí citado esposo pagó á. la Compañía desde ha.e.e
cnatro años que bOlicitó el seguro, formando un total de
12 082.40.
No obs1ante que mi repetido esposo falleció en Francia
á fines del afio próximo paeado, la Compafiia con todo
empeño, se ocupó de la tramitación de los documentos
para comprobar el íal!ecimiento, evitándome toda clase
de molestias y cumpliendo con toda exactitud las estipulaciones contt'nidas en la citada póliza.
Puede uet~d, Eeiior Director, si así lo deseare, dar pu blicidad á la presente, y me repito de usted afma., S. S.
corno albacea de la testawentaría de mi finado esposo el
Sr. D. F~derico Sanche.-AlU!e Sand1e.

,8,

EL MUNDO

DOMINGO a1 DE MARZO DE 1&amp;91

El. CARNA.V AL EN MERIDA

meóte sucede en Yucatán, merced á. largos añoa de tra•
bajo. Componen, en su mayoría, eEta sociedad, hacen- f
dados, banqueros, J;lropietarios, etc,. etc.
«El Liceo de Menda.u reune en su seno á los que, con
el fruto de afanes pasados, colaboran-en la obra del adelanto social.
f
Estas dos grandes agrupaciones son las que organizan
principalmente las fiestas carnavalescas que tanto llaman !,
la atención de los hijos de otros Estados de la República, y l'
de los extranjeros. Cada una, está presidida por u!'a
junta directiva que nombra comisiones entre los asoc1ados, para las fiestas.
El Carnaval está formado de varias festividades. Du ~
rante esos cuatro días recorren las calles, comparsos de
baile que toman tantos nombI'es como l!On los bailes que
ejecutan: negros, i,uJ.ioll, jú:aras, cinw, etc., etc. Estas coro·

1

"LA UNION" Y "EL LICEO"

•

•
Hay una paz especial, una*incomparable
paz de oasis
no profanado, que por todos lados rodea y protege el
desierto muerto. Y pasamos ahí sin prisa nuestras horas de espera.
Un solo momento de agitación en el día, á propósito
de una serpiente de gran tamafio, que se ha mostrado en
una palmera. Nuestros beduinos que la han visto de manera distinta que nosot,os, afirman que tenia dos cabe•
zas, que por consiguiente era Barkil, rey de las serpientt,s y que es necesario matarla. Y hacen una batida inútil á pedradas en las bellas palmas entrelazadas.
PIERRE L&lt;:rrr.

•
••
Cuando la noche ha llegado,
cuando las estrellas se han

Es la mañana, la mañana luminosa y yo exploro al·
ocaso el oasis encantador donde nuestra. pequeñ.a ciudad
de tela blanca va á permanecer uno ó dos días. En lo
mús hondo del valle corre un agua viva y clara en estanques de granito que tienen el pulimento del marmol trabajado y que no tienen ni una planta, ni una alga y cu·
yo fondo se transparenta como el de las piscinas artificiales para laa abluciones de los sultanes ó de las huríes.
Corre esa agua rara, esa agua preciosa, ya disimulada en
los últimos repliegues rosa de los estanques, ya esparciéndose en charcos arenosos donde crecen tamarindos y
soberbias palmeras desplegadas en penachos azules.
Se admira al pasar cada une de esos salvajes jardines.
Dei:.pués el rinconcito paradisiaco, repentinamente des~
aparece tras cielos bloca de granito enormes y no se ve
durante• algún tiempo más que laa piedras pulidas donde
el agua se encierra, hasta el momento en que el milagro
recomienza en alguna vuelta y otra hondonada encantada sobreviene. El cielo, naturalmeute es de una limpi•
dez de cristal, como debe serlo un cielo del Edé-n, y los
I),íjaros cantan en las palmas, las libélulas tiemblan posadas en los juncos y los reflejos solares á pesar de las

21

La fiesta de los yucatecos es el carnaval. Durante cua~tro días, en aquel lejano Estado, nadie se ocupa en otra
•cosa que en disfrazarse, en bailar y en el adornr- de los
cafros. Por eso el carnaval de Mérida goza de fama en
toda la República.
El Carnaval es el traje riquísimo que, durante cuatro
días del año, viste la capital yucateca. El traje cuesta
más de cien mil pesos, pero los hijos se proporcionan, en•
tre alegrías y entusiasmos inenarrables, la satisfacción
de contemplar embellecida á la madre amorosisima.
Poca.a fiestas se celebran como ese carnaval. Aquel es
un desbordamiento de alegría, un derroche de color y
armonía_, una hermosa competencia de ingenio y arte,
que absorbe durante cuatro días, el espíritu del pueblo
yucateco.
Asi las familias distinguidas como laa de clases populares, loa consagrados á la ciencia como los humildes arte·
sanos, en esos cuatro días, ee dedican exclusivamente al
placer. El carnaval es el descanso de un aiio de fatigosas
tarear:i.
En Mérida, capital del Estado de Yucatán, las :fiestas
alcanzan rarlsima animación, y en ellas se invierten su~
mas considerables. Toda la sociedad meridana contribuye para dar lucimiento á. aquellas extrañ.as 11olemniductes
en honor de ~fomo.
Desfilan en prodigiosa procesión, todas las manifestaciones del entusiasmo: aquellos son los días de locura de
una gente cuerda en exceso. El serio jurisconsulto lo
mismo que el travieso estudiantillo, la alegre niña, sonrisa de los cielos, y la reina del hogar, el pobre y el rico,
el viejo y el niño eligen un disfraz y salen á la calle t n
jubiloso coro, }?ara no volverá. sus cuidados, sino cuando
ya el sol del miércoles de ceniza avanza lleno de brillanteces, hacia el punto más alto del firmamento perennemente azul.
Y en medio de esa alegría, en los mayores transportes
del entusiasmo, no se registra una sola rifia, ni amarga
el placer un leve disgusto; todos, con las manos estrechadas, como en un grau coro, bailan al rededor del
dios ti.lomo, para tornar al día siguiente, á. donde los reclama la prosperidad de 18 patria.
Dias son, los de carnaval, de reposo para un hervidero
humano que fecunda con el sudor de su frente, la esterelidad de aquella región, y que ha logrado convertirla en
poderosa madre.
Piira organizar las fiestas existen dos sociedades ~La
Unión» y «Liceo de Mérida,)) formadas por las clases distinguidas por sus profesiones y por su riqueza.
1(La Uniónn está compuesta en su mayoria, por esa
clase social. que, careciendo de dones de fortuna. busca
en el estudio y en el trabajo diario, con los medios de
vivir, la satisfacción de haber cumplido con el deber. De
esta sociedad forman parte, abogados, médicos, escritores,
ingenieros, estudiantes, propietarios de talleres, etc. etc.
Reune en su seno, á los que con sus personales esfuer.zos, contribuyen á la properidad del Estado.
11Liceo de Mérida,n ea una sociedad formada por la cla,.se distinguida por su riqueza, adquirida, como general -

(Signe en 1a página lSJ.)

El carnaval en Mérida.-Batalla deflores.-Carro de ' 1 La Paloma''-NiñosAncona y Cámara.
( 2? Premio. )

"
~,.,.,,
,,
-

'

/ ,~

L

Sociedad ula Unión."-Pensam1ento.-Srita. Francisca Cámara B.
Batalla de flores.-Carro 1 ◄ Maripos-a."-3er. premio. (Familia Cireval.)

�EL MUNDO

182

DOMINGO

21

DE MARZO DE •B97

El Carnaval en Mérida.

DOMINGO H DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

EL CARNAVAL EN MElRIDA

~'

~ ..

:.r·

HLiceo de Mérida" .-Carro Japonés.-Familia Martinez de Arredondo.

las Ondinas. Sociedad "la Uflión ... -Señoritas Mercedes Peon Cisneros, Amira y Elia Evía, Elia Peón Cisneros y Celia Ruíz.

Salones de~la Sociedad de mestizos "Recreativa Pol'lular."
Templo OricnUI.-Carro alegorico de la Sociedad "la Unión."-Sritas Ger1.rudls Baquciro, Clotllde Baqueiro, Sara Tenorio y Raquel Prieto.

�DOMINGO

l&lt;L MUNDO

~cuajes de la ,6udad, ~radoe ·
p()i;..t,roncgR val_iosfsime~. ~n

•

OE

MllRZO DE 1lc17

F.L MUNDO

l&gt;OMINGO a, DE MARZO DIE ,t1,7

de flo ra , diversión que, desde
hace algunos años, urgWJiza el
«Liceo de ~érida.»-Un jurado nombrado por esta eociedad premia los tres mejores
carros que se lucen durante
el paseo. Ea la fiesta del carnaval, de mayor costo, pues se
gastan en organizarla wás de
veinte y cinco mil pesos.
De las sociedades de mest.izol!, asf como de sus di -versiones, nos ocuparemos en
el próximo número de este
semanario que dará. el domingo, un suplemento en que ee
publiC3riin losdem,s grabados
del (;arna.val de Mérida.

parsaa van á las casas á bailar y eon recibidas a llí aleg~'\. mente. En la:i i.ar.iUd1 de Véfl•
•i fican pst!a1..1s cdrt1Wva1escos, .,:. f
se _lucen los ~ ,61egantfJI""ca-..
la nOcffi.'é';" se venfican ba1\eeen
el L ~ o y en La Uni6n.
EnSre estos bailes, son dig
nos de menciona.rae, el del
sábado que celebra Et Lv:eo,
el del domingo que se verica
en L"' U,üon y loa del mart,eE
en ambae Sociedades.
El baile del S.i.bado es comunment.e de S.raje1 de {anta.•
sía. Damas y caballeros asis•
len disfrazados con ,vestidoe
costoeíeimos y caprichosos,
que dan aspecto verdader;1mente encantador al b.iile. El
bailedeldomingo, que ci:lebrs
uLa Uni6n11, es, sin duda, el
mlis concurrido d~ los q ,,e se
Terifican en l\fárida: los arnplioe salones de aquella sociedad quedan llenos de gente;
ee diticulta á lu p.t.rej.Li el
baile, pero éste es notable no
sólo por el número de c mcu•
rrente.s, aino tambien p,1r St:;
entusiasmo. L1a del mime
eon los m ·i s animados del carnaval; generalmente en uEI
Lioeo- terminan á la.e cuat.ro
y en "La Uni6n,1 á la.e seis de
la mai'iana. '
Td.mbién son diver~iones del
carll&amp;val los hawt?H, pa~eos
con que se da principio á hu
6.~st.as. En esM)S paseos, se lu•
cen primorosos carroa alegó·
rico&amp;, ct&gt;m!) verá. el lect.or, en
lOiJ grabados qué publicamos.
D-JS aon lo3 t&gt;aw:tos, uno· del
uLiceo» y ot.r1 de la 11Unión,•
ambas sociedades costean loe
carroe, que conducen hermo•
BM .aetioritas.
Por últ.imo, el marte.a, en la
mafiana, se verifica la batalla

2,

/\
Fragmento.
......... Todos nos forma moa
una ilusión del mundo, Uusión
poét.ica, sentimental, risueila,
melancólica, desagradable 6
trii;te, según el pro{)ic, temperament.o. Y el escntor no tie•
ne otra misión sino reprodu•
cir fielmente esta ilusión con
todos los procedimient.os de
arte que ha aprendido y de
loa que puede disponer.
Ilusión de lo hermoso que
es una convención humana!
Ilusión de lo feo que es una
o~inión que ee modifica! Ilusión de lo verdadero tJUe jamás es inmutable! Ilusión de
lo innoble que at.rae á t.antos
sé.res! Losgrandesar•t.in.asaon
los que impenen á la humanidad su ilusión particular.
ÜUY DE MAUPASSANT.

El carnaval en Mé:rlda.-Grupo ntervezaa.

$1 Domingo en la (alameia.
{Dlbyjo d•J. lla Vlll ■■ ana. ]

"Liceo de Mérida" .-Carro

11

Llra" .-SrlU. González.

�186

EL MUNDO

CUENTOS CRIMINALES.
BLANCO Y ROJO.

Alfonso Castro, escribía por última vez en su prisión.
He aquí el interesante manuscrito:
De los labios rojizos de un hombre de ley, un cualquiera con mirada vulgar y barba descuidada1 ha caido lenta, pesada, mi sentencia de muerte.
En otros tiempos, cuando la enfermedad ó el fastidio
me tiraban en la cama, he pasado algunass horas pregun•
tándome ociosamente cual 1:ería mi fin; mis ojos se abrían
C?º toda la penetración que me era posible darles, queriendo romper lo impenetrable, excudrii'iar y distinguir
11.lgo del momento definitivo que lo futuro me reservaba.
La~ dos muertes que yo veia como más probables eran
ó b~en un duelo buscado estúpidamente, 6 bien una bala
alaJada en ~l craneo por mi propia mano. La justicia,
mas precavida y dudando tal vez de mi buena punteria,
ha venido ,i. evitarme ese trabajo: en vez de una bala,
será.o cinco.
Durante el proceso-ruidoso y concurrido como no lo
fué nunca un estreno-apenas si he procurado defenderme: He oido vociferar, c~amn venganza en nombre de la
sociedad yen nombre deeUa; mi abogado, á quien apenas
conozco, 1;1n defensor de oficio, hacía lo imposible µar
probar m1 locura, 6 cuando menos atribuir mi acto á un
momento de enagenación mental. Creo que ante lo imprevisto &lt;;le mi caso, los mP.dicos hubieran podido declarar en m1 favor, pues efectivamente, en la conciencia de
esas gentes se neceeita estar irremediablemente loco para
cometer un crimen como el que he cometido. Mis jurados quedaban estupefactos cuando con gran pompa de
p_alabras. y e";ceso de negro y rojo, e1 agente del ministe•
no púbhco pmtaba los falsos sufrimientos de la victima
y lo monstruoi;io de mis sentimientos; verd~d es que entre ellos había un dueño de dulcería, uno de tienda de
a~a!rotes y u1;1 prestamista¡ el ser juzgado por estos ind1 v1duos ha sido una de las mayores ironías que el destino me reserraba
Cüando se habló de locura y mis antepasados d~sfilaron evocados por la gangosa voz del defensor, yo, me levaoté para protestar, repitiendolee que, mi razón completamente lúcida de suy0 , lo estaba particularmente en
el momento del crimen y puesto que no trato de excusar~e-añ~dí- r. claramente he confesado mi crimen y sus
móyiles, mút1l me parece emplear mezquinos subter·
fug1os.
Pasar por un asesino vulgar ó por un loco, era lo único que me sublevaba y el único cargo del que procuraba
defenderme.
Mi abogado, quien tampoco comprendía que un reo no
se PrE:Bt.ara á su propia ~alv?-Ción, no sa~ía lo que pensar
de m1. Durante las audiencias, al ver mi sangre fría, tac~ada 4e c~nismo por los periodistas, y mi poco, ó más
bit!n, mngun empeño en ayudarle, me tenía por el tipo
acabado del insensato¡ á solas conmigo 1 cuando en mi
celda me oía razonar y discutir sobre mi caso, me tenía
por cuerdo. ¿Por qué decidirse pues?
. Ahora bien, lo que ni jueces ni abogados han comprendido, lo que en su profunda ignorancia del ser humano y
sus aberraciones no han acertado á penetrar y atribu•
yen á. exceso de perversidad, decretando mi fin como el
de un animal dafiino; eso quiero dilucidarlo yo, expliri.rmelo, estudiarme, y ponerme frente á frente de
mí .~ismo como ante un juez, hoy que la erronea
Justicia humana para nada tiene que intervenir en mis
asuntos.
Un loco, evidentemente no lo soy. Pienso, discurro y'
obro como el más común de los mortales, mejor muchas
veces. Ser un enfermo, no lo niego, un enfermo pero un
-enfermo de refinamientos1 un Eediento de sens.icic,r.es
nuev~H!.

OOMl111GO

Cuando pienso en mi crimen, veo que necesariamente
debía yo llegar á él; era. un predestinado; estaba marca.do
para. seguir esa ruta, no en las mismas condiciones que
la mayoria, pero mas. evidentemente quizás. Enumerar
todas las crisis y todas las transformaciones de alma por
las que he pasado antes de llegar al extremo de mi camino, seria· muy dilatado, sin embargo, ciertos hechos
algunos accidentes de mi vida, hay que contarlos neceeariamente-, puesto que no son sioo los p:reoursores, el pedestal que se levantaba poco á poco, para colocar el más
grande de todoe, el más completo, el ultimo.
Naci inquieto, de una inquietudalarmante,con avidez
de ver todo, de conocer todo y de todo saciarme. Crecí
entregado á la fantasía de mi capricho que en mis primeros años me llevó á, la lectura, á la que golosamente me
entregué devorando hojas. rellenando mi cerebro de
ideas opuestas, verdaderas ó falsas, razonables ó absur·
das, dejando que dentro de mi se mezclaran á su antojo
tan disímbolos manjares.
Me complacian sin embargo los libros extraños, los
enfennisos, libros de una Literatura viciada, ansiosa de
novedad y de más allá, libros que me turbaban y que
helando mi corazón, marchitando mis sentimientos, halagaban mi imaginación y despertaban mis senti~os á.
goces raras veces naturales. Mi espíritu, sin idea fija que
le sirviera de aliento para la existencia, sin convicción
ninguna, no sabía nunca adonde ir, vagaba constante•
mente haciendo variar mis pensamientos á la primera
impresión. En realidad, en mt jamás hubo energía ni
voluntad, no hubo sino eso: impresiones.
Llegué á. comprenderlo y procuré buscarlas, encontrar•
las, en todas partes y á cualquier precio, como busca el
morfinomaniaco, la morfina, y el alcohol el borracho; fué
mi vicio y fué mi placer.
Como era natural cada vez íuísiendo más dificil en mis
elecciones y cada vez tenía que encontrar impresiones
más rebu.scadas; á meses de orgía desenfrenada, de fiebre
de placer, meses durante los cuales me consumía en las
locuras más imbéciles y más arriesgadas, se suced(an semanas de cGmpleta continenc!a y reposo; huía de mis
camaradas de desorden, venían depresiones morales,
que en mis desvaríos y en mi eterna peregrinación en
pos de sensaciones, me arrojaban á las plantas de una
im~n y me hacían matar mis días escuchando repiques,
genndos de ói'ganos y murmullos de oraciones, con tan
mala suerte, que siempre, cuando más grande era mi fervor y más creía estar cerca de la felicidad, una frase ridícula oída en un sermón, el rostro hipócrita, bestial•
mente irrisorio de una beata ó los defectos artísticos de
una pintura, me expulsaban de ahí, lanzándome en busca
de otra cosa.
Mi imaginación no podía estar quieta nunca, iba y venía disparatando, buscando siempre algo más, incansable.
Fueron caprichos amoroso~._..,. .. sin amor; pasiones que
pretendía tener, cuya pequems1ma llama frataba inútilmente de inflamar. La sequedad de mi corazón era notable; yo no sentía afecto por nada ni por nadie: me exaltaba, me esforzaba en amar con locura, en sentir pasar por
mi frente algo de ese di vino aUento que tan felices ha hecho á los grandes enamorados....... yo estaba imposibilitado de conocer eso; con esfuerzos me acordaba al mes
de la mujer á quien jurara amor eteroo y nunca pude
echar de menos durante media hora á la que me afanaba
por amar.
Quise refugiarme en el arte, estudiar y vibrar ante las
grandes concepciones, sentir el estremecimiento creador
del Poeta, el Músico ó el Pintor, pero incapaz de un tra•
bajo ~ostenido, iba de la Pintura á la Música, de la Música á la Eseultllra y de la Escultura á la Poesía, sin loorar
encadenar mi atención ni dominar la pronta lasitud 'que
como inquebrantable círculo, me envolvía.
'
Además, yo era ambicioso y algo conocedor, había estudiado á fondo los grandes maestros, habla vivido una época entera en los museos má.s célebres y la comparación
eD;tre los grandes y mi pequeñez me asqueaba de mí
mismo.
Erré en fin, entre todo aquello que pod.ia producirme
una impresión, no logrando sino excitar y hacer más sutiles mis sentidos.
Las mujeres no podían soportarme tres días por mis
exigencias, los amigos, excepto unos cuantos, tan enfermos como yo, me hufatl temerosos de ser envueltos en el
torbellino de extravagancias peligrosas que levantaba á
mi paso.
Los asesinos célebres. los aérea horripilantes, los diá.•
bólicos, me seducían. Yo soñaba con personajes como los
de Poe, como los de Barbey d' A.urevilly; me regocijaba
con los cuentos de este maestro y particularmente con
aquel en donde dos esposos que riñen, se arrojan á la cara., se abofetean con el corazón sangriento aún del hijo ·
pensaba en los seres 9-ue Baudelaire hubiera podtd¿
crear; los buscaba comphcados como los de Bourget y refinados como los de d' Annunzio.
En tal estado, nervioso y excitable como nunca un
día, en un prado, ví por primera vez á una mujer ~Ita
algo delgada, de andar muy lánguido y con la palidez d¿
una margarita. En sus ojos había un poder dominante
que envolvía y subyugaba. Procuré conocerla y trabar
amistad con ella, lo que no me fué difícil. La traté llegué
á interesl\rme por ella como no me había interesado has•
ta entonces por mujer alguna. Había en ella y en todo
cuanto la rodeaba algo tan raro, tan misterioso que
nolpodía explicar ni comprender, y que me aterroriza a
al tiempo que me atraía; era la sola mujer ante la cual me
sintiera temblar; la angustia, la opreeión que yo sentía
cuando sus ojos se clavaban en mí, no lo había conocido
basta entonces.
Su voz me rncabs. fuer&amp; de mí, tenía tonos únicos indefinibles y á veces-era también un&amp; adoradora. de Baudelaire-cuando recitaba)os versos del más inquietante
de todos los Poetas, yo sentía un soplo helado pasar por
todo mi cuerpo; eiriste una estrofa que nunca, nunca po·
dré olvidar y siempre resonará, salmodiando:

¡;o

Et comme dautrcs par la tendr.:ss",

21

DE MAPZO DE •807

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

sur ta vi.e .et sur ta jeuneBSe
moi, je i:euz regner par l' e.ffroi.
De tal manera guardo el sonido y la expresión de estos.
versos, que cuando las balas desgarren mi cuerpo, dominan~o el clamor.de la detonación, gritaran imponiéndose•
y remando efectivamente en mí, por el espanto.
Su casa estaba toda en harmonía con ella; ningún ruido, el rumor más leve era prontamente extinguido, las
alfombras ablandaban los pasos r las puertas no crujían..
nunca. La rodeaban objetos valiosos, libros precisamente encuadernados, imágenes rusas en las que las vestidura~ ~ran de _metal dorado; pinturas arcaicas, angeles -primitivos ó bien del más acabado modernismo ma(t'istralescopias de Dante Gabriel Rossetti, Burne, Jon~s y fiokleln •
sobre las mesas, ligeras1 delgadas, ocupa,ndo muy poc;
lugar, vasos de esmalte ó con Bacantes esculpidas en las
redondeces del marmol y sobresaliendo, rompiendo la
h_armonía, gestos macabros, expresiones de pesadilla, trágicos ademanes de marfiles ó mascarones japoneses.
Junto al piano cubierto de rico tapiz bordado con oro 1
baj? 1;1n busto del !nonarca de Bayreuth, todas sus obras: e l
fugitivo Lohengrm, el errante Tanhii.user las '\\Talkirias-.
libertadoras, los irónicos Maestros Canto~s la idílica la
sublime epopeya de Tristán é Iseult, las tinieblas del drepúeculo de los Dioses, y el esplendor del Oro del Rhin.
~a nacionalidad de la que podía considerar como mi
a1~11ga,~e era perfectamente desconocida y á pesar demis habdes preg!,lntas, nun~a logré averiguarla; hablaba
correctamente, s~n acento ninguno, el español, cantaba el
Alemán y el Italiano Cf)ffiO una Florentina ó una hija de
Hannover; su lengua favorita era el francés y su tipo se•
prestaba á todas las suposiciones: unas veces la creía Hú ngara, ;polonesa otras, Eslava algunas; Francesa 6 alemana eviden_temente no lo era; para ser hija de la Rt-pública, Imper10 del Arte contemporáneo, le faltaba espíritu,
locuacidad, le faltaba el sello que difiere á la FranCl.'sade
cualquiera otra mujer haciéndola enteramente pPnonal,
imposible de ocultarse; para lo alemán le faltaban los
modales pesados, ligeramente bruscos, la sonrisa exclusiva, la sencillez y la expresióri de hablar que c.1racteri•
zan á las rubias hijas del dorado Rhin. Yo no sabía puesque pensar: italiana 6 española¡ tampoco lo era para ser
Jo plimero ten'ia demasiado gusto artístico, para lo seg1;1n&lt;;to le fal~ba vivacidad1 fuego en los ojos y t&gt;n los mov1m1ento:1, ntmos y calor en la voz: las austriaca.i, son
una mezcla~~ Francesa y ~lemana! mur poco graciosas
para ser parisienses, demasiado delicadas para ser Berlinesas óHannoveri'anasóHamburgesas, siendo la mujeralemana generalmente la misma en todas parte:&gt;.
No p_udien?-? sacar ~da en claro, me conformé y -per•
manee• en mi 1gnoranc1a.
Un día, después que la música de Wagner hubo caído
severa, sugestiva, torturante sobre nosotros; fatigada, lánguida como nunca, se extendió sobre un diván. Sus bra•
zos -pálidos, aon palideces de lmaa, llevabao atados unoSlargos lazos rojos que despues de envolver el puño caian
como dos aochoa hilos de sangre.
Y una idea fantástica cruzó por mi cabeza. Vi á esa.
mujer blanc&amp;, desnuda, extendiaa en ese mismo diván;
la vi plástica, pictórica, escultural, un himno de la forma~· la vi ir palideciendo lenta, muy lentamente, el fue•
go de su mirada vacilando en los ojos ...... y la idea del
crímen surgió.
En la noche no pude expurgarla un momento, no pensé en las consecuencias y la palabra crimPn la tuve por
completo olvidada-en todo caso, el temor nunca mehubiera detenido-Para mf, aquello no era sino un goce
supremo, un exquisi.tismo como nunca me lo había pa•
gado; pertinaz, imborrable; me aparecía en la obscuridad,
blanca, desnuda, plástica, un himno de la forma; veía
sobre el Paros de su cuerpo, al extremo de lo azulado de
las venas, un ancho hilo saliendo, un arroyuelo rojo, de
un rojo cada vez má.s vivo, de un rojo más vivo, más.
cruel, mientras más tenue y más suave era la palidez de
las carnes.
Coo la idea fija ya de realizar mi deseo, la inicié en los
goces del eter; la ví cadavérica, sintiéndose inmediatamente ligen, volatilizada, no teniendo dentro de si más,.
que una pequeña luz de vida, refugiada en el cerebro,
ilumin.i.ndo el pensamiento, haciéndole ver todo y sobre
todo discernir con gran superioridad, dándole la clarivi•
dencia.
U na tarde, cuando dormía sin sentirse criatura humana, cuando dominada por profundo sueño paseaba en
algún «Paraiso artificial,~ mi bisturi fflBgÓ rápidamentelos pufios, la sangre afluyó tiñen-lo las ropas que torpemente le arrancaba, y la extendí por éompleto en el
di van.
.
La sangre brotaba por palpitaciones, corría manchando la mano, goteando de loa cinco dedos como de cinco•
heridas, rápida, •egruzca.
Yo la veía vaciarse, las venas se azuleaban, se aclara•
ban, eran abandonadas por el carmín¡ sus labios sobre•
todo, se tornaban en lívidos, mientras la sangre seguía
corriendo y extendiéndose como un tapiz. Ella palidecía, palidecía como yo lo había soñado, tan tenue, tan
suavemente como cruel era la herida del rojo vencedor.
Abrió los ojos, por su cuerpo pasó una convulsión, me
miró, algo ::itrav-esó en su mirada como una luz que seextingue y las palpitaciones de la· sangre terminaron.
Sus ojos me miraban fijo~, sus labios blancos parecían
decir por última vez:
Sur ta vie et sur ta jeunes.&lt;1e,
mol, je veux regner parl'ellroi.

Y yo quedaba inmóvil, extasiado ante aquella palidez,.
ante aquella sinfonia en Blanco y Rojo.
Marzo de 1897.
BERNARDO CouTO CASTILLO •.

~=..=.!=--=.!=--=.!=He amado á esa mujer de tal manra,
que no me volví loco, porque lo era,
CAMPO.!.MOR..

EL MUNDO

ee tímidas; no platicaron de
perifollos ó gansadas amorosa.a ni insinual'on en la con·
venación palabras de esas
que obligan á un señor de•
cent.e á las corteeanfas que
más mortificarle -pueden.
Sea que la indiferencia de
las hembras lastimara el vi•
drioso orgullo de aquel efebo
que como Hilas estuvo á.
punto de ser raptado por ]as
ninfas 6 que derechamente
se sintiese enamorado, ello
íué, que cierta noche, contemplando el hermes de la luna
y el chispear de los luceros,
juró á las dos criaturas una
pasión volcánica y trágica, á.
la que eUas, ignorantes de la
perfidia del amador, prometieron corresponder con
todas las fórmulas que en tales casos son de uso corriente y comón.
\,,
Aunque las muchachas por
1
su fisico eran más gemelas
que_ los Dióscuros, moralmente sus instintos estaban
siempre en contraposición;
Sabina era impetuosa y capaz de todas las locuras de
una impulsiva, Mercedes, por
el contrario, tenía la santa
bondad de las almas impecables y en su sensitivo corazón
solo germinaba una exigencia sublime: amar.
Sus temperamentos repre•
sentando fuerzas é ímpetus disimbolos, estaban subyngadoa á. la voluntad veleidosa del aturdido por las ligas
de una pasión de igual intensidad aunque revelada de
maneras muy diversas.
La psicología del ánimo de Fabián era curiosa y complicada.
Cuando palpitaron en sus órganos loe histerismos
de la pubertad, sus más próximos amigos y parientes llegaron á. creer de buena fé que estaba loco, tantas y tan
gordas fueron sus extravagancias.
En ese lapso de la vida en que la juventud echa á. vuelo susclamoreantes campanas y la hembra resurge ante
el adolescente con todos los satanismos del pecado, por
que pecadores son sus ojos, y pecadores sus labios y pecadoras sus formas, Fabián codició furiosamente á todas
las(pensativas que supieron dejar en su memoria la coruscante huella de una mirada de diablesa.
Se enamoró sucesivamente de una cirquera con formas
de una exuberancia calipi,gia, de alguna gazmoña amiga de su madre, de una tía monja, de la esposa de m
profesor de lógica, de su madrina de confirmación y
probablemente hasta de la portera de su casa.
Como se comprenderá, en bicho de tan peregrinos an•
tecedentes_, una afeccion como la que conturbó á las jóvenes, tema que prosperar causando sus qou.secuentes
extragos.
Tan extraña aventura hacía trastabillear al desdichado Fabfan sobre una interminable hilera de horcas cau.,
dinas,
Torturado su ingenioi logrópormuchotiem{)Oquenin~
guna de las novias sospechara la infame traic16n de que
estaban siendo vfctimasi pero como por el inexorable fatalismo que determina e destino de los vivos, todas las
tragedias de la existencia, tienen ineludiblemente que
desenmarañarse alguna vez, llegó el día en que las burladas supieran hasta en sus más mínimos detalles todas
las maquinaciones del infame,
Su estupefacción fué mayor que la del santísimo Job
cuando el angel agorero fué á. notificarle las tremendas
nuevas.
Dejándose arrebatar por los furores del momento, juraron tomar terrible venganza del perverso.
Sabina, haciendo belicosos ademanes y arrastrada por
sus melodramáticos instintos. llegó á pensar en venenos
y puñales. Mercedee, después de mucho cavilar, quedóse
como entontecida en un aletargamiento de marmota.
Ya atenuado el colérico paroxismo, las dos lloraron
copioE:atnente y abrazadas cayeron de hinojos ante la
:M:adona, encareciéndole como buenas cristianas que
arrancara. de su pecho aquel maldito hechizo que amenazaba perturbar por siempre la paz filial de sus afectos.
Vaciaron la conciencia en la rejilla del confesonario,
refiriendo todos sus escrúpulos y cuitas al padre cura, y
procurando en un severo examen expiritual que ningún
repliegue de sus almas pasarli desapercibido á la investí•
gación saludable del mentor; éste, que era un viejecillo
experimentado .y muy sabio, después de oír atentamente
la novela, dijo á. sus adorables penitentes: Huir 10uy
lejos.

-

CONFI.ICTO GR.A.VE

Que un hombre se apasione tontamente de dos muje·

res¡ aunque parezca escandaloso, es tan natural como que

á una dama le ocurra exactamente lo propio por tres varones.
Comunmente esos amadores en plural procuran dis·
culpar su felonía alegando el recurso de los contrastes:
rubia y morena, esbelta y rolliza, tonta y vivaz, pobre y
rica.
Fabián no disponía de esa formulilla que solapada•
mente puede atenuar la infidelidad, porque las dos muchachas por quienes el hipaba, se parecían una á la otra
como dos gotas de roc(o.
Tenían casi la misma edad, pensaban idénticamente,
fueron educadas en un solo colegio, la dote de ambas al•
canzaba cifra igual, dormían en la misma alcoba, leían
juntas sus novelas, y, estupendo fenómeno entre dos· rivales, 83 amaban francamente y con ternura.
Eran hermanas.
Sin saberlo, Fabiá.n, había acreditado una reputadón
de hombre siogular sin que sus humorismos y genialidades fuesen por fortuna capaces de encaminarle á. la casa de Orates.
No era el más jaquetón de los galanes de su barrio, ni
perpetraba el~ías, ni encres.paba su cabello á. lo Musset,
ni vestía deaahñadamente, m dr.saUnaba en disertaciones eacabrosaa delante de las sefloras, hablando de escepticismo y desengaños para hacerse el interesante; nada
de eso; su fama de hombre excéntrico la debía más á un
exceso de cordura que á un principio de demencia, por•
que, aunque el concepto resulte paradójico, nadie negará.
que ante el criterio de la social comunidad es más fácil
. ganarse el título de loco siendo cuerdo, que el de cuerdo
siendo loco.
Las mamás con hijas cotizablee en el mercado matrimonial, le hablaban melosamente y elogiaban su figura
é indumentaria rifléndole porque no hacía visitas.
Muchas sefioritas vestidas á la última moda, sabedoras
de que ese joven no feo y de aspecto bonachon poseía
una fortuna muy bien saneada, declararon en Estado de
asedio su sencilloéinofensi vo corazón, el cual, (según dicho de ventrudas y casamenteras matronas} no había
pertenecido á ninguna beldad.
Un caballero rico y no muy sandio que conser11aba á
los veinticinco años una alma vir~en y un capital al que
no habían abierto brecha los caprichos de una figuranta,
era en verdad presa tentadora.
Por esa única y exclusiva razón el pacífico y buen ma•
yorazgo se vió atacado ruda y encarmr.adamente por una
aguerrida artilleria de miradas suplicantes.
Tuvo que aplicar frascos de vinagre y sales amoniaca•
les á la picaresca naricillade mur.has desmayadas; soportó aparentando propicio talante, infinitas historias sentimentales; es:::uchó resignado los aullidos de muchos pianos desafinados y fué por luengos meees halagado hasta
el fastidio por una parvada de solteras que le buscaban
como las palomas ~olosas el granero.
Ante su impasibilad las chicuelas sin dote propalaron
que no tenía sentimientos; otras, monstruosamente feas,
murmuraban que era un presuntuoso; las gotosas abuelas lo calumniaron san~ientamente y hasta los maridos
pe buena fe se permitieron desacreditarlo en los salones.
Por mucho tiempo el inocente Fabián sufrió con estoicismo de espartano la nubada de iracundias que como
castigo del cielo llovía soore su cabeza, preguntándose
en el colmo del asombro, cual pudiera ser la causa de
aquella mal-querencia que las amables señoritas se em•
peñaban en manifestarle.
En el más amargo período de su desgracia fué casual•
mente present.ado á. Sabina y á Mercedes, doncellas huer•
fanas, de humilde posición, bonitas, inteligentes y hon•
radas; caso raro, aquellas nifiae, no adularon al prócer;
récibieronle· con exp1ntanea camaradería, sin mostrar-

Cuando se aleja la blonda soñadora dejando plantado
á un amante que sufre, es porque el olvido, ese pájaro
siniestro, ha proyectado la sombra de sus alas invadiendo con sus duelosJlaaurora de un amorefimero.
El ave nómade, canta un día, abriga su fragil nido en
el alero, arruUa á. Filomela una estación, y luego, al t;o..
ser el bóreas asmático y senil, escapa alijera á la tierra
que florea para perderse en las caliginosas lejanías em~lvando su plumaje con chispas de las fraguas del sol.
Al instante en que el fastuoso Febo chorreaba oro roo•
!ido en el abismo de la sombra, lle!N Fabian á. la casa de
sus amigas con un ramillete de vio1etas en cada mano y
dos cartuchos de bombones en las faltriqueras de un casacón con pretensiones de chupa que usaba sólo en sus
grandes aventuras.
Llamó di:Jcretamente.

Como no le contestaran, colóse á 108 aposentos de rondón y después de minuciosa inspección acabó por con•
vencerse de que la jaula estaba vacía y las alondras habían volado!. .. .. .
Entonces alejóse llorando de aquel lugar donde había
sido dichoso tantas veces,
Las torres dPsgañitaban sus b ..onces celebrando las
exequias del fastuoso Febo y la tristeza indefinible del
crepúsculo llenaba el espaPio, como ansiosa de impregnar su melancolía en las almas de los tristes.
Crno B. CJ:.:BA..J,Los.
M:arzo 12 de 1897

ALBUM
Para buscar los versos que ha de darte
Mi alma conmovida,
Necesito leer hoja por hoja,
El misterioso libro de mi vida.
Y es verdad, en sus páginas hay versos,
Pero versos qub lloran ...
Lirios que mueren, aves que se alejan,
Y lágrimas de amor que se evaporan.
¿A. qué llevarte al triste cementerio
Que duerme en el olvido? ...
No quiero que te siga el ave negra
Que en mi cerebro colocó au nido!

Tú eres feliz ... y yo por otra senda
De la vida me pierdo ....
Te dejo, entre las hojas de tu albnm
La única flor que guardó:-mi recuerdo!
México, Marzo de 1897.

JOSÉ l\f. B-cemLL~.

OFRENDA

Los balcones ojivales de un convento carmelita,
Perpetúan en sus marcos, cual prodigio de cristal,
La litúrgica vidriera que á un maestro mosaíta
Encargó un prior de Hipona por decreto rectoral.
Un infolio venerable, en romance franco anuncia
Que sus goznes y sus llaves, mara.villa de cincel,
Fueron la obra legendaria de un orfebre de Maguncia
Que emigró al país de Hungría, bajo el reino de Isabel.
Cuando el sol gasta su aljaba en los ónices del coro,
Asemeja la vidriera zodiacal constelación,
Sumergida en el encanto de un crepósculo de oro
Que realza sus matices de jacinto y corindón:
Bajo el beso de mil lirios-un floral beso de eedaCifie el Niño Dios un nimbo de un reflejo aurisolar;
St1"j pañales son de un lino tan hermoso, que remeda
El vellón de bella espuma que en las a1J.cas tiene el mar.

Y María-Oh alegría, oh ambrosía, oh melodfa!Más sograda que los óleos de la unción del rey Saúl,
En eu manto azul, glaciado de menuda pedrería,
Está envuelta, como el sueño de algún astro en lago azul.
José vela en los portales con su vara de azucenas
Y su manto de gran púrpura como un viejo emperador¡
A sus piés están ardiendo suaves mirras agarenas
En brasero que ea la boca de un dorado aligator.
Suaves miras que extrajeron de un jardín de mil corolas,
Los tres magos orientales cuya pompa ee toda real:
Bajo u,, cetro de oro fino resplandecen sus estolas
Y sus mitras eminentes, de un prestigio arzobispal.
Respirando un vapor de oro por sus túmidas narices,
Descendió el Toro celeste que preside al sol de Abril;
Lleva atados en sus cuernos por guirnalda cuatro lisea,
Y Is estrella Sahil luce enclavada en su perfil.
Y la mística paloma, en un claro azul distinta,
Lleva en el pico una cinta de grana. como pendón;
&amp;nta D§i Genitrix, dice en la grana de la cinta,
Decorada como el regio pectoral de Saloruón.
Sobre el rústico pesebre de las altas glorias, llega,
-Resonante de alabanzas su magnífico claríny á la puerta del pesebre como un cisue astral despliega
Sus dos alas, cual dos liras, un inmenso serafin.
Cuando el diácono salmodia, secundado del arpista,
La3 perínclitas secuencias ante el negro facistol,
Y en los dedos abaciales centelléa la amatista,
Y la carne de las hostias resplandece como un sol,
La vidriera de colores estremécese en su hueco,
Conmovida como al paso de un armado palafrén,
Y parece que resuenan en el ámbito del eco,
Las cuarenta mil campanas de una ideal Jerusalén.
LEoPOlJJO LUGONE-;.

Febrero de 1897.

�DOMINGO 21 DE MARZO DE 1897

gL MUNDO

,89

•

..,

KL DANTE EN MEXJCO.-El enemigo del Exito.

EL DANTIC EN MEXICO.-Pena ae los poetas chirles.

EL DANTE EN MEXICO

cijada? Es el emblema de la Injuria, del ódio, de la ca•
res de madrigales para al bum, cantores incondicionales
lumnia. que persigue siempre á los hábiles. Lo tenemos de las Fléridss de vecindad ...... Sus gemidos destrozaban
aqní por sugestivo.
el tímpano y su gesticulación era digna de Don Gerardo,
VIAJE DE UN REPORTER.
En efecto, vi á una especie de San son de membranosas
( el del aao) en Jorge el Armador ......... .
alas de murcié1ago, viendo de reojo hacia un punto igno•
Cuando más absorto eEtaba en mi contemplación, senrado,
tí que una mano férrea me cogía por las solapas de la
(co;-.c1.uYE.)
La noche caia pesadamente y los reverberos del gas y
americana y exclamaba:
las lámparas eléctricas. abrían sus pupilas rojizas ó lívi·
-Usted se qued:-trá aqui; usted merece el suplicio; por
-¿ Y qué dirá '.lSted en México de su visita dantesca? das con guiños misteriosos. Desde la plataforma culmi- que ha cometido también el feo pecado de los versos. Va
nante en que se encontraban las oficinas privadas de Sa- usted á ser izado inmediatamente. A ver-añadió la voz
me pre_gunt6 Satanás entre sorbo y sorbo de Soconusco.
tanás, el panoroma de las regiones infernales era prodi- dirigiéndose á un diablete-una cuerda y un Pegazo de
-Escribiré un folleto.
gioso por sus efectos de sombra y luz. Recortaban por los que herramos esta mafi.ana para el amigo Cumplido!
-Oreo más oportuno que haga usted su relato en los
todas partes el espacio, crestones irrtgulares, semejanUn extremecimiento espantoso me conmovió todo; dí
periódioos.
. -E~tán muy ocupados en decirse majaderías, amigo tes á las agujas de una catedral gótica y á los cuales se un grito ...... me restregué los ojos: un empleado del Feprendían fantásticamente los focos de lu~, regando fulrrocarril Interoceánico me sacudía gritándome: u¡Pachumío.
·
Ha mucho tienipo que nuestro ~e~iodismo sigue é_se ca- gores que se abismaban al fin en el espesor de las tinie- ca ......... hemos llegadoln ...... Mi pesadilla se desvanecía á
bias. El silencio era completo, salvo lol'! gemidos escapa- lo lejos; venían rumores alegres de fuera y sobresaha en
mino, imaginándose en su estult1c1a que al púbhco le
importan un comino sus pleitos de comadres. El periódi- dos de algunos réprobos á quienes se aplicaban los tor- tre todoe el grito ríspido de un papelero que gritaba:
11El¡ Globo de acentavo! La verdad sobre el asunto de
có mexiciino ha ganado en noticierismo extranjero: esta- mentos más disímbolos de noche y de día. Respirábase
mos hoy al ianto de la cuestión de Creta ó de la Ineu · una atmósfera de misterio á pesar del exceso de tempe- Don Emilio Ordóñez,1 ........ .
¡Omnia somnum est/. ..... pero este merecía ser cierto!
rrección cubana. con notable oportunismo, pero ha per- ratura y era agradable permanecer en contemplación.
Satanás, abito de chocolate con bizcochos, se habladorFIN
dido en seriedad. El periódico honrado, decenttl y severo, se ve acosado perpetuamente por la jauría famélic.a de mido en una silla ...... dormía todo ..... .
Yo pensaba:
]as bojas de comisaría y de escándalo, y, 6 se mantiene
1tQué rnmensa distancia hay, de la tremenda trilogía
sereno en su ~mesto b3&lt;:iendo _oíd~s ~e m~rcader á l?s insultos, panilocualneces1ta pac1enc1arndec1ble,6desc1ende dantesta á este pseudo averno donde hasta el crírnen se
al asqueroso campo donde SPS contrarios almacenan lodo ve empequeñecido! En nuestro siglo ni el mal siquiera
es grande; todo se baila afectado por la pequeñez de los
de combate, para lo cual necesitaría una desvergüenza
que .desnaturaliza. por completo su finalidad y sus ten- espíritus y por la mezquindad de los caracteres. Nosotros
que hemos hecho parodias de todo: de cris~ianismo y de
dencias.
-¿Pero cuá.l es el fin de esas hojas tabernarias que se política, merecemos un infierno así, risible en su vulgaritiad.n
dedican al insulto verduleresco?
Aquí llegaba, cuando hirió mis oídos un ruido acompa-¿El fin? Lo nauseabundo no ha tenid0 jamás otro
4.ue ensuciar; cuál es el fin de l~ burbuja que surge del sado y seco con el cual alternaban gemidos y frases pla•
cieno? ... ...... Oiga usted. en l\Iéx1co hay una cosa que no ílideras.
Como tales rumores parecían proceder de parajes cerse perdona jamás: ser habil. Si funda usted una empresa
y dedica á ella todas sus energías y todos sus eleroen~e; canos, me aventuré en dirección á. ellos y pronto me en•
si se aplica á. ella oon todos sus empeños y la estudia y contré en una especie ae taller mecánico alumbrado a gi-Orno, de cuyo techo formado por la pared superior de una
la discute y al fin, merced á su trabajo, á su paciencia y
á la constante efectividad de los recursos empleados la ve especie de gruta, pendían, afianzados por las arcas, varios
coronada por el éxito, los que se consagran á labores si- individuos, sujetos al más extraño de los suplicios ...... .. .
milares le odiará.n á. usted con toda su alma. No entabla- Alineados perfectamente sobre una plataforma de rerán una lucha leal, no implantarán mejoras para sostener sortes, habla innúmeros caballos de hierro, los cuales gi~
con ventaja la concurrencia á que se les fuerza. No com- rando sobre sí mismos, aplicaban, con sus gigantescas pesufü1.s herradas, coces concienzudas en salva sea la parprarán máquinas ......... sencillamente dirán insultos y
estos irán ea cresaendo proporcionalmente al éxito de te ...... á quien diréis! ¡ A los poetas chirles!
EL DANTE EN MEXICO.~El despertar.
A lo que entendí, aquellos caballos férreos eran caricausted. La envidia y la impotencia son dos grandes eleturas de Pegazo, de Pegazo airado, que al fin se venga
mentos de nuestro c9,rácter.
No temas de mi amor nada imprudente;
Llega una empresa americana al país; gasta aquí cau- de quienes con burda espuela atormentaron sus ijares.
solo se ama á las santas santamente.
dales para crear una industria, lo improvisa todo, y los Ahi estaban los poetas populares, que juzgaren morada
capitalista&amp; impbt.entes y anaideáticos, se encogen de hom- idónea de la musa el sardinel de una pulquería y la mebros con desdén, primero y después, lanzan sobre los em · sa de un figón; los que disfrazaron al ideal, de charro
Sf como el héroe de la Mancha, antaño
prendedores toda-la andanada de sus vituperios. No era ó de china poblana. Ah( estaban los poetas inspirados,
realice por tu amor grandes hazañas,
lógico, equitativo y justo que combatieran con mejoras los que sin decir agua va, soltaban cada alud de versos
hoy sentado á la sombra de un castaño,
sentimentales y se jactaban de su facilidad de parir poey no con insultos? ?ero ......... oosi va. il mondo.
pensando mucho en ti, como castaaas.
¡El éxito, murmuró Satanás pensativo-el éxito! ........ . mas, como si el verso se midiese por kilos y bastase -rara
¿Ve ust.ed á aquel coloso que ahí cerca, vigila una encru- ser artista la buena voluntad¡ ahí padecían los surc1doCAMPOAMOR.

ENGANO SUBLIME-PJri'.b}aríai!esco!.
NUMERO 2.

Villa Martín, 10 de Septiembre.
Mi querida hermanita:

«Heme a&lt;1uí instalado en Villa Martín y recibi Jo con
los brazos abiertos por mis huéspedes.
uSon muy sencillos y muy buenos; tan sencillos y tan
buenos que me ban enamorado: el padre, el rico arma-dor, grueso, bajo, vestido de una hola.panda desteñida,
&lt;le u11 gran sombrero de plantador, tiene mis bien la apa!°iencia de nn jardinero que de un millonario. Su hija se
le parece desgraciadament.e: tan gruesa, tan baja y tan
-rubicunda como él_; y casi tan mal vestida.

...

l

uLa casa es sencilla; unavastahabitacióndecampo, sin
lujo, pero confortable.
~ Desde en la mafia na asisto á. la llegadq, de los padres,
de los tío!:1 1 de los primos, de toda la familia, en número
,..estringido, por lo d~más: dos viejos señores con sus mujeres; el uno, Martín de Rochelle, de los trigales, seg(m
me han dicho; el otro Martín de Tarascón, de las aceiteT.as; uaa !:olterona flaca, p:ilida, de aspecto asustado, á la
-cu:ll se llama la tia Eudoxia; y una prima viuda, laSeilora
Cleoméne Martín de Marselh1. El padre de Leodice, Mar--tín de París, como lo llaman, no llegará. hasta estf\ noche,
para la firma del contrato.
,,Además de los miembros dt- la familia !!e recibirá maliana, para el momento solemne, gentes de la vecindad,
relaciones y amigos.
,,He acabado por comprender por qué Leodice Martín
parecía tan feliz de que yo aceptara su in~itación. Evi,dentemente no podiaestarorgulloso de presentará alguien
á un.:1. familia tan sencilla, tan bur~ueea, tan vulgar; con•
migo, esto nada sigficaba puesto que soy un humilde
-oficial de marina que seir.í mariana.·

uVerdad es, por otra parte, que en medio de todas es.as
buenas gentes, deSentona un poco m.i amigo- Leodice; bs
domina y las deslumbra.
uNo exageró el amor admirllti,·o que su futura siente
por él; eso se ve y por instantes la transfigura. Sí, por
instan~, esa muchacha fea se vueh·e casi linda, cuando
mira á su primo. Me recuerda á aquella heroína. de la
vieja comedia de Bllzac que leí en tu casa. el ·afio p.tsado:
Eugenia Grandet.
nLa explicación de este matrimonio es sobrado natnral:
Martín de Brest es rico y Mart\n de Paris no lo es. El
matrimonio de dinero, ese mercado de que 1\n hombre de
corazón debía enMjecer, se ha vuelto en nuestro siglo
muy frecuente.
«No ha dejado Leodice de admirarme mucho ahora por
su agitación, por su inquietud, ·por una nerviosidad ·qne
verdaderamente las circunstancias no explican; e-e l1ubiese dicho que esperaba, que temía alguna cosa; iba, Yenía,
salía, volvía á. entrar, se extremecfa al menor rni&lt;lo, se
sobresaltaba, respondía de una manera enrevesada á
las preguntas que se le hacían¡ en fin, tenía el aire de un
hombre que está fuera de sr.
(c¿Qué es lo que puede trastornarle así, Dios mío, en
una unión tan aareciatle donde todo marcha á la medida de sus sórdidos deseos?
(&lt;He acabado por suponer que teme acaso el instante
del contrato.
11Una ~()sa mis importante para mí fué la aparición de
la sei\orita de honor á la cual fuí presentado hoy.
uSe llama Beltrana Meriadec: dos ]indos nombres, no
es verdad? Pues bien, la mujer que los lleva es cien veces
más linda que esos dos nomb~s. Fina y blanca, de cabellos de oro rizo de un mara'1"illoeo mafo;, de ojos leonados, un poco fieros, uu p•JCO s.1h·aJea, de boca pi'que-

ña, de labios delgados; pero esa Qpca de labios deJgadosp
reeponderá tan Jacónicamente como Jacques lo ha predicho ó se hllmanizará con largas frases? Verdaderamente yo no sé nada; basta el momento presente no he oido
aún @u voz.
uCou una muda inclinación de cabeza me ha respondido, cuando su amiga me presentó á ella. No estoy ni aun
seguro de que se haya dignado mirarme. Después las jó•
vene.;i se retiraron al fondo del salón á. cuchichee.rae prolongadas y misteriosas confidencias.
uLa vi e.ita de la seflorita Beltrana fué corta, como te lo
dec!a; uua aparición, pero que aparición!. ..
·•Después de su partida busqué á Leodice, que se en•
contraba ausente del salón. Quería tener algunos infor
mes respecto á esa linda señorit;a de honor. Al pronun
ciar su nombre, el me mostró la extraña fisonomía que
ya otra vez le había notado.
-1Cl.}mo! Beltrana ha venido! Y que se ha hechú? Qué
ha dicho?
-«Ha conversado largo tiempo con la seiiorita Ya~
leria.
-11Con,yereado largo tiempo ...
ciBru.ecamente, sin escucharme más, sin atender (¡ mÍ:i
preguntas, se alejó de ahí.
&lt;•Por la noche solamente, á la hora de la comida, hablú
,~aleria de la visitante: es una awiga de infancia, casi su
mejor amiga, aún cuando sus relaciones hayan sido interrumpidas durante muchos años.
Beltrana es hija de un oficial retirado, tin viejo capitán;
habita coa su padre una casa aislada, nole1osdeKeroeók.
La.e dos amigas casi no se separaban cuando eran nifias;
después ,·ino la sep:i.raci0n debido .i. la entr.i.dá de Beltrana en una de esas cae-as de educación, donde las hijas de
oficiRlt!S son gratuitaweute educadas.

�EL MUNDO
«La sefiorita 1'fartín, habla de en amig:\ con ternur.1.
Pobre Beltra.na.! Su vida ea tan triste! me ha dicho! Por
~so he querido que asi&amp;tiese á mi matrimonio. He tenido
la rnerte de no tener primas¡ he podido pues escoger á.
mi señorita de honor.
uHe insistido para que Leódice nos trajese á. uno de sus
amigos y le agradezco á usted, señor. que haya venido.
Esta reunión de familia que le parecerá. á. usted tan fastidiosa, es una fiesta para ella que se divierte t.an poco.
Yo querría verla tan íehz!
uY bien, deci1id1m,,.nte h'ly instantea en que Valeria
no es del tolo fea: a.on los instantes en que la bondad de
su corazón raifa en sus ojos.
uSeñor:i Elena, si la longitud de esta carta os sorprende, voy á da.ros su explicación: os escribo en mi cuarto,
despues de comer, en tanto que todos los de la cw;a están
ab3ortos en la lectura del contrato.
uHe visto claramente que la presencia de un extrafio,
tan extraño coi:no yo, no era deseada. A la primer ·
palabra deexc\18a discreúa qb.e'pronuncié, Leodice excla•
m) con precipit1ción:
-11Cilm1 no, mi querido de Aubian, tiene usted cinco
veces razón para sustraerse á esta fastidiosa tarea que yo
me veo forzado á. tolerar. L:1, lectura de un contrato es
abrum \lora! E3cribJ. u~t.el su~ cartas; si puedo escaparme á tiempo iré á decirle buenas noches. Acuéstese usted
temprano: la jornada de mañana. será ruda.
uY ahora son las- nueve; naia ro.is tengo que contarte
y nime atrapa el sueño.
uVol,;er al salón seda penoso. En estos momentos, al
atravesar el corredor, he oído voces que parecían discutir.
nBah! voy á pasear á la playa; no creo que el Sr. Leodice piense en venir á n;i.eterme á mi cama. La noche es
soberbia, no hay luna, pero sí muchas estrellas. Allá,
lej0s, la mar canta; quiero irá escucharla.
uBllenas noches una vez más, mi hermana querida; beso tus dulces ojos, estrecho la roano de FernandQ, beso
los lindos pies de Su Alteza mi adorada Lila.
Felipe))

Brest, 11 de S!&gt;rt.

uElena, querida hermana m(a1 mi conciencia viviente,
te escribo bajo el imperio de una gran emoción, te es~
cribo para ver claro en mí.
,1He hecho bien en no asistir á este matrimonio? He
hecho bien en partir?
c,Cuando tu respuesta me llegue ya no tendre resolu
ciónque tomar, pero querría oir, como cuando era un chicuelo, que me dijeses:
11Has hlcho muy bien, has hecho muy bien Felipe, estoy contenta de ti.
1(Ohl son peregrinos los amigos de Jacobo de Sommeres!

11Y ve como se conducen loa hombres que se jactan de
ser vividores, y cómo tenía yo razón en no sentir confianza en este ...... Q1 1é miserable!
nOye lo que ha pasado:
,cSegún te escribía, salí de mi pieza, me deslicé fuera
de mi casa, atraves¿ el parque y me diriji al mar.
uEn aquella noche toda iluminada de estrellas, experi·
mentaba una sensación de ensueño al pasearme solo,
completamente solo con el oceano, á lo largo.de aquella •
playa desierta.
uCreo que anduve largo tiempo sin darme cuenta de la
distancia recorrida. Por fin, resintiendo un poco de lasi•
tu 1, me eche á tierra, sobre la arena, al pie de una de
esae grandes piedras druídicas de que está salpicada la
Bretaña.
uY la mar cantaba allá lejos, ante mí, comenzando á.
ascentler y rompiéndo3e en la playa.
11Yo la escuchaba embelesado: ningún concierto humano es tan bello como esa gran voz de la mar y he aquí
por qué, no escuchando mas que á. ella, no viendo más
que á ella, olvila.ba yo la hora, ab3orto en esa contem•
plnrión infinita.
"L 11 ¡vHo rápido, precipitad.0 1 nervioso, me despertó de
mi ensul!iiO. L!egabl un hombre. En el mismo instante
una mujer envuelta en el manto de las campesinas breto•
nas, pasó ante mí como un relámpago, gritando:
-nPor fin, por fin!

uEn la obscuridad de aquella noche sin luna, no me había. percibido.
1,Quiso arrojarse en los brazos de Leódice, y con un·
gesto brusco él la rechazó.
-nNo haga usted necedadee, dijo; ya es demasiado haberme hecho venir. Qué es lo que quiere usted por fin?
(&lt;Ella dijo:
-&lt;\Quiero saber si me ama usted aún. Quiero suplicar
á usted que renuncie áe se matrimonio ahora que aún es
tiempo. Quiero decirle á usted que eso sería mi m-uerte.
Quiero suplicarle. rogarle, arrojarme á sus piée; tenga us•
ted piedad de mí, Leódicel
uSe arrodilló.
-i&lt;Vamos, dij1&gt; él, levántese usted, basta de melodra•
roa. Usted sabe bien que la amo siempre, puesto que es•
toy aquí, áriesgo; sí, á riesgo de descomponerlo todo si
alguno nos hubiese segui io. Sea usted siquiera razonable¡ este matrimonio á mí tampoco me diviert.e. E3 una
calamidad! pero una calamidad necesaria. Ya le he dado á usted las razones, yo creia que como muchacha
sensata me había usted comprendido. L'l casa Martín de
París no es muy sólida; tiene ne,esidad de andamios y
esos andamios puede proprocionárselos la casa :Martín d·e
Brest,. Yo me sacrifico, mi pobre niña. pero nada cam•
biar.í. en nuestro amor; por que ya.comprenderás que no es
la gruesa peonía de Valeria la que puede reemplazará
una rosa de Bengala como tú.
i&lt;Ellase había levantado, y el quiso abrazarla; pero
ella se echo hacia atrás y con 1;1na voz feroz exclamó:
-&lt;cMe habeis prometido que os casariais conmigo, me
Jo habeis jurado¡ de otra suerte no me habría entregado
á vos, no habría yo cedido¡ lo. habeis jurado y ahora ...... .
-..:No pudo continuar.
{{El dijo con un tono ligero:
-1(Y ahora me caso con otra. E3to prueba la verJad del
proverbio: uEl hombre propone y Dios dispog.e¡o Dios lo
ha dispuesto de otra suerte; vamos, lfüd razonable; me caso,
~to ee indispensable, pero en el estío próximo volveré
y juro que entonces el Cromleck, testigo de todas nuestras citas ..... .
~nCallaos1 callaos, dijo ella con una voz á.8pera, no ju·
reis ya y escuchad á vuestra vez mi juramento: Si rechazais mi suplica, me vengaré; he esperado hasta última
hora; pero entanto que viva, ese matrimQnío no se realizará:
1cY con los dientes apretados, repitió:
-u:\fe vengaré, me vengaré!
((El dijo con un tono de burla cruel:
-l(Ea la escena clá.sica, ya la conozco.
ttY declamó con enfasis:
Lt• va á los 1)if3 de los aftam1,
El c:oraz6n. q•~ me ahandona ¡
AntU1, apr&amp;1Urak, m'Ús f.em.e

HuUar ahí denwvo á Flermiona.

uDespués afíadió:
-11Que hará:Hermiona, oh mi hermosa? No me disgustaría saberlo. Hoinbre prevenido vale por dos.
uSin hacer caso de la ironía.1 sin indignarSe por la bur•
la, llena toda de su colera y de su pasión, respondió
ella:
ctlre á buscará Valeria, le diré qne no la amais, que
la ridiculizais con el sobrenombre ~e peonía, que os ca~
sais con ella únicamente por que ~s rica, que la abando•
nareis y la•engañareis.
-{(Babi Bah! Valeria es una buena muchacha; me
adora y me perdonará, a1;1n cuando yo fuese cien veces
má.s criminal; hay en su alma plácida demasiado de amor
y de indulgencia para absolverme de todos Ls delitos del
infierno.
uPues bien, me dirijiré á M. Martín; el no es un vivi·
dar, él es tm hombre honrado; y cuando sepa las promesas que me habeis hecho, losjuramentesqne hemos cambiado, cuando comprenda que su hija no puede ser feliz
con vos .......
uSe interrumpió haciendo una mueca.
---1eY que pruebas dareis de esta acusación á ese hom•
bre honrado! Nuestras citas? ¿Han tenido testigos?
¿No, verdad? Nuestras precauciones estaban bien tomadas; por prudencia, me cuidé de todo. Tenéis cuando
menos algunas líneas de mi letra?
i&lt;Ella respondió sordamente:
-uDa snerte que por eso no babeis respondido á mis

DOMINGO 21 DE MARZO DE 1!97

cartas! Por eso :fingiais temer comprometerme! lo que t,e...
miaisera poner una arma entre mis manos!
-u¡Pardiez!.Un sabio ha dicho: uD_¡dme tres líneas de
escritura de un hombre y yo le hará ahorcar.u No quiero
que me ahorquen, no quiero que me arruinen, no quiero
que me casen á pesar mío.
-ce¡ Pues bien! dijo ella violentamente, diré todo á mi
padre¡ él os matad.
&lt;1E3ta última amenaza me pareció que producía sobrn
el espíritu_ de M. Martín más impresión que todas las
otras. P~rrnaneció un momento silencioso y respondió
con un tono. más dulce:
-!cVamos, no digas locuras; no se mata á nn hombre
tan impunemente como á una liebre: hay trabajos forzados y también gujllotina ...... Sobre todo, cuando no se
tiene prneba alguna, entiendes bien? prueba alguna ..... .
uDespués con voz temblorosa:
11Hagamos las vaces, querida mía, abracémonos, despidámonoe, como buenQS amigos, porque la luna se levanta y yo no quiero ser percibi(!o. No te digo adios, sino
hasta luego.
uE\la no respondió al principio1 después, sollozando,
exclamó:
•
u-No; no, no os perdono. Comprendo ahora de sobra
como ha beis jugado Conmigo. Tenéis razón; ninguna
venganza me es posible; pero cu11.n fo menos puedo morir
dejándoos un eterno remordimiento.
ciCon un vaso desigual, paso de loca, la ví dirigirse al
mar.
t1En un segundo, me puse de pie sofocando un grito de
terror.
u¿Cómo no me vió Leodice? ¿C.lmo no me oyó? Estaba
demasiado absorto; pero yo no quería intervenir con tor•
_peza y 110 podía soportar que la dejase morir. La seguí
con una n::iirada de terrible angustia.
11Ella no se precipitó en las olas; sea que en el momen•
to supremo su valor hubiese flaqueado, sea que tuviese
aun un resto de es~ranza, se dejó caer sobre la arena ante
el mar que ascendía. Y ahí envuelta en sus paños negros,
parecía solo una de e30s pobres leñ.os que el océano va á.
arebatar;
uEl tiempo huía: una ola más alta y la imprud1=mte se
perdía para siempre. Yo busqué con los ojos á Leodire;
ah! e3ta vez tnve un eublevaJ?lientQ de cólera: el cobarde
huía. No vacilé, me lancé. hacia la pobre niña, la tom&amp;
en mis b:razos y la retiré de ahí.
11Ella dejó oir un grito de alegría:
-»¡Oh! me amas siempre, puesto que no quieres dejar•
me morir.
KSu error fué de corta duración. Murmuro:
-1tNO es él, ¡oh Dios mfo! ¡no ea él!
»Después se dejó caer de nuevo en tierra, se ocultó la.
cabeza con eu manto negro y se echó á. llorar amargamente.
u¿Qué podía yo hacer? Ella no me preguntaba ni aun pa•
recfa inquietarse de mi presencia.
uA la claridad de la luna, durante el minuto en que, tomándome por Leodice, había levantado su rostro haciai.
mí, un rostro radiante de felicidad, conocí á Beltrana ~ieriadec, la amiga de Valeria1 la señ.orita de honor que meestaba d~tinada.
1tLloraba con la cabeza entre las manos. Yo la dejé llorar, comprendiendo que en sus lágrimas, su enérgica có•
lera zozobraría, que no tendría ya fuerzas para comenzar·
de nuevo lo que había intentado hacer; en una palabra,.
que no se mataría.
uNo cambiamos una frase más; al fin se levantó con
el.,rostro oculto en un pliegue de aa manto¡ solo sus ojos,
aparecían, soberbios, ardiendo con un brillo sombJio. J\Ie·
míró Ia,gamente sin decir uoa palabra, y se alejó.
u~fo se dirij ía ya hacia el mar y no ia seguí.
uAquí es, herm~na querida, donde surge el caso de
conciencia. ¿Qué debía yo hacer?

DOMINGO

20

EL MUNDO

DE MARZO DE 1897

•

uNo podía conservar ilusiones respecto álos sentimientos de honor de Leodice¡ pero revelará. M. Martín la indignidad de su futuro yerno, era una tarea ingrata q1ie
me asustaba.
«En el fondo de mi alma se levantaba un sentimientc&gt;
muy preciso: una repug~ancia á. asistir á ese ma~rimo1 i ""
que me parecía odioso; yo quería- evitará. la desventu ·
rada muchacha el suplicio de mi presencia, ahora que sabia su secreto. C..Jmplde~ía á Valería, compadecía a.
"Beltrana y execraba á. L'~o::lice.

•

•

_..,..,..
..

~~

,. .

;·!'""

•

n:No reflexioné largo tiempo: No es acaso una dicha pa.ra loe que deben ser hombres de acción no perderse en
las vacilacienes del pensamiento? Volví á. mi pieza, arreglé mi petaca y salí á las primeras luces del alba.
11Dejé sobre mi mesa una palabra de excusa para M.
Martín. Pretextaba indisposición súbita que me forzaba
á.partir.
n¡Qué habrán pensado? ¡No lo sé! poco me importa! .. _
¿Pero tú', hermana, que piensas de tu hermano? ¿He hecho demasiado ó he hecho poco? ¿No me. he lavado las
manos como Pila.to? O bien, al desertar, he faltado á las
leyes más elementales de la hospitalidad y de la política?
c&lt;Espero impacientemente ~u respuesta.
FELIPE,»

•••
La Sra. Elena Duverrwy al Sr. Felipe Aubian,

uMi querido hermanito:
uTodos IQ.e dicen injuriBP; que te he educado mal, que
he hecho de tí una mujercilla, una señorita. Jacobo de
Sommeree, á quien he puesto al tanto de tu carta, da libre curso á. su indignación! Te trata de cándido, de boba-

licón; él estaba lejoe de esperar qué un oficial de marina
tu viese, para ciertos asuntos, severidades de capuchino.
Afiade que hay pocos hombres que no hayan tenido que
experimentar, en vísperas de matrimonio, semejantes
asaltos; que sólo loa simples se dejan coger, y que Leo•
dice no es }ID simple.
({Debo afiadir que no h~ encontrado en Fernando el sólido apoyo que esperaba; sin explicarse con la cínica brutalidad de Jacobo,.insinúa que hubiera eido preferible
no entrometerse en este asunto y asistir al matrimonio
com9 si nada se hubiera vieto¡ estima que el deber de un
testigo, de un gar~on á' Jwnneur, de un invitado, es
volverse ciego y sordo. Te censura que bayas ido á. va·
gabundear ( esas son sus expresiones) durante la noche.
Jmnás sabe uno-dice-á qué descubrimientos se expo~
ne. He aquí la moral de los hombres, mi querido niño, y
de los mejores, porque éstos son gentes honradas. ¿Ha
brá. necesidad de decirte que no es la mía y que he sentido una profunda tristeza escuchándolos?
1eYo comprendo y apruebo el sentimiento que te hizo
huir de esa casa y la aprensión -de tener que estrechar
aún la mano de ese- miserable. Porque pa,t:a
pa?a.. íní,

es un miserable, aun cuando siga siendo á los ojos de lo
otros un hombre galante.
uSolamente un temor me tortura, Felipe; Jacobo pre•
tende que las cosas no quedarán así, que tu brusca partida ha sido una afrenta, que la esquela dejada á M. Martín es insuficiente, que en el caso procede una explicación;
en fin, que para evitar las consecuencias de tu incivilidad, habrá que ~scribirle una carta de excusa.
~ 1(Esta carta, Felipe, yo sé bien que no la escribirás, y
no quiero imponértel.!I.; pero tengo la angustia en el corazón, porque nuestro primo ha afiaiido que ese miserable es un matón, un espadachín, un cliente de los salones de armas.
11¡Oh, mi Felipe, cuá.nto temolcuánmalos son los hom•
bree y cuánto te amo!
Tu hermana-ELENA.

4

tí7"

Felipe de .Au-bian á la Sra. Elena Duverrwy.

•

uMi pobre hermanita, tranquilízate. Por terrible quesea ese matasiete con la espada ó con la pistola, ya habrla encontrado alguno para que le respondiese; pero no-

�•11•

EL MUNDO

DOMINGO

21

DE MARZO DE 111!)7
DOIIINGO

J)iensa casi en provocarme en duelo. La noche de su ina•
trimonto. partió para Italia y cuando regrese, hermanita,
habrá entre nosotros el Mediterr1.íneo, el mar Rojo y el
Océano Indico. Acaba de llegar la orden de marcha. Hete pues contenta ( cuando menos asilo e~pero); partimos
para los marea de la China y no pienso que el feroz Leo·
&amp;ce vaya á perseguirme hasta allá.
1&lt;Doa años de ausencia, querida, extinguenmuchoaren•corea, calman muchas cóleras. Yo supongo que jamás me
demandará ni razón ni explicación.
1(Lo que si es grave y triste, es que no podré irá abra.zarte y decirte adios: Pontarlier está tan lejos y tenemos
tan poco tiempo!
"Cuida mucho tu salud, hermanita querida: las últimas cartas de la tía Fourneron me inquietaron un poco.
Dice que _tienes mal aspecto, aun cuando te obstinas en
no quejarte.
,1Bien sé que la buena tfa, en su fiebre de solicitud desea vernos á todos enfermos, á fin de tener el placer de
,cuidarnos y la gloria de salvarnos. Bien sé que tú mé
afirmarás que ·nunca has estado mejor; ¿pero esto es verdad?
u:\Ii Elena querida, no tener más que una hermana en
el mundo y pmtir tan léjos de ella, tan lejos que se necesitan meees para que sus cartas nos lleguen! Cuando
piem:o eu esto me dan ganas de desertar ó presentar mi
dimis!ún.
&lt;i¡Que Dios te guarde, Elena!
uTu hermano que solo á tí ama.
Felipe.n
P. S.-Li á Jacobo mi pena por haber correspondirlo
tan mal á sus esperanzas; dile que si los oficiales no son
,capuchinos tampoco son tigreé y que por miserable que
pueda ser una mujer, no se complacen en verla torturar.
u)Iira tú, hermana. Yo no aceptaría ni una broma, ni
una censura á este respecto. Yo no doy sino á ti sola el
derecho, 9"e juzgar de mi conducta y de normarla.
III.
Cuando la Sra. Duvernoy recibió esta carta, no pudo
,coñtener las lágrimas. Oprimiala la angustia, Felipe iba
á partir siu que ella lo hubiese vuelto á ver; no lo vería
jamás!. .....
Pero no eran los azares del mar lo que más temía; tam•
poco que no volviese,, E!ino no estar en el mundo cuando
-su vuelta. Se sentía gravemente enferma.
Lo que ni Fernando ni Jocobo de Sommeres, ni el me•
dico tal vez observaban: el debilitamiento paulatino y gradual de la joven, la tia Fourneron no había dejado de
percibirlo. Asediaba á Elena á preguntas, la vigilaba
desde la mañana bata la noche, entrando á su cuarto con·
todos los pretextos, miníndola hasta. el fondo de los ojos,
de tal suerle que acabó por comunicarle su convicción,
quitándole también esos bienes supremos que hacen retrocederá Ja muerte y frecuentemente vuel,·en la salud:
la esperanza y la ilusión. Elena1 sin embargo deeeaba
sanar: se aferraba á la vida con la enérgica voluntad de
no abandonará. los que amaba, á Fernando, á Felipe, y,
sobre todo, á. su pequeña Lila.
Desde la discusión con Jacobo 3 propósito del matrimonio de Leodice, ese deseo de vivir estaba acompafi.ado de una inquietud moral. Llevado por la necesidad
de convencer, de tener razón,. de.guardar para sí la última palabra, Jacobo le Labía chcho con su franqueza
brutal: &lt;1¡Pardiez, prima Elena, si los hombres se anduviesen por las raQlas pam romper con su pasado y enviar
.al diablo á las intrigantes, no se casarían jamás. Pregunt.1.d algo de eso á vuestro marido.u Ella había vuelto
hacia Duvemoy sus ojos interrogadores y lo vió vacilante, turbado hasta el fondo del alma.· Herida en su pudor de mujer honrada, se abstuvo de pregunta!, pero la
duda se le qp.edó en el alma.
Algunos dia.e después, Jacobo totn6 bruscamente á la
carga; esta. ve.z llevaba excusas:
-Estoy desolado por lo que he dioho, mi pob_re prima;
Fernando me ha hecho una algarada; que queréis, yo
creí que eetábais al corriente: ¡eso era t{ln público! Todos
fos artistas pasan por lo mismo, no hay que admirarse.
Fernando ea muy bueno, pero muy débil. ;Las mujeres
lo dominan 1 Ah! y no fué facil e~capar de esa. Sabéis el
medio que yo empleé? Me puae en competencia. Yo era.
más joven, más rico, demasiado guapo y decidido• á per•
manecer célibe. La tía Fourneron no había emprendido
aún mi conversión; agotaba las armas de su arsenal con-

tra vuestro marido. Ella fué la que inventó la maquia- aguas. A fuerza de instancias, logró el pobre hombre que
vélica combinación que logró hacer de Fernando el más" I..eodice paniera solo¡ mas fueron tantas y tales las muesfeliz de los maridos. Ya veis, pues, que hay que eer in- tras de desolación de Valeria, que un día, haciénd0se un
duJgente con mi amigo :Martín. En ese duelo que se . supremo esfuerzo, la dijo:
libra siempre entre el hombre y las mujeres, ellas tienen
- Vete, vete á. buscarlo, puesto que no amas má.s que á.
por armas sus astucias, sus comedias, sus tragedias tam- él en el mundo:
bién. El hombre no tiene más que su egoii:mo. ¡MalaElla se levantó de un salto y le echó los brazos al
ventura para~ debil! Fernando era un dtbil; me tuno cuello:
que vuestro FeliIJe no sea un débil también.
-Gracias, padre, gracias; cuán bueno eres permitiénElla mostró una hermorn eonrisa de confi.,ama:
dome abreviar mi permanencia aquí! Mira, estny tan in-Oh, no! Felipe es tan :firme como bueno, honrado y quieta, soy tan deegraciada cuando no le veo .............. .
leal.
Y partió alegremente al otro día.
Y cedió la disc.usión, mas cuando Jacobo se hubo ido,
ei enfriamiento perduraba.
En su hermosa mansión ,acfa, }l. 1\Jartfn meditaba
Conque era pues un débil el hombre á quien ee había
tristemente.
unido! A. pesar del grande afecto que le prnfeEaba, no po·
¡Qué largos son esos días de Otoño! 1\Us largas aún
día impediree juzgar severamente algunas denotas: la
imposibilidad en que él estaba, por ejemplo, de defen- eeas tristes tardes pasadas en un rincón y ante el fuego,
der sus intereses, prefiriendo dejaree perjudicará entrar solitario! Los negocios no le interesaban ya: ¿para qué
·en pugna. Débil, no por cobardía, no por bondad, eino ganar dinero para los ingratos? Por sus labios vagaba
por una especie de pereza; de t9l suerte, que las tareas esa'terrible palabra que resume la nada de todos los es.fuerzas, la locura de todos los sueños: "¿l'ara qué, para
penosas venían siempre sobre ella.
Y ahora en la penumbra de su alcoba, en Ja triE.teza qué?n repetía amargamente. Ante él pasaba su vida, una
vida laborimm: cuidados, vfgilias, actividad incesante,
del crepúsculo, con las dos manos cruzadas sobre las roalgunas veces horribles temores que hacen correr un sudillas, pensaba: Que sería de su pobre Lila si ella moria? Vanamente trataba de reaccionar contra la impre- dor frío por las sienes.
No se erigen las fortunas sin una lucha tenaz! Y.el.resión producida por las revelaciones de-Jocobo: recordaba
sultado de tantos e!.Euerzos era la soledad y el abandono!
frases, palabras pronunciadas otrz.s vecés ante ella, eufeUn padre es tan p6ca coea para el hijo, en tanto que el
mismos, sonrisas veladas. Entonces no había comprenhijo es todo en la vida del padre! El también había sido
dido, ahora comprendía.
un hijo ingrato; queria hacer fortuna. Esta idea fija haLo que experimentaba no eran celos retrospectivos 1 era
bla paralizado, absorvido todos los sentimientos de sU
aprensión; no por ella que acaso iba á morir, sino por la
corazón. El primer escalón que le había permitido alhuerfanita que le sobreviviría. Se dejaría sorprender
canzar la meta, fué el matrimonio: los cincuenta mil
por los artificios de algún intrigante eEe hombre de coescudos
de su mujer le permitieron emprendar en algu ·
razón debil cuando ella no estuviese ya ahí? Oh! 1á! era
nos negocios. Su mujer se asoció a él y al morir, dejándopreciso vivir! Lo necesitaba, lo quería.
Llamado el viejo médico, Ee sorprendió de encontrarla le una hija, contempló orgullosa la prosperidad de la
•
tan nerviosa. Advirtió los desordenados latidos del co- casa.
y todo para qué? ......... si ahora no había una ternura
razón y la irregularidad de los pulsos. Ordenó numerofemenina que calentase el frío de su vejez ........ .
sos medicamentos, todos los vinos generosoe, todos los
En este momento flotó ante sus ojos una esbelta Y
el!xires, todos los fortificantes, todos los anti-neurastéblanca figura. Hacia muchos días que la encontraba en
nicos.
la playa. Estaba sentada sobre una gran pieda y contemElla obedeció dócilmenw.
plaba el océano. Como no amaba á los perezosos, la·había
El médico da el remedio, más Dios solo da la curación.
mirado al principio con una extremada desaprobación.
IV.
nEaesa haragana de Beltrana Meriadec,,1 babia murmu•
En tanto que Felipe de Aubian bogaba, á plenas velas rado. Pero los ojos que encontraron los suyos, no deja hacia el Japón; en tanto que •Leodice paseaba· chabaca- ron de turbarle. Eran unos ojos leonados, de un brillo
namente por lila playas del Adriático á la pobre fea de sombrío y de potente seducción.
Valeria; en tanto que Elena miraba tristemente irse su
El no era experto en belleza femenina: verdes ó azules,
vida, Martín de Brest se fastidiaba.
obscuros ó negros, los ojos de las mujeres no le preGcupa·
Desde· el matrimonio de su hijo erapresadeesamelan- ban jamás; pero el recuerdo da aquellos le persiguió tan ·
colía que todos los padres han experimentado, tristeza to y tan bien, que al día siguiente volvió á la playa, pre•
caueada por la últiina decepción de la vida: la ingratitud sa de un deseo un poco maquinal, como si hubiere ido
del hijo. De un cara1:ter dulce, apacible, amaba la casa,• en pos de un resto de navío ó de un objeto curioso é inla vida de familia: Valeria, al partir, dejaba nn vacío in- teresante. Los ojos estaban aún fijos en el mismo sitio,
capaz de ~lenarse. Mientras duró el invierno, soportó va- siempre ociosos. perdidos en la inmensidad. Creyó ver
lientemente la separación; estaba en Brest, sus negocios
lucir eb. ellos una lágrima. Después, vol vi6 todos los días
lo distraian, además. las cartas de su hija le llegaban im- al mismo paraje, sin razón, sin esperanza. En su vida,
pregnadas todas de gozo; estaban fechadas en Niza, en destituida ya de toda finalidad, este encuentro silencioso
Florencia, en Roma, en Venecia, y por último en Nápo- se conVirtió en un hábito y en un placer.
les. Aquello era para la muchacha que jamás habia abanY he aquf que solo en su gabinete se echó á sofí.ar co~
donado la Bretaña, una maravilla, una embriaguez. El aquella muchacha, deopués de haber pensado, quien sabe
se asociaba á. esta ventura, pero experimentaba un poco por que extraiia asociación de iJeas, en una pobre sir·
de celos. ¿Por qué no era á él, á él solo, á quien debfa vienta á. quien sinceramente había amado: María ·9omesta felicidad? ¿Por qué habían permanecido el uno y la bier, abandonada cruelmt&gt;nte antes de su matrimonio,
otra pegados á esa casa de comercio, t ne.errados en los sin preocuparse de lo que sería de ella. No habfa cohe•
EOmbríos departamentos, en los escritorios polvosos? Ah!. sión posible entre los dos recuerdos yein embargo el uno.
era preciso ganar millones, y ahora otro los gastaba ale- sucedía taimadamente al otro.
gremen~. Sentía para su yerno una especie de rencor,
U11 día, en el momento en que su paseo le llevaba de··
ese rencor que inspiran los ladrones hábiles. Si cuando lante de Beltrana, ella se levantó y se acercó á él. El se
menos al ·robar la caja fuerte no se hubiese llevado el co - detuvo, más intimidado que sorprendido. "No era amigo
razón de la muchacha!
de platicar con las muchachas hermosas, pues· jamás haPasó el invierno y la primavera vino. Se había conve- bía tenido el hábito de esas conversaciones; pero tamponido antes del matrimonio que los jóvenes pasarían el co había querido alejarse ein oirla. Iba sin duda á soliestío en Kereck y que Leodice, al ojo de su suegro, se ini- citar para su paire, ese viejo cazador furtivo del capitán
ciaría en el funcionamiento de la casa de Brest cuya di· Meriadec, algúu permiso de ca al eu sus bosques reserrección debía representar. ((Así casi no nos abandonare• vados.
mos, tío Nart.ín,n había dicho, y paro liando una palabra
( Continuará. )
célebre: ((Ñada ha cambiado en vuestra vida, no tendréis
sino un hijo más.n Previa esta seguridad ee concluyó el
matrimonio, más al ~greso de los novios Leodice habló
de los negocios de Paria, de la necesidad de un viaje á
Alemania, y de la exigencia para su salud, de tomar

21

DE MARZO DE 1897

EL MUNDO

LA MODA

'Traje parisiense para niña.

•

�l&lt;J.. MUNDO

11'.A.MODA.

DOMINGO n DE MARZO DE 1897

En pocos afioa, todas las Eefio~ distinguidas iban como
la Empt-rat.riz Eugenia, co11
la cabeza alta, los ojos mir-,mdo vagameute1 el talle ondulante ......... y hasta Jos ca~llos adop·aron uniforme...... .
En 185h llega el apogeo de
su triunfo; tiene ya uu hij1 ;
t-8 t-n la nueva sociedad la expresión suprema de la finura fra¡1c-..sa. No tiene ni las
incohl'rencias de Josefina, ni
l»s indiferencias de Maria Lui~
sa, ni las tristezas de la du.
qut&gt;1:1a de Angulema, ni las
t urbul,enrh1s de 11ifia mimada
de ta duqueea de Bnry. Sin
embargo, de todas ha toma.
do algo: la ~ensibilidad. la
d n lwra, la protección á )fls
pt&gt;qut&gt;ños, el gl,SIº por lo inédito y por los rdiaamientos,
la pJegante distracción.
E11 la uwecolan:rn de la corte
Fe afirma indh•cutiblemente é
impone á las útras damas lo
que ella ha entendido, eetudiado y colocado en su verda•
dt&gt;ro punto. Si la observamos
t&gt;n su estricto papel de muj, r
á :u motlo, la consideración
reina por cu:to superior en el
C(,nocimieµto de los matices,
de tal modo, que cosas exLravagnntcs ó ínfimas wciben de
ella una precisión más acá de
lo cual todo es tonto y más·allá
todo es ridículo. La vemos
muy á menudo en sus habit.'lcjones, en rápidas posturas,
sorpre-ndida en tr&gt;ilettea que
una nonada h0ría grotescas y
que son, sin embargo, encan•
tadoras. Bajo un horrible
sombrero plano, que Je impLnen los modistos¡ con un traje
liso cerrado en las mangas,
cerrarlo en el talJe, y deFgrit.ciadamente inflado por abujo,
t&gt;El 1 seguramente, la Emperc:1.tr iz 1 y para convencerse de
ello, basta compararla con las
otras damas.
Cuando viste con las galas
de las grandes recepciones,
como por ejemplo, la de JoeembaJadores de Pereia (en
Enero), ni la misma María.
Antonieta hubiera tenido aspecto más distinguido. Llevaba nna corona de flores y
pPndfa de sus hombros amplísimo manto. En pie, al ladodel Emperador, son refa á. aq uellos enviados de las m·il g ii11tAnoche1S, que comervan en la ca•
beza su gorro de astrakán, y
sin embargo, e~tán como cortadosdelante de ella.

DOS HERMOSOS MODELOS

Ahora. ninguna dama encopeklda, ninguna reiua de la
hermosura puede considerarse
satisfecha s1 no tiene má! que
en modista, eu -eastre. Y ea
que el traje femenino, en lo
relativo á la elección dt:' género@, y aun comunmente en
su factura, se masculiniza ii
grandes :pasos. Salvo en abrigos y aplicaciones de tr-djes de
gran soirée, están nuesi raR da·
mas muy lejos ya de los buenos tiempos que precedieron
á laaetualetapa del figurín.
Las complicac1ones desaparecen inseni:iblemente, aunque
no lo co~toeo de las telas, y
dia llegará, ei el capricho r~ menino no opta por los t:xtremos, en que la tisonoaüa dolninante de la moda sea de
11na augueta eencillt'z.
De uno ó de otro modo,
quien mantiene el cetro de la
actua1idad y la fantasía en
cuestión de trajt:e ferrt(&gt;ninos,
es ortb ,el Parisie,i ee. ,v&lt;•rtb,
el único, el inimitable "\Vorth,
cuyo cerebro e~tá t&gt;D teni:ión
perpetua, para c:n&gt;ar cada día,
cada hora, el guifiapo de actualidad que r~inará en París
elcual reina á su vez sobre
toda la tier1 a.
El hermo1,íeimo traje de
casa que ilustra estas líneas,
acaba de salir de su establecimiento y ha obtenido prediJeccit1nee stfialadas. Hay
quien lo repptael clt,-J ,,'reuvr~
''" la sea:ion. NosCJtros ni quitamos ni ponemos rey, limitándonos á dt'jar al buen gueto de nuestras lectoras la
aprobación más ó menos in·
condicional de ese figurín y
Oel no menos bello para niña,
que aparece en visible parte de ebte pliego y que f'S factura de la propia presLigiada
cuaa.
La entrada definitiva del verano promete primores, de
que nuestras lindas abonadas
&lt;starJn al tanto con la debida
0 portunidad.

,v

LAS MODASDEAYER
El segundo Imperio

El se~undo imperio, aparte
ele su rnterés puramente historico, tiene para los espanoles
otra eepeciEi de interés. Una
1·
de las figuras más ilustres de
aquel tiempo fué la condesa
de Teba, de la cual dice Bouchot que no ha habido personaje de drama t,an conmoveOrí¡en del nombre de al¡unas
&lt;lnr ni tan doloroso.
florea.
·
De este modo retrata el autor de d,es eléga1,c,-si1 á la
Aseguran algunos que rriEmperat1 iz 1 cuando la augus11antl'mo, ee compone de dPS
ta s~fiora fué á ocupar el
palabras ~rit&gt;gas que signitl•
trono de !&lt;'rancia.
can 1&lt;flor de oro,n nombre que
1,Era entonces encantadora:
se Je puso por el color de aleus rubios cabellos, casi dogunas de sus variedades; y
1·a&lt;los, formaban dos grandes
otros sostienen que crisanteondas en las siene~, imitando
mo significa uflor de Crieto,1&gt;
el peinado de las antiguas mi·
alusión a que en e) Oriente
lanePas. Su rostro era owlaflorece por la Noche Buf'na.
do, de una gran pureza de líEl nombre de la roisa se deJM&gt;as y un poco corta la barriva del latín y ea casi igual
billa, la nariz correcta. aren todos los idiomas.
qaeadas las largas pestaí'ias,
~""
r,
.Jr1tflrn11a se deriva de] grieoj08 'Ot!netrantes y muy jun- ~:-...
-·~·•·•~...~..... _. ::...;:~~~
---"'"'~""""""t':t:r,;~~"~~"~,,..~-~="'"'-'~*"'-~"~•"
go y significa &lt;{flor del viento,ll
tos. Sn perfil semejábaee al de
nombre que alude al hecho de
los ant.iguoscamafeos, sin ninTraje parlsienae par.a casa, del establecimiento de Worth.
que esta planta vive en lugagún defecto de los que Maria
res expuestos á. los vieutoe.
Antonieta en~ontraba al suyo. La boca era grande, por- c,i,n la esposa de Luis X VI. No se citan a1111 fraaes, la RPgÚ'? la Mitolog(a la anémona nació de la sang~ de1
que su sonnsa dejaba ver lindísimos dientes. De dio- Emperatri?. no trata de hablar pan. la po&lt;1.teridad, pero ¡sa- A loms; pero otros sostienen que brotó de las lágrimas•
► ª era eu cuello y sus hombros y en talle ondulante y
lu&lt;la tan bien, en P:u sonriiia tan dPliciosa! ... ... ....... .
de Vénua, qne lloraba la muerte de un amante.
&lt;leigado,. penetraba en los req~iebres de la falda, como
Uno de suq primerop; éxitos fné dos meses despnés de
El jacintn también tomó siu nombre de la Mitokgía.
en ?tro t1empo_e!_emba1Jenado corpiño de la Reina Mar- su boda, en el baile del Cnerpo legh,tativo. Allí afrontó
griega: refiere Ovidio que Jacinto, un muchacho muy
ganta. en .su mm_ua.que. Las manos y los piés mostra- 11:allardament.e mil miradas qne expiaban señales de des- hermoso, fué hijo de un rey de Esparta y favorito d"'
ban lo ar1stocrát1co de su raza, pies de mufieca y manos fallecimiento. Todosaqnellos cortesanos inclinados ante Apolo. Zéfiro, envidioso de la amistad que unía á. Jacinlargas y afiladas.
ella trataban de encoatrar algnna incorrecci6n para pn- to y á. Apolo desvío la direc~ión de un tejo que tiró és~
te iugando, Yel tejo fué á herir á Jacinto, que ca_\·Ó
tiempo ~~.-¡~·y~·~¡··~·1··~·~·c1,~~--~._:;~je·~t~;;~~·d~ blicarlaen seguida. La emperatriz pasó por delante de
ellos, alta la frent,e, sin vacilación algnna, expresando muerto. Apolo convirtió el cuerpo de su favorito en la.
las Princesas, una manera de andar propia de ella ]a ptrfectamente todo lo que era propio de su rango, y ol• flor que lleva au nombre.
f.rl!nte alta y cierto ~racioso y distinguido movimien~- ... vidándolo cuando era conveniente.
Mirtfl significa perfume. Creen algunos que este nom~n los primeros tiempos de eu matrimonio se le perElla impuso 1~ moda en el vestir Apenas la Empera~ bre le fué dado á. la flor que lo lleva, en honor de J!irty11.,
mite ser bella y presentarse en las las recepciones en Au triz Eugenia hubo resucitado los ahnecadore!ó!, ninguna poetisa griega que vivió en el ei~lo V antea. de Cristo y
pomifical de soberana. Sentíase en París cierto orgullo Soberana dejó de adoptarlos. Del mismo modo Josefina de quien recibió Píndaro sua primeras lecciones de p0t~e poner en parangón aquella bellezl\ altanera y román- impuso á la Reina Luisa de Pn19ia los t-alles altos y los sía. F..n tiempo d" Plnt.~rco existían aún algunos poeml.iB
tica con otras bellezas célebres. Se reconoce su distinción mantos de corte. Bien pronto fueron admiradas las acti- de Mirlys pero hoy todos se han oerdido.
1
y Stl!\ digno11 modales La corte ePta encantada de su tudes de la Emperatti1,, la manera de saluilar á la Tf'don•
graci~, c,1m&lt;H&gt;n otro tiAmpo los petirnetree de )a&lt;i Tulle- da con cierta inclinación de cabf.:rn,, Fu modo de andar y
nas ó U.el uP.tláis R•Jyalu lo estaban de ln r1 i \"¡ •1 , :i!l ~t ri ;l • h:1.~ta la clo:&gt;nericia •nn 11 ,Je ~11 sonrisa y de su mirada.

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                  <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El Mundo, 1897, Tomo 1, No 12, Marzo 21</text>
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                <text>Reyes Spíndola, Rafael, 1860-1922</text>
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                <text>El Mundo Ilustrado comenzó a circular el domingo 14 de octubre de 1894 en Puebla, inicialmente con el nombre El Mundo Semanario Ilustrado. Su principal objetivo era el de proporcionar una recapitulación de los acontecimientos nacionales e internacionales, así como promover la verdad y la justicia. En un inicio estuvo auspiciado por el gobernador de Puebla, el general Mucio P. Martínez. En 1895 se mudaron los talleres a la Ciudad de México. Para Reyes Spíndola fue primordial dar a conocer artistas y escritores mexicanos, por lo que contó con colaboraciones de ambos para la publicación. Es posible considerar que de 1904 a 1908 fue la época de oro del semanario debido a que la calidad, tanto de contenidos como artísticos, alcanzó un gran nivel. En 1908 Reyes Spíndola tuvo que vender el semanario debido a problemas personales, en junio de ese año se anunció el cambio de administración y, que, a pesar de ello, iban a continuar manteniendo sus estándares de calidad y formato. Sin embargo, Víctor M. Garcés, el nuevo dueño, y su equipo hicieron algunos cambios, se mudaron de domicilio dos veces, cambiaron el formato del periódico, y, debido al abaratamiento de costos, la calidad del papel bajó y sólo se usó el de buena calidad para secciones específicas y el uso de la fotografía para las portadas fue más frecuente. En 1913 la empresa Actualidades, Artes y Literatura adquirió el semanario y en 1914 sus talleres fueron apropiados por el gobierno de Venustiano Carranza, sin embargo pudieron seguir editando el semanario por unos meses más gracias a la existencia de otras imprentas instauradas por Díaz. ​ Este fue un momento de crisis para la editorial ya que se encontraban en aprietos debido a la Revolución, por lo que la falta de recursos y personal fue frecuente, sin embargo, se las arreglaron para no bajar más la calidad de la publicación. Sin embargo, en ese mismo año El Mundo Ilustrado cerró definitivamente, mientras que su fundador, Rafael Reyes Spíndola, se encontraba en el retiro.</text>
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                <text>El diseño y los contenidos de La hemeroteca Digital UANL están protegidos por la Ley de derechos de autor, Cap. III. De dominio público. Art. 152. Las obras del dominio público pueden ser libremente utilizadas por cualquier persona, con la sola restricción de respetar los derechos morales de los respectivos autores</text>
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